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Full text of "Diccionario histórico y biográfico de la Republica Argentina"

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DICCIONARIO HISTÓRICO Y BIOGRÁFICO 






DICCIONARIO 



HISTÓRICO Y BIOGRÁFICO 



DE LA 



REPÚBLICA ARGENTINA 



POR 



JULIO A. MUZZIO 




TOMO PRIMERO 






BUENOS AIRES 

LIBRERÍA «LA FACULTAD. DE JUAN ROLDAN 

436, FLORIDA, 436 

1920 



Imp. de A. Marzo.— San Hermenegildo, 32 dupd.*— Madrid. 



'Dedico este trábalo, con toda deferencia, 
al fundador de ia Uniuersidad Pofiutar de 
ía Boca, ministro {iíenij20tenciario argentino 
en los Estados Unidos de Tiorte Umérica, 
doctor lomas U. te Bretón. 

J. U. Muzzio. 



«Nosotros debemos aspirar a la gloria 
de constituir una Nación, que sea la patria 
de los hombres libres; el centro de las vir- 
tudes sociales y de los inocentes goces, 
que saben proporcionar la industria y el 
talento.» 

Dr. Juan Ignacio Gorrltl. 

Sesión del Congreso, del 2 de marzo de 1826. 



A 



Abaren (Baltasar de). Catalán, gobernador de 
la antigua provincia del Tucumán en 1727, nom- 
brado por el virrey D. José Ormendaria en la 
creencia de que prestaría servicios a la gober- 
nación, cosa que no sucedió, pues, imposibilita- 
do de atender a los negocios de la guerra, de 
cuidar de la defensa, que dio motivo al aban- 
dono de la nueva reducción de San Esteban de 
Miraflores, por falta de protección, presentó 
la dimisión del gobierno, que había ejercido des- 
de mediados de 1727 hasta 1730, que se retiró 
a Lima, donde el virrey le confirió el empleo de 
general del Callao. 

Abascal (José Fernando de). Virrey del Perú, 
que pretendió contener los progresos de la 
Revo! .;ión de mayo en el Río de la Plata 
declarando incorporadas a Lima las provin- 
cias de Charcas, La Paz, Potosí y Córdoba, 
que formaban parte del virreinato del Río de 
la Plata. Dictó medidas para levantar ejércitos 
con el objeto de sofocar en su germen la revo- 
lución y castigar a los patriotas; porque, se- 
gún una célebre proclama que había dado en 
el mes de julio, c<los americanos habían nacido 
para ser esclavos y vegetar en la obscuridad y 
abatimiento». 

Aberastain(Dr. Antonio. )Natural de San Juan; 
descendía de una antigua y distinguida familia 
de la provincia. Cursó sus estudios en el Co- 
legio de Ciencias Morales, de esta capital, 
descollando en el estudio de idiomas, logrando 
poseer siete, y luego se graduó en Derecho. 

Oc HlST. BlOQR. 



Fué juez de alzadas en 1835; ministro en la 
administración del general Puch; en 1840, se- 
cretario de la Intendencia de Copiapó, en Chi- 
le, donde explotó minas durante catorce años. 
Derrocada la tiranía, renunció una diputación 
ante el Congreso de la Confederación, y más 
tarde, el cargo de ministro en la Corte Supre- 
ma de Justicia de la nación. Intervino activa- 
mente en la política de su provincia natal, y 
en 1860, con motivo de la revolución del 16 de 
noviembre, fué depuesto y muerto el coronel 
D. José Antonio Virasoro, correntino, asu- 
miendo Aberastain el mando el día 29. El Go- 
bierno nacional intervino en la provincia, y 
como ésta se resistiera, se libró la batalla del 
Pocito, donde fué tomado prisionero, y des- 
pués de mil penurias fué fusilado el 12 de ene- 
ro de 1861. «El Dr. Aberastain, después de 
prisionero, se le desnuda completamente, se 
le quitan los zapatos y las medias, y a pesar de 
su avanzada edad y del respeto que debía in- 
fundir su noble cabeza cubierta de canas, se le 
hace caminar cinco leguas a pie, al calor de los 
rayos de un sol ardiente y abrasador. Extenua- 
do de cansancio y fatiga, pide al fin, como una 
misericordia, que se le permita subir a caballo, 
pues el estado de sus pies, hechos pedazos, no 
le permite dar un paso más. Entonces lo to- 
man y lo sientan sn un montón de piedras 
que encuentran en el camino, y así dispuesto, 
sus bárbaros verdugos le fusilan por la es- 
palda." 



ABO 



2 — 



ABR 



Aborígenes.— Cuadro sinóptico de las razas aborígenes que poblaron el territorio argentino: 



Distribución geográfi- 
ca de los pueblos 
aborígenes. 



1 .° Los pueblos históricos de las mon- 
tañas del Noroeste 



Diaguitasy Calchaquíes, que eran 
las razas aborígenes más ci- 
vilizadas del territorio argen- 
tino. 



, Matacos.— Mataguayos. 

2.° Los pueblos históricos de las sel- Chorotes. 

vaschaqueñas j Guaycurúes. 

' Chiriguanos. 

(Fimbúes. 
Cainguas. 

ae IOS granaes nos -i Mocoretas. 

Charrúas. 



4.° Los pueblos históricos de las Ha- 1 
nuras í 



Agaces. 

Querandíes. 

Puelches. 

Araucanos. 



5.° Los pueblos históricos de Pata- ( E""^" *'''^"S nómadas que vivían 

-. de la caza, particularmente del 



goma. 



guanaco y del avestruz. 



chipiélagos magallánicos V Yamanas 



(Leoene). 



Abréa (Agustín de). Teniente de fragata. Du- 
rante las invasiones inglesas, Abreu, al frente 
de una división de Milicias, ataca a una colum- 
na inglesa (7 de diciembre de 1806) que en bus- 
ca de víveres salió de Maldonado, donde las 
fuerzas británicas habían desembarcado el 
30 de octubre. En el ataque, Abréu y su segun- 
do fueron muertos. 

Abréu o Ábrego y Figueroa (Gonzalo de). 
Gobernador de Tucumán en 1574. Era natural 
de Sevilla, y descendía de una familia ilustre. 
Fué nombrado por Felipe II, en 1570, para su- 
ceder a D. Francisco de Aguirre. Se presentó 
cuatro años más tarde recién a tomar posesión 
de su cargo, al frente de un numeroso cortejo. 
Su gobierno se inició por una serie de atrope- 
llos y crímenes. Diómuerte a su antecesor. Ca- 
brera, despojó de sus bienes y honores a los 
miembros del Ayuntamiento; satisfizo sus deu- 
das con los dineros públicos, y proyectó la re- 
conquista del valle de Calchaquí, pero sin re- 



sultados. Bajo su gobierno se fundó la villa de 
San Bernardo, en el valle de Tarija. Los crí- 
menes de Abréu, su codicia, su conducta desen- 
frenada y su despótica altivez, lo hicieron 
odioso en la provincia, que gobernó hasta 1580| 
en cuyo año, su sucesor, D. Fernando de Ler- 
ma, le redujo a prisión, haciéndole aplicar los 
más atroces tormentos, de cuyas resultas mu- 
rió en febrero de 1581. Dice el Dr. López: «Le 
mandó dar tormento, pero con deleitosa lenti- 
titud y buen método: que no en balde ha pasa- 
do la vida leyendo con encanto el Tratado 
de los procedimientos Jurídicos, de Juan de 
Torquemada. Comenzó por hacerle destrozar 
en lo vivo las unas de los pies y de las manos; 
los bichos «piques» y <niguaso se le aposen- 
tan en las llagas; los alaridos y las plegarias 
son espantosas; pero no encuentra oídos de 
piedad hasta que, viéndolo agotado y moribun- 
do, manda que le alivien el cepo y que lo de- 
jen morir.» 



ACÁ 



— 3 



ACÓ 



Acasnso (Domingo de). Fundador del pueblo e 
iglesia de San Isidro, en ITÍXi; era natural de 
Madrid. Llegó al Río de la Plata con el grado 
de capitán, que había adquirido en España. Al 
poco tiempo de su llegada el gobernador He- 
rrera le comisionó para llevar instrucciones al 
alcalde del partido de Las Conchas, a fin de 
evitar el contrabando que se temía efectuasen 
los portugueses por aquella costa. En cumpli- 
miento de su cometido, Acasuso salió de la ca- 
pital, acompañado de un asistentedesu confian- 
za, deteniéndose a descansar en el hoy pueblo 
de San Isidro. Era este paraje por aquel tiem- 
po una pequeña aldea de agricultores, de cuya 
triste situación se lamentó Acasuso, prometién- 
dose desde entonces mejorarla así que su for- 
tuna se lo permitiera. Hombre creyente, el ca- 
pitán Acasuso no podía comprender que pudie- 
ra existir un grupo de hombres cristianos sin 
una capilla donde adorar a Dios. Sin perder, 
pues, de vista aquella población ni desistir de 
su propósito, el capitán llenó satisfactoriamen. 
te su comisión, siendo esto el principio de su 
fortuna, que llegó a ser considerable algún 
tiempo después. Creyó entonces llegada la 
ocasión de satisfacer su antiguo intento, y vol- 
viendo sus ojos sobre los habitantes de la pe- 
queña aldea de agricultores, propuso levantar 
en ese punto un templo a San Isidro, Patrono 
de los agricultores. Solicitó el permiso de la 
autoridad eclesiástica y empezó a edificar una 
capilla que albergara provisionalmente la ima_ 
gen de San Isidro mientras se construía el tem. 
pío que hoy existe. Ahí se conservan todavía 
como antigüedades históricas dos pilas: una 
con la fecha de 1717 y otra de 1731, y una 
campana con la siguiente inscripción: «Mandó- 
me hacer Domingo de Acasuso. Año MDCCXII, 
siendo capellán D. Leonardo Ruiz Corredor.» 
Acasuso consumió el resto de su vida en obras 
piadosas, haciendo grandes bienes al culto di- 
vino, contándose entre éstos la terminación de 
la iglesia de San Nicolás de Bari. En un retra- 
to que se conserva en esta iglesia está el capi- 
tán de rodillas, teniendo en sus manos el tem- 
plo, que ofrece humildemente al santo. Falleció 
repentinamente en Buenos Aires, el 8 de febre- 
ro de 1727. 

Acayuasá (combate). Guerra del Paraguay. 
Entre una columna compuesta de argentinos y 
brasileños, al mando del coronel D. Miguel 
Martínez de Hoz, enviada por el genera! Ri- 
vas a hacer un reconocimiento en el Chaco, y 



una fuerza de caballería paraguaya que estaba 
desmontada y emboscada en el lugar denomi- 
nado Acayuasá (18 de julio de 18(58). Los brasi- 
leños se retiraron sin tomar parte, siendo sa- 
crificados los argentinos, que pelearon con de- 
nuedo. El coronel Martínez de Hoz fué muer- 
to y el teniente coronel Campos tomado pri- 
sionero, siendo las pérdidas como de 2oO hom- 
bres. 
Acevedo (Eduardo). Jurisconsulto y corredac- 
tor del Código de Comercio argentino. Nació 
en el Estado Oriental; ministro durante el go- 
bierno del Dr. Bernardo Berro; vicepresiden- 
te de la República y candidato a la presidencia 
de la misma. Triunfantes sus adversarios polí- 
ticos, abandonó su patria, estableciéndose en 
Buenos Aires, donde ejerció de abogado. En 
unión con el Dr. Vélez Sarsfield, redactó, por 
encargo del Gobierno argentino, el Código de 
Comercio (1860). Murió este jurisconsulto, de 
vasto talento, el 23 de agosto de 1862. 

Acevedo (Manuel Antonio). Signatario del acta 
de la independencia. Natural de Salta, en 1770. 
Cursó sus estudios en la Universidad de Cór- 
doba, e inclinado a la carrera eclesiástica en su 
juventud, cursó los estudios necesarios para 
ser ordenado, como lo fué por el obispo Mos- 
coso, en Córdoba. Algún tiempo después hízo- 
se cargo del curato de Belén, en Catamarca. 
Alcanzó la dignidad de canónigo en Salta, y 
fué electo diputado por la provincia de Cata- 
marca al Congreso de Tucumán, para cuya ins- 
talación pronunció la oración inaugural el 24 
de junio de 1816. Falleció en Buenos Aires, el 9 
de octubre de 1825. 

AcoUaderas (combate). En la expedición al de- 
sierto ideada por Rosas y dirigida por Quiro- 
ga, una división salida de San Luis, al mando 
de Huidobro, llega hasta las AcoUaderas, don- 
de tiene un encuentro sangriento con las fuer- 
zas del indómito y valiente cacique Yanquetruz, 
siendo éste derrotado, teniendo que buscar re- 
fugio en los montes. Este combate tuvo lugar el 
16 de marzo de 1833. 

Aconcagua (combate). En el paso de los An- 
des, el general Soler, jefe de la vanguardia, 
había avanzado rápidamente sobre Putaendo y 
colocado al comandante D. Mariano Necochea 
cerca del río Aconcagua (1) con 1 10 hombres de 
caballería. «El enemigo— dice el general San 



(1) Vigía o centinela de piedra; palabra compuesta de 
Ackón (de piedra) y Kafruac (el que mira). 



ACÓ - •= 

Martín en su parte del 22 al director supremo de 
las Provincias Unidas— recibió refuerzos con- 
siderables el 8 de febrero por la tarde; en la 
misma noche pasó el río Aconcagua, y al rom- 
per el alba del día siguiente se presentó al 
frente del comandante Necochea con 400 caba- 
llos, 300 infantes y dos piezas a retaguardia. 
Este valiente oficial no vaciló un instante: man- 
dó retirar sus avanzadas; hasta ver al enemigo 
a media cuadra no disparó ni un solo tiro; en- 
cargó la derecha al capitán D. Manuel Soler 
y la izquierda al ayudante D. Ángel Pacheco: 
mandó poner sable en mano y los cargó con la 
mayor bizarría: los bate completamente; dejan 
30 muertos en el campo; toman cuatro prisio- 
neros heridos y los persiguen, acuchillándolos 
hasta el Cerro de las Coimas, donde los prote- 
ge su infantería.» En la misma mañana, antes 
de las nueve, abandonan precipitadamente su 
posición de San Felipe y pasan al otro lado del 
río. El combate tuvo lugar el 7 de febrero 
de 1817. 
Acosta (Agustín). Militar. Natural de Buenos 
Aires. En 1827 era teniente 1.° en el regimien- 
to 5.° de caballería, que guarnecía las fronteras 
contra los indios, donde pasó algún tiempo; fué 
más tarde capitán del Escuadrón de Mayo, en 
el ejército libertador que a las órdenes del ge- 
neral D. Juan Lavalle hizo la cruzada contra 
Rosas desde Martín García a Jujuy, en los 
años de 1839 a 1841, habiéndose encontrado en 
las acciones de Yeruá, Don Cristóbal, Santa 
Fe, Sauce Grande, Quebracho, Famaillá, et- 
cétera. Con el grado ya de coronel desempe- 
ñó la jefatura de la comandancia de Vecinos, 
con asiento en Marí-Huicul, en Buenos Aires; 
se halló en Caseros (1852), y en San Gregorio, 
batalla que tuvo lugar el 22 de enero de 1853, 
entre las tropas sitiadoras de Buenos Aires y 
las que concurrían a su defensa, perdiendo en 
la acción la vida el coronel Acosta. 
Acosta (Mariano). Político. Nació en Buenos Ai- 
res el 8 de noviembre de 1825. Desde joven per- 
teneció al partido unitario, y como tal emigró 
de su patria durante la tiranía de Rosas. De re- 
greso en 1852 aparece en la vida pública como 
representante a la legislatura de la provincia, 
y al año siguiente toma las armas durante el si- 
tio de Lagos, en el cantón Chabuco, capital fe- 
deral. Terminado éste, vuelve a ser diputado, 
siéndole confiado luego el cargo de oficial ma- 
yor del ministerio de Gobierno y la secretaría 
de la misión Peña, al Paraná, el año 1855. Cin- 



- ACÓ 

co años después formó parte de la Convención 
constituyente de la provincia, y desde 1862 has- 
ta el 65 desempeñó la cartera de Gobierno del 
gobernador Saavedra; en 1870 fué vicepresi- 
dente de la Convención provincial. Posterior- 
mente ocupó en varios períodos la presidencia 
del Banco de la provincia, y desde 1872 al 74 
desempeñó la gobernación de Buenos Aires 
Electo vicepresidente de la República en 1874, 
terminó su período en 1830, retirándose a la 
vida privada. Falleció en Buenos Aires, el 17 de 
septiembre de 1893. Sus restos descansan en la 
iglesia ae San Francisco, de cuyo convento era 
síndico. 

Acosta y Padilla (Gutierre de). Gobernador 
de la antigua provincia del Tucumán. Sucedió i 
Pardo Figueroa en 1664. En su gobierno, y p 
disposición del obispo de la diócesis, don fr i 
Melchor Maldonado de Saavedra, entraron los 
misioneros jesuíta?, armados de sólo la cruz de 
Cristo, a la reducción y conversión de los rebel- 
des pueblos de Sañogasta, Malfin, Fiambalá, 
Saugil y Abaugeán. El mismo prelado, precedi- 
do del misionero jesuíta padre Diego Sotelo, 
del maestre de campo Juan Gregorio Bazán y 
Pedraza y del sargento mayor Isidro de Villa- 
fañe, vecinos de La Rioja, encomenderos, y del 
capitán Antonio Calderón, muy perito en el 
idioma kakana o calchaqui, con sus hijos y cria- 
dos, marchó hasta el fuerte del Pantano, ha- 
biendo sido todos bien recibidos en los pueblos 
del tránsito, donde había iglesias de paja. Muy 
en peligro estuvo el obispo Maldonado, de que, 
con su sano consejo, le salvó el cacique de En- 
camana (Santa María), Francisco Utimba. Des- 
pués del regreso del prelado a su catedral, el 
gobernador Acosta dio orden al general Pedro 
Nicolás de Brizuela, comandante de la fronte- 
ra, para que, con su fuerza, marchase contra 
los indios, habiendo salido bien en la empresa 
y trasladando la población de Malfin, Abau- 
geán y Saugil al pueblo de Pichana, en la juris- 
dicción de Córdoba. Por orden del rey, el go- 
bernador Acosta redujo los pueblos de Santia-» 
go a menor número, incorporando unos pueblos 
en otros a causa de la gran disminución de in- 
dios y de la escasez de párrocos para doctri- 
narlos, llevando la empresa a cabo con la ma- 
yor destreza, no sin vencer graves dificultades. 
A los seis años terminó su gobierno, permane- 
ciendo en la provincia, donde murió pobre. 

Acoyte (combate). Habiéndose apoderado de la 
ciudad de Jujuy el general Olañeta, desprendió 



ACT - 5 

de su ejército una columna de 200 hombres del 
regimiento Extremadura, con el propósito de 
hostilizar a las diezmadas fuerzas argentinas 
De esa columna se destacaron 40 hombres, que 
fueron derrotados completamente en Acoyte 
(11 de febrero de 1818) por 20 gauchos manda- 
dos por José Antonio Ruiz. Los españoles de- 
jaron seis muertos y 18 prisioneros, entre ellos 
un oficial, y a más, 40 fusiles. 
Acta de la independencia argentina. 
«Nos, los representantes de las Provincias Uni- 
das de Sud-América, reunidos en Congreso ge- 
neral, invocando al Eterno, que preside el Uni- 
verso, en el nombre y por la autoridad de los 
pueblos que representamos, protestando al Cie- 
lo, a las naciones y hombres todos del globo la 
justicia que regla nuestros votos, declaramos 
solemnemente a la faz de la tierra que es vo- 
luntad unánime e indubitable de estas provin- 
cias romper los violentos vínculos que las liga- 
ban a los reyes de España, recuperar los dere- 
chos de que fueron despojadas e investirse del 
alto carácter de nación libre e independiente 
del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópo- 
li y de toda dominación extranjera. Quedan 
en consecuencia, de hecho y de derecho con 
amplio y pleno poder para darse las formas 
que exija la justicia e impere el cúmulo de sus 
actuales circunstancias. Todas y cada una de 
ellas así lo publican, declaran y ratifican, com- 
prometiéndose por nuestro medio al cumpli- 
miento y sostén de esta su voluntad, bajo del 
seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama. 
Comunique a quien corresponda para su publi- 
cación, y, en obsequio del respeto que se debe a 
las naciones, detállense en un manifiesto los 
gravísimos fundamentos impulsivos de esta so- 
lemne declaración. Dada en la Sala de Sesio- 
nes, firmada de nuestra mano, sellada con el 
sello del Congreso y refrendada por nuestros 
diputados-secretarios.— Francisco Narciso de 
Laprida, diputado por San Juan, presidente; 
Mariano Boedo, vicepresidente, diputado por 
Salía; Dr. Antonio Sáenz, diputado por Bue- 
nos Aires; Dr. José Darragueyra, diputado por 
Buenos Aires; fray Cayetano José Rodríguez, 
diputado por Buenos Aires; Dr. Pedro Medra- 
no, diputado por Buenos j\ires; Manuel Anto- 
nio Acevedo, diputado por Catamarca; Dr. José 
Ignacio de Gorriti, diputado por Salta; Dr. An- 
drés José Pacheco de Meló, diputado por Chu- 
cas; Dr. Teodoro Sánchez de Bustamante, di- 
putado por la ciudad de Jujuy y su territorio; 



- ACU 

Eduardo Pérez Bulnes, diputado por Córdoba; 
Tomás Qodoy Cruz, diputado por Mendoza; 
Dr. Pedro Miguel Araoz, diputado por la capi- 
tal de Tucumán; Dr. Esteban Agustín Gascón, 
diputado por la provincia de Buenos Aires; Pe- 
dro Francisco de Uriarte, diputado por Santia- 
go del Estero; Pedro Ignacio Rivero, diputado 
por Mizque; Dr. Mariano Sánchez de Loria, 
diputado por La Rioja; licenciado Jerónimo 
Salguero de Cabrera y Cabrera, diputado por 
Córdoba; Dr. José Colombres, diputado por 
Catamarca; Dr. José Ignacio Thames, diputado 
por Tucumán; fray Justo Santa María de Oro, 
diputado por San Juan; José Antonio Cabrera, 
diputado por Córdoba; Dr. Juan Agustín Maza, 
diputado por Mendoza; Tomás Manuel de An- 
chorena, diputado por Buenos Aires; José Ma- 
riano Serrano, diputado por Charcas; secreta- 
rio, Juan José Paso, diputado por Buenos 
Aires. ;> 
Acuña (Francisco de). Comandante de armas 
de Catamarca desde el año 1770 hasta abril 
de 1807. Con motivo de la segunda invasión 
inglesa marchó a la defensa de Buenos Aires, 
a la cabeza de cinco compañías de más de 
500 hombres, que con tal destino había forma- 
do. Las demás ciudades de la provincia demos- 
traron en aquellas circunstancias sus íntimos 
sentimientos con algunas sumas de dinero co- 
rrespondientes a sus facultades, y siendo Ca- 
tamarca la más escasa de todas y con menos 
entradas, fué la que concurriera con mayor 
fuerza de gente que todas ellas y con más di- 
nero del que permitía la localidad. Durante su 
ausencia lo reemplazó D. Nicolás de Sosa y 
Soria, teniente de Milicias y alcalde de primer 
voto. Con motivo de los nuevos refuerzos in- 
gleses que se esperaban del cabo de Buena 
Esperanza, la prudencia dictó alejar de la ca- 
pital a los prisioneros de la reconquista de 
Buenos Aires, repartiéndolos por la campaña. 
El general Beresford fué destinado a la villa 
de Lujan con siete oficiales, que él mismo eli- 
gió para que le acompañasen, entre los cuales 
se contaba el coronel Dionisio Pack. Este y el 
general se dedicaron a trabajar juntos en el 
sentido de formar un partido de independencia, 
que lo llegaron a conseguir. Adoptóse enton- 
ces el temperamento de internar al general 
Beresford, con los demás oficiales, a otras 
ciudades, y se eligió para esto la de Catamar- 
ca, a la que no llegaron Beresford y Pack por 
haber logrado fugar a Montevideo antes de 



ACU 



— 6 



ACH 



salir de Lujan. Los otros seis llegaron a su 
destino, recelosos, no sin razón, de padecer ve- 
jaciones y malos tratamientos en el interior. 
Mas no sucedió así: fueron recibidos con todo 
agasajo y atenciones, habiendo sido alojados 
por algún tiempo en las casas de los principa- 
les vecinos, y antes de salir dirigieron la carta 
de despedida que sigue: oCatamarca, 1 de 
agosto de 1S07. Muy señor nuestro: Estando 
en vísperas de despedirnos de la valiza (1), los 
oficiales británicos no podemos pensar en sa- 
lir de Catamarca sin manifestar publicamente 
nuestros agradecimientos vivos para con us- 
ted, señor, cabeza y gobernador de este pue- 
blo, por su mucha política y consideración per- 
sonal respecto a nosotros en cuanto ha podido, 
como igualmente para con los vecinos en ge- 
neral, de cualquier clase, con quienes hemos te- 
nido el gusto de tratar. De todo individuo he- 
mos experimentado el sumo cariño; todos han 
seguido como a porfía el ejemplar honrado de 
usted y de aquel excelente caballero D. Feli- 
ciano de la Mota, y los demás moradores de 
esta ciudad. Por tanto, no hay subdito británi- 
co, desde el primero hasta el último de nos- 
otros, que no quedará para siempre agradeci- 
do, y todos somos igualmente deseosos qn2 
usted tuviere la bondad de participar del modo 
más conveniente estos nuestros sentimientos 
al público. Que Dios guarde a usted muchos 
años, y felices, y que el mismo Dios haga flo- 
recer a esta ciudad de Catamarca en sus giros 
y comercio, y que últimamente llegue a levan- 
tar cabeza entre las ciudades más principales 
de la América; éste es el ruego de los muy 
agradecidos y muy humildes servidores de us- 
ted y de los vallistas.— Roberto Guillermo Pa- 
trick, capitán de infantería; AlexanderForbes, 
mayor de brigada; Roberto Arbuthnot, capitán 
del 20 de dragones; Alexander Macdonald, te- 
niente de artillería; Edmundo L'Estrage, te- 
niente del 71; James Evans, cirujano.— Posda- 
ta: Usted dispensará los muchos errores de dic- 
ción que se encontrarán en esta carta, pues no 
somos nmy ladinos (2); pero esperamos que 
bastante quedará inteligible para echar a ver 



(1) Despedirse de la valira es lo mismo que decir que 
estaban en vísperas de despedirse del Rio de la Plata. 

(2) El autor de esta carta no puede ser otro que el ca- 
pitán Patrick, el primero que la subscribe, quien cuando 
fue hecho prisionero no tenía ni una liíjera tintura dei 
idioma castellano y en menos de un aflo se hizo capaz de 
escribir en esos términos. 



a nuestro afecto.— Al señor alcalde de primer 
voto D. Nicolás de Sosa y Soria, teniente de 
Milicias, etc., etc.» Este documento hace alto 
honor a Catamarca. 
Acha (Mariano). Militar. Nació en Buenos 
Aires, en ISOl. Comenzó su carrera militar en 
las fronteras del Sud de la misma ciudad. 
En 1818 fué alférez de Dragones; más tarde se 
mezcló en las luchas civiles, acompañando 
en 1828 al coronel Lavalle en su campaña 
contra Dorrego. En la lucha contra la tiranía 
fué jefe de vanguardia del general Lamadrid, 
que operaba en las provincias de Cuyo. Venci- 
do en Machigasta, pasó a Tucumán, y de esta 
ciudad a Catamarca; de allí a La Rioja, al fren- 
te de su vanguardia, habiéndosele encomenda- 
do la ocupación de San Juan, lo queverificó, al 
frente de 400 infantes, el 13 de agosto de 1841. 
Perseguido de cerca por un ejército combinado 
de Benavidez, Aldao y Lucero, fuerte de 
2.500 hombres, le presenta batalla en Angaco. 
La acción duró cinco horas, y fué muy san- 
grienta, quedando el enemigo deshecho; pero 
habiéndole llegado nuevos refuerzos y agota- 
das sus municiones, Acha tuvo que capitular, 
siendo decapitado el 21 de septiembre de 1841 • 
Achaval (Joaquín de). Natural de Bolivia. Des- 
cendía de una ilustre familia vascongada. 
Miembro del Cabildo de Buenos Aires, en cuyo 
puesto prestó servicios a la causa de la inde- 
pendencia. En 1820 fué el fundador del cuerpo 
de policía titulado del Orden, cuyo cuartel esta- 
ba situado en las inmediaciones de la plaza de 
la Fidelidad— hoy general Belgrano (Mont- 
serrat)— , creado con el objeto del mantenimien- 
to del orden público, persecución de malhecho- 
res, etc. Con fecha 15 de mayo de 1821 fué 
nombrado capitán de dicho cuerpo, en el que 
tuvo eficaces colaboradores como el famoso 
Alcaraz (v.) Durante el gobierno del general 
Rodríguez fué nombrado jefe de Policía de 
Buenos Aires, siendo el primero que ejerció 
ese cargo, que desempeñó hasta 1824. Falleció 
en octubre de 1841. 
Acheta (Domingo Victorio). Sacerdote y edu- 
cacionista. Nació a fines del siglo xvii:; fué uno 
de los alumnos más aprovechados del Colegio 
de San Carlos, en cuyo establecimiento co- 
menzó sus estudios, cursando Filosofía bajo la 
dirección del Dr. Diego Estanislao Zavaleta. 
y posteriormente Teología. En septiembre 
de 1801 rindió su examen general, saliendo en 
seguida de aquel establecimiento para llenar las 



ACH 



- 7 - 



ADR 



funciones del ministerio sacerdotal, a que se ha- 
bía dedicado. En 1814 fué llamado para desem- 
peñar la cátedra de Filosofía en el mismo colé- 
gio, donde tan gratos recuerdos había dejado 
como alumno. Antes de esta época, Achega, 
que había abrazado con entusiasmo la causa 
de los patriotas, había sido nombrado miembro 
de la célebre Asamblea que presidió Alvear, 
En ese mismo año, 1813, cúpole el honor de ser 
elegido para pronunciar en la catedral de Bue- 
nos Aires la oración panegírica en conmemo- 
ración del 25 de mayo de 1810. Disuelta la 
Asamblea y caído Alvear, fué nombrado cabil- 
dante en 1816, y en la reunión popular que 
tuvo lugar el 13 de febrero de aquel año, miem* 
brode la Comisión reformadora del «Estatuto 
provisorio», en unión de Funes, Chorroarin y 
otros. «El Dr. Achega— dice el Dr. Gutiérrez- 
era inuy decidido por la educación de la juven- 
tud, y así fué que cedió las dos terceras par* 
tes de su sueldo de diputado al Congreso 
en 1817 para refaccionar el extinguido Colegio 
de San Carlos, cuya restauración deseaba 
ansiosamente.» Bajo el directorio de Pueyrre- 
dón, estos generosos deseos del virtuoso sacer- 
dote fueron satisfe-vhos: el antiguo Colegio de 
San Carlos se trasformó en el de la Unión 
del Sud, y el Dr. Achega fué nombrado su 
primer rector. A su apertura, el 16 de julio 
de 1818, pronunció un largo y notable discurso. 
Sostuvo a sus expensas la escuela de dibujo, 
que se estableció en mayo de 1823. Fué autor 
de diversas publicaciones en defensa de su re- 
ligión. Sufrió varios destierros por causas po- 
líticas; en 1827 fué electo diputado a la Con. 
vención nacional de Santa Fe, alejándose más 
tarde de la vida pública. Murió en Buenos Ai- 
res, el 1 de agosto de 1859, y su cadáver fué se- 
pultado en la catedral. 
Achmuty (Sir Samuel). General del ejército in- 
glés en la segunda invasión al Río de la Plata- 
Nació en Nueva York, de padres irlandeses- 
Después de haber servido en el ejército inglés 
que expedicionaba en la India fué destacado 
para tomar parte en la segunda expedición 
mandada al Río de la Plata, en 1807. Tomó 
por asalto a Montevideo el 3 de octubre de 
aquel año, en cuya acción se distinguió como 
militar experimentado, dando durante su corta 
residencia en aquella ciudad relevantes prue- 
bas de su competencia administrativa. En el 
asalto a Buenos Aires, sucedido poco después, 
te halló al frente del ala izquierda del ejército, 



ocupando la plaza de toros del Retiro, donde 
se le opuso por los patriotas una desespera- 
da ^resistencia. El general Achmuty fué uno 
de los jefes ingleses que se captó mayores 
simpatías en el vecindario de Montevideo, por 
su carácter franco, liberal y caballeresco. 
Vuelto a Inglaterra, se le confirió un puesto 
de alta importancia en las colonias de la India. 
Murió en Irlanda, en 1822. 

Achupallas (combate). En el desfiladero de la 
cordillera de los Andes, el 4 de febrero de 1817, 
entre las tropas del ejército del general San 
Martín y las del ejército español. El mayor de 
Ingenieros D. Antonio Arcos recibió orden 
de pasar la cordillera por el desfiladero de 
este nombre, y en la tarde de ese día, el co- 
mandante militar de San Felipe, con cien hom- 
bres de tropa, ataca a los argentinos, quienes 
con sólo 25 granaderos a caballo, al mando del 
teniente D. Juan Lavalle, los rechaza y los 
persigue, tomándoles las caballadas y equipa- 
jes. Este fué el primer triunfo del ejército de 
los Andes. 

Adelantados (del Río de la Plata). Pedro de 
Mendoza, primer adelantado, nombrado el 
21 de mayo de 1535; Alvar Núñez Cabeza de 
Vaca, nombrado el 18 de marzo de 1540; Jaime 
Resquín fué nombrado para suceder al ante- 
rior, pero no se recibió del mando; Juan de Sa- 
nabria, nombrado el 22 de junio de 1547, murió 
antes de recibirse del mando; Juan Salazar de 
Espinosa, nombrado en 1552; pero fué depues- 
to en su viaje al Río de la Plata por la gente 
que formaba la expedición que traía, y nombra- 
do ffernando de Trajo, cuya autoridad no se 
reconoció; Juan Ortiz de Zarate, nombrado el 
12 de julio de 1559; Juan de Garay, adelan- 
tado, por poder de Zarate, a la muerte de éste, 
en 1575. 

Adelantazgo. Los adelantazgos eran títulos 
adquiridos por los poderosos señores que du- 
rante la guerra con los moros reconquistaban 
por su propia cuenta ciudades enemigas. Te- 
nían entre otros derechos el de nombrar en- 
vida un sucesor, y debían poblar. 

Adrogué (Esteban). Benefactor y hombre pro- 
gresista. Nació en Buenos Aires, el 2 de sep- 
tiembre de 1S15; bautizado en la iglesia de San 
Nicolás de Barí. Fueron sus padres José Ra- 
món Adrogué y D.° Petrona Pórtela. El padre 
de D. Esteban era natural de España, nacido, 
en Muchamiel, villa realenga, en Valencia. 
Llegó a estas playas el año 6 del siglo XIX 



AGA 



_ 8 - 



AGU 



dedicándose al comercio. Murió muy joven, y 
dicen que de resultas de una herida recibida 
en los combates que tuvieron lugar durante las 
invasiones inglesas, dejando huérfano de cua- 
tro años a D. Esteban. Su señora madre, dofla 
Petrona, natural de Buenos Aires, se consagró 
por completo a su educación, hasta que ingresó 
en la Universidad, bajo el rectorado del doctor 
D. Antonio Suárez. Adquirió conocimientos 
generales y estudió algunos clásicos latinos. 
El comercio atrajo a Adrogué, hasta establecer 
un establecimiento de suelas, donde progresó 
gracias a su celo y laboriosidad. Fué uno de 
los fundadores del «Mercado del Plata», en 
1856; del «Hotel Provence, en 1854, el pri- 
mero en su época. Se preocupó de los caminos 
públicos; fundó el hermoso pueblo de Almi- 
rante Brown (Adrogué), F. C. S.; alli donó 
tierras para oficinas, plaza, municipalidad, et- 
cétera. Inició la erección en la plaza principal 
de la estatua del almirante Brown. Fué tam- 
bién de los fundadores del pueblo de Lomas de 
Zamora, que le llamó La Paz. Mucho bien 
hizo Adrogué- Murió el 25 de Marzo de 1903. 
Seis unos más tarde se levantó una hermosa 
estatua en la plaza Espora, del pueblo de Adro- 
gué, estatua de bronce y el pedestal de már- 
mol, obra del vecino de la localidad el doctor 
F. Pardo de Talavera (desinteresadamente). 

Agaces. Indios de raza guaraní, que en los 
tiempos de la conquista ocupaban las márgenes 
del rio Paraguay. Vivían de la pesca y eran 
muy diestros en el manejo de las canoas. Era 
una tribu sumamente guerrera, belicosa, y sos- 
tuvo luchas continuas y sangrientas con los 
conquistadores. 

Agramont (Cayetano Marcellano). Obispo de 
Buenos Aires. Natural de La Paz. Gobernó esta 
iglesia desde 1748 a 1759, en que se trasladó a 
Charcas, nombrado arzobispo de aquella dió- 
cesis. 

A^elo (Martín Avelino). Militar. Nació en Bue- 
nos Aires, en 1828. Principió su carrera como 
soldado, en mayo de 1842, en la legión argen- 
tina, figurando entre los sitiados en el asedio 
que Oribe puso a Montevideo. Se halló en los 
combates del 26 de febrero, 28 de marzo y 
24 de abril de 1844, que tuvieron lugar en las 
faldas del Cerro. Prisionero de Rosas, lo man- 
dó de soldado a Santos Lugares, de donde pre- 
tendió fugar; pero fué aprehendido y puesto 
en la cárcel pública con una barra de grillos. 
En libertad después de Caseros, tomó parte 




Pedro José Agrelo. 



en la revolución de septiembre. Nombrado mát 
tarde fiscal militar, formó causa a los asesinos 
del coronel Aquino. Concurrió a la batalla de 
Cepeda, en 1859, al frente del cuarto batalló'! 
de línea, que él mismo había organizado. Ffi- 
lleció el 5 de julio de 1867, ocupando el puesti 
de fiscal militar. 

Asúrelo (Pedro José). Jurisconsulto y hombre 
político. Padre del anterior. Nació en Bueno- 
Aires, el 28 de ju- 
nio de 1778, y cur- 
só estudios en el 
Colegio de San 
Carlos, dirigido 
entonces por el 
Dr. Chorroarín. 
Se doctoró en 
Chuquisaca. En 
1804 contrajo en 
lace con la distin- 
guida patricia 
D." Isabel Cavil- 
montes. De re- 
greso a Buenos Aires, por acuerdo de la Junta 
de Gobierno se hizo cargo de la redacción de 
la Gaceta Oficial en marzo de 1811, hasta oc- 
tubre, en que renunció. En la famosa conspi- 
ración de Alzaga (v.) fué su juez sumariante, 
y por su energía y la rapidez con que procedió 
aseguró la tranquilidad pública. Miembro de la 
Asamblea Constituyente de 1813. En 1818 re- 
dactó varios periódicos opositores al director 
Pueyrredón, lo que le valió ser deportado. A 
su regreso desempeñó la cátedra de Economía 
política en la Universidad de la misma ciudad. 
En 1822 tedactó la primera Constitución polí- 
tica de Entre Ríos; en el mismo año fué auditor 
de Guerra y desempeñó tres ministerios. Du- 
rante la tiranía fué perseguido, y se refugió en 
Montevideo en 1838, y allí murió, el 23 de ju- 
lio de 1848. 

As^iBdo (Roque Néstares). Gobernador del Tu- 
cumán. Fué nombrado para desempeñar este 
puesto en diciembre de 1652. Su gobierno fué 
una serie de latrocinios, cohechos, peculados 
y concusiones, y se puede decir, con Lozano, 
«que ha sido el peor de los gobernadores de 
Tucumán». Codicioso hasta lo sumo, ni guardó 
justicia en la colación de las encomiendas, que 
cedía por precio, ni proveyó los empleos pú- 
blicos con personas idóneas, por obtener de 
ellos un beneficio ilegítimo; ni observó las ór- 
denes superiores, que dejaba violar por grue- 



AQU 



AGÜ 



sas cantidades. No contento con vender los 
tenientazgos, oficios de justicia y encomien- 
das, estancó la hierba del Paraguay, para ex- 
pender las partidas que él había comprado por 
mayor y a bajo precio. Tan injusto con sus 
compatriotas como cruel con los indios, hacía 
sufrir a éstos toda clase de vejaciones, y para 
no dejar una violación sin cometer, asaltó las 
cajas reales, mandándolas descerrajar con un 
herrero, por haberse negado a hacerlo los en- 
cargados de su custodia. Acusado por este de- 
lito, tuvo la habilidad de conquistar la benevo- 
lencia del juez de residencia Mercado, quien 
le permitió salir de ¡la provincia con 200.000 
pesos, y sin querer sentenciar en la causa, a 
pesar de las quejas de los agraviados. Le su- 
cedió en el gobierno D. Pedro de jMontoya. 
Agfiero (José Ensebio). Sacerdote y hombre 
político. De Córdoba. Dedicado a la carrera 
eclesiástica, se ordenó en aquella ciudad en 
1814, y en ese mismo año vino a Buenos Aires, 
donde ocupój el vicerrectorado en el Colegio. 
Seminario que existía entonces. Allí reem- 
plazó al Dr. Acheaga en la cátedra de Filo- 
sofía, que dirigió durante dos años, y en 1818 
fué nombrado prefecto de estudios en el Cole- 
gio de la Unión del Sud, en cuyo cargo se des- 
empeñó con la mayor contracción y laboriosi- 
dad. En 1825 fué elegido diputado por la pro- 
vincia de Córdoba al Congreso que se instaló 
el mismo año, siendo llamado poco después por 
Rivadavia a desempeñar la cátedra de Dere- 
cho eclesiástico en la Universidad de esta ciu- 
dad, época en que dio a luz sus Instituciones 
de Derecho público eclesiástico. Durante la 
tiranía se vio obligado a abandonar Buenos 
Aires. Sirvió como secretario al general Paz y 
de comisionado para pacificar la provincia de 
Santiago del Estero, obteniendo un éxito feliz. 
Durante el gobierno del Dr. Obligado fué re- 
querido para ocuparse de la reparación mate- 
rial del colegio y de la creación de un seminario 
que diese al país un clero piadoso e ilustrado. 
Concluido el edificio, se le nombró rector, con- 
tra sus deseos, pues por su edad y por sus do- 
lencias físicas necesitaba del descanso; no 
obstante esto, desempeñó ese puesto durante 
diez años, desde 1855, en que se abrió el cole- 
gio, hasta que una grave enfermedad le obligó 
a renunciar. Por el año 53 fué electo senador 
a la primera legislatura constitucional de la 
provincia, y su nombre aparece como miembro 
de algunas Comisiones creadas a objetos prin- 



cipales en el período del gobernador Obliga- 
do. Falleció a principios del año 1864. 

Agüero (Dr. Juan Manuel Fernández de). Sacer- 
dote y filósofo. Nació en Túy, villa de Galicia, y 
fué educado en el Colegio de San Carlos, de 
Buenos.\¡res. Entregadoalestudiodela Filoso- 
fía, fué llamado adietar esta cátedra en 1805, en 
el mismo colegio. Más tarde el Dr. Agüero, 
renegando de sus antiguas opiniones y sin que 
lo detuviera consideración alguna, se separó 
públicamente de la escuela católica, a que antes 
había pertenecido, para hacerse racionalista. 
La caída de Rivadavia, que motivó la separa- 
ción de tantos profesores, causó también la del 
Dr. .'agüero, que creyó deber renunciar a ese 
empleo (1827). El Dr. Agüero poseía el don de 
la palabra, y fué no sólo orador, sino también 
escritor y poeta. 

Agüero (Julián Segundo de). Presbítero y esta- 
dista. Nació en Córdoba, descendiente de una 
familia distinguida de esta provincia y poseedo- 
ra de grandes bienes de fortuna. Educado en 
Buenos Aires en el Rt I Colegio de San Carlos, 
donde cursó Teología, incorporándose en 1801 
a la Real Audiencia pretorial, después de reci- 
bir el título de abogado, y luego se consagró 
sacerdote. Desempeñando el curato de la cate- 
dral en 1810 le halló la revolución, .aunque no 
tomó participación en el movimiento, asistió al 
cabildo abierto, sin emitir su voto antes que le 
llegase el turno. Recién en 1817, hizo manifes- 
taciones a este respecto, en que subió al pulpito 
de la catedral a pronunciar la oración patrióti- 
ca con que se conmemoraba anualmente aquel 
gran día. Electo diputado a la legislatura en 
1821, ocupó la presidencia de ese cuerpo en 
aquel año. Representante al Congreso general 
que elevó a la presidencia de la República a 
D. Bernardino Rivadavia, quien le nombró mi- 
nistro de Gobierno en 1826. Ministro de Ha- 
cienda y de Gobierno durante la administración 
del Dr. Vicente F. López. En 1828 presidió k 
Asamblea de San Roque (1 de diciembre), en 
que fué nombrado Lavalle gobernador. En la 
época de la tiranía se refugió en Montevideo. 
Falleció en esta ciudad, el 20 de julio de 1851 . 

Agüero (Pedro José I. Coronel. Nació en Bue- 
nos Aires, el 1 de agosto de 1808. Sentó plaza 
de subteniente en el batallón Cazadores del 
Río de Plata. Hizo la campaña en el Brasil, 
donde ascendió hasta capitán, y tomó participa- 
ción en el pronunciamiento del 1 de diciembre 
contra Dorrego. Se encontró en las acciones 



AGU 



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AGU 



de Tucuya-ti, Palmar y Cagancha, recibiendo 
en la última, a la par de una herida, el grado de 
coronel. Estuvo cuatro aflos dentro de ios mu- 
ros de Montevideo, regresando a su pais a 
fines de IS51 . Cuando estalló la guerra del Pa- 
ragfuay ofrecióse al Gobierno de la nación, y 
puesto al lado de D. Emilio Conesa, como se- 
gundo jefe de la División Buenos Aires. No 
hubo un solo combate en que no brillara su es- 
pada, desde el Paso de la Patria hasta Angos- 
tura: protegiendo bizarramente en Curupayti 
la retirada de los batallones argentinos que ini" 
ciaron el ataque. Llegados los ejércitos alia- 
dos a la Asunción, el coronel .agüero fué nom- 
brado miembro del Tribunal especial creado 
para entender en los reclamos que se hicieran 
por los depósitos existentes en aquella ciudad, 
desempeñando muy luego el cargo de comisa- 
rio de Armas y encargado de la Capitanía de] 
Puerto y de la Policía. En 1S70 marchó a En- 
tre Ríos, en calidad de jefe de las fuerzas del 
Paraná, sosteniendo el asedio que pusiera a 
esta plaza D. Ricardo López Jordán, y durante 
los sucesos de septiembre de 1874 desempeñó 
el empleo de jefe del Estado Mayor de la capi- 
tal. Agüero «era un militar muy inteligente, mo" 
desto, resignado, virtuoso y con la conciencia 
de que el deber es una religión que necesita un 
culto práctico, como todas las religiones». Mu- 
rió en Buenos Aires, el 7 de agosto de 1878. 

A^uilar (Juan). Gobernador de San Juan. 
Electo en julio de 1830. Ratificó en 18 de sep- 
tiembre un tratado de comercio entre esa pro- 
vincia y las de Córdoba, Mendoza, San Juan, 
San Luis, Rioja y Catamarca, y puso las fuerzas 
que tenía disponibles a las órdenes del general 
Paz. Pocos meses después de su nombramiento 
estalló un movimiento revolucionario en la ciu- 
dad, pero fué sofocado por las autoridades. Le 
sucedió D. Hipólito Pastoriza. 

Aguilar (Victoriano). Militar. Nació en Buenos 
Aires, en 1790. Empezó sus servicios militares 
durante las invasiones inglesas, encontrándose 
en los combates de la defensa y de la recon- 
quista, en 1806 y 1807. Producida la revolución 
de 1810, asistió, al mando de Rondeau, a la 
campaña y sitio de Monteoideo, en 1811; al año 
siguiente se halló en el segundo sitio de esa 
plaza, como capitán. En 1817, en clase de sar- 
gento mayor, concurrió a la campaña de Entre 
i-^cf , desempeñando después comisiones mili- 
tares de importancia y varios cargos militares. 
Durante la tiranía permaneció sirviendo bajo 



las órdenes del dictador; derrocado éste, tomó 
parte en la revolución de septiembre de 1852 
y luego en la defensa de la plaza durante el si- 
tio de 1853, mereciendo ser ascendido a tenien- 
te coronel, y en el mismo año se le retiró del 
servicio, por sus achaques, sin haberlo él soli- 
citado. Falleció en Buenos Aires, el 1 1 de octu- 
bre de 1S55. 
Aguilera (Javier). Coronel. Jefe español. De- 
rrotó a Padilla en la Laguna y el Villar. De- 
golló personalmente a este valiente jefe. Ganó 
la batalla de Pan (1816). Como de costumbre, 
después de esta batalla hizo cortar la cabeza 
al jefe patriota Wames y colocarla en una 
pica. Cometió muchísimas crueldades en Santa 
Cruz de la Sierra. 
Asruirre (Combate del Paso de). El general 
Balcarce, con fuerzas de Buenos Aires, derro- 
ta al general López, gobernador de la provin- 
cia de Santa Fe, que con 600 hombres se había 
atrincherado en el Paso de Aguirre, sobre el 
río Salado. Este combate tuvo lugar el 27 de 
noviembre de 1818. 
Agruirre (Cleto). Gobernador de Salta en 1815. 
Su gobierno fué muy bueno y la provincia le 
debe muchas mejoras. En 1865, siendo presi- 
dente de la Legislatura, tomó el mando, por fa- 
llecimiento del Dr. Dávalos. En su administra- 
ción las dos veces le acompañó como ministro 
el Dr. Francisco J. Ortiz. El Dr. Aguirre era 
un notable médico oculista. 
Afrnirre (Félix). Gobernador y capitán gene- 
ral de la provincia de Misiones. Ejercía este 
cargo cuando tuvo lugar (1827) la invasión de 
Bentos Manuel, jefe de lis tropas portuguesas. 
Aguirre reunió algunas fuerzas y se preparó 
para resistir al invasor; pero, faltas de discipli- 
na y organización, se dispersaron y su jefe 
huyó solo, dejando abandonada la provincia de 
su mando, .aguirre rechazó los auxilios que le 
ofreciera el gobernador de Corrientes, decla- 
rando «que lo hecho estaba hecho y que su 
provincia tenía terrenos para indemnizar los 
daños causados por el invasor»; lo que no im- 
pidió que fuese auxiliado por tropas de Co- 
rrientes, formando parte desde entonces el te- 
rritorio de Misiones de aquella provincia. 
Aguirre (Francisco de). Gobernador del Tu- 
cumán y fundador de la ciudad de Santiago del 
Estero. Descendía de una familia noble de Ta- 
lavera, ciudad de España. Hallándose en Chile, 
recibió en 1552 de Pedro de Valdivia, con- 
quistador de aquel país, despachos de teniente 



AGU - 11 - 

general y gobernador de Tucumán, dependien- 
te entonces de Chile y denominada entonces 
Nueoo Maestrazgo de Santiago. Aguirre debía 
substituir a Niiñez del Prado, que había caído 
en desgracia del conquistador, deponiéndole 
por las armas en caso de resistirse a resignar 
el mando, a cuyo efecto penetró por sorpresa, 
al frente de 200 soldados, en el territorio de la 
provincia, haciéndose reconocer como jefe en 
la ciudad del Barco, asiento de las autoridades 
locales, y saliendo en seguida en busca de 
Prado, que, preocupado con sus conquistas, 
ignoraba la llegada y los designios de Aguirre. 
Desembarazado de su antecesor, dedicóse a 
los asuntos de su gobierno, empezando por re- 
partir 47.000 indios jurís y toconotes entre 53 
encomenderos, medida inhumana y vejatoria 
que promovió el levantamiento de las tribus 
que poblaban las llanuras vecinas de la ciudad. 
Temeroso de sucumbir a sus ataques, hizo tras- 
ladar Aguirre la población del Barco al valle 
de Guiqui; pero, inquietado nuevamente por 
los indígenas, se vio obligado a levantar su 
campamento, dirigiéndose hacia el río Dulce, 
en cuyas márgenes fundó a fines de 1553 la 
ciudad de Santiago del Estero, capital hoy de 
la provincia argent'na que lleva su nombre. En 
el siguiente marchó a Chile, a contener las tri- 
bus sublevadas de los araucanos, contra quie- 
nes sostuvo una larga y penosa lucha, mere- 
ciendo en recompensa de su esforzada conduc- 
ta ser reelecto a la gobernación de Tucumán. 
Este nombramiento lo recibía Aguirre diez años 
después de su entrada a Chile y en circunstan- 
cias en que esta provincia se incorporaba al 
distrito de la Plata con absoluta independencia 
del gobierno de aquel país. Aguirre tomó po- 
sesión de su cargo en momentos de verdadero 
peligro para la provincia. «Casi toda ella so- 
metida al poder de los bárbaros, no se veían 
por todas partes sino ruinas, desolaciones, es- 
tragos y osadía del enemigo. No pudo menos 
de conocer Aguirre cuánto importaba dedicar 
sus desvelos a las cosas de la guerra. Valero- 
so, vigilante, lleno de celo y volando a todas 
partes donde era mayor el peligro, logró inspi- 
rar en los ánimos un entusiasmo militar que dio 
respiración a la provincia e iba a poner en cré- 
dito el poder español. Aguirre pisó todo el te- 
rreno que poseyeron los españoles; buscó a los 
bárbaros en sus mismos alojamientos; tuvo con 
ellos encuentros muy felices; los obligó a reti- 
rarse donde los ecos de su valor no pudiesen 



AGU 

amedrentarlos, y, en fin, llenó la ciudad de 
Santiago de prisioneros y despojos.» Hubo, no 
obstante, de perecer en dos combates sangrien- 
tos librados con las tribus valerosas de los cal- 
cliaquies, debiendo ^u salvación a la intrepidez 
del capitán Gaspar de Medina. Deseoso de 
asegurar el dominio de sus armas en todo el 
territorio de la provincia, desprendía por un 
lado a uno de sus mejores capitanes para echar 
los cimientos de una nueva ciudad (San Miguel 
de Tucumán), mientras él marchaba hacia Cór- 
doba a someter la tribu de los cornee/ligones, 
que reconocieron sin violencia la autoridad de 
su Gobierno. Esta jornada le fué, sin embargo, 
fatal a Aguirre: sus soldados conspiraron con- 
tra su persona, le prendieron por sorpresa y le 
remitieron escoltado a la Audiencia de Char- 
cas. Absuelto por este Tribunal y restablecido 
en su cargo y honores, volvió a tomar el man- 
do de la provincia; pero denunciado al Tribu- 
nal de Lima, por las tropelías y crímenes que 
cometiera entonces, fué destituido y llevado 
preso a aquella Audiencia. Don Francisco de 
Aguirre fué, como se ve, fundador de dos ciu- 
dades y tres veces gobernador de Tucumán; 
hombre de guerra, supo vencer y avasallar nu- 
merosas tribus; pero sucumbió al fin, víctima 
de los odios y resistencias que engendraran 
entre sus soldados y el pueblo la soberbia de 
su carácter y la altivez de su ginio. 
Aguirre (José María). Militar. Nació en Santa 
Pe, el 20 de febrero de 1783. En 1811 se alistó 
como soldado en el ejército del general Bel- 
grano, al iniciar su campaña al Paraguay. Asis- 
tió al sitio de Corrientes y fué comandante de 
la escuadrilla tomada a los espartóles. Actuó 
en la rendición y sitio de Montevideo, a las ór- 
denes del general Alvear, en 1814, con el gra- 
do de teniente. Combatió contra Artigas en 
Entre Ríos, y más tarde, en el Alto Perú. En 
1816, como capitán, se incorporó al ejército de 
San Martín en Mendoza. Cruzó los Andes, 
hallándose en Chacabuco, Cancha Rayada j 
Niaipii en 1S18, con el grado de coronel, y 
como jefe de Estado Mayor en 1819; al año si- 
guiente marchó al Perú, sirviendo con el gene- 
ral Arenales en la campana de la Sierra y con- 
curriendo al sitio del Callao y toma de Lima. 
Regresó a Buenos Aires y actuó en la campa- 
ña contra el Brasil, batiéndose en Itiizaingó, 
siendo el conductor del parte y de los trofeos 
de la batalla. Este valiente militar ha dejado 
escrita una interesante Memoria militar sobre 



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las campañas del ejército de los Andes. Falle- 
cii'i en Buenos Aires, el 15 de abril de 1847. 
A^ruirre (Juan Francisco). Español. Capitán de 
fragata y jefe de la cuarta división enviada 
por España para la demarcación de límites con 
el Portugal en América. Es uno de los varios 
hombres de verdadero mérito que vinieron a 
estos países para las demarcaciones de limites; 
pertenecía a la partida de D. José Várela y 
Ulloa, y en esa comisión construyó Aguirre los 
tres grandes mapas. Escribió un diario descrip- 
tivo de su viaje, obra de grandes dimensiones, 
dividida en tres voluminosos tomos. El libro 
del capitán Aguirre es una descripción cientí- 
fica de su viaje, enriquecida con numerosas e 
interesantísimas observaciones sobre la políti- 
ca, administración, comercio, geografía, histo- 
ria e hidrografía del virreinato del Río de la 
Plata. 

Aguirre (Juan Pedro). Comerciante. De Bue- 
nos Aires; nacido el 19 de octubre de 1781. 
Fueron sus padres D. Cristóbal de Aguirre y 
D.' María Josefa López de Anaya. Aparece 
recién en la escena pública con motivo de las 
invasiones inglesas, en que figuró como tenien- 
te de patricios. En la defensa ctipole la glo- 
ria de contribuir eficazmente a la rendición del 
destacamento de los ingleses en Santo Domin- 
go. En 1810 fué miembro del Ayuntamiento, 
abrazando la causa de la revolución con entu- 
siasmo. Poseedor de una fortuna considerable, 
heredada de sus padres, se dedicó en la guerra 
de la independencia a armar corsarios a su cos- 
ta, lo que volvió a efectuar posteriormente en 
la guerra del Brasil. En 1S20 se halló mezcla- 
do en los sucesos anárquicos de dicho año, 
desempeñando las funciones de alcalde ordina- 
rio de primer voto cuando fué elegido director 
substituto en reemplazo del general Rondeau. 
Terminado su interinato, fué electo represen- 
tante en la Legislatura de Buenos Aires, de la 
que tué dos veces presidente. Fué después 
presidente del Banco nacional, siendo su primer 
presidente. En estas tareas y otras delicadas 
comisiones que se le encomendaron, sirviendo 
ya a la nación, ya a la provincia, falleció en 
Buenos Ain.s, el 17 de julio de 1837. 

Aguirre (Manuel .Hermenegildo). Nacido en 
Buenos Aires, en 17s5. El movimiento de mayo 
le contó en el número de sus partidarios. En 
1817, el Directorio, a indicación de San Mar- 
tín, le confió la delicada misión de adquirir en 
los Estados Unidos varios buques de guerra 



para contrarrestar el poder marítimo de los 
realistas en las costas del Pacífico, debiendo 
transportarlos a Chile artillados y tripulados. 
Diputado a varias legislaturas. No aceptó el 
ministerio de Hacienda que le ofreció Dorrego. 
En 1827 fué presidente de la Cámara de Dipu- 
tados, y muy luego del Crédito público y Caja 
de Amortización de la provincia. Desterrado 
del país por el general Lavalle, regresó bajo 
la administración de D. Juan José Viamonte, 
siendo nombrado miembro del Senado consul- 
tivo de Gobierno. Se opuso y combatió tenaz- 
mente el proyecto invistiendo de facultades 
extraordinarias a Rosas. Desempeñó la carte- 
ra de Hacienda en la administración Balcarce 
hasta octubre del año 34, en que elevó su re- 
nuncia, alejándose desde entonces de la vida 
pública. Falleció el 22 de diciembre de 1843. 

Ailón (combate). Contra los montoneros de 
Cuyo y La Rioja, el 4 de diciembre de 1867, en- 
tre el comandante Irrazábal y el cabecilla Pe- 
dro Pérez. Tuvo lugar en Ailón, provincia de 
Mendoza. Después de una defensa desespera- 
da, los montoneros fueron derrotados, dejando 
muchos muertos y heridos. 

Aizpurua (Benito). Piloto de altura y práctico 
mayor del Río de la Plata. Nació en San Se- 
bastián, capital de Guipúzcoa, el año 1774, y 
desde muy joven se estableció en Buenos Aires, 
donde prestó servicios incalculables como pi- 
loto. Desde los veintitrés años, como primer pi- 
loto del bergantín español el Tigre, navegó 
el Río de la Plata en buques mercantes, entre 
Canarias y ambas capitales de este rio. En 

1823 el alm'irante Brown le confió el cargo de 
piloto mayor de la escuadra nacional durante 
la guerra del Brasil, en cuyo puesto hizo re- 
nuncia de sus sueldos y demostró su compe- 
tencia y conocimiento del estuario, y a solici- 
tud del mismo almirante el Gobierno le com- 
pró todas las cartas y planos sobre el Río de 
la Plata trazados por él, con la anotación de 
las derrotas, posición y extensión de los ban- 
cos y arrecifes, puertos, costas, señales, co- 
rrientes, canales. La obra magna de este ma- 
rino se denomina: Carta esférica del Río de 
la Plata, en la América del Sud, por D. Andrés 
Oyarbide; y corregido todo el interior del rio, 
desde el meridiano de Monteoideo, en los 
años 1823, 24 y 25, por D. Benito Aizpurua, 
piloto de altura y p'áctico de dicho río. En 

1824 publicó un folleto sobre el derrotero del 
Río de Plata, en idioma inglés y castellano. 



Al.A 



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ALB 



Dice el general Mitre: «Los navegantes de' 
Rio de la Plata, debieran levantar una estatua 
di piloto de altura D. Benito Aizpurua, cuyos 
trabajos hidrográficos, en que se comprenden 
las derrotas, la anotación de la sonda, la posi- 
ción y extensión de los bancos y arrecifes, la 
forma de los puertos y costas y las señales 
aparentes que deben ser /ir de guía, lo hacen 
digno de este alto honor, y así como los norte- 
americanos colocan la estatua de Frankiin en 
lo alto de sus edificios con el pararrayo salva- 
dor que inventó, en una mano, la estatua de 
nuestro piloto debía levantarse sobre las 
a^uas, sirviendo de baliza en lo alto del esco- 
llo más peligroso del Río de la Plata». Murió 
en Buenos Aires, el 11 de diciembre de 1833. 

Alagón (Juan de). Natural de Buenos Aires; fué 
de los patricios del año X, perteneciendo al 
partido saavedrista; formó parte da la Juntp 
después déla revolución de 1811, ejerciendo 
accidentalmente la secretaría de Gobierno y 
Guerra. Más tarde fué miembro del Cabildo, 
llegando a ocupar el puesto de alcalde de pri- 
mer voto, y miembro de la Junta de Observa- 
ción. En 1821 presidió la Junta de Representan, 
tes, y del Crédito en 1825, y era vicepresidente 
de la Junta de Administración de la Caja de 
Amortización. En 1826 fué electo constituyente 
a la Legislatura de la provincia de Buenos Ai- 
res. «A'agón— dice un publicista— no era hom- 
bre de cualidades brillantes; pero sí un gran 
patriota, que se mantuvo fiel a su bandera en 
los supremos momentos de la revolución». 

Albariños (Domingo) Militar. Nacido en Bue- 
nos Aires, en 1781.— Inició su carrera en 1806 
durante las invasiones inglesas. En 1809 era 
teniente de la segunda compañía de Granade- 
ros, núm. 5. Hizo la expedición en la primera 
campaña al Alto Perú, a las órdenes de Ocam- 
po, tocándole tomar presos en Córdoba a Con- 
cha, Rodríguez, Allende y Moreno, con algu- 
nos oficiales, los cuales fueron ejecutados con 
Liniérs por orden de la Junta. En este suceso 
su conducta fué recomendada, siendo ascendi- 
do a capitán. En esta época fué enviado como 
comisionado a Santiago del Estero para refor- 
zar las tropas que debían seguir al Norte, sien- 
do su resultado inmejorable. Se halló en Cota- 
gaita y en Suipacha. En el paraje denominado 
Jaracoragua peleó durante cuatro horas, al 
frente de cuatro compañías de su regimiento y 
bajo el mando superior de Díaz Vélez y de 
Viamonte, consiguiendo rechazar valerosamen- 



te al enemigo, y como en la retirada quedase 
abandonada nuestra artillería, el general en 
jefe le confió la honrosa misión de salvarla al 
frente de una tropa de dragones ligeros, lo que 
ejecutó bizarramente. Hizo la tercera campaña 
al Alto Perú, a las órdenes del coronel D. Mar- 
tin Rodríguez; fué sorprendido en el Tejar por 
el general español Olañeta, y tomado prisione- 
ro con toda la tropa, después de un raflido com- 
bate, a excepción de Necochea, que salvó por 
un rasgo de valor singular. Fué enviado, como 
era de costumbre, a las prisiones de Casas 
Matas del Callao, hasta 1821, que fué liberta- 
tado por el general San Martín. Volvió a las 
filas del ejército, y el general libertador le des- 
tinó al comando de un departamento de la pro- 
vincia de Trujillo, donde rindió la vida, ya de 
teniente coronel, en acción de guerra, a la 
causa que seguía desde su pronunciamiento. 

Albariños (José María). Nació en Buenos Ai- 
res, el 9 de julio de 1794. Ingresó al ejército en 
1807, batiéndose contra los ingleses Actuó en 
los sucesos de mayo. Formó en el ejército del 
Perú y asistió como capitán en Sipe-Sipe y 
otros encuentros. En 1826 se retiró del servicio, 
con el grado inmediato superior, manteniéndo- 
se alejado hasta 18'28, en que tomó participa- 
ción activa en la política, siendo ascendido a 
teniente coronel. Durante la tiranía se retiró 
a la vida privada y, perseguido, emigró en 1840. 
Caída ésta, fué jefe de Estado Mayor en 1852, 
durante la administración del Dr. D. Valentín 
Alsina. Después se halló en Cepeda y en Pa- 
Dón, al frente de un regimiento de guardias 
nacionales, con el grado de coronel de línea. 
En 1857 y 1860 fué electo senador por la ciu- 
dad de su nacimiento, y posteriormente desem- 
peñó otros cargos honoríficos. Falleció en Bue- 
nos Aires, a los noventa y un años de edad, el 
17 de abril de 1835. 

Albariños (Saturnino). Militar. Desde muy niño 
ingresó en la carrera militar. Subteniente del 
batallón 4.^^ de Cazadores, en el de Fusileros, 
en el 8.° de caballería como sargento mayor, 
en el 10.°de caballería, «regimientogeneralSan 
Martín»; prestó buenos servicios en el fuerte 
del Azul. Se halló en la campaña del Paraguay 
en las acciones Paso de los Libres, Urugua- 
ynna, Itati, Paso de la Patria, Tuyuti, Yatati, 
Humaitá, etc. Falleció en 1S71. 

Albarellos (Nicanor). Médico. Nació en Bue. 
nos Aires, en 1810. Cursó sus estudios en la 
Escuela de Medicina de París. En 1849 regre- 



ALB 



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só a Buenos Aires, revalidando el título aca- 
démico al año siguiente. Adquirió notoriedad 
desde un principio por la brillante tesis que 
presentó. En 1852 fué nombrado catedrático de 
la Facultad de esta ciudad. En 1857 y 1859 fué 
elegido diputado a la Legislatura de Buenos 
Aires, donde descolló como orador; convencio- 
nal en 1860; y en 1862, diputado nacional. En 
1S74, académico titular de la Facultad de Cien- 
cias Médicas, puesto que siguió desempeñando 
aun después de haberse jubilado, prestando 
así eminentes servicios a las ciencias y a la ju- 
ventud estudiosa hasta el aflo 18-*0, en que se le 
nombró académico honorario. El Dr. Albarellos 
era un eximio guitarrista. Falleció el 5 de fe- 
brero de 1891. 

Albarracín (Antonio Cornelio). Sacerdote y fi- 
lántropo. Nacido en la provincia de Jujuy. Vi- 
vió consagrando al bien de su país su cuantio- 
sa fortuna. Albarracín fué uno de los que 
revelaron a las autoridades ios planes fragua- 
dos en aquella provincia por la plebe coligada 
con los indios insurreccionados por la rebelión 
de Tupaz-Amarú. Era un sacerdote lleno de 
méritos y virtudes; fué el fundador del templo 
de Santa Bárbara en la ciudad de Jujuy y pro- 
tector de muchas familias indigentes en la pro- 
vincia. 

Albarracín (Santiago). Coronel. Nació en San 
Juan. Empezó su carrera en 1818, como solda- 
do distinguido de un cuerpo de Milicias de su 
provincia natal, e hizo en 1820 la campaña con- 
tra los Carreras, que fueron batidos por el co- 
ronel Urdininea en la Punta de los Médanos. 
En 1852 fué ascendido a teniente del regimien- 
to de Dragones destinado a contener en las 
Quebradas de Humahuaca las incursiones de 
los realistas. Militó a las órdenes de Arenales 
en el Alto Perú; bajó después a Buenos Aires, 
incorporándose al ejército que hizo la campaña 
contra el Brasil, hallándose en Onibü, ¡luzain- 
gó y Camacuá. Batió al frente de algunos sol- 
dados al guerrillero Zuca en el Arroyo Gran- 
de. Se mezcló en las disensiones civiles, sir- 
viendo con los generales Paz y Lavalle en las 
campañas del interior de la República. Pros- 
cripto por Quiroga después de la batalla de la 
Ciudadela, emigró a Solivia; de allí regresó a 
San Juan en 183(), de donde tuvo que emigrar 
a Chile, pasando más tarde a Montevideo, y 
de este punto a Corrientes, a incorporarse al 
ejército del general Paz. En 1847 regresó a 
San Juan, donde actuó nuevamente en los 




acontecimientos políticos de 1860 y 61. Fué un 
militar leal y pundonoroso; su vida nos presen- 
ta una serie de fatigas, de servicios y de com- 
bates afortunados, que le hacen acreedor a la 
recordación histórica. Murió en San Juan, el 
16 de mayo de 1869. 

Albarracín (Santiago). Uno de los héroes de 
Tambo Nuevo (v.) Casóse después en la Sierra 
de Córdoba, y llegó a ser mayor y comandante 
de milicianos, sirviendo con lealtad a la causa 
de la libertad. Murió en 1840. 

Alberdi (Juan Bautista). Notable abogado y pu- 
blicista argentino. Nació enTucumán, el 29 de 
agosto de 1810, 
Hizo sus prime- 
ros estudios en 
Buenos Aires y 
se recibió de abo- 
gado en Monte- 
video en 1840. 
Talento de pri- 
mera fila, de gran 
ilustración e in- 
fatigable trabaja- 
dor. Alberdi gozó 
de mucha repu- 
tación en toda la 
América latina. 

Después de un corto viaje por Europa en 1843, 
regresó a América y se estableció en Val- 
paraíso, donde ejerció con gran crédito, du- 
rante muchos años, su profesión de aboga- 
do. El primer trabajo serio de Alberdi lleva 
por título: Preliminar al estudio del Dere- 
cho. Dio también a luz, sucesivamente, las 
siguientes obras: Ejecuciones y quiebras en 
Chile; La magistratura y sus atribuciones. En 
1852 publicó el más notable de sus trabajos, 
que lleva el título: Bases para la organización 
política de la Confederación argentina, obra 
que es un tratado completo de Derecho pú- 
blico americano y que ha sido entusiastamente 
elogiada por los más distinguidos publicistas 
de ambos mundos. Otros trabajos dignos de 
mención son: Elementos de Derecho público 
prouinclal para la República Argentina; Sis- 
tema económico y rentístico de la Confedera- 
ción Argentina; De la integridad nacional de 
la República Argentina bajo todos sus Gobier- 
nos. Además de estos trabajos tiene multitud 
de folletos políticos de circunstancias, entre 
ellos uno titulado: De la anarquía y sus dos 
causas principales; Del Gobierno y sus dos 



luán Bautista Alberdi. 



ALB 



15 — 



ALC 




elementos necesarios en la República Argen- 
tina. En 1855 fué nombrado representante cer- 
ca de algunas cortes europeas. Alberdi lia sido 
redactor de muchos periódicos políticos y lite- 
rarios, y como literato tiene una colección de 
artículos de costumbres, bajo el seudónimo 
de Figarillo, y una interesante crónica dramá- 
tica de la revolución de mayo. Sus obras com- 
pletas fueron editadas poco después de su 
muerte. Falleció en París, el 18 de junio del 
año 1S84. 

Alberti (Manuel Maximino de). Sacerdote. Na- 
cido en Buenos Aires, el 28 de mayo de 17t33, 
donde cursó sus 
estudios eclesiásti- 
cos y se ordenó en 
1783. En 17S5 se 
doctoró en Córdo- 
ba en cánones. 
Desempeñó el cu- 
rato de San Fer- 
nando de Maldona- 
do, en el Uruguay, 
donde le sorpren- 
dió la invasión in- 
glesa , siendo des- Manuel Maximino de Alberti. 
terrado por los in- 
vasores, acusado de mantener corresponden- 
cia con los jefes españoles. En 1810 era cura 
de la parroquia de San Nicolás de Barí, de 
esta ciudad, cuando ocurrió la revolución, a 
cuya preparación coadyuvó con incansable ac- 
tividad, con Belgrano, Paso, Rodríguez Peña 
y demás patriotas, asistiendo al memorable 
cabildo abierto del 22 de mayo, votando por la 
cesación del virrey en el mando. Fué uno de 
los elegidos para formar la primera Junta de 
Gobierno, y como tal suscribió todas las me- 
didas importantes que ésta tomó, menos la de 
pasar por las armas a Liniérs y demás com- 
pañeros, alegando su carácter sacerdotal. Fué 
uno de los redactores de la Gaceta. Este pa- 
triota, precursor de la revolución de mayo, 
murió repentinamente en Buenos Aires, el 2 
de febrero de 1811. 

Alberti (Manuel Silvestre). Guerrero de la in- 
dependencia. Nació en Buenos Aires, el 31 de 
diciembre de 1782. Hermano del anterior. Asis- 
tió a la reconquista y defensa de esta ciudad 
contra los ingleses. Tomó parte en los sucesos 
de mayo de ISIO y estuvo, bajo las órdenes del 
general D. Carlos de Alvear, en el sitio y toma 
de Montevideo, en 1814, siendo agraciado con 



el premio que por tal hecho instituyó el supre- 
mo director del Estado. 

Albornoz (Felipe de). Gobernador del Tu- 
cumún. Natural de Talavera, y caballero del 
hábito de Santiago. Se recibió del mando de la 
provincia el II de junio de 1627. Habiendo ve- 
nido varios caciques de la tribu de los calcha- 
quíes a darle la bienvenida, como era de prác- 
tica cuando se hallaban en paz, el nuevo go- 
bernador les hizo un recibimiento tan desleal 
como inhumano, mandándolos azotar y cortar 
los cabellos en presencia del pueblo. Movidos 
justamente a la venganza por este hecho, pro- 
vocaron una sublevación general en todo el 
territorio desde el valle de Guadacol hasta el 
Humahuaca, invadieron las poblaciones de los 
españoles, produciéndose una lucha sangrienta 
que duró diez años. Este fué el único aconte- 
cimiento notable de su administración, pues, 
ajustada la paz. Albornoz dejó el gobierno, 
sucediéndole D. Francisco de Valdivia. 

Albornoz (fray Jerónimo de). Obispo de Tu- 
cumán. De la Orden seráfica. Ejercía las fun- 
ciones de comisario general de las provincias 
del Perú cuando fué nombrado obispo de esta 
diócesis, por renuncia de su antecesor, fray 
Jerónimo de Villa Carrillo, en 1570. Gobernó 
esta iglesia hasta el año 1576. 

Alcarasito (combate). El general López Jor- 
dán, que después de su desembarco en la pro- 
vincia de Entre Ríos, el día 27 de noviembre, 
se había internado en el país, siempre rodeado 
de fuerzas del Gobierno por los puntos que 
recorría, llega al paraje denominado Alcara- 
sito, con 500 hombres que se habían reunido, 
desarmados en su mayor parte y sólo teniendo 
15 infantes con remington. Hacía una hora que 
se hallaban en la carneada cuando es sorpren- 
dido por el coronel D. Juan Ayala, que, con 
fuerzas disciplinadas y bien armadas de infan- 
tería y de caballería, lo ataca, sin darle tiempo 
para ensillar los caballos. Se sigue inmediata- 
mente un combate, que duró tres cuartos de 
hora, teniendo que retirarse López Jordán 
por no poder resistir el nutrido y mortífero 
fuego de la. infantería de Ayala. A poca dis- 
tancia del lugar del combate, López Jordán 
disolvió su gente (1 de diciembre de 1878). 

Alcaraz (José Rafael de). Preboste de la Her- 
mandad y sargento mayor. Era natural de Bue- 
nos Aires y descendiente de una familia dis- 
tinguida. Inició su carrera en el cuerpo de Hú- 
sares de Pueyrredón, asistiendo a la recon- 



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quista y defensa de Buenos Aires contra ios 
ingleses. Criado en los suburbios de la ciudad 
cuando éstos principiaban a ser la guarida de 
toda clase de malhechores, Alcaraz adquirió 
muy pronto «esa baquía, esa admirable actitud 
para la guerra de los bandoleros, que debía ha- 
cerlo tan útil después a su patria». En efecto, 
bajo el gobierno de Pueyrredón y en los go- 
biernos que le sucedieron, Alcaraz prestó im- 
portantes servicios al vecindario de Buenos 
Aires, que dormía tranquilo bajo su vigilancia. 
«Tenía en su espíritu una luz admirable para 
ver a los salteadores en el fondo de los abri- 
gos y de los montes, para adivinar y prever 
sus empresas, su numero, sus recursos, y para 
sorprenderlos, acorralarlos, sablearlos, apre- 
henderles una buena parte de la gavilla y ahor- 
carlos en los suburbios más inmediatos.» De- 
bido a esta hábil persecución, los atentados de 
toda clase disminuyeron notablemente y la 
deserción, que había empezado a cundir, se 
desvaneció por completo. Alcaraz llegó a ser 
el terror de estos bandidos y el único brazo 
justiciero que salvaba el imperio de la ley ci- 
vil. Jamás tuvo partido político, dice el doctor 
López, ni figuró en ningún motín en pro o en 
contra de los círculos que gobernaban o que- 
rían gobernar El y su partida dormían la sies- 
ta mientras en la plaza de la Victoria (Mayo) 
ardían los furores políticos. Por la noche, sin 
cuidarse quién había triunfado ni cómo se lla- 
maba el que gobernaba, Alcaraz salía en silen- 
cio e iba a sus grandes operaciones de limpie- 
za y cacerías que aveces, como dice el escri- 
tor a quien seguimos, se convertían en verda- 
deras batallas. Todos los círculos lo estimaban 
y lo respetaban igualmente. El vecindario en- 
tero lo bendecía y sus hazañas eran contadas 
con todos los colores de leyenda y la admira- 
ción más profunda y llena de gratitud. En el 
año 21 se le ve todavía al frente de su partida, 
haciendo la policía de nuestros campos, tarea 
que desempeñó hasta su muerte, que ocurrió 
algún tiempo después. 
Alcorta (Amancio). Economista. Fundador del 
pueblo de Moreno (Buenos Aires). Nació el 16 
de agosto de 1805, en la capital de Santiago 
del Estero. Dedicado a la carrera de las letras, 
hizo sus primeros estudios en el convento de 
Franciscanos en Catamarca, bajo la dirección 
del padre Quintana, que siempre le recordó 
entre sus discípulos más aventajados. Ingresó 
en seguida a la Universidad, donde permaneció 



cuatro años. Preparábase a iniciar los cursos 
de Derecho cuando sucesos desgraciados de 
familia le obligaron a abandonar para siempre 
la carrera que había iniciado bajo auspicios tan 
lisonjeros. Vuelto a su provincia, cúpole el ho- 
nor de ser nombrado diputado al Congreso 
Nacional que se reunía en Buenos Aires, ape- 
nas cumplía la edad de veintiún afíos. Esta cir- 
cunstancia ocasionó en el seno del Congreso 
algunas dificultades para la admisión de su di- 
ploma. oAlcorta creyó entonces más decoroso 
renunciar su cargo de diputado antes de expo- 
nerse a un fallo que podía ser un rechazo.» 
Afiliado al partido unitario, compartió la suer- 
te incierta de sus amigos políticos, cuya triste 
situación empezó a dibujarse con el primer 
triunfo de Ibarra, para definirse después de la 
caída del general Deheza. En el Gobierno li- 
beral que estableció éste mereció Alcorta el 
honor de ser su ministro, quedando así su nom- 
bre, como dice su biógrafo, marcando la fecha 
de la desaparición de las libertades de su pro- 
vincia. La caída de Deheza fué para Alcorta la 
inauguración de una vida errante y penosa. 
Ministro de Quemes en Salta, pasó muy luego 
a Jujuy, y de aquí a Buenos Aires. Se mantuvo 
largo tiempo en la vida privada, hasta que, caí- 
do Rosas, fué llamado en junio de 1853 a for- 
mar parte del Consejo de Hacienda. Intervino 
después en la reforma de los reglamentos de 
Aduana; ocupó un puesto en la Comisión en- 
cargada da plantear el libre tránsito de los ar- 
tículos de comercio procedentes del extranje- 
ro y de las otras provincias de la República; 
fué cónsul del Tribunal de Comercio durante 
los años 53, 55 y 58; varias veces director del 
Banco y miembro de la Junta del Crédito pú- 
blico, ocupando por último, con ventaja para 
la provincia, un asiento en el Senado desde 
1855 hasta principios de 1862. Falleció en mayo 
de 1862. 
Alcorta (Amancio) . Jurisconsulto . Nació en 
Buenos Aires, el 27 de marzo de 1842, y estudió 
en la misma ciudad, doctorándose. Durante la 
guerra del Paraguay prestó servicios militares 
como ayudante y secretario del coronel Mura- 
ture, batiéndose en el combate de las Cueoas, 
donde fué condecorado con la cruz de bronce 
del Brasil. En 1867 fué nombrado juez de pri- 
mera instancia, puesto que desempeñó con 
competencia y laboriosidad. Fiscal de Gobier- 
no en la provincia; ministro de Hacienda y de 
Gobierno en la misma. Durante el gobierno de 



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Acosta, fué electo diputado a la Legislatura en 
1867 a 1872. Catedrático de Derecho interna- 
cional en la Facultad, académico titular de la 
misma, rector del Colegio Nacional Central, 
diputado al Congreso Nacional, ministro de 
Relaciones exteriores en las administraciones 
de Juárez Celman, Saénz Peña, Uriburu y 
Roca. En este ultimo puesto contribuyó de una 
manera notable a la terminación del litigio de 
límites con Chile. Desempeñándolo le sorpren- 
dió la muerte, el 5 de mayo de 1902. 

Alcorta (Diego). Médico y filósofo. Nacido en 
Buenos Aires, el 18 de noviembre de 1802. Cur- 
só en las aulasdel Colegio de laUnión, donde se 
inició en el conocimiento del latín, la retórica, 
la gramática y la historia. Estudió filosofía 
bajo la dirección de Lafinur y matemáticas bajo 
la de D. Avelino Díaz, comenzando luego de 
terminar estos cursos sus estudios facultati- 
vos. Uno de sus biógrafos nos cuenta que, sien- 
do huérfano y pobre, se veía obligado a estu- 
diar en los libros de sus compañeros, pues él 
no tenía con qué comprarlos. Terminaba su 
carrera, y la misma escasez de recursos era 
un obstáculo a la recepción de su grado. Al- 
corta solicita entonces del rector de la Univer- 
sidad se le conceda gratis su título, que obtu- 
vo en atención a sus cualidades preferentes. 
Siendo estudiante había desempeñado el em- 
pleo de practicante mayor en el hospital de 
hombres, y al concluir sus estudios (1827) re- 
cibió el nombramiento de médico de entradas. 
Obtuvo en concurso público la cátedra de Fi- 
losofía, vacante por renuncia de D. Juan Ma- 
nuel Agüero. Alcorta era un pensador y un 
hombre de abnegación. Fué diputado a la Le- 
gislatura, en cuyo puesto combatió enérgica- 
mente el voto de censura que se formuló con- 
tra el Gobierno de D. Juan Ramón Balcarce 
y el proyecto invistiendo con facultades ex- 
traordinarias a Rosas, retirándose del recinto 
de la Cámara, para no volver más, el día en 
que aquel proyecto fué aprobado. Falleció el 7 
de enero de 1842. 

Alcorta (Manuel). Gobernador de Santiago 
del Estero. Se recibió de este cargo el 26 de 
mayo de 1830, por convenio ajustado entre el 
Gobierno de aquella provincia y el de Tucu- 
mán. Pertenecía al partido liberal y, una vez en 
el mando, se ofreció como auxiliar del Gobier- 
no de Córdoba e hizo proclamar al general Paz 
protector de Santiago del Estero. Impoten- 
te, sin embargo, para luchar contra los elemen- 
Dic. HiST. BiOQR. 



tos anárquicos de la provincia, resignó el po- 
der, cuatro meses después de su elección, en 
manos del coronel Román Dehesa. 
Aldao (Francisco). Coronel de la independen- 
cia. Éste era «el más díscolo entre sus herma- 
nos (véanse los siguientes), de hábitos y ten- 
dencias gauchos, y sobre todo de carácter fal- 
so, aunque vivo, arrojado y resuelto». Su 
carrera militar la inició en el regimiento Gra- 
naderos a Caballo, adquiriendo reputación de 
valiente en las dos célebres batallas que cimen- 
taron la independencia de Chile. «Reconquis- 
tado éste, San Martín mandó a San Juan el nú- 
mero 1 .° de los Andes, a completar su efectivo 
y crear un regimiento de Dragones para aumen- 
tar el ejército que debía invadir el Perú; pero 
los Aldao, José (v.) y Francisco, con otros re- 
voltosos, consumaron un motín militar, que 
privó al ejército del auxilio de aquellos cuer- 
pos.» En seguida se unió a los Carreras, se- 
cundando los planes desquiciadores de éstos, 
hasta que, tomado preso, fué llevado a Lima 
con su hermano José, donde San Martín les 
mandó formar un Consejo de guerra, que hu- 
biera castigado sus delitos si la interposición 
de su hermano D. Félix (v.), a la sazón jefe 
de guerrillas, no hubiera determinado a San 
Martín a perdonarle. Ya en Lima, se incorpo- 
ró al ejército, prestando sus servicios como 
guerrillero y continuándolos después bajo las 
órdenes de Bolívar. Fué así como tuvo la glo- 
ria de asistir a la memorable batalla de Ayacu- 
c/io. Después de esta victoria regresó a Chile, 
donde agentes del Gobierno de Rivadavia le 
contrataron para pasara Mendoza a organizar 
una fuerza que desalojara a Quiroga de San 
Juan. «Francisco Aldao llegó a Mendoza con 
los 10.000 (diez mil) pesos que había recibido 
para la empresa contra Quiroga; pero una en- 
trevista con sus hermanos le hizo cambiar de 
designio, y guardándose el dinero asocióse a 
ellos para formar el triunvirato militar que 
tantas vidas ha costado a Mendoza y tantos 
ultrajes a la moral y a la civilización.» La gue- 
rra del Brasil, que reunió a tantos jefes y ofi- 
ciales de la de la independencia, no le contó en- 
tre sus valientes; muy lejos de eso, él y sus 
hermanos aprovecharon el dinero que el Go- 
bierno les remitió para organizar fuerzas, para 
sus fines particulares, manchando así los laure- 
les que habían conquistado en la guerra de la 
independencia. En seguida vémosle acompa- 
ñando a su hermano Félix en todas sus trave- 



ALD 



18 



slas, ya invadiendo a San Juan, ya cooperando 
a los planes subversivos de Quiroga; unas ve- 
ces con un partido, otras veces con otro, hasta 
que liesíó el dia del desastre del Pilar, donde 
su hermano el fraile cometió tanta matanza. 
Las primeras balas que evidenciaron la ruptu- 
ra injustificable del tratado le arrebataron la 
existencia, siendo su muerte la ocasión y el 
móvil de un sinnúmero de asesinatos inútiles, 
de que la Historia ha hecho responsable a su 
hermano D. Félix. 
Aldao (Félix). Fraile. Teniente coronel de ca- 
ballería en el ejército de los Andes. Goberna- 
dor y brigadier general de la provincia de Men- 
doza. Estos títulos .son otras tantas faces de 
la vida de este hombre. Hermano del anterior. 
Hijo de una familia decente y modestamente 
acomodada en esa provincia. Mostió desde su 
infancia una indocilidad turbulenta, que decidió 
a sus padres a dedicarlo a la carrera de sacer- 
dote, creyendo que los deberes de su augusta 
misión reformarían sus malas inclinaciones. 
¡Error lamentable! Su noviciado fué, como su 
infancia, una serie de actos de violencia y de 
inmoralidad. No obstante esto, recibió las ór- 
denes sagradas el año 1806, en Chile, bajo el 
obispado del Sr. Moran y el patrocinio del re- 
verendo padre Velázquez, dominico, que le 
ayudó en su primera misa. Incorporado al ejérci- 
to patriota que se organizaba en Mendoza para 
expedicionar sobre Chile, Aldao empezó a 
figurar en él como segundo capellán de la di- 
visión Las Heras. En marcha la división, 
el 4 de febrero de 1817, por el camino de Us- 
pallata, para pasar'jos Andes, se divisaba en el 
fondo obscuro de la cordillera un castillejo 
denominado la Guardia Vieja, donde se ha- 
bía parapetado un destacamento español. Tra- 
bado el combate, después de dos descargas de 
detrás de las trincheras, el capellán Aldao, 
vencido por los ardientes impulsos de su natu- 
raleza y de sus pasiones dominantes, tomó una 
parte activa y decidida en ese hecho de armas, 
en que rindió e hizo prisioneros a dos oficiales 
realistas. Conducta semejante, y viendo sus ro- 
pas manchadas de sangre humana, le valió 
este reproche del coronel Las Heras: «Padre, 
cada uno en su oficio: su paternidad, al bre- 
viario; nosotros, la espada. ■> Recomendado, em- 
pero, en el parte oficial del coronel Las Heras, 
en cumplimiento del deber militar, recibió el 
capellán Aldao el titulo de teniente agregado 
de Granaderos a Caballo, en cuyo carácter, y 



ALD 

vistiendo el uniforme de oficial granadero, 
asistió a la batalla de Chacabuco ya la de 
Maipú, distinguiéndose en ambas. Dice Sar- 
miento: ('Un hecho citaré que merece un lugar 
distinguido entre los muchos que ocurrían en 
aquella época de hazañas estupendas. En la 
persecución que se siguió a la batalla de Mai- 
pú, un granadero español, de una talla gigan- 
tesca, se abría paso por entre centenares de 
enemigos que le precedían y rodeaban, y cada 
golpe de su terrible sable echaba un cadáver 
mutilado a tierra; un círculo vacío en derredor 
suyo mostraba bien a las claras el terror que 
inspiraba, y los vencedores todos que habían 
osado traspasarlo habían pagado con la vida 
su temeridad. El valiente Lavalle lo seguía a 
corta d stancia, y, por confesión suya, sentía 
flaquearle su valor romanesco cada vez que 
el calor de la persecución le conducía a aproxi- 
mársele demasiado. El teniente Aldao los al- 
canza, ve al terrible español, se lanza sobre I 
él, y cuando los compañeros esperaban verle 
caer abierto en dos, venle parar el tremendo 
sablazo que le manda el granadero, hundirle 
en seguida y revolverle repetidas veces la es- 
pada hasta el puño en el corazón. Mil vivas 
fueron la inmediata recompensa de su temera- 
rio arrojo.» La campaña de Chile, que conclu- 
yó con la completa expulsión de los españoles, 
fué para él un teatro de gloria, en que o«;tentó 
su audacia característica y su sed de combates. 
En todos los encuentros se mostró soldado in- 
trépido, acuchillador terrible, enemigo impla- 
cable. Cuando la expedición libertadora zarpó 
de Valparaíso (20 de agosto de 1820), a las ór- 
denes del general San Martín, le contó en sus 
filas, en clase de capitán, y desde las playa.* de 
Pisco, en que el ejército desembarcó, se distin- 
guió como guerrillero, por la audacia y temeri- 
dad desplegada en diversos combates con las 
tropas españolas San Martín, que conocía el 
incomparable valor de Aldao, así como tam- 
bién estaba al cabo de sus defectos y malas 
costumbres, le dio desde que llegó a Pisco 
comisiones que sólo requerían arrojo y valor 
hasta la temeridad. Su espada brilló en los 
encuentros de Lasca y Pasco, y también en la 
derrota de Huancayo, en diciembre de 1820, «en 
que el mayor Aldao acreditó una vez más su 
valor y presencia de ánimo; no se dejó de 
pelear donde él estuvo, y después de la derro- 
ta pudo reunir a muchos de sus compañeros, 
con los cuales formó un destacamento regular, 



ALD 



19 - 



ALD 



y se conservó en Pasco, mejorando sus fuer- 
tes.» Al frente de una fuerza regular para ha- 
cer la guerra de recursos en la Sierra, obraba 
libremente y según su propia inspiración. Un 
episodio sangriento tuvo lugar entonces, que 
nos lo hace conocer el biógrafo citado: «Ha- 
bíase propuesto (Aldao) defender con sus in- 
dios el pasaje del puente de Yocuchaca; pero 
al aproximarse un destacamento español más 
de mil indígenas huyeron cobardemente, malo- 
grando su ventajosa posición y entregando sin 
resistencia al enemigo un punto importante. 
El jefe, enfurecido, no pudiendo contener a los 
fugitivos, se echa sobre ellos como un león 
sobre un rebaño de ovejas, y no deja de matar 
Indios sino cuando ha marcado su pasaje por 
entre la multitud con una larga calle de cadá- 
veres y de heridos, que caen a ambos lados, a 
los repetidos golpes de su sable. Por sangrien- 
to que hubiese sido un combate en el puente y 
efectivo el fuego de los españoles, habrían pe- 
recido menos hombres de los que quedaron en 
aquel campo, víctimas de la cólera de uno 
solo.» Teniente coronel, y disuelto el ejército 
argentino por los sucesos que motivaron la se- 
paración del general San Martín, Aldao se re- 
tiró del ejército, y parece hubiera abrigado la 
intención de alejarse para siempre de la vida 
militar. Vivía más tarde en su provincia natal, 
tranquilo, dedicado al cultivo de la industria, 
cuando el rumor de la guerra civil y las instan. 
cias de sus hermanos José y Francisco, coro- 
neles ambos, vinieron a sacarle de su pacífica 
vivienda. Después de la acción de Las Leñas, 
en la que salieron vencedores los Aldao, éstos 
empiezan a ejercer una influencia decisiva en 
los destinos de Mendoza. En la famosa acción 
de la Tablada, en que fué derrotado Quiroga 
por Paz, Aldao, que mandaba el ala derecha 
del ejército, recibió un balazo en el pecho, que- 
aunque no mortal, le obligó a retirarse y pasar 
a San Luis, donde fué a curarse. «En el Pilar' 
de lúgubre memoria, fué el batallar de dos 
días, que espantó al pueblo de Mendoza, que 
oía el no interrumpido fuego de fusilería y ca- 
tión, a punto de creer que no habría ya más 
combatientes. Todos a gritos clamaban por la 
paz. La mediación de una comisión de vecinos 
puso término a la lucha, y los preliminares del 
convenio habían sido ajustados. Don Francisco 
Aldao se presenta en el campo enemigo y con- 
versa amistosamente con sus adversarios, feli- 
citándose todos de la terminación de la san- 



grienta contienda. Un momento después, un 
emisario del fraile se presenta intimando ren- 
dición, so pena de ser pasados a cuchillo; mil 
gritos de indignación partieron de todas par- 
tes; Francisco fué el blanco de los reproches 
más amargos. «Señores— decía con'dignidad— , 
no hay nada: es Félix, que ya ha comido»; dan- 
do a estas palabras, que repitió varias veces, 
un énfasis particular, y a un ayudante la orden 
de avisar a Félix que él estaba allí, que el me- 
nor amago de su parte era una violación del 
tratado. Si los cañonazos (con que se inició el 
inesperado ataque) demoran un solo minuto 
más, D. José Aldao entra también al campo, 
pues lo sorprendieron en la puerta, de donde 
se volvió exclamando: «¡Este es Félix! ¡Ya 
está borracho!» En efecto, borracho estaba, 
como era su costumbre por las tardes; tres o 
cuatro días antes había sido preciso cargarlo 
en un catre para salvarlo de las guerrillas ene- 
migas que se aproximaban.» (Sarmiento.) La 
matanza fué tan espantosa, que, como dice el 
general Paz en sus memorias, la pluma cae 
de la mano al intentar describirla. La muerte 
de D. Francisco le sirvió de pretexto a horri 
bles ejecuciones, no solamente en el teatro de 
sangriento suce , sino después de pasados al- 
gunos días. El ci- 'tan D. Joaquín Villanueva 
valiente y distinga t joven, y sus infortuna- 
dos compañeros dt causa, allí sucumbieron 
víctimas de la barbarie de Aldao, que, lanza en 
mano, daba el ejemplo a sus soldados en la car- 
nicería. Desde el 15 de septiembre hasta fines 
del mismo perecieron inhumanamente el doc- 
tor José Narciso Laprida, ex presidente del 
Congreso que declaró la independencia na- 
cional; el Dr. D. José María Salinas, distingui- 
do literato de Bolivia, secretario de su Con- 
greso Constituyente; el mayor D. Plácido 
Sosa, D. José María Villanueva, Jaramiyo, 
D. Marcos González, D. Luis Infante, doce 
sargentos y no menos de doscientos cívicos e 
individuos de tropa, etc. La batalla de Oncati- 
vo (febrero de 1839), quebró por segunda vez 
el poder de Quiroga, dejando éste en el cam- 
po de batalla su infantería, artillería y bagajes. 
En la persecución alcanzaron a un fugitivo 
cuya corpulencia había agobiado a su caballo; 
una lanzada lo hizo descender a tierra, y cuan- 
do un soldado se apresuraba a ultimarlo: oSoy 
el general Aldao — dijo — ; no me maten: interesa 
a la nación que me presenten vivo al general 
Paz». Conducido a Córdoba, algunos oficiales 



ALD - 20 - 

mendocinos, cegados por la venganza, le hacen 
introducir en la plaza montado en un animal 
flaco y expuesto a los insultos de la chusma. 
«¡Malvado!— le gritan— .habéis cubierto de luto 
a tu patria.» «También le he dado días de glo- 
rias—contestó. (Sarmiento.) Puesto en la cár- 
cel, dio pruebas de estar poseído de un terror 
pánico. Aconsejado por algunos sacerdotes, 
que trataban de reconciliarlo con la Iglesia^ 
púsose a estudiar el latín. Creía por momentos 
que iban en su busca para fusilarlo, y su cobar- 
día entonces rayaba en exageración, pues lie. 
gó a excitar el desprecio y las burlas de sus 
guardianes. La conciencia del fraile se le pre- 
sentaba como un juez implacable en el aisla_ 
miento de su calabozo. Disuadiéndole de log 
temores de fusilamiento D. José Santos Ortiz, 
de quien recibía lecciones de latín, el prisionero 
exclama: «Sí; como usted no ha cometido los 
crímenes que yo, no se le da nada». En medio 
de su mortificante terror, una noche que un 
escuadrón formaba en la plaza frente a las pri- 
siones de Estado, se entregó a un llanto agu- 
do y lastimero, creyendo llegada su última 
hora por aquellos aprestos. Un oficial que se 
acercó a la prisión le encontró de rodillas con 
una hostia en la mano, consagrada por él. Pri- 
sionero Paz, el ejército siguió a Tucumán, y 
con él Aldao. Después de la derrota de la 
Cíudadela es llevado por los dispersos a Bo- 
livia, donde lo dejan en libertad. Vuelve a 
Mendoza en 1832, no sin antes tener una entre- 
vista, a su paso por La Rioja, con Quiroga- 
que tenía a su lado al coronel Barcala. «¿Cuan, 
do fusila a este negro?.)-fué lo primero que le 
dijo. Tres años después (1835), denunciado 
Barcala de tramar una revolución desde San 
Juan contra el poder de Aldao, lo reclamó al 
Gobierno de esa provincia invocando la adhe- 
sión al tratado cuadrilátero; le fué entregado 
y lo fusiló...» Vencido en Angaco. Su muer- 
te acaeció el 18 de enero de 1845, en medio 
de horribles dolores. 
Aldao Uosé). Coronel de la independencia. Her- 
mano del anterior. Fué uno de los primeros 
guerrilleros del ejército de los Andes «y el de 
mejor carácter entre los Aldao». Principió su 
carrera en la división de Auxiliares a Chile, 
que comandó Carrera. Asistió a todos los com- 
bates en que tomó parte esta división, bajo e\ 
mando inmediato de Las Heras, distinguiéndo- 
se por su bravura. Teniente más tarde de Gra- 
naderos a Caballo. Asibtió a Chacabuco y 



ALD 

Maipú. A él se debió la captura del presidente, 
Marcó y de otros personajes españoles, a quie- 
nes cortó la retirada, prendiéndolos al frente 
de un puñado de sus soldados. Reconquistado 
Chile, regresó a Mendoza, donde reunióse con 
sus hermanos y con los Carreras, promovien- 
do motines y ocasionando desastres que man- 
charon los laureles de Chacabuco y Maipú. Sin 
embargo, se recuerda como un hecho que ate- 
núa sus faltas el que siempre se opuso a la? 
crueldades de su hermano Félix, a quien cali 
más de una vez, librando a muchas persot. 
del último suplicio, a que el fraile, arbitraria- 
mente, condenaba día a día en sus momentos de 
furor. El fraile había caído en poder de las fuer- 
zas del general Paz, cuando una revolución 
acaecida en Mendoza dio en tierra con el po- 
der de sus tiranos. «Don José Aldao tuvo la fa- 
tal inspiración de fugar al Sud y confiar en la 
fe de los bárbaros. Un día lo invitan a él y a 
sus principales jefes a un parlamento; lo ro- 
dean y dejan percibir a las claras sus designios 
sanguinarios. Don José desenvaina su espada, 
atraviesa con ella al cacique traidor, y muere 
como mueren los héroes, matando.» 
Aldazor (Nicolás), Obispo de Cuyo, De la Or- 
den seráfica. Nació en La Rioja, en 1785. Se 
educó en el convento de San Francisco de Bue- 
nos Aires. Dictó por mucho tiempo, y con distin- 
ción, las cátedras de Filosofía y Teología, Ora- 
dor sagrado. Se le reprocha de haber sido muy 
sumiso ai tirano. Encargado por éste de una 
misión secreta para los pueblos dei interior, 
cayó en manos del general Lavalle, quien dis- 
puso su inmediato fusilamiento. Ya de rodilla^ 
en el banquillo, le salvó D. José Fermín Soag 
comerciante de Córdoba, quien hizo ver a L,.- 
valle la mala impresión que produciría en aque- 
llas gentes el fusilamiento de un religioso, por 
lo que quizá no coadyuvarían a su empresa, 
comprometiendo así el éxito de la causa de la 
libertad contra el despotismo. El Sr. Aldazor 
manifestó su entereza, y según se decía había 
marchado al patíbulo resuelto y tranquilo, con 
un crucifijo en la mano. En 1859 fué nombrado 
obispo de Cuyo, después de haberse consagra- 
do en Buenos Aires. Murió el 22 de agosto de 
1866, en la ciudad de San Luis, a los ochenta y 
un años de edad, después de siete años de lu- 
cha y trabajo en la villa de San Francisco del 
Monte, en San Juan, donde daba misiones. Exis- 
te su retrato en la sacristía de San Francisco, 
en esta ciudad. 



ALE 




Leandro Aletn. 



Alem (Leandro N.). Abogado. Nació en Buenos 
Aires, el 25 de febrero de 1844. Fué un gran pa- 
tricio, un ciudadano 
dignísimo y presti- 
gioso; fué el repre- 
sentante genuino de 
lamas pura democra- 
cia; el conductor vi- 
ril, en horas borras- 
cosas, del pueblo ar- 
gentino. Como ayu- 
dante del genera I 
Paunero en la guerra 
del Paraguay, tomó 
parte en todos los 
combates en que in- 
tervinieron las fuerzas de Buenos Aires. Ocupó 
el puesto de secretario de la Legación argenti- 
na en la Asunción del Paraguay, y después en 
la de Río Janeiro. Miembro de la Legislatura 
de la provincia de Buenos Aires, fué diputado 
y senador nacional en varias épocas. Desempe- 
ñando el cargo de diputado nacional por la 
provincia de Buenos Aires, se suicidó, el 1 de 
julio de 1896, en esta capital. El Dr. Alem in- 
virtió su acción y sacrificó su vida en aras de 
la libertad cívica. «El deber no se cumple 
sino haciendo algo más de lo que el deber 
manda.» 

Alemán (Pablo). Gobernador de Jujuy en 1837. 
Uruguavo. Figuró, en el grado de capitán, en 
el ejército del general Rondeau que sitiaba a la 
ciudad de Montevideo, último baluarte de los 
españoles en el Río de la Plata. Se incorporó 
al ejército del Alto Perú, con el grado de ma- 
yor. Rosas le nombró jefe de Policía en febrero 
de 1845, y desempeñando ese puesto murió en 
septiembre del mismo año. 

Alerta. Goleta armada en corso por D. Adán 
Guy, del comercio de Buenos Aires; le fué 
otorgada patente el 24 de febrero y despacha- 
da el 18 de marzo de 1818. Era una presa es- 
pañola, nombrada La Corsa, de 250 toneladas. 
Armada con nueve cañones y con la denomina- 
ción de Alerta, fué confiada al mando del jo- 
ven Daniel Chayter (v.), que perdió la vida en 
un combate. Dio la fianza de 10.000 pesos, 
exigida por el reglamento de corso, el comer- 
ciante de la plaza D. Tomás Stevenson. 

Alfaro (Alonso de). Natural de Cádiz. Vino en 
calidad de soldado, permaneciendo algún tiem- 
po en Buenos Aires, de donde pasó a Tucu- 
mán. Era modesto, pobre, a su arribo a ésta- 



- 21 - ALI 

; pero adquirió muy pronto una gran fortuna y 
una posición distinguida, merced a sus virtudes 
y talentos. Teniente general yjusticia mayor de 
Santiago, capital a la sazón de Tucumán, que 
desempeñara Alfaro con aplauso general de todo 
el vecindario. Era filántropo y piadoso, em- 
pleando una parte de sus bienes en socorrer a 
los indigentes o en levantar asilos públicos, 
siendo obra de su iniciativa personal la «fun- 
dación de la célebre finca de San Ignacio, cu- 
yos productos estaban destinados al costo de 
los ejercicios en las tres provincias del Para- 
guay, Buenos Aires y Tucumán». Gobernador 
de Tucumán sólo por seis meses, muriendo en 
marzo de 1726. 

Alfaro (Francisco). Visitador general en 10 de 
diciembre de 1610. Convencido de los abusos 
que los encomenderos cometían en los pobres 
indios, y después de varias conferencias con 
los sujetos más doctos y rectos de la Asunción, 
compuso un Código de sabias disposiciones, 
conocido bajo el título de Ordenanzas de Al- 
faro, en las que se suprimía el servicio perso- 
nal de los indios, cortando de raíz los abusos 
y violencias de que eran objeto. Estas Orde- 
nanzas, que se publicaron por el mes de octu- 
bre de 1811, se ocupaban también de puntos 
importantes de política, educación y adminis- 
tración, y substituían al servicio personal de 
los indios el tributo pecuniario. Alfaro ha sido 
uno de los magistrados españoles que ha me- 
recido más elogios de los historiadores. Sus 
Ordenanzas revelan un espíritu recto y huma- 
nitario, y ellas le darán siempre un lugar pre- 
dilecto entre los protectores de los indios, de 
cuya suerte se ocupó como ninguno de los ma- 
gistrados de América. 

Alianza. Buque de corso. Armador y fiador, el 
conocido hombre público D. Juan Pedro de 
Aguirre (v.). Se le expidió patente, bajo el nú- 
mero 80, el 4 de enero de 1817. 

Alico (José). Célebre baqueano de los ejércitos 
argentinos. Natural de Santiago del Estero. 
Guió los ejércitos de la revolución en la guerra 
del Alto Perú, y posteriormente a los que com- 
batían en el suelo de la República para afian- 
zar sus libertades. Consagrado al servicio del 
partido unitario, militó sucesivamente a las ór- 
denes de Paz (1830 y 31), de Lamadrid, en la 
campaña contra Quiroga, y de Lavalle. «A este 
último vino él mismo a buscar desde Salta, don- 
de residía, hasta el puerto del Diamante, don- 
de se incorporó al ejército libertador después 



ALM 



- 22 



ALS 



de la batalla de Sauce Grande, habiendo pasa- 
do por el pueblo de Santa Fe arreando unos 
bueyes para no llamar la atención y llevando 
en el hueco de un cañón de pistola, forrada en 
cuero y trenzado después con tientos como e' 
cabo de un rebenque, las comunicaciones que 
el general Lamadrid le había encargado poner 
en manos del general Lavalle». Este paisano 
honrado no sólo conocía los caminos, los luga- 
res poblados y despoblados y las distancias por 
las vías ordinarias, sino las leguas que había 
de un punto a otro por sendas extraviadas, la 
naturaleza de los pastos, la condición de las 
aguadas y el tiempo que necesitaba el ejército 
para llegar de un punto a otro. Alico tuvo la 
gloria de salvar a Lavalle después de la malo" 
grada acción de Famaillá, en que el ejército 
libertador fué puesto en completa dispersión, 
colocándole fuera del alcance de sus persegui- 
dores. Se cree que murió Alico en Potosí (Bo- 
livia), donde se había refugiado. Llamábase 
Alejandro Ferreyra. 

Almafnerte. Véase Palacios (Pedro B.). 

Almeira (Hilario de). Médico. Nació en Buenos 
Aires, en 1799, y cursó sus estudios en la Fa- 
cultad de esta ciudad, doctorándose en 1827, 
habiendo actuado como practicante de medici- 
na en el ejército que peleó contra el imperio 
del Brasil. En 1839 fué tildado de unitario, per" 
seguido y reducido a prisión durante varios 
meses, y luego por un año, dándosele la ciu- 
dad por cárcel, hasta que, sabiendo que iba a 
ser asesinado, emigró a Montevideo, y de all' 
al Brasil, donde residió algún tiempo, sin po- 
der ejercer su profesión por no tener sus di* 
plomas. En Montevideo fué nombrado cirujano 
del ejército. A la caída de Rosas tuvo el mis" 
mo cargo, prestando largos y penosos servi" 
cios en las fronteras, en la campaña que termi- 
nó en el Tala, y en la guerra del Paraguay^ 
después de la cual fué jubilado. Fué también 
diputado a la Legislatura y miembro municipal 
de Buenos Aires. Falleció en 1885. 

Almeira (Francisco de Paula). Médico y ciruja- 
no militar. Nació en Buenos Aires, en 1791 .Ci- 
rujano del ejército de Lamadrid en su expedi- 
ción contra las fuerzas de Santa Fe. Pasó al- 
gún tiempo a Europa, siendo desterrado de 
Francia y luego de Italia por haber publicado 
en la capital de la primera la Lira argentina, 
colección de cantos patrióticos, refugiándose 
en Londres, donde cultivó la amistad de algu- 
nos médicos célebres. De regreso a Buenos 




Adolfo Alsina. 



Aires fué director del hospital militar estable 
cido en el convento de la Merced (hoy iglesia 
parroquial), donde se asistían los heridos de la 
guerra del Brasil; catedrático de Anatomía y 
Fisiología; médico del hospital de hombres y 
luego del de mujeres y conjuez del Tribunal de 
Medicina, hasta que en 1835 fué exonerado 
de todo cargo público por no merecer la con- 
fianza del Gobierno. Murió en Buenos Aires, 
en 1870. 

Alsina (Adolfo). Estadista. Nació en Buenos 
Aires, el 14 de enero de 1829, cursando sus e»- 
tudios en esta 
ciudad, y en la de 
Montevideo du- 
rante la emigra- 
ción. Vuelto al 
país, se graduó 
de doctor en ley 
es en 1859. Des- 
de joven actuó en 
política, dándose 
a conocer como 
orador fogoso, 
alcanzando gran 
popularidad. En 
1859, en la bata- 
lla de Cepeda, comandaba un batallón de 
guardias nacionales, y en Pavón, una brigada. 
En 1861 fué electo diputado, pronunciando 
brillantes discursos. En 1865 se ausentó a 
Europa, y a su regreso fué proclamado gober- 
nador de Buenos Aires, y dos años después 
vicepresidente de la República. Durante la 
presidencia de Avellaneda desempeñó la car- 
tera de Guerra y Marina, donde puso de ma- 
nifiesto su actividad y talento con motivo del 
plan de campaña contra los indios, empresa 
en la que contrajo una enfermedad que le lle- 
vó a la tumba en poco tiempo. Fué jefe de 
un gran partido político y acreditó en los 
altos cargos que desempeñó su patriotismo, 
sus virtudes cívicas y sus talentos. Falleció el 
29 de diciembre de 1877; sus exequias fueron 
grandiosas, y el 1 de enero de 1882 se inaugu- 
ró su estatua en la plaza de la Libertad. 

Alsina (Juan D.). Agrimensor general del vi- 
rreinato y maestro de náutica. Natural de Ca- 
taluña. Vino en la expedición demarcadora de 
límites, conjuntamente con Pedro Cervillo. 
Llegó a esta ciudad con el título de agrimen- 
sor y la fama de un acreditado piloto. Creada 
que fué la Escuela de Náutica, se le nombró su 



ALS - 23 

segundo maestro, bajo la inmediata dependen- 
cia de Cervino, que fué a quien se le confió la 
dirección del establecimiento. En 1800 publicó 
un almanaque y calendario general diario de 
cuartos de luna, según el meridiano de Bue- 
nos Aires, para el año ISOl. En este almana- 
que, lleno de noticias históricas y otras obser- 
vaciones curiosas, s j da la fundación de Bue- 
nos Aires como efectuada en 153(5. En IbOl 
volvió a publicar un segundo almanaque, para 
el año ISCi, donde se ratifica en la fecha de la 
fundación mencionada en el anterior y expone 
las razones que le mueven a apartarse de los 
autores que afirman que Buenos Aires fué fun- 
dada en 1535. En la segunda invasión inglesa 
figuró en las filas de los defensores, perecien- 
do en aquel día memorable, atravesado por 
una bala enemiga. 
Alslna (Valentín). Estadista. Gobernador de 
Buenos Aires. Hijo del anterior y de dofla Pas- 
tora Ruano (an- 
daluza). Padre 
del doctor don 
Adolfo Alsina. 
Nació en Buenos 
Aires, en 1802. 
Dedicado a la ca- 
rrera de las leyes 
con aprovecha- 
miento, conquistó 
merecida repu- 
tación de jurista 
eminente. Su 
vida pública fué Valentín Alsina. 

agitadisima; prin- 
cipió en 1829, en que aparece electo dipu- 
tado. Colaboró en el Nacional y en el Men- 
sajero Argentino, que se publicaban allá por 
los años 25 al 27, sirviendo el último la política 
del Gobierno de la época. Director de la Bi- 
blioteca pública. En 21 de diciembre de 1833 
fué nombrado miembro de la Junta de ciudada- 
nos teólogos, y más tarde, catedrático de la 
Facultad de Derecho. En los albores de la ti- 
ranía fué apresado y destinado al pontón Sa- 
randi y remitido desde el Paraná con una ba- 
rra de grillos por el general Echagüe, afiliado 
a la política de Rosas. De allí pudo fugarse. 
«Había sido nombrado comandante del pontón, 
en reemplazo de un Ferreyra, D. Enrique Sin- 
clair, nombramiento que obtuvo por la influen- 
cia amistosa de la familia del coronel Pueyrre- 
dón (preso también) con D. José María Rojas, 




_ ALT 

ministro de Hacienda de Rosas, y a pesar de 
cierta prevención del tirano contra el agracia- 
do. El mayor Sinclair conservaba gratitud por 
un servicio importante que en otro tiempo le 
hiciera Pueyrredón, y estaba relacionado con 
Alsina, y mucho más con el Dr. Maza, que se 
interesaba vivamente por su yerno. De común 
acuerdo resolvieron la fuga. Esta se efectuó a 
las ocho de la noche del 5 de septiembre de 1835. 
Embarcados en una lancha, el coronel desarmó 
al centinela, que, para no infundir sospechas a 
la guarnición del Sarandi, había hecho bajar 
Sinclair. En seguida quedó resuelto tomar rum- 
bo a la colonia. Los cuatro marineros de la em- 
barcación se mantuvieron en una actitud pací- 
fica y obediente. Antes de todo esto la joven 
esposa de Alsina, D.= Antonia Maza, había 
salido en coche de la casa-quinta de su padre, 
cubierta la cabeza con un gorro y embozada 
con una capa de éste, objetos que él le puso en 
el momento de partir. La acompañaba el inglés 
D. Ricardo Haines, que la fuera a buscar ex- 
presamente por su íntima amistad con Sinclair, 
que los esperaba en la playa. Allí subió la se- 
ñora en la embarcación salvadora para ir en 
busca de los presos. Llevaba oculto bajo la 
capa un tierno niño, su hijo Adolfo, cuya respi- 
ración dificultosa le arrancó una exclamación... 
La señora doña Antonia compartió noblemente 
los riesgos de la evasión.» En Montevideo de- 
fendió durante el sitio, con la pluma y con las 
armas, la causa de la libertad. Derrocado Ro- 
sas regresó a su patria, donde el gobernador 
López le confirió la cartera de Gobierno. Fué 
uno de los jefes del movimiento del 11 de sep- 
tiembre de 1852, del que surgió el gobernador 
Pinto, siendo nombrado ministro de Gobierno. 
En el mismo año fué nombrado gobernador, 
cargo que renunció poco después. Desempeñó 
más tarde la presidencia de la Cámara de Jus- 
ticia y la gobernación de la provincia, por se- 
gunda vez, en 1859. Senador al Congreso Na- 
cional en 1867. Desempeñaba este cargo cuan- 
do le sorprendió la muerte, el 8 de septiembre 
de 1889, a los ochenta y siete años de edad. 
Puede verse en el Congreso el retrato de don 
Valentín Alsina, que lo fué a moción del dipu- 
tado Mármol. Sobre su tumba habló el presi- 
dente Sarmiento, el generel Mitre, a nombre 
del Senado, etc. El Dr. Alsina fué un modelo 
de virtudes cívicas. 
Altamirano (Cristóbal de). Noble extremeño, 
venido al Río de la Plata en la expedición de 



ALT 



— 24 - 



ALT 



Ortiz de Zarate, en 1572. Prisionero de los 
charrúas en San Gabriel, vino a parar, después 
de varias aventuras a poder de los querandies, 
indios q'ie ocupaban el sitio en que hoy se en- 
cuentra Buenos Aires. Cuando éstos huyeron 
despavoridos, dejando dos cautivos y tres 
muertos, al saber la llegada de Garay, olvi- 
daron en su precipitación al cautivo. Indeciso 
éste sobre el partida que debía adoptar, si- 
guió por fin a los indios, temeroso de que, des- 
cubierto por éstos su intento de pasarse a los 
españoles, que se hallaban a algunas leguas 
de distancia, fuera muerto por los bárbaros. 
Llegó de noche a las tolderías, en momentos 
en que se estaban curando algunos heridos por 
la gente de Garay cuando pretendieron opo- 
nerse al paso del riachuelo, y otros discurrien- 
do sobre el modo de vengar la sangre derra- 
mada. Acalorados los indios, dispusieron la 
muerte del cautivo; pero como poseía el idio- 
ma de los querandies, los sedujo con su pala- 
bra, les hizo creer que estaba interesado en su 
triunfo, y consiguió, no sólo que lo perdona- 
sen, sino que los acompañase en la expedición. 
Eligieron por jefe a Tabobá, valeroso cacique 
guaraní, e impuesto de todo Altamirano, es- 
cribió con un carbón en un papel lo que pasa- 
ba, y metiéndolo en un calabazo bien cerrado, 
lo confió a las aguas del riachuelo. Llegó fe- 
lizmente a manos de los españoles, y así, hicie- 
ron todos los aprestos necesarios; sin embar- 
go de lo cual Garay mandó a uno de los indios 
prisioneros que tenía para que ajustase las 
paces con Tabobá y con una carta para Alta- 
mirano. Los indios, al saber las relaciones que 
su cautivo mantenía con los invasores trataron 
de quitarle la vida, y entonces Altamirano 
huyó, consiauiendo esconderse en una gran 
laguna, donde pasó dos días enteros, sin que 
pudiesen dar con él, por más empeño que hi- 
cieron. Siguiendo la costa del riachuelo se in- 
trodujo en Buenos Aires, donde dio aviso de 
la actitud hostil de los indios. Tabobá atacó 
aquella misma noche, y fué batido completa- 
mente y obligado a emprender la fuga. Desde 
entonces cesó casi del todo la guerra de los 
salvajes contra Buenos Aires, y aunque fre- 
cuentemente dejaban oír sus quejas, los aquie- 
taba Altamirano, que habiendo aprendido en el 
cautiverio la lengua de los indios, los seducía 
con su palabra elocuente, llena de gracia y 
dulzura. Murió en 1630. Esta comprendido en- 
tre los que recibieron tierras en la repartición 



de Garay, pues, aunque no vino con él de la 
Asunción, se incorporó a los fundadores cuan- 
do se libertó del cautiverio. 

Altos de Córdoba (combate). El coronel don 
Luis Alvarez, jefe nacional de reputación y 
muy prestigioso en algunos departamentos de 
la provincia de Córdoba, de acuerdo con los 
opositores al Gobierno de D. Roque Ferreira, 
se había sublevado contra su autoridad, y lle- 
gando hasta los suburbios de la ciudad, intima 
al gobernador su renuncia inmediata. Este, sin 
conocer el número de fuerzas que capitaneaba 
Alvarez, manda al coronel D. Salvador Piza- 
rro con 90 hombres de caballería, y al coman- 
dante D. Aureliano Cuenca con 80 infantes, 
única tropa de que podía disponer para que lo 
atacase, pero con la orden terminante de no 
empeñar una acción si ésta no tenía probabi- 
lidades de éxito. Los defensores marchan re- 
sueltamente, atraviesan el río, y al trepar Los 
Altos se encuentran con una línea de 1.500 
enemigos. La situación es terrible; la decisión 
de los jefes, suprema; se tienen presente las 
instrucciones, y Pizarro quiere salvar su res- 
ponsabilidad. Cuenca no ve retirada posible 
sin un completo desbande o ser fusilado por la 
espalda, lo que pondría a la ciudad a disposi- 
ción de los sublevados; la vacilación en ese 
momento era la muerte, y asumiendo la res- 
ponsabilidad del ataque, prefiere ir al sacrifi- 
cio en último caso, antes de ser vencido sin 
pelear. El bizarro comandante arenga a las 
tropas, les comunica su bien templado valor, y 
rápida, terrible, decisiva, le lleva una carga 
al enemigo, que no comprendiendo semejante 
acto de arrojo se llena de pánico, y en diez 
minutos ese puñado de héroes dispersa a los 
contrarios y los derrota por completo. Este 
hecho, tan poco común, tuvo lugar el 19 de fe- 
brero de 18(>4. 

Altolajruirre (Martín José de). Agrónomo. 
Contador mayor del Real Tribunal y Audiencia 
de Cuentas del virreinato. Fué además comi- 
sario de Guerra, ministro, tesorero general y 
hermano mayor de la Hermandad de la Santa 
Caridad de Jesús, establecida en la capital. No 
son estos títulos, sin embargo, sino, su amor y 
su laudable dedicación a la agricultura, loque 
le hace merecedor a un-a página histórica. En 
sus ratos de ocio, Altolaguirre se consagraba 
al cultivo de las plantas exóticas en la hermosa 
quinta de su propiedad, situada a inmediacio- 
nes de la Recoleta. Un historiador contempo- 



ALU 



— 25 - 



ALV 



raneo le llama el agrónomo más notable de su 
época; y es de suponer que su consejo era va- 
lioso, cuando Belgrano había escogido su com- 
pañía para entregarse a sus experimentos 
agricolaindustriales. Altolaguirre introdujo en 
Buenos Aires el cultivo del cáñamo y del lino, 
y el Consulado votó 500 pesos fuertes para ha- 
cer experiencias sobre esos productos. Los 
ensayos de Altolaguirre y los experimentos 
que hizo para extraer linaza debieron inducir 
a Belgrano a escribir su tercera Memoria, que 
versa sobre la industria fabril. 
Aluminé (combate). En 1SS3, en una batida a 
los indios que practicaba la segunda división 
del ejército argentino a las órdenes del gene- 
ral Villegas, en la región del río Negro, una 
pequeña fuerza, compuesta de tres oficiales y 
30 soldados, al mando del sargento mayor Juan 
G. Díaz, había avanzado en la persecución 
hasta la laguna de Aluminé. Encontrándose 
una rastrillada, el mayor Díaz manda al te- 
niente D. Saturnino Canavery con siete hom- 
bres y un baqueano en descubierta; pero como 
ésta no regresara y sospechando estuvieran 
próximos a los indios, despacha en su protec- 
ción al teniente Sontag con 10 hombres, que- 
dándose sólo con un oficia!, el subteniente 
Wappers y 16 soldados. Llegando la noche sin 
que regresasen estos oficiales, el jefe acampa 
con la esperanza de que se le reunieran, sir- 
viéndoles de guía los fogones. Al día siguiente, 
17 de febrero de 18S3, sin la incorporación de 
los referidos oficiales, Díaz sigue la rastri- 
llada; pero al instante es rodeado por una in- 
diada de 100 a 150 hombres, que amenazaban 
cargarlo, poniéndose entonces él a la defen- 
siva. «En ese momento dice el parte del mayor 
Díaz, se presentó a mi flanco izquierdo un in- 
fante del ejército chileno con bandera de par- 
lamento; mandé no hacer fuego; mas como vie- 
ra que detrás de él venía una compañía de in- 
fanteria en guerrilla y ocultándose y que la 
indiada me atacaba por la retaguardia, y te- 
niendo en cuenta lo sucedido en otras comi- 
siones, mandé romper el fuego, siendo yo el 
primero en efectuarlo. Desde este momento 
se trabó un encarnizado combate, cargándonos 
por último los enemigos a la bayoneta hasta 
40 pasos de nuestra débil posición (un arroyito 
seco), donde dejaron siete muertos y algunos 
heridos, que fueron recogidos por los indios, 
poniéndose en retirada al trote. La fuerza ar- 
gentina tuvo tres bajas. En lo recio del com- 



bate dispararon las muías y caballos, siendo 
imposible contenerlos; pues la fuerza, que sólo 
se componía de un jefe, un oficial y 16 sol- 
dados, tenía que atender a sus numerosos 
enemigos. Los tenientes se le incorporaron el 
mismo día, después de haber hecho una fati- 
gosa correría.» 

Alumbrado. La iluminación de Buenos Aires 
era hecha en los primeros tiempos por candile- 
jas o mecheros, puestos en un pequeño tarro 
de lata y alimentados por aceite de potro; des- 
pués, por velas de sebo, colocadas en deshechos 
faroles, sin reverberos ni nada que se le pare- 
ciese; mas tarde fué sustituido por el petróleo, 
pues la introducción del gas data recién de 
1855, en cuyo tiempo la estableció la Compañía 
de Gas de Buenos Aires, dando principio al 
servicio con 500 picos. Sin embargo, una tra- 
dición histórica asegura que corresponde al 
ingeniero inglés Mr. Santiago Bevans, traído 
por Rivadavia para las obras del puerto, el ho- 
nor de haber sido el primero que en esta ciu- 
dad encendió luces de gas, para festejar en 
1824 las fiestas cívicas nacionales. Las dos pri- 
meras cuadras alumbradas a gas fueron Vic- 
toria, de Bolívar a Chacabuco. Hoy la electri- 
cidad ha desalojado casi por completo todo 
otro alumbrado, y ella fué implantada en sus 
principios por los Sres. Casalls, Rufino Vá- 
rela (hijo), etc. 

Alvarado (Felipe Antonio). Hermano del gene- 
ral del mismo apellido. Nació en Salta. Cuando 
la revolución de mayo cundió por el Pacífi- 
co se encontraba D. Felipe Antonio avecinda- 
do en Pasco, donde ejercía el comercio. Sim- 
patizando con el movimiento de los indepen- 
dientes, bajó a Lima, donde se encontraba 
cuando llegó la expedición libertadora. Goza- 
ba de gran influencia en aquella ciudad, donde 
era generalmente estimado, por las prendas de 
su carácter y su reconocido patriotismo. Fué 
miembro del primer Congreso peruano, y ocu- 
paba todavía ese puesto cuando, al retirarse 
San Martín del Perú, el Congreso de esta na- 
ción sancionó (1S22) que una Comisión de su 
seno se encargaría del Poder Ejecutivo, que 
dejaba acéfalo la renuncia de San Martín. Al- 
varado mereció el honor de ser elegido con 
ese objeto, en unión de otros dos miembros del 
Congreso, que formaron el triunvirato que go- 
bernó aquella nación bajo la denominación de 
Junta Gubernativa del Perú. 

Alvarado (Juan de Laiseca). Undécimo obispo 




Rudesindo Alvarado. 



ALV 

del Tucumán. Fué electo en 1711, siendo tras- 
ladado a los pocos días de haber tomado pose- 
sión de su puesto a la iglesia de Popayán. 

Alvarado (Rudesindo). General de la indepen- 
dencia. Nació en Salta, el 1 de marzo de 1792, 
y se educó en 
Córdoba. Dedi- 
cado al comercio, 
lo abandonó para 
abrazar la carre- 
ra de las armas. 
Se halló en Tuca- 
man en 1812, y al 
año siguiente en 
Salta, como ayu- 
dante del general 
DíazVélez.ymás 
tarde, en Vilca- 
pujio y Ayouma. 
En la desgracia- 
da acción de Sipe-Sipe, según asevera el coro- 
nel Arenales, el fuego de la línea de cazado- 
res, que mandaba el entonces mayor Alvarado, 
fué el que causó mayor pérdida a Pezuela. Se 
halló en Puesto del Marqués, etc., etc. En 1815 
se incorporó al ejército del general San Mar- 
tín, creando y disciplinando el batallón núme- 
ro 1 de Cazadores, que tanto se distinguió en 
la cruzada memorable que dio por resultado la 
libertad de Chile. Se halló en las campañas del 
Sur de Chile y en las del Perú, en donde San 
Martín, al retirarse, le confirió el mando del 
ejército y el título de gran mariscal del Perú. 
Fué el héroe del paso del Bío-Bío, el 19 de 
enero de 1819. En 1829 fué gobernador de 
Mendoza, y dos años después, de Salta. Du- 
rante la tiranía vivió retirado de la vida públi- 
ca. Después de Caseros desempeñó el ministe- 
rio de Guerra de la Confederación y la gober- 
nación de su provin- 
cia en 1856. Falleció 
en la ciudad de su 
nacimiento, el 22 de 
junio de 1872. 

Alvarez (Agustín). 
Nació en la ciudad 
de Mendoza, el 15 de 
julio de 1857. Huér- 
fano desde la pri- 
mera edad, fué un 
self made man, y si 
llegó a conquistar 
fama y rango no fué Dr. Agustfn Alvarez. 



26 — 



ALV 




tan sólo por su talento original y su vasta ilus- 
tración, sino también por sus ejemplares virtu- 
des cívicas y privadas. Cursó sus estudios se- 
cundarios en el Colegio Nacional de Mendoza, 
y allí encabezó una revuelta estudiantil para 
obtener reformas de la enseñanza y cambios 
en las autoridades docentes. En 1876 se trasla- 
dó a Buenos Aires, ingresando en el Colegio 
Militar; en 18S3 emprendió estudios universi- 
tarios, graduándose en Derecho en 1888. Fué 
juez en lo civil en Mendoza (1889-1890) y dipu- 
tado por esa provincia al Congreso de la na- 
ción (1892-1896). Su doble competencia militar 
y forense le llevó al cargo de vocal letrado del 
Consejo Superior de Guerra y Marina (1896- 
1906). Durante los últimos quince años de su 
vida fué un apóstol de la educación científica y 
moral, ocupando cátedras en la Universidad de 
Buenos Aires y en La Plata. De esta última fué 
vicepresidente y fundador y canciller vitalicio. 
Son sus obras principales: South América 
(1894); Manual de patología política (1899); En- 
sayo sobre educación (1901); ¿Adonde vamos? 
(1904); La transformación de las razas en 
América (1908); Historia de las Instituciones li- 
bres (1909), etc., etc., y numerosos folletos so- 
bre los problemas políticos, sociológicos, etc., 
que constituyeron la constante preocupación 
de su vida. Su virtud y su sencillez fueron 
tan grandes como su consagración al estudio 
y a la enseñanza. Falleció en Buenos Aires, 
el 15 de febrero de 1914. 
Alvarez (Benito). Coronel de la independencia. 
Empezó su carrera militar en el cuerpo de Pa- 
tricios, en 1807. En la acción de las Piedras 
(República del Uruguay) tomó parte junto ton 
Artigas. Fué segundo jefe del primer regimien- 
to de Blandengues; comandante posteriormen- 
te de los regimientos 2." y 8." de Infantería, 
este último hasta su muerte. En el río Paraná 
reconquistó varias embarcaciones del Gobier- 
no.que habían sido apresadas por los españo- 
les. Se halló en Salta al frente del regimiento 
número 8 de Infantería; se halló en Vilcapu- 
jlo, donde fué muerto. «Despechado al ver que 
sus soldados cejaban, el coronel D. Benito Al- 
varez, que estaba de gran uniforme, se puso a 
su cabeza para conducirlos de nuevo a la car- 
ga; pero un balazo lo derribó del caballo, mor- 
talmente herido.» El sargento mayor D. Patri- 
cio Beldón y el capitán Villegas, que sucesiva- 
mente asumieron el mando, cayeron igualmen- 



ALV 

te derribados por el plomo enemigo (13 de oc- 
tubre de 1813). 

Alvares (combate de Campos de). El general 
Urquiza, que mandaba el ejército aliado que ya 
había iniciado la campaña de Buenos Aires por 
el Norte, se encuentra con el ejército del dic- 
tador Rosas. Las tropas de Urquiza las manda- 
ba el general D. Juan Pablo López, y las de 
Rosas, el coronel Lagos, componiéndose am- 
bas fuerzas de diez mil combatientes. La lucha 
tuvo lugar el 31 de enero de \S5i, en los cam- 
pos de Alvarez, quedando la victoria por las 
armas de Urquiza. 

Alvorez Condarco (José Antonio). Célebre 
ingeniero y sargento mayor del ejército liber- 
tador. De Tucumán. Principió a prestar sus 
servicios en el ejército patriota del Alto Perú, 
donde tuvo la gloria de coadyuvar con su pe- 
ricia profesional y valiente comportación al 
buen éxito de las primeras campañas de la re- 
volución argentina. Durante el año 13 estuvo 
en Chile, en calidad de oficial del batallón de 
Auxiliares cordobeses que mandaba el general 
Balcarce. Enviado por éste con comunicacio- 
nes a las provincias argentinas, quedóse en 
Mendoza, donde entabló relación con el gene- 
ral San Martín, que le nombró su secretario 
privado y ayudante de campo. En este empleo 
secundó eficazmente a San Martín en sus ta- 
reas de organización, sirviendo de maestro 
armero como de director de los talleres mili- 
tares establecidos para los materiales del ejér- 
cito, habiendo tenido la gloria de fabricar la 
pólvora que los patriotas argentinos quemaron 
más tarde en Chacabuco y Maipú. Tan impor- 
tantes servicios le captaron la confianza de 
San Martín, quién le encomendó en diciembre 
de 1816 un reconocimiento formal práctico de 
las cordilleras, que consideraba necesario an- 
tes de aventurar al ejército en los desfiladeros 
de aquellas altas montañas, cuya travesía de- 
bía verificarse para libertar a Chile. Disfra- 
lado el comisionado con el carácter parlamen- 
tario, y so pretexto de entregar al presidente 
de Chile una comunicación del general San 
Martín, que no era sino el acta de la indepen- 
dencia argentina, púsose en marcha a fines de 
diciembre; atravesó la cordillera por el cami- 
no de los Patos, y valiéndose de astutas inven- 
ciones siguió su viaje por el territorio chile- 
no, observando cuidadosamente todo lo que 
convenía, a pesar de los soldados españoles, 
cayas vigilantes medidas supo burlar. Llevado 



27 - ALV 

a presencia de Marcó, e instruido éste del ob- 
jeto de la embajada, Alvarez Condarco hubie- 
ra sido víctima de su cólera, si el temor de 
empeorar la suerte de sus compatriotas pri- 
sioneros en Cuyo no iiubiese decidido al jefe 
realista a dispensarle las consideraciones de- 
bidas a su carácter, y que son de práctica entre 
naciones civilizadas. Entretanto, y mientras se 
quemaba en la plaza pública el acta de la inde- 
pendencia en presencia de las tropas, Alvarea 
Condarco era hospedado, por orden de Marcó, 
en casa del comandante de dragones, a fin de 
impedirle se comunicara con los patriotas chi- 
lenos. Después de esto se le despachó, acom- 
pañado de una corta partida de tropa. En este 
segundo viaje Alvarez Condarco siguió obser- 
vando las localidades, y gracias a las órdenes 
de Marcó, que dispuso su regreso por Uspa- 
Ilata, pudo dar a su llegada a Mendoza una 
idea exacta de los dos caminos que San Martín 
necesitaba conocer para la realización de su 
atrevido"pensamiento. Se había ya encontrado 
en las gloriosas jornadas de Chacabuco y Mai- 
pú cuando fué nombrado, por la influencia de 
San Martín, después de esta última victoria, 
comisionado del Gobierno de Chile en Lon- 
dres para comprar buques y contratar oficia- 
les. Ejerciendo esta comisión contrató a lord 
Cockrane, interesándolo vivamente en la cau- 
sa de la independencia americana, y remitió 
los primeros buques que formaron la escuadra 
chilena, que tantos laureles adquirió en la gue- 
rra de la independencia. Dos grandes sucesos 
tenían conflagrada la República cuando llegó 
a Buenos Aires, cargado de años y acompa- 
ñado de su familia. El viejo patriota, que tan- 
tos y tan positivos servicios prestó a la causa 
de la emancipación americana, condolióse pro- 
fundamente al ver a su patria asolada por la 
guerra civil y amenazada por el poder bárbaro 
y despótico del tirano Rosas. Después de ha- 
ber viajado por mucho tiempo por las provin- 
cias, sin fijar su residencia en ninguna de ellas, 
aceptó en 1839 un empleo que el Gobierno de 
Chile le ofreció, con el fin de aprovechar sus 
conocimientos especiales en las ciencias mate- 
máticas. Estando en Chile falleció, algún tiem- 
po después, en la más extremosa miseria, a 
punto de haber sido necesario levantar una 
suscripción entre sus amigos para su entierro 
y exequias fúnebres. 
Alvarez (Carlos José). Profesor y publicista. 
Nació en Buenos Aires, en 1835. Se dedicó al 



ALV 



— 28 



ALV 



profesorado, recibiéndose de doctor en Juris- 
prudencia en 1S(50. Católico sincero y decidido 
por ios principios de su fe; fué durante largos 
años el representante del catolicismo en la 
Prensa de Buenos Aires, redactando El Pensa- 
miento Argentino y Los intereses Argentinos. 
En 1864 fué nombrado secretario de la Univer- 
sidad, y en 1873 catedrático sustituto de Dere- 
cho canónico. Murió en 1875, estando en ejer- 
cicio de su cátedra de Derecho Canónigo y se- 
cretario general de la Universidad. 

Alvarez (Francisco). Gobernador de la provin- 
cia de Córdoba, electo en 1840. Ejerció este 
cargo hasta la batalla del Quebracho Herrado. 
Sirvió bajo el mando del general Lamadrid. 
Alvarez organizó con los cívicos de Córdoba 
un escuadrón de caballería, a cuyo frente pres- 
tó recomendables servicios en la malograda 
expedición de aquel general al interior de las 
provincias argentinas, soportando con rara 
fortaleza de espíritu las rudas fatigas de la 
vida militar y distinguiéndose por su valor y 
pericia en las horas de combate. Después de 
la batalla de Angaco, en la que tomó una par- 
te activa, el general Acha, vencedor en aquella 
jornada, marchó a situarse en los alrededores 
de San Juan, enviando a Alvarez al frente de 
un destacamento para ocupar la ciudad, en 
cuya comisión fué sorprendido y muerto por 
una división del general Benavidez, junta- 
mente con su compañero de armas el coronel 
D. Lorenzo Alvarez. 

Alvarez (Francisco). Sacerdote de la Orden do- 
minica. Predicador. Se trasladó más tarde a la 
recolección dominicana de Santiago de Chile. 
Introdujo la vida común en dos monasterios; 
fué maestro, doctor, examinador sinodal, mi- 
sionero apostólico. Aumentó la biblioteca, re- 
formó los estudios, sistemó sabiamente el or- 
den económico, mejoró el convento y dejó prin- 
cipiado el templo más monumental, etc., etc. 
Murió en 1854. 

Alvarez (Fray Juan de). Obispo del Paraguay. 
Natural de Salamanca. De la Orden de San 
Agustín y prior del convento de Lima. Se dis- 
tinguió como orador sagrado. Promovido al 
obispado del Paraguay en 1591, murió antes 
de tener co:iocimiento de su elección. 

Alvarez (Juan Antonio). Gobernador de Cór- 
doba. Descendía de una familia distinguida de 
aquella provincia. Después de ejercer algu- 
nos empleos locales de importancia, fué eleva- 
do a la primera magistratura de la provincia. 



en cuyo cargo se hizo acreedor a la estimación 
pública por la rectitud de sus ideas y la probi- 
dad de su carácter. Hizo un gobierno de orden 
y de progreso, dictando una serie de disposi- 
ciones tendentes a moralizar la administración 
y el adelanto material de la provincia; eritre 
otras, la terminación del edificio del Cabildo 
de aquella ciudad y la fundación del Banco 
Provincial; Alvarez fué hombre de virtudes 
severas en el hogar y en la vida pública; así, lo 
vemos descender pobre, casi menesteroso, de 
su elevado rango. Electo senador al Congreso 
Nacional, se hallaba de regreso en Córdoba, 
después de terminar el período legislativo 
de 1876, cuando ocurrió su fallecimiento, en los 
primeros días de noviembre del m-smo año. 
Alvarez (Juan Crisóstomo). Coronel. Nació en 
la ciudad de Tucumán, el año 1817. Era hijo de 
D. Francisco Alvarez y de D.^ Catalina Araoz, 
hermana del general Lamadrid. Muy joven aún 
ocupó un puesto en las filas del ejército que 
inició la tremenda lucha contra el gobierno de 
Rosas, atrayendo sobre sí la admiración de sus 
compañeros de causa por su valor en el com- 
bate. En Angaco fué gravemente herido, y en 
la jornada del Rodeo del Medio, a la cabeza 
de trescientos hombres, puso en fuga el ala 
derecha de la caballería enemiga compuesta de 
triple número de fuerzas. Vencido en Mendo- 
za el general Lamadrid, Alvarez atravesó en 
su compañía la cordillera, refugiándose en la 
capital de Chile. Permaneció en esa república 
hasta que, noticioso del levantamiento del ge- 
neral Urquiza, repasó los Andes para poner 
nuevamente su espada al servicio de la causa 
por la que tanto había combatido diez años 
antes. Llegado a Tucumán, reunió y armó con 
tal propósito algunas fuerzas, «proponiendo en 
seguida al gobernador de aquella provincia, 
D. Celedonio Gutiérrez, ponerse a sus órde- 
nes si desconocía la autoridad de Rosas y es- 
cuchaba al pueblo en una elección legal; pero 
éste, por toda contestación, le intimó a que de- 
pusiese las armas y se entregase maniatado 
con su gente». Como se resistiera a entregar su 
espada, fué perseguido por fuerzas superiores 
en número y batido y hecho prisionero, después 
de una heroica y desesperada resistencia. El 23 
de enero era fusilado, por orden del goberna- 
dor Gutiérrez. Al notificársele su sentencia de 
muerte tomó un papel y, apoyándolo sobre sus 
rodillas, escribió a su esposa en estos sentidos 
términos: «En estos momentos voy a morir; em- 



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- 29 - 



ALV 



pero debes resignarte, porque mi delito no es 
otro que haber tomado las armas para conquis- 
tar la libertad del suelo de mi nacimiento. Per- 
severa en la virtud, como siempre, y cuida de 
la educación de mis hijos.» 

Alvarez (Julián Baltasar). Jurisconsulto y pu- 
blicista. Nacido en Buenos Aires, el 9 de enero 
de 1788, de padres españoles. A los doce años 
ingresó en el Colegio de San Carlos, hasta 1804, 
año en que pasó a la Universidad de Córdoba, 
y más tarde a la de Charcas, donde cursó Le- 
yes y Cánones, recibiendo en 1808 el grado de 
doctor en ambos Derechos. Desde 1810 se con- 
sagró a la política. En 181 1 fué nombrado se- 
cretario del Gobierno de Buenos Aires. En 1812 
la provincia de San Juan lo eligió diputado a 
la Asamblea legislativa. De 1814 a 1818 des- 
empeñó el cargo de oficial en el ministerio de 
Gobierno, confiándosele una misión importante 
para el general San Martín. En 1820, año de la 
anarquía, emigró a Montevideo con su familia. 
Hombre de costumbres puras, de hábitos sua- 
ves y organizado para el bienestar pacífico y 
para las dulces afecciones del hogar, se con- 
trajo enteramente al ejercicio de su profesión, 
a la educación de sus hijos y a la sociedad de 
un reducido número de amigos escogidos. Al- 
varez adoptó por su patria a la República 
oriental, ejerciendo sucesivamente allí los car- 
gos de representante a la primera Asamblea 
Constituyente (1828), miembro del Supremo 
Tribunal de Justicia (1829) y presidente del 
mismo. Diputado y senador varias veces. Fa- 
lleció el 25 de noviembre de 1843, en Monte- 
video. 

Alvarez Jonte (Antonio). Patriota de mayo. 
Era nativo de Espa- 
ña y vino a América 
sumamente niño, es- 
tableciéndose con su 
familia en Chile, en 
cuya capital hizo sus 
estudios. Se había 
distinguido ya por 
sus talentos como 
abogado, como por 
su decisión por la 
causa de la revolu- 
ción, cuando en oc- 
tubre de 1810 fué en 
cargado por la Junta 
de Buenos Aires, 
donde a la sazón se encontraba, de una misión 




Antonio Alvarez Jonte. 



a la Capitanía general de Chile. Al efecto se 
dirigió a Santiago y presentó sus credenciales 
al Cabildo, pronunciando un largo y notable 
discurso, en el que justificó a la revolución de 
mayo, estudiando sus propósitos, su origen y 
sus móviles e insinuando al mismo tiempo la 
conveniencia de establecer y fomentar una 
alianza mutua entre la Junta de Buenos Aires 
y la de Chile, haciendo de estos dos pueblos 
una verdadera Confederación que cimentase 
su gobierno bajo las mismas bases. El Cabildo 
chileno, que había recibido al enviado con gran 
solemnidad, sin entrar en inmediatas negocia- 
ciones con él, se limitó a autorizarlo para tra- 
tar del plan de defensa que convenía, lo que 
hizo, tomando en su formación la parte más 
distinguida. Facultósele poco después para or- 
ganizar fuerzas que coadyuvasen con las de 
Buenos Aires al triunfo de la revolución. La 
prudencia y circunspección que desplegó en 
estas y otras comisiones que se le confiaron 
contribuyeron al buen éxito de su misión, a la 
que debe atribuirse en gran parte las buenas 
relaciones mantenidas durante los momentos 
supremos de la revolución entre la Junta de 
Buenos Aires y la de Chile. Relevado de su 
cargo en agosto de 1811 por el Dr. D. Bernar- 
do Vera, volvió a Buenos Aires, a su antiguo 
puesto de regidor. Al año siguiente fué encar- 
gado por la Junta de pronunciar un discurso 
en la plaza pública, con motivo del segundo, 
aniversario de la revolución. Este discurso; 
lleno de conceptos atrevidos, es una pieza lite- 
raria que ha merecido los elogios de escritores 
distinguidos y que contribuyó a establecer en 
Buenos Aires la fama de orador que había con- 
quistado en Chile. Consumada la revolución 
del 2 de octubre de 1812, fué nombrado para 
tomar parte en el Gobierno provisorio. La 
Asamblea del año 13 ratificó el nombramiento 
del Cabildo, hasta que, vencido su término, 
Alvarez Jonte fué reemplazado por Posadas a 
fines del año citado. La exigüidad del erario y 
los ingentes gastos que demandaba la revolu- 
ción hacían recurrir al Gobierno a medidas vio- 
lentas para proporcionarse recursos, nombrán- 
dose al efecto Comisiones encargadas de im- 
poner contribuciones forzosas a los vecinos 
pudientes que se mantenían indiferentes a los 
peligros y necesidades urgentes de la patria. 
Alvarez Jonte, con este motivo, fué designado 
en distintas ocasiones para llenar esta misión 
ingrata, encomendada siempre a patriotas de- 



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30 



ALV 



cididos y entusiastas. Después de las desgra- 
ciadas acciones de Vilcapugio y Ayouma, el 
director Posadas nombró a Alvarez Jonte, en 
unión de D. Justo José Núñez y el Dr. Ugarte- 
che, para formar la Comisión investigadora de 
las causas que dieron lugar a aquellos sensi- 
bles contrastes del ejército del Norte. Más 
tarde, cuando el derrocamiento de Alvear, Al- 
varez Jonte, que tenía con aquel general co- 
nexiones de partido, fué comprendido entre los 
alvearistas y procesado por la Comisión militar 
nombrada ad hoc para fusilar y desterrar a los 
amigos del director derrocado. La sentencia 
definitiva recaída en este célebre proceso le 
obligaba a residir fuera de la América del Sud, 
<a fin de que— decía la sentencia—, alejado 
por este medio, no le sea fácil entrar en revo- 
luciones que le hagan lugar a la venganza pro- 
testada en su confesión, entre otras invectivas 
que tiene presente la Comisión, debiendo hacer 
uso debido de su pasaporte dentro de un breve 
término, sin excusa ni pretexto alguno, con 
apercibimiento, en caso de inobservancia o ma- 
liciosa inacción, de que se procederá contra su 
persona en términos que se haga efectivo el 
cumplimiento de esta resolución, con la calidad 
de que no volverá al territorio hasta que, re- 
unido el Congreso, obtenga el permiso para 
regresar.» Esta enérgica y terminante senten- 
cia, que da una idea de la exaltación de los 
énimos, que hubieran castigado con crueldad 
cualquier resistencia por parte de los deste- 
rrados, hizo oír a Alvarez Jonte los consejos 
de la prudencia, y, profundamente condolido 
de la situación del país, no permaneció en él 
sino el tiempo necesario para arreglar sus 
asuntos particulares, embarcándose en seguida 
para Londres, a fines de julio de 1815. Perma- 
neció en esta ciudad hasta que, contratado 
lord Cockrane por orden d^ Gobierno chile- 
no, regresó a América en su compañía, en no- 
viembre de 1818, estableciéndose en Chile. 
Inmediatamente de su llegada fué nombrado 
secretario de uno de los buques corsarios de 
la costa del Perú, cuyo cargo renunció en Val- 
paraíso para desempeñar el de auditor general 
de Guerra y Marina del ejército libertador. 
In este puesto prestó importantísimos servi- 
cios, en su carácter de consejero del general 
San Martín, que reconocía sus talentos y le 
distinguía especialmente. Más tarde, mientras 
San Martín estuvo al frente del gobierno del 
Perú, Alvarez Jonte tomó una parte activa en 



la administración, y fueron tan valiosos y me- 
ritorios sus servicios, que las autoridades pe- 
ruanas se creyeron obligadas, a su falleci- 
miento, a rendir un tributo de homenaje a su 
memoria concediendo una pensión a sus hijos. 
Alvarez falleció en Pisco, en 1821. Uno de lot 
torreones de la fortaleza del Real Felipe, del 
Callao, lleva su nombre. Si no figura en prime- 
ra línea, fué, sí, un leal servidor de la causa 
revolucionaria y un ardiente y decidido pa- 
triota. 

Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Natural de 
Andalucía (España). Segundo adelantado del 
Río de la Plata, de 1541 a 1544. Se obligó con 
el emperador Carlos V a continuar la conquis- 
ta de otros países, bajo ciertas estipulaciones. 
La expedición conquistadora salió del puerto 
de Sanlúcar ^\ 2 de noviembre de 1540, con 
cuatro embarcaciones, 400 hombres y 46 caba- 
llos. Después de un largo viaje por tierra de 
guaraníes, que lo recibieron amistosamente, 
llegó a la Asunción el 11 de marzo de 1542, y 
tomó posesión del mando de adelantado, nom- 
brando por su segundo a Irala, mandando una 
expedición a Buenos Aires para repoblar éstai 
la cual no tuvo efecto. Venció a los indios 
guaicurúes. Mandó a Irala reconocer la parte 
superior del río Paraguay, y emprendió una 
expedición hacia las tierras altas del Perú; 
pero a los pocos días de llegar a la Asunción 
los habitantes se sublevaron contra él, el 25 de 
abril de 1544, y desconocieron su autoridad, em- 
barcándolo para España, donde fué juzgado y 
desterrado a África, y por último absudlto y 
compensado con una pensión y un empleo. 

Alvarez (Pascual). Natural de Buenos Aires, 
hermano del coronel D. Ignacio Alvarez Tho- 
mas. Combatió el movimiento revolucionario 
de la América del Sud, sirviendo en las filas 
realistas de Lima. Llegó hasta brigadier, gra- 
do que poseía cuando ocurrió la capitulación 
del ejército español, que siguió a la batalla de 
Ayacucho. En seguida se retiró a España. 

Alvarez (Prado Manuel). Guerrero de la inde- 
pendencia. Nació en el pueblo de Tilcara, en la 
provincia de Jujuy, el afío 17S5. Recibió una es- 
merada educación y se consagró en sus prime- 
ros años al cuidado de los intereses de sus pa- 
dres, y luego al servicio de la patria desde el 
año 10. A la edad de veintisiete años empe- 
zó a figurar con brillo como capitán en el pri- 
mer escuadrón de gauchos de Quemes, el 
año 1812, organizando con este gran caudillo 



ALV 



31 



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el sistema de guerrillas con los gauchos de la 
región de su nacimiento, dando a las armas ar- 
gentinas más de una ocasión de triunfar o de 
evitar hábiles celadas tendidas por los realis- 
tas. Por sus meritorios servicios alcanzó el 22 
de mayo de 181(3 la jerarquía de sargento ma- 
yor de órdenes. En los frecuentes combates y 
descubiertas frente al enemigo, fué tomado 
prisionero en una de ellas en Tilcara, el 19 de 
abril de 1819, siendo remitido a Tupizal, donde 
permaneció preso un año, al cabo del cual re- 
cobró su libertad; pero en seguida fué nueva- 
mente tomado pri^^ionero, en una sorpresa en 
Tilcara, y conducido a Humahuaca. Al poco 
tiempo, por medio de un acto de arrojo, se fugó 
de la prisión, derribando a un centinela de un 
puñetazo; pero perseguido y gravemente heri- 
do, salvó providencialmente, debido a la inter- 
vención de sus compañeros, que le hallaron 
abandonado en un monte, a punto de perecer. 
En más de una ocasión recibió este militar pro- 
posiciones ventajosas para cambiar sus creen- 
cias pasándose a las filas españolas, proposi- 
ciones que siempre fueron rechazadas con alti- 
vez. El 8 de enero de 1822 fué promovido a te- 
niente coronel y nombrado comandante en jefe 
de vanguardia, y en 3 de febrero de 1823 fué 
nombrado coronel efectivo, confiándosele des- 
pués el mando en jefe de toda la caballería de 
Quebrada Humahuaca. Después de muchos 
otros servicios a la patria, pidió su retiro del 
servicio el 26 de mayo de 1832. Este militar, de 
un temple nada común, falleció en Tilcara, en 
el año 1S36. 
Alvarez Thomas (Ignacio). Director interino 
de las provincias Unidas. Nació el 15 de febre- 
ro de 1787, en Are- 
quipa (Perú), que 
gobernaba enton- 
ces su padre, el 
brigadier D. Anto- 
nio Alvarez y Xi- 
ménez. Inició su 
carrera militar y 
política en Buenos 
Aires. En 1803, ofi- 
cial del batallón 
Fijo, y en 1805, 
secretario del vi- 
rrey Sobremonte, 

a quien acompañó en su fuga a Córdoba, cuan- 
do la primera invasión inglesa, y a Monte- 
video más tarde. En el asalto de esta pla- 




Ignacio Alvarez Thomas. 



za fué herido, y retenido como prisionero 
hasta la capitulación de Julio. A su regre- 
so a Buenos Aires fué ascendido a capitán. 
Se encontró en la rendición de Montevideo, 
en 1814; fué gobernador provisorio de Santa 
Fe. Al año siguiente, general en jefe del ejér- 
cito que debía batir a Artigas y que se sublevó 
en Fontezueícs, provocando la caída de Al- 
vear, siendo nombrado director interino, vién- 
dose poco después obligado a renunciar. Más 
tarde fué nombrado director del Tribunal mili- 
tar; jefe del Estado Mayor, en 1819; dipu- 
tado, en 1821; diplomático en el Perú y Chile, 
en 1824 y 1826, respectivamente; y en el siguien- 
te se retiró a la vida privada, viviendo en el 
Uruguay, donde Rosas lo persiguió, y Oribe, a 
instancia de éste, le intimó la salida inmediata 
del país. Visitó en su larga peregrinación a 
Río Janeiro y a casi todas las repúblicas del 
Pacifico, donde permaneció hasta un año des- 
pués de la batalla de Caseros. Vuelto a Buenos 
Aires, vivió en esta capital, sintomar participa- 
ción alguna en la política. Murió el 20 de julio 
de 1857. Dos de sus hijos, Ignacio y Eduardo 
Alvarez, murieron combatiendo en los ejérci- 
tos libertadores. 
Alvear y Ponce de León (Diego de). Gene- 
ral de la Real Armada Española. Nació en 1749, 
en Andalucía. Marino inteligente, fué nombra- 
do por parte de España primer comisario y 
astrónomo de una de las secciones en que fue- 
ron divididos los trabajos de demarcación, de 
acuerdo con el tratado de 1777, de límites en- 
tre las cortes de Madrid y Lisboa. Esta sec- 
ción debía fijar los límites comprendidos desde 
la boca del Pepirí-Guazú hasta más arriba del 
Salto Grande del Paraná, donde desagua el río 
que el tratado llama Ygurey. La historia de 
estos trabajos está llena de peripecias, aven- 
turas, privaciones y sufrimientos. A pesar de 
esto, Alvear no desistió de su empeño, hasta 
que, concluidos sus trabajos, arribó a Buenos 
Aires en 1801. Embarcado en la expedición 
que salió de Buenos Aires con destino a Espa- 
ña en 1804, fué víctima del ataque de los ingle- 
ses en el cabo de Santa María. El incendio de 
una de las fragatas españolas causó la muerte 
de su esposa y siete hijos, salvándose casual- 
mente él y su hijo Carlos, que fueron conduci- 
dos, en calidad de prisioneros, a Inglaterra. El 
rey Jorge III, que entonces gobernaba a la 
Gran Bretaña, compadecido de sus desgracias, 
le permitió volver a España en compañía de su 




Carlos María de Alvear. 



ALV 

hijo, devolviéndole todos sus caudales. Don 
Diego de Alvear falleció en Madrid, y ha deja- 
do varias obras, entre ellas. Historia de la de- 
marcación, con los derroteros, descripciones, 
competencias y disputas con las Comisiones 
portuguesas; Observaciones astronómicas 
practicadas en los mismos lugares; Historia 
natural de estos países, comprendiendo los tres 
reinos, y, por último, una Descripción históri- 
ca y geográfica de las Misiones, etc., etc. 
Alvear (Carlos María de). Militar. Hijo primo, 
génito del anterior y de D.° Josefa Balbastro. 
Nació el 25 de octu- 
bre de 1769, en Mi- 
siones. Hizo sus pri- 
meros estudios en 
Porto Alegre, y en 
1804 pasó a España 
con toda su familia, 
en la expedición sa- 
lida de Buenos Ai- 
res, compuesta de 
las fragatas Medea, 
Fama, Mercedes y 
Clara. La esposa de 
D. Diego de Alvear 

se embarcó con todos sus hijos a bordo de la 
Mercedes; pero haciéndosele insoportable la 
presencia del mayor de ellos (Carlos), por su 
carácter travieso e indócil, le envió al lado de 
su padre, que iba en otro buque de la expedi- 
ción, Clara, debiendo a esta circunstancia la 
salvación de su vida, como si la Providencia 
hubiese querido conservar al niño destinado a 
un porvenir glorioso. La fragata Mercedes fué 
incendiada, en el ataque de los ingleses al do- 
blar el cabo de Santa María, pereciendo toda la 
familia de Alvear. Llegado a Londres, donde 
completó su educación, Alvear tomó servicio 
militar en España, entrando en la brigada de 
Carabineros reales, cuerpo de tropas escogi- 
das, y en la guerra contra los franceses se dis- 
tinguió por su valor, particularmente en las ba- 
tallas de Talavera, Yébenes y Ciudad Real. En 
18I211egó a Buenos Aires en unión deSanMar- 
tín, Zapiola y Vera con el grado de teniente de 
caballería, donde se dedicó con San Martín a 
crear el famoso regimiento de Granaderos a 
Caballo. En 1813 fué nombrado presidente de 
la Asamblea general Constituyente, y en 1814 
general en jefe de las fuerzas sitiadoras de 
Montevideo, dando un vigoroso impulso a las 
operaciones y obligando a capitular al general 



32 - ALZ 

Vigodet el 20 de junio de 1814. Vuelto a Bue- 
nos Aires, fué designado para reprimir la su- 
blevación de Artigas, batiéndole en Mercedes, 
en yVy en Minas. En 1815 fué nombrado direc- 
tor supremo; pero en este cargo cometió mu- 
chos desaciertos, que provocaron su caída. 
Emigró al Biasil hasta 1820, en que tomó parte 
en la guerra civil de ese año, siendo desterra- 
do. En 1824 fué acreditado como ministro ple- 
nipotenciario en Colombia, cargo que no des- 
empeñó por haber sido enviado en comisióu 
para felicitar al general Bolívar con motivo de 
la victoria de Ayacucho. En 1828 fué nombrado 
general en jefe del ejército de operaciones de 
la Banda oriental, cubriéndose de gloria en 
diversos hechos de armas y en la acción de 
Ituzaingó, el 20 de febrero de 1827, logrando 
rehabilitarse de sus muchos extravíos de otras 
épocas. En 1S29 fué ministro de Guerra; diez 
años después el dictador le nombró ministro 
plenipotenciario en los Estados Unidos, cargo 
que desempeñó hasta 1852, año en que falle- 
ció, en ese país. Sus restos fueron repatria- 
dos, en 1854. 

Alvear (Torcuato de). Funcionario público. Hijo 
del anterior. Nació en Buenos Aires en 1822. 
Ocupó varios cargos públicos, entre otros, el 
de primer intendente de esta capital en 1882- 
1886, siendo también el primero por sus gran- 
des servicios y adelantos realizados en la Me- 
trópoli. Alvear desplegó una actividad e inte, 
ligencia asombrosas, resolviendo graves pro- 
blemas, como el de la pavimentación e higie- 
ne, creando plazas y parques, demoliendo edi- 
ficios vetustos que afeaban la ciudad y convir- , 
tiendo en un hermoso paseo el que hoy lleva i 
su nombre en la Recoleta, en el cual se le ha * 
erigido un sencillo monumento. Prestó también 
preferente atención a los establecimientos pú- 
blicos de caridad, asilos, hospitales, cemente- 
rios, etc. Falleció en Buenos Aires, el 7 de di- 
ciembre de 1890. 

Alzaga (Félix de). Militar. Nació en Buenos 
Aires, en 1790. Era hijo de D. Martín de Al- 
zaga. Siendo muy niño ingresó al Colegio de 
San Carlos, a objeto de seguir Jurisprudencia" 
En 1812, al ser ejecutado su padre, con motivo 
de la conspiración, abandonó las aulas y siguió 
la carrera militar, llegando a coronel en 1821, 
ocupando también un asiento en la Legislatura. 
Fué nombrado ministro cerca de los Gobiernos 
de Chile y Perú en 1826, para negociar el arre- 
glo de paz y amistad con España. Fué senador 



ALZ 



- 33 



ALLE 



y diputado, director del Banco, etc. Fué par- 
tidario de Rosas; pero cambió más tarde de 
ideas políticas, y señalado como unitario, fué 
perseguido. Murió en Buenos Aires, en 1841. 
Alxaga (Martín de). Natural de las Provincias 
Vascongadas (España). Se trasladó muy joven 
al Río de la Plata, donde a los pocos años ad- 
quirió una sólida fortuna. Miembro del Consu- 
lado de Comercio, creado en 1794, combatió 
constante y tenazmente las ideas liberales de 
Belgrano, sosteniendo las ventajas del mono- 
polio. Refutó en el mismo a Cervino, soste- 
nedor ardiente de los principios económicos de 
aquél, avanzando en su réplica esta extraña y 
retrógrada conclusión: «El comercio que hasta 
ahora se ha hecho es el que han permitido las 
leyes como útil y proficuo para mantener y 
estrechar los vínculos de los vasallos de estas 
remotas regiones con las de la Metrópoli, y 
por medio de la recíproca dependencia en sus 
giros comerciales, pues ésta es una verdad tan 
innegable como evidente el riesgo de que, tole- 
rándose las exportaciones y dineros en dere- 
chura desde los puertos de América a las po- 
tencias del Norte, y en igual modo las impor- 
taciones de efectos comprados en aquellas 
fábricas, como insinúa el autor del papel (Cer- 
vino), se aflojarían y extenuarían hasta el ex- 
tremo, en breve tiempo, los mencionados vín- 
culos, con perjuicio irreparable de la monar- 
quía...» En 1705 fué nombrado juez en un pro- 
ceso mandado formar a varios franceses a 
quienes se les atribuían propósitos subver- 
sivos, haciendo dar tormento a Santiago An- 
tonini, uno de los supuestos conjurados. Cuan- 
do el cadáver de Alzaga fué colgado en la 
horca, diez y seis años más tarde, Antonini se 
abrazó del madero con efusión y alegría, cu- 
briéndole de besos y arrojando profusamente 
monedas de plata a la atónita multitud... Du- 
rante las invasiones inglesas, principalmente 
en la segunda, Alzaga fué el alma, se puede 
decir, de la defensa. «Desde el primer momen- 
to, y como conociese la superioridad de las le- 
giones británicas sobre las nuestras y lo du- 
doso que sería para los defensores una acción 
en despoblado, aconsejó, aunque sin éxito, a 
Liniérs formalizase la defensa de la ciudad, 
concentrando en ella sus tropas y cañones y 
limitándose a hostilizar la vanguardia enemiga 
con destacamentos irregulares de caballería. 
Algunas horas más tarde, el descalabro de 
Miserere hacía cumplida justicia a las sabias 
Diccionario Hist. Biogr. 



previsiones del prudente alcalde. Derrotado 
Liniérs y fugitivas sus fuerzas, el camino de la 
ciudad quedaba abierto a la columna expedi- 
cionaria de Whitelocke. La población, conster- 
nada, vela acercarse con terror la noche de 
aquel día, en que, según sus tristes presagios, 
las puertas de la ciudad se abrirían para dar 
paso a las legiones vencedoras. Todo era con- 
fusión y desorden dentro de sus muros; el des- 
aliento del pueblo se había comunicado a las 
autoridades y a los mismos jefes militares, que 
en ausencia de su general se creían dispen- 
sados de conjurar el conflicto. En aquellos 
momentos de solemne expectativa aparece en 
la escena la intrépida figura del alcalde de pri- 
mer voto. Lo imperturbable de su ánimo y la 
rapidez y energía de sus resoluciones hacen 
renacer el entusiasmo y la esperanza en el ve- 
cindario y cambiar en breves horas la fisono- 
mía guerrera de la plaza. Ordena se abran 
fosos en las cuadras inmediatas a la fortaleza; 
hace colocar artillería en los puntos más ven- 
tajosos para la defensa; distribuye las pocas 
fuerzas que tiene disponibles en las azoteas y 
en los balcones de las casas, y hace iluminar 
la ciudad, para hacer comprender al enemigo 
que se halla en aptitud de resistir... (V. IriDü- 
siones inglesas). Encabezó más tarde una cons- 
piración contra el Gobierno patriota; pero des- 
cubierto a tiempo. Alzaba y sus cómplices fue- 
ron ejecutados. (V. Conspiración). 
Allende (Faustino). Coronel. Nacióen Córdoba, 
en 1785. Era hijo de D. Pedro Lucas Allende, 
rico comerciante de aquella provincia. En el 
Colegio de Montserrat hizo sus primeros estu- 
dios, y a los diez y ocho años se trasladaba a 
Buenos Aires, alistándose en el batallón de Pa- 
tricios que mandaba Saavedra. Poco después 
pasó a La Paz, donde manejaba cuantiosos in- 
terés; pero al tener noticias por su hermano 
D. Tomás del movimiento revolucionario del 
aflo 10, dejó precipitadamente la ciudad de su 
residencia, dispuesto a consagrar su fortuna y 
su vida en servicio de la patria. Llegado a Sal- 
ta, desbarata los planes de los peninsulares, lo 
mismo que en Tucumán y en Córdoba, y llega 
a esta última provincia en momentos en que 
Liniérs, Concha, D. Santiago Allende (su tío) 
y otros organizaban a gran prisa un cuerpo 
numeroso de ejército para combatir las armas 
de la revolución. Don Faustino Allende «entra 
secretamente en las filas de sus enemigos, de- 
rrama oro entre los hombres del pueblo y en- 



ALLE 



tre los jefes, produciendo la desorganización 
del ejiVcito español, y, no satisfecha aún su no- 
ble ambición, compra con una suma de onzas al 
encargado de comprar las caballadas y le hace 
fu<Tar con ellas». La Junta premió su patriótica 
conducta mandándole los despachos de sar- 
gento mayor. Desde entonces desapareció del 
escenario político hasta el aflo 1S29, en que sir- 
vió a las órdenes del general Paz, en las bata- 
llas de San Roque, La Tablada y Oncaíioo. 
Renunció en dicho año la gobernación de Cór- 
doba; años después acompañó a los generales 
Lavalle y Paz en todas sus campañas. En 1853 
fué reconocido por el Gobierno en su grado de 
coronel, ofreciéndole sus servicios en la lucha 
que sostenía con el general Urquiza, que no 
fueron aceptados en atención a su avanzada 
edad. Murió en Córdoba, el 10 de octubre 
de 1S65. 

Allende (José Manuel). Hermano mayor del 
anterior. De Córdoba Dedicado a la carrera 
de las letras, tenía ya el título de abogado 
cuando partió para España a perfeccionar sus 
estudios. Llegó allí cuando estallaba la revo- 
lución francesa de 1789. Entusiasmado por los 
principios que ésta proclamaba, aceptó la opor- 
tunidad que se le ofrecía cde descargar sus 
iras contra el monarca que desde el otro lado 
del Océano imponía a su suelo querido una 
bárbara legislación». Mezclóse entonces entre 
los franceses, quienes tuvieron en mucha esti- 
ma sus aptitudes, como lo demuestra el hecho 
de haber sido nombrado gobernador de Saha- 
gún Permaneció en este alto puesto hasta que, 
muerto el general Solano en el contraste que 
sufrieron las armas francesas, vióse obligado a 
retirarse a Cádiz, donde murió. 

Allende (SanHago Alejo). Coronel del virreina- 
to Nativo de la ciudad de Córdoba. Tío de don 
Faustino, José María y Tomás Allende, fusila- 
do por orden de la Junta de Buenos Aires el 
28 de agosto de 1811. Tomó parte poco activa 
en la segunda invasión inglesa. En la retirada 
de So-iremonte a Córdoba trajo consigo a 
Allende, con el grado de coronel del ejército y 
como segundo jefe de la expedición. Comisio- 
nado por Sobremonte en Montevideo para re- 
conquistar a Maldonado, ocupado por una 
división inglesa, no hizo «otra cosa más que 
presentarse, dar vueltas, ir y venir, llegar a 
Pando, volverse de aquí, y, en una palabra, in- 
currir en el ridículo». Estallada la revolución de 
mayo. Allende se propuso combatiria de acuer- 



- 34 - AMB 

do con Liniérs, Concha y otros. Tomados en 
Cruz Alta, trayecto de Buenos Aires, Allende 
fué ejecutado con sus demás compañeros. 

Allende i Tomás . Gobernador de Sal la, sobrino 
del anterior y natural de Córdoba. Cursó su-: 
estudios en el colegio de Montserrat, de esta 
ciudad, y se recibió de abogado. Hallábase en 
Buenos .\ires cuando estalló la revolución dtl 
año 10. Patriota decidido, combatió contra su 
tío D. Santiago Allende, que fué fusilado 
Nombrado director D. Gervasio A. de Posa- 
das, llamó al coronel Allende en agosto del 
año 13 para que desempeñara la cartera de 
Guerra, que en esas circunstancias, como es 
sabido, demandaba una tarea inmensa y de 
grave responsabilidad. Encontrándose algo en- 
fermo, y en virtud de un medicamento equivo- 
cado, murió en 1815 Era un hombre de capa- 
cidad y de mérito. 

Amaichá (combate). Felipe Várela, que era uno 
de los caudillos más audaces del interior, prin- 
cipalmente en la provincia de La Rioja, después 
de su descalabro el 7 de julio, en la cuesta de 
Chilecito, aparece invadiendo la provincia de 
Salta, y sorprende en el sitio denominado Rin- 
cón de Amaichá al comandante de Milicias, 
D. Pedro José Frias, que en vano intenta re- 
sistirle. 

Ambrosetti (Juan B.). Doctoren Ciencias na- 
turales y distinguido arqueólogo argentino. 
Era director del 
Museo Etnográfi- 
co de la Universi- 
dad de Buenos 
Aires y profesor 
de Arqueología 
en la Facultad de 
Filosofía y Le- 
tras. Representó 
a nuestro país en 
diversos Congre- 
sos internaciona- 
les, sobre todo en 
el americanista, y 

lo hizo siempre con singular brillo. Fué miem- 
bro de la Junta de Historia y Numismática 
americana. Obra grande, meritoria, la de 
más importancia tal vez en el país, en su géne- 
ro, es la que fundó Ambrosetti, empezando c'>n 
una pequeña colección de bronces ca/c/io^uú 
donada por el Dr. D. Indalecio Gómez; n^ ■ 
referimos al Museo Etnográfico que posee la 
Facultad de Filosofía y Letras, que contient- 




Dr. Juan B. Ambrosetti. 



AME -as- 

mé» de 20.000 piezas. Deja este hombre estu- 
dioso más de 70 publicaciones sobre Arqueolo- 
gía, Etnografía, Lingüística, Zoología, etc., 
cuya nomenclatura sería larga enumerar en una 
obra tan reducida como ésta. La ciencia ar- 
geniina y la sociedad pierden en él un hombre 
bueno y un hombre útil, que fué alto exponente 
del saber y que deja obra vasta y valiosa. Fa- 
lleció en Buenos Aires, el 21 de mayo de 1917, 
a las diez de la mañana. Sus restos fueron in- 
humados en el cementerio del Oeste, hablando 
ante su tumba el Dr. D. Ernesto Quesada, en 
nombre de la Facultad de Filosofía y Letras; 
el Dr. D. Horacio Damianovich, en nombre de 
la Sociedad Científica Argentina; el Dr. D. Ri- 
cardo Levene, en representación de la Junta 
de Historia y Numismática americana, y otras 
personas más. 
Ameghiiio (Florentino). Eminente naturalista y 
paleontólogo argentino. Nació en la villa de 
Lujan, en la provin- 
cia de Buenos Aires, 
el 18 de septiembre 
de 1854. Fueron sus 
padres D. Antonio 
Ameghino, genovés, 
fallecido en Buenos 
Aires, a los cincuen- 
ta y ocho aflos de 
edad, en el año 1886, 
y D." María Dina 
Armanino, que falle- 
ció en Buenos Aires 
en el año 1908, a 

los setenta y seis años de edad. Hallábase don 
Florentino Ameghino al frente del Museo de 
Historia Natural desde hacía varios años, ocu- 
pando con honra el puesto que ilustraron Bur- 
meister y Berg, y su nombre ya había salvado 
las fronteras de la República, difundiéndose 
con gran prestigio en los centros científicos de 
ambos mundos. Hijo de sus obras, debía al es- 
tudio tenaz y a la investigación permanente, 
perseverante, la posición de sabio que conquis- 
tara, y en la que supo mantenerse con altura y 
dignidad. Llegó de la nada a la cumbre por sus 
propios esfuerzos, haciendo una por una todas 
las jornadas que mediaban entre el punto ini- 
cial y la meta gloriosa. Su vida fué de incesan- 
te labor y copiosa producción, derramando con 
ello raudales de luz sobre las edades prehistó- 
ricas de nuestro continente, o induciendo a los 
sabios a fijar su atención en él y a escudriñar 



AMÉ 




Florentino Amegliino 



sus senos misteriosos. Es un tesoro inaprecia- 
ble la colección de fósiles reunida en el suelo 
argentino por el Dr. Ameghino, como es abun- 
dante y valioso el caudal de conocimientos que 
encierran los numerosos libros, monografías y 
artículos en que ha consignado el fruto de sus 
desvelos e investigaciones. Este grande como 
modestísimo sabio murió en la ciudad de La 
Plata, el 6 de agosto de 191 1 . 

Amenabar (José de). Sacerdote y hombre pú- 
blico. Nacido en Santa Fe, en 1734. Formó par- 
te, como miembro, de la célebre Asamblea del 
año XIII, y en la Comisión civil de Justicia, en 
la que prestó importantes servicios. Retirado a 
Santa Fe, ejerció allí durante largo tiempo las 
funciones de cura vicario y de legado eclesiás- 
tico, hasta que en 1823 asistió al Congreso 
Constituyente, donde, cumplidas las instruccio- 
nes que había recibido de la Legislatura santa 
fecina, se opuso a que se sancionara la Consti- 
tución unitaria. Cuando estalló la guerra civil 
en la República y Quiroga invadió a Córdoba, 
el entonces gobernador de Santa Fe, D. Esta- 
nislao López, quiso mediar pacíficamente en la 
contienda y le mandó en comisión cerca de 
aquel caudillo, en unión con D. Domingo de 
Oro. Estos obtuvieron una suspensión de hos- 
tilidades; pero el empecinamiento de Quiroga 
hizo inevitable muy luego el derramamiento 
de sangre. Fué gobernador delegado en Santa 
Fe, de 1856 a 1860, y ejerció diversos cargos 
civiles y eclesiásticos de importancia. Falleció 
el año 1863, en Santa Fe, y se le sepultó en la 
iglesia matriz. Fué un sacerdote virtuoso, ca- 
ritativo e ilustrado. 

América (incendio del vapor). El América era 
un hermoso vapor que hacía la carrera entre 
Buenos Aires y Montevideo. En circunstancias 
en que una gran parte de la sociedad distingui- 
da de Buenos Aires se trasladaba a Montevi- 
deo en grata peregrinación, en las altas horas 
de la noche del 23 de diciembre de 1872, el 
buque se incendia. Muchas fueron las víctimas 
de este horroroso suceso, y entre los diversos 
y emocionantes episodios que tuvieron lugar, 
el más notable es el desprendimiento de don 
Bartolomé Víale, distinguido comerciante ita- 
liano de Buenos Aires, que da sus salvavidas, 
estando en el agua, a la señora de Marcó del 
Pont, que, hallándose cerca de él y sostenida 
únicamente por sus ropas, le grita: «¡Me aho- 
go!», y Víale, después de haber ejecutado tan 
magnánima acción, perece entre las ondas del 




General de Brigada D. Só- 
crates A naya. 



AMA 

Plata. En el cementerio de la Recoleta puede 
verse un monumento que conmemora tan her- 
mosa acción. 

Anaya (Justo Sócrates). General. Nació en Tu- 
cumán, el 31 de marzo de 1850. Abandonó sus 
estudios muy joven, 
aldeclararse la gue- 
rra contra el dicta- 
dor del Paraguay, 
ingresando como 
soldado distinguido 
en el batallón Gene- 
ral Paz. Subtenien- 
te en 1865, abande- 
rado. Hizo la cam- 
paña desde el 25 de 
diciembre de 1865 
hasta julio de 1868, 
en que pasó a sofo- 
car la rebelión del 
general Cáceresen 

Corrientes. Combatió contra el bandolero 
Santos Guayana en San Luis; con los indios; 
hizo la campaña de Entre Ríos contra López 
Jordán; con el entonces coronel D. Julio A. 
Roca batió las tolderías del cacique Ramón 
Cabral, y asistió a la revolución del 74 en las 
filas del Gobierno. Con el entonces coronel 
Racedo volvió a tomar parte contra los indios 
al mando del cacique Cabral, quien fué some- 
tido con sus principales capitanejos. Se halló 
en el combate de los Corrales, el 21 de junio 
de 1880, y en los combates de los días 26 y 
27 de julio de 1890 en las calles de Buenos 
Aires. 

Ancaate (combate). El 7 de enero de 1830, entre 
las fuerzas de los generales Quiroga y Paz, 
mandadas, respectivamente, por los coroneles 
D. José Benito Villafafle y D. Justo Lobo. 
Fué una acción sangrienta, en la que pereció 
Lobo. El vencedor Villafañe se excedió en mu- 
chas arbitrariedades. Aneaste es un departa- 
mento de la provincia de Catamarca. Tie- 
ne 2.480 kilómetros cuadrados de extensión y 
una población de 5.300 habitantes. La sierra de 
Aneaste y la del Alto forman el valle de Cata- 
marca. 

Anchorena (Juan José Cristóbal). Hombre pú- 
blico. Natural de Buenos Aires. Su padre, de 
nacionalidad española, lo dedicó al comercio, 
dándole antes una esmerada educación, que 
completó en España, donde pasó los primeros 
años de su juventud. Fué partidario de la causa 



36 - ANC 

revolucionaria y miembro de la Junta de Ob. 
servación, al seno de la cual llevó el temple de 
su alma firme e independiente. En el aflo 21 
era nombrado presidente de la Caja de Amor- 
tización y miembro de la Comisión encargada 
de promover el progreso del comercio e indus- 
tria y mejorar la agricultura. El aflo anterior 
había sido uno de los comisionados para arre- 
glar la convención del 20 de febrero celebra- 
da entre los gobernadores del litoral. D. Juan 
José Anchorena, como sus hermanos D. Tomás 
iVVanuel y D. Nicolás, simpatizaba ardiente- 
mente con el sistema federal, que combatió Ri- 
vadavia bajo su presidencia. Esta circunstan- 
cia le hizo figurar entre los opositores del gran 
administrador y entre los partidarios de don 
Manuel Dorrego, a cuya elevación contribuyó 
poniendo en juego su importante influencia- 
Dueño más tarde Lavalle de la situación, em- 
pezó a alejar de la ciudad a todos aquellos 
hombres notables del partido federal, y fué así 
como Anchorena fué transportado al buque 
Rio Bamba, en calidad de preso, en compañía 
de su hermano D. Tomás Manuel y de D. Vic- 
torio García de Zúñiga, de donde más tarde 
pasaron a Montevideo. Celebrada la conven- 
ción entre Lavalle y Rosas, volvió a Buenos 
Aires, muriendo el 5 de enero de 1832. 
Anchorena (Nicolás de). Hombre público. Sig- 
natario del tratado de 9 de marzo de 1853. Na- 
tural de Buenos Aires; hermano del anterior. 
Hizo sus estudios en el Colegio de San Carlos, 
principiando a figurar en 1825, como diputado 
por Buenos Ajres. Perteneció al partido fede- 
ral. Elevado Rosas a la primera magistratura 
del país, D. Nicolás Anchorena, sin tomar par. 
te activa en la política, prestóle el contingente 
de sus esfuerzos. Después de Caseros, Ancho- 
rena, defensor de los derechos de Buenos Ai- 
res y enemigo del acuerdo de San Nicolás, fué 
uno de los representantes más conspicuos de la 
opinión ilustrada en las laboriosas sesiones 
del 53. Mas habiendo llegado una Comisión, en 
representación del general Urquiza, para intcn 
tar la pacificación de Buenos Aires, el gob( > 
nador de esta provincia nombraba a su vez .i 
D. Nicolás Anchorena para que, en unión de 
los Sres. Vélez Sarsfield, Paz y Torres, acur- 
dasen con los comisionados una convención de 
paz que diese pronto y feliz término a la gue- 
rra civil provocada por la rebelión. Reunidos 
los comisionados firmóse un convenio de pa/, 
que se conoce en la Historia con el nombre de 



ANC 



- 37 — 



ANC 



'Tratado del 9 de marzo.» Animados sus signa- 
tarios de los mejores deseos, dejaron iniciadas 
en él las bases de la organización de la Repú- 
blica y las condiciones más duraderas de paz y 
de tranquilidad. Ocurrido el fallecimiento del 
.seilor general Pinto, la Sala de Representan- 
tes nombraba a D. Nicolás de Anchorena, el 9 
de julio de 1853, gobernador y capitán general 
de la provincia. «Desde que Anchorena — dice un 
eicritor— tuvo conocimiento de que se se pen- 
saba en él para ese puesto, se empeñó con sus 
amigos para persuadirles de su resolución irre- 
vocable de no admitir el cargo, por más que el 
pueblo y la Sala lo designaban con entusiasmo, 
no porque rehusase los nuevos sacrificios y 
compromisos que aquel destino le demandaba, 
sino porque él creía ser más útil a la causa pú- 
blica en las bancas de la Legislatura que en la 
silla de gobierno, donde su salud quebrantada 
no le permitiría llenar cumplidamente las ince- 
santes tareas que demandaban la atención de 
los asuntos de la guerra. « Esta era la segunda 
vez que Anchorena renunciaba tomar parte en 
la Administración pública. Falleció el 24 de 
mayo de 1856. 
Anchorena (Tomás Manuel de). Nació en Bue- 
nos Aires, en 1784. Hermano del anterior. Hizo 
sus primeros es- 
tudios en el Co- 
legio de San Car- 
los, y muy joven 
se graduó de doc- 
tor en Leyes en 
la Universidad de 
Charcas. El mo- 
vimiento revolu- 
cionario de 1810 
lo encontró des- 
empeñando el em- 
pleo de corregi- 
dor mayor, en 
cuyo carácter fir- 
mó el acta del 25 de mayo. Fué desterrado con 
motivo de la publicación de un manifiesto pa- 
triótico; pero se revocó la orden en un honro- 
so decreto para Anchorena, a quien se declara 
buen patriota y lo manda reponer en su anti- 
guo cargo de regidor. En 1811 se trasladó al 
Alto Perú, donde conoció a Belgrano, quien le 
nombró su secretario, hallándose como tal en 
las batallas de Tacumán y Salta. En 1816 
tomó parte en el Congreso de Tucumán, y jun- 
to con el obispo Oro levantó su voz para sal- 




Tomás Manuel de Anchorena. 



var la forma republicana. En 1821 fué electo 
representante, y en 1826 fué uno de los ma- 
yores y más influyentes opositores a los pro- 
yectos sobre el régimen unitario de Rivada- 
via. En 1828 fué desterrado, por sus opiniones 
políticas, y durante las primeras administra- 
ciones de Balcarce y de Rosas desempeñó 
los ministerios de Gobierno y de Relaciones 
exteriores, rehusando en 1834 la gobernación 
de la provincia. Dejó de existir en esta ciudad, 
el 29 de abril de 1847. Sobre su tumba pronun- 
ció un notable discurso el Dr. Vicente López 
y Planes. 

Anchorls (Ramón Eduardo de). Sacerdote. Na- 
ció en Buenos Aires, el 13 de octubre de 1775. 
En 1810 se encontraba en Lima, desempeñando 
el puesto de secretario del arzobispo, cuando 
el virrey Abascal, temeroso de una revolución 
en sus dominios, lo redujo a severa prisión, en 
unión de D. Cecilio Tagle y de D. Antonio Mi- 
ralla. Enviado después a España, permaneció 
encerrado algunos años en el castillo de Santa 
Catalina, en Cádiz. Miembro de las logias de 
Cádiz y de Londres, fundadas por Miranda, 
para promover la independencia de Sud-Amé- 
rica, fué después uno de los fundadores de la 
Logia Lautaro, en Buenos Aires. Este patrio- 
ta distinguido, fogoso e infatigable, falleció en 
Buenos Aires, en 1831. 

Andes (paso de los). Desde el desastre de Ran- 
cuaga había vuelto a caer Chile bajo la domi- 
nación de los españoles. El general San Mar- 
tín, con el pensamiento de reconquistarlo, ha- 
bía empezado a formar un ejército en Mendo- 
za, de donde era gobernador intendente. El 
plantel de este ejército, tan famoso más tarde, 
fué, para honor de Córdoba, una pequeña di- 
visión de doscientos cordobeses, que el año 13 
envió el gobierno argentino en auxilio de Chile, 
a las órdenes del coronel D. Marcos Balcarce, 
y que había tomado una parte muy notable en 
el combate del Membrillar y otras acciones, y 
de donde habían sido los últimos en retirarse, 
con el mayor Las Heras a la cabeza, prote- 
giendo a la vez la emigración chilena en las 
gargantas de la cordillera. El general San 
Martín, con el pequeño ejército de 5.000 (cinco 
mil) hombres que había formado, empieza a 
efectuar la salida de Mendoza para emprender 
el paso de la cordillera de los Andes y llevar 
la libertad a Chile, donde flameaba el pabellón 
español. Hechos tan atrevidos como éstos 
sólo los habían realizado Aníbal y Napoleón, en 



AND 



- 38 



AND 



su famoso paso de los Alpes. Puede formarse 
una idea de las grandes dificultades que en 
esta empresa titánica tuvo que vencer el ilus- 
tre general, por la falta de dinero, por el pá- 
rrafo siguiente de una carta que San Martín, 
desde Mendoza, dirigió al general Guido: oE\ 
18 rompió su marcha el ejército. Para el 21 ya 
estará todo fuera de ésta, y el 15 de febrero 
decidida la suerte de Chile; si ésta es próspe- 
ra, crea usted que entonces se le dará la im- 
portancia que merece. Mucho ha habido que 
trabajar y vencer, peí o todo sale completo, 
excepto de dinero, que no llevo más que ca- 
torce mil pesos para todo el ejército.» ¡Con 
sólo catorce mil pesos emprendió San Martín 
la grandiosa campaña de los Andes para ir a 
libertar a Chile y al Perú! El 17 de enero de 
1817 puso en marcha su ejército, en dos divi- 
siones: una, al mando del teniente coronel Las 
Heras, que debía entrar por Uspallata y ma- 
niobrar sobre Santa Rosa de los Andes, lle- 
vando a retaguardia el parque, siguiéndole la 
vanguardia, al mando del mayor general Soler, 
que debía tomar el camino de Los Patos, a 
quien seguía a corta distancia la segunda divi- 
sión, al mando de O'Higgins, y el cuartel gene- 
ral. Todo estaba dispuesto de manera que 
cuando la división de Las Heras se hiciese 
sentir en Santa Rosa, al Sudoeste de Acon- 
cagua, la vanguardia de Soler amenazara al 
Noroeste, en tal forma, que no sabiendo los es- 
pañoles el punto fijo en que eran atacados, tu 
vieron que dividir sus fuerzas y reconcentrar 
se, abandonando el valle de Putaendo, que era 
el más rico y mejor situado para hacer pie un 
ejército. La entrada del ejército argentino fué 
feliz. Las Heras tuvo un encuentro victorioso 
en La Guardia; Necochea deshizo las tropas 
españolas en ¿«25 Coimas, y apoderándose San 
Martín de Putaendo, tomó caballos y empren- 
dió rápidamente el camino a Santiago. Cordi- 
llera de los Andes siiínifica en quichua < mon- 
tañas del sol», también de antis, voz quichua, 
que significa «cobre», «metal». 
Andino (Juan Diez de). Gobernador del Para- 
guay y del Tucumán. Había militado con dis- 
tinción en los ejércitos de España, hallándose 
en la guerra con Portugal. El Gobierno es- 
pañol, en recompensa de sus servicios, le nom- 
bró gobernador del Pa'aguay, de cuyo cargo 
tomó posesión en 1663. Hizo algunas expedi- 
ciones a las tribus de los guaycurúes y paya- 
guás. Fué celoso en el cumplimiento de sus 



deberes, desinteresado y humanitario con lo» 
indígenas. Gobernador de la antigua provincia 
del Tucumán desde 1678 hasta 1681. Murió en 
agosto de 1684. 

Andonaes^ui (José de). Gobernador de Bue- 
nos Aires desde 1745 a 1756. Militar; nacido 
en Canarias por el año de 1700, y educado en 
España, -en cuyos ejércitos sirvió con brillo, 
hasta obtener el alto rango de teniente gene- 
ral. Hubo de perecer a su arribo al Rio de la 
Plata, pues el buque que le conduela naufragó 
a la vista de Montevideo, perdiendo Ando- 
naegui el valioso equipaje que traía consigo. 
Durante su gobierno llevó a cabo un recono- 
cimiento científico de la costa patagónica, en- 
comendando esta misión a los padres jesuíta* 
José Quiroga y José Caldiel, que zarparon de 
Montevideo en la fragata San Antonio, llegan- 
do hasta cerca del estrecho de Magallanes; 
se establecieron los correos fijos; creó un go- 
bierno estable en Montevideo, dependiente de 
su autoridad, para defender el territorio dejas 
incursiones de los indios, y creó en Buenos 
Aires, con idéntico fin, tres compañías de Mi- 
licias para asegurar la frontera. En 1755 mar- 
chó a campaña para dar cumplimiento al tra- 
tado de límites celebrado con los portugueses, 
a cuyo efecto salió de Montevideo al frente de 
3.000 soldados; derrotó en su marcha a los 
guaraníes, en Cabayté, tomándoles varios 
puntos importantes, hasta que fué relevado 
por D. Pedro Cevallos, el 4 de noviembre 
de 1756. En seguida se retiró a Espafla, falle- 
ciendo poco después. 

Andrade (Olegario Víctor). Poeta y periodista. 
Nació en Entre 
Ríos, el 7 de mar- 
zo de 1841. Edu- 
cóse en el Cole- 
gio Nacional del 
Uruguay, cuyas 
aulas abandonó a 
la edad de diez y 
siete años. Fun- 
dó y redactó va- 
riosperiódicos en 
Santa Fe, Guale- 
guaychú, Uru- 
guay y Concor- 
dia. Fué después 
secretario del presidente Derqui en 1860. Sus 
obras: La noche de Mendoza, con motivo del 
terremoto que hubo en dicha ciudad, en que 




Olegario Víctor Andrade. 



ANE 



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ANI 



el autor pinta las escenas ocurridas; £7 9 efe 
agosto; La flor de mi esperanza; El arpa per- 
dida; El nido de cóndores; Prometeo; El S de 
octubre; El 11 de septiembre; El crepúsculo; 
La libertad de América; San Martin; La Crea- 
ción; La Atlántida, etc. De los ingenios mo- 
dernos, Andrade tenía grandes puntos de se- 
mejanza con Víctor Hugo, y en algunas de sus 
estrofas, donde el poeta argentino vertió sus 
pensamientos más bellos, se revela su mal es- 
condida rivalidad, como en la siguiente pintura 
de San Martín parado en la cumbre de los 
Andes: 

¿En qué piensa el coloso de la Historia, 
De pie sobre el coloso de la tierra? 
¿Piensa en Dios, en la patria o en la gloria? 

¡Qué comparación más atinada, más patética 
ni más grande podía hacerse que la que en- 
cierra los dos primeros versos!, ni ¡qué inter- 
pretación más fiel de las tres tínicas ideas que 
podían ocupur el pensamiento de San Martín 
cuando, llegado al lim'LS de la grandiosa cordi- 
llpra, vio el país de Cíiile a sus pies y só!o a 
Dios sobre su cabeza! El Gobierno nacional 
ordenó la edición de sus Obres poéiicos, (\hq 
se llevó a cabo en 1887. Murió Andrade en 
Buenos .^ires, el 30 de octubre de 1884. 

Ameiros (Federico). Doctor. Segundo arzobispo 
de la República Aigentina. Nació este prelado 
en Buenos Aires, el 2S de junio de 1826. Por 
renuncia del Dr. Agüero en 1855, desempeñó 
durante quince años la cátedra de Derecho ca- 
nónico. Murió en Buenos Aires, el 10 de sep- 
tiembre de 1894. 

Ansaco (combate). Librado en la provincia de 
San Juan, el 16 de agosto de 1841, entre las 
fuerzas unitarias al mando del coronel don 
Mariano Acha y las federales a las órdenes de 
los generales D. Nazario Benavidez y D. Félix 
Aldao. Acha se batió bravamente, con menos 
de la mitad de las fuerzas que tenía el enemi- 
go, consiguiendo tomar prisionera a la infante- 
ría; pero, rehechos sus contrarios con refuer- 
zos, tuvo que refugiarse en la catedral de San 
Juan con los restos de su pequeña tropa, don- 
de fué obligado a capitular, bajo promesa de 
respetarse su vida y las de sus soldados, con- 
dición que fué aceptada, a pesar de lo cual él 
y sus tropas fueron pasados por las armas. Su 
cabeza fué espuesta en una pica en el camino 
del río Desagruadero. 




Pedro de Angelis. 



Angrells (Pedro de). Publicista de la época de 
Rosas y consejero de éste. Nació en Ñapóles, 
el 29 de junio de 
1784. Redactó La 
Crónica, órgano 
del Gobierno de 
Rivadavia, escri- 
biendo sus artícu- 
los en francés, 
para ser vertidos 
al castellano por 
Mora, y fundó a 
mismo tiempo un 
colegio. Entre sus 
muchas obras se 
encuentran: No- 
ticias biográficas 
del brigadier D. Estanislao Lopes; Ensayo his- 
tórico sobre la vida de Rosas; Páginas bio- 
gráficas del general Arenales, y Colección 
de documentos. Esta líltima obra es el título 
mejor que tiene Angelis a la gratitud de la pos- 
teridad. Partidario de Rosas, fundó El Restau- 
rador de las Leyes en 1833. Murió en Buenos 
Aires, el 10 de febrero de 1859. 

Anglés y Gortari (Matías). Nacido en Nava- 
rra. Nombrado teniente general y capitán de 
giierra de la ciudad de Córdoba, tomó pose- 
sión de ese puesto en 1726. Fué también gober- 
nador de la antigua provincia de Tucumán. 
Se recibió de este cargo el 17 de noviembre 
de 1735, en medio del jiibilo y entusiasmo de 
sus habitantes, que, recordando sus triunfos 
sobre los obipones diez anos antes, veían en 
él una promesa de días prósperos y felice» 
para la provincia. Mucho tuvo que luchar con- 
tra los indios, y constantemente. El Sr. Anglés 
ejerció el gobierno hasta el año 1739, suce- 
diéndole D. Juan de Santiso y .Moscoso. 

Angostura (combate). Guerra del Paraguay. 
El coronel argentino D. Donato .\Ivarez, jefe 
del regimiento San Martín, al frente de 70 
hombres, lleva un ataque a las baterías de la 
extrema derecha de Angostura, y después de 
haber muerto a casi todos los artilleros que 
manejfiban tres grandes piezas, las clava, por 
no poder llevarlas por su excesivo peso (28 de 
diciembre de 1868). 

Animas (.Fray José de las). Cómplice principal 
de la conspiración fraguada por .\lzaga (v.) con- 
tra el Gobierno de Buenos Aires. Era un reli- 
gioso del Orden de los Belarmos; mas, a pesar 
de su carácter y sus hábitos, fué el más activo 



ANS 

de los conspiradores, habiendo tomado sobre 
M la peligrosa misión de reunir gente en los 
üuburbios de la capital y mandar la caballería 
el día del movimiento. Descubierto Alzaga, se 
propuso sustraerle a la acción de la justicia 
ocultándole en la Casa de Locos, de la que era 
mayordomo, y transportündole de allí a una 
casa central de la ciudad. En la noche del 25 
de julio huyó de la capital fray José de las 
Animas, refugiándose en una choza en las in- 
mediaciones de Morón; pero fué descubierto y 
lomado preso a los pocos días. Interrogado por 
el Tribunal, contestó con desenvoltura y arro- 
gancia, negando los cargos que se le hicieron; 
pero una vez en capilla confesó espontánea- 
mente su crimen, para «descargo de su con- 
ciencia», según sus propias palabras. Fué sen- 
tenciado a muerte el 12 de julio y ejecutado a 
las diez de la mañana del siguiente día, sus- 
pendiéndose su cadáver de la horca. 

Ansay (Faustino). Comandante de armas y sub- 
delegado de Real Hacienda en Mendoza des- 
de 1803 hasta el 9 de julio de 1810, en que, 
manifestando su adhesión a la causa de los rea- 
listas, la Junta lo separó de su empleo, orde- 
nando que entregase el mando a su sucesor, 
D. (sidro Sáenz de la Maza. Instigado por el 
gobernador de Córdoba, Gutiérrez de la Con- 
cha, se sublevó de nuevo; pero vencido más 
tarde, fué tomado prisionero y enviado des- 
pués a Buenos Aires y desterrado de allí a 
Patagones, donde permaneció hasta el año 1817 
o 1818, que se le concedió libertad para regre- 
sar a su patria, donde falleció en 1848. 

Anteqaera y Castro (José de). Gobernador 
del Paraguay. Dotado de gran talento, cursó 
Derecho y se graduó de doctor, no tardando en 
descollar como político y como fiscal y protec- 
tor de indios. Fué comisionado en 1721, como 
juez pesquisador, a la Asunción para juzgar al 
gobernador Diego de Reyes y a los viejos en- 
comenderos. En vez de cumplir con su cometi- 
do, hace causa común con los últimos, suspen- 
de al gobernador en sus funciones, lo encierra 
en una prisión y usurpa el mando por espacio 
de cuatro años, y desobedeciendo las órdenes 
del virrey del Perú, que manda reponer a Re- 
yes, ataca a los padres jesuítas en sus misio. 
nos, eligiéndoles el pago de gastos de guerra. 
En presencia de tan graves acontecimientos, 
el gobernador Zabala sale de Buenos Aircs 
con un ejército y llega a la Asunción el 29 de 
abril de 1731. 



40 AQU 

Añasco (Antonio de). Natural de España. 
En 1585, gobernador de la provinciadel Guay- 
rá, y más tarde, nombrado teniente general 
por el gobernador D. Juan Ramírez de Velas- 
co, y confirmado en ese cargo por Hernando 
Orias de Saavedra. Continuó en ese cargo 
hasta el 17 de julio de 1599. 
Apóstoles. Era una antigua reducción de in- 
dios guaraníes. San Javier (Misiones) fué 
fundada en 1(>38, en las cercanías de las re- 
ducciones de San José y San Carlos. 
Apnlé (combate). En la pampa de este nombre, 
en la Patagonia austral, el 22 de febrero 
de 1881, entre un piquete de soldados del 7 de 
caballería de línea al mando del capitán, don 
Adolfo Drury, contra toda la tribu del cacique 
Sayhueque. La pelea duró cuatro horas; toda 
la tropa y el mismo Drury fueron heridos. 
Este hecho de armas temerario fué debido al 
arrojo de su jefe, pues tenía órdenes de perse- 
guir la indiada, pero no de empeñar acción al- 
guna. Con todo, los indios fueron derrotados, 
dejando en el campo más de ochenta muertos. 
Aquino (Pedro León). Coronel. Nació en Bue- 
nos Aires, en 1811 . Sus padres le dieron una 
educación esmerada, dedicándole en seguida 
a la carrera militar, donde obtuvo pronto as- 
censos. En 1831 era teniente. Acompañó a 
Luvalle en todas sus arriesgadas empresas, 
hasta que, obligado a emigrar, como tantos 
otros, se trasladó al Perú, donde tomó servi- 
cio, distinguiéndose — como dice Sarmiento — 
por actos de valor romancesco. El coronel 
Aquino era uno de los jefes más ilustrados de 
aquella época; poseía el inglés y el francés. 
Durante su permanencia en el Pacífico man- 
tuvo relaciones de cordial amistad con los 
emigrados más notables en ilustración y pa- 
triotismo. Resuelta la expedición de Urquiza 
contra Rosas, Aquino se encontraba en Valpa- 
raíso, donde resolvió incorporarse al ejército 
libertador. Partió, al efecto, a bordo de la 
Médicis, en compañía de Paunero, Mitre, Sar- 
miento y otros. Urquiza lo recibió con afectuo- 
sas demostraciones, encomendándole una divi- 
sión de su ejército, de la que se hizo cargo a 
su llegada. La división de Aquino había perte- 
necido a Rosas; su composición no podía ser 
peor, y su organización participaba de una ma- 
nera especial de todos aquellos defectos ge- 
nerales del ejército libertador, que hace notar 
el autor del Facundo. Con raras excepciones, 
la mayor parte de sus oficiales eran gauchos 



ARA 

ignorantes, que debían sus tirados más al fa- 
Torilismo que al mérito La tropa, por su par- 
te, habituada a la inacción y ocupada reciente- 
mente en faenas de saladeros, había olvidado 
por completo los ejercicios doctrinales, que 
tanto contribuyen a adiestrar al soldado. Tal 
era la división confiada a Aquino, cuyos hábi- 
tos militares, ajustados con estrictez a la orde- 
nanza, formaban un manifiesto contraste con 
los de su gente. A pesar de esto, Aquino 
aceptó el mando de la división, con toda la fe 
delsoldadoque todo lo esperade sus esfuerzos, 
y sin consideración a nada, inició sus trabajos 
de organización, con la persistencia que reque" 
rían las circunstancias. Pero a medida que 
apuraba sus esfuerzos crecía también la anti- 
patía de la tropa, que acabó por traducirse en 
una criminal conspiración, iniciada por sus mis- 
mos oficiales. Esta conspiración, que estalló 
la noche del 10 de enero de 1852, dio por re- 
sultado la muerte de Aquino, la del teniente 
coronel Aguilar y la de seis oficiales. Aquino, 
que nada sospechaba, vino asi a ser asesinado 
traldoramente en los campos del Espinillo, por 
los mismos soldados de la escuela del tirano, a 
quien tanto había combatido, y cuando retira- 
do a su tienda se preparaba a descansar de sus 
fatigas diarias. La muerte de Aquino fué el 
suceso que apresuró la marcha del ejército 
que un mes después debía echar por tierra la 
tiranía de Rosas. Ella dio lugar a varios de- 
cretos después de Caseros: el de II de febre- 
ro, por el cual fueron declarados fuera de ley 
los individuos que después de firmar la con- 
vención de 7 de octubre de 1851 se alistaron 
nuevamente en las filas de Rosas, como suble- 
vados de Santa Fe, que asesinaron a Aquino, 
y el del 12 de marzo de 1852, por el cual se 
amnistió a los que no hubieran sido cómpli- 
ces del asesinato. Un escritor argentino, refi- 
riéndose a Aquino, se expresa así: «Era un 
verdadero oficial de fortuna, franco, disipado, 
derramando el dinero o la sangre para satis- 
facer sus necesidades, lujosas o elegantes, o 
servir sus ideas políticas.» 
Arache (Manuel Félix de). Gobernador del Tu- 
cumán. Era napolitano, aunque originario de 
España, como hijo que era de padres extreme- 
ños. Sus servicios como corregidor de Cinti, en 
la provincia de Chichas, donde acreditó des- 
interés, celo y valor en la guerra con los re- 
beldes chiriguanos, llamaron la atención del vi- 
rrey José Armendarís, marqués de Castelfuer- 



41 _ ARA 

te, para confiarle el gobierno de la provincia 
de Tucumán, del que tomó posesión en octubre 
de 1730. Era un hombre honrado, recto, labo- 
rioso y dirigente, sobre todo en cosas de gue- 
rra. Daba el ejemplo a sus soldados, y según 
Lozano, «era el primero en los trabajos de la 
milicia, como en tomar la pala o el azadón, y 
no pocas veces se le vio haciendo guardias y 
de centinela, etc.» Hizo una expedición al 
Chaco, en julio de 1731 . Murió el 16 de julio 
de 1732, sepultándose el cadáver en la iglesia 
del colegio de Salta, al lado de la tumba de 
otro hombre virtuoso y gobernante modelo, 
D. Esteban Drizar. 
Arámbulo (Faustino Joaquín). Militar. Nació 
en Buenos Aires, el 29 de julio de 1808. En 
1826, a la edad de diez y ocho años, ingresó 
como aspirante en el batallón Fijo. Pasó luego 
como soldado voluntario en la compañía de 
Volteadores, llegando en este cuerpo a ser 
sargento primero. Al cuerpo de Volteadores 
se le cambió más tarde su nombre por el de 
Guardia Argentina. Ascendió a alférez, pasan- 
do el batallón a bordo de la goleta Guana- 
co, a las órdenes de Broom. Se halló en el 
combate contra la escuadra brasileña Los Fa- 
ros, más afuera de las balizas de Buenos 
Aires; pero encallando después la goleta en 
Punta de Lara, se sostuvo un sangriento com- 
bate, pudiendo salir libre gracias a la pericia 
del almirante y al arrojo de los soldados. A la 
terminación de la guerra del Brasil sucedió 
la revolución del 1 de diciembre de 1828; fué 
dado de baja. Permaneció Arámbulo de baja 
hasta 1832, siendo en este tiempo promovido a 
teniente primero del escuadrón de línea del 
regimiento sexto, al mando de D. Prudencio 
O. de Rosas. Combatió contra los indios que 
invadieron a Tapalqué, Azul y otros puntos. 
En 1833 ascendió a capitán. Al lado de las 
fuerzas del dictador se halló en las batallas de 
Chascamús, Rodeo del Medio, Arroyo Grande, 
India Muerta. A las órdenes de Urquiza peleó 
en el combate del Sauce Oriental. En 1851 fué 
ascendido a sargento mayor, y como jefe del de- 
tall de la división del coronel José Ignacio 
Burgoa se halló en Caseros, en 1852. Se le 
confirió entonces el grado de teniente coronel 
efectivo. Se halló en el Tala, Ceoeda (1859), 
Pavón. Ayudante de Mitre en la guerra del 
Paraguay, y desempeñó más tarde el mismo 
rango cerca del general Emilio Mitre, que per- 
seguía en Corrientes al general Cáceres, sub- 



ARA 



- 42 - 



ARA 




Dr. Felipe Arana. 



levado contra las autoridades legales de esa 
provincia. Retiróse después de toda esa larga 
campaña a Buenos Aires, en 1870, siendo agre- 
gado a lapinna mayor disponible. 

Arana (Felipe de). Jurisconsulto. Nació en Bue- 
nos Aires, el 28 de agosto de 1789. Cursó sus 
estudios en la 
misma ciudad, en 
el Colegio de San 
Carlos; más tarde 
se doctoró en Le- 
yes, en la Univer- 
sidad de San Fe- 
lipe, en Chile. En 
1810 figuró entre 
los partidarios 
del movimiento 
emancipador, y 
asistió al cabildo 
abierto el 22 de 
mayo. En 1815 se 
le ve aparecer en la Junta de Observación, y 
contribuyó en ésta al derrocamiento de Bal- 
caree. Nombrado miembro de la Comisión de 
Secuestros, demostró sus cualidades de juris- 
consulto. Ocupó una banca en la Legislatura 
de su provincia y la presidencia de la misma 
en 1828. Miembro de la Junta Consultiva de 
gobierno. Afiliado al partido federal, fué ca- 
marista el 5 de marzo de 1830, y más tarde mi- 
nistro de Relaciones exteriores de Rosas, el 
20 de abril de 1835, en cuyo período lo acom- 
pafíó hasta su derrocamiento. Retirado a la 
vida privada, falleció en Buenos Aires, el 1 1 
de julio de 1865. 

Araoz (Bernabé). Gobernador de Tucumán 
en 1821. Era un hacendado acomodado, y per- 
tenecía a la numerosísima familia de los Araoz, 
la cual desde la revoluc ón de 1810 se declaró 
en su favor con el más ardiente entusiasmo. 
«■•Carecía Araoz de cualidades para militar; pero 
su grande inclinación al mando le hizo aceptar 
el grado de coronel de Milicias, c< n que asis- 
tió a la acción de Salta, única en que se halló 
personalmente, como espectador más bien que 
como jefe de un cuerpo de tropas. Era amigo 
de prometer mucho, pero poco delicado para 
cumplir su palabra. Su única pasión era la de 
mandar como caudillo suave y poco inclinado 
a la crueldad.» Enemigo de Ibarra, gobernador 
de Sxntiago del Estero, fué perseguido por 
é.ste, a quien debió la mayor parte de sus des- 
gracias. Intrigados, y a su vez auxiliados por 



Ibarra, los enemigos de Araoz hacían con- 
tinuas sorpresas a Tucumán, y si eran recha- 
zados volvían a rehacerse en Santiago, que 
sólo dista cuarenta leguas, para preparar otras 
nuevas. Fué fusilado el 21 de mayo de 1824. 

Araoz (Daniel). Nació en Jujuy, en el ailo 1826. 
Médico. Pasó luego a Europa a perfeccionar 
sus estudios. De regreso a su provincia, ejer- 
ció con gran acierto y desinterés su noble pro- 
fesión. Ocupó un asiento en el Congreso que 
se reunió en el Paraná. Fué gobernador de su 
provincia en 1863, donde hizo un gobierno li- 
beral y progresista. Senador al Congreso; fa- 
lleciendo durante el receso de 1875, en la ciu- 
dad de Salta. 

Araoz (Pclro Miguel de). Sacerdote; signatario 
del acta de la independencia. Nació en la ciu- 
dad de Tucumán, en 1777. Hizo sus estudios en 
Buenos Aires, hasta obtener el título de duc- 
tor en Teología. Durante dos aflos dictó la cá- 
tedra de Filosofía en San Carlos. Vuelto a su 
ciudad natal, fué nombrado cura rector de la 
iglesia matriz. Prestó muchos servicios a la 
c;uisa de la revolución de mayo, siendo pre- 
ceptor después de su sobrino, el más tarde ge- 
neral Laniadrid. Electo diputado al Congreso 
general Constituyente de Tucumán en 1816; 
fué uno de los firmantes del acta de la inde- 
pendencia. Falleció en 1832, en su provincia 
natal. 

Aratá (combute). Guerra del Paraguay, 4 de 
mayo de I8(j8. Con el fin de apresurar las ope- 
raciones del ejército aliado contra el Para- 
guay y de estrechar del todo al ejército de 
López, el marqués de Caxias ordena la ocu- 
pación del Chaco por una división argtíntina al 
mando de Rivas y otra brasileña a las órdenes 
del coronel JoSo do Regó Barras Falcáo. Una 
columna paraguaya lleva un formidable ataque 
a los aliados, precisamente por el flanco que 
ocupaban los brasileños; pero éstos se baten 
heroicamente y rechazan al enemigo, dejando 
el campo sembrado de cadáveres y de armas 
de los paraguayos. 

Araujo (Francisco). Fundador de la iglesia de 
San Nicolás de Bari (capital federal). Adquirió 
el terreno y edificó el templo a su costa, por los 
años de 1740. Habiéndose promovido después 
el pensamiento de establecer un monasterio de 
religiosas capuchinas en esta ciudad, hizo con 
este fin donación de su iglesia y del terreno en 
que se hallaba edificada, con la única condi- 
ción de que «debía obtenerse la autorización 



ARA 



del rey para la erección del convento dentro del 
término de seis años». No se estableció, sin em- 
bargo, allí, sino en la iglesia de San Juan (Al- 
8ina y Piedras), «por no ser adecuado el edifi- 
cio y hallarse situado en los arrabales de la ciu- 
dad. > 
Ara^jo (José Joaquín). Periodista. Nacido en 
Buenos Aires, en 7 de enero de 1762, y cursó 
sus estudios en San Carlos hasta terminar el 
curso de Fiiosofia. Ingresó como meritorio en 
Contaduría, y en sucesivos ascensos llegó has- 
ta escribiente de las Cajas Reales en 1812. Fué 
el autor de la Guia de forasteros del virreinato 
de Buenos Aires, obra notable en su género, 
cuyos datos fueron tomados en su mayor parte 
de los archivos públicos. Fué nombrado por 
Pueyrredón miembro de una Comisión de defen- 
sa de costas en caso de ser invadidos por un 
ejército español. Murió el 18 de mayo de 1835, 
en esta capital. 
Arcamendia (Domingo de). Uno de los sesenta 
y cuatro primeros pobladores de Buenos Aires 
que acompañaron el 11 de junio de 1580 al ge- 
neral D. Juan de Garay. De éste sólo se sabe 
que era criollo y que en el repartimiento de 
tierras que hizo el fundador le tocó una suerte 
de tierras de cuatrocientas (400) varas de fren- 
te por una legua de fondo en las inmediacio- 
nes de esta ciudad, y otra suerte de tierras, 
para estancia, se le adjudicó sobre el río Lujan. 
Arce y Soria (Alonso de). Militar. Natural de 
España; reemplazó a D. Manuel de Velasco 
en 1714 en su cargo de gobernador de Buenos 
Aires. Entró a desempeñar esa función el 19 
de mayo de 1714, ejerciéndola durante seis me. 
ses. Su muerte, acaecida el 20 de octubre 
del mismo año, ocasionó serios disturbios con 
motivo de la posesión del gobierno, de tal ma- 
nera, que Arce vino a hacerse célebre en Bue- 
nos Aires por haber tenido lugar en ocasión 
de su muerte la primera contienda civil. 
Arce (Esteban). Revolucionario del Alto Perú. 
Cuando estalló el movimiento de mayo era 
oficial de un cuerpo de Milicias de Cochabam- 
ba, gozando, no obstante la inferioridad de su 
rango, de gran influencia entre sus soldados y 
el vecindario. Se atrajo a la causa de la inde- 
pendencia varias ciudades y departamentos; 
levantó un ejército en Oruro; expedicionó a 
Chuquisaca; obtuvo una victoria en Aroma so- 
bre el coronel español Piérola; derrotó al co- 
mandante Badillo en el cerro de Pintacala; 
rindió en Chayanta a otro destacamento rea- 



- 43 - ARC 

lista y prosiguió con generoso ardimiento una 
lucha tenaz y gloriosa contra las armas espa- 
ñolas, en el período más y más crítico de la re- 
volución. La Junta de Buenos Aires premió sus 
primeros esfuerzos en favor de la causa ame- 
ricana extendiéndole los despachos de coro- 
nel y de comandante general de la provincia 
de Cochabamba. 

Arce (José de). Misionero del siglo xviii, de la 
Compañía de Jesús. En 1690 se internó, en 
unión del jesuíta Cea hasta las salinas situa- 
das al Norte del río Pilcomayo, y organizó allf 
dos reducciones: Tariquea y Presentación, 
jurisdicción de los chiriguanos y en la vecin- 
dad de los Andes y del río Parapití. De allí 
pasó Arce a Santa Cruz de la Sierra, en 1692. 
de donde le llamaron varias tribus de Chiqui- 
tos para recibir el Evangelio. Durante el go- 
bierno de Inclán se sublevaron diversas tribus 
de indios, y Arce, con riesgo de su vida, llegó 
hasta ellos, logrando ajusfar la paz. Este infa- 
tigable misionero fué bárbaramente asesinado 
por los indios payaguás. 

Arce (Pedro Núñez de). Inspector de armas en 
la época de la primera invasión inglesa al Río 
de la Plata, en la administración del virrey So- 
bremonte. En Barracas, Arce salió al encuen- 
tro de los ingleses al frente de cuatrocientos 
hombres mal armados y peor disciplinados, que 
a las primeras descargas se dispersaron com- 
pletamente, dejando abandonados sus tres ca- 
ñones. Pasado a Montevideo con alguna tropa, 
contribuyó a su defensa; pero tomada la plaza. 
Arce cayó entre los prisioneros. 

Arcos (Antonio). Ingeniero y coronel de la inde- 
pendencia; natural de Andalucía. Estaba en 
Estados Unidos cuando estalló la revolución 
de mayo, y se vino a Buenos Aires. Pasó luego 
a Mendoza, donde el general San Martín orga- 
nizaba su ejército, con quien contrajo amistad, 
y en prueba de sus conocimientos técnicos, 
nombróle oficial de su Estado Mayor. Arcos 
aceptó este puesto y prestó en seguida impor- 
tantísimos servicios reco riendo la cordillera 
con peligro de su vida e instruyendo a San 
Martín sobre sus pasos difíciles y otros obs- 
táculos que era preciso vencer para no expo- 
ner al ejército en la colosal empresa que tan 
buenos resultados estaba destinada a dar. Em- 
prendido el paso de los Andes, D. Antonio 
Arcos comandaba las avanzadas, a cuyo fren- 
te, y obedeciendo las órdenes de San Martín, 
tuvo la gloria de poner en completa fuga a un 



ARC 



44 



ARE 



fuerte destacamento del enemigo en las Achu- 
pallas, el 4 de febrero de 1817. Asistió a la 
batalla de Chacabuco en calidad de sargento 
mayor, y encontróse en el desastre de Cancha 
Rayada. Separado luego del ejército, se esta- 
bleció en Chile, desempeñando la proveeduría 
del ejército. Años después partió para Fran- 
cia, estableciéndose en París, en cuya ciudad 
falleció. 

Arcos (Santiago), ingeniero y escritor, hijo del 
anterior. Nació en Santiago de Chile, en \&¿2, 
y fué educado en Inglaterra. De carácter vivo y 
turbulento, tomó en Chile una parte activa en 
las luchas políticas; fué desterrado y no volvió 
más a su patria, pasando a la Argentina, donde 
se mezcló en los sucesos de la época. Sarmien- 
to dice que asistió a las batallas de Caseros y 
Cepeda. Instruido y ameno, Arce estaba vin- 
culado con los hombres más notables de la Re- 
pública, por la que tenía una predilección es- 
pecial. Era ingeniero, músico y dibujante. Su 
obra más notable es la que escribió en francés 
bajo el título La Plata, étude historique. Se 
suicidó en París, arrojándose al Sena, en 1874. 

Ardiles (Miguel de). Conquistador del siglo xvi. 
Este famoso capitán español, llamado por Lo- 
zano «la primera persona entre los conquista- 
dores, después del general Núflez del Prado», 
nació en 1515, principiando su carrera en Amé- 
rica, en el ejército del licenciado Vaca de Cas- 
tro, donde se acreditó como oficial valiente y 
distinguido. Había tomado ya una parte activa 
en la conquista del Perú cuando, emprendida 
la de Tucumán por Diego de Rojas, acompa- 
ñóle Ardiles, que reveló en esta ocasión resis- 
tencia para las mayores fatigas y padecimien- 
tos. En esa desgraciada empresa fué Ardiles 
el amparo de sus compañeros de armas, a 
quienes proporcionó todos los recursos nece- 
sarios para el ali- 
vio de sus necesi- 
dades. Fué un 
hombre prudente, 
de mucho valor y 
sumamente bon- 
dadoso. 

Arenales (José 
Antonio Alvarez 
de). Brigadier ge- 
neral de las pro- 
vincias unidas del 
Río de la Plata, 
mariscal de cam- Alvarez de Arenales. 




po y benemérito de la Legión de Honor de 
Chile y gran mariscal del Perú. Nació en Es- 
paña, el 13 de junio de 1770, donde también 
empezó su carrera militar. Llegó a Buenos 
Aires en 1789. Cuatro años después fué en- 
viado a Bolivia, a la provincia de Orque, 
como juez subdelegado, con el grado de te- 
niente coronel, demostrando allí condicio- 
nes de administrador. En 1809 actuó en la re- 
volución de Chuquisaca, movimiento con el 
cual simpatizó, y nombrado por la Audiencia 
comandante general de armas, organizó sus 
fuerzas, siendo más tarde depuesto y encarce- 
lado, sufriendo la confiscación de sus bienes. 
En 1812 tomó una participación activa en los 
movimientos revolucionarios encabezados por 
el general Belgrano. La ciudad de Salta fué 
tomada y lo nombró gobernador intendente, lo 
mismo que la de Cochabamba, en 1813. En 1814 
triunfó en la Florida, donde fué herido. En 1820 
se incorporó al ejército del general San Mar- 
tín, en el que desempeñó un papel lucidísimo 
en todas las campañas, triunfando en fea, 
Nazca, Huamanga, Jauja, Gauna y Rasco. 
En 1825 batió los últimos restos de las fuerzas 
realistas que quedaron después de la batalla 
de Ayacucho, y desempeñó nuevamente el go- 
bierno de Salta. Desde 1810 hasta 1825 no hubo 
casi encuentros, combates ni batallas en que 
no se encontrara Arenales, tanto en Chile y 
Perú como en la Argentina. En 1831 emigró de 
Salta a Bolivia, para de este modo no presen- 
ciar los estragos de la guerra civil; pero en el 
camino fué sorprendido por una grave enfer- 
medad, víctima de la cual falleció en Marayá, 
el 4 de diciembre de 1831. «Este hombre, aus- 
tero en sus costumbres, estoico por tempera- 
mento y tenaz en sus propósitos, reunía a las 
virtudes cívicas del ciudadano los talentos del 
administrador y las calidades que requiere el 
mando militar en circunstancias difíciles.» «El 
general Arenales, sin dejar de tener un cora- 
zón bondadoso, generoso y noble, tenía el de- 
fecto de ser poco cortesano, urbano, amable; 
era hombre de una pieza, inflexible, como no 
hemos tenido otro jefe, y para que se forme 
juicio de su persona, séame permitido diseñar 
algunas de sus costumbres. En la campaña de 
la Sierra no tenía más que un solo ordenanza, 
que cuidaba su caballo de batalla, su muía de 
marcha y su equipaje, que estaba contenido en 
dos petacas, y nada más. El, por sus manos, 
ensillaba y desensillaba su muía y no consen' 



ABR 



45 - 



ABR 



tía que ningún otro se lo hiciera; sabia herrar 
perfectamente, y, por consiguiente, él herraba 
su caballo y su muía; en las marchas cargaba 
un par de alforias en su silla, en las que lleva- 
ba una servilleta con pan y queso, un jarro de 
plata, un pedazo de carne cocida o asada y un 
poco de maíz tostado: éste era su alimento fa- 
vorito. En los descansos que daba a la colum- 
na en las marchas se apartaba un poco del ca- 
mino, le quitaba la brida a su muía, bajaba sus 
alforjas y almorzaba o tomaba algo.» «El gene- 
ral Arenales— dice Mitre— fué uno de los hom- 
bres más extraordinarios de la revolución ar- 
gentina.» 

Arenales (José Ildefonso Alvarez de). Hijo 
del anterior. Coronel. Nació el 5 de febrero 
de 1798, en San Antonio de Arque (Alto Perúj. 
Estudió Matemáticas en Buenos Aires, incor- 
porándose al servicio de las armas en mayo del 
año 17, en calidad de subteniente de ingenieria. 
Fué ayudante mayor de San Martín en la ex- 
pedición al Perú. Representante de Salta en el 
Congreso del año 26, ocupando después la co- 
mandancia militar de la Ensenada, donde sos- 
tuvo dos ataques de las fuerzas navales del 
Brasil: uno con los fuegos de la batería en de- 
fensa de un bergantín que embicó cerca de ella, 
y el otro con destacamentos de la guarnición 
en Punta de Lara. Dejó varias obras. Falleció 
en Buenos Aires, el 18 de julio de 1862. 

Arenas (Martin). Militar. Nacido en Buenos Ai- 
res, el 11 de noviembre de 1808. A los catorce 
años principió su carrera militar en el batallón 
de Fusileros, cursando Matemáticas el año si- 
guiente en el Colegio de Ciencias Morales. En 
la guerra del Brasil era subteniente del 2.° de 
Fusileros. Se le mandó con 58 hombres a tripu- 
lar la goleta 25 de Mayo, que era uno de los 
buques de la escuadra nacional comandada por 
Brown. A bordo de este buque tomó parte en 
la acción del 9 de febrero de 1826, en el cana 
exterior, y asistió al ataque de la Colonia el 26 
del mismo. En este último tuvo el sentimiento 
de ver caer las dos terceras partes de sus com- 
pañeros, siendo él mismo herido en la cabeza 
por una astilla. Recibió un ascenso. Hizo toda 
la campaña del Brasil, encontrándose en la ac- 
ción del Ombú y poco después en Ituzaingó, 
donde adquirió los honores que se decretaron 
a los vencedores de esta última batalla. En 1829 
hizo una campaña contra los indios. Asistió al 
sitio de Montevideo, a la batalla de Sauce 
Grande (Entre Ríos), donde ascendió al grado 



de sargento mayor. Se halló en Caseros de 
lado del libertador. Después de prestar otros* 
servicios de mérito fué ascendido a coronel en 
marzo de 1853. En la guerra del Paraguay fué 
jefe del 2.° batallón de la 2.* división Buenos 
Aires. Falleció en Buenos Aires, durante la epi - 
demia de la fiebre amarilla, el 28 de marzo 
de 1871. 

Aren^een (Juan). Militar. Nacido en Alemanis, 
donde dio principio a su carrera, y con el gra- 
do de oficial pasó a Chile, en cuyo ejército 
revistó como capitán hasta el año 1826, época 
en que pasó a la Argentina, y como capitán de 
Artillería tomó parte en la guerra contra el 
Brasil. Se halló en ¡tuzaingó, donde se com- 
portó valerosamente; hizo la campaña del in- 
terior con el general Paz, batiéndose con bra- 
vura en la Tablada y Oncativo, en los años 
de 1829 y 1830, respectivamente. Tomado pri- 
sionero el general Paz, pasó a servir a las ór- 
denes de Lamadrid en 1831, con la graduación 
de coronel, batiéndose en la batalla de la Ciu- 
dadela, de Tucumán, contra Quiroga, el 4 de 
noviembre de 1831, donde perdió la vida por 
un balazo que le atravesó el cuello, en mo- 
mentos en que dirigía puntería sobre un obús 
de metralla. 

Areqnipa (toma de). En la campaña del Perú, 
la caballtría del ejército del general Sucre, al 
mando del general Miller, iba a la vanguardia 
de la expedición contra Arequipa. El coman- 
dante Sucre, que marchaba al frente de la 
fuerza exploradora, lleva un rápido ataque 
contra las tropas españolas, que las mandaba 
el coronel Ramírez, y las derrota, tomando la 
ciudad, que este jefe defendía al frente de cer- 
ca de 1.000 hombres. Esta hazaña la hace el 
comandante Suárez con un puñado de solda- 
dos, que era una parte de las fuerzas argen- 
tinas. Esta acción tuvo lugar el 30 de agosto 
de 1823. 

Areqnito (sublevación de). En la posta de Are- 
quito, provincia de Santa Fe, tuvo lugar en la 
mañana del 10 de enero de 1820 una conjura- 
ción en el ejército auxiliar del Perú, al mando 
del general Francisco Fernández de la Cruz, 
que por orden del Gobierno regresaba del Alto 
Perú hacia la ciudad de Buenos Aires. Este 
ejército se componía aproximadamente de 
3.000 hombres. Era jefe del Estado Mayor don 
Juan B. Bustos, a quien el director, en premio 
del combate de la Herradura, lo había elevado 
al rango de general. Este jefe y todos los se- 



ARE 



46 



ARG 



gundos en el mando de los cuerpos venían 
desde Córdoba combinados para sublevar el 
ejército. Los móviles de estos jefes eran dis- 
tintos: en unos la ambición personal o los in- 
tereses de partido; en otros, el deseo de no 
emplear sus armas en la guerra civil (1). El 
ejército entró en territorio santafecino a prin- 
cipios de enero de 1820; el día 10 se reunió el 
comandante Paz, que con su escuadrón de dra- 
gones había quedado en comisión a retaguar- 
dia, y todo él acampó ese día en la posta de 
Areqaito. A media noche fueron arrestados el 
general en jefe; el coronel D. Blas Pico, jefe 
entonces del número 3; el coronel Pinto, del 
numero 10; los comandantes Domínguez, de 
Cazadores, y Morón, del número 2; los coro- 
neles Zelaya y Lamadrid, jefes de los dos re- 
gimientos de caballería. Sus segundos tomaron 
el mando de los cuerpos; el coronel Heredia 
fué nombrado jefe de Estado Mayor, y Bustos 
se puso en marcha de regreso hacia Córdoba, 
después de parlamentar con las partidas mon- 
toneras que estaban a su frente. Cuando la 
noticia de este suceso llegó a Mendoza, el ge- 
neral San Martín salió precipitadamente para 
Chile, ordenando al coronel Alvarado que lo 
siguiese inmediatamente con sus fuerzas, antes 
que el contagio del mal ejemplo se inoculase 
en sus filas. Alvarado pudo repasar los Andes 
con los granaderos a caballo; pero el famoso 
regimiento de Cazadores que estaba en San 
Juan fué sublevado por un mayor, Mendizábal, 
y se disolvió. 
Aresti (fray Cristóbal de). Obispo de Buenos 
Aires; natural de Valladolid. España, y religio- 
so de la orden benedictina. Era un sacerdote 
virtuoso y caritativo. Cuando los mamelucos 
y tupies, aliados a los portugueses, atacaron 
a la ciudad de Villarica, provincia del Guayré, 
excitaba el entusiasmo de sus defensores «ex- 
poniendo su pecho a las balas con ardor intré- 
pido). Aresti enarboló como ensefia de com- 
bate un crucifijo, y «cuando la defensa se hizo 
imposible salió capitaneando a los vecinos y 
los libró de su ruina trasladando la población 
a sitio más seguro». En 1635 fué electo obis- 
po de Buenos Aires, donde ejerció su ministe- 



(I) Los jefes que tuvieron parte activa en el movimien- 
to de Arequllo, fueron: el general Bustos; el coronel don 
Alejandro Heredia; el mayor Jiménez, de Dragones; el 
mayor Castro, del número 2; y el comandante D. J. M. Paz 
'Memorias del general Paz. T. II pág. 24.) 



rio sin recibir las bulas de su traslación. Fa- 
lleció en Potosí, en 1638. 

Arévalo (Domingo Soriano). Coronel de la in- 
dependencia. Nacido en Buenos Aires, el 14 de 
septiembre de 1783. En la segunda invasión 
inglesa a esta capital se alistó en uno de los 
batallones que combatieron a las tropas britá- 
nicas. Asistió a las batallas de Tucurnán y de 
Salta. En 1812, siendo ya capitán, hostilizó con 
ciento cincuenta hombres a algunos grupos 
realistas del Alto Perú (Bolivia», siendo as- 
cendido a sargento mayor, y en 1814 recibió el 
grado de teniente coronel. Fué nombrado te. 
niente gobernador de Tarifa; pero ejerció muy 
breve tiempo este empleo, volviendo a incor- 
porarse el año 15 al ejército de Rondeau. Se 
halló en el desastre de Sipe-Sipe; combatió 
contra los caudillos Ramírez y Carreras, y con 
éxito a los indios. Murió en el pueblo de Lo- 
bos, provincia de Buenos Aires, el 18 de febre- 
ro de 1834. 

Argfandoña (Pedro de). Obispo del Tucurnán, 
electo en 1745. Fué un sacerdote virtuoso e 
ilustrado, que se preocupó exclusivamente del 
bienestar de su iglesia y del estricto cumpli- 
miento de sus deberes episcopales. Celebró 
durante su gobierno dos Concilios sinodales 
en la ciudad de Córdoba; visitó repetidas ve- 
ces su diócesis e hizo laudables esfuerzos para 
mantener la más rígida disciplina en la admi- 
nistración de los negocios espirituales. En 1761 
fué promovido al arzobispado de Charcas. 

Argandoña (Tomás Félix de.) Gobernador del 
Tucurnán. Nacido en Cádiz. Sirvió en los ejér- 
citos de España, pasando después a América 
para desempeñar el cargo de corregidor en la 
ciudad de Guayaquil. Tomó posesión de su 
cargo en marzo de 168G, terminando su perío- 
en 1691. Fué un mandatario probo y justiciero, 
empleando una parte de su fortuna en la cons- 
trucción de la catedral de Santiago, y solicitó 
de la corte el permiso para destinar de la Real 
Caja de Córdoba la cantidad de seiscientos pe- 
sos anuales en favor de la Compañía de Jesús, 
a la que consagró durante su gobierno la más 
decidida protección. De Tucumán pasó al Ca- 
llao, nombrado capitán general de esta plaza, 

Argañaraz y Murg^fa (Francisco). Nacido en 
Guipúzcoa, región de España, en el año 1561. 
Fundador de la ciudad de Jujuy. Vino a Amé- 
rica en 1581, a los veinte años de edad, deseo- 
so de adquirir gloria en la carrera de las ar- 
mas. Militando a las órdenes del gobernador 



ARG 



— 47 - 



ARG 



del Tucumán, D. Juan Ramírez de Velasco, 
fué elegido pnra fundar el pueblo de San Sal- 
vador de Jujuy, que llevó a cabo en 1593, a 
pesar de la obstinación de los indios comarca- 
nos, humaliuacas, purmamarcas y tumbayas, 
de raza quichua. 

Argerich (Cosme). Fundador de la Escuela de 
Medicina de Buenos Aires. Nació en esta ciu- 
dad, el 26 de septiembre de 1758. De muy corta 
edad fué llevado a España a seguiré! estudio 
de la Medicina, donde cursó con brillo hasta 
obtener el título de doctor. De vuelta a su ciu- 
dad natal, perteneció a la Hermandad de Cari- 
dad en 1795, al Hospital de mujeres y Casa de 
Huérfanos, y fué nombrado en ISOO para diri- 
gir la cátedra de Medicina en esta ciudad, en- 
señando igualmente química, física v botánica, 
y el I de marzo de 1802 logró inaugurar la 
Escuela de Medicina, que regentó con digni- 
dad y sabiduría. El primer curso dictado por el 
Dr. Argerich terminó en 1806, produciendo los 
profesores que en la guerra de la independen- 
cia han ocupado nuestros ejércitos y llenado 
con gloria y honor los diferentes destinos de la 
medicina militar. En 1806 y 1807 prestó servi- 
cios profesionales y también militares en el 
rechazo de las tropas británicas. En 1810 tomó 
participación en el movimiento de mayo, sif;n- 
do uno de los concurrentes al cabildo abierto 
del día 22. Al año siguiente era nombrado con- 
juez del Tribunal del Protomedicaco, y en 1813 
asistió al combate de San Lorenzo, practican- 
do la primera cura al general San Martín. Fué 
después nombrado jefe y director del Instituto 
Médico, creado en reemplazo de la primera Es- 
cuela de Medicina, que él fundara, desempeñan- 
do cuyo puesto falleció, el 14 de febrero de 
1820. Sus restos fueron depositados en el tem- 
plo de San Francisco y exhumados tres años 
después, para ser trasladados al cementerio de 
la Recoleta. Era Argerich de un carácter dulce 
y de un espíritu vehemente, benévolo, bonda- 
doso y desinteresado; de una erudición vasta y 
profunda, aunque dotado de un extremado 
amor propio. 

Argerich (Francisco Cosme). Hijo del anterior. 
Doctor en Medicina. Fué catedrático de varias 
asignaturas en la Facultad de Medicina de esta 
ciudad, desempeñándolas con laboriosidad y 
acierto. Miembro de la Asamblea del año 13. 

Argerich (Luis). Militar. Nacido en Buenos Ai- 
res, a fines del siglo xviii. Comenzó su carre- 
ra militar, en clase de cadete, el año 1310; en 



ese mismo año fué promovido a alférez del re- 
gimiento 3.° de arribeños, y marchó a la cam- 
paña del Estado Oriental, donde se bat'ó en la 
batalla del Cerrito, el 31 de diciembre de 1813, 
y al año siguiente se halló en la toma y rendi- 
ción de la plaza de Monteoideo. Posteriormen- 
te desempeñó diversas comisiones de confian- 
za, dándosele la dirección del Parque de Arti- 
llería. El 9 de agosto de 1826 fué promovido a 
teniente coronel, retirándose de la dirección 
del parque para tomar parte en la campaña 
contra el Brasil hasta su terminación. En 1833, 
siendo coionel, regentó nuevamente el Parque 
de Artillería. Fué electo diputado a la Legisla- 
tura de Buenos Aires en 1834 y reelecto en los 
períodos sucesivos de 1835 a 1833. Poco des- 
pués falleció, en Buenos Aires. 
Argerich (Manuel G.). Abogado y hombre polí- 
tico. Sobrino del Dr. D. Cosme Argerich. Na- 
cido en Buenos Aires, el 15 de junio de 1835. 
Hizo sus primeros estudios en el convento de 
San Francisco e ingresó en la Facultad de Me- 
dicina a los diez y seis años, rindiendo a fines 
de 185? una lucidísima prueba de su primer año 
de estudios profesionale«, no obstante haber- 
los interrumpido varias veces en servicio públi- 
co. Después de Caseros la viruela comenzó a 
producir muchos estragos en el ejército, y se 
estableció con tal motivo un lazareto en el 
convento de la Recoleta, y Manuel Argerich, a 
pesar de su ingr so reciente al hospital, concu- 
rrió uno de los primeros a asistir y auxiliar a 
los enfermos. Tomó parte en la revolución de' 
// de septiembre, y después del asedio que su- 
friera Buenos Aires en el 53, donde actuó como 
simple soldado, ingresó en la Facultad de De- 
recho, sustituyendo al estudio de la Medicina 
el de las Leyes, más conforme, sin duda, a sus 
hábitos e inclinaciones. Se halló en Cepeda, en 
calidad de ayudante del entonces sargento ma- 
yor a D. José María Arredondo segundo jefe del 
batallón 2.° de línea. En medio de la batalla se 
baja del caballo, arroja la espada, y tomando 
unfusil se confunde entre sus soldado-;, a cuyo 
lado pelea con bizarría. Contrario al general 
Urquiza, fué uno de los que protestaron contra 
el pacto del 11 de noviembre. Contribuyó a la 
organización del batallón 6.° de línea, y con el 
grado de capitán hizo la campaña del 61 y asis- 
tió a la batalla de Pavón. Se halló en la Caña- 
da de Gómez. Obtenido el diploma de abogado, 
regresó a Buenos Aires, separándose desde 
entonces del servicio activo de las armas. Du- 



ARG 



+s 



ARI 



rante el cólera del 67 se consagró por comple- 
to al servicio de la caridad y del infortunio. 
Fué diputado varias veces a la Legislatura de 
la provincia y en el Congreso nacional. Duran- 
te la fiebre amarilla (1871) formó parte de la 
Comisión popular. En su apostolado de caridad 
y de amor no siente jamás la fatiga, que postra 
al cuerpo, ni el desaliento, que adormece al 
alma, y lucha hasta sucumbir, y el 25 de mayo 
de ese aflo moría víctima del flajelo, que había 
combatido con tanto ardor y valentía. 
Argvero (Luis María.) Militar. Nacido en Bue- 
nos Aires. Empezó a servir en la artillería. 
Durante la administración del general Viamon- 
te fué nombrado sargento mayor graduado. 
Marchó con el ejército de Rosas en la expedi- 
ción contra los indios, que llegó hasta el río 
Colorado. Acometido de una penosa enferme- 
dad, estuvo por un tiempo alejado del servicio 
militar. En el gobierno del general Pintos fué 
nombrado teniente coronel de infantería, ha- 
llándose en Cepeda y en Pavón. En la guerra 
del Paraguay tomó parte en varios hechos de 
armas, y en Curupayti, cayó mortalmente he- 
rido, el 18 de julio de 1866. 
Ar^rnibel (Andrés). Patriota de la independen- 
cia. Nació en Buenos Aires, en 1771 . A los nue- 
ve aflos de su edad sus padres le llevaron a 
Espafla para darle educación. Aunque ausente 
de su patria por espacio de cuarenta y cinco 
aflos, no la olvidó ni un momento. Cuando Es- 
pafla preparaba la formidable expedición de 
veinte mil hombres con destino al Río de la 
Plata, en 1819, Arguibel, en unión de D. To- 
más Pueyrredón, promovió la insurrección de 
la expedición, fracasando así las tentativas del 
Gobierno español. Regresó a su patria el 1825, 
y en el mismo arto de su llegada fué elegido 
diputado. 
Arias (Amaro L.). 
Militar. Ingresó en 
clase de soldado 
distinguido en el re- 
gimiento de Guar- 
dias nacionales, ge- 
neral Lavalle, en 
1865. Fué nombra- 
do portaestandarte 
de dicho regimien- 
to en noviembre 
del raismo año. 

Pasó después al 6." ogneral de Brigada D. Amat 
de infantería de lí- L. Arias. 




nea como subteniente; a guerra, el 24 de enero 
de 1866. Subteniente el 4 de octubre del misni» 
año. Teniente primereen 1867; ayudante mayor 
en 1868; capitán en 1869; sargento mayor en 
1873; teniente coronel en 1878; coronel en julio 
de 1884. Por decreto de 21 de septiembre 
de 1886 fué nombrado jefe del regimiento 1 .* 
de infantería de línea. Ascendido a general 
de brigada con fecha 27 de julio de 1890. Hizo 
la campaña del Paraguay, desde 1865 a 186(' 
las campañas del interior; toda la campar 
del 67, en persecución constante de los caudi- 
llos Várela, Legran, etc., hasta hacerlos pa. 
sar los Andes; contra López Jordán; batalla de 
Santa Rosa; combate de Punta del Monte; si- 
tio de Concepción del Uruguay; en la toma de 
villa Colón; defensa del Gobierno general 
en 1874; defensa de Gualeguai/ en 1876; revo- 
lución de 1880 en contra del gobernador de la 
provincia de Buenos Aires, Dr. D. Carlos Te- 
jedor; campañas del río Negro y Neuquen, per- 
maneciendo tres años al servicio de fronteras. 
Fué interventor de las provincias de Catamar- 
ca. Entre Ríos y jefe de las fuerzas de la inter- 
vención en la provincia de Santiago del Este- 
ro, y lo mismo en la de Buenos Aires. Ins- 
pector general de armas, etc. 
Arias de Correa (Margarita). Matrona ar- 
gentina, que durante la guerra de la indepen- 
dencia retiró sus dos hijos del colegio en que 
estaban y los presentó al Gobierno como sol- 
dados de la patria. Durante la sublevación de 
Quiroga fueron éstos víctimas de la goerra 
civil. 
Arias (Francisco Gabino). Explorador del Cha 
co. Nacido en Salta. Sucesor interinamente, 
por la muerte de Matorras, en el gobierno de 
la provincia del Tucumán, de 1775 a 1777. Ex- 
ploró el Chaco, en 1780, al frente de menos 
de cien hombres. Su campaña duró ocho meses, 
creando algunas reducciones que asegurasen 
la comunicación entre las provincias del Orien- 
te y Occidente. Fundó una en la laguna de 
Las Perlas y otra en Lancayé. Al llegar a 
este último punto fué acometido de una grave 
enfermedad, de la que casi murió. No fué pro- 
tegido por las autoridades, y falleció, muy po- 
bre y lleno de deudas, en 1793. 
Arias Hidalgo (Doctor José Antonio). Natural 
de Salta. Acompañó a su padre, D. Francisco 
Gabino Arias, en su expedición en 1781, en cla- 
se de auditor de Guerra. Escribió la Historia 
corográfica del Chaco, que no es conocida a 



ARI 



49 — 



ARM 



pesar de su importancia. Consta de trece par- 
tes: La primera versa sobre etimología de la pa- 
labra Ciíaco; la segunda, sobre la extensión de 
este territ.)rio; la tercera y cuarta tratan de 
los árboles, maderas y hierbas; la quinta, de las 
frutas silvestres y plantas útiles; la sexta y 
séptima, de los ríos; la octava, de los animales 
feroces; la novena, de las tribus que lo habi- 
taban; la décima comprende varias reflexiones 
para mejorar los planes antiguos; la undécima 
demuestra cuan inconveniente era acordonar 
el río Bermejo desde Corrientes a Salta con 
villas y reducciones; la duodécima trata de los 
mataguayos, chumuquíes, tobas y mocobies, y 
en la última habla de los ríos de Jujuy, Tarija 
y Grande. (D. B. Nacional.) 
Arlas (Manuel Eduardo). Coronel. Natural de 
Jujuy. Hábil guerrillero de la independencia, 
a la que ha dado páginas gloriosas. Conocía 
palmo a pJ.mo el territorio de su provincia; 
ejercía gran prestigio entre los gauchos, y se 
hallaba dotado de relevantes cualidades de 
carácter y de valor, circunstancias que concu- 
rrieron naturalmente a hacer de él uno de los 
más vigorosos sostenedores de la revolución. 
En 1817, al frente de 150 hombres, tomó por 
asalto y a viva fuerza el pueblo fortificado de 
Humahuaca, que defendían los realistas, con- 
siguiendo por trofeos de su heroico ataque 
86 prisioneros, siete piezas de artillería, ga- 
nados, etc., tomando además una bandera del 
afamado regimiento de Picoaga. Este triunfo 
desconcertó los planes de los realistas, que 
preparaban en aquel año una invasión formi- 
dable al territorio argentino. Combatió poste- 
riormente, al servicio del Gobierno de Tu- 
cumán, contra Güemes, Heredia e Ibarra, pa- 
sando el año 1823 a su provincia natal, ame- 
nazada de graves disturbios locales; pero lle- 
gado apenas a Jujuy, fué asesinado por los 
autores de la revolución que estalló en aquella 
ciudad en junio 23 ("el mismo año, y que dio 
en tierra con el gobierno del coronel Dávila. 
Arias (Tomás). Gobernador de la provincia de 
Salta. Nació en 1804, en dicha provincia. Fué 
presidente del Banco Argentino establecido 
en Rosario de Santa Fe. Senador al Congreso 
de la nación y ministro de Hacienda bajo la 
administración del Dr. D. Santiago Derqui. 
Falleció en Salta, en 1863. 
Armas (argentinas) La Asamblea general Cons- 
tituyente del Río de la Plata decreta el es- 
cudo de armas nacionales el 13 de marzo del 

DlC. HlST. BlOGR. 



año 1813, en la forma siguiente: Un óvalo en 
posición vertical y dividido por el medio con 
una línea horizontal, siendo la parte superior 
sombreada y blanca la inferior, cruzada ésta 
por dos manos entrelazadas en signo de alian- 
za, que sostienen una pica con el gorro frigio 
de la libertad en su extremo, estando orlado 
con la oliva de la paz y el laurel de la victoria, 
con esta divisa: «En unión y libertad», y sir- 
viendo de coronamiento un sol naciente. 

Armasa y Arregui (Juan de). Gobernador de 
la antigua provincia del Tucumán; era natural 
de Buenos Aires y sobrino de los obispos Arre- 
gui. Fué educado en el Colegio de Montserrat, 
en la ciudad de Córdoba. Después de haber 
ejercido el cargo de corregidor en la ciudad 
del Cuzco, se trasladó a España, donde perma- 
neció durante algunos anos, regre---ando a su 
país investido con el cargo de gobernador de 
Tucumán. Su nombramiento fué mal recibido y 
dio origen a graves conmociones, que amaga- 
ron la tranquilidad y el bienestar de la provin- 
cia. Preocupado Armasa en combatir las resis- 
tencias que levantara su persona, descuidó por 
completo sus deberes y negocios administrati- 
vos, dando margen con su inacción a una de 
las más cruentas y formidables invasiones de 
los naturales que recuerdan los anales de la 
historia local de aquel territorio. «Mientras 
que el gobernador se entretenía en sus ven- 
ganzas, dice Funes, los bárbaros del Chaco se 
aprovechaban de la discordia para lograr las 
suyas. Las poblaciones vecinas a las fronte- 
ras lloraron muchas desgracias; pero ninguna 
igualó a la que sufrió Salta en medio de sus 
querellas. Fué en estas circunstancias cuando, 
invadido su fértil valle el 5 de enero de 1735, 
murieron cerca de trescientas personas, caye- 
ron otras en cautiverio y perdieron muchas sus 
haciendas.» «En las demás fronteras, agrega el 
padre Lozano, causaron repetidas y frecuentes 
desgracias, robando, cautivando y matando a 
su placer cuantos pudieron, que han sido mu- 
chos. o La ineptitud e indolencia de Armasa mo- 
vieron al virrey del Perú a solicitar de la 
Audiencia de Charcas su inmediata remoción, 
nombrando ésta para reemplazarle, a fines 
de 1735, al teniente general Martín de Anglés. 

Armenta (Bernardo). Misionero apostólico del 
siglo XVI, de la Orden seráfica. Vino al Río de 
la Plata en la expedición de D. Alonso de Ca- 
brera y en compañía de otros cinco frailes de 
la misma Orden, con el propósito de evangeli- 

4 



ARM ^ - 

zar los liabitantes de estas regiones. Entró por 
uno de los puertos del Brasil, con sus compa- 
ñeros de misión, de los cuales era superior, lle- 
gando hasta Buenos Aires y pasando después 
al Paraguay. Durante la travesía bautizó a mu- 
chos millares de indios, a cuya conversión se 
dedicó con decidido afán valiéndose de intér- 
pretes mientras aprendía el idioma indígena. 
Se distinguió en la catequización de los indios 
por 1h dulzura y buen trato que les prodigaba, 
interesándose pot su suerte, como lo demues- 
tra el siguiente párrafo que copiamos de una 
carta suya: «Asimismo sería necesario que nos 
enviasen algunos labradores y artesanos de 
toda clase, para que ejerzan aquí sus oficios; 
su cooperación sería mucho más útil que la de 
los soldados, siendo como es más fácil atraer 
a estos salvajes por medio de la dulzura que 
por medio de la fuerza.» «Estas palabras del 
humilde franciscano, dice el Dr. Quesada, es- 
critas en 1538, encierran el único medio de ter- 
minar las luchas de estas razas, atrayendo a 
esos pobres indios a la vida sedentaria, primer 
escalón para su futura civilización.» Era comi- 
sario y prefecto de misiones en el Plata, y fué 
el verdadero fundador del convento de francis- 
canos en Buenos Aires. En la Reoista de Bue- 
nos Aires se ha publicado por el infatigable y 
laborioso Dr. Quesada una exposición del pa- 
dre Armenta dirigida desde el puerto de San 
Francisco a Juan Bernal Díaz de Lugo, miem. 
bro del Consejo de Indias, en donde el virtuoso 
fraile da cuenta de las peripecias de su viaje, 
recibimiento que le hicieron los indígenas, dis- 
posición favorable de éstos y primeros trabajos 
evangélicos qi'e practicaron. 
Armstrong (Clara I.) Educadora norteameri- 
cana. Nacida en el año 1847. Fué la primera 
maestra que, contratada por el Gobierno de 
Sarmiento, llegara a nuestro país, trayendo en 
idéntica misión educadora a otras muchas, que 
habían sido seleccionadas por ella y que fue- 
ron incorporadas a los establecimientos esco- 
lares de esta metrópoli. Ella fundó, organizó y 
dirigió durante varios años la Escuela Normal 
de Catamarca; contribuyó luego a la organiza- 
ción de la de San Nicolás de los Arroyos, y sus 
iniciativas y acción tuvieron una influencia con- 
siderable para acelerar el progreso de la ins- 
trucción pública. Era un bello espíritu y reunía 
todas las condiciones necesarias para llevar a 
cabo con eficacia la obra a la cual consagró 
una gran parte de su noble vida. Trabajó siem- 




General de División D 
M. Arredondo. 



José 



ARR 

pre con verdadera pasión y fué considerada en 
í- aquel tiempo como una educadora eximia. Dejó 
nuestro país en 1896, estableciéndose en Cuba, 
de donde llegaron varias veces noticias de su 
actuación eficiente. En la Exposición de Búfa- 
lo en 1901 fué directora de la sección Siste- 
mas educacionales y presidenta de la Delega- 
ción de maestras cubanas que asistieron a di- 
cha Exposición. Falleció en Los Angeles (Cali- 
fornia) el 21 de noviembre de 1915. 
Arredondo (José Miguel). Militar. Nació en el 
pueblo de Canelones, Estado Oriental del Uru- 
guay, en 1834. Muy 
joven aun se alistó 
en la división del 
general D. César 
Díaz, asistiendo a 
la batalla de Case- 
ros, donde concu- 
rrió con su esfuer- 
zo a la caída de 
Rosas. Se halló en 
Cepeda, Pavón, en 
el Tala, en las ex- 
cursiones contra 
los indios, y como 
oficial o como jefe 

su figura siguió destacándose. En Cepeda cú- 
pole la honra de cubrir la retirada del ejército 
de Buenos Aires, mandando personalmente el 
batallón 2° de línea. Durante la campaña de 
Paoón organizó el 6.° de línea, cuyo número, 
en los llanos del interior, en los esteros, en las 
trincheras paraguayas, se distinguió siempre 
por su valor y disciplina en los momentos de 
mayor peligro. Durante la guerra del Para- 
guay se comportó con bravura, principalmente 
en Curupaiti, que a la cabeza de la 2." división 
del ejército llegó hasta el borde de los pozos, y 
allí permaneció, recibiendo el más espantoso 
fuego que se haga mención en tan larga cam- 
paña, hasta que recibió orden de retirarse, ha- 
ciéndolo con toda calma. Derrotó al caudillo 
Juan Saa, en el interior, en el paso de San 
Ignacio, en 1867, que fué el golpe maestro so- 
bre el caudillaje, ganando allí las palmas de ge- 
neral. Combatió contra López Jordán. La re- 
volución de 1874 le contó entre sus filas, ven- 
ciendo al comandante Catalán en Santa Rosa 
y siendo vencido en la otra batalla del mismo 
nombre por el coronel D. Julio A. Roca. Tomó 
parte en la revolución del año 1880. En la cru- 
zada de los uruguayos contra el Gobierno de 



ARR 



ARR 



su país mandó en jefe el ejército revoluciona- 
rio, siendo derrotado en las puntas del Quebia- 
cho el 31 de marzo de 1886. 
rredomdo (Nicolás Antonio de). Cuarto vi- 
rrey del Río de la Plata y teniente general de 
los ejércitos españoles. Sucedió en el gobier. 
no al marqués de Loreto. Empezó su carrera 
militar en el Real Cuerpo de Guardias de Espa- 
ña, obteniendo sus primeros ascensos en la 
guerra contra Italia. En 1780 pasó a las Anti- 
llas, en la expedición enviada allí por España, a 
las órdenes del general Navía, para tomar po- 
sesión de la Florida, que le disputara a la sa- 
zón la Gran Bretaña. Después de ejercer el 
mando político y militar en la isla de Cuba, fué 
designado para la presidencia de Charcas, re- 
cibiendo en su trayecto desde Lima a aquella 
ciudad su nombramiento de virrey del Río de la 
Plata, de cuyo puesto tomó posesión el 4 de 
diciembre de 17S9. Arredondo se preocupó du. 
rante su gobierno de la demarcación de límites 
con el Portugal, cuestión que agitaba a la co' 
lonia desde mediados del siglo, logrando poner 
término a los avances y depredaciones de los 
portugueses; apoyó calurosamente el pensa. 
miento de establecer un Consulado de comer- 
cio en la capital del virreinato; dio principio al 
empedrado de la ciudad; aumentó el número de 
los alcaldes de barrio y abrió las puertas del 
virreinato a la introducción de esclavos africa- 
nos, concediendo a sus importadores el dere- 
cho de trocarlos por productos indígenas. Fué 
bajo la administración de este funcionario, que 
la Corte promovió la colonización de las costas 
patagónicas, celebrando al efecto un contrato 
con una Compañía inglesa para la pesca de la 
ballena en aquellas apartadas regiones; pero, 
desgraciadamente, las tentativas hechas no die- 
ron el resultado que se esperaba. Arredondo 
autorizó además el contrabando oficial del ta- 
baco, celebrando con tal motivo un contrato 
con un rico comerciante de la colonia para que 
introdujese esta mercancía de los puertos del 
Brasil en Buenos Aires, cuya exportación era 
prohibida en aquel país y su importación con- 
denada en el nuestro. La Corte desaprobó la 
conducta del virrey, no porque desautorizase 
la idea del contrabando, sino porque la intro- 
ducción de los tabacos debía verificarse en bu- 
ques con bandera extranjera, .\rredondo diri- 
gió con este motivo, para sincerar su proce- 
der, una extensa y difusa Memoria a la Corte, 
que ha sido publicada por primera vez en la 




Obispo Gabriel de Arregui. 



Revista de Buenos Aires. Terminó su período 
en 1795, siendo llamado a ejercer la Capitanía 
general del reino de Valencia, donde murió 
en 1802. Don Nicolás de Arredondo, no obstan- 
te haber patrocinado oficialmente el contra- 
bando y descendido hasta el servilismo en su 
adhesión al Gobierno de España, fué un manda- 
tario recto, de vistas claras y despejadas y muy 
persistente en sus propósitos administrativos. 

Arregnl (Fray Gabriel de). Obispo de Buenos 
Aires. Nativo de esta ciudad y descendiente de 
una familia distin- 
guida de España. 
Hizo en su juven- 
tud un viaje a la 
Asunción del Para- 
guay, donde se de- 
cidió a seguir la ca- 
rrera del sacerdo, 
cío. Trasladado a 
Córdoba, fué elec- 
to guardián del 
convento de Fran- 
ciscanos y poste- 
riormente provin- 
cial y vicario general del virreinato provi- 
dencia muy rara en aquellos tiempos, pues por 
lo común esta prelación se daba solamente 
a sujetos de Europa. Pasó en seguida al Perú, 
cuyo vasto territorio recorrió a pie, penetran- 
do de incógnito en las ciudades y conventos 
para evitar las recepciones oficiales, que he- 
rían su modestia, y observar con mayor riguro- 
sidad las necesidades de la Congregación. 
Nombrado en 1712 obispo de Buenos Aires, se 
recibió por medio de apoderado, y desempeñó 
sus funciones hasta que en 1714 fué nombrado 
obispo del Cuzco, muriendo en 1724, a conse- 
cuencia de una rodada del caballo mientras re- 
corría su diócesis en misión. 

Arregui (Fray Juan de). Sacerdote, hermano 
del anterior. Nació en Buenos Aires, en 1654. 
Cursó sus estudios en Córdoba y a su regreso 
a su ciudad natal ejerció distintos cargos ecle- 
siásticos, dando comienzo a la construcción del 
templo de San Francisco, en el año 1732. Elec- 
to obispo de Buenos Aires, tomó posesión del 
cargo el 16 de abril de 1731, consagrándose en 
el Paraguay el 18 de febrero de 1733. Se pre- 
paraba a trasladarse a España, en virtud de un 
llamamiento de la Corte, cuando falleció, el 28 
de diciembre de 1733. Sus restos se hallan co- 
colocados en el peristilo de San Francisco. 



ARR 



Arribeños. Nombre de un regimiento de infan- 
tería, formado por contingentes de las provin- 
cias, para rechazar las invasiones inglesas 
de 1806 y 1807. Se componía de nueve compa- 
flias de 60 hombres cada una. En 1810 formó 
parte de la división auxiliar que marchó al Alto 
Perú. En 1806 y 1807 estuvo al mando del te- 
niente coronel D. Juan Pío Gana, vizcaíno- 
Este regimiento llevaba uniforme azul y blan- 
co, con peto punzó y plumacho negro y rojo en 
el sombrero, alto, y su acción fué valiente en los 
combates memorables de la reconquista, y más 
tarde, la base del movimiento revolucionario 
de 1810. 

Arrióla (José Nicolás). Militar. Nacido en Co- 
rrientes, en el año de 1794. Soldado a los diez 
y seis años, cuando la revolución de mayo. 
Hizo la campaña del Paraguay con el general 
D. Manuel Belgrano, y a su regreso asistió al 
primer sitio de Monteoideo. Tomó parte tam- 
bién en el segundo sitio de esa plaza y en su 
rendición, obteniendo el ascenso a teniente. Ya 
en 1816, con el grado de capitán en el ejército 
de San Martín, pasó los Andes y combatió en 
Chacabuco. También se halló en los combates 
en el sud de Chile, del Gauilán, Curapaligüe y 
en el sitio de Talcahuano a las órdenes de Las 
Heras. Más tarde en la batalla de Maipú y en 
la expedición del Perú; en la batalla del cerro 
del Pasco y sitio del Callao. En la batalla de 
Ayacucho como ayudante del general Correa, 
fué herido y tomado prisionero en una embos- 
cada, el 17 de noviembre de 1824. En la guerra 
contra el imperio del Brasil se halló en la ba. 
talla de Ituzaingó. Falleció este valiente mili- 
tar en Corrientes en 1835, pobre y olvidado. 

Arrotea (Manuel). Nació en Montevideo, en 1793, 
donde también se educó. Establecido en Buenos 
Aires, formó parte del Cabildo en los años 
de 1816 al 1818. Miembro del Jury de Imprenta 
en 1833, de la Sociedad Filantrópica y del Tri- 
bunal de Comercio en 1814. Como miembro 
conspicuo del partido federal fué electo repre- 
sentante a la Legislatura de Buenos Aires el 
año 1836, y reelecto en los períodos sucesivos 
hasta 1S50. Falleció en Buenos Aires, el 13 de 
diciembre de 1861, retirado de la vida pública. 

Arroyo Ajruiar (combate de). Guerra civil. En- 
tre las fuerzas del general Lavalle, acantona- 
das en las orillas de Santa Fe, y las del coronel 
D Jacinto Andrade, al frente de una fuerza 
santafecina. Sorprendido Lavalle, es derrota- 
do, sufriendo ba>tantes pérdidas de soldados, 



52 - ART 

oficiales y algunos jefes. Este combate tuvo lu* 
gar el 15 de noviembre de 1849. 

Arroyo Grande (batalla de). Oribe, al frente del 
ejército argentino que marchaba vencedor por 
la provincia de Entre Ríos, se encuentra con 
el ejército de Rivera, que le sale al encuentro 
en el Arroyo Grande, cerca de la costa del 
Uruguay. Se libra la batalla, que fué reñida y 
sumamente sangrienta, quedando destrozado 
el ejército de Kivera, que deja en el campo de 
batalla alrededor de 1.000 muertos, mil y tan- 
tos prisioneros y toda su artillería. Tuvo lugar 
esta batalla el 6 de diciembre de 1842. 

Arroyo Parejas. Invasión de indios que llega- 
ron hasta el Rincón del Arroyo Parejas el 24 
de agosto de 1870 y arrebataron un considera- 
ble número de hacienda. Don José Llano, co-; 
mandante militar de Bahía Blanca, los ataca, yj i 
en un combate consigue matar al cacique de las 
fuerzas invasoras y a muchos de sus indios y 
recuperar las haciendas robadas. 

Arroyo y Pinedo (Manuel de). Uno de los pro- 
motores de la reconquista. Nació en Buenos 
Aires, en 1778. En las invasiones inglesas co- 
operó en esta ciudad y en la de Montevideo 
para reunir tropas, abasteciamiento de lasj 
mismas y dinero. Tomó parte al lado de Puey-li 
rredón, de quien era gran amigo, en los cora-f 
bates de 1806 y en la defensa del año siguiente.l 
Producida la revolución, concurrió al Cabildoi 
abierto del 22 de mayo, y luego prestó diver- 
sos servicios en varios cuerpos del ejército. 
En 1S21 fué nombrado representante, y presi- 
dente de la Legislatura al año siguiente. En 182.' 
fué designado para formar la Comisión dei 
empréstito levantado en Londres y electo dipu- 
tado por Tucumán, ejerciendo la presidencia y 
la vicepresidencia, respectivamente. Al año si 
guíente fué nombrado director del Banco Na 
cional, y poco después, presidente. En febrerc 
de 1829 fué nombrado comandante del primei 
batallón de Milicias pasivas de infantería df 
esta capital. En el mismo año fué electo dipu 
tado, y a la terminación de este cargo se retí 
ró de la escena política. Dejó de existir, en est; 
capital, el 31 de julio de 1839. 

Artigas José Gervasio). Militar. Nació en Mon 
tevideo, el 19 de junio de 1764. Fueron sus pa 
dres D. Martín José Artigas y D." Francisc; 
Antonia, Arnal. Su abuelo paterno D. Juan An 
tonio Artigas, fué uno de los primeros pobla 
dores de Montevideo. El futuro jefe de lo 
uruguayos fué educado en el convento de Sa i 



ART 



53 - 



ART 




José Artigas. 



Francisco y su educación fué la que permitía 
su época, esto es, limitada a los rudimentos 
de la enseñanza 
primaria y estudio 
del latín. En edad 
temprana todavía, 
confióle su padre 
un establecimiento 
de campo, donde 
empezó a ejercitar- 
se en las rudas fae- 
nas que debían for- 
talecer su cuerpo y 
acostumbrarlo a las 
fatigas e intempe- 
ries. Más tarde 
abandonó el ho- 
gar paterno para dedicarse al acarreo de tro- 
pas, de ganado y al acopio de corambres. In- 
gresó en el regimiento de Blandengues, en el 
mismo aflü de su creación (1797). El mismo aflo 
fué ascendido a capitán da Milicias, y en 1789 
a ayudante mayor, llegando a ser en 1810 ca- 
pitán de una compañía de blandengues, a pro- 
puesta del gobernador Soria. A los cuarenta y 
un años contrajo enlace con su prima herma- 
na D." Rafaela Villagrán, de la cual tuvo, 
en 1806, un hijo llamado José María. Persiguió 
con los suyos el contrabando de los portugue- 
ses con tal eficacia, que logró hacerse un hom- 
bre necesario, y obtuvo la confianza de las 
autoridades de Montevideo, desempeñando 
con celo y actividad cuantas comisiones se le 
confiaron, limpiando, o haciendo lo posible, de 
salteadores la campaña. Tomó parte en las in- 
vasiones inglesas. Cuando estalló la revolu- 
ción de mayo. Artigas se adhirió a ella, pues 
ya hacia tiempo que, en unión de algunos pa- 
triotas, trabajaba en pro de la emancipación, 
no esperando sino la ocasión propicia para 
abandonar las banderas de España. Esta oca- 
sión no se hizo esperar. Días después de la 
llegada de Elío, Artigas era enviado con su 
compañía de blandengues a la Colonia, donde 
mandaba el brigadier Muesas. Llegado que 
fué al campo de éste, fué recibido con acritud, 
ordenándole que campase en las afueras de la 
ciudad. Con tal motivo, uno de los soldados, 
apartándose del campamento, entró en la po- 
blación, donde probablemente cometió alguna 
falta, siendo preso en el acto. Artigas fué al 
alojamiento del general para reclamar al pre- 
so, pero Muesas se negó a complacerle. Tra- 



báronse en palabras, levantando un poco la 
voz el capitán de blandengues, con lo cual 
perdió Muesas totalmente la calma. «¡Silen- 
cio!— dijo— ; he de mandarle a usted con una 
barra de grillos a la isla de San Gabriel, por 
insubordinado! » La réplica de Artigas parece 
que fué tan enérgica como la amenaza, y reti- 
rándose, se marchó a su campo. En seguida, 
de acuerdo con el cura de la Colonia, doctor 
Enrique Peña, su amigo y confidente, y con el 
teniente Hortiguera, su compañero de armas, 
resuelve lanzarse a la proyectada empresa. 
«Ese día fué el 15 de febrero. Acompañado del 
Dr. Peña y de un negro esclavo de éste, tio 
Peña, abandonó la Colonia y fué a refugiarse 
en un bosque cercano al arroyo de San Juan. 
De allí, por intermedio del cura, se dirigió al 
rico propietario de aquellos campos D. Teo- 
dosio de la Quintana, quien le proporcionó un 
baqueano. Chamorro, puso a sus órdenes al- 
gunos hombres, y le regaló una tropilla de ex- 
celentes caballos. El capitán de blandengues, 
transformado en libertador del Uruguay, em- 
prende su primera marcha con el primer ejér- 
cito de la patria, un puñado de negros lance- 
ros, y se dirige hacia el río Negro. En el tra- 
yecto anuncia a sus amigos la buena nueva; su 
próximo regreso. Cruza el departamento de 
Soriano, pasa por Mercedes, y deja allí a Ra- 
món Fernández la orden del inmediato levanta- 
miento, orden que se cumplió a los pocos días. 
Artigas cruza entonces el río Uruguay, pisa te- 
rritorio occidental, llega a Nogoyá (Entre 
Ríos), desde donde envía ochenta soldados a 
los hombres que han cumplido sus instruccio- 
nes en Asencio, y de allí se dirige a Buenos 
Aires, donde anuncia a la Junta su presencia 
y el levantamiento en masa de su pueblo» (Zo- 
rrilla de San Martín). La Junta, reconociendo 
el valor y prestigio de Artigas, le concedió el 
grado de teniente coronel y le dio dinero y 
soldados para ir a ponerse al frente de la re- 
volución que su deserción había desencadena- 
do en el Estado Oriental. El último día de fe- 
brero de 1311, dos campesinos, Pedro José 
Viera y Venancio Benavídez, incitados por el 
comandante militar de la región, D. Ramón 
Fernández, daban el grito de libertad a ori- 
llas del arroyuelo de Asencio (Soriaio), y se 
levantaban en armas contra los españoles. El 
grito de Asencio repercutió en todo el Estado 
Oriental. Vuelto Artigas al Uruguay, con una 
escolta de 150 patricios, burla el bloqueo de la 



ART 



54 - 



ART 



flota española y desembarca en la Colonia, 
pasando a Mercedes, donde estableció su cuar- 
tel general. En mayo 18 de 1311 derrota en 
Las Piedras a los españoles, que fué una bata- 
lla decisiva para la independencia. Un histo- 
riador uruguayo, apreciando los sucesos de la 
época, dice: «Cuando Buenos Aires confió el 
mando en jefe de las fuerzas que iban a ope- 
rar en la Banda Oriental, dándole a Artigas el 
rango de segundo jefe, este caudillo se sintió 
humillado, y, dejándose arrastrar por su resen- 
timiento, hijo de la ambición de mando, dio ca- 
bida a ese odio a los porteños, que tanto influ- 
yó en el triste porvenir de ambas orillas del 
Plata. Ese resentimiento es el origen de los dis- 
turbios de ambas orillas entre los argentinos 
y Artigas». «...Artigas se hallaba, pues, en 
las filas de los sitiadores; pero su genio in- 
quieto y díscolo no tardó en pronunciarse, con 
grave perjucio de la disciplina del ejército y 
de la causa que defendía, no obstante toda la 
prudente moderación de Rondeau, sus con- 
temporizaciones con él y la deferencia con 
que le trataba». Las circunstancias por que pa- 
saba la revolución americana eran difíciles y 
peligrosísimas: los contrastes experimentados 
por las armas argentinas en el Desaguadero, y 
la invasión portuguesa al territorio oriental 
desde las fronteras del Brasil, a la par de 
otras causas apremiantes, impusieron a Bue- 
nos Aires la necesidad de arbitrar recursos 
por la vía diplomática. Así se hizo, celebrando 
a fines del año 11, con el gobernante español 
Elio, un convenio por el cual se retiraban las 
fuerzas portuguesas y levantaban el sitio. Las 
tropas de Buenos Aires regresaron a esta ca- 
pital, y Artigas se retiró hacia el Norte, arras- 
trando con su ejército a ancianos, jóvenes y 
mujeres, en número de catorce a diez y seis mil 
almas; de modo que, como más tarde se expre- 
saba el general Vedia, en el campamento de Ar- 
tigas se hallaba allí toda la Banda Oriental. 
Por ese tiempo recibe de la Junta (de Buenos 
Aires) nuevos testimonios de consideración, 
si no por recompensa de sus servicios, para 
halagarle y contentarle al menos. Nombrósele 
teniente gobernador de San Baltasar de Ya- 
peyú Misiones), y recibió una crecida suma de 
dinero y otras dádivas. Pero Artigas no podía 
permanecer quieto mucho tiempo; así es que, 
desconociendo las conveniencias políticas que 
decidieron a la Junta por el pacto, hostilizó a 
los portugueses y se negó a las instancias de 



ese Gobierno para que disolviera sus fuerz;^í 
Rompió toda obediencia y devolvió a la Junta 
con un oficio, las presillas de coronel. Desde 
enton.es descubre sin embozo, cada día má- 
Artigas la tendencia de hacerse independir 
te y ejercer un predominio absoluto. Atr 
hubo rechazado el indulto del rey de Españn 
grados militares ofrecidos por Elío. Aquil... 
actitud, violatoria del convenio, renovó la gue- 
rra, y para hacer frente a ella marchó de Bue- 
nos Aires, al mando de 4.000 argentinos, el 
presidente de la Junta, D. Mariano Sarratea, 
cuya autoridad superior aparentó acatar Arti- 
gas por lo pronto. «Pero Sarratea venía a ha- 
cerse cargo de un ejército de soldados, y Ai 
gas, ni sus oficiales ni sus mismos soldad 
podían conformarse con el rigor que impoiiid 
semejante orden de cosas. Ellos no recono- 
cían la disciplina, ni la jerarquía militar. 
Cada oficial era un cacique que disponía arbi- 
trariamente de su pequeña tribu, con la cual 
corría de un lado a otro, asesinando a godos 
indefensos y robando y sembrando el espanto. 
Así, los bandidos hallaban cómodo servir ba;o 
Artigas, que autorizaba y fomentaba las cruel- 
dades y el libertinaje de sus adeptos. Artigas 
recibía con satisfacción a esos elementos, que 
pervirtieron la clase militar y que iniciaron la 
serie de jefezuelos sanguinarios que han pesa- 
do hasta ahora como una calamidad sobre el 
país.» Sus desinteligencias con Sarratea no se 
hicieron esperar; echó mano de la intriga y de 
todos los recursos bajos que le sugerían su 
audacia y ambición desmedida, llegando a pro- 
ducir un verdadero conflicto entre los soste- 
nedores de una misma causa. Artigas mostrá- 
base con su insidiosa conducta; pero los hom- 
bres sensatos y decentes del país prestaban su 
adhesión a Sarratea, no queriendo prestigiar 
la influencia dañina del caudillo. Resultado de 
este estado de cosas fué el regreso de Sarra- 
tea a la capital, substituyéndole en el mando 
el general Rondeau, que tuvo la desgraciada 
inspiración de apoyar con las tropas un movi- 
miento sedicioso del caudillo. La gloriosa vic- 
toria del Cerrito, obtenida por Rondeau, no le 
contó a Artigas entre los vencedores (diciem- 
bre 31 de 1S12). Calmado Artigas con la sepa- 
ración de Sarratea, concurrió con su división 
al segundo sitio de Montevideo. Pero no tardó 
mucho en renovar sus perfidias, siéndole ya 
intolerable la superioridad de ningún jefe de 
Buenos Aires. Empezó, de acuerdo con algunos 



AKT 



de sus parciales y prescindiendo de Rondeau, 
por formar e instalar un Gobierno en que él 
mismo se discernía el cargc de presidente mu- 
nicipal y gobernador militar. Eligió y mandó 
a Buenos Aires tres individuos en calidad de 
diputados, que no fueron admitidos. Promovió 
luego, con asentimiento de la Junta, la reunión 
de un Congreso (diciembre de 1812), presidido 
por el general Rondeau, para establecer un 
Gobierno local y nombrar diputados al Con- 
greso general. Antes de partir los electos. 
Artigas les llamó a su campamento para reci- 
bir las órdenes que debieran observar en el 
desempeño de su cargo. Despechado por el re- 
chazo de sus pretensiones absurdas y encona- 
do con los hombres de Buenos Aires por la no 
admisión de los nuevos diputados, defeccionó 
de la causa de la patria, abandonando con su 
división las filas de los sitiadores en la noche 
del 20 de enero de 1S14. Esta nueva perfidia 
del caudillo comprometió la suerte de las ar- 
mas de los independientes, pues la plaza sitia- 
da acababa de ser reforzada con 2.000 hom- 
bres. Felizmente, la imprevisión o incuria del 
gobernador español Vigodet las salvó de una 
derrota, que en los primeros momentos se tuvo 
por inevitable. «Considerábase Artigas jefe 
nato de los orientales, y no podía resignarse a 
la prepotencia militar que los porteños desple- 
gaban en aquel territorio con tropas regulares 
y con exigencias de disciplina y de obediencia, 
que sus inclinaciones montaraces y selváticas 
resistían a todo trance. Poco tardó, por consi- 
guiente, en volver a levantarse, llamándose a 
rebelde armado, contra las dos autoridades: la 
de los españoles, porque eran conquistadores 
y chapetones, incapaces de medirse con los 
gauchos ni de gobernarlos; y la de los porte- 
ños, porque pretendían dominar donde nadie 
sino él tenía ese derecho, como hijo y Jefe de 
la tierra...» «En el Hervidero, cerca del Salto, 
había establecido un campamento, que había 
bautizado con el nombre de la Purificación, 
alusivo a las aflicciones del degüello, cepos, 
azotes, chalecos de cuero con que él y sus te- 
nientes debían purificar la tierra de porteños 
y aporteñados..» «Largo y penoso por demás 
seria reseñar las maldades y hechos violen- 
tos cometidos o consentidos en esos tiempos 
por el «protector de los pueblos libres»; baste 
saber que huyendo de sus seides emigraron 
gran número de familias establecidas en Entre 
Ríos y otros puntos del Uruguay; en Buenos 



- 55 - ART 

Aires se levantaban suscripciones públicas 
para atenderlas y proporcionarles socorros. 
El caudillo Ramírez, gobernador de Entre 
Ríos, se había hecho prestigioso y fuerte en 
esta provincia, y así es que, sintiéndose capaz 
de resistir a Artigas, rompió sus compromisos 
con él. Artigas, aunque envuelto en la guerra 
contra el extranjero, no pudo dominar sus iras 
e invadió aquélla provincia, donde empezó a 
reclutar gente para castigar la osadía de su 
caudillo. Después de algunos choques libraron 
batalla en la Bajada, y Artigas salió derrota- 
do, y siendo perseguido rápida y tenazmente 
por Ramírez, le obligó a dejar Corrientes y 
buscar asilo en el Paraguay (año 20). No al- 
canzó, pues, a ver colmado aquel pertinaz pro- 
pósito de «limpiar la silla directorial, colocan- 
do en ella un indio charrúa». Vivió el resto de 
sus días en una cabana del Paraguay, hasta su 
fallecimiento, que tuvo lugar el 23 de septiem- 
bre de 1850. a los noventa y dos años de edad. 
Artigas (Manuel). Primo hermano del general 
uruguayo D. José Gervasio Artigas. Pasó sus 
primeros años ocupado en las faenas de cam- 
po. Con motivo de esos trabajos se trasladó a 
Buenos Aires, encontrándose cuando estalló 
la revolución de mayo. Sentó plaza en el ejér- 
cito revolucionario, y era ya capitán cuando 
en septiembre de 1810 se incorporó al ejército 
destinado al Paraguay, bajo las órdenes de 
Belgrano. En el combate de Campichuelo se 
comportó bizarramente, mereciendo el elogio 
de Belgrano. De regreso a Buenos Aires, la 
Junta le confió la misión de revolucionar su 
país natal. Fué herido mortalmente en el asal- 
to de San José (25 de abril de ISll), muriendo 
un mes después. La Junta ordenó, por decreto 
de 31 de julio de 1811, que su nombre fuese 
inscrito en la Pirámide de Mayo- 
Artilleros (regimiento) que se creó en esta 
capital durante las invasiones inglesas, com- 
puesto de siete compañías de sesenta hombres 
cada una, constituidas por americanos y espa- 
ñoles, al mando de D. Gerardo Esteve y Llach, 
catalán, y de los comandantes de batería de 
las Milicias provinciales D. José Maria Piza- 
rro, formada por cien hombres, de los indios, 
morenos y pardos; la de D. Francisco Agustín, 
por 426, y de la Maestranza, a cargo de N. Ri- 
vera Indarte, por 221. Este cuerpo fué organi- 
zado por el Cabildo y se le llamó de ola unióno, 
siendo equipado y pagado con fondos munici- 
pales. Vestía uniforme azul con vivos blancos. 



ASM — 56 — 

peto encarnado, con chacó azul de penacho 
rojo y celeste, y bota granadera. 

Asamblea de 1813. Esta célebre Asamblea 
nació de la revolución popular del 8 de octubre 
de 1812, por la cual fué depuesto el triunvira- 
to y nombrado otro en su reemplazo. El nuevo 
poder ejecutivo procedió sin demora a convo- 
car el Congreso a que aludía en un manifies- 
to dirigido a las provincias. Llamado el pueblo 
en esta ocasión a tomar una parte directa en 
la rama más importante del Gobierno repre- 
sentativo, ejecutó por primera vez un derecho 
que hasta entonces sólo había ejercido por me- 
dio de asonadas, entre el tumulto y el desqui- 
cio de las autoridades. Así fué que la «sobe- 
rana Asamblea», como se denominó aquel Con- 
greso, celebró su instalación en Buenos Aires, 
el 31 de enero de 1813, en medio de aclama- 
ciones entusiastas. No respondió, empero, a 
las esperanzas de una inmediata declaración 
de independencia, que todos anhelaban. Mas 
si no llenó esa parte primordial de su progra- 
ma, realizó muchas cosas útiles al Gobierno y 
ala libertad. Ella estableció, por atinadas re- 
soluciones y leyes, los fundamentos sobre los 
que más tarde se levantaría la nacionalidad 
argentina; regularizó las bases del Gobierno; 
sancionó la inviolabilidad de sus miembros; 
preparó por medio de la ley sobre la libertad 
de vientres la total emancipación de los escla- 
vos; abolió el impuesto que pesaba sobre los 
indígenas, conocido con el nombre de mita, y 
todo servicio personal de los mismos; estable- 
ció reglas para residenciar a los magistrados; 
dictó leyes sobre minería, comercio y milicia; 
creó el escudo nacional y fijó los colores de la 
bandera; suprimió los signos y distintivos de la 
nobleza; hizo quemar en la plaza pública los 
instrumentos de tortura destinados a la morti- 
ficación de los presos; señaló el cuño de la 
moneda; reasumió el patronato eclesiástico y 
deslindó los poderes públicos, fundando la in- 
dependencia del poder judicial. Esta Asamblea 
se disolvió el 15 de abril de 1815, con motivo 
de la caída del diiector supremo, general Al- 
vea r. 

Ascasnbi (Hilario). Militar y poeta. Nacido en 
Buenos Aires, el 24 de enero de 1807. Hizo sus 
primeros estudios en esta ciudad, pasando des- 
pués a Norteamérica y a la Guayana france- 
sa. En 1827 se encontraba en Bolivia, cuando 
86 creó en Salta un cuerpo para marchar a la 
guerra del Brasil, sentando plaza en este regi- 




Hilario Ascasubi. 



ASO 

miento. Hallóse en todos los combates que tu- 
vieron lugar durante esa campaña, en clase de 
oficial. Vuelto a su 
pueblo natal, se afi- 
lió al partido unita- 
rio, siendo perse- 
guido y encarcela- 
do por Rosas; emi- 
gró después a Mon- 
tevideo, donde fué 
uno de sus más de- 
cididos enemigos, 
combatiéndolo con 
su espada, su estro 
poético y su fortu- 
na particular. Se 
halló durante todo 

el sitio grande de Montevideo, y en 1851 acom- 
pañó al general Urquiza como ayudante de 
campo, y luego tomó parte en las luchas civi- 
les por la unión nacional. Como poeta, fué 
eminentemente nacional, siendo su originali- 
dad el empleo en sus versos del lenguaje gau- 
chesco. Sus obras: Santos Vega o los mellizos 
de la flor; Aniceto el gallo; Paulino Lucero, 
etcétera. Murió en Buenos Aires, el 17 de no- 
viembre de 1875, revistando como coronel. 

«SANTOS VEGA EL PAYADOR 
(fragmento) 



Siempre al ponerse en camino 
a dar un malón la indiada, 
se junta a la madrugada 
alredor de su adivino, 
quien el más feliz destino 
a todos les asigura, 
y los anima y apura 
a qu i marciien persuadidos 
de que no serán vencidos 
y harán la buena ventura. 



Pero al invadir la indiada, 
se siente, porque a la fija 
del campo la sabandija 
juye adelante, asustada, 
y envueltos en la manguiada 
vienen perros cimarrones. 



ASI - 57 

zorros, avestruces, liones, 
gamas, liebres y venaos, 
y cruzan atribulaos 
por entre las poblaciones.» 



Asiento o registro de negros. Se hallaba situa- 
da la casa en las barrancas de la playa del Re- 
tiro (San Martín), al extremo Oeste, en una 
ranchería extensa que ocupaba un viejo edifi- 
cio conocido hasta hace pocos años por «quinta 
de Maza». Los agentes ingleses de cada car- 
gamento podían bajar con sus negros allí, pero 
manteniéndose en completa incomunicación con 
el vecindario y tratando sólo con los agentes 
del Consulado de Cádiz, con quienes liqui- 
daban su negocio y se reembarcaban. El tra- 
tado de Utrecht autorizaba a los ingleses a 
introducir 48.000 negros por año, es decir, 
144.000 negros en el total de los tres años 
convenidos. 

Aspergue (Segismundo). Médico y herbolario. 
De la Compañía de Jesús. Prestó una atención 
especial a la flora indígena de las provincias 
del Río de la Plata, estudiando sus usos medi- 
cinales. 

Andiencia. Era un Tribunal de apelación para 
toda causa que no excediera de 10.000 duros, 
puesto que siendo mayor la suma necesario 
era recurrir al Consejo de Indias. Su presi- 
dente nato era el virrey, y cuya sanción se re- 
quería para promulgar cualquier sentencia, 
siendo asistido en este ramo por un asesor, 
quien quedaba igualmente responsable de toda 
medida violenta y digna de censura. Sus miem- 
bros se llamaban oidores, y para que pudieran 
ejercer libremente sus funciones tenían que 
ser españoles, no pudiendo ligarse en intere- 
ses ni en matrimonio con las familias del país 
de su residencia, y aun se recomendaba no es- 
trechasen con demasiada intimidad en el trato 
social. «Tan extravagante política no podía 
menos que engendrar odios entre los españo- 
les europeos y los americanos. Unos y otros 
se dirigían expresiones denigrantes, y de este 
modo se fomentaba la discordia; los padres se 
hacían enemigos de los hijos, y éstos de aqué- 
llos. La Corte de España llegó a gobernar por 
tres siglos una inmensa colonia sin conocerla; 
creyendo sabias sus máximas gubernativas, in- 
currió en el más grave error: de hacer infelices 
a unos y otros, sembrando en los españoles y 
americanos la discordia, y por consiguiente la 



AVA 

semilla de una espantosa revolución, como 
después sucedió. La síntesis de la historia his- 
panoamericana es cruel, pero sencilla; esta es 
su expresión simple, pero verdadera: anarquía, 
miseria y debilidad. Chile es una hermosa ex- 
cepción. »(Zynny). Este Cuerpo (Audiencia) co- 
rrespondía directamente con el rey, a quien 
tenía obligación de informar del estado del 
país sometido a su inspección; se le confiaban 
todas las comisiones importantes, excepto las 
del ramo de la guerra, y antiguamente el re- 
gente o el decano se encargaba del gobierno 
en caso de fallecimiento del virrey, hasta que 
llegaba el sucesor, y por real cédula del em- 
perador Carlos V, expedida en 12 de septiem- 
bre de 1537, es decir, dos años después de la 
primera fundación de la ciudad de Buenos Ai- 
res, en caso de fallecimiento de la primera au- 
toridad real en el Río de la Plata los poblado- 
res podían elegir provisionalmente al sucesor: 
(^Júntense — dice la referida cédula —los poblado 
res y elijan por gobernador a la persona que 
según Dios q sus conciencias pareciese más 
suficiente para el dicho cargo.» 
Avalos (José Domingo). Militar. De Corrien- 
tes. Pronunciada en masa esta provincia, des- 
pués del combate del Yeruá, en pro de la re- 
volución iniciada por el general Lavalle en el 
año 29, el general Ferré fué elevado al mando 
supremo. Avalos, que en ese tiempo estaba al 
mando de un escuadrón, siendo sargento ma- 
yor, adhirióse y apoyó ese movimiento políti- 
co. Desde entonces se puso a las órdenes de 
Lavalle, y militó con honor mandando la divi- 
sión de correntines en la última expedición al 
interior de la república, preparada por Lava- 
lle en Entre Ríos, habiéndose encontrado Ava- 
los en el combate de Don Cristóbal y en la 
desgraciada jornada del Sauce Grande, con 
que principió aquella campaña. Estuvo igual- 
mente en la que se dio en el Quebracho He- 
rrado. Firme en sus convicciones y en su ab- 
negación por la patria, se incorporó al ejército 
del general Lamadrid en Tucumán, aceptando 
con resignación la suerte adversa de los ven- 
cidos en la batalla del Rodeo del Med'o, libra- 
da contra el ejército de Pacheco en los campos 
de Mendoza. El general Paz, tan severo en 
sus juicios, dice de Avalos en sus Memorias, 
lo que sigue: «El coronel Avalos, después ge- 
neral, es un sujeto de una lealtad probada y 
de mucho juicio. Mereció siempre honoríficas 
distinciones del general Lavalle, en cuyo ejér- 



AVE 



58 



AVE 



cito sirvió, aumentando este mérito con la 
campaña de Cuyo, que hizo a las órdenes del 
general Lamadrid. Hoy sufre con constancia 
la emigración y las demás penalidades que son 
consiguientes a la vida del proscripto.» Atra- 
vesó la cordillera con sus compañeros de ar- 
mas y de infortunios, con Lamadrid a la cabe- 
za, y refugiado en Chile, permaneció por algún 
tiempo en ese país. De allí se embarcó con 
destino a Montevideo, de donde pasó a esta- 
blecerse en la Uruguayana. Más tarde vuelve 
a tomar parte en la nueva cruzada contra Ro- 
sas, y se reúne al ejército que venció en Ca- 
seros (1852), con el grado de general, y poco 
después dejó de existir, en la provincia de su 
nacimiento. 
Avellaneda (Marco M. de). Gobernador de Tu- 
cumán. Nació en Catamarca, el 18 de junio 
de 1814, cuando 
este territorio 
formaba parte de 
la provincia de 
Tucumán. Pasó 
en esta ciudad los 
primeros anos, y 
volvió a la de Ca- 
tamarca a estu- 
diar el latín bajo 
la dirección de un 
distinguido profe- 
sor eclesiástico, 
que se complacía 
en reputarle el 
más aventaj ido 
de sus discípulos, pues a los nueve años de edad 
le eran conocidos ya los clásicos latinos, que 
traducía con facilidad sorprendente. Demos- 
trando una inteligencia precoz y dotes especia- 
les para el estudio, fué comprendido entre los 
jóvenes que, por disposición del presidente Ri- 
vadavia y costeados por el Estado, vinieron a 
estudiar a Buenos Aires. En las aulas adelan- 
tó rápidamente y mereció en sus exámenes cla- 
sificaciones honrosas. Dotado de una palabra 
fácil y persuasiva, a medida que enriquecía su 
espíritu en los libros se hacia notar por su sin- 
gular elocuencia, a punto de escitar el entu- 
siasmo y admiración de sus condiscípulos y 
amigos, que le aplaudían, prodigándole el nom- 
bre de «Marco Tulio Cicerón». Empezó por es- 
cribir en algunos periódicos. En 1833, durante 
la administración Balcarce, fué corredactor de 
El Amigo del País, periódico de oposición a 




Marco Avellaneda. 



Rosas y su partido, y al año siguiente se gra- 
duó de doctor en Leyes en la Universidad. Al- 
gún tiempo después la influencia opresora de 
Rosas llevaba a las cárceles y pontones a los 
hombres distinguidos que lo combatían, y el jo- 
ven Avellaneda, advertido por sus amigos de 
los peligros que corría, resolvió regresar a Tu- 
cumán, donde residían sus padres. Fué presi- 
dente del Tribunal de Justicia y presidente de 
la Sala de Representantes. Contribuyó a la re- 
volución que derrocó al general caudillo Here- 
dia. Fundó un periódico para combatir la tira- 
nía de Rosas y sublevar el espíritu público de 
Tucumán. El pronunciamiento de esta provin- 
cia tuvo lugar en abril de 1840, y desde enton- 
ces la vida de Avellaneda fué verdaderamente 
sorprendente. Periodista, tribuno, ministro, go- 
bernador y jefe militar, alternativamente, rea- 
lizó hechos que legan su nombre a la Historia. 
Ministro general del gobernador D. Pedro Gar- 
mendia, promovió y realizó su gran pensamien- 
to de la «coalición del Norte», formada por las 
provincias de Tucumán, Salta, Jujuy, Catamar- 
ca y La Rioja, adhiriéndose después al pacto la 
de Córdoba. Siguió de ministro bajo el gobier- 
no de Lamadrid, y cuando este general marchó 
para La Rioja en mayo de 1841 , delegó el man- 
do en el Dr. Avellaneda, que fué el alma de 
aquella lucha por la libertad, y por sus esfuer- 
zos, por su energíe, por su influencia y sacrifi- 
cios pecuniarios formó el ejército que a las ór- 
denes del general Lamadrid emprendiera la 
campaña de Cuyo. Puesto al frente de la^ Mi- 
licias de Tucumán, contuvo las invasiones de 
Ibarra, caudillo de Santiago del Estero, y pa- 
cificó la provincia de Salta, inquietada por la 
presencia armada de algunos caudiliejos. Yol" 
vio a Tucumán de acuerdo con Lavalle, y con" 
tribuyó a formar el pequeño ejército con que 
este general dio en septiembre de 1841 la ba- 
talla de Famaillá. Separado de Lavalle des- 
pués de la derrota, cayó prisionero de Oribe, 
junto con los jefes Vilela, Casas, Suárez, Es- 
pejo y Sauza. «Estos salvajes unitarios han 
sido al momento ejecutados en la forma ordi- 
naria», dice Oribe en su parte a Rosas. Así 
pereció Avellaneda en Metan, a los veintisiete 
años de edad, el 3 de octubre de 1841. Su ca- 
beza fué clavada en una pica en la plaza de Tu- 
cumán. 
Avellaneda y Tnla (Nicolás de). Goberna- 
dor de Catamarca, nacido en dicha provincia 
en 1788. Padre del anterior. Distinguióse en 



AVE - 59 - 

ese puesto por el empeño que puso en sumi- 
nistrar vituallas y fondos al ejército de Bel- 
grano existente por entonces en la ciudad de 
Tucumán. Perteneció al Congreso de 1S26; fué 
partidario entusiasta de la política de Rivada- 
via, y trabajó activa y empeñosamente para 
que fuera aceptada por las provincias la cons- 
titución unitaria que formuló el Congreso de 
que era miembro. Durante la tiranía tuvo que 
emigrar a Bolivia. Más tarde resjresó a la pa- 
tria, falleciendo en la ciudad de Tucumán, en 
febrero de 1855. 

Avellaneda (Nicolás de). Estadista. Hijo del 
infortunado Dr. Marco M. Avellaneda. Na- 
ció en Tucumán, el 
2 de octubre de 
1837; cursó sus es- 
tudios en la Univer- 
sidad de Córdoba. 
En Tucumán redac- 
tó el Eco del Nor- 
te. En 1858 vino a 
Buenos Aires, don- 
de practicó su pro- 
fesión de abogado, 
y al mismo tiempo 
tomó a su cargo la 
redacción de El Na- 
cional y la de El y.\co\és Avellaneda. 
/1ue6/o.Enl863fué 

electo diputado, y adquirió ya fama de ora- 
dor conceptuoso. Fué más tarde ministro de 
Gobierno en la administración de Alsina. Mi- 
nistro de Justicia e Instrucción pública con 
Sarmiento. En el aflo 1874 fué proclamado 
presidente de la República. En su gobierno, 
no obstante ser de lucha, se realizaron gran- 
des obras. Fué senador nacional, catedrático 
y rector de la Universidad y diplomático. Por 
motivos de salud marchó a Europa en 1885, 
y a su regreso murió en navegación, el 25 de 
noviembre de 1885, a bordo del vapor Congo, 
y sus restos reposan en la Recoleta. 

Aviles y del Fierro (Gabriel). Séptimo virrey 
del Rio de la Plata, nombrado en noviembre 
de 1797. en reemplazo de Meló, que falleció 
en 1790, tomando interinamente el gobierno 
D. Antonio Olaguer Felíu, oidor de la Au- 
diencia, que para ese caso estaba señalado 
por cédula cerrada. En ese mismo aflo (1790) 
llegó, nombrado por el Rey, el marqués de 
Aviles, que hizo un gobierno modesto, con 
medidas de simple administración local, como 




AYE 

la reglamentación del impuesto de patentes y 
la fundación de algunos pueblos de la Banda 
Oriental del Uruguay, que a poco tiempo pasa- 
ron a poder de los portugueses. En 1801 fué 
promovido Aviles al virreinato de Lima, y vino 
a reemplazarlo D. Joaquín del Pino. Murió en 
alta mar, el aflo 1810, en viaje de Valparaíso a 
España. 

Ayacacho (Batalla de). Dada en el Perú el 5 de 
diciembre de 1824 y ganado por el general 
Sucre, que comandaba el ejército independien- 
te, compuesto de colombianos, argentinos y 
peruanos, al virrey La Serna. Duró la batalla 
cuatro horas, a pesar de la superioridad de las 
tropas españolas, que contaban con más de 
10.000 hombres, en tanto que los independien- 
tes sólo alcanzaban a 6.000. Los espafloles 
perdieron más de 2.000 hombres, entre muer- 
tos y heridos, y cerca de 3.000 prisioneros, 
entre los cuales se hallaba el general en jefe, 
trece generales, oficiales, etc. El resultado de 
esta acción, la última de la emancipación ame- 
ricana, fué reconocer los jefes realistas por 
medio de una capitulación la independencia 
del Perú, rendir sus armas y embarcarse luego 
para Europa. Ayacucho significa en idioma 
indígena «rincón de muertos», motivo, según se 
dice, de una gran mortandad que hubo en una 
batalla librada en tiempo de los Incas. 

Ayala (Juan). Militar uruguayo. Con Garibaldi 
asistió a la batalla de San Antonio. Debido a 
la política, emigró a la Repúbica Argentina, 
en 1854, y desde esta fecha principió sus ser- 
vicios en nuestro país en el ejército nacional. 
En 1858, a las órdenes del general D. Emilio 
Mitre y del coronel D. Ignacio Rivas, expedi- 
cionó al desierto. Se halló en Cepeda, 1859; 
Pavón, 1861. En la guerra del Paraguay co- 
mandó una compañía de voluntarios llamada 
«Gloria o Muerte», hallándose en casi todas 
las acciones de guerra de esa campaña, siendo 
herido de gravedad en una de ellas. En la gue- 
rra civil combatió contra López Jordán, con 
mucho éxito, siendo felicitado y ascendido. 
Más tarde, gobernador de la Pampa, y a su fa- 
llecimiento, ocurrido en esta capital, el 26 de 
junio de 1899, tenía el grado de teniente ge- 
neral. 

Ayerza (Toribio). Médico espaflol. Nacido en 
1815. Empezó sus estudios en Vergara, y en 
1841, en plena época de la dictadura, vino a 
Buenos Aires. En 1845 contrajo matrimonio 
con D.* Adelaida Zavala, hija del Dr. D. José 



AYO 



60 



AYO 



Zavala, que en esa época residía en el Para- 
ná. En 1858 rindió sus exámenes parciales 
para optar el doctorado. En ese aflo hizo con 
verdadero éxito, en la república, la primera 
operación de traqueotomía. Su fama científica, 
al par que su carácter filantrópico, logróle 
obtener una clientela respetable, particular- 
mente entre sus compatriotas. Fué fundador y 
protector de varias Sociedades filantrópicas. 
Falleció el 27 de septiembre de 1884, y sus 
conciudadanos le elevaron en la Recoleta un 
hermoso monumento. 
Ayohuma (batalla). El 14 de noviembre de 
1S13. Como la batalla de Vilcapujio, fué ésta 
también fatal para las armas de la revolución. 
El ejército argentino, inferior en número, en 
moral y en disciplina al realista, hizo sin em- 
bargo una resistencia tenaz de tres horas de 
combate. Pezuela, en su parte de la batalla, 
se encargó de salvar el honor de los soldados 
de la patria. «Destiné mis guerrillas y cuerpos 
de partidarios— dice— para que a viva fuerza 
se apoderasen de una altura que sobre mi iz- 
quierda dominaba la derecha enemiga, y con- 
forme ellos adelantaban hice caminar al ejér- 
cito, hasta que, puesto a tiro de cañón y refor- 
zada mi derecha con la artillería de reserva y 
el cuerpo de cazadores, hice avanzar todas las 
restantes piezas, que empezaron un vivísimo 
fuego de bala rasa, con tan buena dirección, 
que abrían grandes claros en las filas enemi- 
gas, que no obstante se mantuvieron con tanta 
firmeza como si hubieran criado raices en el 
lugar que ocupaban.^ A pesar de tanta firme- 
za de las tropas, aquella maniobra decidió la 
batalla. Superí, jefe del regimiento de patri- 
cios de color, y Cano, de cazadores, quedaron 
muertos al frente de sus batallones. Las pér- 
didas de los realistas fueron grandes; pero el 
ejército patriota quedó enteramente destruido. 
El general Belgrano se retiró a Jujuy, donde 
pudo reunir a fines del aflo 13 como mil hom- 
bres de tropas regulares. Su crédito como ge- 
neral quedó minado con estos desastres, que 
dejaban nuevamente en poder de los realistas 
las provincias del Alto Perú. 

Ejército de Aychuma. 

General Belgrano; segundo, Díaz Vélez. 

Núm. 1 Perdriel. 

Núm. 6 B. Martínez. 

Cazadores Cano. 



Pardos y morenos Superí. 

Lanceros del Perú Zelaya. 

Dragones D. Balcarce. 

Ocho cañones. 

Ayolas (Juan de). Célebre expedicionario. Vino 
con D. Pedro de Mendoza, con el cargo de al- 
guacil mayor y mayordomo del adelantado. 
Fué uno de los ejecutores de la orden de 
muerte dada contra Osorio, en las costas del 
Brasil. Después de los desastres sufridos por 
Mendoza en Buenos Aires, fué encargado por 
éste de hacer descubrimientos en el Plata, río 
arriba, y fundar el tercer fuerte a que se había 
comprometido el adelantado en su contrato con 
el rey. En cumplimiento de su misión, Ayolas 
llegó hasta un paraje habitado entonces por 
los indios timbúes, con quienes contrajo rela- 
ción, levantando un fuerte que llamó Corpus 
Christi, y dejándolo guarnecido con cien sol- 
dados, a las órdenes de Francisco Alvarado; 
volvió luego a Buenos Aires, cargado de vive- 
res. El resultado feliz de esta expedición re- 
animó el espíritu abatido de Mendoza, que a 
la llegada de Ayolas se aprontaba a partir 
para Río Janeiro, y de allí a España. Desis- 
tiendo entonces de esta última resolución, se 
decidió a ponerse en marcha hacia el fuerte 
construido por Ayolas, a quien en recompensa 
de sus servicios le nombró su segundo, con el 
título de teniente general. Una vez en Corpus 
Christi, volvió el adelantado a encomendara! 
afortunado capitán practicara nuevos descu- 
brimientos río arriba, buscando una comunica- 
ción con el Perú. Para cumplir este encargo 
salió Ayolas en 1536, al frente de 400 hombres. 
Después de haber descubierto varias tribus 
que le recibieron bien, abasteciéndole de ví- 
veres, encontróse, navegando por la orilla oc- 
cidental del río, a los 28° de latitud, con los in- 
dios abipones, con los que sostuvo un breve y 
feliz combate, i. que los mismos indios provo- 
caron saludando su presencia con una lluvia de 
flechas. Continuando su expedición, entró en 
las aguas del Paraguay, y descubrió el río Ipi- 
tá, que viene de Salta, y contrajo más adelan- 
te relaciones amistosas con los indios moco- 
bies. Sostuvo en seguida un combate con los 
agaces, habiendo perdido en esta acción 15 
hombres. Igual pérdida sufrió después en otra 
acción, al aproximarse a las ix\\3\x?, guaraníes. 
Capitaneaban a éstas dos famosos caciques, 
Lambaré y Yanduvazuvi-Rubichá, que se pro- 



AYO 



61 



AZA 



pusieron interceptar el paso a los españoles, 
combatiéndolos con rara tenacidad. Desecha- 
ron al efecto toda proposición de paz, lo que 
obligó a Ayolas a sitiarlos, después de librar 
una batalla que dio por resultado la capitula- 
ción de los indígenas, que se comprometieron 
a levantar en aquel lugar una fortaleza que 
serviría a los españoles de asilo y defensa en 
los casos de ataques. Hizo también Ayolas 
con estos indios una estrecha alianza ofensiva 
y defensiva, formando este ajuste parte de la 
capitulación, que por haberse celebrado el 15 
de agosto de 1536 suministró fundamento, se- 
gún el deán Funes, para que tomase el nom- 
bre de Asunción la ciudad a que poco tiempo 
después se dio principio. Emprendió en segui- 
da, aliado con los guaraníes, una expedición 
contra los agaces, y como sorprendiera duran- 
te el sueño a una partida de ellos, cometió 
Ayolas y su gente la barbarie de matarlos, sin 
que uno solo de aquellos infelices lograra es- 
capar al furor de los conquistadores. Aterrori- 
zados los agaces, solicitaron la paz, que acor- 
dada por los españoles, supieron los indígenas 
observarla con una fidelidad a que no eran 
acreedores tal vez sus crueles opresores. El 
espíritu inquieto y ambicioso de Ayolas le ale- 
jó muy luego de la nueva fortaleza, para inter- 
narse en los desiertos en busca de riquezas y 
aventuras, dejando aquélla al cuidado de los 
aliados. Partió Ayolas con sus compañeros 
con rumbo hacia Occidente, fondeando el 2 de 
febrero de 1537 en un paraje situado a los 
Ql'S' de latitud, que denominó puerto de la Can- 
delaria. Este territorio era ocupado por las tri- 
bus payaguas, quienes hicieron un recibimien- 
to amistoso a los expedicionarios, conducién- 
dolos hasta sus tolderías, situadas sobre las 
márgenes de una gran laguna, que tomó poste- 
riormente el nombre de Laguna de Juan de 
Ayolas. Persuadido el capitán español que 
aquellos indígenas, humildes y bondadosos en 
apariencia, podrían ser útiles a sus miras ulte- 
riores, dejó con ellos a su teniente Domingo 
Martínez de Irala, con cien soldados, conti- 
nuando él su camino por tierra, en dirección a! 
Perú, acompañado del resto de su gente y de 
300 indígenas. Esta jomada, que iniciara Ayo- 
las con las más halagüeñas esperanzas, debía 
serle, sin embargo, fatal, y terminar con ella 
su fatigosa vida de conquistador y aventurero: 
«Le acompañó y condujo un payagua o algún 
esclavo suyo hasta el pueblo inmediato, que 



era precisamente de indios guanaes o alba- 
yas, y sacando nuevos guías continuó y atra- 
vesó las provincias de los Chiquitos y Santa 
Cruz de la Sierra, hasta llegar a las faldas de 
la cordillera del Perú, padeciendo mucho y 
venciendo en muchas batallas.» Ayolas había 
prometido a Irala regresar de su expedición a 
los seis meses; pero como transcurriera este 
término sin que se tuviesen noticias de su per- 
sona, salió Irala en su busca desde la Asun- 
ción, siendo noticiado durante su viaje por 
boca de un indio hanaé del trágico fin de Ayo- 
las, que había perecido, con toda su gente, a 
manos de los indios payaguas. Juan de Ayolas 
ha sido uno de los expedicionarios más auda- 
ces e infatigables de la conquista, y si no fue- 
ran sus actos inmotivados de salvajismo y los 
móviles poco generosos que guiaban sus pa- 
sos al través del desierto, su nombre sería más 
glorioso y más simpático para la Historia. 

Azamor y Ramírez (Manuel de). Sacerdote. 
Obispo de Buenos Aires. Nacido el 22 de octu- 
bre de 1733, en el pueblo de Villablanca, Espa- 
ña, en el arzobispado de Sevilla, en cuya ciu- 
dad hizo sus estudios de Teología y Leyes, 
hasta obtener el título de doctor en sagrados 
Cánones. Desempeñó en diversas Universida- 
des las cátedras de Filosofía, Teología y Ju- 
risprudencia. Promovido al obispado de Bue- 
nos Aires, consagróse en la catedral de Cádiz 
el 15 de octubre de 1786, y dos anos después 
tomó posesión de la sede episcopal. Fué un 
sacerdote virtuoso y escritor serio y profundo. 
Falleció el 2 de octubre de 1796, de una grave 
enfermedad, y sus restos fueron sepultados, 
con grandes honores y suntuosidad, en la 
catedral de Buenos Aires. 

Azara (Félix de). 
Naturalista y es- 
critor. Nació en 
Aragón, el 13 de 
mayo de 1746. Es- 
tudió ventajosa- 
mente Filosofía y 
Jurisprudencia en 
la Universidad de 
Huesca; pero, ce- 
diendo a inclinacio- 
nes naturales, dejó 
las aulas para sen- 
tar plaza de cadete 
en un regimien- 
to de infantería Félix de Azara. 




AZA 



62 - 



AZC 



(1776). Hizo después brillantes estudios de 
Matemáticas en Barcelona, y tres años más 
tarde obtuvo un ascenso y el empleo de inge- 
niero delineador del ejército. La notoriedad de 
sus conocimientos científicos le valió diversas 
comisiones oficiales, que desempeñó con éxito 
cumplido, siendo en consecuencia premiado 
por el Gobierno con una cátedra de ingeniería 
y un grado militar. Partió a la guerra de Ar- 
gel en 1775, donde recibió una herida de bala 
que le atravesó el cuerpo, permaneciendo 
abierta algunos meses, «y como en su enfer- 
medad le prohibieron los médicos todo alimen- 
to substancioso, pasó doce años sin comer pan, 
que se acostumbró después a no usar en toda 
su vida.» Su esforzada comportación en aque- 
lla campaña le valió el grado de teniente de in- 
genieros, ascendiéndosele muy luego a capitán 
de infantería (1776), y posteriormente (1780), 
a teniente coronel de la misma arma. Pero 
Azara brillaba a la par que como soldado, como 
hombre de ciencia. Así, la Sociedad Económi- 
ca Aragonesa le incluía, por una parte, en el 
número de sus miembros, y el Gobierno le nom- 
braba, por otra, ocomisario principal') para la 
demarcación de límites en las posesiones ame- 
ricanas de España y Portugal. Desde este mo- 
mento su personalidad se hace doblemente in- 
teresante para nosotros. A su llegada al Pa- 
raguay recibió el nombramiento de capitán de 
fragata, y ocho años después el de capitán de 
navio. La demarcación de límites, en la que 
empleara veinte años (1781-1800), no fué, sin 
embargo, la labor favorita del ilustre sabio, 
que aprovechó de sus peligrosas correrías 
para estudiarla naturaleza feraz del desierto 
y la múltiple variedad de seres que se alber- 
gan en su seno virgen y salvaje. Consagrado 
preferentemente al estudio de la Ornitología y 
Zoología, sus investigaciones sobre estas ra- 
mas de la Historia Natural, son los más com- 
pletos que se conocen entre nosotros; corrigió 
al mismo tiempo muchos errores que se habían 
acreditado entre los sabios más adelantados; 
reunió una interesante colección de pájaros y 
cuadrúpedos, que remitió al gabinete de Histo- 
ria Natural de Madrid, y levantó un mapa del 
Paraguay y Río de la Plata, del cual regaló 
una copia al Ayuntamiento de la Asunción, que 
le expidió con tal motivo carta de ciudadanía, 
reconociéndolo «como uno de los principales 
patriotas de aquel Estado agradecido». Estas 
demostraciones de aprecio y distinción por 



parte del Cabildo indujeron a Azara a formar 
planos parciales del Paraguay y escribir una 
Memoria histórica, geográfica, descriptiva y 
económicoadministrativa del país, que presen- 
tó también al mismo Ayuntamiento. «Él fué el 
primero que dio base científica a la geografía 
del Rio de la Plata, a cuya historia está per- 
durablemente vinculado su nombre. Él fué el 
primero que hizo conocer al mundo, bajo di- 
versos aspectos, las regiones bañadas por el 
Plata, el Uruguay, el Paraná y el Paraguay, 
llamando sobre ellas la atención de propios y 
extraños.» Entre sus obras: Diario de lanaoe- 
gación del Tebicuary (1785); Memoria rural del 
Rio de la Plata (1801); Sobre limites del Para- 
guay; Reflexiones económicopoliticas sobre el 
estado del reino de Aragón (1818), etc. Falle- 
ció en la ciudad de Huesca, el 20 de octubre 
de 1821. 
Azcona Imberto (Antonio). Obispo de Bue- 
nos Aires. Nacido en Navarra. Se ordenó en 
España, trasladándose en seguida al virreinato 
del Perú. Ejercía las funciones de cura pá- 
rroco en la villa de Potosí cuando fué electo 
obispo de Buenos Aires, de cuyo cargo tomó 
posesión en 1676, consagrándose en la ciudad 
de Córdoba el año siguiente. Se aplicó con re- 
ligioso empeño al cumplimiento de sus funcio- 
nes espirituales; visitó repetidas veces su dió- 
cesis; dio principio a la reedificación de la 
iglesia catedral, que es uno de los hechos más 
importantes de su gobierno. *La primera igle" 
sia era de paredes de tierra, probablemente 
de tapia, la cual fué retejada por el obispo 
Carranza, que le hizo coro y sacristía. Este 
edificio se hallaba ruinoso, y el obispo Azcona 
Imberto lo reconstruyó, poniéndole techo de 
cedro del Paraguay, y en su reedificación se 
gastaron sobre 80.000 pesos metálicos; pero 
se arruinó en 1753.» Azcona empleó sus pro- 
pias rentas y patrimonio en la reedificación 
del templo; pero como fueran insuficientes los 
recursos con que se contaba para llevarla a su 
término, el obispo obtuvo del gobernador Ro- 
bles la competente autorización para efectuar 
una recogida de ganado en la provincia y apli- 
car su producto a la obra; de esta manera se 
consiguió darle nuevo impulso y terminar las 
refacciones proyectadas. Debemos hacer no- 
tar que, según un escritor contemporáneo, los 
primeros ladrillos que se quemaron en la Colo- 
nia fueron empleados en esta obra. Falleció en 
Buenos Aires, el 19 de febrero de 1700. 



AZC 



63 



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Miguel de Azcuénaga. 



Azcnénas^a (Domingo). Poeta. Se hizo notar 
principalmente por sus fábulas, que son chisto- 
sas y en cierto modo no ezentas de una amar- 
ga filosofía. Entre varias citaremos: «El mono 
enfermo»; «El comerciante y la costurera»; 
«Los sátiros»; «Los papagayos y la lechuza», 
etcétera. 

Azcuénaga (Miguel de). Militar. Nació en Bue- 
nos Aires, el 4 de junio de 1754. Fueron sus pa- 
dres D. Vicente de 
Azcuénaga y doña 
Rosa de Basabilba- 
so, personas de po- 
sición social y ri- 
queza. Enviado a 
España de tierna 
edad, principió sus 
estudios en Málaga 
y los continuó en la 
Universidad de Se- 
villa. Después de 
diez años volvió a 
su país natal. De 
nuevo volvió a España al año siguiente, encar- 
gado de una gran negociación, que manejó con 
destreza y a completa satisfacción de su padre. 
Por el año 1778 es nombrado subteniente de ar- 
tillería, prestando sus servicios en la guarni- 
ciónde la plaza de Buenos Aires, de cuya forti- 
ficación fué encargado. Cesó en estas funcio- 
nes después de la rendición de la Colonia del 
Sacramento (1 777). Nombrado regidor del Cabil- 
do de Buenos Aires a la temprana edad de vein- 
titrés años, desempeñó ese cargo a satisfacción 
de sus ancianos colegas, dejándolo para ir a la 
laguna del Monte a practicar un reconocimien- 
to militar por una invasión que se temía, la 
cual se realizó y fué rechazada. Por esa épo- 
ca (1781), hallándose España en guerra con la 
Gran Bretaña, temíase en Buenos Aires el 
desembarco de fuerzas enemigas, circunstan- 
cia por la que se establecieron en puntos con- 
venientes varias baterías, y entre ellas una de 
cuatro cañones de a 24, que fué puesta bajo el 
mando de Azcuénaga. Celebrada la paz, cesó 
en ese servicio militar. Por entonces el Cabildo 
le nombró alférez real y más tarde alcalde de 
segundo voto, ejerciendo este puesto con su 
acostumbrado celo e integridad, como igual- 
mente el empleo de síndico procurador general, 
que desempeñara varios años. Entre otros ser- 
vicios sobresale uno que pone de manifiesto el 
empeñoso interés de contribuir al embelleci- 



mientoymejoras materiales de la ciudad. Cuan- 
do la elevación de Carlos IV al trono de Espa- 
ña, recolectóse del comercio de Buenos Aires 
la suma de doce mil pesos al objeto de cele- 
brar la fiesta del juramento de fidelidad y obe- 
diencia. Azcuénaga aprovechó ésta ocasión 
para solicitar del virrey Arredondo ocho mil pe- 
sos de aquella suma, con destino al empedrado 
de las calles, obra en que aun no se había pen- 
sado en ese tiempo. Accedió el virrey, a condi- 
ción de que el síndico procurador había de to- 
mar la dirección de los trabajos. Azcuénaga 
aceptó la comisión con entusiasmo, llenándola 
con constancia y anhelo por seis años, en cuyo 
término hizo empedrar 36 cuadras y dejó todo 
arreglado en la isla de Martín García para 
la continuación de la obra, que abandonó por 
otras exigencias del servicio público. Antes de 
dejarla hizo un donativo de 500 cabezas de ga- 
nado vacuno para el consumo de los que tra- 
bajaban en la saca de piedra de esa isla. El vi- 
rrey Meló le confió el mando de las Mili- 
cias (1796), y por espacio de cerca de cinco 
años sirvió el destino de jefe de guarnición de 
esta ciudad, dejando a beneficio del regimien- 
to todos sus sueldos de ese tiempo, que impor- 
taban más de doce mil pesos plata. Cuando el 
acaque de las fuerzas inglesas comandadas por 
Beresford (1806), el coronel Azcuénaga, con 
400 voluntarios urbanos, se mantuvo en el 
puente de Gálvez, que por orden del coronel 
de Ingenieros D. Eustaquio Yanini tuvo que 
abandonar, costándole no poco trabajo conte- 
ner la dispersión que sufrió su tropa por el 
fuego de la artillería enemiga y por la retirada 
de la caballería dispersa. Triunfante ya el ene- 
migo, «Azcuénaga salvó algunas armas y las 
banderas de su batallón, que sacó desplegadas 
desde la fortaleza, con su gente formada, en 
medio de las fuerzas enemigas que ocupaban 
el fuerte. El general Beresford le exigió pres- 
tar el juramento de fidelidad, a lo que él no 
quiso acceder». Patriota sincero, comprendió la 
revolución de mayo y entró a defenderla con 
decisión. Fué miembro de la Junta nombrada 
el 25. Dueño de una fortuna considerable, hizo 
desembolsos en compras de armas, sin reinte- 
grarse de esos dineros, que dejó a favor del 
Estado. Fué miembro del Consejo de Estado 
en tiempo del director Posadas (1814); jefe del 
Estado Mayor general después, y luego presi- 
dente de la Comisión de Guerra. En 1818 es 
electo diputado al Congreso general. Acorda- 



AZC 

(la la paz con el Brasil (1S28>, el gobernador 
Dorrego, encargado del Poder ejecutivo nacio- 
nal, nombró una Comisión compuesta de los se- 
flores Azcuénaga, Brown y Guido, la que, pa- 
sando a Montevideo, celebró el canje de las ra- 
tificaciones de paz En esa época Azcuénaga 
era un anciano de setenta y cinco aflos de edad. 
Por los años 29 y 30 presidió la Junta adminis- 
trativa de la Caja de Amortización, y en los úl- 
timos de su larga y benéfica vida tomó asiento 
en la Legislatura provincial. Falleció a los se- 
tenta y nueve años, el 19 de diciembre de 1833. 

Azcnrra (combate). Guerra del Paraguay. El 
7 de agosto de 1869, el coronel Donato Alva- 
rez, al frente de una fuerza, sorprende una de 
las avanzadas paraguayas en las trincheras de 
Azcurra, matándoles setenta hombres en el 
combate que sostiene, usando sólo del sable, 
lanza y bayoneta; la infantería se posesiona 
de ese reducto, hasta que se retiran en orden, 
sufriendo los fuegos de una batería que tenía 
más arriba el enemigo, teniendo algunas pér- 
didas. El objeto de este ataque fué descubrir 
la posición del enemigo. 

Azopardo (Juan Bautista). Marino. Nació en la 
isla de Malta, en el año 1774. Durante las dos 
invasiones inglesas a esta ciudad se batió 
como oficial de artillería, y aceptó con entu- 
siasmo el movimiento de mayo. El Gobierno de 
la revolución aprestó una escuadrilla compues- 
ta del bergantín 23 de mayo, la balandra Ame- 
ricana y la goleta Inencible de Buenos Ai- 
res, siendo Azopardo nombrado jefe de esta 
pequeña escuadrilla. En el combate del 2 de 
marzo, frente a San Nicolás de los Arroyos, 
la escuadrilla de la República fué vencida, ca- 
yendo prisionera toda la tripulación y oficiali- 
dad, incluso su propio jefe. En este suceso, de 
aciaga memoria para las armas de la patria, 
Azopardo combatió con brillo y con denuedo, 
siendo el buque de su mando el último que 
cayó en poder del enemigo. En lo más reñido 
del combate, la tripulación de la Americana 
abandonó su puesto de honor; pero «esta im- 
prevista defección no abatió el esforzado áni- 
mo de Azopardo, quien de pie en la toldilla de 
la Inoencible esperó impávido la arremetida 
del enemigo, defendiéndose bizarramente, no 
obstante la inferioridad de sus fuerzas, hasta 
que arrió bandera obligado por 'as recias an- 
danadas del Cisne, que acudió en protección 
de Belén, buque español, después de haber 
rendido al 25 de Mayo, que se defendió mise- 



64 - AZU 

rablemente...» (Carranza, Campañas navales.) 
Azopardo fué conducido a Montevideo, y de 
allí a las prisiones de Ceuta, donde permane- 
ció encerrado por espacio de nueve aflos, has- 
ta que la revolución de Cádiz (1820), de que 
fué autor principal el general D. Rafael Riego, 
le abrió las puertas de su prisión. Volvió a la 
República Argentina, y fué nombrado segundo 
jefe de la escuadrilla cuando la guerra con el 
Brasil, tomando el mando inmediato del ber 
gantín Belgrano. Pero su comportación en e 
primer combate naval que se empeñó a la vista 
de Buenos Aires, el 9 de febrero del año 26, no 
fué la de un militar de honor ni la de un va- 
liente: «Resistía Brown con la la goleta 25 de 
Mayo el fuego de tres corbetas enemigas, y 
en vez de protegerle con su buque «se puso a 
sotavento», y fuera del alcance de los cañones 
brasileños». El Gobierno d°japrobó pública- 
mente su conducta, lo separó de su puesto y 
lo hizo bajar a tierra, dándole su casa por cár- 
cel. Se retiró desde entonces del servicio de 
las armas, muriendo el 24 de octubre de 1848. 
Azurduy de Padilla (Juana). Heroína. Nacida 
en Chuquisaca (Bolivia), el 8 de marzo de 1781, 
cuando esa ciudad pertenecía al virreinato de 
Buenos Aires, recibiendo una esmerada educa- 
ción en un convento. En 1805 contrajo matri- 
monio con D. Manuel Asencio Padilla, famoso 
guerrillero de las campañas de la emancipa- 
ción, a quien acompañó en todas las acciones 
de guerra, batiéndose en el combate del Villar 
al frente de su batallón, donde fué herida y per- 
dió a su esposo, en 1817. Doña Juana vestía 
uniforme militar, un chai celeste y gorra colo- 
rada con plumas blancas y celestes; era vene- 
rada por todos los naturales, a quienes se com- 
placía en favorecer. El 3 de marzo de 1816 de- 
fendió al pueblo del Villar al frente de 230 hom- 
bres; cargó denodadamente a las tropas realis- 
tas, derrotándolas, y tomóle una bandera al 
oficial que la conducía. El director Pueyrre- 
dón, en vista del parte elogioso del general 
Belgrano, recompensó a esta esforzada heroí- 
na con los despachos de teniente coronel de 
los ejércitos de la patria, y Belgrano le regaló 
un sable. Muerto su esposo, se refugió en el 
Chaco, de donde la trajeron a Salta unas par- 
tidas de Güemes, después de ocho años de per- 
manencia. En 1825 solicitó de la Legislatura 
ser auxiliada para trasladarse a su ciudad na- 
tal. Murió en Chuquisaca, el 25 de mayo de 1862- 



B 



Bacacay (combate). Guerra con el Brasil. Com- 
bate habido el 13 de febrero de 1827 entre las 
fuerzas argentinas al mando de D. Juan Lava- 
lie, y compuestas por los regimientos 4.° de 
Coraceros y Colorados de las Conchas, contra 
una columna brasileña, compuesta de 1.200 hom- 
bres, a las órdenes del general Bentos Manuel. 
Victoriosos los argentinos. Estallada la guerra 
contra el imperio, una división del ejército ar- 
gentinourusuayo se encaminó a Bagé, centro 
de los recursos y depósito de material de gue- 
rra del enemigo, y logró ocupar ese punto. 
Despaés de este feliz suceso, el general AI- 
vear trató de aislar al enemigo; pero el mar- 
qués de Barbacena se atrincheró en las sierras 
de Camacuá, punto inexpugnable, por lo que 
el general argentino ideó hacer creer a los ene- 
migos que huía, y engañados éstos, abandona- 
ron sus posiciones, y al cabo de varios días 
fueron derrotados por la vanguardia al mando 
del coronel La valle, en el paraje y fecha citadas. 
Bacacué (combate). Guerra civil. Dado cerca 
del arroyo Bacacuá, en las proximidades de 
CuruzüCuatiá, en la provincia de Corrientes, 
el 29 de noviembre de 1839, entre las fuerzas 
federales mandadas por el coronel Jacinto An- 
drade y las del coronel Francisco Maciel, uno 
de los jefes del general Lavalle. Tomado Ma- 
ciel prisionero, lo mismo que otros oficiales, 
fueron fusilados por orden del general D. Juan 
P. López. 
Báez (Guillermo Federico). Militar. Natural del 
Paraguay, donde nació el 7 de septiembre 
de 1810. Empezó su carrera militar durante la 
guerra con el Brasil, y el 15 de julio de 1828 
fué promovido a alférez de caballería de línea; 
en el mismo año actuó en la guen a civil, en las 
filas del partido unitario, por lo que fué dado 

Dk. Hi8T. BiOOR. 



de baja por Rosas el año 1831. Emigrado, fué 
de los defensores de Montevideo, donde se 
distinguió por sus méritos y valor, lo mismo 
que en la batalla de Caaguazú, a las órdenes 
del general Paz, el 19 de noviembre de 1841, 
en la que peleó como jefe de la cuarta división 
de caballería del ala derecha. Disuelto el ejér- 
cito de Paz, regresó a Montevideo, y luego 
marchó a campaña, distinguiéndose en el com- 
bate del 7 de mayo de 1843, cerca del Salto, y 
en el de San Antonio, el 8 de febrero de 1846, 
contra Rosas. Jefe de la plaza sitiada. Levan- 
tado el sitio, se alistó con Urquiza; asistió a la 
batalla de Caseros y continuó a las órdenes de 
éste. Tomó parte en la guerra del Paraguay, 
principalmente en el combate de Tuyuti, donde 
Báez y Hornos produjeron al enemigo más de 
mil quinientas bajas. En 1869 fué comisionado 
para expedicionar al interior del Paraguay, 
con el objeto de rescatar a los prisioneros, co- 
misión que cumplió satisfactoriamente. Murió 
el coronel Báez en Buenos Aires, el 14 de 
agosto de 1879. 
Bahía Blanca. Fué fundada esta ciudad del 
Sud de Buenos Aires, como fortín de indios 
de la frontera Sud, el 11 de abril de 1828, con 
el nombre de Fuerte Argentino, por el coronel 
D. Juan Ramón Estomba. La parroquia se eri- 
gió en 1835, bajo la advocación de Nuestra Se- 
ñora de la Merced. El 18 de noviembre de 
1855, por decreto de la fecha, el gobernador 
Obligado creó la colonia militar con el nombre 
de Nueva Roma, con el fin de propender al 
adelanto de Bahía Blanca; pero, desgraciada- 
mente, esta empresa fracasó. Diez años des- 
pués, en atención a su importancia, fué creado 
el partido con el nombre de Bahía Blanca, que 
lo debe: el primero, a la que le sirve de puerto 



BAI 



- 66 



BAL 



sobre el Océano, y el segundo, al color de las 
arenas que forman sus costas. Es uno de los 
principales emporios comerciales; su puerto 
ocupa el tercer rango entre los de la república 
y en su jurisdicción está situado el único puer- 
to militar que existe en el país. 

Baibiene (Santiago). Coronel. Gobernador de 
Corrientes el 11 de octubre de 1869, por re- 
nuncia del Dr. Gustavino. Vencedor en Naem- 
bé contra López Jordán, que había invadido la 
provincia, en 1871. Fué vencido en la batalla 
del Tabaco (1972) por los revolucionarios al 
mando del coronel Sosa. Senador nacional. 
Fué administrador de la Aduana de la capital, 
Murió en 1895. 

Baigorrl (Juan Bautista). Natural de san Luis. 
Soldado del regimiento de Granaderos a Caba- 
llo, salvó la vida al general San Martín en el 
combate de San Lorenzo. 

Baigorri (Pedro Ruiz de). Caballero de la Or- 
den de Santiago y gobernador de Buenos 
Aires. Natural de Kstella, en el reino de Na- 
varra. Gobernador del Río de la Plata de 
1653 a 1660. Entre los principales hechos de 
su administración debe enumerarse la defensa 
del puerto de Buenos Aires contra los france- 
ses, y la de la provincia de Santa Fe contra la 
invasión de los calchaquies. Baigorri fué un 
protector decidido de los jesuítas y un ardien- 
te defensor de los indios, a quienes trataba 
con bondad Fué destituido del cargo porque 
sus enemigos le imputaron haber defraudado 
los haberes reales y dejádose cohechar con re- 
galos. Los jesuítas, que fueron acusados de 
complicidad, consiguieron después demostrar 
su inocencia, pero Baigorri había'ya fallecido, 
en 1663. Fué reemplazado por D. Alonso Mer- 
cado y Villacorta. 

Balbastro (Matías). Militar. Nació en Buenos 
Aires, el 24 de enero de 1773, y se educó en 
España. Regresó a fines de 1779. Capitán en el 
regimiento de patricios en la segunda inva- 
sión inglesa. Colocado con un piquete de quin- 
ce hombres en una azotea, sostuvo un fuego 
nutrido contra el enemigo, siendo herido de 
bala en el pecho. La revolución de mayo le 
contó entre sus defensores. Con el grado de 
capitán se encontró en Suipacha, ascendiendo 
a teniente coronel. Ligado por vínculos de pa- 
rentesco al director Alvear, fué también su 
sostenedor y partidario. Por esta causa, la caí- 
da de Alvear lo llevó a la cárcel, de donde 
salió para ser remitido con otros más al cam- 



pamento de Artigas, quien respetó sus vidas y 
los mandó a Buenos Aires. Balbastro salió 
luego desterrado a Río de Janeiro. Bajo la ad- 
ministración del general González le fué permi- 
tido regresar a su país, obteniendo cédula de 
retiro y el goce de su sueldo de coronel. Vivió 
desde entonces en el aislamiento y en el olvi- 
do, muriendo pobre, el 22 de agosto de 1S48. 

Balboa (Vasco Núñez de). Navegante. Nacido 
en Jerez (Badajoz, Espaila), por los años 
de 1470. Pasó sus primeros años sirviendo, en 
calidad de paje, en la casa de D. Pedro Porto- 
carrero. En 1501 hizo su primer viaje por la 
costas de Tierra Firme, descubriendo las \w 
rras situadas' entre el cabo Vela y el golfo de 
Urabá. A su regreso se dedicó a negocios 
agrícolas; pero con poca suerte en estos nego- 
cios, se embarcó nuevamente en 1511, en la 
armada del conquistador Enciso, para el golfo 
de Urabá, y después de pasar muchas peripe- 
cias y de haber efectuado varios dercubrimien- 
tos llegó a Santa María de Darién, desde 
cuyo punto le dirigió una carta al monarca es- 
pañol, fechada el 20 de enero de 1513, pidién- 
dole auxilios pecuniarios para asegurar la po- 
blación y adelantar los descubrimientos de esas 
tierras. En septiembre del mismo año salió del 
golfo de Darién con ciento noventa españoles, 
entre los cuales iba el después famoso conquis- 
tador del Perú, Francisco Pizarro; atravesó el 
istm.o de Panamá, llegó al extremo Sud, y des- 
cubrióel Océano Pacífico, queél llamó Mar Dul- 
ce. Al llegar al golfo de San Miguel metióse en 
el agua hasta la cintura, y con la espada en la 
mano tomó posesión de ese mar para la coro- 
na de Castilla. En 1515 el rey de España le 
confirió el título de adelantado del Mar del 
Sud y el de capitán general de las provincias 
de su costa, en premio de sus portentosos des- 
cubrimientos. Este valiente navegante fué de- 
capitado injustamente en la plaza de Acia, por 
sus mismos compañeros de expedición, el 
año 1517, no obstante ser uno de los conquis- 
tadores más humanos y desinteresados. 

Balcarce (Antonio González). Militar. Nació 
en Buenos Aires, el 13 de junio de 1777. Sien- 
do muy niño sirvió con su padre en la fronte- 
ra, ingresando como cadete en el cuerpo de 
Blandengues. Asistió en 1807 a la defensa de 
Montevideo, atacado por los ingleses; prisio- 
nero de éstos, fué conducido a Inglaterra, de 
donde se trasladó a España, y combatió con- 
tra la invasión napoleónica, adquiriendo el 



BAL 



67 



BAL 




>->''•*' ', !/'"=inik't»' 



Brigadier genernl Antonio 
Balcarce. 



grado de teniente coronel. Durante la revolu- 
ción de mayo se le confió el mando del ejérci- 
to del interior, ha- 
llándose en Coía- 
gaitay en la batalla 
de Suipacha, victo- 
ria que le valió el 
grado de brigadier 
general. Fué go- 
bernador intenden- 
te líe Buenos Aires 
y director de Esta- 
do, en reemplazo de 
Rondeau, en 181S. 
Tomó parte en la 
campaña del ejérci- 
to de los Andes, 
como jefe del Esta- 
do Mayor. Se halló en Maipú y en el Sud de 
Chile. Vuelto a Buenos Aires, por motivos de 
salud, le sorprendió la muerte el 5 de agosto 
de 1819. Sus restos fueron sepultados en el 
templo de Santo Domingo, pronunciando la 
oración fúnebre el célebre orador fray Panta- 
león García. El general Balcarce es una de 
las figuras más simpáticas de la revolución, 
por sus virtudes y sus servicios. Fué un mi- 
litar inteligente y un magistrado íntegro. 
lalcarce (Diego González). Militar. Hermano 
del anterior. Coronel de la independencia. 
Empezó su carrera en la defensa de Montevi- 
deo contra los ingleses, y lo mismo que su her- 
mano, fué conducido a Inglaterra. Vuelto a su 
patria con el grado de capitán, ingresó en el 
ejército que marchó al Paraguay, luego al 
Alto Perú, a las órdenes de Belgrano. Se 
halló en Tucumán, Salta, Vilcapujio, Ayohu. 
ma, Venta y Media, y en Sipe-Sipe se distinguió 
por sus brillantes cargas de caballería. Murió 
en Tucumán, el 22 de agosto de 1816, a los 
treinta aflos de edad, dejando gratos recuer- 
dos por sus virtudes militares y cívicas. Bel- 
grano le decretó grandes honores, y al sepul- 
tarse sus restos pronunció una elocuente 
oración el vicario del ejército, canónigo Qo- 
rriti. 

talcarce (Florencio M.). Poeta. Nació en Bue- 
nos Aires, el 22 de febrero de 1819. Era hijo del 
vencedor de Riupoche, general D. Antonio 
González Balcarce. Principió a educarse en 
Buenos Aires, pasando en abril de 1837 a Pa- 
ris a completar sus estudios; pero su mal esta- 
do de salud le hizo suspenderlos, y regresó a 



su patria, falleciendo a los veinte años de edad, 
el 16 de marzo de 1839. Sus composiciones poé- 
ticas «La partida» y la «Canción a las hijas del 
Plata', que fueron sus primeras producciones, 
le hicieron acreedor a los elogios del distin- 
guido escritor D. Florencio Várela Una de sus 
composiciones más celebradas es la que lleva 
el título «El cigarro», poesía notable; a más de 
otras poesías, publicadas en 1869 bajo la direc- 
ción de D. Juan María Gutiérrez, se tienen 
otros trabajr s no menos importantes. 

Balccirce (Francisco y Lucas). Militares. Natu- 
rales de Buenos Aires. Murieron jóvenes aún, 
empezada la guerra de la independencia, en la 
batalla de Suipacha. El primero, al conducir al 
combate una compañía de dragones de la que 
era capitán, recibió un balazo en el pecho, y 
Lucas, primo del anterior y teniente de dicha 
compañía, fué muerto en las mismas circuns- 
tancias. 

Balcarce (José"). Militar. Hermano de D. Diego 
González Balcarce. Encontróse en varios he- 
chos de armas en el regimiento de Blanden- 
gues, hasta sucumbir heroicamente en el sitio 
de Montevideo, el 2 de junio de 1814, revistan- 
do con el grado de capitán. 

Balcarce (Francisco). Militar. Español. Fué el 
generador de esta familia, ilustre no sólo por 
su prosapia, sino por sus esclarecidas virtudes 
cívicas y por sus gloriosos servicios en los al- 
bores de nuestra independencia. Vino a Améri- 
ca en 1765, incorporándose a la Asamblea de 
Caballería de Buenos Aires. Siete años más 
tarde, en 28 de julio de 1772, contrajo enlace 
con D.* María Victoria Martínez, nacida en 
esta ciudad, e hija del gobernador del Para- 
guay y comandante de artillería D. José Mar- 
tínez. De este matrimonio nacieron ocho h'jos, 
de los cuales seis fueron varones y todos con- 
tinuaron la carrera de las armas. 

Balcarce (Mariano A.) Hijo del general D. An- 
tonio González Balcarce y de D.^ Dominga 
Francisco de Buchardo. Nació el 8 de noviem- 
bre de 1807. Ingresó desde muy joven en el 
Cuerpo diplomático, j-endo a Inglaterra cuan- 
do a su frente estaba D Manuel de Sarratea. 
Dedicado a sus tareas diplomáticas, fué duran- 
te muchos años representante argentino en el 
extranjero. Fué autor de un tratado con Espa- 
ña; contribuyó a fomentar la inmigración euro- 
pea, especialmente durante su representación 
en París, en 1875. Propagó en toda la Prensa 
de Europa cuantas noticias, de múltiple carác- 



BAL - ( 

ter, pudieran dar a conocer a la República Ar- 
gentina en aquellos países. Era casado con 
D.* Mercedes Tomasa de San Martín y Escala- 
da, hija única del inmortal guerrero de la inde- 
pendencia sudamericana D. José de San Mar- 
tín. Murió, ocupando el cargo de enviado ex- 
traordinario y ministro plenipotenciario en Pa- 
rís, el 21 de febrero de 1885. 

Balcarce (Juan Ramón González). Militar. Na- 
ció en Buenos Aires, el 18 de marzo de 1773, 
ingresó en el cuerpo de Blandengues en 1789, 
y fué nombrado para formar parte de la Comi- 
sión científica de Azara siendo comandante mi- 
litar de Lujan. Asistió como teniente a la cam- 
paña contra los portugueses. Ayudante mayor 
y comandante de armas de Tucumán en 1805. 
En las invasiones inglesas fué ayudante de Li- 
niérs. En 1808, nombrado segundo jefe del re- 
gimiento de Húsares, y en 1810 tuvo una actua- 
ción magnífica. Al año siguiente marchó al 
Alto Perú, y luego formó un nuevo regimiento 
de 400 hombres, con el que asistió a la bata- 
lla de Tucumán, siendo ascendido a coronel. 
I n 1813 fué miembro de la Asamblea general 
Constituyente. Jefe del ejército de observa- 
ción sobre Santa Fe, y luego de la división 
que debía operar contra el caudillaje, hallán- 
dose en Cepeda en 1820, año en que fué nom- 
brado gobernador de la provincia; en 1824 fué 
electo representante. Desempeñó también por 
dos veces el ministerio de Guerra y la gober- 
nación de la provincia desde 1832 al 33. Murió, 
siendo brigadier general, en la Concepción del 
Uruguay, el 12 de noviembre de 1836. 

Balcarce (Marcos). Militar. Nació en Buenos 
Aires en 1785. Empezó su carrera, como su 
hermano, en el regimiento de Blandengues, 
que comandaba su padre. Asistió en 1801 con 
su regimiento a la expedición de Sobremonte 
para la reconquista de los pueblos de Misio- 
nes invadidos por los portugueses. En la de- 
fensa y reconquista de Buenos Aires contra 
los ingleses fué hecho prisionero, y volvió a su 
país en 1808, con el grado de sargento mayor, 
plegándose a la revolución. Ocupó diversos 
cargos: Fiscal militar, secretario del jefe de 
Estado Mayor general en 1812, jefe de la divi- 
sión argentina que pasó a Chile, donde obtuvo 
el triunfo de Cucha-Cucha, siendo de los ven- 
cedores en el Membrillar. En 1814 fué gober- 
nador intendente de Mendoza, cooperando a 
la formación del ejército de los Andes; mandó 
ejércitos contra el caudillaje, y desempeñó 



J BAN 

como delegado la gobernación de la provincia 
en 1828 y el ministerio de la Guerra en 1825, 
1827 y 1831. Dejó de existir en Buenos Aires, 
el 4 de diciembre de 1S32, siendo diputado a la 
Legislatura. Balcarce era hombre de honradez 
ejemplar, exento de ambiciones personales y 
de carácter moderado. Fué como militar un 
jefe de mérito y de reputación. 

Ballivién (José). Militar. Natural de Bolivia. 
En mayo de 1804. Comenzó su carrera militar 
en el ejército español, como cadete, plegándose 
después a la causa americana, donde adquirió 
notoriedad en las campañas del Alto Perú, a 
las órdenes del general Lanza, hallándose en 
numerosos combates y batallas, entre ellas la 
de Ayacucho, siendo después actor en varias 
luchas intestinas, en una de las cuales fué as- 
cendido a general sobre el campo de batalla 
de Vanacocha, en 1835. Emigrado y vuelto al 
país, llevó a cabo una de las más gloriosas 
acciones de la Historia boliviana, obteniendo 
la victoria de Engavi el 18 de noviembre 
de 1841, contra el ejército peruano, muy supe- 
rior en número. Fué electo presidente de la 
República desde 1841 a 1847, año en que emi- 
gró a Chile. Trasladado más tarde a Río Ja- 
neiro, falleció allí, el 15 de octubre de 1&52, y 
sus restos fueron trasladados a Buenos Aires 
por un grupo de argentinos. 

Banco Hipotecario Nacional. Esta pode- 
rosa institución de crédito fué fundada el 15 de 
noviembre de 1886. Siendo presidente de la Re- 
pública el general Roca, presentó en 1884 al 
Congreso un proyecto de ley creando una sec- 
ción hipotecaria en el Banco Nacional, ley que 
fué sancionada en el mismo año. Esta ley ni 
se promulgó, por razones de orden económico 
En los principios del gobierno del Dr. D. Mi- 
guel Juárez Celman, que sucedió al general 
Roca, se constituyó el primer Directorio, com- 
puesto así: Presidente, Sr. Gregorio J. Ga- 
vier; directores, los Sres. D. Francisco Bus- 
tamante, Dr. José M. Astigueta, D.José Fer- 
nández, D. Héctor C. Quesada, D. Ignacio 
J. Sánchez, D. Manuel Cadret, D. Bruno B. 
Quintana y D. Tnstán A. Malbrán. Sus prime 
ras oficinas fueron dos modestas habitacione? 
de una casa de escritorios de la calle Recon- 
quista, donde se halla actualmente la Oficirn 
Central de Correos y Telégrafos. El Sr. Qa 
vier falleció repentinamente a los pocos días 
de su designación, reemplazándolo el doctor 
D. Juan A. García, quien ordenó el traslado a 



II 



BAL 



BAR 



la calle Piedad (hoy Bartolomé Mitre), esquina 
a Reconquista, donde existía un viejo caserón 
de la época colonial y donde actualmente está 
instalado el Banco de Londres y Río de la 
Pinta. En 1887 pasó el Banco Hipotecario Na- 
cional a la calle Suipacha, 252, donde funcionó 
hasta 1890, pasando al Cabildo Viejo y ocupan- 
do toda la planta baia. El Dr. D. Carlos Pelle- 
griiii, que fué el quinto presidente, inauguró 
su edificio que ocupa en la actualidad, en la 
calle 25 de Mayo, 245. Sus primeras opera- 
ciones se iniciaron el IS de noviembre de 1886, 
con un margen de emisión de 50 millones de pe- 
sos. Durante la presidencia del Dr. Escalan- 
te (1SÍW-1S93) se concretó a la consolidación 
del Banco, para lo cual solicitó del Congreso 
la ley de conversión de las deudas a oro, que 
le fué acordada. Le siguió en la presidencia el 
Dr. Miguel García Fernández, que ejerció 
sólo tres meses el cargo, siguiéndole el doc- 
tor D. Carlos Pellegrini, D. Isaac M. Chava- 
rria, D. Eduardo Basavilbaso, D. Miguel Te- 
din, Dr. Zenavilla, y actualmente (1919) el doc- 
tor Rafael Herrera Vegas. La emisión de cédu- 
las alcanza hoy a 750 millones, y probablemen- 
te se ampliará a los 1 .000 millones de pesos en 
cédulas hipotecarias del 6 por 100. 
lalviani (César). Natural de España. Llegó a 
Buenos Aires en 1S06, después de la recon- 
quista. Aunque de tránsito para el Perú, resol- 
vió permanecer en esta ciudad, que pasaba por 
circunstancias bien delicadas, esperando por 
momentos una segunda invasión inglesa. El 
general Liniérs levantaba entonces un ejército, 
cuya primera división encomendó al graduado 
coronel Balviani, grado con que había arribado 
a estas playas, confiriéndole al mismo tiempo 
el empleo de cuartelmaestre general. A prin- 
cipios de 1807, con motivo del viaje a Montevi- 
deo, de Liniérs, el coronel Balviani quedó des- 
empeñando interinamente las funciones de jefe 
principal del ejército reunido en la capital. En 
ese mismo año, y durante la segunda invasión 
inglesa a Buenos Aires, Balviani mandó el pri- 
mer cuerpo de la columna con que Liniérs se 
dirigía a defender el paso del Riachuelo; frus- 
trado el movimiento y obligadas las fuerzas a 
retirarse hacia la ciudad, Balviani fué el último 
en hacerlo con su división. Rendido el ejército 
inglés, Balviani formó en la comitiva que acom- 
pañaba al general Liniérs a recibir de manos 
de Whiteloke la espada con que había pre- 
tendido subyugar al pueblo de Buenos Aires 



Concluidos estos sucesos, volvió a España. 

Banegraa (José León). Sacerdote. Nació en Bue- 
nos Aires, en 1T77. Miembro de la Sala de Re- 
presentantes en abril de 1852, tomó parte como 
diputado en las memorables sesiones de junio 
figurando entre los apositores al célebre acuer- 
do de San Nicolás. El Dr. Bancgas, que ama- 
ba la instrucción y la propagaba allí donde era 
necesaria, aprovechó esta ocasión q'ie se pre- 
sentaba para revelar su desinterés y patriotis- 
mo, y ofreciendo sus servicios al Gobierno, 
que los aceptó, se puso al frente de las cáte- 
dras, entonces vacantes, de Filosofía y Dere- 
cho canónico. Era fiscal eclesiástico cuando, 
en noviembre de 1855, fué nombrado provisor 
y vicario general. Falleció el 3 de abril de 1856. 

Bañado (combate). En la provincia de Salta, 
entre fuerzas argentinas y españolas, el 21 de 
abril de 1817. Las primeras, a las órdenes del 
comandante Burela, distinguiéndose losde igual 
clase De la Torre, Zabala y sargento mayor 
Rojas. Los españoles sufrieron numerosas ba- 
jas entre jefes, oficiales y soldados. Los gau- 
chos emprendieron la persecución tendiéndoles 
varias emboscadas con éxito, que dieron por 
resultado la retirada del enemigo, el que des- 
pués de la derrota fué a refugiarse a la ciudad 
de Salta. En este combate perdió la vida el 
valiente jefe realista coronel Sardma. 

Baras^aña (Diego Alvarez). Patriota y filántro- 
po. Nacido en Asturias. Muy joven aun vino a 
Buenos Aires, donde logró formar una fortuna, 
que después empleó en ejercer la caridad o en 
actos de patriotismo, que le han hecho acree- 
dor a perpetuar su memoria. Durante la recon- 
quista de Buenos Aires puso su persona y su 
fortuna al servicio de la defensa, peleando en 
los sitios de mayor peligro, asistiendo a los 
heridos y contribuyendo con su fortuna a la 
formación de regimientos. En la segunda inva- 
sión, recibió, el día 5 de julio, un metraliazo en 
una pierna, que se la destrozó por completo, 
haciéndose necesaria la amputación, a conse- 
cuencia de la cual murió dos días después. Su 
fallecimiento fué muy sentido por todo el ve- 
cindario. 

Barahona (Gaspar de). Natural de Castilla la 
Vieja. Nombrado por testamento de D. José de 
la Torre Vela gobernador de la antigua pro- 
vincia del Tucumán, en 1702. Gobernó hasta 
1707. Fué mal administrador, y era creencia 
general que hubiese sacado de la provincia 
300.000 pesos, por lo cual, y por otros hechos 



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-7C 



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no menos indignos, el rey mandó cesara luego 
en el gobierno. 

Barañao (Manuel). Coronel realista. Había na- 
cido en el pueblo de Las Conchas, provincia 
de Buenos Aires. Era jefe de un regimiento 
llamado popularmente los «colorados de Bara- 
flao'S y que fué el terror de los pueblos del 
Sud de Chile. En la batalla de Maipú fué heri- 
do en una pierna. Más tarde fué gobernador 
de Filipinas. Barañao era uno de los jefes más 
denodados y de más pericia del ejército realis- 
ta que operó en Ciiile, aunque no el más hu- 
mano y clemente. 

Barbé (Diego). Sacerdote. Educacionista fran- 
cés. Nacido el 15 de febrero de 1813. Hombre 
ilustrado; profesó el latín, griego, historia, ma- 
temáticas, física, etc., en notables colegios de 
Francia. En 1856, a solicitud del obispo Esca- 
lada, fué designado por el superior de la Con- 
gregación para pasar a Buenos Aires con otros 
cinco compañeros de la misma Orden. Llegado 
a esta ciudad, concibió la idea de construir un 
colegio, que puso bajo el patrocinio de San 
José. Baste decir, compendiando el fruto de sus 
tareas, que el Colegio de San José fué muy 
pronto el colegio más afamado de Buenos Ai- 
res, y es hoy uno de los establecimientos más 
acreditados de la república. Murió en Buenos 
Aires, el 13 de agosto de 1869, y su cadáver 
fué enterrado en la iglesia de Valvanera, al 
lado mismo del altar mayor. 

Barcala (Lorenzo). Coronel. Hombre de color. 
Nacido en Mendoza, en 1795; hijo de esclavos 
africanos, siendo él mismo esclavo en su niñez. 
Adolescente aún obtuvo su libertad para ves- 
tir la casaca del soldado y ser\'ir a]'a causa de 
las instituciones, alas que consagró su cora- 
zón, su talento y su espada, para rendirles más 
tarde el tributo de su vida. A p^sar de la obs- 
curidad de su origen y el color de su rostro, 
este benemérito liberto llegó a ocupar un 
puesto elevado en la milicia de su país, dejan- 
do escrito en la historia de la revolución ar- 
gentina el recuerdo de una exi.stencia tan mo- 
desta como trabajada por el infortunio y el sa- 
crificio. Barcala entró al servicio activo de las 
armas sentando plaza de soldado raso en el 
batallón de Cívicos pardos de Mendoza, hacien- 
do servicio de guarnición en este cuerpo has- 
ta fines de 1820. Habiendo ocurrido en San 
Juan, en enero de aquel año, la insurrección 
del batallón 1." de los Andes, el Gobierno de 
Mendoza, temiendo una invasión de los insu- 



rrectos al territorio de la provincia, dispuso 
el acuartelamiento de las Milicias, confiando 
su organización y mando al general D. Bruno 
Morón. Barcala, sargento primero entonces 
de los cívicos pardos, fué encargado de la or- 
ganización y disciplina de varios cuerpos. Las 
aptitudes que revelara entonces y los hábitos 
de orden y obediencia que supo imprimir en el 
espíritu del soldado le granjearon las simpa- 
tías del jefe del ejército, que le ascendió a al- 
farez. En los diversos combates que desde el 
año 20 al 21 libraron, con éxito brillante, las 
Milicias de Mendoza contra los ejércitos, dos 
veces invasores, de Miguel Carrera en el te- 
rritorio de Cuyo, Barcala se comportó bizarra- 
mente, mereciendo al terminar la campaña un 
ascenso y un escudo de honor con esta inscrip- 
ción: «Aniquilé la anarquía». Algunos años des- 
pués pasó con el grado de capitán al batallón 
de Granaderos, compuesto exclusivamente de 
pardos y morenos, en cuyas filas tuvo la gloria 
de prestar señalados servicios a su provincia. 
La austera moralidad de Barcala, sostenida con 
ejemplar abnegación en su larga y borrascosa 
vida de soldado; las altas prendas de su ca- 
rácter, la distinción remarcable de su persona, 
su reputación de valiente y el mismo trato fa- 
miliar que le dispensaban sus jefes, habíanle 
atraído ya en aquella época el respeto y admi- 
ración de las clases de color, cuyos destinos e 
infortunios personificaba el ilustre negro. El 
28 de mayo do 1824 subía al Gobierno de 
Mendoza el coronel D. José Alvino Gutiérrez, 
alcalde de segundo voto, y hombre de bastan- 
te prestigio en la provincia. «La generalidad 
de la población recibió con marcado desagrado 
tal gobernante, y desde el momento principió 
sus trabajos para hacerlo descender, teniendo 
ya entonces vistas más trascendentales y un 
programa de reformas más extenso y radical,» 
(Hudson, Recuerdos de Cuyo). Solicitado ol 
apoyo de las fuerzas que guarnecían la ciu- 
dad, limitadas a los batallones de infantería, (.1 
dd Cazadores y el de Granaderos, el primero, 
formado por lo más selecto de la juventud 
mendocina, se adhirió con entusiasmo al p' t 
de los conjurados. En cambio, el comand;: 
y v.,rios oficiales del segundo, que eran a' 
tos al nuevo Gobierno, declararon que í^ 
tendrían su causa con su prestigio y su bru 
Pero Barcala, que era el segundo jefe de I 
Granaderos, había pedido desde el primer n 
mentó su puesto de honor y de combate entie 



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BAR 



los revolucionarios, y en la madrugada del 
28 de junio presentábase en el cuartel de Gra- 
naderos, arrojaba a la calle a su jefe inmedia- 
to, y después de arengar a sus soldados los 
ponía al servicio del movimiento revoluciona- 
rio estallado en aquel mismo día, con éxito fe- 
liz. Tomó parte al año siguiente en la expedi- 
ción que se confió a los Aldao para reponer en 
so cargo de gobernador a D. Salvador María 
del Carril, tomando una parte muy principal 
en la victoria de Las Leñas. En la campaña del 
Brasil se le dio el grado de teniente coronel, 
conquistándose por su bravura y moralidad la 
estimación de sus jefes superiores, y muy es- 
pecialmente la del general Paz, a quien acom- 
pañó el año 29 en su expedición a Córdoba. El 
triunfador de Quiroga encontró una resisten- 
cia Insólita entre el gauchaje y la plebe de la 
campaña y ciudad, que no parecía desafecta al 
orden político existente en la provincia. «Pero 
Paz llevaba consigo un intérprete para enten- 
derse con las masas cordobesas de la ciudad: 
Barcala, el coronel negro, que tan gloriosa- 
mente se había mostrado en el Brasil y que se 
paseaba del brazo con los jefes del ejército; 
Barcala, el liberto consagrado durante tantos 
años a mostrar a los artesanos el buen camino 
y a hacerles amar una revolución que no dis- 
tinguía ni color ni clase para condecorar al 
mérito, Barcala fué el encargado de populari- 
zar el cambio de ideas y miras obrado en la 
ciudad, y lo consiguió más allá de lo que se 
creía deber esperarse. Los cívicos de Córdo- 
ba pertenecieron desde entonces a la ciudad, 
a la civilización, al orden civil.» (Sarmiento.) 
Después de la jornada de San Roque, Paz en- 
comendó a Barcala la reorganización del bata- 
llón cívico bajo la denominación de Cazadores 
de la Libertad, formado por los hombres de co- 
lor y las clases menos acomodadas de la ciu" 
dad y suburbios. Más tarde sirvió a las órde" 
nes de Lamadrid, siendo uno de los prisio- 
neros de la Ciudadela y el único entre ellos 
cuya vida fué respetada por Quiroga, vence- 
dor en aquella jornada. Rogado por éste para 
entrar a su servicio, aceptó un puesto entre sus 
edecanes, bajo promesa de que no sería obli- 
gado a combatir contra su partido. El famoso 
caudillo cumplió fielmente su palabra. Formó 
parte en la expedición al desierto dirigida por 
Rosas, el año 33, mandando en jefe el batallón 
de Defensores. Muerto Quiroga en Barranca 
Yacx), el coronel Barcala se retiró a San Juan. 



Preocupado siempre con la idea de derrocar a 
Aldao, que tiranizaba la provincia de su naci- 
miento, urdió una conspiración contra el fraile, 
poniéndose en comunicación con sus amigos 
de Mendoza; pero vendido por uno de sus 
agentes y reclamado por Aldao al gobernador 
de San Juan, coronel D. José Martín Yanzón, 
fué fusilado por orden de aquél, después de 
un proceso instruido en veinticuatro horas 
(abril de 1835). 

Barraca* (combate de). El 20 de junio de 1880, 
entre las fuerzas de D. Nicolás Lavalle y las 
de Campos. La ciudad de Buenos Aires había 
sido atrincherada para su defensa, una vez ro- 
tas las relaciones de su Gobierno (Tejedor) 
con la autoridad nacional (Avellaneda). El 
ejército de línea acababa de poner cerco a la 
ciudad y la escuadra bloqueaba su puerto. El 
día 20 la división del general Lavalle, que aca- 
baba de llegar del Sud, se aproximó en un tren 
hasta e! puente de Barracas, con el objeto de 
hacer un reconocimiento; pero allí se hallaban 
fuerzas de la ciudad al mando del coronel don 
Julio Campos, y se empeñó un sangriento com- 
bate, teniendo al fin que retirarse Lavalle en 
el mismo tren que lo había traído. Ambas fuer- 
zas sufrieron sensibles pérdidas. 

Barrancas (combate de). El coronel Rafael Hor- 
tiguera, al frente de una división desprendida 
de las fuerzas con que el general Viamonte 
había invadido nuevamente la provincia de 
Santa Fe, llega hasta el Carcarañá, arrollan- 
do en su marcha las partidas de montoneros 
que se le presentan; pero López, que regresa- 
ba de su poco afortunada campaña de Córdo- 
ba, le carga en el lugar denominado Barrancas 
y lo destroza completamente, el 10 de marzo 
de 1819. 

Barreyro Grande (batalla de). Guerra del Pa 
raguay. Las divisiones del ejército aliado que 
perseguían al dictador Lóp2Z, del Paraguay, 
encuentran una fuerza paraguaya, al mando del 
general Caballero, en Barreyro Grande, sobre 
el paso del arroyo Perebebuy. Caballero, des- 
pués de haber peleado bravamente contra fuer- 
zas infinitamente superiores, abandona el cam- 
po de batalla, dejando la artillería y gran nú- 
mero de muertos (18 de agosto de 1869). 

Barrientos (Pedro Noiasco). Sacerdote. Natu- 
ral del Paraguay, donde nació, a mediados del 
siglo x\nii. Cursó sus estudios eclesiásticos en 
su país, trasladándose después a esta repúbli- 
ca. En 25 de abril de 1768 fué nombrado rector 



BAR 

cancelario de la Universidad de Córdoba, sien- 
do lector en Teología y custodio. Fué el padre 
Barrientes una figura culminante, correcto en 
la observancia de sus reglas religiosas; se ha- 
bía formado hábitos austeros en el cumplimien- 
to de sus deberes, llevando el esmero hasta lo 
más pequeño cuando la perturbación pudiese 
comprometer el orden general. Dominó la Teo- 
logía y las ciencias filosóficas como pocos en 
su época. Tan versado era en materias de le- 
gislación civil como en las canónicas; sus es- 
critos son una prueba de su erudición. Falle- 
ció en Buenos Aires, en 1810. 

Barros Pazos (José). Jurisconsulto. Natural de 
Buenos Aires, en 1S07, estudió, y se doctoró en 
Leyes en 1S31. Per- 
seguido por Rosas, 
emigró de Buenos 
Aires en la noche del 
5 de abril de 1849, 
en compañía del ge- 
neral Pazy del coro- 
nel Sometiera, pasan- 
do a Montevideo y 
luego a Chile, donde 
ocupó entre los ar- 
gentinos una alta 
posición. Publicó allí 
varias obras de lite- 
ratura y política. 

Caída la tiranía, fué electo diputado a la pri- 
mera Asamblea legislativa de esta ciudad, 
en 1S52, y sucesivamente fué director general 
de Escuelas y rector de la Universidad por 
decreto de mayo de 1854, y al siguiente des- 
empeñó la presidencia de la Asociación de 
Amigos de la Historia natural del Plata. En 
julio de 1855 fué miembro del Consejo con- 
sultivo de Gobierno, hasta noviembre de 1857, 
puesto que abandonó para ocupar el minis- 
terio de Gobierno y Relaciones exteriores; 
posteriormente fué electo diputado en 1860 y 
nombrado vocal de la primera Corte Suprema 
de Justicia nacional. Formó parte también de 
un Congreso Constituyente, del Tribunal en- 
cargado de juzgar a Rosas y del Senado de la 
provincia en varios periodos. El Dr. Barros 
Pazos fué un ciudadano dignísimo y uno de los 
jurisconsultos más notables de nuestro foro. 
Falleció el 23 de noviembre de 1877. 

Barcena (Alfonso). Misionero jesuíta. Nacido 
en Córdoba (España), en 1528, ingresando re- 
cién a los treinta y un añus de edad en la 




José Barros Pazos. 



de la i 
i. y su I 



- 72 - BAS 

Compañía de Jesús. En 1569 se puso en viaje 
para el Perú, donde permaneció largos aftos, 
hasta que pasó al Paraguay y a Tucumán, de- 
dicándose por completo a la conversión de las 
tribus indígenas que poblaban aquellos territo- 
rios, donde tuvo ocasión de aprender y de es- 
tudiar el idioma de los indios. A su regreso al 
Perú publicó numerosos libros, que fueron los 
primeros que se imprimieron en el antiguo im- 
perio de los Incas. Este eminente jesuíta ha 
sido apellidado el Apóstol del Perú, y por al- 
gunos historiadores, el Apóstol del Tucumán. 
Falleció en el Cuzco, después de tres años de 
penosa enfermedad, en enero de 15!:^. 
Basavilbaso (Domingo de). Fundador 
casa y renta de Correos de Buenos Aires, 
primer administrador, en 1748. Español. Nací 
do en Bilbao, el 1 de septiembre de 1709. Vino 
muy joven a Buenos Aires, y se dedicó al co- 
mercio, adquiriendo una sólida fortuna. Alcal- 
de de segundo voto (1738), síndico procurador 
general (1739), alcalde de primer voto (1745), 
y regidor en 1767. 
En el año 1745, 
siendo alcalde de 
primer voto, el 
gobernador de 
Buenos Aires, le 
encomendó la di- 
rección contra los 
indios, quediópor 
resultado la pri- 
sión del cacique 
Galeliano y sus 
principales capi- 
tanejos. Fué el 
conductor en va- 
rias ocasiones, 

desde Potosí a Buenos Aires, de los situados 
de la tropa de esta última plaza y de paquetes 
de bulas y resmas de papel. La escolta de gen- 
te que lo acompañaba en estas excursiones, 
para libertar las encomiendas de los asaltos de 
los indios, fué siempre costeada por su propio 
peculio. Tan distinguidos servicios lo hicieron 
acreedor al puesto de confianza, a que f 'é lla- 
mado por el gobernador Andónaegui, de admi- 
nistrador y tesorero de los derechos impuestos 
para subvenir a los gastos de la guerra contra 
los indios, «puesto que admitió y sirvió a satis- 
facción, no obstante de no tener sueldo algu- 
no». En uno de sus viajes de Potosí a Buenos 
Aires «fué asaltado por los indios (1741) en la 




Domingo de Basavilbaso. 



BAS 

jurisdicción de Tucumán, y con este motivo 
pudo advertir la falta que liacía al buen servi- 
cio público un arreglo mejor que e! que hasta 
entonces existía en el ramo de caminos, pos- 
tas y correos. Estos últimos no existían en rea- 
lidad, y D. Domingo se propuso crearlos, dán- 
doles una administración especial que dejase 
expeditas las vías de comunicación entre Bue- 
nos Aires, Chile y la villa de Potosí ». Fué así 
como adquirió el titulo, que lo recomienda a la 
posteridad, de promotor y fundador de la casa 
y renta de Correos (174S). Bajo el gobierno 
de Andonaegui prestó también otros servicios 
de importancia, equipando y costeando una em- 
barcación para reconocer el puerto de San Ju- 
lián, en la costa del Sud. A esta expedición se 
debió el conocimiento que entonces se tuvo de 
las producciones de aquel paraje. Celoso siem- 
pre del bien público, se encargó posteriormen- 
te de la tesorería y dirección de la nueva fá- 
brica de la iglesia catedral de Buenos Aires. 
Desempeñando este puesto falleció, el 9 de ma- 
yo de 1775, siendo enterrado en el panteón de 
la misma iglesia catedral. 

Basavllbaso (Manuel). Natural de Buenos Ai- 
res. Hijo del anterior y de D." María Ignacia 
Urtubea, de Toledo. Nació el 28 de agosto 
de 1739. Sus servicios datan desde la funda- 
ción de la casa y renta de Correos, estableci- 
da en Buenos Aires bajo la dirección de su pa- 
dre, y del que fué primer administrador. Fué 
electo alcalde de segundo voto en 1767, con- 
tinuando en el de síndico procurador general, 
puesto que ocupó por primera vez en 1768, los 
años de 1771, 72 y 73, por reelección reiterada 
del Cabildo. En 1775, regidor. Siendo síndico 
procurador general elevó a la Junta Suprema 
de Aplicaciones un memorial tendente a de- 
mostrarlas ventajas de fundar una Universidad 
pública en Buenos Aires, atacando en el mis- 
mo escrito el proyecto de trasladar a esta ciu- 
dad la Universidad de Córdoba, que merecía 
las simpatías de la Junta. Propuso también la 
creación de cuatro cátedras de Teología y tres 
de Derecho y el restablecimiento de un Cole- 
gio de Humanidades y Filosofía. Empeñado en 
esta noble y patriótica tarea falleció, en esta 
ciudad, el 4 de junio de 1794, siendo enterrado 
al lado de su padre, en el panteón de la ca- 
tedral. 

Basnaldo (Juan de). Uno de los 64 repoblado- 
res de Buenos Aires el 11 de junio de 15S0, 
que acompañó al fundador, el teniente gober- 



_ 73 - BAU 

nador y capitán general D. Juan de Caray. D« 
Basualdo sólo se sabe que era nacido en Gor- 
dejuela (España), a principios del siglo xvi, y 
que vino en 1535 con la expedición de D. Pe- 
dro de Mendoza, «para conquistar y poblar las 
tierras y provincias que hay en el río de So- 
lís, que llaman de la Plata». El 11 de junio 
de 1580 se halló en la segunda fundación de 
Buenos Aires, siendo agraciado como pobla- 
dor con tres lotes de terreno en el reparti- 
miento de la ciudad, consistentes: uno, en una 
manzana que es la actualmente comprendida 
por las calles de Esmeralda, Sarmiento, Sui- 
pacha y Cangallo, y dos cuartos de manzana 
que formaban esquina en las calles de Co- 
rrientes, 25 de Mayo, Tucumán y Reconquis- 
ta. Fué también agraciado, como los demás 
pobladores, con terrenos para chacras y es- 
tancias en los alrededores de esta ciudad. 

Bathurst (Guillermo). Marino. Natural de 
Southampton (Inglaterra), por el año 1796. 
Se hallaba en Buenos Aires hacia 1814, cuan- 
do su compatriota el entonces teniente coro- 
nel Brown le confió el mando del bergantín 
Independencia, armado con 22 cañones, con el 
cual se batió en el combate de 28 de abril de 
ese mismu año y en el de 25 de mayo frente a 
Buenos Aires, siendo felicitado por Brown y 
la escuadra. Se halló también en el sitio de 
Monteüideo. Cuando la guerra contra el Bra- 
sil, el mayor Bathurst se batió heroicamente 
en el combate de los Pozos, el 1 1 de junio 
de 1828; en el ataque a la fragata Emperatriz 
y en otros hechos de armas. Durante Rosas 
emigró de Buenos Aires para combatir por la 
libertad. Se encontró en la batalla de Cagan- 
cha, donde fué tomado prisionero y trasladado 
al cuartel del Retiro, donde acabó sus días 
el 23 de mayo de 1844, víctima de un aneuris. 
ma, precipitado por la melancolía que minó su 
moral, ofendida por la injusticia. 

Banness (Carlos). Militar. Nacido en Inglate- 
rra, en 1797. Vino a Buenos Aires siendo muy 
niño, e inclinado a la carrera de las armas, 
sentó plaza de soldado del cuerpo de Cívicos 
en 1810, y en 1S13 pasó al regimiento de Gra- 
naderos a Caballo y marchó con el ejército 
auxiliar del Perú, en clase de alférez, en 1814. 
Se halló en Sipe-Sipe y Paso de los Andes con 
San Martín, concurriendo a Chacabuco, Malpü 
y Bio-Bio. En la frontera, contra los indios. 
Sargento mayor en 1S26, se halló en los en- 
cuentros del Salto, las Saladas y en las expe- 



BAU 



74 - 



BEA 



díciones al Tandil y Bahía Blanca. En 1828, 
siendo teniente coronel, se batió en Naoarro, 
a las órdenes de Dorrego. De 1832 al 34, ayu- 
dante en la Inspección general de armas, en 
cuyo aflo fué dado de baja por Rosas y pasó a 
Montevideo. En 1S53 pasó a revistar en la 
plana mayor activa. Murió en Buenos Aires, 
el 29 de mayo de 1855. 

Banzá (Rufino). Guerrero de la independencia. 
Uruguayo. Nacido el 16 de noviembre de 1795. 
Era hijo de D. Dnmingo Bauza y de D." Ana 
Álvarez. Desde muy niño se enroló en la insu- 
rrección que encabezó Artigas. En la batalla 
del Cerrito (31 de diciembre de 1812) era ya 
capitán del regimiento de Blandengues; se 
comportó muy bien, lo mismo que en el resto 
de la campaña, que dio por resultado la rendi- 
ción de la plaza de Montevideo, y fué en esta 
fecha ascendido a coronel. Estuvo con Ron- 
deau y se halló en Santo Tomé, Cepeda, Paso 
de Aguírre. No concurrió a la guerra del Bra- 
sil. En su país ascendió hasta brigadier ge- 
neral. En 1833 fué hecho general en el Pal- 
mar sobre el campo de batalla, y brigadier en 
la defensa de Montevideo. Fué ministro de la 
Guerra y presidente del Consejo de Estado en 
la Banda Oriental. El general Bauza fué par- 
tidario de Artigas, cuya memoria ha respetado 
y venerado hasta sus úUimos años. En nues- 
tras luchas internas simpatizó siempre con los 
caudillos del interior. Era muy amigo del gene- 
ral López, de Santa Fe. 

Baxáa (Juan Gregorio de). Conquistador del 
siglo XVI. Descendía de una familia de Talave- 
ra (España), de donde era nativo. Vino con 
La Gasea y con una numerosa comitiva y ser- 
vidumbre, que equipó a sus expensas. Fué ad- 
versario de! celebre D. Gonzalo Pizarro. El 
conquistador Francisco de Aguirre, con quien 
le unían lazos estrechos de parentesco, delegó 
en él durante su ausencia el mando político y 
militar en la ciudad de Santiago del Estero; 
pero, desesperando Bazán poder resistir a los 
naturales y salvar a la ciudad de sus frecuen- 
tes invasiones, hubo de abandonarla y regresar 
al Perú; pero desistió de este propósito debi- 
do a la intervención del capitán Miguel de Ar- 
diles, que le estimuló a proseguir la conquista. 
Cambiado completamente su anterior propósi- 
to, soportó Bazán las mayores miserias y con- 
trariedades; organizó la defensa de la ciudad 
y regularizó el gobierno. Eipeaicionó y redu- 
jo a los indios del río Salado. Bajó del Gobier- 



no en 1556. Venía el conquistador de regreso 
de Lima, donde había ido en busca de su fami- 
lia, recientemente llegada de España, cuando 
fué acometido, en un paraje llamado Siancas, 
por los indios, que lo atacaron de improviso, 
sucumbiendo con algunos de los suyos, después 
de una resistencia desesperada. Bazán ha sido 
uno de los españoles más distinguidos que pi- 
saron el territorio de la colonia y uno de los 
pocos conquistadores que no han señalado sus 
jornadas con actos de crueldad y de barbarie. 

Bazurco (José Antonio). Obispo de Buenos 
Aires. Nació en esta ciudad, donde hizo sus 
primeros estudios eclesiásticos, completándo- 
los después en Lima. Por sus virtudes y talen- 
to mereció ser elevado al obispado de Buenos 
Aires en 1760. Recibió su consagración epis- 
copal en la ciudad de Arequipa, en el Perú. 
Colocó la piedra fundamental del templo de 
Santo Domingo (1751); promovió la construc- 
ción de una enfermería en el convento de mon- 
jas Catalinas, y durante su gobierno episcopal 
prosiguió empeñosamente la obra de la iglesia 
catedral. Falleció el 5 de febrero de 1871, y 
sus restos descansan en esta iglesia. 

Beanchef (José). Militar. Nacido en Francia, 
en 1787. Empezó la carrera militar en los ejér- 
citos de Napo- 
león I, el año 
1805, asistiendo a 
las batallas de 
Austerlitz, Jena, 
Mohringen, 
Friedland y Wa- 
terloo. Cuando 
el emperador fué 
desterrado a la 
isla deSanta Ele- 
na se trasladó 
Beauchef a Norte 
América, y allí 
fué contratado 
para tomar servi- 
cio en el ejército argentinochileno que comba- 
tía por la independencia chilena, siendo incor- 
porado, con el grado de teniente de caballería, 
el 27 de febrero de 1817. Asistió al asalto de 
Talcahuano, donde fué gravemente herido el 7 
de diciembre del mismo año, y restablecido a 
fines del siguiente, hizo las campañas del Sud 
de Chile, a las órdenes de Balcarce y Freiré, y 
en 1820 sirvió a las órdenes del almirante Co- 
chrane, encontrándose en la toma de Valdivia. 




José Beauchef. 



BEA 



- 75 - 



BED 



Revistando ya de teniente coronel, derrotó 
el 6 de marzo de 1S20, en el combate de la Ca- 
sería del Toro, a una fuerza superior. Gober- 
nador de la plaza de Valdivia. En 1823 hizo la 
campaña del Perú, y aflos después las de Chi- 
íóe, alcanzando el grado de coronel efectivo. 
Falleció en Santiago de Chile, el 10 de junio 
de 1840. 

Beaomont y Navarra. Gobernador de Buenos 
Aires. Desempeñó provisoriamente este cargo 
después de la muerte del propietario, D. Diego 
Marín Negrón, suced'éndole Hernandarias de 
Saavedra. Beaumont había servido largos 
aflos en Buenos Aires, donde ocupó algunos 
empleos públicos: alcalde ordinario, teniente 
gobernador, y bajo la administración de don 
Diego Valdés de la Banda (1598-1600) fué nom- 
brado teniente general. «Se encontraba hacía 
seis aflos ejerciendo las modestas funciones de 
corregidor en Payta, pequeño puerto en la 
costa peruana, ciudad del Ecuador, cuando el 
virrey Mendoza y Lima lo llamó a este gobier- 
no, conociendo su rectitud y entereza y la ex- 
periencia que tenía en las cosas de esta gober- 
nación.» (Domínguez.) Gobernó desde el 8 de 
enero hasta el 3 de mayo de 1615. La mayor 
parte de nuestros historiadores no consignan 
el nombre de Beaumont en la crónica de los 
gobernadores de Buenos Aires. 

Beazley (Francisco). Marino. Natural de los Es 
tados Unidos de Norte-América. Llegó a Bue- 
nos Aires cuando empezaba la guerra del Bra- 
sil. Antiguo marino y amigo de Brown; tomó 
servicio como comandante del bergantín Re- 
pública, buque armado con 18 cañones y tri- 
pulado por 120 hombres. Poco después se le 
confió el mando del General Mansilla, con 
cuyos buques sostuvo con honra la bandera de 
la patria en los diversos encuentros en que se 
halló y en su crucero por el Río de la Plata, 
en el cual logró tomar un sinnúmero de pre- 
sas a los imperialistas. Fueron muy buenos y 
muchos sus servicios. Perseguido más tarde 
por Rosas, emigró al Brasil, donde falle- 
ció. 

Bedoya (Elias). Hombre público. Nacido en 1800, 
en Córdoba, donde hizo sus estudios y en cuya 
Universidad debió graduarse. Como casi toda 
la juventud argentina de la época, el doctor 
Bedoya aceptó el movimiento revolucionario, 
que encontró consumado apenas pisó la aurora 
de la vida. Miembro de una familia distinguida 
y acreditada en Córdoba, le fué fácil crearse 



allí los elementos necesarios para entrar en la 
vida pública. El primer puesto de verdadera 
importancia que ocupó fué el de diputado por 
Córdoba, en el Congreso que se instaló en Bue- 
nos Aires a fines del año 1824. Enemigo de los 
caudillos entonces dominantes en la Repúbli- 
ca, el Dr. Bedoya simpatizó con el sistema uni- 
tario, del que se mostró más tarde ardiente y 
decidido partidario. Persiguiendo tales ideas 
fué el primero que indicó en el Congreso la 
conveniencia de volver a crear el Gobierno na- 
cional, suprimido el año 20. Más tarde, habien- 
do pedido el gobernador general, D. Juan Gre- 
gorio de las Heras, se le exonerase de las 
atenciones del Gobierno, recargado sumamen- 
te entonces por las exigencias de la guerra, el 
Dr. Bedoya aprovechaba entonces la coyuntu- 
ra que se le ofrecía para renovar su indica- 
ción, que el Congreso aceptó, nombrando pre- 
sidente de la República a D. Bernardino Riva- 
davia. La tenaz oposición hecha al sistema 
unitario por muchas de las provincias argenti- 
nas sublevó muy luego contra el Gobierno y 
el Congreso que lo apoyaba serias resisten- 
cias, hasta el punto de resolver algunas de 
ellas, declarar cesantes a sus representantes. 
Entre estas últimas se cuenta la provincia de 
Córdoba, que retiró sus poderes a sus diputa- 
dos; sin embargo de esto, el Dr. Bedoya y sus 
colegas continuaron en sus puestos hasta la 
disolución del Congreso. Los sucesos posterio- 
res obligaron al Dr. Bedoya a unirse con el 
general Paz, a quien acompañó en su victorio- 
sa expedición, prestándole el valioso contin- 
gente de su ilustración y patriotismo. En se- 
guida, así que las atrocidades del tirano Rosas 
provocaron la campaña libertadora, se le ve al 
lado del general Lavalle, quien le confía una 
delicada comisión cerca del Gobierno de Ju- 
juy, referente a los asuntos de la guerra. ínte- 
rin llenaba esa comisión hubo de ser aprisio- 
nado por los sicarios de Rosas, en momentos 
que el general Lavalle acababa de entrar a la 
ciudad y alojádose en su casa-habitación. 
Rodeaba ya ésta una partida de forajidos, que 
hubieran profanado la casa del comisionado si 
la aproximación de la división Lavalle no lo 
hubiera evitado. Los traidores huyeron; pero 
no sin consumar un crimen en su tentativa de 
abrir la puerta a balazos: uno de ésto? acertó 
a herir mortalmente a Lavalle. Caído Rosas y 
establecida la separación de Buenos Aires, el 
Dr. Bedoya fué ministro de Hacienda de la 



BED 

Confederación, falleciendo el 15 de octubre 
de IS70. 
Bedoya (Francisco). Militar. Gobernador dele- 
gado en Córdoba; hermano del anterior. Hom- 
bre de orden y de carácter, fué uno de los más 
perseverantes sostenedores de la causa nacio- 
nal, tomando parte activísima en las luchas ci- 
viles que provocaron los caudillos. Era coman- 
dante de .Milicias de un departamento de Cór- 
doba cuando ocurrió en aquella provincia la 
rebelión de Juan Pablo Bulnes (1816), concu- 
rriendo con sus fuerzas a sostener a las auto- 
ridades locales, y con su bravura y decisión, a 
la derrota de este cabecilla. Desde entonces 
comenzó a adquirir espectabilidad en la políti- 
ca local de su provincia. Electo diputado a la 
Legislatura, ocupó la presidencia de aquel 
Cuerpo y fué gobernador delegado de D. Juan 
Bautista Bustos cuando la invasión de Carre- 
ra al territorio de Córdoba. Durante su dele- 
gación hizo prender al general Paz, que se en- 
contraba en Córdoba y que no era extraño a 
los movimientos subversivos que se dejaban 
sentir en la Sierra, donde se reunían nuevas 
fuerzas para marchar al Alto Perú. La orden 
fué cumplida; pero libertado en el trayecto, 
permaneció en el territorio de la provincia. 
Después del triunfo obtenido por Carrera so- 
bre Bustos en el Chajá, Bedoya se apresuró 
a reunir elementos de defensa; organizó las 
Milicias, amedrentó los montoneros y puso la 
provincia de su mando en situación de poder 
resistir a los caudillos y revoltosos. Carrera 
regresó a Córdoba después <le algunas corre- 
rias infortunadas en las provincias de Cuyo, y 
reunido a algunos cabecillas, marchó directa- 
mente a la capital, a la que puso sitio. «El co- 
ronel Bedoya «e había atrincherado en la ciu- 
dad, y, animado de una voluntad inconmovible, 
rechazaba con éxito todas las tentativas del 
enemigo. Entretanto, no llegaban las fuerzas 
que se esperaban de Santiago, y Bedoya, bien 
sostenido por los valientes cívicos de la plaza, 
se hacia día a día más agresivo, para azarear 
a los sitiadores con ataques repentinos y sor- 
presas. Habiendo logrado urdir una intriga há- 
bilmente desempeñada, hizo creerá Pintos y a 
Peralta (aliados de Carrera) que una parte de 
loe cantones del Noroeste se iba a insurrec- 
cionar en la noche del 6 de mayo y que nece- 
sitaban apoyo inmediatamente así que rompie- 
ra el tiroteo. A la hora convenida empezó, 
en efecto, el tiroteo, y los sitiadores acudie- 



76 — BED 

ron a las calles donde tenía lugar; pero ca- 
yeron en una emboscada de todas las fuerza» 
de la plaza, que los diezmaron, cayendo pri- 
sioneros Pintos y Peralta, que inmediatamente 
fueron fusilados por Bedoya. Carrera escapó 
de la catástrofe, pues se limitó a observar de 
lejos el suceso.» (López.) La energía y deci- 
sión de Bedoya salvaron asía la provincia de 
Córdoba de caer en las garras de este famoso 
demagogo, que huyó, después del desastre, a 
Santa Fe. Sorprendió y derrotó más tarde en 
el Rio Seco a Ramírez, que pereció en aquella 
jornada. Cuando la guerra del Brasil, organi- 
zó por orden del Gobierno de Buenos Aires un 
batallón de veteranos; pero no pudo asistir a 
aquella campaña porque su presencia era in- 
dispensable en el campo de luchas civiles. Be- 
doya era justamente respetado, si no temido, 
por los caudillos: había sido adversario y 
triunfador de Bulnes, de Carrera y de Ramí- 
rez, y estos hechos, unidos a una voluntad in- 
flexible, a un carácter serio y enérgico y a una 
adhesión sincera por la causa nacional, rodea- 
ban su nombre de cierto prestigio y de cierta 
opinión, de que no gozaban otros militares con- 
temporáneos suyos. Persiguiendo a Felipe ¡ba- 
rra penetró en Santiago y ocupó su capital; 
pero no encontrando apoyo en su vecindario, 
tuvo que desalojarla. Después de la batalla del 
Tala fué llamado a Tucumán para resistir a 
Quiroga, que se temía la atacase; pero apenas 
llegado, y como éste se dirigiese a La Rioja, 
recibió nueva orden de contramarchar a Salta, 
con motivo de una sublevación encabezada por 
los coroneles Francisco Gorriti y Manuel Puch 
contra el gobierno de Arenales. Bedoya salió 
con una columna de 214 hombres, llegando sin 
contratiempo ninguno a Chicoana, pequeño 
pueblo que dista siete leguas de Salta (6 de 
febrero de IS27i, a pesar de una persecución 
tenaz por parte de los sublevados, cuyas filas 
acababan de ser aumentadas por 200 bolivia- 
nos, mandados por el coronel López Matute, 
que se habían sublevado en Cochabamba e in- 
ternádose en Salta, cuyo Gobierno los protegió. 
Pocas horas después de su entrada en Chicoa- 
na, Matute envió un parlamentario a intimarle 
rendición, haciéndole ver la desigualdad de sus 
fuerzas. «Dígale a su jefe— contestó Bedoya — 
que las armas de la ley no se rendirán jamás, 
y que espero ansioso la hora del combate que 
dtbe decidir la suerte de los pueblos.» El ata- 
que no se hizo esperar, y después de tras car- 



BED 



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gas sucesivas por parte de los sublevados, en 
que fueron rechazados con grandes pérdidas, 
se trabó un horrible combate al arma blanca, de 
cinco contra uno, quedando los sublevados 
dueños de la plaza cuando no tenían adversa- 
rios con quien combatir. De los 214 defensores 
quedaron 203 en el campo de combate, siendo 
Bedoya, según se dice, muerto por las propias 
manos de Matute. 

Bedoya (Eusebio). Educacionista y periodista. 
Nació en Córdoba, el 14 de agosto de 1821. 
Hijo del anterior. Ordenóse de sacerdote 
en 1844. Fué catedrático de Derecho canónico 
en la Universidad de Córdoba. Fué el intro- 
ductor en América del Sud del método Ro- 
bertson para la enseñanza de idiomas. Murió 
el 22 de diciembre de 1865. 

Belgrano (Manuel). Militar. Nacido el 3 de ju- 
nio de 1770, en Buenos Aires. Hijo de D. Do- 
mingo Belgrano 
Peri, del Piamon- 
te (Italia), y de 
D." María J. 
González Case- 
ro. Cursó el latín 
y Filosofía en el 
Colegio de San 
Carlos, pasando 
después a Espa- 
ña, en 1786, a 
completar sus es- 
tudios. Ingresó al 

efecto en la Uni- „ , _ , 

. . , . _ , Manuel Belgrano. 

versidad de Sala- 
manca, graduándose de bachiller en 1789, y 
cuatro años después, de abogado, en Vallado- 
lid. En las diversas materias que tuvo que 
cursar para conquistar el liltmo título, nin- 
guna de ellas, según su propia confesión, 
estimuló tanto su aplicación como los idio- 
mas vivos, el Derecho público y la Econo- 
mía política. Para esta última ciencia sobre 
todo guardó una especial afición, que aumentó 
después durante su residencia en Madrid, don- 
de publicó un tratado de Economía política, 
traducido del francés y precedido de una nota- 
ble introducción escrita por él. Poco tiempo 
después de su residencia en Madrid expidióse 
la cédula en que se creaba el Consulado de 
Buenos Aires, nombrando a Belgrano su secre- 
tario, presentándole así la ocasión más pro- 
picia para hacer prácticos sus conocimientos 
económicos en beneficio de su patria, objeto 




único de su aplicación al estudio y teatro que 
debía ser de sus triunfos y decepciones. Para 
ocupar .su puesto en el Consulado abandonó 
a Madrid, a fines de 1794, lleno de halagüeñas 
ilusiones al considerar que entre los deberes 
de su cargo figuraba el de escribir una Memo- 
ria anual sobre el estado de las provincias, en- 
cargo que él creía, en sus juveniles esperanzas, 
iba a ponerlo en situación de provocar la des- 
aparición de los males que aquejaban a su país. 
Pero no era la realidad de estas ilusiones lo 
que esperaba a Belgrano en Buenos Aires. La 
ignorancia empecinada y fatua estaba enseño- 
reada en la institución fundada, entre otros 
fines, para fomentar la agricultura y promover 
la industria y el comercio; una lucha iba a em- 
peñarse entre los miembros del Consulado, 
cuya mayoría, compuesta de comerciantes es- 
pañoles sin instrucción alguna, era partidaria 
del monopolio. En esa lucha, en que Belgrano 
entró con todo el ardor de su juventud, debía 
él conquistar sus primeros laureles, mientras 
los sucesos le preparaban el camino para cu- 
brirse de gloria en otra lucha distinta, más gi- 
gantesca y tremenda. Partidario del librecam- 
bio, sostuvo sus ideas con brillo y tenacidad 
en el seno de aquella Corporación, consiguien- 
do, a despecho de sus colegas, inocularlas al 
pueblo. Sus trabajos en este sentido han hecho 
decir a su historiador que él y Moreno, secun- 
dados por Vieytes y Castelli, fueron los pro- 
motores de la revolución económica del comer- 
cio libre, que había de preceder a la revolución 
política estallada después. Belgrano, al com- 
batir el monopolio y sostener los verdaderos 
principios económicos, arrojó la primera semi- 
lla de discordia en la pacífica población de Bue- 
nos Aires. Desde entonces se definieron y se 
caracterizaron los dos partidos cuyo antago- 
nismo iba a ocasionar una lucha ardiente y te- 
naz y cuyo primer ensayo hacían en la discu- 
sión económica, sosteniendo los unos el mono- 
polio, que les aprovechaba; resistiéndolo los 
otros, en nombre de intereses generales. Pero 
estas ideas no debían conseguir un triunfo 
completo sino bajo un orden de cosas que ni el 
mismo Belgrano presentía entonces. Entretan- 
to, el infatigable secretario continuaba en su ta- 
rea anual de publicar las Memorias de que es- 
taba encargado, y sobre cuya eficacia había ci- 
mentado tantas esperanzas. Estas Memorias 
dejan traslucir el espíritu ilustrado y progre- 
sista que dominaba a su autor. La primera 



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BEL 



lleva el siguiente título: «Medios generales de 
fomentar la agricultura, animar la industria, 
proteger el comercio en un país agricultor». 
Fué leída en la sesión que celebró la Junta de 
Gobierno el 15 de junio de 1796. La segunda se 
titula: «Utilidades que resultarán a esta provin- 
cia y a la Península del cultivo del lino y C!íña- 
mo; modo de cosechar estos ramos», y por úl- 
timo se proponen los medios de contraerse a 
este ramo de la agricultura. La tercera Memo- 
ria publicada lleva el siguiente título: «El ori- 
gen de la felicidad de estas provincias es la 
reunión de los comerciantes y de los hacenda- 
dos, a la par del premio y de la ilustración ge- 
neral». Sostiene en esta Memoria sus ideas so- 
bre el librecambio, y se ocupa de los premios 
como estímulos para la actividad humana y 
desarrollo de la capacidad industrial de los ha- 
bitantes de un país. Muy poco después la Corte 
aceptó sus ideas. Más tarde consiguió del Con- 
sulado la autorización para fundar una Escuela 
de Geometría, Arquitectura, Perspectiva y toda 
clase de dibujo, y más tarde obtuvo también el 
establecimiento de la Escuela de Náutica, de 
que había sido promotor, y cuyo Reglamento 
redactó él mismo por encargo del Consulado. 
Pero estos establecimientos estaban destinados 
a durar poco, pues, conocedora la Corte de su 
existencia, mandólos suprimir, censurando la 
conducta del Consulado; acto de barbarie, 
como dice Mitre, digno de un Gobierno tirá- 
nico y enemigo de la ilustración. Belgrano 
tomó parte en las invasiones inglesas. En la 
revolución de mayo de 1810 formó parte de la 
primerajunta,e inmediatamente ésta le mandó, 
para que abriese una campaña sobre el Para- 
guay; 200 hombres de la guarnición de Bue- 
nos Aires con algunos del Paraná, a los que 
se agregaron las Milicias de Corrientes y Mi- 
siones, «eran todas las fuerzas que se pusie- 
ron a disposición de Belgrano». «General ira- 
provisado por la revolución y animado de su 
noble espíritu», salió Belgrano a tomar el 
mando que se le confiaba, en San Nicolás de 
los Arroyos, donde se encontraba reunida par- 
te de la fuerza expedicionaria, que consiguió 
aumentar hasta más de 1.000 hombres, con 
cuyo número invadió el Paraguay, teatro de 
sus primeros ensayos militares. Fundó el pue- 
blo de Curuíii-Cuatiá, y luego batióse en Cam- 
pichuelo, Paraguari, Tacuari. Después de ba- 
tirse heroicamente se retiró de aquel territorio 
con los honores de la guerra. Fundó también, 



en 1810, un periódico y la Escuela de Matemá- 
ticas, y en 1812 creó la bandera argentina. Al 
año siguiente es nombrado general del ejérci- 
to del Norte en momentos angustiosos, orga- 
nizando la retirada hasta Tucumán, donde dio 
la batalla del 24 de septiembre, victoria que 
el 20 de febrero de 1813 fué complementada 
por el triunfo espléndido de Salta, en premio 
de lo cual recibió un sable con guarniciones de 
oro, con la siguiente inscripción: «La Asam- 
blea Constituyente al benemérito general Bel- 
grano», y además 40.000 pesos, que Belgrano, 
generosamente, destinó para la dotación de 
cuatro escuelas públicas de primeras letras, 
cuyo Reglamento él mismo redactó, en las cua- 
tro ciudades siguientes: Tarija, Jujuy, Tucu- 
mán y Santiago del Estero. Poco después su- 
frió su ejército los reveses de Viícapnjio y 
Ayohuma Estos sucesos lo separaron del man- 
do, substituyéndole el general San Martín, 
que se hizo cargo del ejército. En diciembre 
de 1814, en unión con Rivadavia, era nombra- 
do comisionado en misión diplomática para Es- 
paña, a fin de obtener, por medio de Inglate- 
rra, el reconocimiento de la independencia, re- 
gresando de Europa a fines de 1815. Vuelto a 
ocupar el antiguo cargo del ejército del Norte, 
se fortificó en Tucumán, a la espera de los 
acontecimientos, donde permaneció hasta 1819. 
Tras diversas vicisitudes regresó enfermo a 
Buenos Aires, atacado por la dolencia que lo 
llevó al sepulcro el día 20 de junio de 1820, a 
las siete de la mañana. Pocos días antes de 
morir dijo a los que lo rodeaban: «Pensaba en 
la Eternidad adonde voy y en la tierra querida 
que dejo. Yo espero que los buenos ciudada- 
nos trabajarán por remediar sus desgracias». 
Sus virtudes cívicas y su modestia son los ras- 
gos principales de su carácter: fué el héroe o 
el mártir de la revolución, según se lo ordena- 
ba la ley inflexible del deber. Exento de ambi- 
ciones, manso por naturaleza y modesto por 
carácter, carecía de las cualidades férreas que 
se requieren para dominar en los Consejos de 
Gobierno o para imprimir en la política el sello 
de sus ideas. Hombre de abnegación más bien 
que hombre de Estado, tenía la fortaleza pa- 
siva del sacrificio y del deber; aspiró sólo a 
merecer la aprobación de su conciencia. El Go- 
bierno dispuso, con fecha 7 de agosto de 1821, 
que se diera su nombre a la calle en que esta- 
ba situada la casa paterna donde nació y mu- 
rió, y que el primer pueblo que se fundara lie- 



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BEN 



vara también su nonibre. El 24 de septiembre 
de 1873 el pueblo de Buenos Aires inauguró su 
estatua en la plaza 25 de mayo, hoy plaza de 
Mayo, y el 29 de junio de 1903, su mausoleo, en 
el atrio de la iglesia de Santo Domingo, hoy 
basílica del Rosario. Su biógrafo, el ilustre ge- 
neral Mitre, al pronunciar, en 1873, el juicio de 
la posteridad, en presencia del monumento, 
dijo que «con legítimo orgullo y con humildad 
republicana podía asegurarse que jamás una 
gloria más pura ni más modesta se había mo- 
delado en el bronce de la inmortalidad'). 
Beltrán (Fray Luis). De la Orden de San Fran- 
cisco. Nació en Mendoza, en 17S5, y siendo muy 
niflo pasó a Chile llevado por un sacerdote 
franciscano que, prendado de su inteligencia, 
tomó a su cuidado su educación en un conven- 
to de la Orden, donde cursó sus estudios, tomó 
hábito y profesó, demostrando mucha afición a 
las Matemáticas, Fí.sica, Química y a la Mecá- 
nica. Jefe de la Maestranza en el ejército de 
los Andes, facilitó el paso de la artillería por 
la cordillera en 1817. En la hoja de servicios, 
que original se conserva en el Archivo del ejér- 
cito, se lee lo siguiente: «1.° Como jefe de la 
Maestranza y Parque preparó todo el arma- 
mento, municiones y bagajes para la campaña 
de Chacabuco, y condu)o siete cañones de a 
cuatro y dos obuses de seis pulgadas, rodando 
en zorras por la cordillera de los Andes hasta 
la capital de Chile. 2.° Habiendo perdido el 
ejército unido todo el Parque y la mayor parte 
de la artillería en la desgraciada sorpresa de 
Cancha-Rayada, pues solamente se salvaron 
cinco piezas, que llegaron inutilizadas a la ca- 
pital, montó 22 cañones de varios calibres, em- 
pezando por fundir las balas y municiones, tan- 
to de artillería como de infantería y caballería, 
presentándolas listas para la batalla que a los 
diez y siete días se dio en el llano de Maipú, 
en que se salvó la libertad de la República de 
Chile. 3.° El 20 de agosto de 1820 se embarcó 
en el puerto de Valparaíso con la expedición 
libertadora del Perú, bajo las órdenes del ge- 
neral San Martín, después de haber construí- 
do y embarcado todos los pertrechos que el 
ejército llevaba para su campaña. 4.° En el 
mes de marzo de 1822 fundió en Lima 24 pie- 
zas de artillería de a cuatro, de montaña, de 
que carecía el ejército para sus operaciones. 
5.° Como director de Maestranza y Parque 
aprestó en el ramo de municiones y pertrechos 
de guerra cuatro expediciones, a saber: la pri- 



mera, en 1821, que marchó sobre lea a las ór- 
denes del señor brigadier D. Domingo Tristán; 
la segunda, en 1822, que marchó a Puertos In- 
termedios a las órdenes del mariscal de campo 
D. Rudesindo Alvarado; la tercera, en 1823, 
que marchó a los mismos Puertos Intermedios 
a las órdenes del señor general de división don 
Andrés Santa Cr»iz. 6.° y último. Por la suble- 
vación de las tropas del Callao en febrero 
de 1824, se retiró a Trujillocon la Maestranza 
y compañía de obreros, y allí continuó srs tra- 
bajos para pertrechar el ejército que bajo las ór- 
denes de su excelencia el libertador de Colom- 
bia alcanzó ios ir'mn'iosáe Junin y Ay acacho, 
que afianzaron la libertad del Perú y termina- 
ron la guerra de la independencia.» Por des- 
inteligencia con Bolívar se dirigió a Buenos Ai- 
res, donde desembarcó el 18 de Julio de 1825, 
y vivió pobre y retirado hasta su fallecimiento, 
ocurrido en 1827. Murió en el seno de la Igle- 
sia, amortajado con el hábito de la Orden. 
Mendoza va a consagrarle muy pronto un her- 
moso monumento frente al sitio donde en 1817 
se hallaba la Maestranza del ejército de los An- 
des, en el paseo de la Alameda, que precisa- 
mente trazó el general San Martín, adornán- 
dole con álamos que ya no existen, y a cuya 
sombra ambos patriotas departieron más de 
una vez, comunicándose sus ensueños de li- 
bertad. 

Bellaco (combate en el arroyo) (11 de enero 
de 1813). En el arroyo del Bellaco, cerca de 
Gualeguaychú, una fuerza argentina al mando 
de los capitanes José Santos Lima y Gregorio 
Samaniego ataca a los españoles en aquel 
punto con una flotilla, y les toman tres buques 
corsarios, cinco cañones, una bandera y bastan- 
tes prisioneros, ocasionándoles muchos muer- 
tos y heridos. 

Bella Vista (combate). En Corrientes, los revo- 
lucionarios, que dominaban casi toda la provin- 
cia, se pusieron a operar contra sus enemigos 
de causa, y el jefe de reserva coronel Juan 
Madariaga ataca y vence en un combate en 
Bella Vista, el 29 de abril de 1843, a una fuerza 
entrerriana y correntina mandada por Góngo- 
ra, arrojando a los dispersos sobre la provincia 
de Santa Fe. 

Benavides (Nazario). El general Benavides 
gobernó la provincia de San Juan durante diez 
y ocho años; en todo ese tiempo el fusilamien- 
to o el asesinato de un solo hombre no tuvo 
lugar por causas políticas. Cuando el general 



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Acha fué vencido y tomado por él en las to- 
rres del mismo templo (catedral), Benavides 
personalmente lo tomó del brazo y lo puso en 
seguridad, habiendo sentido un profundo des- 
agrado cuando supo su fusilamiento, y aun 
quedó en desinteligencia con los que lo man- 
daron ejecutar. En la administración de Rosas, 
la provincia de San Juan fué siempre favora- 
ble a los enemigos de aquél; todos allf vivie. 
ren tranquilos y respetados, y los que se veían 
perseguidos en otras provincias, en San Juan 
hallaron protección generosa de Benavides. 
Gobernó los diez y ocho años rodeado de los 
federales y de los unitarios más notables; de 
unos y otros compuso siempre la Legislatura, la 
Administración y hasta sus Consejos de Gobier- 
no, En su tiempo no se confiscó ni embargó en 
la provincia la propiedad de nadie. En su go- 
bierno dominó tres revoluciones hechas contra 
su autoridad. Sarmiento, uno de los persegui- 
dos por la dictadura de Rosas, en sus Recuer- 
dos de prooincia, se expresa de Benavides de 
este modo: «Benavides es un hombre frío; a 
eso debe San Juan el haber sido menos ajado 
que los otros pueblos; tiene un excelente cora- 
zón, es tolerante, la envidia hace poca mella 
en su espíritu, es paciente y tenaz.» El gene- 
ral Benavides fué asesinado el día 23 de octu- 
bre de 1358, a los cincuenta y tres años de 
edad. 
Benavldez (Antonio). Militar. Nació en la ciu- 
dad de Córdoba, el 23 de junio de 1833. Sentó 
plaza de soldado en el quinto batallón de 
Guardias nacionales, como defensor de Bue, 
nos Aires, durante el sitio puesto por el coro, 
nel Lagos. Se halló en la batalla del Tala, en 
el Azul, sosteniendo combates contra los in- 
dios, a las órdenes de Conesa, en los parajes 
denominados Tres Arroyos y Pescaco Casti- 
gado, contra numerosa fuerza de indios, ob- 
teniendo el grado de capitán en mayo de 1858. 
Se halló en Cepeda, Paoón. En octubre 
de 1863, sargento mayor efectivo. En la gue- 
rra del Paraguay se encontró en Dos de Mayo, 
Paso de la Patria, Tiiyuti, y el 4 de septiembre 
en el gran reconocimieato practicado, en cuya 
fecha derrotó con su escuadrón del regimien- 
to 3 las fuerzas paraguayas que se le presen- 
taron a su paso, tomó diez y siete prisioneros 
y llegó hasta el mismo pie de la batería Linch, 
mereciendo que el general en jefe, D. Barto- 
lomé Mitre, le estrechara la mano con efusión al 
frente de sus soldados, y le felicitara sobre el 



BER 

campo de batalla, ascendiéndole a teniente co- 
ronel graduado, y de efectivo el 1 de octubre 
de 1868. Tuvo que regresar del Paraguay para 
sofocar la revolución estallada en las provin- 
cias del Interior de nuestro país, y batiendo a 
las fuerzas de Saa en Los Loros y en Portt- 
euelos, en San Ignacio, a las órdenes de Arre- 
dondo. Emprendió la campaña de San Luis y 
Rioja contra el caudillo Várela. Con el grado 
de coronel se retiró más tarde del servicio ac- 
tivo al Rosario, consagrándose a las atencio- 
nes de su familia. Era un militar pundonoroso, 
sencillo y franco. 

Benavides (Venancio). Militar. Nacido en el Es- 
tado Oriental; expedicionó con el general Bel- 
grano. Traicionó a su patria pasándose al ene- 
migo. En las batallas de Tucumán y de Salta 
se halló al lado de los realistas. Murió de un 
balazo, que ie rompió el cráneo. 

Beneflcencia (Sociedad de). El día 12 de abril 
de 1323 se instala en la ciudad de Buenos Ai- 
res, bajo los auspicios de las damas de Benefi- 
cencia, esta institución, creada en la adminis- 
tración del general Martin Rodríguez y sien- 
do su ministro de Gobierno D. Bernardino Ri- 
vadavia. Asistieron a esta solemne ceremonia 
las siguientes socios: María de la Concepción 
Cabrera, Bernardina Ramos Mejía, Isabel 
Agüero y Ugalde, Justa Toquet de Sánchez, 
María del Rosario de Azcuénaga, Cipriana 
Viana de Boneo, María Sánchez de Mendevi- 
lle, Isabel Casamayor de Luca, Joaquina Iz- 
quierdo, Manuela Aguirre, y no concurrieron, 
por hallarse indispuestas, Manuela Lasala de 
Riglos y Estanislada Cossío de Gutiérrez. La 
historia y servicios de la Sociedad de Benefi- 
cencia pueden conocerse leyendo el libro que 
hizo publicar la misma en 1905, titulado Ori- 
gen y desenvolvimiento de la Sociedad de Be- 
neficencia de la capital (1823-1904). En esta 
misma obra se reproducen los retratos de to- 
das las matronas que han ejercido el cargo de 
presidenta. 

Benltes (Mariano). Gobernador de Salta. Naci- 
do en 1793. Se alistó en la compañía de «deci- 
didos» organizada en Jujuy por el general Bel- 
grano. Se halló en las Piedras, Tucumán y 
Salta. En esta última batalla tuvo la gloria de 
quitar al enemigo una de las tres banderas que 
atestiguan el denuedo de las tropas argentinas 
en aquella jornada. Durante la tiranía emigró 
a Bolivia. Murió en Salta, en 1858. 

Bereaford (Guillermo C). Jefe inglés. General 



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de la primera expedición inglesa al Río de la 
Plata. Nació enlrlanda, el 2 de octubre de 1768. 
En 1786 comenzó su carrera militar, sirviendo 
en Nueva Escocia durante cuatro años conse- 
cutivos. Se halló en Tolón, Córcega, las ¡n- 
dlas y Egipto, obteniendo a su regreso a Ingla- 
terra (1800) el grado de coronel. Tomó parte 
en la conquista del cabo de Buena Esperanza, 
asumiendo en seguida el mando de la expedi- 
ción destacada al Río de la Plata. (Véase In- 
oasiones Inglesas). Murió en Kent, el 8 de ene- 
ro de 1854. 

Berg (Carlos). Doctor. Eminente hombre de 
ciencia. Nació en Tuckum(Curlandia, Rusia), 
el 3 de abril de 1845. Después de doctorarse 
se radicó en la República Argentina. Fué pro- 
fesor de diversos Institutos docentes y el ver- 
dadero fundador de la enseñanza de la Zoolo- 
gía en la Universidad de Buenos Aires, que 
profesó desde 1875 hasta su muerte, en 1902. 
Berg sucedió a Burmeister (v.) en la dirección 
del Museo Nacional, y se ocupó especialmente 
del estudio de los insectos, peces y batracios, 
como puede comprobarse por la lista bibliográ- 
fica de sus trabajos. (An. Soc. Cient. Arg., 
t. Lili, págs. 115-125, y An. Mus. Nac, t. Vil, 
págs. 23-40.) 

Bermejo (río). Chaco. Fué primer explorador 
de este afluente del Paraguay el padre fran- 
ciscano Francisco Morillo, quien, en su celo de 
cristianizar las tribus que poblaban la vasta 
extensión que recorre el Bermejo, lo navegó a 
fines de 1780 en una lancha hecha exprofeso, 
partiendo de la humilde aldea de Oran, al Nor- 
te de la provincia de Salta, donde estaba el 
asiento de la misión. Dos meses y medio em- 
pleó en la travesía hasta la ciudad de Corrien- 
tes, y se constató que la navegación de este 
río era practicable para embarcaciones de es- 
caso calado. Más tarde se formó la Sociedad 
Canalización del Bermejo. El Sr. Natalio 
Roidán fué uno de sus exploradores, aunque 
se malograron sus señalados esfuerzos, sacrifi- 
cando su fortuna, pasando penurias increíbles, 
bajo el sinnúmero de insectos y fieras, de un 
sol abrasador y de indios salvajes dispuestos 
a disputar el suelo que habitaban. Roidán, en 
uno de los combates con los indios, fué herido 
de gravedad en la mano izquierda. Hizo varias 
expediciones. 

Bermúdez (Justo Germán). Militar. Uruguayo. 
Figuró como capitán de granaderos a caballo 
en el combate de San Lorenzo. Herido San 

0(0C10N\RI0 HlST. BlOOR, 



Martín al principio del combate, tomó el man- 
do su segundo, Bermúdez, que coronó la victo- 
ria, siendo herido también por una metralla de 
la escuadrilla, al llevar una segunda carga, fa- 
lleciendo dos días más tarde por haberse 
arrancado el torniquete después de serle am- 
putada la pierna, no queriendo vivir a causa 
de la desesperación que le causaba «el no ha- 
ber podido evitar que algunos españoles se 
salvaran embarcándose». 

Bemal (Francisco). Uno de los 64 pobladores 
de Buenos Aires el II de junio de 1580. Ber- 
nal era natural del Paraguay e hijo de Juan 
Bernal, que vino para América con la madre 
de Diego de Sanabria el año 1547. En el re- 
parto de solares que hizo el fundador, D. Juan 
de Garay, el 17 de octubre de 1580 le adjudi- 
có un cuarto de manzana en la traza de la ciu- 
dad, situada en la actual esquina que mira al 
Sudoeste de las calles 25 de Mayo y Tucumán, 
y luego una «suerte» o «pedazo» de tierra en 
la vera del Gran Paraná, de 350 varas de fren- 
te por una legua de fondo; le hizo otra mer- 
ced de tierra en el valle del río Santiago, hoy 
las Conchas, de 3.000 varas de frente por le- 
gua y media de fondo. En 1608 fué nombrado 
por el Cabildo medidor y amojonador del ejido 
de Buenos Aires. 

Bernaldes Palledo (José). Militar. Nacido en 
Buenos Aires. Inició su carrera con motivo de 
la primera invasión inglesa a esta ciudad, en 
1806, distinguiéndose particularmente a las ór- 
denes del comandante Pueyrredón, en 1807, 
como uno de los más entusiastas promotores de 
la reconquista. Prodticida la revolución de ma- 
yo, se adhirió con entusiasmo al movimiento, 
mereciendo ser nombrado capitán con grado de 
teniente coronel. Militó en los ejércitos que se 
formaron para expedicionar al Alto Perú, bajo 
las órdenes de Castelli, Pueyrredón y Bel- 
grano. Se halló en la batalla de Suipacha, pri- 
mer triunfo de las armas de la revolución. 
Asistió a los contrastes que experimentaron en 
el Desaguadero. Participó de la gloria de Tu- 
cumán y Salta, batallas en las que Bernaldes, 
al mando de la caballería patriota, tuvo una 
comportación honrosa. Cayó prisionero de los 
españoles en la desgraciada jornada de VUca- 
pujio, y en esa condición permaneció algunos 
años, pudiendo al fin evadirse y pasar a Chile 
a incorporarse al ejército de los Andes. Pos- 
trado por una enfermedad, murió en este país, 
en 1821. 

6 



BER 



82 



Berón de Astrada (Jenaro). Gobernador de 
Corrientes. Sucedió a D. Juan Felipe Gramajo, 
primero como gobernador provisorio y después 
como propietario (1838). Enemigo de la tiranía, 
celebró, al empezar el año 39, un tratado de 
alianza con el general Rivera, entonces en 
guerra con el dictador de Buenos Aires. En 
cumplimiento de este tratado, organizó las 
fuerzas de la provincia de su mando, dispo- 
niéndose para operar contra el ejército del ge- 
neral Echagüe, a la sazón gobernador de Entre 
Ríos y aliado de Rosas. Sabedor este último 
de la actitud belicosa de la provincia de Co- 
rrientes, hizo poner a Echagüe en movimiento, 
dando lugar así a que los dos ejércitos se en- 
contraran en Pago Largo, teatro que debía ser 
de una sangrienta batalla, en la que salió vic- 
torioso el ejército de Rosas. Doscientos ochen- 
ta muertos, de los que 200 pertenecían al ejér- 
cito correntino, y 1 .000 prisioneros en poder de 
Echagüe, tales fueron los resultados de tan 
desgraciada acción. Estos últimos fueron bár- 
baramente degollados, especializándose la 
crueldad del vencedor en el cadáver de Berón 
de Astrada, de cuya piel se sacó una lonja para 
hacer una manea, que se remitió de regalo al 
tirano. Todos estos hechos, de funesto recuer- 
do, acaecían el 31 de marzo de 1839. El go- 
bernador Rosas acordaba después medallas y 
honores a los jefes y oficiales que concurrieron 
al triunfo de Pago Largo, y la Legislatura de 
Corrientes, bajo la presión de las fuerzas del 
tirano, cometía la falta de declarar nulos los 
actos de la administración de Astrada, llevan- 
do su debilidad hasta declarar indigno de los 
honores correspondientes a su cargo al que 
fué un mártir de la libertad de su patria. 
Bertrés (Felipe). Militar. Ingeniero. Natural de 
Francia. En 1807 
llegó a Buenos Ai- 
res, tomando parte 
en su defensa con- 
tra los ingleses, y 
en la de Montevi- 
deo. Al primer gri- 
to de libertad de 
las provincias ar- 
gentinas se incor- 
poró a las filas del 
ejército, figurando 
ya, en 1814, en cla- 
se de teniente. A -». 
la terminación de Felipe Bcrtrés. 





Antonio L Bcrufi. 



- BER 

lacampafla que finalizó en la acción de Sipc- 
Sipe, fué promovido a capitaneen 1815, revis- 
tando en la plana mayor del ejército que expe- 
dicionó al Alto Perú, hasta que obtuvo, por as- 
censos sucesivos, el grado de teniente coronel, 
en 1821. Al ailo siguiente se trasladó a Buenos 
Aires, donde trazó un plano topográfico de la 
ciudad y presentó algunos proyectos sobre 
rectificación y ensanche de algunas calles, que 
merecieron la aprobación y elogio del ministro 
Rivadavia. Bertrés fué, pues, el primero en 
concebir el desarrollo enorme de esta ciudad, 
cuando en 1823 presentó su proyecto de aper- 
tura de avenidas y ampliación del ejido de la 
ciudad, proyecto e ideas que se le atribuyeron 
a Rivadavia. Queriendo prescindir de las lu- 
chas civiles, pasó en 1833 a Bolivia, cuyo Go- 
bierno, apreciando sus méritos, le confió comi- 
siones de importancia, y en recompensa le ex- 
tendió, en octubre de 1842, los despachos de 
coronel graduado de ingenieros del ejército. 
En 1844 regresó a Tucumán, donde hizo estu- 
dios geográficos y astronómicos de importan- 
cia, y después de 1852, fundó y dirigió la pri- 
mera e.scuela pública sistema Lancaster. Hizo 
y dirigió numerosas obras públicas de capital 
importancia. Murió en la ciudad de Salta, el 12 
de octubre de 1856. Su cadáver fué sepultado 
al pie del altar mayor de la iglesia de la 
Merced. 
Berutl (Antonio Luis). Militar. Nació en Bue- 
nos Aires, el 2 de septiembre de 1772. Recibió 
aquí su educación, 
completándola en 
España, de donde 
regresó en 1809, 
trabajando como 
uno de los parti- 
darios más exalta- 
dos de la emanci- 
pación americana, 
asistiendo como tal 
a las reuniones del 
Cabildo abierto de 
1810, acaudillando 
un núcleo numero- 
so de pueblo, en 
cuyos pechos figuraba la escarapela azul 
y blanca, distribuida por él y French, En [el 
mismo año, el 27 de junio, la Junta lo nombró 
teniente coronel. En 1812 fué nombrado gober- 
nador de la provincia de Santa Fe, y al aflo 
siguiente es electo gobernador de Tucumán. 



BER 



— 83 - 



BILL 



Fué después ministro de la Guerra en dos 
ocasiones; subinspector del ejército de los An- 
des y segundo jefe del Estado Mayor, con 
cuyo cargo asistió a las batallas de Chacabu- 
coy Maipú. En 1818 regresó a Buenos Aires, 
viviendo apartado por algún tiempo de los ne- 
gocios públicos. Actuó durante las luchas civi- 
les en las filas del partido unitario, desempe- 
ñando varios cargos públicos, entreoíros el 
de ministro en Mendoza durante la adminis- 
tración del general Lamadrid, a cuyas órdenes 
se batió en Rodeo del Medio el 24 de septiem- 
bre de 1841, cayendo prisionero; poco después 
recuperó su libertad. Falleció en Mendoza, en 
octubre de 1S42. 
Berzocana (Juan de). Fundó, junto con Diego 
<\-- Heredia, el 15 de agosto de 1567, la ciudad 
denominada Esteco, nombre de un pueblo de 
tribus. Cuenta el historiador Quzmán que a 
pesar de esto se los procesó y condenó a 
muerte, a causa de sus excesos anteriores. 
Besare* (Manuel). Militar. Comenzó su ca- 
rrera en la independencia, en el regimiento se- 
gundo de infantería de línea, en cuyo cuerpo 
obtuvo su ascenso a subteniente. Más tarde, 
acantonado en Tucumán, fué promovido a sar- 
gento mayor, en junio de 1819, y le fué confia- 
do el mando del batallón de Cívicos. En la gue- 
rra del Brasil formó en el regimiento número I 
de c ballería de línea, que organizó el coro- 
nel Brandsen.Se halló en líusaingó, donde mu- 
rió valientemente al frente del tercer escua- 
drón, debido a un rebote de bala de metralla, 
que le llevó la mitad de la cara y de la cabeza. 
De su cadáver, por orden del general Paz, el 
entonces teniente Wenceslao Paunero des- 
prendió su reloj para entregarlo a la viuda. 
Besares fué uno de los jefes más bizarros del 
ejército. En Buenos Aires se inició pocos días 
después una subscripción en favor de sus deu- 
dos y se ofició un solemne funeral en el templo 
de Santo Domingo. 
Betschon (Antonio). Misionero del Paraguay, 
del siglo sviii, de la Compañía de Jesús. Escri- 
bió una descripción de su viaje desde el Río de 
la Plata hasta el territorio de Misiones y un 
elogio de algunos misioneros alemanes del Pa- 
raguay (1719). 
Biedma (Manuel). Cirujano militar. Prestó sus 
servicios profesionales en la batalla de Cepe- 
da. En febrero de 1852 fué encargado de la 
sala de heridos en el Hospital general de Hom- 
bres; en los cuerpos del ejército libertador; 




Manuel Biedma. 



en la revolución de septiembre; en Pavún 
(1861). Fué ci- 
rujano de los 
hospitales mili- 
tares estableci- 
dos en San Ni- 
colás de los 
Arroyos; duran- 
te toda la cam- 
paña de la gue- 
rra del Para- 
guay, y en 1871, 
durante la fie- 
bre amarilla, 
fué nombrado 
por la Munici 
palidad médico de la parroquia de la Piedad, 
y más tarde, de todas las parroquias al Norte 
de la calle de Rivadavia, servicio que des- 
empeñó hasta el fin de la epidemia, y también 
en la del cólera que siguió después, etc., etc. 
En mayo de I8S1 fué nombrado médico de la 
Prefectura Marítima, y con fecha de 17 de 
abril de 18S6 lo fué de cirujano mayor de la 
Armada. 
Billingharst (Roberto). Natural de Inglaterra. 
Nació el 3 de febrero de 1782. Vino joven al 
Rio de la Plata. 
Estando en Mal- 
donado lo sor- 
prendió la revo- 
lución de mayo, 
abrazándola cau- 
sa patriota con 
tal entusiasmo, 
que abandonó sus 
intereses mercan- 
tiles para incor- 
porarse a las 
fuerzaslibertado- 
ras, con las cua- 
les asistió al ata- 
que de Santa Te- 
resa y a la batalla de Las Piedras y a otros 
hechos de armas, en uno de los cuales fué he- 
rido. Csmo ayudante mayor asistió al sitio de 
Montevideo, donde prestó grandes servicios, 
en premio de los cuales le fué acordada la 
primera carta de ciuadadanía expedida en el 
país, el 28 de noviembre de 1811. Retirado de 
la carrera de las armas, se consagró nueva- 
mente al comercio. Fué un decidido admirador 
de Brown, llegando su entusiasmo hasta en- 




Roberto Billing nrst. 



B!0 



- 84 



trar en el río tirando un pequeño carruaje para 
conducir en él al héroe, después de una de sus 
famosas victorias. Falleció en esta ciudad, el 8 
de septiembre de 1841. 

Bío-Bio (combate). Una división argentina, al 
mando del coronel de Granaderos a Caballo, 
D. Manuel Escalada, que el general Balcarce 
había mandado en persecución del jefe realis- 
ta Sánchez, alcanza a la retaguardia de éste 
en el Bio-Bío (Chile), el 19 de enero de 1819, 
derrotándola completamente. El sargento ma- 
yor Viel tuvo la iniciativa en este combate. 

Blanco Encalada (Manuel). Nacido en Men- 
doza, el 2 de abril de 1790. En el año 1801 fué 
enviado a España, y en 1806 obtuvo los des- 
pachos de guardia marina en la isla de León, 
donde hizo estudios especiales de náutica. 
Poco de -ipués fué ascendido a alférez de fra- 
gata, en mérito a su comportamiento durante la 
guerra de los franceses. Hallándose, por asun- 
tos del servicio, en el Perú en 1810, fué envia- 
do nuevamente a España, de donde regresó 
en 1812, al mando de un buque de guerra, in- 
corporándose a la causa de la revolución y 
prestando sus servicios en el ejército como 
jefe de artillería, batiéndose en Rancagua, 
donde cayó prisionero y fué desterrado. Lo- 
grando escapar de su prisión, formó la escua- 
dra de Chile en 1813, con la cual se batió vic- 
toriosamente en el puerto de Talcahuano; se 
apoderó de varios buques y tomó prisioneros 
a ochocientos hombres que los tripulaban, 
acordándole el Gobierno el grado de contra- 
almirante de la escuadra, y consiguiendo des- 
pués nuevos triunfos. En 1325 hizo la expedi- 
ción a Chiloc, tomándoles este archipiélago a los 
realistas. Dn 1326, fué elegido presidente de 
la República. En 1837, general en jefe del 
ejército, durante la guerra con Bolivia. En 1847, 
intendente de Valparaíso, y en 1852, ministro 
plenipotenciario de Chile en Francia. Decla- 
rada la guerra contra España, designósele jefe 
de las escuadras aliadas de Chile y del Perú. 
Falleció en Chile, el 5 de septiembre de 1876. 
Este ilustre argentino fué uno de los primeros 
marinos de la independencia americana, y no 
obstante su nacionalidad prestó sus servicios 
en Chile, donde gozó siempre del respeto y 
aprecio de todos. 

Blandengues. Cuerpo de caballería de vetera- 
nos, que combatió durante las invasiones in- 
glesas, a las órdenes de los tenientes corone- 
les D. Esteban Hernández y D. Benito Chaiin, 




Dr. Mariano Boedo. 



BOU 

compuesto de doscientas sesenta y ocho pla- 
zas. Este cuerpo, en 1810, cambió su denomi- 
nación de Blandengues de la Frontera por Re- 
gimiento de Caballería de la Patria, y formó 
parte de la expedición al Paraguay, a las ór- 
denes de Belgrano. Su uniforme era todo azul, 
con cabos blancos. 

Boedo (Mariano). Nació en Salta, el 25 de julio 
de 1782. Cursó Derecho, hasta obtener el tftulo 
de doctor en leyes, 
en Córdoba. En 
1810 aceptócon de- 
cisión y patriotis- 
mo el movimiento 
revolucionario. En 
noviembre del mis- 
mo año se le ve fi- 
gurar como asesor 
letrado de la In- 
tendencia de Cór- 
doba. Poco des- 
puésabandonó este 
puesto para inter- 
venir al lado del 
general Güemes en 
la política de su 
provincia, donde desempeñó algunas comisio- 
nes. En 1816 fué electo diputado por Salta al 
Congreso de Tucumán, y como tal, signatario 
del acta de la independencia siendo vicepresi- 
dente de esa Corporación. La traslación del 
Congreso lo trajo a esta capital, donde termi- 
nó sus días el 9 de abril de 1819. 

Boedo (José Félix y Mariano). Hijos del ante- 
rior, guerreros ambos de la independencia y 
del Brasil. D. Félix nació en Salta, en diciem- 
bre de 1809, y se halló en la sorpresa de Rio 
Grande, Jiijuy, Itnzaingú, y falleció en Bue- 
nos Aires, de la fiebre amarilla, en 1871, ydon 
Mariano fué víctima de la tiranía de Rosas. 

Bojeado (Félix J.). Guerrero de la independen- 
cia. Nacido en Villa Rica (Paraguay), en 1777. 
Era un lanchero paraguayo, que se alistó vo- 
luntariamente en San Lorenzo en 1813. Reco- 
rrió toda la América peleando por su libertad, 
y en el año 1826 regresaba a Buenos Aires con 
las presillas de teniente coronel y comandante 
de aquellos mismos de sus compañeros que lo 
habían visto figurando de humilde soldado. 
Entre sus 120 compañeros, salidos al principio 
del siglo de uno de los cuarteles del Retiro, 
volvían sólo siete— é\ entre ellos -: los demás 
habían quedado en el campo de batalla. El re- 



BOH 



- 85 - 



BOM 



gimiento se dirigió a depositar sus armas en el 
mismo parque donde las tomaron. Esas armas 
se depositaron en una caja, y sobre ella se co- 
locó una plancha de bronce, en la que se gra- 
bó la siguiente inscripción: «Armas de los li- 
bertadores de Chile, Perú y Colombia». Nom- 
brado comandante del regimiento 4." de ca- 
ballería, peleó contra los indios del Sud, y de- 
signado para ocupar la Comandancia militar del 
pueblo de San Nicolás, falleció en dicho pun- 
to, el 21 de noviembre de 1829. 
Bohorqaes (Pedro). Siendo gobernador del 
Tucumán D. Alonso Mercado y Villacorta 
apareció en el valle de Calchaquí D. Pedro 
Bohorques, español, fugado de las cárceles de 
Chile, titulándose Gualpa-Inca, haciendo com- 
prender a los indios que era un descendiente 
de los antiguos emperadores del Perú. Los in- 
dios lo reciben en triunfo y le juran obedien- 
cia, habiendo entre éstos 117 caciques. Bohor- 
ques tuvo la audacia de presentarse con gran 
pompa y séquito al gobernador Mercado y Vi- 
llacorta en la ciudad de Londres (Catamarca), 
donde lo aguardaba, y a quien también engaña 
haciéndole entender que su objetivo era servir 
al rey y a la religión, valiéndose de esos me- 
dios para que los indios no le ocultasen sus te- 
soros. Interesándole el negocio, el gobernador 
Mercado io protege, y el 12 de agosto firman 
unos tratados, en que Bohorques reconoce el 
poder real y el gobernador reconoce en éste 
el título de Inca, regalándole vestidos y atri- 
butos de dignidad. Desde este momento Bo- 
horques empieza a rodearse de indios, ofrecién- 
doles libertarlos del dominio español. El vi- 
rrey del Perú desaprobó la conducta de Mer- 
cado y le ordenó pusiera preso a Bohorques; 
pero sabiéndolo éste, se preparó para la de- 
fensa. Se siguió una guerra cruel entre indios 
y conquistadores, hasta que Bohorques fué 
vencido y ejecutado, como a las ocho de la no- 
che del 3 de enero de 1667, a garrote, dentro 
de su prisión, y su cadáver permaneció colga- 
do en una horca veinticuatro horas. 
Bolaños (José Bonifacio). Militar. Nacido en 
San Juan, en 1741. Expedicionó en 1801 contra 
los portugueses, y en 1S06 y 1S07 contra los in- 
gleses. En la revolución se incorporó al ejérci- 
to de Balcarce. Se halló en la batalla de Suipa- 
cha, en Huaqui, en Las Piedras, en Tucu- 
mán. Nombrado teniente gobernador de Men- 
doza en 1812. En 1813 volvió al ejército del 
general Belgrano, revistando en el grado de 



coronel. Fué teniente gobernador de Jujuy 
hasta la ocupación de esa plaza por las tropas 
realistas, después de los desastres de Vilcapu- 
jío y Ayohuma, en que se incorporó de nuevo 
al ejército argentino. Dejó de existir en Bue- 
nos Aires, el 24 de enero de 1824. 
Bolivia. República de la América del Sud, lifní- 
trofe por el Sud con la República Argentina. 
Tiene una extensión de 70.468 kilómetros cua- 
drados y una población alrededor de tres millo- 
nes de habitantes. La República está dividida 
en nueve departamentos. La capital es La Paz" 
Bolivia o el Alto Perú formó parte del virrei- 
nato de Lima hasta 1778, en que fué agregado 
al de Buenos Aires. En ISOü los habitantes de 
La Paz se sublevaron contra España, y des- 
pués de una larga guerra obtuvieron su inde- 
pendencia con la victoria de Ayacucho, el I de 
diciembre de 1824. 
Bollini (Francisco). Arquitecto. Nació en Italia, 
el 1 de marzo de 1814. Ingresó en el ejército 
francés, batiéndose en África, donde levantó 
fortificaciones y murallas. Fué ascendido a ca- 
pitán. En 1840 vino a Montevideo, en momentos 
en que el general Paz organizaba la defensa de 
esa plaza, y lo incorporó, con el grado de capi- 
tán, a la legión italiana, que mandaba Garibal- 
d¡, donde sirvió por espacio de cinco años, al 
final de los cuales vino a Buenos Aires, dedi- 
cándose a la construcción de edificios. Hizo en 
esta ciudad los primeros trabajos de nivela- 
ción y desagüe. Falleció en Buenos Aires, el 23 
de abril de 1887. 
Bompland (Amado). Naturalista. Nacido en La 
Rochela (Francia), el 29 de agosto de 1773. Es- 
tudió Medicina 
en la Universidad 
de París, donde 
se graduó de mé- 
dico, y pasó des" 
pues a formar 
parte de la mari- 
na de guerra 
francesa como 
cirujano de la Ar- 
mada. En 1796 co- 
noció al gran na- 
turalista Hum- 
boldt, con quien 
recorrió varios 
países de Europa 
y América. Vueltos a Europa, publicaron un li. 
brocon investigaciones históricas, detalles es- 




Amado Bompland. 



BOQ - 86 

tadijticos, observaciones etnológicas, y reunie- 
ron colecciones abundantes de Geología, Zoo- 
logía y Botánica. En 1817 llegó a Buenos Ai- 
res, y fué nombrado catedrático de Aíedicina 
y luego profesor de Historia Natural, y al año 
siguiente abandonó esos puestos para dirigir- 
se a las Misiones del Alto Perú (Bolivial; pero 
tomado como espía por el dictador del Para" 
guay, fué confinado durante diez años en el 
pueblo de Santa María. En varios puntos fun- 
dó establecimientos agrícolas, en uno de los 
cuales logró reunir una colección de más de 
3.000 plantas, que cultivaba y estudiaba con 
grande esmero. Director del Museo de Histo- 
ria Natural de Corrientes. Sus publicaciones 
son numerosísimas. Bompland había consagra- 
do una atención preferente al cultivo de la 
hierba mate, reuniendo sus observaciones en 
una Anemona que dirigió al gobernador Pu- 
jol, y que tenía este título: «Nota sobre la 
conveniencia de adoptar un sistema diametral- 
mente opuesto al que se ha seguido hasta hoy 
para cultivar y preparar la hierba mate, por 
Amado Bompland.» Tenía ochenta años y era 
nombrado director del Museo de Corrientes. 
Dejó de existir en Santa Ana (Corríentes), el 
11 de mayo de 1858. 
Boquerón (combate) o del Sauce. Guerra del 
Paraguay. El 16 de julio de 1866, siendo senti- 
dos los paraguayos abriendo una trinchera 
para flanquear a los aliados en el potrero del 
Sauce, que más tarde dio en llamarse Boque- 
rón, por la forma del terreno, son atacados 
por los brasileños, que se apoderan de ese pun- 
to. Para dar descanso a esos combatientes mar- 
c!ia Is segunda división Buenos Aires, al man- 
do del coronel Conesa, y toma posesión del 
campo, siguiendo el combate ya iniciado. El 17 
se siguió combatiendo, con más o menos éxito, 
hasta que entró la noche. El 18, los paragup. 
yos tratan de reconquistar la trinchera y se 
empeña un combate general y sangriento, en 
que- toman parte fuerzas de todos los aliados. 
A I as órdenes del general Emilio Mitre pelea- 
ban las fuerzas argentinas; las brasileñas, a 
las del mariscal de campo Polidoro, y las uru- 
guayas, a las del general Flores, que mandaba 
en jefe este combate. Se avanza y se pierde 
terreno a cada momento, porque si el ataque es 
decidido, la defensa es vigorosa. El coronel 
Cesáreo Domínguez, jefe de la tercera divi- 
sión argentina, ataca la segunda trinchera y se 
apodera de ella a punta de bayoneta, cabién- 



BOR 



dolé el honor al regimiento de Córdoba y ba- 
tallón de San Juan de enarbolar sus banderas 
en las trincheras enemigas. Fuerzas muy supe- 
riores vienen a reconquistaría, viéndose obli- 
gado el coronel Domínguez a abandonarla, 
pero no sin antes tumbar algunos cañones e 
inutilizar un depósito de pólvora del enemigo. 
En tanto estos sucesos tienen lugar en la iz- 
quierda de la línea, en la derecha se batía 
con una guerrilla el comandante Ayala, y en 
su apoyo el mayor Mansilla, al mando del 12 de 
línea, consiguiendo despejar de enemigos aque- 
lla parte. El fuego cesa después de muchas ho- 
ras de combate, quedando los aliados dueños 
de la primera trinchera avanzada de los para- 
guayos. Las pérdidas fueron grandes, pues no 
bajaron de seis mil entre ambas fuerzas. Los 
coroneles Argüero y Palleja murieron en este 
combate. 

Bors^es (Francisco). Coronel. Nació en Monte- 
video, en abril de 1833. Se halló en el sitio de 
esta plaza por Oribe, como cadete de un cuer- 
po de artillería; tenía diez y siete años. Se 
halló en Caseros, en Cepeda (octubre 1859), 
y en Pauón (1861). Hizo la campaña del Para- 
guay, siendo herido en Tuyuti el 24 de mayo 
de 1866. No restablecido aún de la herida, 
volvió al ejército, y nuevamente fué herido, en 
los ataques a las trincheras enemigas. Esta he- 
rida le postró por largo tiempo y puso en pe- 
ligro su vida. Su honrosa comportación en la 
acción del 24 de mayo le valió las charreteras 
de teniente coronel. Tomó parte en las luchas 
civiles, y combatió contra los indios. El coro- 
nel Borges, aunque militar simplemente, sim- 
palizó con el movimiento político del partido 
que se alzara en armas el 24 de septiembre 
de 1874. Herido de bala en el ataque de la Ver- 
de, donde habían tomado posiciones las fuer- 
zas del Gobierno, murió momentos después, 
declarando que creía haber cumplido con su 
deber. 

Borgres (Juan Francisco). Teniente coronel. 
jefe de la rebelión de diciembre de 1816 en 
Santiago del Estero. Nacido en esta pro- 
vincia. A su actividad y prestigio debióse la 
pronta cooperación de Santiago del Estero 
en favor de la revolución; ayudado de uno de 
sus amigos (el padre del coronel Lugones), 
principió a reclutar gente que vestía y equipa- 
ba a su costa, apenas supo el objeto de la ex- 
pedición libertadora que comandaba el coro- 
nel Ocampo. Fué así como a la llegada de 



BOR 



- 87 - 



BRA 



éste a la ciudad de Santiago del Estero esta 
provincia pudo presentarle un cuerpo de tres- 
cientos setenta y cinco hombres perfectamen- 
te organizados, que se incorporaron al ejérci- 
to bajo el nombre de Patricios de Santiago del 
Estero. Envuelto en la guerra civil, fué fusila- 
do el 19 de enero de 1S17. 

Boija (Francisco de). Obispo de Tucumán. Na- 
tural de Bogotá. Fué promovido al obispado de 
esta diócesis en 1665; pero no pudo consagrar- 
se hasta seis años después. Hizo un gobierno 
muy pacífico, y se granjeó la opinión de todos 
sus subditos, eclesiásticos y seculares, por su 
genio modesto, circunspecto, afable y liberal; 
prosiguió con grande empeño la construcción 
de la catedral, para lo que destinó una parte 
de sus bienes. Pasó después (1679) a Trujillo, 
de obispo. Falleció en esta ciudad, el 13 de 
abril de 1689. 

Boroa (Diego de). Misionero jesuíta; equivoca- 
d amenté llamado Beroa. Nació en Trujillo, 
en 1535. Ingresó desde muy joven en la Com- 
pañía de Jesús (1605). Enviado al Paraguay 
con otros misioneros, fué un celoso propagan- 
dista de la fe católica, contribuyendo a la 
prosperidad de las reducciones de San Ignacio 
e [tapuá. Fué profesor del Colegio de la 
.asunción, y posteriormente rector (1628). El 
P. Boroa ha dejado varios escritos; falleció 
en el Río de la Plata, en abril de 165S. 

Bosch (Ventura). Médico. Nacido en Buenos 
Aires, en julio de 1814. Se educó en esta capi- 
tal y obtuvo a los veintiún años el diploma de 
doctor en Medicina, otorgado gratuitamente 
por sus altas clasificaciones en los exámenes; 
poco después partió para Europa en viaje de 
estudio, y a su regreso fundó dos hospicios 
de alienados: El de San Buenaventura y el 
Hospicio de Mujeres Dementes, en esta ca- 
pital. Al mismo tiempo ejercía su profesión, 
siendo reputado como médico distinguido e 
ilustrado. Actuó en política con lucimiento, 
como aiputado, en la Cámara de 1852; como 
senador, dos años después, y en varios perío- 
dos sucesivos; algún tiempo más tarde fué 
electo municipal, y entró a desempeñar la pre- 
sidenciade esa Corporación. Durante la guerra 
del Paraguay pasó a Corrientes, donde formó 
hospitales de sangre, prestando grandes servi- 
cios, sin remuneración alguna. Formó parte 
de diversas Comisiones públicas, falleciendo en 
San Isidro, el 7 de febrero de 1871. 

Brandien (Carlos Federico). Militar. Nació en 



París, en 1785. Sirvió bajo las órdenes de Na- 
poleón, asistiendo a las campañas de Italia y 
de Alemania. A la caída del emperador se di- 
rigió a América; era capitán de caballería y 
estaba condecorado con la Legión de Honor y 
la Corona de Hierro. Incorporado al ejército 
argentino, en Granaderos a Caballo, concurrió 
a Cancha Rayada y a la victoria de Malpú, 
campaña del Sud de Chile, expedición al Perú, 
a las acciones de Nazca, toma áuLima, Tora- 
ta, Moquegua y Zepita. Fué benemérito de la 
Orden del Sol y general de brigada del Perú. 
Terminadas las campañas de la independencia 
americana, regresó a Buenos Aires, y fué rein- 
corporado como coronel de caballería. En tal 
carácter, y al mando del regimiento número 1 
decaballería de línea, murió heroicamente en la 
batalla de Ituzaingó, cargando a sable los cua- 
dros de la infantería enemiga. Casó en el 
Perú con D.^ Rosa Jaúregui, de cuyo enlace 
tuvo tres hijos: José Luis Benjamín Gerardo, 
nacido en Lima, en 22 de mayo de 1822, y que 
al fallecimiento del progenitor tomó, por soli- 
citud de su señora madre, el nombre de Fede- 
rico; Luisa y Trinidad, nacidas en Santiago de 
Chile y fallecidas en Buenos Aires, respecti- 
vamente, en 1829 y 1871. D. Federico de 
Brandsen murió en Buenos Aires, el 17 de 
octubre de 1871, desempeñando el cargo de te- 
sorero de Aduana, y de él descendía la virtuo- 
sa dama porteña Rosa de Brandsen, tan ama- 
da en nuestra sociedad, esposa que fué del dis- 
tinguido ciudadano D. Tomás Santa Coloma. 
Brasil (guerra del). Texto de la declaración de 
guerra del imperio del Brasil a la Repúbli- 
ca Argentina: «Habiendo el Gobierno de las 
Provincias Unidas del Río de la Plata prac- 
ticado actos de hostilidad contra este impe- 
rio, sin provocación y sin preceder declara- 
ción expresa de guerra, prescindiendo de las 
formas recibidas entre las naciones civilizadas, 
conviene a la dignidad de la nación brasileña y 
al orden que debe ocupar entre las potencias 
que Yo, habiendo oído todo mi Consejo de Es- 
tado, declare, como declaro, la guerra a las 
provincias y su Gobierno: Por tanto, ordeno 
que por mar y tierra se les hagan todas las 
hostilidades posibles, autorizando el corso y 
el armamento que quieran emprender mis sub- 
ditos contra aquella nación; declarando que 
todas las tomas y presas, cualquiera que sea su 
calidad, pertenecerán completamente a los 
aprehensores, sin deducción alguna en benefi- 



BRA 



BRO 



cío del Erario público. Así lo tenga entendido 
el Supremo Consejo Militar y lo haga publicar, 
remitiendo éste por copia a las estaciones com- 
petentes y fijándolo por edictos. Palacio de 
Río de Janeiro, 10 de diciembre de 1825, 4.° de 
la independencia y del imperio. (Con la firma de 
S. M. I.) Vizconde de Santo Amaro». El 1 de 
enero de 1826, el general LasHeras, gobernador 
de Buenos Aires, encargado del Poder ejecuti- 
vo nacional, la comunicaba al pueblo en los si- 
guientes términos: »E1 Gobierno delaRepública 
de las Provincias Unidas del Río de la Plata. 
Ciudadanos: El emperador del Brasil ha dado 
al mundo la última prueba de su injusticia y de 
su política inmoral e inconsistente con la paz y 
con la seguridad de sus vecinos. Después de 
haber usurpado, de una manera la más vil e in- 
fame que la Historia conoce, una parte princi- 
pal de nuestro territorio; después de haber 
cargado sobre nuestros inocentes compatriotas 
el peso de una tiranía tanto más cruel cuanto 
eran indignos y despreciables los instrumentos 
de ella; después que los bravos orientales han 
desmentido las imposturas en que pretendió 
fundar su usurpación, no sólo resiste a todos 
los medios de la razón, sino que a la modera- 
ción de las reclamaciones contesta con el grito 
de guerra, insulta e invade nuevamente, y, con 
la furia de un tirano sin ley y sin medida, re- 
une cuantos elementos puede arrancar de sus 
infelices vasallos para traer la venganza, la 
desolación y la muerte sobre nuestro territorio. 
¡Ciudadanos!: Respondamos todos al grito de 
guerra y de venganza. Sonó la hora. Desde 
hoy no tendremos que responder al mundo de 
los desastres de este medio funesto: caerán 
todos sobre la cabeza de quien lo provoca. 
¡Ciudadanos!: Desde hoy, todos sin excepción 
somos soldados. Que los tiranos conozcan otra 
vez cuál es la fuerza tremenda de un pueblo 
libre cuando defiende su honor y sus derechos. 
Si el emperador, en la embriaguez de su orgu- 
llo, ha equivocado la moderación con la pusila- 
nimidad, que se desengañe. Que los puebins 
brasileros tengan en nosotros un ejemplo que 
reanime su coraje para arrojar al monstruo que 
los degrada y los consume, y que las repúblicas 
aliadas vean siempre las banderas de las Pro- 
vincias Unidas del Río de la Plata flamear a la 
vanguardia en la guerra de la libertad. Si al- 
guno hay entre nosotros que no se conmueva 
a este noble sentimiento, la execración caiga 
sobre él y lo confunda. ¡Bravos que habéis dado 



la independencia a nuestra patria, descolgad 
vuestras espadas! Un rey nacido del otro lado 
de los mares insulta nuestro reposo y amenaza 
la gloria y el honor de nuestros hijos. ¡A las 
armas, compatriotas, a las armasi.— Juan Gre- 
gorio de las fieras.^ 

Bravard (Augusto). Paleontólogo. Nació en 
Auvergne (Francia). Estudió para ingeniero 
de Minas en la Escuela especial del ramo de 
su departamento natal, y salió de e¡la para di- 
rigir la explotación de unas minas de plomo, 
recibiendo poco después el nombramiento de 
ingeniero municipal de Clermond-Ferrand, ca- 
beza del departamento de Puy-de-D6me. En 
estos trabajos halló algunos fósiles, con los que 
llegó a formar una importante colección geoló- 
gica, especializándose en el estudio de la ar- 
queología histórica, realizando después algu- 
nos trabajos que publicó en la República Ar- 
gentina, adonde se trasladó en 1853, anheloso 
de encontrar ancho campo a sus investigacio- 
nes. Hizo estudios arqueológicos en los alre- 
dedores de Buenos Aires, Entre Ríos y Men- 
doza, donde pensaba instalarse cuando fué co- 
misionado para el estudio de unos terrenos 
auríferos de la provincia de Córdoba. Se ha- 
llaba en Mendoza, pronto a emprender viaje, 
cuando tembló el pueblo, pereciendo en el es- 
pantoso terremoto, el 20 de marzo de 1861. 
Dejó varios trabajos científicos sobre forma- 
ción geológica de los terrenos de varias pro- 
vincias argentinas y un plano de un templo bi- 
zantino proyectado para la ciudad de Paraná. 
Bravard era un hombre inteligente y activo y 
sumamente estudioso; prestó grandes servicios 
científicos en esta república. 

Briseño (Dionisio de Torres). Fundador del con- 
vento de monjas Catalinas de Buenos Aires. 
Nació en esta ciudad. Hizo sus estudios en la 
Universidad de Charcas, donde se graduó de 
doctor en Teología y recibió las sagradas ór- 
denes. El Dr. Briseño era un sacerdote vir- 
tuoso, muy estimado y querido en todas la.'? 
clases sociales. 

Brown (Guillermo). Marino. Natural de Irlanda. 
Nació el 22 de junio de 1777, en Oxford. Sien- 
do niño aún pasó a los Estados Unidos, donde, 
habiendo quedado huérfano, abrazó la carrera 
de la Marina, ingresando como grumete en un 
buque de querrá de la escuadra de aquel país. 
Pasó después de algún tiempo a comandar un 
buque mercante con bandera inglesa, que fué 
apresado por los franceses, en guerra con In- 



BRO 



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BRU 



glaterra; k>£;ró evadirse y volvió a comandar 
un buque mercante, donde vino a Buenos Aires, 
en 1809. Producida la revolución del año 10, 
Brown se declaró partidario entusiasta, acep- 
tando el comando de una escuadrilla patriota 
con el grado de teniente coronel. Obtuvo en- 
tonces, con pequeños barcos, un sinnúmero de 
triunfos, alcnnzando después de un contras- 
te una espléndida victoria en Martin Gar- 
cía (1814); en el mismo año renovó sus proezas 
frente a Montevideo, donde fué herido, y des- 
truyendo los restos de la escuadra española 
puso en derrota al enemigo, apresándole sus 
buques y armamentos. Brown fué elevado a la 
categoría de coronel. En 1815, después de ha- 
ber destruido el poder marítimo español en el 
Río de la Plata, el Gobierno dispuso mandarlo 
al Peni, en cuyas costas se batió. Siguiendo su 
crucero por las aguas del Pacífico, sufrió im- 
ponderables percances, que lo obligaron a re- 
gresar a Buenos Aires en 1817, donde vivió 
retirado, hasta que en el año 1825, al declarar- 
se la guerra del Brasil, el Gobierno le confió 
el mando de la escuadra que condujo a la vic- 
toria en los combates frente a Montevideo, en 
Los Pasos, en Juncal, Quilmes y Martin Gar- 
cía, siendo ascendido a almirante en recom- 
pensa de estos triunfos. En 1828 desempeñó la 
gobernación de la provincia, en carácter de de- 
legado, y en 1841 vuelve a confiársele el mando 
de una flotilla, con la cual derrotó a Coe y a 
Garibaldi. Derrocado el tirano, prestó nuevos 
servicios a su patria adoptiva, hasta el 3 de 
marzo de 1857, en que ocurrió su fallecimiento. 
Dice el Dr. Vicente López: «Don Guillermo 
Brown tenía una figura de un conjunto varonil, 
con detalles bien proporcionados. El pecho era 
ancho y la musculatura consistente. La cabeza 
y el rostro formaban un óvalo perfecto, con las 
mejillas un poco pendientes y sueltas a los la- 
dos de la boca. Su fisonomía tenía un aire in- 
genuo y tranquilo; denotaba un carácter firme, 
pero sin nada de estudiado que revelase en él 
la conciencia o el recuerdo de las hazañas que 
era capaz de realizar en cualquier momento. 
Los que le habían visto en los combates, refe- 
rían que asimismo templado y risueño se con- 
servaba en lo más crudo del conflicto, y que su 
emoción sólo se traslucía por un relámpago 
fosfórico y vigilante de las miradas. Sus ojos 
llamaban, en efecto, la atención: eran bastante 
chicos, englobados en los tejidos blandos de 
las cejas, y húmedos, como si nadaran en un lí- 



quido cristalino, con reflejos de sangre pare- 
cidos a los del tigre. Era, sin embargo, muy 
humano con los vencidos y sencillo con sus 
muchachos, como él llamaba a sus soldados. 
Brown era tan bueno que recibía como premio 
de sus hazañas aquello que el Gobierno podía 
darle, sin mercantilizar ni medir la paga por la 
dificultad o por el esfuerzo de sus servicios. 
Prefería, en verdad, que ese premio fuese en 
dinero si se podía; pero nunca fué exigente, y 
mucho menos insaciable o torpe, como Co- 
chrane. Con tal de que el Gobierno tuviese cui- 
dado de suministrar víveres y vinos a su fami- 
lia, y que le diera a buena cuenta alguno de los 
buques que se tomara al enemigo, poco le im- 
portaba de que sus sueldos anduviesen atrasa- 
dos. Sus buenos amigos los porteños le ha- 
bían de pagar toda la deuda uno u otro día, bas- 
tándole al presente que lo venerasen. Con esto 
él también los servía a cuenta y al fiado con el 
más fiel cariño y con una bravura persistente. 
Los compadritos eran sus hijos; tenía un placer 
de artista en echarlos al abordaje de las naves 
enemigas con cuchillo en mano, y decía que 
nada igualaba el arrojo con que ellos se lanza- 
ban ni la presteza de sus movimientos o la vi- 
vacidad de la vista con que se defendían y ata- 
caban al adversario.» 
Bruix (Eustaquio) Militar. Hijo del célebre 'al- 
mirante francés nacido en Francia a fines del 
siglo xviii. Sirvió 
en su patria en los 
ejércitos de Napo- 
león I, distinguién- 
dose principalmen- 
te en la campaña 
de Rusia y en los 
combates contra 
los aliadlos. Di- 
suelto el ejército 
de Napoleón a con- 
secuencia de Wa- 
terloo, emigró poco 
después a Améri- 
ca, donde también 
ilustró su nombre 
tomando parte en 
las campañas de la independencia sudameri- 
cana. Se distinguió mucho en la batalla de Ju- 
nin, siendo su división de granaderos de Bue- 
nos Aires y un escuadrón de colombianos los 
únicos que quedaron en formación después de 
la carga formidable de caballería que trajeron 




Eustaquio Bruix. 



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BUC 



lo» realistas al ejército independiente, sirvien- 
do así de apoyo a los dispersos para volver a 
la pelea. En el mismo arlo (1S24) se halló en la 
batalla de Ayacucho, donde se cubrió de glo- 
ria, y en la rendición del Callao, el 23 de ene- 
ro de 1S26. 

BacarelU y Ursúa (Francisco de Paula). Po- 
lítico. Dedicado a la carrera militar, ascendió 
a brigadier general de los ejércitos realistas. 
El 15 de agosto de 1766 fué nombrado gober- 
nador del Río de la Plata en virtud de ser ene- 
migo declarado de los jesuítas, pues el Gabi- 
nete español había resuelto expulsarlos y vio 
en él a la persona más apta para llevar a cabo 
ese acto. Expulsados los jesuítas, que medio 
siglo antes habían sido enviados a civilizar el 
Nuevo Mundo, entre los cuales se hallaban el 
célebre historiador P. Guevara, el médico doc- 
tor Falkner y los célebres PP. Ennis, Caediell 
y otros, sus bienes fueron confiscados. Cum- 
plida esta comisión se retiró a España en 1770. 

Buceo (combate naval). Guerra de la indepen- 
dencia. Ganado por el almirants Brown a la 
escuadra española frente a Montevideo, el 14 
de mayo de 1814. Brown, al mando de siete 
buques, sitiando a Montevideo, que estaba ocu- 
pado por los españoles, teniendo éstos su es- 
cuadra en el puerto, compuesta de 13 buques y 
protegida por las baterías de tierra, consiguió 
el almirante argentino, por medio de una hábil 
estratagema, alejarla del puerto e iniciar el 
ataque; pero como amainara el viento, ambas 
escuadras cesaron el combate. Al día siguiente 
se renovó el fuego y consiguió Brown derro- 
tar a los realistas, tomándoles dos buques, mu- 
chos prisioneros y armamentos. Brown fué he- 
rido en una pierna durante lo más recio del 
combate, y aunque abrumado por el dolor con- 
tinuó al mando de su escuadrilla. En 1752 se 
le llamó a este paraje Buceo, sitio en que se 
libró el combate en 1814, porque en ese año 
«bucearon' en aquellas costas buscando ex- 
traer los caudales de un navio ido a pique, y 
que los buzos lograron recuperar en parte. 

Buchard o Bouchaed (Hipólito). Marino fran- 
cés. Nacido por los años 1782 a 85, y ;ra su ca- 
lidad social «distinguida', ateniéndose a la 
afirmación de su hoja de servicios. En su ju- 
ventud formó parte de la marina mercante y de 
buques corsarios de su país. En 1809 llegó a 
Buenos Aires, y en 1811 formó parte de la pri- 
mera escuadra revolucionaria que comandó 
Azopardo. Dos aflos después se alistó en Gra- 




naderos a Caballo, precursor del regimiento 
que organizó San Martín, como alférez, en 1812, 
ascendiendo a te- 
niente el 4 de julio 
de ese año. El 22 
del mismo su jefe 
escribía de su puño 
y letra en su hoja 
de servicios, en el 
sitio reservado a 
«notas del coman- 
dante», las siguien- 
tes: Valor, no me 
consta; aplicación, 
mucha; conducta, 
buena; capacidad, 
regular; estado,so\- ^- "'P<^'"° ^''^^"'^■ 

tero il); pero poco más tarde, el 27 de febrero 
de 1313, tenía que agregar redactando el parte 
de su primera victoria en tierra americana: 
«Una bandera que pongo en mano de V. E. y 
la arrancó con la vida al abanderado el valien- 
te oficial D. Hipólito Bouchard'>, lo que le va- 
lió, como el más preciado premio, que la Asam- 
blea nacional le expidiese el título de ciudada- 
no argentino veinte días después de la hazaña. 
En 1815 fué designado para mandar un buque 
de guerra en la expedición en los mares del 
Pacífico, batiéndose denodadamente en el Ca- 
llao. Al año siguiente el Gobierno le extendió 
los despachos de sargento mayor de Marina. 
Declarado el corso oficial, se le confió el man- 
do de La Argentina, la primera embarcación 
que dio la vuelta al mundo (1817-1819) enarbo- 
lando la bandera de mayo. Durante su crucero, 
que duró dos años, libró un centenar de com- 
bates, ejecutando con sus buques actos roman- 
cescos. En 1S19 regresó a Chile y acompañó al 
general San Martín en su expedición al Perú. 
Más tarde formó parte de la marina de esta Re- 
publica, la que, agradecida a sus eminentes ser- 
vicios, le recompensó con una propiedad, bau- 
tizando después con su nombre a una de sus na- 
ves, en el año 1843. 



(\) Casó en 1812, siendo capitán, con D.» Norberta Mer- 
lo, autorizando el matrimonio el capellán del regimiento, 
D. José Gabriel Pena, y apadrinándolo el segundo jefe don 
Carlos de Alvear y su esposa, D.* María del Carmen Quin- 
tanilla. En 1813 (16 de octubre) nació su hija Carmen, apa- 
drinada por Alvear y su esposa, y el 17 de julio de I8I7, 
días despulís de su partida al crucero alrededor del mun- 
do, su hija Fermina, que llevó a la pila el Dr. Bchevarria. 
El 15 de marzo de 1869 falleció en Montevideo la señora 
de Merlo, viuda de Bouchard. 



BUE - '■ 

Baeao« Aire*. Goleta annada en corso. Le 
fué acordada patente, bajo el número 123, el '2Ü 
de febrero de 1818. La solicitó D. Guillermo 
Patricio Ford, norteamericano, ciudadano na- 
turalizado, el 20 de enero de 1817. Esta goleta 
era de 243 toneladas, diez cañones de a 18 y 
cien hombres de tripulación. Comandante. Juan 
Dieter; afianzó D. Juan Higinboham los 10.000 
pesos de la ley, tenientes, Santiago Barter, 
Eduardo Den, Juan N. Jones, Benone Johson 
y Roberto Moodie. 

Baenos Aires. Primera fundación. D. Pedro de 
.Mendoza, primer adelantado del Río de la 
Plata, fundó a Buenos Aires, el 2 de febrero 
de 1536. El nombre de la ciudad de Buenos 
Aires se atribuye, según algunas autoridades, 
al capitán Sancho García, cuñado de Mendo- 
za, que al pisar tierra exclamó: <;Qué buenos 
aires son los de este suelo». Otros dicen que 
fué Sancho del Campo El historiador doctor 
D. Vicente F. López le da origen puramente 
devoto; atribuye el nombre de la ciudad a un 
sentimiento religioso de los marineros, por 
pertenecer la mayor parte de ellos a una Co- 
fradía de Hermandad establecida en Cádiz 
bajo la advocación de Nuestra Señora la Vir- 
gen María de los Buenos Aires, es decir, de los 
buenos vientos La ciudad fué destruida por 
los indios al poco tiempo, abandonándola los 
españoles. 

Segunda fundación. El capitán D. Juan de 
Garay, al frente de algunos oficiales y sesenta 
voluntarios, colocan, el 11 de junio de 1^0, la 
piedra fundamental en la intersección de las 
calles San Martin y Rivadavia, en la plaza de 
Mayo. 

Buenos Aires (puerto). Su historia está llena 
de incidencias. Desde el primer día de su fun- 
dación, Buenos Aires contó con un puerto. El 
primitivo, a cuyo abrigo se puso la armada del 
adelantado Mendoza, era un puerto natural, y 
los expedicionarios lo bautizaron con el nom- 
bre de «Riachuelo de los navios». Se hallaba 
al pie de los primeros terrenos altos de la ban- 
da occidental del Plata, que estaba próxima- 
mente a inmediaciones del actual parque Leza- 
ma. A este puerto de los navios afluían la 
mayor parte de las embarcaciones que hacían 
el come! cío de Buenos Aires, y muy pronto su 
capacidad fué insuficiente. Cuando tal cosa se 
comprobó, pensóse en construir un nuevo puer- 
to; pero todo quedó en proyecto, hasta que en 
1770 se pensó seriamente en formar 60 mue- 



BUF. 

lies y malecones para el abrigo de las embar- 
caciones pequeñas que conducían provisiones 
a la ciudad. Estos malecones se proyectó cons- 
truirlos sobre la costa del río, en un lugar que 
hoy estaría comprendido entre las calles 
Cangallo y Córdoba. Pero este proyecto fué 
suplantado un año más tarde por otro de! in- 
geniero Rodríguez Cardoso, quien trazó los 
planos para la construcción de un dique en lo 
que es el bajo de la calle Corrientes. Este di- 
que, según el autor del proyecto, tendría una 
defensa armada con cañones de suficiente al- 
cance para guardar las entradas del riachuelo 
y de las balizas interiores. Como el anterior, 
este proyecto no pasó de tal. En 1796 el Go- 
bierno colonial se resolvió definitivamente a 
hacer algo de lo que el puerto reclamaba y 
construyó su primer muelle. Fué él de mam- 
postería de ladrillo y de una extensión de 35 
metros, pero sólo sirvió para el uso del arsenal 
que se hallaba en Barracas. El comercio, como 
es natural, siguió reclamando la obra, y el real 
Consulado ordenó entonces la construcción de 
uno de piedra, en una extensión de 720 metros, 
en un lugar casi el mismo en que se proyectó 
construir en 1770 los 60 muelles de que ya he- 
mos hablado. La obra ordenada por el Consu- 
lado comenzó en 1S02, y no se hallaba aún ter- 
minada cuando el 5 de junio de 1805 fué total- 
mente destruida por un fortisimo temporal. El 
director de esta fracasada construcción, cuyo 
costo estaba calculado en 2.462.014 pesos fuer- 
tes, fué el célebre D. Pedro Cervino. En el 
mismo año, 1805, se presentaron nuevos pro- 
yectos, y entre ellos el del ingeniero Eusta- 
quio Qiannini, que proyectó la apertura de un 
canal desde el Riachuelo hasta las proximida- 
des de la fortaleza, que, como se sabe, se ha- 
llaba ubicada en lo que es hoy la Casa de Go- 
bierno. Pero este proyecto, como todos los de- 
más presentados, quedaron encarpetados. Du- 
rante el inolvidable Ministerio de Rivadavia, el 
Gobierno se resolvió ocuparse del asunto y 
cont ató al efecto al ingeniero inglés míster 
Bevans. Este señor llegó a Buenos Aires en 
1823, y a los pocos meses de hallarse entre 
nosotros formuló cuatro proyectos de puerto, 
tres de ellos en lo que es hoy el dique núme- 
ro 4 y iino de los bañados del riachuelo. De 
los proyectos de Bevans, el Gobierno, por de- 
creto de 13 de mayo de 18'23, aprobó el último 
de los mencionados, es decir, el que debía 
construirse en los bañados del riachuelo, en 



BUE 



un lugar que correspondía más o menos a lo 
que es hoy la dársena Sud; pero este proyecto 
nunca se llevó a la práctica. A partir de 1823, 
y hasta 1842, nadie volvió a ocuparse de la 
obra del puerto. Ese ailo (1842), por ley de 3 
de agosto, se concedió privilegio a D. Manuel 
García, por el término de quince años, para 
la construcción de un malecón que debería 
extenderse desde el riachuelo hasta el bajo de 
las Catalinas; nada se hizo. En junio de 1852, 
el Gobierno llamó a licitación para que se pre- 
sentaran propuestas y proyectos, y a ese lla- 
mamiento respondieron doce contratistas, que, 
con excepción de los Sres. Wicker y Jonew, 
querían construir un dique en balizas interio- 
res. Todos proyectaban la construcción de 
muelles salientes de la costa, algunos de los 
cuales serían protegidos por rompeolas sóli- 
dos, abiertos o flotantes. Todos estos proyec- 
tos fueron rechazados. Un año después, el in- 
geniero D. Carlos Pellegrini presentó un pro- 
yecto propio que consistía en la construcción 
de un muelle de madera en el bajo de las Cata- 
linas (paseo de Julio y Viamonte), para servir 
a la carga y descarga de lanchas, y cuatro 
dársenas pequeñas a continuación, hacia el 
Sud. Este proyecto, como los anteriores, fué 
encarpetado. Según referencias del ingeniero 
Huergo, de los numerosos proyectos presenta- 
dos en los cinco años siguientes a 1855, sólo 
fueron ejecutados el de la Aduana, próxima al 
fuerte, y el muelle de pasajeros, que fué cons- 
truido en el mismo sitio que ocupó el fracasa- 
do de Cervino. Todas estas obras fueron diri- 
gidas por el ingeniero D. Eduardo Taylor. El 
Gobierno, por ley de 24 de agosto de 1853, 
contrató en Inglaterra al ingeniero D. Juan 
Coghlan a íin de que formulase proyectos para 
la realización de varias obras públicas. Entre 
estos figuraba el puerto, y el ingeniero Cogh- 
lan lo proyectó mejorando el riachuelo, constru- 
yendo tret diques en la playa de la ciudad y 
formando una isla en el estuario del río, con 
el fin de concentrar la masa de agua y con su 
corriente arrastrar el fondo y obtener un canal 
de acceso a los diques. El Sr. Coghlan, sin 
embargo, se dio pronto cuenta de que su pro- 
yecto de canal adolecía de defectos, y antes 
de que se tratara, lo retiró. Y todo quedó en 
la nada. Para suplir la falta de un puerto, el 
Gobierno construyó un muelle de madera dura, 
de unos doscientos cincuenta metros de longi- 
tud. Esto fué en 1865. El Congreso entonces 



- 92 - BUL 

no se dio por satisfecho con esto e Incluyó en 
la ley del 14 de octubre de 1868, por la que st 
decretaron varias obras públicas, la definitiva 
construcción del puerto de Buenos Aires. No 
bien se sancionó esta ley, los Sres. .Madero, 
Proudfoot y Compañía presentaron un proyec- 
to de puerto que habían hecho preparar por 
los ingenieros Bell y Miller, de Glasgow. El 
proyecto fué aprobado y se iba a comenzar su 
realización, cuando por un asunto de carácter 
constitucional, los contratistas se vieron obli- 
gados a retirar sus propuestas. Al proyecto de 
Madero, etc., siguieron los de Bateman, Lind- 
mark, Revy, Moore y Farham, que proyect* 
la construcción de islas artificiales; Bolland y 
Whittie, Huergo, que fué aceptado, hasta que 
el 20 de julio de 1882 se presentó al Congres» 
Nacional el comerciante D. Eduardo Madero 
y propuso la anhelada construcción del puerto, 
más o menos como se halla actualmente. Por 
ley del 27 de octubre de 1882, el proyecto fué 
aprobado y se ordenó su ejecución, en la que 
podían invertirse hasta 20 millones de pesos 
oro. Las obras del gran puerto actual, que fue- 
ron empezadas el 1 de julio de 1887, han cos- 
tado, no obstante su primitivo presupuesto, 50 
millones de pesos oro. Actualmente este puer- 
to se está ampliando con obras de ensanche, y 
que lo colocarán entre los más importante» 
del mundo. 

Bueras (Santiago). Militar. Nacido en Chile, y 
como guerrillero se batió con brillo en Cucha- 
Cucha, el 21 de febrero de 1814. Fué un activo 
propagandista de la revolución de su pafs, y on 
1818 fué nombrado agente secreto del gener 
San Martín en Chile, comisión en que pre.^t 
meritorios servicios. Se halló en la batalla de 
Maipú como comandante del escuadrón del re- 
gimiento de la escolta directorial, confiándo- 
sele el mando de toda la caballería del ala iz- 
quierda, muriendo de un balazo al llevar una 
carga a fondo los lanceros del Rey (5 de abril 
de 1818). 

Bulnes (Eduardo Pérez). Signatario del acta á 
la independencia Diputado por. Córdoba 
Congreso de Tucumán (1816). En el Congrc- 
Constituyente de 1826 volvió a representar a 
provincia, y en tal carácter firmó el Manifies: 
que dirigiera esa Asamblea a los pueblos de 
república el 24 de diciembre de 1828. Fallec 
en Córdoba, ciudad de su nacimiento. 

Bulnes (Juan Pablo). Natural de Córdoba. Her 
mano del anterior. Se rebeló contra las auto- 



BUQ 

ridades de la nación; pero derrotado por Fran- 
cisco Say6s en los Bajos de Santa Ana, y to 
niado prisionero, fué remitido a Buenos Aires, 
en donde fué juzgado, condenado y ejecutado. 

Buques de registro. Se les llamaba a aque- 
llas embarcaciones que. con autorización real, 
saltan de Espafla y de América conduciendo 
mercaderías para negociarlas en América, y 
frutos de América a España. Se les llamaba de 
registro por el asiento de esa licencia y de sus 
condiciones, que quedaba registrado en los li- 
bros de la Casa de Contratación. 

Burela (Luis). Militar. Natural de la provincia 
de Salta. Era propietario de una vasta exten- 
sión de tierras en el departamento de Chicoa- 
na, en la época de la guerra de la independen- 
cia. Un domingo, a la salida de misa, proclamó 
a sus paisanos, que, exasperados, lo siguieron, 
pues eran víctimas de las tropelías de los rea- 
listas. Desde entonces se puso a las órdenes 
de Quemes y abrazó la carrera de las armas, 
en la que prestó grandes servicios a la causa 
patriótica, militando en las guerrillas del gran 
caudillo salteflo. Siendo teniente atacó y de- 
rrotó a los españoles en Garona, el 12 de ju- 
nio de 1814, y posteriormente ascendió hasta 
teniente coronel. En abril de 1817, cuando la 
invasión del general La Serna a Salta, coman- 
dó una división del ejército patriota, hostigan- 
do a los españoles durante dos días sin cesar; 
llevóles una carga en el punto llamado Casa de 
Gauna, que produjo gran confusión en las filas 
enemigas, ataque que repitieron los guerrille- 
ros un sinnúmero de veces, hasta la evacuación 
del ejército de las provincias de Salta y de Ju- 
juy. El general Belgrano propuso al Gobierno 
premiar al comandante Burela por sus eminen- 
tes servicios, y éste le acordó una medalla de 
plata con brazos 
de oro. 

Bunaeister (Ger- 
mán). Doctor. 
Eminente sabio, 
nacido en 1307, 
que llegó a la Re- 
pública Argenti- 
na en 1858. Había 
ya publicado tra- 
bajos importan- 
tes, como el Ma- 
nual de Entomo- 
logía y la fflsto- 
ria de ía Crea- D. Germán Burmeister. 




93 - BUS 

don, y era profesor de Zoología en la Uni- 
versidad de Halle. Recorre el país durante 
cuatro años y publica los resultados de su 
viaje bHJo el titulo Reise durch dle La Plata- 
Staaten (1861). El Dr. Burmeistei es nom- 
brado director del Museo de Buenos Aires 
en 1862 y despliega en ese puesto las más 
grandes actividades científicas durante treinta 
años, hasta su fallecimiento, en 1892. Se con- 
sagra especialmente a la Paleontología y a la 
Entomología, dejando cuatro volúmenes y un 
atlas de la Description phijsique de la Républi- 
ijuc. Argentine y más de doscientos trabajos, 
cuya indicación puede leerse en el tomo IV 
(págs. 325-357) de los Anales del Museo Nacio- 
nal, fundados por él y cuyos tres primeros to- 
mos están casi exclusivamente ocupados por 
sus estudios. Poco tiempo después de la llega- 
da de Burmeister, la Universidad de Buenos 
Aires hace venir como profesor de Historia 
Natural (1865) al Dr. Pellegrino Strobel, que 
ocupaba una cátedra en la Universidad de 
Parma. Stróbel permaneció en el país hasta 
1867, haciendo algunos estudios zoológicos, 
cuya lista puede verse en la Revista déla Uni- 
versidad de Buenos Aires, t, VII, págs. 32-33. 
Buschiazzo ijuan A.). Ingeniero italiano. Na- 
cido en 1846. Muy niño llegó a nuestro país, 
donde cursó sus 
estudios, des- 
arrolló sus acti- 
vidades y formó 
un hogar lleno de 
prestigios. Fué el 
fundador de la 
Sociedad de Ar- 
quitectos; miem- 
bro de la Socie- 
dad Científica; de 
Ingenieros; de la 
Sociedad Artísti- 
coarqueológica 
de Barcelona; de 
Arquitectos Inge- 
nieros de Roma, etc. Su nombre está vinculado 
definitivamente al progreso de la capital. Son 
obras suyas: el templo de la Piedad y el de Bel- 
grano, que erigió con los Sres. Canale; tam- 
bién fueron por él proyectadas el parque de 
Saavedra, la Municipalidad de Belgrano, la 
avenida Norte a Sud, nunca construida, por 
causas diversas, y más tarde, los palacios de 
Alvear, Unzué, Ocampo, Legarreta; la iglesia 




D. Juan A. Buschiazzo. 



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- &4 - 



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del Carmen, el Hospital italiano, el del Mar del 
Plata, el de San Martín, en Paraná, y el de 
Centenario, en Gualeguaychü. En la Munici- 
palidad, donde acompañó a D. Torcuato Al- 
vear como director de Obras públicas, dirigió 
numerosas obras, y fué en esa administración 
que se echaron los cimientos de hospitales, 
parques, asilos, etc., y finalmente fué tam- 
bién entonces que se impuso el proyecto de 
apertura de la Avenida de Mayo. Fué un hom- 
bre muy caritativo. Falleció en Buenos Aires 
el 13 de mayo de 1917. 
Bastamante ijosé Luis). Periodista. Natural 
de Buenos Aires. Fué diputado al Congreso 
del aflo25. Redactó a fines de 1831, en unión 
con D José Barros Pazos y D. Francisco 
C. Belánstegui, el periódico Cometa Argenti- 
no, que sólo apareció breve tiempo, porque 
Rosas mandó cesar su publicación. En 1S33, 
fundó otro periódico, El Defensor de los Dere- 
chos del Pueblo, el que después de salir algu- 
nos números fué reemplazado por el Iris, que 
se publicó desde mayo a agosto del mismo año. 
Emigró del país por causa de la tiranía de Ro- 
sas Afiliado al partido unitario, permaneció 
en Montevideo durante el largo asedio de la 
plaza. Sirvió de secretario al general Rivera- 
y fué también miembro de una Junta de nota- 
bles de que se aconsejaba el Gobierno. La 
victoria de Caseros le permitió a Bustamante 
volver a Buenos Aires. Por ese tiempo il852) 
se fundó El Progreso, diario cuya redacción 
estaba a car 50 de los Sres Bustamante, Al- 
vear y Huergo, respondiendo a las ideas políti- 
cas del Gobierno y déla nueva situación. Bus- 
tamante es merecedor del recuerdo histórico 
no solamente por sus escritos en la Prensa, 
sino porque ha dejado otros de distinto géne- 
ro y de una utilidad reconocida. Hallándose en 
Montevideo, en 1840, publicó un folleto titula- 
do El bloqueo francés en los puertos de la Re- 
pública Oriental donde domina el general 
Oribe; y algunos años después, en 1849, otro 
que lleva por título: Los errores de la ínter' 
vención anglofranccsa en el Río de la Plata. 
Otros trabajos: una biografía del general don 
Manuel G. Pinto; Memorias sobre la revolu- 
ción del 11 de septiembre de 1852; Bosquejo de 
la historia civil y política de Buenos Aires, 
un volumen, y Ensayo histórico de la defensa 
de Buenos Aires contra la rebelión del coro- 
nel D. Hilario Lagos, apoyado y sostenido 
por el general D. Justo José de Urquiza. Fa- 




D. Teodoro Sánchez 
de Bustamante. 



lleció repentinamente, en Montevideo, el 5 de 
enero de 1857. 

Bustamante (Teodoro Sánchez de). Signa- 
tario del acta de la independencia. Nació en 
Jujuy,el 10 de no- 
viembre de 1778. 
Estudió en el Co- 
legio de San Car- 
los y en la Uni- 
versidad de Char- 
cas, donde se 
graduó de doctor 
en 1798. Fiscal de 
la Real Audien- 
cia de Charcas, 
asesor del Cabil- 
do y justicia de 
Jujuy. En 1810 
fué fiscal de la 
Audiencia de Buenos Aires, cargo que aban- 
donó poco después. Auditor y secretario de 
los generales Belgrano y Rondeau. Diputado 
al Congreso de Tucumán en 1816, que declaró 
la independencia, por su provine a natal. .Mi- 
nistro de Gobierno de Salta durante la admi- 
nistración de Arenales, de quien más tarde fué 
su delegado en el Gobierno. Por breve tiempo 
fué gobernador de Jujuy. Por las luchas civi- 
les tuvo que emigrar a Bolivia. Era el doctor 
Bustamante un sincero patriota. Falleció en 
Santa Cruz de la Sierra, en 1851, a los ochen- 
ta y tres años de edad. 

Bastillo (José María). Nació en Buenos Aire*, 
el 18 de octubre de 1816. e ingresó en el 
ejército en 1840. 
Emigró en este año 
al Estado Oriental, 
junto con el gene- 
ral Paz y otros. Se 
halló en la campa- 
ña y batalla de 
Caa-Guazú, el 28 
de noviembre de 
1841, con el grado 
de ayudante ma- 
yor, siendo herido. 
Actuómás tarde en 
la toma de la ciu- 
dad del Paraná, in- 
corporado a la 
compañía de granaderos a las órdenes d: . 
general Martínez; hizo las campañas de Ei 
tre Ríos y Corrientes. El 3 de enero de 1844 




D José M.* Bustlllo. 



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- 95 — 



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fué ascendido a mayor, y un aflo más tarde 
se le confería el grado de teniente coronel. 
Se halló en los combates del Buceo, las ba- 
tallas del Cerro y paso del Pantanoso, etc. 
En todos estos importantes hechos de armas 
se distinguió por su arrojo. Producido el movi- 
miento de 1846 en Corrientes, dejó el servicio 
en Montevideo y se incorporó a la expedición 
que marcharía de nuevo, a las órdenes del ge- 
neral Paz, a formar parte del ejército liberta- 
dor. Fracasadas las tentativas del general Paz, 
el comandante Bustillo regresó a la capital 
uruguaya. Cuando se produjo la sublevación 
de 1852 en Buenos Aires regresó a esta capi- 
tal, y tomó parte en ese movimiento y en el si- 
tio del año siguiente, como simple soldado, re- 
conociéndosele más tarde en su grado de te- 
niente coronel de infantería y se le dio el 
mando del 1° batallón de la Guardia Nacional. 
En 24 de febrero de 1853 se le extendieron los 
despachos de teniente coronel efectivo de in- 
fantería de linea, y en marzo del mismo aflo el 
grado de coronel. En este grado actuó en la 
toma y defensa de la Quinta de Horne, con dos 
ataques al puente de Barracas, bajo las órde- 
nes del general Pacheco, y levantado el sitio 
continuó al mando del 2.° de guardias nacio- 
nales. Se halló en Cepeda, Pavón, etc. Duran- 
te la guerra del Paraguay tomó parte en las 
acciones del 2 de mayo, Paso déla Patria, Tu- 
yuti, Curupayti, Estero, Bellaco y otros hechos 
de armas, por los que recibió la medalla de 
oro correspondiente a sus campañas, la del 
Gobierno de Buenos Aires y la del Gobierno 
del Brasil, cordones de Oro de Tuyutí y escudo 
de Oro de Curupayti. De regreso del Paraguay 
fué nombrado por el presidente Sarmiento ca- 
pitán general de puertos, desempeñando ese 
cargo y el de presidente de la Junta de Sani- 
dad hasta el año 1874, que fué nombrado co- 
mandante militar de la isla de Martín García. 
Elevado a la jerarquía de general de brigada 
en 1879, fué designado un año más tarde co- 
misionado nacional en la campaña de Buenos 
Aires, y posteriormente interventor nacional 
en la provincia, cuyo gobierno asumió hasta 
el 11 de octubre de 1880. Fué también dipu- 
tado en Buenos Aires, presidente de importan- 
tes Comisiones, jefe interino del Estado Mayor 
del ejército, inspector de infantería, diputado 
nacional por la capital de 1885 a 18S0, y, por 



último, vocal de la Junta Superior de Guerra. 
.Muríó en 1910. 
Bustos (Juan Bautista). Militar. Nacido en Cór- 
doba. Figuró como oficial, pero en primera lí- 
nea entre los defensores de la ciudad, cuando 
la segunda invasión inglesa. Había venido, en 
clase de capitán de Milicias, en el contingente 
con que la provincia de su nacimiento contri- 
buyó a resistir y rechazar la invasión. Una 
fuerte columna, al mando del coronel Elfo, ha- 
bía abandonado el punto que defendía para sa- 
lir en busca del enemigo ; pero rápidamente 
atacada por la fuerza del teniente coronel 
Burne, la obligó a retroceder, tomándole dos 
cañones, y sus pérdidas hubieran sido mayores 
a no ser el nutrido fuego de un piquete apos- 
tado en una azotea inmediata, y dirigido por el 
oficial Bustos. Pero le estaba aún reservado 
un episodio más interesante. Acosados los in- 
vasores por los fuegos de la fortaleza, empe- 
zaban a desocupar las casas de la Alameda, en 
una de las cuales estaban guarecidos más de 
doscientos soldados ingleses del 88 de infante- 
ría. Bustos, con su gente (18 hombres), los 
hostilizaba con encarnizamiento, hasta el extre- 
mo de obligarlos a dispersarse en la mayor con- 
fusión. Ordena en esas circunstancias el de- 
rrumbe de los techos y muros, operación que 
sorprendió a los enemigos, poniéndolos en la 
dura necesidad de rendirse; así lo hicie- 
ron 200 soldados, 13 oficiales y su jefe. Esa 
conducta bizarra y hábil le valió las simpatías 
de sus superiores y la confirmación de su em- 
pleo de capitán de línea. Desde entonces 
Bustos permaneció en la ciudad de Buenos 
Aires. Fué partidario de la revolución de mayo 
y de los agitadores subalternos en los prime- 
ros días. Animado de esos patrióticos senti- 
mientos, ocupó un puesto de honor en los ejér- 
citos que la junta formara para iniciar las ope- 
raciones de guerra Militó principalmente en 
los ejércitos destinados a expedicionar al Alto 
Perú, participando de los triunfos alcanzados 
por los ejércitos independientes del mando de 
Belgrano, Rondeau, o de los contrastes que al- 
gunas veces experimentaron sus armas. En no" 
viembre del año 15 salió de Buenos Aires una 
columna de más de mil hombres a incorporarse 
al ejército de Rondeau, que corría riesgo de 
ser atacado y derrotado por los realistas, como 
desgraciadamente sucedió en Sipe-Sioe. Esa 
columna, mandada por los coroneles French y 
Bustos, llegó a Tucumán a marchas forzadas. 



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y en Humahuaca se reunió a los dispersos res- 
tos del ejército. Reemplazado Rondeau por 
Belgrano, empezó por la reorganización del 
ejército; Bustos, en su rango de coronel, man- 
daba el número 2 de infantería. Era uno de los 
oficiales de crédito en el ejército, a quien se 
honraba con el desempeño de comisiones de 
importancia. Así, cuando estalló en Santiago 
del Estero la sublevación, a cuyo frente se ha- 
bía puesto D. Juan F. Borges, Bustos, por 
orden del general Belgrano, se desprendió del 
ejército con una pequeña fuerza de las tres 
armas, y venció. Un año después marchó a ocu- 
par militarmente la ciudad de Córdoba, lle- 
vando consigo 300 hombres, a fin de estar en 
observación de los sucesos del litoral, teatro 
permanente de montoneros, que empezaba a 
inquietar al Gobierno y a ocupar los ejércitos 
destinados a cimentar la obra de la indepen- 
dencia americana. Dice el general Mitre: 
íiComo desde esta época empezó a figurar en 
la escena en que debía hacerse tristemente cé- 
lebre el coronel D. Juan B. Bustos, se hace 
necesario detenernos a estudiar este tipo bas- 
tardo, que a la cabeza de las tropas disciplina- 
das de la República traicionó la causa del or- 
den y pactó con la anarquía, bien que sin man- 
comunarse del todo con ella y aceptando una 
política singular, que inauguró una nueva es- 
cuela de caudillaje y entregó las provincias del 
interior a la arbitrariedad de mandones irres- 
ponsables. Asi fué como fundó más tarde, en 
complicidad con los hombres sin principios de 
las ciudades cultas, otro tipo de gobierno per- 
sonal, con cierta apariencia de legalidad, con el 
provincialismo estrecho por bandera y el mi- 
litarismo en sustitución de las campañas insu- 
rreccionadas. Bustos era el hombre indicado 
para acaudillar este movimiento bastardo. 
Siendo una completa nulidad como militar, era 
valiente y tenía autoridad moral en el ejército 
de línea. Aunque de muy limitados alcances, 
no carecía de astucia para gobernarse en los 
negocios de la vida práctica, y tenía talento 
para la intriga. Desprovisto de resorte y ele- 
vación moral, su fuerza era la de la inercia y 
su móvil un egoísmo frío y taimado, que le in- 
fundía ambiciones estrechas, sin predileccio- 
nes políticas y sin amor y sin odio por todo 
aquello que no afectase sus apetitos inmedia- 
tos. En su calidad de cordobés, era el hombre 
de acción de los intransigentes de la docta ciu- 
dad, que desde luego empezaron a halagar 



sus malos instintos. La influencia de esta 
atmósfera enervante debía ser funesta a su 
pobre cabeza, en el estado de agitación y de 
desmoralización en que se encontraba Cór- 
doba.» 

Complicándose cada día más la situación in- 
terna del país por la guerra civil de las pro- 
vincias del litoral contra la capital, el ejército 
de Belgrano dejó a Tucumán para penetrar en 
Córdoba y aproximarse a la frontera de Santa 
Fe. Bustos, con una fuerza de trescientos 
hombres, se puso en movimiento y llegó al 
Fraile Muerto, donde le atacó López con sus 
montoneros; aquél pudo reponerse de la sor- 
presa de un ataque no esperado, y si no que- 
dó derrotado el enemigo, consiguió al menos 
arrebatarle sus caballadas y ganados. Refor- 
zada la fuerza de Bustos con los escuadrones 
de Paz y de Lamadrid, pudo rechazar con más 
vigor en la Herradura el altanero empuje de 
las fuerzas santafecinas. Por estos hechos de 
armas, de escasa importancia material, pero de 
trascendencia moral, por cuanto quedaba de- 
mostrada la impotencia de los montoneros con- 
tra el ejército de línea, el Gobierno ascendió 
a Bustos a coronel mayor, y al volver al ejér- 
cito entró a desempeñar las funciones de jefe 
del Estado Mayor general; pero la ambición 
de Bustos no estaba satisfecha; él se había 
puesto de acuerdo, de tiempo atrás, con los 
hombres políticos de Córdoba, y aspiraba a ha- 
cerse el arbitro de los destinos de esta pro- 
vincia, empresa para la cual le era necesario 
el apoyo material del ejército, donde, como se 
ha dicho antes, tenía influencia y ejercía auto- 
ridad moral. Para llevar a cabo el plan suge- 
rido por su ambición de mando político, de 
acuerdo con el partido cordobés, ganó proséli- 
tos en el ejército dispuestos a secundar sus 
miras, con tanta mayor facilidad, cuant» que la 
moral y disciplina de ese ejército estaba que- 
brantada por los influjos dañinos de las luchas 
civiles y por las intrigas de las pretensiones 
personales. Contribuyó Bustos a la subleva- 
ción de Arequito, hecho que fué de inmensa 
trascendencia para los destinos de la Repúbli- 
ca, precipitándola en la anarquía y afirmando 
la causa de la barbarie. Fué nombrado gober- 
nador de Córdoba. Sin embargo. Bustos con- 
tinuó sirviendo los intereses nacionales, y en 
su correspondencia con San Martín y GUemes 
no dejaba de expresar el empeño con que mi- 
raba la guerra por la independencia y sus pro- 



ñus 



97 



BYN 



pi>sito9 de contribuir a ella por ios medios de 
que en su posición de gobernante podía dispo- 
ner. Sin embargo, no cumplió del todo con sus 
compromisos, pues conservó en Córdoba la 
mayor parte del ejército, en sostén de su po- 
der, asi como no se desprendió del poderoso 
parque que guardaba. Libró combate con Ca- 
rrera en el punto denominado Chajá, y fué de- 
rrotado, y en las Junas sufrió casi una nueva 
derrota. Bustos volvió a Córdoba, y termina- 
do su período, fué de nuevo gobernador. A 
partir de esta época, el gobierno de Bustos se 
hizo cada día más personal y arbitrario, acu- 
sándole, con sobrada razón, sus enemigos de 
haber destruido todo sistema legal y apoyán- 
dose exclusivamente en las bayonetas de sus 
tropas. Después de la revolución del 1 de di- 
ciembre lie 1828. el general Paz, con una fuer- 
za de 1 .000 hombres, más o menos, derrotó a 
Bustos frente al arroyo de San Roque, quien 
huyó hasta la Rioja, donde buscó la protección 
de Quiroga. Sirviendo a las órdenes de éste 
asistió a la batalla de la Tablada. Se dirigió 
después a Santa Fe, donde fué bien acogido y 
considerado por el gobernador, D. Estanislao 
López. Murió a principios de 1831. 
Bustos (.Manuel Vicente). Elevado al gobierno 
de La Rioja mediante una revolución. Fué la 
única época (1855) ésta en que La Rioja reco- 
brara su dignidad, imponiéndose Bustos a los 
caudillos. Era descendiente del último delega- 
do de la Real Hacienda de la época colonial, y 
uno de los trece gobernadores que firmaron el 
pacto de San Nicolás de los Arroyos. Bustos 
sufrió muchas de aquellas invasiones acostum- 
bradas por los comandantes de campaña para 
cambiar gobernadores. En una de esas ocasio- 
nes. Bustos fué sorprendido por el ex gober- 
nador Mota, quien no le dio tiempo más que 
para vestirse en medio de la noche, em- 
puñar su espada y salir a la calle con su 
asistente, y un tambor que tocaba genera- 
la. Cuatro horas más tarde, los invasores 
eran fusilados uno a uno, inclusive Mota 
y todos los oficiales que le acompañaban. 
En una ocasión, el comandante de Chileci- 
to se subleva, y se pone en marcha para la 
ciudad. Bustos reúne su escolta, y ganando 
horas da sobre la fuerza sublevaba, la disper- 
sa, toma al cabecilla, lo fusila y vuelve a La 



Rioja, habiendo empleado en toda esta opera- 
ción cuatro o seis días, en una distancia de 
más de cuarenta leguas. Desde entonces La 
Rioja no fué ya la provincia de los caudillos, 
hasta la época de las nu£vas montoneras de 
Várela y secuaces, cuyo reinado empezó má.«; 
tarde. Bustos hizo respetar la provincia de su 
nacimiento y el principio de autoridad, y go- 
bernó seis años hasta después de la caída de 
Rosas, sin que tuviera que sentir la más pe- 
queña revuelta. Fué también el primer gober- 
nador que entregara el mando a la Legislatura 
provincial después de haberse jurado la Cons- 
titución nacional. Nuevamente gobernador el 
17 de abril de 1857, siendo su ministro general 
D. Ramón Gil Navarro. Dio un impulso grande 
al progreso y bienestar general. Estableció 
varios reglamentos de ju.sticia y policía; regu- 
larizó el cobro de las rentas; estableció escue- 
las etc., etc.: en una palabra, Bustos fué un 
buen gobernante. 
Bynón (Santiago Jorge) Marino. Nació en la 
ciudad de Swansea (Inglaterra), en noviembre 
de 1798. Desde los diez y siete años recorrió 
los mares de China, Indostán y Japón, hasta 
1815, año en que, relacionado con lord Cochra- 
ne, se decidió a emigrar a Sud-América para 
luchar por su independencia, dirigiéndose a 
Chile, en cuya escuadra tomó servicio en 1818, 
en clase de guardia marina. En 1819 hizo la fa- 
mosa campaña del Pacifico, combatiendo con- 
tra la fortaleza del Callao en dos ocasiones. 
Poco después pasó a Guayaquil, donde apresó 
una fragata española. Terminada esta campa- 
ña, regresó, volviendo a emprender la del Sur 
de Chile, batiéndose heroicamente en el ataque 
de la fortaleza de Valdivia. Luego hizo la cam- 
paña de Arauco, siendo ascendido a teniente 
en 1821, y realizó más tarde un penoso cruce- 
ro, al fin del cual obtuvo un ascenso. En 1826, 
al mando de la corbeta Cltacabuco, tomó par- 
te en las campañas navales entre la Argén 
tina y el Brasil, llegando a ser el segundo jefe 
de la primera, inmortalizándose en el combate 
de Patagones, el 7 de marzo de 1827, y en otros 
encuentros. Terminada la guerra, Bynón per- 
maneció en Buenos Aires hasta 1835, dirigién- 
dose posteriormente a Chile, donde desempe- 
ñó elevados cargos, entre ellos el de viceal- 
mirante. Falleció en SantiagodeChile,en 1833. 



Dic HisT. BioQR. 



c 



Caajraazú (batalla). Ganada por el general don 
José María Paz al de igual grado D Pascual 
Echagfle, que había invadido la provincia de 
Corrientes, donde Paz tenía un ejército de co- 
rrentinos, el 29 de noviembre de 1S41. Se en- 
contraron los ejércitos en Caaguasú, dispu- 
tándose la victoria en una sangrienta batalla, 
obteniendo un espléndido triunfo Paz. El ene- 
migo dejó en el campo de batalla 900 muertos, 
1 .000 prisioneros, toda la artillería, armamen- 
tos y municiones. Esta batalla, de las más en- 
carnizadas que se han librado, se cita siempre 
como modelo de táctica por la habilidad que 
demostró el general Paz. Caaguasú significa 
<hierba grande». 

Caballero (Pedro Juan). Miembro de la Junta 
gubernativa del Paraguay (año 11). Después 
de la retirada del general Belgrano de esta 
provincia, mediante los arreglos de paz cele, 
brados con el jefe de las fuerzas enemigas, don 
Manuel A. Cabanas, las ideas que se propaga, 
ron sobre las miras y tendencias de la revolu- 
ción de mayo sacaron a los paraguayos de su 
inercia, produciendo éstos el movimiento polí- 
tico que derribó al gobernador español Velas- 
co (14 mayo de 1811). El capitán Caballero 
uno de los oficiales que habían entrado en las 
ideas de Belgrano, púsose de acuerdo con el 
Dr. D. Pedro Somellera, y, obrando bajo su 
inspiración y consejo, fué el brazo de la insu- 
rrección, siendo nombrado en seguida, por la 
Asamblea que se convocó, miembro de la Junta 
de Gobierno. Viene al Poder el Dr. Francia, y 
para evitar su sombría tiranía hubo de estallar 
una revolución; pero descubierta, sus autores 
y cómplices fueron presos. Caballero, para li- 
brarse de la infamante pena de azotes, que, a 
fin de arrancar confesiones, precedía al cadal- 



so, puso término a su vida en la prisión misma, 
no sin escribir antes en las paredes estas pala- 
bras, dignas de un espíritu fuerte y elevado: 
«Yo sé que ofendo a Dios y a los hombres; 
pero mi sangre no ha de servir de pasto al tira- 
no de mi patria.» 
Cabello y Mesa (Francisco Antonio). Español. 
Militar y publicista. Fundador y redactor del 
primer periódico publicado en Buenos Aires, 
en 1801 . Antes c^e publicar en esta ciudad el 
Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económi- 
co e Historiógrafo del Rio de la Plata, había 
dado a luz en Lima la primera publicación pe- 
riódica de Sud-América, con el título de Diario 
Curioso, Erudito, Económico y Comercial, que 
empezó el 1 de octubre de 1790 y terminó dos 
años después. Contribuyó, según parece, a la 
fundación del Mercurio Peruano, redactado por 
escritores distinguidos. Respecto a la índole, 
importancia y mérito del Telégrafo Mercantil, 
que apareció el 1 de abril de 1801 y cesó, por 
resolución gubernativa, el 15 de octubre de 
1802, y cuya colección forma cuatro tomos en 
cuarto, dice el Dr. Gutiérrez: «Esta publica- 
ción periódica tenía por objeto, según la decla- 
ración de su editor, adelantar las ciencias y las 
artes, fundar una escuela filosófica que deste- 
rrase las formas bárbaras del escolasticismo, 
extender los conocimientos de los agricultores 
e informar a los lectores de todos los progre- 
sos y descubrimientos nuevos en la Historia, 
las antigüedades, la literatura y los demás co- 
nocimientos humanos. El editor de este perió- 
dico contrajo, sin embargo, un compromiso su- 
perior a sus fuerzas. Propúsose realizar en 
Buenos Aires el pensamiento concebido por los 
redactores del Mercurio Peruano sin poseer 
las luces, la seriedad de carácter y l:js calida- 



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des literaria* que Jistinguicron a Unanue, a Ba- 
quijano y a otros sabios de aquella parte de 
América, fundadores y sostenedores, de tan 
afamada publicación periódica. Don Francisco 
A. Cabello, natural de España, filósofo indife- 
rente, primer escritor periódico de Buenos 
Aires y de Lima y abogado de ios Reales Con- 
sejos, como él mismo se titulaba, fácil en pro- 
meter y diestro en sacar partido personal del 
trabajo y patriotismo ajenos. En su periódico 
se nota una completa falta de método. Las ma- 
terias, hacinadas unas sobre otras, reducen al 
Telégrafo a un verdadero cajón de sastre, en 
quü se encuentran con dificultad los retazos de 
buena tela, que, por otra parte, abundan en 
sus páginas dislocadas. Los peores artículos 
del Telégrafo son aquellos que pertenecen al 
caletre de Narciso Fellocio Cantón, anagrama 
perfecto del nombre y apellido del primer es- 
critor periódico. Su cuerda favorita era la le- 
trilla festiva, de la cual se valía para censurar, 
con escasa delicadeza y más escasa sal ática, 
las costumbres de los habitantes de Buenos 
Aires. A pesar de la incompetencia del editor 
y de los grandes defectos da que se resiente el 
Telégrafo, es preciso confesar que su apari- 
ción señala una época de progreso y que, des- 
pertando la curiosidad por la lectura y la am- 
bición natural de producir para la Prensa, dio 
un impulso visible a los espíritus y a las ideas. 
En sus páginas aparecieron por primera vez la 
oda de Labarden al río Paraná, fábulas de Az- 
cuénaga v composiciones de Prego, de Oliver 
y de Medr^o, que no son despreciables y hon- 
ran, por ei^ontrario, los primeros ensayos de 
la musa patria. Allí se encuentran también la 
descripción (Je algunas ciudades argentinas y 
de varias provincias de su territorio; diversos 
trabajos deJ naturalista Haenke; las primeras 
observaciones meteorológicas que se hayan 
dado a lur en Buenos Aires, e importantes y 
curiosos datos aislados acerca de las prácticas 
comerciales y del precio de los objetos de pro- 
ducción y de consumo de toda la extensión de 
virreinato. Esta masa de materias, aunque re- 
unidas sin discernimiento, hace que la colección 
de páginas impresas en que se encuentran se 
considere como una preciosidad digna de bus- 
carse y de conservarse por los aficionados a 
estudios nacionales retrospectivos.» El Telé- 
grafo cesó de publicarse por resolución guber- 
nativa, el 15 de octubre de 1802. Durante la 
primera invasión inglesa de 1806 fué procesa- 



do por las autoridades españolas del virreinato 
por haber aceptado un empleo civil durante la 
dominación inglesa en Buenos Aires. Fué con- 
ducido preso a España, pero pronto recobró su 
libertad. Actuando activamente en política, fué 
fusilado en Sevilla. 

Cabezón (José León). Educacionista. Nacido en 
Logroño (España) y llegado al país, se estable- 
ció en la provincia de Salta, donde fundó va- 
rios colegios. Cabezón ha sido un educacio- 
nista digno de recuerdo por su contracción y 
amor a la enseñanza, como también por sus 
virtudes. Decidióse desde un principio por la 
causa de la independencia americana, lo que 
le valió ser perseguido por las autoridades es- 
pañolas, tomando más tarde carta de ciudada- 
nía argentina. Durante treinta años desempe- 
ñó el magisterio en Salta, y en junio de 1817 
fué llamado a Buenos Aires para dictar la cá- 
tedra de latín en el Colegio del Estado, a cuyo 
frente permaneció dos años; volvió a Salta, 
cansado del carácter inquieto de la juven- 
tud porteña. Continuó en Salta su misión has- 
ta 1828, en que pasó a Santiago de Chile, donde 
fundó un colegio. Murió a los ochenta y cuatro 
años, dejando una larga descendencia, también 
notable por su consagración al magisterio y 
por su filantropía. 

Cabezón (Dámasa, Manuela y María Josefa). 
Hijas del anterior. Educacionistas. Nacidas en 
1792, 1805 y 1807, respectivamente. Todas tres 
heredaron las virtudes de su noble padre. Que- 
ridas lo fueron de sus alumnas y apreciadas de 
las madres de familia por el carácter afable y 
bondadoso que las ornaba. 

Cabildo. Institución colonial, actualmente Mu- 
nicipalidad. Era una autoridad comunal que 
tuvo gran influencia en el pueblo de Buenos 
k\re.s desde el año 1580, en que empezó a fun- 
cionar. Entre las atribuciones del Cabildo en- 
traba la de convocar al pueblo a son de cam- 
pana; reunirlo en Congreso para deliberar; le- 
vantar tropas; crear contribuciones; poner en 
posesión a los gobernadores, etc., etc. Los 
Cabildos fueron suprimidos durante el gobierno 
del general Rodríguez, por ley de 24 de di- 
ciembre de 1821, estableciéndose en su reem- 
plazo los jueces de primera instancia, letrados 
de paz y una oficina de Policía. 

Cable submarino. Bajo la dirección del inge- 
niero capitán Hunter Davidson, se había co- 
locado un cable submarino entre la isla de 
Martín García y la ciudad de Buenos Aires. 



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El 22 de septiembre de 1875 se inauguró la co- 
municación telegráfica que en breve debfa po- 
ner a esta parte del continente en comunica- 
ción con el Viejo Mundo. 

Cabot (Juan Manuel). Militar. Nacido en la ciu- 
dad de Tucumán, en 1784. Ingresó en el ejér- 
cito en octubre de 1806, en el batallón de Vo. 
luntarios Urbanos, que se formó con motivo de 
la segunda invasión. Comandante de compañía 
en las campañas del Alto Perú. En 1815 mar- 
chó a incorporarse al ejército de los Andes en 
Mendoza. Traspuso la cordillera por el paso 
de Olivares, recorrió una extensión aproxima- 
da de cien leguas en catorce días, batió al ene- 
migo en los llanos de Barraza y Sálala, sa- 
liendo triunfante, quedando asf reconquistado 
todo el Norte de Chile y entrando vencedo 
ras en la Serena las tropas de Cabot. Murió 
en 1837. 

Cabral (Juan Bautista). Soldado del regimiento 
de Granaderos a Caballo. Natural de Corrien- 
tes. Encontróse en el combate de San Lorenzo. 
Apretado San Martín por su caballo, derribado 
por la metralla enemiga, un soldado realista 
avanza resueltamente sobre él, bayoneta en 
mano; pero atropellado a tiempo por el grana- 
dero Juan Bautista Baigorría, lo levanta con 
su lanza. Cabral fué uno de los pocos que en- 
treverándose con el enemigo corrió a salvar 
la vida de su jefe, tocándole esta gloria a Bai- 
gorría. Herido mortalmente después, decía a 
sus camaradas mientras lo retiraban de lo más 
recio de la pelea; ¡Déjenme, compañeros! 
¿Qné importa la oída de Cabral, si hemos 
triunfado de los maturrangos! ¡Somos pocos, 
vayan a su puesto, que yo muero contento por 
haber batido al enemigo! 

Cabrer (José .María). Coronel de ingenieros. Na- 
cido en Barcelona. Recibió orden de pasar al 
Río de la Plata y agregarse a la comisión en- 
cargada de la demarcación de límites con el 
Portugal en sus dominios de América. El 1 de 
enero de 1781 desembarca en Buenos Aires. 
Fué enviado a la Banda Oriental a levantar el 
plano de la laguna Merín, primer punto de 
arranque de la demarcación. Pasó luego a la 
«división de D. Diego de Alvear, que debía re- 
montar los rios Paraná y Uruguay y determi- 
nar la línea divisoria del territorio de Misio- 
nes, como así lo realizó». Fueron eficaces sus 
servicios durante las invasiones inglesas. Re- 
vistando como coronel de ingenieros, ocupó 
un puesto en el Departamento Topográfico 



hasta el día de su fallecimiento, el 10 de no- 
viembre de 1836. 

Cabrera (Alonso de). Natural de Granada (Es- 
paña). Llegó al Río de la Plata enviado por el 
emperador Carlos V, con el título de veedor, 
en auxilio de la expedición de D. Pedro d- 
Mendoza, de cuya muerte se tenía ya notici- 
en la corte, y traía consigo las instrucciones 
del soberano para el gobierno de estos países, 
datadas en Valladolid a 12 de septiembre 
de 1537. Antes de entrar al rio, una borrasca 
de mar estrelló uno de los buques, partiéndolo, 
naufragio que costó la vida de más de quin> ._ 
personas. 

Cabrera (Jerónimo Luis de). Gobernador del 
Tucumán. Fundador de la ciudad de Córdoba. 
Natural de Sevilla, de ilustre familia. Llegó al 
Perú en 1538, acompañado del comendador 
D. Pedro Luis Cabrera, su hermano, que ad- 
quirió notoriedad por su valor y fidelidad en la 
conquista de aquel reino. Fundó D. Jerónimo, 
a su costa, la ciudad de Córdoba, el 6 de julio 
de 1573. Quiso darle una vasta jurisdicción te- 
rritorial y dotarla de un puerto, a cuyo objeto 
atravesó la Pampa hasta llegara las márgenes 
del Paraná. Encontrándose con Garay, funda- 
dor de Santa Fe, le intimó no avanzara en sus 
conquistas, y entre ambos capitanes surgió un 
pleito sobre si esta población y su distrito ha- 
bía de pertenecer a la jurisdicción del Gobier- 
no del Río de la Plata o a la del de Tucumán. El 
pleito se siguió ante la real Audiencia de Chu- 
quisaca. Su sucesor Gonzalo de Abréu, pre- 
dispuesto contra Cabrera por sugestiones odio- 
sas de dos oidores de Charcas, que no habían 
podido atraerle a sus particulares intereses, 
apoderóse de Cabrera, le confiscó sus bienes 
y le hizo condenar a muerte, acusándole de 
sublevación y traición. 

Cabrera (Pedro Luis). Hijo del anterior. Gene- 
ral y hombre distinguido, que ocupó puestos 
de importancia en las provincias del Río de la 
Plata y Tucumán, y padre del que sigue. 

Cabrera (Jerónimo Luis de). Gobernador de 
Buenos Aires y de Tucumán. Era natural de 
Córdoba, nieto del fundador de esta ciudad y 
sobrino de Hernando Arias de Saavedra. Hizo 
la guerra a los calchaquies, a los que derrotó 
varias veces y redujo a la paz, y se les impuso 
no sólo por su osadía y pericia militar, sino 
también por sus crueldades; fué el terror de 
las tribus que habitaban hacia los Andes. Se 
le dio el gobierno de Chucuito .Perií) y más 



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tarde el de Buenos Aires, de cuyo puesto se 
recibió en octubre de 1641, prolongándose su 
período hasta 1(34(3. En 1659 fué nombrado 
gobernador del Tucumán, y en el ejercicio de 
sus funciones (16(33) ocurrió su fallecimiento. 

Cabrera y Cabrera (José Antonio). De Cór- 
doba, signatario del acta Je la independencia 
representando en el Congreso de Tucumán la 
provincia de su nacimiento. A la par deBulnes 
y Salguero, fué de los que resistieron con 
energía la traslación del Congreso a Buenos 
Aires, siendo su actitud con tal motivo tan 
agresiva— dice Mitre— , que se trató seriamen- 
te de excluirlos de las sesiones, «negándoles 
por varias veces el derecho de protestar con- 
tra las deliberaciones de la mayoría, como 
pretendían hacerlo». Resuelta la cuestión con- 
tra sus opiniones, Cabrera y Bulnes se nega- 
ron a seguir a sus colegas a la capital. Reti- 
rado a la vida privada desde entonces; falleció 
a los sesenta aflos de edad. 

Cáceres (Casto). Militar. Nacido en Buenos 
Aires. Sirvió durante las invasiones inglesas 
como oficial de un escuadrón de Húsares. Es- 
tuvo en el sitio de Montevideo, con el grado de 
capitán. Se halló en la guerra del Brasil, y 
durante la dictadura desempeñó las funciones 
de inspector general, bajo el título de oficial 
mayor interino. Fué un hombre austero en el 
cumplimiento de sus deberes, y aunque em- 
pleado y servidor de Rosas, no mendigó nunca 
sus larguezas ni sus sonrisas ni enlodó su 
reputación con actos serviles o desdorosos. 
Así fué que, al iniciarse una época y un go- 
bierno nuevo (1852), se le mantuvo en su pues- 
to, y D. Vicente López le llamó a compartir 
las tareas de la administración, dándole la 
cartera de Guerra y Marina. 

Cáceres (Nicanor). Militar, caudillo correntino. 
Nacido en Curuzu-Cuatiá, el 11 de enero de 
1S09. Se hallo en la fatal jornada de Pago Lar- 
go. Militó a las órdenes de losgenerales Lava- 
lle y Paz. Se encontró en Caaguazú y en Arro- 
yo Grande, donde fueron destrozadas las fuer- 
zas de Rivera. Como jefe de una división co- 
rrentina, se halló del lado del ejército liberta- 
dor en los campos de Caseros y en la guerra 
del Paraguay. Cáceres era un militar valiente, 
pero de cortos alcances intelectuales. Murió, 
en su establecimiento de campo, pocos años 
después. 

Cachlmaya. Sorpresa de una fuerza españo- 
la que operaba en el Alto Perú (Bolivia), y que 



el sargento mayor Gregorio Aráoz de Lama- 
drid logró tomar prisionera sin disparar un 
tiro ni desenvaii'ar un sable, valiéndose de la 
estratagema de presentársele como parcial. 
Este hecho tuvo lugar en Cachiinaya, cerca de 
Chuquisaca (Bolivia), el 20 de marzo de 1817. 
En poder del jefe patriota quedaron prisione- 
ros el comandante realista Eugenio López y 
cincuenta individuos de tropa, y en la misma 
noche Lamadrid marchó a Chuquisaca y ocu- 
pó importantes posiciones que dominaban la 
ciudad, iniciando un fuerte cañoneo sobre la 
misma al rayar el alba, en medio de vivas a los 
patriotas. 

Cagancha (batalla). El gobernador de Entre 
Rios D. Pascual Echagüe había invadido el 
Estado Oriental, en la creencia de que la pro- 
vincia de su mando estaba segura. Pero invadi- 
da a su vez por el general Lavalle, derrotado 
el delegado Zapata, sublevado de nuevo Co- 
rrientes y rechazado victoriosamente Juan Pa- 
blo López, se estaba organizando en Corrien- 
tes, con jefes de nota, un ejército de 5. OCX) 
hombres, que no podría tardar en operar sobre 
Entre Ríos y Santa Fe, sin que hubiese fuerza 
bastante a contenerlo. Bajo esta amenaza, 
Echagüe se encontraba mal al verse internado 
en la Banda Oriental, y Rosas deseaba tam- 
bién que regresara a contener a Lavalle, pues 
veía que por el momento no tenía como llevar 
adelante sus pretensiones sin grave riesgo; 
mucho más estando Montevideo y la costa del 
Uruguay bajo la protección de la escuadra 
francesa. En ese intermedio tuvo lugar el en- 
cuentro del 29 de diciembre de 1839, en el cam- 
po de Cagancha, cerca de Santa Lucía. Actua- 
ba en el ejército de Rivera un excelente mate- 
rial de artillería, bien servido por jefes y ofi- 
ciales de mérito, en su mayor parte emigrados 
argentinos. Las caballerías de ambos lados 
chocaron y se dispersaron. Bien cañoneada a 
buen tiempo la línea de avance que formó 
Echagüe, todo se lo desorganizó, y los grupos 
de su ejército tomaron de su cuenta la vuelta 
a Entre Ríos. Repasaron el Uruguay sin que 
nadie los persiguiese, y en muy pocos meses 
volvió Echagüe a reunirlos para esperar al ge- 
neral Lavalle, cuya invasión parecía inmi- 
nente. 

Cálcena y Echevarría (José Alberto). Co- 
merciante. Hijo de D. Juan José, español, y de 
D.* Clara .\guiar, santafecina. Nació en la ciu- 
dad de Santa Fo, en 1751. Se educó y pasó su 



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juventud en la Asunción. En 1802 casóse en la 
capital del Paraguay con D." Águeda Recalde 
y partió a Europa hasta 1S04, en que regresó 
a Buenos Aires, donde desempeñó los cargos 
de agente mayor de negocios de la Hermandad 
de Caridad y el de contador. En 1810 puso a 
prueba su patriotismo dando cuanto tenia 
para la causa de la revolución. Durante la cam- 
pafla del Paraguay donó ganado vacuno con 
destino al ejército y se alistó en sus filas como 
comisario de guerra, combatiendo como oficial. 
Se distinguió especialmente en el combate de 
Tacuari, ajustando la capitulación. En ISll 
marchó a la campaña de la Banda Oriental, 
como intendente general del ejército, y entró 
en la plaza en agosto de 1811, como parla- 
mentario; y en el segundo sitio de 1814 tam- 
bién desempeñó el mismo cargo, para el que 
era a propósito por su carácter blando, pala- 
bra suave, persuasiva y firme. Este servidor 
dejó de existir en Buenos Aires, el 28 de abril 
de 1821. 

Calchaqnf (Juan). Cacique célebre. Jefe de las 
numerosas tribus que ocupaban el valle de 
Calchaquí, dilatada región de la parte occiden- 
tal de Salta, coronada de altas y ásperas cor- 
dilleras. Había pactado la paz con los con- 
quistadores, y en prueba de su buena fe abra- 
zó la religión católica; pero relevado del man- 
do el gobernador Juan Pérez de Zurita, con 
quien marchaba en buena armonía, la conducta 
inhábil y hostil de su sucesor, Gregorio de 
Castañeda, lo sublevó, y en poco tiempo los 
españoles tuvieron que abandonar las nuevas 
fundaciones de Londres, Cañete y Nieva, es- 
tablecidas en el valle. El cacique D. Juan, buen 
guerrero y gobernante popular y querido de 
sus subditos, murió por el año 1612 

Calchfn (combate). Tuvo lugar el 3 de marzo 
de 1831, entre las fuerzas federales, al mando 
del coronel D. José Nazario Sosa, y una divi- 
sión de las tropas del general Paz, en Cal- 
chin, provincia de Mendoza. El triunfo fué de 
las armas federales. 

Calderón de la Barca (Pedro). Militar. Na- 
cido en Buenos Aires. Guerrero de la indepen- 
dencia. Hizo la campaña del Alto Perú a las 
órdenes de Rondeau, y en el 19 militó bajo la 
dirección de Belgrano. Consolidada la tiranía. 
Calderón se retiró a la vida privada, dedicán- 
dose exclusivamente a negocios particulares. 
Perseguido por Rosas, después de escapar 
providencialmente una noche al puñal de La 



Mazorca, fugó, disfrazado, el año 42 de Bue- 
nos Aires a Montevideo, en cuya plaza sirvid 
en el ejército del general Paz. Producida la 
batalla de Caseros, regresó a Buenos Aires; 
en 1852 fué nombrado tesorero del Crédito pú- 
blico, y en 18(55 fué elegido diputado a la Le- 
gislatura y reelecto nuevamente, muriendo en 
mayo de 1868. 
Calvo (Carlos). Diplomático. Nació en Bueno» 
Aires, en 1824, y en la misma ciudad se educó 
y cursó Derecho; pero gravemente enfermo en 
1844, se ausentó a Europa a restablecerse. A 
su regreso desempeñó en Montevideo, des- 
de 1853 al 58, los cargos de vicecónsul, cónsul 
y cónsul general y encargado de Negocios del 
Estado de Buenos Aires. En 1859 ocupó una 
banca en la Legislatura de Buenos Aires, en 
cuyo año intervino eficazmente en el pacto de 
conciliación. Vinculado al dictador del Para- 
guay, López, éste le ofreció la representación 
de su Gobierno ante la Corte de Inglaterra 
para tratar y resolver la célebre cuestión Caus- 
tall, cargo que aceptó con miras altamente pa- 
trióticas, en cuyo desempeño obtuvo y alcanzó 
un extraordinario triunfo diplomático. Conti- 
nuaba asumiendo la representación paraguaya 
en Londres, hasta que en 1863, por un acto de 
delicadeza, presentó a López su renuncia irre- 
vocable. Desde entonces se dedicó exclusiva- 
mente al estudio, publicando en 1868 su nota- 
ble obra sobre derecho internacional, que al- 
canzó gran éxito y mereció ser traducida a va- 
rios idiomas, y las manifestaciones de los gran- 
des internacionalistas de Europa. A más de 
esta obra monumental ha dado a luz otras so- 
bre Derecho e Historia americana, que le han 
merecido ser nombrado miembro del Instituto 
de Francia, de la Academia de la Historia de 
Madrid, oficial de la Orden de la Legión de 
Honor y de otras muchas Asociaciones. Duran- 
te largos años ha sido comisario de emigración 
en París y ministro plenipotenciario de su país 
en Berlín, Viena, San Petersburgo y la Santa 
Sede. Murió en París, el 2 de mayo de 1906, y 
en Diciembre del mismo año fueron repatria- 
dos sus restos. Sobre su tumba hizo uso de la 
palabra en nombre del Gobierno el Dr. Ma- 
nuel A. Montes de Oca. Sus obras: Tratado so- 
bre derecho de gentes, Colección de tratados 
de la América latina y Anales históricos de la 
reuolución en la América latina. 
Callao. Ciudad y puerto militar del Perú. Sus 
fortalezas fueron disputadas durante la guerra 



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de la independencia. Tomadas en 1828, desapa- 
reció el último baluarte del dominio colonial en 
América. Está situado sobre el Océano Paci- 
fico. 
Callao (rendición). La Guia de Chile de 1<S47 
dice: «Fírmanse en este día (23 de enero 
de 182tí) las capitulaciones de la rendición del 
Callao, y el ensangrentado estandarte que 
Pizarro había plantado trescientos años antes 
cae en el polvo, y se destroza del todo para 
siempre la cadena que sujetaba 17.000.000 de 
americanos a la Monarquía española. Pero 
no sucedió esto sino dando el carácter español 
la última y má« enérgica prueba de su valor y 
constancia. El general Rodil ív.) quiso ser el 
último representante de España en Sud-Améri- 
ca; desdeñó las capitulaciones de Ayacucho. 
que también le comprendían; vio desaparecer 
el ejército del virrey; vio fugar la escuadra es- 
pañola al mando del capitán Guizeta y vio su- 
cumbir los últimos restos de la fuerza de tie- 
rra que sostenía en Bolivia el general Olañeta, 
y sin embargo este oficial no desesperó. Solo 
en la plaza del Callao, y a la cabeza de mil y 
tantos hombres, resistió tres meses a las fuer- 
zas de los republicanos; que lo rodeaban por 
mar y por tierra; luchó con el escorbuto, el 
hambre y las sublevaciones, y se mantuvo firme 
e impasible en medio de un vasto cementerio. 
Desde el mes de mayo ya no se daba ración en 
la plaza sino a los empleados en servicio, y ella 
consistía en carne de caballo, muías, perros, 
gatos y hasta ratones; y cuando estos despre- 



ciables víveres llegaron también a escasear, 
sucumbieron al rigor del hambre y del escor- 
buto más de 400 personas, desapareciendo en- 
tre ellas familias enteras de las más distingui- 
das, como las de Bedoya y Torre-Tagle. Pero 
a pesar de los horrores que le rodeaban, el ge- 
neral Rodil continuó defendiéndose de los asal- 
tos de las tropas de tierra, al mando del gene- 
ral Salóm (v.), y del cañón de la escuadra ame- 
ricana, hasta que, reducido al último extremo 
por el hambre, resolvió aceptar la honrosa ca- 
pitulación que se le ofreció, y que merecía sin 
duda por su heroica constancia. Cuando se rin- 
dió el Callao sólo contaba esta plaza 400 de- 
fensores, y aun éstos en tan lastimoso estado 
que apenas podían tenerse en pie; sus víveres 
alcanzaban escasamente para cuatro días. La 
población se componía de unos cuantos espec- 
tros, restos horribles del hambre y de la epi- 
demia.» Así se despidió España de la América 
del Sud. 
Callao (sublevación). En la noche del 4 de fe- 
brero de 1824 tiene lugar una sublevación en 
los castillos del Callao de las tropas republi- 
canas argentinas y chilenas, ennúmerode 1 .500 
soldados, siendo encabezados por los sargentos 
Moyano y Oliva. Esta sublevación no fué hecha 
contra la bandera de la patria; pero aterrados 
de la responsabilidad que habían asumido y 
mal aconsejados, encerraron en los calabozo.^ 
de Casas Matas a sus jefes y oficiales, que sólo 
los habían tenido arrestados al principio, y 
abren las prisiones a los prisioneros españoles. 



CALLES de la ciudad de Buenos Aires.— Calles que corren de norte a sud. 
.\i De Rivadavia al snd. 



En 1769 


En I80S. 


1 En 1S22. 


En 1836. 


En 1849. 


EnI89S. 


NOMBRES 
ACTUALES 

(1917) 


San Cristo.... 

San^^.^rti^.... 

Santísima Tri- 
nidad 

San José 

San Pedro 

San J'ian 

San Aíiguel 

San Cosme y 
DamiJn 

Monserrat 

San Pablo 


Arce 

Liniers 

Victoria 

Unguera 

Lasala 

Correa 

Parejas 

Ribas 

Várela 

Velarde 

Irigoyen 

Pazos 

Muiica 

Maderna 

Somavilla... 


. .' Balcarce 

. .' Reconquista.. 

. . Universidad. . 
. Perú 


> 
Representante. 


Defensa • 

Santa Rosa 


: 


Balcarce. 
Defensa. 

Bolívar. 

Perú. 

Chacabuco. 

Piedras. 

Tacuari. 

B. Irigoyen- 

Lima. 

Salta. 

Sgo. del Estero 
San José. 
Sáenz Peña. 
Ceballos. 
Solis 
Er.tre Ríos. 


. . Chacabuco — 

. . Piedras 

. . ' Tacuari 

.. Buen Orden... 




. Sgo. del Es- 
tero 

.. San José 


.. Zeballos 


1 Entre Ríos 



CALL 



104 — 



C.M.L 



B) De Rivadavia al norte. 



Ea 1769. 


En 1808. 


En 1822. 


En 1836. 


En 1849, 


En 1.896. 


1 

NOMBRES 
ACTUALES 

(i«ir). 


San Cristo 

San Martin ... 

Santísima Tri- 
nidad 

Sanjósé 

Sau Pedro — 

San Juan. . , . 

San Miguel.. 

San Cosme y 
Damián 

Monserrat 

San Pablo .... 




25 de Mayo.... 
La Paz 

Catedral 

Florida 


Perú 


Calle Mayo 

Reconquista 

San Martín 


25 de Mayo, , . . 
Reconquista... 

San Martín..,, 
Florida 


25 de Mayo. 
Reconqnista. 

San Martín. 

Florida. 

Malpú. 

Esnioralda, 

Snipacha, 

C. Pellegrini, 

Cerrito. 

Libertad. 

Talcahuano. 

Uruguay. 

Paraná. 

Montevideo. 

Rodríguez 

Peña, 
Callao, 


Liniers 

Victoria 

Unguera 

Lasala 

Correa 

Parejas 

Ribas 




Esmeralda — 
Snipacha 


Esmeralda — 
Snipacha 


Várela 

Velarde 

Irigoyen 


Cerrito 

Libertad 

Talcahuano. .. 

Uruguay 

Paraná 

Montevideo... 
Garantías 

Callao 


Cerrito 

Libertad 

Talcahuano... 

Uruguay 

Paraná 

Montevideo.». 

Rodríguez 

Peña 

Callao 


Mujica 

Maderna 

Somavilla 



CALLES que corren de este a oeste. 
A) De Rivadavia al sud. 















NOMBRES 


En 1769. 


En 1808. 


En 1822. 


En 1836. 


En 1849. 


En 1896. 


AQTUALES 

(1917) 


LasTorres . , . . 


Reconquista... 


La Plata 


Federación.... 


^ 


Rivadavia. . . . 


Rivadavia, 


Cabildo 


Villota 


Victoria 


» 


n 


Victoria 


Victoria. 


San Carlos 


Alzaga 


Potosí 


> 


Potosí y Sta. Clara 


Alsina 


Alsina. 


San Francisco 


Villanueva 


Biblioteca 


Restaurador 
Rosas 


San Francisco y 
Gl. López 


Moreno 


Moreno, 


Sto. Domingo. 


Piran 




^ 


Belgrano y Mon- 














serrat . 


Belgrano 


Belgrano, 


Rosario 


Basualdo 


Venezuela,,.. 


jt 


Venezuela y San- 














to Domingo 


Venezuela., ,. 


Venesuela. 


S.° Bartolomé. 


Agüero 


Méjico 


» 


» 


Méjico 


Méjico. 


San Andrés... 


Capdevila 


Chile 




» 


Chile 


Chile. 


Concepción.... 


Monasterio.... 


Independencia 


» 


» 


Independencia 


Independencia 


San Isidro 


Ituarte 


Estad. Unidos, 




» 


Estad. Unidos. 


Estad. Unidos. 


San Fermín. . 


Iglesias 


Europa 


» 


» 


Europa 


Carlos Calvo. 


Betlhem 


Nüñez 


Comercio 


y 


>» 


Comercio 


Humberto I, 


Sta. Bárbara., 


Baragaña 


San luán 


» 


» 


San Juan 


San Juan, 


» 


Valencia 


Cochabamba. ■ 


y 


)» 


Cochabamba.. 


Cochabamba, 


y 






j 


y 


Saray 

Brasil 


Saray, 
Brasil. 


• 




Patagones 


* 


> 






B) D 


e Rivadavia 


al norte. 






Las Torres. . . . 


Reconquista... 


La Plata 


Federación ... 


^ 


Rivadavia 


Rivadavia 


Piedad 


Lezica 


Piedad 




» 


Piedad 


Bartolomé Mi- 
tre, 


Merced 


Saens Valiente 


Cangallo 


, 


Cangallo y La 














Cangallo 

Cuyo — 




Santa Lucia.,, 


Mansilla 


Cuyo 






Sarmiento. 


San Nicolás.. 


Inchaurregui,. 


Corrientes 




» 


Corrientes — 


Corrientes. 


Santa Teresa. 


Merino 


Parque 




» 


Lavalle 


Lavalle. 


Santiago 


Herrero 


Tucumán 






Tucumán 


Tucumán. 


Sta. Catalina.. 


Ocampos 


Temple 

Córdoba 




» 


Viamonte 


Viamonte, 


Santa Rosa.... 


Yáñez 




» 


Córdoba 


Córdoba. 


Santo Tomás., 


Belgrano 

Fantin 


Paraguay 




» 


Paraguay 


Paraguay, 


Santa María., . 


Charcas 




« 


Charcas 


Charcas 


San Gregorio. 


Pío Rodríguez, 


Sauta Fe 




y 


Santa Fe 


Santa Fe. 






Santa Cauz.... 




• 


Arenales 


Arenales. 






ErJrfKios fj 



LM^. 



_t_«g_ 



l^gQ 



S" Josc 



Saiií ilelEs! 



í^ 



Salla 



! uJ LaJ bm£ 

> ' _cd F n rl i-iBraTADK 



QO 



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dalBiun Oítjci 



b ^ f'^ ^"^i 




r^^ 



las Piedras 

deí-hacabíioo 



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^E3ar 



ptnra poa 

tJty 



tTiivetsiUa g ' — y" ^ ' 



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Reconquista 
Balcarce. 



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^"t A IPIxAT-^- 



CAM - 105 

^amacná (batalla). Guerra del Brasil. Batalla 
ganada por el general argentino Alvear con- 
tra las tropas brasileñas al mando del general 
Barrete, el 5 de abril de 1827. Después de las 
victorias de Ituzaingó y Bacacay, el ejército 
brasileño era perseguido por el argentino, 
quien le obligó a dar una nueva batalla en las 
sierras de Camacud. Los brasileños, derrota- 
dos, dejaron en el campo de batalla cincuenta y 
tantos muertos; las bajas argentinas fueron po- 
cas. Este hecho de armas fué preparado con 
hábil estrategia, después de una larga marcha 
entre una quebrada estrecha y difíciles y por 
entre puestos avanzados del enemigo. Esta 
fué la última acción de guerra del ejército ar- 
gentino durante la campaña del Brasil. 

Camaño (Joaquín). Jesuíta. Misionero del Pa- 
raguay. A los veinte años ingresó en la Com- 
p '.nía, consagrándose con entusiasmo a la con- 
versión de los indios. Realizó travesías peli- 
grosas y levantó varias cartas geográficas del 
Gran Chaco y de Buenos Aires, que debieron 
ser muy apreciadas en su época, pues algunos 
historiadores las agregan a sus obras. Después 
de la expulsión de la Compañía se retiró a 
Faenza (Italia), falleciendo allí. 

Camargo (Vicente). Caudillo. Natural de Boli- 
via. Su teatro principal fué la republiqueta de 
Cinti, que prestó grandes servicios al ejército 
del general Belgrano, en 1812 quien lo invistió 
con el grado de coronel. Camargo obstaculizó 
por medio de guerrillas sabiamente dirigidas 
al ejército realista, contribuyendo en varias 
ocasiones al triunfo de las armas patriotas, 
como sucedió el 2 de Febrero de 1816, en la 
quebrada de Utarango, donde él y el mayor La- 
madrid pusieron en precipitada fuga al ejérci- 
to realista. Los indios de Camargo sólo esta- 
ban armados con hondas. Derrotado el 28 de 
marzo del mismo año en Ancapuñina, fué to- 
mado prisionero el 2 de abril de 1816, y deca- 
pitado en la misma fecha después de ser herido 
de un balazo. El pueblo de Cinti lleva hoy el 
nombre de este patriota y mártir, que dedicó a 
la obra de la emancipación su genio audaz y su 
fortuna considerable. 

Camelino (Juan). Militar. Nacido en Buenos 
Aires. Con el grado de comandante se halló en 
las jornadas de Don Cristóbaly Sauce Grande. 
Hallóse en el desembarco de San Pedro y en 
algunos encuentros con las fuerzas enemigas. 
Asistió a la sangrienta batalla del Quebracho 
Herrado, como también en Famaillá, Caagua- 



- CA.M 

zú, Vences, etc., etc. Después de esta ultimaba- 
talla, en que salvó apenas, emigró al Brasil. 
Volvió a Corrientes sin ser molestado ni per- 
seguido, pudiéndose dedicar entonces al tra- 
bajo. No pudo formar en las filas del ejército 
grande que derrocó la tiranía, por sus enferme- 
dades, adquiridas en las campañas militares. 
Este digno defensor de la buena causa falleció 
en esta ciudad, el 21 de junio de 1859, a los 
sesenta años de edad, estrechado por la po- 
breza y olvidado de todos. 

Caiapana (Joaquín). Jurisconsulto. Nacido en 
Montevideo, en 1783. Miembro de la Real 
Audiencia de Buenos Aires. Votó en las sesio- 
nes del Cabildo en los días de mayo por la ce- 
.^ación de la autoridad del virrey y la creación 
de una Junta de Gobierno, sigin'endo el dicta- 
men de Saavedra. Al año siguiente fué uno de 
los promotores del movimiento de 5 y 6 de 
abril, del que resultó la expulsión de varios di- 
putados, entrando a servir en la Junta como 
secretario de Gobierno y de Guerra, puesto 
que desempeñó hasta ser deportado en sep- 
tiembre del mismo año. Como no fué compren- 
dido entre los amnistiados políticos el ano 1814, 
se estableció en el Estado Oriental, en cuyo 
país ocupó vario=. puestos de importancia y res- 
ponsabilidad. Como legislador, magistrado, ju- 
risconsulto y educacionista, reveló Campana 
preparación para esos cargos. Murió en Mon- 
tevideo, el 12 de septiempre de 1847. 

Campbell (Hugo). Escocés. Teniente del ejér- 
cito al servicio de la marina. Embarcado suce- 
sivamente en la corbeta Belfast y en la polaca 
San Antonio, había asistido al asalto y comba- 
te de Martín Carda, y en seguida a la toma de 
la escuadra española en las aguas del fiwceo 
de la Luz, operación que cerró gloriosamente 
la campaña naval de 1814, mereciendo, como 
sus demás compañeros de peligros, el dictado 
de benemérito en grado heroico. Peleó en los 
Pozos, 30 de julio y en Juncal. Este valiente 
falleció en Buenos Aires., el 27 de diciembre 
de 1850, a la edad de sesenta años. 

Campbell (Pedro). Aventurero irlandés. Llegó 
al Río de la Plata en la expedición de Beres- 
ford, de cuyas filas desertó para pasar a Co" 
rrientes. Se afilió a Artigas, llegando a tener 
gran ascendiente entre los gauchos, cuyo traje 
y costumbres adoptó. Activo y emprendedor, 
tan hábil y arrojado se mostraba al frente de 
un cuerpo de caballería como aprestando y di- 
rigiendo una escuadrilla sobre las aguas del 



caudaloso Paraná, cumpliendo órdenes de Ar- 
tigas. Fué el segundo de Andresito, capitanejo 
principal de Artigas, y su influencia rayaba tan 
alto en 1819, que fué el gobierno o arbitro de 
la provincia de Corrientes. Al mismo tiempo 
que organizaba la escuadrilla de lanchas y 
canoas formó— dice Mitre — un regimiento de 
indios tapes armados con sable, fusil y puñal, 
especie de centauros que combatían a pie y a 
caballo, y cuya táctica llegó a considerarse in- 
contrastable. Formó en las filas de Estanislao 
López, y con las cargas de caballería que dio 
en la batalla de Cepeda, sable en mano y a ca- 
rrera tendida, contra las fuerzas de Ron- 
deau (1819), contribuyó al triunfo obtenido por 
López. Internado en el Paraguay, el dictadnr 
Francia lo dejó tranquilo, y años después mu- 
rió, en ese país. 

Campero (Juan Manuel). Español. Gobernador 
del Tucumán de 1764 a 1770, en que le sucedió 
D. Jerónimo Matorras. Una de sus primeras 
medidas fué la de destacar una expedición al 
Chaco, a las órdenes del maestre de campo don 
Miguel Arrascaeta, con el objeto de explorar 
aquella región y abrir una vía de comunicación 
con Corrientes. La expedición vióse obligada 
a retroceder, después de algunas leguas de 
marcha, por la actitud hostil de los indígenas, 
que se disponían a atacarla. Un resultado se- 
mejante tuvo otra expedición. 

Campichuelo. (Combate durante la expedición 
del general Belgrano al Paraguay, el 19 de di- 
ciembre de 1810.) Roto el armisticio celebrado 
entre el ejército argentino y el paraguayo, el 
primero vadeó el río Paraná, desprendiendo 
inmediatamente una fuerza, conducida por el 
ayudante D. Manuel Artigas, que atacó a la 
vanguardia enemiga, atrincherada en el paso 
de Campichuelo, tomándole una bandera y al- 
gunos cañones. El general Thompson, que man- 
daba una división, se retiró sin pelear, viva- 
mente hostilizado por los argentinos, hasta el 
pueblo de Itapua, distante cuatro leguas, el 
que evacuó en el acto. El mayor general Ma- 
chain se posesionó del pueblo en el mismo día, 
y atravesando los pantanos que lo defendían 
apoderóse de 60 canoas, un pequeño cañón y 
algunas armas y municiones. Esta acción fué 
el primer ensayo militar de Belgrano. 

Campillo (Juan del). Hombre público. Nacido 
en Córdoba, el 27 de enero de 1812. Hizo sus 
estudios en su ciudad natal, recibiendo su tí- 
tulo de abogado en Buenos Aires. En 1853, 



- 106 - CAM 

fué miembro del Congreso general Constitu- 
yente de Santa Fe, que dictó la Constitución 
nacional, revelando en esa Asamblea sus cua- 
lidades de estadista. En el mismo año, el ge- 
neral Urquiza le nombró su ministro de Hacien- 
da y luego de Justicia, Culto e Instrucción pú- 
blica. En 1855 fué negociador de tratados con 
los enviados del Gobierno de Buenos Aire 
y poco después, en carácter de ministro pk:. 
potenciarlo, fue enviado ante la Corte pontifi- 
cia. Fué también periodista, y ocupó, entre 
otros puestos públicos, la presidencia de la 
Cámara de Justicia, la gobernación de Córdo- 
ba, como delegado, y el de catedrático en la 
Universidad. En la provincia de Santa Fe ejer- 
ció la presidencia de la Cámara de Justicia, y 
un ministerio en la administración del Sr. Oro- 
ño, cargo en que le sorprendió la muerte, el 
10 de mayo de 1866. 

Campo (Nicolás Francisco Cristóbal del), mar- 
qués de Loreto, tercer virrey del Río de la 
Plata. Nacido en Sevilla. Fué nombrado a fines 
de 17S3, tomando posesión el 7 de marzo del 
año siguiente. Según D. Juan María Gutié- 
rrez, «como jefe de Milicias se granjeó en ^u 
país el aprecio general de sus subordinados, 
especialmente por su generosidad en repartir 
premios y gratificaciones de su propio peculii); 
escribió algunos tratados sobre disciplina mili- 
tar que nunca vieron la luz pública, y era tatn- 
bién aficionado a las musas, y escribió poesiíis 
castellanas que probablemente siguieron el 
mismo destino que los tratados sobre Milicias». 
Su administración no fué larga ni fecunda; ^ - 
continuó, sin embargo, en su época la demar^ 
ción de límites con el Portugal; se restablti 
la Real Audiencia Pretorial, anteriormente 
primida; se incorporó al gobierno virreinal 
Superintendencia de Hacienda, y se hiciera 
arreglos de paz con los indios. Terminó su ; 
bierno el 4 de diciembre de 1789, sucediénci' 
Arredondo. 

Campo (Estanislao del). Poeta. Nació en f' 
nos Aires, el "^ de febrero de 1834, y se edi: 
en la misma ciudad, en la Academia Portei. 
Egresado del colegio, se empleó en el con;i 
cío; pero en 1S52, cuando el general Lau 
puso sitio a la ciudad, se incorporó al cantón 
«Patria o Muerte», en la esquina de Junc^il y 
Esmeralda. Terminado el sitio, se empleó 
la Aduana; luego fué secretario de la Can.. 
de Diputados. Hizo las campañas de Cep. 
en 1859 y de Pavón en 1861, en clase de ca; 



.i 



CAM 



107 



CMA 



tan del primer bntallón del 4." regimiento, que 
comandaba D. Adulfo Alsina En 1874 marchó 
a campaña con el grado de teniente coronel, 
como jefe del mismo batallón , y poco después 
fué electo diputado nacional; oficial mayor del 
ministerio de Gobierno. Del Campo descolló 
como poeta, especialmente en el genero festi- 
vo, siempre original y ocurrente. Ensayó con 
gran éxito la forma gaucha. Fausto, su princi- 
pal obra, ha sido reeditada innumerables ve- 
ces. Dejó de ex'stir en esta ciudad, el 6 de no- 
viembre de ISsO. El inolvidable Dr. Aristóbu- 
lo del Valle dice: «Como poeta, Del Campo 
vale mucho; pero si a su nombre se agrega el 
de «Anastasio el Pollo», su valor se centuplica. 
Sus poesías en estilo gaucho son las que le ca- 
racterizarán siempre...» 

Fausto 

La pobre dentro a quejarse 
tan amargamente allf, 
que yo a mis ojos sentí 
dos lágrimas asomarse. 
— iQué vergüenza! 

— Puede ser; 
pero, amigaso, confiese 
que a usté también lo enternece 
el llanto de una mujer. 



Nace una flor en el suelo, 
una delicia es cada hoja, 
y hasta el rocío la moja, 
como un bautismo del cielo. 



Allí está ufana la flor, 
linda, fresca y olorosa; 
a ella va la mariposa 
a ella vuela el picaflor. 

Campos (Luis María). Militar. Nació en 1842. 
Ingresó, en clase de soldado, en 1859 en el ba- 
tallón de guardias nacionales, que comandaba 
D. Emilio Castro, marchando a Martín García, 
donde permaneció algún tiempo, dándose a co- 
nocer desde luego por sus aptitudes poco co- 
munes, que le valieron para ascender en poco 
tiempo a subteniente. Entre Buenos Aires y la 
Confederación se rompen las hostilidades, y 
Campos se embarca en el vapor de guerra 




D. Luis María Campos. 



Caafíuazú. Se halló en Pavón y Cañada de 
C/tí/n<?£; combatió contra Peñalosa. Después de 
haber cumplido 
una comisión bien 
difícil en Tucu- 
mán, el general 
Paunero lo as- 
ciende a capitán 
por su valerosi. 
comportamicntü. 
Cuando la suble- 
vación de Pefia- 
losa fué secreta- 
rio y jefe del Es- 
tad o Mayor del 
entonces coronel 
Arredondo. Du- 
rante la presiden- 
cia de Mitre ascendió a sargento mayor. AI 
Sud de Mendoza combatió contra los indios; 
fundó el fuerte Diamante, a 20 leguas del fuer- 
fe San Rafael. En la guerra del Paraguay se 
halló en Yatoy, Uruguayana, Lomas Valenti- 
nas, Estero Bellaco, Tuyiiti, Curupayti, Hu- 
niaitá, etc. Combatió contra López Jordán en 
Santa Rosa y Yuqueri. Se halló en la revolu- 
ción del 74, y en la presidencia de Avellaneda 
fué ascendido a general de brigada. En 1880 se 
halló en los combates de los Corrales. En 1882, 
general de división. En la revolución de julio 
de 1890 fué comisionado para organizar las Mi- 
licias de la provincia de Entre Ríos. Ministro 

de Guerra y Marina; jefe de Estado Mayor del 

ejército, etc. Murió el 15 de octubre de 1907. 
Campos (Manuel J.). Militar. Nació en Buenos 

Aires, el 22 de 

abril de 1848. Hi- 
zo la campaña del 

Paraguay en el 

batallón 6.° de in- 
fantería de línea, 

asistiendo a las 

acciones de Ya- 

tay, Uruguayana, 

Estero Bellaco, 

Tuyutí, Yataiti- 

Corá, Boquerón, 

Curupayti, etc. 

En laguerracivil, 

en San Ignacio, 

en que fué herido 

en la cabeza. Vuelto al Paraguay, tomó parte 

en diversos combates: Peribebuy, lía-lboté. En 




D. Manuel J. Campos, general 
de Brigada. : 



CAM 



- 108 



CAM 



1S(Í9, Caragttatay, y Barreiro Grande. Com- 
batió contra López Jordán en la campaña de 
Entre Ríos: Punta del Monte. En Santa Rosa, 
a las órdenes del entonces coronel D. Julio A. 
Roca. Jefe de Policía de la capital. Dipu- 
tado nacional. Murió el 15 de diciembie 
de 1908. 
Cancha Rayada. El nombre Cancha Rayada 
recuerda uno de los desastres más severos su- 
fridos por los patriotas en la guerra de la re- 
volución americana. El general realista 0.sü- 
rio, seguido de cerca por San Martín en terri- 
torio chileno, tomó posiciones en el paraje in- 
dicado, en la mañana del 19 de marzo de 1819. 
Su situación era en extremo difícil, pues sub- 
levado ya el país, se encontraba, a más, ro- 
deado por fuerzas triunfantes y perfectamente 
guardadas, que sólo esperaban el momento 
oportuno del ataque. En estas circunstancias 
llamó Osorio a sus jefes a una junta de guerra, 
y convinieron todos en que el conflicto era in- 
minente. (Si asoma el día, las armas del rey es- 
tán expuestas a un revés casi inevitable.» Era 
llegado, pues, el caso de las resoluciones ex- 
tremas. En este punto, el coronel Ordóñez, 
apoyado por el coronel Bera, ambos militares 
de alto concepto, proponen llevar el ataque a 
los republicanos a favor de las tinieblas. Acep- 
tado el plan y ejecutado con singular arrojo, 
los patriotas fueron sorprendidos, entre las 
ocho y las nueve de aquella noche fatal. Agre- 



didos en sus posiciones, de que se creían segu- 
ros, vino luego el tumulto que se formó en las 
sombras, la disparada de los caballos, el es- 
truendo de las armas, el pavor de la muerte 
obscura y sin combate y la terrible confusión 
de un campamento donde el pánico se apodera 
de súbito hasta de los soldados mas valerosos, 
que en medio de tan tremenda embestida se 
hacen sordos a la voz de los jefes, sin atender 
a nada más que a la salvación y a la fuga. A la 
noticia del desastre, del que O'Higgins salió 
herido y en que se creyó muerto a San Mar- 
tín, todo al principio se creyó perdido, y hubie- 
ra así pasado sin la varonil entereza del coro- 
nel Las Heras, que consiguió salvar casi in- 
tacta su división, sacándola del campo donde 
acababa de dispersarse derrotado el ejército. 
Concíbese la alarma y desesperación en la ca- 
pital, Santiago, ante este deplorable suceso. 
Pero allí estaba también el espíritu argentino, 
representado por nuestro agente público en 
Chile, D. Tomás Guido. Fué de nuestra Lega- 
ción de donde se alzaron las primeras voces 
de aliento para resistir a todo trance a los in- 
vasores; fué allí donde acudieron los jefes dis- 
persos, volviendo a formar potente núcleo en 
derredor de la bandera de mayo... Quince 
días después d 1 gran desastre tuvo lugar la 
revancha en Maipú (v.). El ejército que se ha- 
lló en Cancha Rayada se componía de la si- 
guiente froma: 



Argentinos. 

Batallón núm. 7 Teniente coronel Conde 742 hombres. 

— — 8 — — Martínez 799 — 

— — 11 Coronel Las Heras 735 — 

— cazadores Teniente coronel Alvarado 839 

Regimiento granaderos a caballo Coronel Zapiola 8S8 — 

Cazadores a caballo — Freiré 332 — 

Artillería Teniente coronel Plaza 11 piezas. 



Chilenos. 



Batallón núm. 1 Comandante Rivera 591 hombres. 

— — 2 — Cáceres 736 — 

— — 3 — López <)03 — 

Cazadores de Coquimbo — Thompson 535 — 

Escolta .. 119 - 

Artillería Coronel Blanco 22 piezas. 



CAN 



- 109 - 



CAN 



C«ndioti (Francisco Antonio). Uobernador de 
Santa Fe. Era un rico hacendado y vecino in- 
fluyente, que se decidió de los primeros por la 
causa de la revolución de mayo. Cuando la ex- 
pedición del general Belgrano al Paraguay, a 
su llegada a Santa Fe tuvo en Candioti un de- 
cidido cooperador para el mejor éxito de aqué- 
lla, acompañándole en los preparativos que 
haoia en la provincia y suministrándole de sus 
estancias un número considerable de caballos, 
cantidad de ganados, carretas, etc., etc. Sus 
patrióticos servicios en ese tiempo fueron muy 
importantes. En 1815, depuesto el gobernador 
intendente, general Díaz Vélez, por un movi- 
miento local apoyado por Artigas, en que Can- 
dioti parece haber sido el principal actor, el 
Cabildo de Santa Fe le nombró gobernador in- 
terino, siéndolo en propiedad por el resultado 
de la elección popular del 25 de abril del mis- 
mo año. Enviado por el director, Alvarez Thó- 
mas, el general Viamonte al mando de una di- 
visión de mil quinientos hombres, para librarla 
del contagio anarquista de Artigas, Viamonte 
comunicó a Candioti la entrada de sus tropas, 
oponiéndose éste a ello por razones de circuns- 
tancias, y concluía su nota en estos términos: 
«pero si a pesar de esto V. E. nos quiere dar 
trabajos practicando su suprema determina- 
ción, yo, con la mayor entereza y religiosidad 
correspondiente, no respondo de sus funestos 
resultados ni aseguro de alimentos para las 
tropas ni la de la conducta que puedan tener 
estos moradores». Murió el 27 de agosto 
de 1815. 

Cañé (Miguel). Literato y publicista. Nacido en 
Buenos Aires, el 26 de abril de 1812. Decidido 
a seguir la carrera de las letras, ingresó a la 
Facultad de Jurisprudencia en la Universidad 
de esta capital, después de haber cursado ven- 
tajosamente las aulas preparatorias y distin- 
guídose especialmente en el estudio del grie- 
go, bajo la dirección del profesor D. Mariano 
Guerro, uno de los más notables de su época. 
A la edad de veintitrés años obtuvo su grado 
de doctor; pero pocas horas después de aquel 
acto solemne de su vida emigraba di\ país, 
huyendo de las persecuciones de la dictadura. 
A Montevideo se dirigió Cañé para reunirse 
con sus amigos y colaborar con ellos en la obra 
común contra el tirano; pero Oribe, siguiendo 
las indicaciones de Rosas, lo encarcelaba y 
después lo expulsaba del territorio oriental. 
Regresó luego, y desde entonces comienza su 



carrera literaria y política. En abril de Ib3« 
asociado a otros escritores, fundó /T/ Iniciador, 
en el que colaboraron las primeras ilu.stracio- 
nes del Río de la Plata. Más tarde entró en la 
Redacción de El Nacional, diario de propagan- 
da; unos años después, en unión de D. Juan 
Bautista Alberdi, La Revista del Plata. No 
descuidaba Cañé sus estudios profesionales, 
pues a su regreso a Montevideo se incorporó 
a la Academia de Jurisprudencia, en cuya ins- 
titución ejerció encargo de censor y recibió su 
título de abogado, en abril de 1839. Fué tam- 
bién examinador de Filosofía y miembro de la 
comisión de censura teatral. Cuando Oribe 
puso sitio a Montevideo, el Dr. Cañé fué 
uno de los primeros emigrados que ofreció 
su brazo en defensa de la plaza, siendo capi- 
tán de compañía de la Legión argentina. Pu- 
blicó algunos folletos de actualidad política, 
entre ellos. Consideraciones sobre la situación 
actual de los negocios del Plata, que le valió 
los más acerbos ataques por parte de la Gace- 
ta Mercantil, órgano oficial de Rosas. Visitó 
la Francia, parte de Suiza, Bélgica e Italia. 
Caído Rosas, volvió a su país después de diez 
y seis años. En 1857 abrió su estudio de abo- 
gado, dedicando las breves horas de descanso 
a sus trabajos literarios. Sus obras principales 
son las siguientes: Cora, La noche de bodas, 
Laura, El corsario, El traoiato. La familia 
Sconner, La semanera, Estlier (su obra maes- 
tra). A su muerte dejó igualmente varios tra- 
bajos inéditos, algunos de los cuales se pubii- 
caron en El Correo del Domingo, periódico 
ilustrado, redactado por el Dr. José Mana 
Cantilo. El Dr. Cañé «era uno de esos talen- 
tos fecundos y brillantes, que en épocas tran- 
quilas habría honrado nuestra literatura con 
importantes producciones de su inteligencia. 
Las obras suyas conocidas prueban que tenía 
notables cualidades como escritor, y los frag- 
mentos inéditos que ha dejado prueban igual- 
mente la actividad creadora de su espíritu. El 
no pudo, sin embargo, dar cima a esos traba- 
jos, en que tanto se complacía, a causa tal vez 
de la enfermedad moral que le aquejaba, y que, 
cobrando cuerpo últimamente, aceleró el tér- 
mino de su vida.\ Falleció en Buenos Aires, el 
5 de julio de 1863. 
Cañé (Miguel). Hijo del anterior. Nació en Mon- 
tevideo, el 29 de enero de 1851, durante la 
emigración provocada por la tiranía de Rosas, 
siendo, por cons'guiente, ciudadano argentino 



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Dr. D. Miguel Cañé. 



por ley del Congreso. Heredó de su padre el 
talento y el amor a las letras. Concluidos sus 
estudios en el 
Colegio Nacio- 
nal, comenzó la 
carrera de Dere- 
cho, que fué inte- 
rrumpida por su 
primer viaje a 
Europa, en 1872. 
Fué redactor de 
La Tribuna y El 
Nacional. En 
1875 diputado al 
Congreso, y di- 
rector general de 
Correos en 1880. 
Como diplomáti- 
co ha ocupado 
los puestos de ministro plenipotenciario en 
Colombia, en 18S1; en Austria, en 1SS3; en Ale- 
mania, en 1884, y en España, en 188G. Volvió a 
su pais en 1892. Fué intendente municipal de 
la capital, y durante la presidencia del doctor 
D. Luis Sáenz Peña fué ministro de Relaciones 
exteriores y también del Interior. Ministro ple- 
nipotenciario en París; senador nacional por la 
capital. Como literato, son sus principales 
obras: Ensayos, Juvenilla, Charlas literarias, 
Notas e impresiones, En viaje, A la distancia, 
Prosa ligera, etc. Decano de la Facultad de Fi- 
losofía y Letras de la capital, a cuya creación 
había en gran parte contribuido. Este eminen- 
te literato falleció, repentinamente, el 5 de 
septiembre de 1905. 
Cangallo. Es una ciudad del Perú, cerca del de- 
partamento de Ayacucho, donde se libró la 
batalla del 9 de diciembre de 1824, contra las 
últimas tropas de la dominación española. 
Los habitantes de Cangallo, organizados en 
pequeñas partidas armadas y bien montadas, 
hacían frecuentes correrías, que inquietaban 
seriamente al ejército español. Continuamente 
interrumpían la comunicación entre el valle de 
Jauja, en donde acampaba el ejército de Can- 
terac, y el Cuzco, residencia del virrey de 
Lima, interrupciones que necesariamente agra- 
vaban la situación del ejército español. Can- 
gallo, sin tener una población numerosa, sin 
más armas que las piedras y las hondas, con 
limitados recursos, con un ejército enemigo a 
sus inmediaciones, sostenía con brío y entére- 
la la causa de la revolución. Canterac creyó 



que extinguiendo ese foco de patriotismo, 
usando para ello de la más refinada crueldad, 
llegaría a intimidar a las demás ciudades don 
de fermentaba el espíritu de independencia- 
y ordenó al coronel Carratalá, persona de 
crueles instintos, para que castigara a los ha- 
bitantes de Cangallo con implacable dureza, y 
así se hizo. Después de someter a la dura 
prueba del martirio y de la muerte a muchos 
de sus habitantes, se entregó el pueblo a lí,s 
llamas de un incendio voraz y destructor, 
como tienen que ser todos los que se preparan 
y se consuman a sangre fría. El virrey espa- 
ñol Laserna no se contentó con aprobar esos 
atentados de lesa humanidad; hizo más: expi- 
dió un decreto en 11 de enero de 1822, en el 
que, después de llamar criminalísimo e infame 
al pueblo de Cangallo, mandó que nunca se 
reedificara, para que odesapareciese de la me- 
moria de los hombres». El QobiRrno de la Re- 
pública mandó levantar de nujvo ese pueblo, 
con el título de «Heroica Villa de Cangallo/), 
y decretó en su favor otros honores y privile- 
gios. El Gobierno de Buenos Aires, haciéndo- 
se eco de la indignación de los espíritus sanos, 
expidió un decreto en 28 de marzo de 1822, 
cuya parte principal dice así: «El virrey opre- 
sor del Perú, D. José Laserna, en 11 de mar- 
zo último ha expedido un decreto en el Cuz- 
co aprobando el bárbaro incendio efectuado 
por orden de Carratalá en el benemérito pue- 
blo de Cangallo, y ordenando igualmente que, 
para borrar hasta de la memoria de los hom- 
bres la de aquel pueblo infeliz, nadie pueda 
reedificar en el lugar en que existió y se 
mude el nombre de todo el partido a que per- 
tenecía; el Gobierno de Buenos Aires, en opo- 
sición a estas bárbaras ideas, y deseando eter- 
nizar la memoria de todo un pueblo victima 
ilustre de la libertad y sacrificado a las llamas 
que incendió el furor del despotismo agonizan- 
te, ha acordado y decreta los artículos si- 
guientes: 

1 .° Una de las calles de esta capital se de- 
nominará calle de Cangallo. 

2.° La calle que lleva este nombre será una 
de las asignadas para llevar los nombres que 
inmortalizan las victorias del país. 
Cangapol (cacique célebre). De arrogante y 
bien delineada figura; su talla era de siete pies. 
Por antonomasia le llamaban el brauo, y según 
la expresión del deán Funes, la elevación de 
su alma correspondía a la de su gigantesca ta- 



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lia. Este famoso guerrero indígena había pac - 
tado la pazcón las autoridades coloniales me- 
diiinte la concesión que le fué hecha de poder 
ejtTcer la caza dentro de la línea de fronteras 
de Matanzas, Conchas y la Magdalena, no de- 
biendo permitir por su parte que las otras tri- 
bus pasaran de Lujan. La injusticia con que los 
conquistadores expulsaron en 1738 a los caci- 
ques Mayulpilque y a Tahulet y las matanzas 
ejecutadas por el maestre de campo D. Juan de 
San Martín, en las tribus amigas de los Guilli- 
clies, le impulsaron a levantarse en armas con- 
tra los españoles, combatiéndoles con dureza 
y energía, y en una ocasión en que sucumbió 
un nieto suyo y 50 de sus subditos, estalló en 
indignación, resolviendo tomar ejemplar ven- 
ganza. Precipitóse con un cuerpo de 1 .000 hom- 
bres sobre el pueblo de la Magdalena, «donde 
sacrificó a su cólera 200 vidas, hizo muchos pri- 
sioneros y se apoderó de una gran presa». La 
noticia de este desastre llenó de espanto a los 
habitantes de la ciudad de Buenos Aires, mu- 
chos de los cuales corrían por las calles a re- 
fugiarse en los templos, temiendo la aproxima- 
ción del enemigo. No satisfecho aun, Canga- 
pol iba a caer con igual ímpetu sobre una re- 
ciente población; pero socorrida a tiempo por 
el gobernador, contúvose el empuje del famo- 
so hijo de la pampa. En grande apuro y cuida- 
do debía hallarse el señor gobernador Salcedo 
por la actitud belicosa de Cangapol, cuando se 
apresuraba a enviar al frente de 400 soldados 
al teniente de maestre de campo D. Cristóbal 
Cabral, a negociar la paz o batirle, al mismo 
tiempo que escribía al P. Quirini hiciera inter- 
venir a la hermana del cacique, una de sus pro- 
sélitas, para inclinarlo a la paz. Oídas las pro- 
posiciones, habló Cangapol con la entereza de 
su altivez y de su raza, decidiéndose sólo a la 
concordia des- 
pués de oír el 
razonamiento y 
consejo del padre 
jesuíta Strobell, 
acompañante de 
Cabral 0741). 
Cannlns (Jorge). 
Estadista. Nació 
en Londres, el 1 1 
de abril de 1770. 
Cursó sus estu- 
dios en Eton, y 
terminó su carre- d. Jorge Canning. 




ra de Leyes en Oxford. Desde joven actuó eH 
política, descollando en el Parlamento por su 
elocuencia. Subsecretario de Estado y teso- 
rero de Marina (1804). En 1815 y 1816, embaja- 
dor en Portugal. Ministro de Negocios ex- 
tranjeros. Su administración se distinguió por 
la política liberal, que puso en práctica re- 
conociendo la independencia de esta Repú- 
blica el año 1825 y las demás de Sud-Amé- 
rica, que se independizaban de España. Pro- 
clamó también el principio de la no inter- 
vención. Cuando en 1824 partió Rivadavia 
en misión diplomática a Europa, cerca de 
la Corte de Londres, el ministro Canning 
atendióle debidamente, haciendo alta y mere- 
cida justicia a los talentos y a las eminentes 
cualidades personales del comisionado argen- 
tino, celebrando un tratado de amistad, comer- 
cio y navegación con esta República, que fué 
firmado en Buenos Aires el 2 de febrero 
de 1825. En 1827 este insigne estadista llegó 
a ser primer lord tesorero; pero quebrantada 
su salud por las luchas políticas que tuvo que 
sostener, bajó al sepulcro el 8 de agosto 
de 1827. 
Cantilo (José María). Publicista y hombre polí- 
tico. Nacido en Buenos Aires, el 14 de diciem- 
bre de 1816. En los primeros años de su juven- 
tud se consagró preferentemente al estudio de 
la Química, ciencia qne debió merecerle una 
grata predilección, pues llegó a familiarizarse 
con ella sin recurrir a ningún maestro ni a nin- 
guna cátedra. Para subvenir a sus necesidades 
tomó entonces a su cargo una farmacia, que re- 
gentó hasta 1840, año de sombrías perspecti- 
vas para ¡os adversarios de la tiranía, y en el 
que el joven Cantilo, unido al general Paz y a 
otros hombres ilustres, huyó de su país, bus- 
cando asilo en tierra extranjera. Llegado a 
Montevideo y encontrándose sin recursos y sin 
amigos, volvió a sus modestas funciones de far- 
macéutico; pero algunos meses más tarde clau- 
suraba su establecimiento para incorporarse 
espontáneamente a la legión argentina organi- 
zada en defensa de la ciudad. Fué en aquella 
época de sacrificios que Cantilo se hizo cono- 
cer: primero, como combatiente; luego, como 
poeta, y más tarde, como periodista. Desempe- 
ñó también el puesto de oficial primero del mi- 
nisterio de la Guerra hasta 1S45, y fué secre- 
tario de la Sociedad de Caridad Pública, crea- 
da dentro de los muros de Montevideo. Dirigió 
luego el diario que fundara D. Florencio Va- 



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reía, Comercio del Plata, hasta después de la 
caida de Rosas. En Buenos Aires desempeñó 
el cargo de secretario general de Consajo 
Consultivo de Estado, ejerciendo también las 
mismas funciones en la Municipalidad de la ciu- 
dad. De 1859 al flO fué secretario del Dr. Vé- 
lez Sarsfield durante la negociación del pacto 
del 11 de noviembre; en 1860 fué electo diputa- 
do a la Legislatura provincial, diputado nacio- 
nal y subsecretario del mini-terio del Interior. 
En 1865-1868, miembro de la Comisión sanitaria 
durante la guerra del Paraguay, y uno de los 
organizadores de la Comisión popular cuando 
la epidemia de la fiebre amarilla en Buenos Al- 
res, en 1871. Este hombre inteligente, respeta- 
do y querido por la bondad de su carácter y la 
rectitud de sus procederes, falleció el 18 de 
agosto de 1872, siendo diputado nacional, en 
Buenos Aires. 

Cañada de la Cruz (combate). Soler, gober- 
nador de Buenos Aires, hallándose en campaña 
con un ejército de 2.000 hombres operando 
contra el caudillaje del litoral, marcha hasta la 
Cañada de la Cruz, en el partido del Pilar, 
donde es completamente derrotado, después 
de un combate que le da el general Estanislao 
López, que mandaba el ejército federal, de 
1 .300 plazas, indios del Chaco, una fuerza de 
porteños emigrados, mandada por Alvear, y 
una división llamada de los chilenos, a las ór- 
denes de Carrera i2S de junio de 1820). 

Cañada de Gómez (combate). Después de la 
derrota del ejército de la Confederación en la 
batalla de Pavón, los emigrados porteños, al 
mando de Laprida, se internaron en la provin- 
cia de Santa Fe con los últimos restos de las 
tropas que no se habían desbandado. Una divi- 
sión de las fuerzas de Buenos Aires los alcan- 
za, sorprendiéndolos en la Cañada de Gómez, 
a pocas leguas del Rosario. Se empeña un 
combate, quedando el triunfo por la de Buenos 
Aires, que acuchilla a sus enemigos derrota- 
dos (22 de noviembre de 1861). 

Caparros (José). Español. Guerrero de la inde- 
P'indencia. Estallada la revolución de mayo, se 
alistó en los ejércitos de los republicanos, pres- 
tando en ellos servicios distinguidos. Tomó 
parte en el sitio de Montevideo. En 1820 se 
trasladó a Chile para incorporarse al ejército 
de los Andes. Nombrado por el general San 
Martín su ayudante de campo, lo acompañó en 
la eipedición libertadora del Perú, llegando a 
teniente coronel; pero en 1824 defeccionó la 



causa de los patriotas, y eu Ayacucho, estan- 
do en filas de los vencidos, entregó su espada 
a sus antiguos compañeros de combate y de 
gloria. Murió en Méjico. 

Capdevila (José Antonio). Comerciante. Natu- 
ral de Cataluña. Vino a Buenos Aires en 1794 
donde se dedicó al comercio. Prestó importan- 
tes servicios personales y pecuniarios durant.' 
las invasiones inglesas a esta ciudad. En 18*'' 
fué cabildante y alférez real. En 1810, la Juni;i 
deseando hacer un acto de justicia por sus va- 
liosos servicios prestados durante la recon- 
quista y la defensa de esta ciudad, resolvió dar 
su nombre a una calle de la capital, la misma 
que hoy lleva el de Chile; se llamaba antes San 
.■\ndres, que era en la que vivía, y que conser- 
vó hasta el año 1828. En 1810 fué uno de los 
400 vecinos invitados por esquela al cabildo 
abierto, en cuyo acto emitió su voto por la 
causa de la patria, haciendo suyo el del pres- 
bítero Choarroarín. Sobre su participación en 
la reconquista dice una de las actas capitula- 
res: «Poco después del avemaria da cuenta 
el regidor D. José Antonio de Capdevila de 
estar ya formadas las trincheras para que fué 
comisionado, con sacos de hierba y lana, ha- 
biendo él mismo franqueado para ellas las que 
tenía en su casa y solicitado otras del vecinda- 
rio, para cubrir todos los puntos. Y los señores 
capitulares le dieron las gracias por su activi- 
dad.» Posteriormente desempeñó algunos car- 
gos honoríficos, muriendo en esta ciudad, 
en 1842. 

Caprjle (Jacinto). Fué uno de los pioneers de la 
navegación italoargentina. Nacido en Genova 
en 1796, llegó al 
país en 1828. Em- 
prendió al princi- 
pio la importa- 
ción de mercade- 
rías italianas 
poco conocidas 
aquí, y merece 
recordarse que 
fué el primero eu 
introducir la esen- 
cia de rosas y un 
importante carga- 
mento de tercio- 
pelo de Genova, 
noble producto industrial que se fabricaba en 
Zoragli , pequeña población a corta distan- 
cia de Genova. Exportaba sebo, cueros, a»- 




D Jacinto Caprile. 



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tas, residuos de saladero y algunas parti- 
das de lanas. Los tres primeros buques de 
vela tenían un tonelaje de 2S0 a 300 toneladas 
cada uno, y llevaban los nombres italianos /í/ro. 
Apollo y Adelaide. Estos fueron los anteceden- 
tes de la hermosa flota que las grandes Com- 
pañías italianas dedicaron mucho después. Fué 
Caprije el que, admirado de la asombrosa fer- 
tilidad de nuestras tierras, quiso ensayar y 
propagar la agricultura, casi desconocida aquí, 
y que nos hacia tributarios de Chile para con- 
seguir a alto precio unos pocos cereales y le- 
gumbres. Mandó traer una respetable cantidad 
de bolsas de trigo Barletta, encargando al mis. 
mo tiempo la inmigración de agricultores de 
Liguria, quienes a su llegada ensayaron esa 
semilla en tierras que les proporcionó el mismo 
Sr. Caprile. Esa semilla, aclimatándose, dio 
esos resultados que sabemos, y que permiten a 
la Argentina llamarse el granero de Europa. 
A él se le debe la entrada a nuestro país de 
centenares de miles de esa inmigración italiana, 
que debía dar a la República la parte más nu- 
merosa de su población y contribuir tan efi- 
cazmente a la grandeza de nuestra patria. Los 
tres buques mencionados antes desempeñaban 
al finalizar sus travesías dos curiosos papeles. 
A Buenos Aires traían el refrigerio del hielo y 
nieve, obsequio que la Italia alpina hacía a la 
meridional Buenos Aires. Ese hielo, que los 
gourmets porteños aguardaban como los judíos 
el maná, especialmente en los largos veranos, 
estaba guardado en los sótanos del restaurante 
Colón, en la plaza de Mayo, donde se despa- 
chaba al público, preferentemente a los parro- 
quianos de dicho restaurante y a sus familias. Al 
regresar a Genova, ciudad que en aquel enton- 
ces escaseabade agua, los tres buques llevaban 
su estiba volante repleta de agua del Río de la 
Plata esperada ansiosamente por la gente del 
puerto. Don Jacinto Caprile falleció en 1858. 
araguatay (combate). Guerra del Paraguay. 
El general D. Emilio Mitre había nombrado 
jefe de vanguardia en la persecución que se 
hacía a López al coronel brasileño D. Garios 
B. de Olivera Nery, quien con fuerzas imperia- 
les y argentinas se puso en marcha hasta en- 
contrar al enemigo a la orilla de los montes de 
Caraguatá!/, donde lo ataca y lo pone en fuga, 
haciéndole mucha mortandad, quitándole la 
artillería y tomándole bastantes prisioneros, 
quedando muerto en la pelea el jefe superior, 
mayor Solís. Al recorrerse el campo inmedia- 

DlC. HtST. BlOQR. 



to se salva a gran número de ancianos, muje- 
res y niños que habían quedado rezagados en 
la marcha de López, unos heridos y otros mu- 
riéndose de hambre (21 de agosto de 1869). 

Carbajal (Baltasar). Uno de los 63 acompañan- 
tes de D. Juan de Garay al fundar la ciudad 
de Buenos Aires, en 1580. De Carbajal, como 
de otros de los compañeros de Garay, no se 
tiene ningún dato personal; sólo se sabe que 
era de los conquistadores antiguos, ignorán- 
dose con quién vino a América. En los años 
1578, 82 y 88 figura como vecino de la Asun- 
ción del Paraguay. En el plano de la ciudad 
de Buenos Aires que indica el repartimiento 
de solares resulta agraciado con una manza- 
na de terreno en el barrio Sud y un cuarto de 
manzana a media cuadra de la plaza Mayor, y 
una suerte de tierra, de una legua de fondo, 
pe r 850 metros de ancho, en la ribera del Pa- 
raná. 

Carbonell (Francisco). Militar. Nacido en Bue- 
nos Aires, el 3 de diciembre de 1786. Se alistó 
en clase de soldado en 1802 y asistió a la re- 
conquista y defensa de Buenos Aires. Hizo la 
campaña del Alto Perú, en la que conquistó 
sus ascensos, grado por grado, hasta capitán. 
Tomó parte en la guerra del Brasil, después 
de la cual se le dio el título de sargento ma- 
yor. Durante la tiranía de Rosas se refugió 
en Montevideo, hasta poco después de Case- 
ros. A su regreso a Buenos Aires se le confi- 
rió el grado de teniente coronel, prestando 
buenos servicios durante los sucesos del 52, 
como empleado caracterizado en el Parque de 
Artillería. Falleció en noviembre de 1857, con 
el grado de coronel. 

Cárcoba (Tiburcio de la). Jurisconsulto. Naci- 
do en Buenos Aires, el 11 de agosto de 1809. 
Siendo niño fué enviado a Madrid, y allí empe- 
zó sus estudios en el Colegio Imperial de la 
Compañía de Jesús, siguiendo luego la carre- 
ra de Jurisprudencia en la Academia de Fer- 
nando Vil, de la misma ciudad, y en la Universi- 
dad de Toledo. En 1828 obtuvo una plaza de 
académico en dicha Universidad, y en 1835 se 
recibió de abogado, saliendo para Buenos 
Aires en 1835, inscribiéndose en el foro de 
esta capital. Nombrado censor de la Acade- 
mia de Jurisprudencia el 2 de marzo de 1838, 
pasó a ccupar el cargo de fiscal de la misma 
en febrero de 1839 y de vicepresidente en 
1840. En el mismo año fué llamado a desempe- 
ñar el cargo de suplente del Tribunal de Re* 



CAR - 114 - 

cursos Extraordinaríos, y al siguiente el de 
agente fiscal, siendo nombrado juez de prime- 
ra instancia en lo criminal en 1844, cargo que 
desempeñó por segunda vez en 1857, año en 
que fué también fiscal de gobierno. Diputado 
a la Legislatura de 1844 al 51. Murió en esta 
ciudad, el 8 de enero de 1868, siendo miembro 
del Superior Tribunal de Justicia. 
ardassy (Jorge). Marino. Natural de Grecia. 
Vino muy joven al Río de la Plata, establecién- 
dose como comerciante en Gualeguay, en 
1830, hasta que nueve años después abando- 
naba esa profesión para incorporarse al ejér- 
cito libertador del general Lavalle, sirviendo 
en las campañas de Entre Ríos y Corrientes, 
habiéndose distinguido por su arrojo en el sitio 
del Reducto, siendo ascendido a sargento ma- 
yor, grado con que se incorporó al ejército del 
general Paz, donde realizó su incorporación 
con una hazaña: batiendo al enemigo y ponien- 
do en confusión a todo el ejército. En seguida 
se le confió el mando de dos lanchas cañone- 
ras, hostilizando hábilmente a las partidas fe- 
derales. Emigrado a Montevideo, se le confió 
como segundo jefe el mando de una escuadri- 
lla, siendo su superior el coronel Garibaldi, 
batiéndose en escaramuzas con la escuadra de 
Rosas. Regresó a Corrientes a incorporarse al 
general Paz y tomar el mando de una escua- 
drilla. Después de sostener varios combates y 
de varias aventuras, fué tomado prisionero y 
remitido preso a Buenos Aires, donde murió 
en la cárcel, en marzo de 1849, en brazos del 
canónigo Dr. Vázquez Sevilla, después de tres 
años de crueles sufrimientos. De este patriota, 
conocido generalmente por El griego, habla 
con elogio el general Paz en sus Memorias. 

Cárdenas (Baltasar). Coronel de la indepen- 
dencia. Guerrillero de Cochabamba y Chayan- 
ta; fué derrotado en el valle de Ancacato por 
un escuadrón realista al mando del comandan- 
te Castro, y después de una espantosa carni- 
cería fué muerto el 27 de septiembre de 1813. 

Cardones (combate). El coronel D. Juan Cri- 
sóstomo Alvarez, que de acuerdo con Urquiza 
se había internado en la provincia de Tucumán 
con algunas fuerzas para derrocar del Gobier- 
no al general Gutiérrez, derrotó en el sitio lla- 
mado de los Cardones a la división del coman- 
dante Albornoz, tomándolo prisionero, como 
también a la mayor parte de su gente (4 de fe- 
brero de 1852). 

Cardoso (Valentín). Nacido en Córdoba, el 



CAR 

15 de diciembre de 1792. Se halló en las in' 
vasiones inglesas cuando tenía sólo catorce 
años; ayudante del general Ortiz de Ocampo 
en la expedición al interior. Incorporado al 
ejército de Belgrano después del desastre de 
Vilcapujio, se encontró en Ayohuma; pasó en ' 
seguida a Córdoba, acompañando siempre a 
Ortiz de Ocampo, nombrado gobernador in- 
tendente de aquella provincia. Llegado a Bue- 
nos Aires, en 1815, se retiró a la vida privada; i 
pero bajo la administración Rodríguez fué i 
llamado a ocupar un empleo en la Aduana, i 
Después del fusilamiento de Dorrego, regresó } 
a Buenos Aires; pero, perseguido por Rosas, 
emigró a Montevideo, y luego se incorporó a| 
ejército de Lavalle, en el que sirvió como jefe 
de artilleria, hallándose en los desastres y fun- 
ciones de guerra de esta cruzada Fué minis- 
tro del Gobierno de Catamarca. Después de 
Famaillá se refugió en Boüvia. En 1841, i 
hombre decidido, apenas tuvo noticias de la_ 
actitud y de los triunfos del general Paz sej 
trasladó desde Bolivia a Montevideo, embar-^ 
candóse, por falta de recursos, en un buque car; 
gado de guano, que en viaje para la Gran Bre- 
taña debía hacer escala en el Río de la Plata. 
Pero no pudo incorporarse a Paz, y quedó en 
Montevideo. En 1846 dirigió una batería en el 
sitio de Montevideo. En 1852, ya en Buenos 
Aires, fué diputado, senador, miembro de la; 
Asamblea Constituyente que decretó la Cons- 
titución del Estado de Buenos Aires, en 1854 
etcétera, etc. Falleció en Buenos Aires, e: 
3 de julio de 1865. 

Carhué. Paraje y después pueblo de la fronterí 
Sud de Buenos Aires, ocupado y fundado e 
24 de abril de 1876 por el coronel D. Nicolás 
Levalle, quien, después de dos sangriento; 
combates y casi perecer de hambre y frío, ocu 
pa a Carhué, punto estratégico de la frontera 
Este sitio, que costó tantos sacrificios, vino i 
asegurar la frontera en una inmensa zona. Si 
ocupación formaba en el plan de campaña de 
entonces ministro de la Guerra, Dr. D. Adolfi 
Alsina. 

Carmen de Patagones (defensa). Una divi 
sión compuesta de las corbetas brasileña 
Duquesa de Goyaz e Itaparicá, el bergantí 
goleta Escudero y la goleta Constancia, con 
confiada ésta al capitán de fragata Jame 
Shepherd, compuesta de 400 hombres de líne 
escogidos y dos oficiales de mar reputado 
por su pericia en las costas del Sud, amanee 



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115 



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el 7 de marzo de 1827 frente ai pueblo del 
Carmen de Patagones, situado sobre la margen 
izquierda del río Negro. Era comandante mi- 
litar y político de Patagones, entonces, D. Mar- 
tín Paulino Lacarra y Toledo, (v.), meritorio 
veterano del ejército nacional. A la vista el 
enemigo, se ordenó se hiciera la señal de alar- 
ma, disponiéndose que el coronel D. Felipe 
Pereyra (v.), con una pequeña fuerza, a la que 
se incorporó el baqueano capitán José Luis 
Molina, con 23 voluntarios (tragas), gauchos, 
mal armados, pero entusiastas, se prepararon 
para la defensa: «El 28 a mediodía, la Itapa- 
ricá y el Escudero (éste con bandera argenti- 
na), reforzados por los demás buques, fran- 
queaban la entrada del río bajo los fuegos de 
la batería, que contestaron con vigor, consi- 
guiendo apagarlos así que tomaron posición 
como era de presumir, atenta la superioridad 
de sus cañones. Pereyra se replegó hacia el 
pueblo, que se aprontaba a una resistencia 
desesperada, reforzando los baluartes de su 
fortaleza con las dotaciones de los corsarios 
Hijo de Mayo, Hijo de Julio y Oriental Argen- 
tino, cuyos comandantes se hicieron cargo de 
la artillería, mientras que el de la Cfiacabuco, 
a despecho de una lluvia copiosa, desembarca- 
ba cañones y pertrechos. Los invasores ha- 
bían perdido en el ínterin el mejor barco de 
su división, la Duquesa de Goyaz. que al fran- 
quear la barra, que en pleamar sólo tiene de 
12 a 15 pies de agua, tocó en un arrecife y se 
fué a pique, pereciendo 38 hombres de su tri- 
pulación antes que pudieran ser transbordados 
a la Constancia. Desembarcando el enemigo, 
en los días subsiguientes quemó algunas ca- 
rretas y la batería, clavando antes sus caño- 
nes, en medio de las hostilidades de que era 
objeto en todas direcciones. Finalmente, el 
6 de marzo, después de haber perdido siete 
días, demora que resultó funesta a sus pla- 
nes, se organizó en número de 600 hombres 
para emprender marcha sobre el pueblo, y ex- 
traviando caminos toda esa noche, a las seis 
de la mañana del siguiente día coronaba el ce- 
rro de la Caballada, a tiro de cañón de la for- 
taleza. Parece que Shepherd trató de ocupar 
ese punto, que consideraba estratégico, en la 
persuasión de que encontraría en el dos cí,ño- 
nes de a 38 para batir aquélla con ventaja, se- 
gún aserto de un práctico de Montevideo que 
abandonó el país dos años antes. Allí se trabó 
un vivísimo tiroteo con las guerrillas de a ca- 



ballo, encabezadas por el ayudante subteniente 
Sebastián Olivera (v.) y sus oficiales Antonio 
Cabrera y Benito Vázquez, y sostenidas por 
la artillería de los buques. Una de las primeras 
balas de esa refriega parcial, atravesándole la 
garganta, postró sin vida al brioso Shepherd... 
«La pérdida inesperada de su caudillo descon- 
certó profundamente a los invasores, qnienes 
desde aquel momento, a despecho de los es- 
fuerzos y del ejemplo de su segundo, el capi- 
tán de la Itaparicá, Guillermo Eyre, empeza- 
ron a retroceder, corriéndose por el camino de 
la costa, en demanda del amparo de sus naves. 
Por otra parte, la tropa se hallaba horrible- 
mente fat'gada. Había marchado más de cua- 
tro leguas en toda la noche precedente, que 
fué clara y serena, con un calor sofocante, por 
terrenos arenosos cubiertos de espesos mato- 
rrales. Alejada de la orilla del río, en la idea 
de tropezar con menos obstáculos en el trán- 
sito, o torpemente extraviada por el baqueano, 
empleó no menos de seis horas entre montes 
enmarañados y médanos áridos, obligada a 
salvar éstos con sus oficiales al hombro, des- 
provista completamente de agua, y sin otro 
alimento que carne salada, que avivaba la sed, 
postrándola del todo. En tal situación, hostili- 
zada sin tregua por sus flancos, ahogada por 
el polvo y el humo, que para aumentar el ca- 
lor de la atmósfera y las molestias consiguien. 
tes se había puesto al campo por barlovento, 
se hizo inútil toda resistencia, rindiéndose a 
discreción 312 soldados y marineros, más 
once oficiales, siendo de este número el te- 
niente segundo Joaquín Marques Lisboa, fu- 
turo vizconde de Tamandaré...» «Aniquilada 
así la fuerza de desembarco, veamos ahora lo 
que sucedía a bordo de los beligerantes. El 
intrépido comandante de la Chacabuco, San- 
tiago Jorge Bynón, dotado con el don inapre- 
ciable del mando, no repara en lo exiguo de 
sus elementos, y organiza el ataque que debe 
completar la jornada gloriosamente iniciada en 
tierra. Proclama a sus marineros, recordándo- 
les sus antecedentes y sacrificios. Están con 
él dos esforzados bretones, Francisco Four- 
mantin (v.), hijo de Calais, y Pedro Dautant, 
de Saint-Maló, que secundaron sus órdenes y 
desean participar sus peligros, como el mar- 
sellés Eduardo Fuzier, su secretario después. 
Guillermo Page, Santiago Riele, Juan Bautis- 
ta Thorne, Juan Thompson, Pedro Bravo, Pe- 
dro Martínez, y cien otros valientes, piden a 



CAR 



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CAR 



gritos el abordaje, el triunfo o la muerte. Mon- 
ta B>'non la sumaca Bella Flor; Dautant, el 
bergantín Oriental Argentino; Harris, la gole- 
ta Emperatriz; Saulín, la de igual clase Chi- 
quilla, y unidos todos en una sola aspiración, 
parten a colocarse bajo las alas de la gloria. 
La sombra los protege, el viento es favorable, 
la suerte los guía y el problema va a resolver- 
se en seguida... Bynón cubre la vanguardia, y 
puesto a tiro de pistola, rompe sus fuegos so- 
bre el Escudero, que, regido por el bizarro 
oficial francés Clemente Pautier, opone tenaz 
resistencia. Desmontada su pieza giratoria, y 
ya impotente para seguir en la defensa, atra- 
viesa con su espada al desgraciado que preten- 
de arriar la bandera confiada a su honor, has- 
ta que cae herido y tiene que someterse al ri- 
gor de su destino...» (Campañas Navales, Ca- 
rranza.) Tal fué el memorable hecho de armas 
de Patagones. 

Cartagena (Juan). Obispo de Tucumán. Natu- 
ral de América. Desempefiaba el arcedianato 
de la ciudad del Cuzco cuando fué provisto 
para el gobierno de aquella diócesis. Habíase 
distinguido por su oratoria y en el ejercicio de 
su ministerio por la bondad de su carácter. 
Nombrado por el Papa Inocencio XI en 24 de 
noviembre de 1687, no se recibió de su cargo 
hasta principios de 1689, después de consagra- 
do en Chuquisaca, y lo ejerció satisfactoria- 
mente hasta su fallecimiento, acaecido en 4 de 
diciembre de 1791. 

Carta Molino (Pedro). Uno de los fundadores 
del .\\useo público de Buenos Aires. Este cien- 
tífico italiano vino a nuestras playas, por con- 
venio que ajustó con Rivadavia cuando éste se 
hallaba en Londres de ministro plenipotencia- 
rio, con el fin de plantear aquí el estudio de 
las Ciencias Naturales. El Dr. Carta Molina 
había recibido sus grados académicos en la 
Universidad de Turin, desempeñando después 
las funciones de repetidor de Medicina en el 
Colegio de la misma capital, que debía de he- 
cho conducirlo a catedrático de la Universidad. 
Comprometido en los sucesos políticos delta- 
lia en 1821, vióse obligado a salir expatriado, 
y aprovechó esta circunstancia para viajar por 
España, Francia, Suiza, Alemania e Inglaterra, 
ysu afición al estudio le hizo visitar los estable- 
cimientos científicos de las ciudades que reco- 
rría y contrajo relaciones con los sabios más 
ilustres. En Londres conoció a Rivadavia, que 
le habló de venir a Buenos Aires, y aceptada 



la proposición, emprendió el viaje. Nombrado 
profesor de Física experimental por decreto 
de abril 10 de 18'26, la apertura de este curso 
tuvo lugar el 17 de junio de 1827, en cuya oca- 
sión pronunció un notable discurso, que regis- 
tró en sus columnas el periódico La Crónica. 
con la idea de instruir al público de la manera 
como concebía la importancia y enseñanza de 
la ciencia; publicó las Dos lecciones de intro- 
ducción al curso de Física experimental que 
se proponía dictar en la Universidad; pero 
dejó la cátedra al descenso de Rivadavia, su 
amigo y benefactor, siendo reemplazado por 
D. O. J. Mossotti. Había arreglado el gabi- 
nete de Física y completado con algunos apa- 
ratos que trajo consigo de Europa por encar- 
go del Gobierno, y según el Dr. Gutiérrez, 
Carta Molina y D. Carlos Ferrari son los fun- 
dadores del Museo público de Buenos Aires. 
Conservaba aún la cátedra de Medicina y far- 
macia y el puesto de facultativo del Hospital 
de Hombres, cuando la política de Rosas le 
puso en la alternativa de aceptar la decora- 
ción federal (de Rosas) o renunciar los pues- 
tos oficiales que servía; resolvióse por lo úl- 
timo, y sonó la hora de su desdicha: la Policía 
recibió la orden de vigilar al «salvaje uni- 
tario». Desde entonces se le molestó, se le 
amenazó, y acabó por ser enviado a discurrir 
con los alienados de un hospital, donde fa- 
lleció. 
Carranza (Adolfo Esteban). Hijo de D. Ángel 
Fernando Carranza. Nació en Buenos Aires, 
en 1824. Durante más de cuarenta años traba- 
jó en la exploración de las minas de la provin- 
cia de Catamarca. Proyectó varias líneas de 
ferrocarril. Fué primer administrador de la 
Oficina de Impuestos internos. Representante 
del Gobierno argentino en el Congreso de mi- 
nas de Chile y uno de los fundadores del Ban- 
co Nacional. En la Exposición de París y en la 
Argentina de 1882 presentó algunos productos 
de la industria, obteniendo varias medallas de 
oro y diplomas. Cónsul general en Bolivia. De- 
fensor de menores, etc. Fué su esposa la no- 
ble señora María Eugenia del Mármol, nieta 
de la patricia D.' María Eugenia Escalada de 
Demaría. A su muerte, acaecida en Buenos 
Aires en 1896, el Dr. Bernardo de Irigoyen 
hizo su elogio. Fué Carranza uno de los pio- 
ners infatigables, constantes para hacer co- 
nocer las riquezas incalculables de las provin- 
cias del Norte, principalmente en sus minera- 



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CAR 



les. Poco o nada se ha hecho en ese sentido; 
pero el tiempo y las futuras generaciones sa- 
brán hacer justicia a la memoria de este hom- 
bre tan activo e incansable. 

Carranza (Ángel Fernando . Natural de la pro- 
vincia de Santiago del Estero. Hermano de 
D. Mauro (v.), que fué gobernador de dicha 
provincia en 1851. Comerciante, fué socio del 
coronel D. Manuel Dorrego. Diputado al Con- 
greso en 1826, y más tarde capitán del ejército. 
Casado en primeras nupcias con D.* Petrona 
Barrionuevo, y en segundas con D." Carlota 
de Achaval. 

Carranza (Ángel Martín). Español. Llegó a 
América en la expedición del virrey Ceballos. 
Se halló en las campañas de Santa Catalina y 
de la Colonia. Fué al Peni como director de 
las fuerzas enviadas a sofocar la sublevación 
de Tupac-Amarú (y.). Se radicó después en San- 
tiago del Estero, contrayendo enlace con doña 
Cristina de Santa Ana Paz y Figueroa. En el 
año de 1804 era alférez real. 

Carranza (Ángel Justiniano). Historiador ar- 
gentino. Nacido en Buenos Aires, el 5 de sep- 
tiembre de 1834. Se recibió de abogado a los 
veintinueve años de edad; fué nombrado re- 
lator del Superior Tribunal de Justicia en su 
Sala civil, y más tarde juez de primera instan- 
cia de la capital, desempeñando en sus últimos 
años el importante cargo de auditor de ma- 
rina, no sin haber pasado antes por el profe- 
sorado, para dictar, con especial competencia, 
la asignatura de Historia Naval en la Escuela 
de Cadetes de la Armada. Distinguióse donde- 
quiera por su ilustración, y en la madre patria, 
el año 92, delegado por el Gobierno argentino 
al IX Congreso de Americanistas, reunido en 
el convento de Santa María de la Rábida, en 
Huelva, en celebración del IV centenario del 
descubrimiento de América, dejó oír su voz en 
la alta tribuna de aquel cenáculo de hombres 
ilustres y de sabios, para fijar la verdadera 
fecha en que tuvo lugar el descubrimiento del 
Río de la Plata. Muchas son sus obras; infi- 
nitas sus biografías históricas, siendo su obra 
maestra Campañas navales de la República 
Argentina. Falleció en Rosario de Santa Fe, 
el 11 de mayo de 1899. 

Carranza (José Ambrosio). Militar. Natural de 
Córdoba. Entró al servicio militar en 1795, 
como alférez, y marchó en la expedición que, 
a las órdenes del virrey Sobremonte, llegó a 
las costas del Yaguarón, hostilizando a los por- 



tugueses. Las invasiones inglesas le contaron 
entre los combatientes, pues, incorporado es- 
pontáneamente al ejército de Elío, que ope- 
raba en el territorio uruguayo, fué destinado 
a las partidas de guerrillas del teniente coro- 
nel D. Pedro García. Antes de la toma de 
Montevideo por las tropas británicas, y en la 
campaña aquella, hallóse en distintos com- 
bates y acciones de guerra, acreditándose por 
su valor militar y actividad. Restablecida la 
paz mereció los despachos de capitán, en mayo 
de 1808. Producida la revolución del año 10, 
Carranza simpatizó con ella, y en abril del 
año siguiente salió sigilosamente de Monte- 
video para presentarse al general Belgrano 
en la campaña oriental, expresándole sus de- 
seos de servir bajo las banderas de la patria, 
aunque fuera en clase de soldado. El general 
le dio el puesto de sargento mayor de plaza, 
y en octubre del mismo año Carranza ocupaba 
con las fuerzas de su mando el pueblo de Pay- 
sandú, que había estado guarnecido por tropas 
portuguesas; continuó su marcha hacia el río 
Negro, y batió al enemigo en el paso de Ita- 
peyú y en el Arroyo de la Leche, tomándole 
no menos de 250 prisioneros y pérdida de 120 
en el combate. Comunicó estos triunfos a la 
Junta, que le felicitó por su conducta y patrio- 
tismo. En 1812 fué autorizado para proveer de 
caballos al ejército de Rondeau, comisión que 
desempeñó con actividad y honradez, y poste- 
riormente, al frente de una partida de 50 sol- 
dados, purgó la campana de las gavillas de 
bandoleros que la infestaban; vigiló las costas 
e impidió los frecuentes desembarcos de los 
realistas en busca de provisión de ganado, 
para lo que le fué menester sostener reñidos 
combates, siendo alguna vez las pérdidas del 
enemigo importantes. Asistió a las batallas del 
Cerrito, a la toma de Montevideo, etc. Se pre- 
paraba a tomar parte en la guerra contra el 
Brasil cuando falleció, repentinamente, en abril 
de 1826, a la edad de cerca de cuarenta y cinco 
años. Fué un hombre de convicciones honradas 
y de un carácter enérgico. 
Carranza (Pedro). Sacerdote. Nació en Sevilla, 
en 1577, y a los quince años ingresó en la Orden 
de Carmelitas, continuando sus estudios hasta 
graduarse de doctor en Teología en la Univer- 
sidad de Osuna. Dedicado a su ministerio, ad- 
quirió fama de probidad y de orador sagrado. 
En 1618 obtuvo el obispado de Buenos Aires, 
tomando posesión de él en enero de 1621. Se 



CAR - 118 

consagró en Santiago del Estero. En 1629 
asistió ai Concilio celebrado en Chuquisaca, 
tocándole predicar el sermón de apertura. En 
esta ciudad, sede de su obispado, se preocupó 
de la enseñanza, dotando de su peculio una cá- 
tedra de Gramática en el colegio de los je- 
suítas, para el adelanto de la juventud «en vir- 
tud y buena crianza». Pero el suceso más no- 
table con que le recuerda la Historia es la cé- 
lebre contienda que sostuvo con el gobernador 
Céspedes (v.), a quién excomulgó. Céspedes 
puso en prisión, no se dice por qué, a un don 
Juan Vergara, notario del Santo Oficio, teso- 
rero de Cruzada, hombre rico, relacionado e 
intrigante. Los allegados del obispo y parcia- 
les de Vergara le insinuaron que la prisión de 
éste era un atentado a sus fueros y humillante 
a su dignidad de prelado. El obispo, entonces 
reclamó; mas fué rechazada su inusitada pre- 
tensión. De aquí nació el conflicto. Céspedes, 
en vista de la alarma, aseguró la persona del 
preso, mientras el prelado, irritado, «puso la 
ciudad en entredicho», según el deán Funes, 
y «tocóse a rebato, pero sin fruto». Armado 
el clero, con el obispo a la cabeza, sacó de la 
cárcel a Vergara, en cuyas circunstancias el 
gobernador asestaba dos piezas de artillería 
al palacio obispal. El pueblo, espantado de 
una escena tan trágica, no se decidía por nin- 
gún partido. Apaciguados los ánimos, se dejó 
libre a Vergara, sometiendo a la Corte la deci- 
sión de la contienda. El Consejo de Indias re- 
probó el proceder del obispo Carranza, recon- 
ciliado al fin con el gobernador. Ocurrió su 
fallecimiento por el mes de agosto de 1662. 
Carranxa (Mauro). Gobernador de Santiago 
del Estero. Nacido en esta provincia, en enero 
de 1807. Había desempeñado empleos adminis- 
trativos, mereciendo, por su honradez y dotes 
de carácter, la general estimación de sus con- 
ciudadanos. Con estos antecedentes fué nom- 
brado por la Legislatura, a la muerte del gene- 
ral Ibarra, ocurrida el 15 de julio de 1851, go- 
bernador provisorio de la provincia, cuyo 
puesto se decidió a aceptar cediendo a exigen- 
cias amistosas. En octubre del mismo año un 
movimiento subversivo, dirigido por los Ta- 
boada (v.), le obligó a dejar el mando, y desde 
entonces se alejó de Santiago. En el año 1869 
presentó un memorial al Gobierno nacional, 
estimulado a ello por el presidente mismo, so- 
licitando la cooperación oficial para buscar en 
la región del Chaco, hacia el Este de Santiago, 



CAR 



el meteorito o fierro nativo, empresa para la 
cual contaba con los mejores conocimientos. 
Ocupado en preparla con todo entusiasmo, fa- 
lleció repentinamente, en la calle, el 6 de no- 
viembre de 1869. La Prensa de Buenos Airea 
anunció su fallecimiento en términos muy hon- 
rosos. 

Carrasco (Benito). Magistrado. Natural de 
Buenos Aires. La tiranía de Rosas le abrió las 
puertas de la cárcel en 1839, cuando no era 
sino un joven estudiante de Jurisprudencia. 
Preso y engrillado, permaneció cerca de un 
año en la cárcel. Recobró su libertad y emigró 
del país, estableciéndose en Montevideo, donde 
terminó su carrera y abrió estudio. Posterior- 
mente pasó al Brasil, donde fijó su residencia. 
Después de Caseros regresó a Buenos Aires. 
F;-.é secretario del gobernador López; asesor 
del Tribunal del Comercio; juez de primera ins- 
tancia en lo civil; miembro del Tribunal Supe- 
rior de Justicia; diputado; vicepresidente de 
la Convención encargada de examinar la Cons- 
titución nacional, de acuerdo con el tratado 
de 11 de noviembre de 1859; presidente del Tri- 
bunal por varios años, y, por último, vocal de 
la Corte Suprema de Justicia nacional. Desem- 
peñando estas funciones, falleció en esta ciu- 
dad, de fiebre amarilla, el 4 de abril de 1871, a 
los cincuenta y seis años de edad. Fué el doc- 
tor Carrasco un hombre de luces, recto y ho- 
norable. 

Carrasco (Pedro). Médico. Padre del anterior. 
Nacido en Cochabamba (Bolivia). Cursó sus 
estudios de Medicina, hasta graduarse de doc- 
tor, en la Universidad de Lima. Durante las 
invasiones inglesas fué cirujano del regimiento 
de Patricios. Producido el movimiento emanci- 
pador, fué uno de sus más ardientes partida- 
rios, actuando en su patria y en esta repú- 
blica, en la que fué electo diputado al Congre- 
so nacional que sesionaba en Buenos Aires el 
año 1817. Desempeñó también otros cargos 
públicos, y el mismo año, antes de la traslación 
del Congreso de Tucumán a la capital, fué 
nombrado en comisión, con los diputados Castro 
Barros y Darragueyra, para dirigir conjunta- 
mente con el director Pueyrredón las relacio- 
nes con el Brasil. Fué jefe de división en el 
ejército auxiliar del Perú. Falleció en Buenos 
Aires, después de Caseros. 

Carrera (José Miguel). Guerrero de la inde- 
pendencia. Caudillo en la República Argenti- 
na. Nació en Santiago de Chile, el 15 deoctu- 



CAR 

bre de 1786. Descendía de una de las familias 
más ricas y respetables de aquella ciudad. El 
niflo presagió admirablemente al hombre. «Ha- 
bla sido en sus primeros años un verdadero ca- 
lavera—dice un escritor argentino -y autor de 
mil travesuras, que dieron grandes trabajos y 
angustias a su anciano padre. Podría citar al- 
gunas de malísimo carácter: pero las maldades 
vulgares de los niños no pertenecen a la Histo- 
ria. Naturalmente pendenciero, andaba siem- 
pre provisto con armas de filo, que alguna vez 
usó también contra sus mismos maestros, quie- 
nes, considerándolo como indómito, tuvieron 
que condenarlo en el Colegio de San Carlos, 
de Chile, a un castigo severo, después del 
cual debía ser arrojado de la casa. Pero él, 
fugándose por los tejados, evadió lo uno y lo 
otro y vagó fugitivo por las calles de Santia- 
go, encabezando alborotos nocturnos y riñas a 
pedradas, que le hicieron tan notable como te- 
mido por todo el vecindario. Además de ser 
osado y sagacísimo, tenía ideas eminentes de 
su nobleza, con una grande confianza en la 
ventajosa posición de su familia; así es que 
abusaba de su soberbia y de su valor personal 
para oprimir y vejar a los demás con ultrajan- 
te impunidad. Hacía gala de ser agresivo, des- 
creído; pisoteaba las preocupaciones más arrai- 
gadas de la colonia y se burlaba desde joven 
de los hombres más encumbrados, así como 
más tarde los debía humillar en su carrera 
política. A los veinte años se había dado a la 
vida libre; su existencia era una perpetua tem- 
pestad, y un lance desgraciado en que hubo de 
mezclarse la justicia hizo que su padre tuviese 
que ocultarlo en la hacienda de San Miguel. 
De lo que menos se ocupó allí fué de iniciarse 
en los trabajos útiles de la labranza o en otra 
cosa alguna que pudiera proporcionarle prove- 
chos o enmiendas. Por el contrario, entregán- 
dose con furor al juego de los naipes y de las 
carreras de caballos, se hizo famoso por sus 
fechorías y por sus extremos en estos declives, 
tan amargos como desdorosos, de la mala vida 
de un joven corrompido. Una vez tuvo un 
choque con un huaso soberbio que se negaba 
a complacerlo. Se provocaron, sacaron puñal 
y se empeñó uno de esos duelos a muerte que 
tienen aplaudidores por padrinos. D. José Mi- 
guel tuvo la dicha de salvar su vida y la des- 
gracia de dejar en el sitio a su contendor.» 
Fué mandado a España; allí se hizo soldado 
y ascendió con prontitud, merced a su arrojo 



- 119 - CAR 

y a su carácter abierto y decidido. Se halló en 
diversos combates, hasta llegar al grado de 
sargento mayor del batallón de Húsares de 
Galicia. Cuando llegó a su noticia el levanta- 
miento de las colonias, se puso en viaje para 
las costas chilenas. Venció a fuerzas españo- 
las mandadas por el brigadier D. Antonio Pa- 
rejas, en Yerbas Buenas y San Carlos. Se en- 
contró en Cepeda (1820); en Cañada de la 
Cruz. Fué vencido en San Nicolás. Cometió 
atrocidades, en diciembre de 1820, en el pue- 
blo del Salto (provincia de Buenos Aires). Ven- 
cedor en el Chajá (1821); en las Pulgas (1821). 
Dictador de la provincia de San Luis en el mis- 
mo año. Fué rechazado en la Cruz Alta (1821) 
y vencido en la Punta del Médano (1821). Des- 
pués de esta acción. Carrera busca su salva- 
ción en la fuga; pero sus propios soldados, sus 
chilenos, como él los llamaba, lo aprehendie- 
ron y lo entregaron maniatado a las autorida- 
des mendocinas. Condecido a los calabozos de 
la ciudad, se le instruyó un sumario, siendo 
sentenciado a muerte el 3 de diciembre de 
1821 y ejecutado al siguiente día. En su trayec- 
to de la cárcel al patíbulo prorrumpió en de- 
nuestos e insultos contra el Gobierno y el pue- 
blo mendocino; no consintió que le ataran los 
brazos ni le vendaran los ojos, muriendo como 
mueren los valientes. Destinado D. José Mi- 
guel Carrera, por su genio, sus dotes y su épo- 
ca, a escalar las alturas, su ambición, sombría 
y tenaz como era, lo ató fatalmente al abismo. 
Debió ser un héroe y fué apenas un caudillo 
afortunado. 

Carrera (Santiago de la). Militar. Nacido en 
Córdoba, el 23 de febrero de 1788. Guerrero 
de la independencia. Gobernador político y mi- 
litar de Córdoba de 1811 a 1813. Se halló en 
Cotagaita y Suipacha. Pertenece al teniente 
coronel Carrera el mérito, indisputable y muy 
distinguido, de haber conducido los Auxiliares 
argentinos atravesando la cordillera de los An- 
des. Como es sabido, la división de los auxilia- 
res se distinguió y adquirió gloria en los comba- 
tes de Cucha-Cucha, Membrillar, Tres Montes, 
etcétera, en cuya campaña y hechos de armas 
se encontró Carrera bajo las órdenes de Mar- 
cos Balcarce. Sirvió con Rondeau en el Alto 
Perú. Siendo gobernador de Santa Cruz de la 
Sierra, y sofocando una revolución, murió trá- 
gicamente, en 1815. 

Carreras (Francisco de las). Jurisconsulto. Pri 
mer presidente de la Corte Suprema nacional" 



CAR 



120 — 



CAR 




D. Francisco de las Carreras. 



Nació en Buenos Aires, en 1809. Por voluntad 
de su padre se trasladó a Córdoba para conti- 
nuar sus estudios, 
comenzados en 
Buenos Aires. Fué 
allí discípulo de Fi- 
losofía de D. Luis 
J. de la Peña; pero 
poco después de 
haber ingresado en 
la Facultad de De- 
recho abandonó la 
Universidad cordo- 
besa, terminando 
sus estudios en su 
ciudad natal. Se- 
cretario de la Aca- 
demia teóricoprác- 
tica de Jurispru- 
dencia, consagróse exclusivamente a las tareas 
del foro, recibiendo su título de abogado, des- 
pués de hacersu aprendizaje profesional al lado 
del Dr. D. Dalmacio Vélez Sarsfield. La vida 
pública de Carreras comienza después de la 
caída de Rosas. Durante la tiranía no se mez- 
clóen lo más mínimo en los asuntos políticos, ni 
para combatir ni para servir al dictador, pa- 
sando una gran parte de aquella época luctuo- 
sa en un establecimiento de campo, y el resto 
dedicado a las labores tranquilas de su minis- 
terio. Después de Caseros, Urquiza le nombró 
fiscal de Estado, en cuyas funciones reveló un 
austero patriotismo y una independencia de es- 
píritu que no se acomodaban a las exigencias y 
a la política del vencedor de Rosas, por lo que 
fué destituido en fecha de 3 de agosto de 1852, 
fundándose su destitución en que «los principios 
sostenidos en su carácter de fiscal contraria- 
ban abiertamente los que habían sido procla- 
mados como base de la organización nacional, 
y tendían a excitar de nuevo la división entre 
las provincias confederadas». El decreto lo 
suscribía el Dr. D. Luis J. de la Peña, su anti- 
guo profesor de Filosofía. La revolución de 
septiembre, en la que tomó participación, lo 
llevó al ministerio de Hacienda, desempeñán- 
dolo todo el tiempo que duró el sitio de esa 
ciudad, y para el que fué reelecto por el Go- 
bierno del Dr. Pastor Obligado. En octubre 
del 58 pasó a ocupar la presidencia de la Cá- 
mara de Justicia, cargo que desempeñó hasta 
fines del año siguiente. Fué igualmente dipu- 
tado y senador de la Legislatura de la provin- 



cia y miembro del Consejo consultivo de Go- 
bierno, creado el 28 de julio de 1855. Su firma 
se halla al pie de la Constitución del Estado 
promulgada el año 1854. El Dr. Obligado busc6 
de nuevo el contingente de sus luces, ofrecién- 
dole la cartera de Gobierno y Relaciones ex- 
teriores; pero el Dr. Carreras rehusó aceptar 
ese puesto, volviendo a la magistratura, como 
miembro del Superior Tribunal de Justicia, 
cargo que ejerció durante largos años. En el 
alto puesto de presidente de la primera Corte 
Suprema de Justicia contribuyó a organizar y 
consolidar la justicia nacional, que se implanta- 
ba en momentos todavía difíciles y cuando los 
principios inmutables de la libertad civil no se 
habían aún abierto camino en el país. El doc- 
tor Carreras falleció, desempeñando estas fun- 
ciones, el 28 de abril de 1870. El Gobierno le 
decretó honores fúnebres, hablando sobre su 
tumba D. Domingo F. Sarmiento, entonces 
presidente de la República, y el general don 
Bartolomé Mitre. D. Francisco de las Carre- 
ras fué sobrio y circunspecto como político, in- 
tachable como magistrado y de hábitos senci- 
llos como hombre privado. No brilló por gran- 
des dotes de talento ni en la tribuna parlamen- 
taria ni en las luchas de la vida pública; pero 
su espíritu, profundamente nutrido en la cien- 
cia del Derecho, y la bondad y firmeza de su 
carácter hicieron de él un modelo como juez y 
como ciudadano. 
Carril (José María). Hombre político. Nacido 
en Mercedes (Estado Oriental), el 5 de diciem- 
bre de 1836, en cuyo territorio se habían refu- 
giado sus padres para escapar a las persecu- 
ciones sangrientas de la dictadura de Rosas. A 
la edad de diez y siete años Carril fué enviado 
a Europa, siguiendo cursos comerciales en 
Barcelona, y recorrió las principales naciones 
de aquel continente hasta 1856, en que regre- 
só a la república, estableciéndose en San 
Juan, lugar del nacimiento de su padre, hom- 
bre distinguido y descendiente de una de las 
familias más antiguas de aquella provincia. Fué 
juez del crimen, diputado a la Legislatura, 
ministro y después elegido gobernador. Su ad- 
ministración fué excelente, realizando refor- 
mas y haciendo construir, entre otros estable- 
cimientos públicos, la casa actual de Gobierno. 
Carril era hombre de pluma a la vez que polí- 
tico, y así, el año 68 fundaba en San Juan La 
Voz de Muyo, diario de combate que llegó a 
convertirse en órgano autorizado del partido a 



CAR 



- 121 



CAS 




D. Salvador M.' del Carril. 



que pertenecía su redactor. Electo senador al 
Congreso de la Nación (1871), fué sobrio, pero 
laborioso, debiéndose a su iniciativa los pro- 
yectos sobre ferrocarriles del interior. Era 
hombre de talento, de una imaginación activí- 
sima, buen estadista y con aspiraciones acen- 
tuadas a la vida pública. Falleció, en ejercicio 
de su cargo de senador, el 18 de diciembre 
de 1874. 

Carril (Salvador María del). Estadista. Nació 
en San Juan, el 5 de agosto de 1798. Se docto- 
ró en Córdoba, 
y desde muy jo- 
ven actuó en po- 
lítica, siendo elec- 
to gobernador de 
su provincia na- 
tal el 10 de enero 
de 1823, cargo 
que ejerció, aun- 
que con breve in- 
terrupción, hasta 
el 12 de septiem- 
bre de 1825. Mi- 
nistro de Estado 
durante la admi- 
nistración del pre- 
sidente Rivadavia. Fué después uno de los más 
exaltados adversarios del Gobierno Dorrego, 
como también del de Rosas, por lo que tuvo que 
emigrar al Paraguay, desde donde lo combatió. 
En 1852 regresó a su patria, figurando en el 
Gobierno de la Confederación, en 1853, como 
constituyente. En el mismo aflo fué electo vi- 
cepresid-inte, durante la administración del ge- 
neral Urquiza, quedando su nombre asociado a 
los actos más importantes de la política y ad- 
ministración de la Confederación. Fué también 
vicepresidente de la primera Suprema Corte de 
Justicia nacional. Falleció en Buenos Aires, el 
19 de enero de 1883. 

Carrizo (Nicolás). Gobernador de Tucumán. 
Natural de las Provincias Vascongadas. Des- 
cendiente de los primitivos conquistadores y 
pobladores de la provincia llamada de Tucu- 
mán. Sema de capitán en el ejército del go- 
bernador D. Francisco de Aguirre y era un su- 
jeto bien considerado y respetado. Depuesto 
Aguirre y conducido a Lima, D. Diego Arana, 
que había sido nombrado para sucederle, no 
aceptó el puesto y lo confió a la prudencia de 
Carrizo, ocupándolo éste, en calidad de interi- 
no, de 1570 a 1572, en que entró a desempeñar- 



lo G. L. Cabrera. Carrizo figuró en la guerra 
contra los calcltaquíes y en la que ocasionó el 
levantamiento de Pedro Bohórquez. Ocupó 
también el empleo de justicia mayor. 
Casacuberta (Juan A.). Actor dramático. Na- 
ció en Buenos Aires, en 1799. A los ocho años 
de edad perdió a su padre, muerto por los in- 
gleses en Montevideo en 1807. Casada la ma- 
dre en segundas nupcias con un bordador en 
oro, le hizo obrero al niño en su taller, y en 
sus ocios estudiaba escritura y aritmética bajo 
la dirección de su padrastro. En aquel modesto 
taller debía decidirse entretanto su destino; 
era el taller de una afamada compañía dramá- 
tica que trabajaba en Montevideo, siendo él 
quien llevaba a los artistas sus adornos y sus 
trajes. De esa comunicación diaria con los ar- 
tistas nació su amor al arte. Asistía puntual- 
mente a los ensayos, formando así, en aquella 
escuela práctica, su gusto y su sistema, y su- 
pliendo su propia ignorancia con las dotes re- 
levantes de su espíritu. Aquel aprendizaje 
duró varios años; pero fué la primera y única 
escuela de artista que tuvo el joven Casacu- 
berta, de la que, para honor suyo, salió en 
aptitud de personificar los más grandes carac- 
teres de la vida escénica. La famosa bailarina 
la Paca, ese imperecedero recuerdo en el Río 
de la Plata, le adiestró en su arte, y a poco 
apareció Casacuberta convertido también en 
maestro de baile. Sin embargo, continuó tra- 
bajando en su antiguo oficio hasta el año 1829, 
en que hizo su aparición, con éxito, en un teatro 
de Montevideo. De allí pasó a esta ciudad y a 
la de Córdoba, en la que fundó el primer tea- 
tro; pero adversario de la tiranía y patriota 
entusiasta, se enroló en el ejército del general 
Lamadrid, hasta que derrotado éste en Men- 
doza, en la batalla del Rodeo del Medio, el 24 
de septiembre de 1841, trató de refugiarse en 
Chile con el resto de sus tropas, y Casacu- 
berta, como otros de sus compañeros, cruzó a 
pie y descalzo la cordillera, y allí en Chile 
cosechó grandes aplausos, sobre todo como 
actor trágico. Pasó después a Lima, donde 
obtuvo un éxito asombroso. Retirado del tea- 
tro, en un viaje que hizo a Chile en 1849 sus 
admiradores le obligaron a dar una represen- 
tación, y dando el drama Los seis grados del 
crimen, al ser conducido al cadalso, fué tal la 
emoción que sufrió, que cayo muerto en el es- 
cenario. Este eminente actor dramático y dis- 
tinguido patriota falleció en Santiago de Chi- 



CAS - 122 

le, el 23 de septiembre de 1849. La sociedad 
de esa ciudad le tributó grandes demostracio- 
nes en sus exequias. 

Caaacuberta (Juan). Militar. Primo hermano 
del anterior. Nacido en Buenos Aires, en 1796. 
En calidad de simple soldado, y siendo todavia 
un niño, se halló en las invasiones inglesas, y 
en 1810 se enroló en el segundo tercio de cí- 
vicos, pasando en 1815, con el grado de sub- 
teniente, al 8." regimiento de línea. A las ór- 
denes de Viamonte marchó a Santa Fe, donde, 
después de desempeñar varias comisiones, fué 
ascendido a teniente. En 1816, estando guar- 
neciendo el paso de Santo Tomé, fué atacado 
por fuerzas de Artigas, sosteniendo un com- 
bate. Hecho prisionero, fué confinado al Brasil, 
de donde fugó, siendo poco después tomado 
prisionero nuevamente. Al año regresó a su 
ciudad natal, siendo reincorporado al ejército 
en el regimiento número 1.° de Granaderos de 
infantería, con el grado de capitán, sirviendo 
a las órdenes de los Balcarce, Rodríguez M. y 
Montes de Oca en las campañas contra los 
montoneros y los salvajes. Marchó después 
a la campaña del Brasil, obteniendo en Itu- 
eaingó las presillas de sargento mayor. Desde 
1828 hasta 1841 actuó en la guerra civil como 
miembro del partido unitario. Después de Fa- 
maílla emigró a Bolivia, y vuelto del destierro 
en 1852, ocupó diversos puestos militares, y 
en 1868 obtuvo el grado de coronel. Murió en 
Buenos Aires, el 27 de marzo de 1871, desem- 
peñando el puesto de jefe del Cuerpo de Invá- 
lidos. 

Casa de Comedias. Durante el gobierno del 
progresista virrey Vértiz, se levantó en una 
casa espaciosa, pero modesta, la Casade Come- 
dias, en el sitio que hoy ocupa el mercado del 
centro, e hizo escribir sobre el palco escénico 
el lema de Rídendo corriga mores (riendo co- 
rrijo las costumbre). El obispo trató de opo- 
nerse a este establecimiento, tachándolo de in- 
moral y contrario al retiro religioso en que las 
familias y los jóvenes debían mantenerse por la 
noche. El virrey, que era un regalista de la es- 
cuela de Floridablanca y Campomanes, lo puso 
a raya y no le hizo el menor caso. Pero pen- 
diente la controversia, cayó un rayo en el de- 
pósito de la pólvora, situado en las inmediacio- 
nes de la ciudad. La conmoción causó un terri- 
ble espanto en el vecindario, matando 22 per- 
sonas de la guardia y dos o tres empleados. 
Se aprovecharon de esto los fanáticos refrac- 



CAS 

tarios, que miraban con odio las'reformas y las 
mejoras del virrey, para propalar desde el pul- 
pito que la catástrofe era un castigo del Cielo 
por haber establecido la Casa de Comedias. 
El virrey, que no era hombre de permitirseme- 
jantes insolencias y mentiras, hizo prender a 
los predicadores, los expulsó de Buenos Aires, 
mandó que se los tuviera reclusos en La Rioja 
y ordenó a los provinciales que en el mismo 
pulpito hicieran desdecir y condenar esas opi- 
niones. Pero desde entonces no hubo género 
de desaires y groserías que el obispo no quisie- 
se hacerle en su iglesia, obligándole a usar de 
su autoridad, «porque (dice él mismo) no debía 
permitir que la Real Jurisdicción, Real Patro- 
nato y el decoro de mi empleo se menoscaba- 
sen de este modo y con tanta irreflexión». (Ló- 
pez). 

Casa de Contratación. Era un Tribunal que 
funcionaba en España para intervenir en todos 
los negocios de carácter mercantil, monopoli- 
zando el comercio, estableciéndose en Sevilla, 
y más tarde se trasladó a Cádiz; no obstante, 
en 1522 se fundo otra en La Coruña para el co- 
mercio de las especies. La ordenanza creando 
este tribunal, se dictó el 20 de enero de 1803. 

Casaffoustli (Carios A). Ingeniero. Nacido 
en Buenos Aires, en abril de 1855. Cursó sus 
estudios preparatorios en el Colegio Nacional, 
donde empezó a revelar talento, carácter y su 
marcada predilección por las ciencias exactas, 
y terminados éstos, pasó a Francia, a la famo- 
sa Escuela de Artes y Manufacturas de París, 
donde continuó sus estudios hasta graduarse 
de ingeniero civil. De regreso a la patria, re- 
validó su diploma, rindiendo un brillante exa- 
men. Inmediatamente fué nombrado ingeniero 
de primera clase en el departamento civil de 
ingenieros, y sucesivamente ingeniero-jefe de 
la sección de Cuyo, director de oficina. En este 
puesto emprendió el trazado y construcción del 
camino a Chile, que atraviesa la cordillera. 
Fué diputado en Córdoba y renunció al ser 
nombrado director de las obras en construcción 
del dique de San Roque. Académico de la Uni- 
versidad de Córdoba. En Entre Ríos ejecutó el 
puente sobre el río Gualeguay y en Santiago 
del Estero proyectó y ejecutó la obra de arte 
del canal de la Cuarteada, obra admirable que 
provee de agua a la ciudad e impide las inun- 
daciones. Era un profesional en hidráulica. Mu- 
rió en Gualeguay, el 24 de agosto de 1900. 

Casalao (combate). El 15 de junio de 1659. El 



CAS - 123 - 

gobernador del Tucumán, D. Alonso Mercado 
y Villacorta, tiene noticia de una gran conju- 
ración de los indios calchaquies, encabezada 
por el mestizo Luis Enriquez, a quien dirigía 
secretamente D. Pedro Bohórquez, que se ha- 
bía hecho reconocer y obedecer por los indios 
como descendiente de los Incas. Con tal moti- 
vo sale a campaña, pero los indígenas se mués" 
tran sumisos. Mas al hacer una travesía para 
reunirse con un tercio que había salido de Lon" 
dres, provincia de Catamarca, es atacado vio- 
lentamente por los calchaquies al llegar al puii 
blo de Casalao, teniendo por resultado este 
combate la completa derrota de los indios, a 
la que se siguió una gran mortandad. 

Casares (Carlos). Hacendado. Nació en Buenos 
Aires, en el año 1835. Desde joven se dedicó a 
las tareas del campo y a las transacciones co- 
merciales, tomando también no escasa partici- 
pación en la política desde la caída de Rosas. 
Afiliado al partido que acaudilló D. Adolfo 
Alsina, desempeñó algunos puestos públicos: 
administrador general del ferrocarril del Oes- 
te y presidente del Banco de la Provincia. Ha- 
biendo renunciado el mando de la provincia 
de Buenos Aires el gobernador Acosta en el 
año 1874, al siguiente surgió electo Casares 
para el período de 1875 a 1878, durante el cual 
realizó muchas obras progresistas y la con- 
quista de la frontera, como también la de la 
conciliación de los partidos nacionalista y au- 
tonomista. Falleció, en su estancia en el parti- 
do de la Magdalena (Buenos Aires), el 2 de 
mayo de 1883, y su entierro dio lugar a una 
imponente demostración de duelo. 

Casco de Mendoza (Víctor). Uno de los 63 
compañeros de D. Juan de Garay el día de 
la fundación de Buenos Aires, el 11 de junio 
de 1580. Casco era natural de la Asunción del 
Paraguay y descendía de los primeros conquis- 
tadores y pobladores de estas provincias. Era 
casado con D." Mayor López. Como era de los 
fundadores de Buenos Aires, fué agraciado 
con varias suertes de tierra, según consta en 
el acta del repartimiento. En 1600 figuró como 
capitán y vecino de Buenos Aires; ocho años 
después fué regidor y alférez real de la misma. 

Caseros (batalla). En que fué derrotado el dic- 
tador Rosas, el 3 de febrero de 1852, en Monte 
Caseros, a tres leguas de Buenos Aires. El 
general Urquiza, al frente de un numeroso 
ejército, compuesto de argentinos, una división 
de uruguayos y otra de brasileños, venció al 



CAS 

ejército de Rosas, que en número de más de 
30.000 hombres se desbandó al poco rato de 
iniciarse la batalla. Esta acción, en que toma- 
ron parte más de 60.000 combatientes, no tuvo 
en sí importancia como acción de guerra; pero 
sí la tuvo como resultado político, pues dio en 
tierra con la tiranía que durante veintitrés 
años ensangrentó al país. Rosas fué uno de los 
primeros en abandonar el campo de batalla, 
fugándose a caballo hasta Buenos Aires, don- 
de se refugió en el Consulado de Inglaterra, 
de donde salió, para emigrar a Europa, en la no- 
che del mismo día. Caseros está situado en el 
partido de San Martín, provincia de Buenos 
Aires. Un monte y un caserío de la época co- 
lonial le dio el nombre al paraje. 

Castañeda (Fray Francisco de Paula). Sacer- 
dote. Nacido en Buenos Aires, en el año 
de 1776. Se educó 
en el convento 
franciscano de 
esta ciudad y pa- 
só a ordenarse en 
Córdoba el año 
1800, donde obtu- 
vo, por oposición, 
en la Universidad 
una cátedra de 
Filosofía. Redac- 
tó varios periódi- 
cos en Buenos Ai- 
res, Santa Fe y 
Córdoba. Fundó 
Escuelas de Ar- 
tes y Oficios y una Escuela de Dibujo. Se de- 
dicó a la conversión de los indios y también 
fundó el pueblo de San José de la Esquina. Fa- 
lleció en el Paraná, el 12 de mayo de 1832. El 
P. Castañeda fué un luchador de vuelos extra- 
ordinarios, sacerdote modelo, un patriota y 
educacionista distinguido, siendo su figura en 
extremo interesante, especialmente por las 
originalidades de su estilo, «que forma por sí 
solo una época en la literatura del Río de la 
Plata». 

Castañeda (Gregorio de). Gobernador de la 
antigua provincia de Tucumán, nombrado por 
Francisco de Villagrán. Tomó posesión del 
mando a principios de 1561. Por su despotismo 
fué muy aborrecido. Murió ahogado en el Bio- 
Bío, en Chile. 

Castañeda (Pedro). Gobernador de Jujuy 
en 1849. Natural de Buenos Aires. Era del 




Fray Francisco Castañeda. 



CAS - 124 

partido federal y subió al Poder llevado por 
sus correligionarios, principalmente por la in- 
fluencia del gobernante Iturbe, con quien esta- 
ba asociado en especulaciones mercantiles. 
«Castañeda fué pacífico, tolerante y respetó el 
derecho de todos. La sociedad se repuso un 
tanto y comenzó a reinar tal cual actividad en 
los ramos constitutivos de la vida general. Al 
terminar sn período de dos años convocó al 
pueblo para verificar la elección de su reem- 
plazante, sin ejercer de modo alguno presión 
ni imponerse de ninguna manera en el ánimo 
de sus gobernados.» 

Castañón (Bernardo). Militar. Nació en Bue- 
nos Aires, el 20 de agosto de 1787. Como cade- 
te del Arma de Caballería empezó su carrera 
con motivo de las invasiones inglesas. En 1810 
era capitán y obtuvo licencia para reclutar 
gente p^ra remontar el regimiento número 3.°, 
a que pertenecía. En 10 de agosto de 1814 fué 
nombrado jefe de la escolta del director supre- 
mo, D. Gervasio Antonio de Posadas, y en 1819 
ascendía a sargento mayor graduado . Siendo 
teniente coronel fué nombrado edecán del pre- 
sidente Rivadavia y confirmado en el Gobierno 
de Dorrego. Ayudante de la Inspección gene- 
ral de Armas, y en 1832 elevado a coronal. Du- 
rante la tiranía se le borró de la lista militar, 
y años después se le condenó al ser\'icio de las 
armas por «salvaje unitario) y obligándole a 
poner dos prisioneros en su reemplazo, man- 
dando fusilar a su hijo Domingo, en el cuartel 
del Retiro, el 14 de abril de 1842. Emigró a 
Montevideo, en cuya plaza sirvió entre los de- 
fensores. Después de Caseros revistó en la 
plana mayor activa como coronel de caballe- 
ría de línea. Muríó en Buenos Aires, el 10 de 
diciembre de 1859. El coronel Castañón fué un 
patriota y caba- 
llero sin tacha, 
muy bien concep- 
tuado por sus re- 
levantes prendas 
de carácter. 

Castellanos 
(Aarón). Natural 
de Salta. Militó 
honrosamente en 
la guerra de la 
independencia. 
Se avecindó des- 
pués en la ciudad 
de Santa Fe, en D. Aarón Castellanos 



CAS 




cuyo vecindario llegó a ser el verdadero motor 
de su progreso. Fundador en 1854, de la colo- 
nia agrícola «La Esperanza»; dio la iniciativa 
para nuevas empresas de este género, que vi- 
nieron a dar importancia a sus campos incultos 
y sin valor entonces. Castellanos fué un hom- 
bre de inquebrantable voluntad en el trabajo; 
fué un entusiasta colonizador y explorador de 
los desiertos argentinos. A la edad de 80 años 
dejó de existir, en la ciudad del Rosario de 
Santa Fe, el 1 de abríl de 1880. 

Castellanos (Francisco Remigio). Magistra- 
do y hombre público. Natural de Salta. Na- 
cido el 1 de octubre de 1779. Se recibió de 
abogado en la Universidad de Charcas. Ase- 
sor general de esa ciudad y más tarde en Mon- 
tevideo. Asesor del Cabildo de Buenos Aires en 
los años de 1817 y 1818. Trasladado a Mendo- 
za, fué investido del cargo de juez de alzada. 
La provincia de Salta dio sus votos para dipu- 
tado al Congreso Constituyente (1824) que se 
reunió en Buenos Aires, y sancionada la 
constitución con que este Cuerpo organizaba 
la República, a Castellanos se le designó para 
presentarla a la provincia de La Rioja. Disuelto 
el Congreso por la guerra civil, entra, en clase 
de vocal, a ser miembro de la Cámara de apela- 
ciones. Mal mirado por Rosas, por sus afinida- 
des con el partido unitario, le destituyó, vién- 
dose luego obligado a emigrar a Montevideo. 
Conocido y apreciado allí por sus anteceden- 
tes de jurista, es nombrado miembro del Supe- 
rior Tribunal de Apelaciones, a cuyo puesto 
prestó por más de ocho años sus luces y pro- 
fundos conocimientos. Falleció el 14 de abril 
de 1839. 

Castellanos (Uladislao). Doctor, tercer arzo- 
bispo de la República Argentina. Nacido en 
San Javier, provincia de Córdoba, el 23 de no- 
viembre de 1834. Promovido al obispado titu- 
lar de Ankialo y auxiliar de Córdoba el 24 de 
septiembre de 1892. Nombrado arzobispo el 12 
septiembre de 1895. 

Gastelli í'Angel). Natural de Venecia (Italia). 
Hijo legítimo de D. Antonio Castelli y de doña 
Francisca Salomón, ambos naturales y vecinos 
de la referida ciudad. Vino a Buenos Aires, 
llegando a reunir una respetable fortuna, ad- 
quirida en el comercio, que fué su preferente 
ocupación. Contrajo matrimonio en I7ü2 con 
María Josefa Villarino y González de Islas. 
Falleció en 17 de septiembre de 1781 , y fué en- 
terrado en la iglesia de San Francisco, hoy 



CAS 



125 



CAS 




D. Juan José Qastelli 



basílica menor. El D. Juan José Castellí, hom- 
bre político de la revolución de mayo, era hijo 
de D. Ángel Castellí. 
Castelli (Juan José). Político. Nació en Buenos 
Aires, el 19 de julio de 1764, e hizo en esta ciu- 
dad sus estudios has- 
ta el curso de Filo- 
sofía, siendo discípu- 
lo en este ramo del 
Dr. Pantaleón Riva- 
rola.Se trasladó lue- 
go a Córdoba, y de 
allí pasó a la Uni- 
versidad de La Plata 
(Charcas I, donde ter- 
minó sus estudios, 
doctorándose en Ju- 
risprudencia. El 6 de 
mayo de 1796, a pro- 
puesta directa de 

Belgrano, fué nombrado secretario sustituto 
del Real consulado. Durante largos años Cas- 
tellí estuvo exclusivamente dedicado a su pro- 
fesión de abogado, distinguiéndose en el ejerci- 
cio de ella por la habilidad de sus defensas y la 
vehemencia y energía de sus exposiciones; ejer- 
ció igualmente el cargo de relator de la Real 
Audiencia. «Castellí fué uno de los miembros 
más activos y entusiastas de la asociación se- 
creta, que la componía un número limitado de 
personas, y que se reunían indistintamente en 
casa de D. Hipólito Vieytes, calle Venezuela, o 
en casa de D. Nicolás Rodríguez Peña, calle 
Piedad.» (B. Mitre. )Allí se discutía y se delibe- 
raba al calor de propósitos comunes, y sus reso- 
luciones se reflejaban misteriosamente en el 
ejército y en el pueblo. «Guiados — dice el ge- 
neral Mitre -por una de esas inspiraciones sal- 
vadoras que brillan en los momentos supremos, 
se pusieron inmediatamente en movimiento, 
eligiendo por campo de sus maniobras el Ayun- 
tamiento de la ciudad, única autoridad que no 
caducaba y que debía sobrevivir a la ruina de 
todas las instituciones coloniales. En conse- 
cuencia, en el mismo día 18, D. Manuel Bel- 
grano y D. Cornelio Saavedra se presentaron 
al alcalde de primer voto, que lo era D. Juan 
José Lezica, incitándole, a nombre de los pa- 
triotas, para «que sin demora alguna se cele- 
brase un cabildo abierto, a fin de que, reunido 
el pueblo en asamblea general, acordase si de- 
bía cesar el virrey en el mando y se erigiese 
una Junta Superior de Gobierno que mejorase 



la suerte de la Patria.» Al mismo tiempo que 
esto sucedía, el Dr. Castellí conquistaba el 
voto del Dr. D. Julián Leyva, hombre profun- 
do, que era al mismo tiempo el síndico procu- 
rador y el oráculo del Cabildo. «Más tarde era 
comisionado, en unión del comandante Martín 
Rodríguez, por la misma Junta patriota, para 
que se apersonase al virrey Cisneros a reque- 
rirle, en nombre del pueblo y de las tropas, la 
convocatoria inmediata del cabildo abierto.» 
Llegado a presencia del virrey, Castellí le ex- 
presó, en términos francos y decisivos, el ob- 
jeto de su misión, produciendo sus palabras 
una sorpresa profunda en el ánimo del atribu- 
lado mandatario, que accedió después de algu- 
nas vacilaciones, dando esta rendida contesta- 
ción: Puesto que el pueblo no me quiere y el 
ejército me abandona, hagan ustedes lo que 
quieran. Reunida, en consecuencia, la asamblea 
popular el día 22, Castellí, que estaba decidi- 
damente por la constitución de un nuevo Go- 
bierno elegido directamente por el pueblo, fué 
uno de los primeros patriotas que se levanta- 
ron de su asiento, condensando su pensamien- 
to, después de una peroración expresiva y elo- 
cuente, en estas notabilísimas palabras: «La 
España ha caducado, y con ello las autorida- 
des que son su encarnación. El pueblo ha re- 
asumido la soberanía del monarca, y a él le 
toca instituir el nuevo Gobierno en representa- 
ción suya.» Estas palabras eran una profecía y 
un programa. Establecida la primera Junta re- 
volucionaria, Castelli se incorporó a ella en 
calidad de vocal. Castelli, lo mismo que More- 
no, fué de los pocoshombresque tuvieron rum- 
bosfijosen aquellashorasdeconflicto;así nadie 
los aventajó en la decisión de su patriotismo y 
en la firmeza de sus convicciones. Moreno y 
Castelli fueron los tipos clásicos de la revolu- 
ción; el uno tenía la fuerza del genio que do- 
mina y avasalla, el otro tenía la fuerza de Ib 
voluntad, que lleva al hombre hasta el sacrifi- 
cio de sí mismo. Eran dos almas movidas por 
los mismos resortes, calentadas por el mismo 
fuego sagrado; pero aunque inferior en las do- 
tes de la inteligencia y del carácter, Castelli 
tenia, no obstante, este alto mérito: era un 
hombre de gobierno y de acción, un alma y un 
brazo a la vez. Castelli fué el encargado de 
redactar la circular— que debía, por desgracia, 
producir conflictos— dirigida a todas las pro- 
vincias que componían el virreinato informán- 
dolas de los sucesos acaecidos en la capital y 



CAS - 126 - 

exhortándolas al mismo tiempo a la elección 
de diputados para la pronta instalación de un 
Congreso general. Resuelta por la misma Jun- 
ta la muerte de Liniérs y demás jefes que en- 
cabezaban la resistencia armada del interior, 
el vocal Castelli, por consecuencia de las vici- 
laciones del coronel Ortiz de Ocampo, fué co- 
misionado, a indicación de Moreno, de cumplir 
esa resolución, lo que así hizo. Decretada la 
organización de un pequeño ejército, al mando 
d; D. Antonio González Balcarce, Castelli fué 
investido del cargo de representante de la Jun- 
ta, no limitándose a simple representante del 
Gobierno, sino que fué director casi exclusivo 
de los negocios de la paz y de la guerra, como 
se verá más adelante. A fines de octubre, las 
fuerzas republicanas llegaron a Cotagaita, 
donde fueron rechazadas, hallándose de nuevo 
las fuerzas beligerantes en los campos de Sui- 
pacha, 7 de noviembre de 1810, saliendo victo- 
riosos los republicanos. Castelli ocupó a Potosí 
y decretó inmediatamente el arresto de su go- 
bernador intendente, D. Francisco de Paula 
Sanz, el mariscal Nieto y el coronel Córdoba, 
y como no quisieran jurar respeto y obedien- 
cia a la Junta, fueron fusilados. De Potosí pasó 
Castelli a Chuquisaca, a La Paz y a Oruro, 
siendo objeto en todas estas ciudades de gran- 
des demostraciones de agradecimiento. En 
Huaqui, jornada desastrosa para la revolución, 
pues con ella se perdió todo el Alto Perú, fué 
destruido Balcarce y Castelli por la felonía de 
sus adversarios, que no cumplieron un armisti- 
cio celebrado en Laja. El ejército se retiró a 
Salta en medio de las más grandes dificultades 
y privaciones. Castelli, llamado a la capital 
para que respondiese de su conducta, lo hizo 
en los primeros días del mes de diciembre, y 
resuelto como estaba a afrontar valientemente 
la nueva situación que se le había creado, se 
presentó inmediatamente en el cuartel del re- 
gimiento número 1 de Patricios, de que era jefe 
inmediato el general Belgrano. Su causa duró 
largo tiempo, y fué suspendida porque en vez 
de a un delincuente se juzgaba a un moribun- 
do. Castelli había contraído una penosa y mor- 
tal enfermedad: habíase quemado la extremi- 
dad de la lengua con el fuego de un cigarro, y 
se le formó una llaga cancerosa, que le produ- 
jo la muerte, el 12 de octubre de 1812. En la 
plaza de la Constitución, frente a la estación 
del ferrocarril del Sud, se le levantó una esta- 
tua en 1910. 



CAS 

Castelli (Pedro). Militar. Hijo del anterior. Na- 
cido en Buenos Aires, en 1801. Enrolado desde 
muy joven en el regimiento de Granaderos a 
Caballo, se halló en la jornada de San Loren- 
zo; posteriormente pasó a un regimiento de 
Húsares del ejército que, bajo las órdenes de 
Rondeau, sitiaba la plaza de Montevideo, y 
después de la rendición de las tropas españo- 
las que la defendían actuó más tarde en la 
guerra civil y con los indios, hasta que en 1823, 
con el grado de sargento mayor de caballeria, 
solicitó su baja para dedicarse a las faenas del 
campo, en las que consiguió gran fortuna y 
mucho prestigio entre los hombres del Sud. 
En 1839 encabezó en esa zona de la provincia 
la revolución del mismo año. Los revoluciona- 
rios arriesgaron un combate en Chascomús 
contra las fuerzas mandadas por los coroneles 
Prudencio Rozas y Granada. Castelli, jefe de 
la revolución, valiente como era y bien monta- 
do, escapó de entre las lanzas enemigas; pero 
tomado prisionero a los pocos días, los perse- 
guidores le dieron muerte, y su cabeza, que la 
cortó un sargento llamado Juan Duran, fué 
elevada en una pica en la plaza del pueblo de 
Dolores, permaneciendo así a la expectación 
pública por algún tiempo. Otro hijo del patrio- 
ta de mayo, Luciano Castelli, sirvió a las 
órdenes del almirante Brown en la guerra con- 
tra el Brasil. 
Castex (Alejo). Magistrado. Nació en Buenos 
Aires, en 1764. Recibió su título de abogado 
en 1790. En las invasiones inglesas estaba al 
mando de un cuerpo de caballería denominado 
Migueletes. Partidario de la revolución; juez 
de alzada del Consulado. Durante la adminis- 
tración del director Pueyrredón formó parte 
de la Cámara de Apelaciones, y fué comisio- 
nado por aquél en 1816 a Santa Fe para hacer 
retirar al ejército invasor de Díaz Vélez de la 
provincia y desautorizar ante el Gobierno y el 
pueblo el avance del ejército porteño. En 1821 
fué auditor de Guerra y Marina, miembro del 
Tribunal de Justicia, obteniendo en 1827 su ju- 
bilación de camarista. Dos años antes ocupó 
una banca de diputado en el Congreso general 
Constituyente, en representación de su provin- 
cia. Durante la tiranía se le suprimió la jubila- 
ción «por no ser acreedor a la consideración 
del Gobierno». Murió en esta ciudad, el 17 de 
septiembre de 1841. 
Castillo (Pedro del). Fundador de la ciudad de 
Mendoza. Había militado en la guerra de la 



CAS 



127 - 



CAS 



conquista de Chile, en el ejército que al mando 
del célebre García Hurtado de Mendoza batió 
con éxito favorable a los belicosos araucanos 
hasta asegurar la posesión tranquila de los po- 
bladores españoles. Para recompensar los im- 
portantes servicios de sus oficiales principales, 
Hurtado de Mendoza dispuso extender el do- 
minio de la conquista a los territorios trasandi- 
nos habitados por las tribus de los guarpes, 
adjudicándoles a sus tenientes la posesión a 
perpetuidad de estas tierras. Castillo, uno de 
ellos, atravesó la cordillera con una comitiva 
de 100 hombres, y entró en tratos y negocia- 
ciones de paz con los guarpes, tribus pací- 
ficas, que vivían de la agricultura y de la 
pesca, y cuyo jefe era el cacique Guaimallén. 
Castillo emprendió entonces la fundación de 
Mendoza, en 1561, dándole este nombre en ho- 
nor del capitán español su jefe 
Castro (Emilio). Hombre público. Nació en Bue- 
nos Aires, el 21 de diciembre de 1821, donde 
también cursó sus estudios. Desde joven actuó 
en política, tomando participación directa en 
los acontecimientos de su época y en el partido 
unitario, en cuyas filas militó a las órdenes 
del general Lavalle en las campañas contra la 
dictadura, y luego en la emigración. Derroca- 
da la tiranía, fué electo diputado a la Legisla- 
tura de la provincia, figurando entre los de- 
fensores de la ciudad durante el sitio del 
aflo 53. En 1855 fué electo municipal, y el 7 de 
mayo de 1857 fué nombrado jefe de Policía de 
la capital, cargo que ejerció con competencia. 
En 1859 concurrió como jefe del 2." bata- 
llón de Guardias Nacionales a las campañas de 
Cepeda y Pavón. Posteriormente fué diputado, 
y luego senador en varios períodos, y el 10 de 
octubre de 1868, gobernador de su provincia 
natal, cargo que desempeñó con acierto hasta 
la terminación de su período, el 3 de mayo 
de 1872. Su administración descolló por varias 
iniciativas útiles, como el establecimiento de 
las aguas corrientes, tranvías e infinidad de 
mejoras. Su gobierno fué de orden y de admi- 
nistración. Desde entonces, aunque formó 
parte de diversas Comisiones públicas, se re- 
tiró de la vida política. Falleció en esta ciudad, 
el 22 de abril de 1899. Al sepultarse sus res- 
tos, habló en nombre del Poder ejecutivo el 
general D. Luis María Campos. 
Castro (Manuel Antonio). Estadista. Nació en 
la ciudad de Salta, el 9 de junio de 1776, y cur- 
só sus estudios de Derecho en las Universida- 



des de Córdoba y Chuquisaca. En esta última 
ciudad fué secretario de la Audiencia, y en la 
de Yungas fué juez subdelegado, recibiéndose 
de abogado en la Universidad de Chuquisaca. 
En 1809, vino a Buenos Aires, donde tomó 
participación en los preparativos del movimien- 
to de mayo del año siguiente. En 1813 ingre- 
só en la Cámara de Justicia, y fundó la Aca- 
demia de Jurisprudencia, de la que fué di- 
rector perpetuo y autor de su reglamento. 
En 1817 fué nombrado gobernador intendente 
de Córdoba, cargo que ejerció hasta 1820, con 
sabiduría y prudencia. Cinco anos más tarde 
fué electo diputado, y nombrado presidente de 
la Cámara; tomó una parte principal en el pro- 
yecto de Constitución.Publicó varias obras so- 
bre educación y temas patrióticos; también fué 
redactor durante un aflo de la Gaceta de Bue- 
nos Aires, y cuando presentó la renuncia de 
este cargo oficial, el Gobierno la aceptó en 
términos honrosos. Hablando del Dr. Castro, 
el Dr. López dice, «que era uno de los hom- 
bres más doctos, más moderados y más virtuo- 
sos que contaba la República Argentina». Mu- 
rió en Buenos Aires, el 20 de agosto de 1832. 

Castro (Saturnino). Coronel, realista, hermano 
del anterior. Nacido en Salta. Cuando se ini- 
ció la lucha de la independencia se puso al 
servicio de las armas realistas, descollando 
por su valor, habilidad y pericia. Hallóse en 
las batallas de Tucumán y Salta, y caído pri- 
sionero en esta última, fué uno de los que re- 
cuperaron su libertad bajo el solemne juramen- 
to de no tomar las armas contra los ejércitos 
republicanos. Castro fué perjuro, y volvió a 
combatir contra sus hermanos. Mas tarde, se 
propuso abandonar la causa de los realistas 
pero sabiéndolo el general español Pezuela, 
lo tomó prisione- 
ro y lo hizo eje- 
cutar, en sep- 
tiembre de 1819. 

Castro Barros 
(Pedro Ignacio). 
Nació en LaRio- 
ja, el 31 de julio 
de 1777, y era 
hijo de D. Pedro 
Nolasco Castro 
y de D.^ Francis- 
ca Barros. En 
1790comenzósus 
estudios de Filo- D. Pedro Ignacio Castro Barros. 




CAS 



- 128 



CAT 



Sofía en Córdoba, donde fué ordenado el aflo 
1800 por el obispo Moscoso, En 1S04 volvió a 
su provincia, al ser nombrado cura de la ciudad 
capital, donde fundó un colegio y dictó cate, 
dras de latinidad y Filosofía. Partidario de la 
emancipación política de su patria, formó par- 
te en 1813 del Congreso, como representante 
de su provincia, y en 1816 volvió a ser electo 
diputado en el Congreso que declaró la inde- 
pendencia en Tucumán, en cuya Asamblea pro- 
nunció notables discursos, figurando entre los 
miembros más distinguidos. En 1823 fué nom- 
brado rector y profesor de la Universidad de 
Córdoba, y el Cabildo eclesiástico de esta 
ciudad le nombró provisor y vicario general. 
En la de Salta, fué canónigo magistral, y 
en 1826 declinó el honor de ser elegido diputa- 
do. En 1832 fué tachado de salvaje unitario, 
y enviado preso a un pontón, Cacique, du- 
rante tres meses, y desterrado a Montevideo, 
donde permaneció hasta 1839, en que fué a 
Chile, estableciéndose en Santiago: donde fa- 
lleció el 17 de abril de 1849. El Gobierno le 
decretó honrosas exequias fúnebres. Castro 
Barros no sólo fué orador distinguido, fué 
también un notable canonista y un propagan- 
dista ardiente e incansable de las doctrinas de 
la Iglesia; pero, desgraciadamente, su espíritu 
estaba vaciado en un fanatismo intemperante y 
obcecado. Editó una serie de escritos religio- 
sos, publicando él mismo algunos, entre los 
que debemos mencionar, por ser los más sa- 
lientes en mérito, una Impugnación contra la 
tolerancia y una Disertación sobre la indepen- 
dencia espiritual de la Iglesia. 

Catalán (Amaro). Militar. Nacido en Mendoza. 
Entró al servicio militar, como soldado del es- 
cuadrón Dragones de San Nicolás, en octubre 
de 1853, y por grados sucesivos ascendió a 
capitán en diciembre de 1858, habiendo presta- 
do servicios en la frontera en el regimiento 
que mandaba el coronel Frías. Hallóse en va- 
rios combates con los indios, y en las filas del 
ejército de Buenos Aires en las batallas de Ce- 
peda y Paoón (1859-1861). Marchó a la guerra 
del Paraguay de sargento mayor del regimien- 
to primero de caballería de línea, y en esa lar- 
ga campaña llegó a teniente coronel. Des- 
pués de la guerra, pasó con el regimiento a 
las fronteras del Norte. En el 74 dio la prime- 
ra batalla de Santa Rosa, muriendo en la 
campaña. 

Catamarca 'fundación). El general Juan Pérez 



de Zurita, gobernador del Tucumán, fundó en 
1558, en el valle de Quimmivil, la ciudad de 
Catamarca, llamándola San Juan de la Rivera 
de Londres. Los calchaquíes la destruyeron 
más tarde, y en 1607 la reedifica el goberna- 
dor Alonso de Rivera; pero en el alzamiento 
de los indios, en 1627, es nuevamente destrui- 
da y sus habitantes anduvieron largo tiempo 
vagando, hasta que el gobernador D. Fernan- 
do de Mendoza Mate de Luna le da asiento 
definitivo, el 5 de julio de 1683, con el nombre 
de San Fernando de Catamarca, dando así 
cumplimiento a una cédula de 16 de agosto de 
1679, y teniendo por pobladores a los habitan- 
tes de Londres. Catamarca viene del vocablo 
quichua kata, ladero o falda, y marca, pueblo, 
o sea «pueblo de la falda». Su primer goberna- 
dor constitucional fué D. Octaviano Navarro, 
en 25 de mayo de 1856. 

Catorce Jagüeles (combate). Una pequeña 
invasión de indios, penetrando en el partido 
de Tapalqué, provincia de Buenos Aires, con- 
sigue arrebatar alguna caballada; pero es re- 
chazada casi por completo por el capitán de 
guardias nacionales D. Reginaldo Pereyra. 
Se rescata todo lo robado (21 de enero 
de 1874). 

Catriel (sublevación). El 1 de enero de 1876, 
la tribu del cacique Catriel, con las de Namun- 
curá, Baigorrita, Pincén y Chilenos, se suble- 
van contra la autoridad, formando un total de 
cuatro a cinco mil indios sobre la frontera 
Sud. Las fuerzas nacionales, poco numerosas, 
al mando del comandante Winter, consiguen 
derrotar a los indios, arrebatándoles 170.000 
anímales vacunos, 30.000 yeguarizos y 40.000 
lanares. 

Cattáneo (Cayetano). De la Compañía de Je- 
sús. Nacido en Italia, en 1695. Autor de unas 
interesantes cartas que describen las colonias 
y regiones del Río de la Plata. Dos de estas 
cartas han sido publicadas en la Revista de 
Buenos Aires, del Dr. Quesada, traducidas del 
italiano por el Sr. Estrada, que emite este jui- 
cio: «Todas ellas se refieren al estado de la 
sociedad colonial en el primer cuarto del siglo 
pasado; así las que estudian directamente el 
aspecto de Buenos Aires y Córdoba, como las 
que consignan observaciones de viajes y noti- 
cias relativas a los medios de comunicación 
con Europa y a la vialidad fluvial y terrestre 
del país. Son el retrato tomado al natural de 
la fisonomía física de la Colonia. Al estudiar 



CAU 



- 129 - 



CAX 



además la situación de nuestras poblaciones 
en punto a embellecimientos artísticos, fuer- 
zan a entrar al lector en las condiciones con- 
temporáneas del trabajo y de la industria, tó- 
pico de observaciones económicas que afectan 
lo más vivo de la sociedad. Revelan a la par 
curiosos detalles de las costumbres, que concu- 
rren a habilitar juicio para internarnos con 
nueva luz en los problemas históricos de aquel 
período, en el cual es preciso descubrir los 
síntomas de vitalidad de la remota comunica- 
ción de nuestros abuelos.» Este ilustrado sa- 
cerdote falleció, el 28 de agosto de 1733, en la 
Reducción de Santa Rosa (Misiones). 

Caucete (combate). Guerra civil. El 30 de octu- 
bre de 18G3, contra las montoneras de Peflalo- 
za. El sargento mayor D. Pablo Irrazábal, al 
frente de una fuerza del 1.° de caballería de 
línea y de guardias nacionales de Mendoza, 
ataca y derrota en Caucete (San Juan) a una 
fuerza de la montonera del general Peñaloza, 
mandada por el caudillo Puebla. El general 
Arredondo, que se aproximaba en socorro de 
San Juan, al tener aviso de haber invadido las 
montoneras aquella provincia, alcanza a des- 
truir a algunos grupos de dispersos que en- 
cuentra a su paso, persiguiéndolos tenaz- 
mente. 

Cavendish (lord Thomas). Fué uno de los tan- 
tos marinos ingleses que intentaron atacar a 
Buenos Aires en 1594. Su empresa fué des- 
graciada por temporales o por imprudencia: su 
escuadrilla, que se componía de cinco naves, se 
arrimó a ia barra de Rio Grande y fué destro- 
zada contra los bancos de la costa. 

Cavia (Pedro Feliciano Sáenz de). Periodista y 
hombre público. Nació en Buenos Aires,- en 
1777, y cursó sus estudios de Derecho en la 
Universidad de Córdoba. En 1811 formó parte 
de la Comisión argentina que firmó el tratado 
con el Paraguay. En esa época fué secretario 
del general Soler, en la Banda Oriental. En 
1815 fué diputado de la Convención electoral 
que nombró gobernador al general Alvear, y 
en 1824 y 25 representante legislativo; diputa- 
do al Congreso por la provincia de Corrientes 
al año siguiente, donde combatió al sistema 
unitario. En 1828 fué nombrado secretario de 
la Comisión argentina encargada de celebrar 
la paz con el Brasil. Posteriormente desempe- 
ñó varias comisiones políticas. Durante la ti- 
ranía, su actuación política, como anteriormen- 
te, fué muy veleidosa. Escribió sucesivamente 
Diccionario Hist. Biogr. 




los periódicos siguientes: en 1817, el Avisador 
Patriota; en 181'.), el Americano; en 1820, El 
ímparcial; en 1821, El Patriota, y Las Cuatro 
Cosas; en 1824, en unión de Dorrego y Ugar- 
teche, El Argentino; en 1825, juntamente con 
D. Valentín Aisina, El Nacional; en 1826, El 
Ciudadano; en 1827, El Tribuno; en 18.30, El 
Clasificador o Nueoo Tribuno, y en 1 834, el 
Censor Americano. Falleció en esta ciudad, el 
23 de julio de 1849. 
Caxaraville (Miguel). Guerrero de la indepen- 
dencia. Nucido en Buenos Aires, el 5 de julio 
de 1794. Era hijo 
de D. Andrés Ca- 
xaraville, espa- 
ñol de origen, y 
de D." María Mi- 
gue ns, .sal teña. 
Empezó su carre- 
ra, con el grado 
de cadete, en el 
regimiento de 
Granaderos a Ca- 
ballo, en 1813. 
Sirvió en las di- 
versas campañas d. Miguel gaxaraville. 
que hizo este fa- 
moso regimiento, batiéndose también en el 
Alto Perú, donde fué herido de bala en la 
batalla de Sipe-Sipe, y cuando San Martín 
atravesó los Andes tenía el grado de capi- 
tán. El 30 de marzo — poco después de la 
sorpresa de Cancha Rayada—, hallándose de 
avanzada con sesenta granaderos, distinguió 
una partida realista, que al descubrir a los ar- 
gentinos se puso en precipitada fuga. Caxara- 
ville, a pesar de ser inferior su fuerza, em- 
prendió resueltamente la persecución de la 
pequeña columna enemiga. «Al poco andar, 
éstos se habían reunido con otros grupos, y 
resultó que Caxaraville, con sesenta granade- 
ros, tenía por delante el afamado escuadrón 
del coronel Pa'ma. Así, pues, apenas se apro- 
ximaron los realistas para cargar a los grana- 
deros, éstos soltaron todo el empuje de los ca- 
ballos, manteniendo su línea como una tabla. 
El enemigo perdió su aplomo, se dejó arrollar 
sable en mano, y pocos momentos después 
huían pavorosamente por todo aquel campo, 
dejando 22 cadáveres, y entre ellos dos oficia- 
les y el sargento mayor del cuerpo...» En la 
batalla de Maipú se portó bizarramente; lo 
mismo en la sorpresa del Parral. Esta sorpre- 



CAY 



- 130 - 



CEN 



sa es digna de ser narrada con alguna deten- 
ción. «'Hallándose Caxaraville con un escua- 
drón de sus granaderos en observación del 
enemigo, tuvo noticias de que una fuerza res- 
petable guarnecía la plaza, y concibió enton- 
ces el atrevido proyecto de sorprenderla. Pre- 
sentóse Inmediatamente al coronel Zapiola a 
darle cuenta del hecho y le ruega no depare a 
otro la gloria de la jornada. Satisfecha su de- 
manda, pónese en marcha inmediatamente con 
su pequeña columna, que engrosa en su tra- 
yecto con campesinos y milicianos. Caminando 
de noche y ocultándose de día, llega a las in- 
mediaciones de la plaza. Ordena a su segundo 
se apodere de la comandancia, mientras él per- 
sonalmente se dirige al cuartel, toma de impro- 
viso al centinela, y penetrando al interior con 
los que le siguen, sorprende a los realistas, 
que se entregan indefensos y a discreción, 
quedando momentos después dueño absoluto 
de la plaza...» Caxaraville fué siempre un ofi- 
cial ejemplar por su disciplina, su valor y 
su previsión. Combatió contra los araucanos, 
siendo herido. Por estas circunstancias pasó 
enfermo a Mendoza en 1820, y siendo teniente 
coronel combatió contra los montoneros. Vuel- 
to a Buenos Aires, prestó servicio en la fron- 
tera de Chascomús, en 1823, y al mismo tiem- 
po administraba un establecimiento rural, he- 
rencia de sus padres. Durante la tiranía emi- 
gró a Montevideo, donde desempeñó un pues- 
to administrativo. Falleció en Buenos Aires, 
el 12 de diciembre de 1852. 

Cayastá (combate). Una división al mando del 
coronel D. Mariano Vera, desprendida del 
ejército del general Lavalle, se había inter- 
nado en la provincia de Santa Fe; pero parte 
de esta fuerza se sublevó al divisar las tropas 
del general D. Juan Pablo López, quien sin 
gran esfuerzo vence al resto en un combate 
que dan cerca del arroyo Cayastá, muriendo 
el coronel Vera en la pelea, el 26 de marzo 
de 1840. 

Cazadores correntinos. Nombre de una com- 
pañía de infantería de 85 hombres, compuesta 
por hijos de esta provincia, formada en 1806 y 
1807, para rechazar las invasiones inglesas, al 
mando de D. N. Murgiondo, natural de Vizca- 
ya, y de un regimiento de caballería, también 
comp'iesto de 219 hombres, que combatió en 
los mismos años a las órdenes del comandante 
D. Luis Fernández. Los cazadores llevaban 
uniforme con chaquetilla verde, vueltas ama- 



rillas, alamares y penacho de los mismos colo- 
res (de papagayo) en el sombrero. 

Cazón (Cayetano). Filántropo. Nacido en Bue- 
nos Aires, el 8 de agosto de 1803. Descendía 
de una familia patricia y comenzó a figurar, 
como subteniente del regimiento de Patricios, 
el 6 de Abril de 1829, y luego en diversas co- 
misiones. Derrocada la tiranía, fué nombrado 
jefe de Policía de la capital en 1852, y luego 
miembro de la Comisión inspectora de las Co- 
misiones pagadoras del ejército. En 1855 fué 
nuevamente nombrado jefe de Policía de la 
capital, por decreto de 3 de mayo de 1861, del 
gobernador Mitre, durante cuyo período no 
percibió sueldo, por haber hecho donación al 
Gobierno, para invertirlo en obras públicas. 
Dos años después ocupó una banca en la Le- 
gislatura de la provincia. Con dinero de su pe- 
culio fundó el Asilo de Huérfanos y cooperó 
eficazmente al establecimiento y sostenimiento 
de numerosas Asociaciones de caridad. Desem- 
peñó la vicepresidencia del Consejo Municipal 
de la capital en dos periodos. Este virtuoso 
ciudadano, que invirtió gran parte de su for- 
tuna en obras de beneficencia, murió en Bue- 
nos Aires, el 23 de agosto de 1894. A su muer- 
te se le tributaron honores militares, y la Mu- 
nicipalidad puso su nombre a una sala del Asi- 
lo de Mendigos. 

Ceballos (combate). En el arroyo de este nom- 
bre tuvo lugar un combate el 25 de diciembre 
de 1817. Una columna de fuerzas nacionales, al 
mando del coronel D. Luciano Montes de Oca, 
que el Gobierno había mandado a Entre Ríos en 
protección de los pueblos hostilizados por los 
caudillos Ramírez y Artigas, es completamente 
derrotada por Ramírez, perdiendo en la retira, 
da su artillería. 

Céfiro (corbeta en corso, conocida también por 
la denominación inglesa de Zephyr). Coman- 
dante D. Tomás Taylor, natural de Estados 
Unidos de América. Se le acordó patente de 
corso el 17 de julio de 1815. La corbeta era de 
163 toneladas, tenía 15 piezas de artillería de 
a 10 y 18, con 75 hombres de tripulación. Salió 
a corso del puerto de Buenos Aires el 1 de 
agosto de 1815, y a pocos días apresó a la cor- 
beta española Monserrat, capitán Pablo Espríú, 
a la altura del Cabo Frío. 

Centenera (Martín del Barco). Sacerdote. Na- 
ció en la ciudad de Trujillo, provincia de Cá- 
ceres (España), el año 1544, y a los veintiocho 
aflos abrazó el estado eclesiástico y vino al Río 



CEN 



- 131 - 



CER 



de la Plata, en ciase de capellán, de la expedi- 
ción del adelantado D. Juan Ortiz de Zarate, 
a principios del año 1573, en compañía de otros 
sacerdotes. Centenera fué el cronista del ade- 
lantado Ortiz de Zarate y el biógrafo de don 
Juan de Garay, a quien acompañó en varias 
expediciones, convirtiendo a los indígenas al 
catolicismo. En I5S0 fué nombrado arcediano 
de la iglesia del Paraguay, de donde pasó al 
Perú para asistir a un Concilio, en el que actuó 
de secretario. Después recorrió medio conti- 
nente sudamericano; remontó los ríos Paraná y 
Paraguay, sin poder hallar sus fuentes a pesar 
de su anhelo; visitó el litoral brasileño e hizo 
el viaje a Lima, salvando en todas estas corre- 
rías de mil peligros. Su verdadero título ante 
la posteridad consiste en su obra en verso La 
Argentina, donde reseña los principales acon- 
tecimientos de estos países, la expedición de 
que formó parte, la fundación de Buenos Ai- 
res, sus exploraciones, etc., etc.; fué publica- 
da en Lisboa en 1602. Centenera fué el primero 
que dio el nombre de Argentina a este país. 
Terminó sus días en España. 

Centeno (Pedro). Sacerdote. Nació en Piedra 
Blanca, provincia de Catamarca, el 20 de ene- 
ro de 17&4. Siguió la carrera eclesiástica y se 
ordenó de presbítero en Córdoba. En el ejer- 
cicio de su ministerio, estuvo al frente de varios 
curatos; diputado a la Legislatura en varios pe- 
ríodos, descollandocomo orador. Constituyente 
en 1853. Este inteligente sacerdote falleció en 
Catamarca, el 9 de octubre de 1853. 

Cepeda (batalla; 1820). Reunido el ejército fede- 
ral, compuesto de 1.500 hombres, entre corren- 
tinos, santafecinos y aventureros de todas las 
proviiicias,que acaudillaban el general entrerria- 
no Ramírez y el chileno D. José Miguel Carre- 
ra, se encuentra con el ejército de Buenos Ai- 
res en la cañada de Cepeda, provincia de San- 
ta Fe, el 1 de febrero, y en una batalla que 
sostuvieron con esas fuerzas, los federales dis- 
persan a las Milicias porteñas. El ejército de 
Buenos Aires era mandado por D. Juan Ra- 
món Balcarce. 

Cepeda (batalla; 1859, 23 de octubre). Los ejér- 
citos de Buenos Aires y los de la Confedera- 
ción entraban por segunda vez a dirimir por 
las armas sus cuestiones civiles. El general 
D. Bartolomé Mitre se hallaba acampado con 
su ejército en la cañada de Cepeda, cerca del 
Arroyo del Medio. Allí va a buscarlo el gene- 
ral Urquiza, al frente del ejercitó de la Confe- 



deración, consiguiendo sorprenderlo Iniciada 
la batalla, las caballerías porteñas abandonan 
el campo, pero la infantería y la artillería sos 
tienen el ataque hasta entrada la noche, en 
que se retiran en formación hasta San Nicolás, 
donde llegen al día siguiente por la mañana, 
haciendo su marcha por entre el ejército de 
Urquiza, superior en número. En poder de 
los confederados quedó la artillería y bagajes, 
que fueron abandonados para emprender la 
retirada, cuya operación henró a la infantería 
porteña, que se impuso a sus contrarios, no 
teniendo suficiente munición para resistir un 
nuevo ataque. 

Ceretti (Bartolomé). Marino. Nació en Italia, y 
llegó a Buenos Aires en los primeros años 
de la independencia. Al formar el almirante 
Brown la segunda escuadrilla argentina, en 
marzo de 1814, salió con ella en busca de la 
española, que se hallaba en Martín García, 
isla que estaba fortificada, guardando la en- 
trada de los ríos Paraná y Uruguay. En esta 
campaña se halló en el sangriento combate 
del Arroyo de la China, librada en las aguas 
del Uruguay el 21 de marzo de 1814, donde 
fué herido Ceretti, quedando fuera de com- 
bate. Más tarde se encontró en otras acciones 
de guerra, mereciendo ascensos sucesivos, 
hasta sargento mayor el 13 de enero de 1820. 
Seis años después, al declaran^ie la guerra del 
Brasil, se le confió el mando del bergantín 
General Balcarce, tripulado por 80 hombres y 
armado con 14 cañones. Asistió a la batalla de 
los Pozos, el 8 de febrero de 1826; en el pri- 
mero y segundo ataque a la Colonia, en cuyo 
ataque embicó un buque de la escuadra, y el 
mayor Ceretti recibió orden de ayudarlo a 
zafar. Se hallaba haciendo arrojar los cañones 
al agua, con objeto de alijarle, cuando fué 
muerto por una bala disparada del fuerte de 
Santa Rita. Así, rindió gloriosamente su vida 
en el puesto de honor de los comandantes ma- 
rinos, que es la toldilla de mando de sus bu- 
ques (26 de marzo de 1826.) 

Cervino i Pedro Antonio). Ingeniero militar, 
geógrafo. Nacido en España; vino al Río de la 
Plata en la Comisión demarcadora de límites, 
en 1782. En 1783 hizo una expedición al Chaco, 
de carácter científico, y a su regreso se esta- 
bleció en Buenos Aires. Durante las invasio- 
nes inglesas comandó el regimiento de Galle- 
gos. Tomó participación en los acontecimien- 
tos de mayo, asistiendo al cabildo abierto 



CER - 132 - 

Fué director de la Escuela Náutica y de la 
Academia de Matemáticas en 1812. En 1814 
levantó un plano topográfico de esta ciudad, 
muy curioso, que se conserva en el Museo de 
San Fernando, provincia de Buenos Aires. 
Como periodista colaboró en el primer perió- 
dico publicado en Buenos Aires, dirigido por 
D. Hipólito Vieytes, distinguiéndose por la 
erudición de sus escritos. Este ilustrado es- 
pañol, que tantos servicios prestó a nuestro 
país, con desinterés y patriotismo ejemplar, 
terminó sus días en esta capital, el 16 de mayo 
de 1816, y su cadáver fué sepultado en el con- 
vento de San Francisco. 
Gerri (Daniel). Militar. Nacido en Italia. Amó 
a la República Argentina, la patria de sus hi- 
jos, como a su 
propia patria, y 
derramando por 
ella su sangre en 
loscamposde ba- 
talla y ofrecien- 
do su pecho al 
plomo enemigo 
ha conquistado 
legítimamente el 
título de augusto 
ciudadano argen- 
tino. Treinta y 
cinco años de 
servicio activo 
no interrumpido, 

comisiones delicadas y peligrosas, han seña- 
lado uno a uno los diversosgalones que marcan 
su jerarquía Valiente y sereno en el peligro, 
soldado de gran temple, profesó el culto de sub- 
ordinación y disciplina. Los jefes que lo man- 
daron encomiaron sus buenas cualidades de 
soldado modelo, y los subalternos que sirvie- 
ron a sus órdenes encontraron siempre en 
Cerri armonizada la seriedad de la disciplina 
con la cortesía de un buen militar... «Empezó 
su carrera de soldado voluntario, en 1358, en 
el batallón Legión Voluntarios. Se halló en la 
campaña de Pigué, expedición a los indios de 
Calfucurá (1859), Pavón, Cañada de Gómez. 
En la campaña del Paraguay se halló en Co- 
rrientes. Yalay, Paso del río Uruguay y toma 
de Uruguayana, paso de la Patria, Estero 
Bellaco, Tuyuti, Yataili-Corá, asalto de Cu- 
rupaili, Humaitá, aquí fué herido gravemente 
de un balazo en la cara, quedándole la bala 
incrustada en el tronco de la lengua; en las 




D. Daniel Cerri. 



CES 

campañas contra López Jordán y en todas las 
acciones de la guerra civil y contra los indios; 
en rio Negro, a las tolderías de Cañumil, Na~ 
muncurá, etc., etc. Murió en 1914. 
Cerrito (batalla). Librada en la República 
Oriental del Uruguay, en el paraje de este 
nombre, y ganada por el coronel D. José Ron- 
deau al ejército español, comandado por el 
mariscal de campo D. Gaspar de Vigodet. El 
31 de diciembre de 1813 salieron de la plaza 
de Montevideo tres fuertes columnas al man- 
do de Vigodet, con sus jefes de división La- 
cuesta, Loaces y Qaleano, logrando llegar sin 
mayor obstáculo hasta el cuartel general del 
ejercito patriota, mandado por Rondeau, que 
estaba acampado a una legua de la plaza si- 
tiada, en el lugar precitado. Allí efectuóse un 
encarnizado combate entre ambos ejércitos, y 
aunque en el prime»" momento obtuvieron los 
realistas algunas ventajas sobre los patriotas, 
fueron derrotados y sableados por los Dra- 
gones de la Patria, dejando un centenar de 
muertos, entre ellos el brigadier español don 
Vicente Muesas. El ejército republicano se 
componía así: 

Vencedores en el "Cerrito" 

Batallón núm. 6 de Buenos Aires, Teniente co- 
ronel Soler; Batallón núm. 4, antiguos blan- 
dengues orientales, teniente coronel Ventura 
Vázquez; Dragones de la patria, coronel Ron- 
deau; segundo, Vedia; comandante Hortigue- 
ra; B. Pico: Caballería oriental, comandante 
Vargas. 
Céspedes (Francisco de). Gobernador de Bue- 
nos Aires en 1624. Natural de Sevilla. Apenas 
llegó, adoptó algunas medidas para defender 
la ciudad de una invasión que se temía de los 
holandeses, ordenando la concentración de 
fuerzas del Paraguay, Corrientes, Santa Fe y 
Córdoba. Los enemigos hicieron su aparición 
en el puerto, sin tentar hostilidad alguna, con- 
tentándose con arrojar proclamas en las cos- 
tas para provocar el levantamiento de los na- 
tivos, en nombre de su libertad. Desaparecido 
el peligro, el gobernador Céspedes se contra- 
jo especialmente a la conversión de los natu- 
rales, con los que empleó medios de persuasión 
y tolerancia, venciendo así las resistencias de 
los dianas, charrúas y de otras tribus. Encargó 
de su conquista espiritual a padres francisca- 
nos que llenaban cumplidamente los propósitos 
del magistrado. Por su disposición y bajo la di- 



CES 



- 133 



CIS 



rección de esos sacerdotes se fundó la reduc- 
ción de Santo Domingo de Soriano, en la em- 
bocadura del río Negro. Fué Céspedes un buen 
gobernante para su época, pues aparte de su 
humanidad para con Ioj naturales, parece ha- 
berse ocupado de la suerte de los pueblos cu- 
yos destinos le estaban confiados, según puede 
juzgarse por la comunicación que dirigió al 
rey proponiéndole medios conducentes a me" 
jorar la triste condición en que aquéllos vege- 
taban. En su gobierno, que duró más de siete 
años, tuvo una ruidosísima contienda con el 
obispo Carranza (v.), la cual dio margen a la 
suspensión de Céspedes (1628), siendo repues- 
to a la conclusión de la causa, seguida ante el 
Supremo Consejo de Indias. 

Céspedes ( Manuel Germán ) . Militar. Nació 
en Buenos Aires, en 1794. Comenzó su carre- 
ra militar el año 1828, en las filas de un regi- 
miento de caballería, prestando sus servicios 
en los fortines de la provincia de Buenos 
Aires, en el que alcanzó la graduación de sar- 
gento mayor. Se mantuvo fiel a Dorrego y 
luego a Rosas. En el combate de Las Pal- 
mitas, el 8 de febrero de 182í, estando Céspe- 
des a las órdenes del caudillo Mesa, éste fué 
derrotado por el coronel Súarez, y Céspedes 
cayó prisionero. Puesto en libertad, se incor- 
poró al 5." de caballería, de que era jefe el 
coronel Zalarrayán, y cuando éste conspiró 
contra el tirano, el año 1838, Céspedes lo se- 
cundó, y tomado prisionero fué condenado a 
muerte; pero la intervención del ministro inglés 
Mandeville, lo salvó. Rosas lo condenó enton- 
ces a un suplicio atroz, que consistía en mirar 
fijamente por espacio de dos horas durante 
varios días la cabeza putrefacta de su jefe 
Zelarrayán, con la orden de matarlo en caso 
de desviarla. Céspedes fingió perder el juicio, 
y trasladado a la sala de dementes, soportó el 
tratamiento de alienado. Merced a esta estra- 
tagema pudo fugarse, ocultándose en los pajo- 
nales de la Boca. Auxiliado por un amigo, pasó 
a incorporarse al ejército de Lavalle, a cuyas 
órdenes se batió en los siguientes hechos de 
armas: reducto del Sauce, Sauce Grande, toma 
de Santa Fe, Quebracho Herrado, San Cala, 
Famaillá, campaña en que ascendió a coronel 
y que terminó con la muerte de Lavalle, el año 
1841. Emigrado en Chile, permaneció en ese 
país hasta 1854, en que volvió a Buenos Aires, 
falleciendo el 14 de mayo de 1877. ' 

Cevallos (Pedro de). Militar. Nació en España, 



en 1716, y empezó a servir en 1739, como capi- 
tán de caballería. Conquistó sus grados milita- 
res hasta general, distinguiéndose por su talen- 
to y pericia, por cuyas cualidades fué nombra- 
do primer gobernador de Buenos Aires en 1756, 
cargo que desempeñó hasta 1766, y después 
primer virrey y capitán general de Buenos Ai- 
res, por real cédula de 8 de agosto de 1776, 
para repeler las repetidas agresiones que co- 
metían los portugueses en el Río de la Plata. 
Aprestó una escuadra en Cádiz con este obje- 
to, el 12 de octubre de dicho año, arribando a 
Santa Catalina el 20 de febrero de 1777, bas- 
tando la presencia de tan formidable expedi- 
ción para intimidar al enemigo, quien entregó, 
bajo capitulación, todas sus fortalezas, entran- 
do en Buenos Aires el 15 de octubre de 1777. 
Durante su gobierno declaró la libertad de co- 
mercio en el Río de la Plata, cesando en el 
mando el 28 de junio del año siguiente. Regre- 
só a España, donde murió a los sesenta y tres 
años de edad, el 26 de diciembre de 1778, en el 
convento de los padres capuchinos de Córdo- 
ba la Llana. La muerte de este noble español 
fué muy sentida en este virreinato. Cevallos 
fué un jefe lleno de .valor y pericia militar y 
un administrador inteligente y honorable. Con 
la libertad de comercio, su acto más grande de 
gobierno, empezó el apogeo comercial del Río 
de la Plata. 
Cisneros y Latorre (Baltasar Hidalgo de). 
Ultimo virrey del Río de la Plata. Nacido en la 
ciudad de Carta- 
gena (España). 
Como marino su 
acción fué bri- 
llante; después 
de Trafalgar, en 
que mandaba una 
división de la es- 
cuadra y en don 
de se comportó 
bizarramente, 
Cisnerosdejó las 
armas, retirán- 
dose a la ciudad 
de su nacimiento, 
donde ocupó al- 
tos puestos. 
Nombrado virrey del Río de la Plata el 11 de 
febrero de 1809. Venía a sustituir a Liniérs, 
cuya fidelidad sospechaba la Junta central. Lle- 
gó Cisneros a Montevideo, y no atreviéndose a 




D. Baltasar Hidaleo de Cisne- 
ros y Latorre. 



CIS 



- 134 - 



CIU 



presentarse de improviso en Buenos Aires, por 
temor al prestigio de Liniérs, pasó a la Colo- 
nia, donde se trasladaron en corporación la 
Real Audiencia y el Cabildo a rendirle pleito 
homenaje e imponerle del estado de los áni- 
mos en la capital. Algunos días después el vi- 
rrey recibía la visita del mismo Liniérs que, no- 
ticioso de los temores de su sucesor, se trasla- 
dó a la vecina orilla a deponer en sus piopias 
manos el mando supremo. A pesar del acata- 
miento de las primeras autoridades y de las se- 
guridades de adhesión y obediencia que se le 
daban, Cisneros vacilaba todavía en presen- 
tarse en la capital; temía disturbios y conspi- 
raciones y hasta llegó a creer que su persona 
corría graves peligros. Después de Liniérs hizo 
venir a presencia suya a los jefes patricios, 
quienes le manifestaron sus buenas disposicio- 
nes en favor de la tranquilidad del país, resol- 
viéndose recién trasladarse a la capital, donde 
hizo su entrada el 29 de julio. Más que a man- 
dar Cisneros venía a contener un pueblo con- 
vulsionado. En 1809 abre el puerto de Buenos 
Aires al comercio libre con las demás nacio- 
nes, haciendo cesar el monopolio que, con per- 
juicio del país, estaban haciendo unos cuantos 
comerciantes acaudalados. Las ventajas se hi- 
cieron sentir inmediatamente. En esta medida 
de progreso tuvo la parte principal el doctor 
D. Mariano Moreno. Cisneros fué depuesto el 
22 de mayo de 1810 El 22 de junio del mismo 
año la Junta de Gobierno de Buenos Aires, te- 
niendo conocimiento de que el ex virrey y los 
oidores de la Real Audiencia, después de ha- 
ber prestado juramento de fidelidad al nuevo 
Gobierno patrio, trataban de fugarse a Monte- 
video, cuya plaza aun estaba ocupada por las 
armas españolas, los hace embarcar en esta 
misma noche en un buque inglés, que zarpa lle- 
vándolos desterrados a las islas Canarias. Cis- 
neros fué el último representante del Poder 
español en el Río de la Plata, cuya autoridad 
caducó el 23 de mayo de 1810. Murió en la ciu- 
dad natal, el 9 de junio de 1829. «Cisneros era 
disimula o, falso, terco, exuberante de pre- 
tensiones; pero privado de elevación moral, ac- 
cesible a influencias extrañas y falto de rumbo 
en sus ideas y en sus actos. Así, mientras pre- 
dicaba la concordia y hacía pomposos ofreci- 
mientos al pueblo, aplaudía las crueldades del 
famoso Goyeneche y le recomendaba proce- 
diese contra los revolucionarios de La Paz 
pronta y militarmente, aplicándoles todo el ri- 



gor de la ley. ..•>•> «Cisneros, recibido por los es- 
pañoles con arrebatos de entusiasmo, no tar- 
dó en caer en desgracia por la forzosa lenidad 
con que trataba a los criollos, y porque abrien- 
do el puerto de Buenos Aires al comercio ex- 
tranjero para proporcionarse recursos, les 
arrebató su inveterado y lucrativo monopolio. 
Los españoles le acusaban de ingrato y habla- 

' ban públicamente de él desfavorablemente. En- 
cargado por la Central de reprimir la marcha 
preponderante de los criollos, desconfiando de 
su lealtad y devoción a la España, se vio for- 
zado a respetar su poder. Esta concesión del 
miedo, lejos de atraerle prosélitos, le enajenó 
todas las voluntades. Si más avisado político 
fuese, hubiese buscado apoyo en los criollos, 
donde estaba la fuerza y todavía entera la leal- 
tad a su soberano; tal vez consolida su auto- 
nomía y paraliza el movimiento revoluciona- 
rio. Así, Cisneros, aislado, sin apoyo alguno 
en el país, ni criollos ni españoles, era en el 
Poder una verdadera sombra de la caduca au- 
toridad que le había dado la investidura de vi- 
rrey...» (Lamas.) 

Cludadela (combate) (4 de noviembre de 
1831.) Entre las tropas de Quiroga y las man- 
dadas por los generales Lamadrid y Javier 
López. Después de dos horas y media de com- 
bate, sostenido con terquedad por ambas par- 
tes, en el campo de la Cludadela, sale vence- 
dor Quiroga, dejando los vencidos en su poder 
diez piezas de artillería, toda su infantería, la 
que no muerta prisionera, y su caballería acu- 
chillada del modo más completo. Este triunfo 
costó a Quiroga la pérdida de uno de sus me- 
jores jefes, el coronel Juan de Dios Vargas, 
que pereció a dos varas de la boca de un ca- 
ñón, y el teniente coronel Joaquín Reyes Fron- 
tanel, como también el teniente Rafael Eche- 
garay y el subteniente Isidoro Bazán. Del ejér- 
cito contrario murieron los coroneles Juan 
Arengrein y José María Aparicio, el teniente 
coronel José María Villanueva, el mayor don 
Ravelo, 20 oficiales de capitán abajo, fuera de 
jefes y oficiales de caballería que murieron a 
la distancia en la persecución. Al lado de Qui- 
roga se hallaron los gobernadores de Santia- 
go y de Córdoba, Ibarra y Reinafé, respecti- 
vamente El general Quiroga, en el parte de- 
tallado que sobre la acción de la Cludadela 
pasó (6 de noviembre de 1831) sólo hacía men- 
ción de los generales Javier López y Lama- 
drid, y nada decía de los de igual clase don 



COB 

José Videla Castillo y D. Juan Esteban Peder- 
nera, ni de muchos otros sucesos que, según 
un jefe del ejercito atisílíar de los Andes, le 
habrían hecho honor a Quiroga, y creyendo 
dicho jefe fuese un olvido hacer mención úni- 
camente de dos generales, se lo indicó, y obtu- 
vo de Quiroga esta respuesta: Vo lo que me- 
nos pienso es dar importancia a mis servicios. 
El general Lamadrid, después de su derrota 
en la Ciudadela, fué a parar a Tupiza (Boli- 
viai, desde donde dirigió una carta a Quiroga 
recomendándole su familia. Este franqueó in- 
mediatamente a la esposa de Lamadrid todos 
los auxilios necesarios, tanto pecuniarios como 
en caballadas, para trasladarse al territorio 
boliviano. 
Cobo (Juan Francisco). Benefactor. Natural de 
España. Avecindado en Alendoza, recibió por 
el año 1S09, remitidas desde Cádiz, unas pocas 
estacas del álamo llamado de Italia (populas 
fustigiata) y del de la misma familia negro 
(populas nigra) y algunas semillas de otros 
árboles exóticos, que plantó en su quinta del 
tMonte de Cobo>, en Chanarcillo, para culti- 
varlos, aficionado como era a esta especiali- 
dad de la horticultura. La prodigiosa multipli- 
cación del primero, que ha sido un ramo de ri- 
queza para Mendoza y San Juan, donde no se 
tenía maderas de construcción, recibiéndolas a 
muy alto precio de Chile, Paraguay y Tucu- 
mán, fué un inmenso beneficio público debido 
a Cobo. El Cabildo de Mendoza premió al se- 
ñor Cobo, en 1814, por tan importante servi- 
cio, con la carta de ciudadanía, de muy difícil 
obtención entonces para los españoles, y lo 
exceptuó de abonar contribuciones e impues- 
tos, cuya concesión fué confirmada por el en- 
tonces gobernador de Cuyo, general San Mar- 
tin, a quien prestó importante y desinteresada 
ayuda pecuniaria para la formación del ejército 
de los Andes, en los años 1815 a 1SI7 Por el 
año 1835 falleció el Sr. Cobo, en Mendoza. 
Cobos (combate). En la retiraba de Belgrano 
hacia Tucumán es atacada su retaguardia por 
tropas del ejército español al mando de Tris- 
tán, y consigue desorganizarla. El coronel Díaz 
Vélez mandaba a los patriotas. Cobos está si- 
tuado a veinte leguas de Jujuy. Tuvo lugar 
este combate el 26 de agosto de 1812. 
Cochabamba (Intendencia de). La ciudad de 
Oropesa, en el valle de Cochabamba, fué fun- 
dada por D. Francisco de Toledo, virrey que 
fué del Peni en el año de 1572, con el título de 



- 135 - COCH 

la villa de Oropesa, comisionando al efecto a 
capitán Jerónimo de Osorio y nombrándole 
corregidor. En 28 de diciembre de 1573 se 
hizo la población, en virtud de poder y facul- 
tad que dio el mismo Toledo, en 7 del referido 
mes, a Sebastián Barba de Padilla, en el sitio 
de Canata, por su buen temperamento, apaci- 
ble clima y lugar abastecido de todo lo nece- 
sario a la subsistencia del hombre. Usa por 
armas un escudo de campo azul; en el medio, 
un león, y a su círculo, diezcabezas degolladas, 
y son las miomas de los condes de Oropesa, 
de cuya casa fué dicho Toledo, quien lo con- 
cedió. Usa también de los títulos de Leal y Va- 
lerosa ciudad, por los distinguidos servicios 
que hicieron sus vecinos en la rebelión de in- 
dios del reino, los que le concedió Carlos lU, 
en real cédula de 26 de mayo de 1786. 
Cochabamba. Departamento y ciudad de Bo- 
livia, situada en el valle de este nombre, fa- 
mosa por su adhesión y patriotismo en la gue- 
rra de la independencia sudamericana. Fué la 
primera que por sí sola se levantó en armas a 
favor de la Junta de Buenos .Aires antes de la 
batalla de Suipacha, obteniendo un triunfo en 
Aruhuma, en que derrotaron los naturales a 
más de 500 hombres de línea bien armados, de- 
fendiéndose ellos con palos y macanas, de lo 
que dio origen a la famosa proclama de: c<iVa- 
lerosos cochabambinos: ante vuestras macanas 
el enemigo tiembla!» La heroicidad de sus mu- 
jeres también es célebre: preferían morir antes 
que rendirse, y por eso, a la hora de revista en 
los ejércitos patriotas se preguntaba en cada 
regimiento por las mujeres de Cochabamba, y 
la tropa, rindiendo tributo a su heroísmo, res- 
pondía: «¡Murieron por la patria!» Esta ciudad 
fué fundada el 28 de diciembre de 1573, por 
D. Sebastián Barba de Padilla. 
Cochranne (Alejandro Tomás). Marino. Nacido 
en Escocia, el 27 de diciembre de 1775. Comba- 
tió contra los españoles y franceses, cayendo 
prisionero de estos últimos en 1802. Durante la 
guerra entre España y Francia estuvo al servi- 
cio del primero de estos países, obteniendo al- 
gunos triunfos navales. Llegó en su país a for- 
mar parte de la Cámara de los Comunes; pero 
decayendo su influencia, abandonó su patria 
en 1818. k instancias de San Martín, que le 
confió el mando de la escuadrilla chilena, de la 
cual se hizo cargo con el grado de almirante, 
expedicionó al Perú, atacando a la escuadra 
realista y al fuerte del Callao, y bloqueando 



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— 136 — 



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los puertos del Perú llegó a dominar las aguas 
del Pacífico, hasta que en 1823 se retiró al 
Brasil, donde combatió al frente de una escua- 
dra contra los portugueses, prestando grandes 
servicios a la causa de la libertad. Murió en 
Londres, el 31 de octubre de 1864. 

Colastiné (combate , 1842). La vanguardia del 
ejército del general Oribe, que regresaba triun- 
fante del exterior de la república, derrota a 
las fuerzas santafecinas, mandadas por el gene- 
ral D. Juan Pablo López, en Colastiné, provin- 
cia de Santa Fe, el 19 de abril de 1842. La van" 
guardia de Oribe la mandaban los coroneles 
Andrade y Flores. 

Colastiné (combate). La escuadrilla de Buenos 
Aires, al mando de Zapiola, había llegado a la 
boca inferior del Colastiné, después de forzar 
las baterías de Punta Gorda (Diamante), y dis- 
pone que el teniente Leonardo Rosales, con 
una división de cuatro lanchones, se colocase 
en la boca superior de este río. La escuadrilla 
entrerriana, compuesta de un bergantín, dos 
goletas y lanchones artillados, llega a este 
punto y se traba el combate, quedando Rosa- 
les vencedor, matando él mismo a Montever- 
de, apresando una goleta y dos lanchones, el 
27 de mayo de 1821. 

Golodrero (Pedro Díaz). Natural de Corrien- 
tes. En 1837, ministro del gobernador coronel 
Berón de Astrada, alma del pronunciamiento 
de la provincia contra Rosas. Asistió a la bata- 
lla de Pago Largo, en 1839. Fué amigo y sos- 
tenedor del general Paz, cooperando eficaz- 
mente al triunfo de dicho general en la batalla 
de Caa-Guazú, en 1841. Caída la tiranía, fué 
electo constituyente ante el Congreso de San- 
ta Fe (1853). Legislador en el Congreso de la 
Confederación, y en 1855 desempeñó la go- 
bernación de Co- 
rrientes, en ca- 
rácter de delega- 
do, por ausencia 
d-l Dr. D. Juan 
Pujol (v.). Murió 
en Corrientes, en 
ISfi"). 

Colombres Gosé 
Eusebio). Sacer- 
dote. Nacido en 
Tucumán , e n 
1778. Obispo elec- 
to de Salta. Par- 
tidario del moví- D. José Eusebio Colombrea 




miento emancipador de mayo de 1810. Seis 
años después fué diputado por Catamarca al 
Congreso que declaró en Tucumán la inde- 
pendencia nacional, el 9 de julio de 1816. Fué 
el introductor, sembrador y cultivador en su 
provincia natal de la caña de azúcar, que im- 
portara de la Habana y del Brasil, en 1821. Du- 
rante la dictadura sufrió varios vejámenes y 
vio destruir sus cañaverales, sufriendo estos 
atropellos con mansedumbre evangélica. Fué 
vicario capitular de Salta y gobernador de 
la misma diócesis. Murió, a los ochenta y un 
años, en Tucumán, el 11 de febrero de 1859. 
Fué un sacerdote patriota, modesto y de aus- 
teridad ejemplar. 
Colón (Cristóbal). Navegante. Nació en Geno- 
va, en 1446 o 1442. Su padre era un cardador 
de lana; lo dedicó 
desde muy niño 
al estudio de la 
latinidad, de las 
matemáticas, de 
la geografía y as- 
tronomía, en la 
Universidad de 
Pavía. Se dedicó 
desde sus más 
tiernos años a la 
navegación e hizo 
su aprendizaje 
bajo la dirección 
de un pariente 
suyo, que según 
parece se ocupaba de hacer el corso. Hacia el 
año 1470 se estableció en Portugal. Casó en 
Lisboa con la hija de Bartolomé Parestrello, 
marino que había estado al servicio .del infante 
D. Juan y había sido gobernador de la isla, re- 
cientemente descubierta, de Puerto Santo, y 
este matrimonio le puso en posesión de los ins- 
trumentos, cartas náuticas y diarios de viaje de 
aquel navegante experimentado. Sus estudios, 
la lectura de los escritores antiguos, el testimo- 
nio de otros pilotos y su propia experiencia, le 
dieron margen a conjeturar y discurrir sobre 
la navegación por Occidente para dirigirse a la 
India, opues que del mismo modo— dice su hijo 
D. Fernando— que los portugueses navegaron 
tan lejos al Mediodía, podría navegarse la 
vuelta de Occidente y hallar tierra en aquel 
viaje». Imbuido en esta grande idea, demasia- 
da para su época, hizo Colón su primera ten- 
tativa para llevarla a cabo, proponiéndola al 




D. Cristóbal Colón. 



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rey de Portugal. Algunos han referido que pri- 
meramente había propuesto su proyecto a la 
seflon'a de Genova, lo que se despreció como 
un sueño o una fábula. Los cosmógrafos por- 
tugueses declararon poco más o menos lo mis- 
mo, y Colón se puso en viaje para España en 
1484, con la esperanza de alcanzar la protec- 
ción de los Reyes Católicos. Poco propicias 
eran las circunstancias de aquel reino, para 
encontrar allí acogida más favorable. La nación 
española hacía el último esfuerzo para expul- 
sar a los moros, que después de una ocupación 
de siete siglos conservaban en su poder el 
rico reino de Granada, y Fernando e Isabel 
estaban haciendo personalmente los preparati- 
vos para abrir la campaña contra Boabdil y el 
Zagal. En tales circunstancias llegó Colón a 
España, destituido completamente de recur- 
sos, fugitivo y viajando a pie. Así se presentó 
un día a las puertas del convento de La Rábi- 
da, a pedir un poco de agua y de pan para su 
hijo pequeño Diego, que llevaba consigo. Acer 
tó a pasar por su lado el prior, fray Juan Pé- 
rez de Marchena, e interesándose en la suerte 
de los viajeros, supo quién era Colón y el pro- 
yecto con que iba a España. Fray Juan Pérez, 
apercibido de su importancia, le recomendó a 
fray Fernando Fonseca, confesor de la reina, 
y Colón partió en busca de los reyes que a la 
sazón estaban en Córdoba, próximos a abrir 
la campaña contra los moros. Engolfados en 
los asuntos de la guerra, los reyes prestaron 
poca atención al reciénvenido, y al cabo de 
un año resolvieron que el proyecto fuera exa- 
minado en Salamanca por una Junta de maes- 
tros en astrología y cosmografía que leían es- 
tas facultades en la Universidad. Las confe- 
rencias tenían lugar en el convento dominico de 
San Esteban, cuyos frailes eran los únicos que 
apoyaban a Colón, y con su auxilio redujo a 
su opinión a algunos de los sabios de la Junta, 
particularmente al dominico Diego de Deza, 
que después ascendió al arzobispado de Sevi- 
lla y fué siempre el más decidido protector del 
almirante. Sin embargo, como los demás cos- 
mógrafos no pudieron comprender las razones 
en que fundaba éste sus cálculos, nada se de- 
cidió por entonces, y Colón tuvo que resignar- 
se a andar siguiendo a la Corte, que se trasla- 
daba de un punto o otro, según las necesida- 
des de la política o de la guerra, con la espe- 
ranza de conseguir algún día una resolución 
favorable a sus intentos. 



Al fin, urgida por las circunstancias de Colón, 
la Junta de sabios se pronunció, declarando que 
su proyecto «era vano, impracticable y fun- 
dado en bases demasiado frágiles para mere- 
cer el apoyo del Gobierno >; pero esta des- 
alentadora sentencia fué acompañada de la 
promesa de tomarlo en consideración cuando 
acabase la guerra. Colón entonces se dirigió 
a los poderosos duques de Medina Sidonia y 
de Medinaceli, y aunque de ambos obtuvo la 
más cortés acogida, habiendo vivido años a 
expensas del segundo, nada pudo concertar 
con ellos respecto a la grande empresa que 
meditaba. Perdida ya su esperanza en España, 
se resolvió pasar a Francia, a consecuencia 
de cartas que había recibido de aquella corte, 
y con ese objeto se encaminó al convento de 
La Rábida, a recoger a su hijo Diego, que allí 
continuaba educándose. El digno prior fray 
Juan Pérez, desagradablemente impresionado 
con la resolución de Colón, le suplicó que se 
detuviera hasta saber el resultado de una nue- 
va tentativa que iba a hacer cerca de la Reina 
Isabel, de quien en otro tiempo había sido con- 
fesor. El buen fraile montó una noche en su 
muía, y atravesando las comarcas reciente- 
mente ganadas a los moros se presentó en la 
nueva ciudad de Santafé, que los Reyes aca- 
baban de fundar en la Vega de Granada. La 
Reina recibió favorablemente al prior, y apo- 
yada su instancia por los dos contadores ma- 
yores o ministros de Hacienda de Aragón y de 
Castilla, consintió en reanudar las negocia- 
ciones con Colón, a quien le invitó a tras- 
ladarse a Santafé, dándole del Real tesoro 
cuanto necesitaba para el viaje y para presen- 
tarse dignamente en la brillante Corte de los 
Reyes Católicos. Colón acudió a la cita en 
vísperas de rendirse Granada, cuyo aconte- 
cimiento presenció. Admitido a presencia de 
los reyes, expuso nuevamente, y con gran 
calor, los fundamentos de su hipótesis, procu- 
rando despertar la conocida avidez del rey 
Fernando repitiendo las espléndidas descrip- 
ciones hechas por Marco Polo de los reinos 
de Mangi y de Cathay, y la inagotable piedad 
de la reina Isabel con la perspectiva de ex- 
tensos países abiertos a las conquistas de la 
Cruz. El inspirado marino terminó protestando 
que toda la ganancia de su empresa quería 
que se emplease en la conquista del Santo Se- 
pulcro, oyendo lo cuál (como lo recuerda el 
mismo Colón en su diario de viaje) Vuestras 



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Altéeos se rieron y dijeron que les placía, y 
que sin esto tenían aquella gana). La nego- 
ciación se había entab'ado bajo ios mejores 
auspicios, y prometía cumplido éxito, cuando 
te presentó un obstáculo que hubo de malo- 
grarla. Colón exigía como recompensa de sus 
servicios, para sí y sus herederos, el título y 
la autoridad de almirante y virrey de todas las 
tierras que descubriese, y la décima parte de 
los productos que en ellas se obtuvieran, y 
como estas exigencias fuesen declaradas in- 
admisibles, no queriendo modificarlas Colón, la 
negociación fué rota, y él se puso en camino, 
desesperado y abatido. Pero sus amigos hi- 
cieron valer razones tan poderosas en el ánimo 
de la reina, que al fin, cediendo a los impulsos 
de su corazón generoso, declaró que ella asu- 
mía la responsabilidad de la empresa para su 
corona de Castilla, y que si los fondos del Te- 
soro no alcanzaban, empeñaría sus propias jo- 
yas para llevarla a cabo. Un mensajero alcan- 
zó al desconsolado Colón a dos leguas de 
Granada, con la agradable noticia, y el 17 de 
abril de 1492 quedaron ajustadas las capitu- 
laciones, por las cuales los Reyes Católicos, 
como señores del Mar Océano, acordaron a 
Cristóbal Colón lo siguiente: 1 .° El nombra- 
miento de almirante, en todas las islas y tie- 
rras firmes que descubriese, para sí y sus su- 
cesores, perpetuamente. 2.° El nombramiento 
de virrey y gobernador general en los mismos 
territorios, con derecho a elegir y presentar 
tres personas para cada empleo de los nece- 
sarios para el gobierno de los países descu- 
biertos por él. 3.° La décima parte de todo 
cuanto se adquiriese dentro de los mismos. 
4.° La jurisdicción civil y criminal privativa en 
él o en sus delegados. 5.° El derecho de tener 
un octavo en toda expedición a los mismos 
países en que él quisiera poner otro tanto de 
capital. Así terminó esta larga y memorable 
negociación, en la cual, según la expresión de 
un poeta italiano «el indigente marino que an- 
daba prometiendo imperios encontró al fin, 
en una mujer de noble corazón y en dos frai- 
les de alta inteligencia el apoyo y protección 
que necesitaba para demostrar con evidencia 
la verdad de su teoría, que los sabios de aquel 
tiempo clasificaban de demencia». La reina 
expidió órdenes urgentes para que se apron- 
taran las naves y se buscasen los hombres 
a propósito para aquella arriesgada aventura. 
La villa de Palos fué obligada a poner a sus 



órdenes, prontas para navegar, dos carabelas, 
y otra fué armada por Martín Alonso Pinzón, 
vecino de aquel lugar, que tomó parte muy 
principal en la expedición, con dos hermanos 
y otros parientes y amigos suyos. Después de 
vencer las muchas contrariedades que ofrecía 
el armamento de la expedición, por la natu- 
raleza misma de una empresa tan nueva, hecha 
en parte con hombres forzados, todo estuvo 
pronto en los primeros días de agosto, y esta 
famosa armada, destinada a descubrir un mun- 
do fabuloso en mares desconocidos, se com- 
ponía de tres pequeños buques, uno con cu- 
bierta, llamado Sania María, en que iba el al- 
mirante, y dos pequeñas carabelas. La Pinta, 
mandada por Pinzón, y la Niña, por su her- 
mano Vicente. 

Tripulábanla 90 marineros, y el número total 
de personas embarcadas, incluso el almirante 
y oficiales, era de 120 hombres. Colón, seguido 
de sus compañeros de fortuna, se preparó a 
tan grande aventura asistiendo el día 2 de 
agosto a la gran fiesta de la Virgen María en 
el convento de La Rábida, en donde recibieron 
todos el Sacramento de la Eucaristía, de ma- 
nos de fray Juan Pérez, que veía al fin pronto 
a realizarse un hecho que con tanto ardor ha- 
bía promovido, y el día viernes 3 de agosto de 
1492, a las ocho de la mañana, dio la vela de la 
barra de Saltes, en el puerto de Palos, con di- 
rección a las islas Canarias. Llegó a la Gome- 
ra el día 12, y allí se detuvo, haciendo repara- 
ciones en la Pinta, hasta el 6 de septiembre, en 
que dio principio a su inmortal viaje de descu. 
brimiento, internándose en las desconocidas so- 
ledades del Océano. Contando desde ese día 
hasta que tocó en la primera tierra americana, 
duró el viaje treinta y ocho días. En ellos pasó 
el almirante supremas angustias, porque pocos 
estaban animados de su fe en el resultado y 
ninguno estaba dotado de carácter tan perse- 
verante como el suyo. Todo el viaje fué favo- 
recido por tiempos bonancibles, como que se ha- 
cía en los primeros días del otoño. Sin embar- 
go, un hecho, alarmante por su novedad, ocu- 
rrió en aquella navegación, capaz de conmover 
un alma menos serena que la del almirante. El 
13 de septiembre se notó, por la primera vez 
en la historia de la navegación, la variación 
magnética de las agujas, suceso que puso en 
gran cuidado a los pilotos, pero que Colón ex- 
plicó especiosamente diciendo que el movi- 
miento notado estaba en la estrella polar y no 



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COL 



en el imán, cnn lo que tuvo la fortuna de aquie- 
tar a la gente, para quienes la mansedumbre 
del mar y la tranquilidad misma de los vientos 
era motivo de nuevas alarmas, porque decían 
que no los tendrían para volverse a España. 
Por dos veces creyeron ver tierra a lo lejos, y 
en una llegó Colón, en su piadoso entusiasmo, 
a arrodillarse y entonar el Gloria; mas no tar- 
daron en desvanecerse sus ilusiones, y esto 
redoblaba el desaliento de los navegantes, que 
creían dirigirse seguramente a su pérdida. Mo- 
mento hubo en que todo pudo malograrse por 
estos temores. Al cabo de tantas zozobras, el 
día 1 1 de octubre los signos que indican al ma- 
rino la proximidad de la tierra fueron tan visi- 
bles, que el almirante ordenó la mayor vigilan- 
cia y las precauciones oportunas para no dar 
en la costa de improviso. A las diez de la no- 
che creyó Colón ver una luz que se movía, y 
por fin, a las dos de la madrugada, un marine- 
ro de la Pinta, que llevaba la delantera, des- 
cubrió a la luz de la luna una punta de tierra, 
y lanzándose sobre una lombarda dio fuego a 
la mecha, gritando alborozado: «¡Tierra!, ¡tie- 
rra!» Cuando aclaró el día, apareció a la vista 
de los felices navegantes una isla cubierta de 
lujosa vegetación y poblada de gente vigoro- 
sa, desnuda, los cuales daban a la isla el nom- 
bre de Guanahamí. El almirante tomó posesión 
de slla en nombre de los reyes de España, y la 
llamó San Salvador. Colón visitó en seguida 
las pequeñas islas inmediatas, recorrió una par- 
te de la de Cuba, y fundó una fortaleza en la 
de Haití, que él denominó la Hispaniola, y en 
el mes de enero emprendió su viaje de regreso. 
La navegación fué tempestuosa, y el gran se- 
creto de la existencia que acababa de arrancar 
al Océano hubo de quedar sepultado en sus 
profundos senos. Pudo al fin entrar de arriba- 
da al río Tajo, donde fué bien acogido por el 
rey de Portugal, Juan II, no obstante las pérfi- 
das intenciones de los que le aconsejaron que 
lo hiciera matar para privar a Castilla del fru- 
to de su descubrimiento. De allí pasó al puerto 
de Palos, donde llegó a los siete meses y once 
días de su salida. Inútil seria encarecer el albo- 
rozo de los habitantes de aquella pequeña po- 
blación marítima al ver de regreso a los que 
quizá creían perdidos en las soledades del mar. 
Colón se encaminó sin tardanza a la Corte, que 
se hallaba en Barcelona, siendo su tránsito 
por toda la España un continuado triunfo, por- 
que de todas partes salían a saludar y conocer 



al descubridor del Nuevo Mundo. A mediados 
de abril llegó a Barcelona, y allí fué recibido 
por los reyes con las más señaladas muestras 
de aprecio. Los empleados y la nobleza salie- 
ron a recibirle a las puertas de la ciudad, y al 
presentarse en la sala del trono, los monarcas 
españoles le salieron al encuentro, tendiéndole 
la mano, rasgo de condescendencia sin ejemplo 
en aquella Corte ceremoniosa. «Estas demos- 
traciones—observa el historiador moderno de 
la grande'reina Isabel—, reservadas siempre ai 
rango o a la fortuna, o a las empresas milita, 
res que cuestan lágrimas y sangre, eran en 
esta ocasión el homenaje tributado a la capa- 
cidad intelectual empleada en beneficio de los 
más nobles intereses de la Humanidad». Colón 
hizo a los reyes la relación de sus descubri- 
mientos y de la riqueza que prometían en toda 
clase de producciones naturales, y terminó en- 
careciendo el vasto campo que se abría a la 
difusión de las luces del cristianismo en los 
habitantes de las nuevas tierras descubiertas. 
Cuando terminó su elocuente descripción, el 
rey, la reina y todos los presentes cayeron de 
rodillas, mientras el coro de la Capilla Real 
entonaba el Te Deum, en acción de gracias al 
Todopoderoso por un suceso tan extraordina- 
rio y cuya trascendencia en lo futuro apenas 
podían vagamente presentir los contemporá- 
neos. En un segundo viaje, recorrió las islas 
Dominica, Guadalupe, Jamaica, Antigua y San 
Cristóbal. En un tercer vieje que efectuó Co- 
lón, descubrió las islas Trinidad, Margarita y 
la boca del río Orinoco. Durante el año 1502 
hizo el almirante un cuarto viaje, en el que no 
pudo adelantar sus descubrimientos anteriores. 
Por fin, consumido por el pesar y lleno de mi. 
serias, murió en Valladolid el inmortal descu- 
bridor del Nuevo Mundo, el 20 de mayo de 1506- 
Sus restos fueron trasladados a la isla de San- 
to Domingo, y cuando ésta pasó a poder de los 
franceses se llevaron a la Habana. 
Colonia del Sacramento. El gobernador de 
Buenos Aires D. Pedro de Cevallos, atacó la 
Colonia del Sacramento con fuerzas de Buenos 
Aires y la rindió en veinticinco días de sitio, to- 
mando en el puerto 26 buques ingleses rica- 
mente y bien cargados, y en la plaza, armas y 
mercancías por mucho más de veinte millones 
de duros. Atacado por una escuadra anglo- 
lusitana (1763), se incendia el navio Lord 
Clioe, de 54 cañones, por lo que los enemigos 
desisten de su empeño y abandonan el puerto. 



COL 



- 140 - 



CON 



Libre Cevallos de esta atención, se dirige ai 
fuerte de Santa Teresa, defendido por 600 
hombres, y lo toma; rinde de inmediato al de 
San Miguel y luego se apodera de San Pe- 
dro de Río Grande, con un respetable botín 
de guerra. El ejército de Buenos Aires empleó 
en estas operaciones de guerra una semana. 

Colonia. Ciudad y puerto de la República 
Oriental del Uruguay, célebre por su fortale- 
za, situada en la margen izquierda del Río de 
la Plata, frente a la ciudad de Buenos Aires. 
La Colonia del Sacramento fué fundada el 1 de 
enero de 1680, por el maestre de campo don 
Manuel Antonio de Lobo, en el mismo sitio en 
que pereció Solís. Esta plaza militar fué toma- 
da por los españoles en 1680 y 1777; por los 
ingleses, en 1807; por la escuadra anglofrance- 
sa, en 1845, y por las tropas rojistas, en 1848. 

Coloniaje. Es el tiempo transcurrido desde la 
abolición del adelantazgo hasta la creación 
del oirreinato del Río de la Plata (años de 
1591 a 1776). Gobierno colonial se llamaba el 
conjunto de autoridades que entendieron en la 
administración de las colonias españolas en el 
Nuevo Mundo. Formaban estas autoridades: el 
rey, los virreyes, capitanes generales, gober- 
nadores políticos y militares, Consejo deludías, 
Casa de Contratación, Consulados, etc., etc. 

Colpayo (combate). Librado en Bolivia entre 
los americanos y los realistas, al ser sorpren- 
didos éstos en el paraje de este nombre, el 15 
de septiembre de 1816. Los capitanes patriotas 
Rivera y Cala derrotaron a la vanguardia rea- 
lista de la división del general Olañeta, que 
operaba en el Alto Perú. Esta fuerza estaba a 
las órdenes del comandante D. Pedro Zabala, 
quien sucumbió en la refriega, lo mismo que 
varios oficiales y más de quince soldados, sal- 
vando el resto de las tropas en la obscuridad 
de la noche. 

Comercio de Lima (fragata). Capitán, Juan 
Bautista Rlal. Fué adquirida en 25.000 pe- 
sos, pagaderos a cuatro días de la fecha. Como 
se asegurase que era un barco viejo, fué exa- 
minado por el mismo almirante D. Guillermo 
Brown, quien aconsejó su adquisición «por ser 
la mejor embarcación que se presenta para la 
actual guerra». Podía soportar una batería de 
22 piezas sobre y en el entrepuente, pudiéndo- 
se colocar en éste, que era muy alto, diez ca- 
flones de grueso calibre. El Gobierno la bau- 
tizó en el mismo día de la compra con la fecha 
gloriosa de 25 de mayo. 



Concha (Juan Gutiérrez de la). Gobernador in- 
tendente de Córdoba. Nacido en Santander. 
Sentó plaza de guardia marina en 1773. Du- 
rante las invasiones inglesas tuvo el mando de 
las fuerzas que defendían la plaza del Retiro y 
fué tomado prisionero. Concha había estrecha- 
do vínculos de amistad con Liniérs durante las 
invasiones, y así, cuando este obtuvo el per- 
miso para retirarse a Córdoba, se alojó en la 
casa habitación del gobernador, y más tarde, 
estimulados por un propósito común, formaron 
alianza para resistir la primera autoridad pa- 
triota. Liniérs y Concha se propusieron, en 
efecto, ahogar la revolución en la hora prime- 
ra que se iniciaba, poniendo en juego sus ele- 
mentos y prestigios; pero el patriotismo de los 
cordobeses desbarató sus planes. Reunieron 
algunas fuerzas para marchar sobre la capital, 
pero habiéndose desbandado casi en su tota- 
lidad, se dirigieron al Alto Perú. Un destaca- 
mento patriota, al mando del entonces coronel 
A. Balcarce, salió en persecución de los fugi- 
tivos, capturándolos, después de una marcha 
penosa, en las Píedritas (Santiago del Estero). 
Llevados Concha y sus compañeros a la capi- 
tal de Córdoba, las autoridades locales comu- 
nicaron a la Junta de Buenos Aires su prisión, 
y ésta resolvió que en el acto fuesen fusilados 
militarmente. Ortiz de Ocampo se mostró irre- 
soluto y mandó los presos a la capital; vino en- 
tonces el vocal Castelll y ejecutó a los reos, el 
26 de agosto de 1810, en Córdoba. 

Conde (Pedro). Militar. Nació en Buenos Aires, 
el 26 de marzo de 1785. Desde joven se dedicó 
a la carrera de las armas, y en 1811 era ya 
capitán, cuando Rondeau sitiaba a la ciudad de 
Montevideo, encontrándose en los combates 
que se libraron contra el caudillo Artigas. En 
1814 ascendió a sargento mayor, y tres años 
después a teniente coronel, confiándosele el 
mando del regimiento número 7 de infantería 
de línea, con cuyo cuerpo se incorporó al ejér- 
cito de los Andes, tomando parte en las bata- 
llas de Chacabuco, Maipú y Cancha Raya- 
da. En 1817 combatió a las órdenes del gene- 
ral O'HIggins, en el sitio de lalcahuano, don- 
de fué herido gravemente, de cuyas resultas 
falleció cuatro años después, al incorporarse a 
la expedición de la Sierra, en el Perú, con el 
número 7 de infantería, cuyo cuerpo comanda- 
ba. Dejó de existir, el 26 de mayo de 1821, en 
el pueblo de Sayán (Perú). Sólo contaba trein- 
ta y seis años cuando se produjo su deceso, 



CON 



141 



CON 



que fué muy lamentado. El coronel Conde fué 
un jefe de carácter, valeroso, modesto y unía 
a sus afables maneras una educación bien cul- 
tivada. 

lonesa (Emilio). Militar. Nació en Buenos 
Aires, en 1824. Inició su carreta como soldado 
en el ejército libertador de Lavalle, el 5 de ju- 
lio de 1840, tomando parte en todas las bata- 
llas que dio este general, hasta la derrota de 
Famaillá, en 1841, en que emigró a Chile; de 
allí partió para Montevideo a tomar un puesta 
de combate entre los defensores de la plaza; 
formó en las filas del batallón 3.° de línea y en 
esa prolongada lucha de día a día de las avan- 
zadas de los sitiados con los sitiadores. Cone- 
sa había conquistado sucesivamente grados mi- 
litares hasta llegara sargento mayor, en 1846. 
Empezaba por ese tiempo a llamar la atención 
sobre sí por la distinción de su gallarda figura 
militar, realzada por la reputación de valiente, 
como igualmente por la moderación de su ca- 
rácter y hábitos regulares. Se alistó luego en 
el ejército de Paz, en Corrientes. Retirado del 
servicio, volvió en 1851 a formar entre las tro- 
pas de Urquiza, hallándose en Caseros, y 
poco después, con el grado de teniente coro- 
nel, tomó parte en el sitio de esta ciudad y en 
diversos combates contra los indios. Se halló 
en Cepeda. Fué también varias veces electo 
diputado y senador nacional, En 1865 el coro- 
nel Conesa fué de los primeros en marchar a[ 
Paraguay, comandando una brigada, siendo 
gravemente herido en el Paso de la Patria. 
Desempeñó muchos otros cargos militares, 
hasta su fallecimiento, ocurrido en esta ciudad, 
el 3 de septiembre de 1872. Este jefe se distin- 
guió por su bravura, su nobleza de carácter y 
su moralidad ejemplar. 
Consejo de Indias. Era un Tribunal superior 
compuesto de 21 miembros, que residía en Es- 
paña para resolver en última instancia todo lo 
que se relacionase con el gobierno de Améri- 
ca, con su comercio y con su Administración 
de justicia. Por intermedio de este Tribunal se 
comunicaba con el soberano. Así es que si ha- 
bía que dar leyes, decretos o resoluciones, el 
Consejo de Indias las estudiaba, las redactaba 
y se las proponía al rey para que las mandase 
observar. Le correspondía a él también reunir- 
las todas en un Código, como se ve en el que 
tenemos con el nombre de Leyes de Indias. 
Del mismo modo proponía todos los emplea- 
dos, incluso los virreyes y los obispos, nom- 



braba jueces veedores o de pesquisa, y visita- 
dores para que recogiesen y le mandasen in- 
formes sobre materias y asuntos especiales o 
personales; él era también el que, con el nom- 
bre de Cédulas Reales (que quiere decir carta 
auténtica de lo que manda el rey), comunicaba 
y hacía circular todas las resoluciones sobera- 
nas, de cualquier carácter que ellas fueran, y 
más tarde se conoció que un Consejo de Go- 
bierno tan amplio como éste tenía necesidad 
de una oficina adjunta de Contabilidad, de 
Aduana y de Comercio, que fué lo que se llamó 
la Casa de Contratación (v.). 
Conspiración Alzaga. Los españoles, tenien- 
do por jefe a D. Martín de Alzaga (v.), cons- 
piraban con objeto de echar por tierra la nue- 
va situación que habían creado los patriotas, 
para que volviera a imperar la despótica ense- 
ña de la conquista. La conjuración debió esta- 
llar a fines de junio de 1812, pero por inconve- 
nientes que sobrevinieron se había aplazado 
para el 5 de julio. «El Dr. Agrelo, miembro de 
una Comisión de Justicia que se había creado 
para castigar los crímenes, fué encargado de 
sumariar brevemente a los conjurados. La acu- 
sación no podía ser más terrible: D. Martín de 
Alzaga (el alcalde de la defensa contra la se- 
gunda invasión inglesa) era denunciado como 
jefe de la revolución. Los conjurados debían 
reunirse una noche en la Convalecencia, don- 
de se pondría el belermo fray José de las Ani- 
mas a la cabeza de la caballería y D. J. Cen- 
tenac de la infantería; aquélla atacaría al Par- 
que y ésta los cuarteles, marchando en segui- 
da a tomar la fortaleza. Al amanecer se pon- 
drían en contacto con la escuadrilla bloquea- 
dora, con cuyo auxilio acabarían por apoderar 
se de las personas del Gobierno, de los je- 
fes, etc. Se llegó a decir que el plan iba has- 
ta degollar a todos los americanos. Entre las 
pruebas aducidas, se averiguó que F. Valde- 
pares, complicado en este asunto, tenía es- 
condidos en la Convalecencia donde vivía, seis 
fusiles, tres sables y alguna pólvora; en la 
ciudad parece que había también distribuidas 
algunas armas. El negro Ventura, esclavo de 
D.° Valentina Feijó, comunicó que el capataz 
de la quinta de Alzaga le había hablado para 
entrar en una revolución. El alcalde dio parte 
al cabildante Pereyra Lucena, y éste lo avisó 
al Gobierno por escrito. Cuatro días hacía que 
este pliego estaba sin abrirse en poder del 
Gobierno, cuando el 2 de julio por la mañana 



CON 



- 142 



CON 



se presentó en el fuerte la mujer del guarda 
Guerreros, cuyo yerno, D. Juan Recazéns, ha. 
bía sido también invitado por el comerciante 
D. Pedro de la Torre para el movimiento, a 
denunciar el caso y pedir el perdón de su pa- 
riente. Con estos datos y el rumor que desde 
días antes anunciaba la revolución, el Gobier- 
no instituyó cuatro comisionados sumariantes 
para ayudar al fiscal en la averiguación de los 
hechos, que fueron Chiclana, Monteagudo, 
Vieytes e Irigoyen. Aquella misma noche fue- 
ron condenados a muerte D. M. Cámara, yer- 
no de Alzaga; su capataz, y Latorre, y ejecu- 
tados el 3 a las once de la mañana. Alzaga, 
que había sido ocultado por el cura de la Con- 
cepción, fué descubierto el 4 a media noche, y 
después de una declaración en que negó todo, 
fué ejecutado el 5 a mediodía. Igual suerte co- 
rrieron pocos días después el beiermo, el co- 
merciante Tellechea (cuñado de Pueyrredón), 
Valdepares, Diez, Centenac y otros más, hasta 
el número de 38 personas. Veintidós días ha- 
cía que se seguía el proceso, y se habían hecho 
ya 25 ejecuciones, cuando el Gobierno dirigió 
una proclama al pueblo declarando que era 
necesario no derramar más sangre; pero tuvo 
<jue retroceder ante las exigencias del partido 
exaltado, y dar al día siguiente otra proclama 
contraria a la primera. El general Beigrano, 
al leerla a su ejército, reprobó esta transacción 
con la excesiva violencia, y calificó con dure- 
za a sus autores. Este tremendo golpe dado 
al partido español lo dejó abatido por el te- 
rror. Muchos buscaron su seguridad tomando 
cartas de ciudadanos de las Provincias Unidas, 
las cuales aun se expedían a nombre del rey 
Fernando Vil; el que no se hacia patriota, pro- 
curaba no incurrir en la tacha de sospechoso. 
Constitución. La primera fué promulgada en 
Buenos Aires, el 22 de abril de 1819. Respon- 
día al sistema unitario. «Larga y difícil fué la 
elaboración de esta obra, destinada a vivir un 
solo día. El 1 1 de agosto de 1817 se nombró la 
Comisión que debía prepararla; el 31 de julio 
de 1818 empezó a discutirse en el Congreso, y 
no llegó a su sanción hasta el 22 de abril de 
1819. Esta Constitución, lejos de unir las pro- 
vincias, fué el pretexto para separarlas y para 
hundirlas en guerras civiles largas y desastro- 
sas. De tanto mal, los promotores de la divi- 
sión del país acusaron como autor al pueblo 
de Buenos Aires, porque en su seno fué con- 
feccionada la Constitución...» «El Congreso 



del año 19 se componía de 25 diputados, de los 
cuales ocho eran de las provincias del Alto 
Perú (Bolivia) y 17 da las provincias argenti- 
nas. Los peruanos eran: Serrano, Malavia, 
Zudáñez, Carrasco, Rivera, Acevedo, Guzmán 
y Pacheco de Meló. Los argentinos eran: El 
deán Funes, Lascano y Villegas, cordobeses; 
Gallo y Uriarte, santiagueflos; Godoy Cruz, 
cuyano; Bustamante y Zavaleta, tucumanos; 
Castro Barros, riojano; Sáenz, López, Azcué- 
naga Paso, Patrón, Viamonte, Díaz Vélez y 
Chorroarín, de Buenos Aires. Había, pues, en 
el Congreso del año 19 una mayoría de 17 pro- 
vincianos contra ocho porteños. Los primeros 
eran todos oradores; entre los segundos ape- 
nas había tres. De manera, que así como es 
verdad que la influencia en el Congreso de 
Tucumán (1816) estaba de parte de los diputa- 
dos de Buenos Aires, verdad es también que 
en el que dio la Constitución del año 19 la ba- 
lanza caía con todo su peso del lado contrario. 
De donde se deduce que es una injusticia atri- 
buir a Buenos Aires lo que fué, o debió ser, 
obra del convencimiento de los hombres de 
más alto concepto en todas las provincias ar- 
gentinas.» (Domínguez.) En diciembre 24 de 
1826 fué sancionada la segunda, que respondía 
al mismo sistema y que quedó al poco tiempo 
sin efecto. El 1 de mayo de 1853, un Congreso 
constituyente, reunido en Santa Fe, con la re- 
presentación de 13 provincias, sancionó la 
Constitución federal de la República. He aquí 
los nombres de los que formaron parte de esta 
Asamblea general Constituyente, y las provin- 
cias que representaban: Dr. Facundo Zuviría, 
a Salta; presbítero Pedro Centeno, a Cata- 
marca; Dr. Santiago Derqui, a Cóidoba; doc- 
tor Juan del Campillo, a Córdoba; general Pe- 
dro Ferré, a Catamarca; D. Pedro Díaz Colo- 
drero, a Corrientes; D. Agustín Delgado, a 
Mendoza; Dr. Martín Zapata, a Mendoza; doc- 
tor Juan María Gutiérrez, a Entre Ríos, doc- 
tor Salustiano Zavalía, a Tucumán, Dr. Lucia- 
no Torrent, a Corrientes; D. Manuel Padilla, 
a Jujuy; Dr. Salvador M. del Carril, a San 
Juan; D. Ruperto Godoy, a San Juan; doctor 
Juan Llerena, a San Luis; D. Manuel Leiva, a 
Santa Fe; Dr. Delfín B. Huergo, a San Luis; 
Dr. Juan Francisco Seguí, a Santa Fe; fray 
José Manuel Pérez, a Tucumán; presbítero 
D. Benjamín J. Lavaisse, a Santiago del Este- 
ro; Dr. José Benjamín Gorostiaga, a Santiago 
del Estero; D. Ruperto Pérez, a Entre Ríos; 



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Dr. Regis Martínez, a La Rioja, y D. José de 
la Quintana, a Jujuy. Esia Constitución fué re- 
formada y proclamada en toda la nación el 21 
de octubre de IStiO, y es la que hasta la fecha 
rige los destinos del país. La última reforma, 
que sólo comprendió los artículos referentes a 
los ministerios nacionales, que se ampliaron a 
ocho, y la elección de diputados nacionales, 
que se fijó en uno por cada 33.000 habitantes o 
fracción que no baje de 16.500, fué sancionada 
el 15 de mayo de 1898. 

Cordero (Mariano). Marino. Nacido en Buenos 
Aires, el 1 de diciembre de 1820. Ingresó a los 
quince años en la 
armada encalidad 
de aspirante. En 
1836, guardia ma- 
rina; en 1837, 
subteniente; en 
1839, teniente. 
Asistió a la bata- 
lla de Don Cris- 
tóbal, en 1840; a 
Iabatalladel5au- 
ce Grande; com- 
bate naval frente 
a Monteoideo; 
combate de Cos- 
taBraoa{w)., contra Garibaldi, que es derrota- 
do por mar y tierra. Fué jefe de la armada 
nacional. Falleció en esta ciudad, el 24 de no- 
viembre de 1899. 

Córdoba (combate). El 8 de noviembre de 1816. 
El sargento mayor D. Francisco Sayos, al 
frente de un piquete de veteranos y Milicias 
cordobesas, que marchaba en auxilio del go- 
bernador de Córdoba, sostiene un combate en 
los suburbios de la ciudad llamados Bajo de 
Santa Ana y vence completamente a Bulnes, 
que se había declarado contra la autoridad 
legal. 

Córdoba (fundación). La ciudad de Córdoba 
fué fundada el 6 de julio de 1573, por Jerónimo 
Luis de Cabrera, en el «asiento de indios» 
que éstos en su idioma llamaban Quisquizaca- 
te, cerca del río Zi-quín, que se nombró de San 
Juan por haber llegado el 24 de junio el fun- 
dador, dando a las tierras de su jurisdicción ei 
nombre de Nueva Andalucía. La Intendencia 
de Córdoba se componía de las subdelegacio- 
nes siguientes: Mendoza, San Juan, San Luis 
y Rioja. 

Córdoba (Melitón). Militar. Gobernador de Ca- 



D. Mariano Cordero. 




tamarca en agosto de 1866. Nació en 1830. 
Combatió contra Peñaioza desde 1862 y contra 
todas las montoneras que infestaban el interior 
del país, recibiendo en recompensa de sus ser- 
vicios el grado de coronel de la nación. Persi- 
guiendo al caudillo Várela, que había penetra- 
do en su territorio, lo encontró de improviso 
en las cercanías de Tinogasta, trabándose un 
reñido combate, en el cual sucumbió, el 4 de 
marzo de 1867. 
Coronado (Martín). Poeta y autor dramático. 
Nació en Buenos Aires, el 4 de julio de 1850- 
Estudió en el C o. 
legio Nacional del 
Uruguay, y termi- 
nados sus estu- 
dios preparato- 
rios, volvió a Bue- 
nos Aires, e in- 
gresó en la Uni- 
versidad , donde 
recibió su título 
de abogado. No 
ejerció su profe- 
sión, dedicándose 
a ser escribano. 
Sus obras dramá- 
ticas principales 
fueron: La rosa blanca; Luz de luna y lúe 
de incendio; Salvador; Cortar por lo más del- 
gado; Un soñador; Justicia de antaño; La 
piedra de escándalo; Cu'pas ajenas; La cha- 
cra de don Lorenzo. Fué el precursor del tea- 
tro genuinamente argentino; sus poemas 8on 
dulces, suaves; su estilo, claro y limpio. 

Siempreviva 

Cuando partí, su corazón, ya mío, 
lanzó su vida de mi planta en pos: 
aquel nido de amor quedó sombrío 
como tumba sin lágrimas..., vacío 
como el alma sin Dios. 

Es notable la famosa décima de La piedra d* 

escándalo: 

Sobre el alero escarchao 
encontré esta madrugada 
una palomita helada, 
que el viento había extraviao. 
Porque es tuya la he cuidao 
con cariño y con desvelo, 
y la cinta color cielo 



D. .Martín Coronado. 



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con que venia adornada 
al cuello la tengo atada 
porque es cinta de tu pelo. 
Falleció en Caseros (Buenos Aires), el 20 de 
febrero de 1919. 

Coronda (batalla). Lamadrid, después de ser 
derrotado por Carreras el 8 de mayo de 1821, 
tomó refuerzos en el Carcarafla, reuniendo 
unos mil quinientos hombres, y marchó contra 
el general entrerriano Ramírez, creyendo sor- 
prenderlo en su campo de Coronda (1), pero 
éste le sale al encuentro y lo carga valiente- 
mente, haciéndole pedazos en pocos momentos. 
Todos sus armamentos y las caballadas son 
tomadas, por Ramírez, y hasta treinta mil pesos 
que llevaba para auxiliar al ejército de Santa 
Fe. Esta batalla tuvo lugar el 24 de mayo 
de 1821. 

Corsarios. He aquí los nombres de la mayor 
parte de los corsarios armados a consecuencia 
del decreto para el corso de 13 de noviembre 
de 1816, que hacían en el Atlántico, especial- 
mente en la travesía de Cádiz a las Antillas: 
Congreso, Independencia, Patriota, Cotagai- 
ta, Tupac-Amarü, Invencible, Argentina, Gene- 
ral San Martin, Rio de la Plata, Buenos Aires, 
Unión, Pueyrredon, Vigilancia, etc., y los 
buques del Estado Céfiro y Halcón. Los agen- 
tes de presas en Buenos Aires eran: David de 
Forest, Adam Guy, Juan Higgimbothom, etc. 

Cortázar (Julián). Obispo de Tucumán. Nació 
en Vizcaya. Nombrado el 21 de julio de 1617. 
Contribuyó a la creación de la Universidad de 
Córdoba, y fué uno de los más ardientes soste- 
nedores de las misiones jesuíticas. En 1625 
dejó la provincia, por haberlo promovido la 
Corte al obispado de Nueva Granada, en ejer- 
cicio de cuyo cargo falleció, el 25 de octubre 
de 1630. Este prelado consagró a D. Pedro Ca- 
rranza, primer obispo de Buenos Aires. 

Corte (Bartolomé de la). Teniente gobernador 
de Jujuy. Natural de esta provincia. Sirvió en 
los escuadrones de Güemes, y llegó a ser en la 
guerra popular contra los ejércitos realistas 
uno de los buenos guerrilleros que al mando 
de partidas volantes hostilizaban con vigor al 
enemigo. Efectuada la invasión de 1816 del 
ejército vencedor en Sipe-Sipe, tuvieron lugar 



(I) Distrito y cabecera del departamento de San Jeró- 
nimo, en la provincia de Santa Fe, situado a orillas del 
brazo del río Paraná que lleva sn nombre, que lo toma de 
una antigua tribu de indios que poblaban el paraje. 



algunos combates en Jujuy, y en ellos batióse 
el comandante Corte con los invasores en Ali- 
sos, San Pedrito, Rio Grande y Viña, al frente 
de las Milicias de esa provincia. Falleció en ju- 
nio de 1824. 

Cortea (Jerónimo). Abogado. Natural de Cór- 
doba. Prestó constantes y relevantes servicios 
al país desde el año 1855 hasta el día mismo de 
su fallecimiento. Defensor general de pobres y 
menores, juez, catedrático de Derecho en la 
ciudad de Córdoba, consiliario de la misma, di- 
putado a la Legislatura provincial, camarista, 
miembro de la Convención Nacional Constitu- 
yente reunida en Santa Fe en 1886, miembro 
de la reunida en Córdoba en 1869, fiscal de 
gobierno, de Estado, senador provincial, ase- 
sor de la Municipalidad, senador nacional de 
1875 a 1880, fiscal de la Cámara en la capital 
federal, catedrático de Derecho civil en la Uni- 
versidad de Buenos Aires, nuevamente sena- 
dor nacional hasta el día de su fallecimiento, 
en 1908. 

Cortina (José María). Militar. Nacido en Bue- 
nos Aires, el 14 de agosto de 1749. Hizo sus es- 
tudios en la Academia Militar e ingresó en 1810 
como soldado en la Compañía Patriótica. Pasó 
a la Banda Oriental. Se batió en q\ sitio de 
Montevideo, y en 1813 expedicionó al Yagua; 
ron y en el asalto y toma del fuerte Quiloubo- 
en la toma y rendición de Montevideo en 1814. 
Expedicionó a Santa Fe; combatió contra los 
indios en la acción de Calchincs y otros pun- 
tos de la frontera, actuando luego en la gue- 
rra civil de 1820. Cinco años después pasó a la 
línea militar del Uruguay, y de ahí enviado de 
incógnito al Brasil. Asistió a las batallas de 
Ombú, Ituzalngó, Filiberto y Camacuá. Como 
coronel, el 21 de enero de 1831, comandó el re- 
gimiento 5.° de caballería, prestando sus ser- 
vicios en la frontera Oeste de Buenos Aires 
hasta 1833, en que formó en la expedición al 
río Colorado. En 1845 se batió contra los fran- 
ceses e ingleses en Obligado, y dos años des- 
pués fué nombrado jefe de la frontera Norte 
de Buenos Aires, de guarnición en San Nico- 
lás, en cuyo punto fué herido de lanza en la su- 
blevación promovida por Urquiza. Fué el co- 
ronel Cortina un jefe valeroso e ilustrado. A 
su fallecimiento, en Buenos Aires, el 28 de ju- 
lio de 1869, dejó escritas sus Memorias. 

Corvalán (Eugenio). Militar. Nació en la ciu- 
dad de Mendoza, en 1791 . Después de cursar 
algunos estudios en la misma, comenzó a ser- 



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vir en un Cuerpo de Cívicos, y el 17 de no- 
viembre de 1816, con motivo de la formación 
del ejército de los Andes, obtuvo el grado de 
capitán de línea del regimiento 7.° de infante- 
ría, en cuyo cuerpo pasó a los Andes y se 
halló en el sitio de la plaza de Talcalmano, 
Chacabuco, Cancha Rayada, Maipú, Tora- 
ta y Moqaegua. Después de la campaña de 
Puertos Intermedios perdió totalmente los oí- 
dos, viéndose obligado a pedir su separación 
del ejército «para pasar a los pueblos de las 
Provincias Unidas del Río de la Plata a curar- 
se y continuar allí sus servicios en caso de me- 
joría», pedido que le fué despachado favora- 
blemente por San Martín. Trasladado más tar- 
de a su provincia, falleció el 6 de marzo 
de 1858. Era hermano del general D. Manuel 
Corvalán, del coronel Victorino y de los sar- 
gentos mayores Gabriel y Francisco. 
Corvalán (Qabino). Nacido en Mendoza y her- 
mano del coronel Victoriano Corralón. Fué 
militar y después sacerdote, llegando a gober- 
nador del obispado de Cuyo. 
Corvaláa (José). Militar. Nacido en Buenos 
Aires, el 15 de septiembre de 1802. Incorpora- 
do desde muy joven al servicio de las armas, 
tomó parte en la expedición al Perú con San 
Martín, y más tarde, a las órdenes de O'Hig- 
gins. Se halló en Naaca, en Penco. Estuvo en 
la güera del Brasil con el grado de capitán. 
En 1831, comandante militar de San Pedro. En 
el fuerte de la Federación peleó contra los in- 
dios, y se distinguió en 1838 en el combate de 
la laguna de Gómez y en Loreto, donde derro- 
tó a una indiada de Baigorría. Fué ascendido 
por este hecho a teniente coronel. Comprome- 
tido en la revolución de 1839, fué preso y des- 
terrado por espacio de año y medio, tiempo 
en que pasó grandes sufrimientos y miserias. 
Falleció en Buenos Aires, el 9 de febrero 
de 1847. 
Corvalán (Juan). Gobernador de Mendoza de 
1826 a agosto de 1829. En 1827 celebró un tra- 
tado de amistad con el Gobierno de San Luis, 
comprometiéndose a conservar la paz entre 
ambos pueblos y concurrir con todos los auxi- 
lios posible a la guerra contra el Brasil. Murió 
asesinado por el cacique Coleto, el 11 de junio 
de 1830, conjuntamente con otras personas más, 
Corvalán (Manuel). Militar. Nacido en Mendo- 
za, el 28 de mayo de 1774. Estudió en San Car- 
los y empezó su carrera militar en 1806. Sien- 
do teniente del batallón de voluntarios de in- 
Dio. HtST. BiooK. 




D. Manuel Corvalán. 



fanterfa de Buenos Aires núm. 8, se halló en 
el ataque de los corrales de Misere'-e, el 2 de 
julio de 1807, y 
en los días suce- 
sivos, hasta el 7 
de agosto, ha- 
biendo contribuí- 
do con 50 pesos 
fuertes de donati- 
vo para las ur- 
gencias de la gue- 
rra. En 1810 tra- 
bajó en su pro- 
vincia para que 
se pronunciase 
por la revolución. 
En noviembre de 
1812, en -atención 
a sus méritos y 
servicios, siendo ya teniente coronel y coman- 
dante general de la frontera de Mendoza, fué 
nombrado por el Gobierno de las Provincias 
Unidas comandante general de las fronteras de 
Cuyo. En 6 de julio de 1814, nombrado tenien- 
te gobernador por el director Posadas, de San 
Juan, ejerciendo ese cargo hasta el 24 de mayo 
de 1815. En este mismo año fué llamado con 
urgencia por el general San Martín, por consi- 
derar su persona muy necesaria para confiarle 
comisiones de sumo interés nacional. Movido el 
ejército sobre Chile, San Martín (15 de octu 
bre de 1816) le confió los establecimientos de 
armería, maestranza, parque y demás anexos 
al de artillería, como único jefe capaz por su 
inteligencia, probidad y actividad para tan im- 
portante cargo. Fué fiscal adhoc en la causa 
formada a los hermanos Carrera, y comisiona- 
do para pactar con Quiroga. En 1825 fué elec- 
to representante al Congreso. En 1827, nom- 
brado edecán de Dorrego, como también de 
Rosas, acompañando a éste en la expedición al 
Colorado. Más tarde ascendió a general. Fa- 
lleció el 9 de febrero de 1847. 
Corvalán (Victoriano). Militar. Nacido en Men- 
doza, en 1793. Era alférez cuando se incorpo- 
ró al regimiento de Granaderos a Caballo, 
en 1816. Al año siguiente pasó a Chile, hallán- 
dose en Las Coimas, Chacabuco y Chillan, 
siendo el primer argentino que llevó a Santia- 
go la noticia de la victoria. Hizo la campaña 
del Sud de Chile, tomando parte en las bata- 
llas de Curapaíigüé, Concepción, Talcahuano, 
Cancha Rayada y Maipú. Sirvió contra los 

to 



CORR 



montoneros, hallándose en Punta del Méda- 
no (1821). Combatió contra Quiroga y Aldao, 
por lo que tuvo que emigrar nuevamente a 
Chile. Inspector general de armas después de 
Caseros. Murió en Mendoza, el 25 de mayo 
de 1854, con el grado de coronel. 
Corrales (combate de los). Guerra civil. Los 
defensores de Buenos Aires, al saber el fraca- 
co del coronel .\rias en Puente Alsina mandan 
al coronel Hilario Lagos en su auxilio; pero en 
los Corrales se encuentran con las fuerzas 
sitiadoras, mandadas por el ministro de Guerra 
Dr. Carlos Pellegrini, e inmediatamente se 
traba un combate tan encarnizado como san- 
griento. Lagos sostiene el punto con la bravu- 
ra que le era peculiar. Más tarde, por la me- 
diación del cuerpo diplomático extranjero, se 
arriba a un armisticio entre las fuerzas nacio- 
nales y las de Buenos Aires, que estaban en 
lucha. Esta fué el principio de la apertura de 
las negociaciones que concluyeron con la pa- 
cificación de Buenos Aires. 
Correa (Cirilo). Guerrero de la independencia. 
Natural de Buenos Aires. Empezó su carrera 
militar, en clase de cadete en el regimiento de 
Patricios, en 1810, y en el mismo año marchó 
con la expedición libertadora al Alto Perú, 
tomando parte en los combates y batallas de 
Cotagaita, Suipacha, Potosí, Desnguadero. 
Militó después en el ejército de Belgrano y 
asistió a las batallas de Tucumán y Salta en 
1812 y 13, y a Vilcapujio y Ayohuma, Venta y 
Media. A las órdenes de San Martín, se halló 
en Chacabuco, Cerro del Gavilán, donde fué 
gravemente herido . Estando convaleciente 
tomo parte en la campaña del Sud de Chile y 
en la expedición al Perú, donde desempeñó en 
1822 el cargo de jefe de Estado Mayor del 
ejército de Lima. Se halló en los combates de 
Calaña, Torata, Moquegua, y en las batallas 
dejunin y Ayacucho, en 1824. Este bizarro mi- 
litar fué uno de los jefes más valientes del 
glorioso ejército de los Andes. Sus ascensos 
los obtuvo grado a grado, hasta llegar a gene- 
ral en 1823; todos por acciones de guerra. 
Dejó de existir en Lima, el año 1827. 
Correa (Juan de Dios). Gobernador de Mendo- 
za. Natural de esta provincia. Inició una admi- 
nistración reformista, suprimió la institución 
del Cabildo, organizó la Policía, la justicia ci- 
vil, las oficinas de Aduana, la Milicia, la per- 
cepción de impuestos y rentas públicas; aumen- 
tó el número de escuelas de ambos sexos, y 



146 — CORR 

dio en todo sentido un vigoroso impulso de 
progreso y de espíritu liberal a la marcha de 
Mendoza. Termino su período en 1827. 
Correa (Manuel). Militar. Nacido en Maldonado 
(Estado Oriental). Entró de cadete e n los 
cuerpos de blandengues, en enero de 1804. En 
las invasiones inglesas, en el desembarco y 
ataque de las tropas británicas en Maldonado 
el 29 de octubre de 1806, fué herido de bayo- 
neta. Se incorporó en la expedición de Belgra- 
no al Paraguay; en el segundo sitio de Monte- 
video, en la batalla del Cerrito y en la rendi- 
ción de la plaza; en Cepeda (1820), Cañada de 
la Cruz (1820;, en Paoón (1820). A las órdenes 
del general Rodríguez combatió contra los in- 
dios. En la guerra contra el imperio del Brasil, 
asistió a esta campaña y a la batalla de ¡tu- 
zaingó, a cuya victoria contribuyó con el 1." de 
cazadores, batallón que se distinguía por la 
organización y disciplina que había sabido dar- 
le la pericia militar del coronel Correa, adqui- 
riendo él mismo la fama de táctico. Concurrió 
a la revolución contra el gobernador coronel 
D. Manuel Dorrego, etc. Falleció este buen 
servidor del país en la ciudad de Montevideo, 
por el año 1850. 
Correas (José). Militar. Nació en Mendoza. 
Había iniciado su carrera militar en el regi- 
miento de Granaderos a Caballo. En la acción 
de Chunchanga (v.) demostró un valor bri- 
llante. 
Corrientes (ataque, 1811). Una división de cin- 
co buques españoles, al mando del capitán don 
Manuel de Clemente, que había salido de Mon- 
tevideo y remontado el Paraná, se presenta en 
el puerto de Corrientes en orden de combate e 
intima condiciones de sometimiento y auxilios 
de boca. El jefe de las Milicias de aquel punto, 
D. Elias Galván, rechaza con energía las pro- 
posiciones de los realistas, que desembarcan 
fuerzas para atacar al pueblo; pero son recibí 
dos con un mortífero fuego el 19 de julio, te- 
niendo que reembarcarse inmediatamente. Cle- 
mente se contentó con tirar algunas balas a la 
ciudad indefensa, retirándose al fin, corrido 
por la energía del jefe patriota y los bravos 
correntines. 
Corrientes (ataque, 1865). De sorpresa fué 
ocupada la ciudad de Corrientes por las tropas 
paraguayas, y desalojadas victoriosamente poi 
las tropas argentinas el 25 de mayo de 1865, a 
mando del general D. Wenceslao Paunero. E! 
desembarco fué bajo un vivísimo fuego de fu- 



CORR 



- 147 - 



eos 



silería del enemigo. El combate entre ambas 
fuerzas se hace general y sangriento en las ca- 
lles; pero a pesar de la brava resistencia de 
los invasores, las fuerzas argentinas se apode- 
ran de la ciudad. Este fué el primer combate 
entre las armas argentinas y paraguayas en la 
guerra que sostuvieron por espacio de cinco 
aflos. Los paraguayos, en su bautismo de san- 
gre dieron prueba de ese valor indómito que 
hasta el fin de la guerra supieron sostener con 
ejemplar entereza. 

Corrientes (fundación). Levantada la ciudad de 
la Concepción el 15 de abril de 1585, en la cos- 
ta del Bermejo, los conquistadores se propo- 
nen fundar otra ciudad para que sirviera de 
escala en el tránsito de aquélla a Buenos 
Aires. Al efecto, Alonso de \'era y Aragón 
funda en la margen derecha del Paraná la ciu- 
dad de Corrientes, con el nombre San Juan de 
Vera de las Siete Corrientes. Lleva el nombre 
de Vera en homenaje a su fundador, y de las 
Siete Corrientes, por las siete corrientes que 
formaba el río Paraná frente a la ciudad. Por 
decreto del 10 de septiembre de 1814, el direc- 
tor de las provincias unidas de Río de la Plata 
crea la provincia de Corrientes y se la da por 
capital a la ciudad del mismo nombre, y se in- 
cluye dentro del territorio del nuevo Estado al 
de Misiones. 

Corro (Miguel Calixto del). Sacerdote. Nació 
en Córdoba, el 14 de octubre de 1775. Doctor 
en Teología, recibido en 1798. En ISOO recibió 
las sagradas órdenes, y luego obtuvo, por opo- 
sición, la silla de magistrado de la catedral de 
Córdoba. El 25 de mayo de 1811 pronunció el 
primer sermón patriótico que resonó en la ca- 
tedral de Córdoba. En 1816 fué electo repre- 
sentante de su provincia ante el Congreso de 
Tucumán, el cual lo envió como mediador al 
litoral para evitar la guerra civil entre Buenos 
Aires y Santa Fe, circunstancia por la cual no 
pudo suscribir el acta del 9 de julio de 1816. 
Como enemigo de la guerra civil, se retiró de 
la política, consagrándose a sus estudios pre- 
dilectos. Perdió en sus últimos años la vista, y 
para no permanecer en inacción intelectual 
revisó los manuscritos de sus sermones, valién 
dose de la intervención de una persona de su 
familia, que se los leía; sermones que fueron 
impresos en Filadelfia en 1849. El Dr. Del Co- 
rro murió en Córdoba, el 16 de septiembre 
de 1851. 

Cossío (Juan García de). Nació en Corrientes, 



el 24 de junio de 1791. Era hijo del coronel 
García de Cossío, español, y de D.' Estanislaa 
Zúñiga, argentina. Enviado en su niñez a Chi- 
le, hizo allí sus estudios superiores; pero re- 
gresó a su país algún tiempo después de la re- 
volución de mayo, estableciéndose en Buenos 
Aires. Inscrito el año 13 en la matrícula de 
abogados de este Tribunal, se dedicó por en- 
tonces preferentemente al ejercicio de su pro- 
fesión, y dos aflos más tarde, a la caída de Al- 
vear, Cossío entró a formar parte de la Comi- 
sión ad hoc creada para procesar a los parti- 
darios del director; fué igualmente miembro de 
la Junta de Observación y de la Comisión de 
Vigilancia establecida popularmente en los úl- 
timos tiempos del gobierno de Alvarez Tho- 
mas, y cuya principal misión era fiscalizar la 
marcha administrativa del Directorio. Todos 
estos cargos tenían una verdadera importancia 
de actualidad y eran en general confiados a 
personas de mérito y de reputación. El año 20 
aparece de nuevo el nombre del Dr. Cossío. 
Después de algunas tentativas infructuosas 
para llegar a un avenimiento pacífico con los 
caudillos federales, el Gobierno de Buenos Ai- 
res comisionaba a los Dres. Cossío y Cas- 
tro (M. A.) cerca de Estanislao López para 
reabrir negociaciones de paz; la misión dio re- 
sultados benéficos, pues a poco aquel jefe 
subscribía el tratado que ha pasado a la Histo- 
ria con el nombre de ><<^onvención del Pilar». 
Representó igualmente al Gobierno de la capi- 
tal en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos 
para negociar algunas bases sobre organiza- 
ción nacional y provocar la instalación de un 
Congreso en Buenos Aires 11823), y al año si- 
guiente fué nuevamente enviado en misión es- 
pecial cerca del Gobierno del Paraguay. Ejer- 
ció igualmente la magistratura, primero como 
juez en lo civil (1821) y después como vocal de 
la Cámara de Justicia (1828). Durante la tira- 
nía vivió en el retiro del hogar, sin mezclarse 
en las agitaciones locales, y a la terminación 
de ésta estuvo afiliado a la causa de Buenos 
Aires en sus disidencias con el general Urqui- 
za, y entró de nuevo a formar parte del Tribu- 
nal de Justicia, del que fué presidente, falle- 
ciendo a poco, el 4 de noviembre de 1854. 
Cossío (Simón García de). Hermano del ante- 
rior. Jurisconsulto. Natural de Corrientes. Es- 
tudió Leyes en la Universidad de Chile, siendo 
el primer correntino que obtuvo su título. 
En 1810 era miembro de la Real Audiencia de 



eos 

Buenos Aires, y en tal carácter concurrió al 
cabildo abierto, y adhirióse al dictamen de los 
comandantes Cornelio Saavedra y D. Martín 
Rodríguez. Instalado el primer Gobierno pa- 
trio, fué electo diputado por su provincia na- 
tal, y como tal formó parte de la Junta hasta 
septiembre de ISl 1, en cuyo año desempeñó el 
empleo de fiscal civil y criminal, y en 181S el 
de asesor general de Gobierno; entendiendo, 
en cumplimiento de sus deberes, en el proceso 
formado a los franceses Robert, Lagresse, 
Dragumette, etc., acusados de conspiración 
contra los Gobiernos de Buenos Aires y Chile. 
Posteriormente, cuando el general Rondeau 
tomó posesión del puesto de director del Esta- 
do, el Dr. Cossío fué encargado del ministerio 
de Hacienda, en cuyas funciones permdneció 
algunos meses, hasta el 11 de febrero de 1820, 
en cuyo año se retiró de la vida pública por la 
anarquía reinante. El Dr. Cossío fué un patrio- 
ta distinguido e inteligente. 
Costa Brava (combate de). El comandante don 
José Garibaldi, tan famoso después, al mando 
de la escuadrilia de Montevideo, cuyo Gobier- 
no se hallaba en guerra con el de la República 
Argentina, había remontado el río Paraná. 
Brown sale en su busca, conduciendo la escua- 
drilla de Buenos Aires (seis buques). En Costa 
Braoa alcanza a su enemigo, que no atrevién- 
dose a presentar una acción naval, había aco- 
derado sus buques, que eran cinco, con el pai- 
lebote yoüe/i Esteban, de propiedad particular, 
que días antes había tomado, armado y coloca- 
do en estado de combate. En tierra guardaba 
su flanco una gran trinchera de tercios de 
hierba y petacones de tabaco apresados en 
Corrientes, tras de cuya muralla había coloca- 
do infantería. Brown, no pudiendo acercarse 
por falta de viento, echa gente a tierra y se 
acerca, bajo un horroroso fuego de cañón que 
le hacían los buques y la fusilería de los que 
estaban detrás de la trinchera, sin poderles 
contestar porque la corriente le impedía dar el 
costado de sus buques. Pero a Brown nada le 
arredra, sin embargo de tener un gran número 
de muertos y heridos; estaba acostumbrado a 
vencer y tenía conciencia del triunfo. «Por 
fin— dice Escardó— consiguió poner en línea 
el bergantín Echagüe y las goletas Chacabu- 
co, Argentina y la 9 de Julio, comenzando un 
sostenido combate de artillería, que era con- 
testado por los cuatro buques de Garibaldi: 
Suárez, Muñoz, Vágquee y Pacheco y Obes, 



148 — eos 

o Libertad, y en que tomaban parte las infan- 
terías de tierra. Una guerrilla al mando de un 
guardia marina, Mariano Cordero, bajó de los 
buques de Brown e hizo apagar \o& fuegos de 
la infantería de Garibaldi. Vuelto el oficial a 
bordo, el almirante Brown le regaló su espada 
y lo felicitó. A la oración cesó el fuego. Como 
a las doce de la noche, la escuadra Brown vi6 
venir un brulote con fuego encendido, trayen- 
do de dirección el centro de la Argentina y el 
Vigilante y cuyo choque los haría volar. En- 
tonces el almirante Brown dio orden a otro 
guardia marina, Bartolomé Cordero, hermano 
del primero que hemos citado, para que fuera 
a desviar la dirección del brulote cortándole 
la mecha. Con un bote y cuatro remeros, el 
oficial fué a cumplir tan peligrosa comisión, 
desviando el brulote y volviendo al rato con la 
mecha, que si hubiera ardido cinco minutos 
más, produce la explosión. Cuando regresó a 
bordo el valiente oficial, Brown, abrazándole, 
le dijo estas palabras: «Yo daré cuenta al Go- 
bierno de su valiente comportación; usted será 
con los años una de las glorias de la escuadra 
argentina. Lo que usted ha hecho en cumpli- 
miento de su deber es mucho para su edad.» 
Inutilizado el brulote, Garibaldi ordenó al co- 
mandante del bergantín que con 50 hombres de 
tierra abordase al Echagüe, que estaba en la 
costa, llegando la gente del comandante Arana 
en silencio; pero descubiertos por el centinela, 
que dio el ¿quién vive?, y no recibiendo con- 
testación, hizo fuego, poniéndolos en fuga, 
pues la bala del centinela había muerto al jefe 
de la expedición Arana. Esto tuvo lugar el 15 
de agosto de 1842. El día 16, al amanecer, em- 
pieza el cañoneo y la fusilería de tierra, sus- 
pendido el día anterior; pero poco a poco los 
disparos de las fuerzas de Garibaldi empeza- 
ron a ser más lentos, circunstancias que no po- 
día aprovechar Brown por falta de viento. A 
las tres refrescó, y entonces Brown dio la 
orden de abordaje, dando el ejemplo con la 
9 de julio. Entonces Garibaldi, sin poder resis- 
tir por falta de municiones, prendió fuego a 
sus buques, haciendo volar el bergantín y la 
corbeta. Al ver esto Brown detuvo su marcha 
a medio tiro de cañón, pues un momento más, 
la 9 de Julio, con el almirante, habrían volado 
también. Quedó humeando el pailebote JoDen 
Esteban, y comprendiendo Brown que seeiiiría 
igualmente poniendo en peligro la existencia 
de sus buques, llamó al guardia marina Barto- 



eos 



149 - 



eos 



lomé Cordero, que el día antes había apagado 
el brulote, y le dio orden de ir a bordo del bu- 
que humeante y cortar la mecha. El oficial par- 
tió con un bote a desempeñar la comisión, pero 
se encontró con otro bote que iba a desempe- 
ñarla también: era su hermano Mariano, el 
joven oficial a quien, por su conducta al frente 
de la guerrilla, Brown le regaló su espada el 
día anterior. Entonces empezó una verdadera 
regata, disputándose ambos hermanos el llegar 
H bordo; pero como el bote del que apagó el 
brulote era más liviano, llegó primero, saltan- 
do a bordo del buque con la tripulación, los 
baldes y las hachas. El fuego salía por el cas- 
tillete de proa, la pólvora estaba en la bodega 
y la mecha se extendía a lo largo: diez minu- 
tos de demora, y volaban con el buque todos. 
Garibaldi y sus tropas se salvaron huyendo 
por tierra. El Gobierno de Montevideo perdió 
totalmente su escuadrilla en este día memora- 
ble para la marina argentina. En poder de 
Brown y de sus marinos quedaron los buques 
que no fueron incendiados, la artillería, etc. 
Costa (Jerónimo). Militar. Nació en Buenos 
Aires, en el año ISOS. Ingresó en clase de sub- 
teniente en las filas del batallón de cazadores 
que mandaba el coronel Olazábal, en ocasión 
de la guerra del Brasil. En esta campaña el 
oficial Costa, que durante ella había sido pro- 
movido a teniente, se comportó con mereci- 
miento, y tan distinguida fué su conducta en la 
batalla de Ituzaingó, que se le ascendió a ca- 
pitán en el mismo campo de batalla. Costa ha- 
bía empezado por demostrar calidades de mili- 
tar, valentía y mucho juicio en sus pocos aflosi 
y con estos antecedentes obtuvo en breve tiem" 
po las presillas de sargento mayor. Hallábase 
en Buenos Aires cuando estalló el pronuncia" 
miento del ejército, sublevado por sus jefes 
contra el gobierno del coronel Dorrego. El 
mayor Costa rechazó la invitación de sus com- 
pafleros de armas de adherirse al movimiento 
revolucionario, y en los momentos del conflic- 
to trató de ponerse de parte de la autoridad 
constituida, ocupando el «fuerte»— casa de go- 
bierno — con el batallón, operación que impidió 
la actitud del coronel Olazábal, jefe superior 
del cuerpo, que en ese momento entraba en el 
cuartel. Costa fué preso el mismo día del nw 
vimiento. Definida así su posición política, se 
puso del lado de D. Juan Manuel Rosas en la 
guerra que sostuvo con el general Lavalle, 
cuyo resultado fué el predominio de la influen- 



cia política encarnada en aquel general de Mi- 
licias. Desde entonces el coronel Costa deci- 
didamente sirvió con su espada al dictador y 
su sistema, hasta el día en que la victoria de 
Caseros derribó ese orden de cosas, habiéndo- 
se rehusado a prestar su cooperación a la cru- 
zada libertadora que preparaba Lavalle con el 
auxilio de la escuadra francesa, para cuya era- 
presa había sido solicitado. Marchó con Rosas 
a la expedición del año 33, emprendida contra 
los indios, expedición que después de llegar 
hasta el río Colorado e isla de Choele-Choel, 
y obtenido algunas ventajas contra aquéllos, 
tuvo que regresar. Por ese tiempo, Costa figu- 
raba en ese ejército, en el rango de teniente 
coronel, y era, según dice Rivera Indarte, uno 
de los jefes que Rosas no miraba con entera 
confianza. Mas si alguna duda abrigaba el es- 
píritu suspicaz de aquel hombre, sugerida sin 
duda por la misma honradez del sujeto que la 
motivaba, ella debió desaparecer después de 
haberla puesto a prueba encomendándole a 
Costa la defensa de la isla de Martín García, 
bloqueada por la escuadra francesa, en unión 
con una flotilla del Estado Oriental. Efectiva- 
mente: nombrado de tiempo atrás el coman- 
dante Costa jefe militar de esa isla, con una 
pequeña fuerza de guarnición que no alcanzaba 
a 100 hombres, la conducta que desplegara en 
estas circunstancias le haría conocer, sin me- 
jorar ni empeorar la causa del tirano, cualquie" 
ra que ella fuese; los escasos elementos que 
le fueron confiados parece autorizar también 
la opinión del escritor citado. Intímesele por e^ 
comandante de la escuadra, D. Hipólito Da- 
guenet, la entrega de la isla antes de recurrir 
a la decisión de las armas. Costa contestó 
como cuadra a un jefe que conoce las leyes del 
honor militar. Llevado el ataque sobre los di- 
versos puntos sostenidos por los sitiados, un 
fuego nutrido se mantuvo de una y otra parte, 
y después de cerca de dos horas de sangrienta 
lucha los valientes defensores de la isla ren- 
dían las armas a sus vencedores y quedaban 
prisioneros. El comandante Costa .^e acreditó 
una vez más como un jefe intrépido y capaz, 
y el comandante de la escuadra francesa, en 
una comunicación dirigida al gobernador de la 
provincia, que fué publicada en el número 4.597 
de la Gaceta Mercantil, hace honor a la activi- 
dad increíble y a los talentos militares del bra- 
vo coronel Costa, según así se expresa la nota 
con estas palabras: «Lleno de admiración por 



eos 



- 150 



él, he creído que no podía darle una mejor 
prueba de los sentimientos que me ha inspirado 
que manifestando a V. E. su bella conducta 
durante el ataque dirigido contra él el 11 de 
este mes, por fuerzas bastante superiores a las 
deque podía disponer». Pero si la conducta del 
guerrero ha merecido elogio, no podemos re- 
petir lo mismo de sus ideas y de la causa que 
defendió; a juzgar por el texto del parte oficia' 
que pasó, no respiró su pecho otro sentimiento 
que el de su adhesión a Rosas. Véase cómo se 
expresó: «En medio de un fuego vigoroso que 
por todas partes nos abrasaba, nuestros 96 va. 
lientes de que constaba la guarnición se infla- 
maban de entusiasmo en vista del retrato de 
nuestro ilustre Restaurador y del bravo gene- 
ral Quiroga. que los había colocado en el asta 
bandera, al descubierto de los fuegos.» (Ga- 
ceta Mercantil, número 4.599). La guerra que 
empezó el año 39 le contó entre los comba- 
tientes; militaba en el ejército que Rosas puso 
a las órdenes del general Oribe, y asistió a las 
sangrientas jornadas del Quebracho Herrado 
y del Rodeo del Medio. 

En esta última tomó a la bayoneta con su ba- 
tallón la artillería del centro, perdiendo la 
mitad de la tropa, cuyo ataque ejecutó al man- 
do inmediato de su hermano político, el coro- 
nel D. Gregorio J. Quirno. Terminada la gue- 
rra en las provincias argentinas, siguió en el 
ejército en la campaña que emprendía en el 
Estado Oriental; batióse en la batalla del 
Arroyo Grande, desastrosa para las armas del 
general Rivera, y desde cuyo campo Costa 
escribía al gobernador vitalicio de Mendoza, 
Aldas, congratulándole por la victoria y di- 
ciéndole: «Hemos tomado más de 150 jefes y ofi- 
ciales, que en el acto fueron ejecutados » (Bo- 
letín de Mendoza, núm. 12). Es digno de no- 
tarse, sin embargo, y debemos en honor de su 
memoria no olvidarlo, que el coronel Costa 
jamás manchó su nombre ni se le acusó nunca 
de un hecho denigrante ni de crueldad; en 
aquella época aciaga, lejos de eso, interpuso 
su influencia algunas veces en favor de pri- 
sioneros, y aun resistió ejecutar órdenes con- 
trarias a los deberes de la guerra. Invadido el 
Estado Oriental por el ejército del general 
Urquiza, el de Oribe se disolvió con arreglo 
al pacto del Pantanoso {odübre de 1851). Cos- 
ta regresó a Buenos Aires y se puso al ser- 
vicio de Rosas. Asistió a la batalla de Caseros 
al mando del batallón Independencia, cuya 



- eos 

bandera, de seda punzó, llevaba en el centro 
esta inscripción: «Ni pide ni da cuartel». Des- 
pués de la derrota, la casualidad le llevó al 
mismo buque inglés en que se había aislado 
el tirano. A bordo tuvo una anécdota curiosa. 
Conversaba Rosas con el capitán inglés du- 
rante la comida, respecto a la organización 
política de la República, expresándole que 
aquí no había más sistema de gobierno eficaz 
que el absoluto, y que convencido de esto ja- 
más pensó llamar a los pueblos a que se die- 
ran una Constitución. El coronel Costa inte- 
rrumpió a Rosas diciéndole: «¿De modo, señor 
general, que para eso nos ha hecho usted pe- 
lear veinte años?"> «¿Y qué, recién lo conoce us- 
ted?» Siguióse de aquí un fuerte altercado, que 
dio por resultado que el coronel Costa aban- 
donara el buque, pasando a otro que le con- 
dujo a Inglaterra. Regresó a Buenos Aires 
meses después, y por decreto de agosto de 
1852 el general Urquiza le nombraba coronel 
y comandante en jefe de la Guardia Nacional 
de infantería. Simpatizó con la resistencia que 
se hacía al general libertador, y hubo de en- 
trar en el plan de la revolución de 11 de sep- 
tiembre, pero desistió por un detalle personal: 
pretendía, como comandante en jefe de la 
Guardia Nacional, el mando de las tropas, lo 
que no le fué concedido. Decidióse entonces 
por los intereses políticos del general Urquiza, 
y fué uno de los jefes que le acompañó cuan- 
do resolvió regresar a Entre Ríos, dejando al 
coronel Lagos al frente del ejército que sitia- 
ba la ciudad y sostenía la guerra. Posterior- 
mente, el presidente de la Confederación le 
nombró general en jefe del ejército del Norte, 
debiendo fijar su residencia en el Rosario para 
hacer los preparativos necesarios a la forma- 
ción de ese ejército. Desde este punto preparó 
una invasión a la prc.vincia de Buenos Aires, 
de acuerdo con los jefes de la Confederación, 
Lagos, Laprida, Lámela y Olmos. Los inva- 
.sores midieron sus armas en los campos del 
Ya!a con las fuerzas del Gobierno, mandadas 
por el general Hornos; el combate fué reñido, 
pero al fin la derrota se pronunció para los 
primeros (noviembre 8 de 1854). Después de 
esta jornada pasó al Estado Oriental, desde 
donde preparó una invasión, que realizó en 
enero de 1856, desembarcando con un grupo 
de partidarios de Zarate. El Gobierno de Bue- 
nos Aires puso sus fuerzas en movimiento, 
publicando al mismo tiempo un acuerdo que 



COT 



- 151 



condenaba a la última pena a los jefes de la 
revuelta. Días después, el coronel D. Esteban 
García batía a los revolucionarios en los cam- 
pos de Villa Mayor (Matanzas), y el general 
Costa caía prisionero. Aquel jefe, humanitario 
como era, y enemigo de la efusión de sangre, 
interesóse en salvar la vida a Costa; pero ór- 
denes reiteradas y apremiantes le impusieron 
el penoso deber de fusilarle, el 2 de febrero 
de lS5tí. 

Cotagraita (combate) (27 de octubre de 1810). 
A los cinco meses del pronunciamiento de 
mayo de 1810, la división argentina que salió 
de Buenos Aires en julio para llevar a las 
provincias del No^te la enseña de la libertad 
había avanzado hasta el Alto Perú, buscando 
enemigos que combatir. El 27 de septiembre 
se encuentran al fin con las tropas españolas, 
al mando del general Córdoba, en número de 
1.000 hombres, que estaban atrincherados y 
protegidos por 10 piezas de artillería. El ge- 
neral D. Antonio González Balcarce, jefe de 
la división argentina, que sólo se componía de 
300 hombres, no trepida en marchar al ataque 
con sus nuevos soldados, que por primera vez 
iban a oír silbar las balas de los realistas. El 
ataque se efectúa con arrojo, pero la resis- 
tencia fué tenaz, y agotadas las municiones, 
los argentinos tuvieron que retirarse. 

Craig (Tomás). iMarino, inglés de origen. In- 
gresó en la marina de guerra de la República 
durante la época de Rosas. El 3 de agosto 
de 1841 fué ascendido a subteniente, y suce- 
sivamente a teniente y a capitán. Confiósele 
el mando del bergantín Republicano, que tan 
brillante papel desempeñó en la batalla naval 
de Obligado, en 1845, contra las escuadras de 
Inglaterra y Francia coligadas. Una vez que 
quemó el último cartucho, y a la respuesta de 
que se habían terminado por completo las mu- 
niciones, hizo volar su buque para que no ca- 
yera en poder del enemigo, y fué con su tropa 
a tomar el puesto de honor en las baterías de 
la derecha de la barranca, que soportaba el 
terrible estrago de un bombardeo de ocho ho- 
ras de los buques de las escuadras aliadas. 

Cramer (Ambrosio). Teniente coronel del ejér- 
cito de los Andes. Nació en París, el 7 de fe- 
brero de 17SÍ2. Hijo de Ambrosio Cramel, gine- 
brino y gentilhombre del conde de Artois. In- 
gresó en la Escuela Militar, donde permaneció 
dos años, saliendo de ella para formar en las 
filas del 5.° regimiento de infantería ligera del 




D. Ambrosio Cramer. 



- CRA 

ejército" imperial (junio de 1808). Por ascenso 
sucesivos, llegó a capitán de Voltijeros, en 
julio de 1813; ha- 
bía hecho la cam- 
paña del ejército 
que invadió la Es- 
paña, encontrán- 
dose en diversos 
hechos de armas; 
fué herido leve- 
mente en uno de 
ellos, y atravesa- 
do de un balazo 
en la retirada de 
Pamplona. En 
premio de su con- 
ducta y servicios, 
se le nombró ca- 
ballero de la Le- 
gión de Honor en enero de 1814. Después 
de la derrota de Napoleón I, Cramer, como mu- 
chos oficiales, se separó del ejército y em- 
prendió viaje para Buenos Aires: la causa de 
la emancipación americana le había merecido 
sus simpatías, como que ella era eminentemen- 
te liberal. Aceptado el ofrecimiento de sus ser- 
vicios militares, incorporóse al ejército de los 
Andes que empezaba a organizar en Mendoza 
San Martín. En julio de 1816, el director Puey- 
rredón le nombró sargento mayor del mismo, 
y pasó en comisión a San Juan, a organizar el 
número 1 de cazadores; más tarde, con el gra- 
do de teniente coronel, se le encargaba de la 
formación del número 8, al frente del cual mar- 
chaba en el ejército que hizo la travesía de la 
cordillera, asistiendo a Chacabuco . Edecán 
del gobernador Rodríguez en 1821. Peleó con- 
tra el caudillo Ramírez, y fué nombrado jefe de 
la frontera del río Negro, y allí reconstruyó la 
fortaleza e hizo muchos trabajos científicos y 
topográficos, muy apreciables. En 1826 rindió 
examen de de agrimensor y sirvió contra los 
indios, a las órdenes del coronel Rauch (v.). 
Retirado del ejército, pobló una estancia en 
Chascamús, la que abandonó para tomar parte 
en larevolucióndel Suden 1839, contra el tirano 
J. Manuel Rosas, sucumbiendo en el combate 
librado contra las fuerzas de D. Prudencio Ro- 
sas. Así terminó la vida, en honor de una cau- 
sa generosa, este fiel servidor de su patria 
adoptiva. Fué uno de los mártires ilustres de 
la tiranía, 
Crawfurd (Roberto). Uno de los jefes princi- 



CRE 



— 152 — 



CUB 



pales de la invasión inglesa de 180S. En el ata- 
que a la capital, Crawfurd tenía el mando del 
cuerpo de ejército que invadió por el Sud; 
ocupó sin dificultad la residencia y continuó 
avanzando hacia el centro de la ciudad hasta 
que llegó al convento de S^nto Domingo. Allí 
supo de labios del coronel Pack la noticia de 
su desastre, y se detuvo sin atreverse a dar un 
paso adelante. Fortificado el templo, inició un 
fuego terrible contra los montañeses que ocu- 
paban las casas inmediatas, logrando desalo- 
jarlas con grandes pérdidas para sus defen- 
sores. Asestaron éstos un cañón a las torres 
del templo, dirigiendo su fuego en combinación 
con los disparos de la fortaleza, mientras los 
miñones y patricios echaban abajo las puertas 
del templo para pelear cuerpo a cuerpo con 
los soldados que lo defendían. Viéndose perdi- 
do Crawfurd, enarboló bandera de parlamento, 
cesando el combate para rendirse a discreción 
con hombres, armas y bagajes. 

Crespo (Francisco). Nacido en Buenos Aires, 
el 11 de abril de 1791. Empezó su carrera en 
180S, y en 1810 formó en el primer ejército 
patriota que marchó al interior, hallándose en 
Suipacha, Huaqui, sitio de Montevideo, Cha- 
cabuco, Talcahuano, Maipú, Calaña, Torata, 
Moquegua. Cuando la sublevación del Callao, 
fué tomado prisionero y herido, quedando pre- 
so durante un año. En la batalla de Obligado, 
habiendo sido herido el jefe Mansilla, tomó el 
mando de las tropas Crespo. Fué un ardiente 
partidario de Rosas. Falleció en el pueblo de 
San Isidro (Buenos Aires), el 7 de septiembre 
de 1849. 

Criollo de Buenos Aires (corsario). Se le dio 
patente numero 46, a solicitud de D. David C. 
Deforest, con fecha 23 de octubre de 1815. El 
27 de noviembre de 1818 entró al puerto de 
Buenos Aires el quechemarín español Carmen, 
apresado el 21 de agosto por el Criollo, a la 
vista de Cádiz, con cargamento de sardinas. 
Lo condujo el cabo de presa Timoteo Bernar- 
do, a la consignación de D. Guillermo R. Ford. 

Cristiano Muerto (combate). Las fuerzas de 
Buenos Aires que expedicionaban en la Pam- 
pa tienen un reñido combate con los indios del 
bravo Cafulcurá en el Cristiano Muerto, con- 
siguiéndose un triunfo sobre los indios. 

Cruz Alta (combate). El coronel Bustos, que 
se hallaba atrincherado en la Cruz Alta, pro- 
vincia de Córdoba, es atacado por las fuerzas 
'.áe Carrera y Ramírez, donde se defiende enér- 



gicamente hasta obligarlos a retirarse, dejando 
en el campo gran número de muertos (16 de 
julio de 1821). 

Cruz (Francisco Fernández de la). Militar. Na* 
ció en Buenos Aires, el 1 de septiembre 
de 1781, y desde joven se dedicó a la carrera 
de las armas, en la que llegó hasta el grado de 
brigadier. En las invasiones inglesas empezó 
sus servicios, y en 1810 marchó en clase de 
sargento mayor en la expedición que partió de 
esta ciudad a las provincias del interior. Dos 
años después se halló en el Cerrito, con el 
grado inmediato superior. En el asedio de la 
plaza de Montevideo, en el mismo año, se in- 
corporó al ejército de Belgrano, y desempeñó 
la gobernación militar de Tucumán el 20 de 
octubre de 1812, en que ocupó la ciudad a con- 
secuencia de la derrota de Tristán en Tucu- 
mán. El año siguiente ejerció como delegado, 
y después en propiedad, la gobernación de Sal- j 
ta desde el 26 de octubre de 1813 hasta el 
10 de marzo de 1814, en que fué elevado a co- 
ronel, hallándose en el combate del Puesto 
del Marqués y en Sipe-Sipe en 1815. Separado 
del mando del ejército Belgrano en 1819, fué 
nombrado Cruz para substituirlo como jefe del 
ejército del Alto Perú, cargo que ejerció has- 
ta 1820, en que se produjo la sublevación de 
Arequito. Cruz se refugió en San Juan, donde 
poco después, con fuerzas de esta provincia, 
batió a los montoneros mendocinos. En 1825 
fué electo diputado, y al año siguiente minis- 
tro de Guerra de Rivadavia, como lo había 
sido durante las administraciones de Rodrí- 
guez y de Las Heras. Falleció este distinguido 
militar en Buenos Aires, el 23 de abril de 1835 

Cubas (José). Gobernador de Catamarca. Na- 
cido en esa provincia, el 14 de mayo de 1802. 
Su valor personal, su honorabilidad y caballe- 
resca decisión por la causa liberal le conquis- 
taron el aprecio de sus conciudadanos, que le 
elevaron entre otros puestos al de gobernador 
de su provincia, habiendo ejercido el mando 
desde el 5 de noviembre de 1836 hasta el 29 de 
abril de 1841. Su administración ha dejado re- 
cuerdos imperecederos en aquel territorio, j 
la memoria de su martirio será indeleble en el 
tiempo y en la posteridad. Su gobierno tiene 
hechos que le honran y enaltecen; no fué ni un 
perseguidor vulgar ni un adversario implaca- 
ble; fué, por el contrario, un magistrado lleno 
de altura y mansedutnbre para con sus pro- 
pios enemigos. Recordaremos un rasgo carac- 



CUB 



- 153 



CUE 



terizado de su administración. Reunida la frac- 
ción liberal para arbitrar los medios de crear 
fondos en vista del estado afligente del erario 
público, se propuso imponer una módica con- 
tribución a los amigos del tirano, que abier- 
tamente conspiraban entonces contra las auto- 
ridades constituidas. Cubas se opuso decidida- 
mente a esta medida, declarando que era un 
despojo que jamás permitiría y que deseaba 
mantener tranquila su conciencia de hombre y 
de magistrado. Cubas fué uno de los apósto- 
les de la histórica Liga del Norte contra el go- 
bierno de Rosas, para constituirse más tarde 
en uno de sus primeros mártires. A mediados 
del año 41, Manuel Oribe destacó contraía 
provincia de Catamarca al famoso coronel don 
Mariano Maza, poniendo bajo sus órdenes una 
columna de mil hombres. El gobernador no te- 
nía sino seiscientos cincuenta milicianos mal 
armados; pero decidido a defender su territo- 
rio, esperó resueltamente a los invasores, que 
no tardaron en presentarse a su vista, y el 
29 de octubre, en los alrededores mismos de la 
ciudad se trababa un reñido combate, que se 
tradujo fatalmente en una victoria completa 
para las fuerzas federales. Cubas, vencido, se 
refugió con algunos de los suyos en una serra- 
nía inmediata, y Maza, vencedor, hizo pasar a 
cuchillo quinientos setenta soldados caídos en 
su poder. Perseguido Cubas tenazmente, fué 
tomado en su misma cama, y dos días después 
fué conducido y sentenciado a muerte sin for- 
ma alguna de juicio. Estando en capilla, su 
desolada esposa acompañada de siete hijos fué 
a implorar la clemencia del verdugo, y aunque 
no le ablandaron las lágrimas ni los ruegos, 
prometió salvar la vida del reo en cambio de 
una fuerte suma de dinero. Mendigando de 
casa en casa, consiguió la esposa del desgracia- 
do Cubas reunir cuatro mil pesos en plata, que 
entregó a Maza, reclamando la libertad de su 
esposo, cuya cabeza rodaba, no obstante, por 
el suelo dos horas más tarde, y era clavada en 
una pica en la plaza principal de la ciudad. 
(4 de noviembre de 1741). Antes de morir, diri- 
gía a su esposa una sentida carta, de la que 
tomamos lo siguiente: <Por disposición de 
Dios voy a morir dentro de una hora. Confór- 
mate, pues mi conciencia nada me arguye, y 
creo seré más feliz en la vida eterna. Aunque 
nada tengo que prevenirte en orden a mis hi- 
jos, mi voluntad es que si puedes los tengas en 
el convento, donde podrán continuar sus estu- 



dios y ser buenos religiosos o ciudadanos... 
Que Dios te ayude y que lleves con resigna- 
ción los trabajos de este mundo, hasta que nos 
veamos en el cielo, d jnde te espera tu desgra- 
ciado compañero». 

Cucha-Cucha 'combate). Entre los argentinos 
al mando de Las Heras y fuerzas realistas en 
el paraje de este nombre. El triunfo fué de los 
primeros (23 de febrero de 1814). 

Cuenca (Claudio .Mamerto). Médico y poeta. Na- 
ció en Buenos Aires, el 30 de octubre de 1812. 
Hizo sus estudios en la Universidad de esta 
ciudad, graduándose de doctor en Medicina 
en 1838, el mismo día en que cumplía veinti- 
séis años de edad. Su tesis fué un trabajo de 
mérito; era un estudio filosófico de la natura- 
leza humana: Simpatías. Poco después fué nom- 
brado catedrático de Anatomía, y más tarde de 
Fisiología y materia médica. Las tareas profe- 
sionales y las atenciones de su cátedra no le 
impidieron el cultivo de las bellas letras. En el 
ejercicio de su profesión conquistó fama de há- 
bil cirujano, distinguiéndose además por sus 
nobles y humanitarios sentimientos. Como poe- 
ta y dramaturgo se reveló en inspiradas com- 
posiciones, muchas de las cuales permanecie- 
ron ignoradas durante la vida del poeta, debi- 
do quizá a su modestia exquisita, siendo la de 
más largo aliento la que lleva por título «Deli- 
rios del corazón), que consta de más de dos 
mil versos y que basta por sí sola para lau- 
rearle de poeta. Vienen después «Expiación re- 
cíproca», la comedia Don Tadeo, y el drama 
trágico Musa, que dejó casi al terminar. Vivió 
en Buenos Aires durante la época de Rosas; 
pero no son un misterio sus opiniones adversas 
a la tiranía. Nombrado por aquél cirujano prin- 
cipal del ejército que peleó en Caseros, aceptó 
ese destino. «No era, pues, un soldado de Ro- 
sas, sino un soldado de la Humanidad, que mu- 
rió en su puesto llenando su santo ministe- 
rio. Su alma noble y elevada no veía en los 
partidarios de Rosas a los enemigos de la cau- 
sa de sus afecciones. Veía en ellos hermanos 
extraviados, argentinos en fin, a los que con 
su ciencia podría salvar de la muerte. Y por 
eso, en el hospital de sangre y cumpliendo con 
su misión, cuando los demás médicos habían 
buscado la salvación en la fuga, vino una bala 
a cortar su existencia.» Como si hubiera teni- 
do el presentimiento de su fin y la idea de sal- 
var su nombre de la tacha de jenízaro del des- 
potismo, escribió en el campamento aquellos 



CUE 



154 



CULL 



versos contra Rosas, de los cuales entresaca- 
mos los siguientes: 

cY esto es, ni más ni menos, lo que ahora 
Te está, perverso Rosas, sucediendo: 
Estás en tu expiación, y ya la hora 
de purgar tu maldad está corriendo.-» 

Fué padrino de tesis del Sr. Rawson cuan- 
do en 1845 recibió éste el título de doctor en 
Medicina. 

Cueto (Jacinto). Guerrillero célebre. Natural 
de Chuquisaca. Tomó un puesto de combate en 
las filas de los ejércitos argentinos cuando és- 
tos entraron en el Alto Perú. Sirvió a las ór- 
denes del famoso coronel Padilla en la guerra 
llamada de las Republiquetas, distinguiéndose 
como uno de los mejores guerrilleros en esa 
lucha tenaz y sangrienta de los pueblos levan- 
tados contra la dominación española. A la 
muerte de Padilla, tomó el mandó Cueto; pero 
a consecuencia de desinteligencias sobrevi- 
nientes, quedó rota la unidad de acción. Cueto 
prestó servicios meritorios a la causa ameri- 
cana. 

Cuevas (combate de las). Guerra del Paraguay. 
Combate naval que tuvo lugar el 12 de agosto 
de 1SÓ5. Después de la victoria naval del Ria- 
chuelo, obtenida por la escuadra brasileña, a] 
mando del almirante Barroso, sobre la para- 
guaya, al mando del capitán Meza, el almiran- 
te Barroso consideró prudente situarse más 
abajo de Corrientes, sobre el río Paraná, para 
no quedar con sus comunicaciones amenazadas 
hacia el Sur por el ejército paraguayo del ge- 
neral Robles, que, dueño de la mayor parte de 
la provincia invadida, había construido bate- 
rías en Mercedes y Cuevas para hostilizar a 
todos los buques de la escuadra aliada que cru- 
zasen. 

Los pasajes de ambos puntos debieron ha- 
cerse combatiendo; pero sólo el segundo tiene 
interés para nosotros por haber intervenido en 
él un buque de nuestra escuadra, el vapor 
Guardia Nacional, comandante Py, llevando 
a su bordo al coronel José Murature como 
jefe superior. 

Las baterías paraguayas, emplazadas sobre 
las alturas de Punta Cuevas, contaban con más 
de 30 piezas de artillería de seis, nueve, 18 
y 32, servidas por personal de un cuerpo de 
8.000 hombres establecido allí. 

La escuadra brasileña desfiló aguas abajo su- 
friendo el fuego de las baterías, y en su centro 



navegaba el vapor Guardia Nacional, el que 
empeñándose en el combate, tuvo una actua- 
ción sobresaliente, sufriendo serias averías j 
teniendo varios muertos y heridos en su tripu- 
lación, entre los primeros los guardias marinas 
Enrique Py y José Ferré, y entre los segundos 
el teniente Urtubey, después comodoro. 

Cululú (combate). El 4 de marzo de 1718. Hacía 
mucho tiempo que los indios mocovíes, aquilo- 
tes y abipones asolaban continuamente los al- 
rededores de Santa Fe, defendiendo la ciudad 
los naturales, con sus aliados los indios cal" 
chaquíes, hasta que un combate que sostuvie- 
ron 50 santafecinos en Cululú contra 300 indios 
enemigos, y del que sólo escaparon dos, dio 
fin a los ataques y robos por entonces. 

Culpina (combate de). Habido en BolÍYÍa el 31 
de enero de 1816, por el sargento mayor Gre- 
gorio Aráoz de Lamadrid, quiea, al frente de 
130 hombres mal armados, atacó en el Alto 
Perú, en los ingenios de Culpina, a una colum- 
na realista, compuesta de 500 soldados, manda- 
da por el brigadier Alvarez. La obscuridad de 
la noche hizo cesar el sangriento combate. En 
esta acción tuvo lugar un hecho romancesco^ 
digno del heroico jefe tucumano. Al frente de 
su caballería avanzó sable en mano al toque 
de «¡a degüello!»; pero todo su escuadrón vol- 
vió caras, y sólo él y tres soldados (José San- 
tos Frías, puntano; Gregorio Jaramillo, salte- 
ño, y Juan Manzanares, paraguayo) permane- 
cieron en sus puestos, y al atacar al enemigo 
recibieron una descarga a quemarropa, que 
mató al caballo de Lamadrid, el que, corriendo 
a pie, debió su salvación al auxilio que le pres- 
taron sus tres heroicos compañeros. 

CuUen (Domingo). Político. Natural de Teneri- 
fe (islas Canarias^. Vino a Montevideo y fué 
nombrado contador de la Aduana. Pasó lue- 
go a Buenos Aires, dedicándose al comercio. 
En 1820 se radicó en Santa Fe, siendo conse- 
jero del gobernador general López y su minis- 
tro de Gobierno. Fundó diversos colegios, re- 
gularizó la Hacienda pública, etc. etc. En 1838 
vino a Buenos Aires, con el objeto de disuadir 
a Rosas de la guerra con Francia, y habiendo 
fallecido entonces el gobernador López, Cu- 
Uen asumió el mando de la provincia, amena- 
zando a Rosas de retirarle la representación 
de su provincia si no desistía de su intento; 
pero Rosas, que le temía, mandó invadir la pro- 
vincia y lo persiguió, tomándolo prisionero en 
Santiago del Estero, desde donde fué condu- 



CULL 



- 155 — 



CUR 



cido preso hasta Buenos Aires (Arroyo del Me- 
dio), sitio en que fué ejecutado, el 22 de junio 
de 1839. 

Cullen (José María). Gobernador de Santa Fe. 
Hijo del anterior. Nació en aquella provincia, 
el 20 de marzo de 1825. Hizo un gobierno muy 
bueno, realizando mejoras y adelantos de im- 
portancia, preocupándose muy especialmente 
de la colonización del territorio, propósito a 
que consagró todo género de esfuerzos y hasta 
bienes propios de fortuna. Estableció en Santa 
Fe la primera colonia agrícola, que se llamó 
«Esperanza», con familias venidas de Europa, 
y que ha servido de base a las numerosas po- 
blaciones europeas que labran hoy el suelo fér- 
til de aquella provincia; pero las continuas re- 
vueltas civiles le obligaron a poco a dejar el 
gobierno. Cullen se trasló a Buenos Aires, 
donde se dedicó a empresas útiles para el país: 
estableció la primera Empresa de navegación 
a vapor del rio Paraná, que debía dar impulsos 
nuevos al comercio del litoral; inició la idea de 
fundar un Banco de descuentos; estableció en 
Santa Fe la colonia «Jesús María». Murió re- 
pentinamente, en viaje de Buenos Aires al Ro- 
sario, el 11 de octubre de 1876, a bordo del va- 
por Primer Argentino. 

Cullen (Patricio). Gobernador de Santa Fe. 
Hermano del anterior. Nacido en la capital de 
aquella provincia, el 20 de julio de 1826. Dedi- 
cóse al comercio, y tomó parte en la cruzada 
libertadora en calidad de ayudante de Urquiza; 
pero después de Caseros se retiró a Santa Fe. 
Después de /'aüó/2 (1861) fué electo goberna- 
dor. Hizo un gobierno de reparación y de pro- 
greso, regularizó las finanzas, fomentó la edu- 
cación y coadyuvó al esfuerzo del Gobierno de 
la nación para la seguridad de las fronteras. 
Comprometido más tarde en un movimiento re- 
volucionario que debía estallar en la capital 
contra el Gobierno, y habiendo fracasado, se 
retiraba a su colonia de San Javier, sin miras 
hostiles ya, cuando fué alcanzado por grupos 
del Gobierno y muerto bárbaramente, con va- 
rios de los que le acompañaban, el 22 de marzo 
de 1877. 

Cumbay. Célebre cacique, que fué ardiente 
partidario de la revolución contra la Metró- 
poli. Era de la región del Chaco. Combatió por 
la causa americana, al frente de sus guerreros, 
en Santa Cruz de la Sierra, y en uno de los 
combates fué herido de gravedad, de un ba- 
lazo. Por más que hicieron los realistas para 



traérselo a su lado, nada consiguieron. «A los 
pocos días trataron los enemigos de seducir a 
Cumbay: mandaron siete emisarios con una 
porción de regalos, y su contestación fué que 
él peleaba por la patria; y los mandó pasar por 
las f lee has. « 

Curapalisué (combate). Ganado en Chile por 
el coronel D. Juan Gregorio de las Heras al 
coronel español Ordóñez y a su segundo. Cam- 
pillo. El coronel Ordóñez, con fuerzas muy su- 
periores en número, atacó en Curapaligüé, 
a cinco leguas de Concepción, el 4 de abril 
de 1817, al coronel argentino Las Heras, sien- 
de vencido por éste, el que se apoderó de dos 
cañones, tomándole además algunos prisione- 
ros, quedando en el campo de combate diez 
muertos y un herido, que dejaron abandonados 
los realistas al emprender la fuga. 

Curupaytí (ataque). Diez y ocho mil hombres 
del ejército aliado contra el Paraguay, a las 
órdenes del general D. Bartolomé Mitre, lle- 
van un formidable ataque a las baterías de Cu- 
rupayti el 22 de septiembre de 1866. Los para- 
guayos, a las órdenes del general Díaz, se 
defienden heroicamente y rechazan a los asal- 
tantes, ocasionándoles grandes y sensibles 
pérdidas, pues quedaron fuera de combate 
como de 3.000 a 4.000 hombres de las tropas 
argentinas y de las brasileñas que mandaba el 
barón de Porto Alegre, que fué a quienes les 
tocó la triste gloria de esta jornada. Las fuer- 
zas argentinas y brasileñas se retiraron en or- 
den y con banderas desplegadas, sin que el 
enemigo intentase salir de sus trincheras. El 
coronel Rivas recibió dos heridas y fué procla- 
mado general en el campo de batalla. En tanto 
que los argentinos y la fuerza de Porto Alegre 
se sacrificaban cumpliendo con su deber, el 
general Flores operaba con sus columnas en 
orden inverso al que le estaba señalado en el 
plan de ataque y se aleja del lugar del comba- 
te. El general Polidoro, con su cuerpo de 
ejército brasileño, quedó quieto en su campo, 
sin secundar a los asaltantes. La escuadra bra- 
sileña, mandada por Tamandaré, no prestó un 
auxilio eficaz, pues siempre ocupando pruden- 
tes distancias para que sus buques no sufrie- 
ran, arrojó sobre Curapayti 5.000 homhas, que 
no ocasionaron ningún perjuicio a los para- 
guayos. 

Curuzú-Cuatiá (combate de). El 6 de agosto 
de 1862. La revolución hecha por los liberales 
en Corrientes el 11 de noviembre de 1861, sin 



CUY 



156 - 



CUY 



embargo de haber operado un cambio en las 
autoridades de la provincia, no respondió a las 
esperanzas que los había llevado a la lucha. El 
general Cáceres, cuya preponderancia como 
jefe militar trataban de destruir, había queda- 
do ejerciendo su influencia y su poder absolu- 
to, y pesando éste sobre el partido que los 
acontecimientos de Pavón habían levantado, 
trata nuevamente de destruirlo, y, al efecto, 
los coroneles Acuña, Rojas y Romero se ar- 
man y lo atacan en los suburbios del pueblo de 
Ciirujiii-Cuatiá, donde después de un sangrien- 
to combate queda al fin Cáceres vencedor, 
muriendo en la pelea el coronel Acuña. 
Cayo. Nombre con que se designaba en la épo- 
ca de la emancipación a las provincias de San 
Luis, Aiendoza y San Juan. Cu//o es una pala- 
labra araucana que significa arenas, que abun- 



dan en los territorios conocidos con ese nom- 
bre, y cuyos habitantes tantas muestras de pa- 
triotismo dieron en la formación del ejército 
de los Andes principalmente. La anticua pro- 
vincia indígena de Cui/o fué poblada en 1561 
por los conquistadores de Chile y permaneció 
hasta 1778 dependiente de este gobierno, año 
en que fué agregada al virreinato del Río de la 
Plata. Sobre la significación de la palabra 
Cuyo se han expuesto muchos pareceres y 
suscitado largas discusiones. Por decreto del 
triunvirato, con fecha 29 de noviembre de 1813, 
de las ciudades de Mendoza, San Juan y San 
Luis se formó la «provincia de Cuyo», con un 
gobernador intendente, con entera indepen- 
dencia de Córdoba, teniendo por capital a 
Mendoza. Su primer gobernador intendente lo 
fué el coronel D. Juan Florencio Terrada. 



CH 



Chacabnco (batalla). Ganada en Chile por el 
general D. José de San Martín al ejército es- 
pañol, comandado por el brigadier D. Rafael 
Maroto, el 12 de febrero de 1S17. El ejército 
realista dominaba en todo el territorio de Chi- 
le, y al trasponer los Andes el ejército liber- 
tador, compuesto de argentinos y chilenos, le 
presentó batalla en la cuesta de Chacabuco, 
derrotándole completamente, a pesar de ser 
superior en número, después de cuatro horas 
de combate. Con este espléndido triunfo se 
afianzó la libertad y la independencia de Chi- 
le. El parte de esta gran victoria termina con 
estas memorables palabras: «Al ejército de los 
Andes queda para siempre la gloria de decir: 
en veinticuatro días hemos hecho la campaña, 
pasamos las cordilleras más altjs del globo, 
concluimos con los tiranos y dimos la libertad 
a Chile.» A las cuarenta y ocho horas de la bs. 
talla, el general vencedor, seguido del ejército 
de los Andes, entró, en la capital de Chile, des- 
pués de haber realizado en pocos días la cam- 
paña más gloriosa de la independencia ameri- 
cana. Los trofeos de esta jornada fueron: 500 
muertos y 600 prisioneros; la artillería, un es- 
tandarte y dos banderas; el armamento y par- 
que de los vencidos y la restauración chilena. 
Esta batalla, preparada por hábiles combina- 
ciones estratégicas, puede presentarse como 
un modelo clásico de arte militar y como acon- 
tecimiento político, y en relación con los desti- 
nos americanos su importancia es mayor aún. 
Fué la primera batalla americana con largas 
proyecciones históricas. Chacabuco quiere de- 
cir: cuesta colorada. 

El ejército de Chacabuco se componía de los 
siguientes cuerpos: 



Primera división. 

Mayor general: brigadier D. E. Soler; bata- 
llón núm. 1 de Cazadores: comandante Rude- 
sindo Alvarado; Cazadores y volteadores del 
7 y 8: comandante Anacleto Martínez ; bata- 
llón núm. 11: coronel J. Gregorio las Heras; 
Escolta y cuarto escuadrón de Granaderos: 
comandante Mariano Necochea; siete piezas: 
comandante Pedro R. de la Plaza. 

Segunda división. 

General: D. Bernardo O'Higgins; batallón nu- 
mero 7, libertos de Cuyo: comandante don 
Ambrosio Cramer; batallón núm. 8, libertos de 
Buenos Aires: comandante D. Pedro Conde; 
dos piezas; tres escuadrones de Granaderos a 
Caballo: coronel, Zapiola; comandantes: don 
José Melián y D. Manuel Medina; Ingenieros: 
mayor Arcos, capitán Beltrán. 
Chaco (indios del). Los guaycurúes, que hacían 
con bastante frecuencia invasiones en los esta- 
blecimientos limítrofes, siempre acompañados 
de sangre y luto. Acostumbran raerse los ca- 
bellos, pelarse las cejas y los párpados, agu- 
jerearse las orejas, las narices y los labios 
para introducir en ellos cuerpos extraños; los 
matacos viven en las comarcas que bañan el 
Bermejo superior y medio; son de estatura 
baja, retacones, de cara tártara, nariz chata, 
ojos largos; taimados, cobardes, haraganes, de 
entendimiento obtuso, ladrones por instinto y 
vengativos. Todos los trabajos agobian a las 
mujeres, que son verdaderas esclavas. Los len- 
guas se cortan el pelo en la mitad de la frente 
y a los lados, y en los agujeros que se hacen 
en las orejas introducen piezas de madera de 



CHA 



— 158 



HA 



diámetro cada vez mayor, por lo que las orejas 
se estiran más y más. Se hacen un tajo espe- 
cial en el labio inferior e introducen un semi- 
círculo de madera. A la muerte de un individuo 
de la tribu todos cambian sus nombres, porque 
dicen que la muerte, habiéndolos visitado, se 
ha llevado la lista de los nombres de todos los 
sobrevivientes para matarlos a su vuelta, y 
con ese ardid la picara no sabrá ya más a qué 
atenerse. Los tobas son muy nómadas, porque 
tan pronto se hallan en el Alto Pilcomayo como 
a las orillas del Paraná, frente a Corrientes. 
Con los amigos parecen honestos, fieles y ge- 
nerosos; pero con sus enemigos son sumamen- 
te crueles. 

Chaim (Benito). Uno de los jefes de la Recon- 
quista. Nacido en Galicia (España). Hallábase 
establecido en la 
Colonia cuando se 
posesionaron los 
ingleses de Buenos 
Aires. Organizada 
la resistencia, 
aquella plaza con- 
tribuyó con un cuer- 
po de voluntarios, 
siendo nombrado 
Chaim capitán de 
una de sus compa- 
ñías. La capital fué 
reconquistada, dis- 
tinguiéndose el vo- 
luntario de la co- 
lonia por la bizarría de su conducta. Al apro- 
ximarse la segunda columna, de la que forma- 
ba parte su cuerpo, a la plaza principal, que 
era defendida vigorosamente por las fuerzas 
británicas, Chaim, desprendiéndose de sus fi- 
las, se aproximó a su jefe inmediato rogándole 
le permitiese atacar el primero con su compa- 
ñía, lo que llevó a cabo protegido por el bata- 
llón de marina y en medio de un fuego mor- 
tífero. Su espada fué rota por una bala; el 
Cabildo le entregó después un sable guarneci- 
do de oro. y el virrey, el empleo de teniente 
coronel. 

Chanaes (tribu de indios). Moraban primitiva- 
mente en las islas del delta del Paraná, 
de donde se trasladaron a las islas de la 
boca del río Negro, llamado íium por los 
indígenas. Apenas sumaban unas cien familias. 
Era la tribu más pacífica, siendo la primera 
que se sometió a los españoles. Con una re- 




Benito J. Chain. 



ducción de estos indios fundó el P. Ber- 
nardino de Guzmán el pueblo de Santo Domin- 
go de Soriano, el más antiguo de la República 
Oriental del Uruguay en 1624. Chana signifi- 
ca mi pariente; de che, pronombre de la prime- 
ra persona, y aña, pariente. 
Chancay (combate'. Habiendo quedado rezaga- 
do en un reconocimiento de vanguardia del 
ejército argentino que operaba en el Perú el 
capitán D. Juan Pascual Pringles, al frente de 
sólo 25 granaderos a caballo, es atacado por 
tres escuadrones del ejército español. Prin- 
gles se bate en retirada, tomando la costa del 
mar, en la playa de Chancay (pescadores). 
Viéndose con dos terceras partes de sus sol- 
dados muertos y el resto con sus caballos can- 
sados, antes que rendirse al enemigo se arrojó 
al mar, resuelto a perecer; pero el jefe espa- 
ñol, al presenciar tanto heroísmo, le ofrece con 
toda nobleza una capitulación honrosa, que le 
salvó, juntamente con los soldados que le que- 
daban (25 de septiembre de 1820). 
Chañar (combate del). El G de marzo de 1873. 
El coronel D. José Olegario Gordillo se halla- 
ba en La Rioja al frente de las fuerzas naciona- 
les y de las A\il¡cias movilizadas, y desde un 
principio se puso en pugna con el gobernador 
de la provincia, D. Pedro Gordillo, siendo las 
causas emanadas de cuestiones electorales y 
de influencias políticas que se atravesaban en 
la marcha de ambos. Llegó a ser entre éstos 
tan tirante la situación que se había creado, 
que el gobernador armó fuerzas y se fué a ata- 
carlo en su campamento del Chañar, so pre- 
texto de dar contra los montoneros que el jefe 
nacional apadrinaba, según la versión oficial 
del gobernador. En el ataque hubo muertos y - 
heridos por ambas partes, sin qué este comba- 
te nada resolviese. El Gobierno nacional, a fin 
de hacer cesar estos escándalos, comisionó al 
general Ivanowski para que marchara a La Rio- 
ja, y sólo así se consiguió restablecer el orden, 
haciendo que el coronel Gordillo le entregase 
sus fuerzas y se desarmasen los ciudadanos 
que habían tomado parte en estas cuestiones. 
Chajá (Combate del). El general D. José Mi- 
guel Carrera había acampado en el Chajá, 25 
leguas al Sud de San Luis, en la República 
Argentina, con el objeto de interrumpir la in- 
corporación que a las fuerzas pantanas del 
gobernador Ortiz trataba de hacer el general 
Bustos con tropas cordobesas. Este jefe, igno- 
rando la presencia de Carrera en el Chajá, 



CHA 



159 - 



CHA 



llepca allí, y en el acto es atacado y destruido 
completamente. Este combate tuvo lugar el 9 
de marzo de 1821. 
Charcas. Célebre ciudad, capital del departa- 
mento de su nombre en Bolivia, situada en la 
margen izquierda del rio Cachimayo; debe su 
fundación a D. Pedro Anzures, compañero de 
Pizarro. Los bolivianos le dan oficialmente el 
nombre de Sucre, en honor del general que 
en 1824 afi anzó su independencia. Es de ad- 
vertir que esta ciudad ha llevado sucesivamen- 
te los nombres de Chuquisaca, Charcas, La 
Plata y Sucre. Es célebre por su Universidad. 
la más antigua de la .América; fué también 
asiento de la Real Audiencia, durante el vi- 
rreinato. 
Charlevolx (Pedro Francisco). Misionero y es- 
critor jesuita. Francés. Recorrió el Canadá, la 
bahía de Puán, y remontó el San Juan, el Illi- 
nois y el Mississipí hasta su embocadura. Ex- 
cursionó en el Nuevo Mundo a fines de 1722, 
después de una permanencia de cuatro meses 
en Santo Domingo, entonces posesión españo- 
la, cuya historia publicó a su regreso. Además 
publicó Historia y descripción del Japón. Su 
última obra fué la Historia del Paraguay, 
obra que tiene sin duda un mérito indisputable 
para las letras históricas del Rio de la Plata. 
Falleció en 1761. 
Charlone (Juan Bautista). Militar. Nacido en 
Italia, en el pueblo de Asti (Piamonte), en 1826. 
Dedicado al co- 
mercio, vino con 
ese fin a Monte- 
video en 1840; 
pero pronto aban- 
donó esa profe- 
sión para ingre- 
saren 1845 en la 
legión de Gari- 
baldi, asistiendo 
al asalto y toma 
de la Colonia, a 
la sorpresa de 
Martin García, 
de Guale guay- 
chú, a las campañas del Salto, combate de 
Hervidero, de San Antonio, en la sorpresa 
de Itapeoi; en el combate de San Antonio 
fué herido en la cabeza y ascendido a sar- 
gento, cuando apenas contaba diez y nue- 
ve años de edad. En 1849, a subteniente, 
y en 1851, con el grado de capitán, formó 




Coronel D. Juan Bautista 
Charlone. 



en la división del general Díaz, con la cua, 
conc«rrió a Caseros, en 1852, y alistando, 
se en el ejército argentino, sirvió en su gra- 
do durante el sitio de 1853. En 1857 coman- 
dó un buque de guerra, pero pidió su in- 
corporación al ejército con el grado de sargen- 
to mayor, y como segundo jefe de la legión mi- 
litar asistió a las batallas de Cepeda y Pa- 
vón, Cañada de Gómez. Fué ascendido y pasó 
con su legión a la provincia de Santa Fe. De- 
clarada la guerra del Paraguay, es muy raro 
el combate librado entre las armas argentinas 
y paraguayas, desde la toma de Corrientes 
hasta el asalto de Curupayii, en que no figure 
el nombre de Charlone. En la toma de Co- 
rrientes recibió una herida de sable en la ca. 
beza, inferida por un oficial paraguayo, que 
fué muerto por el sargento Boisnard, y en el 
sangriento asalto de Curupayti la legión mili- 
tar fué diezmada y Charlone herido mortal- 
mente por un golpe de metralla, que lo atrave- 
só de un lado al otro del pecho, y hubiera 
quedado allí a no ser la noble abnegación del 
sargento Etchart, que lo tomó en brazos, lo 
atravesó sobre el caballo y se alejó rápido, 
sucumbiendo más tarde. El coronel Charlone 
fué un oficial circunspecto, celoso en el cum- 
plimiento de sus deberes, rígido en la discipli- 
na y de una moralidad intachable. 
Charrúeis (tribu de indios). Vivían en la margen 
septentrional del Plata, desde la embocadura 
del río San Salvador hasta el Atlántico, exten- 
diéndose hasta unas 30 leguas hacia el inte- 
rior. Eran los más bravos y guerreros, y des- 
pués de exterminar varias tribus vecinas, si- 
guieron resistiendo tenazmente a la conquista, 
sin someterse jamás a los españoles. Eran de 
estatura regular, tronco robusto, miembros for- 
nidos y de color casi negro. Tenía.. la cabeza 
grande, con pómulos salientes, nariz algo acha- 
tada, boca grande y ojos pequeños, pero de 
vista muy penetrante. Eran lampinos, con ca- 
bello muy espeso, negro y lustroso. Los cha- 
rrúas eran polígamos, aunque eran raros los 
casos de monogamia. El hombre se dedicaba 
tínicamente a la caza y a la guerra. La mujer 
le acompañaba en .«us excursiones guerreras; 
fabricaba casi todas sus armas y utensilios; ar- 
maba y desarmaba el toldo o «rancho» portá- 
til, viniendo a ser como una esclava. Creían 
en un espíritu bueno, que denominaban Tupa, y 
en un genio del mal, llamado Añang, a quien 
atribuían todas sus enfermedades y desgra- 



CHA 



- 160 



CHE 



cias. Los machíes eran sus curanderos, a los 
que consideraban como adivinos. Sus armas 
eran mazas, rompecabezas y fleciías, con dar- 
dos de pedernal o con puntas de madera tosta- 
das al fuego. Usaban también los libes o bolea- 
doras, que eran bolas de piedra sujetas a tiras 
de cuero; las manejaban con suma destreza, 
así en la guerra como en la caza, etc. El doc- 
tor Vicente F. López asegura que la voz cha- 
ruhas quiere decir litorales; el historiador La- 
sota, que significa somos inquietos; de cha, 
«nosotros», y arru, «inquietos»; según otros^ 
significa los enojadizos, los destructores. Los 
últimos charrúas fueron exterminados en 1832. 
Zapican, Abayuba y Cabarí fueron sus caci- 
ques más famosos. 
Chascomús (combate). La revolución del Sud 
de la provincia de Buenos Aires, encabezada 
por Castelli (29 de octubre de 1839), aun no se 
había extendido ni acordado su plan, cuando 
cayó, postrada por la actividad de las tropas 
del Gobierno, al mando del coronel Granada, 
que marcharon a sofocarla. En la laguna de 
Chascomús se ven obligados los revoluciona- 
rios a librar un combate con las fuerzas que 
mandaba Prudencio Rozas, consiguiendo éste 
una sangrienta victoria. El jefe Castelli es de- 
gollado. Chascomús es un partido y pueblo del 
Sud de la provincia de Buenos Aires, y en len- 
gua pampa significa opais de las lagunas», 
y efectivamente, hay muchas. Su población 
data del año 1777. El capitán Betlezé obtuvo 
permiso para trasladarla del paraje denomina- 
do El Zanjón, en la margen derecha del Sam- 
boromtión, al lugar en que hoy se encuentra 
situada. En 1801 fué declarado partido, y en 
1825 fué erigido en parroquia; en 1865 llegó 
por primera vez el ferrocarril. 
Chaasainjí (Juan). Periodista y hombre políti- 
co. Nacido en Buenos Aires, el año 1838. Se 
recibió de abogado en septiembre de 1862. 
Formó parte de la Redacción de El Nacional, 
en 1863, y en el año siguiente fundó El Pueblo, 
en 1864. Murió a los veintiséis años de edad, el 
3 de noviembre de 1864. 
Chaves (José Manuel). Guerrero de la indepen- 
dencia. Nacido en Salta, en 1795. Entró como 
soldado en el cuerpo de caballería «Decidi- 
dos de la Patria», formado por Belgrano en su 
expedición del año 12 al Norte. Se encontró 
en Las Piedras, Tucumán y Salta. Poseía un 
valor romancesco y una audacia incomparable. 
Falleció en 1857. 



Chaves (Nuf lo de). Conquistador y fundador de 
la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, en 1560. 
Natural de España. Vino a América en la ex- 
pedición de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, ■ 
quien acompañó en su viaje por tierra desde 
Santa Catalina hasta el Paraguay. Cuando fué 
mandado al Perú por Irala p.sra pedir la con- 
firmación de su nombramiento, aunque no con- 
siguiera todo lo que deseaba, desempeñó, sin 
embargo, cumplidamente su encargo, trayendo 
a su regreso las primeras cabras y ovejas que 
hubieron en el Paraguay. Fué muerto por lo» 
indios en 1567. 

Chayter (.Diego). Marino. Nacido en Baltimore, 
por los años de 1767. Miembro de una familia 
distinguida; dueño de una buena posición so- 
cial y caudal considerable, entusiasmado por 
la grandeza y justicia de la causa de la liber- 
tad americana, y después de prestar sus servi- 
cios a su patria en la guerra con Inglaterra, 
ofreció su espada a la causa de la revolución 
de Venezuela, a cuyo servicio permaneció. Se 
dirigió luego al Río de la Plata con un buque 
de su propiedad y un cargamento de armas y 
municiones de guerra, poniéndolas al servicio 
de la revolución argentina. El 7 de mayo de 
1816 el Gobierno argentino le confirió el gra- 
do de teniente coronel y el comando de la cor- 
beta Independencia del Sud, armada con 14 
cañones de a 18 y uno de a 24 y tripulada por 
140 hombres, y el 13 del mismo mes se le expe- 
día la orden para que saliera al crucero, con- 
forme a las instrucciones verbales que se le 
habían dado. Hizo un crucero notable, llegan- 
do hasta las mismas costas de España, y hasta 
tomando, el 22 de agosto, frente a Cádiz, un 
hermoso bergantín, llamado San Buenaoentura, 
y traído a Buenos Aires el 9 de noviembre de 
1816. Después de infinitas hazañas navales y 
de tener en continua zozobra al comercio es- 
pañol, murió en la más triste miseria. Así se 
pagaba al mejor y más leal amigo de los inte- 
reses nacionales. Era hombre de carácter se- 
vero y recto. Un hijo de este ínclito paladfa 
de nuestras glorias, Daniel, rindió gloriosa- 
mente su vida peleando por nuestra libertad. 

Chenaat (Indalecio). Militar. Nació en Mendo- 
za, el 21 de marzo de 1808. Ingresó en el ejér- 
cito en 1819, como abanderado del primero de 
caballería de línea, y en 1821 se batió en la 
batalla de la Punta del Médano contra los Ca. 
rreras; cuatro años después se encontró en el 
combate de Las Leñas, ya como teniente, y en 



CHI 



161 - 



CHI 



varios encuentros contra los indios. En 1825 
fué ascendido a capitán, marchando a la cam- 
paña del Brasil on el refíiniiento U).° de c:ili;i- 
llería, a las órdenes del coronel Olavarría, ba- 
tiéndose en los combates del Ombii, Camaciici, 
Yerbal, Potreros del Padre Filiberto, Las Ca- 
ñas y en Iluzaingó, donde tanto se distinguió 
ese cuerpo. En 1828, con el grado de sargento 
mayor, acompañó al general Paz en su expedi- 
ción al interior, hallándose en San Roque, La 
Tablada y Oncatiuo, y más tarde, aunque con 
otro jefe, fué derrotado en el Potrero de Cha- 
cón, tomando entonces el camino del destie- 
rro. Vuelto a Buenos Aires, emigró nueva- 
mente a Montevideo, donde, reconocido en su 
grado, se le confió el mando de una escuadri- 
lla que fué a batir un cuerpo sublevado en Pay- 
sandú; en 1839 se incorporó al ejército de La- 
valle y luego al de Paz. Asistió a Caseros, 
prestando valiosos servicios. Después de la 
caída de Rosas se retiró a su ciudad natal, 
siendo a poco electo diputado al Congreso de 
la Confederación, cuyo cargo desempeñó has- 
ta 1858, ocupando igualmente un puesto en la 
Convención Nacional de Santa Fe convocada 
para dictaminar sobre las reformas propuestas 
por la de Buenos Aires a la Constitución del 53. 
En la guerra del Paraguay, Chenaut, a pesar 
de SKS sesenta años, fué uno de los primeros 
jefes que se presentaron a compartir las fati- 
gas del campamento, y se le incorporó como 
jefe de Estado Mayor en el primer cuerpo de 
operaciones, al mando del general Paunero. 
Se halló en la toma de Corrientes y en todas 
las acciones en que intervino la primera divi- 
sión y en otras más. A fines de 1868 abandonó 
los esteros del Paraguay, quebrantado por los 
años y los azares de la guerra, fijando su resi- 
dencia en Buenos Aires, donde falleció, el 30 de 
noviembre de 1871, dos años después de haber 
recibido sus despachos de coronel mayor. 
Chidana (Feliciano Antonio). Nació en Buenos 
Aires, el 9 de junio de 1761. Fueron sus padres 
D. Diego Cliiclana, rico chacarero de Quilmes, 
descendiente de un antiguo soldado que, des- 
pués de combatir en Flandes y Holanda, vino 
con su regimiento al Río de la Plata, y de 
D.' Margarita Jiménez Paz, natural del país. 
Hizo sus primeros estudios en Buenos Aires, 
pasando luego a Chile, donde se graduó en Ju- 
risprudencia y Cánones a principios de 1783. 
Fué asesor general del alcalde de primer voto 
D. Santiago Saavedra. En las invasiones in- 

DlCC. HlST. Y BlOQ. 




D. Feliciano Antonio Chidana. 



glesas sirvió como capitán de patricios, y pro- 
ducida la revolución de mayo descuella por su 
exaltado patrio- 
tismo, siendo 
nombrado auditor 
de guerra en el 
ejército del Nor- 
te, asimilado a 
coronel. Marchó 
a Jujuy, donde 
gobernó por bre- 
ves días; en Sal- 
ta también fué go- 
bernador inten- 
dente; pero por 
intrigas de parti- 
dos se vio obliga- 
do a regresar a 
Buenos Aires. En 1811 fué electo miembro del 
triunvirato, conjuntamenteconSarrateayPaso; 
en 1812 renunció Chidana y marchó de nuevo 
a Salta, donde prestó grandes servicios al 
ejército del general Belgrano, desempeñando 
más tarde diversas comisiones de confianza. 
A principios del año 17 fué desterrado a Nor- 
te-América, fijando su residencia en la ciudad 
de Baltimore, permaneciendo allí hasta enero 
de 1819, en que tomó pasaje a bardo del ber- 
gantín Dooerón, con destino a .Montevideo, don- 
de arribó el 14 de abril. El 21 de abril del año 
siguiente fué restituido al goce de sus empleos, 
y en septiembre del mismo, comisionado por el 
Gobierno de Rondeau para que provocase una 
reunión general de los caciques principales de 
las tribus fronterizas de la provincia y nego- 
ciase con ellas la extensión indefinida de la lí- 
nea de fronteras. Esta misión al desierto fué 
el último servicio público que prestó Chidana 
al país, falleciendo en la ciudad de Buenos 
Aires, el 17 de septiembre de 1826. En 18 de 
enero de 1830 el Gobierno decretó la crea- 
ción de un monumento para depositar sus res- 
tos. D. heliciano Antonio Chidana ha sido uno 
de los patriotas de mayo más injustamente ol- 
vidados por las generaciones que le han suca 
dido. 
Cbicoana (combate) (9 de enero de 1827). Chi- 
coana era un pequeño pueblo distante diez le- 
guas de Salta. Las fuerzas, 214 hombres, que 
sostenían al gobernador Arenales, que ocupa- 
ron este pueblo, mandadas por el coronel Be- 
doya, fueron sitiadas por los sublevados de 
Gorriti y Puch, aumentados por doscientos bo- 
íl 



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— 162 — 



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livianos mandados por el coronel Domingo Ló- 
pez Matute (I). El ataque fué rudo, y a la re- 
sistencia de Bedoya siguió una carga formida- 
ble, que, a pesar de haberla resistido en cua- 
dro con denuedo, fué completamente derrota- 
do. De los heroicos defensores de Chicoana 
quedaron unos pocos, pereciendo en la con- 
tienda los dos jefes principales, Bedoya y 
iMagán. 

Chiflón (combate) (13 de septiembre de 1835). 
El gobernador de Tucumán, D. Alejandro He- 
redia, y su hermano el general D. Felipe, en- 
traron en Catamarca con una fuerza de cua- 
trocientos hombres de línea y cien auxiliares 
santiagueños, que hicieron frente a un cuerpo 
de ejército de mil quinientos hombres, inclu- 
yendo infantería y caballería, al mando del ge- 
neral D. Felipe Figueroa. Tuvo lugar en el 
Chiflón, siendo derrotados los catamarqueños. 
D. José Antonio Reinafé y el teniente coronel 
Moyano, quienes después de su fuga de Cór- 
doba se habían refugiado en Catamarca, fue- 
ron tomados en momentos en que trataban de 
huir a Bolivia y conducidos a Santiago del 
Estero, y de allí trasladados a la frontera de 
Córdoba, a cuyas autoridades quedaron entre- 
gados. 

Chilavert (Martiniano). Militar. Nacido en 
Buenos Aires, en 1801. Cursó sus estudios en 
España, y en 1812 regresó a su patria, donde 
continuó estudiando ingeniería. En 1817 in- 
gresó como cadete en un regimiento de artille- 
ría; dos años después, con el grado de subte- 
niente, rindió examen de Matemáticas, diplo- 
mándose de ingeniero. Regentó después esa 
cátedra en la Universidad. En 1825, siendo ca- 
pitán, se incorporó a un regimiento de artille- 
ría, y marchó a la guerra contra el Brasil, 



n I Matute traicionú a Arenales; fué ejecutado el 17 de 
septiembre de 1827. -Su ejecución debía verificarse en la 
plaza; mas por consideración a su esposa, encinta, a 
quien no se pudo sacar al campo, el Gobierno dispuso 
fuese ejecutado en una chacrita inmediata, llevando de 
auxiliar al guardián de San Francisco. Matute no quería 
persuadirse de que iba a morir, y por consiguiente traba- 
jaba cuanto podía por libertarse Cuando estaba el padre 
guardián diciéndole la misa, al tomar el cáliz, se le avan- 
zó el reo Matute, asiéndole fuertemente de él, con ame- 
nazas de derramarlo si no le perdonaban. Asústase el 
padre, suspende la misa, va la noticia al pueblo, que se 
alborota temiendo lo soltasen, y al mismo tiempo asom- 
brado del hecho: se consultó al clero, puesto que el Go- 
bierno no quería indultarlo Viéndose el reo desengaña- 
do, KoUó el cáliz y fué ejecutado, a las once y media de la 
mañana...» (Zinny). 



donde descolló por su pericia militar, valién- 
dole ser ascendido a mayor sobre el campo de 
batalla. Desde 1828 actuó y militó en el parti- 
do unitario, a las órdenes de Lavalle, Rivera, 
Paz y Obes, y en 1847 defeccionó, apoyando 
la política de Rosas, quien le confió en la ba- 
talla de Caseros el mando de la artillería, 
que ocupaba la extrema izquierda; fué él quien 
sostuvo la batalla, causando pérdidas conside- 
rables en las filas del ejército libertador. Sus 
cañones fueron los últimos que apagaron sus 
fuegos y Chilavert el último combatiente que 
rindió su espada al adversario. Hecho prisio- 
nero por el coronel José Virasoro, fué trasla- 
dado al día siguiente al campamento de San- 
tos Lugares, y luego a Palermo, donde a la 
sazón residía el general vencedor, que come- 
tió el error de ordenar su fusilamiento, acu- 
sándole de su anterior defección. Chilavert 
«era un jefe de escuela y de orden; sereno en 
el combate y superior por sus talentos y cono- 
cimientos científicos; inquieto de carácter, de 
genio sutil, y por desgracia demasiado accesi- 
ble a la intriga política, cometió así en su vida 
de soldado los más graves errores y los más 
trascendentales desvarios, abultados fatalmen- 
te por la pasión contemporánea, aguda e im- 
placable siempre». 

Chiqniraya (combate). Después de la victoria 
de Suipacha los argentinos se apoderaron de 
las plazas de Potosí, Cochabamba, Oruro y La 
Paz en el Alto Perú (Bolivia), por lo que, alar- 
mado el virrey de Lima, destaca fuerzas hasta 
el Desaguadero, con objeto de contener los 
progresos de la revolución. Corridos diaria- 
mente los realistas en las escaramuzas que se 
sucedían, tratan al fin de emprender algo for- 
mal, y al efecto una división délas tres armas 
pretende sorprender a los patriotas; pero sin- 
tiéndola estos con oportunidad, una fuerza de 
caballería al mando del comandante D. Este- 
ban Hernández se lanza sobre el enemigo, 
sorprendiéndolo a su vez y lo derrota comple- 
tamente en C///(7u/roí/a, el 3 de mayo de 1811. 

Chome (Ignacio). Misionero y escritor. Nacido 
en Douai, ciudad de Francia, el 31 de julio de 
1698. Ingresó en la Compañía de Jesús alosvein- 
tiún años, dedicándose con preferencia al estu- 
dio de las lenguas vivas. Se embarcó en 1727 
don destino al Paraguay, emprendiendo desde 
luego con celo incomparable la conversión de 
los indios, penetrando en la profundidad de sus 
bosques y en la soledad de sus desiertos. Visi- 



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- 163 - 



CHU 



tó las misiones guaraníes, y más tarde, con el 
padre Lizardl, el territorio de las tribus chiri- 
gnanas, establecidas en las regiones próximas 
a los Andes. Ciiome, más tarde, quiso abrirse 
un camino entre estas regiones y el río Para- 
guay; pero los indios tobas no lo permitieron. 
Todos los esfuerzos hechos por los valientes 
misioneros en este sentido tuvieron que ser 
abandonados. Chome se retiró al territorio de 
los Chiquitos, falleciendo en septiembre de 
1788. Su colección de manuscritos es numerosa, 
figurando entre ellos un Diccionario de la len- 
gua de los Chiquitos, algunos estudios etnográ- 
ficos sobre la misma tribu, una Gramática del 
idioma de los zamucos, y la vida de los misio- 
neros más distinguidos de la época, obras que 
hasta la fecha se conservan inéditas. 
Chorroarfn (Luis José). Sacerdote y educacio- 
nista. Nació en Buenos Aires, en 1757, donde 
cursó sus primeros estudios; se graduó de doc- 
tor en Filosofía, y se ordenó de sacerdote do- 
minico. En 1783 fué nombrado catedrático de 
Filosofía del Real Colegio de San Carlos, y tres 
años después, rector del mismo establecimien- 
to, cargo que desempeñó hasta 1810, año en 
que actuó en el movimiento popular de los días 
de mayo, en cuyas asambleas se pronunció por 
la causa de la independencia. En 1812 fué 
miembro de la Junta conservadora de la libertad 
de imprenta. Fué miembro de la Asamblea, don- 
de desempeñó diversas comisiones, como la de 
formular el plan de estudios para la Facultad 
de Medicina. En 1819 fué electo diputado al 
Congreso, y fué su presidente; director de la 
Biblioteca Pública, prestó en ese cargo servi- 
cios distinguidos al país, habiendo enriquecido 
el establecimiento con diversas colecciones de 
libros, de que se desprendió desinteresadamen- 
te, y adquirió otros del extranjero por suscrip- 
ciones populares, que encabezaba siempre, 
como el primer donante. Falleció en esta ciu- 
dad; el 1 1 de julio de 1823. «No fué— dice, con 
profunda verdad, el Dr. Juan María Gutiérrez, 
en su libro sobre la enseñanza pública de Bue- 
nos Aires -en el teatro de la política activa 
en el que más se ilustró el Dr. Chorroarín. Su 
nombre ha pasado a la posteridad entre los 
amigos fieles de la juventud estudiosa, ya como 
rector durante muchos años del Colegio de 
San Carlos, en donde se formaron tantos ta- 
lentos distinguidos, ya como director de la Bi- 
blioteca Pública, fumlada por D. Mariano Mo- 
reno, en los primeros días de la revolución.» 



Chunchanga (combate de). En la campaña 
del Perú. Parte del coronel Federico de Brand- 
sen al general en jefe del ejército del Centro: 
«Cañete, diciembre 30 de 1823: Honorable se- 
ñor: La historia de la campaña del Perú, fe- 
cunda en hazañas brillantes, podrá enriquecer- 
se del hecho siguiente, debido al valor del 
joven e intrépido capitán Correas. Situado 
por orden mía con 50 húsares en el valle de 
Chunchanga, posición extendida, accesible por 
todas partes, mas importante a conservar para 
el suceso de las operaciones ulteriores del 
ejército, supo el 29, a las cinco y treinta de la 
mañana, que el coronel enemigo Barandalla 
con 200 hombres de caballería de los escuadro- 
nes de San Carlos y de Lima, y dos compañías 
de infantería, venía bajando de los cerros in- 
mediatos por el camino de la quebrada de Hu 
may, a sorprenderlo y batirlo. Apenas había 
recibido este aviso, cuando sus centinelas 
anunciaron que el enemigo dasfilaba ya por el 
vado de Casa-Concha. Pero nuestros bravos 
estaban prevenidos, y el enemigo los encontró 
formados en batalla. Sin embargo, despre- 
ciando tan poca gente, lleno de ese orgullo 
brutal que el número sabe inspirar a los más 
cobardes, el teniente de San Carlos se adelan- 
tó como a distancia de media cuadra y se oye- 
ron estas palabras: «Ríndete, Correas, que to- 
marás partido. Soldados, echad pie a tierra: 
seréis perdonados.» A lo que contestó el va- 
liente joven: «Húsares: a vengar el ultraje que 
nos hace el infame.» Contestar, cargar y rom- 
per al enemigo fué uno; el teniente de San 
Carlos debió a la ligereza de su caballo el 
poderse salvar; puede asegurarse que está gra- 
vemente herido de las lanzadas; los dem s hu- 
yeron precipitadamente hacia el vado, a po- 
nerse bajo la protección de los fuegos de su 
infantería, dejando en el campo 20 muertos y 
un prisionero. El numero de los heridos debe 
ser triple, y entre ellos se encuentran dos ofi- 
ciales. El capitán Correas los persiguió hasta 
el paso del vado, paso montuoso y tan estre- 
cho a su entrada, que no se puede desfilar sino 
sobre dos o uno de frente; pero temiendo una 
emboscada de la infantería, hizo alto, y a- 
poco rato emprendió tranquilamente su retira- 
da por la pampa de Chincha. El enemigo in- 
tentó molestarlo con echar sobre su retaguar- 
dia unos treinta tiradores, que el capitán Co- 
rreas hizo cargar y dispersar por ocho húsares; 
después de lo cual siguió descansadamente su 



CHU 



- 164 



CHU 



camino hasta reunirse en Chincha Alta con el 
escuadrón del mando del señor comandante 
Suárez, que, prevenido del ataque, venia a 
sostener la retirada del capitán Correas. Te- 
nemos por parte nuestra que deplorar la muer- 
te del húsar Atanasio Acuña y otros cuatro 
levemente heridos. El valor brillante del capi- 
tán Correas recuerda los tiempos heroicos de 
la antigua caballería. No temo pronosticar que 
este joven oficial, desde hoy el orgullo de su 
país, será con el tiempo uno de los más firmes 
apoyos de la libertad americana. A su ejemplo 
se han distinguido entre tantos bravos el te- 
niente Bartolo Navarrete y sargento Frías, ei 
cabo Calderón y los húsares Baras, Calderón 
y Rodríguez. Lo que ensalza el mérito de esta 
carga intrépida, y que no es menos mortifican- 



te para el orgullo español, es que se dio en 
los llanos inmensos de la pampa de Chincha, 
nueva prueba de que el valor no es menos due- 
ño del número que del terreno y de las locali- 
dades. Ofrezco a V. S. H. los sentimientos de 
alta consideración y respeto con que soy suyo 
seguro servidor, q. s. m. b., F. de Brandsen. — 
Honorable señor general en jefe del ejército 
del Centro.»— (J. J. Biedma.) 
Chuquisaca (ataque). El entonces mayor La- 
madrid, al frente de una columna expediciona- 
ria, ataca el 21 de mayo de 1817 el puebloatnn- 
cherado de Chuquisaca, en el Alto Perú, y es 
rechazado por la guarnición española y el ve- 
cindario, que se defiende heroicamente. Chur 
quisaca viene de Choke, una cosa apeñus- 
cada, serranía tupida, y saca, estéril, pelada. 






D 



Danel (Aleiandro). Militar. Nació en Francia, 
el 5 de septiembre de 1791. Fué oficial déla 
República y del Imperio napoleónico, revistan- 
do en la célebre Guardia Imperial. Caído Na- 
poleón I, vino a América, donde se incorporó 
como teniente primero al batallón de Cazado- 
res de la Patria, sirviendo desde 1818 a 1825 
en las luchas civiles contra los caudillos del li- 
toral, a las órdenes de los generales Balcarce, 
en 1818; Viamonte, en 1819; Rodríguez y Soler, 
en 1820, y Lavalle, en 1825, en cuyo año fué 
dado de alta en el regimiento de coraceros, en 
clase de ayudante mayor, el 8 de febrero. Ca- 
pitán el 4 de agosto, combatió contra los in- 
dios. Asistió a toda la campaña contra el Bra- 
sil, donde se apoderó de tres banderas de ba- 
tallones enemigos. Regresó a Buenos Aires en 
1828, y fué enviado en comisión a Patagonia. 
En el viaje cayó prisionero de los brasileños y 
fué conducido a Montevideo. Se halló en la 
sublevación del 1 de diciembre. Acompañó a 
Lavalle en todas sus campañas, hasta su falle- 
cimiento, en Jujuy. Estuvo en el sitio de Monte- 
video, Caseros y Cepeda. Murió en Buenos 
Aires, el 22 de julio de 1865. 

Daniels (Juan D.). Norteamericano. A su pedi- 
do se le acordó carta de ciudadanía el 12 de 
junio de 1818. Solicitó patente de corso para 
un bergantín de su propiedad, llamado Vicu- 
ña, y que dirigiría a los mares de la India 
con el nombre de Maipii, dando la fianza el 
respetable comerciante de la plaza, también 
norteamericano, D. Guillermo Patricio Ford. 
Cuando menos se esperaba devolvió todos los 
documentos, con la excepción de los despa- 
chos de cabos de presa que se le habían otor- 
gado, y levando anclas, fugó del puerto, entre- 
gándose al corso patentado por Artigas. El 



Gobierno hizo publico el procedimiento de Da- 
niels, ordenó la prisión del fiador y declaró 
fuera de la ley al corsario, por resolución del 

4 de julio de 1818. 

Daract (Justo). Magistrado. Nació en San 
Luis, en agosto de 1805. Representó a su pro- 
vincia en el Senado nacional en 1862. Duran- 
te su gobierno en San Luis, su acción política 
y administrativa se hizo sentir en todas las es- 
feras del Gobierno, haciendo sancionar leyes 
de organización y procedimientos de los Tribu- 
nales; inició la construcción de diques, creó 
nuevas escuelas y un colegio de enseñanza se- 
cundaria. Falleció este hombre progresista y 
honrado, uno de los hijos predilectos de San 
Luis, en septiembre de 1887. 

Darrai^eira (José de). Político. Nació en Mo- 
quegua (Perú), el año 1770, y se educó en Bue- 
nos Aires, en San 
Carlos, doctorán- 
dose en Leyes. 
Asistió al cabil- 
do abierto del 22 
de mayo, en cuyo 
acto reprodujo 
el voto del co- 
mandante don 
Martín Rodrí- 
guez. En dicho 
año era abogado 
de la Real Au- 
diencia. Vocal de 
la Cámara de 
Apelaciones. En 
1816 fué electo representante de esta capital 
al Congreso de Tucumán, figurando como tal 
en el acta de aquella memorable Asamblea, 
siendo comisionado por la misma para des- 




D. José de Darragueira. 



DAV 



166 - 



DEH 



empeñar una comisión de importancia cerca de 
Buenos Aires. Falleció el 2 de mayo de 1817, 
siendo sepultado en la iglesia de San Francis- 
co por disposición de su esposa, D.' María An- 
tonia de Luca, hermana de D. Esteban de 
Luca, militar y poeta (v.). 

Dávila (Nicolás). Nació en La Rioja, el 6 de 
enero de 1786. Ocupaba el modesto cargo de 
comandante del departamento de Famatina, el 
año 1816, cuando recibió orden del general 
San Martín de incorporarse con algunas Mili- 
cias a la columna expedicionaria del coman- 
dante Zelada, con instrucciones de tomar la 
ciudad chilena de La Serena, sublevar la pro- 
vincia de Coquimbo y posesionarse de ella, 
todo lo que cumplió satisfactoriamente. Más 
tarde actuó en las luchas políticas de su pro- 
vincia, y desempeñó el cargo de gobernador 
desde septiembre de 1821 hasta el 9 de mar- 
zo de 1823, en cuyo período dio muestras de 
su inteligencia y honorabilidad. Siguió en la 
política y guerra civil, llegando hasta el grado 
de coronel. Derrocada la tiranía, fué ministro 
de Gobierno en los años 1854 al 1857. Murió 
este meritorio patriota el 20 de mayo de 187G, 
en Nonogasta. 

Dávila (Simeón). Nacido en La Rioja, el 18 de 
febrero de 1814, cursando sus estudios en Sal- 
ta. Desde muy joven combatió a la tiranía, sir- 
viendo en clase de capitán y como jefe de un 
batallón creado por él en las campañas que 
hizo a las órdenes de Lamadrid, ascendiendo 
hasta teniente coronel. Derrotado en el Rodeo 
del Medio, emigró a Chile, y después a Boli- 
via, donde sirvió a la causa de la libertad, sal- 
vándose providencialmente de ser fusilado. En 
1846 volvió a La Rioja, y tomó parte en un mo- 
vimiento revolucionario contra el gobernador 
Bustos. Poniéndose al frente de algunas fuer- 
zas del Gobierno legal derrocado, invadió su 
provincia; pero fracasado el movimiento por 
falta de apoyo, tuvo que retirarse, con las ca- 
balladas fatigadas por la jornada precipitada 
que habían hecho, siendo alcanzados y fusila- 
dos sus partidarios, uno por uno. El coronel 
Dávila falleció en 1846. Era hombre inteligen- 
te y de carácter enérgico y emprendedor. 

Dávila (Tristán B.). Coronel. Descendiente de 
una respetable familia de La Rioja, que desde 
los primeros días de la revolución pusiera sin 
restricciones su fortuna y nombre en beneficio 
de su patria. Principió su carrera militar a los 
diez y seis años, sentando plaza de soldado 



raso en el regimiento de Lanceros del Orden, 
que el general formó en la ciudad de Salta, en 
1830. Hallóse en todas las campañas de los 
ejércitos libertadores contra Rosas. En el cé- 
lebre combate de Angaco (1840), uno de los he- 
chos de armas notables en la guerra civil, que 
sin exageración puede llamársele «el combate 
de los leones'), Dávila y otro fueron los dos 
únicos que, de los ocho ayudantes que tenía 
Acha, salieron con vida. Fué gobernador de La 
Rioja en 1865 y víctima de las montoneras. 

Daza (José Silvano). Militar. Natural de Cata- 
marca. Ingresó en el Colegio Militar de la na- 
ción en 1870, año en que fué fundado este es- 
tablecimiento. Salió en 1873 con el grado de 
alférez de caballería, incorporándose el prime- 
ro del arma. Sus grados los conquistó en el 
campo de batalla. Se halló en las batallas de 
Don Gómalo, Santa Rosa, combates de Sauce 
Corto. Coso de los Indios, laguna del Para- 
guil, Masalle, Tres Lagunas, Puan Cigüé, en 
varias expediciones contra los indios de Ca- 
triel, Numuncurá, Cañumil, en el combate de 
los Corrales (1880), campaña al lago Nauel- 
Huapi, combates en la plaza de la Libertad, 
en Buenos Aires, en Io.t días de julio de 1890, 
etcétera, etc. Fué gobernador de Catamarca 
en 1885. Su gobierno fué más o menos el que 
respondía a esa época, en que primaba la disci- 
plina de los campamentos y la violencia de las 
luchas electorales. Fué un militar enérgico, 
activo y pundonoroso. Falleció en la ciudad de 
Catamarca, a una edad avanzada, el 3 de abril 
de 1885. 

Deheza (Román Antonio). Guerrero de la inde- 
pendencia y del Brasil. Nació en Córdoba, el 
29 de abril de 
1791. Apenascon- 
taba diez y nueve 
años de edad 
cuando el Cabil- 
do de Córdoba le 
confió la comi- 
sión de conducir 
pliegos al primer 
ejército patriota 
que marchaba al 
interior, a las ór- 
denes del general 
BaIcarce.Enl813 
era teniente de 
Milicias, y un año 
más tarde revistaba con el mismo grado en el 




D. Román A. Deheza. 



DEK 



- 167 — 



DEL 



ejército de linea. Marchó a Ciiile con la divi- 
sión auxiliar, distinguiéndose por su valor y en- 
tusiasmo en las accionesde guerra que tuvieron 
lugar en esa campaña: Curapaligüe , Cucha- 
Cucha y Membrillar, en 1814. En 1817 tornó 
nuevamente a Chile, y alistado al regimien- 
to 11." de infantería de línea, perteneciente al 
cuerpo que comandaba en jefe San Martín, se 
halló en Chacabuco, Concepción, Gaoilún, Tal- 
cahuano y Maipú. En 1820 formó en la expedi- 
ción al Perú, como jefe del mismo batallón; 
hizo la campaña de la Sierra, encontrándose 
en Pasco, asalto del Callao, en 1821, batallas 
de Torata y Moquegua, y en las de Junin y 
Ayacucho, en 1823, con el grado de coronel. 
En 1827 hizo la campaña del Brasil, hallándo- 
se en Ituzaingó, etc., etc. Después actuó en 
las luchas civiles, militando en el partido uni- 
tario, desempeñando en 1830 la gobernación 
de Santiago del Estero, y en 1846, el cargo de 
jefe de Estado Mayor del ejército del general 
Paz. Todos sus grados los obtuvo en los cam- 
pos de batalla, y ha sido uno de los pocos que 
les ha cabido el honor de hallarse en casi to- 
das las acciones y batallas libradas desde el 
año 1818 hasta el 28. Era general de tres re- 
públicas. Falleció este valiente militar en Val- 
paraíso, el 30 de agosto de 1872. 
Dekay (Jorge C). Marino. Nacido en Nueva 
York, el 5 de marzo de 1802. Durante la gue- 
rra del Brasil comandó el buque corsario Gene- 
ral Brandsen, armado de ocho cañones y tri- 
pulado por 45 hombres, y es digna de mencio- 
narse su actuación, pues obligó al enemigo a 
emplear su fuerza continuamente, y aunque su 
objeto no era combatir, llevó a cabo una ac- 
ción heroica: la captura del bergantín de gue- 
rra brasileño Cacique, de veinte cañones y 
120 hombres, en junio de 1826. Dekay mantuvo 
también un combate con dos goletas enemigas 
cerca de Buenos Aires, urra de las cuales cap- 
turó, y persiguió a la otra hasta Montevideo, 
y el 17 de junio de 1827 sostuvo un combate 
con el bergantín Nieger, que inutilizó el apa- 
rejo del Brandsen, no quedándole más alterna- 
tiva que ser apresado o encallarlo, como lo 
hizo, cerca de la batería de Punta Lara, sos- 
teniendo un fuego nutrido por ambas partes, 
hasta que Dekay agotó sus tiros, y la tripula- 
ción se refugió en tierra. Después comandó la 
fragata 25 de mayo. .Murió, pobre y olvidado, 
el 31 de enero de 1849, en Nueva York. 
Delgado (Agustín). Nacido en la provincia de 



Mendoza, en la que desde muy joven actuó en 
política, figurando muy lucidamente como mi- 
nistro del gobernador D. Juan de Dios Co- 
rreas el año 1824, en cuyo cargo tuvo loables 
iniciativas y realizó grandes reformas en la 
administración; entre otras, la supresión de los 
Cabildos, la organización del poder judicial y 
demás ramos de la Justicia; creó el Departa- 
mento de Policía, aumentó las escuelas de am- 
bos sexos, reinstaló el Colegio Nacional de 
Mendoza, en 1825, del cual fué catedrático. 
Durante la tiranía se asiló en Montevideo, y 
terminada ésta volvió a Buenos Aires, a cuya 
Legislatura fué electo diputado el año 1852. 
Formó parte de la Convención Constituyente 
del 53 en la ciudad de Santa Fe, representan- 
do a la provincia de su nacimiento, descollando 
por su patriotismo y vasta instrucción, espe- 
cialmente en estudios de Derecho público y 
administrativo. En 1854, gobernador delegado 
de Mendoza. Murió poco tiempo después. 

Delgado (Ramón Tadeo). Militar. Nacido en 
Buenos Aires, en 1758. A las órdenes del vi- 
rrey Vertiz hizo la campana del Rio Grande de 
San Pedro, en 1776; asistió a varias expedicio- 
nes contra los indios y en contra de los portu- 
gueses, a las órdenes de Sobremonte. Tomó 
una parte muy activa durante las invasiones 
inglesas. Se retiró del servicio militar e 1815, 
con el grado de teniente coronel graduado. 

Del Valle (Aristóbulo). Político. Nació en Bue- 
nos Aires, en 1847, donde se graduó de aboga- 
do. Desde muy jo- 
ven descolló como 
oradory periodista. 
Interrumpió sus es- 
tudios para tomar 
parte en la guerra 
del Paraguay. Elec- 
to diputado en 1870. 
En 1874 fué minis- 
tro de Gobierno del 
coronel Alvaro Ba- 
rros; igual cargo 
desempeñó en el 
CTobierno del señor 
Casares. En 1876 
fué electo senador 
nacional, y cuatro años más tarde ocupó la 
presidencia de ese alto Cuerpo. En la época 
del presidente Dr. Juárez Celman fué el doc- 
tor Del Valle el más fuerte opositor a su 
gobierno y uno de los directores del partido 




D. Aristóbulo del Valle. 



DEM 



— 168 



día 



que hizo la revolución de 1890. Poco después 
fué electo senador nacional, cargo que renun- 
ció para desempeñar el ministerio de la Gue- 
rra en la administración del Dr. D. Luis Sáenz 
Peña. Ocupó en la Facultad de Derecho la cá- 
tedra de Derecho constitucional, dictando un 
curso brillante, y había comenzado a escribir 
una obra de gran importancia sobre esa mate- 
ria cuando le sorprendió la muerte, el 29 de 
enero de 1896. Su fallecimiento fué un verdade- 
ro duelo nacional. 

Demetria (José). Comerciante. Siendo nacido en 
Cádiz. Llegó muy joven a Buenos Aires. Con- 
trajo matrimonio, el 7 de junio de 1797, con 
María Eugenia Escalada, dama que se distin- 
guía por su belleza y por su patriotismo, en el 
período de la emancipación. Su esposo ejercía 
el comercio en esta ciudad y en la Asunción 
del Paraguay cuando se hicieron los primeros 
trabajos por la independencia, a los que se ad- 
hirió con entusiasmo, no obstante su calidad de 
español, siendo uno de los precursores de la 
revolución del Paraguay, donde gozaba de mu- 
cho prestigio por sus vinculaciones comerciales 
en todo el país. Producido el movimiento, el 
despótico Francia lo encarceló injustamente, 
junto con otros patriotas. Después de varios 
años de prisión el dictador lo mandó llamar, 
y pretextando una equivocación, lo puso en li- 
bertad luego de cumplimentarlo, siendo a él al 
único que Francia le permitió salir del país, en 
buque con cargamento de madera, hierba y 
otros productos. Murió poco después, en Bue- 
nos Aires, en su casa de la calle Extensa, 
frente a la iglesia de Santo Domingo. 

Derqui (Santiago). Político. Nació en Córdoba, 
y en la Universi- 
dad de esta pro- 
vincia estudió 
Derecho y se 
graduó. Unita- 
rio, asistió a la 
batalla de Caa- 
guazú en 1842, 
revistando en la 
secretaría del 
general Paz. 
Asesor ilj Go- 
bierno del doc- 
tor Ferré. Se 

halló en el sitio ^ Santiago Derqui. 

de Monteoido y 

en la revolución de abril de 1846. Derro- 




cada la tiranía, fué representante y conven- 
cional en Santa Fe en 1853; durante la pre- 
sidencia de Urquiza, interventor en San Juan. 
Ministro del Interior en 1857 al 59, que abando- 
nó para ocupar la presidencia de la República 
en 1860. Fué también gobernador de la provin- 
cia, falleciendo en la ciudad de Corrientes, el 
5 de septiembre de 1867. Sus restos se hallan 
en el cementerio de La Cruz, en la provincia 
de Corrientes, y actualmente el Centro corren- 
tino «General San Martín», gestiona el trasla- 
do de ellos al panteón de la Sociedad Benéfica 
de esta capital, junto con otros de ex presiden- 
tes argentinos. 

Díaz (Alejandro). Militar. Nacido en el año 
1835, en la Guardia de Lujan. A los doce años 
de edad ingresa- 
ba, en clase de 
distinguido, en el 
2. "de Cazadores, 
que mandaba el 
coronel Juan de 
Lezica. Asistió a 
la campaña del 
Maldonado , e n 
1848; Monte Ca- 
seros , Potrero 
Langdón, Tala. 
Combatió contra 
los indios; se ha- 
lló en Cepeda. En la guerra del Paraguay, 
desf ués de demostrar su valor en los diferen- 
tes hechos de armas que hubo, murió, peleando 
en el asalto de Curupayti, el 22 de septiembre 
de 1866. Su cadáver fué salvado por los tenien- 
tes Pitsón y Ayala, el abanderado Belisle y su 
asistente Soria, todos heridos en ese día me- 
morable. 

Díaz (Juan G.). Militar. Nació en Santiago del 
Estero, el 28 de noviembre de 1848. Ingresó al 
servicio militar de las armas en clase de solda- 
dado voluntario, en el batallón de Guardias 
nacionales «General Paz». En la guerra del Pa- 
raguay se halló en los siguientes hechos de 
armas: Paso de la Patria, 2 de Mayo, Estero 
Bellaco y Tmjuti, Yatayti Coró, Curupayti, et- 
cétera. Combatió al caudillo López Jordán (v.), 
tomando parte en casi todos los combates y 
acciones de guerra de nuestras luchas inter- 
nas. Murió en Buenos Aires, el 3 de septiem- 
bre de 1895. 

Díaz (Pedro José). Militar. Nació en Mendoza, 
el 19 de marzo de 1801, y desde el colegio en 




Teniente coronel D. Ale- 
jandro Díaz. 



día 



- 169 



DOB 



que se educaba, en 1814, ingresó a los trece 
aflos al regimiento 8 de línea. En él hizo sus 
primeras armas contra los montoneros de San- 
ta Fe, sirviendo en Chacabuco, Candía Raya- 
da y Malpú. Tomó parte en la expedición al 
Perú, con el grado de capitán, siendo el prime- 
ro que, al frente de su compañía, entró en la 
ciudad de Lima; se halló asimismo en el asal- 
to del Callao, campaña de Puertos Interme- 
dios y en los combates de Torata, Moquegua, 
Pisco. En 1824 fué encerrado en las casamatas 
del Callao, a consecuencia de la sublevación 
de la guarnición, y poco después sorteado a la 
última pena en Matucana. Padeció grandes an- 
gustias y zozobras, hasta que con la victoria 
de Ayacuclio recobró la libertad. En 1826 se 
trasladó a Buenos Aires y formó parte en el 
ejército contra el Brasil, comandando ei 2.° de 
Cazadores, y a su regreso tomó una activa 
participación en las campañas contra el tirano, 
sirviendo a las órdenes del general Lavalle 
hasta 1841, fecha en que fué tomado prisionero 
y encarcelado durante ocho años. En 1852 se 
encontró en Caseros y en la defensa de Bue- 
nos Aires. Ministro de la Guerra. Falleció en 
esta ciudad, el 12 de diciembre de 1857. 
Díaz Vélez (Eustoquio). Nacido en Buenos 
Aires, en 1790. En la revolución de mayo era 
capitán, y tocóle 
a él dar lectura 
del bando en el 
que se hacía sa- 
ber al pueblo que 
el virreinato ha- 
bía caducado. 
Como jefe de van- 
guardia se halló 
en Nazareno y 
Cobos, Vilcapu- 
jio, Ayohuma, y 
en Salta, donde 
fué herido; en 
Tucumán, como 
jefe de la caballe- 
ría. Gobernador 
de Salta, el 13 de marzo de 1S13; teniente 
gobernador en 1S14 de Santa Fe, y en 1816 
fué enviado al mando de una división al litoral 
para proteger a Entre Ríos del caudillo Arti- 
gas. En 1818, gobernador intendente de Bue- 
nos Aires hasta 1820, interino. Durante la tira- 
nía sufrió persecuciones. Falleció el 1 de abril 
de 1856, en Buenos Aires. 




General D. Eustoquio Díaz 
Vélez. 



Díaz Vélez (José Miguel). Doctor. Natural de 
Tucumán. Comandante de las Milicias de En- 
tre Ríos, por renuncia de Urquiza, en 1813. 
.acompañó al general Alvear en la Legación de 
Bolivia; contribuyó a la incorporación de Tari- 
ja, en 1825; fué ministro del general Lavalle 
después de derrocado Dorrego. 

Dique núm. 1 (inauguración). Hubo dos inau- 
guraciones: la que podemos llamar popu- 
lar se llevó a cabo sin aparato, el 30 de enero, 
y la oficial, fijada por decreto de Gobierno, 
el 31. A las nueve y treinta del jueves 30 de 
enero de 1890 presentóse ante el canal de 
acceso al dique el crucero nacional Patagonia, 
que lentamente pasó por él. Al asomar la proa 
del Patagonia por el dique, oyéronse los acor- 
des de la banda de música de a bordo, quedan- 
así librado aquel servicio público. El concesio- 
nario de las obras del puerto, D. Eduardo Ma- 
dero, venía a bordo del Patagonia, y fué salu- 
dado con un hurra por la concurrencia que 
as'stió al acto. La inauguración oficial tuvo 
efecto el día siguiente, entrando en el dique los 
buques de guerra Argentina y Trajano, nacio- 
nal el primero y brasileño el segundo. La co- 
mitiva, encabezada por el vicepresidente doc- 
tor D. Carlos Pellegrini y los Sres. Quintino 
Bccayuba, que había llegado a nuestro país 
días antes, y Eduardo Madero, se reunió en la 
dársena Sud, y una vez allí, parte de ella tomó 
un vaporcito, a cuyo bordo dieron un paseoí 
después del cual la embarcación, precedida del 
Alice, en el que iba el resto de la comitiva, 
penetró en la esclusa, y poco después al di- 
que, en medio de las aclamaciones de la concu- 
rrencia. 

Directorio. El triunvirato que formaba el Go- 
bierno del Río de la Plata, como una medida 
de conveniencia, hace presente a la Asamblea 
la necesidad de concentrar el poder en una 
sola mano, y aquélla resuelve que el Poder Eje- 
cutivo lo representase una sola persona, re- 
formando, en consecuencia, el Estatuto provi- 
sional, y disponiendo además que se asociase 
al Gobierno un Consejo de Estado compuesto 
de nueve vocales. Para ejercer la primera ma- 
gistratura del país es elegido por unanimidad 
de votos el ciudadano D. Gervasio Antonio 
Posadas, con el título de director supremo de 
las provincias unidas. 

Doblas (Gonzalo de). Militar. Natural de la 
villa de Iznájar, en Andalucía. Nació en 1744. 
En su juventud se dedicó al comercio; pero, 



DOM 



- 170 - 



DOM 



despertada en él la afición por los viajes, re- 
solvió pasar a este continente a mediados 
de 171Í7, dedicándose aquí al servicio público, 
donde prestó importantes servicios. En 1781, 
gobernador del departamento de Concepción, 
en las Misiones, empleo que desempeñó con 
gran celo e inteligencia, según se colige de 
una Memoria histórica que publicó en 1785- 
Autor de varios proyectos: seguridad de fron- 
teras, empedrado de calles, construcción de un 
muelle en Buenos Aires; desempefió además 
comisiones técnicas: el reconocimiento de la 
isla de Apipé y el trazado del pueblo de Quil- 
mes. En 1S07 delineó un bien meditado plan 
de defensa con fortificaciones de la ciudad de 
Buenos Aires, y tomó parte muy activa en los 
combates durante la invasión inglesa. También 
le fué encomendado un estudio sobre la forti- 
ficación de Montevideo, plan que fué muy 
aplaudido por los hombres de ciencia. Falleció 
a principios de 1809, revistando como teniente 
coronel. 

Domínsruez (Cesáreo). Militar. Natural de San 
Juan. En 1839 se hallaba prestando servicios 
en la frontera Oeste, cuando se produjo la re 
volución del Sud, concurriendo con las fuerzas 
del Gobierno a batir a los revolucionarios en 
la batalla de Chascornús. Asistió después a to- 
das las campañas del interior de la república 
contra los generales Lavalle y Lamadrid, como 
también a las de la República Oriental del 
Uruguay contra el general Fructuoso Rivera, 
encontrándose en el sitio de Montevideo has- 
ta su terminación, en 1851; al año siguiente, en 
la batalla de Caseros, donde fué derrocado el 
tirano, y poco después, en el sitio de Buenos 
Aires, figurando entre los sitiadores con el 
grado de coronel. En el gobierno de la Con- 
federación desempeñó varios cargos políticos 
y militares, entre otros el de ministro de la 
Guerra. En 1865 fué nombrado jefe de ¡a ter- 
cera división del segundo cuerpo del ejército 
que marchó al Paraguay, hallándose en todas 
las batallas de esa campaña. Falleció en la 
ciudad de Buenos Aires, el 9 de octubre 
de 1871. 

Doinín|ruez Oosé). Jurisconsulto. Nació en 
Buenos Aires. En la época déla tiranía emi- 
gró a Montevideo, donde fué uno de sus defen- 
sores, como guardia nacional. Regresado al 
país, ocupó importantes puestos públicos, con 
toda competencia, laboriosidad y honradez. Ca- 
marista en la Cámara de Apelaciones de la pro- 



vincia de Buenos Aires; fué el primer juez fe- 
deral de e^a provincia; diputado y convencio- 
nal; ministro de la Suprema Corte en un pleito 
sobre límites entre la provincia de Buenos Ai- 
res y otras. Después de terminado el pleito y 
fallado, la provincia votó la suma de 20 000 
pesos nacionales para cada uno de los arbitros, 
la cual ellos no quisieron aceptar, y entoncí 
la provincia, en homenaje a tanto desinterés > 
patriotismo, determinó que se colocaran sus 
retratos en la sala de sesiones de la Legislatu- 
ra. Es autor de un notable trabajo sobre la 
institución del Jurado, encomendado por el Go- 
bierno nacional, por el cual no cobró remune- 
ración alguna. Este digno funcionario falleció 
en Buenos Aires. 
Domíngruez (Luis L.). Estadista. Nació en Bue- 
nos Aires, el 15 de marzo de 1819. Cursó sus 
estudios en esta 

ciudad, y como " ~' ^ 

casi todos sus 
contemporáneos, 
emigró a Monte- 
video durante la 
tiranía. Allí pres- 
tó servicios mili- 
tares, en calidad 
de teniente de la 
legión argentina, 
en los años 1841 
y 1842; en el año 
siguiente, como 
oficial primero 
del ministerio de Guerra; y en 1844, como 
tesorero del ejército de la defensa. En ese 
mismo año se reveló como poeta. En 1852 
regresó al país con el ejército libertador, 
sirviendo en diferentes empleos públicos en 
la Administración nacional. En 1856 redac- 
tó el diario El Orden, que gozó de merecido 
prestigio entre las clases cultas de esta ciudad. 
Posteriormente fué diputado; oficial mayor del 
ministerio de Hacienda; comisionado especial 
ante el Gobierno de la Confederación para f o- 
licitar la derogación de los derechos diferen- 1 
cíales; ministro de Hacienda y vocal del Con- 
sejo de Instrucción pública. En 1866 fué nom- 
brado contador general de la nación y co- 
misionado financiero del Gobierno de Lon- 
dres; en 1872 fué nombrado nn'nistro de Ha- 
cienda en el Gabinete nacional, en la presi- 
dencia de Sarmiento, y más tarde convencio- 
nal. En la diplomacia tuvo una actuación ei- 




D. Luis Domínguez. 



DON 



171 



DORR 



pectable: en 1874, enviado extraordinario y mi- 
nistro plenipotenciario de la República en el 
Perú; en 18^5 pasó en igual carácter al Brasil; 
en 1822, a Ob ¿stados Unidos de América; en 
1885, a España, y por último, a Inglaterra, en 
1SS6, en cuyo país se hizo acreedor al respeto 
y consideración de todos. Allí prestó grandes 
ser\'ícios al país durante el litigio de límites 
con Chile. Falleció en Londres, el 20 de julio 
de 1898. Domínguez fué un ciudadano intacha" 
ble y dignísimo. En su larga vida pública fué 
militar, poeta, periodista, historiador, legisla- 
dor, administrador y diplomático. Entre sus es- 
critos merece especial mención su compendio 
de Historia. 

EL OMBÚ 

Cada comarca en la tierra 
tiene un rasgo prominente. 
el Brasil, su sol ardiente; 
minas de plata, el Perú. 
Montevideo, su cerro; 
Buenos Aires, patria hermosa, 
tiene su pampa grandiosa: 
la pampa tiene el ombu. 



A su sombra melancólica, 
en una noche serena, 
amorosa cantilena 
tal vez un gaucho cantó: 
Y tan tierna su guitarra 
acompañó sus congojas, 
que el ombú, de entre sus hojas, 
jtomó rocío y lloró! 

Donado (José Agustín). Precursor de la inde- 
pendencia. Nació en Buenos Aires, el 23 de 
agosto de 1767. Fué uno de los patriotas que 
más se distinguieron en los días de la revolu- 
ción. En 1803 revistó como empleado en la ad- 
ministración de los 30 pueblos guaraníes. En 
ISIO formó parte de la Sociedad secreta creada 
por los mismos patriotas. Era ésta la que tenía 
en sus manos los hilos de la revolución, y fué 
uno de los 400 invitados por el Cabildo para 
decidir sobre la forma de gobierno por la que 
deb a regirse el país, reproduciendo en esa 
sesión el voto de D. Manuel Belgrano. En 
1813 fué diputado a la Asamblea General Cons- 
tituyente. En 1812 fué una de las víctimas de 
la revolución del 5 y 6 de abril, en la que los 
revolucionarios llevaron sus venganzas hasta 



ensañarse en sus enemigos político-!, inocen- 
tes, dignos de toda consideración, y en el pro- 
ceso que se le formó a este noble patriota, 
aunque no existía delito por el cual acusársele, 
convicto, sin embargo, de pertenecer al parti- 
do de Alvear, se le confinó a San Luis, impo- 
niéndole una multa de dos mil pesos. En 1819 
interpuso recurso de apelación ante el Con- 
greso, siendo absuelto. El 19 de abril de 1820 
fué nombrado comandante general de los res- 
guardos de la provincia, cargo que desempeñó 
durante largos años. En 1828 fué electo repre- 
sentante en la Cámara de los Diputados de 
Buenos Aires. Ocurrió su fallecimiento el 20 
de diciembre de 1831, a los sesenta y cuatro 
años de edad. 

Donati (Leonardo). Marino italiano. Por sus in- 
clinaciones a la náutica y sus simpatías por la 
revolución, tomó parte en el sangriento com- 
bate de la Colonia, el 26 de marzo de 1826, y 
se distinguió como encargado de la lancha nú" 
mero 8, haciéndola zafar de su varadura, mer- 
ced a su pericia, en medio de un nutrido fuego. 
Arrastrada por la corriente, fué a estrellarse 
bajo las murallas, convergiendo sobre ésta y 
otros lanchones todas las punterías, que abrían 
claros enormes en la tripulación, haciendo es- 
tragos en el casco y arboladuras de los bu- 
ques, hasta que al fin, viendo que era inútil la 
resistencia, se retiraron con honor, protegidos 
por las sonibas de la noche. Posteriormente 
tomó parte en otros encuentros navales du- 
rante esta campaña. Murió con el grado de te- 
niente coronel de marina. 

Don Cristóbal (batalla). En la provincia de 
Entre Ríos, entre los ejércitos unitario y fede- 
ral, a orillas del arroyo de este nombre. El ge- 
neral Lavalle, al frente de tres mil hombres, 
presenta batalla al general Echagüe, que con 
cinco mil soldados del ejército federal, y al 
mando de los generales Lavalleja, Ramírez, 
Garzón y Ser\-ando Gómez, sostienen un re- 
ñido combate, saliendo vencedoras las fuerzas 
de Lavalle. Quinientos muertos de ambas par- 
tes quedan en el campo de batalla. El 10 de 
abril de 1S49. 

Don Gonzalo (batalla). Siendo ministro de la 
Guerra de Sarmiento el coronel Martín Gain- 
za, se pone al frente de un ejército, da batalla 
y destruye completamente a López Jordán en 
los campos de Don Gómalo, provincia de En- 
tre Ríos, el 9 de diciembre de 1873. 

Dorrego (Manuel). Militar. Nació en Buenos 




D. Manuel Dorrego. 



DORR — 172 — 

Aires, el 11 de junio de 1787, y cursó sus estu- 
dios en el Colegio de San Carlos, continuándo- 
los en la Univer- 
sidad de Chile, ^'-i^S^ 
donde tomó par- 
ticipación en el 
movimiento revo- 
lucionario de 
1810. En el mismo 
año llegó a Bue- 
nos Aires, y fué 
destinado al ejér- 
citodel Alto Peni, 
hallándose en 
Suípacha y Na- 
zareno, en cuya 

acción fué herido de gravedad; se halló en las 
batallas de Tucumán y Sa/ta, donde demostró 
sus talentos y pericia al mando de las fuerzas 
de infantería. Poco después fué separado del 
ejército; pero incorporado nuevamente, prestó 
servicios grandes, de importancia, conteniendo 
al enemigo en Salta. En el año 1814 pasó al 
ejército que operaba en la Banda Oriental, 
donde mandó en jefe, siendo batido en Salsi- 
puedes y en la sangrienta batalla de Guaya- 
6o5, en 1815. Vuelto a su ciudad natal, militó 
en el periodismo de oposición al director Puey- 
rredón, por lo que fué desterrado a las Anti- 
llas, hasta que cuatro años después, en el año 
1820, regresó al país, siendo nombrado co- 
mandante general de armas, y después gober- 
nador de la provincia; salió a campaña a batir 
a los montoneros, restableciendo la paz. Reti- 
rado a Bolivia, volvió tres años después y fué 
nombrado miembro de la Legislatura en 1823 
y del Congreso Nacional en 1S26, donde sos- 
tuvo grandes debates defendiendo el credo fe- 
deral en la Cámara y en el periodismo. El 3 de 
agosto de 1827 fué electo otra vez gobernador 
de la provincia de Buenos Aires, y encargado 
del Poder Ejecutivo nacional, firmando la paz 
con el Brasil, sobre la base de la independen- 
cia de la República Oriental del Uruguay. Do- 
rrego hizo llamar entonces al ejército argenti- 
no en Montevideo, para que viniese a descan- 
sar y a recibir los honores de la victoria; pero 
el 1 de diciembre de 1828 el batallón de Lava- 
lle llega y pone sitio a la fortaleza de Buenos 
Aires, donde se hallaba Dorrego. Éste se eva- 
de y se dirige a la campaña, se junta con Ro- 
sas y reúne mil hombres mal armados. Lavalle, 
nombrado gobernador por los unitarios, en la 



DRU 



capilla de San Roque (convento de San Fran- 
cisco, calles Alsina y Defensa), se dirige con- 
tra ellos y los derrota; otra vez escapa Dorre- 
go; pero traicionado por sus mismos subalter- 
nos, es fusilado en el pueblo de Navarro, el 3 
de diciembre de 1828. 
Dragones. Regimiento de caballería, formado 
de veteranos, que combatió en 1806 y 1807 
contra las tropas inglesas que invadieron a 
esta ciudad. Fué comandado por el teniente 
coronel D. Florencio Núñez. Durante la inde- 
pendencia también hizo las campañas del in- 
terior. En 1774 tenia Buenos Aires ocho com- 
pañías de dragones, con 77 plazas cada una. 
Drnmond (Francisco). Marino. Nació en la 
real villa y puerto de Dundee, sobre el Tay, 
en Escocia, el año 1803. Discípulo de lord 
Cochrane; peleó a su lado por la emancipación 
del Brasil, mereciendo acompañarlo a su vuel- 
ta a Inglaterra en 1825, y había tomado ser- 
vicio nuevamente en la escuadra imperial 
cuando, declarada la guerra con la República 
Argentina, pidió su baja absoluta, el 8 de fe- 
brero de 1826, y una vez obtenida, se embarcó 
el 4 de marzo inmediato para el Río de la Pla- 
ta, en la goleta americana Hamlet, arribando 
a Montevideo el 21 del mismo; pero en el acto 
de desembarcar fué tomado preso, y sus pade- 
cimientos se prolongaron nueve meses, hasta 
que logró evadirse de su injusta prisión e in- 
corporarse a la escuadrilla argentina del Uru- 
guay. El 24 de enero de 1827 fué nombrado 
capitán del bergantín Independencia. Se dis- 
tinguió por su valor y pericia en el combate 
del 27 de abril, en el encuentro del 25 de mayo 
de 1827 y en el combate de los Pozos, y su 
admirable conducta en la acción del Juncal (el 
9 de febrero) le conquistó las simpatías del 
almirante Brown y el ascenso a sargento ma- 
yor, el 23 de marzo del mismo año. En el com- 
bate de Monte Santiago, frente a la ensenada, 
se batió contra un número muy superior de 
buques. Agotadas las municiones del suyo, se 
transbordó a la Sarandi; pero apenas pisó su 
cubierta, cuando una bala de cañón le hiere 
mortalmente en el lado derecho de la pelvis, 
fracturándole el fémur. Conducido a la cámara, 
sobrevienen las revulsiones y el hipo, heral- 
dos siniestros que anuncian la extinción de la 
vida... El intrépido Drumond conoce lo deses- 
perado de su situación, y vuelto del primer sín- 
cope, pide, sin alterarse, que el capitán Coe, 
su amigo particular, bajara un instante para 



DRU 



- 173 



hacerle ciertos encargos, demanda casi de ul- 
tratumba, a que accedió aquél, a pesar de las 
premiosas exigencias que lo retenían en su 
puesto en circunstancias de tanto conflicto. Al 
sentirlo, alargóle la mano, y reanimándose, le 
dijo: Amado Juan, la vista se me anubla y no 
aeré más las montañas de Escocia... Son atro- 
ces los dolores que sufro, y la sed me devora. 
Recíbete de mi reloj, para que lo envíes a mi 
madre, y de este anillo, que lo entregarás a 
Elisa Brown...\ y suspirando, agregó después 
de una pausa: Decid al general que muero 
contento porque creo haber cumplido mi de- 
ber, que es como un hombre debe morir... y 
acto continuo entró en delirio. La emoción de 
Coe en presencia de aquel cuadro y de su 
amigo bañado en sangre, era evidente. Algu- 
nas lágrimas asomaban a su rostro tostado, 
cuando el almirante, a favor de las sombras, 
se trasladó a la Sarandi. Noticioso de la des- 
gracia de Drumond, quiso despedirse en per- 
sona del prometido de su primogénita, del jo- 
ven bizarro que un día no lejano debió unir 
.su corazón al de aquélla, y cuya carrera tron- 
chaba la suerte cruel en la lozanía de la vida. 
Cuando el general se presentó en su lecho de 
agonía y le estrechaba la mano, Drumond era 
ya presa de un frío letárgico... Pancho, ¿me 
conoces?, exclamó aquél con dulzura. El mo- 
ribundo, animando sus grandes ojos azules: 
Almirante, repuso con voz apagada, muero 
cumpliendo con mi deber... Si, mi querido hijo, 
has hecho tu deber, replicó el interlocutor, be- 
sando su frente, casi helada: y dándose vuelta, 
profundamente conmovido, dijo al teniente 
Johnston, segundo de la Sarandi, que lo acom 
pañaba, y de cuyos labios, cuarenta y ocho 
años más tarde, recogíamos estos pormenores: 
♦Subamos, Innis, es otro valiente que per- 



DUR 

demos» (Campañas navales, Carranza.) Fa- 
lleció el valiente oficial poco más tarde, a eso 
de las diezmos/ /ner/'í//em del 8 de abril de 1827. 
Sus restos fueron transportados a BuenosAires. 

Dupúy (Vicente). Militar. Nació en Buenos Ai- 
res, el 22 de enero de 1774. Comenzó su carre- 
ra militar combatiendo contra los ingleses en 
las dos invasiones; tomó participación en el 
movimiento de mayo de 1810, como miembro de 
la Asociación de los «chisperos», que dirigían 
French y Berutti. Como oficial asistió al sitio y 
toma de Montevideo en 1814, y en el mismo 
año, siendo sargento mayor, fué nombrado te- 
niente gobernador de San Luis, en cuyo cargo 
prestó grandes servicios a San Martín en la 
formación del ejército de los Andes. Por acuer- 
do gubernativo del 14 de marzo de 1817 se re- 
solvió que los prisioneros españoles tomados 
en la batalla de Chacabuco pasaran a la cár- 
cel de San Luis. Permanecían custodiados por 
una pequeña guardia, cuando el 8 de febrero 
de 1819 intentaron matar al coronel Dupúy, 
que, debido a su entereza, pudo defenderse, 
aunque fué herido, y restableció el orden. Por 
su compartamiento mereció una medalla y el 
nombramiento de oficial de la Legión de Méri- 
to de Chile. En 1820 abdicó el mando y pasó a 
incorporarse al ejército del Perú, donde hizo 
la campaña a Puertos Intermedios y asistió al 
sitio del Callao, de cuya ciudad fué gobernador 
político y militar, como también de Lima. Ins- 
pector general de armas. Murió el 18 de fe- 
brero de 1843. 

Durito (combate del). El 5 de junio de 1867 tuvo 
lugar un combate parcial entre el comandante 
D. Martiniano Charras y el caudillo D. Felipe 
Várela, en el Durito, provincia de San Juan. 
Fué derrotado completamente Várela, que 
huyó con la poca gente que le quedó. 



E 




J©!.- 



D. Pascual Echagüe. 



Echagüe (Pascual). Militar. Gobernador de 
Santa Fe en abril 
de 1842. Dictador 
militar en la pro- 
vincia de Co- 
rrientes en 1839. 
Vencedor en Sau- 
ce Grande y Mal 
Abrigo, y en Caa- 
guasú fué ven- 
cido por el gene- 
ral Paz el 29 de 
noviembre de 
1841 siendo igual- 
mente vencido en 
la batalla de Ca- 
gancho, el 29 
de diciembre de 1836, por el general Rivera. 

Echauri(Juan Francisco M. de). Militar. Nació 
en Salta, y empezó su carrera el año 1807, 
con motivo de la segunda invasión inglesa. 
Tres años después fué ascendido a subteniente 
de Patricios, y en 1811, a capitán. En 1S12 fué 
enviado en comisión a la capital uruguaya con- 
duciendo pliegos sobre condiciones que debía 
observar la plaza de Montevideo en caso de 
que se uniera a Buenos Aires, cuyas bases re- 
chazó el general Vigodet. Incorporado al bata- 
llón 7." de infantería, el 9 de enero de 1813 se 
halló en la batalla de Salta como jefe del ala 
izquierda, siendo recomendada su conducta en 
el parte de la acción; el 28 de agosto de 1816 
fué promovido a sargento mayor, y mientras 
revistaba en el ejército auxiliar del Perú as- 
cendió a teniente coronel. Teniente goberna- 
dor de Santiago del Estero en 1820; coronel 
en mayo de 1832; dos años después el tirano 
le dio de baja. Terminó sus días en Buenos 
Aires, el año 1834. 



Echeandfa (José María González de). Militar. 
Nació en Montevideo; formó parte de la pri- 
mera escuadra el año 1 1 , como segundo jefe de 
la goleta Nuestra Señora del Carmen, y pasó 
luego a militar en el ejército de tierra que si- 
tiaba a su ciudad natal, y posteriormente se 
alistó en el ejército de Belgrano, en clase de 
alférez de ingenieros. Asistió a la batalla del 
Cerrito, en la que fué herido de gravedad y 
ascendido a teniente. En 1814 se encontró en 
el segundo sitio y rendición de Montevideo, en 
clase de ayudante mayor, en el regimiento dé- 
cimo de infantería. Durante el gobierno del 
general Soler (1820) desempeñó la Secretaría 
militar djl mismo, y más tarde ascendió a co- 
ronel. Vivía en Buenos Aires el año 1840, cuan- 
do fué tildado de «salvaje unitario», y se vio 
obligado a emigrar a Montevideo, en cuya ciu- 
dad escribió sus Memorias. Murió el 6 de mar- 
zo de 1860. 

Echenajrucía (Mariano). Militar. Nació en 
Buenos Aires, en 1807. Tomó parte en la gue- 
rra contra el Brasil como subteniente en el pri- 
mer regimiento de cazadores, asistiendo a los 
diversos hechos de armas de esa campaña y a 
la batalla de ¡tuzaingó. En 1835, siendo capi- 
tán, fué borrado de la lista militar por no me- 
recer la confianza de Rosas; fué preso en 
Quilmes y remitido a Buenos Aires. Recobrada 
la libertad, emigró a Montevideo en 1840. Allí 
se alistó en la artillería, donde llegó hasta te- 
niente coronel en 1844. Estuvo en Caseros 
como coronel del regimiento del general San 
Martín. Se alistó en las filas de la revolución 
del 11 de septiembre, y entre los defensores, 
en los sitios de 1852 y 53, distinguiéndose en 
el combate del 13 de mayo. Se halló en Cepe- 
da y Pauón. No asistió a la campaña del Para- 
guay debido a sus achaques. Este jefe mu- 



ECH 



- 175 — 



ELC 




D. José Esteban Eclieverria. 



rió en Buenos Aires, el 28 de mayo de 1869. 
Echeverría (José Esteban). Poeta. Nacido en 
Buenos Aires, el 2 de septiembre de 1805, e 
hizo sus estudios 
en la misma ciu- 
dad, y poco des- 
pués fué enviado 
a Europa a fin de 
ampliar y perfec- 
cionar sus cono- 
cimientos, y al 
cabode un tiempo 
regresó a su país; 
pero hostilizado 
por Rosas, emi- 
gró a Montevi- 
deo. Sus maes- 
tros de latinidad 
y de Filosofía 
fueron los profesores D. Mariano Guerra y 
D. Juan Manuel Fernández. En 1832 publicó 
su primer ensayo, en que demostraba sus ten- 
dencias melancólicas, y después algunas poe- 
sías, que compiló en dos tomos, uno titulado 
Consuelos, y otro. Rimas, que gozaron de 
gran favor, y otros varios poemas, entre ellos 
el en que describe La insurrección del Sud, de 
1839, notable trabajo de carácter histórico; 
Ángel Caido' Elvira, o la novia del Plata: La 
guitarra: pero ninguno supera a La cautiva, 
precioso poema, genuinamente americano. He 
aquí su primera estrofa: 

EL DESIERTO 
Era la tarde y la hora 

en que el sol la cresta dora 

de los Andes. El desierto, 

inconmensurable, abierto 

y misterioso, a sus pies 

se estiende; triste el semblante, 

solitario y taciturno, 

como el mar cuando un instante, 

al crepúsculo nocturno, 

pone rienda a su altivez. 
A veces la tribu errante, 

sobre el potro rozagante, 

cuyas crines altaneras 

flotan al viento ligeras, 

lo cruza cual torbellino, 

y pasa; o su toldería 

sobre la grama frondosa 

asienta; esperando el día 

duerme, tranquila reposa, 

sigue veloz su camino. 



En 1837 publicó El dogma social, que es un va 
líente anatema contra los tiranos. Dio a luz 
muchas publicaciones de propaganda política. 
Son notables sus cartas dirigidas en 1847 al 
director del Archivo Americano, D. Pedro de 
Angelis. Este poeta murió en Montevideo, el 
20 de enero de 1851. 

Eguisí (Carlos Enrique). Jurisconsulto. Nació 
en Buenos Aires, el 4 de noviembre de 1809, y 
se educó en la misma, cursando los estudios 
de Derecho, graduándose de doctor en Leyes. 
Unitario, le fué necesario emigrar a Montevideo 
durante Rosas. Ti-mó parte en la defensa de 
la plaza en la Legión argentina, encontrán- 
dose en varios combates, en uno de los cuales 
fué herido. En 1857 regresó a Buenos Aires 
para ejercer la magistratura en el Juzgado co- 
rreccional, pasando en 1861 al Juzgado de pri- 
mera instancia en lo civil, puesto que ocupó 
hasta 1866. Juez federal en lo comercial y cri- 
minal de la capital hasta 1868, en que fué de- 
signado vocal del Supremo Tribunal de Justi- 
cia. En 1875, presidente déla segunda Cámara 
de Apelaciones, siendo jubilado el año IS80. 
Falleció el 24 de agosto de 1891. 

El Bellaco (combate). En el arroyo de El Be- 
llaco, cerca de Gualeguaychií, una fuerza ar- 
gentina, al mando de los capitanes José San- 
tos Lima y Gregorio Samaniego. ataca a los 
españoles que ocupaban aquel punto con una 
flotilla, y les toman tres buques corsarios, cin- 
co cañones y una bandera y bastantes prisio- 
neros, ocasionándoles muchos muertos y heri- 
dos, el 14 de enero de 1813. 

Elcano (Juan Sebastián de). Navegante y des- 
cubridor español. Nació en Guetaria (Guipiíz- 
coa), en 1476 Marino desde sus primeros años, 
se dedicó en sus principios a la pesquería. 
Tomó parte en la expedición al África que or- 
ganizó el Cardenal Cisneros, mandando una 
nave de 200 toneladas, prestando señalados 
servicios. Con el cargo de contramaestre en 
la nao Concepción, partió, a las órdenes de Ma- 
gallanes, en busca de un camino que permitiese 
llegar a las Indias por Occidente. Cinco eran 
los barcos que componían la escuadra, la que 
el 27 de septiembre de 1519 zarpó del puerto 
de Sanlúcar de Barrameda: La Trinidad, man- 
dada por Magallanes; la Concepción, la San 
Antonio, La Victoria, y la Santiago, mandadas , 
respectivamente, por Gaspar de Quesada, Juan 
de Cartagena, Luis Mendoza y Juan Serrano; 
siendo 237 hombres los individuos que compo- 



ELC 



— 176 



ELI 



nian la tripulación de toda la armada. Sin no- 
vedad atravesaron el Atlántico y llegaron al 
golfo de San Julián, en la costa de la Patago- 
nia, el 31 de marzo de 1520. Allí invernaron, 
después de grandes peripecias, en las que se 
perdió la nao Santiago y desertó, sublevada, la 
San Antonio. Pasó la escuadra el estrecho a 
que Magallanes le debe su nombre, penetrando 
en el Pacifico el 27 de noviembre de 1520. Si- 
guiendo viaje, descubrieron las islas Marianas 
y las Filipinas, en donde perdió la vida el in- 
signe portugués, en un combate con los indios. 
Muerto también Duarte de Mendoza, que ha- 
bla sucedido en el mando a Magallanes, así 
como el capitán de la Victoria, tomó Elcano el 
mando de esta nao y de la escuadra, reducida 
ya a sólo dos naves y 115 hombres, pues la 
Concepción hubo de ser quemada por inútil. 
Elcano dirigió el rumbo hacia las Molucas, pa- 
sando por Joló, Siam y otros parajes hasta en- 
tonces desconocidos. La Trinidad se hallaba 
en tan mal estado que debió ser dejada en las 
Molucas. Sólo ya con la Victoria y 50 hombres, 
navegó cinco meses por los mares índicos, so- 
portando temporales y esquivando los buques 
portugueses, enemigos a la sazón; dobló el ca- 
bo de Buena Esperanza el 19 de mayo de 1522, 
y después de tres años de navegación, en los 
que recorrió catorce mil leguas, divisó tierra 
española el 4 de septiembre y el S de dicho mes 
de 1522 entró en Sanlúcar de Barrameda, rin- 
diendo viaje los primeros hombres que dieron 
la vuelta al mundo. De los 237 que salieron, 
volvían 18, flacos, extenuados, los cuales se 
dirigieron en solemne procesión a las iglesias 
de Nuestra Señora de la Victoria y de la Anti- 
gua, cumpliendo el voto que hicieron en la tra- 
vesía. El emperador Carlos V premió al intré, 
pido navegante con varios privilegios y le con- 
cedió el uso de un escudo de armas especial- 
en el que figura un globo terráqueo con esta 
inscripción: «Primus circundisti me». Fué co- 
misionado por el emperador para arreglar con 
los delegados del rey de Portugal diferencias 
de límites en la línea demarcada por el Papa 
Alejandro VI. Organizada una segunda expe- 
dición a las Molucas, fué nombrado segundo 
jefe de ella, y el 24 de julio de 1525 salieron de 
la Coruña siete naves con 700 marineros, rum- 
bo ai estrecho de Magallanes. El 29 de octubre 
un temporal separó las naves; Loaisa, el jefe, 
desapareció con la Santa María de la Victoria 
y otras dos naos, quedando solo Elcano con 



cuatro buques, tratando de pasar el estrecho 
de Magallanes, sin conseguirlo a causa de las 
tempestades; en ellas perdió \a Sancti Spiritus, 
lo que le obligó a trasladarse a la Anunciada. 
Otra tormenta empujó a la San Lesmes hasta 
el acabamiento de la tierra. Habían descubier- 
to el cabo de Hornos. El 24 de enero de 1526 
se encontraron Loaisa y Elcano, y éste se trans- 
bordó a la Santa Marta de la Victoria, y des- 
pués de cincuenta y un días de grandes traba- 
jos pudieron embocar el Pacifico, donde les 
persiguieron las tempestades. Enfermó Elcano, 
y temiendo el fin, hizo testamento ante Iñigo 
Artes de Perea, y mientras esto ocurría, murió 
Loaisa. Elcano se hizo cargo del mando, que no 
ejerció más que cinco días, pues el 4 de agos- 
to de 1526 falleció, y su cuerpo, tras breves 
murmullos de rezos, fué arrojado al agua. Ta- 
les fueron los funerales y entierro del primer 
marino que dio la vuelta al mundo. En la villa 
de Quetaria se le levantó una estatua en 28 de 
mayo de 1861. 

Elía (José Eugenio de). Abogado. Nació en Bue- 
nos Aires. En 1810 fué asesor del Gobierno de 
Montevideo, y se mostró partidario de la re- 
volución de mayo. El 7 de junio de 1817 fué 
nombrado secretario del Soberano Congreso 
Nacional que declaró la independencia de las 
Provincias Unidas del Río de la Plata. Asesor 
auxiliar del auditor de Ejército y Marina, y 
asesor de matrícula del Gobierno. En 1826 fué 
electo constituyente al Congreso que san- 
cionó la Constitución unitaria de 1826. Cua- 
tro años después fué nombrado juez de prime- 
ra instancia en lo civil, y posteriormente des- 
empeñó la Fiscalía del Crimen. En octubre de 
1825 le fué confiado el cargo de vicerrector de 
la Universidad de Buenos Aires. Terminó sus 
días en esta ciudad. 

Elias (Ángel). Político argentino. Fué secreta- 
rio del general Urquiza, organizador de la 
Confederación argentina, y se halló en la bata- 
lla de Caseros. Desempeñó los cargos de se- 
nador y diputado en diversas ocasiones en 
el Parlamento, como representante de Entre 
Ríos. 

Elias (Juan Estanislao). Militar. Nació en Boli- 
via, el 7 de marzo de 1802, siendo sus padres 
el Dr. D. José Eugenio de Elias, natural de 
Buenos Aires, y D.' María Isabel Colón de 
Larreategui, de Bolivia. Principió su carrera 
militar, como cadete de Húsares de la Unión, 
en 1817, cuerpo en que ascendió a portaestan- 



ELI 



177 



ENT 



darte en 1818. Como ayudante mayor comba- 
tió contra los indios en el año de 1825. Fué 
ayudante de campo del general en jefe del 
ejército republicano en la batalla de Ituzaingó. 
Edecán del general D. Juan Lavalle, concurrió 
al combate de Navarro, y cuatro días después 
al fusilamiento del coronel D. iManuel Dorre- 
^0. Se halló en el Puente de Marqués. Más 
tarde tuvo que emigrar a Montevideo. Se halló 
en las acciones de San Cristóbal, Sauce 
Grande, etc. Fué nombrado coronel efectivo 
en el año 1860. Murió en la ciudad de Tucu- 
mán, el 30 de marzo de 1870, después de cin- 
cuenta y tres aflos de leales servicios a la Re- 
pública. 

Elixalde (Juan José). Nació en Buenos Aires, 
el 2 de julio de 1784. Figura entre los defenso- 
res de Buenos Aires durante las invasiones 
inglesas. Desempeñó diversos cargos públicos. 
El presidente Rivadavia lo nombró su edecán, 
cargo que desempeiló hasta el 31 de octubre 
de 1826. 

Ellzalde (Rufino de) . Nació en Buenos Aires, 
en 1822. Se educó en esta capital, cursando 
los estudios de 
Derecho, hasta 
obtener su título 
de doctor en 1846, 
en cuyo año abrió 
estudio, hasta 
que, derrocado 
Rosas, se consa- 
gró a la política, 
ocupando los car- 
gos de asesor de 
menores en 1852, 
fiscal de Estado, 
diputado, sena- 
dor, convencio- 
nal, ministro de 
Estado y candidato a la presidencia de la Re- 
pública. Fué también catedrático de la facul- 
tad de Derecho durante largos aflos, presiden- 
te de la Comisión del ferrocarril del Oeste en 
1879, y además negociador diplomático en So- 
livia y en la República del Uruguay. Falleció en 
esta ciudad, el 13 de marzo de 1887. 

El Mismo de Bnenos Aires (goleta armada 
en corso). Se llamó anteriormente ím Pastora. 
Su porte era de 120 toneladas, nueve cañones 
de a 12, y ofrecía como fiador a D. Guillermo 
Miller, norteamericano, propiedad de D. Gui- 
llermo Shapley y de D. Tomás Taylor. La Pos- 

DlC. Hl3T. BlOQR. 




Dr. D. Rufino Elizalde 




tora había sido capturada por Taylor y decla- 
rada buena presa. 

Empedrado. El de la ciudad de Buenos Aires 
dio principio en el año de 1792, con 10.000 pe- 
sos que ofreció el comercio de esta plaza para 
fiestas reales, que el virrey Arredondo aplicó 
a empedrados, empezando por la plaza Mayor 
(hoy de Mayo). 

Encamación de Tayatí. Nombre de una de 
las reducciones de los jesuítas en la provincia 
del Guayrá. 

Encina (Carlos). Nació el 29 de julio de 1838. 
Fueron sus padres el coronel D. Andrés Anas- 
tasio Encina y 
D . ' Micaela 
Sáenz. Terminó 
su enseñanza pri- 
maria a los nueve 
años, obteniendo 
una medalla de 
oro. En 1860 se 
graduó de agri- 
mensor. En 1868 
fué diputado a la 
Legislatura y en 
1870 convencio- 
nal, obteniendo 
mayoría de votos 
contra el doctor 
Aristóbulo del 
Valle, Guillermo Rawson y Dr. D. Pedro 
Goyena. En 1860 se recibió de ingeniero civil. 
En el mismo año, electo decano de la Facultad 
de Matemáticas. Era también poeta, siendo 
hermoso su Canto a Colón, escrito a los diez 
y nueve años; Canto al arte, en 1857. Era un 
poeta lírico muy hondo, y además un sabio ma- 
temático. Falleció en Choele-Choel. 

Ensenada. Puerto de La Plata, fundado en 
1800 por el virrey Aviles, delineándolo en 1801 
el ingeniero Cer\'iño sobre los terrenos del 
sargento mayor Barragán, de cuyo apellido 
proviene el nombre dado a esta ensenada. 
En 1854 era partido, erigiéndose en parroquia, 
bajo la advocación de la Merced, en 1S55. Fué 
en este puerto donde desembarcó la segunda 
invasión inglesa, a las órdenes de Whitelocke, 
en 1807. 

Entre Rios. Provincia argentina, situada en 
el litoral. Su capital es la ciudad del Paraná, 
fundada en 1780, antigua capital de la Confe- 
deración desde 1S58 al 1861 . Por decreto de 10 
de septiembre de 1814 fué creada esta provin- 

la 



D. Carlos Encina. 



ERE 



- 178 — 



ESC 



cia, que hasta entonces formaba parte de la de 
Corrientes. 
Erézcano (Francisco). Marino. Nacido en Bue- 
nos Aires, en 179S. Empezó su carrera militar, 
como soldado voluntario de patricios, en 1811; 
subteniente abanderado en 1813; teniente se- 
gundo del regimiento de artillería en 1816, en 
cuyo año pasó a la Marina, alistándose en la 
escuadrilla de Brown que surcó las aguas del 
Pacífico. En 1819, capitán graduado, se le con- 
fió el mando del bergantín Intrépido, donde 
en el asalto de Valdivia consiguió enarbolar la 
bandera argentina en el fuerte de San Carlos, 
seguido de sus tropas de desembarco, y al día 
siguiente, al penetrar en la bahía, varó su em- 
barcación, yéndose a pique. En 1825, hallán- 
dose en el Perú con otros argentinos, fué ex- 
pulsado del país y se dirigió a Buenos Aires a 
ofrecer su espada para la campaila contra el 
imperio del Brasil, donde se destacó su figura 
en el combate del 22 de febrero de 1827, ba- 
tiéndose él y el capitán Jorge con una división 
brasileña durante varias horas, hasta que reti- 
rado el enemigo con el intento de reanudar el 
ataque, los comandantes argentinos incendia- 
ron sus naves y encallaron una cañonera para 
salvar así el honor de la bandera, pues los 
buques estaban inutilizados. En septiembre 
■ de 1829 fué nombrado comandante y capitán 
del puerto de Buenos Aires, cargo que desem- 
peñó varios años y en cuyo puesto demostró 
su competencia y laboriosidad. El 13 de di- 
ciembre fué ascendido a coronel graduado y 
en 1832 efectivo. Falleció en Buenos Aires, el 
9 de septiembre de 1856. 
Escalada (Antonio José de). Funcionario públi- 
co. Nacido en Buenos Aires, en 1753. Con- 
trajo matrimonio, el 14 de junio de 1788, 
con la distinguida patricia D." Tomasa de la 
Quintana, que tanto figuró en la época de la 
independencia por su patriotismo, por su belle- 
za y por su inteligencia. Fué Escalada regidor 
del Cabildo, alcalde de primer voto, canciller 
de la Real Audiencia y síndico procurador 
en 1810. Fué uno de los invitados al cabildo 
abierto del día 22, dando su voto por la causa 
de la patria. En 19 de agosto del mismo año 
fué arrestado en unión de D. Miguel Irigoyen, 
y desterrado a una guardia de la frontera, por 
sospechárseles conspiradores. Recaudador para 
la suscripción de compra de fusiles, vocal de la 
Junta de Observación, diputado. En su casa 
se reunían los patriotas principales de la revo- 



lución, y fué en ella donde el general San Mar- 
tín conoció a una de sus hijas, Remedios, con 
quien más tarde se desposó. Falleció el 16 de 
noviembre de 1821. 

Escalada (Francisco Antonio de). Nació en 
Buenos Aires, en 1749. En 1795 fué consiliario 
del Real Consulado de Comercio; en este car- 
go se hizo notar por haberse opuesto al mono- 
polio del comercio, fundando su voto en un 
largo y bien meditado escrito, estableciendo 
los fundamentos de la libertad de comercio. 
Fué alcalde de primer voto; dio su voto por la 
causa de los patriotas. Regidor del Cabildo, 
miembro de la Junta de Representantes de la 
provincia en 1820. Murió el 7 de diciembre 
de 1835. 

Escalada (José María de). Militar. Nació en 
Buenos Aires, en 1783. Teniente de húsares 
en 1810. En el regimiento de Dragones' mar- 
chó a la campaña de la Banda Oriental, sien- 
do ascendido a capitán en marzo de 1812. Asis- 
tió a la batalla del Cerrito. Actuó en los suce- 
sos del año 20, y como coronel de Milicias el 
año 1828. Dejó de existir en Buenos Aires, el 
12 de Diciembre de 1839. 

Escalada (Manuel de). Militar. Nacido en Bue- 
nos Aires, el 17 de junio de 1795. A los diez 
y seis años ingresó 
en el regimiento 
de Granaderos a 
Caballo, siendo 
poco después as- 
cendido a alférez, 
batiéndose en San 
Lorenzo como te- 
niente, y con el gra 
do inmediato supe 
rior tomó parte en 
el sitio y rendición 
de Montevideo en 
1814; sirvió des- 
pués en el ejército 
del Alto Perú, ha- 
llándose en las ac- 
ciones del Tejar, 

Puesto del Marqués y Sipe-Sipe. En 1816 
pasó a incorporarse al ejército de los An- 
des, batiéndose en Chacabuco, siendo el en- 
cargado de transmitir a Buenos Aires el parte 
de la victoria. De regreso a Chile hizo la cam- 
paña del Sud, tomando parte en el sitio y asal- 
to de Talca/mano y después en Cancha Raya- 
da y Maipú, donde fué ascendido a coronel. 




D. Manuel de Escalada. 



ESC 



179 - 



ESC 



nombrándosele jefe del regimiento de Grana- 
deros, en cuyo cuerpo hizo la campaña de 
Bio-Bio. En 1820 actuó en las luchas civiles, y 
en 1827 concurrió a la guerra del Brasil. Du- 
rante el gobierno de Vi.-imonte desempeñó el 
ministerio de Guerra, como también en las ad- 
ministraciones de López Obligado. Fué tam- 
bién gobernador delegado del Estado de Bue- 
nos Aires en 1855 y además senador y diputa- 
do. El Senado Nacional le reconoció el grado 
de general, que anteriormente le acordó el 
mismo cuerpo de su provincia. Falleció en 
Buenos Aires, el 13 de diciembre de 1871. 
^■calada (Mariano de). Militar. Nació en Bue- 
nos Aires, el 12 de 
diciembre de 1796. 
Cadetedel regimien- 
to de Granaderos a 
Caballo, se incorpo- 
ró al ejército auxi- 
liar del Perú, y más 
tarde, a Mendoza, al 
ejército de los An- 
des, en clase de ca- 
pitán y como ayudan- 
te de San Martín, 
batiéndose en Cha- 
cahvco, ascendiendo 
al grado superior en 
1817. Se halló en 
Maipú, retirándose 

después del servicio. Falleció en Buenos Ai- 
res, el 3 de junio de 1841. 
scalada (Mariano José de). Sacerdote. Nació 
en Buenos Aires, 
el 26 de noviem- 
bre de 1799. Pri- 
mer artobispo de 
la República Ar- 
gentina, en Mar- 
zo de 1865. En 
1869 partió para 
Roma, en cuya 
ciudad falleció, 
el 28 de julio de 
1870. Sus restos 
fueron repatria- 
dos al año si- 
guiente y sepul- 
tados con toda solemnidad en la iglesia Regi- 
na .Martirum, en esta ciudad. 
scalada (María Eugenia). Nació en Buenos 
Aires, el 8 de septiembre de 1781. Casó con 




Mayor D. Mariano de 
Escalada. 




D. Mariano José de Escalada. 



D. José Demaría, el 7 de junio de 1797. Figuró 
durante la revolución por su patriotismo. El 
nombre de esta matrona figura al pie de la 
nota que elevó al Gobierno un grupo de patri- 
cias, el 30 de mayo de 1812, haciendo entrega 
de una suma de dinero y armas encargadas a 
los Estados Unidos. Murió en esta ciudad, el 
29 de octubre de 1822. 

Escalada (Nieves de). Patricia argentina de la 
revolución de 1810. Figura en el número de las 
que erogaron para el pago de las armas con 
que sostener la causa de la independencia. En 
el mismo caso se encuentran Ramona Esquive 
y Aldao, Magdalena Castro y Correa y muchas 
más. Había nacido en Buenos Aires, el 5 de 
marzo de 1799, y era hija menor de D. José 
Escalada y de D.^ Tomasa de la Quintana. 
Esta noble dama, falleció en Buenos Aires, el 
13 de julio de 1867, dejando numerosa y digna 
descendencia. 

Escalada (Remedios de). Nació en Buenos 
Aires, el 20 de noviembre de 1797. Hermana 
de la anterior. A los catorce años de edad, el 
12 de noviembre de 1812, contrajo matrimonio 
con el entonces coronel D. José de San Mar- 
tín, siendo padrinos de este acto el sargento 
mayor D. Carlos de Alveary su esposa, doña 
Carmen Quintanilla. En 1815, trasladado a 
Mendoza San Martín, le siguió a esa ciudad su 
esposa, donde se granjeó las simpatías de toda 
la sociedad mendocina, permaneciendo allí has- 
ta 1819, año en que regresó a Buenos Aires, al 
lado de sus padres, acompañada de su tierna 
hija. Gravemente enferma desde 1821, se retiró, 
por prescripción medica, a la quinta de su fa- 
milia en las inmediaciones de esta ciudad, don- 
de murió el 3 de septiembre de 1823, lamentan- 
do la ausencia de su ilustre esposo. A la entra- 
da del cementerio del Norte (Recoletas existe 
un pequeño monumento sepulcral de mármol, 
que hizo erigir su esposo en 1824, en cuya lá- 
pida se lee: «Aquí yace Remedios de Escalada, 
esposa y amiga del general San Martín.» Este 
epitafio, que encierra en su sencillez todo nu 
poema y abarca en su frase toda una época, es 
una síntesis de las expresiones sinceras de los 
sentimientos verdaderos que germinaron en el 
pecho de San Martín en la hora en que la im- 
placable desgracia le arrebatara su compañera 
y consejera. 

Escobar (Alonso de). Uno de los sesenta y tres 
compañeros de D. Juan de Garay al fundar 
esta ciudad. Natural de España, vino a Améri- 



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ca en 1549, en la expedición de Sanabria. Es- 
tuvo en el Brasil y luego en el Paraguay, de 
donde vino con Caray en 1580, en cuyo año 
desempeñó el cargo de regidor de Buenos 
Aires, y, como fundador, fué agraciado con 
una manzana de tierra en el ejido de la ciudad 
y una suerte en el paraje del valle de Santiago 
que hoy ocupa el pueblo que lleva su nom- 
bre, en el partido del Pilar, fundado en el afío 
de 1878. 

Escribano (Bernardino). Militar. Comenzó su 
carrera en 1810, en el regimiento de Húsares 
de Pueyrredón. En junio 10 de 1812 fué ascen- 
dido a alférez y en el mismo año pasó a for- 
mar parte del regimiento de Granaderos a Ca- 
ballo, creado por San Martín. Se halló en 5í271 
Lorenzo. Pasó los Andes y tomó parte en Cha- 
cabugo, Cancha Rayada, Maipti. Expedicionó 
al Perú, en cuyo país fué promovido el 22 de 
noviembre de 1820 a sargento mayor del regi- 
miento de Húsares de la Muerte, y, sucesiva- 
mente a teniente coronel de Dragones de la 
Libertad el 17 de febrero de 1824 y a coronel 
del regimiento 5.° de Caballería de línea, el 
27 de junio de 1827, en cuyo cuerpo prestó ser- 
vicios por largo tiempo en la frontera Norte 
de Buenos Aires contra los indios. En 1828 
servia en la frontera del Pergamino, y se dis- 
ponía a emprender una campaña contra los in- 
dios, hallándose en el Salto, cuando el gober- 
nador Dorrego se dirigió a ese punto. Escriba- 
no lo tomó prisionero y lo entregó. En 1829 
combatió en el Arroyo del Medio con el coro- 
nel Suárez contra algunas fuerzas santafeci- 
nas que operaban de acuerdo con el coman- 
dante Rosas- 

Escribano público. Uno sólo había en Buenos 
Aires el año 1706, que lo era D. Francisco de 
Ángulo. 

Escritores oñciales. Redactores de La Gace- 
ta. Desde el 7 de junio hasta diciembre de 1810, 
el secretario de la primera Junta, D. Mariano 
Moreno. Desde diciembre de 1810 hasta mayo 
de 1811, el vocal de la segunda Junta, D. Gre- 
gorio Funes (juzgando por el estilo). Desde 
el 18 de mayo hasta el 5 de octubre de 1811, el 
Dr. D. Pedro José Agrelo. Desde el 5 de no- 
viembre hasta el 25 de mayo de 1812, el doc- 
tor D. Vicente Pazos Silva. Desde el 25 de 
mayo de 1812 hasta el 8 de octubre de 1812, el 
mismo Pazos, La Gaceta. Desde abril hasta 
noviembre de 1815, Fr. Camilo Henríquez, emi- 
grado chileno, con un sueldo de 1.000 pesos 



fuertes anuales. Desde noviembre de 1815 has 
ta la caída del Congreso, en 1820, el doctor 
D. Julián Alvarez, oficial del ministerio de Go- 
bierno, con una gratificación de 300 pesos 
anuales. Desde el establecimiento del Gobier- 
no federal hasta septiembre de 1820, el cama- 
rista Dr. D. Manuel A. Castro (ese día quedó 
suprimida la Gaceta de Buenos Aires). 

Redactores de El Censor (periódico oficial 
del Cabildo): Desde el 15 de agosto de 1815 
hasta el 3 de enero de 1817, D. Antonio Vul- 
dés, cubano. Desde el 20 de febrero de 1817 
hasta el 30 de enero de 1819, Fr. Camilo Hen- 
ríquez. 
Escuadrilla argentina. Su creación. Desde 
los primeros meses de su instalación la Junta 
revolucionaria había encomendado a un anti- 
guo corsario la formación de una flotilla, que 
cada día era más indispensable para contra- 
rrestar los ataques de las naves españolas, que 
sin rival alguno en las aguas del Plata asola- 
ban las costas y dificultaban las comunicaciones 
con el ejército de operaciones en la Banda 
Oriental; pero envuelta la Junta en delibera- 
ciones múltiples y tropezando con la carencia 
de elementos, transcurrieron los meses sin que 
pudiera realizarse su idea. Así llegó el año 11, 
y apremiada la Junta por la necesidad de acti- 
var el armamento de la flotilla, resolvió comi- 
sionar para ese servicio urgente al diputado 
Gurruchaga, que acababa de incorporarse 
(18 de diciembre de 1810). Se procedió a su 
creación así: 

Escuadrilla argentina (primera). Bergantín 
23 de mayo: 18 cañones, 108 hombres; coman- 
dante, Hipólito Bouchard; segundo comandan- 
te, Manuel Suárez. Goleta invencible: 12 caño- 
nes, 66 hombres; comandante, Azopardo, y su 
segundo, José Díaz Edrosa. Balandra Améri- 
ca: 3 cañones, 26 hombres; comandante, Ángel 
Hubac, y su segundo, Juan Francisco Díaz. 

Escuadrilla argentina (segunda). Bergantín 
(queche) Hiena: 15 cañones; comandante, To- 
más Taylor; segundo, Tomás Fermín Jones 
Sumaca Santo Domingo: 12 cañones; coman- 
dante, D. Hipólito Bouchard; segundo, Manuel 
Suárez. Goleta Nuestra Señora del Carmen: 
8 cañones; comandante, Ángel Hubac; segun- 
do, José M González Echeandía. Un champan, 
2 cañones: Augusto Taver. Cañonera, un ca- 
ñón: Lorenzo José Morlote. Falúa, un cañón: 
Antonio B. Orta. Un lanchón de auxilio, uno y 
dos pedreros: Juan Francisco Díaz. Estas últl' 



ESM 



- 181 



ESP 



mas embarcaciones fueron armadas simple- 
mente como auxiliares en aquellos apuros, 
pues no eran a propósito para hostilizar for- 
malmente al enemigo. 

Esmeralda. Hermosa fragata española tomada 
al abordaje por el almirante Cochrane, duran- 
te la guerra de la independencia, en la rada 
del Callao, en la noche del 5 de noviembre 
de 1820. En esa noche el almirante, conducien- 
do a sus marinos en catorce lanchas, abordó 
a dicha fragata, armada con 44 cañones y con 
320 hombres de tripulación y que se hallaba 
también protegida por la fortaleza y rodeada 
de numerosos buques de guerra de su bande- 
ra. Después de un sangriento combate de más 
de tres horas, Cochrane arrebató de su fon- 
deadero a la fragata y a dos lanchas cañone- 
ras, incorporándolas a su escuadra. A los ven- 
cedores les costó 11 muertos y 30 heridos, en- 
tre estos últimos Cochrane y Quise. Los rea- 
listas tuvieron 160 hombres entre muertos y 
ahogados, y 200 prisioneros. La Esmeralda se 
llamó después Valdivia. 

Esnaola (Juan Pedro). Músico. Nació en Bue- 
nos Aires, el 17 de agosto de 1808. A la edad 
de quince años fué enviado a Europa, en 1823, 
a perfeccionar sus estudios musicales, cuyos 
rudimentos le fueron dados por su tío el pres- 
bítero Picazarri. A su regreso fué el primer 
pianista y compositor argentino de esa época; 
compuso numerosas piezas de baile, minués y 
trozos musicales religiosos y profanos, muchos 
de los cuales llevan letra de D. Esteban Eche- 
verría. En 1859 publicó una introducción al 
himno nacional, arreglándolo para las bandas 
de música del ejército. Fué también el primer 
director de un Conservatorio de Música que se 
estableció en esta ciudad. Ejerció largos años 
el comercio, y fué juez de paz, director del 
Banco y Casa de Moneda, municipal, diputado 
y senador. Falleció el 8 de julio de 1878. 

Esparza (Juan Miguel). Comerciante; regidor 
dei Cabildo en 1750; miembro de la Hermandad 
de Caridad en 1758; tesorero de la Real Caja 
hasta 1763; alcalde ordinario de primer voto 
en 1764. FaMeció en Buenos Aires en 1767, 
siendo muy lamentado su fallecimiento por su 
patriotismo, inteligencia y honradez, de que dio 
pruebas en los muchos cargos que desempeñó 
en esta ciudad. 

Espejo (Jerónimo). Militar. Nació en Mendoza, 
el 30 de septiembre de 1801. Guerrero de la 
independencia y del Brasil. Se halló en Chaca- 



buco, Talca/iuano, Cancha Rayada, Maipú, 
toma de la ciudad de la Serena, asalto del 
Callao, Moquegua, Ituzaingó Puente del Mar- 
qués, Laguna Brava, Rodeo del Chacón, etcé- 
tera etc. Combatió contra los indios. Diputado 
a la Legislatura de Mendoza, senador ante el 
Congreso de la Confederación, tesorero del 
Banco Nacional, director de estadística, archi- 
vero, oficial del ministerio de la Guerra, ins- 
pector general del ejército y jefe de la oficina 
de pagos. Este benemérito soldado y distin- 
guido escritor, autor de numerosas publicacio- 
nes históricas, falleció en Buenos Aires, el 18 
de febrero de 18S9. 

Espinillo (combate). (30 de agosto de 1873). Una 
división compuesta de las tres armas, al man- 
do del coronel D. Juan Ayala, saliendo de la 
ciudad del Paraná, lleva un serio ataque a las 
fuerzas mandadas por el comandante Leiva, 
jordanista, acampadas en el Espinillo. Estos, 
siguiendo su sistema de no emprender batalla, 
entran en combate por algunos momentos y 
emprenden su retirada, dejando en poder de 
las armas nacionales dos banderas, un cañón, 
muchos prisioneros, entre los que figuran jefes 
y oficiales, heridos, muertos, botiquines, ar- 
mamentos y 1 .600 caballos. 

Espinosa (.\ntonio de). Militar. Nacido en Bue- 
nos Aires, el 14 de marzo de 1801. Militó en 
Granaderos a Caballo y a las órdenes de Soler 
y de Necochea se encontró en Putaendo, Coi- 
mas, Ac/iupallas, y a las órdenes de San Mar- 
tín, en Chacabuco, Curapaligüé, Gavilán, Bio- 
Bio, Talcahuano, Cancha Rayada, Maipú, Chi- 
llan, Piquillín, etc., etc. En la guerra del Bra- 
sil se halló en Bacacay, Ituzaingó y Yerbal. 
Murió en 1859, en la ciudad de su nacimiento. 

Espinosa (Gervasio). Hermano del anterior. 
Militar. Nacido en Buenos Aires, el 19 de junio 
de 1796. Ingresó como cadete en el regimiento 
de Blandengues de la frontera, en la guardia 
de Ranchos. Pasó luego al ejército que esta- 
bleció el primer sitio de Montevideo, donde re- 
cibió su bautismo de fuego y obtuvo su primer 
ascenso. En 1814 abordó con 20 hombres un 
buque de guerra español, cumpliendo heroica- 
mente su misión. Se encontró en la toma de 
Martin Garda, en la campaña contra Artigas, 
en la que fué hecho prisionero y logró fugarse; 
en el segundo sitio de Montevideo y en la se- 
gunda campaña emprendida contra aquel cau- 
dillo, a las órdenes del coronel Dorrego, en 
1814 y 15. Se batió contra los indios hasta 



ESP 

1820, y tomó parte en la guerra civil. Emigró 
a Montevideo. Murió el 16 de diciembre 
de lSti(3. 

Espinosa (Davales Joaquín). Coronel. Gober- 
nador de la antigua provincia del Tucumán de 
1757 a 1764. Estableció el orden interno de la 
provincia y reprimió varias invasiones de los 
indios. Persiguió tenazmente a los ladrones de 
las reales rentas, sin atender a la categoría de 
los delincuentes. 

Espinosa de los Monteros (Juan Alonso). 
Gobernador de la antigua provincia del Tucu- 
mán de 1743 hasta 1749. Su gobierno fué una 
lucha constante con los indios tobas, mata- 
guayos, gallinazos, mocovies, abipones, et- 
cétera. 

Espora (Tomás). Marino. Nacido en Buenos 
Aires, el 19 de septiembre de ISOO. Inició su 
carrera embarcándose de aspirante en la fra- 
gata Argentina, que, armada en corso, zarpó 
de Buenos Aires el 7 de julio de 1817, con 
destino al Océano Indico, campana que duró 
más de dos años, teniendo que soportar a bor- 
do motines, incendios, asaltos y encuentros 
con los piratas. En 1820, como teniente prime- 
ro, se incorporó a la fuerza naval de Cochra- 
ne, que condujo al ejército de San Martin de 
Chile al Perú, concurriendo a los dos bloqueos 
del Callao y a la toma de Lima, en 1821. En la 
campaña contra el Brasil asistió a 29 encuen- 
tros navales, en todos los cuales se portó he- 
roicamente, siendo herido de gravedad, el 30 
de julio de 1826, en el combate de los Pozos. 
Falleció en Buenos Aires, el 25 de julio de 
1835. 

Esquiú (Mamerto). Sacerdote. Nació en Pie- 
dra Blanca, provincia de Catamarca, el 11 de 
mayo de 1826, y 
desde joven for- 
mó parte del con- 
vento franciscano 
de su provincia na- 
tal, descollando 
por sus talentos y 
virtudes como lec- 
tor del mismo, en 
cuyo cargo vivía 
ignorado de todos, 
hasta que en 1853 
y 54 pronunció dos 
sermones notables 
con motivo de la 
jura de la Consti- Fray Mamerto Esquiú. 



182 - 



ESQ 




tución, el 9 de julio de 1853, y de la inau- 
guración de las autoridades constitucionales, 
el 28 de marzo de 1854; oraciones que le va- 







^ - -y ^ 



Casa donde nació Monsefíor Esquiú en Piedra Blanca. 

lieron del pueblo y del Gobierno argentino 
una manifestación honorífica, mandando éste, 
por medio de un decreto altamente elogioso, 
imprimir en folleto los dos sermones mencio- 
nados. Este humilde sacerdote rehusó el obis- 
pado del Paraná y por dos veces el arzobispa- 




Vista exterior de la Esculla Franciscana en la que Fray 

Mamerto Esquiú aprendió sus primeras letras y las enseñó 

más tarde a los niños. 

do de Buenos Aires, y sólo aceptó el obispado 
de Córdoba por obedecer al Papa, que se lo 
pidió por carta autógrafa. En 1872 fué secreta- 
rio del arzobispo de Bolivia y al mismo tiempo 
publicaba un periódico de propaganda religio- 
sa. Este hombre extraordinario por su talento, 
virtudes, religiosidad y patriotismo, falleció en 
el desierto, en misión apostólica, en Pozo Sun- 
cho, provincia de Catamarca, el 10 de enero 
de 1883. Su vida está llena de sacrificios y de 
privaciones; su humildad y su fervor místico 
fueron las prendas que más le enaltecieron; ■ 



EST - 183 - 

era un alma llena de virtudes y de dignidades. 
Un departamento de Catamarca lleva su nom- 
bre, y en el sitio en que nació se ha levantado 
una escuela. 

Estatuto provisional. Disuelta la Junta con- 
servadora, en 7 de noviembre de 1811, y recha- 
zado el Reglamento de Atribuciones, el triun- 
virato sancionó un «Estatuto provisional», que 
servía de Constitución. Este Estatuto asenta- 
ba el principio de la «amovilidad de las perso- 
nas que componían el Poder Ejecutivo como la 
más eficaz garantía contra las tentativas de los 
Gobiernos arbitrarios», por el cual establecía 
que cada seis meses debía cesar un vocal, co- 
menzando por el menos antiguo, y turnando la 
presidencia por el orden inverso, en el mismo 
periodo. La elección del triunvirato reempla- 
zante se debía hacer por un cuerpo electoral 
de la capital. Lo demás de este Estatuto eran 
declaraciones de principios generales, estable- 
cimiento de garantías civiles, de libertad de 
imprenta, /tabeas corpas, etc. La pieza es am- 
pulosa y de solemne aparato en la forma; efí- 
mera en la realidad, como tenía que serlo en 
el estado embrionario y vacilante en que corría 
la suerte del país. Este Estatuto fué aceptado 
y jurado en todas las provincias» (López.) 

Esteco o Asticu. Esta ciudad, hoy perdida y 
legendaria, fué fundada en 1567, por Francisco 
de Aguirre. Según lo que de ella cuentan 
los cronistas, llegó en muy poco tiempo a un 
maravilloso desarrollo, debido, dicen ellos, a 
las condiciones excepcionales del suelo y a las 
ventajas de su situación. A lo que podemos in- 
ferir, se hallaba colocada en las junturas del 
río Salado y del Teuco, en el lugar llamado el 
Pasaje (Río del Juramento después) como a 
los 27 grados. Su nombre indica (asticku) que 
servía de pasaje o comunicación entre los ha- 
bitantes de las regiones altas del Perú con las 
poblaciones indígenas del Tucumán. Es pro- 
bable, pues, que a esta circunstancia debiera 
la rápida prosperidad que le dan los cronistas. 
Es evidente que en esta situación debió ser 
entonces lo que fué Salta cuando reemplazó a 
Esteco. La palabra quichua asticku significa 
comparacióu, pasaje de una costa a otra; y 
el nombre debió ser quichua, pues dice el pa- 
dre Lozano: «Denominación debida a un pue- 
blo de indios del mismo nombre allí cercanos». 
Eldistritodebió estar muy poblado; en él se em- 
padronaron treinta mil indígenas, aunque otros 
dicen que sólo fueron ocho mil, que se repar- 



EST 



tieron entre cuarenta encomenderos, que el 
dicho padre nombra uno por uno. «El terreno 
era tal que nada se encomendaba a la tierra 
que no lo restituía con crecidas usuras, por la 
vida que recibían de las aguas, que sangraban 
del río, viñas, huertas, algodonales. Grandes 
cantidades de lienzo, que se sacaban al Perú; 
miel, cera, tinturas para teñir la lana, caza y 
pesca muy a sabor de la codicia, suplían la fal- 
ta de los minerales, teniéndolos vinculados en 
sus granjerias (por la exportación)... Llegó a 
ser la más opulenta de todo el gobierno de 
Tucumán, con tal demasía, que aun los brutos 
se calzaban con herraduras de plata... Pero 
poco a poco desaparecieron, murieron o se fu- 
garon los treinta mil indios esclavos sobre que 
reposaba esta opulencia: tales fueron los rigo- 
res, la crueldad, los castigos de los encomen- 
deros. El juego, los vicios y la decadencia 
de la ptoducción dieron principio a la crisis; 
se siguió la despoblación y la miseria, y, por 
último, el espantoso terremoto de 1692 de- 
rrumbó los edificios, abrió la tierra, y la famo- 
sa ciudad de Esteco (Asticku) desapareció... 
(López.) 

Estero Bellaco. Batalla librada durante la 
guerra del Paraguay, el 2 de mayo de 1866. 
Frente al estero de este nombre, las fuerzas 
paraguayas, en número de 6.0(X) hombres de 
las tres armas, atacaron por sorpresa a la van- 
guardia del ejército aliado, mandado por el 
general Flores. El ataque fué resistido en el 
primer momento por la brigada uruguaya, y 
apoyada poco después por fuerzas argentinas 
y brasileñas, mandadas por el general en jefe, 
D. Bartol«mé .Mitre, que se presentó perso- 
nalmente en el campo de batalla. Aun cuando 
al principio lograron alguna ventaja sobre los 
primeros cuerpos avanzados, bien pronto acu- 
dieron las reservas, cargándolos por el frente 
y por los flancos, obligándolos a abandonar el 
campo, y llevándolos más allá de su línea 
avanzada de fortificaciones pasajeras, y a 
abandonar los bosques en que se guarecían, 
haciéndoles dejar en poder de los aliados más 
de 1.2(X) muertos, tres piezas de artillería, dos 
banderas, 800 fusiles y gran cantidad de pri- 
sioneros. Las pérdidas de los aliados fueron de 
cerca de (350 hombres, en su mayor parte he- 
ridos. 

Esteves Sej^uf (Miguel). Abogado. Nacido en 
Buenos Aires, el 8 de mayo de 1814. Durante 
la dictadura vivió retirado, entregado al es- 



EST 



— 184 - 



EST 



tudio y al ejercicio de su profesión. Escribió: 
Tratado de procedimientos civiles en el foro 
de Buenos Aires. Más tarde fué diputado y 
senador, en 1852; jefe de Policía de Buenos 
Aires en 1S53; juez del crimen y fiscal del Su- 
perior Tribuna! de Justicia; constituyente en 
1860; catedrático, presidente de la Municipa- 
lidad, consejero de Instrucción pública. Sus 
obras son varias; una traducción de la Eneida, 
de Virgilio, en verso libre; una Memoria histó- 
rica, una colección de fábulas forenses y va- 
rias composiciones poéticas de diverso genero. 
Murió en Buenos Aires, el 16 de junio de 1892. 

Estlvao (Jacinto). Natural de Buenos Aires. 
Sentó plaza como aspirante de marina en 1829, 
en un buque de It escuadrilla nacional. Emigró 
al Uruguay y estuvo a las órdenes de los ge- 
nerales Flores, Rivera Pacheco y Obes. En 
combinación con Flores derrotó a Urquiza, el 
8 de septiembre de 1841. Pasó después a las 
trincheras de la plaza sitiada, combatiendo con- 
tra Oribe, siendo gravemente herido. Durante 
la revolución que hicieron los partidarios del 
general Rivera contra los argentinos el 1 de 
abril de 1846, los insurrectos atacaron la ca- 
pitanía del puerto en número de 800 hombres, 
y el coronel Estivao se defendió bravamente 
al frente de 50 hombres. Los almirantes jefes 
de las flotas extranjeras intentaron asilarlo en 
sus buques, lo que él rehusó, diciendo: «El ge- 
neral me ha colocado en este puesto y aquí me 
encontrará vivo o muerto». Muerto él y casi 
todos sus subordinados, los vencedores arro- 
jaron su cadáver por el balcón y luego lo arras- 
traron por las calles. 

Estomba (Juan Ramón). Militar uruguayo, na- 
cido en 1792. Guerreó en el Alto Perú, y fué 
gravemente herido en el desastre de Ayohuma 
y tomado prisionero. Canjeado más tarde por 
el general San Martín, quien lo condecoró con 
la Orden del Sol, ascendiéndolo a teniente 
coronel en 1822; nuevamente cayó prisionero 
en 1824, y al conducirle a la isla de los prisio- 
neros con un grupo de patriotas, logró fugar, 
fuga que dio lugar al bárbaro sorteo de Matu- 
cana (v.). Reincorporado al ejército y esta- 
blecido en el Perú, fué desterrado en 1826 con 
otros jefes, acusados de tramar una conspi- 
ración. Llegado a Buenos Aires y nombrado 
jefe del regimiento 7 de caballería, pasó a la 
frontera Sur de Buenos Aires como coman- 
dante general, donde fundó a Bahía Blanca; 
el 11 de abril de 1828. El general Lavalle le 




D. Ángel Estrada. 



confió el mando de una división del ejército, 
pero una vez en campaila perdió la razón, y 
fué conducido al manicomio, donde murió dot 
meses después, el 1 de junio de 1829. 
Estrada (Ángel de). Nació en Buenos Aires, 
en 1840. Fué presidente del Centro y del Club 
Industrial Argenti- 
no, de la Exposi- 
ción Nacional de 
1898; miembro fun- 
dador de la Socie- 
dad Rural Argenti- 
na; fundador de la 
primera Compañía 
de navegación en- 
tre Italia y la Ar- 
gentina; fundador 
de la Sociedad de 
seguros La Previ- 
sora; perteneció 
por distintas veces 
a las Comisiones valuadoras de la propiedad 
raíz y tarifa de avalúos; fundador de la fábrica 
La Argentina, para la elaboración de papel. 
Perteneció al primer Directorio del Banco déla 
Nación Argentina, y desempeñó ese cargo por 
espacio de veinte años. Estrada, auque no era 
lo que se ha dado en llamar un intelectual, 
fué una de las cabezas más inteligentes de su 
generación. Era su carácter de una absoluta 
integridad. Falleció en Buenos Aires, el 27 de 
juHo de 1918. 
Estrada (José Manuel). Escritor, orador y ca- 
tedrático. Nació en Buenos Aires, el 13 de ju- 
lio de 1842. A los 
diez y ocho años 
obtuvo un premio 
en el Liceo Lite- 
rario por una 
composición so- 
bre el descubri- 
miento de Améri- 
ca. El 3 de mayo 
de 1866 inauguró 
en la Escuela que 
hay de su nombre 
un curso de His- 
toria nacional, 
dando a la vez 
lecturas públicas 
sobre la misma materia, las que eran escucha- 
das por lo más selecto de la sociedad porteña. 
Fué después catedrático de Historia e Instruc- 




D. José Manuel Estrada. 




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ESCUDO Y BANDERA 
NACIONAL 








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EST 



185 - 



EZE 



ción cívica en el Colegio Nacional Central, hoy 
Buenos Aires, y de Derecho constitucional en 
la Facultad de Derecho. Como periodista fundó 
El Argentino, y poco después, la Revista Ar- 
gentina, que siguió publicando hasta 1882, y 
en La Unión, luchando por los principios del 
catolicismo. En su vida pública fué jefe del 
Departamento de escuelas; en la Convención 
constituyente, de la provincia de Buenos Aires, 
en 1871; miembro de la Cámara de diputados 
de la nación en 1887, época en que se discutió 
la ley sobre el matrimonio civil. Algunas de sus 
obras: El catolicismo y la democracia; Ensayo 
histórico sobre la revolución de los comuneros 
del Paraguay, en el siglo X VIII; Los orígenes 
de la raza; La decadencia del Paraguay y la 
guerra de 1885; Política liberal bajo la tiranía 
de Rosas; Lecciones sobre historia argentina; 
Curso de Derecho constitucional, etc. Falleció 
el 18 de septiembre de 1894, en la ciudad de 
la Asunción (Paraguay), desempeñando el car- 
go de ministro plenipotenciario argentino. 

Estrada (Santiago). Nació en Buenos Aires. 
Redactó en varios periódicos, y después de ha- 
ber desempeñado importantes cargos, pasó a 
España y escribió varios trabajos, entre ellos 
Mefistófeles y la critica teatral; Rafael Calvo 
y su repertorio, etc. Cuando se disponía a pu- 
blicar ocho volúmenes de viajes murió en Ma- 
drid, en 1891. 

Ezelza (Juan Ramón). Hacendado. Nació en la 



provincia de Entre Ríos, en 1797. Joven llegó 
a Buenos Aires, dedicándose a la ganadería en 
el Sur de esta provincia, en la región conocida 
por Mar Chiquita, hoy partido del coronel Vi- 
dal, cuyos campos los heredó de su padre, el 
coronel de Milicias D. José de Ezeiza, quien 
los recibió en premio de sus distinguidos servi- 
cios prestados al Gobierno colonial. Don Juan 
Ramón formó la estancia del «Durazno», y por 
su carácter, su patriotismo y sus condiciones 
de honorabilidad llegó a adquirir inmenso pres- 
tigio en la época de la conspiración unitaria 
del año 1839, siendo uno de los patriotas más 
influyentes. En su campo tuvieron lugar las 
conferencias de los coroneles Rico, Cramer y 
Castelli sobre Arroyo Grande. Su vida ofrece 
un bello ejemplo del más acendrado patriotis- 
mo: puso al servicio de la causa de la libertad 
su persona, su familia y sus valiosos intereses» 
que le fueron embargados por el tirano. Esta- 
llado el movimiento, se alistó en clase de capi- 
tán del batallón Ajó, que comandaba el tenien- 
te coronel D. Martín Campos, y se halló en la 
batalla de Chascomús. Derrocada la tiranía, 
fué nombrado juez de paz del partido de Mar 
Chiquita, durante el gobierno del Dr. Obliga- 
do; posteriormente desempeñó el mismo cargo. 
Este austero ciudadano, cuyos rasgos domi- 
nantes fueron el patriotismo, la rectitud y la 
laboriosidad, falleció en Buenos Aires, el 5 d« 
enero de 1864. 



F 




Fajardo (Dr. Fray Pedro). Obispo del Río de la 
Plata. Aprueba en 1727 el establecimiento de 
la Hermandad de Caridad de Buenos Aires. 

Falcón (Ramón Lorenzo). Militar. Nacido en 
Buenos Aires, el 30 de agosto de 1855. Ingresó 
en el Colegio Mi- 
litar el 19 de Ju- 
lio de 1870, y en 
mayo de 1873 so- 
licitó se le permi- 
tiera marchar a 
Entre Ríos a 
combatir la revo- 
lución de López 
Jordán. Más tar- 
de tomó parte en 
la defensa y ren- 
difiión de Córdo- 
ba, y luego en la 
batalla de Santa 
Rosa, como te- 
niente ayudante del general Roca. En 1875, con 
el grado decapitán, marchó a la frontera hasta 
1877, y en julio de este último año pasó a revis- 
tar a la Escuela Naval, realizando en éste y en 
los sucesivos de 1878 y 79 viajes de instrucción 
al Sur, a bordo de la cañonera Uruguay. Fué de 
los expedicionarios al Río Negro. Ascendido a 
mayor en 1883, obtuvo su reincorporación al 
ejército; fué comandante del batallón guardia 
de cárceles hasta 1887; senador a la Legisla- 
tura de Buenos Aires, y en 1898, diputado na- 
cional. Promovido a coronel en 1906. Dos 
años después fué nombrado jefe de Policía de 
la capital. Ejercía este cargo cuando fué ale- 
vosamente asesinado, conjuntamente con su 
secretario Lartigau.por un anarquista llamado 
Simón Rodowiski, el 14 de noviembre de 1909. 

Falucho. Este era su nombre de guerra. Llamá- 



D. Ramón Lorenzo Falcón. 



base Antonio Ruiz; había sido liberto del ve- 
cino de esta ciudad, de quien tomó el nombre 
y apellido. El apodo le fué dado por sus cama- 
radas a causa del especial cuidado (así se dice) 
que le consagraba a su gorro de cuartel, deno- 
minado «falucho». Era hombre de color. Ingre- 
só al ejército el año 1813, como soldado del 
batallón Fijo de la Libertad, hallándose en 
Vilcapujio, Ayohurna, C/iacabuco, Maipú y 
campañas del Perú. «El ejército de los Andes 
hacía ocho años que había partido de la repú- 
blica, y hacia meses que no estaba pago»; «un 
jefe español insinuó artificiosamente a la tro- 
pa y prisioneros del Callao que la sublevación 
era el único medio de regresar a Buenos Aires 
o a Chile. Llegado el día del motín, que lo fué 
el 5 de febrero de 1824, la bandera española 
fué enarbolada en el torreón Jndeoendencia% 
con una salva general de los castillos. El ne- 
gro Falucho, soldado del regimiento Río de la 
Plata, se resistió a tributarle honores, y al in- 
timársele que lo hiciera, rompió su fusil con- 
tra el asta de la bandera española, a cuyo pie 
fué fusilado, gritando: «¡Viva Buenos Aires!» 
Así murió este humilde, pero heroico soldado, 
y debe ser recordado en nuestra historia como 
uno de tantos hechos, de su valiente raza, 
que fué grande en la guerra de la independen- 
cia y en todas las luchas por la libertad y el 
honor nacional. 
Famaillá (combate). El general D. Francisco 
J. López, al frente de una fuerza de sáltenos, 
penetra en la provincia de Tucumán; pero el 
gobernador de ésta, Heredia, lo ataca y lo de- 
rrota completamente en las márgenes del río 
Famaillá, tomándole prisioneros, como asi- 
mismo a muchos jefes que lo acompañaban. El 
día 25, el general López y su secretario, el 
Dr. D. Ángel López, fueron fusilados en el 



FAM 



- 187 - 



FER 



mismo campo de la acción. Este combate tuvo 
lugar el 23 de enero de 1836. 

Famaillá (batalla). El general D. Manuel Ori- 
be presenta batalla en los campos de f-amuillá, 
en la provincia de Tucumün, el 19 de septiem- 
bre de 1841, al general Lavalle, siendo éste 
completamente derrotado, teniendo ochocien- 
tos muertos y cuatrocieníos ochenta prisio- 
neros. 

Famatina. Antiguo pueblo de indios que exis- 
tía en la jurisdicción de la ciudad La Nueva 
Rioja, de la gobernación del Tucumán. Fama- 
tina (Phatma-Tina): phatma, que quiere decir 
mitad, y tina unión. 

Feliciana (Manuela). Llamábase así la primera 
niña que entró a la Casa de Expósitos, fundada 
por el virrey Vértiz. 

Fernández (Esteban). Militar. Natural de Chu- 
quisaca. Acompañó en sus campañas al co- 
mandante Manuel Padilla, y a la muerte de 
éste, fué nombrado segundo jefe de los gue- 
rrilleros. Promovió las insurrecciones de Cinti 
y Santa Elena. A fines de 1816 Belgrano lo 
nombró jefe superior de la insurrección en las 
fronteras del Oeste. En 1817 derrotó en la 
Laguna al coronel realista Maruri y tomó el 
pueblo del mismo nombre. Fué derrotado en 
Las Garzas. Se incorporó luego a Lamadrid, 
hallándose en Soupachuy . Ya coronel, contra- 
jo gran amistad con Dorrego, a quien acompa- 
ñó en todas las vicisitudes de su vida, hasta 
su trágico fin en Navarro. Regresó a Bolivia 
en 1834, muriendo en la ciudad de la Paz, en 
noviembre de 1845. 

Fernández Blanco (Juan Ángel). Comerciante. 
Nació en Buenos Aires, el 2 de agosto de 1769. 
Se eJucó en esta ciudad, y pasó, por asuntos 
mercantiles, a la provincia de Corrientes y a 
Misiones. Allí contrajo matrimonio con la dis- 
tinguida patricia D." .María Tiburcia Rodrigo, 
que donó sus alhajas y recursos en favor del 
ejército patriota, cooperando también en otros 
trabajos por la emancipación. Su esposo pres- 
tó grandes servicios al ejército del general 
Manuel Belgrano en su expedición al Para- 
guay, en 1810, a su paso por Corrientes, reclu- 
tando gente hasta formar una compañía de Mi- 
licias, que engrosó las filas del ejército liber- 
tador. Teniente gobernador de Corrientes el 
17 de abril de 1811; nombrado por segunda vez 
en 1814. Retirado de la vida pública estaba en 
su establecimiento de campo en el Salto cuan- 
do fué tildado de c<lomo negro» por el tirano, 



y como tal, fué perseguido y sus bienes confis- 
cados. Murió en Buenos Aires, el 27 de marzo 
de l.'<51. 

Fernández de Biedma y Narváez (Francis- 
co). Fundador de Patagones. Nació en Jaén 
(España), el 11 de enero de 1737. «Era uno de 
los más notables agricultores de Andalucía— 
dice el distinguido historiadorjoséj. Biedma— 
cuando fueron requeridos sus servicios por el 
ministro español para colonizar la Patagonia. 
Trasladado a San José, donde se incorporó 
con el título de comisario superintendente a la 
expedición dirigida por D. Juan de la Piedra 
(enero de 1779), quedó en reemplazo de éste a 
su regreso a Buenos Aires, y como recibiera 
del piloto Villarino noticias muy halagadoras 
de las condiciones del río Negro, decidió tras- 
ladarse a él, dejando parte de su gente en San 
José, al cargo de su hermano D. Antonio, y 
allí fundó el pueblo Carmen de Patagones, 
que hoy pertenece a la jurisdicción de la pro- 
vincia de Buenos Aires. Hizo explorar ese río, 
parte del Neuquen y el Limay en casi todo su 
curso por el insigne piloto Basilio Villarino, y 
dirigió en 1784 al virrey Loreto una notable 
Memoria en que se señala por primera vez 
la importancia estratégica de aquellos ríos, in- 
dicándolos para servir de línea militar de de- 
fensa contra las incursiones de los indios, pen- 
samiento que ejecutó el general D. Julio A. 
Roca en 1879. Trasladado al gobierno de San- 
ta Cruz de la Sierra (Alto Perú) en 1785, pres- 
tó a aquellos pueblos tan nobles servicios has- 
ta su muerte, que perdura aún hgy su recuer- 
do, particularmente en Cochabamba, donde fa" 
lleció, el 28 de junio de 1809, como uno de los 
más generosos e inteligentes bienhechores del 
país.» En 1706 propuso un plan de gobierno 
para las misiones de indios chiriguanos y cha- 
neses de la cordillera de los Sauces, que fué 
aprobado por el rey y mandado practicar. En- 
tre otras obras importantes ha dejado una 
Descripción geográfica y estadística de la 
provincia de Santa Cruz, escrita en Cocha- 
bamba en 1793, y otra Descripción y estado 
de las reducciones de indios chiriguanos, que 
sirvió de base al referido plan. 

Fernández de Enciso (Juan). Español, según 
unos, y natural del Paraguay, según otros. Fué 
uno de los 63 repobladores de Buenos Aires 
que acompañaron a D. Juan de Garay al fun- 
dar esta ciudad, el 11 de junio de 1580, siendo 
agraciado como tal en el repartimiento de tie- 



FER 



183 



FERR 



iras con una suerte de 400 varas de frente 
por una legua de fondo fuera del ejido de la 
ciudad, y con una manzana y un cuarto de tie- 
rra en la ciudad. Fernández Enciso fué nom- 
brado procurador de ésta el 14 de junio de 
1580, y acompañó como capitán al teniente 
gobernador de la Asunción D. Hernando Arias 
de Saavedra en su expedición contra los in- 
dios giiai/curües, que la hostilizaban el año 
1593. Vino al Río de la Plata en 1535, como uno 
de los escribanos de D. Pedro de Mendoza, y 
en 1580 fué nombrado escribano público y del 
Cabildo. 

Fernández de Córdoba (Dr. Juan). Cura 
rector de la parroquia de la Catedral de Bue- 
nos Aires en 1760. 

Fernández Guillen (Francisco). Regidor, al- 
calde ordinario de segundo voto y juez de me- 
nores de la ciudad de Buenos Aires en 1718. 

Fernández (Pedro). Presbítero. Notable profe- 
sor de latín del Colegio de San Carlos. Naci- 
do en 1760. Vivía en la calle de Venezuela, nú- 
mero 85. El Diario de la Tarde, órgano de la 
Prensa bonaerense de entonces, decía: «Pedro 
Fernández era un hombre de mediana estatu- 
ra, cabeza espaciosa, fisonomía llena de regu- 
laridad e inteligencia; parecía taciturno y lle- 
vaba siempre en su rostro cierto ceño severo.» 
«Parece— dice el Dr. Gutiérrez— que sus opi- 
niones religiosas, aunque sacerdote, eran tan 
adelantadas como sus opiniones literarias.» 
Han escuchado las sabias lecciones de Fernán- 
dez: BernardinoRivadavia, el ministro de éste 
Juan Segundo de Agüero, Vicente López y 
Planes, Esteban de Luca, Manuel José García, 
etcétera, etc. En los últimos años de su exis- 
tencia tuvo a su cargo la administración del 
establecimiento rural comúnmente denominado 
Chacarita de Colegiales. Sus funerales se ce- 
lebraron en la iglesia de San Ignacio, en Bue- 
nos Aires, el día 9 de abril de 1834, habiendo 
sido sepultado el 6 a las seis y treinta past me- 
ridiem. El Gobierno le designó una sepultura 
en el cementerio de la Recoleta, en demos- 
tración de gratitud y de respeto. 

Fernández Oro (Manuel). Militar. Nació en la 
provincia de San Juan, en 1848, perteneciendo 
a una distinguida familia de aquella sociedad. 
Ingresó en las filas del ejército muy joven, y 
fué dado de alta en el batallón 6." de infante- 
ría de línea, con el grado de subteniente, el 
1 de febrero de 1867; al año siguiente fué as- 
cendido a teniente segundo; el 4 de agosto 




D. Manuel Fernández Oro. 



de 1869 ascendió a ayudante mayor segundo; a 
capitán, el 29 de mayo del 71; a sargento ma- 
yor, el 30 de julio 
de 1873; a teniente 
coronel graduado, 
el 15 de mayo de 
1878. Durante ca- 
torce años prestó 
sus servicios en el 
batallón 6.° de in- 
fanteria. En 1886 
fué ascendido a co- 
ronel. Fué vocal de 
la Intendencia de 
Guerra, y en 1907 
intendente de Gue- 
rra con carácter in- 
terino. El 20 de 
marzo de 1905 pasó 
a revistar la situa- 
ción de retiro, habiéndosele computado hasta 
aquella fecha en su hoja cuarenta y seis años 
y medio de servicios. Ocupó el general Fer- 
nández Oro otros numerosos cargos civiles 
y militares. En el territorio de Río Negro 
era uno de los pioneers de sus progresos ru- 
rales. Falleció en Buenos Aires, el miérco- 
les 10 de septiembre de 1919. 

Ferrari (José). Hacendado. Natural de Buenos 
Aires. Se dedicó a las tareas rurales, alcan- 
zando en pocos años de labor una posición pe- 
cuniaria desahogada, que le permitió adquirir 
tres leguas de campo en el Sud de Buenos Ai- 
res, sobre las costas del rio Samborombón, en 
el actual partido de Brandsen, lindero con los 
campos de Gándara. Allí fundó un importante 
establecimiento ganadero, y vinculado con sus 
vecinos Gándara y Castelli, tomó junto con 
ellos participación en el pronunciamiento 
de 1839 contra Rosas. Sofocada la revolución, 
Ferrari, que fué herido en el primer encuentro, 
huyó a Montevideo, donde permaneció has- 
ta 1841, y por medio de influencias de perso- 
nas allegadas a Rosas se le permitió regresar 
a Buenos Aires, bajo severa vigilancia y al 
solo objeto de visitar a su familia. Apenas en 
su hogar, cayó gravemente enfermo, fallecien- 
do poco después. 

Ferré (Pedro). Militar. Nació en 1780, en Co- 
rrientes. Gobernador en 1824, en cuyo período 
se estableció por primera vez el papel moneda, 
por ley provincial dictada en 1826. Diputado; 
nuevamente gobernador en 1830, que ejerció 



FERR 



FIG 




D. Pedro Ferré. 



con acierto durante tres aflos. Por tercera vez 
ocupó el mando 
en 1839, proviso- 
rio, y en 1842 en 
propiedad. Orga- 
nizó la resisten- 
cia contra Rosas, 
levantando ejér- 
citos que puso a 
las órdenes de 
Lavalle y de Paz; 
emigró al Brasil, 
regresando con 
el ejército liber- 
tador en 1851. 
Constituyente por Catamarca en el Congreso 
del 53. En 1855 se le reconoció en su grado de 
general. En 1862 fué elegido senador nacional. 
Desempeñaba ese cargo cuando falleció, el 
24 de enero de 1862. 
Ferrelra (RamónV Abogado y escritor argenti- 
no. Natural de Córdoba. Por encargo del Go- 
bierno nacional compiló y dio a la imprenta en 
tres gruesos volúmenes el Registro oficial co- 
rrespondiente a los años 1851 a 1861. Publicó 
además un opúsculo titulado: Mujeres célebres 
americanas, un tratado de Derecho natural, 
otro de Derecho administratioo, una colección 
de Vistas fiscales en autos de alta importan- 
cia y otros trabajos. 
Ferreira (Calixto). Fué el primer tipógrafo de 
Catamarca. El primer periódico apareció en 
julio de 1856, con el título de El Ambato, se- 
manal primero y bisemanal después, redactado 
por D. Bemardino Ruzo. Al principio la im- 
prenta llenaba satisfactorit mente las loables 
aspiraciones de sus introductores; mas después 
los Gobiernos de la provincia, como sucedía en 
casi todas, la hicieron servir al sostén de su 
política, buena o mala, sin respetar siquiera la 
propiedad de su primitivo dueño— el pueblo — , 
quien no consta haya hecho donación de ella 
al Estado (Zinniy). El Sr. Samuel Molina fué 
uno de los iniciadores de la idea de introducir 
una imprenta por medio de una suscripción po- 
pular, lo que se hizo, y el librero M. Lucien, 
que a la sazón se hallaba en Catamarca, se en- 
cargó de traer una imprenta de París sin co- 
brar comisión, la cual puesta allí sólo costó 
140 onzas de oro. 
Fiebre amarilla (1871). En Buenos Aires tuvo 
lugar el primer caso el 27 de enero de 1871 y 
el último el 21 de junio del mismo año. En el 



mes de enero fallecieron 6; en febrero, 298; 
en marzo, 4.895; en abril, 7.535; en mayo, 842, 
y en Junio, 38, arrojando un total de 13.614 
víctimas durante los ciento cuarenta y cinco 
días que reinó la epidemia. Debe tenerse en 
cuenta que la población de Buenos Aires en 
esta época era reducida. En el período álgido 
de la epidemia era lúgubre y aterrante el as- 
pecto de la ciudad, y en los barrios donde se 
hacía sentir caían familias enteras al soplo de 
aquel veneno exterminador. Los ataúdes se sa- 
caban a las puertas de las calles y se apilaban 
de tres en tres para esperar los carros conduc. 
tores a los cementerios. Desde las cuatro de 
la tarde las casas de familia y los negocios 
empezaban a cerrarse, y los vecinos ya no 
transitaban por las calles, dándole así a la po- 
blación el aspecto verdadero de una ciudad in- 
fectada; sentíase sólo el rodar de los carros 
fúnebres y el grito desapacible y tétrico de los 
conductores. 
Fi^ueredo (Santiago). Sacerdote. Natural de 
la Banda Oriental del Uruguay. Estudió en el 
Real Colegio de San Carlos y cursó Derecho 
en la Universidad de Córdoba, graduándose de 
doctor en Leyes en 1815. Capellán castrense 
del regimiento de Blandengues en el ejército 
oriental, en cuyo año cedió íntegramente los 
sueldos de tal cargo «para las urgencias de la 
patria>. Asistió al primer sitio de Montevideo 
y a la batalla del Cerrito. Fué uno de los pre- 
cursores de la independencia del Uruguay. Era 
un notable orador. Pronunció la oración fúne- 
bre en honor del gobernador Dorrego. En 1830, 
rector de la Universidad de Buenos Aires y ad- 
ministrador de la imprenta del Estado. Falle- 
ció en esta ciudad, el 22 de febrero de 1832. Su 
cadáver fué sepultado en el panteón de la ca- 
tedral de Buenos Aires. 
Fisfueroa (Apolinario). Militar. Nacido en Sal- 
ta. En 1811 el general Belgrano le nombró go- 
bernador de la provincia de Potosí, puesto que 
desempeñó hasta después de la derrota de 
Ayohuma. Se halló en la batalla de Salta, re- 
vistando de coronel . Su ardor en la lucha lo 
condujo a las filas enemigas, y siendo envuelto 
por las tropas, recibió un sablazo del mismo 
jefe enemigo, general Tristán, el que sólo le 
rompió la casaca, logrando escaparse merced 
al buen caballo que montaba. Prestó importan- 
tes servicios después a las órdenes de Güemes, 
que le confió comisiones delicadas, como la de 
la pacificación de la provincia con la de Tucu- 



FIQ 



man, a cuya Legislatura fué electo diputado. 
Retirado de la milicia al terminarla guerra de 
la independencia, introdujo del Perú la caña de 
azúcar llamada de la India, para los ingenios 
azucareros de Campo Santo. 

Figueroa y Mendoza (Lucas de). Vecino de 
Santiago del Estero; fué gobernador de la an- 
ticua provincia del Tucumán desde 15G2 hasta 
H5(i3. En su gobierno tuvo lugar la primera in- 
vasión de los indios mocovies del Chaco, en la 
ciudad de Talavera, y una gran inundación del 
río Dulce, que causó grandes estragos. 

Filiberto (potreros del padre). Combate librado 
durante la guerra contra el imperio del Brasil, 
en 24 de enero de 1828. Tomó el nombre del 
campo que ocupaba la división enemiga. Una 
divisióndel ejército argentino, a las órdenes del 
coronel Pacheco, derrotó a una fuerza brasile- 
ña en los protreros del Padre Filiberto en la ma- 
drugada de ese día. 

Fitz Roy (Roberto). Marino y astrónomo. Nació 
en Inglaterra, en junio de 1805. En 1819 ingresó 
en la marina. En 1828 realizó con el capitán 
King la exploración hidrográfica de la parte 
austral de América; recorrió en los años 1831 
a 1836 las costas patagónicas en la fragata 
Beagle. Falleció en 1865. 

Florida (combate). El coronel D. Juan Antonio 
Alvarez de Arenales, al frente de una división 
argentina, el 25 de mayo de 1814, derrota a 
una fuerza española tres veces mayor, en la 
Florida, territorio del Alto Perú, quedando 
muerto en el campo el jefe realista y salván- 
dose tres oficiales y nueve soldados. El coro- 
nel vencedor recibe 14 heridas, peleando solo 
con 11 soldados enemigos que lo rodean, de los 
cuales mata tres, hiriendo a los demás. Esta 
hazaña le vale más tarde el grado de general. 

Fonrouge (Julio). Marino. Nacido en Francia, 
en 1804. Muy joven aún, tomó servicio en la 
escuadra nacional que a las órdenes de Brown 
iba a cubrir la campaña contra el imperio del 
Brasil. Asistió a los principales hechos de ar- 
mas de esa guerra, entre otros al del Juncal y 
al de la Colonia, como comandante de la caño- 
nera número 1. Durante la tiranía sirvió a las 
órdenes de Garibaldi, comandando un buque de 
su escuadrilla. En la batalla de Caseros sirvió 
como segundo jefe del entonces coronel don 
Bartolomé Mitre. Dejó de existir en Buenos 
Aires, el 16 de Julio de 1876. 

Fonaeca (José María). Médico. Nacido en la 
República Oriental del Uruguay el 17 de abril 



— 190 — FOR 

de 1799. Lo educó en Buenos Aires su tfo el 
sacerdote Dr. Juan Dámaso Fonseca, dedicán- 
dose luego al estudio de la Medicina. Se reci- 
bió de doctor en 1825, siendo ya director de la 
cátedra de Anatomía. En el mismo año fué en- 
viado a Europa por el Gobierno de Buenos Ai- 
res a perfeccionar sus estudios; allí permane- 
ció hasta 1830. A su regreso fué nombrado 
médico de la sección Sud de la ciudad, y en 
1834 miembro del Tribunal de Medicina, y por 
decreto de Rosas, de 20 de abril del año si- 
guiente, fué separado de ese cuerpo '/por no 
merecer la confianza del Gobierno», por creér- 
sele enemigo político; pero, no obstante esto, 
en atención a sus talentos, en 1836 se le confió 
la cátedra de Nosografía y clínica quirúrgica 
en la Facultad. Estaba en la mitad de su carre- 
ra cuando fué dominado por una fuerte neuras- 
tenia, enfermedad que lo llevó al sepulcro en 
esta ciudad, el 21 de noviembre de 1843. Este 
médico famoso, catedrático docto, filósofo y ar- 
tista, fué un ciudadano que honró a la nación. 
Forest (Carlos). Militar. Nació en Francia, el 
año 1787, en cuyo país comenzó la carrera de 
las armas. Llegó 
a Buenos Aires 
en la época de la 
independencia; 
contrajo enlace 
con D." Carlota 
Joaquina Vieytes, 
y tomó servicio 
con su grado de 
capitán en nues- 
tros ejércitos En 
1812 se batió en 
Las Piedras, como 
capitán al frente 
de una compañía 

de cazadores con dos piezas de artillería, sien- 
do uno de los héroes de la ¡ornada; y en el mis- 
mo año, en la batalla de Tucumán, teniendo a 
su mando una columna de infantería, merecien- 
do ser recomendado en el parte de la batalla por 
su conducta heroica al tomar tres piezas de ar- 
tillería al enemigo, y al empleo de sargento ma- 
yor. Al año siguiente se batió en la de Salta, 
donde fué herido y nuevamente recomendado en 
el parte de la acción; se batió después en Vilca, 
pujio, Ayohuma y Sipe-Sipe. En 1815, nombra- 
do general del ejército del Norte el general 
Alvear, lo propuso a Forest para tercer jefe 
del mismo. Desempeñó luego diversos cargos 




D. Carlos Forest. 



FOR 



191 



FRA 



militares, hasta el 15 de noviembre de 1817, en 
que obtuvo su cédula de retiro. En los sucesos 
de 1820 apareció mezclado en la fracción que 
acaudillaba el general Alvear. Falleció en Bue- 
nos Aires, el 16 de julio de 1823, revistando en 
la jerarquía de coronel. Sus restos reposan en 
el cementerio de la Recoleta. 

Fortaleza de Buenos Aires. En 1641, al 
principiar el gobierno de D. Andrés de Sando- 
val, expresó éste lo siguiente en documento 
público, respecto del puerto y armamento para 
la defensa de la ciudad: «Ser poca la gente; 
menos las armas de fuego; pólvora y municio- 
nes, escasas; la artillería, mal encabalgada al- 
guna y la demás en el suelo; lo que le llaman 
fuerte, no tener más que el nombre, de tierra 
muerta, sin reconocer artillería que, conforme 
al arte y orden militar, puedan en la ocasión 
que se ofreciera acudir.» El lugar destinado 
para fortaleza por el fundador de esta ciudad 
fué cercado de tapias por disposición del go- 
bernador D. Fernando de Zarate; dentro de 
esas tapias se fueron construyendo, por dispo- 
sición de Hernando .\rias de Saavedra en 1663, 
las Cajas Reales, Contaduría y Aduanas. Entre 
los documentos inéditos del Sr. Angelis figura 
un dictamen del ingeniero Petrarca sobre re- 
paración del fuerte en 1720. 

Fourmantfii (Francisco). Nació en Burdeos. 
Tenia por apodo de guerra el sobrenombre de 
Bibois. Se ilustró en la guerra del Brasil, 
mandando el Lavalleja, y condujo durante ella 
más de cuarenta presas al puerto de Patago- 
nes. Perseguido por Rosas, emigró a la Banda 
Oriental y se puso al servicio de Rivera, re- 
gresando al país después de Caseros, y fué 
nombrado comandante militar del Río Negro 
en 1852. En 1860 fué incorporado a la escuadra 
de Buenos Aires como coronel de marina, y fa- 
lleció en 1861 , en el puerto del Rosario de Santa 
Fe, estando al mando de dicha escuadra en 
operaciones contra la Confederación y en mo- 
mentos en que la Prensa le dirigía severos 
cargos por su falta de decisión y energía en la 
campaña que se le había confiado. 

Foumier (César). Marino. Nació en Francia. 
En la guerra del Brasil el capitán Fournier, 
con tres botes y 27 hombres, atacó al puerto 
de Maldonado, apresando una hermosa cor- 
beta tripulada por 76 hombres, y el 15 de di- 
ciembre de 1826 llevó a cabo otra hazaña se- 
mejante, abordando un bergantín enemigo. 
En 1828 fué comisionado a Norte -América, 



para la compra de armas. Acusado de haber 
apresado un buque inglés, fué sumariado, que- 
dando absuelto de todo cargo; su defensor fué 
el general Guido. Este intrépido y valeroso 
marino murió devorado por los tiburones en 
las costas de las Guayanas. 

Fraga (Manuel). Militar. Nació en Gualeguay 
(Entre Ríos). Empezó a servir contra la tira- 
nía. Después de Caseros combatió contra los 
indios del Sud. En 1859, siendo coronel, com- 
batió con las fuerzas de Buenos Aires en Cepe- 
da, y en 1861 en Pavón. En la guerra del Pa- 
raguay se batió en Paso de la Patria, Es- 
tero Bellaco, Yataití-Corá y en Tiiyuti, como 
jefe del 4.° de infantería de línea; rindió glo- 
riosamente su vida al cargar al frente de su 
cuerpo el 24 de mayo de 1866, a consecuencia 
de varios balazos, que le produjeron una muer- 
te instantánea. 

Fragrua (combate). El comandante Puch, des- 
prendido del ejército de Lamadrid con alguna 
gente, derrota en un combate las fuerzas san- 
tiagueñas mandadas por el jefe Lugones, en el 
paraje denominado Fragua, frontera de Tu- 
cumán. 

Fras^ueiro (Mariano). Hombre publico. Nació 
en Córdoba. En 1825 auspició una expedición 
de reconocimiento del río Carcarafiá, proban- 
do que era navegable desde Córdoba hasta el 
Paraná por embarcaciones de poco calado. 
En 1830 fué ministro de Gobierno en Córdoba; 
en 1831, gobernador interino, y en propiedad 
el 27 de junio de 1858, cargo que desempeñó 
hasta marzo de 18(30. Ministro de Hacienda de 
la Confederación; director del Banco y Casa 
de la Moneda de Buenos Aires en 1860; sena- 
dor nacional en 1862. Como hombre de letras, 
publicó varios estudios económicos de impor- 
tancia. Era un patriota abnegado y de una 
honradez ejemplar. Falleció el 13 de julio 
de 1872. 

Fraile Muerto (combate). Febrero 5 de 1819. 
Un ejército confederado, a las órdenes del ge- 
neral D. Estanislao López, se había reunido en 
Santa Fe, compuesto de fuerzas de esta pro- 
vincia y de la de Buenos Aires, y de una divi- 
sión de emigrados de Santiago, Cuyo y La Rio- 
ja, que mandaba el general Quiroga, y marchaba 
contra el general Paz, quien a la vez, como 
supremo director de nueve provincias, y con 
un fuerte ejército, compuesto de contingentes 
de los pueblos aliados que seguían su bandera 
centralizadora, se había puesto en marcha con- 



FSA 



192 



FRI 



tra López. En el fraile Muerto, provincia de 
Córdoba, se encuentran las divisiones del gene- 
ral Pacheco, jefe de las fuerzas porteflas, y la 
del general Pedernera, que marchaba a van- 
guardia del ejército de Paz. El choque no se 
hace esperar, dando por resultado la completa 
derrota de las fuerzas de este último Este 
descalabro ocasionó grandes pérdidas y con- 
tratiempos al general Paz, pues dio lugar a 
que la división del general Quiroga pudiera 
marchar sin inconveniente hasta Río Cuarto, 
de cuya ciudad se apoderó después de una 
breve resistencia del coronel Echeverría. 
Franco (Pedro). Fué uno de los sesenta y tres 
compañeros del fundador de Buenos Aires, 
D. Juan de Garay. Resultó agraciado con una 
manzana de terreno en la ciudad y una suerte 
de 400 metros de frente por una legua de fon- 
do en los alrededores de la misma. 
Freiré (Ramón). Militar. Nació en Santiago de 
Chile, en noviembre de 1788. Se encontró en 
los combates de Huilquilemi, Talcahuano, Qui- 
to, Robles y otros; como capitán se halló en el 
sitio de Rancagua. En 1814 emigró a Buenos 
Aires, enrolándose en la escuadra que a las 
órdenes de Brown partió para el Pacífico. 
Vuelto más tarde a su patria, se halló en las 
acciones de Curápaligue, Concepción y Gavi- 
lán, y en 1817 formó en Mendoza, en el ejérci- 
to de los Andes, asistiendo a Chacabuco y 
Malpú. Intendente de la Concepción en 1819, 
combatió contra Bermúdez, derrotándolo com- 
pletamente. Electo director supremo de Chile, 
en 1823 expedicionó a Chiloé, expulsando a 
los realistas del archipiélago. De regreso de 
su expedición dimitió el mando; más tarde, em- 
pero, fué designado para ocupar el mismo car- 
go. Poco después se mezcló en la guerra civil 
y emigró. En 1S42 volvió al país, viviendo 
retirado hasta el 9 de diciembre de 1851, fecha 
en que ocurrió su fallecimiento. 
French (Domingo). Militar. Pacido en Buenos 
Aires, en 1783. Empezó a figurar en los días 
de mayo de 1810, como uno de los caudillos 
populares más entusiastas. Formaba parte de 
la Asociación organizada bajo el nombre de los 
«Chisperos», encargada de producir el incen- 
dio revolucionario , distinguiéndose French, 
por su carácter impetuoso y expansivo; era el 
agente popular de Belgrano. El 25 de mayo de 
1810 asistió al Cabildo abierto, acaudillando 
un numeroso grupo de gente, la que ostentaba 
como distintivos, cintas blancas y celestes, sien- 



do éste el origen de nuestra bandera. French 
y Berutti, los dos tribunos populares, presi- 
diendo una diputación, se apersonaron el mis- 
mo día a la sala de sesiones, exigiendo que se 
consagrara la voluntad del pueblo. En 1814, re- 
vistando como coronel, se halló en el sitio de 
Montevideo, como jefe del 3." de infantería, y 
en 1815 marchó al frente de una división como 
de 1.200 hombres a reforzar el ejército del 
Perú. En 1817 fué desterrado a Norte-Améri- 
ca, y vuelto al país en 1819, tomó participación 
en la guerra civil contra los montoneros en 
1820. Fué ministro de la Guerra. Falleció en 
Buenos Aires, el 4 de julio de 1825. 
Freyre (Marcelino E.). Militar. Nació en el Ro- 
sario, el 13 de noviembre de 1846. Inició su ca- 
rrera militar como 
voluntario del ba- 
tallón santafecino 
que mandaba el co- 
ronel Avales, y que 
tuvo lucida actua- 
ción en la guerra 
del Paraguay. 
Asistió, entre otros 
a los combates de 
Uruguayana. Bajo 
las órdenes del ge- 
neral Paunero hizo 
la campaña contra 
las montoneras del 
Chacho, Saa y de Várela, en las provincias 
de Cuyo, y al frente del 7° batallón de in- 
fantería de línea. Se encontró en la batalla 
de Naembe, dada por el gobernador Baibiene 
contra el caudillo López Jordán (v.). Allí con- 
tribuyó en primera línea a la victoria, con una 
brillante carga a la bayoneta que ordenó a su 
regimiento. Siempre como jefe del 7° de infan- 
tería de línea, actuó en la revolución de 1874, 
a las órdenes del entonces coronel Luis María 
Campos y José J. Arias, encontrándose en la 
batalla de la Verde. De allí se trasladó a Gua- 
miní, entonces campos completamente desier- 
tos y en poder de los indios. Ocupó con su di- 
visión la laguna de ese nombre y fundó el pue- 
blo progresista que por decreto de agosto 
de 1919 llevará desde ese día su prestigioso 
nombre. El coronel Freyre murió en el Rosa- 
rio, el 26 de junio de 1879. Fué un militar ge- 
neroso y valiente, digno y honesto. 
Fría» (Eustaquio). Militar. Nació el 20 de sep- 
tiembre de 1801. Empezó la carrera de las ar- 




D. Marcelino E . Freyre. 



FRI 



- 193 - 



FUL 



mas como soldado el 11 de marzo de 1316. Se 
halló en la campaña del Perú el año 1320; en 
la primera y segunda campaña de la Sierra, 
Nazca, Pa'^co, Ca lao, Quito, Rio Bamba, don- 
de fué herido; Pichtnclia, Junln, Ayaciicho, 
Ombá, Itusaingó. A las órdenes de Lavalie, se 
halló en Naoarro, Zapallar, Arro'io de Matan- 
tas, Puente de Márquez, Sauce Grande, etc. 
Combatió también contra los indios. Falleció 
en Buenos Aires, el 16 de marzo de 1891, a la 
avanzada edad de noventa años, revistando en 
la jerarquía de teniente general. 
^rías (Ignacio). Jesuíta. Rector del Colegio de la 
Compañía de Jesús en Buenos Aires (1691-92). 
Se embarcó para Europa por el año 1697, con 
encargo de procurar la división de los conven- 
tos de predicadores de Buenos Aires, Tucu- 
mán y Paraguay de los de Chile, lo que no 
consiguió. 

'rfaa (Félix). Publicista y diplomático argentino. 
Nació el 12 de Marzo de 1816, en Santiago del 
Estero. Hizo sus estudios en el Ateneo, dirigi- 
do por el padre Angelis, y luego inició en la 
Universidad los cursos de Derecho. La cruza- 
da libertadora de Lavalie, en 1S40, hizole in- 
terrumpir sus estudios para formar en las filas 
de la misma. Frías era secretario de Lavalie. 
Las victorias del Yeruá, Don Cristóbal y El 
Talar, la toma de Santa Fe y las derrotas de 
Sauce Grande, Quebracho /-ferrado y Famai- 
Uá le contaron entre los luchadores de primera 
fila. Suya es la proclama que el general firmó 
el 2 de septiembre al trasladarse a Entre Ríos; 
y cuando el romancesco general cayó derriba- 
do por el plomo fatal, el ilustre secretario 
llegó hasta Bolivia, en aquel inolvidable séqui- 
to de 1841, que iba a dar honrosa sepultura a 
los queridos despojos de su jefe, en tierra ex- 
traña. De esta primera etapa de su vida Frías 
conservó siempre los más caros recuerdos, y 
el legado de Lavalie, consistente en su propia 
espada, estimábalo como la más preciada reli- 
quia. De Bolivia pasó a Chile. En 1848 em- 
prendió su primer viaje a Europa, y en 1869 se 
encaminó por segunda vez a Chile, como mi- 
nistro plenipotenciario de su patria, en cuyo 
carácter fué el primero que afrontó la cuestión 
de límites, tratándola con amplitud y ciencia. 
En 1874, apenas nombrado por el presidente 
Avellaneda, renunciaba a su cargo de ministro 
de Relaciones exteriores, y cuatro más tarde, 
elegido vicegobernador de la provincia d í Bue- 
nos Aires, dimitía taubién, porque a su juicio 
Diccionario Hist. Bioor. 



podría servir más utilmente los intereses de Ifc 
patria en una banca del Congreso. Fué tam- 
bién orador. Dice el Dr. Goyena: «Era un no- 
table orador. Su elocuencia solía inflamarse y 
vibrar como un apostrofe incendiario. En otras 
ocasiones arrullaba al auditorio con los suaves 
acen"os d-; la unción y de la ternura. Jamás ha- 
bló sin causar profunda sensación. Su discurso 
era un acto: el cumplimiento del deber.» Fué 
notable publicista: El cristianismo católico; La 
República Argentina (1847); La gloria ael tira- 
no Rosas (1847); La santificación del domingo 
(1850); El Juicio de Rosas (1857); Ley de tierras 
(1858); El derecho de oatronato (1861); La se- 
pultura eclesiástica; El liberalismo reoolucio- 
nario y el matrimonio ciuil (1867), etc. «Leyen- 
do sus escritos— ha dicho uno de sus biógra- 
fos—, queda la impresión de que fué Frías uno 
de los pensadores de aquella pléyade que tra- 
jo del extranjero, apenas caído el poder de la 
tiranía, todo un cuerpo de doctrinas políticas, 
del cual salió en definitiva la Carta Magna que 
rige los destinos de la nación » Falleció en 
París, el 9 de noviembre de 1881 

Frías (Uladislao). Abogado. Nació en Tucumán, 
el 13 de agosto de 1821. En 1853 era ministro 
de Gobierno en su provincia natal, siendo des- 
pués elegido gobernador Formó parte del 
Congreso del Paraná, donde desempeñó un 
papel importante. Miembro del Congreso Na- 
cional por dos veces, y a él se le debe la orga- 
nización de la Aduana del Rosario. Senador 
nacional. Ministro del Interior e interino de 
Guerra durante la administración de Sarmien- 
to. Ministro de la Suprema Corte de justicia 
nacional. Falleció el 24 de julio de 1899. 

Fulminante (incendio). En 4 de octubre de 1877, 
uno de los buques de la escuadra argentina, el 
vapor Fulminante, donde se hallaba el labo- 
ratorio de los torpedos y otros explosivos, se 
incendia a causa de haber reventado un tor- 
pedo que se estaba preparando. Los muertos 
y heridos que ocasionó esta catástrofe fueron 
muchos, y muchos también los perjuicios. Se 
hallaba el buque cerca del puerto del Tigre, 
en Buenos Aires. El Fulminante estaba a car- 
go de individuos contratados para la elabora- 
ción de los mixtos, a cuyo miedo o negligencia 
se debió el no haberlo salvado antes que el 
fuego llegara al depósito de la pólvora. Los 
jefes y la tripulación argentina de algunos bu- 
ques de guerra que estaban inmediatos hicie- 
ron cuanto humanamente era posible para sal- 

13 



FUN - 194 - 

var sus buques y muchos artículos de la nave 
Incendiada. Los tripulantes del Fulminante 
fueron presos inmediatamente. El pueblo de 
Buenos Aires se conmovió al saber este su- 
ceso, y en el mismo dia levanta suscripciones 
para regalar al Gobierno otro buque igual. Por 
su conducta abnegada en el salvamento del 
Fulminante, la Cámara de Diputados de la pro- 
vincia decreta una medalla de oro para los je- 
fes Ramírez y Cabassa, capitán Iturreto y 
guardias marinas Gamba y Borzone. 
Fnnes (Gregorio). Sacerdote. Nació en Cór- 
doba, el 25 de ma- 
yo de 1749. Recibió 
en 1773 las sagra- 
das órdenes y el 
grado de doctor en 
Teología en el año 
siguiente. Poco 
después pasó a Es- 
paña, donde pro- 
fundizó el latín, la 
teología y las le- 
yes, etc., licen- 
ciándose en Dere- 
cho en la Univer- D Gregorio Funes. 




FUN 

sidad de Alcalá de Henares en 1778. Regre 
sado a su ciudad natal, fué nom brado rectoi 
de la Universidad, provisor y deán, y lúe 
go gobernador del obispado en 1794. El mo 
vimiento de mayo le contó entre sus parti 
darlos. En agosto de 1810 fué electo dipu 
tado por Córdoba, y entró a formar parte 
de la Junta gubernativa al año siguiente 
Desempeñó múltiples comisiones, algunas <Xt 
peligro, y descolló como orador y escritor 
En 1811 sufrió una prisión indebida por espa ) 
ció de varios meses, junto con otros patriotas 
de la que salió inocente. Casi en la indigencia 
retirado en Córdoba, comenzó su gran^bra 
Tratado completo de la historia de estas pro 
vincias, publicación que consta de cinco tomos 
y que terminó en 1818. Al año siguiente fm ■ 
elegido diputado al Congreso general, síendi ; 
él quien redactó el manifiesto que esa Asam 
blea dirigió a los pueblos de la República a 
sancionar la Constitución. En 1823 fué noni 
brado agente de negocios de la República d 
Colombia cerca del Gobierno de Buenos Ai 
"res. Muiió en Buenos Aires, el 10 de ener 
de 1829. 






G 




D. Sebastián Gaboto. 



«boto (Sebastián). Navegante. Nació en 1477 
y se educó en Inglaterra. Desde joven se de- 
dicó a la navega- 
ción, acompañando 
a su padre en el 
viaje que hizo a la 
isla de Terranova, 
costas del Labra- 
dor y de la Flori- 
da, en 14i:>7. Des- 
pués, en 1517, hizo 
un viaje de explo- 
ración al Brasil ya 
las Antillas. Al ser- 
vicio de España, 
en 1526 navegó el 
Río de la Plata, remontó el Paraná, Alto Pa- 
raná y parte del Paraguay. Ya dentro del Pa- 
raná encontró las bocas de un río secundario, 
aero de bastante volumen (el Tercero, de Cór- 
loba), que los naturales llamaban Carcarañá, y 
,a por |j distancia proporcional a que queda- 
ba del estuario, o ya por ofrecerle buen abrigo 
;ntre los dos promontorios que formaban las 
los barrancas avanzadas al Paraná, resolvió 
icuparlo y levantar un buen fortín, con el nom- 
re de Sancti-Spiritus, que sirviese de parade- 
o éntrelas entradas al interior y las salidas al 
nar. Viéndose abandonado del Gobierno, re- 
resó a E iropa en 1531. En Inglaterra, en 1546, 
lé encargado de escoger el personal para una 
xpedición destinada a descubrir el paso del 
loroeste de la China. Dejó un mapa geográ- 
ico y una relación de viajes, impreso en su 
iiidud natal. Falleció en Londres, en 1557. Sus 
lapas y cartas marinas, con excepc'ón de una 
ue existe en Francia, se han extraviado. 



Empezó su carrera como soldado voluntario en 
los ejércitos libertadores, con el general Paz, 
que lo consideraba como uno de sus más sim- 
páticos discípulos, y bajo las órdenes de este 
general hizo la campaña de Corrientes, asis- 
tiendo al sitio grande de Montevideo como sar- 
gento mayor de la Legión argentina. Estuvo en 

[ la batalla de Pavón, donde se distinguió al 
frente de los batallones de guardias nacio- 
nales, que él mismo formó y disciplinó. El ge- 
neral Gainza fué ministro de Guerra en la ad- 
ministración de Sarmiento, y dirigió personal- 
mente en Entre Ríos la célebre campaña con- 
tra la rebelión de López Jordán. Murió en 
Buenos Aires, el 31 de diciembre de 1888, a la 
edad de setenta y cuatro años. 

Galán (José Miguel). General y gobernador 
provisorio de Buenos Aires el 4 de septiem- 
bre de 1852. Depuesto por la revolución del 11 
de septiembre de 1852, encabezada por los ge- 
nerales Piran y Madariaga. Vencido en Rio 
Corrientes (1843). Interventor en San Juan 
en noviembre de 1858. 

Galván (Elias). Militar. Nacido en Corrientes, 
en 1774. Recibió instrucción elemental en la 
escuela de su padre, que era maestro, y tras- 
ladado a Buenos Aires, fué catedrático de Gra- 
mática en el Colegio de San Carlos. En 1806 
combatió contra los ingleses, y al año siguien- 
te, en clase de teniente de los cazadores co- 
rrentinos, asistió a la segunda invasión. Actuó 
en 1810 a las órdenes de French y Berutti. Capi- 
tán en ISlOy electo teniente gobernador de Co- 
rrientes, prestó grandes servicios a la revolu- 
ción, auxiliando con tropas a Belgrano y recha- 
zando una escuadrilla enemiga que bombardeó 
la ciudad de Corrientes, intentando tomarla con 
fuerzas de desembarco, la que fué rechazada. 



GAL 



Concurrió en 1814 al sitio de Montevideo y a 
la campafla del Uruguay contra los portugue- 
ses, llegando a coronel. En 1815, jefe de la 
Tesorería militar. En la época de Rosas fué 
perseguido por La Mazorca, que asaltó su 
casa, y entonces emigró, incorporándose a La- 
valle, siendo su jefe de Estado Mayor en Arro- 
yo Grande. Murió en Montevideo, el 4 de ene- 
ro de 1844. 

Galván (Silvestrel. Gobernador de La Rioja 
en 1825 a 1827. Hizo un buen gobierno. Una de 
las importantes mejoras introducidas por el 
gobernador Galván fué la de un camino carril 
a La Rioja, para el transporte de máquinas, ví- 
veres y efectos; acordando con la Sociedad 
del Banco de Rescates y Casa de Moneda, de 
que era presidente D. Braulio Costa, el abrirlo 
a medias en lo concerniente a la jurisdicción 
de la provincia e invitando al gobierno de Cór- 
doba a que hiciese otro tanto en la pertene- 
neciente a la de su mando. La obra quedó 
concluida por parte de La Rioja; pero el de 
Córdoba no hizo nada. Sin embargo, un intré- 
pido emprendedor, D. Antonio Susso, reportó 
el honor de haber abierto las primeras huellas 
del carril, dejándolo casi expedito a sus expen. 
sas. El derrotero, partiendo desde Córdoba 
hasta La Rioja, es el siguiente: del Ojo del 
Agua a los Algarrobos, once leguas; de aquí a 
las Barrancas, cuatro; a ucucha, puerta de la 
travesía, ocho; al Cajón Salitral, seis; a San 
Francisco, tres; al Paso de los Barriles, siete; 
al Jagüel, treinta y uno, y a La Rioja, seis. 

Gallardo (Manuel Bonifacio). Abogado. Nació 
en Buenos Aires, el 5 de junio de 1793. Cursó 
sus estudios en Córdoba, en cuya Universidad 
se graduó de bachiller, y en Buenos Aires de 
abogado, en 1817. Electo diputado en 1821, 
miembro del Congreso General Constituyente 
que sancionó la Constitución unitaria de 1826, 
desempeñando durante la presidencia de Ri- 
vadavia algunos puestos de importancia, 
como el de miembro de la Junta del Crédito 
Público. Tomó participación en la revolución 
del 1 de diciembre de 1828, y formó parte de] 
Consejo de Gobierno; pero, perseguido, emigró 
en enero del año siguiente a la República Orien- 
tal, de donde fué desterrado por Oribe a San- 
ta Catalina, con Rivadavia, Del Carril y otros. 
De allí pasó a Chile, donde permaneció largos 
aflosy tuvo ocasión de prestar señalados ser- 
vicios a toda la juventud que prefirió las amar- 
guras de la expatriación antes que los halagos 



196 - GAM 

del tirano. En 1856 regresó a esta capital y fué 
llamado a desempeñar los siguientes cargos y 
comisiones: senador en 1857; juez de la Corte 
Suprema de Justicia de la Confederación; ase- 
sor de la Munic'pílidad de Buenos Aires; 
miembro de la Comisión encargada de redac- 
tar el Código militar, y auditor de Guerra y 
Marina, cargo que desempeñaba cuando le sor- 
prendió la muerte, el 2 de agosto de 1862. 
Gallegos. Regimiento de infantería creado du- 
rante las invasiones inglesas, compuesto en su 
mayor parte por hijos de Galicia. Constaba de 
nueve compañías de sesenta hombres cada 
una. Fué comandado por el teniente coronel 
D. Pedro Antonio Cervino. Este cuerpo lleva- 
ba uniforme azul y blanco, collarín y faja roja, 
sombrero alto con plumas negras y rojas y me- 
dia bota. 
Gallo (Pedro León). Signatario del acta de la 
independencia. Sacerdote. Nació en Santiago 
del Estero, en el 
año 1779, y dados 
su prestigio e ilus- 
tración fué electo 
diputado por su 
provincia natal al 
memorable Con- 
greso que proclamó 
la independencia 
en 1816. En 1819, 
diputado a la Con- 
vención que san- 
cionó la Constitu- 
ción unitaria, pro- 
nunciando con tal 

motivo varios discursos y llegando a presidir 
en turno a ese Cuerpo. En 1821, en la guerra 
civil entre Salta, Santiago del E.-tero y Tucu- 
mán, el Dr. Gallo fué nombrado mediador, ob- 
teniendo buen resultado por el tratado de 
Vinará. Murió el 16 de febrero de 1852 
Gamboa (Marcelo). Jurisconsulto. Nació en 
Buenos .\ireF, el 16 de enero de 1793, y estudió 
Derecho en la Universidad de esta ciudad, ob- 
teniendo su título de doctor en Leyes el 
año 1828. En el mismo año ocupó una banca 
en la Legislatura y fué nombrado juez de pri- 
mera instancia en lo civil, cargo que renunció 
en 1830 para desempeñar la fiscalía de igual 
fuero. Como abogado tuvo a su cargo la ruido- 
sa defensa de uno de los hermanos Rcinafé, sa 
puesto cómplice de la muerte del general don 
Facundo Quiroga, cuya causa le costó persB' 




D. Pedro León Gallo. 



GAM 



cuciones y continuas amenazas del tirano Ro- 
sas, y con motivo de haber solicitado permiso 
para la publicación de diclia defensa, el mismo 
Rosas, de su puño y letra, redactó un extenso 
decreto en el que consignaba, entre otras con- 
sideraciones muy dignas de él, lo siguiente: 
«Que sólo un unitario tan desgraciado como 
bribón ha podido concebir la idea de la publi- 
cación aislada de la defensa de los feroces eje- 
cutores de una mortandad sin ejemplo; sólo un 
hombre que no alimenta sentimientos de res- 
peto al honor nacional ha podido dirigirse al 
Gobierno pidiendo para publicar una defensa 
semejante, con la idea de preparar sentimien- 
tos que sólo pueden abrigar los corazones co- 
rrompidos de los unitariiis...» Porestasy otras 
razones por el estilo, resolvió: «Que no podía 
alejarse a 20 cuadras de distancia de la pla- 
za de la Victoria; que no debía ejercer su pro 
fesión; que no debía cargar divisa, y que «por 
infracción a estos artículos será paseado en 
un burro celeste por las calles y castigado, y 
si tratara de fugarse del país será inmediata- 
mente fusilado», etc. En 1S52 y 1853 fué repre- 
sentante en la Legislatura de Buenos Aires, 
siendo nombrado miembro de la Comisión re- 
dactora de Códigos. Miembro del Senado 
en líi54, 1853 y 1859, de empeñó la presiden- 
cia de ese alto Cuerpo durante varios años. 
En 1857 se le encomendó la redacción del Có- 
digo civil, en unión del Dr. Ugarte, trabajo que 
no terminó a causa de su fallecimiento, ocurri- 
do en Buenos Aires, el 27 de agosto de 1861. 
Gamonal (combate). El 2 de septiembre de 1820. 
El coronel Dorrego, con una columna ligera de 
caballería como de 600 hombres, compuesta de 
los Dragones, los Colorados de las Conchas y 
los Quinteros, llevando por divisa de combate 
una banda blanca cruzada por t-ncima del hom- 
bro, y por toda artillería un cañón volante. He 
va un ataque al genera! López, que lo aguarda 
a pie firme con una fuerza santafecina de 1.000 
soldados en el Gamonal, naciente del rio Pa- 
vón, en la provincia de Santa Fe. Los santafe- 
cinos estaban formados en línea, con el caba- 
llo ensillado y pie a tierra. Inmediatamente se 
desplegaron guerrillas por una y otra parte, a 
que se siguió el avance paralelo de una línea 
sobre otra en aire de carga. Desde el primer 
momento el ejército de Dorrego se vio desbor. 
dado por ambos costados, y flanqueado simul- 
táneamente por derecha e izquierda, fué com- 
pletamente derrotado, dejando en poder del 



- 197 - GAN 

enemigo más de cien (100) prisioneros, y en el 
campo de batalla y de la persecución como 320 
cadáveres, salvándose apenas 200 hombres. 
Dice López que él mismo, por no presenciar 
una matanza que no podía evitar, detuvo su ca- 
ballo. En seguida puso en libertad a todos los 
milicianos prisioneros y mandó fusilar al co- 
mandante santafecino D. Tomás Bernal, por 
haber dado suelta a los oficiales porteños que 
se encontraban en el mismo caso. Dorrego, 
acompañado de algunos oficiales bien monta- 
dos, repasó el mismo día el Arroyo del Medio 
en mangas de camisa, animoso y de buen hu- 
mor, como de costumbre. A todos los dispersos 
que encontraba en su" tránsito los licenciaba, 
a fin de ocultar su total derrota. Al día si- 
guiente ofició al Cabildo participando su de- 
rrota. 

Gana (Juan Pío). Comerciante. Oriundo de Viz- 
caya. En su patria hizo la campaña del Rose- 
llón. Establecido en el Perú, se dedicó al co- 
mercio. En 1806 se trasladó a esta capital, con 
el objeto de embarcarse para España, en mo- 
mento en que se realizaba la primera invasión 
inglesa, y ofreció entonces sus servicios, obte- 
niendo que se le confiara el mando del regi- 
miento de arribeños. Fué uno de los jefes de 
cuerpo que más se distinguieron. .Murió heroi- 
camente en uno de los combates de la segunda 
invasión, en 1807. Liniérs, en un parte de la 
jornada, dice: «Su actividad, valor y patriotis- 
mo le habían hecho distinguir entre los demás 
de su clase». 

Gándara (Leonardo Domingo de la). Hacenda- 
do. Nació en Buenos Aires, el 7 de noviembre 
de 1785. Abrazó con entusiasmo el pronuncia- 
miento de mayo de 1810, y se alistó, como te- 
niente de Milicias que era, para ir a la campa- 
ña del pueblo de Morón, alistar gente, prender 
desertores y vagos en la villa de Lujan y otros 
puntos. En 1822 fué nombrado primer juez de 
paz de Morón; en el mismo año, diputado a la 
Legislatura; vicepresidente de la Administra- 
ción del Crédito público; juez de paz de Chas- 
comús y presidente de la Comisión de suscrip- 
ciones que se levantaron allí para auxiliara los 
heridos de la guerra del Paraguay. En 1829, de 
la Comisión de Abastos y provisiones; en 1831, 
capitán de .Milicias; inspector del puerto, y for- 
mó parte de la Comisión de hacendados. Fué 
uno de los más entusiastas de la revolución de 
1839, asistiendo a la campaña de Cahscomús, 
y hubo de ser tomado prisionero y fusilado; 



GAO 

pero salvó providencialmente. En 1840 Rosas 
le embargó su estancia «Vitol», y emigró en- 
tonces a Río Janeiro, donde permaneció liasta 
1843 Después de Caseros, nuevamente juez de 
paz de Chascomús. Murió en Buenos Aires, el 
6 de junio de 1856. 
Gaona (Eduardo). Salteño. Nacido a fines del 
siglo iviii. En 1810 figuraba como alférez en un 
cuerpo de cívicos saiteños, cuando recibió or- 
den de reunirse a los baqueanos más expertos 
de la provincia y conducirlos al ejército expe- 
dicionario que debía internarse en el Alto 
Perú. Cumplida la orden, partió con 39 baquea- 
nos a incorporarse al ejército, y asistió a la 
batalla de Suipachá. Fué gravemente herido y 
falleció pocas horas después. 
Caray (Juan de). Fundador de Buenos Aires. 
Este esforzado vizcaíno nació el año 1528, en 
Villalba de Losa, pueblo de las Provincias Vas- 
congadas, y a los catorce años de edad vino a 
América, residiendo en el Perú hasta el año 
1548, y en las provincias de Tucumán, Char- 
cas, Chile, Santa Cruz de la Sierra y Asun- 
ción en 1568, pasando luego a ésta, donde de- 
bía adquirir celebridad en el gobierno del Río 
déla Plata y como fundador de esta ciudad, 
que, según sus inspiraciones, sería «'la puerta 
de la tierra», cuya piedra fundamental colocó 
en un extremo de la actual plaza de Mayo, con 
las formalidades de estilo, el 11 de junio de 
1580. Con esta población probó que tuvo la vi- 
sión del porvenir de esta grandiosa capital. 
También fundó la ciudad de Santa Fe de la Ve. 
ra Cruz, el 15 de noviembre de 1573. En 1578 
expedicionó al Chaco contra los indios ^-uoí/cu- 
rúes y otras tribus. En viaje de Buenos Aires a 
Santa Fe, murió asesinado por los indios, a 
mediados del año 15S3, en la laguna de San 
Pedro, a cuarenta leguas de Buenos Aires. El 
general Garay fué hombre leal, honrado, enér- 
gico y de espíritu ac- 
tivo y organizador; a 
sus méritos indiscu- 
tibles de conquista- 
dor se debe el de la 
base de la riqueza 
pastoril al introducir 
el primer ganado bo- 
vino y ovejuno. 
García (Baldomero). 
Jurisconsulto. Nació 
en Buenos Aires, el 
27 de febrero de D. Baldomcro Garda. 




198 - GAR 

1799. Fué uno de los hombres más prominen- 
tes del país por sus vastos conocimientos como 
literato, jurisconsulto y teólogo. Murió en Bue- 
nos Aires, el mismo día en que cumplía se- 
tenta y un años, el 27 de febrero de 1870. 

García del Río (Juan). Diplomático. Nacido en 
Cartagena (Colombia), en 1794. Inició amistad 
con D. José de San Martín, entonces al servi- 
cio de España, siendo después su amigo inse- 
parable y una de sus columnas más firmes como 
escritor, cuanto por la firmeza de su carácter 
y su infatigable laboriosidad. García del Río 
fué secretario de Estado de San Martín en 
1821, en el Perú; del libertador Bolívar, del 
general Santa Cruz y del general Flores. Filó- 
sofo distinguido y orador notable, fué empero 
poco afortunado como político. Falleció en Mé- 
jico, en 1856. 

García de García (Fortunata). Nació en Tu- 
cumán, el año 1802. Era esposa del Dr. Domin- 
go José García, secretario del general Belgra- 
no. Cuando en 1841 Oribe hizo ejecutar a 
Marco A. Avellaneda, en Tucumán, mandó cor- 
tarle la cabeza y que fuera colocada en la pla- 
za a la expectación pública. Así se hizo; la ca- 
beza de Avellaneda fué clavada en una lanza. 
«Una mujer de alma grande se propuso aho- 
rrar a sus compatriotas ese espectáculo, carac- 
terístico de la época.» Esta fué D.* Fortunata 
García, de familia patricia tucumana, y ya no- 
table por el raro coraje con que arrostraba sus 
opiniones políticas a la faz de sus enemigos. 
Acampada la columna de Garzón en las inme- 
diaciones de Tucumán, los jefes y oficiales fue- 
ron alojados en las casas principales. Doña 
Fortunata García había alojado al coronel Juan 
Carballo, a quien el general Garzón acababa 
de nombrar jefe de la plaza. Carvallo era un 
hombre culto y moderado, que correspondió 
con verdadera afección a las atenciones de la 
viuda de García, quien bajo la egida de su ca- 
ballerosidad había puesto el hogar de sus tier- 
nos hiios. Quince días hacía que la cabeza de 
Avellaneda se mantenía clavada en una pica en 
la plaza, y otros tantos que D ° Fortunata Gar- 
cía renovaba sus súplicas a Carballo de que le 
entregase esa cabeza para darle sepultura. Esa 
especie de clarividencia de la mujer de la inti- 
midad del corazón del hombre que no es insen" 
sible a sus seducciones le mostró completa- 
mente vencido a Carballo cuando éste le hubo 
respondido, con cierta melancolía: «Me fusila' 
rán, señora, porque faltaré a órdenes terminan- 



GAR 



199 



GAR 



tes...» Carballo, más tarde, le remitió la cabeza 
de Avellaneda envuelta en una manta. La no- 
ble dama tuciimana lavó y perfumó psa cabeza 
la depositó en un cofre y en la noche siguiente 
le dio sepultura. (Saidías.) 
García (Esteban). Coronel. Nació en Buenos 
Aires, en 1804. Siguió a Lavalle en sus triunfos 
y derrotas. Fué uno de los que condujeron ioS 
restos de este general hasta darles sepultura 
en Bolivia. Ayudante del ministro de la Gue- 
rra, general Pacheco y Obes, en 1843. Asistió 
al sitio de Montevideo: se halló en las batallas 
de Papón y Cepeda. En la guerra contra el Pa- 
raguay, en las batallas de Yatay. Uruguayana 
y Tuyutí. Herido en el combate del Boquerón, 
falleció más tarde, a consecuencia de las heri- 
das, en Corrientes, el 12 de agosto de 1866. 
García (Manuel). Estadista. Nacido en Buenos 
Aires, el 11 de octubre de 1784. Hizo sus estu- 
dios preparatorios 
en el Colegio de 
San Carlos, ingre- 
sando luego en la 
Universidad de 
Charcas (en 1804), 
donde se recibió de 
doctor en Jurispru- 
dencia. Vuelto a 
su patria, practicó 
en el estudio de un 
abogado, dejando 
la pluma en 1807 
para empuñar la 
espada contra los 
ingleses, recibiendo en recompensa de sus 
servicios una serie de cargos honoríficos. En 
1810 tomó una activa participación en el movi- 
miento emancipador, entrando de lleno en la 
política. En el año 1812 se le designó conseje- 
ro de Estado, cargo que desempeñó hasta 1814, 
en cuyo año fué nombrado enviado plenipoten- 
ciario en el Brasil, con instrucciones de evitar 
la realización de una alianza entre los reyes 
de España y de Portugal. Regresó en 1821 del 
Brasil, satisfecho de haber cumplido dignamen- 
te la delicada misión que se le encomendó, y 
al año después fué nombrado ministro de Ha- 
cienda en la administración del general Rodrí- 
guez, revelándose un buen financista, introdu- 
ciendo reformas fundamentales en la adminis- 
tración del crédito. En 1827 fué nuevamente 
enviado en misión diplomática al Brasil; en 1833 
desempeñó por segunda vez la cartera de Ha- 




D. Manuel J. García. 



cienda en la administración del general Via- 
monte, y renunciado éste, se retiró de la vida 
pública. Este ciudadano dignísimo, magistrado, 
diplomático, administrador y escritor, falleció 
en Buenos Aires, el 22 de octubre de 1848. 

García (Próspero). Abogado. Fué ministro de 
Gobierno de D. Marcos Paz (v.), gobernador 
de Tucumán en 1858. En 1 de septiembre de 
dicho año quedó como gobernador delegado 
por ausencia del titular, siéndolo por varias 
veces hasta el 5 de marzo de 1859. El doctor 
García fué uno de los ciudadanos más espec- 
tables de las provincias del Norte de la Repú- 
blica, tanto por su reconocido talento y prácti- 
ca en los negocios públicos, como por las vir- 
tudes cívicas que constituyen el fondo de su 
carácter, revelados en los numerosos y emi- 
nentes servicios prestados a la nación, y espe- 
cialmente a Tucumán, durante su larga vida pú- 
blica. Fué diputado en el Congreso de la Fe- 
deración del 60, formando parte de! grupo li- 
beral. Juez federal en el año 70 de Santiago 
del Estero. En ISSO, diputado al Congreso 
Nacional. 

García Merou (Martín). Nació en Buenos Ai- 
res, el 14 de octubre de 1862. Estudió en el 
Colegio Nacional y se graduó en Derecho en 
la Universidad de Buenos Aires. Desde la ado- 
lescencia mostró inclinación por las letras, pu- 
blicando sus Poesías (\S80); nueuas poesías 
(1SS2), reunidas más tarde en un solo volumen. 
Su reputación fué rápida en todo el continente 
como poeta y prosista; más tarde cultivó con 
igual éxito la crónica literaria, la crítica y los 
estudios políticos y sociales. Entró muy joven 
en la carrera diplomática, y fué ministro pleni- 
potenciario ante varios Gobiernos americanos. 
De sus viajes, ha escrito impresiones intere- 
santísimas . Siendo ministro en los Estados 
Unidos, dejó el cargo para ocupar el ministe- 
rio de Agricultura durante la segunda presi- 
dencia del general Roca, pasando más tarde a 
ocupar la Legación argentina en Berlín, donde 
falleció, el 18 de mayo de 1905. Sus obras: Poe- 
sias, Impresiones; Estudios literarios; Libros 
y autores; Perfiles y miniaturas; Juan Bautista 
Alberdi; Recuerdos literarios; Estudios ameri- 
canos; El Brasil intelectual, etc. 

García (Teodoro). Militar. Nació en Buenos 
Aires, el 4 de diciembre de 1840. Ingresó al 
ejército como aspirante en la Guardia Nacio- 
nal, el 30 de enero de 1859. Se encontró en 
Cepeda (1859); Paoón (1861). Hizo la campaña 



GAR 



— 200 



GAU 




Qeneral de división D. Teo- 
doro García. 



del Paraguay, hallándose en Corrientes, Ya- 
tay, Uruguayana, batalla del 24 de mayo de 
1866, Boquerón, 
Curupayti, Lomas 
Valentinas, etc En 
las guerras civiles 
tomó parte contra 
López Jordán; ba- 
talla del Sauce, el 
20demayode 1870; 
Cuchillas de Díaz, 
contra López Jor- 
dán; desempeñó 
otros muchos y de- 
licados puestos mi- 
litares. Contra los 
indios en Las La- 
gunas, Las Toscas 

y Cuentriel, el 12 de agosto de 1876, quitándo- 
le un numeroso arreo de hacienda vacuna y 
caballar, y otros muchos combates más. Esta- 
llada la revolución de 1880, fué nombrado jefe 
del Estado Mayor. 

García Warnes (Carlos). Militar. Ayudante de 
campo del general D. Wenceslao Paunero en 
la guerra del Paraguay, hallándose en la toma 
de Corrientes , Yatay , Uruguayana , 24 de 
Mayo, Tuyutí, Curupayti, etc. Murió en 1874- 

García de Zúñiga (José). Sacerdote y bene- 
factor. Hombre de fe y de acción, el canónigo 
Zúñiga tenia entre otros méritos el de haber 
levantado, a costa de considerables sacrificios, 
dos de nuestros más hermosos templos: el de 
la ciudad de San Nicolás de los Arroyos y el de 
la parroquia de la Concepción, de Buenos Ai- 
res. Pertenecía a una familia distinguida y con- 
sular, con ramificaciones en ambas orillas del 
Plata, Murió en Buenos Aires, el 22 de enero 
de 1884. 

Garmendia y Alurralde (José Ignacio). Co- 
merciante. Nació en Tucumán, el 1 de julio de 
1790. En la ciudad de su nacimiento fué alférez 
real y regidor en 1810; alcalde ordinario de se- 
gundo voto en Buenos Aires en 1813; regidor 
y defensor de menores en 1S17; regidor deca- 
no y fiel ejecutor en 1819; diputado por Buer 
nos Aires en 1820, y dos aflos después, encar- 
gado por Rivadavia, de quien era confidente y 
amigo, de ir en misión a Francia, de cuyo país 
fué desterrado por sus opiniones políticas, y a 
su regreso rehusó aceptar una indemnización 
de 25.000 patacones, por perjuicios comercia- 
les recibidos. En 1826, diputado al Congreso 



Constituyente. Presidente de la Junta de Ad- 
ministración y Crédito público; de la Comisión 
de Inmigración y otras comisiones honoríficas; 
de 1831 al 36, presidente del Banco de la pro- 
vincia. Durante la tiranía emigró al Brasil y a 
Chile. Fue el progenitor del distinguido militar 
y literato general argentino D. José Ignacio 
Garmendia. Murió el 18 de mayo de 1864. 

Garrigós (Octavio). Abogado argentino. Nació 
en Buenos Aires, en 1834. Ejerció varios pues- 
tos públicos importantes, como vicepresidente 
de la Municipalidad, diputado al Congreso, 
presidente de una de sus Cámaras, miembro 
del Directorio del Banco, y fué autor de una 
Memoria sobre la creación y lej'es de este es- 
tablecimiento. Ha dejado inéditos algunos tra- 
bajos literarios. Murió en 1874. 

Garro (José de). Maestre de campo desde 1674 
hasta junio de 1678, que pasó al gobierno del 
Rio de la Plata. Hizo tres expediciones al inte- 
rior del Chaco, y en premio de sus servicios en 
Buenos Aires obtuvo del rey la presidencia de 
Chile, a la que pasó en 1682, en cuyo gobierno 
permaneció diez aflos. De regreso a España 
en 1693, fué provisto (1702) capitán general de 
Guipúzcoa, su patria, en donde murió, a los 
cuarenta años de servicios. 

Garzón (Eugenio). Militar uruguayo. Tomado 
prisionero por el general Iriarte en Santa Fe, 
en 1840. Gobernador militar de la provincia de 
Tucumán desde el 14 de septiembre de 1841, 
que ocupó la provincia, permaneciendo de 
guarniciónenlas inmediaciones de la ciudad, 
a la cabeza de una división de 1.300 hombres 
del ejército de Oribe, por la acefalia en que 
había quedado con la fuga del gobernador, de- 
legado de Avellaneda, José Martín Ferreira 
hasta el 4 de octubre, que el propietario, Gu- 
tiérrez, reasumió el mando gubernativo. Se ha- 
lló entre los vencedores de Famaillá, en 1841; 
Puntas de Palmar, en 1844; vencedor en la 
batalla de Vences, en el año 1847. Murió en la 
ciudad de Montevideo, el 1 de diciembre 
de 1851. 

Gaucho. El gaucho, el tipo orginal, caracterís- 
tico de nuestra sociedad, va desapareciendo, 
y ya se encuentran pocos ejemplares de ese 
tipo primitivo, que tenía por vasto escenario las 
dilatadas zonas de la pampa. «Vivía absoluto e 
independiente, con un individualismo propio y 
libre. Se emancipaba de sus padres apena» 
empezaba a sentir las primeras fuerzas de la 
juventud, y vivía abundantemente de las vol- 



CiAU 



201 - 



GAS 



teadas de los animales que Dios creó en el de- 
sierto. Armado del lazo, podía echar mano del 
primer potro que le ofrecía mejores condicio- 
nes para su servicio; escogía por su propio de- 
recho la vaca más gorda para mantenerse; si 
necesitaba algún dinero, derribaba tantos to- 
ros cuantos quería, les sacaba los cueros y los 
vendía en las aldeas.» (López.) Numerosos e 
interesantes eran los tipos gauchos. El ras- 
treador, el más extraordinario de todos, siem- 
pre grave, circunspecto, y cuyas aseveracio- 
nes han hecho fe durante mucho tiempo en los 
Tribunales inferiores. Cuéntanse de él cosas 
maravillosas: si un robo se ha ejecutado duran- 
te la noche, él encuentra la pisada del ladrón, 
la sigue, atraviesa huertas, calles, campos, 
hasta que, encontrando al culpable, dice fría- 
mente: "Este es^>, y para el pueblo, que loco- 
noce, su deposición es la evidencia misma; ne- 
garla sería ridículo. El famoso Galibar, el San- 
juanino y Díaz el riojano, se han salvado del 
olvido por su genio extraordinario de rastrea- 
dor. El baqueano conoce a palmo 20.000 le- 
guas de llanuras, con sus aguadas, sussenditas 
y sus vados ocultos; es el mejor mapa que 
puede llevar un general para dirigir los movi- 
mientos de su campaña; si la obscuridad es im- 
penetrable, arranca pastos, huele la raíz, los 
masca, y se orienta fácilmente. Rosas conocía 
por el gusto el pasto de cada estancia del Sud 
de Buenos Aires, y se sabe que el famoso ge- 
neral uruguayo Rivera no era sino un simple 
baqueano. El gaucho malo tiene por albergue 
los cardales, y vive de perdices y mulitas; per- 
seguido por la justicia desde hace muchos 
años, su nombre, sin embargo, es pronunciado 
sin odio y casi con respeto; si el acaso le echa 
entre las garras de la justicia, acomete a los 
soldados, y con su daga se hace paso, y ten- 
diéndose sobre el lomo de su caballo, desapa- 
rece como un ser misterioso. El cantor anda de 
pago en pago, de tapera en tapera, cantando 
sus héroes de la pampa perseguidos por la jus- 
ticia: la catástrofe de Facundo Quiroga, la 
muerte del valiente Rauch, las hazañas de 
Juan Moreira, o los combates de Gíiemes el 
salteño, agregando con frecuencia la relación 
de sus propia> fechorías. Es inseparable de su 
guitarra, y va siempre murmurando un cielito 
o algún triste plañidero y frígido. El domador 
es la encarnación del hombre del campo, que 
en titánica lucha con el potro salvaje le vence 
y quiebra sus bríos, reduciéndolo, como escla- 



vo sumiso, al menor de sus caprichos. Sin más 
recurso que el lazo, un par de riendas, su po- 
bre apero, su arreador y sus espuelas //oro/jas, 
este hombre ha vencido a la fiera. 

Gauchos. Los europeos han sabido clasificar 
de gauchos a los americanos del Sud, y con 
más generalidad a los argentinos, particulari- 
zándose con la gente de la campaña. Los es- 
pañoles, en un sentido despreciativo, asi llama- 
ban a nuestros valientes soldados de la guerra 
de la independencia. El general español La 
Serna, en una nota dirigida al jefe patriota 
Uriondo, fechada en Tarija el 14 de diciembre 
de 1816, con objeto de seducirlo le decía: 
«¿Cree usted, por ventura, que un puñado de 
hombres desnaturalizados y mantenidos con el 
robo, sin más orden, disciplina ni instrucción 
que la de unos bandidos, puede oponerse a 
unas tropas aguerridas y acostumbradas a 
vencer las primeras de Europa, y a las que se 
haría un agravio comparándolas a esos que se 
llaman gauchos, incapaces de batirse con tri- 
plicada fuerza, como es la de su enemigo?» 
Esos gauchos de esforzado aliento, que empe- 
zaron por guerrilleros para concluir por famo- 
sos veteranos, fueron y son el núcleo de los 
ejércitos de la patria, que sostuvieron con su 
valor la gloriosa revolución de mayo, consoli- 
daron nuestra independencia y hasta ahora 
han levantado bien alto el honor nacional. In- 
justo anduvo el general español con ellos, bien 
que hasta entonces no conocía ni su temple, ni 
su patriotismo, ni su noble abnegación. Más 
tarde, empezando a conocer a los gauchos, a 
estos centauros de las pampas argentinas, el 
general español Valdés exclamaba: A este 
pueblo no lo conquistaremos jamás, y así fué. 
Pero lo que hay que decir respecto a los 
gauchos de toda la república en aquel enton- 
ces es que, a causa de la escasez de armamen- 
to en los ejércitos de la Patria, no todos esta- 
ban provistos de sable y carabina, no; muchos 
se presentaban a la pelea armados solamente 
de garrotes, lazos y bolas, y estos gauchos, 
acercándose con suma sangre fría a las tropas 
enemigas, a lazo se sacaban a los infantes rea- 
listas y del mismo modo arrebataban a los cen- 
tinelas de los puestos avanzados. Tal es el re- 
trato, en su mínima expresión, de los gauchos 
argentinos. 

Gascón (Esteban Agustín). Jurisconsulto. Nació 
en Buenos Aires, en 1764. En la Universidad 
de Charcas se graduó de doctor en Leyes. Con- 




D. Esteban Gazcón 



GAV - 202 

Juez de la Real Audiencia en 1810. Goberna- 
dor de Salta en 
1813. Signatario 
del acta de la in- 
dependencia co- 
mo representante 
de Buenos Aires. 
Secretario de Ha- 
cienda del Direc- 
torio hasta 1819. 
En septiembre de 
1820 fué nombra- 
do diputado se- 
cretario de la 
Junta de Repre- 
sen ta nt es , y 
miembrode la Cá- 
mara de Justicia dos años después. Murió en 
Buenos Aires, el 24 de junio de 1824. 
Gavilán (batalla del cerro de). El ejército ven- 
cedor en Chacabaco no reposó un instante 
después de la victoria, y marcharon sus divi- 
siones a distintos puntos, donde el enemigo aun 
se sostenía en territorio chileno. La división 
del coronel Las Heras había marchado hasta 
las inmediaciones de la ciudad de Concepción, 
pero no teniendo fuerzas suficientes para ata- 
carla, se situó en el cerro de Gauildn, de 
donde operaba, en tanto se le incorporaba una 
columna que conduela el mismo presidente de 
Chile, general O'Higgins. El general español 
Ordóñez, que contaba con doble o triple núme- 
ro de fuerzas, deja a Concepción y avanza 
contra los patriotas, que lo reciben con de- 
nuedo. El combate se hace sangriento y reñi- 
do, hasta que los españoles se pronuncian en 
derrota, dejando sobre el campo de batalla la 
mayor parte de su artillería y gran número de 
muertos y prisioneros. Una hora después llega 
O'Higgins, y encuentra a la división de Las 
Heras festejando el triunfo. La toma de Con- 
cepción se siguió a esta victoria, el 5 de mayo 
de 1817. 
Gelly (Juan Andrés). Natural del Paraguay. 
Abobado. Su nombre figura entre los que sus- 
cribieron el acta del 25 de mayo. Como secre- 
tario del ejército republicano concurrió a la 
guerra contra el Brasil. Fué secretario del ge- 
neral Paz. Jefe de Policía de la capital. Emi- 
gró a Montevideo, tomando parte activa en la 
politxa, siendo nombrado enviado extraordi- 
nario y ministro plenipotenciario del Paraguay 
cerca del Brasil. Y de regresos su patria falle- 




D. Juan Andrés Geliy 
y Obes. 



GIB 

ció en la Asunción, el 24 de agosto de 1859. Era 
padre del general del mismo nombre y apellido. 
Gelly y Obes (Juan Andrés). Nació en 20 de 
mayo de 1815 Hijo del anterior. Se enroló 
como soldado en la 
legión auxiliar de 
Montevideo, al 
mando del coronel 
José M. Albarifto, 
en 1839. Alférez en 

1841, llegando a ca- 
pitán a fines de 

1842, en cuyo gra- 
do marchó a la lí- 
nea de fortificacio- 
nes a principios del 
43, haciendo toda 
la campaña y de- 
fensa de Monte- 
video. Se incorporó más tarde al general 
Paz, que se hallaba en Corrientes. En 1846, 
coronel. Emigró al Brasil, y vuelto a su pais 
en 1854, y establecido en él definitivamente, 
fué reconocido en su clase de coronel e incor- 
porado al ejército de Buenos Aires por el Go- 
bierno del Dr. Pastor Obligado. Comandante 
general de marina. En el sitio de Buenos Aires 
tenia el comando de toda la derecha de la lí- 
nea (de calle Cangallo hasta la Ribera); minis- 
tro de la Guerra de D. Felipe Llavallol; presi- 
dente del Senado por renuncia del titular, doc- 
tor D. Valentín Alsina; diputado; nuevamente 
ministro de la Guerra del general Mitre (1862)5 
jefe del Estado Mayor general del ejército de 
la República en campaña, en guerra contra el 
Gobierno del Paraguay, cargo que desempeñó 
hasta fines de 1368, concurriendo a la batalla 
de Lomas Valentinas, etc., etc. Fué un militar 
infatigable. Hizo también la campaña contra 
López Jordán. Murió el 19 de septiembre de 
1904, a los ochenta y nueve años, desempe- 
ñando la presidencia del Consejo Supremo de 
Guerra y Marina, de cuya institución fué pri- 
mer presidente. 

Gibson (Roberto). Marino. Inglés. Tomó parte 
en la lucha de la independencia en la escuadra 
comandada por Brown. Se halló en el bloqueo 
y en los combates que tuvieron lugar en las 
aguas de Martín García y en Montevideoí 
en 1814, como segundo comandante de la fra- 
gata Hércules, donde hizo un papel brillante, 
capturando una parte de las naves, resultando 
la rendición de la plaza. 



GIL 



- 203 - 



GOD 



Gil de Nesrrete (Francisco). Maestre de cam- 
po, ex KDbernador de Valdivia, de donde pasó 
a la gobernación de Tucumán por el mes de ju" 
nio de 1(350 hasta 1651. Fué muy político. Em. 
pezó por atraerse c^n dulzura a los indios. Sus 
proyectos, que eran el de hacer la conquista de 
\os mocalingastas del descubrimiento de varios 
minerales que ocultaba en sus entrañas el valle 
de Calchaquí, etc., quedaron desvanecidos con 
su fallecimiento, acaecido el 13 de junio de 1651, 
con universal sentimiento de toda la provincia^ 

Giribone (José). Militar. Nacido en Genova 
en I8'23. Muy joven tomó participación en la 
política de su país, y, perseguido, emigró a 
Montevideo, alistándose allí en la Legión ita- 
liana. Concurrió a Casemos con el ejército li- 
bertador. Peleó contra los indios e hizo las 
campañas de Cepeda y Pavón, conquistando 
Sus grados uno por uno, hasta teniente coro- 
nel. En la guerra del Paraguay se halló en Co- 
rrientes, Yatay y Curupayti, donde fué herido, 
como también lo fué por segunda vez en 1866, 
al practicar un reconocimiento. En 1868 salió 
con su batallón a practicar una descubierta, 
cuando de pronto fué atacado por fuerzas de 
caballería, y cayó acribillado por 18 heridas, el 
18 de febrero. En el ejército fué muy popular: 
se le conocía generalmente por «D. Pipo». Era 
hombre ¡lustrado y culto, siendo músico de no 
escaso mérito. Fué autor de la famosa marcha 
del Tala. 

Gobernadores (Río de la Plata): Juan Torres 
de Vera y Aragón, gobernó hasta 1591; Juan 
de Garay fué su teniente; Alonso de Vera go- 
bernó en 1591; Hernando Arias de Saavedra 
gobernó hasta 1594; Juan Ramírez de Velascot 
desde 1595 a 1597; Fernando de Zarate, des- 
de 15S7 a 1598; Diego Valdés de la Banda, des- 
de 1598 a 1601; Hernando Arias de Saavedra, 
desde 1602 a 1609; Diego Martín Negrón, des- 
de 1610 a 1615; Hernando Arias de Saavedra, 
desde 1615 a 1620. 

En esta época el gobierno se dividió en dos, 
que lo fueron: Gobierno del Paraguay y de 
Buenos Aires. 

Gobernadores (Buenos Aires): Diego de Gón- 
gora, desde 1620 a 1623; Alonso Pérez de Sa- 
lazar, desde 1623 a 1624, Francisco de Céspe- 
des, desde 1624 a 1632; Pedro Esteban de Avi- 
la, desde 1632 a 1638; Cueva Benavides, des- 
de 1638 a 1&40; Ventura Mujica, en 1640; Pedro 
de Rosas, en 1641; .A.ndrés de Sandoval, en el 
aflo 1641; Jerónimo Luis de Cabrera, des- 



de 1641 a 1646; Jacinto de Láriz, desde 164^ 
a 1653; Pedro Ruiz Baigorría, desde 1653 
a 1600; Mercado y Villacorta, desde 1660 
a 1661; José Martínez de Salazar, desde 1662 
a 1674; Andrés de Robles, desde 1674 a 1678 
José de Garro, desde 1678 a 1682; José de H 
Herrera, desde 1682 a 1691; Agustín de Robles 
desde 1691 a 1700; Manuel del P. Maldonado 
desde 1700 a 1703; Valdés Inclán, desde 1703 
a 1703; Manuel de Velasco, desde 1703 a 1712 
Alonso Arce y Soria, en 1712; García Ros, des 
de 1712 a 1714; e! marqués de Salinas, des 
de 1714 a 1717; Bruno Mauricio de Zavala 
desde 1717 a 1734; Mig'iel Salcedo, desde 1734 
a 1742; Ortiz de Rozas, desde 1742 a 174c 
José de Andonaegui, desde 1745 a 1756; Pedro 
de Cevallos, desde 1756 a 1766; Paulo Buca 
relli, desde 1766 a 1770; Juan J. Vértiz, des- 
de 1770 a 1777. 

Desde este aflo se erigió a Buenos Aires en 
capital del virreinato. 
Godoy Cruz (Tomás de). Político. Nació en 
Mendoza, el 6 de marzo de 1791. Se educó en 
Chile, graduán- 
dose de bachiller 
en Filosofía el 28 
de abril de 1810, 
y en Sagrados 
Cánones y Leyes 
el 4 de febrero de 
1813, año en que 
el Cabildo de San- 
tiago lo eligió sin- 
dico procurador. 
En 1814 pasó a 
Mendoza, donde 
San Martín orga- 
nizaba su ejérci- 
to, quien encon- 
tró en Godoy 
Cruz un notable colaborador y ferviente pa- 
triota. Entre otros actos de desprendimien- 
to, donó una casa para establecer la fábri- 
ca de pólvora. En 1816 fué electo represen- 
tante ante el Congreso de Tucumán que de- 
claró la independencia. En dicho Congreso fué 
vicepresidente y presidente, sucesivamente, 
en 1816 y de 1817 al 1819. Gobernador de 
Mendoza en 1820. En 1822 fué electo repre- 
sentante de Mendoza, ante el Gobierno de 
Buenos Aires, para tratar de la unión nacio- 
nal. De 1825 a 1827 fué presidente de la Le- 
gislatura mendocina, y en 1829 y 30 fué gober- 




D. Tomás de Godoy Cruz. 



GOD 



- 204 — 



GON 



nador provisorio. Emigró a Chile en 1831. 
Vuelto a Mendoza, falleció el 15 de mayo 
de 1852. 

Godoy (Juan Gualberto). Poeta popular argen- 
tino. Nacido en Mendoza, el 12 de julio de 
1795. En 1817 hizo un viaje a Buenos Aires y 
se relacionó con el Dr. Lafinur (v.). Publicó 
entonces en El Verdadero Amigo del Pueblo 
sus primeras composiciones, las que le dieron 
mucha celebridad. En 1824 fundó en Mendoza 
el Eco de los Andes; dos años después, el Iris 
Argentino y el Huracán, periódico satírico de 
circunstancias, escrito en verso. Redactó El 
Coracero, que le valió su destierro a Chile. 
Durante su residencia en Santiago fué maes- 
tro de escuela, maestro de caligrafía, oficial 
de la Intendencia, y después oficial de la Le- 
gación de Chile en el Perú. En 1853 fué nom- 
brado diputado al Congreso de su patria, ho- 
nor que renunció. Murió en Mendoza, el 16 de 
mayo de 1864. 

Gómez (Crisanto). Gobernador de Catamarca 
desde 1868 al 25 de mayo de 1871. Hizo un 
buen gobierno. Casi todos los departamentos 
carecían de escuelas; en su gobierno se crea- 
ron como 20, sin contar las costeadas por los 
particulares, concurriendo de 2.000 a 2.500 
alumnos. La confianza pública se restableció a 
la par que el crédito del Gobierno; los sueldos 
de los empleados se pagaban con toda regula- 
ridad; se hicieron reformas en el edificio de la 
Casa de Gobierno, de ornato en la capital y en 
algunos departamentos do campaña; se levan- 
tó el plano e hízose la delineación de Aldalga- 
lá; una escuela en Saujil; se arreglaron los ca- 
minos vecinales, particularmente las cuestas 
de las sierras de Aneaste y Alto; se desarrolló 
la industria, etc., etc. Durante el corto inte- 
rinato de D. Alanuel J. Navarro, por licencia 
de Gómez, se crearon nuevas escuelas en el 
distrito de Amadores, Pachí y Valle Viejo. 

Gómez (José Mariano). Tucumano. Uno de los 
héroes de Tambo Nuevo Tomado prisionero 
meses después en Humahuaca, por los españo- 
les, fué fusilado. 

Gómez (José Valentín). Nació en Buenos Aires, 
el 8 de noviembre de 1774. Estudió en el Cole- 
gio de San Carlos, y se recibió de doctor en 
Teología en la Universidad de Córdoba. Des- 
empeñó durante el período colonial diversos y 
muy interesantes cargos, hasta que obtuvo, en 
concurso, el curato de Nuestra Señora de Gua- 
dalupe» , en los Canelones (Banda Oriental), 



donde inició su gloriosa carrera de revolucio- 
nario. En la batalla de las Piedras se distin- 
guió como capellán militar por su denuedo y 
abnegación, a la par del insigne patriota pres- 
bítero Figueredo, de la Florida, siendo ambos 
recordados con insigne honor en el parte de la 
acción. Trasladado a Buenos Aires poco des- 
pués de estos sucesos, tuvo figuración honro- 
sa en la vida pública, tanto en lo político como 
en lo eclesiástico. Canónigo de merced de la 
catedral, ascendió gradualmente hasta la se- 
gunda dignidad del Senado eclesiástico, que 
desempeñaba a su muerte, y fué dos veces, en 
1813 y 21, provisor y gobernador del obispa- 
do. Como educacionista fué catedrático en di- 
versos períodos en nuestros más notables Ins- 
titutos y rector de nuestra Universidad desde 
1826 a 1830. En el orden político, sus servicios 
fueron eminentes: miembro de la famosa Asam- 
blea Nacional de 1813; consejero de Estado en 
el Directorio supremo; representante del Go- 
bierno argentino en las oberturas de paz con 
Montevideo, en 1814; enviado extraordinario 
ante las Cortes de la Gran Bretaña y Francia 
desde 1818 a 1821; diputado ante la del Brasil 
para reclamar la provincia oriental, detentada 
por el Imperio; diputado en 1823; representan- 
te en la Legislatura de Buenos Aires y en el 
Congreso Nacional Constituyente de 1825-27. 
Terminó su vida el 20 de septiembre de 1833, 
rodeado por los altos y luminosos prestigios 
que le granjearon sus relevantes virtudes reli- 
giosas, morales y políticas, y por los servicios 
notables que prestó a su país, del que puede 
contarse uno de sus más ilustres ciudadanos. 

Gónsfora (Diego de). Habiéndose dividido la 
provincia del Paraguay de la de Buenos Aires, 
el 17 de noviembre de 1617, se nombra primer 
gobernador de Buenos Aires a Diego de Gón- 
gora. Su mala comportación le acarreó disgus- 
tos, que le produjeron la muerte tres afios des- 
pués. Su delito principal habia sido permitir y 
hasta usufructuar del contrabando. Por su ca- 
rácter amable y comunicativo se captó las sim- 
patins de la población. 

González y Lavalle (María Mercedes). Pa- 
tricia argentina. Natural del Pergamino, pro- 
vincia de Buenos Aires, en cuya guardia nació, 
estando su padre en servicio de esa frontera, 
por el año de 1776. Madre del bravo general 
argentino D. Juan Lavalle. Cuando tuvo lugar 
la sorpresa de Buenos Aires por los ingleses, 
en 1800, seenco.itraba esta dama en la capital 



GOR 



- 205 - 



GORR 



de Chile con su familia. Apenas se supo allí la 
noticia de la conquista y la defensa, enajenó 
sus alhajas para su donativo con destino a los 
huérfanos y viudas, el que entregó a la presi- 
denta María Luisa Esterripa de Muñoz, man- 
dando acuñar por el artista Arrabal una canti- 
dad de preciosas medallas conmemorativas, de 
plata, con figuras alegóricas y esta leyenda: 
Anverso: D.° Mercedes González y Lavalle, a 
los ilustres defensores. Reverso: De su rey y 
de su patria— Liniérs, Concha y Lasala. Exer- 
go: Pudiste sorprenderme— pero no vencer- 
me—Buenos Aires sorprendida— junio 27 de 
1806— Buenos Aires defendida— Día 5 de julio 
de 1807. Falleció eu Buenos Aires, el 10 de 
mayo de 18-20. 
Gorostiasra (José Benjamín). Abogado. De la 
ciudad de Santiago del Estero. Nacido el 31 de 

marzo de 1822. 

Ministro de Ha- 
cienda del gober- 
nador López en 
25 de junio de 

1852. Asesor de 
gobierno y audi- 
tor de Guerra y 
Marina de Urqui- 
za. Miembro de 
la Convención 
Constituyente de 

1853. En esa 
Asamblea se dis- 
tinguió por su 
ilustración y co- 
mo orador de clarísimo ingenio, de palabra 
concisa y lógica contundente ¿Ministro pleni- 
potenciario; ministro del Interior; miembro de 
la Suprema Corte Nacional; ministro de Ha- 
cienda durante la administración de Sarmiento. 
En 1877, presidente de la Corte Suprema de 
Justicia, puesto que desempeñó durante diez 
años. Candidato a la presidencia de la Repú- 
blica en 1SS5, se eliminó noblemente. Retirado 
a la vida del hogar, alejado por completo de 
la política, falleció en Buenos Aires, el 3 de 
octubre de 1891. 

Gorrlti(José Ignacio). Militar y abogado. Na- 
ció en Jujuy, en 1770. Hizo sus estudios en la 
Universidad de Córdoba y en Chuquisaca ob- 
tuvo el titulo de abogado. Se halló en Tucumán 
y en Salta, y más tarde se incorporó a las fuer- 
zas de Quemes. Electo diputado por su provin- 
cia ante el Congreso de Tucumán, en 1816, dio 




D. José Benjamín Gorostiaga. 




D José Ignacio Gorritl. 



pruebas de su carácter y alto buen sentido. En- 
1828 fué electo gobernador de Salta, en cali- 
dad de delegado; 
pero a la noticia 
de una nueva in- 
vasión realista, 
salió a campaña 
al frente de («O 
hombres, mar- 
chando hacia Ju- 
juy, sorprendien- 
do a la vanguar- 
dia de Olañeta, 
sitiándola en la 
boca de una que- 
brada y rindién- 
dola a discreción 
con armas y ba- 
gajes. Esta jornada es la conocida con la de- 
nominación de «Día grande de Jujuy- . Desde 
1827 desempeñó por segunda vez el gobierno 
de esta provincia. Durante la tiranía tuvo que 
emigrar a Bolivia, donde murió, el 25 de mayo 
de 1»42. 
Gorritl Juana Manuela) Hija del anterior. In- 
signe escritora. Nacida en la provincia de Sal- 
ta, el 15 de junio de 1818. Fueron sus padres 
el ya indicado y D.° Feliciana Truviría, ambos 
de la aristocracia salteña. Educóse en un cole- 
gio de monjas Salesas, y desde temprana edad 
puso en evidencia sus brillantes dotes intelec- 
tuales. En Bolivia 
contrajo matri- 
monio con el ca- 
pitán Manuel J. 
Belzú , guerrero 
y revolucionario 
de gran actuación 
en su país, quien 
más tarde ascen- 
dió a general y 
fué presidente de 
1848 a 1855. Este 
hombre, verdade- 
ro ídolo de las 
multitudes de su 
patria, no tuvo felicidad duradera en su ma- 
trimonio, y desde que asumió la presidencia 
hasta el fin de sus días vivió separado de su 
mujer, sin intentar una reconciliación. El ge- 
neral Belzú murió asesinado por su pariente 
José Sánchez, en 1881, y la señora de Gorritl, 
que se hallaba en la ciudad de La Paz, acudió 




D.' Juana Manuela Gorritl. 



GOY 



en esa triste hora a cumplir piadosamente con 
sus deberes de esposa. Los rigores de la po- 
breza nunca abatieron las energías de su espí- 
ritu, y en horas difíciles ejerció de institutriz y 
de maestra de escuela en el Perú y en Bolivia. 
Sus famosas veladas en su casa de Lima eran 
el punto de reunión de lo más granado de la 
sociedad limeña. Políticos, escritores, músicos, 
rodeaban a esta mujer, dotada de raro talento, 
disfrutando de su originalísima conversación, 
siempre engalanada con nuevos y brillantes gi- 
ros en cada una de las narraciones de su inago- 
table repertorio. Vida intensa fué la suya, pues 
Juana Manuela Gorriti dejó huellas de sus pa- 
sos en las letras, en la educación y en la socia- 
bilidad de su época. Murió el 6 de noviembrede 
]S-y2, en Buenos Aires, en la casa calle Santa 
Fe, 1.007, y la noticia de su muerte causó hon- 
da impresión y pena en el país y repercutió 
en Bolivia y en el Perú. Las obras que dejó 
escritas, para honra de las letras americanas, 
fueron estas: Panoramas de la vida. Sueños y 
realidades, El mundo de los recuerdos. Oasis 
en la vida, A orillas del Paraná, Tierra natal. 
Aura a Rosa. La quena. Vida del general 
Gúemes, Coincidencias, Perfiles contemporá- 
neos. Veladas literarios, cuatro tomos, y Mis- 
celáneas, etc. 

Goya (combate). Los jefes correntinos D. José 
Luis y D. Domingo Escobar, que defendían la 
causa de Buenos Aires contra el caudillaje, 
son sorprendidos y derrotados en un combate 
que libran cerca de Goya con el jefe inglés 
D. Juan Tomás Asdet, al servicio de Artigas 
(el 5 de mayo de 1S19). Los dos hermanos son 
muertos sin querer rendirse, y sus cabezas 
puestas en exhibición en la plaza de Co- 
rrientes. 

Goyena (Benito José del. Natural de Buenos 
Aires. Comenzó sus servicios en 1810, en el 
cuerpo de Dragones. Comisario de marina en 
18'27, y el 12 de abril del mismo año, comisario 
general de marina, cesando en sus funciones 
el 4 de diciembre de 1829. Falleció de la fiebre 
amarilla, el 19 de marzo de 1871. 

Goyena (Pedro). Literato y jurisconsulto. Emi- 
nente orador. Nació en Buenos Aires, el 24 de 
julio de 1843. Nombrado profesor de Filosofía 
en el Colegio Nacional a los veintiún años 
de edad. Diputado a la Legislatura de la pro- 
vincia de Buenos Aires, en 1870. Miembro de 
la Convención Constituyente. Catedrático de 
Derecho romano en la Facultad de Derecho y 



206 - GRA 

Ciencias sociales de Buenos Aires. Diputado 
nacional de 1880 al 1884. Murió en Buenos 
Aires, el 17 de mayo de 1892. 

Granaderos. Regimientos formadosdurante las 
invasiones inglesas y la guerra de la indepen- 
dencia. Del primero, alistado en 1806 y 1807, 
designado Granaderos provinciales, fué co- 
mandante D. Juan Florencio Terrada, y en la 
guerra de la independencia fué fundador y jefe 
del regimiento de Granaderos a Caballo el 
general D. José de San Martín. De este cuer- 
po egresaron más de cuarenta generales: «fué 
el núcleo de los ejércitos que estaban destina- 
dos a dar la libertad a la mitad de la América 
del Sud». El cuerpo de Granaderos que com- 
batió durante las invasiones inglesas llevaba 
uniforme de casaca larga, con solapas y vuel- 
tas rojas, y chacó de penacho del mismo color, 
y gueltras. El regimiento creado por San Mar- 
tín, en 1812, usaba uniforme azul con vivos ro- 
jos, casaca larga, morrión con un plumacho 
rojo y botas granaderas, que es exactamente 
igual al del cuerpo organizado en 1903 por el 
ex ministro de la Guerra general Richieri. 

Grande (fray Juan). Español. Nacido en la pro- 
vincia de Lugo, el 29 de marzo de 1778 Se de- 
dicó a la marina, 
y durante un via- 
je al Río de la 
Plata, el barco en 
que venía naufra- 
gó. Grande, en 
peligro inminente 
de muerte, hizo 
entonces la pro- 
mesa de que si se 
salvaba ingresa- 
ría en una Orden 
religiosa, y ;i^í 
sucedió. El *_'• i! 
febrero de Kiuó 
tomó el hábito en 
el convento de 

Santo Domingo, en Buenos Aires. Pasó a 
Santiago del Estero, donde fué el apóstol 
de la enseñanza primaria. En 1909 se colo- 
có la primera piedra de un templo dedicado 
a la memoria del gran educador: «Grande, 
con sus virtudes y su esfuerzo, salvó la civili- 
zación de esta provincia». Y en verdad, su 
figura resume toda la historia educacional de 
la provincia, desde la revolución hasta cinco 
años después de la batalla de Caseros. Du- 




Fray Juan Grande. 



QRI 

rante ese medio siglo su escuela fué la única 
en que la juventud santiaguefla pudo iniciarse 
en la vida del espíritu. Gracias a él se halló, 
pues, preparada al salir de la tiranía de Iba- 
rra para seguir el movimiento de progreso de 
la República y pudo contribuir al engrandeci- 
miento nacional. Este noble dominico falleció 
el 17 de abril de 1882. 
Grlgera (Tomás). Alcalde de barrio y quintas. 
Nació a mediados del siglo xviii, dedicándose 
desde muy joven a la agricultura, habiendo lle- 
gado a ser un verdadero profesional. Era con- 
sultado para toda dificultad con respecto a 
calidad o especies de semillas frutales. Publi- 
có un libro, el primero, de su índole, titulado 
Manual de Agricultura, que fué impreso en la 
Imprentado Niños Expósitos. Se halló en las 
invasiones inglesas. Fué eficaz su acción en la 
revuelta del año 11. Fué, en unión de Adrogué 
y Pórtela (v.), fundador del pueblo de Lomas 
de Zamora. Dice el Dr. López hablando de 
Grigera: «Era éste un buen paisano de los su- 
burbios del Oeste, que desde las jornadas de 
los años 6 y 7 se había captado el cariño de 
las clases plebeyas que residían en esos luga- 
res, de quintas y eriales, que circuían enton- 
ces la parte edificada de la capital, desde la 
Recoleta a San José de Flores, y desde ahí a 
los distritos del rio de Barracas. Había ejerci- 
do siempre el cargo de alcalde con un celo 
ejemplar, y con tal tino, que era querido, res- 
petado, obedecido; y que, ya como juez, ya 
como arbitro, se entendía admirablemente con 
esos vecindarios de gentes pobres, adueñadas 
de su terruño y de sus ranchos, en donde ha- 
bía de todo, vagos, quinteros, leñadores, ca- 
rretilleros, criadores de aves, y todo eso así 
revuelto y en relaciones más o menos even- 
tuales con la justicia y con la administración 
de la ciudad. Allí era donde estaba el almaci- 
go de los Cívicos o Patricios del segundo y 
del tercer Tercio, y donde el coronel Saave- 
dra era una reputación virreinal del día. Con- 
tra ese elemento era también en el centro don- 
de se iba organizando poco a poco la fuerza 
militar reglada y de cuartel, sin miras positivas 
por el momento, pero destinada por su propia 
índole a distanciarse de la entidad «Orillera». 
Inútil es decir que el alcalde Grigera era un 
fervoroso admirador y sectario ciego de las 
órdenes del presidente Saavedra. Este exce- 
lente paisano era generalmente conocido con 
el titulo de «El Alcalde de las Quintas». 



207 - GUA 

Grfveo (Lázaro). Uno de los 63 compafleros de 
D. Juan de Garay en la fundación de Buenos 
Aires, el 1 1 de junio de 15S0. Nacido en Améri- 
ca e hijo de Leonardo Gríveo, que vino con don 
Pedro de Mendoza en 1535. En el plano de 
repartimiento fué agraciado con un cuarto de 
manzana en la ciudad, en una de las esquinas 
actuales de San Martin y Bartolomé Mitre, y 
dos suertes de tierra en los alrededores, de 
400 varas de frente por una legua de fondo, y 
otra de 3.000 varas de frente, con fondo «hasta 
la frontera de las casas de losguaraníi s». 

Guachas (combate) (13 de junio de 1820). Los 
caudillos Ramírez y Artigas, que se disputaban 
la preponderancia del litoral, se declaran en 
abierta hostilidad. Artigas, después de haber 
sido derrotado por los portugueses en la Ban- 
da Oriental, se había refugiado en la provincia 
argentina de Corrientes y formado un nuevo 
ejército de 2.000 a 2.500 hombres, con el que in- 
vade a Entre Ríos en busca de Ramírez, quien 
le sale al encuentro con 500 a 600 hombres de 
caballería, y le presenta combate en las Gua- 
chas, costa de Gualeguay. Ramírez es des- 
hecho, dejando a Artigas no muy bien parado. 

Gualeguaychú ^combate). El coronel D. Lu- 
ciano González, al frente del regimiento Nogo- 
yá, había salido del Uruguay y emprendido una 
marcha rápida y sigilosa, hasta presentarse en 
los suburbios de Gualeguaydm, centro de los 
recursos con que contaba la rebelión de López 
Jordán. Un momento después toma el pueblo 
sosteniendo un combate con algunas partidas 
enemigas dentro de la misma pcblación y con 
las fuerzas del rebelde Mérmelo, que fué en su 
auxilio. Al día siguiente, 18 de octubre de 1873, 
se reúne con el batallón 15 de abril, que llegó 
embarcado, y hace una batida al enemigo en la 
extensión de algunas leguas, con?iguiendo apo- 
derarse de buenas caballadas y recibiendo al- 
gunos presentados. 

Gualegnaychú (fundación). Don Tomás de 
Rocamora, comisionado por el virrey de Bue- 
nos Aires D. Juan José de Vértiz, funda la 
ciudad de Gualeguaychú en el territorio de 
Entre Ríos, el 20 de octubre de 1783. 

Guaraní (raza de indios). Esta raza comprendía 
muchas tribus, algunas de éstas compuestas 
apenas de 40 o 50 individuos, y se diferenciaban 
algo en su lengua, así como en algunas de sus 
costumbres. Estas tribus ocupaban una parte 
considerable de la América del Sud. En el te- 
rritorio que hoy forma la República Argentina, 



GUA 



- 208 - 



GUE 



ocnpaban las actuales provincias de Santa Fe, 
Entre Ríos, Corrientes, parte de las de Cór- 
doba, Santiago del Estero, Buenos Aires y el 
Chaco. Las tribus principales eran: los chanaes, 
en las islas del delta del Paraná y a la altura 
del Baradero, en la provincia de Buenos Aires; 
los mintianes, en Entre Ríos; los caracaes, en 
Corrientes; los abipones y timbúes, en Santa 
Fe; los tobas, agaces, guaycurúes y muchos 
otros, en el Chaco. Celebrábanse fiestas, que 
consistían en bailes y que terminaban en borra- 
cheras, y a veces en riñas. Creían en un ser 
supremo y en espíritus maléficos. Vivían desnu- 
dos completamente algunos, y otros se cubrían 
con una especie de delantal muy pequeño. Usa- 
ban adornos de oro, plata y plumas de varia- 
dos colores. Las armas que usaban eran el ar- 
co, la flecha, la lanza y la macana (maza de 
madera dura). Los medios que se valían para 
atravesar y recorrer los ríos eran rústicas ca- 
noas y piraguas, formadas con troncos de ár- 
boles aplanados y ahuecados, y las balsas, que 
consistían en un conjunto de troncos unidos y 
colocados al lado uno del otro. Cada tribu obe- 
decía a un jefe, cacique; pero la autoridad de 
éste era muy limitada. Cuando era probable 
una guerra se reunían para elegir un jefe, de- 
signando siempre al más valiente. Los guara- 
níes eran holgazanes. Su ocupación se reducía 
a la confección de las armas y a la pesca y cazai 
con el fin de procurarse víveres. Las tribus 
agricultoras cosechaban maíz, mandioca, bata- 
tas, zapallos, etc., etc. 

Guardia Vieja (combate). La vanguardia de la 
divi'íión Las Heras, al mando del sargento ma- 
yor D. Enrique Martínez, tiene un reñido com- 
bate en la Guardia Vieja (cordillera de los 
Andes) con fuerzas españolas que guarnecían 
los Andes por el camino de Uspallata. El re- 
sultado del ataque fué la toma de la posición 
ocupada por los realistas, haciéndoles 43 pri- 
sioneros, dos subtenientes y, a más 25 bajas, 
ocupando después los vencedores la población 
de Santa Rosa de los Andes, el día prefijado 
por San Martín para unirse con el grueso del 
ejército y proseguir las hábiles combinaciones 
estratégicas del plan de su campaña liberta- 
dora. 

GnaBco (combate). Acción de guerra en el paso 
de los Andes (5 de febrero de 1817). Entre el 
comandante D. Francisco Zalada, del ejército 
republicano, y un cuerpo del ejército español, 
siendo vencedores los primeros. 



Guayabos (combate). Una división artiguista al 
mando del comandante D. Fructuoso Rivera, 
libra un encarnizado combate el 10 de enero 
de 1815, contra las tropas argentinas al mando 
del coronel D. Manuel Dorrego, en las cerca- 
nías de Guayabos, departamento del Salto, en 
la República Oriental del Uruguay. El triunfo 
fué de Rivera, teniendo Dorrego que reti- 
rarse. 

Guayaquil. Provincia y ciudad de la Repú- 
blica del Ecuador. Es la ciudad más impor- 
tante del país y centro principal del comercio 
exterior. En ella tuvo lugar la célebre entre- 
vista entre los generales San Martín y Bo- 
lívar, quienes después de largos años de 
combatir en ambos extremos de la América, 
se encontraron allí, al frente de sus legiones 
victoriosas. En esta entrevista se trató de la 
continuación de la guerra de la independencia, 
y el general San Martín, con su habitual mo- 
destia y desinterés, cedió el campo de la gloria 
a su rival, retirándose desde entonces y para 
siempre del Perú, 

Güemes (Juan Martín). Guerrero de la inde- 
pendencia. Nació en la ciudad de Salta, el 9 de 
febrero de 1785. 
Se encontraba en 
Buenos Aires cuan- 
do la invasión in- 
glesa, tomando 
parteen la recon- 
quista y defensa 
en el batallón Fijo, 
batiéndose con de- 
nuedo. Se halló en 
Suipacha con el 
grado de capitán. 
San Martín le en- 
comendó a Güe- 
mes la defensa de 

las fronteras de Salta, a cuyo efecto convirtió 
a loshabitantesde Jujuy y Saltaen soldados, y 
por medio de sus partidas de gauchos, obtuvo 
numerosos e importantes triunfos. Durante 
cuatro años veló incesantemente sobre su ca- 
ballo de pelea, espiando los desfiladeros, el 
valle y la montaña. Sus soldados lo idolatra- 
ban y llegaron a creer ser invencibles bajo las 
órdenes del tal jefe. Güemes rechiizó nueve 
invasiones del ejército español a Salta, pere- 
ciendo en la última a consecuencia de haber 
sido herido por una partida de soldados espa- 
ñoles, que habían penetrado en la ciudad du- 




General D. Martin Quemes. 



GUE 



- 209 — 



GUI 



rante la noche. Murió a los treinta y seis años 
de edad, el 17 de junio de 1821, en el bosque 
de la Cruz, en el punto denominado «La Higue- 
ra", a la sombra de un cebil colorado, y al día 
siguiente fué sepultado en la capilla de Clia- 
mical, hoy San Francisco. Al año siguiente 
fueron trasladados sus restos a Salta y sepul- 
tados con gran pompa en la catedral. El 14 de 
abril de 1877 fueron nuevamente trasladados, 
de la catedral al cementarlo donde al presen- 
te existen. Dice el Dr. López: «Güemes era de 
talla alta y delgada, que se encorvaba algo ha- 
cia adelante, con ese movimiento agraciado y 
ondulante del mimbre, que el hábito del caba- 
llo da a la peculiar manera con que nuestros 
gauchos lo montan y lo manejan. Tenía la fiso- 
nomía vivaz, la nariz aguileña, poca barba, 
como los hombres de temperamento bilioso; el 
ojo centelleante y maneras adaptadas, ya fuese 
que tratase con gentes cultas, con damas sobre 
todo, con las que era asaz cumplido, ya que se 
abandonase a la familiar originalidad con que 
sabía encantar y entusiasmar a los gauchos de 
Salta. ..:> 
Guevara (José). Sacerdote. Español. Nacido 
en 1719. Ingresó a la Compañía de Jesús 
en 1752. Enviado al Río de la Plata, se distin- 
guió por su talento y por su instrucción; dictó 
la cátedra de Filosofía en el Cjlegio Máximo 
de Córdoba, y sustituyó al famoso P. Lo- 
zano en el cargo de cronista de la Orden en 
la provincia del Paraguay. Hizo varios viajes; 
estuvo en la Asunción, Corrientes, Santa Fe, 
Buenos Aires, Mendoza, Tucumán y Salta; 
viajes que posiblemente se relacionarían con 
su misión histórica. En 1766 escribió su obra 
monumental, que es la historia de la conquista 
del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, 
cuando se verificó el extrañamiento de su Or- 
den, siendo secuestrado en Santa Catalina, 
jurisdicción de Córdoba, punto donde residía. 
Todos sus documentos también le fueron se- 
cuestrados. El P. Guevara fué trasladado 
a Buenos Aires, desde donde se le embarcó 
en 1767. Llegado a puerto español, pasó a Ita- 
lia; alli se le acogió con distinción. Escribió 
diferentes obras sobre historia y religión, y 
falleció, siendo canónigo de Spelloel, el 25 de 
febrero de 1806. Guevara, hombre de talento, 
de excelente corazón, misionero celoso y ab- 
negado, ha dejado como historiador su famosa 
obra antes citada, que es un monumento de su 
¿poca. 

Dice. HisT. Y BioG. 




D. Carlos Guido y Spano. 



Guido (Rufino). Coronel argentino. Guerrero 
de la independencia americana. Nació en la 
ciudad de Buenos Aires, en el año 1797. Con- 
currió a las campañas del Alto Perú, restau- 
ración de Chile y expedición libertadora del 
Perú. En la entrevista que tuvo el general 
San Martín con el general Bolívar en Gua- 
yaquil acompañó al primero en calidad de 
edecán. 

Guido y Spano (Carlos). Poeta y literato ar- 
gentino. Nació en Buenos Aires, el 19 de enero 
de 1827. Pasó 
parte de su juven- 
tud en el Brasil, 
donde residía su 
padre, acreditado 
como embajador, 
y el resto de ella 
en viajes por Eu- 
ropa. De regreso 
a su país se en- 
tregó absoluta- 
mente, y con gran 
éxito, a sus ta- 
reas literarias, 
hasta que las cir- 
cunstancias polí- 
ticas le obligaron a embarcarse para Europa. Re- 
sidió en Lisboa; más tarde, en Londres, ciudad 
que evocó en páginas de literatura admirable, 
y finalmente, en Francia, por cuya política sen- 
tía vivísimo interés De regreso a su patria 
recomenzó sus trabajos de escritor. Además 
de su copiosa y exquisita labor literaria sirvió 
a su país desde varios cargos administrativos. 
Ha sido secretario de Agricultura, vocal del 
Consejo Nacional de Educación, subsecretario 
de Estado en el ramo de Negocios Extran- 
jeros, y archivero general de la nación. No se 
significó menos como filántropo cuando la te- 
rrible fiebre amarilla (v.) invadió a Buenos Ai- 
res. El pueblo premió con una Cruz de Hierro 
sus heroicos actos de altruismo como presi- 
dente de la Comisión popular, la cual asumió 
en aquellos luctuosos días el gobierno de la 
sociedad desquiciada, alcanzando además por 
aquellos servicios nobles el título de socio de 
mérito de la Cruz Roja. Su prestigio literario 
ha pasado las fronteras, siendo miembro de 
gran número de Sociedades literarias y corres- 
pondiente de la Real Academia Española. So- 
bresalen entre sus obras: Hojas al ciento; Rá- 
fagas; Ecos lejanos; Misceláneas; At home 

14 



GUI 



210 - 



GUI 



Nemia; Canto de amor; Los guindos; Al pasar; 
etcétera, etc. Falleció en Buenos Aires, en ju- 
lio de 1918. 

AT HOME 

Bella es la vida que a la sombra pasa 
Del heredado hogar; el hombre fuerte 
Contra el áspero embate de la suerte 
Puíde alli abroquelarse en su virtud. 
Si es duro el tiempo y la fortuna escasa, 
Si el aéreo castillo viene abajo, 
Queda la noble lucha del trabajo, 
La esperanza, el amor, la juventud. 

Guido (Tomás). Nació en Buenos Aires, el 1 
de septiembre de 1788. Hizo sus estudios en el 
Colegio de San 
Carlos, y sus pri- 
meras armas con- 
tra las invasiones 
inglesas. Iniciado 
en los trabajos 
revolucionarios, 
actuó en los suce- 
sos de mayo de 
1810 y mereció 
ser elegido por 
el Dr. Mariano 
Moreno para des- 
empeñar el cargo 
de secretario en 
su misión diplo- 
mática a Inglate- 
rra en 1811. De 
regreso al país, después de la muerte del ilus- 
tre patricio, cuvos últimos pensamientos re- 
cibió, drsempeñó varios empleos hasta llegar 
a la secretaría de Guerra, en cu^o ejercicio 
en 1816 redactó la Memoria demostrando la 
posibilidad y medios de llevar la expedición 
militar que restauraría la perdida libertad 
de Chile, documento inicial, fundamental de 
su fama, que después acrecentaría y conso- 
lidaría en trabajos de distinta índole, todos 
políticos, que revelan las nobles dotes in- 
telectuales y morales que le adornaron. En el 
año 1817 pasó a Chile como representante de 
nuestro país y nombrado primer ayudante de 
campo del general San Martín. Allí preparó la 
expedición al Perú, confiándole San Martín di- 
versas comisiones de la mayor importancia, 
que cumplimentó con éxito en Miraflores, Gua- 
yaquil, Torreblanca y Punchauca. Asistió al 




D. Tomás Guido. 



primero y segundo sitio del Callao, y en sep- 
tiembre de 1821 estipuló la capitulación de esa 
fortaleza, que gobernó luego. Ascendido a co- 
ronel mayor, fué nombrado consejero de Esta- 
do, ministro de los departamentos de Guerra y 
Marina, y, sucesivamente, general de brigada, 
benemérito de la Orden del Sol y jefe militar y 
político de Lima. Colaboró con los generales 
Bolívar, Sucre y La Mar en la obra de la eman- 
cipación sudamericana. En 1826 regresó a Bue- 
nos Aires, firmando dos años después la paz 
con el Brasil, y en ese país permaneció cono 
ministro argentino desde 1840 a 1851. El gene- 
ral Urquiza lo nombró pljnipotenciario en ci 
Paraguay, y figuró en el Senado de la Confe- 
deración como vicepresidente de ese alto Cuer- 
po, distinguiéndose como orador. El general 
Guido es una de las figuras que más descue- 
llan entre las celebridades argentinas. Como 
orador dejó sentada su fama en el discurso que 
pronunció en Montevideo cuando pasaron por 
allí los restos del general Alvear. Terminó su 
vida en Buenos Aires, el 14 de septiembre i 
de 1866. Hijos suyos son Carlos y Eduardo 
Guido Spano. 

Guilles (Juan). Doctor en Medicina. Natural de 
Edimburgo. Vino a Mendoza por el año 1820. 
Hizo muchos viajes de exploración al interior 
de la provincia. Visitó la cordillera de los An- 
des y midió sus principales alturas en esta la- 
titud, como el Tupungato, la Cordillera de 
Portillo, etc. Se dedicó particularmente al 
examen botánico de las producciones herbá- 
ceas de nuestra tierra, y entonces descubrió 
la Guillessia, vulgo la mima, que con tanta jus- 
ticia llevó su nombre desde que la presentó a 
su regreso a Inglaterra a la Real Academia de 
Londres. Había reconocido sus saludables efec- 
tos viéndola aplicar como remedio por los me- 
jores curanderos del campo. A él le debemos 
los primeros gusanos de seda. 

Guifiazú (Francisco de Borja). Natural de la 
provincia de Mendoza Fué un auxiliar podero- 
so del general San Martín. Era un fuerte ha- 
cendado de la provincia de San Luis; regaló 
caballadas para el ejército de los Andes y re- 
mitió a San Martín, por intermedio de Pringles, 
varios libertos de su pertenencia para el mismo 
ejército. 

Gulñazú Nicolás). De la provincia de Mendoza. 
Fué un decidido partidario de la revolución de 
mayo. Fué regidor de menores de San Luis en 
1810, y obtuvo crecido número de sufragio» 



GUI 



— 211 - 



GUT 



para diputado a la Junta de Buenos Aires. En 
1815 fué jefe de Policía de la ciudad de Men- 
doza. 

Quise (Martín Gregorio). Marino. Natural de 
Inglaterra. En 1818, llegó a Buenos Aires, pro- 
cedente de su país, en el bergantín Hécate y lo 
vendió al Gobierno de Chile, bajo la expresa 
condición de conducirlo a las aguas del Pacífi- 
co, y una vez arribado a ese país ofreció sus 
servicios y se le confió el mando del buque, que 
fué armado en guerra con 18 cañones y bauti- 
zado con el nombre de Gaíoarino poniéndo- 
se a las órdenes del almirante Cochrane, con 
quien hizo una expedición al Perú. El 6 de no- 
viembre de 1819 se distinguió en la rendición 
del fuerie de Pisco y de la población, que fué 
tomada a la bayoneta con tropas de desembar- 
co, y al año siguiente tomó al abordaje por el 
lado de babor, y Cochrane por el estribor, a la 
fragata española Esmeralda, fondeada frente 
al Callao. Después de esta hazaña, en que fué 
herido, dejó de servir a las órdenes de dicho 
almirante, por disensiones surgidas entre am- 
bos. Creada la marina del Perú, promoviósele 
a comandante. Realizó la toma de Arica, el 17 
de agosto de 1823, siendo ascendido a almiran- 
te. Se halló en el combate del Callao, el 17 de 
febrero de 1824 Falleció en Guayaquil, el 24 
de no siembre de 1829. 

Gnrruchaga (Francisco). Comerciante. Nació 
en Salta, el 7 de diciembre de 1776, y desean- 
do su padre darle una esmerada educación, 
pues era el primer comerciante del Alto Perú 
y poseía una cuantiosa fortuna, lo envió a Es- 
paña a la edad de ocho años, ingresando al 
Colegio de Nobles, de Madrid, recibiéndose 
más tarde de bachiller en la Universidad de 
Granada. Su carácter ardiente e inquieto lo 
impu só a enrolarse como oficial en la marina 
española cuando estalló la guerra contra In- 
glaterra, participando de los riesgos y las glo- 
rias del combate de Trafalgar; pero deshecha 
la escuadra, obtuvo del rey el título honorífico 
e importantísimo de correo de gabinete, el 
cual le daba franca entrada en la Corte. Du- 
rante la invasión francesa a España fué redu- 
cido a prisión, como sospechoso de maquinacio- 
nes subversivas, y en 1808 regresó a su patria. 
Gurruchaga y Moldes fueron los que prepara- 
ron el pronunciamiento patriota en Salta, el 27 
de agosto de 1810. En el mismo año fué electo 
diputado ante la Junta de la capital, a cuyo car- 
go se contrajo con ardiente celo, notoria inteli- 



gencia y actividad, y siendo designado vocal de 
marina adquirió algunas embarcaciones en 1811, 
y formó la primera escuadrilla de la revolución, 
en 1813 fué electo miembro de la Asamblea; 
en 1818 desempeñó una misión diplomática en 
Chile; en 1831 fué gobernador de Salta y en 
1832 comisionósele para pactar la paz con 
Quiroga. Falltíció en Salta, en la mayor pobre- 
za, después de haber invertido toda su fortuna 
en beneficio de su patria en 1847, a los ochenta 
y uno años de edad. 

Gutiérrez de la Concha (Juan). Ultimo go- 
bernador intendente de la época colonial, des- 
de 1807, en Córdoba. Gobernó hasta 1810, y 
queriendo oponerse al avance do la revolución 
de mayo, junto con Liniérs y otros, fué tomado 
prisionero y fusilado. 

Gutiérrez (Felipe). Gobernador de la antigua 
provincia del Tucumán en 1543, sucesor de Ro- 
jas. Más tarde (1544) fué enviado preso al 
Perú, donde Gonzalo Pizarro le hizo dar muer- 
te a garrote, en Guamanga, víctima de su 
lealtad al rey. 

Gutiérrez (José Alvino). Militar. Gobernador 
de Mendoza desde el 7 de mayo hasta el 28 de 
junio de 1824, contra el deseo del pueblo. Una 
conjuración se tramó contra él y fué descu- 
bierta, y más tarde un movimiento revolucio- 
nario, en el que fué herido de bala en un bra- 
zo, lo depuso del poder. Fué vencedor del ge- 
neral chileno D. José Miguel Carrera en la 
Punta del Médano, el 31 de agosto de 1821, 
mereciendo por este hecho los despachos de 
general de brigada, que le fueron enviados por 
el Gobierno de Chile. Murió en noviembre de 
1831, en un encuentro con los indios y siendo 
comandante general de armas. 

Gutiérrez (José María). Nació en 1831 . Dis- 
tinguido literato 
y periodista ar- 
gentino. Asistió a 
la batalla de Ce 
peda como secre- 
tario del general 
D. Bartolomé Mi- 
tre. Fué diputado 
nacional. Funda 
dor de la Nación 
Argentina, que 
duró seis años. 
Ministro de Ins- 
trucción pública 
durante la presi- D José María Gutiérrez. 




GUT 



212 



GUZ 




D. Juan María Gutiérrez. 



dencia del Dr. Nicolás Avellaneda. En 1S78 
fundó la Patria Argentina, que tuvo inmensa 
popularidad hasta el año 1880. También fué 
ministro de Estado durante la presidencia del 
Dr. D. Carlos Peilegrini, y en 1896 fué presi- 
dente del Consejo Nacional de Educación. 

Gutiérrez (Juan María) Nació en Buenos Ai- 
res, el 6 de mayo de 1809. Estudió Matemáticas 
y se recibió de 
agrimensor. For- 
mó parte de la 
Asociación de 
Mayo, institución 
que fué persegui- 
da por el dictador 
Rosas. Muchos 
de sus miembros 
fueron reducidos 
a prisión, entre 
ellos Gutiérrez, 
que después de 
soportar tres me- 
ses de cá rcelué 
obligado a emigrar a Montevideo, en el año 
1839. Allí colaboró en El Iniciador y en el 
periódico ¡Muera Rosas!, y fundó con Rive- 
ra Indarte El Talismán. Fué laureado en 1841, 
en el primer certamen poético americano que 
se celebró en aquella ciudad para solemni- 
zar las fiestas mayas. Partió más tarde a 
Europa, de donde volvió para establecerse 
en Valparaíso, donde ejerció la profesión de 
agrimensor. En 1846 publicó La América poé- 
tica; El lector americano, y su obra monu- 
mental, ¿a enseñanza superior en Buenos Ai- 
res, que abarca el período de 1767 a 1829, tra- 
bajo de gran aliento. En 1852 regresó a Bue- 
nos Aires, declarándose adicto al general Ur- 
quiza. Electo constituyente en 1853. Actuó 
como ministro de Relaciones Exteriores en el 
primer Gobierno federal en el Paraná. Falle- 
ció en Buenos Aires, el 26 de febrero de 1878. 

Gutiérrez (Ricardo). Ilustre médico y poeta ar- 
gentino. Hijo de D. Juan Gutiérrez y de doña 
María Sáenz. Nació en Arrecifes, provincia de 
Buenos Aires, el 10 de noviembre de 1836 
Muy joven aún, sus padres lo enviaron a la ca' 
pital, en cuya Universidad se doctoró en Medi. 
ciña y Cirugía, logrando al poco tiempo, por 
sus bondades exquisitas y por su preparación 
vasta y sólida, destacarse entre los médicos 
más sobresalientes de su época. En 1860 apa. 
recieron sus primeras producciones en verso. 




D. Ricardo Gutiérrez. 



en El Correo del Domingo, y se editó a la ve» 
sus poemas descriptivos que llevan por título 
La fibra salvaje; 
Lázaro es otro de 
los magistrales 
poemas del doc- 
tor Gutiérrez. Es- 
tablecido en Bue- 
nos Aires, se de- 
dicó con ahinco 
a su humanitaria 
profesión, pero 
sin abandonar sus 
aficiones litera 
rias, como lo 
prueban las co- 
lumnas de la Re- 
Dista de Buenos 
Aires; la Revista Argentina; la del Club Uni 
oersitario, de Montevideo; La Ondina del Plct- 
ta, y otras revistas de literatura, etc. En 1878 
se publicó un tomo bajo el rubro Poesías de Ri- 
cardo Gutiérrez, que contiene los poemas arri' 
ba citados y numerosos cantos, que forman: El 
libro de las lágrimas y El libro de los cantos; 
El Mercurio; Oración; El huérfano; La Herma- 
na de la Caridad, etc. En 1879 fundó con sus 
hermanos Juan y Alberto La Patria Argentina. 
En 1891 anunciaba la aparición de otro libro, ti 
tulado y«íc/os. Hizo también las campañas de 
Pepeda, Pavón y la del Paraguay. En 1870 el 
Gobierno lo envió a Europa en jira de estudio. 
A su vuelta, fundó el hospital de niños de esta 
capital, del quefuésu primer director; cargoque 
desempeñó gratuitamente durante veinticinco 
años. Desde entonces dejó de cultivar la poe 
sía; «Cambió— según sus propias palabras— las 
bellas mentiras del ideal por las tremendas 
verdades de la ciencia». A la entrada del hos- 
pital de niños, los médicos de Buenos Aires 
erigiéronle una estatua, y en el cementerio del 
Norte, un monumento, en justiciero homenaje 
al maestro y fundador. Murió en Buenos Aires, 
el 23 de septiembre de 1896. 

«Soldado, trovador, luz de la ciencia, 
le lloran la poesía y la inocencia. 

Carlos Guido y Spano» 

Guzmán (Gonzalo Martel de). Uno de los 63 
pobladores de Buenos Aires y compañeros de 
D. Juan de Garay el año 1580. Natural de Sfr 
villa. Vino al Río de la Plata con Juan Ortli 



GUZ - 213 - GUZ 

de Zarate, tercer adelantado, el año 1573. En zana en el ejido de la ciudad-que es laque 

la época de la fundación fué nombrado alcalde ocupa actualmente el mercado del Centro— y 

ordinario, y figura en la lista de agraciados dos suertes en el Riachuelo de la Trinidad, 

con tierras, en el repartimiento, con una man- hoy partido de las Conchas. 



H 



Haedo de Paz (Tiburcia). Patriota argentina. 
Presentó a sus dos hijos, José María y Julián, 
al servicio de la patria, cortando así sus estu- 
dios; pero quedó a la República Argentina la 
gloria de que uno de los hijos de esta matrona, 
el ilustre general Paz, (D. José María), fuese 
considerado como uno de los primeros genera- 
les de Sud-América. 

Halay. Pueblo de indios encomenderos de la 
gobernación del Tucumán, situado hacia el río 
de León, de corto número de indiviluos. 

Halcón (corbeta). Comandante, Hipólito Bou- 
chard Se le dio patente de corso el 12 de sep- 
tiembre de 1815. Era una corbeta mercante, 
adquirida por el Gobierno en las postrimerías 
del bloqueo de Montevideo para incorporarla 
a su escuadra. Fué adquirida y armada por el 
conocido hombre público Dr. Anastasio de 
Echeverría. Tenía la corbeta 18 cañones y una 
tripulación de 102 hombres. 

Helj^nera (Jerónimo). Militar. Nació en Buenos 
Aires, en el año 1793. Se incorporó como sub- 
teniente de Patricios, y cuando apenas tenía 
diez y siete años pasó al cuerpo de ejército 
que marchó a! Paraguay a las órdenes de 
Belgrano. Se halló en Campichuelo y en todas 
las demás acciones de esta campaña, cayendo 
prisionero en la de Paraguari. A las ó.'denes 
también de Belgrano, como ayudante, se halló 
en Tucumán, Salta, Vllcapujio y Ayo/iuma, y 
a Ifls órdenes de Rondeau, y como sarf^ento 
mayor, en Sipe-Sipe y Venta y Media. Fué en 
1826 diputado por Tucumán al Congreso Cons- 
tituyente, que sancionó la Constitución unita- 
ria. Condenado a muerte en 1836, por conspi- 
rador contra el gobernador Heredia; mas sien- 
do indultado, se expatrió a Chile, muriendo en 
Copiapó, en diciembre de 183S. 

Heredia (Alejandro). Nació en la ciudad de 



San Miguel de Tucumán, en 1790, y cursó sus 
estudios en Córdoba. Como ayudante del ge- 
neral Díaz Vélez, asistió a Tucumán y a la ba- 
talla de Salta. Se encontró luego en las derro- 
tas de Vllcapujio, Ayohuma, Sipe-Sipe, en la 
que fué herido. Fué comisionado por el Con- 
greso de Tucumán para que, al frente de una 
expedición militar, acudiese a la Rioja a resta- 
blecer el orden, reponer el Cabildo y prender 
a los revolucionarios, lo que verificó. Consti- 
tuyente en 1826. Gobernador de Salta y de 
Tucumán. Mandó en jefe y venció en el Chi- 
flón, en 1835, a los catamarqueños, y en 1836, 
a los sáltenos en Famalllá. Fué asesinado en 
los Lules, como a tres leguas de la capital de 
Tucumán, yendo en carruaje, acompañado de 
su hijo, con dirección a su casa de campo, el 
12 de noviembre de 1838, por una partida ar- 
mada y encabezada por el comandante (coro- 
nel veinte años después) Gabino Robles, co- 
mandante Juan de Dios Paliza, Vicente Neirot, 
José Casas y Gregorio Uriarte. El general 
Gregorio Paz, que tuvo la suerte de escapar 
de la sangrienta escena que se le preparaba 
en Tucumán por sus mismos compatriotas, dio 
sobre ese hecho la relación siguiente: «El co- 
mandante Robles, jefe de los asesinos, que ha- 
bía sido insultado por Heredia, juró vengarse 
en la primera oportunidad quitándole la vida 
por sus propias manos. Robles se aproximó a 
la galera en que iba Heredia, con un ademán 
de placer y de feroz satisfacción. «Párese esa 
galera»— gritó el que buscaba venganza—. En- 
tonces Heredia, que medio había podido incor- 
porarse, asomándose por uno de los postigos, 
le dijo con la más clamorosa y conmovida voz: 
«¿Qué quiere usted, Robles? ¿Quiere usted el 
gobierno? Allí lo tiene usted. ¿Quiere usted di- 
nero? Le daré cuanto usted necesite.» Iba a 



HER 



215 - 



HER 



continuar el desmayado general, cuando el 
agresor, con la mayor serenidad, le contestó: 
«No, cobarde, perverso; no quiero dinero ni 
el gobierno: tu vida es la que quiero, monstruo, 
degradado, y nada más que tu vida.* Y en se- 
guida exclamó: «Ya me vengué ■>, soltando al 
mismo tiempo un pistoletazo en la cabeza de 
Heredia, que cayó herido en el fondo de la ga- 
lera, gritando: «No me maten, misericordia, 
socórranme, por Dios», y otras cosas seme- 
jantes. Heredia aun respiraba cuando le aban- 
donaron los asesinos, dejándole con su hijo en 
el paraje del crimen y llevándose la galera. El 
cuerpo quedó abandonado dos días en un pa- 
raje desierto, donde lo mutilaron horriblemen- 
te las aves de rapiña.» (Historia délos gober- 
nadores, Zinny.) 

Heredia (Felipe). Militar. Natural de Tucu- 
mán. A las órdenes de Belgrano asistió a lasba- 
tallas de Tucumán, Salta, Vilcapujio, Ayohu- 
ma, Puesto del Marqués, Sipe-Sipe y Venta y 
Media. Siendo sargento mayor, tomó parte en 
la revolución de Tucumán, que llevó al poder 
al coronel Araoz, de donde fué despachado a 
Córdoba con fuerzas da caballería para apo- 
yar un movimiento análogo. En 1820 también 
intervino en la de Santiago del Estero. Siendo 
ya general, fué gobernador de Salta en 1836. 
En 1837, nombrado jefe de Estado Mayor del 
ejército de operaciones contra Bolivia, mar- 
chó a disputar el terreno invadido al general 
Santa Cruz, quien, con fuerzas superiores y 
en una posición ventajosa, lo rechazó en el 
combate de Santa Bárbara, librado el 19 de 
septiembre de 1837. Poco después falleció, en 
Tucumán. 

Hermandad de Caridad. Institución promo- 
vida en Buenos Aires por D. Juan Alonso 
González. El origen de esta institución tuvo 
lugar en 1727, en circunstancias en que una te- 
rrible epidemia desolaba a esta ciudad, siendo 
los cadáveres de los pobres que morían en las 
calles y en las plazas conducidos hasta los en- 
terratorios atados a las colas de los caballos. 
Estas horribles escenas inspiraron a González 
la idea de fundar esta institución, y asociándo- 
se a otros vecinos piadosos, y sin reparar en 
gastos ni en sacrificios personales, ya viajan- 
do, ya pidiendo limosnas por las calles, reali- 
za tan humanitario pensamiento, y para que no 
faltase nada a su sublime abnegación, no te- 
niendo la Hermandad cómo costear un cape- 
llán, y siendo él viudo, resuelve tomar el esta- 



do de sacerdote, para atender también bajo 
este nuevo carácter a los desgraciados que 
había tomado bajo su amparo. Falleció este 
buen hombre en 1763. La Hermandad s& su- 
primió en H22. 
Hernando Arias de Saavedra (más conoci- 
do con el nombre de Hernandarias). Había na- 
cido en la Asunción, el 10 de septiembre 
de 1561. Sus padres fueron D. Martín Juárez 
de Toledo, ex-gobernador de la Asunción, y 
Ó." Juan;, de Sanabria, siendo notable que no 
llevase el apellido de los dos. Era estimado de 
todos por sus virtudes y riquezas. E'evado al 
gobi2mo por el voto unánime de sus conciuda- 
danos, mostróse desde el principio goberna- 
dor justo y conquistador hábil y valeroso. «Sus 
miras— dice Arreguini — fueron vastas y pu- 
ras; sus intenciones, siempre honestas; su paso 
por el poder, que a tantos corrompe o marea 
y que de tantos caracteres que parecen tem- 
plados hace sibaritas o mandones, sólo dio 
energía a su natural austero. Baste decir que, 
de poderoso que subió en dinero y haciendas, 
bajó pobre, y que de combatido que fuera de 
sus competidores y los descontentos, que siem- 
pre existen en todo tiempo ylugar, vino a ser el 
ídolo del pueblo y el ejemplo de sus enemigos 
de antes.» Fué gobernador del Río de la Plata 
por tres veces. La primera, de 1591 a 1594; la 
segunda, de 1600 a 1609; y la tercera, de 1615 
a 1618. Según el Dr. López, «debe ser consa- 
grado en nuestra historia como el primer pa- 
triota que brilla en ella». Para concluir con las 
barbaridades que se cometían con los pobres in- 
dios en las encomiendas, por instigación de este 
honrado magistrado se crearon las Misiones 
Jesuíticas (v.) Durant. su tercer gobierno, el 
rey Felipe III expidió la real cédula del 
año 1617, erigiendo la gobernación del Río de 
la Plata y separándola de la dil Paraguay, 
con el nombre de provincia del Ouat/rá(\), 
que ha quedado en olvido. «Hernandarias fué 
uno de los hombres más ilustrados que produ- 
jera la América, y por lo esclarecido que era, 
así en la paz como en la guerra, los ministros 
de la Casa de Contratación, de Sevilla, man- 
daron colocar su retrato en lugar distinguido, 
entre otros varones notables del Nuevo .Mun- 
do que adornaban una de las salas de dicha 



(1) Gaayrá, según D- Pedro de Angelis; equivale a 
«país populoso» o «abundante en gentes>: de Guay, mo- 
tos o gentes, y rá, lugar donde abundan. 



HER 



216 - 



HIM 



casa > (Ziiiny: Historia de los gobernadores 
del Paraguay.) Murió en Santa Fe, en 1634. 
Hernández (José). Poeta y periodista argenti- 
no. Nació en Buenos Aires, el 10 de noviem- 
bre de 1834. Obli- 
gado por una en- 
fermedad, dejó 
sus estudios, y fué 
a vivir en un es- 
tablecimiento de 
campo al Sud de 
la provincia de 
Buenos Aires. 
Allí tuvo la opor- 
tunidad de cono- 
cer la vida cam- 
pesina, que con 
tan admirable co- 
lorido y verdad 
pintó después. 
Actuó en casi todas las guerras civiles de su 
país. Ocupó diversos puestos públicos de im- 
portancia. Sus obras más conocidas son: Mar- 
tín Fierro; El viejo y la niña; Los dos besos. 
El carpintero; Vida del Chacho. 

De «Martín Fierro». 

Viene el hombre ciego al mundo, 
cuartiándolo la esperanza, 
y a poco andar ya lo alcanzan 
las desgracias a empujones; 
iJué pucha, que trae liciones 
el tiempo con sus mudanzas! 




D.José Hernández. 



año se ausentó para Espafía. Escribió los co- 
mentarios del adelantado Cabeza de Vaca. 

Heroína (fragata en corso). Armador D. Patri- 
cio Lynch. Capitán, David Jewett. Salió como 
buque de guerra del Estado por orden de 15 de 
enero de 1820. De 475 toneladas y de 30 a 34 
cañones. 

Herrera y Sotomayor (José). Maestre de 
campo, gobernador y capitán general de las 
provincias del Río de la Plata en 1688. 

Himno nacional. El Dr. D. Vicente López, 
miembro de la Asamble i general Constituyen- 
te, recibió el encargo de formular un proyecto 
de himno nacional, el cual, presentado a esa 
Corporación para su aprobación, fué sanciona- 
do en la sesión del 11 de marzo de 1813 y de- 
clarado como himno nacional en la República' 
He aquí sus bellas estrofas: 

Coro. 

Sean eternos los laureles 
Que supimos conseguir; 
Coronados de gloria vivamos 
O juremos con gloria morir. 

Oíd, mortales, el grito sagrado: 
¡Libertad, libertad, libertad! 
Oíd el ruido de rotas cadenas, 
Ved en el trono a la noble igualdad; 
Se levanta a la faz de la tierra 
Una nueva y gloriosa nación, 
Coronada su sien de laureles 
V a sus plantas rendido un león. 



Yo he conocido esta tierra, 
en que el paisano vivía 
y su ranchito tenía, 
y sus hijos j mujer... 
Era una delicia el ver 
cómo pasaba sus días. 



Entonces..., cuando el lucero 
brillaba en el cielo santo, 
y los gallos con su canto 
la madrugada anunciaba 
a la cocina rumbiaba, 
el gaucho que era un encanto. 

Murió en Buenos Aires, el 21 de octubre 
de 1886. 
Hernández (Pedro). Escribano de las Provin- 
cias Unidas del Río de la Plata en 1545, en cuyo 



De los nuevos campeones los rostro» 
Marte mismo parece animar; 
La grandeza se anida en sus pechos; 
A su marcha todo hace temblar. 
Se conmueven del Inca las tumbas 
V en sus huesos revive el ardor,- 
Porque ve renovando a sus hijos 
De la patria el antiguo esplendor. 

Pero sierras y muros se sienten 
Retumbar con horrible fragor; 
Todo el país se conturba por gritos 
De venganza, de guerra y furor. 
En los fieros tiranos la envidia 
Escupió su pestífera hiél; 
Su estandarte sangriento levantan, 
provocando a la lid más cruel. 



HIM 

¿No los veis sobre Méjico y Quito 
Arrojarse con saña tenaz? 
¿Y ciiál lloran, bañados en sangre, 
Potosí, Cociiabamba y La Paz? 
¿No los veis sobre el triste Caracas 
Luto y llanto y muerte esparcir? 
¿No los veis devorando cual fieras 
Todo pueblo que logran rendir? 



A vosotros se atreve, argentinos. 
El orgullo del vil invasor; 
Vuestros campos ya pisa, contando 
Tantas glorias hollar, vencedor; 
Mas los bravos que unidos juraron 
Su feliz libertad sostener, 
A esos tigres sedientos de sangre 
Fuertes pechos sabrán oponer. 



El valiente argentino a las armas 
Corre ardiente con brío y valor. 
El clarín de la guerra, cual trueno 
En los campos del Sud resonó; 
Buenos Aires se pone a la frente 
De los pueblos de la ínclita unión, 

Y con brazos robustos desgarran 
Al ibérico altivo león. 

San José, San Lorenzo, Suipacha, 
Ambas Piedras, Salta y Tucumán, 
La Colonia y las mismas murallas 
Del tirano en la Banda Oriental, 
Son letreros eternos que dicen: 
Aquí el brazo argentino triunfó; 
Aquí el fiero opresor de la patria 
Su cerviz orgullosa dobló. 

La Victoria al guerrero argentino 
Con sus alas brillantes cubrió, 

Y azorado a su vista el tirano. 
Con infamia a la fuga se dio. 

Sus banderas, sus armas, se rinden 
Por trofeos a la libertad 

Y sobre alas de gloria alza el pueblo 
Trono digno a su gran majestad. 

Desde un polo hasta el otro resuena 
De la Fama el sonoro clarín, 

Y de América el nombre enseñando. 
Les repite... «¡Mortales, oíd!... 



- 217 - 



HOM 



Ya sobre trono dignísimo abrieron 
Las provincias unidas del Sud.» 
Y «los libres del mundo responden: 
¡Al gran pueblo argentino, salud!» 

Holmberg (Eduardo Kaillitz, barón de). Mili- 
tar. Nacido en Austria, en 1778. Llegó en su 
país al grado de teniente de guardias valonas 
en 1811. Simpatizando con la causa de la inde- 
pendencia de esta República, se embarcó en 
Inglaterra en compañía de San Martin, Alvear 
y otros argentinos. Dado de alta en el ejército 
de Belgrano que se hallaba en Jujuy en 1812, 
en clase de jefe de Estado Mayor en los ramos 
Artillería, de Ingenieros, donde prestó por sus 
conocimientos especiales y su aptitud muy bue- 
nos servicios, dando nueva vida al Parque y a 
la Maestranza, llegando a fundir cañones, obu- 
ses y morteros, que estrenó bien pronto en el 
combate de Las Piedras, el 3 de septiembre de 
1812, siendo uno de los héroes de la jornada. 
En la batalla de Tucumán mandó en jefe la 
artillería y fué consejero de Belgrano , de 
quien gozaba gran confianza; el que, sin em- 
bargo, al año siguiente vióse en la necesidad 
de sacrificado por un acto irrespetuoso que 
cometió, imponiéndole como castigo la separa- 
ción del ejército. Fué enviado a la Banda 
Oriental, confiándole al regreso la reorgani- 
zación y mando de un regimiento de infantería 
en 1814. En ese año se le encargó la construc- 
ción de una batería en Punta Gorda. En 1820 
se mezcló en las disensiones políticas, siendo 
desterrado más tarde a Martín García. En 
1821 se le comisionó para examinar y cons- 
truir fortines en las fronteras del Salto, Rojas 
y Pergamino. Durante la guerra del Brasil le- 
vantó una batería en Punta Lara, y fué direc- 
tor del Parque de Artillería. En 1834 fué dado 
de baja por cuestiones políticas. Falleció en 
Buenos Aires, el 24 de octubre de 1853, a los 
setenta y cinco años de edad. 

Hometes. Indios del valle. Calchagui de\ Cha- 
co , que unidos a los daglasates intentaron 
asaltar la jurísdicción de Corrientes, siendo 
teniente de gobernador el maestre de campo 
Juan Arias de Saavedra. Anduvieron espiando 
la ciudad y estancias en sus embarcaciones, 
pero tuvieron que retirarse sin conseguir su 
objeto, apercibidos de que se los observaba 
por el capitán Lázaro de Almirón, despachado 
al efecto, y el de hostilizarlos si intentaban pi- 
sar tierra. 



HOR 

Hornos (Manuel). Militar. Nació en Entre Ríos, 
el IS de julio de 1807, y desde muy joven, ya 
como ciudadano, ya como militar, defendió la 
causa de los principios liberales, combatiendo 
al caudillaje y a la tiranía. En 1831 escapó de ser 
fusilado arrojándose al río Uruguay, y desde 
entonces consagró su vida a la causa de la li- 
bertad. Emigrado en la Banda Oriental, al vol- 
verala patria, comooficialy jefe, sucesivamen- 
te del ejército de Lavalle, en 1839, se batió en 
el Yeruá, Don Cristóbal, el Sauce y el Tala, 
en el mismo año; en Santa Fe, al siguiente, y 
en las siguientes sangrientas batallas del Que- 
bracho y Famaillá, en 1841, en que contribuyó 
a salvar los restos del ejército, hecho pedazos, 
con sus tropas de caballería. El entonces coro- 
nel Hornos buscó nuevo campo en que comba- 
tir, atravesó el Chaco por entre las tribus sal- 
vajes y llegó a Corrientes en vísperas de la 
batalla de Caaguaiú, tomando participación 
en la victoria. Pasó al Uruguay y combatió 
nuevamente contra la tiranía, hallándose en 
Caseros, en cuya acción se destacó su figura 
en primera línea; tomó participación en la re- 
volución de septiembre y en el sitio de Buenos 
Aires; venció en el Tala; expedicionó a Entre 
Ríos, peleó en la guerra de la frontera y en 
Cepeda y Paoón. Durante la guerra del Para- 
guay fué ascendido a bngadier general sobre 
el campo de batalla, ejecutando actos heroi- 
cos. Su ult ma campaña fué la de Entre Ríos, 
en 1370, contra los montoneros. Falleció el 15 
de julio de 1871. 

Hortl^aera (Rafael). Militar. Nació en Buenos 
Aires, en 1782, y se educó en la misma. Com- 
batió contra los ingleses; se adhirió al movi- 
miento de mayo. En 1811, en clase de tenien- 
te, vino con Artigas de la Banda Oriental y se 
presentó en Buenos Aires a ofrecer sus servi- 
cios. Se halló en el Cerrito; fué jefe militar de 
San Nicolás de los Arroyos; comandando un 
regimiento de caballería de Dragones derrotó 
a los santafecinos en el Paso de Agulrre. Fué 
derrotado por López el 10 de marzo de 1819, 
en el combate de Las Barrancas. En la guerra 
del Brasil, ayudante de campo del general Al- 
vear Rosas le dio de baja en 1831, siendo co- 
ronel. Murió en Buenos Aires, el 21 de sep- 
tiembre de 1838. 

Howard (Enrique Q.). Marino argentino. Na- 
ció el 22 de febrero de 1852, ingresando en la 
armada como guardia marina en julio de 1866, 
y fué ascendiendo hasta llegar al grado de vi- 




D. Enrique Q Howard. 



- 218 - HUA 

cealmirante en 14 de junio de 1910. Campaña» 
de guerras nacionales realizadas: Paraguay, 
años 1867, junio 1, 
a 1670, en el va- 
por Gualeguay; 
primera de Entre 
Ríos, año 1870, 
11 de abril al 28 
de febrero de 
1871, en el vapor 
Gualeguay, como 
segundo coman- 
dante; fué secre- 
tario del jefe de 
la escuadra se- 
gunda de Entre 
Ríos, año 1873, 
mayo 1 al 15 de 

enero de 1874, en el vapor Espora, como co- 
mandante; Río Negro, año 1878, noviembre 8, 
al 9 de julio de 1879. Secretario del jefe de la 
división naval, regresando a Buenos Aires en 
esta últma fecha; volvió el 10 de septiembre de 
1879 a febrero de 1881 como segundo ¡efe de la 
escuadrilla, comandante del vapor Triunfo. Se 
halló en los combates de la plaza Libertad 
(Buenos Aires), en 1890. Sus campañas mariti- 
mas a Santa Cruz y Río Negro; al Bermejo, 
siendo teniente de navio, 1881; a Cabo de Hor- 
nos, para estudios hidrográficos y colocar un 
faro; en Bahía Blanca; a Inglaterra, coman- 
dando La Argentina. Director de la escuela de 
marineros que funcionaba en la corbeta Cabo 
de Hornos, 1833 En 1891 ejerció la vigilancia 
e inspección de las construcciones que se efec- 
tuaban en Europa, como presidente de la Co- 
misión que funcionó en Inglaterra con ese ob- 
jeto. En 1910 fué jefe de la escuadra argentina 
y jefe superior de las extranjeras que fumaron 
parte en la revista naval del centenario, etcé- 
tera etc. Falleció el 6 de diciembre de 1913. 
El almirante Howard no deja sino recuerdos 
de admiración y de cariño. Era un ejemplo, un 
modelo de virtudes privadas y publicas. 
Huaquf (desastre). Huaqui es un lugarcillo in- 
mediato al río Desaguadero y a la laguna de 
Titicaca. El general español Goyeneche tenía 
su ejército al otro lado del Desaguadero, y tan 
cerca del ejército de los argentinos, que las 
tropas de uno y otro podían verse. Temiendo 
Goyeneche que lo llevase por delante una 
fuerza tan grande como la que se veía en el 
campo de los patriotas, propuso un armisticio 



HUB 



— 219 — 



HUM 



para tratar sobre la manera de reconocer al 
Gobierno argentino. Castelli creyó que esto le 
convenia para enviar emisarios a los pueblos 
del Perú y promover revoluciones contra Es- 
paña. Goyeneclie lo supo, y cuando Castelli 
estaba m¡is confiado en la tregua, preparó 
todo el ejército español, lo puso en marcha en 
la madrugada del dia 20 de junio de 181 1 y sor- 
prendió de tal modo a los patriotas, que sólo se 
salvaron y pudieron retirarse formados tres 
batallones argentinos, que componían la divi- 
sión de los coroneles Vi amonte y Díaz Vélez. 
Todo el Alto Perú (Bolivia) quedó de nuevo 
perdido, desde La Paz hasta Jujuy. Las fuer- 
zas argentinas las mandaba Balcarce. 

Habac (Ángel). Marino. Natural de Francia. 
Vino al Río de la Piafa y se le confió el mando 
de la balandra Americana, de cuatro cañones 
y 40 hombres, comisionándole para levantar 
frente a San Nicolás de los Arroyos una bate- 
ría en tierra el 1 de marzo de 1811; asistiendo 
al combate del 2 de marzo de aquel año. Se le 
confió más tarde el mando de la goleta Nues- 
tra Señora del Carmen, armada con ocho ca- 
llones y 65 tripulantes. Hubac asistió al san- 
griento combate del Arroyo de la China, libra- 
do en el Uruguay el 24 de marzo de 1814. En 
septiembre de 1818, el sargento mayor Hubac 
fué nombrado jefe de la escuadrilla portefla 
que combatió y bloqueó a Santa Fe en ese año; 
en 1819 ascendió a coronel. Combatió en el li- 
toral y en Punta Gorda, muriendo al frente de 
su batería del Arzazú, en el Paraná, el 27 de 
mayo de 1821. 

Hadson (Damián). Publicista. Nació en la pro- 
vincia de San Juan, el 12 de febrero de 1811. 
Se educó en Mendoza, en donde, desde muy 
joven, formó parte de la administración de la 
provincia. Ministro del gobernador Burgos, 
fué tomado prisionero por las tropas de Oyue- 
la. Durante la tiranía vivió en Chile. En Bue- 
nos Aires dirigió El Nacional, y fué electo se- 
nador por la provincia el 13 de agosto de 1866_ 
En los últimos años de su vida escribió los Re- 
cuerdos históricos de la provincia de Cuyo, 
obra importantísima, que ocupa uno de los pri- 
meros puestos en la bibliografía n