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Full text of "Diccionario razonado de legislación civil, penal, comercial y forense : ó sea Resumen de la leyes, usos prácticos y costumbres, como asimismo de las doctrinas de los jurisconsultos, dispuesto por orden alfabético de materias, con la esplicación de los términos del derecho"

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DICCIONARIO RAZONADO 



DE 



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CIVIL, PENAL, COMERCIAL Y FORENSE. 



UN TOMO EN FOLIO 



EN PAPEL AVITELADO Y LUSTRADO. 



Todos deben saber las leyes, y á nadie escusa la ignorancia 
del derecho. Así está prevenido en nuestros códigos : asi lo 
exige el interés de la sociedad y el de cada uno de sus indivi- 
duos : asi se observa en muchas naciones, donde el conocimiento 
de la legislación del pais es el complemento necesario de la 
educación, donde no hay ciudadano que no tenga en su bi- 



(») 

blioíeca el libro de las leyes, y donde hasta las mugeres se 
instruyen por sus pequeños códigos ó manuales de las que 
conciernen á su estado y condición de esposas y de madres. 

El libro de la ley es por cierto el mas importante de todos 
los libros, y casi el único necesario para todos, como dice uno 
de los genios mas profundos y filantrópicos de nuestros dias ; 
y aun cuando no lo fuera como libro de derecho, lo seria 
como libro de moral. Los libros religiosos recomiendan á los 
hombres que sean justos ; pero el libro de la ley les esplica 
en qué consiste la justicia , les refiere todos los actos contra- 
rios á ella, les enseña á vivir sin hacerse mal unos á otros, y les 
manifiesta el modo de manejarse con cautela y sabiduria en 



sus negocios. 



Mas ¿ cual es el libro de la ley en que nosotros podremos 
hallar tan preciosas ventajas? ¿Es acaso el Fuero Juzgo, com- 
pilación de leyes de concilios , de leyes de otros tiempos , de 
leyes tan estrañas ahora como su nombre ? ¿ Es el código de 
las siete Partidas, lleno de disposiciones alusivas á costumbres 
que no conocemos, ó fundadas en principios que ya no sub- 
sisten? ¿Es, por omitir otros muchos, la Recopilación, ese ha- 
cinamiento confuso de leyes viejas y nuevas, sin plan, sin 
conexión, sin principios uniformes , fárrago de documentos 
de legislación y de historia? ¿Son quizá todos juntos con el 
inmenso escuadrón de los intérpretes, comentadores y trata- 
distas ? 

Si en otros pueblos se ha hecho común la ciencia del derecho, 
es porque tienen códigos sencillos, claros y metódicos, puestos 
al alcance de los ciudadanos de todas clases; pero nuestra 
legislación carece de tales perfecciones : ella se compone de 



(3) 

muchos códigos; códigos que en parte rigen y en parte están 
suprimidos; códigos que entre sí no tienen coherencia ni ana- 
logía; códigos que si bien son otros tantos monumentos de la 
sabiduría de nuestros padres, no pueden menos de resentirse 
de las circunstancias de los tiempos en que se hicieron, ni de 
estar en contradicción con los progresos del espíritu humano, 
abriendo por consiguiente la puerta no solo á nuevas prácticas 
sino aun á la arbitrariedad de los tribunales; códigos en fin 
que contienen mezcladas leyes vigentes y leyes caducas, leyes 
que se contradicen , leyes derogadas y otra vez restablecidas 
parcial ó totalmente por otras posteriores ó por un uso con- 
trario, de suerte que apenas pueden conocerlas, distinguirlas 
y desenredarlas los jurisconsultos encanecidos en su estudio. 
Muchos de estos han tratado de comentarlas, esponerlas, con- 
cordarlas y suplirlas, y han publicado volúmenes inmensos 
que adornan las grandes bibliotecas de los hombres que se 
ejercitan en los combates del foro : volúmenes escritos general- 
mente en lenguage técnico, obscuro, árido y desagradable : 
volúmenes que miran con respeto, y aun con cierta especie de 
horror , los que no se dedican por oficio á la defensa de los 
pleitos. 

¿ Quien pues ha de lanzarse en este piélago sin esperanza 
de atravesarle? ¿Quien osará penetrar con pie mal seguro en 
esta selva cubierta de maleza? ¿Quien que no sea un jurista 
sabrá buscar la ley que le interesa, y asegurarse en caso de 
hallarla de que no ha perdido su fuerza ? Y ¿ como en tanta 
confusión cumplirse el precepto de que todos sepan las leyes, 
y que á nadie escuse *su ignorancia ? ¿ Habrá de dejar todo 
ciudadano su taller ó profesión para entregarse á investigado- 



(4) 

nes que tanto tiempo y desvelos cuestan ? El legislador segura- 
mente, semejante á aquel pájaro que depone los huevos en la 
arena dejando al azar el cuidado de empollarlos ,. ha estable- 
cido las reglas de nuestra conducta y mandado que para guar- 
darlas nos enteremos de ellas, sin facilitarnos al efecto los 
medios indispensables. 

Mas no por eso es menor el interés que todos tenemos en 
saberlas y entenderlas : no porque nos sea imposible ó difícil 
su conocimiento, podemos evitar que se nos apliquen : no 
porque las tablas de nuestros deberes se hallen tan altas que 
ni aun las alcancemos con la vista, nos ahorraremos los 
amargos sinsabores que la falta de su lectura es capaz de acar- 
rearnos. 

Grande por tanto fuera el servicio que haria al público 
quien acertase el medio de procurar á toda clase de personas la 
competente instrucción sobre los derechos y obligaciones que 
les corresponden asi en cualquiera de los estados ó condicio- 
nes en que el hombre puede estar constituido como en cual- 
quiera de los actos de la vida civil , presentándole una obra 
en que sin distraerse de sus ocupaciones diarias pudieran todos 
hallar oportunamente y con facilidad resueltas las dudas que 
les ocurriesen en sus contratos, pleitos, asuntos comerciales, 
disposiciones y negocios de toda especie. Tal es el objeto á 
que se dirige el presente Diccionario de legislación. En él 
se definen y esplican todos los términos del derecho con exac- 
titud y claridad , para que puedan leerle con fruto las perso- 
nas que quieran consultarle , por mas estraño que sea para 
ellas el lenguage de la jurisprudencia; y en él se contienen 
breve y sustancialmente las disposiciones de nuestras leyes 



(5 ) 
sobre cada punto, los usos y costumbres que á falta de deci- 
siones legales ó á pesar de ellas se han introducido en la 
práctica, y las doctrinas ú opiniones de los jurisconsultos 
acerca de su inteligencia ó de las consecuencias que se de- 
ducen de sus principios cuando están obscuras ó no son tan 
estensas como seria de desear. Cada artículo encierra por lo 
común la definición de la voz ó palabra que es su objeto , su 
etimología ú Origen en caso de que contribuya para penetrar 
mejor su sentido , las diferentes acepciones en que puede to- 
marse , el desarrollo y aplicación de los principios que tienen 
relación con ella , y tal vez algunas de las reflexiones que la 
filosofía ha dictado sobre el asunto á los mas célebres juris- 
consultos de Europa. El orden alfabético en que están distri- 
buidas las materias es sin duda el mas cómodo para que el 
lector encuentre con prontitud y sin trabajo el punto de que 
necesita instruirse. El cuerpo del derecho se compone de 
piezas que pueden montarse ó desmontarse, y ponerse juntas 
ó separadas según las necesidades de los individuos. Aqui están 
desmontadas y puestas con separación, para que cada uno elija 
la que mas le convenga. El ciudadano que por sus ocupaciones 
no puede dedicarse al estudio de la legislación general , tiene 
aqui el medio de poder conocer fácilmente las leyes relativas 
á su estado y á la clase que ocupa en la sociedad. El marido, la 
muger, el padre, la madre, el hijo, el hermano, el pariente, el 
menor, el tutor, el labrador, el comerciante, el artesano, el 
propietario , el arrendador , etc. , hallarán en sus artículos 
respectivos la suma de sus obligaciones y derechos, sin emplear 
mucho tiempo en estudiarlos. ¿ Quiere saber un hijo por ejem- 
plo qué es lo que debe a sus padres y lo que puede exigir de 



(6) 

ellos? Acuda primero á la palabra Hijos, donde verá lo que e& 
propio en general á los hijos de todas clases; y poniéndose 
luego en la clase que le competa de hijo legítimo , legitimado, 
natural , espurio , adulterino , incestuoso , postumo , adoptivo , 
emancipado ó de familias, según las divisiones que allí se 
hacen, tome entre los artículos siguientes aquel que le cor- 
responda, en el cual sin necesidad de perder tiempo en lec- 
turas que por entonces le sean inútiles , encontrará lo que en 
el momento desea saber para su gobierno. De igual modo ha 
de proceder quien trate de salir de alguna duda ó ele saber 
como se ha de conducir en algún contrato ó negocio , yendo 
á buscar la palabra con que este se designe. ¿Quiere un comer- 
ciante conocer las obligaciones que produce el giro, endoso 
ó aceptación de una letra de cambio, la sociedad, el préstamo, 
la comisión y cualquiera otra especie de negocio mercantil? 
Registre la voz Aceptación, Endoso, Letra, etc.; y ó bien en 
ella ó en el artículo á que allí se haga remisión verá lo que in- 
tenta averiguar. ¿Se trata por último de dividir ó partir una 
herencia? Yéase el artículo Partición de Herencia, donde en 
pocas páginas se esplica el orden que debe seguirse en esta 
operación, aun cuando sea muy complicada; y si el partidor 
tiene dudas en algunos puntos accesorios, como v. gr. en los 
relativos á dotes, donaciones, bienes gananciales, legítimas, 
mejoras, etc., puede recurrir á los artículos de estas palabras 
en que los hallará esplicados separadamente con la debida 
estension. Asi que, aun las personas que no están prácticas 
en el manejo de libros de derecho no tendrán dificultad en 
hacer uso de esta obra, y mediante las frecuentes citas y remi- 



(7) 

siones que se hacen de unos artículos á otros podrán atinar 
mas seguramente con las noticias que buscaren. 

He aqui la indicación del plan y objeto de este Diccio- 
nario, encerrada en el epígrafe : Clienti prornere jura. No 
está escrito para los sabios, pues no consta de tratados profun- 
dos que puedan ensanchar los límites de la ciencia, sino para 
cualesquiera individuos de la sociedad que quieran consultarle 
de tiempo en tiempo para su gobierno y la buena administra- 
ción de sus intereses. Sin embargo, los que entran en la car- 
rera de las leyes podrán considerarle como una clave de la 
penosa profesión que abrazan ; y si no le desdeñan los hom- 
bres versados en la jurisprudencia, tendrán en él un reper- 
torio cómodo para refrescar la memoria de lo que saben. 



PARÍS , IMPRENTA DE P. DUPONT ET G. EAGIIIONIE , 
talle de Grenclle-St-Honoré, 55. 



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J.ilho. lhloto'e,na¡r.V.¿u ItíhrirfKfá