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Full text of "Discurso de recepción ... como individuo de numero de la Academia Nacional de la Historia, el 23 julio de 1922"

UNIVERStTY OF NORTH CAROUNA ~N 



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THE LIBRARY OF THE 
UNIVERSITY OF 
NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 
DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 
SOCIETIES 



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liÍlililÍi^^ N.C. AT CHAPEL HILL 
OOO4569774I 




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http://archive.org/details/discursoderecepcOOdavi 



DISCURSO 

óe recepción óel Doctor Uicente Dáuila, como 
Inóiuióuo óe Húmero óe la ñcaóemia 
nacional óe la Historia, el Z3 óe 
julio óe IQZZ. 




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óe recepción óel Doctor UiceníejDáuüa, como 
Inóiuióuo óe Húmero óe la ñcaóemia 
nacional óe la Historia, el 23 óe 
¡uüo óe 192Z. 




Imp. Bolíuar 
Caracas 



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DISCURSO 

pronunciado por el Doctor Uicente Dáuila en su recepción 
como inóiuióuo óe flúmero óe la ñcaóemia. 



8146- 



199 



Señores Académicos: 



Señores: 

Debido al buen acogimiento que tuvisteis a la opción 
que hice al Sillón vacante del historiador D. Francisco Tos- 
ía García, y por lo cual rindo gratitud, me encuentro entre 
vosotros. 

Acaso no pueda llenar debidamente el sitio que ocupó 
en vida el ilustre Académico de facultades múltiples. Fué 
hombre público, y en más de cuarenta años desempeñó 
puestos importantes en la política de Venezuela; su verbo 
de combate vibró en los Congresos y Gabinetes; supo acu- 
mular fortuna no escasa; y consagró toda su larga y fecun- 
da labor literaria a la historia, escribiendo en leyendas de- 
leitables, de los patriotas, sus heroicos actos. 

En este género de literatura sobresalió entre los escri- 
tores de su tiempo por su erudición, y por la naturalidad de 
su estilo. Dejó varios libros que hoy divulgan los principa- 
les acontecimientos de nuestra Emancipación. 

Gomo las sendas de mi trajín en la historia son las del 
hecho real y escueto, aplaudiendo o censurando el aeto, mis 



y 



6 



escritos no constituyen amenas narraciones. No obstante 
que la Diosa Glío me inspire un algo, así como supo hacer- 
lo en un mucho con el leyendario Tosta García, desapare- 
cido dolorosamente de la actividad literaria. 

Señores: 

Encontrándose los Ministros de Garlos I en suma es- 
casez resolvieron, de acuerdo con los arrendadores de tri- 
butos reales, aumentar los ya crecidos impuestos que ago- 
biaban al subdito español. 

Sabida la nueva por los de Gastilla protestaron con 
ánimo resuelto de oponerse con los puños al consabido in- 
tento. 

Los Toledanos acudieron al Rey que solícito se aperci- 
bía al Imperio decidiera en su favor, antes de partir a coro- 
narse de Gésar en Alemania, el punto amenazante de los 
nuevos tributos. La respuesta fué descomedida y áspera. 
¡Ardía en sus sienes la férrea corona del Imperator-Rex! 

Pero en los bravos pechos castellanos, cachorros de leo- 
nes, rugían los Gomuneros de Gastilla. 

Violentamente ejecutado fué por sus compatriotas el 
Procurador Antonio de Tordesillas, por haber aceptado 
complaciente el donativo gracioso que le impusieron los Mi- 
nistros flamencos de Garlos I, a nombre del pueblo de Se- 
govia. 

La protesta ensangrentada de los tumultuarios alteró el 
ánimo de los gobernantes. El Gardenal Adriano y el Arzo- 
bispo Rojas propusieron en el Gonsejo Real castigos ejem- 
plares para sofocar con ellos la revuelta. ¡ En verdad que 
la dureza de estos prelados no corría parejas con la manse- 
dumbre de los pastores en Jesucristo! 

El incendio cundió por todas las ciudades y campos de 
Gastilla. El Obispo de Granada, contestando al rigor de 
sus colegas, tomó parte en los motines. Hasta cuatrocientos 



7 



sacerdotes convirtieron sus hábitos en bandera de las rei- 
vindicaciones populares. ¡Que en casos semejantes el pas- 
tor de almas cumple también su misión, al trocar el cayado 
por el fusil en defensa del aprisco! 

El Almirante Enríquez y D. Iñigo de Velasco, con el 
cargo de Gobernadores, emprendieron la tarea de domar 
los espíritus rebeldes. 

D. Juan de Padilla que alentaba a los Toledanos llegó a 
contar bajo sus órdenes 20.000 combatientes, que en Torde- 
sillas proclamaron a la Reina teniéndola en rehenes de sus 
pretensas conquistas de Comuneros. 

Asaltados los muros de su prisión, la Soberana quedó 
en libertad. Mas los vencidos, resueltos a no cejar en su 
demanda, se refugiaron en Valladolid. El audaz aliento de 
Padilla y del Obispo de Zamora, soplando a una sobre el 
pueblo insurrecto, mantenía vivo el fuego de la conspira- 
ción. La lucha, que era sangrienta, se hacía sentir con fra- 
gor de huracán en la vasta aridez de la tierra castellana, 

Los nobles, viendo peligrar sus privilegios, tuvieron de 
contribuir hasta con sus vajillas fundidas en numerario. Ne- 
cesitaban contener el ímpetu desbordado de la plebe que re- 
clamaba enfurecida sus derechos. 

En campos de Villalar, cerca de Tordesillas, vinieron a 
las manos. El Conde de Haro con sus diez mil soldados 
reales, y Padilla con número mayor. La derrota cubrió a 
los Comuneros por más esfuerzos que hubo de parte de sus 
Capitanes. Y ejecutados fueron en la plaza de Viüalar 
Juan de Padilla, el brioso tumultuario de Toledo; Juan 
Bravo, el valiente insurrecto de Segovia; y Francisco Mal- 
donado, el heroico rebelde de Salamanca. 

La casa de Padilla arrasada fué, y sobre sus ruinas, 
madero de afrenta quedó anunciando la triste suerte de los 
vencidos. Que en la lucha pasional la Victoria, hermosa 
cortesana, sólo se entrega en brazos del vencedor. 

Pero la Justicia, mujer serena y de belleza impecable 
como encarnación de la bondad, se anda tras los pasos de su 
loca hermana corrigiendo discretamente sus liviandades. 



8 

Son las dos hermanas de la parábola viviente del Evange- 
lio: Marta la juiciosa, y María la pecadora de Magdalo. 

Es que la Justicia sabe que algunos de los caídos son 
los buenos, y muchos de los que triunfan son los malos. Y 
si los Dioses para darle sabor a la mísera eTíistencia, pusie- 
ron al alcance de los segundos el fruto sazonado de la vic- 
toria, reservaron para sí como supremo don el de la justi- 
cia postuma, recompensa gloriosa de los que han sabido sa- 
crificarse en aras del ideal. 

Tal acaeció el 24 de Abril de 1921, cuarto centenario 
del suplicio de los Comuneros de Castilla. En la plaza de 
Segovia el Rey D. Alfonso XIII, en rasgo de varón republi- 
cano, inauguró la base del monumento que España se pro- 
pone erigir a Juan Bravo, el valiente de Segovia. 

Altamente consolador es el acto del Monarca para los 
amantes de la justicia histórica. Mirad el cuadro: Carlos 
V, vestido de púrpura imperial, escucha severo el parte de 
las ejecuciones ordenadas por sus tenientes; D- María Pa- 
checo, la viuda de Padilla, continúa en Toledo con su mano 
de fina aristocracia atizando la hoguera de las Comunida- 
des ; y péndulos del madero en Villalar, cual frutos dolien- 
tes del Arbol de la vida, los cadáveres sangrantes de los 
vencidos. 

Pero del fondo de ese cuadro sombrío, superpuesto a 
manera de una vista cinematográfica, surge un Rey, here- 
dero del trono español de Carlos V, y en nombre de esa 
gran patria inaugura el monumento de los Comuneros. 
Probando así, señores, que las reivindicaciones de los opri- 
midos con sus principios inmanentes de justicia humana, 
triunfan siempre, aunque sea tarde, puesto que llevan en sí 
destellos de la misma Divinidad. 

Por caminos subterráneos de la historia viajan las 
ideas, del mismo modo que los fuegos interiores en las en- 
trañas del planeta. Y si éstos se muestran a los hombres en 
el humo intermitente de la solfatara, en el pavoroso estrépi- 
to del cataclismo, o en el penacho incendiado del volcán; 
aquéllas, que constituyen la dinámica de los pueblos, se ha- 



9 

cen sentir en el ruidoso clamor de los motines, en la estri- 
dente algazara de los tumultos, o en el sangriento furor de 
las revoluciones. 

Por ello, dos siglos más tarde, la misma insurrección 
económica de los Castellanos estallará violenta en la capital 
del Paraguay, colonia hispana en el Continente de Colón. 

Un día de 1720 el Gobernador D. Diego de los Reyes 
Balmaceda, por oponerse a la reunión del Cabildo que pre- 
tendía disminuir los pesados impuestos, cayó en desgracia 
de la turba amotinada que al punto le reemplazó con el para- 
guayo José Antequera. 

Durante cuatro años sostuvo en alto los derechos de sus 
compatriotas, pero caído en la lid fué ajusticiado en Lima 
por orden del Virrey. Antes de expirar en el cadalso seña- 
ló para sucederle a Fernando de Mompox. El brazo varo- 
nil de este combatiente logró mantener triunfante, hasta 
1732, el pendón de los Comuneros del Paraguay. 

Poco tiempo después la corriente invasora hizo irrup- 
ción en Venezuela. El 19 de Abril de 1749 en los Valles de 
Caucagua y Panaquire, sus habitantes tocan a rebato en la 
campana de sus iras populares. 

Rompe el aire pacífico de la aldea el fragor de voces es- 
tentóreas que conmueve, de manera inusitada, el asiento 
gubernativo de D. Luis de Castellanos en ésta de Santiago 
de León y los Caracas. 

Es la protesta que hace la Provincia de Venezuela pi- 
diendo la libertad de su comercio. 

El Capitán poblador D. Juan Francisco de León, 
de acuerdo con los Magnates y Titulados en Asamblea 
pública impuso, desde el recinto de ese Palacio Arzo- 
bispal, la expulsión de la Compañía Guipuzcoana, que du- 
rante veinte años venía explotando con sus monopolios. 

Hé aquí, señores, el primer paso en la conquista de 
nuestros cívicos dereclios. Pero en esta solemne ocasión no 
bajaron del Aventino los tribunos de la plebe, subieron del 
valle al Capitolio y en sus colinas hincaron el estandarte de 



10 



los Reyes, sirviendo en esta vez de caución al principio po- 
pular reconocido. 

Que andando el tiempo cuando los descendientes de los 
conquistadores se emancipen, aunque vayan clamando ¡Pa- 
tria y Libertad ! en el clangor de las batallas irán siempre en- 
vueltos en el mismo estandarte de Colón. Porque si nuestros 
padres al declararse insurrectos rasgaron en santa cólera el 
Rojo y Gualda de la Madre España, al punto, por ser estos 
colores símbolos de nuestra sangre y pensamiento hispanos, 
tuvieron de juntarlos con un jirón azul del estrellado cielo 
americano. (1) 

■ En burla los Comuneros por el Brigadier D. Felipe Ri- 
cardos, sucesor de Castellanos y de Arriaga, se vieron obli- 
gados a convertir la cívica protesta en armada rebelión. 

La sangre de los conjurados corrió en oblación de sacri- 
ficio por los campos de la Patria. Fracasado el noble inten- 
to del Capitán León fué perseguido, preso y expulsado 
luego. 

'Derruida la casa del vencido y sembrada de sal, poste 
con letrero de ignominia clavaron los vencedores sobre los 
despojos de la víctima. 

Y semejante al asta rota de la bandera que izaron los 
Comuneros el 19 de Abril, ese poste ignominioso se quedó 
marcando allí, a manera de un índice de acero en el reloj 
del tiempo, y por más de medio siglo, la crueldad de aque- 
llos malos días; para luego trocarse al resplandor de una 



(1) íEl poeta español D. Eduardo Marquina en el hermoso 
canto a Caracas dice que Bolívar "vió cerca el cielo, levantó su 
mano, — haciendo lo español venezolano — jen los dos tonos del 
pendón hispano — ^prendió un jirón de cielo con estrellas!" Esto 
es muy bello pero no está ajustado a la historia. Miranda tre- 
moló el primero nuestra bandera con sus tres colores, y luego el 
Constituyente de 1811 le clavó siete estrellas en el azul, simboli- 
zando con ellas las siete Provincias venezolanas que siguieron el 
movimiento del 19 de Abril de 1810, y las cuales tenían allí sus 
Representantes. 



11 



alborada de gloria, y en otro 19 de Abril, en el índice venga- 
dor del Canónigo Cortés de Madariaga. 

Que en esta vez el símbolo de maldición hebraica, en- 
carnado en el mismo elemento de vida, no tuvo su cumpli- 
miento en la siembra maldita del déspota insolente. De 
aquellos escombros brotó no planta medrosa que trepa por 
entre ruinas, sino la encina gigantesca de la Libertad, que 
al cubrirnos con sus ramas generosas nos alienta al bien co- 
mún, como nacida que fué durante la cálida tormenta de la 
Guerra a Muerte y fecundada dolorosamente con la sangre 
copiosa de los Libertadores. 

Sobre esas ruinas históricas, casi escombros todavía, y 
donde en tiempos de la Colonia se irguió la suntuosa mora- 
da del Capitán León, el Gobierno de la República levanta- 
rá un monumento a la memoria de los Comuneros de Pa- 
naquire. (2) 

Pero nos hemos detenido demasiado en estos lugares 
del patriotismo, y en la plaza del Socorro nos espera una 
mujer, que no por ser de origen humilde deja de ser una 
dama, y por ello acudimos presurosos a la cita de esa his- 
tórica mujer. 

Por los años de 1781 vientos de tempestad soplaban en 
las regiones del Nuevo Reino de Granada. Los onerosos 
impuestos del Regente Visitador D. Juan Gutiérrez de Pi- 
ñeres, traían soliviantados los ánimos de los Granadinos^»^ 

En semejantes casos basta el no de un resuelto, o de un 
corajudo el golpe airado, para que el incendio cunda o el 
tumulto estalle. 



(2) Este sitio se encuentra en la Plaza de Candelaria de 
Caracas, entre las esquinas de la Cruz de Candelaria y Candili- 
to, marcado con el No. 1. Al presente hay varias casuchas de al- 
quiler. En el Archivo Nacional existe un largo expediente, en 
dos tomos, sobre el movimiento de Panaquire. Tiene documen- 
tos importantes que no han visto la luz pública. El Dr. Aristides 
Rojas, en uno de sus valiosos estudios titulado "Orígenes de la 
Revolución Venezolana", publicó algunos de ellos junto con im 
extenso extracto de todo el expediente. 



12 



El 16 de Marzo del citado 81 una mujer, puesta en ja- 
rras, actitud retadora de las hijas del pueblo, leía en la pla- 
za del Socorro el edicto arbitrario de "Las Reales de Alca- 
bala y Armada de Barlovento." (3) 

Llena de santa indignación lo desfija, y al desgarrarlo 
sus desnudas plantas pisotean los fragmentos del consabido 
bando. ¡Y son chispas incendiarias las que brotan al cho- 
que del rudo calcañal de la varona! 

Mirad hacia el Poniente: a través de la historia se divi- 
sa en aquella plaza fulgente llamarada. Son las faldas de 
esa oscura mujer que al incendiarse en el fuego del patrio- 
tismo, sirvieron de rojo gonfalón en la tormenta que desató 
el bravo Comunero. 

Que no se propaga con menos violencia el fuego en 
nuestras sabanas, tostadas por el estío abrasador, que la in- 
surrección en los sesenta pueblos granadinos. 

D. Juan Francisco Berbeo, Capitán General de los in- 
surrectos, recabó del Gobierno aterrado de Santafé las Ca- 
pitulaciones de Zipaquirá. Primera conquista del civismo 
en la tierra del Muisca avasallado. 

La palabra autorizada del Arzobispo Caballero y Gón- 
gora sirvió de caución al pacto celebrado entre súbditos y 
gobernantes. Por ello los peticionarios regresaron tranqui- 
los y confiados a sus hogares, como que llevaban en las Ca- 
pit2¿I aciones el Arca Santa de sus derechos. 

El Virrey Flórez, ausente en Cartagena, no quiso reco- 
nocerlas y burló despiadado las justas esperanzas de un 
pueblo sediento de justicia. Contra lo prometido solemne- 
mente se dió comienzo a la persecución. José Antonio Ga- 
lán, el más valiente de ellos, caído en prisiones escuchó se- 



(3) Manuela Beltrán dice D. Luis Pebres Cordero que es el 
nombre de la corajuda hembra. Otros historiadores colombia- 
nos varían en él. En la plaza de Neiva también fué una mujer 
la que inició el movimiento comunero, llamada Teresa Olalla. 
"Del Antiguo Cúcuta", pág. 99. En el monumento que se levanta 
en la plaza del Socorro a los Comuneros debe de leerse el nom- 
bre de la Beltrán. 



13 



reno la sentencia: luego de ahorcado quedarían su cabeza, 
pies y manos pendientes en escarpias públicas, en Gharalá 
su patria, y en otros sitios de su actuación militante. 

Y los cadáveres de sus compañeros Isidro Molina, Lo- 
renzo Alcantuz y Manuel Ortiz, descuartizados como el su- 
yo, se verían también enclavados en picotas de baldón para 
escarmiento de rebeldes. 

Satisfecha la vindicta pública, el manto del perdón 
real cubrió la faz entristecida de los burlados Comuneros. 

Pero de aquellos troncos ensangrentados y ennegreci- 
dos por el tiempo, brotarán gérmenes de nueva vida. Gomo 
los árboles de invierno que en las templadas zonas se cu- 
bren por primavera con brotes de verdura, en el invierno 
colonial esos mismos leños ennegrecidos por el oprobio se 
cubrirán también, al romper la primavera de 1810, con bro- 
tes de esperanza que hará fecundos el sol de la Libertad: 
cuando la espada de Bolívar, rasgando el seno oscuro de la 
tormenta, le haga surgir esplendoroso en las cumbres de 
Gámeza y de Bonza, Pantano de Vargas y Boyacá. 

Es la obra inconsciente de todo despotismo. Exasperar 
el ánimo abatido en servidumbre hasta llevarle a encontrar 
el remedio en el tumulto. Y aparecido el sembrador hacer 
que sangre la masa popular enfurecida, propicia entonces a 
la siembra del grano generoso. Smejante en esto a la Ma- 
dre Tierra, que si germina y fructifica es después de haber- 
la rompido con la reja del arado. 

Porque sólo es fecundo el dolor. Toda simiente que en 
los surcos de la historia dejan caer los Apóstoles del bien, 
ha necesitado el martirio del sembrador para la fructifica- 
ción de sus ideas. 

Lo propio acontece con la pasión que el hombre encar- 
na en la mujer. Ha menester del dolor para que a su influ- 
jo cruel broten las lágrimas, el sólo riego que hace nacer las 
flores más bellas de la existencia humana. 

En tanto que los tumultuarios logran la conquista de 
sus pretensas reclamaciones, los Notables de San Antonio, 
ardiendo en la hoguera de las Comunidades, atraviesan las 



14 



aguas fronterizas del río Táchira regresando con las Ca- 
pitulaciones de Zipaquirá. Y sintiéndose con ellas cruza- 
dos de la Nueva Ley, las clavan en la punta de sus picas y 
saltan llenos de júbilo al palenque del civismo. 

Bajo sus banderas se alistan nobles y plebeyos, indios 
tributarios y negros de esclavitud. Por vez primera los 
sometidos indígenas, después de la conquista y durante la 
tristeza del vasallaje, creen oír en el insólito movimiento la 
antigua voz de sus Caciques muertos, y acuden presurosos 
con sus lanzas, sus carcajes y sus flechas a reclamar, junto 
con el amo de la Encomienda opresora, la abolición de los 
tributos nuevos. 

Por varios días consecutivos, los de Julio y Agosto del 
año 81, las veredas y caminos reales en una larga extensión, 
desde las márgenes del Táchira hasta la nevada cima de 
Mucuchíes, se vieron invadidos por los amotinados del re- 
clamo popular. 

A las puertas de las Alcaldíaís de pueblos y ciudades 
llamaron en nombre del bien común, y sus principales ciu- 
dadanos solícitos respondieron al grito de ¡Viva el Rey y 
abajo los impuestos ! 

Por segunda vez ondeaban, azotadas por la racha in- 
clemente del ventisquero, banderas de conquistadores. Pe- 
ro no con el fiero empuje de avasallar, sino con el ánimo va- 
ronil de la protesta. 

Que fué la primera cuando el audaz hispano sometió al 
indio al poderío de los Reyes Españoles, bajo el pendón de 
Castilla y de León. 

Mas ya vendrá para esas mismas escarpadas breñas el 
épico ondear de otros pabellones. Tan sólo seis lustros y 
los hijos de estos Comuneros, en epopeya libertadora, iza- 
rán los nuevos estandartes. 

Tal es, señores, el emblema histórico de la bandera na- 
cional que flamea orgullosa, al viento de nuestras monta- 
ñas, en la antigua Provincia merideña. El Rojo y Gualda 
de la conquista encarnarán, una vez emancipados, la Liber- 
tad y la Independencia que consumó la gesta revoluciona- 



15 



ría; y el Azul estrellado de América, el civismo de los Co- 
muneros alumbrando con sus Capitulaciones, cual si fuesen, 
estrellas, y en la penumbra de la noche colonial, la aurora 
de nuestra Emancipación. 

Y como en las entrañas maternales de la insurrección 
económica del 49 y del 81, se engendró la revolución polí- 
tica de 1810, permitid, señores, a un descendiente de los an- 
tiguos Comuneros de Mérida, impetre del Ilustre Conduc- 
tor del Estado la columna dórica, que perpetúe la memoria 
de aquellos varones en la posteridad. 

Y dado el culto que los serranos de esas cumbres pro- 
fesan al pabellón de la República, nuestras madres al nacer 
un hijo le envuelven en ese jirón de gloria tricolor, para que 
al contacto de sus mágicos colores se templen sus virtudes 
de hombres libres. 

¡ Hermosas mujeres de la Patria, que vuestros hijos al 
venir al mundo nazcan virtualmente bajo el fulgor de los 
tres colores nacionales: que tengan sangre roja para que 
puedan defender soberbios la integridad venezolana; que 
sepan pensar alto a fin de que ensanchen cada vez más los 
horizontes gloriosos del pasado; y sientan en sus almas esa 
bondad del cielo azul en estrellada noche tropical, de mo- 
do que sus pasos por la tierra se dirijan siempre al bien! 



Caracas, 12 de Junio de 1922. 



R E L ñ C I ü H 

documentada del trabajo de recepción, sobre 
•'L05 COmUHEROS DE mERIQñ", 
2 ilustrada con sesenta y seis autógrafos de los principales 
actores de este mouimiento. 



En Barinas a 16 de Setiembre de 1781, D. José Ignacio del 
Pumar, Teniente Justicia Mayor, Regidor perpetuo, Alférez Real, 
€abo a Guerra y Administrador de la Real Renta y Regalia del ta- 
baco, dice : ique acaba de recibir por el >Capitán de pardos foraste- 
ros, José Tomás Guerra, una carta rotulada a ios Capitanes de la 
ciudad de Barinas, y firmada por Juan José Garcia, que se titula 
Capitán General de los rebeldes y malcontentos, que han inquie- 
tado y reducido a su Partido a algunos pueblos del Reino y Pro- 
vincia de Mérida. 

Vienen los testigos que dan fe sobre la carta en cuestión: 
Lorenzo José Gómez dice: que estando en casa de D. Lorenzo de 
la Roca se presentó Domingo Contreras con pliegos de Mérida^ 
los cuales tenían por objeto el convidar a las gentes y Milicias 
de Barinas a la revuelta. En consecuencia se apresó al p^sta. 
Este en presencia del Justicia Pumar, y luego de quitarle el ador- 
no de los grillos, dijo llamarse Domingo Contreras, natural de 
Mérida, avecindado en Barinas desde quince años atrás, casado, 
iílanco, viajante, criador de ganados y de veintisiete años. 
Que se hallaba en Mérida adonde había ido en su negocio, y don- 
de recibió el consabido papel de manos del Capitán Comunero 
D. José Ignacio Briceño. Estuvo seis días de Mayordomo en la 
hacienda de D. Juan Nepomuceno Uzcátegui Dávila, embargada 
por el Comunero de La Grita, D. Juan José García. 

Que al presente no conoce al Alcalde Ordinario de Barinas, 
actual Capitán de Caballería, D. Antonio del Pumar, sustituto 
de D. Diego Méndez, muerto para la fecha. Nombró por defen- 
sor a D. Isidro Patiño. El Justicia procedió al embargo de ios 
bienes del preso, que fué remitido a Caracas conforaie a ia or- 



f 



20 

den del Mariscal de Campo, D. Luis de Unzaga y Araezaga, Ca- 
pitán General de Venezuela. 

D. Domingo Ignacio Villafañe le condujo con sus correspon- 
dientes esposas a San Genaro de Boconó; de allí pasó a la Villa 
de San Carlos, donde era Justicia Mayor D. Bernardo Codecido; 
luego a Valencia, teniendo dicho cargo D. Juan Ramón Páez; en 
seguida a Turmero, le recibió el Justicia D. Juan Martín; en La 
Victoria, D. Juan Antonio Perdomo Betancourt, y por último en 
iGaracas. 

Una vez en la cárcel de ésta amplió su confesión: que al re- 
greso de San Antonio del Táchira llegó el 17 de Agosto a La 
Punta, donde comienza la hacienda de Uzcátegui Dávila, el cual 
salió a Maracaibo a pedir auxilios contra los Comuneros. Lle- 
vó de Mérida carta del sublevado Domingo Alarcón para el Al- 
calde Pumar, y supo en la cárcel de Barinas que el Capitán Bri- 
ceño había pasado a ésta a fin de verse con sus deudos. Nom- 
bró defensor al Dr. D. Francisco de Olmedilla. Dejemos en su 
prisión al posta Contreras, y veamos el patriótico mensaje de los 
Merideños para los Trujillanos: 

"O Nobles, y Plebeyos Vasallos fieles de la ciudad de Tru- 
jillo." 

"Hermanos míos: no ignoran que en cierta ocasión al saludar 
el divino Maestro a sus discípulos les dijo, la paz sea con vos- 
otros, no temáis, a exemplo de tan soberano Maestro os saluda 
esta ciudad de Mérida, y con ella sus Capitanes y Jefes, y demás 
Milicianos de este bien acordado Ayuntamiento, la paz sea con 
vosotros, os volvemos a decir, ¿Mas cómo nó? si la titular de esa 
dichosísima ciudad, es María Santísima de la Paz, y asentada 
esta proposición diremos, ya sabréis que la Santidad de Clemen- 
te Décimo Tercio, de feliz memoria, llamó estos últimos siglos 
Tiejnpos Calamitosos, bien sabemos ser el Sumo Pontífice ór- 
gano del Espíritu Santo, y bien lo hemos experimentado, tan- 
to en este Nuestro R'eino, como en esa Provincia de Venezue- 
la, pues oprimidos como los Israelitas en Egipto bajo el yugo 
cruel de aquel impío Faraón, se han fabricado ladrillos de pla- 
ta a costa de la tierra de nuestros propios cuerpos, mojada con la 
sangre de nuestras mismas venas, y cocidos en el horno de su 
codicia; esto es con los nuevos pechos e imposiciones que de 
día en día han ordenado sus desordenadas conciencias: ya pode- 
mos decir que estos alquimistas hallaron la piedra filosofal para 
hacer oro a costa de nuestros bienes; pero para poner remedio 
a tan crecido daño, y para quebrantar las escamosas cabezas 
de serpiente tan venenosa puso sobre ella el pie, en primer lu- 



21 



gar la Muy Noble y Muy Leal Villa del Socorro, siguiendo a su 
imitación varias ciudades, villas y parroquias, y entre ellas la 
capital de Santafé, como lo veréis por los instrumentos autén- 
ticos que paran en nuestro oficio, y que a su tiempo os mani- 
festaremos." 

"Llegó el consuelo y redención a esta ciudad el dia 28 de 
Julio de este presente año, en cuyo tiempo gemíamos todos con 
tan pesado yugo, y aun temíamos que de recibir la Milicia que 
venia a consolarnos podíamos ser infieles a nuestro Católico Mo- 
narca el Señor D. Carlos Tercero (que el Altísimo por muchos 
años guarde) pero viendo, y revisando con maduro acuerdo las 
Capitulaciones que os manifestaremos, llegamos al conocimiento 
que de su obedecimiento lo que redundaría es acreditarnos de 
fidelísimos vasallos de nuestro Soberano, lo que esperamos de 
vosotros ¡oh ciudadanos de Trujillo! pues en esto demostraréis 
vuestra prudencia, vuestra nobleza, vuestra justicia y sobre todo 
patentizaréis como en vosotros resplandecen los siete dones 
del divino Paracleto." 

"Hermanos, hasta aquí habíamos vivido engañados con los 
mandatos de aquellos crueles Ministros, que mostrándonos la 
piel de oveja tenían para nosotros el corazón de lobo, y lo mis- 
mo para nuesttro Monarca trocando aquel sobre el jabón y acei- 
te, motivo para que se levantase toda la plebe e inquietase aque- 
lla Corte, y esto en un tiempo tan ajustado como la Semana 
Santa, desde el Miércoles hasta el Sábado que tuvieron la dicha 
de ver la cara al Monarca. Bien habréis conocido que así los 
mismos de Santafé, como los de Caracas nos han dado el veneno 
en taza de oro, esto es que paliado sus robos en nombre de Cé- 
dulas Reales, nos han hecho reventar con el tósigo de Alcabalas 
duplicados, Donativos desarregla'dos, &. Y así basta ya de mar- 
tirios y ver morir de hambre a nuestros padres, mujeres, hijos y 
familias. No dudamos que recibiréis y obedeceréis las Capi- 
tulaciones que aceptó la Audiencia de Santafé, y confirmó con 
juramento delante del Santísimo Sacramento (que sea alabado 
para siempre) en manos del Ilustrísimo Señor Arzobispo, pues 
como a nuestros carísimos ha determinado esta ciudad ir a esa 
a exonerarla de tan crecida carga." 

"Es necesario para que un árbol dé opimos frutos cortar- 
le aquellos pimpollos y raizones que la basta naturaleza les hace 
prducir, y es mucho más preciso para poder servir y sacrifi- 
carnos con más libertad a nuestro Católico Monarca, cortar los 
pimpollos de estas infructuosas Alcabalas, y desarraigar estas 
partes los infieles Ministros. ¿No véis cómo practicaron sus 



22 



engaños .en la ciudad de La Habana? ¿No véis cómo mani- 
íesíaron su malicia en la Turquía? ¿No reparáis la entretenida 
el el Puerto y plaza de Gibraltar que aseguran cogerla, ya en la 
Primavera, ya en el Verano, ya en este año, ya en el que viene, 
y lodo es una conocida traición? Baste pues de tolerar el que 
estos infieles Ministros quieran alucinarnos, y quitarnos el cau- 
dal con que pudiéramos servir a nues.tro Soberano, pues tenien- 
do como tenemos prontas las vidas a su defensa, cuanto más los 
cortos bienes que Dios nos ha dado. Animo pues, hermanos 
míos, y decir todos a una voz: Viva Caíalos Tercero y muera el 
mal Gobierno de sus Ministros." 

'*No temáis, fué la segunda palabra que el Maestro Soberano 
dijo a sus Apóstoles al saludarlos con la paz, y como esta es la 
que debemos llevar delante de los ojos, por eso os saluda- 
mos a vosotros de este mismo modo; ya vemos que algunos tí- 
midos de corazón os dirán, como nos han dicho a nosotros en 
este lugar, que todo está bueno pero que temen las resultas: a 
lo que debemos responder, que las resultas serán premios y 
agradecimientos, ya véis que una mañana penosa es premisa de 
una alegre tarde, y que el esposo dijo a s'=i amada: Que se le- 
vantara pues el invierno había pasado ya. Sabed que tenemos 
un Rey piísimo que como amoroso padre viendo a sus hijos que 
gimen no ha de darles escorpiones en lugar de pan. Es nuestro 
Católico Monarca Carlos el sabio llamado asi por antonomasia, 
que quiere decir Carlos Tercero, y siendo su Magestad la sabidu- 
ría misma ha de conocer precisamente las falacias conque tral- 
doramente le engañaban sus Ministros, y a nosotros nos opri- 
mían, y así viendo que nosotros hemos tomado las armas en su 
defensa nos aclamará no solamente fieles, sino fidelísimos: ved 
que si en el séptimo siglo metió un mal Ministro los Moros en Es- 
paña en este décimo octavo otros Ministros infieles le han roba- 
do sus erarios, y han procurado meter distintas sectas así en 
España, como en América. iContemplad el nuevo plan de es- 
tudios en la ciudad de Santafé conque querían olvidar la Sa- 
grada Teología, y reducirlos todos a garabatos, como si viniese 
un hereje a introducir una secta (lo que Dios no permita) para 
replicar sus falsos dogmas andarían los estudiantes levantando 
ílííuras, haciendo circuios y visajes como Nigrománticos, y la 
Teología Sagrada olvidada. ¡Bueno está esto! Mas no dic- 
tamos más sobre este asunto, por no ser profesores de él, y esto es 
sólo lo que nos dicta la luz de la razón; no obstante veréis en 
otras cartas estas mismas razones más claras y precisas, por lo 
icual os volvemos a decir que no queráis temer; bien que aque- 



23 



líos que habiendo tenido los estancos y demás empleos se aga- 
rran, os levantarán unos gigantes de tierra y miedo, pero repa- 
rad bien que no son sino gigantes de dolor y lágrimas, pues ma- 
chacándoles las uñas no les queda (esto está roto) 

y después para que sintiese la diadema de Israel. Ved a un Moi- 
sés balbuciente previsto del Altísimo para Capitán de su querido 
pueblo y en fin veréis varios hombres a quien Dios levantó del 
estiércol (como cantó el salmista) pobres ¿y esto para qué?, 
para mostrarnos su Omnipotencia, porque su Magestad confun- 
de a los soberbios, y ensalza a los humildes, valiéndose en oca- 
siones hasta del sexo mujeril, digalo una Ester puesta a los pies 
del Rey Azuero, vedlo en la viuda Judid en cuyo brazo estaba 
el de Dios para cortar la cabeza a Holofernes, por cuyo motivo 
no queráis temer; antes bien haciendo alianza con los de esta 
ciudad, y demás nuestros hermanos comience desde hoy por 
todos los lugares de la Provincia de Venezuela a volar la fama, y 
en su clarín sonoro cante el mote que ha cantado en todo el 
Nuevo Reino de -Granada, esto es Viva Carlos Tercero, y muera 
el mal Gobierno de sus Ministros, cante pues muchas veces en 
las calles y plazas Orfeo en su cítara, y hasta los pastorcillos re- 
pitan por las verdes selvas en su dulce zampoña, Viva Carlos 
Tercero y muera el mal Gobierno de sus Ministros. Dios os 
guarde felices y dilatados años. Agosto 12 de 1781." 

"Hermanos nuestros. En nombre de la ciudad de Mérida 
a la de Truxillo nosotros los Jefes siguientes: Ygnacio de Ri- 




24 



vas. — José Ignacio Briceño. — Tomás Dávila, — Antonio de la Cruz 
l^fónsalve" 




Los Mimicipes de Triijillo se reunieron precipitadamente en 
la Mesa de Esnujaque, y en tanto llegaban el Alcalde Ordinario 
de primer voto, D. Ramón de la Torre, y el Procurador General, 
D. Ignacio de Segovia, contestaron el 14 siguiente con evasivas. 
l^os Merideños les replicaron desde Timotes, linea divisoria, que 
ésperaban su resolución p-ara invadir o no. El Cabildo truji- 
llano tomando el movimiento meramente granadino, puesto que 
así lo calificaban los mismos de la invitación, no quiso tomar 
carta en el asunto. Esto obedecía a que la Provincia de Mé- 
rida había pertenecido desde su fundación hasta 1777 al Nuevo 
Reino de Granada. 

Firmaron la repulsa en el sitio de la Mesa el 16 de Agosto 
los Munícipes de Trujillo Vicente Cardona, Sancho Antonio Bri- 
ceño, Miguel Betancourt, Pedro de Uzcátegui, Luis Briceño, Juan 
Antonio Barazarte y Santiago Montilla. 

Ante ella los Capitanes merideños que no querían guerra 
ni violentar los ánimos de sus hermanos, sino simplemente pro- 
testar contra el aumento de los impuestos, retrocedieron de la 
frontera dispersando sus fuerzas, que según testimonios llegaban 
a unos dos mil hombres. De esta manera quedó trunco, por el 
rechazo de los Trujillanos, el movimiento de insurrección que 
sin sangre pretendieron los Comuneros de Mérida, para orgu- 
llo de sus directores, llevar hasta Maracaibo y Caracas con el 
sólo impulso de una cívica protesta, la cual protesta se llímKi 
huelga entre la clase obrera y es el natural derecho que tiene 
el hombre de reclamar, al Jefe del Estado o al Patrón de fábrica, 
el alivio en el forzoso tributo del impuesto o del Jornal. 

Sabido en Caracas el escándalo de la Sierra, el Gobernador 
Unzaga nombró por Enero de 1782 al Teniente Coronel D. Juan 
de Salas comisionado, a fin de seguir las sumarlas correspon- 
dientes a aquellos revoltosos. Este, una vez en Mérida, dió el 
cargo de Escribano a D. Antonio Moreno, Subteniente de las 



fuerzas expedicionarias sobre la frontera. El siguiente interro- 
gatorio seria la pauta de los juicios : 

I» — Los nombres de los tumultuarios, número de los invaso- 
res y sus lugares. — 2^ — Las funciones de ellos y su duración, — 3- 
— ^Los Capitanes y demás empleos. — 4? — ^Las diligencias hechas 
para el fomento de la insurrección. — 5''^ — Si era ésta sólo por cau- 
sa de los pechos o tenia faz politica. — 6- — Las personas que se 
opusieran a ella. — 7^ — ^La forma cómo pretendieron invadir a 
Trujiílo. — 8- — Qué fuerzas, armas y proyectiles tenían. — 9^ — Las 
causas que les impidieron seguir, y IOí' — ^La manera de hacerse 
obedecer. 

TESTIGOS REALISTAS QUE DEPONEN EN LA CIUDAD DE 

fMERIDA 

El Teniente Justicia Mayor de ésta, D. Pedro Lacunza,dij!o : que 
estando el 25 de Julio del 81 en la Parroquia de Exido, vió en- 
trar gente en tumulto mandada por el Teniente de Milicias D. 
Felipe Contérras, y los Capitanes D. Marcelo Contreras y D. Ba- 
silio Molina, y con el cargo de Sargento D. Luciano Molina, to- 
dos vecinos de La Grita. Al punto D. Simón (Molina, vecino de 
Exido, se presentó como Capitán con sesenta hombres. Basilio 
Rodríguez y Nicolás Antonio Angulo, del mismo Exido, salieron 
a encontrar a los Griteños, y desde Lagunillas enviaron a José 
Garrido en comisión ante el Justicia Mayor y los Alcaldes de 
Mérida, con el fin de prepararlos para la entrada en ella. Sólo 
Joaquín Medina, que venia con ellos, era reinoso. (Debe de te- 
nerse en cuenta que en el Táchira y Mérida se llama así a los 
naturales del Nuevo Reino de Granada, y qué hoy se usa este 
gentilicio a manera de mote.) 

Gornelio Uzcálegui Rangel, continúa Lacunza, llegó a Méri- 
da, unos cuatro días antes, con cincuenta amotinados y los re- 
partió en la ciudad de modo que nadie pudiese entrar ni salir sin 
orden de éstos, ios que gritaban ¡Viva el Rey y abajo el mal Go- 
bierno! Los Griteños trajeron el nombramiento de Capitán Ge- 
neral a D. Antonio Uzcátegui, el cual nombró a su vez Capita- 
nes a D. Ignacio de Ribas y a D. José Ignacio Briceño; Alfére- 
ces a D. Xavier Ruiz Valero, actual Alcalde Ordinario, y a D . Se- 
bastián Angulo que no aceptaron; Sargentos a D. Tomás y a D. 
Vicente Dávila; y Procurador General a D. Pedro de Uzcátegui 
y Briceño, que tampoco aceptó. Tanto éste como Ruiz Valero, 
Angulo y el declarante huyeron de la presión de los tumultua- 
rios. El Común nombró Capitán a Antonio de la Cruz Monsalve. 



36 

Fueron sus primeras medidas hacerse a ios libros y dineros que 
estaban en poder de los Administradores y cerraron los estan- 
quillos y pulperías compuestas. El Comisionado de la Real Ha- 
cienda, el mestizo Cornelio de la Cueva, tuvo de entregar sus pa- 
peles y sus naipes. (1) 

En una segunda entrada de Griteños y Lobateros vino el Ca- 
pitán General D. .Tuan José García, entonces fué cuando sufrie- 
ron los bienes de Uzcátegui Dávila, del Vicario Dr. D. Juan Jo- 
sé de Osuna, de D. Juan José Dávila y del testigo. Se creyó que 
su número llegaría a unos mil quinientos, los que pasaron a la 
frontera de Trujillo, de donde a su regreso se dispersaron. 

Entre los principales merideños que se opusieron a la re- 
vuelta están el Teniente de Gobernador D. Antonio Ruiz Valero, 
que ordenó al Alcalde de Exido reuniese gente . La cual medi- 
da no se llevó a cabo por ser todo el Común partidario de aqué- 
lla. El nombrado Xavier Ruiz Valero, hijo de D. Antonio; el 
Dr. D. Antonio Rangel, D. José Antonio Paredes, los Administra- 
dores D. Jerónimo Fernández Peña y D. Pascual María Gonzá- 
lez; D. José Raimundo Martínez, D. Antonio Ignacio Dávila, Al- 
calde de Exido, y D. Juan José Dávila su padre; los ya citados Uz- 
cátegui Dávila y el Vicario Osuna; D. Ignacio Contreras, D. Se- 
bastián y D. Francisco Angulo, Bernardo Valero y Fr. José An- 
tonio González. 

El declarante en unión del Vicario Osuna, el Dr. Rangel y 
Paredes se esforzaron en aplacar los ánimos alterados de los Co- 
muneros; y las cartas del Gobernador de Maracaibo D. Manuel 
de Ayaía, junto con las tropas que trajo el Ayudante de plaza D. 
Francisco de Alhurquerque, consiguieron lo demás. Firma: Pe- 
dro José de Lacunza. 

El Alcalde de primera elección D. Xavier Ruiz Valero, dijo: 
que los revoltosos eran como dos mil de La Grita, Bailadores, 
Pueblo Nuevo, Lagunillas y Exido. De Mérida salieron a recibir- 
los Tomás Contreras y sus tres hijos Luciano, Agustín y Vicente 
Contreras con banderas desplegadas, y para atemorizar levan- 
taron una horca en la plaza de la ciudad pero no ejecutaron a 
nadie. El Capitán Marcelo Contreras y el Teniente Felipe Con- 



(1) Hay un proceso curioso, que duró algunos años, en el 
cual litiga este merideño el derecho que tiene al uso del para- 
guas, el cual derecho le fué negado, en su calidad de mestizo, por 
el Ilustre Ayuntamiento de la ciudad. En abono de ello trae que 
sus antepasados, conquistadores e indios, fueron de valer, Y 
loresenta además sus servicios en contra de los Comuneros. — 
Limpieza de Sangre, tomo VIH, ex.pediente 3, ArchiTO Na- 
cional. 



27 



treras, de Bailadores, y los hijos de Tomás pusieron en un arco 
las banderas por debajo de las cuales pasaban los Comuneros. 
Su padre D. Antonio, en su carácter de Justicia, publicó un ban- 
do contra la insurrección; y los Pbros. Osuna, Francisco Antonio 
Uzcátegui Dávila y Luis Leoncio iVllamizar predicaban exhortan- 
do a la obediencia. Debido a la negativa de Trujillo y a los auxi- 
lios de Maracaibo y Caracas regresaron de Timotes los insurrec- 
tos. Al punto llamaron al Capitán General Juan José García que 
vino a Mérida con 250 griteños y lobateros, y en vista del recha- 
zo de Trujillo resolvieron dispersarse sin haber derramado una 
sola gota de sangre. 

Agrega de Comuneros al Teniente de Milicias D. Fernando 
Paredes y a los Sargentos José Nicolás de Eraso y Xavier Roxo. 
El testigo tiene 30 años y es hermano de D. Fermín Ruiz Valero 
que murió fusilado en la Plazoleta de Barinas por patriota en 
1814.— Firma: 




D. Manuel de Uzcátegui y Rangel, confirma la anterior de- 
claración, y agrega en la revuelta a Nicolás de la Parra. Tiene 
32 años, y firma: 




D. José Antonio Paredes (marido de Doña Josefa Fernán- 
dez Peña, padre del que fué más tarde Prócer Merideño, General 
Juan Antonio Paredes) declaró: haber indicado, al regreso de 
su hacienda, al Alcalde Ordinario D. José Quintero la necesi- 
dad de tocar cajas para reunir gente que se opusiese a la revuel- 
ta. Pero el señor Alcalde no hizo nada. Las fuerzas estaban ar- 
madas de escopetas, lanzas, machetes, puñales, hondas y máqui- 
nas que lanzaban a un tiempo varias flechas. El proyecto era In- 



28 



vadir a Trujillo, siempre que fuesen bien recibidos, y luego sitiar 
a Maracaibo. El testigo tiene 54 años, y firma: 




Fernando González, dijo: que D. Vicente Aguiar vino de 
Ayudante del Capitán General García, y Xavier Angulo fué el 
Capitán que representó a los de Exido. Agrega como opositor 
al movimiento al Pbro. Definidor Silva. El testigo es de 37 años, 
y firma: (2) 

Ambrosio del Pino (debe tenerse en cuenta que entre los 
Proceres de Mérida figura uno del mismo nombre de este realis- 
ta, acaso sea su padre) declaró: que el Cabildo de Mérida no fué 
muy activo en el rechazo de los sublevados; fueron leídas las 
Capitulaciones de Zipaquirá en la plaza mayor; el Embajador 
Garrido que vino a invitarlos se decía ser oriundo de Tunja, 
siendo un sastre de Bailadores; el Capitán General García puso 
preso al Administrador Fernández Peña; y los clérigos Fr. Gas- 
par Navarrete, Dr. D. Bernardo Pérez y Dr. Angulo se opusieron 
al movimiento. Ya se verá como este Clero, realista ahora, se- 
rá todo patriota en la Independencia. El testigo tiene 31 años 
y firma: 




Dr. D. Angel Rangel, dijo : que a la entrada de los Comuneros 
estaba en su hacienda, unas siete leguas distante de la ciudad, 



(2) Aguiar era vecino de La Grita y natural de Maracaibo, 
acaso deudo del Pbro. D. Francisco Antonio Aguiar, defensor 
de los patriotas encarcelados por el delito de Infidencia en los 
años de 1812 y siguientes. Aguiar y García de Hevia, a quien 
servía de Secretario, se refugiaron por Agosto de 1781 en la 
Nueva Granada, continuando allí sus buenos servicios de Comu- 
neros. Como los historiadores de ese país andan desacordes en 
la verdadera personalidad de aquéllos, la presente publicación 
aclarará los puntos en disidencia. 



29 



donde convalecía de grave enfermedad. Luego supo estar man- 
dada la U Compañía por el Capitán Ignacio de Ribas, Sargento 
su cuñado D. Vicente Dávila y Cabo D. Narciso López; la 2* 
por el Capitán D. José Ignacio Briceño y Sargento D. Tomás 
Dávila; la 3* por el Capitán del número Antonio de la Cruz Mon- 
saíve, Alférez Nicolás Parra y Sargento Nicolás de Eraso; la Com- 
-pañía de Exido tuvo por Cap. a Xavier Angulo, Alférez Francisco 
Xavier de Rojas y Sargento Nicolás González. Todo esto le cons- 
ta al declarante por haberse encontrado con dichos insurrectos 
cuando regresaban de Timotes. El empeño de los Comuneros 
era llevar sus banderas por Trujillo, Barinas y Venezuela en ge- 
neral. No tenían orden alguna para combatir, pues todo lo pre- 
tendían hacer por la sola fuerza del tumulto. El Corregidor de 
Mucuchíes, D. José Martínez, sufrió algún atropello como rea- 
lista. El testigo tiene 57 años, y firma: 




iManuel Vázquez, natural de Santafé, y vecino de Exido don- 
de es Notario Eclesiástico, de 53 años de los cuales ha vivido 29 
en éste y 8 en Mérida, declaró: que la conducta del Capitán An- 
gulo de Exido ha sido ajustada a sus deberes, pues le hicieron 
creer que las Capitulaciones del Socorro eran justas, y por ello 
había aceptado el empleo de Capitán comunero. Y luego de ha- 
ber regresado a su pueblo sólo se ocupaba en asuntos de su fa- 
milia. Firma. 

José Guillermo Araque, declaró: que en Exido hubo dos me- 
moriales pidiendo a Xavier de Angulo por Capitán, estando uno 
firmado por mujeres y el otro por los vecinos. 

D. Roque Manso, Teniente de Milicias de los Voluntarios de 
Caracas, dijo: que el 5 de Diciembre del 81 fué «destacado al 
sitio del Moral y luego a Exido con el fin de hacer guardar el or- 
den, y allí supo que Raimundo Araque anduvo recogiendo las 
firmas del vecindario para la capitanía de Angulo. Se creía 
eran escritos los memoriales, que era un crimen, o por Ventura 
Toro o por Manuel Vázquez, de los pocos individuos que sabían 
escribir en ese pueblo. 

D. Antonio Leonardo de Aranguren, Cura de Exido, declaró: 
que sus feligreses pedían por Capitán a Xavier Angulo, disgus- 



30 



tados que estaban con el anterior Andrés Benites, forastero que 
era. Los subditos coloniales tenían derecho a elegir, por votación 
popular, sus Alcaldes y Justicias. 

El expediente una vez terminado fué remitido a Caracas, 
donde el Teniente de Gobernador y Auditor de Guerra, Dr. D. 
Francisco Ignacio Gortines, aconseja: un ejemplar castigo por 
ser delito de suma gravedad, advirtiendo se encuentran en él 
tres clases de reos : los que venían al frente de los sublevados, 
abriendo brecha contra la ley; los que salieron a recibirlos y se 
juntaron a sus empeños, y por último los que se unieron al tu- 
multo. Contra todos debe procederse a la prisión y al embargo 
de sus bienes. Pero observa que la jumaría carece de un Escri- 
bano que acredite los testimonios. Cumplido esto se remitirán a 
Caracas dando valor al juicio con las muchas piniebas sobre la 
materia. El Gobernador Unzaga confirmó el dictamen de su Au- 
ditor, y mandó, con el objeto de legalizar los juicios, al Escriba- 
no de Carora, D. Juan Carlos de Santeliz. Frma en Caracas, a 
11 de Abril de 1782. 

PRISION EN BARINAS DEL COMUNERO BRICEÑO 

El Justicia Pumar, acompañado del Capitán D. Salvador Ig- 
nacio Canelón, D. Ignacio Fernando de Cuéllar y 10 soldados, 
se trasladó al sitio de la Cabulla, distante 10 leguas de Barinas, 
y allí se apresó al Capitán Briceño que estaba en su hacienda. 
Se le adornó con un par de grillos y al punto se le envió a Ca- 
racas. Sus bienes se le embargaron, siendo depositarios D. Lo- 
renzo de la Roca y D. Lorenzo González. 

En la cárcel de ésta dijo llamarse D. José Ignacio Brice- 
ño, natural de la ciudad de Trujíllo, vecino de la de Mérida y en 
los últimos ocho meses de Barinas. Casado con Doña Rosalía 
Rincón de Paredes de cuyo matrimonio tienen hijos, agricultor 
y de 36 años. Que en Agosto del 81 se encontraba en Mérida 
con su familia, y debido a la entrada en ésta de los Comuneros 
en número no menos de dos mil, y siendo la ciudad partidaria 
del movimiento tuvo de aceptar, lo mismo que otros vecinos, el 
cargo de Capitán. Fracasado el intento pasó a su estancia de 
Barinas. Los oficios con su firma, que él reconoce, fueron dic- 
tados por D. Ignacio de Ribas y D. Joaquín Trillo. El preso 
Domingo Contreras estuvo encargado de administrar la hacienda 
de Uzcátegui Dávila por orden de García, el Capitán de ios Grite- 
ios. Firma en Caracas su confesión. 



31 



En este movimiento, cívico por excelencia, no debía de fal- 
tar el nombre de un Briceño, prestigiando la protesta de sus con- 
ciudadanos. 

PRISION DE COMUNEROS Y EMBARGO DE SUS BIENES 

Con fecha 14 de Junio del 82 facultó D. Juan de Salas para 
su debido cumplimiento, al Teniente Lacunza en la ciudad de 
Mérida; al Teniente partidario D. Antonio Ignacio Dávila, en la 
parroquia de Exido; a D. José Antonio Hernández, en Acequias: 
a D. Félix Jaraba, en Pueblo Nuevo; al Capitán de Infantería D. 
Manuel Sanz, en la parroquia de Bailadores; al Teniente Corre- 
gidor D. Gregorio Aranaga, en Timotes y el Llano; y al Ayudan- 
te Alburquerque en la ciudad de La Grita, villa de San Cristó- 
bal y parroquia de Lobatera. 

En seguida ordenó Salas la forjadura de grillos, símbolo de 
la autoridad en la Colonia, y una de las poderosas razones que 
motivaron la guerra asaz cruel de nuestra Independencia. Una 
vez conquistada ésta, en derecho quedaron abolidos los instru- 
mentos del suplicio. 

MERIDA Y SU JURISDICCION 

Lacuííza pasó a la morada del Capitán D. Tomás Dávila, y 
allí le informó su muj^r, Doña María de la Luz Uzcátegui, que sm 
marido se hallaba ausente. 

Pasó a la tienda del Comunero Agustín Espinoza y Corredor 
en una pieza del bajo de la casa de D. José Antonio Dávila, sita 
en la plaza principal, y en presencia de la mujer del perseguido 
le embargaron sus efectos. 

Los de Pedro José Espinoza y Corredor, Juan José Ovalie, 
Mateo Aranguren, Nicolás Zerpa, Diego de Lobo y José Maldona- 
do también lo fueron, sufriendo la violencia del despojo sus res- 
pectivas mujeres Francisca Moreno, Bárbara de Ribas, María An- 
gela Albarrán, Mariana Plaza y María Gámez. Ovalle era soltero. 

El Subteniente de Milicias D. Tomás de Echeverría, cum- 
pliendo órdenes, fué al Llano de las Peñas, donde tenía su habi- 
tación el Sargento D. Vicente Dávila Ribera, nuestro retío, y 
allí supo por su mujer D' Bárbara de Osuna que debía de estar en 
la estancia de su padre D. José Antonio Dávila. La pesquisa fué 
infructuosa, acaso se hallaban refugiados en la Nueva Granadí*. 

En Exido se comisionaron al Alcalde Dávila ya nombrado, 
a su padre D. Juan José Dávila, a D. Pedro Garrido y a D. Blas 



32 



Ignacio Dávila. En consecuencia los bienes del Capitán D. An- 
tonio de Uzcátegiii, ya muerto, sufrieron el embargo que presen- 
ció su hijo D. Pedro José de Uzcátegui, que era su Albacea. 



Se depositaron en manos del realista Blas Ignacio Dávila. De es- 
tos realistas, nuestros deudos, saldrá un Blas Ignacio, que será 
patriota decidido en la Independencia. 



Sufrieron la misma pena los Oficiales Ensebio, Nicolás y An- 
tonio Angulo, Xavier Roxo, Manuel Rodríguez, Tomás Muñoz que 
fué preso y Ventura Toro. Y sus correspondientes mujíeres Petro- 
nila Rodríguez, María Antonia Toro, Lorenza Camacho, Juana 
Rodríguez, Simona Angulo, Luisa Rodríguez y María Simona 
Manrique, presenciaron el embargo doloroso que les hizo el Al- 
calde Dávila. 



Los del Capitán Xavier Angulo, Basilio Rodríguez y José 
Antonio Muñoz también pasaron bajo aquellas Horcas Candínas 
del secuestro. D. Juan José Dávila testimonió los despojos, que 
en nombre duro de la ley ejecutó su hijo. 



El Alcalde de primera elección D. Diego Rodríguez Picón, 
que era además Familiar del Santo Oficio y Protector de Naturales, 
comisionado por Salas, embargó la hacienda "Mata de León" del 
Capitán Ribas, cuarenta cuadras de tierra labrantía, casa y uten- 
silios, que dejó depositados en Félix Torres, junto con Nicolás 







33 



de iJzcátegiii, del servicio de Ribas. (Nótese que en la Colonia 
el de apelativo se le daba también a la servidumbre, como en el 
preserate caso.) La mujer de Ribas, D' Bárbara Dávila Ribera, 



nuestra retia, presenció el acto expoliador. Estos los padres de 
Ribas Dávila, Comdte. de los ''Soberbios Dragones de Caracas" 
que el 12 de Fbro. de 1814, supo morir en La Victoria comba- 
vtiendo heroicamente por la Libertad. 




En el caserío de la Punta a D. Narciso de Roxas, estando 
presente su mujer Petronila Zeii)a, se le despojó de sus cortos 
bienes. 

En el mismo sitio y en la Otra Banda del Albarregas, uno de 
los cuatro ríos que rodean a Mérida, se embargaron los del Ca- 
pitán Tomás Gontreras, que también se había ausentado junto 
con süs tres hijos, estando allí sus hijas Juana y Gertrudis Gon- 
treras. Firmó por éstas el hijo del Alcalde llamado Antonio Ig- 
nacio Rodríguez Picón, que será, en desagravio de su realismo, 
uno de los Próceres Merideños de mayores sacrificios en la Re- 
vohíción de 1810. 




9« 



La casa de Doña Laura de Ribera, nuestra tercera abuela, 
íué de nuevo registrada buscando muebles de su yerno el Capi- 
tán Ribas. 



El Alcalde D. Xavier Ruiz Valero, comisionado también, en 
el sitio del Salado, cerca de Tabay, registró la casa de Francisco 
MaMonado, y en presencia de sus hermanas María Teresa y Fe- 
liciana Maldonado, le secuestró sus bienes. 

Llevó a cabo igual medida en la estancia del Comunero y 
Capitán Monsalve, siendo su mujer María Ventura Moreno t^-sti- 
go del embargo que recibió en depósito D. Francisco Xavier Osu- 
na. Sus ganados, en el páramo de Santo Domingo, los embargó 
Ambrosio del Pino. 

En los Llanitos, en la estancia del Sargento Dávila Ribera, 
en una nueva investigación se le secuestraron sus bienes, que- 
dando depositario de ellos Pedro José González. Firma los au- 
tos el Alcalde Comisionado. 

El Teniente Aranaga participa que el Comunero Cornelio 
Uzcátegui refugiado en Escuque, fué puesto junto con sus bienes 
a la disposición de D. Vicente Briceño de la Bastida. En los lu- 
gares de las Piedras y Pueblo Llano pesquisó a Vicente Dueríe, 
Juan Ignacio y Felipe de la Torre e Ignacio de Santiago, que no 
encontró. .Juana Francisca del Toro y María Walda de Arismen- 
di, esposas de Duarte y Juan Igncio, presenciaron dolientemen- 
te los embargos. 

Hernández, el Justicia de Acequias, en unión del Subtenien- 
te D. Xaime Moreno, del Cadete D. Cristóbal Nadal y 37 solda- 
dos, en el campo de Mocólo embargó lo de los Contreras, quedan- 
do depositaría la mujer del Capitán Tomás. En Miquiayoe se- 
cuestró algunos que encontró allí del Capitán Ribas; y también 
en Tostós, residencia de D. Antonio de Ribas, el cual informó 
era muy posible que su hermano el Capitán estuviese en Bogotá. 
Se le nombró depositario de los secuestros de éste. En Gicacia 
y Mucupán se hizo la pesquisa de Julián Díaz y Simón Molina, 
los que resultaron ausentes, pi^oc adiendo a los embargos. 

El Alcalde Dávila de Exido, Junto con el Teniente Manso 
procedieron a la pesquisa en casa de Manuel Vázquez. Su mu- 
jer Simona de Angulo entregó dos muías, un caballo y una paili- 
ta que se remitieron a Mérida. La Angulo dijo de cómo e! Te- 




35 



Oliente D. José Antonio Luzardo le debía el valor de una res. 
-que en años anteriores le había quitado para raciones de una 
fuerza . 

Este Luzardo fué quien persiguió y mandó presos a Bogo- 
tá en 1795, por conatos de sublevación, entre otros, a los actua- 
les Comuneros Ribas y su suegro D. José Antonio Dávila. 

PRISIONES EN LA VILLA DE SAN CRISTOBAL 

Como los presos que remitió Alburquerqvie no fueron con 
sus correspondientes sumarias, Salas ordenó se les siguiesen los 
trámites legales. Los bienes secuestrados de aquellos Comuneros, 
recibidos en Mérida, y puestos a disposición del Subdelegado 
de la Real Renta, el Barinés D. Francisco de Paula Alcántara, 
consistían en bestias, espadines, espuelas de plata, y hasta me- 
dias y ropas interiores. Las L€yes de la Colonia eran demasiado 
,severas y se cumplían. 

Lacunza recibió orden de Salas el rectificar, en su carácter 
de Administrador de la Real Flacienda, los nombramientos de 
los varios depositarios de secuestros, de modo de corregir los 
que no estuviesen acordes con la ley. 

En la Villa de San Cristóbal, el 30 de Julio de 1782, D. Fran- 
cisco de Alburquerque, Ayudante Mayor de Maracaibo y Coman- 
dante de la Frontera, nombró comisionados en La Grita a D. 
Francisco Antonio Solano, en Lobatera al Teniente de Goberna- 
dor D. Andrés Sánchez Cossar, y en San Antonio al Alcalde Pe- 
dáneo D. Diego José Reina. 

Alburquerque redujo a prisión en la misma Villa a los Comu- 
neros D. Bernardo Ramírez de Arellano, I). Luis Ignacio de Gon- 
treras, D. Calixto Sánchez Cossar, D. Andrés Cárdenas y Procu- 
xador D. Manuel Gutiérrez. Y por tener algunos sus casas fuera 
de poblado, comisionó al Alcalde de segunda elección, D. Ma- 
nuel Ramírez Aguiar, para el embargo de pro>piedades. 

En el sitio de "Madre Juana," estando presente Doña ígna- 
cin Josefa Maldonado y Moneada, y D. José Ignacio Fortoul, her- 




36 



mano de ella, se procedió al secuestro de una casa, tierras de 
labor, esclavos y muebles pertenecientes a su marido el preso 
Ramírez de Arellano. 

En el lugar del "Arado", siendo testigos D. José Nicolás 
Contreras, padre del preso Gontreras, y la mujer de éste Doña 
Victoria Sánchez Cossar, se le embargaron tierras labrantías, tra- 
piche, animales y muebles, que recibió en depósito D. Ignacio de 
Useche y su padre Nicolás. Testimonia el auto Franc? Xavier 
Prato y Santillán, que será patriota en 1810. 




En Cordero, la misma mujer 'del preso Sánchez Cossar, 11a- 
cmada Doña María Josefa Gutiérrez, y el hermano de aquél D. 
Bernardo Sánchez Cossar, entregaron sus bienes: una casa, tie- 
rras de labor, trapiche, muebles y animales. Depositarios D. 
Alexo Chacón y su hijo D. Francisco Ohacón. 

En el sitio del "Llanito", presente Doña Josefa Hermenegil- 
da Gontreras, sufrió secuestro en sus bienes el preso Cárdenas. 
Los cuales quedaron en depósito de D. Miguel Sánchez y D. Nar- 
ciso Santander. 

Del preso Gutiérrez no se encontraron bienes, de los que se 
hizo registro en casa de su madre Doña Rosalía de Urrea. 

PRISIONES EN LA PARROQUIA DE LOBATERA 

El nombrado Andrés Sánchez ,Cossar pasó a ésta y apresó a 
los Capitanes Juan Tomás Vivas y José Escalante, y al Procura- 
dor D. Bernardino Escalante. Allí supo que los reinosos Silves- 
tre Carnero, Miguel Suárez y D. Joaquín Caballero fueron ios 
promotores de la sublevación. 

Tomasa Molina, mujer de Vivas, presenció el secuestro de 
los bienes de su marido. En los sitios del "Salado" y la "Chiri- 
rí" se hizo cosa igual con los del Procurador Escalante, estando 
allí su mujer Bernardina Pérez; y en el del "Peñón" lo fueron 
los del Capitán Escalante, tocando a su mujer María Francisca 
Colmenares la entrega de ellos. 



37 



Al punto se partió el comisionado Sánchez Cossar con los 
presos aherrojados y sus bienes en secuestro. 



PRISIONIES EN LA PARROQUIA DE SAN ANTONIO 

El Alcalde Reina procedió en ésta según comisión recibida, 
a las correspondientes sumarias. Una vez presos los hermanos 
J). Miguel y D. Juan José Omaña de Rivadeneira, y en el lugar 
llamado la "Yegüera", donde al presente se levanta la ciudad de 
Piübio, se le embargaron los animales y tierras labrantías. En 
el sitio "Gorge", limitado por el río Táchira y la quebrada Las 
Dantas, también sufrieron sus propiedades, pues eran acomoda- 
dos de ^los bienes de fortuna. Testimonia el despojo D. Cristóbal 
Santiago Ramírez de Arellano. 



Presenciaron el violento despojo, pero legal, sus deudos rea- 
listas D. Juan Antonio Omaña de Rivadeneira, que era Alcalde 
Ordinario de Pamplona, D. Juan Salvador de Omaña, D. Mateo, 
.hermano de los presos, y la mujer de Juan José, su prima Doña 
/Rosa de Omaña. 



Debe tenerse en cuenta que en esíe movimiento casi todas . 
Jas familias estaban divididas en Comuneros y realistas. 

El Procurador D. Julián Navarro, preso también, y siendo 






m 

testigos su mujer Doña María Silvestre Sánchez Osorio y D. Fe- 
lipe Santander, sufrió el secuestro de sus propiedades. Entre 
los varios deudores a los Omañas figura José Antonio Garnica, 
acaso sea oriundo del célebre lugar donde a la sombra del Ar- 
bol centenario se guarecen las libertades de la libérrima Viz- 
caya. 

PRISIONES EN LA CIUDAD DE LA GRITA 

El comisionado Solano, que estaba con un piquete en ésta, 
procedió contra los vecinos. Preso el Procurador D. Salvador 
Ignacio Contreras y en seguida aherrojado, se le embargaron es- 
clavos, espadines y pistolas, que tenia en su custodia D. Juan de 
Acedo. El Dr. 1). Antonio Bernabé Noguera, cumpliendo comi- 
sión de Solano, hizo otro tanto en Seboruco. Testigos de la ex- 
poliación José Felipe Noguera y Méndez y Antonio de Jesús Ca- 
rrero. 

Sus deudos D. José Xavier y D. Lorenzo Hipólito Contreras, 
presentaron algunos muebles y se hicieron cargo de los mulatos. 



El Capitán Ventura Contreras, que huyó a tiempo, sufrió el 
mismo embargo. Y los bienes del Capitán D. Eulogio Guerrero 
de Librillos quedaron bajo la custodia de sus deudos, los realis- 
tas D. Pedro José y D. Diego Fernández de Librillos. 

De unos esclavos mulatos del Capitán D. Julián Guerrero de 
Librillos se hizo cargo el mismo Diego Fernando y D. Francisco 
Solano García. 

Al Capitán General de los Comuneros D. Juan José García, 
ausente, se le despojó de tres esclavos que recibió para su cus- 
todia D. Domingo Lorenzo Guerrero de Librillos, los cuales se 
trajeron de Bailadores ,donde se encontraban. Como su deudo el 
Pbio. y Maestro D. Antonio García, Vicario y Juez Eclesiástico, 
tuviese una negrita que era del Comunero, tuvo de levantar el 
acta siguiente: comprobó que a su casa había llegado un niño lla- 
mado José Ignacio, hijo legítimo del legítimo matrimonio de D. 
Salvador García y Doña Juana María 4e Hevia, ya difuntos. El 
huérfano, hermano del Comunero, venía con una úlcera en un 
4:)razo y le cuidaba la negrita que había sido de la servidumbre 
de la madre. 



30 



Este rigor comprobatorio obedecia a las penas severas en 
que incurria cualquiera que tuviese en su poder bienes del Capi- 
tán García, puesto que siendo Administrador de la Renta de Ta- 
baco asumió la Capitanía General de los sublevados. 




Para orgullo de los Griteños el Dr. D. Francisco Xavier Gar- 
cía de Hevia, bautizado por este mismo Vicario y nacido en La 
Grita el 16 de Febrero de 1763, y el cual fué Procer y Mártir de 
la Patria, como fusilado por orden de Morillo en la Plaza de Bo- 
gotá el 6 de Julio de 1816, por haber sido Gobernador patriota 
de Cundinamarca, era hermano germano del Capitán Ge'neral de 
los Comuneros Juan José García de Hevia, a quien seguiremos 
nombrando así. 

Vaya esta noticia histórica, nueva en los anales de la ciudad 
querida, como un recuerdo grato de quien esto escribe, por ha- 
ber pasado en las aulas de su Colegio todo un lustro. ¡Acaso el 
más alegre de esta su juventud que despedirse intenta ya! 

'El niño enfermo que recogió su deudo el Vicario, firmará 
más tarde, el 11 de Octubre de 1810, el Acta revolucionaria que 
en La Grita hizo levantar Ribas Dávila, el Comisionado de la 
Junta Patriótica de Mérida. 

D. Felipe Carrero en Pueblo Hondo, y en la estancia del Ca- 
pitán García de Hevia, embargó los bienes habidos, estando allí 
la esposa de éste. Doña Bárbara Angarita. En las riberas del río 
Escalante, que desemboca en el Lago de Maracaibo, sufrió el se- 
cuestro de tierras de labor. Y en la "ciudad, dos casas con pie- 
zas de tienda, que habían pertenecido a su madre Doña Juana 
María de Hevia. 

Igual suerte corrieron en da "Sabana de la Trompeta", "Pá- 
ramo de Osorio" y "Monte de Humuquena", los bienes de los Co- 
muneros D. Julián y su hijo D. Eulogio Guerrero, ausentes, cu- 
yo acto llevó a cabo el griteño D. José Rafael Noguera. 



40 



PRISIONES EN LA PARROQUIA DE BAILADORES 

lEl Capitán Sanz, nombrado por Salas, donde estaba con un 
piquete, procedió contra D. Felipe Contreras, a quien luego de 
apresarle se le embargaron sus tierras de labor, esclavos y su 
misma navaja de afeitarse. Testigos D. Felipe Carrero y D. Ber- 
nardo Mora, quedando éste depositario. 

D. Luciano y D. Basilio Molina, que lograron salirse a tiem- 
po, sufrieron en sus bienes. Entre los papeles del segundo se 
halló un bando firmado por D. Miguel Montoya que llamaba a la 
sublevación, con pena de la vida para el que no acudiese. Y otro, 
firmado por los dos, sobre el Gobierno y Policía de la parroquia. 
Montoya fué preso, siendo testigo del embargo su mujer Doña 
María Josefa Molina. Se encontró también, junto con los dos 
bandos, un par de grillos y unas esposas que fueron embargados. 
El caso es bastante raro, cayendo en prisión los mismos instru- 
mentos del suplicio. 

María de las Nieves Ramírez, segunda esposa de Basilio Mo- 
lina, alega ser los bienes dótales de su primer marido, los que se 
toman como propiedad del segundo. 

A. D. Marcelo Contreras, otro Comunero, se le embargaron 
sus bienes, quedando bajo el cuidado de su padre D. Bonifacio 
Contreras. 

PRISIOiN DEL ALCALDE DIAZ ARANDA 

En San Antonio del Táchira D. Pedro Díaz de Aranda, en su 
carácter de Alcalde Pedáneo de esta parroquia, fué quien prime- 
ro sufrió prisiones y el secuestro de sus bienes. El .íus- 
ticia de San Cristóbal, Sánchez Cossar, ordenó que aunque Doña 
Joaquina Ferreira, mujer del Comunero, declare ser bienes dóta- 
les los de su marido, se lleve a cabo el mandamiento de embar- 
go. Y no contento con ello pasó él mismo al sitio de "San Xa- 
vier de la Isla", cerca de San Antonio, por Enero del 82, y em- 
bargó lo siguiente: una hacienda de cacao con más de tres mil 
matas, y platanales, todo en tierra de regadío. Más su casa y 
cuatro esclavos mulatos. Estuvieron presentes al despojo la se- 
ñora Ferreira, su hermano D. Luis Ferreira y su cuñado D. Juan 
Agustín Santander. Se nombraron depositarios a la Ferreira, 
mujer del preso, a D. Martín Andrés de Figueroa y a D. Luis 
BeMrán Gutiérrez del Tejo. 

La señora Ferreira hace más tarde peftición como vecina de 
San Cristóbal y residente en San Antonio, suiplicando se le asig- 



41 



ne pensión de lo depositado a fin de poder subsistir con sus tres 
hijos y varios negritos esclavos. Tiene también posesión y ga- 
nados en "Agua Linda", de cuyos impuestos disfruta la Villa. El 
Gobernador de Maracaibo nota la falta del juramento de la soli- 
citante. De Pamiplona tuvo de bajar y prestarlo ante Sánchez 
Cossar. En esta vez si firmó, pero en la primera dijo que no sa- 
bia. Esto es muy frecuente en las declaraciones femeninas. Un 
rasgo de pudor, debido en muchas a su mala calidad de letra, 
les (íbliga a protestar el no saber, antés que estampar su firma. 

DECLARAiCíONES DE LOS REALISTAS GRITENOS 

El ya nombrado Dr. Noguera, natural y vecino de La Grita, 
dijo: acompañó al Comisionado Solano a la casa del Alcalde de 
primera elección D. Felipe Antonio Molina, primo hermano del 
Comunero D. Salvador Ignacio Contreras, y como se negara a 
contestar llamaron al otro Alcalde D. Blas Escalante, y estando 
juntos les fué leída una carta por D. Felipe Noguera, en la que 
se Ies recomendaba a Solano a fin de que le aií^oyaran en su mi- 
sión. Pero los Alcaldes contestaron no reconocer ai Ayudante 
Alhurquerque, firmante de dicho papel. Molina trató de reducir 
a prisión a Solano, mas por tener éste fuerza armada no lo con- 
siguió. 

En cambio el Alcalde Escalante apoyó a Solano. Al puntO' 
se dió comienzo a las persecuciones, empezando por Contreras. 
Firma la declaración el Dr. Noguera que es de 46 años. 




Viene en seguida la del Administrador Subalterno de la Ren- 
ta de Tabaco D. José Trinidad Noguera y Neira, de 56 años, y la 
de Felipe Noguera y Méndez, de 22 años. Estos y otros testigos 
declaran contra el Alcalde Molina que no quiso obedecer la or- 
den de Alburquerque. Este, en conocimiento de lo acaecido, en- 
carga el secreto oficial de ello. Al instante despachó un posta a 
Mérida al Comandante Salas a fin de que él resolviera lo conve- 
niente, puesto que se trataba de un Alcalde, y siendo él militar 
no tenia Jurisdicción alguna sobre las Autoridades Municipales. 



Era que en la Colonia, tan calumniada por los escritores de Amé- 
rica, se resipetaban los fueros del Municipio como autónomo que 
tera. 

El oficio informaba que el desobediente Molina había sido 
Procurador Comunero en Bailadores. Salas Contestó: "Muy se- 
ñor mió : sin embargo de que el delito perpetrado por el Alcal- 
de D. Felipe Molina, que resulta por el sumario, plenamente jus- 
tificado, es acreMor ,al más seviero castigo; no obstante, como de 
diclio sumario, no consta que fué emipleado en el oficio de Pro- 
curador en la pasada sublevación, pues aunque los testigos se re- 
fieren a la carta de Solano en que se halla esta acusación, para 
asunto de esta naturaleza, debían haberlo depuesto clara y dis- 
tintamente. En este supuesto soy de sentir que Ud., con su co- 
nocimiento y madura reflexión forme, o adelante el sumario so- 
bre este punto, examinando tres testigos que sean, o parezcan de 
la mayor integridad e imparciales; y resultando ser comprendi- 
do en aquel delito, proceder contra él en la misma forma que 
los otros, sin que sea obstáculo la Vara de Alcalde, pues és;ta 
puede, y debe depositarse otro sujeto puro y de integridad. 
Deseo que nuestro Señor guarde a Ud. muchos años. Mérida 16 
de Julio de 1782. Juan de Salas." 

Aquí se ve el respecto de los militares para con los Funcio- 
narios civiles. Solano a pesar de no ser reconocido por el Al- 
calde Molina que fué Comunero, lo partici(pa al superior y éste 
Je hace ver, que en virtud de las denuncias debe seguirle sumá- 
aia informativa como a los demás, y sólo en caso de que resul- 
te insurrecto imponerle la pena correspondiente. 

D. Felitíe Contreras depuso: que estando en Bailadores vié 
a Eulogio Guerrero sublevando la parroquia, según orden que te- 
nia del Capitán García de Hevia. El Alcalde Molina recibió el 
cargo de Procurador, siguiendo al vecino Estanques. Se les ém- 
'bargó algunos bienes a los realistas. El declarante es de 40 años. 

D. Pedro y D. José Sebastián Méndez, vecinos, confirmaron 
la anterior. En virtud de ello se ordenó la prisión de Moliní», y 
el embargo respectivo. Un par de grillos adornaron las piernas 
del Procurador insurrecto, que además de ser Alcalde era tam- 
bién Administrador de la Real Hacienda. Entre sus papeles se 
encontraron los del Comunero D. Hipólito Contreras, que con 
su talento había dirigido la sublevación y se hallaba fugitivo. 
Eí preso Molina, que era hombre de can^panillas en la Colonia, 
fué remitido a Mérida en bestias de su propiedad que tenían Jae- 
ces de plata. 



«3 



Hay una carta para su hermano Antonio Molina, la cual car- 
ta le denuncia soberanamente. "Dos asuntos me mueven a hacer- 
te esta esquela: el primero, el cumiplimiento del oficio en que 
me hallo de Procurador de la tropa miliciana de esta parroquia. 
El segundo, el ser tú mi hermano querido. Uno y otro me obli- 
gan a convidarte para que hoy te v-eas con nosotros en la menor 
brevedad. Mis Capitanes y Oficiales de Milicias lo desean, y yo 
te lo suplico no desiprecies este aviso, ni lo dejes para mañana 
sino que luego nos busques, que a todos nos importa esta dili- 
gencia. Un chismoso ^de esta nuesitra parroquia está descarriado 
p-or estos parajes, te suplico lo solicites donde pára, y tráelo a 
nosotros quiera o no quiera. Dios guarde muchos años, tuyo, 
Felipe Antonio Molina." 

RECTIFIGACIOiNES DE LOS TESTIGOS DE MERIDA 

Lacunza observó: que el Capitán de ios Comuneros de Ti- 
motes no fué José Antonio sino Cristóbal Viliarreal su hermano: 
el Juan José Ovalle Capitán de mula'tos y negros, no ejerció su 
cargo; Ventura de Toro no desempeñó el de Escribano; y Nico- 
lás Zerpa era un viejo, y además sufría ataques de locura. 

El Alcalde Paiiz Valero excusó también a Ovalle y a Mateo 
Aranguren, no siendo éste un Administrador en forma. 

Manuel Uzcátegui Rangel trató de salvar los bienes de su 
deudo el Capitán Antonio Uzcátegui, muerto de enfermedad en 
esos mismos días de la revuelta. 

Fernando González quitó el mote de Abogado del Común a 
Agustín Corredor y se lo clavó a Juan Manuel Parra, natural de 
la heroica Villa del Socorro, siendo desíqle luego consecuente 
con su gentilicio. 

D. José Antonio Paredes dijo: "que D. José Antonio Dávila 
<nuestro tercer abuelo) fué Director de D. Ignacio de Ribas su 
yerno, y uno de los que movían la sedición." El socorrano Pa- 
rra, inquieto Comunero, fué correo y director. Luis Valero, Sar- 
/gento del Valle de las Piedras, ejerció su empleo de insurrecto 
con bastante eficacia; y José Antonio López trajo gente del dicho 
Valle y la condujo a Timotes. 

El Dr. Rangel agregó: que Lacunza habló con Mateo Aran- 
guren, pariente del Capitán Ribas por su mujer Doña Bárbara de 
Ribas deuda de éste, a fin de que interviniese ,en la quietud de los 
revoltosos; y el Capitán Angulo de Exido le quitó víveres a su 
hermano D. Antonio Rangel, porque no quiso acompañarle en 
la asonada, teniendo de ocultarse en el Valle de Acequias cuan- 
do entraron en Mérida los rebeldes. 



44 



DECLARACIONES DE NUEVOS TESTIGOS DE MERIDA 

D. Francisco Xavier de Osuna, sube el número de los Co- 
muneros .a 2.500, siendo en su mayor parte vecinos de Pueblo 
Nuevo, junto con indios de Lagunillas, San Juan, Acequias y ei 
Morro. El testigo es de 76 años. 

¡Miguel Durán, <jue Diego Martinez era director de su suegro 
el Capitán Tomás Contreras. El tes1;igo es de 50 años. 

Aurelio de Trejo, que Joaquín de Trillo sirvió de Secretario 
a los rebeldes, y conoció entre éstos a varios vecinos de La 
Grita, San Cristóbal y Lobatera. El testigo es de 36 años. 

Marcos de Altuve, que los Justicias de Mérida no dieron 
providencia alguna para impedir el tumulto en la ciudad. El tes- 
tigo es de 50 años. 

Miguel Ortega, que )él, junto con D. Diego Rodríguez Picón, 
D. Juan José y D. Antonio Ignacio Dávila, D. Juan Nepomuce- 
no Uzcátegui Dávila y D. Ignacio Quintero se presentaron el 
de Julio a los Justicias, suplicándoles los emplearan contra los 
revoltosos, pero que Antonio Ruiz Valero y José Quintero, los Te- 
nientes, se escondieron. El Escribano D. Marcos Tomás Roldáii 
les dió certificado de su solicitud. 

DECLARACIONES DE TESTIGOS REALISTAS EN LA 
PARROQUIA DE BAILADORES 

D. Francisco Rey, dijo: que Matias Márquez, García de He 
via, Julián Guerrero e Ignacio Contreras, dejaron entrar •* los 
reinosos Suárez y Carnero; luego vino D. Eulogio Guerrero con 
50 hombres y fué bien recibido; el siguiente día izaron bandera es- 
te Guerrero, el Capitán Antonio Basilio Molina y el Capitán Ge- 
neral de Bailadores D. Miguel Montoya. Al punto se nombra- 
ron: Alférez, a D. Enrique Roxas; Ayudantes, a D. Pedro María 
Sánchez y a D. Felipe Contreras; Sargentos, a D. Luciano y a D. 
José María Molina; Cabos, a D. Francisco Xavier Sánchez y a 
D. Carlos Márquez; Escribano, a D. Pedro Sánchez; Directores, 
a D. Leandro y a D. Antonio Amánelo Morales; Procurador, a 
D. Felipe Antonio Molina; y Capitán, a D. Marcelo Contreras. 
,Salió de Embajador a invitar a los de Exido y Mérida, José Ga- 
rrido. Este condujo los indios de Pregonero y fué su Capitán 
en la segunda expedición que se hizo <a Mérida. 

Carnero, que es pamplonés, representó a los del Socorro. 
Félix Marcial Parra llevó los indios de Guaraque, siendo Alfé- 
rez D. José Julián Contreras, Sargento D. Matías Contreras y Ca- 



45 



Jjo D, Juan José Sánchez. Se racionaiba con las rentas del Esta- 
do. En La Grita luego de apresados los Nogueras se trató de 
hacer lo mismo con D. Pedro Urrea y D. Marcelo Garcia, pero 
éstos lograron fugarse. Y aunque los Comuneros gritaban ¡Viva 
el Rey!, bien se comiprendia iban contra él. Con los vecinos de 
Lobatera venían los indios de Capacho y Guácimos. Los Gri- 
teños vinieron dos veces a Bailadores: una, la de Guerrero con 
Jos 50 amotinados, y la otra, la .de Garcia de Hevia con cien. 
,La sublevación fué aceptada por la mayoría de los vecinos. El 
declarante es de 50 años. 

Juan Alejandro Fernández, testimonió: que Guerrero hizo 
su entrada en Julio y Garcia de Hevia en Agosto. Jacinto Salas 
fué Instructor de Milicianos, y enseñaba el ejercicio de la Purcia- 
na, que asi llamaban el foguear reclutas. El Capitán Montoya pu- 
blicó bandos ^con pena de muerte y pérdida de bienes a los rea- 
cios. El reinoso Medina gritó en Lagunillas ¡Viva el Rey del 
Cuzco! Los Alcaldes D. Juan Antonio Vivas, Pedáneo, y D. Jor- 
,ge Molina, de la Hermandad, no se opusieron a la sublevación, 
pretextando la falta de fuerza armada. El testigo es de 50 años. 

D. José Ignacio Zambrano, declaró: que el Capitán Monto- 
ya en bandos impuso penas pecuniarias a los que ,no arreglasen 
las calles, haciendo el gasto el dueño de la casa; pedia que los 
muchachos aprendiesen un oficio, y escuelas públicas, pagas por 
los particulares, para la enseñanza primaria de los niños. Ei 
testigo es de 43 años. (3). 

D. Vicente Mollejas, dijo: qu€ debido a las cartas de Gar- 
cía de Hevia y Guerrero, desde La Grita, tramaron el levan- 
tamiento Montoya y Molina en Bailadores. El testigo es de 
5() años. 

D. Felipe Carrero, declaró: que Montoya colocó en la pla- 
za una horca, y un botalón para amenazar con la vida y azo- 
tar a ios enemigos del Común. (Era el rollo que clavaban los 
conquistadores en el centro de los pueblos que fundaban, como 
símbolo cruel de su autoridad.) Pero en esta ^i^ez no fueron 
estos instrumentos del suplicio sino meras amenazas, pues na- 
die sufrió pena alguna. 



(3) Después de 120 años la resolución del Comunero Mon- 
toya tuvo su cumplimiento en la que fué Villa de San Cristóbal, 
hoy ciudad capital del Estado Táchira, donde se obligó a los ve- 
cinos pudientes y pobres, por los años de 1910 y 11, a embaldo- 
(Sar y empedrar el frente de sus casas. La medida de utilidad 
fpública fué un tanto gravosa para la pobrería. Pero también se 
•estableció una Escuela de Artes y Oficios beneficiosa para los 
ciudadanos. 



46 



Se observa que en todas las deposiciones no se acusa a 
ningún Comunero de actos violentos ni de crueldad. La insu- 
rrección no pasó de palabras y escritos. Sólo si sufrieron los 
bienes de algunos que se tomaron para raciones de los suble- 
vados, poies la mayor parte se mantuvo con las rentas del Es- 
tado. Firma, Felipe Carrero. 



DECLAÍRAGIONES DE TESTWJOS REALISTAS EN SAm 
CRISTOBAL, LLAMADA LA VILLA 

D. Pedro José Rubio, Alcalde de la Santa Hermandad., dijo- 
que a principios de Julio del 81 supo como cosa cierta que D. 
Prcdro de Aranda, Alcalde Pedáneo de San Antonio, pasó junto 
con D. Eugenio Omaña, D. Salvador Santander, Luis Gutiérrez y 
D. Silvestre Jaimes, fiel ejecutor de la Villa, al sitio del Trapi- 
che, distante una legua de San Antonio, Jurisdicción de Santa- 
fé, en donde estaba D. Manuel Cáceres, de Pamp^lona, y el gen- 
tío del levantamiento. Que a poco regresaron con Silvestre 
Carnero ,y Miguel Suárez, Sargentos del tumulto, los que comen- 
zaron a tumultuar a los vecinos de aquella parroquia. De allí 
siguieron a la Villa y de paso se llevaron los indios de Capa- 
cho. Que en la segunda llegaron con los vecinos de Lobátera. 
Aranda y algunos vecinos más despojaron de su Vara al Alcalde 
de San Cristóbal, continuando Carnero y Suárez hasta La Gri- 
ta. Aranda y Miguel Omaña regresaron de Pamplona con sus 
cargos de Capitanes, y el Común dió el mismo a Juan José Oma- 
ña, y el de Teniente a Gutiérez. Estos a su vez nombraroji 
Procurador a D. Julián Navnrro, Alférez a D. Eugenio Omaña 
y Sargento a Santander^ cargo que rehusó D. Diego Santana. 

En Lobatera se nombraron por Capitanes a José Escalante 
y a Juan Tomás Vivas, Procurador a D. Bernardino Escalan 
te, Alférez a D. Ignacio jQhacón, Sargento a Lucas Moreno, Ayu- 
dante a Miguel Moreno y Teniente a José Joaquín Molina, rei- 
noso. D. José Joquín Yáñez Caballero fué quien trajo las Ca- 
^jitulaciones a Lobatera. 




m 

D. Manuel Maldonado llevó una Carta a la Villa de los Paoí- 
ploneses, y la leiyó un Domingo en público a tiempo de salir de 
misa, invitando en ella a la sublevación. Rafael Maldonado lu 
contestó por todos, atíeiptando la invitación. El declarante por 
no admitir los tumultos se retiró a L*obatera y luego a Gúcuta. 
A ios quince días regresó y halló de Capitanes a Ramirerí de Are- 
llano, Contreras, Cárdenas, Sánchez y Procurador a Gutiérrez. 
Estos nombraron a Juan Esteban Merchán por Capitán de pardos. 

De Pamplona 'bajaron al Rosario unos dos mil hombres, 
pero no pasaron la frontera sino Carrero y Suárez, Los Jus- 
ticias de ía Villa no hicieron esfuerzo alguno por contener la 
sublevación. Ayala, Gobernador de Maracaibo, ofreció a! Ca- 
pitón General García de Hevia quitar los pechos siempre q^iic 
(Cediese la insurrección. Los principales Comuneros eran Gar- 
cía de Hevia, Aranda y Ramírez de Arellano. Es de 3Q amos 
}í firma : Pedro José Rubio. 




Ignacio Chacón declaró: que D. José Antonio Cohiiena- 
.res, nombrado Procurador, se excusó. Los Comuneros todoy 
pedian supresión de impuestos, abolición del estanco dei taba- 
co, quedando la Alcabala al 2%, como de antes. Es de HO años. 

Bartolomé Villalta dijo: que al Administrador de la Ren- 
ta del Tabaco de Ja Villa, D, Mariano Cangas, le arrebaíron sus 
papeles. Los firmantes de ía contestación a los Pamploneses 
fueron Sebastián Maldonado, D. Miguel y D. Calixto Sánchez 
vCossar, Ambrosio Roxas, Ignacio y Dámaso Vivas, Sebastián 
iCanales y Antonio Porras. El primero pasó al Rosario de Cú- 
cota a tratar de dichos suntos. El reinoso Medina levantó hor- 
ca en San Antonio, pero con el solo objeto de amedrentar. El 
testigo es de 56 años. 

Bartolomé López testimonió: con los indios ya nombrados 
vinieron algunos vecinos de las Lomas. Antes de entrar ios Co- 
muneros en La Villa solicitaron del Común la venia para hacer- 
lo. En todo este proceso de insurrección no entraron en nin- 
gún poblado sin antes estar facultados para ello. Debido a esto 
fué que regresaron de la frontera de Trujillo. Colmenares no 
aceptó e\ cargo de Procurador por ser hombre de pocas kices. 
i Semilla harto fecunda en la República! Los Lobateros fueron 



tlecididos por el movimiento. Ya se verá no lo fueron de igual 
modo ípor el de la Independencia. El testigo es de 56 años. 

Francisco Cabezas Bustamante, dijo: que estando en San 
Antonio le invitaron Santander, Hipólito Ortiz y Carlos Alvara- 
do para ir al Trapiche a traer a los Comuneros de Pamplona, y 
como no accedió tuvo de venirse a La Villa. Firma: Francisco 
Bustamante.N 



IMarcos José Martínez, vecino de Capacho, dijo: que D. Bu- 
genio Omaña, el Alcalde Aranda y varios vecinos de San Anto- 
nio, pasaron al Trafpiche llevando una carta de Jaimes, el fiel 
Ejecutor, con el fin de que los Comuneros trajesen la insurrec- 
ción. En ios primeros de Julio vinieron los Capitanes Cáceres 
y Luis Quirós, y Carnero y Suárez, diciendo los primeros que no 
tenían orden del Socorro para invadir a Venezuela, y si se en- 
contraban en San Antonio era porque los llamaban. Al declaran- 
te le dieron los cargos de Capitán y Alcalde, los que no aceptó. 
Ramírez de Areliano en La Villa dió prestados treinta pesos pa- 
ra dar a Carnero y Suárez. Carlos Maldonado que llevó la carta 
a La Villa junto con el Alcalde Ordinario de ésta, recogieron fir- 
mas de sublevados, llevando dicho papel a La Grita y Mérida, 
a manera de una invitación en nombre de las Comnidades. El 
testigo es de 38 años. 

DECLARACIONES DE LOS TESTIGOS REALISTAS DE LA 
PARROQUIA DE SAN ANTONIO 

Juan Salvador Colmenares Carrero, vecino, declaró: que al 
Trapiche pasaron también D. Mateo de Omaña, Salvador Lóp*ez, 
Manuel Maldonado, Alberto Pérez Ortega, Alejandro y Miguel 
Ramírez Montes y Cristóbal Pineda, habiendo convocado al Co- 
mún el Cabo Miguel Ramírez. Juan Bautista Somasa y Martín 
Suárez pretendieron pasar a Barinas pero no lo consi- 
guieron. En San Antonio amanecieron pasquines contra 
los impuestos. Se nombró a Salvador Fernández Gómez 
de Ayudante, a Manuel Maldonado de Escribano y depo- 
sitario de las Rentas a Martín Figueroa. Los Capitanes recomen- 
daron a Salvador López para que recogiese la Alcabala al 2% 



V, 




49 



,como se pagaba antes, y alistase la gente que fogueaba Manuel 
Flórez. El Procurador Navarro, D. Xavier Bárrelo c Hipólito 
Ortiz recogieron ñrmas de los amotinados. Cuando se supo de 
las tropas que venian de Maracaibo por Trujülo cesaron en su 
empeño, aunque el Capitán Xavier Angulo de Exido, que se en- 
contraba allí, los alentaba a continuar en la revuelta. El testigo 
es de 45 años. 

José Antonio Figueroa, vecino, dijo: que Jerónimo Martí- 
nez pasó también al Trapiche, y de allá vinieron entre otros el 
Capitán de la parroquia de San José de Cúcuta, D. Juan Agus- 
iin Santander (padre del Procer General Francisco de Paula 
Santander, Presidente que fué 'de la Gran Colombia). Cáceres 
les habló sobre el "levantamiento cfue era dirigido para quitar 
todos los pechos, y derechos, y no contra el Rey ni su corona". 
Francisco Galavís fué Teniente de Omaña. En esta parroquia 
de San Antonio hubo también varonas que hicieron cabeza del 
motín popular: Ignacia Chacón y Antonia González. El testigo 
es de 36 años. 

D. Diego Antonio Quintana, vecino, testimonió: que José 
Antonio Redondo y Pedro Rico fueron también al Trapiche. El 
declarante, que era expendedor de tabaco, tuvo de entregarlo a 
Jos sublevados. Y Bernardina Alarcón fué otra tumultuaria. Es 
de 42 años el deponente. 

D. Carlos Rubio dijo: que luego de realizada la sublevación 
general en el Reino, que comenzó en La Villa del Socorro y vino 
a finalizar en esta Provincia de Venezuela, entraron los Capita- 
nes Cáceres y Quirós de Pamplona junto con los del Rosario y 
Cúcuta, que lo eran D. Juan Agustín Santander, D. Manuel de la 
Torre y Angulo y D. Martín de Omaña y Galavís. Al encontrar- 
se en el río Táchira fueron aclamados por Capitanes el Alcalde 
Aran da y Miguel Omaña. Debido a los emp eños de los vecinos 
pasó Cáceres y les manifestó, que la rebaja de los derechos y ali- 
vios conseguidos en las Capitulaciones sólo rezaba con los pue- 
blos del Nuevo Reino. Pero no obstante en la casa de Aranda, 
junto con Salvador Santander y Silvestre Jaimes, se dictó la co- 
rrespondencia invitando a los de La Villa. Los Omamañas y Ra- 
mírez de Areliano dieron dinero de sus arcas a los reinosos Car- 
nero y Suárez, a fin de que siguiesen sublevando los ánimos. En 
la parroquia de Lobatera, D. Joaquín Yáñez Caballero, natural 
de Salazar, Nueva Granada, tenía apercibidos a los vecinos para 
la insurrección, y llevaba correspondencia con ios de Mérida. El 
Alcalde de La Villa, D. Clemente Rangel, le aseguró que un chas- 
qui, esto es un posta, había llevado cartas al Socorro pidiendo^ 



50 



se introdujesen con la sublevación. Juan José Omaña fué hasta 
Pamplona a conseguir el cargo de Capitán General, pero sólo 
consiguió el de simple Capitán. Se le ordenó al de la ciudad de 
Z'Au Fausl no que pusiese una emboscada a las tropas que se de- 
cíi venían de Maracaibo. Luis Gutiérrez fué el Capitán de las 
x'(ti!:rtoltuadas mujeres. El testigo es de 50 años. Firma: Carlos 
,Rub!0. 



1). Gervasio Rubio (hijo del anterior testigo y hermano de 
Pedro José Rubio) declaró: que D. Ambrosio Xavier de Castro 
fué otro Capitán del Rosario, y una vez aplacados los Griteños 
con la carta del Gobernador Ayala, los de San Antonio se sose- 
"garon, mas no asi la plebe alentada por las mujeres que incita- 
ban a los hombres a continuar la empresa. El testigo es de 20 
años. Firma: Gervasio Rubio. 



D. Juan Antonio Reina dijo: que si Juan José Omaña fué 
a Pamplona a solictar el cargo de Capitán, era debido a diferen- 
cias que tenia con su hermano Miguel y con el Alcalde Aranda, 
<!uyo hermano Casimiro Aranda tomó parte en los motines. El 
testigo es de 50 años. 





51 



I^BCLARACIONES DE LOS REALISTAS LOBATEROS 

Jerónimo Delgado testimonió: que el reinoso Carnero levan- 
tó en la plaza una horca a fin de amedrentar a los reacios. Jun- 
to con Medina nombraron Capitanes a José Escalante y Juan 
Tomás Vivas, Ayudante a Miguel Moreno, Sargento a Lucas Mo- 
reno y Procurador a D. Bernardino Escalante. Todos salieron 
menos eí último con fuerzas a La Villa y La Grita, El Alcalde 
Pedáneo D. Cristóbal Mora se quedó cobrando las Alcabalas. 
Los Justicias no tomaron empeño alguno en rechazar la suble- 
vación. El testigo es de 50 años. 

Agustín Alejo Pérez agregó a los anteriores al Teniente Mi- 
guel Escalante, y a los Cabos Lorenzo Ojeda, Julián Morales, Gre- 
gorio Acevedo y Tomás Cárdenas. El Procurador Escalante no 
salió de Lobatera por un disgusto que tuvo con el reinoso Medi- 
na. El Capitán de San Faustino, D. Antonio Salas, llamó a los 
Lobateros en su auxilio, creyendo venian los de Maracaibo, y 
ellos acudieron. El estigo es de 50 años. 

D. José Ignacio de Useche y Sánchez dijo: que el día del 
Corpas Christi del año 81, los vecinos derramaron el aguardien- 
te del estanco que tenía Isidro Blanco y le quitaron los dineros, 
pero el Alcalde Mora no se opuso antes bien los acompañó. Por 
tres veces salieron los vecinos cerca de 200 hombres y sus Ca- 
pitanes: la primera a La Grita, la segunda hasta Mérida y la 
tercera a San Faustino. Esteban Chacón, el Escribano Joaquín 
^Pé^ez y el Médico Pedraza, fueron también de los exaltados. El 
testigo es de 34 años. 

Crostóbal Cárdenas declaró: que D>. Ignacio Chacón y Juan 
Antonio Rosales fueron Alférez y Cabo, respectivamente, de los 
insurrectos; y las Capitulaciones las trajeron de Cúcuta Chacón 
y Pérez, que nombró el declarante anterior. El testigo es de 
40 años. 

Bernardo Chacón testimonió: que a fines de Junio recibió 
paipeles de Cúcuta Manuel Rivera; y Medina, que estaba allí como 
mercader, se hizo cargo de la sublevación junto con Caballero. 
El signo de aprobación era pasar por debajo de una bandera 
que ílameaba en la plaza pública. Pero en ninguna declaración 
se dice de sus colores, se cree que sea la misma del Gobierno 
(por ser un movimiento económico y no político. Agrega a Pa- 
blo Chacón y a Marcelo Vivas como Cabos, y al actual Alcalde 
Pedáneo, D. Pedro Sánchez, por uno de los primeros amotina- 
dos. El testigo es de 25 años. 



52 



OTRAS DECLARAGIOINES DE REALISTAS GRITEÑOS 

D. Domingo Lorenzo Guerrero de Librillos testimonió: que 
el 10 o el 11 de Julio del 81 entraron en La Grita unos doscien- 
tos hombres de Lobatera con sus Capitanes y el reinoso Medi- 
na el cual, junto con el Sargento Lucas Moreno, se adelantó a re- 
conocer los ánimos de la ciudad. Al Calvario, entrada de ésta, 
bajaron a recibirlos D. Salvador Ignacio Contreras, D. Julián y 




BU hijo D. Eulogio Guerrero y Garcia de Hevia. El Contreras 
dijo que sólo venían en armas los Lobaíeros, pero al siguiente 
día entraron con los reinosos Carnero y Suárez los indios de Ca- 
pclio y Guácimos. Aberrojaroíi ai Administrador D. José Tri- 
nidad Noguera, hermanos e hijos, y durante cinco días perma- 
necieron presos, sacando las renías y papeles de las cajas reales. 
D. Eulogio, luego de contribuir a la prisión de los Nogueras, sa- 
lió con Medina y soldados a Bailadores, y nombrando allí Capi- 
tanes subieron a la hacienda de Estanques. A García de He- 
via y al Común llegaron sendas cartas, que respondió D. Julián 
invitando a los sublevados. En virtud de la aceptación, Contre- 
ras, centro de la insurrección, tuvo en su casa reuniones con su 
(hijo D. Buenaventura Contreras y los ya nombrados, con el fín 
de tratar de dichos asuntos. 

En la plaza princiipal se nombró por Capitán General a D. 
Pedro Urrea, el cual se excusó y entonces los reinosos Carnero 
y Suárez le reemplazaron con García de Hevia, Este continuó 
■con su cargo de Administrador de Tabaco que tenia dado por 
el Rey. 

Fueron también aclamados por Capitanes ordinarios D. 
Buenaventura Contreras y D. Eulogio Guerrero; Procurador, 1), 
Salvador Ignacio Contreras; Alférez, Bernabé García, el cual lle- 
vó la bandera hasta Estanques; Sargento, D. Tiburcio Zam- 
brano, que iba con su alabaj'da; Teniente, D. Vicente Aguiar, el 
cual pasó a Mérida como Ayudante de Garcia de Plevia; D. Eu- 



53 



genio García, Ayudante Mayor; y Martín Zambrano, Capitán de 
los mulatos ^que llevó en númeo de 60 hasta Mérida. 

El Procurador Contreras pidió en un escrito se uniera de 
RUCYO la Provincia de Mérida al Reino, al cual había perteneci- 
do desde la Conquista hasta el anterior 1777, esto es cuatro años 
atrás. Pero no tuvo eco su proposición. El Alcalde Ordinario 
D. Hipólito Contreras ante un pasquín hizo tocar cajas a fin de 
reunir a los vecinos. El Dr. Noguera en medio del tumulto se 
ofreció al Alcalde para sofocar la revuelta, pero éste le contestó: 
"que ya no había vasallos". Se adelantó en más de treinta años 
al pensamiento de los insurgentes de 1810. D. Julián Guerrero 
trató de herir al realista Noguera, y como el declarante quiso 
.defenderlo fué rechazado. El otro Alcalde Ordinario, D. Euse- 
hio Guerrero, fué a Bailadores a tratar personalmente sobre los 
acontecimientos. El Alcalde Contreras no le acompañó por es- 




tar resentido con los Comuneros, pues él aspiraba a salir de 
Procurador. Matías Márquez fué a Lobatera en solicitud de Car- 
nero y Suárez, a quienes dió cien pesos junto con D. Julián Gue- 
rrero. Firma: Domingo Lorenzo Guerrero de Librillos. 




D . Salvador Ramírez declaró : que el Procurador Contreras, 
centro de la sublevación, tuvo por Secretario a su hermano D. 
Francisco Contreras; Urrea, huyendo por el rechazo del cargo 
que hizo a los Comuneros fué aipresado por D. Bernardo Cárde- 
nas, representante de García de Hevia, y de la cárcel salió debido 
a la fianza del mismo Procurador Contreras; el Dr. Noguera 
apostrofando a los Alcaldes por su complicidad en los motines, se 
lanzó en medio del tumulto. Al instante D. Julián Guerrero, 
puñal en mano le amenazó de muerte, lo que impidieron los cir- 



(Cunstantes. Rasgo de cívico valor del Dr. Noguera que merece 
ser conocido de sus compatriotas. 

En correspondencia de 1783, que también reposa en este 
Archivo, tanto el Dr. Noguera como su hermano Miguel Fernan- 
do se dirigieron a las Autoridades de Caracas, por medio de sus 
sobrinos, impetrando se les reconociese la' pérdida de sus bie- 
nes ocasionada por la revuelta. El primero habla del Pbro, Bue- 
naventura José Duque, de Bailadores y tío de García de Hevia. 
AI presente sostiene correspondencia con D. Domingo de la 
Vega, vecino de Maracaibo, y por quien se interesaba el Gobier- 
no. El Cura fué el principal motor y habilitador de los suble- 
vados. Una vez fugitivo su sobrino le ocultó esclavos, dineros, 
ganados y jíoyas. De éstas unas fueron hurtadas por él durante 
la sublevación, y otras heredadas de su madre. Los esclavos 
aquellos que llevaron a La Grita, los descubrió D. Sebastián Mén- 
dez, sobrino del Dr. Noguera firmante de esta denuncia. 

D. Francisco Ignacio Guerrero de Librillos dijo: que el Ad- 
ministrador D. José Trinidad Noguera y Neira, junto con sus 
hermanos el Dr. Antonio Bernabé, D. Ignacio y D. Miguel Fer- 
nando Noguera y Neira, y los hijos del Administrador D. Feli- 
pe, D. Buenaventura y D. Rafael Noguera y Méndez, fueron 
ísherrojados en prisión. El testigo es de 60 años, y firma: Fran- 
co. Ig. Guerrero de Librillos. 



El testigo José Velandia viene en apoyo de esta petición, 
pues dice que los Comuneros se mantuvieron con los ganados 
de Urrea y los Nogueras. 

D. Diego Fernando Guerrero de Librillos dijo: que Eu- 
logio Guerrero tuvo de seguir a Estanques a fin de reconocer el 
paso del Chama, otro de los cuatro ríos que rodean a Mérida. 
el cual se hacía pr medio de una zaranda de cuero sin curtir 
movida por cordeles. (Todavía a principios de este siglo se atra- 
vesaba dicho rio en una zaranda semejante). La entrada de los 




55 



amotinados en La Grita fué el 11 de Julio del 81. El declaran- 
te es de 50 años. Firma: Diego Fernando Guerrero de Librillos. 





D. Salvador Montoya, agrega a Vicente Montoya de Sargen- 
to, y dice que Andrés Méndez contribuyó con cien pesos para 
los reinosos Carnero y Suárez. El testigo es de 40 años, y firma: 
Salvador Montoya. 




RECLAMACIONES DE VARIOS COMUNEROS DE LA 
CIUDAD DE MERIDA 

iMaria Bárbara de Ribas, mujer del insurrecto Mateo de 
Aranguren, reclama los bienes embargados por ser dótales de su 
legítima, lo que comprueba con varias partidas montantes a tres 
mil trescientos pesos. 

María Buenaventura Valdés, pide lo embargado de su ma- 
rido Juan José Ovalle porque lo necesita para mantenerse. 

María Victoria deJ Toro, viuda de José Simón Vivas, recla- 
ma los bienes embargados a su yerno D. Simón Molina, por te- 
ner ella los de su propiedad junto con los de su hija la mujer 
del Comunero. Esta acude desde Barinas, de adonde había ido 
con su marido a medicinarse, y protesta contra el despojo por 
ser bienes dótales de su legítima paterna, y necesitarlos ade- 
más para la manutención de sus tres pequeñuelos, toda vez que 
el padre de éstos está huyendo. Consiguió la nombrasen depo- 
sitaría. 

José Santamaría Alarcón pide comparezca Tomás de Con- 
treras, y diga si es verdad que le vendió una finca a orillas del 



m 



Albarregas con ios gravámenes siguientes: 200 pesos que debia 
a la Hermandad de San Pedro; 225, a las Monjas Clarisas; 200, 
a ios Franciscanos; y 150, a una Capellanía del Dr. Marcelino 
Piangel. Conireras, vecino y de 58 años, confirmó lo preguntado. 
A poco, Julio de 1782, tuvo Contreras que huir como Comunero. 
Embargada la hacienda, Alarcón reclamó por no estar paga aún, 
y las cañas en sazón de moler. Se le concedió el beneficio de 
éstas. Firma Tomás de Contreras. 




Ei mismo Contreras sufrió el secuestro de otra finca en Mo- 
coto, que estaba enajenada en 510 pesos de una Capellanía de 
Pedro María Cerrada, perteneciente al ordenando José Rafael 
Alarcón, en cuya virtud alegó su derecho el padre de éste que 
era el mismo Santa María Alarcón. 

D. Diego Martínez presentó testigos que le descargaron del 
mote de Comunero: D. Lucas de Uzcátegui y Ribas, Teniente y 
Alcaide Ordinario de Mérida en 1760, y D. Diego Rodríguez 
Picón . 

María Ignacia Fernández presenta su carta dotal al recla- 
mar lo embargado de su marido, el perseguido Julián Díaz. 

El Pbro. José Rafael Zerpa defiende a su padre D. Nicolás 
Zerpa que anda huyendo, del embargo de los bienes, trayendo 
en su abono que es un anciano de 70 años, enfermo y estuvo ade- 
más ocho años enajenado. 

María Lorenza Camacho, María Morales de Lara, María Fran- 
cisca Moreno, Francisca de Toro, María Antonia de Toro y Ma- 
ría Ventura Moreno, mujeres respectivas de los sublevados An- 
tonio Angulo, Nicolás Eraso, Pedro José Espinoza Corredor, Si- 
,món Suárez, Nicolás Angulo y Antonio de la Cruz Monsalve pre- 
sentaron sus cartas dótales al reclamar los bienes secuestrados. 

El Bachiller Juan Miguel de Osuna, Vicario y Juez Eclesiás- 
tico de los pueblos de Chachopo y Timotes, defiende al Capitán 
Villarreal por ser un hombre escaso de luces y de una edad 
avanzcda, 70 años. 

Mariana Arias, m.ujer de Diego de Lobo, hijo de Celio de 
Lobo y Manuela Aranguren, presenta una escritura de 1765 en la 
ciiai consta que su madre Clara Fernández de la Plaza, viuda de 
José Arias, hi dotó con parte de lo embargado a su marido el 
Comunero Diego. 



57 



CONFESIONES DE LOS PRESOS QUE TRAJERON A CARACAS 



D. Juan José Omaña, natural y vecino, casado con Doña Ro- 
sa María de Omaña, personas de la primera clase, y él labrador 
y de 47 años, dijo: que tuvo de aceptar el cargo de Capitán pa- 
ra asi defender mejor los intereses de los vecinos. Era Admi- 
nistrador del Estanco de aguardiente. Firma: Juan José Omaña. 



D. Julián Navarro, natural de ésta y vecino de La Villa, es 
casado con Doña María Silvestre Sánchez de familias distingui- 
das, labrador y de 31 años. Fué nombrado Procurador y recha- 
zó el cargo, pero recogió firmas junto con D. Luis Gutiérrez que 
sí aceptó dicho empleo. Firma: Julián Navarro de la Rosa. 



D. Bernardo Ramírez de Arellano, natural y vecino, mari- 
do de Doña Ignacia Josefa Maldonado de las primeras familias, 
agricultor y de 37 años, dijo: que el 6 de Julio del 81 llegaron 
unos mil hombres mandados por los reinosos Carnero y Suárez, 
los cuales se componían de vecinos de San Antonio, indios de 
Capacho y Guácimos y plebe de La Villa. A esfuerzos del con- 
■fesante no se allanaron las Oficinas reales. Dió de sus dineros 
30 pesos para raciones. Antes, el 10 de Julio, se había leído una 
carta de ios Comuneros y desde ese punto comenzó a asomarse 
su Capitanía, la que aceptó a fin de que no cayese en individuos 
del vulgo. Viendo era necesidad y para evitar mayores desórde- 



De la parroquia de San Antonio: 





De la Villa de San Cristóbal: 



56 

lies pues los espíritus estaban resueltos. Firma: Bernardo Ra- 
mírez de Arellano. 




D. Luis Ignacio Contreras, natural y vecino, casado con 
Doña María Victoria Sánchez, personas blancas, labrador y de 40 
años, dijo: recibió el cargo de Capitán de manos de Ramírez de 
Arellano, y lo admitió para asi impedir los desórdenes conse- 
cutivos en las revueltas. Firma: Luis Ignacio de Contreras. 




D. Calixto Sánchez, natural y vecino, marido de Doña Ma- 
ría Josefa Gutiérrez, personas distinguidas, labrador y de 37 
años, dijo: Ramírez de Arellano le nombró consultor de los re- 
beldes, lo que aceptó en beneficio del Común. Firma: Calixto 
Sánchez. 




D. José Andrés de Cárdenas, natural y vecino, casado con 
Doña Hermenegilda Contreras, de la primera clase, labrador y 
de 26 años, dijo: se hizo cargo del empleo de Capitán por la 
fuerza de las circunstancias. Firma: José Andrés de Cárdenas. 




50 



D. Manuel Gutiérrez, natural y vecino, blanco, soltero y ma- 
yor de 25 años, dijo: fué Procurador de los rebeldes creyendo 
serrir a los Vecinos. Firma: Manuel Gutiérrez. 




D. Miguel Antonio de Omaña, natural de ésta y vecino de 
(San Antonio, blanco, soltero, labrador y de 55 años, dijo: que 
entró el 30 de Junio en esta última junto con Aranda y Juan Jo- 
sé Omaña, teniendo los tres el cargo de Capitanes que les obli- 
garon a aceptar. Firma: Manuel Antonio de Omaña Rivade- 
Bcira. 



íD. Bernardino Escalante, natural de ésta y vecino de Lo- 
batera, marido de Doña Bernardina Pérez, ambos blancos, labra- 
dor y de 60 años, dijo: fué Procurdor de los sublevados y reci- 
bió las Capitulaciones de los reinosos que vivían en Lobatera, 
los cuales tumultuaron al vecindario. Firma: Bernardino Esca- 
lante. 





/ 



De la parroquia de Lobatera: 



Francisco José Escalante, natural y ▼ecino, casado con Ma- 
ría Francisca Colmenares, blanco, labrador y de 40 años, dijo: 
que siendo Capitán salió con fuerzas a La Grita. Firma José Es- 
calante. 




Juan Tomás Vivas, natural y vecino, marido de Tomasa Me- 
dina, blanco, labrador y de 38 años, con siete hijos y pobre, di- 
jo: que fué verdad salió con fuerzas como Capitán. Firma: Juan 
Tomás Vivas. 



D. Salvador Ignacio Contreras, natural y vecino, viudo de 
Doña Eugenia Guerrero, blanco distinguido, labrador y de 49 
.años, dijo: fué Procurador de los Comuneros, los que entraron 
el 10 de Julio con el reinoso Medina que es de Tunja, en número 
de unos doscientos. Allí se estuvieron unos ocho días. Levan- 
taron horca pero sin ejiecutar a nadie. El 30 de Junio de 1782 
]e redujo a prisión el Comandante Solano en La Grita por su car- 
go dicho. Pero él presenta en su favor el haber desempeñado 
cargos honoríficos de República; haberse encontrado en la so- 
juzgación de los indómitos Motilones; ser uno de los descubri- 
dores del río Escalante, arteria principal del comercio de su 
pueblo con el Lago. Firma: Salvador Ignacio Contreras. 

D. Felipe Antonio Molina, natural y vecino, uno de los 
principales, casado con Doña María Jacinta Ramírez, labrador y 
de 51 años, dijo: fué Procurador personero de Bailadores en 




De la ciudad de La Grita: 



ti 



tiempo de los sublevados, y en el presente año Alcalde Ordinn- 
rio en su ciudad nativa. Firma: Felipe Antonio de Moliny. 



De la parroquia de Bailadores: 
B. Juan Miguel Moníoya, natural y vecino, blanco, casado 
con Doña María Josefa Molina, labrador y de 38 años, dijo: que 
on Domingo, a mediados de Julio del 81, entraron en número de 
setenta sublevados con los reinosos Carnero y Suárez, y el gri- 
teño D. Eulogio Guerrero. Pusieron horca en la plaza tan sólo 
para amedrentar; leyeron las Capitulaciones del Socorro y pro- 
clamaron en nombre del Común por Capitanes a D, Antonio 
Basilio Molina y al confesante, que fué reemplazado por D. Mar- 
celo Contreras. Firma: Juan Miguel Montoya. 




D. Antonio Basilio Molina, natural y vecino, blanco, casado 
eon Doña Nicolasa de las Nieves Ramírez, carpintero y labrador, 
de 26 años, dijo: €s verdad fueron Capitanes Montoya, Moli- 
na y él. Firma: Antonio Basilio Molina. 




33. José Luciano Molina, natural y vecino, blanco, casado 
con Doña Antonia Ramírez, labrador y de 39 años, dijo: que los 
insurrectos estuvieron allí cuatro días. Firma: José Luciano 
Molina. 




íD. José Felipe Contreras, natural y vecino, blanco, soltero, 
labrador y de 30 años, dijo: que es verdad fué nombrado Te- 
niente y Ayudante de las fuerzas que siguieron hasta Mérida. 
Firma: José Felipe Contreras. 




De la parroquia de Exido: 



Tomás Muñoz, natural y vecino, mestizo, casado con Maríji 
Luisa Flórez, labrador y de 35 años, dijo: es verdad fué nom- 
brado Cabo de los Comuneros, y luego de aplacado el tumulto 
estaba huyendo cuando le apresó D. Juan José Dávila. Firma: 
Xomás Muñoz. 

J^^^ ^^^^^^^^ 

De la ciudad de Mérida: 

1). José Cornelio Uzcátegui y Rangel, blanco, natural y ve- 
cino, soltero, comerciante, labrador y de 40 años, dijo: que fué 
Sargento de los rebeldes que entraron en Mérida el 10 de Julio 
del 81; salió de comisionado hasta San Cristóbal a informarse 
de lo que realmente sucedía, pero las declaraciones dicen que a 
llevar auxilios a los alzados. Nombra al Dr. Aranguren de Co- 



63 



muneio, Cura de almas de Exido. Firma: José Cornelio Uzcá- 



Juan Francisco Ramírez, natural y vecino, casó en la misma 
ciudad con María Gertrudis de Barrios, ambos mestizos, de ofi- 
icio hamaquero y de 26 años, dijo: que fué preso en Lobatera 
adonde había ido de chasqui. Firma: Juan Francisco Ra- 
íiiírez. 




Juan José ¡Maldonado, natural y vecino, blanco, casado con 
María Xaviera Gómez, platero y de 45 años, dijo: es verdad es- 
cribió la carta que mandaron los Capitanes Merideños a los Tru- 
jillanos, invitándolos a la sublevación. Pero también escribió 
otras suplicatorias, una vez que todo fracasó con el rechazo de 
aquéllos. Firma: José Maldonado. 



José Agustín Espinoza, natural y vecino, casado con Antonia 
Feliciana Villamizar, mestizos, oficial de platero y de 36 años, 
dijo: fué Sargento y Escribano durante la insurrección. Firma: 
José Agustín Espinoza. 



tegui Rangel. 






64 



Vicente Araujo, natural y vecino de Chicui, jurisdicción de 
Mérida, mestizo, casó con Maria Antonia de Angulo, labrador y 
de 56 años, dijo: recibió un papel de Xavier Angulo a fin de 
que sublevase a los vecinos, acudiendo a Sebastián Angulo tío 
de Javier, para que le ayudase por ser el declarante viejo, man- 
co, cojo y cargado de familia. Firma: Vicente Araujo. 



D. Cristóbal Villarreal, natural y vecino, casado con Doña 
Maria Concepción Araujo, blancos, labrador y de 70 años, dijo: 
fué preso por Ambrosio del Pino; y junto con el Teniente D. 
Fernando Paredes, el Alférez D. Rafael Villarreal, hermano del 
confesante, y el Sargento Cristóbal Moreno, sirvieron porque 
una vez nombrados por los Capitanes Merideños Ribas y Brice- 
ño, el mismo Común Ies obligó a aceptar. Firma: Cristóbal de 
Villarreal. 



Manuel Vázquez, natural de Santafé y vecino de Exido, 
blánco, casado con María Filomena de Angulo, Maestro de Escue- 
ía y de 52 años, dijo: es cierto fué Procurador de los subleva- 
dos y amanuense del Capitán Angulo. Firma: Manuel Vázquez. 




Del Valle de Timotes: 




De ¡a Nueva Granada: 



65 



D. Diego Martínez, natural de la Villa del Socorro y vecino 
de Mérida, blanco, casó en ésta con Doña María Juana de Con- 
treras, laibrador y de 38 años, dijo: que los motines duraron en 
esta ciudad cosa de nueve días. Niega el haber sido consejero 
de ios rebeldes. Firma: Diego Martínez, 





Todos los presos que en número de 28 trajieron a Caracas, 
cootando a Domingo Contreras y a D. José Ig. Briceño, envia- 
das éstos desde Barinas, confesaron lo dicho antes por ios dife- 
rentes testigos presenciales que deponen en este largo proceso 
de los Comuneros. Debe notarse que los Contreras fueron de 
los principales en casi todos los pueblos de la Provincia insu- 
rrecta. 

Algunos de ellos presentaron su defensa, o por lo menos su 
atenuación en ia pena merecida. Ramírez de Arellano, por me- 
dio del Vicario de La Villa José Tulo Bermón, el cual dice en su 
abono que en los dos meses que duró su Capitanía de insurrec- 
to no hizo mal alguno, y una vez terminada se refugió en Bari- 
nas. Después de algún tiempo regresó al seno de su familia sin 
^ oiver a ocuparse de tumultos. 

El mismo Ramírez de Arellano dice: que acompañó ai Al- 
caide Rangel a Táriba donde encontraron a los insurrectos con 
Medina y Suárez; que el 25 de Agosto del 81 recibió una carta 
del Capitán General García de Hevia sobre la dispersión. Y por 
otras de sus deudos de Barinas el Dr. Esteban Gutiérrez, Vicario 
de ésta, y D. Juan Ignacio Gutiérrez^ en que le decían de! mal 
resultado de los Comuneros, determinó de refugiarse en esa ciu- 
dad. Antes de partir envió una de dichas cartas al Gobernador 
de Maracaibo, y de Barinas le escribió de nuevo. Debido a la 
contestación favorable del Gobernador Ayala, fué por lo que re- 
gresó a La Villa, donde se le puso preso por Junio anterior. Firma 
su petición en Caracas, a 30 de Setiembre de 1782. 

Hay representación en una sola pieza de los presos Ramí- 
rez de Arellano, Luis Ignacio Contreras, Juan José Omaña, Ca- 
lixto Sánchez, José Andrés Cárdenas y Manuel Gutiérrez, todos 
-parientes entre si, en la cual manifiestan el haber sido ír:iidos 
con ignominia, ya ligados con grillos y con esposas, pero no hu- 
manas de amor, sino férreas de tortura, durante setenta y seis 



66 



días que duró el viaje desde aquella Villa a Caracas, habiendo su- 
tfrido antes un riguroso embargo de sus bienes. Piden por lo 
tanto su libertad, la devolución de sus propiedades y la rehabi- 
litación de su honor, "para que nuestra familia y posteridad, 
agregan, no quede con esta fea mancha". Hoy su rebeldía es tí- 
tulo de gloria, que bien cuadra repetir aquí las hermosas pala- 
bras dei Pbro. Dr. Vicente Echeverría, ante el cadáver del re- 
belde D. José María España. "Quizás, aun a los oJ>os del mundo, 
cuando hayan pasado estos malos días en que la sangre de los 
¡Reyes mancha las manos del verdugo, el patíbulo venga a ser un 
título de gloria." 

D. José Ignacio Fortoul, a nombre de estos presos como sus 
deudos consanguíneos, presta caución. El Administrador Su- 
balterno del Tabaco, D. Mariano de Cangas, a instancias suyas, 
dijo: que el 6 de Julio entraron en La Villa los Comuneros, y la 
actuación de Ramírez de Arellano no permitió desórdenes. 
Agrega que en La Grita entraron el 10 y regresaron a La Villa el 
22 de! mismo Julio, habiendo hecho firmar en aquella ciudad sie- 
te de las Capitulaciones a los Nogueras. 

El Justicia Mayor de la Villa, D. Andrés Sánchez Cossar, re- 
cibe varias declaraciones, todas favorables a los presos de la pe- 
tición : D. Marcos José Martínez, de 48 años de edad; D. Igna- 
cio de Avendaño, de 50; D. Diego Santander, de 25 y deudo con- 
sanguíneo de los presos; D. Mateo González, de 56 y deudo afín; 
D. Francisco Xavier Ramírez, de 45 y deudo consanguíneo; D. 
jEugenio Sánchez Osorio, de 46 y también consanguíneo; D. 
José Hipólito Zambrano, de 35; D. Miguel Colmenares, de 58 y 
consanguíneo; y D. Vicente Sánchez Osorio, de 35 y consanguí- 
neo también. Todos son vecinos de la dicha Villa. El mismo 
Justicia declara que son testigos abonados por su distinción, y 
por haber desempeñado cargos de República. Se publica la fir- 
ma de Santander. 



Los favorecen de igual modo las contestaciones del Gober- 
nador Ayala, dándoles la acogida que impetran una vez fraca- 
sada la cívica intentona. Estas eran conocidas, pues la Sala 
Capitular compuesta del Alcalde Ordinario D. Eugenio Sánchez 



67 



Cossar, del Alguacil Mayor D. Juan Bautista Somasa, del Pro- 
curador General D. Manuel Ramirez Aguiar, y presidida por el 
Teniente Justicia Mayor D. Andrés Sánchez Ck)ssar, habla resuel- 
to en sesión del 16 de Octubre del 81, se publicaran bandos. 



RBPRESENTACIiONES DE LOS MERIDEÑOS 

El Dr. D. Francisco Antonio Uzcátegui Dávila, Vicario y 
Juez Eclesiástico, y Capellán particular de varias Capellanías, da 
poder a un Procurador de Número de Caracas, o en su defecto a 
■su hermano D. Juan Nepomuceno, el cual se trasladó a ésta, a 
Jin de que se le defienda en los bienes embargados por estar mu- 
chos de ellos gravados con censos y tributos de las obras pías 
c{ue él representa. Firma su poder en Mérida a 7 de Setiembre 
de 1782. 




Este nuestro deudo, realista durante los Comuneros, sabrá en 
1810 consagrarse en espíritu y en verdad con su talento, luces y 
fortuna a la Causa de la República. Y al morir en 1814 lo hará 
en doloroso exilio, lejos de su tierra merideña. Su hermano Juan 
Nepomuceno, al encontrarse en Caracas, le defendió sus bienes 
lesionados por los distintos embargos de los Comuneros. 



Ce 




iDoña María Mercedes de Lara, mujer del Comunero D. José 
Nicolás Eraso, y con poder de éste, hace ver que la hacienda de 
''Mosnacho'* está enajenada en 1.100 pesos por las Monjas Clari- 
sas; que las tierras de ''La Culebra", contiguas, lo están en 200 
por las Monjas también; y debido al fallecimiento de D. Joaquín 
Valero Eraso, su suegro, se obligó a velar por dichos censos su 
marido a quien ella representa. 



68 



Mateo de Aranguren presenta por fiador abonado a D. Agus- 
tín Gutiérrez, que se le acepta. Firma Aranguren. 



INDULTO GENERAL DE LOS COMUNEROS DEL SOCORRO 
El 6 de agosto de 1782, aniversario de la fundación de San- 
tafé de Bogotá, se publicó el indulto dado por D. Carlos llí. En 
tal virtud el Arzobispo D. Antonio Caballero y Góngora, Virrey 
y Presidente de la Real Audiencia, dice: "concedemos desde 
ahora para siempre indulto y perdón general, y declaramos in- 
dultados, y enteramente perdonados de sus delitos a todos los 
comprendidos en la horrible y escandalosa sublevación araeci- 
úa ^n estos dominios en el año último".. Fueron puestos en liber- 
tad ios que gemían en las cárceles y regresaron a sus hogares 
los ausentes. 

Pero los impuestos siguieron como de antes, y la Alcabala, 
en las Provincias de Tierra Firme, se cobraría el 4%, cuando 
los Comuneros pedían quedara en la mitad que era lo acostum- 
brado. Por lo cual decía el Virrey "confiamos que todos y cada 
uno de nuestros subditos satisfarán sin la menor sospecha de 
fraude los Reales Derechos, no con tristeza, como quien lo hace 
por necesidad, sino con gusto y alegría, según nos lo encarga el 
Apóstol, como hijos que contribuyeron para la opulencia y exal- 
tación de su padre". Este lenguaje de sumisión bien estaba en 
aquella época que no tenia ciudadanos sino meros vasallos de la 
.Corona. Y por ello servir al Rey, que era el amo terrenal, er;< 
vservir a Dios, que es el amo espiritual. El espíritu de la ley ha- 
blaba y en su nombre se ejfecutaban las crueldades. 

Y terminaba la pastoral gubernativa con esta amenaza: "Si 
se averiguare que algunos, continuando la cadena de los pasa- 
dos desórdenes, esparcen papeles, o noticias sediciosas, fijan 
pasquines para inquietar a los fieles vasallos del Rey, o se atre- 
ven a murmurar, criticar, desaprobar las providencias del Go- 
bierno, serán oprimidos con todo el peso de la ley". Esto es de 
todas veras duro e inihumano pero se escribía y se tenía como 
|)recepto gubernativo. 

Los i^eticionarios del Socorro no consiguieron por lo p-ron- 
to alivio en los impuestos, pero sembraron la semilla de la rebe- 
lión que poco después dará frutos de Libertad. 




69 



Ante el Virrey, en su carácter de Prelado de la Diócesis, 
acudieron los Comuneros de Mérida, refugiados en Bogotá, a fin 
de que enviase el edicto al Gobernador de Caracas, recomen- 
dando su ampliación hasta la antigua Provincia recientemente 
agregada a Venezuela, pero con nexos aún en lo espiritual al 
(Nuevo Reino de Granada. 

El Virrey asi lo hizo, y al llegar a manos de Unzaga y Ame- 
zaga pasó el asunto a su Auditor Cortines quien en seguida in- 
formó: en virtud del Edicto y carta del Arzobispo Virrey juzga 
que por ser los reos de la Provincia de Maracaibo fieles de su 
Diócesis, se hacen acreedores al perdón general. Y estando los 
principales ya perdonados, cree Justo lo sean los demás. "En con- 
-secuencia de esto, agrega en lenguaje humanitario, soy de dicta- 
men, de que sin embargo de cualquier delincuencia, que pudiera 
pedir un ejemplar y pronto castigo, se le suspenda por ahora to- 
do procedimiento, y desde luego se le dé cuenta con testimonio 
a S, A. por mano del Excelentisimo señor D. José Calves Secre- 
tario del Despacho Universal de Indias para que conforme a su 
mérito y resultancias, se digne resolver lo que sea de su Real 
agrado, y en el entretanto que se pongan en libertad todos los 
presos encarcelados, bajo alguna ñanza, u otra seguridad que se 
estime bastante, atendidas las miserias, indigencias y desampa- 
ro de estos infelices y sus familias". Se les condena en las cos- 
tas procesales. Firma en Caracas a 23 de Octubre de 1782. — 
iCortines. 

El Gobernador Unzaga y Amezaga se conformó con lo acon- 
sejado por su Asesor. Al punto el Escribano puso en conoci- 
miento de los presos la buena nueva de su libertad. 

Tal la lusticia de la Colonia tan calumniada por escritores 
que halagan el patriotismo con falsedades, silenciando la verdad 
ípor mala fe o por ignorancia. Fundadores de cátedras mentiro- 
sas al estilo de Antonio Leocadio Guzmán, con el ánimo avieso 
de cohonestar los desmanes del poder. 

Los presos dan tan sólo caución juratoria, pues siendo fo- 
rasteros en la capital no pueden prestar fianza carcelaria o co- 
mentariense por falta de recursos y de amigos. Atendido el jus- 
to reclamo salieron libres, el 26 del mismo Octubre, bajo su sola 
palabra. Garantían sus vocablos de honradez ante el Gobierno 
colonial, el acudir con sus personas ante el mandamiento del 
Juez dado que el Rey no aprobase su libertad. 

iGomo les era difícil la vida por las razones expuestas, se di- 
rigieron de nuevo al Gobernador suplicando los dejase partir á 
su Provincia. Incontinenti les contestó: "Por presentado, y te- 



70 



niendo consideración al desamparo en que se hallan en esta ciu- 
dad los reos conducidos a ella de varios lugares de la Provincia 
de Maracaibo, de resultas de la sublevación del reino de Santafé, 
<por la distancia considerable, haber quedado embargados sus 
¡bienes, no tener aquí conocimiento ni proporción alguna para 
sostenerse en tanto llega la Real Determinación, y conservar la 
carcelaria, que bajo caución juratoría están guardando; cuando 
al mismo tiempo se hallan expuestos al contagio de viruelas qurt 
ya ha prendido en algunos. Desde luego, usando de la mayor 
consideración se les extiende la carcelaria, para que la guarden 
en los lugares de su domicilio y vecindad con la misma seguri- 
dad, y con la obligación precisa de presentarse cada quince días 
ante los respectivos Alcaldes de aquellos lugares, estando pron- 
tos a las órdenes de ésta para restituirse a esta cárcel siempre 
que por este tribunal se les prevenga y mande, para cuya obser- 
vancia se librará despacho al Comandante en Jefe D. Juan de 
Salas." Tiene fecha 6 de Noviembre del 82. 

Al punto regresaron los presos ya libres a sus hogares. Una 
vez en éstos solicitaron ser los depositarios de sus bienes, aun 
embargados, para así atender al consiguiente deterioro que aca- 
rrea todo secuestro de animales, muebles o tierras labrantías. 

Cada uno fué obteniendo lo suyo, mediante fianzas de per- 
sonas abonadas, y de acuerdo con ios oficios que recibió Salas 
del Brigadier D. Manuel González Torres de Navarra, Goberna- 
dor de Caracas, fechados en Febrero de 1783. Se esperaba la re- 
solución real sobre el perdón definitivo a estos Comuneros. La 
fcual falta en el expediente. 

Es de suponerse haya sido favorable en un todo, puesto ([uc 
Jo fué ampliamente para los del Socorro a pesar de su significa- 
ción agresiva, y de la cual carecieron los cívicos Comuneros de 
Mérida. (4).. 

VICENTE D AVILA. 

Caracas: 12 de Junio de 1922. 



(4)i Este largo expediente, del cual se han tomado los se- 
senta y seis autógrafos, de los principales Comuneros y realistas, 
•que ilustran el presente estudio, se encuentra en el Archivo Na- 
cional, Capitanía General, Diversos, tomo UVI, en dos partes, con 
729 folios. Es la vez primera que sale al público este proceso. 
Sólo D. José Ignacio Lares, escritor merideño y hombre de Re- 



71 



pública, se ociip'ó de aquella insurrección. En "Los Comuneros", 
su ofrenda patriota en el primer Centenario de nuestra Indepen- 
dencia, 5 de Julio de 1911, narra los hechos de la insurrección 
en las 692 octavas reales, y en otras más estrofas, que contienen 
los doce cantos del Poema heroico. La relación no está ajustada 
íi la verdad histórica, puesto que se habla de combates que no 
•hubo, y los nombres de los principales Comuneros no son los del 
proceso. Esto fué debido a que el autor no conoció los docu- 
mentos que tenemos a la vista. Pero si tiene muchas bellezas y 
es un digno homenajie del alma patriótica del autor, cuya muer- 
fe, acaecida en esta ciudad el 30 de Diciembre último, fué sensi- 
ble a las letras venezolanas. ¡Vaya este recuerdo a la memoria 
•del amigo y colega ausente de la vida! 




DISCURSO 



pronunciado por el oraóor Don Eloy B. Bonzález» 
contestando al óel nueuo académico. 



Señor: 



La Academia os recibe en su seno como a bienvenido. 

Ya vuestra labor y vuestro nombre no excusan la mo- 
destia con que receláis no llenar debidamente el sitio que 
en vida ocupó en nuestra Compañía el lamentado colega 
ilustre, que, descartando las actitudes forzosas que cada 
combatiente público tiene que adoptar en la pelea, consa- 
gró sus energías al uso y ejercicio legítimos del derecho que 
la Naturaleza confirió a todo hombre, para conformarse la 
vida según su leal entendimiento; pero que tuvo el mérito 
insólito en sus días de formación pública, de alejarse inteli- 
gente y discretamente de la varia ocasión que explotaron 
sin piedad quienes fueron fuerzas determinantes de una 
época de cataclismos sociales y políticos, que depositaron 
una nueva estratificación en nuestro subsuelo histórico. Y 
se desvistió del arreo suntuario de los Estados Mayores; y 
requirió el acero de la pluma, para mantener y defender en 
la prensa política lo que, en su pasión prosélita, fué fácil que 
pasara en su espíritu a dogma, acaso atenido en demasía al 
qnia absurdum agusdniano; y fué al recinto de los Con- 
gresos y se hizo experto y maestro en lides parlamenta- 
rias; y aprovechó el material encontrado por él en sus in- 
timidades con el alma popular, y fué folklorista; y excur- 



76 



sionó por los arrabales de nuestra desenfadada vida social, 
y fué escritor de costumbres; y registró en los anales d» 
nuestras tradiciones y episodios históricos, y fué leyendis- 
ta y cronista; y estuvo como diplomático en los Países Ba- 
jos, y — según la frase de Vargas Vila — cuando regresó m 
Venezuela, "en lugar de traer un queso de Flandes, trajo 
un libro" {Don Secundino en París). 

Singular figura intelectual, cognominado soldado, y que 
como colega y colaborador, estuvo siempre y a toda hora, — 
aún en las melancólicas de sus postreros achaques, — prestó 
a toda demanda de labor patriótica y de la honra de nues- 
tra Corporación; accesible a las insinuaciones equitativas; 
atento a las demostraciones ilustrativas; tolerante y respe- 
tuoso a la agena convicción . . . Hubiérais presenciado su 
conmoción íntima, y por sincera simpática, cuando en el 
curso de nuestras disertaciones históricas, por las tardes de 
junta académica, pasaba alguno de nosotros, adrede y fu- 
gazmente, ante sus miradas, alguno de los aspectos heteró- 
clitos de la interesante figura histórica de nuestro inquie^ 
tante Don Antonio Leocadio Guzmán ! . . . 

Bien llenáis vos su sitio entre nosotros: también sois 
hombre público, de corta aún pero intensa vida pública, 
hasta ahora intachable; también habéis ocupado puéstos im- 
portantes en la administración y en el gobierno; también 
habéis sido magistrado en tribunales marciales; y si no 
vuestro verbo en los Congresos y en los Gabinetes, sí ha 
vibrado vuestra pluma en el Diario y en el libro, en com- 
bate gallardo por el nombre eminente de esta tierra, con 
la cual tenemos la obligación de honor de construirle lo 
que hasta ahora le ha faltado a la espectación de las nacio- 
nes: el pedestal culminante de su historia singular; también 
vos habéis consagrado vuestras bellas dotes intelectuales, 
vuestra varonil y ubérrima juventud, vuestro entusiasmo 
eficaz, al fatigante trajín del hecho real y escueto, en la 
Historia. 

Excelente muestra nos habéis traído en el Discurso 
que acabáis de leer. 



77 



Con dos rasgos sintéticos habéis trazado el nacimiento 
en cuna de justicia, el desarrollo entre los furores del de- 
recho escarnecido, y el fin sangriento en las escarpias de 
Viilalar, de aquella protesta formidable de las libertades 
castellanas, contra la rapacidad extraña y las contuma- 
cias del envanecimiento poderoso. 

Habéis seguido el camino de aquella idea, por los que 
denomináis "subterráneos de la historia", y que en reali- 
dad no son sino la perpetua reivindicación de los atributos 
vulnerados de la Naturaleza, a la que no se ultraja impune- 
mente. Desde luego, en el orden morail, como en el or- 
den físico, es ley dinámica que la reacción es igual y con- 
traria a la acción, hasta poder ser medidas exactamente, 
por las de esta acción, la energía y el tiempo de aquella 
reacción. Esta suma ley es la que ha determinado y go- 
bierna el movimiento histórico de la humanidad, alzando 
el cúlmen de la onda a mayores alturas progresivas, en pro- 
porción directa de la profundidad que las opresiones ha- 
yan dado a la depresión. 

Una reacción de origen económico, semejante a la que 
determinó la insurrección de los comuneros de Castilla, 
produce, dos siglos después, los mismos efectos en la distan- 
te colonia hispana del Paraguay. No corren treinta años sin 
que la misma fuerza de acción, de codicia y de rapacidad, 
determine la misma resultante en Venezuela, en los valles 
de Barlovento. Y otros treinta años más, cuando se apli- 
ca a la pobre escarcela del comunero del Socorro, en el 
Nuevo Reino, la rígida barra de la alcabala insaciable, salta 
en vientre de mujer la palpitación inevitable de la entraña 
oprimida; y cuya ondulación van a recibir, en la márgen 
ulterior del río Táohira, los Notables de la villa de San 
Antonio, para acotar con sus curvas las sierras eminen- 
tes de la tierra de vuestros abuelos comuneros, que es tam- 
bién vuestra cuna. 

Es que el suplicio de la viscera sugiere la idea de ki 
liberación, que es prédica en los Mesías, acción en los Li- 
bertadores, y delirio devastador en los libertarios! 



78 



Habéis hecho bien a la Patria, al limpiar otra vez de 
la maleza invasora, en los caminos de la historia nacional, y 
al hacer de nuevo visibles, esos jalones de la libertad hu- 
mana, en los cuales se halla indeleblemente escrito, por la 
propia mano de la Naturaleza, el derecho inmanente que 
todos tenemos a la vida y sus accesiones. 



Eloy g. GONZALEZ.