(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "Discurso leido por el H.M.M.F., C.R. [dagger] y S.C. de la M.R.L[box]. : La Tranquilidad N.o 21, Bajo los ausp. de la M.R.G.L[box] Española de ant. y acep. mm. del r. de York, en la tenida ordinaria, del dia 31 de enero de 1823"



EL H.: /¥.% M>, F.: , C.% /?.-. t Y S.: C. 



DE LA M.-. R.-. LCX- 



LA TTLJLNQXJILWJU) N.° 21, 



BAJO LOS AUSP.-. DE LA M.-. R.-. G.\ L¡Z¡.-. ESPAÑOLA 



DE ANT.-. Y ACEP.-. MM.-. DEL R.-. DE YORK. 



EN LA TENIDA ORDINARIA 



DEL DÍA 31 DE ENERO DE 1823. 




TERCERA EDICIÓN. 
IMPRENTA DE LA FRATERNIDAD» 



p. 



Digitized by ttie Internet Archive 
in2013 



http://archive.org/details/discursoleidoporOOIama 



vPWsiderandome como el último de los Mi.\ que 
componen este R.\. T.\, grande ha sido mi confusión al 
verme elegido por su voto unánime para ocupar una de 
sus columnas con el honroso cargo de segundo celador. Ad- 
mitiendo esta distinción de que siempre me gloriaré , dejaría 
de llenar mi deber si no procurase , por todos los medios 
que estén a mi alcance^ que esta Isla ? favorecida hasta ahora 
de la fortuna, y á quien el S.\ EL*, desde lo alto en que 
tiene su mansión mira con ojos predilectos , vuelva á ad- 
quirir la tranquilidad que ha perdido especialmente en es- 
ta capital el mes de diciembre último. El fuego , aunque 
oculto 9 no está apagado ; inquietos los ánimos , y la menor 
chispa puede sumergirla en una catástrofe que la imagina- 
ción se estremece al considerar hasta donde pueda alcan- 
zar. Y pues este R.\ T.\ lleva el distintivo de la Tran- 
quilidad ) que de él mismo salgan las medidas que ase- 
guren y vuelvan á esta hermosa ciudad la calma perdida. 
y la unión que hasta ahora ha reinado entre todos sus 
¡habitantes. 

F. \ M.*¿ : todos los que llevan este título de proví» 
dad deben cooperar á un mismo fin cualquiera que sea ei 
rito á que pertenezcan, ya que la M.\, como toda obra 
de los hombres , está sujeta a variaciones y mudanzas con 
arreglo á los tiempos y á los paises. Pero la primera obliga- 
ción de todo buen M..\ es seguir las máximas consagra- 
das por la naturaleza desde el principio de la existencia 
de los seres : ama á tu prógimo como á tí mismo : no ha- 
gas á otro lo que no quieras que te hagan á tí : co- 
mo hombre nada de lo que pueda interesar á los demás 
te áaht ser estraño. Arreglado á ellas ha de procurar 
mantener la tranquilidad del pais en que vive , ser obedien- 
te á las leyes que el Gobierno ha establecido , no preten- 
der alterar su forma , contribuyendo en cuanto pueda á la 
enseñanza y persuacion de estos dogmas aun entre los mis- 
mos profanos. Y si esta es la senda que debe guiarnos 
¿como , hh.\ carísimos , hemos de ver que reine la desunión, 
entre unos mismos hombres , que reconociendo estas ver dar 



des inmutables , parece que olvidándolas solo tratan de ha- 
cer odiosos los trabajos, y que se nos inculpen ideas que 
no han pasado por nuestra imaginación? Al producirme 
en estos términos, mis labios, de acuerdo con mi corazón, 
sienten toda su fuerza para esplicarse del modo franco y 
libre conque deben hacerlo todos los mm.*. 

Se ha visto con dolor una cisión entre nosotros sin 
mas causa que no haber tenido por conveniente la ma- 
yor parte de los R.*. T.\ que componen este 0.°. su- 
jetarse al Gr.\ O.*. Español-europeo, cuando nos consta- 
ba que por lo menos habia cuatro 6 seis que se titula- 
ban en Madrid G\\ O.-. Recibimos planchas de dos en 
las que con nombres simbólicos se trataba de dar a la 
M.'.una nueva forma: desconocíamos las personas, y voso- 
tros fuisteis testigos de los debates que ocasionaron , por- 
que no queriendo pertenecer a ningún partido sino estar 
unidos a la Península, cualquier paso precipitado nos hu- 
biera hecho enemigos de los demás. Sabíase que existían 
carbonarios, comuneros, anilleros, mm.*. del rito antiguo 
y moderno, y que aspirando a sucederse unos- á otros, los 
de un partido serían derrocados por el contrario, y asi su- 
cesivamente se proscribirían refluyendo males consiguien- 
tes sobre la misma Isla : la prudencia dictó no poner- 
se bajo la tutela de ninguno, siendo difícil examinar cual 1 
era el verdadero, y si nos adherimos entonces á L.\ G.\ 
L.\ Española, fué para formar una sola opinión, un solo vo- 
to , porque ya la rivalidad levantaba su horrible cabeza,- 
y aquí no debia haber sino una sola división bien mar» 
cado por la naturaleza. 

Desde el momento que se hizo esta separación, mu- 
chos conocieron que podia traer consecuencias fatales si 
todos los mm.*. no se revestían de la prudencia y dis- 
creción que debe serles característica : unos nos acusarían 
de que queríamos la independencia de la Isla, porque que- 
ríamos la independencia m. \ , otros dentro de nosotros mis- 
mos , sin esperiencia y sin hacerse, cargo de que no puede 
ser trabajo de un buen m.\ destruir el gobierno del país 
en que vive, quizá verían en esto un paso hacia ese de- 
lirio de independencia, como si pudiésemos serlo mas de¿ 
lo que lo somos en efecto, en el dia. El Genio del mal 



5 

se apodero de algunos, y en medio de los partidos ine- 
vitables en todo país representativo, se quiso tirar una 
línea divisora entre los hijos de la Isla y los naturales 
de la Península : por las imprudencias y estravios de unos 
y otros se vio espuesta la ciudad a que corriesen rau- 
dales de sangre por sus calles , y que á las 24 horas 
el traficante al descender de su bagel que surcó mares in- 
mensos en busca de nuestras producciones , se sentase so- 
bre sus ruinas y dijese : "aquí existió el pueblo mas feliz 
"del globo , la discordia se apoderó de sus habitantes, los 
"hombres justos divididos ellos mismos no calmaron su efer- 
vescencia ; y cual otra Palmira no han quedado sino hu- 
smeantes escombros y fracmentos de lo que fué." 

Tal pudo ser, hh.\ mios, la suerte de esta ciudad, 
acaso porque nosotros olvidados de nuestros deberes cons- 
pirábamos indiscretamente a tan funestos resultados , no 
persuadiendo á los unos y á los otros la moderación y 
la calma tan necesaria en las elecciones , haciéndoles co- 
nocer que nuestra ruina dependia de esta funesta división. 

Yo no veo ni me pasa por la imaginación , que la 
independencia m.\ que se ha establecido se dirija á la 
independencia política como suponen muchos profanos, no 
sé si de buena fé ó con malicia artificiosa , y perez- 
ca por cobarde mano quien asi lo crea , pues esto es lo 
mismo que querer sumirnos en un abismo de desdichas: 
no son los mm.\ tan ignorantes de sus obligaciones, ni 
nadie ha dado mas pruebas de su adhesión a la Cons- 
titución , de su obediencia á las leyes , y del respeto a las 
autoridades que la Gi>. L.\ Española, a la que últimamente 
nos hemos reunido. Tampoco podia esperarse otra cosa 
de las personas sensatas y amantes del pais que la com- 
ponen , cuando esto no traería otro resultado que arrojar 
á esta ciudad é Isla en el profundo caos de la anarquía, 
al que seguiría inmediatamente su desolación y esterminio. 
Y porque dependamos de ella ¿podrá pensarse que ya son 
otras sus ideas , y que aun cuando lo fuesen esta varia- 
ción se podría hacer sin sangre , sin fuego , sin muertes, 
ni horrores? Pues ¿k qué esta exaltación y animosidad 
que ha principiado entre personas que su rostro solo debe 
ser el distintivo de la unión? El buen M.\ no conoce 



hombres de diferentes países : el Asiático y el America- 
no , el Europeo , y el Africano libre, todos son hh.\ , to- 
dos se reconocen , se favorecen , se ayudan , se sostienen 
ni los países mas remotos en que se encuentran y se dan 
la sen al universal de socorro. La M.\ es la obra gran- 
de del Genio , pues hace á todos los hombres iguales y 
hermanos , y que su patria sea todo el orbe conocido. 

Sin embargo, se ha discurrido tanto sobre esta in- 
dependencia suponiendo á los mm.\ adictos á ella: se 
ha pintado con colores tan alhagüeños , que creo muy con- 
veniente , aunque sea apartándonos de nuestro instituto por 
un momento , patentizar la opinión del T. % sobre ella, 
para que los profanos se desengañen y cesen de invecti- 
varnos , convencidos de que no podemos querer lo que no 
es conveniente ni posible al estado de infancia en que se 
halla la Isla , aun cuando se quisiera prescindir de la in- 
justicia del procedimiento , respecto al todo de la nación 
que ha roto sus cadenas y dádose la constitución mas li- 
beral que se conoce en el dia entre todos los pueblos. 

Sentemos como axioma cierto é indudable , que el 
saber y la fuerza han sido *el móvil de las sociedades, de- 
jando al ciudadano de Ginebra sus brillantes teorías so- 
bre el pacto social. No tiene duda que aquel que tuvo 
mas astucia y robustez mandó desde luego á los mas ig- 
norantes y mas débiles : si compuso sus diferencias , si 
destruyó las fieras que le disputaban el alimento al prin- 
cipio de su existencia, el voto irresistible de la opinión, 
•le dio el primer lugar entre sus semejantes, y de aquí la 
sumisión y respeto a sus mandatos. Tal es en mi concepto 
el origen de las sociedades, pues los pactos ó constitu- 
ciones de que tanto se ha hablado, y que se han que- 
rido suponer como el móvil de las asociaciones , es pre- 
ciso convenir en que es la obra maestra de la civilización 
y cultura, y que asi como hubo un lenguage antes que 
hubiese gramáticas que enseñaran sus reglas , asi hubo so- 
ciedades antes de formarse pactos. 

Estas grandes masas de seres , cuando ya no pudieron 
habitar un estenso territorio, se dividieron y formaron 
nuevas asociaciones ; y tal es el fundamento de todas las 
naciones conocidas. 



Pero no debe olvidarse que al principio , poco 6 nada, 
era suficiente á la subsistencia del hombre , y por lo tanto 
eran mas fáciles y frecuentes estas subdivisiones. 

Mas en el dia en que mil cosas superfluas en los 
tiempos antiguos son de primera necesidad; en el dia es 
necesario que la porción de un pueblo que quiera con- 
vertirse en todo? cuente primero con los medios de sub- 
sistir, y de subsistir con las comodidades y ventajas que 
le proporcionaba su anterior sistema , porque lo contrario 
seria retrogradar y acarrearse mil infelicidades , en vez 
de la prosperidad y bien estar qu« ha de ser su norte y 
que ocasionaba su separación. 

Debe contar , pues , con un número suficiente de per- 
sonas capaces de guardar su territorio y defenderlo de las 
asechanzas de los enemigos este^nos é internos. Después 
ha de tener en, sí mismo los recursos necesarios á man- 
tener su gobierno con la dignidad que corresponde á un 
pueblo independiente para no ser presa de los demás. 

Apliquemos estos principios á nuestra Isla : en una 
estensiou de 5649 leguas cuadradas , solo cuentan 370. 00O 
almas entre naturales y europeos ; pero es de presumir 
que éstos , ni muchos de aquéllos entrarían en este pro- 
yecto ^ y el cálculo no será exagerado si suponemos qué 
la mitad de la población estaría en pugna con la otra 
mitad. Tendríamos ya un choque violento y desastro- 
so, cuyas consecuencias serian bien fáciles de preveer al 
hombre menos reflexivo. Pero concediendo que todos uná- 
nimes y sin discordancia adoptasen estas ideas , su nú- 
mero y la situación topográfica de la Isla harían mirar 
esta medida como la mas imprudente y trastornadora de> 
la felicidad que ahora goza. La parte poblada ? puede 
decirse , que se- contiene en las 20 leguas en circunferen- 
cia de esta ciudad , quedando grandes distancias apenas 
conocidas ni pisadas 'jpor la planta del hombre. Bahías, 
puertos , calas , ensenadas , tanto á la parte del norte co- 
mo á la del sur enteramente desiertas , y per donde fácil- 
mente se nos podía arruinar en menos tiempo que el ne- 
cesario para leer este discurso, ó por el mismo Gobier- 
no español resentido de nuestra ingratitud ? 6 per aque- 
llos que> solo esperan ver empezadas las disena V T 4 V' ^ 



s 

devorarnos, sumiros en la nulidad y levantarse sobre 
nuestros escombros. 

Habia luego de contarse con sostener los gastos que 
necesariamente débia acarrear el nuevo orden de cosas, 
para lo cual era indispensable el aumento , 6 mejor di- 
cho, el establecimiento de contribuciones, porque las en- 
tradas indirectas de la Aduana debian precisamente mi- 
norar por mucho tiempo , pues el comercio se aleja de los 
países en que hay variaciones de gobierno, mientras lle- 
ga a consolidarse y establecer sus nuevas relaciones. Éstas 
recaerían precisamente sobre los dueños de fincas urbanas ó 
rústicas: las primeras, como hasta la fecha no habian 
estado gravadas , no es muy factible que sus dueños se 
prestaran gustosos á satisfacerlas , y ya tendríamos no po- 
cos descontentos : las segundas, ¿con qué pudieran con- 
tribuir en el ínfimo precio en que se encuentra el azú- 
car que es el ramo principal de la agricultura del pais, 
por que el café , según la estraccion del año pasado, 
manifiesta que lejos de ir en aumento disminuye en 
su producción? Y ¿cómo los propietarios habian de abra- 
zar con gusto un sistema en que desde el principio se 
les imponían exacciones que antes no sentían? El descon- 
tento seria general , la reacción no tardaría, y con ella to- 
das las desgracias que son consiguientes , y de que tene- 
mos tristes egemplos en los continentes que nos rodean : 
ademas ¿qué clase de independencia podia caber en un 
pueblo a quien le faltan las primeras materias para sub- 
sistir? Desde la harina hasta las especies mas ínfimas en- 
tran de fuera, y no es presumible que los estrangeros 
continuasen proveyéndonos de lo que nos es tan urgente, 
viendo el pais en convulsiones, pues se lia dicho que el 
comercio se aleja de todo aquel en que desaparece la tran- 
quilidad ; pero aun cuando algún os^vdnies en , ¿serían estos 
¡bastantes á levantar nuestras cosechas? No es factible, y 
con un par de años que la mitad de la zafra quedara 
sin esportar , era concluida la prosperidad y riqueza de la 
Habana f y de la Isla. 

Estas no son paradojas : cualquiera que tenga sentido 
común verá que tal puede ser el término de nuestras di- 
sensiones si no abrimos los ojos , y volviendo sobre noso« 



9 

tros mismos tratamos de una franca y cordial unión, apar- 
tándonos del cráter del volcan abierto per las pasiones, 
y que en la primera erupción puede consumirnos á todos 
indistintamente. 

Supóngase que nos agregáramos á la república de 
Colombia 9 al imperio ó república Megicana , ó á los Es- 
tados-Unidos formando un estado independiente, sujetos á 
la federación general de los que componen a^úél go- 
bierno , porque existir nosotros por nosotros mismos, no 
nos es dado sin quedar espuestos á la merced de la pri- 
mera nación que quiera ocuparnos. Dése por sentado que 
sin la unión de todos, estos son sueños de enfermos de— 
iirantes , y que subsistiendo la España europea con el sis- 
tema de gobierno que lia adoptado , nuestro principal in- 
terés nos aconseja no intentar semejante variación , por- 
que con él gozaremos real y verdaderamente de todas las 
ventajas de los pueblos libres , sin temer las conmociones 
á que muchas veces se ven espuestos hasta que las al- 
canzan. 

Pero la república de Colombia ocupando hoy un ter- 
ritorio inmenso , sin población , con sus campos talados., 
y sus ciudades y villas arruinadas , apenas ha podido con- 
solidarse al cabo de once años de una guerra fratricida 
en que se han cometido las crueldades mas inauditas por 
una y otra parte : aun no está concluida y ya se aso- 
man dos partidos que se desenvolverán en el momento 
en que no tenga el Presidente enemigos que combatir. 
Es constante que unos quieren la república tal cual existe 
en el dia : otros á su libertador coronado , y no es pe- 
queño todavía el tercero que se sostiene y levanta á fa- 
vor de la España : mas concediendo que venza cualquiera 
de los dos primeros , sus fuerzas , sus recursos los nece- 
sitará por mucho tiempo para afirmar su gobierno , y en- 
tonces ¿qué clase de auxilios podrá prestarnos para lle- 
var al cabo esta independencia? Sin duda los mismos 
que prestó á Santo-Domingo. Un mal bijo de aquel des- 
venturado suelo , ayudado de algunos emisarios levantó el 
grito fatal , y su libertad y su soñada independencia , aun- 
que protegida por Colombia , apenas duró el tiempo ne- 
cesario á que llegase á Europa la noticia. La Hueva na- 



cien que tiene siempre fija su vista eu medio de las is- 
las , la nación que reside en su mayor fuerza á catorce 
leguas de la parte oriental de la nuestra , la que solo 
aguarda el momento en que la discordia tienda sobre no- 
sotros su velo de furor para despedazarnos, se lanza so- 
bre la parte española a protesto de que separada de 
la Península no permitiría pisar su suelo k ningún es- 
trangero. Empieza por declarar libres á todos los sier- 
vos , establece su gobierno con arreglo a su sistema , y 
el que se propuso la felicidad de la Isla , el nuevo Dic- 
tador, hoy está condenado á sacar agua por sus propias 
manos , falto de todo recurso , lleno de las imprecaciones 
de sus compatriotas , y destrozado su corazón de las fu- 
rias que lo enseñorearon , sin atreverse a salir para nin- 
gún punto del globo, porque en todos el desprecio y la 
infamia serán la suerte que le aguarde como autor del 
sacrificio de tantas víctimas , y de la pérdida de tantas 
fortunas. 

Be dice que no faltan aquí iguales emisarios que 
trabajan y se afanan porque se alce el grito de la in- 
dependencia , bien convencido aquel Gobierno que de este 
modo podrá llevar al cabo su empresa , envolviéndonos 
en una desolación eterna, para que no podamos prestar 
auxilios de ninguna clase al partido siempre renaciente 
de la Península. No es de estrañar , nada tienen aquí 
que perder, y van k ganar la recompensa de sus com- 
patriotas por servicio tan importante. Y ¿dejaremos alu- 
cinarnos con frases estudiadas y pomposos raciocinios, 
corriendo incautos á nuestra perdición ofuscados con sus 
por venires felices , cuando nosotros estamos disfrutando 
de una independencia mas real y efectiva que la que 
ello« buscaran en medio del hierro y el fuego , con san- 
gre y horrores? ¿No, hh.\ mios, hagámosle ver con nues- 
tra conducta, que en vano se empeñan, y que la pruden- 
cia y la cordura son virtudes grabadas en el corazón 
de todos nosotros , para que intentemos comprometer- 
nos á un paso temerario , cuyos resultados no es difícil 
calcular. 

Ni se halla Mégico en disposición de que entremos 
en combinaciones de alianza 6 sujeción á su imperio, y 



11 

yo me atrevería á demostraros , si no temiese cansar vues- 
tra atención, que lejos nosotros de ser una de sus provin- 
cias , ese vasto continente , por la posición de la isla de 
Cuba , está destinado por la naturaleza para sujetarse á 
nosotros; y tiempo vendrá en que acaso se vea comproba- 
da esta aserción. En el dia muchos ortigados por su hi- 
pócrita dominador , se han declarado por el establecimien- 
to de una república : la guerra civil ha principiado y con 
ella todas las desventuras de aquel hermoso pais que lle- 
no anteriormente de riquezas inmensas , hoy sus minas 
se perdieron, sus ha-ciendas se destruyeron , su comercio de- 
sapareció, llegando al estremo de buscar su Gobierno un 
empréstito en Londres para sostenerse , sin poderlo con- 
seguir. ¿Cual podría ser , pues , la especie de protecicoa 
que nos prestara un pueblo dividido, empobrecido y que 
apenas puede mantenerse él mismo, y en donde aun igno- 
ramos cual será el partido vencedor? Preciso era que nos 
hubiese abandonado la razón , para ir á comprometernos 
©n un abismo de males que nos resultarían de empren- 
der semejante unión , aun cuando pudiese conseguirse fácil- 
mente, dejando bienes reales y efectivos por otros facti- 
cios y lejanos. 

El proyecto que parece menos estraviado es el de aque- 
llas que piensan podria esta Isla entrar en la federación de 
los Estados-Unidos: vamos á examinarlo con alguna mas 
detención, porque la felicidad de que gozan pudiera alu- 
cinar á los incautos con las mejores intenciones: de con- 
tado que antes era indispensable que este pensamiento fue- 
se umversalmente adoptado por todos los habitantes de la 
ciudad é Isla, y no es posible suponer que treinta ó cua- 
renta mil europeos y otros tantos naturales, con las tropas 
de la guarnición, se prestasen gustosos á romper los lazos 
antiguos que los unen con la Península. La historia nos 
presenta frecuentes egemplares de pueblos vencidos sujetos 
al poder de sus conquistadores ; pero no se encuentra el 
de una espontánea adhesión de un pueblo estrafto á otro 
que también lo es: tendríamos que para conseguirlo era nece- 
sario un choque en ambos partidos; y es seguro que al pri- 
mero que haya, toda la máquina se deshizo y produjo no so- 



12 

lo el incendio y ruina de esta población, sino el de toda la 
Isla; convengamos, piles, en que este anialgamiento de ideas 
es ana quimera que no es posible destruir de golpe, opo- 
niéndose fuertemente a ello nuestros usos y costumbres y 
basta las mismas preocupaciones religiosas, sin embargo 
de ser es le pais el mas tolerante de la tierra/ 

Mas en la hipótesis de que fuese esta la voluntad 
general , y no hubiese mas que una sola opinión, ¿en 
qué sentido nos adherimos a los Estados-Unidos? ¿For- 
maríamos una de sus provincias ó estados independientes 
en el gobierno interior como los de Virginia, y New- York, 
ó nos contentaríamos con que nos protegiesen en el sis- 
tema que adoptásemos? Lo primero no es muy posible, 
porque nada tendríamos que dar y sí mucho que recibir, 
y las naciones , generalmente hablando, no se gobiernan 
por los principios de lo justo , sino de lo útil y conveniente 
4 sus intereses. Una numerosa guarnición en esta ciudad 
y los demás puntos de la Isla era preciso sostener, pava de- 
fendernos de los ataques de los enemigos esteriores. Buques 
respetables hablan de guardar igualmente nuestras costas 
desiertas que también deberíamos mantener, porque es ne- 
cesario no alucinarse: los Estados de la Union no querrían 
aumentar su deuda por solo el gusto de que nos adhirié- 
semos a su gobierno. Estos gastos indispensablemente ha- 
bían de ser mucho mayores que los que ahora hacemos, 
y para cubrirlos era de necesidad el aumento de contri- 
buciones. ¿Y qué especie de felicidad podia ser la de un 
pueblo que empezaba á constituirse, recargando a sus ha- 
bitantes con exacciones desconocidas anteriormente? Por 
cierto que no seria muy aplaudida , y es seguro que no 
harían gustosos el sacrificio de sus fortunas y de sus vi- 
das por su conservación. La fuerza lo mandaría, y enton- 
ces desgraciada la sociedad en que el terror domina, por- 
que en ella nada hay estable y permanente. Si se opo- 
ne que nosotros formaríamos nuestros batallones y atende- 
ríamos a nuestra defensa, seria preciso sacar de la agri- 
cultura diez ó doce mil hombres por lo menos, para cu- 
brir mezquinamente todos los puntos de la Isla, porque 
no reconocida nuestra emancipación ; era indispensable 



13 

L 

mantener, hasta que esto se verificase \ una fuerza armada 
que atendiese á la defensa esterior é interior. 

Mas si se nos eoncedia solamente protección, trope- 
zábamos desde luego con el inconveniente de la forma de 
gobierno que habíamos de adaptar : supongo que nadie 
estaría por la monarquía. La república, aunque gobier- 
no el menos adaptable en el día por los vicios de la socie- 
dad \ tendría' muchos partidarios. ¿Ésta sería aristocrática, 
democrática ó mista? En una población de clases tan ete- 
rogéneas, ¿cómo era posible hacer convenir á todos en unas 
mismas ideas? ¡Qué de partidos! ¡Qué de choques violen- 
tos entre nosotros mismos! Y entre tanto la agricultura, el 
comercio y la población se iría destruyendo á pasos agi- 
gantados , porque nada prospera en medio de las convulsio- 
nes en que necesariamente habíamos de caer, apresurándose 
todos á salir de un país donde debían hacerse sentir con 
mucha mas violencia que en los demás que nos rodean. La 
razón es clara : en los continentes los siervos estaban en 
razón de 1 a 10 : los libertos aun en mas proporción. 
¡Entre nosotros! vale mas no hacer el cálculo para no er- 
rarlo y aterrarnos. 

Se dirá también que nuestros frutos entonces tendrían 
salida sin derechos para una población de once millones 
cual es la de los Estados-Unidos : convengo en que po- 
drían reducirse ó abolirse , porque formando estos parte 
de la renta de los mismos, no es de presumir que quisiesen 
minorarla por solo el deseo de nuestro aumento, ó en este 
caso entraríamos a concurrir con nuestra cuota para los gas- 
tos generales , y todo seria compensado; pues á pesar de es- 
to aun nos es mas conveniente continuar nuestras relaciones 
con la Península, que según los estados de la Aduana en el 
ano que acaba , nos ha enviado 386 buques, espoliándonos 
mas frutos que los 669 americanos para una población de 
9 á 10 millones , entrando en sus puertos libres de todos 
derechos ó con el muy pequeño de administración: de suer- 
te que corremos tras la sombra de un bien que nos ofusca 
y puede convertirse en mal, dejando el real y efectivo 
que ahora disfrutamos. 

Pero prescindiendo de estas reflexiones, y dando por 
sentado que todo saliese a medida de nuestros deseos en es- 



11 

ta pane , es preciso no olvidar el enemigo mas podero- 
so que se opondría á semejantes ideas. ( Hablo de la 
Inglaterra.) Ésta nación que hoy tiene las riendas de 
todas las demás , pues á nada se mueven sin su be- 
neplácito , esta nación ¿vería con indiferencia el aumento 
de poder de los Estados-Unidos , que dueños ya de 
las Floridas , si tuviesen esta Isla formarían otro paso 
del Stmd y tendrían las llaves de todo el seno Megica- 
110? No es fácil que lo consintiera , y descargando so- 
bre nosotros una mínima parte de sus fuerzas , pronto nos 
reducida á cenizas , quedándose dueña esclusiva de los dos 
ramos principales del comercio que forman la agricultura, 
de la Isla; porque el Gobierno Americano no empeñaría una 
lucha desigual por sostenernos , y si la empeñara, con mil 
doscientos buques de guerra que tiene á su disposición, en 
que se cuentan trescientos navios y fragatas, le sería muy 
fácil bloquear todos los puertos de los Estados-Unidos, y 
en dos años arruinar su comercio , que es el que los ha lle- 
vado al grado de prosperidad en que hoy se encuentra. 
Reflexiónese si los anglo-americanos querrán esponerse á 
estos sacrificios por solo protegernos en nuestro alzamiento^ 
dejando á los ingleses que en medio de esto se apoderen de to- 
do el comercio del orbe : no es posible , y entre tanto no» 
sotros nos habríamos aniquilado en todos sentidos, sin nin* 
gun provecho. 

No son estas simples teorías , hh.\ mios , sino el fruto 
de la meditación ayudada de la historia de las revolucio- 
nes que es la maestra de los pueblos, y que muchos, ó no co- 
nocen , 6 la olvidan ofuscados con sus proyectos de me- 
joras, encontrando luego desolación y ruina, en vez de 
prosperidad y bien estar. 

Egemplo que nunca debemos perder de vista, es el 
de nuestros hermanos de los continentes : once años de guer- 
ra los ha puesto en una nulidad absoluta : compárese el 
floreciente estado que tenían antes de pronunciarse, y se ve- 
rá,, como buscando su mayor bien en la separación de la 
Península , solo han encontrado odios , sangre , y des- 
venturas sin fin ; y quiera el cielo que apiadado el ángel 
de la paz , visite un dia sus fértiles campiñas antes que aca- 
ben de convertirse en desiertos espantosos que solo ani- 



15 

den y conserven las fieras carniceras y animales ponzo- 
ñosos que las cubrían en su principio. 

No hay duda qu© llega un tiempo en que las pro- 
vincias distantes del centro de su gobierno , pueden y de- 
ben intentar su separación , al modo que los hijos de fa- 
milia que pueden ya subsistir por sí , deben emanciparse 
y pasar á formar otra nueva familia; pero esta época, si 
ha de guiarnos la prudencia , está muy lejana; pues como 
ya se ha dicho , la población es nada , la agricultura prin- 
cipia , faltándonos lo mas indispensable para atender á 
nuestras primeras necesidades ; y seria la mayor impru-» 
dencia que por precipitar un suceso que lo traería el orden 
progresivo de los tiempos , perdiésemos la inayor parte de. 
ios bienes que disfrutamos y los capitales que lo sostie- 
nen : primero es que podamos subsistir por nosotros mis- 
mos que apartarnos de nuestros padres, que aun nos "ha- 
cen respetar y ayudan aunque* no sea mas que con el 
prestigio de su antigua fuerza y poderío : fuerza y po- 
derío que recobrarán sin duda luego que lleguen á cono- 
cerse las grandes ventajas del sistema constitucional, y que 
se ponga en circulación la masa de bienes hasta ahora 
solo peculiares del clero y de las órdenes religiosas. Por 
fortuna nuestra ¿ lejos del trono , sus rayos nunca pudieron 
ofendernos , y si hemos de obrar de buena fé- , diremos 
que aquí jamas tuvo asiento la arbitrariedad, ni el despo- 
tismo nos unció á su pesado yugo : hemos llegado á al- 
canzar todo lo que nos convenia , que era la facultad dé 
comerciar con todo el orbe , y visto , no sin sorpresa, que 
desde las remotas playas de la India han llegado ya bu- 
ques que nos han traído sus preciosos frutos para cam- 
biarlos con los nuestros : se atiende en proporción á los 
hijos de este suelo. Recorred las plazas de la magistra- 
tura , empleos de rentas , destinos militares, y aun los ecle- 
siásticos y veréis á muchos naturales colocados en ellos 
tal vez en mayor número que los hijos de otras provin- 
cias en la misma Península. Tales razones, dirán algu- 
nos , son producidas por el egoísmo de los ricos y de los 
empleados que desean conservar su bien estar á costa de 
la libertad de su pais. Pero detengámonos á examinar 
quienes serán los que hagan esta observación, y veremos 



16 

■que solo pnetlc ser hija de la ignorancia mas crasa, uní- 
cía a la efervescencia de las pasiones , 6 de la malicia 
é inmoralidad mas refinada. 

Supongamos por un momento que la reflexión sea 
exacta : ¿será por eso menos cierto que el interés de esos 
ricos y de esos empleados está intimamente ligado al in- 
terés general del pais? Destruida la riqueza de éste, co- 
mo necesariamente debe suceder si continuamos en esta in- 
discreta división , ¿cual será el modo de vivir de tantos ar- 
tesanos honrados , operarios, especuladores en pequeño, de- 
pendientes de comercio ; en fin de todas las clases secun- 
darias del Estado , digámoslo asi, ó agentes ó dependientes 
de la industria en grande, que es lo que comprende la que 
llaman clase rica? Los abogados y agentes del foro hasta 
el último oficial de una escribanía, y aun los vagos y tahú- 
res que desgraciadamente abundan en la Isla, todos, todos 
los que menos lo parecen , fundan su subsistencia en la ri- 
queza de la agricultura en grande y de la masa de capita- 
les que la sostienen con su circulación. Y esta multitud 
de personas ¿podría subsistir si el pais decayese de la opu- 
lencia á que lo ha conducido su constante sistema de cordu- 
ra con que ha logrado conservar su tranquilidad interior? 
¡Hombres lavoriosos de todas clases! ¡Jóvenes aplicados! 
Responder y decid , si perdida la tranquilidad , si auyenta- 
do el comercio y anonadada la agricultura, vosotros ten- 
dríais un pan con que alimentar á vuestros tiernos hijos; 
si vosotros podríais continuar en vuestras especulaciones ó en 
vuestros trabajos literarios , para gozar un dia de aquellas 
comodidades que son el obgeto de vuestras tareas y fatigas. 
Los que ne han reflexionado sobre la materia ó no al- 
canzan a percibir esta complicación y dependencia mutua de 
intereses , son los únicos que pudieran ser disculpables en 
sus falsos razonamientos, arrastrados por un ciego entusiasme 
- en pos de una quimérica libertad política que no puede exis- 
tir en el actual sistema del mundo, sin estar fundada en la 
comodidad general de los ciudadanos ; y el que pudiendo 
alcanzar las reflexiones indicadas , todavía se obstinara en 
escitar á sus conciudadanos a subvertir el orden y variar de 
gobierno : hh.\ m.\, ese es un monstruo sanguinario que se 
complacerá én la desolación universal, un verdadero egoista y 



Él 

de una especie horrible, mil veces mas horrible que cuantos 
tiranos abortara en su cólera el averno para el azote y des.» 
truccion del género humano , y que solo pensará en sacar 
su provecho de la ruina agena, alimentándose con sangre, 
y fijando su trono sobre cadáveres de sus hermanos destro- 
zados. Si por desgracia existiesen tales seres, vuélvase la 
vista sobre ellos y se encontrarán desprovistos de todas las 
cualidades morales y llenos de vicios en su vida privada. ¿Y 
tales hombres podrían hacer la felicidad del pais? Éiios lo 
arfuinarían en un momento aunque se concibiese posible que 
por^ una pacífica y unánime determinación de todos los habi- 
tantes , se pusiese en sus manos la administración pública se- 
parados de la Península. Ellos, na hay que dudarlo, pen- 
sarán acaso en la independencia como un medio de prospe- 
rar individualmente, sin hacerse cargo de que las revolu- 
ciones son la imagen de Saturno devorando á sus hijos, y 
que en la lucha serian los primeros que cayesen á los gol- 
pes tremendos de la justicia, ó de la desesperación. 

Los jóvenes cuya noble alma se eleva con la idea de. 
libertad , y cuyo ardor patriótico se exalta al concebir á su 
pais en el rango de una nación, estos jóvenes inespertos son 
los que reclaman vuestros consejos y vuestras luces para mo- 
derar esos ímpetus tal vez virtuosos en sus principios; pero 
contrarios al mismo fin que se proponen, porque no basta 
querer la independencia para que pueda conseguirse: y se 
esponen y nos comprometen con sus discursos á perder no 
solo la libertad política que ahora gozamos , sino hasta 
nuestra misma existencia. 

Reclaman igualmente nuestros avisos algunos penin- 
sulares .que creen ver en esta exaltación una pronunciada 
separación de ideas y sentimientos, sin considerar que la 
indiscreción de un pequeño número no puede formar la opi- 
nión general , y que el medio de apagar las pasiones es el 
de persuadir y no agriar, convencer y no exasperar, por- 
que nada es mas irritable que el amor propio ofendido. Es 
necesario poner todos nuestros esfuerzos en demostrarles, que 
nosotros jamas dejaremos de mirarlos como hermanos: que 
esas voces que se esparsen son hijas de la malignidad de muy 
pocos que deben mirarse como enemigos de unos y otros. 

No hay ; pues, motivo justo ni racional para continuar 

3 



11 

en esta división i ni se crea que nosotros podemos pensar 
en la separación de la Península, porque nuestro propio 
ínteres es un obstáculo insuperable para ello. Solo la ma- 
lignidad y el egoísmo de algunos pocos podría premeditar- 
la , y éstos lejos de mejorar nuestra existencia nos sepa!-' 
tarían en un piélago de males que no es posible calculará 
que estremo llegarían ; porque lanzado una vez el provee^ 
til de la revolución no es posible contenerlo. Asi lo sin- 
tieron hombres benéficos que creyendo hacer un bien a su 
patria en las innovaciones , vieron luego el abismo de 
males que abrieron , siendo los primeros que fueron ar- 
rojados á su profundidad. ¡Manes de Mirabeau, de Bailly, 
de Roland, de Gensonné de Condorcet y de otros tantos 
que descansáis en paz después de haber sufrido los remor- 
dimientos mas atroces! levantaos de vuestros sepulcros j 
decidnos : si el sentimiento que os causaron los males que 
sin querer acarreasteis sobre vuestra patria, no os fué mil 
veces mas sensible que la muerte que os dieron vuestros 
feroces verdugos. 

Creo haber demostrado que no es posible que esta ini 
dependencia sea protegida por los gobiernos de Colombia, 
ó Mégico , necesitando sus recursos para afirmar la suya: 
que los Estados-Unidos tampoco querrán admitirnos en 
su confederación , por no empeñar una lucha desigual con 
la Inglaterra y rain con las demás potencias de Europa 
que no verían sin sobresalto este poder ; y si no pode- 
mos subsistir por nosotros mismos ) es preciso contribuir 
con todas nuestras fuerzas ár que desaparezcan estas di- 
visiones r cuyos resultados serán la ruina total de la Isla. 
Nosotros por nuestro instituto debemos ser los conciliado- 
res del orden y de la tranquilidad; ¿y permitiremos qué 
siga \n discordia y que encarnizados, el hermano clave el 
puñal en el pecho de- su hermano, el padre en el del 
hijo , y el esposo en el de su esposa , danda al mundo 
un egemplo de estravagancia y de delirio, siendo aun mas 
crueles y sanguinarios que los mismos Caribes? Pues es- 
te es el fruto que debe esperarse de la desunión y del 
provincialismo que oprimiéndonos entre sus membrudos bra- 
zos nos ahogará a todos. Si, hh. # . míos, aun cuando fue- 
se cierto, lo que no es posible concebir, aun cuando fti^ 



19 

se cierta , repito , que algunos arrastrados de tan mezqui- 
nas pasiones pensarán tener fuerzas para contrarrestar la 
contraria que se opondría a toda innovación, llamando en 
su favor cierta clase de gentes que nos observa en silen- 
cio , pero que medita nuestra ruina y se regocija interior* 
mente con nuestras desavenencias , viendo en ellas se- acer- 
ca el dia en que puedan esterminarnos : no concibo que pu- 
dieran conseguir otra cosa que derramar sin fruto sangre 
y horrores sobre este aventurado suelo : egemplo queja- 
mas debe perderse de vista es la Isla de Santo-Domingo. 
Treinta años hace que las rentas de aquella colonia da- 
ban veinte y cinco millones de libras á su gobierno : que 
su agricultura y comercio estaban en el mayor auge, y 
que sus moradores llenos de bienes se contaban por k>s 
mas felices del globo ; pero el Grenio de la discordia se 
apoderó de ella como quiere apoderarse de nosotros. Un 
partido llamó en su favor á los que debieron dejar que 
cultivasen la tierra : venció es cierto , pero a su vez fué 
esterminado, y sus esposas, y sus hijas y sus hermanas víc- 
timas fueron, que la feroz concupiscencia de aquellos bárbaros 
inmoló después de haber saciado en ellas sus desordenados* 
apetitos. No son de mejor condición los nuestros : suce- 
dería aquí lo mismo que allí , y esperanzas de lo contrario so- 
lo podrían abrigarlas una muy pequeña porción de gentes 
irreflexivas : yo me estremezco al pensar que se quisiera 
tocar una cuerda que jamas debe pulsarse sin que su soni- 
do produzca otra cosa sino la señal del combate y la pre- 
paración á degollarnos mutuamente. No lo dudéis, hh.s mios, 
porque la naturaleza no cambia su curso ni hace escepciones 
á sus reglas generales é inmutables , y en todas partes el es- 
clavo fué siempre enemigo de su señor , y cuando pudo ava- 
sallarlo lo sujetó, y íe hizo sufrir mas que él sufriera en los 
dias de su humillación : entonces todas las naciones de la 
tierra arrojarán una mirada de indignación sobre nuestro 
suelo ann todavia ensangrentado, y esclamarán : „tal será 
? ,siempre la suerte de los pueblos que disfrutando de bienes 
¿,reales y efectivos quisieron correr tras la sombra de ma- 
? ,yor felicidad , apartándose del camino de la razón. " 

Esta es , hh.-. míos , la suerte que preveo va á sufrir 
esta Isla , si nosotros no ponemos de nuestra parte los? 



20 

medios que nos subministra nuestro instituto pava calmar 
a^ pasiones, y que se consolide el orden y tranquilidad 
en un pueblo comerciante y agricultor. Porción -de fami- 
lias tratan de alejarse de este h mioso país,- y con ellas 
los capitales que disfrutan : escaseará el numerario ^ y en el 
abatimiento en que p '...mente lian de. caer todavía nues- 

tros frutos con esta emigración , no nos quedara otro con- 
suelo que el llanto sobre nuestros estravíos. Tuvimos una 
época en que hubiéramos aumentado nuestra población y 
nuestra riqueza con las personas que abandonaban las 
provincias megicanas-: nuestra efervescencia los alejó de 
un pais en que velan síntomas tan alarmantes , j los me- 
tales de Nueva-España fueron á aumentar la masa de 
las riquezas de Francia y de Inglaterra : el cambio' so- 
bre estos países lo testifica , y la medida de disminuir el 
banco de Londres los intereses , manifiesta la superabun- 
dancia del numerario. 

Persuadido que no solo este R.\ T.\ sino todos- los 
demás que componen hoy la Gv\ L.\ Española- abundan en 
los mismos sentimientos que he manifestado , porque es- 
tán íntimamente ligados con la tranquilidad, prosperidad 
y riqueza de la Isla \, estrechemos nuestra unión y que 
en toda ella no haya mas división que la que necesaria- 
mente debe haber :■ vosotros me entendéis y no es preciso 
mayor esplicacion. . Unidos nada hay que temer, ni de los 
enemigos esteraos , ni de los internos ,. si por desgracia los 
hubiere ; pero si la división continua, es menester no alu- 
cinarse , todos pereceremos desgraciadamente porque la di- 
visión es el arma mas temible de que pudieran valerse 
los malévolos para acabarnos. 

Mas no es suficiente que esta unión exista solo en- 
tre nosotros, es necesario que se estienda k los demás ri- 
tos en. que hoy se halla dividida la M.\ en esta Isla, 
cesando esta rivalidad, indigna délos buenos M.\ , pues 
conviniendo todos en unas mismas ideas no debemos mi- 
rarnos como enemigos por no admitir un mismo princi- 
pio. Anteriormente Escocia,, York, y el rito moderno 
del primero, dependían de gefes diversos, y sin embargo 
todos tenían por obgejto en sus trabajos la observancia de 
.la Constitución y la feíipidad y, tranquilidad d#l pais. ¿Y 



21 

por 'que no nos liemos dé entender ahora del mismo mo- 
do para llenar tan sagradas funciones? Al menos, que se 
conozca que este 11.-. T.\ y todos los que componen la 
G.\L.\ Española, no se desdeñan de adelantar este paso ha- 
cia los demás , conservando siempre sus fueros mm.-. To- 
dos hornos jurado sostener la Constitución: prometámoslo 
de nuevo , no con juramentos que nada añaden á la obli- 
gación moral que hemos contrahido , sino procurando per- 
suadir y convencer , aun hasta á los mismos profanos, de 
las ventajas que debe producirnos sienlpre su observan- 
cia: calmemos á los unos , enseñemos a los otros y que 
todo el mundo conozca la conducta recta que dirige nues- 
tros pasos ¿ 

De este modo quitaremos el pretesto de que se va- 
len para contrariarnos , persuadiendo a los incautos que 
las LT" 1 ,.'. son las promovedoras de la independencia: de- 
mos una demostración pública de nuestra fe política, y que 
todos conozcan quelosnim.*. de la isla de Cuba no se 
han apartado ni se apartarán jamas de los sentimientos cons- 
tantes que siempre los han guiado , siendo su primer de- 
ber respetar el gobierno del pais en que viven. 

Si el T.\ adopta estas ideas , podria dirigirse una 
súplica á la GK\ L.\ Española á fin deque hiciese esta inci- 
tación de unión sobre los puntos indicados al C.\ , Cap.*, 
departamentales y demás TT.*. separados de nosotros , ma- 
nifestándoles que de esta sincera y cordial fraternidad 
depende la existencia de la Isla. Que para la observan- 
cia de la Constitución , la conservación del orden , y la 
adhesión á la Península, no haya mm.\ de distintos ritos 
aunque no se reúnan para los demás trabajos: que nos 
comuniquemos con cordialidad y buena fe, como amigos, 
como hh.\ , como hijos de un padre común , y que al 
mismo tiempo la Gr.\ L.\, si recibe con agrado los sen- 
timientos de este T.\ ,• tenga a bien circulará los demás 
que la componen los principios sentados en este discurso, 
para que adoptándolos todos sus miembros se propongan 
fomentar la paz, la unión y la fraternidad entre todos los 
hijos f vecinos de este hermoso suelo. 

Dichoso yo si he acertado proponiendo estas medi- 
das : pobre de talento y escaso de ideas, abundo no obs- 



22 

lante en los mejores sentimientos por el bien y prospera 
dad de esta Isla, de donde me contemplo hijo desde que 
en el año de noventa y cuatro acogió á mi familia en su 
emigración de Santo— Domingo : teniendo aun presentes las 
desgracias de mi pais natal ? no puedo pensar sin llenar- 
me de horror, que pueden aquí repetirse por imprudencias 
los males que ha sufrido y aun sufre aquel; y pues Tran* 
•quilidctd y Orden es la divisa de nuestro T\\ , que tran- 
quilidad y órdan esparzan por todas partes todos sus 
miembros. 



LA Si-. R.% LEU.\ 



^a Tranquilidad numero' 21 , 6¿yo Zo$ auspitios de 
la M.\ !?••„ G.% !□.% Española del rito antiguo 
de Yorfa 



TENIDA ORDINARIA 

Del dia 31 del 11 m.\ m.\, a.\ 5822 efe fa tv. /.• 



Conforme á lo acordado en la anterior tenida , y reu- 
nidos en la presente mas de las dos terceras partes de los 
miembros de este respetable T.\ , se dio principio a los 
trabajos por la lectura de un interesante discurso formado 
por el H.-. segundo C.., en el que propone se abra la co- 
municación con todos los ritos m.\ cos cualquiera que sea el 
O.-, k que pertenezcan, en los puntos cardinales de defensa 
del sistema constitucional que felizmente nos rige , adhesión 
á la madre patria y conservación del orden y tranquilidad 
en esta ciudad é Isla. Viendo el T.\ esplanado en dicho dis- 
curso los sentimientos mismos de que constantemente ha 
estado animado , y creyendo que con su publicación podría 
reunirse la opinión de todos los MM/., si por desgracia 
hubiese algunos que pensasen de distinto modo , acordó por 
unanimidad , que adoptando el mencionado discurso como 
la espresion de su voluntad , se impriman mil egemplares, 
y circulándose a todos los TT.\ dependientes de nuestro 
0.% se les invite, que uniendo sus votos á los de éste, 
supliquen á la Gr.\ LT"V* Española, se digne proponer k los 
O \ tes de los diferentes ritos que existen en esta capital 
é Isla , la apertura de esta comunicación sobre las bases 
insinuadas : que asimismo se dirija á la G.*. LT"V. el 
competente número de dichos egemplares , con una plancha 
que al efecto trazará el H.\ Orador ¿ majiifestáudolo las 



ventajas que pueden resultar de esta -franca comunicación, 
y suplicándole tenga á bien adoptar el medio propuesto , ó el 
que con su alta # comprensión juzgue mas adecuado al in- 
tento. Y que para dar un testimonio de nuestra fe políti- 
ca y adhesión del T. •. á los principios que lia sentado el 
H.\ segando C.\ en su discurso ? se imprima -k continua- 
ción de él este acuerdo : con lo que se concluyó la sesión 
en esta parte. 

Por mandado de la M.% H.\ lQ.> 

Francisco Javier de Lamadriz f 
Sec.\ int.*.', C ? \~Il.\ f 



%.