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Full text of "Discursos leídos ante la Real Academia de la historia en la recepción ..."

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DijilizcdtyGoOl^Ie 



TOLEDO EN EL SIGLO XVI 

DESPUCS DIlL VENCIMIENl'O DE LAS COMUNIDADES 



DISCURSOS 

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

EN LA RKCEPCIÓN PÚBLICA 

DEL ILMO. SEflOR 

D. jntóNiío lOPtz m mík \ kmm m toledo 

CONDE DE UEDILLO 

VI!CO»DE DE PALAZUEIOS 

BL DlA 88 DB IVjaO DB 1801 



MADRID 

iHPRem A Dfi LOS HIJOS DB M. C. HERNÁNDEZ 

Libertad, ndin. 16 dapUcado. 

1901 



DiailizcdDyGoOl^Ie 



DijilizcdtyGoOl^Ie 



DISCURSO 
D. JERÓNIMO LÓPEZ DE AYALA Y ALVAREZ DE TOLEDO 



CONDE DE CEOII.UO 



DigitizcdbyGoOl^IC 



DijilizcdtyGoOl^Ie 






■•i^ 



Señores Académicos: 



Aquel filósofo gentil en cuyo nombre parece cifrarse la humana 
sabiduría y en cuyas máximas pudieron aprender la ciencia del vivir 
cincuenta generaciones, nuestro compatrício Séneca, tiene por verda- 
dero agradecido á quien, al recibir algún beneficio, lo declara y mani- 
fiesta con buen ánimo, sin dejarlo encerrado dentro de la propia con- 
ciencia (i); testimonio y juicio que, como tan acomodados al presente 
lance, para mí honroso cuanto dilTcil, he querido invocar ahora, por- 
que sirva de prenda y signo de la verdad y bondad de mi agradeci- 
miento hacia vosotros. Cierto, tal y como él es, grande, sincero, si 
expresado con los labios, brotado de lo más hondo del corazón, pare- 
cerá pobre y mezquino, si en el honor insigne que le motiva se repara. 
Colmando el vaso de vuestra benevolencia, tuvisteis ayer á bien lla- 
marme á compartir con vosotros vuestras nobles tareas, / franqueais- 
me hoy de par en par las puertas de este sabio instituto, areópago 
ilustre de los favoritos de Cijo. Galardón notable fuera, cuando de 
premio sirviese á eminentes méritos. Pues ¡cómo ponderar su exce- 
lencia si á la pequenez se atiende de lo que apenas me atrevo á llamar 
mis servicios á la ciencia histórica, tan exiguos como modestos y tan 
modestos como míosf 

Enamorado de la patria Historia desde mi juventud primera, apren- 
dí en los libros á admirar á sus claros varones y á saciarme en el 
recuerdo de sus hechos memorables. En bibliotecas y en archivos di 
pasto á mis aficiones, ora comprobando lo averiguíido, ora inquiriendo 
lo desconocido. En excursiones y viajes, al visitar el populoso centro, 
ó al recorrer la agreste comarca, lo mismo en la vieja ciudad que en 
la apartada aldea, en el llano y en la montaña, por doquiera, en fin, 



tizcdbyGoOi^Ie 



satúreme de Naturaleza y Arte, interrogué á los monumentos, evoqué 
viejas gestas y tradiciones, dejé volar el espíritu por el sereno espacio 
de la Historia, que con su apacible encanto me brindaba. Si tales 
afanes, y amores, y sentimientos of indujeron á otorgarme vuestros 
preciados votos, estímulo, que no premio, es éste con que constreñís 
al discípulo á seguir más de cerca la huella de los maestros. 

Maestro fué, y en grado eminente, el Señor Don Pedro de Madrazo, 
cuya medalla académica, honrada por él durante más de siete lustros, 
me confiere vuestra liberalidad, nunca como ahora acreditada. Fué Ma- 
drazo un espíritu politécnico, un ejemplo viviente de la vigorosa vir- 
tualidad del entendimiento humano, favorecido por la Providencia con 
las más variadas aptitudes. Romano por su nacimiento, español por su 
primer apellido y alemán por su ascendencia materna, parecieron fun- 
dirse en él ia cultura exquisita del latino, la tenacidad en el trabajo y 
el genio analítico del germano, ía imaginativa opulencia y facilidad de 
percepción propias de nuestro pueblo. Tuvo, sin duda, Madrazo, y no 
pudo ser de otro modo, esfera peculiar y adecuada en que desenvol- 
ver sus nativos gustos y andones. La Historia, el Arte, las Letras: hé 
aquí el vasto campo preferido para su labor intelectual; campo fecun- 
do y ameno que, si reclamó todos sus afanes de cultivador solicito, 
premióle largamente con cosecha abundante de sazonado fruto. 

Aun considerado tan sólo como historiador, deja apreciar D. Pedro 
la flexibilidad de su talento. Sí desplegó ante nuestra vista el pasado 
protohistórico ó meramente antiguo, el moderno y contemporáneo de 
regiones tan interesantes como las de Córdoba, Sevilla y Cádiz, Na- 
varra y la Rioja, también historió la Arquitectura, la Escultura y la 
Pintura nacionales, sus monumentos y obras maestras. Si como ar- 
queólogo de alto vuelo sorprendió por igual los secretos de las edades^ 
antigua, media y moderna é ilustró la Orfebrería, la Tapicería, la Pa- 
noplia, la Muayaria y las artes del Grabado y del Esmaltecon precio- 
sos escritos histórico-didácticos que serán siempre modelos en su gé- 
nero, al biográfico rindió también crecido tributo trazando las vidas, 
ora de afamados artistas de diversos tiempos y escuelas, ora de deter- 
minados ingenios contemporáneos. 

Nada que no esté en la memoria de todos podría decir tocante a su 
significación teóríco-artístíca. Lo mismo como preceptista que como 
crítico fué tan profundo su saber como sólido su juicio; así su autori- 
dad y renombre presto traspusieron las fronteras, divulgados por la 
fama aquende y allende el Atlántico. Cultivador de las buenas letras, 
fué poeta inspirado y correcto que abarcó muchos géneros, desde el 
místico al amatorio, desde el épico-romancesco hasta el satírico. Como 



tizcdbyGoOi^Ie 



— 7 - 
prosista, la critica y la preceptiva hallaron en él feliz intérprete, sin 
que se le mostraran esquivos la leyenda y la novela, la epístola y el 
articulo de costumbres. Y es de notar en todas sus producciones, con 
lo castizo del lenguaje, lo armonioso y íluido del estilo, la elegancia 
del giro y de la frase, aquel sello propio y característico que es prime- 
ra condición de toda gran personalidad literaria. 

Pero D. Pedro de Madrazo fué aún, considerado como mero publi- 
cista, muchas cosas más. Con la misma lucidez trató de Economía y 
Hacienda que de Derecho político ó de sistemas penitenciarios. El fué 
experto jurisconsulto, escritor ascético y m^iralista, comentarista y 
parafraste... A estos y otros géneros aplicó sus poderosas facultades y 
toda una luenga y laboriosa existencia; tan grande y tan benemérita 
fué su cooperación al lustre y cultura de su patria. Si tal fué el sabio 
varón arrebatado por la muerte á esta Real Academia, ¿os sorprenderá 
que la duda y la vacilación me acometan cuando, impulsado por la 
necesidad de cumplir un deber reglamentario, acudo con mi ofrenda á 
saldar en lo que me es posible la sagrada deuda con vosotros con- 
traída? 

En ñn, pues jiuta esl alea, permitidme que, dirigiendo el pensa- 
miento hacia la noble ciudad en que vi la luz primera y que encierra 
para mí muy caros recuerdos, intente esbozar e! cuadro que presentó 
Toledo en el siglo xví después del vencimiento délas CoNtuNiDADEs (2). 

Aquel movimiento nacional, tan grande en sus orígenes como pe- 
queño en su desenvel vi miento y en sus postrimerias, acababa de ser 
sofocado. Perdida estaba su causa, no tanto por el esfuerzo de las 
huestes imperiales como por sus propios gravísimos yerros. Toledo, 
primero y respetuoso heraldo de los públicos agravios; enérgico intér- 
prete después del general disgusto; alma y sostén de la rebelión en su 
período culminante, y último y tenaz baluarte de las armas comune- 
ras, habíase reducido, celebrada que fué la transacción de la Sisla, al 
servicio del monarca. Un perdón amplio y generoso concedido por 
D. Carlos, ó más bien por los regentes del reino tres días después de 
la capitulación, pareció volver por ensalmo la tranquilidad á los tole- 
danos, y el Arzobispo de Barí con su ejército pudo luego posesionarse 
en paz de la ciudad, reintegrada ya en todos sus honores y privilegios 
y nuevamente proclamada leal, timbre preferente para aquel secular 
pretorio de nuestros Reyes (3). 

Ansiaba Toledo la tranquilidad, y con fiestas religiosas y civiles 
celebró el término de la desastrosa contienda. Pero al lado de una ma- 
yoría pacífica agitábase sordamente una miñona revoltosa y levan- 



tizcdbyGoOi^Ic 

á 



tisca que, mal avenida con la entrega de la ciudad, mantenía latente 
el espíritu de protesta y era abonado núcleo de conspiraciones. Enten- 
dióse así á los pocos días, cuando, en Enero de 1S22, nuevos festejos 
habidos por la exaltación del Cardenal Adriano al pontificado, aca- 
rrearon á la ciudad, más que alegría, duelos y tristeza. Un grito 
subversivo fué la chispa que pareció preludiar otro incendio; la rebel- 
día levantó la cabeza de nuevo, y los dos bandos vinieron á las ma- 
nos y se trabó una pelea á duras penas cortada por la personal 
influencia de algunos caballeros toledanos. Entonces el poder público 
tomóse duro y aun cruel. A las suaves condiciones de la capitulación 
de la Sisla, sucediéronse suplicios, encarcelamientos y destierros; la 
casa solar de Padilla fué derribada, y la viuda del infeliz caudillo y 
los principales sediciosos buscaron su salvación en la fuga. Aquí fué 
la muerte definitiva de las Comunidades, y su triste epitafio, sendas 
inscripciones que en desdoro de su memoria les dedicaron la justicia 
secular y el Cabildo eclesiástico (4). Fortuna fué para la ciudad el 
nombramiento del corregidor D. Martín de Córdoba, que con su 
acierto y buen gobierno contribuyó á afianzar la paz; mas fué motivo 
de peligro el excesivo celo del Dr. Zumel, quien con su rigor y dureza 
pudo comprometer la obra pacificadora. Hervía Toledo en odios y 
rencores, obligada secuela de las discordias civiles; manos ocultas 
ñjaban pasquines en los parajes públicos con amenazas á las autori- 
dades y á los ciudadanos afectos al partido imperial; la paz moral, en 
suma, seguía hondamente perturbada. Por dicha, la política cesárea 
inspiróse preferentemente en temperamentos de prudencia, y el célebre 
perdón de Valladolid, otorgado en Octubre de 1522, vino á afirmar la 
tranquilidad de los espíritus en todo el reino. Cierto es que del exceso 
del mal suele brotar el bien; Toledo por su parte, aleccionada por 
muy dolorosas experiencias que no se ceñían tan sólo á la reciente 
alteración comunera, desechando en adelante todo motivo de revuelta, 
llevó su labor sincera y aprovechada al campo en que podían florecer 
la ventura y prosperidad nacionales. Así, en las cortes de Valladolid 
de 1523, primeras que el Emperador celebró en ia península después 
de la guerra, al par que por sus procuradores defendía Toledo sus 
derechos, no siempre ni en aquellos días respetados, trabajaba por el 
bien común, coadyuvando á la formación de provechosas leyes en 
- que se advierte la influencia de los representantes toledanos (s)- 
Transcurridos dos años, un acontecimiento interesante ocurrió en 
la ciudad del Tajo. En 27 de Abril de 1525 entró primeramente en 
ella Carlos V, rodeado de la pompa y majestad propias de su cesárea 
corte; y, según testimonio de un cronista de la época (6), Toledo le 



tizcdbyGooi^Ie 



— 9 — 
recibió con gran solemnidad y alegría. Lo que el monarca sintiera al 
divisar en lontananza aquel pueblo ó enriscada fortaleza, rebelde poco 
había á su autoridad soberana, al pisar su suelo y al sentar el pie en 
el noble alcázar, sollo de sus mayores y reciente mansión de la varo- 
nil Pacheco, calla la Historia, pero el historiador lo adivina. Convo- 
cadas estaban para Toledo las cortes generales del reino. Allí se ce- 
lebraron en la primavera y verano de aquel año, dictándose en ellas 
leyes políticas y económicas y adoptándose medidas administrativas 
que no debo señalar aquí. Pero no es para omitido un hecho harto 
significativo. Al reforzar las cortes de Toledo la nota tan patriótica y 
monárquica dada por las de Valladolid, rogando al Rey contrajera 
matrimonio, según tenía ofrecido, nombran exclusivamente á la in- 
fanta D.' Isabel, hermana del Rey de Portugal, «vna de las exijelentes 
personas que oy áy en la christiandad » , añadiendo que con este casa- 
miento «rres^ibirán estos rreynos syngular merced é beneficio ^ (7). 
Veo yo á aquellas cortes toledanas dotadas del más alto sentido polí- 
tico, fijo el pensamiento en la gran aspiración de la unidad ibérica y, 
lo que es más, casi vaticinando esa misma unidad, llevada á feliz 
término medio siglo adelante por virtud de aquel enlace, en buen hora 
aconsejado. 

En el entretanto los negocios exteriores marchaban para el Empe- 
rador viento en popa, y la gloriosa victoria de Pavía puso en sus 
manos á su rival el Rey de Francia, cuyo arribo á la península supo 
el 20 de Junio en Toledo (8), En lustre de la ciudad del Tajo redundó 
que las armas del real prisionero fueran depositadas en el alcázar 
como trofeo y recuerdo de ocasión tan memorable (9). 

Brillante cual ninguna anterior fué aquella época para Toledo. Sus 
moradores vieron en aquellos días á su joven Rey, rodeado de gran- 
des, títulos y caballeros de alta sangre, cabalgar á la jineta, escara- 
muzar en la Vega y jugar gentilmente á las cañas en Zocodover con 
lo más gallardo de la juventud dorada de Castilla, todos «tan bien é 
tan ricamente aderezados, que no se acordaban los nacidos haber 
visto cosa igual» (to). [Contrastes de la fortunal Por el mismo tiempo 
Francisco I, prisionero en Madrid, esperaba en vano la visita de Car- 
los V, que, retenido por las congregadas cortes y bien hallado con 
su nueva residencia, no parecía dispuesto á salir de Toledo. Sólo 
"después de las festividades que en el mes de Agosto allí se celebran y 
que, por la presencia del Emperador, revistieron aque! año mayor 
solemnidad (ll), partió Carlos de la corte, bien que no para consolar 
á su regio huésped, sino para esparcir el ánimo con deportes cinegé- 
ticos en' los montes de Segovia y Buitrago. 



tizcdbyGoOi^Ie 



Poco duró su ausencia de la ciudad, que, ya con más razón que 
nunca, podía llamarse alcásar de emperadores. Celebradas dos breves 
y cordiales entrevistas con Francisco I, tornóse á Toledo el César, y 
allí vio transcurrir todo el otoño y la mayor parte del invierno (12). 

Era Toledo en aquel punto como el corazón de la gran monarquía 
española, y aun verdadero centro de la diplomacia y la política uni- 
versal. Cual los planetas en torno del sol, allí formaban corte digna de 
tal monarca las Reinas viudas de Portugal y de Aragón, D.' Leonor 
y D.° Germana; príncipes de sangre real como la duquesa de Alenzón, 
los duques de Borbón y de Calabria y D. Enrique de Labrit, hijo del 
despojado Rey de Navarra; personajes como el gran maestre de Rodas, 
el virrey de Ñapóles, Carlos de Lannoy (13), y el Cardenal Salviati, 
legado de Clemente VII; lo más ilustre de la nobleza española y gran 
representación de la extranjera; altas dignidades de la Iglesia y, en ñx\, 
los embajadores de todos los soberanos y repúblicas de Europa (14}, 
y aun de Reyes asiáticos y africanos. Toledo fué en aquellos, para 
ella, memorables meses una ciudad cosmopolita. El esplendor de la 
corte imperial y los beneficios que su permanencia reportaba á la in- 
dustria y al comercio, la juventud y gentileza del Emperador y el 
- agrado y buen seso que acreditaban sus actos, debieron de renovar 
entonces muchas voluntades y de aficionar grandemente á los toleda- 
nos hacia aquel egregio príncipe, en quien parecían cifrarse todas las 
grandezas de la tierra. 

Sucedíanse unos á otros fastuosos recibimientos en que, si el Em- 
perador mostraba su bizarra cortesanía, proclamaba la ciudad con 
fiestas y regocijos la honra que se le seguía por ello. El Cardenal Juan 
Salviati, legado y sobrino del Papa Clemente VII, llegaba á Toledo á 
tratar graves negocios de política internacional. El César con su corte 
salió á su encuentro fuera de los muros; Toledo se vistió de gala, y la 
nobleza, los obispos, el clero, los regidores y ciudadanos acudieron 
con sus mejores arreos, sus palios y cruces, honrando y acompañando 
al enviado pontificio hasta dejarle hospedado en el claustro alto de la 
iglesia mayor (15). Más interés inspiró aún la presencia de la princesa 
Margarita, duquesa de Alenzón, hermana de Francisco I que, enfer- 
mo y prisionero, continuaba en Madrid. En las conferencias de aque- 
llos días, celebradas entre el Emperador y Margarita, debatíase la cau- 
tividad y liberación del Rey Francisco, la paz ó la guerra entre dos 
naciones rivales, y aun la tranquilidad ó intranquilidad de Europa en- 
tera. La duquesa vióse en Toledo tan obsequiada como á su rango y 
á la cortés condición del P'mperador convenía; pero las dificultades 
surgidas fueron muchas, y la princesa se ausentó pronto de la corte 



tizcdbyGoOi^Ie 



sin terminar el negocio con el éxito favorable que le pintara su de- 
seo (16). 

No fué menos señalado el arribo del duque de Borbón, aquel famo- 
so personaje cuya conducta, al abandonar la causa de su soberano 
para servir la del imperio, mereció de historiadores y poetas tan seve- 
ras censuras. Carlos V, que ardía en deseos de conocerle y de honrar- 
le por desusado modo, envió para su compañía y agasajo al confín 
del reino de Valencia al obispo de Avila con caballeros y aposentado- 
res. De allí á pocos días llegó á Toledo Borbón muy aparatosamente, 
precedido de <más de cien acémilas con reposteros azules llenos de 
flores de lis sembradas por ellos» (17}, rodeado de hombres de armas 
franceses, italianos y españoles. En la puente de Alcántara cumpli- 
mentáronle los grandes de España y altos dignatarios palatinos. Llo- 
vía copiosamente, pero D. Carlos contemplaba la llegada del condes- 
table francés á cielo descubierto, junto al monasterio del Carmen. 
Acércesele Borbón é hincó la rodilla en tierra; abrazóle el monarca, 
«é lo tuvo ansí un buen espacio de tiempo», entre mutuos elogios y 
cortesías; cabalgaron todos, tomaron la subida de la ciudad y, plati- 
cando con el mayor agrado y contento, dieron consigo en el alcázar. 
Tres meses moró Borbón en Toledo, festejado por el César, asistiendo 
con él á ñestas de todo género, sentándose á las veces á su mesa y 
siendo objeto de distinciones realmente extraordinarias. Al cabo de los 
tres meses tomó el camino de Italia, que fué para él el de su perdición, 
sin que señalaran su salida de Toledo el ofendido pundonor de un 
magnate, ni el incendio voluntario de cierta señorial morada, como un 
infundado relato viene pretendiendo (iS). 

Firmada la concordia de Madrid entre e! Rey de Francia y los repre- 
sentantes del de España, abandonó este último la antigua corte visi- 
goda, y á los pocos días un público pregón anunció á los toledanos, 
gozosos ai saberlo, la paz y hermandad entre ambos Reyes concerta- 
das, y asimismo el próximo enlace de Francisco I y Leonor de Portu- 
gal, que, como la viuda del Rey Católico, aún continuaba en To- 
ledo (19). 

La presencia de Carlos V en la ciudad, por aquellos años (20), y sus 
frecuentes y continuadas estancias en los que se siguieron, ganaron 
por completo el ánimo de los toledanos para su monarca. No es de ex- 
trañar, por tanto, que cuando, después de una ausencia más larga, 
se esparció por Toledo la nueva de su llegada á Barcelona en Abril 
de I $33, y su probable venida á la ciudad, celebrara ésta el suceso con 
fiestas y alegrías de tal índole que no es posible ver solamente en ellas 
la influencia ó el mandato oficial. Ocho días duraron las flestas, «aquí 



tizcdbyGoOi^Ie 



— Ta- 
las mayores que nunca se fizieron», según un testigo ocular{3i). So- 
lemnes procesiones, luminarias, músicas, danzas, máscaras y compar- 
sas, arcos triunfales, fuegos de artiñcio, ingeniosas invenciones, con- 
cursos con premios, carreras.de palio, corridas de toros, juegos de ca- 
ñas, lucidas cabalgatas, un notable simulacro de batalla naval en ei 
rio y aun otras cosas más, en que tomaron parte desde el Arzobis- 
po, la nobleza, la clerecía y las órdenes religiosas, hasta los distintos 
gremios y oficios, muestran bien el entusiasmo de Toledo ante el 
próximo regreso de Carlos V, que, en efecto, pocos meses pasados 
volvía á morar en la ciudad del Tajo (23). Probable es que aquella es- 
tancia, que se prolongó desde los comienzos de Febrero hasta fin de 
Mayo de 1534, moviera al nieto de los Reyes Católicos á convertir el 
alcázar toledano en mansión más adecuada para hospedar á su au- 
gusto dueño, entonces en el apogeo de su gloria; lo cierto fué que, an- 
tes de transcurrir muchos meses, determinó la general restauración de 
la vetusta fortaleza, trocada por la imperial iniciativa en espléndido 
palacio, digno del más poderoso monarca del mundo. 

Imposible es olvidar, tratándose de Toledo en eí siglo XVI, aquellas 
cortes de 1538, tan diversamente juzgadas y por siempre memora- 
bles (23). Convocados para el 1 5 de Octubre los prelados, señores de 
vasallos y procuradores, difirióse la sesión inaugural hasta el I." de 
Noviembre. Las continuas guerras y empresas del monarca y las obli- 
gaciones que por doquiera le asediaban, tenían gastado y consumido 
su patrimonio; platicar sobre ello, buscar remedio á la crónica dolen 
cia y ordenar las demás cosas convenientes al bien de estos reinos era 
el arduo objeto de las cortes. Leída la proposición real á los estados, 
comenzaron sus deliberaciones separadamente. Muy importante era 
la representación del brazo noble, tanto por el número cuanto por la 
significación de sus individuos, que celebraban sus sesiones en el ca- 
pitulo de San Juan de los Reyes- Adelantados iban los debates, cuan- 
do cierto día presentóse en la asamblea el Cardenal Tavera, Arzobis- 
po de Toledo, y ante los señores reunidos, con comedidas palabras 
declaró era voluntad del César establecer, con carácter general, y sólo 
por cierto tiempo, la sisa, gravamen sobre los mantenimientos, de an- 
tiguo abolengo en Castilla (24). No se ocultaba á los proceres el triste 
estado del erario público, cuya restauración en vano debía esperarse 
de ios ingresos ordinarios. Pero la sisa era un impuesto, sobre extra- 
ordinario, muy odioso; su exacción con carácter general barrenaba los 
seculares derechos de la nobleza; odiaba tal tributo el pueblo, abrU' 
mado de cargas; en fin, el recuerdo de la sublevación comunera no 
estaba tan amortecido que no hiciera temer á los más avisados los 



tizcdbyGooi^Ie 



— 13 - 
peligros de otro semejante incendio. Abroquelada con estas razones, 
á la verdad fundadas, la nobleza, en términos tan respetuosos como 
enérgicos, negóse á otorgar la sisa. 

Dolió la repulsa al Emperador, cuya situación venia á ser harto 
embarazosa. Mientras los prelados, á quien afectaba menos el pro- 
yecto, habíanle aprobado en todas sus partes, los nobles no se daban 
por vencidos, no obstante los buenos oñcios del prudente intermedia- 
rio Tavera. Ni er.i sistemática la oposición empeñada. Díscurrian me- 
dios los señores con que proveer en servicio del monarca y solicita- 
ban la comunicación con los procuradores para resolver de común 
acuerdo el conflicto; pero á esta petición hízose siempre sordo Car- 
los V. Todo eran debates, consultas y contestaciones. Firme y elo- 
cuentemente llevó entonces la voz de la nobleza el Condestable de 
Castilla D. Iñigo Fernández de Velasco, alma de aquel ilustre concur- 
so; pero sus razonamientos sólo provocaron el enojo del Emperadori 
á quien con tanta lealtad habia servido siempre (25j- El remate del 
negocio fué inesperado. En i," de.Febrero de 1539 presentóse de nue- 
vo el Cardenal Tavera y con palabras en que latía el r^io desagrado, 
invitó á los nobles á retirarse á sus casas, dando por disuelta la asam- 
blea. ¡Rasgo notable y sin precedentes en la historia de las cortes 
castellanas! [Verdadero golpe de estado que contribuyó á modiBcar 
el carácter de aquella institución, con la frecuente ausencia de uno de 
sus elementos más principales! (26) Gran monarca por tantos concep- 
tos, mal pagó entonces Carlos V (y ya lo observó un historiador mo- 
derno) los servicios que proceres y caballeros le prestaran poco antes 
en su recia contienda con las degeneradas Comunidades (27), 

La disolución del alto estamento más pareció ' obedecer á un rapto 
de despecho del Emperador que á allanar el camino de la nueva im- 
posición, pues es lo cierto que la sisa no llegó á establecer.se. En- 
tretanto el brazo popular continuaba sus tareas. Hiciéronse los procu- 
radores intérpretes del buen sentido y de los deseos de los pueblos, 
como lo acredita el extenso cuaderno que emanó de las cortes, en 
que, si se observan peticiones nada nuevas, aparecen ideas que revé' 
lan verdaderos adelantos. Así, pidieron los representantes que se hi- 
cieran navegables los ríos caudalosos para bien de la industria y el 
comercio, y que por personas doctas se recopilaran las viejas cróni- 
cas de España, «porque no se oluide la memoria de los grandes he- 
chos*: demandas que merecieron buena acogida, y que, á ser las úni- 
cas que fíguraran en el cuaderno, imprimieran ya á aquellas cortes 
auténtico sello de obra nacional (28). Antes de disgregarse, las cor- 
tes votaron un servicio de trescientos cuentos para los tres años si- 



tizcdbyGoOi^Ie 



— 14 — 
guientes, con más otros ciento cincuenta, pagaderos en el corrien- 
te 1539(29). Terminada, en ñn, la asamblea, en 30 de Marzo un pú- 
blico pregón con trompetas y reyes de armas anunció á la ciudad los 
capítulos acordados por conjunción del monarca con sus subditos. 

En Toledo continuaba el Emperador después de terminadas las 
cortes, procurando olvidar entre ñestas el disgusto que le causa* 
ran (30), cuando inopinada desgracia vino á contristar su espíritu y el 
de la nación entera. La Emperatriz Isabel, aquella mujer «hermosa de 
todo punto, en el cuerpo y en el alma*, que dijo un cronista de la 
época (31), fallecía en Toledo en (." de Mayo, á la edad de treinta y 
ocho años. Contemplaron los toledanos á su soberana en su lecho de 
muerte y oraron por ella en el palacio del conde de Fuensalida, don- 
de trocó esta vida por la eterna. AI siguiente día una silenciosa y en- 
lutada comitiva presidida por el principe D. Felipe salió de la vieja 
mansión de los Ayalas, morada de la Emperatriz (32), y atravesando 
la ciudad, condujo á las afueras los mortales despojos, para su tras- 
lado al panteón real de Granada. Prelados y señores fueron custo- 
diando el cuerpo hasta la ciudad del Darro, y entre ellos, según se 
cree, aquel marqués de Lombay, si grande en la corte, muy más gran- 
de en el vencimiento de su mundanal engaño, en los altares venerado 
más tarde como santo (33). 

La vida de Toledo deslizábase en paz, bien que repercutiendo en 
ella los sucesos que más ó menos de cerca afectaban á los intereses 
de esta monarquía. Así, en 1S42, con motivo de la guerra del Rose- 
lión, amenazado por las tropas del DelRn de Francia, sirvió Toledo 
con quinientos hombres, sobrepujando en ello á nuestras más popu- 
losas ciudade.*!, que, lo mismo que la nobleza, coadyuvaron con entu- 
siasmo á la defensa de aquel caro pedazo de la patria. A falta de su- 
cesos de interés político, sólo otros de índole local acaecidos en los 
siguientes años podrían reclamar la atdhción del historiador. Así la 
gran crecida del Tajo en Enero de 154S. q"e destruyó la deleitosa y 
afamada huerta de la Alcurnia, sitio de recreación de los prelados 
toledanos. Así también las exploraciones de la célebre cueva de Hér- 
cuies, practicadas en el verano de 1 546, de orden del Arzobispo Silli- 
ceo, deseoso de desvanecer las consejas que corrían acerca de aque- 
misterioso antro (34). 

Toledo recibió á poco una nueva visita del futuro Felipe II, hospe 
dado y obsequiado en las casas arzobispales por Silíceo, su antiguo 
maestro. Fué esto antes de emprender el príncipe su viaje á Inglaterra, 
de que tantos provechos se esperaban para la Iglesia y el Estado; y 
que Toledo seguía con todo interés el curso y los resultados de aquella 



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— 15 — 
jornada acreditanlo los extraordinarios regocijos y alegrías con que 
pareció enloquecer la ciudad en Febrero de i S 5 S , celebrando la reduc- 
ción de Inglaterra al gremio de la Iglesia católica (35). 

Pasado un año, l'oledo participó de la emoción que embargaba al 
mundo. De Bruselas hacía saber Carlos V al corregidor y Ayunta- 
miento de la corte castellana (i6 de Enero de 1556), la renuncia de 
estos reinos hecha en favor de su hijo D. Felipe, por quien encargaba 
se alzasen pendones. Así lo hizo Toledo en Abril del mismo año, con 
solemne aparato y pública satisfacción, visible en los festejos que por 
aquellos días se siguieron (36). Conocían bien los toledanos al nuevo 
monarca, que en su niñez y juventud había residido entre ellos con 
frecuencia, y que en la ciudad dejábase ver á menudo. Pero no ocul- 
taron su afecto al Emperador, retraído en Yuste, cuando la muerte 
del augusto personaje tan honda impresión produjo en la cristiandad 
entera. Los ciudadanos todos vistieron de luto, y las honras fúnebres 
celebradas en la grandiosa catedral, á costa de la ciudad exclusiva* 
mente, duraron nueve dias y fueron, según un cronista local, «mejo- 
res y más solemnes que los vivos vieron ni oyeron> (37), 

Sucesos determinados por causas fútiles revistieron importancia 
en Toledo á principios del siguiente año IS59. Era á la sazón corre- 
gidor el licenciado Fernán Bello y Arzobispo el célebre fray Bartolomé 
Carranza de Miranda. El día 28 de Febrero dos ministros inferiores 
del corregidor apresaron en la plaza del Ayuntamiento á dos picaros 
que alborotaban bajo los balcones arzobispales. Ignórase por qué, un 
clérigo allí presente trabóse de palabras con los de la justicia, afeán- 
doles la prisión. Descomedido el clérigo y soberbios los alguaciles, 
sobrevinieron otros al ruido y asieron de él para dar con su cuerpo 
en la caree'. Acudió la gente desocupada, y como acertara entonces á 
salir de la catedral el canónigo y vicario D. Rodrigo de Mendoza, 
rodeado de otros eclesiástico^, no- entendieron sino arremeter á los 
ministriles para quitarles la presa de las manos. A defender la juris- 
dicción real acudieron las autoridades superiores é inferiores de la 
justicia; en defensa del fuero eclesiástico surgieron más clérigos y de- 
pendientes del palacio arzobispal; dividióse el pueblo, salieron á relu- 
cir las espadas y, en ñn, dice una relación contemporánea, «se levantó 
en esta cibdad sin propósito un alboroto, el mayor que ios que á la 
sazón vivían vieron en ella, porque en tiempo de comunidades no ovo 
otro tal*. La justicia real quedó Inunfante por lo pronto, pues no sólo 
el anónimo clérigo, pero otros del mismo estado, el propio vicario 
general y todos los criados y dependientes del Arzobispo, fueron á 
parar á la cárcel, amén de obsequiarse á estos últimos con sendas 



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— I6 — 
tandas de azotes. Amohinóse el prelado ante estos sucesos y puso 
entredicho y cesación a divinis que comenzó á guardarse estrecha- 
mente en la ciudad y sus afueras. Pero fué cosa singular que aunque 
al corregidor guardaban abiertamente las espaldas el poder real y el 
Consejo, débil de carácter, vino á un acomodamiento con el Arzobis- 
po, del que salió tan malparada la potestad civil como por los resul- 
tados pudo verse. Con efecto, el prelado alzó el entredicho; el corre- 
gidor dio suelta al vicario y á los demás clérigos y legos presos, y lo 
que fué más señalado y notable, Toledo presenció el miércoles do 
ceniza este curioso espectáculo: en procesión organizada al efecto en 
la catedral salieron como penitentes el corregidor en cuerpo y sin 
bonete, el alcalde y el alguacil mayor lo mismo y con una soga ceñida 
al cuerpo; el alcalde de las alzadas en igual catadura, con candela y 
sin zapatos, y los alguaciles, medio desnudos, descalzos de pie y pier- 
na, con sogas de esparto al cuello y candelas en las manos: «peniten- 
cia cierto harto infame — dice la relación antes citada — aunque obie- 
ran hecho otros mayores excesos, los quales no hicieron». El caso 
produjo pésimo efecto en la corte, y el corregidor, tras la penitencia 
eclesiástica, sufrió una enérgica reprensión por su condescendencia. 
Pero el orden materia/ quedó fácilmente restablecido, y no consta que 
Felipe 11, tan celoso de su autoridad, tomara acerca del caso provi- 
dencias más directas. Mas cabe aquí preguntar: á la enemiga en que 
pareció trocarse de pronto la antigua amistad del monarca hacia Ca- 
rranza y al ruidoso apresamiento de éste, ocurrido pocos meses des- 
pués, ¿no pudieron contribuir los sucesos de Toledo y la humillación 
á que sujetó el Arzobispo á los representantes del poder civil? Nunca 
en tales sucesos repararon los apologistas ó detractores de Carranza; 
yo apunto una sospecha que recogerá acaso algún futuro biógrafo 
del infeliz y en aquella ocasión intransigente prelado toledano (38). 

La paz de Cháleau-Cambresis, concertada en Abril de I5S9. reci- 
bióse con gran júbilo en toda la monarquía. Consta que en Toledo 
hubo comedias, danzas alegóricas y otras públicas alegrías para con- 
memorar aquel feliz suceso, que aseguraba al país un sosiego por 
todos apetecido. Vuelto á España Felipe II, que estaba en Flandes, fué 
uno de sus primeros cuidados convocar las cortes del reino en nues- 
tra ciudad (39), y á ella partió desde Valladolid, donde á la sazón 
residía. Muy solemne fué la primera entrada que, como Rey, hizo don 
Felipe en Toledo, acompañado de D, Juan de Austria, su hermano, 
del príncipe de Parma, de muchos grandes y señores y de los emba- 
jadores extranjeros. Notables arcos triunfales en Bisagra y á la entra- 
da de la catedral, bien dispuestas y vistosas danzas, músicas, com- 



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— 17 — 
parsas y escaramuzas realzaron el acto, á que concurrieron cuantos 
cabildos, colegios, gremios y otras corporaciones encerraba Toledo, 
presididos por el Ayuntamiento y su corregidor el marqués de Falces, 
Jurado que hubo el Rey guardar á la ciudad sus privilegios, internóse 
en ella, y á caballo y bajo palio {40) subió hasta la Catedral, aposen- 
tándose después en el alcázar. 

Los festejos públicos y el popular regocijo continuaban aún, y ya 
las cortes, las primeras que Felipe II autorizó con su presencia, ha- 
bían inaugurado sus tareas. Enderezóles el monarca una sabia pro- 
posición (hoy diríamos discurso de la corona), que puede considerarse 
como el programa del nuevo reinado y que fué en realidad su punto 
de partida (41]. Acercábase la llegada de la nueva Reina de España, 
aquella Isabel, dicha de la Paz, que la afianzó por el momento entre 
dos poderosas monarquías. De orden del Rey partieron de Toledo el 
duque del Infantado y el Cardenal Mendoza, Obispo de Burgos, á re- 
cibir en la frontera francesa á la hija de Enrique II. Entretanto las cor- 
tes seguían sus trabajos y los procuradores recabaron del poder real 
algunas disposiciones contra los moriscos de Granada, entre quien 
retoñaba la ma!a semilla mahometana. En 18 de Enero del siguiente 
año 1560, el monarca, cuya presencia en Toledo no era continua (42), 
emprendió el camino de Guadalajara, ciudad elegida para recibir las 
bendiciones nupciales, y celebrada la ceremonia en 2 de Febrero, dis- 
púsose á regresar con la Reina á su corte de Toledo; 

La antigua ciudad que, dice Cabrera de Córdoba, «como era cabeza 
de España podía serlo en aquel tiempo de toda Europa» (43), vistióse 
de gala, apercibiéndose al recibimiento con solemne y magnifico apa- 
rato. En 13 de Febrero de 1560 apareció D." Isabel á vista de Tole- 
do (44), ante enorme concurso que esperaba su llegada. Venía la 
Reina «vestida á la española, de una saya de tela de plata con infinita 
pedrería y perlería y un chapeo de copa alto de lo mismo» y «venía 
muy alegre, riendo y hablando con el Cardenal de Burgos y con el 
Almirante y conde de Benavente», En lucida y brillante comitiva sa- 
lieron á besar la mano á su soberana los reales Consejos, los caba- 
lleros de las Ordenes militares, el Ayuntamiento, la Universidad, la 
Inquisición y todas las corporaciones toledanas. Los gremios de la 
ciudad llevaron la representación de la floreciente industria local; sus 
individuos bajaron ricamente ataviados, ostentando las insignias y 
estandartes de los diversos oñcios. La Reina se detuvo en la plaza 
del Marichal, donde pintorescos espectáculos la aguardaban, y asi 
desfilaron á su presencia ejecutando variadas danzas ninfas y amor- 
cillos, hermosísimas doncellas de la Sagra, comparsas de gitanos y 



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- I8 — 
moriscos, de guerreros y salvajes. Suaves músicas y coros hendían 
con sus notas los aires; clásicos carros á la romana recordaban tos 
triunfos de los vencedores Césares. La infantería representó un bélico 
simulacro, en tanto que bizarros caballeros á la jineta distribuidos en 
cuadrillas escaramuzaban en la Vega gallardamente. 

Junto á la puerta de Bisagra, exornada con un suntuoso arco, juró 
también la Reina guardar á Toledo sus privilegios, y acto seguido, 
montada en blanca hacanea y bajo palio, subió á la ciudad, admirando 
á su paso los arcos, estatuas, alegorías, ñngidos bosques y verjeles y 
aun otras artiñciosas invenciones con que se festejaba el feliz arribo. 
La entrada de D.' Isabel en la catedral por la puerta del Perdón pare- 
ció aún más solemne que las anteriores de otros monarcas. Cabildo y 
Ayuntamiento tenían allí prevenido nuevas danzas y comparsas, cán- 
ticos y músicas, cohetes y castillos de fuego, con tal estruendo, dice 
un cronista, «que se hundía la iglesia». Llegada que fué la noche, 
volvió la Reina á atravesar la ciudad con la misma pompa y subió 
al alcázar, donde el príncipe D. Carlos, la princesa D." Juana, don 
Juan de Austria y Alejandro Farnesio la recibieron con el mayor aga- 
sajo y cortesía. 

Entretanto aquel Rey, á quien una critica tiempo ha desacreditada 
pintó siempre sombrío y taciturno y sólo apasionado por cruentos 
espectáculos, andaba por la ciudad y sus afueres disfrazado, con otros 
caballeros «viendo la vistosa y alegre entrada, por la mucha hermo- 
sura que había de las damas de la ciudad y corte, el adorno de los 
miradores y calles, las libreas costosas y varías y muchas, que todo 
hacía un florido campo ó lienzo de Flandres> (45). 

Toledo acreditó entonces nuevamente su riqueza, buen gusto y 
amor á sus soberanos. Durante la estancia de éstos, las más brillan- 
tes fiestas, sólo momentáneamente interrumpidas por una breve en- 
fermedad de la Reina (46J, vinieron sucediéndose; danzas, luminarias 
y otros populares regocijos, comparsas y cabalgatas, brillantes tor- 
neos de pie y de caballo en el alcázar y en la explanada de Bisa- 
gra, en que Felipe II con los príncipes y los más ilustres caballeros 
fueron mantenedores; banquetes y saraos, jiras de placer á las cerca- 
nías de la ciudad, fiestas de toros y Juegos de cañas, en uno solo de 
los cuales se gastaron 100.000 ducados, mantuvieron al pueblo y á 
la corte en perpetuo movimiento desde Febrero á Octubre de 1560. 
Meses fueron éstos como quizá nunca loi conoció Toledo. Al histo- 
riador antójanse cual remate de unos grandiosos fuegos de artificio, 
tras cuyos postreros y más vivos resplandores sobrevienen de súbito 
la oscurídad y el silencio (47). 



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~ 19 — 

Pero dando ya al olvido el estruendo de aquellas fiestas, dos acon- 
tecimientos políticos de importancia ocurrieron entonces en Toledo 
que no pueden pasarse por alto, es á saber: la jura del príncipe don 
Carlos y la continuación de las comenzadas cortes. 

La jura de D. Carlos, como príncipe heredero de estos reinos 
verificóse en la catedral el jueves 22 de Febrero de IS^O; á la sazón 
estaba aquel mancebo sin ventura en los catorce años y medio de su 
edad. Del alcázar salió una brillantísima comitiva, en que, precedi- 
dos de reyes de armas, ballesteros y maceros aparecieron el Rey, el 
principe, la princesa D.' Juana de Portugal, D. Juan de Austria y 
Alejandro Farnesio, todos espléndidamente ataviados y montando en 
sendos magníficos caballos, salvo la de Portugal que venía en litera. 
Grandes de España, el maestre de Montesa, dos priores, nobles espa- 
fioles y extranjeros y damas costosamente vestidas y enjoyadas com 
ponían el séquito de la real familia, de la que sólo faltó la Reina, pos- 
trada aún por la dolencia. 

Notable fué la solemnidad y el ceremonial tan excelente que, al de- 
cir de los autores coetáneos, no le tuvo igual en su coronación ningún 
Pontífice (48). La iglesia mayor, engalanada con sus más valiosos 
paños y ricas preseas, pareció el mejor escenario para la jura del prín- 
cipe que, según los humanos juicios, debía regir la más poderosa mo- 
narquía del mundo. Celebrada solemne misa, en que ofició el Carde- 
nal obispo de Burgos, asistido por los prelados de Sevilla, Granada, 
Avila y Pamplona, se procedió á la jura. Entre el coro y la puerta 
del Perdón habíase dispuesto un gran cadalso, protegido por regio 
dosel de brocado y artísticos tapices; alli tomaron asiento Felipe II, el 
príncipe su hijo y la princesa su hermana, y cerca de ellos las otras 
reales personas. Leída por el oidor de la Cámara la forma del jura- 
mento, fueron acudiendo á prestarle y á rendir homenaje al principe 
sus tíos la princesa de Portugal y D. Juan de Austria, los embajado- 
res, prelados, grandes, títulos y caballeros y los procuradores del reino 
á la sazón juntos en cortes. Afable D. Carlos, no consintió que doña 
Juana ni los prelados le besaran la mano, antes, puesto en pie, quitóse 
la gorra y abrazó á la princesa y lo propio hizo con D. Juan de Aus- 
tria. Es:e, á su vez, mozo como D. Carlos, tomóle juramento, según 
algunos historiadores, de que guardaría los fueros y leyes de estos 
reinos, manteniéndolos en paz y justicia. [D. Juan y D, Carlos! Con- 
témplalos la imaginación actuando juntos bajo las bóvedas del augus- 
to templo toledano y la razón se confunde ante los designios de la Pro- 
videncia, que por tan inesperado modo trocó los que parecían sus se- 
guros destinos. El heredero de dos mundos, víctima de su condición 



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y presa de la desdicha, es compadecido por la Historia; al humilde 
bastardo imperial, enviado par Dios para realizar las más altas haza- 
ñas, colócale la misma Historia en el templo de la inmortalidad {49), 

Comenzadas las cortes en Diciembre del anterior año y jurado el 
principe D. Carlos, la representación nacional reanudó sus tareas, que 
se prolongaron más tiempo del acostumbrado en casos semejantes. 
Sin que tales cortes deban considerarse como extremadas, no dejaron 
de ser provechosas. Palpitan en las peticiones de los procuradores el 
amor al monarca, popular en España, y el anhelo por el bien del país, 
traducido en más ó menos felices aunque siempre nobles é ingenuas 
demandas. De io primero son muestras el parabién qus dirigieron al 
Rey por su tan deseada venida y dichoso enlace, y los votos hechos 
fjorque al cesar las guerras exteriores se excusaran las ausencias, 
peligros y trabajos de la real persona. De lo segundo aún son más nu- 
merosas las pruebas. Como persistiesen ciertas malas prácticas y hon- 
dos abusos, ora en la administración de justicia, ora tocante á moral 
pública, cuanto á la industria, al comercio y otros extremos, no re- 
pararon los procuradores en reproducir antiguas desatendidas paticio- 
nes en que se señalaba lo inveterado del mal. De ahí las en que se so- 
licitó la reforma del Consejo, de la legislación civil y criminal y de las 
malas costumbres; de ahí el clamor contra los excesos de la magistra- 
tura y de los gobernantes, los proveedores de !as armadas del Rey, la 
carestía de subsistencias y, en fin, contra las provisiones eclesiásticas 
en sujetos menos dignos. Desentendiéndome de estos y otros graves 
asuntos tratados por aquellas cortes, sólo dos cosas recordaré parti- 
cularmente, que, por su significación dentro de dos órdenes muy dis- 
tintos, se separan más de las materias que hizo la asamblea objeto de 
sus afanes. 

Refiérese ia primera á la defensa de nuestras costas levantinas y á 
la protección del comercio marítimo, unas y otro siempre amenaza- 
dos y combatidos por los corsarios mahometanos que infestaban el 
Mediterráneo, hacienda imposibles la vida de los pueblos costeros y la 
existencia de un tráfico poco antes florecientísimo con todo el mundo 
civilizado. Enérgicamente clamaron sobre ello las cortes toledanas, 
constriñendo al Rey á que se guarnecieran y fortificaran las plazas de 
mar y á que la armada de galeras guardase el litoral desde Perpiñán 
al Guadalquivir. 

Atañe el otro punto á ciertos edificios é ingenios que para determi- 
nados usos de los pueblos labraban algunos ignaros proyectistas; 
errándose ó quedando por terminar, los pueblos sufrían graves daños 
con los gastos hechos, sin reportar beneficio alguno. Suplicaron los 



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procuradores que no concediese el Consejo licencüa para tales obras, 
sin previa fianza de pagar la costa y los perjuicios posibles por parte 
del proyectista, para que nadie se aventurase á emprender sino aque- 
llo de que estuviera seguro. Dijo el Sr, Colmeiro (50) que esta petición 
parece referirse al famoso artificio de Juanelo, que, según él conjetu- 
ra, estaba ya abandonado por inútil ó costoso en 1560; pero dejando 
&pa.Tte que el tal artificio funcionó con regularidad durante un tercio 
de siglo, y que no es posible confundir al sabio ingeniero lombardo 
con la turba de arbitristas sin sustancia, hay otra razón concluyente 
que da en tierra con aquella sospecha. Juanelo no emprendió la obra 
del artificio hasta el año 1565, ni funcionó su máquina lo menos hasta 
1566; mal puede, pues, aludirle la petición de las cortes de 1 560. 

Prolongáronse estas cortes, las últimas celebradas en nuestra ciu- 
dad, hasta fin de Septiembre de aquel año (Si). Antes que terminaran, 
hubo en Toledo otras tres solemnes asambleas de que será bien dar 
ligera cuenta. Era Felipe II gran devoto de las Ordenes militares espa- 
ñolas. Dos meses después de celebrado su matrimonio, había parddo 
con la Reina desde Toledo al sacro convento de Calatrava, entre 
cuyos piadosos freyles celebraron los monarcas las fiestas de semana 
santa y Resurrección. Vueltos á la corte, congregó el Rey, por su dig- 
nidad de maestre, el capítulo general de la Orden de Calatrava y de 
su hermana la de Alcántara, que se reunieron separadamente en dos 
templos de Toledo, para acordar lo más provechoso á entrambas mi- 
licias (52). Mayor importancia alcanzó aún el Capítulo general de la 
Orden de Santiago, convocado por el celo de Felipe II *para rrefor- 
macion de las cosas espirituales y tenporales de esta borden y prover 
en las otras del bien della*. En 31 de Julio de aquel año 1560, fecun- 
do para Toledo en acontecimientos, congregó el monarca en el alcá- 
zar, á guisa de sesión preparatoria, á los priores de Uclés y de San 
Marcos de León y á los treces de la Orden. En 1 1 de Agosto inau- 
guróse el Capitulo, que se celebró en el templo de San Juan de los 
Reyes y duró tres días. Allí se proveyeron los trecenazgos y enmien- 
das vacantes, y se adoptaron resoluciones para el mejor gobierno, en 
lo porvenir, de la milicia santiaguista. Felipe II, en su calidad de ge- 
neral maestre, no sólo asistió asiduo á las sesiones, pero, recluso vo- 
luntario, no quiso mientras duró el capítulo abandonar los muros del 
monasterio franciscano. ¡Hermoso espectáculo presenció aquellos días 
el monumento insigne debido á !a piedad de los Reyes Católicos! Jun- 
tos en gran número bajo las ojivales bóvedas del templo priores, co- 
mendadores, treces, caballeros y freyles, presididos por el regio maes- 
tre; sembrados la amplia nave y el rico crucero de blancos mantos 



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salpicados de rojas cruces, el pensamiento de los concurrentes debió 
volar á los tiempos medioevales, á la época heroica de las Órdenes, 
que con su ruda labor por ta reconquista del territorio patrio prepara- 
ron la grandeza de España bajo Carlos V y Felipe II {53)- 

Todo está en el Universo, salvo su inmutable Creador, sujeto é la 
ley fatal de la mudanza. Muda el hombre, muda la Naturaleza, flore- 
cen y decaen las ciudades, fórmanse, crecen y se hunden los imperios 
y aun nacen y mueren los mundos. Por la ley de la mudanza, Toledo, 
pueblo pequeño en tiempo de los romanos, convirtióse en gran metró- 
poli en el de los visigodos, y, aunque con alternativas, corrió pujante 
un curso de diez siglos, hasta la segunda mitad del XVI. Entonces 
surgió el hecho que, no inmediata, sino mediatamente, determinó para 
nuestra ciudad un cambio profundo, cuyas consecuencias permane- 
cen. I^arto comprendéis que me reñero á la traslación de la corte, 
que, acaecida en los primeros años del reinado de Felipe II, desposeyó 
en la práctica á Toledo de la capitalidad de España é inició el largo 
periodo de su decadencia. 

Singular es lo ocurrido con esto del cambio de corte, para los mu- 
chos escritores que en él se ocuparon. Divergencias en la fecha que se 
le asigna; disparidad en las causas que pudieron originarle; descono- 
cimiento del verdadero carácter que tuvo; ignorancia de las inmedia- 
tas consecuencias que acarreó á Toledo: tal es lo que el perplejo in- 
vestigador pudo hallar hasta ahora en orden al importante aconteci- 
miento. Quién le flja en el año 1560; quién en 156I; quién en 1S63, y 
quién le retrasa hasta 1 5^5 (54)- Sobre los motivos que impulsaron al 
monarca á adoptar tal acuerdo aún andan más distanciadas las opi- 
niones, y la fantasía de algunos escritores ha incurrido en verdaderos 
delirios. Unos lo atribuyen á la posición más céntrica de Madrid en la 
península ó á la salubridad de su clima; otros á la defectuosa topo- 
grafía de Toledo, que la hacía poco apta para asiento de una corte á 
la moderna. Hay quien lo funda en lo rigoroso que fué en ella el in- 
vierno de 1561, y quien lo achaca al rescoldo comunero latente en la 
ciudad del Tajo, y su antipatía á los Reyes de la casa de Austria. 
Se ha dicho que la misma importancia de las ciudades históricas y 
cabezas de reinos fué la más grave de las razones y vino á favorecer 
á un pueblo de menos abolengo y que no podía despertar loa celos de 
los otros. Ni ha faltado quien, examinando el suceso por cierto aspec- 
to filosófico á su manera, haya establecido soñadas comparaciones 
entre Constantinopla, heredera de Roma en lo temporal, y Madrid, 
sucesora en lo temporal de Toledo; parangón, si no exento de inge- 
nio, destituido de sólido fundamento. Dictamen, en fin, muy arrai- 



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— 23 — 

gado en algunos modernos autores es el que funda la mudanza en la 
aversión ó mala voluntad de Felipe II hacia Toledo, y en no sé qué 
tenebrosa conjura del Rey contra la vieja capital de sus estados. ¡La 
aversión de Felipe il á Toledo! Permitidme que examine los justifi- 
cantes de este aserto, lanzado, desde ahora lo digo, muy de ligero. 
Felipe II, criado principalmente en Toledo, guarda allí los recuerdos 
de su niñez y de su juventud primera. Hombre ya y monarca, habita 
en Toledo largo tiempo, la visita con frecuencia, toma parte en sus 
alegrías, reúne en ella las cortes, celebra en ella las fiestas de su ter- , 
cer matrimonio, hace jurar allí con solemne aparato al heredero de 
la mayor monarquía del mundo. A la ciudad, á sus diversas corpo- 
raciones y á muchos de sus naturales confirma añejos privilegios y 
otorga otros nuevos. Provee graciosamente la albóndiga toledana para 
alivio de todos sus vecinos y principalmente de los pobres y njenes- 
terosos (55). Con la perseverante restauración del alcázar, prepárase 
en la antigua corte goda una morada espléndida, y tal interés mués 
tra siempre por sus obras y ta! impulso las da, que en rigor histórico 
al llamado «alcázar de Carlos V» debiera más bien llamarse talcá- 
zar de Felipe II». Su amor y veneración hacia la iglesia primada no 
tienen límites. Honra grandemente á ella y á sus prelados cuantas ve 
ees halla ocasión de hacerlo; obsequíala con valiosos presentes; esti- 
mula y favorece la celebración de sus concilios; con motivo del arre- 
glo eclesiástico, niégase á dividir ni desmembrar la archidiócesis, de 
territorio, en verdad, harto vasto; enriquécela con la posesión de los 
sagrados restos de San Eugenio y Santa Leocadia, aspiración fer- 
viente del pueblo toledano. Hasta aquí los frutos del real desagrado 
no parecen por ninguna parte. ^Obedecerá acaso á la decantada mal- 
querencia la provisión y subida de las aguas del Tajo, en que si Tu- 
rriano fué inventor material del mecanismo, fué el Rey quien apoyó y 
protegió aquella obra tan anhelada por la ciudad sedienta^ ¿Ó debemos 
ver un signo de odio en la voluntad firme, en la tenacidad más bien, 
con que Feüpe II preparó y llevó á cabo la navegación de aquel río, 
que á Toledo más que á las damas ciudades favorecíaP De ahora para 
siempre debe declararse; el odio de Felipe II á Toledo es un quimé- 
rico ente de razón, que la luz de la Historia desvanece, como desva- 
nece la luz del día los nocturnos fantasmas producto de cerebros 
infantiles. Felipe II, lejos de odiar á Toledo — los hechos lo de- 
muestran, — dispensó á la ciudad su afecto, mostróle verdadera 
afición, tal vez sintió por ella entusiasmo. Pero ^y la traslación de 
cortea se dirá. Intentaré reconstituir este incidente de aquel reina- 
do, ensayando restituirle los caracteres que le corresponden y de 



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— 24 — 

que la inadvertencia, la pasión ó el prejuicio erróneo le despojaron. 
Corrían los primeros meses del año t56i- Pasado el largo periodo 
de fiestas que durante todo el anterior había coincidido en Toledo 
con la prolongada estancia de los Reyes, tanto éstos como el pueblo 
que los albergaba sentían en sí algo anormal que debía determinar 
un próximo cambio. Entre una parte de los toledanos y la flotante 
población coitesana reinaban la desavenencia y el enojo. Debido á la 
escasez de mantenimientos y á la gran aglomeración de gentes, pade- 
cíase carestía extraordinaria, que amenazaba aumentar con la sequía 
pertinaz de aquel invierno. Toledo con sus angostas viviendas y po- 
sadas era incómodo y estrecho, para contener tanta y tan principal 
gente. El carácter independiente del pueblo toledano no cuadraba bien 
con los aires de superioridad que se arrogaban pa'aciegos de inferior 
categcjria. Por su parte, ios cortesanos sentían los mismos inconve- 
nientes con los mantenimientos y hospedajes, é influidos por los gus- 
tos propios de una vida blanda y muelle, maldecían de una ciudad 
enclavada en una roca, por cuyas empinadas cuestas y retorcidas ca- 
lles circulaban penosamente los vehículos y aun los hombres. Obser- 
vábalo todo el Rey y juntábanse en su ánimo otras causas á que era 
bien ajeno el supuesto odio ó malquerencia, pero que habían de con- 
ducir al resultado que no tardó en verse. La estancia en Toledo no 
favorecía á su salud, á lo que parece; la Reina había enfennado apenas 
alli llegada, y en los demás individuos de la real familia menudearon 
aquel año las dolencias, en lo cual influía acaso el extremado clima de 
Toledo, muy caluroso en verano y notablemente frío en aquel invierno 
de 1560 á 15Ó1. La obra del alcázar, nunca interrumpida, hacía difícil 
el aposento de la numerosa dependencia que lleva tras sí una corte y 
corte como la de España en el siglo XVL Iba muy corrida la primavera 
y se acercaban los rigores estivales, nocivos á una Reina no habituada 
á ellos. Tras tan larga permanencia en un solo punto del reino, resol- 
vió el Rey, en uso de un derecho incuestionable, ausentarse de Toledo, 
según otras veces lo hiciera, y como siempre que les acomodaba lo ha- 
cían sus predecesores. Felipe II era un mpnarca algo burócrata. Al au- 
sentarse é! temporalmente, quiso tener cerca de sí el Consejo; pero, 
prudente hasta el extremo, consultó a! Consejo mismo acerca de la 
traslación y su conveniencia. La respuesta del alto cuerpo fué afirma- 
tiva. Con esto el Rey partió para Aranjuez en 19 de MayodeiS6i; 
en 24 dióse punto en el Consejo; en 27 marcharon la Reina y la prin- 
cesa, y el siguiente día 28 el príncipe D. Carlos abandonó, también á 
Toledo. 
Tal es la verdadera historia de la traslación de corte, á la que 



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- 25 — 
quiso aplicarse tres siglos adelante un carácter que ciertamente no 
tuvo. Pues obsérvese bien: al cambiar de residencia, Felipe II no realizó 
un acto más trascendental que cualquiera análogo de los anteriores 
Reyes. Al autorizar la salida de los Consejos, no hace sino lo que 
siempre se había hecho, y lo que poco antes hizo Carlos V mudándo- 
los de Valtadolid á Madrid en 1551 y de \fadrid á Valladoliden iS53, 
sin que por eso se entendiera que la co:te había de tener residencia fija 
en cualquiera de los dos puntos. Y aunque otra cosa se haya dicho, 
ni antes ni después de la accidental mudanza expide cédula, ni dicta 
providencia, ni celebra ceremonia alguna por la que pueda traslucirse 
el propósito, de establecer la corte para siempre en otro sitio y arreba- 
tar á Toledo su tradicional carácter de cabeza de las Españas. Causas 
de diversa índole, y más que ninguna sin duda la erección de la gran 
fábrica de El Escorial, que preocupó hasta su muerte al monarca, in- 
fluyeron en adelante para que Madrid, más próximo á aquel retiro tan 
caro á Felipe II, se convirtiera con el tiempo y por la fuerza de los 
hechos consumados de capital transitoria en capital deñnitiva de sus 
dominios (56). 

Toledo no calculó entonces la gravedad que para su porvenir en- 
trañaba un cambio de corte que ni el Rey ni la ciudad creían definiti- 
vo. Gran parte del pueblo lo deseaba, y así no pudo sentirse herido ni 
mostrarse despechado cuando el proyecto se convirtió en hecho. Ni un 
pueblo despechado se interesa vivamente, como hizo Toledo en el si- 
guiente año, por la suerte de la familia de su enemigo. Enfermo en 
Alcalá el príncipe D. Carlos en Abril y Mayo de 1562, no sólo se ce- 
lebraron en la ciudaddel Tajo numerosas rogativas y procesiones para 
impetrar su salud — actos que pudieran achacarse al influjo oñcial, — 
pero viéronse por las calles disciplinantes á millares, que no es creíble 
rasgaron sus carnes por satisfacer un capricho del señorcorregidor(S7). 
Ubre ya el príncipe de la grave dolencia, celebróse el suceso en To- 
ledo con procesión solemnísima, con corridas de toros, juegos de ca- 
ñas y otros populares festejos (58). 

De los dos años que se siguieron no se halla memoria, para la ciu- 
dad, notable. El 1565 inauguróse con una tan gran crecida del Tajo, 
cual no recordaban haber visto los más ancianos. El río, salido de su 
cauce, anegó los campos y causó grandísimo estrago . Por ocurrir la 
inundación de día no hubo desgracias de personas; peio las barcas 
hubieron de bogar en la Vega, convertida en mar, y salvaron á mu- 
chos que, refugiados en la techumbre de sus inundadas viviendas, ha ■ 
brían perecido sin aquel rápido auxilio (59). 

Era el 30 de Octubre del mismo año, y un pregón solemne atraía 



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— 26 — 

la atención de los toledanos. En ausencia del corregidor, el alcalde 
mayor, doctor Mendizábal, salió á caballo, con su capa y espada, su 
séquito, trompetas y atabales, á anunciar en nombre del Rey la crea- 
ción de una milicia local, cuyos soldados voluntarios, que debían es- 
tar aparejados si se les llamaba, gozarían de muchos privilegios y 
exenciones. Ei pregón causó efecto; ó por convencimiento y entusias- 
mo, ó al reclamo de los privilegios con que se les brindaba, muchos 
ciudadanos acudieron al Ayuntamiento á asentarse como soldados, 
hicieron sus alardes y reseñas y ejercitáronse en el tiro. La opinión 
anduvo, á lo que parece, perpleja al juzgar la oportunidad de la me 
dída. Yo no encuentro en ella sino motivos de loa para «1 monarca, 
que al crear aquella especie de cuerpo de reserva, aunaba la defensa 
del Estado con la renovación del espíritu militar, decaído en nuestra 
ciudad, como en muchas otras del reino, con la paz interior de buen 
número de años (6o). 

Hice mérito poco ha del anhelo sentido en Toledo, y satisfecho por 
Felipe II, de poseer los restos de San Eugenio. Con datar aquel vivo 
deseo de muchos siglos atrás, manifestábase entonces más ostensible- 
mente, uniendo en común aspiración á todas las clases sociales. Mar- 
tirizado el primer pastor de nuestra igíesia en tierra francesa, allí se 
conservaban y veneraban sus reliquias; ahora inquiríanse los medios 
de restituirlas á España y al pueblo ganado á la verdadera fe con 
sus predicaciones. Francesa la Reina Isabel, en paz las dos monar- 
quías y grandemente favorable al proyecto Felipe 11, sucediéronse rá- 
pidas las primeras gestiones del cabildo eclesiástico con nuestros 
monarcas, y también con los de Francia, en solicitud del santo cuerpo. 
Ofrecíanse, empero, no pocas dificultades; toda una negociación diplo- 
mática, y no de las más sencillas, hubo de llevarse á cabo por cumplir 
el deseo de los toledanos. Allanados los obstáculos preliminares, de- . 
signóse para proseguir las diligencias al canónigo D. Pedro Manrique 
de Padilla, quien con amplias facultades marchó al reino vecino. Gran- 
des resistencias esperábanle allí, y mayor que todas la del Cardenal 
Carlos de Lorena, abad del monasterio de Saint-Denis, donde estaban 
las reliquias; pero cauto y prudente, eficazmente auxiliado por D. Fran- 
cés de Álava, nuestro embajador en la corte de los Valois, y favorecido 
por la buena voluntad de Carlos IX y Catalina de Médicis, Manrique 
dio feliz cima á la empresa, y los despojos de San Eugenio abando- 
naron la abadía de San Dionisio para venir á enriquecer la metrópoli 
de la Iglesia española. 

En i8 de Mayo de 1565 súpose con Júbilo en Toledo que ya el ve- 
nerable cuerpo había traspuesto la frontera, y desde aquel punto sólo 



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— 27 — 
se pensó en aparejar el recibimiento é idear regocijos. Entretanto, el 
viaje verileábase de incógnito por la península hasta el territorio del 
arzobispado. Llegadas á él las reliquias, gran acogida obtuvieron en 
Uceda y extraordinaria en Torrelaguna, donde acudió el gobernador 
eclesiástico D. Gómez Tello Girón con canónigos, racioneros, músicos 
y ministriles (6i). Organizada allí la grave comitiva, no menos de una 
semana necesitó para recorrer el camino de Torrelaguna á Toledo, 
acompañada y aun retenida por fervorosas multitudes, publicas ale- 
grías y gran entusiasmo popular. El Rey, instado por el cabildo y 
estimulado por su propio deseo, trasladóse en 17 de Noviembre desde 
El Escorial á Toledo con el príncipe D. Carlos, los archiduques de 
Austria Rodolfo y Ernesto y toda su lucida corte. La Reina, la prin- 
cesa D." Juana y D. Juan de Austria detuviéronse en Getafe parare- 
verenciar allí al Santo en sus despojos mortales. La entrada de San 
Eugenio en Toledo fué un verdadero triunfo. Ante inmenso concurso 
llegó la comitiva el 18 de Noviembre junto al hospital de Tavera, 
do.ide esperaban el Rey y los príncipes; y luego al punto ordenóse 
una procesión solemnísima. Tras luengo acompañamiento de herman- 
dades, cruces y pendones, órdenes y clerecía, marchaban ocho obis- 
pos, reunidos á la sazón los más de ellos en concilio provincial; la 
ciudad de Toledo, sus regidores, jurados y oficiales; las reliquias en 
vistosas andas, conducidas por magnates y grandes de España, y las 
personas reales con hachas encendidas. A impulso de su piedad, Fe- 
lipe II llegóse con el príncipe á las andas para llevarlas también sobre 
sus hombros (62). Estaba engalanada la carrera desde la puerta de 
Bisagra con valiosos paños y tapices, arcos de triunfo, epígrafes, muy 
ingeniosas invenciones y estatuas alegóricas. Entre el estruendo de la 
artillería, los acordes de suave música y el bullicio de canciones y 
danzas preparadas al efecto, subió la procesión á la ciudad, y por 
Zocodover y la calle Ancha dirigióse al gran templo, donde el santo 
cuerpo con toda reverencia quedó depositado. Larga serie de fiestas 
sagradas y profanas siguióse durante muchos días, con el concurso 
de Ayuntamiento, Universidad, caballeros, gremios y, en suma, del 
pueblo todo. Toledo, favorecida otra vez por los grandes del cielo y 
de la tierra, sintióse de nuevo verdadera corte, bien que corte efímera: 
bri lante meteoro en un crepúsculo que presto se convirtió en oscura 
noche (63). 

Casi coincidieron estas fiestas toledanas con el preñado de la Reina 
Isabel, que sí se celebró notablemente en todo el reino, por esperarse 
un varón que pudiera sustituir á la probable incapacidad del heredero 
D. Carlos, con no menos júbilo se festejó en Toledo. En la noche 



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— 28 — 

del 1 1 de Agosto de 1 566 nació en Balsaín una infanta, de feliz recor- 
dación en nuestra Historia. La piedad de los Reyes dióle por nombres 
los de Isabel Clara Eugenia, en reverencia este último del bienaven- 
turado obispo; y el pueblo de Toledo, á quien una critica suspicaz 
supuso enojado, celebró también el próspero natalicio con magniñcas 
fiestas religiosas y profanas, regocijos populares y general alegría {64). 
Desdicha fué que un suceso para la ciudad adverso viniera á aci- 
barar á poco el contento dominante en aquel feliz periodo. Desde más 
de un siglo atrás defendía Toledo su bien fundado derecho sobre la 
posesión de las villas de la Puebla de Alcocer, Herrera y otras, que 
primero un maestre de Alcántara y los condes de Belalcázar después 
la disputaban. En el curso de este largo pleito, que entrañaba verda- 
dera importancia, había gastado la ciudad muy gruesas sumas. Pen- 
diente sentencia definitiva, coiriendo el año 1 568 pronuncióla el Con- 
sejo en I S de Marzo; por ella se condenaba á Toledo al perdimiento 
de las villas en litigio, proclamábase el derecho de los de Belalcázar 
y se imponía á la ciudad perpetuo silencio. Desenlace funesto para la 
antigua corte; «tanto— dice un escritor local,- que del dicho pleito 
quedó y está adeudada y perdida, que tarde ó nunca podrá alzar ca- 
beza» (65). El pleito de Belalcázar debe, en efecto, señalarse como uno 
de los factores de la decadencia de la ciudad del Tajo, 

Año nefasto aquél, no sólo para Toledo, que también para la mo- 
narquía entera, entristecida por dolorosos sucesos. La reclusión y la 
muerte del principe D. Carlos fueron en la ciudad motivo de duelo; 
que aquel infeliz joven, á Toledo había mostrado su afecto á las veces. 
Muchos días duraron las deniostraciones públicas de tristeza y las 
honras que por el príncipe se celebraron en nuestra catedral, de que se 
conserva muy circunstanciada noticia, correspondieron sin duda al 
rango de aquel á quien se dedicaban (66). La ciudad elevó al Rey el 
homenaje de su sentimiento, bien ajena de pensar que dos meses más 
tarde había de repetir otro semejante acto motivado por una nueva 
desgracia. 

La muerte de la Reina Isabel de Vaiois renovó, en efecto, las pú- 
blicas manifestaciones de duelo. Tratábase de celebrar unas exequias 
que por lo suntuosas no tuvieran antecedente. A la sazón el Ayunta- 
miento y el Cabildo eclesiástico hallábanse en desavenencia á causa de 
ciertos rozamientos ocurridos en las honras de D. Carlos. En el Ayun- 
tamiento era unánime deseo que las de la Reina se celebraran, no en 
la catedral, según costumbre seguida en casos tales, sino en San Juan 
de los Reyes; pero prevalecieron los temperamentos de prudencia, 
renació la armonía, en lo cual mostróse el monarca directamente inte- 



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— 29 — 

resado, y las honras se realizaron en la iglesia primada, con magní- 
ñca pompa y ante enorme copia de fieles. Las grandiosas naves dei 
insigne templo severamente enlutadas, el túmulo que entre los dos 
coros se alzó «de traga escelentísima —dice un testigo de vista, — 
el mejor y más suntuoso que allí se hizo>, en cuya composición y 
aderezo derrocharon las artes plásticas, la añción simbólico-alegórí- 
ca y la moda epigráfica sus mejores invenciones, y en fin, lo impo- 
nente de la ceremonia toda, trasladaron en espíritu á los asistentes 4 
aquellos solemnes funerales por Carlos V, cuyo recuerdo no se había 
borrado en Toledo (67). 

Señalóse el siguiente año 1569 por la presencia de algunos ilustres 
personajes atraídos por la fama y los recuerdos de la ciudad imperial. 
Allí estuvieron el futuro vencedor de Lepante y el archiduque de Aus- 
tria D. Carlos, venido á España á tratar con el Rey graves asuntos de 
estado; visitaron sus edificios y curiosidades principales y fueron 
finamente agasajados por las autoridades y por el obsequioso pueblo. 
Allí también el Cardenal de Guisa, que con el embajador francés 
asistió á las grandiosas ceremonias del templo primado y admiró los 
monumentos locales. Alli, en fin, el Arzobispo de Rossano, nuncio de 
Su Santidad, como los anteriores cortésmente recibido y tratado du- 
rante su breve permanencia en la antigua capital (68). 

Toledo, privada del rango de corte y objeto ya tan sólo de la curio- 
sidad más ó menos artística de encumbradas personas, no dejó de 
asociarse á la alegria del país con motivo del cuarto matrimonio del 
monarca, efectuado en Noviembre de 1570. Desde que en 6 de Octu- 
bre se supo el desembarco de la Reina en Santander, regocijóse la 
ciudad con fiestas que duraron diez días (69). Pero otros motivos, 
aún más satisfactorios, poco después ocurridos, alcanzaron en Tole- 
do no común resonancia; refiérame al memorable triunfo de Lepanto 
{7 de Octubre de 1571) y al nacimiento del príncipe D. Fernando, 
presunto heredero de estos reinos. Si grande fué el entusiasmo de los 
toledanos en ocasiones anteriores, aún arreció en ésta, estimando en 
'o justo aquellos dos acontecimientos tan importantes para la patria. 
En las fiestas hubo para todos los gustos, desde representaciones pú- 
blicas, juego de sortija y torneo, hasta corridas de bueyes y vacas. 
En razón al bautismo del príncipe, las fiestas se prolongaron hasta 
principios de Enero del siguiente año 1S72, con gran regocijo del pue- 
blo, entretenido con los divertimientos é invenciones que por el Ayun- 
tamiento, caballeros y gremios se le ofrecían. También el Rey se asoció 
al júbilo de la ciudad. Para perpetuar el recuerdo de la victoria marí- 
tima instituyó y dotó una fiesta anual en nuestra iglesia primada; y 



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— so- 
para celebrar el nacimiento de su heredero, ordenó por una su cédula 
dar suelta á ¡os reclusos de las cárceles toledanas (70). 

Felipe II que, si acaso carecía de personales dotes de guerrero, tenía 
en alta opinión el ejercicio militar y sus excelencias, adoptó en IS72 
un acuerdo que fué el complemento de la creación de las milicias 
locales, resuelto siete años antes. Gran parte de la nobleza, por es- 
tímulos de la vida regalada y con la continuidad de la paz interior, 
hablase dado al ocio y aun carecía de caballos y armas. Felipe II, con 
sabia política, escribió á las ciudades del reino, y á Toledo entre ellas 
(6 de Septiembre), encargando se formaran cofradías de caballeros 
para adiestrarse en el oñcio bélico, debiendo ordenarse fiestas de jus 
tas y torneos, juegos de cañas y prácticas militares de varia índole. 
Toledo acató y cumplió el regio mandamiento, y lo que es más, re- 
unida su nobleza, ofreció en nombre de la ciudad armas, telas y pre- 
mios á los caballeros que sobresaliesen en tan útil y generoso ejer- 
cicio (71). 

Porque la Reina D.' Ana conociera á Toledo y juntamente para vi- 
sitar las obras del alcázar, dirigiéronse á la ciudad los Reyes desde 
Aranjuez y Aceca á últimos de Abril de 1575. El 29, viernes, llegaron 
sin ostentación ni. ceremonia, y allí siguieron, visitando la catedral y 
otras iglesias y monumentos hasta el 4 de Mayo, en que marcharon 
al Escorial. En aquellos días verificóse por orden del monarca el reco- 
nocimiento de las sepulturas de Recesvinto y Wamba, depositados 
según tradición en la iglesia de Santa Leocadia, junto al alcázar; y 
el propio Felipe II bajó á la bóveda subterránea del templo á examinar 
los enterramientos de aquellos Reyes godos (72). 

Fortuna fué para Toledo tener al frente en aquel tiempo una auto- 
ridad celosa como en el pasado nunca la tuvo: el corregidor D. Juan 
Gutiérrez Tello, de buena memoria para los toledanos. Este noble 
caballero tomó por deber el adelanto y bienestar de la ciudad en el 
período de su mando, y su paso por el corregimiento debiera propo- 
nerse siempre como ejemplo digno de ser imitado por las autoridades. 
Hay que señalar entre sus principales empresas, que acreditan una 
voluntad decidida y una actividad incansable: el allanamiento y en- 
sanche de ciertas calles; el empedrado y limpieza de las vías públicas; 
el arreglo de los caminos que salían hacia la Vega y el río; un gran 
avance en el nuevo edificio del ayuntamiento; la obra del alholí gene- 
ral ó albóndiga; la mudanza y obra del rastro nuevo para la matanza 
y venta de los ganados; la mejora considerable y completa reforma en 
la cárcel real, en la casa de los niños de la Doctrina, en los pesos de la 
Harina, carnicería mayor, mesón real de la Fruta y en otros edificios 



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— 31 — 
públicos; el reparo de los viejos muros, de las puertas del Cambrón y * 
de la Cruz, puentes de Alcántara y de San Martín; la instalación de 
efigies, escudos y epígrafes en las puertas y puentes, y en fin, el or- 
nato y embellecimiento de las famosas Vistilias de San Agustín, 
recreo y solaz de los toledanos. Estas y otras obras y mejoras mate- 
ríales y morales llevó á cabo el Corregidor Gutiérrez Tello, y mayores 
aún hiciera á no sorprenderle la muerte. Perpetuarse debe su recuerdo 
en la ciudad del Tajo; y cierto, no la mostró el monarca indiferencia 
ó desvío al confiar su cuidado á prefecto tan celoso (73). 

Por aquellos años y algunos adelante, un suceso de orden privado, 
á que daban importancia las personas que en él intervenían, era objeto 
de general asombro en las cortes antigua y moderna de España y aun 
en todo el reino; refiérame á la prisión de D. Fadrique de Toledo, 
marqués de Coria, primogénito del duque de Alba, la del mismo 
duque y la de D.* Magdalena de Guzmán, prometida del primero. 
Era D.' Magdalena dama criada en palacio, y sin licencia del Rey ha- 
bíale dado D. Fadrique palabra de casamiento, que después se negó á 
cumplir. Quejóse la dama amargamente á Felipe II, y éste, en razón 
al carácter palatino de la ofendida, tomó la causa por suya, adoptando 
ciertas providencias que consideró convenientes. A D.* Magdalena 
depositaron en el monasterio de Sante Fe de Toledo; el marqués fué 
desterrado á Oran, después á Flandes y más tarde encerrado sucesiva- 
mente en loscastiilosdeTordesiüasy de Medina, y el Duque, que había 
dispuesto la boda de su heredero con una hija del marqués de Villa- 
franca, sin curarse de la palabra empeñada por D. Fadrique á doña 
Magdalena, fué, no obstante su nombre y sus servicios, desterrado á 
Uceda, donde residió hasta Febrero de 1 580 en que le perdonó el Rey, 
llamándole para dirigir la empresa de Portugal. La peor parte en este 
asunto tocó á la triste D.' Magdalena. Sin vocación de monja, no muy 
atendida del monarca, á quien repetidamente dirigió desde su reclu- 
sión apasionados mensajes, siempre esperando al principio y desespe- 
rando después de conseguir su libertad y el rango de esposa, en el 
monasterio siguió largos años y acaso ya no salió de él, compadecida 
de los toledanos y pagando harto duramente las consecuencias de 
ajenos yerros y quizá de su propia ligereza (74). 

Agitábase entonces el grave negocio de la cucesión de Portugal, y 
Felipe II partió de Aranjuez á Aceca y Toledo, por estar más cerca 
de aquel reino y recibir presto noticias del achacoso Rey D. Enrique. 
En II de Junio de IS79 hallábase en ia ciudad imperial con la Reina 
D.' Ana, las infantas Isabel y Catalina y el Cardenal Alberto, y allí con 
tinuó hasta el 20 del mismo mas, sosteniendo nutrida correspondencia 



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— 32 — 
■ con diversos personajes acerca de los asuntos pendientes y preparando 
con perseverancia la gran obra nacional de la unidad ibérica. En To- 
ledo celebró la Real familia la fiesta del Corpus Ckristi, y presenció 
las representaciones dramáticas y otros festejos que en su obsequio se 
aparejaron (75). Llegadas las nuevas de Portugal, D. Felipe marchó 
con los suyos á pasar el estío en el monasterio de San Lorenzo. 

En ios años que inmediatamente se siguieron, fuera de los comien- 
zos de la navegación del Tajo hasta Toledo, de que trataré adelante, 
pocos sucesos de importancia pueden apuntarse. Cierto día de Octu- 
bre de 1580 llegó á la ciudad de incógnito Alejandro Frumento, nun- 
cio de Gregorio XIII, que venía de cumplir en el reino lusitano una 
misión secreta, bien ajeno de pensar que aquel pintoresco pueblo, en 
que sólo breves horas ó días intentaba detenerse, iba á ser su mansión 
postrera. Entrado en Toledo, acometióle de súbito tan grave dolencia 
que de allí á pocos días le arrebató á la vida prematuramente. Nues- 
tra iglesia primada acogió amorosa sus despojos, dándoles magnifica 
sepultura en una de sus más bellas capillas (76J. Más sonada fué la 
visita de los embajadores japoneses, que en misión famosa vinieron 
desde su país á recabar la amistad del Rey de Espaiía. Consta que 
estuvieron en Toledo en Noviembre de 1584, atrayendo las miradas 
del pueblo con sus personas y trajes, y que fueron muy agasajados 
por el joven deán D. Juan de Mendoza. El siguiente año iS85 se- 
ñalóse por el gran incendio del histórico Zocodover, que redujo á es- 
combros casi todas sus viviendas {Jl)- 

Un fausto acontecimiento se preparaba, análogo á otro ocurrido 
veinte años había: !a recuperación de los restos de Santa Leocadia, 
patrona de Toledo, cuya vuelta á la patria anhelaban aquellos piado- 
sos ciudadanos, como anhelaron antes la del bienaventurado Eugenio. 
' La Santa virgen toledana padeció el martirio en su ciudad natal du- 
rante la persecución de Daciano; y sus reliquias, varias veces trasla- 
dadas, venerábanse á la sazón en la abadía benedictina de Saint- 
Ghislain, en Fiandes. Algunas tentativas hechas anteriormente para 
conseguir las reliquias habían sido infructuosas, y ahora trabajaba 
con ardor en este sentido el Cabildo de Toledo, el cronista Esteban de 
Garibay y un jesuíta llamado Miguel Hernández (78), favorecidos en 
su empeño por el Cardenal Quiroga y por el mismo Felipe 11, siempre 
dispuesto á apoyar empresas de aquella índole. Los monjes de Saint- 
Ghisiain resistíanse á entregar el santo cuerpo, como los de San Dio- 
nisio ei del primer prelado toledano; pero al cabo se venció su resis- 
tencia, y el P. Hernández, comisionado a! efecto, hízose cargo de los 
restos para traerlos á España. Sin separarse un punto del depósito 



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— 33 — 
que se le conñara, tras largo y peligroso viaje por Flandes, Alemania 
é Italia, arribó por mar á Barcelona, y siguiendo su camino tierra 
adentro, llegó en Septiembre de 1586 al arzobispado de Toledo. 

El día 26 de Abril de 1587 eligióse para la solemne entrada en la 
ciudad, que nuevamente se vistió de fiesta. El concurso era enorme, * 
«vaziandose — dice un cronista— las ciudades desde Sevilla, Cordoua, 
Granada, Valencia, Zaragoza, Burgos y otras muchas>. Desde Ma- 
drid acudieron á autorizar el acto el Rey, su hermana la Emperatriz 
viuda D.' María y los príncipes D. Felipe y D." Isabel Clara Eugenia. 
Una grave procesión, en que se contaban por docenas los grandes y 
títulos del reino, por centenas las cruces parroquiales, cetros y pen- 
dones y por millares los eclesiásticos y seculares de todo estado y 
condición, bajó al santuario de Santa Leocadia, en la Vega, donde 
provisionalmente descansaban las reliquias. Tomadas allí por ocho 
dignidades, que las conducían á hombros en unas andas, encaminóse 
la procesión á la ciudad por la puerta de Bisagra. Las ríeos paños de 
tapicería, los suntuosos monumentos, los magniñcos arcos triunfales, 
estatuas, pinturas y epígrafes que poblaban la carrera, dieron mayor 
lucidez al acto, y las músicas y bien concertadas danzas que acom- 
pañaban á la comitiva certificaron el júbilo del pueblo al recibir el 
cuerpo de su insigne compatricia. Llegado éste á la plaza del Ayunta- 
miento, reverencióle la Real familia; el Rey Prudente, al igual que en 
otra semejante ocasión, tomóle sobre sus hombros ayudado por el 
principe y por los grandes y entráronle entre todos en la santa igle- 
sia, donde fueron solemnísimas las funciones que en aquel día y el 
siguiente se celebraron. El Rey donó á la iglesia de Toledo los vene- 
rables despojos, quedando colocados en el Sagrario, y terminadas que 
fueron las solemnidades de la traslación, desde el alcázar partió el 
monarca para Aceca y Aranjuez {79). 

Las contiendas de nuestra patria con Inglaterra daban por aquel 
tiempo ocasión al Ayuntamiento, al clero y á la nobleza toledana para 
manifestar una vez más su acendrado patriotismo, acudiendo al real 
erario con importantes ofertas y donativos (80). El buen pueblo, en 
tanto, entregábase al regocijo en cada suceso que estimaba próspero. 
Así ocurrió en 1589, cuando obtuvo el capelo cardenalicio el noble 
mancebo D. Juan de Mendoza, deán á la sazón de Toledo, que con- 
taba en la ciudad con amor y simpatías generales; luminarias, másca- 
ras y alegrías de vario género siguieron á la nueva de la elección, que 
todos consideraron gratísima (81). 

Interesábase Felipe II por la ciudad, que á las veces visitaba. Así, 
le vemos en Toledo celebrando la semana santa de 1591 y por Mayo . 



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— 34 — 
y Junio de IS9ó, recuperado de una peligrosa enfermedad que pade- 
ció en la vecina Aceca, morando entonces no en el alcázar, sino en el 
claustro de la catedral (82), y asistiendo á la función religiosa cele- 
brada por su restablecimiento. Vérnosle también seguir el curso de 
cierto ruidoso caso poco antes ocurrido, bien que adoptando la Única 
línea de conducta que á su proverbial prudencia convenia. 

Es de saberse que en los principios del aiio l595 era corregidor de 
Toledo D. Alonso de Cárcamo, noble caballero, magistrado probo y 
devoto cristiano, pero hombre de pocas letras, sencillo y crédulo en 
demasía. Comenzábase á la sazón le nueva fábrica del antiguo Hos' 
pital del Rey, y en los cimientos de las casas que allí había halláronse 
vestigios de añejas consb-ucciones, huesos humanos, monedas y cierto 
tapador de aguamanil de metal, en que aparecían una C, una S y una 
corona. Con este motivo divulgábanse las especies más peregrinas. 
Los restos arquitectónicos pertenecieron á un templo que tuvo en la 
ciudad cierto San Tirso, pretendido mártir y ciudadano de Toledo; los 
huesos eran de santos; la C, la S y la corona eran |cosa clarísimal las 
inicíales del arzobispo Cixila, que construyó el templo, y del Rey Silo, 
en cuyo tiempo, aunque bajo el dominio agareno, habíase aquél eleva- 
do. Hasta se dio la feliz coincidencia de aparecer y circular por aque- 
llos días una epístola ¡atina del Rey astur ai prelado toledano, en que 
se añrmaba y conñrmaba todo del modo más admirable. No era ajeno 
á estas trapacerías el célebre Román de la Higuera. Con los descubri- 
mientos entusiasmóse el buen Cárcamo, y con el P. Román al paño 
como su mentor, enderezó una relación al Rey, en que piobaba á su 
manera la autenticidad del templo y de la naturaleza toledana de San 
Tirso. En Toledo formáronse dos bandos, de los que apoyaban ye n- 
tradecían la novela hagíográñca; durante todo el año 1595 b1 asunto 
de San Tir¿o fué el favorito en la vieja corte de Wamba, y los áni- 
mos se acaloraron y hubo «diferencias y voces...» Pero algunos inte- 
lectuales de la ciudad y de fuera de ella descubrieron la maraña y vino 
á tierra el patronato de San Tirso, ya proclamado por algunos y de- 
fendido aún contra el mismo Cabildo metropolitano por el tenaz Cár- 
camo, con tesón digno de mejor causa (83). 

Declinaba con el siglo XVI la vida de Felipe II, y con ella declina- 
ba también el astro radiante de nuestra monarquía. Cuando el gran 
Rey pasó de esta vida lamentáronlo sin duda sus subditos toledanos; 
en el templo primado levantó la ciudad en su honor «vn estraordina- 
rio y superbo túmulo de gran tra9a y costa» (84), que acaso compitió 
con el sevillano inmortalizado por Cervantes, y dedicáronsele solem- 
nes honras funerales. 



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— 35 — 

Otro reinado alboreaba y los toledanos le saludaron alzando pen- 
dones por Felipe III, con la ceremonia y solemnidad de rúbrica. Nu 
tardó el nuevo Rey en dedicar una visita á la antigua corte de sus 
abuelos. Era el 2 de Mar¿o de 1600, y la ciudad se disponía á recibir 
por vez primera á los jóvenes monarcas Felipe y Margarita. Ostentosos 
fueron la entrada y recibimiento, que difirieron poco de los hechos á 
anteriores Reyes. Clero, nobleza y pueblo acudieron á ver á sus so- 
beranos; entraron éstos bajo palio y mostráronse tan complacidos, que 
en Toledo permanecieron más de un mes, ora visitando los templos, 
monasterios y edillcios notables, Ora esparciendo el ánimo en los veci- 
nos cigarrales, ora dedicándose en cercanas dehesas at deporte cine- 
gético (85). 

La primer visita de un monarca abre en Toledo el período histórico 
á que vengo refiriéndome, y la primer visita de otro cierra este mismo 
período; pero entre una y otra |cuán gran diferencial Nuncio aquélla 
de una era venturosa en qae, á favor de la paz, reunió la ciudad todas 
sus energías para seguir figurando dignamente á la cabeza de dos 
mundos. Testimonio y emblema la última del afecto de un Rey bené 
fico hacia un pueblo decadente en que parecía encerrarse, como en 
arca santa, toda la tradición española. La historia política de Toledo 
terminó en el reinado de Fe'ipe 11; en el de Felipe lU quedó muerta y 
sepultada. Huérfana la ciudad del poder civil, acogióse al amparo del 
eclesiástico. Y la Iglesia fué casi gü sostén único; la secular iglesia 
toledana, organismo poderoso, estado dentro del Estado, que, conser- 
vando el esplendor antiguo en aquellos primeros siglos de la edad 
moderna, pudo ser y de hecho fué madre para el desvalido. Mecenas 
para el artista y el sabio, faro y guía para el pueblo todo. 

De ahí la importancia de nuestra historia eclesiástica en su extenso 
desarrollo, sin excluir por tanto la gran centuria XVI.' La iglesia de 
Toledo, en efecto, por su antigüedad casi apostólica, por su rango de 
primada entre ¡as españolas, que otras iglesias trataron en vano de 
arrebatarle (86), por la tradición de sus antiguos concilios, venerados 
como oráculos por los Pontífices, por su glorioso episcopologio hen- 
chido de santos y de sabios y por los preclaros hechos que la ilustran 
en la sucesión de los siglos, superaba en importancia á las demás de 
España y quizá á todas las del orbe católico, que por algo dijo el 
santo Pontífice Pío V que la iglesia de Toledo era la más insigne del 
mundo. Nuestros monarcas habíanla honrado y enaltecido á porfia 
con preferencia á toda otra; su territorio era vastísimo dentro de la 
península, de la que salvaba los límites, alcanzando su jurisdicción 



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— 36 - 
hasta el suelo africano (87); sus riquezas eran inmensas y muy nu- 
merosos sus vasallos (88); sus prelados eran verdaderos principes, y 
como consejeros y auxiliares de ios Reyes, solian ocupar los más 
encumbrados puestos. Tal fué la iglesia toledana y tales sus Arzobis- 
pos al comenzar el período histórico que me ocupa, y asi contiauaron 
siendo durante el siglo de oro de nuestra patria. Agregúese á esto la 
majestad de su maravilloso templo, gala del arte ojival y gran monu- 
mento de las glorias nacionales, el número y excelencia de sus reli- 
quias, la magnificencia de su culto, realzado por una música peculiar 
fannosa en todo el orbe (89), la multitud de sus ministros altos y 
bajos, y la cuantía y valor de sus preseas, que justiñcaban el antiguo 
epíteto de Dives Toletana, y no parecerá inmerecida la aureola que 
envolvía á ía egregia sede de los Eugenios ¿ Ildefonsos, de los Men- 
dozas y Cisneros {90). 

La gran ñgura del austero franciscano llena con su prestigio los 
primeros años de aquella feliz centuria, lo mismo en la gobernación 
de su iglesia que en la del Estado. Ocuparse en la Toledo del si- 
glo XVt y no pronunciar con respeto y entusiasmo el nombre de Cis- 
neros, del novicio de San Juan de los Rej'es y profeso en el Castañar, 
del amigo y consejero de Isabel la Católica, del reformador insigne de 
las órdijnes monásticas, del modelo de prelados, del religioso santo, 
del padre de los pobres, del restaurador del nacional rito mozárabe, 
del inspirador ó ejecutor de taniaaWjras en la catedral toledana, del 
gobernador integérrimo, del conquistador de Oran, del fundador ^de 
la Universidad de Alcalá y del Colegio de San Ildefonso, del editor de 
la Biblia Complutense^ del ínclito Cardenal de Santa Balbina, fuera 
olvidar á la primer figura de nuestra Iglesia en aquel siglo, fuera 
como negar una de nuestras más puras glorias nacionales (91). Pero 
ni sus hechos, de nadie ignorados, ni su inmortal renombre, recabarían 
para sí un ápice más de fama con mayores encomios de mi parte, ni 
cuento para ello con un espacio que ya reclaman otros hombres y 
otros sucesos (92). 

Muerto Cisneros en Roa, dióseIe*or sucesor al que era obispo de 
Cambray, D. Guillermo de Croy; pero sin venir á su sede de Toledo, 
ni aun á España, pasó de esta vida tras breve pontificado (1518-1521). 
De ahí que en orden al tiempo corresponda el primer lugar en este 
período á D. Alonso de Fonseca, elegido en Abril de 1524. 

Realizada su elección, difirió, con todo, el recibimiento solemne 
como Arzobispo de Toledo hasta i." de Abril de 1531; que hasta en- 
tonces siempre había entrado en la ciudad acompañando al Empera- 
dor. Era, en efecto, Fonseca hombre de mundo y cumplido cortesano; 



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— 37 - 
figuró asiduamente en el séquito de Carlos V, y desempeñó, por su 
encargo, misiones de confianza. Como prelado, fué por extremo libe- 
ral y benéfico, mostró religioso celo en el gobierno de la diócesis, la- 
bró ó reparó costosamente la veneranda capilla de la Descensión, en 
la catedral, é hizo ricos presentes á su iglesia, donándola ornamentos, 
vasos sagrados y juros (93). De carácter enérgico y resuelto, arrestóse 
á remover del sitio que ocupaba la capilla de Reyes nuevos, y no cejó 
hasta conseguirlo, no obstante la resistencia de los capellanes, resis- 
tencia tan tenaz que hubiera ¡legado á ocasionar alborotos ó desgra- 
cias sin la intervención del brazo seglar, que terminó aquel negocio 
con el argumento de la fuerza (94). 

Gran varón, gran prelado, gran político, prototipo de nuestros Ar- 
zobispos en el siglo XVI fué ei insigne D. Juan Tavera. Honrado con . 
la confianza y amistad personal del César y de su hijo, presidente del 
Consejo de Castilla y por tres veces en las cortes castellanas. Carde- 
nal, Inquisidor general, consejero de la Emperatriz gobernadora, y 
más adelante sabio gobernadora su vez de estos reinos, justo y pru- 
dente, magnífico y liberal, sagaz y experto en la dirección del Estado 
como en la de su iglesia, dudaríase cuál de ambas entidades le debió 
más servicios; que en aquellos reinados gloriosos, cuando tan fecun- 
da en hombres grandes se mostró España, pocas figuras hubo que 
superasen á su figura. De su amor á su iglesia y á Toledo los testimo- 



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lo permitían, sus repetidas visitas arterritorio diocesano, la reunión 
del sínodo en Abril de 1536, la formación de constituciones para el 
buen gobierno de aquella iglesia y de un minucioso Ceremonial para 
el régimen interior de la misma (95 )- De su caridad es testigo el í^os- 
pital de San Juan Bautista, fundación casi regia que bastaría para 
hacer eterna su memoria. En ñn, de su gusto por las artes puede ates- 
tiguar la catedral, que le debe sus más espléndidas obras, gala del re- 
nacimiento español. Asi, no es maravilla que adivinaran sus subditos 
lo que Tavera haria, por lo que había hecho al ser ensalzado, siendo 
ya Cardenal, y con singulares circ^tetancias, por cierto (96), al arzo- 
bispado de Toledo; que se recibiera y celebrara su elección en la ciu- 
dad, según un historiador de aquel siglo, con mucho mayor aplauso y 
regocijo de lo acostumbrado en semejantes casos (97), y que al morir 
en Valladolid, en l." de Agosto de 154S, le acompañase el profundo 
sentimiento de la grey á él confiada. 

Ilustre Arzobispo también, aunque de harto diferentes dotes que 
Tavera, fué D. Juan Martínez Guijeño {98), que le sucedió; célebre en 
nuestra historia eclesiástica bajo el nombre latinizado de Silíceo. 



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Maestro y confesor del príncipe D. Felipe, esto labró su fortuna, pues 
la gratitud de su regio discípulo elevóle á la silla de Cartagena y de 
allí á la de Toledo. Fué hombre de muchas letras, piadoso y carita- 
tivo, integro defensor de los derechos de su iglesia; pero unió á estas 
cualidades un temperamento vehemente y cierto genio acre y adusto 
que deslucieron á las veces sus relevantes condiciones. Con patriótico 
desprendimiento sirvió al Emperador cada año con 40.000 ducados 
para sus empresas, y aun llegó á asistirle con 80.000 más adelan- 
te (99)- Su caridad extraordinaria valióle en vida el califícativo de 
padre de pobres. Sus fundaciones en Toledo declaran ante la posteri- 
dad su largueza é ilustración por todos reconocidas; así el Cftiegio de 
niños ó Infantes, en que al par que se tes educa literaria y moralmente, 
instruyeseles en la música sagrada; asi también el importante Colegio 
de Nuestra Señora de los Remedios, vulgar y erróneamente dicho de 
Doncellas nobles, instituto dotado con esplendidez, hoy, como hace 
tres siglos, plantel de cristianas madres de familia; así, en ñn, el mo- 
nasterio de Recogidas, que fundó y dotó en Santa María la Blanca, 
obra, por su tendenciay fines, délas más caritativas é insignes. Espíritu 
recto, corrigió con mano dura inveterados abusos en su diócesis y en la 
misma catedral. Digna de aplauso fué asimismo su entereza al recla- 
mar para su iglesia la restitución del adelantamiento de Cazorla, re- 
tenido sin razón por el Comendador mayor D. Francisco de los Cottos. 
SiJiceo protestó enérgicamente de aquel hecho; ante la Rota y ante el 
Papa sostuvo la causa de la iglesra de Toledo, y nunca cejó en su 
empeño en este punto, bien que no llegara á ver el término del nego- 
cio (100). No son tan unánimes los juicios cuanto al célebre Estatuto 
de limpieza con que reformó en mucha parte Silíceo las ordenanzas 
por que se regía la iglesia toledana; preclaro timbre de gloria del Ar- 
zobispo, según unos, reprobable obra de intolerancia y fanatismo, se- 
gún otros. Algo análogo pudiera decirse de su decidida animadver- 
sión á la naciente Compañía de Jesús, que compartió con otros gran- 
des personajes de aquel siglo; preocupación notable en el prelado que, 
á impulso de su devoción y á faltade heredados blasones, adoptó el 
nombre cifrado de Jesús como empresa de su escudo. 

Ambicionaba Silíceo el capelo, que al fin obtuvo del Papa Paulo IV, 
y del que sólo pudo disfrutar pocos meses. Era D. Juan el primer 
prelado toledano que iba á recibirle en nuestra iglesia mayor, con lo 
que los devotos del nuevo Cardenal hallaron ocasión propicia para 
convertir la llegada é imposición de! capelo en motivo de fiestas 
y solemnidades profanas que agregar á la severa ceremonia reli- 
giosa (10 i). 



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— 39 — 

A las postrimerías del pontificado de Silíceo correspondió un suceso 
que, por lo insólito, puso gran espanto en la ciudad de los concilios. 
Forzado por las necesidades del Tesoro, en 1555 había pedido el mo- 
narca cierto subsidio al clero, que el clero le negó en una asamblea 
reunida en Valladolid, y después particularmente en algunas diócesis 
y entre ellas la toledana. Parapetados los eclesiásticos con un breve 
de Paulo IV, en que se les dispensaba del impuesto, ínsistian en no 
satisfacerle; pero el poder civil despachó á obispados y ciudades jue- 
ces que embargaran rentas y cobraran sumas del peculio de la Igle- 
sia. Entre aquellas en que más alteración y efervescencia se siguieron, 
filé una la de Toledo. Instruido proceso en 1 5 S6 por un juez apostó- 
lico, no entendió sino proclamar en la iglesia la cesación a divtnis, 
que anunciaron gravemente las campanas de la ciudad. Toda vida 
religiosa quedó interrumpida en la Roma española. Cerróse el templo, 
no se enterraba en sagrado ni se administraban más sacramentos que 
el primero á los niños y los últimos á los moribundos. Desconsolada 
estaba Toledo durante aquel excepcional periodo, que por fortuna no 
se prolongó mucho tiempo. En fin, de orden del Rey presentóse en la 
ciudad el ilustre Domingo de Soto con encalco de poner término á 
aquel estado de cosas, y avenido al cabo con el Arzobispo y su 
Cabildo, alzóse la cesación, con justiñcada alegría por parte de to- 
dos (102). 

Murió el Cardenal en 31 de Mayo de iSS7, y designóse por gober- 
nador del arzobispado al licenciado Briviesca de Muñaíones, que en- 
tendió en la cobranza de frutos en sede vacante, negocio en que, y 
en e! de provisión de diversos oficios, no marchó en la mejor armo- 
nía con el Cabildo. Presto vino de Flandes, donde Felipe II estaba, el 
nombramiento de nuevo Arzobispo, y el designado no fué sino fray 
Bartolomé Carranza de Miranda, ya de fama bien notoria, y cuyas 
ruidosas vicisitudes más notoria habían aún de hacerla tiempo ade- 
lante. 

Ninguna elección pudo parecer mejor para nuestra iglesia veneran- 
da. Varón virtuoso y pío Fr. Bartolomé, observante religioso, sabio 
teólogo y canonista, predicador elocuente, compañero de viajes de 
Carlos V, honrado por Felipe II con su intima confianza, lumbrera 
del concilio de Trento, martillo de herejes en Inglaterra, Flandes y 
España, recibióse en Toledo la noticia con el favor que era razón, da- 
dos los méritos de la persona y los augurios de un pacífico y feliz 
pontificado. Tomó posesión Carranza por apoderados en 5 de Marzo 
de 1558; acto que fué tmuy solenne de campanas, órganos, música 
y de otras muchas maneras* (103)- Transcurridos siete meses, desde 



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— 40 — 
Yuste, donde había asistido en sus últimos momentos al Emperador 
Carlos V, partió el Arzobispo para ia capital de su diócesis, que le 
dispensó un recibimiento extraordinario. El Cabildo, el Ayuntamien- 
to, la nobleza y el pueblo salieron á esperar á su pastor casi á media 
legua de la ciudad, y era de ver el «increyble contento público, santo 
y venerable regocijo» con que, según Salazar de Mendoza, se festejó 
un suceso en que se fundaban esperanzas tan legitimas. 

Por su parte, el celebrado dominico no dejó desvanecer aquellas 
esperanzas, y durante su breve permanencia en la ciudad pareció á 
todos por su apostólico celo prototipo y modelo de prelados. En aque- 
llos seis meses comprendidos entre el 13 de Octubre de 1558 y el 25 
de Abril de iSS9 (i04)> Toledo le vio visitar iglesias y monasteriosi 
predicar asiduamente, administrar á menudo la confirmación y el or- 
den, asistir como un simple canónigo á los oficios de la catedral, con- 
solar á los enfermos en los hospitales y en su prisión á los encarcela- 
dos, socorrer necesidades con largueza y derramar beneficios por do- 
quiera (ios). Pero no contento con esto. Carranza acometió excelentes 
reformas administrativas, castigó los excesos de los clérigos, sentó la 
mano en arraigados abusos procurando su reformación y defendió con 
harto brío la inmunidad eclesiástica en cierta ocasión en que la consi- 
deró atacada. 

Hasta ahí llegó su gestión en Toledo. El pueblo viole partir á la 
visita pastoral y nunca más le vio volver, aunque se prolongó su vida 
por diez y siete años. jQué había ocurrido al Arzobispo? ¿Podía ser 
cierta su prisión en Torrelaguna? Ya confirmada por modo indudable 
¿hubo fundadas razones para que el Santo Oficio, con anuencia del 
Papa y del Rey, apresara en su propio territorio á un Arzobispo de 
Toledo, y Arzobispo como Carranza, acusado de herejía? 

No entra en mi propósito escribir una biografía de aquel desgracia- 
do personaje ni un estudio más de su grave negocio, que con ser tri- 
llado argumento, sigue y probablemente seguirá preñado de misterios 
hasta la consumación de los siglos (106). Tócame tan sólo relatar á 
grandes rasgos nuestra historia eclesiástica local durante aquellos 
mortales diez y siete años en que se -sustanciaba la causa en España 
y en Roma. 

Acababan de celebrarse las vísperas en la catedral el 23 de Agosto 
cuando se supo la prisión del Ai-zobispo, ocurrida el día antes. La 
nueva difundióse por la ciudad rápidamente; el asombro y la ansie- 
dad eran generales; oíanse por doquiera las más diversas conjeturas. 
El Cabildo se reunió el siguiente día é hizo unánime demostración de 
su sentimiento; cauto y prudente, empero, suspendió todo juicio y toda 



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— 41 — 
acción aventurada, aunque sin ocultar el amor y reverencia que le 
merecía su prelado. Nomb.óse, pues, á dos canónigos que asistieran ' 
al Arzobispo y entendieran en su negocio en Valladoiid {107), donde 
habia sido conducido y determináronse procesiones y rogativas muy 
solemnes para impetrar del cíelo la feliz terminación del lamentable 
suceso. En ausencia de Carranza, nombró gobernador el Consejo del 
arzobispado al mismo Briviesca de Muñatores, que ya anteriormente 
lo fuera; pero al poco tiempo Felipe II, autorizado por el Papa Pío IV, 
removió á Briviesca, designando para aquel cargo á D. Gómez Tello 
Girón, oidor de la Chancillería de Granada. En la vida religiosa de la 
ciudad debe señalarse el jubileo plenísimo por entonces publicado para 
impetrar del cielo la exa'tación de la Iglesia, confusión de los herejes 
y buen suceso y fin del concilio de Trento, Hubo con tal motivo en 
Toledo insignes manifestaciones de la religiosidad de sus habitantes; 
pero fué solemne entre todas la gran procesión del 25 de Marzo de 1 561 , 
á que dio notable realce la presencia de Felipe II con todos los gran- 
des y cortesanos, ante el ingente concurso que atraje á la ciudad lo 
extraordinario de aquella gracia. Entretanto, el Cabildo y su deán 
D, Diego de Castilla instaban sin éxito al Rey y al Cardenal Alejan- 
drino, llegado á Toledo, por el pronto despacho del asunto de Carran- 
za; y cuando en Diciembre de 1566 fué éste trasladado á Roma, 
acudió reverente el Cabildo á Pío V, harto prevenido, por cierto, á 
favor de la inocencia del procesado, encareciéndole la rápida y feliz 
conclusión de la causa; celebró más rogativas y nombró nuevos co- 
misarios que en la ciudad eterna asistieran al desdichado Arzobispo. 
La conducta que durante la larga tramitación siguió la iglesia de To- 
ledo para con su combatido pastor es, sin duda, un timbre bien hon- 
roso en su historia. Fiel adicta á su persona, nunca le abandonó en la 
desgracia; al ocurrir su muerte en 2 de 'Mayo de 1576, ni le dedicó 
exequias ni colocó su retrato junto á los de sus antecesores, por mos 
trar su respeto á la alta autoridad pontificia, que ante sí avocara la 
causa; y tan sólo ascendido al solio toledano el sucesor de Carranza, 
celebráronse por éste solemnes funerales y agregóse su efigie á la di- • 
latada serie de la sala capitular (108). 

El gobierno de Tello Girón, no bien acogido en un principio, dejó 
en el arzobispado de Toledo grato y apacible recuerdo. Hombre dis- 
creto, modesto y deseoso de acertar, rigió D. Gómez diestramente la 
iglesia á él confiada; de su bizarría y largueza dio relevantes pruebas 
en tas solemnidades y llegada de San Eugenio, suceso en que repre- 
sentó uno de los papeles principales, según arriba se dijo, y su inte- 
rés por el bien espiritual de la diócesis demuéstralo el sínodo que 



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— 42 - 
reunió en 1566, una vez terminado el concilio provincial de iS^S- 

Fortuna fué de la iglesia toledana, privada por tanto tiempo de su 
pastor, ser regida por ceiosos gobernadores eclesiásticos. Muerto en 
Olías en 13 de Julio de 1569 el prudente yejemplar Tello Girón, en20 
de Agosto nombró Felipe 11 para sustituirle al licenciado Juan Zapa- 
ta de Cárdenas, oidor del Consejo supremo de Castilla y al licenciado 
Sancho Busto de. Villegas, de la general Inquisición. Confirmó San 
Pío V el nombramiento de este último, llegó el breve á Toledo, y Bus- 
to de Villegas comenzó á gobernar con tanta discreción como fírmeza. 
Gran jurista, aquel espíritu firme y recto fué la nota característica de 
su gobierno. ¿Cómo olvidar su carta famosa á Felipe II, á quien de- 
bía su posición y dignidad, escrito tan bien fundado como enérgico, 
en que con intrépida resolución defendió los derechos de la Iglesia, 
amenazados en sus vasallos y jurisdicción por el monarca? Felipe 11 
no incurría en lo arbitrario, pertrechado como estaba con un breve 
pontificio; pero Busto cumplió con su deber hablando al Rey el len- 
guaje de la verdjd y alejando acaso con su resistencia ia era de cier- 
tas grandes iniquidades (109). Y obsérvese esta doble circunstancia: 
D. Felipe ensalza á Busto al gobierno del arzobispado de Toledo y 
Busto frustra al Rey sus proyectos en cosa que considera injusta. 
Muere Carranza al poco tiempo, y declarada la sede vacante, castiga 
el Rey la entereza del ex gobernador eclesiástico, á quien puede de- 
jar volver á la oscuridad, primero con una canonjía y luego con una 
mitra. ¡Hermosos y bien forjados caracteres en quien el asiento de 
ciertas virtudes cardinales no excluía la presencia de las otras virtudes 
sus hermanas! 

D. Gaspar de Quiroga fué sucesor de Carranza en la silla de To- - 
ledo: hombre dotado de no vulgar prudencia y talento, digno conti- 
nuador de la serie de grandis prelados toledanos. Harto bien quisto 
de Felipe H y de la Santa Sida, reuniéronse en él los más eminentes 
cargos: Inquisidor general, Presidente del Consejo de Italia y Carde- 
nal, dignidad esta última por cuya concesión hubo en Toledo gene- 
ral contento y fiestas populares. Pero estos mismos puestos con sus 
obligadas ocupaciones impodíanle la continua residencia, alejándole 
por largas temporadas de' la capital de su diócesis. Con todo, mani- 
festóse siempre su solicitud de verdadero pastor por ella, y el nombre 
de Quiroga, sí no entre los más brillantes, irá siempre incluido en el 
número de los mejores Arzobispos de Toledo. 

El principal timbre de su pontificado fué la celebración del conci- 
lio provincial de 1582, de que se tratará adelante. Grande fué su so- 
licitud para cumplir las prescripciones del Tridentino, y así viósele 



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- 43 - 
activar la erección en su diócesis de un seminario de clérigos y ocu- 
parse personalmente en la priparación del concilio, qu3 logró llevar 
á feliz término, con notable aprovechamiento de la moral y la disci- 
plina en su provincia eclesiástica. Fundaciones suyas en Toledo fue- 
ron un colegio, que dotó, para enseñanza de las primeras letras á los 
niños, regido por religiosos de la Compañía de Jesús, y otro agrega- 
do al monasterio de San Torcuato, para mujeres honradas y pobres 
de cualquier estado, que en él quisieran recogerse. Así atestiguaba su 
amor á la virtud y á las letras, que premió siempre con largueza de 
verdadero príncipe. Estimulado por los éxitos antes obtenidos con la 
restitución á nuestra iglesia de las reliquias de los Santos Eugenio y 
Leocadia, propúsose enriquecerla también con el cuerpo del gran San 
Ildefonso, en Zamora reverenciado desde la invasión de España por 
los árabes. Para ello logró que Clemente VIII, en Mayo de I S94, diri 
giera un breve al obispo de Zamora ordenándole la devolución de los 
sagrados restos á Toledo; pero la resistencia de los zamoranos y la 
muerte de Quiroga, ocurrida á los pocos meses, frustraron sus propó- * 
sitos y los deseos de la iglesia primada (lio). 

Como sombra pasajera fué el gobierno de! archiduque y Cardenal 
Alberto, sucesor de Quiroga. Su imperial rango, sus nobles prendas 
de carácter y excelentes dotes de gobierno justificaban se acogiese su 
elección en Toledo, según el historiador Castejón, con increíble ale- 
gría. Llegaron las bulas, y el archiduque posesionóse de la diócesis, 
pero no llegó á visitarla; gobernador de Portugal entonces, nombróle 
el Rey, su tío, gobernador de Flandes, y partió á aquellas provincias, 
que rigió con acierto. Cuando altas razones de Estado determinaron 
su matrimonio con D." Isabel Clara Eugenia, la renuncia que hizo 
Alberto de su dignidad arzobispal dejó nuevamente huérfana la iglesia 
toledana (iii). 

Por aquellos años acreditaba ésta de nuevo el patriótico celo que 
generalmente la animara. En 1596 saquearon á Cádiz los ingleses, 
causando en la ciudad y su iglesia muchos daños; las catedrales de 
Castilla acudieron con gran largueza al reparo de la gaditana y — dice 
Cabrera de Córdoba — tía Santísima de Toledo le dio mucho y ofreció 
de igualar á todo lo que las demás le habían dado> (l 12). 

Rapidísimo también fué el paso por la sede primada del sabio don 
García de Loaysa, hijo de la región toledana, como nacido en la noble 
Talavera. Maestro de Felipe III, consumado canonista, por su sangre, 
virtud y ciencia esclarecido, ni sorprende que acogiera Toledo su 
nombramiento con gran júbilo, como Porreño y Castejón declaran, ni 
que causase gran duelo su fallecimiento prematuro. Seis meses tan 



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sólo disfrutó Loaysa de su dignidad; altos y ocultos juicios velaron 
al nacer un crepúsculo ornado con las más brillantes promesas (II3)- 
Sucedió á Loaysa D. Bernardo de Sandoval y Rojas, que comenzó 
á gobernar en Junio de iS99; prelado espléndido, fastuoso yprotector 
de las artes, de quien nuestra catedral tiene perenne recuerdo por las 
costosas obras arquitectónicas que debió á su iniciativa. Pero el pon- 
tificado de Sandovat escapa casi por completo del período en que 
ahora me ocupo y es, por tanto, ajeno á mi propósito (114). 

Incompleto quedarla el cuadro que tie pretendido bosquejar de 
nuestra historia eclesiástica en el siglo XVI si de él excluyera ciertos 
hechos é instituciones de los que siempre realzan ó singularizan el 
carácter de una ciudad ó de una sociedad en determinado momento 
de su existencia. El conocimiento de la vida interna de Toledo en el 
siglo de oro de la monarquía reclama, pues, mención especial de sus 
concilios, de sus estatutos de limpieza, del desarrollo de las funda- 
ciones religioso-seglares y de tas manifestaciones de la heteredoxia 
reprimidas por el Santo Oficio. 

La llamada antonomásticamente ciudad de los concilios debía 
continuar en aquel siglo las tradiciones gloriosas de su iglesia, madre 
de una disciplina purísima, luz y guía de la Iglesia española y aun 
ejemplo de la universal. De los concilios provinciales que en Toledo 
se reunieron desde la reconquista tiasta fines del siglo XVI, corres- 
ponden los más importantes al reinado de Felipe II. Era terminado el 
concilio de Trento, y para cumplir sus disposiciones iba á celebrarse 
en España una serie de concilios provinciales. El Rey, con su acos- 
tumbrado celo religioso, activaba la celebración, que con todo se dife- 
ría más de lo que cuadraba á sus deseos. Caso singular, la mayor 
dificultad radicaba en el Cabildo de Toledo. Con resistencia pasiva 
contradijo en un principio la reunión del proyectado concilio provin- 
cial; después, en un papel dirigido al monarca, afirmó aquella resis- 
tencia, fundando su actitud en la reclusión del Arzobispo Carranza y 
en la falta de autoridad que sin el prelado tendría la asamblea; no 
contento aún, envió al soberano una comisión de su seno para con- 
vencerle de la inoportunidad del proyecto. Sordo D. Felipe á estas 
representaciones, necesaria fué toda su autoridad y energía para redu- 
cir al Cabildo; pero al cabo le redujo, y el concilio se celebró en 1S65. 
Convocados los sufragáneos del arzobispado por el comprovincial 
más antiguo, que era el obispo de Córdoba, acudieron puntualmente 
los de Sigüenza, Falencia, Cuenca, Segovía, Jaén y Osma. Congre- 
> gación insigne fué aquélla por los prelados que en sus tareas intervi- 



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— 45 - 
nieron. D. Cristóbal de Rojas y Sandova!, obispo cordubense y futuro 
Arzobispo de Sevilla, á quien correspondió la presidencia; el con- 
quense Fr, Bernardo de Fresneda, confesor del monarca; el célebre 
Honorato Juan, del príncipe D. Carlos y á la sazón obiSj;o de Osma, 
el seguntino D. Pedro de la Gasea, muy justamente celebrado en nues- 
tra historia civil como pacificador del Perú, y sobre todos el clarísimo 
toledano D. Diego d» Covarrubias, obispo de Segovia, alma de este 
Concilio: nombres ilustres todos en nuestra Iglesia, sólida garantía de 
feliz éxito para la venerable asamblea. 

Como en las otras, en la archidiócesis toledana eran muchas las 
materias dignas de reforma; que no en vano el concilio de Trento ha- 
bía clamado contra la general relajación de ¡a moral y la disciplina. 
Los padres reunidos en Toledo dieron el ejemplo cortando los abusos 
de arriba y definiendo los deberes de los prelados cuanto á la resi- 
dencia personal, visita pastoral, modestia y piedad que debían res- 
plandecer en su vida, celebración de sínodos y otras cosas no menos 
importantes. Cerca del régimen de las iglesias y la prohibición en 
ellas de ciertas prácticas que las circunstancias de los tiempos habían 
tomado perjudiciales, diéronse prudentes decretos. Objeto de especial 
atención fué la reforma de las costumbres de los eclesiásticos; señalá- 
ronse sus abusos y malas prácticas, dióseles sabios avisos y reglas ds 
conducta y marcáronse sus deberes, así á los párrocos como á los 
prebendados. Sobre la instrucción debida al pueblo cristiano, sobre 
rentas eclesiásticas, archivos, música religiosa, conservación y restau- 
ración de templos y otras no pocas materias se dictaron leyes tan 
convenientes que hacen del concilio que me ocupa uno de los cuerpos 
legales más importantes dentro de la Iglesia española (iis). 

Complemento de este concilio provincial fué el diocesano que en el 
siguiente ano celebró Tello Girón (ri6}. El Cardenal Quiroga reunió 
otro en 1580, publicando después sus constituciones, que sustituyeron 
á las del gobernador Tello. Lo más señalado de él se refiere á los mo- 
riscos, que por su reciente considerable inmigración al reino de Tole- 
do representaban aquí un peligro. Prevínose entre otras cosas que se 
formara en las parroquias un censo ó matrícula especial para ellos, y 
se les vedó .el uso de la lengua arábiga, constante recuerdo de sus 
antiguas creencias. 

Más notable acaso que el de 1565, no sólo por su doctrina, sino por 
los desapacibles incidentes que se le siguieron, fué el concilio provin- 
cial convocado por el mismo Quiroga é inaugurado en 8 de Septiem- 
bre de 1582. Veíase allí á los obispos de Falencia, Córdoba, Jaén, 
Cuenca, Osma, SigQenza y Segovia, al abad de Valladolid y á los 



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-46- 
procuradores de las iglesias. Entre los consultoresyprocuradores con- 
táronse sabios teólogos y canonistas, tales como Loaysa, futuro Arzo- 
bispo, y el gran Arias Montano. Fué secretario D. Juan Bautista Pé- 
rez, luz de nuestra historia eclesiá-tica. Con tales elementos pudo bien 
creerse que en aquel concilio reverdecían los tan gloriosos de los si 
glos VI y VII. Felipe II, nuevo Recaredo en el celo por la fe, dirigió 
una piadosa carta á los padres, en que, tras ponderar la utilidad y 
conveniencia de la asamblea, dábales á entender que, comarepresen- 
tante y embajador suyo, concurriría también D. Gómez Dávila, mar- 
qués de Velada. Asistió eh^arqués, en efecto, y en la primera sesión 
pronunció un discreto discurso haciendo presente la representación 
que ostentaba, tras lo cual, en sesiones sucesivas, pasó á ocuparse 
el concilio en las materias eclesiásticas que habían provocado su re- 
unión. Variadas eran estas materias y muy numerosos los decretos 
con tal motivo establecidos; entre ellos los hay relativos á la jerarquía 
eclesiástica, beneficios, ejercicio de la jurisdicción, residencia, monas- 
terios y moriscos. El concilio se dilató hasta el 12 de Marzo del si- 
guiente año 1583, en que terminaron sus tareas. Felipe II apresuróse 
á aprobar ios decretos, pero enviados á Roma, Gregorio XIII puso re- 
paros, no queriendo admitir que se denominara Maneta Synodus ni que 
apareciera como asistente el legado regio. Por otra parte, los Cabildos 
. .oponíanse á la ejecución del concilio y recurrian contra él al Papa. 
Mediaron ruidosas contestaciones y réplicas, pero al cabo aquietá- 
ronse los Cabildos, y aunque con viva resistencia por parte del Pon- 
tífice, el concilio quedó aprobado (117). 

La promulgación de los tan discutidos estatutos de limpieza es 
sin duda,al par que hecho muy señalado de nuestra historia eclesiás- 
tica, fuente de conocimiento de aquella sociedad y de su estado de 
ánimo. En Toledo abrió la marcha la capilla de Reyes nuevos de 
la iglesia primada. Por los años de 1530 era capellán mayor D. Pedro 
Manrique, obispo de Ciudad Rodrigo, y teniente de capellán D. Diego 
de Herrera, qüfen alo que se entiende gozaba en la congi-egación de 
personal influencia. El celo religioso, tan vivo en aquella época, y la 
añeja animadversión del fiel pueblo toledano á cuanto trascendía á 
judaismo, estimulaban al D. Diego á convertir la capilla en coto ce- 
rrado á la pravedad hebraica. Medio siglo antes un capellán de Reyes 
había sido relajado y quemado por judaizante, caso bochornoso para 
la insigne capilla y que la había enajenado del todo la devoción del 
pueblo. Tratábase de borrar esta fea nota, y en 16 de Octubre de i S 30, 
ausente el capellán mayor, celebróse un acto capitular promulgándose 



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— 47 — 
un estrecho estatuto de limpieza de sangre. En él se establecía, por 
razones de conveniencia y con aparato de sagrados textos, que á nin 
guna persona de linaje de judíos ó moros agraciada con capellanía de 
Reyes se admitiera ni diera posesión de allí adelante, y en caso de ser 
admitida indebidamente, se la expulsara sin dilación, aunque para 
ello hubiera de acudirse á apelar del capellán mayor ante el mo- 
narca. 

No faltó oposición al estatuto. De veintiún capellanes presentes, 
seis contradtjéronle con argumentos de peso y con su voto; pero el 
estatuto triunfó por mayoría; la Emperatriz Isabel le aprobó y le con- 
firmó el Papa Clemente VII. Como, según el vulgar adagio, «hecha la 
ley, hecha la trampa», la nueva ordenanza no pudo impedir que en 
los siguientes años se introdujesen en el seno de la capilla sujetos 
procedentes de sospechosa cepa, provistos de informaciones falsas; 
pero se atajó el daño^cordándose en 26 de Julio de 1547 que la pro- 
banza de limpieza que aportaba el candidato se sustituyera por un 
expediente en forma, instruido á costa de aquél por los capella- 
nes (118). 

Vigente el estatuto en la Real capilla toledana, no escasos ele- 
mentos del Cabildo considerábanse poco honrados al carecer de un 
análogo solemne testimonio de su limpia procedencia. La idea de ins- 
tituirlo no era nueva; ya los Arzobispos Fonseca y Tavera lo intenta- 
ron, pero tuvieron que desistir ante las graves dificultades que para 
ello se ofrecían. Sólo Martínez Silíceo llevó adelante el proyecto que, 
convertido en realidad, fué desde aquel punto y por bastantes años 
fuente de disgustos y aun piedra de escándalo dentro de la vida so- 
cial toledana. 

El Papa Paulo III había concedido una canonjía en la iglesia pri- 
mada á cierto doctor Hernán Ximénez, hijo de reconciliado y conde- 
nado por la Inquisición. La gracia pontificia cayó mal entre el mayor 
numero. Hombre el Arzobispo que tenía sobre el particular convic- 
ciones muy firmes y dispuestos á secundarle muchos capitulares, di- 
rigiéronse uno y otros al Papa para que no permitiese que el agracia- 
do Ximénez llegara á ser efectivo canónigo, petición á que Su Santi- 
dad contestó favorablemente. PerOj no contentos con esto, resolviéron- 
se á establecer de una vez para siempre el crisol donde castas y pro- 
genies habían de depurarse. 

Silíceo preparó diestramente el terreno y en la junta ó cabildo cele- 
brado en 23 de Julio de l S47, ante el deán y los prebendados declaró 
su voluntad de ordenar un estatuto calcado en el de la capilla de 
Reyes. Según él, pues, todos los clerizones, capellanes, beneficiados. 



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— 48 — 
racioneros, canónigos y dignidades de la iglesia de Toledo debían ser 
en adelante cristianos viejos, ya fuesen nobles é hijosdalgo, ya letra- 
dos graduados en famosa Universidad, con exclusión absoluta de los 
descendientes de judíos, moros y herejes. Tan severa ordenanza se 
conformaba mal con ciertos documentos pontificios y repugnaba al 
carácter y á la conciencia de algunos canónigos, que entendían la ca- 
ridad cristiana de muy diverso modo que el Arzobispo y sus allega- 
dos. No es, pues, extraño que en la misma junta estallase la discor- 
dia, precursora de odios, pleitos y escándalos. Levantóse á combatir 
el estatuto el deán D, Diego de Castilla, y expuestas sus razones 
adhiríéronsele siete de los canónigos presentes, entre los que se con- 
taban personas tan eminentes por su saber como el insigne Juan de 
Vergara y tan calificadas como el maestrescuela D. Bemardino de 
Alcaraz y el capiscol D. Bemardino Zapata. Pero los más eran adver- 
sarios de la sangre hebrea y defensores del propuesto estatuto, y en 
este bando formaban sujetos tan influyentes como D. Diego López de 
Ayala, el vicario D. Blas Ortiz, el tesorero D. García Manrique de 
Lara y los canónigos Mariana, Abalos y Ribadeneira. Triunfó, pues. 
Silíceo y triunfó la nueva ley, hecha, según se consigna en su texto, 
*de consejo, acuerdo y parecer de la mayor y más sana parte del Ca- 
bildo». Pero promulgado que fué el estatuto, levantóse contra él ma- 
yor borrasca por dos ilustres eclesiásticos ausentes, que ciertamente 
nada tenían que temer á consecuencia del edicto arzobispal. Fueron 
éstos los arcedianos D. Pedro y D. Alvaro de Mendoza, hijos del du- 
que del Infantado, que al conocer el acuerdo protestaron de él por es- 
crito, sosteniendo cuanto á la unidad de cristianos viejos y nuevos 
una doctrina radicalmente opuesta á la del Arzobispo. Entre los de un 
bando y de otro sucedíanse altercaciones y réplicas. El Ayuntamiento 
de Toledo colocóse al lado de Silíceo. Los jurados escribían al Em- 
perador pidiéndole interviniera para calmar los excitados ánimos. En 
el Cabildo llegóse hasta á venir á las manos; dentro de la iglesia hubo 
cuestiones y alborotos, fuera pesquisas, informaciones y procesos. Y 
la discordia se cernía sobre Toledo, bien que á decir verdad, y aun- 
que otra cosa se haya escrito, entre los ciudadanos dominaba el sen- 
tir favorable al tan discutido ordenamiento. La avenoncia no era posi- 
ble. Los arcedianos apelaban al Consejo real, al Sacro Colegio y al 
Pontífice; el Arzobispo y la mayoría del Cabildo acudían también á 
entrambas potestades, y mientras hacían viajar al canónigo D. Die- 
go de Guzmán para recabar la aprobación del príncipe D, Felipe, que 
estaba en Monzón, del Emperador, que se hallaba en Alemania, y del 
Papa Paulo III, dirigían extensa relación al Consejo exponiendo am- 



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— 49 - 
pliamente los motivos que les indujeron á hacer el estatuto y refutan- 
do las razones que sus contradictores alegaban {119). Son de reparar 
en todo este negocio el tacto y discreción de que dieron pruebas el 
Emperador Carlos V y su sucesor inmediato, que, príncipe todavía y 
gobernador del Reino, bien justificó entonces el calificativo de Pru- 
dente que habia de otorgarle la Historia. Aprietan á D. Felipe el Ca- 
bildo y su comisionado, pero lejos de dispensar desde luego su gracia 
al estatuto, como se ha escrito, pregunta á prelado y Cabildo las ra- 
zones que á dictarle les movieron; da largas al asunto y prohibe por 
una su cédula que se hable más del tal estatuto. Acuden Cabildo y 
Ayuntamiento al Emperador encareciéndole también la necesidad de 
una resolución favorable, y Carlos V, en medio de los graves cuida- 
dos que por aquel entonces le cercan, enderézales desde Augsburgo 
sendas cédulas (1 1 de Febrero de 1548), en que, si les alaba la inten 
ción, nada decida por el momento, y «por ser este negocio de la qua- 
lidad é importancia que esi, lo remite al Consejo, asegurando tan 
sólo que en lo que fuere justo y hubiere lugar siempre favorecerá á 
la iglesia toledana, de la que se declara gran devoto. En Junio de 1548 
volvió de Roma el canónigo Guzmán con la anhelada bula de 
Paulo III (su fecha en 28 de Mayo), confirmando el estatuto en todas 
sus partes. Sus p'atrocinadores enviaron al príncipe, que estaba en 
Valladolid, dos letrados eclesiásticos que recabaran su aprobación; á 
la vez los contradictores diputaron también dos canónigos con la 
misión contraria. Pero expuestas sus respectivas razones ante don 
Felipe y el Consejo, no debieron de parecer muy concluyentes, pues 
á pesar de las letras pontificias volviéronse unos y otros á Toledo 
con las manos vacías. Todavía en 4 de Septiembre del mismo año 
mandaba el principe á los del Cabildo, no obstante el camino andado 
por el estatuto, que se cumpliesen en todo sus cédulas anteriores 
sobre el no ocuparse para nada en la tal ordenanza, dejando la 
solución á la voluntad del Emperador, su padre. En fin, Carlos V, es- 
timulado por Silíceo, por la aprobación pontificia y por la opinión más 
generalizada, favorable al estatuto de'limpieza, le aprobó igualmente, 
aunque en forma tan tibia como fué escribir á los del Consejo que «no 
se entrometiesen en e! negocio del dicho estatuto y dexasen hacer al 
Arzobispo en su iglesia lo que su sanctidad mandava». 

No pararon ahí los incidentes ocasionados por el discutido decreto. 
Mientras ya en el Cabildo se recibían canónigos y capellanes median- 
te las necesarias informaciones de limpieza, el deán y sus amigos in- 
sistían en su oposición y maquinaban en Roma en contra del estatu- ■ 
to. De ía ciudad eterna venían nuevas letras en que se mandaba, so 



tizcdbyGoOi^Ie 



— 50 - 
graves penas, su observancia, y se imponía perpetuo silencio á sus 
contradictores. Estos, empero, se reunían y agitaban en Toledo, sor- 
dos á los preceptos arzobispales y pontificios; en contra aparecían es- 
critos y libelos; en fin, por orden de Siliceo fueron presos y encerra- 
dos en la torre, y después en el claustro alto de la catedral (l." de 
Agosto de IS49), el capiscol, el capellán mayor y el doctor Herrera, 
canónigo, por emitir en público opiniones adversas, y ante el Consejo 
del arzobispado se les siguieron muy estrechos procesos. Ni con esto 
cejaron los contradictores en sus propósitos. AI Arzobispo Siliceo 
abordaron en su lecho de muerte, y á Pontífices y monarcas apreta- 
ron reciamente porque se revocase y anulase el estatuto toledano. 
Todo fué inútil. E! estatuto prevaleció, con sus ventajas ó sus incon- 
venientes, y sólo la continuidad de los años y la fuerza de la costum- 
bre apagaron los ecos del peligroso debate, que pareció en ocasiones 
degenerar en cisma (120). 

Mientras en estas intestinas contiendas gastaba hartas energías el 
clero secular, el regular acrecía en Toledo su importancia, agregando 
nuevas fundaciones monásticas á las ya existentes de antiguo. El en- 
fisrvoriz amiento religioso, la necesidad de contrarrestar la protesta ger- 
mánica ylas demás conveniencias de los tiempos habían traído con- 
sigo la reforma de las viejas órdenes y la creación de otras. Principal- 
mente desde mitad del siglo XVI, por toda la monarquía extendióse 
un hálito de misticismo que envolvió así la religión y la política, 
como el arte, las letras y las costumbres públicas. Ni por su cali- 
dad de cabeza de España ni por su significación religiosa dentro de 
nuestra Iglesia podía hurtarse Toledo al movimiento que doquiera se 
operaba. Así en 1529 los Mínimos de San Francisco de Paula llegaron 
á la ciudad, y contando con la protección de la Emperatriz Isabel ins- 
taláronse en la Vega, junto á la antigua ermita de San Bartolomé, 
donde años adelante vieron alzarse un importante monasterio, del que 
hoy ni rastros quedan. Poco después una comunidad de Franciscanos 
descalzos se estableció también en las afueras, y otra de Carmelitas 
calzados fijó su residencia en el histórico solar de la vieja iglesia 
* visigótica de Santa María de Alfícén. En 1584 los Carmelitas descaí- 
"'zos acudieron asimismo, plantando en Toledo la estrecha reforma 
teresiana. No debe, en fin, olvidarse á los Hermanos de San Juan de 
Dios, que desde 1569 habitaban en la ciudad, asistiendo á los enfer- 
mos en el hospital de Corpus Ckristi, fundado dos años antes por una 
piadosa condesa de Coruña (121). 

Más señalado que todos éstos fué el establecimiento en Toledo de 



,y Google 



— si- 
ta Compañía de Jesús. Era Arzobispo Silíceo, quien, mal informado, 
abrigó siempre invencible inquina conlra los jesuítas. No sólo les es- 
torbó la fundación que meditaban, mas prohibió sus ejercicios espiri- 
tuales y excomulgó á los fieles que de ellos recibiesen los sacramen- 
tos. Pero muerto Silíceo y ascendido á la dignidad arzobispal Fr. Bar- 
tolomé de Carranza, que les era grandemente afecto, estableciéronse 
en Toledo los Jesuítas en Noviembre de 1558- Prevenidos en su con- 
tra los toledanos, pronto sus virtudes, letras y celo apostólico les 
granjearon generales simpatías. En 1565 fundó San Francisco deBorja 
la casa profesa de Toledo, casa célebre ya en el mismo siglo XVI, 
donde floreció un plantel de sabios y hombres ilustres tal como 
quizá no se vio semejante en aquel áureo período de la insigne Com- 
pañía (122). 

Nuevo refuerzo proporcionó también aquel siglo á las numerosas 
comunidades de mujeres que de mucho tiempo atrás perseguían la 
perfección cristiana en la ciudad del Tajo. En 1520 fundóse el beate- 
río de Santa Mónica, sometido á la Orden agustína y transformado - 
en 1592, por el Cardenal Quíroga, en monasterio de clausura. La re- 
forma carmelitana de Santa Teresa tuvo presto su representación en 
Toledo. Después de no escasas gestiones y de experimentar muchas 
dificultades, la gran santa logró fundar allí el monasterio de San José, 
qué quedó establecido en Mayo de 1 569. A la Orden de San Francis- 
co corresponde el convento de San Antonio, que fundaron y dotaron, 
en la segunda mitad del siglo XVI, el regidor Fernán Francos y su 
mujer D." Catalina de la Fuente, y á la de Santo Domingo el de 
Jesús y María, que en últimos de aquel siglo fundó D.' Juana de Cas- 
tilla en la casa solar de los Barrosos. En fin, la caridad del Cardenal 
Silíceo estableció, según ya dije, en la antigua sinagoga de Santa 
María la Blanca, bajo el titulo de Nuestra Señora de la Piedad, un 
refugio para mujeres arrepentidas (123). 

En la historia de la heterodoxia española poco, muy poco suena, 
por dicha, el nombre de Toledo. En su escuela universitaria, entre sus 
claros pensadores y escritores, la tradición sana y católica fué cons- 
tante norma de criterio, aliándose en perfecto consorcio el sentir de 
los doctos con el sentir del vulgo. Pero el sol, con ser sol, tiene man- 
chas, y Toledo no se había de eximir de esta ley general. En 1529 
descubrióse allí una secreta congregación de alumbrados ó dexados, 
gente indocta y ruda, á quien dogmatizaban una beata llamada Isabel 
de la Cruz y cierto P. Alcázar. Profesaban estos fanáticos una doctri- 
na medio luterana, medio iluminlsta, con sus dejos de panteísmo y 



tizcdbyGoOi^Ic 



— 52 — 
quietismo. Pero la secta debió extenderse y prosperar poco, y la In- 
quisición dio cuenta de ella y de sus afiliados con unas cuantas con- 
denas de cárcel y unas cuantas tandas de azotes (124). 

Mientras la peste luterana invadía otras provincias y se registraban 
focos tan peligrosos como los descubiertos en Valladolid y Sevilla, 
Toledo y su región permanecían libres del contagio; y no es pequeña 
gloria de la ciudad del Tajo, ciudad entonces muy poblada, que en 
aquel tráfago de ideas y con aquellos aires de falsa reforma que aso- 
laban á Europa y cayos efectos, aunque en ínfima escala, también se 
dejaron sentir en España, los toledanos se mantuvieran unánimemen- 
te ñrmes en la fe recibida de sus padres. 

Debióse, sin duda, este resultado, antes que á otra cosa, á las con- 
diciones de la raza, enemiga de novedades. Pero también se debió al 
tribunal dei Santo Oficio y, más quizá que á sus trabajos y esfuer- 
zos, al saludable temor que desde su establecimiento inspiraba. Mal 
recibida la Inquisición en su origen por parte de los toledanos, en el 
siglo XVI era popular en Toledo, al igual que en el resto de Espa- 
ña (125). Al principio casi limitó su misión á descubrir y perseguirlas 
numerosas reliquias de mahometismo y judaismo que aún perduraban 
entre los conversos. En los primeros años del reinado de Felipe II, 
que coincidió con el mayor peligro de invasión protestante, se cele- 
braron en Toledo varios autos de fe, más sonados por su solemnidad 
y por el número de los reos que por la calidad é importancia de éstos. 
Asi el auto de 25 de Febrero de 15ÓO, á que asistieron las Reales per- 
sonas con la corte; así el de 9 de Marzo de 1561, en que salieron 
ciertos sujetos por luteranos y blasfemos; el de 17 de Junio de 156;, 
el más abundante en penitenciados, en que figuraron unos por lutera- 
nos y otros por bigamos, con más «otros dichos vganaos* (hugono- 
tes) y «otros áxchos fideles* , y el de 24 de Marzo de 1566, en que sólo 
salió como persona de nota cierto D. Carlos de Mespergue, rico y 
principal caballero tudesco, condenado por luterano, bien que murió 
arrepentido y católico. 

No terminan aquí nuestros fastos inquisitoriales. En 13 de Junio de 
1568 hubo otro auto que presenciaron la princesa D.* Juana, herma- 
na del Rey, y sus dos sobrinos los príncipes de Bohemia, que por 
acaso se hallaban en Toledo. Treinta y seis personas y tres estatuas 
salieron, siendo el más notable cierto extranjero, luterano empederni- 
do, que pereció impenitente en las llamas. Celebróse nuevo auto en 
18 de Junio de 1570; en él, á más de varios luteranos, blasfemos y 
mal notados por sus palabras y proposiciones, figuró también algún 
judaizante, renegado mahometano, bigamo y bellaco estrafalario. Más 



tizcdbyGoOi^Ie 



- 53 — 
sonó que este último el auto.de 4 de Junio de 1571, cuyo protago- 
nista y víctima fué el heterodoxo de más cuenta con que tuvo que 
habérselas la Inquisición toledana. Era éste cierto Sigismundo Archel, 
de nación sardo, grandísimo letrado, doctor in utroque jure (no médico 
como se ha dicho), fiscal en el Consejo de Aragón, .y dogmatízador 
harto peligroso. Sus opiniones luteranas, de que había hecho gala en 
Madrid, dieron con su persona en la cárcel inquisitorial de Toledo. 
Fugóse de ella, pero alcanzado cerca de Huete por tos agentes del 
Santo Oficio, tras largo proceso, que duró nueve años, fué condenado 
y relajado al brazo secular, pereciendo amordazado é impenitente en 
el quemadero de la Vega. Los demás reos de entonces fueron gente 
oscurísima, condenada en general á penas leves por variedad de here- 
jías y delitos y por opiniones tan erróneas como extravagantes. Pero 
obsérvese bien: entre toda esta ínfima grey heterodoxa, en que abun- 
dan los extranjeros y los naturales de otras provincias del Reino, es 
rarísimo hallar un toledana asi declarado y poco frecuente topar con 
individuos avecindados en Toledo (ii6). 

Basta con lo dicho para probar que, habiendo sido muy contados 
en nuestra ciudad los casos de herejía, el Santo Oficio no extremó 
allí sus rigores en el siglo XVI, ni es cierto, por tanto, según afirma 
Llórente, que los inquisidores de Toledo «multiplicaron el número de 
víctimas hasta lo infinito» (127}. Ni tampoco puede afirmarse con 
verdad que nuestro tribimal de la Fe ahogara con dura opresión la 
voz de muchos ingenios, ni que fuera causa de que nuestra riqueza y 
población sufriesen importantes quebrantos. Muy lejos de eso, canta- 
ron libremente los poetas, inventaron los novelistas, discurrieron los 
filósofos, y emitieron sus juicios los escritores y pensadores todos, sin 
que el Santo Oficio empañara con sus actos e! brillante cuadro inte- 
lectual de Toledo en el siglo XVI, ni provocara una decadencia debida 
á otras muy diversas causas. 

Por aquel tiempo era Toledo ciudad harto populosa que, si no so- 
brepujaba, competía con las más principales de los dominios castella- 
nos. Muy floreciente la población toledana en el siglo XV, conserva su 
densidad al comenzar el XVI, decae en tiempo de Carlos V y aumen- 
ta ostensiblemente bajo Felipe II, para menguar de nuevo en los pos- 
treros años de este reinado. Algunos escritores que por incidencia se 
ocuparon en nuestras cosas, poco ó nada atentos á los no desprecia- 
bles datos que acerca del particular se conservan, estamparon cifras 
exageradísimas en uno ú otro sentido. Ni Toledo excedía en poco de 
5.000 vecinos, como asienta Colmeíro, ní contaba con 200.000 habi- 



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- 54 - 
tantes, como se añrma en un moderno libro extranjero. Según mis 
cálculos, basados, no en conjeturas, sino en niimeros, la ciudad no 
^ndaba lejos de los 80.000 habitantes al comenzar ei tercer tercio del 
áureo siglo de nuestra monarquía (128). Y repárese en un fenómeno 
curioso. En ios primeros años del reinado de Felipe II, después de la 
traslación de la corte, lejos de disminuir, como generalmente se cree, 
la población aumentó, según lo acredita escritor coetáneo tan concien- 
zudo como Luis Hurtado de Toledo (129). 

Nuestra ciudad, centro de una vasta región esencialmente agrícola 
y dotada de productivo y feraz suelo, no debía al cultivo de los cam- 
pos, como tampoco lo debe hoy, el más copioso manantial de su rí* 
queza. Cierto que Lucio Marineo Siculo encomia los dos sotos de las 
afueras, «los más fértiles y frutíferos de toda España*, y pondera los 
muchos olivares, viñas y almendrales que en los alrededores de Toledo 
se criaban (130). Importantísimo fué, sin duda, tal vez preferente, aun- 
que Marineo no lo diga, el cultivo del moral y de la morera, auxilia- 
res de la industria de la seda, allí muy desarrollada. En fln, los gra- 
nos, semillas, hortalizas, legumbres y frutas de aquellos campos man- 
tuvieron en el siglo XVI, como acaece hoy mismo, la buena opinión 
de las riberas toledanas del patrio Tajo. Pero los dilatados predios que 
circundaban la ciudad pertenecían, generalmente, á la iglesia primada, 
á las órdenes monásticas, á las hermandades, vínculos y mayorazgos. 
Labraban sus ricas vegas y extensas dehesas, no agricultores ciuda- 
danos, sino los de las aldeas y pueblos inmediatos. Los rústicos y 
afamados cigarrales, ni por su situación, ni por las condiciones pro- 
pias de su terreno, podían sobrepujar en mucho oí carácter de ñncas 
de recreo y esparcimiento. Fuera de esto, la ganadería había llegado 
á enseñorearse de la mayor parte del término de Toledo, estorbando 
no poco el progreso del cultivo agrícola. Acaso estas circunstancias 
contribuyeran desde muy atrás al mayor desarrollo de la industria to- 
ledana, que aun en aquella centuria mantuvp el esplendor propio de 
sus mejores tiempos, sin quedar en zaga de los primeros centros fa- 
briles de la península. En aquel apretado núcleo de población que 
formaba en el siglo XVI nuestra local república, los industriales y 
principalmente los tejedores de seda y lana, los espaderos y cuchille- 
ros, los plateros, los boneteros y gorreros aportaban numeroso con- 
tingente, prestando á la ciudad vida tal y tan próspera como no es fá- 
cil imaginar ante la Toledo contemporánea. 

Entre sus múltiples industrias, señalóse la sedera como más impor- 
tante de todas. La sedería, de antiguo abolengo en la ciudad y paia 
ella elemento primordial de riqueza, durante el siglo XVI alcanzó allí 



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— 55 — 
ttCtraoFdinarío desarrollo. La población obrera dedicada á esta indus- 
tria en Toledo y en los pueblos inmediatos, contaba al terminar la 
guerra de las Comunidades con diez mil individuos, y ascendía á cin- 
co veces más mediado el mismo siglo. Muchos miles de telares fun 
cionaban de continuo sin dar abasto á los pedidos. Nuestra manufac- 
tura sedera gozaba de grande y merecido crédito en toda Europa por 
la perfección y hermosura de sus productos. Sus terciopelos y damas- 
cos, sus rasos y tafetanes no tenían rival, aunque entraran en la com- 
paración las bellas labores de Sevilla, Córdoba y Granada. Gastában- 
los los nobles para sus palacios, el clero para sus templos y los ciu- 
dadanos para sus viviendas; y el mismo Felipe II daba el ejemplo 
usando para su propio vestir productos de la sedería toledana (131). 
Sólo en los años extremos de aquel reinado (que no en los inmediatos 
á la traslación de corte) vaciló esta industria tan vigorosa, para decaer 
grandemente en los dos siguientes siglos y arruinarse en el recién 
fenecido XIX (132). 

Inmemorial y también muy importante, aunque no tanto como la 
sedera, fué en Toledo á la sazón la industria de los paños. Sus telares, 
distribuidos en gran número por las diversas jurisdicciones parroquia- 
les, prestaban á los barrios más céntricos y populosos animación y 
vida, proporcionando sustento á millares de operarios; y nuestros teji- 
dos de lana fueron muy apreciados en el reino y fuera de él hasta que 
comenzó su decadencia en tiempo de Felipe III (133). 

No es preciso encarecer, tratándose de Toledo, la superioridad de 
su industria espadera, que desde antiquisims fecha alcanzó y aún al- 
canza merecido y universal renombre. El siglo XVI, tan grande para 
nosotros por diversos conceptos, fué el gran siglo de nuestra espade- 
ría. En la calle de las Armas y sus inmediatas agrupábanse los talle- 
res de los célebres espaderos, favorecidos á porfía por los monarcas 
con exenciones y privilegios. Allí, aquellos maestros, extremados en su 
arte, armaron la diestra de nuestros guerreros, que fué como armar á 
la patria en sus contiendas por la fe y la civilización; allí se forjaron y 
templaron las espadas y los estoques, las picas y alabardas que, pu- 
blicando por doquiera la fama del acero toledano, asombraron al mun- 
do en Otumba y en Pavía, en Mühlberg y en San Quintín (134)- 

Oficio muy señalado era en Toledo el de los boneteros y estima' 
dísimos sus bonetes, cuya fabricación fué, según I^rruga, prodigiosa. 
Exportábanse á todas las regiones peninsulares y al extranjero, y 
señaladamente los bonetes de grana á las partes de África y Turquía, 
nq sólo en el siglo XVI, sino aun durante todo el XVII. La bonetería 
sufrió, empero, una crisis hacia 1Í76, pues, según Hurtado de Tole- 



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- 56- 
do, que por aquellos años escribía, de tres mil quinientos maestros y 
oficiales boneteros que hubo en la ciudad reinando Carlos V, apenas 
quedaba un centenar en su tiempo (l3S). Oficio distinto y también 
numeroso formaron los gorreros, que proveían á las clases populares 
de gran parte del reino, y de cuyos talleres salían aquellas medias 
gorras toledanas, que, según el cortesano Obispo de Mondoñedo, era 
elegante llevar por los años de 1530. 

Hubo en Toledo fábricas de agujas de acero, y tales, que sus pro- 
ductos, reputados los mejores de su clase en los dominios castella- 
nos, se pagaban más que sus similares y eran exportados dentro y 
fuera de estos reinos (136). 

Lucio Marineo Sículo menciona especialmente las vasijas y cosas 
de barro que en la ciudad se fabricaban en su tiempo, diciendo que 
*en Toledo se haze y labra mucho y muy rezio blanco y alguno 
verde y mucho amarillo que parece dorado» (137), y no son para 
olvidados los aliceres ó azulejos, tan bellos como celebrados, que 
salían á la sazón de los alfares toledanos. 

El rector de San Vicente, Hurtado, á cuyo precioso Memorial ma- 
nuscrito he recurrido ya en varias ocasiones, nos^dtce había en Toledo 
«mucha copia de sastres muy imbentores*, muy buenos sombrereros 
y fabricantes de calzado, aunque estos últimos vendían caros sus pro- 
ductos «por traher de acarreo la colambre para ello>, y aventajados 
artífices de rejas, frenos, cosas de cerrajería, guarniciones y talabartes. 

Natural parece, dada la importancia de la iglesia y del estado ecle- 
siástico en Toledo, que la industria de la cerería prosperase aquí mu- 
cho más que en otras partes. Los cereros eran gente ingeniosa y dies- 
tra, pues en la relación de la entrada de D. Juan de Austria y el 
archiduque Carlos habla Horozco de las «cosas estremadas de ^era» 
que presentaron los de aquel oficio. 

En las memorias toledanas del siglo XVI abundan noticias que 
permiten apreciar la mayor ó menor importancia de los distintos ofi- 
cios en nuestra ciudad, con motivo de su intervención en las fiestas 
populares y en los recibimientos de egregios personajes. Así, cuando, 
en iSSS, se celebró con tanto entusiasmo la conversión de Inglaterra, 
reflejóse en las fiestas que dispusieron muchos oficios su próspero 
estado económico. Distinguiéronse entonces la cuadrilla ecuestre de 
los roperos y la máscara á caballo de los zapateros, ricamente enga- 
lanados con sedas, oro y plata; pero fueron superiores y aun de lo 
mejor que entonces se organizó la fiesta de los calceteros, que salie- 
ron luciendo preciosos trajes y alhajas de oro, y la de los sastres, que 
no fué en zaga de esta última. Cuando, en 1560, entró en Toledo la 



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- 57 — 
joven Reina Isabel, salieron, según dije arriba, los industriales, lujosa- 
mente ataviados, á esperarla á la Vega y costearon magniñcos arcos 
y estatuas en la carrera seguida por la comitiva. El cronista que lo 
reñere, á más de nombrar al poderoso gremio de plateros (de quien 
como representantes de una industria en' alto grado artística no me 
ocupo ahora), á los espaderos, tejedores de seda, boneteros y sastres 
como oñcios tan señalados y de gente muy rica, menciona entre los 
que se distinguieron con su presencia y sus galas á los calceteros, 
jubeteros y roperos; á los carpinteros, yeseros y albantties (sic), á los 
arcabuceros y piqueros, malleros y esmoladores de espadas, zapateros 
y chapineros, herreros y caldereros, agujeteros y zurradores. En las 
fiestas celebradas con motivo de la victoria de Lepanto, el gremio de 
pasteleros toledanos quiso lucirse y sacó una notable máscara á 
caballo con diversidad de emblemas y representaciones mitológicas, 
que pareció muy bien y fué de lo mejor que hubo entonces. 

Acaso habrá extrañado la ausencia en esta enumeración, de los 
conñteros, que tanto renombre dan á Toledo con la elaboración de 
sus famosos mazapanes. Húbolos allá en e¡ siglo XVI, y si no cons- 
tara así expresamente por el Memorial de Luís Hurtado, dictaríalo la 
razón, tratándose de corte y ciudad entonces tan principal. Pero ni 
Hurtado concede especial importancia á los conñteros ni mienta para 
nada el mazapán, que aunque conocido ya en España, pienso que 
como notable producto toledano sólo comenzó á ñgurar después de 
aquel siglo (138). 

E^pecialisima por su índole, industria es también la de la moneda, 
cuya [abra, que desde la conquista por Alfonso \'l venia haciéndose 
en Toledo, continuó sin interrupción durante todo el siglo XVI y hasta 
últimos del XVII. Bajo Carlos V el ingenio monetario toledano era de 
los más principales del reino, y asi lo acredita una ley de las cortes 
de Valladolid de 1548 (139)- 

Baste lo ya apuntado como demostración del florecimiento é impor- 
tancia que en Toledo alcanzaron las artes mecánicas y de la cuantía 
de su población industrial y obrera, que no en revuelto mare*mágnum, 
sino con cierto orden y distribución (140), henchía la ciudad en los 
últimos siglos de la edad media y en el primero de la moderna. Dadas 
aquella gran expansión del trabajo y las ideas dominantes en la época, 
debía desenvolverse alli una vasta organización gremial, y así ocurrió, 
en efecto. En la ciudad, gran parte de los distintos oñcios venían ya 
agremiados desde la edad media y se gobernaban por ordenanzas 
propias. En el siglo XVI el espíritu colectivo y de asociación parece 
aumentar á las veces y los gremios tórnanse más numerosos á medí- 



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- 58 - 
da que se perciben síntomas de decadencia y se vislumbran peligros 
para la vida económica de Toledo. Demás que junto al productor de 
buena fe medraba el industrial de ancha conciencia, cuyos fraudes y 
engaños eran constante amenaza de industrias muy florecientes y 
acreditadas. De entonces, de tiempo de Carlos V y Felipe II data el 
gran desarrollo de los estatutos y ordenanzas gremiales con que se 
proveía al buen régimen de los oñcios y se intentaba cortar los abusos 
introducidos (141). Cierto, interesante sería un estudio analítico y 
comparativo de nuestras ordenanzas, legislación copiosa y revuelta 
en cuyas cualidades y defectos, en cuyas sabias prevenciones y cor- 
tapisas prohibitivas puede verse estereotipada aquella época con sus 
grandezas y pequeneces, con sus aciertos y sus utopias. No es ésta 
ocasión de realizar tal estudio, pero sí de apuntar la idea que, llevada 
á la práctica, cooperaría al conocimiento pleno de nuestra nunca his- 
toriada industria local. 

Déjase entender que ciudad tan populosa é industrial debía ser asi- 
mismo centro de un activo comercio. Fuéio, en efecto, y de muy gran 
trato con otras provincias de dentro y fuera del reino y con América. 
En sus bien bastecidas plazas y mercados, en sus carnicerías y rastros 
proveíase la heterogénea población, de cuanto el consumo diario pre- 
cisaba. En las bien provistas lonjas de Zocodovery de la plaza del 
Ayuntamiento, en las Tendiilas de Sancho Minaya, en las dos Alca- 
nas, tiempo atrás tan opulentas, y en las rícas sederías de Santa Justa, 
en las calles más céntricas, rebosantes en tiendas y comercios de todo 
género y, en ñn, en las renombradas ferias y en el mercado franco de 
los martes, revolvíanse en apretada multitud mercaderes y comprado- 
res, españoles y extranjeros, activando los tratos y fomentando las 
transacciones. Los mercaderes llamados de escritorio eran muchos en 
tiempo de Felipe II, los más extranjeros; sólo los genoveses excedían 
de doscientos establecidos, que llevaban telares por su cuenta y for- 
maban comunidad aparte (142). En suma, es cosa averiguada haber 
sido aún Toledo en el siglo XVI una de las primeras plazas comer- 
ciales del reino. 

Y si ello fué así, jcuán mayor importancia no habría obtenido, cuál 
fuera hoy la suya á haberse consolidado la magna empresa de la na- 
vegación del Tajo entre Toledo y Lisboa, timbre glorioso, entre tantos 
otros, del reinado de Felipe lli* Pensamiento aquél tan útil y político, 
su realización, siquiera imperfecta, en tiempo del Rey Prudente, pa- 
rece hoy un sueño que, con todo, bien desvanecido queda por las 
auténticas noticias que cerca del particular poseemos. Poco trecho 
bastará para acreditarlo. 



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_ 59 - 
No era nuevo el pensamiento de la navegación del patrio río en 
la región central de la península. £n tiempos medioevales surcaron ya 
barcos sus auríferas aguas, y los Reyes Católicos imaginaron hacerle 
navegable desde Toledo, proyecto malogrado por ia muerte prematura 
de D/ Isabel. En Mayo de 1581, hallábase en Thomar Felipe II, des- 
pués de la conquista de Portugal, cuando, asesorado por su ingeniero 
Juan Bautista Antonelli, ordenóle estudiara los medios de poner por 
obra la navegación desde Ábranles á Toledo, como se verificaba ya 
entre aquel punto y Lisboa. Embarcó Antonelli en k capital lusitana 
en una chalupa con cuatro remeros, y venciendo obstáculos y uniendo 
la práctica á la tsoría, á fuerza de perseverancia, llegó á Toledo en 19 
de Enero de 1582, ante gran muchedumbre de ciudadanos que habían 
acudido á presenciar una novedad para ellos increíble. Como en tomo 
de la ciudad eran muchas las presas de los molinos, en un carro pasa- 
ron la chalupa por la Vega á la ribera. El barco con su exigua tripu- 
lación siguió á Aranjuez; por el Jarama y el Manzanares subió á Ma- 
drid y al Pardo, y emprendiendo el viaje de regreso, retornó por la 
misma via fluvial hasta Lisboa. La prueba previa se había realizado. 
Al siguiente año, en 1583, juntáronse en Madrid las cortes del retno. 
Allí se deliberó sobre el útil proyecto de Antonelli; reconocida la con- 
veniencia de la navegación, acordóse se llevaran á cabo las obras ne- 
cesarias para continuarla hasta Toledo, y tas cortes votaron con este 
objeto un repartimiento de cien mil ducados, de que tocó á nuestra 
ciudad pagar un cuento y trescientos mil maravedises. Aprobólo Fe- 
lipe II, y sin tardanza expidió una provisión enderezada á los corre- 
gidores, alcaldes y justicias de los pueblos ribereños, dictando reglas 
para los trabajos que iban á emprenderse y mandando se prestara á 
Antonelli toda ayuda, suministrándole barcos, hombres, utensilios y 
bastimentos. En Toledo era corregidor D. Fadrique Portocarrero. Las 
obras se habían comenzado, y por el rio flotaban ya barcas movidas 
ávela y remo. En 1585 estaba abierta la navegación hasta'Talavera 
la vieja y seguían los trabajos para continuarla hasta Toledo. Tro- 
pezábase, si, con dificultades materiales y morales, debidas principal- 
mente á la conñguración del terreno y á las presas y molinos de la 
ribera; pero diestro y laborioso Antonelli, y auxiliado por todo el 
favor del Rey, allanó en poco tiempo muchos obstáculos, hizo los 
necesarios pasos ó carreros, y en i S 87 pudo ver inaugurada la nav^a- 
don desde Toledo, siendo corregidor D. Perafán de Ribera. Con gene - 
ral concurso de la ciudad, en 31 de Enero se bendijeron ciertas 
barcas situadas bajo el puente de San Martín. Embarcaron en ellas 
el capitán Cristóbal de Roda con algimos marinos portugueses y 



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— 6o — 
cincuenta galeotes, llevando un cargamento de trigo, y empren- 
dieron el viaje á Lisboa, donde llegaron prósperamente. El comer- 
cio toledano comenzó á lucrarse de la navegación. Pero ésta hacíase 
de un modo imperfecto; ciertos pasos eran incómodos y difíciles; 
los barcos sufrían daños y no podían navegar libremente. Por todo 
lo cual Felipe II encomendó á su ingeniero un nuevo reconocimien- 
to en la nbera y sirga con que se atajasen los inconvenientes de 
una obra con tan buenos auspicios comenzada. Desdichadamente, el 
ilustre Antonelli adoleció en el mismo año 1587 y murió en Toledo 
en 17 de Marzo del siguiente, 1S88, con lo que pareció comprome- 
terse el éxito de las obras. Sin embargo, la navegación desde ia anti- 
gua corte ya estaba del todo corriente, según consta por algunos 
documentos. En sustitución del difunto nombró el Rey ai aparejador 
y alarife toledano Andrés García, bien enterado de los proyectos de 
Antonelli; al propio tiempo escribía al jurado de Toledo Diego de 
Castroverde y al corregidor D. Perafán, ordenándoles todo favor y 
auxilio en la continuación de la empresa. Harto demostró García no 
ser indigno de la confianza regia. Con coló y actividad recorrió el río, 
hizo nuevas obras, mejoró los pasos, corrigió anteriores deficiencias, 
acortó los barcos, que eran sobrado largos, y remedió los daños que 
mutuamente se causaban los barcos y los ingenios de la ribera. Ha- 
cia 1592 estaba la navegación tan expedita, que entre Toledo y Lis- 
boa hacíase por la vía fluvial un activo comercio realzado por las 
importaciones y exportaciones á Indias. 

Pero el Rey aún no se sentía satisfecho; en su gran empeño por la 
navegación, deseaba para ésta el mayor perfeccionamiento. Así, en 
Julio de 1593, vemos á su secretario Juan de Ibarra intervenir por 
su encargo en el negocio y ordenar al aparejador García y á Martín 
Ibáñez una reforma general entre Toledo y Alcántara, disponiendo la 
navegación en barcos menores, estrechando las carreras para conse- 
guir mayor fondo, colocando compuertas, porque no desaprovecha- 
ran el agua los molinos, y realizando otras obras de importancia en 
que se gastaron entonces más de cíen mil ducados, Y por asegurarse 
aún de que se cumpliría su firme voluntad en beneficio de estos rei- 
nos, escribió en 20 de Agosto una apremiante carta al corregidor de 
Toledo D. Alonso de Cárcamo (ya mencionado en otro lugar de este 
discurso), dando instrucciones concretas para la rápida continuación 
de las obras, mandándole «tenga mucho cuidado que se hagan con la 
perfección y bondad que conviene» y que preste al encargado Andrés 
García el calor y fmrnas que fuere ptenesier {143). Las órdenes del 
Rey eran terminantes; los trabajos de reforma y mejora se siguieron 



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— 6l — 
por aigún tiempo, bien que con ciertas pausas. ¿Cómo, pues, y por 
qué se abandonó súbitamente la navegación del Tajo en los postreros 
años del siglo XVlí ¿Cómo se dejaron perder la labor de tantos años, 
los caudales empleados en la empresa? Queden por el momento in- 
contestadas estas preguntas, cuyo alcance llega más allá de los 
muros y de los campos de Toledo. Pero no pasaré adelante sin to- 
car un punto que merece especial aclaración, por afectar directamen- 
te á la historia y también á la honra de nuestra ciudad: reñérome á la 
actitud que ésta adoptó ante la grandiosa idea de Felipe 11. 

Se ha dicho y se ha repetido que Toledo acogió mal, más aún, que 
no quería, que odiaba la idea de la navegación del río; y nuestro his- 
toriador contemporáneo, dando por averiguado el tal odio, le atribu- 
yó, no á ignorancia, sino más bien á un sentimiento de disgusto ó 
desvio hacia aquel que años antes había preferido el Manzanares al 
Tajo (I44). Estriba la común creencia de la animadversión de Toledo 
en una Relacióit de la navegación de Tajo escrita por Esteban de Ga- 
ríbay, muy conocida y varías veces impresa, El célebre cronista, que 
se hallaba á la sazón en la ciudad, añrma, escandalizado, que ésta 
anduvo muy rebelde en el asunto, y que en las muchas disputas que 
él tuvo sobre el particular con gentes muy graves, no halló persona 
alguna, salvo Juanelo Turriano, que no abominase de la navegación 
ó se riese de ella, creyéndola, por ignorancia, dañosa y mala. En las 
cortes de Madrid hubo entre los procuradores diversos pareceres, pero 
- sigue hablando Oaribay — dos que más contradecían una cosa tan 
útil y provechosa como ésta, eran los que tenían mayor obligación 
de favorecerla, que fueron los procuradores de Toledo». Ni cuando 
los toledanos vieron el proyecto convertido en realidad cambiaron de 
criterio, según el historiador guipuzcoano; si las barcas sufrían ave- 
rías, el pueblo hacia chacota del caso; sí salían expediciones para 
Lisboa, publicábanse naufragios y desgracias (i4S)- Ahora bien, ¿de> 
bemos admitir ciegamente, como hasta aquí se hizo, el texto de Ga- 
ribay, por obra y gracia del cual ganó para sí Toledo solemne paten- 
te de necedad é ignorancia? Contesten á esta pregunta tos siguientes 
hechos, que, á mi juicio, envuelven toda una rectiñcación histórica. 

Había terminado su ensayo Antonelli en Enero de 15^2, subiendo 
por vía fluvial desde Lisboa á Toledo. Dos días después de llegar, es- 
cribía el ingeniero sus impresiones á Juan Delgado, secretario de la 
Guerra, diciéndole entre otras cosas: < lalavera y loledo kan tenido un 
contento grande: que ambos pueblos han venido á ver el barco, y los 
hombres de buen juicio gozan de ver que S. M. quiere hacer á esta 
ciudad puerto de mar, y que la felicidad de su grandeza haga lo que 



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_ 62 — 

ningún otro príncipe ha bastado hacer». El día siguiente conñrmaba 
lo mismo, escribiendo á Felipe II estas palabras relativas á Toledo: 
«Halo mostrado {el deseo de ver el barco] con haber salido la mayor 
parte de ella á verlo; y los de buen entendimiento dan muchas gra- 
cias á Dios que haya puesto en corazón de V. M. de hacerles un tan 
gran bien, como esperan, de ver esta ciudad hecha puerto de mar, de 
cuyo comercio esperan grande acrecentamiento y prosperidad». Me- 
dio mes más tarde, insistía Antonelti sobre lo mismo, encareciendo, 
en otra carta dirigida al secretario Delgado, <el contento y aplatiso que 
por todo el camino han mostrado los pueblos comarcanos á estos ríos, 
y en particular los lugares grandes como Talavera y Toledo* (146). 
¿Vería acaso visiones el insigne Antonelli? jE^ creíble faltase á la ver- 
dad en documentos dirigidos al Rey y al secretario y sobre cosa tan 
pública y que tan fácilmente podía rectiñcarseí Agregúese á esto que 
ni en la nutrida correspondencia de Antonelli por aquellos años, ni 
en las cédulas y provisiones de Felipe II tocantes á la navegación, ni 
en las cartas de otros personajes acerca de la misma, parte de lo cua ' 
anda impreso y parte sigue manuscrito, se alude, ni remotamente, á 
esa general oposición de Joledo ó á su odio unánime á la navegación 
del Tajo. 

Pero aún hay mucho más. Las cortes de Madrid inauguraron sus 
tareas, á las que asistían como procuradores de la ciudad imperial el 
regidor D. García de Ayala Manrique y el jurado Alvaro de Madrid. 
En varias sesiones debatióse, cierto, sobre el proyecto de hacer nave- 
gable el Tajo hasta Toledo, y de que el reino ayudara con cien mil 
ducados á la empresa. Era paladín de la idea D. Rodrigo de Mendoza, 
procurador por Guadalajara, que en repetidos razonamientos no se 
cansaba de puntualizar y encomiar sus ventajas; y la opinión de los 
r^resentantes de Toledo no se dejó esperar, y ante las cortes fué 
expuesta una y otra y otra vez de un mo io claro, preciso, terminante. 
En las sesiones del 30 de Enero, del 17 y 23 de Febrero, de 12 y 15 
de Mayo de 1 584, es decir, siempre que se ventiló el asunto, tanto don 
García de Ayala como Alvaro de Madrid, unánimes, sin discrepar en 
un ápice, apoyaron en repetidos discursos la proposición de D. Rodri- 
go de Mendoza; alabaron el pensamiento de la navegación hasta To- 
ledo como útii, conveniente y provechoso; abogaron por que se escri- 
biera á las ciudades enviándoles le moción de Mendoza y pidiendo su 
parecer sobre el asunto, y en fin, votaron á favor del repartimiento de 
los cien mil ducados necesarios para comenzar las obras. Toledo, en 
tanto, declaraba su sentir, conforme con el de sus representantes. 
En 1 2 de Abril escribía una carta á las cortes, allí leída en la sesión 



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- 63 — 

dol t6, manifflSUnlo su conformidad con el proyecto en todas sus 
partes. Dominaba entre los procuradores la idea de pedir al monarca 
que para evitar los inconvenientes que podr ian seguirse á los puertos 
de mar de Castilla la Vieja y Andalucía, se vedara la navegación por 
el Tajo de las mercaderías que llegaban á Lisboa de Francia, Flandes 
é Inglaterra. Y aquí se patentizó aún más el criterio de Toledo y de 
sus diputados en el negocio que se debatía. D. García de Ayala dijo 
cque se suplique á su Majestad, que en esta navegación, pues es para 
hazer bien á estos reynos, no se ponga estanco ninguno en las mer- 
cadurías que han de venir así de reynos estraños como de Portugal». 
Más explícito, si cabe, Alvaro de Madrid reclamó cque no se ponga 
estanco de ninguna provincia, y que se suplique á su Magestad que 
se pueda navegar de todas y cualesquiera partes que vinieren; protes- 
tando él en nombre de Toledo, suplicarlo á su Magestad conforme lo 
tiene votado, y de cómo lo suplica lo pide por testimonio» (m7.) 

Con tan fehacientes datos á la vista, ¿qué deberemos pensar, señores 
Académicos, del consabido odio unánime de Toledo, de la terrible 
oposición de sus procuradores en las cortes de Madrid y de la Rela- 
ción de Garibay, fautora del entuerto? jSerá exceso declarar á la tal 
Relación falaz y mentirosa y á quien la escribió hombre ignaro é in- 
consciente, cuando no embaidor y falsario? Fuera ya, pues, y lejos ese 
sambenito colgado á nuestra ciudad por un escritor forastero y acata- 
do humildemente hasta ahora por los escritores toledanos. No; lejos de 
haber sido odiada, la navegación halló buena acogida en Toledo; y bien 
signíñcativo fué el alarde que hizo la ciudad de sus sentimientos en 
este punto, cuando en el gran arco que dedicó al monarca, presente 
á la entrada de los restos de Santa Leocadia, señalaba expresamente 
aquella obra como una de sus hazañas dignas de recuerdo {14S). 

Por cierto tengo que en Toledo, como en otras partes, hubo de 
hallar alguna contradicción el proyecto, y no seguramente como me- 
dio de patentizarse desvíos ni desdene.s. Opondrianse, si, los ignoran- 
tes y rutinarios y aquellos que al porteo y tranco terrestre se dedica- 
ban. Opusiéronse algunos propietarios de tierras de la ribera, pensando 
que la navegación perjudicaría á sus intereses; también los dueños de 
molinos y batanes, que si al principio experimentaron daños, recelan- 
do sufrirlos mayores, llegaron hasta á estorbar maliciosamente la na- 
vegación comenzada. Pero de donde partió la mayor oposición, opo- 
sición enérgica y tenaz en que, sin embargo, no pararon mientes 
nuestros escritores locales, fué de la ciudad de Sevilla. En las cortes 
de Madrid, temerosos los representantes sevillanos de que la navega- 
ción del Tajo comprometiera el extenso trato de su patria en bmeñcio 



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-64- 
de Lisboa y de Toledo, maquinaron, peroraron, protestaron repetida- 
mente y combatieron con todas sus fuerzas el proyecto siempre que 
de él se habló, primero alegando razones de sonados perjuicios al 
reino y después descubriendo francamente el verdadero espíritu que 
les movía. De la ciudad del Guadalquivir llegaban representaciones á 
las cortes encareciendo los daños que iban á recibir Sevilla, la ha- 
cienda real y el país entero. Cierto que con estas tentativas los sevi- 
llanos no pudieron evitar que el proyecto triunfara por muy gran ma- 
yoría ni que se realizaran las obras; pero sí consiguieron que al tráñ 
co por el Taj-i se pusieran fuertes cortapisas y, abierta la navegación, 
que se minoraran primero y se anularan después sus provechosos 
efectos (149)- La navegación del Tajo hasta Toledo fracasó, pues, en 
mi concepto, por estas cuatro causas: obstáculos naturales en el rio é 
insuSciencia de las obras realizadas; hostilidad de los molineros y ba- 
taneros ribereños; limitaciones impuestas al libre tranco; enemiga sis- 
temática de la poderosa Sevilla. Lamentemos que ni en tiempo de Fe- 
lipe II, á pesar del gran esfuerzo entonces realizado, ni nienos con los 
intentos posteriores, se lograra dar cima á un pensamiento tan bene- 
ficioso para Toledo, para Castilla, para el reino todo y para las dos 
naciones peninsulares (150). 

La industria floreciente, pujante el comercio y eñcaz cooperad:>ra 
la navegación fluvial, parecía asegurado el porvenir de Toledo. ¿Cómo, 
pues, se desmoronó con tan formidable caída el ediñcio de nuestra 
grandeza y cómo aquella humana colmena vio en breve espacio desier- 
tos sus alvéolos, dispersas sus abejas obreras? Problema es éste más 
tratado que resuelto y que toca por modo directo con el de la deca- 
dencia general de Toledo después del reinado de los dos grandes Mo - 
narcas de la casa de Austria. Y bien que la ruina se consumara en el 
siglo XVII, la importancia del asunto parece reclamar algunas pa- 
labras. 

Se ha creído hasta aquí que la traslación de corte dio el golpe de 
muerte á Toledo, robándole de súbito todos sus medios y elementos 
de vida. Sin embargo, la investigación da resultados contrarios. Mar- 
chase la corte y, lejos de disminuir, la población aumenta, y lejos de 
anularse, las industrias toledanas mantienen su importancia durante 
los luengos años que aiin restan de vida al Rey Prudente. Para que 
se acentúe hondamente la decadencia apenas iniciada, es preciso que 
lleguen el reinado de Felipe III y el de Felipe IV con sus torpezas po- 
líticas y sus poco acertadas medidas económicas. En la esfera guber- 
nativa el sistema mercantil y en mucha parte prohibitivo sustituye 
al protector templado, que era el tradicional de España desde los siglos 



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-65 - 
de la edad media, Contra lo que se creía y esperaba, la importación 
de manufacturas extranjeras sucede, no obstante, á la extinta expor- 
tación de los propios productos. La industria languidece, decae gran- 
demente la agricultura, la miseria invade los pueblos y la emigración, 
especie de sangría suelta, es su inmediata consecuencia. Arruinada la 
fabricación interior, generalizase la saca de primeras materias,-que es 
como fomentar el incendio apetecido por el enemigo de nuestra pro- 
ducción industrial. Inténtase remediar la pobreza del erario con la 
exacción de nuevos tributos, que matan la iniciativa particular sin 
enriquecer al fisco (ISI). El carácter nacional en parte se bastardea, 
piérdense los hábitos de trabajo, las artes mecánicas se miran con 
desprecio... Acaso se dirá que estoy haciendo una pintura de la deca- 
dencia de España. Parécelo asf, en efecto; pero es lo cierto que por 
análogas razones por que decayó en general España, decayó en par- 
ticular Toledo, barómetro en que vino á acusarse la depresión de la 
grandeza nacional. 

Sin duda otras causas de inferior orden concurrieron al mismo re- 
sultado. Asi, fué también motivo de menoscabo para nuestra industria 
local la ruinosa concurrencia de las fábricas de Sevilla, Granada, Va- 
lencia y Murcia. En cambio, debe desecharse la opinión, otro tiempo 
.icreditada, según la cual Toledo comenzó á decaer y aUn á despo- 
blarse al mismo tiempo que empezó á tener ordenanzas y leyes gre- 
miales (152): afírmación que pugna con la verdad histórica, como se 
observa comparando las fechas de promulgación de aquellas ordenan- 
zas con los períodos de florecimiento de determinadas industrias. 
Cierto que nuestras ordenanzas fueron impotentes para remediar el 
daño, mas esto no basta para cargarlas con el peso de culpas que no 
tuvieron. Ya lo observó Martin Camero; sin las ordenanzas y á pesar 
de ellas, la ruina de la ciudad imperial se hubiera realizado, pues ni 
los esfuerzos de un pueblo entero podían detener el curso de aconte- 
cimientos como los que la arrastraron en su impetuosa corriente. 
(Enferma si no muerta la industria nacional— dice nuestro moderno 
cronista, — ¿qué vida habla de alcanzar á la industria toledana? Desier- 
tos los talleres y mercados en toda España, mermada por todas partes 
|a población al compás que minoraban los recursos y los medios de 
subsistencia, ¡qué extraño es disminuyese también el vecindario de 
Toledo y que emigrasen sus moradores en busca de salarios y ocu- 
pación á otros puntos, principalmente á la corte, ya establecida en 
Madrid, donde acudían á consumir los restos de su fortuna las fami- 
lias nobles, que antes residían de continuo en sus antiguos sola- 
res?» (T53). 



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— 66 — 

Dejando ya á un lado melancólicas consideraciones — lacrymts re- 
rum para la Toledo contemporánea, sombra de otra Toledo próspera 
y feliz,— ocupe ahora la mente el recuerdo de lo que fué para ella 
más sustancial y propio en el siglo de Carlos V y Felipe II, que es 
también el siglo de Garci-Lasso y del Greco: el pueblo con sus cuali- 
dades y costumbres; los claros varones que la honraron; sus sabiosy 
escritores; sus artistas y monumentos. 

Asi como en el gobierno debe verse aquello que constituye las 
sociedades y las convierte en cuerpos políticos, debe buscarse el 
espíritu y la esencia de pueblos y sociedades en las instituciones y 
gobierno por que se rigen. Asentaba en el siglo XVI el gobierno de 
la toledana república sobre las bases fijadas en 1421 por Juan U y 
en 1477 por los Reyes Católicos, bien que con modificacionaa que no 
atañían á lo esencial de la organización. £1 corregidor, justicia ma- 
yor á la vez, asumía el poder absoluto en lo civil y criminal de la 
ciudad y su tierra. Los regidores, constituidos en Ayuntamiento, te- 
nían, como el vocablo lo declara, el supremo poder de gobernación y 
regimiento, y los jurados, elegidos por las colaciones ó parroquias, 
eran procuradores generales de la república y como cuerpo fiscaliza- 
dor y moderante de los actos del corregidor y Ayuntamiento (154). 
Con tal constitución, si extraña en Toledo, naturalizada allí después 
de un siglo de ejercicio, la máquina local funcionaba regularmente, 
aunque no faltaron viciosas prácticas á que solía conducir el sistema, 
no bien aplicado. Pero si la institución del corregimiento debilitó en 
mucha parte la autonomía municipal, no fué raro en Toledo ver á los 
Corregidores asociados á obras que entrañaban verdaderos adelantos 
y progresos. Peores consecuencias tuvo para la ciudad el permanente 
dualismo representado por ambos Cabildos. Ya desde el siglo XV ha- 
bían surgido frecuentes diferencias entre regidores y jurados, que se 
acentuaron en el XVI más de lo conveniente, trocándose algunas ve- 
ces en hostilidad manifiesta. Sobre asientos y residencias, sobre ren- 
tas de Propios, sobre admisión de jurados en el Ayuntamiento, de- 
signación de procuradores á cortes, de oficiales y mayordomos y so- 
bre muchas cosas más, unas de importancia, otras de menor cuantía, 
hubo ruidosas informaciones, excisiones y pleitos queconsumían cuan 
to de la hacienda municipal habían respetado lo excesivo de los gas- 
tos y los litigios con entidades extrañas (15S). 

Cierto que en estas disensiones solían interponerse, no sólo el espí- 
ritu de corporación ó de clase, sino el de linaje ó familia, tan intenso 
entre nuestros antepasados y de acción tan poderosa en la vida y 
suerte de los pueblos. Célebre fué la rivalidad entre las dos príncipa- 



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-67 - 
les casas de Toledo, la de Ayala y la de Silva, que en el siglo XV y 
Á principios del XVI dividió á la ciudad en dos grandes bandos ene- 
migos que solían dirímir sus contiendas en las calles y cruentamente. 
En el período que me ocupa, la importancia de aquellos bandos ha- 
bíase atenuado mucho con la mayor suavidad en las costumbres y 
robustez de la autoridad real. Pero si no como antaño en asonadas y 
refriegas, la añeja enemistad entre ambas familias, parientas y riva- 
les, tradujese aún durante toda aquella centuria en querellas y alter- 
cados dentro de los' Cabildos seglar y eclesiástico, en intrigúelas me- 
nudas ó en piques y bizarrías en las ñcstas públicas. Y aún no termi- 
nó con el siglo XVI aquel estado de ánimos si, como añrma nuestro 
historiador local Narbona, que escribía en el siglo XVII, los bandos 
de Silva y Ayata duraron hasta sus días (156). 

Fué Toledo muy señalada por las buenas partes con que se veían 
favorecidos sus hijos. Los escritores de nuestro siglo de oro encare- 
cen en los toledanos el peregrino entendimiento, el vivo y excelente 
ingenio, el amor á las buenas letras, la habilidad para las artes, la 
añción al estudio de las ciencias y la facilidad para componer come- 
dias y farsas (157). En las toledanas encomian sin rodeos la gran 
belleza y honestidad, la discreción y el donaire en el decir. Según Cer- 
vantes, Toledo tenía fama de tener las más discretas mujeres de Es- 
paña, y en que andaban á la par la discreción y la hermosura (IS8). 
Estas amables cualidades realzábanse con la bondad de una locución 
limpia y sonora. El castellano de Toledo y de su tierra considerábase 
de siglos atrás como la expresión más correcta de nuestro idioma; y 
con razón los toledanos presumían de ello, juzgando á su patria «me- 
tro de la lengua castellana> (IS9). 

Casi huelga decir que eran aquellos naturales, como en general 
los españoles, gente cristiana, pía y honrada. Pedro de Alcocer alaba 
en su Historia la virtud y el recogimiento de la clerecía y la gran de- 
voción de los ciudadanos en misas, sermones y sacramentos, «tanto — 
dice— que en esto parece de continuo semana santa* (j6o). La llane- 
za, cortesía é índole hospitalaria do los toledanos encomiadas anda- 
ban en conversaciones y en letras de molde. En las otras calidades y 
defectos, en las costumbres públicas y privadas, fué Toledo, como no 
podía menos de suceder, reflejo de la raza y de la época, tanto más, 
cuanto que era de las principales ciudades del reino y de población 
más heterogénea. La nobleza, el clero, la gente de curia y el pueblo 
entregados á sus ocupaciones, deportes ó devaneos, eran sujeto ade- 
cuado para ejercitar el talento del novelador costumbrista; así no es 
de extrañar que nuestros más grandes literatos de los siglos XVI 



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— 68 — 
y XVII buscaran con tanta' frecuencia en la vida social toledana argu- 
mentos y personajes para sus invenciones, trazando á las veces cua- 
dros de maravilloso realismo que, si nos deleitan con su amenidad y 
su gracia, hácennos vivir con aquella sociedad de que son como prue- 
bas documentales (i6i). 

Un literato toledano del siglo XVI, el licenciado Sebastián de Ho- 
rozco, nos dejó en cierta poesía suya un triste cuadro, y de harto vi- 
vos colores, de lo que era Toledo en 1 560, en que escribía, que no se 
compone bien con las frases estampadas por Alcocer. Según aquel 
escritor, en nuestra ciudad reinaba entonces gran soltura y disolución 
de costumbres. Pululaban las mozas de fortuna, admirando á los hom- 
bres de bien con su escandaloso lujo; los ladrones y truhanes eran en 
infínito número; los jugadores, charlatanes, paseantes y gente baldía 
formaban legión inacabable; en ñn, por calles y posadas bullía un 
ejército de pretendientes y catarriberas, de raídas ropas y famélicos 
estómagos, pesadilla de los poderosos y peste de la república (162), 
Acaso la pintura es exagerada; pero téngase en cuenta que á la sa- 
zón hallábase en Toledo la corte muchos meses había, y á su ca- 
lor, toda una tropa de advenedizos dedicados á sus lícitas ó ilícitas 
granjerias, que en ningún caso podían confundirse con la población 
indígena y sedentaria. 

Las ñestas religiosas y principalmente las procesiones eran, consi- 
deradas desde su aspecto popular y pintoresco, de lo más curioso y 
castizo dentro de la vida toledana. Las grandes solemnidades del día 
del Corpus Ckristi y de la Virgen de Agosto y sus respectivas octa- 
vas fueron famosas dentro y fuera de Toledo, y en brillantez y mag- 
niñcenck podían sufrir la comparación con las más sonadas de otras 
ciudades, como dispuestas por el opulento Cabildo de la iglesia pri- 
mada, que no omitía gasto que las comunicara mayor lustre. For- 
mando parte del programa de aquellos días y emparejadas con las 
graves ceremonias de nuestro culto, eran de ver entonces las másca- 
ras y diversas maneras de danzas, ya alegórico-morales, ya mitológi- 
cas ó simplemente populares, que se ejecutaban en las procesiones, 
ante la Virgen del Sagrario ó en el mismo coro de la catedral; los 
autos y comedias sacras que, representadas por los farsantes más en 
boga, alborozaban, cuando no movían á devoción al pueblo, sencillo 
y creyente (163). La excesiva añción á cofradías y hermandades lleva- 
ba á los toledanos no escasa parte de su tiempo y de su hacienda. 
Entrañaban aquéllas un carácter tan religioso como social y benéfico, 
y muchas eran privativas de determinados gremios y oficios. Con mo- 
tivo de la fiesta de la advocación ó del santo titular, en las procesio- 



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- 69 - 
nes, en los festejos públicos y en todos los actos en que el nombre de 
la cofradía había de sonar para algo, era de ver el rumbo y aun la 
prodigalidad con que mayordomos, hermanos mayores y cofrades 
procuraban realzar á su cofradía, ó humillar á la rival ó á la vecina, 
empeñándose en gastos ruinosos que hasta trascendieron como cosa 
vulgar y corriente á la local paremiología (164). Pero junto á estos 
jactanciosos alardes, descollaba muy vivo entre aquellos ciudadanos 
el sentimiento de caridad, virtud que resplandeció siempre en Toledo 
de muchas maneras, haciendo objeto de su solicitud y cuidados al 
expósito, al indigente, al encarcelado, al justiciado, al viandante y pe- 
regrino, al demente y al enfermo de cualquier género de dolencia. 
Arzobispos, corporaciones y particulares, nobles y plebeyos, fundaban 
ó sostenían hospitales, asilos y casas de caridad, que entre grande-s y 
pequeños, opulentos y modestos, llegaron en i S75 al número de vein- 
te y siete. 

Esla observadón de las costumbres y recreos populares mejor 
fuente de conocimiento en su línea y más provechoso maestro que 
todo un curso de explicaciones ó toda una biblioteca de libros. Nues- 
tros antiguos toledanos dejábanse conocer de cuerpo entero cuando, 
abandonando la quietud del hogar, trocaban la cotidiana labor por la 
regocijada ñesta ó el público paseo. Ora en el famoso Zjcodover, ora 
en el ccampo deMarzal, entonces jardín de toledanas bizarnas» (165}, 
en la Vega, en la Huerta del Rey y en las Vistillas de San Agustín, 
tan celebradas por Cervantes y Quevedo, movíase en días festivos ó 
de huelga la muchedumbre ávida de sol, de aire y de esparcimiento: 
el hidalgo junto al menestral, la dama linajuda junto á la humilde 
artesana, el prebendado ó el reverendo fraile entre el rico mercader 
genovés y el veterano recién llegado de Italia ó de Flandes. Las Vis- 
tillas, principalmente, tuvieron tal renombre, que los escritores foras- 
teros mentábanlas como una de las mayores curiosidades dignas en 
Toledo de ser visitadas. A aquel apacible lugar acudían en las sere- 
nas lardes del invierno ó en las noches del estío caballeros y matro- 
nas, doncellas y galanes á platicar, á desenfadarse, á cortejar, á re- 
crear la vista en las bellas perspectivas del manso Tajo y sus frondo- 
sas riberas, de la galana Vega y pintorescos cigarrales. Hacia mediados 
de aquel siglo los gustos de la gente elegante cambiaron, y el antes 
favorito paseo vino á ser punto de cita de gente ociosa y perdida; pero 
en 1576 el celoso corregidor Gutiérrez Tello lo compuso y aderezó 
con esmero, logrando que las Vistillas de San Agustín recobraran su 
antiguo prestigio como sitio predilecto de solaz para la alta sociedad 
a (166). 

5 



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— 70 — 
Ya en la continuación de este discurso habránse advertido las pre- 
ferentes inclinaciones de los toledanos en punto á i'ecreos y festejos. 
Las fiestas de toros y juegos de cañas, que se celebraban en Zocodo- 
ver; los fuegos de artificio (regocijo de la plebe), de que en Toledo ha- 
bía muy hábiles inventores (167); las luminarias danzas y músicas, 
carreras de palto, juegos de sortija, de naranjazos y otros análogos; 
los torneos, las máscaras y cabalgatas, ofrecian en las grandes oca- 
siones y solemnidades grata pausa y descanso dentro de las ordina- 
rias tareas, alterando la monotonía de una vida harto uniforme. Pero 
entre los gustos preferentes de aquellos ciudadanos hállase uno cuya 
mención no debe omitirse: la afición á las co.-nedias y á toda suerte 
de representaciones dramáticas. Cuando en determinados tiempos del 
año se anmiciaban funciones de aquel género á cargo de algún afa- 
mado comediante, acudía diligente la multitud, y no en corrales y 
teatros, sino al aire libre, en la plaza del Ayuntamiento ó en el llama- 
do MesíSn de la Fruía, sin decoraciones ni tramoyas, seguía el .buen 
pueblo los incidentes de la farsa, alborozábase con el chistoso entre- 
més ó el regocijado paso, y se compungía y movía á piedad con la 
comedia devota. Así admiraron los toledanos á mediados del si- 
glo XVI á Lope de Rueda, que con su compañía visitó repetidas veces 
la ciudad, dando á conocer su repertorio y las comedias á la sazón 
más celebradas, ó aplaudieron á otros farsantes también forasteros 
que, como Rodríguez, Saldaña, Velázquez, Osorio, Villegas y Ríos, 
hay noticia de que lucieron allí su habilidad por aquellos años y los 
sucesivos. Y cuenta que la devoción de los toledanos hacia el arte 
dramático no se ceñía tan sólo á asistir á sus representaciones como 
oy&ntes. Toledo tenía en el siglo XVI bien ganada fama de producir 
los mejores autores y comediantes; asi y aun en términos más atjso- 
lutos lo afírma el ameno autor del curiosísimo Viaje entretenido que, 
como del oficio, conocía bien !a materia deque trataba (168}. A aque- 
lla falange toledana del histríonismo perteneció el famoso Navarro, á 
más de insigne comediante, poeta, «el primero que inventó teatros'» 
(según Agustín de Rojas), sucesor de Lope de Rueda, gran compone- 
dor de tramoyas é inimitable, decían, en el papel de rufián cobar- 
de (169). Toledanos eran los dos Cürreas, según Cristóbal-de Villalón 
extremados en su arte, que lucían en las funciones sacro-profanas or- 
ganizadas por cuenta de la santa iglesia (170). Ni deben quedar en el 
olvido entre los histriones toledanos del siglo XVI el famoso Ángulo, 
encomiado por Rojas, Solano, Quirós, Miguel Ruiz, Marcos Ramírez 
y Loyola, que con otros de menos nota compartieron por aquel tiem- 
po el favor de nuestro público, cultivando con aplauso el arte de Talía. 



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— 71 — 
Culta costumbre fué en aquel siglo, como también en los siguientes, 
la de las reuniones ó academias literarias, y no podían faltar en Toledo, 
centro intelectual acaso el más importante del reino. El magnífico 
canónigo D. Diego López de Ayala, vicario de la iglesia toledana, 
bibliófilo y cultísimo literato, reunía en su casa, convertida en biblio- 
teca repleta de selectos libros, á sabios y hombres de letras. Muy se- 
ñaladas fueron en los últimos lustros del siglo XVI y primeros del 
siguiente las reuniones que en su suntuosa morada celebraba el conde 
de Fuensalida, D. Pedro López de Ayala. En aquella verdadera aca- 
demia, de que era presidente, sobresalían por sus naturales dotes 
Luis Quiñones de Benavente, años adelante tan acreditado; Mateo 
Montero, de excelentes y graciosos conceptos; José de Medina Abas- 
co, sonoro y elegante; D . Juan Baca de Herrera, terso y grave; Ga- 
briel de Barrionuevo, estimadísimo autor de entremeses; D. Diego 
Duque de Estrada, famoso por su vida aventurera y novelesca, y 
otros muchos caballeros y literatos, en su mayor parte toledanos, que 
en casa del noble procer ejercitábanse, no sólo en lances de ingenio, 
sino también en las armas, en el justar y tornear, en la sortija, en las 
cañas y en los toros (171). 

Éstas y otras academias, á que sólo los privilegiados podían asistir, 
solían trascender de cierto modo al exterior cuando, con ocasión de 
faustos acontecimientos, se organizaban justas poéticas ó concursos 
literarios. Llegados tales casos, anunciábase el certamen por pú- 
blicos edictos, fijándose los argumentos de las composiciones, seña- 
lándose los premios y designándose los jueces. Concluso el plazo y 
hechas las calificaciones, celebrábase el triunfo de los vencedores 
en acto público á que daba realce cuanto de notable encerraba Tole- 
do en alcurnia, belleza, letras y armas. Brillante fué entre todos el 
certamen ó ludo literario, que con motivo de la recuperación de los 
restos de San Eugenio celebró en 1565 el Colegio de Santa Catalina, 
Universidad de Toledo, en que fueron jueces el deán D. Diego de Cas- 
tilla y dos insignes figuras de la Iglesia española, D. Diego de Cova- 
rrubias y Honorato Juan, obispos respectivamente de Segovia y de 
Osma. En 1587 hubo entre las fiestas de la entrada del cuerpo de 
Santa Leocadia otro certamen poético muy concurrido, y en que se 
otorgó gran número de recompensas (172). 

Eran los toledanos del siglo XVI, como generalmente lo son hoy 
mismo, á ratos aficionados á la vida del campo y á trocar así breves 
horas ó días las ocupaciones de la ciudad por el reposo y esparci- 
miento con que sus pintorescos contornos les brindaban. A aquella 
natural inclinación debieron de contribuir, según ya observó Martín 



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— 72 - 
Gamero, amén de los hábitos heredados de los árabes, la estrechez y 
escasa ventilación de calles y viviendas y el excesivo apiñamiento 
del caserío. Procuraron de antiguo los ciudadanos desquitarse de estas 
molestias cuando sus quehaceres lo permitían, y principalmente en el 
siglo XVI creció la añción al campo en todas las clases sociales, 
desde el Arzobispo al ciudadano medianamente acomodado, y en los 
rededores de la ciudad, asi en la ribera como en los altos cerros y 
pelados riscos, multiplicáronse las quintas, cortijos y casas de recreo, 
famosas desde aquella centuria con el nombre de cigarrales {lyí)- 
Allí, en aquellos deleitosos sitios en que la madre Naturaleza convida 
perennemente con dulce calma, con puros aires, suavísimos aromas 
y risueñas perspectivas, en tiempo de primavera ó en los apacibles 
días del otoño, divertían los toledanos el fatigado ánimo, celebraban 
ñestas y banquetes, organizaban partidas de caza, conmemoraban 
felices acontecimientos y en suma reparaban las brechas abiertas en 
alma y cuerpo por los rudos combates de la existencia. Si esto no 
bastase para comprobar la importancia que en la vida de nuestro 
pueblo alcanzaron los cigarrales, prestaríansela harta los recuerdos 
históricos que á su nombre van unidos. En ellos, nuestros sabios, 
historiadores y literatos del siglo de oro entregábanse al descanso, 
reponían las gastadas fuerzas, juntábanse en intelectuales ágapes, 
trocaban el grave estudio y la ülosóñca disertación por el ameno trato 
con las musas. Al vagar por aquellos campos y c^ros asaltan la mente 
el recuerdo de Juan de Vergara, de Alvar Gómez de Castro, del P. Ma- 
riana y de tantos otros hombres ilustres que certificaron práctica- 
mente su amor á los cigarrales, frecuentando sus sendas y vericuetos 
y escribiendo en la rústica soledad algunas de sus inmortales obras. 

También el natural deseo de expansión juntamente con lo vivo del 
sentimiento religioso dieron calor en el siglo XVI á la añción á rome- 
rías y ñestas que en algunos santuarios extraurbanos se celebraban. 
Eclesiásticos, seglares y cofradías aumentaron por aquel tiempo el no 
escaso número de ermitas labrando otras nuevas, cuyas advocaciones 
y santos titulares celebraba con su presencia el pueblo, tan devoto 
como amigo del bureo. Hurtado de Toledo consignaba esta multipli- 
cidad de ermitas en su útil Memorial, muchas veces ya mencionado; 
«y plega á Dios — añadía— sea para devoción y no para ocasión de 
üvertad á las mugeres que deben estar recogidas ó para instrumento 
de algunos devotos vagamundos» (174). 

Creo dejar bien sentado que en Toledo no ctmcluyS todo, como al* 
guien ha dicho, después del vencimiento de las Comunidades. Tole- 
do en el siglo XVI tiene historia propia, que no por esperar aún el 



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- 73 — 
historiador, deja de ser interesante. La política registra en sus anales 
notables sucesos en la ciudad acaecidos. La Iglesia mantiene siempre 
la importancia y grandeza de la venerable sede enaltecida por tan- 
tos varones sabios y santos. La agricultura, la industria, el comer- 
cio y las demás fuentes de riqueza pública aún conservan su cau- 
dal y caudal abundante. En el alma del pueblo viven lozanas las cua- 
lidades y costumbres, las inclinaciones y preferencias que bastan á 
afirmar la personalidad colectiva. Cierto que Toledo decae al cabo 
como núcleo político, como capital efectiva de la Monarquía, como 
punto estratégico incompatible ya con los progresos de la moderna 
ciencia militar, y en fin, como centro productor y comercial; pero con 
creces halla compensaciones que renueven ante la posteridad su glo- 
ria en los esclarecidos varones que dio al Estado, á la milicia y á la 
Iglesia, en la egregia falange de sus sabios, ora teólogos, ñlósofos, ju- 
risconsultos ó humanistas, en sus historiadores, en sus castizos ha- 
blistas y poetas, en los artistas á quien amorosa acogió ó á quien sir- 
vió de cuna, y en los monumentos que surgieron en su suelo cuando, 
si España marchaba á la cabeza de las naciones, por tradición y por 
derecho aún era Toledo cabeza de España. Bien dijo un elegante es- 
critor contemporáneo juzgando sintéticamente la harto ponderada de- 
cadencia de Toledo en el siglo XVI, que cal declinar el astro de su 
grandeza cobró tan dorados y luminosos reflejos, matizó su horizon- 
te de tan vivos celajes, derramó por su ambiente tan perfumada brisa 
y tan serena y apacible calma, que la decadencia tomó visos de pu- 
janza y la tarde se ostentó más bella que el mediodía» (I7S)- 

Toledo, ilustre por su historia, era ilustrisima por los merecimien- 
tos de sus hijos. Entonces brillaron por sus ínclitas virtudes toleda- 
nos tan venerables como el doctor Martín Ramírez de Zayas, catedrá- 
tico de Prima de Teología en nuestra Universidad y fundador de la 
capilla de San José; de tan inculpable vida, que se trató de elevarle á 
los altares; el jesuíta Juan Bautista de Segura, insigne mártir de Cris- 
to; Fr. Melchor de Hiebra, varón de singular santidad, que floreció mu- 
chos años y murió en el monasterio de San Juan de los Reyes; los 
siervos de Dios Fr. Juan de Santiago y Fr. Diego de Yepes que, ri- 
cos de virtudes, fueron ejemplo del monasterio de la Sisla, y (por no 
alargar la lista) el clérigo García de San Pedro, tan admirable en la vida 
activa como en la contemplativa, varón humildísimo y gran enamora- 
do de los pobres enfermos, á quienes consagró su existencia en el Hos' 
pital del Rey, ejerciendo con ellos los oficios más bajos y arrostrando 
las más repugnantes dolencias. Entre las claras y virtuosas toledanas 
de la época no sería bien omitir en esta breve nómina á Mencia de 



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- 74 - 
San Pablo y á D.' Ana de Zúñiga, santas religiosas del monasterio 
Jerónimo de San Pablo, y á D.' Aldonza Carrillo, Condesa de Fuensa- 
lida, que viuda y joven, despreciando riquezas y honores mundanales, 
recogióse con gran admiración de la ciudad á aquel monasterio, en 
que fué dechado de perfección y modelo de Prioras. 

No fuera corta la iista de los prelados que, nacidos en Toledo, ilus- 
traron con su ciencia ó con sus dotes de gobierno las diócesis espa- 
ñolas en el siglo XVI; pero desentendiéndome de casi todos, sólo 
mencionaré á muy pocos. Así, pues, toledanos fueron Fr. Francisco 
Ruiz, secretario y compafiero del Cardenal Cisneros, del Consejo real 
y Obispo de Avila, y D. Pedro de Ayala, del Consejo rea! también, 
docto deán de Toledo y Obispo de Canarias. Toledanos, igualmente, 
dos nobles personajes. Cardenales, Arzobispos de Sevilla é inquisido- 
res generales ambos, que en la diócesis hispalense dejaron grato 
recuerdo. D. Alonso Manrique de Cárdenas, hombre de relevantes 
condiciones, que estuvo á punto de ascender á la sede de Toledo á la 
muerte de Fonseca, y D. Femando Niño de Guevara, doctísimo juris- 
consulto y aficionado á las buenas letras, que en la culta Sevilla fo- 
mentó la añción á las academias literarias. 

La nobleza toledana dio en aquellos reinados á las armas y á la 
política esclarecidos personajes, que por sus prendas y condiciones 
obtuvieron elevados cargos y merecieron la confianza de los reyes. 
Las historias genealógicas de los Silvas, Ayalas, Rojas, Toledos, Pa- 
dillas y de otros linajes entonces en la ciudad arraigados, pudieran 
surtir de ejemplos y proporcionar nombres. No van por ahí ahora mis 
propósitos. En cambio, puesto que no les rodeó la aureola que presta 
la sangre ó la posición social, no dejaré de mentar á dos toledanos, 
humildes cuanto heroicos: los soldados Miguel de Salas y Andrés de 
Toro, primeros españoles que entraron en La Goleta, gloriosamente 
conquistada, en 1535, por Carlos V. 

Toda medalla tiene su reverso, y en el reverso de nuestra medalla 
debe colocarse á otro toledano del siglo XVI, célebre también, aunque 
célebre tristemente: Gabriel de Espinosa, el pastelero de Madrigal, á 
quien tan cara costó su bellaquería ó su ansia de grandeza. Preso y 
sentenciado, declaró ser «natural de Toledo, sin conocimiento de pa- 
dres, de los echados en la piedra, y que la santa iglesia piadosa 
cría» (176), 

Gloriosa era la tradición científica y literaria de Toledo desde el 
tiempo de los godos. Durante el período árabe los musulmanes, y 
después de la reconquista de la ciudad hasta el término de la edad 
media cristianos y judíos, cultivaron, en armónico consorcio, el árbol 



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— 75 — 
de la ciencia, adiestráronse en el estudio y en la enseñanza y dejaron 
á su paso un como provechoso sedimento, que á la menor alteración 
debía dejar sentir sus efectos nuevamente. Esto ocurrió al sobrevenir 
ese gran fenómeno histórico conocido con el nombre de Renacimiento. 
La patria de Alfonso X hallábase bien preparada, era terreno abonado 
para que germinara la semilla que encerraba en su seno, y la cosecha 
llegó, sobrepujó las mayores esperanzas, temprana, copiosa, excelente. 
A este resultado contribuyeron grandemente dos hechos que en la 
historia literaria de Toledo tienen capital importancia: el estableci- 
miento de la imprenta y el del colegio de Santa Catalina, convertido, 
poco después de nacer, en Universidad real y pontificia. Una reseña 
de tan feliz período para nuestra ciudad quedaría incompleta de 
no consagrarse algunas líneas á aquellos poderosos vehículos del pro- 
greso intelectual. 

Introducida la imprenta en Toledo acaso antes del año 1480, vé- 
rnosla prosperar bien pronto. Cultivado el noble arte por los Hagem- 
bach y Villaquirán, y sobre todo por Arnao Guillen de Brocar, nues- 
tra imprenta pónese á la cabeza de !a española, y de las prensas tole- 
danas salen bellísimos libros, que por sus condiciones tipográficas 
sufren el parangón con los mejores productos de aquel arte en 
España y fuera de ella. La primera mitad del siglo XVI es la edad de 
oro para la imprenta en Toledo. Los impresores antes mencionados y 
otros más, tales como Remón de Petras, Gaspar de Avila, Hernando 
de Santa Catalina y Juan Ferrer, lucen su rara pericia en el arte y su- 
ministran á toledanos y extraños abundante pasto intelectual, libros 
de devoción, obras de historia y de literatura y buen golpe de libros 
de caballerías. Durante la segunda mitad del siglo nuestra imprenta 
consérvase á digna altura. En manos de tres dinastías de impresores, 
los Ayala, los Guzmán y los Rodríguez, defiéndese, por lo general 
con éxito, y sólo en el siglo XVII entra en franca decadencia, al igual 
que en los demás centros de la Península (177). 

El establecimiento de la Universidad coadyuvó también poderosa- 
mente á la restauración en Toledo de las letias y las ciencias. Antes 
que Alcalá de Henares tuviera la Universidad famosa y Salamanca 
SU9 tres últimos colegios mayores, un sabio y virtuoso canónigo y 
maestrescurla de la iglesia primada, el Dr. D. Francisco Alvarez de 
Toledo, había fundadoy dotado, en el siglo XV, el colegio de Santa 
Catalina, para particular enseñanza de eclesiásticos. El colegio pros- 
peró pronto, en términos que ya en 1520 adquiría el rango de Uni- 
versidad, mediante letras apostólicas por las que León X concedía 
facultad de conferir grados, con todas las demás preeminencias pro- 



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— 76 — 
pías de la Universidad de Salamanca y de las otras del reino. Pero 
como la concurrencia y el crédito del establecimiento crecieran mucho 
en relación al escaso número de cátedras y cortedad de recursos, 
plugo á la Providencia deparar á la Universidad un protector genero- 
so en D. Bernardino de Alcaraz, sobrino del fundador y como él maes- 
trescuela y canónigo de Toledo. Híciéronse nuevas constituciones, 
acrecentáronse las rentas, aumentáronse y se dotaron más largamen- 
te las cátedras, y el estudio, tan modesto en sus comienzos, convir? 
tióse en muy acreditada escuela, donde la Teología, los Cánones, 
el Derecho civil, la Medicina, las Artes, la Retórica y el griego se 
explicaban por doctos maestros con gran provecho de la juventud de 
Toledo y de otras partes. Así aconteció que, en la segunda mitad del 
siglo XVI, llegaban ya estudiantes de muchas Universidades á incor- 
porarse á la toledana y los grados de licenciatura y doctorado se ce- 
lebraban en ella con tanta y aun mayor pompa y solemnidad que en 
las más famosas de España. Por sus aulas pasaron, como maestros ó 
como estudiantes, muchos y bien dotados ingenios, y ellas dieron á la 
Iglesia y á la Patria considerable número de prelados y hombres ilus- 
tres (17S). En ñn, á tal altura se puso, que, si hemos de creer á im 
escritor de fines del siglo XVI, la Universidad de Toledo pareció poder 
competir con los colegios de Santa Cruz, de Valladolid, y Santo To- 
más, de Sevilla, y aun con las Universidades de Alcalá y Salaman- 
ca (179). No sólo aquel establecimiento difundió en la ciudad el cultivo 
de ciencias y letras, que otros vinieron á secundarle en la consecución 
de tan nobles fines. D. Bernardino Zapata y Herrera, canónigo y ca- 
piscol de la iglesia primada, inspirándose en el ejemplo del ilustre fun- 
dador del colegio de Santa Catalina, de quien era pariente, fundó á 
su vez, en 1 568, el Colegio de San Bernardino, para cierto número de 
teólogos y juristas que seguían sus estudios en la Universidad. En fin, 
el Cardenal Quiroga fundó en 1 583 el Colegio de San Eugenio, dotado 
liberatmente por los hermanos D. Pedro y D.' Estefanía Manriqí^e de 
Castilla y en el cual dábase con utilidad notable la enseñanza de las 
humanidades por ios padres de la Compañía de Jesús, á quien estaba 
confiado. 

Espántase el ánimo al considerar el número y calidad de escritores 
que en el siglo XVI produjo Toledo, y que con sus escritos, inmorta- 
les muchos de ellos, alzaron á su ciudad más preclaro monumento 
que cuantos en mármoles y bronces puedan cifrar su nobleza. En 
ese monumento ideal, digno de largo y minucioso examen, destá- 
canse las graves figuras de los teólogos, como descuella la ciencia 
de Dios entre el nutrido coro de las que hacia las criaturas dirigen sus 



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— n — 

investigaciones. Marcha á la cabeza de ellos Alfonso Salmerón. Hom- 
bre doctísimo, escritor fecundo, eminente exégeta, fllósofo, compa- 
ñero en París de San Ignacio y uno de los jesuítas más famosos de 
su siglo, mereció de sus contemporáneos unánimes elogios. De él 
decía Paulo Itt que jamás vio en un joven tal prudencia, tan sólida 
virtud ni mayor sabiduría. Así no es de extrañar que entre los siete 
teólogos designados por el Papa concurriera á Trente, en cuya au- 
gusta asamblea brilló como pocos y dejó sentir hondamente su in- 
fluencia, y que, honrado con la confianza pontiñcia, cumpliera deli- 
cadas misiones, peregrinando por Europa é ilustrando á Italia, Fran- 
cia, Flandes, Alemania, Polonia, Irlanda y Escocia. Eximio teólogo 
toledano fué también Fr. Dionisio Vázquez, varón de los más sabios 
de su época, gran escriturario y comentarista, honra de las Universi- 
dades de Paris, Toledo y Alcalá, primer catedrático de Biblia en esta 
última y muy estimado por León X y Carlos V. Clarisimo teólogo 
fué, á más de buen jurisconsulto, hagiógrafo y comentarista, Martín 
Alfonso Vibaldo, gloría del Colegio de Bolonia, en que fué maestro. 
Jerónimo de la Rúa, catedrático de nuestra Universidad, mostróse 
profundo teólogo en sus tratados de controversia. Tres franciscanos, 
que llevaron el nombre de su santo patriarca, son para recordados: fray 
Francisco de Sosa, gravísimo catedrático de Teología en Salamanca, 
que trató en sus escritos diversos puntos teológicos y de disciplina; 
Fr. Francisco de Rojas, predicador de gran fama y autor de varios 
opúsculos y libros espiritua'es, y Fr. Francisco de Guzmán, que enal- 
teció en un tratado insigne el sacerdocio y el celibato, atacados por 
los herejes. Juan Ruiz de Herrera fué autor de un voluminoso trabajo 
de exposición general de la Biblia, y Fr. Juan de Guevara comentó 
con gran doctrina los cuatro libros Sefüentiarrtm. Toledo dio en el 
siglo XVI á la sociedad de San Ignacio teólogos que siguieran los 
pasos del gran Salmerón, ya que no pudiesen emularle. Cuéntase en 
este número á Alonso de Pisa, quien, á más de consumado teólogo, 
fué canonista, médico y filósofo aristotélico, sobre gran apologista y 
polemista que en Alemania y Polonia riñó rudas batallas en pro de 
la verdad católica. Jesuítas fueron, asimismo, Juan Fernández, varón 
tan espiritual como docto en letras griegas y hebreas, expositor de 
las sagradas escrituras; Alfonso de Castro, comentador de Clemen- 
te VIH; Pedro Ximénez, que ilustró á Austria y á Stíria como orador, 
polemista y escritor apologético, y Alfonso Gómez, que escribió en 
lengua tagala tratados religiosos para uso de los ñlipinos, á quien adoc- 
trinaba. Dejando á un lado, en fin, otros nombres, mencionaré á dos 
ilustres teólogos que, nacidos en el siglo XVI, florecieron en el XVII: 



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- 78 - 
Luis Belluga, catedrático de la Universidad toledana, y el fecundí- 
simo Tomás Hurtado, que fué también moralista y filósofo tomista y 
aristotélico. 

Numeroso se ofrece el grupo de nuestros escritores ascéticos y mo- 
ralistas, y en extremo importante fué su concurso á la gran corriente 
de la literatura española dentro de aquel género. Con tan castiza 
forma como severo fondo compuso su Afonía del tránsito de la muerte 
el maestro Alejo Vanegas, que fué también gramático y filósofo de la 
escuela independiente, como lo demuestra su Diferencia de libros que 
hay en el mundo. Insigne sujeto fué D. Juan Horozco de Covarrubias, 
Obispo de Agrigento y después de Guadix; su fama, más que en los 
libros espirituales y morales que escribió, con ser muy apreciados, 
ciméntase en su Tratado de la verdadera y falsa propkecia, en que fus- 
tigó el furor milagrero y pseudo-profético, tan en moda en su tiempo. 
El grave jesuíta Luis de la Palma, nacido en el siglo XVI, publicó en 
el XVII su Historia de la Sagrada Pasión, en que, ciñéndose al relato 
de los cuatro evangelistas, nos dejó un modelo de elegancia y bien 
decir en nuestro idioma. Entre esta copiosa fa'ange deben señalarse 
también: Pedro Sánchez de Acre, que en sus discretos tratados filosó- 
flco-morales encomia las virtudes cristianas como las excelencias de 
los filósofos gentiles; Diego de Yepes (distinto del biógrafo de Santa 
Teresa), quien buscó la moralidad en los ejemplos de la Historia y en 
las sentencias de los santos; el Jesuíta Diego Alvarez de Paz, varón 
piísimo que edificó al Perú con sus virtudes y sus espirituales escri 
tos; Gil González Dávila, jesuíta también, que explicó y anotó los 
Ejercicios de San Ignacio; Pedro de Navarra, autor de un tratado 
latino, que se generalizó mucho, sobre restituciones; el presbítero 
Juan de Mora, con sus Discursos morales; el racionero Francisco de 
Guzmán, con sus Devociones espirituales; Bernardo Venegas, con sus 
MeiHtaciones sobre el Padre nuestro; el agustino Fr. Diego de Pastra- 
na, con su Camino de la Ciudad de Dios;e\ clérigo Francisco Farfán, 
que enderezó sus escritos á la corrección del vicio opuesto al sexto 
precepto del Decálogo, y el franciscano Francisco Ortiz Lucio, escri- 
tor muy fecundo que con su pluma y su palabra aleccionó á los fieles, 
sin distinción de estados. 

A todos éstos sobrepujó, como príncipe que debe reputarse de los 
moralistas toledanos, un jesuíta céiebre: el P. Pedro de Rivadeneyra. 
Niño aún, habíase alistado en la naciente sociedad de Jesús, y San 
Ignacio siempre sintió por él predilección especialísima. Hombre ya, 
sus dotes de insigne prudencia y de preclaro ingenio ostentáronse pron- 
to, tanto en las difíciles misiones é importantes cargos que desempeñó 



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— 79 — 

en distintos países de Europa, cuanto en las obras que dejó escritas, 
generalmente en idioma castellano, del cual serán perpetua gala y or- 
namento. Como escritor ascético brilla el P. Rivadeneyra en su admi- 
rable tratado Ve ¿a tribulactihi, en su Manual de oraciones y en otros 
libros espirituales. Proclámanle excelente historiador y biógrafo su 
Historia del Cisma de Inglaterra, su Fhs Sanctorum, sus vidas de 
San Ignacio, de Láynez, Salmerón, San Francisco de Borja y otros 
notables personajes de su tiempo. Fué gran escritor político en el 
Principe ckristiano, en que defiende la sana doctrina católica, contra- 
poniéndola á la errónea y dañada de Maquiavelo. Y como bibliógrafo 
responda su Illustrium scriptorum Societatis Jesu catatogus, que ter- 
minó octogenario. Fué, pues, Rivadeneyra varón favorecido con 
grandes dotes para todo género de literatura. En sus escritos hay 
páginas de elocuencia verdaderamente tulíana. Como autoridad en el 
habla ocupa un puesto entre los primeros maestros; por su estilo na- 
tural y llano servirá siempre de modelo á cuantos aspiren á manejar 
bien nuestra lengua. 

Á este magno grupo de moralistas corresponden también los ora- 
dores sagrados. No faltaron en Toledo quienes, á más de aleccionar 
al pueblo desde el pulpito con persuasiva elocuencia, publicaron ser- 
monarios, algunos de los cuales fueron tenidos en mucha estima. En- 
tre ellos debe citarse al dominico Juan de Luna, al franciscano Gaspar 
de Vigachoaga, á Fr. Luis Alvarez, Fr. Me'chor de Santa Mana y so- 
bre todos al religioso de San Juan de los Reyes Fr. Diego de la Vega, 
cuyos sermonarios latinos y castellanos forman una enciclopedia del 
predicador. 

Dio el ser Toledo en el siglo XVI á eminentes cultivadores de tos 
Derechos civil y canónico, que acrecentaron con sus obras la gloría 
de nuestra patria y de su ciudad natal. El más ilustre da todos fué 
D. Diego de Covarrubias y Leyva, Obispo meritisímo de Ciudad Ro- 
drigo y más tarde de Sagovia, que como consumado canonista y civi 
lista descolló a! par de los más famosos de Europa, El Derecho civil y 
canónico, pontificio y regio, debieron á su pluma sabios y numerosos 
tratados. Considerósele en su tiempo como hombre el mayor quetuvo 
España en el conocimiento de las 'etras humanas y divinas. En el 
Concilio de Trento, á que con;:urrió como prelado, distinguióse so- 
bremanera, y juntamente ton otro eximio prelado y canonista espa- 
ñol, Antonio Agustín, tuvo la gloria de redactar el decreto ñnal para 
observancia del Concilio, viniendo así comoá cerrar aquella asamblea, 
á cuyo feliz éxito tanto habían contribuido los españoles. Por su ge- 
neral autoridad y por sus conocimientos jurídicos, antes acreditados 



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— 8o — 
en honrosos puestos propios de su carrera, exaltóle Felipe II al de 
Presidente del Consejo de Castilla, cargo que á duras penas admitió, 
por repugnarlo su humildad y los deberes episcopales, que para si le 
reclamaban. Fué tal, en fín, su amor al trabajo, que ni dejó pasar día 
sin estudiar ni consintió jamás en separarse de sus libros, que le se- 
guían en sus viajes y comisiones, ni se halló en su biblioteca volumen 
que no estuviera glosado de su mano. Hermano de D. Diego fué don 
Antonio de Covarrubias y Leyva, maestrescueladela iglesia primada, 
también ilustre jurisperito, filósofo y uno de los hombres más sabios 
de su siglo en lenguas griega y latina. AI Concilio trídentino asistió 
igualmente enviado por Felipe II, Justo Lipsio le llamó gran lumbrera 
de España, y aludiendo á una epístola suya, dijo: Mentior si ab ali- 
quot annis literas vidi magis literatas. 

Celebérrimo asimismo, y más quizá que en su patria en Italia, don- 
de residió largos años, fué Pedro Chacón, catedrático de Salamanca, 
viviente enciclopedia que asombró á su época, luz de sabios, perenne 
scientiarum flumen, según dijo de ét un escritor de aquel tiempo. 
Como gran canonista que era, mereció de San Pío V y de Gregorio XI I i 
honrosísimas comisiones. Su actividad increíble llevóle á cultivar tan 
distintos campos, que no pareció existir linaje de humanos conoci- 
mientos que se le resistiese. Así,' fué teólogo, ñlósofo, matemático, 
humanista, historiador, arqueólogo y numismático, gramático y filó- 
logo, y con ser varón sapientísimo en toda disciplina, brilló por su 
rara modestia al par que por su sabiduría. iRaza aquélla de hombres 
que parece raída de la haz de la tierra! 

En derredor de estos tres colosos de la ciencia jurídica agrúpanse 
aún más ñguras que meniñestan el esmero con que en Toledo se cul* 
tivó el Derecho. El Dr. Juan Bautista de Villalobos dejó en su An- 
tinomia un tratado de práctica forense. El magistrado Alfonso Pérez 
de Lara escribió varios de Derecho canónico. El mínimo Fr. Pedro 
Rutz de la Visitación, sujeto señalado en piedad y doctrina, publicó 
varias obras acerca de ritos y ceremonias eclesiásticas. El maestrescue 
la D. Bemardino de Sandoval, en su Tratado del cuidado que se debe 
tener de los pobres presos, promueve el estudio de los asuntos peniten- 
ciarios, entonces abandonados. Pedro Vázquez Belluga y Sebastián de 
Horozco fueron notables jurisconsultos, amén de apreciabilísimOs lite- 
ratos. Entre los glosadores y comentaristas, Sebastián Xíménez escri- 
bió las concordancias del Derecho civil y canónico, entre las Partidas, 
las leyes del Estilo, Ordenamientos y Nueva Recopilación; el catedrá- 
tico Alonso de Narbona comentó este último cuerpo legal, y Pedro 
Pantoja de Ayala, muy perito en ambos Derechos, dirigió sus comen- 



tizcdbyGoOi^Ie 



— Si- 
tos, ya á principios del siglo XVII, en que floreció, hacia ciertos pun- 
tos y materias del Derecho antiguo. 

En el contingente que al estudio de la ciencia fllosóñca aportan los 
toledanos del siglo. XVI, aparece en primera línea el canónigo Juan 
de Vergara, que con la pléyade gloriosa de los^ Sepúlvedas, Goveas y 
Villatpandos ñguró entre los aristotélicos puros. Pero con ser gran filó- 
sofo, acaso brilló más alto como humanista; fué poeta latino de clási- 
ca inspiración y doctísimo en letras griegas. En su Tratado di las 
Ocho Quístioius del Templo demostró la falsedad del Beroso de Annio 
de Viterbo. No es, pues, maravilla que la Universidad de Alcalá y el 
Cabildo de Toledo le tuvieran por legítima gloria suya; que le admi- 
rasen y elogiasen á porfía sus contemporáneos; que Erasmo, su gran 
amigo, le ensalzara sin medida, anteponiéndole á todos los grandes 
ingenios de Europa, y que la posteridad, por boca de Menéndez y Pe- 
layo, le haya proclamado *uno de los ingenios más cultos y ame- 
nos de nuestra edad de oro, padre de la crítica histórica en Espa- 
ña» (180). 

Sabios ñlósofos también, aun distando mucho de Vergara en la fama 
y en la universalidad de conocimientos, fueron, entre otros: Pedro Mar- 
tínez de Brea, gran aristotélico y peripatético clásico, notable teólogo 
a^mismo, catedrático complutense y seguntino, justamente alabado 
por su discípulo el Arzobispo Loaysa; el cisterciense Fr. Marsilio Váz- 
quez, también ñlósofo aristotélico, que en el último tercio deLsiglo XVI 
ilustró á Italia con sus escritos y enseñanzas; el jesuíta Gaspar Her- 
nández, constante compañero de San Francisco de Borja, que escri- 
bió un tratado de dialéctica y otro sobre la inmortalidad del alma; el 
tomista Fr. Pedro de Uceda y el escotista Fr. Gaspar de la Fuente. 

No escasos se nos presentan los escritores políticos, que con sus 
lucubraciones aspiran á perpetuar la grandeza de la monarquía ó á 
contener su ya. iniciada decadencia. Algunos de ellos escribieron entra- 
do el siglo XVII y varios degeneraron en arbitristas; pero hubo uno 
que, nacido en el XVI, obtuvo gran fama en su tiempo y aun pasados 
muchos años. Reñérome al sacerdote secular Sancho de Moneada, eco- 
nomista, autor de la conocida obra Restauración política de España y 
representante el más genuino, entre los escritores similares, de la es 
cuela político-económica que, mediante el sistema protector y prohi- 
bitívo, aunque huyendo de exageraciones, buscó remedios para la gra- 
ve declinación nacional. 

Generalizada estuvo en Toledo la afición al cultivo de los estudios 
históricos, y no pocos nombres acuden con este motivo á la memo- 
ria. Entre los hagiógrafos, á más del ilustre Rivadeneyra, descuella el 



tizcdbyGoOi^Ie 



— 82 — 

maestro Alonso de Villegas, autor de la conocida y voluminosa obra 
F¡os Sanctorum, que anduvo en manos de todos desde su aparición á 
últimos de aquel siglo. La biografía y la Historia civil y eclesiástica 
cuentan entre sus filas á hombres tan eruditos y discretos como Fran- 
cisco Rades y Andrada, elegante y verídico historiador de las tres 
grandes Órdenes militares españolas; Eugenio de Narbona, á quien 
alguien llamó, bien que ambiciosamente, Salustio toledano, historia- 
dor del Arzobispo Tenorio; Eugenio de Robles, que lo fué del Carde- 
nal Cisneros, y el célebre Dr. Pedro Salazar de Mendoza, aventa- 
jado jurisconsulto, tratadista de Derecho político, escritor muy fecun- 
do, y en cuanto historiador, biógrafo de los Cardenales Mendoza y 
Tavera, autor del Origen de las dignidades seglares de Castilla y León 
y de las historias genealógicas de los Ponces, Sandovales, Ayalas y 
de otras antiguas familias. Otros dos historiadores nacidos en la ciu- 
dad imperial en el siglo XVI he de mencionar más especialmente, ya 
que, olvidados hasta aquí por sus contcrríneos, es justo ocupen el 
puesto que les corresponde entre sus compatricios distinguidos. Es 
uno el capitán Alonso Vázquez, soldado valeroso que después de se- 
ñalarse mucho y derramar su sangre por la patria en las guerras de 
Flandes y de Francia, supo narrar en castizo estilo los acaecimientos 
de aquellas campañas en su libro Los Sucesos de Flandes y Francia del 
tiempo de Alexandro Farnesio, «obra de capital importancia para ilus- 
trar la historia de nuestra dominación en aquellos países» ([8i).Esel 
otro Matías de Novoa, el más notable historiador de los Felipes III 
y IV. Oscurecido su nombre durante dos siglos y medio, hoy puede 
ya añrmarse que á Novoa se debieron las extensas é interesantes obras 
atribuidas hasta hace poco á Bernabé de Vivanco, y que, muy supe- 
riormente á las de González Dávila y Céspedes y Meneses, nos per- 
miten conocer aquellos dos reinados {182}. 

Buscando más amplio asunto para sus tareas históricas, Antonio 
Alvarez de Alcocer escribió una Chronica de España que alcanzaba 
hasta el tiempo del Emperador Carlos V; el jurado Alonso Téllez de 
Meneses, cierta Historia del Orbe, que hacen poco recomendable las 
cenagosas fuentes á que debe su caudal; Fr. Juan González de Men- 
doza la Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del gran 
reino de la China, país que visitó por encargo de Felipe II, quien pre- 
mió al autor sus trabajos, sucesivamente, con las diócesis de Lipa- 
ri, Chiapas y Popayan, y, por último, un cierto Buxeda de Leyva 
acometió y llevó á cabo la nada liviana empresa de escribir la histo- 
ria del Japón. 

No podían faltar adeptos á la genealogía, rama de la Historia, como 



tizcdbyGoOi^Ie 



- Sí- 
es sabido, no siempre bien dirigida. Con varia fortuna se ejercitaron 
en ella entre nosotros, á más de Salazar de Mendoza, el ya citado 
Téllez de Meneses y Alonso de la Fuente Montalbán, para no nom- 
brarlos á todos. 

Ponga término á esta serie de nuestros historiadores la mención de 
algunos otros que enderezaron especialmente sus afanes á esclare- 
cer los fastos toledanos. Lugar preferente ocupa entre ellos Pedro de 
Alcocer, cuya existencia y autenticidad como historiador se ha nega- 
do sin el menor fundamento (183); juicioso autor de la primera histo- 
ria de Toledo que se ha escrito é impreso y de algunos más breves 
tratados históricos. Al Dr. Francisco de Pisa, catedrático en nues- 
tra Universidad, se debe la conocida obra histórica que se publicó ya 
en el siglo XV'II, muy apreciable en razón á las abundantes noticias 
que contiene y cuya segunda parte permanece inédita. En los últimos 
años del siglo XVI nació D. Pedro de Rojas, conde de Mora, laborioso 
historiador local y genealogista, cuyas obras, contaminadas con las 
tabulas de los falsos cronicones, merecieron censuras en su mismo 
tiempo. Entre aquellos nuestros historiadores locales hay uno mar- 
cado de especialísimo sello, y cuyo nombre, muy popular en su épo- 
ca, ha llegado á la nuestra rodeado de ambiente tal de desprestigio 
que parece viva representación de la impostura en materia histórica: 
refiérome á Jerónimo Román de la Higuera, La opinión acerca de este 
célebre jesuíta toledano está formada hace tiempo, desde Nicjiás An- 
tonio á acá. Higuera es un novelero, un invencionero, un falsario. De 
su laboratorio salieron sucesiva y' sistemáticamente las dos series de 
cronicones, los Daxtros, Máximos, Luitprandos y Julián Pérez, con 
los demás fragmentos que formaron su séquito: todo un doble ciclo 
de fábulas y novelas con que se enturbii la historia nacional desde 
ñnes del siglo XVI. V, sin embargo, sobre la paternidad de los falsos 
cronicones aún no se ha dicho la última palabra; acaso Higuera no 
los forjó, interpolándolos tan sólo; acaso fué cierta la historia, que se 
cree ñngtda, de la intervención en el asunto del P. Torralba y su pre- 
tendido hallazgo en Worms. Sea como quiera, y aun sin borrar de su 
frente el estigma de falsario, el P. Román es, como cronista local, más 
digno de aprecio de lo que generalmente se cree. Su inédita historia 
de Toledo es muy útil para el conocimiento de la topografía de la pro- 
vincia, y por las noticias de su tiempo que contiene. Higuera fué, á 
más de historiógrafo y geógrafo, teólogo, filósofo, humanista, genealo- 
gista, anticuario y comentarista; y en sus invenciones y acomodamien- 
tos, que comúnmente se tienen por desdichados y torpes, demostró á 
las veces nada vulgares dotes de diestro novelador y aún de poeta(i 84}. 



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— 84 — 

Finalmente, entre los historiadores toledanos del siglo XVI debe 
incluirse á Sebastián de Horozco (ya mencionado como jurisconsulto), 
bien que, más que historiador en el estricto sentido de la palabra, fué 
un veraz narrador y áüigentísimo píriodisía, por quien conocemos al 
detalle los más importantes sucesos ocurridos en aquel tiempo en su 
ciudad natal, hasta el punto de que sus memorias y relaciones son la 
más copiosa fuente á que puede recurrirse en busca de noticias de 
Toledo en el siglo XVI. Horozco, escritor tan fecundo como modesto, 
fué además de historiógrafo poeta de la escuela tradicional, paremió- 
logo y autor de entremeses y otras composiciones dramáticas repre- 
sentadas con aplauso entre sus conciudadanos (1S5). 

Al igual que en el resto de España, no hallaron en Toledo las cien- 
cias de observación y aplicación de la materia el número de cultiva- 
dores que las especulativas. Entre los matemáticos y astrónomos 
cuéntase al insigne Pedro Chacón, ya mencionado, á quien, con otros 
sabios, confió Gregorio XIII su célebre reforma del calendario. Alvar 
Gutiérrez de Torres, protegido del Arzobispo Fonseca, publicó en 
Toledo en 1 5 24 un Breve compendio de las alabanzas de la Astrologia. 
Más abundaron los médicos y naturalistas escritores. Si no fué tole- 
dano, como generalmente se ha creído, el célebre López de Villalobos, 
resárcese la ciudad de esta pérdida ostentando como suyos otros 
nombres ilustres. Juan Fragoso , cirujano de Felipe 11, alcanzó mucho 
renombre en su arte; fué docto tratadista de Botánica, y sus libros de 
cirugía y de materia médica gozaron de gran fama. Francisco Her- 
nández, médico de aquel monarca y traductor de Plinio, fué sapientí- 
simo naturalista, gran conocedor de la flora y fauna de la Nueva Es- 
paña. Envióle allá el Rey, encargado de una misión científica, termi- 
nada la cual presentó Hernández su magníñca historia de las plantas 
y animales de las Indias, obra de alto valor científico y artístico, que 
oscureció — dice un ilustrado escritor contemporáneo — á cuantos tra- 
bajos y estudios sobre 'a naturaleza, con ser muchos y valiosos, se 
llevaron á cabo por españoles en el siglo XVI (186}. Entre nuestros 
farmacéuticos escritores se cuentan Francisco Vélez de Arciñega y 
Lorenzo Pérez, gran naturalista y viajero, que escribió notables obras 
sobre farmacopea (187). De Agricultura y Apicultura trató Alonso de 
la Fuente Montalbán, ya nombrado como genealogista. Grupo intere- 
sante forman nuestros escritores técnicos militares. Diego de Sala- 
zar escribió y publicó en Bruselas su Diálogo De Re müitari. An- 
drés Cerón, una obra sobre artilleria. Cristóbal de Rojas, tratadista 
también de artilleria y de poliorcética, escribió sus notables libros 
Theirka y práctica de fortificación y Discursos militares. Eugenio 



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- 85 - 
de Manzanas, en fln, publicó el tratado Enfrenamiento de gineta. 
Solaza en verdad recordar los ilustres nombres que en el campo de 
los estudios gramaticales, filológicos y de las humanidades corres- 
ponden á Toledo en aquella edad dorada. Blas de la Serna, profesor de 
Gramática en la Universidad de Alcalá, publicó, unas exposiciones 
sobre los libros gramaticales de Nebrija. Baltasar de Sotomayor estu- 
dió la lengua francesa en sus relaciones con la castellana. El jesuita 
Juan de Santiago, muy versado en letras griegas y latinas, escribió 
obras didácticas sobre Retórica, métodos de predicar y de escribir car- 
tas. Femando Díaz Patennano, docto en lenguas orientales, escribió 
una gramática caldaica. Francisco de Vergara, hermano de Juan, si in- 
ferior á éste en el ingenio, superior en el estudio, al decir de Scoto, re- 
dactaba elegantísimas epístolas griegas, admiración de la Universidad 
de Lovaina. También en Toledo y en el siglo XVI nació, aunque bri- 
llara en el XVII, el sabio jesuita Juan Luis de la Cerda, celebradísimo 
por su elocuencia y erudición en todo el orbe (según Nicolás Anto- 
nio), que comentó é ilustró á Virgilio y á Tertuliano y escribió trata- 
dos gramaticales y teológicos. Hay aún que agregar á estos los nom- 
bres de Blasco de Garay, Juan de Meló, Alejo Vanegas ó Venegas y 
Sebastián de Horozco (ya nombrados anteriormente algunos de ellos), 
cultivadores de lo que después se llamó paremiologia, con sus varios 
escritos sobre adagios y refranes castellanos. Y dejando á un lado á 
Juan de Vergara y á Pedro Chacón, también mencionados poco ha 
con cumplido elogio, todavía hallamos dos toledanos cuyos nombres 
lucen como los que más entre los primeros humanistas españoles. 
Sebastián de Covarrubias y Horozco, que es uno de ellos, fué gran 
tilólogo, y en su conocida obra Ihesaro de la lengva castellana osten- 
tó su vasto saber, declarando los vocablos de nuestro idioma, sus 
etimologías y signifícados. Es el otro el maestro Alvar Gómez de 
Castro, honra de la Universidad de Toledo, en la que fué catedrático 
de Retórica y griego. Fué poeta latino de altos vuelos, oráculo de su 
tiempo en achaque de letras humanas y portento de sabiduría, según 
los escritores contemporáneos suyos. Su célebre historia latina del 
Cardenal Cisneros le acreditó, además, como historiador vera?, y ele- 
gante, y epigrañsta verdaderamente cósico le declaran sus inscripcio- 
nes, muchos de cuyos textos se conservan. 

Menos numeroso se nos ofrece el grupo de los cultivadores del 
género novelesco. Luis Hurtado de Toledo fué el autor (bien que 
oculto) del tan celebrado Palmerín de Inglaterra. Pedro de Reynosa 
escribe para esparcimiento de ociosos su Orlando enamorado, con que 
fomenta la añción á las vanas lecturas de -caballerías. D. Juan de Silva 



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y Toledo compone un libro más de este género, con título de Histo- 
ria del principe D. Policisne de Boecia. Y Fr. Eugenio Martínez, cis- 
terciense en Huerta, amén de cantar en verso las vidas de Suita Inés 
y Santa Catalina, fué padre de La Toledana discreía, uno de los po- 
cos ó acaso el único de los libros de caballerías que se imprimió des- 
pués de publicado el Quijote. 

Sin conocer y estudiar á los poetas toledanos no fuera posible el 
conocimiento de nuestra poesía nacional. La patria de Judah Leví, el 
excelso autor del Himno de la creaciáH, y de Rodrigo de Cota, cuyo 
famoso Diálogo del amor y un viejo es tpieza capital de la literatura 
del siglo XV» (i88), fuélo también al comenzarse el XVI del divino 
Garci-Lasso de la Vega, príncipe de la lírica castellana. Considerando 
las singulares condiciones de su persona y las fases de su novelesca 
vida, vacila el ánimo entre enaltecer con preferencia al noble caba- 
llero, al soldado y al hombre de mundo, ó bien al altísimo poeta y al 
revelador de la fuerza poética de nuestro armonioso idioma. Fiel ser- 
vidor de Carlos V desde su tierna juventud, adicto siempre á la causa 
imperial, no obstante estímulos de familia que acaso le atraían al 
campo contrario, parece simbolizar á la lealtad castellana. Valeroso 
guerrero, peleando denodadamente por sü patria ó por su fe en Na- 
varra, en Viena, en África y en Provenza, derramando repetidas ve- 
ces su sangre en los campos de batalla y pereciendo gloriosamente á 
consecuencia del asalto de la funesta torre de Fréjus, antojase ver en 
él el trasunto de los héroes todos de los ciclos caballerescos. Mozo 
<el más hermoso y gallardo de cuantos componían la brillante corte 
del Emperador» (189); bizarro y aventajado como ninguno en los 
ejercicios de fuerza y de destreza propios de los mancebos de su clase; 
diestro tañedor de varios instrumentos músicos y dulce cantor de sus 
sonoros versos; profundo conocedor de Horacio y Virgilio; doctísimo 
en las lenguas italiana, francesa, latina y griega; ornamento de las 
espléndidas ñestas de Ñapóles; amado en vida y sentido en muerte 
por el Emperador, por la nobleza y el ejército y por Toledo, su patria, 
parece hallarse en él, física y moralmente, la acabada imagen del 
noble del Renacimiento. 

Pero en Garci-Lasso, con brillar el hombre tanto, el poeta oscurece 
al hombre. ¿Quién ignora que Garci-Lasso, el Petrarca español, el 
cantor de la placidez y de la dulzura, fué también el restaurador de la 
poesía castellana, es el poeta venerado como clásico entre los nuestros? 
Todos habéis leído sus admirables églogas y canciones; habéis aspi- 
rado en ellas el perfume de la más suave y apacible poesía; habéis 
saboreado en ellas la armonía y el encanto del lenguaje, aún hoy vivo 



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- 87 - 
y floreciente; en ellas descubristeis al cultísimo imitador de los anti- 
guos clásicos. No os presento, no, al gran lineo español; al vate del 
Renacimiento, cuya influencia en la literatura castellana fué decisiva; 
al poeta perfecto, si la perfección cabe en lo humano. Evoco tan sólo 
la memoria del tierno Salicio, del egregio toledano, del cantor de su 
ciudad, del «Tajo amado» (190), de sus riberas, ninfas y pastores; del 
amante de su patria, de que su mala fortuna, según propia confesión, 
le apartaba y á la que recuerda cuando, con dolorido acento y como 
presagiando su muerte, decía por boca del pastor Albanio: 

Este descanso llevaré auoque muera, 
Que cada día cantaréis mi muerte, 
Vosotros, los de Tajo, en su ribera (191 . 

No circuido de la luminosa aureola que Garcilaso, pero si ricamen- 
te dotado del noble entusiasmo y de la llama poética, descúbresenos 
otra insigne figura toledana de los siglos XVI y XVII: Baltasar Elisio 
de Medinilla, desgraciado en su vida, acrisolada por disgustos y pesa- 
res, desgraciado en su muerte, que fué violenta y perpetrada por las 
manos de quien menos debiera (192), y aun también desgraciado des- 
pués de ella por el escaso recuerdo que á la posteridad en general ha 
merecido (193). Ello no obstante, Medinilla es poeta inspirado y vigo- 
roso. En sus poesías á lo divino nos legó bellísimos modelos que imi- 
tar, comparables á las de nuestros mayores poetas místicos del si- 
glo XVI. En alto estilo cantó la Limpia Concepción de la Virgen nues- 
tra Señora, sin que desdeñara los géneros descriptivo y mitológico. 
Fué, en fin, buen prosista y preceptista, autor de epístolas y diálogos. 
Lope de Vega, tierno amigo suyo, dedicó afectuoso recuerdo á su me- 
moria en muy bellos versos en que, aún más que la inspiración poé- 
tica, con ser ésta grande, desbórdase impetuoso el sentimiento {i94)- 

En los siglos XVI y XVII brilló tamb'ién como poeta otro toledano 
muy popular en su tiempo, honrado y querido de sus contemporá- 
neos: el maestro José de Valdivielso. Épico aventajado en la Vida de 
San Josepk, apacible y elocuente en sus comedias divinas y autos sa- 
cramentales y en sus composiciones líricas sagradas, figura entre 
nuestros primeros poetas místicos, distinguiéndose por la lozanía del 
ingenio, io florido y suave del estilo, la riqueza de imágenes y la expre- 
sión tierna y delicada. Un docto escritor contemporáneo considera al 
Romanctro espiritual de Valdivielso como «joya lindísima de nuestra 
literatura ascética», y reconoce que sus admirables composiciones 
poéticas ctrascienden á gloria y á los gustos y deleites del Paraí- 
so» (195). 



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A bien distinta escuela que los anteriores perteneció el fecundo Luis 
Hurtado de Toledo, de que ya hice mérito como novelista, que co- 
menzó militando bajo las enseñas de Carlos V, se acogió á la Iglesia 
y murió de cura de la parroquia de ban Vicente, en su patria. Hurta- 
do fué gran partidario de la antigua poesía nacional á la manera de 
Castillejo; cultivó los géneros religioso, alegórico y mitológico, y á él 
es debido el precioso auto Las Cortes de la Muerte. De concienzudo 
historiógrafo y fiel pintor de costumbres se acreditó con el Memorial 
de las cosas notables de Toledo en contestación al interrogatorio de 
Felipe II para la descripción de los pueblos de España (196). 

Tiempo y espacio faltan para tratar de otros poetas toledanos de 
aquel siglo, y así nada diré del Dr. Vaca, dramático, de Alonso de 
Villegas, Jerónimo Ángulo, Juan Ruiz de Santa María y Alejandro de 
Luna (197), ni haré sino nombrar al contador Gaspar de Barrionue- 
vo, poeta de agudo ingenio tan elogiado por Cervantes como por 
Lope de Vega. Entre los antologistas y colectores se contaron: Este- 
ban de Villalobos con su 'lesoro de divina Poesía; Juan López de 
Ubeda con su Vergel de flores divinas y Lorenzo de Ayala, autor de 
una antología amatoria y erótica. 

Si no brilló hasta el siglo XVll, en fines de] XVI vio ya la luz en 
nuestra ciudad un ilustrísimo dramático: Luís Quiñones de Benaven- 
te, el D. Ramón de la Cruz de aquella época, culto y regocijado autor 
de tantos bailes, loas, jácaras y entremeses, en qujen, según Lope de 
Vega, estaban reunidas todas las gracias (198). Y no es ésta ocasión 
de hablar del insigne autor de García del Castañar y de Bntre bobos 
anda el juego, pues este toledano famoso no vino al mundo basta prin- 
cipios del siglo de Calderón, Alárcón y Moreto. 

No hay vagai* para extenderse en el encomio de los poetas latinos 
hijos de Toledo; fuéronlo, entre otros, Garci-Lasso, Juan de Vergara, 
Alvar Gómez de Castna y Elisio de Medinilla, ya citados, y el inge- 
nioso Juan Pérez ó Petreyo, catedrático complutense, elogiedísimo 
por sus contemporáneos. Pero la pluma se resiste á pasar adelante 
sin dedicar un recuerdo á aquella 

... insigne y prodigiosa escuela 

de damas toledanas 

que en discreción son únicas fCDices (199); 

á algunas de aquellas claras mujeres por quien tan alto votó la fama 
de Toledo y por quien Gracián se atrevió á exclamar: «Más dice aquí 
una mujer en una palabra que en Atenas un ñlósofo en todo un li- 
bro» (200). 



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- 89 — 

Vastago de una familia de sabios fué Isabel de Vergara, y asi no es 
de extrañar resaltase su pericia en el latín y el griego. Lope de Vega 
bnsalzó extraordinariamente en su Laurel de Apolo á D." Ana de Aya- 
la, cuyo ingenio y entendimiento igualaban á su gran hermosura; á 
D." Clara de Barrionuevo, autora de muy felices versos, y á D." Isa- 
bel de Rivadeneyra, que escribió inspiradas poesías á lo divino. A to- 
das ellas superaron las dos hermanas Sigeas, francesas por su es- 
tirpe paterna y toledanas de nacimiento. Angela brilló por su destreza 
sin rival en la música, como tratadista, compositora y ejecutante. Pero 
á muy más gran altura subió Luisa, á quien con razón se consideró 
gloría de su sexo, asombro del varonil y prodigio de ta naturalezi. 
Luisa Sigea llenó á Europa con su famíi, admirada por los sabios y 
cantada por los poetas. La poesía latina y castellana contábanla entre 
sus cultivadores; coman parejas en ella la erudición en todo género 
de disciplinas y el juicio sólido y s^uro; la Filosofía iluminó con sus 
luces su entendimiento; su asombrosa facilidad en los estudios ñloló- 
gicos hiciéronle familiar las lenguas latina, griega, arábiga, hsbrea, cal- 
dea y siriaca. La Sigea mantenía conespondencia en estos idiomas con 
el Papa Paulo III, á quien'maravillaban y deleitaban sus cartas. Si todo 
ello asombra en aquella mujer excepcional, sube el asombro de punto 
al considerar que adquirió tal ciencia en sus primeros años, pues Luisa, 
cual los amados de los dioses — que dijo Menandro, —murió muy joven. 

Como la superficie liquida las imágenes del sol ó de la luna, así 
los traductores reflejan en su nativa lengua las producciones debidas 
á extraños ingenios. Muy digna de recuerdo es la pléyade de traduc- 
tores toledanos en el siglo XV]. Vuelven los ojos á los autores 
clásicos déla antigüeJad Juan de Vergara, traducienJo varias obras 
de Aristóteles; el ilustre comendador alcantarino Diego López de To- 
ledo, «sabio en Terencio y Virgilio» (201), primer intérprete castella- 
no de los Comeniarios de Julio César; Sebastián Je Covarrubias, tra- 
ductor de las Sátiras de Horacio; Bartolomé Melgarejo, que trasladó 
y anotó las Sátiras de Aulo Persio; Luis Hurtado de Toledo, que tra- 
dujo en prosa las Metamorfosis, de Ovidio; Diego de Salazar, que 
hizo lo propio con las Guerras civiles de ¡os romanos, de Appiano 
Alexandríno, y el célebre Dr. Francisco Hernández, que tradujo y anotó 
asimismo la Historia natural de Plinio. En rima trabajaron sus versio- 
nes de La Eneida Pedro de Alcocer y Gregorio Hernández de Velasco, 

cuya divina musa toledana 
dio poder á la lengua castellana, 

según el Fénix de los Ingenios. 



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— 90 — 

Acogiéndose á los textos sagrados, escritores eclesiásticos y auto- 
res de obras devotas traducen: de hebreo en latín Juan de Vergara los 
libros Sapienciales; de griego en latín su hermano Francisco las Ho- 
milías, de San Basilio, y al castellano Alfonso Alvarez de Toledo los 
Morales de San Gregorio, Rivadeneyra las Confesiones de San Agus- 
tín, el jesuíta Juan de Rojas la Historia lauretana de Horacio Turse- 
llini; Gabriel de Valdés los Discursos de Fr. Francisco Panigarola, 
Obispo de Asti; Fr. Fernando Suárez del Castillo la Exortación i la 
república de Venecia, del Cardenal Baronio; Pedro Vázquez Belluga 
el Consuelo de atribulados, de Cacciaguerra; Dionisio Vázquez el Mar- 
tirologio romano, de Gregorio XIII, y Fr. Diego Navarro las Coráni- 
cas de la Orden de San francisco. 

La renovación artística que trajo consigo el Renacimiento hizo que 
Francisco de Villalpando, el autor de la escalera de nuestro alcázar, ' 
tradujera del toscano los Libros de Arquitectura, de Sebastián Serlio, 
gran preceptista de aquel siglo. Tocante á obras de amena literatura, 
Hernando Alcocer y Diego Vázquez de Contreras trasladan, ya en 
verso, ya en prosa, el Orlando furioso, de Ariosto; Francisco de Ver- 
gara y Femando de Mena trabajan dos distintas versiones de las Etió- 
picas del novelista griego Helíodoro ; Luis Gaitán de Vozmediano 
traduce del italiano las Novelas de Juan Baptista Giralda Cint/uo, y 
por último, el grave vicario y canónigo D. Diego López de Ayala, á 
quién Cisneros llama en sus cartas su venerable y especial amigo, no 
se desdeña de ofrecer al público, elegantemente transferidos á nuestro 
idioma, el Laberinto de Amor, de Boccacio, y La Arcadia, de Sanná- 
zaro. Ejemplos son todos estos que demuestran la gran expansión 
intelectual de aquella época, el general anhelo de saber y de leer y el 
noble afán de nuestros hombres de letras que, no contentos con culti- 
var el predio propio, solían llevar su actividad al ajeno. 

Larga ha sido esta excursión, que prolongó mi entusiasmo patrio 
é hizo quizá enfadosa mi menguado ingenio. Toledo, madre de tales 
hijos, salvando el estrecho circulo de sus murallas, ofrecióselos á Es- 
paña entera para que aumentaran el catálogo de sus glorias; y España, 
generosa con Toledo, díóle en retomo otros claros varones que con 
su nombre, con sus escritos ó con su santidad completaron aquel 
cuadro brillante, aquel esplendente crepúsculo de Toledo en el si- 
glo XVI. 

Al tratar de aquella ciudad y de aquella época, paréceme que algo 
falta si no evoco el recuerdo del santo agustino Tomás de Villanue- 
va, Arzobispo de Valencia, que en el Capítulo de su orden celebrado 
en Toledo en 1541 se arrobó visiblemente, y estimulado por su gran 



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— 91 — 

amigo el Cardenal Tavera hizo oir la palabra divina, con gran fruto 
de los toledanos; si omito el nombre del santo Duque de Gandía, que 
S9glar ediñcó á Toledo, y sacerdote y jesuíta enfervorizó con sus ser- 
mones á copioso auditorio; si olvido á la gran Santa Teresa, que en 
Toledo residió largamente, allí escribió el precioso libro de Las Mo' 
radas y allí recibió del cielo muy soberanos favores y mercedes; si 
no menciono á San Pedro de Alcántara, colaborador en Toledo de la 
reforma carmelitana que la egregia avilesa meditaba; si callo el nom- 
bre del Doctor Extático San Juan de la Cruz, que, sumido en prisión 
rigorosa por el celo extraviado de sus hermanos de orden, prorrum- 
piría allí en aquellos sus inspirados acentos: 

jQué muerte habrá que se iguale 

á mi vivir lastimero, 

pues si más vivo, más mueroí (aoi). 

Descendiendo ahora por la escala que une lo divino con lo humano, 
pláceme recordar que por la silla arzobispal de Toledo pasaron sabios 
como un Martínez Silíceo, ilustre matemático, maestro en la Univer- 
sidad de París; Carranza y Loaysa, doctísimos canonistas que en muy 
conocidas y apreciadas obras compilaron é ilustraron nuestros anti- 
guos concilios. Adoctrinando á la juventud desde las aulas universi- 
tarias toledanas, ó bien libando en ellas el néctar de tas ciencias y las 
artes, vense no pocos varones esclarecidos que en parte pertenecen á 
Toledo por lo que la honraron con su enseñanza ó con su ejemplo. 
Entre éstos se cuentan el hispanóñlo belga Andrés Schott, conocido 
autor de la Hispanía illuslrata y catedrático de literatura en nuestra 
Universidad, de la que saiíó para vestir la sotana del jesuíta. £1 ilustre 
médico segoviano Andrés Laguna, traductor de Dioscórides, en To- 
ledo tomó la investidura de doctor en 1539. Hijo de aquella Univer- 
sidad, y toledano por su familia materna, fué el célebre Tamayo de 
Vargas, buen humanista y bibíiófllo, escritor fecundísimo y apreciado 
autor de muchos tratados históricos. Gloría es también de nuestra es- 
cuela el maestro Alonso Cedíllo, tan elegante escritor como varón 
caritativo y santo, que murió casi centenario, después de aleccionar 
en Toledo á tres generaciones desde su cátedra de gramática. De 
pasada mentaré al franciscano Miguel de Medina, gran teólogo y filó- 
sofo; á Luís Tena, notable escriturario y sistematizador de esta ense- 
ñanza, y al naturalista Jerónimo de Huerta, sabios maestros todos en 
la Universidad toledana, y (sin prolongar más una lista que podría 
extenderse mucho) sólo recordaré que en ella, según recientes inves- 



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— 92 — 
ligaciones, tomó el título de bachiller el divino Fr. Luis, Píndaro de 
nuestras letras (203). 

Más ó menos enlazados á la ciudad, en el siglo XVI resaltan aún 
otros nombres, ó ilustres ó bien conocidos. Melchor Cano, el Qulnti- 
liano de los teólogos, en Toledo habitó en el postrer periodo de su 
vida, y allí murió en 1560. El cronista Esteban de Garibay alli resi- 
dió largos años y allí escribió varías de sus no siempre ñdedignas 
obras históricas. En Toledo tuvo su principal establecimi^to luán 
Rufo Gutiérrez, el celebrado autor de La Austriada. Allí vivió y mu- 
rió el Dr. Juan Calderón, insigne teólogo, como le llama el P. Maria- 
na, tan comedido en el elogio. Allí brilló el Obispo D. Pedro del 
Campo, predicador admirable, según sus contemporáneos. Toledano 
por predilección fué Fr. Damián de Vegas, lecundo poeta sagrado, 
predecesor del gran Lope y autor de la Comedia Jacobma, que tan 
bien marca.'según Ticknor, aquel período de transición del drama. 
El mismo Fénix de los ingenios, cantor del dorado Tajo, amó á núes-' 
tra ciudad, residió algunos años en ella y por ella fué, en repetidas 
ocasiones, aplaudido y festejado (204). 

Hay en nuestra historia literaria de flnes del siglo XVI dos esclare- 
cidas ñguras harto ligadas con Toledo y más que otras acreedoras á 
especialísimo recuerdo. Es una de ellas D. Juan Bautista Pérez, hom- 
bre de muy humilde linaje, que por su ciencia y su virtud supo ele- 
varse ante sus contemporáneos á una encumbrada dignidad eclesiás- 
tica. Fué á Toledo con el Cardenal Quiroga y alli encontró apropiado 
campo para sus trabajos, que, como canónigo, obrero y bibliotecario 
de la santa iglesia, llevó á cabo durante los quince años de su resi- 
dencia en la ciudad imperial. Aplicado y laborioso en extremo, gran 
conocedor de nuestra historia eclesiástica y civil, gozó de los tesoros 
con que le brindaban el archivo y la librería de la catedral, á la que 
enriqueció con nuevos códices y documentos. Por su sólida y porten- 
tosa erudición, por su sagacidady genio crítico, su opinión y su au- 
toridad eran generalmente acatadas por tos' sabios españoles. Con su 
severa administración acrecentó mucho las rentas de la fábrica de la 
catedral, y como Obrero tuvo la fortuna de hallar la desde entonces 
famosa lápida de la consagración de la iglesia toledana bajo Recaredo. 
Queda ya dicho que fué secretario y aun verdadera alma del concilio 
provincial celebrado por Quiroga , Sus merecimientos lleváronie 
en 1592 á la silla episcopal de Segorbe, á que desde entonces dedicó 
su paternal solicitud. Por aquellos años fué cuando, puesta á prueba 
su perspicacia crítica, prestó á nuestra Historia los más insignes ser- 
vicios. Es bien sabido que, como Román de la Higuera le enviara 



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- 93 - 
copia de los supuestos cronicones de Dextro y Máximo, solicitando 
su aprobación, contestóte Pérez diciendo eran ñngidos; y que á la no- 
ticia de la aparición de los plomos granadinos correspondió con otro 
escrito proclamando resueltamente su falsía. Murió el Ínclito Obispo 
eniS97iybíen pudo considerarse su muerte como una desgracia 
nacional; que á haberse retardado algunos lustros, acaso la historia 
patria se hubiera visto libre de embaidores y ahorrádose España no 
pocas diatribas de injustos escritores extranjeros (205). 

Enlazado también con nuestra ciudad á fines del siglo XVI está el 
P. Mariana. Este hombre extraordinario, talaverano por su nacimien- 
to, fué toledano por inclinación y por la continuidad de su residencia, 
pues famoso ya, vuelto de París y Roma, sentó en Toledo sus reales 
y alli vivió medio siglo hasta su muerte. Toledo recibió á Mariana 
con toda la honra y estimación que tal sabio merecía; devolvióle la 
salud, harto quebrantada por extraños climas y por la asiduidad en el 
trabajo; dióle suelo hospitalario, acrecentamiento de honra, amigos 
fieles y entusiastas admiradores. ¿Qué mucho que Mariana, agradecí ■ 
do, elogiara á Toledo en sus obras á manos llenas, describiera poéti- 
camente sus bellos alrededores, ilustrara con su ciencia á sus habi- 
tantes y considerara á la ciudad como su segunda patria? Y, dando de 
lado á más abstrusos estudios, en Toledo escribió Mariana su grave 
y majestuosa Historia general de España, inmortal á pesar de sus 
defectos y que valió á su autor el caliñcattvo de Tito Livio espa- 
ñol (206). 

Cerraré esta revista de toledanos adoptivos con otro nombre ilus- 
tre, y, pasados más de tres siglos, aún inolvidable para el pueblo: el 
del célebre cremonés Juanelo Turriano. ¿Quién no tiene noticia del 
artificio de Juanelo? ¿Quién no conoce de oídas los maravillosos relo- 
jes é ingeniosas invenciones de aquel habilísimo mecánico? Pero el 
artificio ó aqueducto (que entonces decían) superó á todas en el gene- 
ral sentir y asombró, no sólo á los toledanos, sino al reino entero con 
el ruido de una maravilla nunca antes vista. Juanelo que, después de 
falladas ajenas tentativas logró subir el Tajo d lo más encumbrado de 
Toledo, llevó á cabo sus dos tan ponderadas máquinas para surtir á la 
ciudad y al alcázar, que funcionaron por lo menos un tercio de siglo. 
Lástima fué que su misma complicación hiciera efímera su existencia; 
pero esto no puede impedir que la ciencia moderna, aun poniendo en 
su justo lugar su harto encomiado mérito, alabe el esfuerzo del inge- 
nioso lombardo para dotar de agua á su patria adoptiva. Porque 
Juanelo, honrado con la amistad de Carlos V y de Felipe II, recogió- 
se á la antigua ciudad carpetana, prefiriéndola á la nueva corte. Desde 



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— 94 - 
su casa, ^tuada bajo el puente de Alcántara y cabe el Tajo, regia su 
lamoso ingenio ó artificio al par que seguía acreditando con sus obras 
la justicia con que se le llamó «príncipe entre los maestros de hffzer 
reloxes en Toledo». Allí murió octogenario y allí duerme el sueño 
eterno en el inmediato y hoy derruido convento del Carmen calza- 
do (207). 

No es mi propósito estudiar aquí el arte toledano en el siglo XVI, 
pues la brevedad del espacio y del tiempo me lo impiden. Pero si las 
excesivas proporciones de este mi discurso no os rindieron del todo á 
la fatiga, acompañadme, os ruego, en ideal y rápida excursión para 
abarcar en conjunto el aspecto de la Toledo artística durante el pe- 
ríodo á que quise circimscríbirme. 

La vieja ciudad, envuelta en la doble espléndida veste del arte 
árabe y del arte gótico, quiere también con disculpable coquetería 
refrescar sus galas según el patrón que de las riberas del Amo y del 
Tíber parece imponerse en toda Europa. Y no es que haya renegado 
de su gloriosa estirpe; tal cual torre morisca y algunos bellos arteso- 
nados son el rescoldo que del fuego creador de los islamitas añade 
Toledo, en el siglo XVI, á las hermosas obras de este género con que 
de más antiguo se viene ufanando; levántanse también aún algunos 
templos ojivales, cual protesta de la tradición arquitectónica cristiana 
contra la tendencia semipagana que amenaza avasallar todos los es- 
píritus. Pero ¿quién osaría contener con una mano el empuje del to- 
rrente ó detener el alud que baja de la montaña? El Renacimiento 
triunfa por doquiera, y triunfa por ende en Toledo y cuenta alli con 
valiosos auxiliares y deja alli monumentos insignes que no desdeña- 
ría la clásica Italia. Ved la elegancia y la frescura ce inspiración que 
ostenta entre nosotros la llamada arquitectura plateresca. Examinad 
el hospital de Santa Cruz, noble fundación del gran Mendoza, don- 
de abrió Enrique Egas el camino que tantos otros recorrieron. Seguid 
al ilustre Covarnibias, húrgales de nacimiento y toledano de adop- 
ción, en la magna empresa acometida por su genio; admirad en la ca- 
tedral y en San Juan de I9S Reyes la pompa y la belleza de sus obras, 
por ningún arquitecto de la época superadas; admirad, sobre todo, la 
incomparable fachada del alcázar, que parece colocada en la altura 
para servir de faro á los artistas españoles de su época, sabia fórmula 
de un nuevo arte verdaderamente nacional. Si á la gallarda opulencia 
de Covarrubias preferís el gusto greco-romano, y con él la noble so- 
briedad de Villalpando ó la austeridad de Herrera, no bajéis de aque- 
lla cumbre sin medir con la vista la soberbia escalera, el majestuoso 



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- 95 - 
patio ó la fachada del medíadía. Descended nuevamente y veréis la 
catedral convertida á la vez que en templo en escuela donde la es- 
plendidez y el gusto de Arzobispos y Cabildo levantan capillas, porta- 
das y verdaderos edificios en que luce sus distintos matices el neo- 
clasicismo naturalizado (208). Si seguís el curso de las retorcidas ca- 
lles, subis ó bajáis empinadas cuestas, ó salís de los antes fuertes re- 
cintos, en ios templos, capillas, monasterios, hospitales, privadas vi- 
viendas y puertas monumentales hallaréis marcados con el sello, ora 
del arte plateresco, ora del severo greco-romano, los signos de vigoro- 
sa actividad de una ciudad floreciente en tiempos 

dulces y alegres cuando Dios qaerfa. 

Y ¡cuántas de aquellas construcciones no han sido pasto del tiem- 
po, que todo lo devora, de la tea incendiaria, de la desidia funesta, ó 
lo que es peor, de la especulación despiadada! Lamentemos estas pér- 
didas, y al paso que admiramos lo que nos resta, no olvidemos á los 
arquitectos á cu>a inspiración y estudio fué debido, no ya sólo á Co- 
varrubias, Villalpando ó Herrera, dti majares, que también á los Mar- 
tínez de Castañeda, Luis y Gaspar de Vega, Bartolomé de Bustaman- 
te, Hernán González de Lara, Martín López, los dos insignes Verga- 
ras y el ilustre Monegro: toledanos unos por nasímionto y otros fOt 
inclinación y todos por el amor y entusiasmo con que hinchieron de 
monumentos la gran roca carpetana ó sus inmediaciones. 

Pues si al campo de la Escultura nos dirigimos, duremos pasto al 
buen gusto contemplando obras no superadas dentro del Renacimien- 
to español. Los nombres de Berruguete y de Vigamy acuden aquí 
naturaünente á los labios. Ambos pueblan la catedral primada de 
obras maestras; pero la miguelangesca inspiración del uno y la nobi- 
lísima factura del otro vienen á fundirse en aquella admirable sillería 
del coro, considerada, con justicia, como portento délas artes espa- 
ñolas, yen que parecieron dejar su propia alma y personalidad los dos 
genios. La labor del hijo de Paredes de Nava es mucho más extensa; 
y si gustáis contemplar nuevamente la obra que fué para él como el 
canto del cisne, abandonad el gran templo y salid del recinto amura- 
llado y llegaos al lugar donde et bulto sepulcral de Tavera parece 
dormir al arrullo de las plegarias de.los favorecidos por su caridad 
espléndida. 

Otras obras y otros escultores bríndanse también en la ciudad ante 
el visitante, mostrando bellezas dignas de los más grandes maestros. 
Los Vergaras ostentan su grandioso estilo en alabastrinas estatuas. 



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- 96- 
exquisitas umas-reltcaríos y maravillosos atriles; Moiiegro ofrece be- 
llas efigies de santos, que á Berruguete se atribuyeron, bien que re- 
serva toda la valentía de su cincel para las gigantescas estatuas del 
Escorial; Gregorio Pardo, sus primorosas tallas; y Oiarte y Castañeda 
y Vázquez, y los Copin y Manzano y Salmerón y cien más diestros 
escultores é imagineros, estatuas, relieves, grutescos, caprichos mil 
esparcidos por altares, portadas, tableros de puertas, retablos y sepul- 
cros en que la escultura, como dócil sierva ó compañera complacien- 
te, amóldase á las órdenes de la imperiosa arquitectura. Si embelesa- 
dos con tanta obra bella, á que se une el prestigio de un nombre en 
las artes ilustre, al recorrer las calles topáis al exterior ó al interior 
de más modestos ediñcios con algún anónimo detalle escultórico cuya 
historia y procedencia nunca ocupará á los arqueólogos, no lo desde- 
ñéis, miradlo como un signo de los tiempos y cual nuevo testimonio 
de la cultura local, que no priva á los humildes de los arreos que son 
obligada gala de los poderosos. 

Toledo es un vasto museo de pinturas. El amparo y protección que 
mereció el arte de prelados, eclesiásticos, comunidades y ciudadanos 
en el siglo XVI, cosa es harto sabida para -haber de esforzarme en 
demostrarla. Juan de Borgoña, con sus espléndidas decoraciones mu- 
rales; Tiziano, los Bassanos, Morales, Ribalta, Pantoja, Alonso del 
Arco y otros muchos pintores del siglo XVI con sus cuadros de ca- 
ballete, señalan elocuentemente el importante puesto que ocupa Tole- 
do como fuente de conocimiento del gran arte italiano y español. Pero 
el genio toledano no se avenía bien á que la ciudad sólo pasivamente 
brillara en materia de pintura, y Toledo, patria de grandes íabios y 
escritores, fuélo por naturaleza ó educación de grandes pintores: Alli 
floreció aquel misterioso Daniel Correa, cuyas admirables tablas atri- 
buyera un día la critica á los grandes pintores de la escuela romana 
ó florentina; alli, Francisco de Comontes, que pobló con sus cuadros 
el templo primado; y ds alli salió Juan de Villoldo para testimoniar 
en Madrid la sobriedad y el gusto de sus pinceles. Toledano fué To- 
más Pelegret, artista acreditado, gran dibujante y perspectivo, princi- 
pal propagador en Aragón de las máximas del estilo italiano; toledano 
Luis de Carvajal, el pintor titular de Felipe 11, de cuya maestría hay 
ejemplos en e! Escorial y en Toledo; toledanos Luis de Velasco y su 
hijo Cristóbal, que para la catedral reservaron sus más bellas produc- 
ciones; y toledano aquel célebre Blas de Prado, espíritu romano-floren- 
tino incrustado en un temperamento español, á quien envió al Rey de 
Fez el de España como á pintor el más sobresaliente de estos reinos. 

Pero al producir tales hombres, la ciudad sólo comenzaba á cum- 



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— 97 — 
plir su misión histórica en el arte de Zeuxis y Apeles. El fervor por 
el idealismo italiano había sido excesivo para que no surgiera pronto 
la protesta, y la protesta vino por donde menos podía esperarse: por 
un griego, por un cretense italianizado que sienta sus reales en To- 
ledo y se hace toledano, y allí crea una familia, y allí trabaja, y allí 
funda una escuela, y allí muere, y con el prestigio de sus obras y de 
las de sus discípulos predilectos prepara el advenimienro de la escue- 
la española de] siglo XVII. Inmensa fué la labor del Greco y grande 
su trascendencia: >^i es considerable su importancia dentro del arte 
nacional. En alguno de vuestros viajes á Toledo, ¡no emprendisteis 
alguna aprovechada excursión matinal al través déla ciudad con el 
único objeto de ver Grecos? Hacedla sí no la hicisteis, sin limitaros á 
admirar el espléndido Espolio de Cristo ó el maravilloso Entierro del 
señor de Orgaz; recorred parroquias, conventos y capillas, y contem- 
plad esos apóstoles, y santos, y monjes, y retratos llenos de vida. 
Ante vuestra vista desfilará todo un mundo de personajes en que po- 
dréis comprobar los diversos estilos y matices del maestro; pero si os 
cautivan los productos de su arte más luminoso, si admiráis en ellos 
el realismo de la verdad, riqueza y fmura de color y de modelado, 
soltura y franqueza, no paséis de largo junto á otros cuadros suyos, 
en que, no la locura, la aberración piental ó la preocupación tal vez, 
los revistió de estilo más desapacible y seco, pues aun en estos halla- 
réis materia de estudio y chispazos de genio (209). 

Agrupados en tomo del maestro aparecen luego los discípulos, y 
en primera línea Luís Tristán, notable retratista y pintor religioso, 
preferido como modelo por Velázquez, También Pedro de Orrente, el 
Bassano español, el diestro pintor de paisajes, anímales y cabanas; y 
el italiano Juan Bautista Mayno (210), pintor religioso y retratista, 
fraile dominico y director de las obras de los reales palacios; y Jorge 
Manuel Theotocópuli y Loarte, y Pizarro y otros más, que acreditan 
la existencia de una escuela toledana de pintura, si modesta y efíme- 
ra, benemérita del arte patrio. 

Paralelamente á este magnílico desenvolvimiento de las tres nobles 
hermanas, las demás manifestaciones artísticas alcanzan en la ciudad, 
según es bien sabido, un desa. rollo, si acaso igualado, no sobrepuja- 
do por ningún otro centro de la Península. Allí el arte de la platería, 
que ocupó en Toledo lugar eminente; allí la espléndida pintura en 
vidrio, el rico bordado de imaginería, la brillante decoración de ma- 
nuscritos, el grabado, la rejería y tantas otras artes que, dejando 
siempre á salvo su importancia, pueden considerarse secundarias, 
produjeron, por industria de muy aventajados maestros, preciosos 



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— 98 - 
ejemplares que como modelos deben proponerse si á reconquistar as- 
piramos el puesto que por abolengo y tradición corresponde á nuestro 
pueblo. 

lOtórguenos el cielo presenciar en el siglo XX, que alborea, el 
anhelado renacimiento en esta y en las demás esferas de la vida, y no 
en provecho del mero espíritu local, sino en el de la patria, grande y 
una! Aquí termino, Sres. Académicos, con el temor de haber puesto 
en tortura vuestra paciencia. ¡Dichoso yo si logré dirigir hoy vuestra 
atención hacia la antigua ciudad regia, metrópoli de Iberia; hacia la 
que nuestros más grandes escritores no vacilaron en llamar taller ds 
la discreciÓH, escuela del bien hablar, Ciudad Santa, Roma segunda, 
Emperatriz de Europa, gloria y corasán de España, fortaleza de 
toda ella y lúe de sus ciudades! {211) ¡Dichoso también si al enco- 
miar, como buen hijo, las excelencias de Toledo, acerté á enlazar 
con las glorias y desdichas del pasado alguna enseñanza para lo 
porvenir! 

He dicho, 



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NOTAvS 



d] D. Btmtflciit, libro IV, e^k XJCI. 

¡a) Id hlitDtia de Toledo dude el fin de U piern de tu Umuaididei eitá por eecrlbir; jr cleí 
fuera lolereeAnle hlinrík, no obeunte el frao decaimieolo de la ciuditd eD loi úlLimt» sigloi y tu aii 
laciÓD poJiíica deipufi que perdió de hacho la capitalidad de la moaarquia. Bd el pr<tcn>e ctuid 
no me propongo llenar aquel vacio, ni le avendría tal pretensión con la Índole de Bate trabajo; t 

ocjfllún k que alf ÜD alentado eacritor trace con amplioa raigoi la hUtaria da la Imperial ciudad co 

Acaao aorprenda la añrmación con que eocalreio etta nota. De Toledo, podul declrae, e« mucho 

eacrltor cootemporáaeo Sr. Martín Gamero, A eiro respondo que ea viicfao, cicnamtnte, lo qoe ae ' 
dicho 7 repetido acerca de la Toledo próipera y (lande, de la Toledo TÍiIgodií, irabe j criitiana n 
dlaevat; mucho lo que le han enaltecido nueiirot antltuoa Coocilioa, encomiado y eitudlado nuca» 



peüado en negar nucitra local hiatorla moderna Guando loati ene que en Toledo concluyó lodo con el 
r en c l mien» d-: loa comuncroa y la fuga de la viuda de Padilla: afirmación en que, li eiüte cieña 
■ombra de veidadj no ae halla la verdad miama. Quede aal conteatado un argumento que % propóailo 
de mi retis pudiera formulane con diiculpable inadrertencU. 

ttaria, pOT lo menoi tan Intertaada cono aquélla y de aeguro máa apaalonada y cegada por pteju^ 

lae CoBunidadei lirvD au origen en el oliido de la política nacional de laabel la Católica y >u auatitu- 
ci«D por Mra politice extranjera y anüpülica á Caalilla durante al reinado de D. Felipe y D.> Juana y 

tdn y up díiguno que laa torpeaaa de loa gobernante* trocaron pruneio en traatornoa y revueltas y dea- 
pu¿a «D declarada guerra civil. No tuvo en realidad el movimlepto tendencia política, tino económica 
y baaada en notivoi de dignidad penoaal. V en la que tuvo de poliiicu no ftió (hablando k la mo- 
deraa) liiiral, ^no IradicinaalitU, ni la palabra tibtrltul Bonó para nada al principio, como ni la 
iotuda de Villalar y cl venelmienla de loi comuneíoi ahogó Ui libenadea cailellanaa. Tampoco fut 

lo en defenaa de toa exencionei tiihulariai caracterlaadoi individuoi de la nobleaa, bien que con el 
CODCuiBO de la gran nuyorfa del clero y del pueblo. Peía pfonto ae bastardeó y Garabld de carácter; el 



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tiB&calo pvpular K ÉobrepiHú al nablv, 1* dticaTtUk ie enH^oreó de loi cúAancrM y, laiutt de cor 

durit ofendieron loi mái lefAdos inlereiei yBmnlena al paii eo U ADirquíft. BnUmcea tolurriiia 

Toledo qae, peididí ]■ Mperinu del triuDro j por laicialivii da Li Wuda de PmdilU, habla sDl»- 
blido Deíociacionei y rendldoie ■! ejficito impciial, obluTO de loi rgfesMe perdió y oItMo de la 

ue*, sin excUiii la rebablliuciáD de la memorii del iorortiiudo capitán toledano y la r*iiile(i«eUD 

Recién temen le ei Sr. D. Manuel DanvUi, ii)di<ridiw de número de esta Academia, ha anwjada nueva 
luí aobte aquel revuelto periodo, publicando lu «olaminou Hlilrria critica y dacumiHlaJa dt Ut 
Cnn-nidtáH di CeiUlia (Madrid, r897 i 1B99. nnuí XXXV á XL del Mcmaritl AiiUricB tifMMl. 
Por lo que ataíle A Toledo y al papel prlncipalitimo que le cupo repreaeaUír, la obra ea importante, y 
nfresa tal copia de noEiciai í lo ante* ubido, que an publicación, Juatameme con loe librji de Ual- 
donado, Pero Mejía, Juan Ginfe de Sepiilreda, Pedro de Alcocer, Saadoval, Ferrer del Rio, MlRlu 
r.imero, ate., excuian volver ubre ua aiuuta ya harto dilucidado. 

pareize cierto que O .■ María Pacheco prepara U ilii- 

no habla muy alio en favur de aquella dama, que á 
ua habia lido f eneroaamenle perdonada, no obaiante 
de eu interveoclAn en la reiluencb de Toledo. La refriega, reiUda el 3 de Febicro 
de iji* en lai mfinaa callo de U ciudad y adtena t loi conuneroa, decidU radicalmente el nefoc»; 
y aa ubido que D.* Maila, ocuka ptimero en un convenio 
Portosal con lu liemo hijo para na volver i plaar el aueiu pa 
ae hace m . I veíoiiiuil ti ae rcpira en que, perdonados ilgunai Imporianiea comuneroi uledanoi, en 

dimiento de blenei. 

Terminada la lucha con el vencimienio de loi «edicioaOB y la fi<a de D.* María, el CaUldo hito 
poner en la Catedral doa inaciipcionei conmemaraúvaí (cuyo texto eaU publicado), en las que n de- 
claraba U vlctoiia obtenida contra ios revoltaio), que 'Con coloi de Comunidad tenUn U ciudad 
, alcaide de corta, derribóse la caía dg Padilhi y aobte el aolai 

deitnila la vivienda del caiKlillo de las Comunidadei. 

Padilla j al jurado Monioya, que hnbian muetio en el cadalso; ceo lo que en tealldad loa ulednnoi 
excluidos del perdón fueron soloi ij, enue ellos perionajea de taum cuanta como D.* María Pacheco, 
D. Pedro Lasao de la Veía, D. Pcdto de Ayala, Hernando Divaloi, Gómalo Gallan, Juan CarrUlo, 
> el canónigo Rodrigo de Acevedo. Avaloa, Ayala y algunoa otros habiaoae tsmbitn icfutiado an 
Ponugal. Consta que AjaU fué perdonado por Real ctdula de 9 de Diciembre de liis, aunque con 
prohibición de entrar en Toledo ni acercsne i U ciudad en dleí leguas i la redonda. Por otra ctdula 

<s) Concurrieron i las Cortes de Valladulid como procuradores de Toledo el regidor D. Gutleire 
de Guevara y el jurado Alonso de Sosa Del influjo de esto) procuradoreí en aquella asamblea na 

miento de VlUadolId aparecen de antemano cona^adaa en la instrucción que dio Toledo i aus repre- 
sentantes antea de partir para aquellas Corlea. Cuéutanae entra ellaa la de que el Emperador conlraiera 
mairimonio para dar auceaor í estos reinosj que asentara paces con loa principes criatlanoa y nhoviera 

uecea y notorias ecleiiáaticos; que no ae aaque moneda de estos reinos, ni tampoco pan, ni calMllos; 



el tomo II de la Ctlíiciín ác áBCuamUl imádilm /ara la kUliria át EifaMa pig. 33B. Pidleroa 

y favorablemente un andguo pleito pendiente entre Toledo y al conde de Belnkitar (d*l que se darl 

' adelante alguna noticia}, quien teola ocupadas cierus vüUs, dehesas y montes propio* de la ciudad; 

que ae respetara la exención del puntaje, poilaigo, barcaje, pasaje y castillería, quegosaban sis ved- 

ariobiipal y de loi monailerioi y aun por parle de la Iglesia de Toledo en perjukio de lo* pkinantaa 

16) Don FrancesUlo de Zürüga, en su Critica, cap. L. (BiiUnttca dt aularct «/«Aiiír, da Rlrade- ' 
neyra, tomo de Citristiáadtt iiilitfrújícaí, plg . 37,) 



lizcdDyGoOl^Ie 



— lor — 

u de tu CottH dt Toledo dt isaj, p>IÍEÍáii prlnira. fC^la ár ln ¡inl¡r¡«>¡ rrí- 
tmié ¿■^n/C'wffUa, poblicaduporlaKvlAudcmUdiUHlatarU, ton» IV, páf. 403} 

«M aninta dsl pn^Klado ualrimoDio— é pincinn ki conTinlent» i ni icrTlcLa, qui U volunud da 
el ■■inurtrii u laclbió, k aun deUimisí tn gilí; i pan Mti sfacla, era ido por ni «andada an Portu- 
f>] rauíuiur da Laaao.- Lu nc(i>ciacÍDiie> ie UcTaron i cabo con rapidea luma. En 3] de Octubre 
UecA ya d Toledo nueva del doapOBOrio dat Emperador, rapraaenfado en Portuial por au embajador 

Enero de iji6 partU de Toledo al Duque de Calabria, comiilonado pee Carloi V para recibir en loi 



Cuauo A lu Cortea, aalatltron i ella* loa Ariobiapoi de Toledo y de Santiago, la nobleía y loa 

JDaravediaaa. El ordenamlanlo, promulgndo en 4 de Agaito de aquel ailo, ea muy Importaole. Venan 
■ua capitulo! BObre dlTaiaas materia* de leblenuii de admjnialraciún da jiudcia, d* disciplina acia- 
tiiatica eDtiu Telacioncj Con el Eatado, oGciot públlcoi, Impuealoa, ¡nduUrlay comercio, etc. Repoti- 
daa TBCea aparecen laa miamaaó aaáloEaa paticloaa que en Cortea anterioreí, lo tual revela el arrai- 
ga que alcaniai>an ciato» abuaoi; paro an lo que entoncea ae legielé acerca de la induibda, loa hoipi- 

[fll No la nueva de la prlaiAn del monarca francíi, como han EfiCrito aigunoi autorea, púa tVM la 
habla recibido en Madrid baiIaniEBdIai antea de ir «Toledo. 

(9) El eiioqoe 1 la nunopla derecha de Fianciaco I, aimaa ik que aludo en el Kilo, paaaron mil - 
tarda k la Armena Real de Madrid, donde re couervao, juntamaole con otros objeto cogldoa tam- 
bKn en ia batalla de Pavía. Vid. au detcripciún en el Citldligii kUliricii-iiiicripliBs di la Riat Ar- 
mtriaát .\fa<ÍTÍd,pai el Conde viudo de Valencia de Don Juan (Madrid, [S98), páflnaa ll¡i.¡,t%. 
XI eatoque y la manopla présenla en Toledo t Carlos V Diego de Avila, apreaador de Franciico I, y 

dll aoualea y concedUndole la hidalgnia. (Carla dtfriviitfií y cm/irmacii» daáapar ti Emftradir 
cirial f á Diígt di Avila, etc., publicada por el Sr. Fernándei Duio en el Btttlin dt ia Rial Aca- 
demia d, la Hi,l.ri: tomo XIV, pig. J.i.} 

(10) Kiu y oini naiiciaa de las primeras estancias del Emperador en Toledo y suceKs á ella 

afana gmlmcUit di ta netdidí n la pritiin dtl rtjt dt Francia dudt ^ w fui Iraidí ra Eifa4m par 
lodail t/imft qutatmt « tlla.haita qmt il imftradar It dii liiirl*d, etc., eacrlla por el hkiorla- 

ccaosque redare, y par el aire de verdad que respira lu opüaculo, ea digno de entero crídito. Publi- 
cóte aquella RríacH^ en la Cl.tcHm d. dacm^B. inidiln f„a U ki,l„ria d, EttaHa, 
tomo XXXVIII, pig. 1D4, y lamblín En U Uiitoria dt la villa y ctrtt dt Madrid, da las lEXoreí 
Amador ds los Ríos y Rada y Delgado, tomo II apéndice II, pig. (jg. En un Sumarit dt algiáMH tu. 
ctuí dtl rti-adt dt Car/oi K, de] siglo XVI, exittente en al EM»rla], incluido en la miima colee- 
ci6n, lomo IX, pig. su, te conaignan deuitea de lai eataoclas del Emperador *a Toledo en loe 
aiioa 152}, 1536, t5s9 y 1534, eunque con aigunaa diacordanciaa da fechas. Es útil, en fin, consultar 
ápropisiio drías eatanclaa de issg y iss6, el prtcloto Jturaal dti tiiiyagu dt Ciarlti-QmiiU. da 
Juan de Vandenease fpíg. 71 i T3), publicadoenellamaIldela(7:i;i(c(i«rf<i vtyaiti dti lawvtraiH, 
dti Paji-Bai. de Gachatd (Enitelai, (074)- 

(11) E» curioao el pormenor de laa danua que por cuenta de la Catedral y para el dia de la Vbgen 

dansaulea disfraasdos de rayes, amaionaa, negros y talrajta. Vid. el docwnenlo que copiado del ar- 
ckiro de ia sania igleala Incluyó el Sr. Barbieri en sus arricuioi Migajat dt ¡a hiiltri», publicados en 
la letisla qiÜDcenai TtUdt (Toledo, 1B89), números VI y ilgulentea. 
(i() Creo oportono aeSalar aquí las estancias de Carlas V en Toledo, ciudad i que cobi« atici6n, 
- jleavaneclda* las ptevencioiiea que contra ella sintió en un principio: 

AAo isas.— Daade el 17 de Abril ai ij de Agoalo. 
Dal SI de Sepderabrc ai i] de Octubre. 
Del >i de Octubre al s da Noviembre. 
Del % da NoTiembre al ig de Diciembre. 
Dalajalji de Diciembre. 
> iss6.— Del I al 14 da Enero. 

Del ifdeEneroalii de Febrero. 
Del aj al >B de Diciembre. 



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— 102 — 

Ailai5ie.-U*l i; de Octubre al 31 dE Didimliii ' 

• is>9.-D(li deEntnil R de Muría. 

• ij34-'I>el 11 de FtbTen ni ii de Mayo. 

• ijiS.—Delas de Octubre al 31 deDiclembl*. 

> i!39.-Dt] I de Enero al ifi de Junio, 
■ IS4I — Oial JO y 31 de Diciembre. 

> ij4).-I>U ■ de Bnero. Fui lu úlilma obikíi en Toledo. Kl dU> * p>Ri6^- 

(Nola* euracndaí del falle» del Sr. Foronda Stlanci/a y vii-jii di Carln K Madrid, 1S9S.) 

No C), pUH, exacta que, como 
toledano, noWvien al Ctnr li 

(13I Lannoyhablaacampañado deide Italia al priilonero Rey Franc'ua, baña dejarle imioTechi- 
■ián del alciur de Madrid. Hiioielc en Toledo ■olenne recibfaulenla. y Carlai V le aco^lA con imi . 
demoiuadÓD de placer. Eito na Impidió que en el alcánr toledano y i preaencla del oiinna Enpoia- 

tad prafimda. Cmrdronie de una á otro palabraa ofensivaí, acalarAranae lo» ánimas, j el Emperador 
ordenó í Lannoy que callara; pero el Virrey, ciega de ira, maldilo de tu vcnlura y le uUA de la 

(14) Entre lal embiiadoru que le hallaban i U Ui6n en Toledo con la carra debe cilarK al ctla- 
bce Conde Baliaaar de Caitelldn, auiai de JU CtrUitHn, qiK lo ets de la Santa Sede aoterionnente á 
SaliLati, y al embajadoi de Venecia Andria Navajero, que en lu canocida llintr^rit j en an cam á 

íloXVL 

(15) Llcgí Salviaii t, Toledo el 19 de Sepiltmbre. D. Prancoílla de Zúñifa, en tu curióla Criiiiem 
capitulo Lli), fija en 14 de Octubre la Urgada; pero no pudo icr aHi, pues el Emperador, que oabemot 

Toledo, caballero! y titula! de Caitllli r.incionaiiot palaiinoi, canAniBoi y dignidad», enlre ellet el 
célebre D. Diefa López de Ayala. De la Hetu y lu concuno da noliciaa en lu Crónica el agudo deci- 
dor de Cailoi V. 

{16} En»¿ en Toledo la Duqueía en 3 de Octubre, muy icompailada de caballerot, praladoi j da- -■ 
nai, todoi cabalgando. Había cnvlixlado pacoi diai antea, y ella y lai de >u gerTidiunbre venían veati- 
dii de bUnco en leñal de teto. El diiparaudo D. Ftanceiillo, que preaenció la entrada, dijo que 

ncría i Tremccín ó * la caía de la Meca>. (Cap Lili de la CriiUn.) 

Carloa V lallí I recibir á la Duquesa, la abrai6 y dio pal y la (compaKÓ liisu lu poiada, que fui 
en casa de D. Diego de Mendoaa, Conda de Mélita. Bn «la casa y en el alciiar ae celebraron lai 
COnferendaa de amboi pensnaies loblc la liberación del Rey de Francia. Nollcíai de e«a> canfaran- 
ciai, deotraaaDtetlorHCelebradaaenelmliino atcüiar de Toledo con varioa pcTMoajei enviidoa al 
Emperador por el Rey prisionero y por su madre la Regente de Francia, de la afeclDOaa acogida qne á 
la Duquesa dispensó Carlos V, etc., pueden verse en la obra de Ctaampollion-Flgeac Captívilí ob 
Fratguii !."■, incbíida en I» CslUcliai ale dccioKtKtt ínídilt lur l'HUleirt di Franct [Paria, 184)), 
Documento* de la SeccUn IIL Caftivili mEipatut. Terminada* infiuctuosanienle las conferenciaa, 
la de Alenion dló U vuelta á Madrid en 14 del mismo mes de Octubre. 

(i7l Ferníndei de Oviedo. Srincrtaífí iasuc/didam U frliiln dil Riy dt Francia. Vidt ul lu- 
frt. Botbón Uegá í Toledo el ■; de Noviembre de i;^;. 

|[«| Del banquete con que obsequió Catloi V al Duque el día de la Candelaria, 1 de Febrera 

duque, al cual sirvieron la copa tos mUmos coperas de S. M.. Barbón coutlaui en Toledo baau dei- 
puisdels partida del Emperador, y el 1$ de Febrero marchó en dirección á Italia; bien qne M. de 
Herbay* en su Discriftiss da i^aga /aicH it vielairis di limfercnr Ckartis V* dtcr m,m 
(mi.T. Ilúdela Bib. Nac. de MadtidJ dice que U marcha de Baib«n ocurrió el dia la de aquel me*. 
Cuanto al incendio i que aludo en el uxto, v«ase eu la* iLUSTaAcioma t DOaDHlHTO*: Una Iradi- 



DigitizcdbyGoOl^Ic 



— 103 — 

~(t9)' Actb^ba U «X RcliuGenuiu de perder i ediegmiiio merido, Jiun, -Marqué* de BreudexA' 
burt. nUnda Ikgd i Toledo, en » de Entro de i;i6, Venfk cubierta de Inn, en uu litera umUín 
•nlotada, (rayendo pnr léquito al Marquíi de Denia, al OUipo da Calahf rra y buen golpe de dama) j 
doeñaa. Ciertofl pandee y caballeroif enTiadoe por Cartoa V, ■aHeron á recibir á Germana fdam 
del puente de Alcánura y [a beaaron U mano, rUt cual no pidieran ni boaaran— dice FamAndta da 

Rey Caiólico, luftliie ul comedlmienu». E] Enperadoi a(iardíbala allí pacoi paaoa diaUBIe,7 
■cercándole 1 la litera con la (ona en la mano, bliola una craa reverencia, á que correipondl6 la 
dama. Eecoliadapor el Cíaai y el legado poatificio, que cabalgaban junto tcUa, y aeiuidoa da Incido 
aornipañamlcnFo, luiÑcron ya de Docbe i la ciudad, quedando Germana en las caaaa de GarcÜaao da 
la Vega, que te lirvleron de poaadi. La Reina Leonor llegA í Toledo al d^ i.o de Febrero, proca- 
denle de Torrijoi; j el Emperador, w bemano, con todoi loa alloa penonajo da au corte, aaUA Igaal- 

ipa>eDt& en (1 alciiar. Ainbaa damu partieron ds U ciudad en i« de Febrero con direcdAn 1 Illai- 

miamo mea, regreaaron laa doa Rehiaa á Toledo, donde aún permanecieron algunoa días. 

(ia¡ Balando el Emperador en Toledo, i &ne> de ijiS, llegaron i la ciudad loa doi ilmcrea con- 
quiatadoreí de Míjico y el Perú, Hernán Cortil y Piíarro. Petaegnido el primero por la envidia de aua 
(muloa, BCndü á ibccrarae, como fácibnente lo hizo, de loi uijuitoi cargoi que tabre t] peiaban, y 

y Véala en demanda de auxilio* para emprender ia conqulita de aquel rico Imperlor y el monarca no 
■dio le facilitd recnrioa para la empreaa, aino que le hiao caballero de Santiago, gobernador. Capitán 
gCDcrat y Adelantado dota dilatada regMn poríl deacubleria. 

Eaiaba lambían en Toledo el Cinr á piinctploa de líig, y con él nuenamente el Conde Baltaaar 
Caatetlén, ala laión tepreienunte y apoderado de Clemente Vil en la corle eipaüala. Rd Toledo 
■dolsció y murió traa rápida enreriaedad (lo da Febrero de ijag) el famoao político y lileraio; el Em- 

líde fHHKtlivt dtl J/umisrCB lili SmfrrmlBr Carlsi V m BarclluHa. Iniénala el Sr. Aleada en au 
obra pAanuna Iboy en publicaciín) SeítmiH'dmiUi y ñtilat fúiUcaí i^i fiyaila, tomo I, pág. ji. La 
obra de Alenda, aunque bario luiceptible de aiuncntoe en au impariaaie caudal bibUográfico, ea del 
mayor talcría para la biatotia local upaüola, y á ella ae puede recurrir con fmle en lo que ataig á 



la Peüa del Rey muro y loa criiilanoi ■ lu alcance que fot coaa admbvble di 
di«ae awlDi á loa de la cátcel real, aun loe acuaadoa de loi mayor» delhna, 



(])) Texioi y documentoa rerermlcí á lai Canea de Toledo de 1538-39 que deben coniultarac par» 
formar juicio exacto ubre ellai: 

Cédulas rea leí de convocatoria á laa ciudadea, ptotados y leifcirei. (Su fedui en 6 de Septiembre 
de iSjS.) 

PropotUlán que te hivr á lat /trladiri.fraitJri y caiialltrei. (Eian doetBuaUítfuetaB publicadoi 
por el Sr. Dan*ila en su obn £i faJrr cinil rti EifaSa, tamo V. documentoa námrrga ga, ^¡,94, 
»Í96-) 

HUtirrla dt U 
di Tetede a^e d. 

y mlnucioii relaciin, á manera de diario de seiion», de lo ocurrido en laa jimtai del braio noble. Va- 
rias ton laa copina de eile bitereíanie manuscrito que eiiaien en nueitrai bibliotecas públicas, (mbllo- 
leca prorUcUl de Toledo, aala reservada, 5-6, ms. en 4,0, pergamino, 61 folio» numemdoi.-Bibliola. 
ca Nacional, mi. 17S1, folio aM.) Capmanl publica en ¡^ PrAclici j tUiU de ctteirar CsrUi (Ma. 



tizcdbyGooi^Ie 



CtrUl gauraUt crttíraJai tu Toirít ftr miuiílda lUl Sr. Sm/trailtr Carla fulmlr /sr lai a*n 
^l^ 'SJS filar IS39-- EnnM niw:iáD aniDiBU dútiau d« U d<l Conda d< CoruKa, por cuyo cdd- 
Mnlo K «atienda dcbü eicríbinc tnniciinidoi batcaatai ai«i, qaiiá en el Tañado de Felipa H, por 
penou bien emenda da lo ocutrido. En U BtbUotaca Nacional bay treí copia* m«. de ala lelacLda: 
S. lia, m>. 1751, fol. 357. T nu. «411. 

CDadamo ú oidenasiato de \n Cortea da Toledo de igjS j 1939.— Exdile ua ejnnplar nu. en «1 
ucUto del AjFuntamiento de Toledo, cajún 8.°. lefajo i.», tidu. J4. 

Sandonl. Miilrria dti Ei^fíriidirT Carloi K— En el libro XXIV, R VUI ic ocupa ampÜauíDle en 
loa acaedmicntoi de aquella! Conu. 

Juan Glnii da Sepillveda. Dt rtlnat"'" Carnti íwíhíI Jmftrúl^rij. Libro XVIII, lol. II de las 
obr» de Sepúlieda, edic. de Madrid, 1780, pig. 65. 

S.Uaar de Mendou. Ckmict á* il Cardinal Om Aun -Jaiur; capa. XXXn á XXXV. 

(14J Sobre la nía j lu eatablecimlento en Cutilla á úlOoia* del ilglo XIII pueda vene mi «Odio 
CanlrUucioMn i im^tutlH m Ltin , ClIUia duranli U Edad mtáia (Madrid, 1S96), cap. III, pt- 
BtoajS*. 

(ij) Cuenta Sandonl que üarlot V qoedó mu; raientido con el Condeatable y 1* biio car^oi 

ciindele el Emperador que le ecbaria por un cori«dar donde cMaTan, reapondli el Condeitable: iMt- 
laflo n mejor V. M., que al bien »y pequeSo, pean mucho.- (HUUrria ¿t C<,rltl V, libro XXIV, 

-mil, dada la eJicltaclóa de Animes quo reinó en aquellas Cortea, lai contrariedades que dcbiú de eitpB- 
rimentai el Emperador y el bien roijado caiicter del Condeatable de CaadiU. 

DO ba bebido unanúnidad en loi juicio!, haae, por lo geno'al, TccoDocldo la gravedad en lo que atacaba 
loa fundamento! de la inilituclún, del acuerdo Imperial duolviendo arbitranamEnce el bnzD noble. No 
eaeatn ocaiíón de juagar juicios ajrsiot; <úJo recogerá doi opinionc!, en miMatir inexactas, que por la 
junta autoridad de sus mantenedore! pueden contribuir á oscurecer el cardcter de aquellas Cortes. 

Frimavtra fftir dr ramancit, que la DsUeía oe lellrA con deiiUn de una junta de pechero!'. La 
Dobleía no le cetiró con desdín de las Cortes; fui despedida por orden del Emperador. N'i aquello en 

mutua, bien A peaaj de la nobleaaquc, babieodo pedido rekcradamap te comunicar con los represenlaD. 
tes, no pudo conflcgidrio, por la teoai oposición del Emperador. 

De catas Cortes de Toledo trató por extenso el Sr. CllulTai del Cudllo en su estodb Carlit Vj 
liu Csrtis di CatlIUa (publicado en La StfaUa MnUma, número de Enero de lS8g), rectificando 
algunos Inveleradoi errores y proyectando nueva luí sobre la hialaiia de aquella lusdlución en gene- 
ral, Pero refiriéndole t éstas de Toledo, aoitiene que los gnndes y seiloreí no formaron hritMi, ¡A por 
tal SE teoiau ellos mismo!, ni se luvietou bu! antepaiadoi; y fúndase en que el Duque de Bíjar declaró 

que entoDCes se celebraban, nada quería ofrecer, por pancerle maner» de pccheria. La cédula de 

braio de las Coilcs. El Condciuble de Castilla, que juntamenie con losque puditramos llamar sus ami- 
gos político!, representaba la fracción mía ÍHÍf/teíHal, CoTtcM llamaron & aquella su asamblea. Lo 
mismo el Duque de Alba; lo mismo el Conde de Osomo, que decía: *inttMfrc órajo es el más principal 

comisiones de seBures que fueron A visitarle «que éstos no son Cortes, ni menos hay braios* [en lo 

IOS, nada debían tratar allí de carácter general. ¥ el Harquíi de las Navas agregaba filoaóficamente 
Majestad, mas si damos medio serémoslo todo* . No hay, pues, raiones sólidas para negar que la asam- 

.por nocvo lo que era ya viejo y sancionado por los siglos. 



tizcdbyGooi^Ie 



— IOS — 

ate uinUí, que •!■ cauta de] puabla y <■' >> noble»» en un» ttiln, y eunnioi (olp« k dewutubu 
COBoa uBm de li* doi cUtev, lubUn bjde 6 leiapimna de eer sentidoB por U otr*». {Hiit. gentrat dé 
EifaSa yJitits htdlam, tomo V, pág. iiS.) En efecto, eichilda li nobleu de ]u Cana, en ideUnM, 
parto Eenerfl], ■¿To fnenm 4 cUjii los procDncJcree de liududidce de voto, quienes muchai veccano 

mvTO limiitavo de to que hablan «Mo anta*. 

(■;) ConcucTitraD 1 «tai Corleí de Toledo, ■eiúii el nomencUtor que fomaion el falttoriador Sa- 
ín delibera ch>uet diilinguiíroiiie prhtcipalniBiite, á míe del Condeitable dt Cuülla, loi Duqoei de 
AtbnrqiHique, de Bíju, de Alba, de Medina Sidoola } del lofaDcado, el Mu-quíi de Villena y lot 
Condei de MedelUn t de CotibU. 

Faí notable el raoito y boato que atgunoi de ellos daeplecuon. Aii, por ejemplo, D. Juan Alonen 
de G<um*n, Duque de Ucdina Sidonia, lleió i Toledo con lu bijo D. Joan Claro de Guimin •« hi» 
en ella una eoBada tan iziimpbal, tan caiUu, un abundante de KPioTn e cavallcroi, t tuvo lu cua 
tati bien aderccada sari de mucbam salas, quadras ¿ eanuras entapizadas de tela de oro £ brocado, 
como da cosai de plata k oro h copla de gentes, que se Jni^ utct sido lu entrada t adereza de casa el 
m^or que batta en aquel Ilenpo aila becbo iiin|un Señor de la casa de Nieblai. (Barrantes Maldo- 
nnáo, JliHíraciimn di la Caía dr MriU, en el ilim. kiil. <!>., lomo X, pági j6i y^i.J 

Laipraladcs atinentes fueron veinte, 1 labn: Anobitpot de Toledo y Granada, Obispos da Sigúcn- 
la, Bufxo*, Cúidoba, Vlaiencia, PalencU, S<(Ov]a, SaUmanca, Calahorra. Zamora, Ixdn, Coila, Ciu- 
dad Rodrigo, Guadix, Abnería, Orense, Hondohedo, Luga ; Badajai, PraidM el braio ecl«l4atlca 
el Ariobispo de Toledo, D. Juan Tavart. 

Lm seliorea y kn preladoireunltronse en doi dittintat talasdel monssietiodeSaaJuaade lusKeyes. 

jerot, tiles como Federico Duque Palatina y su mujeiU Princesa deDitiamarca, el Principe de Oraoge 
y el telar de Istabi. 

Para evitar, sin dnda, )» mala impreiión que i tantos dinijiiuidoi bdétpcdes había de cauaar el af 
pecto deaafiadable del principal punto de ingrcio 4 la ciifedad, depútito haala entonces de escombros i 
inmundicias, el Uariical D. Pedro de Navarra, Marquts de Cortei, corregidor, t la sacón, de Tol«io, 

do. Mirckéii. 
(iB) El OrdeDamlenlo de lai Cerlet de Telado, de iUB-39, no ligura entre las publicados por «ata 

da en naRUvo el Ayanlamienta de Toledo [cajón B.o,le|ijo i. o, núm. 54)- El cuaderno, muy axten- 
lo, contla de 1» capituloi y va fecbado en 30 de Mario de i539' La qiK mil abunda en il ea lo cancar- 

Dcredadei. De interna «pecial para Toledo tolo hallo una peticKn, que fui denegada. Pedían los 

na dudad ó villa del reblo de Toledo; pero el Rey contesii que babia mandado acrecentar el DÚmero 
de lot oidore* en laa ChanciUcriat exltteniei y que no convenía hacer novedad. 

Poeron procundoret por Toledo <n aquellas Cortea el regidor Juan de la Torre y el jurada Gaieta 
deLeúB. 

enkcoestiín de U lisa. fCurtti di Ui *itt¡tnti rrílvaiU Ltiit y di CaiUtU. Iniraducciiit, ivute *-■, 
i Toledo para que en lai Cortes de Valladolid de 1541 consintiera en la concesiín por los procmado- 

mcnlo Martjnet Marina en su Tttria de ¡ai Crri 

il elBnpctwJar acudid á lai ciudades soUcltanda retónos, como se ba ctcrito, fstas te ¡01 concadla- 

Icmplaata que mostró Carias V. Un alguacil corattii un acto detconts con el Duque del Infantadn, 
qulan, echando nano i la espada, <U«le una cuctaUIada eo la cabeu. Indignaron»! lambitn lot doái 
caballeroa contra cIalguaGÍllierldo,qDejAie tale al Emperador allí preienle, acudió un alcalde,qii*rÍBi- 
da pRttdir al Dsqoc, j ealorbólo antigicanicnt* el Condettablc, con el ewil j con el del Uhatadn fttt- 



lizcdtyGooi^Ie 



— Io6 — 

U Emperador cw solo. Mucho úntíÁ étte lo oG<ffñdo, p«v íltccio- 
ilmulú prudenUmCfilo, lin <lAr á aquel abuidimo j al aoto del Duqw 



y ávl CoBduublc contiH loi mlnitDae de U jmticia naf e[ valor que bd rtalidad RDian- 
(31) GoDido ds Illeacaí, StfintAi ferit di la Hiiiaria ^ntifical r catkMca ( Salsmao. 

ca, HDLXXItl), llb. VI, fol. 371 v.* 
131) A lauí^n habianae 71 comeniado üu obra» del iLcáimr, y debido k eÜD mararop loi Empa- 

radons duiante la> piimcrDi inens de lu pennaDencia en Toledo en la> caiaa del Conde de Méll'oi 

peroD.ai,ebetieaailad6 al pelado de loe Ayalaa, Condei de Fuenialkla, desde en 1 « de Mayo 

(33J El blitorlidOF Saadoijil uaná muy i la menuda lo acaecido dcepuii del fillecimieato de U 
Emperalrii. Treinta y doi giaudee y HÜoiei wkíiov. el cuerpo de D.a Iiabcl del palacio de Fuenaa- 
IMa, entregindolo al curcecidoi y legidoru de Toledo, y colocado en enluuda litera lleiúonla i 

dei, tituloi, dignaurio) y ■ervidoiei palatino!; loa CoDiejoi; el Cardcoal Tavera y otroi preUdoi; 
loe disliuloa cabildo! de la chidad, el deio, drdcDei leljgkiiai, CDÍradiai y todo el pueblo, couDliudD 
por un iofaiuto auceao. El Emperador .e babla retirado al inmediato monaiterio jerAniíno de U ffiata. 

■cimilu, emprendióle el viaje á Granada, en coopaSía del Caldenal de Buqni, lo> Oblipoi de Le¿n 

'oeacEequiaa, predicando el célebre D. AnWnla da Guevara, Obiipo de Mosdoñedo. Timblín Juan 
Gbéi de Scpúlveda da cuenta en su Hiilana latina de Cailoi V (lib. XVIII) de la muerte de doña 
laabel, aunque no un largamenlc como Sandoval. En el intcrcaaotliima JturiuU Aii vcyagii dt Ciar, 
ífí'Quimí, de Juan de Vandentase, tan útil para el conocimientG de la hlatoiia del Emperador, hay un 
nutrido reíalo de la muetiB de la Emperatrii y de laa ceremoniaa y bonraa con aquel motivo celebradas 
en Toledo (piglnaa 149 i ¡si)- Incluyo eaue lai iLDBTUaciona i ixiciiuaiiTaa el taxta de Vandeneíae, 
que ronna peí ii una ÍDIere»nte riMciii» /aliditHa.Laa nodclaiquc dael6el lervidor de Cailoi V 
■on nuy compldae y feiíacientei, piiei Vandeneue le hallaba á la aaiiSn en Toledo y ¡mí leilteo ocular 

completan mucbo, y ea digna de atención que al Tefeiíiie al fúnebre viaje de Toledo i Gianada aólo 

lino le dieron á diicunir lodae loe cnuiítae loledauoi, eia en el giglo XVI fuente de mU bablillai y 
eoperaticiunei, y para acabar con ella* el lluitrada Silíceo ordenú bacer un recODocUnlento, con el 
cual, por cietlu, no ee coniiguiú lo que el Anobiapo pretendía. Hé aquí cómo lo refiere un eacrlioT de 
aquella centuria: 

•Diceieque el año de 1S4Ú dieron uoiicla deiia Cueua al Ar^biipo de Toledo Donjuán Martinei 
SlUfio f'i^J, que poco anlei auia entrado en eata aacroaanta allla, el qtial la mandú limpiar y que en- 
tnron algunas peraonaa dentro probeydasde raanunlEnieolo de liniemaa y cordeleí para acertar i 
bolber y que no a media legua bieíoo vnas eatatuat de bronce lobre un ara y que mirando vna como 
eetaua eobre su pedeitral ÍJicJ «e cayó y causó coa el gran ruido qtie hico mucbo pauor en loa ánimos 
de loe nucboa y poco eaperi mentado» abentureroi; luego lueion delante y dieron en un golpe de afta 
lan bando que no le atrauetaion por na tener puente o maderoi con que le poder balar y que Htn 
agua algún trecho antea les cuso miedo por eL grao ruido que baciaj pudo ier que ae becbaran por 
otro lado no bailaran este impedimento; con eito le tomaron a lalir al tiempo que ^ejiatia la nocbe; 
cauíolee jnpresion aita mudanza de ayre y par eer berano estaua la cueua muy fria y ael algunos 

todo CI«dlto.>~Romin de la Higuera, //iWsrlA iccltlidilicn illa imfirial civdad dt leltáeitv 
Utrra (ma. t Inídila), Ubro III, Cap. 11. (Hay un excelente ejemplar en la Real Biblioteca.) El Conde 
de Mora tambiín reUta el hecbo, calcando el cuesto lobre el de Higuera. 
(3S) Loa regociioe con que eelebrfi Toledo en iss5 la conTenün de Inglaterra luperaron á cuanto 

do y rumbo podemos darnos perfecta cuenta por una utensiaima relación del licenciado Sebaiiián de 



alegria, echaron, en Bn, como dicen, la cata por la ventana. «Nunca los vlioi— legún Korosco— rie- 
ran ni oyeron deilr que jamás en eita clhdad por cosa ninguna tanta fiesta ni Unto regoiijo junio se 
blalcae.» La emulación de bacer lo máa y lo mejor parece qne había atacado i todos- 51 el ayunta- 



lizcdtyGooi^Ie 



— 107 — 

nüuilo, «i cl«», loi ÜEul» j cabullfiroi, Ui GofndiAtt y hAmiandadei procuraban dar realu iim^Eada 
d iu ficatu, loa Durcadvna y loa meri«fTal« de diverna oficioii róperoa, aapaKroi, teiedoiea de pa- 
Bea, calccttrot, uniccKia y luircí, centuplicaban a» aCiiarioi pona»! oKenlaaoi tiajet y ilcu 
prcHu, lucir viitoau cuadríllaa y companai y arcmiúiBT naeraa y mái ariginales cipecilCDloi. 

Aal, aunudfiaroD «n Toledo por aquellos dtia lumlnajiafl y campaneo, proccfllonei y rofallrai» fue- 
lla de aidñcbi cAnlico* y múaicat, conidat de bueyca, maicaradaí y ciiadrilloi muy Ingenioiai, jue- 

ah«YDB, fanaBy entremoea rldiculai, danlai, cabalgataa hulárlcaa y miloIógicaB, loioi y callafl en 

Hay lambléD una relación impríia de aquellu fiauu, lumiimcDte curiosa y raía, eaciila cui loda en 

■ ^¡ ítiyiu di ¡at'l'ltrrll. Cumfutlla fur /miifi dt AufnU 

dtuFUlppt Slydr m^tt y SUilitty de liiinlalrrra y ¡ran Princifi di EifaXa „Htllrc Scitr. 
IrMlattt tmtUa la ctHUtriitH dt ¡ti llfUtrt. Acntiilr n tlAüt D, MDL.v. rji'c^. (Tolado, Juan 
FeíTtr, isss-} Treinta y doi hoju en 8.° -Biblioteca de Gayaníot, boy en U BibUateca Nacionai, 
R. 11.SC14. 

(36I El licenciada Hnlnico, nombrada ya anteiiorinEiiIe y i quien he de lemitirnic mucluu vecea, 
reaeSA lambitn lo máa aatable de eatu ñeiiu de la pioclunaciin de Felipe II, Ui. Aa. 105 de tu 
Bib. Nac, fols. i6> ú 16} v. <° 

penddn de la ciudad en la plau de Ayuntamienio, con el clamor acoilumbrado es calo caiot. Por ■• 
laide el corregidor llevó el pendAn i. 1* Caledrul, con gran líquito; bendfjak Bolemnemenie el Carde- 



cUaico, hecha entre la< dOl caroi, fui cota lan notable que, aegún el coluiialta Hoioicn, ni el Kpulcio 

lemijaate en eiequiu de reyea y preladoa. (>ttmaria dt ¡IU kenrai gut I( Miciirtit n al» ciidMa 
dt JmUda, fsr im muerll dr tí E/tfiradtr dan Caria Hmilrt Sitar «w 11 lu fiaría, publicada 
antrelai AJac»«iAii«lr''nj dt Iti tifim XVI y XViUTÍaiñi, 1896, pig. 4*). de U Sociedad de 
Blbliofiloi eapaKolei.; 
Dando tan lólo iu jtuto valor á aquallai ponderadonea, •iampie reiullatí qnelaa boniaa que Toledo 

plioa deuUei dan cuenU de laa celebtadaí en Valladolid, Roma y Bnuelaa, no dlgu palabra de la> 
da Toledo. 

Bnne loa luceíoa putlcuUru de aquelloi aloi leiUlari loa incendloi ocurrídoa en loa monailerioi 
de leligioaai da San aemenle y Santo Domingo de Slloi. Hi aqui lo que de <II« dice el hiatoiiador 
Román da la Higuera: 

En issí, en elconvemo bsnaido de San Clemeace, •dia de unta Apollnnia eilaua roa monis re- 

mioaa y la beU le prendió a un madero y da alU uo gnu fuego que ic quemó toda U IgleiU y parte 
de la caaa, dcipuea te reparó labrando la capilla mayor Don Fernando de Sylba cauallero muy noble y 
principal deata ciudad quiriendola para enarramlenbi auyo y de aua aubceaorea, labrada la capilla no 
tubo affeclo porque lu Megealad del Rey Don Ptaillpe nueilro Scüor mandó no paaaae adelanu por 
auer catado CBclla enterrado el Infante don Fernando hijo del Emperador Don Alouio antea le mandó 

lOl. 4.°, Mp. A.', voL 6.0 del ejemplar de la Real Biblinieca.) 

^miento aquí ae tolla ir delante del 5." Sacramento a examinar cada noche por el clauauo y aqiialla 
noche fue por debajo del charo y d^eronle que aula fuego, lai criadaí que con ella yban le comenta' 

Gnlivre Ortii varón de gran aantidad vlnieae > el Monattiiio y le dijeaen lo qoe paaaua dijo a la Aba- 
de» y monjaa no atribuyáis etla maiaulUa a la diligencia de Ui doBcellai que camen(«cn a apagar 
el [wfa poique yo bi a lanto Domingo de Siloi que lo mMun con ni báculo, y el dicho de eele eaclare- 



lizcdtyGooi^Ie 



looj-*.. 

(Utm id., •." pirle, lib. j.", cap. i.", -a\. 6.") 

(jS) GiinuD cduscIó y pubUci «m la* UinSackonst di n Hatirim (núm. XXXt, péB. ia9i)U 
Ttladin de iqucllot nicem, tomada de la coleccMn di papel** eurinot dal ctudUo wkdaio Saotlaco 
y Palomareí 

( J9) La rccha de la conToatorU k cMU CorMí ei de ; de Octubfc de 1599 y debían rnminE en 
Teleda it la de Movlimbie, pero >e retraió la celebncWn baila el 9 da Diciembre. El Diple objeto de 
■aCoTtaCiit;jiimal principe O. Carloi, tratar del matilmoiiúi delKeycon D.' Iiabel, bija del dt 
l'tancia, y obleoer el leiiiclD y idcdud. La cédula convacaioria utA publicada por Danvila ta Elft- 
dtr civil « EifaUa, tomo V, doc. 1 ». 

(40) Tba el Rey vcaval^ndo en tu caballo y mirando á ucaí partee y A otras y haciendo ít todo» 
cotí ittTlita mucho favor, eapecjalmente A l&e damaa, porque A cieitaa partei lea qtiitó el chapeo...» 
(Horoico, Rjlaciin í mtmarim dt la rilrada «1 tita ciidad rfi 7«Udó, dtl Rty j Jttina «milrn SlOf 
rtt dtn Ftlift í dBÜa habita. I 

UO Cabrera inserU en lu Hliluría di Ftlipt II la frr^iiciin del Rer (tomo L píge. ajS y a79). 
La leiión inaugural ie celebró, Kgún Gachard, en la gran ula del alctiar (Cto- CarUi « PAiUff* II, 
tomo I, pág iU: pero coñete que lai junuí ae verificaron en el ulín de ConciUoi del palacio ano- 

<4i) El Rey pli« lae lieitaa de Dai^ad de i;59 en el Inmediato monailerln de la Shla, El liguicntt 

euat noticlaa, proporciona otras de la euanclade Felipe 11 en la ciudad imperial. 114 aqui lo que hilo 

■ Et le 6^, jour dei Roya, ful ouyi la mesie h la grand ^liae an la cbappalle dei Roye, et oflHt trole 
couppee d' argent doitee qizi luy furent préianiiee toutei noií par la due Bilcli de Bnmawlck. Et 
dbna Sa Majeití publicquemcnt en talle; cl i ta uhle dlina le conie de Salme, qui par privilíte a ce 
droicl.» fj<mr.il d„ vifagí, di Ptiiíiff, II. plg. 75 .) 

Ui) Hiítiria dt Fríip, II. (MadiM, 1S76}. tomo I, pi«. aS«. 

(44) Vaadenene, k quien aicue Gachud, dice que la entrada de la Rebia fo« el it de Febreros yo 
tito en eele punto í Uoroico, legún el cual ocutrié •martes 13 dlai de hebren». HurDico, con *u mi- 
nw^ildad acDitumbrada, nana lo ocurrida «otro día mÜrcole», -otro día, juevea qulncedehebrt- 

que entri en Toledo la Reina, aegfin Heroico, concuerda con la del >utvi, u, en que te celebró la 
ju» del principe D. Carina. 
■(4í| Cabrer» de CÓtdobn, HIUtriH d, FiUpt II, tomo I, pig. 187. 

(46) La Reina enfermó de viruela! f ae intenumpteron laa fieaiai; diceclo Cabrera en to Hliltrlt 
lUbro V, cap. VI] y Vandeneaae en lu 7™™»/ d„ rsfagrr d. PhiUff, II. No deja, empero, de ler 
eiiliaiM que SebaitUn de Heroico, un ponnial narrador, i mái de leiUga, de loi luccioi de aque- 
lloa diai, nada diga en lu Rríaríin de temejante dolencia ( interrupción de fieilaa. Parece conSmiar 
que enfermó ¡a Reina lu auaenchi en la jura del principe D. Carlt», celebrada el b> de Febrero; pero 

regio que hubo en el alcAiar. 

(47) De laa eniradu y eitanciai en Toledo de Felipe II k Iiabel de Valoit en issg y rjóo y Gnlaa 



roitoi 1 A s. 

, jí«(« , Wrai'«j«»,a«oA/jiírIfecli 
Ma. de Sebaitián de Heroico, publicado eo el lomo de KeUcümn hitUrícaí de la Soc. 
eipaHolu, pls. «5- 
lactiiminln t-t U ímfirUl ciudad di Tolldo . 

Ayala, ts*'-) 

K/llacim di la iHlraJa de la He^la nf" t '■' í» ToUdí q<u /ni á XIIIJ" di hiirin di ,¡6a. 
Hi. «fol. una hoja. R. Acad.de la Hbt.Col.de Jeiuiui.l.CV, ndin. ja- 

FjilT-uda di la Siriiiiiiima Rty*a iiniilra SiUtra iH 70/rab. Nt, en la Blb. Nac, Y 197. 



tizcdbyGooi^Ie 



— I09 — 

Smtrmáa é4 U Crrlt A TfUd» tt uta át /j.w ydíHtif Dtn FUli^ II j di la Siyn* DeM* Iiiitl 
itlmPat,tuUretr»mt,itr. ^ dit firincift Dm Carlii. cad, i.m¡ -tt fer ti.y lUI joramnla ¡U Sn 

¡ttMt/Ot MammtcriflK » lh¡ •^miUih iMUfMMp >■ Ikr Briliik Mutmm, vol I, pág. MJ. RcUd6n 
4Hfoi^putt4encDlaccl6iitltnUiU Iratadnátta Ccrff ir KifMiía rietei^t fur €l P. DitíB 
GMHim dt Terfmtmmdm. Edá si faL ]S. 

TutUé* dweilbu por uteuoiiqiAUíi iBtTiida y Im a«ui que •igineran Cabnra de Cirdoba en 
n miirrin, toan I, 11b. V, cap. VI, y Vud(i»H« «i » Jsnmml ái¡ mij-titri lü PkiUffi II, pá- 

D« DDM y Q»k< rvlAcIdBa pn>c«dtt( \tM oatictaa qoa acerca de aquelkn «ucetoi ñguran en el tcxtQ. 
Ppa, m fcmieiiita prolontar deuaii&clo ^u wilA, CQfukfoaii algunu coví mil de entre leí mu- 
chea Luituei qua mercad í taJce eaultDt han llagada á mtt^nt. 

Antea de w enlrada oBciil <u6 Felipe II de bcániío á Toledo, deide Aranjun, eJ lO de Ociubic 
de rJjOi par* Tintar lat impürtamea obras que le hacían an el alcáiaf y el adérelo qae en ^atc ar 
pieparaba, -volvlaiido i aquel reaJ sitio ao el imaiuD día. La enerada lolemnc del Rey verificóte eu 96 
de HoTiembn. Cou la Ciudad A Ayuntunianto •aUenn t. lai arucru i leciblile, enlte oirae eotpoiu- 
GioDa, Di CaUldo de U lanta Igleaia, Ul Captllai, la Swica Hermandad, la Iitquiíielon, la Unlvar- 
ahtvl, la Capa de U moneda, el Coletiú de eacrlbanoi y todos los gremloa cou sus TÍatoaoi peodoacL 
El Ayutamleato adelaniAse mis alU de la ermita de Sao Ei«enlo. y al llecaí el monarca, beaánnle 
la mano jnst id aa, xegldorca y jurado*. Venía en iin caballo blanco, -veitida honeatamante con tin 
Bayo de lerüopelo negro y nn capote da paflo y nn cbapeo de agua y lana* fitej. Motfrúse muy ale* 

la puerta de Bisagra, el Corregidor pn>nunci6 un discurso dando al Rey la blenieaida y las gnciaa 
por la merced que caavenirá la clodad hacia; luego, ante el eecrlbano mayoi, ¡urú Felipe II gnar- 
daráToiedo ata fuaroa, prinlegioi y Hbartadei. Ls carrera seguida por el Rey deade la pucrtade 
BiMna, por doode enlri, fui Inapeto la aonanclaura de una de laa relaciones , aunque los nombres 
de Isa callea, an gran parte, bao variado): CaUeraria y Herrería, tomo da las Carretas, Ltnceiia. Cal- 
cemia, Cntro Callat y Lonias, 1 eninr por la Pseita del Perdón en U Catedral. Hecha oraciAn, la 
dcrscia canlA •mucho) soneíoi y gCnero da alegiiai. SallA del templo el Rey por la futría nima 
(de loa Lwinea), y fn» por la Tripería, Plata mayor, ZapauHa da obAgraeaa.plasa de las Gallinas, ba- 
rrio de Rey y Zocodovet, al alcáiai. 



oouble que la de 



•iriiaiuea 


Ko. *1. 


pera de la entr.di 


• de 


babel de 


V.lofa, 11.3& i 


Fortival.] 
ConTien. 












guio. I 


^ocistaaenqueU 


I^ 


da de D.' 


> Isabel hé aún 


Falve n, : 


r toara 


inútil tarea eapecif 


icarl. 


looirridD 


, en aquel dia, e 


cado.SAlo 


maiici 


onart algnna. circ 












■ochoi 


1 nUio. y 


nlEai; y «era coi 


y tan bien 




rden 




Dloa>.lji 




os coDCuirió era la 




je, i pe» 


r de la anchura 


Per trata 


^de. 


saunto .oledaao, n. 


> pre 


•cbdode 

álsReiw 
.re. y ju» 


lran«:tibir la » 


miento, co: 


Regido. 


r, alcalde mayor, i 


t^á<. 


ido. y los otros 


r««ile^y 


luego! 


loa do> fieles con «I 




sai.vaaiidoadcropa. da 



reledo, y aacrlbano mayo 



■apatos y vainas de terciopelo amarillo y ropaa larg 



CJbdad. Salkroa á la plai. 



cbo y Iiace *•&!*)■ á tcd» laa de EapaSa.i 

La catrera qua sa ¿gdd en Ja aublda, adornada en toda lu extensión con ricos tapices y colgaduraa, 
fui: antiudo por Bisaira, á U Herraría, Caldereria, tono de las Carreíaa, San MicoUs, Sopa l^va, 
neain del Vino, adarre de los HoaUloa, San VIccnu, Inqubiclán, plaiuela del Conde de Orgai, Cárcal 
raal, cobertlis del Conde de CifaaHca, calle del Canónigo Mariana, plaiutla da San SalTadoi, porte- 
ría de la Trinidad, plaia del A:finiwnicnls.t cnirar tola Catedral por la puerta del PattUn. c-'^t— <- 



lizcdDyGoOl^Ie 



— lio — 

áttpvtt U comldii por I* miuiu pDcna, fué por I* LaBji, Cuido CbU». Cdcatnin, Lhcciíi, Calle 

cIh del Udodal nana. 

Héwgui alfUDM cuiioui úiTEncioiielqtK fifUIanin Etl «I r«ÍbÍnuBID.Junla *I botplul de Tuxtrn, 

pmcautHi «I Tajo, -de donde pgdomoi decir— atadr un eroniau— que habcmoi thio alrto Tajo aobrc 
loa mun> de Tnledo-, Junro el edilicla de la InqimiciAn vetanae «bre an eadalto c)ncn granda nía- 

tai V- £ii la pU» del Cande de Orsai, en medio da un hotqna artificial, había una rapecle de lerapko 

• quepaiecfa mirará Su Majeiud y exuBder la na» * aMa>. Ea la plaiuela da San SaKadar, naa 
ftan (ifura lentada ea un trono, qoa repreaenaba i Eipaíia, acompañada da otrai eatariHi j alecorlaa. 
Jnoto t laiCiuira Calles, i la puerta del Alcand, earaba aobre un udalio la li|nn da la ronana La- 

ganteicaí repieaen tanda á Hérculai, Geiün y Caco qnc, aiadlante ciertoi iriifieiai de fu^o, Tobmn 



Po 


inicia 


tlv. de la Re> 


nah 


uboaua 


a gennaldapraai», y 




anad 


alio 


F« 


oon en pro.eri6 


nlla 


Catedral, d 






^,í.a 


















De 


laa» 










«a 


iSte 


ÚJo a 






mes 


de Fe 


r=o, domine 


o de 






nquiti 




en> 




iero 




aK,^ 








hareji. 


. El aiguienie d 


otning 






ano, 






dai 


pie e» palu 






Key y nchenta 














«Fe- 


Upe 


I, ele 






,D.Di 


(O de Córdoba 


D.Lnl 


Mtnd 


eide 




ro. En la noche 








o an la. hab 


u-cio 




Raina. El lo de 


Man 






eic 


balJo en la plaaa d 




liclia 


junto 


áBÍM,ia,ric 




Kenga 


añada al efeoo 


■ Eli 


raeo-di. 


^Ho 






ndo., 




da uno 


de loi coalaa 




aci*t< 




ban 






nad 


OC 




06 al 


Rey 


uauro 


SeSoí, «.116 


elH 


■niapelo 




paad 


ar 


n»iy 


.Illa. 


yt 




terta. 



de caballo., en que iban lo. privado, y de la boca de Su Majeiud, el prior da Sn JuaD Dos Antoafa 
da Toledo y el Marqué, de Cénele, el duque de Bnn.uic, el duque de Naje», Don Juan de Aoatria j 

bale, j nininrUa con Ubre» da amarillo: eate bando aaliA del hoepltat de San >an, donde k armó 
5a Majeelad, y entraron por el caarina qr; Tiene de Sincle Engenio, donde mncho. lanbkm k ama- 
ran, Bl aira bando, qoe Mrlan otroa cantoa caballa»*, donde veaia el Marqiita de Villana, mmtU de 
dentro de la cibdad por la puerta de Vkagra y entró en la plau can frande tropel y ruido de vdeica, 

librea; san otraa cnatro cuadrilla.; traían el enaodaite eekoiado; Sa Wajeatad y todoa k» deraáe ttr' 
■earon nuj bien; ptMeu con verdad decir qna en eite tornao, ad en loe caballerD. que en ti tornea- 
ran, csnw en loa qtM la hallaron á vn, habla y Htaba leda la flor j nobteta y cabalkHa de Bapata 

principe, da Parné y de Sidmona y Braninic y «roa infintua aletaanai, franceaee, laf laica, lamanea. 
y de etrm. mucha, naehinc., y donde aaneraa lo. mafuie. cabaBoe y anua del mundo.. ,> 

En ao de Maiao el Conde de BenaveHe envií uta ma(nljica cttmcUm i merienda (hmti, qne dicen 
boy nuaatro. anglomaBO.) A la Reina, compneaia de 300 pialo., aobarbianaata dLafAcnoa y mottta- 
doe(i). Sn ■ de Abril habo f^n coirMa de lora* an 1* placa del Mnicha] y a u le m i il iñao ito de 
caHai, en que entraron el Bey y cíen fraHlca y caballene. Ea 1.0 de Mayo, *ec4n Vandeacaae, ténM 
Jnjt ét KrrrÉ aale el Rey y la Reina. Fot, en la, noy aelalade el torneo de á pie en el alcáiar el f de 
Sepdembre, en que KmaroD pane el Rey, ia> piiaelp*., grande, y ntrog cabaUvM. DiatlniaUranae 
mucho en él loa teKore. enranjero. por lo magnifico ét rm atavie, y galaa, y por al aaomp a ft a mleto 
que Davaron de carro, iriaoraleí, mMcaa, paje* viniendo á la antlfna, attirot, aiarai, el dio* Cupi- 
do, etc. Alcanet la joya t pretaio el pria e lpe 4e Parma Alejandra raméala, quien, •eienda tu aHo, 
fuebró da loitre. golpe, wda. gm nalanm y fut cota da ver-. 

AI leer k. aniñada, relaclaaea de e.m y atus magnfBcai finta* a^Bohia del rfgteXYI, « gny da 
reparar el Ingenio dequiaBea la. dl.pen<aii y taenlnradel pnabb que laa preMBclabB. Abara qac (aatft 
K habla de raformnrto y receneratlo ts4o, ^n* podría volverte 4 lai baeaaa KaMclBBt* l ü üuu ai iu en 
materia de fetlejo., dindole* mil variedad y mayor tinte de enhora 
plone. y antlanMaa. eq>ee[ácBlaa que cBnHlmye* hfty, por re^ fi 

m futtry la aducaclAn pef idar ^a—lau macho coa aSk. 

B de soo plata*. íMimf- 



tizcdbyGOOl^Ie 



— I\X - 

(iS) V.nd« rUcnmeB. A-» /™»rfí^Mí-fn, //iiííWn (Madrid, 18)7], haiuB v,«-Cíbttri, ///i- 
ttrUJrfrUftir.iih.V.ctp. Vll—Pontlio, MtbirU dtl Smih¡i'~¡- Sriüír D. yaan dt AmMa, 
tcdentcnunu publiada por l> Sociedad de blbllóñloi eipiAolei. (Msdiid, MDCCCXCIX], op. II, 

monuqulm y principe era congenien». El licenciade Horoico dice, reñiiíndoie 1 li regla canltiva 
que K dirigif del alciiir á Im Citedral, qoe iqudla •fui coM de grande miiesUd j inucha de ver, y 
<ia(o, no hibía mái que verjuala en toda EipiÜade galas.. /RrlacUrtf mtmaria...) Lai dtiin» que 
■compaaaban t la prince» nunca ulietDn, legún Cabrera y Vander Hammen, un p recio la mente vc*- 
tldaa T anjoyadal como enloncs, ni tan contenni, agrega aquel croniíu, poi venir aip lai francaai, 
que por U enrermedad de la Reina no pudieron iucirie en la aolemnidad. 

Bn el acto de I* jara y betamanoi, Toledo iuto su banco y aiiento como en Conei, apañe del de lo* 
Dtioi procuradores, cerca de la preaidencli y enfrenle del esmdo roglo. ReprodújoM la anlltua 
porfía, ya puramenlc ceremoniou, entre Toledo y Bnrgoe eobre derecbo de precedencia^ y leglín 
coinnnbrv, los tepreaenuaiei de Burgoi precedieron i toi toledanoi, dejando kxaa i ulvo el derecho 

Bl Duque de Alba, que había diiigido el acto, fu« por 

InalgRe caudillo una preTcncKn que míe tarde le irocó en odio i muerte. 

Terminada U ceremonia i lal Irea de la larde, la familia real tomóle al alcdtat, donde toa embajl- 
doiei e^tranietuaacndleroBá feliciarU y preientar itn reipewi. 

Algunoi hiitoriadoiei de U «poca [Cabrera, Vander Hamnen, FarrtXol aGrman, legún digo en el 
tentó, que D. Juan de Auitria lomó al principe D. Carloi el jutamtnto de guardar Us leyei del reino, 
pero ya D. Hodoto Lifu^nte observó que en cieno icatímonio original de la) Cortei de is6a, en que ie 
menciona U jotervncUn de D. Juin en la jura del principe, lu sobrino, nada ic dice de aquella loma 



(so) Mrtdnf^lin á U> Crrfii rf. íai «Hiipu, Réinn, d, Liíh , di Canilla. Pan* i.« (Ma- 
drid, 1M4), pí|- "84- 

<;t) No CaltA quien creyera A eitai Corles de uGo dlitinlaa de las de i;;;, pero en realidad aito 
fueron continuación soya. Loi repreientanleí legulan reunidas en Toledo al dictarle la llamada Con- 
Tocatorla para tifia (su fecba en » de Enero), que no fuó lino laa orden A lai ciudades para que otor- 

jledanas, lai mái brülamei y concuirldaí, por la 
diiticguidoi. El diligente Horoico puntualiió en 
penonajti que allí se hallaron. Hania ocheuu y 
•jeroi menciona, orí ¡tienda loa nombre) de otros 

3itpos, catorce 



priora mitrados, 1« 


comend 


adores de lu Órdenes millcareí, loa adelantados de CastllU y 








ron libtcu i sia cria 


os, voo 


s ds ledas y otros de paSoí y muchos de ellas de udas y bro 



Ttlenm, y en U lista de estos últimos le leen, entre ami, los nombres de los principes de Salmons y de 
Firma, duquea de Bnunlc y del Infantado, marqueses de Vnicna y d* Poia, condes de MedetHo y d; 
lt}*«dairia, el Cardenal de Burgoiy eladelaoudo de Canaria, 

Otctfgaron lia Cana i Felipe 11 un scivicio extraordinario de ciento cfaicuenu cnenlos de maraTedi- 
•es. El cuBdcmo de las petlcloncí y respuesus Mtá fechado en Toledo í 1$ de Septiembre de 1560. En 
t\ pueden ytttt deidandiU sobre la provisión de bneftcios eclnlAnlcos en penoBM dignas; ouu rdi- 
cloaidMcon la iAdusIrla deloapa£as, lanaff y sedoBj sn reglanenlAclón; sofire sacas de mercaderiaa 
prohibidas; sobre pastos, montes y ganadería; navegación , labra de moneda, obras póhilcas, etc. ]|Vo 
ralHD capHnln en qut 1* reClm» 1> mcdentlón en los njei y ohjetoi de liija, otros probMifdTaa ao- 
brcasortKM, artltria*y prayeeloB en arden á la baclendl pdhHca. 

No«M dVt«adM*iuigarscnie)niiesdltporicl»Dei, ya erhiodaa por lostntaAstM Pero coalqulen 
qi* MC «I crtteila que se (tmnc ucem de la solución dada á eiertoi prafclemu, par ejemplo, el predo- 
niaia del aktena piobibidvo en materia de indutria nacional, las Hmlfaclonea de h ImpoHaclAn <I- 
tnajern J lo dispuesto tocante i trajes y objetos atrnluarios, no ea po^ble negar la sinceridad y valen. 



Fdlpe n, por tu pane, Juatlficó en aquellti CWMi A dUiada de Prudente que le conKrva la HUib- 



lizcdtyGooi^Ie 



rii. Arable y cotiíi aiemprc coa loi ] 

IMIidonu, dililó ln »luciAii da iliimH y reibHú» á utiibcB wiu, no my nuoubU*. 

(Si) £im prácdci inlipu que uliliaTai y alcaDUriiioi ic Teuniescn opituUnnsiitc en luí mwB» 
¿pocBtf Aunque con la ■epanciúu é indepeodencU debldai. LomulAIrafDt h jmtutm el pnnwr dim ea 
ti cabildo de la una IkIuíh y loi AKoivot en la capUU de Teii«k> 6 de San Btai. L» de Alciala- 

Hillaie alguna noticia de eMot Capiíuloi cu lu ligulemn obru: 

Di/H-iciaiui di bt Ordm í CaBaíUria át Ca/af raca. (Madrid, iSsi)- ^M- 'li' 

DifiMciann dría Ordiny Cavaílrria át AlcíHlara. (Madrid. i6ea\ Pac. II. 

ii¡) Deieimlnada por «1 Key la leuniAn del Capitulo leocral de la Orden de Satiiia<o, ea^K lai 

Junio de i;6o. Ya le ha dicho que el CapLmlo durd ireí diiB. Lj prfanaa junta (ti de Ato(lo) cDmCB- 
i«ie per una loiemne uiba de pontifical, celebrada por D. Feraáa Lou, piioi de Ucl«t. Eite día le 
TeriñcA la votación de loi Irecea y enniiendaa vacai. Ea lai Befiooei acgunda y tendera (ii y ij de 
Agouo) hubo mlu y procealóa y detpu&i ae UBiaron unpiüiiieDIe loi atunioi de orden, Trai ODa dU- 
creta pUtica del prior de Uciíi, dlíie por tetininado á Capitulo. Diiuelto que íai, quedlioiut en To- 
ledo loi prioreí, el comendador mayor, loi trecee y enmlendaa, reuniindoie ea coDaejo del Capínilo 
geniral, cuyai juntii, que comenaatonen el mliino mes de Agoito, celcbíÍTOue SD la capilla daj hos- 
pital de Sandago de 1d> Caballen». 

El Sr. Femíadei Llanaitiei, en >u HUIorla camftmtíada di lai chatre Órátna tnititara (Ua- 
drld, iMj), di6 una ligera noticia de loi priucipalti acuerdo! del Capitulo de Toledo (pát. 191). Yo he 
tenido < la viita el llhio de acia> de aquel Capitula, eKrliai por el licenciada Juia YBliuei dt Hao- 
dioU. vicaiio de Tudia, que le conierva en el ArchÍTo HlitAriCD Nacional, libro a*s b. 

puntualiio cxaclaDHate, legún le ver* por la lectura de nii leaio, los diai en que paitleion da Talada 
lu personal real». Por dlvcraaiTlaa de loveitigadónhemoi venido 1 comcldli unboi eacrlioreí cuanu 
á la fecha de la traalación y, lo que es mái Importante, icetca del verdadero carAclerquc tuYO. 

(55) Por eer lexlo poco conocido, tranacribo un pínrafo da la ordenaiua mimlcipal de la Alhóndifa 
de Toledu, hecha en el ilclo XVI. <£ aulendo platicado lobre U nueua merced que ni Hageiud del 

que dellai el dicho Ayunumiento compre pan, crign, • cauada, para el dicho depoaito de loa alholka, 



($6) Víale en lai Ii.unaicioin %\vú.<:m^ Srór, Ut tratlnciimdi ta ttrU dt 7 tUdaá Madrid rm 
titmpt 4i FHift II, en que ae )iiMÍfican y amplifican loa notklu del teiio acuca da ene auce», laa 
iippenaue en ta hlaloiia de Toledo. 

lli) hUi da Ira mil qiñileDIOi dlicipllnaniei blcieían eite gínero de penitancia en Toledo para 
impeuar del délo la cuiociAn del principe. (Carta al Duque de Florencia, de au embajador en lladrid, 
•n 14 de Mayo de is«i, publlc. por Gactaard, Dm Carta, a Plülifpt II. t. II, ptg. 63B.} 
' (SS) Caiu de laReluilaciudadde Toledo, recbíeoKadridás dcjuoio deijSa. Cal. dt dan. 
iHtdt. f*ra ¡a Aiil. dt Btf.. tomo XXVI, plg. 444. 

Mtmeria dt la tn/irmidad f cnvaitcettia dtl friacift dan Cariat nutitrt StMtr, eaoita por 
Boioico. Blb. Nacu Ui. Aa. 105, fols. 166 v">' y i&j. La proceaüii celebrada coa uod» da la cva- 
ci&n del principe fui dcade ta Catedral f San Juan de loa Reyei. y, legúa el cioaiiu, ili moa aoleae 
que en. toledo le bidoi. 

()9) Ocurrió la gran inundación de la vB(a en a de Euero de i)6s. Elito dHtreió Hobradoi, aoloa 
y tauertai, anefó, derrilió ó inutiliió loi mollnoa y biianea y muchot edlñcloa de lai afueraa de ta ciu- 
dad, baa memoría local, de que tomo laa anterioreí notitúai, dice que eita eanaordioazla tovcida en- 
iji;. ScbulUn de Hoioica d*w:iibe ambaí aa w Cantitutra 



iueroD la 



lizcdtyGooi^Ie 



qus no d» 
bntelMiw f IwHnsra 
que 04 puveac «n tnbajo- 
D«mb6 Diuchai pimd^j 

dejrd lu proal quebradju 
lu fMtiu muy nultraudu. 

Ya me acuerdo otn crcKiei 
■lodetieinuencneni, 
qi» ble umbltn mu; TrnUenu 



. ._ seluiio 

T haber tana de honüdad. 

(te) L* ciucldB de aquelU eipecie de milicia urbana por Felipe II no >c clílo á Toledo, (loo qoe h 
enodlÓ á tu dasáichidade* del reino. Maitln Gameto ieduyi entre lai axilraciascí f áíctimtnifi 
da n Hultria di TnUdí [Dúm, XXI, ptg. losB] una nou lomada de un libro m>. de Santiago Falo- 
Butea, acenza d< )■ milicia nibua t la pte^D en la ciudad imperial, 

{6i) Porque pueda apreciarae 1* imporuncia concedida i todo ene negocio de la reiütuclón del 
cunpo da San Ei^eniu. iranicribo en parte )o que en una relación inídita cootemporinea le dice acer- 
ca daliiaje del (oberBador eclealiiiico de Toledo i Torrelaguna. El nuutet G de Norlembre paitü- 
rsue D. Gimei Tello GfrAo, ub caníuip» t racioneroi, canurn y mlniítrileí, caballeroi, juradas y 
buQs número de otraa peraona^ devotaa. aAvian ido delante wn dia antea muchoe carros cargidaa de 
oaeaaa y bancoa y adcre^oi da cocina y de otraa coaaa Defeaariaa para el camino, todo en honor y tieata 

raTedia y cada m^ionero quinienvcsi porque aua pertonaa yvan a la moaa del [overaador j atl el hizo 
la eoita a aua pemnaa a ^ da y a venkU muy auniptDOea y cumplidamente como a (al petaonn y en tal 

de eUa persunai para dar rrecaudo dos rreposteiiía con grand cantidad de plata rropa blanca y illhi j 
Bkceaa y baacoa y en cada rreposteria qoatro peraonai con muy buen rrecaudo y diligencia dos corinas 

M boblc coa maaaa y Tancoe y mantelai y serriplo en mucha abundancia yra vn panadero con barina 





■OÍ en lu. caví 


■ lloi 1 


lue aadavan 


alrrededorde la tierra 




=]o.jay.Iispe. 


icadoi 


1 frescos guevi 


is y ludo ki demás que 


ae podiesa hallar con orden de q« cada vno a 




he ce 










¡mllas 




ion muchas empanadas 


y parulea y ettaa eeaai flambrea y fruías y cunaerras y un se 


rricio 


de plata y agua y Tino lodo para lol 


que qulaieaeo comar algo o bever pnr el eamln 






idnd de cera t 


le hachas y velas en la 


botÜlarla que no ae gaato otra cosa por el can 


InoaMayrue 


lita, y 


,nu ocupado. 

raetrirrirfo. 


en eito qoinie carros 
(elaanHns.>nteK>re. 
.yvnalcuarildecon. 


y din asamilai y otraa moclias besüat, yran qi 


iadoadecaaa 


y do. 




r falla en cosa 


al(un 


■ y el paito Ib 




fia pomUa de carne, j penados y avag y de te 


.da caca y de 


fmtas 




detodoloquebnena- 














llamar á «ate 




to que ItcTÓ c 


onslgu Tello Girino. 


tutrt'tK yútt eoaildeta que por todo el camino fat¡ repan 


iendo 


muchu limo 


■ñas y librando preso. 


por dandM, e. muy creíble que en aquellos h 






•irada de San Bufenlo 




Hiiisilcolvaau cinco 


mil ducados, ■ 


ieglln«>tonce.s«dijo. 




1 en uno de los 


bello: 


I frcKoa coa . 


que en el elglo XVni 


deeord el claunro de la Catedral; uenpa el mur 




.ndei 


. la bÍYeda ce 


niral del ala i galería 


de orlante. Rn dicho ciaidro, qne es de loi más 




mejo: 




de aquelhi serie, Feli- 


pe U, loa do. archiduque, i» sobrino, y un cu 


«to per»na}i 


! Iler, 




1 las andas aobie que 


dwanaas laa (cliqíila. de San Eogeoio, mamen 


10. antes de er 


,lr.rl. 


a coraidn poi 


■ la poorta de Bisagra . 


El principe D. Carlos Ta al lado, candela en m 


«no; Obbpo, 


y cMricoi aparecen 




Ttlaa; »bre la urna, rodeada de lumlnoaa aur. 


»la. Yuelan et 


Lelea; 


pació vario. í 


ingeles, y en la parte 



inferior denc ha del cuadro alguno, mendlfoa y m 



lizcdtyGooi^Ie 



— lU — 

(6a) Su Enfeolo, icgon DidlciAD muf lopeuhU prnao prelido de Toledo y apíitol de nmoo 
poeblo, p(dtci6 el nurllria A Enea del liflo I de la eia criitUna en U aldea de Dlajle (Deiil), ceiea 
dePuii, bajo la penecucUu de Dúmiciaiio . Su cadlver fui anoiadi; í ud lago Inmediato, DamliradD 
Metxt 6 Merciiio (du Maichaii), de donde, pot lerelacIÓD divina, le laci, doiclenlai aaoi deipDti, un 
piadoao varón llamado Ercoldo i Marcoldo, dlndole icpatiura en DeuLl. Allí eiliivo haita el d|lo X, 
CB que (ai traiUdado * la cílebie abadía de San Dionüto, panteón de los Reyu de Fiancu. En iis« 
Alfouo Vil bubo de coniegulr de >quelloa manjei un braio del Santo para la igleaia de Toledo; peco 
la piadoaa ambiciin de lo> loledanoi pedia mi>, y en el ilglo XVI reverdecieron con nueva fisna a» 
aipiíacionea. Durante el cautiverio de FianclKo I en Eipafla, y aprovecliando >u> viitai con el Em- 
perador, la ciudad de Toledo suplicóle lecabaie del (lancéa la ceaión del cuerpo de San Ei«Bnlo. Cai- 
loiV biiolo presente li Francisco I, y íiic te mostró propicio; pe» dn duda la no extuiguida eneniia- 
ud de squellot pciscipeí impidió la terminación del negocio. fiA sobre eite Incidente ta caiu del 
emperador i Toledo <Ille>cas, ii de Febrero de isaó), publicada por Cavanlllea enw HUInria ái£i- 
taüa, tomo V, pig. 379. Mía favorable coyuntura te preienió reinando FeUpe II, cuBado y amiRO de 
Carloa IX y yerno de Catalina de Mtdici*. Si grande era el deaeo del clero j pueblo de Toledo grande 

de los untos. Las primeras diligencias cerca de loi Reyes fianceiea fueron muy favorable*, y en tu 
vista designóse comlatrio al canónigo de Toledo D. Pedro Manrique de PadiUa para mer á EtpaiU 
k» tagradoa resloi. Manrique, acompasado del capeliáu de cora Antonia de Ribera, partió de Toledo ' 
1 BU comisión en 10 de Octubre de i;«4. La bisloria de eiu primera fase del asunto te halU en la co- 
ireapondencia, en parte publicada y en parle inédita, de laa penonai que interviBleron en t\, tales 
como el Rey, el gobernador Tello Girón, el deln D. Diego de CiatiUa, D. Pedro Manrique, ele. 
Vencida U tenacidad, verdaderamenie justiBcada. del Cardenal de Lorena, á quien dolía perdiera 

monjea t Renato Bayllet, preiidcnte del ParUmento de Parla, y íite,.en 3 de Abril de ijój, al cape- 
llln Ribera, quien salió con el depótito para Burdeos, donde ya le bailaba en i.o de Uayo, El enba- 

partiaron de Burdeoa para Eapaila y, cruzando el Bidasoa, en 9 de Mayo pitaron tierra española y lle- 
garon á Iriín- £1 viaje por Francia te babla veríücado con todo dbimulo y cautela, y lo propio te bi», 
al pronto, en la penintula. Desde Irún, por San Sebasiün y Santa Gadea, atravesando despoblados y 
deapuís el pusno de Somoslena, llegaion loi viajeros i Uceda y Torielaguna, donde ya se prescindió 

crutAbase activa coireapondencia entre el Rey, la ciudad y al cabildo de Toledo, donde te ultimaban 
todos los detalles para el espiíndido recibimiento. En to de Noviembre el santo cue^o, colocado en 

bUn muy teSalada la acogida}. Rejas, Getafe, Illescaí y Bargas, basta IJegar i nuestra cindad el ilo- 

ciaron. Según Antonio de Ribera, cronista del viaje, liot lugares de esta comarca quedaron deapobla- 

que se cree auene ¡amas juntado en Espaía en vna ciudad*. EL canónigo Manrique dice, pintando el 
espectáculo qoeofrccia Toledo: •Uucbot da los cortesanos y otra gente qoeie haulan bailado en U 
coronación del Empsiador don Carlos nuetlro teBor y en re(ebim<enloi de grandes Principes, y en 
olías seBaladaa jomadas, affirmauan que nunca uleron cosa lan sumpiuosa, y que deipo» da aquello 
ya na tenias loa ojos de lot bombres niai que drtiear>. El diligente Horoico, uno de lot que mát me- 
nudamente bistoriaron aquellas lolemnldadet, describe del modo mis minucioso tos aren IriunftUí 
r aftíídíuiti r-Blailn preparados en U ciudad, Natabillilma, en efecto, debió de ter al enorme cuer- 
po arquitectónico, de güilo grecorromano, ajutlatio ante la portada del Perdón, da la CatedraL «que si 

da en iienfoB plnudos de color de berroque!Io>, y lo miimo loa demái de lot otros sitios. Bsutoat de 
tsnus y alegóricas, emblemas, pinturas y epigufes la.inos completaban la decoración de aquella Gn- 

el templo y el palacio arsobbpal. Ésteera muy alto y sobre al OBlenUba escatuu del Rey, de U Kali- 

tas cinco vittoaos arcos de Tari* dispoaición, lodos cidaict y profusamente exoinadoa al gusto de la 
«poca: uno en las Cuatro Callsa, otro i la entrada de la calle Ancha, junto á la Calaborra vieja, ouo 
en la entrada de lacalle de las Armas, por bajo de Zocodover, otro enlapueru alta de la Heireria y 
el último «n la puerta baja del mismo nombre. 



lizcdtyGooi^le 



— US — 

Qscdc á coBsldsncUn del Itctsr lo qse á cbidulHwi j faruun» ulmiiuiu anu lavascIcnHi, u 
con» tUDbÜn, cd d Selarejo, •un pcUcuia (rande con ui polloi dcluleí qni ipor inifi^o por de 
deatra de U pBftna mia tocmt ■ ollit a mttofl bjuuv^ la gbIm^ ; cuello y tt picaba en el pecbo*; y U 
luienuBH ataña ecaeíOe de Marco Aarello liliuda ea Zocodover, admliable repioducdÓD de la da 
bronce eiiitenle en el Cj^iícdIío da Roma. 

Atraiao tambÜD mucha la atenci6n, ui de la geuK papular como de loi coiuhuos de aquella |ni<re 
coiu de Ptltpa II, lai daniu que acoiDpailatwD i la proceiiín en n lobida i la ciudad, orianbadaí 



por la ■■□(a iglesia, por el Ayuntamieuta y poT loa (rcmloa, 6 Teoidaa de loe pueblen inniedlatoi; aioai 
a ni paxccer— dice Horoico — laa que mejor parecían y mat guita deran eran lai danfai de mo^ai de 
laa aldeai como de magan y vargaj que eran bennoaaa y deacubleruu eui cana y blea atavladaa aafqn 
enaui bfareí y baylevan euremadamenle y no Tallavan laidaofai de eipadaa antituai y lobre lodaí 
la de loa gigantea...» 

LacoDiÜTi entró en Toledo por la puerta de Bisagrn, aubíA i Zocodayer y de allí por la calle An- 
cha, SolaieJD, Alcatceriai y Lonj^, llegA i la plaia del Ayuntamiento, euHando por U puerta del 
Perdón en U CatedraL Haata tu Ingro» en U ciudad Uenron á hombroa laa andaí del Santo al Duque 
de Oiuna, loa Maiqueaea de VUlena, Gibrale^, Poaa, Ceiralbo y Falcea; loa Condea de Perla y de 
Lalaln; el Principe de Eboli; el nueitre de Henteía y D. Antonio y D. Fernando da Toledo. Dentro de 
la poerta de Biiagn lomáronlai caballero) y lEgidoreí loledanoi, haata la puerta del Perdón, donde a« 
hicieron cario de ellaa loa Obtipos llerándolai por dentro déla Catedial haita llegar al alur mayor, an 
que qoedaron por lo pronto loa aacroa reitoi. Terminada lau Imponente manlfeataclán relllioia, el Rey 
y la corte aubüronie al alcíaar. Elaiguiente día, ig, hubo gran funciinen la aanu igleala, i que aiia- 
lieron las personal realea, adorando lu recuperadas nliqnias. El Rey biso solemne donación de ellas al 

Paca celebrar el rausio aconiecimlenta, cuya reaonsncia noselimitít U dücesis de Toledo, sino 
q« repercntlA es Espala entera, hut» en la ciudad, am(n de laa fiaataa que antecadieroD, ocraa que 
duraron uuclioa días: lamlnariaa, múilcaí, dansaj, mAacaraa á caballo, represen tacionea dramátieaa, 

fkat imtnet xpiarus odiota^ no ara ñesta para soleaicar cite santo glorioao, sino con otrss obras mas 

I>aa representaciones dramática] le celebraban públicamente mucbas reces al día, coa gna contenta 
da] pueblo, en la plasa del Ayuntamiento; e)ecutábaae la historia da San BuginlD icosa de derofion y 
de pasatiempo'. Peio aún r^ocijaba mía i la abigarrada muchedumbre el tUrculeí que puaiaran en 
la uiimB plasa para diversión de chicos y (randci. Dice Hoioico aceres de aito: 

•Hlso tanbien U (ibdsd en medio ds la placa de ayuntamiento vna peana grande de estado y medie 
en alto y otro tanto de quadro de piedra y cal y ladrillo y yeso camoil allioTlera de quedar para aíem- 
pre y ettfima da ella viu aatatua de hércules desnude grande de dos estados con vna porta aa la mano 

trabajo de loa de hercuies y asi el mismo domingo ae le piMO el loan y al lunes el puerco montes y la 

caberas y arriba sobra querdas va dragón y otras veatiaa que se qusmasan el sábado el rrey antea el 
domingo 95 el (entauro y vn dragón colgando en alto y en fin eita noche fue toda quemado j consmni- 
do y al mlmH hercúlea las qimles bestias aitaTan lodu de dentro llenas de polvera y fuegos y haiian- 
doae las luminarias y alegrías sagund arriba ei dicho pegavan fuego a la vestía y ecbaia de ai mucho 
fnego j qoemavasc toda quedando todavía la eatatua do hércules enhiesta y aai avlendo matado al león 

trllea y mucha grita de la gente «o acabara cada noche «u trabajo, avn que no falto quien vna noche 
antes qoe ae acabasen loa trabajos no aviendo miedo a herciil» al a su pona dio con el de alli absxo 
qne le hbo todo pedamos mas luego fne puesto otro.' 

Agradecido al Cabildo de Toledo á la abadía de San Dloniüo por la cealón de laa reliqídaa, encargó 
1 lo) plaiaaa toledanoa Diego Dávlla, Marcos y Gonaalo Uemindei una magnlGca lámpara da plata 

da por Zarco del Valle en sus Dacvmttttat iníiirluí f*ra la ffítISTia dt tat BtUu AtUi tu Eifaia, 
Ctl. d¡ dtcum,., I. LV, pág. 5S0.) 

Por aenerdo del Cabildo, loi restos de San Eugenio colocáronse poco despata en una magnifica arca 
de plata que labró en ijíg el pUtero toledano Francisco Merino por diiehis de Nicolás de Veigan, el 
Tiejo. Sata arca, que oilenu ptimoroaoi relieves aluslvoa á su objeto y es una de las obras más bsUos 
de la platecia espaSola, se causcrra con el ndamo daetiao á que le dedica, en al rico xUcaiio í OeM»- 
M da la Catedral primada. 



lizcdtyGooi^Ie 



— 116 — 

Dtbf DCixUitl >B buKi da mi» uipliu Botldu cbuu á U ttubcÜD á TaMa da laa ralitalM da 
San BofflDlo, f «tamoaiBa j fieata* qua 1> íIiuíctoPt á Jai tlfoiaftlaB obra*: 

CtfOéKÜm dr Ul Jufmckei ImetmUt a ¡m Irltlatii iM itmiitl* CMtrf* Jt Sa-U Mmgtnit m*Hfr 
frimir Arféiifo u 7tUJ: lutlta dt ¡a AHmitadi Sandtnti im FramcU m itlm Samtim IglttU. Y ¡a 
ríiacitit átl/tiitiitima vlaft fvt kiie i¡ illvitTt y mvy riMtrntJe ítXir dni Ptdrt Mmnrrlfitt Cimf 
<^t dt la mama taatla yfUría, ftr ti dieht titrjt tatclt. Caá ti rtiníítime ratiümmí* fmt » 
Aiit Hnita Ciiidad dr 7¡iirdi r »'"• "riflnra4tai4Iifftf*iilt. (Talado, MifnalFsnr, ■:««.)— 
Hb i.", w loUaa. Bl aoMr íat Antenig de Ribera, capailas de con da l« iflaala de Talado, qoa mam- 
paBó i Haarlqua an lu lUja. Bi libro Ley ibdj ib». 

Dtl flrriHt y UnanníaraJa marlir Sania tutiais trlmtrt fiultr y ftlada dt nia taata ífUtia 
dt ItUdt y da la trailafiaa d, n ¡aaÍB emrta dfl miiltrit (lie) dt Sanl diamii in/raatia m U din- 
lamia iíitlia di InUda y dt m vnida y di lat altíriat y Jtiital f n Mrde n kUitraa * la laama M tí 

dad dt «.°— Hi. I¡. ii6 de U Bib. Nac., que pertnieclí i S. E 
leaco: 7) boju eacritaa poi ambu can».— Háa Mea que obn concluí* aa u c*ntAii denotlciai jrdoea- 
Bentoi que el Uceadade (oledaso fui racoakndo tocantea al nacocko da Sao Bb|id1o. 
Eilaa reladoaei deEUbera y Hamca (oa mo; dandUdut btanaaBBh A Ui <ncai dlacrapan «a paa- 



Carla dtl Utra. Alvar Gtmit al lUy D. fríiH II (tu ¡ttbn moUúo. i ti i»»ti-Atsahiait¡fií\. 
—Al llim* it*tr da» Gímft Ttlla Girtn Gaitrnadar dal ArítUifada dt Jtítda far mueiaridaa 
afattaiita y dtl eanat/t dt ni Mag^- dan Ptdra Manrritm jndlgaa canaalta dtHa laníla ytUtia dt 
7#Ja/a— Ha. u U Blbl. p«TÍBClalda Toledo, Sala merTadi 9 ■.— El ilutre buraanliui loledaM Ahar 
GAsea da CaaUo fi ti wnor de lu bbdihvub ineciiiicloDei Utisai puaetaa en lai arcoi y a sBoa 
liboi dala cartela aafidda por la comkiYa. En lu ixieiua carta al monarca Ui reproduce y traalada al 
caaHlUpo, daddo taabÜD aotlcla de loemonadaeiiioa^ lamiclcnet düpueaioi ea la oca^n copaablda. 
El eactiw eadaiai 

yUa nttttai tramptrn j advtrtu di/raj dan BmrtaUmi dt Carranca y di Miranda, Arraiüfa 
di Talada Primada dt EifalU,, Camílür maytr dt tai Xirnaa dt CaHiOa. Capka a» á Ji. Ella ohia 
tai pakUcula con ao poeei cnoiei da copia pot D. Aotoslo ValUdana da SoMmayoi :(lladlM, lyU, 
1.0, aa9páii.] Yo menifo con prereitncia de doi copiu um. (muy buena una da ellea) 4B« enlatan an 
U BlWlotaca pndncfail de Toledo, ule reaerreda, 9-4. 

Primtmfarlt dt la Hittarin timrai dtl Manda... per Antonio da Hanen Vol. I.fValkdolId, >6oe}.) 
Ub. xn, cap. Vni, pac. 5S4. 

Primacía di U laain Igíaiía di Itlida... pOT D. Diage da CulejAn y Fonaaca (Madrid, t^s). Tirata II, 
pá|liHai09TáiiM.-L«i*lacldDdeCartej«n fdndaia « la de AuMbIo de Ribera da qu* m«i BfTJba 
aaUíoBtriu. 

Snmlai dt Im Imfirlal tiadad di Tatida poi el P. AnioniaQiiintBBadiilKa* (Madrid, 1691I. Pá|a. jiy 

del cuerpo de Sen Euceaio •el Prlnc^ nuiaiTo Sdloi Don Felipe III>, que do lino el meado baite it;l. 

FeUbien. fittíairi dt rAUayr di Sainl-Drnr* (Pmiim, 1706), P«n- 19A y I»7>— AGiB* alte naor que 
Felipe U aaiMid el acta de le entrada del aaato caiTfo/iidi nmü, lo que no be Tiato comprobedo por 
nhi^a biiEorladot coatemporáiieo. 

Femlodei Momaña. MJt im di raráad klilirica ittrt Ftlifi II il Prndtnli y m niñada (Ma- 
drid, i»9e). F*Ki> 4' 1 Sft 

Cabrera de Ctrdoba, Forteío, Piía, Vender Kamman y otroi biiioriedortí de la tpoca 6 en poco 
poalerloTEi BCspáronn taiablia en el niceio, aunque mié nxhittneate. ELSr. Faraándei DmcofM 
en la BaiialMifra Maiítrtnt. de PiHi, y publicó en el Baitlñ dt la R. Acnd. di U Hitlarla (t. XI, 
1U7, pif. 181), elai^oricbuldaintretadelti nllqidei de San Kofeab en la abadía de SalM-Dc- 
nb, cnyai iraduccioDei latina y uHellaDa h babUn publicado en el tifio XVI. 

|«4) Mamarla dtl tarta di la rriyna dita yiaétl nnlllra Stéaramnrrr dti rriy dln/lliflim.l- 
Ira SlMar y dt tai nltgrial yJUllai fnc In Tilida 11 »lmirran.—Et obm de SebaMián de Horon», que 
col otroi teciiBe dai bIhbd exlatt oiicintl an U Real Biblioteca, bajo el tilukj Li'tra di miuiai tnai 
nrlaHii (el Col. ;)). Inchiyo entre Iti iLneTBtoloiia t noccxanroi nu initiaitala leltciÓB toltdana 
coatí título de /YiifBi 7 ■<«"'■"" Jvlidacaiuntlivadilnacimimla di ¡ain/anlaD.^ Itaiit Clara 
E„ttnla (IS66). 

Ba hadodanto de fraaiaj por el ftlli elmnbzanúeiMe de la Reina, el iA dt Ageito de aquel alto aacó- 
le en preceriin lolenniaima la Virgen del Sagrarlo, reneranda pe mna de Toledo, qneenou rice BUae 
y camia lili á San Juan da lea Reyea, TOlviendo deide nlll á la Catedral. SAlo an muy eontadti oca- 
riene* y por graiei caiaai ta Terlficaa cMaa aalidat do la VkgaB dil temple ptioaute. Ocunidaa en a) 
a^lo XVI, icngo noticia de laa ligulintet: 



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- 117 — 

>p.— Bb i.o da Mdjb UtnioB U UBt* bufoi á [■ «nslai d* Sun Eucenlo, a^iimons, ea rotativa 

99.— KiijdsAbHIáSaDjuandeloiReyel, aa rafidTa poc la Emperalrli D.* IuImI. 

)*■— Ed i( de Uayo i la baiQica de Saau Leocadia, por 1u ulamididei de lequla y lanioitB. 

Si.~Ed lí de Abril i la bailtica de Sanu Leocadia, en demanda del agua. 

K6.— La aallda nniaa mvn^Dada. 

&7.— Ea i.° de Mayo i Sana Leocadia, roíaüra por el aiiia. 
I, eoB d propia modYO . 

•g<aU>i, fol. 6. El riüdoto uunto de Beklettai, para To 
leda uo coiuw) T ds tal moBta, Rala *u oricen de muy antiguo. San Fernando babla vendido á To- 
ledo la* vUlaa de la Puebla de AtcoMr, Herrera y otrai Taiiai, con todoa lui ttnnlnoa y peneBenciai, 
poaeytiidolaa 1( ciudad pacificamente haau 1445, en que Juan 11 biio merced de ellaaal maeitrede 
AlctBUn D. Gutierre de Solomayor. Toledo pi 
le rMdoiycn lu* poeeaioosi, pero la pcllcün m 
ria(i4fi})la donaciÓB hecha por BU padre, yaii 
armada. Ello no obelante, loi Coadea de Balak 
deientaado Un ilca bacisoda, t peíai de la> i 
aiendldaí por loi Beyaa Catállcoi. Éatoi mand 

uiapeuiAn, ofrecid á Toledo le le baria jutlcbi j ordenó al pieildenla y oidora de La Chancillerla d< 
Cruada reaolrleran pronto el annu. Slguidee el lidglo baita 1536, en que la CbancUleria dicl& 
•auleDCla TaTOrabls á la dudad, condenando al Duque de B^ar, Conde de BeUlcíear. i hi reatiluclAn 
da laa villai con na pcncDeaciai. Bl Duque le aleó conlia la aentenda; pero en tt de Junio de ijjs 
pronuncióla Chancilleria granadina otra unteacia coafinnando laaolerlor. AU¿>e de nuevo Belald 
lar, lopllcanda anu la penona real, y Felipe ti enconiend6 el aeunm k iu Coneeja, que, por dldrao, 
en is de Mario de ij68 dlA la •entencia daGnltiva cootra Toledo. 

BBlacladadcana& ■enaaciún y aaombro la sentencia, y comenaaron á dlecurrirae medioi para con- 
Iradecdrla. Oyóle el dictarncn de niuchoi juríacniaultoi, promoviéronle )uataa y hubo apaaioDadoi de- 
bateií pero al ñn dominó el criterio de dar al olvido un aiunto an que tanto tiempo y EanEo dinero habla 
fHtado Toledo lin fruto nlguno. 

(66)' En 11 de Enero de I (te euriblóelRcy lendaí cartai al Ayunumiento y al gobernidar icle- 
diltiCD D. Córnea Tello Girón, aviaanda la rcclmlAn de D. Carloi. Bu aS da JuUn doiícIó ailmlimO i 
la andad y al CabUdo U muerte del principe, acBrrida pocoi dUi antea. La Chidad dU lutoi de baye- 
ta* al corragidor, alcalde mayor y alguacil nuyor, i loi regidores jmadot. oBclaleí y dapendien» 
del Ayuntamiento. Lai honru fúnebrea duraron deade el 30 de Julio al 11 de Agoalo. Entre loi do* 
con» levanlíae, ácoata de la Ciudad, un aunliioao túmulo ni rummu, gnu máquina de cuatro coer- 
poa, exomada con faucripclanei latisai y eundoi de annaa. Ailitlgion la Ciudad, la InquIílclÓB, el 
cleroaecDlaay regular, laa bermandadea y cofradía i. A cauu de la colocadón de clorto altar portátil, 
bnbo peaadumbrea y conteilaclonei gntre el Cabildo y el Ayun lamiente, y iste estuvo á punto de reti- 
rar» en el minno acto; pero dlilmuló por lo anlemne de la ocaalón, el bien loa de uno y otro cabildo 
• qnedaroB moy picado* y mohíno». Bl Ayuntamiento acudió al Rey en qneja contra el CabUdo, y Fe- 
lipa n MCribló á amba* corporacione* recomendando la buena armonía. Eb la relación que de aitoi 
•OBaao* ocribló el diligenta Sebastián de Horouo pueden vene lobre el caía cuantas noticia* *e ape- 

(Sy) Bl S d* Octubre adpoaa en Toledo, por noticias particulares, el falledniieDlo de D.* laabal, y 
al ponto comeniaroD laa nuDllulacione* del público duelo, aunque lai acoatmnbradu cartai del Ray 
al Ayirntamlenio y Cabildo no llegaron huta el día le. Su la Catedral locadianie á diarlo lai preces y 
plegaria* por la Reina; pero la mala avenencia de Ciudad y Cabildo dificultaba la pronta celcbracióB 
de Ua exequias A luavlear asperaiu contribuyó ta prudente raediación del corr^idor D, Diego de 
Zúhlgn, y acabó con eUas una orden del Couieio, disponiendo que lai honras se bicleieu en U Catedral. 
No le celebraron, con lodo, hasta el 31 y >i de Noviembre, parte por aquellas direranciat, parte por la 
coBiIrucciÓo del lúmulo, que, tal y como lo describe Horoico en una de sus curiosa* relacione*, debió 





á cuanto h. 


.11. eni. 


Kncesie babia 


visto en «1 gínero. 






(U) Llegaron i Toledo 




Auilria 


y el archiduqi) 


leCarlosenr.deMan. 


de >s«9, 


,per 


.eciauio en la ciudad huta el ij. Con 












mnn el gobernador del ars 


oMapado. D. Gome 


1 Tello Girón, 


el corregidor D. Diego 


de ZúSigí 


1,1a 


bleea, eidero y el pueblo. 
varios banqoeles y dióie ud. 
clpe*U.lgl.aia.,.»«.mec 


Hoipedíroi 


«esne. 


1 pdado ario 


bbpal, donde en su bo 


norie cel 


ebra 


I'to'.T"»" 




.clon. yu. en Us I[.tini<xoioiu 


1 Ui 


m«ia,hM..hoyintdit..d 


eSebaadáadeHori 


IICD, enquese 


dan curiosa, detalle, d 






taocU an ToUdo de amboi 


peraonaje*. 












Bb Septiembre del mbni 


> aóo volvió 


.ailíD. 


Juan, encargada ya de la guerra de loi 


im^rlscoa 


deC 



lizcdtyGooi^Ie 



uta: Habla nmeilo, mau iDIn, el (sbeniador Tello Glriti; pan iv HicaHr, Bnmto de Vlllctu, d«i- 
puíi de ppiHCDUiTLe cunbiín fp lai cjuas ormobiipalea, le KgaM y lErrlA «coa nuno tan Ubcral 7 t'A- 
clou qoe le puede conUr eutie leí muy celebrado! «le viaj». (Saluai d> MmiIdu, i'iJa A Cm- 
rranMa, Cap.41.| 

Doi diudetputida marchar D. JiiioyO. Culoi llegaran 1 Talado el Cardenal de Guluyelda- 
bajadorde Francia {17 de Mano), ilcsdo el lecibiniento, el boipedaje yelobjeto déla vlaltaidiDllGOi 
■I de lot principa. El día ai partiÍTome á Aranjuei. £1 Aiiobiipo de Roaiano eiluvo en Toledo as loa 

•e Iba allí á nuictiraa en el tcifaga de li cañe, lino i admirar obrai de arce. Toledo comeniebí i tar 
la ciudad de loa racuerdot. 

rofalleaa por la felii llafada da la Rtina, m&aicat, lamioariai, cobaKria, miacaraa da á pie y i caba- 
llo, cuadrillii y cabaljatu cieameata engalanadu. Las corrida) di toroa eiubín 1 la lai/m probibldaa 
p« al Pootifica, y en au defaclo corrüronac por las calta bueyn, vacaa y novUloi, con (ran buUlcio 
dalpnblo. EIdiaii ■ulIeronUimuEeiet publlc» de la man;ebia en bablloi de faombreí en calfai y 

no noeio en Toledo, y que da idea de lai deieafadadaí ccsiumbrcí de U «poca. 

Sa hallaren delallea de eauíHEiiuea la Jtf>i«iTfs«r(¿r A/ cniumí»» ilti riy din /ríiit ¡épm- 
dt itualTt tlirr qm/ni ¡a i/uurla ict fmr tr tara cim Ama kij* illt tmftTiul*T mmximiUmKt Étiri- 
iHuapa i/Jadi I* ÁrrmMü.it Sebaitiin de Heroico, que InacciA <u aolor en ú LUrt dumueliai 
CHMtmtIaUti. Alenda incluyú paite de aa maaoxa ta lai SíUmmiiiiiiin r JhtttftiUitittát Stfft- 
«•,t.I, pág M. 

(70J Laa alecijai hecbaí en Toledo conmellTO de la vicloria dala Santa Liga MirieroDau conple- 

y á la princeaa D/ Juana y envl6 una conüaión que loa felicitara por el nacimiento del principa here- 
dero de la DWQarquia, mereciendo aandaa honrouu cortaa de graclaa de amboa auflitatoi faeCEnaooi. 

En la primare quincena da Diciembre menudearon lai fieaiai de todo (énaio. Húbolaa relIfloaH muy 
aolamnaa, y hubo lumlnariaa, fuego), corrida* de bneyei y vacaí, y, durnnla ocho diai, repreaeDUclD- 
na> da comadla* y eatramaaaa en la plaia dal Ayuntamiento. Cabalf atas diurna) y nocniraaa, bteato- 
Hia maacaradaí, mlicaiai i La jineta y carro) Iriunfaleí con peraonijei hiit&rlcoi 6 nltel6gko) raco- 
rráron Tepetidamenle lai cillei. Lo mii notable (at el jue(o de istlija i caballo, an la pUia de! Ayun- 

diafrace)', aieodo de grao efecto una cuadrilla de lúa de la Orden de Sui Juan, qnoallernn con )u) cni- 

fil butilo del principe D. Femando celebríae en Madrid en 16 
lar i Uaimaula caite en la) ilepla> que habían de fmcjule. Lo 

ranJatM, en qoe contendieron doi feniUei coadrllla) de caballeroi y ciudadano); la mlacarn ecueatra 
da toa paalelaroa, que aaliaron «en hábito de villana* macbo) y hembra** con lai litaicikla* d« Agoatür 

temblé parte ciudadanoa y caballeroe- 
Pnede Terae pan lo relaiivo i eaia» fiaat»: 
Mimrria MnacimitHttáil ¡triiiuim^ fritclfi dt it/"l4 áim firnttiát, ki/r átl rrty ¿tn/iltft 

Ctpia i, HH c." lU una ctrla dt Madrid d4 i,t cawUirr a etrt diif litdad tiiri ti xfiHhmt 
dtitrincipi dtn /rr<Ai>^#.-( Incluí da* amba) par Horoico eD )u Ulira di miK*ai c-vaí nalaila, 
ma. da la Real Biblioteca, fola. 195 v"* y 197 reipecdvimente). 

En Octnbra da aquel alo vi^A á Toledo el Cardenal Alejandrino, la(ado y aobring de San Fio V, 
qoa eacompaiUa da un Patriaica y TariaiObíapoi llegaba dePortufal, de tratar imparta ntea aguotoa. 

tradicional haapltalldad toledana. 

Toledo cun sran aoiemnldad: piace>iAn, 7i Dtum, mlia mayar y tennán panegírico, aiíadendo el ca- 
R^doi y Ayuntamiento en pleno. Felipa II ofreció al templo primada lai bandeíaa t Inalgniaa de la 

ción. Ealo* glorlaios Irsfeai aa guardan an la Catedral de Telada. Vtaia acerca da allaa loa anícidoa 
dal Sr. Fernindei Duro Dti •inivtnariii, bterto en el B<,1. di U S,a¡ Aciul. di tt Hih., tono XDI, 
pillna 199, y Ptrmnorii dii rMtuMdmrU dt ¡a Sania Ufa. Ídem, t. XEV, p4g. vi- 



tizcdbyGooi^Ie 



(TI) L«.iiUío.,ei 


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ii«d*cüjOTpAmfoihfi 


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mgcboi giMi» hechos 


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Bl TKonocimlenlD di lu lopultmi de RechtI 
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y 163 


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nindu de 1* 


.úbLiu quí te con 


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HD embtbid» 



mo du á la búveda en que eit.bu loi toUinoiiintol c 
n, Goribay y otr.i perian». Mucbat fueren lai que ei 

fJfimiMrimí -ii GtriiaT. ED el Mtmtrial ililir/iB » 
|;]| Fu» D Juan Gul>«rrai Telia ciballeiD de U O 

<Q .l^noi edlEclot público!, t hlio CDÍoCat eu lu pueriai y pueaiei maimáreu eiculfurai, relieveí y 
cpiírafef laLJooi alwÍTDi, que foiiunta.cD en loe (oledeDOB elaioor áamceletiialeí pamnoe. Ael, en el 
pMBte de San Manía EolouiDn la efigie de San JuBdn; en el de AleánlaTB,laDwoen^¿ndeU Vlifen y 
Sao Ildefooioi ea la puerta de Bw|n, San Eugenia; en la dilCambrÍD, Sanu Leocadia^ «ala i/i/ &/, 
la impuiciín da U Ttile á San Ildefoneo, y en la de U Crui, un Cr.iciBjo y San Viceme márrii. 

ba» j raaátleo el de GulUrreí Tello al ■quitar y deiiruic aquella! leyendaí Irahei, que aKabiD dando 
i conocer al mundo la UuiiracUn j eulisra del pu-bla aatracenoi InjuD por demái anduTU tHa vei 
el ctíúco. Hay que advertíi, primerarutnle, que el acta que ceuiora no deÍM acbícane en realidad al 
cacreiidoT, eino i Felipe II, de quien dinaní la orden Coa anteriorided i ella, el gobtrnador ecle- 
•ááielcD Bullo de Villecaí, hombre cuiioio, había hecho traducir lai ¡nicripcionei aríbigai y llamado 
la aiancíAn del Rey lobre )a conTeoiencú de letirailai de los •itioi público!, poique loi laoracoi red- 

lufiaran 4 la vota aquella* ple(arUi t ÍDvocac»aci, recuerdei perenae! de la religión y del idiomade 
«ai padrea. Reciantca eitaban loa terríblri ejempiofl de la mnirrecciAn de las Alpujairaa, y do ea ei- 
Imita ae quiaiera precaver por lodoi medio! i Canilla de los malas que no se pudieran gritar en Anda- 



dice la leyenda latina en que !e declara la medida); y ni !iqüieta las retiró todas, pues alguna i 
a&a pcnaancce en d pñbllco paraje en que estaba antea y en ilempo del corregidor. Catata i 
lia* dcifla de los santoe titulare!, obra de Bemigueie y Honegro, que ano boy se conservan, 
taudo el buen cueto d« qaitn las poso, con su Instalaclán en laa puertas y pueDtcs Iban ganai 

(}«) iMarnaansenaiofracelafiguradela itímb D ■ Magdalena, recluida mis que dcposi 
ai iBoiiaatcria toledana, c^ieraado primera vanamcole el no logrado cumplLiaicnta de la palahn 
liada par su infiel amante» perdida, por último, toda eapcranaa con la efectuada bada del Marqi 



DijilizcdtyGoOl^Ie 









— 


120 


— 


Fadrique. Sin 


dudan 


o pudo daliD 


reí Rey mi 


bnor 
aBda 


do lufar pa 


riedcComand 


de Santiago, 


uil coireepo 


KBt» lUmadn 




ida del claiBtn 




de eo 


nilauo por U 


BlRcThibU 






uyo pre>ide 




era el da d 


HNndcrccl 








. É-u, en t. 




Dl«g 


• trabajo, y U 


ni. »Iedad 


do I» 




haber íütnt. 


lue Da 








lu> largo e. 


HCanHbide 


ocilb 


ry.lR^«m 




.qüie 


0, aunque ftv 


niocoaD. F. 


riq-. 




por que .ipilor. 1 


recluildn ba 


dtUrccluu andaba 


porlo..uelo. 


T corría Uv 


Ideq 




dkdoaliomi 


queu 


oa tíaple p,]. 


bra de uiimlcDto 


É.U era 1. 


D.»Maid.kn 




Felipe II no q 


ueriaqutTO 


riera 


paUclo, al 



ar>. D.*MaEdaleB> 

laegoclo. Labonra 



ma ilmpLe dama de palacio, no vacilA en caatiiar lertirameiile ID. Fadi 

Alba, (in reparar eo lualcmnla y graadet lervicioi, 

Varioi documeaiei lelatíne a] iie(oclo de D.> Magdalena y L» carUi que dirlgli el Rey euto pu- 
icadoe en la Cíl. ái deei. tniái. tura U HIrí. át Bifaña, t. VII, pig. 464, 7 t. VHI, pág. 4<}. 

75) Para demoetrer al rumbo de la igloU de Toledo en i>ta< ocaiiona, ciiariuD «lo hecho. Cier- 

let, castidad crecida para aquelloi Itempoi. (Noliciei y documental publicadoi por D. F. A. Bar- 
:rieiiiu>Mi>>>j>(a!^/nJ^irfrWa,anicuIoienUreriiIs reltde,a&ai IX.) 

(76) PBreceietqueFrnm«iIo]1e<ibatiDalcaboeIiecreiadeeuT¡ajeqiK,Itegidaá Toledo, aló- 
le BU una podda pübllce, donde el míiuiD día cayó gravemente enferma. El Cardenal Quiroga le t[- 

7 de Octubre de isfla. Trailadaron eu cadáver á la rceideDcla ar- 
dlepuio wlcmuea exequial y que se le dieía eepuliura en uno de loe hermoaoi 
cnterramieDCoi de «etilo ojival de la capilla de Sao lldefoneo. donde Iny peimanacc, bajo muyhonrveo 
i[dufio que le dedleí eu familia. yi4. mi TtUilí. Guia arliiiict^frdclica, ptgi. 131 y 131. 

(77) El incendio, que ee ignora el fui cieual & intencionado, coDvirlio el antigno Zoco, de tan hi*- 
(úricoi tecuerdoe^ en lolar de leo aepeclo é indigno de la ciudad- Felipe ti, el lupueeto mtmi£* ^ 
ItltiU, eneargA poco deipute á eu arqailecto, Juan de Herrera, el proyecto de reediScaeldn de la 
piara, que, en efecto, la UevA á cabo eegún el plan hoy exiiteate. En aquelloi aloi >e refoimi y aire- 
gld la auliida de la ciudad al alciíai, eegún la iraia que por diipoiiciAn del Rey diA lamblín Herrén. 

(78} Si P. Miguel Hemindei, jeeuiu, natural de Mora de Toledo y autor de una Hteoui obra acer- 

Deide isB; i 1SB7 la tiaalaclAn de Sanca Leocadia á Toledo fui lu prEocnpaeiúa única. ¿1 medlA en 
caaitodae leí negoc lacio nea, i él te cooñaron lee rellquiaa,£l leí acompaíA, arroitrando úbitlculoiy 



eltae fraiei, que na tienden ¡i colocarle en muy buen lugar: • 

paitkularsi intestoi no mi lo dijo.. E>u panona no era lino 
Idendo vieltido el cuerpo da SanU Leocadia eo Saini-Ghiitain concIbiA el peDiamienlo de le tra 
cMn, trabajlndola conahiBco, cuando vinaáBipaiU, cerca del lecreiirio de Eiudo Gabriel de. 
yae, del induyeote canAalgo de Toledo D. Pedro Manrique, del dein D, Diego de Canilla, de 1 
SancboBuiIodeViliegai, gobernador del eriobiipado, del Anobiipa D. Giepai de Quiroga y aan< 
elmiirDo Rey. Lai geiüooet de Gatibay no obtuvieron reiultado; lo que Uno ptido coniegulr entoD 
conelgulílo, aiioi adelante, «1 P. Hernindei, valido del fivor real y del de Alejandro Fameeio, 1 



tizcdbyGooi^Ie 



(79) BldiMO dclM wlcdaSH d( nonpccu loi rcatai de Su. Leocadia, ingloriua compiiricli, da- 
taba da mochai aSeí aott. Ya en ijod la Reina B ■ Juana, madre del Empeíadar, habla diipuca» le 
■inlaia da»l* SúnI-GhUalB á Toledo usa leliqula de la Saou mártir. Con puRcilotldad, el toledano 
D. Aloaui MaariqDa, AnobiipD dg Seiilla, y <l Cabildo (clnUuiCD (e«k>naran itn reiuitado la iFdi- 
■hUd del Hato caen» < » patiLi. Ra tl«iipe de Felipa II el anhelo >e hfio mda gineral y reivleata, 
P«r MnaiácaalqiáeiprgbBaclAnduliiaJa de pane de loi herejea Bamenc«. El P. Miguel Heroándet, 
apunado eficaamaate pot Alejandro Fameain, fué el verdadero iatéiprere de aquel doce y á ni habil[< 
dad y periaTcrancia ae deblA el feliz lenütado del i]eG;oclo. 

En S de Febrero de 1383, Hemladei recibía de luí monjei de Salnt-Ghislaia la> venerablea detpojoa 
y 1 oí condujo i To urna,, donde einivleron depoiltadoe en el colegio de la Compañía huía oblenerae 

Ba OcBítau de ijls partiA el Padre de Tournay con laa reliqulu encerradaí en un rico baúl, y irai lar- 
(o daje, absndaole en Iiabaju y peli(r« ÍAmberes-L-ovalna-Lleja-Aquiairan-Coblenia-MaguncU- 
Prannfon-Aogibiuio-Trenla), llegó i Roma en rj de Febrero de 1586. De al» •ali£ en » de Hayo; em- 
bud en Ginoia, dcHmharrvndo en Barcelona, y de aquí, poi ValencU y Cuencí, llegó en 13 de Sep- 

grado depiíiu haata el ai de Abril de ¡¡t}. En eato día amprEndii Duevamenie el camino, y por Cor- 
pa, Valdeniro, Bai|uÍTÍai, Cvveja y 01ia>, llegú 1 la baillica de U Vega el 1; de aquel mei, paia cele- 
Loa preparadvoi eran magniGcDl 'En ella ocaBión— dice Cabrera— ecbd e«a imperial ciudad el 

lia, mdilea y ana precioia litera, paaA á Oliai para acompasar i U Santa haita Toledo. En lu iglesia de 
la Vega quedaron lai rellqniai la noche del is, y en k maüana del 16 baJA la proceiiAn qw babla de 
■campaiarlai en la entrada. Solemalalmo fué e*te acompaila míenlo. De é\ formaban parte la> nlñoi de 
la doctrina, mía de cuatrocientos pendoaea y cetroi de lai colradiai; lodoa laa cruces parroqidaleí de 
la dudad y u comarca; aeienu doncellai vealldaa de blanco y aiut, dotadaí por el Cabildo; fraileí y 
cliritoi ea número demiade i.soo; isdoilotcapcllanei, racionero y canjnigoi; la Inquiílciin, la Uni' 

negidor D. Frandaco de Caravajal. enlreel DuqnediMaqueda, alcalde mayor y D. Pedro Ldpeí de 
Ayala, auitinio dal Conde de Fueniallda, lu padre, en el alguacilaigo mayor de la ciudad. En En, acom- 
paüaban lambién loagrandea deEipaZia en niSmcm de veiniiaiii, con inñnlto numerado caballetoi. ' 

Etta comitiva «alió por la puerta del Cambrón A la Vega; em^amindae con lai reliquia! en el rniímo 
orden á la puerta de Biaagra y de ailj, por el arrabal de Santiago, Zocodover, calle Ancha y plata del 
Ayimtamieuu. Ilef6 á la puerta del Perd6n, de la Catedral. Kegldoreí, canAnigoi y dignldadei del Ca- 
bildo alternaron en el bonor de llevar batía el templo primado lai aadat de la Sania. En tanto, Feli- 
pe II, U Emperatrii y loa principes, que hablan preteocUdo el pato de la pioceiiin en la Vega deide 
lat caaai del Secrenrio Vargai. eotraroD en la ciudad por U pueru del Cambrón. Titilaron San Juan 

gran golpe d* agua y granito. 
Aunqvebaya de prolongarte etta nota, mencioriar^ laa mii lei^aladas coaat que btibo en la carrera. 

el aanto cuerpo. En la puerta de Bisagra hicieron loa magniUcot tapien de la cata de Alba y de la Ca- 
tedral. En la pian que qneda dentro de dicha puerta habla un gran monumento dirico contagrado i 
Santa Leocadia, can eiutnai i in«:r¡pc¡onei. Á U entrada de U calle de la Herrería, junto á la puerta 
del Key (en la muralla vieja) destacábate un hermoio arco corinrlo dedicado al principe D. Felipe, coa 
tu inacrlpciÓD alualva. Otro arco, también corintio y muy lupetior al precedente, le alió en Zocodover, 
exornado con escatnai, plnturai y eplgrafea; éitc aparecía dedicada por un hai á la Santa toledana y 

ante la puerta del Perdón: •mageiluoia machina- y •maravilloso edificio, legún dicen quienei la vie- 
ron. Ideó eate monumento el ilislre canónigo y obrero (máa tarde Obispo) D. Juan Baudila Péreí; coi- 
to 7.0OD dacadoi; decoiábanle, armónica y ricamente, eltaluat de Sanlot, de Reyei eipiBolts y de Ar- 
ubiipoi de Toledo, pinturai variai, blatonet, eplgrafei griegoi, latinot y emlellanot, Imblemai y ale- 






lizcdtyGooi^Ie 



— 122 — 
En U Calednl icuinUban á U camitin el Cudeul AnoUipo D. Cupu de Qirfn)(a, ndeado de 

huu el día ñ|UÍeiKc, ndorironlu loi fieleí, bu)» lolenine TV Dium, nwietei j oncionee. La riucUo 
relJEioia mili impomnte fíat su dlcba legundo disi luna 17, es qua anle Felipe II 7 eu familia csleb» 
el Ariobñpo misa pontifical; recOQDCL^DDic laa nllqulai y doaAlae d Raj BoUmacmeQtB á la Isleeia 
de Toledo, de lodo lo cual ac hicieron loi autoi y utdmonioi Deceaarloi; en fin, el aanlo cuerpo fué 
llevada al Sagrario, donde debia petmanccet en perpetuidad. El duuiu sB, eUteír, la Empnatrii, la> 
ptfncipee y hi aiqolto Tolvieron á la Catedral, oyendo mlaa canuda en la capilla UoiirabE j naituids 
la de Reyei nuevoe J el Saparlo; por la tarde aiiitleíoa i vlipeni en el monaitetio de San Pedio Mir- 

de pUta dotada, que labró FiancUco Merino, eepin dbeño de Nlcolii de Venan, el moH, y sa ella 
ofuen, ocupando un pueato preferente en el iPÜcaño de la Catedral. 



10 con le profa- 
tuvo alfun dia- 
1 dEa 4 de HaTD, 



Js. (Toledo. Pedio Radri|uei, 



gtun... poi 

Jtfimariai di G~<-ihi¡f, an el tomo VII del Mfuti-ÜU hiilirio npúiUil. Libio UI, tituloa XX 
yXXIV, ylib. V, m. V, 

Dticrifciif di la imftriai cindmd át IsUái... ct» ia MHlria dé Sánela Lttcmáia... por el Doc- 
(01 FiancLiCD de PI». (Toledo, Diego Kodriiuet, ifiíj.) Libro II, capll. XII, y la blatorla de la San- 
ta en dieK capítulos, que fiRura al ^ del volumen. 

Fitifi "p-td^. R'í dr Ei/aHa, pni LuU Cabrera de Córdoba. Tomo 111. (Madrid, 1877-) Lib. I, ca- 
piculo XI, y lib. III, cap. U. 

Jfsurfua^fiAoia.poi Pedro SaUíar de Meodoia. (Madrid, 1770.) Tomo II, Ub. V . cap. IX, 
pigina ijo. 

Primacía di la tanta irlHia dé ItUái, poi U. Diego da Culejiny Fonaeca. Tomo II, pigi. ii^S 
i iisi. Relación breve, KDiada en gran parte de la del P. Hemiodei. 

Satrtrladí leUda. Paima lurtici. por el HaeaOo loteph da Valdluielao, (Madrid, Luii Sán- 
cbei, 1616.) En el Ubto 13, al bl. 131 bay uoa deacrlpción poídca de la entrada en Toledo del cueipo 
de Sama Leocadia. 

muerta tfltctfal y nal di EtfaUa. Ea la ,ual 1, trola d, lai AruHifei di TvUdi.y Riju fai 
luat ti>iir»adii A EifaAa diíaxt di » Primjdn... poi el Uceociado Balihaiai Poirriio... Ui. en la 
Biblioteca caplnilai da U aanu igleaia de Toledo. En la bloirafia del Cardenal Quiroga (fol. II) hay 
un largo dtecureo acerca del trailado J recepción del cutipo de SanB Leocadia. 

Miliaria di FMfi III, por el maturo Gil Coniileí DivUa. (Madrid, 1771.) Llb. I, cap. Vil, pi- 

P. AnlonÍD de Quintanaduei^aa, paga. 487 á 4^0 

dei. 

icarí la carta que la ciudad de Toledo eacribió al 

tunada Invencible. Kn ella dicen nueelroi ediloa 
•quila iacnada qneium.'^ mando haiei a YngalalerTa loi ha tenida con gran cuydado deaeaodo al 
buen luceio della y qoei deapenr en nueatro SeSor la cendra adelante y que para la mucha coala 

HparM don aluaro d* CnKlga regidor; Diego de Caitro Verda jurado'. (DaDvUa, Bt fadtr civil *» 



Sant 


idtU ¡mfirial 


civda. 


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Ttlidí 


por el 


Site autor iigua de carca 


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Hay de ello raiU 


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ComOB 




«y en 


14 de Octubre de 


1SS8, 


on 


ocawón 


de la A 



i¡zcd=, Google 



EiHuU, 1. V, d«iim. a.« ile, pég. j;a.) Por el bKn ii 

[Si) Cundí) n i;»9 M dii|iDDÍ> sD SiDUnder, de d 
lucfevda rcmJ bailábale muy menpiada. En aquella o. 
con cien milducadu; D. Pedro Lipeí de Ayala. Con 

D. Juan de Mendou, i qiden ae lefiere el leaui, fnt bija del Harquía de Ceneie y alelo del Duqat 
del IniutuJo. Era maDcebo ^Tlrtuoiiibiu, de afable condldÓD y, Kiúo un eacHur de la tpo", «da 
(oveDcla verdaderamente leali. Caai niño todnvla nombróiel* canónico de Toledo y dignidad de 
ArcedUno de Talaven. Cuando muríA el deín D. Diego de Caaiilla (i jStJ, lucedió Mendou en el 
deuiigo, y i petición de Felipe II, el Papa Sixto V le dlA el capelo de Cardenal prabitero. D. Jiun 

deda la gente plebeya: «Plegué áDioa que te veimoi Arcobiipo de Toledo». [Román de U Hlgo*- 
(■, ■.■pule de la Hiitrrí* itUtláttiea dt ToUJí, cap. j.<>, vol. 6.° del ejemplar ds la Real Bi- 
blklKa.] 

AqiHlla* Toto* bd Uegaion á cumpUne. D. Juan murU en Robu, aún muy ncio, e= S de Eoero 
de ijgB. 

f Si) El alcftiar Kguln <Íd duda eo Obra por aquello! aBoa, y tal ver por eato el Rey, con lu Ujn la 
princcia Iiabel, retidieron en lai hablucioon del cluutto alio de la CatedraL El futuro Felipe III te 
boapedó en el palacio areobltpal. 

(83) Deba recunine para lo tocante á ette uunto del pretendido templo de San Tino i una colec- 
cMo de noiiciaa y docauentoe que *e publici en Toledo, fonnando un folleto boy muy luo. (Toledo, 
Pedm Rodriguei, 1595, jB bojai, t." mayor.) Hí aqui in contenido: 

Ir^ilade dt ta caris y riUcin qvr tmiii • IV Mm^llad ti uñsr dnt AUntt dr Cdrctma, Otrrr- 
filltrj'la Imftrial cindad di 7„¡rdt, adrcajii nmfií fiH n tUm u ka hmilatlt dll llUtr I*m l^r- 
H.—Rttaeim¡vi kisa lí I» moftltmd EMtnaa dt Gariiaf.iu «ireaiil».—DÍfievUlt44t J tbitciSHtl 
ttre* di i^rfiaiía, fal It íiimamtMtIrada marlrr '« Tkyriifiu natural di Iitldo. f fur Imut ttm- 
jW> IK ariuUa ciudad. - Aftltiia, m gvt tt rttfrmdi a alfirmat tiitciomtj j dmidat fualai muí ten- 
Ira ¡a caria dil Rij SIU, caías cxilra U vrrdadira dtclaratiía áti Hjmaa GalkU« di Saa Ikfrw: 
tmilada al Rty nutilrt SiHtr far-di AUiaiBd* C*reiLmt,taCarTttid*T tn Taltda.—A dan Alaaia da 
CArcama Camgidar da 'Jaladi, al MaaMira Atania da fitfi/Br.— Vida dt San Tkjrta marítr, cali- 
tida da divriai atdarn.far 'I Maaalra Alaaia da VitUiai. 

Tao^ién diicule largamanle aobre el uunto ds San Tino, defendiendo lu naiutaleía y ctadadnnU 
toledana, el F. (Julntiuadueliai en tu obra Sanlai da la ¡mtirllU zivdad di Talada (pági. aoi á 107), 

La pretendida cana de Silo á axila volvió i publicar Gameto en la iluatraciAn X de lu Hialaria. 

Fut Butoi de la aBagua el celebre Román de la Higuera, quien convenció por completo al corregi- 
dor, fingió la carta del Rey Silo y acau hlio depoiltai entre lo» reetoi arquiteceúiucoi el tapador de 
aguamanil y lar monedea: todo con el objeto, enloncea tan frecuente, de aAadIr de cualquier modo una 
gloria relígioaa i lu citHiad natal. 

onse, 1 mil del P. Romin (verdadero uiloi tnmbKn de loi eacritoi que Cárcamo daba como luyoa). 
«IcronlitaBstebandeGailbayy el macHroAloBM) de Vlllegai. Combado con acritud aqueILu Inven- 
cionn el maestro Criit£bal Palomarel, blbllotecailo de la Catedral; y mái modera damenie, aunque 
con Igual convencimiento, el peniteDClatio Dr. Salaur de Hendo» y el claiitimo D. Juan BauliKa 
Pira, ya OUjpo de Segorbe. Ni faltaron en Tolnlo aiquinctoa y omi penonae peritas que á viita de 
la* loeai y sillara encontndea dijeran siempre que aquello no tenia Irau de templo. 

DeaeuUerta la Gceldn de la carta de Silo y ciudadanía toledana de San Tlrao, el Cabildo prtmado 
negóae, fundadamente, á reconocerle por patrono de la ciudad, con mengua de los derechos de los «an- 
toe verdaderamente naturales y patronos de ella, 

(S4} Pisa. Daicrifciaa da la Imfarial ciudad da laUda. 11b. V, cap. XXXII. fol. 171. Lu honras 
poi Felipe II se celebraron en 31 de Octubre de IS981 en «is preparativos intervino mucho el con^l- 
dot D. Francoco de Carvajal, Conde de Tartej6n el Kublo. 

k la muerte de Felipe II, el alcáiar toledano hailáhue desprovisto da toda clase de muebles y efec- 
to!, acaso por la conllnuidad da Ui obiai. Al menos en tí ¡HtanUria ¡anaral da lai iitnai j alka¡a¡ 
que quedaron al fallecer aquel monarca (Real Archivo del palacio de Madrid, 5 volums. en fol.), que 

I caiB de Aceca, vecina á nuestra ciudad. Pero e* 
irla de nuevo el sicássr, más ó menos pi^vlsional- 
nás de un mes Felipe III y su corte. 



tizcdbyGooi^Ie 



- 124 — 

(85) niturls di FM^ III, Rif tU EiftMm, d« M*ll» de Ndvm, pnUiuda en la Ctl. di átcmmi. 
intdiitii fura la Mili, di Eifa*'-. Tama LX de dicha Cel., pág. ije. 

Jtilmlmi di ¡ai ciw Hctdidm i~ la ctrli di Eifai*. ditdi 1399 IhuI' 1614, par Lub Cabnra 
de Córdobi (Madrid, iBs7)i JÚlo i^oo, pAg. 6e. 

HiiWU á.... D. Ftllp. Iirciri,. dgl mmtn GU GonuiUi Dtrita, 11b. U, c*p. XII. í 

Kllacirm di la iilimii Inlrnda y rictéimicnlv hiclli a Im CalMctI Riils Den FhlUffl ttretrB y ' 
di>»a Marturila di Afilrin, » » imfirial lindad di lllldt: a 1 di Maru dllll mát di llIlciimiH. 
—Cíinfniíla pir EttnnH di Catira nciu» di dicha ¡iudad. [Toleda, Juan Unix, i«oo).-CUala 
Alenda, SiUmnidadii j fiíiliu pülitai di Sjttuia, tomo I, pAf. ijj. 

Saluar de Mandota, tteamrqwa di tifa*» (Madrid, 1770), tomo 1, pái. jAj. 

SMWim.TÍtTitai<itm,OrittHdilaidigHÍdaiiiiuilñriidiCatHUayLii»l^aiiia, 1618), lib. IV, 
eapiíulo V, faL ti^. 

Antei da entrar tn la ciudad, loa Booaiiua condaroa en el boapllal de TaTiial THltana luaaa la 
Catedral y ubieroD á ap«i«ntai(e al alcáaai. Bl raclbimitnio fui aolanma, pero, dice Silaiar, la do- 
dad, «por «atar muy empegada, do pudí^ lo que quiaíerai ^ba hecbo otraa vetea en lem^aotea antradaa 

e-plíca e.ia c, 






ition» diciendo K 


hacia en loa re 


ibimieot 


< rtgio. 


■ para (upUcar co 


nellai 


oca .] Cligo de 




0. ojo., 


y fien del culdadi 


que la 


negocio., i bieo 


par. qae In. B 


eyaaene 


ca.ti«.> 


D. delito, de que 






poclom 


oboq.« 


connene qua loa 


campoa 


n en Toledo, com 




la fe, t 


«,««0 


de la Inqtd«ctón 


El (i de 














a iglewa da Toled 






algunai 


uicreí harto panUle. 6 








ocida en 






hueJia añadir qu 




opinión 








ngatlva dode loi 


igloa de U Rcc 


onqidiu 


lámparo 






a. ÍirlaU> de 


erilla, T 


nagona 








acia á la (oleda 






ian cimenUdoi d 




elloa duran» muc 


hoi ligioi. 










de !. prin>»:ia, tí 


ue á Manin Ga 






» d, TiUdt, pá( 




e la. obraa liguk 


B»a, algunaa 


ala.cua 


ea deben 


llena con cuida 


o, puea 


«Oria acotan al 


opel de lo. ero 








a !."• Igluia di 




i¡ Liíin 


•" Ridrifi Cari.— Dlacur 


ao auí- 


Ucedal(.»o.po 


ünjauita;dafi 






Toledo Y comba 


eUda 




■ "*■ f'l- P"- 




tedalCo 


egiomayordíCu 




-Ms. dé I¿>^án 


de la Higuera, 


en U Rea 


1 Biblioteca, lala >.>, E, j. 




tUiia ái T<¡¡ida 


. por D. Diego 


de Ca,« 


ónyFo 


»ca, Obbqo de 


Lugo... 



Ooa tomo, en fal. 

Eiírilurit fUf niHI ibrai mnuiímn din Armhilpeí di Tllldl comí Primadas di tai EipaÁai 
y dtcvmntat y iicrilnrní M ^ai la diil^HB di la mitma «wuro.-BlUieteca Salatar, en U Rail 
Acad. de la Hinoria, D-sy. Tola. >7 * «S. 

¡U/aua ihriltiaaa, faliUia, y vrdadira di la Priataciadiiai £ifaHff'.fait"a la Saala ¡eillia 
di TaUd*... Su aular il Dielar Nitaiia Sevillana... (Madrid, Imprenta Rial, i7a6). Pol. 

IracllUfl ái Primalu Sonda EícUiím TalltaMa: /■ Kiiíjiír.-i. Hilfania ia dan diUriiaUu lUrai. 
Aulari P. FrrdiHOHda Piclia Gaadalaxariali... BlblÍDleca CapilulBI de la S. I. de Toledo, Ma. tn 
foUo, .B8 hoja., cajón «3, n.-.s. 

Diiurtalií di i-nijae Primóla laUiam*. Aaeliri Jmnm Bafliila Firrtr. ValiatiMa... (Valencia, 
ijaB). 8.» 

(87I Sabido ei que cuandi en ísag 

Según loi dalo, que Irae Parro, la diAceaia de Toledo comprendía, i finca del ligio XVI, cuatro ehi- 
dadti, ciento achanta y uea vitlai, irtKiento. veintidó. Iiigatet y aldea., con acbocientu dlea y liele 

piglna s6, nou.) 

188) Lucio Harinea Sicula decU en el jiglo XVI que el Arubiipo de Toledo cía -la aegunda per- 
Oí lo, cauu mimereilii di EifaUa (Alcalá, 1539!, lib. II, íol. XI1 1." 

(89] RefiritDdoae Bla« Ortii, en an deacrtpcién del templa toledana, á la m&aica de la Catadral, 



lizcdtyGooi^Ie 



— 125 — 

dlc* que «fiíiiu, tnto «be nirniniii Tulgitlaaiiu, netiiiimaní fach. Cnntun veto privimi, qaaa *ÍBpli- 
Cíoi TAUDt, cdi> Mí in boc nets T«ip¡o uh>, pioptcr día ucclleniUní non lalun noitri EccIíúb 
Toletan» emn su» diiECMi, Tennn etUm Giaaituiii cuai cmnibul Ecdeilii eiuadem regni, unuquc ordo 
ccnohitmna D. HltrMTmi «Wlulnir, el obMtrat..— Smíwi 7rmfli IsUlani ftr^jum irifiica du- 
criflit, auclcri Blaríe OtIUíc... incluidii tn el tono IH de lai Obni de loi PF. lolednsot, apíndi- 
ee a." Vid. C«p. VIH, pág. jig. 

Barulomí de VUUUm, en .SI >>/wrf>ii> cunáis 7 rranát%Mi di EttaHn que publicó U Sociedad de 
Bibliófilo) apiAolM (Madrid, iSBft), encomia mucho la múilca de la IgleiiB primada y dice que .ea 
nlDannCaja Tuledo i todaí laa Cátedra le* de la CriitiaBdad..(T. I, páf. 191.) 

Aoefca de algUDDi aolableí mAiiCDi que ejeieiarcin » me en Toledo duranu el ligla XV y ptioci- 
(4d) del XVI, puedes vene lai noticias bkigrlEcas que Insertó el Sr. fiarbieil en loi PrtllmiiutTH al 
Cmciantri, murícitl dt lai litlcí XV y XVI, publicado poi U Reml Academia de Sao Femando. 

(90) Debe acsdine para canecbnlenta de las cosai de ln l(leata de Toledo á las tigjileuiH obrai, i 
que Tensivo ai lector en la inpoalbiltdad de eniancbar el circulo á que debo ceftirmc: 

Strmmi Ttmfli TaMimi pírtHat» fm-fhica dlicrttu, axcUrt Blaiia OrÜlit... Imporlantltia» J 
eiten» tratado Impieao ea Toledo en ist9 i'^ud hainum Ajaia), y leimpreu en el tamo lU de laa 
ObraideloiPP. toledanos, del Cardenal Lonniana. fSS.PP. Tirítlm^um ^ilfHBtéxlBMl Ofirm.. 
Madrid, Ibam, 17(9-93.) Apéndice 1.", pl(. jíj. 

Mullof 1 Romero, en so Dicci-marit HiliecrdficfkiilíriH, al citai «ta obra dice labei qnc bar de 
ella una traducción manusciiía que no ha vlito. Hayla, en sfacto, y muy bien becb* per el maeetro 
Ccdillo; peiminece mtdila en la Biblñtaca provioclal de Toledo, laia renrrada, 9-3. Su dmlo ei: 

Dllcrtpdim £top-aphica J tUgantiUima dt U S. ¡¡¡tlUlU Tritdt. S» atiltr ti DtcUf Slot Or- 
tíi, Ceimiico dt ¡a miima S. ¡thlia y VUarít gral. V Irmlncida -I cniMImm, fsr AlHunn ái Cf 
dilln, Racitnttro ái la S. /gUtia dt T*Ud*. (Antecede al lexto na piólogo de CediUo. (Ma. en folio da 
6ds pÍE>. sumeradai. Rica encuademadón en tafilete rojo, cantos dorados.) 

n-imacia dt la tanla ¡gitila di TtUdt... por CatteJAn } Fooaeca. Dos tomos ea fol. 

•uuUoi tU la ímtrrlat Civdaddt TnUde, y m Ar^aiüfadt: E^cilmlm fvip^a n Samla ItUiia 



Etfa»« Sagrada. Tomo. 


Vy VI, 














Srní drierifeiiTH dr la S 


^«o IfliMia di TiUdi 


.j„af, 






«I. Mi. eaful. 1 


le 149 


p^. 


Dumeradu, tnra del siglo XVIII, rkamente encuaderaad' 




^ tafilete m 


jo. Biblioteca p 


lovlni 


:lalde 


Toledo, Illa reservada, g-j 


.No consta el nombre 


de] auto 




.«<> seiün , 


iMtlcia que leng. 




cierto 


■punta de letra del Cardenal Lorenuna edstenli 


1 en aq-jt 


lia 


mUioteca, 


debe ser obra d 




■«nlto 


Brabo, quien la enribifi por 


orden del pnlado. 














Dt,tr//ciaa di la S¡a . /glrría pTÍm»á4, d. Tal. 






., letia del .iglo 


.XVULBÍ- 


blioteca provincial de Toled 


lo, aal. reservada, 9.3. 






■puesta siguí, 


sudo lo. paso, de la ol 


brade 


Ortli. 


















iniítncifin de la dlice 


d. en .1 1 


ñEh 


1 XVI puede 


; ver.e la HUU, 


■ia de 


Idoc 


lor Pita, Ub. I, cap. XXIV, 








», San Román T 


Carbí 




Pairo, Haidn Gamero, etc. 




itea natlc 




acerca de Is 








(91) Di TiHi t"l'' a Fr 








■fftee/i liUi 


'aM.tibritcIt,, 




'lAl- 


vara Gamaia.—IatíMo en 


, la Hiifania illtalral 


•a de Scoi 




lomo I {Fíat 


icfort, 1603), pá| 


;.9«7- 




Obra clásica del ilustre A 


Ivar G«n>« de C»>tro 


y primer, 


>hi 


sloña dtl C, 


irdcnal Cisncn» 




.irr» 



de baae í laa posteriores. 

Ctmnndio dt Uvida r »„tat; dtl Crdmal dan. fray FraHcitce Ximtnn dt Ciintra... por 
elaueinoEvEcoio de Robles [Toledo, Pedro Rodrignei. 1604), 1 , ° menor, 346 pigi. y tabla. 

Hiltcirtda Cardiital Ximnií. parMesslro Esprit Flícbior (Paris, 1693), 4." mayoi, 6S9 pá(»' T I*- 
bla. B> obra Inspirada en la biografía de Alvar Gome, de Castro. 

Lt Cardinml Ximinii ti I' Efliit d-Eifu^Hi ilaJlxd»XV it a» cammnutmmf du XyP liicU.... 
par I* D.' Ch. J. Hefele (Verilín francesa de los abates Slssan y Crampón. Lyon, 1S60.) Obra muy 
eaüoiablc desde los aspectoa de ettidiclúu y de critica. 

El Cardinal Citnirst. Bitudit Httrñ/he par D. Carla. Navarra y Rodrigo (Madrid, 1B69). Libra 
aprcclable, escrito con bastante me;or criterio del que parece anunciara* en lo. primeras páTTafos del 
piólogo. 

l9>} Para (] conadmiento de la historia de los Artoblspo. de Tolado dunate el periodo en que me 

HiiiBTia ttitcapat y nal di EltaHa. £/• la gtial 11 (rafn át lll Aruültiv dt Tvltdt.y Riyii tmi 
han gnétrnaJa d Eifaia dtiaia dt m Frimaét... por el licenciado Balihuai Poin£o..— SibllstMa 
Capitnlai de ta S. I. de Tolsdo, a ToU. en fol. mi. orfg. y autAg., cajón s?, nlmt, »i y Ba.-EnlaB.H. 
bay treí volt., Dd. 44 , 4} jr «6, an cuyo taiaclo se lee: Vidiu dt leí ArEtUifít dt Ttlfda; y ausqia \m. 



lizcdtyGooi^Ie 



— 126 - 

ArchUpltapamm liltíanmm uítm a ff.*" D. O. TtMiau Bmf." Ptra ^. Sixoíricnn'.-Bilh 
Nic.. mi. i]>9, fól. hsl,** Son ■pnnanileiiUt qw Ptni Unía diapuMto* pH( Boa obia, capiadM y 
utlcionulaa poi Andríi d« la Parra, cnia de VUU dil Prado. 

Datrifcinn Jl Im imptrimi CititUul dt TcltJé, i Ai'lforin^ ma»(v>Mbi<H... poIilDocIgr Fnii- 
CBCo de Piía. I.' pai». yi4. lib. V, capiu. XVII á XXXIV. 
Primacía d4 la Sania ¡¡¡Uña di laltdii... por QuHJón f Fontsca. Doi tonoa an fol. Aunqu lu 

ndentameDiE qu> en la Biblioteca piOTiocial de aquella ciudad acaba de liallir an Inttceaante libra 
manoBcrltOi a*i rotulado: 

IHé, 131 folloi de letra compacta y nieauda. El texto del cronlcÓD lle^a baitm la muerte del CaidODoi 
D. PaKual de Angón. Eate volumen, pracedenle del DonaiHrio de San Feliu de Gulnla, aa «aao 
copia del CkrmUt E^ltiiaiilc- T'itdant de Fr. Berutdo de h Peb, qne iAlo por refereoci» cobo- 
cieroB Nicoiai Amonio y Mub» y Romero. 

Pan eviur coniuntn é Innecoarxu clt» ea ni rápida reaela de lo Anobiapoi toledana* del 
>l(ki XVI, debo coDsifnar que i mái de aqoellaa abr» y oitai meiíai imponantei que ccncienian á 
loa Ariobiapoa en general, he tenido preaentai cierlaa biofrañaa particulareí de a](iiiuu de alioi, cuya 
mención bibliográfica ocupa tu oportuno tltio. 

1.9%) D. AloDia de Fonieu, nniti Aiaobiapo de Santiago, entró t gobernar el ariobapado de To' 

Sancho de Canilla, macitreactiela de Salamanca. Una da laa máa bonroiaa csmiiionee que el Empera- 

Ponaeca admlniatrA el ucramento del Bautbmo i. Felipe It. 

Fi¿ tan eaplíndldo y benéfico que ctdi6 en TÍda al Cabildo de Toledo una renta oonml de 400.000 
naraTedia para caaai y dotar doncellaa pohra. En la Cetedral coiteí de au boUlllo obrai tan notablea 
cono la moderna capilla de BeyeiNucroi y ton útilca como el aUaoamienlo y buena diipodcUn del 

(94} Sn la capilla de Reyei nuevoi, erigida por Enrique U, le habla relajado la antigua obaerran- 

capellanea uendian á isa obligacionea, ui aiiitian k loa oficioa con ¡a honuüdad y recogimiento debi- 
do>. Por todo lo cual, en ijij. Cario» V nouibnt Vlntador de la capilla al Obiapo de Canaria, D. Liriü 

La vieja capilla ocupaba en la Catedral un iugoi Inmediato al del altar de la Deiceniidn de In Vir- 
gen. Dicete que Carloi V concibió tal reneración por aquel litio que quilo evitar caotlnuea* alendo 
aaptittuTB de cuerpo! humanoe, aunque de Reyei; y aai, decidió el uaalado de capilla y reaioai aillo di- 
ferente. Sea de eato lo que quiera, la capilla perjudicaba notablemente al conjunto del templa yembi- 
laiaha mucho para la< procetlone]. De acuerdo Anebltpo y CahUdo pidieron al Emperador aulonaa- 
cldn para trailadarla i lugar mii convealente y cómodo; accedió D. Carloa, y Fonieca mandó labrar, 
unto i la de Santiago, la eiplíndlda capilla que hoy vemos, coniiruida por Alomo de Covamibiai 

jal Anobiapo es Alcalá de Henarea (4 de Febrera de i¡j4). 

RecKn elegido D. Juan Taven, en iS de 3byo da aquel mltmo sAo, el narÍK^ai de Navarra, á la aa- 
lón corregidor de Toledo, invadió U capilla á maoo armada con buen golpe da mioiatríiea y carpinle- 
roi, hilo lalir á loi capellauea, aordo á iu> prolcitai y eidamaclonea de aiombio, y procedió [ncoBti- 
nenil al dartibo del ediScio, que ie llevó rápidamente i cabo, no tin que una de las vigaa del artsaona- 

capilla, de la que tomaron poaeaión loi capellán», ain mil alteración ni novadad, á hi que creo. En 
el újümo capitula de la obra de Loiano, Rt,ts numi d, Ttli-ia y en la Hiiltri» i, T^dt, nu. de 
Román de la Higuera, i." paite, lib. 1.0, cap. 19 (tomo 6.<> del ejemplar de U Real Slbiioleca], pueden 

(jj) Crnfuntiai á. la Itiiiia dt ÍW*¿7 A /5jí.-Son unaa ordenan™ en que, Con la debUU .W 
ración de capiluloa, ic trata de tu dÍTeraat fealividada propia* dt la Catedral y modo de calebtarlu, 
orden en la* proceiionea, leio «daiáatlco, orumentoa diferaoi y *u uo, etc. Conoico un ejemplar an 
la Raai Biblioteca de Madrid (lala i.*, H. i), en foL pta., letra del liglo XVI. 

Entre lo* ordenamientoi dictado* por el Cardenal Tavera, paióceme parilcutarmenl* curioto el tela* 



tizcdbyGooi^Ie 



— 127 — 

iíto al OiUtiÜB dt Su ¡fictiái, oiJclBkl cucbobIi que t U uiíb n pneiicubm an Dium Ckcá- 
dul. fid. « lu iLntn^ciOHU Sairi tata mritt* fritciic* n U Cattdral Jt Talrdc, Ei Oíiifilt* 
4i Sim Níetlii. 

Igfí Muerto Foiuce*, iran (nadu U eipecuci&n y U dudí lobrt U pi<ni>iís de la mhra, púa la 
que icniralinenM le Indicaba á D. Alomo Uaulqas, Anohiipo da ScvlUa. Vendo al Emperadoc, ea 
I." da Abril de ij)4, dude Toledo al monauarlo Jei6aiino de U Siala, para paw alK la leoiana unu, 
alaubir li ciMiU que conduce al canilla de San Servando, dlrlflíteal Caidenal Tavera (eutonCEt Ar- 
aobitpodaSaDilatu), que le acompasaba, fie dijo: •Valveoí, Ariobiipo de Toledo, t id i beaar U 
mana á la Empcratiii-. BeaAla Id^o al Emperador, (oniAu í Toledo i cumplir el leal mandato y 
rtHae detpuíi i Saa Pedro mánli, do oda recibid loa piiiuetoi paiaUEna. La noticíale uparcl6 rtpi- 
damente y la> demnitraclonea de ali(ila que hicieron la ciudad y la igloin fuercu axtremadii. En ■ 4 
de Mayo Taver^ (oni£ psaeilAn de iD aiiobiipal lilla, con mucha concuno de irandaa, pialadoi y ca- 
ballero! y del rcfimianto y jualida de la ciudad. Quedúae ea loa apoaBDtoi del clauítro de la Catedral 
y alli vrrió alpinoa meaca, catragado al conocimiento y buen gobierno de lu diócealB. 

Cuando muri6 la Empcratrli laabel, Tarera, que aauba ea Toledo, la aiialií eipirltuaiminie y pre- 
aidiá lai henrai celebrada! en U CaiEdral por lu alma. TambUs dio laa bandicionu nupcialea i Yá\. 
pe II en lu primer matrimonio (imj) y baiilii6 en Valladclid í lu primngtniío D. Culoi [isw]- 

Díbcoae á «ate prelado exceleatea Ceniiíítáeiwngí^ por laa que la rigiú mu igleala y en que le Inapira- 
roD loa ainodoi dioccaanoa reunido* mia adelante. Cerca da la viaita paaioral, repctidaí vecei dt6 
Cumplo á loa Oblapoa conlemporáneoí auyoa cumpliendo aquel deber, aun en medio da laa gradea ubii- 

laadmirabla aiUetia del coro, la capilla de San Juan Bautlita y laa eapl^ndidaí portada! interioreade 
amboa baalielea, coa aua pracioiaa lallaa y decoracionaa gótico-platercaca!, obrai en que fu¿ au eScii 
cooperador el bananriiito canónigo obren D. Diego Ldpea de Ayala. 
Muerto el Cardenal, hubo un ruldoio litigio lobre aua eapolioa, á que dii lugar ails lameniable abwo 

ea todoa aua acloa verdadera principe. NI lulea o) deipuía de ti hubo Ariohiapo que Iiivieie mayor 
ca*a de criadoa. Eatabas i, au aerviciu muchoi caballeroa t hljoidalga y hasta diei y liela caballenii 

PatalD tocaaMáeiialnaigne varín, debe coiaultacae principalmiate^ C^irmcxíi i¿ Ca>-</«.; ZIsh 
luoM Tmoira, ftr ti Dcet»r Ptdrí át SaUíar f MKtáí^a. (Toledo, Pedro Rcdrlguei, i6aj.) 

(97) RoiUn de la Higuera, HiHcria dt ItUda, a.* parte, libro %.", cap. ai (vol. 6.» del ejemplar de 
U Real Biblioteca.) 

(9«) Generalmente ae cree que loi apeUWoa de Silíceo fueron Marlinit Guijarn, pero en loa docu- 

algo migaría apellidoi. Scgim Plia, un mauuo de la Uoirenidad de ParU (donde ealudió el futura Ar- 
aobiapol fue qultn le ai^firmi, llamíndola Silíceo. Y SiiicH fui, rcahnente, no tanto por aa apellido 

Nombrado por Carloi V, auienie t la saian in Alemania, U elección fai an Toledo bien recibida. 
En Enero da 1S46 [amé poaeiUn por tlel celebra La Gaaca, qoa murU máa larde Obiepo de S^Genia. 
El día da Navidad del miama aíio Slliceo vlailó por primera vai au iglaaia, á la que enloncea hiio de- 
Da n dempo aon laa doj nugniEcaa rejaa de enaimboi corea, obiai de Vütalpanda y del maeatra 
Domingo, y loi pracioaoa pülpltoa del crucero. 

Silíceo repartió cuantloiaa amnaa i loe pobiei de dívenaa localidadei de lu dióceaia; y en una aola 
oeíaión, i tiempo de gran eecaati, dio generoaamcnn i La ciudad de Toledo p.oDO fanegaa de trigo 
para alivio da loi neceaiudoa Aai eran aquello! Anobiapoa y cal et deatinD que daban á aui lentaa, 

(99} Leí reuiai de la mitra de Toledo en aqueUa «poca eran muy couiiderableí, y penailían bacaí 
á iquelloa prelado! detambolioi dignoi de principe!. Ua aalado de loi productos de la meaa ariobia- 
pal i la muerte de Siliceo ea 1557 díó el resultado !Íguic ote: itg-gpo fanega! de grano, entre trigo, ce- 
bada y ceateno, cuya mayor parle, vendida, valió 39.14f.3j1 maravediaea. Lai renlaa de vcrderoB, vi- 
nos, lana y otroa efccloa vallaron 24.637.009 maravedieea, 
k priocipioa del aigio XVII la mee* areobiipal llagó á contar muchO! aüai baita 300.000 ducado! de 

U meea artoblapai de Toledo. 

(loe) Bl adelantamiaato de Caaoila Ibe ganado en 1131 para la igluie da Toledo par el Anobiipo 
D. Rodrigo y deade aqualln tpoca loa prelado! lolcdauoa nombiabaB loa Adelanwdo!, que venían k %e¡ 
Capitanea genaralaa de naeaua iglesia centra loa moni fronteriiO!. El Cardenal Tavera nombró Ade- 



lizcdtyGooi^Ie 



knlido, como grada perional, a] paderoMi comendador de Itia D. Fnacitco de loi Coboi. Hnóto 
el Cardenal, el Popa Paulo III, t tniiancia de Carla> V, concidló al tomendador al adilanuminin) 
cono oEcio piipetm para li y »b deu^cndlenleí, j Coboi, con anuencia del Cabildo, le iDcorporí á lu 
caH 3 mayonigo. Nombrado Silíceo Ancblapo, nclamó coolta eale hecha, ioteipioo emp^oi coa el 
enpctadoi y loitívo pleho aou la Rota. Paule IV anci á i1 li cauía, inooiKlA el derecha del pn- 

medlo aiglo haiu lU aoluclin favorable í la Iglola de Toledo en Ilnnpo de Sandoval y RoJai. 

(loi) El capelo de Silíceo, uaMo poi un oobl* camarero del Papa, IlegA 1 Toledo al >5 deUano 
de issfi. El Anobiipo enWA * lai afuerai de la clodad bd caballo lentilniínie adeteíado en qn el 
poiudor cabaltaae; y aallaron i aipirarie el AyuaUmleoM, el clero, la toqnliiciAn, el Ngncio pontifi- 
cio, llecido dial anln, y le mi* piiocipal de Toledo en caballero! ! dudadanoi. 

ScUalóie para la impoiicUn el día » de Mano. Exornada la gran Imafronte de la Candral con os 
matnlGco arco de triunfo al rtmaiu, eaxtt Silkeo en ella, a bombroi de tía Familiarea, entre trun 
concuno y aplauJO del pueblo y en medio de loa acordei y cdoticoi de mltilatrllea y moioi de coro, 

la ifltaia repreaentófe lo qoe boy Ikamariamot oo afrafíiite, y hubo «vía dan^ tnuy excelente de raoa 

lo nemaDoi. Bl Oblapo de Se(Ofia, D. Gupar de ZúKiga, dijo la mlu t Impuu el capelo al Buen Car- 
denal, tomindole el acoiniinbndo juramento. Terminada la Beata Tctifioia, Silíceo obaequif i laa 
autoildadca y peraonai principal» con un gran banqueta, que le celebrd en el laldn da coocilioa d*l 
paUeio. 

del Seplentrlúa cierta eilrella ó ':on>'<<i/-vA»v>^>'i con lo que loa adveraarloa de Silíceo pronoKlca- 
ban lU prAxima DiuEKe. Focoi diai deipuía murió en la nianH/:n artoblipal, na el prelado, aino ud ea 
huiaped. el Maiquét de Cortee. Mailical de Navarra, que habia ido 1 tratar con tt (ravaa negocioe; 

Otra relación de la impoflciín del capelo áSiliceo, cauiupoiUiliaiar PortcRo, inacrto como inCdlu 

|io3) I^ lonada ceaacióo o dlni-üi i que le refiere el ie«o fu« una cooaccuincia da la enemliud 
de Paulo IV con Carloi V y Felipe II. Quiíi no (ai ajena al iiunta Francia, por medio de cuyo 
embajador en Rama ae dijo baberae ganado el breve, aunque i pedbnento de la Igleaia de Salamanca, 

Mano de ¡ísS, con Kran eipanta de la ciudad por lo grave del auceao, que ademii coiDcidlí con la 
Cnareama. 

Hubo una excepción. Loi frailee dominicos de San Pedro Mirlli no le coorormaron con ut orden,' 
en au convento celebraban mliai y aun admiUan i petaonaa que [a> oyeran, lo que lea vaM aec azco- 
mulgadoi por el juei apoitólico. Afortunadamente, la prudencia de] monarca, loi buenoi oficio) dtl 
■abio Domingo de Solo y el mejor acuerda dei Cabildo puaieron ttimlno i aquel citado de coiat. 



MuBataoee y el canónigo de Falencia Pedro de Mtrl- 

.«;<»« eu Toledo, sin embargo, el P. Alciur, en 

la fmlncit át ■Jültáe dice que U entrada fui lin 

relíala ni aparato alguno y que el Anobiipo llevaba li lu liqoietda y derecha i loijeiuIUiPP. Eitnda 

y BaiUmante. •caía muy reparada da lodoi-. 

Para la vida de Cacrania conaúlleae timbltn: 

ÍMleia utrt la viáa di D. Fr. Barltlomi Carrant» áé Míranila.., public. por el Sr. Saint de Ba- 
randa con un inpoiUnie ^/^ixttcr.írdi'CKMM/» eo el 1. W Ac\^ Cnl. dt Jttl. lHtdili>¡ fara Ü¡ HiU. 

Pontificaa Pió V y Greiarfo XIII publica, en la Ci>l. di lürct. inidlltit, lomo LXVIII, plg. 6j}. 
Llórenle, HUItria triXca dt la Intuiíüii. dt EtfaUa. Tomo II, capa. VI, VII y VIII, pégi. ii> i 

169 de la edic de Barcelona, 1S70. Llorante trató por estenio del negocio de Carranaa, cuyo proceao 

C,mn, ffísluria dt Iti frsUllanttl llfaAíUi } dt ¡t¡ fn-i4Caclly¡fsr Filipi íí (Cidli, iBSi), Dt- 



tizcdbyGooi^Ie 



— 129 — 
dka todo (I lib. Ilt (ptgi. 191 i m>) »¡ Ariobiipo Cunnia, i quito picunu cama lolapido i hip 

mnn con U vatdwl hiiIíiIcB. 
CiUlEao (D. FumiD), Ki'aLi <&í ///«<. Müchór Cana [Mudrkt, iBji]. Todo el »p. IX. •Cmo 



Fcruándei MoDUÍla, .V^ tan de v.ráad kUlirie- 

l0XIV,pí(.. MDÍ4JS. 

La fUtnte CApiul ptta todo cate enmuftBado ncgo 
utiUuda poi el Sr. Menínd« Ftlayo, Eiitu en 1 
Hiitorin. 

(lot) No fui, pu». iKo r medio, como dict el hiitoriador Pl» flfín. it Isl., lib. V, up. XXVII, 
t'Dlio i$7J, lo qinCjuranu teiidió en >u iileiU de Toledo, .¡dd uq >6Id »<i ..mm r rf>» o'im. 

cidot go (oconei 1 errtnnai f pieíoi, tn caiar r dolai huíifana*. suiteniu viudu y pemiDnir utu- 

(106) L> pilitAn de CariBDia ]lev«.« á cabo con lodo ligilo en Torre]a(una el » de Agoito de tjj» 
poi el alguacil del Santo OBcio de ValUdolld A lai doce de la noche de] mienio día ■alió el Aiiobit- 
po, pteto j- eKoltado pot cuarema jinete., coa direcciín i aquella dudad, doode rué teoluldo en lu 

ucdeieleiminóeiiRama. 
pilucho e* lo eictilo- acerca del »UDta de Carnnia y aún no le ha dlcfao de k\ la úllinia palabra. Por 

de Toledo. Huelga repetir aquí loa rundamcnioi en que ae apoyaron loa defeoioTei y loe deuacloreí del 
dabalido perionuje. Silo diit que ei no eilitleta el munsiiuDia proceK, que por lu forma y por >u 

lo HU loa de aut iirincipalcí enemigoi, aún cretiia en la inoctnc^ del ilutre doDiinico. Y ei que ni >ii 
■ urna antagoniíuMtlclior Cano, un xbio como lobeibio, ni el implacable inquiaidor Val déi, Ano- 
fray Domingo dt Roju, de lo> Caiallaa, Vibeni y demáa lalea luteiina, me convencen i^mo la opi- 
nión del gian canoniíla Aipilcucia, la de loi padree del Concilio de Tierno, U del ■anlo Foniigci 
Pío V, la de Gregorio XIII, que mandi grabar lobie lu lepulcio aquel tan honioto epitafio en que •■ 

mentado. 



e Agoiio í Valladolld, donde 



[loSI Dice el hiitoriidor Piía, que 



de la elección detjuiroga.celebrindoíe la> exequias poi Carraa» en loi diie 13 y u dejuliode 157». 

I109) I4 muerte del gobernador Tello Giióo fui icuetalmcnie temida, aim poi el Cabildo, con quien 
no le faltaron tlguc.oi roiamienioi. 

Nombiiido Biuto de Villegai para •uttkiiirle, San Fio V conÜrmA el nombramlenio en ao de Agoiia 

juilulicci6n y producto! de lag igleiiai y monaitetioi de Caitilla y León, y el Papa accediA, envián- 
con aólidaí razón» de Índole religío» y moral y con copia de eiemploa huliricoi, trató de disuadir al 



DigitizcdbyGoOl^Ic 



— 130 — 

Ed nuotru Bibllaucii públicu ibundin upiai de 1> una d* Bula da Villt(u. Valladam <ta Se- 
toutjoi U publIcAin el toma VI de >u Simanarli trudllt, coa ú úoi\<. át ft/il fUi DtHSmir 
BuitaáiViUreai. Gabir-Hugar ¡Itt Aristlifaéa dt Ttttilt,n mmc!aé4 Dtn BArtiUmt CarT»nMa,a- 
criHi al Ki/ FiUft II AIS A¡ Ageslí át 1^74, airt la vmla it In imalloi di Itt IflllUt y Mmi 
c#f«.Taniblíii al* Imprcaala carta enU.Vii»írfm<í'Zd>a/a, tomo XI del Mim. kitl. tit.,fk- 
llna IS8. 

Conocida aa Toledo fa iminle del Anoblipe Carunia, reüiúie Bu'to i una hacienda tuya; dt alii 

bernd labia y pnidcDiemtnie haiu lu muerte. Salaiar deMcndoia ancomió mocho á Btixo de Vllle- 

de Ocana r la iei(»ii toledana debe coniidcrarle como lluitre bijo >uyo. 

(iiol Fué QiiitDga elevadodelaaedeconquenieilaiolcdaiuen 1S77- Su nombramienlo fue bien 
acocido en Toledo, cuya igleiia comcnió á (obernar en 6 de Septiembre de aquel afta. En 10 de Di- 
ciembre de is;c, fui creado Cardenal; con e>ie motivo hubo luminaiii! y olni l^itai y I01 ingenua de 
la ciudad hicieron B»io de pací» laudatorias y encomiinicae. T 
rio Xni deaeabsD la erección deSeminarioa en EapaiSo, aegim lo disi 
Cardenal Quiíoga ocupdu aírlameole en (1 aiunlo é h.eo nombrar t 



P^ra la biotrafo de ene Atiobiapo, í miada laa de PorreBo, Pha j Caaiejon, debe copaultarae: 

Jíf «a^M/ J» fl/^na, rf.- ¡«, co,a. !««(»« j. rxcUHlii „irl: 
átital D, Cas/ar i/r OuimgB , Ariaiiifa dr Tul-da, J ntidadar 
Xia át ¡HS. dt Itl dn Mk. Dd. «j de la Bib Nac., Tal. iiS. 

(f II) £a labido q.ie el Archiduque de AuaiHa, Alocrio, bit hijo del Emperador Manmiiiano II ; de 
la EmpenltiiD'Maria. hermana de Felipe 11. AnteriormenlBá >u elección para Toledo era ya Car- 
dcDildeai'ei;;?. coneliiiulodelaSanL-iCruidejeruaalin En 3 de Abril da 1 ^95 lomó en su nom. 
bre poieslóp del Ariobiapado D. Andtíi Pacheco, Obi>|w de S'-govia. En 13 de Junio del miamo alo 

glo, bajo Sandoval y Koju, Al parlic el Aicbiduque i loa ealadoi de Pland» dejó encomendado el go- 
bierno de la dlóceiia i D. García de Loaysa, que poco deipu'i babíi de lucederle; duranle cau iu- 

denai>e<'>«ií'-/j.en9de Julio de IS9« renunció el Archiduqiie-Caidenal al aiioblipwlo de Toled'< y 

de ella. 

(.ij| HUluriadíFiUfill. loroolV, pág, aro, 

[113J D. García de Loayia Girón rué nombrado Ariobiapo en Julio de 1998. Laa bnlu pan1Í6GÍaa 
de >u elección lleguron á lolcdo en Ago.io; en 16 del miimo mea fui coniagrado en San Lorenio del 

el inmediato Sepiiembre ciípolc la honra de aaiiüt ei<piritualmeni^ en >u última enfermedad á Felipe II. 
HallindoM en Alcalá de Henares lorprendióle i ti lambitn la muerte ennida Febreí» de ■;»>>, y en 



(.14) La noticia de 1. 
jábilD en Toledo. Llegad 

D. BeraatdodeRoJaj, deíndejatn, enJ3deJuniodeii99, yenagde Septiembre celebró el preladu 
au aolemne entrada en Toledo, entre \v, ex<r<;inoi de la piiblLa alegría. Clemente VIII nombróla Car- 
denal en el mumo aAo 

Amigo Sindoval de laa buenaa letra», cede en honra luya recordar que proCKié í Ceirantea, á Ei- 
plnel, 1 Salai Barbadillo y al poeta loledaí» Eliiio de Mednilla Rigió la dióceiii haala el 1 de VA- 
ciembre de líiS. en que pasó de e.ta Tida. 

(1151 E^cuiiaaa la hiiTocia del Concilio de ijSj, por loa incidenteiá que au celebración dió li«ir. 
Convocado eitaba ya po 



tizcdbyGooi^Ie 



131 — 

aiM «itri de que » eomeniin, ncitn llegido í 
Tokdo. A mil dE loi Obiipc» uúflicron el Bb.d d> Aidi ln ReaJ, D. Dirgo d<; Avila, que sucríbii 
lHdei:rctD>;unóii¡toiyprDCUT«lar«del>i igleiiu lufnitíneil y 1« rrpiatnHnleí del prsUdoí 
l(le>)a deBurCDi. Cono embajador del Jíty aulitió lainUÍD D. Frapciico de Toledo, hennano dol 
Conde de Oropeg*. A la laión estaban accidcnulmente en la ciudad lai Obiipoi dt Lugn y Ceiona, 

ulla para ¡mpanr del ciclo el felii it\io de la aumblea. Reparada y ademada ricamcnit la &i;i 
iti Cnclllti de la> ciiai amiblipalea, comenuron lu HKÍoau en 3* ais aquil ma y proIongiroD- 



■andoa; reglaa deconductii paia los cclcaiátiLcoi; provhjón dccuraioi, reaídencia de loipdrro- 
'■ parroquia*; nombra mito to dv proTlmres» Tlearioi, fiícaifa y viaitadorca^ exlirpaciún de 
malai piiclicaí entre Ini cIMgDi; hereDclaidccUrlfosinintudoii ncnbiamieMiü de difíiida- 

nbUn de loe racioBcioi y b«nafic<idoa; jinOi dt loi Cabildoi ecleiiUiilEDi;«(i>tenc¡a al coro 
ralea y CDl<(iaui. Hay dlfpoiiclancí relalim al bven rífimen de lu igleiiai en cada diúcc- 

iuegot 6 daniai en la ¡xleila durante la celebración de los divinos oñcioi, aii con» la Iradi- 

wlÍKioiea, y de predicarle y enieílafle-ta doctrina cri-iiana. Hay, en fin, dccrtioi acerca da 
6n, conHivaciÓD y reMaurici«n de temploi, lobre !.• renuí tcieiidiiicag y >,i diiiiibucíón, 
de archivDi dioceuncM, robre la miiiica en loi lemploi y que le entienda la lena en el can- 
el ri(imeii J observancia en lo* monaiieilai de relifiogaa, y baua aobre lai canidaí de loro) 



En la irin Sala dt Concilio) del palacio arto 

ÍDscrlpcioDeg del lalAn, con sui veraíooei caste. 

(Toledo, lüjoj, pá(i. m6 y Mí- 
Para elCoiKilki toledano de iffi; víue^ 
AelinMii Ctuitii tminriMU TííH^hI, ih 

D€ifara ytrglnll Mmrim íi.ttmls erlrirtlm 

dt S^-Mámal, Efhnft CariUiími <AlcaU de Hei 
Iiidto. Bsil lacluidD tanbiía «le Coocilk en la 
{Uadrld, 17B1, tomo III. pdi;. «;<). 

Pueden vene noUciai del ConctUo an la> tliniei 
Dticrifcim át U Imftrlal liviiiui dt TsUds, < 
Vid» Ai CarrtHtA, de Silaiar de Mendoiu, ca; 
Pero para conocer tu hiKorla interna, loa tcimil 

KíUcitH di H ditenT-it f •' fm '/ Co«cil!i, fi 
dr U. D. LXVy M. O. LXVl, etctila por D. Jua 
áiBv.o 

Sebanlio cU HoiVKo inaaní tamblin en uno di 



>rran.a). (T 
Camero >1 añ 


l'«q 


ue la. .esioncí fu 


1, fif. e*.}: 




queda 


dicho, tuviéronle 


en U Sala de 


p. 1, donde .e 


emplo 


niFIropolitano. 
epiacopal alamb 
Í3.ede.5*S,i."e. 


7;„ „. 


nq.«,econm 
un, «lampí 


:r 


dkbo Concilio, E 
Tultdt. Guia art 


.«yli.sdea.á> 
•i,„-prtclUa 


•uUmtrMilt 


.Oí- 


íír;í;c 


f»/i./j, »*/•/» 


nares, Andrí 


de A 


guio, <s66j.-U¡b 
m lliiM-l" de 


oieca de S.n 
P. VillaBuBo 



lizcdtyGooi^Ie 



cloncí cíltbrndM deipuf i it k el«ciín de Pió V, tic. 

IS66. RcuniÓM, en efícm, .quel dia j » Kiminó ta la dt JuMo. 

En eiw Concillo ge complluton Isi cuntiiiucion» linodilcs de loa inicrloici preUdoi y te agietiron 
dt»>. formiindo sn junto un cuerpo repanido en cinco llbioi, que k impiimiA con el >igiiieiiie Iltulo: 

CtHlUmliaiui Synaáattt dli Ar^atiip tda di lnUdt, htchaiftr irt J^tCaJas fatiail«¡. Vafora ••!• 
Mmml* ctfilitáiu, y_B»,idÍilta. f>r ti maf iílutir, iiüiir tf« Gi-^tM lilla GirtH... CfM amirAi áil 
SfH^n.tHt^rtumnllaíí ic alrtri »• la cinHad di Tttid», a viyMtc j Hucur dt 7t.«c, dia di 
¡lüsn^it Pléra f ¡»»t PaiU. Añ- di IjM, (Toledo, Jujín de Ay»l», Is68.)-Bibl. de Sin Iiidro. 

Por nt» coDitimck»» le (obernó el clero del aTiobiipudo huu Mayo de i;Bo, en que el Cafdenal 
Qoitogmelebró ouo «noda dioceuno y formó nuerai csniliiucioiieB, que le impiimleron en Madrid 
en ijSj Y lu ti coi^regado en itoi por Sandaval y Kaiai ae lUTieron prnenm é im'tarou por Is 

(iit) Tenia Quitiga convocado ene Concilio para i." de Julk> de ijti, pero por dlversaa rmionea, 
hubo de direrirae haKa el alio gigulenie. En á la ■aten corregidor de Toledo U. Fadrique Porioca- 

da celebración del Concilio. Lia iuniai de éste celebráronle, aegún coiiumbre, en U aaU (rande del 

Hé aiuí toa nombre* de los Preladoa aii^leniea. i mia del Cardenal Qulroga: 

D. Alvaro de Mendoaa(Obl.po de l'a]encía',D. Amonio de Paioi (id.de Córdoba), D. Franciaco 

dcFigueroa de S agüenla) y D. Andrea de 6sl»di]U(de Segavia|. El abad dc.Valladolld, queíambifn 



31 pumos rratadoa. CoDdiclonea que deben i 
nónlgoi, dltnidadca, eic. Erección de aemii 



rdtnandoi. Del hdhito clerical. Enórgica prohibición de juegoi, da 
eligioaaa. Rrglaa para la celebración de la miaa. Clauaura monacal: 
e amboi aeioa. Enleñinaa é iaairucción rellfioaa í loa moriicoa. 
to de cils Concilio en la Sitmma de VillaDuiV>, lomo [V, pigí- ■ < ^ 






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» loa Reyca Calolicoi y eiublecido el Sanro Oñcio, 
ui y aui d cíe cndie nica. El c»o del capellán de Key 
nado en ¡4^ por juJaiaanie, y laa hablilUs que pul 



DigitizcdoyGoOl^Ie 



— 133 — 

Hecho el Eatinjut, ¡n opelUBU pruentárpnU i la Empennii lubel. como sobeniadara de bu» 
TODO* «aamcpcia deCaHüi V, y victo pordCoiuejo Reiil, lo aprobó por cédula dada en Medina del 
Campo á B de DIciembiE deijji. Á petiddo del Emperador, Clemente VU Ja canarmA por bula plo- 
mada. TaiDbltii Felipe U lo aprobé, por prorleiAu dada en Toledo ci]UayD<ieif6i. 

La «forma acordada en 15*7 para evitar fraudei t Imponnrai de loe candidaloi m «w/ím marecM 
la aprobacUn del Papa Peale III, por bula de 14 da Octubre del miimo eSo, y le de Cilloe V, por cé- 
dula de II de Febrero delñguleule imB. 

Poedin vene mié deUllee acerca del eeuiun de la capilla de Rtyee Nueíoi en la Hiiteria ¡cUiiái. 

Real Blbliolcca; y ec lol R,}n Nnno, dt liUáo, de Loiano, llb. IV, cap, XVL 

{119) Ed eita eepecie de dlacitacíÉa vienen i eocerrane loi aríunemos de Jot defcneoreg del Eiu- 
ino y leyendo el plan í exlracto puedo el leeior enlerane de la luatanela que coniienen las cinco pai- 
lee deque coDiu el eecrito. -En la i.* damoi loa moiisoe nnibeiialeí y bitioriai que noi mobieros 

de loi eaciaa cañonea y lentenciii de doctorea y otiai laconee que noi mohieron a ba^er el dicho eeu- 
luto. En la ].■ dccUramei paniculaimrnte Jos demerito! y ealidadn de aquelloi que conindijeion 
el dkbo eetaoito por donde claramente ee Tira «ola eeto haber «Ido baManlecauíM para haberle becbo. 

na U niipueita qne el R ™° Arcobiepo de Toledo dio a «icrto requerimlenlo por loe S.'" Areedianoe 
hljoi de el Duque de el Infanladga lue[0 que el dicho eitauto M hlco Je hicieron. En Ja s* >* pondrán 

>(ae eiia iDcorpoiada ea eau uñeta igleúa y la copia que lu mageilad dio acra ntiehamenie para la di- 
cha capilla aprobando y conErmaado eJ cita tuto de eJla y de nuebo numdaodo que el que fuere probe- 
bído pw CapeliaD ha|a la iafonoaeioD por capellán de la dicha capilla y no el nuebamente piobeido.i 
Bib. Nac. Mi. R. ijS. 

iatriUe át U iMmli, fgUtU di Tüitdi, KÍr¡ il alaütls di Simplim, que debe ler eopia del mltmo texto, 
aunque el título ofreica TaiiaBlee. Clulo Mare^Falla en lu Crlaiifut áti mamacrüi HfapviU ti dn 
mataueriU ttrifiv* pig. 140, núm. 63a. 
i tac) Loe eacritoeen pro y en conrradel Ealatuto toledano forman por al una Ubliofralla no eeta- 

RiUcicu dr Itda lo qat tinu dtl ktgtT rt BilaiKia di Hm filfa qni lint U itucla ¡titila di 7*. 
Itdii tara lii finitas dr iirtriitadaditmiUaílguai II Ái^iiñiHda Arfaílifs D. Juan JKarllnn 
Silieii— Bibt. Nac. Me. R. 13S. Ko 4.°, 88 bojai. 

[En la Biblioteca piotincial de Toledo hay un mi. en 4-° pergno., en que te Incluye la múm» Hila. 

iría CaadlJa.J 

Difnua drl Eilatuli di Limfitia gm titju la &nUa /gliría Primada di ¡at BtfaMai, f di ¿ai h- 
dial, di Ttiidi. Eicrila ftr il Uí,^' SallAtiar Ptrri»! Cura di ¡ai Villa, dt Sacidn j Careilii.— 
BihJ. prov. de ToJedn, SaU reieriada, 9-1. M>. en fol. pta. (Ei una copia hecha en ijss por D. Fran- 
ciico X. de Sanliaso y PaJomatea.) 

DlicMrii di <H Siüi, ¡Hqaiiidar htcki 11 liimfc dil Sr. Pkiüfi ¡V lairi ¡ai Silarmln di la lim- 

el ulamo nlumen que la anterior obra de PoireBa y ei, como elJa, favorable i loa Eiiaiutot. 

CtalradieltH lucha fer alfut^i OitaUadii y Caiéml^, dt la Santa Vfluia di ¡ilidn. á lii Etla- 
Itlai di Illa ai liimfudil Cardnul Sllittl —RlttMtla fHi ¡ui li Arzaii¡fa di leltdl J nri,. Caiil- 
da dimn (k il iicriU di la, diiL cania, fu It C«alr>^dictari, dii E,lali,la dlirm.—Mt. de U libre- 
ría de BShl de Fabei, boy en la Blbl. Nos. G ay;. 

del Eatatuto, y en el cual ae declaran diei neonca qoe tuvieron paia oponerle íél, A aaber: porque era 
contra el drrecbo catióuico; contra las leyei de eitoa relnoe; contra autoridadei eapreaai de la Sagra- 
da Eacrltura; contra toda rai¿n naturalj injuria de mucha [ente noble y principal; contra la bocra y 

nneina nación, y poique al hacerJe oo k guardaron ¡ai coniKlucioaei de Ja igJnia primada. 

muirla iflieifal y nal d, Eifaia. ¿I. la fuai „ ¡rala di lii Aritillfi, dt Tiltáa, j Rlyl, fui 
iaattlraaJr á Mifaia diéaxt dt ¡u Primada... far ti lUtaciada BaMaiar Parrtli<i..,--MI\Aiaita 
cafétnlardelaS. I. dcTaledo En la blografla de Silíceo [val. U) trata por externo del Eetatulo. 
Libróme deSebaatiln de Heroico en la Bib. Nac. de Uedrld. Aa. lo), tola. 43 ' Ti v." 
Di/nili SleluU tiUtaaí a Sidí Afailallca mft cil\ffrmatí, frr hU, qul itnt tf inceiUamiHalt 



lizcdtyGooi^Ie 



tiKirr Hati u»l: Aueteri Didmit Vtlaiqnn... (Amtwiei, Plintiu, 117]) — Scfiln PIh, «la ful obra 
iaít. Dicto deSbnucH.Obbpods Zimon, qulu IipublicA bajo pHudónfaao. 

Diie¡mt luckt ftrjraf Armiii SalMcit . . acirt* di la J-aHeia ) »w- gnUtrut á, EifnÁt n In 
Eitfiíilti dt Umfitwa át Saitgrt... (Simimjrit irudita, &t VilUdana, lomo XV (lytBI, pigi. iiS 1 
114)-— Billdl Ulectu» da ala diácono, quatraui de loa cuatotoi da Hmplcia an psaial, poidielaRi- 
H CU k\ Ui laioaai en pro 7 m conlra que alegabaD iw maniEnedarai f dcmctom. 

SaUíar da Uandoia, Vlia nccimi frutt"" í *<""« litjraf étn Kmrtílami dt 17arí-#«f« 7 éi 
Mimmda, cap. 47' 

CanejAo y Fonn», Prímacia dt It Sienta /titila dt Ttltdi. Ei b biainña de Silíceo (lono n). 

Amador de loi Rioj, HiiltrU ¡tcUI, ftUtica y riUtiiia dt Im Judia! ¿t Sifaim y Prrh¡gal, 
tomo HT, pdij.49g y •igi. 

El texm da] Eiutino da la igleiia de Toledo puede Tañe publicado per Maitin Camero en «i ItiiU- 
ria. iptndlce XXXII, pig. id}>. 

En el Miueo Británico hay up voluaien ni. con Tirioi oHiíthIm de loi rislai XVI y XVII qoa eon- 

9ia da Toledo bajo SUioei>.[GayanE01.C-afa/<'/Mi>/rtl.>fd>iucrf/<l/-<*(f>aifll ImiV't'- '^''■ 



Tamhiíu bublarou de .ei 
ColaiíoiiiayaideSanB. 
duabandeUigioXVy I 



unidad de lo> (idai. Hambre el Aciobiipo de humildiiima Drlgao, aunque d 
precUbaaa al 



mayot Padre 


Sarm 


en», por al qoe 


oficio público 


anUc 


udadyutñr». 


o'W«.'la.Bol. 


ilyCo 


sBltucioDei del 


biipo babla 


Ido a 


«drfíioo). qt» 


le* la ümpleí 


deaa 


«t^ U. totor- 


mera, i lo qn 


orla 


eliii&n da San 
DDa la> da lu 



endar 




uro 


pellido Ca> 


dlla.d 


el Re, 


D. Ped 


ra, ocu 


ebrea 


fr 


ela< 


y Deán 




niíab 






nkp. 


■oai 


lo 


i*o del E«l 


■uto 


■rece 


ueiíde 


duda; 



Silíceo intanló moleuir i CaidlU o 

qoB pienieo que el contradictor D. Dlapi abofaba por los hambree d 

•u aptitud para 1» praitead», buano eerd adTernr que al proyietodal 

y en venlad, aqui na aparece como dafenioT da loi darecboi del puebl 
Entre loe derenioreí del EManiIo babialoi, y eran loi mil, por celo 
udacoDTenoiy al 



por amar propio y c 










lenia por tula. Paro 


lambií 




ubo bepirado. por 




adoltn 






alian mano 


da la Igleda. A aHa 


ndmen 


pene 


eciin 


oí Mendoic 


tambltn le acoti de 


adai» 


n«).1 






da la comAu Madre 


aloifielee, •< 


loaerl 


UD lemlUei 


La Capilla de Re 


eaviej 


■ dala 


ilte^a 


primada, q 


ctilndo). U admíiU 




tu mié 


mbro* 


e uioi crie 


CapelUn mayor el V 


catioj 


Obre 


■oD.D 


eio L4pe. 



iMte 


•Ino 


cabaileroi Uuittai, 




,d^r 


mltóajay/pf^ar 


"lino 


aalel 


BolpealAriablipai 
Noblaia, 1 U que 


ligio 




no faltaban qula- 


u.En 


re lo. 
i qul 


detracioreí húbolaa 
nea U coniiD toi 


Jltuy 







lela fe y utilidad n 



LApet de Ayala, afirmi dicha coilombra en auto capf- 
Lpelltn proveído, lino por la capilla; y el principa D, Felipa conEnnd J 



Imiuciín de la de Toledo, ma 



eapaüolBi. liega la 



lizcdtyGooi^Ie 



- I3S - 

•iMeparewiiBnt* uu oíd* ■r>Bprlai«y caoSuiu, y (n que w pii*daahae« granclM fnudcs 
y Bea1>rinÍ*D>M, iln que k pncdu pivrenir ni leDcdlir munqua ■■ piocuic con nucfao cuMmIh, y p«i 
ota n»D ■l«Ipr« Ip hia Hii44a j ivihd («m mnr hannda j da muctia criaciandad y conGiaia y 
Datanüaa ciudadaDoaj hüoa da T«eiiioa de asta ciudad y reino, iLei habar ptfmliidajamáiaa aaiachictadt 

<iitlBikaj manda qua niOfÚD iBorbco crUdano niiavo, ni negro, ni caclaTO pueda ler adi^lldo pan 
mautro, ni pueda ler axaiaLnado dvL dichn arta, ai te pueda mcibir por apreadb al oücinl del dicba 
«te en vasera alfUDL* (Sifuea laipenaa y caatigoi impueatna í toa contTaventDmp] 

Batantol isledan^ fuiroa obra áeifMrliát Ji'rV-^'. A Ma de la noble». Nueiira aobleía ntaba 
prafnndameala dividida, pof la menoi deadc ei anteriar lif ioi en la maaera de aprcciai á Jüdiai J caa- 

que capitaneaban i loa crlidanoa vleioi 6 IíikU¡. Lo miaiao ocatiia ea el Cabildo ecleaiáwico. Si no- 
bleí eran loi Ayalai, HaBriquei y Guimanea, defcniona del Eiutulo, nobla eran umbián la> Ca«i- 
Uai, Uendana, Alnrea de Talada y Zapatu, acírrino* «Bamifoi (oyai. SiUc», impUaudor del £>- 

SI odiaiialat era mucho mayor eouc loa aiiraiH^jif < Jiaa/ior (criidaooa vlatoi plebayaij que enlieloa 
nohlaa, coma lo acradiu nucalra blMaria con lapHidoa e}cmpl«. 

Que al prlDcJpa D. Felipe jcocediú ea eiia eapinoaD aavua can pan lemplanaa y prudencia, piabarí 
COBaifonoa hachoa. Cuandoie rECibii en Tnledalabula pondEcia que confirmaba el EinDila, mal' 
charoB i Valladotid paia apoyarle uH el príncipe al canAaifa D. KodTÍ|o' de Aialoa y al docn>r 
PlaecBcia, del Canacia del Araobiapado, y para contradeclils el B<a«tra>caela D. Bsnnrdlna da Al' 
caria, pfoBcnr iniitne da la Univirildad lelcdana, y el CapglUn mayor D. Rodrlfo Zapata. Pan 
apreciar la coadacu del fuiuro Felipe II debe rccordarae qae Silíceo babia lUo an maealro, y aacandi- 
da pai U InBuaBCia del principa al Araobiapado da Toledo. Con lodo a», Avaloa y FlacencU toI- 

p^úanie en hacer que preraleica la na coafirmada ardaaania. En Agoalo da J54B ae aombra an Cabil^ 
do informantaa para Heniaado da Lanar, que a^lra á una capellanía; pera el CarregidaT, movido, ala 
duda, por auperior orden, lo ettorba, aunque loe caDÓnlfloi, áloe pocoa dlaa, dei^inan nuavoB Infor- 

Teata t la viala copia de U correapaadencia iccuida deapoia de la primara aprobaciin poBcificiá 
del Bataulo sdd* el prÍDCip* D. Felipe, el Emperador, el Cabildo de Toledo, al Ayuntamiento y al 
licenciada Rali de Lnc», jiH> da realdeoda daladodad carca de aquel iie(ocic. Como mutetia de la 
aciiud dal principa, vtaie ai contexto de uoa de iw cédidaa diricidae al Cabildo: 
.El principe. 

Venerable dcan y cabildo de la Sancta igletia de Toledo. Ya aabela que por vaa mi «eduLa y ■obre- 











I embiaitif peraanaa c«n lu cauíaa que laviuei para \ 


e haier y el breve de U coofirma- 


itidad del dicha eatauu, j taaUen voa el deán y vi 


aioa couoriei embiaeleí peíaosai 


. qa* diaea qaa ay para qu. no le haia ni vaa del y lo. 


vaoa y 1« aira, fueron oydoi e ia 


■ del nueitro coaaejo y porque cBe negotie le ha de c 


OBiultar coa au maceitad entre tao 


lembie a mandar lo que en el le deve haeer vo» man<J 


lo que veaii iai veduUi que aobre 




íomo en ellu Kcanliene >BríW a 



A paoar del terminante mandato, bien pronto tt dii Ingar 4 lo cdaf r.irj'tf, puet deaanteDdiéiidoee da 
ti loa eaa«DÍ(Oi, M el Inmediato mn de Oetnbre ya recibieron como capelMu da caro al cltriga Auto- 

vea nayeraa iKonwniaiitei, y la aptabaclin dal Emperador, poco daapute pnblicade, dM ya carácter 
de letalidad al bmlute de Ihnpleía de la Igleiia de Toledo. 
(in) AioiminhnoidaSaDFiaDclaeodePanla, aatablecidot en la Vega, llamaron an Toledo Aar- 

calaoa, dfehaa tamUAa Ciillot, habltaioD machoi aioi, deote im, eu ugai caiai innediataial arroyo 
Ragachuala (hay dé Im Krt*]\ pare haila piloelploa del aiglo XVIt no tuvieron convento en la elsdad. 
Loa d*l Canaan ealaado moraroB deada luego ea eo eonveota, cuyai nitnai« van en la parte oriental 
de Talada, carea del puente de Alcáatara. Loa Catmaütai deeulzai pauroo bb derlai caiaa ailoadn 
ea el Ttnu dt U$ tarrtla, (en la actual calle del Correo), y huía el aigla XVIi ■» mvIeraB coBvlnto 



tizcdbyGOOl^Ie 



- 136 - 

cobción de Santo Tone. 

' Le iodoledc Eiu tnbijome inipide hUtorUr kw iiiiii»n«i« taluUngg m d liglaXVl, ák» cuala va, 
• In embargo, anido el recuerdo de tuce»! in tncaantei para UhiiIorlaccIeilágtiCB, Ad, en Mayo da ijS) 
la Orden de San FraocÍKO celebró en San Juan de lot Reyu capitulo de tu provincia llamada ntíra- 
mmMtamm, con adiiencla del Genera] de la Orden Fray FrancUco de Gomara, deudo de loi Duquee da 
Mantua, que deide llalla habla venido al efec», y i quien » hizo en Toledo lolemne recibimieato. 

Por aquel enlDucu Iralaba la Orden de San A[UKÍa de la relonna de loi Recoleto!. El nomine de 
Toledo CDláiiH con eiia imporunte reforma religión que n aprobó en el capitulo aguiliniano alli 
celebrado en Diciembre de isSS. Diiiinguióie eapeciaimenie en aquel capitnlo el (Tan fray Luii da 
Lado, quien, encargado de bacer lu Coniülucioiici por que habían de ie|ine lot Aguiiinai Recolitot, 
iai hlio y ordenó con » babilual diecraclnn j prudencia. 

(lai) La ojenia de Silíceo contra laa)e«iu« tai realnenle emraordinarlay perieveió en lu ánimo 
haiu Hi muerte. En el Ariobitpado de Toledo le movió lia CompaXia una peraecucióa formidable. 
Sordo el Ariobitpo ó cuanloi ruefoi y raionei ae le dirigiecoD per peiionai reipetablcí y (im por el 
mlamo principe IX Felipe, negdbaie 4 tranilglr con ioijeaultai, jr ann á Tevi>car loa edlctoi publlcoa 
qtie puliera en »u daAo. El Corneja examinó la* bulai y prlviiegtoi de la Compañia y restituyó á aai 
recular» >u derecha y libeiiad.deeiarando por prováioneirealei que Silíceo «o podU prohibir la 
que auioriiaba el Ponliüce. Neo 



fui (Odavia q 


eelC 


rdesal Maffel, S 


.cretar. 


deE 








que le reprendí 


por . 






vocó lo> edi 






echod 






>u riior con lo 


. hijo. 


de San Igucia. 








que aquílio. 




en vida tanto per 


•ifuió Silíceo 




bia labrada en Xoled 


o para Colegio 


e Infa 


'«".y 


en 



Kidd lit San Itnacit di Lafiüt, del P. Rivadeneyra. Lib. IV, cap, IV. 

<.kr-ns-hi¡ltria di ía Cim/adia dt Jixvx tn UfmÍHcia di ItUdo..., por el P. BaitbolDnii Al- 
catar. (Madrid, .7.0.) l-ágt 1BS-9., .90-59, 3Si-Ssy 3«- 

relicioui. Uuando Santa Tereta fuó á fundar á Toledo, eitabiecioie primeramen» con tiu compaÜe- 
rat es un ediÜcio cercano al Triímila; paiirooie á poco ó la vivienda del pladoto Martin Ramireí, 
y de allí, mil tarde, i oira titilada en lai Tendillai, propiedad de un Alomo Franco. Hatw el ai~ 
glo XVII no edificaron lat Carmelliaa el aciuai cenvenui. Loa de San Antonio y de Jeiúi y María 
>nauláT.jniede9deluc«oenloaiiiloieiiquehor aeveD. En isio el Cardenal Silíceo reitauró ( Santa 
Uaiia la Blanca, iiiao conitruir tua trea capillai plaiereicaa y agr^ú ai templo unai caaat inmediata» 
en que ínttalú el beaierio Ó refugio de penitencia. EiIe caritHlivo iatiitulo tolo duró medio liglo ^ 
euinguióndote en lóoo. Ln noble ciudadano de Toledo fundó lambitn en 1538 otra congregación 
de mujetei públicas recogldaí, que protegió atimitina Silíceo. 

Gran florecimiento alcanió, puei, la vida monástica en el ligio XVI, pero no faltó alguna excep- 
ción. Tal luí el monatteriD dominico de mjnjai de Sancti Spirimt, que eilaba en eliliio llamado Ttr- 



una circe], eia q 


uiliuna 


a.a de 0. 


aiel 


No creían 


en el 


n£e 


nonienelorige 


divino de la c 


onte^ÓBi 


vedaban que te 


yete la p. 


iióndeC 


iiio 


llamabaD 


dola 


laa 




pricdcaa 


piado», ordena 








I,(l.tia¡ to 


ape 




n, tegún eilot, 


eiiribaba en 


el A»- 


mi.nl., ó ixüiti. 


en que y 


no hab, 


pee 


ado po„bl 


• Le 


aid 


llorar la padón 


deCri.to. ha 


iau todo 


placer j.egocij 


en Sema 




A£ 




elP. 






como el Hü 


. Creiao 




nel'mi.m, 


Dio., n 


-á 


ai' «cwi 


•uc 




crrttidor di El 


fl««. Para 


cordatae 


de nueitra be6o 


















al acto 












• H. 


ind 


X.,, ../ai^l.., to 


mo IL pígt. s 


6Í S.8. 


Enlorettanie 


del .^lo XVI tolo hallo 








ledana i un V 




Toledo i quien. 




a por nU 




■«"('Sja-SS) '' 


clírl, 




Betela, á qui 






na. talló 



















DijilizcdtyGoOl^Ie 



SeCRUricn, cwrto númm de coDuiItoro j uliGcador» tcólosoa y jurlitu, AttiucU majsi, Tehivid, 
Riccpior, Comlnrioi y Funlllir». Su piineri Mu fui CRU del convenio de Su Juan de U Penl- 
UKÍa. De lili le milsdó luculfiiiienia á diiilntoi puntog de U ciudad, j en 1530 caubkciAte ea ln* 
coudeDwgo de Mulo, junio i la paiioqula de San VíceoIe, donde coniiauA huta üliimai del 
■itlo XVIU. 

El aichiio del Tribunal de la Inquldción de Tol<da le eiutodia btj <n <1 HUtAiico Nacioul de 
Madrid. |ScccÍ¿ae',Anl>ivD>judk:u]e>).Eu la AfvíKo^r Arckhti, Biiliiticaí y Mtimt te viene 
pDhlieaDda dude iS^, con foliación apar», el Caláttit ái U /nfriiicUi ttltJaH*, cuja lectura d^ 'T '■ 
Tinice deiBi afinnacioM acti» del rigoi deeplcfado por el Tribunal ds Toledo Enire lo> luJBl» > ■ 

En la obra del Sr. Hcliaiei A-i>c«/'»''(-«>>i -U la ¡nfniíicii», wmo II (Madrid, 1M6J, cap. I, ai 
pnblicd el proccBD lomadii en iji) por la Inquialcidn de ToUdoá Malla CaialU, vecina deCwdala- 
jan, mujer de un Lope da Rueda ^que no ce el poeu-co mediante], par hereje y apAiiata. Eaie proeeaa 
parece haber tenHo baatanle rcionancia. 

CüUndom» á mal modernot licnii.oi denuo del si(lo XVI, cuairo fueron, Hída Román de la Hi- 
funrn, loa betejea noublea íkrrai.irtat, dice ti) panadoi por la Inquiíición da Toledo, -loa qualaa ai 

laa i peiaunaa Inamenblec. Éaioa fueron al Dr. 3if limando, de quien le hablará en el texto; un Cc- 
laiio Dial, flamenco, (nutere en OcaOa: eljurlaperiu francáa llu(o de Celao, uioide una complU- 
cisB de leyei, y en fraile ejnnmcBo llamado Franciieo Ro\,tran taltrant. (Hiit tcl. dt Ttltdi, a»., 
libro XXIX, cap. ij.) 

En la HLtn-in vtrd^tra dt it Imritiiiíiim, de D. FnnclHO Javier G. Rodrigo, tomo II, cadm- 
io XXXIV, pá|i. 170 y •ituienuí, pueden ver» umbita nodcUi del Tribunal de Toledo. 

(116) £1 auto de ii«o fut lolemniiims. AaiiUeron á ál Felipe U, la Reina luibel, el Principe dan 
Carloi, loa cmddes y toda la corte . Fueron penitencladaí varíoaanjetoa aoipechoioflde dncirina pro- 
nttaore y otroi por bigamia, oíahamadama y judaiimo, Al auto de 1561 salieron veindiréfl hotqbrca y 
una mujer, ticndD el maa notable un pnja del Rey, flameoc 



y quemadoa. Al auto de Marín de 13Í6 preaiA nuyor tolemnidad la iiiilencla de loa preUdoi teuoidoí; 
en Concilio provincial. De loa vemdiit* lujetoa que HlieroD, & iru relajaron, á aaber: dea frailea y el 
D. Carica de Meipergue, paje y abijado que fué da Carloi V. El cual— dice una lelacláa cantcmpo- 
ráaea— «era harto moco y fue ffrand íni^lma verle morir mu muño muy bien y católicamente y con 

individual, de lum que dier y acia fueron peoiceDciadoa, diaa y aiete reconcüiadoi, cuatro lelajadoa en 
peraooa, uno en eitatua y una mujer morisca perdonada del auplicio i queme la habla ccndetiado. En- 
ire loa reoa figuran un clérigo porfuffuái, un calderero y cinco impreaorea franccaea, otro imprenjr fla- 
menco, uD platero doreniino, ele. De lot cuatro relajadoa, aúlo uno, raclavo berbvriaco, fué, por peni- 
nal, quemado vivo. En 13 de Agoato del mlacao aho 1570 hubo otro auto de poca importancia en el 

pena* ievea. Trelnia y irea perionaa figuraroa en el auto de iS7if en que pereció el Dr. Sigiamundo. 



htMnna. 


.Bnrfd. 


Mayo de >j; 


j, hubo . 


>tro 


auto, 


,con. 


cuare 


nuytrtiri 


EDI, po 


I dlvex 


0. ca.o,jdeU. 


toquilo 


futquem 


ado un lUerai 


><> relucid 




i.To. 






. nodcia de 


dg,.. 






de fá lola- 


da», er 


L el ligio ; 


XVI. Húbok 


. en .a d< 


i Di. 


clemt 




.S8o 


,yáéliali< 








blaifemoi. 


Iwennoi 


1 y teati|< 


>• falaotj un 


nlgromá. 


11 ko 


, ireí 


jud. 


izant 


ea. doa ren 


.egadoa 


mahoi 


mttai 


■0., cuatro 


big»»» 


y ocho ie 




ilai bertj 




El domiuf 






lidad de 




H celebré 








lipe 11; aa 


liero 








i, .ieie mor 




^gadoi. 




jtréijudal- 




cuatro big 


■moa, alguna 


• bíuja,, 




yhu 


:bolr< 




ajado.. En 




9deju 


oiod. 


= .S94 hgn. 


carón blM"«.J»< 




.roí renegadoi 


,, fali 






Jteayuopí 










relajé ái 


m judio 1 
.Fdipell 


.péalatayá. 


.na monja 
exancla e 


lut. 
nTt 


dedo. 


, que 


no q 


uiu abjurai 


'. En II 


5oo hut 


10 oír 


auto, que 



lizcdtyGooi^Ie 



.^' 



Ldi autoi de (c »Li>n vciilicuie cd ZocodOTCr. Á un Udo de !■ pliu ■bábiDW d» cudalii», luo 
pon 1otsciloia7>utaridiide) y oirapKTi los icol j pcaliEiUe*. A loa reUjadog ni bina «ciar CDn- 

Eb Ut iLamicioau incluya doi relicnncí inedia* d* loa aatoi celebrado! poila Inqiilaiciín tole- 

(i>7) //ii/oris cri'u'o d, U ItiiuitUHi: de Eíp-H» , lomo I, pít. 4^3 de la edicUn de Batcdo- 

loque debicnD, reunídaí par D. Tamái Goniilsi ca m Ctiua dr fail,icii* di la¡ fravinciai y far- 
lidatdela Ctritadt Cailliia tit ti ilglt Xfl [Htáúd, iBigj. Según loa llbroi fonnadaí en i;tap>ra 
si encabeíamienio de alubalai y repartímieDlo del aerricic miliur, ttnia enioncaa Toledo S.t^ veci- 
no* pecbeíoi. Aun culcuUndo í niín de cinco hubltaniea por vecino, louluirian ly 490 atmaa, nume- 
ro muy inferió I i la imparuncia cleru de la ciudad en aquelU tpoca, y ei que no bay que olridar eran 
miicboi lo* eaentoi de aquella! cii(ai, por lo que ul e udíulca do puede aet euctn. Según el Liiri' 
dii rtfarlImltHU fui II kkf dt iM achí miU^Hti (de donalivo) r» virlnddí ¡ai avf!guaciaai¡ f.t 

u en el Archivo de Simincat y publicada par Goniileí, coniaba á la laiín Toledo con 10.933 vecinoi 





ra leparadameoteel vecindario de cada una 






junio de 19.4IJ vecinoa, ¿lea ÚlAi^o almas, ennÚrntro 


ledondj. Pero en aquel lecueMo tampoco 




lo* Irai.Hunte>y foraiteroa no avecindados. 


que eran en muy gran número, deduieo yo que U pobla 






Sepln Mr. Paul CuÉrb, Toledo tenia un*. 


mo-ODO almai cuando Felipe 11 »ailad6 la corle i Madrid 








(tas) Luii Hurudo de Toledo, cura de ta parroquin i 




Mimtríal di «//nwu ciiai lulaittt fur tltm la Imfrri 


ICiidaddi rididt.(>it. enUKealAcMle- 


mia de la HlxorU. ax. as. P. S», C. «.) En il « dice 


ue el aumento de taaUtanleí en toa ülümoa 


aaoa en •uii par la aanldad de la tierra como por haver 


venido unta cantidad de morlMSoa, lallegoa 






VAiro El ftUcr-tia íHrUia 31 gramUlal dr Ei/aHa, aürma 


que Toledo ten.a cuando ti la vidló (bacía 



ij77)<dc veíate Ti^uatromUveiinoi para arriba>, e> decir, uno» 100.000 habí tan leí. (Tomo I, fi- 

gina 199.) 
(ijo) O, lat íMa> »,.«ír.W« di F.¡f^»a (Alcalá, 1519), lib. U, fcl, XII v.o 
(iji) Felipe II usaba medial de seda de punto de aguja de fabricación toledana, que le enviaba dea- 

¡if,i i.-luarlai d: EifaAa (Madrid, .7»8), tomo It, pág. s*)- El Duque de Guiaa ec proveí* umbl«n 
demediaien Toledo, pldiíndolaa direcl^nente deade Francia. (Uoncada, StilaaraeU» faticieadi 
£r>nita, diic. I, cap. XVIIJ. La fabricación toledana demediaa de ledadepunlo goiiba gran crtdlu 
•n BipaBa y en el eananjcro, y de alias ee hacia una exporuciín enorme í Canilla y Amírica, Deca- 
yó cita induaula en tiempo de Felipe IV. , 

el XVl la ioduitria de I* teda no puede dudarse, corroborado como está por noticia* y dato* feba- 
deniei: pero es difícil aveniurar afirmacionea categórica* ante I* divergencia que reina entre lo* 
eaciitores. Damitn de Olivares, economima toledano que eicilbia i priDCipiua deliiglo XVII, dice que 
en el XVI babia en Toledo •má* de cinco mil y quinientos telares a (eii mil> en que entraban 

paca en una leprelcnución que dirigió I* ciudad á Felipe V en 16 de Agosto de ijjg, y que cita Martin 
GuDcro ensus ClgarraUi dt lalids (llutraciónF, pág. i¡;), te urgura comocoaaciertababercocait' 
ddo en la ciudad 30.000 telarte. Lairuga, en el tomo Vil de au> Mt-arla:, pig. lo], dice que hay 

cia y lóla concede que pudiera haber w.aoD. Estas cifra* so deben referirse al siglo XV, como suponen 
Larruga y Calmeira, sino al XVI, detpuia del movimiento de las Comunidadti, parlo>lo « que, atgún 

Varias i Independiente* eniri ai eras 1*1 induairi** y fablicacionaa v» tenían por baie la sedaría. 
Los fabricantes de tejldoi anchnt pioduciin terciopelos muy estimados, felpas, Itrcianslai, tafetán**. 



lizcdtyGooi^Ie 



ruoi alH» 


y buioi. [ÚSuebis, 


fabricaciiii 








flancU mucfao, j 


en ña. lg> 




wiUHjcd 


Ligio XVI, «uog 




iitDi (renioi, el 




d>un de isu; 1 


».SdeJü< 


lio. H»y oo-M Oii 


toreedortj 





l>, ya cor. nutcU < 


i. pUu : 


rotí 


>. Lo< del ute del 




> lJ>mb>«I 








uroM, 1 




le., colgadui»,, ítt. 










ndoFplipeU. 








<<i!.ruie]mi.in>p 
«iotn.jdBjnnio 


Dro.nK* 


ipn 


^gDDadaa en Toledc 



(133} Según L*rTi«a, en el alglo XVI » fábticitxn 10 Toledo, de lejidoi de lar», el paño bleueo 
lefino, qi» llanuban grana; loi medk» blancoi, que Uamabaa medial granai; loi coloradí», lai eita- 
meñaa ancbas» loi peiUecoa, laa telas que decían da cebolla, lat de caba de vaca y Ini pientu. fMrmp- 
rimí ftíitieai f icméaiiciu, t. IX, pig. i). El ganado Uñar de loi puebloi de la provincia luminia- 
tMba la Una (coa. y ordlnuia para Ui tibiícaa de Toledo. 

El obiaja de Iinai y paioi merecíA la atención de ku monarcaí y de U> Con» y fui objeto de oidc- 

iieu) 38.sjoobrero1.Ea de obaei- 

tiago faloioanu, qtie manuacrito te coniem en la biblioteca de U Real Academia de la Hialona, en 
unnlmnencuyolejiieluraBa: Ka>-ii>i¿r//i(/<<Wa,S;E.i4>- Híaquiíulilulo, que trantmito integro 

Mxicú dt U Fábrun át Kifaáfti át Ttttdn trt ftr lanloi tiftei ixíilU ki¡,l,i J1«cm dil XVll » 
^yamiijdtlmUtdnqM unían afutUei Arlijtcii Armcreí fari- ferjTUt y ItmfUrl-,. acira 

cida, al frtunu.j dt la ^m par H R'y N. S. ¡niDiui íuc. ir nlaiUcií in iila and,id ais átij6o; 

d, TgttdB y in ArzBÍii/^ds. 

Falomareí publicó una tabla ú nAmina de k» inii famojDi armeíoi loledanol de loa liglDM XV, XVI 
y XVII, t bilo que >u hijo Franciico Javier (deipuíi bien canocidn como paleógrafo, caligiafu y eiu- 

Vtaie en U publicación quincenal iluuiada TiUda la serie de articuluí de D. Hilarlo Goniileí £> 
fátricadja'-i-iailHneatdt T-o-V^u (año I. 1SS9, núnu. IX, pág. 7; X, 4,- XIV, 3, y XV, 3.) 

Deloi talleres de nuestros anneron salían umbita hermoios producioi de cuchillería y újereria fina, 
que lueron muy e<timadoi. 



: D. Carlos y D." Juioa vatiu cídtil» 
ise ci»ia<ai noiiciai. En una de ellai di 
tos boíietes y garras, con U mayor pcrl 
delloi, y que esto ta sido cauía q^e la 



, na vivían en calEe ¿ barrio seKalado, qino esparcido] por lodo Toledo.— C Cr<^r- 

1 asi en ta ordenan» hecba -de bu sgujasí agujeros-. —Los muy illusircs Corregidor 
lo inrormado como el notorio, que las agujan de aiero que le labran en esu ciudad, 



[137) Dilai eoiai mimerailis di Eifagn. £dic. de Álcali de Henares, l¡33, fol. 

(13Í} Tengo, DO absunte, por indudable que el maiapAn (marzatani, producto i 
do en EipañaJ se trabajó ya en Toledo en el sigla XVI. En el L¡ira dt cs^i'-n, »« 
trt ¡tmitrte dt /i/ela, que trailadado del catalán al cailellano se imprimid por prim 
en 153; (hay otras ediciono lolidanai de aquel mismo siglo), danse reglas para e 



lizcdtyGooi^Ie 



pcdaJE, Ici oS 


cio< de niído. ca^o lo. lUlao. j nnt- 


DCIOI.' /M'(( 


rUdiU ciudad d, ToMo. lotrodac- 


Ja JDdoJc nin 


u d( Im lopectiviii «to t induUilu. 


^CDtuirTiDii 


nmiiEIUcmo. La.pe>>]«h>cU Su. 



— 140 — 

fiuut, y no « crelblo qua loi confiten» loleduoi dt U ípocí puann por dio ota cErciin 

(09) Ed lu CoRM de Vultidolid de 1548 el Empendor piemulgí au le> acere:! di la 
(noDeda de vellds], j lu acuñiciAo eo Ui (ielt cau) de moneda delKelno. Sctún ella, dabia 
en dlchoi centroi dleicucntoi de aquella moacda, diuiibuldaí de modo que en luftbricaid 
Scrilla y Buifoa h labrue t raióa de doa cuenioi, y en Se(Dvu, Granada, Cuenca f la Car 
ttdadu menore.. 

En el reinado de Carloa V baiL6ie en la imperial ciudad moneda de oca, piala t tsHíd; en 
Felipe II eólo ee acularon alli monedaí de nlUn •) de cobre. 

Nueitre ingenia ú caía de oíaneda eituvo en la juciadiccUn de San Nieolli, en nn edificio 1 
Conde de Aicoi, qiden cuidaba de la dirección da li ftbrica y nombraba lui oficiáis*. Deu 
el edlficloduranieU tuina de SuceaiÓD, fui reparado en 1744 y cedido á la renta de eiu 
admlniatraclin de carreo i. 

(14a) ÉEn el cantío —dice Maciln Camero, refiííiadoH i aquella ipeca— k apoaeaun laii 
fieaa, coma loijoyeroi y plateroi, loa cha pin croe y cerero*, iDBjubeteroiy calcetcroi, loa coi 
§onoi, pai^ofl y ropaa bechae. y la* tii 

dorefl, 1d( herreroa y caldereroa, e.pa 
din, pit- ío.J Diiulbución aaiunl i. 

Oaoi indutiialeí lenian lug ullereí y fábrica! 
apilano; b» alfareíoi bacía S!n Iiidoro; loi lurr 
jinlo al lio. par bajo de San Sebaiiláa; loi liotore 
de ouoa oticioj, por lo miama imponaacla y gran 
eaparcldoa por lai diveqai pinoqulu; ad lo! leiedarca de ledaí, «ejedorca de pa£oi y ijoneteroa. 

mlamo, el recuerdo de lai indniUiaa toledana! y au diilribncidn al lenor de la eiprjtado en el tcato. 
Ají, puei, hiy d hubo callea, plaiat ó bariiot Í4 1», Aí/arti. dt lai Armai, C^áiilrtrtí, CalaltrU, 
CtUlriTXa, Ctrdmlrtal, Otatintria, EifarltrU tilia, htrrtria, Lnctria, Oirá frima, PaMiJf 

(mO liuelarclii>amunicl|>ll deToledo(lioyicaiEodeleuudio>ojoTen Sr. Lipeí y Fíreí Her- 

loi loiedanoi. Al ligio XVI coirapaaden, entra strai, laa del 
ciioaje jpaaamanena (i5is)> ttntoreroi di «da (isls), t^íedorca 
orea, boneteroi. Bambiereíoi y arcadoreí (todaí de tjis), ma- 
oficio ds calmería (ii4>l, cordooeroi y !ombicTeru{iS4j), 
ilreiyjabeleroi [is64|, (u!miciaQera! y ciuten» íisSjl, forit- 

:n ítfii le llevd á cabo la canipllaclin de lai ordenantaa de To- 
lda Sania Uaria. Apiobadaien ijja por Felipe II, comaniaien Á 

■«lo XIX el AyuíIamieDlo publicó una edición completa, que lleva por diulo Ui-aVuwu fara H tata 
Titlaiia j taiUma dt la mar aailt.may Itaíi ¡aifíriai ciadaddt IW><^ (Toledo, iHjSJ, piccedidn 
de un notable üitcana frctiatiHar i^1¿an\B Camero. En eita compilación hay oidcnanaaa relaÜTaa 

de aiujeter» y bolienii (ijfii), albaairai (15)4), alfarero! (1S631, boneteroi (is»-ji-»|, chai^iicraay 
lapaieíai (iJUli cabeatiooa (isfii). calcetiroa iijsi-M), carpintero! Uwi), calderero!, cereíoi (tsgo], 
colcberoa {1519-40), del conin^e (isji), esidocierDi de leda iiM3>,'doradoie>(is68 , eipaderoi (isfii). 

Korraroi(i{Bi],|uarnician(roi (isM), yaieroi, paicadoreí (1:17), petnadecaí y cirdadocei(i;U), rejero! 
y cerrajiioa(ijlu), alUeroa IIM4). aaatreiyjubeteroi (i]M|, lombrereíai [isSi), lejedaiii de ledae 

Alguien dijo que aiui orden anaai geneiniei de Tolada nade lenUn que ler con loieiUtutoiporqae 

' cierto, mucha! oidenaniai que no figuran < n la colección publicada por el municipio; pero el compila- 
dor delaiglo XVI Inclujd ea aquel cuetpo legal na poca, que .un lu mi.maa de determinada! ertea y 
nficlo!. Aii he podido comprabatlo, cote|aDdo varioi cuaderno! originalea que ae coneervan en el ar- 
chivo municipal con el texto de leí ordenan t!i impreui. 
(141) Capnany, QiHitinati crilieat, pig. j6. 

má! palmario elvlvinimo anhela que hotíb por el iailo completo de lanangacüi 
fcdea y proepertdad del paia que la Providencia co-'^ñó A lu 



n*ode.lc 




ecuit 


■0 leg!)ai, q 






deg 




oficio de 


olcheri! 


US'SJ 




yÜntorerudepaA 


01, per 


yle>, tunlld< 


tre.(.s}. 


torced 


reí de 


aedadsjS] 




(!»!'). *<padiro!(is6iJ, la 


roadsBl) 






eroi (isSi , 


reaCSjÓj 




iidud 


ia Ciudad, 


ledo, sab 


1)0 que 1 


10 el 


icado y iel» 



lizcdtyGooi^Ie 



— 141 - 

•Yo it Rej. Don Aloua de Uicamo mana eorregidoi de li ciudad de Toledo. Deieendo que ti 
neuefatlon del rio Tejo de c» Clndiid a Lliboa le fiellitE y coniúiue por el beneficio y vtUidid que 
dclloie Besnira a el rcTUOyconibiniendD que para cLLo le hagan viertam canales T '^parot en al^uAi 
pATtei del dicho rio e mandado probeeraeü mili ducados para ello ^ que le entieffusa ai depositario 

situado paia la dicha oauefafioii lagaiie y deilribuja por libraa^aa baeiiru en laiobrai que te oble- 

y a la orden que deoe Andró sarcia aparejador de la dicha naaese^n que U lieua enieodida y oa 

Biajor beneficio de la dicha hacienda quo fuere poiibla dando a el dicho Andrea G-arfia calor; fuercaa 

dloha nauagacion me umide boi poneruido. Da San Lorea^o a ao de Afano de 1593 alki>. Yo el 
Rey. Por mandada del Rey ddciIto Sefior.Juaa de ibirra.- 

{144) Uartiq GaDero, Hitleriadt ia timiad át Toltiíe, lulroducc'AuT pdEi. 37 ¿ 39^ y pane g.a, li- 
bro in, cap. U, pág. 9S3. 

{ttí) XtiaeltmátiunmvtftcimiltJ T^t, por EtcebtBieOnititíy. Puede vene enue loa doco- 

■ODK ni, pál. 111. Tambiin en la Cmlii,m,ciiüáil A¡m»:tii itfr^Ut Hlirariit, t. II (Madrid, iSiSf, 
páfinasoi. y en al apéndice ala ^f^oriB (obre la nanpicldn del Tajo, publicada por el brigadier 
Cabanea, de que » bablarl en osa nou. Húm. 131 , pá|. 8S. 

(146) CanadeJuanfiaucktaAntonellit Joan Delgado, fecha en Toledo i a> de Baerv de is«<, 
diodola cuenwde loi pormenoin de ni navegaci&o por el Tajo. 

Cun de AalonetU á Felipe 11, fecha eo Toledo i 13 de Enero de 1581, con Igual objeto que la 

El jurado de Toledo, Caalioverde, que gozaba de la eon&iDU de FeUpe II, le aicribla umblín en 
3j dcAbiii de tjBSairtiudo la llegada de laii baicoi que venían de Abnniei, y para cuya «bkia 
hana junco al puente de Sao Martin ee había dispueato múiica y arcabucería y engalanado Loibarcoi, 
•que parecen muy bien y regocijarán el lugar». 

(14;) CooBU Indo uto y butanu mil en laiactai da lai Cortea de Ifadiid de i;í}-g$, por fortuna 
noiníditai, lino impreíai en la colección publicada por el Congreto deloi Uípuladoi ¡loma VII, Ma- 
drid, 1K6). Cao» Elaaimlo ea impértanle y ancieira una vindicación de' la ciudad de Toledo y dj nil 

loiedanoa en al negocio de la Davegación, con qua le puiveriaan loa aaertoa de Garibay. 

Dclw advenir que en el cuaderno de aqnellaa Cortea, todavía hoy in¿dtcn, no se alude lo máe míni- 
mo á la ruvegacíAn del Tajo, de modo que tampoco pueden expÜcarae por este lado las aUrmaeionea 
del hiatorlBdoi^«¿a''if<i guipuzcoano. 

(14S) El arco ■■■ladea Zocodover j fié magalGco, Kgiin unareiacUa contamporioaa. Dallado que 
Buraba á la calle Ancha vei^ae íata inacripcido, que ei bien quede aqui eate upada: 

«Phllif^w IlUíapanlarvaiRaid, ob aatplidcaiam f4CKii,conaiUli qve Remp. coaaolídalam adivucla 
Lvútania Ijjspaníam, iHBtttat Otet^mi commtditttía, ttrtfkarvm napigatiaiH iKrIifvIa, redint^ra- 

^eran í ella, a^dn dldusacaa, itodae laa vetea que daato *e ha tratado". En iaaeaidndel jodeBn^ 
ra d<i!S4, el diputada leviliana D. Juan Ortli pronunció un primer diacurao, de tenoi muy en^koa, 
combatiendo ea nombre de lu ciudad lat proyectadaa obrai y el repartimlenta para realiiarliis. Poren- 
toncei loa de Sevilla eituvieroa aoloe en au empeüo, puei loademáa procuradorea, ¿ aprobaron abierta- 
mente la propealción de Heodeea, 6 la acofieroncon limpatfa- En laa líguleniea juntae siguieron ade- 
lante la campaKa, creando dificukadea ai proyecto y buaeando amcifiarea para ai, aunque aólo pudie- 
ren recabar la adheaióo de loa repreaentancea de Soria, y d« Zamora, que, como elloa, votaron en con- 
tra. Habiaaa acordado por gran mayoría que ee preguntara eu opinión sobre el caao i lai ciudadea. Laa 
re^pnaataa fueron favorableai pero la de Sevilla, laida en la aaalAn del ■■ de Mayo, fué adveraa dorado 

do de elle ante el Rey y ante el Conieja. Vid. Aclat dt lat Corln it CaitiUa fnhiicadiu t*r atmrdr 

éi¡ Ctfitrtu di lu DlfMaáu. Temo vn, en diveraoa paiajea. 
(ijo] Tocan» á la navcgacMn del Tajo en el aiglo XVI, vtage: 
Acta di tt CorUi ái CatlitU... Tona VII, qne conúene laa de Madrid de isss i Ss . 



DigitizcdbyGoOl^Ic 



— 143 — 

MtMBri^ qiu litHéptr eijilí muafatar la tsiiiüidad yftcitidad dthactr navifatlt t¡ ria Taja 
dadt Aranjun kaila tt AltáHlict... por el bricuiier de Infaawiii de loi Realu Ejíiciuu D. Fnncú- 
co Xivisi de Clibioei (Madrid, 1639I.— Ob» muy latcreunCe, ■nloradi coa un apítidlct de 17; do- 

LUguno, NalUia, de lo, Arqail,<:U. y Arqi,ilrct„ra dt E,f»*a. En el lamo III el mrtículo (iíillca- 

Caiu del P. M. Andiíi Biuriel á D. Carlai de Simún Ponleio lobie U navagición del Taja [Tole- 
do, 13 de Septiembre de i-iíi). Publicada eo el Semeiarie imdUe de Valladuei, lomo II, y umbién 
por Cabuei en el apindice á lu Himarli, doc. DÚm. 140. 

RomiD de la Higuera en lu Historia tat. ái TiUda, Ubio V, cape. II i VIH, Ene uiichu curioiat 
nodcUu de la naregacidii, que l\ pieiencií. Deben vene umbitn loi articuloi y docomeotoi iiuetlo) 
en la CsHiiHtiacion Jti Almacnt dt /rutel littrarisi. »mo III (Madrid, 181S), pAgi. 149 á i;a; al at- 
tículo de D. NicoÜiMagin Ei rio Tajo, fíoliciai líiri lu Havogaeiia, ea el SiMaa^rio PiHtartlco 
ElfaSat, 184a, pig. 6«, y el de D. Juan Muialeda Toirdo, /arrio, en U pubUcaclAa peliídica Toltlle, 
númecD V, pig. 5. 

La lectuia de los expreudaí tektai, y sobre todo la de 1» uUs de la> Con», e> muy cunreniea» 

•ariumuch» berc» púa el cumíenlo de loa inhajoi, Ja ciudad de Toledo cootilbuyi en i;84 con 
Tctniluíi, doe de lu cuales de mli de ciiaren» piea de largo. £n isBsj 86 Toledo y loe tugarea de eu 
juriadkclin can^truyeroD Teinu hiTcu m*> para la cooliuuaciAn de Ui obraa de Talaien U Viejn 
hacia aiiiba. Felipe II eilimulaba á loa puebloi k que cuopenueo i eecoe gutoe, que habían de ler te- 

Madtldle habían lenldo con cien mil ducados coa aquel objeto, la dimúi coila katia diitr di cunta 
dé¡ R17. 

Ma todo era eu la navegación bienandantai, y eilo puede eipllcar aciie la opoiicMn que adrié de 
pftTIe de algunaa gentes- Sin duda la navegación te reiüiiaba de un modo muy imperfecto. Según deilo 

poijuan de Xeiei y Lope Deía. Mi. en fol., letra de princ. del i. XVII. Biblioteca muoiclpal de Ma- 
drid, núm. i.ijs). La grao diUciín en loa viajei y U vicioia orginiíaciin de algmioi lervicioi de»cn- 
ditatkan U naiet«:ióa ante el pueblo. V(a*e lo que el Dr. Guillío, corregidor de Alcáalaia J condsio- 
nado porFeJpe II para la navegación deade Talavera á Toledo, decía >] Rey en carta fechada en 
aquella villa < la de Junio de isaa: 



.Sopl¡coiV.M,a».>e 


rvidffd 


mandar que la. penanai que lo. trien [loi barcal] i w cugo, enan- 


doucanlo.barco.deT 


ledoi 


quen dinero, de una ia para hacer todo el viage, porque hattaago- 


r. no lo han «cado, y e 


faltío 




topa ]■ neceeídad, ha.ta 


ueban 


á Toledo por dinero, y ningún viaje han becho que .« baya Utado 


el dineto cuatro ó cinco. 






de.pu.. i mtBho üempo 


quceal 




r no vuelben por Uníala 


.Heoq 


ue traen de pagar a lo. barquero.: y de eelo reinita ditalara maeÁo 


¡a¡ viagrí, y áuaerldUa 




rtgacioH. 1 cierto digo i V. M. que .1 en cato le pone orden, qut ae 


baga cada flige en n.<eh 




de la mitad del tiempo que gutin y ban gaitado bula agOI». 


(Doc. núm. 11} delo>b 


luldoi 


n el Apindlce de la Mrmeria de Gabanea.) 


Si.conodiceCaiibay 




iva de lu expediciouei fluvial», en Toledo ae' publicaban d*a|Ta- 


daa, alguna ra.in bubo 






en otro. («ilo. barco.; í 


cuatro 





(Carta de AnloncUi i Juan Delgado, Secretario de la Guerra: Herrera B de Hayo da 158.. Núm. ja de 
loa doce. IncLuídoien la ^<«iirrinde Cabanei.) 

El coaa cierta la guerra que 4 la navegación le bacía en loa motlDO. y batanea rlbereKoB. HolinafOB 
y batáneme dificultaban el paM de lo. barco., cuando no rt trababan de palabrai y obraa con aoa con- 
dueíoiei. Y d Conde de Hora, que euHbia en el ligio XVII, afirma que -por cama de h» molinoi y 
aiudaa, nape» de laipresuii, no pudo proHguir el aeiior Rey D. Fillpe Segunda la uve|icion, que 
onpeii á haaer por nueitre rio dode Lleboa beata Toledo', f/iiil. dt ToUdt, pág. S7.) Por aquella. 

EitBidiGcultade.,qua acarreaban la naturaleíay lo. hambres, debieron de canear el inlmo de Feli- 
pe II, á quien en loa ülilmoa ahos de .u vida y reinado harto preocupaban loa grande, problema! 
europeo! para poder atender con cEcaciaá todaí partea. Ello fui que la navegación deuie Toledo 
menguó rápidamente y mucbo tiempo antea del aÜO 1600, aegún coiuta an cierta códula de Felipe UI 
de (6 de Junio de aquel aíSo, ya habla ceeado. Cuando en iGio el aparejador AiuMa García prac- 



lizcdJ, Google 



tico Doevos rMonccimUntoi «lira Toledo y Alelntua hdli InúiUi 
haberlo* cemula 6 docniido loi molinercii de la ribera, ora levanl 
piediu & pDDknda empaUíadu. Loi da5o9 no le repararoD, la luvi 
por deigrad^ de Toledo y de io Eiarra, ni aquel emayo tan se 
lot licloi XVII, XVm yXIXconvlrden)!! en bermoaa y definitiva 
Felipa II. 
(iSi) De loa mái daBsK» pan Toledo fueron loa ciecidc» impue 



varo- la Hda. E= 


IS99 Pidi 


ÓHilaciudadcieniocinc 


uenlac 


uenlM para ayuda < 


ie loa gait 


09 delca- 


aamleoio de Fellp 


e m <iA«jtí- A i« R.ín^) . En na p 






ncribieton 








^aediceqtieenelreiaad 


e Toledo .ooa Ua cargaa y 


coniribudc 


loei paaa- 


da. eaU U (eote del «n ap 


arada y conanmidaque dificiJlo.i 


imente pueden pagni 


f loa .ervici 




ri»>.(Bib. Nac, 




í7.fol.7'-)rl™u' eate ' 


licnni: 


:n Alon«> Divaloi 


de Ayala, 


el docior 


Herrera da Coou 




r.AloaioNarbonayAloni 


■0 Soat. 


Bt de Cianeroí. 






(isa) La.iuga, 






tabrttoifrtilBXy eamtreiey/áhrícas y 


mim>, d. 


EifaS». Tomo V 


,píí. r.l 












Cobniiro, Hiilo 


ri<¡ lU t<¡ 




a*a. Ti 


ín.aII,pig.a4S. 






Par*de.vuiec<i 




•r de Larruga, Colmeiro y \ 


loa de 1 


u eecuela, podrían i 




rio, ejen- 


ploi, pero en (rae 


1. de 1. b 


levedad ailo lenaluí uno 


,Elgre 


n.lo de loa plaiero. 




andgno y 










que datan í.taa del 






» bien nutt la«le 1 


lueron ren 






eata indiutiia es los 


Üempoi uterioru 




ladtucionea eacritaa, roayoi 


U logí 


■6 aún en loi aigloi XV, XVI 3 


r XVII, í 






deead. 




lo de Clrloi 


.11. 


(<53í DIk™ 










•> ál ¡a... 


ci^d^d, 


r«J<BV(Toledo, il 


iSB), Píg- 




ncada, 




>, eacriblal 






de Míiyor. 


a.go. dea. re. mil ducado 


idereD 


,la que [Toledo) « 






■eiai. fRiilatraci 


t» fsíilii 


aAa/-«a,páí.46-) 










(154) En la» oh 




-icaadePiaayUartinGaní 


lero bailari quien lo deaeu 


e la luform 


ación eon- 


venieate cerca del 


regbnlen 


lo y gobierno de Toledo a 




mpos anllguoi y mo 


deroOB. Adunia debe 


TeraecomcDaadi 


3 notable 












Uirtd.t«qn,, 


:mtUit r 


1 frudtnii OmUriu dt la 


Imt.ri 


al ¡nUdo y lai car 




luUixtrtI.Ht, 


c*» >í, /; 7T«fll. 7m. SaHckt. d. 


StrU 






A*í dt idjs. Mi. 


en el Ari 


:hivo municipal de Toledo; 


aa4.° 


, I s« hojai numerad 


ai y eacrila: 


■ por am- 


boa lados, míi afi j 


lia fallar, 


ea que is comptende U ponada, 


1. dedicatoria del . 


lulor i To 




Introducción 4 pro 
Andrt., y 1. TabL 
libro original, con 


lago eicr: 


ilo por ei regidor D. Padre 


, deAy 




.oro y San 
ata. El el 
= copla de 


U Stm" 




'tÍT'ed 


, U Bib. Nac. hay 


na excelant 


a.» libro (.d.. «Mi 


.que por 


■« un delaiUdo ccremoaiai da le 




i U ciudad 


ó ayunta- 



XI intdilo. 






: puticuiar: 












7„T«¡..d.. 


tsta liHfir 


foledo, S.U 




.d>, 


tlotJíHsm, 


•Id/ll 


w™ 


dmlMi Rimlii 


.yCm, 




Horn Jurmdi, di . 


ufa 


Stile. Cnad 
una relmp, 


r-lón 


eiT 



(US) Vtueac 

•trrCstildediUiS'-ti. " -. - 

;."> en la BibLprav.de 

i»t*deileiPr¡tiUtl'i, 
Prru¡tilHMI,Rzicul<,ria¡,Ciditl^ Rimia.y Carta¡ diU» StXartl StrtMdi CailiUa, dad-H «t /avtr 
dtt lUmlrt Cabildt dt Itr SrHertí Jurada dt Illa Imftrial Cludmd 4t TtUáí, dildl f 
StHir Rij DiH AlfluHif il Stxio. Cnadeiua de 17 baja, ea foL, impr. en Toledo en ijii. Bib. Nnc 
na. Dd. 5G, fol. 186. Cocón 

■u nieto político y mi amigo D. Jaai Ibáüe. Marín, 
¿i^rr iieirri dt la CiadtU di Tslida.Jrrmadt n lyjS. Exiate en el Aicbivc municipaL 
Loa iRbivea da la Ciudad y del Cabildo dejundoa, que boy forman uno aolo, tienen (como a. Ugico) 

Media i U CODIaniparáBeiL ConatrvaoH lu aclaa de laaicaionea del Ayimtuüeula camapondienleí á 
lo* iAh I4fi4, IS.6, 17> .9,31,40, 41, 4S,4}, s3i6i|6]>fi4iM, M al 70, Tj, 14 ai 77, Bi, Sa, tg, gt al 
^1 98 y 99t t^^t 1^3 *l '*» <4>l99t 1700 A 1799, iSooá 1^07, y 1S09 baatnel din. Puede decirae que 
*n ealoa libcoa, caal inexplondoi, eaeá encerrada Umodenu bhloria de Toledo. 

(isfi) aiíUria di D. Rtdrt Itarrit, Ar(¡iih/nit Tílidt [Talcda, ¡6141, pit ^S- Coiiabcrando 
lo dicho en al (Ella recordari mi hecho de que en parte la hi.o ueuclón en una nota anterior. SAbeae 
qne daapuéa del incendio de la Igleala de San Clámenla, el regidor D. Fernando de Slva co)lg« la 
rtcdificación de la capilla mayor cen ánimo da labrar aUi au eoteiTamiesto, y que ae le fruacró el plan 
por haber oidenado Felipe Ilae iiaaladuao t ta nueva c*pilla loa restot de un hijo dtAlfonao Vilque 



lizcdtyGooi^Ie 



— 144 — 

qua parji tí j »■ soccora •« habJA ptepando SÍWm vuiñcÓK en 3B de Hayo de 1S70 coa gru pgntpm 
y tolemnidkd y mn ultiencu de Ut Jturoridada y corponcLonei cIvUn y cclCBiáttLcM, 
SDuoiarne<>celihndDeaTDl*d<>el6dgEnaodei5iiuiici¿áD. Fsdro de SUn una cupitanía 

SebHtUn de Horoico, de quien lomo li noiicii— oii «• jln/oi cumn «• »ru rany whIf» y aUeodui 
de la caaa de Silva en esta clbdadi. 

(%S1) Mariana, Hiilnria át Eifaün, Iit>. I, cap. [1. ídem Dt murtt ti immtrMUali, ptEfacio al 
libro I (incluida en lu Traclalut ¡^¡[,Ca\oiia, tfieg, pie- Js6). Rajaa, fisji tiiiriltiiiilt (Uadrid, 
1604I, pág. aúi. Alaman, Aviiúnrai j vié* ¡U Gutmmm dt Ai/arackt, pan. I, lib, II, cap. VU. Tina 
de Molina, af^rra^ii^ ^^«('/«(en larioa paaajea). V11UI6b, tmitmiota .^imfriKÜ- nUrt U amH- 
[uoy U prttmU (Madrid, 1896), pá(. 179. Onii, DtnriptÜH dt ¡a Sítala Igtiiadt laltda, o- 
ptlulo 1.°, ele, Héaquiun fratoienU del elacuEntiñmo etocie que i Toledo y i iiuhijai dedlei el 

fonna przauntl lum in|(Blo, rcUfionii cullu putia^mo, iipisnliB iliKliia axcalleni In paucis. Toum 
ferme circulo tmiiís pnenijitia que moniibui magno natunc miraculo peneaatii Tagua fama, aquia & 

■d •epunoionea relinquil arduun aiceoiu gr, di^llci ab anliquo muro munltum, Ciicua viben loliiin 

abeit a maH. & lou rtgio pno rellqua HispaniiB iubtimli *a>. Niai qua part* aninii innrdult valtem 
planicienque Ivtiorem prcucDlu longToremque quaní laUm apallu. Sic Toleunl imporiata plerumqna 

boipiulet, orñcÍDai,..> 

Como RTcrio de U n)eda;ia neaclonar* la cennin de Navaiero i loa caballaní lolodanoa que, ai 
na lenlln mucha renu, ila mplen con la aoberbia, é, come elloa dicen, con Janlaiia, de lo que aoa 

CW.vrrfí^w/ríiA'ooaJíroenlaCol. de Zjí™^aj.(«*D. (Madrid, 1875). pig. aS7. 
(tsB) En la bella novela La Ilralri /rif^, dice AvendaSo á Carriaio nEritndoii 1 Ui loleduiaaí 
'Anua miraras hcrmoue que bobaa en eiLa ciudad, que denc Tama de leuei Ua laia diactetai oat^ 

jereide EipaiSa, y que andan A una *u diacraclón con au hermosura. > 

(tig) Alcocer, llisUri,, át loltdf, lib. I, cap. LXXXIIl, fol. LXIX. No fallo, tln embaif o, qidan 

lo contradijera en el mismo siglo XVI. El cilebremtdico VilUloboi deciade loe loledanoi que con 

»,af ái l'ilMiiíi, inteno en el tomo de Ci,r¡,iiJaJí, iiiii^^r.í^a, de la BiMUItea de Rnutency- 
'a, pág. 4J4'} Cor cieno que eñe teato confirma, legún ya ea hoy »blilo, que Villslobni no en toleda- 

(i6a) hytUri-t dncrifcin dt ta [n,prTÍal íiidná dt Jvin/g, fol. Cllili}. 

¡161) Se ha dicho con verdad que en Zocsdcer, en laa pliHa y caUei loledanaa, y eqtrc au b<dU- 
cioea concucreocia, eitudlaion Mendou, Cervantee, Lope, HrKi y Queredo laa coanunbiee popoleree 
y aprendieron loi lancea y chlitei de que ion refleja luí o brea. No el, puH, mnnTíllique* Toledo bl- 
cieran aervir de teatro de mucho de lui dramaa y novelaa. 

■grado, naa dejí bellliimoa cuadral de cDitumbreí toledanu en eu) noiel» La ilmttrt /rtxtta y La 
f.ma de ¡a (a.v". »"''. límbiín la comedia de Lope /-. ¡luHri frifa (en U parle XXIV da ■» 
abrailmpreuiporVergeaen 1G4.1, fol. 8g). La bien eicrlla novela de Capedes y Meneseí /'af^MH ^ 

noble. LnCigarralndt 7</H<t, de Tina deMoUna, a muy ádl para coaocer iai fieaua, jnefoa, aa- 
raoa, etc., coa que direitia eui ocioa la iunta lacirdad Isltdmim en Gnaa del algia XVI y priodfdM 
del XVII. Ea Et LamariUi de ler^et, y mái aún en la ceniinuaciía de eala novela por el iMéipRtB 
H, deLuua, baypintoreacaa deM»ipcionea de la vida local en el alglo XVI, en que, por cierto, dd en- 
1(B blea libradoi clírígoi y curialei. Vtau tunbKn AmiU-ra, y vidadi GmmAnd, AlfariulH, 
parte 1 .*, libro II, capitulo VIII, en que cuenta Giumin lai que eorrli en Toledo. 
<i6i) Howntco.PouUthaltdm El aneftr tu- tmiginyí.tutluméii 4 frtpuUarcímtiiíimctH 

BiblMfikn andaluces, pdg. iBi. Ba tambita curioH acerca de uto le tan conocida cana de Eugenio d« 



tizcdbyGooi^Ie 



— I4S - 

liCs) Bict VUlBltu en I 
del C*rf,a aríiH, que u 

nKJor pantomimo i npracounU que bi^, ; como m li floi de la ]en|i» en Toledo y de lot únan- 
la, echaae de ler mucho la *ent«)a> fpál' iga)- 

Obaerribaiite en U ciudad cieitailradicloDalu conumbreí ea relaciín A eitai fintai. Ad, K(iin 
cooiu en un docimenlo que he t1i<d en el archivo rnuotciiul, Isi iremlaa de aainei y (usdldoreí ve- 
nían obÜgadoaá proTCeT dedaniaHoee etdla del Corpus 

menUique bajo el titulo de i>>Baii r *^^i » £'><•'(* " ¡" tiftot Xi^I y XV II pahüit tí Sr. Bar- 
bierten¿o//wlV<i<-f<t>i£i>«jl<r/s^/««iri¿niH>, 1S7Í, uaioll, pis. 34S, y e» 1<" de! mimo múako y 
endito Mitajai dr ¡a Mitlorim, que aparedeton en U mira leUiLr, ni'imeroi Vil al XI, XIII 
y XIV. DanH allí nodclai de laa lujoui y Tartadaí daniai, migcar» y auloi arianltada> por e1 Ca- 
bildo para Ue lieiIaB del Corpni y de A[otto en loi aSai isjj, 1ÍS4. int, ij6o, 1561, 1580, ijei, i;B5, 
■ $86, 1590, 1S9I1 1593, i39Si 1594 y 'íífi í 1600^ Ea lai fieitai dej Coipui de 1961 eatuvo contratado 

Coipiudeijgi contaron á cilio del cílebre comediante Alosto de a*nera>. Entre loe nombna de 

Hot át Isltdp Melchor de Hemre, Diego de la Oiiia y Gaipar de Parrai. 

á n S.*- tilma, [el Cardenal Qdro(a]; ún feche Incluida entre lea Oérai ticttUm dtl P. Rivtilnti- 
rn (da la BiUioltc* ét «utarn ttfoMrltiJ. EfitIsUrit, páf. ¡gi . 

(164) Según Hurtado de Toledo, que ewa'ibia en Importante A «MorÍAJau i$is, habia enlonceaea 
U dudad haata denlo coaienta y itete cofradlaa y hennendadei. Tocante á loi ditpcndloi que lolian 
•canear á HU tocios, bien conocido ea en Toledo el antir>o eaniar A adagio: Dci rsjradiai-y ait ci. 
tarral-^lnim A MI himiri—a¡ ksiflttl. 

(l6s) TilW de Molina, Ciliarraín^I ra/mb, •■ perH, libra I. Ei el actual p«eo de MeichÍQ, en 
tre la puena de Blugra y el hoipiul deTaveta. 

(166} Eiiabanlu CiifiVíurfr .Sda^firKiKpar baja delmonanerh) de eite nombre y máainiba del 
puente de San Martin. Entre loi Toledanos era general la devociia 1 loaaiwünaay delacoetumbrede 

[ifi;) Uo hiio de la región toledana que vliW ¡i Goea del ligln XVI y principk» del XVII, Diego 
Ufano, caiHllaoo deAmberea.natunldeYepee.eacrlbio.reipoodiCBdoiilaaficiAn que hacia aquel 



(iM) •... loa ramox» autor» que le han iluilrado y pueito en el punto que agora vemoi (el oficio de 

nueatro ofido también han ddo de Toledo.» 
{yíaít nUrittnids. de AgutHn de Rojal, pigi. s6i y jfii de la edk. de 1604.) 
{169) HabUndo de «le Navarro, dice el docto Pellicer en ni VidaiUCtrva^Ui que na aAIamiioTÓ 

acción'. ¡Eiaityt Jt una BMioItca lU fraiim lartt cfjktitii/f],.. Madrid, 1773, pig. 15;). Aguatin de Ro- 
jea mendona ademdi como notable cómico toledano á uo Na^'nrrim, í quien llamarían asi pan diferen 
ciarle del otro. 

(170) VUlalin. qiH eurlbia en el aegundo leiclo del liglo XVI, dice, entre olrai coiai, de eíioi Co- 
rreal: -Viuen aeyi hombro aHlaiindot par le Iglesia de Toledo, de los qualeí un capitanea doi que 
te llanuin loi Correa), que en U rep refutación contnhaien todoa loa deicuydoi & adioa de loa bom- 

í« aaHfty bfrrltilc (edlc. de loa BiilUflli-l MftXíla, pig. iJs), 

(■71} De la Academia dd Conde de Fuensalida da cuenta el toledano D. Diego Duque de Estrada 
en la uitobiagraria que na> dtjA con titulo de CsmiHlariti dtl ¿•ungaüi^áe ¡Mt-t. kiit.tip., 
tomo XII, vid. pág. 10). Eite D. Diego fui un original peraonaje, alga literata, poeta y autor dramá- 

Aírica, ItalU y Alemania, bieoae fraile en Cerdcüe, donde murió. 



tizcdbyGooi^Ie 



146 — 



la que congngaba en lu cus D. Fnitclico de Khw y Cuimin, Conde de Mo». Concuiilaii 
cntn uiai.BalUHrSlUio d< MkIídíIU, Tamiyo de Vatgu.cl legldaiy gran juiiiconiullo J 
de Cavolleí, •) duln Frineuco de Ctipedea, nieto del Bioceoie, y Lape de Vtgt cuando iba A 
£d iu biblioMca, abundanie en buencn llbiot y cuadiot, loUa el CoDd* nuaii i nu ani«ai en 
dei de bvierna, entiefindoie con ellu i ew faToiitu pláticas litsieriae. Elliia de Hedisilla 
nolleta de «M Academia tn un uciilo titulado £i Vtta di la Putlict ri/aái'li¡,t)ue loídito le 1 
á U Blb. Nac. (mt. 4.3M, fol. 94). Tunbiín t príndpb» del iltla XVII leuníanie aqiKlloi y < 

Ro^ai, que ea aquella eipMndida nu>n«6n, iiniada ceica de la ciudad i oiillaa dd Tejo, ej 
noble Uecenai de muchoi ingenioi. 
(i;i) Eate ceRamen de 1587 ("t orEanuado por la iileiia de Toledo, ¡aterviDlendo en ti c< 



lalinoe ei maee 


raJ.eo 


neBaiboiaAiana 


el naeitro U 


IlipO». 


■1 Uceoc 


ado Herna 


do Bocarro, Fe 


Upe Rtd*, Ped 


Pai.lL 


, Antonio Quinta 


a Duea*», doc 


tordel 


Fuente, 


Alomo Ca 


teUan, F.anciico 


Calero y Fiant 




ueideUHiEUec 




eido 




io Calacin 






»Pe.que«,J«nRodiiIu 


e>de VilUmí 




ociado . 


Llon» Cid 


ron, doctor frey 


DamliD de Ve 




JuauMartlnei. E 




del padre 


UerUlndu 


en 01» ocaaiín 


nombrado, >ol 


relaTÍ< 


a y trailaciiin de SauU Leocadia 


íTote 








MilaalcelDtD 




iwetiai piemiedaí 


que npaiecen 




ónunail, 


KtR Ui cu 


al« hay, en ver- 


dad, nlgunu d 




cato milito. Vé» 


también lobie 






cd: Mimer 






HfíH 


,Mi««,„f«iic 






Irada d,lcmtfP„d, 




LtfcmáU—Rt 




Archini,,, BiUií 


cal j Musm 


lomoV 


(Madrid, 


■875), P*í- 


jas. 


(.») EouiorlDdoc 


amento autenoca 


•iglcXVIapa 




e yo icpa 


el nombre 


deííí«-^a/, Cer- 




10 logia 


ebaopbiadomuy 




davía 


alB>e(u 


oda mitad . 


; aquel aiglo no 


debia de ma de 




.tan», pue. Huta 


do de Toledo, 


refitiín 


Ole en • 


u Ihmtria 




leí llama picfa 


-en teme 




¡Ufiíctr, ctr 


«/",■ y 


•ólo deap 


u¿t, aludleu 


doáloi ucaaot 


proTKhae que 


endUa 




n, dic 


emplea 


ido un juego de palabrai: 



• poi Id qual corrompido el nombre de cifimalf (ilcj, loa lUman cüíarr-aitt.> Ee de nn amena 
como iucow lectura locanie í dicho* afamado! lecreoí el ptecioao libio de Maiiln Camero Lbi cif- 
rralailt rs/c''' [Toledo, 1BJ7J, en que iDB euminadoideide euipunuig de liau iiimolisica, bíilú- 
rico, Ilteraito, agncola, etc. 
(174) Mtmeriai dt BlfKMH tnanulaUn... cap. si. Según HuiUdo, en >u tiempo luiblí enlacíu- 

EepecincanieiaiexiiteoteBrueraydmtio de Toledo en finu del ligio XVI y piinciiHoi del XVII, 
aai como loi denfia saotuarioa, IgleeiM, monaiteiioe j hoipinlei en el liguicnH Irabajo Inédito: 

AfatiUminti yara ¡a irgniuU farU tlt la HUItria dr TtUde, g<u prtmtiii ttcrivir él Dtcltr 
Franciicí dt Pina, Dicatir tnlat Faenlladit di Sania 'I ktcltpa y ArtH tituraltiy CatluiTaÜít lU 
EicrifiuTnn la /ari«« faiviriUad di TeUdt.- fttkei y trdtaaéni tir ,1 mitma n il agt d4 1611. 
(Ha. en folio, pilla, de jii páglnai, exlnenle en la Biblioteca provinclil de Toledo, Sala reHtva- 
d.,9-3)- 

<i») <)aa.itii.Í>i. Xtcuirdti f ttlltmi dt Eifaia. CatliUa la Jítma, ptg. 171. 

(176J Cabrera, W/,/»r-a A íVii>í//, tomo IV, píg. iis. 

(177) Pata conocimiento de laimprenta en Toledo debevene la obra que lleva ate miimo titulo, 
del Sr. Péreí Paator (Madrid, iSty). premiada poi la l^iotecaNic»naL £nk /nlrníiicciiiif de dicha 
obia » capone el deicnTolTimienlo de aquel aite en la impciial ciudad yac danelicia de lo> impcc- 
lorcique tratiajsron en Toledo. 

Lo* que coireiponden al ligio XVI ion: 



i«98.tsosf 



colú Gadni (pian 
10 de VilUquirln. 






— , , 'in-ti*9 

Miguel de Eguia - I5a6-isii 

Criiiabil (francée). IgiS.isaS 

FianciKO Alfaro 1518 

L4iaia SalTago (genoTéa) iS>p-iUi 

JuandeAyalB isjo-ijtis 

Femando de Sanu Cuallna iS38-ij4S 

luanFerreí .s*8-.S6o 

Juan de Ayata (Cano? '....■.... is6o-i5t6 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 147 — 

MlcuelFgiiw ii6i-i¡7i 

LuiíPírei....' i;63 

Ftíoeíico de Cuzmln -. 1563-1578 

JuiDdf líPUiaymvíuda is;s-is^ 

Diego de Ajrali 1J7Í-1J7S 

PediDLipeidcHico 1580-1587 

Pedro Rodrigue! y >u viuda.'.' '.'.'.".'.'.'.'. isSS-i6ii 



Una paitlcoUiidid de ln Üpogníia toledau « la iapn^B de la Bula de Ciutada en la imprenta 
«(Hbladda enSan Pedro miriirdeide qiieaquel manaalerlo dominks abcuv» pus «lio privilegio de 
Io(Rey«Cai6]iCDi.La>piiiaeiuotdei»nia> de la imprenta en Toledo laidlóeni5;i el comiiario 
seneiml j Obiipo de Cuenca fray Beniardo de Fieineda. Ed 1584 hicidoue oirae para la de San Pe- 
dro márlii, cuyo leito trae Pera Pa«or en >u citada obra, ptg. XV, nou. 

Sd el Tccientemente puldieado Eiutft át na calálttn di imfmnrit isfniUln dnát la i^irfávc- 
cUüdt Uimfrinta lutilafinti ilel tigla XfUI, de O. Marcelbo Guiiíireí del CaKo, figura Umbién 
la UiU nominal de iopreioret toladanoe iSrvhla dt ArcMvn, nlimero de Novieiobre de 1900, ptfi- 
oa t}!}, abiervindoie en lae fechae ducrepanciai may noubleí con 1» aiignadaí por el Sr. Fíreí 

<i;8| Fiuid6 en 14B5 el Colegio de Santa Caulina vúgen y miriir, D. FrancÍMo Álvaiei de Tole- 
do para ivelrneciAn de clirtgoi pobreí de] areoblApado, eatableciíadolo en tina» caaae próximai í BU 
Tlrluda. El Papa iDocencio VIU lo aprobú por bula de 3 de £[ayo ds aquel aho y iu mismo fundador 
dióletabiaacoaaTiUKiDnea. AIpríDcjpioailo te explicaban en el Colegio gramiilicB latina y dialícii- 
ca, pcrn poco deapu^ le amplió la enieñania i ocbo catedral, de teología, derechos y uta libéra- 
la. Á inaiancia del fundador, Lean X eipidiú en <i de Febrero de ij» >u bula de eieccUn de la 

por loa Reyei D. Cailoa y D.ajnana poi cídulade lade Majo de 1519. Paulo lU canfirmA la ececciin 
de bt Univenidad y n« privUegloi, concediíndala bula conieiTawria perpetua en sB de Julio de isjs- 
£n 154A el canúnigD y vicario D. Diego L6pei de Ayala formú otras conalituclonea mié extenué y 
apropiadaí t la imporlancia que había cobrado el eilablecimienia. El daanoUo dado i la Univerai- 
dad por el maeilreicuela Alcaiai, que fui como w leguodo fundador, diia da 155J; eotosces el nú- 

liberalea y el griego ee explicaroa ampliaiaeote. Pocoi añoi detpu6i, en 155?! dictdronec todavía 
«aevaay mlii extensas Conslitucjones para el ordenamienio de las cátedras antiguas y modernas. 

Retorique atendieran al cuidado de U capiUa y le adoctrinaran ao las divenas disciplinas. 

Id Uoivermidid de Toledo turo importancia real y efectiva, que lia sido desconocida ó negada por 
ciertos eictitoiea moderno! que en ella y mulo de pasada se ocupsion. Hay rainnes para aarmar esa 

loi que tocante al particular tengo recogidos- Desgrscia fué que la Universidad, muy tloiecieale eo el 
siglo XVI, decayó eo al XVII, como otras del reino; las diferencias y pleitos de caiedrtticoa y cole- 
giales contribuyeron de un modn lamentable A acentuar la decadencia; la ceguedad y espíritu torpe- 
mente regaliiia del clauetro, la sepaiacün injutülicada de Colegio j Universidad rn el ilglo XVIll 
y la funesta centraiisactAn en el XIX debilitaron primero y matanm despuis la escuela toledana, dig- 

Cuanto 1 la Importancia de la Universidad en el siglo XVI sóio me remito kbora á dos ucrilores 
da aquella ¿poca, á quien no eipoaible recusar- Lula Hurtado de Toledo dice que en la Universidad 
• coacurran y se graduan muy abila* hombrea en todas lai ciencias y facultades y por set tan ilustre se 
bienen de otras muchas vnlbcriidades, a encorporar en ella y han crecido laníos en numero que ya 
queata tanto uugndo es esuvnlbersidad recibido como en Bolonia e Salamanca. > (/fii>sr/AÍi/i a<^B- 
•uucciiu mtlai¿tt... cap. i]|. 

dea de derecho y medicina, dice ique se puede con verdad afirmar, que «te acto se celebra con tanta 

ñadclai naa famnsasi. (Dncrifeión átla Imftriía cindjii dr lolidn, i.' parte, fol. 4)-) 
En los conventos de San Pedro mártir, Sao Jusn de loi Reyes, Sao Amustia, el Carmen y U Merced 

alumnos, nuoca pudieron compvilr con la universitaria. 

cradú mocho ao ünportancia. Tenia caráclar de pública y los líteíatoi y eruditoa da la ciudad concii- 
rrian aaldoamante i ella. En ijTSera bibliotecario el clérigo bachiller Jerónimo de Tono, bombí* 



lizcdtyGooi^Ie 



miiy laboiioio que icaliió pin labibliolcca copiude mucli» abru. Deapuii fuéionla luceiivsmcnic 
cl iluM» canónigo ítm qin b acnccDtd coiutdtnblcnHOU con libroi j cddico, J al aucum Ctit- 
lAbil dt Falomarea. En 1591 caoUb* U biblioieca upitotai con tía valúiiitncí impreíoa y 6j6 manut- 

<I79) Pero SAnchei, fiiilorim miraij, fkihmfklca, fola. 1S4 vuelto y iSj. 

(iBo) Hiiltrlt di ;« hitirftiaxin ti/müaUt, tomo II, pia- «]. 

(iBi) Bando, Ulrrahir.i •hUUbt tifaUtla (Bucelooa, iSjal, pát. 14;. 

(iBj) La rcbahilltacián del loledaao NoTaacama blalorlador fui debida alSi. Cánovaí del CaMiilo, 
quien, en el piilofo qaa precede á U Hiilsria dt Ftllfi lll, Rty á4 £j/ada, daraoilid cumpUdanenle 
que el dicho Novoa ce el verdadero autor de aquellas obrai j no Vlvaoco, t quien venian alribqjén- 
doie. Vid. loi loiDoi LX, LXI, LXIX, LXXVII, LXXX -j LXXXVI de la CtUccIói d¡ áicnmtni9i 
intdilet, donde h han publicada loi ciciiloi de Novoa. 

i'iSb) Tanayo dt Variu dijo, y atroi cKTJdirea re^ticniD, qw la Hitluria dt liUdt publicada cdd 
el nomble de Pedro de Alcocer (ni abra del aabio canAnlto Juan da Verfara; opiaián tqulracada, 
pDHCOnata de un modo cenisitno poi teaioide Hurlada de Toledo, Gatibayy algún otro eacritar con- 
tenparóneo y amigo de Alcocer que éatei y tiadle jnít, fué el verdadero aator de aquella obra, 

llampo jtiTgadoi' Aunque no fuerao elloa aolom, harta coniTibuyeron í enturbiar y enmaraiSar nuealra 
hiatorla. Pera li Toledo fué centro de falillicaciúo enioacei, no fué centro único, ni mucho mnoi,- 
racuérdente k» libioi plúmbeos del Sacro Monte 7 lai patraKai foijadaa en Braga peí Alvareí de 
Louaada. Y li la ciudad Imperial fué cuna de un falurio, habíalo aido antea del pnclaro Juan de Ver- 

lai «cclanea de Annío da Viierbo. 

(■■S) Sebaitiáa de Horoico no e>, graclai t iot Sres, La Barrera. Caücle, Aieniio y MaiiiD Ca- 
mero, un deicanocldo en nueiira llterativa. Su nombradla data en realidad de nueatro tiempo, puei 
con haber eicrilo mucho, nada dii á la Impieou, y lólo al cabo de Ireí ligloa han Ido liendo conocidaí 

Covarrubiai dlillD(uKronae en (I ligio XVI por habar dado al eplacopado, al foro y A laa letrai inaig- 

lemente >u> do. hljoi, el iluitre SebaitUn de CovarrubU* y Heroico, autor del Ikiiart dt ¡0 títp,* 
íaitittaní, y D. Jiun de Horoico y Covambiai, Oblapo de Guadix. 
El Sr. Aiíuaio publicó la> obrai dramiticaí de Sebaariiu de Hamaca (Sevilla, 1867), acompaSadaí 



noaai cartas de Mar 




la> notlciat 








Córdoba, PeUieer 




¡man te hici 




ones, muchai de eltaa de g 


an importan. 


hay publicada., co 


■eiviadoee Inéditai laa mi 





leí, el li. 116 de la Bib. Nac. , nadie había utllíiado, qiw yo icpa, haiía el présenle. Martin Camero 
detcribió la> otras doi con motivo dr la publicación del CancitHiri; y de w caudal inódito doy ta laa 

dioi hiitAricoa y á lat cous toledanas. 

<iM1 Fenilndei Vallin, Culinra citHiijtca dt E>failii iH tt ligta XVI. Dlacurao lefdo en w raeep- 
ción como acadímica de la de Ciencias exaclat, ñslcaa y natutahí (Madrid, 189]), pdg. 136. 

(iBj) No hago mencióo de odoa médicoi y raimacéuticoi que en loa ligios XVI y XVII 6or«deTon 

su nombres en el fállela de D. Juan Uoraleda, MidUs, y /arameíulicBt ciltbrt, dt Jtltdú (Tote- 
do, 1890!. 

(■as) Menéndei Pelayo, Atlul^a dt ftttia tirita cattttUuM, lomo VI, p<g. CCCLXXVIII. 

,189) Femlndei de Navaneie, Vida dt GartlUtt dt ¡a Vtgit, Ctl, dt Día. inidiltt, tomo XVI, 
página 8;. 

{190) Égloga III. Tirreno. Alcino. 

{191) Eglt^a It. Albanie, Sallcío, Camila, Ncmora». 

(191) Tamaya de Vargai, Ditp, Gartia d¡ Partdtt (Madrid, ■eii> En e) prólogo titulado Raisi dt 
U,«i^daifar«rtttaiiMmfU. 

Cieno conocido literato del pasado al«lo, en una relación novileacaque riudÓ Manía (Stm. fímt. 
cif.. 1S38. ptg. óio], achacó la muerte violenta de Eliiio dsMedinilla ai ilialie autor de Ei dndtn ctm 
r< '<rii'/«; pero Martín Gamero vindicó áMorelo de esta verdadera calumnia que manchaba su han- 
lada memoria demourando oimptlda mente que el matador de Medlnilla, i al menoa el principal cul- 
pado en lu muerte, íat D. Jerónimo Martin d* Andrada y Rlvadeneira, aeitor de Oiiai. VéaH acerca 



tizcdbyGooi^Ie 





muición K dellib» de M>r 


Jn Gameto 


LtÉ tittrraii 


i. IcUdi, pé. 




bibUopáfico que ae 1 


dodic 


en el £«4 


yiétiína amuiica iipaHeU 


d.¡a,„ra^„yt^ri,a., de 


Gallardo 


Zarco de 


Valí 


T Sancbo 


Rayón, 1. II 


(Madrid, .888) 


col.. (SSI-TCO. 














{.9J) E.eiert-m=nle.™,ib 


eq«enl. 


BUlItltca 


■Jíau 


srii iifaütlH. de RIvad 


eneyra, no con- 


cedleiu na colecuro un rloc 


B al IDled 


00 Media 


la, cu 




doiTerioa od 


n en (Tan pane 
















Uvtia Gamera ucA de U oicurídid la 


beUi>£><i 


rifcU 


« .& ffiín 


t^i.U. que dedica Blliic t .u 


Pfottetor el Cudenü Sandov. 


y Roí., 


\e»o cont 




1. obra 


reparador* pu 


blicando algÚD 


dl> otru poeaíu de Medinllla 


ue divulguen mát la ( 


{.madelinipirado 






(■M) Lmurtlát Aftla,ñ\l 














[>95l Padre Micwl Hit. Pr6lf«oáU 


ue«a edlcidn del 


ll,m.,nc.r. 


itUrilu^, A% 


Valdinelao.— 


M.drfd,,(«o,p.g.XT,. 




















„rin¡ ( 


odavia en inn pnrte tai 


■10) para el co- 


nocimlento de 1» cowniM. 






D>len 


a ya recto 


de San Vlcen 


le por encargo 


deleonegidoiGutürteiTello 


en conteati 


c<¿n al h 


xm>Ka 


nrlo de Ft 


pe 11 pan k 


deicrtpclón de 


lea pnblo. de EipaÜ. en .,76 


y B 1. mi 


nouble d 


etoda. 


la> llamad 


a RríucUHt, 


«f^Afl^t. he- 



lo de Mr. Erneato Utrbníe El ramiUil, di JU 

u» * Mnindti f PiUja... Etludla, dt irud 

Lana ntclA y le ciU en Toledo; fui i máa i 

'tnana Tariaa proYinclai capaBolu di6 couii) 



UM Ven» reariva 
ai alBo Avoi, J dijo: 
—Dolor álacre dt loi cieloi, hijo, 
ladínde eatín lai GracUa, que niniuna 
dt radaa trae pareeeí 
Y el niño laapondlA, conia ya crece: 
-Hadre, no bnaque ya de Huía. una; 

»du"jÚM Vaüá, di ft^íw""' 




Laurli di Afalí.aU 


a Vil 


Bito) venen de Lope (do paHda lea dicho) formín, en mi coneeplo, uno de lo 


mil 


loa dt maddcal entit cuanto) ae han eicrllo en caalellano. 




(.99) Lope de Vega. ta-«ÍJ>^/íA.,aU.ai.« 




(100) LorenioGraciío.HCnVííil-, parte I, ctiiiX. 




(aei) Don Pranceaillo de ZÚÜiga en lu Crónica, cap, LVII. 




(«>) San JuüU de U CruI, colaborador, con.» e> iabido, de Ssnla Teresa en 


1. gra 



venían, que cal. eofa 


e el T.JO. En T 


oledo a 


uuvo oculto en 


n coa» 


nlo de r 




iden, 


dotar, 
(«q) V*«e .cerca 


-.n .mor y 




r«lón. 


y par. mayo. 


..gnrid 


d p«liá 


poco deapuia á 


Almo- 


de eato: Fr 


¿> 


1 dt Ui». StclUtcicli 


-" íií/ 


*<«.. p 


r Ft. Franciae 


Bho- 


co Cida. Tomo 1 d 






MtHtidti } PiUfi... 


B^lmd, 


I dt iTudiciiH iipaiUila, pági- 


■ta. I» á >So. 


















(««) Variwvtce. 


wMti I^pe 


4T 




D loi últiiDoa .a 


oa del ) 


glo XVI. 


Ya en el XVU 




■604 T i««>-'ea>d[6 


avecindado 


ni. 


ciudad 


y allí compu» 


muchaa 


tiuiobr 


a dramillcaa. 




(aoj) L. erudicü 


capaflola 




recia m 


ndo na amplio 


trabajo 


blogriü 


oda D. Juan B 


antüla 


Pérea. En ti entreían 


pueden vei 




aa canu XXIV, XXV 




UI del f. ■->/// 




á Ut ltUli*¡ a Eifaila, de Vilta 






t hay abunda 






vid., obcu y Ir 


ab^oa 


delObiapodeStgorbe. 
















Ftreí fui, i ai, de 






nonbu 


hombre perltl 






hebreo y ¿r.bc 




docto tn wdo (íaero 


ebueaaale 




Fué can 


óoigo mledano 


delde 


sa, y Ob 


«odewiesde 


Febre- 


10 de isȒ huta a6 de 


Febrero de 




.Nomb 


.do Obiipo d 


. Segó 




t Noviembre d 


IJ9I, 




e Mar» da 






del miau» mei 




aenanlf 






AceíadtM traba 


oaenUllbr 


rU 


deUd 


Toledo dlet el Carde 


nal Lote 


>.B.: .Pgal he 


everü 



lizcdtyGooi^Ie 



_ ISO — 

(■calo dKlme lExtD incicdlblli CU quanlin Ubaimril ad waiilioi onaadaBí ■( quodaiuiodo nln- 
iciTiDdim, quuaplaimii cadiclbui encitbcndií u ■lUnim bibliathacmnioi cnBpbvlba, cloidaiB S. 
EccIedB Canonkau D. lokDnei BiptbU Puez: tIi multB Isccunli, cnididonu Dunlfcoig, atqiR 
«DuocJwliDB Dus crillciu...! fSS. PP. TtUImtnim tMlfKttr xlanl O/tra, 1. 1. i^mfmtU, pági- 
iw XXIIIJ, 

Hcnfaidu Pcliyo llwu ■] Oblipo de Ssiaiba •lis ds nacitra Uilorli j omaniEDlo (nndt de nDa- 
axi^ttWt.fHiil.diUiktltr.npaUt., H, pií. 644.I Según d P. Hlcvcn, que. pai cleito, liampn 
clo^inndeinentdlObbpaydctliuieoireipondlda, Ptru murlú pobra y con oplnUn de unto. 

(■oí) Ruu veceg M nunleron cauo nijeiD Ui eoadlciann qae en MuIiidi: butariiidof, >ed[o|o, 
ncrinnule, G16»ro, unoniíu, ecomiaUu, palilica, uqucíloto, poiB, poUglou y orador, todo eiio 
fui y todo an grado emiaente. Deipute de boniar k EipaSa eo la> uckrau eairinjerai, llggi to 1S74 
i ToEedo, donde dude entoDcee rcildiA (ulvo algunat tcmparulai) Bu la caía prafcaa de U Compailt, 
eeal» i la aiidn de vaionei Ilustre! en virtud y lemi. Hí aqiii cdmo na maderno biúftafa d* Mariana 

apreció como le meiecU. Su humilde ipoBaalo eia la corte del laber j de laa in«a>; ea ti ea dliciitlan 
loa punloi mái incriacadoa delai cieodaa coma ¡oí mái ananai déla Uteralara ]r loiiDia varloa de 
la anidlclún hiatórica. No habla negodo grave que oo le le couauluae, si trabajo da hapanaueia, 
comoactude Coocilloi b aiuntaidincUea del Santa Oliclo, que ti, i no tedaetaae, 6 á lo nesoa no 

Jtau át Mariana y tamcialMS UitTiUti. fihn/íí »M>arali'c(, pDi el P. Ftaneiico de Paula Car- 
■An. Madrid, 1889, pig. jB). Mariana fui el confidente de loa Anoblapoa Quiíoga 7 Loajia, cna últi- 
mo aa gran amigo jrpaiiaua. Ya á piinclploi del liflo XVII la eaetgia j aciltud de denoi eacrltoi 
auyuB acairélenle peraecucionea por laa qi>e eatuvo pruo en Madrid un aiio; pero declarada au ino- 
cencia.volviA i la ciudad imperial. Allí murií caii nonaienario, entre loa benornoi de blhlto, en iG 

punto i loa blúgrafoa del aiombivis eKriior calaveíana. ¡Btí. di U Kial AcaiL ár la Hiil., tomo X, 
página «gi.) 

(107) Airibúyeae á D, Alonio da Avaloi, Man]D«i del Vallo, «euido i. Toledo con Cario) V, la 
primera idea de iubirlaiajuaa delTajod la ciudad, eo general un (alta del indlipeoaable liqíddoi 
pero ul loa euayoi hechoi en ijifi por clcnoi mednicoa alemaDee, ni loa (|iia intenurou en i;íi doa 

tlcado y dlacdiTido aobre el aaunto, pero ocupado conitantemente por el Emperador, nada habla po- 
dido hacer. S6I0 (nnacuiridca algunoa liki* deapnía de la muerte de aquél, Jnuelo, penalonado y pro- 
tejo aficHincDla por Felipe II en tan úlll empreea y previo cierto contrato can el Rey y el Ayunta- 
miento (i5í}'> tañí á au cargo la cODatrucciAu del primero de vía lugenioi, que ae aabe funcionaba ja 
con antEriotldad á 1170, qulií deade 15U. Enlie el canairncior y el Ayuntamiento hubo plelloi y dia- 
guitua por nef arac ¿ate k cumplir lo pactado, en raaún k conilderar leaa y damnificada á la clndadi 

afua que elevaban uno y otro, equivalente A uiiaa cuatrocianlaa cargaa diariu \\ft% hectolítroi), era 
del todo InauGcienia para ]a« necesidadea de ciudad tan popula»; asi que, durante todo eJ tiempo en 
que loe atiificioi funclonaioui albeie que loi aguadotOi un numeroaoa en Toledo (aucboa da elloa 
ftancetea), aegiáan aublendo elagu del ría, coma anleí, ea ana bealiai. Laa crecidaí del Tajo, que 

aolicltu poco antea de au muerte, ocurrida en t] de Junio de isSj, i loa ochenta y cinco afloa de n 

Aguatin de Hojaa, que eacribia á príncipi 

quina Peralndei del Cattillo halla 1Í16, I 
del Caadllo Hivadeneira, y k íaic, en 1639 
lat nada acerca del particuUr. 

Ajnbroaio de Moialea, gran amigo de Ju 
celebérrimo artificio haciíndote leuguai d 
U, 157!. folioi 91 i ^ vt") En Duchoa an 



elCaalilloipero 


por 


r; 


bia tenar que ver, cuando 


aiglo XVII, habla c 




miración del «-dEcio, como 








uel ligio atendió i la mi- 


murió; .ucediól 




lam 




■ 1 Luía Maeitre, 


lu 


ued 




detc tibió minuc 


oía 


bie 


que harto oecuramente, el 








ivámdi, di SifaAa, Alca- 


y librui modem 


aaehah 


ablada de aquella invención 


a de llórale.. E 






ida otia aobre atqullectoa. 


(lomo H, pig.. . 


00 


105) 


yen el apéndice XVI apa- 


enieto. Puede v. 


le 


lamb 


én el articulo de D. NicoUt 



lizcdtyGooi^Ie 



- isi — 

HialB J^iMmtUTuTrimMyíljMmimMrlijkii <U TWaJ», ttaM nal Sim. flm. a^., ^b> iSj^, 
pá^aiasgyijB. EslapRclauy cxUliHmciBOlUdgD. LdsdtU tñiMmmBI mrO^itát y^iuu- 
iir'lffUtiliJvtirCtiitT.vtpitVitLf, la Aeiddnliiilt Oeaclusiactu, fMcuTiunirala.Ola- 
drid, iSSB) H din mái ibnndintc) notieUi ]r h ucUnes si oicuro mn de Monis, poDiéndoM en 
'[lugar que jiBlameots le coinipande á li ■lempre sauble obra del UuiUe lambirdo. 

(loa) Para cowciíalanto de la itao falange d« arliitai qut ttabajibaa ea el ilfla XVI pva k ca- - 
ledialdeTaledodebincoDiularHlaiciaocidaiobtatde Cean Bumiidei, Llaguno y el Conde de U 
Vilau y loa necttmtnlai íhUÍIhi fara la ki¡Hir¡a di lat itllas *rUl «■ Elfaüa, de D M. R. Zuco 
del Vane.lnierlDteael tomo \,W átW CaltrcióinCt lin'Hmrmlai imíJilcí, pkg. »i. 

En el ARbiTo hiMArlco nacional, caja 130, PafrUi di la caliáral di iBltdB, IB coaitrvan docu- 
■Hnmadegniididnio IniErCí pan UbiHorUartiidca dil templo primado ene] ilglo XVI. AlU utl U 
hliDrlada lai hetmoiiauíiaa veijej de Villalpasdo j de maot re Domingo (que liempre le firma aal y 
nc Domlicft dt Cttfidtt, como ba venido llapiindoaale deide Celn Betmúd» íci); hay documen- 
I» relatiioi i AndmD, toi Vertirai, Felipe de BoigoDa ; olroi mil y di» y leii reliElvoa t Alonu 
fiemvwu y tiH obrai ca laCiiedral y en elHoipItalde San Juan Bauíüti. 

(309) En laa iLüvnAOioim ICLcluyü ua nuevo documenta relativo al Greco y í naade aiu principales 
obniícual et al ootabUiílmo nublo en la capilla de Sujoií, en Toledo. 

(lio) 14adi*,que yo icpa, entre nueitiai hlMorladoreí y crilicoi dearte he HÜialldo la nacio- 
nalidad de Hayno, qnedejó en Toledo untu muaaira* de au babilldad en la plncizn. Afimio yo- 
qne Tud ilMliaitt ñindiodome en el teitimonki de ni cantemporinea y amigo el poeta Etiaio de Medinl- 
IU,M«únelcuaI en la librería paidcular del Cande de Mora, en Toledo, había diei lienroi de aquel 

üor gloria i ni patria Italia, que wi anteceaor Jann del Mayno con lai letiui. 

(111) Mariua, HUtariadt Eifnia, llb I, cap. IV; Cenanleí, PirtiUi y Sífiímimdt, lib. III, 
capitulo VIII; Tirw de HotlDa, C/g-trrittu di 7<>brfe, <.■ pane, lib. I; Graclán, El Crilici*, yatti, 
crUX. 



tizcdbyGOOl^Ie 



DijilizcdtyGoOl^Ie 



ILUSTRACIONES Y DOCUMENTOS 



lizcdtyGooi^Ie 



lizcdtyGooi^Ie 



Vas tradlclÁB lafkiBdada. 

EL INCENDIO DEL 9KLA.C10 DEL MARQUES Di: VILLENA EN 1520 



Una tradiddn popular, en Toledo y aun en todn España muy acreditada, re- 
fiere lo siguiente. Después de la batalla de Pavía llegó el célebre Duque de 
Borbda á la ciudad imperial, Tendencia á la sazón de Carlos V, donde fué obse- 
quiado por éste, como era conveniente hacer con personaje de sus circunstan- 
cias. Tenía el Marqués de Villena un suntuoso palacio en Toledo, y el César rogó 
ú ordenó al Marqués hospedara eo él al Duque. Harto desagradó el precepto ó 
deseo imperial al de Villena, para quien, como para los demás nobles castella- 
nos, era el de Borbón persona antipá'.ica y repulsiva; pero, obediente i la volun- 
tad de su soberano, aparejó su morada, aunque advirtíendo al Emperador que 
tan luego como de ella se ausentara el Duque traidor á su Rey y á su patria habfa 
de abrasarla, como casa contaminada é indigna ya de servir de habitación á su 
leal y honrado dueño. £1 Marqués abandonó la casa, llevándose á su familia y 
servidumbre, y el Duque se instaló en ella con su séquito y residió allí el escaso 
tiempo que permaneció en la ciudad. Ausentóse Borbón de Toledo y, transcu- 
rridos pocos días ó pocas horas, una mañana apareció el señorial palacio ardiendo 
por ios cuatro costados á la vez, con incendio tan formidable que uingdn es- 
fuerío bastó i extinguirlo, consumiéndolo todo el fuego: edificio, mueblaje y 
cuantas riquezas allí ae encerraban. Asi satisfizo el Marqués de Villena su pun- 
donor y lealtad, y ni en su vida ni en la de sus sucesores volvió á levantarse el 
deshonrado palacio, cuyas ruinas atestiguan aun la verdad de un ra^o tan seña- 
lado y memorable. 

Esto narra, en sustancia, la añeja tradición, más ó menos modificada (i) ó en- 
galanada con pintorescos detalléis. Pero esta tradición oral, que aún repite el 
vulgo, se convirtió tiempo ha en tradidón escrita, elevándose i la categoría de 



(i> Hun modlGMd* atcuiu tu. En «1 pulAdlco Mam dt ¡ti //i»ai. lanía II (Madtid, 184S}, pl- 
ikia tS*, putde nne un bms uiIcuId iii&nimii, litulsda ¡ftiU ergaUíi dt ■■ axtípáú Grandi át 
BtfmiU, m que H illú* en Ifadrid si pslado del Huqaé) de Villcu donde dUpiuo el Enpendot H 



lizcdtyGooi^Ie 



- IS6 - 
suceso rea! é histórico. Acogióla como Ul RoberCson en su Historia del Empera- 
dor Carlos V (libro IVj, y posteriormente siguió corriendo con entero crédito y 
ligeras variantes en artículos y libros modernos, tales como el trabajo anónimo 
Los piados de Villena, en el Semanario Pinioresco Español, tomo de 1850, pá- 
gina 185; la Historia general de España, ú& Lafuente, tomo XI, parte 3.', libro I, 
capítulo XI, nota; Parro, Toledo en la mano (Toledo, 1857), tomo II, pdg. 6SS; 
Quadrado, Recuerdos y bellezas de España, tomo de Castilla la Nueva, pág. 303; 
Martín Gamero, Historia de la ciudad de Toledo (Toledo, 1S61), pág. 909; Pastor de 
la Roca, Los palacios de Villeita en el Mtiseo Universal, tomo de 1867; Martin 
Arnie y Olavarrla, Historia del Alcázar de Toledo (Madrid, 18S9), cap. III, pág. 69; 
Duran y Lerchundi, La toma de Granada (Madrid, 189 j), tomo I, pág. 317. y aun 
en algunos otros (i). 

El ilus:re Duque de Rivas atribuyó aquella acción, en sus preciosos y harto 
conocidos romances Un castellano leal, no al Marqués de Villena, sino al Conde 
de Benavente. El Sr. Fernández de Béthencourt ha prestado recientemente más 
fueria á esta atribución al sostener que quien incendió su palacio de Toledo, 
después de haber hospedado en él á Borbón por mandato de Carlos V, no fué 
D. Diego López Pacheco, Marqués de Villena, sino el Conde-Duque de Bena- 
vente (Historia genealógica y heráldica de la Monarquía española, tíc, tomo II, Ma- 
drid, 1900, pág. 310, nota 4.) 

El hecho de que un magnate español del siglo XVI, llámese Villena 6 Bena- 
vente, haya destruido su palacio en holocausto al sentimiento de lealtad, como 
á manera de protesta contra un precepto de su soberano, y soberano como el 
Emperador Carlos V, paréceme hecho bastante digno de esclarecimiento para 
que, examinadas sus condiciones de verdad, sea en definitiva acogido por la 
Historia ó relegado á los dominios de la novela. Examinemos, pues, los funda- 
mentos del real ó pretendido suceso. 

Lo primero que llama la atención en el asunto es el silencio de los antiguos 
historiadores toledanos. Ni Pedro de Alcocer, ni Pisa, ni el Conde de Mora {2}, 
ni Román de la Higuera, á ratos historiador y á ratos /a¿u//.r/a, hicieron la menor 
aluMÓn á un acaecimiento que debió ser üin sonado, y del que tinta gloria hubo 
de reportar un habitante de la ciudad y la ciudad misma. 

En los genealogistas antiguos, idéntico silencio. López de Haro, en su cono- 
cido Nobiliario (Madrid, 1 637), que trata por extenso de los Duques de Escalona, 
Marqueses de Villena (tomo II, págs. aSs y siguientes), enalteciendo sus hechos, 
nada dice del que quizá hubiera sido el más señalado de todos. Nada dice tam- 
poco de! suceso al referirse í los Pimenteles, Condes de Benavente (tomo 1, pá- 
ginas 118 y siguientes). No de otra suerte procede Pinel y Monroy en su Retrato 
del buen vassallo, etc. (Madrid, 1677), obra dedicada á un Marqués de Villena, y 
en la que tanto se ocupa en esta ilustre casa y en el célebre D. Diego Lopes 
Pacheco. Tampoco dice palabra sobre el asunto Salazar y Castro en sus magnas 
obras de las casas de Lara y Silva, donde tuvo que referirse con frecuencia á 
Villenas y Benaventes. Igual silencio, aún más significativo, en dos cronistas de 



TimbUn en mü Guia át lettdo Kcagl J rcpcli yo cite lelato, lan pcpuUr en 
|iK mantiulíndalc denuo de ]a> limliti de una ■hidorla k tradición lomanceai 

La HUIsrU d<] Conde de Mora aólo alcania i Snea del a^lo XI, reinado 
, coa el desorden un frecuente en obiaa bijiórlcu de aquella ¿poca, auele reí 



lizcdtyGooi^Ie 



— 157 — 
la ¿poca, que prciseadaron en Toledo, y namiron eu sus escritos, los sucesos allí 
acaecidos en aquellos años, á saber: Juan de Vandenesse y D. Francesillo de Zú- 
ñiga. Ambos hablan de Borbdn y de su estancia eo la corte; pero ni aquél en su 
Diario de los oiajei de Carlos V, ai tete en su donosa Crónica y en su Episto- 
lario, hacen la más remota alusión á semejantes sucesos. V á Te que un aconte- 
cimiento de tal Índole y resonancia prestábase bien i arrancar del desvergon- 
lado bufón todo género de satíricos y sabrosos comentarios. 

En algunos historiadores del siglo XVI hallo ciertas noticias relacionadas con 
el asunto en que me ocupo. Fué el primero de todos, á lo que entiendo, Francisco 
Guicciardiní, que eacribia su famosa Historia de Italia por los años 1530 á 1540. 
En el libro XVI de su obra menciona la llegada de Borbón á la corte del César 
y los agasajos de que fué objeto, añadiendo que uno de los señores cortesanos 
■ricercato in nome di Cesare, che consentisse che ¡1 suo pnlazxo gli fusse coce- 
dutto per alloggiameto, rispóse con gradezia d'animo Castigliana; non potere 
dinegare a Cesare quanto uoleua; ma che sapcsse, che come Borbone se ne fusse 
partito, l'abbrucierebbe come palasio infetto dalla infamia di Borbone, & indeg- 
no d'cssere habitato da huomini d'honore* (pig- 47S de la edic. de Venecía. 
MDCXVI). Guicciardini no da cuenta, según se ve, de incendio alguno; sólo aco- 
ge y repite la arrogante reapuesta dada á Carlos V por un anónimo caballero de 
su corte (i). De Guicciardini tomó, sin duda, la noticia Gonzalo de lUescas, que 
dice lo siguiente: «Cuentan algunos vna cosa notable que le aointcscio al Empe- 
rador con cierto cavallero de su corte, que auiedole mandado que diesse su 
casa para que Borbon posasse en ella, respondió con vna constancia y grauedad 
española: No puedo seilor negar á Borbon mi casa porque V. M. lo mada, pero 
en saliedo el della la podre fuego». (Segunda parte de la Historia pontlfital y ea- 
tkotiea (Salamanca 1573, lib. VI, fbl. 385). Más parco fué el Obispo Sandoval ni 
referir el suceso, repitiendo lo dicho por Guicciardini é lllescas, aunque con la 
variante de que el siempre anónimo caballero dijo que en cuanto Borbón salie- 
ra de su casa *la auia de derribar hasta los cimientos». (Histeria de Caries V, 
tomo I, lib. XIll, párr. XX, pág. 589 de la edic. de Barcelona, 1625.) 

Las pruebas son hasta aquf negativas. Por ninguna parte aparece la personali- 
dad del Marqués de Villena ni del Conde de Benavente, ni que Borbdn se hospe- 
dase en casa de uno de estos magnates, ni que ardiera In tal casa por obra de su 
propio dueño. 

Siguiendo la investigación, observaré que con el Conde de Benavente no pue- 
de relacionarse esta historia, en razón á que los Pimenteles-Benaventes, de orí- 
gen portugués y establecidos de tiempo atrás en Castilla la Vieja, nada tenían 
que ver con Toledo, ni en la ciudad poseían palacio ó ca.sa principal. No asi los 
Pachecos, Marqueses de Villena, Duques de Escalona, que desde el siglo ante- 
rior tuvieron su señorial morada on la iurisdicción de la parroquia de Santo 
Tomé é inmediata á la antigua sinagoga, conocida desde la expulsión de los ju- 
díos con los nombres de San Benito y el Tránsito de Nuestra Señora. 

Fué esta casa famosa en Toledo. Atribuyese su erección al célebre Samuel 
Lev!, ó bien Símuel-ha-Levf, tesorero y privado del Rey U, Pedro. Tiempo ade- 
lante, pretende infundada tradición la adquiriera y habitara el no menos céle- 
bre D. Enrique de Aragón ó de Villena (generalmente llamado Marqués de Vi- 

((} A puude lo cual nueitro madeni) biinrlador LafuenUial rcfciinc al relato de Gulcclirdlnl, 



lizcdtyGooi^Ie 



— IS8 — 
llera), i ^uien el vulgo indocto supuso nigromante y hecbicero (i). En tin, Enri- 
que IV donó aquella casa á D. Juan Pachecho, primer Marqués de Villena, á cu- 
yos descendientes por mucho tiempo continuó perteneciendo. En aquel palacio 
hoy arruinado (a), á cuya mencidn fueron sieilipre unidas en el ánimo del pueblo 
consejas de brujas y trasgos, juntamente con el recuerdo de seres tan misterio- 
sos como Samuel Levi y D. Enrique, posó el Dnque de Borbón, según la leyen- 
da; aquél fué el palacio que, hollado por la planta del traidor, fué reducido d 
escombros en 1536 por su dueño, el noble y pundonoroso procer castellano. 

Veamos ahora si con el auxilio de libros y documentos pueden aportarse á fa- 
vor ó en contra de la leyenda ó pretensa historia algunos datos más que los ne- 
gativos de que hasta aquí únicamente disponemos. El ilustre y diligente histo- 
riador de las Indias, Gonzalo Fernández de Oviedo, autor coetáneo, escribió una 
JtelacÜH de lo sucedido en la prisión del R^ de Praneia, desde que fui traído en 
España, por todo el tiempo que estuvo en ella, etc., varias veces mencionada en las 
notas al discurso que antecede. Oviedo, que estaba en Toledo en ijiS, narra 
largamente los sucesos que presenció ó los que personas verídicas le contaron, 
con grao minuciosidad de detalles, hasta el punto de que su SetaeUn es la fuente 
más importante que para nuestra historia local de aquel tiempo existe. Relata 
por menudo el recibimiento hecho en Toledo á Borbón, da cuenta de su figura, 
nt traje, su séquito, sus pláticas con el Emperador, sus mutuas finezas. Ambos 
personajes subieron directamente a) alcázar, apeáronse y el Duque cenó allí 
aquella noche con el Conde Nasao, gran Camarlengo. Después volvió á cabalgar 
Borbón y (se fué á su posada, que fué la cnsa del Conde de Cifuentes* (i). La 
añnnación es terminante. Por lo demás, ni palabra del de Villena, cuyo nombre 
no figura en el recibimiento del Condestable francés ni en los demás de aquellos 
años, no obstante mencionar el cronista á muchos caballeros que allí estuvie- 
ron presentes y cuya importancia social y política no era, cierto, mayor que la 
de D. Diego Lópeí Pacheco. Por su parte, Sandoval tampoco nombra al Marqués 
entre los grandes que en aquel tiempo acompaílaban d Carlos V. 

Queda, pues, demostrado que el Duque de Borbón no se hospedó en el pala- 
cio del Marqués de Villena, con lo que cae por su base la leyenda del Incendio 
d que condenó su dueño el edificio. Por tanto, aquí podria darse por terminada 
la probanza. Pero mis investigadones acerca del asunto me permiten afladir 

(1) Y( obmA Qndnda, ■■ mur út\ palacio de VlUen), que •» maj tectono que «1 ubio iak%- 
nue da U corla da D. Juaa II haya naldido janili cd (1 eludo •dificlo. Fot otra pane, para oída 
ueacloBaD al ocopan* as iqucl pcnoBaJa ni cataDcU j hechketiai n el palacio de Toledo Radn y 
Aadiid* ni Fcináadai-GuErta, ciodíhu da la Oidco de CalatnTa, de que D. Bniiqi» Sat maeil», ni 
U«Ciafoi luyoi tan coucieaiudoi como Nlcolii Anignki y PelUcec, d1 más inodeniaiiieBle D. Juan Ce 
16b 1 ColdB, Hartteobiuch, Laiio de U Ve¿a y Couielo, que en aidctdoa y tilba)ai publicado! en di- 
(«niu levbua haa «udiade la vida del oalaTentutado Seftoi de Iniena. 

(a) Pan coDO^BileQlD da lo que hatu mieetto tiempo quedaba del palacio de Villena, puede verte 
la deacrlpcIÍB de D. RadrlfO Amador de loi RIoi en el articulo que tituló ¿^{^(eftii >a>>'í(>rnBA'iVa- 
iti m leUda (RiviiU it Arckivat. BÍbtiMic¡t¡ f Mmoi, iSo IV, 1900, núm. }, pti. 137.} 

FOD, decididamente, nuiMioi moaumentoi hktArlcot hibni mafala. A la hora en que eiio eicribo 
lo< fiínUlmo* muroa y báredae, únicúi reatoi de aqbTlla ayer eipUndída morada sobre la que la tradi- 
dÍB parecía haber Impreao lu lello, caan i loi colpet de la piqueta, paca aprovecbamiaata de loe ma- 
icrlalea por quien legabnenie puvde hacerlo. 

<j) Fcmiitdei de Oiledo, Ritaciix... pi£, 419. Borbón panl6ie de Toledo «el lefundo día da cua- 
rMnut, iuevu qidnce de febrero del dicho afio [>:•<] pva ge lomar i Iulia>. Come habla llegado á la 

coa» la bailardeada tradidúa at^ne. 



lizcdtyGooi^Ie 



— IS9 — 

algunas noticias más, que pulverizan la infundada tradíciáa al par que arrojan 
nueva iHi sobre la historia del célebre palacio eo el siglo XVI. 

El embajador de Veneda Andrés Navagero dice en la relación de su viaje por 
España: <MuchoB grandes tienen en la (^dad hermosos palacios y residen algu- 
na vez en ellos, como el Marqués de Villena,..' (i). Ahora bien, Navagero perma. 
necio en la ciudad, según él manifiesta, desde el 1 1 de Junio de 1 535 hasta el 34 
de Febrero de 1536, es decir, hasta nueve días después de la partida de Borbón, 
quien se ausentó el t¡ del mismo mes, y á haber acaecido el incendio, del que 
pudo ser testigo presencial, no hubiera hablado del palacio de Villena como de 
edifido existente. 

Examinando yo papeles en el Archivo muaidpal de Toledo, topé casualmente 
con un documento para este caso curioso. Son los autos de un pleito que 
en 1538 se siguió en la ChancíUería de Valladolid entre la Ciudad de Toledo y 
el Marqués de Villena (a). La corriente de las aguas bajaba desde la parroquia 
de Santo Tomé, por la plazuela del Marqués á dar en las casas ó palado de su 
mayorazgo, con notable daño del edílido, y su dueño pretendía que se encami- 
nasen por la calle del Horno abajo. En 1538 seguía, pues, en pie el palado 4e 
Wlena. 

Gosaban los Marqueses de Moya de una antigua prerrogativa; la c(^ eu qut 
bebían los Reyes el día de Santa Luda (13 de Didembre) era luego suya si 
aquel día estaba el de Moya en la corte. Estando, pues, en Toledo en Didembre 
de IS59 Felipe II y también el Marqués de Villena, que lo era de Moya, envió el 
Rey al Marqués una rica copa de oro con su sobrecopa. Con gran séquito de 
guardas, ministriles y músicos llevóla D. Luis Méndez de Haro al Marqués, que 
e^aóa en jus casas, y hecha la ceremonia de entrega de la copa, á que corres- 
pondió Villena con frases de acatamiento por la merced que el Rey le hada en 
guardarle sus privilegios, obsequió en su mismo palado á Méndez de Haro y sus 
acompañantes con un espléndido banquete, dando además á aquél dos hermtnos 
caballos y quinientos ducados y otros quinientos á su gente. El periodíita tole- 
dano Horozco, de quien son estos avisos (3), da cuenta de tas bizarrías de aquel 
espléndido Marqués de Villena, quien 'labró y aderezó las casas que en esta 
cibdad tciÓA muy viejas j muy maí/ratiidasi.íle.hlaa de estarlo, en efecto, pues 
contaban dos siglos de existenda; pero ni hablan sido incendiadas ni demolidas 
ni Horozco dice cosa semejante, aunque la ocasión se prestaba grandemente i 
recordar el romancesco suceso. 

Pocos años después, en 1565, D. Francisco de Toledo, embajador de Felipe II 
en el Concilio provindal entonces celebrado, hospedóse en las casas arzobispa- 
les; pero mientras ae le adereíaba el aposento estuvo enfermo algunos días en 
las del Marqués de Villena (4). 

En ñn, el palado seguía en pie á prindpios del siglo XVII, pues el Dr. Pisa 

(i) PubUcAUTeteelAadeHantcreelSr. FabUcDk» Vl^/nter Eiftita át la colccciin ¡Jimí 
^«<«l*. {Madild, i8;9.} Vid. pl^. tj;. 

(■] Archín DUBieipal de Tokds, cajdn4.*', legajo i.°,nün. n, 

(j) Ktladím r mrmirria át la tnlraám M »<> titJad ¡tt 7¡>U>I; áít ItiT f Rtint HutilTPi Státrn 
Dm ftUti f Data battU ) dit TtciümitHlB y fittlai f atrai cans,**sdt i¡6i. [BqulTocada HU 
ftcba.] htcíiúiB taUt litla;ie*H MtUricat Jr liM tifliri XVly XVHitlaSx. da fiiblidf. eipaüi. 
(Uaditd, HDCCCXCVI.) Vid. pl^a. 74 T». 

(4) Hnnaco, HilmcUn dtl CanetHf frtviHiia etUértdá n l^Ma m Jjd5, que va ladulda en lai 



tizcdbyGOOl^Ie 



f — l6o — 

cita en\a Historia en primer tármino ttüre las catas muy frindpaUs de señores 
titulados y do titulados que en su tiempo había en Toledo la del Marqués de 
WAcDA d la parrockia de Sanio Tbw^ (libro 1, cap. XIX, folio XXX), Es claro que 
no habla de citar como casa muy princlfigl existente un montón de ruinas. Tene- 
mos, pues, pruebas irrebatibles de la existencia del palacio de Villena en Toledo 
hasta casi cien años después del tiempo en que la tradición le supone devastado 
por el incendio. 

A forjar la novelesca tradición han contribuido, en mi concepto, diversas cir- 
cunstancias históricas, deformadas y amalgamadas por el vulgo, siempre pro- 
penso á lo extraordinario y maravilloso. Ocurrió aquí aquello de oir eampOMOS y 
no saber dónde. Y ahí va la prueba. Es indudable que á la entrada del príncipe 
francés en Toledo precedió cierta orden dada por el Emperador á un personaje 
de su corte. Pocas horas antes de salir Carlos V á esperar al de Borbón, envió A 
su mayordomo mayor á decir al Duque de Calabria que tuviera por bien ceder 
el puesto en que habitualmente y como príncipe de sangre real solía ñgurar en 
público al lado del Emperador, pues era su voluntad lo ocupase el Duque de 
Borbón, á quien deseaba honrar así aquel día. El de Calabria accedió gustoso, y 
Borbón entró en Toledo al lado de Carlos V. Que mediara otro mandato del Cé- 
sar á un para nosotros incógnito caballero ordenándole alojar á Borbón en su 
casa, es posible, pues así lo dicen Guicciardini é Illescas; téngase en cuenta, em- 
pero, que lllescas debió de tomar su rchito del de Guicciardini y que el célebre 
historiador florentino no siempre es digno de crédito. Pero si tal orden existió, 
no llegó á cumplirse, pues que Borbón se hospedó en caí» del Conde de Cifuen- 
tes, con el cual no reza la leyenda del incendio, ni nunca tal le atribuyó la tradi- 
ción popnlar. Que se le haya aplicado al Marqués de Villena ó ai Conde de Bena- 
vente puede explicarse por el caricter y especial condición de aquellos magna- 
tes. D. Diego López Pacheco, Duque de Escalona y Marqués de Villena, y don 
Alonso Pimentel, Conde de Benavente, desempeñaron al comenzar este reinado 
y cerca de la persona imperial papel importante. El de Villena, personaje de 
mucha cuenta, como es bien sabido, eaérgico defensor un tiempo de los derechos 
de aquella princesa á quien llamaron respectivamente sus parciales y sus contra- 
rios la Excelente Seüara y la Beltraneja, parece sujeto idóneo para protagonista 
de la decantada historia. Pero la importancia política de D. Diego se retrae prin- 
cipalmente á los anteriores reinados y ni acaso estaba á la sazón en la corte el 
antiguo defensor de la Beltraneja. Cargado ya de años y de achaques, quizá vege- 
taba más que vivía por aquel tiempo en su palado^alcázar de Escalona, donde 
murió en 1519. 

Cuanto al de Benavente, recuérdese, en testimonio de lo enérpco é indepen- 
diente de su carácter, lo que narra Sandoval como ocurrido en el Capítulo de la 
Orden del Toisón celebrado por el Emperador en Barcelona en Marzo de 1519. 
Dio Carlos V el hábito y divisa de la Orden á varios grandes castellanos y ara- 
goneses, pero «el Conde de Venavente no la quiso diziendo, que él era muy cas- 
tellano, y que no se honrava con blasones cstrangeros, pues los avia tan buenos 
en el Reyno, y á su estimación mejores», (i) Hombre de tal temple, si no incen- 
dió en Toledo una casa que no tenía, verdaderamente era capaz de incendiarla. 

Téngase en cuenta, por último, que D. Rodrigo Alonso Pimentel, 4.° Conde 
de Benavente, padre del Conde D. Alonso, i. quien se refiere la anterior an£c- 

<i) W(f. ^f Car/o 1^, pinc >.■, lib. III, g XXXII. 



tizcdbyGoOl^Ie 



— i6i — ,r? 

dota, había casado con D.' Maria Pacheco, hija de D. Juan Pacheco, Marqués de 
Villena, y por tanto fué cufiado del Marqués D. Diego, i quien la tradición atri- 
buye el inceodio de su palacio de Toledo. Todas estas circunstandas pudieron 
originar confusiones que, transcurriendo los aflos, dieron por resultado una con- 
sejo que corrió de boca en boca; la conseja fué recogida por algún escritor cu- 
rioso y hela ya, poco después, ñgurando entre los hechos mejor comprobados. 

La estancia, pues, del Duque de Borbón en el palacio de Villena y el incendio 
del paiado por su dueño no son sucesos históricos, sino invenciones novelescas. 
íPierde algo la historia patria, ó siquiera la particular toledana, con esta afírmar 
cióní No por cierto. Harto generosos hechos de autenticidad indudable esmaltan 
nuestra historia para haber de recurrir en busca de glorias al campo de la fí<x¡ón, 
bien que la ñcción sea grata y poética. La Historia y la Poesía se mueven en ár- ■ 
bitas tan distintas como distintas son las facultades discursiva é imaginativa. 
Amables son por igual Clio y Caliope, como hijas ambas del cielo, é ignalmentc 
respetables sus derechos. Dése, pues, á cada una lo que legítimamente le perte- 
nece y saldrá ganando con ello aquella gran virtud, excelsa entre las car- 
dinales. 



lizcdtyGooi^Ie 



S*hre «ma cnrios» práctica cm la Catedral de Toledo. 

EL OBISPILLO DE SAN MCOLAS 



Un escritor toledano del siglo XVI da Dotida de cierta original costumbre de 
la iglesia de Toledo en los siguientes términos; 

«Solíase en la sancta Iglesia de Toledo cada aflo sacar vn obispo de los cleri- 
íooés, y vestíanle de grana, con bonete de lo mismo con su roquete, y mangu, y 
capelo negro con borlas verdes, dia de San Nicolás, acabada Prima, y alli tras el 
choro hazian vn gran tablado, y en el estallan los Canónigos y Raciooeros, y 
con mucha mdsica le sacauan alli, y estando de rodillas, de lo alto se abría vna 
nube, y sallan delta muchos angeles apiftados que bajanan hasta llegar cerca de 
la cabeta del obispo, y poníanle en la cabeza vn bonete, luego venían los clerí< 
iones, seises, y lectores, y acólitos, y hechos disfrazes metían vna acémila con el 
repuesto dei obispo, y todo aquel dia y el de Sancta Lufia, andauan por la ciu- 
dad corriendo de vnas partes á otras hazíendo mil trauesuras. Dizese que yendo 
vn dia vno destos obispos á la sisla le arrastró vn canallo 6 muía, y que le ente- 
rraron en aqnel Monasterio, y que cada año van alli los disfrazados, y le dizen 
vn Responso á canto de ot^ano. 

■DurauB este Obispo hasta el postrero dia de Pascua de Navidad, y tenia en el 
choro silla, y distribuciones de vn Racionero. Este dia de los inocentes Io« Canó- 
nigos y Dignidades, se vestían como clerizones, y Iteuauan i cuestas los libros, y 
vno se vestía como el Perrero de vna ropa lai^a de grana, y trahia en la mano su 
asóte; seruian de mudar los libros y haier todos los serui^ios que solían hazer 
otros dias los clcrizonesi traían los labradores á confirmallos delante del Obispo, 
el qual tenia vn plato de ceniza, d harina, y harínauales las caras, de donde se si- 
guia gran risa, y chacota. Todo esto tubo su principio en la milagrosa elecpon 
de San Nicolás grande obrador de milagros. V asá casi por el mundo se celebro 
con semejante ceremonia, y creo en Toledo de muy atrás por ventura desde 
poco después de la muerte del santo. Pero entraron poco á poco en esta sancta 
y ediñcativa commemorazion y ceremonia muchos abusos, como el andar por 
todas partes hechos disfrazes, y el obispo, con risa de los que lo .veían profana- 
uan con sus cabalgaduras los templos, y hazian ridiculo el sacramento de la con- 



lizcdtyGooi^Ie 



- I63 - 

ñrm4dán... No era este obispillo puesto en aquel lugar por elección, mno por 
suerte que hechaua entre todos los clerizones; y mozos de coro; para sifcnifícar 
que San Nicolás no se assentó en la silla Pontifical por elec^oa de los hombres, 
sino por suerte de Dios que declaro quería se escogiesse Nicobm y como emUado 
de Dios- íuesse vno de los mas excelentes Prelados del mundo> (i). 

Alinas de las prácticas introducidas con motivo de la curiosa ceremonia eran 
mal vistas por los canónigos y dignidades; y realmente mientras duraba la juris- 
dicción del obispUio, cometíanse abusos é irrevcTendas que era necesario cortar. 
El deán y cabildo acudieron en son de .queja al Cardenal Tavera, que estaba 
ausente de Toledo, encareciéndole la conveniencia de que cesase del todo la 
elección y fiesta del obispillo, y en este sentido dictó una provisión el prelado. 
Pero como llegara poco después d Toledo, considerado el negocio mis atenta- 
mente, en Diciembre de 15 j8 promulgó un nuevo decreto por el qoe se restable- 
cía la tradicional fiesta, aunque modificada y reglamentada para witar en lo suce- 
sivo los antiguos abusos. Hé aquí el decreto: 

■Donjuán Tauera por la diuina miseración cardenal de la Santa yglesia de 
rroma de san Juan ante portan latinam argoUspo de toledo primado de las espa- 
Aas chanciller mayor de castilla &, juntamente con los rreverendos benerables 
nuestros amados hermanos el deán y cabildo de la nuestra santa yglesia dezimos 
que por qoanto por parte de tos dichos deán y cabildo fuimos avisados en dias 
pasados que en los oficios y fiestas que se acostumbran hszer en la dicha nuestra 
santa yglesia del obispillo que dizen de sant oicolas avia muchos excesos que se 
hazian ansi por los bcneñi;íados de la dicha nuestra santa yglesia que heran ncHi- 
brados por oñ^ales del dicho obispillo como por sus iamiliares y seruidores y 
otras personas que venian en avitos yndejentes a cuya causa avia mucha pertui- 
va;ton y desasosiego en el oficio divino en los tales dias e ansi mismo los deri- 
zones hazian muchas trauesuras y desverguencas ansi en el ofido de dia como de 
noche en los maytines lo qual por nos visto atento lo que sobre lo susodicho dis- 
ponen los sacros cañones y coucilios generales y provinciales y para quitar del 
todo la rraiz y ocasión de la turvacion del culto divino y desonestidades y me- 
nospre^o de la dicha sonta ygleaa ques casa de dios y de oradon con acuerdo y 
paresger de los dichos nuestros hermanos ovimos dado nuestra provisión en que 
en efeto se contenía que de oi en adelante cesase la clection costumbre y ceri- 
monia del obispillo en la dicha nuestra santa yglesia sobre lo qual después Nos 
viniendo á esta fibdad, ovimos diversas vezes platicado con los dichos reveren- 
dos y benerables nuestros hermanos el deán y cabildo de la dicha nuestra santa 
yglesia y atento que la dicha election y gerimonia del obispillo se a hecho en 
ella de tiempo ynmemorial acá y en todas las otras de estos rreynoa para exem- 
plo de la vmilldad y de la ynocenda que deve aver en los prelados y otras per- 
sonas eclesiásticas y seglares y que no heta justo por loi excesos de algunos par- 
ticulares qmtar del todo la dicha costumbre y (erimonia tan antigua de la ygle- 
.sia por DO dar exempo (ríe) i otras cosas mayores e atento que la dicha nuestra 
santa yglesia por tener el primado de las spañas es mzon que sea exemplo de 
onestidad dejenpa e yntegrídad á todas las otras de españa ordenamos y est-i- 
tuymos juntamente con los dichos nuestros hermanos que la election y ofido del 
dicho obispillo se haga y celebre agora y de aqui adelante con la onestidad y 
moderación siguiente primeramente que aviendo sido elegido el obispillo uno de 

(i) Homis de U HlftMn, Dtí Prim<ids dt TtUie. U>. cu U Ral fiibUoicca, Hia >.■, £. 5. 



tizcdcy Google 



— 16* - 
los clerizones de Ib dicha nues.ra santa yglesia por votos de clüvstro y df^riiones 
en lescuela como se acostumbra hazer vayan el día de sant nicolas todos los bene- 
ficiados que a la sazón iresidiesen al logar acostumbrado que es tras la puerta 
del perdón y estando los derizones todos en vn tabernáculo cabo la capilla de 
nra. s.' del estrella sin que aya sermón ni correo ni dantas ni que echen mone- 
das ni hayan desonestidad alguna e pidan los clerizones según que acostumbrar 
los votos e baxe la nuve con el ángel y bonete del obispillo y hecho esto se 
vayan los beneficiados al coro con toda quietud y el obispillo se ponga en una 
silla alta de dignidades con dos asistentes clerizones y con su capa sírua en la 
dicha nuestra santa yglesia hasta el dia de los ynojentes como se acostumbra y 
gane lo que suele como rracionero iten quel dia de los inogentes no se rrepitan 
oficios algunos por los beneficiados capellanes lectores ny clerizones de la dicha 
nuestra santa yglesia ni aya los tales oficios sino que el obispillo se asiente en la 
silla obispal y sus asistentes con el con tanto que no haga el oficio divino ni eche 
bendición ni haga acrimonia alguna de prelado. Otrosí que qualquier beneficiado 
quel dia de sant nicolas o de los ynof entes o otro qualquier dia durante el dicho 
obispillo hiziere algún desorden ó desonestidad o se vistiere fuera del avito 
acostumbrado por el mesmo hecho yncurra en pena de dos meses de lodo lo que 
podría ganar en la dicha nuestra santa yglesia los quales sean los meses de enero 
y hebrero durante los quales no pueda en ella entrar oi se le pueda rremytir el 
calúldo en parte ni en todo sin expreso consentimiento nuestro o de nuestros 
snbcesores. Iten quel dicho dia de los ynocentes ni otro alguno el obispillo no 
gouieme en el coro si no fuere el deán o presidente como se suele haier yten 
que en la procesión del dia de losynocentes vaya en la cabera el dicho obispillo 
con sus asistentes e luego las dignidades y canónigos y rracioneros con sus capas 
como se haie en otras procesiones otrosí ordenamos quel dicho obispillo y cleri- 
sones no salgan publicamente por las calles á caballo ni muía como lo hazian 
basta aqui y si el dicho obispillo excediere en lo susodicho o parte dello pierda 
la procesión que a de aber del rrefitor y porquesta constitución sea mejor guar- 
dada para agora y para sienpre jamas la mandamos asentar entre las otras cons- 
tituciones de la dicha santa yglesia. E nos los dichos deán y cabildo ayuntado^ 
capitularmente llamados por cédula para lo susodicho lo otorgamos e juramos en 
fomu de lo aosi tener y aguardar que fue fecho en la dicha gibdad de toledo 
dentro de la dicha nuestra santa yglesia a cinco del mes de dizienbre de mili e 
quinientos c treynta e ocho años» ¡il 

Veinte y siete aflos duró aun la fiesta en esta manera reformada; pero, ya por- 
que asomasen de nuevo los excesos que se habían querido cortar, ya por la 
índole misma de aquella costumbre, que se compadecía mal con la severidad 
de la disciplina eclesiástica, el Concilio provincial toledano de 1 565 la abolió de 
todo punto en estos términos: «Decernit etenim sancta Synodus, ut prorsus hic 
tnrfús abusus in Ecclesiis Cathedralibus & Collegiatis nuUo modo permitti de- 
beré, ut ficta illa ac puerilis Episcopatds electio fiat, quK certis anni solemnita- 
tibus fieri solet: imó illam omninó eisdem indictis poenls fieri prohibet; ciim & ea- 
1 Pontifidae dignitatí veré detrahat, * prsedictis abusibus, & aliis quE 



(>) EiuonitltucíAndclCaTdgnilTavcu, que no Mogo notkii ac b>yi pablieido huu ■ 
Atura en el Ci-mb»/»/ Jt ¡» It''"' •'' '¡'¡•■^ <<< 'S3^- «•■ -J* '«f » -I"' "í'" "VI, » le R«»l B 



tizcdbyGOOl^Ie 



- 165 - 

;, discipliase diviaorum Ofñdorum Majeatati, templommque aacro- 
nim venerationi maximb conveniunt, occasíonem dederinti. 

Ya se ha visto por el texto de la constitución de Tavera que la ceremonia 
del Obispillo venía celebrándose de tiempo inmemorial en Toledo y que tam- 
bién se practicaba en las demás iglesias del reim). En la región oriental de la 
península parece alcanzó antiguamente gran celebridad, y en Sevilla tengo noti- 
cia de que se perpetuó hasta el último tercio del siglo XVI. Pero en ninguna 
de nuestras catedrales revestía el carácter aparatoso y original que en la to- 

En muchas iglesias de Francia acostumbró asimismo á celebrarse en lo anti- 
guo una tiesta análoga, que llamaban Pestum fatttoitim (fiesta de los fatuos ó de 
los inocentes). «En ella se nombraba un obispo por los muchachos, y empezaban 
estos á governar el coro dcide las vísperas, en las que á el cantar el versículo 
dtpositií de el Magníficat, quitaban los muchachos el cetro á el Chantre ó cantor 
y tomaban el govierno de el choro» (i). En la catedral de Lann parece se cele- 
braba la fiesta de los fatuos con especial solemnidad. 

Estas curiosas prácticas, simbólicas por su origen y nacidas en la edad media 
al calor de una sincera piedad, fueron desapareciendo de todas partes, abolidas 
por prelados y concilios, en razón á los inconvenientes que ofrecían en los tiem- 
pos modernos, tíempus de fe menos sencilla y candorosa. 



(i) C*rtmtKÍmt ftirliCHlartí di la Sa^i, ttUtia primada ái 7ólcJa. Ma. en íol. de Ii Biblioteca 
pnriDckl dt Túleda, ul* rucrvadi, 9-1. 



lizcdtyGooi^Ie 



III 



Relación de 1» muerte de la Emperatriz D.* laaliel 4e 
Portugal 7 de la* eeremoulas y houraa que ae al- 
Kuleron (1530). 



Audict lieu de Tuledo, au mesme temps, en upvril LiSJ9J' esUn. l'impératríce 
eaceincte de huict muys, diíltvra d'ung filz, lequel tost aprés mounit, ct elle 
print la fiebvre, de laquelle, le premier jour de may eosuyvant, & une hcure 
aprts midy, ayaot laict son testament, receu toua ses sacramens avec bonoe mé- 
moyre, rcndit son ame á son Crdateur, en présence de Sa Majesté. Et incontinent 
Sadicte Majestí se retira en sa chambre, et la dame deffuncte demoura tout le 
jour en son lict, le visaige descouvert; lequel lict estoit accoustré d'escarlatc, 
cnvironné de plusieura dames en doeíl. Vindrent incontínent ptusieurs relígieulx 
ct prebstres lire le psaultier, et tous ceulx qui vouloient venoieat veoir ladictc 
dame dcffiíncte. Et le soir le corps íut, par la marquise de Lombay ct Melaie de 
Salsedo, qu'estoient de aes fcmmes, ung médeciii ct ung barbier de Sa Majesté, 
accoustrú et cnsevely saos (.'stre ouvert: car ainsy avoit-elle supplyé á Sa Majesté 
avant sa mort. Fut mis en ung luyscau de plomb, et demoura ledict corps toute 
la nuict en ladictc chambre. Et le matin, environ les neuf heurcs, fut apporté 
emttas dedaníi une salle qu'estuit toute tcndue de uoir, devant ung aulte] qu'es' 
toit \k dresaiS, <iü tout le juur l'on avoit celebré messes. L'office fut faict par 
l'évesque de Liion, et chanté par les chantres de Sa Majesté, de réquiem. 

Sadicte Majesté estoit secrftement en une fenestre en hault, de laquelle pou- 
voit veoir sur ledict autel. 

En ladicte salle estoient toutes les dames de la deffunte, accoustrées en doeuil. 
Et pour ce que ladicte salle n'estoit assez grande, la cour, qu'estott en carrure, 
fut tendue, de quatre coustelz, de trois profondeuis de drap noir, et des deux 
coustelz tout le long des bancqi, oü assdoycnt, de l'ung des coustelí, les cardi- 
naul", archevesques, Ovesques, ct conseilliers, de l'aultre coustel. les ducí, mar- 
quis et contes, tous en doeuil, 

Vindrent toutes les religions ct toutes les eglises dudict Toledo, l'une apres 
l'aultre, fairc les recommandatious sur ledict corps. 

La messe achevée, chascun se retira jusques k troys heures aprés midy, que 
chascuu s'assambla en ladictc court, et tout le clergié en une église pres ladicte 



lizcdtyGooi^Ie 



- I67 — 

court. Duquel lieu partírent chascun en son ordre, marchans pas á pas contre la 
porte tirant á Grena.de; et aprés les confréries et clergé marchoient plusieurs 
officiers et gentilzhomrnes de ladicte dame. Vindrent quatone, tant diicz, mar- 
quis que coates, en graoda manteaulx de doeuil, treuver ledict corpa en ladicte 
salle dessusnommie, mis en une litiére, couverte de velours noir, laquellc ilz 
prindrent sur Icurs espaules et l'emportarent jusques i la porte hors de la ville- 
Suyvoit aprés ledict corps le princc d'Espaigne, filz unicque de ladicte dame, 
accompaigné des cardinaulx de Toledo, noncc du pape, ambassadeurs de France, 
Portugal, Venize et aultres, tous k pied, et si grand nombre de gentilzhomrnes et 
peuple que ledict prince fut constrainct, pour la grande chaleur qu'il faisoit et 
long chemin qu'il y avoit depuis ledict logis jusques k la porte, demourer en 
mi-chemin et soy retirer en une égüse. 

Et en cest ordre fut conduict le corps jusques i ladicte porte ofi !e duc d'Es- 
calone et l'évcsque de Corya, commis ad ce pour le mener en Grenade, l'accep- 
tarent. Aussy furent ordunnei quarante geotiiihommes de sa. maison de l'Empe- 
reur, douze dames de ladicte dame deffuncte et ceulx de aa maison pour accom- 
paigaer iedict corps jusques cu Grenade, oíx par l'archevesquc dudict lieu ñit 
receu et accepté, et inhumé en la chapellc royale aupres du roy et de la royne 
catholicques, ses grands-pére et mere, et du roy don Fhilippe, son beau-pére. 

Incontinent aprés Sa Majestd se retira a Sai nct-H ¡(írosme, hors de Toledo, nü 
¡1 demoura jusques le 27* de juing. 

Les obséques de ladicte dame defTuiicte furent c^lébiei audict Toledo, au 
couvent de Sainct Fraugois, nommú Saitict-Jaan di los Reyes. L'église fut tendue 
de noir de quatre draps de profond, par dessus tiré ung velours semé d'escus- 
sons aunarme» de ladicte dame deffuucte; par dessus une lambourde de boys 
chargée en chierges árdanla. Kt le chceur fut tendu dé cincq profondeurs de 
ilrap, au milieu duquel fut dre.-isíe une chappelle árdante fort richemcnt accous- 
trde, croisée et recroisée en forme de couronne impériale, chargée de chierges 

jusques a u nombre de sortans aux quatre cantona quatre angcs tenans les 

quatre quartiers de ladicte dame deffuncte. Soubz laqucUe chapcUe estoit la 
représentation du corps, couvert d'uag grand drap d'or, sur lequel estoit ung 
carreau o& estoit la couronne impériale et les armes de ladicte dame; les roys 
d'armes á l'entour dudict corps; & main droicte le siége du prince; au bas la place 
de l'ambassadeur de Portugal, rcpri^scntant le roy son malstre, frére de ladicte 
dame deffuncte. Et aprós ledict ambassadeur estoient les ducz, princes, marquis, 
contes et gentilzhommes, chascun en grand mantean de noir et chappron em- 
bronché. A main senestre de ladicte chapeUe estoient les cardinal de Toledo, 
nunce du pape, ambassadeurs, seigneurs du conseil et des finances, et auprés du 
grand auCel douze cvesques. Les rúes de Toledo furent barrees depuis la court 
jusques bl'église. 

Et le jour. environ deux heures aprés midy, se assemblarent au quartier 

du prince les ainbassadeurs, ducí, cmles, seigneurs et gentilzhomrnes et officiers 
de l'Empereur, de la dame deffuncte, du prince et de mesdames les infantes, ses 
Mxurs. Toua, meslez par ensemble, sortirent de ladicte cour, tous en doeuil et 
manteaulx traynans et chapprons embronchez, Marchoient deux ú deux en l'or- 
dre que s'ensuyt: ung rc)y d'armes, ceulx de l'escuyrie, les paiges, les ofñders, 
chiefs d'office, pensionnaires, chambellaiiis, contes, marquis et ducz, sans avoir 
respect au preceder, les maistres d'hosteL aliaos et venans entre le doeuil, &i- 
sans teñir ordre. Aprés marchoit le prince d'Espaigne en son doeuil, auquel seul 



tizcdbyGoOl^Ie 



— I68 — 

fut porté 1& queuhe par le commendador majeur de Castille, son grand cham- 
bellain: aprcs le quel venoit Tambassadeur de Portugal seul, représentant le roy 
son nidistre. £t aprís suyvoient les ambassadeurs, chascun en son ordre. Vin- 
drent jusques k ladicte ¿glise; et, chascun assis en son licu, furent commencées 
lea vigiles, et icelles achevées, chascun s'en retourm en sod logis jusques au len- 
demain, i huit heures, que Ton revint au mesme ordre que le jour précédent, 
que l'on proceda h la messe jusques á rofTcrtoire, que le prince fut ofTrir. Fut 
fatct un sermón par un ¿vesque de l'ordre Sainct-Hiérosmc. Ln messe achevée, 
chascun s'en retourna. 

(JoariuU des voyages de CharUi- Quiñi, por Juan de Vandenesse. Incluido en la 
Colledion des noyagts des souverains dei Pays Bas, publicada por Mr. Gachard, 
tomo II. (Bruselas, 1S74)- Páginas 149 á 153.) 



tizcdcy Google 



IV 



Fiestas eelebraAss «h la Catedral de Toled* «on ■■•- 
tlT« de la lfli|HislclÓM del cápele cardeHalleio al Car- 
demal BlUceo (ISSd). 



Fué la fiesta del capelo muy (elebrada de toda la. ^iudad de Toledo porque 
fue el primer cardenal que refibio el capelo en la Santa iglesia de Toledo de 
siete cardenales que hasta este tiempo tubo esta sancta silla de Toledo: y asi 
como en cosa tan nueva, quiso esta santa Igle^ ha^r la mas heroica y ex^e- 
Itente fiesta que se pudo pedir ni desear, asi por honrra de su valeroso Pastor, y 
Arzobispo, como por señalarse s^un lo tiene de costumbre en todas sus obras, 
ia qufll referiré puntualmente como paso para que no se pierda la memoria de 
tan ((ran solemnidad. 

Muchos días antes que el Capelo viniese se entendió en hazer un Arco triun- 
fal corinthio en el qnal trabajaron por espacio de un mes, mas de ochenta oficia- 
les y muchos Artifiges muy curiosos y escogidos asi en el arte de pintura como 
de talla. Acabóse esta obra con toda perfección, y se puso, y armo a gran prisa 
la víspera de Nuestra Sefiora de Margo en la puerta prinppal de la Santa Igle- 
!tta, que llaman ta puerta del perdón. Todo el edificio del Arco era corinthio. 
Tenia ochenta pies en alto, y quarenta y mas en ancho. Havia en el tres estan- 
cias iguales primera segunda, y tercera, y por debajo del dicho Arco se entrav^ 
por la dicha puerta en la Iglesia. En la primera estancia havia quatro columnas 
sus capiteles de bronge corínthios de mucha grande^, escarchados en muy es- 
traña manera, encima de los quales cargaba luego su Architrabe, friso y cornixa. 
Eran las dichas quatro columnas muy hermosas y gruesas y muy altas, dos de 
cada lado, las quales eran de bronce sobre sus estilobatas muy grandes, y muy 
hermosamente labradas. La segunda estangia cargaba sobre la dicha cornixa y 
sobre unos zocolos muy grandes, que estaban sobre Ins capiteles de las dichas 
columnas con sus Arquitrabes y comixas de un cabo y de otro. Estaba armacn 
esta segunda estancia en li^ar de columnas sobre seis Gigantes muy grandes, y 
maravillosos, tres de cada parte los quales tenian engima de las caberas como 
por capiteles unos jestones muy bellos, y grandes llenos de muchas frutas dife- 
rentes, y luego su Arquitrabe, friso y cornixa y sus zocolos por remate, lo qual 
auD visto desta manera sin lo principal paremia una obra muy sumptuosa, y ad- 



lizcdtyGooi^Ie 



- 170 — 

vierto que en las estilobatas, ó socoros de la primera estancia sobre que cai^aba 
todo el edifí^io, estaba pintada en la estilobat<i de la mano derecha á la parte 
frontera, la Diosa ^eres, á quien los giegos gentiles tenían por Diosa de la abun- 
dangia estrañamente hermosa y al natural poético, y ansi mismo de grande es~ 
tatura con un cesto caduceo debajo del brago lleno de muchas frutos, que paro- 
dian naturales a los ojos de quien los mirava: lo qual denotava la grande fertili- 
dad, y abundancia de Toledo, y su tierra. En iaestilobata de la mano izquierda eS' 
tava pintado el dorado Rio Tajo en muy bella postura echado sobre un cántaro 
grande vertiendo agua. Estaban asi mismo en las estilobatas de los flancos, que 
es a los lados de la parte de adentro del Arco pintados muchos compartimentos. 
y frutos muy apacibles y testas a lo antiguo de gran maravilla y muy al nstural, 
los quales compartimentos y frutos denotavan la grande abundancia de las mu- 
chas y muy excellentes frutas, que a su tiempo se hallan en la Qiudad de Tole- 
do, y en su Huerta Real. 

Estavan luego en las pilastradas, que servían detras dos columosG, y dos lien- 
Cns muy grandes, uno de la una parte, y otro de la otra: en el de la mano dere- 
cha estava pintada la virtud de la Justicia de muy cxcellente mano, y en el lien- 
to de la mano izquierda la fortalega de la misma mano, y ambas pinturas eran 
muy hermosas, y de mucha Grandega, y tenia cada qual dellas su insignia. La 
Justicia estava con una espada en la mano, y la Fortalega tenia una gran colum- 
na, que se fingía caer. Estavau luego encima destas dos virtudes las Armas del 
Cardenal a imo y otro lado en unos escudos muy grandes, y muy bien piotados. 
Luego estavan en los flancos del arco, que es a los lados de cada parte, pinta- 
das a la parte de adentro en unos liengos muy grandes la Fe y la esperanca, y 
encima destas dos virtudes por debaxo del Architrave de eiunedio a manera de 
Cielo. 

En otro liengo muy grande que tomava todo el ancho, y quadro del arco es- 
tava pintada la virtud de la charidad tan al natural, imitando lo que representa- 
va, que verdaderamente ponía admiración. Esta virtud era de mano de un gran 
pintor, la fe estava a la mano derecha del dicho arco muy hermosa, con un cali* 
en la mano, y debaxo de sus pies tenia al Maldito de Mahoma, enemigo de nues- 
tra sancta Fe. La esperan^ tenia debaxo de sus picsaldesesperudodejudasyen- 
gima della a un lado estava pintada Ja Virgen Nuestra Señora, con su Hijo precio- 
so en ios bracos, a la qual estava la esperanga buelta con una postura admirable. 
La Cbaridad era de maior tamaño que las otras, y estava tan hermosa, y acabada 
que causa va alegría, y gogo el mirarla. Estavan muchos niííos asidos dclla, estraña- 
mente hermosos, y a lo desnudo, y natural; los quales niños se fingían repugnar 
unos a otros, por asir a la charidad de unos racimos, que tenia en las manos a 
manera de ubas, los quales racimos estavan tan bien pintadoü, que parecía, que 
combidavao el apetito de los que los miravan y podían bien competir con las 
ubas de ceusis. Tenia la Charidad debaxo de sus pies al impin de Sardanapalo, 
en quien jamas se hallo charidad, sino enemistad y odio, al qual estavan muchos 
mancebos muy hermosos, y gragiosos, dando de coces, y puñadas como a hombre 
Indigno de piedad, pues vivió sin ella. Sobre los Capiteles de la pilastrada de la 
parte de adentro donde estas virtudes estavan, se velan de una parte la Tem- 
planga, y de otra la pruden^a, cada una con su insignia, y de muy grandes figu- 
ras, y muy hermosas, y asi se veían todas las Siete virtudes Cardinales, y Theo- 
logales en la primera estangia deste edificio, y obra. 
En los zocolos, que estavan como he dicho encima del Architrave, friso y cor- 



tizcdbyGoOl^Ie 



— J7I - 

nixa estavan los qnatro sagrados Doctores de la Iglesia dos de cada parte, en 
cada lOColo, loa qualps estavan tan al natural de In que representavan que pBr«- 
9iaii cosa divina. 

Luego en esta segunda estanca frontero de un liento muy grande que tomava 
todo el ancho, y quadro de la estangin se vela pintado el Monte Parnaso, muy a 
]o proprio y Poético, con sus dos collados Helicón y Citheron, y el cavallo pe- 
gaso muy grande, y muy hermoso, de color blanco con sus alas muy grandes ^er- 
ca de la fuente Hipocrene, que por otro nombre llaman Pegasea 6 Cabalina, el 
qual Monte y Cavallo estava hecho de mano de un escogido pintor muy al natu- 
ral, Estavan a los lados del dicho Monte Parnaso a la parte de adentro las Ar- 
mas de la SancCa Iglesia de Toledo, engima de las caberas de los Gigantes, y sos- 
tenían el Architrave, friso y comixa; y luego encima de todo por remate, esta- 
van tres tondos muy grandes en redondo; en los quales estavan en el de cnme- 
dio las armas del Papa Paulo quarto; muy bien pintadas con su Thiara y llaves, y 
en el tondo de la mano derecha las armas imperiales, de Carlos quinto, y en el 
tondo de la mano izquierda las armas reales del Rey Don Philipe segundo; de 
manera que estos tondos habían un remate muy vistoso conforme a la magestad 
y grande^ de la dicha obra, que aunque era corintliia, las pilastradas eran de ge- 
nero dórico y todas jaspeadas, y la segunda parte de esta obra era del genero 
composito. 

Tantuen digo que en la estancia de enmcdio a las quatro esquinas del Parnaso 
estavan quatro Músicos de bulto muy al propio cada uno con una Harpa muy 
grande en las manos los quales eran Apolo, Mercurio, Orpheo, y Amphíon. De- 
l)a)0 destos bultos estavan quatro meoestriles que tañían quatro orlas soavíssi- 
mamente, respondiendo a quatro pies de un romana bien ordenado el qual 
cantavan nueve Musas que estavan en la estantía del Parnaso y estas eran nueve 
muchachos del choro de la Sancta Igle^ vestidos riquis^mamente, el qual ro- 
mane^ comen^ton a cantar luego que salió el Arzobispo de su casa que se veya 
desde el dicho arco, y Parnaso a donde las Musas estavan, y como estavan tan 
altas y la música sonava tan bien que paremia cosa del ciclo. Sallo el Arzobispo 
como a las nueve y medía de la mañana acompañado de todos quantos Señores 
illustres, y Cavalleros havta en Toledo, y del Nuncio del Papa que se hallo i este 
acto, y de Don Gaspar de (^uñiga Obispo te Segovia que bavia de ba^r las cere- 
monias. Llebavan al Arzobispo en ombros quatro Cavalleros de su servido en 
una silla asentado con gran Magestad, y era tanta la gente que havia desde su 
casa Arzobispal hasta la Iglesia en una plaia muy grande que esta entre la Igle- 
sia y su casa, que apenas podia pasar. Llego con mucha dificultad a la puerta de 
la Iglesia donde estava el Arco Triunfal, y allí salió una procesión general solem- 
nísima de todos los Prebendados de la Iglesia y lo recibieron con grande aucto 
ridad, y música de Ministriles que sonavan en el choro de la dicha sancta Igle- 
sia. LlevBva el Capelo delante el Abad de Biviena, que lo havta Irahido; iba ves- 
tido de terciopelo carmesí con una ropa hasta en pies, y debaxo llebava otra de 
damasco morado. Desta manera llegaron al choro del Altar maior donde estava 
puesto un rico dosel, y su estrado, en el qual se asento el Arzobispo, y el Nun^o, 
y el Obispo de Segovia. Empegóse luego la Missa c>n toda la solemnidad que 
esta sancta Iglesia acostumbra en fiestas de primera clase adonde con ser esta 
sancta Iglesia uno de los mayores, y mas insignes templos del Mundo no cabían 
<le pies, y sacavan algunas Mugeres medio ahogadas. 

Entre los dos choros de la sancta Iglesia havía un gran Tablado muy bien 



lizcdtyGooi^Ie 



— 172 — 

aderezado donde en acabando el Offertorio de la Missa Be hi^o un entremés entre 
un PaatOT, y las siete artes liberales que fueron las dichas Musas del Parnaso; el 
qual Pastor entro en habito de muy anciano, y de muy buena presen^, vestido 
todo de grana colorada hasta los (apatos, y un sombrero colorado may grande, 
y con muchas borlas atrás colgando, y solo llebava cl ^nto blanco. Este Pastor 
representava le persona del Cardenal de cuia ^nta colgava un eslavon grande 
de la insignia de sus armas, y su caiado colorado a la manera de báculo Arzobis- 
pal con su vuelta arriba, el qual tenia una estrella con el nombre de Jesús en 
medio, de quien como he dicho era devotissimo. Tras el entro un muchacho que 
se degia su hijo adoptivo a manera de simple el qual se de^ el ^lo de la fé, 
todo vestido de aguí, y no degia otra cosa sino a tiempos donde caía bien padre 
papa, papa, padre. 

El Pastor entro di^endo estos siguientes versos, que por ser una alabtn^ tan 
buena del Cardenal, aunque toscos, y mal limados como de aquel tiempo los 
pongo aqui, y diflcn ansi. 

o qnt halo, j qu< nbaiki, 
qi» «rboUdjUj 7 que olívnt 
i qq* pndo tan simBo 
DÚO» tí ptido unwila 
pUnluda de pledru dni. 

Pan me hallo en pnde Ul 
1. be>>d>cl»a celewbl 
DI veno del ciUdor 
j yo que •<« malornl 



lai DDQbie oa qtáero dcf ii 
que rae llaraan buen pMtor 

y el bliion di^e en ni |le» 
habliDdci de ni íiveí 



tizcdbyGooi^Ie 



el nc blco ■ ni Puior 
qatda p«r MsycHl 



pan dar lumbic al itnado. 

BM cmblo 1 loi nbaBoi 
de Moicbi j de Cutb*i«iia 
y fbl alU «■ eU aalnDa 
qua loi Ubre da nil dóna- 



le loa ^liiLerioi lapadoL 



Iti di «le 




y con la 




■laat»! 


da mU racanei. 


RtcogÜD 


iaeot.al 


yUroBi 


.luuDK 






aUIgla 


lia k» tltvc 


do rutioi 


ilib>»d<n..l. 


y ..i po. 


■ »M ta.o¡ 




B »u labaSo 


canhaiti 


jCRtiloamor; 


na po.qu 




•OD poiqi 


je bato umaXo 


rcquíria 


talPaiior. 


Y a.l JO 


mahancraado 


a aquc. 




znl. ovaj' 






me be nholgido 


lodaijuii 


tu abairiaco. 


M-d-" 


han dado el calado 


y>lboi>e 






:o colorado. 


y ti c»K 


., yaunelptllon 


y auD el 1 


■ombitio borlado. 



lizcdtyGooi^Ie 



aftbre lompeí el pellejo. 

Dicho esto entraroD las siete Artes liberales ricampntf^ vestidas, y cada qual 
con su insigoia y la Sagrada Theologia con ellas, la qual entro con una Iglesia de. 
madera en el ombro isquierdo y con una corona muy rica ea la cabe^. La 
GrammatJca, y la Lógica, y rethorica entraron con unos libros dorados en las 
manos. La Geometría con un compás, la Arithmetica con una tabla blanca con 
giertos números de guarismo. La Música con uo laúd y la Astrologia con una 
sphera, las quales entraron cantando un villangico, y le traían a! Pastor por joya 
una piedra pedernal, la qual le dieron encareciéndosela mucho, y le declararon 
la virtud y propiedad della, la qual el Pastor tomo, y reconogio ser qual depan, 
y se salieron cantando un villancico. Hecho esto se prosiguió la Misa con gran 
solemnidad, y acabada se vistió de Pontifical Don Gaspar de Quñíga Obispo de 
Segovía con una muy rica Mitra en la cabega, y se asento en una silla junto al 
Arzobispo, y se levanto el Abad de Biviena, y hagieado su acatamiento al Atso- 
bispo, y al Obispo de S^ovia se bolvio al Pueblo, y higo una oragion en latín 
muy elegante, y con mucha auctnrídad, y luego puso en una fuente de plata las 
letras, y facultad que ha vía trahido del Summo Pontifige para el dicho Obispo de 
Segovia para que diese el Capelo al Arzobispo, y con mucho acatamento dio las 
dichas letras al Obispo gerradas, y selladas, el qual las tomo y beso, y tocando 
en la Mitra de la cabega con ellas obedegiendolas las dio a un Secretario suio, y 
se las mando leer en alta voi para que todos las olesen. Leídas y entendidas de 
todos higo luego el Obispo una oragion en latín en loor del Arzobispo la qual 
acabada se lebaato el Arzobispo y se fue a humillar delante del Obispo el qual 
en un Missal le regibio el juramento que se acostumbra to-nar a los Cardenales 
quando lea dan el capelo conforme á las g 'remontas sanctas de la Igle^a, y en- 
tretanto tenía en las manos el Abad de Biviena el capelo levantado en alto: y 
acabadas de hacer todas sus geremonias tomo el capelo el Obispo, y con grande 
auctoridad, el, y el Señor Nungio, y el dicho Abad se lo pusieron en Ja cabega 
catando humillado en Tierra dígiendo Te Deum laudantuí, y a este punto sonó la 
Música de los Cantores, y sonaron las campanas sacabuches y Chirímias de la 
Iglesia, y fue grande el gogo, y alaridos de la gente. 

Acabado este acto vino una I>anga de Salvages y otra de los seises de la Sancta 
Iglesia los quales iban vestidos de uncís saietes de muy ñna grana con ribetes de 
raso amarillo con sus cascaveles, y unos bastongillos colorados con muchas lla- 
mas, y con caigas, y gapatos de la misma color con unos morriones muy galanos 
en las cabegas, y cada uno llebava en el pecho dos eslavones de tergiopelo mu- 
rado bordados muy al propio, y entre los eslavones la piedra pedernal de su 
divisa con muchas llama-s, y gentcllas al derredor, y In mismo Uebavan rn las es- 
paldas los quales dangavan, y cantavan un villangico muy regozijadn. El Carde- 
nal mostró semblante de mucho plager, y todos los que con el estavnn, y acaba- 
da esta tiesta lo bolvieron a llebar en ombros los que lo havian trahido, y co- 
mieron con el este día torios quantos señores se hallaron en su fiesta, la qual fue 
de las mas solemnes que se han visto en esta Iglesia. He querido referir todo 
esto muy a la larga como paso para que se vea quan bien sabe esta Sancta Igle- 
sia acudir a la obediengia, y respecto de sus Prelados, y solemnigar sus fiestas, y 



lizcdtyGooi^Ie 



— 175 — 
para que se sepa lo que poso en este tiempo para quandn sea 
brarse en ella otro capelo. 

(Relacáán tomada de la obra inédita del licenciado Baltasar Pnrreño Historia 
episcopal y real de España. En la qttal se traía de ¡os Arjsobispos de Toledo, y Reyes 
que kan gobernado a España debaxo de itt Primado. — Dos volúmenes en folio, 
original y autógrafo. Biblioteca Capitular de la santa iglesia de Toledo. Cajón 27, 
ndmeros 31 y 33. — Vol. II, folios 331 i, 333 v."> ) 



lizcdtyGooi^Ie 



V 



RelaeláB d« las cerenottla* con que se alzaron peado- 
aes en Toledo por D. Felipe II. (1506.) 



Es de saber que el emperador y rrey don carlos nuestro señor estando en flan- 
des el año de mili y quinientos y ^quenta y seis años, siendo de edad de ;in- 
quenta y seis años por que nas^io el año de mili y quinientos dia de santo matia. 
cansado ya de tantos trabajas y por sus enfermedades y principalmente por ser 
cristianissimo y quererse rrecojer lo neatante de su vida para sosiego de su anima 
y congien^ia determino de rrcnungiar y rrenun^io el derecho de aus rrcynos en 
el prinppe don felipe su hijo señor nuestro rrey que tanbien era de ingalaterra 
por aver casado con la rreyna de ingalaterra. y asi se despojo de todo el señorío 
dcstos rreynos y lo dexo al dicho señor don felipe en i6 de enero de 1556 cosa 
ix>r Qierto digna de tan grand principe, que en su vida siendo señor y monarcha 
del mundo lo quisiese rrcnungiar y rretraerse y apartarse de todos los negogios. 
lo qual se lee de pocos principes en el mundo, y venidas de esto las provisiones 
necesarias, luego en estos rrcynos se alearon pendones por el dicho señor rrey 
don felipe nuestro señor, segund costumbre antigua deslos rreynos en la sus^es- 
sion de los nuevos principes y rreyes de ellos. 

Viernes diez dias de abril del dicho año de mili y quinientos y cincuenta y seis 
años el marques de montemayor alcaide de los alcagares y puertas de esta gibdad 
al9D y puso pendones, en los alcafares y puente de alcántara y puente de sant 
martin y puerta del cambrón de esta gibdad. con muchos tiros de artillería que 
se soltaron, los pendones eran colorados con las armas del dicho seflor rrey ell 
águila con vna cabera. 

IDomingo de quasimodo doze dias del dicho mes de abril a las onze de medio 
dia volviendo ya la progession de la sancta iglesia de toledo del monesterio de 
sant agustin donde es costumbre aquel dia ir y llegando a la piafa de ayunta- 
miento cerca de la puerta del perdón la cibdad estando ayuntada en la.s casas de 
su ayuntamiento sacaron y algaron su pendón por el dicho señor rrey. el pendón 
era de tafetán colorado en vna vara dorada en ci pendón de vna parte y de otra 
estavan las armas de castilla y de león, conviene a saber castillos y leones y la. 
águila coa vna cabera, salieron delante al corredor de' las casas de ayuntamiento 
los sofieles de la ^bdad con sus ma;^ en las manos vestidos de librea de grana 



tizcdbyGoOl^Ie 



- 177 — 

con ([orras y guarniciones de carmesí sayos y sobre rropas con sus ioslgoias de 

la 5ibdad que son vnos emperadores, y luego estando presentes todos los rregi- 
dores y jurados saco el pendón el jurado juan baptista oliverio como mayor- 
domo mas antiguo del cabildo de lo^ jurados, y d¡Ko a altas buzes. oid pid oíd. 
castilla castilla castilla por el rrey don felipK nuestro señor a quien dios dexe 
bivir y rreynar por largos tiempos, y a altas bozes rrespondieron todos amen, y 
luego tocaron los ministriles y atabales y trompetas con mucho rruldo estando 
abaxo en la pla^a de ayuntamiento infinita gente, y a su ventana de sus casas el 
ylustrisimo y rrcveren disimo señor don uan martinez sili^eo arzobispo de toledo 
cardenal de esparta, y los cantores de la santa iglesia a la puerta del perdón can- 
taron giertos versos, las mismas palabras castilla castilla dixo otra:j dos vezcs el 
dicho jurado juan baptista oliverio, y tocaron los ministriles y trompetas y ata- 
bales y asi ae quedo allí el pendón en el corredor de ayuntamiento hasta la tarde 
el dicho día. 

El mismo dia en la tarde la gibdad entrego el dicho pendón a don antonio de 
fonseca corregidor que a la sazón era de esta gibdad para que le llevase a poner 
en los alcagarcs de esta 9ibdad el qual yva vestido rriqu i ssi mámente de vna 
rropa de brocado blanco y vna quera y calcas de carmesí con tantas perlas y pie- 
dras preciosas la delantera de la quera y la guarnición de la rropa que era de 
efessivo precio hecha para solo aquel efecto. El corregidor tomo el pendón en 
ayuntamiento y con el toda la ^ibdad de rregidores y jurados y oficies de ella 
y le llevo hasta la sancta iglesia de toledo donde a la puerta del perdón le estava 
esperando el cardenal don juan martinez sitigeo arzobispo de toledo con la ele 
rezia y vestido de pontifical fue con et dicho corregidor y pbdad y pendón hasta 
el coro del altar mayor y alli el dicho cardenal estando el dicho corregidor de 
, rrodillas con su pendón en la mano le bendbco con muchas bendiciones y con 
mucha música de canto de órgano y al ñn dio a todos su bendición, y el dicho 
corregidor se fue con su pendón y a la puerta del perdón cavaigo en vn cavallo 
vayo. y con su pendón en la mano yendo delante de el toda la ciljdad cavalgando 
!(i9 sofieies con sus magas y los jurados y rregidores por su borden y antigüedad. 
fueron por la lonja y quatro calles y calcetería y lencería y calle ancha hasta 
Cocadover con grand tropel de tronpetas y atgb^les y ministriles, e infinitissima 
gente asi cavalgando como.a pie y a las ventanas estando todas las calles entol- 
dadas, y en llegando a cocadover disparo en el alcacar mucha artilieria de tiros 
gruessos y menores y arcabuzerta, que para esta fiesta estava aparejada hasta 
llegar asi cavalgando hasta el alcagar. 

Dentro del alcacar estava el marques de montemayor alcaide de los alcacares 
y puertas de esta cibdad y vna muy luzida capitanía de soldados criados y de 
su valia y oficiales de las obras del alcacar todos muy bien ataviados y armados 
de arcabuzes y partesanas y otras armas y el mayorazgo del conde de gríuentes 
con ellos con gente luzida. y llegado el corregidor y c'bdad al alcacar estavan las 
puertas cerradas y llamo tres vezes díziendo como venia de parte del rrey nues- 
tro seiíor a poner el pendón de la cibdad sobre la^í torres del alcafar, y asi le 
abrieron y el alcaide y ambrosio de macuelas rregidor de toledo su teniente to- 
maron el pendón que el corr<^idor traya y el dicho ambrosio de majuelas le 
llevo y puso sobre la turre del homenaje donde estava el otro que se avia puesto 
con mucho estruendo de atambores y artillería. 

El corregidor llevando el dicho pendón en las quatro calles y en cocadover 
dezia castilla castilla castilla por el rrey don felípe nuestro señor a quien dios 



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- ¡78 - 

dexe lúvir y rreynar por muchos añoa y era tanta la gente a [hc y cavalgando y 
por las ventanas que era cosa de espanto, esa noche domiogo en la noche ovu lu- 
minarias en toda la glbdad y mucho regozijo. y el domingo siguiente diez y nueve 
dias del dicho mea de avril se corrieron en gocadover ocho toros en rregozijo. 
lo qual todo se hizo por virtud de las cartas que a la fibdad y ayuntamiento de 
ella vinieron del emperador don carlos nuestro señor y del rrey don Telipe 
nuestro seAor sobre este caso. 

(Biblioteca Nacional. Sección de Mss. Aa. 105. Libro escrito por Sebastián de 
Horoico, fol. i6a.) 



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VI 



Sohre Is traalacl¿B d« la corte 4« T«led« á Madrid 
t>m «lemp* de Felipe II (15«1). 



La traslación de la corte i Madiíd desde Ti)led() en tiempo de Felipe ti es 
usunto que, por la importancia de semejante medida, ó mejor por lo trascenden- 
tal de üus consecuencias para ambos pueblos, como también por la diversidad dir 
criterio con que el punto ha sido tratado, merece algún mayor esclarecimientu 
que el que le cupo en el texto. 

Cuanto í \¡i fcch;! de la traslación, es de notar la divergencia que empieza á 
observarse en los escritores desde poco tiempo después de efectuada. Vaoder 
Hammen la d;i comc) ocurrida en 1560 y también Llaguno (t. II, pág. 81 de su 
ubra}. Según D. Modesto Lafuente, acaeció unw vez terminadas las Cortes de 
aquel año, y la misma fecha se lee aún ca obras modernas como el Diccionario 
giográfico de Madoí (t, XÍV, pág. 848) y el Dlceioaario enciclopédico kispano-ame- 
ricano (t, XXI, pág. 54). Gil González Dávila, en su Tsatro de tas grandezas de Ma- 
f/<'i^ (Madrid, 1633), dijo que la corte entró en esta villa el año 1561. En su /fis- 
hria de.\íadriii, publicada en 1639, Quintana retrasó el suceso hasta 1563 [fol. 3JI 
v."), y en este mismo año lo fijaron Parro y Martin Camero y yo también en mi 
Giría de Toledo, descansando en el dicho del historiador madrileño y de los his- 
toriadores toledanos. Martín Arme y01;ivarrfa colocan el hecho en 1565. Los se- 
ñorea Amador de los Ríos y Rada y Delgado, modernos historiadores de Madrid, 
coincidiendo con González Dávila, añrmaron que la corte vino en 15Ó1. Verdad 
que más había precisado anteriormente León Pinelo, después de consignar que 
la traslación ocurrió en aquel año. «Del dia— dice—en que entró el sello real, 
que es la insignia formal de la Corte, no consta; solo se halla que á veinte y dos 
de Febrero estaua el Consejo en Toledo, y que á 19 de Julio despachaua en 
Madrid, según |Utreze de dos autos acordados de estas datas...* (Anuales ó 
historia de Madrid, año 1561. B¡1>. Nac, mss. 1764.) El ,Sr. Cambronero, en su 
artículo Cosas de antaüo. Vicisitudes de ¡a corte, publicado en la Revista Cou~ 
temporánea (tomo CX\1I, 1900, página 635) y ya mencionado en una nota de mi 
discurso, avanza hasta sentar que la corte se trasladó aquí en Junio de 1561. Ya 
yo consigné en el texto que la traslación, ó más bien, la marcha de las personas 
reales de Toledo, acaeció en los días i j, 17 y 2S de Mayo di' 1 561; noticias que 



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— l8o — 
suministra el historiógrafo toledaao Sebastián de Horozco en una de sos rela- 
ciones manuscritas, tan interesantes para cuanto se refiere á la ciudad imperial 
en el siglo XVI. 

Como cuantos trataron del cambio de corte operado en tiempo de Felipe U 
partieron del supuesto de haber entraíiado carácter deñnitivo, es natural que 
se echaran í buscar motivos y razones que explicasen una determínadún tan 
importante, Gran parte de aquellas razones carecen, en realidad, de fundamen- 
to. Que obedeció la medida, se ha dicho, á la posición más céntrica de Madrid 
en la península; i quien alegue aiin este argumento no hay sino invitarle á exa- 
minar el mapa de España y señalar las sensibles diferencias de centralidad entre 
Madrid y Toledo. Según el P. Sigüenza, Felipe II sentó la corte en Madrid «por 
ser cielo más benigno y más abierto», ráaón de poco fuste para ser considerada 
única. Más verosímil parece que inliuyera en el cambio la especial topografia de 
Toledo. Esta ciudad, por su secular signiñcación histórica y por su insigne ri- 
queza artística, no tenia rival en España; pero sus estrechas y tortuosas calles y 
sus ásperas cuestas, tolerables y aun convenientes en la capital de un pueblo 
medioeval y guerrero, do eran muy compatibles con la permanencia y las con- 
diciones que requiere una corte á la moderna. Vo entiendo, coa todo, que en 
la marcha de la corte en 1561 no influyeron la estrechez de las calles ni lo em- 
pinado de las cuestas. Felipe II no debió de percatarse á los treinta años muy 
corridos de su edad de aquellas circunstancias, que harto conocía desde niño; 
ni por la posición de Toledo dejó de prepararse con la restauración y embelle- 
cimiento del alcázar una espléndida morada, en lo que se propuso algo más que 
un fin meramente artístico. Pero la topografía toledana por fuerza hubiera con- 
tribuido, si no entonces, en más lat^o plazo, i la mudanza de la corte, por no 
haberse realizado aquello que la disposición misma del terreno parece estar re- 
quiriendo allí: una gran ciudad en la Vega junto al Tajo canalizado y navegable, 
continuación moderna de la histórica ú intangible acrópolis. 

Sebastián de Horozco escribió en uno de sus apuntamientos: <En esta ijibdad 
de Toledo cayo vna muy grand nieve que muchos de los bivos no se acordavan 
aver visto otra tal viernes en la noche primero de hebrero y sábado siguiente 
todo el dia de mili y quinientos y sesenta y vn años, a cuya cavsa aquel invierno 
estando aqui la corte de su magestad y por estar las calles tan suzias, ovo tantos 
y tan malditos lodos qualcs nunca en toledo se vieron...» (Ms. Aa IOS de la Bi- 
blioteca Nacional, fol. 257). No pienso, sin embargo, que estos fríos y lodos exce- 
sivos fueran principal causa de la traslación. Recuérdese que la corte no se au- 
sentó hasta muy avanzada la primavera, en que el sol de Mayo resarciria sobra- 
damente de los rigores de tan crudo y desapacible invierno. 

Se ha dicho que Toledo sintió antipatía hacia los Reyes de la casa de Austria 
y que Felipe II abandonó á la ciudad por aquel motivo, no olvidando su adhesión 
á la causa de las Comunidades. El Sr. Castaños y Montíjano ha sostenido recien- 
temente esta opinión en su artículo Toledo, cabtza de EspaHa, publicado en los 
números de Marzo y Mayo de 1900 del Boletín de la üocUdad arqueológica dt To- ■ 
ledo. Según aquel ilustrado escritor, á la sazón aún había en Toledo comuneros 
y recuerdos funestos del tiempo de las Comunidades; latente existía allf la re- 
pugoancla contra la dinastía austríaca, cierta animosidad y resistencia pasiva, 
con lo que el Rey y la nobleza estaban disgustados, y ello es lo que determinó 
la salida de la corte. El Sr. Castaños encarece, á lo que yo entiendo, el alcance 
de todo esto y no fundamenta su tesis ep hechos históricos. Explicarlase que 



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— I8l _. 

Carlos V hubiera expresamente anulado la capitalidad de Toledo en castiga á su 
resisteoda á las armas imperiales (en la que los ciudadanos no anduvieron uná- 
nimes, ni mucho menos); pero no se explica que Felip; II se apoyara, al ausen- 
tarse, en esta raión, al cabo d? cuarenta años verdaderamente arqueológica. Ks 
también notable que, por evitar Felipe II todo recuerdo comunero, eligiera, se- 
gún suele afirmarse, i Madrid para su corte. Recuirdese, en efecto, que en la 
grave alteración de Castilla Madrid simpatiió desde el principio con Toledo y 
con la causa popular; que, al igual que Toledo, se declaró en rebeldía, y que 
también persistió en esta actitud después de la rota de Villalar. La verdad es 
que tales hechos no impidieron que Madrid fuera la villa predilecta de Carlos V 
y Felipe U, que, tocante á este punto, no debieron de tener con Toledo y Ma- 
drid dos pesos y dos medidas. 

Opinión de los eruditos autores de la moderna Historia d£ la nUla y corte de 
Madrid es que la importancia misma de las ciudades históricas y cabeíaa de rei- 
nos fué, á no dudarlo, la más grave de cuantas razones decidieron al Reyá «dic- 
tar el controvertido decreto» (t. I, pág. ¡8). Por mi parte, discrepo de esta opi- 
nión, y no creo que D. Felipe eligiera á la modesta villa por acallar rivalidades 
y competencias que, ó no existieron, ó no se manifestaron vigorosamente en de- 
manda de los beneficios de la corte. 

Es muy curioso lo que sobre el tnismo particular dice D. Cristóbal Lozano en 
sus Reyes nuesos de Toledo i,lib. I, cap. I). La imperial ciudad «vio que para alver- 
gar i la gran Casa de Austria en la obstentacion magnifica que se porta, era su 
Real Alcázar nido estrecho», y le fabricó palacio en Madrid, que es como nuevo 
alcázar de Toledo y cual un barrio, arrabal ó retiro suyo. Sigue discurriendo 
Loiano y establece un parangón entre Roma y Consta nt inopia , adonde Cons- 
tantino trasladó su corte por no hacer sombra, á la autoridad religiosa, quedando, 
con todo, Roma única cabeza del imperio. Así, pues, «viendo el Quinto Carlos y 
Rey de España de este nombre... que en esta Imperial Ciudad reside y habita el 
Pontífice y Primado de todas las iglesias de sus Reynos... retiró á Madrid su 
Casa, su Corte y su grande/a, fabricando allí nuevo Palacio para él y sus successo- 
res"; y Toledo quedó «señora y mis Imperial». Dejando á un lado lo de que de- 
terminara la mudanza Carlos V y no Felipe 11, como siempre se ha creído (aun- 
que la verdad es que, como definitiva, no la resolvió ni uno ni otro), ni creo que 
convenzan á nadie estos argumentos, ni que se consolara Toledo quedándose, 
aunque sin corte, «más Imperial», según determinación del buen D. Cristóbal. 

Buscando nuevas explicaciones á la traslación, un autor moderno pensó que 
quizá no fuera ajena á ella la devoción del monarca al santuario de Atocha; y 
Otro escritor, acaso no descaminado, sospechó que algo pudo influir la fundación 
del monasterio de las Descalzas, hecha en 1559 por la princesa D.* Juana, her- 
mana tan querida de Felipe IL 

Creo haber demostrado en el cuerpo del discurso que ni hubo aversión hada 
Toledo por parte del Rey, ni á causa tan imaginaria se debió la mudanza de la 
corte. El autor, ó al menos el propalador de esta leyenda fué nuestro cronista 
local Martín Gamero, quien, de tan juicioso criterio en general, padeció en este 
punto ofuscaciones que hay que atribuir á un amor patrio exagerado y á erróneos 
prejuicios muy extendidos en el último siglo. Según él, la traslación de corte fué 
un golpe que se tenía preparado á Toledo, halagándose á la ciudad por algún 
tiempo para dársele sobre seguro. Se la quiso coger desprevenida, temiendo que 
estallara de coraje. Felipe II meditaba en Toledo dónde alzaría la fábrica que 



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— I82 -- 

pensabu dedicar á San Lorenzo co memoria de la batallü de San Quintín, y ni 
Hitio ni buena acogida hubo de encontrar acaso para Ir obra, con lo que cempetó 
á disgustarse del pretorio visigodo, que aprisionaba su indócil pensamiento como 
en una cárcel oscura». <La ruina total de Toledo estaba reservada para la época 
en que empuñase el cetro el Demonio del Mediodía, Felipe II no podía remirar 
libremente donde erraban las sombras de sus ilustres predecesores, y como le 
ahogara el aliento de gloria que despedían nuestras instituciones y nuestros mo- 
numentos, avergonzado abandonóla cuna de la monarquía...! 'Este soberano, 
como si emplease ei puñal de misericordia que se usaba para rematar á lo» ven- 
cidos en las luchas antiguas, acabó de un golpe la agonfa prolongada de Toledo.* 
Tales y otras análogas ideas, vertidas en el curso de su Historia por Martin Ca- 
mero, vuelven en parte á tomar cuerpo en d siguiente párrafo, en que concrcti 
más su opinión acerca de la mudanea operada por Felipe II: 'Aquel monarca — 
dice, — ^no encontrando en Toledo terreno á propósito para esculpir su nombre 
con caracteres de piedra en un monumento que descollase sobre los demás que 
ya encerraba, pretextó el poco atractivo que ofrcda á la noblcia afeminada y 
exigente de su siglo, y la falta de espacio en que pudiera ensancharse, para ir á 
levantar á orillas del pobre Manzanares ó en los desiertos lindes de ambas Cas- 
tillas el pedestal imperecedero de su futura gloria. Creyó que su cuerpo no 
cabria en vida ni en muerte donde habían errado las ilustres sombras de San 
Fernando y Alfonso el Sabio, donde yacían la^ cenizas de Sancho el Bravo y 
Enrique III, del Condestable Don Alvaro y del gran Cardenal Mendoza, y erigió 
un palacio al lado de la Almudena, y creó un panteón en el monasterio de San 
Lorenzo» (pág, aS). No escasa materia de rectificación se observa en este párrafo; 
pero tocante á las razones que en é! se atribuyen á Felipe II para resolver la 
traslación, el historiador no las justiñca ni documenta, por la sencilla razón de 
que no es posible exhibir lo que no existe. 

La-H equivocaciones de los hombres de recto criterio son harto de lamentar, 
entre otras razones, porque siempre encuentran un sitio en los escrití)s de aque- 
llos otros que, viniendo detrás, hallnn muy cómodo pensar por cuenta de un 
autor justamente acreditado. Todavía en cierto moderno libro de cosas to- 
ledanas (sin duda escrito con muy buena intención) se habla de «la ingratitud, el 
menosprecio y la ruin vengama de un orgulloso monarca á quien la toledana 
historia no olvida», que «hizo que naufragara [la ciudad} en la horrorosa tem- 
pestad de su desvio, abandonándola cruelmente", etc. 

¿Qué es lo que hoy queda en pie-de todas estas imputacionesf No más que pa- 
labras. Vióse ya en el texto el interés que demostró por Toledo el monarca á 
quien se achacó la ruina de la antigua corte. No insistiré en recordar los actos 
solemnes que en ella celebró Felipe II, sus donativos á la ciudad, su veneración 
por su iglesia, la concesión de piadosas reliquias, la subida de las aguas del Tajo 
y la navegación de este rio; pero mencionaré algunos otros hechos que vienen á 
robustecer la verdad del afecto dispensado por el Rey á la ciudad que como 
cabezii de España se consideró siempre desde el tiempo de los godos. 

Parece evidente que en lugar para él antipático no había de prepararse el 
monarca tan suntuosa morada como la que aderezó en el alcázar toledano. Y 
es de reparar el interés y diligencia cim que fomentó la restauración y embelle- 
cimiento de la antigua foitalcza, superioreii á todo encarecimiento. Aun siendo 
príncipe y después, ya Rey, <lesde cualquier punto de la península en que se 
hallara, cc)m" también desde Lnndri'S ó Bruselas, seguía atentamente el curso 



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- 183 - 

de ) OS trabajos, mantenía nutrida correspondencia con los arquitectos, enviaba 
caudales, enterábase de los menores detalles, proveía á todo, dirigía las obras, 
en fin, como si en Toledo se hallara presente. 

ExístJa en la ciudad desde principios del siglo XV el hospital de San Lázaro, 
en que hallaban cuidado y consuelo los enfermos de ciertas dolencias repug- 
nantes; pero en el siglo XVI ya había dejado de practicar (acaso por falta de re- 
cursos) sus caritativas tareas. Felipe II quiso librar á la ciudad del ingrato espec- 
táculo de tantos infelices que ostentaban sus enfermedades por las vías públicas 
y en tjóo reparó el h()spital, situado en las afueras, ordenó se abriera nueva- 
mente y le declaró de patronato real. 

Los privilegios, gracias y confirmaciones concedidos por Felipe 11 á Toledo, 
á la Catedral, alas diversas corporaciones, monasterios, capillas, ciudadanos, e'c, 
Hon en grandísimo número. Por las provisiones y cartas dirigidas al Cabildo de 
juradas se declara bien su afecto al pueblo toledano. Por carta de privilegio 
fecha en Madrid á 15 de Elnern de 1566, confirmó á Toledo su antigua exención 
de portaigo de las mercaderías que sus vecinos llevaban y traían por todo el 
Reino; y por carta de Madrid, á 14 de Mayo de 1576, confirmó también el privi- 
legio y franqueza de las alcabalas del vino, concedido por Enrique IV. A la 
Santa Hermandad, al hiispital de Santa Cruz, á la capilla de Reyes Nuevos, á l«s 
monasterios de Santa María de la Sisla, Santa Catalina, Santa Clara, San Agustín 
y Santo Domigo el Rea!, entre otros, y á muchoi gremios y oficios, concede ó 
confirma gracias y privilegios (i). íNo es verdad que todo ello es demasiad" 
conceder á una ciudad odiada, y que Felipe II nn era hombre de estos que con- 
ceden por compromiso? 

Con semejantes hechos se e.'Cplica bien que los toledanos, lejos de estar 'jus- 
tamente resentidos' con Felipe II, como se pretendió, le mostraran siempre 
amor, veneración y respeto. A mayor abundamiento, la opinión unánime de un 
pueblo humillado ó aborrecido suele refiejarse en los escritos de sus hijos, y los 
escritores toledanos de los siglos XVI y XVII sólo alabanzas publican de aquel 
monarca. Sebastián de Horoico llamó á D. Felipi- 



d* lai qulun lida tn i\ mu ni lo. 

Román de la Higuera, que si como prfibablc autor de los falsos Cronicones no 
es muy de fiar en las antiguas cosas toledanas encerró en su Historia eclesidstira 
de Toledo abundante arsenal de noticias contemporáneas, hace constar el singii- 
lar consudo que por el restablecimiento de Felipe II en 1596, de cierta grave 
dolencia, tuvo la ciudad tqui- por tantas cau.sas le ama y desea la vida*, (fiist. 
ecl.de Toledo, lib. V, cap. XX V"). Pisa, escritor de la misma ópoca, dice que 
en los 'felices tiempos' de Felipe II 'gozó esta ciudad y república de Toled'i 
de la felicidad que siempre en ella ha resplandecido'. Recuerda «el amor que 
Su Hagestad siempre le mostró», de lo cual pudiera traer «muchos exemplos*. 
(Historia de Toledo, i.' parte, fol. 264 v.") Mis categórico aún el P. Quintan»- 



(ij En U BlblwtMn NM»nil di P>ri> < 
do> pac Clrlc» V y K>lipc II, d« que da m. 



lizcdtyGooi^Ie 



— l84 - 
dueñas, afirma que aquel monarca •amó con enceodido afecto á su Imperial 

Toledo, como lo publican, si bien las oroicas obras, honras y favores que la 
hizo, no menos los muchos y extraordinarios privilegios que la concedió, de que 
hoy gozan sus dudadanos». (Sanias áe Tate 'o, pág. 517,) Para adulación ú ironia 
estas frases serían verdaderos colmos. Por otia parte, tanto Higuera corno Pisa, 
que vivieron en Toledo durante el reinado de Felipe II, escribían en parte sus 
obras en el de Felipe III, á tiempo en que, como es sabido, con libertad y sol- 
tura se emitían juicios acerca del gobierno de) Rey Prudente. 

En conñrmación de lo ya declarado en el texto cuanto á las verdaderas causas 
de la accidental, que no definitiva, mudanza de Corte, ofrezco aquí algunas prue- 
bas. El licenciado Horozco, frecuente compafuro mió de txairsijn al través de la 
Toledo de! siglo XVI, nos dejó no despreciables noticias acerca del malestar de 
toledanos y palaciegos en 1560. De la gran apretura y carestía de mantenimien' 
tos y del mal aposento de los cortesanos en la ciudad por no estar las casas he- 
chas á propósito de corte lamentóse repetidas veces en sus curiosas memo- 
rias mss., levantando acta de las 'malas voluntades' que los palaciegos observa- 
ban en los toledanos y del deseo que unos y otros sentían de ver mudanza de 
corte, «e yo mas que todos — añadía — que estrañamcnte deseava su ida» (Aa. 105' 
de la Bib. Nac., fol, 257). Pero aun mis elocuentes y pintorescas que estas decla- 
raciones son las que estampó el mismo Horozco en una composición poética ro- 
tulada Etatictor a un amigo suyo, que le entbiJ a pn^mtar como U iba con la corte, 
estando en loledú, el año de I^^6o{i). Hé aquí en gran parte transcrita esta curiosa 



Ytesujiqu«Bh.jus.do 



o, publlcudo pac U Sociedad d 



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- 185 - 



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Yd digo qu' > toda ley, 



DigitizcdbyGoOl^Ic 



Eip>Kol« y frinca», 
y lwt«co< y ilemanet, 






Las CW> no III I 

1 propoilto de con 
é aimqiie hay much 



ICMing. inquiet.Kli 
Fgind hay Jb mutiiiud. 



Pululaban á la saión por Toledo grandes ladrones y se comf tían frecuenta 
hurtos, lo cuhI tenía tambicn disgustados á los ciudadanos. Muchos ladrones pe- 
recicnn) en aquellos meses en la horca y sólo el día 2 de Mayo se ahorcó á cuatro 
,<le ellos. No deja, pues, de ser curioso que, despuís de tantas quejas é invectivas 
contra la permanencia de la corte en Toledo y los daños que i la ciudad acarrea- 
ba, saliera diciendo Horozco en otro de sus apuntamientos: «Su magostad mando 
ir la corte a Madrid contra la voluntad de todos, porque estavan y se hallavan 
muy bien en esta ^ibdad avnquc al principio quando a ella vinieron no les pá- 
resela bien* (ms9. Aa. 105, fol. 261 v.°). Claro se ve que, consumada ya la trasla- 



lizcdtyGooi^Ie 



- 187 - 

don, Horozcn.y los que como él declamaban contra la estancia, comenzaban i 
arrepentirse de la que acasn en parte con sus dichos habían provocado. 

D. Felipe no se hallaba entoncesásu gusto euToledo, así por la incomodidad 
del aposento para sus criados, como porque adoUclapor moaunioi la Real familia. 
Exprésalo asi terminantemente Vander Hammen, escritor de la época (Don Ísom 
de Austria, hoja 30). <Qué, pues, tiene de extraño que el Rey, impulsado por estas 
fundadas razones, y viendo más tolerada que solicitada y apetecida la presencia, 
no de su persona, venerada siempre, pero sí de su séquito, resolviera marchar 
por el pronto á otro sitio, ó más saludable ó más Ireaco, ó mejor prevenido para 
con sus servidores? 

En otro lugar se dijo que, ni antes ni después de la accidental mudanza de 
corte, expidió cédula Felipe II, ni dictó providencia, ni celebró ceremonia algu- 
na por la que pudiera traslucirse sd propósito de establecer la capitalidad en 
sitio distinto á Toledo. En efecto, cédula Ó providencia sobre el particular no ha 
podido hallarse, á pesar de las investigadones practicadas por los diligentes 
archiveros de Madrid Sres. Ciña y Cambronero. Aparato y pompa en la instala- 
ción de la corte en Madrid no los hubo, ó al menos, callan unánimes sobre el 
caso los historiadores y cronistas de la época. Según los modernos autores de la 
Historia de ¡a Villay Corte de Madrid, todo induce á creer que Felipe II, sin dic- 
tar solemnemente una providencia que hubiera acaso podido parecer extraña, 
contentóse sin duda con formar para sí la resolución «estando en ánimo de per- 
petuar en Madrid, conforme á sus miras políticas, el asiento de su metrópoli, por 
cl convencimiento en que se hallaba de ser este punto el más adecuado para 
aquellos fines...* Pero es el caso que, si tal resolución adoptó el Rey, tan recón- 
(Üta debió de conservarla que no llegó á hacerse pública durante todo su largo 
reinado. Así al menos parecen acreditarlo algunos textos, de que, por lo curio- . 
sos, voy á dai noticia. 

ELxhumados por el Sr. Cambronero en su antes citado arttculo Colas de antaño 
son los siguientes. Consta que los cosecheros de Madrid solicitaron en Julio 
do 1561 'autorización del Ayuntamiento para vender el vino á veinte maravedís 
for el tiempo que S. M. estuviere en esta pilla'. En 18 de Agosto el Ayuntamiento 
OomisfoDÓ á dos regidores, según cierto libro de acuerdos del Concejo, para que 
«examinando la casa del Estudio de Gramática, informaran si se podía arrendar 
á un tal Francisco de Monzón duranlt el tiempo que estuviere en esta villa la corte 
de S. M.' En 14 de Septiembre de 1563 concede el Ayuntamiento á Juan Martí- 
nez 'el alquiler del poste de junto á las carnicerías de esta villa frontero del 
librero, para poner una mesa con molletes por el tiempo que la corte de S. M. es- 
tuviere en esta villa'. Pérez Pastor, eo su Bihliogra/ia madrileña, núm. 545, da 
cuenta de este trabajo del protomédico D. Cristóbal Pérez Herrera: 

•Discurso á la Católica y Real Majestad del Rey D. Felipe Nuestro Señor, en 
que se le suplica que considerando las muchas calidades y grandezas de la villa 
de Madrid, se sirva de ver sí convendría honrarla y adornarla de muralla y otras 
cosos que se proponen eon que mereciese ser corte perpetua^. Esto !o escribía su 
autor en 1597, y en vista de tales textos, dice con razón el Sr. Cambronero: 
<íNo viene á demostrar que un año antes de murir Fi-lipc II aún no estaba deci- 
dido establecer aquí perpetuamente la corte?» 

Por mi parte observaré que en el Ordenamiento de las Cortes de Madrid 
de I J83, petición 56, se reclaman ciertas modiñcaciunes en el modo de juzgar á 
•los presos de la cárcel de la villa de Valladotid y de Madrid, y otros lugares 



tizcdbyGoOl^Ie 



— I88 — 

donde reside la corte», sin determinarse, según se ve, sitii) preferente 6 corte 
perpetua. Agr^uese á todo esto que Felipe III la trasladó á Valladolid, como es 
bien sabido, en Enero de 1601, y volvió á trasladarla á Madrid ea Febrero 
de 1606, siempre con el carácter transitorio acostumbrado por sus antecesores. 
Acaecido esto último escribían Juan de Xcrez y Lope Deza su curioso tratado 
Jtaion de corte, que inédito se conserva en la Biblioteca municipal de Madrid 
(número 2.135), y *' desenvolver uno de los puntos de la disertación, dicen se tra- 
tará «con suposición que ia corte se afixe y perpetua en la villa de Madrid». 
La corte no llegó, pues, d perpetuarse en Madrid, de hedía, hasta entrado el si- 
glo XVn, y por tanto, cuando en ij6i se trasladó á esta villa Felipe n con su 
familia, Consejo y servidumbre, no vino sino como tantas otras veces había ve- 
nido, á pasar una temporada más ó menos larga. 

Como aquel monarca no pensó en despojar á Toledo de su tradicional signifi- 
cación y carácter, nada tiene de extraño «¡ue los escritores de ios siglos XVI 
y XVII, asi toledanos como forasteros, continuaran considerando y enalteciendo 
á nuestra ciudad como corte efectiva, cabeza y metrópoli de España, El valen- 
ciano Bartolomé de Villaiba decía en 1577, al describir la procesión del día del 
Corpus en Toledo, «que es de loar en esto la corte del Rey de España*. (El pele' 
grino carioso y grandezas de España, pág. 193.) En Junio de 1618 Siilazar de Men' 
doza enderezaba á la princesa Isabel la dedicatoria de su obra El glorioso Doctor 
San Ilefonso... y en ella afirmaba que Toledo es «la cabe^fa de España eu lo eipin- 
tualy temporal, silla, assiento, corte, y ordinaria residencia de sus Emperadores 
y Reyes». Y todavía en 1635 pudo repetir, sin que nadie se le opusiera, el jurado 
Sánchez de Soria, en su curioso libro del prudente gobierno de Toledo, que ésta 
era 'caueca del Imperio de España» (cap. I). Es, pues, muy cierto que Toledo 
conserva hoy intacto el derecho de poder titularse cabeza y aun corte de Es- 
paña, que ni Felipe n ni sus sucesores le arrebataron. 

Ahora bien, considerando el asunto por el aspecto de los hechos, la resolución 
de Felipe II no perjudicó por sí grandemente á Toledo, que ya entonces, y aun 
de mucho tiempo antes, no era cabeza de España sino nominal y honoríficamente. 
Las necesidades propias de los tiempos de la edad media, y aun del siglo XVI, 
hablan tenido en constante movilidad la corte, y varias ciudades castellanas y 
andaluzas merecieron la atención de los an'eriores monarcas, no obstante los 
tradicionales derechos de Toledo, En los comienzos del reinado de Felipe II 
alternaban principalmente con Toledo en el papel de corte Valladolid y Madrid. 
Objeto de criticas y censuras ha sido la supuesta elección de esta villa por parte 
de aquel monarca; capricho inexplicable, dicen, determinación que, según algún 
historiador moderno, da idea poco favorable de su talento. Estos cataos se des- 
vanecen recordando que ya desde Alfonso VI, reconquistador de la villa, fué 
mirada Madrid con predilección por nuestros Reyes y considerada como sitio de 
esparcimiento y recreo. Alfonso XI, Juan II, los Reyes Católicos y el Regente 
Cisneros residieron en su alcáiar con frecuencia. Carlos V ensanchó y mejoró' 
este viejo edificio; habiendo convalecido en Madrid de unas pertinaces cuarta- 
nas, cobróle singular afición, estacionó aquí muchas veces con su corte y aun 
deseó, según Cabrera de Córdoba, establecerla en la villa definitivamente. Cons- 
ta que la corte pasó temporadas en Madrid reinando Carlos V, en los años 1529, 
y, 3', 33i 34i 3S> 3^. 39> 4''> 4' y 4^. Felipe 11 transformó en palacio el alcázar 
madrileño, pues, lo mismo que su padre y sus antepasados los Reyes castellanos, 
gustaba de Madrid, como tamtüén del Pardo y del bosque de Balsaín, inmediato 



lizcdtyGooi^Ie 



— 189 - 
ftqnél 7 no muy lejos éste de la que estaba destinada á ser capital de la mooar- 
quk española. 

Al trasladarse, pues, accidentalmente á Madrid D. Felipe, no eligió un lugar 
oscuro, como se ha pretendido, sino villa que tenía historia ligada de antiguo con 
nuestros Reyes, E! clima de Madrid favorecía la salud del monarca. Los escrito- 
res madrileños y los corUsanos de aquet siglo y el siguiente se hacen lenguas 
hablando de la agradable situación de Madrid, de su alcáwr insigne, abundanda 
de mantenimientos, excelentes aguas, admirable constelación, alegre cielo, aires 
saludables y grandes calidades naturales; pintura acaso no tan exagerada ccAiu 
á primera vista se creería. Ea efecto, por su topograSa, por la «tuación de bu 
alcázar, por la amplitud de sus calles y plazas, Madrid parecía reunir más venta- 
jas que Toledo para capital de un estado. Escritores respetables de aquella época 
afirman que los alrededores de Madrid eran amenos y deleitosos. Umbríos bos- 
ques, poblados montes y risueñas praderas rodeaban aún por aquel tiempo á la 
villa, aunque ello parezca extraño á nosotros, habitantes de esta hoy árida región 
castellana; y tales circunstancias prestaban, sin duda, á este pueblo condiciones 
climatológicas de que modernamente carece. Adviértase que en el coro de tos 
encomiadores de Madrid se señalaron muy especialmente los escritores toleda- 
nos, asi antes como después de la traslación de la corte. Pedro de Alcocer* que 
escribía su obra bastantes años antes de este suceso, dice que Madrid se puede 
preferir y anteponer con justicia á casi todas las otras poblaciones de España 
<por suassíento, fertilidad y excelencia» (Historia de ?b/ei¿i,I¡b. I, cap. L, fol.liij). 
Pisa llama á Madrid villa muy excelente, y repite por cuenta propia las frases de 
Alcocer (Historia de Toledo, i.* parte, fol. 43). El Conde de Mora elogia sin reti- 
cencias i. Madrid por su salubridad, edificios y recreaciones (Historia dt Toledo, 
título I, pág. 307). Matías de Novoa encomia también á la villa y corte en su His- 
toria de Felipe ///(pig. 299). El maestro Josef de Valdivielso, en cierta silva, en- 
salza grandemente al historiador de Madrid Quintana y á la misma corte: 

Ifadrid, gua eAcrecdon 

de todoi, puu á todoi biealuclien 

McontrnlcA coa Urgueu aunu. 

Estos elc^os á Madrid, seguramente sinceros, por parte de los toledanos, re- 
velan que la ciudad imperial no temía (con razón ó sin ella) perder su derecho, 
siempre reconocido, de cabeza de España, ni el carácter de capital efectiva que, 
como antes dije, en realidad ya no tenía en 1561. 

En el texto se señaló como causa principal de la detención indeñnida de Fe- 
lipe II en Madrid la erección del monasterio escurialense, que ya le preocupó 
hasta su muerte. En fines de 1561, año de ta mudanza de la corte, quedó elegido 
el sitio para la .obra de San Lorenzo. En Abril de 1 562 visitaba El Escorial Feli- 
pe II; en 23 de Abril de 1 563 colocábase la primera piedra del grandioso edificio, 
cuyas medras casi seguía el monarca con la vista desde su alcázar de Madrid. En 
Madrid, pues, siguió habitando el Rey de preferencia, con lo cual, no sólo Tole- 
do,sino Valladolid y otras importantes ciudades, vinieron á sufrir la misma suerte, 
privadas de la presencia de la Real familia y de ias indudables ventajas que á los 
pueblos acarreaba. Por tanto, tscii lidto seguir censurando á Felipe 11, y aun 
denigrar su memoria, por su marcha de Toledo en 1561; Ausentóse la corte y la 
decadencia de la ciudad no se dejó sentir luego, sino bastantes años más tarde; 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 190 — 
y í bu<^n scgurn, principales ciudades de \n peninsulii hubo que, sin disfiniUr 
tampoco en adelante de la presencia de los ninnarcas y hu séquito, mantuvieron 

BU importancia y prosperidad í buena altura. Que la prosperidad y decadencia 
de pueblos y naciones no deben sólo achacarse i los hechos más visibles y noto- 
rios, sino buscarse en causas y circunstancias más complejas, dignas de estudio 
más hondo que el que se les consagra de ordinario. 



lizcdtyGooi^Ie 



vil 



Relael» del CoB«lli« pr«Tlael«l c«lebr«de «m Tel«é» 
«■ 150S 7 Motlela de «tr** »a«eiias acaecidas per el 
■tlaaie tlenpe. 



Acabado El concilio general que sf hizo en trtnto El qual se comen go en 
tiempo rtc nuestro muy Sancto padre paulo tercio año de mil y quinientos y 
quarenta y (incn h'iHta el año dt quarenta y siete, y después en tiem|n) fie nues- 
tro muy sancto pfidrc julio 3 hasta el año de ginquenta y dos y deüpucs en tiem- 
\tí> de nuestro muy sancto padre piu quarto hasta el año d<^ 1563 que se acabo, 
como de el rresultaron muchas cosas que convenia en cada metrópoli y dkices^ 
probeersc. y para el bien de la cristiandad su magestad del rrey nuestro señor 
felipn 2° procuro que en todos los argohispadiis de cspaña se junta.s«'n y hizie- 
sen ciin^ilios generales en el aflo de 1565. y asi hizo que cada arzobispo en su 
iglesia metropolitana hiziese cóndilo juntando los obispos a su sede sufragáneos 
y los abades y otras personas que por los cabildos de las iglesias diocesanas s<: 
solían y debían llamar y asi el arfobi^o de Santiago hizo su con^lio probincial 
en la pbdad e iglesia de salamanca donde el tiene su audiencia de las apelacio- 
nes y por estar en lugar mas conveniente para todos sus obispos sufragáneos y 
asi los demás de sevilla y ^ragopa etc 

Al arfobispado de toledo son siete obis|HBi sufragáneos. Conviene a saber El 
obispo de cordova. El obispo de giguenja. El obispo de palcn^ el obispo de 
quenca, el obispo de segobia el obispo de Jaén, el obispo de asma, todos estos 
perlados fueron llamados para toledo para primero día de agosto de mil y qui- 
nientos y sr,5enta y pnco años avnquc dfspues se fueron prorrogando los térmi- 
nos por sus editos hasta setiembre. 

Y es de saber que como e.s cosa notoria a la sazón que este con5ilio se abía 
de hazer y fclebrur y se. hizo. El arzobispo de toledo qui- era el que en el abia 
de presidir, dim fray bartolome miranda de carranca estaba preso en valladulid 
por el sancto oficio de la sancbi ¡nquÍHÍgion ovo de presidir en el dicho concilio 
el mas antiguo obispo de los siete sufragáneos que fue il de Córdoba don cristo- 
val de rr<)ias y para este efecto fue aposentado y poso en la sobrcciavstra de 
la sancta iglesia de toledo, este vino el primero y luego vino el obispo de sego- 
via don diego de covarrubias de leylia natural de esta (ibdad este fue aposen- 



lizcdtyGooi^Ie 



ado en las casas del duque de maqueda a san juan de los reyes donde poso 
algunos días y después por <^star lexos se pasíi a la perrochia de Sa.nt andres 
cerca de casa de su padre alfonsodc covar rubias en las casas del jurado juan 
de majuelo y en las casas de juan de merino luego vino el obispo de quenca don 
bernardo de frexncda fraylc francisco confesor de su magestad y poso en las 
casas del Conde de fifucntes luego vino el obispo de osma don honorato juan y 
poso en las casas de don garfia de toledo señor de higares luego vino el obispo 
de jacn don diego de los cobos y poso al pozo amargo en unas casas de pareja. 
Este fallesgio a veinte y ocho de agosto en la noche antes que el concilio se co- 
mengase que fue graod lastima por que era mogo y rrezio y sano y muy rico, 
avnque todo no le aprovecho contra la muerte fue abierto y embalsamado y lle- 
vado i su tierra, y avn porque los que le abrieron y embalsamaron dil qué 
tomaron cierta parte de su vnto. ovo pesquisa y presos sobre ello, luego vino 
el obispo de giguenga llamado el de lagasca bien conogido por la jornada que 
hizo a las indias contra pigarro poso en las casas de don pedro niño, hijo de 
dona maría nifio. El de palengia valtodano vino después a 14 de setiembre el 
mismo dia que se avia comentado por la mañana el conplio poso en las casas 
de gomei carrillo. 

Embio su magestad por embaxador para asistir en este congilio a don franpa- 
co de toledo hermano del conde de oropesa fue aposentado en las casas arzo- 
bispales en el quarto nuevo y mientras se le aderegalia el apoü'nto. estuvo algu- 
nos días enfermo en las casas del marques de vülena. 

A este congilio vino el abad de aicila don diego de avila hijo del marques de 
las navas y de cada iglesia de las sufragáneas vn canónigo o dignidad y vn pro- 
curador todos clérigos de los mismos cabildos, sobre los asientos de los que 
les ovo al principio antes de se comcngar el concilio alguna pretendengia. y ave- 
riguóse ninguno tener preeminencia de lugar sino la iglesia de Toledo y así 
pregedieodo la iglesia de toledo tMos los demás se asentavan como hailavan. 
por el cabildo de Toledo fueron nombrados don hernando de meodoga arge- 
diano de toledo y don antonio gapata capellán mayor avnque al principio no 
querían nombrar por algunas cavsas que alegavan y pretendían sobre lo qual 
su magestad les escribió la carta siguiente. 

Carta de su magestad al cabildo de la sancta iglesia de toledo 

EL RREY 

Venerables deán y cabildo de la sancta iglesia de toledo ya sabéis y tendréis 
bien entendido que abiendose de gelebrar ay el congüio probingial de esta 
provingia y metrópoli conforme a lo determinado por los sacros cañones y al 
vso antiguo y de la iglesia han de intervenir en el personas de los cabildos de 
las iglesias catredales de esa dicha provincia y metrópoli según lo qual de ese 
cabildo siendo como es el principal de la metrópoli y avn de estos rreynos 
deven intervenir y asistir personas y porque somos informado que como quiera 
que por el obispo de Cordova presidente del concilio a defeto y por impedi- 
mento que ay en la persona del argobispo de toledo os ha sido ordenado que 
las nombréis y señaléis hasta agora no lo aveis hecho, mas avn según somos 
informado aveis determinado y acordado de no lo hazer y porque esto en nin. 
guna manera conviene y seria de gran nota y no de buena consequengia y exem- 
plo os encargamos que. cumpliendo lo que el dicho obispo de cordova os ha 



tizcdcy Google 



- 193 — 
ordenado sobre esto y lo que vosotros 9ois oblig&dos y satislazieiido y corres- 
pondiendo al intento y fin que los sacros cañones y el antiguo vso de la iglesia 
ha tenido nombréis luego las personas de ese cabildo que han de asistir e inter- 
venir por el cu el dicho concilio advirtiendo que sean tales quales para tan 
sancto negogio se rrequiere que yo rregcbire de ello contentamiento y de lo 
contrario ni podríamos sentir ni juígar bien, del bosque de segovia a veinte y 
nueve de agosto de 1565 yo el Rey pedro perez. dezia en e) sobreescrito por el 
Rey. H los venerables deán y cabildo de la smcta iglesia de toledo. 

Asi mesmo su magestad este mismo día escribió al ayuntamiento de la gibdad 
de toledo otra carta de! tenor siguiente: 

EL RREV 

Ayuntamiento y corregidor de la muy noble ^bdad de toledo aviendose de 
alebrar ay el concilio provincial que como sabéis esta convocado embiamos á 
don francisco de toledo para que asista e intervenga en el por nos y en nuestro 
nombre y le avernos encargado y mandado que en lo que tocare a esa ^bdad si 
en el dicho concilio ocurriere aversc de proponer o pedir de parte de ella algu- 
na cosa asista y procure de lo enderezar y encaminar como convenga de lo qual 
os avernos querido avisar para que sepáis la quenta que con esto avemos tenido 
y que conviene y porque juntamente con cíto ha de tener e! dicho don fran^SCO 
-particular cuydado de que las personiís que concurrieren en el dicho concilio 
sean bien tratadas y proveydas de las cosas necesarias y de que aya la libertad 
s^uridad p32 quietud y concordia que se rrequiere os encargamos mucho que 
en lo que el os pidiere y ordenare de nuestra parte (erca desto y para este 
efecto lo procuréis de enderezar y encaminar de manera que aquello se haga y 
cumpla como a el le pareciere que conviene que yo seré de ello muy servido 
del bosque de segovia a 19 de agosto de IS^S- yo el rrey. pedro perei. deiia el 
sobreescrito. por el rrey, al ayuntamiento y corregidor de la muy noble ^bdad 
de toledo. 

A este concilio eligió venir el obispo de burgos porque diz que es indiferente 
y puede ir al que el quisiese, y por el y en su lugar vinieron el abad de salas y 
el doctor liermo. y por la iglesia de burgos vino el probisor y otro letrado ca- 

En viniendo que venian los obispos se juntavan antes que se comencase el 
concilio cada dia en el aposento del obispo de cordova presidente donde trata- 
van de muchas cosas que para el concilio se rrcquerian en lo qua el mayor tra- 
bajo se encargaixi al obispo de segovia don diego de covarrubias de leyba ansi 
por ser grandissimo letrado como por aver estado y halladose en el concilio ge- 
neral de trento y estar mas instruido en lo que convenia, y asi escribió mucho 
en aquellos dias como yo via por mis ojos, y cierto dcvia de aver neccssidad de 
semejantes preparamientos como avia tantos años que en esta cibdad no se avian 
hecho semejantes con^lios. y era cosa nueva. 

Para este efecto y para donde se juntasen a celebrar este concilio se mando 
aderecar la sala grande que dczian de los concilios en las casas arcobi^ales. 
avnque en ella dizen nunca averie celebrado concilio semejante y si algunos en 
ella se hízieron por donde se decia de los concilios serian sínodos de solo este 
arcolnspado en tiempo de los arcobispos pasados, porque los concilios toledanos 
que se hazian en tiempo de los godos de quien ay n 



lizcdtyGooi^Ie 



— 194 — 

decretos se h-uian y ^Icbr&ban en diversaü partes conviene a saber en aancta 
leocadia o en san pedro de las dueAas en la vega, y esta sala de que tratamos 
con mas rrazon se podia llamar 1» sala de las rrentas. porque en ella se ■luelen 
haier las rrentas ar obispales. 

Esta sala estava tan mal tratada que fue ne^t^sario aderezarla y rrepararla y 
de todo dieron el cargo al rracionern rrincon maestro de ^erimonias de esta 
sancta iglesia persona hábil y solicita para elln. El qual la blanqueo y gerro en 
ella gertas ventanas antiguas que eran rríncones. y hizo atajos y puertas y jer- 
tas cámaras y piceas que dentro de ella «ttan las aderego blanqueo y puso en 
ellas esteras y sillas para si quisiespn entrar allí a. comunicar y toda la sala es- 
tero de esteras muy egelentes y la colgó toda de los paños franceses rricos quo 
la iglesia tiene y hiso a vna parte de ella hazia la tribuena (jíc) va entablado de 
madera de altor de vn palmo donde se sentasen el presidente y embaxador y 
los otros obispos y aquel asiento colgó de doseles rricos de brocado y sobre 
rriquissimas alhombras. puso sillas para todos los obispos y embaxador de ter- 
ciopelo y cinvazcm dorada y vancos con ñnas alhombras para todos los demás y 
para el abad de alcalá vna silla rrasa y enmcdio vna mesa para el secretario con 
vna sobremesa que hizo de paflo rrico nuvado con sus fluecos de seda, porque 
asi se le mando haier que bien se le pudiera poner la sobremesa de terciopelo o 
brocado, y en vna tribuna alta que esta en la dicha sala, que saco el Cardenal dim 
Juan tavera arzobispo de toledo de la dicha sala para hazer por debaxo vna en- 
trada 3 las casas arzobispales al tiempo que mudo la puerta de ellas y hizo la 
portada de piedra que sale a la plaga de ayuntamiento. El dicho rracionero 
rrincon hiio capilla para dezir missa y hiío en ella vn altar, con doseles de bro- 
cado donde se dezia missa y la oyan los congiliantcs el dia que avia conqlio. con 
muy esíelentes aderegos y servigio de plata, todo con grandissima magestad 
como lo tienen todas las cosas de esta sancta iglesia de toledo. 

Loable gerimonia y antigua costumbre es que quando se ha de gelebrar conci- 
lio se comienge y primero se haga con vna progession general y asi para el dicho 
efecto del citngilio se hizo en esta gibdad de toledo progession suntuosissima el 
dia de nuestra seüora de setiembre ocho dias del dicho mes y aflo. y fue de esta 
manera que la sancta iglesia de toledo dixo su missa muy de mañana. ^ la pro- 
gession de las amas de los niños espositos que aquc! dia suele venir del hospital 
del Qirdenal don pcdro gongalcz de mendoga. a la sancta iglesia d; toledo pas,so. 
y luego fueron a la sancta iglesia los obispos de cordova. y de giguenga. y de 
segovia. y de quenca. y dp osma. porque el de palengia avn no era venido y el 
de jaén era muerto como dicho es. y entráronse en el coro del altar mayor 
donde en lo alto a la parte izquierda del altar hazla el pulpito de la epístola es- 
tava hecho vn aparador con vn rrico dosel y todas las gradan de el llenas de 
piega-M grandes de plata doradas que la iglesia tiene y a la mano derecha del al- 
tar mayor hazia la parte del pulpito del evangelio estavan puestas sillas rficas y 
sitiales para todos los obispos y para el embaxador y allí se sentaron vestidos 
con sus capas y mitras y el obispo de cordova se vistió de pontifical para dezir 
la missa. la progession fue como suelen ser las otras progessiones que la sancta 
iglesia de toledo suele hazcr por rrogativas. fue al monesterio de sancta ysabcl 
«alio por la puerta de los carretones y va delante de todo como es costumbre an- 
tiquissima el cortasi^as de la sancta caridad y su pendón, y todas las cruzes de 
las perrochiiis con la cruz de la sancta iglesia, y detras de todas la cruz de la co- 
fadria de la simrta caridail la qual lleva vn clérigo y dos visitadores o cofadres 



lizcdtyGooi^le 



- 195 — 
con dos giríos ardiendo con ella y delante y junto de ella el mayordomo con d 
getro. 7 delante muchos cofadres de !a dicha cofadria. que es vna cosa muy an- 
tigua en las semejantes progessiones y de mucha auctoridad. y luego tras la cruz 
de la sancta caridad yvan como siempre van tíKla la clerezia. alli yvan curas y 
benefi^ados de toda la gibdad y entre la clerezia de la iglesia yvan todas las 
ordenes de frayles. y los beneñgados de las iglesias sufragnneas que avian ve- 
nido al conplio con capas de coro como los beneficiados de esta sancta iglesia y 
alli iva el abad de alcalá, y detrás de toda la clerezia ¡van los obispos como di- 
cho es con sus capas y mitras todas las capas blancas bordadas y el obispo de 
cordova de pontifical yba delante de el con el báculo pastoral hemando de lu- 
nar rracionero y capellán de los rreyes nuevos de la sancta iglesÍB de toledo. 
llevavan el palio delante del obispo de cordova don pedro pacheco y don rro- 
drigo de mendoga canónigos. El obispo de giguenga porque era viejo llego hasta 
la puerta de la iglesia y alli se quedo, detras yva don gomez tello girón gover- 
nador del arfobi.ipado y otros cavalleros y detras la ^bdad de toledo sus sofie- 
les con sus ma^as y los jurados y rregidores y otros oficiales cada vno en su lu- 
gar por Hu antigüedad y al cabo el corregidor y alcalde mayor y otros oficiales 
de la justicia entro la progession en sancta ysabel por vna puerta y a.ii se hieo 
orapon y salió por otra y volbiose a la sancta iglesia donde el obispo de cordova 
dixo la missa. y.alla arriba sobre las gradas gerca del altar sentado en vna silla 
predico, de que el pueblo no goio ni entendió mida, la gibdad estava abaxo en 
el mismo coro sentada en vnos bancos, y aisbada la missa el obispo de Cordova 
llevo a comer consigo a todos los obispos, y asi se acabo In fiesta de aquel dia. 
donde concurrió infinitissima gente asi de la gibdad como de fuera. 

Comentóse el conglio y entraron en el en la sala donde se hazla, lunes veinte 
y qnatro dias de setiembre de! dicho año de )S6S' después entra van algunos dins 
y otros no. y el dia que no entravan en congiüo en la sala se juntavan los obispos 
con el obispo de cordova en su aposento, en acuerdo donde lo.s perlados solos 
sin tos capitulantes decretavan cerca de lo propuesto lo que les paremia que con- 
venia y lo determinavan y decretavan. y especialmente el que mas en todo en- 
tendía y trabajava y a quien todos dexavan U carga era el rrmo don diego dn 
covarrubias de leyva obispo de segovia cminentlssimo letrado y el que en el 
con^tio general tridenttno avia hecho le mesmo avnque en el avia tantos y tan 
eminentes perlados y letrados rrecono^iendo todos sus letras rreputagion y vida 
y zelo. 

Dorante este concilio se consagro en esta cibdad en el coro de la sancta igle- 
sia de ella el obispo de girona don Carlos freyle de 1a~ borden dt' santiago en 
onie días (te noviembre del dicho aAo de 1565. domingo, consagróte don bei^ 
naldo de Trexneda oon el de gignenga asistieron y fueron padrinos ej otñsp» d<' 
s^ovia don diego de covarrubias de leyva y el obispo de osma don honorato 
Juan, digo que le consagro don bernaldo de frexneda obispo de quenca fraytc 
frao^isGo confessor de su magestad. el qual dio aquel dia de comer en su casa al 
obispo nuevo y a los padrinos y a otros muchos cavalleros y clérigos, salió aquella 
mafiana el consagrando del monesterío de sant Juan de los rreyes acompañado 
de los dichos obispos y del obi^o de cordova don cristoval de rrojas y del obispo 
de palcngia valtodano y de otra mucha gente eclesiástica y seglar hasta el cor<i 
desta sancta iglesia donde estava hecho vn tablado entoldado con el pontifical 
segund se acostumbra en esta sancta iglesia y con aquella magestad que suele en 
tal acto y iiíriis semejantes y acabado el oficio todos se fueron con el diobo 



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— 196 — 
obispo de quenca a comer como es dicho a su posada que era en las casas del 
conde de C'Aientes. 

Durante asi mesmo este con^lio vino nueva como a nueve dias de diziembre 
de 1565 avia muerto nuestro muy sancto padre pío papa quarto. hizo esta sancta 
iglesia sus honras a vísperas y a missa miércoles y jueves nueve y diei dias de 
enero de 1566. en que se hizo vn túmulo entre los dos coros alto (sic) al qua] 
subian por sus gradas y alrredor con sus andenes con mucha ^ra de hachas y 
velas y en medio su tumba alta con su tiara y muchos escudos de las armas del 
dicho sumo pontiñge donde vinieron todas las hordenes de frayles que ay en 
esta (ibdad y en sus capillas hizieion sus oficios y al cabo sallan sobre el cadahalso 
con sus rresponsos. y al cabo los beneficiados de esta sancta iglesia con mucha 
música de canto de órgano y muy solenemcnte. asistieron a los olidos todos lo 
señores obispos que estavan en el concilio y el embaxador don francisco de tole- 
do y otro dia viernes onze dias del dicho mes se hizo procession general en rro- 
gativa por la elcction de sumo pontífice, salió desta sancta iglesia como suelen 
hasta el moncsterio de la madre de dios yendo delante la insignia y pendoa de 
la sancta caridad y la cruz de la sancta iglesia y las cruzes de todas las perrochias 
de esta cibdad y detras la cruz y cirios de la saacta caridad y el mayordomo y 
cofadres de ella y luego la clerezia y todas las ordenes de frayles y al cabo los 
señores obispos del concilio y la justicia y ayuntamiento con sus macas en forma 
de cibdad y hecha oración en la madre de dios volvió luego la procesiona la 
sancta iglesia con su letania. y música de ministriles, y se dixo la missa con la 
soleoidad que en esta sancta iglesia se suele dezir. y asi mesmo en todos los mo- 
nesterios de esta cibdad de frayles y monjas se hizo su rrogativa por la election. 

Domingo treze dias del dicho mes de enero por los dichos se ñores -obispos se 
hizo ssession para lo qual ovo progession solemne por la sancta iglesia eo que 
yvan todos los beneñfiados de ella con sus capas y también los beneñtiados de 
las iglesias sufragáneas que aquí estavan en el coa; ilio asi mesmo con capas entre 
los beneficiados de esta sancta iglesia y así mesmo yva el abbad de alcalá con su 
capa blanca y el obispo de cordova presidente del confilio dixo la missa yva 
vestido de pontifical con su mitra llevavan delante de el el palio don pedro 
manrrique y el doctor barriovero canónigos yvan junto a el los obispos de 
siguenta y de segovia y de palensia y de quenca y de osma con sus capas blan- 
cas y mitras estava puesto vn aparador con muchas y grandes pieeas de plata 
doradas arriba en el coro del altar mayor hazla la parte del pulpito de la epístola, 
predico el evangelio el obispo de quenca comenjo a predicar con capa y mitra 
y después se quito la capa y la mitra y quedo en alba, acabada la missa se dixe- 
roQ fiertas oraciones, y don pedro goncalez de mendosa canónigo canto Ei evan- 
gelio en el pulpito, y después se paso al pulpito de la epístola que estava entol- 
dado y alli leyó y rrcfito a alta voz los decretos que los señores obispos en este 
concilio hasta entonces avian fecho y ordenado, en que ovo gran concurso de 
gente acabóse el oñtio después de la vna. ese dia comieron todos los obispos 
coD don francisco de toledo embaxador estos decretos y los que mas después se 
publicaran se emprimiran en vn volumen por tanto no se ponen aqui. todos fue- 
ron sanctos decretos y de gran zelo y cristiandad. 

Después de lo qual vino a esta cibdad nueva como a siete dias del dicho mee 
de enero se avia hecho la election y fue electo por sumo pontífice el cardenal 
alexandrino por ser de tierra de alcxandria de la palla frayle de la borden de 
saocto donüngo llamóse pió quinto hizosc procession en esta sancta iglesia de 



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- 197 — 

toledo dando grabas a nuestro señor sábado »t de enero del dicho aílo de i $66. 

Después durante este concilio fue dado y declarado por euTraganeo a este ar- 
zobispado de toledo el obispado de cartajena. y asi en el mes de hebrero del di- 
cho año de 1566 fue por el concilio mandado llamar a el obispo de cartajena 
para que aústiese por su persona o por otra con su poder. 

Durante asi mcsmo esteconcilin se hizo auto de inquisición en esta c>bdad 
por los señores inquisidores doctor pagos y el ligenciado bcltran. juntamente 
con el licenciado soto que avia sido de primo inquisidor en esta ;Jbdad. y era 
ya hecho oidor del consejo del saocto ofifio de la ¡nquisision al qual dicho 
aucto que fue domingo veinte y quatro dias del mes de marco de mil y quinien- 
tos y sesenta y seis asistieron y se hallaros presentes en el cadahalso de focado- 
ver donde se hizo asiento aparte todos los señores obispos que a la saion esta- 
van en el concilio que fueron el de cordova el de cigüeñea ei de segovia el de 
quenca y el de osma el de patencia, por to qual el aucto fue muy solene y de in- 
finita gente de la cibdad y de fuera, salieron al aucto veinte y tres personas, tres 
fueron rrelaxados y quemados por luteranos, vn clérigo que avia sido frayle 
francisco de los descalco^ y agustino este estuvo pertinaz hasta el cadahalso, y 
en fin se convirtió, otro estranjero. y el otro fue don carlos de mespergue ca- 
vallero alemán y de los principales y de los fúcares y de muy principales y muy 
rricos padres, este fue paje del empei^or don carlos nuestro señor y el mismo 
emperador hallándose en su tierra quando el ñapo fue su padrino y le saco de 
pila y le puso su nombre este fue rrelaxado por rrelapso porque ya avia salido 
antes otra vez en otro aucto de inquisición y fue rreconqi liado, era harto moco 
y fue grand lastima verle morir mas murió muy bien y católicamente y con 
grandes muestras de arrepentimientii y devoción, todos los demás fueron por 
casados dos vezes y por blasfemos y por otros crimines, cuyo castigo pertenescia 
al sancto oficio, el sábado en la tarde vispera del aucto fue llevada en procession 
la cruz de madera que se suele poner en el brasero y lugar donde se haie la 
quema en la vega lleváronla todos los familiares en procession con sus velas 
blancas encendidas yendo delante vn pendón negro y luego la cruz y clérigos 
del a sant vidente que es la parrochia donde están las casas del sancto oficio y 
cantando hasta ponería en el brasero, desta manera se llevo otra vez et) el aucto 
pasada y se llevara siempre de aqui adelante porque parege muy bien y es cosa 
muy dcfente y devota que la cruz se lleve con esta veneración lo qual no se solia 
hazer otros tiempos, sinc) que la cruz se llevava y punia sin solenidad ni auctori- 
dad alguna, va el alguazil del sancto oficio al cabo df toda la professiun. salie- 
ron el dia del aucto muchos de los familiares cavalgando y con varas acompa- 
ñando a los señores inquisidores y a los penitentes, y yendo a la execufion de 
las sentencias con los rrelaxados a la vega y parece bien. 

Lunes veinte y cinco de mar^o de mil y quinientos y sesenta y seis dia de 
nuestra señora por los dichos señores obispos del concilio, en la sancta iglesia 
de toledo fue hecha otra ssession en que ovo procession por la sancta iglesia 
en que yvan todos los rradoneros y canónigos y dignidades con capas entre los 
quales también yban los canónigos de las iglesias Hufraganeas que estavan en el 
concho y al ña yvan todos los señores obispos que eran el de osma y el de 
quenca y el de palen^ia y el de segovia y el de C'^^enca y el de cordova todos 
vestidos de pontifical con sus capas y mitras y el de cordova dixo la missa de 
pontifical y predico el obispo de cordova en el coro dgl altar mayor hazia la 
rrexa en alto sentado en vna silla quitada la casulla, yba detras en la procession 



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- 198 — 

la ^bdad con sus ma^as y el cnrregidor al cabu. acabado el oñ^io doa pedni 
gon^alez de mendosa canónigo de esta sancta iglesia de toledo canto el evange- 
lio que en talca actos se suele dezir en el pulpito donde se canta el evangelio. 
y luego en el otro pulpito de la epístola leyó a alta voz los decretos del sancbi 
concilio, con que se acabo, y ese día el obispo de cordova llevo a comer consigo 
a todos los otros obispos y luego cada vno de ellos determino de se partir e ir 
a sus obiqtados a hazer los ofii;ios de la semana sancta cada vno en el suyo, los 
decre'.os que en todo el dicho cotijilio se h iz i ero n y publicaron, se verán im- 
preasos. y por tanto no ay necessidad de los poner aquí. 

Este año de 1566 al principio fue muy seco porque no llovió sino vn agua en 
eoero hasta al fin del mea de marío y en todo este tiempo ovo grand sequedad 
qnasi generalmente en toda españa. llego a punto de perderse todo por falta de 
agua hiriéronse en esta ;ibdad muchas rrogatibas y pro; essiones y fue nuestro 
seSor servido de lo rremediar con embiar su pluvia muy avundante al qual sean 
dadas infinitas gracias por siempre jamas amen, el fin del también fue muy seco. 

Don gomei tello giran governador del arzobispado de toledo luego mando 
convocar sínodo en la dicha ^ibdad de toledo dieronse sus edictos para el día 
de los bieuaventiirados san pedro y san pablo a zg de junio del dicho año de 
1566 y para el dicha tiempo se juntaron y congregaron en la dicha fibdad en las 
casas arzobispales de ella los ar9iprestes y curas y todas las otras personas del ar- 
9obispado que a las semejantes congregaciones y sínodos son obligados a venir 
y con las solenidades y scrimonias acostumbradas se hiío el sínodo y en el se 
hiíieron muchas constituf iones sinodales según que en tal tiempo y caso se rrc- 
querian. las quales se enprimiran como las demás de otros sínodos han hecho, 
acobose {lic) en (e» blanco) dias como cosa muy prevenida ya por los coopilios 
general tridentino y provinciales a honor y gloria de dios nuestro señor por las 
mercedes que a estos rreynos haze especialmente a esta provincia y f ibdad de 
toledo por la cristiandad y limpíela que en ella ay. 

(Real Biblioteca. Mss. Sala 2,*, M. 4. Libre de muchas cosas núiabUt esrrüasr 
rtcopüadas por el lieinci^a SthasVan lie Morozro eesino de ToUdo, fol. 82.) 



tizcdbyGoOl^Ie 



VIII 



Fleat«« 7 alegrías «■ T»l«do wtm mmtlw d«l ■«clmi«i- 
t* de U InfkBta D* lasltol Clara Engeala (ISOO). 



Lunes a las ;inco de la tarde doze días del mes de agosto de mil y quinientos 
y sesenta y seis años, vino a toledo la nueva como ese mismo dia por la mañana 
avia parido !a neyna dofta ysabel nuesLra señora vna infanta estando en el bos- 
que de segovia. y luego esa noche se pregonaron y comenfaxon a hazer alegrías, 
tañéronse las campanas en la sancta iglesia, pusiéronse luminarias en la iglesia y 
en las casas del ayuntamiento y por toda la (ibdad esa noche y en el ayunta- 
miento ovo música de trompetas y atabales y ministriles y mucha escopetería, 
pasaron por toda la gibdad cavalgando con hachas y música de trompetas y ata- 
bales y ministriles el ayuntamiento corregidor y justicia y ofigiales del ayunta- 
miento y caballeros y ;lbdadanos y por toda la (íbdad ovo gran sentimiento de 
aiegria y ese dia se pregono publicamente por toda la gibdad por mandado del 
Corregidor y gibdad que por el alumbramiento de la serenissima rrcyna nuestra 
señora en los quinze dias siguientes abria alegrias en esta gibdad y se dava 
Ugengia a qualesquier personas para se disfrazar y enmaxcarar y para todos 
y qualesquier juegos asi a pie como a cavallo que qualesquier personas quisie- 
sen sacar y que avria palio para las mugeres de la mangebia que en habito de 
hombres quisiesen correr. 

Martes treze dias del dicho mes de agosto por la mañana ovo en la sancta 
iglesia de toledo prucessiun general por toda ella alrrededor con te deum lau- 
damus yvan en ella todas las cruzes de las perrochias de toledo y el pendón y 
guión y cruz y clérigos mayordomos y cofadres de la sancta caridad, como lo 
tienen de costumbre antiquissima y con toda la música de ministriles de la sanc- 
ta iglesia y todos con grand rregozijo dando gragias a nuestro señor por el buen 
alnmbramiento de su alteza. 

Ese dia ovo ayuntamiento en la gibdad para nombrar a quien fuese a dar el 
parabién del parto s su magestad y fueron nombrados don gargia de toledo rre- 
gtdor y alonso de la palma jurado. 

Este dia a la noche ovo muchas luminarias en las casas de ayuntamiento y en 
la sancta iglesia y en las casas argobispales y en casa del deán y del argediano 
de toledo y en toda la gibdad y ovo en las casas del ayuntamiento grand cohe- 



tizcdbyGoOl^Ie 



tena y escopetería y música de alambores y de la iglesia y casas arcbtñspales 
tamtHCD ovo muy grand coheteria de tx>tafueg03 y voladores con graadisñmo 
concurso de gente y en el ayuntamiento ovo tres ruedas de cohetería y mucha 
gente y mucha grita. 

Este día por la tarde salieron las mugeres publicas de la mancebía en vna 
dan(a coo su tamboril dan9aDdo y baylando muy ataviadas de oro y seda. 

Miércoles XlllP días del dicho mes se puso en la pla;a del ayuntamiento fron- 
tero de la calle del deán sobre vna peaña vn hombre de palo desnudo a la yta- 
liana con su morrión y grebas y cota y en la mano izquierda vn escudo o targeta 
y en la derecha vna talega de arena metido en vna vara de hierro que se anda- 
va alrrededor para los de ca vallo los quales corriendn con lan^a y dando en la 
tacgeta volviese el a dar con la talega de arena en el colodrillo con vnas letras 
al pie que dezian stafcrmo y asi corrieron algunos todo el tiempo que aUi estuvo. 
Este dia y el siguiente por ser víspera y dia de nuestra señora ovo en la (ib- 
dad grand gente de fuera que por devoción suele venir a esta ñesta a toledu y 
esta a ver la solenne pro^ession que el dia de nuestj'a señora se haze en esta 
sancta iglesia, este dia ovo por las calles bueyes que se corrían y grande grita, a 
la noche ovo luminarias en el ayuntamiento y en la iglesia y casas arzobispales y 
por toda la (ibdad y grande coheteria y arcabuzeria con grand música de trom- 
petas y atabales y ministriles, esa noche ovo enmaxcarados a cavallo que corrie- 
ron el estafermo y vna maxcara de muchos a cavalln disfrazados con hachas 
ea^endidas. 

Jueves XV dia de nuestra señora ovo en la sancta iglesia su projesaion ordi- 
naria con vna danya muy gentil de la virga de jesse de los clerizones los qua- 
les cantaban muchos villanficos y canciones, esa noche ovo en el ayuntamiento 
y en la igleña y toda la fibdad grandes luminarias y gran troneria y coheteria y 
arcabuzeria en ayuntamiento, este dia estuvo puesta sobre vn palo en la piafa 
del ayuntamiento vna ave fénix de diversos colorts y de vn sol que estava 
puesto ferca de la iglesia salió vn cohete que la quemo y dentro estava toda 
llena de troneria y luego sonó que fue cosa muy de ver a cuyo sfiectaculu se 
junto infinita gente. 

Viernes XVI dias del dicho mes estuvo puesto el stafcrmo y ovo bueyes por 
las calles y a la noche mucha música de trompetas y atabales y ministriles y lumi- 
narias y mucha coheteria y escopetería en el ayuntamiento y se pusii vna soga 
llena de truenos desde la iglesia al ayuntamiento y dellos culgad.-is tres cruzes 
de botafuegos y todo soltó estando en la pla^a del ayuntamiento grandissimo 
concurso de gente con grand sonido de las campanas de la sancta iglesia. 

Sábado XVII dias de! dicho mea estuvo puesto el stafermo y ovo algunos 
enmaxcarados y se corrieron bueyes por las calles y a la noche ovo las lamina- 
rias y música y cosas de fuego que se hazian las otras noches, ese dia se visita- 
ron por la justicia los presos en la cárcel rreal asi por delitos como por deudas 
y se despacharon todos los que fue posible para que otro dia saliesen en profes- 
sidn con sus candelas como otras vezes se solia hacer. Este dia ovo vna maxcara 
de los alguaciles a cavallo disfrazados con sus trompetas delante y algunos 
corrieron el stafermo y dieron que rreir a la gente. 

Domingo XVIII" días del dicho mes salió propession general de la sancta igle- 
sia de toledo a sant Juan de lus rreyes aviendo salido otras dos vezes antes en 
dos domingc)S la vna a la madre de dios y la otra a sant Juan de la penitencia, 
en esta postrera que salió a sant juan de los rreyes yvan todas las cruzes de las 



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— 201 — 

perrochias como suelen ir y los JClros y pendones y cruzes de todas las cofa- 
drías de esta ;ibdad. y especialmente cortaso){as y guión de In sancta candad 
delante y detrás de todas el pendón y cruz y (irlos de la sancta caridad como In 
tiene de privilegio vso y costumbre de tiempo inmemorial y luego toda la cle- 
rezia y frayles de todas las ordenes y todo et clero desta sancta iglesia, y detras 
la (ibdad. y al cabo de todo muchos presos con sus candelas encendidas que 
fueron sueltos de la cárcel por las alegrías del parto de su magestad avnque 
otros muchos quedaron que se avian presentado para se librar y se engaitaron 
porque no fueron sueltos por averse presentados siendo hombres facinerosos y 
estando huidos y rretraydos por muertes y otros delitos, este dia se acabo de 
descobrir junto a las verjas de los portales del ayuntamiento vna ñgura grande 
de ercules con vna porra en la mano cavallero en vn puerco del qual salia vna 
fuente de vino y alrrededor todo enrramado de rramos y alverdin que dava en 
que entender a la gente bahúna. Este dia ovo muchos disfrazados que corrie- 
ron el stafermo y especialmente ovo vna quadrilla de los sastres. 34. todos muy 
bien aderezados de marlotas de sedas de diversos colores cavalleros a la estra- 
diota con cupido al cabo y dos damas con sus espadas desnudas. Este dia se 
puso en la pla^ del ayuntamiento sobre vn madero la estatua de finco con las 
tres arpias la vna que venía por vna querda de la aputea alta del ayuntamiento 
y la otra de la iglesia mayor de sobre la capilla de los mofarabes y la otra de la 
a^utea de las casas ar^otrispaies. ese dia se corrieron bueyes por las calles y esa 
noche ovo las mismas luminarias y música y arcabuzeria y cohe^eria en ayunta- 
miento que otras noches, y al cabo el finco y las arpias que todo esta va lleno por 
de dentro de coheteria se quemaron con grandissimo concurso y gritas de gente. 
Lunes XIX días del dicho mes ovo en el ayuntamiento y en la iglesia las mis- 
mas luminarias y música de atabales y trompetas y ministriles y arcabuiería y 
coheteria y por la {ibdad nunca faltavan disfraces y cosas menudas de que no 
puede aver memoria. 
Martes XX dias del dicho mes ovo todo lo mesmo. 

Miércoles XXI dias del dicho mes estuvo puesto el stafermo y no falto quien 
le corrió, este dia salió vna maxcara de los procuradores a cavallo en que yvan 
ocho varones y ocho hembras como ninfas todos muy bien adere^dos cada vno 
de su modo y detras vn carro trivnfal con el tiempo que era vn viejo calvo con 
vna guadaña en la mano y vn niño y en el mismo carro yvan vnos negrillos dañ- 
ando y haziendo monerías, y esta maxcara fue muy buena y pareció muy bien, 
esa noche ovo en el ayuntamiento y en la iglesia lo que las otras noches de mu- 
sica de atabales y trompetas y ministriles y fuegos y arcabuzeria y trooeria. 

Jueves XXn dias del dicho mes ovo en la sancta iglesia de toledo bisperas 
solenes de la octava de nuestra señora y procession por toda la iglesia con la 
ymagen de nuestra señora con danqas y gigantes y gran solenidad. por que esta 
fiesta de la octava de nuestra señora dexo dotada el arzobispo y cardenal silíceo 
por su devoción a cuya cavsa se saca aquel día la ymagen del sagrario y da 
vuelta a toda la iglesia lo qual antes no se solia hazer. esa noche ovo vna muy 
espíente maxcara que saco el rregidor francisco Sánchez, de hasta (inquenta 
personas en muy buenos cavallos y con muy buenas libreas de sedas de colores 
y con sus hachas de cera ardiendo en las manos, y al cabo vn arco trivnfal con 
el dios de amor y fliertas ninfas y en Qocadover jugaron a los alcanziazos y dioles 
coUflon muy solene a todos el rrepdor francisco sanchez y fue vna muy buena 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 203 — 

V¡em«9XXin'diasdeÍ dicho mes ovo vna mazcara de negros todos » la gineta 
y con buenas libreas en que yvan doie y al Cabo vn cano trivnfal con Tna rreyna 
negra con vn gato paus en los bracos y ciertos negrillos delante deila el negro 
dios de amor que era vn negrillo enqueros vendada la cara y con su arco, esa 
noche ovo en la igleáa y ayuntamiento lo que otras noches de luminarias y arca- 
bntería y coheteria y música de ministriles y laa campaiws de la sancta iglesia. 

Sábado XXim dlss del dicho mes estovo puesto el stafermo y ovo algunos 
enmaxcarados y corrió !a fuente de vino del puerco de hércules en la plaqa de 
ayuntamiento, esa noche ovo grand Resta en el ayuntamiento y en la iglesia de 
laminarias y mucha música de atabales y trompetas y ministriles y mucha cohe- 
tería. asi mesmo ovo vna figura de andromeda arrimada al peüasco de la pared 
de las casas arzobispales y vna sierpe que venia a comerla por vna maroma desde 
la i^ésia y perseo por otra maroma de Otra esquina de la iglcMa con su escudó 
dorado que la venia a defender, todos 41enos de fuego y al fin se quemaron todo 
con grandissimo concurso y grita de gente. 

Domingo XXV días de! dicho mes ovo en la pla^a de ^ocadover ocho toros y 
juego de cañas muy escelente de treynta y dos. los mas de ellos cavalleros y al- 
gunos f ibdadanos. don diego de ^uñiga natural de salamanca señor de flores de 
avila y otras villas que a la sazón era corregidor de toledo saco vna quadrilla y 
don femando de la ^erda otra y otra el conde de orgaz y otra don juan nífln 
todos de muy buenas libreas de sedas de colores, corrieron ese día en íocadover 
antes de los toros ciertos paüos las mugeres publicas de la manzebia y desdel 
alcafar se soltaron muchos tiros de artílleria y con esto se acabaron las fiestas. 

Cristianóse la infanta a (en Manco) días del dicho mes de agosto fueron padri- 
nos don hemand albareí de toledo duque de alba y don antocio de toledo prior 
de sant Juan y la prlni;esa rreyna que fue de portogal hermana del rrey don ícli- 
pe nuestro señor llamóse la infanta dofia ysabel clara cugenia, 

(Real Biblioteca. Mss. Sala 3.*,Vl. ^. Libro demiidiai coiax noiabUi eirritas y 
rteaptíadas por el ¡letnclado Sebastian de Morones vesino de Toledo, folio 93,) 



tizcdbyGoOl^Ie 



IX 



D. Joan Ab Aaslrla j el Arehldn^ae Garlva ea T«l«d« 
(1560). 



Aviendo venido h U corte de su mag<^»tad del rrey don felipe nuestro señiir 
en madrid. don carlos archiduque de austria hermano menor del emperador 
maximiliano y primo hermano de au magestad es do creer que a tmtar ne^ngíos 
de grande iinportanfia especialmente el casamiento de su magestad con su ar>- 
hiina hija, del emperador maximiliano eacrivio su magestad al priagipio del mes 
de marco de mil y quinientos y sesenta y nueve a don gomei tello girón gover- 
nador que a la sazón era del ar^^bi^tado de toledo por estar como eslava presa 
don fray bartolome miranda de carranga argobispo de toledo en rroma. avisán- 
dole como el archiduque su primo quería venir a yer esta ^ibdad de toledo y 
mandándole y encalcándole que se le hitieae el rregebimiento que aonvenia y 
le aposentase y rregalase como a su misma persona, con que el rregebi miento 
no se hizicse por cabildo ni por gibdad como se suele haier al rrey. y gerca de 
lo mismo escrivio a don diego de guñiga que a la sainn era corregidor de toledo. 
y asi luego el governador aparejo todo lo ncgesario y aderego las casas argobís- 
pales y todas sus salas y aposentos de muy rrica tapigeria y camas rricaa y de 
los mejores aderegoa que el pudo a» para el dicho archiduque como para don 
Juan de austria hijo del emperador don Carlos natural y hermano de su mages- 
tad que también se supo que venia con el y para todos los demás cavalleros y 
gente que con ellos viniese, y a¿ mismo mando buscar y aderegar para el co- 
mer todo lo que humanamente en esta tierra se pudo aver asi de carnes y 
aves y caga como de pescados frescos y escabechados y frutas y de todos otros 
géneros de rr^alos posibles conforme al tiempo de turmas y espárragos y man- 
tecas y otras cosas en mucha abundangis y asi estava en breve tiempo la des- 
pensa y botilieria tan llena y tan poblada de todo que era cosa de ver como 
yo lo vi. y como dicho es tuvo el dicho govecnador todas las dichas casas argo- 
btspales y todas las salas y piegas de ellas tan rricameute adercgadis de tapige- 
ilas de brocados y sedas y camas tan nicas y con tan exgelentes servii^os y 
aderegoa d« sillas y mesas y aparadores de piegas de oro y plata y ctiineBcas y 
braseros y todos los demás aervigioa que fue cosa csuy netable y d« ver sin («It 
tar cosa alguna que a tales priagipes eoaviniese. taaUca el corregidor cq lo 



lizcdtyGooi^Ie 



204 — 

que a el convenía htzo todo lo posible Qcerca de la limpieQa de la ^bdad y ador- 
no de ella y goviemo para los aposentos y mantenimientos y todo lo demás ne- 
cesario sin faltar cosa alguna. 

Viernes en la tarde a obra de las flioco entraron en esta i;ibdad el dicho ar- 
chiduque de austría y don juan de austria con muchos cavalleros y criados su- 
yos que venian todos muy bien aderezados y con cadenas de oro a los cuellos 
hizoseles va solene rre^ebimiento de esta manera salió don diego de QuSiga co- 
rregidor de taledo con todos quantos cavalleros y Qibdadanos principales avia 
en la Qibdad cavalgando donde también yvan todos los rregidores y jurados y 
otros oficiales de fibdad avnque no en forma de QÍbdad y salieron hasta la mi- 
tad de la vega porque los principes venian por laaaro buey y alli donde se en- 
contraron el corregidor se apeo y todos los cavalleros que alli yvan en son de 
quererles besar las manos, y el archiduque cavalgando los rregibio muy cortes- 
mente y con mucha legria (j>V) y con palabras graciosas mas a ninguno dio la 
mano como era rrazon de no darla, y el corregidor y todos los demás tornaron 
a cavalgar y vinieron por la questa arriba del hospital del cardenal don juan 
tabera donde en la plag;< alta estavan esperando don gomez tello girón gover- 
nador del arzobispado cavalgando acompañado de todos los eclesiásticos digni- 
dades canónigos y rra^ioneros y otros beneficiados de esta sancta iglesia y en 
subiendo los principes arriba a lo llano de la plaga del marichal el governador 
se apeo con todos los demás y el y todos hiiieron el mismo acometimiento de le 
querer besar la mano y el los rre?ibio con mucho comedimiento y cortesía, y 
tornaron todos a cavalgar y vinieron delante de los principes por la puerta de 
visagra y herrería y torno de las carretas y sant vidente y mesón del lino inqui- 
sición y casas del conde de orgaz que agora son de los teatinos y por la carmel y 
cobertizo del conde de cifuentes y peso del carbón y portería de la trinidad y 
por casa del corregidor que posaba en las casas de don luis carrillo y plsc^ de 
ayuntamiento hasta entrar por las puertas arzobispales donde estavan en el co- 
rredor los ministriles de esta sancta iglesia que tocaron a la entrada muy solene- 
mente. fue cosa entraila {si'c) la gente que salió a verlos en esta entrada asi al 
campo como por las calles y ventanas de que los principes mostravan alegría por- 
que ^vavan los ojos en lo que los mogos se huelgan de ver. esa noche demás de 
los pringipes cenaron en las casas argobispales donde fueron aposentados muchos 
cavalleros asi de los que con ellos venian como de esta gibdad muy espléndida- 
mente como les estava aparejado donde ovo muchas mesas publicas y mucha 
trápala y grand concurso de gente para, lo qual estavan puestos y diputados mu- 
chos alguaziles y lo estuvieron siempre por guardas hasta que los principes se 
fueron y a cada vno de loa pringipes fue dado su aposento y para todos sus cria- 
dos dentro de las casas argobispales. y otro dia sábado lí de margo dia de sant 
gregorio baxaron los pringipes a la iglesia y entraron por la puerta del perdón 
y oyeron missa mogarabe en la capilla de los mogarabcs la qual dixo mancio de 
villafaña cura de sant orcaí capellán de la dicha capilla y acabada la missa de 
alli fueron a ver la iglesia y el sagrario y se volvieron a su posada y entrando 
por la puerta tocaron arriba en el corredor los ministriles desta sancta iglesia y 
otra vez arriba quando entraron por el corredor, ese mismo dia sábado en la 
tarde cavalgaron los pringipes y fueron al alcagar por las quatro calles y platería 
y calcetería y lengeria y calle ancha, estavan estas calles estrema dam ente atavia- 
das y adornadas de sus mercaderías las mas y mas rricas que cada vno podía 
porque los mercaderes tenían muchas sedas y brocados puestos en sus tiendas y 



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— 205 — 

los i;eietoB cosas estremadas de ^ra y los plateros muchas y muy nicas {úe^s 
de oro y plata, y los jubeteros y cal<;eteros todo lo mejor que tenían y podian y 
lo mismo los len^cfos y en la calle ancha avia también cosas de ver de sus oficios. 
y los priníjipes vieron e! alcafar alto y baxo y de ay baxaron al rrÍo a ver el edi- 
ficio del lagua y visto subieron por el mismo edificio y por dentro del los pringi- 
pes y el corregidor y otros cavalleros hasta la pla^a del carmen y alli se baxaron 
y entraron en la posada de joanelo auctor del dicho ediñ^in y subidor del lagua 
que era alli junto frontero del carmen donde vieron giertos rrelnjes y cstrolabios 
y otras cosas curiosas que les mostró el dicho joanelo y de alli se volvieron a su 
posada por las mismas calles hasta la lonja y de ay por la trinidad y sant salvador 
y por la calle nueva y pla^ de santo tome y sant Juan de ios rreyes hasta faera 
de la puerta del cambrón y volvieron por la corraliie y casas del secretario diego 
de vargas hasta su posada, otro dia domingo 13 de manío bexaron los prínQipes 
a oir misaa a la iglesia mayor y estuvieron en el coro del altar mayor adonde les 
estava hecho vn estrado colgado de brocado y su sitial delante con sus dos almo- 
hadas de brocado a la parte derecha del altar mayor que es la parte del evange- 
lio debaxo de los bultos de los rreyes y alli oyeron missa mayor y el sermón que 
hiio vn frayle francisco llamado fray (en blanco) de caxcales que predico el evan- 
gelio que comieaQa erat ilius nigiens demoníum et illud erat mutum y acabado 
el oñqio de la missa se hizo pm^ession por toda la iglesia y por la clavstra can- 
tando la letania yendo en ella el pendón y cruz j finos de la cofadria de la sancta 
caridad cosa muy antigua y de mucha devoción en la qnal fueron los principes 
hasta el cabo y de ay se fueron a comer, este dia en la tarde cavalgaron los 
principes en dos cavallos y acompañándolos sus criados y el corregidor y otros 
muchos cavalleros y gente de la cit^^l^fl fueron por casa del corregidor y por 
santo tome y sant juan de los rreyes y puerta del cambrón hasta el monesterio 
de sant Bartolomé en la vega y de ay al hospital del cardeikal y arzobispo de to- 
ledo don juan tavera donde entraran y le vieron y de ay se volvieron por la 
puerta de visagra y dieron vuelta por algunas calles de esta cibdad hasta bolver 
a su posada para todas estas salidas embiava don diego de fuñiga corregidor de 
toledo cavallos en que fuesen cavalgando todos aquellos cavalleros y criados que 
veniao con los principes porque ellos avian venido en mulaa y vestías de camino, 
dio «Ion gomez tello girón governador del arzobispado de toledo al archiduque 
y a don juan de austria dos cavallos muy esfelentes que el busco y compro por 
muchos dineros muy bien aderezados vno hobcro y otro rrugio y tanbien lea 
dio mucha rropa blanca de camisas y pañizuelos y otras cosas, y asi mismo a los 
de la cámara del archiduque dio también rropa blanca y a algunos piezas de 
plata rricas. otro dia lunes 14 de marqo' salieron los principes a la iglesia mayor 
a la capilla de los rreyes nuevos donde les estava puesto su sitial y dixo la missa 
el doctor barriovcro canónigo de toledo y capellán de la dicha capilla y les dio 
la paz don juan suarez de caravajal capellán mayor de la dicha capilla obispo que 
fue de lugo y de ay salieron por la puerta de la clavstra y fueran a pie a ver el- 
hospital del nuncio y se volvieron a su posada, este dia por la maflaoa llego vn 
correo con cartas de su magestad para el governador y para el corregidor en 
que hazia saber como el cardenal de guisa que estava ay a la sazón en la corte 
vendría a esta ^ibdad el jueves «guíente y para este efecto el corregidor mando 
buscar y enviar (iertas muías de alquile con vn alguazil para en que viniesen 
criados del dicho cardenal, ese dia lunes en la tarde salieron cavalgando los prin- 
cipes acompañados del corregidor y otras muchas personas y fueron a ver a sant 



lizcdtyGooi^Ie 



— 306 — 

jaan de los rreyes y después dieron vuelta por la (ibdad. esa noche ovo en su 
potada en U sala de los congilios giertas rrepreeentaQiones de comodias y eatre- 
meses donde estuvieron lo> principes y el goveroador y corrogidor y muchos ca- 
valleros y otra mucha gente, otro dia martes 15 del dicho mes madrugaron los 
piin^ipea y foeron a oir missa al sagrario desta sancta iglesia y entrando con es- 
puelas calcadas ea la iglesia el archiduque como estava de camino llegaron los 
clerizones y conforme a su costumbre que es tomar las espuelas a todos los que 
entran en la iglesia calgados con ellas, se las pidieron y el les dio quarejita escu- 
do de oro. ese dia rrepartio el archiduque antes que se partiese mas de mili y 
quinientos escudos entre criados del governador y limosnas a pobres que por alli 
se hallaron, y asi se partieron para aranxucí y a comer a ageca y delante envió 
el governador a a4}eca la comida de muchos pescados y empanadas de mero y 
salmón y truchas y otras cosas muy cumplidamente, salieron coa ellos el gover- 
nador y corregidor y muchos cavalleros y otra gente. 

(Real Biblioteca. Hss. Sala 1.* M. 4. Libro de muduis costu itotabUs tícrlttuy re- 
apüadas for el licenciadc SetatHan de Horotco vau'ito de Toledo, folio 139 v.*^ 



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X 



Antoi de ImqnlsleUH «■ Toledo oh tSTO 7 1571. 



Rela<}ior) del aucto de la fee que se ^lebro en toledo domingo diez y ocho 
días del mes de Junio de mil y quinientos y setenta años en la plaQa de qocado- 
ver siendo inquisidores los yllnatres señores don pedro velarde y don antonio 
vaca, y fiscal el li^ni^ado soto cameno y secretarios julian de alpacbe y h&p' 
tista ytlan y juan de vergara. y alguazil juan rruii de avila y alcaide pedro gomei 
destremkna. salieron treynta y nueve personas sentenciadas. 16 penitesfiados. 
17 rreconQi liados con san benitos y quatro rrelaxados en persona y vno en esta- 
tua íegitivo. y vna mujer morisca que salla para ser relaxada, la quai fue en el 
tablado rre^bida a misericordia y buelta a la cárcel para ver si su confesaion 
era fingida o verdadera, predico fray juan rniiz frayle dominico el sermón de la 
oveja perdida que era de la dominica tercera por otavas coipua xpi. luego se leyó 
el edicto general para advertir a todo el pueblo xpiano ca defensa de la sancta 
fee católica y descubrir quaiquiera cosa y persona que fuese contra ella este 
leyó juan de vergara secretario del sancto oñQio. luego leyó alfonso ortii cantor 
de la sancta iglesia ds toledo la carta general de los delictos y supersticiones 
contra la sancta fee católica y luego fueron llamador los culpados y salieron en 
la manera y ordeJl siguientes 

!• cristoval esclavo por palabras que dixo como mozo vela y sin caperuQa y 

1 anton de la v^a molinero veiino de toledo por negar el pecado en la sim- 
ple fornicación y por^lasfemo vela y sin caperu^ y sin cinto juro de levi 

í juan ortiz papateri) vezioo de monbeltran porque se disfrago en carneato- 
llendas con hábitos de frayle con vna tabla en la mano pintada vna mala visión 
de hombre dtziendo que le diesen para san cnmus y para santa lucia y que 
besasen alli y ganarían quarenta dias de perdón, vela y soga y Qíent acotes, juro 

4 aparicio carnicero veziuo de morata por negar el pecado en la simple for- 
nicación vela y ^ c>°to y sin capemca juro de levi 

5 Constantino preca vezino de malta ais agustino evangelista por desacatado 
8 las ymagines y a dios nuestro seSor y costra el sacramento, confeso que avia 
salido de malta para avisar al turo» ooiao avia de tomar a malta y que agota que 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 208 — 

rreynaban los españoles era la iglesia de barra que antes avia sido de oro y de 
plata y que el tnrco avia de rreynar. vela y soga y Qient a^tes y rrecluso en 
toledo por quatro años, y mas a la voluntad del ylliistrisimo señor inquisidor 
mayor y que acuda a vn monesterio que le sera seflalado para ser enseñado en 
la fee. juro de vehementi 

6 agustin lopez estante en corte natural de cáscales por negar el pecado en 
la simple fornicación, vela y sin gorra y sin f into y treynta ducados juro de levi. 

7 anton lopez labrador vezino del pozuelo por palabras torpes desacatadas 
contra tos mandamientos de dios, vela y sin gorra y sin finto 

8 pero guelles de mendotja clérigo portugués vesino de ta villa conalobadon 
en Portugal por aver negado la rrcsurrection de la carne en el juiíio final y por 
negar el pecado en la simple fornicación, vela y sin bonete y sin cinto, juro de 
levi. y quede rrecluso en vn monesterio seis meses, y privado perpetuamente 
de administrar sacramentos 

9 Juan de entera impresor natural de san motran en gascuña por aver escrito 
a vn hereje que se fuese, y este culpado se fue a confesar lo que avia hecho 
diiiendo que avia escrito al otro que huyese porque no declarase del (ierto 
delicto que no era caso de inquisición, vela y soga y cient acotes juro de levi 

■ o catalina diex binda natural de villa manan Qerca de león por negar el 
pecado en la simple fornicación, vela y sin cinto juro de levi 

ti polidoro platero natural de la clbdad del burgo de san sepulcro en el 
estado de florencia por dezir mal de los teolc^os y que dios no avia venido para 
los justos sino para los pecadores j que dios no avia hecho los frayles sino los 
casados y que en casándose el rrey. avia de ir a ingalaterra. vela y sin gorra y 
cinto, juro de vehementi 

13 francisca del prior vezina de madrid biuda muger que fue de francisco de 
quadros por aver negado el pecado en la simple fornicación vela y sin c>ntO y 
diez ducados juro de levi 

13 luis franges calderero natural de carcaxona por proposi<;iones heréticas y 
luteranas y sentir mal del sacramento y clérigos vela y soga J flient afotes y 
galeras por seis años y que buelva después de ellas a este saocto ofí<;>0 para 
que se le mande lo que ha de hazer 

14 juana de madrid muger de diego de mena calcetero vecina de madrid 
por palabras mal sonantes contra el poder del papa y valor de las indulgencias. 
vela y sin cinto y desterrada de toledo y cinco leguas alrrededbr por tres aflos. 
juro de levi • 

t j francisco rruií desbardado natural de la calcada vezino de aldea del rrer 
por opiniones y cosas de la seta de mahoma y alabarba (lic) vela y sin'cinto y 
desterrado de aldea del rrey por tres años, juro de vehementi 

16 diego de albornoz morisco vezino de escalona por palabras heréticas en 
favor de la seta de mahoma vela y soga y rrecluso en vn monesterio por vn año 
y ayune los viernes del año y después desterrado de escalona por dos años, juro 
de vehementi. 

RECONCILIADOS 

17 juán rruiz labrador vecino de cumbres altas tierra de Sevilla por tratar 
neciainente de dios padre y de la sanctissima trinidad y por no rrezar á nuestra 
señora ni a los sañctos y tratar que dios padre era corporal y humano y a los 



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— 409 — 
angeles y animas y otros indiscretos herrores. vela y soga y san benito con vna 
aspa como yñorante y f ieat aQotes y diei años de galeras a voluntad de rreve- 
rendissimo señor inqoisidor mayor, rreconciliado avia salido dos años ha en otro 
ancto y estuvo vn año a ser instruido en la fee 

t8 francisca heraaadez esclava de heroando de oropesa vecino de talavera 
y ella natural de berbería por la seta de mahoma. vela y san benito, reconciliada 
y traiga el san lienito por tres años, y el vno rreclusa en vo moneaterio 

19 pedro alberto alias pedro de anbers componedor de enprenta por lute- 
rano y negar la confession y comunión diziendo que bastava comulgar con pan 
y vino. rrecoii^ilLado. vela y san benito, quitosele alli el san benito en el tabla- 
do por los señores inquisidores, y que este rrccluso en toledo por vn año so 
pena de rrelapso 

xa duardo blandón portugués vecino de la torre de moncorbo en portugal 
este fue sacado al aucto de! hospital de santiago de los cavalleros desta ifibdad 
donde se estava curando, por opiniones de judios y por seguir su ley, y por tes- 
tigo de judíos, retratado en sus dichos y después rratiñcado siendo vario en sus 
conñsiones. rrecongilíado. con vela y soga y san benito y galeras perpetuas y 
dozientos ai^tes 

31 Juan pereí deysaba escriviente natural de pamplona pordeiirque nuestro 
señor y nuestra señora avian tomado carne pecadora y por herrar en el sacra- 
mento del matrimonio, rreconifi liado, vela y san benito quitáronle el san benito 
en leyéndole la sentencia en el tablado 

22 Juan de pobrin impressor natural de pobrin de paris. por luterano en todas 
sus opiniones. rreconQÜiado. vela y san benito y que le trayga seis años y que no 
salga de castilla 

33 Juan garQia esclavo del capitán escobar vexino de aragon por moro rrene- 
gado y viao contra los xpianos con los muros de argel rrenego de ocho años y 
es agora de (en blmuo) años vínose el a rreconqiliar y quando vino de argel se 
vino por granada cun los xpianos y fue en su ayuda. rreconQiliado vela y san 
benito por vn año y que sea instruido en la dotrina cristiana 

34 ysac de rribcra impressor natural de león de frangía por luterano, rrecon- 
Qíliado vela y san benito por seis años y cárcel perpetuo dello en toledo 

15 jaques de la oliva natural de león de franela, por luterano en todas sus 
opiniones rreconi;i liado, vela y san benito por ocho años, y no salga de castilla 

36 pero lopez pintado morisco natural de torrellas en aragon por morisco y 
que durmiendo en nuestra señora de sopetran en sueños se le rrevelo dexase de 
ser moro y así lo avía dexado mes y medio antes que le prendiesen, rrecoa^ilia- 
do. vela y san benito por seis años los quales tenga de cárcel perpetua donde 
fuere señalado 

37 estevan cariel vezino de león de frangía por casado dos ve£es y por lute- 
rano y por dexir mal de frailes y negar nuestra señora ser madre de dios, y el 
sacramento y purgatorio, rrecon (filiado, vela y san benito soga y corola y «jient 
a^tes y traiga el san benito por ocho años y no salga perpetuamente de tas- 
tilla 

38 enrrique de loy impressor natural de ambers en ñandes por luterano, rre- 
conciliado vela y san benito por vn año y en toledo este año de cárcel per- 

19 diego enrríquei alias jacome de alberon natural de olanda en flandes por 
luterano, rreconciliado. vela y san benito y con el a galeras por quatro años, y 



lizcdtyGooi^Ie 



— 2IO — 
4ue cun^^doa buelva al sancto oficio pon que ie nundei) lo que ba de hjzei 

30 pierres del rrín impresor francés natural del iría por luterano de xinebra 
can todas opiniones, rrecoofiliado vela y san benito por quatro años y con d a 
las galeras y después que vuelva al sancto ofi^o para lo que ha de hacer 

j'i Juan esclavo del duque de alba oatural de tunei por moro y luterano ne- 
gando el poder del papa, rreconQiliado. vela y san benito por tres afios los qnale» 
tenga carmel perpetua donde le fuere mandado 

33 loreo^ de león bohonero natural de luca de león de franela por luterano 
oon todas sus opiniones rreco afiliado, vela y san benito con el qual vaya a las 
galeras por diei aüos los quales pasados buelva a este sancto oñfio a que le 
nianden lo que ha de haier 

33 guillermo impresor natural de paris veiino de alcalá de henares por lute- 
rano con todas sus opiniones notablemente malas y pertinai contra frayles y cte- 
ri(¡os y contra el papa y grande docmatiíador rreconciliado vela y san benito y 
oon el a galeras por seis ailos los quales pasados buelva a este sancto oüqío para 
que le manden lo que ha de hazer 

34 bemaldina esclava de diego de audríd veiino de toledo y ella natural de 
valor en el alpuxarra de granada, por mora negativa en sus heirores esta er^ 
nm^ de veinte y dos años, esta file sacada, con coro^ soga y san. benito para 
aer rretaxada y quemada como persona negativa teniendo diez y siete testigos 
contra si. y acabada de leer la sentencia se hinco de rrodillas diziendo señores 
yo he sido mala xpiaaa mora y pecadora pido por amor de dios misericordia esto 
dixo ante i^an de vergara secretario, y diziendole que no avia lugar entro con 
dos frayles haste los pies de los señores inquimdores y allí se rratiñco en lo que 
dezia y pedia, y fue rre^ebida a misericordia y vuelta a la carmel para ver si su 
con(es»on era ficta o verdadera. 

RRELAXADOS 

35 pedro flamenca natural de ambers en. flatMles vendedor de ymagines rre- 
laxado en persona por luterano Acto confitente con corm^ soga y san benito 

36 aaConio franfcs natural de castünovo Qerca de tolosa rrelaxado ea perso- 
na con <x>rfM}A soga y san benito, fue este el que paremia ir mas contrito 

37 Juan bautista alias juan mui^ esclavo natural de berbería que siendo 
xpiaoo se avia ido a tomar moro y buelto del camino afirmo ser moro, este arro- 
java la crua que tenia en las matos del tablado abaxo. y asi murió moro y por 
tal quemado vivo y fue mártir del diablo 

3S giles duls guantero fiamenco natural de brujas en flandes vecino de 
DCaña por lutc:rano hereje pertinaz rrelaxado en persona este dízen averse con- 
vertido estando en el palo 

39 Joan godino franges lapidu-io natural de leoa de franf ia luterano, fugitivo 
quemado en estatua 

(Real Biblioteca. Mss. sala 3.* H. 4. Lidro de muehat cosas notahUs eseritas y re- 
afiladat por eüieetieUidoStbastiaH de fíorvtío venino de lcUd6,(fú. 146.) 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 211 — 

Este dia hizo aucto en toledo el sancto oficio de la ioquisiqioQ que fue uotabic 
por salir en el el doctor Sigismundo que avia nueve afíos que eslava en el preso, 
en este aucto salieron 33 personas y tres estatuas de herejes luteranos avsentea, 
entre ellos salieron algunos por blasfemos y otras cosas, otros por casados dü 
vezes otros rrecon^iliadps por herejes, las tres estatuas fueron quemadas final- 
mente fueron rrelaxados dos que fue voa muger francesa por herética luterana 
cuyo marido salió aUi rreconQiliado por luterano. 

El otro rrelaxado y quemado fue el doctor Sigismundo, de nailon sardo y ava 
dizen ser de buena parte, era grandissimo letrado doctor in vtroque habilissimo 
avnque para lo que le convenia a su salvaQíon fue muy torpe y tuvo el demonio 
en el mucho poder, este desventurado como grande hereje que era vino a estas 
partes a derramar su ponzoña y como fue sentido fue preso en madrid y traido 
a la carmel de este sancto ofigio donde estuvo preso nueve años porque como 
era de partes rremotas y su uego^io no estava tan claro fue necesaria la dilación. 
el ^tuvo siempre negativo hasta que después siendo convencido y no pudicndo 
negar la verdad vino a manifestar y descobrir su ponzoña y declararse por gran- 
dissimo hereje luterano, este en el tiempo que estuvo preso se soltó vna noche 
de la carmel del sancto ofiQío y se fue y huyo y el sancto ofigio hiio grandes dili- 
geofias en su busca y tomo los puertos y finalmente fue hallado.y tomado a traer, 
este al tiempo que por el fiscal le fue puesta la acusación rrespondio y escrivío 
de su propia tetra y mano Qiento y setenta hojas de papel paliando su maldad 
porque era como dicho es habilissimo y grand letrado, por lo qual y por otras 
cavsas que a los señores inquisidores motüeron no le castigaron por el quebran- 
tamiento de la c»rcel. finalmente sacado en este aucto el se mostró y declaro 
por grandissimo hereje luterano, y avnque se hizo todo lo posible para le con- 
vertir y que muriese cristiano no aprovecho, antes deiia y publicava que todos 
se perdían por lo qual le mandaron echar vna mordaza a la lengua y asi aalio con 
ella y alia en el brasero tampoco aprovecho y asi fue quemado, si este todavía se 
escapara quando se soltó hiziera grandissimo daílo. mas no permitió dios que 
enq>ongoñase a otros ni que el quedase sin castigo de su culpa, al tiempo que 
fue quemado estando en el brasero como el escrivano de la justicia seglar a la 
qual avian sido entregados los rrelaxados tenia entendido que conforme a lo 
mandado y proveído por su magestad en otros delitos no ae devía asaetear ni 
justiciar hombre vivo sino que avia de ser primero ahogado quiso que le ahoga- 
sen, mas visto por todos los que allí se hallavan que este estava tan pertinaz y 
que tan hereje moría porñavan en le quemar bivo y sobre esto ovo allí en el 
brasero vna escarapela y ovo alguno o algunos que con vna alabarda y otras 
armas le dieron algunas heridas y de esta manera medio bivo medio muerto en 
fin le pagaron (sU) fuego y murió el malaventurado en su heregía y pertinacia. 

Para este aucto se llevo la cruz al brasero con grand sirienidad con la cruz y 
clérigos de saat bicente y todos loe fanúliares del sancto oficio en proQession 
como ya se acostumbra a hazer quando ay algunos rrelaxados y Quemados. El 
dia del aucto salen y andan todos los familiares con varas de justicia. 

Relación del dicho auctO sacado del sanctO oficio de la inquisición de toledo. 

Rrelaxados en persona por la seta luterana. 

El doctor Sigismundo archel sardo natural de callar luterano muy famoso y ne- 
gativo y después pertinaz rrelaxado a la justicia y braQo seglar en forma con co- 
roca y san benito y confiscación de bienes. 

Isabel rregucr firancesa muger de pierres rreguor veúoa de barijelona pior aver 



lizcdtyGooi^Ie 



— 412 — 
dichu y creydo que no vale nada la missa y que en la ostia &>n3agrada nci esta 
dios verdadero, y que la confession no se ha de haier al sai^rdote sino a solo 
dios, y que todo lo del papa es cosa de burla y que no se han de venerar la 
ymagines. y aver estado negativa y después rrevocante y pertinaz rrelaxada a la 
justicia y bra9o seglar en forma con conñscai;ion de tnenes. 
rrelaxadoa en estatua por la seta luterana. 

Esteban carniel injprcssor natural de saacta flor en franQia que aviendo sido 
rrecon^iliado en este sancto oñ^lo por luterano y ocho años de carmel y habito 
en toíedo. se fue y absentó dentro de dos meses, rreiaxado en estatua a la justi- 
Qia y bra?o seglar con confiscación de bienes. 

Juan temporal franifcs mercader de libros vezino de tolosa de frangía que tra- 
taba en alcalá, por publico hereje luterano rreiaxado en estatua a la jLstÍQia y 
brago seglar con conñscagion de bienes. 

Juan de perusa mercader de libros veíino de tolosa de franela que tratava en 
alcalá declarado por hereje luterano rreiaxado en estatua a la justicia y bra^ 
seglar con confiscación de bienes. 
R reconciliados por la seta luterana 

mastrejuan de lobera natural déla rrochelaen frangiaporaver tenido y creydo 
que la missa no vale nada purque la avia hecho vn hombre y que la conflssion se 
ha de hazer a solo dios y no a otro y que la oración ha de ser mental y no vocal 
y que el pepa no podía dar perdones porque era pecador y que solo dios podia 
perdonar, rrecongiliado en forma con confiscación de bienes y habito por diez 
años los qualcs sirva en galeras al rremo. 

Juan franco impressor natunil de rrosoi en franela por aver tenido y creydo 
que no se han de venerar las ymagines y que el papa no tenia poder ni podía 
dar bulas, y que la confession no se ha de hazer a los sa^rdotes sino a solo dios, 
y que no ay purgatorio, rreconciliado en forma con confisca<;íon de bienes y 
habito por ocho años los quales sirva en galeras al rremo y después sea buelto a 
este sancto ofígío para que se )e mande lo que ha de hazer. 

pierres rreguer impressor natural de estevila en normandia por aver tenido y 
creydo que no vale nada la missa y que en el sancto sacramento de la hostia 
Consagrada no estava dios verdadero, y que la confession se ha de hazer a solo 
dios y no a los sacerdotes y que el papa no tiene poder, rreconciliado en forma 
común con habito perpetuo y seis años de galeras al rremo. y después sea buelto 
a este sancto oñcio para que se le mande lo que ha de hazer. 

rrafael rroca pintor natural de turin en el piamonte por aver oydo sermones 
luteranos y aver tenido y creydo que en la hostia consagrada no estava el ver- 
dadero cuerpo de nuestro señor jesuchristo. y que no es menester vino y agua 
para hazer sangre, y que pues dios sabia que adam y eva avian de pecar que para 
que los criava. y aver hecho burla de las indulgencias, rreconciliado en forma 
común halúto por seis años y que los cinco sirva en las galeras al rremo. y que 
después sea buelto a esta inquisición para que se le mande lo que ha de hazer. 

RrecODCi'iados por la seta de mahoma 

gaspar esclavo de don alvaro de mendoga por aver tenido y creydo la seta de 
mahoma y hecho sus rritos y gerímonias. rreconciliado en forma común y leída 
la sentencia le sea quitado el habito y en galeras al rremo por tres años y acaba- 
dos vuelva a este sancto oficio para que se le mande lo que deva hazer. 

antonio esclavo de don pedro niño rresidente en corte porque siendo cristiano 
bá[)tizado apostato de nuestra sancta fee católica y tuvo y creyó la seta de ma- 



lizcdtyGooi^Ie 



— 213 — 
homa y hecho sns rritos y (erimoDias y catre ellas la gala, y aver ádo soldado de 
Los luteranos contra los católicos, rreconctliado en forma común con habito por 
quatro años los quales sirva en las galeras al rrerao y después sea buelto a este 
sancto oñ^io para que se le mande lo que ha de haícr. 

franpsco hernandez esclavo de doña maria de guzman vezina de madríd cris- 
tiano nuevo de moro por avcr estado en la creencia de mahoma y leído todo |o 
que alia los moros y aver rreíado sus ora^ones. rrecon(il¡ado en forma común con 
habito por seis años los quales sirva en galeras al rremo. 
Penitenciados por diversos delitos con abjuragión de vehementi 
rrodrigo de montoya cardador vezino de toledo por aver dicho y porliado que 
ninguno va al infierno sino es el que desespeira y que en ^erta parte avia mu- 
chos amancebados y morian muchos, y que si todos ñiesen al inñemo no cabrían 
en el y que ya estaba lleno y que el obispo los absolvía para que no vayan al in- 
fierno avoque mueran en pecado mortal, y que no era pecado mortal tener con- 
versación camal con vna donzella. al aucto vela soga, abjuration de vehementi. 
gient agotes destierro de toledo por quatro años y ginco leguas alrrededor y Ñ 
lo quebrantare lo úrva en galeras. 

alfonso del campo frutero vezino de talavera por aver dicho que no se ha de 
tener qnenta con las ymagínes de acá que son hechas por manos de hombres y 
que no se avian de venerar y que llevarlas en pro^ession era cosa de gentiles, 
aucto vela soga abjuration de behementi. fient agotes destierro de toledo y tala- 
vera por quatro años y uo lo quebrante so pena de otros gient agotes. 

ysabel de almena desgendiente de moros esclava de doña maria de la cueva 
vezina de madnd por aver dicho que era mejor y valiera mas la fee de los mo- 
ros que la de los cristianos, aucto. vela abjuration de vehementi y que su ama la 
instruya. 
Penitengiados por dos vezes casados con abjuration de vehementi 
Juan de madrid gestero que también se llama juan de la fuente yjuan gomei 
, natural de sant martin de la vega, por casado dos veze; siendo la primera viva, 
aucto vela soga coroga abjuration de levi gient agotes y ^nco años de gateras al 
rremo. y quanto al vinculo rremitido al ordinario. 

domingo rrodriguez cozinero vezino de madrid por casado tres vezes siendo 
la primera biva. aucto vela soga coroga abjuragion de levi. gient agotes y seis 
años de galeras al rremo y quanto al vinculo remitido al ordinario, 
penitengiados por la simple fornicagion con abjuragion de levi 
Cristóbal de jove labrador vezino de piedra buena por aver dicho y porfiado 
muchas vezes que no era pecado dormir con vna mujer soltera, avcto. vela soga 
abjuration de levi verguenga publica 

juan martia ferrero vezino de alcagar trabajador por aver dicho que tener 
agesso camal con su madre tres veces no era pecado y que si su madre quisiera 
(jae el se lo hiziera tres vezes y mas no que hasta tres veies no era pecado, 
aucto. vela soga abjuration de levi gient agotes. 

Cristóbal gargia tornero vezino del castillo de garci muíioz y natural dell alber 
capor aver dicho que tener agesao carnal con vna muger y dormir y tener quen- 
ta con ella no era pecado mortal si no venial, auc o. vela soga abjuragion de levi. 
juan gargia mesonero vegino de gibdad rreal por aver dicho y aftrmado que 
el echarse vn hombre con vna muger carnal mente no era pecado mortal y rrC' 
prehendiendole por ello lo torno a afirmar y dixo que ava no era pecado venial 
WCto vela abjuragion de levi. 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 214 — 

pedra de toledo ganapán veiino de toledo por aver dicho y con juramento 
añrmado que no era pecado echarse camahnente con las mugeres ancto. vela 
abjuration de levi. 

fran^sco Hernández vezlno de castxo de calderas en galiiia por aver dicho y 
afirmado que no es pecado mortal tener vn hombre conversación carnal con vna 
muger soltera y qae sin necesidad y aviendn otras cosas que comer podía comer 
carne en los viernes sin pecar mortalmente estando asentado a la guerra y que 
ningún sacerdote pndia absolver de los pecados mortales sino que se avia de ir 
por ñter^ a rroma. aucto. vela soga abjuration de levi y (ient acotes. 

damian hurtado trabajador vezino de cienpozueios por aver dicho y alírmado 
que tener que hazer carnalmente con vna muger que no era pecado mortal pa- . 
gandoselo sino venial aucto. vela, abjuration de levi. 

Juan lopez ganadero vczino de almndovar por aver dicho que no era pecado 
echarse carnAlmeate con vn^ biuda. aucto. vela S3ga abjuration de levi y de.ste- 
rrado de toledo 7 9¡nco leguas alrrededor y no lo quebrante so pena de QÍent 
acotes. 

Juan martin bermejo vezino de puerto llano por que dixo que tener los hom- 
bres conversación camal con mugeres publicas pagándoselo no era pecado mor- 
tal sino venial, aucto. vela, soga abjuration de levi. 

crístoval chacón trabajador vezino de ocaña porque dixo que estar amance- 
bado coa vna muger no era pecado mortal sino venial, aucto. vela soga abjura- 
tion de levi. vergüenza publica. 
. Penitenciados por diversos delitos con abjuration de levi. 

alonso rruiz soldado y labrador v¿zino de las ventas de peñaguilera por aver 
dicho que no ay dios en el (ieio ni sanctos. y que mahomn estava alia y era mu- 
cho su amigo y avia intentado de quebrantar las car(eles y aver dicho que ma- 
tasen al alcayde. aucto. vela, soga abjuration de lev! ?ient a^-cites j destierro del 
distrito de esta inquisición por quatro años y ai los quebrantare los cumpla en 
las galcru. 

geronimo garcía dorador natural de barcelona andante en corte por aver di- 
cho muchas veies descreo de dios no creo en dios rreniego de dios pese a dios 
por vida de dios cabefa de dios cab de deo. aucto. vela soga mordaza, abjura- 
tion de levi vergüenza publica cinco años de galeras al rremo y no los quebrante 
so pena de galeras perpetuas 

pedro chacón soldado vezino de yepes por aver dicho muchas veíes pese a 
dios, por vida de dios, rreniego de dios no creo en dios y que en dios se podrian 
poner mas escrúpulos que en su amiga y que su amiga dezia mas verdad que la 
sagrada escritura, y pese al bellaco de dios por que no vienen los diablos y me 
llevan y no creo en dios si dios viene en este carro sino tiene de salir el y entrar 
yo. y tengo de subir avnque pese a dios y otras muchas y grandes blasfemias y 
d^ftcatos contra dios nuestro seíior aucto. vela, soga mordaza abjaratinn de 
levi. cicut acotes desterrado de este distrito por seis años y no lo quebrante so 
pena de otros cient acotes, es estropíado de vna mano que por eso no fue a 
galeras. 

pedro de yepes vezino de yepes texcdor de estameña en escalonilla por aver 
dicjio mal de las ofrendas y que el cura se aprovechava dellas y a los finados y 
a tos sanctos no les hazla nada, aucto. vela, abjuration de levi desterrado de 
toledo y escaloatlla con dos leguas alrededor y no lo quebrante so pena de des- 
tierro dobado. (sic) 



lizcdtyGooi^Ie 



— 215 — 

pedro rniiz trabajador vezino de escalonilla por avcr dicho que el sabia tierra 
en que se usava ser ios abades casados y que es mejnr vso que el de acá que ei 
lo haria bueno y que era aquella mejor borden que no la de acá. aucto. vela 
abjuración de levi. es vn rrustico y no sagaz 

graviel lopez gestero algo natural de avila porque rrezando vna oración en 
copla dixo que ihs era trino y vno y que ihsxpo era tres personas y después lo 
porfió, aucto vela abjuration de levi y que no rreze oración que no sea exami- 
nada por el ordinario 

Juan gomez hidalgo labrador gallego habitante en talavera por aver dicho y 
afirmado que ninguna anima de hombre por pecador que fuese yva al inñemo 
el espíritu porque ihs xpo avia pagado por todos, aucto. vela soga abjuration de 
levi desterrado del distrito de esta inquisición por dos años, es rrustico. 
, Juan castellanos ganadero vciino de almodovar por que tratando que se lla- 
mase vn clérigo para que confesase a vno dixo que bastava deiir sus pecados a 
una mata, aucto. vela abjuration de levi. no era de entera capai^idad. 

Penitenciados por diversos delictus 

andres de ^epeda calcetero vezino de alcalá por aver quebrantado las gateras 
y destierro en que avia sido condenado por este sancto ofiflio y aver escrito mu- 
chas palabras desacatadas y mal sonantes contra el rrecto vso de la justicia de 
este sancto oñ^io y ministros del aucto vela soga y galeras al rrcmo par diez 
años y si lo quebrantare perpetuas y acotes. 

dl^o de cabanas natural de rrobledo por aver dicho que era familiar no lo 
siendo y aver mandada a vna persona sopeña de veinte mili maravedis que 
prendiese a vno por la inquisición y le llevase preso a vn inquisidor y que si no 
lo hazia que los embiaria presos, aucto vela soga, desterrado por quatro años 
del distrito de esta inquisición y no lo quebran e so pena de acotes, ea coxo 
pobre 

(Biblioteca Nadonal. Sección de Mss. Aa. 105. Libro escrito por Sebastián de 
Horozco, fol. 369.) 



lizcdtyGooi^Ie 



XI 



hM pnturmámr^u de Toledo en 1m Cortes de Mftdrld 

de 15S8-$5: sai pareceres 7 votos en el asunto de 1» 

naTegaclón del Tmjo. 



Procuradotea de Toledo en estas Cortes: el regidor D. Garda de Ayala 
Manrique y el jurado Alvaro de Madrid. 

Sesidn dtl 30 de Entra de is^^.—Eatabióx debate entre los procuradores 
acerca de la proposición presentada al reino y apoyada en anteriores sebones 
por el representante de Guadalajara, D. Rodr^o de Mendoza. Pedía éste en su 
propoÑci6n que se continuara U navegación del Tajo desde Alcántara á Toledo 
y que el reino ayudase á la empresa con un repartimiento de cien mil du- 

■El jurado Aluaro de Madrid dixo, que la proposición hecha por don Rodrigo 
de Mendoza le parece ser muy bien, y es cosa que conviene que se haga lo que 
por ella se dize;y a^ se conforma con la dicha proposición, y es en que paraque 
se haga y efectúe como se propone, se escnua á las ciudades y villas de voto en 
Cortes lo contenido en la dicha proposición, para que dándoles quenta dello, se 
haga lo en ella contenido.» 

Suida del 17 de Feórero.^ Ka io áe Eaeto se había nombrado una comisión 
compuesta de seis comisarios (ninguno de eUos toledano), que dictaminara sobre 
la navegación del Tajo. En 17 de Febrero la comisión informó declarando los 
provechos é inconvenientes que de ella podrían seguirse. Púsose á votación lo 
que había de hacerse, y los procuradores fueron votando y diciendo su opinión- 

■Don Garda de Ayala dixo que se escriua á las ciudades y villas que tienen 
voto en Cortes y se les envié la proporción hecha por don Rodrigo de Mendo' 
za con los demás papeles que los comisarios deste negocio han traído hoy, 
para que vistos, envíen á deiir lo que más conviene, para que aquí se haga y 
cumpla. 

»E1 jurado Aluaro de Madrid idem.> 

Se adoptó este acuerdo por mayoría. 

SesíSn deí 2} de J-'edrerú.~Vaélvcá trat&rx del proyecto de la nav^ación; 
la gran mayoría de los procuradores, y entre ellos los toledanos, siguen apo- 
yándolo. 



Di'gilizcdsyGoOl^Ie 



— 217 — 

«Don García de Ayala dixo qne él ha mirado y cOosderado este negocio de 
la navegarion del Tajo, y que le parece que es útil y provechoso para estos rey- 
nos; y sai es en conformarse con la proposición de don Rodrigo de Mendoza, y 
que se haga por la forma en ella contenida, y se envien los papeles á las ciuda- 
des, escrioiéndoles cómo á la mayor parte del Reyno le parece que es útil y 
provechoso, y asile parece á £1 que se haga. 

>C1 jurado Aluaro de Madrid dixo que i él le parece muy bien ser útil y provc 
choso el navegarsc el río Tajo; y asi es en que se haga por la forma y manera 
que don Rodrigo de Mendoza lo propuso, y se escríua i las ciudades y villas 
que tienen voto en Cdrtes, de la forma y manera que ahora en este Reyno se 
ha acordado.! 

En conformidad con la opinitki de la gran mayoría de los procuradores, se es- 
cribid á las ciudades y villas con voto en Cortes pidiendo su parecer, así sobre 
la navegacióo hasta Toledo, como sobre el repartimiento de los cien mil duca- 
dos al Reino. 

SíMit del ló de Airil-— Idéese la carta de la ciudad de Toledo, por la que se 
aprueba lo de la navegación y repartimiento y se dan poderes i sus procurado- 
res para que asi lo voten, 

S^sid» del 13 de Afcco.— Votación del repartimiento de loe den mil ducados. 

«Don Garda de Ayala dixo, que es en conceder A su Magestad los den mili 
ducados para esta navegadon, conforme don Rodrigo de Mendoza dixo en su 
proposición, y que se repartan entre las dudades, villas y lugares á que se suele 
y acostumbra repartir en semejantes casos, y que se siq)liquc d su Magestad que 
en esta navegadon, pues es para hazer bien á estos reynos, no se ponga estanco 
ninguno en las mercadurías que han de venir asi de reynos estraños como de 
• Portugal. 

>E1 jurado Aluaro de Madrid dixo lo mismo.» 

SetidM del is de Afayo.—St: discutía un proyecto de memorial al Rey rogándo- 
le se continuara la navegación hasta Toledo y didóndole que el Rdno le servía 
para ello con den mil ducados. Para evitar los inconvenientes qoe podrían se- 
guirse á los puertos de Castilla la Vieja y Andaluda, la mayoría de los procura- 
dores querían se pidiera que por el Tajo no pudiesen navegar las mercaderías 
llegadas d Lisboa de Francia, Flandes é Inglaterra y sí solamente las procedentes 
de Portugal y sus dominios. Véase lo que dijeron los representantes de Toledo, 
abogando por la absoluta libertad de navegadon, cuyas ventajas para su dudad 
no se les ocultaba: 

«Don Garda de Ayala, que se dé el memorial; excepto lo de que la navegadon 
no sea libre y que haya estanco ninguno. 

>E1 jurado Aluaro de Madrid, que se dé el memorial, con tanto que en él no 
se ponga estanco de ninguna provinda, y que se suplique d su Magestad que se 
pueda navegar de todas y qualesquier parte que vinieren; protestando él en 
nombre de Toledo, suplicarlo á su Magestad conforme lo tiene votado, y de 
cómo lo suplica lo pide por testimonio.» 

(Aítai de las Cortes de CasHUa, fiuhUcadas por acuerdo del Congreso de les Di^ 
lados, tomo Vil: Cortea de Madrid de 1583-85, págs. 311,345, 359, 408 y 413.) 



tizcdbyGoOl^Ie 



XII 



IVaCTos datos ac«rr» de El fireco. 

Concordia entre Dominico Theotocópuli v hl Patrono de la Capilla 

DE San José db Toledo sobre el precio del RErABLo hecho por aquél 

PARA DICHA Capilla (I599). 



En la dudad de Toledo á trece dias del mes de diziembre de mili y quinientos 

é nouenta y nueui' años en pressencia de mi el Scriuano y testigos parecieron el 
Doctor martin Ramírez clérigo Cathedratico de Theulugia dcsta Uniuersidad y 
Patrón y cappellan mayor de la capellania que fundd en esta ciudad, la buena 
memoria de martin Ramireí difunto vecino que fué della de una parte y de otrB 
dominico greco teotocopvli Pintor vecino desta ciudad y dixeron que entre 
ellos a hauido Pleito ante el visitador general desta ciudad sobre que hauiendo- 
se tasado el Retablo que el dicho dominico hico y asentó en la dicha capilla en 
treinta y un mili y trecieatos y veinte y ocho rrcales por personas puestas por 
las partes conforme i una escritura que sobre ello otorgaron al tiempo que el 
dicho dominico se encargd de la dicha obra ante Pedro Ruiz de bustos Scríuano 
del número de esta ciudad en ella i veinte de nouiembrc de nouenta y siete. El 
dicho doctor martin Ramirez pretendia estar muy subido el dicho precio y agra- 
uiado en mucha cantidad del sobre lo qual se hauia de tratar pleito y con í\ ha- 
uian de suceder costas ¿ gastos y por cscusarlos anbas partes sean conuenido y 
concertado y por esta escritura por transacion y concordia se conuienen y con- 
ciertan en que el dicho doctor martin Ramirez aprucua y consiente la tasación 
hecha del dicho retablo en los dichos treinta y un mili y trecientos y veinte y 
ocho rreales y promete de no ir contra ella en tiempo alguno pidiendo rretasa 
ni otro rremedio que le pueda pertenecer que todo lo rrenunció y á quenta de 
los dichos treinta y un mili trecientos y veinte y ocho rreales el dicho doctor 
Martin Ramirez tiene pagado al dicho dominico greco honce mili rreales en di- 
ferentes ueces, lo qual confessó anssi el dicho dominico greco y sobre la entrega 
rrenunció las leyes detla y excepción de la non numerata pecunia y tanuien tie- 
ne pagado por el dicho dominico greco trecientos y treinta rreales al que uino a 
tasar la dicha obra desde madrid que esta cantidad tocó al dicho dominico gre- 
co y tanuien se encarga el dicho dotor martin Ramirez de pagar luego á fran- 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 219 — 
cisco de medina lencero mili y cinquenta y tres rreales que le deue el dicho dr> 
minico greco y cinco mili y quinientos rreales que le á de dar de contado Juan 
Sánchez cota para quien á de dar letra el dicho doctor martin Ramírez y la rres- 
ta cumplimiento á los dichos treinta y un mili y trecientos y veinte y ocho rrea- 
les que son trece mili y quatrodentos y quarenta y cinco rreales el dicho dolor 
martin Ramírez se obligó con su periona y uienes de gelos dar y pagar al dicho 
dominico greco 6 i. quien su poder ouiere en dos pagas iguales en cada una la 
mitad que k primera s:rd fin de setiembre de mili y seiscientos años y la segun- 
da y ultima de allí en quatro messes seguientes que será i. fin de henero del año 
de mili y seiscientos y un años. Y si durante este tiempo el dicho doctor martin 
Ramírez vendiese la custodia que el dicho dominico greco tiene en su poder 
que es la que hico para la dicha capilla todo el precio en que la uendierc lo 1 de 
rreceuir el dicho dominico greco á esta quenta de los dichos trece mili quatro- 
cicntos é quarenta y cinco rreales y la rresta se le á de pagar en las dichas dos 
pagas como dicho es. Y anbas partes cada vna por lo que toca de cumplir esta 
escriptura obligaron sus personas y vienes é dieron poder á las justicias que 
dello deuan conocer á quien se sometieron renunciaron su fuero jurisdicion y 
domicilio y lo rreciuieron por sentencia pasada en cosa jutgada renunciaron las 
leyes de su fauor y la que proiue la general renunciación en testimonio dello lo 
otorgaron ante mí el pressente Scriuano siendo i. ello testigos Trancisco Preboste 
y francisco de ganboa y gregorio de la Torre vednos de Toledo é lo firmaron 
los otorgantes que yo el Scriuano conozco. Doctor marün Ramirez dominico 
theocopulí. Pasú ante m¡, Juan de soria Scriuano público. 

En Toledo á catorce de diziembre de mili y quinientos y noucnta e nueuc 
años en pressencia de mi el Scriuano y tes'.igos el dicho dominico greco Theo- 
copoli reduío del dicho doctor martin Ramirez los cinco mili y quinientos rrea- 
les que por esta scriptura le libró en joan sanchez cota para el qual se hauia de 
dar libranca los quales dichos dnco mili y quinientos rreales retíuio en reales 
en presencia de mí el Scriuano y testigos desta Scriptura de que doy fee dio 
dellos carta de pago é lo ñrmo. testigos frandsco preboste y frandsco dcspinossa 
y andres lopez vecinos de Toledo é lo firmó el otorgante que yo el Scriuano co- 
nozco dominico Thentocopoli ante mi juan de soria Scriuano público. 

Yo juan Sánchez de Soria Scriuano de su magcstad uno de tos del número de 
Toledo fui á ello presente y en testimonio de verdad lo signé. =Juan de soria 
Scriuano publico (rúbrica). 

{Archivo de la Ilustre Capilla de San José de Toledo.) 



tizcdbyGoOl^Ie 



xiir 



A Taleda. 

Tercetos de D. Luis Qekhuscolo de GuzmAn. 



Si de Helicona la sagrada, fuente 
d^ando el natural de cristal claro, 
trocara en tinta su licor prudente; 

si vn espíritu altibo, aliento raro 
el intenso planeta me infundiera, 
de este bien hasta aqui conmigo auaro; 

si me diera bus plumas la pariera 
fama, con que en subjeto tan altibo 
a escribir dignamente me atrebiera, 

No fuera tan culpable mi motibo 
qual lo sera si con mi tosca pluma 
para tan alta empresa me E^er^ibo. 

Pero aunque numerar jamas presuma 
tus alabanzas (o Imperial Toledo) 
Redu^rlas pretendo a brebe suma. 

y sí en tan alta empresa corto quedo, 
culpen la obra, pero no el intento; 
que solamente ofrezco lo que puedo. 

E)adme paes, sacras Musas, nuebo aliento, 
y a cantar comen^d con dul^e tira, 
con voz acorde, y resonante accento 

Algo de la ciudad que al mundo admira, 
por no tener igual en todo quanto 
el Del^hico amador de Daphne mira. 

Al cielo causa, imbidia, al mundo espanto 
el valor, y grandeva que en sf enterra; 
tanta es su fama, su poder es tanto. 

Del gran Hercules Libio en vna sierra 
esta Ciudad famosa fue fundada, 
para ser la mas noble de la tierra. 

Casi toda en contomo rodeada 

del sacro Tajo que, qual fuerte muro, 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 221 — 

defiende ser por armas conquistada. 

Donde urbe de espejo el cristal puro 
a las altaa almenas, por que vean 
en «igOB retratado el marmol dura. 

Muchas huertas en torno la hermosean, 
de frotas, y de florea tan copiosas 
que el gusto, y el espíritu recrean. 

Allí vierte Amalthea frescas rosas, 

que en vega, campo, sierra, monte, y llano 
deleytan, con fragancias olorosas. 

Allí el calor defienden del verano 
frondosas arboledas, cuya altura 
pretende Phebo penetrar en vano. 

Alli se (ieiTa tanto la espesura, 

que el rayo ardiente de la luí hermosa 
jamás turba del sitio la frescura. 

Alli con melodía misteriosa 

del vil Thereo, Prt^ne, y Philomena 
la locura lamentan amorosa. 

Alli sin arte, y de dulzura llena 

de jilgueros, calandrias, ruyseñores 
la no aprendida música resuena. 

Alli de Venus las purpureas flores 

se ven, y la de aquel man^bo hermoso 
que go^o por su daño sus febores. 

Alli el casto jwmin, el oloroso 
dauel, el aiahar, y la mosqueta 
hermosean el sitio' deleytoso. 

Alli es donde murmura mas quieta 
del sacro Tajo la corriente clara, 
supremo adorno a su beldad perfeta. 

Alli esta el artificio, inven^on rara 
con que honor inmortal gano Juanelo 
en esta edad de premios tan auara. 

Alli parece que hasta el alto Cielo 
quieren llegar con curso desusado 
las claras aguas, desde el bajo suelo; 

y paran en el alto, y encumbrado 
alcázar, cuya altura, y fortaleza 
sirue de adorno al sitio rcleuado. 

donde se representa la Realera 

de la Imperial Toledo, pues en ella 
esta, qual la corona en la cabe^. 

De cuya altura la soberbia, bella 
machina de edificios sumptuosos 
se ve, que quieren competir con ella. 

Las Pirámides altas; loa colosos 

dé Egipto, y Rodas, por laltpr, y altura 
fclebres, admirables, y famosos, 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 222 — 

No pueden igualar a la hennosura 
de fuertes torres, y altos chapiteles, 
que el tiempo en vano deslustrar procura. 

Aquí el diuino, soberano Apeles 

Iperdoue el Nfacedonio Rey) pudiera 
emplear dignamente sus pinceles. 

y mas si el sacrosancto templo viera, 
donde el deseo satisfecho humano, 
ni puede mas pedir ni mas espera. 

A quien el Rey ensalma soberano 

con dones excelentes, con preciosos 
thesoros, dignos de su larga mano. 

Donde entre mili espíritus hermo.sos 
la gran virgen, Deipara María 
puso sus sacrosanctos pies gloriosos; 

y bolbiendo la noche en claro dia, 
a yllefonso le dio el vestido santo 
que el mismo Dios de su thesnro embia. 

¿A quien no causa admiración y espanto 
ver la mejor mujer que el Cielo encierra 
hafer a vn sierbo suyo fabor tantoí 

Ciudad lamosa, en quien se 9¡fra y (ierra 
vn extremo de gracias, y fabores 
no meregidos de la indigna tierra, 

Tus sánelos, tus diuinos protectores 
cujenio, Julián, Leocadia santa 
canten con yllefonso tus loores; 

Pues sus méritos tienen fuer^ tanta, 
que en diuinos fabores Celestiales 
cada dia tu iglesia se adelanta. 

Dichoso templo, cuyos inmortales 
sacrificios los Cielos penetrando 
son amparo a los miseros mortales 

en ti estoy admirado contemplando 
tu gran riquega, y fabrica admirable, 
viendo mas que admirar quanto mas ando 

Tu sagrario diuino, incomparable 

a quien tantas reliquias enriquegen, 
hacendó su valor inestimable; 

A donde los milagros resplandecen 
excelsos de María, cuya gloria 
tus eternas grande^s engraodei^en. 

Pero en vano se ocupa mi memoria, 
si quiere numerar en suma brebe 
lo que imposible fuera en larga historia. 

y sera justo que mi pluma llebe 

a otras grandevas tuyas, que en ti ven 
muchas a, quien eterno loor se debe. 

Hermo^ssimas damas, eo quien creo 



tizcdbyGoOl^Ie 



— ?23 — 

qiM poner procuró naturaleza 

pichoso fin, y limite al deseo; 
ea cnya alta virtud, rara bellega 

profunda discreQiOD, gallardo brío 

et Tajo cifra toda su nque^a, 
de poder alabaros desconfió 

scE^n el gran valor vuestro rntrege, 

objeto altibo del intento mío. 
Alabeos, pues con ello se engrandece, 

la gran copia de injenios soberanos, 

en quien la luí de s^en^a resplandece' 
Callen loe Griegos, callen los Romanos, 

pues en letras, y en armas los exceden 

sabios, y valerosos Toledanos. 
Solos los hijos de Toledo pueden 

decir que en la Romana monarchía 

por linea recta maternal suceden. 
Pues su madre Imperial, que cada dia 

lo ca, y lo sera, como lo a sido 

de mili dndades que ennoblece, y cria, 
del Imperio en que España a sucedido 

a la gran Roma, tiene la corona; 

premio por sus grandecas merecido, 
esta es la gran dudad de quien pr^ona 

la clara fama glorias inmortales, 

en quanto giñe la abrasada zona 
esta da leyes, gouernando iguales - 

a dos mundos, que al ceptro Real de EspaAa 

subjectaron las ordenes fatales, 
esta en quanto el Sol mira, y el mar baña 

por noble, y por leal a conseguido 

con gloria propria, admiración cxtraAa. 
otras ciudades se an engrandecido 

con cortes que las an ampliñcado, 

con tratos que las an eqrrique^do. 
Mas esta por ú sola, sin prestado 

fauoT, alcancn el grado preeminente, 

con que Imperios, y Rcynos a yllus radn. 
ó Ciudad soberana, y excelente, 

cuya gran redondez bienes encierra 

quantos el Cielo al siielo da, y consiente, 
eternice tu nombre en paz y en guerra 

la clara fama con sonora trompa 

en los vltímns fines de la tierra; 
Loü diaphanos ayres hienda, y rompa 

publicando sus lenguas por el mundo 

tu cbristiandad, valor, grandeca, y pompa. 
Ciudad, que sin igual, y sin segundo 

en ka inmortalidad pones t* proa. 



lizcdtyGooi^Ie 



— M4 — 

con clara fama, con valor profbndo. 

Aunqne aon dignas de renomtx«, y loa 
la famosa Hilan en Lombardia, 
París en Franda, en Portogal Liaboa, 

eo Inglaterra Londres, en Vngría 

Buda, Viena en Aostría, en Mauritania 
Marruecos, como en Chipre Nicosia, 

México en nueba España, en Alemania 
Vormes, en Persia Tanris, Heíadea 
en Siria, Cuni en Sdthia, Ethica en Dania, 

La gran Roma en Italia, en Galilea 

Bethaayda, K¡(ea en Atia, en Berbería 
Túnez, en Palestina Cesárea, 

Constantinopla en Grecia, Alexandria 
en ejipto, caaiopa en Epiro, 
Meaco en el Japón, Lintz en Russia, 

en Aratúa Sabá, en Phenifia Tiro, 
Praga en Boeniia, y en la populosa 
China Paquin, cuya grandeva admiro; 

Ninguna de ellas a la misteriosa 
plenitud soberana de exgelenQíaa 
iguala, que te hagen tan fomosa. 

y si con admirables diferengias 

vna en buen Cielo y suelo se adelanta 
otfa en injenios, y dininas acien^as; 

qual enterra valor que al mundo espanta, 
qual blasona de damas y hennosura, 
y cual en trato noble se adelanta; 

cual (ifra en su riquega su ventura, 
qual en su vrbanidad, y poligia, 
qual en su christiandad perfecta y pura; 

qual en noblega estriba, quaJ porfia 
por ampliar su sitio, y su grandeva 
y qual en ser mas fuerte se confia, 

en tí sola ay valor, beldad, riquega, 
armas, y letras con noblega asidas, 
christiandad, pollgia y fortaleza. 

y en fin quaotas grandevas eq»rgdas 
están por varias partes de la tierra, 
en ti las vemos para Ñempre vnidaa. 

Pero si son las que tu sitio encierra 
tantas que ^ta número á au cuenta, 
y mi pluma en querer sumarlas hierra. 

Cese en el fin que hallar en vano intenta, 
y á la (ama remita en su memoria 
tus loores, pues ella se alimenta 
con la gloria que go^ de tu gloria. 

(Biblioteca Nacioaal. Secddn de Msa., ndm. 4.100, foUo 13.) 



tizcdbyGoOl^Ie 



NOTICIAS BIO-BIBLIOGRÁFICAS 

DEL BXCMO. nuSOR 

D. PEDRO DE MADRAZO Y KUNTZ 



DijilizcdtyGoOl^Ie 



, Google 



NOTICIA BIOGRÁFICA 



DEL EXCUO. ; 



D. PEDRO DE MADRAZÜ Y KUNTZ 

' INDIVIDUO DE NÜHERO DE LA SEAL ACAOBUIA DE LA HISTORIA - 
Y SU SECRBTARIO PERPETUO 



El Excmo. 5r. D. Pedro de Madrazo y Kuntz nació en Roma, en 1 1 de 
Octubre de 1816, Su padre, D. Joaé, ilustre y bien conocido artista, pintor 
de cámara de Carlos IV, y mds adelante de Fernando VII, vivfa á la sazón 
en Roma, retenido por su adhesión á este monarca, que también residía 
entonces en la Ciudad Eterna. Por su madre, D.* Isabel Kuntz, procedía 
Madrazo de una familia alemana originaria de Silesia. Impúsosele el sacra- 
mento del bautismo en la iglesia de San Pedro del Vaticano, y fué su pa- 
drino su tío materno D. Pedro Kuntz, notable pintor de perspectivas. 

Se ha dicho que la contemplación frecuente de las admirables obras de 
la capital artística por excelencia dejó indeleble impresión en su espíritu. 
Lo cierto es que no pudo haber tugar á ello, pues ya eo 1818, es decir, 
pequeñuelo de escasos dos años, vino á España con su padre, nombrado 
entonces director de colorido y composición en tos estudios de la Acade- 
mia de San Fernando. La casa paterna fué para él á la vez hogar y escuela, 
cuyas enseñanzas, como semilla arrojada en fértil campo, presto produje- 
ron opimo fruto. 

Niño aún D. Pedro, ingresó, juntamente con su hermano mayor D. Fe- 
derico, en el Seminario de Nobles de Madrid, regido por la Compañía de 
Jesús, donde, á más de recibir sólida educación religiosa, hizo sus prime* 
TOS estudios de latinidad, literatura, idiomas modernos, ñlosoíTa y matemá- 
ticas. Allí se creó amistades ñrmes y duraderas con la muy lu^o juventud 
dorada de la corte; y esas amistades de la infancia no ioñuyeron poco eo 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 228 — 

la dirección que tomó al salir al mundo, una vez terminados sus estudios 
de facultad. 

Enviáronle sus padres í Toledo, y en su Universidad, de rica tradición 
cientlñca, cursó con gran aprovechamiento la carrera de Derecho hasta 
graduarse de bachiller. No fué, en otro orden de ideas, desaprovechada 
aquella estancia en Toledo para el joven alumno, que en no largo inter- 
valo pasaba desde la Roma latina á la Roma española; y de lo que los mo- 
numentos y recuerdos toledanos cautivaron su ánimo hay repetidos ejem- 
plos en los escritos' de su juventud. Con el estudio de las leyes simultanea- 
ba el de las matemáticas, de que gustaba mucho en sus primeros años, y 
con aprovechamiento tal que el Rectory algunos doctores de la Universidad 
de Toledo le propusieron con empeño regentara la cátedra de matemáti- 
cas, vacante á la sazón, lo que rehusó modestamente Madrazo, que sólo 
contaba diez y seis años. 

De Toledo- marchó á Valladolíd, terminando allí la carrera de leyes, y 
ya abogado, trasladóse á París, donde residió algún tiempo. Triunfaba 
entonces y ganaba los ánimos en la capital de Francia la escuela román- 
tica de literatura, y el trato y comunicación frecuente con los más ilustres 
d(^matizaDtes de aquella iglesia impelieron á D. Pedro hacia la nueva 
doctrina, de la que fué práctico mantenedor en sus escritos durante largo 
tiempo. 

De vuelta en Madrid, henchido de entusiasmo por lo bueno y por lo 
bello, comenzó aquella labor intelectual tan tenaz y — puede afirmarse sin 
hipérbole— tan prodigiosa, con la que por más de sesenta años fomentó la 
cultura nacional con su galana pluma de polígrafo. Sus primeras armas 
fueron en E¿ Arlista, periódico de literatura y arte, de que eran fundado- 
res y editores D Federico de Madrazo y D. Eugenio de Ochoa. Ei Artuta 
venia á la prensa como corifeo entusiasta de la ñamante tendencia transpi- 
renaica, y el joven D. Pedro publico en sus páginas poesías románticas que 
fueron como las avanzadas de su futuro y no lejano renombre. A las poesías 
siguieron artículos y narraciones en prosa y sus primeros trabajos de mate - 
ria artística, ora preceptivos, ora descriptivos, críticos ü biográficos. Tam- 
bién colaboró por aquellos años en El Español y en otras publicaciones, 
escribiendo artículos de literatura y arte. Fenecido £/ ,4r/ií/a, apareció 
otro pcriódic > de análoga índole, el JVo me olvides, editado por Salas y 
Quiroga, en el que Madrazo publicó poesías y trabajos en prosa. En aquel 
tiempo comentó el Tratado de derecho penal, de Rossi, y redactó una obra 
original sobre sistemas carcelarios, que parece no llegó á imprimirse. 

En el Ateneo de Madrid, en el Liceo, en otros círculos literarios y en 
algunas mansiones aristocráticas, principalmente en la de la Condesa viuda 
del Montijo, era concjrrente asiduo aquel joven dotado de romántica íigura, 
muy en armonía con su filiación en el campo de las letras. Y en verdad, ora 
declamando sentidamente sus inspiradas poesías, ora recitando con acom- 
pañamiento de piano aquellas suaves melopeyas, género que él introdujo ó 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 229 — 

géneralisó por aquellos años, debió aparecerse ante nuestros abuelos como 
paladín de la cueva escuela, dispuesta y pronta á dar cuenta del viejo y 
gastado clasicismo. 

Las más diversas tareas llenaban su tiempo. Comenzó entonces á ejercer 
su carrera de abogado, aunque sin mostrar por ella una inclinación deci- 
dida. Tradujo el Curso de economía pol¡lica,át Rossi; seguía cultivando la 
poesfa; colaboraba en obras colectivas, demostrando su competencia en 
las más distintas materias, y principalmente dedicábase á los estudios artís- 
ticos, que en adelante Tueron sus favoritos y hacia los cuales le impelía 
vocación irresistible y como predestinación de raza. Tan sólo veinticinco 
años contaba cuando, siendo su padre Director de la Acadeniia de Sin 
FerRando, ingresó ya en aquella corporación, i que habla de prestar tan 
valiosos servicios. Entonces se lanzó de lleno en el estudio teórico de las 
artes del diseño, y principalmente en el de nuestra gran pintura. Analizó 
cuadros y escuelas, registró archivos, rectificó errores y noticias equivo- 
cadas y dio con su concurso un impulso decisivo á la historia crítica del 
arte pictórico español. 

Fruto de sus tarcas fué el Caidlogo de los euadrot del Real Museo de 
Pintura y Escultura^ que publicó en 1843, primera, en el tiempo, dcsua 
obras importantes, y que le valiJ ya sólida reputación en el campo de la 
especialidad á que se habla dedicado. En aquel año apareció el Semanario 
Pintoresco Español^ que tan larga vida y tan gran importancia logró alcan- 
zar entre las publicaciones congéneres-, y desde sus principios llevó á él 
D. Pedro interesantes trabajos sobre las materias para él predilectas, lite- 
ratura, poesía y arte, principalmente pictórico. Ocupábanle, á más de estas 
tareas, otros trabajos originales y algunas versiones del francés, inglés é 
italiano, entre ellas la déla Historia del Consu'ado y del Imperio, áaTi\itr%, 
que anotó menudamente. 

En 1845 dio comienzo i su carrera administrativa en el Consejo Real. 
Por aquellos años y los siguientes colaboró con asiduidad en periódicos y 
revistas tales como, amén del antes citado Semanario, El Demingo, El 
Laberinto, El Siglo Pintoresco y El Renacimiento, acreditando cada vez 
más su firma con sus poesías, trabajos de crítica artística y artículos de 
varia índole. En 1848 dirigió, juntamente conD. J. J de Mora, la ^(Z'ü/i) 
Hispano- Americana, que no alcanzó larga vida. 

Los años que á éstos se siguieron fueron para él años de estudio y 
reo^imieiito. Mientras continuaba con ciertas alternativas sus servicios 
administrativos, escribía largamente para la voluminosa Enciclopedia mo- 
derna de Mellado, Resultado harto diverso y mucho más brillante de su 
honda labor intelectual fueron dos de sus más notables obras que con laa 
de otros insignes escritores contemporáneos suyos tan gran influencia 
habían de ejercer en el espíritu de aquella generación y de la que la siguió 
inmediatamente, con notorio provecho de la cultura nacional. El roman- 
ticismo extendía ya su acción en España desde et campo de la mera lite- 



tizcdbyGoOl^Ie 



-_ 230 — 

ratura al del arte monumental, y Madrazo figuró entre aquella ilustre pié- 
yade, algunos de cuyos nombres son Carderera, Caveda, Pifcrrer, Qua- 
drado, Amador de los Ríos, Assas y Pi y Margall. Entonces aparecieron 
uno tras otro los volúmenes de la nunca bastantemente ponderada obra 
Recuerdos y billezas de España, á^ Parcerisa, que descorrió el velo que 
para la generalidad del público ocultaba nuestra riqueza arqueológica, 
promovió el entusiasmo por la edad media española é inició la afición al 
excarsicrtinno, hoy en pleno período de desarrollo merced al espfritu de 
asociación y á lafacilidad en las comunicaciones. De Madrazo son los volú- 
menes cor respondientes á Céidoba y á Sevilla y Cádiz (á que me refería 
mis arriba) , obras de las mis bellas de la serie y, aunque por su principal 
objeto, de (ndole histórico-artfstica, no menos literarias y aun poéticas que 
artísticas ¿ históricas. Con estas producciones consolidó D. Pedro su justa 
reputación de insigne literato, historiador y arqueólogo, acrecentada más y 
mAs por sus trabajos posteriores. 

En 1857 apareció la ohvA E¿ /íea¿ Afusea Je Afadrid y /as Joyas de la 
Pintura en España, publicación de lujo, que quedó incompleta, y cuyo 
texto es de Madrazo, Poco después ocuplronle de lleno los deberes y 
tareas de la vida acadómica. En la Academia de San Fernando, á que ya 
de años atr.s pertenecía, tocóle llevar la voz de la corporación, entre otras 
ocasiones, cuando ingresaron como individuos de número los Sres. Ama> 
dor de los Ríos (1859), Huet (1866), Marqués de Monistrol fiSfiS), Sans 
(1875), Riaño (1880}, Fernández y González (i88i) y Oliver y Hurtado 
(1881) En el seno de la Academia distinguióse por una laboriosidad sin 
límites. Tomando parte en los debates, presidiendo diversas comisiones, 
redactando informes y dictámenes, de los que sólo los publicados en el 
Boletín pasan de cuarenta, adquirió tan saliente personalidad en aquella 
corporación que á la muerte de su Director D. Federico de Madraio fué 
elegido D. Pedro para este cargo (15 de Octubre de 1894) y reelegido para 
otro trienio (27 de Diciembre de 1 897), ocupando tan honroso puesto hasta 
el término de su vida. 

Nuestra Real Academia de la Historia habíale elegida en ti de Febrero 
de iSS9 como individuo de número para la medalla 53, vacante por falle- 
cimiento de D. Tomás de Sancha. En 13 de Enero de i86i tomó posesión, 
pronunciando un hermoso discurso que versó acerca de los elementos 
constitutivos de la civilización española. También como individuo de esta 
Academia intervino asiduamente en sus tareas y deliberaciones, y los in- 
formes que con su firma figuran en las páginas del Boletín de la corpora- 
ción exceden de veinte. Llevó la voz de la Academia en la recepción públi- 
ca del Sr. Oliver y Esteller {1884) y en otras solemnidades. Forn-ó parte 
de las Comisiones de Cortes y Fueros, de Antigüedades, de Memorias y 
de la central de Monumentos históricos y artísticos. En 19 de Diciembre 
de 1879 la Academia le eligió su Secretario perpetuo y desempeñó su car- 
go con puntualidad y celo dignos de todo encomio hasta que lo impidió 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 231 — 
materialmente su enrermedad postrera Para ocu;)ar la vacante de D. An- 
tonio Mana Segovia eligióle la Real Academia Española en 1 8 de Mayo 
de 1874, y en 10 de Abril de 18S1 veriñc>.'se su toma de posesión. 

Acercábase ya nuestro biografiado á los limites en que la ancianidad 
empieza cuando en 1872 dio á la estampa la parte correspondiente á las 
escudas italianas y espaiíolas de su Catálogo descriptivo é histérico del 
Mttste del Prado, obra tan importante por su selecta erudición como por 
su acertada critica. De entonces acá, y cuando la mano y el entendimiento 
del anciano parecen tender al reposo bien ganado con largos afanes y vigi- 
lias, es asombroso pensar lo que aún produjo D. Pedro de Madrazo du- 
rante los cinco lustros en que la Providencia le conservó la vida. 

De este periodo datan sus más doctas lucubraciones arqueológico- artís- 
ticas, que con pasmosa rapidez fueron apareciendo en forma de libros, 
monografías ó artículos de revistas iiiisiradas. Entonces filé principalmente 
cuando, sin olvidar, antes atendiéndolos come siempre, sus predilec* 
tos estudios acerca de las tres nobles artes hermanas, publicó sabios y 
nutridísimos trabajos sobre orfebrería, tapicería, esmaltes, panoplia y mu- 
sivaria, que quedarán como perennes modelos en su linea y á los que 
acudirá siempre el añcionado al arte retrospectivo con singular provecho, 

Gran parte de esta labor está encerrada en los volúmenes del Muito 
etpañol de AnltgiUJades, donde publicó catorce extensas monografías', en 
los de los Monumentos arquitectónieos de España, del editor Dorregaray; en 
las columnas de La /¡ustraeim Es panoja y Americana, en que hay más de 
cuarenta trabajos suyos, algunos muy extensos, que versan sobre arqueo- 
logía, arte, historia y literatura; en los Almanaques anualmente editados 
por aquella importante revista; en La Academia, Li Ilustración de Madrid, 
La liustpaeión Católica y la ¡iHslracic/i Artística de Barcelona, donde figu- 
ran muchos de sus últimos escritos, muy amenos é interesantes. Son tam- 
bién de este tiempo sus obras Joyas del arle et España, publicación en 
gran folio; Viaje artístico dt tres siglos por las colecciones de cuadros de loi 
Rtyes de Espeña, libro de mayor importancia que la que parece prometer 
su tamaño, donde Madrazo puso á contribución sus más salientes dotes de 
investigador, historiador y crítico; los textos ilustrativos de los Cuadros 
selectos de la Real Academice de Bellas Artes de Sai Femando-, la España 
artUtieay monumental, que publicó la casa editorial de Rodríguez; el texto 
de La Arquitectura de España estudiada en sus principales monumentos, libro 
editado por una empresa de Dresde, y la monografía acerca de los vesti- 
dos é insignias imperiales de Maximiliano 1 y Caries V, que vertida al ale- 
mán se publicó en Vie,na. Corresponden asimismo al último periodo de la 
vida del sabio académico los tres volúmenes consagrados á Navarra y 
Logroño en la obra España, sus monumenfos y arle.<, etc , del editor barce- 
lonés Cortezo. Son de Madrazo los numerosísimos y nutridos artículos rela- 
tivos á pintura, escultura y grabado del Diccionario enciclopédico hispano- 
americano de Montaner y Simón. En ñn, al morir dejó muy adelantada, ó 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 232 — 
tal vez concluida, una Historia de la Arquitectura en España, i la que, se- 
gún parece, habla dedicado preferente atención en sus postreros años. 

Vida semejante, consagrada por entero al trabajo y al estudio, debía á 
la larga imprimir honda huella en cualquier naturaleza, aun tan resistente 
como la del Sr. Madrazo. Una antigua enfermedad de estómago venfa mi- 
nando su existencia y produciéndole intensos sufrimientos, soportados con 
gran resignación. T aunque puede decirse que su vida se venia prolon- 
gando durante los últimos catorce años merced á un severo régimen lác- 
teo, D. Pedro, enfermo y octogenario, sólo se rindió cuando la terrible ' 
dolencia le hizo imposible de todo punto la continuación de sus tareas y 
ocupaciones predilectas. En lo más rigoroso de su enfermedad, cuando se 
atenuaban sus padecimientos, gustaba aún de platicar de arte con amigos 
y deudos, y en aquellos intervalos de reposo, poco antes de morir, todavía 
compuso algunas de sus más bellas poesías, por lo general religiosas, en 
que son de admirar hermanadas la noble inspiración de su alma siempre 
joven y la viva fe cristiana que alentó siempre en el pecho del insigne 
escritor. 

De resultas de un ataque de uremia murió D. Pedro de Madrazo eo 
Madrid, en la noche del 20 de Agosto de 1898; sus restos mortales fueron 
inhumados en el cementerio de Sao Isidro. Pocos hombres habrán cum- 
plido más estrictamente el precepto divino que condenó al trabajo á nues- 
tro linaje; tal vez por esto mismo le premió la Providencia concedi¿ndo)e 
la reposada muerte del justo, preludio de otra existencia mejor. 

Si persona ha existido predestinada al parecer al cultivo del arte, fn¿ 
ésta D. Pedro de Madrazo. £n la gran metrópoli del arte vio la luz pri- 
mera; artista notabilísimo y maestro de artistas fué el autor de sus días; 
artista, según queda dicho, su tfo materno (de quien tenemos en el Museo 
de Arte moderno de Madrid un hermoso interior de San Pedro del Vati- 
cano) é insignes artistas sus tres hermanos. El mismo D. Pedro fué muy 
diestro dibujante y aun pintó algunas acuarelas; bien que no con los pin- 
celes, sino con la pluma, debía lucir sus aptitudes, conquistándose un 
puesto eminente entre sus contemporáneos é ilustrando á tres generacio- 
nes con su fecunda labor dentro del campo de nuestro arte y de nuestra 
historia. 

«De tos cuatro hijos varones— dice de él uno de sus panegiristas — que 
tuvo el fundador de la dinastía artística de los Madrazo fué el último en 
morir, y de todos parecía que había heredado algo: de D. Federico, el 
retratista de las damas, la elegancia; de D. Juan, el arquitecto insigne, res- 
taurador de la catedral de León, la profundidad del pensamiento, y de 
D. Luis, el menor de todos, la sencillez: y la soltura> (i). 
Por lo ya expuesto en estos apuntes biografíeos se habrá apreciado lo 

>, publicido en !m IlailritcUo ArlUiUm de Bu- 



tizcdbyGooi^Ie 



— 233 ~ 
que íaé Madrazo como cultivador de la historia, el arte y la arqueología. 
Como escritor y estilista no sobresalió menos, y con verdad se ha podido 
decir de él que «nadie ha hablado de arte de nn modo más artístico* (t). 
En el poeta hay que distinguir su primera y más libre manera como vate 
afiliado á la escuela romántica y sus obras posteriores en que la imagina- 
ción refrena sus vuelos y es perceptible la mayor corrección de la forma, 
como cincelada y escultural. En el prosista son de observar la limpieza y 
tersura del lenguaje, que es muy puro sin tener nada de arcaico, la bri- 
llantez y magia del estilo, lo el^antc de la elocuciún, la amenidad del dis- 
curso. Madrazo tenía un estilo peculiar y propio, condición á que el escri- 
tor debe aspirar siempre No ha faltado quien crea descubrir en él algún 
artificio; M, como dicen, e! estilo es el hombre, yo pienso que hombre de 
las especiales condiciones de Madrazo no porlla expresarse sino como se 
expresó y que sus escritos fluyeron de su pluma fácil y naturalmente. 

El mundo sabio premió sus talentos otorgándole sus más codiciados títu- 
los y honores. A más de ser en España tres veces académico numerario, 
figuraba desde muy joven en la Academia de tos Arcades de Roma con el 
nombre de Mneseo Bélico. El Instituto de Francia, los Arqueoli^cos de 
Berlfn y Roma nombráronle correspondiente suyo, y de la Academia de 
Bellas Artes de Lisboa fué miembro honorario. Era ademá% oficial de la 
Legión de Honor, En el Senado representó por dos veces á la Academia 
de San Fernando. 

Hfzose ya referencia á su carrera administrativa; en efecto, durante me- 
dio Mglo desemp>eñó digna y honradamente varios importantes caicos 
públicos. tFué auxiliar de primera clase én el Consejo Real desde 24 de 
Diciembre de 1845 y ñscal primero del propio Consejo en 5 de Marzo 
de 1S47, hasta que por refonna-quedó cesante el 8 de Febrero de 1348, 
Nombrado abogado ñscal del Consejo Real el 28 de Abril de 1848, volvió 
á quedar cesante el 25 de Agosto de 1854, cuando se suprimió el Consejo. 
Restablecido éste, fué abogado ñscal primero desde it de Noviembre 
de 1856, primer teniente ñscal de lo contencioso del Consejo de Estado 
el 18 de Agosto de 1860 y secretario general de aquella corporación el 7 
de Diciembrede 1S70 hasta el 31 de Julio de 1871, en que por reforma 
quedó cesante. Volvió á ser el 26 de Enero de 1873 secretario general del 
Consejo de Estado y ascendió á Consejero el 8 de Julio de 1880, obteniendo 
el 16 de Septiembre de 1885 la presidencia de la Sección de Gobernación 
y Fomento del Consejo. El 13 de Septiembre de 1888 pasó á ser ministro 
del Tribunal contencioso-administrativo hasta que le jubilaron el 14 de 
Mayo de 1897. Fué consejero de Instrucción pública y director del Museo 
del Arte moderno hasta su muerte* (2). 

(i) <D. Padn de Ihdnia., ■iticnlo da D. ¡oit Ramio Hillda «■]■£<> lituIratiiH EtpaAtta y 



lizcdtyGooi^Ie 



- 334 — 

Tal fué el crftíco de arte, el historiador, el literato y el funcionario 
público. Cuanto al hombre, fué modelo de caballeros y de ciudadanos, vir- 
tuoso sin afectación, amante esposo y padre de familia. Vivió siempre 
ajeno á las luchas de la política Ln bondad de corazón, cierta distinción 
aristocrática y la afabilidad en el trato fueron condiciones en él peculiares 
y le granjearon generales simpatías. De elevada estatura y noble presencia, 
pocos serán los que hoy rememoren á aquel joven apuesto y elegante 
representado por el pintor Esquivel, juntamente con la legión intelectual 
de au época, en un conocido cuadro del Museo de Arte moderno; pero 
todos recordamos al anciano de ebúrneo rostro y espiritual figura, evoca- 
ción a! parecer de tiempos menos prosaicos y utilitarios que los actuales. 

D. Pedro de Madrazo había casado con la Sra. D.' Manuela Rosales. De 
este matrimonio fueron hijos D. José, D.' Emma D," Sofía y D.* Mercedes; 
sólo las dos últimas han sobrevivido á su padre. 

Digna es de perdurar, y perdurará sin duda, la memoria de Madrazo. 
En nuestra Real Academia de la Historia, de que fué preclaro miembro y 
Secretario perpetuo, siempre vivirá su recuerdo. 



tizcdbyGoOl^Ie 



OBRAS IMPRESAS 

D. PEDRO DE MADRAZO Y KUNTZ 

POR EL ORDEN DE SU PUBLICACIÓN 



En E¡ Artista, periódico que se publicó en Madrid en 1835-36 (impr.de L San- 
cha), hay del Sr, Madrazo los escritos siguientes; 

Queja, poesía, tomo I, pág. 19. 

Separación, poesía, I, 78. 

El caballero de Olmedo, poesía. I, 1 12. 

Don Rodrigo, trova, I, 180. 

Alberto Regadón (narraciones en prosa), I, 185, 196, 

A !a muerte de doña Ramona Nieto y Wals, soneto. I, 35a. 

Pintura, dibujante, colorista. Bello-ideal, 1, 189. 

Pintura, TI, 14. 

Toribio, artículo, II, 22. 

Poesía antigua, artículo, II, 27. 

Afecto á las artes. Afecto i. los empleos, artículo, 11, 29. 

David Teniers, artículo, II, 49. 

Protección debidí á las Bellas Artes, 11, 50. 

Lorenzo Sampierra (Narración en prosa traducida del francés), II, 67, 79. 

Penélope y Ulises, pintura de Pompeya, II, 88, 

Celma y Zaida, poesía, II, 94. 

Toledo, bajo-relieve de D. Alonso Berruguete, n, 107. 

Esposición pública de pintura en la Real Academia de San Femando, II, 
153, [64, 169. 

Al cuadro de la Sacra Familia, pintado por S. M. la Reina Gobernadora, 
poesía, II, 157. 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 236 — 
Bellas Artes. Martirio de San Bartolón»}, por Ribera, II, tSi. 
Visión de San Pedro Nolasco, por Zurbarán, II, aSi. 
Yago Yasck, cuento fantástico, III, 29, «3, 53- 
Bellas Artes. Biografía. Pedro Pablo Rubens, III, 86. 
Bella! Artes. Demolición de conventos, III, 97. 
El Trovador, poesía, lU, 131. 
Bellas Artes. Gatería de ingenios contemporáneos. D. Santiago de Masamau, 

in, 133. 

Muerte del Conde Garci-Saldaña, poesía, IB, 135. 

(Todos estos trabajos van firmados con las iniciales P. de M., excepto la poe^a 
Al cuadro de la Sacra Familia... al pie de la cual aparece el apellido completo. 
Es probable que otros escritos en prosa y verso, que en Eí Artilla se publica- 
ron anónimos, sean también obra de D. Pedro.) 

En El Eifañol, diario de las doctrinas y de loB intereses sociales (Madrid, 
1835-36. Imp. de la Compañía Tipográfica); 

Artículo firmado, en que se trata de materia artística, contestación á otro pu- 
blicado por el periódico Eco del (entérete, inserto en el número 116, correspon- 
diente al sábado 5 de Mario de 1836. En El Español figuran varios trabajos téc- 
nicos de Bellas Artes, anónimos, que, á juzgar por su estilo y tendencia, son de 
Madrazo. 

En No nte olvides, periódico de Literatura y Bellas Artes (Madrid, 1837), publi- 
có los siguientes trabajos literarios y artísticos: 

El cspóaito, poesía, núm. i, pág. 6. 

Juicio sobre las artes en el siglo XV (firmado P. dcM.), núms. 4, pág. i, y 5, 
página a. 

Una mano, poesía (firmado P. de M.), núm. 6, p^. 3. 

Publicaciones artísticas (firmado M.), núm. 7, pág. 3. 

Eli loco y la lágrima, poesía (firmado P. de M.), núm. 7, pág. 6, 

Una impresión supersticiosa, artículo (firmado P. de M.), núm. 9, pág. 1. 

Bellas Artes. Filosofia de la Creación (firmado P. de M.), núms. 13, pág. 1, 
y 14. pág- I. 

Fragmento. La Capilla del Condestable, poesía (firmado P. de M.), núm. 14, 
página 4- 

Laura y Petrarca (artículo firmado P. de M,), núm. t6, pág. i. 

En la obra Afunles fiara una BibUoteía de eicrilores españoles cantempordtuos 
en prosa y verso, por D. Eugenio de Ocha, tomo 11, que forma el XXIV de la Co- 
lección de los mejores auiores españoles de la coleccióii Baudry (París, 1840), se in- 
sertan los siguientes trabajos del Sr. Madrazo: 

Laura y Petrarca, pág. 316. (Reproducción del artículo publicado en el pe- 
riódico No me olvides.) 

La senda de la vida, poesía, pág. 318. 

Stella matutina, poesía, pág. 333. 

Al toque de oraciones, poesía, pág. 324- 

Curso de Economía política, de M. P. Rossi... traducido por... Año escolar de 



tizcdbyGoOl^Ie 



1836-1837- (Madrid, imp. de tk>ix, 1840.) En 8," mayor de xxxii-387 paginase 
Precede á la obra un extenso prólogo del traductor Sr. Madrazo. 

Epístola moral aobre las costumbres del siglo. 

Las Bellas Artes, composiciún política. 

Poesías insertas en la Diiíribucián de hs premias florales ktcka Por el Liceo ar- 
tístico y literario de Madrid, cala sts\6apú!b\vcí de II de Juliode 1841. (Madrid, 
■ 841, imp. de Mellado). 

AlbuiH pintoresco universal. Colección de artículos relativos á toda clase de 
ciencias y artes..., por D, Pedro de Madrazo, D. Eugenio de Ochoa, D. Pedro 
Pidal, ü. Patricio de la Escosura, D. Antonio María Segovia. 

Barcelona, F. Oliva, 1843-43. Tres tomos en 4,° mayor de 576, 568 y 58» pá- 
ginas. 

Los numerosos artículos del Sr. Madrazo incluidos en esta obra, al igual que 
casi todos los restantes, carecen de firma. 

Catálogo de los Cuadros del Real Museo de Pintura y Escultura de S. M., 
redactado con anegto á las indicaciones del Director actual de este Real esta- 
bletímiento,— Madrid, Aguado, 1843, 8.", xiv-433 páginas. 

De este Catálogo hay varias ediciones posteriores. 

Lo que dicen las olas (balada). 

Semanario Pintoresco Español, 3." señe, 1843, tomo 1, (Madrid, F, Suireí), pá- 
gina S6. 

Galería de pinturas. Escuela italiana. La Virgen del Pez, cuadro de Rafael 
de Urbino. 
SeiH. PitU. Esp., 3." serie, 1843, tomo 1. (Madrid, F. Suárez), pág. 139. 

Libro de los oradores, por Timón, traducido de la edición décimatercia 
por... — Madrid, imp. de M.Jordán, 1844, 4." mayor. 

Poesía bíblica, paráfrasis de trozos escogidos del Antiguo y Nuevo Testamen- 
to, por... Obra dedicada i. los Ins.itutos, Colegios normales y profesores de huma- 
nidades del Reino.— Madrid, 1S44, imp. de D. Hidalgo, lib. de Matéis, 8," mayor. 

Solo se publicó la primera entrega. 

Galería de pinturas. Escuela española. Santa Ana dando lecdón á- Nuestra 
Señora, cuadro de D. Joaquín Espalter (firmado P. de M.). 
Sem. Pint. Esp., 3.* serie, tomo II, IX de la colección, 1844, p^- 49- 

Galerla de pintaras. Escuela italiana. Retrato á caballo del Emperador Cai^ 
los V, cuadro de Tiziano. 
Sem. Pinj. Esp., 3.* serie, tomo U, IX de la colección, 1844, pág. 1 16. 

En El Laberinio, periódico universal, que se publicó en Madrid en los aitos 
1844 y 1845, aparecieron los siguientes trabajos: 



lizcdtyGooi^Ie 



— 238 — 

En el tomo I {1844): 

Trabajo inütü, A don Eugenio de Ochoa, poesía, pág. 115. 

La muerte de Jesús, poesía, pág. 148. 

Bellas Artes. Su estado actual en la capital de España, págs. 3oé, 3ii, 245 

y 330- 

Poesía. Primera mesenia de Tirteo, pág. 119. 

Los caminos de hierro. El sueño del orillo (á mis amigos Ochoa y Masar- 
nau), poesía, pág. 288. 

En el tomo 11(1845): 

Exequias del Excelentísimo Señor Duque de Osuna. Catafalco ideado por don 
Valentín Carderera, pág. 8. 

Historia del Consulado y del Imperio, continuación de la Historia de la 
revolución francesa, por M. A. Thiers, traducida y anotada por... — Madrid, imp. 
de D. J. Redondo Calleja, 1845, 5 tomos en 4." mayor. 

En £¡ Damingo, lecturas piadosas y entretenidas (Madrid, 1845), publicó los 
siguientes trabajos literarios: 
Salmo 50 (veráón castellana del Mtterere), núm. 1.°, pág. a. 
La conversiÓD de María Magdalena (poesía), núm. 3, pág. 1 1. 
En la tristeza y aflicción. Salmo 40, núm. 4, pág. 16. 
Poesía sin título en diversidad de metros, que comieoia: 

Soy niño pobre, y vivo enfermo y triste... 
número 8, pág. 31. 

Lucha del espíritu con la carne (Confesiones de San Agustín), poesía, núme- 
ro 10, pág. 39. 

Capítulo iS de Job. Paráfrasis, núm. la, pág. 44- 

Poder de Dios (imitación del salmo XVII), núm. 13, pág. 48. 

Paráfrasis del Te Deum, núm. 13, pág. 51. 

Canto de alabanza (Lot^esang). Traducción de Fulda, núm- 17, pág. 68. 

Dies irx, núm. iS, pág. 73. 

Canto de! domingo (Sonntagslied). Traducción de Sturm, núm. so, pág. So. 

Job, núm. 35, pág. r40. 

Job. Capítulo II, núm. 38, pág. 1 53. 

Job. Capítulo XIII, núm. 39, pág. 156. 

Job. Capítulo XXXVII, núm. 40, pág. too. 

Ezequiel. Capítulo XXVII, núm. 42, pág. 167. 

Ezequtel. Capítulo XXXI, núm. 43, pág. 173. 

Isaías. Capitulo V, núm. 44, pág. 176. 

Velázquez y sus obras. Artículo en El Siglo Pintoresco, periódico univer- 
sal, etc., tomo I (1845), pág. 35.. 

Epitalamio. Poesía publicada en la Corona poética dS. M.yA. en lu ftlii «- 
lace con lUi augutios primos los Sennoi. Señores Duques de Cdáiz 3 dt Montpeniter 
(Madrid, 1846, M. Rivadeneyra y Comp.), págs. 53 á 55. 

De las crisis de Hacienda y de la reforma del sistema mooctario, <Axí de 



lizcdtyGooi^Ie 



— 239 — 
suma utilidad para los Gobiernos y las Compañías autoríndas con el nombre de 
Bancos, para la emisióo del papel monetario, qiie comprende la eeplicadón de 
las caui^s que producen las crisis rentísticas, y la relación de éstas con el actual 
sistema monetario metálico, escrito en francés por el economista nspolitaao 
Ohitti y vertida al castellano por... (Madrid, 1847, Á. Gdmeí Fuentenebro), S." 
mayor, So páginas. 

En El Renacimiento, revista que apareció en Madrid en 1847, publicó los si- 
guientes trabajos: 

Confesión de un artista (pensamiento de Mi^el Ángel Buonarotti), poesía, 
página?. 

Bellas Artes. Consideraciones generales sobre su renacimiento, pág. 9. 

Bellas Artes. Gínesis del Arte cristiano, pág. 17, 

Bellas Artes. Sobre una de las causas de la decadencia det arte antiguo, pá- 
gina 41. 

Bellas Artes. Sacra familia. Facsímile de un dibujo original de Rafael, hasta 
ahora Inédito, pág. 65. 

Bellas Artes. E>el primer renacimiento de las Artes y la Literatura, págs. 121 
y 129. ^ 

Dios dispone. Balada, pág. 136. 

Balada religiosa, (poesía). 

&»». Pint. Esp., año XII, nueva época, tomo n, 1847, pág. 33S- 

Esposición de pinturas de 1847- Artículos 1, 11 y m. 

Sem. Pint. Esp., año XII, nueva época, tomo 11, 1847, págs, 354, 361 y 388. 

Revista Hispano- Amerimna, periódico quincenal, bajo la dirección de D. J. J. de 
Mora y D. P. de Madrazo.— Madrid, La Publicidad, á cargo de M. Rlvadeney- 
ra, 184S; vot. en S.", 3S4 páginas. Sólo apareció el tomo I. 

El Sr. Madrazo publicó en esta revista los trabajos siguientes; 

Italia, p^. 30. 

Roma, pig. I05. 

Sodoma. Poesía, pág. 159. 

El bautizo del eunuco. Poesía. 

Publicóse en el Álbum religioso, colección de veinte y cuatro composiciones líri- 
cas, sobre asuntos del Evangelio y hechos de los Apóstoles (Madrid, 1848, La 
Publicidad, imp. de M, Rivadeneyra), 4.° mayor, sin paginar. 

Oraciones puestas en música por varios compositores alemanes y versificadas 
en español por D. S. de M. y D. P. de M. D. Santiago de Maaamau y D. Pedro 
de Madrazo. Madrid, sin i. ni a. (Se publicó en 1849), vi-i4S págs. de música cal- 
cografiada, 4.<* mayor. 

Son del Sr, Madrazo numerosos artículos de la Enciclopedia moderna. Dic- 
cionario universal de Literatura, Ciencias, Artes, Agricultura. Industria y Comer- 
cio, publicada por D. Francisco de P. Mellado.— Madrid, 1851-65, imp. de Mella- 
do, 40 volúmenes en 4.° 



lizcdtyGooi^Ie 



— 240 — 
El acdoniata de minas. 
El celador de barrio. 
La señora mayor. 

Estudios de costumbres que aparecieron en la obra Los españoUt piíitadoi por 
ti mismos. — Madrid, Gaspar y Roig, 1851, págs. J17, 3227 346 respectivamente. 

Al Excmo. Sr. Conde de San Luis, con motivo de la institucitin del Teatro 
Español, esterilizada por el mal gusto reinante. Soneto. 

En el Álbum poñiío dedicado al Excelentísimo Señor Conde de San Luís.— Ma- 
drid, 1851, pág. 93. 

Conáderacioncs sobre las verdades de la Religión y los deberes del cris- 
tiano, dispuestas en forma de meditaciones para todos los días del año, por 
el V. y M. Rdo. Dr. Challoner, Obispo de Debra, V. A. Traducidas del original 
inglés por... - Madrid, 1854-5S, imp. de la Comp.de Impresores y Libreros 
del Reino, 4 tomos en 8." de xxxixmSS, 516, 490 y 576 páginas respectiva- 

El prólo(ro que precede al tomo I es original del Sr. Madrazo. 

Córdoba. Volumen de la obra J?ai<eri]!iij>M'»iM(/<! Espaha... obra destina- 
da d dar i conocer sus monumentos y antigüedades en láminas dibujadas del 
natui&l por F. J. Parccrisa. — Madrid, RepuUís, 1855, 4.° mayor, 450 páginas, con 
láminas dibujadas por Paxcerisa y litogiañadas por J. Donón y J. J. Martínez. 

Nueva edición en la obra EspaHa, sus monumintoS y artes, su luUuraUta ¿ 
historia. — Barcelona, Daniel Cortezo, 1884, 4.°, 548 páginas, fotograbados y 
heliograflas de Laurent, Joarizti y Mariezcunrena, cromos de Casáis y dibujos á 
pluma de Gómez Soler. 

£1 capítulo I y las primeras páginas del 11 fueron escritas por D. Francisco Pi 
y Hargall, segün declaración del Sr. Madrazo en la propia obra. 

Sevilla y Cádiz. Volumen de la obra Recuerdos y belletas de EspaSa... obra 
destinada á dar i. conocer sus monumentos y antigüedades en láminas tomadas 
del natural por F. J. Parce risa.— Madrid, C, López, 1856, 4.° mayor, 616 páginas, 
con láminas dibujadas por Parcerisa y litografladas por J. Donón,J.J. Martínez, 
Pie de Leopold, S. Isla y otros. 

Nueva edición en la obra España, sus monumentos y arfes, su naturaleza i his- 
toria. — Barcelona, Daniel Cortezo y Compañía, 1884, 4.°, 840 p^nas, fotograba- 
dos y heliografias de Laurent, Joarizti y Mariezcurrena, cromos de Casáis y dibu- 
jos á pluma de Gómez Soler. 

Balada en prosa. El hidalgo de Arjonilla. 
Stm. Pint Esp., año XXI, 1836, pág. ao. 

Balada en prosa. El Conde de Belalcázar. 
Sem. Pint. Esp., año XXI, i8s6, pág. 33. 

Las tres hermanas del cielo (poesía). 
Sem. Pint. Esp., aíio 11, 1856, pág. lao. 



tizcdbyGoOl^Ie 



— S4I — 

El Real Museo de Madrid y las joyas de la pintura en España. — Cdecdón 
selecta de cuadros pertenecientes i la Corana, á la Iglesia, al Estado y á las más 
notables galerías particulares, copiados de' los originales par los prímetos dibu- 
jantes-litógrafos de Europa y explicados con noticias históricas sobre el desarro- 
llo y vicisitudes de la Pintura por... Publicada bajo la Real protecddn de S. M. el 
Rey Don Francisco de Asís María de Borbón, porD. Juan José Martínez, litógrafo 
de S. M.— Obra premiada en la Esposición de Artes é Industria de París de 1855. 
El texto es bilingüe, español y francas; en este idioma bajo el título Le Musée 
Royal de Madrid et les diamants de la Peinture en Elspagne. — Madrid, imp. y 
litogralla de D. Juan José Martínez. 1857. Gran folio, texto i dos columnas. 

Las reproducciones litográñcas de cuadros notables son veinticinco. 

Solóse publicó la serie i.', f Tesoro de la Corona». 

Manual de moral cristiana con arreglo 4 la doctrina del Santo Concilio de 
Trento y de los más notables expositores y moralistas católicos, por... (París, 
Walder, 1857, Rosa y Bourct, editores. Vol. en 8.°, 347 peinas. 

Esta obra forma parte de la Entícíopedia kispano-^HtrUaiia. 

La moral en las Artes. Oda. 

Publicóse en el folleto Esposición pública de Bellas Artet celebrada en el año 
de 1856 y solenme distribución de premios d los artistas que en ellos los obtuvieron... 
—Madrid, Imp. Nacional, 1857, P^s 46 á 56, 

Recuerdos de una escurcón por la sierra de Córdoba. Los hijos del yermo. 
La dehesa de Córdoba la vieja. 
Sem. Pint. Esp., 1857, págs. ai y 34. 

La prisión de Valenzuela (rasgo histórico). 
Sem. Pini Esp., 1857, págs. 37, 41, 51 y 66. 

De mal á bien y de bien á mal (poesía). 
Sem. Pint. Esp., 1857, pág. 56. 

Soneto sin titulo que comienza: 

Orfeo amabillúmo, salud... 
Soneto con consonantes forzado^ empieza: 

Todo acabó: la grata compañía... 
Dictamen. Composición poética que comienza: 

El abogado fiscal... 
Olrenda á Jesús. Composción poética que comienza: 

Pastores y zagales... 

Estas cuatro poesías, alusivas á las .tertulias literarias que solían celebrare 

por Noche Buena en la morada del Marquüs de Molina, se hallan en el libro que 

publicó este señor titulado Las cuatro Navidades. -Madrid, Imp. Nacional, 1857, 

páginas 35, 45, 86 y 306 respectivamente. 



lizcdtyGooi^Ie 



— 34.2 — 

Las dos venidas de Cristo. Revista á escape, religiosa, política y estética. 

Poesía inserta en El BeUn, periódico publicado la Noche Buena de 1857 por 
la tertulia literaria del Marqués de Molins. - Imp. de Tejado, foi. mayor doble, 4 
páginas. 

Hay otra edición posterior de El Belén en fornia de libro. — (Madrid, A. Péreí 
Dubrull, i886>, 8.» menor. La poesía del Sr. Madrazo ocupa las pígs. 177 á 197- 

Discurso en contestación al de recepción de D. José Amador de los Ríos en la 
Real Academia de Nobles Artes de San Femando en ig de Junio de 1859. — 
Madrid, 1859, en 4.", pág. 35 

Trata del estilo mudejar en arquitectura. 

Reimpreso entre los Discursos leídos en las recepciones y actos públicos cele- 
brados por la Real Academia de las tres Nobles Artes de San Femando. — Madrid, 
M. Tello, 1872, tomo I, pág. 41. 

El Romancero de la guerra de África, presentado á la Reina D.* Isabel II y 
al Rey su augusto esposo por el Marqués de Molins.— Madrid, M. Rivadeneyra, 
1860, 8." menor. 

El romance Vil es del Sr, Madraio, pigs. 113 i 143 de la obra. 

IKscurso leído ante ta Real Academia de la Historia en su recepción pública, 

en i3de Enero de 1861. — Madrid, C. López, i86i|en4.'' 
Versa acerca de los Elementos constitutivos de la civilización española. 

Prólogo al libro La Fariiea. Las dos gracias, novelas originales, por Fernán 
Caballero. — Madrid, T. Fortanet, 1865. Ocupa las páginas v d lvi del volumen 
y va fechado en Julio de 1865. 

Discurso en contestación al del Excmo. Sr. D. José María Huet, leído en Junta 
pública de 6 de Mayo d-- 1866.— Madrid. Tello, 1866, 8.0, pág. 65. 

Trata de la escuela sevillam de pintura y se extiende en distintos asuntos de 
historia y critica artística. 

Nueva edición en los Discursos leídos en las recepciones y actos públicos cele- 
brados por la Real Academia de las tres Nobles Artes de SanFernando... tomo I. — 
Madrid, Tello, MDCCCLXXII, pág. 37S. 

Discurso en contestación al del Excmo. Sr. Marqués de Monistrol, Conde de 
Sástago, en la Real Academia de Nobles Artes de San Femando, el día 10 de 
Mayo de i368.— Madrid, M. Ginesta, 1868, 4.», pág. 63. 

Trata de la arquitectura ojival y sus orígenes y de la civilización hispano-cris- 
tiana en la Edad Media. 

Discurso pronunciado en la Academia Nacional de Nobles Artes de San Fer- 
nando, con motivo de la inauguración del año académico de 1870 á 1871. 

Incluido en el Resumen de las actas y tareas de la Academia Nacional de No- 
bles Artes de San Femando, durante el año académico de 1S69 á 1 8 ;o...— Madrid, 
M. Tello, 1870, 8." mayor, pág. 89. 

Versa acerca de Vclázquez y de la pintura española en el siglo XVII. 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 243 — 
Catalizo descriptivo é histórico del Museo de! Prado de Madrid, seguido de 
una sinopsis de las varias escuelas á que pertenecen sus cuadros y los autores de 
bstos, y de una noticia histórica sobre las coleccioues de pintuias de los Palacios 
Reales de España, y sobre la formación y progresos de este establecimiento. 
Parte primera. Escuelas italianas y españolas — Madrid, Rivadeneyra, 187a, 8.°, 
LXIV-713 páginas. 

Vasos italo-griegos del Museo Arqueológico Nacional. Mtiseo EspaHol de 
Antigüedades.— ^AiAriá, T. Fortanet, 1S73, tomo I, págs. 393 á 334- 
Ilustrado con dos láminas croraolitográfícas. 

Mausoleo de los Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel en la Capilla 
Real de Granada; obra de Bartolomi; Ordóñci. Afiiseo Español ds Aniigaedadet. 
— Madrid, T. Fortanet, 1872, tomo I, págj. 431 í 447. 

Con una lámina litografiada por F, Ainar. 

Los retratos de Moratfn. Al Señor D. Bernardo Rico, ¿a Ilusíraeián Española 
y Americana, aílo XVI, 187a, pág. 391- 

Algunos breves rasgos para la biografía del Excmo. d limo. Señor D. Eugenio 
de Ochoa. Carta al Sr. D. Bernardo Rico, fecha en Madrid, 7 de Marzo de 1873. 

En La ¡lusiración de Madrid, año UI, núm. S3. correspondiente al 1 5 de Marzo 
de 187a, pág. 67. 

El valle de los cipreses. Artículo cervantino publicado en La tlustratídn de 
Madrid, año III, ndm. 55, del 15 de Abril de 1873, pág. 107. 

Catálogodeloscuadros del Museo del Prado de Madrid, por... Cmnpendio del 
Catálogo oficial descriptivo é histórico redactado por el mismo autor.— Ma- 
drid, imp. de la Biblioteca de Instrucddn y Recreo, 1873, 8,', xiv-438 páginas 
é fndice. 

El soldado de Marathón. Stela marmórea del segundo período de la escultura 
griega. -W/jftj Español de Attíigiiedades. — Madrid, T. Fortanet, 1873, tomo II,pá- 
ginas 179 á 199. 

Ilustrado con una lámina cromolitográfica. 

A Adolfo Quesada. A Amalia. 

Sonetos publicados en el periódico madrileño La Épo:a, número del aa de 
, Abril de 1874. 

Consolatrix afñictorum (plegaria á María). 

La Ilustración Bipañclay Anuricatta, 1874 (año XVIIIJ, pág. 30. 

Joyas sueltas del arte antiguo y moderno. Bajo este título genérico publica' 
roqse en La Ilustraciju Española y Americana, 1874 (año XVIII) los siguientes 
artículos: 

La melancolía, grabado en cobre de Albrecht Darcr (pág. 246). — La Ado- 
ración de los Santos Reyes, tríptico de Hieronymus Bosch (pág. 31o). — Los 



lizcdtyGooi^Ie 



— 244 — 
Desposorios de la Virgen, de autor anóaimo de la escuela de Brujas del siglo XV 
(página 391).— El auto de fe, tabla española del siglo ¿XV, atribuida á Pedro 
Bem^uete (pág. 470). — Las tentaciones de San Antonio Abad, tabla ñamenca 
del siglo XV, de Joachim Patinir (pág, S49)-— Venus reclinada, por D. Diego 
Veláiquez de Silva (pág. 643). 

Culto espontáneo (meditadún vespertina). Á mi amigo el Sr, D. Pedro de la 
Hidalga. 
La Hustracián Española y AmerUava, 1S74 (año XVín), pág. 2S6. 

Discurso en contestación al del Sr. D, Francisco Sans, en la Real Academia de 
Bellas Artes de San Fernando, el día 19 de Junio de 1875.— Madrid, M. Tello, 
1875,8°. pág- n- 

VcTSa sobre la signiñcación y tendencia antigua y moderna de las Academias 
y sobre otros puntos de interés artístico. 

A S. M. el Rey Don Alfonso XII, en su regreso i España. Soneto. 

Inserto en el Homenaje poético á S. M. el Rey Don Alfonso XII, en sn feliz 
advenimiento al tro no de sus mayores. Madrid, viuda ¿ hijo de' Aguado, 1875, 
página 143. 

El Triunfo de la Iglesia sobre la Sinagoga. Cuadro en tabla del siglo XV, 
atribuido ájan Van Eyck. Museo Español de Aníigüedaáes.—Uadñd, T. Forta- 
net, 1875, folio, tomo IV, págs. 1 á 40. 

Ilustrado con una lámina cromolitográñca. 

El Descendimiento. Retablo pintado por Rogier Vander Weyden «1 Viejo. 
Miseo Españolee Antigüedades.— tSadríá, T. Fortanet, 1875, folio, tomo IV, pá- 
ginas a63 á >83. 

Ilustrado con una lámina cromolitográñca. 

Orfebrería del siglo XVI. Alhajas del Delfin de Francia, hijo de Luís XIV y 
padre de Felipe V. Salero de ónice oriental. Museo Español de Antigüedades.— 
Madrid, T. Fortanet, 1875, folio, tomo IV, págs. 419 á 43J- 

Ilustrado con una lámina cromolitográfica. 

Pintura mural en la Almoyna de Barcelona perteneciente al siglo XV (f) 
Museo Español de Antigüedades.— tA^dñA, T. Fortanet, 1875, folio, tomo V, pági- 
nas 93 á 108. 

Ilustrado con una lámina cromolitográñca. 

San Salvador de Leyre, panteón de loa Reyes de Navarra. Museo Español 
de Asiügüedades. — Madrid, T. Fortanet, 1875, í^^to, tomo V, págs. 107 i 333. 
Ilustrado con una lámina cromolitográñca. 

La Coronación de la Virgen. Cuadro eo tabla de Vicente Juan Macip, vulgar- 
mente llamado Juan de Juanes: existente en el Muí.eo del Prado de Madrid. Mu- 
seo Español de Antigüedades.— Vlaáiiá, T. Fortanet, 1875, folio, tomo V, pági- 
nas 439 á 444- 



tizcdbyGooi^Ie 



- 245 - 
Ilustrado con una lámina cromolítogrifica. 

Lh diosa Minerva. Pequeña estatua de mármol itálico, existente en el Museo 
de Escultura del Prado de Madrid. Museo Español de Anti£üedaáes, -Madrid, T. 
Fortanet, 1875, folio, tomo VI, págs, 353 á 366. 

CoD una reproducción de la estatua en litografía. 

Retablo de esmalte iocrustado del santuario de San Miguel de Excelsis, en 
la cumbre del moate Aralnr, provincia de Navarra. Musto Español de Antigüeda- 
lUs. — Madrid, T. Fortanet, 1875, folio, tomo VI, págs. 415 á 433. 

Con reproducción cromolitográfica del retablo. 

Joyas sueltas de) arte antiguo y moderno. Bajo este título genérico figuran 
los siguientes artículos en La IlustT. Esp. y Amer., año XIX, 1875, toroo I: 

Xa Santísima Trinidad, cuadro en lienzo de Jusepe de Ribera (Spagnoletto) 
página 63. 

La salida de Vísperas, cuadro en lienzo, por D. Raimundo de Madrazo, pá- 
gina 131. 

¡Va pareció aquéllo! Carta vindicativa dirigida al Sr. D. Abelardo de Carlos. 
Rectifica donosamente un error de pluma ea que incurrió en uno de sus ar- 

En La Huitr. Bsp.y Afiur., año XIX, 1875, tomo I, pág. aaa. 

Recuerdos de San Vicente de la Barquera. Carta al Excmo. Sr. D. Leopoldo 
Augusto de Cueto, 
En La ílustr. Esp. y Amer., año XIX, 1875, tomo I, pág. 407. 

£1 cenotaflo de Fortuuy. Carta á la Sra. D.^ Cecilia de Madrazo, viuda de 
Fortuny, residente en París. 

En La ílustr. Esp. y Amer., año XX, 1876, tomo II, pág. 407. 

Informe sobre el Boletín de la Sociedad Geogrdfica de Madrid. 
BoleUn de la Real Academia de la Historia, tomo I, 1877, pág. 73. 

En La Academia, revista de la cultura hispano-portuguesa, latino-americana 
(Madrid, 1877), publicó los siguientes trabajos; 
El vandalismo en pleno R'.-nacimJento, tomo I, pág. 178. 
Exploraciones artísticas de los archivos en Bélgica, tomo II, págs. Si, 98 

y "'3- 

La Iconoteca nadonal. Galería de retratos de españoles ilustres, tomo ü, pá- 
ginas 343 y 363. 
Irresolución, poesía, tomo II, pág. 331. 

Joyas del arte en España. Cuadros antiguos del Museo de Madrid, litografia- 
dos por acreditados profesores, con ilustraciones críticas, históricas y biográñ- 
cas, por... Madrid Fortanet, 1878, gran folio, S5 peinas á doá columnas é indi- 
ce, 38 reproducciones litográficas de cuadros célebres. 

Varios de los artículos explicativos están calcados sobre los que publicó en la 



lizcdtyGooi^Ie 



— 246 — 

obra El Real Museo de Madrid y las joyas de la pintura en España, aunque in- 
trodujo en ellos modiñcaciones. 

La Universidad complutense (en Alcalá de Henares). 

En MoHuiHtntos arguileetJnkos de España, del editor D, José Qñ^ Dorrega- 
ray.— Madrid, Fortanet y Calcografía Nacional, 1878, folio mayor, a S páginas. 
Texto español y francés á dos columnas, ilustrado con siete láminas grabadas 
en dulce. 

Espada del gran Duque de Alba Don Fernando Alvareí de Toledo y Osorío; 
existente en el palacio del Excmo. Señor D. Santiago Fitz-Jamss (Duque de Ber- 
wick y Alba). — Museo Español de Antigüe lades. — Madrid, T. Fortanet, 1878, 
tomo IX, págs. 159 a 181. 

Acompañan dos láminas grabadas en acero representando la espada. 

A S. M. el Rey Don Alfonso XII. Consuelo en su tribulacidn. Poesía incluida 
en la «Corona fúnebre dedicada á la buena memoria de S. M. la Reina D.* María 
de las Mercedes (q. d. D. g.J«, por el periódico ¡lustrado La Academia.— }Aídñá, 
M. Tello. 1878, pág. rS3. 

Orfebrería de la época visigoda. Coronas y cruces del tesoro de Goarrasar. 
En Maxumenigs arguttectÓHicos de España, del editor D. José Gil Dorregaray. — 
Madrid, Aribau y Compañía y Calcografía Nacional, 1879, folio mayor, 104 pági- 
nas y tres láminas, dos cromolitográficas y una grabada en acero. 

Texto español y francés, á dos columnas. 

Sobre la edidún fotocromolitográñca del Códice del £^pidarÍo,que perteneció 
al Rey Don Alfonso X. Informe dado enunión de D.Aureliano Fernández-Guerra. 
£oL ¡Ula R. Aead. de la Misi., tomo I, pág. 47 ( . 

La caridad al aso.Soneto. 

La IbtsíraciÓn Espaüolay Americana, 1879 (afio XXIII), to.no 11, pág. 413. 

Almanaque literario. — Prólogo.— Juan de Joanes.— Alonso Sánchez Coello.— 
Do.Tiinico Theolocopuli (El Greco).— Jusepc de Ribera (El Espafloleto). — Fran- 
cisco de Zurbarán.— D. Diego Velázquez de Silva.— Alonso Cano. — Bartolomé 
Esteban Murillo.— Juan Bautista Martínez del Mazo. — D. Juan Carreño de Miran- 
da. — Claudio Coello — D. Francisco Goya y Lucientes. 

En el Almanaque de La Iluitraeién Eipañola y Americana para 18S0 (Madrid, 
Aribau y Comp., 1879), 8." mayor, págs. 16 á s6- 

Va ilustrado con los retratos de aquellos artistas. 

Resumen de los acuerdos y tareas de la Real Academia de la Historia desde el 
39 de Junio de 1879 hasta fin de Abril de 1S80; leído por su Secretario perpe- 
tuo... en la Junta pública de aniversario del 9 de Mayo de dicho año.— Madrid, 
Aribau y Comp., 1880, folleto en 8." mayor de 75 págs. 

Contestaddn al discurso del Sr. D. Joan Facundo RiaSo en la Academia de 
San Fernando. 



tizcdbyGoOl^Ie 



- 247 - 

Inserta en Discursos leídos ante la Acndemia de Bellas Artes de San Fer- 
nando, en la recepción pública de D. Juan Facundo Riaüo, el i6 de Mayo de 
1B80, — Madrid, Aribau y Comp., 1880, 8." mayor, pág. 35. 

Versa sobre el arte árabe español y sus orígenes. 

Tapicería llamada del Apocalypsi (propiedad de la Corona Real de Espaíia), 
obra flamenca del siglo XVI.— ví/ujw Español de Antigüedades. —UloAivA, T. Fot- 
tanet, 1880, tomo X, págs. 383 á 419, (Hay una tirada aparte.) 

Formando parte de esta extensa monografía, que es de las más importantes del 
Sr. Madrazo, va un Ensayo hist¡iiici> sobre el arfe de la topií^eriír.— Acompa- 
ñan ocho grandes láminas grabadas en cobre por D. Domingo Martínez, en que 
se reproducen los ocho paflos del Apocalipsis. 

Bartolomé E, Murillo. 

En La íluslracidn QUélka, revista de ciencias, artes y literatura, tomo III, 
1880, pág. 103. 

Contestación al discurso del 5r. D. Manuel Oliver y Hurtado, en la Academia 
de San Femando. 

Indufdo CQ Discursos leídos ante la Academia de Bellas Artes de San Fer- 
nando en la recepción pública del Sr. D. Manuel Oliver y Hurtado el 13 de 
Febrero de 1881.— Madrid, Pérez Dubrull, 1881, pág, 47. 

Versa sobre el arte cristiano en la Edad media española. 

IHscurso leído ante la Real Acade.nia Española en su recepción pública et 
dfa 10 de Abril de 1881.— Madrid, Tello, 1881. 

Versa sobre la concisión y claridad en el discurso. Le contestó el Marqués de 
Molfns, quien en el de contestación insertó una poesía de Madrazo titulada: Voto 
á la Virgen de la Barquera; pág, 66. 

Contestación al discurso del Sr, D. Francisco Fernández y González. 

Incluido en Discursos leídos ante la Real Academia de Bellas Artes en la 
recepción pública del Sr. D. Francisco Fernández y Goniález el día 13 de Ju- 
nio de i88i.— Madrid, Fortanet. 1881, pág. 53. 

Trata de la influencia de lo real y de lo ideal en la obra del artista. 

Palacio arzobispal de Alcalá de Henares. Fragmento de informe. 
Boletín di la Rtal Academia de Bellas Artes de San Fernando, año 1, 1 88 1 , tomo I, 
página 13. 

Instancia al Sr. Ministro de Fomento para que se declare monumento nacio- 
nal el Monasterio de la Oliva (Navarra). 
Bol. de ¡a Real Acad. de Bellas Artes de S. Fem., añol, 1881, tomol, p£^, ;o- 

Instancia ai Sr. Ministro de Fomento para que se declare monumento nacio- 
nal el ex-convento de San Francisco en Palma de Mallorca. 
Bol. de la Real Acad. de Bellas Aries de S. Fem., añol, i88i,tomI, pág. 100. 

. A Ykm Pedro Calderón de la Barca, en la apoteosis que se te tributa al conme- 
morar su muerte. Soneto. 



lizcdtyGooi^Ie 



— 248 — 

En La Ilustración Esfañolay Amrricí^na, tSSi (año XXV), tomo I, pág. 335- 
La Inmaculada Concepción, Estatua policroma gemmata del escultor D. Juan 

En La Rustr. Esp. y Amer., :88i (año XXV), tomo II, págs. 334 y 374. 

De estos artículos se hizo nueva edición el siguiente año, bajo el titulo; Ima- 
gen policroma de la Concepción Inmaculada, obra de D. Juan Samsó profesor 
de escultura en la Escuela especial de Madrid; y Breve no ida de la estatuaria 
policroma gemmata.— Barcelona, J. Jepús, 1882, folleto en 8," de 34 páginas. 

Bosquejo h'stórico déla pintura cristiana en España desde su prindpio hasta 
et Renacimiento. 

Mosto EspaÜol de Antigüedadts, tomo XI (que quedó incompleto), año 1881Í 
pdginas3i á 118. 

Aunque no alcanza esteestudio hasta la época que hace esperarel titulo, es una 
de las monograñas más extensas y por su fondo más notables del autor. Laacom- 
pañan seis láminas calcadas por el mismo Sr. Madrazo y líti^raliadas por Mateu. 

Murillo y Rafael. Discurso leído en la velada con que se conmemoró en 
Madrid el segundo centenario del eminente pintor sevillano. — Madrid, M. Tello, 
1883, folleto en 8." de ao páginas. 

Publicóse también en ci Boletín de la Real Academia de Bellas Artes dt San 
Fernando, aAo II, 1SS3, tomo U, págs. tía á 133. 

Necrología de D. Valentín Carderera y Solano. 
Boletín de la Real Academia de la Historia, Como II, págs. 5 1 105. 
Publicóse también en el Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San 
Fernando, año III, 1883, tomo III, págs. a6i y 398. 

Resumen de tos acuerdos y tareas de la Real Academia de la Historia desde 
el 30 de Abril de 1880 hasta igual dia de 1881, leído por su Secretario perpetuo... 
CD la Junta pública de aniversario del 11 de Mayo de este año. — Madrid, M. Te- 
llo, 1882, 8." ma.or, 134 páginas. 

Informe sobre las muestras de vidrieras para la catedral de Burgos. 
Bol. de la R A. de B. A. de San Fern., año II, 1883, tomo II, pág. 16. 

Sobre un mosaico descubierto en el sitio que ocupó la antigua Lancia (León.) 
Informe. 

Bol. de la R. A. de B. A. de San Fcrn., año II, 1883, tomo II, píg. 167. 

Sobre restauración de la casa de Hernán Cortés en Medellfn. Informe. 
Bol. de la R. A. de B. A. de San Fern.. año II, 1 883, tomo II, p^. 1 73. 

Origen del Museo del Prado.— Vindicación de Fernando VIL 
IlustraciJii Artística, de Bar-elona, tomo I, año 1883, pág. 354- 

Los periódicos ilustrados de Madrid. Alegación de vivos y 
á juicio con motivo de una declaración de mator edad. 



lizcdtyGooi^Ie 



- 249 — 
En La nuslraeián Española y AmerUana, 1883, aflo XXVI, tomo I, p^. 7, 
Pintoresca crónica que abarca desde El Artista hasta La flustraeHn Sspaño' 
la y ArurlcoMa. 

Páginas para un libro pensado y no escrito. 

En el Almanaque de La nustratiSH para el año de 1883.-— Madrid, Suceso- 
res de Rivadeneyra, 18B3, 8." mayor, págs. 1 1 i zo. 

Trata de varioa retratos debidos á Velizquez, )■ príncipalmeote del del escultor 
Martfnei Montañés, existente en el Museo del Prado. 

Galas y duelos. Visiones del año 1648. 

Ilustración ArHstUa, tomo II, 1883 (Barcelona), p^, 11. 

El duende enamorado. 
f lustraeión ArUstUa, tomo 11, 1883 (Barcelona), pig. 335. 

Jastícia de Dios. 

Ttustraeión ArtistUa, tomo II, 1883 (Barcelona), pig. 350. 

De ta pintura mural de los templos. 

La HarírOíiifn EsfaUola y Aouriearia, tSS¡, año XXVU, tomo II, págs. loa, 
118, 131, 147, 170. 314. í3'. «95. 33». 33S, 347 y 363- 

Alberto Struzzi y su ejército. Historia trágica de un jinete del principe Don 
Felipe [IV]. 

Almaoatque de La TlttstratidM para el año de 18S4.— Madrid, Sucesores de 
Rivadeneyra, 1883, pigs. 58 A 79 

Viaje artístico de tres siglos por las colecciones de cuadros de los Reres de 
España, desde Isabel la Otólica hasta la formación del Real Museo del Prado de 
Madrid, por... Fotograbados de I.aurent, Joarizti y Marieícurrena 

Volumen de la biblioteca Arte y ¿ííraj. ^Barcelona, D. Cortezo y Compañía, 
1884, 8.", 313 pá^nas é índices. 

Resumen de los acuerdos y tareas de la Real Academia de la Historia desde 
el 3ode Abril de 1882 hasta igual día de 1884: lefdo por su Secretario perpe- 
tuo... en la Junta pública de aniversario de 1 5 de Junio de este año. — Madrid M. 
Tello, i88í, folleto en *." de 40 páginas. 

Incluyóse también este escrito en el tomo X de las Memorias de la Real 
Academia de la ffistorla.—Mudríd, M. Tello, 188 , pág. 671. 

rKscurso en contestación al del limo. Sr. D. Bienvenido Oliver y Esteller en 
la Real Academia de la Historia, el aa de Junio de 1884-— Madrid, M. Ginesta, 
1884. pág. lag. 

Versa sobre las obras dr! Sr. Oliver, el Código de Tortosa y la nación j la 
realeza en los Estados de la corona de Aragón. 

Carta al Sr. Fabié sobre Magdalena Ruis, loca de la princesa Doña Juana j 
otios locos / locas del tiempo de Felipe II. 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 250 — 
Boletín de la Rial Academia de la Hittoria, tomo IV, iS3f, pí^. 167 

Museos provinciales de Bellas Artes. Informe. 

Bol. de la R. A. de B. A. de S. Fern., aflo IV, 1884, tomo IV, pág. 7. 

Sobre la sillería del coro de sacerdotes de la iglesia del Paular. Informe. 
Bol de la R. A. de B. A. de S. Fen%., año IV, 1884, tomo IV, pig. 35. 

Claustro de San Francisco en Palma de Mallorca. Reclamación é informe al 
Sr. Ministro de Fon coto. 
Bol. de la R. A. de B. A. de S. Fern., año IV, 1884, tomo IV, págs. 330 y 336. 

Los tres últimos dfas del Marqués de Ayamonte, leyenda histórica del si- 
glo XVII. 

fínstraclón Artística, tomo III, 1S84, págs. 351, 359 y 367. 

Cuadros selectos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 
publicados por la mbma, coa ilustraciones de varios académicos. — Madrid, M, Te- 
Do, 1885, folio. 

£1 Sr. Madrazo es autor de la noticia explicativa que acompaña á ios cuadros 
siguientes; 

Cristo difunto en brazos de su santa Madre, de Morales. 

Contemplación mística de San Agustín, de Rubens. 

La casta Susana, de Rubens. 

San Jerónimo penitente, de Tristán, 

La misa de San Benito, de Rizi. 

Trán^to de un religioso franciscano, de Cano. 
. . Retrato de la Reina viuda D." Mariana de Austria, de Carreño. 

Retrato de la Marquesa de Llano, de Mcngs. 

Retrato de D. Juan Bernabé Palomino, de González Ruiz 
, La maja echada, de Goya. 

Casa solariega de Santa Teresa en Avila. Informe. 

BoUHn de la Real Academia de la Historia, tomo VIII, 1885, p^. 37. 

El sepulcro de César Borja. 

La Ilustración Española y Americana, 1885, año XXIX, tomo I, pág. 387. 

Los cuadros del Escorial en el siglo XVIII, rectiñcacióa. Al Sr. D. Juan 
Pórez de Guzmán. Madrid 3 de Agosto de i88j. 
La Ilustración Españolay Americana, 1885, año XXIX, tomo 11, pág. 74. 

Bellas Artes. Lauda del Arzobispo de Burgos D. Anastasio Rodrigo Yusto, 
obra de D. Juan Samsó.— La escultura religiosa. — Necesidad de un Museo de 
vaciados de la E^d Media. 

La Ilustración Española y Americana, 1885, año XXIX, tomo 11, pág. 115, 

Fe consoladora (meditación.) 

La Ilustración Española y Am-ericana, 188;, año XXIX, tomo 11, pág. 339. 



,y Google 



- 2SI - 

Deqwrdidos que soa oro. 

Almanaque de La Ilustración para el año de 1886. —Madrid, Sucesores de Ri- 
vadencyra, 18S5, págs. 33 á >9. 

Trata de la muerte, enterramiento y exequias del Rey de Navarra Carlos II 
ti Malo. 

Navarra y Logroño, Volúmenes de la obra Esfiaiia,stis monumentos y aríei, 
su tialuraleza /iir/oí-ia.— Barcelona, Daniel Córtelo y C.*, 1886. 

Ti^ tomos en 4.° de 576, 55a y 757 páginas, fotograbados y hcliografias de 
Joarítti y Mariezcurrena, dibujos á pluma de M. O. Delgado y Passos, cromos de 
Xnmetea. 

Adquisición de una casa propia de D. Modesto Landa en el recinto de la 
Alhambra. Informe. 

Bol. de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernamh, año VI, 1886, tomo 
VI, pág.41- 

Sillería de la Cartuja de Jerez. Informe. 

BoL de la R. A. de B. A. de S. Fern., año VI. 1886, tomo VI, pág. 43. 

Iglesia de los Innumerables Mártires y Santa Engracia de Zar^oza. Informe. 
B<U. de la R. A. de B. A. de S. Fern., año VI, 1SS6, tomo VI, pág. 44. 

Vidrieras de ia Catedral de Burgos. Informe de la comisión especial, emitido 
por los Sres. Madrazo y Ruiz de Salces, y otro informe del Sr. Madrazo. 
Bol. déla R. A. de B. A. de S. Fern., aflo VI, 1886, p^. 68 y op. 

Informe remitido á la Comisión provincial de monumentos de Córdoba con 
motivo de la demolición de las puertas de la muralla. 
Bol. de la R. A. de B. A. de S. Fern., año VI, i886, tomo VI, pág. 138. 

Extracto del informe emitido acerca del Libro de horas de Estienne Chevalier. 
B. de la R. A. de B. A. de S. Fern., año VI, 1886, tomo VI, pág. 379. 

Una página para la historia del Museo del Prado de Madrid (1833 á 1836}. 
fliístracidn Artística, tomo V, 1886, p^. 6. 

Retratos de ilustres y memorables varones. Informe. 

Boletín de la Real Academia de la Historia, Como X, 1887, pág. 307. 

El supuesto retrato de Hugo de Moneada. Informe. 
B. de la R. A. de la H., tomo XI, 1887, pág. 470. 

Sobre devolución de un cuadro del Pattofe á la comunidad de religiosas 
Carmelitas del Pardo. Informe. 
Bol. delaR.A.deB. A. de S. Fern., año Vil, 1887, tomo Vil, pág. 170. 

Sotee designación de los más ilustres pintores españoles modernos para 
aumentar con sus retratos la Galería de Florencia. Informe. 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 252 — 
Bol. delaR. A.deB.A.de S. Fern., año Vn, 1887, tomo Vil, pág. 399. 

Nuestro arte moderno. Temores y esperanzas. (Con motivo de la EiqMÚción 
de Bellas Artes del año 1SS7.) 

Ilusir ación Artística, tomo VI, 18S7, págs. 17S, tS6, 194, 303, 310 y 326. 

Artículos relativos á pintura, escultura y grabado eu el Diccionario ateie¡0f¿- 
dko kiipano-americano de literatura, ciencias y artes, publicado por Montaner y 
Simón, editores de Barcelona (33 tomos, 1887-1898). 

Discurso leído en el salón-teatro de la Escuela de Música Declamación de Ma- 
drid el 13 de Enero de 1888, con motivo del tercer centenario del pintor Ribera. 

Incluido en el •Hnmcn.ije artístico-literarío á la memoria dejusepe de Ribera ■ 
(el Españólelo) en el tercer centenario de su nacimientoi. —Madrid, T. Rer, 1888. 
Folleto en 8.°, págs. 9 á 35. 

Sobre la obra «Frescos de Goya en San Antonio de la Florida*, por D.Juan de 
Dios de la Rada y Delgado.> Informe. 

Bol. de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, aílo VIII, 1888. 
tomo Vni, p^. 59. 

.Acerca de los modelos para las estatuas de San Pedro ■/ San Pablo que han- 
de decorar la fachada de la catedral de Barcelona. Informe. 
Rol.delaR. A.deB. A.deSau /^í/-«., año VIII, 1888, tomo VIU, pág, 83. 

Informe proponiendo la declaración de monumento nacional artístico i favor 
de la iglesia parroquial de Sancti-Spiritus, de Salamanca. 

Bol. de la R. A. de B. A. de San Fern., tAo VIII, 1888, tomo VIU, pág, 105. 

Projjrama de ejercicios de oposición á la cátedra de Teoría é Historia de las 
Bellas Artes. 

Bol. delaR. A. de B. A. de San Fern.. año VIH, 1888, tomo VTll, pág. 360. 

Informe sobre un interrogatorio del juzgado del Norte de esta capital acerca 
de la autenticidad de varios cuadros. 
Bol.de la R. A. de B. A. de .•>a» Fern., año VflI, 1888, tomo VIH, pág. 393. 

De los estilos en las artes. 

La IlustracíÓH Española y Aauricana, iSSE, afto XXXIl, tomo 1, págs. i63, 395, 
3'5í 330. 

Rosas y espinas. Articulo. 

La Rttstr. Españ.y Ámer., 1888, año XXXIl, tomo 11, p^. 6. 

La estatua de Etienne Marci'l. 

La Uust. Españ.y Amcr., 1888, año XXXII, tomo II, págs. 87, 106 y 119. 

Fortuny. 

La Ilustración Artística, año Vil, 1888, p;^. i. 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 253 - 
La tela de Penílope. 
La [luslracUn ArtisHca, año Vn, 1S88, p^, ao3. 

De Jabugo á ' A'yüitioQte. 

La riustraciÓH ArHtUa.aüaWYi, 1888, píg. 358. 

Un dia afortunado. 

Almanaque de La fíuitraeiSn pai^ el año 1S89.— Madrid, Sucesores fle Ri- 
vadeneyra, iSSS, p^. 58 a 61. 

Trata del hallazgo de un cuadro de Murillo y de varias tablas de Pedro de 
Campaña en Ayamonte (Hnciva). 

Uber krñnungsinsignien nnd staatsgewander Maximilian I. und Karl V. und 
ihr schicksal ía Spaníen. Von Pedrn de Madrazo Kíniigl. spaniachen Staatsrath. 
Deutsch von Rudot Beer Hilfsarbeiter ander tC K. Ilofbibliothek. (Sobre las 
Íns¡gQÍa-i de coronadóu y vestidos Imperiales de MaximiiiaDoIy Caríos Vy su 
suerte en España.) 

Monni^afia del Sr. Madrazo que, traducida al alemán por el Sr. Rodolfo Beer, 
se publicó en el Anuario artístico de la casa de Austria cjahrbuch der Kunsshisto- 
rischen Samr^luagea des allerhSchsten Kaiserhaoses», vol. IX. — Vieua, 1888, do- 
ble folio, págs. 446 á 464. 



España artística y monumental. Cuadros antiguos y modernos, r 
arquitectónicos, objetos de escultura, tapicería, armería, orfebrería j demás artes 
de ios museos y colecciones de España en reproducciones fototfpicaa por J. Lau- 
reat y Compañía... con ilustraciones por... — Madrid, Campuzano, 1889, casa edi- 
torial viuda de Rodríguei. Fototipias en folio y texto en 4.", de 355 hojas no 
paginadas. 

Santa Maria la Real de Sangüesas Informe. 

Bol. de la Real Aeademia de la HUtsria, tomo XIV, 1 889, pág. 64. 

Santa María la Real de Nájera. Informe. 
BoLdeUzR. A. de la Hitt., tomo "KTW , 1889, pág. 894. 

Iglesia de Santa María la Real de Sangüesa (Navarra). Informe. 
Bol. de ¡a Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, a.i.oVK, 1SS9, 
tomo IX, pág, 133. 

Catedral de Ciudad Rodrigo. Informe. 

Bolet. de la R. A. de B. A. de San Ptrn, año IX, 1S89, tomo IX, pág. 379. 

Ex-monasterio de Santa María la Real de Nájera. Informe. 

Bol. de la R.A.deB. A. de San Fern., año IX, 1889. tomo IX, pág. j8i. 

Bellas Artes. Artículo en que rebate el autor muchos errores persistentes en 
materia artística. 
La ItustracUn Eífaüola y Amerkana, 1889, año XXXIll, tomo I, pág. 111, 



tizcdbyGoOl^Ie 



Ánfora biquica, por D. Mariano Benlliure. . 

£.a Itust. Eífai. y Amer., 1889, düo'XXXIII.'tomo I, pdg. 313. 

£1 tupd del Sr. Lucas. (Critica de un opúsculo arqueológico de un escritor 
francés.) 
La HiuiraciÓH ArUsUea, aflo Vm, 1889, pt^. 138. 

Don Pedro Velairde héroe del Dos de Mayo. 
La JbiftraeiJn ArHsHta, año VIH, 1889, pág. 146. 

Un gran escultor español. (Artlcqlo acerca de Bartolomé OrdóAei). 
La Ilustraciin ArtísHca, año VIII, 18S8, pdg- 354. 

Defidendas del genio nadoaal. Velázquei como pintor mitólogo. 
La Sustraeién Ariütiat, año vm, 1889, pág. 1S6. 

Arqtütectura y Escultura. Deñdeacias en su enseítanza oficial. 
La IlustractSit ArtistUa, año Vin, 1889, pág. 346. 

La primitiva basílica de Santa Marfa del Rey Casto y su real panteón, por 
D. Fortunato de Setgaa. Informe. 

Boletín de la Real Aeademia de la fítitoria, tomo XVI, 1S90, pág. l^^. 

Monasterio de Carracedo. Informe. 

Bol. de la Real Academia de Bellas Artes de San Femando, año X, 1890, 
tomo X, pdg. 103. 

Informe acerca del concurso para la acuñación de una medalla conmemorati- 
va del cuarto centenario del descubrimiento de América. 
Bol. delaR.A.deB.A.de S. Fem., año X, 1890, tomo X, pág. 165. 

Ex-coDvento de San Esteban de Salamanca. Informe. 

Bol. déla R. A. de B. A. de S. Fem., año X, 1890, tomo X, pág. 199. 

Bellas Artes. Algo de moderna crítica y de Arte moderno. 
La JlustraeiSn Espaüolay Ameriattta, 1890, año XXXIV, tomo II, pj^. 374, y 
1891, año XXXV, tomo I, pág. 37. 

Toledo: Gula artístico-práctica, por el Vizconde de Palainelos. Informe. 
Bol. de la Real Academia de la Historia, tomo XIX, 1891, p^. 359, 

Informe sobre la redamación del cuadro de Santa Isabel de MuríUo por la 
Hermandad de la Santa Caridad de Sevilla. 

Bol. de la Real Aeademia de Bellas Artes de Sati Fernando, año XI, 1S91 
tomo XI, pág. 4. 

Informe sobre una tabla holandesa del üglo XVI. 

Bol. de la R. A. de B. A. de S. Fem., año XI, 1891, tomo XI, pág. 35- 



tizcdbyGoOl^Ie 



Colegiata de Toro. Informe. ... 

Bol. de la R. A. dt B. A. de S. Fem., año XI, 1891, tomo XI, pág. 30». 

La Elocuenda. Techo pintado por Madame Lacroix para el Ateneo de Madrid. 
La lluitraeiin Española y Americana, 1891, año XXXV, tomo I, pág. 398. 

El poema geotógico. 

La HusIraeiSn Artística, tomo X, 1891, pág. 610. 

La Colegiata de Toro. Informe. 

Boletín de la Real Aeodetnia de la Historia, tomo XX, 1893, pág. 433. 

Protesta de la Real Academia de San Femando. Al Excmo. Sr. Presidente 
del Ayimtamiento de Madrid. 

Bol. de la Real Academia de Bellas Artes de SaM Femando, atto XII, 1S93, 
tomo XII, pág. 180. 

Versa acerca de las variaciones introducidas por el Ayuntamien o de Madrid, 
sin consultar á la Academia, en el paseo del Prado y plaza de la Cibeles. 

Fuente de la Cibeles. Informe. 

Bol. dtlaR.A. de B. A. de S. Fem., año XII, 1893, tomo XH, pág. 335. 

Iglesia de Montserrat (Madrid). Informe. 

Bol. de la R. A. de B. A. de S. Fem., año XII, 189», tomo Xn, pág. 358. 

Al Excmo. Sr. Conde de Cheste, con ocasión de su banquete anual en obse- 
quio de sus coT.pañeros de Academia». Poeaia. 
La Ilustraciin Española j Amerieana, 1893, año XXXVI, tomo I, pág. 50. 

Pintura. Elección de asuntos. Mal gusto general. La escuela inglesa moderna 
Los prerafaelistas. Caracteres de la escuela inglesa moderna. 

La Builr. Espah. y Ama-., 1893, año XXXVI, tomo II, págs- 138, 160, 180, 
199 y 3iB. 

Exposición internacional de Bellas Artes de 1893. 

La Ilustr. EspaH. y Atner., 1893, año XXXVI, tomo II, págs. 330, 350 y 3B7. 

iNos casaremos? Discusión trascendental de sobremesa. 
La Ilustraciin Artística, tomo XI, 1893, pág. 198. 

Homenaje del arte griego moderno á Cristóbal Colón. 
La Ilustración Artístíra, tomo XI, 1891, pág. 643. 

La iglesia de Santa Marfa de Lebeña. Informe. 

Boletín de ía Real Academia de la ffisioría, tomo XXU, 1893, pág. 389. 

Nueva guía del viajero en España y Portugal, por D. Emilio Valverde y Al- 
vares. Infonhe, 



tizcdbyGoOl^Ie 



- 256 — 
Bol. déla R. A. de la ffist, tomo XXUI, 1893, plg. 344. 

Iglesia de Santa María de Lebeña. Infamie. 

Bol. de la Real Academia de Bellas Artes de San Femando,' kIlo XQI, 1S9], 
tomo Xm, pág. 90. 

Historia de una acuarela. 

La RustraeHn Bspañolay Anterkatta, 1893, año XXXVII, tomo I, pág. 419. 

Reñérese á uoa acuarela de Martín Rico. 

Las dos grandes épocas de la tapicería flamenca en la Exposición históríco- 
europea. 
La Husfr. Espaü. y Amer., 1893, año XXXVII, tomo II, págs. 6, í6 y 39, 

Bellas Artes. Aún hay vándalos. Urge amparar las ruinas. 

La Bustr. Espan.y Amer.. 1893, aflo XXXVH, tomo D, pág. 161. 

El diablo mirando uo nacimiento. (Composición poética en cuatro sonetos y 
una octava real). 
La Rust. Esp. y Amer., 1893, año XXXVII, tomo II, pág. 414, 

Materiales para la historia de España en el Archivo secreto de la Santa 
Sede, por D. Ricardo de Hinojosa. Informe. 

Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo XXIV, 1894, pig. 394- 

Reparaciones históricas, por D. Antonio Sánchez Moguel. Informe. 
Bol. de la R. A. de la Hisí., tomo XXV, 1894, pág. 168. 

Dictamen de la mayoría de la Academia acerca de los modelos y proyectos 
para una estatua del Marqués de Amboage. 

Bol. de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, aflo XIV, 1894, 
tomo XIV, pág. lao. 

Informe sobre el templo románico de San Martín de Frómista. 

Bol. déla R. A. de fí. A. de S. Pem., año XIV, 1894, tomo XIV. pág. 146. 

Informe acerca de la conveniencia de la adquisición por el Estado de La Do- 
^orosa sentada al pie de la Crus, cuadro de Murillo. 

Bol. de la R. A. de B. A. de S. Pern., año XIV, 1894, tomo XIV, pág. 105. 

Informe acerca de un cuadro de D. Joaquín Sigüenza y de otro atribuido á 
D. Vicente López. 
Bol. delaR A.deB. A. de S. Pern., año XIV, 1894, lomo XIV, pág. a93 

Santuario de la Virgen del Castañar, en Béjar. Informe. 

BoL delaR. A.deB. A. de S. Pern., año XIV, 1894, tomo XIV, pj^. 398. 

Pintura. Cuarta Exposición bienal de! Circulo de Bellas Artes. 

¡M Bustración Espaüola y Americana, 1894, año XXXVID, tomo I, pág. 343. 



tizcdbyGoOl^Ie 



Don Alfonso Bergaz. Reparación de un injusto agravio. 
La IJiist. Esp. y Amer,, 1894, año XXXVIII, tomo II, pág. ai. 

RemiDÍscencias de Martín Rico. Una parroquia del Madrid viejo. 
¿11 Ilust. Esp.y Amer., 1894, año XXXVIII. tomo H, píg. 59. 

Estatuas en honor de los hombres ilustres. 

La HuttraciSn Artística, tomo X)II, 1894, pd^. 306. 

Amor al arte de los antiguos romanos. Cómo protegían sus monumentos. 
La nustracUn AriistUa, tomo XIII, 1S94, pág. 388. 

Historias de Mérida, por D. Pedro Mana Plano. Informe. 

BoleHn de la Real Academia de la Historia, tomo XXVI, 1895, pág. 80 

B monasterio de Santa Mana de Nájera y los Franciscanos. Informe. 
Bol. de la R. A. de la ffisi., tomo XXWl, 1895, pág. 151. 

Ad; jdicación de los premios instituidos por D. Fermín Caballero. 
Bol. de la R. A. de la ffíst., tomo XXVIl, pág. 246. 

Leocadia y Fernando. Narración en prosa. 

La Ilustración Españolay Americana, 1895, año XXXIX, tomo I, pág. 43. 

La victoria de la Cruz. Cuento de hadas. 

La Rust. Esp.y Amer., 1895, año XXXIX, tomo I, pág. 11 1. 

Memoria acerca del premio á la Virtud correspondiente al año 1895. 
Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo XXIX, 1 S96, pig. 193. 

La Semana Santa en su aspecto estético. 

La Ilustración Artística, tomo XV, 1896, pág. 346. 

IMscurso leído ante la Real Academia de la Historia en la Junta pública de 20 
de Junio de 1897. — Madrid, viuda ¿ hijos de M, Tello, 8." mayor. 

Da cuenta de la adjudicación, en 1896, de los premios á Ja Virtud y al Talen- 
to, fundados por D. Fermín Caballero. 

El Alcázar de Segovia. Informe. 

Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo XXX, 1897, pág. 369. 

Santa María la Antigua, de Valladoltd. Informe. 

Bo:. déla R. A. de la Hist, tomo XXX, 1897, pág. 449. * 

La Arquitectura de Elspaña estudiada en sus principales monumentospor el 
arquitecto Max Junghandel. Texto sumario por,.. Barcelona, imp. de A. López 
Robert, sin año. Gilbcrs'. libreHa de la Real Casa de Sajonia (J. Bleyl), Dresde, 8.°, 
89 páginas é índice. 

(Aunque no se expreiia así, esta obra se imprimió en 1897-98.) 



lizcdtyGooi^Ie 



- US - 

Tapiz de La Readición de Granada, por la Seüora Doña Catalina Narviez de 
Rail. Renacimiento de la tapicería bordada de la Edad antigua. Consideracio- 
nes históricas sobre la tapicerfa bordada y la tapicería tejida. Su estado actual: 
sa porvenir. 

La ñuTtraciáit EsfaSolay Americana, 1898, año XLII, tomo I, pág. 238. 

La velada del recluta. Ultimo pensamiento de Weber. — El delirio de Abe- 
lardo. — El Ángel de la guarda. 

Poesías (las más de antigua fecha) insertas en la Necrología dd Excmo. tenor don 
Pedro de Madraso y Kuntz, leída en ¡a Real Academia Esfañola par el academia) de 
número Conde de Caía- Valencia, en la serían de 7 de Diclembte de iSpS.—Vitáñá, 
Fortanct, 1898. 

Adoa-ttnda. — No obstante lo nutrido de la precedente lista bibliográfica, es 
muy probable que aún quede incompleta, dada la fecundidad del escritor á quien 
se refiere y su constante colaboración en periódicos y revistas durante un pe- 
ríodo de tantos años. 



lizcdtyGooi^Ie 



CONTESTACIÓN 

DSL BXCHO. asltOR 

D. JUAN DE DIOS DE LA RADA Y DELGADO 



DigilizcdsyGoOl^Ie 



DijilizcdtyGoOl^Ie 



Allá por los años de 1880 á 1883, explicando yo mi cátedra eti la 
Escuela Superior de Diplomática, llamó mi atención entre mis jóve- 
nes alumnos uno, casi niño, de tan simpático aspecto como compos- 
tura modesta, cuya asiduidad en la asistencia era notable, asi como 
el amor con que se dedicaba á los difíciles estudios de las asignatu- 
ras que tenia á mi cargo. Era un verdadero modelo de aplicación, de 
correctos modales, de educación distinguida, y que bien claramente 
dejaba entrever señoriales orígenes, modernizados con el cultivo de 
estudios apenas venidos en nuestra España al estadio de las investi- 
gaciones científicas. 

Picaban á la verdad mi curiosidad las especiales condiciones del 
joven alumno, cuando una mañana me encontré agradablemente sor- 
prendido con la visita del padre de mi modesto discípulo, que no era 
otro sino el respetable procer toledano, Sr. Conde de Cedillo, á quien 
ya conocía de r^ombre por su competencia en investigaciones numis- 
máticas, que le habían abierto las puertas de la Academia de la His- 
toria como Correspondiente en Toledo, y por haber sido el primer do- 
nador que tuvo el Museo Arqueológico Nacional, dando así buen 
ejemplo, que tuvo en verdad por desgracia pocos imitadores. Mani- 
festóme el buen Conde su propósito de que su hijo primogénito tu- 
viera una educación en ciencias históricas tan sólida como esmerada, 
d placer con que le veía seguir los buenos senderos que le ofrecían 
abiertos á la investigación y el estudio los dignos profesores de la 
Escuela, y su decisión de que fuese digno sucesor de sus ilustres 
antepasados, cuya genealogía literaria y artística no podía ser más 
gloriosa^ que no siempre las genealogías han de contarse por glorio- 



tizcdbyGoOi^Ie 



— 302 — 

SOS hechos de armas ó elevados cargos en la gobernación de ios pue- 
bios, sino que también enaitecen tanto á una noble familia los timbres 
literarios, como los mejores hechos de armas y las más elevadas dis- 
tinciones. 

El nombre solo del Conde de Cedillo evocaba multitud de páginas 
gloriosas en la historia de la patria literatura, empezando por el ori- 
gen de los Ayala, apellido primero de esta ilustre familia, de solar ala- 
vés, y descendientes de los reyes de Aragón, que ya figuran estable- 
cidos en Toledo desde primeros del siglo XIV en la persona de don 
Pedro López de Ayala, abuelo del gran canciller é historiador (i). 

No menos importante la casa de los Alvarez de Toledo, á que va 
anejo el titulo de Conde de Cedillo, figura como una de las más im- 
portantes toledanas desde el siglo XV, en cuyo año 1496, á 3 de 
Agosto, fué concedido dicho título por los Reyes Católicos á D. An- 
tonio Alvarez de Toledo, hijo del célebre D, Hernando Alvarez Je To- 
ledo, secretario y del Consejo de aquellos esclarecidos monarcas, con- 
tador mayor de Castilla y notario mayor también del recién conquis- 
tado reino de Granada {3). 

A la noble familia de Hierro, enlazada también con la de nuestro 
nuevo compañero, ilustre linaje de Guadalajara, que alcanzó merecido 
renombre en los siglos XVI y XVII en las guerras de Flandes é Italia, 
concedió Carlos II, en 8 de Febrero de 1693, el titulo de Vizconde de 
Palazuelos, que lleva también nuestro nuevo compañero, y que bien 
quisiera ostentar aún en primer término, pues supondría la preciosa 
existencia del autor de sus días (3). 

A tan nobles linajes pertenecieron, en el de Ayala, varones como el 
insigne canciller é historiador D. Pedrot López de Ayala, con razón 
llamado columna de la patria historia, literato, político, guerrero y 
hombre en todas las manifestaciones de la inteligencia y del honor 
tan cumplido, que bien puede presentarse como dechado de perfección 
en su época (4); D. Diego López de Ayala, el gran amigo de Ctsneros, 
autor de las sabias Constituliones insignis Coliegii Sanctte Catherina 
y de varias otras obras literarias. Canónigo y Vicario de Toledo, alma 



«dcD coDHiluiH CD U coDocIdi CiA> dii arntiUtr Afmla, de Flonnu, abadant aotldu 
teprimcn y prtDcípalmenle deide U pAg, 3^ en ndrliintc, kcerca del Jiiu}ode A^kIa. In- 
I ea & eete propAiltc- 1a Dotlcia que debcmoi ¿ atieilio querido diicipulo tceru de la mtioM 
le un cujioip mariuKrito que po*cc inédito del hittoríador Salanir de Hendocv, inditilulo 

ue gwrdi el ■rchlTo de e>If Iliaiie c>», 
i apidihwda e> el XV Cande de CedlUo. 
. primee Vticande de Palazualoi fué D. Diego del Hiena J Pareja. 



lizcdtyGooi^Ie 



— 203 — 

de todas las obras y empresas artísticas de la catedral toledana en la 
primera mitad del siglo XVI; D. Ignacio López deAyala. escritor 
bien conocido del siglo XVIII; y, como digno remate de tan gloriosa 
cadena de ilustraciones patrias, aunque de rama distinta, el gran dra- 
maturgo contemporáneo que ha inmortalizado su nombre con al 
Tanto por ciento y Consuelo. 

Atentos los ilustres antecesores de estas familias, no sólo al cultivo 
por sí mismos de las letras, sino á facilitar su estudio, abriendo para 
ello amplias escuelas, uno de sus dignos individuos, D. Francisco Al- 
varez de Toledo, fundó en Toledo en 148S el insigne colegio de San- 
ta Catalina Virgen y Mártir, elevado por bula del Papa León X (22 de 
Febrero de 1530) á Universidad de Toledo, de cuyos claustros salie- 
ron ilustres prelados, literatos, sabios y aun santos. Entre los últimos 
discípulos de aquella notable Universidad, cuéntase el insigne poeta 
Zorrilla, que en ella se preparó, estudiando el árabe, para su impere- 
cedero poema, por desgracia no concluido, intitulado Granada, vi- 
viendo todavía y contando cerca de un siglo el que fué su catedrático 
y á quien cita con encomio en el prólogo de su poema, el venerable 
literato D. León Carbonero y Sol. 

En la misma rama del linaje de Alvarez de Toledo no son para pre- 
teridos el renombrado traductor de tos Morales di San Gregorio, don 
Alfonso Alvarez de Toledo y D. Diego López de Toledo, Comendador 
de Castilnovo en la Orden de Alcántara, traductor de los Comentarios 
de Julio César y de Hircto. 

Atentos á cuanto pudiera contribuir á los adelantos de la cultura 
patria, así los López de Ayala como los Alvarez de Toledo, dedicaron 
también su inteligencia y sus rentas á obras artísticas, tales como los 
edificios señoriales de los palacios de Cedillo, de Ayala ó Fuensalida, 
la casa llamada de los Toledos, la de los Sres. de Peromoro, edificios 
todos donde se conservan notables detalles de los estilos ojival y mu- 
dejar, los castillos de Guadamur (Ayala) y Manzaneque (Alvarez de 
Toledo), preciosos ejemplares de la arquitectura dominante en aquel 
territorio y en el siglo XV, en el primero de los cuales ha llevado á 
cabo una feliz é inteligente restauración su actual poseedor y padre 
político del joven Conde, el ilustrado Barón de Cuatro Torres, restau- 
ración en la que, como era natural, ha tenido no poca intervención el 
nuevo académico; el reputado monasterio de Quejana, en Álava, don- 
de reposa en hermosos monumentos sepulcrales, entre otros indivi- 
duos de la familia, el gran Canciller é historiador Ayala, y los conven- 
tos, hoy demolidos ó muy modificados, de Monte Sion y San Miguel 
de los Angeles, éste en la ciudad de Toledo y aquél á media legua de 



tizcdoy Google 



— 264 — 
distancia, y la preciosa capilla, en ñn, de Santa Catalina, también en 
Toledo, construida por D. Hernando Alvarez de Toledo, el menciona- 
do Secretario de los Reyes Católicos, de la que es patrono el actual 
Conde, y que restaurada hace poco tiempo por su ilustrado padre, 
presenta un hermoso conjunto de arquitectura ojival, con magníflcas 
tallas y pinturas del siglo XVI, durante el gran período del floreci- 
miento de las artes. 

Nobleza obliga dice con profundo sentido un antiguo proverbio cas 
tellano, y en verdad que tan gloriosa historia de ilustres antecesores, 
obliga á mucho, por lo que comprendiéndolo asi desde su adolescen- 
cia el joven López de Ayata, que puede decirse no ha tenido juven- 
tud más que para dedicar todas sus energías al estudio, á excursio- 
nes y viajes artísticos, al cultivo de las letras y de las ciencias histó- 
ricas, de tal modo ha sabido merecer por sus trabajos el aprecio y la 
gran estimación de cuantos le conocen, sino que llega á las puertas 
de esta Academia precedido de los gloriosos recuerdos de sus antepa- 
sados y, como su digno sucesor, honrado por sus trabajos y propios 
merecimientos. 

Asi rué como el estudioso alumno de la Escuela convirtióse, después 
de obtener honrosos premios académicos en su carrera y en la Facul- 
tad de Filosofía y Letras, en docto profesor, explicando durante cua- 
tro años en aquélla la asignatura de «Historia de las Bellas Artesa, 
para cuyas oposiciones, que no llegaron á verificarse, se preparaba 
dignamente, sin que este asiduo trabajo le impidiese dedicarse k 
otros, algunos de los cuales merecieron ser laureados en públicos 
certámenes. 

Las campanas de Velilla, disquisición histórica acerca de esta curio- 
sísima y fantástica tradición aragonesa, primera obra que dio á luz; 
Los Concilios de Toledo, notable estudio hoy completamente agotado; 
Toledo, Guia artistico-práctica, bilingüe, con multitud de grabados, 
peregrinas noticias, excelente método y acertados juicios críticos; 
yovellanos como cultivador de la Historia, monografía laureada en el 
certamen celebrado en Gijón en Agosto át i^f^i; Santa María de 
Porqueras, monografía histó rico-artística premiada por la Asociación 
literaria de Gerona en el concurso del mismo aflo; La escultura anti- 
gua, traducción de la obra francesa de Mr. Fierre París; el Estudió 
critico de ¡as contribuciones é impuestos establecidos en Leány CmstiWi 
durante la Edad Media, obra extensa y verdaderamente magistr^, 
premiada por la Academia de Ciencias Morales y Políticas; los artícu- 
los históricos y arqueológicos intitulados Bl castillo de Guadanmr, 
La Virgen con el Niño en los brazos, escultura en marfil de la Cate- 



tizcdbyGoOi^Ie 



- 365 - 
dra¡ de Toledo, Cáliz y patena de la misma (siglo XJII), Bl escudoát 
Aljonso VI, Bl sepulcro del Cardenal Mendosa, El monasterio de Jwt- 
querasy la parroquia de la Concepción de Barcelona, El arte maya y 
elnakua; los de arte, acerca de Jerónimo Bosck estudiado en sus cua- 
dros del Museo del Prado y de la Exposición Histórico-europea de Ma- 
drid, y Jerónimo van Aken, el Basco; literarios, como Paremiologia 
toledana. Pequeneces femeninas, Una ciudad modelo y Goya en Toledo; 
y de excursionismo, con los titulos de Por tierra de Segovia, Por 
tierra de Toledo, Notas de una excursión d Covisa, Excursión á Are- 
nas de San Pedro y Una excursión al Canigóy á los valles del Con- 
fíent, trabajos publicados en el Boletín de la Sociedad española de 
Excursiones, que dirigió y del que fué alma durante cinco años, en la 
revista Toledo, en Pro Patria, en El Centenario y en el Boletín de la 
Sociedad arqueológica de Toledo, entre otros, demuestran la incansable 
actividad del joven Conde, á quien no es extraño se le abriesen como 
Correspondiente las puertas de las Reales Academias de Bellas Artes 
de San Fernando y de Buenas Letras de Barcelona, y que por nues- 
tro Instituto se le comisionase para estudiar y dar dictamen acerca 
de una interesante lápida romana descubierta en Orgaz y para explo- 
rar las debatidas cuevas de Oiihuelas, en la provincia de Toledo; in- 
formes que merecieron aprobación y aplauso de la Academia y que 
se insertasen en su Boletín. 

En esta multitud de trabajos, en este gran cúmulo de labor cientí- 
fica y literaria sobresale la traducción que ha hecho del catalán al 
castellano de la leyenda pirenaica del tiempo de la Reconquista inti- 
tulada Canigó, obra admirable del gran poeta catalán Mosén Jacinto 
Verdaguer, verdadera creación de la que con entera justicia ha dicho 
nuestro ilustre compañero Menéndez y Pelayo, que el Pirineo adquie- 
re formas humanas y titánicas bajo el cincel de aquel poeta. Intentar 
darlo á conocer en otro idioma que aquel en que fué concebido y va- 
ciado el poema, revela ya alientos también de poeta, y esta empresa 
la ha acometido nuestro nuevo compañero con tal fortuna, que ha me- 
recido le diga bajo su firma el autor, que si como excursionista ha 
contemplado los encantos de aquella montaña rosellonesa que la polí- 
tica sagaz de Richeheu y Mazárino arrancó á la corona de España, y 
ha contemplado sus lagos, y ha oído la voz de sus torrentes, y pene- 
trado en sus selvas vírgenes, y como arqueólogo ha visitado en el 
Monasterio de San Martín la tumba abierta en la roca por el conde 
Guifre, y en Cuxá ha visto el lecho de piedra de Urseolo y la gigan- 
tesca torre hermana de las de Vich y de RípoU, levantadas en el si- 
glo XI por el gran Obispo Oliva, como posta se ha embelesado ante 



tizcdbyGoOi^Ie 



- 266 — 

aquella montaña gigante coronada de nieves casi perpetuas, cuyo 
soplo es el viento canigonench, cuna de las más antiguas canciones 
catalanas, amor de los rosellones, que al verse alejados de su patria, 
como los hijos de Galicia con su Muiñeira, consuelan su anyoransa 
con el sentidísimo cantar que, traducido ñelmente por el Conde, 
dice: 

Montañas r^aladas 
Bon las del Canigó, 
cubiertas todo el año 
de flores y verdor. 

Si, Sres. Académicos, Cediilo, cuyas investigaciones y cuyos estu- 
dios parecen alejarle del sentimiento poético, en la admirable traduc- 
ción que ha hecho del titánico poema de Verdaguer, se ha sentido 
poeta, y poeta tan encastado en la obra que da á conocer en castella- 
no, que nada le ha quitado de su frescura y natural inspiración, hasta 
el punto de que, no sabiendo que el original es catalán, creeriase con- 
cebido y moldeado el poema en la hermana gemela de aquel enérgico 
idioma, en la hermosa lengua de Cervantes. 

Quien de tal modo ha sabido emplear la incansable actividad de su 
juventud, bien puede decirse que tenia ganada su plaza deAcadémico, 
abriéndole para ello honroso paso sus mismas obras, á las que sirve 
de digno remate el notable discurso que con justicia acabáis de aplau 
dir, y que revela un trabajo asiduo y constante acerca del gran perío- 
do del Renacimiento en Toledo. A cuantos ramos abarca la historia 
interna y externa de un pueblo ha descendido el docto historiador to- 
ledano, sin dejar en tan fecundo campo paraje ni siquiera que espigar, 
pues tan bien cosechado quedó después de su investigación insa- 
ciable. 

Aunque pasando con vuelo de águila sobre la historia del arte tole 
daño en sus grandes manifestaciones de Arquitectura, Escultura y Pin- 
tura, apenas ha dejado noción que no haya expuesto sobre los gran- 
des maestros de aquella escuela, simbolizando en el Greco el gran 
iniciador de la reforma pictórica española del siglo XVII. Bien quisié- 
ramos poder seguir al nuevo Académico en su brillante examen, pero 
limitándome, siquiera por seguir la costumbre de añadir algunas lineas 
al asunto principal tratado en el discurso, voy á decir algunas pala- 
bras acerca de una manifestación artística de que acaso intencionada- 
mente ha dejado de ocuparse el ilustrado Conde, Me refiero á la mú- 
Mca, que en Toledo también alcanzó especial cultivo y merecida 
nombradla, sin embargo de lo cual, apenas ha ocupado las plumas 



tizcdbyGoOi^Ie 



— 267 — 
de los modernos escritores, que no tuvieron en cuenta que en el des- 
arrollo de la gran Escuela de Música española del siglo XVI, cuya 
importancia ya está hoy por todos reconocida, cupo á Toledo repre- 
sentar uno de los primeros papeles. En la ciudad, y principalmente en 
su venerable templo Catedral, veníase cultivando la música de antiguo 
con éxito y gloria. La majestad del culto, tradicional en aquella Igle- 
sia, realzábase poderosamente con la solemne música que le acom- 
pañaba, y con la suavidad y dulzura de las voces, pues al decir 
de Ambrosio de Morales, la Santa Iglesia de Toledo, »suele tener casi 
siempre, singolares mochachos en su choro, de Cazorla, y de aquellas 
tierras de Segura, cuyas aguas con su delicadeza y propiedad natu- 
ral, les adelgazan las bozes, y se las forman suaves y de dulce soni- 
do» (i); con el cantum privuin quem simplicem vocant, que era el 
acostumbrado en la Catedral primada, y de tan reconocida excelen- 
cia que, á imitación suya, adoptáronlo en el siglo XVI la iglesia y el 
reino todo de Granada y ta Religión entera de San Jerónimo, tan en- 
tendida en el cultivo de la música. 

No es, pues, maravilla que la música de la Catedral toledana, 
según lo acabamos de ver por la cita que hemos hecho de un respeta- 
ble escritor del siglo XVI, fuera nombrada y famosa, sin que pudiera 
dejar de serlo, cuando la iglesia primada tenía por maestro de capilla 
nada menos que al insigne sevillano Cristóbal de Morales, que formó 
también parte de la capilla pontificia (2). 

Y así como á Toledo acudían músicos aventajados atraídos por la 
riqueza y excelencias de la ciudad y de su iglesia, asi en otros países 
publicatian la fama de nuestra música toledana maestros como Diego 
Ortiz, autor, según el competentísimo Barbieri, de un precioso Irata- 
do de Glosas, escrito en italiano, maestro que brilló en Italia á la vez 
que otros notables músicos españoles* 

Y si de las manifestaciones de las bellas artes en toda su pureza 
descendemos á las que con razón hemos llamado desde hace mucho 
tiempo industrias artísticas, y que forman el complemento y digno 
cortejo de aquéllas, nos encontramos grandes adelantos en algunas 
de las principales de ellas, tales como la pintura en vidrio, la ilumi- 
nación de manuscritos y la rejería artística. En la vidriería de colores, 

(i) Lat a-iligü^dadu dt Ua cimimiu A EtpaHi, AlciU de Henuei, 1S7$, fsUo 5S tocIu. 

(a) Crlil«bal de Horalu en mantio de capilla de la Catedral de Toledo ea ■S4I, coma ae ve por 

ardata por moa delcufo qoe ajeicla. 

Puide CDDMuluiae aobce eiw el aiüculo inllnilado Mirultt: FaltUriaa, firmado por El Maatro dt 
cafíUt, que le publica en el aita. i del Bct'tit d> In StrciiiUi Artun-Ugie^ Jr ItUiU, (Han« 
dd^eo.) 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 268 — 

esa hija luminosa de la pintura, que dejó en la Catedral de Toledo 
sus más preciosos ejemplares, trabajaron maestros muy aventajados, 
muchos de cuyos nombres nos son conocidos, principalmente en la 
primera mitad del siglo XVI. Preciosas vidrieras pintadas á fuego, en 
cuyo dibujo y colorido brilló el espléndido Renacimiento, asi como en 
las también bellísimas que de! siglo XV se conservan, es de admirar 
la característica tradición medioeval española. 

El arte de los vidrios pintados alcanzó en Toledo, sobre todo en la 
centuria XVI, extraordinario auge é impulso, y bajo los pontificados 
de Cisneros, Fonseca y Tavera híciéronse para la Catedral bellísimas 
obras de aquel arte, debidas á Juan y Alonso de Ortega, padre é 
hijo, Nicolás de \'ergara, e/ Viejo, y sus hijos Nicolás y Juan, así por 
diseílos propios como de los primeros pintores de la época. 

El periodo verdaderamente brillante de la qUe podemos llamar pin- 
tura iluminativa en Toledo, abarca por entero el siglo XVI, produ- 
ciendo admirables libros de coro, misales, evangeliarios, psalterios, 
epistolarios, procesionarios, etc., que por fortuna se conservan en gran 
parte en la Biblioteca y en la llamada Cuadra de los libros de la Cate- 
dral toledana. Un verdadero enjambre de artistas trabajaron on aque- 
llas obras hasta el ñnal de la centuria, en que decae el bello arte de 
decorar manuscritos, quedando en aquéllos admirables ejemplares, en 
sus dibujos, viñetas é iniciales un verdadero y prodigioso derroche 
de genio, de arte y de buen gusto, en que brilla con verdaderos es- 
plendores de gran arte la moderna escuela del Renacimiento. 

De aquella multitud de artistas iluminadores toledanos ó vecinos 
de Toledo, muchos nombres han llegado hasta nuestros días; tales 
como Alonso de Córdoba, Alonso Jiménez, Alonso Morato, Alonso 
Vergara, Bemardino Calderón, Diego de Arroyo, Fray Felipe, Fran- 
cisco Buitrago, Francisco Comontes, Francisco de Villadiego, Juan 
Brocario, Juan Martínez de los Corrales, Juan Salazar, Miguel de 
Eguia y Pedro Obregón, muchos de cuyos apellidos indican su pro- 
cedencia ó naturaleza, siendo circunstancia digna de notarse, que este 
arte, nacido á la sombra de los monasterios ó de los conventos, al 
llegar al periodo en que más se cultiva por laicos, apenas nos trasmite 
más que el nombre de un monje ó fraile: Fray Felipe. 

Al hablar de aquella importante manifestación del arte del diseño, 
acude á la memoria otra con él no menos íntimamente relacionada, 
cual es la del grabado; y aunque en la historia del arte toledano no 
se registrase más nombre que el del grabador en dulce y platero Pe- 
dro Ángel, bastaría este nombre para demostrar que no hubo rama 
artística que dejara de cultivarse en Toledo. A Pedro Ángel se deben 



tizcdbyGoOi^Ie 



— 269 — 
beUi^mas estampas y magníñcos retratos, tales cortio tos de los Car- 
denales Cisneros y Tavera y el del maestro Alonso de Villegas. Su 
fama se extendió á toda España, mereciendo que Lope de Vaga le ca- 
liñcase de artíñ^ divino. 

Y es hoy Pedro Ángel m divino artffica 
con el buril ca oro, plata ó cobre (i). 

Y no solamente este eminente artista, platera y grabador, cultivó 
en l'oledo la industria artística de la platería y orfebrería, que llegó á 
un grado en verdad eminente durante el siglo XVI. Puede asegurarse, 
sin peligro de caer en error, que en ninguna ciudad de Elspaña se 
contó en aquella época mayor número de plateros y oríñces, ni quien 
mejor labrase la plata y el oro y tallase las piedras preciosas (i), y 
cultivase tan bien un arte acerca del cual en España tañemos escasí- 
simas noticias, intimamente enlazado con el de la platería, cual es la 
esmaltería, habiendo labrado bellísimas obras de este arte en el si- 
glo XVI para la Catedral los plateros Andrés Ordóñez y Lorenzo 
Marqués . 

A la prosperidad de estas industrias artísticas en metales Anos con- 
tribuía en primer término la Catedral, para la que á la continua se fa- 
bricaban alhajas, vasos sagrados y otros objetos de metales precioaosi 
la residencia de la Corte, cuyos monarcas, ya para uso propio, ya para 
regalos á la venerable Iglesia, utilizaban asiduamente la destreza de 
los plateros, los nobles y ciudadanos acaudalados, sin que faltasen 
numerosos encargos de fuera para los más acreditados maestros. 

Larga tarea fuera intentar siquiera la formación del catálogo de las 
principales obras de los plateros naturales ó vecinos de Toledo. De- 
jando aparte la sin par custodia que labró en aquella ciudad á princi- 
pios de la centuria décímasexta el célebre Enrique de Arphe, y que al 
ñnal de la misma modiflcaron, y no en verdad para mejorarla, ciertos 
plateros toledanos, sólo mencionaré como obras bien conocidas é im- 
portantes, la corona de la Virgen del Sagrario, trabajada por Heman- 

(i) LoptiiV€V^.fió\t>go»lKito El vimj-iJíl alma. 

pan I* Caudial d* Toledo. En Tkr imltalrlat Artí la S/ai; de RiiHo (Looiirc* iBig), Incluye en li 
Bdolda Htm de ptann* *ipaBak> del lifls XVI huta •ateua y ilen toladanaa. 

Ea U obra del BatAn DanlUio Rtcktrckti titr I •ar/hirtTii n Eifagut (Psiii 1879) ae inaaiut laa 
liiUcioBoldglca deloaprlflclpaleaarifica apaBoludaliIgloXVI, quecomioiiaeDlapác. 17$, y al 
«Bumciar Im plateroi, maclm de ello* toladanoa, ioHKa tnfonaMia aotitlai btográ&ca* j en»- 



lizcdtyGooi^Ie 



— 27© — 

do de Carrión y Alejo de Montoya, las preciosas ajorcas ó manillas 
de la Virgen, hechas por Julián Honrado, la gran arca de plata del 
monumento antiguo, la hermosa lámpara de plata regalada por el ca- 
bildo á la iglesia Saint-Denis después de la traída del cuerpo de San 
Eugenio, U Santa Elena ante la cruz ofrecida á la Catedral por Feli- 
pe 11 y, en fin, las dos artísticas arcas ó urnas que contienen los res- 
tos de San Eugenio y Santa Leocadia, labradas ambas por Francisco 
M«ino y exornadas con primorosos y prolijos relieves alusivos á uno 
y otro santos por diseños de atnbos Vergaras, padre é hijo, aquélla en 
1 569 y ésta en 1598. E^tas y otras memorables obras acreditan y 
acreditarán siempre la destreza de aquellos orífíces y plateros, com- 
parable á la de los mejores que ejercían s la sazón su arte en Italia, 
Francia y Alemania. 

Así no es extraño que nuestros monarcas los nombrasen plateros 
de la Real Casa, como sucedió, entre otros, á los toledanos Cristóbal 
de Ordas, que lo filé de Carlos V, y Juan Rodríguez de Babria, de 
Felipe n. 

La rejería artística alcanzó también en Toledo extraordinaria im- 
portancia; y muchas obras que principalmente en la Catedral se con- 
' swvan, sostienen la competencia con las primeras del Renacimiento 
e^Mñol En la ejecución de estas grandes obras decorativas, se nota 
una noble emulación, que para el arte había de dar los más felices re- 
sultados. Si el tan celebrado Francisco de Villalpando y Cristóbal de 
Andino, ajenos á la ciudad, hacen [>ara su iglesia mayor admirables 
rejas, entre ellas la magnífica que cierra el presbiterio acabada en I S48, 
maestre Domingo y su yerno Fernando Bravo, vecinos de Toledo, y 
probablemente toledanos, no se quedaban atrás al forjar otras rejas 
que les encomendara el Cabildo, entre ellas la magnifica que cierra el 
coro, las de las capillas de Seyes viejos y Reyes nuevos, y de la capi- 
lla bautismal. Las obras de Villalpando en la catedral de Toledo ofre 
cen mayor interés que las de los otros maestros de rexas; suyas son 
también las notabilísimas planchas de bronce de la Puerta de los Leo- 
nes, hecha por modelos de Berruguete, y suyos los suntuosos pulpi- 
tos del crucero, y la traza de la preciosa verja del llamado Altar de 
Prima en el coro de la Catedral. 

Tal es el desarrollo queá los resplandores que irradiaban del gran 
arte, alcanzaron las artes secundarias, pero que le sirven de comple- 
mento, como árbol espléndido á cuya sombra crecen plantas y flores 
nutridas con el vivificador aliento de su poderoso protector. Y no 
hablamos por no cansaros con nuestras pesadas noticias, y por ser ya 
muy conocidas, de otras industrias, tales como la célebre de las armas 



tizcdby.G00i^Ie 



- 271 — 
blancas, sin rival desde tiempos que pudieran llamarse inmemoriales, 
la cerámica, sobre todo en azulejería, donde tan admirablemente se 
conservó y ha llegado hasta nosotros la tradición morisca, fabricación 
cerámica ya de antes celebrada por Marineo Siculo, y otras de menos 
importancia para el arte, pero no para los que las ejercían, tales 
como la modesta bonetería que enriqueció á muchas familias de indus 
tríales, y 'cuyos productos se exportaban no sólo á todas las comarcas 
de España, sino á las Américas y al extranjero. 

Ciudad que á tanta altura llegó en el cultivo de las Bellas Artes, 
de las Ipdustrias artísticas y de los oñcios industríales, bien merecía 
que en su históríco recinto so hubiera realizado el gran pensamiento, 
en buen hora concebido por el que fué nuestro llorado compañero 
D. Juan Facundo Riaño, de levantar á la sombra del admirable mo- 
numento arquitectónico de San Juan de los Reyes, una escuela de 
industrias artísticas, ppra lo cual ya está hecho lo principal por el 
genial é inspirado artista D. Arturo Mélida, que es el edidcio donde 
debían establecerse aquellas útiles enseñanzas. Abandonadas y solí- 
tarías están a.|ueilas notables construcciones, como ideal morada 
para recibirá esperados y deseados huéspedes que nunca llegan. ¡De 
cuanta gloria se cubriría el Ministro que allí los llevase, y que abriera 
para lo porvenir esa fecunda fuente del arte y de la industría tole- 
danasl 

Pero al llegar aquí, noto que á pesar de haberme limitado á espi- 
gar en el hermoso campo de la historia del arte toledano, én el que 
tan abundantes cosechas ha recogido el nuevo Académico, voy más 
allá de lo que debiera, olvidando que el solemne día de su recepción 
se debe todo entero al recipendiario, y para no abusar más de la suya 
y de vuestra benevolencia, termino en este punto mi desaliñado tra- 
bajo con brevísimas palabras. 

Día es hoy para la cultura española de grandes esperanzas, pues 
vemos entrar por las puertas del templo de la ciencia unidas en estre- 
cho abrazo y confundidas en la personalidad ¿el nuevo Académico, 
tan digno cultivador de los estudios históricos, como excelente padre 
de familia y modelo de buenas costumbres, tres aristocracias que 
nunca debieran estar separadas: la aristocracia de la sangre, la aris- 
tocracia del talento y la aristocracia de la virtud. 

He dicho. 



tizcdbyGoOi^Ie 



DijilizcdtyGoOl^Ie 



índice 



Discurso del limo. Sr. D. Jerónimo López de Ayala y Alvarez de Toledo, 

Conde de Cedillo 3 

Notas 99 

Ilnstraciones y docomeotos: 

I. Una tiadidÓD infundada. El incendio del palacio del Marqués de 

Vülenaen iji6 155 

I!. Sobre una curiosa práctica en la Catedral de Toledo. El obi^illo 
de San Nicolás. 161 

III. Relación de la muerte de la Emperatriz D.' Isabel de Portugal y 

de las ceremonias y honras que se siguieron (1539) 166 

IV. Fiestas celebradas en la Catedral de Toledo con motivo de la im- 
posición del capelo cardenalicio al Cardenal Silíceo (1556) 169 

V. Relación de las ceremonias con que se alzaron pendones en Tole- 

do por D. Felipe n (1556) 176 

VI. Sobre la traslación de la corte de Toledo á Madrid en tiempo de 
Felipen(i56i) 179 

VII. Relación del Concilio provincial celebrado en Toledo en i¡6¡ y 
notida de otros sucesos acaeddos por el mismo tíempo 191 

VIII. Fiestas y alegrías en Toledo con motivo del nacimiento de la In- 
fanta D.' Isabel Clara Eugenia (t $66) 199 

IX. D.Juan de Austria y el Archiduque Carlos en Toledo (1569) 303 

X. Autos de Inquisición en Toledo en 1570 y 1571 307 

XI. Los procuradores de Toledo en las Cortes de Madrid de 1583-85: 

sus pareceres y voti>s en el asunto de la nav^ación del Tajo 316 

XII. Nuevos datos acerca de El Greco. Concordia entre Dominica 
Theotocópuli y el Patrono de la Capilla de San José de Toledo, so- 
bre el precio del retablo hecho por aquel para dicha Capilla (1599). 318 

Xni. A Toledo. Tercetos de D. Luis íernuscolo de Guzmán 330 

Noticia biográñca del Excmo. Sr. D. Pedro de Madrazo y Knnti . . 337 

Obraa impresas del Excmo. Sr, D. Pedro de Madrazo y Kuntz por or- 
den de su publicación 135 

Contestación del Exano. Sr. D. Juan de Koa de la Rada y Delgado- . - . ■ ■ 359 



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Imprimióse este libro en ¡a villa y corte 

de Madrid por indttstria de los 

Hijos de D. Manuel Gine's 

Hemándte y' se acabó 

en XX de Junio de 

MCMl años. 



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geografía de ESPAÑA EN EL SIGLO XVl 

DISCURSOS 

leídos ante la 

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

EN LA RECEPCIÓN PÚBLICA 
D. ANTONIO BLÁZQUEZ Y DELGADO -AGUILERA 

EL DÍA r6 DE MAYO DE [909 



MADRID 

ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE FORTANET 

Libertad, 29. — Teláf." 991 

1909 



DiailizcdDyGoOl^Ie 



i¡zcd=, Google 



GEOGRAFÍA DE ESPAÑA EN EL SIGLO XVI 

DISCURS9S 

leídos ante la 

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

EN LA RECEPCIÓN PÚBLICA 

D. ANTONIO BLÁZQUEZ Y DELGADO-AGUILERA 

EL DÍA 16 DE MAYO DE [909 



MADRID 

ESTABLECIMIENTO TIPOGKÁncO DE FORTANET 

IOS DI LA R»L ICADEUU DI I^ HISTOIIA 

Libertad, 89.— Teléf." 991 
1909 



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DISCURSO 

DBL SBÜOK 

D. ANTONIO BLAZQUEZ DELGADO-AGUILERA 



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SEÑORES: 



AI presentarme ante vosotros en este dfa , en sustitución 
del Sr. D. Juan Jordán de Urríes, Marqués de Ayerbe, ha de 
renovarse el sentimiento que os causó su muerte, y habéis de 
apreciar con mayor valor la pérdida experimentada, pues á 
quien fué ilustre por su abolengo y distinguido por su cuhura 
viene á reemplazar quien, falto de los grandes prestigios que 
heredó mi antecesor, sólo puede presentarse ante vosotros 
como humilde y modesto cultivador de la Geografía histórica. 

Vuestra benevolencia y no mis méritos han hecho que 
venga á ocupar el puesto que tan brillantemente desempeñaba, 
y por ello os doy las gracias, quedando altamente reconocido 
á la distinción que me dispensáis y obligado á corresponderos 
siempre con sincero y leal afecto , y á seguir vuestras huellas 
y vuestros consejos, inspirándome en el alto ejemplo que dais 
escudriñando archivos y bibliotecas en busca de nuevos, datos, 
cultivando con entusiasmo y con fe, con talento y perseve- 
rancia la ciencia histórica', presentando la verdad sin apasio- 
namientos, y dando muestra de vuestra sabiduría. 

El siglo xvr es para España el siglo de la superior cultura 



,y Google 



geográfica, adquirida por navegantes y descubridores en sus 
empresas, aquilatada por los maestros en las Universidades de 
Salamanca y de Alcalá, difundida por los escritores en los 
libros, dibujada en aquellos hermosos mapas de los cosmó- 
grafos y recibida con agrado por el pueblo, porque le ayudaba 
á conocer las tierras y mares que deudos, amigos y parientes 
habían recorrido entre sinsabores y triunfos, glorias y pri- 
vaciones. 

Descuellan entonces entre los sabios españoles Pedro 
Ciruelo, docto catedrático que en París dio brillante muestra 
de la cultura española ■; Marineo Sículo, de universal renom- 
bre '; el insigne Arias Montano 3; el bachiller Fernán Pérez de 
Oliva, que da á una de sus obras el título de Imagen del 
mundoy siguiendo la tradición de la Edad Media * ; Pedro Juan 
Oliver, el vaión más docto del reino de Valencia 5; y el sabio 
Nebrija, que por su extraordinario talento é inmensa cultura, so- 
bresalía en todos los ramos del saber, redactando un libro en 
que había de estudiarse la Gramática durante tres siglos, mi- 
diendo la longitud del grado de meridiano, operación no inten-' 
tada hasta entonces en Europa, y dando á luz en París un Tra- 
tado de Cosmografía^ justamente estimado por sus doctrinas 
y apreciado por su rareza ^. 

Más adelante, el cosmógrafo Alonso de Santa Cr^z, conce- 
bía, antes que otro alguno, la determinación de las longitudes 
terrestres por la medición de las distancias lunares é inventaba 
las cartas esféricas, y continuando su labor científica, formaba 
un atlas en el que aparecían dibujadas , en gran tamaño , las 
naciones europeas, siendo de lamentar que en España, que 
era su patria, sólo podamos conocer alguna de sus obras por 
reproducciones hechas en et extranjero ?; y el Brócense, aquel 
peregrino ingenio que en los últimos años de su vida, casi 
agotadas sus fuerzas físicas é intelectuales, daba de cuando 



tizcdbyGoOi^Ie 



en cuando vivísimos destellos que causaban el asombro y la 
admiración de sus contemporáneos *; el Pincíanó 9, Pedro Cha- 
con 'O, Pedro de Medina ", Esquive! " y otros muchos, ilas^ 
traban la Geografía antigua y moderna, comentábanlos autores 
clásicos y daban singular- muestra de nuestra grandeza en el que 
puede y debe llamarse el siglo de oro de la Geograffa espa- 
ñola y aun de la Geografía universal, ya que, hasta el siglo xvi, 
sólo se conocía la mitad del mundo, y á nuestro esfuerzo, á 
nuestro atrevimiento y á nuestra cultura se debe el descubri- 
miento del otro medio; en cuyos hechos, si al genovés Cris- 
tóbal Colón cabe la gloría de la iniciativa en buscar el Catay 
por Occidente, corresponde i los españoles, por modo indis- 
cutible, la perseverante exploración de tierras vírgenes y 
mares desconocidos, efebtuada con temerario valor y con fe 
ciega, impulsados por el deseo de engrandecer su patria, 
aquella nación que, formada en los últimos años del siglo xv, 
mediante la expulsión de los árabes y la unión de las monar- 
quías de Aragón y de Castilla era grande y fuerte por la vo- 
luntad de todos, j Siglo dichoso para los que ansian la gloría 
del pueblo español, para los que anhelan su poderío, para los 
que, dentro de las líneas geográñcas que Dios modeló sobre 
la tierra como fronteras naturales de una parte del planeta, 
desprecian las envidias de unos cuantos que aquí ó allá, en 
cualquier lado, ó en cualquiera parte sienten odio á sus her- 
manos y simpatía por los extraños ! 

En aquel siglo en que el estudio del territorio era m^^teria 
propia de los sabios y objeto de sus especulaciones era tam- 
bién la Geografía ocupación y entretenimiento del vulgo, que 
recibía sus libros con agrado; del comercio, que obtenía de 
aquellos conocimientos utilidad para el tranco, y de los 
gobiernos, que le dedicaban preferente atención, dictando 
órdenes notables como las de Felipe II para la formación de 



tizcdbyGoOi^Ie 



las Relaciones topográficas '3, para la constitución Je un nioseo 
geográfico con libros impresos y manuscritos, globos celestes 
y terrestres y mapas é instrumentos que encerraba la Biblio- 
teca de El Escorial '^, y para la creación de la Academia de 
Ciencias de Madrid, á cual dieron merecida fama Heirera, 
Onderíz, Labafta, Ferrufino y otros muchos y distinguidos 
matemáticos y cosmógrafos 'S. 

Mas á pesar de esto, la Geografía de España en el 
siglo XVI no está hecha, porque ni sus geógrafos ni sus histo- 
riadores dedicaron á la descripción de nuestro país su principal 
atención: aquéllos porque en su mayor número hicieron obras 
de Geografía general: éstos porque la Geografía era para 
ellos cosa secundaria, y así, sólo en sus grandes rasgos, en 
sus notas más salientes ó en sus relaciones con la Historia 
antigua tratan de dar á conocer cuáles fueron las antiguas 
divisiones del territorio ó los pueblos testigos de los sucesos 
más famosos en las pasadas guerras que ensangrentaron el 
suelo de esta Península donde habían penetrado antes los 
cartagineses, procedentes de África; los romanos, que venían 
del Oriente, y los pueblos germánicos, que, como alud formi- 
dable, pasaron ,l3 frontera de las Galias, llegando á este 
hermoso país, donde más tarde se disputaron dos razas el 
dominio del mundo. 

Así lo reconoció, en cierto modo, esta docta Corporación 
cuando, en 1882, decía, en acto público y solemne, su Secre- 
tario perpetuo, el Sr. D. Pedro de Madrazo: c Tenemos 
• abierto, con plazo indefinido, en atención á la importancia 
»del asunto, un concurso al cual nadie se presenta. Si conti- 
tnúa el retraimiento, el mapa de España, á fines del 
»sÍgIo XVI, será un verdadero desiderátum á que, al fin y 
»á la postre, tendrá que atender alguna comisión de esta 
» Academia » '^. 



tizcdbyGoOi^Ie 



Han transcurrido veintisiete años y ningún geógrafo ha 
acometido tan ardua empresa, ni la Academia ha tomado á 
su cargo la formación del mencionado mapa; por esto, no 
parecerá extraño, seguramente, que quien á la Geografía 
histórica viene dedicando, desde hace años, sus atenciones, 
intente satisfacer la necesidad sentida por esta Corporación, 
aun cuando, por circunstancias de momento no desarrolle 
el tema tal cual se había propuesto, sino que, reduciendo su 
trabajo á más modestos límites, sólo estudie las fuentes y 
materiales que existen para hacer la descripción y mapa de 
España en el mencionado siglo. 

Entre los libros examinados con tal objeto 6guran en primer 
lugar multitud de obras que recibieron el nombre de costnO' 
grafías '7, cual sucedió con el libro del florentino Pogio, tradu- 
cido por Rodrigo de Santa Ella, y con los de Alonso y Jeró- 
nimo de Chaves, de Pedro de Medina, Barreiros, Apiano, 
Girava, Barrientes, Zamorano y Tornamira. Algunos autores 
incluyeron noticias y descripciones geográficas generales y aun 
particulares en los llamados Spkaera mundi, Libros de la Es- 
fera y Arte de navegar '8; otros bajo el título de Aries libera- 
les tratan de geografía "9, y bajo los de Fragmentos malemá- 
ticQs ^"j Astrologia ", Historia natural ^^ y Relaciones ó Tea- 
iros del mundo n se comprenden también asuntos y materias 
geográficas. 

Innecesario es exponer en este trabajo lo quecada uno de 
los dichos libros contiene, y señalar hasta qué punto ha sido 
provechosa su lectura; fuera ésta tarea pesada y enojosa para 
un discurso en el que debe procurarse exponer con claridad el 
resultado sintético de la investigación practicada y, por esto, 
habré de limitar mis observaciones á aquellas obras que, por 
el número é importancia de los datos contenidos, resulten de 
' mayor interés. 



tizcdbyGoOi^Ie 



Dentro de estas últimas es la Geografía de Martín Fer- 
nández de Enciso'*, impresa en 1519, una de las más importan- 
tes, porque adelantándose á sus contemporáneos, toma como 
base para su descripción de España los datos orográñcos é hi- 
drográficos, diciendo tque España se divide, según los pasa- 
idos, en tres provincias; pero porque aquellas no tienen hoy 
ílos mismos nombres, yo la dividiré en seis, y cada provincia, 
>5ea toda la tierra que está dentro de las vertientes de seis 
» ríos principales que hay en ellas, que son: Ebro, en cuyas 
«vertientes están los reinos de Aragón y de Navarra y toda la 
• Cantabria é Iberia; el otro, Duero, en cuyas vertientes entra 
»lo que comúnmente se llama Castilla; el otro, es el río Ma- 
»rín, que toma á Galicia; el otro es el Tajo, en cuyas vertien- 
»tes está el reino de Toledo y la «íayor parte del de Portu- 
»gal; el otro, es el Guadalquivir, en cuyas vertientes entra el 
> Andalucía y Granada, y el otro, Guadiana, en cuyas ver- 
atientes está Extremadura.* 

Con igual concepto geográfico, aunque con la misma po- 
breza de lenguaje, describe después las cuencas de estos ríos, 
señalando su nacimiento y sus anuentes, y nombrando las po- 
blaciones que están en sus orillas ó en sus cuencas, dando un 
modelo de descripción que hasta el siglo xix no se ha emplea- 
do en Europa, siendo Teófilo Lavallée,en Francia *s, y el ge- 
neral Gómez de Arteche ^^, en España, los autores dé las dos 
obras más notables en que el sistema hidrográfico ha sido 
base de las descripciones geográficas; y aun cuando ya la 
ciencia ha tomado nuevos rumbos, este procedimiento, que ha 
representado un adelanto, se empleó y se dio á conocer por 
Enciso, en el siglo xvi. 

En este grupo de obras de Geografía, puede y debe in- 
cluirse también un manuscrito, que como de autor anónimo, 
figura en la sección correspondiente de nijestra Biblioteca Na- 



tizcdbyGoOi^Ie 



cionaI*7. Escrito en 1550, contiene en su segunda parte una 
Epilogación de las provincias del mundo, y en la tercera, la 
descripción de España, en la que cita bastante número de ciu- 
dades. Su valor geográfico es, sin embargo, escaso, y averi- 
guado el nombre del autor, mediante una nota que hay en el 
libro, resulta ser Juan de Brihuega. 

Girava, en su Cosmografía '*, sigue á los clásicos agrupando 
los nuevos reinos dentro de las provincias Tarraconense, Bé- 
lica y Lusitánica, y consignando las longitudes y latitudes de 
algunas poblaciones-, da noticia sumaria de las montañas y 
rtor, y señala la máxima duración de los días, siendo aún más 
concisos otros tratados de Cosmografía, en los que apenas se 
dedican á España algunas líneas; en cambio, las ediciones y 
traducciones de los geógrafos antiguos, dan lugar á algunos 
estudios interesantes, como el de Miguel Servet '9. 

Son, sin embargo, recomendables las Cosmografías de 
Alonso y Jerónimo de Chaves 3", y la obra de Apiano 3', que 
servía de libro de texto para la enseñanza oficial, juntamente 
con la de Zamorano 33 y Tornamira 33. 

La Geografía de Antonio Barba Villalobos 34, muy concisa, 
y la Sphaera mundi, de Baltasar Manuel Bou 35, son dignas 
de mención. 

Al iniciarse la Geografía moderna en los Países Bajos, y 
aparecer la gran obra de Abrahanv Ortelio, España ocupa en 
ella lugar distinguido; pero el Teatro del Orbe, que así tituló 
su magníñco atlas y descripción del mundo, es sumamente 
desigual en su desarrollo; y por esto, mientras al territorio 
carpetano sólo dedica diez líneas, se entretiene y distrae en 
tributar elogios á otras regiones y ciudades. De Sevilla, dice 
>que tiene el sitio muy grande y lindo y con muy lindas mu- 
» rallas, cercada á la ribera del rio Guadalquivir que mana de 
>la sierra de Alcaiáz, pasando por las lindas ciudades desta 



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>tan deseada provincia, desta ilustre habitación antiguamente 

• llamado Romulea. Por un canal navegable y de mucha pes- 
»ca, corre por 60.000 pasos al Estrecho de Gibraltar, y tiene 

• la ribera á entrambas partes muy plantada y alegre, de mu- 

• chos olivares y viñas y muy lindas huertas y olorosas. 

• Es Sevilla la más linda de todas las ciudades de España 
»y la más adornada de edtñcios así sagrados como profanos: 
»no tiene n¡ pareja en todo el orbe de la tierra" quanto ál tra- 
>je de sus vecinos y quanto al resplandor particular y nobleza 
.que tiene natural. Florecen en ella mucho la piedad, el estu- 
*dio de las buenas artes y ejercicios de caballeros. Es tan 
«abundante en riqueza cuanto ningún reino ó imperio nunca lo 
» fué, por muy excelente que lo haya sido, si no fuera por ven- 
«tura solo el imperio romano. Porque ella como la mas rica de 

• todas las ciudades de Europa, las riquezas que recibe sin 

• cuento, y nunca antes oidas, del otro orbe, que ella primero 

• descubrió, derrama y distribuye liberalmente por todo el orbe 
•cristiano y aun los bárbaros que habitan el interior de Asia y 
» África abundantemente enriquece.» 

Sigue con este estilo la descripción, llamando á Sevilla en 
otros párrafos reina del Océano, y tales elogios la prodiga, 
.que más bien parece el texto canción de enamorado, que rela- 
to de geógrafo 36, 

De igual defecto adolece la traducción de una obra del es- 
critor toscano Juan Botero, hecha por Jaime RebullosaJ?, pues 
al tratar de Cataluña, en cuya provincia había nacido, afirma 
que « tiene tal variedad de sitio, que sí alguna (tierra) puede 

• causar hermosura (I) pocas hay en Europa ni más fértiles 

• ni más pobladas, porque por todas partes se encumbra enal- 

• tísimos montes, se humilla en regaladísimos valles, se despüe- 
»ga en extendidos campos, se levanta en dilatados collados, y 

• todo tan fértil, que no hay montes ni valles, ni campo ni co- 



tizcdbyGoOi^Ie 



aliado que no esté rico de todo bi^n; pues ó la industria lo 
• cultiva con viñedos ó sembrados, ó la naturaleza lo viste de 
>espesísÍmos bosques y arbolado.» «¿Qué tierra, exclama, hay 
»más abundante que el Valles; de higos que el campo de ür- 
>gell, el de Tarragona, el Panadés, Empurdan, Cerdafia y 

»Rosellón? • Y para Rebullosa no hay mejores vinos, ni 

avellanas, nj piñones, ni gallipavos, ni castañas, ni almendras, 
ni sef hacen mejores sombreros, guadamaciles, cuchillos, vi- 
drios, peines, guantes que en Cataluña. Tampoco hay, se- 
gún él, * reino más rico en oro, plata, hierro y demás metales 
> en toda España, y de esta fertilidad y abundancia de todo 
«bien, le viene á Cataluña ser tan poblada por todas partes, 
sque no sé si la agravio en poner en duda si toda ella es una 
^población.! 

La obra de Botero, en su texto italiano 3^, y en otra traduc- 
ción contemporánea, de Diego de Aguílai" 3', carecen de tan 
desmesurados elogios. 

Entre los libros que tratan de la Geografía puramente es- 
pañola, figura en primer lugar el de Pedro de Medina, titulado 
Grandezas y cosas memorables de España 4"; no es, sin embar- 
go, la Geografía la que impera en el relato, sino la historia, y 
así de cada ciudad cuenta los sucesos más memorables, sin que 
salvo algunas indicaciones generales, que no contienen nada 
nuevo, haya en este libro ni un esbozo de geografía propia- 
mente dicha; siendo de advertir, que las láminas y grabados 
que acompañan al texto, excepción hecha de los de Toledo y 
Sevilla, no son retratos ó vistas de las poblaciones descritas, 
sino dibujos caprichosos, que se. repiten varias veces. 

De este mismo género es otro manuscrito de la Biblioteca 
Nacional, titulado Floresta española ó Descripción de algunas 
ciudadei^^, firmado en el año 1602; su autor, queriendo evitar, 
sin duda, la monotonía de los índices de esta clase de libros, 



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emplea, en cuanto es dable, palabras distintas para cada epí- 
grafe, y así los titula Estampa de Cartagena, Tipo de Mur- 
cia, Narración de Jaén, Descripción de SeviUa, Efigie de la 
■ ciudad de Cádiz, Imagen de Málaga^ Figura de la Gran Ca- 
naria. Pintura de Compostela, etc. Libro de más amena lec- 
tura, altera las descripciones del territorio con las relaciones de 
sucesos y las noticias de I05 varones ilustres de los pueblos y, 
por ejemplo, dice de Avila que «esta noble ciudad está puesta 

• en medio de la cordillera de los antiguos montes Carpetanos 
>que dividen á Castilla la vieja del Reino de Toledo, y sobre 
>Iás riberas del río Adaja, que por sus claras aguas y abun- 
«dancia de buenas truchas y peces, es bien conocido de la 
)gente castellana; corre hacia la parte del Norte, recogiendo 
» otros ríos junto á la noble villa de Arévalo. y desde allí, tor- 
iciéndose algún tanto hacia el Poniente, junto al religiosísimo 

• monasterio cartujano de Santa María de Aniago, entrega sus 
•aguas al caudaloso Duero. • Pasa después á tratar de la an- 
tigüedad de su' obispado y hace mención de sus gentiles mu- 
rallas, con muchas torres y cubos que la hacen de hermosa 
perspectiva. Tiene Avila, añade, muchas y muy buenas fuen- 
tes, así en plazas y calles como en las casas particulares; sus 
salidas son agradables, aunque por todas partes tienen muchas 
peñas; es tierra muy fría, pero sus comarcas partidpan de mu- 
cho pan, caza y lefia en abundancia. 

Como se ve, el manuscrito es internante, y por su estilo 
recuerda la Geografía árabe del Edrísita. 

Pasando por alto otras obras que en lugar aparte se men- 
cionan42, daré cuenta sucinta y breve de algunas crónicas y des- 
cripciones de provincias y reinos españoles ^3, éntrelas que figu- 
ran la Descripción de Galicia''^., del licenciado Molina, escrita en 
verso y varías veces impresa, y la Sumaria noticia del reino de 
Aragón^ por Juan Pérez de Nueros 4S, que apenas menciona los 



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— 17- 

linajes y señala los límites, siendo ambas de poca utilidad; y, en 
otro orden de hechos, la Hidrograjia de las cosas más curio- 
sas 46, de Andrés de Poza, que al describir las costas españolas, lo 
hace con tanto detalle y con tal esmero que bien pudiera citarse 
como modelo. No es la obra de un literato, pero sí la de un 
marino entendido que, punto por punto, señala los cabos, ense- 
nadas, bahfas, bancos y escollos, anota los sondeos en brazas, 
describe las derrotas y las distancias, marca los rumbos de na- 
vegación, da señales para conocer los pueblos del litoral, di- 
ciendo cómo hay que enfilar la entrada, y no prescinde de 
cuanto pueda ser útil á un piloto. 

Pero el libro más importante para conocer, ya que no toda 
España, la mayor parte de ella, es el llamado IHnerarto de 
Fernando Colón, que ha permanecido inédito hasta nuestros 
días, y que la Real Sociedad Geográfica ha empezado á publi- 
car. Por su extensión resulta el más amplio, el más volumino- 
so de los libros de Geografía española del siglo XVT; por el nú- 
mero de pueblos que menciona y detalla, no hay otro que le 
iguale, pues exceden de 6.000 los párrafiss destinados á dar 
noticia de las poblaciones, y aunque es cierto que de algunas 
localidades hay dos y hasta tres relatos diferentes, también lo 
es que en muchos párrafos se citan varios pueblos, y que por las 
noticias que contiene relativas al número de vecinos, á los ca- 
minos y distancias á otros pueblos, á sus fortalezas, castillos, 
producciones, bosques, viñedos, olivares, ruinas y puentes, co- 
sas notables, etc., constituye un arsenal interesantísimo, del 
cual puede sacar el geógrafo provechosos elementos para su 
estudio 47. 

Ya en otro lugar, y en diferente ocasión, he examinado 
este trabajo del hijo del primer almirante de las Indias ^^, hacien- 
do notar qt'C el manuscrito que conocemos no contiene la Cos- 
mogi-afía de España metódicamente expuesta y ordenada, sino 



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los materiales para escribir esa Cosmografía; y así lo da á en- 
tender una nota de dicho manuscrito, donde indica cómo han 
de utilizarse los datos en este libro para formar un Dicciona- 
rio alfabético, cómo han de compulsarse y rectificarse dichos 
datos y, por último, cómo se deberá proceder para la forma- 
ción de un mapa de España, proyecto que indudablemente 
intentaba llevar á término, y que hubiera sido una obra de ex- 
traordinario mérito en aquella época en que sólo podían utili- 
zarse algunos mapas de las obras de Tolomeo, y las cartas 
náuticas, en las que el interior de las naciones apenas contenía 
detalle alguno. 

Como ya he indicado, para los historiadores y cronistas 
era la descripción de España un elemento auxiliar en el que 
la Geografía contemporánea carecía de utilidad, pues los su- 
cesos narrados habían tenido desarrollo en otros tiempos, y 
en ellos era distinta la que podemos llamar geografía política 
del país. 

Al acompañar la Geografía á la historia, tiene que satisfa- 
cer de un modo principal y casi exclusivo la necesidad de co- 
nocer los grandes reinos, provincias y territorios de los siglos 
anteriores, para que el concepto que se adquiera de los suce- 
sos sea más exacto, y el juicio que se forme de los mismos 
más acertado; y, por esto, en esas siempre breves descripcio- 
nes que hay en sus crónicas, lo único que se encuentra es la 
Geografía antigua, nunca, ó casi nunca, la descripción del te- 
rritorio y de la población en la época en que el libro se escri- 
bía. Cierto es que no faltan noticias curiosas é interesantes, y 
que aun en algunas ocasiones se incluyen datos coetáneos; 
pero esto era la excepción, y casi siempre se hacía con objeto 
de demostrar que las alabanzas de los escritores antiguos eran 
' justas; siendo curioso ver cómo ponen su esfuerzo, su constan- 
cia y diligencia para lograrlo, y cómo, movidos de noble aun- 



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que exagerado entusiasmo, aceptan las hipérboles de los geó- 
grafos é historiadores latinos y griegos. 

Es una de las más antiguas crónicas españolas del si- 
glo XVI la de Lorenzo de Padilla, titulada Particular crónica 
del Católico y sobre illusire Rey D, Pkelippe^ primero de este 
nombre 49, que describe en sus capítulos 2.° y 3." el reino 
de Granada y los pueblos principales que hay en él, siendo 
obra digna de estimación, aunque incompleta y deñciente por 
limitarse al reino ya citado. 

Garibay en su Compendio historial de España 5°, da á la 
Geografiía mayor amplitud y desarrollo, y así señala sus costas 
y fronteras, mencionando los pueblos situados en las primeras 
y las ciudades y villas más inmediatas á las últimas, en orden 
de sucesión geográfica; pero aparte. de que su trabajo no 
puede considerarse como una completa Geografía española, 
pues no era su propósito escribirla, carece de datos para 
llegar á saber cómo estaba administrado y distribuido el te- 
rritorio, pues solo manifiesta que «en tiempo de godos fué un 
»solo principado y Monarquía, y más adelante muchas más 
iprovincias según lo vemos hoy>, y es que, sin duda, no 
creyó necesario dar cuenta de las sucesivas y múltiples trans- 
formaciones efectuadas en los ocho siglos que duró la recon- 
quista. Y para mostrar mejor lo vago, indeterminado é in- 
cierto de su descripción, añadiré que reconociendo que «ge- 
neralmente se divide en cinco reinos, dice que en lo tocante 
á la división de la Historia la repartirá en siete, que son: Cas- 
tilla, León, Navarra, Portugal, Aragón, Córdoba y Granada.» 

En la descripción particular de estos reinos, Garibay llega 
á señalar los límites con gran detalle, pero su labor es anti* 
cuada, pues cuando Garibay escribía, habían variado estos 
límites y no iban, como afirma, los de León y Castilla desde 
las montañas y tierra de Pernia, donde el río Cardón tiene su 



tizcdbyGoOi^Ie 



origen por este río y por el. Pisuerga, Duero y Hembam (el 
Travancos) hasta la confluencia del Regamón no lejos del 
Horcajo de las Torres, sino que ambas orillas del Pisuerga y 
del Duero formaban parte de- la provincia de Valladolid. El 
Condado de Castilla y el reino de León de la Edad Media 
habían desaparecido como unidades administrativas, y sólo 
había una España compuesta por los grandes reinos que se 
llamaban Aragón y Castilla, ó Castilla y Aragón; que com- 
prendían á su vez varias provincias, extendiéndose el reino 
castellano desde el mar Cantábrico hasta el estrecho de Gi- 
braltar, y desde Finisterre y Portugal al Moncayo y al terri- 
torio de Valencia. 

Florián de Ocampo había realizado análogo trabajo de 
modo satisfactorio en opinión de su continuador Ambrosio 
Morales 5". «Señaladamentela descripción de España y la parti- 
»cular de sus provincias y pueblos está allí, dice Morales s^, 
sharto acertada y perseguida con buena diligencia, y esto solo 
» me pudiera mover á mí á no comenzar á escribir desde el 
^principio esta general historia, como muchos hombres doctos 
>y principales querían y me amonestaban, sin que me ven- 
>ciera el respeto que yo, como era razón, tuve á Florián, Así 
»fuera un género de malignidad querer yo embeber su obra 
■sen la mía y quitarle el premio de loor debido á su. trabajo 
3Con aprovecharme yo de él, pues es cierto que no pudiera 
»yo escribir más en aquello que lo que él había dicho. Dejé, 
■s pues, todo lo antiguo, por dejarle á Florián entera la gloria 
»de haberlo escrito.» 

Sincero y leal aparece Morales -en el elogio que tributa á 
su antecesor, y su conducta es noble y digna de toda estima- 
ción; mas si su probidad literaria puede servir de modelo, su 
opinión, inspirada en el respeto y la consideración al amigo y 
compañero, no es exacta. Es indudable que la descripción de 



tizcdbyGoOi^Ie 



Florián es quizás la mejor de cuantas en aquel siglo se ha- 
bían escrito, y que n¡ Garibay, ni Mariana, que escribió des- 
pués, le aventajaron; pero también lo es que Ambrosio de Mo- 
rales al tratar de este asunto en distinto libro y en época pos- 
terior 53, aunque insiste en sus manifestaciones de respeto á Flo- 
rián, amplía y corrige su descripción, ganando con ello mucho 
la Geografía en exactitud y en detalle, puesto que Florián, ins- 
pirado con muchos escritores de su tiempo en las Geografías 
de Estrabón, Plinio, Tolomeo y Mela, incurrió en grandes 
errores al trazar la figura de nuestra Península, y estos errores 
sirven á Morales para una corrección sencilla y clara, en la 
cual dice, en oposición á Ocampo, que en el Septentrión desde 
Galicia á Gerona solo hay una línea, y que desde Francia 
hasta Gibraltar, siguiendo la costa mediterránea, hay dos lí- 
neas diferentes, una que casi hace frente al oriente y otra que 
forma el mediodía, siguiendo sensiblemente esta dirección 
hasta al cabo de San Vicente. 

Mejor que Jos escritores que le habían precedido describe 
las divisiones territoriales de los siglos anteriores, y al enu- 
merar los productos y riquezas naturales del suelo español, 
extrema su diligencia, mencionando cuanto existía, pero de tal 
modo, que no cabe duda de que su información era cierta. No 
le basta mostrar la inmensa riqueza de las minas de Carta- 
gena y la de nuestros yacimientos auríferos, sino que describe 
minuciosamente los procedimientos empleados para el bene- 
ficio de los minerales; nos comunica el hallazgo de turquesas 
en Morón y en la Puebla de Osuna, de jacintos en el mo- 
nasterio de San Bernardo cerca de Toledo, de diamantes 
junto á Madrid y de topacios en Toro. Nos describe los vi- 
ñedos de Alcarria matizados de lirios, los campos de Carta- 
gena cubiertos de rosas y de flores, los montes de Almodóvar 
de blancas azucenas, las orillas del Tajuña llena de fresales, 



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las riberas del Duero (junto á San Esteban de Gormaz) de 
jazmines, y nos dice que en Béjar los gigantescos castaños 
sombreaban las laderas de los cerros y las faldas de las 
montañas. 

Hay en esta parte del . mencionado libro un compendio 
hermoso de Geografía íísica y descriptiva, donde lo ameno del 
asunto se armoniza con lo sencillo y galano del lenguaje. 

Fuera de éstos y de Zurita 54 y Mariana 55, que son los gran- 
des historiadores, no existen otros cuyas descripciones geográ- 
ficas merezcan consignarse, siendo preciso acudir á las cróni- 
cas particulares en busca de nuevos datos 5^. 

Pero tampoco en estas se encuentran verdaderas descrip- 
ciones del territorio; así el Sumario de ¿as coias Cantábricas y 
Guipuzcoanas 57 es de poca utilidad para conocer el estado de 
aquellas provincias en el siglo xvi, la Crónica de la provincia 
de Cataluña 5^, por Francisco Tarapha, se concreta á enumerar 
todos los pueblos, y aunque trata también del carácter de los 
habitantes, de las riquezas minerales y del origen de los po- 
bladores puede prescindirse de ella; no así la Crónica de Va- 
lencia de Martín de Vicíana 59, reimpresa hace pocos años, que 
á lo puntual y detallado de las descripciones de ciudades y Vi- 
llas, une la notable circunstancia de presentar numerosas 
ímágefies rt láminas con vistas de poblaciones, en gran tamaño, 
como en la obra de Medina. Hay algunas trazadas á capri- 
cho, utilizadas para varios pueblos; pero otras están tomadas 
del natural. 

En trabajos y estudios anteriores he mostrado cómo la 
cartografía de los siglos xiv y xv tienen honrosos precedentes 
en las anteriores centurias, en los mapas iluminados de los 
Comentarios del Apocalipsis *", y esto, unido á la circunstancia 
de que en las obras geográficas de los árabes españoles ocu- 
paba la descripción de los caminos un lugar importante, me 



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autoriza á suponer que una investigación diligente habrá de 
encontrar datos y noticias que justifiquen la existencia de ma- 
nuscritos donde consten los caminos públicos de la Edad Me- 
dia, así como sus mansiones, paradas ó postas. 

Las crónicas de los Reyes de Castilla y Aragón contienen 
de vez en cuando indicaciones precisas al reseñar los viajes y 
expediciones de los monarcas, y en el siglo xv documentos 
incontestables, ya citados en otra ocasión, nos muestran que 
en las reseñas histórico-geográficas de las órdenes militares 
se hacía mención de los caminos y distancias, pudiéndose afir- 
mar que, si en general se siguieron utilizando las antiguas cal- 
zadas, también se construyeron nuevas vías, porque, cambian- 
do las necesidades de la guerra y del comercio, hubieron de 
tomar rumbos ó direcciones diferentes. 

Cabe á España la gloria de poseer el libro más antiguo de 
caminos que se conoce en la Edad Moderna. 

Es este el libro de Juan Villuga, titulado Reportorio de io- 
dos ¿os caminos de España^^,im^TesQ,i[^^rec&t,'pOTvez prime- 
ra en Medina del Campo en 1 546, y dado nuevamente á luz por 
los Cuidados de M. Huntingthon, al cual sigue el Compendio y 
Memorial ó Abecedario de todos los más principales caminos de 
España^ por Alonso de Meneses, impreso en Toledo en 1568 
y editado posteriormente eñ Alcalá, Murcia y Valladolid; es de 
advertir que, habiéndose ufanado los italianos de poseer la 
guía más antigua de correos, un diligente y estudioso escritor 
español (Dr. Thebusem) recabó para España esta gloria, pues 
el de Villuga había aparecido sesenta y dos años antes. 

Por otra parte, el servicio de correos en España tiene una 
organización perfectamente definida desde el siglo xiii, lo mis- 
mo en el centro que en la parte oriental de la Península, exis- 
tiendo tarifas para el pago de las conducciones reguladas á 
tanto por legua; había funcionarios encargados de efectuar es- 



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tos servicios y otros á cuyo cuidado estaba el pago de los 
emolumentos, y no se concibe que carecieran de guías de ca- 
minos, puesto que eran completamente indispensables para su 
buen funcionamiento*!'. 

A mayor abundamiento, antes que el libro de Juan de Vi- 
lluga, comenzó á escribir su Itinerario Fernando Colón ^3, y en 
él hay trozos que corresponden exactamente por la forma en que 
están escritos á fragmentos de guías de caminos, siendo esta 
otra de las razones que, á más de las apuntadas en anteriores 
párrafos, permitan afirmar la existencia de esas guías, no se- 
senta y dos años antes, sino muchos más, que el libro de Co- 
togno ^4, impreso en Italia en 1608. 

El estudio de estas guías ofrece interés y atractivo y sirve 
(Je medio y auxiliar eficaz para el conocimiento de la Geogra- 
fía por contener un número bastante considerable de pueblos, 
para juzgar de las direcciones del tráfico comercial y de la im- 
portancia de las ciudades, generalmente en relación con el 
número de vías que las enlazaban con otras grandes poblacio- 
nes ó con comarcas fértiles y ricas. También las costumbres y 
las creencias pueden deducirse en cierto modo del trazado de 
las calzadas ó caminos, pues no cabrá duda alguna de la im- 
portancia de las peregrinaciones, romerías y visitas á los san- 
tuarios al observar que bastantes caminos tenían como punto 
de término monasterios situados en agrestes y casi inaccesibles 
lugares, y no en poblaciones de grande y numeroso vecindario, 
pudiendo citar á este objeto los de Guadalupe, Montserrat, 
Santa María de Jesús (Granada), el Paular, hoy en la provincia 
de Madrid y entonces en la de Segovia, y Míraflores (Burgos). 
En cambio, omitían el camino de Cádiz, ciudad que, al pare- 
cer, resultaba incomunicada con el resto de España; pero ha de 
tenerse en cuenta que entonces Cádiz era una población pe- 
queña, á quien superaban considerablemente en vecindario 



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Jerez y el Puerto de Santa María; que la primera de estas po- 
blaciones, aunque situada en el interior, gozaba de un exce- 
lente puerto en aquellos tiempos (el Portal), y que tanto los 
pasajeros como las mercancías tenían vía más barata, más có< 
moda y más ■ rápida desde Sevilla por el río Guadalquivir y 
luego el mar, que por la antigua calzada romana todavía exis- 
tente; y también que para la comunicación por mar con las de- 
más partes del mundo, los puertos ya citados reunían entonces 
tan buenas condiciones como el de la isla gaditana. 

Tampoco dan noticias las citadas guías de muchos caminos 
de Galicia; pero de aquí no puede deducirse que careciera de 
ellos; lo único que prueba la omisión es que no se utilizaban 
para los servicios públicos ni para el tráfico; y, en efecto, otros 
datos nos-manifiestan que Galicia no concurría ordinariamente 
con sus representantes á las Cortes del reino, donde se vota- 
ban los tributos que se habían de satisfacer, y que, en vez de 
recibir y enviar productos salvando la serie de montes y sie- 
rras que hacen áspero y difícil todo el territorio hasta llegar á 
Astorga, utilizaban sus barcos .para el comercio con otras re- 
giones de donde podían obtener ó donde podían colocar las 
producciones. Las vías romanas de Braga á Astorga aún exis- 
tían, esto es indudable, pero cuando se construyeron y utiliza- 
ron, mantenían y debían mantener estas poblaciones importan- 
tísimas que enlazaban activa y frecuente relación, no así en el 
siglo XVI, en que cada una de ellas, hasta la anexión de Por- 
tugal, pertenecía á una distinta nación, y dadas las teorías 
económicas reinantes, puede decirse que estaba prohibida la 
comunicación entre ellas. 

En oposición á esto podría objetarse que algunos caminos 
de los mencionados por Villuga y Meneses enlazaban Extre- 
madura y Andalucía con Portugal; mas aquí la excepción está 
justificada en parte, porque para la comunicación diplomática 



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entre Portugal y España era preciso el empleo de estos cami- 
nos que facüitabati, más que los intereses comerciales de los 
países, ¡as relaciones políticas de los monarcas, cuya hipiHesis 
encuentra confirmación al observar que también y por idén- 
tica razón se describe en los citados libros el camino de Espa- 
ña á Roma. 

■ Las grandes arterias de comunicación y los que pudiéramos 
llamar sus ramales más importantes, obeciendo á circunstan- 
cias y á causas muy complejas, tenían una distribución muy 
desigual. En todo el valle del Duero, que había sido el núcleo 
de la nación castellana, aparecen con profusión entrecruzándo- 
se en distintas direcciones, así se las ve casi paralelas bajar 
desde Carrión por Falencia, Valladolid y Segovia y desde 
León por Tordesillas y Arévalo para salvar la cordillera de 
Guadarrama ó montes Carpetanos. 

Desde Laredo bajaba otro por Burgos, dividiéndose aquí 
en tres, que iban á San Esteban de Gormaz y Atienza, á Aran- 
da y Buitrago y á Roa y Pedraza, y de Aviles descendía otro 
á Salamanca por León y Toro. 

Todos estos csminos fueron indudablemente en sus co- 
mienzos vías militares, y si alguna de ellas coincide con una 
calzada romana, en cambio otras carecieron hasta la Edad Me- 
dia, y aun después, de ese carácter estratégico. 

También las hay de Burgos á Toro y Zamora y á Sala- 
manca, y comunicaciones que coinciden sensiblemente con el 
camino de los peregrinos desde Francia, Aragón y Navarra á 
Santiago de Compostela y á lo largo del Duero desde Calata- 
yud á Soria y Zamora. 

En el reino de Toledo, desde Alcázar de San Juan hacia el 
Norte hasta la cordillera que separa ambas Castillas, y hasta la 
Serranía de Cuenca, los caminos son abundantes; pero al Este 
y al Oeste sólo existen contadas vías: eran éstas las de Toledo 



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á Andalucía, que se bifurcaba en Malagón para ir separada- 
mente á Despefiaperros y á Córdoba; la de Salamanca á Mé- 
rida y Sevilla, y otras que iban á Valencia y Alicante por Utiel 
y Chinchilla. 

£n Andalucía son también numerosas, enlazando sus gran- 
des ciudades en todas direcciones, y en Aragón, Valencia, Ca- 
taluña, Navarra y Vascongadas más escasas, irradiando de 
Zaragoza á Barcelona y Francia, á Tarragona, Valencia, Si- 
güenza, Soria, Logroño y Pamplona. Otro camino se dirigía 
desde esta última ciudad á Monzón, y á lo largo de la costa 
desde Barcelona á Valencia, Denia, Alicante y Murcia recorría 
el litoral Mediterráneo una calzada. 

En otro lugar de este trabajo se hará ver que las grandes 
poblaciones, las ciudades y villas de más de diez mil habitantes, 
ocupaban dos grandes regiones, una que se extendía desde 
Burgos á Toledo y desde Chinchilla á Astorga y otra en An- 
dalucía por la parte más llana de la cuenca del Guadalquivir. 
Allí donde existían esos grandes centros de vida política, agrí- 
cola y comercial, se hallaban más desarrollados los caminos, 
sin duda porque eran más necesarios para esa mayor activi- 
dad, pues no de otro modo se combinan la riqueza y los me- 
dios todos de su circulación. Por lo contrario, donde los pue- 
blos, villas y aldeas apenas contaban uno ó dos centenares de 
habitantes, la vida pobre y miserable que éstos sobrellevaban 
les exigía vivir con los recursos locales, y solos, aislados, re- 
presentando pequeños intereses, sin la necesidad de la comu- 
nicación y del comercio, forzosamente habían de carecer de 
vías cuya costosa construcción no hubiera estado justificada. 

Fuera de las regiones mencionadas, los caminos van de una 
á otra para enlazarlas, como ya se ha hecho notar, en las que 
llegaban á Andalucía desde el centro de la Península; y las 
de Aragón, Valencia y Cataluña, recorriendo grandes trayec- 



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tos de comarcas escasamente pobladas, puede asegurarse Ijue 
eran más bien caminos políticos que comunicaciones auxiliares 
del comercio. 

Hay, por último, que hacer una consideración respecto de 
las medidas itinerarias empleadas. Las guías de caminos se li- 
mitan á indicar las distancias en leguas; pero el itinerario de 
Fernando Colón contiene datos preciosos que confirman la te- 
sis sustentada por mí hace varios años, y hoy admitida y san- 
cionada, de que en la antigüedad fueron distintas las leguas y 
su medida divisionaria la milla, pues al describir los caminos 
de la Mancha hace notar que allí las leguas son grandes, y, en 
efecto, se han contado y medido hasta nuestros días á razón 
de 8.000 varas; en Galicia, por el contrario, dice que son pe- 
queñas y allí la medición de las calzadas romanas acusará la 
existencia de una milla de 1.292 metrosy una legua de 5.168 
metros, y en otras muchas comarcas existía la legua ordinariai 
equivalente á cerca de seis kilómetros. 

Para completar el estudio de los caminos y al mismo tiem- 
po para afirmar el conocimiento de las localidades, son muy 
útiles las reseñas de los viajes realizados, especialmente por 
los extranjeros, porque si síis juicios pueden ser erróneos, efec- 
to muchas veces del escaso tiempo que permanecieron en las 
poblaciones, dan en cambio una impresión que lleva implícita 
la comparación con las villas y ciudades de los países á que 
esos viajeros pertenecían, y es este un dato que bien exami- 
nado resulta dig'no de aprecio. Ya hemos visto que los escri- 
tores españoles ensalzan y elogian desmedidamente los pueblos 
de su país; en los relatos de los extranjeros quizás se encuen- 
tra por la misma causa (el sentimiento nacional) pobre y mez- 
quino lo español; pero es seguro que entre ambas opiniones, 
la que ensalza sin razón, y la que inconscientemente también, 
rebaja la importancia de nuestras ciudades, estará la verdad. 



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Por otra parte, cuando los elogios coincidan estaremos seguros 
del mérito é importancia que ya por la grandeza de sus monu- 
mentos, por la hermosura de suá alrededores, por la fertilidad 
de sus campos ó por lo activo y fecundo de sus campos tenían 
poblaciones como Sevilla y Valencia, Toledo y Barcelona, Ma- 
drid y Santiago. 

A este propósito el estudio de los viajes de Juan Segundo, 
del elector palatino Federico, del italiano Bartolomé Fontana, 
del portugués Gaspar Barreiros, del embajador Juan Sarrazín, 
de Erich Lassota, Camilo Borghese, Jacobo Cuelvis, Bartolomé 
Villalta, María Ana de Austria ^5, y los de Felipe II, redacta- 
dos por Cock, son de gran utilidad. 

La administración pública española que había contribuido 
en siglos anteriores al estudio del suelo , de la población y de 
la riqueza por medio de los censos y de las relaciones de las 
visitas, ó residencias hechas por autoridades de todos los ór- 
denes á las provincias, partidos y ciudades, continúa esta la- 
bor en el siglo xvi. 

Como documentos oficiales, rara vez hay en ellos galanu- 
ras de estilo y adornos retóricos, antes por el contrario, suje- 
tas á una pauta ó modelo, resultan monótonas y áridas; pero 
esto no empequeñece su valor é interés geográfico que resulta 
más que de la forma de la exposición , de la veracidad y preci- 
sión de las noticias en ellas contenidas, y claro es, que ha- 
biéndose adquirido éstas recorriendo el territorio y visitando 
los pueblos, con el detenimiento necesario para reconocer 
las fortalezas, ver el estado de los puentes, caminos y edifi^ 
cios públicos y atender á las quejas, reclamaciones y necesida- 
des de los habitantes y de las poblaciones , merecen toda fe y 
son dignas de especial mención **. 

En el orden eclesiástico la obligación de visita establecida 
en los primeros siglos del cristianismo subsiste hasta el día , y 



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— 3° — 

seguramente habría de difundir gran luz en la historia y la 
Geografía el examen de las resefias redactadas; mas no estan- 
do reunidos estos documentos-, sino esparcidos por toda Espa- 
ña en los archivos de las Catedrales, me veo privado de dar 
cuenta de ellos ^7. 

En el orden militar se practicaron reconocimientos y estu- . 
dios, tanto en el siglo xvi como en los anteriores, para ente- 
rarse en unos casos del estado en que se hallaban las fortale- 
zas, en otros para establecer nuevas defensas ó destruir las 
que resultaban inútiles, y en Simancas existe multitud de in- 
formes relativos á este asunto, de los cuales prescindiré por la 
necesidad de limitar este discurso al examen de conjunto de 
los trabajos geográficos realizados, con objeto de no hacerle' 
demasiado extenso ^^. 

Pero una de las mejores fuentes de información que co- 
nozco para los años posteriores al 1572, son las relaciones 
geográfícas mandadas formar por Felipe II. 

Encomendada la dirección de los trabajos á ellas relativos 
y de los del mapa de España á Pedro de Esquivel, fueron, 
como he demostrado, continuados bajo las órdenes de Gueva- 
ra, de Herrera, y por último, de Juan Bautista Labaña en 
1624, sin que cesaran ^9, como se ha creído, las autoridades es- 
pañolas en esta empresa al morir Felipe II. Estas relaciones, 
geográficas, históricas, estadísticas y descriptivas, presentando 
un cuadro completo del territorio y de la población de Espa- 
ña, son de inestimable valía, y bien ha obrado esta Academia 
al ordenar su impresión, que en los tomos hasta ahora publi- 
cados avaloran las atinadas observaciones del docto académico 
Sr, Catalina. De ellos puede obtenerse datos preciosos y, sal- 
vo algunas lej^ndas absurdas ingeridas en la parte histórica 
por sus primeros redactores, resultan excelentes por el pro- 
fundo conocimiento que de las localidades tenían. 



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_ 31 — 

Además de estos documentos existen los relativos á tri- 
butos del reino, al servicio militar y al censo de la población, 
que tienen un valor considerable para el conocimiento de las 
divisiones administrativas del territorio y para la determina- 
ción de sus límites t^. 

Todos ellos son precisos para la formación del mapa de 
España que esta Real Academia pretendía y que, yo, tantea- 
das las dificultades de ejecución del dibujo en un solo mapa, 
creo sería mejor distribuir en varios, pues de otro modo no 
podrían apreciarse con la debida claridad las diversas divisio- 
nes del territorio español. 

Concretando principalmente las observaciones á la división 
política que era, como siempre, la fundamental, puede decirse 
que al final del sigloxvi estaba constituida la Península ibérica 
por el reino de Portugal incorporado á España por la vo- 
luntad de Felipe II y por la actividad, el talento y la energía 
del Duque de Alba y su Maestre de Campo Sancho Dávila; el 
antiguo reino de Aragón, al Oriente, que el feliz matrimonio de 
su último Rey Fernando V, unió con la corona de Castilla 
ceñida por aquella Reina de grandes dotes de inteligencia , de 
cultura, de corazón y de gobierno que se llamó Isabel I, y por 
Castilla, la nación más extensa y poderosa de las nacio- 
nes españolas de los siglos xv y xvi, que desde el obscuro 
rincón de Asturias en el siglo viii y desde los campos de 
Burgos en el ix, se había formado con una constancia, una te- 
nacidad y un valor á toda prueba; la que en más abierta y obs- 
tinada lucha con los mahometanos contribuyó al rescate del 
territorio perdido no lejos de la laguna de la Janda; la que 
arrostró las luchas más sangrientas; la que venció los momen* 
tos más difi^ciles; la que supo rehacerse, como ninguna otra, 
de los desastres de Zahalaca ó Sacralias y de Uclés en tiempo 
de Alfonso VI, y de la tristísima rota de Alarcos en el de Al- 



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íonso VIII, y á la que cabe la gloria de iniciar y terminar 
aquel período de la Edad Medía en que el ideal es la recon- 
quista del territorio, y cuyas primera y última páginas son el 
combate de Pelayo I en Covadonga y la toma de Granada 
por Isabel I y Fernando V. 

Tan grande era la extensión del reino castellano, que de 
]os 494.940 kilómetros que hoy tiene nuestra patria, le co- 
rrespondía más de las tres cuartas partes, y del total de la 
Península cerca de las dos terceras partes ?'. 

Pero no sólo por su extensión, tres veces mayor que el 
reino aragonés, tuvo entonces la supremacía Castilla, le co- 
rrespondió igualmente por la abundancia dé la población y 
por la agrupación de los habitantes en grandes ciudades, índi- 
ce seguro de superior cultura y de mayor riqueza , porque á 
diferencia de hoy, la densidad de la población era de 18 ha- 
bitantes por kilómetro en el reino castellano y sólo llegaba 
á 10 en Cataluña y á 8 en Aragón, los dos países donde se 
engendró y tuvo su primer desarrollo el reino de Fernando. 

No he de aprovechar la" ocasión para deducir consecuen- 
cias, ni he de dejarme iníluir por ningún prejuicio; pero sí he 
de hacer constar, que se han invertido los términos en nues- 
tros días y que han cambiado por completo las circunstancias 
en que la población se distribuía y desarrollaba, y no solamen- 
te ha existido el cambio en la relación más elemental del te- 
rritorio y la población (densidad), sino en la forma y manera 
de agruparse y de vivir. 

Dibujando sobre un mapa de España los pueblos que te- 
nían vecindario superior á 2.000 vecinos, que al cómputo or- 
dinario equivalen á io.ooohabitantes,y haciendo que los círcu- 
los que representen estas poblaciones tengan una superficie 
proporcionada á su vecindario, el ánimo se encuentra sorpren- 
dido porque al tender la vista por las distintas regiones se 



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observa que excepción hecha de Valencia, Zaragoza y Barce- 
lona, no hay en el reino de Aragón ninguna ciudad ni villa 
que contenga ese vecindario 7». Desde el Júcar al Pirineo y 
desde las costas orientales del Mediterráneo á los montes de 
Reinosa, aparecería como un inmenso desierto; lo mismo 
sucede en las regiones gallega y asturiana y en las provincias 
litorales del Norte, y solo en el territorio castellano que rie- 
gan los ríos Duero y Tajo, Guadiana y Guadalquivir se verían 
los círculos representativos de las poblaciones nuttierosas, 
abundantes y ricas, donde las artes y las ciencias , la cultura y 
el recreo podían encontrar fácil y extenso desarrollo; y si Va- 
lencia era la tercera población de España, en cambio Barcelo- 
na ocupaba el S.*" lugar y Zaragoza el 14.", superando á la 
primera Sevilla, Granada, Valencia, Toledo, Valladolid, Ma- 
drid y Jerez, y á la última estas mismas y además Córdoba, 
Jaén, Segovia, Baeza y Ecija. 

Dentro de estos grandes Estados ó reinos que habían 
constituido la nación más poderosa del mundo, había subdivi- 
siones territoriales constituidas de muy diverso modo, pero to- . 
mando formas propias dentro de cada Estado. 

En Castilla la denominación genérica de las divisiones 
más extensas era la de provincias , siendo en número de 1 8 
para una superficie en que hoy existen 33, deduciéndose de 
esto que no podían coincidir con las actuales, salvo en algu- 
nos pero muy contados casos, y añadiré que aun en aquellas 
que conservan el mismo nombre que recibieron entonces hay 
á veces tales diferencias, que es preciso señalarlas para evitar 
los errores de apreciación á que nos conducirían sus denomi- 
naciones, puesto que, por ejemplo, las de Salamanca, Burgos 
y Avila han variado considerablemente en superficie jurisdic- 
cional. 

No estará, pues, demás este trabajo de investigación que 



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por otra parte puede servir de base á la formación del mapa 
de España de entonces. 

De las provincias castellanas, León comprendía el territo- 
rio asturiano; Zamora, incluía á Galicia bajo su denominación; ' 
Falencia, estaba agregada á Toro; Burgos, extendía su auto- 
ridad á la Merindad de Transmiera (hoy provincia de Santan- 
der) y á la provincia' actual de Logroño; Valladoüd y Soria 
no eran muy diferentes de lo que son hoy; Avila, estaba más 
reducida por el Oeste y avanzaba más por el Sur; Segovia, 
salvando los montes de Somosierra, se extendía por la cuenca 
del Tajo y como un Islote administrativo dependía de ella el 
condado de Chinchón; Salamanca, comprendía los territorios 
del Barco de Avila y Piedrahita, y casi toda la Extremadura; 
Toledo, sumamente extensa y dilatada, llegaba hasta Alcaraz, 
comprendiendo parte de lo que hoy corresponde á Madrid, 
Cuenca, Guadalajara y Albacete; Madrid, estaba constituida 
por dos partidos separados, el de dicho nombre y el de Zorita, 
y en el Sur ó Mediodía de España, con menores diferencias res- 
■ pecto de lo actual, se encontraban las provincias de Jaén, Sevi- 
lla y Córdoba y el reino de Granada, llegando Murcia hasta 
los confines de Valencia y provincias de Cuenca" y Toledo, 
pues la de Albacete no existía. 

Extraña desde luego en está rápida y breve enumeración 
de las provincias ver agregado todo un extenso y famoso reino 
(el de Galicia) al territorio de una ciudad que, aunque famosa 
también, nunca tuvo tanta importancia histórica como aquél; 
pero aun es más de notar si se tiene en cuenta que entre el 
reino y la ciudad no había contacto geográfico, pues se inter- 
ponía la tierra de Sanabria que correspondía en la nomencla- 
tura oficial á la porción de la provincia de Valladolid, denomi- 
nada Partido de las tierras del Conde de Benavente. 

Este £aso no era el único; entre los partidos de Paleo- 



tizcdbyGoOi^Ie 



cia y Toro, ambos de la misma provincia , se Interponía tam- 
bién la de Valladolid; y el condado de Treviño (Burgos), las 
tierras del Condestable, el partido de Zorita, el condado de 
Chinchón y la tierra de Brihuega, formaban islas administra- 
tivas ó territorios separados de sus jurisdicciones respectivas. 

Tuvieron estas anomalías por origen diversas causas, así 
la agregación de Galicia á Zamora tuvo efecto, porque en los 
siglos XV y XVI Galicia por las dificultades de la comunicación 
con el centro de España delegó su derecho de asistencia y 
voto en Cortes en los representantes ó diputados de Zamora; 
y la agregación del partido de Falencia á la ciudad de Toro, 
se debe á que aquella perdió su derecho por haber pasado á 
ser de señorío particular, y si bien en el siglo xvi se había 
vuelto á incorpor-ar á lá Corona, no logró la nueva concesión 
de este derecho de asistencia á Cortes, hasta época posterior 73, 

Los enclaves ó pequeños territorios separados de las pro- 
' vincias, obedecieron también á circunstancias y sucesos muy 
anteriores, y más principal y concretamente á las mercedes 
que los reyes cristianos hicieron á los concejos de las ciuda- 
des, á los obispos, órdenes militares y á los nobles que en las 
conquistas les ayudaron con más eficacia. 

Las provincias se dividían á su vez en partidos como el de 
Asturias, los de Lugo, Orense, etc., las tierras del Conde de 
Benavente, las del Condestable, los de las órdenes militares, 
el del Campo de Alcaraz y otros varios. Obedecía esta divi- 
sión á la conveniencia de respetar instituciones, que cual las 
Ordenes militares habían tenido yida independiente durante la 
Edad Media, por lo cual no se agregaron de un modo com- 
pleto y absoluto á las provincias constituidas en el siglo xv, 
sino que para su régimen municipal siguieron autónomas é in- 
dependientes de las autoridades ordinarias, á pesar de la agre- 
gación de los maestrazgos á la Corona. 



tizcdbyGoOi^Ie 



-36- 

Consideraciones análogas justifican la personalidad admi- 
nistrativa de las tierras del Condestable y del Condado de Be- 
navente, y en todos los casos hay que buscar en la organiza- 
ción administrativa de la Edad Media el origen y fundamento 
de estas subdivisiones. 

Pero donde más se nota esta influencia y donde el exa- 
men atento puede encontrar algo asf como los estratos de una 
organización anterior, es en las divisiones más pequeñas, en 
las agrupaciones de lugares, villas y aldeas. Elstudiándolas ve- 
remos predominando en Asturias los concejos bajo cuyo nom- ' 
bre se comprendían varios grupos de poblaciones, que, juntos 
6 reunidos, atendían á las necesidades comunes; el tener esta 
voz origen latino y la circunstancia de haber estado casi siem- 
pre Asturias libre de la denominación agarena nos permite 
creer que es el concejo el tipo subsistente más antiguo de la 
organización municipal de Esparta fuera de las grandes agru- 
paciones de vecindario que constituían las ciudades 7^. 

Ya en Galicia se encuentran los partidos, palabra genuína- 
mente castellana y organismo que solo puede concebirse, su- 
poniendo otra demarcación más amplia y más remota; y aun 
cuando en alguna parte del valle del Duero y del antiguo, 
reino de -Oviedo y Condado de Castilla existen concejos y 
partidos, parece natural suponer que su organización es pos- 
terior, y se debe al sucesivo ensanche de aquellas nacionali- 
dades. 

En Burgos, el Bíerzo, Navarra y Álava hay otro tipo: el 
de las Merindades 75, tipo arcaico, puesto que en las leyes visi- 
godas figuran los merinos. ¿Cómo pudieron conservarse én 
esta parte del territorio, dominada algún tiempo por los ára- 
bes y perderse en Asturias siempre independiente? Problema 
es este que necesitaría mayor desarrollo y tiempo más so- 
brado; sin embargo, no hay inconveniente en admitir que 



UigitizcdDyGobl^Ie 



cuando Castilla y Asturias tuvieron mayor desarrollo y esta- 
bilidad, despyés de un período de constitución en el que solo 
subsistieron (efecto del trastorno producido por la invasión) 
los elementos más fundamentales y sencillos, que eran los más 
resistentes, al organizarse más fuertemente los nuevos Estados 
restablecieron las instituciones de los visigodos, y por esto el 
merino cuya autoridad no nace de la voluntad del pueblo, ni 
se crea para satisfacer sus necesidades, sino que emana de un 
poder central que necesita llevar su acción á todas las pobla- 
ciones, volvió á aparecer como funcionario delegado del Conde 
ó del Monarca. La prueba de que las merindades tienen su 
desarrollo en un período más avanzado de la reconquista, es 
que se aplican y emplean en comarcas que solo en los si- 
glos IX, X y XI se vieron libres de los enemigos, y también en 
que no se retrotrae su creación á los territorios de Asturias. 
Más al Sur, existen los cuartos, sexmos y ochavos, en 
otra faja de terreno que cayó en definitiva en poder de los 
cristianos durante el último de los citados siglos, que se re- 
ferían á partes aproximadamente ¡guales del territorio de una 
ciudad poderosa recién conquistada, dándose en Señorío, en 
tributo ó en custodia y administración á aquellos linajes ó per- 
sonas cuyos servicios premiaba el Rey, confiándoles la defensa 
de la ciudad y de su término 7^. Todo esto pasaba en el valle 
del Duero, donde los pueblos sometidos sucesiva y alternada- 
mente á las razias de árabes y cristianos, estaban casi yermos 
y sus territorios despoblados, y en donde la organización ad- 
ministrativa, siguiendo esas vicisitudes de la guerra, no había 
logrado asiento firme, por lo cual podía cambiarse fácilmente; 
pero al llegar al valle del Tajo y á las llanuras de Castilla 
la Nueva, cuando los árabes, dueños absolutos del territorio 
durante cuatro siglos, habían creado relaciones é intereses de 
todo orden en las comarcas, y era á todas luces inconveniente 



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-38- 

trastornar esta organización, que al mismo tiempo que admi- 
nistrativa era social, ya los cuartos, sexmos y ochavos no se 
establecen, y los monarcas castellanos conservan los nombres 
con que eran conocidas las comarcas ó territorios. 

Por último, al llegar Á Andalucía la conquista toma nue< 
vos vuelos, no se combate y gana una plaza, puede decirse 
que se conquistan de una vez reinos enteros, y así subsisten en 
las divisiones territoriales las provincias de Córdoba y Sevilla 
y el reino de Granada con los mismos límites que tuvieron en 
tiempo de los árabes, salvo aquellas porciones que conquista- 
das por las órdenes militares ó por empresa de algún arzo- 
bispo, como el de Toledo, quedaron separadas é independien- 
tes, y en esto último se ve también la influencia que en la 
organización del territorio ejerce el desarrollo de la Monar- 
quía, pues ya no efectúan los reyes concesiones de ciudades y 
territorios aislados á una sola persona, sino que cuidan ellos 
mismos de su administración y su defensa, y premian los ser- 
vicios con fincas y tierras repartidas en diferentes pueblos y 
lugares 77, 

En cuanto á las provincias del siglo xvi eran divisiones 
modernas. En el siglo xv se encuentra empleada esta voz en 
1476 al ordenarse en las Cortes de Madrigal la constitución 
de la Santa Hermandad; pero en cambio una pragmática de 
Enrique IV trata de «la ciudad de.Córdoba y todas las villas 
y lugares de su término, tierra y jurisdicción» sin emplear 
aquella palabra; en 1480 se cita el Condado de Vizcaya; 
poco después la tierra de Alavá (1485); en un repartimiento 
de diezmos de 1489, que comprende casi todo el reino de 
Castilla, solo Guipúzcoa recibe el nombre de provincia y, en 
cambio, tres tienen el de merindades (Campos, Monzón y 
Burgos); en 1492 se citan Granada, Andalucía y Ejttrema- 
dura con motivo de poner estas regiones bajo las órdenes del 



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maestre de Santiago, nombrado Virrey del Reino; y en 1495 
se trata del Señorío de Vizcaya 7^; mostrando estos documentos 
juntamente con otros, en que más comúnmente se habla de 
obispados para asuntos civiles y militares, que no se hallaba 
distribuida España en igual forma que en el censo de 1 594 y 
que si algunas demarcaciones llevaban el mencionado nom- 
bre, no.se generalizó hasta el siglo xvi, en el cual además se 
rectificaron ó modificaron las jurisdicciones territoriales. 

En Aragón el censo está formado por distritos que en 
número de doce comprendían todo el territorio aragonés en 
1495, siendo éstos los de Zaragoza, Alcañiz, Montalbán, 
Teruel, Albarracín, Daroca, Calatayud, Tarazona, Huesca, 
Jaca, Ainsa, Barbastro y Ribagorza, dÍfi:rencÍándose la distri- 
bución de su vecindario del de la cuenca castellana por cons- 
tituir agrupaciones de ocho ó diez vecinos en multitud de 
casos y no exceder de cien en la mayor parte de los pueblos. ' 

Esta forma de distribuir el territorio, es indudablemente 
muy antigua, aun cuando la existencia de los distritos solo 
conste desde el siglo xii, en el cual figuran ya las Juntas de 
Zaragoza, Huesca, Sobrarbe, Egea y Tarazona, reunidas en 
confederación. Estas Juntas que tuvieron por misión proteger 
á los pueblos contra los malhechores, no se extendieron 
entonces á otros territorios que á los que se consideraban 
fuertemente consolidados, y esto solo pudo ocurrir en el rei- 
nado de Alfonso I que fué el conquistador de Zaragoza, en 
1 1 1 8 ó después, puesto que dicha población figura en la 
confederación, y aun cuando %n el mismo reinado las armas 
victoriosas del rey aragonés habían llegado á Barbastro 
(iior), Calatayud y Daroca (1121) jja sospechó el docto 
académico D. Vicente de la Fuente, que la circunstancia de ser 
fronterizos de los moros los territorios de estas dos últimas 
poblaciones, dio lugar á una organización distinta (comunida- 



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des) con carácter civil y militar 79, Con el tiempo, siguiendo el 
mismo criterio, se formaron distritos en Tarazona y otros 
territorios del interior, y se formó una nueva comunidad en 
los confines del reino moro de Valencia (Teruel, r 176). 

Las comunidades se dividieron, como las demarcaciones 
castellanas, en sexmos, cuyos regidores acudían á la capital 
para tratar de los asuntos relativos á su territorio. 

Cataluña estaba dividida en CoUecias, verdaderas agrupa- 
ciones de pueblos, aldeas y caseríos, siendo el vicario, después 
veguero, el encargado de su administración; también figuran 
en el siglo xii, y tanto arraigó esta demarcación histórica, que 
sólo en 1 7 1 6 fueron sustituidos por los corregimientos, sin que 
esta novedad alterara profundamente el régimen y distribución 
antiguos, pues las nuevas divisiones territoriales se formaron 
sobre la base de las antiguas veguerías 8°. 

Pero si bien parece fundamental para Castilla la división en 
provincias y partidos al finalizar el siglo xvi, otra división po- 
lítica y judicial coexistía también; era ésta la de corregimien- 
tos, que se completaba con la adición de los territorios de las 
órdenes militares, adelantamientos de Castilla, León y Cazor- 
la y Priorato de San Juan; los cuales habían dado lugar, al 
parecer, á la formación de otras grandes agrupaciones territo- 
riales, pues ya en tiempo del rey D. Enrique IF se dispuso en 
las Cortes de Toro (año 1 409) que hubiese en la corte ocho 
alcaldes ordinarios de provincia, nombre que entonces se dio 
á Castilla, León, Extremadura, Toledo y Andalucía. 

Estos alcaldes ordinarios tenían jurisdicción sobre los terri- 
torios respectivos, aun cuando su residencia era la corte de los 
reyes y turnaban en*el servicio, despachando en ella los asun- 
tos ó visitando los pueblos. 

Si retrocedemos aún más en el examen de documentos, 
veremos que en tiempo de Alfonso X (Cortes de Zamora de 



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1274). habfa nueve alcaldes en Castilla, seis en Extremadura 
y ocho en León, turnando los primeros de modo que siempre 
hubiese tres en la. Corte; pudiéndose observar que la división 
política se había extendido á las nuevas conquistas ^' en el 
siglo XV. 

Como acabo de indicar, en 1610 se introduce una nove- 
dad en la distribución del territorio, pues se suprimen en el 
orden judicial y en algunos otros las antiguas é históricas de- 
nominaciones, para sustituirlas por la de Partidos, con cuyo 
nombre se establecen cinco grandes territorios, que sólo se di- 
ferencian por el número de orden, y en ellos quedan como sub 
divisiones "parciales los corregimientos, órdenes militares y 
adelantamientos ^a. 

Las visitas realizadas por los alcaldes ordinarios y aun por 
sus delegados, dieron lugar en el final de la Edad Media y en 
todo el siglo xvr á la existencia de una serie de documentos 
interesantísimos para la Geografía, que se denominaban Resi- 
dencias á vistías, en las que daban cuenta del estado de todos 
los ramos de la Administración ^í, siendo de notar los que se- 
paradamente se hacían en las órdenes militares, por ser más 
completos y detallados 8*. 

El estudio de los mapas, tan útil en otras ocasiones, tam- 
poco en el presente caso nos da elementos para conocer la 
distribución del territorio en provincias, y juzgar de la impor- 
tancia de las poblaciones. 

Como todos los de su época, los mapas españoles del si- 
glo XVI carecen de una base científica. Excepto algún pueblo 
ó localidad cuya posición geográfica era conocida por su lon- 
gitud y latitud, y aun ésta de un modo erróneo, la mayor par- 
te se situaban en los mapas en virtud de noticias de la distan- 
cia entre ellos y otros más ó menos inmediatos, expresadas en 
unidades itinerarias tan inciertas y variables, como la hora de 



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camino ó la legua, que en unas partes eran largas, en otras 
pequeñas y en otras comunes, existiendo aún dentro de cada 
una de estas denominaciones diferencias de longitud, de las 
cuales, sin necesidad de recurrir á otros documentos antiguos, 
nos pueden dar idea la variedad de leguas que constan en una 
publicación del pasado siglo. 

Por esto el curso de los ríos y el lugar que ocupan los 
pueblos resultan tan mal representados y hay tantos errores en 
ellos; pero lo más grave es que, por punto general, muchos 
cartógrafos ó dibujantes no tenían ni esos datos de posición 
relativa, sino solamente noticia de la existencia de una pobla- 
ción dentro de una comarca, y al situarla á cafH-icho en el 
mapa, resultaba en muchos casos á Occidente de otra, cuando 
en la realidad su posición era al Norte ó al Oriente. 

El procedimiento de representación de las. montañas, pu- 
ramente convencional, era el de la perspectiva oblicua, y la 
extensión y disposición de los valles y cordilleras no puede 
apreciarse ni aun con aproximación. 

En los primeros mapas terrestres de España, como en las 
primeras geografías se nota la influencia de Tolomeo, mezclada 
á la de las cartas náuticas, tanto que aquellas costas piquetea- 
das del mapa de la Geografía de Enciso no difieren de las de 
Juan de la Cosa, y su figura y disposición general recuerda los 
mapas de las nuevas ediciones de la obra del geógrafo alexan- 
drino, libros en los que estudiaba la juventud. 

Pero no faltó quien á la vista de ambos diera nueva forma 
á la representación de España. El citado Enciso y Miguel Ser- 
vet fueron los iniciadores de los mapas terrestres españoles en 
esta resurrección de los estudios geográficos; para ello, sobre 
todo, este último, rectificó la forma triangular que España te- 
nía en los mapas de Tolomeo, por la forma que se deducía de 
los mapas náuticos que, basados en una observación constante 



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é inteligente, daban un perfil sensiblemente aproximado y, si- 
guiendo á Tolomeo en la colocación de las ciudades, represen- 
ta á España más detallada y más exactamente que en los ma- 
pas, anteriores. El mapa de Enciso sólo tenía unos cuantos 
nombres de reinos, malamente situados en unas á modo de 
cintas, dibujadas sobre el territorio. 

Ya hemos indicado en otro lugar el propósito de Fernan- 
do Colón de construir un mapa de España en gran escala; la 
gran cultura del hijo del primer almirante de las Indias era 
garantía de su exactitud, á la que hubieran contribuido en 
gran manera la multitud de datos recogidos en su Itinerario. 
¡Lástima grande que no se realizara tal empresa! 

Después de éstos, se elaboró otro mapa, en tamaño consi- 
derable, cuyas fuentes no he podido precisar: el de Giacomo 
Gastaldo, de 1 544, que no han visto, al parecer, los que de éL 
se han ocupado en España en estos últimos tiempos, pues 
cuando más mencionan su existencia en París (se halla, sin 
embargo, en nuestra Biblioteca Nacional). A él son aplicables 
los juicios antes emitidos respecto á falta de exactitud; pero 
haciendo justicia al mérito contraído por su autor, he de con- 
fesar que supera en detalle á todos los mapas generales de 
España que se publicaron en el siglo xvi, honrando á su au- 
tor y siendo un timbre de gloria para él, no sólo por los datos 
reunidos, sino por la excelente ejecución del dibujo. 

El de Pedro de Medina, publicado en el atlas Orteüo, en 
menor escala, es también un mapa apreciable. 

En cuanto á los mapas particulares de reinos y provincias, 
hubieran sido un elemento de información de extraordinaria 
importancia para mi objeto; por desgracia, de éstos solo pue- 
den mencionarse el de Portugal (de Femando Alvarez Seco), 
y los de Valencia, Cataluña, Vizcaya, parte de Carpetania, Gali- 
cia (de Francisco de Olea) y convento Hispalense (de Jerónimo 



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de Chaves). Este último es uno de los mejor delineados y tra- 
zados en aquel tiempo, uniendo su autor á la habilidad del -di- 
bujante la exactitud del cosmógrafo. A pesar de todo, no bas- 
ta para conocer el trazado exacto de los límites, porque, dada 
la amplitud de la escala, solo era posible situar un reducido 
número de poblaciones. 

De los restantes, distínguense los de Cataluña, por J. Bau- 
tista Urints, y el de Francisco Diago, por la profusión de datos, 
aunque resultan muy confusos, y uno pequeño de gran preci- 
sión que abarca el territorio comprendido entre Aranjuez y 
Toledo. 

Con estas breves indicaciones queda terminada la enume- 
ración de los principales mapas del siglo xvi, en la que he pres- 
cindido de aquellos magnf6cos atlas de Juan Martínez y de 
Fernando Vaz Durado, joyas primorosas de una época en, que, 
al esplendor de la Geografía, contribuían todas las inteligencias 
y todas las fortunas; de los mapas náuticos, que tanta utilidad 
prestaron al desarrollo del comercio, y de algunos otros 
mapas geográficos que, dada la brevedad del tiempo dispo- 
nible, no merecían especial mención y que no encontrándose 
en las Bibliotecas españolas fuera conveniente reunir, me- 
diante la reproducción fotográfica,, obra digna de esta docta 
Corporación 85. 

Antes de terminar, y por lo que á la riqueza del suelo es- 
pañol se refiere, he de hacer una aclaración: 

Cuando los nobles y plebeyos, los sabios y la gente incul- 
ta, los embajadores y los militares españoles, en aquel movi- 
miento expansivo del pueblo y de la .nación recorrieron otros 
países, pudieron apreciar sus riquezas y condiciones, y vieron 
que, si en ellos había regiones pobres y miserables, tenían 
también llanuras y valles feracísimos, extensos bosques é in- 
dustria próspera, la leyenda de oro de la fertilidad y abun- 



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dancia de E^pafSa sufrió un duro golpe, porque preciso era re- 
conocer la verdad, y la verdad era que no podía figurar como 
la nación más próspera y más rica nuestra patria. 

Entonces no se investigó si la leyenda era verdadera ó fal- 
sa, cierta ó equivocada; resultaba más agradable á la vanidad 
nacional suponer que la torpeza de los Gobiernos, los errores 
de los monarcas, los abusos de los empleados y hasta acciden- 
tes casuales y fortuitos habían contribuida á hacerla desapare- 
cer, pues de este modo quedaba siempre subsistente el recuer- 
do de algo cuya grandeza no podría desvanecer la realidad 
presente; y esta opinión, sustentada hasta hoy por la mayor par- 
te de los escritores, es la que conviene combatir en honor á la 
verdad histórica ^^. 

No es posible negar que multitud de causas y circunstan- 
cias políticas y sociales han contribuido, no al retroceso, sino 
al atraso de nuestra agricultura; pero preciso es reconocer que 
los Gobiernos procuraron en todo tiempo favorecerla. 

Cierto es que tuvo que influir la expulsión de los moriscos, 
efectuada en toda España en los comienzos del siglo xvii; pero 
fíjense bien los que atribuyen la decadencia de nuestra agri- 
cultura y aun la despoblación de Castilla á este hecho, en' que 
habiendo salido muchos más moriscos de las provincias de Le- 
vante que del centro de España, las provincias orientales que 
debieron quedar en mayor postración, prosperaron, y Castilla 
decayó ^7; lo cual prueba que la influencia de este suceso fué 
insignificante con respecto á la población, y que, portel con- 
trario, parece contribuyó á la prosperidad. 

Podría aducir más testimonios, pero al objeto principal de 
este discurso no afecta, en realidad, este asunto, de un modo 
directo, por lo cual concretaré mis observaciones á la geogra- 
física, desde el punto de vista de la riqueza forestal, cuya 
decadencia se ha creído demostrada en el territorio castellano, 



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- 46 - . 

de un modo fehaciente, citando como prueba las reclamacio- 
nes hechas y las disposiciones dictadas por ks autoridades 
para impedir las cortas y explotaciones abusivas. Desde luego 
puede afirmarse que esos datos no prueban lo que se pretende, 
porque en la actualidad podrían citarse multitud de disposicio- 
nes dictadas con el mismo objeto y la imposición de centena- 
res de multas y castigos por idénticos abusos, y á pesar de 
esto, cada día crece y aumenta la riqueza forestal. 

Tampoco me detendré á combatir el fútil razonamiento de 
los que suponen que se quemaban los bosques para sembrar 
mieses, ya que este procedimiento seguido en terrenos cubier- 
tos de pastos ó de arbustos muy diseminados no es practica- 
ble en los bosques á menos que al incendio siga la corta 
y derribo délos árboles quemados, y el arranque de los toco- 
nes y raíces, lo que supone un coste y un trabajo inmenso, del 
cual, dada la pobreza del suelo de estos bosques, no hubieran 
podido resarcirse en bastantes años. 

La demostración completa de la tesis que sustento está en 
otra prueba incontrarrestable, y consiste en la comprobación 
de los datos que aportan las relaciones topográficas y el itine- 
rario de Fernando Colón, escrito en los comienzos del siglo xvi. 
De esta comprobación resulta que allí donde señalan dichos 
documentos un monte con arbolado, existe hoy; y con decir 
esto no hace falta añadir ^nás, pues prueba que la despobla- 
ción arbórea no ha existido, 

Y siendo esto cierto, hay que reconocer que si pudieron 
nuestros antepasados lograr que las mesetas castellanas fueran 
ricas y prósperas cual lo fueron en tiempo de los Reyes Cató- 
licos y de Carlos I. ¿No podremos nosotros, con voluntad 
y tesón, con energía y estudio, con honradez y trabajo, hacer 
resurgir nuevamente la prosperidad de este suelo tan querido, 
de este corazón de España cuyos latidos apenas se perciben 



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hoy en la vida de la nación y en las relaciones del comercio 
universal? 

La historia ha de rehacerse; no hubo despoblación de 
montes, ni arenas voladoras que hicieron infecundos nuestros 
campos; hubo despoblación de fábricas y de talleres numerosos 
que daban vida á aquellas cuarenta ciudades, muchas de las 
cuales viven hoy pobres y miserables; hubo abandono del tra- 
bajo honrado del taller, por el brillante aunque arriesgado 
oñcio de la guerra, por la vida aventurera del conquistador en 
América ó por la ocupación lucrativa del empleado en Indias; 
hubo un hálito fatal que, acostumbrándonos á rápidos encum- 
bramientos, no siempre merecidos, mató nuestra industria; 
pero cuando un pafs tiene, como España, primeras materias 
abundantes, la reaccióii no es difícil, y menos imposible. Basta 
para ello evitar que nuestros brazos permanezcan inactivos, 
buscando en la caridad de los Gobiernos ó de los particulares 
el sustento; dedicar nuestros capitales y nuestra actividad á las 
empresas industriales; haciendo de Salamanca, Avila, Segovia 
y Soria grandes centros fabriles de curtidos, paños y telas, 
como lo fueron entonces; desarrollar en la Mancha la elabora- 
ción de quesos y mantecas; restablecer la industria sedera en 
Toledo, Murcia, Valencia y Sevilla 8*, donde hubo millares 
de telares; enlazar la producción del suelo con la transforma- 
ción del taller y con la existencia dgl mercado, y así veremos 
que el territorio central de España, más rico que e! de otras 
muchas provincias por los dones de la naturaleza, ocupa nue- 
vamente el rango que tuvo, restablece el equilibrio perdido 
durante cerca de tres siglos, y hace de España una nación 
fuerte y homogénea. 

La labor de la historia ha de ser también ésta: no sólo ha 
de recoger los hechos con solicitud y los ha de examinar con 
imparcialidad, sino que ha de deducir enseñanzas (por esto se 



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le llama maestra de la vida)*para difundirlas con su autoridad 
y su prestigio, esclareciendo é iluminando con la luz del pasado 
el sendero del porvenir y contribuyendo á la prosperidad de 
la humanidad y de la patria, de esta patria á quien todos de- 
seamos ver escribiendo nuevas páginas en el libro de la His- 
toria, en las cuales relate las virtudes de Sus ciudadanos, los 
inventos de sus sabios y las hazañas de sus héroes. 



He dicho. 



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NECROLOGÍA DEL EXCMO, SR. MARQUÉS DE AYERBE 



Don Juan Nepomuceno JordSn de Urríés y Ruiz de Arana, mi 
digno antecesor, fué Marqués de Ayerbe y de Rules, Conde de San 
Clemente, Grande de España cubierto ante S. M, el Rey, su Gentil- 
hombre de Cámara con ejercicio y servidumbre, Senador del Reino 
por derecho propio, Vicepresidente del Senado, Diputado á Cortes, 
Teniente Alcalde de Zaragoza y Teniente de Hermano mayor de la 
Real Maestranza de Caballería de la misma ciuijad, individuo de 
número de esta Real Academia y de la de Bellas Artes de San Luis 
de Zaragoza, Académico correspondiente de la Real de Ciencias de 
Lisboa, socio de la Económica aragonesa de amigos del pafs, Ministro 
Plenipotenciario de I .' clase en Portugal , Embajador extraordinario 
cerca de la Santa Sede, Embajador extraordinario- y Plenipotenciario 
de S. M. el Rey cerca del Emperador de Rusia y dignidad de Cla- 
vero en la Orden militar de Calatrava. 

Se hallaba condecorado con el cordón de la Orden de Carlos lU y 
con la gran cruz del Mérito Militar, las portuguesas de Jesucristo y 
Concepción de Villaviciosa, las Pontificias de Piara y Sari Gregorio 
Magno, Banda de Osmanié de Turquía, Gran oficial de la Legión 
de honor de Francia y Medallas de Alfonso XIH y de la Regencia. 

Había nacido el 21 de Febrero de 1851 en Zaragoza, cursó la 
segunda enseñanza en el Seminario de Escuelas Pías de San Fernando, 
de Madrid, y las asignaturas de las Facultades de Derecho y Filosofía 
y Letras en las Universidades de Madrid y Zaragoza. 

Espíritu moderno y conocedor de la vida actual, comprendió que 
en estos tiempos no bastan los méritos y títulos heredados para labrar- 
se una reputación cientftica y esto unido á su amor al estudio y más 



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- 50 - 

principalmente á los de carácter histórico, le llevó á publicar algunos 
trabajos interesantes, en los que mostró su superior cultura. 

Uno de ellos fué relativo al sitio y toma de Manila por los ingleses 
en 17Ó2, en el cual d¡ó á conocer la Relación en forma de Diario, 
redactada por D. Alfonso Rodríguez de Ovalle, documento curioso 
que avaloran las consideraciones que respecto á las personas que inter- 
vinieron en aquellos sucesos, hizo el Marqués de Ayerbe. 

En la Correspondencia de D. Guillen de San Clemente, relativa á 
los sucesos de Polonia y Hungría (1581-1608), maniñestalos servicios 
altamente meritorios de algunos de nuestros compatriotas, en aquellos 
siglos que fueron los de mayor grandeza de España, y sobre todo da 
á conocer sucesos sobre los cuales no se había fijado bastante la 
atención. 

En otro trabajo se ocupa de la impresión de las Memorias del Mar- 
qués de Ayerbe (antecesor suyo) sobre la prisión de Fernando VII en 
Valen^ay y principio de !a guerra de la Independencia, haciendo 
resaltar la lealtad del noble Marqués, Mayordomo mayor del Rey de 
España, quien, obligado á abandonar á su Señor y á reconocer al rey 
intruso, se escapó de Bayona, llegó írf Roncal, donde Renovales, el 
defensor de Zaragoza, mandaba una partida, se unió á él y le confió 
su proyecto de libertar de la cautividad á Fernando Vil, Larga sería 
de contar su pcr^rinación por toda España en busca de elementos 
para lograr su noble propósito, en el que persistió durante largo tiem- 
po á pesar de los obstáculos que encontraba para realizarle y aun de 
los peligros que envolvía. 

Otro estudio histórico relativo al combate naval entre españoles y 
portugueses en Río Grande en la tarde del 18 de Febrero de 1776, 
publicado en el Boletín de esta Academia, muestra también su com- 
petencia en estos asuntos, y, por último, su Discurso de ingreso cómo 
Académico de número, pronunciado en el día 28 de Mayo de 1899, 
en el que trató de los enlaces de Reyes de Portugal con infantas de 
Aragón, fué una disertación brillantejústamente ensalzada y aplaudida. 

Cuando aún hubiera podido dar mayores frutos su labor, falleció 
en Madrid á li de Mayo de 1908, dejando un nombre ilustre en las 
letras. 



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IsT O TjA. S o 



1. Pedro Ciruelo. — Entre sus obras hay las siguientes, relaciona- 

das con la Geografía: «Opusculum de Sphaera mundí Joannis 
de Sacrobosco». Compluto, 1526; Paris, I498-1508. B. N., 
R. 10.888 (con los comentarios á Pedro Aliaco). — «Com- 
pendio de los libros de Re naturali, de Aristóteles». B. N., 
K. 14.768 y B. de M. 

2. Lucio Marineo Siculo. — *De Aragoniae Regibus». — Zaragoza, 

1 509. — (Sumario de las vidas de los Reyes Católicos». — Ma- 
drid, 1587- — *De rebus Hispaniae memorabilibus», traducida 
al espariol por Juan de Mobna. — Alcalá, 1530. B. N., 9.043- 
2.496. 

3. Benito Arias Montano. — «De naturae historia». — Amberes, 

1601. B. N., 2-34.548; 

4. FernAn Pérez de Oliva. — «Imagen del mundo. Cita esta obra' 

su sobrino Antonio Morales, pero hoy se ignora su paradero. 
«Razonamiento que hizo en el Ayuntamiento de la ciudad 
de Córdoba sobre la navegación del río Guadalquivir». — Im- 
presa con otras obras. B. N., R. 14.441. 

5. Pedro Juan Oliver. — ^«Pomponio Mela». — Lyon, 1536, 1538, 

1551. IS57- 

(i) Las abreviaturas empleadas son las BÍguieoles: 

B. N Biblioteca Nacional (impresos). 

B. N. Ms ídem Jd. (manuscritos). 

B. N. BAG ídem id. (Bellas Artes). 

B, S. G ídem de la Sociedad -Geo^áfica. 

No se indica la signatura de las obras modernas y tampoco la de aquellas que 
no se hBD coosuitado. 



lizcdtyGooi^Ie 



- 52 - 

t\ntonio de Nebrija. -«Tabla de la diversidad de días y horas 
en las ciudades de España», i $49, reimpresa. 

«Cosmografía». Varías ediciones. 1533. Consultadas las de 
B. N., R. 10.790 y 1-3.074. Véase el elogio de Nebrija por 
J. Bautista Muñoz. Memoria de la Real Academia de la His- 
toria. Tomo 111, 

«Prólogo á las antigüedades de España, por Fernando del 
Pulgar». B. N., R.-10.790-1. 

«Antigüedades de España». — Burgos, 1499. Haebler, Ti- 
pografía ibérica. Sólo se conoce un ejemplar de esta obra y 
está en la Biblioteca Real de Copenhague. 
Alonso de Santa Cruz. — «Tratado de las longitudes». B. N., Sec- 
ción de manuscritos, Aa. 97. 

«Mapa-mundo», reproducido por Dahlgren, B. S. G, E. W. 
Vahlgran. — Stockolm, 1892. --«Mapas de España, Francia, 
Inglaterra, Alemania, Italia, Europa y del Mundo». 

«Atlas del Emperador Carlos V». 1539. Consta de 12 ma- 
pas en vitela. Propiedad del Marqués de Molins. Se supone 
está hecho por Santa Cru?. V. Boletín de la Sociedad Geo- 
gráfica, tomo XI, pág. 335- 

«Die Karten von America», etc. — Insbruck, 1908, fol. S. G. 

«Islario». Ms. en la B. N. 
Francisco Sánchez (El Brócense). — «Obras Ginebra». 1766. — 
B. N„ U. 1734-1737. Entre ellas están la titulada «Sphaera 
iTiundi ex variis auctoribus concinnata». — Salamanca, 1578- 
1588; y «De situ orbis», del español Pomponio Mela. — Sala- 
manca, 1574-1598, (Centro Militar). 

«División del universo». B. N., Ms., Aa. 117, pág. Ilj- 

«Obras del Brócense». Están publicadas en Ginebra. 
Fernán Nú.Sez de Guzmán (El Pinciano). — Traducción de la 
Historia natural de Plinio, con comentarios. B. N., 3-16.24Í, 

iCosmographia Pomponüs cum ñguris». B. N,, U. 1.070 
(contiene también los comentarios). 
Pedro Chacón. — «De ponderibus et de mensuris». — Roma, 
1586. B.N\ 

«De columna romana», etc., impreso. B. N. 

Comentó con mucha erudición á Pomponio Mela. 



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— 53 — 

Pedro de Medina. — «Arte de navegar» (sirvió de texto durante 
mucho tiempo en las escuelas náuticas de Europa). 1545-1561. 
B. N.. R. 3.405. 

«Libro de las grandezas y cosas memorables de Espafia». 
Muchas ediciones. 1543, 1545, IS46, 1548, 1549/ 1552. iS6i, 
1563, 1566, 1590, 1595, IÓ09 y 1616. B. N., R. 11.745. 

El mismo, corregido por el licenciado Diego Pérez de Mesa. 

(Regimiento de navegación», I552-I553. 

«Crónica de los Duques de Medina Sidonia», Colección de 
documentos inéditos para la Historia de España», tomo ;::íxij. 
—Sevilla, 1548. 

«Mapa de España». — Sevilla. 1560. En la obra de Ortelio. 

«Representación al Rey sobre el desorden que habla en 
las cartas de navegar». Copia del Depósito Hidrográfico. 

«Mapa de España». En la portada del libro de grandezas. 

(Su biografía está en el tomo xxxix de la Colección citada.) 
Pedro de Esquivel. — De este sabio nos dan noticia sus contem- 
poráneos refiriendo que empezó los trabajos para la formación 
del mapa de España por orden de Felipe II; consta que se- 
guía el procedimiento de Regio Montano, que hasta entonces 
no se habia empleado, y que midió una base en la provincia 
de Guadalajara. De^raciadamente se han perdido sus trabajos. 
Relaciones topc^ráñcas. — Existen en copia en la Real Academia 
de la Historia. Las que corresponden á la provincia- de Gua- 
dalajara están en publicación. 

Puede consultarse el discurso de ingreso en dicha Acade- 
mia de D. P'ermín Caballero, Madrid, I866. 
Respecto de la creación del Museo puede verse el informe de 
Páez de Castro, publicado en la Revista de Archivos, 1883. (El 
original está en El Escorial.) 
Para la creación é historia de la Academia de Ciencias, de Ma- 
drid, léase el discurso de D. Acisclo Fernández ValUn, leído 
en el acto de su recepción en la Academia de Ciencias. 
Entre los trabajos relacionados con la Geografía podemos citar 
el de Onderiz, titulado «Uso de los globos». 1 585. B. N. y 
Academia de la Historia. Colección Traggia, tomo w. Est. 24, 
gr. 6. B. 157. • 



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— 54 — 

La Geografía de J. Bautista Labaña, titulada «Descripción de^ 
universo». B. N., Ms. núm. 9.211. — Mapa del reino de Ara- 
gón. Varias ediciones {lo formó en 1614). — «Itinerario de Ara- 
gón» (obra notable). 1614.— «TavoasdolugardoSol». — Tra- 
tado del arte de navegar». 1 588. — «Regimiento náutico». 1 595 
y 1606. — «Viaje do Rey D. Felipe III a o Reino c'e Tcrtu- 
gal», lórg. (En San Isidro.) 

16. «Resumen de los acuerdos y tareas de la Real Academia de la 

Historia desde el 30 de Abril de 1880 hasta igual día de 1883», 
por D. Pedro Madrazo. — Madrid, 1882, 

17. Libros de Cosmografía y Cronología: 

Rodrigo Fernández de Santa Ella. — El libro de Marco Paulo, 
con la cosmografía de Pogio florentino. 1502, 1503, 1518, 
1515, 1520. B.N., R. 5.599- 

Alonso de Chaves. — «Quatri partitum in cosmographia». — Aca- 
demia de la Historia. — Est. 13, gr. 6, núm. 679. — V. Fernán- 
dez Duro. De algunas obras de Cosmografía. 

Jerónimo de Chaves. — «Chronographia, etc.» — Sevilla, 1554, 
1568, 1580. BN., R. 2.279. 

Anónimo. — «Cosmografía», — Academia de la Historia. — Est. 93, 
gr. 5, núm. 635. 

Gaspar Barreiros. — «Observaciones cosmográficas». — Coimbra, 
1561. B. N., R. 10.258. 

Bernardo Pérez de Vargas. — «Fábrica del Universo». — Toledo, 
IS63.-B.N.,R. 7.677. 

Pedro Apiano. — «Cosmografía». 1524,1529,1534, 1539, 1552, 
1564, IS74. 1575, 1576, y 1584- B. N., 2, 28.165. K. 8.107, 
424, 602 y B. A. G. 1.020, y otras varias en la misma Biblio- 
teca. La edición de 1 548 en castellano, en el Centro del 
Ejército, 

Jerónimo Girava.— «Dos libros de Cosmografía». -Milán, 1556. 
B. N., R. 3.936. Edición Venecia, 1552.— Milán, 1556. Tra- 
ducido al inglés é italiano. 

«La Cosmografía y Geografía». B, N., R. 3.931. 

Rodrigo Zamorano. — «Cosmografía y Cronología». — IS75. R- 
3.128. R. 4.447. Otras ediciones posteriores. — Sevilla, 1591, 



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— 55 — 

1582, I585< 159I. etc. (es el arte de navegar). R. 4.024. Tra- 
ducido á varios idiomas. 
Vicente de Tornamira. — <Chronograffa». — Que trata de cosmo- 
grafía y esfera. B. N., R. 8. 141.— Pamplona, 1585. 

Libros de la Esfera ó Spliaera mundiy Arle de navegar: 

Francisco Palero. — «Tratado de la esfera». — Sevilla, 153S1 
1542. B.N., R. 6.903. 

cLibro de Aritmética y Geometría». 

Jerónimo de Chaves. — «Sphera del mundo». — Sevilla, i54S- 

Martín Cortés. — *Breve compendio de la esfera».— Centro del 
Ejército.- Sevilla, 1551 y l-SS^. B. N., R. 2.104. 

Juan de Castro. — «Tratado de la esfera». IS38. — B. N. Manus- 
crito. R. 225. 

DiECo Pérez de Mesa.-^-* Comentarios de Sphera». 1596. B. N-, 
Ms. 8.882. Aa. 130. 

Antonio Barba Villalobos. — «Tratado de Geografía y esfera». 
Biblioteca Nacional, Ms. S. 214, y Aa. 1 17. — Impreso en 
Granada, 1594- 

Baltasar Manuel Bou. — «DeSphaera mundi». Biblioteca Nacio- 
nal, 2, 47.982, 

GiNÉS DE R0CAMORA. — «Sphera del Universo». — Madrid, 1 599. 
B. N., 2. 37.166. 

Libros de arte de navegar: 

Martín Cortés. — «Breve compendio de la esfera y del arte de 
navegar». B. N., R. 2.104. (Ya citada.) 

Pedro de Medina. — «Arte de navegar». B. N., R. 3-405 y 8.453- 
(Se tradujo al francés y al alemán.) 
^Regimiento de navegación». B. N., R. 675. 

Juan Pérez de Moya. — «Arte de marear». Manuscrito en el De- 
pósito Hidrográfico, en copia. El original en El Escorial. 

Pedro Nüñez de Saa. — «Tratado de la carta de marear». B. N., 
Ms. Aa. 57, 58 y 59- 

Antonio de Guevara. — «Libra que trata de los inventores del 
arte de marear». Ahora nuevamente impreso. — Alcalá, 1592. 
B.N., 2, 35.701. . 



tizcdbyGoOl^Ie 



-56- 

19. Libros de artes liberales y filosofía: 

Juan Pérez de Moya.— «Filosofía natural». 1573 y 1585. B. N., 
K. 6.142.— Alcalá, 1568 y 1572.— Madrid, 1585. 

«Filosofía secreta», con figuras. B. N., I, 49.51 1. (Trata de Geo- 
grafía y esfera.) 

Pedko Roiz. — «Libro de relojes solares». 1575- (Ateneo.) 

Bartolomé Barbientos, — « Aonotationes sylva per Überalium 
artium». 1570 y IS74-B. N., l, 22.703 y 3j 5.310. . 

Pedro de Mercado. — «Diálogos de Philosophia natural». 155^ y 
1574. B. N., R. 13.989. (Rarísimo.) 

20. Libros de Matemáticas: 

Juan Pérez de Moya. — «Aritmética», B. N., 2, 2.343. Varias edi- 
ciones. «Tratado de Geometría». — Alcalá, 1573. B. N'., K. 
4.755. «Fragmentos matemáticos», en que trata de Geogra- 
fía y esfera.— Salamanca, 1558. — Alcalá, 1563. B. N., R. 5.614. 
R. 4.818. Biblioteca de Marina y B. N., R. 13.919. (Hay otras 
ediciones). 

Alemán (J.). — «Repertorio de los tiempos». — Toledo, 1593. 

Pedro Ciruelo. — «Cuatro cursos de Matemáticas y artes libera- 
les».— Alcalá, 1S16. B. N., R. 14.768. 

21. Libros de Astrologiay Astrolabio: 

Juan Martínez Población. — «Compendio del Astrolabio». — Pa- 
rís, 1529 y 1545. B. N., R. 18.135. 
Jerónimo Cortés. — «Lunario». — Madrid, IS98. B. \., I, 36.439. 

R, 8.8lO'y otros ejemplares. 
Dleco Pérez de Mesa. — «Tratado de Astrología». B. N., Ms. 6.02 1 
' y 5-995- 

«Los 300 aforismos de Astrología». B. N-, Ms. 8.933 >' 9-050. 
Pedro Ciruelo. — «Apotelesmata Astrologiae humanae». 1521. 
Biblioteca del Ministerio de Marina. 

22. Libros de Historia natural: 

Benito Arias Montano. — «Naturale historia». — Amberes, 1601. 

Biblioteca Nacional. 2, 34.548. 
Jerónimo Cortés. — «Fisonomía y varios secretos de naturaleza». 



tizcdbyGooi^Ie 



- 57 - 

(Hay muchas ediciones). B. X., 2, 1.941. — Lérida, 1591.— 

Valencia, 1594, etc. Contiene un compendio de Geografía. 
Bernardo Pérez ue Vargas. — «Fábrica del Universo». B. N., 

K. ;. 677. —Toledo, 1563. 
Francisco López de Villalobos. — «Historia natural de Plinio», 

B. N., R. 14.068.— Alcalá, 1524. 

Libros que coa los títulos de Relaciones, Teatros del mundo y 
otros, traían de Geografía: 

Baltasar Pérez del Castillo. — «Teatro del mundo*. — Alcalá, 
1564. San Isidro 153, 7, 54.369. 

Gregorio López Madera. — «Excelencias de la Monarquía y Rei- 
no de España». 1628. Ateneo.— Valladolid, 1597, (B. N., I, 
15.849.) 

Francisco I^pez de Villalobos. — «Los problemas*. (En la Biblio- 
teca de Autores españoles de Rivadeneyra.) 

Juan Ginés de SepClveda. — «De mundo». «De Regno». B. \., 2, 
28.085. Obras. Edic. 1780. En el Ateneo. 

DuARTE Pereira. — «Esmeraldo de situ orbis». 1505, Reimpreso 
en 1895. En el Ateneo. 

Lorenzo Palmireno. — «Vocabulario del humanista». — Barcelona, 
1575. B. N., U. 305. Otras en Valencia, 1569 y 1572. 

Pedro Camarín.— «Poligrafía». {Hace el elogio de España). B. N,, 
Ms. V. 302. 

Antonio de Torquemada. — «Jardín de flores curiosas». — Sala- 
manca, 1570, etc. B. X., V. 1.092. 

-\lonso de Fuentes. — «Suma de Filosofía natural». — Sevilla, 1 547. 
B. X., R. 11.911. 

Bartolomé Hera y de Barra. — «Repertorio del mundo». B. X., 
1,31.859- 

Martín Fernandez PE Enciso.— «Suma de Geografía», — Sevilla, 
1519. B. N-, R. 2.107.— Sevilla, 1530.— Sevilla, 1546.— Sevi- 
lla, 1521. En San Isidro. 

Theophile Lavallee.— «Geographíe phisíque, historique et mili- 
taire».— París, 1874. Centro del Ejército. 

José Gómez de Arteche. — «Geografía histórica militar de España 
y Portugal. — Madrid, 18S9. l^os tomos. 



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27. £1 manuscrito á que hace referencia esta nota tiene el núme- 
ro 4.031. — Historia de España, desde Tubal hasta Carlos I, 
con la descripción de las provincias. Según nota al folio 2, es 
de Juan de Bríhuega. 

23. Jerónimo Girava. — <Tratado de Cosmografía». B. N., K. 3.936. 
En la portada lleva un grabado con el retrato del autor, un 
globo terrestre, el cielo y un letrero que dice: tCon el tiem- 
po Girabay, aludiendo á la teoría de Copérnipo dada á luz 
pocos años antes. 

29. Miguel de Villanueva ó Miguel Servet.— Claudii Ptolomei. — 

«Geographicae enarrationis».— ^Lyon, 1535 y 1541. B. N., 
BAO. l.o;8. 

Entre las ediciones ó traducciones de las obras geográficas 
de griegos y latinos, pueden citarse estas como modelo: 

30. Ya citados. 

31. Pedro Apiano. — «Cosmografía». — Amberes, 1548. Centro del 

Ejército y Armada. 

32. Rodrigo Zamoranq. — «Cosmografía». Compendio del arte de 

navegar.— Sevilla, 1581, 1582 y 1588. B. N., R. 4.024. 
53. Vicente de Tornamira. — «Cosmografía». Que trata de cosmo- 
grafía y esfera. Pamplona, 1585. B. N., R. 8.I4I. 

34. El manuscrito de la obra de Barba Villalobos contiene 156 

folios y abarca dos tratados; el primero es al que hago refe- 
rencia. B. N., 8.934- 

35. Baltasar Manuel Bou. — «Sphaera mundi>. — Valencia, I5S3' 

B. N., 2, 47.982. 
56. Abraham Ortelio. — «Theatro del orbe». Ediciones de Ambe- 
res, 1 570, 1 598, 1603. B. S. G., B. N., Depósito de la Guerra. 

37. Jaime Rebullosa. — «Descripción de todas las provincias y reinos 

del mundo».— Gerona, 1603. B. N., BAG. 63. 

38. GiovANNi Botero.— «Relationi universal! divise in quatro libri, 

en 4." — Venetia, 1 59Ó, y otras varias ediciones. Biblioteca Na- 
cional, I, 17.423. • 

39. Diego de Acuiar. — «Relaciones universales del mundo».— Va- 

lladolid, 1600. (Edición que estaba i la venta en la librería de 
Vindel.) La que he consultado es de 1603. B. N, R. 19.188. 

40. Pedro de Medina.— «Libro de las grandezas y cosas memorables 



,y Google 



— 59 — 

de España». (Varias ediciones). B. N., K. 8.0G8 y 1.699, y 
Depósito Hidrográfico. 

41. «Floresta española 6 descripción dé varias ciudades d« EBpaAa>. 

1602. B. N. Mb. 5.989. 

42. Sólo de traducciones y ediciones de Plinio conozco mJB de cua- 

renta hechas en el siglo xvi, y á este tenor abundan las de 
Tolomeo, Estrabón, Mela, Híginio, etc. 

De este último, que era español, citaré sólo el ejemplar de 
laB. N. 1, 26.621. 

De Plinio: La edición de Páez de Castro. 1570. 
La de López de Villalobos. 1524. B. N., R. 14.068. 
La de Juan Níiñez, ya mencionada. 

De Pomponio Mela, también español: Las de Pedro J. Oli- 
ver. 1536, 1538, 1539 7 ISSI- 
La de Enrique Esteban, 1577. 
La de Fernando Núñez. IS43. 
La de Frannisco Sánchsz. 1574 
La de Juan Carnero. 1 557. 

De Estrabón: La edición de Casaubón. 1557. 

De Tolomeo: La traduccióu de Alonso Ortiz de Castro 
(Centiloquio de Tolomeo). Ms. B. N. Aa. 185. 
La de Miguel de Vllanova ó Villanueva, ya citada. ■ 
La de Pedro Núñez. Ms., B. N., K. 97. 
La de Pérez de Castro. IS70. 
La de Juan de Monterreal. 1525. 

43. Libros generales de Geografía é Histofia: 

Antonio Gó.mez. — «Descripción del reino de España>. B. N. Ms. 
K. 16, C.49, V. 68. 

Bernardo Alderite. —«Antigüedades de España». 1614. B. N., 
R. 5.694- 

Juan Alvapez de Colmenar. — «Las delices de l'Espagne et du 
Portugal». — Leyde, 1715- 6 tomos en 6 vols. con 153 lámi- 
nas y 1 1 mapas. Obra antigua. 

Pedro de Alcocer. — «Historia de Toledo, en que se refieren 
muchas antigüedades de España » . — Toledo, 1554- B. N., 
K. 9.285. 



tizcdbyGoOi^Ie 



— 6o — 

Pedro Mártir de Angleria. — «De laudibus Hispan¡ae>. 

Alfonso Barba. — Descripción universal del orbe». 1594. 

Juan Bermejo. — «Libro de las derrotas de las costas de España, 
Francia», etc. 1542. Biblioteca de Palacio. 

Juan de Brihuega. — «Crónica de las antigüedades de 'España 
dirigida á Carlos I>. V. la- nota 27, Ms. B. N. 4.031. 

MiGUEL Carbonell. — cCfonique de Kspanya». — Barcelona, 1546. 
B. N., R. I.691. 

Gabriel db Cárdenas. — «Epístola de la descripción y sitio del 

orbe». 1585. 
MartIn Cellarius. — «Cosmographicum elementales que totius 
et Astronomía et Geographiae rudimenta docentur», ISS'- 
B. N-, BAO. 548. 
. DiEGoCovARRUBiAS.— «Fundación de alguna&ciudades de España». 

Juan Fernandez Franco. — «Antigüedades romanas de España». 
B. N., Ms. 5.5/7. 

Antonio Gómez de Sotomayor. — «Descripción del reino de Es- 
paña». B. N., Ms. 1377. 419, 11.958. 

García Gómez de Esteruiñana. — «Esfera española y zona filí- 
pica de los reinos, provincias é islas que de un polo á otro es- 
tán sujetos á España». 

Juan Gil de Zamora.— «Libro de las alabanzas de España». 
B. N.1508. 

Lucio Marineo SIculo. — «De las cosas memorables de España». 
Alcalá, 1 530, ya citada. 

Jerónimo Muñoz. — «Lectura geográfica»,*— Valencia, 1577. Con- 
tiene descripción de España. 

Lorenzo Palmireno. — «España abreviada». — Valencia, 1569- 
1573. B.N., K. 7-823. 

Jerónimo Paulo.— «De ñuminibus et montibus Hispaniae». Aca- 
demia de la Historia, 20-1.", núm. II. V. Vargas Ponce. — 
B. N., G. 178. V. Fernández Duro, Boletín de la Real Acade- 
mia de la Historia. 1899. 

Juan Segura. — «Aritmeticae Gcographicaeque compendium uti- 
lissimum». — Alcalá, 1566. 

Miguel Suriano, Embajador. — «Relatione delU Stati dell Sere- 
) Re Filippo». 1559- H. N., Ms. 1.062. 



tizcdbyGooi^Ie 



— 6i — . 

Juan (jwfs de SepOlveda.— j|>e mundo». I53I." «I^e regnos. 

1571. 
Jerónimo de Soto. — «Compendio de todas las islas y fronteras 
que S. M. tiene adyacentes á estos reinos de Espafia con pla- 
nos de las fortificaciones. 

Antonio de Torquemada, — «Jardín de flores curiosas». — Sala- 
manca, 1570-1574-1599. B. N., U. 1.092. 

Luis Texeira. — «Nueva geografía é hidrografía del orbe». 1598. 

Juan Vaseo. — «Chronicon rerum memorabilium Hispaniae».— 
Salamanca, 1552. B. N. 2-62.433. 

Pedro Ze y xcop a.— «Descripción de las costas de España*. De- 
pósito hidrográfico. Colección \''argas, parte personal, letra Z, 
pág. 166 y en el Índice números I3, I4 y 15. 

Anónimos. — «Noticias geográficas de España». Academia de la 
Historia, tomo xxxviii, colección Valdeflores. 

«Monarquía hispana». 1659. B. N., BAG. 56. 

«Híspanla illustrata». Véase Schotti, Francfort, 1603- 1608.- 
4 tornea. 

(Grandezas de España». Colección Academia de la Historia. 
Eat. 22, gr. I.' Varios tomos. 

«Derroteros de España». Aa. 137. B. N., Ms. 175. 

«Diseños de países». Aa. 136. B. N., Ms, 174. 

«Descripción de montes y ríos». G. 178. B. N., Ms. 596. 

«Geografía del siglo xiv». (Fragmento anónimo.) La 2.' parte es 
del siglo XV. B. N., Ms. 7.597, 

«Geogralía anónima». Año 1305. B. N., 9.055. 

«Antigüedades de España». B. N., Ms. 1. 351. 

«Papeles de ríos y montes-de España y Portugal». Academia de 
la Historia. Est. 22, gr. 7, núm. 129. (Serán de Llansol ?; ' éste 
recorrió toda España.) 

^Descripción de algunos puentes de España». B, N., 6.O83, pá- 
gina 170. 

«Varias maravillas de España». B. N., 6.555 Y 6.556. 

Descripción geográfica del mundo y de las partes én que Se di- 
vide». B. N., Ms. en folio, núm. 13. 

«Pirineos». V. Miscelánea histórica, tomo 11, folio 171. Academia 
de la Historia. D. núm. 47 y 49. 



tizcdbyGoOl^Ie 



_ 62 — 

«Descripción de algunas provincias de España». B. N., Ms. l802. 
«índice alfabeto de reinos, provincias y obispados de España». 

Colee. Abad. Academia de la Historia, tomo xviii. 
Antonio Agustín. — «Fragmentos de varios escritores antiguos» 

(original). B. N., 7.901 y 7.902. 

44. Francisco Molina. — «Descripción de Galicia». B. N,, Ms. 3.922 

y 8.342. Academia de la Historia. Est. 27, gr. 4, E. 102 y 103. 
Id. impresa en Valladolid en 1 5 50. B. N-, R. 5.746. 

45. Juan Pérez de Nueros.-— Sumaría noticia del reino, de Aragón». 

B, N., Ms. G. 1 54, núm. 1854. El autor fué fiscal en tiempo del 
rey Felipe II. Señala los limites, estados, etc., del reino de 
Aragón, las comunidades, los ocho grandes linajes, etc. 

46. Andrés de Poza. — «Hidr<^rafi[a de las cosas más curiosas que 

hasta aquí han salido á luz. — Bilbao, 1585. — «En el Centro 
del Ejército». También escribió de la antigua lengua, pobla- 
ciones y comarcas de España.^Bilbao, 1585, y Tolosa, 1900. 

47. «Itinerario de Fernando Colón». Manuscrito de la Biblioteca Co- 

lombina, en Sevilla. — Boletín de la Real Sociedad Geográfica 
(en publicación). 

48. Antonio BlAzquez. — «ELItinerario de Fernando Colón y las re- 

laciones tofK^ráficas». — Madrid, I904. 

49. Lorenzo de Padilla. — «Crónica de Felipe I». Colección de do- 

cumentos inéditos para la historia de España, tomo vui. 

50. Esteban.de Griba y, — «Los cuarenta libros del compendio his- 

torial- de las crónicas». — Barcelona, 1628. 

51. FloriAn de Ocampo. — «Crónica de España». — Madrid, I790- 

52. Ambrosio Morales. — «Crónica general de España». — Madrid, 

1791.— En el Ateneo. 

53. Ambrosio Morales. — «De las antigiJedades de las ciudades de 

España». -Madrid, 1791. 

54. Jerónimo de Zurita. — «Anales de la Corona de Aragón». — Za- 

ragoza, 1610. 
(Historia del rey D. Hernando el Católico». — 2^agoza, 1610. 
«Cantabria». Descripción de sus verdaderos limites. Incluida en 

loB discursos varios de Dormer. 
«Enmiendas al Itinerario». 1580, 

55. Juan de Mariana. — «Historia general de España». — Madrid. 



tizcdbyGoOi^Ie 



-63 - 

56. Crónicas y descripciones particulares: 

«Descripción y antigüedades de Sobrarbe». B. N., Ms. número 
18.723. Ce. 96. 

«Navarra*. Noticia de sus meríndádes. B. N., Ms. Y. 36, 11.909. 

(Descripción del condado de Ribagorxa*. Academia de la His- 
toria. Ms., Est. 21, gr. 7, núm. 43. ¿Será de Aragón y López 
de Gurrea? — Véase también sobre este asunto G. 94 y Gui- 
merá 2.070. 

<NoticÍa de la antigüedad de la provincia de Córdoba». Acade- 
mia de la Historia. Ms., Est. 18, gr. 5i núm. 63. 

«Descripción del adelantamiento de Cazorla». B. N., Ms. I.529. 

«Catálogo de las abadfas y prioratos de Cataluña». Academia de 
la Historia. Ms., Est. 27, gr. 4 E, núm. 122. 

«Vizcaya». Historia y descripción. B. N., Ms. 2.O48. 

«Crónica del reino de Aragón». Academia de la. Historia. Ms-, 
Est. 27, gr. 3,- núm. 43- 

«Historia natural de Cataluña». B. N., M6., G. 17, núm. 1814. 

«Breve disertación histórica de las singulares excelencias del 
reino de Aragón». Academia de la Historia. Colección Abe- 
lla, tomo XXXI. Est. 24, gr. 4, B. lio. 

«Descripción geográfica de los reinos de Aragón y sus agrega- 
dos». Academia de la Historia, tomo v de Miscelánea histó- 
rica, folio 212. Est. 27, gr. 6E, núm. r68. ¿Será de Galcerán? 
Véase Vallin. 

Pedro Jacinto de Álava. — «Descripción de los pueblos de la 
provincia de Álava». (Muñoz Romero.) 

Francisco de Avala. — «Descripción de las hermandades de la 
jurisdicción del Duque del Infantado». Academia de la Histo- 
ria, D. 60, con mapas. 

«Relación y descripción de los montes Pirineos con todos sus 
puertos y condado de Ribagorza del Reino de Aragón». — 
V. Nic. Antonio, tomo 11, pág. 333. Está impresa en 1793. 
B.N., 2/61.999. Corresponde al año 1586. 

Gaspar Alvarez de Loreada. — «Descripción de algunas provin- 
cias de Portugal», La cita Jorge Cardóse. 

Bernardo Alderete. — «Bética ilustrada». Ms. citado por Nic. An- 
■ tonio. 



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-«4- 

Juan Bautista Antonelli. — « Discorso sopra la montagna di 

Spadan>. 1 588. Biblioteca de Ingenieros militares. 
Luis Baldo. — «Descripción de los condados del Rosellón y Cer- 

daña».— V. ValHn. 
Jerónimo Blancas.— «Aragonensium rerumt. — Zaragoza, 1588. 

B. N., U. 8.300. 
Bernardo Brito. — «Monarquía Lusitana». 1597. B. N., 5, 3.238. 

Academia de la Historia. Est. 25, gr. 4. C. núm. 69. 
Antonio Brito, — «Noticia dos portos, ensenadas, etc. de Lisboa 

ate 6 promontoiro Sacro». 
FRANCiscft Calza, — «De Cataluña». — Barcelona, 1588. B. N., 2, 

62.558. 
■Francisco Compte. — «Ilustración de los condados del Rosellón y 

la Cerdaña». 1 586. B. N,, Ms. G, 180. 
«Descripción del Reino de Sobrarbe», Incluida en ta Disputa his- 
tórica. B. N., Ms., S. 218, núm. 6.495. 
Fernando de Coria. — «Descripción de Extremadura». 1608. 

Academia de la Historia. 
Martín Coscoxales. — «Fragmentos y antigüedad de Vizcaya». 

1595, Ms. 
Juan Amador de Don Diego.— «Descripción geográfica de Ca- 

zorla». Copiada por D. ... en 23 de Febrero de 1 586 (en latín). 

Academia de la Historia, Colección Velázquez, tomo xxxvi. 
Juan Fernández Franco. — «Varias antigüedades de Andalucía». 

B. N., P. 157, núm. 4.518, y I9I, núm. 11.915. 
Gaspar GalcerAn de Castro. — «Repertorjum geographicum 

Regni Aragonum». Manuscrito mencionado por Picatoste y 

Vallín, 
J. Bautista Gessio. — «Descripción de Lisboa y su distrito». Bi- 
blioteca de El Escorial, Est., P. I. No tiene mapa. 
Bartolomé Guerrero. — «Breve noticia da Reino de Portugal é 

suas conquistas». (ValHn). 
GuimerA {Conde de), — «Copia del libro del Conde de Cuimerá de 

las montañas de Castilla y León». Academia de la Historia, 

Ms. Est, 26, gr. 3, D, núm. 19. 
GuimerA. — «Historia del condado de Ribagorza», original. Ms, 

B. N., I, 237. 



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-65- 

EuüENio Muñoz. — «Descripción de los pueblos del Reino de Va- 
lencia, Tomo XX. Colección papeles. Academia de la Historia, 
Est. 25, gr. 2.', C. núm. 20. - 

Gonzalo de Olivera. — cRcIacion de la costa de Portugalf. Aca-r 
demia de la Historia. Colección Valdeflores. Tomo xxxvl — 
Remitida en 1532. 

Blas Ortíz. — «Descripción geográfica de Toledo». Itinerario 
de Adriano VI.~Toledo, I S48. Centro Militar. 

Lorenzo de Padilla. — «Crónica de los Duques de Medina-Sido- 
nia.— V. Ya citada. 

Antonio Páez Villegas ó Viegas. — «Principios do Reino de Por- 
tugal», Lisboa., 1563 y 1641. B. N,, l/i;850, 

Pablo Albiano de Rajas. — «Tabla geográfica y descripción del 
Reino de Aragón». 

Alfonso RodrIguez de Guevara. — Cantabria, — «Fundación y an- 
tigüedad de España».— Madrid, 1586. 

Ambrosio Rui Bamba. — «Bética». Academia de la Historia. Están-' 
te 19, gr. 3, nüm. 51- 

Diego Rosales, — «Descripción de las montañas de Navarra y 
montes Pirineos», — V, Almirante y.Vallfn. l6o5. Disposicio- 
nes que se pueden dar en tiempo de guerra. 

Diego Sánchez Portocarrero. — «Historia del Señorío de Molina*. 
B. N., K. 148, 149 y 150. 

Francisco Santa Cruz. — «Relación breve del Valle de Arín y 
BU gobierno». 

Antonio Serón, — «Aragonieo». 1560, B. N., M. 26, números 
3^3 y 18.739. 

Gaspar de Sessé. — «Historia de las antigüedades de Barbastro», 
. Academia de la Historia. Est. 24, gr. 6. B. 143. 

José Texeira. — «De Portugaliae ortu». Parissis, 1 584. 

Jerónimo Zurfta. — «Cantabria: descripción de sus verdaderos 
Ilmitee», 1580. En «Los discursos varios», de Dormer. 

57, J, MartInez de Zaldivia. — «Sumario de las cosas cantábricas y 

guipuzcoanas». 1556 á 1575- Academia de la Historia. Co- 
lección Vargas Ponce, tomo i. 

58. Francisco Tarapha, — «ChrÓhica de la provincia de Cathelunya 

en la citerior Spanya». Compilada por ... MDLIIl. Contiene, 

5 



tizcdcy Google 



— 66 - 

entre otros datos de carácter geográfico, la distribución de 
todos los pueblos. B. N.,'Ms., G. 156. 

Había en el obispado de Tarragona, 411; en e! de Lérida, 
66; en el de Tortosa, $5; en el de Urgel, 555; en Vich, 310; 
en Elna, 217; en la Abadía de Ager, 32. En total, 2.008. 

59. Martín DE ViziANA. — «Crónica de Valencia>. — Valencia, 1564- 

Reimpresa en Valencia en 189I-92. 

60. cLos manuscritos de ¡03 comentarios al Apocalipsis», por San 

Beato de Liébana. Madrid, 1906. 

61. Juan Villuga. — «Reportorio de todos los caminos de España*. — 

Valencia, 1 545. La reimpresión en la Academia de la Historia. 
Alonso de Meneses, — «Compendio y memorial 6 abecedario 
de todos los principales caminos de España». 1577- B. N-, 
K. 4.614. (Hay varias ediciones como se ha indicado). 1568, 
1614, 1622, 1621, 1628 y 1776. 

62. Véase el «Anuario de Correos de España», 

63. El <It¡nerario> de Fernando Colón ya está citado antes. 

64. El libro de Cotogno fué impreso en Italia en 1608. 

65. Enrique Cock. — Véase la obra de Foulché Delbosch «Bibliogra- 

phie des voyagea en Hspagne», que contiene interesantes no- 
ticias. 

AdemSs pueden citarse las siguientes obras: 

(Relación del viaje hecho por Felipe II en 1585»- — Madrid, 
1871. «Jornada de Tarazona». — Madrid, 1871 y 1S92- 

JuAN VelAzquez. — «La entrada que en el Reino de Portugal hizo 
Felipe II».— LÍ3boa,is8i. 

Diego López de ZúSiga. — «Itinerario ab oppido Complutensi us- 
que ad Romam». — (ValHn). 

Gachard. — Collection des voyages des souverains des PaisBas». 
Contiene varios viajes de Carlos I y Felipe el Hermoso. Bru- 
selas, 1876. 

Pedro Manuel de Urbea. — «Peregrinación». — Burgos, 1523. 

Adriano VL — dtinerariumv, por Blas Ortiz. — Toledo, 1546. En 
la «Miscelánea* de Esteban Bahori. París, 1680. Luca, 1761. 
Roma, 1790. 

Andrés Navagiero.— «11 viaggio». — Venecia, 1563. Pádua, 1718. 
Venezie, 1754. En castellano, por Fabié. 



tizcdbyGoOl^Ie 



-67- 

Anónimo. — <EI camino de París á Saint Jacques en Galia, en la 

Excerpta colombina de Harriaef. — Parla, 1887. 
Juan Dantisco. — «Viaje». — Publicado por D. Antonio María 

■ Fabié. 

Alberto y Margarita de Austria. — tltineraire», tomo xiv. cMe- 
moires de l'Academie royale de Bruxellcs>. 

MariIn Carrillo»' — * Itinerarium ordinatorum > . — Zaragoza, 
1594. B. N., I. 13.228. 

«Caminos de Arag6n>. B. N.,'Ms. 4.OI2. 

Calvete de Estrella (Juan Cristóbal). — tViaje del príncipe D, Fe- 
lipe». — Amberes, 1552. B. San Isidro. 

«Viajes por España». (De Jorge de Einghen, León de Rosmithal, 
Francisco Guicciardini y Andrés Navagero.) Publicado por 
D. Antonio María' Fabié. — Madrid, 1879. 

Fr. Martín Ignacio. — tltinerario de lo que vio y entendió en su 
viaje de la vuelta que dio al mundo desde Sanlúcar de Barra- 
meda. 1584. Academia de la Historia. Est. 23, gr. 3. A. 70. 

Diego López de ZCñiga. — «Itinerarium ab oppido Complutense 
usque ad Romam». (Vallín) y Foulché. — Roma, 1521. En la 
Biblioteca hispana de Andrés Schott, Francfort, 1608, y en el 
Itinerario de Francisco Schotti. Colonia, 1620. 

J. FeknAndez Franco. — «Itinefario y discurso de la vía romana 
de los Pirineos al Océano». B, N., Ms., E. 731. 

Jean de Vandeine. — «Sommaire des voyages faic per Charles 
Quint». B. N. Colección Gayangos, núm. 3.CXJ3. 

Antonio Agustín. — «Itineraria vetera>. B. N., y San Isidro, «Di- 
versos itinerarios». B. N., Ms., T. 157. 

Foronda. — «Viajes y estancias de Carlos V». — Madrid, 1895. 

«Apuntamientos de una edición del viaje á Santiago hedía por 
el papa Calixto 11». Siglo xii. Academia de la Historia. Ms., 

■ E. 139. 

Bartolomé Villalba.— «El Peregrino- curioso» y «Grandezas de 
España». — Madrid, 1886. El viaje corresponde al año 1577- 

Erich Lassota. — Publicada la relación de su viaje por D. Anto- 
nio María Fabié. — Madrid, 1879. 

Camilo Borghese. — V. «L'Espagne au xvi et xvii siécle», por 
Morel Fatio.— Heilbron, 1878. 



tizcdbyGoOi^Ie 



— 68 — 

Gaspar Barreiros. — cCosmografia de alguns lugares que statn 
en un caminho comenzado en cidade de Badajoz en Castilla 
te a de Müan». Lusitaniae, 1546-1561. B. N„ R. 10.258. 

66. «Visitas de residencia». — V. nota núm. 83. 

67. Visitas ^iscopaUsí 

Pedro Portocarrero. — «Visita y descripción del obispado de 

CaIahorra>. B. N., Ms. 6.148. 
Para la división eclesiástica puede verse «Provincia Hispaniae>. 
«Earum dívisío ecclesiastíca». B. N., 711, pág. 157 y siguientes. 
Carvajal J. — «Relación de los titulados y de los Obispados». 

B. N., T. 276. 

68. Informes y reconocimientos militares: 

«Carta de D. Ramiro Núñez de Guzmán á S. M., sobre las for- 
talezas y defensas del Reino de Granada*. 1 526. Archivo de 
Simancas, núm. I.040 del «índice» del Sr. Paz. 

«Relación de las fortalezas y visita de las costas, etc.». 1527, nú- 
mero 1.043. 

«Viata de la costa y fortalezas del Reino de Granada>. 1526, 
núm. 1.93Q, 

«Relación del estado en que se encontraban las fortalezas y vi- 
llas de Mojacar, Estepona, Marbella, la Rábita del Buñol, Sa- 
lobreña, Adra, Almería, Almuñecar, Benalmadena y Vélez- 
Míiiaga», que visitó en 1526, — Simancas, 1038. 

Julián Pérez. — «Defensa del Reino de Navarra desde el valle del 
Baztán hasta Orbaiceta en tiempo de Felipe H». B. N., Ma- 
nuscrito núm. 1872. 

«Guarda de la frontera de Granada». Archivo de Simancas. El 
núm. 878 del índice de Paz. 

M. Martínez de Ampies. — «Defensa de la frontera en 1512». Bi- 
blioteca Nacional. 

69. Relaciones geográficas: 

Las Comunidades de Castilla pidieron á Carlos t que en cada 
obispado se haga un libro en que se asienten todas las ciuda- 
des, villas é logares, fortalezas é rentas que el Rey tiene é que 



tizcdbyGoOl^Ie 



- 69- 

asienten los vecinos que cada un logar tiene é los que tienen 
sus aldeas é cuantos dellos son hidalgos é cuantos pecheros 
é lo que renta cada logar, etc., etc. («Colección de documen- 
tos inéditos para la Historia de España», tomo i, pág. 272.) 

«Relaciones geográñcas de la provincia de Guadalajara», con 
notas y adiciones de D. J. Catalina García. Publicadas en los 
tomos XLi, XLii y xlui del «Memorial histórico español». 

El manuscrito titulado «Geografía de algunos lugares de Anda- 
lucía», por Gabriel de Santana, año 1624, B N., 2.048, prue- 
ba que continuaban los trabajos en dicha fecha. — Véase mi 
estudio titulado «El Itinerario de Fernando Colón y las rela- 
ciones geográficas» ya citado. Labaña, cosmógrafo del Rey, 
hizo también el «Itinerario 6 descripción y el mapa de Ara- 
gón». Dicho Itinerario ha visto la luz publica en época recien; 
te por acuerdo de la Diputación provincial de Zaragoza. 

Documentos relativos d la población:. 

«Censo de la población de las provincias y partidos de la Co- 
rona de Castilla en el siglo xvi», por T. González. — Ma- 
drid, 1829. 

«Estadística de algunas provincias de España». Códice del si- 
glo XVI. Biblioteca de El Escorial. Est. 4, pl. I, núm. 14, 

«Noticia de los estados, rentas y vasallos de los Grandes de Cas- 
tilla». Colección Abad y la Sierra, tomo xix. En la Academia 
de la Historia. 

«Relación de los vecinos de las 18 provincias de Castilla según 
el reparto de l^^i*. Academia de la Historia. Est. 20, gr. 7, 
núm. 92. 

«Planta de la población». Academia de la Historia, tomo ni de 
«Documentos y privilegios». 

«Noticia de los acontecimientos de Sevilla». 1481. B. N., Ma- 
nuscrito 3.328, pág. 100. 



tizcdbyGoOl^Ie 



71. DistribuciÓH de la población de España m el siglo XVI: 



Aragón. . . . ; 

Valencia 

Cataluña. 

Navarra 

Vascongadas 

Castilla la Nueva. . 

Galicia 

Asturias 

León 

Castilla la Vieja. . . 

Extremadura 

Andalucía 

Murcia 



EXTENSIÓN (0 


POBLAaÓH 


DENSIDAD 


47.372 


354.920 


7,5 por k. 


22.275 


456.860 


21,8 


— 


32.143 


326.970 


10,2 


— 


10.586 


154.165 


15 


— 


7.204 


186.502 


25 


— 


72.166 


I. 319.125 


19 


— 


29.151 


628.538 


22 


— 


" 10.894 


165.155 


15 


— 


55. 503 


1.062.000 


19 


— 


49.721 


1 067.000 


22 


— 


43.253 


562.890 


13 


— 


93.570 


1.642.675 


17 


— 


26.399 


195.735 


9 


— 



72. Pueblos con más de 2.000 vecinos: 



Toledo 10 935 

Madrid 7 , 500 

Ocaña 3-lSO 

Cuenca 3 .09S 

Badajoz 2 . 805 



CASTILLA LA NUEVA Y EXTREMADURA 

Alcalá de Henares. 



2.54S 

Talavera 2 . 056 

Ciudad Real 2.041 

Alcázar de San Juan ... 2 . 057 



EN EL VALLE 

Valladolid 8.112 

Segovia S . S48 

Salamanca 4-553 

Falencia 3.063 

Avila 2.826 

Medina del Campo. . . . 2.76c 



DEL DUERO 



Burgos 

Toro 

Soria 

Ciudad Rodrigo 

Medina de Ríoseco. , 



2.665 
2.314 
2.232 
2.009 
2.006 



(1) En kilómetros cuadrados. 



lizcdtyGooi^Ie 



EN GALICIA, Ninguno. 



EN ASTURIAS. Ninguno. 



EN ANDALUCÍA V MURCIA 



Sevilla 18.000 

Granada ; 13.75? 

Jerez 6.816 

Córdoba 6.257 

Jaén 5.595 

Baeza S.172 

Ecija S.078 

Libéda 4.672 

Murcia 5, 370 

Málaga 3.357 

Utrera 2.687 



Aracena 2.583 

Orihuela 2.520 

Osuna 2.460 

Alcalá la Real 2.457 

Lorca 2 . 232 

Marchena 2 . [ 70 

Arjona 2 . 1 56 

MaFtos 2.185 

Ronda 2.097 

Morón 2.086 



EN ARAGÓN EN CATALUSa 

Zaragoza 4-954 Barcelona 6.432 



Valencia.. 



EN VALENCIA 

12.327 Játiva 2.006 



Ciudades con vecindario superior á 10.000 habitantes: 

Castilla la Nueva y Extremadura. . 9 

Valle del Duero 1 1 

Galicia > 

Asturias y costa cantábrica > 

Andalucía y Murcia 21 

Aragón. I 

Valencia 2 

Cataluña I 

RESUMEN 

Reino de Castilla 41 

Reino de Aragón 4 



* ACTUALIDAD 



16 
13 
64 
3 
15 
15 



tizcdbyGooi^Ie 



— 7* — 

73. Representación de Galicia eti las Cortes. 

La concesión del derecho á Galicia se hizo á petición del 
conde de Lemus en tiempo de Fe'ipe IV. — (Véase «Colec- 
ción doc. inéditos», lomo vii, pág. 438 y B. N., Ms. 2.066, 

pág. 87). 

A las Cortes de Valladolid de 1 506 sólo asistieron las 1 8 ciuda- 
des y villas, unas cabeza de Reino y otras de provincia, que 
debían asistir, y entre ellas no figura ninguna de Galicia. 

A las de 1480 sólo asistieron 17 (pues Madrid todavía no 
tenía ese derecho). 

Representación de Falencia en las Cortes de Castilla. 

Don Carlos 11, en 1650, concedió á Palencia el derecho de 
representación en Cortes que hablan perdido en época ante- 
rior. — V. *De la constitución y el Gobierno de los Reyes de 
León y Castilla», por Colmeiro. 

74. El Concejo en Asturias: 

£1 Marqués de Pídal estudió el tránsito de la Curia romana 
al Concejo de la Edad Media. — Véase su contestación al dis- 
curso de recepción del Excmo. Sr. D. Manuel de Seijas Lozano 
en la Real Academia de la Historia en 20 de Mayo de 1853, 

También existían Concejos en Miranda, Peñamclera, Valde 
Madrigal, Somoza de San Cosme y Herrera. 

En Santander existían los valles, y además los había en las 
tierras del Condestable, León, Ponfgrrada y Palencia. 

Las tierras en todo el antiguo Reino de Toledo y en Ex- 
tremadura. También existían tierras en Castilla la Vieja, pero 
no llegaban á 1/3 del territorio. 

En Córdoba, Jaén y Murcia, la denominación casi general 
" es de villas. 

75. El territorio propio de las Merindades era Navarra, Álava y el 

correspondiente á las actuales provincias de Burgos y Lo- 
groiio y parte de las de Soria, Valladolid y Palencia. 

Pueden consultarse para el estudio de las Merindades las 
disposiciones de Alfonso X, en Alcalá; de Enrique II, en Toro; 
de Juan II, en Segovia y otras. 



tizcdbyGoOl^Ie 



- 73 — 

«Colección de Cortes de León y Castilla», publicadas por la Real 
Academia de la Historia. «Colección de Códigos españoles», 
etcétera. 

Los manuscritos ntimeros 8.216, 3.254, 1-373, 7-365, 4-469. 
1.634 y 1-782 de la Biblioteca Nacional- 

«Las notas al libro ó Becerro de las Merindades de Casti- 
lla», por Pedro Benftez Cantos. Academia de la Historia. Es- 
tante 27, gr. 4, E. 106, pág. 70. 

«La Crónica de Vizcaya», de García de Salazar. B. N., Ma- 
nuscrito núm. 2.430, piEg. 116. 

El libro de Salazar de Mendoza titulado «Origen de las dig- 
nidades seglares de Castilla y León». 

Las Merindades antiguas eran las de Tovalina, Valdivielso, 
Manzanedo, V iJeporres y Montija. Nuevas las de Burgos, 
Valladolid, Ceirato, Villadiego, Aguilar, Liébana, Pernia, 
Eialdaña, Asturias de Santillana, Castrojeriz y Can de Muño. 

Loi cuartos, sexmos y ochavos: 

" • Había Cuadrillas en Gamonal, Tardajos, Sotragero y Ar- 
,cos (Burgos). Cuartos en Armuña, Pina del Rey, Valdevilio- 
ria y Baños (Salamanca), Salas de los Infantes y su cuadrilla. 
Santo Domingo de Silos y su cuadrilla, Quintanar y su cuadrilla. 

Sexmos. — Fuentes, Tera, Arciel, San Juan y Lubia (Soria), 
San Pedro de Yangiias y Almazán con sus pueblos y aldeas 
formaban los sexmos. 

En Avila y su territorio, 7 sexmos, lín Segovia, 24 sexmos. 
En Guadalajara se conservaban tres sexmos en los confines de 
Soria. En Madrid, uno (Casarrubios). 

Ochavos. — Cinco en Segovia. 

Tierras. — Ochenta y siete de las 500 ó más divisiones te- 
rritoriales del Valle de! Duero llevan este nombre; en Casti- 
lla la Nueva casi todas las divisiones. 

Valles. — En toda la provincia de Santander, y 10 en el 
Valle del Duero, 
Véase el repartimiento de Sevilla. B. N., Ms. núm. 9.975. 
Alfonso X. — «Partición de términos entre Toledo y Córdoba». 
Año 1264. (Dd. lis, lí- N.) (No existe hoy). 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 74 — 

Este documento demuestra que la jurisdicción de los Rei- 
nos no se fraccionó con la conquista. 
7S. Véanse los tomos de «Cortea de Castilla y Leónt, publicados 
por la Real Academia de la Historia y la «Legislación militar 
de España>, por D, Antonio Vallecillo, en la que se insertan 
loe documentos citados, 

79. Véase Vicente de la Fuente. «Discurso de recepción en la Real 

Academia de la Historia». 

«Lugares y villas de Aragón en 1485»- B. N., núm. 746. 

Es curioso observar que también existían las Merindades 
en Aragón en los siglos xiii y xiv. Véanse el libro de rentas 
de la Corona de Aragón copiado en I3IS y el libro de rentas 
y bailio general de Aragón (1294), en los cuaVes se mencio- 
nan las de Tarazona, Zaragoza, Egea, Jaca, Huesca, Barbastro 
y Sobrarbe. («Colección de documentos inéditos de la Coro- 
ha de Aragón», tomo xxxix.) 

80. Véase Pifferrer, «Crónica de Cataluña», tomo 1, pág. 178. En III3 

había Veguer en Barcelona. 

«Cortes de Cataluña», publicadas por la Real Academia de la 
Historia. — V. Ordenamiento de las Cortes de Barcelona 
. en 1228. 

Veguerías en que estaba dividida Cataluña en tiempo del Rey 
Don Juan de Aragón, padre del Rey Católico. 1458-79. Aca- 
demia de la Historia. «Colección Velázquez», tomo xxxvi, 

«Catálogo de las Abadías y Prioratos de Cataluña». Academia 
de la Historia. Est. 27, gr. 4, E, 122. 

«Lista de los lugares de Cataluna>. B. N., Ms. núm._ 2.627. 

«Lista alfabética de los pueblos del Reino de Valencia». B. N., nú- 
mero 2.048. 

«Crónica de Martín de Viciana». (Va mencionada). 

81. Véanse las «Cortes de Castilla y León», publicadas por la Real 

Academia de la Historia y la «Nueva Recopilación». 

82. Véanse los cuadernos de alcabalas y tercias de los partidos del 

Reino. Años I429 & 87. Archivo general de Simancas. Di- 
versos de Castilla. Legajo I , folio 93. 
«Relación de los corregimientos del Reino y del tiempo en que 
proveído cada uno y del salario y ayuda de costa que tiene». 



tizcdbyGoOl^Ie 



— 75 — 

Archivo general de Simancas. Diversos de Castilla. Legajo g, 
folio 36 y siguientes. 

La división de! año lóio. Novísima Recopilación, libro X, títu- 
lo XV, ley I, asigna: 

AI primer partido: Sevilla, Carmena, Ecija. Córdoba, Bujalance, 
Alcalá la Real, Loja, Málaga, Ronda, Marbella, Gibraltar, Ta- 
rifa, Cádiz, Puerto Real y Jerez. 

Al segundo: Zamora, Toro, Tordesillas, Valladolid, l'alencía, 
León, Carrión, Aranda, Soria, Agreda, Segovia, Olmedo, Me- 
dina, Madrigal, Arévalo y Avila. 

Al tercero: Salamanca, Ciudad Rodrigo, Plasencia, Maestrazgo 
de Alcántara, Trujillo, Cáceres, Priorato de León, Jaén, Ca- 
zorla, Quesada, Baza, Guadix y Granada. 

Al cuarto: Bayona, Orense, Coruna, Vivero, Ponferrada, Ovie- 
do, Cuatrovillas, Reinosa, Vizcaya, Guipúzcoa, Logroño, Bur- 
gos, Campos y Santo Domingo. 

Al quinto: AUenza, Molina, Guadalajara, Madrid, Illescas, Tole- 
do, Ciudad Real, Cuenca, San Clemente, Chinchilla, Murcia 
y territorios de Calatrava y Santiago. 

83. Relaciones de visita de los alcaldes: 

Visita al adelantamiento de Burgos en 1527. Archivo de Si- 
mancas, núm. 1.042 del índice. 

El cOrdenamiento de Montalvo», en el tftuloXVIII, trata de los 
visitadores y veedores, que eran unos magistrados supe- 
riores nombrados por el Rey, para ver cómo se administraba 
justicia, qué agravios recibían los pueblos y sus comarcas, si 
en las ciudades y villas ó en sus términos y comarcas se ha- 
cían torres y casas fuertes, examinar las cuentas de propios, 
reconpcer si estaban reparados los puentes y calzadas en los 
lugares donde eran necesarios, etc., etc. 

84. Visitas de las órdenes militares: 

Las que existen en el Archivo histórico son numerosas é 
interesantes: de algunas de ellas he hecho mención especial 
en otros trabajos. Es un abundante arsenal no explotado 
todavía. 



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85. Mapas. 

Juan Martínez.— «Atlas». 15S7. Col. Muñoz. 

Egnatio Uanti. — «La Spagna». 15;?. Mide 1,07 x l,oi.— Véa- 
se Egn. Danti, Cosmog-, por Isidoro Badla (B. S. G.). 

Salvatore PalestbinA. — «Atlas». Biblioteca provl, de Toledo. 

1'aulo Fürlani. — «La Spagna». ISSO- K- N. París.— V. Almi- 
rante. 

Mateo Prunes de Mavorca. — «Mapa náutico». B. N. Est. reser- 
vado, 

Revnel. — «Carta náutica». 1505. — V. el folleto de J. Denucé. 
(B. S. G.). 

Fernando Alvarez Secco.— «Tabula gec^ráfica Portugaliae». — 
(Roma). 1 560. Fué reproducido este mapa por Ortelio, Blaeu, 
y Sansón. 1600. — «Atlas».— Jondius, 1607. — ídem, 1G21. De- 
pósito de la Guerra, Ortelio, 1607-1618 y otras ediciones. 
Depñsito de la Guerra. 

Sebastián Cabot. — «Mapa mundi», 1 544- Demostración, etc. Bi- 
blioteca Palacio. Atlas Krestchner. 

Jerónimo de Chaves. — «Tabula Htspalensis». — Sevilla, 1572. En 
Ortelio, 1588. ídem, 1607, 1601, l6l2. 

Carlos Clusius. — «España». En Ortelio, 1571. 

CoRNELio DE JuDEA. — «Mapa». 1593- «Atlas Krestchner». Socie- 
dad Geográfica. 

Andrés Borsano. — «Gran mapa mural de Cataluña». En la B. N. 

Francisco Diago. — «Mapa de Cataluña». 1603. En Ortelio. 

Juan FernAnd2z Franco. — «Mapa de la Bética». Original, 157^. 
Ms. Academia de la Historia, E. I44, folio I43 vuelto. E. 187 
y 21, 6, 102, 

GiAcoMo Gastaldo. — «La Spagna». — Venecia, i544- B. N. de 
Madriá. En 4 hojas. BAG., nlim. I,86l. 

Gaspar GalcerAn de Castro. — «Descripción del convento jurt- 
dico de Zaragoza», con un mapa. Ms. en folio. Academia de 
la Historia; tomo 1. Colección Traggia, 

Pedro de Medina. — «Mapa». IS4S- En la portada del libro de 
las grandezas y cosas memorables de España. 

«Tabla 6 carta geográfica de España». Impresa en Sevilla 
en 1560, Atlas Ortelio ya citado. 



tizcdbyGooi^Ie 



— 77 — 

Fernando de Ojea. — cTabula geographica regni Galleciae», En 
Ortelio. 

Antonio Spagno. — «Globo para Felipe II>. 1593. V. Catálogo 
de la Exposición de Amsterdam. 

Abraham Ortelio. — «Theatro del orbes. Muchas ediciones. B. N. 
Depósito de la Guerra y Sociedad Geográfica. 

Aquiles Statius. — «Tabula chorographica Lusitaniae». Cilada 

por Nic. Ant. 
Vicente Demetrio Raguseus, — «Cuatro cartas geográficas de Es- 
paña y África y del Occidente de Europa». 1592. B. N. Co- 
lección Gayangos, núm, 78, 

Diego Kibeibo. — «Carta universal». 1 529. 1,40 X 60 cm. Propa- 
ganda fide. Reproducida. B. N,, 2." cajón, I.' tabla. 

Cristian Sgrotteno. — «Orbis terrestris, dedicado & Felipe lU. 
1 5S8. Es un atlas de 38 mapas en gran tamaño. B. N No con- 
tiene el mapa de España. 

Fernando Vaz Dourado. — «Mapa mundi». En la B. N., J. 157. 
Ms, núm. 2.754. Un ejemplar en Lisboa. 

Miguel de Villanueva. — «Ediciones de Ftolomeo». IS3S y 1S4I- 
BAO. 1078, 

Tobías Volckhmer. — «Planisferio». 1594. En el Museo Naval. 

Dominico Zenoi. — «Hispania descriptio». I hoja, — Venecia, 1560, 
En el Palacio Real de Madrid. 

«Carpetania partes descriptto». En Ortelio. Pedro de Medina 
hizo un mapa de esta región. 

«Atlas del Mediterráneo 6 cartas anónimas en la Universidad' de 
Granada. IS30 (2), 

«Mapa mundi espaSoI*. 1522. Existe un fragmento en Londres. 
Sociedad Geográfica. 

«Mapas .de Portugal y Galicia». O. N., Ms, Aa. pS. 

Carpeta de mapas de la B. N. «Un mapa dé Cataluña detallado», 
por Viquerfas, 

PuedéK consultarse respecto de este asunto: 
Diego Saavedra Fajardo. — «Empresas políticast. 1789-9O. 
Sancho de Moncada.^ «Restauración política». B. N., 2, 58.857. 
Pérez de Guzmán. — «Bienes de honesto trabajo». 



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Miguel Suriano. — «Memorial». B, N., Ms. I.062. 

M. CoLMEiRo. — «Historia de la Economía política en España». 

C. Haebler. — «Prosperidad y decadencia económica de España 

en el siglo xvi». — Madrid, 1899. 
F. GonzAlez. — «Censo de la población de España», pág. Ili: 

Moriscos, En Aragón, 3.S46 casas... 17-730 habitantes. 

En Valencia, 35.361 ídem 1 76.805 » 

En los obispados (relación de 1589). 54.571 » 

Total • 249.106 » 

Mientras Castilla, en cerca de doscientos años (1610 á 1787), 
sólo aumentó su población en 40 por lOO Valencia pasó de 
310.000 á 783,084, logrando un aumento aproximado de 150 
por 100. 

Habla en Valencia al ñnalizar el siglo xvi. 486.860 habitantes. 
De estos eran moriscos 176.805 » 

Debieron quedar después de la expulsión. 3 10.05 5 * 
Tenía Valencia en 1787 . , 7S3.084 » 

Aumento 473.029 > 

Había en Castilla ai ñnalízar el siglo xvi, 7.042.271 > 
De éstos eran moriscos 54'S7t > 

Debían quedar después de la expulsión.. 6.987.700 » 

Tenía Castilla en 1787 9.815.153 » 

Aumento 2.827.433 » 



V. Colmeiro, «Historia de la Econonjla política», y C. Haebler, 
«Prosperidad y decadencia económica de España en el si- 
glo XVI». — Madrid, 1899. 

Juan de Valverde Arrieta. — «Diálogos de la fertilidad y abun- 
dancia de España», — Madrid, 1578. (Biblioteca del Marqués 
de la Fuensanta.) 



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DISCURSO 



D. RICARDO BELTRAN Y RÓZPIDE 



DijilizcdtyGoOl^Ie 



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SEÑORES ACADÉMICOS: 



Grata y dolorosa á la vez es para mí la honorífica misión 
que se ha servido confiarme el señor Director. He de con- 
testar al nuevo Académico, amigo queridísimo y compañero 
con quien años hace vengo compartiendo tareas en otro or- 
den de estudios, aunque muy afines de los que constituyen 
la materia propia de nuestra docta Corporación; pero en el 
desempeño de tan gratísimo encargo, que me vale la com- 
placencia de podef recordaros los méritos y las circunstan- 
cias que adornan al Sr. D. Antonio Blázquez y justifican la 
elección que habéis hecho, fuerza es que se avive el penoso 
recuerdo del ilustre Académico que no ha mucho perdimos, 
el general Suárez Inclán, que en los últimos días de su vida 
tuvo en sus manos las cuartillas, que ahora han venido á las 
mías, del magistral discurso que acabáis de escuchar. Era 
quien debía responder al Sr. Blázquez en esta solemnidad. 
Cayó sobre él la implacable muerte, y me eligieron para 
reemplazarle. 

Pocos habrán podido apreciar mejor que yo, en treinta 
años de asiduo trato y constante amistad con el Sr. Suárez 



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Inclán, todo lo que valían la inteligencia, la voluntad y el 
corazón de aquel hombre, que en los varios aspectos y de- 
rroteros en que espació su laboriosa vida alcanzó siempre, 
por claro y feliz entendimiento y trabajo fecundísimo, pres- 
tigio y autoridad, éxitos brillantes, puestos preeminentes. 

No es de extrañar, pues, que al sentimiento de tristeza, 
que tanto abate el ánimo, se una, para abatirlo' aún más, la 
firme convicción que tengo de que no bastan mis buenas 
intenciones ó deseos para hacer en este acto cuanto hubiera 
hecho, con oportunos alardes de erudición y grandilocuen- 
cia, el Sr. Suárez Inclán, satisfaciendo cumplidamente, como 
yo no he de conseguirlo, á la Academia y al doctísimo maes- 
tro en Geografía histórica que hoy va á recibir la medalla de* 
número en nuestro Instituto. 

Muy joven era aún el Sr. Blázquez, cuando otro de nues- 
tros malogrados compañeros, el Sr. Torres Campos, hízome 
su presentación con estas palabras: «es mi mejor discípulo y 
llegará muy arriba». Y ha llegado ya. En su patria logra hoy 
el más precioso galardón á que puede aspirar el hombre de 
ciencia; fuera de España, ha obtenido la recompensa- que los 
geógrafos de París otorgan á quien sobresale, en primera 
línea, entre los cultivadores de los estudios geográfico-histó- 
ricos, el premio Jomard. 

En todas las carreras ó profesiones del Estado, así civi- 
les como militares, se observa que la mayoría de los que las 
siguen, una vez terminados ios cursos y obtenido el título, 
cargo ó empleo para el que aquellas habilitan, dan de mano 
á los libros, como enojoso recuerdo de los días en que lec- 
ciones y exámenes apremiaban. Otros, los menos, toman 
afición y amor al estudio; comprenden que para ser y valer 
algo en el mundo no basta encarrilarse por donde van los 
más y marchar á pasos contados por la misma y única senda 



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-S3- 

que todos pisan y en que todos se igualan, y buscan estímulo 
y fuerza que pueda apartarlos de la masa y corriente general 
para alcanzar lugar más alto y seguir camino menos trillado, 
donde no haya tantos estorbos para avanzar de prisa. Este 
es el camino de la ciencia y del trabajo intelectual á que 
obliga el ansia noble de poseerla, y fué el camino en que 
entró resueltamente el Sr. Blázquez desde los mismos días 
en que terminó sus estudios en la Academia de Administra- 
ción Militar. 

La enseñanza, el ejercicio del profesorado, es resorte efi- 
cacísimo que imprime activo movimiento á todas las faculta- 
des intelectuales. Y mediante el esfuerzo que así se des- 
arrolla toman aquellas mayor virtud potencial, y se adquie- 
ren, se conservan y acrecen la extraordinaria suma de cono- 
cimientos y la especialidad de aptitudes que hacen falta para 
enseñar mucho y enseñar bien. Dentro del Cuerpo Admi- 
nistrativo del Ejército, y sin prescindir nunca de las demás 
tareas propias de tan importante servicio militar, dio el señor 
Blázquez preferencia al noble magisterio de las ciencias y 
3rtes necesarias para desempeñar dignamente aquel servicio 
en paz y en guerra. Fué profesor durante muchos años en la 
Academia del Cuerpo, explicó materias varias, entre ellas la 
Geografía y la Historia, sus ciencias predilectas, y fruto- bien 
sazonado de los estudios que hizo .son los Apuntes de Geogra- 
fía económica de España^ la Geografía ecomnñca militar de Eu- 
ropa^ la Historia administrativa de las principales campañas 
modernas, la Historia de la Administración Militar, y otras 
muchas obras que con todo detalle se enumeran en nota bi- 
bliográfica que sigue á este breve discurso. 

He de hacer aquí, sin embargo, cita especial de las que 
entran en el dilícil campo de la investigación histórico-geo- 
gráfica, y que, como declaraba en su informe el ponente de 



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- 84 - 

la Comisión del premio Jomard, obligan á ensalzar en térmi- 
nos de' muy particular elogio el Sr. D. Antonio Blázquez, 
como uno de los más fervorosos adeptos de esta rama de la 
Geogralia, en otro tiempo floreciente y hoy tan poco culti- 
vada. Eji efecto, el Nuevo estudio sobre el Itinerario de Anto- 
niño y los que tratan de la Fia romana de Tánger á Cartago, 
del Itinerario de Fernando Colón y las Relaciones topográficas, 
de los Cotttentarios al Apocalipsis de San yuan por Beato de 
Liébatta, de la Hitación de Wamba, de las Costas de España 
en la época romana y de La Cartografía española de la Edad 
Media, constituyen, con las versiones que ha hecho al espa- 
ñol de textos antiguos escritos por geógrafos griegos, roma- 
nos y árabes, una labor de extraordinario mérito por el tra- 
bajo y la erudición vastísima que revela, no menos que por 
los aciertos críticos, y aun por la forma de decir con arte y 
galanura siempre que la ocasión lo brinda, como lo prueba, 
entre otros escritos de nuestro nuevo compañero, la descrip- 
ción que nos hizo de La Mancha en tiempo de Cervantes, con 
motivo del cuarto centenario de la publicación del Quijote. 
Toda esta copiosa producción literaria, así como sus 
tareas profesionales en la Academia de Avila y en la Escuela 
Superior de Guerra, en la que desde hace cinco años enseña 
Economía y Administración militar, han valido al Sr. D. An- 
tonio Blázquez preciadas condecoraciones, títulos de honor 
de Sociedades científicas extranjeras, premios y medallas en 
certámenes y Elxposiciones internacionales. Desde ahora po- 
drá ostentar un distintivo más, la tnedalla de nuestra Real 
Academia, que pone el sello al público reconocimiento de la 
bondad y excelencias de su labor histórico-geográfica. De 
ella es, hoy por hoy, último capítulo ó parte la disertación 
que ha escrito para esta solemnidad y que habéis acogida 
con verdadero deleite y aplauso unánime. 



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-85- 

Nos ha mostrado el puadro completo de la Ciencia geo- 
gráfica española en el siglo xvi, siglo de oro de la Geografía, 
porque, ensanchado el mundo, se sentía la imperiosa necesi- 
dad de conocer lo nuevo y de rectificar los conocimientos 
anteriores. 

En España y en países que si no eran España, bajo el 
cetro estaban de monarcas españoles, es decir, en Flandes 
y en Alemania, se inician la renovación y el florecimiento 
de los estudios geográficos. No lejos del Rhin, en provin- 
cia del Hesse, había nacido Sebastián Miinster, el autor de 
la Cosmografía universal^ que murió en Basilea enseñando 
Geografía conforme á los nuevos descubrimientos, y flamen- 
cos fueron los dos grandes ge^rafos y cartógrafos de aquel 
siglo, cuyos libros y mapas, hasta muy entrado el xvni, sir- 
vieron de base y guía á la enseñanza geográfica en toda Eu- 
ropa. Me refiero á Mercator ó Kaufmann, en cuyos globos 
terrestres pudo estudiar Carlos V la configuración del Mun- 
do, y á Ortelio, el geógrafo de Felipe 11, que, avaloran do sus 
conocimientos geográficos con los arqueológicos y matemá- 
ticos, hizo la obra más perfecta que en aquellos tiempos po- 
día realizarse. 

En nuestra patria, que parte tan principal tomaba en el 
descubrimiento y exploración de tierras incógnitas, el estu- 
dio gec^ráfico vino á ser afición general; como el Sr. Bláz- 
quez nos dice, materia propia de los sabios y objeto de sus 
especulaciones, á la vez que ocupación y entretenimiento del 
vulgo. Mas no llegó á haber entre nosotros, en lo que á nues- 
tro mismo territorio se' refiere, geógrafos propiamente di- 
chos, ni tampoco cartógrafos que descollaran en primera 
línea; faltpba la base científica y sobraba la erudición clásica. 
Los geógrafos españoles ó los escritores de otros ramos del 
saber que más ó menos accidentalmente incluían noticias 



tizcdbyGoOi^Ic 



geográficas en sus obras, se inspiraban en Estrabón, PlinJo, 
Tolemeo, Mela; persistían íisí los errores de éstos, se repre- 
sentaban mal la configuración y relieve de la Península y casi 
ninguna localidad aparecía en su sitio. Se enumeraban y des- 
cribían lugares repitiendo nombres y conceptos de autores 
griegos y latinos, y se desdeflaba la propia investigación del 
hecho geográfico para rectificar errores y cubrir lagunas. Ha 
sido siempre mucho más sencillo repetir y comentar lo que 
otros dijeron que hacer labor nueva. 

Hay que consignar, sin embargo, y bien lo manifiesta en 
su discurso el Sr. Blázquez, que durante el siglo xvi apuntan 
* en España ¡deas, principios científicos, innovaciones de capi- 
tal importancia para los progresos de la Geografía, así en su 
aspecto matemático y físico, como en el orden político y eco- 
nómico. Pero el desarrollo y complemento de ideas , las últi- 
mas consecuencias de las reformas que se inician, la realiza- 
ción total de los proyectos que empiezan á ejecutarse, se 
paralizan, ó no se alcanzan, ó se perfeccionan y completan 
más allá de nuestras fronteras. Y así, lo que empezó con la 
genuina marca española, acaba siendo extranjero. Es este un 
hecho de que hay ejemplos varios en la historia del pensa- 
miento científico español. Entre nosotros surgió la idea ma- 
dre de inventos que luego nos vinieron de tierra extraña y 
como cosa ajena á la raza española, Nos falta la perseverancia, 
la tenacidad que otras gentes tienen, ó no hay aquí ese am- 
biente de solidaridad nacional ó étnica, en el que cuaja y se 
consolida y como obra común se considera trabajo, empresa 
ó descubrimiento que pueda dar gloria y provecho á todos. 
Las breves consideraciones antes expuestas, deducidas 
de las más extensas y eruditas que hace en su discurso el 
Sr. Blázquez, nos llevan á la consecuencia final de que, visto 
el estado de los conocimientos geográficos sobre España y 



tizcdbyGoOi^Ie 



-87- 

en España en el siglo xvi, falta base para poder trazar el 
mapa de la Península hispana en aquel tiempo. Nos trae el 
Sr. Blázquez todas las fuentes y materiales que se conocen, 
y la crítica que de ellos hace nos demuestra que son insufi- 
cientes si se aspira á "realizar obra exacta y acabada en tpdos 
sus detalles. No es, pues, de extrañar que hayan transcurrido 
años y años sin que nadie optase al premio que esta Real 
Academia ofreció al autor del mejor mapa de España á fines 
del siglo XVI. Para acometer tamaña empresa fuera preciso 
una investigación minuciosa punto por punto, localidad por 
localidad de antecedentes y datos parciales, no sólo de lo que 
pueda constar en documentos de la época, sino de lo que re- 
velen ó descubran los mismos lugares, pues la historia, y aun 
más la historia geográfica, suele estar escrita en la tierra con 
mayor fidelidad que en pergaminos y papeles. Fe de ello 
pueden darnos los doctísimos arqueólogos, que ilustran con 
sus brillantes y originales informes las Juntas ordinarias de 
esta Real Academia, y nueva y cumplida demostración del 
valor que tienen las "exploraciones arqueológicas para reha- 
cer la Geografía y la Historia antiguas, poniendo á la luz del 
día hechos históricos y geográficos antes desconocidos, son 
los trabajos que en las estepas y desiertos de Asia y África 
se realizan ahora. Donde hoy apenas nadie vive, como no 
sean errantes nómadas ó poblaciones paupérrimas, surgen, 
como evocados por la pala ó por el ojo certero del arqueólo- 
go, ciudades, canales, caminos, civilizaciones olvidadas. Allá 
en las altas llanuras del Asia Central se descubren centena- 
res de tabletas con signos escritos ó grabados y multitud de 
fragmentos de estatuaria, que revelan influencias indias y 
griegas; allá se encuentran el capacete alado y el caduceo de . 
Mercurio y el tridente de Neptuno, y con tal predominio apa- 
rece el arte, que bien poderríbs llamar occidental con rela- 



tizcdbyGoOi^Ie 



ción á esas tierras asiáticas, que hay quien pone ya en duda 
la ponderada antigüedad de la civilización china, y sospecha 
que pueda ser posterior á las de Caldea, Egipto y Grecia. 
También los objetos hallados bajo las arenas del desierto afri- 
cano, y las inscripciones y figuras grabadas sobre piedras de 
tumbas y ruinas del Sahara y del Sudán, van sacando á luz, 
como existentes en edades ya históricas, pueblos agrícolas y 
antigüéis civilizaciones que ha siglos desaparecieron. 

Claro es que el territorio español se halla en condiciones 
muy distintas de las que ofrecen hoy esas vastas y poco ex- 
ploradas regiones del Asia y del África; ni la investigación 
geográfica y arqueológica puede conducünos aquí á descu- 
brimientos que alteren profundamente los hechos capitales de 
nuestra historia, ni se trata en el caso presente de puntualizar 
hechos histórico-geográficos de tiempo remoto, sino de la 
misma edad en que vivimos, casi de ayer. La labor es, pues, 
mucho más modesta y sencilla, aunque, ciertamente, exige 
trabajo persistente. Todo se reduce á buscar ó á rectificar el 
dato en el terreno, procedimiento cuya eficacia comprueba 
la experiencia, pues sabido es que el texto escrito en libro ó 
documento que año tras año viene admitiéndose como ar- 
tículo de fe, suele recibir la más elocuente desmentida por 
un cimiento, una piedra, un muro ó una inscripción. 

En todo caso, sería indispensable cotejar sobre el terre- 
no, comparando lo que se ve con lo que dicen mapas y des- 
cripciones de la época, tal como procedió el mismo señor 
Blázquez en su estudio sobre La Mancha en tiempo de Cer- 
vantes. ¿Quién dudará que si región por región se fuera ha- 
ciendo en toda la Península lo que hizo aquél respecto de 
. la Mancha, pudiéramos llegar á tener sólida base para trazar 
el mapa de Hispana en los últimos años del siglo xvi? 

Conviene advertir qué eh^:uanto á zonas fronterizas, hay 



tizcdbyGoOi^Ie 



trabajos parciales, hechos en ese mismo siglo, de muy especial 
valor geográfico, porque se realizaron previa inspección de 
los terrenos descritos. Me refiero á los reconocimientos y es- 
tudios que en el orden militar se practicaron, y á los que alu- 
de el Sr. Blázquez cuando nos indica que prescinde de ellos 
por la necesidad de abreviar y de contraer su discurso si 
examen de conjunto de los trabajos ge<^ráficos de la época. 
Pero sospecho que el general Suárez Inclán tenía propósito 
de dedicar algunos párrafos de su contestación al análisis y 
crítica de documentos de carácter geográfico-mílitar, y fundo 
mi sospecha en la circunstancia de haberme entregado la fa- 
milia, junto con el original del discurso del Sr. BÍázquez, co- 
pias de manuscritos del siglo xvi, que se custodian en el Ar- 
chivo general de Simancas, en la Biblioteca Nacional y en el 
Museo y Biblioteca de Ingenieros. 

En uno de dichos documentos un informe de la pri- 
mera mitad del siglo xvi sobre la defensa de las fronteras, 
en el que se índica que para tratar «del aparejo que puede 
haber para offender á España y el que es necesario para su 
defensa», han de considerarse «el sitio de España, los vezi- 
nos que con ella confinan, la maner que tienen de oñender, 
la manera del defender, los aparejos para la defensa, la cali- 
dad de ellos y lo que sea de proueer para ellos.» 

Los que podían ll^m^arse entonces vecinos de Hispana 
eran franceses y moros. De portugueses se hace caso omiso 
en el informe, ó como españoles se les tenía. Los moros eran 
nuestros vecinos, * porque entre Gibraltar y África no ay 
sino quatro leguas» ; á esas gentes se temía mucho más que á 
los franceses, y por consiguiente, poníase el mayor interés en 
tener bien defendido él litoral, «desde Colibre hasta Fuente 
Rauia», costa muy larga y á la que por muchas partes solían 
acercarse los navios de los mofos. 



tizcdbyGodgíc 



Entre los papeles á que me refiero hay también Reales 
cédulas dictadas en 1515, que disponen la forma en que se 
ha de guardar la costa del reino de Granada con la gente que 
se mandó llamar de Andalucía y reino de Murcia. Pero en 
todos estos manuscritos predomina sobre lo geográfico lo mi- 
litar, lo relativo á reclutamiento y distribución de fuerzas, 
armamento, acopio de municiones, etc. 

No cabe decir lo mismo de otros dos que bien pueden 
estimarse como monografías geográfico-estratégicas, en las 
que halla el geógrafo datos muy apreciables para formar 
claro concepto de cómo se conocía el respectivo país en la 
época en que aquéllos se escribieron. Son el «Discurso de 
Juan Bautista Antoneli sobre la defensa de la frontera de 
Navarra y de la de Guipúzcoa», firmado en Pamplona á 6 de 
Diciembre de 1 569, y la «Relación y descripción de los mon- 
tes Pirineos con todos sus puertos y Condado de Ribagorza, 
la cual se acabó en 14 de Noviembre de 1586». 

El discurso de Antoneli es el informe que éste escribió 
una vez cumplida la orden de reconocer la frontera de 
Navarra desde Aragón hasta Fuenterrabía. Señálanse y se 
determinan como principales y más peligrosas líneas de inva- 
sión, las que pasan de Francia á Navarra por Roncesvalles — 
por Maya y val de Baztán — por val del Roncal y val de . 
Salazar, y luego, con estudio de las condiciones especia- 
les de montañas, valles, mesetas y llanos, se describen las 
posiciones que conviene elegir para formar la frontera militar 
y cerrar la entrada al francés por las citadas líneas. De vez 
en cuando apuntan las observaciones de carácter político; 
asi, por ejemplo, se recomienda la conveniencia de proveer á 
los nuevos castillos con Alcaides y soldados castellanos, «que 
pues se hacen con dinero de Castilla, no se pueden quejar 
los naturales». 



tizcdbyGoOi^Ie 



El gran interés geográfico que ofrece la «Relación y des- 
cripción de los montes Pirineos» lo declara desde luego el 
sumario con que empieza, hecho, como textualmente se dice, 
«para entender la presente descripción de las valles, villas y 
lugares que están en la sumidad de los montes Pirineos de 
Aragón, y todos ellos con sus puertos, que confrontan con el 
Principado de Beame y Reino de Francia, y es todo lo que 
hay desde el mojón de Navarra hasta el de Cataluóa; se ha 
de considerar cómo se ponen en ella todos los nombres de 
sus valles y villas, que son trece, y de todos los lugares que 
en ellas hay, poniendo por cuenta de guarismo cabe ellos 
el número de casas que tienen; los puertos que confinan con 
Francia y Bearne, la orden y aparejo que hay para defender- 
los en tiempo de guerra; quántas leguas de una valle ó villa á 
otra, de ellas á sus puertos, de un puerto á otro, aunque sin 
haber camino, con qué lugares confrontan por el frente, por 
los lados y por las espaldas; por qué puertos puede entrar 
gente de apié ó de acaballo, de la fiíerza que cada uno de 
ellos es, que perdidos ó desamparados éstos, dónde se 
pueden defender las dichas valles, villas y lugares de Aragón 
que viven confiados de sus fortalezas; de quién y por dónde 
pueden ser socorridos, el tiempo que por causa de mucha 
, nieve están defendidas y guardadas en ellas como sus puer- 
tos, las fuentes y ríos que de ellos salen, y pasan por dichas 
valles, y escritos por sus propios nombres; las selvas que de 
muchos y diversos árboles hay, con advertimiento del made- 
ramen que para fábrica y. servicio de cualquier navio se ha- 
llará, y la salida que con alguna dificultad tiene para echarlo 
en el río Ebro». 

Y en efecto, valle por valle, de Occidente á Oriente, se 
va describiendo esta abrupta zona del Pirineo Aragonés, 
desde el val de Ansó, por los valles de Hecho, Aragüeg 



tizcdbyGoOi^Ie 



y Aysa, el lugar de Borau, la villa de Canfiranc, los valles de 
Tena; Broto, Bio y Puértolas, la villa de Bielsa y el val de 
Gistan, hasta el val de Benasque, la postrera tierra y últimos 
puertos que tiene Aragón con Bearne y Francia. 

Al leer esas descripciones, escritas hace más de tres 
siglos (r), parece que se están viendo el país y sus villas, 
aldeas y moradores tales como son hoy. Aquellas cadenas de 
sierras que se escalonim unas tras otras, y cuyos muros ver- 
ticales y abruptos promontorios parece que van á des- 
plomarse sobre campos pedregosos, humildes caseríos y 
retorcidos senderos; aquellas gigantescas moles montañosas, 
de tonos marmóreos, con sus grandes manchones de nieve y 
enormes hendeduras, por cuyas profundidades se despeñan 
los torrentes; aquellíis agujas y afilados picos, escarpadas 
cumbres y colosales quebradas que dan al paisaje aspecto de 
grandiosidad sublime , todo ello es lo mismo que en los días 
de Felipe II, porque, como dice un moderno pireneista fran- 
cés, el Alto Aragón, en la raya de Francia, exhala todavía el 
perfiíme de las tierras vírgenes; allí no se oyen los cascabeles 
de la diligencia, ni mucho menos el silbido de la locomotora; 
allí no se han removido ni pavimentado gargantas y desfila- 
deros para abrir carreteras. Todo está como estaba hace 
siglos: faltan las comunicaciones que tanto favorecen al trato 
y comercio entre los hombres; pero en cambio el excursio- 
nista puede entreg^use por entero, sin que nada ni nadie le 
distraiga y apresure, á la contemplación de las soberbias 
bellezas naturales que hacen de aquel país uno de los más 
pintorescos del mundo. 

,Si el general Suárez Inclán hubiera podido ocupar el 



(i) Impresas, en libro ya muy raro, en Madrid y en 179S, por 
D. Antonio Espinosa. 



tizcdbyGoOi^Ie 



sitio en que ahora estoy, seguramente oyerais, Sres. Aca- 
démicos, muy interesantes y originales comentarios acerca 
del concepto geográfico-estratégico que del Alto Ar^ón 
tenían los militares españoles de fines del siglo xvi, y tal vez 
hubiera también retrotraído á esa pasada centuria los moder- 
nos planos del campo atrincherado de Jaca y valles superio- 
res del Aragón y de! Gallego, levantados por el Estado 
Mayor de nuestro Ejército, vertiendo en ellos, por decirlo 
así, la descripción de 1 586, para establecer claro juicio com- 
parativo entre la ciencia geográfico-militar de aquella época 
y la que en nuestros días ha producido, en esa difícil zona del 
Pirineo Central, uno de los trabajos topográficos más gran- 
diosos que se han llevado á cabo en Europa. 

No puedo yo entrar en tales disquisiciones, que requieren 
la especialidad de conocimientos técnicos en que fué maestro 
consumado el ilustre General. Conste, pues, mi deficiencia, y 
conste, además, qu3 pongo fin al discurso con la comproba- 
ción de lo que dije en el principio de él. No han b^lStado los 
buenos propósitos para reemplazar dignamente al Sr. Suárez 
Inclán. 

He dicho. 



tizcdbyGoOi^Ie 



=, Google 



PUBLICACIONES DE D. ANTONIO BLAZQUEZ 



Grecia. (Estudio geográfico militar.) Madrid, 1878. — i folleto en 8." 
Estudios de Administración comparada. Madrid, 1881. — 2 volúmenes 

en 4.° 
Bosquejo histórico de la Administración militar española. Madrid, 

188S.— Ídem, 1891. 
La Administración militar española. (Apuntes bibliográficos.) A\ila, 

1886.— I folleto. 
Apuntes de geografía económica de España. Avila, 1886. — l volumen 

en 4.° — ídem, 1890.— ídem, I904. 
Apuntes de geografía militar y económico-militar de Europa. Avila, 

1887. — I volumen en 4.° 
Apuntes para la historia de laprovincia de Ciudad Real. Ciudad Real, 

1888.— I volumen en 4.° 
Apuntes para las biografías de hijos ilustres de la provincia de Ciudad 

Real, precedidos Sel catálogo de libros que se ocupan de su territorio 

e' historia. Avila, l888. — I volumen en 4.° 
Romancero de la provincia de Ciudad Real. Ciudad Real, 1888.— i vo- 
lumen en 8.° 
yuicio histórico crítico sobre el fratricidio de D. Pedro I de Castilla en 

los campos de Montiel. Ciudad Real, 1889.— (Premiado.) 
Geografía económico-militar de Europa (menos España) y del Imperio 

de Marruecos. Avila, 1890. — I vol. en 4.° con varios mapas. — 

ídem, 1894, 
El clima de España. (Conferencia.) Madrid, 1891. — I folleto en 4.° 
Historia administrativa de las principales campañas modernas. Madrid , 

1892. — I volumen en 4.° — (Premiada con la cruz del Mérito Mili- 
tar pensionada.) 



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-96- 

Nutí)ú estudio sobre el Itinerario de Antonino. Madrid, 1892, — i volu- 
men en 4.° 
Exploraciones geográficas y geológicas en América. (Ponencia en el 

Congreso geográfico hispa no-americano.) Madrid, l8p2. — I Tolleto 

en 4." 
Confermoa acerca de la Uteratura abuknse. Aviia, 1894.— i folleto 

en 4.° 
Apuntes de esladistica. Avila, 1894. — l volumen en 4.° — ídem, 1906. 
Guia de Avila ó descripción de sus monumentos. Avila, 1896, — I volu- 
men en 4,'* 
La núlla romana. Madrid, 1896. — I folleto en 4.' 
Historia de la Administración militar, Madrid, 1897. — I volumen 

en 4.° 
Historia de ¡a provincia de Ciudad Real. Avila, 1898. — 2 volúmenes 

en 4." 
Bvigrafúi, de Diego de Almagro. Ciudad Real, 1899. — l folleto en 8." 

(Premiado.) , 

Descripción de Iberia de Estrían. Madrid, 1900. — i folleto en 4.° 
Descripción de España por Abu-Abd-Alld Mokamed al Edrisi. Versión 

española. Madrid, 190I. — I folleto en 4.° 
Vía romana de Tánger á Cartago. Madrid, 1902. — I folleto en 4.° 
El Itinerario de Fernando Colón y las relaciones topográficas. Madrid, 

1904. — I folleto en 4.° 
Conferencias acerca de la Administración mlitar en campaña. Madrid, 

1905- — I volumen en 4.° 
La Mancha en tiendo de Cervantes. Madrid, 1905. — i folleto en 4.° 
Los manuscritos de los comentarios al Apocalipsis de San Juan, por 

el Beato de Líébana. Madrid, I906. — I folleto en 4.° 
La Hitación de Wamba. (Estudio histórico geográfico.) Madrid, 1907. 

I volumen en 4.° 
Histotia de la Cartografía española en la Edad Media. — Madrid, 1906. 

ARTÍCULOS DE HISTORIA ó GEOGRAFÍA 

Las costas de España en la época romana. — Vías romanas de la pro- 
vincia de Ciudad Real, — Vías romanas españolas. — El teatro de la 
guerra de Munda. — De Sardes á Cunaxa, con un plano. — (Publi- 
cados en el «Boletín de la Real Sociedad Geográfica>.) 



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— 97 — 

La batalla de Torralba, 1809. («Correspondencia de España*, 13 de 
Abril de 1891.) 

El castillo del Milagro, — Tres marinos ilustres. — Escritores de la pro- 
vincia de Ciudad Real. — Santo Tomás de Villanueva. — Bernardo 
de Balbuena.— Juan de Avila. — Don Pedro Arenas. — Elvira de 
San Angelo. — (Publicados en los periódicos «El Independiente», 
«El Debate> y tLa Provincia», de Ciudad Real, en los años 1885 
á 1 888.) 

Blasco NúSez Vela. — Los Mudejares en Avila. — El cementerio he- 
breo. — Vías romanas de los alrededores de Avila. — (Pablicados en 
el «Eco de la verdad» en 1894 y 1895.) 

Vías romanas de Sicilia. — Pelayo de Oviedo y el Silense. — (Publicados 
en la «Revista de Archivos»,) 

El reinado de Bermudo 11. — (Publicado en «Cultura Española».) 

Revistas é inauguraciones. — (Publicados en la «Guía Palaciana».) 

Bibliografía histórica. (Forma parte del «Jahresverichte der Geschichts 
wissenschafl». Berlín, 1901.) 

Le paie espagnol. (Capitulo del libro L'Espagtté, editado por la <Nóu- 
velle Revue internationale». Paris, 1900.) 



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