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Full text of "Dramaturgía Castellana: Estudio sintético acerca del Teatro Nacional"

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EBH1TDB6I1 CfiSTELLÜim 

ESTUDIO SINTÉTICO 

ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 




SÁENZ DE JUBERA, HERMANOS 

BDITOSm 

10 — C AHFOU AK Ea — 1 



^f- 



.:' ■'* 







t 





prkLudio 





Ignorando tu nombre y sin poder escu- 
dar nuestra petición con mérito alguno, 
te rogamos, lector bondadoso, — y mucho lo 
serás cuando con paciencia nos oyes, — que 
no nos desampares en el camino gue hoy 
■emprendemos^ porque para seguirlo has- 
ta el fin pq,récenos indispensable tu com- 
pañía. 

No sé si nuestras razones te darán mu- 
•cho gusto ^ ni si con ellas lograremos con- 
vencerte cuando tu pensamiento no corra 
jparejas con el nuestro ; pero , desde alwra 
te podemos asegurar que, cuanto digamos 
y tú escuches, no ha de ocasionarte cala- 
midad ni ruina, como te ocasionan con 
harta fretuencia l,as cosas que te dicen lu- 



6 BSTODIO SINTÉTICO 

ddos personajes desde losaltoslugares que 
ocupan, créaslas 6 ñolas creas. 

Nosotros, los últimos entre todos los 
que sin deshonrarla sostienen una pluma 
en la diestra, pretendemos referirte, — y 
para ello venimos á conocerte, — un asun- 
to, al parecer de poca monta, casi trivial,, 
generalmente despreciado por señores de 
viso que piensan hacer tu gloria completa 
labrando una tela de araña sobre las pun- 
tas quebradizas de un árbol seco. ¡Lásti-- 
ma de tiempo empleado en tijer la ridicu- 
la vestidura que no parece adorno juve- 
nil, sino fúnebre mortaja! Bien pudieror 
invertirse, — y plegué á Dios que no erre- 
mos al pensarlo, — en labores más condu- 
centes y menos pretenciosas, procurando 
hacer bullir en d corazón del tronco yerto- 
la savia qu^e allí se consume sin respiro, y 
que podría j cuando exterior impulso la 
moviera, lucir de nuevo rozagante vida 
formando apiñada copa de verdes yemas 
y rosados capullos. 

Vamos á decirte algo de lo mucho que 
podría ponerse bajo el rótulo : Drama tur- 



ACERCA DKL TBATBO HACIONAL 7 

gia castellana, jjrocwrawdo siempre ser 
Ireves aun á riesgo de que alguna vez nos 
taches de superficiales. 

Tú juzgarás, y si te parece que malo- 
gramos nuestra empresa, sin conseguir tu 
divertimiento y tu aplauso, olvídanos para 
siempre; pero si algo conseguimos y pode- 
mos espolear tu deseo de saber, guardar 
nos un rinconcito en tu memoria y re- 
cuerda que siempre á tu servicio nos 
tienes. 

Quiera Dios qiie tu buena complacen- 
cia y nuestra decidida voluntad nos abran 
camino para seguir tratando en adelante 
asunto como el que hoy nos preocupa, sólo 
esbozado en este libro, que puede ser el 
prefacio de más detenidos y sabrosos estu- 
dios. 

Madrid 15 de Octubre de 1690. 



L 




1(3, vídk ei) el kíte 



KgfflA humanidad, en marcha, modi- 
BKb Sea constantemente sus cono- 
cimientos y sus convicciones j caen las 
repúblicas y los imperios, & una civili- 
zación sucede otra que aquella contri- 
buyó á formar ó que violentamente se 
impuso, el descubrimiento de hoy des- 
truye la importancia que tuvo la cien- 
cia de ayer, la nueva filosofía nos hace 
olvidar di viejo dogma, sucédense con 
las generaciones y las razas los pue- 
blos y las sociedades; lo que antes era 



r 



10 



I 



deseo , más tarde se transforma en 
hastio, lo que ayer fue comodidad hoy 
parece tortura, lo que se juzgó ansia- 
do porvenir se ofrece como ridículo en- 
gaño... Y, á través de diversos tiempos, 
climas j religiones, sólo una obra no 
muere: la obra del arte, construida 
por la inspirada intuición con elemen- 
tos de la naturaleza, moldeada en el 
amor de la humanidad que para siem- 
pre la templa y vivifica. 

¿Qaé admiramos en los pueblos ex- 
tinguidos y eu las falsas creencias? 
¿Qué han dejado los Indios y los He- 
breos, los Griegos y los Romanos? Su 
arte, su Uteratnra, que nos transmiten 
la vibración de sus almas. 

Y, limitándonos 4 la vida individual: 
¿Qné conserva el anciano de su perdi- 
da infancia? Recuerdos acrisolados que 
se transforman en artística emoción. 

Sin embargo, el arte, alrededor del 
cnal giran todas las necesidades y as- 
piraciones del hombre, muchas veces 
ha sido despreciado. Como los judíos 



ACERCA DBL TEATRO NACIONAL 11 

decían á Cristo: "si eres Dios baja de la 
Cruz„ el brutal materialismo dice al 
arte: «Si eres vida, redímete.^ 

La religión se desvanece , víctima de 
la filosofía, el arte se pospone á una 
supuesta ciencia, el pudor huye porque 
la sensualidad se hace lujuriosa, la du- 
da nos atormenta borrando la ilusión 
en cuanto su mano crispada toca. 

¡Oh! ¿Qué nueva y aterradora Babel 
amenaza? ¿Dónde hallar para tantas 
desdichas redención? En la culpa, en 
el castigo; del fondo de la naturaleza 
brota; como apareció él mal el bien 
aparece. 

La duda era una sombra del orgullo ; 
el orgullo nos abandona y el poeta can- 
ta: "Un poema etemal se desarrolla y 
^vive: yo no llego á ser en tan magní- 
„flca obra ni un verso , ni una palabra, 
„ni una silaba completa; pero, ¿qué me 
,^importa si encuentro un placer em- 
„briagador en el ritmo divino que me 
^arrastra?... ¿(iuó poder extraño nos 
^conduce? ¡Un rayo de luz puede mu- 



12 ESTUDIO SINTÉTICO 

^dar el corazón, y el humano pensa- 
„mientono es dueño de sí, no puede fi- 
^jar un momento su dicha ó su desgrá- 
nela! ¡Para que de mis ojos brote llan- 
^to, para que luzca en mis labios una 
n sonrisa, es necesario que la capricho- 
^sa combinación de las cosas lo con- 
n sienta, es preciso que á mis dolores, á 
„mis alegrías, respondan en el seno 
^profundo del Universo, una lágrima 
^triste, un rayo de Inzl y, (Ouyau,) 

La impaciencia, espoleando al hom- 
bre, le hace asegurar que conoce su 
camino y su fin ó negar el objeto de su 
existencia. Entre un todo religioso y un 
nada materialista, sufre la duda que le 
atormenta sin objeto. ¿A qué conduce 
aislarse y languidecer sin esperanza en 
vez de lanzarse como el poeta en el 
concierto universal? ¿Tan reducida es 
la imaginación del hombre que sólo 
concibe un cielo inmediato, una mate- 
ria estéril ó una vacilación suicida? 
¿Por qué apresurarse á sintetizar abs- 
tracciones? ¿No tiene la vida en sí mis- 



k'-'- 



ACBRCA DBL TBATRO NACIONAL l3 

ma su objeto? ¿No tiene su aspiración 
el pensamiento? 

Ved esas olas, que ruedan sin cesar 
hacia la playa; mil años hace que tro- 
piezan contra el mismo escollo; su mo- 
vimiento es eterno y al fin lograrán 
desbordarse. De una fuerza disponen y 
sin cesar la ejercen; nunca se cansan; 
jamas la ola que llega mugidora y en- 
crestada, se desalienta viendo á la que 
retrocede silenciosa y vencida... 

La vida, con su expansión sublime, 
ofrécese al corazón y á la inteligencia 
de la humanidad; la vida, que constan- 
temente se desdobla, multiplicando su 
esfuerzo, sin extinguirse ni aminorarse 
jamás. Su intensidad es mayor cada 
día; ^profundo y negro aparece para 
nosotros el porvenir; pero la eternidad 
recoge cuanto produce la humana labor. 

La vida es nuestra fuerza, nuestra 
esperanza y nuestro fin ; la ciencia y el 
arte la modifican y reproducen siguien- 
do á la naturaleza poderosa : cuando el 
soplo del hombre haga nacer sobre los 



Y^r" 



14 B8TUDI0 SINTÉTICO 

mundos una vida completa, el hombre 
será Dios: á ^to aspira. 

Para consegnirlo, ya no contradice 
las natnrales inclinaciones de su ezia- 
teacia; ya no lucha contra la creación 
como rabioso enemigo, ni se humilla 
como ruin esclavo: abandónase al ritmo 
divino que le arrastra, j sigue las nobles 
aspiraciones de su ser. 

Como Eepler y Laplace descubrie- 
ron las leyes que por misteriosas abrac- 
ciones unen y conforman el mundo si- 
deral relacionando el movimiento de 
los astros, el moderno ñlósofo estudia 
las influencias que refieren y subordi- 
nan el pensamiento del individuo al de 
la Sociedad entera, creyendo que las re- 
laciones entre loa espíritus podtán for- 
mularse con el tiempo como una astro- 
nomía complicada. 

En este sentido, el arte, que logra 
poner en comunicación millones de al- 
mas, haciendo vibrar sus fibras armo- 
niosamente con un ritmo, con una pa- 
labra, con un perfil, no sólo debe ser 



ACBBCA DBL TEATRO NACIONAL 15 

considerado como poderosa fuerza so- 
cial, sino también como faente clarísi- 
ma de profundos estudios y necesarias 
observaciones. 

Pero si preguntamos á la multitud 
más ó menos ilustrada qué concepto 
le ha merecido el arte, averiguaremos 
que viene siendo este, un gran recurso 
para entretener ociosos y divertir á ra- 
tos perdidos; pero no hay que asustarse, 
tratemos de conocer el concepto que 
merece la ciencia, y sonarán alabanzas 
desmesuradas en favor del telégrafo, 
del fonógrafo, de los pararayos... y 
poco más. 

Porque no es mucho lo que sabe de 
la ciencia el vulgo que denigra el ar- 
te; sin embargo, á la ciencia le impor- 
ta poco la comodidad que á tales gen- 
tes proporciona , como al arte le tiene 
1 sin cuidado que ciertos jardines se 

l adornen con estatuas, que un advene- 

dizo de la bolsa llene de cuadros el sa- 
lón de una cortesana, y que los jóve- 
nes insípidos malgasten sus horas le- 



16 ESTUDIO SINTÉTICO 

yendo novelones, versos ó comedias. 

La ciencia y el arte son fuentes de 
vida, y en tal concepto, no en sus 
acepciones fáciles y rastreras, merecen 
atención y estudio detenido. Una y 
otro formaron dos aplicaciones de acti- 
vidad humana fecundas y civilizado- 
ras, aunque no siempre bien compren- 
didas: la Industria y el Lujo. Si más de 
una vez producen desequilibrios y so- 
bresaltos , valga por la frecuencia con 
que se los utiliza y explota. Nada ex- 
traño parece ver saltar de cuando en 
cuando la espuma desprendida por la 
tumultuosa efervescencia de una cons- 
tante reacción. 

Contribuyeron mucho á producir el 
desencanto y el abandono hacia las ar- 
tes, las rápidas conquistas de la filoso- 
fía y de la ciencia que ofuscaron un 
momento al hombre dándole á enten- 
der que ya estaba descubierto el filón 
de su felicidad. 

El orgullo del hombre, mostrábase 
alhagado y engreído creyendo conocer 



ACBRCA DEL TlfiATRO NACIONAL 17 

el principio de la vida y la fórmula de 
su movimiento en la eterna inevitable 
ascensión que sin cesar se verifica. 

Gritos de loco entusiasmo y necia 
maldición anunciaron el triunfo. ' 

La ciencia era la fortuna y el por- 
venir: el arte Un juego de nuestras fa- 
cultades representativas, una imitación 
de la naturaleza , no una evocación. 

Por desgracia el frió desengaño vi- 
gilaba en acecho; el hombre, siempre 
con los ojos clavados en el árbol pro- 
hibido, comprendió luego que la raiz 
estaba muy honda y el fruto muy al- 
to, la. tierra muy dura y el tronco muy 
resbaladizo; que hasta entonces no ha- 
bía hecho más que arañar la superfi- 
cie y que, para ver la luz reflejada en 
la cúspide, para libar el néctar conte- 
nido en los cálices abiertos, siendo im- 
posible abatir el árbol ó escalar el 
tronco era indispensable remontarse al 
vuelo en alas de la inspiración... 

El arte no había sido víctima de la 
ciencia; tan insensato parricidio más 

2 



r 



18 BSTUOIO eiMTÉTICO 

que cruel se ha juzgado absurdo; y el 
hombre, sediento de ideal, biiscalo de 
nuevo en la poesía, sin abandonar los 
conocimientos adquiridos, pero anhe- 
lando emociones que le hagan sentir 
una poderosa expresión de la natura- 
leza y nna intensidad mayor déla vida- 

"El mundo es tirano y la muerte 
traidora,,, nos dijo el ascetismo lanzán- 
dose á la <muerte. ''Mentira son las más 
preciadas ilusiones, „ sollozó la duda 
entregándose ala desesperación. "Nues- 
tra vida es transitoria, pero fecunda; 
siento que la naturaleza toda, vive 
dentro de mi,„ exclama el hombre mo- 
derno apasionado por el arte. 

¿No son las montañas las olas y el 
horizonte una parte de mi espíritu y de 
mi alma? ¿No reside lo exterior en mi, 
como yo en lo exterior? (Lord Byron.) 

Un poeta español, un gran poeta, 
un genio verdaderamente nacional: el 
inolvidable Zorrilla, dijo en su ju- 
ventud: 

¡Bello 63 vivir , la vida es la a 




ACERCA DEL TBATRO KACIONAL 19 

Y tuvo razón. 

Esa vida hermosa, que la penitencia 
y la duda consumen y la sensualidad 
arrebata; esa vida que lleva consigo los 
górm»^nes de su regeneración, ascen- 
diendo constante y lentamente por lo<» 
espacios infinitos , el arte nos la ofrece 
dulcificada, poderosa, intensa, con su 
aspecto social fecundo y generoso, 
con sus imágenes bellas y reales, con 
bU luz perfumada y penetrante que nos 
hace comprender «1 origen divino del 
hombre. 

Entre todas las manifestaciones del 
arte, la literatura es la que más vigo- 
rosa y brillante se ofrece. Grecia idea- 
lizó la forma, el Renacimiento inmor- 
talizó el color, nuestro siglo se apasio- 
na por la música; pero antiguos y mo- 
dernos cultivaron laá letras producien- 
do creaciones inmortales. 

Bama importante de la literatura 
fue siempre la dramática, producida 
por los primeros balbuceos de la cultu- 
ra, jamás abandonada por los pueblos 




20 KSTÜDIO SINTÉTICO 

primitivos y siempre atendida por los 
paganos, renaciendo en la edad mo- 
derna por la gallardía del genio espa- 
ñol que la hizo cristiana. 

Lope de Vega creando el Aete Nue- 
vo, inventó el drama. 

En virtud de su expansión, la vida 
individual se transforma en vida so- 
cial. El arte condensando y ampliando 
esta última la ofrece al individuo que 
por él recibe á cambio de su . emoción 
particular presi.ada,Ja emoción abso- 
luta de la Sociedad entera. 

El arte puede contener en su mani- 
festación más hermosa, emociones de 
la vida más general y más intensa. 
Para conocer en este sentido la impor- 
tancia del teatro en el arte, veamos los^ 
elemencos de vida en que funda sua 
creaciones , comparémosle con otraa 
formas literarias que le combaten , y 
hojeando su historia, reunamos noti- 
cias para esbozar su porvenir. 



^.-. 




11 

íjl Sirioí ei\ el ¥e&tío' 



El amor, esclavo de la vida, lucha 
con el dolor, amigo de la muerte, y en 
incesante batalla eterniza cada uno á 
-su contrario, en vez de aniquilarle. 
Busca el dolorido en un amor consuelo 
j- el enamorado sostienp con su ilusión 
fugaz loa dolores de una vida nueva. 
SxtraQa combinación de dos opuestos 
poderes, que por naturaleza se odian y 
ain cesar se ayudan, confundiéndose y 
renaciendo mil veces .en la muerte. 
Schopenbauer ha escrito una singular 



22 BSTUDIO SINTÉTICO 

metafísica del amor, considerando los 
voluptuosos placeres como un lazo por 
el cual asegura cada especie su porve- 
nir. Sin esa ceguedad que nos enloque- 
ce, ¿quién se complacería perpetuando 
el martirio que le aflige? El filósofo ale- 
mán supone que al unirse dos cuerpos 
y dos almas en la tierra, siguen la in- 
clinación que determinó en ellos el fu- 
turo hijo del amor. "En el choque de dos 
miradas llenas de ardientes deseos, res- 
plandece una vida nueva, anunciase un 
nuevo ser, creación completa y armo- 
niosa.,, 

Como apuntamos que poco se curaba 
el arte de los que sin saber sentirlo re- 
currían á él para lucir su vanidad, aho- 
ra diremos del amor que nunca toma en 
cuenta las obras de los que se consumen 
buscando torpemente la lujuria. Esos 
placeres fáciles que se gozan sin satis- 
facción y se venden por lujo, esos roces 
de la carne donde un egoísmo loco mien- 
te dichas y favores, deben ser conside- 
rados como funesto error de una socie- 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 23 

dad pervertida, y encuéntrase á tal dis- 
tancia del verdadero amor, como la 
vida racional del hombre de la existen- 
cia torpe de un gusano. Considerar al 
amor con toda su fuerza, con toda su 
bestial energía, no es confundirle con 
el vicio asqueroso que germina en un 
entendimiento contrahecho, abusando 
de la naturaleza; bajar al amor de las 
regiones ideales en que delicadas almas 
engañosamente le colocaron, no es re- 
volcarle por el fango impuro de un ho- 
gar prostituido, sino concederle toda su 
importancia en el interesante objeto ¿ 
que se halla consagrado. 

Mirad una hermosa y alegre pareja; 
ved cómo cada sexo rechaza y atrae al 
otro, lo desea y lo evita, sonriendo, can- 
tando, entreteniéndose ligeramente con 
el amor. Pero llega un momento al fin 
en que, cuando más intenso es el goce, 
los juegos, las burlas y las alegrías des- 
aparecen, porque la voluptuosidad viene 
revestida de un carácter muy serio que 
manifiesta su transcendental misión. 



iC 



r 



34 BSTUDIO SINTÉTICO 

Mucho abundan ciertas frases , tan 
vulgares, que nadie las ignora y vie- 
nen á expresar en sama que parEí cada 
ser hay otro de diferente eexo respon- 
diendo mejor que todos los demás á las 
condiciones de su naturaleza. Este ser, 
que muchas veces se sueña y muy po- 
cas en realidad aparece, no es el que 
con sus bellezas pnede halagar más pa- 
siones, ni con su fortuna satisfacer más 
necesidades, ni con su bondad perdo- 
nar más errores , sino el que puede neu- 
tralizar en lo futuro los defectos de una 
vida y proporcionarle las gracias de 
que carece; y es esto sólo y no lo antes 
advertido, porque para nacer el amor 
, de aquellas causas era necesario que 
conociese su objeto por detenidas refe- 
rencias, y tanto no es asi, como que las 
más de las veces el verdadero amor se 
adivina, y adquiere colusales proporcio- 
nes en -un solo instante y al contacto de 
una sola mirada. 

La sociedad hace' de los amores nn 
vicio algunas veces y otras un adecuar 



ACBRCA DBL TEATRO NACIONAL 25 

do negocio; pero la ciencia y la estadía- 
tica prueban que los hijos de verdade- 
ra pasión amorosa siempre aventajan ¿ 
los que forman la impureza improvisa- 
da ó la boda convenida. 

A la justicia providencial del amor 
pueden atribuirse fenómenos que se 
achacan generalmente á la locura. 

Werther, en su terrible resolución, 
debe considerarse ingenuamente hu- 
mano; toda su vida estaba dispuesta, 
no para gozar las bellezas de Carlota, 
sino p9«ra continuarse mejorada en el 
hijo de aquella mujer; su objeto se ha- 
ce imposible, su existencia es inútil. 

Cuántos crímenes, cuántas violen- 
cias, cuántas torturas explicaría el 
amor si razonarse pudiera; pero la hu- 
mana justicia no tiene medios para pa- 
tentizar el curso de las pasiones, que 
mil sociales exigencias á la oar comba- 
ten, que muchos errores descaminan y 
tantas impurezas enturbian. El hombre 
se lamenta ó compadece; no pudiendo 
satisfacer ese íntimo deseo de su na tu- 



2G BSTUJJIO SINTÉTICO 

raleza, luchando con múltiples contra- 
riedades y apartando los ojos de la dará 
lüalidad, lo busca sin sosiego y lo goza 
con entusiasmo en el arte que se lo pre- 
senta como la intuición lo crea, no 
como el mundo lo limita. 

¡El amor en el arte! Qué bello estu- 
dio para quien sepa con vigoroso genio 
abordarlo. ¡El amor en la escena! Qué 
interesante capitulo de la vida hu- 
mana. 

Cantó la epopeya glorías pasadas, la 
lírica emociones alegres ó dolorosas; 
ofreció siempre la escena un cuadro que 
con todos los elementos reales de la vida 
del pueblo, combinaba su existencia 
ideal, au magniñoa y noble aspiración. 

Nadie ignora la importancia social 
de las pasiones amorosas y hemos tra- 
tado de patentizar su interés humano. 

¿Cómo las presenta la escena? 

Sería preciso repasar una por una 
las grandes creaciones del genio dra- 
mático, sería necesario recorrer loa tea- 
tros de todos los tiempos, para encon- 



=^^T.- 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL * 27 

trar nna sola obra donde contra el amor 
noble de la naturaleza triunfe un amor 
esclavo de la fortuna ó del vicio. 

Amantes que lloran su separación y 
buscan un refugio en la muerte, vícti- 
mas del matrimonio y del claustro, fu- 
riosos celos, apasionadas locuras, dolo- 
res horribles, remordimientos crueles; 
en desencadenada tormenta ó apacible 
calma, entre amenazas aterradoras ó 
cadenciosos arrullos, el amor triunfa ó 
es vencido, pero siempre aparece ra- 
diante y glorioso, ya logre la palma de 
la victoria, ya la del martirio. Y en to- 
das partes ridiculiza los mezquinos in- 
tereses que se le oponen, y á todas ho- 
ras bendice lo que anhela, y aun ama- 
rrado al yugo no decae. Si no triunfa, 
se venga; ofrece bienes con largueza; 
si le rechazan , con el error se. alza el 
castigo. El mundo se hizo con él y para 
él; quien le desdeña se pierde, quien le 
agradece prospera ; porque lleva en sus 
ligeras alas y en su trivial sonrisa el 
porvenir del mundo. 



28 ESTUDIO SINTÉTICO 

"No se trata, como en las demás pa* 
siones humanas, de nna ventaja ¿una 
desdicha individual , sino de la existen? 
cia y de la constitución de la huma- 
nidad futura; la volundad individual 
se transforma en voluntad de la espe- 
cie. Sobre tan grande interés descansan 
lo patético y sublime del amor, sus trans- 
portes , sus dolores infinitos . que los 
poetas no dejaron jamás de reproducir 
presentándolos en variados ejemplos. 
¿Qué objeto podrá interesamos tanto 
como este que determina el porvenir de 
la humanidad? Ya sabemos cuan difí- 
cil sería dar interés á un drama sin com- 
binarle con una intriga de amor; y ¿ 
pesar del uso diario que se hace de se- 
mejante recurso, nunca se agota.„ 

En otros tiempos el catolicismo sede- 
claró enemigo del teatro diciendo que, 
fundándose todas sus obras en el amor, 
sólo por esto eran reprensibles , y en los 
que ahora corren, muchas personas pru- 
dentes y sensatas, lo desprecian con pa- 
recidos argumentos. 




ACBRCA DKL TEATRO NACIONAL 29 

Pero, ¿son por ventura las conve- 
niencias avaras de una familia ó un 
amor verdadero y santo lo que la Igle- 
sia bendice? ¿Son los juguetees de ne- 
cias vanidades ó las pasiones invenci- 
bles los que al hombre arrastran? El 
amor, ¿fue obra del ocio y del regalo 
tentadores,- ó las comodidades se forma- 
ron para servir al amor? ¿Qué buscan 
los cpristianos y los ateos, los magnates 
y los proceres, los sabios y los artistas^ 
qué anhelan todos con afán en sus di- 
versas obras, en sus varias decisiones; 
qué, sino un rayo de la luz divina, del 
encanto misterioso, goce sublime du- 
rante nuestra vida, después de nuestra 
muerte vida ideal continuada en los hi- 
jos, en la ciencia, en el arte ó en la 
historia, y que tiene por nombre amor, 
amor y sólo amor? 

Mientras las exigencias sociales tras- 
vertían Ips sentimientos amorosos y la 
religión convertida en dogma trataba 
de obscurecerlos y disimularlos, la Es- 
cena ms^ntuvo pura y enérgicamente la 



so BSTUDIO siurÉTico 

expresión del amor proclamado por la 
naturaleza y aplaudido por el espíritu 

de la hamanidad, qae no pudo extin- 
guir, aunque trató de reprimirlas, sus 
naturales inclinaciones. 

"Si eres culpable, poco me importa, 
no te lo pregunto; sólo sé que te amo y' 
esto me basta. ^ 

La culpa decretada por las costum- 
bres ó por las leyes podrA torturar el 
corazón del amante, pero no vencer al ■ 
amor; podrá fomentar el desprecio, pero 
no disminuir el deseo; y el hombre des- 
esperado, cuando la Naturaleza le im- 
pulsa y la Sociedad le infama, eatre- 
chando contra su cuerpo á su querida, 
le dirá entre sollozos y lágrimas, entre 
besos de pasión y violencias de vengan- 
za, como dice un per&onaje de Shakes- 
peare. 

" Te amo y te odio. „ 

Porque no es la pasión deseada la 
ünica que puede conducir á ua fin trá- 
gico; el amor satisfecho proporciona 
con más frecuencia la desdicha que la^ 



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ACBRCA DBL TEATRO NACIONAL 31 

I — — — 

felicidad, porque las exigencias del 
amor son muchas veces incompatibles 
con otras circunsfancias que forman el 
bienestar del amante , y minan el edifi- 
cio ^e sus aspiraciones y sus esperan 
zas. El amor no está en contradicción 
solamente con el orden social, puede 
también estarlo con la naturaleza ínti- 
ma del individuo cuando se fija en un 
sor que, á excepción de las relaciones 
sexuales, inspira siempre al amante 
odio, desprecio y á veces horror. 

En esta doble y continuada lucha, 
primero contra los obstáculos que al 
amor se oponen , después contra las di- 
ficultades y remordimientos que ya lo- 
grado el amor patentiza, gime y se tor- 
tura el hombre, sin escarmiento y sin 
resignación ; y con las variadas actitu- 
des cómicas ó terribles del inevitable 
combate, creó sus obras el Teatro, de- 
clarándose decidida y gallardamente 
por los fueros de la Naturaleza. 




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^1 áoloif en el ¥eitío 



Para pintar las penas del Infierno li- 
mitóse Dants á referir lo3 dolores del 
mundo; pasó por el Purgatorio como 
quien cruza nuestra baja tierra, pero 
llegando al Paraíso encontróse con una 
insuperable dificultad. ¿Cómo transmi- 
tir al hombre la emoción de un bien 
que nunca logra, de un placer que sus 
potencias no saben fingirle, porque no 
hay sensaciones, ideas ni palabras ca- 
paces de representarlo? El admirado 
lector de la Divina Comedia sufre laa 



penas de aquel Infierno real pero no 
goza las dichas de aquel I^raíso teoló- 
gico, j, lo más que consigue acaso, e& 
asegurar la esperanza de gozarle des- 
pués de la muerte. 

El sabio florentino conoce las dificul- 
tades y no continúa vanamente ilusio- 
nado su empresa, desde que trata del 
cielo. "He visto cosas que no sabe ni 
puede referir quién desciende como yo 
de aquellas resplandecientes regiones, „ 
dice, y aSade luego: "Que no siempre 
armoniza la forma con la intención del 
arte porque la materia es sorda y no 
responde á su llamamiento. „ 

Arrojado del cielo, cayó Luzbel so- 
bre la tierra que al estremecerse des- 
garró sus entra&as formando en su cen- 
tro hueco una mansión horrible, dolo- 
rida ciudad cuyos habitantes á suírir 
condenados arrastran eternamente su 
castigo. Cuando el desaliento y la duda 
espolean su impaciencia, la humanidad 
supone irremediable su desdicha y con- 
sidera el mundo entero eternamente 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 35 

oprimido por el ángel de las tinieblas 
que como dueño absoluto reina, y entre 
sus vasallos reparte los dolores que 
solo no podría soportar. Horrible pesi- 
mismo de que la resignación más acen- 
drada nos consuela. El mayor sufri- 
miento del Infierno violo expresado 
en estas palabras el poeta florentino: 
'^ Abandonad aquí la esperanza. „ ¡La 
-eternidad del castigo hace inútil todo 
esfuerzo! Pero el hombre, que sufre 
como un condenado, lucha y espera: su 
martirio no es el objeto de su vida sino 
la senda que le conduce al bien. Dura 
es y difícil su empresa. ¡Tener bajo 
sus pies, abrasándole las plantas, la 
eterna condenación y ver lejos muy le- 
jcs la codiciada gloria; sentir la reali- 
dad del dolor como en el Infierno de 
Francisca, y esperar la ilusión del go- 
ce sin conocer más que una promesa, 
como en el Cielo de Beatriz! 

El arte , que sin cesar atenúa las des- 
dichas del hombre, que dulcifica sus 
placeres y sus amores repitiéndolos y 



86 ESTUDIO SINTÉTICO 

purificándolos con una vibración ama- 
ble, duradera y albagadora, no puede 
redimirle del dolor y en el dolor buaca 
sns inspiraciones y con él huella sus 
m&s preciadas obras. 

El teatro ha reproducido mil vece» 
y no pocas ha descubierto los íntimos 
dolores de la humanidad; realzando 
sus ficciones, ha sabido herir al corazón 
y bañar en lágrimas los ojos, con más 
frecuencia que promover una risa re- 
gocijada y franca. Esta tendencia ge- 
neral á todas las bellas arces le ha va- 
lido muchas acriminaciones que mere- 
cen ser tomadas en cuenta. Por ííu ín- 
dole particular, el arte dramático res- 
ponde más directamente que otios gé- 
neros literarios al objeto principal que 
todos han de proponerse: apartar por al- 
gún tiempo al hombre de sus prcocnpa- 
oiones y trabajos penosos, necesarios. 
para sobrellevar las exigenoieis apre- 
miantes de la vida , pocas veces propios 
para esparcir el espíritu, ni en armo- 
nía con sus guslos y naturales disposi- 




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ACBBGA DBL TBATRO NACIONAL b7 

ciones; devolverle á su vida íntima, 
ideal, y haciéndole ver el mundo como 
verle desea, y como ser pudiera sin sa- 
lir de la más minuciosa realidad, ofre- 
cer á su imaginación un cuadro vivo y 
verdadero que le anime, le fortalezca y 
le consuele. 

El hombre que tiene sus aspiracio- 
nes y sus deseos limitados y decididos, 
que ha formado con una serie de ideas 
y sentimientos el código de su mundo 
moral, que siente muchas veces cuan- 
to piensa, en forma tan vaga que le 
seria imposible manifestar lo que ha 
concebido: agradece y aplaude al artis- 
ta ó al escritor que con trazos vigoro- 
sos y definitivos, comprensibles y cla- 
ros le presenta en su obra un mundo 
semejante al que, como entre sueños y 
borrosamente vislumbró , pero que re- 
conoce y admira en la creación podero- 
sa del genio. Este hombre, se apasiona 
y ama lo que le complace , forma en un 
bando, pertenece á un grupo, espera 
con ansia lo nuevo , discute y condena 



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BSTÜDIO SINTÉTICO 



con fiereza lo que no comprende por- 
que se halla fuera del círculo que su& 
ideas le trazan, y entregando, su cora- 
zón y su inteligencia por completo al 
autor favorito, no cuenta cuándo rie ni 
cuándo llora , sólo sabe cuándo la evo- 
cación del artista repercute vibrante y 
sonora en las fibras de su alma. 

Pero como éste son los menos: hay 
además en el público una minoría res- 
petable que no lleva dentro de sí un 
mundo de ideas á que referir sus impre- 
siones, pero que tiene una cuerda en el 
corazón, la cuerda del sentimiento; es- 
capaz de llorar si el caso lo requiere, 
de olvidarse de todo, cuando se siente 
transportado por la divina poesía , perp- 
que receloso de la emoción , porque na 
tiene un ideal que le entusiasme , se de- 
fiende contra ella diciendo: 

— ^Yo voy al teatro paia divertirme. 

Y, realmente, se puede hacer esta 
pregunta: Si la vida es difícil y amar- 
ga, si vemos en la realidad á cada paso,, 
desolación, miseria y llanto, si somo» 



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ACERCA DEL TEATRO NACIONAL Sí) 

víctimas del premioso engranaje del 
mecanismo social, ¿para qué buscar la 
emoción de dolores imaginados? 

Esto en absoluto seria verdad si con- 
sideráramos el arte como reproducción 
exacta de la vida exterior ó interior 
que nuestros sentidos hiere y nuestros 
sentimientos agita. Pero el arte no es 
eso: el arte, abrazando una vida más 
intensa, es más real que la realidad, una 
condensación de la realidad y de la 
vida, que desecha todo lo que sería ho- 
jarasca vana y abrojos difíciles ó an- 
drajos asquerosos y carnes repugnan- 
tes, lo que apaga nuestras íntimas emo- 
ciones uniendo al dolor el hastío y la 
desilusión de la vida. Además, el arte, 
que no copia todo lo real sino solamen- 
te aquello que la emoción para produ- 
cirse candenciosa y pura necesita, no 
se refiere sólo á la realidad presente 
sino á la realidad posible, no á lo ver- 
dadero sino á lo verosímil. Con estas 
breves aclaraciones podemos apreciar 
cuanto el arte inspirado en la natura- 



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40 BSTITDIO SINTÉTICO 



leza se levanta sobre la terrestre crea- 
ción, y cuanto el drama en el teatro 
diferirá del drama en la vida. 

Pero atm considerando al dolor, bajo 
su aspecto estético y sublime, como mn 
ambiente sutil y pesado que hiere nues- 
tras fibras sin disgutar nuestros senti- 
dos ¿puede ser agradable? 

Traigamos á la memoria el recuerdo 
de una sitoación dolorosa, de un acci- 
dente fatal, de una época triste, cuando 
ya sentimos curada la primera herida 
que produjo la dura ó violenta conmo- 
ción, y gozaremos la dulzura que por 
nuestro espíritu derrama, y á la materia 
trasciende; repitamos el canto trans- 
crito del poeta filósoío, y nuestras par- 
ticulares impresiones nos harán com- 
prender que no es cada hombre un indi- 
viduo aislado en la creación, que sus 
nerviosperciben las emociones agenasy 
transmiten las propias, que su pensa- 
miento recibe á todas horas luz y la 
presta constantemente al pensamiento 
hermano, que su ilusión se funda en 



ACERCA. DEL TEATRO NACIONAL 41 

exteriores sucesos y su amor le aconse- 
ja la felicidad de otro ser en quien á su 
vez encuentra su íntima felicidad. 

Desde la unión imprescindible de los 
sexos para los placeres y necesidades 
más rudimentarias, hasta la más difícil 
combinación de ideas en que una mul- 
titud humana interviene, la vida so- 
cial se manifiesta y patentiza por una 
expansión constante de la vida indivi- 
dual: lazos de familia^ agrupamiento 
de pueblos , comunión de raza's , calor 
de humanidad. 

No es el egoismo, haciéndonos ver 
nuestra desgracia posible, lo que nos 
estremece cuando descubrimos la des- 
gracia de un semejante, no: es, que la 
vida de aquel desventurado tenía raíces 
en nuestra propia vida; todo el árbol 
se conmueve cuando el viento desgaja 
una rama. En espiritus más elevados, 
la emoción es más general y más pro- 
funda: " Cuando veo cómo abre la rosa 
su capullo, — dice un poeta, — me pare- 
ce que sus hojitas se desplegan dentro 






42 ESTUDIO SINTÉTICO 



de mi corazón. Con la mariposa, cuyo 
vuelo mi vista sigue, me parece que 
mis labios besan las flores.,, 

No es, pues, el torpe miedo ni el 
egoisrao sobresaltado lo que nos hace 
sentir, obligándonos á conocerlos, cuan- 
tos dolores agobian á la humanidad, 
sina la vida de la humanidad entera 
que, reflejada en la nuestra, sufre una- 
conmoción general, á cada particular 
organismo transmitida, cuando alguno 
se rompe ó tropieza. 

^'Las hojas espinosas de la pita, per- 
amanecen mucho tiempo aplicadas y 
^oprimidas, cubriéndose unas á otras^ 
^formando un solo corazón, antes de 
„ desplegarse y extenderse. Entonces 
„las espinas de cada una se imprimen 
pcn la carne de la inmediata, y cuanda 
„más tarde todas las hojas crecen y se 
^aislan, conservan todavía, señales de 
^aquella impresión, que nunca se borra^ 
„y aumenta de tamaño con las hoja» 
„como un estigma de dolor impreso en 
„ellas para toda la vida.„ (Guyau,) 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 43 

El dolor es la única condición ver- 
daderamente humana: la que resalta y 
se patentiza en todas las obras del 
hombre. Es el crisol donde las impure- 
zas se redimen, el castigo de. nuestros 
atrevimientos, el pago de nuestros go- 
ces: no hay esperanza que no asedie ni 
deseo que no turbe , ni bien que no dis- 
minuya; para nacer, para existir, para 
gozar, para morir, en el trabajo y en la 
holganza, en la inspiración y en la tor- 
peza, en el anhelo y en la indiferencia, 
el dolor se ofrece siempre al hombre, 
ya velado y ligero como una sombra, 
ya temible y pavoroso como un fantas- 
ma, ya potente y destructor como fuer- 
za material ó invencible. 

Como creaciones humanas, las obras 
del arte palpitan con dolorosa emoción: 
ninguna es trivial ni alegre. por su pro- 
fundo pensamiento aunque se ofrezcan 
muchas regocijadas en la forma. El 
Teatro no podía prescindir del dolor, 
pero pudo, y esta fue acaso su mejor 
corona, exaltando el pensamiento, ha- 



ESTUDIO SI»T¿T100 



ciendo abstraccióo de los objetos viles, 
condeusando la esencia de la vida y 
purificando la cauaa del dolor, hacer 
éste atractivo y dulce, producir una 
lágrima, qaesaliera de loe ojos sín abra- 
sar las pupilas y dejara en el corazón, 
no el vacio de una perdida esperanza, 
sino un embriagador perfume de me- 
lancólica tristeza. 




IV 



La escena latina títíó k expensas d& 
la griega, la francesa debe á. la clásica. 
su importancia, las de otros paisas han 
bebido en varios manantiales sna ins- 
piraciones, pero la española nació y 
desarrollóse tan exponjtánea como ju- 
gosa y fértil, sin tomar de ninguna su 
semilla, ni la sabia que, durante mu- 
chos años, fnictííera y lozana la sos- 
tuvo. £1 teatro Sspañol, admiración 
del mondo, formóse por el esfuerzo co- 
losal de mi hombre, vivió sostenido 



46 ESTUDIO SINTÉTICO 

por nuestro carácter independiente y 
rudo, y murió á manos arteras, víctima 
del culteranismo y del conceptismo, de 
la estúpida tiranía y de la crítica torpe, 
insensible y ruin, fundada en reglas 
inaplicables, incapaz de sentir estéti- 
cas emociones. 

Hay en la literatura, en las artes, 
en la política de todos los pueblos, pe- 
ríodos de regeneración en que, des- 
encaminado el genio nacional ó debili- 
tadas por la producción excesiva sus 
inspiraciones, asimílanse nuevos ele- 
mentos oportunamente recogidos y con 
facilidad transformados en ideas pro- 
pias, que se amoldan al carácter del 
que los busca, tanto como al ser que 
los presta. 

Por desgracia, los españoles, jamás 
alcanzamos cosa buena cuando decidi- 
mos emplear este procedimiento. Hay 
en el fondo de nuestra naturaleza una 
condición, que si contribuyó mu iho al 
brillo de nuestras hazañas, no tomó 
parte menos interesante también en lo 




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ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 47 

absoluto de nuestras derrotas; no es 
preciso añadir que nos referimos al or- 
gullo, constantemente disfrazado con 
los atavíos del honor. Ese orgullo que 
nos hizo despreciar las ventajas que 
por haber sufrido la dominación árabe 
alcanzamos , que acompañó en nuestras 
carabelas á Colón y jugó el oro de 
América como un^v ruindad que sólo se 
cambia por goces y placeres , que nos 
hizo aborrecer el trabajo, y abusar del 
mundo esperando el cielo, que formó 
un fanatismo terco a través de la mis- 
tica idea cristiana, y limitando la ima- 
ginación infinita en algunas imágenes 
creadas dio al símbolo toda la impor- 
tancia del pensamiento, y rechazó la 
utilidad, como si ésta no esclavizara 
todos los pensamientos y simbolismo»; 
ese orgullo, fondo de nuestro carácter, 
esencia de nuestra vida, hijo de nues- 
tra fe católica, exaltada y frenética, 
nos presentaba la recíproca y leal ayu- 
da, como una limosna despreciable, y 
nos impedía que aprendiéramos en el 



Í8 BSTUDIO SINTÉTICO 

estudio de otras naciones lo que la es- 
pañola pudo asimilar para rehacerse y 
erguirse con nuevo brío, cada vez que 
la exuberaucia misma de sus frutos de- 
bilitaban ó abatían su porvenir, este- 
rilizando la sabia ó nublando con su 
profusión el espacio, en cuya obscuri- 
dad era fácil perderse. 

Ni las fuentes, ni los ríos , ni los ma- 
res , podrían ser eternos , si no recobra- 
ran por fenómenos varios de la Natu- 
raleza el gasto que otros fenómenos les 
ocasionan. 

Los españoles, guiados por el orgu- 
llo , siempre creímos inagotables nues- 
tros medios y eiempre los agotamos 
asi con imprevisión escandalosa. Nues- 
tro denuedo empeñado en fiera lucha, 
nuestras naves destruidas al fin^ el oro 
délas Américas perdido, las artes extin- 
gnidas, la literatura moribunda, el res- 
peto con que todos nos acataron agoni- 
zante; y sobre tanta desolación y tanta 
miseria, la imagen del orgullo fiera 
y tenaz, siempre blasonadora y des- 



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ACERCA DKL TEATRO NACIONAL 49 

vergonzada, contemplando las heridas 
siempre abiertas, sosteniendo con una 
mano sarnosa la capa raída que ]e cu- 
bre, apoyando con la otra débil y flaca 
la rbta empuñadura de una mugrienta 
espada. 

¡Qué cuadro tan funesto, qué lección 
tan horrible! 

Pero la tremenda imagen desaparece 
porque la luz inunda el espacio: un sol 
de fuego con. sus rayos brillantes dora 
las cumbres y los valles, la tierra toda 
se ilumina: fluyen las fuentes agua 
fresca y pura; si murmullo de las hojas 
parece suave melodía; la pradera ofrece 
un lecho de flores, el aire se perfuma... 
No hay sentidos capaces de permanecer 
indiferentes á tal encanto, ni puede 
haber imaginación que resista sin deli- 
rio tan sensuales influencias. Así acom- 
pañaron constantemente ánuestro cruel 
orgullo, el amor hijo del ciel » y la in- 
dolencia, hijastra del amor. Esta es la 
característica de nuestro genio nacio- 
nal: sentimiento poético, talento claro, 



ESTO DIO SINTÉTICO 



intuición muchas veces prodigiosa. Laa 
condicionea del clima y los accidentes 
del suelo, hicieron de la patria españo- 
la un terrestre paraíso: los encantos de 
nuestras mujeres acabaron de compro- 
meter nuestra existencia. 

Puede admirar el artista las correc- 
tas formas y expresión ideal, de una 
mujer del Norte, pueden al hombre más 
fuerte despertar amorosos apetitos la 
dulce y lánguida italiana ó la elegante 
y apasionada francesa; si en aquella se 
alaban contornos impetables y miradas 
puras como resplandores de gloria, si 
en estas con afán se sienten la sensua- 
lidad sublime y las delicadas emocio- 
nes de la vida moderna, sólo en la es- 
pañola se ofrecen para ser admirados 
en todo ol mundo, el brío y la gallar- 
día con que ondula y quiebra las líneas 
más graciosas y expresivas de su cuer- 
po, la mirada de incitante pasión que 
provoca blandament» y resiste amena- 
zadora, que nos atrae con desenfado y 
8« irrita y nos hiere al vernos atraídos; 



ACERCA. DEL TEATRO NACIONAL 51 



los ojos incomparables , claros como los 
cielos y negros como el abismo, la boca 
siempre risueña y siempre maliciosa, 
la mano blanca y ñna, tan débil cuando 
«n el trabajo se mueve, tenaza si la pa- 
ción la guía; y aquel pie diminuto, y 
aquel talle vaporoso y aquella cabeza 
juguetona que sólo besos reclama, y 
aquel andar que resuena en el pecho, y 
aquella palabra fácil, intencionada 
siempie oportuna... 

En una mujer asi, ni el artista pue- 
de buscar los contornos de su obra, ni 
el mundano placeres para ^tretener 
los ocios de su existencia; ni la línea 
firme y segura , ni los goges limitados 
por sociales conveniencias, pueden sor- 
prenderse jamás en el contraste movi- 
do, en la constante algarabía de for- 
mas y sentimientos, de hielo y ardores, 
de fuerza y abandono, de risa y deses- 
peración, de celos bárbaros y cariños 
humildes, confusión del cuerpo con el. 
alma, de la sensualidad con la pureza, 
del goce con el martirio, de todo lo 



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62 ESTUDIO SINTÉTICO 



celestial con todo lo humano, que cons- 
tituyen á un tiempo el ser, la figura, 
el espíritu y el pensamiento de la mu- 
jer española: como el sueño, ilusión y 
realidad, como la fiebre vida intensa y 
agotamiento de vida , delirio de la ju- 
ventud y encanto del poeta, porque 
nunca ofreció nuestro mundo más aca- 
bada imagen de la poesía. 

Si todas las manifestaciones de la 
vida española están im[)regnadas en el 
poético perfume que sin cesar emanan 
el sol ardiente, la tierra perezosa y la 
mujer angelical, irresistible, mal podía 
el Teatro sustraerse al común contagio, 
siendo como fes, donde aliente, no escue- 
la, no espejo de costumbres, pues ni lo 
que un pueblo es ni lo que debe ser la 
Escena representa; sino solamente la 
expresión acabada de lo que un pueblo 
pretende ser, de aquello á que aspira. 
Por esto, con las costumbres malas 6 
buenas, pinta como positivos los deseo» 
y aspiraciones del hombre; por esto en 
España, con ser poética la realidad, es 



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ACK&CA DEL TBATBO NACIONAL 63 

más poético el teatro, que sigue demás 
«erca el espíritu de las gentes, que sus 
materiales acciones. 

Pudo el arte pagano manifestarse y 
subsistir, porque su fuerza vigorosa le 
proporcionaba una corrección sin ta- 
cha. La fuerza y la materia pueden 
Admirar en la esfera noble del pensa- 
miento ofuscando el espíritu y la debi- 
lidad, ó aparecer estos como yencedo- 
res, degradando á aquellas. Pero para 
producir las obras inmortales que aún 
lucen sus equilibradas proporciones y 
correctas formas , fue necesario el ge- 
nio de los griegos, inspirado, severo y 
poderoso como ninguno. Llegó con el 
desbordamiento de las pasiones la mi- 
seria de aquel arte; la carne, hasta en- 
tonces perfumada y fresca, mostróse 
palpitante y corrompida; cuando abu- 
só la inteligencia de la naturaleza, el 
arte de la naturaleza huyó de la socie- 
dad: al encanto del placer siguió el 
'estremecimiento del vicio. Después de 
¿ozar a una impura liviana, el artista. 



6i 




estennado y calentoriento , no podía 
concebir la imagen de Venus; al ver éi- 
Io9 hombres, lascivos, apurando con 
dolor sus goces, mal pudo representar- 
se la serenidad atractiva de Apolo. La 
materia para ennoblecerse nece sitaba 
el amparo de la fuerza poderosa, y la 
tnerza buia de los hombres azotada" 
por la sensualidad. 

Primero, el Cristianismo con sus 
ejemplos , más tarde la ciencia con sus 
conjuros y al fin la CabaUería con sus 
exaltaciones, ofrecieron al mundo des- 
consolado un ideal , una esperanza, una 
satisfacción pura y duradera, principio 
y alma del arte regenerado. 

La mujer dejó de ser esclava y obje- 
to de brutales placeres para convertir- 
se pronto en sefiora y recibir adoracio- 
nes. Keina del albedrío y del pensa- 
miento, la que antes ganaba sólo míse- 
ras atenciones defendida por la sen- 
sualidad; recatando prudente lo que 
antes prodigaba con exceso, hizo del 
amor idealizado por un deseo contení- 



ACBRCA. DBL. TBATBO NACIONAL 55 

do; la más poética expresión de la vida. 
Lias ideas caballerescas, tan censura- 
bles más tarde por sus ridículos extra- 
víos , fueron un momento lazo de unión 
entre el cielo y la tierra y salvaron al 
hombre de las torpezas que le degra- 
daban y envilecían. 

El caballero español no fue cierta- 
mente reacio para emprender la nueva 
senda hacia la que le impulsaban el 
ambiente poético en que vivía, la mu- 
jer que tuvo por compañera y la íe cris- 
tiana que grabó. en su corazón. Quien 
no pudo emular á los Amadises hizo el 
papel de Quijote, pero su alma no gozó 
menos, por este motivo, de sus triunfos: 
la imaginación inventa lo que la reali- 
dad no alcanza. 

¡Lástima grande que aquel efluvio di- 
vino tan pronto se desvaneciera! Con- 
fundióse lo poético y sutil con lo extra- 
ordinario, y pareció más extraordina- 
rio lo más inverosímil: el ideal pres- 
cindió de la realidad y se deshizo como 
un encanto: lo verdadero apareció tris- 



56 KSTÜDIO SINTÉTICO 

tey lo ideado ridículo, el genio se con- 
virtió en locura, y la vida en miseria. 

Cervantes hizo la sátira de los ex- 
travíos caballerescos, y la cahallería, 
compendiada entonces en una literatu- 
ra insustancial (pues tan fuera de la 
realidad se colocaba^ que ni una ima- 
gen pudo alcanzar en el mundo,) se 
hundió para siempre; pero aquel espí- 
ritu primitivo, poético, enamorado y 
viril quedaba en el pensamiento de los 
españoles, que lo sentían como una es- 
peranza, y aquel espíritu animó al Tea- 
tro, produciendo una creación armo- 
niosa, noble y elevada, muy aplaudida 
entonces por los extranjeros , que sin 
cesar la imitaron, muy estudiada en 
nuestro siglo á la luz de nuevas teorías 
y novísimos conocimientí>s. 

Los compatriotas de Shakespeare, de 
Moliere y de Groethe, no apartan un 
momento los ojos asombrados, de nues- 
tro glorioso Teatro, incomparable por 
su magnífica belleza y su abundancia 
prodigiosa. 



ACBKCA DEL TBiTRO NACIOSAL 57 

Sorprende , admira y entusiasma la 
obra de nuestros genios, que hizo ex- 
clamar á Wagner, después de leer las 
comedias de Calderóa''comparadas con 
este í'enómeuo maravilloso, todas las 
literaturas nacionales me parecen raí- 



r 



■ n'^-ñ 'f^ñ '<r^^-f) 'f^T'fS ■(^TfS 'r^'fs 'f^T^ 

fe í^ /V?.| rf\> /V^i íf\, íVM íVi 5f\, /%, ii?i í%^^^ 



¿-?í^ ^^ hl^^ ÍJ^ÍI^ ^^ ^^-¡^^ 



f)e^de I^ope á ^ofktíi\ 



Partiendo de las consideraciones ge- 
nerales que hicimos hablando del Tea- 
tro, podríamos definirle con estas bre- 
ves palabras: El Teatro es la historia 
verdadera de lo que pudo ser la Sociedad. 
Fácil sería comprobar esta definición 
por el análisis de las obras más pi^e- 
ciadas, pero no es imprescindible tan 
detenido estudio. Las impugnaciones de 
sus detractores, los cargos que se le 
hacen, los vicios que se le achacan, 
bastarían para determinar el oficio so- 
cial del Teatro y poner en claro su im- 
portancia. 



"» 



60 ESTUDIO SINTÉTICO 

^ ' ■ 11 

El poema épico y la crónica, flo- 
recen cuando á las esperanzas de los 
pueblos inmediatamente siguen sus 
materiales conquistas; sus páginas más 
hermosas no reflejan el vuelo de la ima- 
ginación, sino los designios de la suer- 
te: ofrécense los acontecimientos con 
toda su visible realidad, pero sin raices 
profundas; el hecho, terrible y fatal- 
mente determinado , obscurece las cau- 
sas remotas que por complicadas com- 
binaciones lo determinaron; asi, apren- 
deremos en tales obras los triunfos ó 
los desastres de los griegos, sin admi- 
rar el corazón de Grecia , las conquis- 
tas y guerras de los españoles, siii des- 
cubrir el espíritu de nuestra España. 
No es la humanidad, no es el hombre 
quien se agita y alboroza, quien ruge 
y combate como las fieras, quien mue- 
re con honra matando sin piedad; es 
el pueblo, que se apiña en apretado ra- 
cimo al derredor de una idea, y esa 
idea le sirve de corazón. Asi eran Es- 
parta, Roma y Cartago, máquinas enor- 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL ^1 

mes, duras, insensibles, que sólo á una 
voz se mueven. ¡Conquista! ó ¡vengan- 
za! resuena en los aires, y arrójanse sin 
conciencia y sin ley. Asi fue también 
España, poderosa un tiempo; así ganó 
el Nuevo Mundo y estremeció al viejo 
con sus glorias; así contaba sus haza- 
ñosas conquistas, como un libertino 
cuenta sus fáciles amores. 

Mientras el pueblo triunfa, bástale pa- 
ra subsistir la idea de su grandeza; pero 
llegan días infaustos; golpe tras golpe, 
hiérele sin cesar mano terrible y amon- 
tónanse contra él sus- desventuras. Pri- 
mero gime con angustia: luego siente 
caer sobre su espíritu el bálsamo de 
una esperanza. Cuando su brazo no pe- 
lea su pensamiento le pinta glorias pa- 
sadas ó le finge conquistas futuras; 
cuando no puede lucir su gallardía in- 
vencible, retirado en un ricón de su 
hogar siente los atractivos de la fami- 
lia; cuando el amor no se rinde á su 
fiereza, descubre mayores goces en la 
constancia y la ternura. 



62 ESTUDIO SINTÉTICO 

El soldado atenúa sus brutales ins- 
tintos y dulfíca sus pasiones; el hom- 
bre renace con la paz ó con la desdi- 
cha, la idea del pueblo se transforma 
y deja de ser acción constante para 
convertirse á veces en razonamiento 
sutil: una pertinaz y noble aspiración 
subordina las almas como antes disci- 
plinaba los ejércitos: el verdadero pa- 
triotismo se manifiesta, perdiendo su 
primitiva pasión; porque hay en el es- 
píritu de la humanidad algo distinto 
del salvaje deseo de conquista, y antes 
que la región en que nacimos, la huma- 
nidad es nuestra patria. 

En estas decadencias, en estas in- 
evitables y progresivas transformacio- 
nes, la historia del pasado parece fría 
y la del presente vergonzosa. El hom- 
bre, que, si ha perdido sus bríos, con- 
serva y acrisola sus iítisiones, escarmen- 
tado por la derrota, estudia los elemen- 
tos de su vida, y sin salir de la más 
estricta realidad, combinándolos por 
verosímiles medios , ayudado por la in- 



AGBBCA. DBL TBATEO NACIONAL 63 

tnición, imagina un cuadro que alivia 
sus tristezas realizando humanamente 
sus esperanza^. En esta obra el arte no 
le abandona; sin cesar le guía y le con- 
suela; con recursos bien distintos le 
fortifica, y en el Teatro le muestra la 
más acabada expresión de su deseo. 

Por desgracia no son pocos los que 
suponen ciertas formas literarias como 
una causa original en la decadencia de 
los pueblos, lo cual es un error lamen- 
table. Si en España, por ejemplo, la 
Historia florece con la fortuna que pelea 
y conquista y el Teatro renace con las 
derrotas y el abandono ¿expresará esto 
que las comedias hayan hecho nuestra 
desgracia? Más lógico y sensato fuera 
deducir que llegaron á tiempo bien 
oportuno para sostener el espíritu na- 
cional ensalzando sus glorias, halagan- 
do sus esperanzas, y descubriendo el 
sentido íntimo de sus aspiraciones. 

Una manifestación del arte, lozana y 
avasalladora en un momento determi- 
nado, señalará la época en que se pro- 



■•T 



64 BSTUOIO SINTÉTICO 

dujo une^ decadencia del heroísmo, pe- 
ro puede al mismo tiempo determinar 
nn período de gloria. Sí, gloriosa fue 
nuestra escena; tan gloriosa y tan fuer- 
te, que por sus magníficas é inimitables 
creaciones logramos admirar al mundo 
entero, cuando todo el mundo desde- 
ñaba nuestra vencida bravura; y á los 
mismos que velan con placer descen- 
diendo rápidamente hacia su ocaso el 
sol de nuestro ya extinguido poderío, 
sorprendíales el brillante resplandor 
de nuestras artísticas y valientes con- 
cepciones. 

El espíritu nacional, mirábase re- 
producido en el teatro; una vez levan- 
tada la roñosa cortina, movíanse fe- 
brilmente sobre las mal seguras ta- 
blas nuestras pasiones y nuestros en- 
tusiasmos, la fe invencible y fanática, 
el amor caballeresco, el, orgullo exalta- 
tado y la valentía proverbial. No nece- 
sitaba el público accesorios que favo- 
recieran su fantasía , ni teas ni pintu- 
ras, ni trajes, ni maquinarias: la ima- 



ACESCA DBL TBATBO NACIONAL 65 

ginación poderosa de un español del 
siglo xvir, pudo fingir, á las cuatro de 
la tarde, viendo las ventanas del patio 
abiertas^ más de lo que pudiera prepa- 
rar, cuidadoso, un hábil ingeniero. Ha- 
blábanle del Dios por quien sus ante- 

m 

pasados pelearon ocho siglos, del rey 
á quien servia, de la dama que por 
amor le hizo esclavo; y ofrecíanle des- 
nudas espadas y desafios comprometi- 
dos, al más pequeño lance de honor. Si 
era esto lo que á todas horas le preo- 
cupaba, ¿cómo no imaginarlo fácilmen- 
te? ¿Cómo no seguir el hilo de aquel 
enredo que le parecía real aventura? Y 
¿qué galas podían faltarle á una come- 
dia vestida con los versos fáciles, ar- 
moniosos, gallardos y altisonantes de 
Lope, Calderón ó Tirso de Molina? 

Todos hemos leído con verdadero en- 
tusiasmo aquellas incomparables obras 
en que se agotaron cuantas penas, pla- 
ceres, travesuras, hazañas y crímenes 
puede inspirar al hombre la pasión 
amorosa; cuantos delirios y desenfre- 




66 ESTUDIO SINTÉTICO 

nos puede aconsejarle su orgullo, cuan- 
tas aberraciones le dicta su exagerada 
fe , cuantas bajezas le impone su faná- 
tico respeto; y en cada escena, y en ca- 
da frase y en cada palabra, sentimos 
palpitar el honor caballeresco y difun- 
dirse puro y sutil un perfume de in- 
comparable poesía. 

,¿Todo aquel mundo creado por el ge- 
nio era reproducción de la realidad? 
¿Eran aquellos Reyes, cuidadosos de 
la honra de sus vasallos , los que abu- 
sando del servilismo hacían al Pueblo 
juguete de sus pasiones y de sus place- 
res locos? ¿Eran aquellos nobles desa- 
fíos las estocadas brutalmente reparti- 
das entre las tinieblas de la noche y las 
angosturas de una calle? ¿Las tapadas 
virtuosas y nobles, eran las que cu- 
biertas con un manto, con el pido en la 
boca y la procacidad en los ojos, ase- 
diaban á los transeúntes? 

La historia expresa claramente lo 
que fueron aquellos Beyes, imagen de 
Dios en la tierra ^ y los avisos, cartas, 



ACEBCA DBL TBATBO NACIONAL 67 

memorias y novelas, unidos á las rela- 
ciones de viaje que publicaron algunos 
extranjeros, nos ponen al corriente de 
lo que fueron á media noche y aun á 
medio día, los paseos y las calles de 
Madrid, no peores que las posadas y 
•camiuos, á los que se lanzan bravamen- 
te las princesas andiriegas de nuestro 
teatro. 

Pero ya hemos dicho por qué razones 
•el pueblo abatido y derrotado se refu- 
giaba, huyendo la memoria de sus des- 
dichas, en el venero de sus esperanzas; 
y la imaginación ayudóle con tal brío» 
las circunstancias tan favorables se le 
ofrecieron, que al fin amparóse de la 
fantasía, despreciando la realidad y se 
creyó transportado á la vida de sus fic- 
ciones. 

Sucedió con el teatro lo que había 
sucedido con el espíritu caballeresco; 
tristemente confundida la esencia con 
la forma, dióse á ésta mayor ampulosi- 
dad mientras aquélla se desvanecía por 
completo; los mismos críticos que ha* 




68 BSTUDIO SINTÉTIO9 

bian aplaudido la literatura popular in* 
troducida por Lope, apadrinaron el 
culteranismo literario; el mismo públi- 
co que se consolaba de su miseria vien- 
do poéticamente representada la expre- 
sión de su deseo, quiso c^alizar á tQdas- 
horas aquellos purísimos ideales, y fal- 
to de la fuerza creadora del genio que 
todo lo facilita, de sobra oprimido por 
una realidad estrecha y dura, cayó en 
un caos de ridiculas afectaciones; nada 
cuerdo para entrar en razón, escasa- 
mente loco para suponer imaginaria- 
mente alcanzada su dicha y logrado sa 
empeño. 

Al malestar sucedía el desencanto. 
Continuos descalabros en la guerra, el 
cultivo del suelo abandonado, la indus- 
tria desconocida, viviendo los más en 
holgazana servidumbre, todo el oro del 
mundo no fuera bastante para sostener 
al pueblo. 

Moría un monarca débil dejando su- 
cesión francesa, y con la nueva corte 
regían los destinos y costumbres de 



i 



ACBBCA. DBL TBATRO NACIONAL 69 



nuestro país hombres y usos venidos d© 
Francia. 

Entronizada la moda, era imposible 
de todo punto defender un ideal ya de 
«obra des^ioreditado por la torpeza. 

El culteranismo y el conceptismo ha- 
bían obscurecido de tal modo los ele- 
mentos populares de nuestra literatura 
•que la pequeña claridad recibida pare-; 
oíanos brillante resplandor. 
' Con la rastrera y desatinada imita- 
<5Íón de L> ageno , vino el desdén injus- 
to hacia lo propio, y como cuantos tra- 
taron de sostener el espíritu nacional 
fueron peores que los modernistas, ven- 
cieron éstos apoyando la poética de 
Boileau y renegaron los cultos de nues- 
tro glorioso florecimiento. 

El genio de la patria, vergonzosa- 
mente vencido en las altas esferas, por 
el clasicismo insustancial, no dejaba 
de ser el encanto de la plebe, y encon- 
tró en las obras de don Ramón de la 
Cruz, campo donde lucir su gallardía. 

Moratín, por otra parte, propúsose 



70 ESTUDIO SINTÉnCX) 

amoldar en la estrechez de las reglasr 
un pensamiento que no careciera en 
absoluto de interés, caracteres que no 
fuesen abstracciones j escenas que, re- 
flejando la vida social , respondieran ¿. 
un deseo y á una esperanza del público,, 
por mil razones agoviado en exceso. 
Con el Sí de las niñas consiguió su pro- 
pósito, y desde aquel día sirve de mo- 
delo tan acabada creación, á cuantos 
pretenden rivalizar con los maestros de 
la comedia española. 



¥:^<tJ^Uí;^^>d 



wrn^ 




VI 

Í<1 d2!kir\k f oii\ái\ti(ío y Ik <foii\edik 

ii\oáefna 



Menos afortunados que Moratín es- 
tuvieron los poetas que trataron de im- 
plantar el estilo trágico en la escena 
española, y no ciertamente por falta 
de talento ni de cuidado: sus trabajos 
quedan como perfectos modelos de dior 
ción literaria y como estudios admi- 
rables, pero se ofrecen demasiado rí- 
gidos y excesivamente severos para 
nuestras imaginaciones, más agitadas^ 
más vehementes , más volubles , tal vez 
más triviales que las de los antiguos y 
las de los franceses, á quienes don 




72 BSTODIO SINTÉTICO 



Agustín Duran apellida "los griegos 
de la moderna civilización. „ 

Cornelle y Boileau reinaban : el con- 
tagio se había hecho general; pero en 
todas las naciones encontraron los nue- 
vos procedimientos fundados en anti- 
guas ideas, más arraigo, aunque no 
mayor eco del que pudieron lograr en 
la literatura española. ''Los necios é 
insensibles partidarios de la nueva cri- 
tica, — dice Duran, — prevenidos siem- 
pre de la regla y compás extranjeros 
y parapetados con una fría é indigesta 
erudicción, acudían á los coliseos, no 
para prestarse á los dulces movimien- 
tos que debían producir en el alma las 
creaciones de nuestros grandes inge- 
nios , sino sólo para examinar si obede- 
cian ó no á las mezquinas reglas á que 
pretendían reducirse. „ 

" Así fueron , al fin , proscritos de la 
Uamp^da buena sociedad, los nombres 
famosos de Lope ; Tirso, Moreto, etc., 
antes tan admirados y con razón tan 
aplaudidos. Con tales medios lograron 



ACBRCA DEL TEá-TBO NACIONAL 73 

el vergonzoso triunfo de sofocar la ge- 
nial belleza de nuestra dramática; y de 
tal suerte, que desde entonces no ha 
vuelto España a producir ninguna de 
aquellas sublimes creaciones, tantas 
veces envidiadas y admiradas por los 
pueblos cultos. En vano se buscará en 
nuestro teatro moderno aquel lujo de 
imaginaciones , aquella rica y hermosa 
poesía, que en el antiguo encanta deli- 
ciosamente el alma: en vano aquél mo- 
vimiento é interés nacional que se co- 
municaba á los espectadores como un 
fuego eléctrico; y en vano aquellas ilu- 
siones del entusiasmo que producían 
los más indecibles placeres en cuantos 
hombres amaban á su Dios , á su rey y 
á su dama: pero en cambio tenemos en 
las obras de los novadores mucha ra- 
zón puesta en rimas, muchos diálogos 
sin acción y sin vivacidad, mucha mo- 
ral pedantesca y, en fin, mucha é insu- 
frible prosa, á veces más inverosímil 
que las exageradas invenciones de la 
fantasía. « 



74 ESTUDIO SINTÉTICO 

"Entre las rarezas que presenta el 
hombre semi-instruido , no es la menos 
reparable aquella que le induce á sacri- 
ficar los goces reales y placeres efecti- 
vos, á la liviana vanidad de ser tenido 
por sabio, ó la que le arrastra á esti- 
mar las cosas de gusto más bien por la 
opinión agena que por el sentimiento 
individual y privativo de su corazón. „ 

La tragedia, por la corrección y se- 
veridad de sus líneas , por su profundo 
y calculado interés, por el estudio pa- 
ciente con que se abstrae de todo lo 
particular y pasajero para referirse á 
lo fundamental y durable , puede com- 
pararse á la escultura: la comedia, por 
el contrario , que detalla con placer los 
caracteres y las expresiones individua- 
les, que acepta, para interesar ó conmo- 
ver, el capricho liviano, el pensamiento 
fugitivo, la esperanza de un día, la 
ilusión de una hora y el placer de un 
instante, podría parangonarse con las 
pinturas de algunos maestros. En este 
concepto, no es preciso esforzarse mu- 



ACBRCá. DEL TEATRO NACIONAL 75 

che para comprender cómo los alema- 
nes y los ingleses, de carácter sintéti- 
co y reflexivo, los italianos, herederos 
del paganismo; como los franceses, 
cuyo genio penetrante y flexible á to- 
do se amolda y todo lo- interpreta en 
su provecho, apreciaron y compren- 
dieron el teatro clásico mejor que los 
españoles, limitados, según afirma Du- 
ran, á discutirlo con razonamientos 
indigestos, pero sin emociones verda- 
deras, cuando nos referíamos al género 
trágico, más atinados y sensibles cuan- 
do entrábamos en el cómico, pues nues- 
tro carácter y condiciones nos permi- 
tían de veras comprenderlo. 

Nuevas corrientes, venidas también 
de fuera, restablecieron nuestras glo- 
rias casi olvidadas, dando gloria y 
ser al moderno romanticismo. Un críti- 
co alemán , Schlegel , enarboló la ban- 
dera romántica proclamando el nombre 
de Calderón. Un poeta francés, Víctor 
Hugo, eligió para campo de sus inspi- 
raciones la patria castellana. No igno- 



m 



r 



TC HSTDDIO SINTÉTICU 

ra nadie qae los personajes y el asunto 
de sn primera obra fueron españoles. 

Nuestro público, entonces ejerció de 
crítico prudente y sagaz: estaba en su 
terreno; sentía lo que juzgaba; y aplau- 
diendo los nuevos dramas, no se apa- 
sionaba por aquellos héroes modernos, 
parecidos en todo á los héroes de nues- 
tro teatro , p^ro faltos del brío , de la 
intencionada gallardía, del espíritu ca- 
balleresco y sutil, que sólo un poeta es- 
pañol puede imprimir á sus creaciones. 
La, conjuración de Venecia, fue un he- 
raldo que pregonaba las nuevas espe- 
ranzas haciendo renacer en todos los 
pensamientos antiguas ilusiones. Don 
Alvaro exaltó los enLusiasmos para que 
El Trovador ganara la batalla y Las 
Amantes de Teruel recibieran la corona. 
El genio de aquellas obras era purísi- 
mo espaaol, tanto como los que anima- 
ban á La Estrella de Sevilla, El Alcalde 
de Zalamea y La Verdad sospechosa. El 
Duque de Rivas, García Gutiérrez y 
Hartzembuch resucitaban el drama, 



ACERCA DBL TEATRO NACIONAL 77 

mientras Bretón de los Herreros, here- 
dero dichoso de Moratín, sostenía la 
comedia. Poco después llegaba nueva 
falange de autores animados y fuertes^ 
contribuyendo á inmortalizar aquel re- 
nacimiento memorable. 

Para los que admiran nuestro teatro 
contemporáneo, nada debemos decir 
en este lugar; para los que desdeñan 
su rico y sabroso repertorio, poco pu- 
diéramos apuntar comparado á lo mu- 
cho que. ya dejaron escrito nuestros 
m¿s ilustres literatos. 

Hace algunos años que se dio por 
terminada la publicación de una obra, la 
cual podría ser el mejor argumento con- 
tra ciertas dudas injustificadas. Quien 
pospone nuestro glorioso Teatro mo- 
derno, al novísimo francés, coja los Au* 
tores dramáticos españoles contemporá- 
neos^ y compare: estudie las obras de 
nuestros genios, lea con cuidado los 
juicios de nuestros críticos, y medita 
sin apasionamiento. El marqués de 
Yalmar le dirá en el estudio dedicada 



78 BSTITDIO SINTÉTICO 

á Gil de Zarate cómo escribían aque- 
llos hombres, constantemente someti-r 
dos ¿ la censura torpe del padre Carri- 
llo. Don Manuel Cañete, con su atina- 
do razonamiento, le hará ver el castizo 
y acrisolado carácter del drama espa- 
ñol en la obra del Duque de Rivas. Don 
Cayetano Rosell dibujará con tino la 
clásica figura de Q-arcía Gutiérrez. Don 
Aureliano Fernández Guerra, con esti- 
lo claro y seguro, con erudición inago- 
table , nos ofrecerá el acabado concepto 
de un asunto histórico, llevado al tea- 
tro por D. Juan Eugenio Hartzembuch, 
aquel alemán de Andalucía, candido 
como un niño, apasionado como una 
mujer, brioso como un Cid, paciente 
como un benedictino, y sabio, más que 
todos, que labró al mismo tiempo con 
sus estudios el pedestal de su fama y 
con sus manos de artista primoroso, el 
sillón que debía ocupar muy luego en 
la Rewl Academia Española. Valera, 
siempre culto y elegante como, un grie- 
go, nos evocará la memoria de Ventu- 



AOBRGA DBL TEATRO NACIONAL 79 

ra de la Vega, otro correcto clásico. 
Bremón, el famoso cronista, pintará 
con fortuna la varia suerte de Narciso 
Serra. Fernández Flores, el culto na- 
rrador, nos presentará, sacándole del 
rincón solitario donde se oculta, calla- 
do como una momia egipcia, un pasmo 
de obstinada fortaleza, tan grande co- 
mo el mayor, tan débil como el más 
pequeño, pues á un tiempo supo con 
orgullo despreciar la gloria más es- 
pléndida y se negó á sufrir los insigni- 
ficantes rasguños con que la envidia y 
la torpeza marcan á los elegidos. Me- 
néndez y Pelayo, para cuya fama no 
hay ponderaciones posibles, tratando de 
Martínez de la Rosa y de Núñez de 
Arce, nos hará comprender sin dificul- 
tad el discutido mérito del Teatro y de 
la Poesía; y el ingenioso Picón, el atil- 
dado Alfonso, el ilustre marqués de 
Molins y el sabio prologuista, don An- 
tonio Cánovas del Castillo, contribui- 
rán á convencer al más receloso y á 
exaltar al más obtuso. 



80 KSTÜDIO SINTÉTICO 

Pero si alguien duda todavía leyen- 
do los trabajos críticos, ¿podrá dudar 
en presencia de las geniales creaciones 
de los dramáticos? ¿Podrá dudar ante 
la vigorosa poesía que hizo á Don AU 
varo^ enamorado, valiente y noble, víc- 
tima de las obstinaciones agen&s y de 
su propia y arrebatada imprevisión? 
¿Ante Juan Lorenzo, "el revolucionario 
de buena fe que suelta el viento de las 
tempestados y que aterrorizado de su 
audacia, es envuelto por el torrente 
aselador que ya en vano quiere encau- 
zar ?„ ¿Ante la melancólica nebulosa 
que rodea el carácter de Traidor, inca- 
feso y mártir? ¿Ante la humana fla- 
queza del Hombre de mundo, que por 
demasiado saber inventa su desdicha? 
¿Ante las brusquedades convertidas 
por el amor en dulzuras que hacen tan 
simpático á Don Tomás? ¿Ante la sen- 
tida y armoniosa inspiración de Los 
Amantes de Teruel? ¿Ante la experien- 
cia dolorosa de Muérete y Verás, el pro- 
fundo sentido histórico del Haz de le-- 



Ai.^ 



ACBKCA DBIi TBATKO NACIONAL 81 

ña, ó la triste y espantosa soledad que 
f hiere á Consuelo? ¿Ante aquel amor 

funesto y criminal, pero de inevitable 
dulzura y encanto, aquella venganza 
justa que respetamos y querríamos evi- 
tar, porque nos interesan los ofendidos 
y los ofensores; aquella irresistible 
amargura humana, siempre bañada por 
un rayo de piedad divina, que nos ha- 
ce amar y sufrir en el Drama nuevo? 
¿Ante aquel efecto inevitable, mezcla 
de admiración y espanto que no sabe- 
mos vencer en .el transcurso de O locu- 
ra 6 santidad? 

Los incapaces de admirar tanta be- 
lleza , los que tienen el corazón extra- 
gado por la fácil sensualidad y el cere- 
bro entumecido por las cifras indiges- 
tas, desprecian el arte; sea enhorabue- 
na; el arte no los abandona, muy al 
contrario, los retrata, y conserva los 
trazos más notables de su fisonomía con 
cariño indecible; y engarzando sus tor- 
pezas en riquísima labor, los inmorta. 
liza para eterno escarmiento. 

6 



^ 



82 BSTODio snrrÉTiGO 

¡Ca&ntos deberán al Teatro la única 
memoria compasiva y delicada que les 
reserva la ftitura sociedad, entre insul- 
tos merecidos y reproches justos ! 





VII 

1(0^ enemi^o^ 



¡Enemigos! Nunca faltaron á nues- 
tra escena gloriosa. Faéronlo y muy 
poderosos la exaltada fe de nuestro fe- 
nático é intolerable catolicismo, inter- 
pretando malamente aquellos anatemas 
que contra los espectáculos paganos di- 
rigieron los padres de la Iglesia; el cul- 
terarismo y el conceptismo, que des- 
pués de ser introducidos por la lírica, 
difundiéronse, y agotaron la poesía po- 
pular en el Teatro; la crítica sabia, in- 
sustancial y antipatriótica, incapaz de 



84 ESTUDIO SINTÉTICK) 

sentir lo que tan malamente condena- 
ba, ni de apreciar lo que por obstinado 
capricho aplaudía; la fácil erudición, 
siempre alerta contra las inspiradas li- 
bertades del genio que apellidaba ex- 
travíos, la decadencia política, la igno- 
rancia, la moda y el mismo espíritu na- 
cional que al ser arrojado torpemente 
de las comedias, simbolizóse pronto en 
otros espectáculos y más tarde hizo lar 
conquista de la orguUosa y noble so- 
ciedad que le había desatendido, danda 
lugar á una manía, grosera quizás, pero 
razonada y justa. El magismo, era el 
retour á la nature del caballero español,, 
fascinado por las costumbres francesas 
atraído por las novedades, pero sensi- 
ble siempre á la gallardía incompara- 
ble, al ingenio agudo, á la salvaje in- 
dependencia y al carácter decidido e 
imprevisor que, á pesar de todo, cons- 
tituían aún el espíritu de la plebe, re- 
viviendo á todas horas en donaires ca- 
llejeros, en saínetes cultos, en popula- 
res diversiones, y erfl.n encanto del aris- 



I 



I 

[ 



ACBRCA DEL TEATRO NACIONAL 85 

tócrata, irreaistiblemente atraído hacia 
las travesuras del pueblo , envidiándo- 
le aquella herencia nacional que su or- 
gullo despreció, y acabando por acep- 
tar los usos tradicionales y hacer sus 
Ídolos de. los que fueron sus humildes 
lacayos. 

La dama que lucía en un salón es- 
pléndido vestido confeccionado á la 
d&:ancesa, tomaba el traje de una ma- 
nóla para embebecer ék su amante, y el 
caballero que, ufano con su casaca, es- 
forzábase por dar á su marcial conti- 
nente la requerida tiesura, embozado 
en madrileña pañosa, cubierta la cabe- 
za con amplio chambergo , no rehusaba 
el convite de un torero, afanándose más 
porque le miraran los rasgados ojos de 
tal cantadora, que afanado se hubiera 
por besar el anulo al Papa. 

El Cid batía el cobre navaja en mano, 
y Jimena rebozábase airosamente con 
su mantón de colores. 

No combatiremos aquí en contra de 
aquellos enemigos ya decrépitos, ni 






y V 



7<^<f. 



86 ESTUDIO siirrÉTioo 

contra este último potente y desatina- 
do, dañino y vicioso, pero, por su ori- 
gen, respetable, y aun tal vez acreedor 
en el sentido del arte á una fama que, 
ó torpemente se le concede , ó injusta- 
mente se le disputa. El pueblo heroico 
que balvó nuestra independencia, por- 
que se había hecho depositario del es- 
píritu nacional, no debe hoy entroni- 
zar sus antiguos ideales anteponiéndo- 
los á las nuevas inspiraciones y á la 
moderna cultura, pero tampoco debe- 
mos, los que de cultos nos preciamos^ 
cohibir sus gustos, ni cortar de raiz sus 
entusiasmos; el pueblo que guiado sólo- 
por su braveza, con su propia sangre 
hizo renacer la patria, merece respeta 
hasta en sus caprichosas y aparentes 
crueldades. Dejemos, pues, que se di- 
vierta mientras descansa de aquel es- 
fuerzo soberano; si su instinto se ofre- 
ce aún algo salvaje, su corazón es dul- 
ce y amoroso; puede temerse la fiereza, 
en una raza dura y fría como las del 
Norte, pero no debe asustarnos en un 



'N 



ACEBCA DEL TBATEO NACIONAL 87 

país donde con frecuencia el amor hace 
llorar á los valientes. 

La cultura intelectual se impone y 
condena ridiculeces y extravíos; en po- 
cos años hemos asistido al nacimiento y 
decadencia del fiamenquismo , invasor 
del teatro; nuestros padres vieron pasar 
como una ráfaga, no sin asombrar un 
momento en la escena, el género anda- 
luz; los alardes tauromáquicos están 
muy postergados; los toreros decaen 
más rápidamente que los cómicos , pero 
mientras queden algunos para consuelo 
de sus admiradores, el corazón español 
más retraído se animará cuando escu- 
cl\e la voz del mayoral que grita entre 
un tumulto de voces: ¡A la plaza! eh 
já la plaza! 

Otro enemigo más cruel, más insa- 
ciable, más temible, llegó á herir á la 
comedia valiéndose de sensuales pasio- 
nes y fáciles goces, nos referimos á la 
ópera italiana. 

Nadie ignora que la música no tenía 
en este país más que dos interpretado- 



88 KSTITDIO SINTÉTICO 

aes: la religiosa, que inspiró á Pareja, 

Silva, Morales y Soler, majestuosaa 
obras, y la popular, que ha formado en 
sada reino y á veces en cada provincia, 
sancionea y bailes tan conocidos y ad- 
mirados como la seguidilla, la jota, el 
íorcico, la sardana, etc. Pero, encerra- 
dos en el Escorial, en Monserrat y otros 
monasterios los cantos religiosos, y no 
transcendiendo los populares de la ple- 
be, que con elementos propios y ade- 
cuados los formó , es cierto qfle los es- 
pañolea no poseíamos una Escuela de 
música nacional como los alemanes, los 
italianos y los franceses, desconociendo 
hasta el nombre de los maestros, cuyas 
obras dormían en los archivos y tenien- 
do en poco los gorjeos de los labrado- 
res, que siempre repetían la misma to- 
nadilla como los pájaros del bosque. 

La moda introdujo la música italia- 
na, y no estuvimos en verdad reacios 
para dejarnos vencer por sus hechizos 
y aprisionar entre sus redes. 

Muchos extrañan que an Municipio 




ACERCA DEL TBATRO NACIONAL 89 

-* ■ - ■ - I - 1-1 I II M ■ 

cuidadoso invierta caudales eii cons- 
truir una plaza de toros; ¿ nosotros 
nos parece más extravagante que un 
Gobierno ilustrado edifique un teatro 
Heal para que sirva de albergue á la 
ópera italiana. 

Esta, ¿sirvió acaso de punto de par- 
tida y estímulo para crear un arte na- 
cional? Desconsuela ver que ni una sola 
obra de las que corren por el mundo, 
agasajadas y aplaudidas^ lleva el nom- . 
bre de un maestro español. 

Y ya que no logramos fama de com- 
positores, ¿supimos bacer escuela de 
calato? Tratábase de normalizar positi- 
vas facultades, despreciando como de 
costumbre la educación escénica; el 
implantado lirismo reclamaba solamen- 
te, una extensa y bien timbrada voz. 
Tampoco hemos aplaudido á una com- 
pañía española; siempre vemos mezcla- 
dos nombres castellanos y extranjeros. 
Ni para esto fue la Opera de Madrid un 
teatro nacional. 

Sin embargo, el arte deRossini, Ci- 



ESTUDIO BI-STETICO 



marosa y Verdi, nos divertía: ¿para 
qaé pretender más? La moda nos arras- 
traba , ¿cómo renunciar á ser elegantes? 

Apoyaremos nuestro juicio con las 
razones que nos presta D. G-. Morphy, 
cuyas palabras quizá sean más atendi- 
das que nuestras razones. 

"En los grandes teatros de ópera 
europeos , vemos que á pesar de estar 
protegidos y subvencionados por sus 
gobiernos, á pesar de contar con unpá- 
blico transeúnte que se renneva cons- 
tantemente y que contribuye más que 
el abono á aumentar los ingresos , casi 
todos ellos concluyen su administración 
cou défidt considerable; pero aquí he- 
mos resuelto el problema y dentro de 
casa se arregla todo; somos pobres y 
no podemos subvencionar nuestro arte; 
pues vamos á traer á los cantantes más 
caros del mundo para que se lleven 
nuestro dinero á su país; vamos á abo- 
namos con tal entusiasmo, que apenéis 
queden localidades para el público, y 
que se vea y se sepa que toda persona 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 91 

conocida tiene su palco ó su butaca en 
el Teatro Beal. Al ver tan heroico en- 
tusiasmo, quien no conociera el estado 
de nuestro país, creería que sólo la afi- 
ción y la cultura musical motivaban 
sacrificio tan extraordinario. „ 

"Por desdicha, no es así, y salvo 
contadas excepciones , la moda y la va- 
nidad mantienen tal estado de cosas 
contra la voluntad de todos, menos de 
los que de ello se aprovechan. Los bue- 
nos cantantes escasean cada día más y 
suben sus precios á invarosímiles al- 
turas; pero la empresa se ve obligada 
á contratarlos á regatiadientes , y tam- 
bién á subir los precios al público, el 
cual, poniendo también el grito en el 
cielo , paga , rogando á Dios que la em- 
presa no pueda cumplir sus compromi- 
sos por no verse precisado á renovar 
su abono al año siguiente. „ 

Para los que de buena fe asisten á 
las representaciones de la ópera italia- 
na, veamos qué delicias reserva el ve- 
nerado arte. 



92 BSTDDio Biinvrico 

Siendo 3U3 asuntos reproducción más 
ó menos fíel de famosas obras dramáti- 
cas, los mismos elementos contribuirán 
á formarlas, pero en muy variadas pro- 
porciones por efecto del canto. 

Las escenas no son á veces ni el moti- 
vo de la música, sino el coadro en el 
caal ésta se halla encerrada, sin guar- 
dar con él armonía de ninguna espe- 
cie. El maestro concibe algunas compo- 
siciones originales y las aplica, libre de 
todo escrúpulo , importándosele un 
bledo el pensamiento del poeta. 

Por ejemplo , al ir á batirse dos hom- 
bres ardiendo en venganza, con los ace- 
ros desnudos, no sólo cantan importa- 
nos afectos de inverosímil dulzura, sino 
que repiten semejantes armonías con 
distintas palabras para formar nn dito, 
cuando entre uno y otro debiera ser 
todo contrario y opuesto, cuando el dúo 
entre dos enemigos que salen al campo 
resueltos á matarse, no debe ser mas- 
que nn desconcierto, sus voces , ya que 
durante algunos minutos se resuelvan á 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 93 

cantar, debieran ser tan distintas como 
lo son sus pensamientos, sus entonacio- 
nes deberían chocar y herirse como 
sus espadas. 

Cuando una escena dramática está 
bien representada por varios actores, 
no la confundimos con un suceso real, 
pero admiramos en su verosimilitud 
iguales afectos que ofrecería la reali- 
dad, exenta de materiales torpezas. La 
ópera italiana nunca es verosímil; co- 
menzando por deshilvanar el asunto en 
que se inspira, destruye la intensidad y 
la expresión de su argumento teniendo 
sólo en cuenta la ordenada colocación 
de los coros, tercetos , arias, etc.; siem- 
pre más enamorada del motivo musical 
que del acontecimiento dramático, per- 
mite que aquel se desarrolle á ciencia 
y paciencia del interés que se pierde y 
de la lógica que avergonzada escapa* 
Generalmente, sólo el amor encuentra 
expresivos acentos, con frecuencia de- 
masiado expresivos; el amor tiene dul- 
zuras inexplicables, pero es necesario 



1 



94 BSTÜDIO SINTÉTICO 

no confundirlas con rasgos de marcada 
sensualidad. El amor narrado provoca 
fácilmente un conceptismo aborrecible 
ó una brusquedad insoportable; sus acti- 
tudes las más poéticas y celestiales á jui- 
cio del amante que las adopta, repug- 
nan siempre al que las mira. Lá come- 
dia necesita un exquisito gusto /para 
tratar sus escenas de amor sin ofender 
á los recelosos espectadores; la ópera 
italiana con dos palabras inocentes mil 
veces repetidas , hace sentir al público 
todos los trámites de la sensualidad, y 
siempre son agradablemente acogidas 
tales impresiones. 

La frase gramatical, no disimula; el 
público en masa la entiende y avergon- 
zado la rechaza, no porque le desagra- 
de su intención, sino porque delante de 
testigos se la ofrecen ; la melodía revis- 
te cierta vaguedad que le permite lle- 
gar á cada espectador como un secreto 
comunicado en voz baja y al oído. Nadie 
ignora que todo se admite dicho entre 
dos peisonas; cuando son tres, la cosa 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 95 

varía. En la comedia siempre son tres: 
el cómico, el espectador y un vecino; 
en la ópera sólo dos, porque velado el 
sentido musical, recíbelo cada oyente 
como una confidencia. 

Si añadimos que los cantantes distan 
mucho de ser actores, y que, á falta de 
arte, abusan de la impunidad concedi- 
da por el público á sus atrevimientos; 
que la escasez del repertorio nos hace 
presenciar constantemente los mismos 
espectáculos, que no hay una sola obra 
capaz de interesar desde su principio 
hasta su fin, corriendo entre las con- 
versaciones hasta llegar el coro alaba- 
do, el terceto notable ó el aria preferi- 
da; fácilmente podemos deducir el pro- 
vecho que la nación española puede sa- 
car de un espectáculo que la enerva y 
arruina , dando lugar á que olvide sus 
glorias patrias y su carácter nacional, 
para servir á una imposición déla moda, 
favoreciendo las tibias y sensuales ma- 
nifestaciones de un arte inferior y ex- 
tranjero. 






Tin 

I<a novelíi y el difkink 



Va generalizándose mucho 'en Espa- 
ña como en Francia una idea, tal vez 
allí algo razonable, aquí por todos con- 
ceptos inadmisible, pero que debe ser 
combatida, pues no son pocos loa que la 
juzgan jus tincad a. 

Asi mauiñestaii sn pensamiento loa 
innovadores: El Libro acabará con el 
Teatro. 

Es1 e asunto vale la pena de ser teni- 
do en consideración. 

Parécenos indudable que la novela 



98 BSTUDIO SINTÉTICO 

fae adquiriendo en los últimos años 
una preponderancia merecida, gracias 
a los elementos científicos de que supo 
valerse para patentizar la verdad que 
describe, realzando prodigiosamente sus 
ficciones; oreemos que la novela no 
morirá, como no morirá el periódico; 
que una y otro, normalizando al fin su 
trabajo, desempeñarán en la moderna 
sociedad, su misión, de día en día más 
interesante; ¿pero implica esto la de- 
cadencia del Teatro? En un sentido 
aparente, sí; en el profundo y verda- 
dero , no. 

El teatro , anterior á la novela y al 
periódico , durante mucho tiempo hizo 
fácilmente los oficios que hoy estas 
instituciones .desempeñan; siendo la 
expresión artística del espíritu nacio- 
nal, reprodujo para encanto del pue- 
blo, páginas de la historia, problemas 
de la filosofía y ecos de la sociedad, no- 
ticias y retratos; pero sin olvidar un 
solo instante su condición, imprimía 
constantemente á sus asuntos el ca- 



ACBRCA BEL TBA.TRO NACIONAL 99 

rácter del público á quien se dedica- 
ban. 

Mucho se ha criticado que los roma- 
nos y los griegos del teatro, pensaran, 
obraran y hasta vistieran como caba- 
lleros del siglo XVII, pero estos ana- 
cronismos no eran sino necesidad; gra- 
cias á su ayuda el pueblo aceptaba las 
creaciones del poeta, que seguramente 
hubiera rechazado si se las ofrecieran 
arregladas á los descubrimientos no 
vulgares de sabios arqueólogos. 

Con la nueva ilustración y las mo- 
dernas libertades, la novela y el perió- 
dico llegaron á desempeñar en el mo- 
vimiento de la inteligencia el oficio que 
les correspondía; el pueblo acostum- 
brado á leer y á pensar, interesóse más 
formalmente por ciertos estudios, y la 
democracia, que vino á realzarle, inspi- 
róle difícil aplomo y estudio meditado 
al mismo tiempo que le «laba conside- 
raciones y derechos. 

El Teatro seguía tratando ciertos 
«suntos más apropiados á la índole de 



*;.^ — vmM 



100 BSTODIO SINTÉTICO 

la hoja diaria ó del voluminoso libro, y 
de inevitables comparaciones, dedujo- 
se pronto su aparente inferioridad. «El 
hombre para meditar se aisla — dice un 
profundo psicólogo — cuando se reúne 
con otros, la idea del indi triduo se- 
desvanece bajo el espíritu del pueblo;, 
al pueblo la sensación le domina y la. 
reflexión le escapa. „ Bueno fue que 
todos adquiriéramos conocimiento de- 
nuestra importancia, pero es imposi- 
ble no advertir la ridicula hinchazón á». 
que dio lugar la excesiva concedida 
por cada uno á su mundo inte) ior. Lord 
Byron, Musset y tal vez Espronceda 
pudieron crear una literatura sin más. 
inspiraciones que las eínanadas del es- 
tudio constante de su alma; pero la 
mayoría de los hombres necesitaban 
aún reunirse para formar el alma co- 
lectiva que se llama publico y único mo- 
do de inspirarse^ no ya -parai crear , sine 
para sentir. 

Es muy duro decirlo; pocos lo que- 
rrán sostener, porque les humila sa- 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 101 

berlo; pero aún ahora, cuando los libros 
están en manos de todos, no son mu- 
•chos los lectores capaces de sacar el 
jugo al pensamiento del novelista, en- 
-cerrados en la soledad y el aislamien- 
to; no son escasos los que de buena ga- 
na volverían á formar parte— si esto 
Tío estuviera ridiculizado — de un pú- 
blico ingenuo, semejante al que acudía 
-sencillamente á los teatros en busca de 
una emoción agradable que poetizara 
«u vida y refrescara su pensamiento. 
Los modernos y estudiosos novelistas 
escriben para el porvenir , sus lectores 
de hoy apenas los comprenden y ellos 
lo saben. ¿Hace falta una prueba? La 
daremos en breves palabras. T senti- 
mos no poder servirnos de un ejemplo 
•español, peí o esto sería imposible por 
dos razones: la primera, porque no re- 
Tistiendo entre nosotros la profesión 
literaria el decoro y la grandeza que 
tan ganada tiene, pero que nadie le 
otorga, nuestros autores no se deciden 
á valerse del carácter de sacerdotes 



103 BSTODIÜ SlHTfn'ICO 

obligados, no solamente á esprimir sa 
genio para ofrecerlo en sus obras, sino 
k procurar que tales obras lleguen por 
todos los medios posibles al piiblico, no 
siempre bastante sensible para que su 
espíritu perciba una nueva delicada 
emoción: la segunda es gloria de nues- 
tro teatro, que manteniéndose como 
ninguno dentro de sus especiales condi- 
ciones, ni desea ni puede admitir, bajo- 
su concreta forma, otro drama que 
aquel forzosamente concebido para la 
escena. 

Señalaremos I pues, el prurito qu& 
conduce á los novelistas franceses, por- 
que aun teniendo en cuenta que los- 
míis buscan sólo en el teatro un lucro 
que nunca proporcionará la librería, na 
son pocos los que sé afanan compren- 
diendo que la escena puede, sinteti- 
zándolo, dar á conocer el pensamienta 
de sus creaciones. 

Desde Balzac á Zola, casi todos los 
novelistas franceses han pretendido Ios- 
laureles de la escena, dándose repeti- 



ACERCA DBL TBATBO NACIONAL 103 

das veces el caso de producir extrema- 
da sensación el arreglo de una obra 
que desde muchos años estaba en ma- 
nos del público. La prodigiosa luz de 
las candilejas había puesto de relieve 
un interés que los lectores no pudie- 
ron apreciar: todas las descripciones 
del novelista no fueron bastante pode- 
rosas para evocar, á un lector apasiona- 
do, la nueva ficción, y algunos cómicos, 
nada más que discretos, moviéndose so- 
bre las tablas entre cuatro lienzos pin- 
tados, consiguieron el milagro. Podrá 
objetarse que no es el público que ad- 
mira y aplaude tales arreglos el mismo 
que leyó la novela, imaginándola y sin- 
tiéndola de cabo á rabo; pero contra 
este argumento hay uno irrefutable: 
la manía de publicar obras ilustradas* 
El autor pide ayuda y amparo al di- 
bujante, que interpreta bien ó mal ca-^ 
raoteres, escenas y lugares para que 
los lectores puedan apreciar la obra 
fácilmente. ¡ Ah! si todos fuéramos algo 
sencillos y bastante modestos, ¡coma 



1 



104 . ESTUDIO SIUTÉTICO 



volveríamos los ojos hacia la escena 
dramática despreciada. Y abandonan- 
do el primoroso libro, que mil veces 
cae de las manos, y el salón de la Ope- 
ra, donde insulsas conversaciones y fis- 
goneos imprudentes , llenan los inter- 
valos que dejan entre sí las cuatro pie- 
zas preferidas, que más por moda que 
por gusto atendemos religiosamente, 
iríamos á escuchar las palabras de los 
cómicos, observando sus actitudes , in- 
teresándonos á cada momento por su- 
cesos fingidos que recuerdan la vida 
real, porque desenvuelven nuestras 
propias ideas con una magia que nos 
las hace ver más completas, vigorosas 
é interesantes. 

Pero si prescindimos de las adapta- * 
cienes de ciertos pensamientos, que, si 
bien pueden admitirla, no implican^ine- 
vitablemente la forma dramática ; aun 
cuando el público todo sepa emocionar- 
se con las bellas inspiraciones conteni- 
das en un libro, el Teatro conservará su 
vida propia , independiente , nacional. 



ACBBOA DEL TEATRO NACIONAL 105 



sin abusar de las artes auxiliares y va- 
liéndose de su forma literaria. 

En España, la Novela y el Teatro, 
nada pueden envidiarse ; los mezquinos 
rendimientos que una y otro proporcio- 
nan — considerados en las puras regio- 
nes del arte — son un rasero vergonzo- 
so, que iguala perfectamente las varias 
aptitudes y aspiraciones del artista. El 
envidiado lucro no hay que buscarle, 
ni la gloria es tampoco muy esplendo- 
rosa. La independencia del autor es 
completa ; ni vanidad ni avaricia pue- 
den torcer su camino, pues no ignora 
que al fin encontrará siempre la indi- 
ferencia y aún la miseria si no es pre- 
cavido y no hace antes provisiones, co- 
mo quien se decide á emprender un 
viaje, cruzando árido^ interminable de- 
sierto. Así, cada uno escribe su obra 
como la imaginación se la ofrece , ves- 
tida con su adecuado ropaje : no por 
gusto ni por mezquino interés, más 
bien por tiranía del genio, produce su 
obra un autor, como la mujer el fruto 



106 ESTUDIO SINTÉTICO 

de sus livianos amores, muchas veces 
contra su voluntad. Y como ella, no se 
tortura para lograr que sea hija ó hijo, 
pues no hay en caso alguno herencia 
que recojer, despreciando la de sin- 
sabores que á todos por igual se re- 
parte. 

Debido acaso a este rebajamiento de 
que goza la profesión literaria en este 
país, los géneros no se invaden: fór- 
mase la novela con el estudio minucio- 
so y fiel de la Sociedad y la naturale- 
za, estudio que tan bien aplicaban los 
clásicos novelistas picarescos, empa- 
pándose alguna vez y robusteciéndose 
con la savia de nuevos procedimientos; 
y se consagra el Teatro á presentar 
aquellos asuntos que por una movida é 
interesante acción pueden adquirir más 
completo y claro desarrollo que apo- 
yados en las delicadas observaciones 
del análisis. 

Voltaire ha dicho de La Verdad sos- 
pechosa: „Es una comedia de carácter; 
pues aun cuando las peripecias abun- 



▲OBBCA DBL TBATBO NACIONAL 107 

dan, sirven todas para realzar el ca- 
rácter del mentiroso. „ 

Una obra de intriga movible , varia- 
da , en que á una escena entretenida 
suceda otra más agradable, y vaya el 
público de sorpresa en sorpresa, procu- 
rando adivinar con creciente interés, y 
equivocándose al fin dichosamente, por- 
que las apariencias le bicieron deducir 
lo que temió, y se realizalo que le agra- 
da; en que los varios incidentes deter- 
minan más y más á cada instante la 
existencia de las personas y la esencia 
del pensamiento : hé aquí lo que nece- 
sita el teatro. 

Becoja el afortunado libro el drama 
de la conciencia, la intima batalla, el 
eterno sufrimiento, la disimulada tor- 
tura, las borrascas levantadas en un 
cerebro, las miserias producidas por 
una neurosis : el teatro vivirá noble- 
mente sirviéndose de la material acción, 
más expresiva muchas veces que las 
más admirables razones : ayuden á la 
novela los científicos adelantos , al tea- 




108 ESTUDIO SINTÉTICO 

tro servirán las artes fascinadoras: vál- 
gase la novela del aislamiento, de la 
quietud y la comodidad para interesar 
á un lector preocupado , el teatro apro- 
vecha la emoción que un cómico finge 
para transmitirla como eléctrica sacudi- 
da entre un público que dulcemente la 
percibe. 

El teatro y la novela disponen de 
tan distintos medios que, vanamente se 
intenta ponerlos en pugna. El teatro 
deducido de la novela es un género in- 
ferior como lo es la novela trazada so- 
bre una obra del teatro ; pero, movién- 
dose cada cual en su esfera, ni se hieren 
ni se rozan. La novela es descripción, 
el teatro representación; análisis la 
primera, síntesis el segundo: aquella 
nos habla sin rodeos como un módico 
en su clínica , éste nos lo dice todo co- 
mo un galante caballero dando leccio- 
nes de mundo en el salón de una dama. 

Si la verdad que se cubre decentemen- 
te fuera menos verdad que la brutal y 
desnuda, si la mano enguantada fuera 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 109 

menos amiga que la pezuña callosa, si 
al perfume suave de la poesía fueran 
constantemente preferidas las exhala- 
ciones fuertes del laboratorio: el decoro 
del pudor, las conveniencias sociales j 
la misma Naturaleza cuando se viste de 
armonías y aromas, deberían ser pos- 
tergadas con el poco realista y halaga- 
dor Teatro. 




;i 



^%s 



IX 
T^h indifeíenéiá en el Yehtfo 



¿No es un goce criticarlo todo, poner 
de relieve defectos donde otros pen- 
BaroD encontrar bellezas? preguntaba 
Cándido, y Toltaire le decía: Sin duda, 
es un placer patentizar la ilusión del 
placer y destruirla. 

El hombre ilustrado en el siglo xrx 
avergüénzase de sentir emocionea ar- 
tísticas que difícilmente podrían aqui- 
latarse después de analítico estudio, y 
no abre su alma sin dejar & la puerta 
el cancerbero de una critica razonado- 
ra y dura. 



112 ESTUDIO SINTÉTICO 

La emoción vibrante , rápida y sutil, 
pierde sus encantos incapaz de resistir 
brutales pruebas. 

— ¿Quién eres? — grita el espíritu del 
hombre temeroso de unasorpresa. 

— Soy, — responde una voz más dul- 
ce que las mieles, — la portadora de un 
goce sublime. 
— Descúbrete. 

— Soy todo aroma, si á tu vista pre- 
tendo mostrarme se fundirá mi exis- 
tencia en un rayo de luz: deja que me 
derrame dentro de tu corazón para que 
aprendas á sentirme. 

— Desconfio de tí; antes quiero ras- 
gar el velo que te cubre. 

El cancerbero se lanza sobre la 
desconocida que al sentir su diente 
agudo y frío desaparece. Quédase lue- 
go meditando el bombre, y al fin ex- 
clama: 

— Así son las emociones del arte: 
humo y engaño; todos cuantos place- 
res me brindan no valen el placer que 
siento al descubrir su falsedad. 



ACEBCA. DEL TSATBO NACIONAL 113 

La lección de Cándido no ha caído 
en barbecho. 

Los artistas, deseando que la razón 
los admire , ya que decidió no sentirlos 
el alma, buscaron manera de hacerse 
apreciar. Entre los espectáculos públi- 
cos, aquellos en que la música es parte 
principal , siguieron la corriente. " Los 
concertistas moderncs^^dicQ Goethe, — 
no escogen las obras capaces de pro- 
curar al auditorio los goces puros de 
la música, sino las que pueden ofrecer 
más dificultades á la ejecución del ar- 
tista. ^ 

En los circos lo ingenioso y bri- 
llante, lo hábil y sorprendente, gusta 
menos que lo difícil y arriesgado: en 
los bailes coreográficos no se aprecia 
la elegancia, la gallardía ni el brio de 
los movimientos; una criatura graciosa 
y gentil , corriendo y saltando con mo- 
vibles ondulaciones llenas de atracti- 
vo y gracia, es una vulgaridad; una 
mujerona que atraviesa el escenario 

con el pulgar del pie izquierdo apoya- 

8 



114 ESTUDIO SINTÉTICO 

do en las tablas, el pulgar del derecho 
clavado en la frente y los brazos cru- 
zados por la espalda, es una estrella 
que apasiona y enloquece á los aficio- 
nados. 

Este modo de apreciar se genera- 
liza y el público se interesa más, pu- 
diendo razonablemente discutirlas, por 
dificultades vencidas que por emocio- 
nes acendradas. 

La mayor parte do las gentes pre- 
tenden buscar para todo lo humano 
cierta interpretación científica basada 
en una falsa idea que de la ciencia se 
formaron. Si ésta no hubiera descu- 
bierto nada más importante que las 
aplicaciones prácticas alabadas por el 
vulgo, medrados estaríamos. ¿Queréis 
que la ciencia y el arte sean hermanos? 
Ya lo son, para honra de una y otro; 
pero no en las fáciles acepciones in- 
mediatamente utilitarias que vosotros 
buscáis , sino en el sentido positivo de 
sus lejanas miras. No reneguéis tan 
pronto del sentimiento antes de averi- 



ACERCA DBL ^BATBO NACIONAL 115 

guar si en el corazón ó en el estómago 
se reúnen las más fecundas raíces de 
vuestra eterna vida. 

La preocupación material del siglo 
no debe apartarle de sus artísticas emo- 
ciones , ni siquiera de sus ligeros entre- 
tenimientos. 

"Napoleón estaría bastante preocu- 
pado en Beresina, — dice Musset, — y 
sin embargo no abandonaba las obrad 
de Ossian. „ 

¿Desde cuando la humanidad no co- 
rre al combate como Tirteo, con la es- 
pada en una mano y la lira en la otra? 

Dichosos los que asisten á un ban- 
quete sin más ayuda que su paladar ni 
más consejero que su correcta educa- 
ción; desventurados los que pueden 
hacer entre uno y otro servicio la crí- 
tica del cocinero. Sin embargo, acon- 
seja la^moda esta manera de ser y ridi- 
culizar torpemente aquella. Es preciso 
discutir lo que se come , conocer lo que 
se bebe y analizar cuanto se goza. 

Si no se descubre una factura difícil 



116 ESTUDIO SINTÉTICO 

y un objeto de apariencia útil, si loa 
medios no son en todos conceptos nota-- 
bles y el fin sobremanera conveniente r 
no hay nada digno de atención^ porque 
las nuevas generaciones emplean sólo 
su tiempo e.i cosas altamente serias. 

Porejejnplo: 

Bailes, festines, kermesses, etc.: res- 
ponden siempre á un fin político, di- 
plomático , industrial ó á objetos pura- 
mente benéficos. 

Conciertos musicales: ¿quién ignora, 
su importancia? 

Carreras de caballos : procuran el me- 
joramiento de las razas. 

Exposiciones: fomentan las artes. 

Pero el Teatro , en su manifestación 
más artística: la comedia social, care- 
ce de objeto, y por esta razón es des- 
preciado. 

¿Sería difícil hacer un púMico para el 
teatro, un teatro para el público, ar- 
monizar estos dos elementos creauda 
un espectáculo que sólo á medias exis- 
te por desgracia? 



ACBRCA. DEL TBA.TBO NACIONAL 117 

Es preciso no dejar en olvido que un 
género literario como el poema, la no- 
vela, etcétera, podrá conseguir impor- 
tancia sin el amparo de la multitud. Un 
libro puede ser glorioso teniendo sola- 
mente media docena de lectores en ca- 
da provincia. Una obra dramática debe 
contar desde luego con el interés de un 
público nada escaso , no sólo por el cre- 
cido coste de^ sus representaciones, sino 
porque necesita para vivir la concu- 
rrencia de los espectadores, que deter- 
minan una especie de colaboración. La- 
rra, nuestro inol vid ableJFí^raro, advir- 
tió que un público " siente reunido de 
muy distinta manera que cada uno de 
sus individuos en particular. „ 

Hoy podríamos comprobar este aser- 
to con razones meramente científicas y 
la pregunta deOhampfort„ ¿cuántos ne- 
cios bastan para formar un público ?„ 
podría contestarse muy en serio deter- 
minando antes algunas condiciones que 
sirvieran de datos al problema. 

Es necesario advertir, que, tratando 




A 



118 BSTUOIO SIHTÉnOO 

del público, no es la torpeza el enemi» 
go, sino la indiferencia. 

Son fenómenos tan sencillos qne cual- 
qniera paede observarlos. Cnando mira- 
mos distraídamente un hermoso cuadra 
no percibiremos ningún detalle; agu- 
zando el deseo de ver, atentos á la te- 
la, iremos descubriendo lineas y mati- 
ces; cuanto más grande sea nuestra vo- 
luntad, más intensas resultarán las 
emociones, hasta que las figuras ad- 
quieran vida y los horizontes largo es- 
pacio: la visión aparecerá completa; y 
donde comenzamos por ver una pintu- 
ra fría , nuestro espíritu evoca el espí- 
ritu del artista, se confunde con él y 
con él habla, en ese cadencioso y ena- 
morado idioma, que como una vibra- 
ción se transmite al pensamiento y á 
los sentidos. 

Supongamos ahora que nuestros ner- 
vios fatigados ó nuestra imaginación 
preocupada por distintos intereses, nié- 
ganse á sufrir las ipnóticas sugestiones 
de la obra de arte, cuando se acercan 



ACBRCA DBL TBATRO NACIONAL 119 

otras personas mejor preparadas para 
recibirlas. Los ágenos arrebatos poco á 
poco nos irán reduciendo al encanto, y 
acabaremos por admirar, gracias al 
medio de percepción humana que se in- 
terpuso entre la poderosa energía del 
artista y nuestro estéril organismo. 

De tal modo ejercen visible influen- 
cia unos en otros los espectadores que 
forman el público de un teatro : así , en 
ciertos momentos alcanzan en determi- 
nado sentido parecida sensibilidad, y 
una corriente general que transporta 
la inspirada creación del poeta y la 
viva representación del cómico, rige y 
gobierna, como si fueran iguales, cen- 
tenares de almas distintas y muchas 
veces opuestas. 

En apoyo de nuestras afirmaciones 
citaremos una de innegable autoridad 
que más de una vez oímos en boca del 
autor de Un drama nuevo. "Elpúblico — 
dice — no sufre que le repitan una cosa, 
porque adivina las ideas en cuanto se 
le apuntan. „ Si el genio , la sabiduría 



120 



ESTUDIO SINTÉTICO 



y la experiencia reunidos pueden for- 
mular una Ley en estos asuntos, Ley 
será, indiscutible, la frase del inmortal 
maestro. 

Pero así como el público atento es 
un personaje con una sola inteligencia, 
poderosa, y un solo corazón, impresio- 
nable, asi como recogidos en él adquie- 
ren fineza y sensibilidad los más torpes 
y los más duros, el público distraído 
€8 un monstruo de mil cabezas sin con- 
ciencia y sin entrañas, y, cuantos en él 
se revuelven, aun los capaces de sen- 
tir artísticas emociones y admirar de- 
licadas bellezas, más bien que amables 
jueces asemejan fieros enemigos dis- 
puestos á obscurecer las glorias del 
poeta. 

¿Sería posible hacer un teatro inte- 
Tesante para el público actual ó un pú- 
blico atento para el actual teatro ? 

Sin ambajes nos atrevemos á respon- 
der que no, pero nos parece muy hace- 
dero conseguir un público atento para 
tm teatro interesante. 



ACERCA DBL TEATRO NACIONAL 121 

Uno y otro se transformarían siguien- 
do el impulso de una crítica inspirada, 
y de un interés nacional, hoy por des- 
gracia contrahecho y despreciado. 

El espíritu no ha muerto ; en las cla- 
ses aristocráticas como entre la plebe, 
palpita sin cesar: los extranjeros pro- 
vocan su regeneración con fanáticos en- 
tusiasmos; pero la secta vive dispersa- 
da porqué la verdadera deidad no tie- 
ne un templo. 

Lo que sería la misa si el espíritu de 
Dios no se ofreciera cada mañana en la 
hostia, es el teatro, cuando no palpita 
cada noche sobre sus tablas el espíritu 
del pueblo. 

Sólo un interés nacional podría con- 
vertir en afeento al público indiferente 
que tan bien retrataba Goethe dicien- 
do. "Uno llega perseguido por el abu- 
rrimiento; aquel huyendo de la mesa, 
fatigado por interminable festín; otro — 
y esto es mucho peor — acabando de 
leer los periódicos. Las mujeres lucien- 
do además de su hermosura sus nuevos 



122 



trajes preséntanse con deseo de inte- 
lesar más qae la escena, y todoa dis- 
traídos, como sí se tratase de nn baile 
de máscaras. „ 



X 



Schiller creía, dando al Teatro Nacio- 
nal desmesurada importancia "que, si 
la administración del Estado compren- 
diese su interés, ilustrara y dirigiera 
desde las tablas la opinión pública, pa- 
tentizando la marcha del Gobierno y 
los actos de los gobernantes. El poder 
legislativohablaríapormediode símbo- 
los; sesinceraría contra las quejas, des- 
vanecería cargos y aguijonearía el ex- 
cepticisnio. Hasta la industria y el es- 
píritu de invención pndieran enfcusias- 



124 BSTOOIO SINTÉTICO 

marse v se entusiasmarían sin duda 
ante la escena, si tuviesen los poetas 
cuidado en manifestarse patriotas y el 
Eátado se dignara escucharles.^ 

Goethe, alentaba las aficiones del 
público mostrando más atendible cri- 
terio. "Cualquiera que no se halle del 
todo extragado , — escribía , — cualquie- 
ra que no haya perdido por completo 
los bríos de la juventud , hallará difí- 
cilmente lugar más agradable que un 
teatro, en el que ningún esfuerzo vues- 
tro se solicita; donde, si os gusta callar, 
ni os veréis obligado á mover la boca. 
Estáis bien sentado, á vuestro gusto, 
cómodamente; os lo facilitan todo, tra- 
tando vuestra imaginación y vuestros 
sentidos como si reyes fueran. Para 
vosotros reúnense : la poesía , la pintu- 
ra, el canto, el arte dramático y otras 
cosas más. Cuando todos los atractivos 
y seducciones de la juventud y de la 
belleza obran de acuerdo, encadenán- 
dose y fundiéndose para divertiros en 
las primeras horas de la noche, sobre 



ACBBCA DEL TBATRO NACIONAL 125 

todo, cuando las maravillas del arte se 
funden y ayudan en sus elevadas esfe- 
ras , dan lugar á un espectáculo incom- 
parable. Y hasta cuando se ofrecen co- 
sas medianas, mientras haya con ellas 
confundido algo bueno, siempre será» 
mejor admirarlo, que pasar la noche 
jugando una partida de whist, entre 
las conversaciones de una estrecha so- 
ciedad y el humo de los cigarros. „ 

Más ardiente que sus dos famosos 
compatriotas, menos iluso que Schiller, 
no tan sereno como Goethe, Schlegel 
exclamaba: "Si las artes merecen aten- 
ción, el Teatro, donde se reúnen todas, 
debe atraer con preferencia nuestras 
miradas. Al frente del espléndido cor- 
tejo de las artes, la declamación realza 
los pensamientos más profundos y su- 
blimes, impresionando con su inspirada 
elocuencia y con una serie de animadla 
simos cuadros ; la arquitectura decora 
el brillante lugar que le sirve de tem- 
plo, la pintura le presta sus lejanas 
perspectivas, y la música, secundando- 



^ 



126 ESTUDIO SINTÉTICO 

ala poesía, le ofrece sos poderosos acor- 
des. En esta reunión mágica de todos 
los encantos vénse reflejados el ser ac- 
tual , moral y social de la nación, y el 
resultado de sus esfuerzos durante si- 
glos no escasos, patentizase á nuestros 
ojos en breves horas. „. 

"¿Sorprenderá que las representa- 
ciones teatrales ejerzan especial en- 
canto en todas las edades, en todas las 
clases y profesiones, y que siempre 
fueran el entretenimiento preferido por 
los pueblos inteligentes? El príncipe 
y el hombre de Estado y el general 
de armada, ven los grandes aconte- 
cimientos de las pasadas centurias, 
(acontecimientos acaso parecidos á los 
que deben resolver ellos,) desarrollar- 
se á sus ojos presentando sus causas 
más intimas y secretas. La filosofía 
descubre un germen de pensamientos 
nuevos y profundos acerca de la natu- 
raleza y destino del hombre; el artista 
observa esos grupos fugitivos , que su 
memoria fija como elementos de com* 






ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 127 

posiciones futuras; la juventud, an- 
siando emociones, abre su alma noble á 
los más elevados afectos , la edad avan- 
ízada se remoza recordando, la niñez 
contempla con los presentimientos de 
la esperanza, esa cortina pintada que 
ha de levantarse rumorosa para mos- 
trar desconocidas maravillas. Todos 
^encuentran en el teatro lo que reanima 
sus fuerzas, lo que devuelve la. sereni- 
dad al espíritu , lo que fanatizando por 
algún tiempo sustrae á cada uno de los 
cuidados y la opresión continuada de 
su vida.„ 

Recuerda en sus Memorias Goethe, 
que cuando Schiller y él habían agota- 
do su fuerza y su talento en obras ori- 
ginales y en traducciones de las mejo- 
res obras extranjeras para fundar el 
teatro de Weimar con la protección y 
los dineros ' del gran duque, apenas 
comenzaba el público á gustar de 
las nuevas representaciones dramáti- 
cas, llegó á la ciudad una cuadrilla de 
perros amaestrados, y desde aquel mo- 



128 ESTUDIO ^UITÉTICO 

meiito Schiller y Goethe no tuvieron 
nn solo espectador. Goethe, abatido y 
humillado abandonó entonces la direc- 
ción del teatro. 

Tal vez, — advierte Dumas hijo, — si 
hubiesen tenido la idea de contratar al 
dueño de los perros ofreciendo algu- 
nos ejercicios de los cuadrúpedos ar- 
tistas entre uno y otro acto de las gran- 
des creaciones dramáticas, el público 
de Weimar hubiera escuchado á los 
cómicos después de divertirse con los 
perros. 

Servir de aviso y enseñanza pueden 
aquel desencanto y esta oportuna ob- 
servación. 

Ni la orguUosa pretensión de Schi- 
ller, ni la olímpica serenidad encarna- 
da en Goethe , ni el estudio profundo y 
apasionado de Schlegel, ni el genio del 
romanticismo, resucitado por Víctor 
Hugo, pudiei on formar un teatro na- 
cional. 

Ya hemos visto cómo fue derrotada 
la escena de Weimar , ya sabemos cómo 



AbBRCA DBL TBATRO NACIONAL l'J9 

vencieron á Marión Délorme^ Les fem- 
mes de marhre v La dame aux camelias. 
Schiller, preocupado poruña estética 
refinada, victima de las correcciones 
de su arte y de sus particulares miras, 
pretendiendo convertir el teatro en tri- 
buna política, usándolo como un me- 
dio de gobierno, ofreciéndolo á la pru- 
dente Administración para que since- 
rarse pudiera, y defender sus errores y 
explicar sus actos, apagaba, con tan 
inadmisibles aspiraciones, su aliento 
inspiradísimo de poeta nacional y tra- 
ductor exacto del espíritu de su pueblo. 
Goethe , interesado en su filosofía, hizo 
constantemente á los personajes porta- 
dores de ideas y pensamientos más 
propios de la continuada y seria refle- 
xión que de la expresiva y fácil acción, 
en vez de crear figuras qne despertando 
ideas pudieran ser origen de una filoso- 
fía, pero que no filosofaran constante- 
mente tratando de imponer sus medi- 
tados juicios ; sí , que convencieran con 
la patente realidad de su vida. 

9 



130 ESTUDIO SINTÉTICO 

Chasles, en este sentido, escribió: 
"El teatro realiza y transforma en ac- 
ción el intimo pensamiento de los pue- 
blos : nos consuela del mundo que nos 
rodea, creando para nuestras diversio- 
nes otro mundo, á semejanza del que 
desean la imaginación y la voluntad.,, 

^Las dos grandes naciones septen- 
trionales moderna? , Inglaterra y Ale- 
mania crearon un teatro más agrada- 
ble para el filósofo que para el especta- 
dor, más propio para ser meditado que 
representado. La noble poesía del jFaw*- 
to de Goethe , desvanécese* por comple- 
to en la escena, mientras El burlador 
de Sevilla de Tirso, triunfa en todos 
los teatros europeos. Los pueblos del 
Norte buscan el pensamiento y no la 
acción, viendo en el pensamiento la 
causa del pensamiento. No quiero de- 
cir que desprecien la pasión pero están 
dispuestos á helarla con el análisis. 
Esto , hace los dramas de Shakespeare 
(donde la acción es sólo un pretexto) 
tan fecundos para inteligencias medita- 



■ 



ACERCA DEL TBATRO NACIONAL IBl i 

^ ^ 

doras y almas reconcentradas. Entre 
los españoles la concepción apasionada 
y movida se presta maravillosamente á 
las exigencias de la escena. „ 

La crítica de Schlegel y los dramas 
de Victor Hugo , fundados en la poesía 
popular de nuestro teatro, deslumhra- 
ron con la luz esplendorosa del drama 
español, pero no pudieron sostener su 
brillo porque no respondía el espíritu 
del pueblo á sus entusiastas arrebatos 
de una hora. Sin embargo aún quedan 
en todos los teatros modernos vestigios 
de la imitación española y los afortuna- 
dos herederos de Moliere y Cornelle no 
deberían olvidar que su comedia de ca- 
rácter fue importada con La verdad sos- 
pechosa, el más acabado modelo de co- 
media moderna. 

¿Estamos obligados á prescindir de 
una gloria tan espléndida porque otras 
naciones no hayan sabido alcanzarla? 
Sólo cuando nuestro teatro nacional se 
viese derrotado como el de "Weimar por 
una cuadrilla de perros, deberíamos 




k ■ 



H> 



182 



BSTODIO SINTÉTICO 



abstenefnos de toda esperanza; y ana 
para entonces nos quedaba el recurso 
que Dumas aconseja: contratar los pe- 
rros. 

Pero mientras nuestra dramática des- 
fallezca por incuria y abandono: ¿se- 
rá justo que dudemos de su mérito 
y de su importancia? Moliere y Come- 
lle, los admiradores agradecidos de 
Alarcón, son venerados en un templo^ 
para reverdecer su fama construido, 
mieI?^ras una pléyade numerosa de in- 
mortales genios, Lope, Calderón, Tir- 
so, Moreto, Montalván, Guillen de Cas- 
tro, no sólo carecen de altar sino has- 
ta de tumba. 

¡Oprovio de la tierra española! ¡Ver- 
güenza de las letras castellanas! 

Almas errantes, cómelas de los in- 
felices que vuelven al mundo en bus- 
ca de un bien deseado, ni alabanzas 
ni memoria encuentran. Nadie atiende 
sus tristes gemidos , nadie oye sus can- 
tos de amor, nadie recoge sus lágrimas 
ardientes. La patria los abandona, sus 



Vf 




AOBEOA. DEL TBA.TRO NACIONAL 133 

hijos los olvidan y sollozando se alejan, 
maldiciéndonos tal vez. ¡Qué funesto 
desprecio! ¡Qaé criminal indiferencia! 
Hombres gloriosos ¡adiós! Pudimos ha- 
ceros nuestro más duradero y noble or- 
gullo en la tierra y os hacemos nuestros 
■enemigos en el cielo ! 

Algunos años han transcurrido desde 
que un caballero, á quien ayudaban, 
más rectas intenciones que positivos 
recursos, instituyó el Teatro Español 
que, con sus numerosos defectos, con 
su pobreza y su estrechez ha contribui- 
do a desacreditar, más que á enaltecer- 
la, una idea palpitante, que debía ser 
al fin formulada con la creación de un 
verdadero Teatro Nacional. 

"Si la Europa moderna, — dice un 
gran escritor,— debe á Alemania sus 
progresos metafísicos , á Italia sus ade- 
lantos en bellas artes, á Francia su fi- 
losofía irónica y á Inglaterra su espí- 
ritu comercial y político; ha sido Espa- 
ña quien primero le ofreció las dos ma- 



134 KTODio srarénco 

nifestaciones más elevadas de la litera- 
tara: El Teatro y la Nov6la.„ 

Paea bien: esa España de rica imagi- 
saciÓD y sublime fantasía, que bace cas- 
tillos en el aire con tndescas metañsi- 
caa, que trabaja simulando el arte de 
Koma, remeda la ironía francesa y pa- 
rodia la indnstria y la política británi- 
cas: desconoce sns verdaderas glorias 
qne Alemania estudia sin cesar y Fran- 
cia imita; ofrece palacios al bd canto, 
¿ la contratación agiotista y almercan- 
tilismo que prospera con rbnsivos pri- 
vilegios, y no constituye un Teatro Na- 
cional. 



r 




fíoyeáto del (^fkr| Teatío jíkíiorikl 



No es un delirio ni una fantasía- 
Existe, no sólo en la imaf^nación de lo9 
apasionados, que ya vencidos por la in- 
diferencia desesperan: existe positiva y 
realmente aguardando con calma el dic- 
tamen concejil. 

Dura es la suerte de nuestras m&s 
valiosas glorias. Hubo un tiempo feliz 
de noble patriotismo, en que, por el es- 
fuerzo soberano de un hombre, fueron 
encauzadas las corrientes del genio na- 
cional. Nadie ignora cuánta fama logró 




BSTCDtO SISTÉncO 

Lope de Vega eatre sos contemporá- 
neos, faoia bien merecida y no c mpa- 
rable por concepto alguno á la men- 
guada qae boy se le concede. El Fénix 
de los Ingenios reinaba como prínci- 
pe sbsolnto del ingenio espafiol; aca- 
dían los extranjeros deseosos de cono- 
cer tan admirable portento, resonaba 
nuestro franco beroismo en todos los 
tsatros; en toda la sociedad europea, 
llamábase de Lope cnanto en el mondo 
parenfa bello, apacible y extraordina- 
rio: habíase dado con una palabra , sín- 
tesis y compeudio de todo lo grande > 
iaspirado, hermoso, ardiente y genial: 
esta palabra era el nombre de Lopet 
cnyas obras contenían á un tiempo: la 
poeBÍa de la naturaleza, el alma de la 
humanidad y la vida del pueblo' es- 
panol. 

El genio es muchas veces inconscien- 
te, lo cual nunca le perjudica, porque 
no se aplaude la intención sino los re> 
eultados. Difícil seria descubrir hasta 
qué punto apreciaba Cervantes el mé- 



r 

I rilo d 

■ Artfí ri 



iCBECA DBL TEATRO NACIONAL 137 



rito dd su grandioso poema, y, por el 
A.ríe nuevo de hacer comedias vemos que 
Liope razonaba bu osado atrevim.iento 
confesíindo sq3 extravíos. Benditos mil 
veces, aquellos extravíos que fascinaron 
y enloquecieron á los hombres, reper- 
cutiendo en la tierra y en el cielo. Has- 
ta la patria de Shakespeare , sombría y 
filosófica, estremecióse de placer al co- 
nocerlo y reprodujo en algunas obras el 
poético heroísmo castellano. 

Si aquellos nobles y sinceros entu- 
siasmos no se hubieran olvidado, mien- 
tras como fruto valioso recogíase la va- 
na hojarasca de nuevas ideas, ¡ohí si ¿ 
la voz poderosa del genio patrio hicie- 
ran coro las voces del saber y de la 
crítica; ' si á la obra del poeta respon- 
diera la protección del Estado y al 
aplauso del indocto vulgo, la preferen- 
cia de la feliz aristocracia; hoy no la- 
mentaríamos injustos abandonos, por- 
que nuestro teatro nacional tendría 
as osaanario para reproducir sus obras 
y un panteón para recoger las ceni- 



138 BSTÜDIO SINTÉTICO 



zas de sus mantenedores ininortales. 

Dicen que seguimos la corriente del 
moderno positivismo, que recorremos, 
aunque bastante rezagados, el próspero 
camino que á otras naciones engrande- 
ce; y no reparan los que así piensan 
que de lo moderno hemos tomado sola- 
mente lo nuevo j como si hubiéramos 
vivido hasta entonces por un capricho 
de la fortuna, sin medios ni expresiones 
que nuestro ser justificaran. 

Sorpréndenos mucho que mientras 
Alemania, Inglaterra y Francia prote- 
gen sus artes y su teatro, solo á Espa- 
ña cuadre un positivismo fiero que la se- 
para de sus glorias para hundirla en 
rudas especulaciones comerciales. 

La especulación ha llegado á no ser 
más que un juego, con frecuencia de 
mala ley; válese con impudicia del 
charlatanismo, del engaño, del monopo- 
lio y del acaparamiento; parécele pru- 
dente cualquier medio mientras ayude 
sus propósitos; la gloria y el patriotis- 
mo no pueden afectarla; citaremos un 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 189 

ejemplo de ayer: cuando más amenaza- 
das estuvieron la honrada industria y 
la noble agricultura, la Bolsa no deja- 
ba de subir; y muchas veces esos au- 
mentos de ciertos valores que sirven 
para enriquecer á los agiotistas, res- 
ponden, como entonces, á la miseria 
del pueblo. Insensato parecería deducir 
de io expuesto que debamos dar al ar- 
te nacional excesiva preponderancia, 
proscribiendo la moderna especulación 
que tantas comodidades y gustos nos 
proporciona; pero tampoco parece pru- 
dente limitarse á positivas convenien- 
cias que desarrollan los egoismos indi- 
viduales, olvidando la exaltación de 
afecciones y goces que muestran á ca- 
da cual, intimamente unida con su exis- 
tencia, la existencia de la patria. 

Bueno es que la especulación utilice 
y explote los descubrimientos de la 
Ciencia y las obras del Arte; pero cuan- 
do aquélla sin éstos, pretende vivir, su 
vida es un engaño, un cepo donde van . 
á dejar sus capitales míseros incautos. 



140 BSTUDIO SINTÉTICO 



Si el hombre moderno tiende á dis- 
minuir en un todo, su esfuerzo material, 
no lo hace para reducirse á la holgan- 
za, sino para invertir aquel trabajo, 
antes consumido por el cuerpo, en el 
desarrollo de la inteligencia, en las 
funciones del alma. 

Por esta razón, los extranjeros apre- 
cian tanto sus manufacturas como sus 
artes, y sus especulaciones comercia- 
les tanto como sus teorías ^filosóficas; 
las aptitudes todas de la sociedad se 
contrarrestan y se completan; con los 
principios de una, otro se desenvuelve, 
y los excesos producidos por ésta, eví- 
tanse con las elevadas manifestaciones 
de aquélla. 

El mismo que sufriendo en el taller 
ó en la fábrica penalidades y trabajos, 
es obrero egoísta que sólo por su inte- 
rés se afana; es luego, entonando una 
canción patriótica, viendo una comedia 
ó una pintura, ciudadano que reconoce 
como si el suyo fuera el espíritu de su 
nación; es, cuando reparte con su fami* 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 141 

lia el salario que á fuerza de sudores 
gana, hombre que participa de las pe- 
nas y las dichas de toda la humanidad. 

Evitando que los obreros dejen de 
ser ciudadanos y los ciudadanos dejen 
de ser hombres, cada país procura 
exaltar su espíritu nacional y el senti- 
miento humano; uno y otro se hallan 
palpitando siempre, comunicándose á 
quien los observa, en el Museo y en el 
Teatro, ahora, más que otras veces ne- 
cesarios, porque la brillante sensualidad 
que nos rodea, conduoe nuestro pensa- 
miento á un materialismo repugnante 
y suicida. 

Antiguamente un teatro era un sa- 
lón espacioso, circundado por un pasi- 
llo estrecho , y nada más. Hoy, un edifi- 
cio de tales condiciones resulta insufi- 
ciente; la sala y el escenario^ siendo las 
partes más esenciales de un teatro, no 
bastan^ aun cuando aparezcan muy her- 
hermosas, para satisfacer los gustos del 
público, que necesita un foyer espacio- 
so y elegante, ricas escalinatas, anchoa 



142 SSTUDIO BIHTÉTICO 

pasillos, restaurant, salones de bai- 
le y descanso , retretes lajosos, tocado- 
res, rotonda para coches, etc. Todo es- 
to es muy atendible y razonable j hay 
que hacerlo , y para no ser mezquino, 
necesita un teatro magnifico emplaza- 
miento. 

Transportémonos k un porvenir po- 
sible y glorioso para el Arte dramáti- 
co. Cerrad los ojos á los que hoy son 
realidades, y abridlos macho ante las 
que maBana pueden serlo. 

Espléndido edificio de bien labrada 
piedra, ocupa lo que antes fue jardín 
en la plaza del Principe Alfonso: deco- 
ran sns fachadas magníficas estatuas, 
retratos de los inmortales poeta» que 
dieron con sus creaciones, lustre y valor 
á la patria castellana, y adornan sus 
balcones marmóreas columnas y signi- 
ficativos relieves cu/os dibujos recuer- 
dan las más interesantes y conocidas 
escenas de las comedias famosas. An- 
chas calles ofrecen luz á las cuatro fa- 
chadas del edificio cuya puerta princi- 



ACBRCA DEL TEATRO NACIONAL 143 

pal se abre sobre anchurosa y regia es- 
calinata, fr'^nte al que se Damó Teatro 
del Príncipe y que derribado ya, es un 
jardín florido, verde y aromoso, donde 
la estatua de Calderón ocupa el mismo 
sitio que fue, durante mucho tiempo, 
escenario de sus glorias. 

La luz de los faroles nos alumbra 
cuando muere la luz del día. El teatro 
abre sus puertas que arrojan abundan- 
te claridad: ilumina sus balcones y las 
más altas cornisas de sus fachadas. Co- 
mienza el paso de coches por la roton- 
da y el público se apiña en la escalina- 
ta. En el foyer reúnense todos, los que 
fueron arrastrados por yeguas briosas y 
los que llegaron sin más ayuda que sus 
pies. Altos espejos, riquísimos cortina- 
jes, bustos de bronce, profusas luces, 
macetas de cristal , plantas tropicales, 
convierten aquel espacio en un moderno 
paraíso. La orquesta se hace oir, repi- 
quetean los timbres , el salón inúndase 
de luz, los espectadores van entrando 
y con el último aviso el telón se abre y 



144 BSTUDIO SINTÉTICO 

las puertas del pasillo se cierran. Ya 
no hay tacones imprudentes ni retra- 
sos que den lugar á interrupciones; las 
damas de los palcos no hablan en alta 
Yoz j los caballeros de las butacas no 
rebullen porque las comodidades que 
gozan aumentan su atención ; ya nadie 
se mueve ni se distrae, el escenario es 
objeto de todas las miradas, la voz de 
los cómicos regalo de todos los oídos. 
Así hacemos honor los españoles al 
Gran Teatro Nacional , como lo hacen 
siempre los extranjeros á sus espec- 
táculos públicos. 

Terminada la función, antes de las 
doce, no hemos de salir apresurados 
porque la luz vaya escaseando y los 
acomodadores nos empujen, afanosos de 
cubrir palcos y butacas, mientras el 
telón sube mostrando como frío esque- 
leto el escenario (esto sucedía en el Es- 
pañol y en la Comedia) No; el publica 
desaloja el edificio tranquilamente pa- 
rándose , cuando de hacerlo gusta , en 
los salones de descanso donde cada cual 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 145 

■ ■■■!■■■■■■ , ,1 , ,,, ■^— .- M »^!^— «^^■■^» 

espera lo que más le interesa. Este, al 
amigo que tarda, quien, al pariente que 
trae los abrigos, aquél su coche, cual 
examina el vestuario que parece un 
verdadero museo, y otro pregunta, con 
curiosidad, á un empleado, por qué me- 
canismo se abren á la vez y en un se- 
gundo las doce puertas, facilitando la 
salida en caso de incendio. Una hora 
después de terminada la función, cuan- 
do sin luces ya, cerrado y en silencio, 
el teatro queda solo: en sus pintadas 
bóvedas y en sus dorados nichos, los 
genios animan frescos y esculturas. 
Entonces, á los reflejos de otra clari- 
dad purísima y sutil, emanada de su 
gloria, los poetas que murieron reúnen - 
se gozosos para difundir en aquel es- 
pacioso recinto la esencia de su entu- 
siasmo y de su inmortalidad. 

La visión desaparece: retrocedemos 
algunos años: todavía existen el surtidor 
de la plaza y el remendado y viejo Co- 
rral; y un agiotista revoltoso, interpre- 
tando el pensamiento de sus colegas dice: 

10 



146 BSTUDIO SINTÉTICO 

I lililí. ■ 

— Nuestra Espafia es pobre: más de 
una vez proyectamos la venta de sus 
Museos para pagar sus deudas. Ade- 
más , preferimos divertirnos en la Ope^ 
ra de la Plaza de Oriente y en el Hipó- 
dromo. Pero, sepamos cuanto costaría 
el Gran Teatro Nacional. 

— ^Muy poco trabajo y ningún dine- 
ro: abrir un certamen ,^ para que no se 
crea fundada la obra en abusivos pri- 
vilegios y firmar una concesión... 

— ¿Nada más? 

— Nada más, y tendríamos en Ma- 
drid un palacio que rivalizaría con la 
Comedie Frangaise, 

— ¿Y el público? 

— No faltaría el que sabe sentir; y 
ustedes, los que sin más trabajo que 
perder el corazón y la sensibilidad se 
hicieron ricos, irían, como van á todas 
partes, mientras un príncipe, dos in- 
fantes y veinte duques les tomaran la 
delantera. 

— ¡Oh! ¡Jja moda , la moda! 

— Reina el primer día ; luego ya no 




ACBRCA BBL TEATRO NACIONAL 147 

es necesaria si la cosa merece la pena: 
confio ver al verdadero público aban- 
donando los espectáculos antipatrióti- 
cos que hoy frecuenta y repitiendo á 
voz en grito: ** Viva nuestro Gran Tea- 
tro Nacional.^ 







IJS 



^»ipHg$ii^ 



.*-. 



mi$ Uul 'MÍ$ * J '•(i -mig .'•«•'i «íl ^«(l ,•*! mi$ j»(# ^*í| ^* J 



XII 



%^fQét&é\áo tektfkl 



Siendo muchoá los que aturdidamen- 
te y sin razonado juicio claman contra 
el Teatro Nacional ó le ven hundirse, 
con la más lastimosa indiferencia; no 
fion pocos los que, admirándolo y cre- 
yendo muy conveniente su regenera- 
ción , parten de un falso pensamiento, 
suponiendo que debemos limitar el 
círculo de nuestra nueva escena, por- 
que olvidan cuan diferente origen y 
distinta forma determinaron la espa- 
ñola y la francesa. 

Nuestros vecinos, además de la Co- 



160 BSTUDIO SINTÉTICO 

medie, tienea otro teatro dedicado 4 la. 
música nacional. Noaotros, como ya lo 
advertimos, carecemos de una pléyade 
venturosa de maestros compositores, 
capaz de formar escuela por su número 
y sn importancia. ¿Igauas obras mu- 
sicales de los poquísimos que por for- 
tuna cultivan el arte, dignas de todo 
encomio nos parecen; pero, ni pueden 
constituir por sí solas el repertorio de 
un teatro especial, ni entran de lleno 
en las condiciones del de la plaza de 
Oriente. 

Pues no se trata de favorecer un gé- 
nero determinado , sino de facilitar 
medios al arte dramático español, ne- 
cesario parece que tengan alguna vez 
cabida en la grandiosa escena del nue- 
vo Teatro Nacional todas y sus más 
populares manifestaciones. 

No hay espectáculo ruin, no hay- 
forma despreciable , mientras ence- 
rrando el espíritu del pueblo á quien 
se destina, guarde las debidas propor- 
ciones y cultas exterioridades, que 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 151 

acertadamente limita el público cuan- 
do hacerlo le interesa. 

Así, pues, el escenario que repre- 
senta la comedia psicológica y el dra- 
ma histórico; no debe remilgarse , re- 
chazando el picante sainóte, la farsa 
pueril, el baile gracioso y sandungue- 
ro y la canción popular encerrada en 
un movible y expresivo cuadro, ni el 
canto patriótico haciendo coro al poe- 
ta que describe las ^hazañas de un hé- 
roe ó exalta con un himno su memoria. 

Entre las muchas empalagosas pro- 
ducciones del género andaluz, ya en 
desuso, las hay, como La feria de Mai- 
rena y Las Ventas de Cárdenas, de don 
Tomás Rodríguez Rubí, que merecen 
ser tenidas en cuenta, porque la fácil 
inspiración del poeta supo recojer al- 
gunos trazos característicos de aque- 
llas gentes, las pasiones de.su vida y 
un pedacito de su cielo: y, aun entre 
las muchas inaguantables tramoyas 
populares y soldadescas , entre las tor- 
pes chulaperías y los abortos obscenos 



152 ESTUDIO SINTÉTICO 

que á todas horas pululan, para morir 
con vergüenza de su infamia, no fal- 
tan algunas merecedoras de amable re- 
cuerdo como los muy sabrosos bocetos 
A la puerta del cuartel, La canción de la 
Lola y otros, no muchos, que deberían 
eternamente distinguirse del fárrago 
insustancial que los empuja, obscurece 
y ahoga. 

En el proyecto presentado hace años 
al Ayuntamiento, donde duerme con 
cuentas atrasadas y expedientes más 
ó menos escabrosos, el sueño de los ¿n- 
justos, que por ningún concepto ale- 
targarle debiera : no se olvidan estos 
cuidados ni los que al decoro de los au- 
tores y al estudio de los cómicos afec- 
tan, destinándose cantidades no pe- 
queñas á la orquesta encargada de dar 
á conocer en los entreactos piezas es- 
pamelas cuyos autores cobrarían larga 
y puntualmente sus derechos; á sueldos 
y jubilaciones de cómicos, apremios 
para los poetas y músicos , que por su- 
fragio público serían calificados, y al 



acbrcíl dbl tbatro nacional 153 

sostenÍTDÍento de un cuerpo de baile 
clásico español. 

Desde luego, la existencia del nuevo 
establecimiento, reclamaba para sí la 
escuela de Eecitado' y Declamación, 
(ahora unida modestamente al Conser- 
vatorio de Música,) cuyos alumnos, 
al recibir los premios' del último curso 
quedarían agregados á la compañía 
dol Teatro Nacional. | 

No suponemos que los grandes có- 
micos deban á la Escuela sus adelan- 
tos; pero estas enseñanzas, aunque in- 
suficientes, no son inútiles, porque le- 
vantan el rebajado nivel de las media- 
nías,/ con las cuales hay que contar 
siempre, siendo, como es, imposible 
formar una compañía de genios. 

Los autores también estarían de mu- 
cha enhorabuena ; pero para lograr una 
representación en el Gran Teatro, se- 
rían indispensables algunos mereci- 
mientos que ahora no se requieren. 

Muy justo consideramos cuanto en 
el citado proyecto se les consigna , ere- 



164 ESTUDIO SINTÉTICO 

yendo que trabajarían con entusiasmo 
y libertad, que ahora no tienen. 

El empresario, esa bestia feroz, ese 
mandarín ignorante y presumido, ese 
ridículo y absoluto emperador, que se 
juzga con derecho & limitar facultades 
y expedir títulos de gloria, porque tie- 
ne cuatro cuartos para pfrecer á, cua^- 
tro hambrientos; esa criatura inhuma- 
na, se reduce á un prosaico administra- 
dor en el Teatro Nacional. 

Los cómicos veríanse también des- 
poseídos de su autoridad , tan frecuen- 
temente usada en contra de los poetas, 
á los cuales no se les permitiría ser sa- 
bandijas ni rastreros. 

La Junta Consultiva del Teatro Nació- 
nal, único juez cuyos fallos han de res- 
petarse, debería componerse de siete 
vocales , elegidos: uno por la Real Aca- 
demia Española, uno por la Sociedad 
de Autores dramáticos , uno por la 
Prensa periódica de Madrid, uno por la 
Sociedad de Escritores y Artistas y 
tres por la Empresa. 



ACERCA. DHL TEATRO NACIONAL 165 

Al final de cada temporada, en se- 
sión pública y solemne se repartirían 
los premios, otorgándolos un jurado 
compuesto de cuatrocientas personas, 
doscientas de las cuales serian deter- 
minadas por sorteo entre todos los 
abonados , y las demás propuestas por 
las Academias, Centros científicos y 
literiaros y Prensa periódica. 

Estas atenciones y otras muchas que 
no recordamos , pero que tienden como 
las expresadas al sostenimiento de la 
más absoluta justicia y al decoro y bri- 
Ux) del arte dramático , unidas á la os- 
tentación y gala de un edificio hermo- 
so y capaz, al entusiasmo que desper- 
taría en el público el venerado recuer- 
do de sus glorias y á los esfuerzos que 
provocan las cosas reales y las ventajas 
positivas, serían bastantes para soste- 
ner viva en el Gran Teatro Nacional, 
venero de inmortales glorias , la llama 
del patriotismo y de la poesía, levan- 
tando el espíritu del pueblo , haciendo 
fecunda y decorosa la herencia de núes- 



156 ESTUDIO SINTÉTICO 

tras más envidiadas glorias nacionales, 
y sin solicitar la . miserable limosna, 
que debe la nación conceder á sus hijos 
desvalidos , pero que nunca necesitaron 
los predilectos. 

Hablamos antes de la música italia- 
na , y, ex^profeso , no mencionamos el 
drama lírico alemán j porque su refe- 
rencia nos pareció en este capitulo más 
oportuna. 

El drama lírico, por su factura y por 
sus tendencias , merece ser cuidadosa- 
mente observado , siempre que se trate 
dé representaciones escénicas. Ventu- . 
roso el pueblo que puede unir sus artes 
y su poesía, sus tradiciones y su histo- 
ria, sus pensamientos y su lenguaje, 
fundiéndolo y amoldándolo todo, ama- 
sado con el más noble patriotismo , en 
un espléndido y deslumbrador espec- 
táculo teatral. 

En absoluto , no podemos calificar de 
injustificadas las fieras embestidas y 
brutales golpes que algunos críticos 
modernos á cada hora descargan sobre 



ACBRGA DKL TBATRO NACIONAL 157 

la Comedie Frangaise^ que, realmente, 
con frecuencia olvida, su origen litera- 
rio y su espíritu nacional; además, aun 
cuando los enemigos del moderno tea- 
tro psicológico , apasionados por la no- 
vela, estuvieran faltos en absoluto de 
razones, jamás nos ofrecería una razón 
absoluta la defensa del teatro francés, 
parecido al nuestro solamente cuando 
algo le toma. 

Pero el drama lírico, tal como los 
alemanes lo concibieron , presenta muy 
distintas circunstancias y para nos- 
otros muy subido interés. El drama lí- 
rico, no admite como la ópera un asun- 
to cualquiera, fácil de amoldar á livia- 
nas conveniencias; recoge con cariño 
las tradiciones y la historia de Alema- 
nia, y con un girón de la patria leyenda, 
crea, no una obra pueril, con inciden- 
tes nacionales, no una forma compues- 
ta y referida solamente á una manera 
de ser limitada, sino un inspirado con- 
cepto, para cuyo desarrollo se vale de 
todas las artes , aportando cada uno lo 



168 BSTUDIO SINTÉTICO 

más convenieiite y expresivo ; no hay 
preferencia ni gradación; en cada mo- 
mento la más apropiada es ]a primera. 
Fúndense la música, la pintura y la 
poesía; la palabra es más gallarda 
cuando se pronuncia entre armonía?, 
el concepto musical es más correcto 
cuando la visión poderosa le acompa- 
ña, el canto no sólo armoniza con el 
pensamiento , sino con la fonética de la 
frase; cada silaba tiene su representa- 
ción sonora como cada idea: las combi- 
naciones de las notas obedecen de igual 
modo á la rima del poeta que á los co- 
lores del artista y al movimiento de 
los actores. 

Es decir, que la obra insuperable del 
genio alemán, teniendo elementos de 
todo, ni es ópe^'a, porque no domina en 
ella el canto, ni drama, porque la inte- 
resante* acción no reina, ni comedia, 
porque las pasiones y caracteres no los 
dibuja sólo la poesía; es una espresión 
concreta y apropiada de artísticas emo- 
ciones referidas á los medios reales que 



ACERCA BEL TEATRO NACIONAL 159 

mejor las interpretan , es por su forma 
y por su esencia modelo acabado del 
más perfecto, sublime y glorioso espec- 
táculo teatral j sólo comparable á la 
Tragedia griega, no por los afectos que 
traduce, sino por la idea que le dio 
vida. 

¿Por qué, si esto es lo que gusta y lo 
que la moda prefiere, no aclimatamos 
el drama lírico, antes que reducirnos 
á la comedia española? 

Porque siendo jtan elocuente y pa- 
triótico para los alemanes, puede ofre- 
cer á los españoles poco más jugo que 
una ópera francesa ó italiana. 

Un wagnerista inglés lo ha dicho re- 
cientemente, apoyado en las teorías del 
gran maestro, cuya música no puede 
separarse del pensamiento ni de la pa- 
labra , porque su mérito estriba en fun- 
dirse con ambos, ofreciendo una sola 
expresión armoniosa y clara. 

No se puede apreciar una obra de 
Wagner sin conocer el idioma en que 
las creaciones del gran maestro fueron 



160 BSTUDXO SINTÉTICO 

mm — ■■■■ -■■ — ■■ —■^w. ■!■ I ■■■■■- ■ ■■■■■■■■■■—_ ■■ ■ ■ I . , _ „ ,■» 

escritas , y no se pueden sentir profun- 
damente SU5 creaciones, cuando no se 
ha nacido en el país cuya historia y 
costumbres las inspiraron. 

Los alemanes, creando el espectácu-- 
lo teatral en forma de drama lírico , si- 
guen su tradición artística, no una 
moda nueva. 

Ellos comprendieron y profesaron 
antes la música que la poesía, y, mu^ 
cho antes que Lessing, Goethe y Schi- 
Uer, realzaran con sus obras la esce- 
na, Mozart y Gluk habíanla honrado 
con las suyas. 

Imitémosles , reverdeciendo también 
la española tradición. Mientras una so- 
ciedad ilustre invierte abundantes cau- 
dales en una magnífica y lujosa Colee-- 
don completa de las Obras de Lope de 
Vega Carpió, no descuidemos la gene- 
rosa idea de los que pretenden cons- 
truir el nuevo Teatro. 

Volvamos por nuestras glorias na- 
cionales, sin esa estúpida vergüenza 
que nos las hizo despreciar creyendo- 



ACERCA DBL TEATRO NACIONAL 161 

las atrasadas, y sea de nuevo la come- 
dia española nuestro Espectáculo Tea- 
tral, símbolo de nuestro patriotismo y 
de nuestra fama. 



í& 




1] 



$^í}^e^fS!^íl'^f^l^í-fVím^^''^^^^^^ 









xni 



I<k (ffítidk 



Hemos procurado indicar de qné mo- 
do, en el sentido artístico y en el or* 
den social , interesa y emociona el Tea- 
tro. Siendo el genio, — según parecer 
de un ilustre filósofo, — ^magnifica pa- 
sión amorosa que, como todo amor ver- 
dadero y tiende enérgicamente & la fe- 
cundidad y á la creación de la yida„, el 
Teatro, que valiéndose de su acción 
concisa y clara , refleja los dos elemen- 
tos esenciales de la vida: el dolor y el 
amor, artísticamente se manifiesta co- 
mo la más humana creación del genio. 
Considérase necesario el goce, antido- 



164 ESTUDIO SINTÉTICO 

to contra las angustias del trabajo, y^ 
para evitar los placeres egoistas ó dis- 
minuir sus efectos , todas las naciones 
antiguas y modernas celebraron jue- 
gos y fiestas públicas que halagando los 
gustos de la multitud estimularan el 
espíritu nacional. Socialmente, ha cum- 
plido el Teatro como ninguna otra di- 
versión este propósito, porque la culta 
y desinteresada escena, venero fiel de 
atractivas esperanzas , supo noblemen- 
te reproducirlas en espíritu y cuerpb, 
sin recurrir á las torpezas de materia- 
les choques, inevitables en el circo, eñ 
el baile ó en el torneo. 

También indicamos cuanta fue la 
fama y cuanta la gloria del Teatro Es- 
pañol, orgullo de propios y estraños, 
solaz y admiración de todos; cuales 
fueron los enemigos que contra él ba- 
tallaron, ya valiéndose de armas no 
siempre leales, ya cifrando sus triun- 
fos en la torpe sensualidad ó admitien- 
do en su ayuda tiránica moda, ó noví- 
simos estudios, y cuan fácilmente po- 



ÁCBBCÁ DEL TEATRO VÁCiOMAL 165 

dría remozarse, porque ni fuerzas- ni 
ainor le faltan y admiraciones le so- 
bran, aunque á veces no resplandez- 
can, huyendo aturdidas ó avergonzadas 
del insano vocerío y luz impura con 
que otros espetáculos alientan deseos 
torpes y costumbres mal aprendidas, im- 
propias y sobrepuestas. 

Vivimos en un tiempo de obligada 
ostentación material, y no hay pen- 
samiento que resista el encanto de 
atractivos y adornos exteriores. Ya el 
mercado no es una plaza cualquiera 
sino una grandiosa construcción de hie- 
rro y cristales , el solar del aristócrata 
no lo cubre ya un caserón grande, sino 
iin edificio recamado de perfiles , relie- 
ves y colores, ya no es la Lonja sopor- 
tal mezquino sino rico palacio; las ofi- 
cinas instálanse regiamente, hasta el 
despacho de un prosaico notario se 
transforma en cómoda y suntuosa vi- 
vienda, llena de fruslerías escogidas por 
el capricho de una coqueta. 

No se olvide que sólo nos referimos 



166 BSTUDIO SINTÉTICO 

4 España^ donde resulta nuevo'el pru- 
ritu de monumentalizar para todo. Co- 
mo la religión tiene sus templos y la ma» 
jestad sus alcázares, todas las manifes* 
taciones de la nueva sociedad tienen 
ya su palacio; no faltándoles á la mú* 
sica y á la pintura, hemos juzgado pru- 
dente que al arte dramático se le con- 
ceda, siendo, — que asi es, — moderno 
como el nacido ayer, poderoso como el 
que más impera y rico y afamado, tan- 
to, que la de ninguno puede comparar- 
se á su brillante y conocida ejecuto- 
ria. La importancia que al teatro con- 
cedemos no puede cegarnos hasta el 
punto de poner en olvido lo que ad- 
vierte con oportunidad Schlegel, cuan- 
do escribe que ^ pudiera el arte dramá- 
tico, por el desaliento y abandono re- 
cíprocos de los poetas, de los cómico» 
y del público, sufrir tal degradación 
que se viera convertido el espectáculo 
teatral en la más vulgar^ la más insí- 
pida y hasta la más perniciosa manera, 
de perder el tiempo* „ 



\ 



ÁCBRCA DBL TBATBO KACIONAL 167 

Derivamos del oficio del teatro su 
definición, apreciamos la necesidad de 
que la obra del dramaturgo, encerran- 
do el espíritu del pueblo remede y re- 
produzca sus pasiones y sus esperan- 
zas, vimos la influencia ejercida por 
la crítica en la degradación del teatro 
español guiados por el erudito, incom- 
parable discurso de Duran , y de todo 
podemos deducir fácilmente cuan en 
peligro está la escena de halagar pasio- 
nes y vicios, provocándola sensualidad, 
en vez de revivir esperanzas ó ilusio- 
nes, produciendo pura y artística emo- 
ción; de sostener instintos de raza, en 
vez de alentar el gallardo espíritu na- 
cional. 

El poeta no puede libremente dar 
alas á su fantasía sin tener eñ cuenta 
las conveniencias del escenario, y el 
público no sabe razonar su juicio, im- 
provisado con arreglo á las impresio- 
nes recibida^ en una hora; por estos 
motivos, la obra dramática suele ajus- 
tarse al espíritu del público para quien 



/ 



168 BS'nJDXO SINTÉTICO 

fue creada; pero, como es tan fácil en 
momentos de gran entusiasmo confun- 
dir la sensación con la emoción , el 
sentimiento con la sensiblería y el alma 
eon la sombra, obligada está, más que 
con otras manifestaciones del arte, á 
ser atinada y contundente la crítica, 
para evitar el daño , producir el bien ó 
exclarecer la verdad antes de que se 
generalice y admita el error. 

Pero esta crítica, tan conveniente, 
no es la que analiza fundada en estre- 
chas reglas,, ni la que busca la verosi- 
militud con remedos fisiológicos, ni la 
que nos exige la corrección presentan- 
do moldes para todo : la crítica que de- 
seamos y á la que aludimos, ofrécese, 
como la obra misma del arte, inspirada 
y sentida; descubre lo bello que se 
oculta, ilumina lo más obscuro, y es 
para el corazón lo que la hrgnette para 
la vista; con su ayuda, los movimientos 
de los personajes adquieren expresión 
mayor, siendo atinados, y pierden su 
engañoso encanto los que se valen de 



ACERCA DBSL TEATRO NACIONAL 169 

una falsa perspectiva ó de borrosa pe- 
numbra. 

El crítico, no será, pues, en el tea- 
tro, razonador que todo lo analiza fría- 
mente, sino un alma capaz de sentir 
los entusiasmos del publico y referir- 
los después á un criterio razonado para 
probar si fueron de buena ley. 

La diferencia entre el critico y el 
público, no está en el corazón sino en 
el razonamiento; pero éste por sí solo 
nada consigue cuando aquel no se haya 
conmovido. Las emociones recibidas 
por el público, en consonancia con su 
más íntima y^constante aspiración, sólo 
se aquilatan por el gusto y la moda: las 
recogidas por el crítico son examina- 
das más tarde á la luzdeun criterio ilus- 
trado que patentiza su legitimidad. Un 
espectador deja correr sus lágrimas y 
aplaude conmovido al ver sobre las ta- 
blas al hombre que reproduce todas 
las locuras de un delirio y todas las 
violencias de cruel agonía, sin pensar 
acaso que no son las emociones del do- 



/ 



170 ESTUDIO SINTÉTICO 

lor aquello que le hacen «entir, sino el 
dolor mismo con sus miserias, que no 
le ofrecen el sentimiento de la realidad, 
que su alma educa, sino la torpe reali- 
dad que al fin la embota. 

Terminada su visita, sale un médico 
del hospital preocapado por las enfer- 
medades, no por el sufrimiento de los 
enfermos. En cambio el psicólogo, el 
poeta, estudia el dolor, sufre con el do- 
lorido, jamás vé padecer sin padecer. 
La enfermedad no le interesa, pero el 
dolor constantemente le preocupa: por- 
que no diseca la carne magullada ó 
abierta, sino el alma de la humanidad, 
cuyas eternas vibraciones, puras y su- 
blimes, repercuten sin cesar en el cora- 
zón de todos los hombres. 

El crítico llora también y sufre los 
dolores de miseros personajes en una 
escena materialmente real, pero no aplau- 
de, porque aprecia lo bastardo de aquel 
dolor, cuando lo refiere al que le pro- 
duciría la sincera evocación de artísti- 
cas emociones. 



r 



ACBRCÁ DBL TBATBO NACIONAL 171 

La crítica no puede prescindir del 
raciocinio, pero á éste ha de preceder 
el sentimiento; en una palabra, no de- 
ben analizarse los recursos puestos en 
juego por el autor, sino las impresiones 
recibidas por el público; sólo cuando se 
haya descubierto su importancia podrá 
retrocederse y buscar los medios que 
las determinaron. 

La exposición razonada de lo que 
pudo el dramaturgo hacer desprecian- 
do lo que nos hizo sentir, es el escollo 
en que la crítica por desgracia tropie- 
za. Este amaneramiento ha traído una 
consecuencia íat£!i>l; en vez de abrirse 
campo al estudio de caracteres, básele 
limitado á un reducido número de pro- 
cedimientos estableciendo multitud de 
obligaciones. Hablase más de recursos 
nuevos ó conocidos que de perfiles co- 
rrectos y apasionados, pretendiendo 
que toda obra escénica sea una caja 
construida con arreglo á ciertos princi- 
pios donde se guarde una sorpresa. 

Scribe ha sido el maestro de tan fa- 



172 ESTUDIO SINTÉTICO 

■ ■ M^^^.^^— ^B^— ^i^— ■■ ■ «^ I ■ — ^— MM^ !■■■ ■ ■■■ ■■■■ ■ ■ ■■■■ ■■■■■ II 

tal arte, hoy representado por Sardoa. 

Nuestros dramáticos inventaron el 
enredo^ pero la invención española que 
sirvió de origen á todas las invencio- 
nes extranjeras , parócenos expresiva y 
apropiada, porque los accidentes iiii- 
pre vistos, lejos de apartarse del asun- 
to y de los caracteres , aquilatan aquel 
y perfilan éstos por medio de la intere- 
sante acción objeto del teatro. 

Muchos asuntos corresponde á la crí- 
tica estudiar y conocer, y no es el de la 
forma literaria el menos interesante. 

La nueva escena francesa prefiere al 
verso la prosa, y aquí, en España, tráta- 
se de proscribir también el verso, ale- 
gando que nadie habla en rima y todos 
en prosa, por cuyo motivo ésta parece 
más natural que aquél. 

Juzgamos trivialísima semejante opi- 
nión que hizo escuela, y si estudiamos 
el porqué renunciaron al verso los fran- 
ceses, comparando, no procedimientos, 
rabones, veríamos que tantas les asis- 
ten para preferir la prosa en el teatro, 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 173 

como á nosotros para áecidirnos á fa- 
vor del verso. 

Gautier decía que Eacine no estuvo 
nunca tan inspirado como cuando es- 
cribió: 

La fiUer de Minos et de Pasiphaé.,. 
y esto, aun cuando se considere para- 
dógico, prueba cuanto se aparta el ver- 
so francés de la cadenciosa y fácil ar- 
monía, tan común en el verso caste- 
llano. 

El último de los poetas españoles 
ha escrito cien versos mejores que aquel 
de Eacine. 

En verdad, los franceses aceptan 
con preferencia la prosa en el teatro, 
no por más propia, sino por más expre- 
siva y armoniosa; pero en España es 
más fácil hallar una escena de versa 
maravillosamente labrado, que una 
frase dé prosa dramática sencilla y sin 
rebuscamiento. En el teatro, la prosa 
española puede compararse al verso 
francés y viceversa, lo cual no quie- 
re decir que una ni otra expresión 



174 aSTUDIO SINTÉTICO 

*^" •■ ' ■-■■ ■■■■■■■- ■ ■_■■! , m ^^— ^■-^"^■^ ■ ■■■ — ■^■-MBaa^^^^v^^^^^^pH^ 

deban excluirse de la escena. Pero véa- 
se cómo la prosa de nuestros famosos 
dramaturgos parécese más á los versos 
de Bacine que á las frases de Dumas 
hijo y que la prosa fácil de algunos 
otros es natural hasta el punto de no 
resistir la lectura; y, en este concepto, 
no puede ser admitida como forma li- 
teraria. 

Muchos problemas preséntanse á la 
crítica y mucho campo que recorrer; 
nosotros debemos limitamos, y así lo 
hicimos, á patentizar la importancia 
de sus afirmaciones en el porvenir del 
Teatro Nacional 




V 



*.i ■*;«, jfk, -^Á »k «ífc. <•< ^ii '^ "^k Xí «íi *riv »;ív'1 



a|y»f! » yy»y! » !s» ^ y^ s » a iei^ifi«r^ r »^^ 



XIV 



I<o^ ¿óir\ko^ 



Por desgracia, son muchos todavía 
los que vilipendian á los cómicos rega- 
teando sus derechos de ciudadanos y 
negándoles hasta su indiscutible méri- 
to como artistas. 

La democracia, que derribó tantas 
barreras y ahoga sin descanso tradicio- 
nales aprensiones, deja desesperanza- 
dos á los cómicos junto á las puertas 
de la nueva sociedad; sin atreverse á 
empujarles para introducirlos de una 
vez, ni ellos a dar un paso decisivo 
que mejore su condición. 

Han cambiado de nombre y hasta de 



176 BSTÜDIO SINTÉTICO 

costumbres; pero aa fama es la mUma 
de siempre; la mayoría del público qne 
todas las noches lea aplaude, supóne- 
los eucenegados en mil torpezas, hol- 
gazanes y descreidos. 

Las maldiciones del catolicismo con- 
tra el teatro resuenan con frecuencia 
en el sonoro tornavoz del pulpito, y 
los creyentes que gustan de las come- 
dias y consideran muy noble la inspi- 
ración de los dramaturgos y muy hon- 
rado el comercio de los empresarios, 
cargan al cómico inofensivo con todas 
las culpas y aun le suponen merecedor 
de todas las penas. 

El cómico no es un auxiliar del ar- 
tista, sino un artista estudioso, inspi- 
rado y original; realzando la obra del 
poeía nos ofrece una verdadera crea- 
ción; su importancia puede fácilmente 
comprenderse notando que un gran có- 
mico, desde luego, es un buen crítico: 
veamos cómo traduce y cómo crea. 

Oyendo la primera lectura y leyendo 
por primera vez el poema escrito que 



ACHECA DBÜ. TKATaO NACIONAL 177 

debe transformar en acción, el cómico, 
Ge deja seducir por todos los encantos 
de la poesía; tiene abiertos los sentidos 
y el alma , ganoso de recoger un creci- 
do número de simpáticas emociones en . 
la obra que atento admira. Luego, apli- 
ca su sistema crítico, estudiando y so- 
metiendo al análisis todo aquello qne 
le hizo sentir, y separa de los efei^tos 
verdaderos los debidos al engaño que 
vence por sorpresa. Consigue así for- 
mar uu acabado concepto del poema 
que mueve imaginariamente á su anto- 
jo, suponiéndolo realizado sobre un es- 
cenario. Del conjunto de ideas y accio- 
nes desprende fácilmente aquellas don- 
de interviene ó por las cuales se inte- 
resa el personaje que le tocó en el re- 
parto , y deduce de las frasea que le pu- 
so el poeta en boca y de las escenas en 
que le hizo intervenir, el carácter de 
aquel personaje, bien ó mal definido, 
pero que le sirve de armadura ó esque- 
leto para montar su obra, que debiendo 
satisfacer las condiciones ya tomadas 



178 BSTODio 8nrr¿noo 



en cnenta, puede también adaptarse á 
los deseos del cómico admitiendo la ex- 
presión original y apropiada qne pre- 
tenda éste darle, como resultado de su 
estudio. 

Comienzan los ensayos, y el cómico, 
después de haber sido público para en- 
tregarse sin reservas á sus admiracio- 
nes , y crítico para distinguir y anali- 
zar los arrebatos de su alma, la sacu- 
dida nerviosa y el sentimiento ganado 
por sorpresa, es verdadero actor que 
procura identificarse con la ficción para 
sentirla como si fuera realidad. En tan 
decidido empeño abandónase á las pa- 
siones, á los deseos y esperanzas del 
personaje cuyas frases repite y cuyas 
actitudes imita; lucha por su mal y por 
su bien se afana, ó el mal desprecia y 
á la desdicha se abandona; siguiendo 
la varía fortuna que describe y señala 
el poeta, procura ser á cada instante, no 
un eco fiel que repite palabras escritas, 
ni el monigote mecánico que produce 
marcadas acciones con violencia noto- 



ACBRCA DEL TBATRO NACIONAL 179 

ria, sino el hombre que sufre ó goza, 
el que se decide ó vacila, el que des- 
confía ó espera, el personaje real de 
quien el poeta copió los movimientos 
advertidos y las palabras escritas; nun- 
ca el auxiliar encargado de seguir el ca- 
pricho del poeta. Este, imaginando una 
realidad, nos ofrece inspirada copia, y 
aquél, evocando el sueño del poeta, 
sin limitarse á la obra escrita, procura 
ofrecernos absoluta y corpórea la rea- 
lidad soñada. Con este d^seo trabaja 
en el ensayo, haciéndose impresiona- 
ble, afinando el sentimiento y recogien- 
do en la memoria, que sin cesar le ayu- 
da, modulaciones y actitudes. 

Al salir del teatro lleva el cómico 
una obra nueva que somete al análisis; 
entonces vuelve á ser crítico, compara 
el gesto y la voz con el carácter y la 
emoción, aprecia concordancias y con- 
tradicciones, rechaza cuanto le parece 
violento, impropio y desatinado, y fija 
\o que considera oportuno j tal movi- 
miento producido con violencia, tal pa- 



180 ESTUDIO SINTÉTICO 

labra dicha sin reflexión, se someten á 
estudio y se graban en la memoria. El 
carácter, que fue nervioso esqueleto, 
va revistiéndose, cobrando nobles for. 
mas y fáciles actitudes; así un día y 
otro hasta que ya no falta ningún deta- 
lle: la figura tiene cuerpo y vida. El có- 
mico la reproduce cada noche, repi- 
tiéndola de memoria sin interesar su 
corazón: ha creado una sombra y no» 
ofrece una estatua. Nadie supo com- 
prender su trabajo penoso y obscura 
cuando luchaba y se retorcía sufriendo 
como un condenado; al fin puede reir- 
se por dentro mientras nos emociona; 
ya no hace más que sostener un fantas- 
ma en cuyo cuerpo se oculta; mientras 
nosotros le admiramos y compadece- 
mos, él recrea su pensamiento muy le- 
jos del escenario, donde sólo asiste in- 
diferente para servir de pedestal á su 
obra. 

Quien realiza tan inspirado trabajo, 
¿no crea? 

Digimos que los cómicos habían re- 



AOGHOi DRL TBATKO NACrONAl ISl 

nunciado á su glorioso nombre: ahora 
se llaman actores. No tieae la nueva pa- 
labra tan expresiva significación como 
la otra, ya en desuso, porque se la juaga 
humillante. Respetando el capricho de 
los artistas cuyas glorias alabamos, no 
ilejaremos de reprochar su ligereza. 
Cuando rehusan nn título respetable, 
porque les avergüenza, olvidan que 
fueron cómicos Lope de Rueda, Shakes- 
peare y Müliére. Después de honrarlo 
tales genios, imposible parece que de- 
graden un titulo miserables hombres. 

Siendo el cómico un artista verdade- 
ro y grande, como los más originales, 
¿desprecíasele acaso porque cuando el 
poeta, el pintor y el músico nos ofre- 
cen sólo su alma, él para divertimos 
Tese obligado á ofrecer y transformar 
8U cuerpo? 

¿Hacen cosa distinta el orador que 
canta sus ideas en acicalados períodos, 
manoteando y rugiendo para mentir 
pasiones, y el palaciego que viste unL 
forme con mil bordados y repite una 



ñ 



182 BSTUDIO sintíetioo 

frase mal aprendida mientras asiste á 
preparada ceremojiia? 

¿Hacen cosa distinta las mujeres, en 
paseos, bailes y comidas? Nuestra so- 
ciedad luce su carne palpitante , y ofre* 
ciéndola siempre á voraces mirac^as y 
á lascivo contacto, se recrea; pero quie* 
re fingirse pulcra y escrupulosa, y al 
salir de las Cortes ó del Senado , donde 
los caballeros imitan 4 I09 actores, y 
antes de penetrar en el. baile ó en la 
tertulia, donde las damas remedan á 
las actrices, váse al teatro, á divertirse, 
despreciando á los cómicos , por el solo 
crimen de poner de reüeve un arte se- 
ductor, ostentando su cuerpo sobre la» 
tablas. 

Asunto cien veces discutido y nunca 
puesto en claro es el de la naturalidad 
en la escena, que cada cual entiende á 
su modo, pues valiéndose de los mis- 
mos razonamientos que alegan los de- 
fensores del naturalismo en el arte, 
hay que apreciarlos & través de dos 
nuevas condiciones: la suspicacia del 



AOEBCA SEIL TBA.THO NACIONAL 188 

público y la perspectiva teatral. Tan 
difícil es tenerlas en cuenta que, reco- 
rriendo la historia del teatro, las ideas 
d© críticos y actores famosos, no sólo 
no desvanecen, sino que aumentan las 
confusiones. Diderot presenta como un 
prodigio de gracia y naturalidad á ma- 
dama Clairon. Taima prefiere al com- 
puesto artificio de aquélla el apasionado 
arranque de MUe. Dumesnil y aclama 
entusiasmado á Lekein, suponiéndole 
nn dechado de perfecciones. Romea 
apunta que "Lekein, discípulo de Vol- 
talre, representaba la tragedia como el 
maestro la escribía, es decir, hiriendo 
á los espectadores con fuerza y brillan- 
tez, pero sin verdad ni sentimiento,,, 
y añade, que "Taima desde sus prime- 
ros pasos en la escena apareció comple- 
tamente libre de la falsa grandeza de 
los héroes de la tragedia, „ y que "sus 
maneras fueron sencillas y nobles, so 
dicción natura] y acentuada.^ 

Diderot estaba acaso en lo justo al 
suponer excesiva la realidad sublime d& 



184 BSTÜDIO SINTÉTICO 

MUe. Dumesnil, que se abandonaba de- 
masiado al sentimiento; pero, ¿cómo 
deducir de sus apreciaciones la impor- 
tancia de Mme. Clairon que Taima juz- 
ga duramente? ¿Y, quién aprecia el mé- 
rito de Lekein, al cual Romea juzgó 
afectado y á quien puso por modelo 
Taima, ofrecido más tarde como un 
modelo por el mismo Romea? 

El teatro, que admite las convencio- 
nes de todas las artes ^ tiénelas además 
propias y exclusivas de su naturaleza» 
En teoría luchan dos ideas fundamen- 
tales; una reclama del cómico, insensi- 
bilidad completa para que la pasión no 
venza el estudio, y otra considera im- 
prescindible una finura de sentimiento 
capaz de percibir como verdaderas las 
pasiones fingidas por el artista. 

En lapráctica, tales teorías no son en 
absoluto aplicables, pero una con otra 
se funden y completan. Ya dijimos có- 
mo realiza su estudio un actor, y fácil- 
mente podemos apreciar que, sin gota 
de sentimiento, no se consigue un razo- 



r 



ACHUICA DBL TBATRO NACIONAL 185 

nado estudio, y sin completa serenidad 
no 8© logra una precisa representación. 

Imposible parece marcar límites á la 
tolerancia del público, y, por lo tanto, 
á las libertades que puede permitirse 
nn cómico, y en este asunto escabroso 
nos limitaremos á recoger algunas pa- 
labras de C Coquelin. 

El afamado socio de la Comedie Fran- 
¡aise dice: 

"Procúrese la ilusión de la realidad, 
pero solamente la ilusión. Hay multi- 
tud de sentimientos y sensaciones que 
no deben reproducirse jamás en el tea- 
tro, porque no los tolera el público y 
este motivo es de sobra poderoso para 
eliminarlos. „ 

¿Qué rechazan la cultura y la mali- 
cia de los espectadores? Difícil seria 
precisarlo; porque hay mil ideas arries- 
gadas, que la delicadeza de la frase pue- 
de vestir, y mil situaciones, que una se- 
vera y noble actitud puede salvar. 

El estudio y el criterio del cómico 1© 
servirán de guía. 



XV 

Píofelem^ 



Las obras de pintura, escultura ó 
poesía lírica, débense únicamente al 
geuio de un hombre bastante poderoso 
para crearlas. 

A través de los ti^empos, el público 
suma las emociones percibidas, dando 
lugar á nuevas emociones más genera- 
les y completas; y la crítica reúne sus 
notas fundiéndolas en un solo trabajo, 
que ilumina y realza la creación del 
arte. 

"Hay dos maneras de ser en el hom- 
bre, — dice H. Taine, — una que recibe 



i 



188 BSTÜDIO SINTÉTICO 

de la sociedad , otra que á la sociedad 
aporta ; una que es adquirida, otra que 
es innata; una que las circunstancias 
producen, otra que de la naturaleza 
procede. „ 

Ambas determinan los movimientos 
de su espíritu estableciendo entre la 
sociedad y el individuo una recípro- 
ca herencia que generaliza las ideas 
individuales al mismo tiempo que in- 
dividualiza las ideas generales; esta 
doble corriente descubre las relaciones 
mutuas del genio y su medio , muy va- 
riadas por el espacio de tiempo que las 
determina y la intensidad con que se 
producen: pero siempre ajustadas al 
orden invariable de los tres periodos 
perfectamente señalados por Guyau : 

^1.^ La sociedad real preexistente que 
cobija y hasta cierto punto determina 
al genio. 2.^ La sociedad idealmente mo- 
dificada que el genio concibe, el mundo 
de voluntades, pasiones é inteligencias 
que crea en su espíritu y es una espe- 
culación sobre lo posible. 3.® La forma- 



r': 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 189 

ción de una sociedad nueva constitui- 
da por los admiradores del genio que 
tienden á realizar por imitación la in- 
novación, j^ 

El escultor y el pintor, el poeta lírico 
y el novelista, reciben de la sociedad, 
como todos los hombres, una manera de 
ser que caracteriza la época en que na- 
cieron; pero como es en ellos poderosa 
la otra manera de ser innata recibida 
de la naturaleza, pueden reconcentrar- 
se, vivir de sus aspiraciones, abst raidos 
hasta el punto de que lo externo haga 
en su espíritu poca mella. Sus obras no 
se compondrán con los elementos de su 
limitada sociedad ; su vida será inten- 
sa pero no concretándose ¿ la realidad 
presente, sino á verdades que puede 
convertir el tiempo en realidad futura, 
juzgaráse acaso incomprensible^ inani- 
mada y fría. 

Pero los reteridos artistas fijan en la. 
tela, en el mármol y en el papel sus 
inspiraciones, y grabadas quedan para 
que á todas horas las admiren los que 



190 BSTÜDIO SINTÉTICO 

sienten como ellos ; al principio se- 
rán mny escasos los elegidos , la crítica 
se mostrará indecisa, la multitud indi- 
ferente; pero poco á poco iráse revelan- 
do en el tercer periodo la nueva socie- 
dad, no sólo por la imitación de la in- 
novación propuesta por algunos, sino 
por la herencia directa;, por la intuición 
que hirió al artista desde muy lejos y 
se ofrece á todos cuando la verdad toma 
f(»rma concreta para que todos. ayuden 
á realizarla. El artista fue un ilumina- 
do que después de imaginar sintetizó 
en su obra sus aspiraciones; cuando lle- 
gan á ser éstas las de una sociedad en* 
tera, el artista es proclamado genio y 
con su obra se regalan todas las inteli" 
gencias. 

Por naturaleza, el teatro no goza en 
este concepto los recursos de las demás 
artes; como los conquistadores heroi- 
cos, necesita vencer desde el momento 
que se lo propone; no siembra ideas 
para que con el tiempo fructifiquen, 
sino que recogiendo esperanzas y de- 



ACBBOA DBL TBITKO H4CIOBAI. 191 

seos, preséntalos al mniido en un cua- 
dro de palpitante realidad. 

El poeta lírico, el novelista, ofrecen 
á sns lectores nuevas ideas , pero no ha- 
cen más que reproducir sus emociones. 
El dramático no pqede salirse de la 
social atmósfera que todo lo envuelve, 
no puede contrariar ni combatir, pero 
moviéndose dentro de un círculo al pa- 
recer estrecho, puede, absoluto dueño 
del corazón, infundirle sentimientos 
que desconocía, ofrecerle una realidad 
que le seduce y exalta. 

El teatro es una noción , con tan po- 
derosos elementos de la realidad forma- 
da, que presenta todo el atractivo y aca- 
so más relieve que la misma realidad, 
porque, prescindiendo de lo que pudie- 
ra en el sentido artístico dañarla, oca- 
sionando el disgusto que inspiran laa 
cosas viles ó excesivamente materiales, 
concentra la vida de los personajes, en 
un reducido espacio j en corto tiempo. 
El público se fascina y sigue el poe- 
ta como un visionario, olvidando, con 



1 



192 BBTUDIO SINTÉTICO 

aquella vida ficticia que le halaga, la 
vida verdadera que le asusta. Claro, que 
la evocación jamás puede ser duradera, 
pero el alma guarda el recuerdo de sus 
emociones, y por un trabajo reflexivo 
las transforma en inspirados pensa- 
mientos que la inteligencia iluminan. 
Si alguien supone que un imprevisto 
asombro ganado por sorpresa y tan 
presto desvanecido, determina una infe- 
rioridad para el teatro con relación á 
otras formas del arte , recuerde que los 
arrebatos entusiastas que precipitan los 
ejércitos en la pelea, las combinadas 
arengas de los jefes, los discursos revo- 
lucionarios, el aparotoso atavío de las 
Cortes, las extremas decisiones de los 
rej^es; en una palabra: todos los movi- 
mientos del heroísmo, que subyuga y 
arrastra, no fueron otra cosa que re- 
cursos de teatro. De pronto, sorprenden 
y fascinan como una visión, ayudados 
por la enérgica síntesis; luego, ya rea- 
lizada la obra, se atiende á sus conse- 
cuencias y no á sus procedimientos. 



■ 



ACERCA DEL TBJATRO NACIONAL 193 



¿Alguien se atreve á pronunciar contri 
uso tan admitido su fallo condenatorio? 

¿Qué fue , sino una escena teatral el 
abrazo de Vergara? Era poco firmar la 
paz y publicarla; en el campo se acor- 
dó gráficamente con un espectáculo. Y 
no citamos nuevos ejemplos recientes 
y expresivos para que nadie los tache 
de ironías, en este lugar inoportunas. 

La sociedad, — la buena sociedad, — 
es una comedia en toda la extensión de 
la palabra ; como más elevado un per- 
sonaje sea, más puntos de contacto mos- 
trará con el cómico. 

Napoleón el grande tuvo un amigo 
verdadero á quien sin aparentosas ma- 
neras distinguía; el amigo era Taima, 
con el cual mostrábase franco y senci-. 
lio el héroe que, ante príncipes y reyes, 
ante su ejército y su pueblo, ante alia- 
dos y enemigos se presentaba cuidado- 
so de su papel, como el otro declamando 
ante su público. 

El mundo era un teatro para el hé- 
roe: hallándose solo en presencia de 

18 



194 BSTUDIO SINTBTICO 

Taima prescindía del fingimiento y se 
manifestaba expontáneo. Con serlo no 
arriesgaba mucho: hasta su alcoba era 
escena para él, pero al dirigirse á Tai- 
ma se creía entre bastidores. 

¿Ha desvanecido esta circunstancia 
la gloria de Napoleón y debilitado su 
obra? 

Si el héroe no usara de teatrales re- 
cursos exaltando las vehementes aspi- 
raciones de la multitud , siguiéndola 
unas veces y otras fascinándola, con- 
fundiendo sus temerarias ideas con las 
ideas vulgares, su ambición elevada 
oon el símbolo de todas las ambiciones, 
jamás realizaría su propósito dando 
lugar á que se juzgara locura su he- 
roísmo. 

Nada logran la voz que dirige y el 
brazo que levanta una bandera si la 
voz no encuentra eco en todos los co- 
razones y la bandera no simboliza un 
pensamiento popular. 

El genio de Napoleón, independien- 
te, hubiera sabido trazar el proyecto 



ACEBCA DBL TEATBO NACIONAL 195 

de SU9 couquiatas calculando el resul- 
tado de supuestas batallas; pero para 
cocaagiiir sus. propósitos fuéle necesa- 
TÍo valerse del espíritu de la Francia. 

¿Gsta colaboración amengua el mé- 
rito de au obra? Cien años antes ó cien 
-ftñoj después, probablemente no hubie- 
ra sido tan grande la victoria que de- 
terminaron en un momento: su genio 
incomparable, la Revolución francesa 
y el estado de toda Europa; lo cual, ni 
disminuye la gloria del Emperador ni 
neutraliza el resultado de sus atrevi- 
mientos. 

Napoleón es el espíritu de una época 
famosa que su figura simboliza. 

También el teatro necesita para exis- 
tir la reunión de análogos y varios ele- 
mentos: el genio del autor, el trabajo 
del cómico y el gusto del público. 

Si estas condiciones no concurren, 
componiendo la obra teatral en un pre- 
ciso momento, no hay éxito posible, ni 
fama duradera; pero cuando se aunan 
y amalgaman, producen el espect&cnlo 



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es. 



196 ESTUDIO SIKTériCO 

más brillante , conmovedor y humana 
que puede humanamente concebirse. 

Como es difícil que un dramaturgo- 
representando su ideal coincida en ab> 
soluto con el ideal del pueblo y en una 
época determinada encuentre, al ofre- 
cer sus obras á la escena, un genia 
hermano que sobre la escena las haga 
vivir como él en su imaginación, se im» 
ponen por necesidad imprescindible^ 
mutuas condescendencias y atencio- 
nes constantes, incógnitas de un in- 
trincado problema que no es fácil de 
improviso resolver , pero que vamos á 
enumerar. 

Siglos hace ya que murieron Sha* 
kespeare, Lope y Moliere; desde aque- 
llos tiempos, hasta los que. hoy corren, 
la crítica no hia descubierto un sola 
nombre que representara más digna- 
mente las glorias del teatro; y no por 
falta de observaciones ni de afortuna- 
dos hallazgos; obras hay más origina* 
les, más inspiradas y correctas que las 
de los grandes genios conocidos , quie- 




197 



nes recogieron aquellas apropiándose á 
veces asuntos, escenas y hasta versos, 
¿Por qué razón sus autores no alcanza- 
ron la brillante aureola de la inmorta- 
lidad? Porqne no supieron condeacen* 
der con su público, hacerse comprensi- 
bles y agradables á bus contemporá- 
neos. 

Hay que tener en cuenta las especia- 
les condiciones de la escena, el espirita 
moderno y popular de sus obras. TJn 
dramaturgo aspira siempre al éxito in- 
mediato, porque refleja masque nin- 
gún otro artista el conjunto de simpá- 
ticos ideales que agitan el cerebro del 
pueblo. He aquí por qué , la escultura, 
la pintura, la poesía lírica y hasta la 
música de otros tiempos, nos pare- 
cen menos anticuadas que las come- 
dias. 

Mientras Lope seguía la corriente del 
pueblo, estudiando sus gustos y sus as- 
piraciones, hubo un poeta, más que to- 
dos atildado y correcto, más que todos 
original y profundo, que se obstinaba 



BBTDDIO 8IMTBT1C0 



i 



prodncienáo una forma nueva, entonces 
uo comprendida, 

Este poeta era Don Jnau !RuÍz de 
Alarcón, que foe silbado, porque no 
pospuso sus aciertos & la moda corrien- 
te, y, amante de la poesía, no se dojabGb 
seducir por inoportuno lirismo, ni sa- 
crificaba la verdad á la sorpresa, ni el 
carácter al movimiento escénico. 

Hoy sus comedias ofrecen un modelo 
acabado á los que siguen la moderna 
corriente, por el ilustre mejicano (an 
bien marcada y comprendida; pero ¿sir- 
ven al público de solaz y entreteni- 
miento como las qn© hoy se producen? 

Seria una temeridad afirmarlo. 

El pensamiento moderno está re- 
presentado allí por hombres antiguos, 
la forma es nueva, pero viejas las cos- 
tumbres, el sentimiento verdadero, pero 
falsa la invención. 

Un hidalgo del siglo svi, resabiado 
por el romanticismo del aflo 30, intere- 
sa más que una figura de Xa verdad sos- 
j?ecAo8a, precisamente porque se aparta 



^ 



ACBBCA DBL THATBO NACIONAL 199 

de la verdad histórica, que llegamos á 
comprender, pero no á sentir, precisa- 
mente porque sus defectos le acercan 
más á nosotros. 

No pndiendo el poeta dramático es- 
perar nada del porvenir si no conquis- 
ta entre sus contemporáneos alguna 
gloria , necesita, no sólo ajnstar sus 
creaciones á los ideales del público, sa- 
tisfaciendo la condición determinante 
del teatro , sino amoldarlas, en cuanto 
le sea factible, al talento de los actores. 

Estas condescendencias, empleadas 
con mesara, no humillan al genio ni lo 
empequeñecen. Téngase presente, como 
ya digimos, que los cómicos y el pú- 
blico determinan tina verdadera cola- 
boración. 

Derechos tienea y con justicia recla- 
man respeto y atenciones. 



4-5- 



í 



XVI 



Las hay tan pernicioaas para el tea- 
tro, que agobia recordarlas, pues no 
sólo comprometen su porvenir, sino 
que también lastiman su decoro. 

La trivialidad injusta de la critica, 
la sordidez incomparable de las empre- 
sas, el orgullo y la ignorancia de los 
cómicos, el atrevimiento sin medida de 
los traductores, la insuficiencia de los 
edificios, la torpe sonsualidad que todo 
lo invade y el extranjerismo y la pe- 
dantería que se reparten el trono de la 
moda, reina soberana, son, más que 
verdaderos enemigos del teatro, tarco- 



202 KBTUüio BiüTÍrrico 

mas que lo roen , parásitos que lo de- 
bilitan y vicios que lo encanallan, 

Pero afortunadamente, tantos y tan 
vergonzosos males tienen cnra. Basta- 
ria la sombra del Gran Teatro N acio- 
nal para que se borraran loa defectoa 
que hoy se ostentan sin cuidado , bas- 
taría su hermosa presencia para que se 
hundierau para siempre las Escenas mi- 
serables anidadas en viejos caserones 
que ofrecen al mismo tiempo constante 
peligro y problemático divertimiento, 
bastarla su organización severa para 
que la imitaran los que hoy viven aiu 
ley ni orden, dando lugar á qne los 
más razonados litigios del teatro, ae 
consideren también comedias en los tri- 
bunales de justicia. 

Después de realzar por todos los me- 
dios que á nuestro alcance bailamos y 
en los estrechos límites de nuestro rá- 
pido estudio cabían , las excelencias del 
arte dramático y la idea generadora del 
Gran Teatro Nacional, parécenos opor- 
tuno escribir para que acompañen á la 



ACKKCA DBL TSATSO HaOIONAIi 203 

síntesis de su pasado y é. las hipótesis 
en que se funda su brillante porvenir 
algunas ligeras notas que nos conduz- 
can & la patente realidad. 

Antes de ofrecer dos ejemplos com- 
pletos, veamos de pasada, como quien 
sobre fuego camina, ciertas desdichadí- 
simas actttíüidades. 



maBOOIÓN DB LOS TBATB08 



¿Saben ustedes quién dirije casi todos 
los teatros de Madrid? ¿Qué títulos 
acreditan los llamados injustificada- 
mente directores? ¿Quién se preocupa 
de tales pequefieces? 

Nadie tiene la culpa de qu9 sucedan 
las cosas como suceden. 

¿Aqné obliga el reglamento, la ley 
orgánica de los teatros? ¿Dónde bailar 
el reglamento? ¿Dónde la ley aplicable 



/ 



V 



*■• 



^*>*. 




204 SSTODIO SUVTÉnOO 

á espectácnlos públicos de tan elevada 
naturaleza? 

Ya sabemos que no debe atribnirse 
al Teatro la influencia qne pretendía 
Schiller, aprovechable como arma pode- 
rosa del Gobierno en los negocios del 
Estado; pero nadie ignora de qué modo 
puede influir en las costumbres, re- 
uniéndose, como en él se reúnen, atraí- 
das por su atractivo, todas las clases de 
nuestra sociedad. 

El teatro, que puede, recordando pa- 
trias virtudes, ejercer noble influjo en 
el espíritu nacioaal, puede, sin duda, 
enardeciendo pasiones bastardas, pro- 
ducir muy contrarios efectos. 

Ahora bien, si la escena es capaz de 
proporcionarnos provechos honrosos ó 
males irreparables, justo parece que se 
designen para regirla hombres de acre- 
ditados conocimientos. 

¿Por qué hay leyes que al duefto de 
una industria le obligan á compartir 
con un ingeniero su empresa, y no las 
hay que limiten y restrinjan las direc- 



ACBRCA DBL TEATRO NACIONAL 205 

ciones de los teatros, por el sórdido 
empresario, sino por ignorante cómico 
de^empeñadas? ¿Por qué se abandona 
un arte civilizador , útil y productivo, 
á la merced , al capricho de cualquiera, 
que puede sacrificarle á miserables y 
y odiosas raterías? 

— Esto no va, — dice un trapero reti- 
rado que tomó una empresa. 

— Esta obra no es representable,^— 
murmura un comediante que dirijo una 
sociedad formada en comandita, sin in- 
teligencia y sin recursos. 

¿JRazones? 

— Yo velo por mis intereses, — grita 
el trapero retirado. 

¿Argumentos? 

— ^Yo entiendo la práctica y sé más que 
los autores, — vocifera el comediante. 

Y el autor, que puede ser un genio, 
sale humillado y aturdido, tal vez en 
busca|de la muerte, ó a cobijarse contra 
las intemperancias de la honradez en el 
seno del vicio. 

Entretanto el público, en vista de lo 



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206 



BSTODIO 8INTETI0O 



que le dan, silba, se abarre y se aton- 
ta ó enloquece. 






LA CBtTICA IMPBESIONISTA 



Los periódicos diarios,— dígase lo 
que se quiera, — son el verdadero eco 
de la opinión. 

Pero en el mundo hay muchas opi- 
niones, y los periódicos, en sus noticias 
teatrales, generalmente copian la opi- 
nión de la Empresa ó la del amigo. 

La prensa diaria es, antes que todo, 
política, y deja en olvido muchas mani- 
festaciones de la Sociedad que merecen 
interés acendrado, siendo las más des- 
atendidas la literatura en general y 
particularmente la dr&unática. 

En las redacciones, distribúyense 
como pan bendito las butacas de los 
teatros. 



ACEBCA DEL TEATRO NACIONAL 207 

Muchas veces nadie quiere ir al es- 
treno, porque hay en otra paite día de 
moda , primer turno , compañía extran- 
jera ó despedida de algún portento de 
tentadora hermosura, y, un Z, se com- 
promete á escribir el estreno á cambio 
de las butacas. 

Así va el comte rendu improvisado 
siempre ó escrito de antemano: dos ma- 
neras de criticar inverosímiles. 

A una zarzuelilla en un acto y vein- 
te disparates, dedicanle media colum- 
na, y á una comedia digna do serio es- 
tudio siete líneas; al triunfo de un tra- 
ductor un extenso artículo , y á la de- 
rrota incalificable de un verdadero poe- 
ta, ni dos palabras que le animen. 

Llega un íntimo de la casa , hombre 
á quien el último tijereta debe favores 
y tres duros. 

— Oye, tijereta y — dice bajito el colo- 
so, — me revienta dramático y esta no- 
che le van ¿ estrenar una obra. 

— Yo iré al teatro y veremos, — con- 
testa exaltado tijereta, — espero que sal- 



ESTUDIO sitrmico 



!► 



dr& mal. De todos modos ya verá usted 
qné palo voy á darle mañana. 

Y tijereta, qua no conoce á dramáti- 
co, al día siguiente lo desuella vivo. 

Por fortuna, esto no es todavía tan 
írecueDte como ciertas concesiones otor- 
gadas al compañerismo y á las íntimas 
amistades. 

— Tijereta, —dicB á su tocayo el reo 
en capilla. — Esta noche á la cuarta va 
jsú. patoáiada cómica, — (tales títulos con 
frecuencia se repiteu , y hasta se ratifi- 
can con mucha frecuencia). — Ayer tuvo 
éxito el disparate lírico de Pepe, ya 
comprendes que yo no puedo quedar 
atrás. 

— ¿Tú? Calla, hombre, te aseguro un 
éxito. 

Sucederá lo que suceda; pero el pe- 
riódico al día siguiente añrma que los 
aplausod dedicados al tijereta número 
dos fueron atronadoret. 

Y los periodistas formales no se pa- 
ran en estas niñerías. La sección de 
teatros se acorta ó se alarga según el 



ACBBCA DBL TSATBO HACIONAI. 209 

original que haya en la impreata. 

De cuando en cuando el director del 
periódico recibe un B. L. M. de algún 
empresario. El B. L. M. suele ser una 
gneja siempre justificada y con restric- 
ciones. 

¡Ojo 4 loa pases y ¿ las butacas de 
convite! £s indispensable recomendar 
k los tijeretas que s;an benévolos. 



TEADÜCTOBES ESPONTÁNEOS. 



Ayer todavía era un modesto emplea- 
do que copiaba listas ó extendía reci- 
bos, un estudiante que no supo nunca 
escribir los apuntes de las asignaturas, 
un actor de última fila, un sobrino del 
empresario, un hermanastro del porte- 
ro ó cosa parecida. 

Hoy, ¿quién le tose? Van á, estrenar- 
le una comedia francesa que ha hecho, 



210 ESTUDIO SINTÉTIOO 

sin variar el nombre de los personajes 
ni el del pueblo donde la escena se des- 
arrolla, ni casi las palabras, pues^ue- 
da el diálogo medio en gabacho. Dice 
que tradujo su óbra^ que la vertid al 
castellano y que no la qui?so arreglar 
porque respeta los principios y los de- 
reclios de los otros autores y quiere 
ofrecer íntegro al público el pensa- 
miento del autor francés. 

La noche del estreno, el hombre no 
puede reprimir las convulsiones ner- 
viosas que declaran su inquietud, y los 
amigos le animan diciéndole: 

—i^o tengas cuidado; tu obra se sal- 
vará; en París gusta mucho. 

Pero el público, que no está en Pa- 
rís, generalmente no queda satisfecho; 
á pesar de lo cual nunca falta quien gri- 
te con descompuestas voces: ¡El tra- 
ductor ! ¡ el traductor ! 

Y , sudoroso y bonancible , sale á es- 
cena el supuesto padre de la criatura. 

Cuando traducían y arreglaban obras 
francesas. Bretón de los Herreros, 



AOKBCA DKL TBATBO NAOIONIL 211 

Harzembuscb, Q-arcía Gatíérrez, Ven- 
tura de la Vega y Tamayo, tuvieron la 
bneoa costumbre, — y lo mismo hacen 
ahora el ingeniosísimo Vital Aza y al- 
gunos otros, — de imprimir al pensa* 
miento francés un marcado españolis- 
mo, apropiándolo í nuestros gustos, & 
nuestras costumbres y, — sobre todo, — 
¿ nuestro idioma. 

Los novísimos traductores deadefian, 
tal vez por considerarlos pedestres, tan 
acertados procedimientos y nos ofrecen 
la flor del ingenio extranjero con sus 
naturales colorea y sus verdaderos per- 
fumea. 



BETAZOS DB HI8T0BIA. 

Luego hará un año; esto fue una 
diabólica tentativa: buenas intenoio- 
nes y locos proyectos. Un hombre, acá- 



212 ssTDDto BiKxénco' 

so entusiasta, pero despechado y ¿por 
qué no decirlo? incompetente, abrió nn 
cerlamen de obras dramáticas, propo- 
niéndose representar las mejores, ün 
semanario mny leído aprovechó la oca- 
sión para ridiculizarle y para decir & 
sos lectores (este sin duda era su pro- 
pósito culminante) lo mucho que pena- 
ban los empresarios por no recibir 
obras baenas y originales, y que no 
existia un genio dramático en España 
desamparado por las escenas modernas; 
en una palabra, que todas las cartas 
del juego estaban á la vista. 

¡Buena fue la oportunidad y no se 
desaprovechó ! 

Los pieceros insulsos y los traducto. 
res improvisados, no satisfechos con ser 
en el templo mercaderes, aspiran á 
dioses. 

— No hay más que lo nuestro, — vo- 
ciferan. — Lo que no se vé no existe. 
¡yÍTan los ciegos! 



ACERCA DBL TEATRO NACIONAL 213 

Ayer, despidiéndose del público un 
actor famoso, en lugar de alentarle con- 
tra las injusticias y abusos de necios 
explotadores , hacía coro á su voz ex- 
clamando convencido: — "lo dice todo el 
mundo, el Teatro Español ha muerto.^ 

Pero al desaparecer el rey de la es- 
cena, un rayo de poética y amable cla- 
ridad iluminóla. 






Hoy se inaugura el Nuevo Teatro de 
Bilbao, representando una ópera ita- 
liana. 

Así van las cosas. 

Admitiendo tales procedimientos, ya 
sólo falta que se pongan en los altares 
de nuestras iglesias ídolos chinos, por- 
que los consideremos algo más gracio- 
sos que las imágenes católicas. 



XTII 



No somo' ilusos tratando del porre- 
nir, ni pesimistas refiriéndonos al pre- 
sente; descubrimos llagas que muchoa 
conocen, proyectos que la mayoría ig- 
nora, necesidades que todos compren- 
den y nadie formula. El teatro en Es- 
paña es victima ée abandonos y des- 
aciertos inauditos; pero no todo es des- 
ventura: también hay positivas espe- 
ranzas y seductoras realidades. 

Aunque muchas podríamos citar, só- 
lo á dos obras haremos referencia, dan- 
do á conocer de antemano las causas 
que nuestra elección motivan. 

Recordaremos El Guardián de la ca- 



216 ESTUDIO SINTÉnCO 

sa, comedia de Cefexiiio Falencia, por- 
que nos dará pretexto para escribir el 
nombre de su esposa doña María Tn- 
bau, cuyo talento es digno de grandes 
encomios. 

El Gitardián de la casa, — obra muy 
atendible y justamente celebrada , — 
mereció una interpretación primorosí- 
sima, levantando, con el aplauso entu- 
siasta del público, un coro de alaban- 
zas prodigadas en la prensa, sin re- 
gateo, por la crítica más descontenta- 
diza y severa. 

Sin esta circunstancia, la dnda hu- 
biera sido para nosotros embarazosa, 
porque siguiendo la comedia moderna 
un rumbo incierto, no se debe, sin 
largas vacilaciones, aconsejar una pre- 
ferencia decidida. 

Respecto al drama, no dudamos al 
escoger, habiendo sido tan oportuno 
como ruidoso y verdadero el éxito de 
La Bofetada. El teatro que ofrece tales 
creaciones, cuando agonizante se le con- 
sidera, es aún el primero entre todos. 



ACERCA DEL TBATBO NACIONAL 217 

Don Pedro de Novo y Oolson, drama- 
turgo de legítima cepa castellana, pro- 
curó hace tiempo, enaltecer la moder. 
na draniática española^ injustamente 
vilipendiada, publicando con lujo insu- 
perable sü colección de Autore» contem- 
poráneos. 

La empresa fue patriótica ^ difídily 
de ruinoso resultado; p**ro Novo pre- 
tendía honrar el arte á que Lope dio 
cuerpo y vida, y con este fin propu- 
so al Municipio la creación del Oran 
Teatro Nacional. 

Como editor, la patria le abandona- 
ba , obligándole á regalar su fortuna, 
en un precioso libro convertida; como 
empresario, el Ayuntamiento de Ma- 
drid , ignorante de su propia gloria, 
desatendía su proyecto. 

Novó es militar y español; recordan- 
do tal vez su estancia en el río Cauto, 
donde viendo perecer dos tripulaciones, 
conservó su lugar, atrevido y sereno, al 
ver morir dos esperanzas, tampoco su- 
po rendirse. 



^18 aSTUDIO SINTÉTICO 

Impresionado, febril, en difícilea cir- 
CTinatancias y en tiempo escaso, creó 
La Bofetada. 

Los hombres ilnstrea, los qae gobier- 
nan, los qne legislan y rigen, pnedeu 
ser insensibles y obscuros; pero el pue- 
blo, qae tiene corazón y espirita nacio- 
nal, aplandiendo la obra de Novo, con 
entusiasmo ardiente, probó una vez 
más que no debe morir el teatro en 
KspaRa; y si otra pmeba se necesi- 
ta — lo será — indiscutible, sin duda, el 
gilencio de sus detractores. 

En El Guardián de la casa, como en 
todas las casas, por bien guardadas 
que se hallen, hízose viejo el rebozo: 
las alusiones á la Sociedad Protectora 
de Animales y Flautas, el ridiculo ína- 
lamente lanzado contra el naturalismo 
literario y tal vez algunas cosillas más. 
Pero, esto ¿qué importa? Con escasísi- 
mo trabajo podría el autor prescindir 
de tales pequeneces y aun sustituirlas 
por algo más oportuno y sabroso. Aho- 
ra y ai«mpre, — hágase ó no se haga 



ACERCA DBL TB&TSO RAClONAt, 219 

el arreglo — cualquier público admirará, 
con interés el cuadro, cuyas tintus de- 
licadas avaloraii con sus movibles ac- 
titudes los caracteres de Carmela, don 
Justo y don Pío. 

Sencillez en la concepción, irrepro- 
chable gusto en el desarrollo , firmeza 
en las lineas, verdad y finura en el len- 
guaje, delicadeza en los pensamientos, 
y brío, y gallardía esencialmente caste 
llana, en el diálogo, que se tiende con 
dulzura sobre los armoniosos versos, co- 
mo una silfide placentera, sobre un le- 
cho de aromáticas ílores. 

Todo esto se siente y se admira en. 
El Guardián de la casa. 

Sin aparatosas ostentaciones, ni filo- 
sofías, que la^ más de las veces resultan 
inoportunas ó trasnochadas, la obra de 
Ceferino Falencia ofrece á la reflexión 
del púbüco un problema social de suma 
importancia, 

Carmela es víctima del abandono de 
sus padres, unas vobres gentes ricas y 
necias que por atender á suü capricho- 



220 . , BSTÜDIQ SINTÉTICO 

«as pasiones insustanciales, descuidan 
serios cuidados. 

El caso requiere algún estudio; hay 
^uien abandona torpemente á sus hijos 
'en medio de la calle ó iBn el tomo de 
una Inclusa; pero no falta quien los 
abandona en medio de un lujo suicida 
•ó en el torbellino de la frivolidad; con 
la diferencia de que aquéllos no igno- 
ran su crimen, y éstos juzgan su con- 
ducta honrada y decente. 

Asi, cuando hace cargos don Justo al 
insensato don Pío, refiriéndosela los 
devaneos y locuras de Carmela, don 
Pío se defi*inde alegando, para discul- 
parse razones como ésta: 

Si mil veces se lo he dicho ; 
si no ha tenido un capricho 
qué no le haya satisfecho. 

Don Justo se desazi^nft, sabiendo por 
experiencia desgraciada los disgustos y 
las tolrturas que consigo acarrea siem- 
pre la mala educación de una mujer, y 
recordando á su esposa que , fue otra 



AGBBCA DEL TEATRO NÁÓIONAL 221 

Cariiiela, no sabe tesignarse á que stt 
hijo sea, como él , desgriaciado. 

Generalmente, la madre que abando- 
na ó educa libremente á sn hija peca 
de frivola y mundana. El autor pu- 
do hacer un tipo dando al personaje 
presentado en doña Nora, más genera- 
lidad y hasta más verdadero colorido; 
pero esto podía ser atriesgado, porque 
los desarreglos ó los vicios de la madra 
iban á deslustrar la pureza que aún 
conservaba la hija en medio de su fri- 
volidad. 

El recurso adoptado parece oportu- 
no; el problema estriba en que ni el 
marido ni la mujer atiendan á la edu- 
cación de la inocente criatura, y es líci- 
to plantearlo, procurando que los en- 
tretenimientos á los cuales el matrimo- 
nio consagra su vida, aparezcan trivia- 
les, pero no vergonzosos. El padre pudo 
ser un hombre que pasara su vida en. 
el casino y en el boudoir de alguna cor- 
tesana; la madre una mujer capricho- 
sa, dominada por el fastuoso lujo y ana. 



222 BSTUDIO SIHTÉTIOO 

acaso por el capricho intransigente de 
cualquier adulterino goce. Más huma- 
na y in&9 común sería esta interpreta- 
ción, pero la que adopta el poeta es 
más cómica y más delicada, sin apar- 
tarse de la verdad en lae tendencias 
generales. 

Don Fio es una figura perfecta ; nada 
le sobra y nada le falta; su manía es, 
por desgracia, bastante corriente para 
que nadie ponga en duda lo verosímil 
de sus extravagancias, que le conducen, 
por el bien justiñcado recurso de la co- 
dorniz, á ser él mismo quien haga la 
seña que aguardaba el bribouazo de 
Alberto para comprometer el honor de 
Carmen; pero doña Nora, es una pin- 
tura , sin relieve y sin color que su rea- 
lidad patenticen. 

"Para presentar en escena una ma- 
dre despegada de sus deberes no es ne- 
cesario pintar una literata , — dice Cla- 
rin. — Lo más corriente es , que laa ma- 
dres, que abandonan la educación de sus 
bijas, uo sean literatas y sí mujeres en- 



ACERCA DBL TEATRO NACIONAL 228 

tregadas á las vanidades del mundo. 
Mas, ya que quisiera presentarla en este 
traje, tomáxala el señor Falencia como 
es en la realidad y no como en su ima- 
ginación se la forjó. En España, por 
fortuna, no hay literatas de género rea- 
lista que vayan á la taberna á estudiar 
los vicios del populacho y sus costum- 
bres, para trasladarlos ala novela. A^uí, 
á las literatas no les da, al menos en 
sus escritos, por el genero realista, sino 
por el más puro y gaseoso idealismo 
qué llevado á la escena, hubiera pre- 
sentado un tipo más real y acaso tam- 
bién más cómico. „ 

La de don Justo es una ñgura severa 
y apasionada, primorosamente y con 
verdadero amor esculpida, pero entre 
todos los personajes luce y sobresale 
Carmela, niña casquivana, ligera y ar- 
diente, que, habiendo á manos llenas 
derrochado su frivolidad entre la turba 
de pretendientes que la enamoran y 
atosigan, entrégase con todo el fuego 
de su apasionado corazón á una dicha 



21Í4 ESTUDIO SINTÉTICO 

que apenas ha vislumbrado, cifrada en 
un hombre, al que apenas recuerda: el 
hijo de don Justo. 

Y esto ¿por qué? 

Bien claramente lo dice Carmela en 
dos versos, contestando á don Justo: 

Porque yo, siempre ambiciono 
lo que no me quieren dar. 

Después de conseguir durante su vi- 
da cuanto se propuso, encuentra un 
obstáculo y coutra él corre á estrellar- 
se. Difícil sería seguir punto por punto 
uncarácter denaturaleza tan sutÜcomo 
el que Ceferino Falencia en Carmen 
ofrece; pero imposible considero dudar 
de su veracidad cuando se descubre á 
través de los acontecimientos y entre 
las figuras que Á la hija de don Pió ro- 
dean. 

María Tuban, admirable actriz espa- 
ñola, discípula de Matilde Diez, hizo 
de la niña desenvuelta y amorosa una 
verdadera creación. 

En determinados momentos arreba- 



ACERCA DEL TJDATRO NACIONAL 225 

ta , sin dejar de seducir un solo punto 
sus primorosas y delicadas actitudes, su 
dulce coquetería, con la cual á don Jus- 
to convence, su amor que nace poderoso 
y tenaz, su inocencia que se revela en 
sus mayores atrevimientos, y ciertas 
frases pronunciadas con irresistible y 
fascinador encanto, mantienen al pú- 
blico pendiente de sus palabras y de 
sus menores acciones mientras dura la 
representación, y arrancan todas las no- 
ches un aplauso nutrido y espontáneo 
quelos admirados espectadores le ofrecen 
en pago de las emociones que despierta. 
'•' Óigale decir el más testarudo y reacio 
enemigo de nuestras glorias, una frase, 
una sola, cuando responde á don Justo, 
que reprocha sus ligerezas, hasta enton- 
ces in®centes, pero en todos tiempos 
insensatas y peligrosas: 

¡ Ay ! j hombre ! Qué quiere usted 
Vamos... Si yo soy así. 

Los versos no expresan mucho; pero 
el rubor, la sonrisa, la mirada y el ges- 

15 



to de María Tubau lo dicen todo: mil 
razones atendibles, mil disculpas de su 
proceder, envueltas en una ola de purí- 
sima sensualidad. 

Óigale pronunciar aquellas palabras 
el más obcecado é intransigente deni- 
grador de nuestra escena gloriosa y, 4 
ver si se atreverá luego & decir que ya 
no quedan artistas en España. 



I 




XVIII 



Cuando 96 plantea cualquier proble- 
ma humano, en condiciones definidas 
de nuestra existencia, da ocasión ¿ un 
■drama; pero no todos los dramas pue- 
den apropiarse á la escena, donde, so- 
bre los más expresivos razonamientos 
dominan las acciones. Descubrir un 
problema que se desarrolle plástica- 
mente sobre las tablas, una fórmala 
que sea un cuadro, es el bello ideal de 
un dramaturgo, ■ 

Shakespeare y Lope de Vega, enten- 



228 BSTUDIO SINTÉTICX) 

diéndolo asi, despreciaron las unidades 
llamadas de tiempo y lugar ^ prefiriendo, 
( siempre que las circunstancias lo per- 
mitían), á la referencia de un suceso, el 
suceso mismo , al difícil y borroso re- 
citado, la sencilla y luminosa represen- 
tación. Pero^ hasta los más atrevidos 
innovadores, no han olvidado jamás una 
ley, distinta de las tres impuestas por 
los clásicos , y que debería llamarse de 
jjrogreso continuado en él tiempo. 

Cada página de un libro puede con- 
tener escenas acaecidas en épocas dife- 
rentes, barajando fechas anteriores y 
posteriores á la del asunto principaL 
Itecursos idénticos á los usados por el 
novelista para referir una escena , em- 
pléalos un personaje de la novela para- 
recordar otra. Pero las escenas de una 
obra del teatro guardan entre sí un or- 
den cronológico invariable. Supónese^ 
que, días, meses y años, transcurren 
veloces en un momento , y que un mo- 
mento se prolonga de modo extraordi- 
nario; pero el carro de Saturno, que= 



ACERCA DEL TBATBO NACIONAL 229 

^uela ó se detiene según las circuns- 
tancias, nunca puede retroceder. 

Y como las condiciones de todo pro- 
blema exigen que sus datos entren si- 
guiendo un orden conveniente , con 
frecuencia es imposible, aun para los 
que más de veras lo procuran, repre- 
sentar sobre la escena todos los acci- 
dentes , pues aquellos que han de darse 
A conocer en un periodo posterior al 
de su acaecimiento deben encargarse 
forzosamente á la narración. 

Luchando con esta grave dificultad 
-compone sus obras el dramaturgo; 
mientras el novelista se apodera poco 
á poco de sus más valiosas armas, lle- 
gando á producir los efectos que se lla- 
man situaciones casi exclusivas del tea- 
tro, éste no se decide á recoger en su 
provecho las hermosas libertades que 
lá novela disfruta, no se atreve á ba- 
rajar en sus cuadros las épocas, lo mis- 
mo que baraja los lugares, pero busca 
recursos que favorezcan su propósito 
sin olvidarse de la respetada ley, y al- 



230 ESTUDIO oiHTÉrico 

ganas veces los combina tan origínales 
y felices que, lejos de conspirar, desean- 
do abolirías, bendecimos las dificulta- 
des qne á tan poéticos resultados con- 
ducen. 

Cualquiera, imagiuando el asunto 
de La Bofetada, hubiérale creído más 
apropósito para escribir un libro que 
para trazar una obra teatral. Era pre- 
ciso dar á conocer al público la imagen 
hermosísima y enamorada de una su- 
blime muerta; era indispensable ofre- 
cer á los ojos escenas patéticas muy 
anteriores al verdadero drama; era con- 
veniente velar todo el cuadro con una 
duda melancólica, para que los espec- 
tadores no supieran más que los perso- 
najes victimas del grave conflicto. 

El marqués de Leiza se babia casa- 
do con una mujer pura y hermosa. Car- 
men se llamaba : " en su primera juven- 
tud, amó con delirio á un hombre tan 
depravado, que los padres de ella cre- 
yeron conveniente romper sus relacio- 
nes. „ El marqués no dudaba de su es- 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 231 

posa; era feliz; y el antiguo novio de 
Carmen , — que después de su matrimo- 
nio la visitaba, por ser primo «uyo, — 
desapareció, no volviendo el marido & 
verle durante- veinte años. Había naci- 
do Alberto y el marqués de Leiza le 
idolatraba; el niño era su encanto y su 
orgullo: siguió la carrera militar, de- 
mostrando valor, audacia y gallardía; 
pero enamoróse de una pupila del mar- 
qués, una bastarda, y quiso unirse á 
ella para siempre. El marqués fue in- 
flexible; negando su petición, apartóle 
de su lado y propuso á la pupila una 
boda ventajosa, que aceptó ella por 
obediencia, porque la bastarda eía tan- 
to como amante, virtuosa y agrade- 
cida. 

En aquella época, el primo de Car- 
men volvió: 

"Yo no recordaba ya sus hábitos 
antiguos, — el marqués dice. — Obser- 
vó que Carmen le trataba con aspere- 
za, pero un día le sorprendí á las plan- 
tas de mi mujer besándola la mano..» 



282 ESTUDIO SINTÉTICO 

Arrastré al itif&me hasta la selva y 
allí reflimoa: él cayó y le creí mner- 
to. Kntonces le despojé de unas cartas 
que mi majer había mencionado y las 
lei. ¡Todas rebosaban pasión! Algnnas 
estaban firmadas y con fechas anterio- 
res á mi matrimonio, las demás no te- 
nían fecha ni firma, porque sin duda 
hubierao sido acusadoras. „ "Dudé un 
segundo, nada más que un segundo, y 
subí á interrogar á la marquesa, que 
me recibió con irritante altivez: no 
quiso contestar á, mis preguntas, ¡en 
vano supliqué mil veces! y al ver san- 
gre sobre mí , lanzó un grito : no de ho- 
rror hacia mi crimen, sino de angustia 
por la muerte de su amado... ¡Asesino, 
asesino! — decía. — Entonces, de ira cie- 
go, mi mano cayó sobre su garganta; 
quise ahogar un grito de cínica defen- 
sa, y ahogué una TÍda.„ 

¡Qué dichoso fuera el marqués aco- 
sado por implacable remordimiento! 
Que dichoso fuera, creyendo que había, 
castigado sin razón , que su justicia era 



ACERCA DBl, TEATRO NACIONAL 133 

un crimen y su Carmen una santa. 

Pero este consuelo no pudo lograrlo 
el marqués de Leiza; sin cesar hallaba 
nuevas pruebas para defender una ver- 
dad maldita. Ni aquel Alberto pudo 
consolarle; por qué, primero enamo- 
rado de una bastarda, luego lanzán- 
dose con desenfreno á la vida licen- 
ciosa, y al fin, arrodillándose á los 
pies de Margarita para besarle la ma- 
no, descubría su sangre villana; la 
imagen de aquel hombre adúltero y te- 
merario de quien era hijo sin duda. 

El recurso es de los más notables: la 
evocación del todo inspirada. Presen- 
tar anteriormente á Carmen y á su 
primo y matarlos para satisfacer una 
venganza hubiera sido fácil asunto; 
pero quien hubiese oído un diálogo 
amoroso entre la marquesa y el seduc- 
tor, enterado de la rectitud ó del cri- 
men de aquella, no se interesaría mu- 
cho en los afanes del marqués y en las 
convicciones de Alberto, ni en la honra 
de la muerta. 



234 B3TUDI0 SINTBTICO 

Más poético, más dramático, máa 
elegante ha sido referir loa pasados 
■ acontecimientos á los análogos que tie- 
nen lugar entre la pupila y el joven. 

El marqués de Leiza encuentra re- 
producido ante sus ojos aquel cuadro 
que no se borra de la memoria, por 
esto dice : 

"j Oh ! i Dios mío ! El rostro de Alber- 
to era entonces un vivo trasunto del 
miserable que me afrentó: la mirada 
de Alberto sobre Margarita, era como 
la mirada criminal que se posaba en 
Carmen y quedó grabada en mi pecho.„ 

Y no duda ya: sabe que Alberto no 
es hijo suyo. 

Pero Alberto defiende & Carmen ; su 
adoración le ofrece mil pruebas. Su 
amor una , soberana , en la inocencia de 
Margarita. 

Novo y Colson hese complacido pin- 
tando al marqués fanático de su honra 
y al joven Alberto, atrevido, valiente, 
pundonoroso, arrebatado. En las na- 
rraciones de la batalla, del duelo y de 



ACERCA DEL TB4TB0 NACIONAL 235 

la cacería osténtase, por encima de 
todo, el osado vigor que acredita sin 
cesar el heredero de los Leizas, el hijo 
de Carmen. 

Llega un momento decisivo ; la duda 
convirtióse para el marqués en certeza; 
la discusión es odiosa ' y Alberto des- 
maya. 

Veamos el desenlace: 

^Marqués: — En nombre de mis tim- 
bres ultrajados , de mis afecciones 
muertas, de mis crueles torturas juro 
no escucharte más. Vete. 

— J.Z&erío;— -¡Imposible! 

Marqués: — ¿Necesitas prueba tal de 
mi convicción que ahuyente la duda, 
que te inflame en ira y vergüenza? 

Alberto: — ¡Quiero la prueba de que 
no soy tu hijo! 

Marqués: — ¡No lo eres cuando el mar- 
qués de Leiza te agravia así! 

(Acércase á Alberto y descarga una 
bofetada sobre su mejilla. Al recibirla, 
tiembla y ruje como un león, pero se 
contiene.) 



236 • ESTUDIO SníTÉTICO 

Alberto: — ¡Oh! ¡Sí! ¡Eres mi padre! 
(El marqués retrocede con horror. 
Acércase Alberto al retrato de Carmen 
y dice:) ¡Madre mía! ¡No puedo darte 
mayar"pruebademife!„ 

¿Ante la helada razón queda resta- 
blecida la honra de la marquesa? No; 
la duda sigue velando su hermosa ima- 
gen; pero para el marqués, á quien la, 
duda le arranca el corazón con el cari- 
ño de un hijo y el adorado recuerdo de 
la mujer querida, para el marqués de 
Leiza, será una irrecusable prueba el 
suplicio de Alberto. Por eso al verle 
partir le grita: 

"¡Hijo de mi alma! ¡Vuelve á mis 
brazos !„ 

Y arrodillándose á los pies del retra- 
¡to de su esposa dice: 

"¡Carmen, adorada Carmen; niies- 
tro hijo te redime! ¡Recobré la fe! 
Sí, fuiste una santa; perdón, perdón 
para mi!„ 

Como vemos, Novo y Colson tiende á 
una solución consoladora. En caso de 



ACERCA. DEL TEA.TBO NACIONAL 237 

duda declárase paladín de los desvali- 
dos y de los miserables; pero no pre- 
dica sus ideas con deseos de imponer su 
voluntad por simples razonamientos y 
filosóficas reflexiones: convence al es- 
píritu más obstinado, le subyuga y 
emociona con los mismos amores que 
rechaba el odio, con las mismas torpe- 
zas que meditó la duda. 

Idénticos procedimientos y análogos 
recursos había empleado ya en Un Ar- 
chimillonario, comedia de grandes vue- 
los, pero que murió al nacer, ahogada 
entre circunstancias que no debemos 
enumerar aquí. 

Por su profundo sentido, es La Bofe- 
tada un poema que merece ser colocado 
entre los buenos; por su gallarda forma 
un drama digno de figurar entre los 
mejores; por su dulzura humana y su 
intensa vida, una obra del arte cristiana 
bastante fuerte por sí sola para desmen- 
tir á los obstinados enemigos del tea- 
tro. 

Es la creación de ayer que regenera 



233 BSTUDIO SINTÉTICO 



nuestras esperanzas. Un torrente de 
poéticas inspiraciones, un código de no- 
bles empresas , una imagen del espíri- 
tu nacional. 

Ricardo Calvo , el intérprete feliz de 
Alberto, hizo prodigios; imposible seria 
imprimir á la expresión escénica más 
acentuado y correcto colorido. Desde 
que, al entrar, se acerca sollozando al 
retrato de sú madre y dice las prime- 
ras palabras, como si le brotasen del 
corazón , sin pedir al pensamiento for- 
ma , ni voz á la garganta ; palabras que 
resuenan como el aleteo- del ave mori- 
bunda, inconscientes y escapadas, pero 
con toda el alma sentidas: el cómico 
nos fascina y subyuga. Y, cuando en la 
escena de amor con Margarita después 
de lamentarse, rugir y amenazar, arre- 
batado por la fiebre, loco, ciego, ven- 
cido al fin, promete buscar la muerte, y 
Margarita cede, anegada en lágrimas 
y sumida en la vergüenza, pero que- 
riendo salvar á toda costa la vida de 
Alberto; entonces cuando la fiera se 



ACBBCA DEL TEATRO NACIONAL 239 

----- ■ 

amansa , cuando el cariño vence al de- 
seo, cuando el que se juzgó humillado 
perdona y el humilde triunfa; enton- 
ces: con qué dulzura con qué delicade- 
za incomparable , con qué pasión purí- 
sima y sublime coje la mano de Marga- 
rita para decirle trémulo de gozo, aten- 
to y esperanzado, con voz que parece 
susurro de verdes hojas: 

''Dime, sin que nadie lo escuche: 
dime que aún me amas á mi sólo: dí- 
melo una vez nada más.„ 

Y como ella se niega, él insiste blan- 
damente, hasta que Margarita le con- 
t>es va. y^ 

^¡Esas palabras no pueden pronun- 
ciarlas mis labios! „ 

•Y Alberto murmura, inclinándose 
hacia Margarita, como la hiedra que 
busca en un tronco apoyo: 

"Tus labios no, pero ¿y tus ojos?„ 

Alberto clava su mirada en Margari- 
ta, que no pudiendo vencerse, levanta 
la cabeza, presentándole sus ojos des- 
bordando pasión. 



240 B8TUDIO SIKTÉrlCO 

Inundado por tan viva claridad, Al- 
berto se deslumhra, cae de rodillas y 
grita, encendido por el iaego espiritual 
de intensísimo sentimiento: 

"¡Tna ojos sí! Margarita, ¡bendita 
seas!^ 

Y aún lace acaso más , en las últimas 
escenas, cuando habiendo escuchado 
las inculpaciones que hace k Carmen 
el marqués de Leiza, entra el pobre 
Alberto, tranquilo, pero con un puñal 
clavado en el alma. Desde que dice: 
"Apenas puedo hablar, tengo deshecho 
el corazón...n hasta que recibe la bofe- 
tada; no hay una sola frase , ni una si- 
Jaba, ni nn acento que no conmuevan 
y dominen. 

Las inspiraciones del artista parecen 
haber llegado en cada momento á la 
meta de su creación y un instante des- 
pués brillan más altas, hasta el punto 
de la ofensa y el incomparable grito de 
piedad: 

"¡Sí! ¡Eres mi padrein gime Alberto. 

Aqnel grito apagado, tembloroso. 



ACERCA DEL TEATRO NACIONAL 241 

aquel gesto duro y anonadado, aque- 
llos ojos tan encendidos y tan abier- 
tos, que miraban suplicantes y ame- 
nazadores, no puede olvidarlos el pú- 
blico , que vio á Ricardo Calvo reani- 
mar la escena del Teatro Español cuan- 
do el maestro le volvía las espaldas. 

Bendito sea y alabado el desacierto 
que dio nueva ocasión para probar por 
milésima vez que hay aún en esta can- 
sada tierra española hombres para 
todo, mientras las circunstancias se 
muestren propicias. 

Es asunto viejo y nunca bastante 
aprendido: medios y orden reclama- 
mos; el genio, encuéntrase á cualquier 
hora en la patria de Cervantes. 



Fin 



16 



ÍNDICE 



Pbeludio 5 

I. — La vida en él arte: 

Sólo es eterna la obra del Arte. — Emo- 
ción del recuerdo. — El Arte, despreciado. — 
Canto del poeta filósofo. — Solidaridad. 
Esperanza. — ¿No tiene la vida , en sí mis- 
ma, su objeto? — El Arte, medio absoluto de 
comunión entre los espíritus. — Lo que sa- 
ben de Ciencia los que denigran al Arte. — 
Más que imitación^ es el Arte verdadera 
evocación. — ¡Bello es vivir, la vida es la ar- 
monía! — El Arte puede contener emociones 
de la vida más general y más intensa. — 
Importancia del Teatro 9 



IL—El amor en el Teatro : 

El amor y el dolor entre la vida y 
la mnerte. — Metafísica del amor, Soho- 
peDhaaer. — £1 amor desprecia y castiga, 
loa atentados de la lujuria. — La voluptuo- 
sidad reviste aa carácter serio. — Amores 
de la sociedad y amor de la Naturaleza. 
Werter. — ¿Cómo se han presentado en es- 
cena las pasiones amorosas? Shakespea- 
re. — El Teatro, declaróse por los fueros de 
la Naturaleza 21 

m.—El dolor en el Teatro: 

Dante: Un infierno real y un paraíso- 
teológico.— E,i hombre , sufre como un con- 
denado, pero lucha y espera. — Inspiracio- 
nes del dolor en el Arte. — Las huellas del 
dolor en el Teatro.— EL admirador del ge- 
nio. — El público que acude á los teatros 
para diverti'se. — ¿Es oportuno buscar la 
emoción de dolores imaginados?— La vida 
social se forma por una expansión constan- 
te de la vida individual. — Contacto sublima 
de los espíritus. — Estrofas de un poeta. — 
Guyau. — Como creaciones humanas. Jas- 



Índice 245 

obras del arte palpitan con dolorosa emo- 
ción 83 

. TV. ^Teatro Español: 

Originalidad é independencia del genio 
español. — Asimilaciones ; imitaciones. — El 
orgullo castellano. — Nada existe inagota- 
ble. — El amor y la indolencia. — Caracterís- 
tica del genio nacional. — La mujer españo- 
la. — El teatro. — Equilibrio del arte paga- 
no. — La Caballería. — De Amadís á Don 
Quijote. — La sátira de Cervantes. — Admi- 
raciones. — Una frase de Wagner 45 

V. — Desde Lope á Moratín : 

Una definición. — El Poema épico y la 
Crónica. — El pueblo. — El heroísmo condu- 
ce á triunfos y grandezas; el Arte ofrece 
consuelo cuando llegan desventuras. — Una 
manifestación del Arte, señalará la época 
en que se produjo una decadencia del 
heroísmo, pero puede al mismo tiempo, de- 
terminar un período de gloria. — El espíri- 
tu nacional en el teatro. — B^ealidad y aspi- 
ración. — El culteranismo y el conceptismo, 



eefialando la decadencia. — Don Hamóa de 
la Cruz. — Uorattn 69 

VL — El drama romántico y la comedia mo- 
derna: 

Lo9 b'&gicos. — Boileaa y Comelle. — La 
nueva crítica. — Opinionea acertadíaimas de 
Don Agustín Duran. — La tragedia y la co- 
media. — Schlegel resucitando á Calde- 
rón. — Romanticismo de Víctor Hngo. — 
La conjuración de Yenecia, Don Alvaro, El 
Trovador y Los Amantes de Teruel. Bretón 
de loB Herreros. —AuTOBES dbahIticos 

E8PA&0LKS CONTEMPO ríñeos. — CriticOS: 

Valmar, Cañete, Rosell, Fernández Gue- 
rra, Valora, Bremón, Fernández Flores, 
Menéndez y Felayo, Picón, Alfonso, Mo- 
lins y Cánovas del Castillo. Dramaturgos: 
Duque de Sivas, García Gutiérrez, Zorri- 
lla, Ventara de la Vega, Sorra, Harcen- 
busch. Bretón, NúSez de Arce, Ayala, 
Tamayo, Zarate y Echegaray 71 

VII. — Los enemigos : 

Enemigos, en varias épocas. — El magis- 



índice 247 

. mo era el retour á la nature, del caballe- 
ro español. — Jimena y el Cid á fines del 
siglo xvm. — Diversiones del pueblo heroi- 
co.— Merecidas complacencias. — El flamen- 
quismo y el género andaluz. — Los toros. — 
La ópera italiana. — ¿Para qué sirvió en 
Castilla? — La Opera de Madrid. — Bazo- 
namientos de Morpby. — Delicias que reser- 
va el venerado arte, á los aficionados. — Ni 
asunto ni verosimilitud artística. — El amor 
en la ópera y en el drama. — Los cantan- 
tes no son actores. — Inferioridad mani- 
fiesta 83 

Vin. — La novela y el drama : 

¿El Libro acabará con el Teatro? — Im- 
portancia de la novela moderna. — El tea- 
tro debe reducirse al oficio que le corres- 
ponde. — Novelistas escribiendo para el 
porvenir. — Desde Balzac ¿ Zola, casi todos 
han pretendido los laureles de la escena. — 
Ilustraciones por el dibujo y adaptaciones 
¿ la forma dramática. — En España. — La 
pobreza da libertad al genio. — Juicio de 
Voltaire. — Obra teatral. — El drama. — La 
novela 97 



248 ÍNDICE 

IX. — La indiferencia en el teatro: 

El falso positivismo, desdeña el senti- 
miento. — El cáncer vero de la crítica. — Lo 
ingenioso y lo brillante, lo hábil y sorpren- 
dente, gustan menos que lo difícil y arries- 
gado. — La preocupación material del siglo. 
— Napoleón y Ossián. — ¿Sería difícil hacer 
un público para el teatro , un teatro para el 
público? — Restricciones á que se halla so- 
metido el espectáculo teatral. — Medios de 
percepción humana. — Hay que conseguir 
un público atento^ para un teatro interesan- 
te. — El espíritu nacional en la escena. — El 
público distraído 111 

X. — Teatro nacional: 

Schiller le concedía importancia desme- 
surada. — Goethe mostró más atendible cri- 
terio. — Schelgel fantasea. — Una cuadri- 
lla de perros amaestrados, derrotó al gran 
teatro de Weimar. — Observación atinada 
de Dumas. — Opiniones de Chasles. — Los 
genios desterrados. — Tentativa inútil del 
Teatro Español 12B 



ÍNDICE 249 



XI. — Proyecto del gran Teatro Nacional: 

No es una fantasía: existe. — Lope de 
Vega. — Fositivismo fiero de los españoles.— 
La especulación. — El obrero , el ciudadano 
y el hombre. — Museos y teatros. — Malas 
condiciones de los antiguos y comodidades 
de los teatros modernos. — El negocio. — La 
moda. — El verdadero público 134 

XII. — Espectáculo teatral: 

El Teatro Nacional en España, no debe 
limitar sus representaciones á un círculo 
estrecho, semejante al de la Comedie Fran- 
^aisse. — Todas las formas y todas las mani- 
festaciones del arte aplicables á la escena, 
mientras lleven el sello de patria j son dig- 
nas de ofrecerse al Teatro nacional. — El 
proyecto presentado al Ayuntamiento. — 
Escuela de Recitado y Declamación. — Los 
autores; el empresario; los cómicos. — La 
Junta consultiva del Teatro Nacional. — Su 
formación. — Premios. — Jur ado . — El drama 
lírico, verdadero "espectáculo teatral, — Ejem- 
plo que se nos ofrece 149 



Xm. — La crítica: 

El teatro se manifiesta como la más hu- 
mftna creación del genio. — M espectáculo 
público es ana conveniencia social. — Obli- 
gada ostentación. — La mucha importancia 
del teatro, le hace peligroso cuando está 
mal dirigido. — La crítica en el teatro. — El 
crítico es, primero yáftííco, y como éste, sien- 
te, mis tarde, razonador, y como tal anali- 
za. — La sorpresa, el enredo y la interesan- 
te acción. — El verso y la proea 163 

XIV. — Los cómicos: 

El cómico no es un auxiliar del artista, 
pues como artista orea. — Es público en la 
lectura; crítico en el análisis que hace de 
la obra, verdadero actor en el ensayo, artis- 
ta que ofrece su creación, en las represen- 
taciones. — ¿Por qué la sociedad sigue des- 
preciando inj listamente al cómico ? — La 
naturalidad en la escena. — Opiniones con- 
tradictorias. — Taima, Diderot y Komea. — 
Tolerancia del publico 176 






M 



ÍNDICE 251 



XV. — Problema: 

Hay dos maneras de ser en el hombre. — 
Relaciones entre el genio y su medio, — La 
obra del dramaturgo comparada con las 
del poeta y el artista. — El teatro es una 
ficción. — Admiraciones conquistadas por 
sorpresa, — Recursos teatrales. — Napoleón 
y Taima. — Elementos que coadyuvan á un 
solo fin. — La oportunidad, hace inmorta- 
les. — Alarcón. — Atenciones y Condescen- 
dencias 187 



XVI. — Actualidades : 

Dirección de los teatros. — La critica im- 
presionista. — Traductores expontáneos. — 
Retazos de historia 201 

XVII. — Una comedia : 

El guabdián de la casa, por D. Cefe- 
riño Falencia. — Carmela j interpretada por 
Doña María Tubau 215 



XVUI.— Un drama: 

La bofetada, por D. Pedro de Novo y 
Colson. — Alberto, representado por D. Ki- 
cardo Calvo 227 



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