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Full text of "El agua del Manzanares, o, Cuando el río suena-- : sainete en un acto, dividido en tres cuadros"

CARLOS ARNICHES 



EL [GDA DEL MANZANMES 

O 

CUANDO EL RÍO SUENA... 

en un acto, dividido en tres cuadros, orlgrtnai 



MÚSICA. DB LOS MAESTROS 



TOMÁS BARRERA y ANTONIO ESTREMERA 



■ * W^^ )jcO<| • • 



Copyrig^ht, by Carlos Arniches, 1918 

SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Calle del PradOi núm. 24 



EL m\ DEL lAIZAIIlRES o COIIIDO EL RIO SUEIIi 



Esta obra es propiedad de su autoi, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en 
España ni en los países con los cuales se hayan cele- 
brado, ó se celebren en adelante, tratados internado^ 
nales de propiedad liteiaria. 

El autor se reserva el derecho de traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad d« 
Autores Españolea son los encargados exclusivamente 
de conceder ó negar el permiso de repiesentación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 



Dioits de representation, de traduction et de repto- 
duetion réuervés pour tous les pays, y comprls la Sué- 
de, la Norvége et la Hollande. 



Queda hecho el depósito que marca la ley. 



El AGUA DEL MANZANARES 

O 

GÜflfíDO Elt RIO SOEP... 

-en un acto, dividido en tres cuadros 



ORIGINAL DE 



CARLOS ARNICHES 

música de los ynaestros 

TOMÁS BARRERA y ANTONIO ESTREMERA 



Estrenado en ei TEATRO DE APOLO, en la ^cFiesta del Sainetea, por la com.j 

pañía del de NOVEDADES, el 4 de Mayo de 1918 y representado por primera vez 

en este último teatro en la noclie del 6 del mismo mes y año. 



)i^ 



MADRID 

"1?, Veiasco, Impresor, Marqués de Santa Ana, 11, dup* 

TBLáPONO, NÚMSRO 55I 



A la CoipaSía ílel Teatro fle NoveJafles 



Amigas y amigos míos: A ustedes, que con tan bravo 
-afán defendieron en Apolo la tarde de la Fiesta del Saí- 
nete el pabellón artístico del clásico y popular Teatro donde 
uctúan, les dedico, como tributo de admiración y cariño, 
fsta humilde obrita. 

El éxito conseguido por ustedes en Apolo no lo olvida- 
rán fácilmente; y el que luego me dispensó a mi el público 
de Novedades, no se borrará jamás de mi memoria. Para 
perpetuarlo en lo posible, reproduzco al final las crónicas 
conque me favorecieron Heraldo de Madrid, El Impar- 
-cial, La Tribuna j' A B C. 

Esto no es un alarde de vanidad, es una consignación 
de gratitud; es querer perpetuar en la memoria el recuerdo 
de una hora feliz, la más gloriosa sin duda de mi vida ' 
de sainetero. 

Para comprender la emoción de que me sentí pdseído la 
noche en que el pueblo de Madrid me aplaudió en Nove- 
dades, es necesario amar como yo amo las pintorescas cos- 
tumbres, la castiza y extraña psicología de estos buenos y 
alegres madrileños de los barrios bajos, vivos en el ingenio, 
prontos en la emoción, graciosos, burlones, jaraneros... 

A través de los años la gente madrileña ha podido mo- 
dificar su indumenta?ia, el aspecto estético, pero nada 
más. El alma de este pueblo^ ahna que inmortalizaron por ■ 
igual don Francisco de Goya y Lucientes y don Ramón de 
la Cruz Cano y Olmedilla, permanece inalterable en su 
esencia. Y todavía en mis solitarios paseos por las Rondas^ 



las tardes de Mayo, bajo las floridas acacias, encuentro 
muchas veces en amoroso coloquio, en amistosa compaña 
o en peligroso altercado, al Pizpierno y al Roñas con la 
Curra y la Pepa de El Muñuelo, y al feroz Medio- 
diente, con la Geroma de Las Castañeras Picadas; 
que hoy se llaman la Encarna, la Trini, la Solé; y ellos, 
el Poquitos, el Chilinas y el Pipi... 

Estas bizarras mujeres habrán podido cambiar la gar- 
bosa madroñera por la faldita antravé, y ellos, la capa 
manóla por la oscura pelliza, pero el espíritu, ese espíritu 
lleno de donaire y alegría, es el mismo, será eternamente 
el mismo, Y así sea para loor de este amado y castizo pue- 
blo madrileño, que tanto quiero. 

6ar¡os j<írniche$.. 



Madrid ij de Mayo, ipiS. 



REPARTO 



PERSONAJES ACTORES 

LA Bx\LBINA María Lacalle. 

LA SEÑA RAMONA. Vicenta Bonastre. 

LA JULIA Erminia Molina. 

LA SEÑA CELES Clotilde Romero. 

MADELEINE Pilar Sigler. 

SUSAINE María Luisa de la Vegc 

VECINA 1.a Dolores Girón. 

ídem 2.a Paula Cortés. 

ídem 3.a Angeles Bermejo. 

SEÑOR BIBIANO Vicente Aparici. 

MANOLO Vicente Gómez-Bur. 

SEÑOR GREGORIO, el Tiritas. Julio Llorens. 

SEÑOR PACO, el Templao.. . . Manuel Cumbreras. 

WENCESLAO Vicente Guillot. 

EL POQUITOS ) ^^ 

EL MEDIDOR ( Manuel Alares. 

UN APRENDIZ José Vega. 

DESIDERIO Daniel González. 

R ANISTA l.o Ángel Paz. 

ídem 2.0 José Sancha. 

ídem 3.0 Gerardo Perdiguero. 

ídem 4.0 José Vega. 

UNA NIÑA Niña San Martín. 

UN NIÑO Niño López. 

Coro general 



Xja. sioción ©rt Iglaciricl, stotiisLlnaeiit© 



Derecha e izquierda, las del actor. 



NOTA. — Para esta obra pintó tres preciosas decoraciones 
el reputado escenógrafo Sr. Gallo. 



!^ II s II s II la 11 !<* ii áS 11 Si II íft II ® II áfe II ($) II a ii «í II m II «j II «1 li ■«' 



ACTO ÚNICO 



CUADRO PRIMERO 

Gabinete eu casa de una familia de gente del pueblo. A la derecha, 
puerta que se supone da al recibimiento. A. la izquierda, dos 
puertas practicables. Al foro, un balcón, jaula con un pájaro; ties- 
tos de geráneos y un botijo. Es de día. 



ESCENA PRIMERA 

SEÑOR BIBIANO, sentado en una mesilla que habrá en el centro de 

la habitación, hace anotaciones en un libro de cuentas de regular 

tamaño. El POQUITOS, de pie, frente a él, repasando un manojo de 

recibos 

BiB. (Sumando.) Nueve y ocho, deciaiete, y cuatro 

vintiuna y cinco... y cinco, veintiséis y ocho 
treinta y cuatro. Pongo cuatro y llevo dof ... 

PoQ. Lleva usté, tres. 

BiB. Cá, hombre, llevo dos... dos equivocaciones 

garrafales. (Borra con el dedo y se lo pasa por el 

pelo.) Y es que con el ruidito de la calle, no 
atino. Cierra el balcón, Poquitos, (poquitos 

cierra. El sigue sumando.) BuCUO, ¿y CUántOS 16- 

cibos me has cobrao? 

Too.. Pues muy poquita cosa. 

^iB. Bueno, ¿pero cuántos? 

PoQ., Pues... ninguno. 

BiB. ¡Mi señora madre!... ¡Qué dices!... 

PoQ.. Lo que usté oye. Se borran los socios a ca- 

pazos. 



— 10 — 
BlB. (Indignado. Tirando la pluma.) ¿Que Se borran?' 

Náa, está visto. ¡Este pueblo es un ascol... 
Aquí ni hay ideas coletivistas, ni sentío mu- 
tual, ni cosa que lo valgal... Fundo las dos 
íundacionfes más benéficas pa obreros que 
ha podio soñar un celebro mortal, y cuando 
yo me pensaba que too bicho viviente nce 
iba a llamar el señor Bibiano Cazorla, el fi- 
lantrópico, u cuando menos el bienhechor, 
van y me se borran de las mutuales. ¡Mal- 
dita sea! 

PoQ. Bueno, pero repare usté en una cosa, señor 

Bibi. 

BiB. ¿En qué voy a reparar? 

PoQ. rúes mú sencillo; en que en la Mutual Bien- 

hechora, les ha ofreció usté a los socios por 
dos reales mensuales, n^édico y botica, y 
hoy, cuando he ido a cobrarle el recibo afc 
señor Baldo, me ha dicho que estoes un. 
timo indecente... 

BiB. ¿Cómo un timo?... Es decir, que por dos rea- 

Jes les doy médico y botica y encima chi-. 
lian. 

PoQ. Sí; pero es que dice que cuando llama al 

médico no va y que en la botica no le quién 
despachar. 

BiB. Es que si en la botica le despachasen y el 

médico fuese, no les llevaría yo dos reales 
ni muchísimo menos... ¡Qué gangueros!... L^ 
de los dos reales, es una suscrición poble^ 
mática; va el médico cuando le pilla de^iiso. 
Bueno, y de la Mutual Festiva, supongo que 
habrás recaudao más. 

PoQ. De la Festiva, ni una gorda. 

BiB. ¡Repeiuel ¿Qué dices? 

PoQ. El Evangelio. Misté las bajas. (Le muestra va- 

rios recibos.) 

BiB. ¡Mi madre!... ¡Pero qué cernícala es la gen- 

te!... Fundo otra Mutual Festiva, titula 
«El Regocijo obrero», ingresando en la cua- 
la, y dando diez céntimos semanales, hay 
oción pa ver a Joselito en una de abono y 
dos extraordinarias con bota y merienda, y 
a los dos meses se me dan tóos de baja.. 
¡Serán burros! 

PoQ. Claro, pero es que me ha contao el señor 

Cosme, que el domingo fué con su mujer a 
los toros, llegó a la taquilla, pidió la locali-^ 



— 11 — 

dad, enseñó el vale de usté pa que se la 
canjeasen por el billete, y dice que si no 
lleva dinero encima, a estas horas está en la. 
cárcel. 

BiB. ¿Cómo en la cárcel? 

PoQ. Y náa rnás; porque dice que le dijo el ta- 

quillero: «Eate vale no vale.» Entonces en- 
señó el bono y le dijeron: «Este bono es 
malo.» Toral, que le detuvieron los guardias 
y hasta las seis esluvo eu la Comisaría. Y a 
su señora, que había ido con el recibo a los 
Burgaleses, por el pollo de la merienda, se- 
la encontró por la noche con un pollo, pero- 
de la aristocracia... 

BiB. ¡Porque es un lila! 

Po'2. El será lila, pero usté es una garrafa, señor 

Bibi. 

BiB. Yo lo que soy es un ser, que aspira a ganar- 

se la vida sin molestarse; pero está visto que 
en este país no se pué tener ideas nobles, ¡Y 
pensar que si esto de las mutuales me se 
ocurre en los Estaos Unidos me hago muí. 

timilmillonario!... (Llaman a la puerta exterior.) 

PoQ. Han llamao. 

BiB. Veas quién es. 

PoQ. (Que ha salido y vuelve.) Es el chicO del Señor 

Pepe, el ebanista. 
BiB. ¡Arrea!... E«e viene a decirme que vaya a 

trabajar. Dame la manta, (poquitos le da una. 

manta vieja de la cama. Se sienta en uu sillón y se en- 
vuelre en ella.) Ábrele. (Sale Poquitos a abrir.) 



ESCENA II 

DICHOS y un APRENDIZ, puerta derecha 

Apre. Buenos días. 

BiB. Pasa, hijo, pasa. ¿Que te trae por aquí? 

Apre. Pues de parte de mi padre, que si podía 

usté ir por el taller a trabajar cuatro días,, 
pa tallarle unas repisas pa dos aparadores 
de roble que l'han encargao. 

BiB. (Dolorido.) ¡Ay, hijo de mi al mal... ¡Lo que 

m'has venío a decir!... ¡El trabajol... ¡Mi 
ideal, mi constante anhelo!... ¡Ojalá pudie- 
se!... ¡Pero ya ves cómo me pillas, hijo míor. 



— 12 — 

Aquí, amarrao al potro del dolor, sin po- 
derme menear, enfermo!... 

J\.PRE. ¿Y qué tiene usté? 

BiB. Fues unos dicen que reúma, otros que gota... 

¡Qué sé yo!... 

Apre. Fues que haiga alivio, señor Bibi. (vase.; 

BiB. Gracias, hijo, y dile a tu padre que siento 

con toda el alma no poder complacerle... 
¡Que ya me conoce) ¡El trabajo!... ¡Mi ideal, 
mi constante anhelo... 

PoQ. No se moleste usté más que ya ha cerrao. 

BlB. (Se desenvuelve. Se levanta.) BuenO, pueS siga- 

mos. Esta mantita es mi salvación. 
. PoQ. ¡Pero qué asco le tié usté al trabajo! 

BiB. Natural. Como que el trabajo es pa las bep- 

tias. 

PoQ. ¿Pues no dice la dotrina que Dios le dijo a 

toas las criaturas que trabajasen? 

BiB. Bueno, pero es que yo ya no soy ninguna 

criatura. 

PoQ. 8eñor Bibi, los he visto vivales, pero como 

usté, ni por eoñación. 

BiB. ¿Por qué dices eeo? 

PoQ.. ¡Hay que ver!... Usté, come sin trabajar, tié 

usté mujer y no es casao, viste usté de gra- 
tis, se divierte de gorra... 

£iB. Aprende de mí. Que aquí hay filamento me- 

tálico, Poquitos. (Se señala el ojo derecho.) El 

mundo se divide en dos mitades, pa que lo 
sepas; unos que nacen pa ganarse la vida. 
Y otros más vivos que ya se la traen gana- 
da, como verbi gracia, tmangueia! 



ESCENA III 

DICHOS. Luego la SEÑA RAMONA, la JULIA: VECINAS 1.*, 2.*, 

3.* y 4.* Todas por la derecha. Se escucha de pronto en la calle un 

alboroto terrible. La gente vocea. Dan ayes, gritos de: «ISepararlosI... 

IGuardiasl... íSocorroI... IQue se matan!... Sigue el tumulto. 

Música 

BíB. ¿Qué pasará? 

PoQ.. ¿Qué escándalo es ese? (Abre el balcón y se aso- 

man él y Bibiano.) 

BiB. ¡Atiza! ¡Mi hija pegándose con el novio! 



— 18 ^ 

PoQ. ]Que esos acababan mal, ya me lo tenía yo 

calaol 
BiB. ¡Ruedan por el suelol ¡Taparlal ¡Guardia^ 

esas faldas! (Desde la calle tiran un repollo que le 

da en la cara.) ¡Y me tiía un repollü con lo 

delicao que eetoyl 
PoQ.. Insúltele usté. 

BiB. Granuja, canalla, golfo, indecente... [Soldao 

de Ñapóles! 
PoQ. Ya los han separao. Ellas suben, (se van del 

balcón hacia la puerta. A poco entran en escena la 
seña Ramona, la Julia y Vecinas. Las dos primeras, 
arreglándose las ropas y moños respectivos. Las Veci» 
ñas obligan a la seña Ramona que es la más excitada 
y maltrecha a que se siente en una silla y la ayudao^^ 
a arreglarse sus cabeilos y vestidos.) 

Vec. l.ft ¡Ay que tremolina! 

Veo. 2.a ¡Menudo disgusto! 

Ram. • ¡Es un sinvergüenza! 

Julia ¡Es un desalmaol 

Vec. 1.a ¡A ver esa falda! 

Vec. 2.a ¡A ver esa blusa! 

Vec. 3.a ¡Arréglate el pelo! 

BiB. ¿Sus ha mole~tao? 

Ram. ¿Cómo molestarnos? 
¡Y nos ha insultaol 

Julia Y nos ha pegao. 

Vec. 1.* Y nos ha íaltao. 

Ram. ¡Baja y mátalo! 

BiB. ¡Se las ha buscao! 

Julia ¡Tome usté el bastón! 

Ram. ¡Déjele lisiao! 

BiB. ¡Ahora vais a veri 

(Echa a correr hacia la puerta. Se detiene volviéndose 
hacia ellas.) 

¿Pero qué ha pasao? 

Habláis tan deprisa, 

que no me he enterao. 
Vec. 1.a ¡Que ese es un cobardel 

Vec. 3.a ¡Que ese es un canalla! 

Ram. ¡Pa mí ya se ha muertol 

Julia jPa mí se ha acabaol 

Vec. 1.a ¡Pa mi que no vuelve! 

Vec. 2.a ¡Pa mí que no sube! 

Vec. 3.a ¡Pa mí que asusta! 

PoQ. jPa mí que han cobraol 

Ram. Nos ha visto solas, 

y se ha aprovechao. 



— 14 — 



Jdlia 


Y se ha desahogao. 


Vec. 1.a 


¡Y se ha propasao! 


Kam. 


jBaja y mátalo! 


BlB. 


¡Pues se la ha ganaol 


JUUA 


¡Rómpale el bastón! 


Ram. 


¡Dale un buen mandio! 


BlB. 


¡Ahora vais a veri 




(Como antes y se detiene. Volviendo o 




ellos.) 




¿Pero qué ha pasao? 




Armiás tal barullo, 




que no me he enterao. 


Ram. 


¡Baja y mátalo! 


Todas 


¡Baje y mátelo! 


BlB. 


(Desfalleciendo por momentos.) 




¡No puedo! ¡No puedo! 




¡Ya me he mareao! 




(Lloriqueando.) 




Bien sabe ese pillo, 




que estoy delicao. 


Ram. 


¡Tú eres un cobarde! 


Julia 


¡Usté se ha rajaol 


Vec. 1.a 


¡Eso son pamplinas! 


Varias 


¡Nos ha fastidiao! 




(Todas, menos Ramona, Julia y Bibiano, 




do mutis.) 




Hablado 



otra vez hacia 



van hacien< 



BiB. Bueno, pero por la Virgen Santísima, no llo- 

rar. Tenerle compasión a un pobre enfermo. 
¡Contarme lo que ha sido! 

Ram. (Desesperada.) Calla, Calla... Ver que nos in- 

sultan y no bajar... ¡Gallina! 

BiB. ¡Ramona, mira lo que dices! 

Ram. ¡Gallina, más que gallina!... Que no te doy 

ahora mismo una paliza, por no llenar el 
gabinete de plumas. 

BiB. ¡Pero qué querías que hiciera un pobre en- 

fermo... ¿He podio yo hacer más que decirlt 
lo que le he dicho? 

Ram. ¡Eso harás tú, hablar! Como que no eres ni 

más ni menos que un surtió de a peseta. 

BiB. ¿Yo?... 

Ram. ¡Sí, señor!... Un peazo e pavo, dos rajas de 

salchichón y too lo demás, lengua! 

BiB. Bueno, basta de insultos y dime lo que ha 

sido. 



16 - 

Ram. (Furiosa.) Que te lo diga tu hija si quiere. 

BiB. ¿Qué ha sido, hija mia? 

Julia Pues ya lo ha visto usté. Ese panoli que se^ 

ha emperrao en que le quiera a la fuerza. 
¡Anda y que le quieran en su casa si la tie- 
nel ¡Ladrón, más que ladrón!... ¡Pegarnos!... 
¡Porque ibamoe solas! .. (uora.) 
BiB. Pero, ¿de quién ha partió la ofensiva? 

Julia Pues verá usté. Habíamos bajao la seña Ra- 

mona y yo a comprarle a usté las mapitas 
de cordero pal almuerzo y cuando salíamos 
de la casquería, ¡tras! el litri ese que viene 
pa nosotras y me empieza con la cantata de 
tóos los días; con que si no le quiero, con 
que si le tengo que querer, con que si estoy 
chala con el señor Gregorio, con que si la 
culpa !a tié usté por haberme traído a vivir 
con la seña Ramona, que es la que me ha 
torció la idea. 
Bam. Mira, yo estaba calla, pacientemente aguan- 

tando aquella tabarra, pero cuando oí lo úl- 
timo, salté como una fiera y le dije dos gro- 
serías, que pa qué te laí? voy a repetir. Y él 
entonces la emprendió conmigo... ¡y me pu- 
so!... 
BiB. ¿Cómo hoja de perejil?... 

Ram. ¡Qué perejil... de lombarda, y me quedo cor- 

ta! Total, que desde lo más cortito a lo más 
largo, me lo ha dicho todo. Que si mi ejem- 
plo, que si mi historia, que si bastante ten- 
go con tener que lidiar contigo... Y te ad- 
vierto que ha recalcao lo de lidiar. 
BiB. ¡Ay, su agüela!... ¡Me ha recalcao la lidia!... 

Julia Y en esto me agarra a mí de un brazo, loco 

de rabia, y me grita: «Y tú no vuelves más 
a esa indecencia de casa y te vienes conmi- 
.go a la de tu hermano...» Yo le empujo pa 
que me soltara, él me zarandea, y, entonces, 
ciega de coraje, ¡tras!, le doy con las mani- 
tas en meta e la cara, y allá van las mani- 
tas por el suelo... 
BiB. ¿Y quién te manda a ti pegarle con mis ma- 

nitas? 
Julia Si no tenía otra coEa. 

BiB. Las tuyas. 

Ram. En esto, agarro yo el bolso, le doy así, se 

arremolina la gente, nos liamos a golpes, y 
si no media un guardia, que me dio con e 



^ 16 — 

sable en semejante sitio, que ya verás el 

morao, nos traen en una esportilla. 
BiB. Pues di que habéis armao una, que la bata- 

lla de Armentieres ha eío un retozo. 
Julia Y ese menflis se ha ido por mi hermano de 

seguro. 
Ram. Ya lo pues jurar. Y dentro de un rato están 

aquí los dos. 
BiB. ¿Tú lo crees? 

Ram. Como si lo vieras. Y como vengan, sales tú 

a entenderte con ellos. 
BiB. ¡Yo con ellosl... ¡Un pobre enfermo!... Darme 

la manta. (La coge.) 
Ram. ¡Calla, calla, que me da asco oirte! 

BiB. ¡Asco!... No tiés conciencia, Ramona. ¡Echar 

a regañar a un pobre artrítico! 
Ram. Bueno; mira, Bibiano, ¡hay sujetos que yo 

creo que os sale el bigote por compromisol 
BiB. ¡RHmona!... 

Ram. ¡Cobarde, so blancote, sinvergüenza! 

BiB. (Frenético.) ¡Maldita 8Íá!... ¡Lo que tié que 

aguantar un hombre por un cochino cocidol 

(Se emboza en la manta y sale segunda izquierda.) 



ESCENA IV 

Ramona y JÜLIA. Luego SEÑA CELES, izquierda. 

Ram. ¡Bueno, ya ves tu padre, no podemos contar 

con él pa náal 

Julia Deje usté, ya nos arreglaremos solas. Si 

quién venir, que vengan. De aquí no me 
sacan ni con grúa. 

Ram. Es que no quiero que crean que yo te influ^ 

yo en lo más mínimo. 

JuLL\ Ya saben que no. Demaeiao que me conocen 

y les costa que mis cuentas me las ajusto yo 
sólita, sino que no saben cómo armarla, es- 
cocidos como están de que yo me haiga ve- 
nido a vivir con usté. Y bien sabe Dios, que 
no tenía pensamiento, ni tanto asi de náa, 
con el señor Gregorio, el Tiritas, pero tanto 
me lo restregan por las narices, que... 

Ram. Eso, lo que a ti te convenga, no seas tonta» 

(Llaman.) 

Julia ¿Quién será? 

Ram. Mira a vrr. 



— 17 - 



ESCENA V 



DICHAS y la SEÑA CELES. Es una vieja. Trae un lío de ropa atado 
cou un pañuelo grande de color y una caja de perfumería 



Celes 

Ram. 
Celes 

Julia 

Celes 



Julia 

Celes 
Ram. 

Celes 

Ram. 

Celes 



Ram. 

Julía 
Celes 



Ram. 

Celes 

Ram. 

Celes 
Julia 
Celes 



'Entrando.) Pero, chica, ¿qué os ha pasao que 

in'han contao en la calle?... 

Náa, tonterías. 

¡M'han dicho que el dichoso Manolito ese, 

os ha dao un deFgusto!.,. 

Regular ha sido. ¡Dios Fe lo aumente! 

M 'alegro. ¡Pa qué te voy a decir otra cosa! 

Tú tiés la culpa. Si le hubieses plantao 

cuando yo te dije... 

Pero si ese es como las espinacas: le planto 

y crece. 

Pos arráncalo de una vez. 

Y tanto... 

¡Veas qué vas a hacer toa la vida con un 

hambrón al lao!... 

iiueno, ¿y qué la trae a usté por aquí, seña 

Celes? 

¡Ay, chicas, dejarme sentar (se sienta.), que 

estoy revenía! Dende que ha amaneció Dios, 

que ando corriendo la zangana. Pero he pa- 

Y ao cerca, y digo: yo subo. Y no sabéis lo que 
111 'alegro de encontraros solas, (ihicas, trai- 
íío unos polvos de arroz a la base de lilas, 
ú!tima creación de la casa Germaine de Pa- 
rís, que blanquean un tizo. Y una esencia 
])al pañuelo, Fleur de muguet, que es llevar 
un manojo e claveles en la mano, y he di- 
cho: pues voy a que lo prueben esas. 
Perfumería no necesitamos. 

Tenemos de too. 

¡Ay, pues en ropa sus voy a enseñar precio- 
sidades. Y si os cogiese con dinero, una gan- 
ga. Miá qué camisa de encaje. (La enseña. Es 

una camisa preciosa, pero muy corta.) 

¡Chica, qué cortital 

Como se llevan. No se ve otra cosa en Ma- 
drid. 

Qué preciosidad! 
Es de vestir. 
De vestir poco, porque con eso... 

Y esta falda bajera, ¿sus gusta? 



— 18 — 

Ram. ¡Qué elegante! 

Celes ¡Amos, animaros con ella, que se traspa- 

rental 
Ram. Es preciosa, pero me pilla sin dinero. 

ChLES Chica, no te hagas la galga, que no te voy a 

pedir náa. (Ponríendo y a media voz.) Ademí^S, 

traigo orden de dejároslo too regalao si lo 
queréis, pa que veáis. 

Julia ¿Orden de quién? 

Celes ¡Sí, sí, haceros las pagüesas!... ¡De quién va 

a eer!... Del señor Gregorio el Tiritas. 

Julia Bueno, no empiece usté con tontunas. 

Ram. Miá, Celep, do marees a la chica. 

CELts ¡Pero si es verdá, hija!... Le tiés chalao, pa 

que lo sepas. 

Julia ¡NaricesI 

CELts Loquito perdió por ti. ¡Y vaya un buen mo- 

zo que está!... ¡Y no tié guita que digamos! 
Buena tonta serás, (a Ramona.) ¿No te parece, 
tú?... 

Ram. Eso allá ella. 

Celes Ahora ha puesto otra casa de juego en el 

bar Tuliqui... Con esta son tres. Y la casa 
de préstamos. ¡Se va a hacer de oro! 

Julia ¡Que l'aproveche! 

Celes ¡Ay, si yo tuviese ese palmito y ese cuerpo, 

el mes que viene en ccchel 

Julia (Alejándose con cierto disgusto.) Bueno, no me ca 

líente usté la cabeza, eeñá Celes. 

Celes Hija, ¿a mí?... Ya ves, yo por tu bien... Y a 

propósito de cabeza... ¿por qué no me com- 
práis horquillas?... Miá, estas invisibles a 
dos reales el paquete. Y unos sujeta agüelos 
a tres vintincinco, con pedrería, que ya los 
quisieran en cáa Thomas. Anda, animares, 
chicas. 

(Llaman a la puerta.) 

Ram. (a Julia.) ¿Abres, tú? 

Julia Voy a ver. (saie.) 

Celes Ay, chica, ¿será visita? 

Ram. No creo. 

Julia (con cara de contrariedad.) ¡Mi CUfiada! 

Ram. ¡Atiza!... ¡La Balbina! 

Julia ¡Y con los niños! 

Celes |üy, la nube!... Dejarme recoger (Mete toda la 

ropa en el lio y cierra las cajas.) porque esa la- 

vanderita es un ciclóii y la tié toma con- 
migo. 



10 — 



ESCENA VI 

DICHAS, BALBINA, UNA NIÑA y UN NIÑO. Luegs el SEÑOR 
BIBIANO 

Bal . (Entra con un gran saco de arpillera lleno de ropa. 

Es una mujer joven, tipo desgarrado y simpático de 
lavandera madrileña. Trae un niño como de cinco 
años cogido de la mano, comiéndose una raja de me- 
lón, y una niña como de ocho, con un taleguito a 
cuestas y comiéndose un zoquete de pan.) Pero qUft 

muy buenos días. 
Ram. (irónicamente.) ¡Chica, qué extraño verte a ti 

por esta casa! 
Bal. Rarezas... 

JuuA ¿No te sientas? 

Bal. Gracias. (Deja el talego. 8e sienta.) 

Celes ¿Y qué llevas en esos talegos? 

Bal. Pus lo que usté: basura. 

Celes ;Qué ordinaria! 

"Bal. Pa usté, sobra. 

Ram. ¿Vas al río? 

B\L. A ver qué vida. 

Julia Oye, y vosotros, niños, cuando se entra en 

una casa se dan los buenos días. 
<Deles Es la última moda, (se ríe.) 

-Bal. ¿Lo estáis viendo, modregos?... ¡Que me 

tengan a mí que afrentar por vosotros!... Si 

no mirara. . 
Niña ¡Pero, madre, si es que tengo la boca llena! 

Bal. Ahí traga que traga, y la educación pa con 

tomate, ¿verdá? ¿Qué es lo primero que tr-í 

he dicho yo que se hace cuando se entra en 

una casa? 
Niño Llamar a la puerta. 

Bal. Llamar a la puerta y saludar, ¡=0 pispajo! 

jHala, a darle un beso a la tía y otro a la 

seña Ramona, corre. 
íIam. (Vivamente.) No, chica, déjalos. 

3al. No tenga usté cuidao, que estos no quitan 

los polvos. Besan al aire. 
•Kam. ¡No lo hago por eso, mujer! 

,Bal. Por si acaso. 

JüUA Bueno, ¿y qué te trae por aquí? 

-Bal. Pos ná; que traigo pa ti un recadito de par- 

te de tu hermano. 



-. 20 — 

Julia ¡De parte de mi hermano! Tú dirás. 

Bal. Pues que Manolo se ha presentao esta ma- 

ñana en casa, después de la bronca que ha- 
béis tenío, se lo ha contao too y ahora mis- 
mo van a venir los dos. 

Julia ¡Ah, sí!... Pues dilea que no se tomen ese 

trabajo. 

Bal. Eso allá tú cuando vengan. 

Ram. Es que en mi casita — porque es mía — que 

tengan muchismo cuidao! 

JuuA A más, de que es inútil que se moleste. Ma- 

ndo, pa mí, ni que tire por la derecha, nL 
que tire por la izquierda, erre i pe pa seculo- 
rum. Se lo dices cuando le veas. 

Celes Y no serías mala tonta en seguir con él. 

Bal. ¿Por qué, lucero? 

Celes Porque sí, señora, hija... Enseguidita iba yo 

a perder la proporción del señor Gregorio, 
que está que chilla por ésta, pa casarce con 
un carpintero de armar... Sí, sí... ¡ja, jayl... 

Bal. (indiguada.) ¡Señora! 

Celes ¡Ni más ni mangas! Porque es lo que yo 

digo: ¿Qué es lo que la espera con Manolo? 
Pues tres pesetas de jornal pa toa la exis- 
tencia, el engorro de un marido y en media 
docena de añcs verse con un montón de 
chicos y hecha una fondona. 

Bal. ¿y con el otro qué? 

Celes Pues con el otro, como hay pastizara de lar- 

go, pues vestios de seda, alhajas a púnaos y 
comodidades, ¡que es una mijita! 

Bal. (^Exaltada.) Cómo se conoce que ha vendió 

usté mojama en su juventú, hija. 

Celes ¿Por qué lo dices? 

Bal Por lo sala que es usté... pa ciertas cosas .. 

Y si una servidora fuera la madre de ésta,, 
"hoy se llevaba usté a su casa las narices en 
el bolso 

Ram. ¡Balbinal... 

Celes ¡Pero veis cómo me falta!... - 

Bal. ¡Vergüenza es lo que la falta a usté! Porque 

esas no son palabras ni expresiones pa que 
se las digan a una mujer honra. Porque ésta 
le ha dao su palabra a un hombre de bien 
y debe cumplírsela, tenga diez reales ú doce, 
ú lo que sea; y aconsejarla que lo deje, pa 
hacerle cara a un tío que la mude pa mes y 
medio a un entresuelo de cualisquier calle 



— 21 — 

extravia, y que la compre dos anillos y me^ 
(lia ocena e pingos, eso se le dice a una gan- 
dula náa más. ¿Que se casa usté con un po- 
bre y tié que sufrir trabajos? Los sufre. ¿Que 
no tié usté más que un mendrugo? pues a 
roer. ¿Que vive usté en un tabuco?... | Fasti- 
diarse: Pero, en cambio, bija mía, como 
pan, hombre y caea son de usté, que no se 
los quita usté a nadie, se acuesta usté por 
las noches con una satisfacción que ni en la 
gloria. Y hemos acabao... (Recoge ios talegos. 
Los dos chicos se agarran cada uno a un lado de la 
íalda de su madre. Indican el mutis. Vuelve decidida 
y se encara con Julia) ¡Y tÚ haCeS lo que te dé 

la gana y allá tú con tu concencial (vase como 

antes y vuelve, encarándose con la seña Celes.) Y 

usté s'apunta siete; pero le dice usté de mi 
parte a toa la que se salga de la pobreza por 
la puerta falsa, que ande y que la dé el vien- 
to. ¡Y arza, niños, al río, que hay mucha 

basural ¡De veranol (Vaee puerta derecha.) 



ESCENA VII 

SEÑA CELES, RAMONA, JULIA 
CJeLES (Llorando amargamente.) ¡PerO, habéis OÍdo esa 

golfa! ¡Ay, Dios mío de mi alma!. . 
Julia No haga usté caso. ¡Eso es una caballería 

mayor! 
Celes ¿Y queréis decirme qué he dicho yo^ pa que 

me ponga nadie a secar como un pingo es- 
currido? 
Rají. Pero no llore usté, no sea usté tonta. 

CELbs Insultarme a mí, que soy la honradez pre- 

sonificada... 
Julia ¿Quié usté un poco de agua? 

Celes (Llorando.) Aguardiente, si tenéis, que es lo 

que más me alivia. ¡Ofenderme a mí... que 

liO doy un consejo que no sea arrancao del 

catecismol 
Ram. jPero, sosiégúese usté! 

Celes jA mí, que he visto a Manolo borracho la 

mar de veces y con mujeres, y me he callao 

por no infernaros... 
Julia Me es igual. - 



— 22 — 

Celes Y en cambio el otro, el señor Gregorio^ ese 

desalmao que te pintan, ¿sabes lo que hiio 
anoche? 

Julia ¿Qué hizo? 

Celes Pues me llamó aparte y, dándome un estu- 

che, me dijo estas palabras, textuales: Seña 
Celes, llévele usté a !a Julia esos pendien- 
tes de brillantes y, si los quiere, pa ella. 
Aquí los traigo. ¿Y me he atrevió yo a 
decirte una palabra? (saca ei estuche.) JSi 
Dios me libre. (Abre ei estuche.) Mil peinetas. 
Y ¿por qué no te digo yo estas cosas? Pues 
porque tú en seguida ¡o tomas a mal y te 
pones por las nubes. Roca antigua. 

RaM. (Que ha tomado ei estuche y los mira.) ¡Chica, qué 

preciosidad! (se ios enseña.) 

Celes Dos gotas de agua, (se limpia las lágrimas.) 

Julia Muy bonitos, pero que se los guarde. 

Celes ¡A.mos, no seas cardo, que te los regala sin 

interés denguno, no vayas a creerte, porque 

ese tío ts un santo. 
Ram. Póntelos por gusto. 

Celes Es como se ve lo bonitos. 

Julia ¡No, no quiero, vaya! 

Celes ¡Chica, no seas primal jAy, que magoyal 

(Llaman a ¡a puerta ) 
Ram. Han llamao. 

Celes ¿Será él? Paece su tos. Voy a ver. (saie.) 

Julia Pues nos cogía aviadas. 

Celes (Vuelve muy alegre.) ¡El!... ¡Es él! 

Julia ¿Y qué hacemos? 

Celes Viene con ei señor Paco el Templao. 

Ram. ¡Qué horitas! En fin, que pasen. Les dice que 

esperen un minuto. Vamos a aviarnos un 

poco. 
Julia ÍSí; porque con este perjeño... (vase primera 

izquierda.) 



ESCENA VIH 

SEÑA CELES, SEÑOR GREGORIO y SEÑOR PACO, Tipos de juga- 
dores de garitos. Con cadenas de oro, brillantones y ropa vistosa. 
Caras de tahúres. 

Celes (saie delante.) Esperen un momento que dese«>- 

guida salen. (Vase primera izquierda.) 



23 — 



Música 



Greg. Convendrá que ante esa hermosa criatura ^ 

tú realces mi figura j 

en tocante a lo moral. ¡ 
Paco Es natural. 

Greg Y la digas que tan eolo en fruslerías -t 

y en tontunas tóos los días ■ 

dilapido un capital. = 

Paco Justo y cabal. ,. , , 'i 

La diré que eres un ser dicharachero \ 

y unas miajas postinero > 

respetivo a la mujer. A 

Greg. Ya lo has de ver ■ 

Paco Y que a todas esa labia las emboba, ■: 

porque gastas una coba ;; 

que las hace perecer. .j 

Greg. Porque la coFa es ^ | 

que, cuando a mí se me aproxime, ^ 

alcance un gran sucés, ^ 

sucés de estime. ] 

Por eso, claro está, que convendría i 

el que la hicieías tú mi apoplegía. í 

Paco Te puedo asegurar ^ ] 

que, en cuanto empiece a hacer tu encomia 

la tienes que llevar a un manicomio, j 

])ues si me escurro yo, dentro de un mes '■'. 

la vas a enamorar a Leganés. ., 

Greg. 3-a dices que soy hombre adinerado, i 

!a cuentas los casinos que he fundado. ■ 

I'aco Uno en Madriz y otro en Valladoiiz. -^ 

Greg. Te has olvidado del de Bilbado. ] 

Paco De aquí a un par de semanas fijamente ¡ 

te has hecho el propietario de esa gente. ^ 

Greg. Sí eso es verdaz, 

es mi felicidaz. ¡ 

Paco Ya sabes tú ^ 

que siempre fué mi habihdaz. j 

Greg. Tú no crees que mi figura le atormenta, í 

como llegue t darse cuenta ^ 

de la gracia que hay aquí. j 

Paco Claro que sí. 

Y como a ella no le atraiga tu figura ¡ 

es porque a esa criatura ^ I 

no le gusta un hombre chic. j 

Greg. Será pa mí. - 



— 24 — 



Paco (Hablado.) Prepárate que vienen ya. 

Greg. ¿Me va bien esta pos? 

Paco Pos claro está. 



ESCENA IX 

DICHOS y la SEÍA CELES de la primera izquierda. 

Hablado 

CtLES (cuando termina el nümerO; se acerca la Celes a ellos 

de puntillas, riendo muy gozosa y les da una palmada 

en la espalda.) ¡.Tunarrasü 

Greg. ¿Cómo anda eso? 

Celes Sobre ruedas. La tié uetégelatinizá. 

Greg. Las electrocuto. 

Celes Ahora que, como es una miaja postinerita, 

se da a valer, pero en cuanto usté diga 
envido... 

Gkeg. Se juega el resto. Estoy al cabo de la rúe. 

Paco ¿Y los pendientes? 

Celes Entre que sí u que no, se los ha quedao. 

Greg. Lo de todas. ¡Con el truquito de los pen- 

dientes no me falla unal 

Paco ¡Las víctimas que han hecho! ¡Ja, jay!... 

Celes Chist, no reiree. 

Greg. Ya se ios he regalao a quince u veinte, lo 

menos. Los pongo de cebo, vienen deslum- 
hras a por ellos, trompican, caen en esla 
trampa amorosa (por ios brazos.) y al mes ú 
mes y medio, en cuanto me hastía la aga- 
sajada, así como por casualidad, le quito 
uno de una oreja, le hago saltar una piedra, 
me los llevo pa que los compongan y los 
limpien y ya no vuelven a echarle la vista 
encima ni a la joya ni al donante. 

Celes |Já, já!.., ¡Qué gracioso!... ¡Valiente raspa!... 

Greg. Ardideces del juego son. 

Celes Ahora, lo que yo les recomiendo a ustés es 

que tengan mucho cuidao, no vayan a ente- 
rarse de esto las francesas. 

Greg. Ni Dios lo quiera. Si supiesen la Madeleine 

u la Sueaine que andábamos en estos pasos, 
había un Waterloz. 

Paco Bueno, pues a ver si acabas pronto con esta 

ninfa, que yo — en secreto—me estoy har- 
tando ya de la Ramona. 



— 25 — 

Celes Más bajo. 

Paco Y, eobre todo, del señor Bibi. el agregao di- 

plomático de la susodicha, que me está 
sacando un riñon con esos timos mutualistas 
que se trae. 

Ckles ¿y qué es eso? 

Greg. Náa, que creo que por dos perras gorda^. 

— como usté pué leer en ios prospetos — 
azquiere la obligación de dar al que se sus 
criba, médico, botica, enterramiento, indul- 
gencia plenaria y el compromiso, ñrman 
ante notario, de sacarle del purgatorio al 
año y medio, y siendo carbonero a los dos 
años. 

Celes [Pos sí que es un negocio! 

Greg. No eé si estará conchavao con San Pedro, 

pero él lo ha puesto en los pogramas. Faci- 
lidades pa entrar en la gloria. Precios espe- 
ciales. 

Paco Callarse, que vienen. 

Celes Vaya, pues yo pico, que ya no hago falts. 

Conque... de salú eirva, y hasta otra, ange- 
litos... (Vase riendo con sus lies y cajas por la de- 
recha.) 



ESCENA X 

DICHOS, RAMONA y JULIA, pi-imera izquierda. 

R&M. ¡Señores... tanto buenol 

Greg. Bueno es lo que se encuentra en esta casa. 

(ííe saludan.) 

Julia Y lo que viene a ella. 

Paco (a Hamona.) ¿Qué tal desde anoche? 

Ram. Pue?, hijo, pasando la vida a sustos. Ya os 

habrán dicho lo de Manolo. 

Paco No. ¿Qué ha sido? (Se van ai balcón y se sientan, 

hablando en voz baja.) 

Julia ¡Ah,yme alegro mucho deque haya usté 

venido, Gregorio! 
Greg. Y yo de que usté se alegre. ¿Qué pasa? (se 

sientan en primer término.) 

Juli.^ Tome usté sus pendientes, hijo; se los pué 

usté guardar. 
Greg. (contrariadisimo.) ¡Pero, Juliñ, por Dios!... 

Julia Nada, que no azmito regalos de esa clase. 



— 26 — 



(tREG. 

Julia 
Greg. 
Julia 
Greg. 



Julia 
Greg. 



Julia 
Greg. 



Julia 

Greg. 
Julia 
Greg. 
Julia 
Greg. 



Julia 
Greg. 
Julia 



¡Pero qué tontería!... Bueno, usté no me co-- 
noce a mí, Julia. 
Demasiao. 

A mí hay que medirme... 
Con una vara. 

Por otro rasero que al vulgo. Y sepa usté^ 
— rídse ú no se ría — que este regalo era la 
expresión pura y honrada de un sentimien- 
to fraternal. 
¡ Y un jamónl 

.Julia, estoy solo en el mundo, rodeao de 
egoísmos y falsedades; no tengo madre ni 
hermanos ni persona ninguna que cuando 
me asalta un dolor o UDa pena, me dé una 
meaja e consuelo. Yo me había hecho la 
ilusión de ver en usté un peco de afecto... 

(Que empieza a coomoverse.) Hombre, eSO... 

Y cuando, agradecido, quiero expresar mi 
simpatía, lo toma usté como un ultraje. Está 

bien. (Se limpia una lágrima eon disimulo.) 

Hombre, yo sentiría que un reparo natural 
on una mujer honra fuese la causa de... 
(^Súbitamente.) V^enga ese estuche, (se lo coge.) 
¿Qué va usié a hacer? 
Tirarlo a la calle. 

¡No, por Dios! (Selo quita.) 

Todo, antes que pueda usté pensarse que ya 
la he tomao a usté por una cualisquiera. 
¡Eso en jamásl 

Silencio. Mi padre. (Se guarda ios pendientes.) 

Es mía. (Aparte.) 

Qué bueno es. (ídem. Se levantan todos.) 



ESCENA XI 



DICHOS y SEÑOR BIBIANO, segunda izquierda. 



BlB. (Tendiéndoles la mano,) ¡SeñoreS... yO tan hon-^ 

rao!... ¡Mi casa tan honrada!... 

Greg. Los honraos somos nosotros. 

BiB. Quiá, hombre, nosotros. 

Ram. Bueno, todos, todos... no pelearle. 

BiB. Vaya, vaya, con mi querido protector. To- 

men UStés asiento. (Se sientan.) 

Paco ¿Qué, como anda esa mutual, señor Bibi? 

BiB. Aire en popa, señor Paco. Vamos a hacer 

un balance que va usté a ver el líquido. 



• -¿1 — 



Gkeg. ¿Cabrá en una garrafa? 

BiB. rfí, búrlate, búrlate; pero me anda por la 

cabeza que tengo superávit. 

Paco De seguro. , r>, i , 

BiB. Pero un superávit tremendo. {Cuando yo lo 

digol. . Bueno, y ¿qué les trae a ustés por 
este eu domicilio, si pué saberse? 

Greg. Pues, ná, una cosa sencillísima. Que el señor 

Paco y yo hemos tenío un disgusto con me- 
dia docena de pollos y queremos atizarles 
dos kilos de chuletas; y los hemos citao en 
un merendero de la Bombi y venimos a ver 
bi ustés tres nos quien ayudar, porque nos- 
otros soios leS tenemos miedo. 

BiB. Con alma y vida. ¡Seis pollos!... Menuda 

paliza les damos. ¿Qué sus parece a vos- 
otras? 

RaxM. Eso, tú dirás. 

BiB. ¿El desafío será con tomate? 

Greg. Desde luego. 

BiB. ¿Y pá cuándo lo dejamos? 

Paco Yo creo que lo debíamos dejar pa esta tarde. 

BiB. Hecho. 

GRbG. ¡Es usté un hombrecito! 

BíB. Las cuestiones de honor, sobre la marcha. 

Greg. Pues esta acordao. A las cuatro y media, en 

áan Ant)nio de la Florida. 

BiB. Allí acudiremos como tres remontoiree. 

(Uaman.) 

Julia Callarse, que han llamao. 

BiB. ¿Quién será? 

Ram. Mira antes de abrir, tú. (vase Julia ) 

Julia (Que entra de nuevo.) ¡Maldita siá! 

Ram. ¿Quién? 

Julia Manolo; es Manolo. 

BiB. ¡Recontra!... ¡Nos han cortao el solaz! 

Julia Pero ahora viene con mi hermano. 

BiB. ¡Con Wenceslao! ¡La hemos armao!-.. 

Greg. Nosotros, si estorbamos... Como es un asun- 
to de familia... yo creo que debíamos... (De- 
seando irse apresuradameute.) 

Ram. Qstés pasan al comedor. 

Paco Desde luego. Con muchismo gusto, (vanee 

segunda izquierda.) 

Ram. Acompáñalos, Julia. 

Julia Cuidao, que esos vienen a armarla. Y si en- 

CUentran a estos aquí... (Vase segunda izquierda.) 
Ram. Déjate, (vuelven a llamar.) 



— 28 — 

^iB. ¿Y qué hacemos?... Porque traen prisa, 

Ram. Pues ábreles. Los recibes tú. 

BiB. (Aterrado.) ¿YoV... ¿Que los reciba yo? 

Ram. ¿No llevas tú los pantalones? 

BiB. bí, pero por eso no lo hagas, porque si quie- 

res,.. (Acción de cedérselos.) 

Ram. j Bibiano, que tiés pelos en la cara! 

BiB. (Tentándose el bigote.) Es que esos vienen a ar- 

marla, Ramona. 

Ram. Que vengan a lo que quieran. En cuanto se 

desmanden, dos patas y a la calle. A ver lo 
que haces. Ahí estoy oyendo. Agallas y náa 

más. Ábreles. (Vase segunda izquierda.) 



ESCENA XII 

SEÑOR BIBIANO. Luego WENCESLAO y MANOLO 

BiB, ¡Rediez, qué conflicto!... ¡Ay, si averiguan 

estos que están los otros!... ¡8e van a despa- 
char aquí las tortas a docenas! Yo me agarro 
a la manta y me lío la manta a la cabeza en 

cuanto empiecen los golpes, (vuelven a llamar. 

Coge la manta Alto.) ¡Voy, voy!... ¡Sea lo que 

Dios quiera. (Sale a abrir. Entra delante de ellos. 
Les habla eu tono dolorido.) ¡PerO hijOS míOS, 

vosotros!... ¡Qué sorpresa tan agradable! 
Man. (Entrando.) Buenos días. 

Wen. (Entrando.) ¿Qué eS eSO, padre?... (ai veile en- 

vuelto en la manta.) 

BiB. Náa, hijo mío; un«jaquecazo terrible que 

m'ha dao. Pero no levantándome la voz no 
me molesta. Conque sentarse, sentarse. 

Wen. Con permiso. 

BiB. Y iúj quítate la gorra, si quieres, hijo. 

Man. Gracias, es comodidaz. 

BlB. ¿Qué, fumáifc;?.,. (Le da la petaca.) 

Wen. (ía abre y la ve vacia.) No tié USté tabaCO. 

BlB. Por eso digo que si m'hacéis el favor de un 

pitillo; porque estoy a dos bujias. Con esto 
de la tasa... 

Wen. Tome usté. (Le da un cigarro. Lo enciende.) 

BlB, Bueno, hijos mios; y aunque sea en voz 

baja, decirme, ¿qué os trae por esta humilde 
morada? 

Wen Pos misté, padre, sin arrodeos; el asunto 

que nos trae es bastante serio. 



— . 29 — 

Man. ¿S'habrá usté enterao de lo de esta ma- 

ñana? 

BiB. (Le enseña el repollo ) Tengo referencias... 5' me 

be figurao que habríais tenido algunas pa- 
labritas, porque he visto a los guardias^ con 
los sables desenvainaos... y me he dicho, 
cosas de novios. Nada. Nimiedades. 

Wen. Nimiedades, y un poco más, padre; porque 

esta mañana, cuando estaba yo en el taller 
ha venido este y me lo ba contao ce por 6e, 
y como a usté le costa, que este tenía rela- 
ciones formales con mi hermana... 

BiB. ¡Hombre, eso de formales... 

Man. (Terciando indignado y afligido.) Sí, Señor... jmás^ 

formales que Maural... ¡Y ella me quería, 
con toa eu alma... ¡con todal (Ahogado por ios 
sollozos.) Que me... que me... me lo tiene di- 
cho cincuenta veces, cuando bajftba por la 
fruta. 

BiB. Pero, hombre, por Dios, no llores. 

Man. Señor Bibiano, di... di... di... di... di... 

(No le deja hablar el hipo, del llanto.) 

BiB. Di lo que quieras, hombre. 

Man. Dispénseme usté; pero es que no pu^o más. 

No son lágrimas de un gallina, nu señor. Es 
que yo la quiero y no puedo pa... pa .. pa... 
pa... pasar... sin ella... Y ella quiere a otro... 

(Lloro amargamente.) 

Bii. Hombre, eso... 

Man. (con energía.) ¡ í\ otro, me costal... Y eso no,.. 

eso sí... eso sí que no!... (No puede habiar de 
nervioso.) 

Wen. Tú, cállate, que te apuras. 

Man. (sin hacer caso.) ¡Antes me asesinan!... Porque 

yo, al que sea, le parto el coco... el coco... 

razón de una puñalá. (intenta sacar una na-, 
vaja.) 

Wen. Guáírdate eso. 

BiB. Hombre, por Dios, Manolo, yo te aconse- 

jo- , . 

Man. (Como una fiera.) No me aconseje usté naa, 

eeñor Bibi; es inútil. Sé que hay un tío chu- 
lo que se ríe de mí, y conmigo, gua... gua... 
gua... guasitas, no! 
BiB. ¡Manolo, cálmate, que te pones que ladrasl 

Man. y yo le juro a usté que con el que me se^ 

burle me hago pipi... pi .. pi... picadillo de 
sus entrañas. Eso es. 



— so — 

DiB. Mira, Manolo, no te aflijas, que me partes 

el alma. Y si yo fuese que la Julia^ ya ten- 
drías retratos míos, hasta de mantillas; y te 
hubiera dao una de rizos, que hubieses po- 
dio surtir a un perro de lanas; pero el cari- 
ño no se pué imponer, Manolo. Tú le pues 
mandar a una hija que no se muerda las 
uñas; pero no le pues prohibir que le llame 
alma mía a un catre de tijera, si es de su 
agrado, ¿no lo comprendes? 

Man. (cou gran energía.) No, señor, porque too eso 

no le ha salió a la Julia de su natural; por- 
que a ella le han torció la volunta que me 
tenia. 

BiB. ¡Pero no desbarres, hombre! 

Wen. En eso riO anda descaminao, padre. 

BiB. Tú también 

W£N. Yo también, sí, señor. Y como yo sé que 

cuando se ponen así estas cosas del querer, 
. traen muy malas resultas, pues no me da la 
gana que se haga desgracia a una chica y 
se pierda un hombre sin fundamento ni 
cosa que lo valga, y creo que lo mejor es 
cortar por lo sano antes y con antes. Por lo 
tanto, vengo decidido a llevarme conmigo a 
mi hermana. 

BiB. (se levanta con terror.) ¡Llevarte a tu hermana! 

Wen. a mi hermana. 

BiB. ¡Wenceslao!... ¡Me has petrificao! 

Wen. ¿Pues?... 

BiB. ¿De manera que lo que tú vienes a hacer es 

un despojo filial? 

Wen. No diga usté tonterías, señor. 

BiB. (Llorando.) ¿Pero es que soy yo un mal hom- 

bre pa que me se arrebate a una hija? 

Wen. Usté es mi padre y sea usté como sea, pa 

mí no lo hay mejor en el mundo. 

Bi3. ^lEntonces?... 

Wen. Es que hay que decirlo too. Usté está unido 

a una señora, lo cual yo lo respeto, relativa- 
mente... pero mi hermana... amos, que... no 
sé cóiio decirlo... Pero mi hermana necesita 
menos Bombilla... 

Man. Ahí le duele. 

Wen. y menos fiadoras que entren y salgan, y 

venirse a mi casa pa que aprenda a hacer 
equilibrios con un jornal, que es a too lo que 
pué aspirar si quiere usté que sea honrada. 



-- 81 — 

BiB. ¡Cómo no lo voy a querer! 

Wen. Entonces que salga, que se venga conmigo. 

Man. ¡Olél 

Wen. Qae siga con este... 

Man. Muy bien. 

Wen. Con este que es un pobre como ella y evi- 
temos disgustos. Llámela usté, padre. 



ESCENA XIII 

DICHOS, JULIA. Luego SEÑA KAMONí. . 
•Julia (Sale furiosa, segunda izquierdo.) No hace falta; lo 

he oído todo y mira, Wenceslao: de esta 
caso no salgo yo ni arrastra. ¡Ya lo sabes! 

Man. ¡Lo estás viendo! 

BiB. Ya la oyes. Holgan comentarios. 

Wen. Julia, nó seas tonta, que lo hago por el bien 

de tóos. 

Julia Gracias. No, si sé lo que quieres. Una niñe. 

ra sin salario, ¿verdá? Que vaya a tu casa a 
quitaros la basura, dilo claro. 

Wen. ¡Julia!... Maldita sea!... 

Julia Pues anda, y que friegue tu señora, si t¡é 

tiempo. 

Wen. (con ira desbordada.) 0_ve, tú, niña... la basura 

de mi casa es cincuenta mil veces más hon- 
ra que toa esta limpieza. 

RaM. (sale segunda izquierda, frenética, airada.) ¡Menti- 

ra!... ¡Bocones, indecentes, so golfos! 

BlB. (Liándose otra vez la manta.) ¡A.y, Ramona, Ra. 

moncita, por Dios!... 

Ram. (Hecha una fiera.) ¿Qué, qué cs lo que tiés que 

decir tú de mí ni de mi casa? Que tu padre 
y tu hermana han matao el hambre a co^ta 
mía; eso es lo que tú pues decir, charrán! 

BiB. ¡Ramoncita, por Dios!... 

R>m. (Dándole un empujón.) Quita d'ahí, SO mandria! 

¿Y cómo rae lo pagáis?... ¡Gentuza!... Vi- 
niendo aquí, a mi casa, porque es mía y 
muy remía, a insultarme, a refregarme por 
los morros la honra... ¡esa honra desporti- 
lla!... ¡üy, qué honra! .. ¡Valientes .. porque 
m'habéi? cogió de prima y me veis sola. 

¡Canallas! (Llorando de rabia ) 

Wen. Señora, yo... 

Ram. Basta. Foca conversación. ¿No venías por tu 



— . 32 — 

hermana?... Pues hala, llévatela y colocarla 
en un fanal con naztalina pa que no se 
apolille a mi lao. (Empuja a Julia hacia Wences- 
lao.) " 

Julia Yo no me voy, no, señora. 

R^M. Y de paso te llevas a papá, a esta monada, 

y lo envolvéis en una jgasa pa que no lo de- 
terioren las moscae. Ahí lo tienes, (lo empuja 

también.) 

BiB. ¿Yo?... (Llorando.) ¡Pero, por Dios, Ramona, 

qué culpa tengo yo? 

Ram. ¡Fuera de mi casal 

BiB. (a su hija y a Manolo.) ¡Véis, véis, la que habéis 

armao, lo estáis viendo? ¡Mal hijo! ¡Maltra- 
tar a una señora indefensa! ¡A la calle loe 
dos! 

Wen. (a Manolo.) ¡Rcdiez, pero, ¿estás oyendo? 

Man. Sí que lo oigo, vaya, y no puedo más, ea. 

Usted, si, señora, usté es la que tiene la 
culpa de too... Usté es la que le ha quitao a 
esta mujer la volunta que me tenía. 

Ram ¡Menliral... 

Man, Usté... ¡pero como hay Dios, que no se les 

va a ustés a lograr. Si de too aquello que 
me tiés jnrao, te queda un resto de cariño, 
vente ahora mismo con tu hermano, Julia.. 

Julia ¡Ni arrastra! ' 

Man . Está bien. Hasta otro ratito. 

BiB. V^ete con Dios, hombre. 

Man. Pero antes de marcharme, dos palabras. Sé 

quién es el que te anda rondando; pero 
como yo le vea a tu lao, por estas que le re. 
baño el pescuezo! ¡Díselo a ese tío! (índica ei 

mutis.) 



ESCENA XIV 

DICHOS, SEÑOR GREGORIO, SEÑOR PACO. Luego EALBINA 

Greg. Chist... chist... so... sobrino... ¿Qué es lo qua 

me iba usté a rebanar, que no me ha llegao. 
al tímpano? 

Man. El pescuezo. 

Wen. ¡Ellos aquí! 

Paco ¡Caray!... ¡Un chato pendenciero!.,. 

Greg. (Como si fuera a llorar.) ¿Y CUáudo me Va USté 

a hacer esa pupa, pollito? 



^ 8S — 

Man. En cuanto tenga usté corazón pa bajar a la 

calle. 
Greg. Pos si se lo digo a mi niñera, le va a usté a 

dar un azote, (se ríen.) 
Man. (Abalanzándose hacia él.) [Ladrón! jCanallal... 

¡Le parto el alma!... 

WeN. Quieto ahí (Le sujeta.) 

Bal. (Entrando puerta derecha.) ¡Por DioS, Manolo, nO 

te pierdas!... Déjalo, que a ese ya lo naatarán 
por San Martín. 
Wen. Nosotros a la calle. 

(Se lo llevan a empujones ) 

Man. ¡Asesino! ¡Granuja! ¡Cobarde! 

BiB. ¡Manolo, no insultes a ese hombre, que es 

un santo! 

Bal. (Con exagerada candidez.) ¿Es Un SantO?... 

BiB. ¡Un santo! 

Bal. Pues ñ es milagroso, ¿por qué no le pide 

usté que le dé una miaja de vergüenza? 
Ram. ¡So golfa, deslenguada! 

BiB. A la calle inmediatamente. 

Bal. Ya nos vamos, (se acerca delante del señor^Grego- 

rio y Rrrodillándose, se persigna.) Usté lo pase 

bien, San... Sandía, porque con esa cabezota 
no sé qué llamarle. Permita Dios que se vea 
usté en capilla. Y como es usté santo, le voy 
a hacer a usté una promesa. 

Greg. ¿Cuála? 

Bal, Escupirle a usté a la cara en cuanto le vea, 

por granuja! (i e escupe.) ¡Puaf! 

Man. y lo dicho, dicho... En cuanto le encuentre 

a usté con ella, lo mato! ¡Por estas! 

Greg. ¡Mentira! 

Wen. ¡Vamos! 

(Vanse puerta izquierda.) 

BiB. \\ la calle!... ¡Morrales, golfos, randas! 

Ram. (Acongojada.) ¡Agua, un poco de agua! ¡Darme 

tila... algo... yo me ahogo! 
Paco Beba, beba usté ¡Qué gentuza! (Le da agua.) 

Greg. (a juiía.) ¿Y ese era el nene que estaba cha- 

lao por usté?... 
JuuA ¡Ya ve usté qué suerte!... ¡Qué disgusto! jYo 

me muero!... ¡Misté qué temblor!... 
Greg. (lb coge la mano.) ¡Cálmese uaté, cálmese 

usté!... 

(Forman dos grupos. Puco y Ramona y Gregorio y 
Julia. Ellos las dan agua, las hacen aire, las consue- 
lan. Ellas lloran.) 



^ 84 — 



BiB. (Paseando furioso.) Y no ser tontos, mandar las 

señas, que ya os avisaremos cuando quera- 
mos pasar «n buen ratitol... jPirantesI 



ESCENA XV 

DICHOS, SEÑA CELKS, puerta izquierda 

Celes ¡Jesús! ¿Pero qué ha pasao en esta casa, que 

salían esos renegando y esto paece un valle 
de Josafat! 

BiB. ííáa, seña Celes, que me he visto en el tran- 

ce de echar a la calle a Wenceslao!... Pero 
no tengo más que un consuelo... (sollozando.) 
uno solo. 

Celes ¿Ciiálo? 

BiB. Que si he perdió un hijo y una nuera, en 

cambio me quedan esos... esos dos amigos 

del alma. (Se abraza a la seña Celes. Llora. Se de- 
rrumba sobre una silla.) 

Celes Es verdá, es verdá, señor Bibi. A mí estos 

espectáculos, me derriten el corazón. Así en 
mis brazos. Échese usté aquí, hijo, échese 
usté aquí, que usté no está pa estas cosas! 

(Le abraza.) 



MUTACIÓN 



— 36 — 



CUADRO SEGUNDO 

Telón corlo. Calle de los barrios bajos. En el foro con puertas prac- 
ticables el *Bflr Tuliqui», Una de ellas da al establecimiento. La 
otra da a un portal por donde se sube al juego. Es de día 



ESCENA PRIMERA 

BALBINA, WENCESLAO y MANOLO. Salen por la derecha 

Man. (sale delante, desespera-io.) ¡Maldita Sea mi Suer- 

te!... ¡Mecachis haí^ta en!... ¡No quererse ve- 
nir con nopotros!... ¡Yo, que hasta la había 
comprao un pieiidantif de oro, en «Todo a 
sesenta y cinco»! 

(Pasea agitado, se muerde loa dedos, se da golpes en 
la cabeza, desesperado.) 

Wen. ¡Esa hermana, empeña en perderse!... ¡Loca, 

más que loca! .. ¡Y no atender a razones ni 
atender a ná!... 

Man. y es que le quiere, le quiere a ese tío, Wen- 

ceslao, créemelo ¡le quiere!... ¡Pero eso si que 
no!... ¡Yo voy a prenidio esta tarde! 

Bal. ¡Amos, hombre, calmarse! 

Man, ¡No, si yo estoy tranquilo! 

Bal. ¡Sí, ya se te conoce por la risa! 

Wen. ¡Y ese padre, ciego, atontao, sin ver el peli- 

gro!... ¡No, no es posible!... A mí no me 
afrentan. Yo ios traigo a la razón, sea como 
sea. 

Man. Yo te diré cómo. Mira: este es el Bar, donde 

esos tíos ladrones tién la casa e juego. Pues 
aquí los espero. Aquí han de venir... ¡Yo 
voy a presidio esta tarde! 

Bal. ¡Déjalo para mañana, que es jueves, si te es 

igual!... ¡A presidio!... ^;Por una atolondra? 

' Ño serías mal tonto. Hala, hala, a casita los 

dos, a serenarse, pa pensar fríamente lo que 

se debe hacer. 

Man. No, .^i yo estoy tranquilo... Si a mí estas 

cosas no me alteran. 

Bal. Dice que no l'aUeran y paece un equilibris- 

ta de nervio.'^o que está. 

Man. (a Wenceslao.) ¿Y has visto?.. Estaban allí 



— 86 - 

esos gachos, allí dfi tapadillo. Trabajando de 
solapa, pa quitarme el cariño de esa mujer.... 
¡Pero no, no será!... ¡Maldita pea!... 

Bal. ¡Pos chico, no seas primo!... Si no te quiere 

déjala. 

Man. Sí, déjala. ÜBié lo dice muy bien. ¡Déjala! 

¿Y esto que tengo yo aquí, (ed ei corazón.) 
que me tira pa la Julia, como si me arras- 
traran, qué hago, Jo doy pa que me lo frían? 

Bal. ¡Uy, que mujercitasl... ¡Y tó por cuatro inde- 

centes perifollos y dos bailotees en despo- 
blao!... ¡Amos, te digo, que si yo tuviese po- 
derl... ¡Uy, qué raciones de alpargata iba 
yo a lepartir a domicilio! 

Wen. Bueno, ya sé lo que hay que hacer. 

Man. ¿Qué? 

Wen. Mira, Manolo, mi padre y mi hermana, los 

apartamos a un lao; pero respetive a la 
seña Kamona y a los aláteres que estaban 
allí .. vete a tu albergue, coge la garrota que 
usas pa los días de asueto, te das una vuelta 
por cat-a y te comunicaré un plan ofensivo 
que me s'ha ocurrió, que ni Hindernhurgen. 

Man. ¡tías dicho la garrota!... En un vuelo. 

Wen. Hoy les rompemos el frente. No sé si el 

oriental u el occidental... 

Man. ¡Pué que sea el ujacedónicol Amos allá 

Bal. Pero, ^jqué vais a hacer, so locos? 

Wen. Domesticar galápagos. Tú, una, dos, tres,. 

que es la misión que te incumbe. 

Bal. Pero es decir que... 

Wen. Una, dos y tres; arza, Manolo, ¡Ay, de ellos! 

Man. ¿Yo?... ¡Yo voy a presidio esta tarde, (vanse 

los dos izquierda.) 



ESCENA II 

BALBINA 

iQuiá!... No va a querer mi persona» Eso de 
que dos hombres de bien se comprometan 
por unas frescales, de ninguna manera. ¡Y" 
el caso es que están locos!... ¡Pero qué podría 
yo hacer pa evitar una perdición, Virgen de 
la Paloma!... (pausa) ¡Qué sé yo!... No se me 
ocurre nada... Y es que, claro, el talento 
no lo tiene una pa venderlo en paquetes, la 



— 37 — ; 

verdad. ¡Calla!... (pieusa.) ¡Calla, que m'ha 
pasao una cosa asi, como si de pronto me 
hubiesen dao luz en el sotabanco, (se señala la 

cabeza. Piensa un poco.) Sí... nO VaS mal, B'dllbi- 

na... A raí m'ha dicho Ulogia, la del Mala- 
gua, que el señor Gregorio, el Tiritas y el 
señor Paco, estaban enmaramos con dos tías 
francesas, que habían venío el año pasao 
con unos auaches de no sé dónde... Y hasta 
se susurró que si una de ellas, que le dicen 
Susaine, les había facilitao la guita pa poner 
el jnego en este Bar; y la otra, es una bo- 
rracha perdía que se llama Madeleine, que 
creo que es una gachí con una hiél, que le 
pega dos tiros al Juez de guardia... Y digo 
yo... que si a esas fuese yo y,.. ¡Calle!... Mi 
suegro con las dos carracas de referencia .. 
Vienen hacia aquí. Subirán al juego. Me 
meto en el Bar y dejo que pasen, (se oculta 

en el Bar.) 



ESCENA III 

DICHA, SEÑOR GREGORIO, SEÑOR PAOO y SEÑOR BIBIANO, por 
1» derecha 

Paco Bueno, yo creo que el que haya pasao lo que 

ha pasao, no es pa hacernos desistir de la 
cuchipanda proyeztada. 

Greg. ¡Ni lo pienses!... Pues poquito que ^Q reirían. 

BiB. ¡Natural!... ¡De dónde, se van a salir con la 

suya!... ¡En jamát*! ¿Se había proyeztao una 
merienda en la Bombilla, en casa del Mala- 
gua?... Pues esta tarde allí, a merendar, y al 
que le moleste, que se haga un pardesú. 

Paco Usté es un excelentísimo señor, señor Bibi. 

BiB. En cuestiones de tesón, Guzmán el Bueno a 

mi lao, es una miss. 

Paco Pues tome usté cincuenta pesetas, (saca un 

billete de la cartera.) Alquila usté una jardmera 
pa los seis; porque queremos que venga la 
seña Celes. Se comora usté uno^ habanos y 
a las cuatro en la Cuesta e San Vicente. 

BiB. ¿Y lo que sobra? 

Greg. Ve usté fí le ctbe en el bolsillo; si le cabe se 

lo guarda, y luego hablaremos. 

BiB. ¡Qué delicao eres en tóos tus detalles! ¡Dar- 



me la vueltal ¡Y con qué delicadeza me dan 

la vueltal 
Paco Bueno, y que sean ustés puntuales, ¿eh? 

BiB. Cuatro conómeiros. ¡Hasta la vuelta! ¡Digo 

basta luego! (Vase izquierda.) 

Greg. ¡Qué tío pelma! 

Paco Bueno, y ahora hay que ver cómo nos qui- 

tamos a esas francesitas de encima, pa que 
nos dejen la tarde libre. 

Greg. Como sea. Yo no pierdo la ocasión de la Jii. 

ba, que la tengo pa que se me declare de un 
momento a otro. 

Paco Entonces, ¿quiés que hagamos una cosa? 

Greg. Tú dirás. 

Paco Mira, si subimos, como las francesas ya es- 

tarán esperándonos, no nos dejan ir, u nos 
siguen, que sería peor. De forma, que si te 
parece, llamamos a Desiderio, el encargao, 
y le decimos que las diga que hemos man- 
dao un recao por teléfono de que hasta las 
diez nos retiene en determinado sitio un 
asunto urgente, que ya les diremos. 

Greg. Colosal. Tienes más imaginación que Una... 

que Una... muño. 

Paco A ello. (Se acerca al Bar y llama.) ¡DesÜ 

Des. (saliendo.) Señor Paco (Le había en voz baja.) 

Eetá muy bien. 

Paco Y en el supuesto de que la Susaine se inco- 

mode... 

Greg. La das un cotel. 

Des. ¿y si me tira algo a la cabeza, cómoda 

costumbre? 

Greg. Otro COtel^ pero sólido. (Acción de dar un capón.) 

Des. Enterao. 

Paco Y a too el mundo, que a las diez estaremos 

de vuelta. fVanse izquierda.) 

Des. Vayan sosegaos. Bueno^ y ahora a entendér- 

melas con las dos; es decir, a no entendér- 
melas, porque yo no las entiendo nunca. 

(Vase al Bar.) 

ESCENA IV 

BALBíNA, del Bar 

Bal. ¡Ay, mi madre y una tía que tengo!... ¡Ay, 

qué suerte!... ¡Van de cuchipanda esta tarde 
al merendero del Malagus, que es amigo 



— 39 — 



íntimol... ¡Náa, que me s' acaba de ocurrir la 
solución pa darles el primer desgusto, y que 
los granujas qaeden a un lao y las personas 
de bien a otro Ahora, a hablar con las fran- 
cesas. Yo no sé francés, pero ya lo inventa- 
ré. Ellas salen. Animo, (vusive a ocultarse.) 



ESCENA V 

DESIDERIO, SUSAINE y MADELEINE, del Bar 

SüS. ¿Ma, qué dises tú?... ¿Que el señor Gregorio 

e mesié Facó, son idos? 

Des. Sí, señora; han dicho que no volvían hasta 

jas diez... Por teléfono han avisao. 

Mad. ¡Oii, íe gran canall! 

Sus. Nos asen venir e somos venidas, e después, 

basen rabona, que se dise. Bian, si bian. 
¡Oh, mon Diél... 

Mad. ¡Añ, tú dises que no nos engañan a nosotras; 

que sé bien todo lo que basen, con dos chu- 
las de la calle del Bastero. ¡Vualá le ne- 
gosío! 

SüS. Que tenemos vi^to que todo es mentiga e 

que las francesas también sabemos dar gol- 
pes de navaja... ¡Oh, le gran cochón!... 

Mad. ¡Ya diremos, ya!... 

Des. Yo, la verdad, yo... 

Mad. ¡Oh, halé, halé!... Tú eres un pequeño ser- 

dó... 

Sus. (Le da un puntapié). jGolfol... 

(Vase Desideria al Bar.) 

ESCENA VI 

DICHAS y la BALBINA, del Bar 



;üS, 



(Rabiosas.) ¡Oh, somos tomadas del pelo!... Ma 

yo, Gregorio, cojo del cuello y ahogo... ¡Oh, 

mon Diél 
Mad, ¡Reir de nosotras!... ¡Chulos, canallas!... ¡Oh, 

yo mesié Facó, aganco ojos, aganco todo!... 

¡ Por éstasl 
Bal. (Las cojo en punto de caramelo. ¡A ellas!) 

¡Chist!... mademoiseiles... Buenos días nos 

dé Dieus. 



-- 40 — 

Sos. ¡Oh, es a nosotras! 

Bal. üí, uí... Al ambigú... A las dos... A vú y 

a vú. 

Mad. ¿K qué usté quiegue? 

Bal. Muy sencille. ¿Usté, es Susaine, joven? 

Mad. La íSusen, es esta. 

Bal. Es que a mí las dos me paecen ustée igual 

de Susaines, y por eso no sé cuala... ¿Enton- 
ces, usté es la Madeíeine? 

Mad. Ouí... 

Bal. Pos misté, no se va usté a arrepentir de ha- 

ber tenido esa franqueza con una servidora. 
Porque, vaya, yo vengo a hablarlas a ustés 
claritamente de una cosa que les interesa 
muchísimo. 

Sus. ¿Ma qué cosa? 

Bal. Pues nada, que veo que son ustedes dos po- 

bres extr¿injeías y quiero decirlas a vou?, 
que están ustés haciendo las caletas. 

Sus. ¿Que hacemos catetas?... ¿Ma que quiegucí 

decig eso? 

Bal. Pues quiere decir... ¿cómo se lo diría yo en 

francés?... Las tontas del higue. 

Mad. ¿Que nosotras somos? 

Bal . Unas primas ilumines. Si, señora. Porque el 

señor Gregorio y musiú Paco, como usté 
dice, les están tomando le cabelle oxigené. 

Sus. ¿A nosotras? 

Bal. a cuatro maines. 

Mad. ¡Oh, mon Dié! 

Bal. Les han dicho a ustés que s'han ido a un 

negocio, ¿verdá? 

Sus . Ouí. 

Bal. Pues digan ustés que ¡miau! 

Mad. ¿Qué? 

Bal. Bueno, miagué. (Ya mayo hasta en francés). 

Sus, ¿De modo qu»i usté sabe?... 

Bal. Que mesier Paco y uua tal Ramona, que 

vive ahí^ en la cae el Bastero, pa mí que 

bilingües (junta repetidamente los índices de las ma- 
nos.) 

Mad. 'jOh, qué dise?... 

Bal. La verdá ^;Mre. Y mesié Gregorio y otra 

jovencita están a^í, como si dijéramos, 
agárrame que me caigo. Y se han ido a uir 
merendero a la orilla del Manzanares de 
merendóle. 

Sus. ;Ma es de veras? 



— 41 ~ 

Bal. El Evangelie. Créame usté a meada, ma- 

dame. 
Scs . ¿Ma usté Fabe dónde son ellos? 

Bal. Lo sé, y si quieren yo las acompaño y les 

damos uu disgusto que les tién que poner 

sanguijueles. 
Mad. ¡Oh, ouí, ouí, alón!... ¡Oh, la sospecha mía! 

Yo cojo esa Gamona e aganco moño, aganco 

ojos, aganco todo! 
Bal . ¡Bie7i heche! 

Sus. ¡Oh, moa üié; Gregorio, le gran canall! ¡Te 

acuegdas de fransesa!... ¡Alón, alón!... 
Bal. Bueno, tóos los alones que ustés quieran^ 

pero no metan las pates. Ahora vamos a mi 

casa que yo les explicaré la cosa. 
•Sus. Oiü... Oui... 

Mad. Alón, alón... 

(Saleu andando por la izquierda.) 

Bal. Bueno, de que lleguemos al merendero, va- 

mos a armar una juerga internacional, ¡de 
padre y muy me^ier mío! 

(Vase tras ellas. Telón ) 



MUTACIÓN 



_ 42 — 



CUADRO TERCERO 

Un merendero, camino de la Puerta de Hierro, cerca del río. Paisaje 
de amenidad y alegría, con mucha luz de sol. Ea por la tarde» 
La casa del merendero hace ángulo en la escena, de modo que par- 
le de una de sus fachudas, visibles, da frente al público, y la otra, 
toda entera, a los laterales d-erecha. En ésta está la puerta bajo 
un emparrado; en la otra, o sea la que da al público, una puerte- 
cilla pequeña, como de servicio. Se ve un organillo. Mesas, sillas^ 
un juego de rana. 



ESCENA PRIMERA 

Tres o cuatro HOMBRES juegan a la rana. Una FAMILIA merienda 
en segundo término. JULIA y GREGORIO pasean amartelados. PACO 
y RAMONA, sentados, hablan confidencialmente. CELES y UN CHI- 
CO, medidor del merendero, hablan 



HOMB. IS 

HCMB. 2.0 

HOMB. 1.0 

HoMB. 3.0 

HoMB. 4.0 
Los TRES 

HoMB. 4.0 
Los TRES 

Celes 

Med. 

Celes 

Med. 

Celes 

Med. 

Celes 



Med. 
Celes 



(Tirando a la rana.) Treinta. (^Vuelve a tirar.) ¡De 

poquito! 

jL'has dao en el morrol 
(Tirando.) Setenta... (Tiran.) Ciento cincuen- 
ta. Otro, 

Estañaos a ellas, casi, casi. 
v'Tirando.) ¡Allá va el nQa^stro!... (Tira.) 
Náa. (Vuelve a tirar.) Náaa. (Vuelve a tirar.) 

Náaaa... 

(Tira.) ¿Ranal ¡Ranaaa!... ¡Ranaaaaa!... 

(uiendo.) ¡Mu bien, LQU bieu! (Le felicitan; siguen 
jugando.) 

¿Y hace nQUcho que estás aquí? Échate otra 
del Mono, anda. 

Dos meses. (La sirve.) 

El es muy simpático. 
Y usté que lo vea. 
¿Y de qué pueblo dices que eres? 
De Escaramujo de la Sierra, provincia de 
Cuenca. 

Pues pa ser de Escaramujo tiés unos colores 
de salú que dan gusto. Anda, mono, (ls 

presenta la copa.) 

¿Es a mí u a la botella? 
A loe dos. 

•y^Se ríe estúpidamente y le sirve otra copa.) 



. 43 — 

Julia (Parándose ante Ramona y Paco.) Bueno, y mi pa- 

dre, ¿cuándo vendrá? 

Paco Debe estar al caer. 

Greg. Ya le he dicho que ha tenío que volver 

porque le encargamos dos co^as: que com- 
prase unos habanos y se guardase la vuelta, 
y no se ha acordao más que de lo segundo. 

Ram. Además, se ha empeñao en traerse su acor- 

deón, que si no lo toca, no disfruta, y com- 
prar unos pastehlos. 

Celes Pues no estemos tan sosos mientras viene. 

Nos podíamos bailar algo. 

Greg. La danza del tabaquillo, pongo por caso. 

Julia Yo no sé bailar eso. 

Paco Con dos lecciones de éste como si estuviera 

usté en caba de Chez Duque. 

Celes Pos arreando, (ai chico.) Tú serás mi pareja. 

Greg, (a ios que meriendan.) En atención al fin educa- 

tivo que se persigue, se admiten adhesio- 
nea. 

(varios del corro íorman parejas y se aproximan.) 

Música 

Greg . El Tabaquillo es una danza extraordinaria 

que ahora baila en los salones 

todo el mundo con ardor. 
La señora viene a ^er la Arrendataria 
y el señor personifica al fumador. 
Todos K1 Tabaquillo es una danza extraordinaria,, 

etc., etc. 
Greg . Para este baile entretenido 

ge necesita 
un escogido que es muá 
y una señorita, ¡vualá! 
(Gregorio, Paco y el Medidor encienden un cigarro 
simultáneamente.) 

Comienza dando unos saltitos 

con mucha travesura, 

con mucha travesura, 

que representan el tabaco 
de picadura. 
Todos Comienza dando unos saltitos 

con mucha travesura, 

con mucha travesura. 
Greg. (Hablado.) Y ahora Romeo y Julieta y... 

Nena. 

Si el que yo fume te enajena, 



44 ^ 



Todos 



Julia 
Ram. 

Oele s 
Greg. 
Paco 
Med. 



Greg 



Julia 
Celes 



Greg. 

Paco 

Med. 

Julia 

Ram. 

Celrs 

Greg. 

Paco 

Med. 



al acabar mi cajetilla 
me compraré media docena 
pa que disfrute mi chiquilla, 
pa que disfrute mi morena, 

y pa embriagarme 
con el humo del tabaco de mi 

Nena. 
Si el que yo fume te enajena, 
al acabar mi cajetilla 
me compraré media docena. 

Si se le apaga, 
qué quiere que haga. 

Pues qué ha de hacer, 
8Í no volvérmelo a encender. 

(Ellas les encienden los cigarrillos que se han apa- 
gado.) 

(Hablado.) Ahora vuelta de abajo y venga 
humo. 

(Bailan estilo habanera, al tiempo que echan a la cara 
de su pareja grandes bocanadas de humo.) 

(Como si sintieran los efectos del mareo y tratan de 
separarse de ellos.) 

¡Quite y déjemel 
¡Vayase a otro lao! 

Es que ya la enamoré. 



Es que ya me ha aculotao. 



¿Culotao? 
Ya lo habíamos notao. 



Hablado 



Todos 
Ram. 

Celes 



Julia 
•Celes 



¡Muy bien, muy bienl 

Si; pero esto no es tan castizo como el cho- 
tis. 

Pos no hay que apurarse, porque ahora voy 
a tocaros yo el manubrio pa que echéis un 
bailecito las dos parejitas, ¿hace? 
(Riendo.) ¡Venga de ahí! 

A ver cómo os marcáis. (Toca. Bailan Julia con 
Gregorio y Kamona con I acó.) ¡Vayan dibujOS!... 



— 46 — 

jEle, dos parejitas de seguridad!... jQué cho- 
tis!... ¡Ni bordao en cañamazo!... |Ay, mi 
mamá!... ¡Que lábtima que no iiaya más pa- 
rejas!... 



ESCENA II 



DICHOS, BALBINA y MANOLO, que salen de detrás del merendero- 
bailando, WENCES1.A0, qae e&le builando con la NIÑA y el NIÑO 
que sale siguiendo a sus padrea 



Bal. 

Wen. 

Ram, 

Paco 

Greg. 

Julia 

Greg. 

Celes 

Man. 

Bal. 



Man. 
Bal. 

Greg, 
Ram. 

Julia 
Paco 
Greg, 



Chico 
Greg. 

Cmdt) 
Greg. 



Siga usté, monada; siga 
usté al manubrio, que 



¡Hay, hay, ha}!... 
usté, que hay. 
¡Hay, hay!... Dele 
hay. 
¡Ay, mi madre! 
¡Ellos! 
•La trupe! 
¡Manolo aquí! 
Vienen a armarla. 

(Dejando de tocar.) í^los han estropeao el menú- 
Pero siga usted, jovencita. ¿Va usté a dejar- 
lo por eso?... 
¿No nos puede usté tocar siquiera un fostro- 

tlto? (Celes se va a la mesa donde Julia, Ramona, 
Paco y Gregorio se han sentado.) BuenO, sigUe tÚ, 

Charlot, (ai chico.) que esta señora ge ha 
sobrecogido. 

(e1 chico loca y ellos siguen bailando.) 

¿Qué será bueno pa los sustos? 

Agua de azarar» 

Estos vienen a armarla. 

¡Gentuza!... 

(Muy azoraoa.) VámonOS. 

De ninguna de las maneras. 
Si nos vamos nos corren con piedras. Sere- 
nidad, cachaza, que al que se desmande le 
hago una azvertencia en la nuca. (Blandiendo 

el bastón.) Ahora veréis. (Da un estacazo en la 
mesa. Tolos se asustan.) MocltO... 
(ei chico deja de tocar y se reúne con los suyos en 1» 
mesa de la derecha ) 

Mande. 

Cinco Torinos pa nosotros. Y el que quie- 
ra tila, que la tome. 
Está bien. 
Y además, di al cocinero que prepare la 



— 46 -- 

fricción de las chuletas, que nos va entrando 
gana. 
Chico En seguida. 

GrEG. (otro eitacazo.) Posdata. 

Chico (Que a cadP estacazo se lleva un suato.) Mande. 

Greg. Los pollos, que ya los trincharé yo. 

Chico Está bien, (se sienta.) 

Eal. No pierdas la calma, Manolo. 

Man. Deje usté, que la estoy dando ua ratito... 

¡Que rabie!... 

Bal. No lo eches a perder. 

Man. Ni por pienso. ¿Y las francesas? 

Bal. Las he amaestrao. Ya verás canela dentro 

de un ratito. ¡Van a caer como una bombal 

Man. y ahora, Balbina, debía usté cantarse ese 

cuplé que sabe. 

Wen. Que vea la concurrencia que si va?* al Tria- 

nón dejas a la Meller hecha una chufla mal- 
humora. 

Bal, Os cantaré el cuplé de «el Pascual», un cu- 

plé que hace adelgazar. 

Wen. Acerqúense los ranistas, si quieren, (a la fa- 

milia que merienda.) Y ustés también, y los que 
gusten. Entrada libre. 

(se acercan todos.) 

Man. Venga de ahí. 

Música 

Pascual, 
conmigo te portas muy mal, 
porque aún no ha pasado ningún día 
que no no me hayas hecho 
un desprecio brutal, 

Pascual. 
No tienes ninguna aprensión, 
pues sabes que al verte con otra 

me pongo que paece 

que es el sarampión. 
¿Que por qué te lo diga, Pascual? 

(Hablado) 

Pues porque 
por la calle del Arenal... 

(cantado.) 

te vi anteayer 
del brazo de la Paca. 
Por tu querer 
me estoy quedando flaca. 



- 47 — 1 

¡Hay qué veri i 

¡Acalaa con la Paca! ] 

[Acabaca con esa mujer! ^ 

Pascual, ^ 

ya sé que no tiees un real, i 

pues gastas en juergas y en vino j 

tu sueldo completo y a más mi jornal. \ 

Pa?^cnal, -j 

tú no haces na más que el atún, -^ 

y el día que menos lo esperes ! 

si yo me incom<ido ■ 

va a haber un Verdun, 1 

¿Que por qué te lo digo, Pascual? , 

(Hablado.) ; 

Pues porque 

por la calle del Arenal... ] 

(cantado.) | 

te vi anteayer . 

del brazo de la Paca. \ 

Por tu querer I 

me estoy quedando flaca. \ 

¡Hay qué ver! \ 

¡Acabaca con la Paca! " 

jAcabaca con e¿a mujer! { 

(Todos aplauden.) \ 

Hablado 

Unos [Superior! \ 

Otros ¡Al pelo! "\ 

(Los curiosos se retiran.) ' 

Ce; es ¿Qué se traerán éstos? (En su grupo.) ,; 

Julia Estoy con el alma en un hilo. 1 
Greg. Sea lo que spa, nosotros quietos. 

Ram. Alguna nos tienen prepara. i 

Paco Ya los veremos venir. i 

GuEG. Al menor amago movilizo las reservas. (Por } 

la estaca.) Imperterritéz. \ 

Bal, (En su grupo.) Bueno, y e?o de la ensalá de \ 

bonito va a ser una ilusión fugitiva, ¿u qué? j 

Wen. Va a ser una realidad con aceitunas; pero \ 

que sobre la marcha. - 

Man. Ahora veréis. (Oa un estacazo eu la mesa. Se asus- ' 

tan los otros.) ¡Chist!... Meítre de Hotele. í 

Chico (saliendo.) Servidor. ¿Qué va a ser? i 

Man. Vete a saber. Por de pronto, una ensalada ;j 

de escabeche pa cinco, dos botellas de vino, ] 



— 48 



Chico 
Man. 

Chico 

Man. 

Chico 

Greg. 

Chico 

Greg. 

Chico 
Greg. 



Bal. 

Chico 

Greg. 
Chico 
Paco 

Ram. 

Celes 

Bal. 

Greg. 

Bal. 
Ram. 

Chico 



seis naranjas y un frasco de antiespaemó-. 

dica. 

Está bien. 

(otro estacazo.) Posdata. 

Diga. 

La antiespasmódica no es pa esta mesa. 
Se mandará freir. (indica ei muíis.) 
(Dando otro estacazo.) Merenderísta. 

(Asustado, deteDiéndose.") Mande llgté. 

Sácate unos ordubritos, una de N. P. U. y 
una de riñones. 
Está bien. 

(otro estacazo.) Avertencia. (e1 Chico se detieae.) 

Los riñones no hacen falta en esta mesa, 
porque sobran. 

(otro golpe en la mesa.) ¡Camarerol Una de ja, 
ja, jay, pa cinco. 

Bueno, UStés (a ios de la mesa de Gregorio.) lo 

que quieren son las chuletas, ¿no es eso? 
Cuanto antes. 

En seguida va a ser. (Entra en el merendero.) 

(con flema.) Se e&tá poniendo la tarde de 
agua. 

Y de mala educación. 

¿Por qué no barrerán la basura en este me- 
rendero? 

Porque las brujas s'han Uevao las escobas. 
Pues ya que no barrer, lo que va a hacer fal- 
ta es sacudir. 
No hay zorros bastantes. 
Bueno; callarse ya. ¡Qué narices de canallal 
Chico; a ver esas chuletas. 
Ahí van. 



ESCENA m 

DICHOS, SUSAINE y MADELEINE, por la puerta de servicio, cea 
una fuente de chuletas cada una y una servilleta en la mano 



Las dos ¡Vualá, las chuletas! 

Greg. ,SusaÍneI... (con terror, levantándose.) 

Paco ¡Madeleine!... (lo mismo.) 

Ram. ¡Las francesas! 

Celes ¿Qué es es*x3? 

Julia ¿Quién son éstas? 

Bal. ¡Camarero, una máquina fotográfica pa sie- 
te, que hay que ver las caras! 



— 49 — 

Greg. Bueno, ¿y a qué veáis vosotras aquí? 

Sus. Queguemos guepartir chuletas. 

Paco ¿Entre quién? 

Mad. Paga todos. ¿Ega éste el negosío, con dos 

chulas? 
Sus. ¡Vualá chuletasl 

(Les tiran las fuentes a la cara; se lían a puñetazos, 
mordiscos y arañazos con hombres y mujeres. Gritan, 
chillan, se acerca gente, Tratan en vano de separarlos. 
En la mesa de Bal Dina, Manolo se sienta en una silla 
que ha colocado encima de la mesa, como si mirara 
con gemelos, y luego aplaude.) 

Man. (Chillando.) ¡Otra!... ¡Otral... |Que me gusta!... 

Bal. ¡Tomar chuletasl ¡Tomar chuletasl 

WeN * (Va al gr»po, coge a Julia y la separa violentamente.) 

¡Tú, con nosotros 1 
Bal. (a la seña celes.) Tome usté el añadido, que 

destiñe. (Lo tiene cogido con las puntas de los 
de (íüs y se lo da. Gregorio y Paco han huido. La 
gente se lleva a las francesas, que chillan como ga- 
tos.) 

Ram. ¡ Y too ha sido cosa de esos granujas, cana- 

llas, golfos, asesinos! (Llora mientras se arregla 
la ropa y los desperfectos del peinado.) 

Celes (a Baibina.) ¡Tú, tú has armao esto! ¡Golfa, 

indecente, tunanta! 
Bal. ¡Lo mismo digo, retaco! 

Celes ¡Ladrona!... ¡Asquerosa!... 

(Se oye un acordeón.) 

Ram. ¡a buena hora viene ese tonto! ¡Dile que 

calle! 



ESCENA ÚLTIMA 

DICHOS y el SEÑOR BIBIANO, que sale muy alegre por el fondo 
derecha. I leva varios paquetes atados con bramantes, que cuelgan 
de los botones de su americana y toca un acordeón que llevará col- 
gado del cuello por medio de una cinta. Es preciso, que cuando 
cese de tocar, y por su peso se despliegue el acordeón, se oiga cla- 
ramente el sonido de sus notas 

BiB. ¿Y usté ha visto las filigranas que hago yo 

con La Duquesa del labarin? Pos ahora verá 

usté con... (Se lo dice a Celes, que sale a su encuen- 
tro.) ^ 

Celes ¡Qué tabarin, ni qué narices!... ¿Pero no ve 

usté lo que ha ocurrió? 



^ 60 --- 

BlB. ¡Mi madre!... (Mira en derrfedor, ve llorar a Ramo- 

na, contempla a los demás, se hace cargo de la sitúa, 
clon y su alegría se torna en cómico y exagerado 
estupor.) ¡Rediezl Pero ¿qué sucede? (Se le caen 
los paquetes al suelo. Se le despliega el acordeón y 

suena.) ¿Qué pasa? 
Wen. Pues pasa, que ya era hora de que nosotros 

nos metiésemos y acabásemos de una vez 

con esto, a buenas o a malas. 
BiB. Pero, ¿qué ha sido? ; Hablar! 

Wen. No. (Lc recoge el acordeón, que suena.) Hay COSaS 

que es mejor no oirJas, padre. Esta ya está 
cou nosotros, (a Ramona.) Y usté, señora, me 
paece que ya es razón que deje tranquilo y 
al arrimo de sus hijos a este pobre hom- 
bre. 

Ram. Sí, sí, hijo, sí... pa vosotros... ¿Y por qué no 

le dais la fosfatina? 

Bal. Le que le vamos a dar es un peazo de pan 

honrao y una miaja e cariño, cosas que usté 
no ha podio darle. 

BiB. Pero... 

Ram. La culpa la tié mi cuerpo, por matar el 

hambre a los perros. ¡Así me pagáis! ¡Que- 
dar con Dios, hambrones!... ¡Asquerosos!... 
¡Maldita sea!... ¡Puaf!... (Les escupe.) 

Celes Vamos, hija, vamos. ¡Nos han dao la me- 

rienda! 

Bal. Tome usté, pa la digestión. (Le echa ei chorro 

de una botella de seltz. Sale corriendo tras Ramona.) 

BiB. ¡Pero, por Dios, Ramoncita, no te vayas!... 

oye... 
Wen. (Deteniéndole.) Silencio, padre. 

BiB. ¡Dios mío!... ¿Pero qué me pasa a mí? ¿Qué 

es e^to? 

Bal. (Recogiéndole el acordeón, que suena.) ¡Que tiene 

usté depplegao el acordeón! 
Bib. ¡Quedarme sin ella, con lo que yo la quería! 

(Se le despliega otra vex.) 

Man, ¡Pero, hombre, paece mentira que a sus 

años!... (Le recoge el acordeón, que suena.) 

BiB. ¡A mis narices!... ¡Y a mí no me suenas tú 

nada!... ¡Fuera de aquí!... ¡Quedarme sin mi 

Ramona! (Llora.) 
Wen. Ea, basta de lágrimas, padre. 

Bal. a la edad de usté los cariños son como el 

hipo: se pasan de un susto. El susto ya ha 

pasao, conque alegría. 



— 51 -> 

Wen. y no se piensen ustés. A lo pobre, pero va- 

mos a merendar pa celebrar esto. (Llamando.) 
Mozo. 

Chico (saliendo.) Mande usté. 

Wen. La ensalá que hemos pedio, pa dos más. 

BíB. (Llorando.) Sí que te lo agradezco, hijo; por- 

que me ha quedao un vacío... 

(Se sientan los hombres.) 

Bal. y tú, ven acá. chiquilla, (a juUa.) Con nos- 

otros, pué que países hambre, pero no pasarás 
vergüenza. Alégrate. Y por las mañanas ven- 
drás conmigo a lavar al río, a este rio Manza- 
nares,que hace olvidarlos malos pensamien- 
tos, porque tié en sus orillas las dos cosas 
más alegres de la tierra: las lavanderas y lo& 
merenderos... [Bendita eea el agua del Man- 
zanares, que es para el pueblo de Madrid 
limpieza y alegría, honradez y salud! jViva 
el Manzanares! 

(Telón.) 



FIN DEL saínete 



JUICIOS DE LA PRENSA 



Arniches, el fiel retratista de la clase popular, el autor qne 
acaso ha penetrado más en ella y mejor la siente, tuvo ano- 
che en Novedades su mayor apoteosis, y tal vez el triunfo 
más grande de su vida. _ 

Por lo menos, el más emocionante y el más estimable 
para él sí que lo ha sido. Porque anoche fueron «ellos», la 
Isidra y el panadero que hoy es su señor marido, las de cara 
e Dios,Malquiades, la prendera. Cañamón y el agüelo, la plan- 
chadora, el sastre, las chulas aquellas y los chulos aquellos, 
toda la gente del pueblo con corazón, pasiones y gracejo, 
tantas veces retratada por la fecunda y madrileñísima plu- 
ma de Arniches, los que le aplaudieron con frenesí y le vi- 
torearon hasta enronquecer con motivo d 1 estreno en Nove- 
dades, «en su casa de ellos», del saínete El agua del Manza- 
nares, estrenado con no menor éxito el sábado en Apolo, 
ante un público selectísimo y difícil, de «a» quince pesetas 
la poltrona y treinta machacantes los palcos. 

Ya ha dicho en ^u oportunidad y sazón la crítica que este 
saínete, escr.to por ruego y encargo expreso pata la fiesta 
del sábado, como toías las que en ella se representaron, es 
uno de los mejores saínetes de D. Carlos, aunque el asunto 
no sea nuevo, y ya ha lloviólo y salido el «solé» desde que se 
descubrió lo del «nihil novum», por el gracejo, ñaidez y ma- 
iirilefiismo del diálogo, por el dibujo de los tipos, por la 
gracia de las situaciones y por la igualdad y segundad con 
•que toda la obra se mantiene sin decaer un solo instante en 
este plano. Ahora, pues, sólo compete registrar en esta gace- 
tilla el grato suceso de anoche, que dio a Novedades y a los 
autores del saínete nuevo un exitazo de los gordos, garanti- 
zando El agua del Manzanares la fertilidad peseteril de la 
taquilla por todo lo que resta de temporada y mucho rato 
más de la otra. 

La música de Barrera y Estremera fué también muy 
aplaudida, repitiéndose dos de los tres números que tiene. 
El principal mérito de ella es la completa sumisión al libro, 
no sólo en cuanto a no distraer la atención de aquél, sino 
por el mucho carácter que, sin alardes coloristas, han acerta- 
do a darle los autores, teniendo en cuenta los discretos man- 



damientos del ambiente y la oportunidad, que tan olvidados 
andan. El dúo de «el Tiritas» y «el Templao», en que tan fá- 
cil hubiera sid > buscar el ei'ecto con latiguillos y ruido, es 
un modelo de esto. 

Pero el interés de lo de anoche, más que en el escenario, 
con tenerlo tanto el saínete y ser tan acabada, tan perfecta, 
la interpretación que le dio la compañía de Novedades, esa 
compañía de sainetes madrileños, estaba en la sala, en los 
modelos tantas vects utilizados por Arniohes. Y los letrata- 
dos dieron testimonio irrecusable con su aprobación entu- 
siasta, calurosísima, de la fideliilad del retrato. Cuadros, mu- 
tis, relaciones, todo fué aplaudido c.:n simpática y juiíta ve- 
hemencia; pero al final, cuando los actores sacaron, a escena 
a Arniches, la manifestación que se le hizo fué altamente 
emocionante. Los artistas empujaron al autor de El santo de 
la Isidra a las candilejas y se retiraron al fondo, aplaudien- 
do; el público, puesto en pie y sin marcharse nadie, aplaudía 
también, y los del anfiteatro y la cazuela agitaban las go- 
rras, las blusas y las fajas, vitoreando al feliz pintor de su 
vida. 

— ¡Viva Arnichps! 
— ¡Pero que muy bien, don Carlos! 
— ¡Choca, ninchi! 

Y taiitas y tantas fueron las demostraciones de admira- 
ción y cariño con que su gente saludaba la entrada en su 
casa de Arniches, que por primera vez y con obra tan afor- 
tunada estrenaba en Novedades, que el autor de El agua del 
Manzanares se vio obligado a dirigir la palabra al público, 
para dar gracias en emocionadas frases, expresando cuánto 
ansiaba estos aplausos y cuánto le halagaba que «ellos> le 
aplaudieran, proporcionándole la noche más feliz de su vida 
de autor. 

Arniches, con los maestros Barrera y Estremera, e- pintor 
Gayo y los acto'es de Novedades, estuvo saliendo a escena 
hasta que los del telón se plantaron, declarando que no po- 
dían más. 

Luego, en la calle, pese a lo desapacible de la noche, espe- 
ró a Arniches mucha gente, que de nuevo le aplaudió y vito- 
reó, disputándose el abra/arie y estrecharle la mano. 

Dos palabras para los actores de Novedades. El saínete de 
Arniches tiene bien ganado su éxito; pero en él tienen parte 
muy principal los excelentes actores de esta bien acoplada 
y disciplinada compañía de sainetes madrileños. A la prue- 
ba de consideración que recibieron de Arniches al elegirles 
para representar su oitra conespondieron ellos con su entu- 
siasmo, y con tanto cariño la estudiaron y la ensayaron con 
tal interés, que hubieran podido estrenarla sin apuntador. 
Lo demás lo hizo su inteligencia, el conocimiento que tienen 
de aquellos tipos y su acierto para reproducirlos. 

Todot», absolutamente todos, María L acalle, Vicenta Bo- 
na^^tie, Erminia Molina, Clotilde Romero, Pilar Sigler, Luisa 
de la Vega, que bien a las claras muest a en éstos sus pri- 
meros, seguros y prometedores pasos, su sangre de artista; 
Girón, Cortés y Bermejo, y los Sres. Aparici, Gómez Bur, 



Llorens, Cumbreras, Guillot, Alares, Codorníu, González, 
Vega, Paz, Sancho, Perdiguero, San Martín y López desem- 
peñaron su píipel a maravilla, y no exageramo-». 

María 1 acalle tuvo en este saínete su Cí^nsagración. Ahora 
se ha visto que no eran exagerados los elogios que de ella 
hacían los cr^nigtas de la casa. El gran público descubrió en 
ella en la Fiesta del Saii ete una excelentísima tiple cómica, 
que hace con pasión, verdad y gracia Como en e-a tarde 
inolvidable, hubo anoche grandes ovaciones para ella y para 
todos. 

El agua del Manzanares se hará muchas veces centenaria 
en los carteles La obra es buena, los artistas la sienten y la 
hacen bien... Sume usted miles 

Arniches ha elevado la categoría de Novedades; el público 
se la ha dado a la compañía Uno y otro triunfo son de la 
disciplina, la buena voluntad, la afic'ón, el entusiasmo y la 
quietud de los actores y la seiiedad de la Empresa. 

A todos, enhorabuena. 

(Del Heraldo de Madrid.) 



Muchos, grandes y merecidos han sido los triunfos teatra- 
les de Carlos Arniches; pero seguramente uno de los más sin- 
ceros y espontáneos, y el que tal vez habrá satisfecho en ma- 
yor medida al ilustre sainetero, es el qu*^ obtuvo en Noví^da- 
des con la primera reprtsentainón de F^l agua del Manzana- 
res, obra estrenada en el día anterior en la Fiesta del 
Saínete. 

El alma del pueblo, del noble pueblo madrileño, que tantas 
veces y tan magistralmente pintó Arniches con todas sus 
lacras, pero con su fondo siempre generoso, sieuspre bueno, 
se desbordó en entu'^iasmo al verse tan fielmente retratado 
y comprendido, y riodió el homenaje de sus aplausos caluro- 
sos y de sus vivas conmovedoras al gran au^or que por vez 
primera llegaba el teatro popular, al teatro único donde hoy 
se cultiva el madrileñísimo saínete, el clásico género chico 
con honra y provecho, en tanto que en los que fueron sus 
templos reina la desorientación y el des -oncierto. 

El público de Novedades, ese público tan esp^cialísimo, 
cuya psicología hemos tratado de desentrañar más de una 
vez en estas notas, no sólo aplaudió con frenesí a Carlos Ar- 
niches, sino que le obligó a hablar y después le esperó en la 
calle para nuevamente aplaudirle y vitorearle. 

En una ocasión referimos que los vendedores de los mer- 
cados sentían tal a 'miración por algunos artistas de Nove- 
dades, que al verlos pasar por las calles para dirigirse a los 
ensayos se unían a ellos, a porfía los obsequiabHu y ponían 
todo su empeño en que aceptasen las mercancías de sus 
puestos. De hoy en adelante no podrá Carlos Arniches desli- 
zarse, como acostumbra, entre el pueblo tomando modelos 
para sus tipos ni d.naires para los diálogos de sus saínetes. 



El pueblo le ha visto, le conoce, y cuando le vea entre él 
no le permitirá el incógnito, y volverá a sentir el sainetero el 
halago de la admiración de los humildes, de los sencillos: la 
más sincera, la más desinterese da. 

Con Amichas compartieron el gran triunfo los artistas de 
Novedades. Aquella compañía, de tan buen coiijunto, de tan 
loable disciplina, da a El agua del Manzanares una interpre- 
tación adecuadísima. 

María Lacalle, para quien siempre hemos tenido adjetivos 
tan encomiásticos como merecidos, ha afirmado en esta obra 
de un modo absoluto su personalidad de tiple cómica. Apa-- 
rici, Gómez Bur, Llorens, Cumbreras, Guillot, la Gión y la 
Cortés y todos los demás intérpretes, hasta los más modes- 
tos, hacen verdaderos primores y están a la altura del saí- 
nete. 

(De El Imparcial.) 



El maestro D. Carlos — no puede ser otro D, Carlos que 
Carlos Aruiches, tratándose de maestría y dé cosas de tea- 
tros — fué anoche objeto de un triunfo y de un agasajo real- 
mente excepcionales en el teatro de la calle de Toledo, con 
motivo de la representación de su última obra. 

Como es sabido, El agua del Manzanares la bebió por vez 
primera en Apolo el púljlico que asistió a la Fiesta del Saí- 
nete, hace unos días. I. a obra, también es sabido, la escribió 
D. Carlos para la compañía de Novedades, y ésta pus.o el 
alma entera en la interpretación. Juzgados ya artistas y saí- 
nete por los concurrentes a la catedral, la empresa de iNove- 
dades dio anoche en su teatro la primera representación de 
El agua del Manzanares. 

D. Carlos a-istió, noblemente orgulloso, a dicha primera 
representación. El éxito que logró Arniches fué realmente^ 
indescriptible y el de interpretación corrió parejas con el del 
autor del sainete. 

Imposible mencionar con toda fidelidad el número de ve- 
ces que tuvo que presentarse en escena el Sr. Arniches para 
recibir aclamaciones y aplausos durante la representación.. 
Al finalizar la obra se desbordó el entusiasmo hasta el extre- 
mo de exigir, entre cariñosas evaciones, que D. Carlos ha- 
blase. 

Y habló D. Carlos, no una vez más por boca de sus perso- 
najes, sino de propia y viva voz, al alma de Madrid, tan ge- 
nuinamente rí^p^-esentada en el público que le aclamaba. Y 
el Sr. Arniches, tan habituado a triunfos enormes, manifestó, 
que el triunfo de ahora lo consideraba como el mayor de su 
vida, puesto que para el pueblo escribe y éste acogía su tra- 
bajo para guardarlo en el fondo del corazón. 

Y después de frenéticos aplausos, que nunca concluían,, 
no sólo del público, sino de la compañía toda, el glorificado- 
autor fué aplaudido y vitoreado en la calle. 



—Gracias, gracias, muchas gracias— decía y repetía Arni- 
ches, a la vez que secaba lágrimas muy sinceras. 

Indudablemente, D. Carlos tenía razón: el triunfo de ano- 
che fué el mayor triunfo de su vida. 

(De La Tribuna.) 



El saínete de Arniches El agua del Manzanares o Cuando el 
ríosu'^na..., cuyas primicias disfrutamos en la Fiesta del Saí- 
nete, ha tenido, al ser representada en Novedades, un éxito 
clamoroso, desbordante. 

Al finalizar la obra, Carlos Arniches, sinceramente conmo- 
vido ante aquel homenaje tan espontáneo como entusiasta, 
tuvo que dirigir la palabra al público, a requerimiento de 
éste, manifestando que aquel triunfo lo consideraba como el 
más grato e inolvidable de su vida. 

La compañía de Novedades, haciendo honor al sámete y 
al maestro, ofreció un irreprochable conjunto. 

Parodiando la frase del poeta, bien puede decirse «que 
todo júbilo fué la calle de Toledo». 

Un saínete de Arniches en Novedades, y próxima la visita 
de los isidros, es como para apuntalar el teatro. ¡Porque la de 
dinero qu3 va a entrarl 

(Del A B G.) 



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Casa editorial. 

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El maldito dinero. 

El pollo Tejada. 

La pena negra. 

El distinguido Sportman. 

La noche de Reyes. 

La edad de hierro. 

La gente seria 



La suerte loca. 

Alma de Dios. 

La carne flaca. 

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Felipe segundo. 

La alegría del batallón. 

El método Górritz. 

Mi papá. 

La primera conquista. 

El amo de la calle. 

Genio y figura. 

El trust de los Tenorios. 

Gente menuda 

El género alegre. 

El príncipe Casto. 

El fresco de Goya. 

El cuarteto Pons. 



La pobre niña. 

El Premio Nobel. 

La gentuza. 

La corte de Risalia. 

El amigo Melquíades. 

La sombra del molino. 

La sobrina del cura. 

Las aventuras de Max y Mino 

El chico de las Pefiuelas. 

La casa de Quirós. 

La estrella de Olympia 

Café sólo. 

Serafín el Pinturero. 

La señorita de Trevélez. 

La venganza de la Petra. 

¡Que viene mi marido! 

El agua del Manzanares. 



^f^^ip^^.