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Full text of "El ajedrez; investigaciones sobre su origen"

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EL AJEDREZ 



INVESTIGACIONES SOBRE SU ORIGEN 



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L'Art, 1," rt* IKWijni 1» IWW. 






BA.RCIÍLONA 



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EL AJEDREZ 



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EL AJEDREZ 



EL AJEDREZ 



INVESTIGACIONES SOBRE SU ORIGEN 



POR 



D. José Brunet y Bellet 



*La crítica histórica ha mcBoacabado el culto tributado 
por los Ignorantes á algunos falsos grandes hombres, mas 
en cambio i cuántos genios ignorados ha revelado!... Ko se 
es iconoclasta por el mero hecho de relegar ciertos ídolos á 
un rincón j de sustituir los dioses de la lus á Us divinida- 
des tenebrosas. Kuestra época es la de la Justicia, no la de 
la denigración. La Historia, colocando s cada uno en su 
sitio, demuestra que es una resurrección j que ha sonado 
la hora del Juido final.» 

(LaoM HüoonHKT. — 1^ Vtrité 9ur lo FómariHé. L'Art, 
l.^ de Octubre d« 1885). 




BARCELONA 

«L'AVENS,» BOTERS, i 6, LIBRERÍA 

1890 



1 2> 4-.0 3 



THE NEW TOBK 

PUBLIC LIBRÁBT 



iaiM. UmX AMB 

TDjm wttafmxjim» 



\ 



Barcelona.— Establecimiento tipo-litográfico de Espasa y Comp.* 



PROLOGO 



Al terminar en Caldetas mi trabajo sobre el juego de naipes 
pensaba, ya que allí hablo de él, continuar como apéndice algunas 
observaciones sobre el juego de ajedrez. Al querer realizar mi propósito 
á mi regreso á ésta, vi que la cosa era más seria de lo que me había 
figurado, pues tenia que destruir nada menos que un error transmitido 
de siglo en siglo por la tradición y la rutina y apoyado por sabios auto- 
res de grandísima reputación, tales como Sir William Jones, el capitán 
Hiram Cox, Duncan Forbes, Van der Linde y otros. 

El error á que me refiero es la pretensión de que el ajedrez procede 
de la India. A mediados del siglo xiii encontramos ya aceptado este 
origen en el libro que don Alfonso el Sabio escribió sobre los juegos de 
ajedrez, dados y tablas. Ignoro si este autor atribuyó el origen de este 
juego á la India para dar cierto carácter especial á su libro, según 
costumbre de aquella época, ó si su opinión sobre este particular era la 
corriente en su tiempo. La leyenda con que encabeza su libro, por más 
que figura como sucedido en la India, no se parece en nada á las leyendas 
de aquel país, ni por el carácter del inventor del ajedrez ni por el motivo 
que dio origen á la invención. 

Creo inútil advertir que los autores modernos que se han ocupado 
del ajedrez, han hecho investigaciones en todas partes menos en España, 
y que sólo Van der Linde conoce en parte el importante Libro de los 
fueffos de nuestro Alfonso el Sabio. Ni el mismo Duncan Forbes, — que si 
manifiesta buenos deseos por la prosperidad de nuestro país, es por 
los importantes manuscritos árabes que cree aún poseemos, — se ha 
tomado la pena de consultar ninguno de éstos, teniendo pocas noticias 
de aquel libro, cuya lectura le habría hecho interpretar de otro modo 
ciertos pasajes dudosos, dándole bastante luz para aclarar muchos puntos 
oscuros. Por mi parte confieso que sin la obra de don Alfonso me habría 
sido muy difícil, por no decir imposible, aclarar muchos pasajes y pe- 
netrar muchos misterios de los textos que me han servido de guía. 



VI PRÓLOGO 

Tal vez se me critique por la dureza con que trato & Duncan Forbes, 
dureza justificada por el modo áspero y burlón con que este autor trata 
á cuantos no son de su parecer, y la autoridad con que siempre habla 
ex cátedra del incontrovertible origen indio del ajedrez, siendo asi que este 
origen es, por el contrario, muy controvertible por apoyarse en un solo 
documento sospechoso, moderno, falso y mal fundado, & causa de haber 
sido extractado de un libro que está muy lejos de tener la antigüedad y 
la autoridad que se le atribuye. 

Es también posible que me tilden de difuso por extenderme en 
consideraciones y noticias históricas que pueden no parecer del caso, 
por más que, si bien se examinan, no podrá menos de reconocerse que son 
aclaraciones — muchas de ellas indispensables, — para el descubrimiento 
de la verdad, máxime tratándose de desvanecer errores y preocupaciones 
históricas perpetuadas por la costumbre de copiarse unos á otros y de 
apoyarse en autores que todos citan, tal vez sin haber leído, como sucede 
con Firdusi , £1 Macudi y muchos de los cl&sicos griegos y latinos, 
haciéndoles decir, no sólo lo que no dicen, sino hasta todo lo contrario. 

En este trabajo, — lo mismo que en el de los naipes, emprendido 
como éste por vía de pasatiempo, — no tengo la pretensión de resolver 
nada definitivamente. Mi intención es sólo proporcionar datos & los que, 
con más conocimientos que yo, quieran ocuparse de esta clase de estu- 
dios en lo sucesivo. 

Cúmpleme en este sitio dar las más expresivas gracias á mis esti- 
mados y eruditos amigos los señores don Mariano Aguiló y Fuster, don 
José Balar i y Jovany y don Manuel de Bofarull y Sartorio, que con su 
eficacísimo auxilio intelectual y material me han ayudado á dar cima á 
un trabajo más largo y difícil de lo que yo me había figurado. 

Termino pidiendo á mis lectores que se fijen más en lo que digo que 
en la forma en que lo digo. 

Barcelona, 28 de Septiembre de 1886. 



EL AJEDREZ 



INVESTIGACIONES SOBRE SU ORIGEN 



FABTE PBDCEBA 



EL- AJEDREZ EN ORIENTE 



EL AJEDREZ 



CAPITULO PRIMERO 



LA INDIA 



Asi como, según mi modo de ver, los naipes tienen todas las señales 
dé haber sido inventados en la Edad Media, el ajedrez tiene el sello de 
una gran antigüedad por más que sea probable que su origen no sea el 
que comunmente se cree. La viva imaginación del hombre, amante de 
todo lo maravilloso, ha preferido siempre buscar el origen de las cosas 
en puntos desconocidos, de difícil y á veces imposible investigación, & 
enterarse de documentos y datos caseros que tenia más á mano, y, cono- 
ciéndolos, no ha querido ó no ha sabido aprovechar la luz que podian 
darle, luz casi siempre más clara y fija que la oscura y trémula que iba 
á buscar en países para él desconocidos y de los que no tenía otras noticias 
que los pasajes anecdóticos, fantásticos y fabulosos, y los comentarios 
extractados de autores antiguos, sobre todo de los griegos y los árabes, 
de dudosa veracidad y de procedencia incierta. Por eso á la justísima 
observación de Mr. León Hugonnet de que «no ve nada que sea respe- 
table ni poético en un error ó preocupación histórica y que no puede 
comprender esa tenacidad en defender falsedades acreditadas (1),» se 
puede contestar, sin temor de equivocarse, que esa tenacidad se explica 
por la ignorancia producida por la rutina de leer siempre los mismos 
libros, lo cual hace que se repita lo que otros han dicho ya cien veces, sin 
sujetar los pasajes ó hechos que se leen á un examen crítico y compara- 
tivo, cronológico, histórico y arqueológico. 

Lo que acabo de decir sucede más particularmente en todo cuanto 
se refiere al antiguo Oriente. Todos hablan de él repitiendo las fábulas 

(I) Artículo citado en el epígrafe. 

2.— EL AJEDREZ. 



10 BL AJEDREZ 

que han leído en los clasicos, interpretándolas y comentándolas á su 
modo; son muy pocos los que se toman el trabajo de enterarse de lo que 
los modernos exploradores de aquel país han escrito sobre sus propias 
investigaciones y descubrimientos, y son menos aún los que buscan el 
origen de las cosas por medio de la Historia, comparando las fechas y 
los sucesos, ó estudiando el carácter, la religión y los usos y costumbres 
de cada pueblo en sus diferentes épocas, para darse cuenta de aquello 
mismo que tratan de describir. 

El no haber tenido presentes todas estas observaciones, ha sido causa 
de que desde tiempo inmemorial se venga considerando al ajedrez como 
de origen indio y de que esta opinión esté muy en boga entre los autores 
que se ocupan de este juego. 

El conde de Basterat (1) cree haber puesto una pica en Flandea 
diciendo, que «gracias á dos sabios ingleses, sir Federico Madden y el 
doctor Forbes, tenemos noticias de documentos antiguos que nos dan 
exacto conocimiento del origen del ajedrez.» Pero el conde de Basterat 
quizás ignoraría que Madden y Forbes (2) no hacen más que comentar á 
su modo un pasaje del Bhavishya-Purana, pasaje citado hace ya ochenta 
y cuatro años en la Sociedad de Investigaciones Asiáticas (3) por su presi- 
dente Sir Guillermo Jones, de quien tendremos ocasión de ocuparnos 
más adelante. 

Mr. James Cristie dice: «Actualmente nos encontramos tan bien 
dispuestos á favor de.nuestros buenos amigos (los indios) y tan á gusto 
con ellos, que al considerar su historia y el estado de las artes y ciencias 
en su país, no titubeamos en fijar una fecha demasiado remota á su 
antigüedad ni en conceder sobrada importancia á su ingenuidad y á sus 
invenciones (4).» 

En efecto, muchos autores ingleses que han escrito sobre el origen 
del ajedrez, se han desviado del verdadero camino dejándose llevar de 
esa parcialidad, sobre todo los doctores Hyde y Duncan Forbes. Todos 
ellos se han contentado con seguir implícitamente á los autores orien- 
tales, cuyas obras son las únicas que ha consultado el último, y unáni- 
memente pretenden atribuir á los indios, con exclusión de todos los 
demás pueblos, la invención del ajedrez, sin tomarse el trabajo de 
estudiar á los autores occidentales, comparando lo que dicen unos y 
otros, y juzgando con toda imparcialidad el asunto (5). 

Mr. Duncan Forbes empieza su obra copiando esta máxima del 
alférez O'Doherty: «La causa de que muchas cosas importantes sean 
ignoradas ó dudosas, es que nadie se ha tomado la pena de quererlas 
poner en claro.» Y después dice: «Creo que esta juiciosa observación del 

(!) Traite élémentaire du Jeu des Écheos.— Segunda edición.— Par is, 1880. 

(2) The History ofChess, etc., by Duncan Forbes.— London, 1860. 

(3) Asiatic Researches or Transactions of the Society ¿nstituted ¿n Bengal. — 
Bengal andLondon, 1801.— Tomo II, pég. 159 á 165. 

(4) An Inquiry into the Ancient Greek Game supposed, etc —London, 1801. 

(5) Freret, en el discurso que pronunció en presencia de Luis XV, que en su juven- 
tud había sido jugador de ajedrez, es también de opinión que este juego es de origen 
indio; mas, fundándose en lo que dicen algunos autores árabes, fija la época de su 
invención al siglo v de nuestra era y refiere la tradición ó cuento de la multiplicación 
del grano de trigo. 



EL AJEDREZ 11 

abanderado filósofo es la que mejor puede aplicarse á nuestros informes 
sobre los orígenes y progresos del juego del ajedrez. Los modernos escri- 
tores que se han ocupado de ello, salvo pocas y honrosísimas excep- 
ciones, no han hecho más que repetir las pueriles leyendas que nos han 
transmitido Carrera, Ruiz López y Salvio, hombres que, si bien eran 
muy buenos jugadores de ajedrez, dejaban mucho que desear en punto 
á conocimientos generales y exactos de la antigüedad. ;> 

Es muy cierto que decir lo que otros han dicho ya no es ningún 
adelanto, mas aún es peor sentar teorías nuevas y negar sin fundamento 
la opinión de los demás, porque esto es un retroceso. Cuesta poco ase- 
gurar que el juego que jugaban los egipcios, los griegos y los romanos 
no era el ajedrez, sino las damas ó el jaquel y sin aducir ninguna prueba 
en apoyo de esta opinión; así como tampoco cuesta mucho decir que en 
la Edad Media se jugaba en Europa este juego lo mismo que en Oriente, 
y hacer cambiar la colocación de las piezas para que no choque la 
nomenclatura que quieren aplicarles. 

Al pasar Mr. Forbes revista de los pueblos á quienes se atribuye la 
invención d«l ajedrez, entre los cuales figuran los escitas, pregunta: 
«¿Quiénes eran los pastores escitas para que se les pueda atribuir esta 
invención?» De seguro que si se hubiese tomado la molestia de enterarse 
de quiénes eran los indios, no ya cinco ó seis mil años atrás, fecha á que 
él hace remontar el origen del ajedrez, sino en los primeros tiempos de 
N. E., y no hubiese escrito con un criterio determinado y bajo la 
influencia de ideas preconcebidas, no se habría molestado tanto para 
atribuir la invención de este juego á un pueblo que, cuando los griegos 
lo conocieron, era poco menos que bárbaro; tampoco se habría reído del 
autor anónimo que vivía en la corte de Tamerlán, autor de quien se 
sirve siempre que le conviene, porque dice que los indios no podían jugar 
bien al ajedrez porque eran una raza estúpida é ignorante. Se habría con- 
vencido de que la palabra Chaturanga no podía significar en aquellos 
remotos tiempos los cuatro cuerpos de un ejército tal como él los imagina, 
asegurando que eran elefantes ^ caballería, barcos ó carros é infanteria^ 
pues los antiguos indios no tenían barcos de guerra ni mercantes, ni 
tampoco tenían lo que propiamente se llama caballería, puesto que ésta 
en la India la constituían los elefantes. En Persia, donde muchos siglos 
después se usaron carros de guerra y elefantes, no los tuvieron á un mismo 
tiempo. Mr. Jorge Rowlinson observa que «cuando los persas empezaron 
á servirse de los elefantes como á cuerpo de ejército, abandonaron los 
carros de guerra (1).» Además si, como he dicho yo, Mr. Forbes hubiese 
consultado los autores occidentales, habría visto que el ajedrez se jugaba 
en España antes del tiempo de Alfonso el Sabio y que de ninguna ma- 
nera podía tomarse alguno de los que se jugaban en aquel tiempo como 
simulacro de una guerra. 

Mr. Duncan Forbes acaba su Historia del ajedrez diciendo que ha 
sido algo severo con la escrita por Mr. Mili , porque éste hacía un retrato 
de los indios muy diferente del original, á causa de la indignación que 
le habían causado las exageradas descripciones de sus adelantos en la 

(t) The Seoenth Great Oriental Monarcky, 



12 BL AJEDREZ 

civilización y en las ciencias , asi como las desmedidas alabanzas de su 
talento y virtudes que de ellos hacia sir Guillermo Jones, llevado de su 
amistoso entusiasmo. !Mr. Mili, dice Mr. Forbes, ha entrado en el palenque 
con un entusiasmo igrual, pero con el menos laudable propósito de reba- 
jarlos del nivel que les corresponde, así como sus admiradores los hablan 
puesto por encima de él. T acaba por suponer que Mr. Mili escribía con 
el poco noble objeto de indisponer á los habitantes de la India con sus 
vencedores los ingleses. 

^o conozco la obra de Mr. Mili, y por lo tanto nada puedo decir 
acerca de ella; pero presumo que este autor conoce mucho mejor que 
Mr. Forbes la India, los indios y su historia, y en prueba de ello copio á 
continuación algunos de los muchos datos que sobre aquel país tengo 
reunidos, sin perjuicio de ir citando otros en el curso de este estudio. 
Véase por de pronto lo que hace unos ochenta años escribía uno de los 
indiófílos más entusiastas (1): 

«Se ha supuesto que los Brahmanes eran demasiado orgullosos para 
copiar nada de sus vecinos; mas no es así, y ellos mismos lo confiesan 
candidamente siempre que se les presenta la ocasión de hacerlo, sobre 
todo los físicos y los astrónomos.» 

«r Desde la conquista de Alejandro hasta muchos siglos después, 
parece que hubo en la India una gran afición á las ciencias y artes 
extranjeras, así como también á las curiosidades, instrumentos de 
música, vino y mujeres de Grecia. Según Bliano y Dión Crisóstomo, los 
indios, y lo mismo los persas, tenían las obras de Homero traducidas & 
su idioma. Filostrato dice que tenían exacta noticia de los antiguos 
héroes de Grecia y que poseían estatuas hechas por artistas griegos. Todo 
esto es muy posible, pues los griegos de la Bacíriafui estuvieron posesio- 
nados de Penjab- durante más de ciento veinte años. Los reyes de 
MagaéCha escribieron repetidas veces á los sucesores de Alejandro 
pidiéndoles sofistas ó sabios de Grecia; y últimamente el famoso Jaya- 
Sinha, Raja de Jaypur^ escribió al rey de Portugal pidiéndole hombres 
sabios, que le fueron enviados, mandándole también el rey de Francia 
un astrónomo, P. Bondier. Este Raja tenia los Elementos de Kuclides 
traducidos al sánscrito, y parte de ellos han ido á parar á manos de 
Mr. Davis. Dicen en aquel país que esta valiosa obra, cuyo original 
había sido escrito por Vis'vacarma ó Twashla^ (el dios artista), había 
estado perdida durante algunos siglos y que había sido sacada de la 
oscuridad merced á los extraordinarios esfuerzos de Jaya-Sinha.» 

«Tenía también este voluminoso tratado de geometría y astronomía 
llamado Sidd'Aánta-Samrdt, que era una recopilación de diferentes 
autores occidentales. La mayor parte de este tratado obra en mi poder y 
filé recogido en Jaypur por el coronel CoUins que residía en Sindia. 
Mr. Davis me participó que también habla sido vertida al sánscrito la 
obra de Teodosio sobre la esfera. Como estos robos han sido olvidados, 
difícilmente hay en el país quien conozca la procedencia de aquellos 
libros.» 

«rPor la descripción que hacen del famoso astrónomo indio y por su 

(1) El capitán Prancis Wilford en su Origin and Decline oftheChristian Reli- 
gión in India. Aaiatic Researches,- tomo X, págs. 9S, 113 y siguientes. 



EL AJEDREZ 13 

nombre de Yavana^cha^vijaj que es el del filósofo grieg*o que falleció 
poco antes de la Bgira Mahometana, se desprende que éste no era natural 
de Grecia sino de la India, por más que conociese muy á fondo la ciencia 
g^riega, siendo muy probable que hubiese cursado en la Escuela de 
Alejandría.» 

«Severo, filósofo romano, pero africano de nacimiento, después de la 
muerte del emperador Antemio, se retiró k su casa de Alejandría en el 
año 473 de N. E., recibiendo en ella á varios brahmanes de la India, ¿ 
los que trató con el más cordial respeto. Estos brahmanes sólo se alimen- 
taban de dátiles y arroz y no bebían más que agua, nunca manifestaron 
la menor curiosidad y se negaron d visitar los grandiosos y magníficos edi- 
ficios que adornaban aquella famosa dudad,-» 

«Se dice que Pitágoras y Demócrito visitaron á los sabios indios, pero 
la relación de estos hechos es demasiado vaga para que merezca crédito. 
El primer europeo de quien se tiene noticia que visitase la India, es 
Escilao, experto marino griego, enviado unos 50() años antes de C. á 
explorar aquella región por Darío Histaspes.» 

Los viajes de Escilao no han podido ser bien comprobados, y son 
varios los historiadores que con razón los ponen en duda. Lo positivo es 
que la India no fué conocida hasta el tiempo de Alejandro Magno, que 
es cuando los reyes griegos de la Bactria la conquistaron y dominaron; 
después de la caída del imperio romano cayó en el olvido permaneciendo 
poco menos que desconocida de las naciones occidentales hasta que, 
gracias al descubrimiento de Vasco de Gama, emprendieron estas nuevas 
conquistas y entablaron relaciones comerciales en aquellas lejanas 
tierras. 

Sir John Shore, que fué el segundo presidente de la Sociedad de 
Investigaciones Asiáticas de Bengala, decía á últimos del siglo pasado 
en un discurso sobre algunos hechos extraordinarios, costumbres y 
prácticas de los indios: «El carácter de los naturales de la India no es 
conocido en Europa á pesar de cuanto en ella se ha publicado (1).» 

Describe algunas costumbres extrañas y bárbaras de los brahmanes, 
su genio violento é irreflexivo, y después de haber detallado el sacrificio 
de una mujer vieja y ciega, que murió quemada, dice: «Este último 
caso está en completa contradicción con la humanidad y benignidad 
que, según asegura sir William Jones, autor de la Investigación histórica 
sobre la India antigua y moderna, ha caracterizado en todos tiempos á los 
habitantes de este país. Como regla general no me creo autorizado á 
negar que esta afirmación sea cierta, por más que haya excepciones; 
mas también es preciso confesar que con mucha frecuencia, irritados 
por motivos insignificantes, cometen actos que nada puede justificar; 
sin referirnos á malvados de profesión podríamos citar ejemplos de 
increíbles enormidades, producto de un orgullo vengativo y de la 
violencia de un temperamento indomable.» 

En testimonio de lo que acaba de decir cita este autor los tres hechos 
siguientes: un brahmán corta la cabeza á la viuda de un hijo suyo por 
fútiles motivos; otro mata á su propia hija, inocente criatura de diez y 

(1) Aaiatic Researches, tomo II. Discurso del Presidente. 



14 SL AJSDUBZ 

ocho meses, y dos brahmanes hermanos matan á su propia madre. A esto 
puede agregarse el horroroso sacrificio de las viudas quemadas junto con 
el cadáver de sus maridos y la bárbara costumbre del infanticidio en 
algunas tribus que obligaban á las madres á matar á sus propias hijas 
recién nacidas, so pretexto de los gastos que les causaba tenerles que 
buscar marido; de modo que en las tribus que existía esa bárbara cos- 
tumbre era muy raro encontrar más de una hija en cada familia. 

Por lo que diré más adelante, doy aquí un extracto del Rudhirá! 
Dhya'ya\ capitulo sanguinario del Calica-Purana^ que trata del valor 
de los sacrificios, siendo los humanos los más apreciados por la divinidad 
y los más provechosos para el ofertor. 

Dicho capítulo, después de una salutación á la diosa Callea, dice (1): 

« El placer que la diosa experimenta por una ofrenda de sangre de 
pez ó de tortuga, dura un mes , y tres meses la de sangre de cocodrilo. 

»Con la sangre de las nueve especies de animales feroces la diosa 
queda satisfecha durante nueve meses, y durante todo este tiempo sigue 
siendo propicia al bienestar de quien se la ofrece. 

»La sangre del toro salvaje y la del guanaco le causan un año de 
placer y la del antílope y jabalí doce años. 

»La sangre del Sáraiha (animal muy fiero que, según dicen, tiene 
nueve pies) deja satisfecha á la diosa por espacio de veinticinco años, 
y la del búfalo, la del rinoceronte y la del tigre por cien años. 

»La del león , la del reno y la de las especies humanas le producen un 
placer que dura mil años; el sacrificio de tres hombres le satis face por cien 
mil afios. La carne de éstos, ofrecida separadamente, causa á la diosa un 
placer de igual duración que la oferta de su sangre.» 

Esto se refiere sólo al hombre, al león y al reno, porque el efecto que 
le causa la carne de los otros animales está explicado á continuación en 
el mismo capítulo. 

«Al ofrecer el sacrificio el sacrificador debe decir: Ilrang, Ilring! 
Calí, Calí! ¡Oh, horrible diosa dentada! Come, corta, destroza toda malig- 
nidad; corta con esa hacha; coge, coge, agarra, agarra, bebe sangre, 
sacíate, sacíate, asegura, asegura. Salve á Calí.» Así acaba el Calratriya 
Mantra. 

«Los animales fueron creados por El que existe por sí solo para que 
le fuesen inmolados en los sacrificios. Por lo tanto puedes inmolarte tú 
misTno sin que incurras en pecado por el hecho de quitarte la vida.» 

En este libro se explica el modo de sacrificar un hombre como la 
cosa más natural del mundo. La víctima debía tener buen aspecto y estar 
sana y sin tacha. Así como la sangre de los demás animales podía ofre- 
cerse encima de hojas ó de cualquier otro objeto, la del hombre debía 
ofrecerse en un vaso de metal ó de arcilla. La mujer y las hembras de 
los animales no servían para los sacrificios y por consiguiente no debían 
ser inmoladas. 

«Los ministros del Estado, los consejeros y los vendedores de licores 
deben ofrecer sacrificios humanos para obtener prosperidad y riquezas,>/ 
dice otro párrafo. 

(l) 2.-4. 



^^ 



EL AJEDREZ 15 

En mucha estima debian tener los indios la embriaguez cuando 
igualan á los vendedores de licores con los altos dignatarios del Estado, 
concediéndoles el enorme privilegio de poder ofrecer sacrificios humanos 
para obtener prosperidad y riquezas. 

Si se ofrece un sacrificio humano sin el consentimiento del prín- 
cipe, el ofertor cae en pecado. En caso de guerra ó de peligro inminente 
los príncipes y sus ministros pueden ofrecerlos á voluntad, ad lihiium^ 
pero nadie m&s. 

Causa horror la lectura de las ceremonias con que se efectuaban los 
sacrificios humanos, algunas de las cuales eran en extremo ridiculas y 
pueriles. Los augurios que de estos sacrificios se deducían eran varios. 
Así, por ejemplo, si al cortar la cabeza á un hombre caía aquélla al 
Oriente, presagiaba riqueza; cayendo al sudeste, poder; al oeste, pro- 
vecho; al nordeste, un hijo; al norte, riquezas, y al sur, terror. 

El sacrificador antes de inmolar la víctima debía invocar al hacha 
con que debía darle la muerte, dirigiéndola plegarias que están insertas 
en el ritual de los sacrificios. Así antes de inmolar & un enemigo debía 
decir: 

«¡Oh diosa de forma horrible! ¡Oh Chandica! come, devora á mi 
enemigo fulano, ¡ Oh esposa del fuego ! ¡Salud al fuego! Este es fel ene- 
migo que me ha hecho mal. Ahora, personificado por un animal, destru- 
yelo, oh Mahamariy destrózale, destrózale, cómetele, devórale (1).» 

A los brahmanes les estaba prohibido, so pena de cometer pecado, 
sacrificarse á sí mismos, así como también sacrificar tigres y leones y 
ofrecer licores espirituosos. En caso necesario debían ofrecer una figura 
de persona, de tigre ó de león, cortándole la cabeza con las mismas 
invocaciones y ceremonias que si se tratase del sacrificio de animales 
verdaderos. En todo tiempo y lugar la casta sacerdotal ha sido lo mismo, 
cuando ha dominado. 

Bien la conocía ya Mr. Buchanan cuando á fines del siglo pasado 
decía de ella: «Por grados fueron introduciendo su superstición, basán- 
dola en parte en una doctrina preexistente en el país, acabando por 



(t) Traducción de Calica Purana, por VV. C. Blaguiere. Asiatic Researches, 
tomo V, póg. 371 y siguientes. 

Los sacrifícios humanos se encuentran citados en libros indios de fecha no muy 
remota. El drama búdico Nagananda^ la alegría de loa Serpientes, no es más que una 
especie de Misterio en el que el héroe, un principe joven y recién casado, se hace devo- 
rar por Garuda, ave fabulosa, enemiga de los Nagas, hombres-culebras, á la que debía 
sacriñcérsele un hombre cada día, sustituyendo dicho principe al que en aquel día debía 
inmolársele. Gracias á este sacrifício Garuda se acuerda de que puede alimentarse de 
ambrosia, y vuela á pedir á los dioses que hagan resucitar, no sólo al protagonista del 
drama, sino á todos los príncipes Nagas de las Serpientes que había devorodo y de los 
que sólo quedaban los huesos. Este drama se atribuye al rey ^ri-Harcha-Deva que, 
según el viajero chino Hionen-Thsang, reinaba en Kanodje cuando él visitó la India ¿ 
ñnes del siglo viii de nuestra era. 

En los Treinta y dos relatos del Trono el rey Vikraniadityaf el héroe de los cuentos, 
se ofrece cuatro ó cinco veces en holocausto en lugar de otros que debian ser inmolados 
ó devorados por alguna de las divinidades sanguinarias. No hay, pues, que decir que 
siempre sale bien librado de su abnegación, recibiendo muchos regalos, que al volver á 
su casa regala á su vez al primero que encuentra, y en esto consiste todo su mérito. Esta 
oi>ra rs la misma que con el nombre de El trono encantado posee la literatura persa. 



16 , EL AJEDREZ 

establecer sólidamente en éste su favorito y destructor sistema de castas.» 
T más adelante añadía: «Los brahmanes eran una raza de sacerdotes 
muy formidable entre un pueblo que ignoraba su hipocresía y su impu- 
dente pretensión á ejercer un poder sobrenatural (1).» 

En efecto, los sacrificios humanos y la embriaguez son completa- 
mente opuestos á la antigua religión de la India, que era la budista, 
religión destruida por los brahmanes al establecer la suya. Véanse, en 
prueba de ello, los cinco mandamientos y los diez pecados que consig- 
naba aquella antigua religión. 

ÜAHDAHIENTOS 

1.*" En ningún caso matarás ningún animal, respetando las vidas 
de todos ellos, desde el más ínfimo insecto hasta el hombre. 

2.° No robarás ni estafarás. 

3.° No violarás á la esposa ó á la concubina de otro. 

4.° No mentirás. 

b."" No beberás vino ni ninguna otra bebida que puede embriagarte; 
no tomarás opio ni otras drogas venenosas. 

Los diez pecados estaban divididos en tres clases. 

La primera comprendía el matar, á persona ó á animal, el robo, el 
adulterio y todos los actos contrarios á los cinco mandamientos. 

La segunda clase comprendía la falsedad, la discordia y las palabras 
soeces ó superfinas (2). 

La tercera clase la constituían el deseo de los bienes del prójimo, la 
envidia y el deseo de la muerte del prójimo y seguir la doctrina de los 
falsos dioses (3). 

El mismo sir Guillermo Jones en su último discurso pronunciado en 
la Sociedad de InvesHffaciones Asiáticas, dice: 

«Si alguien quiere formarse una idea exacta de la religión y de la 
literatura india, debe empezar por olvidar todo cuanto se ha escrito sobre 
esa materia, así por los antiguos como por los modernos, antes de la 
publicación del Gitd (4). 

Tanto este autor como J. Wilfort y los demás investigadores de la 
India de fines del siglo pasado y principios del actual, creían «que los 
nuevos descubrimientos les facilitarían los medios de poner en claro la 
confusión en que se encontraban á causa de la casi insuperable dificultad 
que tenían de poder comprender claramente los textos indios, fabulosos, 
fantásticos y extravagantes, y, por consiguiente, de distinguir la verdad 
de la ficción.» Mas los nuevos descubrimientos arqueológicos, acompa- 
ñados del perfecto conocimiento de la lengua sánscrita que nos ha 
permitido enterarnos con toda certeza del contenido de los tan ponde- 

(1) Asiatic Researches, tomo VI, págs, 204 á 20S. Año 1798. ' 

(2) Según las leyes de Manú, código de los brahmanes, el pecado de hablar dema- 
siado ó inútilmente, cometido por las mujeres, se consideraba tan grande que hasta se 
tenía como causa suficiente para justificar el divorcio. 

(3) Interrogatorio y respuestas de Zarado, obispo católico de Ava al Rahan, sacer- 
dote de Buda. Véase el tratado de Paulino, Cardenal de Borgia, Compendium legis 

Barmanorum, 

* 

(4) Asiatic Researches, tomo I, pég. 433. Sobre la escfritura. 



EL AJEDREZ 17 

rados libros sánscritos, en lugar de corresponder á las esperanzas de 
aquellos buenos desinteresados investigador es y no ha hecho más que desenga- 
ñarles, demostrando que los libros y monumentos á que había atribuido una 
antigüedad remotísima son de una época relativamente moderna, no habiendo 
ninguno de ellos que sea anterior al principio de la era cristiana, y que la 
confusión que existe en todos los ramos de la ciencia en aquellos libros 
es efecto de la ignorancia y del atraso intelectual de los indígenas de 
aquellos países. 

El doctor Wilhelm Lubke en sus Historias del A.rte y de la Escultura, 
dice: «¿Cómo habla de poderse inspirar el arte en la India para delinear 
asuntos de la vida diaria, cuando, según la doctrina brahmlnica, el 
mundo no debía ser considerado más que como un sueño de Brahma ó 
como obra de Máyá (el engaño ó la ilusión), y cuando, por la creencia 
en la interminable transmigración de las almas, el valor individual de 
cada criatura se convierte en puramente ilusorio? Poco es también lo 
que podemos encontrar para la vigorosa vida del arte histórico en esa 
tierra de mística y especulativa confusión.» 

Mr. Barth dice (1): «La inteligencia india está profundamente 
atacada por una enfermedad de la que jamás podrá curarse : la de afectar 
un gran aire de misterio para cosas que nada tienen que ocultar; hace 
gala de símbolos que al final nada significan y pone en juego enigmas 
que no valen la pena de ser descifrados.» No recuerdo en qué página 
dice esto, pero vale la pena de que toda su obra sea leída por todos los 
que creen en la antigüedad de las religiones de Brahma, Siva y Visnú. 

A la pregunta del emperador Mauricio sobre qué punto hablan alcan- 
zado los indios en la vía de la ciencia, de la religión, etc., el embajador 
de Chosroes II, para firmar un tratado de alianza con el Imperio Bizan- 
tino, respondió: «Su vía es la del culto de la Vaca y de la Luna; no creen 
en Dios ni en el poder de la rotación del cielo; no tienen compasión de 
sus cuerpos; creen ser sabios y no tienen por tales á hombres como 
nosotros (2).» 

Herodoto dice: (3) «...pues los indios son los pueblos del Asia de que 
podemos hablar con más certeza... Unos son nómadas y otros no; algunos 
habitan los pantanos del río y se alimentan de pescados crudos que 
pescan con barcas de bambú, formándose éstas con los trozos de bambú 
comprendidos entre nudo y nudo. Estos mismos indios van vestidos con 
las hojas que sacan de los bambús cortados del río cuando los pelan: 
las trenzan y forman con ellas una especie de corazas que se ponen en 
el pecho.» Ved ahí los barcos que, según Herodoto, tenían los indios. 

(1) Las Relicf iones de la India» 

(2) FiRDUsí, £'¿ libro de los Reyes, traducción de Mr. J. Mohl, tomo VII, póg. 104. 

(3) Herodoto, en Talla, 111, XCVIII. 



3. — EL AJEDREZ. 



CAPÍTULO II 



EL AJEDBEZ NO PCTEDE 8EB DE ORIQEN INDIO (1) 



Bosquejado en el capitulo anterior el modo de ser de la India en la 
antigüedad, veamos si es posible que la invención del ajedrez tuviera 
lugar en aquel país en una época tan remota como la que le asigna 
Duncan Forbes y su satélite el conde de Basterat, que la fijan nada 
menos que á unos tres mil años antes de la Era Cristiana. Estos seño- 
res, lo mismo que los demás que participan de su opinión, ignoran por 
lo visto que unos 500 años antes de Jesucristo toda la India era aúu 
poco menos que salvaje, y que no salió de la semibarbarie en que vivía 
hasta que los griegos la conquistaron, siendo éstos los primeros que em- 
pezaron á civilizarse (2). 

Por otra parte esos mismos autores, que aceptan y siguen la crono- 
logía bíblica, no reparan los inconvenientes de esta misma cronología ni 
las contradicciones en que incurren. Mr. Duncan Forbes se burla de 
O'Connor (3) porque anunciaba una Historia de Irlanda que empezaba 
mil años antes de la creación del mundo con una dinastía anterior á la 
construcción de la Torre de Babel, de lo que resultaba que la lengua 
irlandesa era la misma que hablaba Noé; y no sabe ver que él, al hacer 
remontar el origen del ajedrez en la India á 3000 años antes de nuestra 
era, lo hace inventar 700 aíios antes del Diluvio; de manera que Noé y 
sus hijos pasarían sin duda los largos y fatigosos días del Diluvio jugan- 
do al ajedrez á fin de que no se perdiera el uso de este juego. 

(1) Siempre que hablo de la India me refíero á todo el país comprendido desde 
Cabul al golfo de Bengala y bañado por el Indo y el Ganges, y llamo indios á sus habi- 
tantes. 

(2) Antes de Alejandro Magno la India era poco menos que desconocida para los 
europeos, por lo que le sobra razón á Mr. W. Robertson cuando dice: tAsí es que Ale- 
jandro fué el primero que preparó á los pueblos de Europa para el conocimiento de la 
India » Véanse sus Recherches historiques sur les connaissances que les anfients acaient 
de Vlnde, pág. 17. 

(3) The History ofChess, Apéndice D. 



EL AJEDREZ 19 

Me atrevo á decir que Duncan Forbes no conocia la historia ni el 
modo de ser de la India de hace dos mil años, pues da muchas pruebas 
de ignorarla. Una de ellas es la contestación que da á Sir Guillermo 
Jones, quien dice que no había visto mencionado el ajedrez en ninffuno 
de los libros clásicos de la India. «La razón es muy obvia, le contesta 
Forbes, porque los libros clásicos de los brahmanes fueron probablerneníe 
escritos muchos siglos antes de que el juego antiguo se transformara en 
el de la Edad Media,» esto es, muchos siglos antes del vi de nuestra era, 
— que, como veremos después, fué, según él, el de la transformación del 
juego antiguo en el moderno, — siendo así que hoy se sabe de un modo 
positivo que los libros más antiguos de la India son cuando más del 
siglo V de nuestra era. 

Como no es esta ocasión á propósito para discutir sobre la mayor ó 
menor antigüedad de los libros indios, así como tampoco de la de las 
religiones, usos, costumbres é instituciones de la India, me limitaré á 
citar algunas observaciones tomadas de una autoridad nada sospechosa 
de ser enemiga de aquel país; me refiero al célebre sanscritista Max- 
MüUer. 

Este autor, en su obra ¿Qué nos puede enseñar la India? confiesa que 
500 años antes de nuestra era no había nadie en la India que supiera 
leer ni escribir. Conviene con Mr. Fergusson, Cunningham, Burges y 
otros (1) en que las inscripciones más antiguas que se encuentran en la 
India son las atribuidas al rey Asoka, que reinaba 250 años antes de Je- 
sucristo. Confiesa también que el manuscrito más antiguo que se conoce 
en la India del Rigveda no data del 1500 antes de Jesucristo, como se 
creia, sino del 1500 de nuestra era (2). Y hace la notable declaración 
siguiente (3): «He examinado un considerable número de nombres 
famosos en la literatura sánscrita y creo haber visto que ninguno de 
ellos puede referirse á una fecha anterior al siglo v de nuestra era. Kali- 
dasa, que en un principio era considerado como contemporáneo de 
Augusto, ha resultado serlo de Justiniano; y los mismos libros que fueron 
más admirados por los que se dedican al estudio del sánscrito amo modelo 
de la antigua sabiduría y poesía de la India, han sido clasificados como 
pertenecientes al periodo del renacimiento literario (4), — ó sea del 400 al 700 
de nuestra era — coincidiendo con el período de la activa resurrección 
literaria en Persia, para ser seguido allí y después en la India por la 
gran conquista mahometana (5).» 

(1) Respecto a Fergusson véase su magnífíca obra The Tree and Serpent Worship; 
Cunningham, Bilsa Topes y Arqueologícal Sureey o/ India f Burges, Cace Temples of 
India, 

(2) Tengo casi terminado un estudio especial sobre el falso origen Ario-indio que se 
atribuye á los pueblos de Europa, y en él hay numerosos y autorizados datos que des- 
mienten la tan ponderada antigüedad de la India. 

(3) India what can it teach us9 Nota 9, pág. 353. 

(4) Yo creo con fundamento que este período en vez de ser de renacimiento era de 
nacimiento literario. 

(5) Sir Francis Wilfort, uno de los primeros entusiastas de la India, escribía é fines 
del siglo pasado lo siguiente: «La mitología de los indios adolece á menudo de falta de 
consistencia y está plagada de contradicciones, encontrándose en ella una misma fábula 
contada de muy distintas maneras. Su físiología, astronomía é historia están mezcladas 
con alegorías y enigmas que no pueden menos de parecer extravagantes y ridiculos; lo 



20 EL AJEOtlEZ 

Por lo que acabo de decir se puede calcular á dónde van á parar 
los 5000 años de antigüedad que se asignan al juego del ajedrez en la 
India, así como también se puede ver quiénes eran los hijos de Pandon. 

En el estudio sobre los naipes (1) hice ya algunas observaciones 
sobre el carácter y género de vida de los indígenas de la India que, lo 
mismo antes que ahora, no han hecho ni hacen más que pasar el tiempo 
en meditaciones religiosas. T, por lo que más adelante explicaré, haré 
observar á los que creen que el ajedrez fué inventado en aquel país desde 
el siglo IV al VI de nuestra era, que en el primero de estos siglos estaba 
en todo su apogeo en la India la religión de Budda, que era todo ascetis- 
mo y desprecio de las cosas de este mundo; que el pauperismo, erigido 
en institución, era la virtud más alabada en aquel país de monjes; y que 
entonces reinaba allí la dinastía Gupta, en cuya época se edificaron las 
grandes siupaSj los templos subterráneos y los viaras ó conventos de 
monjes, cuyas ruinas son hoy la admiración de cuantos visitan aquellas 
tierras. Este estado de cosas duró muchos siglos; en el vi empezaron las 
luchas religiosas entre los conservadores del buddismo y los brahamanes, 
lucha que duró hasta el siglo viii en que, triunfando éstos, establecieron 
definitivamente la nueva religión de Brahama, Siva y Vicnú y con ella 
la división de castas, que hasta entonces no había existido en la India (2). 

único que puede contribuir á hacerlas tolerables es la creencia de que muchas de ellas 
tengan un significado oculto; por md^ que muchas de ellas no tienen otro /andamento 
que la exaltada imaginación de ciegos fanáticos, ó de hipócritas interesados en el culto 
de una divinidad particular, (On Egypt and Nile. — Asiatic Researches, tomo III, pá- 
gina 96). 

«La geografía, la astronomía y la cronología de esta parte del Asia — la India — par- 
ticipan de la suerte de su historia auténtica, y han sido como ésta tan desfiguradas con 
el fantástico ropaje de la mitología y de la metáfora, que es muy difícil poder conocer 
cuál era el verdadero sistema de los filósofos y matemáticos indios.» (Discurso X del 
Presidente de la misma sociedad en 1793. — Tomo IV, XX 11). 

(1) Publicado en Barcelona, 1886, imprenta de La Renaiarensa. 

(2) La religión de la India ha sido siempre en el fondo, y lo es aún hoy día, 
una derivación más ó menos directa de la antigua religión caldeo-persa, esto es, el culto 
del sol y de los elementos, principalmente del fuego y del agua. Podría aducir muchas 
pruebas en apoyo de esta afirmación, mas bastarán á mi parecer algunas oraciones /acá* 
das de los Puranas que rezan aún los actuales brahamanes en las ceremonias religiosas 
en que emplean todo el día. Brahama es el sol. 

«En medio del sol reside la luna; en medio de la luna está el fuego; en medio de la 
luz está la verdad; en medio de la verdad el Ser inmortal. Dios es el ser inmortal que 
reside en la mansión sagrada; el alma pensadora no es más que luz; brilla con resplan- 
dor propio, no prestado. Esta alma pensadora, llamada el principio inmortalf es una 
manifestación de aquel poder irradiante que es el alma suprema.» 

En una de las extravagantes ceremonias religiosas en que, como he dicho, emplean 
los brahamanes todo el día, y en que, como en casi todas, adoptan posiciones extrañas 
y hacen signos estrambóticos é indecentes, acaban bebiendo agua á pequeños sorbos y 
diciendo la siguiente oración: 

«i Agua! tú penetras todos los seres; tú llegas hasta los más profundos abismos de 
las montañas; tú eres la boca del universo; tú eres la palabra mística rasha; tú eres luz, 
gusto, y el fluido inmortal.» 

La siguiente oración la dicen sosteniéndose en un pie y apoyando el otro sobre el 
tobillo ó el talón de aquél, mirando al Oriente con los brazos extendidos hacia delante y 
con las manos abiertas formando una especie de cazoleta: 

«1.* Los rayos de luz anuncian la aparición del esplendente y ardoroso sol que se 
eleva majestuosamente, alejándose para alumbrar el universo.» 

«2.* Se eleva admirable el ojo del sol, del agua y del fuego, poder colectivo de los 



EL AJEDREZ 21 

Además, entre las innumerables esculturas, bajo-relieves y pinturas 
de carácter místico y erótico-relig'ioso especial de que están atestados 
los monumentos de aquellas edades, no hay ninguna representación de 
juegos, como no sea del que titees ¿ros primeros padres Adán y Eva empeza- 
ron ájv^ar. Tampoco se ven entre sus adornos los tableros de damas que 
tanto abundan en los monumentos del antiguo Egipto. 

El ruso Mr. G., comentador de Van der Linde, acepta la teoría de 
Weber de haber sido el ajedrez inventado por los buddistas y que éstos lo 
introdujeron en la China en 537 de nuestra era. Mucho tiempo emplearon 
los buddistas en propagar el ajedrez según las noticias que tenía el ruso 
de los historiadores chinos, mostrándose en este punto tan atrasado de 
ellos como en muchos otros. Como veremos más adelante, el ajedrez era 
ciertamente conocido en China antes de la era cristiana. 

No me detendré en refutar la absurda idea de Weber aceptada por el 
ruso, de atribuir á 'los buddistas la invención del ajedrez, sólo diré que 
para concebir tal idea es necesario desconocer completamente la historia 
de la India, el carácter especial de los buddistas y la constitución de la 
India en todas épocas, la que nunca ha sido una nación, y menos una 
nación poderosa como muchos creen. No es tan fácil explicar, como 
dicen, el porqué la literatura de los brahamanes no nos da ninguna 
noticia de este juego porque era obra de tma seda detestada y perseguida y 
el silencio absoluto puede haber sido guardado ex profeso. Esto es lo que se 
llama despacharse á su gusto á falta de verdaderos conocimientos; me 
parece que ni el ruso ni Weber — que no sé si es indianista — han leído 
muy pocos libros brahamánicos y menos buddísticos, que de otro modo 
no estamparían el párrafo final del segundo artículo del ruso. 

«Weber piensa que todavía existen en las Indias noticias sobre el 
)»ajedrez que nos son desconocidas, sobre todo en los documentos buddistas, 
»y que cada día pueden conducirnos á nuevos descubrimientos; hasta el 
»presente no tenemos más que esperanzas.» Ya pueden abandonarlas del 

dioses; él Uena el cielo, la tierra y la atmósfera con sus luminosos rayos; él es el alma de 
todo lo que se mueve y de todo lo que no se mueve. 

>3.* Aquel ojo sumamente benéfico se levanta puro en el oriente. ¡Ojalá podamos 
verle cien años I ¡ Ojalá vivamos y sintamos cien añosl Tú eres el que existes por ti solo, 
el rayo de luz más excelente; tú das resplandor; concédemelo. 

»Aguas, libradme de todo pecado que esté en mf , cualquiera que sea ; si he hecho 
algo malo contra los otros, si los he maldecido en mi corazón ó he dicho alguna fal- 
sedad. 

»4 ^ \ Aguas! ¡ mares del mundo! vosotras que puriñcáis por medio de las libaciones, 
puriñcadnos con vuestro naciente fluido; arrancadme todo pecado, aguas divinas. 

»3.(^ Así como un hombre cansado deja gotas de muerte al pie de un árbol, etc.» 

Sus principales oraciones se dirigen al sol, al fuego y al agua. (H. T. Colebrooke, 
Asiatíc ResearcheSf tomo V, póg. 359 y siguientes). 

Los brahamanes acaban con la siguiente oración : ' 

€ Dioses, genios propicios, serpientes monstruosas, ninfas, demonios, seres malignos, 
culebras, aves de potentes alas, árboles, gigantes y todo lo que cruza la región etérea; 
genios que amáis la ciencia, animales que vivís en el agua ó que cruzáis la atmósfera; 
criaturas que carecéis de albergue y animales todos que vivís en el pecado ó en la prác- 
tica de la virtud ; yo ofrezco esta agua para satisfaceros.» 

cLos que existen y los que no existen de mis parientes y cuantos estuvieron relacio- 
nados conmigo en alguna de mis anteriores existencias y todos los que deseen oblacio- 
nes de agua hechas por mí, obtengan satisfacción perfecta.» 



22 EL AJEDREZ 

todo porque los descubrimientos del ajedrez procedente de fuentes bud- 
dísticas pueden aplazarse, ad Kalendas Gracas. Van der Linde está muy 
en razón desechando completamente la idea de la propagfacíón del aje- 
drez por todos los países del Asia por los buddistas fugitivos de la perse- 
cución de los brahamanes, que acepta su comentador ruso (1). 

(1) Véase La Strategie, Journal de Echechs, en los número 15 Abril, Mayo y Ju- 
nio de 1880. 



CAPÍTULO III 



SL CHATURANGA 



¿Es posible que el pueblo que acabo de describir inventase el aje- 
drez? Veamos lo que decía hace 84 años sobre esa invención Sir William 
Jones (1): «La bonita sencillez y extremada perfección de este juego, tal 
como comunmente se juega en Europa y en Asia, me convence de que 
fué inventado por el esfuerzo de algún gran genio; que no fué comple- 
tado por innovaciones graduales, sino que fué formado de primera intetir 
dóUy como dicen los críticos italianos. No obstante, no he podido encontrar 
en los escritos clásicos de los brahamanes la menor mención de este sencillo 
juego, tan bien combinado, y que de seguro fué inventado en las Indias, 
Hasta ahora sólo he encontrado la descripción de un juego muy antiguo, 
pero mucho más complicado y que, á mi modo de ver, es más moderno 
que el sencillo juego de ajedrez de los persas. Este juego se llama Chatu- 
rangay aunque con más frecuencia se le da el nombre de Chaturaji ó de 
los cuatro reyes, pues se juega por cuatro personas que representan otros 
tantos reyes, combatiendo dos ejércitos aliados por parte. Esta descrip- 
ción está tomada de la Bhawishya Purán, en la que Indhisht'hir está 
representado hablando con Vyafa que, á instancias del rey, explica las 
reglas del fingido modo de hacer la guerra (2).» 

Sir W. Jones copia el tablero dividido* en cuatro partes señaladas con 
los colores siguientes: encarnado al oriente, verde al sur, amarillo al oc- 
cidente y negro al norte; y dice que su amigo Radhacánt, — un brahamán 

(1) Asiatic Researches, tom. I, pág. 160 y siguientes. 

(2) Cuando he dicho que hacía 84 afios que Sir William Jones había descubierto el 
ajedrez en el Bhawishya Purán, me he referido á la fecha de la publicación de Asiatic 
Researches en Londres; mas la verdadera fecha del hallazgo es la de 1784, es decir, de 
hace un siglo. La edición de Londres de Asiatic Researches de 1801 es la reimpresión 
literal de la de Calcuta. Este juego de la Chaturanga ó de los cuatro reyes, como Sir 
Jones lo llama, está representado, como veremos después, en una miniatura del Libro de 
los juegos de don Alfonso el Sabio y no se le atribuye origen indio, ni se supone que 
represente una guerra, ni cuatro cuerpos de ejército, ni coloca las piezas del mismo modo. 



24 EL AJEDREZ 

de quien hablaré después, — le dijo que el tablero estaba dividido en se- 
senta y cuatro casillas cuadradas como el nuestro y que la mitad de ellos 
estaban ocupadas por las piezas y la otra mitad desocupadas. Cada uno 
de los cuatro angas se componía de un rey, que se colocaba en la cuarta 
casilla empezando k contar por la izquierda; al lado izquierdo del rey se 
colocaba el elefante, á continuación de éste el caballo y por último el 
barco, que ocupaba la esquina del tablero. 

Esta pieza que, como he dicho, se colocaba en los cuatro ángulos del 
tablero, merece un estudio particular, razón por la que seguiré tradu- 
ciendo lo que Sir William Jones dice respecto & ella (1): 

«Vemos que en este complicado juego un barco ó una barca ha susti- 
tuido al rafh ó carro de guerra, nombre que los bengaleses pronuncian 
roCh y que los persas cambiaron en roíh, de donde proviene el rook de 
algunas naciones de Europa.» 

Esto no es probable, como veremos más adelante (2), y como casi lo 
demuestra él mismo en lo que sigue: 

«Sería en vano buscar una etimología de esta palabra en el persa 
moderno, pues en todos los pasajes tomados de Firdusi y de Jami en que 
figura la palabra rokhj que se tomaba como el nombre de un héroe ó de 
un ave fabulosa, no creo que signifique más que mejilla, cara ó faz...» 
Cita dos ejemplos de esto y continúa diciendo: «Yo no puedo convenir 
con mi amigo Radhacant en que el barco esté propiamente introducido 
en este simulacro de guerra en vez del carro (armado) en que los anti- 
guos indios peleaban constantemente (3); y la mezcla de barcos con 
caballos, elefantes é infantería batallando en una llanura es un absurdo 
que no tiene defensa posible.» 

»E1 uso de los dados aún puede justificarse en una representación de 
la guerra en que entra en gran parte la suerte, pero parece excluir al 
ajedrez del sitio que se le ha designado entre las ciencias dándole la 
apariencia del whist, con la sola diferencia de usarse las piezas en vez de 
las cartas que se tienen ocultas. A pesar de todo vemos que los movi- 
mientos de aquéllas en el juego descrito por Vyasa dependen en cierto 
modo de la suerte, puesto que éste le dice á su real pupilo: — Si haces 
cinco, se ha de mover el rey ó un peón; si cuatro el elefante; si tres, el 

(t) Obra citada, pój?. 16t. 

(2) Véase el capítulo Nombres del alfil y ele la torre en la presente obra. 

(3) En ningún monumento antiguo de la India, absolutamente en ninguno, hay re- 
presentados carros armados ni combates en que figuren éstos. 

Firdusi, en su Libro de lo? Reyes, tan lleno de descripciones de batallas, no hace 
entrar en los ejércitos persas-indios sino infantería, caballería y elefantes: pocas veces 
menciona los camellos; y una ó dos tan sólo los carros, unos y otros como medios de 
transporte. 

En una sola ocasión hace referencia é un carro imaginario de guerra, armado de 
hojas de espadas. Es el que mandó construir Isfendiar para combatir al terrible dragón 
que debía cortarle el paso en la cuarta eftación, de las siete que había de atravesar para 
conquistar el Castillo de Cobre (Troya). El dragón era tan monstruoso, que al atacarlo 
se engulló caballos, carro y hasta la caja dentro de la cual estaba Isfendiar — el Aquiles 
de Firdusi, —sólo que las espadas á manera de esoina atravesada lo atragantaron, per- 
mitiendo al héroe salir de la caja y matar al dragón, á quien la tos no permitía defen- 
derse. El mismo carro sirvió al héroe referido para cortar las alas al Slmourgh de la 
estación inmediata, alas tan monstruosas que oscurecían la tierra cuando aquella ave 
fabulosa las extendía. Véase el capítulo Firdusi en esta misma obra. 



EL AJEDREZ 25 

caballo; y si dos, el barco.» Sir W. Jones sigue explicando el modo de 
jugar á este juego, dando algunos otros detalles y haciendo varias obser- 
vaciones de que nos ocuparemos oportunamente. 

El conde de Basterat en el resumen que hace de la traducción del 
pasaje del Bhawishya Paran, debido á las investigacioyies del doctor For^ 
bes, dice todo lo contrario que Sir William Jones (1) y supone que el 
CltaiuTanga es el primitivo juego de ajedrez en la India, diciendo que su 
forma primitiva tuvo una duración de tres ó cuatro mil años antes de la 
era cristiana; — ^ya hemos visto que Sir Jones lo considera como posterior 
al actual y mucho más moderno. También dice que la pieza equivalente 
á nuestra torre, si bien con movimiento de alfil, colocada en las esquinas 
del tablero era un barco, volca; siendo así que Sir W. Jones dice que la 
pieza primitiva era un carro, rat'^, y que había sido un absurdo susti- 
tuirla con un barco. Tampoco coinciden estos dos autores en la aprecia- 
ción del modo como fué inventado este juego, pues así como Sir W. Jones 
dice que fué inventado de primera intención tal como hoy lo conocemos, 
el conde de Basterat, — siguiendo las inspiraciones de Forbes, — dice 
que ha tenido tres formas diferentes, la más antigua de las cuales es el 
Chaturanga; que la segunda de estas formas, que no duró más que mil 
años, ó sea del siglo vi al xvi, sufrió una considerable mejora con la su- 
presión del dado, cosa que hizo que la suerte desapareciese por completo 
del juego de ajedrez. «Es probable, dice, que las ideas religiosas contri- 
buyesen á realizar este cambio, y porque los juegos de azar estaban pro- 
hibidos por los Vedas y la supresión de los dados permitió á los braha- 
manes más escrupulosos seguir jugando al ajedrez.» 

El conde de Basterat, — según sus ideas, que son las que general- 
mente dominan, — incurre sin advertirlo en una gran contradicción.' Si 
el Chaturanga es el juego más antiguo y data de tres mil años antes de 
Jesucristo, forzosamente debía ser jugado en los tiempos védicos y la 
modificación que lo purificó de toda clase de atar, — que prohibían los 
Vedas, — se llevó á cabo, según él, precisamente en la época en que los 
Vedas cayeron en desuso (2). 

Sir William Jones habla también de la prohibición de loñ jiiegos de 
azar consignada en los libros de Manú, pero habla de ella con la senci- 
llez propia de los primitivos exploradores de la India. Empleados del 
gobierno ó dedicados al negocio, sólo podían dedicar algunas horas (3) á 
la investigación de objetos que tan poderosamente habían de llamarles 
la atención. Por otra parte ignoraban por completo una lengua y escri- 

(1) Ti\iié élémeniaíre duJeu des Echecs, póg. 17 á 20. 

(2) Lo contradicción debe entenderse bajo el punto de vista del conde de Basterat, 
que cree en la gran antigüedad de la civilización india, pues según su teoria los tiempos 
védicos y la composición de los vedas son muy anteriores á la conquista déla India por 
Alejandro Magno. 

Los Vedas no fueron escritos antes del siglo iv de nuestra era; y n juzgar por lo que 
dice Sir William Jones, el Chaturanga aún se jugaba con dados en el siglo pasado. 

(3) Asiatic Researches or Trarisactions ofthe Socieiy instituíed in Bengal, etc., 
London, 1801. En el prólogo del tomo primero de esta obra se lee el siguiente notable 
párrafo: cEn el entendimiento del europeo hay un espíritu de actividad que ningún clima 
ni ninguna situación de la vida puede reprimir del todo, que justifica la antigua máxima 
de que el cambio de herramientas es una especie de descanso, y que hace que crea que 
no ha hecho nada mientras ignore en todo ó en parte alguna cosa » 

4. — EL AJEDREZ. 



26 EL AJEDREZ 

tura enteramente nuevas para ellos, y no pudiéndolas aprender de re - 
pente, tenían que fiarse de las noticias ó traducciones de las escrituras 
que les facilitaba algún brahamán amigo, interesado las más de las 
veces en engañarles. Sir William Jones nos da tal vez la clave de este 
enigma cuando dice (1): 

«En este extracto de los Puranas hay una circunstancia que parece 
muy sorprendente: todos Zo5 yi^^oí <fo «Mr están terminantemente pro- 
hibidos por Maná, y no obstante el Chaiurangay que se juega con dados, 
es enseñado por Vyasa, cuyo tratado de leyes, junto con el Golama, está 
contenido entre los diez y ocho libros que forman el DAermasasíra. 
Mas como Xad/iacanl, — que es el amigo que le ha proporcionado todas 
las noticias y le ha traducido los libros sánscritos — y su preceptor 
YagannaCh están empleados por el gohieriio para compilar un diges- 
to de las leyes indias, y como ambos, y especialmente el venerable sabio 
de Tribenif conocen este juego, presumo que habrán podido encontrar las 
raioTies de qice haya sido exceptuado de la prohibición general y de que 
se haya podido jugar publicamente por los brahamanes antiguos y moder- 
nos.» 

Me parece que la alusión es más que transparente. Además esto nos 
demuestra que el Chaturanga, que según el conde de Basterat había 
dejado de jugarse en el siglo vi en la India, aún se jugaba en ella á fines 
del siglo pasado (2). 

Todo cuanto acabamos de decir nos indica la mucha cautela con que 
hemos de andar antes de admitir lo que nos cuentan los antiguos y mo- 
dernos exploradores de la India, engañados muchas veces por astutos 
brahamanes, como lo demuestra la franca confesión de Sir William Jones 
de la que se desprende que el Chaturanga continuado en el Bawishya 
Purana no es más que una interpolación fraudulenta del juego del aje- 
drez hecha por su amigo Radhacant y el preceptor de éste, Yagannat'h, 
encargados por el gobierno inglés de la compilación del Digesto de las 
leyes de la India. 

Mr. Duncan Forbes, que cuando habla de autores que no son de su 
parecer usa un lenguaje bastante agrio, refiriéndose á Sir William Jo- 
nes, dice que éste se equivocó á causa de conocer poco el sánscrito y de su 
empeño de creer que el ajedrez era la gran concepción de una sola inte- 
ligencia, — y en este último punto creo que tiene razón, — añadiendo: 
«Que Sir William Zones probablemente sólo pudo apoyarse en un manus- 
crito, y aún incompleto, en tanto que él tuvo la ventaja de poder escoger 

Este párrafo demuestro también que aquellos empleados investigadores* conocieron 
en seguida la diferencia que hay entre el carácter nervioso del europeo y el indolente del 
indio, que pasa toda su vida rezando y meditando. 

(1) Obra citada, tomo II, pág. 165. 

(2) Si las obras del poeta indio Dhartriari son, como cree su traductor francés 
Mr. Paul Regnaud, del siglo x, en este siglo debía jugarse este juego en la India, á juzgar 
por lo que dice la estrofa 43 de su obra titulada Las estancias: 

«Esta casa, que antes tenia muchos habitantes, ahora no tiene más que uno; esta otra 
que en un principio tenía uno, después ha tenido muchos y ha acabado por no tener 
ninguno. Así es como Kála y Kálíy — el tiempo y la destrucción — juegan al ajedrez eo 
el tablero del mundo con dos dados , que son el día y la noche, y con los hombres, que 
son las piezas.» 

Es posible que este libro sea más moderno de lo que cree Mr. Regnaud. 



-■ ^ f- 



12L AJEDREZ 21 

entre dos textos impresos, además de otras muchas que es inútil enume- 
rar (1).» 

No sabemos cuáles serian esas otras ventajas de que habla , mas no 
serían muy importantes cuando no las enumera. Sin embargo, cualquiera 
persona medianamente versada en arqueología creerá que es más venta- 
joso, verídico y digno de fe un manuscrito original que todas las impre- 
siones posteriores, sobre todo si éstas son una compilación ó Digesto de 
sus leyes — ó de las que los brahamanes tuviesen á bien comunicar — en 
lenguaje persa al honorable Warren Hastings. Esta obra fué después 
traducida del persa al inglés por Mr. Halhed con el título de Código de 
las leyes de la India Oriental y publicada en Londres en 1871. «Dando la 
feliz casualidad de que Mr. Halhed /«cí^ bastante afortunado para encon- 
trar un brahanuin de sentimientos liberales y disposiciones más comwiicati^ 
vas, acompañadas de grandes conocimientos adquiridos en sus estudios y 
viajes, para que, aprovechándose de tan feliz oportunidad, pudiese dedi- 
carse con toda diligencia á un trabajo tan curioso como poco común (2).» 
Me parecen estos demasiados rodeos para explicar lo que no puede expli- 
carse por el texto original. 

El argumento de Duncan Forbes de «que el origen del ajedrez ha de 
ser por precisión indio, porque la jiB,\s.hT9iClíattiranga es puramente sáns- 
crita, y por lo tanto el juego necesariamente habla de ser inventado por 
un pueblo que hablase sánscrito,)» es un argumento contraproducente, 
puesto que históricamente está probado y admitido por los indianistas que 
los antiguos indios no hablaban sánscrito. Los mismos monumentos de 
la India lo confirman. Las inscripciones monumentales más antiguas no 
son sánscritas ni están en caracteres sánscritos (3); lo mismo sucede con 
las monedas más antiguas de aquel país, cuyas letras é inscripciones 
son griegas (4). En todos los monumentos de la India anteriores á la 
dominación musulmana las letras y leyendas más modernas son las 
sánscritas. 

Al principio de este siglo, cuando reinaba aún la confusión en la 
arqueología y en la filología indias, decía ya Celebrooke(5): «Las len- 
guas de la India están comprendidas en estas tres (sánscrito, pracrito y 
magad'hi). La primera contiene el sánscrito, es una lengua más pulida 
y fué gradualmente refinada hasta que quedó fijada en los escritos clási^ 
eos de varios elegantes poetas , cuya mayor parte se supuso que florede- 
ron en el siglo que precedió á la Era cristiana.» Más adelante, en otra Me- 
moria (6), dice hablando de los Vedas: «puesto que la antigüedad de 
algunos de los puranas hoy existentes es más que discutible; y la autenti- 
cidad de algunos de ellos no debemos aún admitirla como bastante fundada,» 

(1) Como veremos después, los textos á que se refiere Mr. Duncon Forbes no son 
más que copias, extractos ó comentarios de lo que primero escribió Sir WíUiom Jones. 

(2) Obra citada, prólogo, XXXV. 

(3) Véanse las obráis ya citadas de Fergusson, Cunningham, etc. 

(4) Wilson, Arj/a/ia A ntica, en cuya obra se encuentran las monedas indias dis<» 
puestas por orden cronológico. 

(5) On the Sanscrit and Pracrit Languages, Aeíatic Researches, temo VII, capi- 
tulo VIII, pég. 1d9 y siguientes. 

(6) On the Vedas or Sac red Wrightings ofthe Hindus, As. Res.y tomo Vil, capU 
tulo VIII, pág. 879. 



28 BL AJEDREZ 

Vemos, pues, que á fines del siglo pasado y á principios del actual, 
eminentes sanscritistas, como lo era Colebrooke, no concedían más que 
diez y nueve siglos de antigüedad & la completa formación del sánscrito; 
y aún asi le daban cinco ó seis siglos m&s de los que realmente tiene, 
puesto que el mismo Max Müller, — en lo que él llama Reruicimiento del 
sánscrito^ y que yo creo que es el nacimiento ó fijación del lenguaje de 
que habla Colebrooke, — fija la época de aquellos poetas, tales como Ka- 
lidasa^ Bharavi y otros, en el último cuarto del siglo vi. 

«Kalidasa es mencionado junto con Bharavi, como famoso poeta en 
una inscripción fechada en 585—86 de nuestra era y hasta ahora no veo 
motivo para colocarle en fecha muy anterior. Por lo que hace á las leyes 
de Manú, á las que hay costumbre de señalar una antigüedad fabulosa, 
— Sir W. Jones las suponía del año 1280 antes de Jesucristo y Elphins- 
tone del 900, — recientemente se ha venido en conocimiento de que no se 
les puede señalar una fecha anterior al siglo v de nuestra era. Estoy 
convencido de que esto será considerado como una herejía por algunos 
sabios sanscritistas; pero ante todo es preciso que aparezcamos como 
honrados á nuestros propios ojos (1).» 

Los mismos investigadores primitivos de la India que estaban per- 
suadidos de la gran antigüedad de aquella civilización, tuvieron que 
hacer ya rectificaciones cronológicas. El celebrado pilar de Delhí , lla- 
mado de Feeroz Shah, cuyas inscripciones en las primeras traducciones 
se consideraban como del año 67 de nuestra era, gracias á más concien- 
zudas versiones debidas á Mr. Henry Colebrooke, se ha visto que eran del 
año 1164, ó sea de once siglos más tarde. En el tomo YII de las Asialic 
Researches, pág. 175 á 182, hay los planos y dibujos de este pilar, las ins- 
cripciones originales en caracteres sánscritos, el texto sánscrito en 
caracteres romanos y su traducción inglesa hecha por el mismo Colé* 
brooke. 

No encontrando en el texto descubierto por Sir W. Jones la explica- 
ción ó aclaración del significado de la palabra Chaiuranga como cuatro 
cuerpos de ejército, la dan como confirmada por el texto de Amara- 
Costra. 

^Los etimologistas sánscritos , dice Colebrooke, no conocen una sola 
radical [?] primitiva entre los nombres. Cuando no conocen una etimolo- 
gía que esté conforme con la acepción de la palabra, se contentan con 
derivarla, según las reglas gramaticales, de alguna raíz con cuyo signi- 
ficado ninguna conexión tiene aquélla; mas generalmente estas deriva- 
ciones son acertadas é instructivas.» 

El Amara-cosha es un vocabulario muy apreciado; su autor Amara- 

(1) India, what can in teach usí 

«Hay la íntima cooyicción de que el Código de Manú es posterior al Ramayana y al 
Mahabharata, puesto que mencionan los Poemas heroicos que debían leerse en la cele- 
bración de los ritos y funerales en honor de los antepasados.» (Haughton's Mana Laics, 
III, 322). 

«La composición del Mahabharata, por lo tanto, no puede fijarse antes del principio 
del siglo V de nuestra era. Podría sin duda colocarse mucho antes, tal vez en el afio 300 
de nuestra era. El Código de Manú es una mera recopilación, llena de los más contradic- 
torios preceptos, que de seguro es posterior á los grandes épicos, pudiéndose calcular 
que es de allá por los años 400 de nuestra era.i fCunningham, Bhilsa Topes, pág. 137). 



EL AJEDREZ 29 

shín desapareció contadas sus poesías en la gran persecución de buddis- 
tas y jaínistas heterodoxos por los brahamanes, protegidos por el fan&tico 
Sancas -Acharía, en el siglo vi. 

No serán muy claras las definiciones contenidas en el Amara-cosha 
cuando ha sido preciso escribir numerosos comentarios para amplificar 
la significación de las palabras y suplir la deficiencia del texto. Gole* 
brooke insiste frecuentemente sobre estas deficiencias y cita los diversos 
vocabularios y diccionarios á que hay que apelar para suplirlas. 

MAf. Forbes y Madden no han determinado el origen indio del aje- 
drez por estas compilaciones, como cree el conde de Basterat, porque 
éstos^ y cuanto ellos dicen, se refiere sólo al descubrimiento hecho por 
Sir W. Jones. 

Mr. Chatto (1) que como hemos visto al tratar de las cartas habla 
también del Chaturanga en el mismo sentido que Sir William Jones, — k 
quien francamente se refiere y cita, — ;^dice que por el Amara-cosha se ve 
que los cuatro angas ó cuerpos de ejército eran elefantes, caballos, 
carros é infantería; que el nombre Chaturanga fué cambiado por los an- 
tiguos persas Chatrang) y no duda del origen indio del ajedrez por cuanto 
los persas, muy dados á apropiarse las invenciones ingeniosas de los 
pueblos extranjeros, convienen unánimemente en que aquel juego fué 
importado de la India á Persia en el siglo vi de nuestra era, junto con 
las encantadoras fábulas de Vishniisarmaiu 

El que el juego de ajedrez haya sido importado de la India á Persia, 
— lo cual no es cierto (2), — no es una prueba de su origen indio; desde 
el siglo VI de nuestra era á los xiv ó xvi antes de ella en que, como vere- 
mos después, se jugaba ya á este juego, ú otro muy parecido, en Egipto, 
median nádamenos que veinte siglos, espacio de tiempo más que su- 
suficiente para que este juego hubiera recorrido todo el mundo y sufrido 
algunas ó muchas modificaciones. 

Sir W. Jones era un gran talento y tenía una clarísima inteligencia; 
y, aunque equivocadamente creía que el ajedrez había sido inventado en 
la India, escribía sin prevención y decía francamente lo que le parecía 
con conocimiento de causa. Si Mr. D. Forbes hubiese tenido esto en 
cuenta no se habría atrevido á decir: «Aquí tenemos el ejemplo de una 
gran inteligencia que incurre en un absurdo por haber adoptado preci- 
pitadamente una opinión paradojal cuando escribe: <&se dice que el Cha* 
turanga es un juego muy antiguo y, no obstante^ es más complicado y mo - 
derno que el Shatrang, (el ajedrez común) ese sencillo juego de los persas.» 
En lo cual tenia razón Sir W. Jones. 

(1) Es una prueba más de los débiles cimieDtos en que se fundan muchas veces 
teorías muy trascendentales. Aunque la mención y explicación del ajedrez ó Chaturanga 
no sea una interpolación hecha en el BhawishyaPurana por los ya aludidos brahamanes, 
el encontrarlo citado en un solo libro de fecha moderna y de ditícil interpretación, no es 
motivo suficiente para atribuir su origen ú la India. On the Origine of the Playing 
Caris. 

(2) Lo que ha dado margen á suponer que el ajedrez fuese importado de la India á 
Persia, son los cuentos que sobre la invención é introducción de este juego en esta nación 
se encuentran en la tan celebrada obra de Firdusi El libro de loa Reyes, obra muy dis- 
tinta de lo que se la figuran casi todos los que la citan, porque la mayor parte de ellos no 
la han leído. Véanse'más adelántelos capítulos titulados El ajedrez en Persia y Firdusi. 



30 £L AJEDREZ 

El error de éste, disculpable por cierto, estaba en atribuir con toda 
certeza un origen indio al ajedrez, fundándose en un documento, que él 
creía que realmente era muy antiguo, escrito en caracteres y en un len- 
guaje completamente nuevos y casi desconocidos para él, creyéndole de 
buena fe lo que le aseguraban los que él tenia por sabios y amigos. A 
pesar de esto, su claro juicio le hacía entrever probablemente la verdad, 
pues sospechaba que pudiese haber una interpolación hecha por su 
amigo el sabio brahamán y por el preceptor de éste. 

Mr. Duncan Forbes, al contrario, con sus vastos conocimientos — 
porque los posee — debía tener datos más que suficientes, consignados 
en autores de su mismo país, para estar bien enterado de la historia, 
arqueología y etnografía de la India, y hasta debía poseer noticias toma- 
das de los mismos escritores cuyos artículos están insertados en la im- 
portante revista Asiaiic Researches, para hacerle dudar de la verdad de 
cuanto se ha escrito sobre la pretendida antigüedad de la tan ponderada 
civilización india. 

En el capítulo III describe el juego del Chaturanga y dice que Sir 
\V. Jones se ha equivocado al llamarlo Chaíurangi porque esta palabra 
sólo denota una posición ó contingencia del juego; y que él y su sabio 
amigo Radhakant se han equivocado igualmente al describir el movi- 
miento de la torre, que no era el de la reina actual, como ellos dicen, 
sino el de nuestra torre (1). 

¿Debemos dar más crédito al que interpretó los textos sánscritos tra- 
ducidos é impresos en inglés después de haberlo sido en persa, que á los 
que en la misma India copiaron y tradujeron el manuscrito original, 
contándose entre ellos un brahamán que era jugador de ajedrez? 

La palabra Chaturanga que, como veremos más adelante, no es, 
como se pretende, la originaria del nombre ajedrez, aún en el sentido en 
que se encuentra en los poemas indios, está mal interpretada, pues realr 
mente está empleada en el sentido de cuatro cuerpos de un ejército, es 
decir, en el de un ejército dividido en cuatro cuerpos y no las cuatro 
armas de que se componía un ejército, que es el sentido que le dan. Con 
la significación que he dicho se encuentra en el Mahabarata, Ramayana 
y cuentos de Yikramaditia, y con la misma significación está mejor apli- 
cada al Chaturanga ó ajedrez á cuatro en el que hay cuatro ejércitos en 
campaña. 

Van der Linde en su obra Fuentes históricas del ajedrez vuelve á su 
tema del origen indio de este juego y con gran satisfacción, refiriéndose 
á Weber, dice : « que el Chaturanga se encuentra en los cuentos del rey 
Yikramaditia (2) como juego de azar al mismo tiempo que de cálculo y 
como ajedrez propio, de dos.» 

Yo poseo Los treinta y dos acentos ó historias del Trono que es la obra 
(traducida?) de Weber á que se refiere Yan der Linde (3) en la que no 

(t) En el capítulo El libro de Don Alfonso el Sabio, veremos claramente lo que es 
el Chaturanga, y su manera de jugarlo, y en los de los nombres y movimientos de las 
piezas á lo que debemos atenernos. 

(2) Vikramaditya Sol de heroísmo. El Salomón de la India, de quien data una era 
india de época controvertida por haber existido varios reyes de este nombre en épocas 
diferentes. 

(S) Contes Indiens. Les trente-deujo réciís du Tróne (Bairis Sinhasan) ou Les 



3L AJEORBZ 31 

se encuentra nada que se parezca al ajedrez; únicamente en la intro- 
ducción del autor indio, en la misma obra (que también es un cuen- 
to) dice (1) que Yikramaditia, acordándose de lo que le habia dicho 
Vétala (2), quiso salir á combatir al rey Calivahana de la ciudad 
de Pratisththi dando á sus consejeros la orden de preparar un ejér- 
cito (3). 

«El rey Vikramaditya m/)ntó en un magnífico carro ricamente en- 
jaezado y adornado con piedras preciosas; después, rodeado de un ejér- 
cito compuesto de cuatro cuerpos^ salió á combatir al rey Cahivahana.» 
Aquí encontramos lo que realmente dicen significa la palabra Chaturan- 
gdy siendo posible estuviese en el original que tradujo Mr. Feer, pero en 
tal caso muy distante de referirse al ajedrez, ni tampoco á las diferentes 
armas de que se componía el ejército, pues eran lo menos seis como 
puede verse por la nota anterior. Esto nos demuestra claramente que 
Chaturanga significa cuatro cuerpos de un ejército y no las cuatro 
armas de un ejército, que es el significado que le dan, es decir, significa 
un ejército dividido en cuatro cuerpos, cada uno de los cuales está compuesto 
de varias armas: el de Vitramaditia se componía de siete carros, elefan- 
tes, caballería, camellos, arqueros, tiradores de fuegos 6 artilleros, sol- 
dados con espadas y corazas. En la composición de este fabuloso ejér- 
cito, que detallamos en la nota última, observamos entran en los acopios 
de armas, mosquetes y cañones, lo que nos hace creer que el manuscrito 
que tradujo Mr. Feer no podía ser muy antiguo, quizá de la misma 
época, sino el mismo traducido por Weber, que dice tiene sólo dos ó tres 
siglos de antigüedad. 

Por lo que dice Van der Linde, era Vikramaditya quien jugaba 
al ajedrez, lo que no es así, pues Vikramaditya llevaba la vida ejemplar 
propia de un gran rey de la India en la que no entraban para nada 
juegos de ninguna clase (4). 

merceilleux exploits de Vikramaditya, Traduits du Bengali et augmentes d*un étude 
et d*un índex, par Léon Feer, Paris 1883. 

(1) Ob. cit., págs. 25 y 26. 

(2) Vétala es el nombre de ud genio maléfíco que frecuenta los cementerios y pro- 
duce efectos temibles. 

(3) Los consejeros habiendo recibido la orden, reunieron mil carros, diez mil ele- 
fantes, cien mil caballos, un millón de camellos, diez millones de caballos — de transpor- 
te? — cien millones de arqueros, una multitud de arqueros, una multitud de máquinas de 
fuego, un billón de hombres armados de espadas y corazas, centenares de látigos, 
carcajes, flechas, arcos, escudos, espadas, sables, puñales, dagas, hachas, mosquetes, ca- 
ñones, y toda especie de armas y máquinas de guerra, mosqueteros? pues en el acopio se 
encuentran mosquetes. 

(4) El único juego que se encuentra en los textos indios antiguos es el de los dados 
y generalmente mencionado para condenarlo, como sucede en los cuentos de Vikramadi- 
tya. Pongo á continuación la manera de pasar el día un gran rey de la India como era 
Vikramaditya, para *que se vea lo infundado de atribuir ú este rey ocuparse en juegos de 
ninguna clase. 

Por la mañana. — Era dispertado al son de instrumentos y alabanzas, cantos lauda- 
torios, — oraciones y meditaciones religiosas, — ejercicios de armas,— liberalidades y gra- 
tificaciones. — Despacho de negocios. 

Medio í//a.— Actos religiosos. 

Tarde, — Liberalidades, distribución de limosnas á los enfermos y a los pobres,— 
comida, — masticación de betel, — conversación con las mujeres, lectura y relaciones de 
historia antiguas, — examen de las riquezas reales de toda clase. 



32 BL AJEDREZ 

En el discurso 13 de esta obra, se trata, como dice Mr. León Feer (1) 
de una reina que jugando con su marido d los dados le expone los incon- 
venientes del vicio de este juego. En dicho discurso no se encuentra lo 
que dice Weber de tablero y piezas y otros juegos, diciendo sencilla- 
mente: «El rey Jaya^ekara, consagrado con su mujer ejercía la realeza 
sin obstáculos. Algunos días después, habiéndose reunido todos los 
reinos vecinos, bloquearon la ciudad del rey Jayacekara; durante este 
tiempo el rey jngaha á los dados con la reina y no se ocupaba de los 
negocios de su reino. Viendo esto la reina le dijo: — ¡Eh! gran rey, estoy 
pensando una cosa; encerrado como estás dentro de un círculo de reyes 
enemigos pronto este país no será tuyo. Así, procurando tu bien, te 
recuerdo que si tm rey se abandona al vicio, por más que su reino sea sos- 
tenido por la riqueza, la inteligencia y la capacidad, está destinado á 
perecer. Este vicio puede ser de diez y ocho especies diferentes, etc.» 
En el párrafo siguiente hace la enumeración de estos vicios de los 
cuales el primero es «la pasión por la caza» y el segundo «la extremada 
afición al juego de dados.» «Al dar la reina estas advertencias al rey 
estaba profundamente afligida. Al instante el rey le contestó: Bien, que- 
rida! destierra todo temor... — Y después de hablar así el rey con gran 
contento empezó á jugar nuevamente con la reina (2).» No sé, si inten- 
cionadamente, Weber al referirse al cuento número 26 dice sencilla- 

ATocAe.— Actos religiosos — cantos, bailes y música. — Visita á sus mujeres y á acos- 
tarse. 

No se habla de juego de ninguna especie en que el rey y los de su corte pasasen algún 
rato. Y los ejercicios mencionados se sucedían de un día á otro, noche y día, durante la 
vida del rey. Les trente-detuc RecUs du Tróne, Estudio preliminar XVI, y Recit. 22. 

(1) Obra citada. Estudio preliminar, pág. 41. 

(2) Obra citada. Discurso de la figura 13.* psgs. 100, 101 y 102. El objeto de este 
cuento es combatir la máxima mahometana de la fatalidad del destino, lo que me hace 
creer que estos cuentos fueron escritos en época bastante adelantada, dominando ya los 
musulmanes en la India. 

A pesar de lo dicho por la reina, el reino de Jayacekhara es salvado por los cinco 
Yaxas en quien el rey ponía toda su conñanza, pues ellos habían sido los que de simple 
alfarero lo habían elevado á la dignidad de rey. Admirada la reina de la derrota maravi- 
llosa de los enemigos de su marido, llegáronlos cinco Yaxos — genios — y le dijeron: 
€ Virtuosa reina, conoce la causa porque los enemigos de tu rey han sido destruidos. Nof- 
otros en otro tiempo fuimos cinco peces; el estanque en que vivíamos, cierto año fué 
desgraciadamente faltado de agua y se secó enteramente; este rey por su parte, en otros 
tiempos, había sido alfarero, venía al estanque á buscar arcilla. Viéndonos excesivamente 
apurados hizo un hoyo en el estanque, lo llenó de agua y nos guardó en él: esto nos salvó 
la vida. Algún tiempo después, nosotros, los cinco peces, nos transformamos en cinco 
genios— Yaxas — y el alfarero fué hecho rey. Del mismo modo que él nos había prestado 
un servicio en nuestra anterior existencia, nosotros hemos querido demostrarle nuestro 
agradecimiento por sus buenas acciones, haciéndole rey de este país. Que goce contigo 
de su reinado sin espinas.» Después de estas palabras los cinco Yaxas volvieron a su 
morada. 

El rey Vikramaditya anadió: c— ¡ Bien ! Yogi, lo que debe suceder necesariamente no 
será cambiado de ninguna manera: iqué pueden los esfuerzos del hombre? — Et yogí 
respondió.— ¡Eh ! gran rey, lo que iti has dirho es contrario al Nitri-í^ristra. Según el 
Nitrl-Cástra, el hombre que hace esfuerzos incesantes es el mejor de todos. Decir: lo que 
ha de ser será y lo que no ha de suceder no sucederá por más esfuerzos que uno haga, es 
hablar como un hombre vil, pues ningún acto está fuera del alcance que el hombre se 
ha propuesto, y el que se vanagloria de ser inactivo e«< despreciable. Es menester, pues, 
desplegar constantemente nuestra actividad.» 



/ 



EL AJEDREZ 83 

mente, «que Vikramaditya encuentra un jugpador que le describe el 
placer del juego;» pero el cuento dice más, porque determina el juego, 
que es el juego de los dados (1). A las observaciones del rey contesta el 
jugador: «¡A tí te es muy fácil el criticar! ¿No has experimentado jamás 
el placer que siente un jugador de dados'? Tú eres como un eunuco 
que condenase el placer que se goza con una mujer joven y her- 
mosa.» El rey hace nuevas reflexiones entre las que se encuentra: «Es 
muy sensible que... y se entregue, por un vano placer, al juego de los 
dados, que es la fuente de muchos males.» Por fin el rey lo convence y 
convierte, mediante un milagro y sacrificio exigidos por el jugador en 
los que Vikramaditya ofrece su cabeza en holocausto como en otros 
cuentos de esta misma colección. 

A muchos escritores, sobre todo orientalistas y sanscritistas, me atre- 
vería á recomendarles leyesen y meditasen el cuento 12 de los 32 discur- 
sos del trono (2). 

(1) Así lo eDÜende Mr. León Feer, que dice: « Entre todos estos vicios uno solo hay 
en que debo detenerme un instante; la pasión por el juego de los dados.» Sabido es cuan 
terriblemente fígura en el Mahabbarata, que es la relación de una guerra formidable por 
la que los hijos de Pandu recobran un reino perdido en una partida de dados: en nues- 
tras narraciones se trata de él más de una vez, etc., y luego se reñere á los cuentos 13 y 26 
de que hemos hablado. Ob. cit. Estudio preliminar, pág. 34. 

(2) Vikramaditya por medio de unos zapatos mágicos, se traslada cierto dia á un 
lugar donde una reunión de braba manes pandíts discutían sobre el Qástra; cuando 
estuvo cerca de ellos escuchó y oyó que los pandits (sabios) en el calor de la discusión 
se empeñaban sobre todo en sostener su tesis propia, y por lo mismo hacían distinciones 
miserables que destruían la naturaleza y autoridad del Qástra. Después de haberlos oído 
el rey dijo :~i Ea I pandits^ escuchad : la investigación del sentido verdadero del Rastra es 
la tarea de un sabio; el desechar su verdadero sentido y pretender imponer su propia 
tesis no es el acto de un sabio. El que siendo sabio, hace falsas interpretaciones para 
establecer su propia tesis y desecha el sentido natural de Qástra, se pierde á sí mismo y 
causa la perdición del grupo de discípulos que le rodean. — Al oir estas palabras \ob pan- 
dits dijeron entre sí: — El sabio es el que es capaz de deslindar el verdadero sentido y las 
falsas interpretaciones del Rastra; éste ha comprendido la falsa interpretación que nos- 
otros le hemos dado; de donde concluimos que él es el primero de los sabios pa/idifa.— 
Después de haberse comunicado unos á otros este pensamiento, llenos de vergüenza 
cesaron la discusión. Ob. cit. pág. 94. 



0.~ EL AJEDREZ. 



CAPÍTULO IV 



CONTIKTJACIÓN DEL CHATUBANGA 



El capitán Hiram Ck)x en su comunicación á la Sociedad Arqueoló- 
gica de Calcuta On the Burmha Game ofChess compared wU/i Indian, CAinese 
and Persian Game (1), dice que el mundo debe á Sir William Jones un 
ensayOy lleno de erudición y de datos, como todos los suyos, pero que, por 
m¿s que él profese una gran admiración al talento de este autor, y por 
más que se someta con la debida deferencia á su autoridad, no puede 
menos de confesar que difiere de él en algunos puntos. 

Lo principal de estas divergencias consiste en que, mientras Sir Wi- 
Uiam Jones dice que la invención del ajedrez fué obra exclusiva de un 
solo genio privilejgiado, él cree que este juego en un principio no fué más 
que rudimentario, siendo después perfeccionado por graduales y sucesi- 
vas modificaciones (2). En este punto están conformes con el capitán Cox 
Mr. Duncan Forbes, el conde de Basterat y otros muchos, yo creo que 
están en lo justo. Pero esto destruye todas las leyendas que han circulado 
atribuyendo la invención del ajedrez á una sola persona, inclusas las que 
cuentan los defensores de la primacía del Chaturanga^ leyendas que nos 
dan, si no como ciertas, á lo menos como muy probables. Los que com- 
baten aquella supremacía convienen tácitamente con la opinión de Sir 
William Jones que, como ya he dicho, considero que es completamente 
equivocada. 

£1 mismo capitán Cox refiere la leyenda de Ceilán, en cuya isla dice 
que fué inventado este juego, según los cingaleses, por la mujer de Ra- 
van, rey de Lauca, para distraerle con la parodia de un campo de batalla, 
mientras su capital estaba estrechamente cercada por Rama en la segunda 
edad del mundo. 

(1) Asiatic Researches, tomo Vil, pág. 4S0 y siguientes 

(2) Dice que su opinión se funda en el testimonio de Isaac Newton , quien , con 
tanta modestia como acierto, replicaba á uno de sus amigos, tque si había sobresalido 
en sus descubrimientos, lo debía únicamente á su inveterada costumbre de pensar.» 



BL AJEDREZ 



35 



Aquí tenemos otra tradición parecida ala de Sisa en otro pueblo que, 
como los brahmanes, se atribuye también la invención del ajedrez. La 
segunda edad del mundo indica probablemente para los cingaleses la in- 
troducción del budismo en la isla, puesto que Gotama era un anacoreta 
que después fué santo budista. Según la cronología india de Sir William 
Jones, Gotama apareció en el mundo 2,000 años antes de J. C; pero la 
verdad histórica es que el budismo fué introducido en Ceil&n en el 
siglo V de N. E. 

Conviniendo con lo que dice Sir William Jones, y contra el parecer 
de Duncan Forbes, el capitán Cox dice: «que el Chaturanga es más cono- 




Fio. 1.*— Ch atura Dga indio, según los autores modernos 



cido en la India con el nombre de Chaturaji — ó los cuatro reyes — y que 
lo juegan cuatro personas que representan á otros tantos príncipes.)^ Es 
más probable y natural que se llame Chaturaji^ á pesar de la opinión 
contraria de Forbes, que significa cuatro rajas ó reyes, nombre que se le 
daba también en Europa en la Edad-Media , y este era seguramente el 
juego que jugaba Eduardo I de Inglaterra, en vez de ser el de cartas, 
como opinan algunos (1). Chaív/ranga, remontando esta palabra á la re- 
motísima antigüedad que algunos pretenden, no puede significar de 
ningún modo los cuatro cuerpos de ejército formados como ellos dicen (2). 
El capitán Cox, contra lo que afirma Mr. Forbes, dice de acuerdo con 

(1) Facía and Speculatíona on the playing carda. 

(2) MóF adelante veremos que este juego se jugaba en España en el siglo xiii y que 
tenía un nombre y signiñcado completamente distinto del que le dan los indiófilos. 



m ». 




^ a* 



38 XL AJEDREZ 

Sir WiHiam Jones: «El elefante equivale á la Reina inglesa, y se puede 
mover en todas direcciones como ésta.» Mr. Forbes dice que Cox se equi- 
voca y que el elefante del Chaiuranga tiene el movimiento de nuestra 
torre. Repito lo que ya he dicho : ¿á quién hemos de prestar más crédito, 
al que ha visto jugar este juego en Ceilán, ó al que ha escrito sobre él 
sin moverse de Londres? 

M&s adelante, al comparar los diferentes modos de jugar el ajedrez 
en Oriente, veremos el fundamento que puede tener la primacía del 
Chaiuranga y su pretendida transformación en nuestro actual juego de 
ajedrez en el siglo vi de N. E. 

El capitán Cox añade: «Aparte de la definición del juego en el 
Amaracoshaj es decir, de que los cuatro angas ó cuerpo de ejército eran 
elefantes, caballos, carros é infantes, existen algunas contradicciones en 
las reglas dadas por Gotama y otros y traducidas por Rad-ha-kant, que 
son incompatibles, á menos de que se trate de dos juegos distintos.» 

Ya encontraremos estos dos juegos más adelante al tratar del libro 
de D. Alfonso el Sabio. 

Toda la teoría del origen indio del ajedrez está basada en un hecho 
dudoso: el hallazgo hecho por Sir William Jones de la mención que el 
BhanAshya hace del Chaiuranga^ mención que este mismo autor sospecha 
que puede haber sido interpolada en aquella obra por su amigo el brah- 
mán Radha-kant y por el preceptor de éste. Duncan Forbes y todos 
cuantos sostienen esta teoría no se basan en otra cosa que en lo que 
escribió Sir William Jones hace ya un siglo, por más que le contradigan 
en otros puntos. De ellos es también la pretendida etimología de todos 
los nombres que se dan á los juegos de ajedrez procedentes del Chaiu- 
ranga, sin pensar que este nombre no puede ser más que la traducción 
india del juego de los cuairo reyes que se jugaba en la Edad Media en 
Europa (1), traducción que demuestra que este juego, en vez de haber- 
nos sido importado de la India, fué importado de Europa á aquella región, 
como lo prueba la desbarajustada colocación de las piezas de este juego 
en la India comparada con la bien ordenada y razonable que tenían en 
España en tiempo de Alfonso el Sabio. Basta comparar los diagramas de 
las figuras 1 " y 2.' para convencerse de lo que acabo de decir. 

Sir William Jones era un gran talento y hombre de vastos conoci- 
mientos, mas no podía saber lo que hoy se sabe. Fiado en la buena fe de 
los que así se lo aseguraban, creía que la redacción de los Puranas se 
remontaba á 3,000 años antes de N. tí. Y Duncan Forbes, sin más funda- 
mento que lo dicho por aquel autor, dice que en aquella remota antigüe- 
dad el juego del ajedrez era ya popular en la India. ¡Vaya un historiador! 

Prescindiendo de cuanto llevo dicho sobre la poca antigüedad rela- 
tiva de todo lo de la India, y en especial de sus libros, haré observar que 
los más acérrimos partidarios de la teoría ario-india fijan la completa 

(1) Que este juego se llamaba en la Edad Media en Europa juego de Ion cuatro 
reyes, no pasa de ser una presunción mía, fundado en lo que dicen Chatio y algún otro 
autor de que antes de inventarse los naipes se jugaba un juego de aquel nombre, pues 
don Alfonso el Sabio dice bien claro que en su tiempo se llamaba de los cuatro tiempos 
del anno; y no me parece improbable que en algún otro país se llamase de los cuatro 
reyes. 



BL AJBDRBZ 39 

conquista de aquel país por los arios-autores de los Vedas y demás Pura- 
nas — en el año 1,500 antes de J. C. , es decir, 1,500 años después de la 
época en que Duncan Forbes fija la vulgarización del ajedrez en el mismo. 

Mr. Forbes es un gran orientalista, un verdadero sabio, pero, como 
todos los especialistas, lo subordina todo al fin que se propone, sin cui- 
darse de averiguar si es posible lo que él sostiene, ni de si existen datos 
y documentos que desmientan sus afirmaciones. Si alguno de éstos le 
sale al paso, salta por encima de él ó lo sortea dejándolo á un lado. Asi 
es que hace caso omiso de los antiguos escritores griegos y romanos, por 
los cuales podría venirse en conocimiento de que los griegos, — conquis- 
tadores y dominadores de la India durante dos siglos, — podrían ser muy 
bien los que introdujesen en ella el ajedrez, del mismo modo que intro- 
dujeron las artes y los principales gérmenes de su civilización, pues hoy 
está ya generalmente aceptado que la civilización india data de la con- 
quista griega. 

Por otra parte, si los griegos no introdujeron el ajedrez en aquel 
país, — por la sencilla razón de que, según Forbes, Basterat y otros, hacía 
ya 25 siglos que los indios conocían el Chaturanga, padre del ajedrez, — 
¿cómo es que habiendo permanecido allí más de dos siglos, no tuvieron 
noticia de aquel juego, que ya estaba reformado, hasta ocho siglos des- 
pués, época en que fué introducido en* Grecia, y esto por mediación de 
los persas? 

Según Mr. William Robertson, Alejandro Magno fué el primero que 
facilitó el camino al gran comercio de importación y exportación de los 
pueblos occidentales con la India. ¿Cómo es que con sus frecuentes rela- 
ciones comerciales por mar y por conducto de Egipto, especialmente en 
tiempo de los Ptolomeos, y por tierra por medio de incesantes caravanas, 
ni los griegos ni los romanos tuvieron noticia del ajedrez hasta que, según 
dicen, les fué importado por los persas? 

No hay nada peor que escribir con ideas preconcebidas ó bajo un 
criterio determinado, circunstancias ambas que hacen ver cosas que son 
muy claras, bajo un aspecto muy diferente del que realmente tienen, 
desviando de su verdadero camino las opiniones que sobre ellas puedan 
formarse. Esto hace que los que á toda costa sostienen que el ajedrez 
tuvo su origen en la India, — sin tener presente la máxima de Mr. de Le- 
normand de <íique vale mis un solo testimonio auténtico de un momento figu- 
rado ó escrito que cien volúmenes de especulaciones (1),» — no saben ó no 

(t) Les Origines de VHistoire, tomo 111. Mr. Lenormand murió cuando estaba 
escribiendo esta obra, dejándola sin terminar. 

Mientras he escrito este trabajo, y con cortos días de diferencia, han bajado al se- 
pulcro dos eminentes sabios ingleses, autores de importantísimas obras de arqueología, 
de las que me he aprovechado para el presente y otros estudios, como puede verse por 
las numerosas notas que los acompañan. Uno de ellos es Samuel Birch, conservador de 
antigüedadea egipcias y asirias del Museo Británico, uno de los sabios más eminentes y 
menos fatuos, como dice el Courrier de VArt al dar la triste nueva. El otro es Mr. James 
KergusBon, arquitecto, eminente arqueólogo y sabio indianista. 

Inmensa pérdida ha tenido la ciencia, y especialmente la arqueología, con la muerte 
de estos dos sabios, difíciles de ser reemplazados; no digo que su pérdida sea irrepara- 
ble, como se acostumbra, porque siempre he tenido la convicción de que en este mundo 
no hay nadie que sea absolutamente necesario, ni nada que no pueda tener sustitución 
ó compensación. 



40 EL AJBDRBZ 

quieren ver el juego de ajedrez representado en los monumentos eg-ip- 
cios de 1,400 años antes de N. £. 

En ninguna obra se notan mejor los efectos de una preocupación 
apasionada que en la de Duncan Forbes. «Si examinamos con calma, 
dice (1), los simples hechos tal como han llegado hasta nosotros, encon- 
traremos, prescindiendo de falsas prevenciones y parcialidades ^ que la 
historia del ajedrez se divide naturalmente en tres periodos distintos.» 

Siguiendo su consejo y dejando aparte la inverosimilitud histórica 
de remontar la invención del ajedrez en la India á 3,000 años antes 
de J. C, encontraremos que él, como todos los que combaten la idea de 
Sir William Jones de «que el juego de ajedrez fué inventado de primera 
intención,» incurren en una manifiesta contradicción presentándonos 
como ya formado el antiguo Chatwranga indio, tal como lo describe este 
autor, 3,000 años antes de N. E., y atribuyendo su invención á una sola 
persona, cualquiera que sea la tradición que se adopte. Es probable que 
la supuesta reforma del año 600 de N. E., en que, según ellos, empezó 
el segundo periodo del ajedrez en la India, no sea en realidad más que el 
primer período de este juego, ó sea la época de su introducción en aquel 
pais (2). 

Mr. Duncan Forbes, que no peca por falta de modestia, dice «que, 
además del texto encontrado por Sir William Jones, y conociendo el 
sánscrito mejor que este sabio indianista, ha podido consultar algunos 
textos impresos y disponer de otros elementos de que este sabio no pudo 
hacer uso.» Los textos impresos que dice que ha podido consultar son dos 
enciclopedias publicadas de 1830 á 1860, de las que él mismo dice (3;: 
«El texto de las dos obras, con muy pequeñas variantes, es idéntico y evi- 
dentemente está tomado del mismo original, » es decir, del citado por Sir 
William Jones, como mi extracto del Bharvishya Purana. A^tiéndase bien 
ahora á lo que dice á continuación: «Debemos hacer constar, no obstan- 
te, que Sir William Jones nos ha dado un compendio muy incorrecto del 
extracto en cuestión, y que, al mismo tiempo, ha deducido de él ciertas 
consecuencias no muy conformes con el original, de que hablaremos 
después. Yo pondré á la vista del lector lo que creo que es la fiel traduc- 
ción de aquella parte del texto sánscrito, hecho bajo mi inmediata ins- 
pección (4). A pesar de esto, debo hacer constar que el original es en 
muchos puntos tan extremadamente conciso en su redacción que una simple 
traducción literal no tendrá sentido en inglés.» 

De manera que lo que Sir William Jones nos dio traducido directa- 
mente del libro original por un braAtnán, Duncan Forbes lo considera como 
un compendio incorrecto, y, como tampoco él entiende su significado, se 
permite interpretar á su modo unos textos impresos, tomados evidente- 
mente del mismo original, permitiéndose darles el sentido que á él le 
conviene. 

(1) Obra citada, póg. 6. 

(2) Ya veremos más adelante que Firdusi atribuye la invención del ajedrez á una 
reunión de personas en una época mucbo más reciente, y que, según él, el juego inven- 
tado en la India no fué el Chaturanga sino el ajedrez común con el tablero de 10 casi- 
llas por lado, ó sea 100 en todo. 

(3) Obra citada, pég. 13. 

(4) Obra citada , pég. 14. 



=31 



EL AJEDREZ 41 

DuDcan Forbes no rechaza la tradición que Radb a-Kan t refirió á Sir 
William Jones de que este juego había sido inventado por la mujer de 
jRavan, rey de Lanka, capital de Ceilán, «para distraerle con un simula- 
cro de la guerra mientras estaba sitiada por Bama en la segunda edad 
del mundo;» muy al contrario, la acepta como una prueba de que los 
barcos tenían razón de ser en el juego del ajedrez (1). 

Mas según los textos más antiguos, la historia de Ceilán empieza con 
los reyes de la dinastía de los Nagas ó Indo-escitas (2), que reinaron en 
la India desde el siglo anterior al de N. E. hasta el iv de esta (3), y es 
probable que el sitio de Lanka á que aquella tradición se refiere, tendría 
lugar en el siglo v ó vi, durante el período álgido de las guerras religio- 
sas, cuando, después de la caída de la dinastía Gupta (4), gran protec- 
tora del budismo, siendo esta religión muy perseguida en el continente 
indio, muchos de sus sectarios se trasladaron á Ceilán llevando á esta 
isla las reliquias de sus santos, entre otras el tan celebrado diente de 
Buda, por cuyo rescate tantas sumas ofrecieron á los portugueses, sumas 
que éstos inconsiderada é inútilmente rechazaron , pues aún no había 
acabado de pulverizarla, quemarla y echarla al agua, cuando los sacer- 
dotes budistas cingaleses tenían ya fabricada otra (5). 

Mr. Duncan Forbes empieza á explicar el juego en el capítulo ni de 
su obra, traduciendo el Bhawíshya-Parana. « IndAiskt Aira dijo á Vyasa: 
Explícame ¡oh tú, eminentísimo en virtud! la naturaleza del juego 
que se juega en un tablero de ocho veces ocho cuadros. ¡ Oh, maestro mío! 
dime de qué manera debe darse Chaturaji (jaque-mate) (6). 

Este antiguo rey de la segunda edad del mundo^ reinaba en Cache- 
mira, según Hioun-thang, en la última mitad del siglo vi de N. E., 
pues él y su hermano Ranaditia reinaron desde 550 á 590 de N. E., entre 
los reinados de Pravarasena y Vikramadtya (7). Su primer ministro 
Vyasa, eminentísimo en virtud, era un poeta indio que con corta di- 

(1) El capitáo Hiram Cox también, como hemos visto, señala Ceilán como patria 
del ajedrez. Asiatíc Researches, tomo Vil, pág. 481. 

(2) La supuesta y antigua dinastía Naga, adoradora de serpientes, que reinó 
1400 afios antes de J. C, es una fábula, como todo lo que se refiere á la gran antigüedad 
de la India. Los escitas, que en los dos siglos anteriores á N. E. invadieron la India, 
eran adoradores de serpientes y dragones y las llevarían en sus estandartes como las 
llevaban los dacios y otros pueblos del Norte que combatieron á los romanos y están 
representados en la columna trajana en Roma. 

(3) Las monedas de los reyes Nagas encontradas hasta ahora son del año O al 225 
de N. E. — Wilson, Ariana ant. 

(4) La dinastía Gupta, que según suponen los partidarios de la antigüedad india, 
—como Duncan Forbes, — reinaba en el siglo v antes de J. C, empezó á reinar en el 
año 319 de N. E.; y Chandra Gupta, que dicen que reinaba en el 315 antes de J. C, reinó 
en el 360 de N. E En la preciada obra Bilsa Topes, de Cunningham, se encuentra toda 
la serie de los reyes Guptas. 

(5) En el tomo IV de los Anales del Museo Guimet, se encuentra la historia del 
diente de Buda y todo lo que á consecuencia de ella les sucedió á los portugueses. Yo he 
hecho un extracto de la misma en mi estudio titulado Arios é indios, todavía inédito. 

(6) Mr. Duncan Forbes pone en nota que Chaturaji no indica el nombre del juego, 
como cree Sir Willian Jones, sino un accidente especial del mismo, equivalente á nues- 
tro Ja^ue mate, 

(7) Hioun-tbang era un chino que viajaba por la India en 622, época en que em- 
pezó á propagarse la religión de Mahoma. Escribió sus viajes en chino y su obra existo 
aún, habiendo sido traducida al francés. 

6. — EL AJEDREZ. 



42 EL AJEDREZ 

ferencia floreció en la misma época (1). Esto, junto con otros datos, 
confirma nuestra opinión de que el ajedrez fué introducido en la India 
y en la Persia en el siglo vi de N. E. 

Las diferencias y oscuridades que Duncan Forbes atribuye á Sir 
William Jones, consisten en la manera de explicar éste el movimiento 
de las piezas , cosa que tampoco hace él muy satisfactoriamente, pues, 
lo mismo que aquél, desconoce el juego que trata de describir. Si uno 
y otro hubiesen conocido el libro de don Alfonso el Sabio, de seguro se 
habrían explicado de otro modo y no se habrían confundido con lo de 
echar los dados y el movimiento de las piezas (2). Duncan Forbes 
habría visto que en su apreciado Chaiv/ranga^ ó juego de ajedrez de i 
cuatro, se colocaban las piezas de muy distinto modo del que las colocan 
él y Sir William Jones, y que los dados no entraban para nada en este 
juego, y no habría criticado el entusiasmo de Sir William Jones atri- 
buyéndolo á su ignorancia del juego y del sánscrito, porque si él conoce 
el uno y el otro mejor que aquel ilustre sabio, en cambio conoce menos 
que él la historia y la arqueología, puesto que cree que los indios juga- 
ban & los dados antes que el Chatwranga, es decir, con anterioridad al 
año 3,000 antes de J. C, cuando está generalmente reconocido que los 
dados son una invención griega ó romana de una época relativamente 
moderna (3). El dado oblongo con que supone que se jugaba este juego 
se encuentra también entre los juegos del libro de don Alfonso el Sabio, 
pero usado en un juego completamente distinto. Dice que el Chaturanga 
es una representación del modo de hacer la guerra más particularmente 
adoptado en aquellos antiguos tiempos (3,000 años antes de J. C.) en la 
India, siendo asi que á principios de N. E. ni los indios hacían uso de 
los barcos ni de los carros de guerra (4), ni los ejércitos estaban com- 
puestos del modo que en el juego se supone. El Amaracosha, de donde 
han sacado este concepto, es un libro del siglo v ó vi de N. E., y, si bien 
menciona los cuatro cuerpos de un ejército, no se refiere al ajedrez, del 
que no dice una palabra. 

En la importantísima obra Budhists Records of the Western Coun- 

(\) Max Müller, India ickat can it ieach us? pág. 317 y las que señala en el Índice. 

(2) Ya veremos por el libro de don Alfonso el Sabio que el juego de dados oblon- 
gos, con que suponen que se jugaba el Chaturanga, y el juego de dados de cuatro no 
eran juegos de ajedrez, sino de Tablas ó Jaquet 

(3) Todos los dados encontrados en los monumentos del antiguo Egipto son de la 
época romana según Wiikinson , « The Manners and Customs o/Ancient Egyptians]. 

(4) Los cuerpos de elefantes y carros de guerra no se usaron simultáneamente. 
Cuando los reyes Persas Sasanidas empezaron á usar los cuerpos de elefantes, de que se 
surtían en la India, abandonaron el uso de los carros de guerra. (Rowlinson, The Sijeth 
Great Monarchy], 

Los cuerpos de elefantes eran á menudo un perjuicio para los mismos que los em- 
pleaban. Sapor II de Persia, en el año 350 de N. E., recibió un refuerzo de la India, 
consistente en un cuerpo de aliados que le llevó un gran número de elefantes; éstos en 
el asalto de Nisi bis le fueron perjudiciales, pues al sentirse heridos se echaban en el 
fango para no volverse á levantar. Trece años más tarde, en 363, cuando después de la 
muerte de Juliano el Apóstata, su ejército se retiraba de Persia y parte de él habla pa- 
sado el Tigris, se le presentó en una altura un fuerte ejército persa con gran número de 
elefantes para impedirle el paso; mas heridos estos animales por las flechas de los roma- 
nos, se alborotaron y dispersaron , pisoteando á los soldados persas, que se vieron obli- 
gados á matarlos á causa del desorden y dispersión que introdujeron en sus filas. 



EL AJEDREZ 43 

(ries (1) hay varios datos sobre la composición del ejército en la Indiai 
En la pág. 213 del tomo I, refiriéndose al grran rey ó rajah de Eanay^ 
Siladitya, que según Max MüUer reinó desde 610 & 650 de N. E., se leq 
que, tratando éste de castigar á los enemigos de su hermano y & los 
habitantes de países vecinos que no querían someterse á su dominio, 
«reunió todos los soldados de su reino y ordenó & los maestros de 
armas, — jefes experimentados en el arte de la guerra — que tuviesen 
dispuesto un cuerpo de 5,000 elefantes, otro de 2,000 caballos y 50,000 
soldados de infantería...» 

«Después de seis años había subyugado las Cinco Indias — lá India 
del Norte. — Habiendo engrandecido de este modo su territorio, había 
aumentado también gradualmente sus fuerzas: tenía entonces 60,000 ele- 
fantes de guerra y 100,000 caballos. Después de treinta años sus ejér- 
citos descansaron y él reinó en paz en todas partes.» 

Como se ve, ni en uno ni en otro caso se hace la menor indicación 
de carros de guerra, y esto prueba que tampoco los tendrían los países 
de las Cinco Indias, pues de lo contrario lo natural habría sido que el 
rajah de Kanay los hubiese adoptado introduciéndolos en su segundo 
ejército. En esta obra, lo mismo que en todas las demás que pueden 
ll^LmhTae Aütóricas de la antigua India, no se mencionan otros carros 
que los usados por algunos reyes ó rajahs y las carretas de transporte. 

He creído importante copiar la composición del ejército del rajah de 
Kanay, Saladitya, porque Firdusi señala esta localidad como patria 
del ajedrez. De Kanay hace salir la célebre embajada India que llevó 
por primera vez el ajedrez á Persia, dando lugar á los cuentos de que 
hablamos en otra parte de este libro; y á Kanay fué donde el gran 
Chosroes mandó á su ministro en busca de la supuesta hierba que resu- 
citaba los muertos, encontrando en su lugar el celebrado libro de 
Calila y Dimna. 

Firdusi, queriendo realzar más la grandeza de su héroe predilecto 
Chosroes I — Nourshirvan, — supondría todos estos hechos como acaeci- 
dos en el reino de Kanay y bajo el reinado de Siladitya, uno de los 
rajahs más poderosos de la antigua India. Pero el caso es que, en la 
época en que Firdusi los pone en escena, ni Kanay era un gran reino 
ni Saladitya existía. En tiempo de Chosroes I el Grande, Kanay era 
uno de tantos pequeños reinos en que estaba dividida la India, situado 
en la orilla occidental del Ganges; y Saladitya, que lo engrandeció, 
haciendo de Kanay la capital de toda la India del Norte, no era contem- 
poráneo del Gran Chosroes, sino del nieto de éste, Chosroes II — Parviz, — 
y de su biznieto Siróes. 

Este Saladitya en cuyo reinado — primera mitad del siglo vii de 
N. E. — y en cuyo reino tuvo lugar — según los indiófilos — tuvo lugar la 
invención ó modificación del ajedrez, era un rey muy devoto y gran 
protector de la religión de Buda y de los monjes mendicantes, para los 
que mandó edificar varios conventos, cuando el budismo estaba ya en. 
decadencia. Según el misionero budista chino Hewn-Tang, que visitó 

(1) Esta obra es la traducción inglesa de las Memorias que algunos viajeros chinos 
dejaron escritas de sus viajes por la India , y especialmente de las de los misioneros bu*, 
distas Fa-Hian~del año 400 de N. E.— Sung-Jun— del 513~y Hínen-Tsíang— del 629. 



44 BL AJEDRB2 

la India en aquellos tiempos, Saladítya dividió el dia en tres partes: 
dedicaba la primera á los asuntos del gobierno y ocupaba la segunda en 
prácticas religiosas, sin interrupción alguna, de modo que el día no era 
suficientemente largo para él. Ni en este capitulo ni en el resto de su 
obra habla este autor chino ni una sola palabra del ajedrez, ni de nada 
que se parezca á juego. 

Las soluciones dadas por Duncan Forbes & las dificultades que pre- 
senta el juego del Chaturanga, como por ejemplo la de no poder mover 
el rock si á la primera tirada de dados salía el cuatro, punto que obli- 
gaba á jugarlo, etc., son conjeturales y poco satisfactorias, y sin duda 
por esto dice en el capítulo Y que después abandonaron el dado, el cual 
fué el primer paso hacia la transformación de aquel juego en Sba- 
trang (1). 

Es muy cierto que, con muy pocas excepciones, casi siempre se han 
repetido las mismas pueriles leyendas sobre el origen del ajedrez que, 
como él dice (2), nos han transmitido Carrera, Rui López, Salvio y 
otros; pero cuando se trata de establecer un hecho es preciso andar, 
como vulgarmente se dice, con pies de plomo, rechazar las nuevas 
leyendas, tan pueriles é inverosímiles como las antiguas, estar seguro 
de la autenticidad y veracidad de los documentos en que se funda la 
nueva teoría y enterarse de lo que pueden hacerla sospechosa ó des- 
truirla. Citaré un autor que viene á confirmar mi opinión y que no es 
nada sospechoso por cierto: me refiero á Rajendralala Mitra, arqueólogo 
natural de la India. 

Este autor en sus obras The Antiquities ofOrisa é « Indo-Aryans» (3) 
se esfuerza vanamente en probar la gran antigüedad de todas las insti* 
tnciones indias; habla de todo, hasta de muebles, herramientas y uten- 
silios domésticos (4); de la música y de sus instrumentos; de armas, 

(1) Como veremos más adelante , por las obras de don Alfonso el Sabio y la últi- 
ma de Van der Linde, se aclara un poco la manera de jugar este juego. 

(2) Duncan Forbes, obra citada, pág. 1. 

(3) IndO'Aryans. Contributions toteareis the elucidations oj tkeir ancient and 
medioeoal history. 

(4) Esta obra es una imitación, pero aplicada á la India, de ladeSir G. Wilkio- 
son titulada The Manners and Custonis o/the antient Egyptians, Se conoce que Ra- 
jendralala Mitra la había estudiado, inspirándose en ella. 

En la página 115 dice: cQue en tiempos de los Vedas y algo después estuvieron los 
Hindos familiarizados con barcos adecuados para viajes marítimos es ya cosa fuera de 
duda.» Pero por toda prueba cita algunas alusiones bastante confusas del Rig-Veda ai 
mar y á barcos; y para ilustraciones se refiere á los barcos rudimentarios, una canoa y 
una falúa, representadas en los bajos relieves de Sancbí (sig. II de N. E.) que se encuen- 
tran en la valiosa obra de Mr. James Kergusson The Tree and Serpent Worship, y da 
el dibujo de una barca representada en el gran templo de Bhoga Mandapa, en Puri , que 
él mismo dice: ese comprende evidentemente que servía para la navegación fluvial » 

Lo mejor es lo que dice respecto de los carros de guerra (Ob. cit., págs. 129 á 31 ). 
cEl carro indio más antiguo, de que tenemos un dibujo, se encuentra entre las pinturas 
del reinado de Tholhmes III (de 1495 antes de C. en Egipto). Se dice que fué presentado 
(al Pharaon] por un pueblo vencido llamado Rut-en-nu, sánscrito Rathina, 6 Carrete- 
roa, que el difunto Henry Torrens identifica con los Arios Védicos del Panjab > De modo 
que según estos señores los antiguos Arios, los primitivos habitantes de la India, se 
llamaban Carreteros. cEn estilo y manufactura, dice, es completamente semejante al 
carro cíe guerra de los bajos relieves de Sanchi; un carro de dos ruedas con una caja 
corrida, abierto por detrás y tirado por dos caballos.» En efecto, los carros represen- 



EL AJEDREZ 45 

bebidas y comidas; en una palabra, de cuanto puede dar á conocer la 
vida íntima j las costumbres de la India antigua y de la Edad Media, y 
no dice ni una palabra de los juegos en general y menos aún de los de 
ajedrez y naipes, á los que no hace la menor alusión. 

Cree que los libros indios Rig-Yeda, Rámáyana, Mahábhárata y 
Puranas son muy antiguos, y, fundándose en la mención que hace uno 
de ellos de carros imaffinarios de un lujo portentoso, quiere probar la 
existencia de carros de guerra en los tiempos llamados védicos. Empieza 
comparando un carro de las esculturas del Tope de Sanchí , — único que se 
encuentra representado entre la gran multitud de esculturas antiguas de 
la India, — monumento del siglo v de N. E., con los carros de los monu- 
mentos egipcios del tiempo de Thothmés III (1,500 años antes de J. C); 
de modo que compara dos objetos que se encuentran á dos mil años de 
distancia uno de otro y que se parecen menos que una calesa á un til- 
buri de los que hoy se usan , y tanto es así que las ruedas del carro egip- 
cio tienen seis radios en tanto que las del sanch indio tienen diez y seis. 
Del hecho de decir los jeroglíficos que el carro fué un regalo que los 
Rut en-nu, pueblos del norte de Siria, hicieron & Thothmés III, deduce 
que, por la palabra sánscrita J?aMt^¿; (carreteros), se ha evidenciado 
que los Rut-en-nu eran los arios védicos del Pánjab. ¡Viva la filología! 
Habla de las diversas clases de carros que j^tf^o haber habido en la India, 
y al llegar á los carros cubiertos — de los que, sea dicho de paso, no hay 
más que un solo ejemplar en aquel país, el del Tope de Amaravati, que 
es una especie de tartana como las que hoy se usan, — suponiendo que 
estos eran y son los escogidos para las ceremonias religiosas y que los 
del modelo del de Sanchí eran los de guerra, dice: «No obstante, es 
digno de notarse que en los bajo relieves de Sanchí el carro descubierto, 
cuyo grabado publico, es el vehículo escogido para una procesión reli- 

iadoB eo los monumentos de Egipto, y los hallados en las sepulturas de Thebas, como 
el que posee el Museo de Florencia, se parecen al de las esculturas de Sanchí en que 
tienen dos ruedas y van tirados por dos caballos: en cuanto lo demás, como quiera que 
desde la fecha del último á la de los primeros no hay más que la friolera de diez y seis 
ó diez y siete siglos, la diferencia de los tiempos no influye para nada, y se parecen lo 
mismo que el carro triunfal de los Emperadores Romanos A las carrozas que los monar- 
cas actuales usan en las grandes solemnidades. 

Daré dos otros detalles comparativos para que se comprenda la intima semejanza 
entre el carro indio y el egipcio. Las ruedas del carro de Sanchí tienen diez y seis rayos 
cada una: los de los Rut-en-nu y del Museo de Florencia tienen cuatro,-^ en esto se 
conoce que eran ajenos al Egipto, pues las ruedas de los carros egipcios tenían gene- 
ralmente seis rayos; además, el carro de Florencia es muy pequeño y se cree que era 
uno de los objetos de tributo. — Los carros egipcios tenían una sola lanza á la que 
enganchaban los caballos; el de Sanchí tiene tres brazos con el mismo objeto. La caja 
del carro egipcio está montada en el eje por su extremo posterior; y la del indio, al 
revés, tiene dos terceras partes en la trasera del eje y el resto en la parte delantera. 
Volvamos á los Rut-en-nu , los Carreteros de la India. 

Rajendralala Mitra pone por nota en la pág. 130, que Mr. Layard no admite la iden- 
ti ftcación de los Rut-en-nu con los carreteros indios, fundándose (Niniveh II, 405) en 
que Mr. Samuel Birch dice que están mencionados en las listas geográñcas entre los 
Naharaina (habitantes de la Mesopotamia). En efecto, en la excelente obra Egypt under 
the Pharaons, I, págs. 268-69, Mr. Brugtch Bey dice, que queda bien demostrado que 
los Rut-en-nu eran uno de los pueblos que con los Meru, Ketos, Hilitas combatieron 
más con los Pharaones de la XVIII dinastía; pueblos todos que habitaban el Asia Occi- 
dental, Mesopotomia, Asina y los países colindantes con las tribus de Israel. 



46 EL AJEDREZ 

glosa, y que el objeto sagrado que llevan en él está resguardado de los 
rayos del sol por medio de una sombrilla.» Es decir, que !o que él toma 
como carro de guerra no era más que un carro religioso. 

Lo mismo le sucede con los barcos. Después de haberse esforzado 
en demostrar que los antiguos indios tenían marina de guerra y mer- 
cante, dice: «A pesar de todo en las esculturas no se encuentra ninguna 
prueba de viajes marítimos. En Sanchí sólo se ven dos barcos: una tosca 
canoa hecha de groseras tablas malamente unidas por medio de cáñamo 
ó cuerdas, y una canoa majestuosa con una larga proa esculpida repre- 
sentando la cabeza y las garras delanteras de un león con pico de milano 
y la popa en forma de cola de pez vuelta hacia arriba.» 

Mr. Fergusson dice que aún hoy día pueden verse botes de forma 
parecida á la de estas canoas en ]as festividades de Benarés, en los 
estanques de Ondypone y en todos los palacios indios que tienen un 
estanque junto á ellos (1). 

c< Los dos barcos de Sanchí , continúa diciendo el arqueólogo indio, 
aparecen además entre plantas de loto, que en esta tierra nunca crecen 
enagua corriente y obviamente no se dirigen al Océano. Además, en 
Amaravati no hay barcos y de Bhuvanes'-vara no sé que haya marina ó 
escenas de barcos. Considerando que esta plaza está situada tan cerca 
del mar, la total ausencia de semejantes escenas arguye que en otro 
tiempo el Indo estaba completamente apartado de aquél. En Purí el 
Bhoga Mandapa del gran templo representa un barco, pero éste estaba 
evidentemente destinado á la navegación fluvial.» 

Resultado: que los antiguos indios, como ya dejo dicho, no conocían 
los carros de guerra, y por Ío tanto no podían servirse de ellos, ni tenían 
más que canoas ó barcos rudimentarios para navegar en los ríos. 

Para juzgar de las obras de un pueblo, es necesario conocerlo: sin 
estar bien impuestos del carácter, costumbres y religión de un pueblo 
no s6 le pueden atribuir obras de origen desconocido de ninguna clase 
y menos las que están en contradicción con algunas condiciones de su 
especial modo de ser. 

Van der Linde y su comentador ruso persisten en dar tin origen 
indio al ajedrez á pesar de aducir datos en contrario (2). El ruso em- 
pieza su segundo artículo diciendo: «Del artículo precedente resulta 
evidente que el ajedrez es de origen indio; en las obras indias, pues, es 
donde debemos buscar los datos más precisos.» Y á f e que son buenos 

(1) Para las representaciones de ios carros y barcos de que acabo de hablar véa^e 
la apreciada obra de Mr. James Fergusson Tree and Ser peni Worship, láms. 3, 35, 37, 
38 y 64. La única representación de un combate sobre un carro de guerra se encuentra 
ai extremo de un friso del templo subterráneo núm. 3 de Badamf ; es* la continuación de 
un combate simbólico y representa á Vignú encima de Garuda combatiendo con un 
Deva montado en un carro que tiene la forma de una caja cuadrada con dos ruedas de 
diez y seis radios; las dos figuras de este relieve son bastante toscas y ambas usan como 
armas el arco y las flechas. La cueva es precisamente de las pocas cuyas inscripciones 
nos dan á conocer su fecha: es del rey de Kanares, capital de Badamf, Mangalisa, que 
reinó en el año 579 de X. E 

«Los partos no usaban carros de guerra ni se servían de elefantes para ésta. Los 
escitas fueron probablemente los que introdujeron el uso de los carros en. la India.» 
Rawlinson, The Siasth Great Oriental Monarchy, pógr. 409. 

(2) «LaStrategie,>15Mayol880. 



EL AJEDREZ 47 

y convincentes los que nos da ^ empieza por hacer una reseña de ha- 
llazgo de Sir William Jones, con todas las mismas oscuridades y errores 
de que ya nos hemos ocupado tantas veces, dice que cuando Van der 
Linde empezó á publicar sus obras participaba de la opinión de Duncan 
Forbes, quien por los datos aducidos por Colebrooke y el capitán Hiram 
Cox creía que el Chaturanga era el ajedrez primitivo, de origen indio, 
atribuyéndole una existencia de muchos miles de años. Conociendo la 
confusión é incertitud — la patente superchería — de todo lo referente al ha- 
llazgo de Sir William Jones, Chaturanga, piezas, su colocación , nom- 
bres, dados y modo de jugarlo de todo lo que no se puede sacar nada en 
claro. Van der Linde sacó las siguientes deducciones. «El ajedrez fué 
inventado en las Indias antes del siglo x, probablemente en el vm; toda 
conjetura que le atribuyese una mayor antigüedad, no podría, hasta 
el presente, ser demostrada por ningún testimonio histórico. Era jugado 
por dos personas en un tablero de 64 casillas; por cada lado había un 
rey, un ministro (mantrin- consejero, hoy dama), dos elefantes, dos 
caballos, dos carros y ocho soldados de k pie, al principio de la partida 
la posición de las piezas era la siguiente: 

» Elefante, Caballo, Carro, Ministro, Rey, Carro, Caballo, Elefante, 
Soldado, Soldado, Soldado, Soldado, Soldado, Soldado, Soldado, Soldado.» 
Da & las piezas los mismos movimientos del juego de la Edad Media sin 
las variaciones del salto de Rey, Reina, etc. (1), con la particularidad 
de colocar el Elefante alfil al extremo del tablero, lo que es una dificul- 
tad para el nombre de esta pieza, que el ruso cree que es un error de 
Van der Linde, debiendo estar el Elefante en el lugar del Carro y éste 
al extremo del tablero, colocación primitiva, según él, que aprendieron 
los árabes con el ajedrez poco tiempo después de su invención cuando 
éste no podía aún haberse desnaturalizado. ¿Quién de los dos está en lo 
cierto? desde muy antiguo vemos en uso ambas colocaciones y esto 
es una de las pruebas de no ser la nomenclatura de las piezas, la de 
origen oriental que tanto pondera. 

Como se ve Van der Linde pasa de un extremo á otro y yo creo con 
el ruso, que en sus mismas obras se encuentran testimonios históricos 
que permiten remontar el ajedrez á una época anterior á la que él le 
señala. 

Los otros documentos, que según el ruso nos han de procurar datos 
para comprobar el origen indio del ajedrez, son: «Un documento del 
siglo XI, que no há mucho un sabio ha encontrado en Allahabad, que 
dice que el ajedrez era una de las diversiones de los príncipes indios de 
Dekhan; hasta al presente no tenemos ningún detalle preciso de tal descu- 
brimiento.» Nilakanta, que vivía allá por 1600 á 1700, — no viene de un 
palmo — describe el ajedrez á dos.» iGran novedad! ¿y á esto se llama 
escribir sobre los orígenes del ajedrez? 

Van der Linde, sin decir en qué lo funda, da como indefectible- 
mente el tablero de 64 casillas como el originario del juego de ajedrez, 
inventado en la India cuando los autores orientales y especialmente 
Firdusi en el capítulo dedicado exclusivamente á la invención del aje- 

(1) Véanse nuestros capítulos de los nombres y movimientos de las piezas. 



48 EL AJBDRBZ 

drezy dice claramente: «mandaron trazar un tablero dividido en 100 casi- 
llas,» y describe las piezas correspondientes á tal tablero, que son las 
8 actuales más los dos camellos (1). 

«El más antiguo pasaje indio referente al Chaiuranga se encuentra, 
dice, en Halayundha que vivia, según se cree, á últimos del siglo x: éste 
aconseja que para medir los versos se haga uso de una tabla en la que 
se hayan trazado 64 casillas como en el juego del Chaiuranga. Aquí para 
designar la palabra que significa graneo, depósito de trigo.» ¿Será el 
Mandra ó Martra, que como veremos después, sospecho se llamaba asi 
el tablero en la India antiguamente? Por lo demás, lo que describe 
Halayudha es un Abacus ó contador antiguo. La vaguedad y oscuridad 
de los documentos en que los sostenedores de la teoría india fundan sus 
opiniones les hacen incurrir en contradiciones y suposiciones insoste- 
nibles que originan entre ellos las diferentes opiniones ó apreciaciones 
que ya hemos observado y tendré ocasión de hacer más patente en el 
decurso de todos estos estudios. 

(1) Véanse los capítulos Lo8 Árabes y Firdusi, 



^1 



CAPÍTULO V 



Eü AJBDRBZ BN CHINA T £N BL JAPÓN 



Los partidarios del origen indio del ajedrez, es decir, los que opinan 
que el juegfo primitivo fué el Chaturanga, no sólo pretenden que es una 
transformación de éste el juego que actualmente jugamos en Europa, 
sino que creen que son también variantes de aquél las diversas clases de 
ajedrez que se han jugado y juegan aún en todo el Oriente. Error gran- 
de, á mi modo de ver, que demuestra una vez más la falta de funda- 
mento de sus pretensiones, como se verá por la sucinta descripción que 
iremos dando de los principales y más conocidos de entre ellos, que son 
el chino, el de Birmania y el indio ó persa que jugaba Tamerlán á últi- 
mos del siglo XIV. 

Empezaré por el de la China, por opinar algunos que en este país 
fué donde nació el juego que nos ocupa, y que tanto ha dado y dará aún 
que escribir. Mas según un manuscrito chino, que Mr. Irwin acompañó 
á su Memoria sobre el ajedrez chino en las Transactions of the Royal 
Irish Academy, los chinos invalidan sus pretensiones á la invención de 
este juego fijándola en el año 174 antes de N. E. (1). 

La descripción que hago de este juego está tomada en parte de lo 
que dice Mr. Irwin en su citada Memoria, y el resto, del artículo del ca- 
pitán Hiram Cox publicado en las Transacciones de la Sociedad de Ben- 
gala (2), confirmando ó rectificando lo que había dicho el primero. 

Como se puede ver por el diagrama fig. 3, el tablero se compone de 
64 casillas, como el nuestro, con la diferencia de que está completa- 
mente dividido en dos mitades por medio de una faja que Mr. Irwin dice 
que es un riOy y que el capitán Cox toma por una trinchera. En medio de 
las dos filas extremas del tablero, hay un cercado formado por las cuatro 

(1) La Haipienne, grao diccionario chino, dice que el ajedrez fué introducido en la 
China durante el reinado de Van-ti, ó sea en el año 537 de Nuestra Era, que es próxima- 
mente la misma época en que fué conocido ó generalizado en la India y en la Persia. 

(2) Aaiatic Researches, tom. Vil, póg. 487-91. 

7. — EL AJBDREZ. 



50 



BL AJEDREZ 



casillas, ocupadas por el rey y la reina y los dos peones delanteros de 
estas piezas; este cercado* forma una especie de cindadela, dentro de la 
cual debe moverse el rey sin poder salir nunca de ello. Las piezas que 
componen el juego son diez y seis de cada color, como las muestras, pero 
no están clasificadas como éstas. £1 ajedrez chino tiene 9 piezas nobles 
en vez de 8; dos piezas ambiguas, pues los autores no están de acuerdo 



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J( 'i Q ^ 2 o -i á- 
Fio. 3.*— Tablero chino 



sobre su nombre y valor, y cinco peones, en vez de los ocho que nosotros 
tenemos. 

Las piezas tampoco se colocan en medio de los cuadros como en 
nuestro juego, sino en la linea divisoria de los mismos, por lo que 
se puede decir que el juego de ajedrez chino es lineal, necesitándose 
nueve piezas para ocupar los extremos de las lineas del tablero (véase el 
diagrama n.* 3) (1). 

Como las piezas chinas no son de bulto, sino planas lo mismo que 
tantos, se distinguen por la inscripción que lleva cada una de ellas. 
Mr. Irwin y el capitán Cox no están de acuerdo acerca de la traducción 
de estos nombres, por cuya razón copio la interpretación dada por cada 
uno de estos autores al nombre de las figuras. 



CHINO 



1 


Chong 


2 


Soo 


3 


TchoDg 


4 


Mai 


5 


Tche 


6 


Paov 


7 


Ping 


s 


Hoaki 



8BGUN IRWIN 


SBGUN HIRAM COX 


Uey 


General 


Princesas 


Consejeros 


Mandarines 


Elefantes 


Caballos 


CabaUos 


Carros ó castillos 


Castillos ó carros 


Tira cohetes 


Artillería 


Peones 


Infantería 


Río 


Trinchera 



(1) Los dos reyes no pueden salir de los cuadros que hay en medio de loa exiremo6 
del tablero, cuadros cuya forma es la del tres en rana que aún juegan los nifios y que 



EL AJEDRBZ 51 

Tampoco concuerdan estos autores acerca del nombre del juego, 
pues mientras Mr. Irwin dice que se llama Juego real, el capitán Cox 
quiere que se llame Ciencia de la guerra. El rey^ que según éste debe W^^- 
mhvse generalísimo, inteligente en la guerra, — el strategos griego, — se 
mueve un paso en todas direcciones, lo mismo que el nuestro, pero sin 
salirse del cercado que forma la fortaleza. Las princesas ó consejeros, — 
la palabra china Soo (su) significa literalmente hombre viejo sin barba, 
— se mueven como el rey y tienen el mismo límite de acción que éste. 

Los Mandarines ó Elefantes tienen el mismo movimiento que nues- 
tro Alfil, pero limitado á sólo dos pasos y sin poder traspasar el rio 
ó trinchera que divide f>l tablero; su acción es meramente defensiva. 

Los Caballos y las Torres ó carros, tienen los mismos movimientos 
que los nuestros y pueden recorrer todo el tablero. 

El Paov, tira cohetes ó artillero, tiene un movimiento igual al de 
nuestra torre; pero, según Mr. Irwin, no puede tomar ninguna pieza 
sino hay algunas otras entre ésta y aquélla. El capitán Cox lo dice de un 
modo algo diferente. Según él, tiene el mismo movimiento que la torre 
inglesa, y si alguna de las piezas contrarias ó peones intervienen en 
linea recta, toma la que está inmediatamente á retaguardia de ella, 
ó sea la última de todas. 

El movimiento de los peones difiere también del de los nuestros: 
avanzan un paso en linea recta, nunca dos; toman transversalmente á 
derecha é izquierda y no diagonalmente como los nuestros; y cuando 
llegan á la última casilla se quedan tan peones como antes, sin poder 
aspirar á ser cambiados por otra pieza como sucede en el ajedrez eu- 
ropeo. 

El capitán Cox acaba la descripción de este juego diciendo: «El es- 
pacio blanco marcado en el tablero con el número 8, es conocido por los 
chinos con el nombre de Hoa ki, que traducido literalmente quiere decir 
foso ó trinchera, y se supone que se ha abierto para defenderse del ejér- 
cito enemigo. Se supone que los carros, caballos y soldados de infantería 
lo traspasan por medio de ligeros puentes; mas como no pueden resistir 
el peso de los elefantes, éstos se ven obligados á permanecer dentro de 
sus respectivas secciones.» 

«También bajo otro punto de vista es igual al juego inglés — el euro- 
peo, — puesto que tiende como éste á destruir las fuerzas de los lados 
para bloquear al choohong. El tablero no es de damas, es decir, no está 
formado de cuadros blancos y negros, sino simplemente subdividido (por 
medio de líneas) como el diagrama; las piezas son tantos circulares de 
madera ó marfil, con los nombres que los distinguen escrito encima; la 
mitad de ellas son encarnadas y la otra mitad blancas.» 

Como se ve el juego chino es completamente distinto del nuestro. 
¿Proviene de un antiguo juego griego? Más adelante lo veremos. De 
todos modos, por mes que los indiófilos digan lo contrario, el juego de 

probablemente no es más que el Petteia de los griegos, como veremos después. ¿Es el 
ajedrez chino una derivación de este juego ó bien del Ludus Latrum culorum délos 
romanos, parecido al del tres en raya si bien un poco más complicado? La figura del 
cercado, el colocarse las piezas en las intersecciones de las líneas, el que se muevan 
linealmente y otras particularidades hacen que sea muy verosímil esta presunción. 



52 EL AJEDREZ 

ajedrez chino no puede proceder del Chaturanga indio (?), ni del Shairang 
persa ó ajedrez europeo, sino que, como todos éstos, debe tener origren 
en otro juego muy antiguo del cual probablemente derivan todos ellos. 

Mr. Hiram Cox (1) copia la anécdota de la invención del ajedrez 
chino; según ella lo inventó un soldado Mandarín para reanimar el 
valor de sus subordinados que, abatido por lo riguroso del invierno y por 
la falta de sus mujeres é hijos en una campaña, pedían que se les dejase 
volver á sus casas. Los persas tienen un cuento parecido. 

Como veremos luego el alfil persa tiene un movimiento parecido al 
del Páot) chino, razón por la que creo que es más apropiada la traduc- 
ción de cohete ó de tirador de cohetes ó la de mortero, — porque el proyec- 
til de éste describe una parábola yendo á causar daño lejos del punto en 
que se dispara, — que la de geftieral de artilleria que le da el capitán 
Hiram Cox. La introducción de la artillería ó cohetes y la fecha de la in- 
troducción (ó supuesta invención) del ajedrez en China, son una eviden- 
tísima prueba de que no fué inventado en esta nación. 

£1 capitán Cox, dice que coloca en segundo lugar el juego chino, 
porque es un recuerdo de su antigüedad relativa, pero no con la convic- 
ción de que sea la inmediata transformación del antiguo juego indio, 
porque le parece que ésta corresponde al que juegan actualmente los 
birmanes, que son indios de la tribu Pali, cuya ciencia y literatura han 
salido de una misma fuente. «En el juego de Birmania se ve el primer 
destello de perfección, pues conservando los nombres indios — según el 
Amaracosha, — están ya consolidados los dos ejércitos, mandados por un 
general bajo la vigilancia del rey, arreglado el orden de batalla y elimi- 
nada la suerte (2).» 

Fijándose de un modo seguro el año 174 antes de N. E. como el de la 
invención ó introducción del ajedrez en China, y siendo el de Birmania 
más antiguo, aunque sólo le concedamos 50 años de mayor antigüedad, 
resulta que el Chaturanga estaba ya transformado en Shatrang, los cua- 
tro ejércitos reducidos á dos y suprimidos los dados, que es lo que más 
esencialmente constituye la transformación de un juego en otro, 800 
años antes de la época que Mr. Duncan Forbes señala á esta reforma, ó 
sea el siglo vi de N. £., según él. 



EL AJEDREZ EN EL JAPÓN 

Los japoneses llaman al ajedrez «Juego del Stratego», ó del General- 
Schoo, — y como todos los orientales tienen el tablero señalado sólo por 
líneas horizontales y verticales formando cuadros, como los Indo-Arábi- 
gos colocan las piezas en los cuadros jugándolas en ellos, y no como los 
Chinos poniendo las piezas sobre las líneas y jugando siguiendo éstas. 
El tablero ordinario se compone de 9 X 9 = 81 cuadros, y juegan con 20 
piezas de cada color colocadas según el siguiente diagrama. 

Las piezas según van notadas en el diagrama son: 

(1) Asiaiic Researches, tom. Vil, pág. 497. 

(2) Obra y tomo citados, pág. 496. 



I 

J 



EL AJEDRBZ 

N.* 1 El Estratego de Piedra preciosa 

2 El Estratego de Oro 

3 El Estratego de Plata 

4 El Caballo 

5 El Carro pesado con lanza y tronco 

6 El Corredor de Esquinas (Encantes?) (1) 

7 El Carro-volante, ligero con varas 
» 8 Soldados de Infantería — Peones 

Total de piezas 



53 



» 
» 
» 
» 
» 
» 



Piezas 


1 


>^ 


2 


» 


2 


» 


2 


» 


2 


» 


1 


» 


1 


» 


9 



» 



20 




Fio. 4.*— Tablero japonés 



Las piezas son movidas; el General de piedra preciosa, ó diamante 
como nuestro Rey (N.° 1). 

(1) Corredor de encantes de procedencia latina, corredor de ventas públicas ó 
subastador. Las ventas públicas en tiempo de los romanos se efectuaban en las esquinas 
de las calles, in cantra, de donde encante, y debajo de una asta que ponían por seffal, 
sub-^ista, de aquí subasta y subastador. 



54 EL AJEDREZ 

Los Strategos de Oro se mueven como el Rey, pero no pueden pasar 
& las dos casillas situadas diagonalmente detrás de sí, de modo que tie- 
nen un campo de seis casillas (N.** 2). 

Los Strategos de Plata van & las dos casillas situadas diagronal- 
mente detrás de sí, ó bien á las casillas de delante (N.** 3). 

£1 Caballo salta sólo á la segunda casilla de la derecha ó de la iz- 
quierda, pero no va hacia atrás ni á los lados (N/ 4). 

El Carro de lanza se mueve como nuestra torre, pero sólo hacia de- 
lante, no lateral ni retrógradamente (N.° 5). 

El Corredor de Esquinas se mueve exactamente como el actual 

Alfil (N.^ 6). 

El Carro- volante va exactamente como nuestra torre (N.*" 7). 

Los Peones andan sólo una casilla adelante y matan como andan 
(N.*^ 8). 

Una propiedad del juego japonés la tenemos en el ajedrez matemá- 
tico de la Edad Media (1). Sí es tomada una pieza se la puede desviar de 
su anterior movimiento y colocarla en una casilla más conveniente ; no 
se pueden poner dos peones en una casilla pero si otras figuras. 

Hasta el Rey y los Strategos de Oro (2), todas las figuras pueden ser 
transformadas desde el momento que alcanzan las líneas enemigas. El 
Stratego de Plata, el Caballo, el Carro de lanza y el Peón, pierden por 
este cambio su modo de andar y toman el del Stratego de Oro. Así, ju- 
gando con piezas de cartón, basta en este caso escribir en la espalda de 
las figuras «Oro». El Corredor de Esquina ó diagonal y el Carro-volante, 
al transformarse, añaden á su especial manera de andar los movimientos 
del Rey; en la espalda del Corredor se escribe «Caballo Dragón,» y en la 
del Carro-volante «Rey Dragón.» En ningún caso se está obligado á esta 
transformación de figuras-piezas. 

Si una pieza es tomada después de la transformación, le queda toda- 
vía su original manera de andar; si la figura vuelve á alcanzar las 
líneas enemigas, vuelve á adquirir nuevos movimientos. 

Son varios los juegos japoneses de esta clase; el de que venimos ha- 
blando es «el pequeño juego de figuras» (Seo-Schoo-gi), que juegan ge- 
neralmente con un tablero de 2'2 pies de largo por TI de ancho. No se 
sabe cuándo apareció en el Japón este juego, llamado del Stratego. En 
el Diccionario de la antigua lengua japonesa (^í^tí5»^rí-iS'oo^i, cuyo autor 
murió en 986 de N. E., no se hace mención de él. En tiempos más mo- 
dernos parece desarrollarse, pero diferenciándose mucho del juego chino 
(Seyan-gi), léase (Schoogi), en chino (Shiang-hi), Van der Linde da los 
nombres de las piezas en japonés y en chino, que dice están sacados de 
un texto japonés que termina así: «Si se toma una pieza enemiga se la 
puede emplear en el mismo juego, de aquí la inagotabilidad de cente- 
nares de cambios. Sus movimientos (de las piezas) son los mismos del 
juego mediano de figuras (3).» 

Otro autor japonés, dice el autor del Siyan fué Wa-wang, rey de la 

(1) Kriegschach de Bréele, etc. Esto y lo que sigue está traducido de la última obra 
de Van der Linde tantas veces citada en estos estudios. 

(2) Menos el Rey y los Strategos de oro. 

(3) San-Sai dzu-ye vol. 17, pégs, 3 y 4. 



EL AJEDREZ 



55 



dinastía China Ischen (reinó de 1122 á 1114 antes de Jesucristo). En él, 
hay los nombres del sol, la luna y las estrellas. M&s tarde apareció tam* 
bien el juego de Generales ó figuras Dai-Siyan-gigue^ sin embargo, no 
está ya en uso. Sólo se usa el juego me(i\9i\io Esin-Siyan-gi y q\ }nego 
pequeño Seo-Siyan-gi, No se sabe cuándo estos juegos fueron introduci- 
dos en el Japón, pero en los últimos tiempos fueron muy jugados. £1 
jugador más notable fué un tal Son-kei del tiempo del Micado Go-yan- 
sei, que reinó de 1587 á 1611 de Nuestra Era; también su hijo Son-ko era 
un gran maestro. 

En la época actual (1768) el gobierno hace construir una casa para los 
más hábiles jugadores de cada generación donde se cultiva el arte, la 
designa como sitio del juego de figuras (Siyan-gi-takoro) y les reparte 
bienes. Sus descendientes son empleados del gobierno en Yedo (1). 

Otro texto japonés dice : «El Scoo-gi fué inventado por el emperador 
Wutí de la dinastía China Tscheu ; TVang-pas^ uno de sus ministros, hizo 
el canon del juego de figuras y un tal Ste-morwen dio plano y reglas. En 
el Japón fueron San-kei y Son-ko los mejores maestros y dirigieron el 
sitio (club?) de juego de figuras del Príncipe; hoy día (1801 Nuestra Era) 
sólo se usa el juego pequeño con 9X9 casillas y 40 piezas;> (3). 

Pasemos ahora á la descripción del juego mediano. El tablero se 
compone de 12X12=144 casillas (como el gran ajedrez de D. Alfonso el 
Sabio), y las figuras al comenzar el juego son 21, mas al cambiarse dan 
lugar á ocho figuras más. 



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20 

12) 

18 
8 
7 



NÚMBRO DB PIBZAS 
DB CADA COLOR 

Figuras únicas 
1,3,11,12,18.19= 6 

Dobladas 

2, 4 á 7, 21 = 28 
Peones. . . 12 

Total piezas. . . 46 



FiG. 5.* — Juego Mediano japonés. Diagrama con la colocación 
de las piezas al comenzar el juego 

(1) 5a/r-A¿<s-Ze/i 1768. 

(2) To kwai sets yoo Kyak-ta tsá, 1801 . 



56 EL AJEDREZ 

Pór figuras deben entenderse las piezas de figuración y nomencU- 
tnra diferentes, porque el número total de piezas con que se empieza este 
juego son cuarenta y seis, como puede verse por el adjunto diagrama; 
de éstas seis son únicas, catorce dobladas y doce peones. Los dos núme- 
ros incluidos en algunas casillas del diagrama se refieren , el superior á 
la figura que se coloca allí al comenzar el juego; el otro número inferior, 
que esti entre paréntesis, indica la figura en que se cambia la primitíTS 
al llegar á las filas enemigas. Pasemos á la descripción de los moTi- 
mientos. 

núm. 1. Woo-Scho ó Oseho «Rey;» pieza única, se mueve como el 
nuestro. 

— 2. Kins-choo «General de oro» pieza doblaba, como el des* 

crito, se convierte en 15. 

— 3. Sen-zan ó Sinzoo «Elefante borracho,» única, tiene todos 

los movimientos del Bey excepto retroceder en linca 
recta; tiene siete campos, se convierte en 29. 

— 4. GinSchoo, «General de plata,» doblada, como el descrito, 

se convierte en 14. 

— I . DanrSiyan (Doo-schav), «General de cobre,» tiene cuatro 

campos; tres delante de si y uno solo en linea recta 
hacia atrás, se convierte en 13, doblada. 

— 6. MaW'ieu (Moo-íeo), «Leopardo cruel,» doblada, puede ir á 

los tres campos de delante y tres de detrás, mas no á 
los laterales; se convierte en 9. 

— 7. Tiyav-Scha, «El carro de incienso ó de lanza (triunfal?), 

doblada, ya descrita; se convierte en 22. 

— 8. FanrSiyá (Fan-Scha)^ «El carro que retrocede,» doblada, 
se mueve como el anterior, pero sólo hacia atrás; se 
convierte en 23. 

— 9. Kaku-ginOj «El corredor de esquina ó diagonal,» doblada, 
ya descrita; se convierte en 16. 

10. Manko (Moo-ko), «El tigre ciego,» doblada, tiene siete 
campos, los del Rey, excepto el que está en línea recta 
delante de él. No tiene acción en línea recta; se con- 
vierte en 24. 

11. Kinn, «El caballo del Sol,» única, puede andar un paso 
diagonalmente y dos en línea recta ó de lado; se con- 
vierte en 18. 

12. Hon-ivan (Hot-wovjy «El fénix,» única, anda sólo un 
paso en línea recta ó de lado, pero dos pasos diagonal- 
mente; se convierte en 19. 

13. Wan-^iyan ( JVov-gyvo), «El corredor transversal,» doblar 
da, puede recorrer de lado todo el tablero adelantt^J 
atrás sólo un paso; se transforma en 25. .^flli» 

14. Siyn-ffiyan (Schu-gyvo), «El corredor en línea ref 
blada, anda en línea recta de abajo arr " 
lado á derecha ó izquierda sólo un paso; 
en 26. 



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I» 




EL AJEDREZ 57 

Pieza núm. 15. Si-Scha, «El carro volante,.v doblada, ya descrita; se 

convierte en 17. 

— 16. Kin-Siva, «El caballo dragón,» doblada, también des- 

crita; se convierte en 27. 

— 17. JCin-wan, «El rey dragón,» doblada, se convierte en 28. 

— 18. Sixiy «El león,» única, anda dos campos en todas ocho 

direcciones. Si dos leones se encuentran y uno de ellos 
lleva otra figura «fijada á él» no se pueden matar, mas 
si una pieza enemiga pasa entre el león y la figura 
fijada, es muerta por las dos, aun cuando sea un león. 
Una figura que haya sido dos veces fijada á un león 
puede matar á un león enemigo. El león no sufre me- 
tamorfosis. 

— 19. Hon-wan (Hon-rvoo), «El rey fugitivo,» anda como la 

figura 8; no sufre cambio alguno. 

— 20. HO'kei, «El peón.» Es ininteligible el cambio ó cambios 

que puedan tener los peones. 

— 21. Tzin-zin, «El ayudante,» doblada, anda sólo un paso 

delante ó detrás se convierte en tres figuras adiciona- 
les que sólo juegan por transformación de otras en ellas. 

— 22. TaA'iu, «Caballo blanco,» marcha hacia delante como 

la torre ó el alfil; hacia atrás como la torre. 

— 23. Kei-gei, «La ballena,» marcha hacia adelante sólo como 

la torre; hacia atrás como la torre y el alfil. 

— 24. Fi-roku, «El ciervo volante,» anda como el Rey, un paso 

en todas direcciones, además puede ir de arriba abajo 
como la torre. 

— 25. Ifon-isio, «El puerco fugitivo,» va como el alfil y lateral- 

mente como la torre. 

— 26. Fi-giny «El toro volante,» se mueve como el alfil. 

— 27. Kaku-yaUy «El halcón cornudo,» va exactamente como 

el 25, pudiendo además recorrer dos campos en linea 
recta. 

— 28. Fi'Zin, «El águila voladora,» tiene los movimientos de la 

torre y del alfil , pero diagonalmente sólo hacia atrás 
recorre todo el tablero; hacia adelante sólo dos casillas. 

— 29. Tai'Si, «El príncipe heredero, se mueve exactamente 

como el Rey. 
Se mencionan, además, el gran juego de figuras Dai-schoo-gi, con un 
tablero de 15X15=^^25 casillas y 130 figuras. Otro W^m^^áo Maka-dai- 
dai'Schoo-giy con igual tablero y 192 figuras. El Dai-dai-schoo-gi, cuyo 
tablero es de 17X1*7=289 casillas. Finalmente, otro Dai-schoo-gi, con un 
tablero de 22X25 =-625 casillas y 354 figuras. Ninguno de estos juegos 
está en uso, y de ellos sólo se tiene noticia del número de cuadros del 
tablero y de las figuras con que se jugaban. Si realmente se han jug^ado 
alguna vez estos juegos — que lo dudo — difícil es atinar la variedad de 
movimientos que requería tan gran número de figuras y la infinidad de 
combinaciones resultantes habían forzosamente de hacer muy difícil, si 
no imposible, se llegase á ser un jugador de primera fuerza. 

8. — EL AJEDREZ. 



56 EL AJEDREZ 

En todos estos juegos se encuentran piezas que tienen los mismos 
movimientos que los de las nuestras, rey, torre, caballo, alfil y peón, no 
siendo los de las dem&s piezas sino ampliaciones, restricciones ó combi- 
naciones de estos movimientos. 

El encontrarse constantemente los mismos movimientos del rey, 
caballo, alfil, torre y peón aplicados á las mismas piezas ó sus análogas 
en todos los países y aun en los juegos más complicados, podría muy 
bien indicarnos lo que decimos más adelante, esto es, que el primitivo 
juego de ajedrez fué el juego egipcio del tablero de 5X6=30 casillas 
con seis piezas de cada color (1). 

(1) Me complazco aquí en hacer honrosa mención de los estudios que sobre el aje- 
drez en China y en el Japón ha publicado mi amigo el sefior K. Hinsly. En uno de lo5 
más recientes Dtr japonische Schaehspiel ha publicado el tablero japonés que me be 
decidido á publicar en la fig. 4, después de haberle affadido la numeración. 



CAPÍTULO VI 



EL AJEDREZ EN BIBICANIA 



Copio la descripción de este juego de la carta del capitán Coz á 
Mr. J. H. Harington (1), & la que acompaña el dibujo del diagrama y de 
la colocación de las piezas. Véase la figura 6.* 

«El nombre del juego de ajedrez en Birmania es el de Chit4ha^een^ 
término que se aplica lo mismo & un generalísimo que & un guerrero; 



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Fio. 6.*— Tablero de Birmania 



un etimologista tal vez podría encontrar en él una corrupción del sáns- 
crito Chaturanga (2).» 

«Por el adjunto dibujo del diagrama número 6, se comprenderá 
mejor la forma del tablero y la colocación de las piezas.» Bl número de 

(1) Asiatic Researches, tomo VI!, pág. 490 y siguientes. 

(2) Aproxímase más á las denominaciones modernas, árabes y persas de Juego del 
rey que á la supuesta antigua de Cuatro cuerpos. 



60 EL AJEDREZ 

éstas es igual al de las de nuestro ajedrez, pero están colocadas de un 
modo completamente distinto. Según la traducción de Mr. Cox, son: el 
rey, un teniente general, dos caballos y ocho peones ó soldados de in- 
fantería. El tablero está dividido en 64 casillas, como el nuestro, pero 
éstas no forman cuadros de distinto color, y los cuatro centrales están 
divididos por líneas diagonales, cuyo objeto se explica al tratar del mo- 
vimiento de los peones (1).» 

«El rey — Minff — tiene el mismo movimiento y valor que el del juego 
inglés, salvo que no puede enrocar, y, como en nuestro ajedrez, no 
puede ser ahogado. -h 

«El teniente general — Chekoy — se mueve diagonalmente, pero no 
puede dar más que un paso atrás ó adelante.» 

«Los carros de guerra— JZiíí'Aa — tienen el mismo movimiento qne 
nuestras torres.» 

«Los elefantes — Chein — tienen cinco movimientos distintos: di- 
recto, 1; diagonal avanzando, 2; diagonal retrocediendo, 2; pero limita- 
dos todos ellos á una sola casilla; sólo pueden tomar diagonalmente; el 
movimiento directo avanzando es sólo para cambiar la línea de sus ope- 
raciones; de manera que en ciertos casos tienen el valor de nuestros 
alfiles ó de nuestro rey y reina.» 

«Los caballos — Mhee — tienen exactamente los mismos movimientos 
que los del ajedrez inglés (que es también el nuestro).» 

«Los ocho peones — Jein — tienen igual valor y se mueven del mismo 
modo que los nuestros , pero no pueden avanzar más que una casilla: 
los de la parte derecha son los únicos que pueden llegar al grado de 
Chekoy (reina), en el caso que esta pieza haya sido tomada. Para que un 
peón pase á ser reina no es necesario que llegue á la última fila de las 
casillas del contrario, sino que debe llegar á la caáilla que está en línea 
diagonal con la casilla de la última fila de la izquierda de la sección del 
adversario; por consiguiente el peón de la derecha, respecto al diagra- 
ma, ha de avanzar cuatro pasos para llegar á general, el segundo tres, 
el tercero dos, el cuarto dos y el quinto un paso (2). 

«Aunque el orden de batalla sea generalmente el señalado en el dia- 
grama, los birmanes admiten en él grandes variaciones: cada jugador 
puede colocar sus piezas ad HMtum, es decir, pueden reforzar un ala del 
juego ó dejar al rey en situación más expuesta, según calculen más ó 
menos diestro al contrario, ó guiados tal vez por el raciocinio ó por el 
simple capricho. Este modo de jugar equivale al nuestro de ventaja en 
que el jugador más experto dé una pieza ó dos al que lo es menos. Mas 
estas variaciones deben entenderse por lo que hace á las piezas, no á los 
peones.» 

«Esta libertad, unida al nombre y valor de las piezas, da al juego 
birmdn más apariencia de batalla que á ninguno de los otros que conoz- 
co. El valor de los elefantes está bien calculado para su mutua defensa y 

(1) Tiene la forma del tablero del tres en raya, lo mismo que los cercados del table- 
ro chino, y, aunque está destinado á un objeto muy distinto, podría muy bien suceder 
que tuviese una procedencia parecida á la de éstos. 

(2) Todas estas particularidades están traducidas de la Memoria de Hiram Cox, 
obra citada. 



EL AJEDREZ 



OL 



para la del rey en bu parte más vulnerable; y los Xuf ha 6 cblttos de 
guerra son más adecuados que los Soch ó torres & la actividad que reina 
en una batalla (1).» 

De todo esto se desprende que, lo mismo por la colocación de las 
piezas que por su movimiento y valor, el ajedrez de Birmania es comple- 
tamente distinto del nuestro. 

Mr. Duncan Forbes, que copia la satisfactoria comunicación del capi- 
tán Hiram Cox en sus Remarhs (2), dice: «que el orden de batalla tiene 
algo de muy parecido al Ta'biyat ú orden de batalla persa de la Edad 
Media. Que el galante capitán no conocía al parecer esta particularidad, 
y, que por lo tanto, creyó que era resultado del capricho lo que no era 
más que una de sus favoritas aperturas, después de diez ó quince movi- 
mientos por parte.» 

Sin contar con que la respectiva colocación de las piezas en los 

diagramas de Birmania y del Ta'Myat, que publica (3), se parecen tanto 
como el ajedrez chino al Chaturanga^ el capitán Cox da aquel diagrama 
como el más generalmente usado, pues dice: «que los birmanes 
admiten grandes variaciones en la colocación de las piezas» y demás 
que dejamos ya copiado en la pág. 60; añadiendo «que esta libertad, 
unida al nombre y valor de las piezas , da al juego Mrmán más aparien- 
cia de batalla real que á cualquiera otro de los juegos conocidos.» 

Ya podrá, pues, ver Duncan Forbes, que el capitán Hiram Cox no 
tenía necesidad de conocer su Ta^biyat porque ninguna falta le hacia. 

Además, el Ta^hiyat ó Tabya no era, como dice Duncan Forbes, el 
orden de batalla persa de la Edad Media; el Tabya ó mejor los Tablas 
p- son, como veremos más adelante, unos principios de partidas conven- 

"Sr clónales en que cada jugador hace diez ó doce jugadas á su gusto sin 

atender á las del contrario; es un modo de jugar propio de los árabes 
desde la Edad Media hasta hoy día (4). 

(1) Hiram Cox, obra citada. 

(2) History ofChess, pág. 261. 

(3) History o/Cheae, pág. 108, diagrama. 

(4) Véase la carta del Mayor Grimm, en el capítulo Los Árabes. 



CAPÍTULO Vil 



EL AJEDSEZ EN PEBBIA 



El juego de los persas, por lo que hace al tablero y & la colocación 
y nomenclatura de las piezas, es exactamente igual al nuestro, sin más 
diferencia que llamar Rahía (barco) á la torre ó roch y Firz ó Vhier 
(general) á la reina. El tablero y las piezas se llaman indistintamente 
Shatrang y más comunmente Shutriy (1). El nombre del rey es Sha ó 
Padsha. 

Los persas empiezan el juego haciendo adelantar un paso simultá- 
neamente al Vizier (reina) y á su peón delantero, pasando aquél á 
ocupar la casilla de éste y el peón la inmediata á la suya en línea recta; 
dicen que este movimiento se hace por orden del rey para que el gene- 
ral pueda revistar y arreglar los movimientos del ejército; dado este 
primer paso, el movimiento del- Vizier (reina), se reduce á un solo paso 
adelante ó atrás en sentido diagonal como en Birmania. 

£1 alfil se mueve diagonalmente, pero sin poder saltar más que dos 
casillas en cada movimiento, pudiendo éste ser lo mismo de avance que 
de retroceso; teniendo además el movimiento que Mr. Irwin llama de 
Rochetboyj cohete, es decir, que puede saltar por encima de la pieza que 
se interponga en su camino y tomar la que se encuentre en la segunda 
casilla, á partir de la que él ocupe, en la misma línea diagonal (2). 

Los peones tienen el mismo movimiento que los nuestros, sólo que á 
la salida no pueden adelantar más que una casilla; cuando un peón 
llega á la última casilla del contrario, si su general ha sido tomado, 
pasa á ocupar el cargo de éste, mas no por esto se cambia el peón por la 

(1) Don Alfonso el Sabio da también indistintamente el nombre de Acedrew al 
tablero, á las piezas y al juego. 

(2) Éstos movimientos de la reina y del alfil son los mismos que tenían algunas pie- 
zas de la Edad Media. Véanse más adelante los capítulos titulados Cesulis y Mommien^ 
to de las piezas 



BL AJEDREZ 63 

pieza tomada, sino que se le adjunta un peón del contrario, colocándolo 
en la misma casilla en que aquél está (1). 

El movimiento de las demás piezas es igual al de las nuestras; mas 
los persas no enrocan ni admiten que se ahogue el rey; cuando esto 
sucede nosotros consideramos que el juego es tablas, es decir, nulo. 

El capitán Hiram Cox dice que el actual juego de la India es igual 
al de Persia. Según él ^el ajedrez persa en principio no es más que una 
ligera variante del birmán; el orden de batalla se reduce á uno solo y 
los peones y piezas ocupan los extremos del tablero ó campo de batalla 
llenando toda la fila, conforme al moderno sistema de hacer la guerra.» 
No hay más que echar una mirada á los diagramas de Persia y de Bir- 
mania para convencerse de la inexactitud de esta afirmación, pues si 
bien en el juego persa ó indio moderno las piezas están colocadas como 
él dice, no sucede lo mismo en el de Birmania. «Las demás variaciones, 
dice, me parecen más bien eventuales 6 hijas del capricho que del racio- 
cinio.» 

Los persas dicen que el ajedrez fué importado de la India á la Persia, 
razón por la cual nada tiene de particular que los autores europeos que 
se ocupan de este juego sostengan lo mismo, asegurando [que aquella 
importación tuvo lugar en tiempo de Naushirawán , ó sea en el siglo vi 
de N. E. ¿Mas en qué fundan unos y otros su opinión, sosteniéndola los 
europeos á capa y espada, haciendo caso omiso de los datos que podrían 
demostrar lo contrario de lo que ellos pretenden? En un solo hecho, lo 
mismo que para el Chaturanga, con la diferencia de que el texto persa 
en que se fundan es real y está positivamente tomado de un autor cono- 
cido. Este es el celebrado poeta Firdusi , que, á últimos del siglo x y á 
principios del xi, escribió el poema ShorNameh — llamado Historia de los 
reyes de Persia (2) — en que refiere la historia de la introducción del 
ajedrez en Persia, — historia que no es más que un cuento, — realizada 
cuatro siglos antes del tiempo en que él escribía, ó sea en el reinado de 
Nanshirawam. Siguiendo la costumbre de aquella época, atribuye el 
origen del ajedrez á la India, por ser éste un país poco conocido y rodea- 
do de misterio, razón por la que los escritores orientales y occidentales 
le atribuían el origen de todo aquello que les parecía maravilloso é 
inexplicable. 

Si el ajedrez fué introducido en Persia en tiempo de Naushirawam 

(1) Véase el capítulo Molimiento de las piezas, 

(2) De este Sha-Nameh 6 Libro de los Reyes me ocupo en capítulo aparte. Aquí no 
haré más que advertir que dicho libro dista mucho de ser una Historia de Persia, Firdusi 
lo confunde todo, atribuyendo á unos pueblos costumbres propias de otros muy distin- 
tos, haciendo pasar en Constantinopln escenas peculiares de la India, y suponiendo que 
han pasado en esta nación hechos ocurridos en Occidente. 

Citaré como ejemplo una costumbre propia de alguna corte india, que él refiere 
como propia de Roma ó de Constantinopla: Cuando César trató de casar á la mayor de 
sus hijas, reunió en uno de los salones de su palacio, á todos los pretendientes de aquélla, 
¿ ñn de que su hija, dando la vuelta al salón, pudiese escoger el que más le agradase, 
debiendo mostrar su elección colgando una corona al cuello del preferido. 

Esta costumbre referida por Firdusi era puramente india, pero á él le convenía 
ponerla en el Rama para que resultase elegido su héroe Guschtasp,— Dario Histaspes,— 
á quien, por cuestiones de familia, supone emigrado en Grecia, donde realizó grandes 
hazañas por su cuenta y por la de sus dos futuros cufiados. 



64 EL AJEDREZ 

¿por qué el griego Sergio, que estaba de embajador en la corte persa, no 
hace mención de esta importación del ajedrez de la India, sino que, por 
el contrario, dice que este juego era ya conocido en Grecia antes de 
aquel tiempo? Esta pobre probabilidad, que tal es el calificativo que le da 
Duncan Forbes, se convierte en una gran posibilidad un cuarto de siglo 
más tarde por la estancia de Kosroes en Constantinopla, donde es proba- 
ble que aprendiese á jugar al ajedrez, introduciéndolo él mismo en 
Persia al regresar de su emigración. La afirmación de Sergio lo mani- 
fiesta claramente. 

• A juzgar por lo que dice Flrdusi se podría creer que este juego no 
era considerado como muy antiguo en su tiempo, ó, cuando menos, que 
no era muy conocido en Persia. Los detalles de su fingida historia, la 
admiración del rey y de toda la corte al presentarles el juego y los 
aplausos tributados á la inteligente penetración del primer ministro 
Buzurjmihr, que descifró el enigma que les había enviado el rajah de la 
India, todo indica que el ajedrez había sido introducido recientemente 
en este pais. El resultado de todo esto es que, habiendo el ministro adi- 
vinado por si solo el modo de colocar las piezas y de jugar sin haberlo 
visto nunca, el juego fué inventado por segunda vez. 

Duncan Forbes traduce del poema de Firdusi el relato de la intro* 
ducción del ajedrez en Persia y dice que cree haber hecho esta traduc- 
ción con tanta exactitud como si hubiese estado escrita en inglés, 
tomándola de un manuscrito existente en el Museo Británico. Después 
de contar la llegada del embajador indio á la corte de Naushirawan, las 
felicitaciones y regalos que aquél llevaba al Sha de Persia, y algunas 
otras particularidades, dice (1): 

<( Entonces el embajador presentó una carta ricamente miniada, 
escrita de puño y letra del monarca de la India á Naushirawan. Final- 
mente abrió delante del rey y de la corte asombrada un tablero primo- 
rosamente trabajado, junto con las piezas de un ajedrez de marfil y de 
ébano artísticamente hechas (2).» 

« Caria del Rey de la India á Kirsa Naushirawan el Justo y el Grande. 

»¡0h, Rey! i deseo que vivas tanto tiempo como las celestiales con- 
tinúen dando vueltas! Te pido que examines ese tablero y que lo pre- 
sentes á las personáis de tu reino más distinguidas por sus conocimientos 
y su sabiduría. Haz que deliberen unos con otros y, si pueden, hazles 
descubrir los principios de tan maravilloso juego. Que adivinen el uso 
de las diversas piezas, cómo debe moverse cada una de ellas y en qué 
casilla debe colocarse. Que procuren descubrir las leyes que rigen las 
evoluciones de este ejército mímico, y las reglas aplicables á los peones, 
elefantes, rocAs (ó guerreros), á los caballos, al general y al rey. Si 
logran descubrir los principios é interpretar la práctica de tan extraño 

(1) Duncan Forbes, como veremos después, no ha traducido más que la primera 
parte del cuento, sin duda porque así le convenía; tampoco traduce la historia de la 
invención del ajedrez en la India, del mismo Firdusi, porque tampoco le convenía, pues 
este autor dice á principios del siglo XI, y lo dice muy claro, que el juego inventado en 
la India era el del ajedrez común con el tablero de 10 casillas por lado, y de ningún 
modo el Chaturanga. 

(2) Muchos de estos dtalles han sido interpolados en la traducción por Duncan 
Forbes, pues no se encuentran en Firdusi. 



EL AJEDREZ 65 

juego, tendrán derecho á ser contados en el número de los sabios; y en 
este caso prometo seguir siendo, como hasta aquí, tributario de Vuestra 
Majestad. De lo contrario, si vos y todos los sabios del Ir&n juntos no 
acertáis á descubrir la naturaleza y principios de este ingenioso juego, 
6erá una prueba evidente de que no son nuestros iguales en sabiduría, y 
por consiguiente no tendrán de aquí en adelante ningún derecho á exi- 
girnos tributos ni contribuciones. Al contrario, nosotros creeremos justo 
exigiros el mismo tributo que os pagábamos, pues la verdadera gran- 
deza del hombre consiste en la sabiduría y no en el mayor ó menor 
número de territorios, tropas y riquezas, porque todo esto último está 
•expuesto á perderse (!).>/ 

«Cuando Naushirawan hubo leído la carta del soberano de la India, 
meditó largamente sobre su contenido. Después examinó cuidadosa- 
«nente el tablero y las piezas, y dirigió algunas preguntas al enviado 
«cerca del uso y naturaleza de ellas. Éste contestó en términos genera- 
les: — Señor, lo que deseáis saber sólo se puede aprender jugando el 
juego; lo único que puedo deciros es que el tablero representa un campo 
de batalla y las piezas de diferentes fuerzas empegadas en un combate. 
— Entonces el rey dijo al enviado: — Concedednos siete días de tiempo 
para poder deliberar; el octavo día nos comprometemos á jugar vuestro 
juego ó á reconocer nuestra inferioridad. — En esto el. embajador indio 
ofreció su obediencia y se retiró con su séquito á los aposentos que les 
tenía preparados. 

;» Entretanto el rey de Persia mandó comparecer á su presencia todos 
los hombres sabios é inteligentes de su corte; les presentó el tablero y 
las piezas y les explicó el contenido de la carta que le había escrito el 
soberano de la India. Entonces los sabios del Irán, cada uno, según sus 
conocimientos, trató de descubrir el misterio de aquel enigma que pare- 
'Cia insoluble. Unos proponían una cosa, otros otra completamente dis- 
tinta; todos hicieron numerosos ensayos con las piezas moviéndolas en 
todas direcciones. Todos hacían preguntas que nadie podía contestar, 
•continuando así hasta que acababan de pasar los siete días. Al fin 
fiuzurjmihr, primer ministro, que hasta entonces había permanecido 
apartado, se adelantó diciendo: — ¡Oh, Rey! yo me empeño, en el espa- 
cio de una noche y un día, en descubrir el secreto de este raro y admira- 
ble juego. — El rey replicó con grande alegría: — Este cargo te pertenece, 
pues conozco bien que superas á todos en claridad de talento y en pene- 
tración de juicio. — El rey de Kanoj con su fanfarronería supuso que en 
nuestros dominios no teníamos ningún hombre capaz de descubrir el 
misterio de este juego maravilloso. Si nos viésemos obligados, como 
sucedería, á reconocer nuestra inferioridad, echaríamos un eterno borrón 
«obre los sabios del Irán. 

»Buzur]mihr se llevó el tablero y las piezas á una cámara reservada; 
sentado allí un día y una noche aplicó el irresistible poder de su pene- 
trante inteligencia á investigar los principios y la práctica de este 
juego. Examinó cuidadosamente la situación probable de cada pieza, 

(1) En el capitulo sobre Firduei veremos que el principal objeto de este poeta era 
ensalzar la sabiduría en general y poner especialmente de manifleeto la supremacía de 
la inteligencia de los persas sobre la de los demás pueblos del mundo. 

9.— EL AJEDREZ. 



G6 EL AJEDREZ 

hasta que al fin vio claro el juegro. Entonces, saliendo precipitadamente 
de su solitaria estancia, se dirígelo á la presencia de Naushirawan 
habiéndole de este modo: — ¡Oh, Rey de victorioso destino! he exami- 
nado minuciosamente este tablero y estas piezas y al fin, por la buena 
suerte de Vuestra Majestad, he llegado á descubrir la naturaleza de este 
juego (1). Es la más astuta y fiel representación de un campo de batalla, 
cosa que conviene que Vuestra Majestad vea ante todo. Al mismo tiempo 
mandad que el embajador indio comparezca á vuestra presencia junto 
con los más distinguidos de su séquito, así como también algunos de los 
sabios y expertos de vuestra corte, para que sean testigos de que nos 
hemos salido con la nuestra, desempeñando la tarea que nos había 
impuesto el rey de Kanoj. 

<(Eiría Naushirawan se alegró mucho al oir las palabras de su sabio 
é ingenioso ministro. Le abrazó como á un amigo, como á la g'Ioria de 
su reino y como á la más preciada joya de su corte. Después mandó una 
diputación de sabios virtuosos, nobles y valientes, para traer á su pre- 
sencia al enviado del rey de la India. Al lleg'ar éste, Buzuijmihr le pidió 
que dijese en público (1 mensaje que le había confiado su soberano. — £1 
embajador repitió detalladamente el contenido de la carta dirigida á 
Naushirawan. Cuando hubo acabado, Buzurjmihr colocó el tablero y las 
piezas delante del rey y los sabios de la corte que estaban presentes, 
diciéndoles: — «Todos habéis oído las palabras del rey de Kanoj; ahora 
fijaos en lo que voy á deciros.» — En seguida el sabio consejero les expli- 
có que el tablero de 64 casillas representaba un campo de batalla y con- 
tinuó colocando en orden de batalla las piezas de marfil y de ébano (2).}» 

Sigue explicando la colocación y movimiento de las piezas, y acaba 
diciendo: 

«Cuando Buzurjmihr hubo explicado las evoluciones de los guerre- 
ros de ébano y de marfil, toda la asamblea quedó muda de admiración y 
sorpresa. El embajador indio, pasmado y medio encendido en ira, mira- 
ba á Buzurjmihr como á un hombre dotado de una inteligencia sobrena- 
tural y decía entre sí: — «¿Cómo ha podido descubrir la naturaleza y 
»principios del juego? ¿Habrá sido informado por algunos sabios indios, 
»ó realmente lo ha descubierto sin auxilio de nadie y guiado única- 

(1) DuDcan Forbes pone aqu( una nota diciendo: «Temo que todos los que conoz- 
can un poco el ejedrez se reirán de lo que dice el poeta sobre la sabiduría y penetración 
de Buzurjmihr. No obstante, no es ni con mucho tan absurdo como la idea de sirWillism 
Jones de €que algún gran genio concibió en su imaginación la construcción del tablero 
y el movimiento y calor de las diferentes piezas, con todas las combinaciones del Juego 
desde el principio hasta elfln, y todo de primera intención.'^ Sir W. Jones no dice lo 
que dejamos subrayado; y es más absurdo que un ministro invente en 24 horas el juego, 
que esto es en resumen lo que dice el cuento, y no que un serbio medite y combine un 
juego, sin fijar un tiempo determinado, componiéndolo tal como lo conocemos hoy día, 
que es lo que viene á decir Sir \V. Jones. Mr. Duncan Forbes observa cque no cree en lo 
maravilloso y que, con el debido respeto, sólo indicaría como una probabilidad que el 
consejero j^ersa podía haber comprendido perfectamente el juego mientras los otros 
sabios se rompían la cabeza queriendo descifrar el enigma. Cita en comprobación de esto 
á D^schapelles, que decía de sí mismo, que en tres sesiones había aprendido la marcha 
del juego, á defenderse y á derrotar á los mejores jugadores.» 

,(2) Ya he dicho y lo repito, que el tablero que Firdusi supone que se usó primera- 
mente en la India para jugar el ajedrez, no era el de 8 por 8 casillas, sino el de 10 por 10, 
que como veremos después, era el que aún se usaba en Persia en tiempo de Tameriáo. 



EL AJEDREZ 67 

»mente por su penetración investigadora y su gran inteligencia? De 
»seguro Buzurjmihr no tiene hoy quien le iguale en el mundo.» — Entre 
tanto Naushirawan reconoció públicamente la sin par sabiduría de su 
consejero favorito. Mandó traer el vaso más precioso de su palacio y lo 
llenó con las joyas más raras, y lo regaló, juntamente con un caballo de 
guerra ricamente enjaezado y una bolsa llena de monedas de oro, á 
Buzuijmihr.A. 

Prescindiendo de las muchas inverosimilitudes de que está lleno 
este cuento, como la de que un rey tributario de otro más poderoso 
mande á éste una embajada con un enigma haciendo depender de la 
solución de éste la supremacía de uno de los dos, sin que el más pode- 
roso devuelva por toda respuesta la cabeza de su embajador al rey de la 
India, se ve claramente que esta embajada es supuesta, como supuesto 
es todo lo que pasa en el poema, por más que Duncan Forbes diga que 
éste es la Historia de Persia en versOy con lo cual nos da á compren- 
der que ó no ha leído á Firdusi ó no conoce la historia. 

El capitán Francis Wilford en su J^ssay on Vieramadiiya and Saliva- 
harta, hablando de las genealogías de algunos rajahs de la India, dice: 
«Parece que en todas estas listas los compiladores ó revisores no hayan 
tenido otro objeto que fijar cierto número de épocas notables. Una vez 
hecho esto los espacios intermedios se llenan con nombres de reyes qíie 
no se encuentran en ningún sitio y que probable^nente son irnaginarios . Por 
otra parte, prescinden de los nombres de aquellos reyes de los cuales 
ningún hecho se recuerda, y atribuyen los años de sus reinados á 
aquellos que son más conocidos ó gozan de mayor fama. Tampoco tienen 
ninguna clase de escrúpulo en anteponer ó posponer unos á otros algu- 
nos de estos reyes y á veces hasta dinastías enteras. Entre los antiguos 
escritores era muy común pasar de un antecesor remoto á un remoto 
su<;esor, dejando de mencionar las generaciones que mediaban entre 
ellos, y algunas veces anadian los años de estos reinados intermedios á 
otro muy anterior ó posterior á los mismos. Así es como han compilado 
las listas de los antiguos reyes de Persia tanto lo«> escritores orientales 
como los occidentales, y algunos ejemplos podrían presentarse de escri- 
tos de esta clase.» 

«Últimamente he trabado conocimiento en Benarés con un cronista 
de esta especie, y en algunas conversaciones que con él he tenido me 
ha confesado candidamente que llenaba los espacios intermedios entre 
los reinados de los reyes de gran fama, con nombres tomados á la ven- 
tura y que alargaba ó acortaba estos reinados á medida de su gusto; 
añadiendo que era sabido que sus predecesores se habían tomado la 
misma libertad que él. Sus elucubraciones me servían de poco, pero 
había confeccionado varias listas de reyes de las que con dificultad me 
permitió sacar copia. Como se comprenderá fácilmente, todas esas 
correcciones y arreglos están hechos sin ningún conocimiento de la his- 
toria, sin criterio y á veces hasta con manifiesta falsedad (I).^> 

Según unos (2) Firdusi compuso su libro teniendo por base los 

(1) Asiatich Rescarches, tomo IX, pág. 132-33. 

(2) GihhoUt Decadencia y calda del imperio romano, tomo V, pág. 185, DCta A\ 
Edición inglesa. 



68 EL AJBDBBZ 

anales de la Monarquía Persa, que mandó coleccionar y ordenar Artajer* 
jes I en el siglo iii, y según otros (1) el Libro de los Reyes fué compuesto 
por orden de Yerdegird III, 6 Isdigert III, que fué elegido rey de Persia 
en 632 de N. E. Prescindiendo de la parte poética y considerando el libro 
de Firdusi como la historia de los reyes de Persia ¿participa ésta de las 
cualidades que tan justamente echa en cara á los historiadores indios j 
persas el capitán francés Wilford? Vamos á verlo (2). 

Firdusi supone que existieron intimas relaciones entre la India y la 
Persia en tiempo de Chorrees I (Nurshirawan), á consecuencia de las 
cuales se importó el ajedrez de aquél & este país. Estas relaciones, de las 
que también hablan algunos historiadores modernos, — ^basándose proba- 
blemente en lo dicho por Firdusi, son muy dudosas, por no decir com- 
pletamente falsas. Mr. George Rowlinson, dice (3): «Según algunos 

(1) AtkiosoD en Firdtisif publicado por la Oriental Translation Futid. Prefa- 
cio XI, y BuDsen, Filosofía de la Historia, tomo III, pág. 120. 

Después de escrito lo precedente he recibido la traducción francesa del Libro de los 
Reyes, de Firdusi, y por ella be podido formarme una idea exacta de la obra, comoee 
verá en el capitulo especial, tal vez un poco largo, que le dedico. Allí encontrará el lec- 
tor la segunda parte del cuento de la introducción del ajedrez en Persia y de su inven- 
ción en la India. 

(2) Todo lo que escribo á continuación referente al reinado de Chorroes I, Nurshi- 
rawan, lo he tomado de la valiosa obra de Mr. George Rowlinson The Secenth Oriental 
Monarchi/, en la que se detallan extensa y claramente las guerras de este rey, su polí- 
tica y su personalidad , basándose en las obras de autores contemporáneos de él ó de 
pocos siglos después, asi orientales como griegos y armenios, entre ellos Aghathange- 
lus, el más antiguo de estos últimos, cuyas obras, escritas á mediados del siglo iv, baa 
llegado hasta nosotros; Moisés de Cheronce, que escribía en 440 y Agathias que lo hacía 
en 5S0 de N. E. 

(3) Obra citada, pág, 426. 

Que las relaciones de paz y guerra entre Chorroes, Nurshirawan, y el gran rey de 1» 
India, son puramente ficciones, y ficciones también, por consiguiente, las supuestas in- 
venciones del ajedrez y hallazgo del libro de Calila y Di nuca, lo demuestra claramente 
el anacronismo en que incurre Firdusi por su ignorancia de la historia de la India. 

El reino de Kanauj ó Kanoj era en tiempo de Chorroes I un pequeíto Rajalato de la 
India sin la menor importancia; pues cuando empezó á tenerla fué en el reinado del 
Raja Harsha Vardhana Chorroes I. Nurshirawan ocupó el trono como sucesor de Kobal 
á la muerte de éste, en 531 de N. E., y reinó en Persia 48 años, hasta su fallecimiento e& 
Ctesiphonte, en 579 (Rowlinson , The Seoenth Great Oriental Monarchy). 

Por la relación del viajero budhista chino Hwen Tsang, que Cuninghan halla conñr- 
mada por sus propias investigaciones y por los textos de algunas inscripciones de la 
época (Archceological Survey of India, I, pág. 281), se calcula que el célebre Raja 
Harsha Vardhana empezó á reinar, en el entonces pequeño Estado de Kanoj , en 607 de 
N. E.; es decir, 29 años después de la muerte de Chorroes. Reinó 42 años, desde 607 á 64^ 
de N. E., durante los cuales emprendió muchas guerras contra los principes indios, sus- 
vecinos, venciéndolos y apoderándose de sus dominios; de modo que según Hwen Tsang» 
que lo conoció y trató personalmente en 638, era «rey de las cinco Indias» ffiueíAút^ 
Records of Western Countries, I, págs. 206 á 218), esto es, había erigido un imperio que 
se extendía desde el pie de las montañas de Cachemira hasta Assam, y desde Nepal al 
río Narbada. 

Hwen Tsang, que viajó por la India desde 629 á 642 de N. E., y describió un gran 
número de pequeños reinos ó rajalatos en que estaba entonces dividida, no habJa abso- 
lutamente de relaciones ni de guerras con países extranjeros, ni menos con el de Kaaej,. 
á pesar de tener intimidad con su rey Harshabardhana, de cuyo ejército nos hace saber 
la composición en des épocas diferentes, contándonos que en su marcha triunfal desd& 
Pataliputra á Kanoj lo acompañaban nada menos que 90O rajas tributarios suyos, desde 
Assam y Magadha, en Oriente, hasta Falandhar, en Occidente. Exceptuando uno de los 



EL AJEDREZ 69 

autores, Chorroes, en sus últimos afios, mandó una expedición por mar & 
algún punto del Indostán y obtuvo una cesión de territorio. Pero el pais 
del monarca indio está demasiado lejos para poderlo creer (1) y según 
parece, las provincias que se suponen cedidas, pertenecían ya anterior- 
mente á Persia. Lo probable es que estas relaciones amistosas se hayan 
exagerado y que los regalos de algún potentado indio se hayan tomado 
como adquisiciones territoriales.» Esto no es más que una suposición de 
Rowlinson, quien continúa diciendo: «Algunas autoridades no conceden 
á Chorroes ningún dominio en la India, y Gibbon (2), sin ninguna 
razón plausible, le atribuye las provincias de Cabul y Zablestán, siendo 
cuando menos muy difícil que aquel rey emprendiese ninguna expedi- 
ción en esta dirección.» 

En efecto, no hay más que leer la historia del reinado de Chorroes 
Nurshirawan para convencerse de que este rey no tuvo en toda su vida 
otro afán que el de disputar la supremacía al imperio romano, — que 
entonces era ya oriental, — y de que, á pesar de su afición á la ciencia y 
cultura griega, empleó todo su reinado, — que jduró cerca de 48 año?, — 
en continuadas guerras con dicho imperio ó contra los aliados de éste, 
apoderándose de algunas provincias y firmando tratados de paz ó tre- 
guas casi siempre onerosas y degradantes para los greco-romanos. 

Después de una guerra de 30 años, empezada por su antecesor 
en 502 de N. E., se firmó en í32 la paz definitiva entre Chorroes y Justi- 
niano, obligándose éste á pagar al monarca persa once mil libras de oro, 
— unos doce millones de pesetas, — para las obras de defensa que había 
emprendido en el Cáucaso este monarca. 

En 540, Chorroes recibió embajadas de Witiges, rey ostrogodo de 
Italia, y Baraces de Armenia, pidiéndole favor y ayuda contra las em- 
presas de Justiniano, á quien acusaban de aspirar al Imperio universal. 
No necesitaba más el monarca persa, que también aspiraba á lo mismo, 

últimos capítulos en el que describe brevemente la Persia y algunas de sus costumbres, 
Hwen Tsang no se ocupa de ello sino incidentalmente, llamándola cpafs de los demonios 
occidentales.» 

Se comprende por su misma relación que la Persia era entonces poco menos que 
desconocida en la India y China; y por este motivo quizás Firdusi fijarla en aquel país 
el lugar de la leyenda de la bija del rey, encerrada en una torre de la cima de una mon- 
taña, sin que, á pesar de hallarse rigorosamente guardada, pudiera impedirse que la tal 
doncella fuese madre por un personaje, que descendiendo del Sol, la visitaba todos los 
días. Esta leyenda recuerda al momento la fábula de Danae, encerrada también y visi* 
tada por Júpiter en forma de lluvia de oro. 

Los descubrimientos modernos han confirmado las relaciones de los viajeros chinos, 
por las que se viene en conocimiento que desde el siglo v al viii la India, dividida en 
muchos Estados pequeños, estuvo entregada ú sí misma sin guerra ninguna exterior 
ocupándose en su Constitución nacional, con príncipes indígenas, y en su reforma reli- 
giosa; destruyendo el buddhismo y estableciendo la nueva religión de Brahama, Siva y 
Vishnú. En todo este tiempo no tuvo relaciones con Persia y menos aun con los Cho- 
rroes, pues los dos de este nombre habían fallecido cuando el célebre Harsha, raja de 
Kanoj, fundó allí un imperio de alguna importancia. Chorroes II, Parviz, murió en 628 
de N. E. 

(i) Dicen que fué la isla de Ceilán. 

(2) Decadencia y calda del imperio romano. Este autor, lo mismo que otros mu- 
chos, se guiaría por loque dice Firdusi en sus Cuentos persas, que no otra cosa que 
cuentos es su Libro de loa reyes. 



70 



EL AJEDREZ 



para acceder á los deseos de aquéllos. Ya hemos dicho que este afán de 
dominio era el que había motivado las continua? guerras de Chorroes 
contra el imperio romano, debiendo confesar que, á pesar de haber sali- 
do constantemente perjudicados los romanos, éstos fueron casi siempre 
los que rompieron los pactos. 

En una ú otra forma los romanos aparecen siempre como tributarios 
de Persia en estos pactos. En 545, Justiniano mandó embajadores & 
Chorroes, que estaba en Gtesiphonse, donde se ajustó una treg^ua de 
cinco años, debiendo el monarca persa recibir del griego, en cambio de 
las mercedes que le concedía, 2,000 libras en oro y los servicios de un mé- 
dico griego. Más tarde los embajadores de Chorroes ajustaron la paz 
definitiva en Constantinopla, aumentando la indemnización á la cifra de 
2,600 libras. 

Como ya dejo dicho, las guerras de Chorroes fueron siempre contra 
el imperio romano-bizantino, y los aliados de éste, disputándole la supre- 
macía y apoderándose de las provincias romanas de Mesopotamia, Siria, 
Arabia, Egipto, Armenia y las riberas del Mar Negro. Estas guerras 
están explicadas con todos sus detalles por algunos autores antiguos, 
como Procopio, Agathias, etc., que no hablan una palabra de las guerras 
y relaciones de Chorroes con la India, que sólo se encuentran menciona- 
das por Firdusi y por los autores modernos que le siguen, por cuya 
razón se puede afirmar que las tales guerras y relaciones son de todo 
punto falsas. 

La guerra que sostuvo en el Yemen contra los abisinios que se habían 
apoderado de aquella parte de la Arabia, aliados también con el imperio 
romano, está extensamente descrita, y sólo dice «que Chorroes tal ve: 
abrigaba enlonces ciertos propósitos contra la India,» pero la ñotilla que 
salió del Golfo Pérsico á las órdenes de Saif, fué siempre costeando y no 
llegó más que á Aden, después de muchas dificultades. 

Las otras guerras, que según Menandro, emprendió en Oriente 
desde 567 hasta 569, fueron contra los turcos y ephiaitas, los cuales 
habían mandado también embajadores á Constantinopla y hecho alianza 
con los bizantinos. 

Chorroes en medio de los afanes y cuidados de las continuas guerras 
no echaba en olvido el fomento y los adelantos de su reino y procuraba 
suplir de un modo ú otro la disminución de gente que de tanta guerra 
resultaba. Uno de los medio¿% de que se valió para esto fué el de esta- 
blecer en territorio persa los cautivos que hacia en países extranjeros. 
El ejemplo más notable de esta política es el establecimiento de la colo- 
nia griega en la nueva ciudad llamada Rumia (Roma) cerca de Ctesi- 
phonte, después de la toma de Antioquía (1). 

«Pasó el invierno (540 de N. E.), en edificar y hermosear la Antio- 
quía persa, cerca de Ctesiphonte, destinándola á residencia de los cauti- 
vos sirios, para cuyo uso mandó construir baños públicos y un espacioso 

(1) RowlinBon» Ob. cit., póg. 395, nota 2.\ dice: «Aquí los relatos de los autores 
orientales están en completa concordancia con los griegos. Mirkbond, pág. 366y Tabar, 
vol. III, pag. 100, relatan extensamente la construcción de la nueva Antioquía, en las 
cercanías de AI Modain , añadiendo que se la dio el nombre de Rumia (Roma) y que era 
copia exacta de la ciudad que había sobre el Oorontes.» 



EL AJEDREZ 71 

hipódromo, eD que las diversiones que les eran familiares desde su 
juventud eran reproducidas por artistas greco-sirios. Declaró libre á la 
la nueva ciudad de la jurisdicción de los sátrapas, poniéndola bajo la 
directa dependencia del rey, quien la abasteció generosa y abundante- 
mente de trigo y la concedió el derecho de asilo inviolable para todos 
los esclavos griegos que se acogiesen á ella, mandando que todos los 
habitantes los reconociesen como sus iguales. De este modo pvso en inti- 
mo contacto con la corte de Persia un modelo de civilización griega^ que 
podría chocar si no hubiese enseñado mucho por medio de la compara- 
ción de los diferentes modos de pensar y de las costumbres europeas y 
asiáticas (1).» 

La política tolerante y reformista de Chorroes hizo que su corte 
fuese visitada por muchos europeos, que fueron tratados hospitalaria- 
mente, invitándoseles y hasta obligándoseles á prolongar su permanen- 
cia en ella. 

Chorroes había estudiado filosofía y era decidido protector de la 
ciencia y de la sabiduría. Al principio de su reinado habían acudido á 
su corte siete sabios griegos á los que un decreto de persecución de 
Justiniano había obligado á huir de su país y á refugiarse á Persia (2). 

Chorroes los recibió hospitalariamente, les hizo sentar á su mesa y 
no consintió que abandonasen su corte. Estos sabios encontraron á 
Chorroes versado en los escritos de Aristóteles y Platón, cuyas obras 
había mandado traducir al persa, y discutían con él algunas cuestiones 
filosóficas. En los últimos tiempos de su reinado adquirió su favor otro 
sofista griego, llamado Uranio, que le inició en los conocimientos de 
Grecia y á quien el rey remuneró con una gran suma de dinero. 

Chorroes era tolerante. Tenía por máxima de gobierno que sólo los 
actos, y no los entendimientos, estaban sujetos á su autoridad. Los cris- 
tianos abundaban en sus estados y él mismo estaba casado con una cris- 
tiana, á la que permitió continuar en su religión, del mismo modo que 
lo permitía á sus subditos cristianos y á los colonos que llevaba de otros 
países, dejándoles el libre ejercicio de su culto, edificar templos, nom- 
brar obispos, y hasta enterrar sus muertos, lo cual no era poco para un 
príncipe Madzdeista. Cuando uno de sus hijos se hizo cristiano no le 
impuso otro castigo que confinarlo en su palacio. 

«Intelectualmente, dice Mr. Rowlinson, no hay razón para creer 
que Chorroes descollase mucho sobre el nivel oriental ordinario, y 
difícilmente se puede esperar que en medio de tan numerosas y diversas 
ocupaciones pudiese sondear las densas profundidades del pensamiento 
griego, ó comprender las dificultades especulativas que separan una de 
otra las escuelas; no cabiendo ninguna duda de que todos sus conoci- 
mientos eran superficiales.» 

Á pesar de todo esto ¿cómo este rey tan activo y dominante, amador 
en grado superlativo de la cultura y de la literatura griega, podía ser el 
mismo que nos pinta Firdusi, aceptando las condiciones que le imponía 

(1) Rowlinson , Ob. cit., pág. 395. 

(2) Según Agathias, II, 30, estos sabios eran : jDamcio, do Siria; Simplicio, de Ci- 
licia; Eulamio, de Frigia; Príxiano, de Lidia; Hermecias y Diógenes, de Fenicia, é 
Isidoro, de Gaza. 



72 EL AJEDREZ 

un reyezuelo de la India tributario suyo? Ya hemos visto que muchos 
historiadores dudan y hasta niegan con fundada razón que Chorroes 
tuviese relaciones con la India, asi como en cambio afirman que las 
tuvo continuadas é íntimas con el imperio bizantino. Por esto juzg'an 
muy de ligero los que fundándose sólo en lo dicho por Firdusi , que no 
es más que una ficción poética, aseguran que el ajedrez fué importado 
de la India á Persia en el reinado de Chorroes Nurshirawan (1)- Los 
que tal afirman no tienen en cuenta lo dicho por Sergio y otros escrito- 
res de que el Juego de ajedrez era conocido en Constantinopla en tiempo de 
Justiniano. Conocida la gran afición de Chorroes por todo lo que se refe- 
ría á la civilización griega, y habidas en cuenta las continuadas rela- 
ciones que á la sazón existían entre Persia y el imperio de Occidente, 
las demandas de sabios griegos por parte del monarca de aquélla y la 
acogida que á éstos se les dispensaba en la corte y palacio de Chorroes; 
si el ajedrez fué realmente introducido en Persia en tiempo de Nurshira- 
wan, Aaif cien probabilidades contra una de qw esta introducción fuese 
debida á Grecia en vez de á la India (2). 

Si el ajedrez hubiese sido inventado en la India, 3,000 años antes 
de J. C, ¿no podían haber sido introducidos en Europa antes de Nurshi- 
rawan, después de tantas relaciones de todas clases, y sobre todo co- 
merciales, como había habido entre la India y los griegos sucesores de 
Alejandro, ó los romanos del Imperio? ¿En tanto tiempo de relaciones 
comerciales (3) no hubo ningún europeo capaz de comprender la subli- 
midad de este juego y de introducirlo en Europa? Semejante suposición 
no puede caber más que en las preconcebidas teorías de Duncan Forbes, 
Herbert Coleridge, y los que, como el conde de Basterat, las siguen á 
ciegas; con la circunstancia de que las cualidades negativas con que 
Coleridge dota á los antiguos griegos y romanos para ocuparse del aje- 
drez, deben hacerse extensivas á los europeos de la Edad Media, puesto 
que hasta fines del siglo vii continuó el comercio de la Europa Occiden- 
tal con la India. 

Mr. Francis Wilford , dice (4): « Se estableció un comercio regular 

(1) Los historiadores no mencionan ninguna clase de relaciones de paz ni de 
guerra entre la Persia y la India en todo el tiempo de la dominación de la dinastía 
Sasanifósea en el período de 425 aRos, comprendido entre Artajerjes I, fundador de 
esta dinastfa en 226 de N. E , é Isdegardo III, último de ella, que en 621 entregó su último 
baluarte á los árabes. La historia de Persia en este período no es mes que una continua- 
da lucha entre esta nación y Roma primero, y con Bízancioó el imperio bizantino dea- 
pués, ycon la Armenia, cuya alianza y posesión se disputaban los dos imperios; una 
serie de barbaridades cometidas por la mayor parte de los monarcas persas en indivi- 
duos de sus propias familias, y la descripción de algunas guerras con los pueblos de 
raza turca que lindaban con ella. 

(2) TMr. J. Fergusson cree que los dos ángeles alados que hay grabados á cada lado 
del arco de Chorroes 11, en Takhtai-Bostan, son copia de las que adornan los arcos 
triunfales de Roma, y dice que pueden muy bien ser obra de artistas bizantinos (Hist, of 
Architecture, tomo I, púg. 394. 

(3) Plioio da muchos detalles de este comercio en su Historia Natural, 

(4) Disertación sobre el Cristianismo en la India, Asiatic Researches, toaioX, 
pág. 114. El mismo autor dice: c Algunos reyes griegos extendieron sus dominios y se 
posesionaron de las provincias del Ganges; Demetrio es citado como uno de éstos, que ea 
1^5 antes de N. £. extendía sus dominios hasta mis aili del Ganges.» 

Demetrio, rey de Siria, cayó prisionero de bu cufiado Phraates II, rey de Parthia, 



EL AJEDREZ ^73 

con la India desde la subida de los Ptolomeos al trono de Egipto hasta 
la conquista de este país por los romanos, que lo continuaron, no 
cesando hasta mediados del siglo vii, en que el creciente poderío de los 
musulmanes opuso un insuperable obstáculo & su curso regular. En 
tiempo de los Ptolomeos, los griegos tenían factorías en Calliarij cerca 
de Bombay, y, según las tablas PentingerianaSy los romanos tenían esta- 
blecimientos muy importantes cerca de Muzitis^ hoy Mirjee^ donde eri- 
gieron un templo en honor de Augusto, teniendo también dos cohortes 
de 1,200 hombres para proteger al comercio.» 

Todos sabemos lo que son los poemas históricos, en los que campea 
más la fantástica imaginación del poeta que la verdad histórica, pues, 
la mayor parte de ellas no tienen de historia más que el nombre del 
país en que se supone pasa la acción y algunos de los nombres de 
sus principales personajes. Además, así como en el Asia antigua — en 
los imperios de Asiría, Babilonia y en la Persia de los Acheménides — 
se encuentran documentos auténticos que, aunque secos, descarnados, 
como dice César Cantú , nos dan medios para reconstruir la verdadera 
historia (1); en el Asia histórica y en la India de todos los tiempos no se 
encuentra nada formal que pueda darnos una idea exacta de la historia 
de Asia desde la caída del imperio romano hasta ahora; todo es en ellas 
ficción , capricho y con frecuencia hasta mala fe. Para formarse una idea 
de lo que se puede esperar de la vanidad de los orientales respecto á la 
verdad histórica, basta saber que los antiguos persas aseguraban que 
Alejandro Magno era hijo de uno de sus reyes; de modo que, después de 
todo, ellos no se vieron obligados á someterse más que á sus conciudada- 
nos. Los indios reclaman también como suyos á Mahoma, Acbar y 
otros (2). 

quien , aunque teniéndole como prieionero, lo trató con todas las consideraciones debi- 
das á un rey y á un cufíado. A pesar de esto, Demetrio intentó. dos veces evadirse de su 
cautiverio, mas ambas volvió á ser cogido. Su cuñado Phraates, en vez de enfadarse por 
aquellas tentativas, las tomó como una nifiada, castigándole con el ridiculo, á cuyo fin le 
regaló unos dados de oto. ^Justino, g 4, 8.— Esto era en el afio 135 antes de J. C. y 
podría hacernos creer que el semibárbaro partho castigó al afeminado griego regalán- 
dole un juego importado de su país. 

(1) Nuooe Eiigenze d* une Storia Uníoersale. 

(2) cLos indios cuentan que el hijo de un rey de la India, disgustado del mundo, 
se fué á peregrinar y en sus peregrinaciones fué á parar á la Meca. Pasando por la Ara- 
bia, paró en casa de un brahmán, que le recibió con mucho afecto, encargando á su hija 
que cuidase de él, como era costumbre Estando dormido se ensució en las bragas; al 
despertarse se las sacó y las escondió en un rincón donde no pudiera verlas la joven. 
Habiendo salido de la casa para hacer sus abluciones , á causa de la suciedad nocturna, 
entró la joven en su aposento, y habiéndola venido en aquel momento lo que acostumbra 
venir cada mes á las mujeres , aburrida por aquel incidente, empezó é buscar algún 
pafio, cuando vio las bragas. — En una palabra, la joven concibió. Él se fué á la Meca, y 
algunos meses después los padres de la joven y ésta misma se encontraron en la confu- 
sión que es de suponer.» 

cEl santo peregrino fué considerado como autor de aquella desgracia, por más que 
la joven le disculpase; pero ella no podía darse cuenta de su estado. Como otra Agar, 
salió la joven de su casa y se retiró al desierto con su hijo, donde fueron milagrosamente 
mantenidos, por ser ambos inocentes. Algunos años después el santo varón volvió á 
pasar por allí, ignorando haber sido la causa de tos grandes disgustos que había tenido 
la hospitalaria familia del brahmán.^ 

€ Después de muchas y acaloradas disputas se puso en claro la cosa; pero el hijo de 

10. — BL AJEDREZ. 



74 EL AJEDREZ 

Mr. Duncan Forbes, que considera como artículo de fe la introduc- 
ción del ajedrez en Persia por mediación de la India en tiempo de Nurs- 
birawan, fundándose sólo en lo que Fírdusi dice en su poema, que él 
llama historia, es decir, sin más apoyo que una ficción, rechaza — sólo 
porque sí — el testimonio de un verdadero embajador en la corte de 
Nurshirawan, — el griego Sergio, — que dice que el ajedrez era conocido 
en Constantinopla un siglo antes; burlándose de un autor anónimo, — 
cuya obra traduce y sigue en lo que le conviene, — porque dice gue el 
ajedrez fué introducido en la India por los griegos de Alejandro Magnú y 
que ningún indio podia jugar bien al ajedrez porque los indias eran una 
clase de gente estúpida é ignorante (1). 

Ya .volveremos á encontrar á este autor anónimo al hablar del Juego 
de Tamerlán, y veremos que, á pesar de las burlas, parecen darle la 
razón el mismo Forbes, y el capitán Cox al dar cuenta del modo imper- 
fecto con que los indios y persas juegan el ajedrez, pues permiten tomar 
parte en el juego á los mirones^ hasta el punto de poner éstos mano á las 
piezas, con lo que demuestran dar poca importancia á la parte intelec- 
tual del juego, que es precisamente la que constituye el carácter emi- 
nentemente científico del juego europeo. 

Estas imperfecciones en el modo de jugar el ajedrez suponen un 
conocimiento sólo rudimentario del juego y no son, á mi modo de ver, 
como dice el capitán Cox, « una de las pruebas me/) interesantes de la 
antigüedad del juego indio CAaturanga,» sino, muy al contrario, una 
señal cierta de que los indios han recibido este juego, que les viene ancko, 
de otro pueblo más pensador que ellos, no habiéndoles permitido su 
carácter y su modo de vivir comprender su sublimidad. 

El mismo capitán Hiram Cox lo demuestra cuando, después de des- 
cribir la disparatada colocación de las piezas en el Chaturanga, sobre 
todo considerándolo como un campo de batalla, dice (2): «Aunque la 
batalla fuese tan perfecta como en el juego europeo, la circunstancia de 

la joveo DO pudo ser admitido en la familia ni permanecer en su comunión. Por lo tanto, 
Alé honrosamente despedido de aquella casa, juntamente con su madre, después de 
haberle dado la correspondiente educación y algunos ricos presentes; le encargaron que 
procurase ingeniarse y que fundase una nueva religión , ya que no podía ser considerado 
como miembro de la antigua ó causa de su extrafio nacimiento, ó, mejor dicho, de su 
extraña concepción. Ya entrado en affos, le vinieron ganas de ver á sus parientes pater- 
nos y la //tc/Za , para persuadirles que adoptasen su nueva doctrina; mas yendo bacía 
allí, murió en el camino, en la ciudad de Medina, cerca de Canda* fiar. Esta Medina es 
Ihasni, llamada enfáticamente la se^uncfa Medina, á causa del gran número de santos 
varones que hay enterrados en ella. Como se ve los indios han confundido á Mahoma con 
el sultán Mahamud, cuyo suntuoso mausoleo se encuentra cerca de dicha ciudad.» 
(Cap. 3. Wilford.— Eway on Vicramaditya. Asiat. Reseai\ tomo IX, pág. 159-60.) 

Foresta anécdota, que no es de las más sucias, ni tiene comparación con las obce- 
nidadas con que se refíere el nacimiento ú origen de algunos dioses de la Mitología India, 
se comprenderá fácilmente cuál puede serla importancia histórica, científica, moral y 
religiosa de la literatura india, que, por más que digan, desprovista de la amenidad 
propia de los escritores europeos, no vale más que la tradición que acabo de copiar. 

(t) Esta creencia de que la introducción del ajedrez en la India era obra de los 
griegos de Alejandro y de sus sucesores, es la que tiene más visos de certeza y era muy 
general en la Edad Media. cY después de esto, en tiempo de Alejandro, vino este juego 
á Egipto y también á todas las partes hacia el Sur.» (Cesulis, Manuscritos de Gerona y 
San Cucu/ate, y en la traducción inglesa de Cawton), 

(2) Asiatic Researches, tomo Vil. 



EL AJEDRBZ 75 

usar el dado para determinar los movimientos es fatal para la pretensión 
de supremacía ó ciencia, que corresponde al juego europeo, pues coloca 
el juego indio al nivel del Jaquel en el que vemos las más hábiles com- 
binaciones destruidas por la suerte.» 

«El (juego) europeo moderno parece una modificación del persa, y 
sólo falta restablecer los nombres originales de las piezas para conce- 
derle completo derecho de preeminencia.» ¿Qué quiere decir (1)? 

Creo que está en lo cierto el autor anónimo, que Mr. Duncan Forbes 
supone ser un judio renegado que Sisguía la corte de Tamerlán, que 
repite media docena de veces que los indios eran una raza estúpida é 
tgntyranie incapaz de inventar el ajedrez, que este juego fué introducido 
en la India por los griegos de Alejandro, y que Sissa ó Sassa, que es el 
principe indio á quien se atribuye su invención, no hizo más que modi- 
ficar otro juego más antiguo y perfeccionado (2). Esta teoría podrá 
tener para Duncan Forbes el mérito de la novedad; podrá creer este 
autor «que el judío de Tamerlán, por una ú otra razón, tenía una fuerte 
antipatía á los indios concediendo el honor de la invención á los grie- 
gos!!!» mas, á pesar de sus tres admiraciones, lo dicho por el autor 
anónimo de la corte de Tamerlán tiene todas las probabilidades de ser 
cierto, porque él no dice que los griegos fuesen los inventores del 
ajedrez, sino que fueron los que lo introdujeron en la India, y que los 
indios lo modificaron; echándolo á perder, sin duda, atendido el carác- 
ter indolente y pasivo que siempre les ha distinguido. 

Mr. Duncan Forbes dice (3) que á pesar de esto está conforme con 
el autor anónimo en que los autores del Asia Occidental consideran el 
cambio del Chaluranga en Shatrang como la invención verdaderamente 
india del ajedrez; pero que «la existencia de un juego griego jugado 
por Alejandro Magno y sus oficiales y soldados, es demasiado absurda 
para merecer un solo momento la consideración que tan fácilmente le 
prestan todos los que están versados en la literatura griega y conocen el 
ajedrez.» 

Aquí sí que podríamos poner, no tres, sino diez ó doce admiraciones 
á la sabiduría de Duncan Forbes, que no quiere creer en el testimonio 
de un contemporáneo de Tamerlán que escribía en serio y en la misma 
India, y él funda todas sus afirmaciones en las fingidas relaciones de un 
poeta, tratando con desprecio á cuantos se ocupan de literatura griega, 
sin pensar que entre ellos puede haber algunos que cuando menos sean 
tan sabios como él. 

Sobre el cuento de la invención del ajedrez en la India dice este 
autor «que los indios cuentan que, inmediatamente después de la con- 
quista de Alejandro, reinaba en la India un rey llamado Eaíd, el cual, 
habiendo sometido todos los reinos vecinos y no teniendo ya nada que 

(1) El moderno juego europeo no puede ser una modíflcación del persa; al contra- 
rio, éste es probablemente la continuación , si bien algo adulterada, del ajedrez europeo 
de la Edad Media. 

(2) Estas modiñcaciones ó cambios en el modo de jugar serian los que dieron ori- 
gen á los cuentos de Firdusi sobre la invención del ajedrez en la India por Sissa ó Sassa, 
su introducción en Persia y la invención del nuevo juego por Buzurjmihr, que los indios 
no supieron descifrar. 

(3) Obra citada , póg. 72. 



76 EL AJEDREZ 

conquistar, cayó en una profunda tristeza y aflicción, hasta el punto de 
desear la muerte, por no poder soportar la paz.» 

Entonces fué cuando su ministro Sissa inventó el ajedrez pidiendo 
el tan sabido premio de un grano de trigo, según unos, ó de un dinero 
de plata, según otros, colocado en una casilla y doblándole en cada una 
de las otras hasta completar la suma de todas ellas en la casilla 64 (1). 

Según el Macoudi (2), la enorme cantidad que arroja la . suma de 
las 64 doblando la cantidad en cada una de ellas, no fué la recompensa 
pedida por el inventor del ajedrez, sino que el tablero de ajedrez con 
estas cantidades era una escuela de gobierno y defensa y los indios lo 
consultaban en tiempo de guerra para las operaciones militares y estu- 
diar la marcha más ó menos rápida de las tropas.» 

(1) Duncan Forbes dice que ha recogido algunos cálculos de la cantidad á que 
asciende esta suma, que no es más que cosa de paciencia, no requi riéndose para ello 
otra ciencia que la de saber multiplicar por dos. El tal Mr. Forbes será muy sabio en 
persa, sánscrito y otras lenguas, pero se ve que no lo es tanto en matemáticas, pues 
ignora que en estas hay progresiones y logaritmos que abrevian las multiplicaciones. 

Según algunos de los cálculos que tiene recogidos, la suma de • 

1 8,446,744,Q73,709i551 ,615, 

si fuese de dineros de plata, suponiendo que cada dinero fuese igual á 6 peniques, 2 rea- 
les 50, fundidos en una masa sólida formarían un cubo de plata de cerca de 15 millas 
inglesas de lado; y reduciendo su valor á oro, en la proporción de 14,25 á 1, darían un 
cubo de este metal de cerca de seis millas de lado. 

(2) El Macoudi, Les Prairies d' Or, tomo I, pág. 161. 



CAPÍTULO VIII 



JUEaO DE TAMEVLÁN 



«De todas las variaciones y pretendidas ó intentadas modificacio- 
nes del oriental Shatrang, la más celebrada y científica es la comun- 
mente llamada yt^^o de Tamerldn^ calificada así, dice Duncan Forbes, no 
porque Tamerlán fuese su inventor, sino porque era muy aficionado á 
jugarlo. £1 cortesano Ibn Arab Shah, su biógrafo, dice de él:— «Timür 
se dedicaba á jugar al ajedrez porque de este modo trabajaba su inteli- 
gencia; pero poseía un entendimiento demasiado elevado para conten- 
tarse con jugar el juego común. Por esta razón jugaba siempre al ffran 
ajedrez; cuyo tablero se componía de 110 casillas, ó sea de 11 por 10 de 
lado. Este juego tiene un aumento de dos camellos, dos jirafas, dos 
exploradores, dos fíineae (1) y un visir, junto con otras cosas; comparado 
con éste el ajedrez común no vale nada.j» 

Dice el mismo Duncan Forbes «que la primera alusión á este gran 
juego, — ó perfecto ajedrez^ como lo llama el excéntrico autor del manus- 
crito de la Sociedad asiática, — se encuenta en el Nafa, isvrl-Fnnun, que 
fué compuesto en la primera parte del tiempo en que vivía Tamerlán, 
en cuyo período podemos creer que fué inventado, si es que puede apli- 
cársele este verbo, si bien esta invención no debe atribuirse precisa- 
mente al mismo Tamerlán.» 

Mas Duncan Forbes se engaña, porque un siglo antes de la época en 
que él cree que fué inventado, se jugaba ya en España un juego muy 

(1) Duncan Forbes traduce la palabra persa dahába por tinea, que era el nombre 
de una máquina de guerra de los antiguos romanos, que servía de cubierta á los solda- 
dos para acercarse á las murallas de la ciudad sitiada que querían tomar. Como he 
dicho ya en otro sitio, dudo que Mr. Forbes interprete bien el nombre de las piezas del 
juego de Tamerlán , pues, de seguro ignoraba la existencia del juego que don Alfonso el 
Sabio nos dice que procedía de la India y cuyo tablero se componía de 144 casillas, ó sea 
de 12 por 12. Este juego se jugaba con 24 piezas por parte, doce de las cuales eran peo- 
nes, y las demás, salvo el rey y las torres, representaban animales. ¿Era la vinea una 
tortuga ó un cocodrilo? 



18 



EL AJEDREZ 



parecido, que como veremos más adelante está descrito y representado 
en la obra de don Alfonso el Sabio, juego al que éste llama Ajedrez com- 
pleto ó Complemento del gran juego de Tamerlán^ del que hablaré después, 
y que tenía también jirafas, leones y otras animales; con la circunstan- 
cia que el autor inglés dice que nunca ha oído hablar de este juego en 
la India, cuando don Alfonso precisamente hace constar que es un juego 
venido de aquel país. 

£1 tablero no se componía de 110 casillas, como he dicho, sino de 112, 
pues la segunda línea de cada extremo tenía en su parte derecha una 
casilla adicional, llamada cindadela, que servía para hacer tablas una 



1 Fü. 


And. 


Jamal. 


Thaur 


DabblbA 


Kashsfita 


Dabbiba 


Thauc 


JamaL 


Asod. 


Fü. 


Rttifr 


Paras. 


TalO. 


ZarUa. 


Waa?. 


SKIb. 


Pan. 


ZaiÜB. 


Talil. 


Paras 


Rukh 


Baidal 

ui 


Raida^ 

ul 
Paras. 


Baidal 

ul 
Tais. 


Baida^ 

ul 
ZaiVts. 


Raida^ 

ul 
WasT. 


Baidal 

ul 
Shih. 


Baida)( 

ul 

Farx. 


Baidalc 
ul 
Fil. 


Baidal 

ul 
ianal. 


Raidak 

ul 
Oobblbo. 


noidak 
ul 






Raida^ 

ul 
Thaur. 






Raidak 
ul * 
KashthTt 






Rfeidat 

ul 
Asad. 






















































del 
I.Cdfl. 






Peta 

del 
<:enfia'ela. 






Peoa 

del 

Toro. 






Pc4o 
de los 
Peonti. 


PMn 

del 

Vinea 


Peón 

del 

<'iL mella 


P«4n 

del 

Eicfiínte. 


Peón 

del 

General. 


Kón 

dd 

Rey. 


Pedo 

dd 

Viiir. 


Peón 

dele 

Girafa. 


Peta 

dd 

Espía. 


Peta 

del 

Caballo. 


Peón 
déla 
Torre. 


Torrb 


Caballo. 


Espía. 


Gtrafi. 


GcneraL 


Rej. 


Víitr. 


GinCfc. 


Espta. 


Cibdlo. 


Torre. |c 


Ekhiite. 


León. 


Camella 


Toro. 


Vinca. 


Ceotincl* 


Vinea. 


Toro 


Camello. 


Leta. 


Eleiuiee.1 



FiG. ?.•— Tablero del Juego de Temerían 



partida cuando el jugador que se encontraba en peores condiciones de 
defensa lograba llevar su rey á la cindadela del campo contrario. (Véase 
la fig. 7). 

El número de piezas superiores ó nobles era de diez y siete; ocho de 
éstas eran las mismas que las de nuestro ajedrez, y las otras nueve las 
que dejamos nombradas en la página anterior. Los peones eran once y 
se colocaban en la tercera fila del tablero, tomando cada uno de ellos 
el nombre de las diez piezas mayores delante de los cuales estaban, y el 
último de la izquierda se llamaba peón de los peones (véase la fig. 7). Las 
ocho piezas iguales á las de nuestro juego tenían el mismo movimiento 
que las del ajedrez persa común. £1 visir sólo podía moverse diagonal- 
mente y de casilla en casilla. Las vineae se movían en línea recta, como 



EL AJEDREZ 79 

las torres, pero sin poder avanzar más que dos casillas, como lo hacia 
diagonalmente el alfil, pero tenían más fuerza que éste, pues podían 
ocupar veintinueve casillas del tablero, sin contar aquella en que se 
las colocaba al empezar la partida. Las dos vineae de cada jugador 
corrían los mismos cuadros, sin poderse poner en ninguna de las filas 
2/, 4/, 6.*, 8/ ó 10/, y nunca podían encontrar á los mneae del contrario. 

Los exploradores tenían el movimiento de nuestros alfiles y podían 
recorrer diagonalmente todo el tablero. El camello tenía los dos movi- 
mientos combinados del alfil y de la vineae, saltando como el caballo, 
pero en línea perpendicular y diagonal dejando una casilla en medio; 
colocado en una posición central dominaba ocho casillas como el caba- 
llo, pero, así como éste [salta de blanca á negra ó de negra á blanca, 
aquél saltaba de blanca á blanca y de negra á negra. Los camellos de 
cada lado, como las vineae, se movían en los mismos cuadros y tampoco 
podían encontrarse con el camello contrario. Más claro: tenían el mismo 
movimiento del caballo, pero alargado de una casilla en la parte recta 
perpendicular ú horizontal. 

La jirafa, de la que Mr. Duncan Forbes dice que no sabe que se 
haya empleado nunca en la guerra y que su introducción en el gran 
ajedrez está un poco fuera de carácter (1), tiene el mismo movimiento 
que el camello, pero más largo en línea recta, no desviándose de éstas 
hasta la cuarta casilla y sin poderse detener en los cuadros ó casillas 
intermedias, como sucede también con el caballo y el camello. Mr. Dun- 
can Forbes dice, que por la naturaleza de su movimiento, se comprende 
que la jirafa podía ocupar todas las casillas del tablero, pero que aún es 
un problema saber si podía hacerlo sin volver nunca á la misma casilla, 
como lo puede hacer el caballo. 

Los peones se movían y tomaban como los nuestros, pero sin poder 
adelantar más que una casilla á la salida, y al llegar á la última fila 
pasaban á tener la categoría de la pieza que representaban (2), es decir, 
el peón del rey se transformaba en príncipe, el del visir en visir, el del 
caballo en caballo y así sucesivamente; porque, como dice el autor anó- 
nimo, «nada más natural que el hijo pueda heredar los honores y digni- 
dades de su padre.» 

No pudiendo atinar cómo estaba representado el peón de los peones, 
Mr. Duncan Forbes lo bautizó con el nombre de caho; se movía y comía 
como los demás peones, hasta que llegaba á última fila, en la que que- 
daba sin promoción esperando que su amo quisiese utilizar sus ser- 
vicios. Estos podían ser de diferentes clases. Primero, cuando el adver- 
sario tenía dos piezas en tal situación que avanzando un peón se jaquea- 

(1) En el juego de don Alfonso el Sabio hay también dos jirafas; si Duncan Forbes 
hubiese consultado el importante libro de aquél, sabría el porqué de aquellos dos ani- 
males, así como de todos los demás que figuriin en el juego. 

(2) Mr. Duncan Forbes dice que todos los peones estaban hechos de modo que 
tenían en miniatura la forma exacta de la pieza que representaban. Yo creo que este 
autor pone mucho de su cosecha en la traducción del manuscrito persa; que eso de que 
los peones tuviesen la forma de las piezas cuyo nombre llevaban es una suposición suya 
deducida de cque los hijos debían heredar los honores del padre;» y por esto, sin duda, 
se ve enredado al tener que dar forma al peón de los peonen, al que gradúa de Tribuno 
militar y cabo de escuadra. Obra ciU, pág. 147. 



80 EL AJEDREZ 

ba á ambas, el cabo se sacaba de su casilla y se colocaba en aquella en 
que podía jaquear á las dos piezas y de manera que una de éstas tenía 
forzosamente que ser comida por él. En segundo lugar, el cabo podía 
colocarse al lado de una pieza contraria imposibilitándola para moverse, 
de modo que ésta caiga & la jugada siguiente. Finalmente, el cabo 
puede emplearse para dar el golpe llamado pil-handy que es un jaque 
doble de rey y otra pieza, dando al peón el movimiento del alfil. 

Después de cada uno de estos hechos el cabo vuelve á ser simple 
peón, y si llega otra vez k la última del contrario, es promovido á la 
categoría de peón del rey, y, como tal, si llega nuevamente á la última 
fila, pasa á ser príncipe ó virrey; la palabra propia es Chahi Masun, ó sea 
Rey accidental. 

Parece que en este juego había la posibilidad de que hubiene dos ó 
más piezas á un tiempo que tuviesen el valor de rey, á saber: el rey pri- 
mitivo, el peón del rey llegado á la última fila; el cabo en su tercera 
promoción; los dos últimos sólo operaban con el movimiento del rey, sin 
tener sus prerrogativas, contribuyendo á obtener la victoria. Si el verda- 
dero rey se veía obligado á refugiarse en la cindadela ó casilla suple- 
mentaria, alguno de los príncipes podía cambiar de sitio con él y conti- 
nuarse la partida, pero generalmente se prefería considerarla como 
tablas (1). 

Creo que Duncan Porbes tiene razón al considerar este juego como 
muy ingenioso; mas no tiene derecho al dictado de perfecto, de lo que 
dista mucho. 

Duncan Forbes, juzgando por el estilo del autor anónimo, dice que 
no era el persa su idioma nativo y que él cree que era un judío renega- 
do, porque su lenguaje— escribía en persa — y su modo de expresarse 
son hebreos. Dice este autor anónimo que este perfecto ajedrez^ como él 
lo llama, fué inventado por el gran Hermes, que vivía en tiempo de 
Moisés. Los griegos lo introdujeron en la India cuando Alejandro Magno 
conquistó este país. Pero este juego era demasiado científico y perfecto 
para los estúpidos indios , y Sassa Bin Dahir lo simplificó á fin deque 
éstos pudiesen jugarlo. 

Según Duncan Forbes es un gran pecado llamar estúpidos á sus esti- 
mados indios, y una gran blasfemia decir que el ajedrez fué inventado 
por el gran Hermes contemporáneo de Moisés y que fué introducido en 
la India por los griegos. Mas si consideramos que Platón diez y ocho 
siglos antes que el autor anónimo atribuía ya la invención del ajedrez 
al dios egipcio Thoth^ á quien los griegos identifican con Hermes; que 
los monumentos de Egipto en que se encuentran representaciones de 
dos personajes jugando al ajedrez son del tiempo en que se supone que 
vivía Moisés y hasta hay algunos de época anterior; si tenemos en cuenta 
que el tablero y las piezas de madera y de loza que se han encontrado en 
las tumbas de los Faraones son de aquella misma época; si considera- 
mos, por último, que la civilización india data con toda certeza de la época 
de la dominación griega y encontraremos que el judio renegado estaba más 
en lo cierto que su crítico burlón el ifiglés protestante. 

Este continúa diciendo: «Finalmente, el juego llegó en esta forma 

(1) Para más datos véase la citada obra de Duncan Forbes, pógs. 13S-55* 



...1^ m\ mjmmu ^mmmoKaigBmmK^mí ^wmmm. ,mm^^ 



EL AJEDREZ 81 

compendiada á Persia en tiempo de Nurshirawan. Debo añadir que en 
este punto convienen todos los autores orientales, mas ninguno de ellos, 
salvo este escritor anónimo, atribuye su invención al sabio Hermes.» 
Pero se la atribuyen Platón y algunos orientales , y yo estoy conforme 
con la opinión del judio renegado, en el supuesto de que por gran Her- 
mes se debe entender que el ajedrez es de origen egipcio. El final del 
manuscrito dice: «En efecto, este perfecto ajedrez fué invención del filó- 
sofo Hermes, y los indios, al abreviarlo, lo desfiguraron por completo.» 
Duncan Forbes, al copiar esto, dice: credat judmLS. Yo creo que el judío 
está mucho más cerca de la verdad que el protestante. 

Este señor da á continuación el valor aproximado de cada pieza, 
asunto del cual no se ocupa el autor anónimo y que yo no copio por 
creer que es bastante arbitrario. También dice, que, «sea por ignoran- 
cia, sea por descuido de los copistas, no hay dos diagramas en que las 
piezas estén colocadas en el mismo orden.». ¿Y quién le ha dicho que 
cada jugador no pudiera colocar las piezas á su capricho, como hemos 
visto que sucedía con el juego de Birmania, y han hecho y continúan 
haciendo los árabes? 

El tal Mr. Forbes, que usa un lenguaje muy inconveniente con todos 
los que no participan de su opinión, se permite ridiculizar al doctor 
Hyde por una cosa, siendo asi que es él quien aparece realmente en 
ridículo por su pretenciosa omniciencia en todo lo que al origen del aje- 
drez se refiere. Véanse sus palabras: «Al mismo tiempo el sabio doctor, 
que por cierto debía haberlo conocido mejor, se ha tomado la libertad de 
introducir otra alteración ridicula, dando caprichosamente á cada una 
de las filas del tablero doce cuadros en vez de diez , fundándose en esta 
sabia razón: «Como los ejércitos de cada lado son casi dobles, el espacio 
que media entre ambos debe alargarse á proporción!!!» 

A pesar de estas tres admiraciones y de las razones que da para 
combatir la opinión del doctor Hyde y demostrar que en este caso el 
juego resultaría lento y pesado (1), el tablero de la miniatura del libro 
de don Alfonso el Sabio, que dice que es un juego venido de la India, en 
el que hay jirafas, leones y otros animales, — lo mismo que en el de 
Tamerlán , — viene á dar la razón al doctor Hyde , pues cada fila tiene 
doce casillas, como se puede ver en el diagrama (fig. 8). Si Duncan 
Forbes hubiese conocido este libro de don Alfonso, no hubiera ridiculi- 
zado al doctor Hyde y á otros que estaban más en lo cierto que él, 3' no 
habría hecho las suposiciones tontas que algunas veces hace. 

Duncan Forbes habla después de lo que él llama gran ajedrez, que 
cree es el complemento ó modificación aumentada del juego de Tamer- 
lán, y para ahorrarse descripciones da la copia del tablero y de las 
piezas, — véase nuestro diagrama de la fig. 7, — que dice haber tomado 
del manuscrito número 7,322 del Museo Británico, que es una de las más 
bonitas copias de la <&mda de Tamerlán del autor Hn' Arab SAa,» «En este 
juego, además de las piezas descritas en el anterior, hay dos leones, dos 
toros, dos piezas llamadas kashshaf, nombre que ya podemos traducir 

(I) Don AlfoDSO el Sabio dice que precisamente esta es una de las razones porque 
Clisa, tiempo se había adoptado ya el tablero de 8 por 8 casillas, abandonando los que 
tenían mayor ó menor número. 

11. — EL AJRDRF./.. 



Si El, AIEDREZ 

por centinela ó retaguardia, en todo tres clases más de fuerzas, con tre.= 
peones más que las representan. Lo más singular es que el visir queda 
suprimido, sustituyéndole un pez extraña (hablo en serio y sin metá- 
fora), llamado Lukhm. Este pez, según los diccionarios, es un cocodrilo 
ó pez espada. Yo no puedo decidir sobre si es uno ú otro, mas de todos 
modos me parece que no está en su lugar en un campo de batalla. Como 
el sustituir un pez al visir me parece que no es de ninguna utilidad, 
siendo además ridiculo ó bufo, he mandado al pez á su elemento natural 
y be dejado al visir en el mismo sitio en que está en la lámina núme- 
ro 1 (1) » 




Fie. S '—Grande Ajedrez del libro <le Atroneo el Sabio 



Si ese señor tan sabio hubiese conocido el libro de don Alfonso, no 
se habría tomado esa libertad, sino que habria mandado al visir á paseo, 
conservando al pez en su lugar correspondiente en el tablero; habria 
sabido, además, que el pez no estaba fuera de su sitio y se habria 
ahorrado la nota 1, de la pág. 155, en que dice: «que el león, el toroy 
el pez, fueron probablemente tomados de los signos del Zodiaco y que 
corresponden al ajedrez Astronómico ó Uranoma({uio.» Conociendo el 
libro de don Alfonso el Sabio, habria sabido que el tal pez era un coco- 
drilo, y que, á pesar de que el tablero representa realmente un campo 

(1) Yaveremoaquehizü muy mal I 
agua, porque íiendu e<=le bu propiu elen 
con máe fuena que si le bubiese dejado ei 



n Forbea en ecbar e«le pez ó cocodrilo el 
eíile anime! podía reavivares j morderte 



EL AJEDREZ 83 

de batalla, lo mismo este pez que los leones, toros y demás animales 
estaban en su lugar y no eran representaciones de los signos del Zodía- 
co, como él cree. Habría visto, además, que en las dos primeras minia- 
turas del suplemento de dicho libro están representadas en los tableros 
todas las bestias de los juegos de Tamerlán y algunas otras; habria leído 
que don Alfonso dice: «que aquel juego era importado de la India,» y 
que, un siglo antes que el judío renegado de Tamerlán, lo llama ya 
«el juego del gran acedrex» y que las anes e bestias estrannas fueron intro- 
ducidas en el juego «porque los obedecíessen (á los reyes antiguos) mas de 
grado los omnes e los ieniessen por mtii nobles (1). 

Duncan Forbes dice que los tres peones adicionales estaban coloca- 
dos al frente del ejército como avanzadas ó atalayas, y que sólo puede 
hacer nuevas conjeturas acerca de los movimientos del león , del toro 
y del centinela, que supone que eran combinaciones de dos de las piezas 
del juego anterior, dando al centinela precisamente el mismo movi- 
miento que tiene la reina actual. Por lo que hace al^^^ dice: «que debe- 
mos suponer que tenía los poderes del visir cuyo lugar tan tonta é 
inútilmente había usurpado.» 

El libro de don Alfonso el Sabio describe extensamente este juego 
detallando el movimiento y valor de las piezas; tal vez algún día se pu- 
blique por completo el facsímil de tan importante obra, que aclarará de 
seguro muchas de las dudas que hoy existen respecto á los antiguos 
juegos de ajedrez; mas no hace falta esa publicación para comprender 
que se escribe muy á la ligera sobre este juego, usurpando tontamente el 
nombre de historiador. 

(1) Habría sabido que el león, el toro, etc., no podían eer signos del Zodíaco corres- 
pondientes al juego de ajeares astronómico — Uranomaquia— que él cree se jugaba, por- 
que el juego de Astronomía no era de ajedrez sino de damas, como veremos después. 



CAPITULO IX 



EL AJEDREZ EN BOIPTO 



Sucede con Egipto una cosa extraña. Nadie, ni aún los más apasio- 
nados de los progresos realizados por la antiquísima civilización egipcia 
ni el mismo Samuel Birch, que repite en todos los tonos «que Egipto es 
la cuna de nuestra civilización,» quiere reconocer que el juego tantas 
veces representado en los monumentos de aquel país sea el del ajedrez. 
Y para negar que sea este juego se fundan únicamente en que todas las 
piezas representadas en dichos monumentos tienen la misma forma, no 
teniendo en cuenta otras circunstancias y, sobre todo, la de haberse 
encontrado en las sepulturas reales de Tebas piezas de antiguos juegos 
de ajedrez hechas de porcelana, vidrio ó madera, de formas variadas y 
muy parecidas á las nuestras. 

Duncan Forbes pasa por encima del ajedrez egipcio como por encima 
de ascuas, contentándose con decir «que el juego representado en los mo- 
numentos de Egipto no es más que un juego de damas y que como tal lo 
describe Wilkinson en su obra sobre los antiguos egipcios.» Copia des- 
pués algo de dicha obra, mas sin considerar que Wilkinson escribía 
cincuenta años antes que él , y que no basta una sola autoridad para 
resolver una cuestión de tanta importancia, sobre todo cuando hay 
escritores posteriores que son de opuesto parecer. 

El conde de Basterat dice también (1): «Nuestro juego era igual- 
mente desconocido de los antiguos egipcios, pues no se encuentra repre- 
sentado entre las innumerables pinturas que adornan sus monumentos, 
pinturas que reproducen con toda escrupulosidad todas sus ocupacio- 
nes.» A pesar de esto publica á continuación un dibujo que representa 
dos personajes que juegan á un juego que, si no es el ajedrez, es proba- 
blemente padre de éste, y sigue diciendo: «La que aquí damos dibujada 
fué encontrada en el palacio de Ramsés (2) en Tebas, y representa á este 

(1) Ob. cit , póg. U. 

(2) Es Ramsés III. En Tebas mismo hay otra pintura que representa á Psame- 
lich II jugando también á este juego, y AA'ilkínson en sus Manners and Customs o/the 



Bt ajbbbkZ 85 

monarca jugando na juego qut n7 puede con/vndirse con el ajedrez y que 
probablemente es el de damas tal como se conoce aún en Egipto con el 
nombre de Damek.» Cualquiera diría que el conde de Basterat vio jugar 
á. Ramsés III, cuando con tanto aplomo asegura que el juego que este 
jugaba no puede confundirse con el ajedret. Este autor que, contra el pare- 
cer de William Jones, cree que el ajedrez, tal como hoy lo jugamos, es 
resultado de diferentes modificaciones de un juego primitÍTO, — en lo 
cual creo que tiene razón, — no quiere en cambio admitir que loa egip- 




Fio. 9." 

cios conociesen un juego que está representado repetidas veces en sus 
monumentos, y que, si no es exactamente el nuestro, se le parece 
mucho. 

Egipto es el único pueblo que tiene representaciones de este juego, 
no encontrándose nada parecido en ningún otro punto del mundo an- 
tiguo, y mucho menos en la India, cuyas pinturas y esculturas, como he 
dicho antes, son de carácter puramente religioso y k veces obsceno. 

El conde de Baaterat sigue diciendo: «Wiikinson nos dice que en 




las excavaciones verificadas en Tebas encontró varias piezas de un juego 
parecido al que está representado en este monumento. Son de madera, 
parecen bolas pequefias, y unos son negros y otros blancos ó encarnadas; 
todas las de un mismo juego tienen la misma forma.» ¿Quién le ha dicho 
á este autor que las de una forma determinada pertenecen á un solo 
juego y que do pertenecían al mismo las de diferentes formas? ¿Sabe 

ancieHí Egyptians y ChampoIlioD eo su gran obra Monumenta iPEgypte et Nabie dan 
atra raproduccióo de dos particulares que juegan at ajedrez, tomada de los monumenloa 
de Hedinet Abou. (VAaofe nueatras Hgt. 9 y 10). 



86 EL AJEDREZ 

acaso, qué jueg:o era ese y cómo se jugaba? Lo que dice á continuación 
nos prueba que no. «Es probable que estas piezas se colocasen en un 
tablero de damas — échiquier — mas como en las pinturas este tablero está 
de perfil, no puede asegurarse de un modo positivo.» La manera como 
están colocadas las piezas no deja lugar á dudas. Además, asi como en 
la India no se encuentra ninguna pintura, dibujo ni adorno en forma de 
tablero de damas, en las pinturas de Egipto se encuentra repetidísimas 
veces este tablero, debiendo ser muy estimado, como lo prueba el grran 
descubrimiento hecho dos ó tres años atrás en el subterráneo en que se 
encontraron tantas preciosidades, como momias y ataúdes conteniendo 
los cadáveres de reyes, reinas y principes, y mil otros objetos entre los 
cuales figuraba el paño mortuorio de una reina, paño que estaba forma- 
do de cuadros de piel de gamuza pintados de azul y encarnado y cosido-? 
alternativamente formando un gran tablero de damas de estos dos colo- 
res (1). Yo no tengo ningún inconveniente en asegurar que el origen 
del ajedrez, — así como el de otras muchas cosas, — debemos buscarlo en 
el antiguo Egipto. 

La opinión de que el juego que jugaban los egipcios era el de damas 
y no el del ajedrez fué ya manifestada por Wilkinson (2) que dice: 
«Debe reclamarse la misma antigüedad (la del tiempo de üsertesen I) 
para el juego de damas, equivocadamente llamado del ajedrez.» ¿En qué 
se funda para decir eso? ¿En que no jugaban ese juego como lo jugamos 
nosotros? Nada puede decirse respecto á esto por el modo convencional 
de los egipcios de figurar este juego, pues, como él mismo confiesa, ni 
aún se sabría si los tableros estaban divididos en cuadros á no haberse 
encontrado algunos de ellos, ignorándose por completo el movimiento y 
dirección de las piezas. Ya veremos más adelante que en el siglo xiii se 
ugaba en España el ajedrez de cinco ó seis maneras distintas y que las 
piezas con que juegan los orientales apenas se distinguen unas de otras, 
llegando á confundirse el peón con el rey. 

¿En qué se funda Mr. Samuel Birch para poner una nota en la que 

(1) Me refíero al celebre descubrimiento de Deir el Baharf, cuyo tesoro conocían \o9 
hermanos árabes Abdera-Soul, que ha sido el mós importante de cuantos se han hecho 
en Egipto, pues entre las momias reales que fueron llevadas al Museo de Boulak se en- 
cuentra la del gran Thutmés III, que arrasó la Palestina unos 200 afíos antes del naci- 
miento de Moisés. 

El nombre egipcio de la reina é quien pertenecía este paño mortuorio era Isi-eni- 
kheb. La descripción de este paño y la de otras muchas cosas interesantes perteneciente? 
al antiguo Egipto, se encuentra en la notable obra de Mr. Villiers Stuart de Dromana, 
titulada: The Funeral Tent of an Egypiian Queen. Es lástima que este arqueólogo 
tuviera la desgracia de romperse una pierna haciendo una excavación, lo cual le impo- 
sibilitaba de poder continuar sus interesantes investigaciones y descubrimientos. 

Mr. Villiers dice que él es el único á quien se ha permitido copiar tan precioso mo- 
numento, contemporáneo de Salomón. Publica un facsímil de dicho paño, reducido á ud 
eexto del tamaño natural, en su citada obra, de la cual tengo el gusto de poseer un ejem- 
plar, y detallo en el capítulo final. 

Mes adelante veremos que el dibujo del paño en forma de tablero de damas no era 
casual. 

(2) The Manners and Cusioms of the Ancicnt Egyptf'ans, tomo II, pág. 56. Desde 
que Wilkinson escribió esta notable obra se han hecho muchos é importantísimos des- 
cubrimientos y se ha adelantado notablemente en la lectura de los jeroglíficos y en la 
interpretación de los monumentos. 



dice que los eg'ipcíoa jugaban gene mímente con seis piezas, que según 
él eran todas iguales, difereDCiñndose sólo de las del contrario, cuando 
en la misma pégina publica grabados de piezas de formas variadas? 




n 



nnnnnDnn 
qdddddcdI 




Fies. II á 19.— Pitias y lableros eacontredos en los bipogeoB 6 tumbas de los Pbi 



Wilkínsoa dice: «Todas las piezas tienen la misma forma y tamaño, si 
bien uno y otro varían en los diferentes tableros ó juegos.» Pero yo no 
creo que las diversas piezas representadas en esta página formasen parte 
de juegos diferentes, sobre todo las figs. 11 á 14, pues siendo todas 
ellas de porcelana es fácil que fuesen de un solo juego. Como se ve, las 



88 BL AJEDREZ 

cuatro tienen distinta forma; la de la fig". 14 , tiene inscrito el nombre y 
los títulos de Necho 1. 

Como observa muy bien Mr. Birch estas piezas son una verdadera 
muestra de porcelana antigua que posee el Museo Británico. Según una 
nota de este autor, la pieza de la fig. 13 representa el ladrón, — el laíro 
del tablero romano (1) que según dicen era de vidrio, suponiendo algu- 
nos que era de una sola pieza; la pieza de la fig". 15, tenía una cabeza 
de gato, 6 tal vez de perro, y la de la fig. 16, era decididamente una 
cabeza de perro ó de chacal de porcelana negra; probablemente repre- 
sentaba el kud7i ó perro, que era el nombre que los griegos daban á estas 
piezas (2).» 

«El tablero, dice Mr. Birch, se llamaba sení, y la pequeña caja con 
las piezas, a'ó, encontrada en Tebas, estaba en la colección de Abbot; da 
el dibujo de ella Mr. Prisse d'Avennes (3). — Véase nuestra fig. 18. — 
Era de madera tallada, de una sola pieza, de 28 pulgadas de largo y 
7 de ancho; era lo que en latín se llama mandra (4). En cada una de 
sus dos caras tenía entallados los cuadros para jugar. Una de ellas estaba 
dividida en 30 cuadros, tres á lo ancho por diez á lo largo. La cara opues- 
ta tenía en uno de sus extremos doce cuadros, tres á lo ancho por cuatro 
á lo largo, y la línea formada por los cuadros de en medio continuaba 
hasta el extremo del tablero formando otros ocho cuadros (véase nues- 
tra fig. 18), siendo liso todo lo demás. Mr. Prisse d'Avennes cree que 
este era el hiera gramnuí ó línea sagrada del juego griego peíteia. ün 
cajoncito con tirador contenía las piezas, algunas de las cuales parecían 

(t) Los antiguos egipcios llamaban perros á las piezas de su juego. El ¿afro y el 
ludus latrunculorum de los romanos eran juegos muy distintos de aquél. 

(2) Me parece que Samuel Birch se equívoca al suponer que el ladrón era la única 
pieza del ludus latrunculorum, que algunos suponen era el ajedrez que jugaban los 
romanos del Imperio, y ^e jugaba con varias piezas, como lo indica su nombre que está 
en plural. Tampoco es cierto que los griegos y romanos dieran el nombre de perro á las 
piezas de un juego; daban este nombre á la peor tirada del juego de dados, es decir, á la 
tirada en que no salen más que unos. (Véase más adelante). 

En la nota 8 á la citada obra de Wilkinson, págs. 55 y 56, dice Samuel Birch: cEste 
juego era una de las delicias de los egipcios en los Elíseos, donde lo jugaban en la vida 
futura, según el cap. 17 del Ritual funerario. En los sarcófagos de la XI dinastía se ven 
algunas veces representados tableros y hombres, cinco de aquéllos y cuatro de éstos. Los 
tableros tienen 9 cuadros por uno de los lados y 17 por el otro, ó sea un total de 153 cua- 
dros. Están alternativamente pintados de negro y encarnado. Las piezas se llamaban 
ab.j» Mr. Birch publica una descripción de este juego en la Reo. Ang. 1864. pág. 56. Don 
Alfonso el sabio llama al juego de Damas «de los doce perros ó doce hermanos.» 

(3) Monuwents Egyptiens, pl. XLIX, pág. 9. 

(4) Mandra en latín significa corral y también reharto. En el ajedrez se daba este 
nombre al tablero y á las piezas. 

Mr. Samuel Birch habla del tablero egipcio como si fuese único en su forma y nú- 
mero de casillas, porque cuando Wilkinson escribió su obra tal vez era el único que se 
había encontrado en las tumbas. Mas boy día se conocen varios y cada uno de ellos tiene 
distinto número de casillas, lo cual prueba que los egipcios jugarían distintos juegos de 
tableros y que no todos se jugarían no teniendo más que seis piezas cada jugador, como 
él creía. Tampoco es cierto que la idea del tablero dividido en cuadros, ó tablero de 
Damas, pudiera sugerir la idea de los del Peiteia gr'iegoy Duodec i ni ser ¿pta romano, 
porque son dos juegos completamente distintos uno de otro, con el tablero dividido de 
diferente manera y ambos se diferencian del juego egipcio, así en la división del tablero 
como en el modo de jugarlos. 



EL AJEDREZ 89 

arpas freelsj. — Lo cual prueba que no todas eran iguales.— «Se creía que 
el cuadro, además del juego Petteiaj había dado lugar al diagrammi- 
mos de los griegos y al duodecim scripta de los romanos, que era aná- 
logo al juego de damas cuya invención, según Plauto, se atribuía á 
Thoth (1).» 

Mr. Wilkinson, al decir que todas las piezas del juego egipcio eran 
del mismo tamaño y que las unas eran negras y las otras blancas ó 
encarnadas y que no puede decirse en qué dirección las movían los juga* 
dores, porque las piezas se encuentran mezcladas en el tablero (2), pone 
una nota (3) en que cita las siguientes palabras de Jul. Pollux (4): 
<^por el juego de iessera 4^?oí, de esta clase, en que los hombres (piezas) ó 
perros, como los llamaban, eran de distinto color en los dos lados opues- 
tos. Es notable que el nombre perro {ielbj sea también aplicado por los 
árabes á los peones de su juego de damas. Algunos suponen que el juego 
romano de duodecim scripta era parecido á las damas, pero los movimien- 
tos de aquél se determinaban generalmente por medio de los dados.» 

Todo esto da lugar á muchas consideraciones. En primer lugar 
vemos citados varios juegos griegos y romanos más ó menos análogos al 
Jucffo egipcio, al que se empeñan en no querer dar la paternidad de nues- 
tro ajedrez, sin más razón que porqué no. En segundo lugar, no sabiendo 
de fijo qué clase de juegos eran unos y otros, hablan de ellos como si los 
hubiesen visto jugar, juzgan sólo por los que figuran en determinados 
monumentos y los interpretan bajo un criterio preconcebido, único 
medio de no adelantar un paso en ninguna cuestión (5). 

Mr. Birch cree que comunmente cada jugador jugaba sólo con seis 
piezas, guiado sin duda por las que se ven representadas en algunos de 
estos juegos, lo cual es una mala guía, porque en ninguno de ellos están 
éstos completamente figurados, tanto es así que no figuran en ellos las 
las casillas del tablero (6) y en este, dice Wiikinson, las piezas están 
mezcladas de tal modo que ni tan sólo puede saberse en qué dirección se 
movían. Además, en una de las mismas reproducciones de la obra de 
Wilkinson, en lafig. 321 que representa á Ramsés Til jugando al aje- 
drez, delante del rey hay una fila de seis peones y él tiene otro en la 
mano: en la continuación de la pintura de Beni-Hassan y Tebas, de 
la que Mr. Wilkinson no copia más que un jugador, ChampoUion, en 
su gran obra, como he dicho en la nota anterior, la completa, viéndose 
en ella indicada una segunda fila, como he dicho en la misma nota; y en 
el cajón del tablero egipcio grabado en la pág. 58, se cuentan más de 

i\) Planto, Phcedoru 

(2) No siempre, porque en el fragmento que publica Wilkinson en la misma pág. 57 
de tu obra, completado con el que publica ChampoUion en su gran obra, se puede ver 
que las piezas de cada color están colocadas á un extremo distinto del tablero, tal como 
las ponemos nosotros al principiar el juego ; véase nuestra fig. 19, en la que se ve indi- 
cada una segunda ñla de piezas á uno y otro lado. 

(3) Obra citada, pág. 57, nota 1. 

(4) Onom. IX, 7. Jul. Pollux era un escritor griego que vivía hacia- el affo 185 
de N. E. 

(5) Véanse las ñgs. 9 y 10, y los capítulos sobre el Ajedrez entre los griegos y los 
romanos. 

(6) Más adelante hablo más detalladamente de estos juegos. 

12. — EL AJEDREZ. 



90 BL AJEDREZ 

diez y seis piezas, y eso que dicho cajón no está completamente abierto 

(figr. 18). 

Tampoco es probable que sea exacto lo que dicen que todas las 
piezas de cada juego eran iguales, porque á juzgar por lo que se ve en 
las que copio en la pág. 87, que están en el Museo Británico, es muy posi- 
ble que las de porcelana, algunas de las cuales son negras y otras blan- 
cas, pertenezcan todas á un mismo juego, siendo este parecido á nuestro 
ajedrez y diferente del de las damas, juego éste que también debían 
jugar los egipcios de aquellos tiempos, á juzgar por el peón de madera, 
que también está en el Museo Británico, copiado en la obra de Mr. Wil- 
kilson y que yo reproduzco en la fig. 17. Probablemente se jugaban 
ambos juegos á un mismo tiempo, como podrían demostrarlo las dos 
pinturas de Tebas que representan á Ramsés III jugando, una de cuyas 
pinturas, la ya citada, podría ser la del juego de ajedrez, y la según- 

. 20 ^^ 

2> 






24 
23 





FiG8. 20 á 24.— Piezas egipcias de la colección Toda 

da (1) la de damas, pues el tablero figura ser ancho y no se ve ninguna 
pieza encima de él; no siendo probable que hubiera en un mismo palacio 
dos representaciones de un mismo personaje jugando al mismo juego (2). 
Es muy probable, y hasta me atrevo á decir evidente, que el ajedrez 
es de origen egipcio. Como decía muy bien Samuel Birch, Egipto es la 
cuna de nuestra civilización; el antiguo pueblo egipcio era un pueblo 
activo, inteligente, pensador; al contrario del pueblo indio de todas las 

(1) Grabado n.° 322, flg. 1 de la póg. 60 de la citada obra. 

(2) D. Eduardo Toda, á cuya complacencia debo el haber podido copiar las piezas 
de ajedrez de las f!gs. 20 á 24, que forma parle de la npreciable colección de objetos que 
ha traído de Egipto, cree que la pieza de madera de la fig. 17 no es una pieza de juego, 
sino un botón por el estilo de otros mas pequefios que figuran en su colección. De las 
piezas de ajedrez representadas, las de las figs. 20 á 23, unas son de piedra y oirás de 
arcilla cocida, y la fig. 24 es de porcelana azul; los dibujos son del tamafio de las piezas. 

En el Museo Británico hay un fragmento de un papiros satírico en el que está dibu- 
jado un león que juega al ajedrez con una gacela, exactamente lo mismo que la escultura 
de Medinet-Abu que representa á Ramsés III jugando con una de sus mujeres, de cuya 
escultura tal vez sea aquel papirua la caricatura. Véase el dibujo n.** 11. 



BL AJEDREZ 91 

épocas, indolente, absorto y contemplativo. Sólo en Egipto se encuen- 
tran representadas todas las clases de juego y sobre todo el ajedrez; 
nada de esto se encuentra en la India. Bajendrala-la-Mitra, arqueólogo 
indio contemporáneo nuestro, dice (1): «Poco sabemos, no obstante, 
acerca de cómo este pueblo (el indio) pasaba sus ratos de ocio (que eran 
pocos) ni de cuáles eran los juegos, diversiones y pasatiempos que más 
le gustaban (2).» 

El rey, los caballos, los barcos y los carros de guerra, son esencial- 
mente egipcios. Los monumentos del antiguo Egipto están cuajados de 
representaciones de combates navales y de expediciones marítimas ó 
fluviales de la mayor importancia, así como de batallas terrestres con 
carros de guerra, en los que los egipcios combaten contra Babilonios. 
Asirlos, Hititas ó Rot-en-nu, pueblos todos del Asia occidental ó del 
norte; no habiéndose encontrado hasta ahora ningún monumento que 
indique ninguna clase de relaciones entre los antiguos egipcios y la 
India, antes al contrario, todo nos da á entender que la India anterior á 
la dominación persa era completamente desconocida para los antiguos 
egipcios, así como eran desconocidos para los indios los carros de guerra 
y los barcos, así de guerra como mercantes. 

Por las piezas de algunas de las variantes del ajedrez, así como por 
una de las del libro de don Alfonso el Sabio y las del juego que jugaba 
Tamerlán, á cuyos tableros y piezas podría aplicarse con propiedad la 
palabra latina ^nandra, por representar bestias la mayor parte de aque- 
llas, se puede atribuir un origen egipcio al ajedrez, porque casi todas 
esas bestias pertenecen á la fauna africana, como veremos al hablar de 
estos juegos en el libro de don Alfonso el Sabio. 

Sea lo que fuere el juego representado en los monumentos del an- 
tiguo Egipto en que figuran el tablero y las piezas altas, como en nues- 
tro ajedrez, ¿no se habría verificado ningún cambio en la disposición 
del tablero, en la forma de las piezas y en el modo de jugarlo en el largo 
período que mecKa desde el tiempo de la XVII dinastía — 1500 años antes 
de J. C. — en cuyos monumentos se encuentra ya representado este juego, 
hasta la conquista y dominación griega? ¿Es posible que durante estos 
once siglos permaneciera este juego estacionado en un pueblo tan in- 
dustrioso? Las diferentes formas de tableros y piezas encontradas en las 
sepulturas de los Faraones, nos dicen lo contrario y prueban que en el 
antiguo Egipto, lo mismo que en la España del tiempo de don Alfonso el 
Sabio, jugaban diferentes clases de ajedrez, damas ó lo que fuese, y que 
aquellos juegos eran indudablemente padres de los nuestros (3). 

(1) IndO'AryanSt tomo I, pág. 424. 

(2) Véase lo que he dicho antes de este autor, indio hasta los tuétanos. 

(3) Debo la nota siguiente é la annabilidad del inteligente y laborioso coleccionador 
de antigüedades D. Eduardo Toda, digno cónsul de Espafía en el Cairo: <En el Museo de 
Bulak, y con el n." 3,182, hay una caja de juego de damas. Fué encontrada en Drah Abu 
el Neggali en la tumba de Akhor, de la XVII dinastía. Se conFervan en ella 7 peones de 
marfíl de diferentes formas, llamados perros en egipcio. El tablero de jugar tiene dos 
dibujos, uno en cada cara. En la superior hay 3 filas de 4 cuadros ó sean 12 casillas, en 
la inferior hay 36 casillas. Se ignora cómo se jugaba este juego. Pero un pasaje de un 
cuento demótico de Satni Khamois dice que una de las maneras que los egipcios tenían 
de jugar á damas se llamaba de los cincuenta y dos.> 



d2 BL AJEDREZ 

Por otra parte, ¿no nos dice nada la gran profusión de dibujos en 
forma de tablero de damas que se encuentran en los monumentos del 
antiguo Egipto? ¿No nos dice nada el paño mortuorio de la reina Isiem- 
Eheb, que es un gran tablero de cuadros verdes y encarnados por cada 
uno de sus cuatro lados? Si consideramos que e\ juego de damas era una 
de las bienaventuranzas prometidas á los egipcios en la otra vida, como 
nos lo dice el capítulo XVII del Libro de los Muerlos ó liiíual Funerario 
de los antiguos egipcios (1), debemos creer que el dibujo del paño mor- 
tuorio de aquella reina (de 1000 años antes de J. C.) no era obra del 
capricho, sino que estaba hecho con el deliberado propósito de represen- 
tar la bienaventuranza de jugar á las damas ó al ejedrez que la reina 
había de disfrutar en la otra vida, bienaventuranza representada por el 
cuadruplo tablero, representando tal vez las piezas los animales borda- 
dos en la parte superior de éste. Me confirma en esta opinión la circuns- 
tancia de que la mayor parte de los juegos de damas ó ajedrez que se 
conocen del antiguo Egipto hayan sido encontrados en las tumbas y 
lleven una leyenda deseando que el difunto tenga una existencia feliz 
en la otra vida. Cuando no otra cosa, el paño mortuorio de la reina 
Isi-em-Eheb nos enseña que mil años antes de N. £. se usaban ya en 
Egipto tableros de damas formados de cuadros alternados de dos colores 
diferentes, siendo así que en los demás pueblos orientales, y sobre todo 
en los asiáticos, no los han usado ni usan más que de cuadros formados 
por simples líneas cruzadas (2). 

Si el juego de los antiguos egipcios era realmente el de damas, 
resultaría que este juego, á pesar de la opinión general de los escritores 
y sobre todo de los indiófilos, sería más antiguo que el ajedrez (3) y, en 
tal caso, sería con toda seguridad padre del ajedrez, como lo demuestra 
el tablero de cuadros, la forma alta de las piezas (4) y la combinación 
belicosa del juego. 

De modo que si este 52 se refiere á las casillas del tablero, con los de 20 y 30 que be 
copiado de WilkíDson y los de 12 y 36 del Museo de Bulak, ya tenaos 5 tableros dife- 
rentes. 

(t) El Ritual Funerario es el libro más antiguo y había la costumbre de colocaron 
capitulo de ¿1 en el pecho de las momias. El ejemplar más antiguo que d^él se conoce 
es de la XI dinastía, 1700 años antes de J. C. — Se han hecho de él varias traducciones; la 
que yo tengo es de Mr. Paul Pierret. 

(2) Ya hemos visto que Mr. Birch habla de un tablero de cuadros negros y encar- 
nados. 

(3) Aun admitiendo la absurda teoría de la invención india del ajedrez 3000 años 
antes de J. C, se podría demostrar que el juego egipcio sería todavía 1000 afios más anti- 
guo. Como hemos visto, el juego egipcio de damas, ajedrez ó lo que sea, se encuentra 
citado en el Libro de los Muertos como una recompensa para la otra vida. Ahora bien, 
se han encontrado referencias á este libro, así como también algunos de sus capítulos, en 
monumentos de la época de las Pirámides, ó sea de 4,000 años antes de J. C„ que corres- 
ponde á unos 1,000 afios antes de la supuesta invención india del ajedrez. 

No solamente habla el Ritual Funerario del ajedrez, en su texto más antiguo, sino 
que tablero y piezas se encuentran representados en las pinturas de la caja de la momia 
de Amu, que posee el Museo Británico, cuya antigüedad, según opinión del difunto 
M. Sam. Birch y demás Trastees de aquel Museo, no puede fijarse en una época posterior 
á la que media entre la VI y XI dinastías, de 4,000 á 4,500 años antes de J. C. (Véase mi 
Conclusión). 

(4) Hay que notar la circunstancia especial de que la forma de las piezas encontra- 
das en las antiguas tumbas de Egipto son más parecidas á las que usamos actualmente 



BL AJEDREZ 93 

¿Es esa transformación hija de Egipto, ó bien es una combinación 
de los juegos egipcios con los de los antiguos griegos ó romanos de la 
época en que estos pueblos se pusieron en íntimo contacto por la domi- 
nación de los europeos en aquel país africano? Yo me inclino á creer 
que los ingeniosos y batalladores egipcios habían ya transformado en 
cierto modo, antes de la conquista de Alejandro, su primitivo juego en 
otro ú otros de carácter más parecido á un verdadero simulacro de 
guerra, más científico que aquél, destinado especialmente á pasatiempo 
de los Faraones y de sus allegados, y completamente distinto de los otros 
juegos de tablero que seguiría jugando el pueblo. Me hace creer esto el 
hecho de haberse encontrado tableros y piezas ^^ formas diferentes per le- 
necienies d un mismo juego en las tumbas de los reyes y de los grandes de 
la corte, así como el ya citado paño mortuorio, y las piezas de materias 
preciosas, tales como marfil , porcelana y jaspe, algunas de las cuales 
tienen un escudo con el nombre del Faraón á quien pertenecieron. 

Otra de las pruebas del origen egipcio del ajedrez, es que ocupa el 
segundo lugar, — el de la reina en el juego que d(5n Alfonso el Sabio dice 
que ha venido de la India, — el ganso ó la oca, — ánsar, — que además de 
hallarse repetidamente representada en los monumentos de Egipto 
como destinada á usos de la vida común civil y religiosa, desempeña un 
papel muy importante en la mitología egipcia. 

En la estela llamada de Metternich, que es de época posterior, se lee 
refiriéndose á la Aurora: «El huevo de ganso que sale del sicómoro.» 
Este era uno de los árboles sagrados del antiguo Egipto. Aquellas pala- 
bras hacen referencia al huevo de Sebin Todt, en el 54 y en otros capí- 
tulos del Libro de los Muertos. En ellos se considera al sol como un huevo 
puesto por la grande y cantadora oca la tierra. 

«La oca egipcia, dice Wilkinson (1), era el emblema del dios Seb, 
padre de Osiris é Isis, y, aunque era sagrada, no les estaba prohibido á 
los egipcios comerla, antes al contrario, constituía uno de sus principa- 
les alimentos.» «Como emblema de Seb, la oca estaba en conexión con 
el gran huevo del mundo, en cuya forma fué producida la masa caótica 
de la tierra (2).» 

Seb, — á quien los griegos identificaron con Saturno, probablemente 
porque algunas veces era llamado padre de los dioses, aludiendo á que 
lo era de Isis y Osiris, — era representado con una oca encima de la 
cabeza. 

En un párrafo de Mr. Samuel Birch (3) se lee: «A Seb se le llamaba 
también repa ó heredero de los dioses, aludiendo al ganso ú oca, La 
gran Gárrulay que puso un huevo en forma de mundo.» 

Todos los autores hacen referencia á lo que sobre el particular dice 
el üitíMl funerario del antiguo Egipto, llamado vulgarmente Libro de 
los MuertoSy especialmente en el capítulo LIV que, según la traducción 
francesa de Paul Pierret, dice textualmente: 

qiM á las que se usaban en la Edad Media, á las que no se parecen ni unas ni otras, (obre 
todo los peones, algunos de los cuales son exactamente iguales á los nueslr'os. 

(1) Obra citada, tomo III. pág. 327. 

(2) Wilkinson, obra, tomo y pág. citados, nota 2. 

(3) En ia citada obra de Wilkinson, pág. 62. 



94 KL AJEDREZ 

«1 ...Yo soy este huevo del Gran Gárrulo. 

«2 Este gfran huevo puesto por Seb sobre la tierra, se ha conservado 
en mí; yo aumento, él aumenta; yo vivo, él vive. Viejo, yo respiro los 
soplos. Yo soy el redimido cuyo nombre 

«3 es puro, viniendo después de este huevo concebido á la hora del 
grande, de la doble fuerza, Sontelch.» 

Es decir, al medio día, cuando el sol está en su apogeo y mayor 
fuerza, que es lo que personifican Seb, Set ó Sautelch, y todos los gran- 
des dioses del antiguo Egipto. 

Del mismo modo que podía ser simbólica la oca en el juego de 
ajedrez, podían también serlo las demás piezas que representaban ani- 
males en el antedicho juego de don Alfonso el Sabio, y realmente lo eran 
el cocodrilo y el león que figuraban en él, pues en Egipto todo era sim- 
bólico, y bajo este supuesto podía serlo también el rey, representando el 
sol. En este caso podría muy bien suceder que el juego venido de la India, 
que, según don Alfonso creía, represeiitaba un campo de batalla, en el que 
el rey habla puesto estai alimañas para hacerse mejor respetar y obedecer, 
fuese una cosa totalmente distinta, y que las tales alimañas no fuesen 
más que representaciones de divinidades, ó signos astronómicos repre- 
sentando los siete planetas, puesto que realmente son siete las diferentes 
piezas del juego. Las dos principales del centro, el rey y la oca, podían 
tal vez representar los dos más planetas más conocidos, el Sol y la Tierra 
ó en el sentido místico del antiguo Egipto, Seb y la Gran Gárrula pone- 
dora del huevo del mundo, ó, lo que es lo mismo, el Creador y la cria- 
tura. 

Este podría ser el antiguo juego astronómico de que hablan algunos 
autores, sin saber dar de él ninguna noticia, y que los romanos conquis- 
tadores de Egipto, no comprendiendo el simbolismo de las piezas, y no 
viendo más que el realismo de las representaciones, bautizaron con el 
nombre de mandria, corral, refiriéndose al tablero, y mandria , bestia, 
aludiendo á las piezas (1). 

El trastorno producido por la caída del Imperio y la irrupción de los 
bárbaros, borrarían sin duda la memoria del verdadero origen del 
ajedrez, ó á lo menos la de su procedencia al introducirse en Europa, 
y de algunos modos de jugarlo, de la misma manera que se borraron 
otras muchas cosas. 

No hay que extrañar que no se encuentren descripciones bien 
definidas de este juego en los autores griegos y romanos del Imperio- 
descripciones que por otra parte pueden haberse perdido— y que no sería 
extraño que no se hubiesen escrito, tanto por el modo de escribir de 
aquellos tiempos, como porque el ajedrez no hubiese pasado al dominio 
público, limitándose á jugarlo los príncipes y magnates á causa de ser 
altamente científico y aristocrático, como nos lo demuestran las descrip- 
ciones y algunos restos de los preciosos tableros y piezas con que juga- 

(1) Esta signifícación, dice el Ma^oudi, dio al ajedrez el rey de la India Balhít, eo 
cuya época, según él, fué inventado el ajedrez. «Jugaba mucho al ajedrez con los sabios 
de su corte... hizo asimismo de este juego una especie de alegoría de los cuerpos eleva- 
dos, es decir de los cuerpos celestes, tales como los siete planetos y los doce signos del 
zodíaco y consagró cada pieza á un astro.^f (Les Prairies (¿*Or,pég. i60, tomo I.) 



EL AJEDREZ 95 

ban los emperadores, los reyes y los mismos condes de Barcelona hasta 
una época muy avanzada de la Edad Media. 

Como veremos más adelante, es muy posible que los autores orien- 
tales El Magoudi y Fírdusi compusiesen sus obras teniendo á la vista 
documentos egipcios, ó copiándolos, pues se sabe positivamente son 
copias de documentos egipcios más antiguos, los principales manus- 
critos árabes. También lo es el Manuscrito número 7,515, del Museo 
Británico, sobre el cual especialmente fundan sus opiniones, los orienta- 
listas Duncan Forbes y Van der Linde, haciendo de este manuscrito el 
caballo de batalla de sus discusiones y reflexiones. 

Van der Linde y el ruso G*** igualmente se ocupan muy poco del juego 
de los Egipcios, diciendo lo de todos, «que era un juego de Damas», y 
refiriéndose también al solo monumento de Ramsés III, no recordando, 
ó no sabiendo que, en el mismo monumento, se encuentran dos repre- 
sentaciones de juego, una con piezas altas y otra en cuyo tablero no se 
ven las piezas; las que indudablemente representan dos juegos comple- 
tamente diferentes, uno con piezas altas y otro con piezas bajas, como 
actualmente diriamos, el Ajedrez y las Damas. 

Además, Van der Linde en su segunda obra dice que antes del 
siglo XVI, el juego de Damas no era conocido en ninguna parte, y que el 
no encontrarse este juego en el «Libro de don Alfonso el Sabio», es una 
prueba negativa para su deducción de que este juego procede del 
antiguo (español?) juego del Scachs — Ajedrez — y añade: «El señor 
Fr. Amelung en 1877 en el Diario de Dorpart escribe: esia derivación del 
jueffo de Damas del Ajedrez es muy hábil y me parece pla-usibley pero cree 
que el juego de Damas es oriental, porque en ruso llaman á las Damas 
Schaschki (plural de Schaschka disminutivo de Schach) y al Tablero 
llaman Schascketschinisa». «Esta razón lingüística debe pasar por la 
observación siguiente, que en la Edad Media se entendía por scaci el 
juego y también las piezas con que se jugaba.» 

Esta divergencia de opiniones, acompañada siempre de vaguedades 
y vacilaciones demuestra, á mi entender, que los que se han ocupado de 
los orígenes del Ajedrez no han seguido el verdadero camino. No 
me queda duda que en Egipto, desde muy antiguo, se jugaban 
juegos parecidos á nuestro Ajedrez y Damas, es decir, juegos de tablero 
divididos por rayas unas, y otras por escaques, con mayor ó menor 
número de casillas, y con piezas altas como el Ajedrez, ó bajas como las 
Damas, que ciertamente no eran nuestros actuales juegos, pero sí sus 
ascendientes, que variados y rudimentarios en su principio, se han ido 
reduciendo y perfeccionando, hasta unificar en nuestras Damas los de 
piezas planas y en el actualmente inclinado Ajedrez, los de piezas altas 
y figuradas. 



CAPÍTULO X 



BL AJEDBIZ EBTBE LOS ABABEB 



Tal vez no sea éste el lugar más & propósito para tratar del ajedrez 
entre los árabes y de la iDfluencia que éstos pueden haber tenido eu la 
propagación de este juego en el occidente de Europa y más particular- 
mente en España, porque esto nos obliga á adelantar algunos hechos; 
mas nos decidimos á hacerlo á fin de dar por terminado el estudio del 
juego del ajedrez en los pueblos orientales. 

Haré con los árabes lo mismo que he hecho con los indios, pues 
antes de juzgar los hechos de un pueblo es preciso tener un exacto cono- 
cimiento de éste en determinadas épocas. Ahora bien, ¿quiénes eran los 
árabes? Mr. W. Robertson nos lo dirá (1). «Unos ochenta años después 
de la muerte de Justiniano tuvo lugar un suceso que causó una revolu- 
ción de gran trascendencia: Mahoma, predicando una nueva religión, 
pareció haber animado de un nuevo espíritu á sus conciudadanos y 
llamado á la escena talentos y pasiones que aún no se habían manifes- 
tado. 

»La mayor parte de los árabes, desde los tiempos más remotos, con- 
tentos con gozar de independencia y libertad, cuidaban tranquilamente 
de sus camellos y cultivaban sus palmeras dentro de su misma penín- 
sula, y no se daban á conocer al resto del mundo más que cuando ataca- 
ban una caravana para saquearla ó á un pobre viajero para robarle. En 
algunos puntos, sin embargo, habían empezado á hermanar los trabajos 
agrícolas y los negocios del comercio á las ocupaciones de la vida pas- 
toril. 

(l) Recherches hisíoriques sur l'Inde Ancienne, pág. 128-29, 

Mr. James Cristie dice: cPuede parecer injusto juzgar los hechos de un pueblo 
antiguo por los de sus descendientee, porque las costumbres de nuestros pueblos asiá- 
ticos han sido tan poco afectadas ó cambiadas por el tiempo, que puede uno aproxi- 
marse á la verdad consultándolas. {An Inquirg into the Antient Greek Game, etc,, 
pág. 82). 



EL AJEDREZ 97 

«Toda esta clase de hombres, exaltados por el entusiasta ardor con 
que los hablan inflamado las exhortaciones de Mahoma, desplegaron 
& la par el celo del misionero y la misión del conquistador. Egipto fué 
una de sus primeras conquistas y, como tomaron posesión de aquel delicioso 
pais y se establecieron en él, los griegos tuvieron que suspender toda clase de 
relaciones con A lejandria (1). » 

¿No podrá deducirse de esto que los árabes conocieron el ajedrez en 
Egipto, del mismo modo que lo hablan conocido antes los griegos? 

Es muy general en los historiadores, atribuir invenciones & los 
árabes, sin considerar que ellos mismos dicen que no precisan nada. 
Desde su padre Ismael , los árabes formaron en su mayor parte tribus 
nómadas y algunas pocas sedentarias, tribus que, cuando no luchaban 
unas con otras, servían los intereses de los Faraones de Egipto ó de los 
reyes de Asiría, en los tiempos más antiguos, los de los Ptolomeo ó 
Seleucidas en la época de la dominación griega, según convenía á cada 
tribu. Los árabes no constituyeron propiamente nación, hasta que los 
sucesores de Mahoma fundaron el imperio de los Califas. Pero este 
imperio no se componía sólo de árabes, y en esto consiste el error de^ 
atribuirlo todo á éstos en la Edad Media, pues con el nombre genérico 
de árabes, se comprende á todos los pueblos que guerreaban bajo las 
órdenes de los Califas de Bagdad ó del Soldán de Egipto, tales como 
caldeos, persas, egipcios, fenicios, libios, moros, etc., formando un 
agregado de pueblos de Asia y África unidos por el espíritu de conquista, 
pillaje y propaganda religiosa, y de los cuales sólo formaban los árabes 
una mínima parte (2). 

(1) Mr. Jorge Rowlinson dice: «La mayor parte de aquella vasta, aunque estéril 
región, ha sido morada de innumerables tribus que vivían independientes unas de 
otras, bajo un Sheik ó jefe, en una libertad salvaje é ilimitada. Los príncipes naturales 
rara vez han podido extender mucho sus dominios Bobre aquella desparramada pobla- 
ción; tampoco las potencias extranjeras han podido ejercer largo tiempo su autoridad 
sóbrelos independientes hijos de Ismael; así como el dominio accidental de algunos 
monarcas extranjeros tampoco ha logrado anular, en un período de más 4,000 años, el 
cumplimiento de las notables profecías del Géneris, XV, 12. (The Secenth Oriental 
Aíonarchies, pág, 423). 

«Ainsi aucun des États constitués de la peninsule, au VI siécle de notre ere, n' avait 
gardé assez de vígueur ni d' independence pour prendre la prepondérance en Arable et 
jouer le méme rule qu'Athénes en Grece ou Rome en Italia. Les Royaumes de Hirah et 
de Gassán, le Yemen, la Mekke et méme les tribus árabes du Nadjd n'etaient que dea 
comparaes dans le gran drame de la lulte entre Rome, puis Constantinople et la F*erse, 
drame dont les principaux auteurs furent Chahpour, (Sapor) Julien 1* Apostate, Hélis- 
Fuire, les deus Khosran (Cosroes), Anouchirván et Parviz, et Héraclius.» (Rene Busset, 
La Poesíe árabe Ante-Mamique, pág. 18). Discurso leído en la apertura de la Escuela 
Superior de letras de Argel, en 12 de Mayo de 1880. 

(2) El célebre poeta persa Firdusi, no debía tener en gran concepto é los árabes 
cuando al principio del siglo xi decía de ellos: «Isdegird escribía á su general Rusiem: 
—He sabido que un innumerable ejército de árabes, de cara negra como la pez, han 
entrado en nuestro país para hacernos la guerra; aunque esta gente no tiene tesoro ni 
rey, su jefe es Sand, hijo de Wakkus, hombre sediento de poder y de riquezas: te lo 
envío, etc.» (Libro ele ¿os ret/es, tom. VIII, pág. 349), y en la pág. 360 el mismo Saad dice: 
«Nosotros somos la gente de la jabalina y del alfanje; entre guerreros intrépidos nunca 
se trata de brocado ni de oro ni de plata, de comer ni de dormir.» 

Mr. Rene Basset, en su citado discurso, pág. 55, dice: «El Corán fué escrito en el 
dialecto especial de la Meca, el de los Qoralchitas; que si era fácilmente inteligible para 
la mayor parte de las tribus del Hidjar, no sucedía lo mismo respecto á los numerosos 

13.— EL AJEDREA. 



06 EL AJEDREZ 

Los árabes propiamente dichos, nunca habían tenido industria ni 
arte que pudiesen llamarse tales, y la literatura llamada árabe empezó 
á prosperar en tiempo de Harun-el-Raschid, quien maridó traducir al 
árabe las mejores obras de los griegos, para difundir en sus Estados el 
amor á la« letras y las reglas del buen gusto (1). Creo que entre las últi- 
mas se puede contar el juego de ajedrez, que debía ser poco conocido de 
Harun-el-Raschid y de sus subditos, y considero completamente infun- 
dada la opinión de los que suponen que este califa regaló, entre otras 
cosas, un magnífico juego de ajedrez á Carlomagno, pues, además de lo 
dicho y de lo que diré después, si este ajedrez hubiese estado compren- 
dido entre los regalos de aquel califa, habría sido mencionado entre las 
cosas notables, como lo fué el reloj de bronce dorado, obra admirable de 
arte mecánico, que en 807 Abdallah, enviado del rey de Persia, entregó 
al mismo Carlomagno (2). 

extranjeros, egipciop, sirios, griegos ó persas, que desde el primer siglo de lo Égira 
formaron la mayoría de los musulmanes.» 

(1) Hace ya cien años (en 1790) Mr. William Jones en su discurso del anÍTersa- 
rio de la fundación de la Sociedad de InTestigaciones Asiáticas, hablando en general 
sobre la China, dice: «Tienen, en efecto, música y poesía nacionales y una y otra son 
bonitas y patéticas; mas no tienen ninguna idea de la pintura, escultura y arquitectura 
como antes de imaginación, a«¿ como tampoco la tiene ninguno de los demás pueblos 
orientales,^ Ob. cit., tom. 11, pág. 872; y en la pág. 26 del mismo tomo, hablando sobre 
los mogoles, dice: «Según informe de los mejores autores, el mugníflco Kengis-Kao, 
cuyo imperio comprendía un área de cerca de SO grados cuadrados, no pudo encontrar 
ni un mogol capaz de escribirle los despachos. Y el célebre Temerle n, — á quien los 
embajadores espafioles vieron jugar al ajedrez, — hombre dotado de una naturaleza 
robusta y salvaje y muy amigo de oir leer historias y referir cuentos, no sabía leer ni 
escribir.» 

(2) EginhñTd f Anales. 

Es posible que uno de los libros griegos que Harun-el-Raschid mandó traducir al 
árabe, fuese el tan celebrado de Calila y Dymna, que se supone de origen indio, escrito 
primitivamente en sánscrito ó palí y traducido sucesivamente de estas lenguas al persa, 
árabe, hebreo, latín, espaííol, francés y otros idiomas, y que ha dado motivo al eminente 
don Pascual Gayangos para lucir su vastísima erudición, en la introducción de este 
libro comprendido en el tomo de Escritores españoles anteriores al siglo xiv. 

Este libro no es indio ni cosa que se le parezca. Ni el lenguaje, ni las ideas, ni las 
costumbres, ni la moralidad, así como tampoco los personajes, animales y plantas de 
este libro tienen nada de indios ni siquiera de orientales. Este libro tiene todas las trazas 
de haber sido escrito en Europa en la Edad Media; la multiplicación de los ejemplos 
para explicar una cosa, como lo hacían Raimundo Lulio, Boecio y otros, entre los cuales 
podríamos incluir el Libro de los ejemplos del mismo tomo, prueban que la composición, 
y tal vez mejor aún la recopilación de este libro de Calila y Dymna, pertenece á una 
época en la que, como dice don Pascual Gayangos, la ciencia se inculcaba por medio de 
ejemplos y la enseñanza iba acompañada de sentencias. Pero no fué ésta, como dice, 
la forma usada en su primitiva literatura por los orientales, porque éstos se preocupa- 
ban poco de una moral que no entraba en sus costumbres. Los médicos indios y persas, 
si es que entonces existían allí verdaderos médicos (*), no se cuidaban poco ni mucho 

(*) El Presidente de la Sociedad de Investigaciones Asiáticas en su dircurso XI (1191), des- 
pués de hablar de lo poco que puede sacarse en claro en todos los ramos de la ciencia en la 
India, dice: «Pues noté que en nínf/ún icfioma astático existe un tratado original de medicina 
considerada como ciencia; en estas regiones y desde tiempo inmemorial sólo ha habido físicos 
que usan remedios meramente empíricos, para enfermedades de historia fambién empírí<:a, 
como la practican hoy dia los indios y musulmanes aquí (en la India}.» 

Mr. N. Buchanan dice también que en Birmania los médicos no son más que erapíricos, y 
cuenta la siguiente curiosa costumbre: «rSi una joven está enferma de peligro, los padres y el 



Itt AiEbREt do 

Estos magníficos regalos, si es cierto que fueron enviados por el rey 
de Persia, no serían de obra de manufactura árabe ó persa, sino bizan- 
tina, enviada antes á los persas ó robada por ellos. Firdusi dice bien 
claro que los bizantinos eran grandes mec&nicos y que el celebrado 

de las enfermedades del alma que el médico Bersehney quiere curar con preferencia á 
las del cuerpo. 

La forma dellibro es completamente occidental; si se encuentra en las literaturas 
orientales es porque es copiado de aquélla. Cuando no se sabían leer ó interpretar los 
antiguos textos egipcios, asirios, persas é indios, se podía creer que ciertos libros eran 
orientales; pero boy que se han traducido gran número de inscripciones, papirus y libros 
de aquellos pueblos, se tiene completo conocimiento de las materias de que tratan y 
de que^ aunque estén escritas en árabe, persa ó indio, no pueden ser originarias de unos 
países con cuyas ideas, costumbres y religión estén en completo desacuerdo. 

Hay, además, la particularidad de que en un libro de fábulas, contadas y ejecutadas 
por animales, no sólo no hay ninguna que se reflere á los animales más notables de la 
India, ni á los que figuran en toda clase de obras artísticas, literarias y religiosas de 
aquel país, tales como elefantes, tigres, cobras y otros, sino que en todas ellas figuran 
más particularmente los animales propios de la Europa occidental. Por otra parte se 
obsérvala notable circunstancia de que algunas de las fábulas contadas por Calila y 
Dymna figuran ya entre las de algunos autores griegos del tiempo de Platón y Aristó- 
teles. 

Todas las sefiales son de que el autor ó compilador de este libro, fué un verdadero 
médico europeo de la Edad Media, que sin duda lo escribiría en griego ó en latín fin- 
giendo haber encontrado un libro importado de la India. Esta clase de ficciones han 
sido siempre usadas por los escritores, lo mismo entonces que ahora. El mismo Cervan- 
tes, en el capítulo IX de la primera parte de su inmortal Don Quijote, finge haber com- 
prado el original á un muchacho que vendía manuscritos, uno de los cuales, el que él le 
compró, conoció por la escritura que era árabe. En el capítulo LII confirma lo mismo, y 
empieza la segunda parte de su citada obra diciendo: aCuenta Cide Harnete Benen- 
geli, etc.» 

El que cá cada hombre le sientan bien dos cosas, á saber, la religión y la riqueza,» 
de ningún modo es indio, ni siquiera oriental, y mucho menos lo es aún el temor del alma 
de ser quemada en el fuego (del infierno). Toda la plática con el alma es propia de un fer- 
viente católico; ni los persas, ni menos aun los indios, se preocupaban del destino del 
alma, ni hacían méritos, ni esperaban recompensas en una vida futura que no entraba en 
sus creencias religiosas. 

Bersehney, como he dicho ya, tiene todas las trazas de un fraile médico de la Edad 
Media; su discurso es el de un fraile de aquellos tiempos; frailuna es también esta com- 
paración: casi como el ídolo descoyuntado, que cuando sus miembros están compuestos 
ó colocados cada uno en su lugar se juntan con engrudo que los adhiere los unos á los 
otros, cuando el engrudo se reblandece se despegan los miembros y caen deshaciéndose 
todo, ¡ay, ánima mía! no me enganches en la compañía de tus amigos y de tus bien 

doctor acostumbran á tiacer un trato antes de que éste emprenda la curación de aquélla. Si la 
enferma vive, pasa á ser propiedad del doctor; y si muere, éste paga á los padres de ella la can- 
tidad previamente estipulada^ pues en Birmania nadie puede separarse de una hija, ya sea que 
la dé como esposa, ya la entregue como concubina, sin recibir la correspondiente indemniza- 
ción. Ignoro si el doctor está autorizado para vender la joven ó si debe conservarla en su fami- 
lia, pero el numero de jóvenes que vi en casa del doctor en Myeda, me hace creer que esta prác- 
tica es muy común j>> (A». Hes,, tomo V], pág. 3d0). 

Los árabes no sólo copiarían las obras de ajedrez, sino tambiéu las que, como la de Cesulis, 
tomaban como punto de comparación el ajedrez para representar todas las clases sociales y 
deducir alguna moraleja. ¿Qué significa sino el empeño de Duncan Forbes en aludir las mora'- 
lejas enérgicas pero insustanciales del autor anónimo (árabe) del manuscrito de la Sociedad 
Asiática de Londres, que tan parecidas son á las atribuidas al Papa Inocencio, que ocupaba 
la silla de San Pedro á últimos del siglo xii? 

Por lo que hace al libro Calila y Dymna, véanse las notas del capitulo Firdusi, quien, como 
se verá, cuenta la maravillosa invención de este libro. Firdusi, hablando de los indios, los llama 
siempre idólatras; por lo tanto poco puede ser indio aquello de la descomposición de los ídolos 
pegados con engrudo. Sabida es la multitud de ídolos que entran en la Mitologia India. 



loo EL AJBDR3Z 

y riquisimo ajedrez de Cosroes fué enviado de Constantinopla á Cteri- 
fonte. 

Todas las deducciones basadas en la introducción del ajedrez en 
Europa y hasta en España caen por su propio peso, pues está demostrado 
que mucho antes de la venida de los árabes á nuestro país se conocía ya 
en él este, juego. San Isidoro de Sevilla, muerto en 636, hablaba y 
escribía sobre el ajedrez un siglo antes de la invasión de aquéllos (1). 
Por otra parte, me parece que al venir los árabes á conquistar España do 
lo hicieron con intención de ensenar á jugar el ajedrez á los españoleas, 
y, por lo tanto, no puede tomarse en consideración la introducción de 
este juego en Europa por unos pueblos tan civilizados que tenían por 
principal objeto la propaganda de una religión queprohibia el juego y las 
imágenes (2).» 

La creencia de que todo procede de Oriente y la errada opinión de 
que Europa en la Edad Media estaba sumida en la más completa igno- 
rancia y barbarie, hacía que las Cruzadas ofreciesen una ocasión muy 
oportuna á los que no conocían el estado de civilización relativa de unos 
y otros pueblos en aquella época, ni las creencias y condiciones sociales 
de cada uno de ellos, para suponer que por medio de aquéllas se impor- 
taron muchas cosas de Occidente. Sólo con considerar que el célebre 
Saladino, el terrible adversario de los cruzados, el héroe de tantas leyen- 
das, jefe de aquel pueblo fanático, más fanático aún que los cristianos 
que iban á rescatar el sepulcro de su divino Redentor, hacía llevar delan- 
te de él su sudario con esta inscripción: — «Ved lo que Saladino se lle- 
vará de sus conquistas,» se podrá comprender los conocimientos que 
los cruzados adquirirían en Oriente, sobre todo en materia de juego (3). 

amados, y do tengas de esto codicia. > Ni esto, ni nada del conjunto de la obra es indio, 
persa, ni oriental. Goverdhan Caul acaba su articulo sobre la literatura india con laf 
siguientes palabras, que vienen aquí que ni pintadas: «Mas si alguno quiere formarM 
una idea exacta de la religión y de la literatura indias, empiece por olüidar todo cuanto 
se ha escrito sobre las mismas, asi por los antiguos como por loe modernos, antes de h 
publicación del Giid. (Assiaíic Researches, tom, I,-pág. 655). 

(1) Es bien cierto que no puede uno fiarse de referencias. He dicho que San Isidoro 
de Sevilla hablaba del ajedrez por lo que dicen algunos autores que han tratado de ello?, 
pero he exeminado el texto de San Isidoro y ^e he convencido de que el juego á que 
hacía referencia no puede ser otro que el de las damas, como veremos después. 

(2) Por más que Mr. Duncan diga que no cree que el precepto del Corán que pro- 
hibe los Juegos de ajar y el uso de las imágenes no puede comprender el ajedrea, de 
seguro debía comprenderle, sobre todo si es cierto lo que él y otros creen que todas la¡^ 
piezas que representan personajes proceden de los árabes. 

(3) En la obra atribuida por algunos á don Alfonso el Sabio y mandada escribir por 
él según otros, ó traducida del francés, titulada La gran Conquista de Ultramar, que no 
es más que la Historia de las Cruzadas, se lee: Capitulo C.^Como Corbalan é el Rey 
Religión jugaban las cabezas de loi altos hombres al ajedrea... En por desto cuanJo 
vino la noche é hobo cenado Corbalan, asentóse con un rico hombre que era de allende 
del mar Bermejo é con ellos el rey Religión, que era muy poderoso, é comentaron de 
jugar al ajedrez é á las tablas las cabezas de los hombres honrados, de los cristiano-* 
que cuidaban matar en la batalla, é metieron la cabeza de Bayamoníe al primer 
enoite é después la de Tranguer, é del duque Gudufre,. é del duque de Kormandia, é 
del conde de Flandes, é desi de todos los hombres honrados, asi como los nombraban 
cada uno que los querían,^ Por esta muestra se puede ver si los sarracenos se entreten- 
dríon en enseñar á los cristianos á jugar al ajedrez, cuando éstos jugaban hacia ya siglos 
á este juego. 



EL AJBOBEZ lOl 

Ahora si por Oriente entienden el Imperio Bizantino y sobre todo su 
capital Constan tinopla, la cosa varia de aspecto. El Imperio de Oriente, 
es la continuación del Imperio Romano y es un hecho que la antigua 
civilización griega y romana se conservó aún algunos siglos después 
de la caída del Imperio de Occidente, es decir, hasta su destrucción de- 
finitiva en el siglo xv, cuando ya la civilización occidental estaba rehe- 
cha, y la caída del Imperio de Oriente contribuyó á su progreso y per- 
fección, gracias á los libros y conocimientos aportados por los sabios y 
filósofos fugitivos de Constantinopla, empezando entonces la célebre 
época conocida con el nombre del Senadmiento . 

¿Por qué no se puede suponer que el antiguo juego del ajedrez, 
importado de Egipto por los griegos, se conservase en Constantinopla, 
donde de seguro era conocido en los siglos iv ó v? ¿Por qué no suponer 
que, atendidas las continuas relaciones entre los persas y los griegos, 
tomaron aquéllos de éstos el ajedrez en vez de tomarlo éstos de aquéllos 
como comunmente se supone (1)? 

El conde de Basterat dice que, por las repetidas noticias de los his- 
toriadores árabes y persas, sabemos que el juego del ajedrez era ya 
conocido en Persia en su forma actual en tiempo de Khosru Naushirvan, 
que es el Cosroes de los griegos, — 531 á 579, — y que pueden seguirse 
en aquel país las trazas de este juego al través de los siglos vii, viii y ix 
hasta Mutarim Bilha, tercer hijo de Harun-el-Raschid (833 á 842 

de N. E.). 

No dudo de que lo que dice el conde de Basterat respecto de los his- 
toriadores persas lo dice de buena fe, pero haré observar que Naushirvan 
no reinaba en el siglo vii, y que su nieto Khosru ó Cosroes II, subió 
al trono de su abuelo en 591 de N. E., y cuya distracción favorita era, 
según dicen, la de jugar al ajedrez (2). Este rey, á causa de la muerte 
de su padre Hormus, asesinado por uno de sus generales, según él dice, 
pasó la mayor parte de su juventud en Constantinopla (3), se casó con 

(1) Del contenido del orififinal latino de! poema de Gierolamo Vida de Cremona, 
obispo de Alba, La Sccaccheida, escrito en la primera mitad del pifiólo xvi y traducido al 
italiano en el siglo pasado por el barcelonés Francisco Masdeu, se desprende que el aje* 
drez era conocido de los antiguos griegos y romanos. En dicho poema no hay nada que 
pueda hacer sospechar que el ajedrez sea de origen árabe ó indio. La acción del poema 
se desarrolla por medio de la mitología griega ó romana. Ya tendré ocasión de ocu- 
parme de este poema más adelante. 

(2) Según un historiador persa, Cosroes II ^tenía un juego de ajedrez la mitad de 
cuyas piezas eran de rubíes y la otra mitad de esmeraldas; la menor de estas piezas valía, 
según el citado autor, tres mil dineros de oro, ó sean unas 35,000 pesetas. Me parece que 
esta maravillosa descripción del juego del ajedrez, más bien prueba su novedad en la 
corte de aquel rey que no que los jóvenes griegos se enamorasen de él y lo importasen á 
Constantinopla, donde según todas las probabilidades era ya conocido. 

Ya veremos más adelante que todos esos ricos juegos de ajedrez de Cosroes II fueron 
mandados de Constantinopla á Cterifonte, como lo dice muy explícitamente el ya citado 
Fírdusi. 

(3) Cosroes II no huyó á causa de la muerte de su padre, de la cual se sospecha que 
fué cómplice, sino por no haber querido aceptar las exigencias del general Bharatn, jefe 
de los revoltosos que obligaron á Hormidas IV, padre de aquél, á abdicar la corona, des- 
pués de haberle sacado loa ojos y haberle encerrado en un calabozo, donde se cree que 
le asesinaron en connivencia con su hijo, á quien proclamaron rey inmediatamente. 

Cosroee estuvo escasamente un affo en Constantinopla, porque desde la derrota del 



102 SL kJEÜtLEl 

Mairam , una de las hijas del emperador Mauricio, y, cuando subió al 
trono de Persia, en obsequio á su esposa, mantuvo á su servicfo durante 
algunos años una guardia de mil jóvenes bizantinos. Su corte es fre- 
cuentada por todos los hombres distinguidos del Bajo Imperio, y seria 
fácil que éstos fuesen los cortesanos con quienes Cosroes pasaba el 
tiempo jugando al ajedrez. 

La carta enviada en 802 por Nicéfaro Zogothetes, emperador de 
Oriente, al califa Harun-el-Raschid, no prueba sino que el juego del 
ajedrez era muy conocido en Constan tinopla, porque el emperador se 
sirve de ellos metafóricamente en la tal carta. Dice: «La emperatriz, á 
la que yo he sucedido, te ha considerado como un rocA (torre) y ella se 
considera como un peón; se somete á pagarte un tributo, etc.» La con- 
testación de Harun nada tiene de metafórica y menos de alusiva al 
ajedrez, «He recibido tu carta, hijo de una madre infiel. No tienes que 
esperar la respuesta; ya la verás (1).» En efecto, Harun cumplió su 
promesa, obligando á Nicéfaro á pedirle la paz. 

Si, como dice el conde de Basterat, los árabes desde el momento en 
que conocieron el ajedrez escribieron ya tratados sobre este juego, y el 
más antiguo que se conoce de estos tratados es del año 899 de N. E. (2), 

ejército persa, causa del destronamiento de Hormidas IV, proclamación de aquél, guerra 
entre éste y Bharam, huida y vuelta de GosroeB apoyado por el ejército romano que le 
facilitó el emperador Mauricio, derrota de Bharam y entronizamiento de Cosroes en 591, 
no van más que dos años. 

Como la causa de la rebelión de Bharam es bastante curiosa y da á conocer el carác- 
ter de los reyes persas, creo no le sabrá mal al lector que la explique. Hormidas, des- 
pués de haber derrotado á los turcos, mandó á Bharam con su ejército á invadir lo 
Cólquida y la Suania, acudiendo prontamente en defensa de éstas un ejército romano 
que derrotó al general persa. Los resultados de esta derrota no fueron de gran trascen- 
dencia, pero Hormidas, que estaba celoso de los triunfos de su afortunado lugarteniente, 
mandó al campamento de los árabes un delegado con encargo de destituir al general y 
entregarle de parte de su amo un traje completo de mujer, un poco de algodón y una 
rueca. Furioso Bharam por aquel inmerecido insulto, contestó á Hormidas con una 
carta en que le trataba no como á hijo, sino como á hija de Cosroes. Poco después llegó 
al campamento otro enviado de la corte con orden de llevarse á ella cargado de cadenas 
al jefe recalcitrante. Bharam se rebeló entonces abiertamente, hizo pisotear por un ele- 
fante al enviado, y bastó que hiciera presente á los soldados los servicios prestados y las 
ofensas recibidas para que todos á una le siguiesen declarándose en completa rebelión. 
(Georges Rowlinson, The Seoenth Great Oriental Monarchy, pág. 470). Véase el capí- 
tulo Firdusi. 

(1) La autenticidad de estas cartas ha sido discutida; pero la aceptan los historia- 
dores del ajedrez Forbes, Madden y el conde de Basterat. 

(2) Grimm escribía á Duncan Forbes diciéndole [cque habían sido vanos todos sus 
esfuerzos para encontrar algún manuscrito árabe que tratase del ajedrez.» cLos cono- 
cedores de la literatura árabe, añade, creen que han de existir algunos, mas nadie, que 
yo sepa, puede dar razón de ninguno de ellos.» Obra citada, pág, 245. 

Si por el pasaje de la Sonna de Alí se ha de deducir que los árabes jugaban ya a| 
ajedrez en tiempo de Mahoma, no podían haber aprendido este juego ni en la Pereia ni 
en la India, á las cuales aún no habían conquistado y apenas conocían. Dicho pasaje 
dice: «Pasando casualmente Alí, yerno de Mahoma, delante de unos que jugaban al aje- 
drez les preguntó: —¿Qué imágenes son esas en las que tanto os fijáis?» Esto realmente 
nos daría á conocer que en aquel tiempo los árabes jugaban ya al ajedrez, con piezas 
que representaban ciertas figuras; mas creo que sólo la conveniencia puede hacer supo- 
ner que las figuras del ajedrez no estuviesen comprendidas en el precepto del Corán que 
dice: «Verdaderos creyentes, es seguro que el vino, los juegos de azar, las imágenes y 
la adivinación por medio de las flechas, son abominaciones inventadas por Satanás; por 



EL AJEDREZ 103 

mal podían ser ellos los que uno ó dos siglos antes de esta fecha lo intro- 
dujeron en Europa, ya por la vía de Constantinopla, ya por la de España. 
Nótese de paso que los árabes no mencionan el ajedrez hasta después de 
la conquista de España y de haber entrado en relaciones con la corte de 
Constantinopla, donde, como ya he dicho, no tenia este juego trazas de 
ser nuevo all& por el año 802 de N. E. 

Se ha ponderado y se pondera todavia mucho la gran cultura de los 
árabes, á los cuales, según muchos autores, debemos en gran parte la 
conservación de la antigua literatura griega y romana que nos importa- 
ron (?) amén de la suya propia. No debían los árabes haber cultivado 
tanto la literatura griega, ni seria tampoco mucha la perfección con que 
la conservaran , cuando se da el nombre de Renacimiento á la caída del 
imperio de Bizancio, — obra de ellos ó cuando menos de los sectarios de 
su religión, — nombre debido á que los sabios que emigraron de Cons- 
tantinopla trajeron al Occidente de Europa muchos libros de antiguos 
escritores griegos, — algunos de los cuales se creían perdidos, — reno- 
vando y extendiendo entre los pueblos occidentales el conocimiento de 
los clásicos griegos. Esto sólo demuestra lo poco que debemos á los 
árabes, — si es que les debemos algo, — en punto á cultura y á conoci- 
mientos literarios. 

Yo creo que, en tesis general, les debemos lo mismo que á los ván- 
dalos y godos. Establecidos en España, conocieron en ella la literatura 
antigua, por ser en nuestra península donde más que en nación alguna 
de Occidente se había conservado, y la cultivaron; y hasta creo que la 
perfeccionaron en parte, sobre todo en la poesía y la novela; pero dudo 
que nos trajeran nada nuevo. 

Si los siglos IX y X de N. E. son un triste recuerdo en la historia 
científica y literaria de los pueblos de Occidente (1), se debe lo mismo 
al fanatismo cristiano que al musulmán, pues ambos contribuyeron á 
porfía á la destrucción de todos los monumentos de la civilización anti- 
gua. Empezaron esta obra destructora los ignorantes bárbaros del Norte 
que, con el furor del neófito, arrollaron todo cuanto se oponía al esta- 
blecimiento de su nueva religión, y la completaron los fanáticos maho- 
metanos, que eran también neófitos y ardientes propagandistas por aña- 
didura. 

Pero la irrupción de los bárbaros del Norte y del Sur no fué mes 
que un eclipse temporal del espíritu siempre activo de los pueblos del 
Occidente de Europa, una época de transición en que se formó una 
nueva sociedad cimentada en los elementos de la antigua civilización 

lo tanto, 8i no queréis pecar, absteneos de ellas;» tanto más cuanto que en el ajedrez de 
los mahometanos las piezas no tenían ni tienen formas de personas ni de animales. 

Si los árabes conocían el ajedrez antes de ser mahometanos, se confirmarla mi idea 
de que este juego no pudo pasar á la Arabia desde Persia ni desde la India, sino desde 
Egipto ó Asirlo, con cuyos países habían estado aquéllos en continuas relociones. 

(1) Véase el artículo Abba-Marí Den Moisés Ben José/, de don Francisco Fernán- 
dez y González, en el tomo IV, fascículo 111, pág. 2, de la Revista de Ciencias Históricas, 
Este artículo pone también de manifiesto que tampoco los judíos de aquella época eran 
muy dados al cultivo de la ciencia, pues anatematizaban á los que se dedicaban á él, 
como lo prueba el hecho del astrolabio de la sinagoga de Montpeller que va continuado 
en el citado artículo. 



104 BL AJBDRBZ 

greco- rom ana, modificados con los importados por la mezcla de tantos 
pueblos de carácter y costumbres diferentes. 

Cuando los árabes Invadían la India, los condes de Barcelona y de 
Urgel cedian sus juegos de ajedrez por las obras de las iglesias. 

Se dirá que esto no prueba que el ajedrez no pudiese haber sido 
introducido mucho antes en España por los árabes, puesto que hacía ya 
tres siglos que dominaban parte de ella. Mas si bien se considera se verá 
la cosa bajo un punto de vista completamente distinto, pues, como acabo 
de decir, los árabes sólo dominaban parte de España, y una de las partes 
no dominadas era Cataluña, porque si bien la conquistaron y dominaron 
temporalmente, este dominio duró poco tiempo y nunca fué completo. 
La época de que hablamos era aún de conquista en Cataluña, sobre todo 
en el condado de Urgel, que en 1010, es decir, 30 años después de hecho 
el testamento de su cuarto conde en que lega su ajedrez á la iglesia de 
San Egídio, sufrió una segunda invasión mahometana que destruyó 
cuanto pudo, según se lee en una escritura conservada en la iglesia 
parroquial de Ager, en cuya iglesia existen todavía unas piezas de aje- 
drez de aquel tiempo, hechas de cristal de roca , de las que hablaré más 
adelante. 

El conde de Basterat, siguiendo á Duncan Forbes, señala el año 641 
de N. E. como el de la invasión de la India por los árabes, cuando re- 
firiéndose á Sisa, supuesto inventor del ajedrez, dice: «La historia nos lo 
da á conocer como el primer príncipe indio, que los árabes encontraron 
en su camino, al llevar con las armas en la mano, su nueva religión á 
las orillas del Indo. Era, pues, muy natural por parte de ellos que le atri- 
buyesen la invención de un juego que conocían por primera vez en el 
país que acababan de invadir (A. D. 641).» La Egira tuvo lugar en 622 y 
Mahoma murió en 634; de modo que, según este autor, los árabes inva- 
dieron la India siete años después de la muerte del Profeta, cuando el 
islamismo estaba en la infancia, cuando aún no estaba bien asegurada 
la sucesión de Mahoma y en un tiempo en que los mahometanos todavía 
no habían emprendido ninguna conquista fuera de su país, y había sola- 
mente empezado la de la Persia. 

El conde de Basterat no se acuerda de esto, cuando más adelante 
(pág. 20) dice: «que el ajedrez era conocido de Cosroes el Grande, cuj-o 
reinado comprende cerca de medio siglo, ó sea desde el año 531 al d';^. 
Este juego estaba, pues, extendido por toda la Persia cuando los árabes 
la conquistaron menos de un siglo más tarde; alH fué donde lo conocieron 
según el unánime testimonio de sus historiadores,» Esto es más posible y 
está acomodado á la historia, pero destruye completamente la tradi- 
ción de la importación del ajedrez de la India á Europa por conducto 
de los árabes, que, repito, no conquistaron la India hasta el siglo xi. 
Conquistaron mucho antes la Persia, que cayó en su poder á fines del 
siglo vil (1). 

(1) Eo 641 los árabes no habían conquistado toda la Persia; sus conquistas no 
habían rebasado las montañas que separan la Mesopotamia de la gran llanura del Irán, 
es decir, aún no habían empezado la conquista de la Persia propiamente dicha. En 
aquel año Joad Ibu Abiasa, vencedor y gobernador general de Persia, fué destiiuido y 
llamado ¿ la Meca por el Califa Omar,á instancias de sus enemigos que le habían acusado 



EL AJEDREZ 105 

Aunque considero un poco difícil que los fanáticos y bárbaros maho- 
metanos que invadieron á España en el siglo xii se entretuviesen en 
jugar al ajedrez, como el ejército invasor estaba formado de gente de 
todos los dominios de los Califas de Oriente, desde el estrecho de Gibral- 
tar hasta el Cáucaso y el Indo, no sería extraño que alguno de los jefes 
invasores hubiese traído á España alguna de las diversas maneras de 
jugar el ajedrez, que Don Alfonso el Sabio dice que se usaban en su 
tiempo; mas estas invasiones tuvieron lugar muchos siglos después del 
tiempo en que en Cataluña se jugaba á este juego con piezas y tablero 
de gran valor, puesto que se dejaban en testamento para la edificación 
de templos. 

Pongo á continuación las fechas de las principales invasiones maho- 
metanas de aquella época, á fin de venir en conocimiento de la influen* 

de orgulloso, despilfarrador é» injusto. Esto animó al rey de Persia, Isdegard III, que re- 
uniendo un ejército de 150,000 hombres volvió á tomar la ofensiva aunque sin resultado, 
pues los árabes continuaron apoderándose sucesivamente de todas las plazas hasta el 
año 651, en que completaron las conquistas, cuyo hecho motivó la gran emigración de 
persas á la India, donde se establecieron y continuaron la práctica de su religión y cos- 
tumbres. Aquellos persas son Jos actuales parsis, que tienen la pretensión de haber 
conservado los antiguos libros de Zoroastro, libros de que se han servido los orienta- 
listas para sus investigaciones acerca de aquella religión. 

Las relaciones de los viajeros chinos, especialmente de Hwen-Tsang, demuestran 
lo disparatado de la afirmación de Duncan Forbes, aceptada por el conde de Basterat. 
En 641 (¿quieren decir de la Égira?) era precisamente la época de mayor apogeo en la 
India; cuando la visitó Hwen-Tsang, el cual no sofíó siquiera que pudiera haber allí 
árabes, y cuando Harsha^Vardhana fundó su imperio. No obstante haber sido derro- 
tado al ñn por el Bajá de Narbada, Palakesi, que le obligó á volver á sus Estados, el 
reino de Kanoj continuó prosperando, y según el general A. Cunningham, en su obra 
citada, la ciudad de Kanoj fué la capital del poderoso reino de la gran dinastía de los 
Tomars, rival del reino de Delhi, asi en extensión como en magnificencia, desde 736 de 
Nuestra Era hasta la invasión mahometana en 1021. 

Mahamud, con el pretexto de propagar la fe de M ahoma, y de obtener para el mismo 
fin los tesoros que el comercio de tantos siglos había acumulado en la India, se dirigió 
contra ella. 

Después de la conquista de Alejandro ningún otro conquistador había penetrado en 
aquel país: el título de rey de Persia y de la India que se daba el gran Nushirwan no le 
confería más poder que el de cobrar tributos de algunas provincias de la frontera: las 
correrías que los árabes hadan para saquear no habían pasado nunca de los fuertes 
del Indo y del Ganges, porque los príncipes indígenas deponían sus eternos enemistades, 
cuando se trataba de recliazar á los extranjeros; y los misioneros musulmanes que 
habían ido allí á predicor el Islamismo habían obtenido muy poco fruto. 

El primero de todos, en 1,001, Mahamud con 200,000 soldados atacó las fronteras, y 
llegando al punto en que el Beat se junta con el Indo, después de haber peleado dos días 
hizo prisionero á Yayapal, radja de Cabul, auxiliado por todos los radjas de entre el Indo 
y el Ganges. 

Las fechas principales de la conquista de la India por Mahamud en el siglo xi, son : 

Mahamud pasa el Indo en 1004 de Nuestra Era. 

> ocupa Cachemira.. . . » 1013 » » » 

» » Canoj y Murtro. . » 1017 » » » 

» » Labore » 1021 » > » 

» » Somat » 1024 9 » » 

«La India no fué completamente conquistada por los musulmanes hasta el año 1563, 
por la batalla de Talikote y conquistada Carnatico.» (César Cantú, HisU Vniv, tomo III, 
pégs. 576y577). 

14. — EL AJEDREZ. 



106 EL AJEDREZ 

cia que pudieron tener en la civilización española y del estado de nuestra 
patria, que no estaba tan postrada ni tan falta de civilización como 
generalmente se supone, puesto que pudo reunir fuerzas suficientes para 
contrarrestarlas, dominarlas y acabar por expulsarlas. 

En 30 de Junio del año 1086 Abu Jakub Jusuf, príncipe de los Mora- 
bitas (Almorabides), desembarcó en Algeciras con tan espantosa multi- 
tud que sólo el Criador era capaz de contarla. (Romey, Historia de Espa- 
va, II, pág. 441). 

En 1146 Abu Amram ben Said entró en Algeciras con 6,000 caballos 
y 12,000 infantes. 

Bn 1151, por encargo del Califa Abdel Mumen, pasó Abu Hafs á 
España con una numerosa hueste de Almohades con ánimo de empren- 
der una guerra santa contra los cristianos. 

En 1195, desembarcó en Algeciras Jacub Almanzor con su innume- 
rable hueste, muchedumbre infinita, con tal enjambre de caballería é 
infantería, que no había para ella pan en la tierra ni agua en los ríos. 
(Romey, Oh. cit., tom. III). 

El Califa Mahomed ben Jacub el 14 de Mayo de 1211 saltó en tierra 
en la playa de Tarifa, donde habían desembarcado ya antes sus guerre- 
ros, y el 1.° de Junio del mismo año llegó á Sevilla con aquel pavo- 
roso gentío que formaban cinco grandes cuerpos de ejército. El primero 
lo componían los árabes; el segundo las tribus de zenetes y bereberes del 
Maghreb; el tercero 60,000 voluntarios de infantería y caballería; el 
cuarto los moros españoles con sus jefes, y el quinto sus propios Almo- 
hades, cuyos cuerpos hizo acampar en los alrededores de Sevilla, cada 
uno de ellos separadamente. (Véase Romey, ob. cit., tom. II y III, y Con- 
de, Historia de la dominación de los árabes en España), 

El mismo don Alfonso el Sabio, en la guerra que sostuvo contra su 
hijo don Sancho el Bravo, llamó en su auxilio al Emir de Marruecos Abu 
Jusuf el Maríny. 

Como ya he dicho, la conquista árabe nunca fué completa en Cata- 
luña, y como los caudillos de los catalanes de la Reconquista eran deu- 
dos ó feudatarios de Carlomagno ó de sus sucesores, y sabiendo positiva- 
mente que los Carlovingios eran jugadores de ajedrez, hemos de creer 
que lo eran también sus allegados de Barcelona, quienes, al legar á prin- 
cipios del siglo xi sus ricos juegos de ajedrez á las iglesias, no hacían 
sin duda más que continuar una tradición de familia, que encontramos 
ya practicada en 752 por Pepino, padre de Carlomagno. 

Según Her von Grimm, los árabes actuales son tan flojos en el 
ajedrez que cualquier mediano jugador europeo podría darles una 
torre (1). Su modo de jugar es parecido al indo-persa, enrocando en tres 
movimientos, como lo hacía el turco que en el siglo xvii jugó conel 
italiano Francisco Piacenza , de quien hablaré más adelante. La dife- 
rente colocación del rey, que ponen siempre á la derecha de la reina, y 
el no poder dar los peones más que un paso á la salida, dice Grimm, 
paraliza nuestra teoría de kis salidas y priva completamente al jugador 

(I) En 8u carta al editor del periódico Chess Player Chronicle, en 1851. Véaee más 
adelante* 



EL AJEDREZ 107 

de dar los impetuosos ataques que tan necesarios son cuando se da una 
pieza de ventaja. 

Como ya he dicho, Her von Grimm dice que todos sus esfuerzos para 
encontrar algún manuscrito árabe sobre el ajedrez han sido infructuo- 
sos. «Todos los conocedores de la literatura árabe creen que debe haber 
algunos, pero nadie, que yo sepa, ha visto ninguno.» 

De los conocidos en Europa, aunque los escritores que tratan de esto 
se refieren á escritos de autores árabes de los siglos x y xi, ninguno, 
que yo sepa, de los actualmente existentes es anterior al del Museo Bri- 
tánico que, según Mr. Duncan Forbes, es del año 1257 (1). Estos manus- 
critos, por las anécdotas que contienen (2) y por ser algunos de ellos 
tratados de moral por el estilo del de Cesulis, tienen todas las trazas de 
ser traducciones de los manuscritos españoles, — castellanos, catalanes 
y hebreos,— de los siglos xii y xiii (3). 

Basta considerar el estado de civilización de los árabes para quedar 

(1) Ignoro si este manuscrito lleva la fecha señalada ó si Mr. Duncan Forbes se le 
da por conjetura; de todos modos recuérdese que el Libro de los Juegos de don Alfonso 
el Sabio es de la misma época. Más adelante hablaremos extensamente de este manus- 
crito. 

(2) Cuentan una, sucedida del 661 al 705, fecha algo difícil de admitir tratándose 
de los árabes, y que, como veremos más adelante, se cuenta en crónicas europeas de 
aquella época, siendo sus héroes personajes históricos del tiempo de Carlomagno ó de 
fecha anterior. 

«Un califa de la Vil dinastía, Walid, que comenzó á reinar en 705, acostumbraba á 
jugar al ajedrez con uno de sus cortesanos que lo jugaba mucho mejor que él, y que 
hacía exprofeso malas jugadas para hacer ganar á su soberano. Un día el califa lo 
advirtió, y quemado en grao manera cogió una de las piezas más grandes del juego y la 
tiró á la cabeza de su cortesano diciéndole:— «¡ Vete al diablo, vil adulador 1 ¿Has per- 
dido el juicio para jugar conmigo al ajedrez de una manera tan tonta?» 

Como veremos más adelante, este hecho se encuentra muy repetido entre cristianos 
y musulmanes en la Edad Media, y Duncan Forbes en su apéndice D refiere uno pare- 
cido, que de ser cierto, como él observa muy oportunamente, sería muy anterior al pre- 
cedente, puesto que es del 200 al 400 de N. E. 

La anécdota que cuenta Grimm, siendo también un caso de adulación, es de un 
carácter completamente distinto y manifiesta los progresos del tiempo, pues se refiere al 
siglo pasado. 

«Un Pacha del imperio turco, gran aficionado al ajedrez, visitando la ciudad de 
Alepo trabó conocimiento con un célebre jugador de ajedrez de aquella ciudad, que era 
extremadamente pobre y que, no obstante, no hacia más que jugar á este juego. El 
Pucha le propuso que fuera con él á Constanlinopla, pagándole el viaje y cuanto fuere 
menester, cosa que aceptó el de Alepo. Llegados á Constantinopla le vistió de pies á 
cabeza y le presentó al Sultán. Al entrar en palacio dejó, según costumbre, las babuchas 
en la puerta. £1 Sultán, que era también muy aficionado al ajedrez, pidió en seguida 
un tablero; jugaron una partida y perdió el de Alepo. 

«Quemado el Sultán, dijo al Pacha :~ «¿Cómo te has atrevido á presentarme como 
un gran maestro á ese hombre que juega tan mal?»— El Pacha, que conoció que estaba 
en peligro de perder más que los jugadores, preguntó á su protegido porqué había 
jugado con tan poco cuidado. — El de Alepo respondió:— *< He dejado en la puerta las 
babuchas nuevas que me han regalado, y el miedo de que alguien se las llevase me tenía 
tan preocupado que no me dejaba jugar con el cuidado que exige un jugador tan hábil 
como el Sultán.» — Entonces éste, riendo, dio orden de que le trajesen las babuchas, y 
sentándose el de Alepo encima de ellas, ganó las demás partidas sin ofender al tan astu- 
tamente adulado Sultán.» 

(3) Los judíos catalanes del siglo xiii y el célebre toledano Aben Hezra del siglo xii, 
de quienes hablo en el capítulo El ajedrez en la Edad Media, 



IOS KL AJEDBEZ 

convencidos de que en los primeros sigilos del Islamismo no podían escri- 
bir tratados de ajedrez, en primer lugar porque apenas sabían escribir, 
y en segundo lugar, porque no tuvieron carácter propio hasta después de 
haberse puesto en comunicación religiosa con otros pueblos que lo 
tenían (1), tales como los egipcios y los persas. Por otra parte, su estado 
político, y más especialmente su estado religioso, no les permitía ocu- 
parse en escribir sobre juegos, puesto que destruyó la poca literatura 
antigua que les quedaba (2). 

Mr. Renato Basset (3), después de hacer una sucinta reseña del 
estado político de los árabes en los siglos primero y segundo de la Égira, 
y de contar los muchos disturbios y efusión de sangre causados por las 
guerras civiles-religiosas de la Arabia, dice: 

«Además, en aquel tiempo de fervorosa propaganda del Islamismo, 
¿qué poesía podían escuchar ó comprender los sinceros converti- 
dos, cuando tenían allí el Corán, libro que más tarde un dogma de- 
claró increado (4), tipo eterno de la belleza literaria, de tal modo que, 
según sus comentadores, ni los hombres ni los ángeles habrían podido 
escribir una sola frase que igualare á cualquiera de las del libro sa- 
grado?» 

Mr. Renato Basset en este discurso y en otra obrita posterior (5) 

(1) En todo caso estos tratados debían estar escritos en caracteres cú/loos , que 
fueron los primeros que adoptaron los árabes, usándolos desde últimos del primer siglo 
de la Égira al IV de la misma, ó sea dejfde el 700 al 1,000 de N. E. 

Mr. Rene Basset dice que no se encuentran escritos en caracteres cúficos anteriores 
ai afio setenta y dos de la Égira. Obra citada, pég. 81. 

(2) Me reñero á la poesía oral, pues, como he dicho en la nota anterior, no se cono- 
ce ningún escrito árabe de la época citada,- no teniendo nada que ver con ella los carac- 
teres himyaritas, imaíticos y nabanateos, sobre los cuales habría mucho que decir. 

(3) Ob. cit. pág. 1 á 43. Más adelante, en la pág. bO, refiriéndose á la caída de la 
dinastía de Ornar, habla de los habitantes de Bagdad y Damüsco, que nunca hablan 
perdido de vista los minaretes de su ciudad natal, y cuyos poetas, al mismo tiempo que 
celebraban la sed de sangre enemiga, temblaban ante la soldadescs turca de los califas 
Abbasides, y luego dice: 

«El advenimiento de estos últimos modificó aúu más el espíritu poético, haciendo 
triunfar la ortodoxia munita. Si las ciencias y las artes alcanzaron su apogeo en tiempo 
del Mamoun, no sucedió lo mismo respecto á la poesía, etc.,» y luego añade: 

«En Espaffa la tradición omníada subsistió, mientras el califato de Córdoba estuvo 
en poder de los miembros de esta familia. Pero la caída de esta dinastía y la invasión 
de los berberiscos en España bajo el mando de los Almorávides y Almohades acabaron 
con esta tradición literaria que había ya muerto en Oriente, cuando otros bárbaros 
salidos del extremo opuesto del antiguo mundo, los mogoles, destruyeron el califato de 
Bagdad, reduciendo, como dos siglos más tarde, el imperio griego á los arrabales de su 
capital. 

(4) Las diferentes tradiciones que aseguran que el Corán tuvo que escribirse en 
omóplatos de camello, pedazos de cuero, hojas de palmera ó piedras planas, demuestran 
que en tiempo de Mahoma el arte de escribir no estaba muy adelantado ni muy en uso 
entre los árabes cuando hasta carecían de materiales para escribir, precisameute en una 
época en que los bizantinos, los persas y los chinos escribían con letras de oro en telas 
de raso y otros tejidos más ó menos preciosos. Por último, véase el Libro de los reyes de 
Firdusi, en el que repetidas veces se citan cartas y otros documentos escritos en raso y 
otros tejidos de seda. 

(5) Contes A ra¿es.— Historia de los dos Visires, que son variantes de algunos de 
los cuentos de Las mil y una noches, traducidos y anotados por el mencionado Renato 
Basset. — París, 1883. 



EL AJEDREZ 109 

hace notar el origen occidental y los plagios de la literatura árabe toma- 
dos de la mitología griega, entre otros la historia de Edipo y Zayo; la 
esfinge y sus enigmas, que se encuentran en el cuento de la hadaDjiun, 
proponiendo acertijos á los viajeros y desapareciendo al ser vencida por 
uno de ellos; la muerte de Imran'lga'ís, causada por una túnica envene- 
nada, como la de Heracles y otros. 

No comprendo como hombres de vastos conocimientos y clara inte- 
ligencia , sueltan en ciertos casos expresiones tan poco meditadas como 
la de Renato Basset cuando dice (1): «Más tarde la imaginación de los 
europeos sobrepujó á la de los orientales.» Pues que, ¿no la había sobre- 
pujado siempre? ¿Qué pueblo de Oriente ha escrito una Iliada, una 
Odisea ó una Eneida/ (2) ¿Qué autores orientales han escrito lo que 
escribieron los Santos Padres en los primeros siglos del cristianismo? 
Esto por lo que respecta á los antiguos orientales, de quienes, excep- 
ción hecha de la Biblia y de los propios egipcios, — que nada tienen 
que ver con lo que tratamos, — no se conoce ningún escrito que sea 
anterior & los primeros siglos de la era cristiana. Por lo que toca á la 
Edad Media, creo que es completamente superñuo hacer compara- 
ciones. 

Después de escrito lo que antecede he leído un librito que hacía 
tiempo poseía sin haberlo hojeado: me refiero á La Palestine Incon- 
nuej de Mr. Clermont Ganneau (3). Este autor, cónsul francés que fué 
en Jerusalén, donde residió muchos años dedicado á investigaciones 
arqueológicas, ha estudiado la lengua y las costumbres árabes, sobre 
las cuales ha escrito tres diferentes obras, y condrma cuanto acabo de 
decir respecto á ellos. Para comprender la verdad de lo que digo no hay 
más que aplicar á todos los países conquistados por los árabes lo que 
Mr. Ganneau aplica algunas veces concretamente á Judea ó á Palestina, 
por más que otras puede tomarse en sentido general , como puede verse 
por lo que á continuación traducimos (4): 

«Dicen que los campesinos de Judea son árabes, y yo lo admito en 
el sentido de que hablan árabe; mas sería preciso entenderse de una 
vez para siempre sobre este vago y engañoso nombre de árabes que encu- 
bre tantas razas distintas y tantos restos heterogéneos. Desde el predo- 
minio del Islam todo el sistema de nacionalidades semíticas, dividido 
hasta el infinito, grandes y pequeñas, ríos y arroyos, siguiendo la irre- 
sistible pendiente de las conformidades lingüísticas y de las necesidades 
políticas, ha venido á desembocar en este lago árabe convertido en un 
mar en que todas las aguas pierden su nombre. El viajero al costear su 
inmenso contorno, — que actualmente se extiende hasta perderse de 

(1) La Poésie árabe Ante- Islam ¿que, pég. 78. 

(2) Podría citar además á Lucano, Stasio, Claudiano, Ovidio, Juvenal y muchos 
otros poetas latinos, con los que no creo que pudiesen compararse los del tiempo de la 
ignorancia, por más que Mr. Basset diga que el mejor elogio que podría tributarse á los 
poetas posteriores á Mahoma era el de «sentir que no hubiesen nacido en el tiempo de 
la ignorancia, nombre dado por los árabes musulmanes á la ¿poca heroica de su litera- 
tura.» 

(3) Lecture faite á Vlnstitutión royale de la Grande Bretagne (meeting du PaleS' 
íine Eayploration Fund, ) París, 1876. 

(4) Obra cit., págs. 27 á 33. 



lio EL AJEDREZ 

vista en una parte de África y de Asia, — puede contentarse con decir: 
crEsta es la raza árabe.» Pero la ciencia tiene el deber de buscar los orí- 
genes de este depósito colectivo, de remontarse, andando en caso nece- 
sario por sus secos lechos, al origen de estos afluentes que se han con- 
fundido en él al llevarle sus aguas. » 

«La raza no ciudadana, de costumbres sedentarias y originales, y 
cuyo lenguaje está lleno de particularidades, que ocupa la Judea, y 
especialmente su parte montañosa, no es, — como ya he tenido hace 
tiempo ocasión de exponerlo públicamente, — no es en manera alguna, 
como ordinariamente se admite, aquella á que pertenecen las hordas 
nómadas venidas de Arabia con los generales de Omar y establecidas hoy 
en su mayor parte en las ciudades.» 

» Nunca se combatirá bastante contra la singular y popular pre- 
ocupación que se obstina en creer que los árabes musulmanes, seño- 
res de Siria, después de la derrota de las tropas griegas sustituyeron 
allí á los antiguos habitantes y que son ello? los que vemos por todas 
partes. 

»La conquista musulmana fué una cosa completamente distinta, y á 
propósito insisto sobre este punto, porque ilumina con una claridad sig- 
nificativa á más de dos mil años de distancia la conquista de Canaán 
por los Beni-Israel, como los llama el Deuteronomio. Los árabes musul- 
manes que fundaron su imperio sobre las ruinas de los imperios bizan- 
tino y persa, dejaron intenríonadamente en pie la civilización que encontra- 
ron ¿al como estaba establecida (1). En esta gran partida, que estuvieron 
á punto de perder en un momento, no habían puesto más que un tanto: 
un dogma; menos aún, una levadura religiosa. Para todo lo demás si 
no eran unos salvajes, eran cuando menos verdaderos nómadas. Tuvieron 
la fuerza de tomarlo todo y la sabiduría de 7io destruir nada. La conquista 
no era más que un medio de llegar á la posesión de un bien arrebatado 
con la punta de la cimitarra, y al cual eran incapaces de dar valor por 
sí solos. Se guardaron bien de tocar para nada á los organismos ya com- 
plicados, pero aún vivos del Bajo Imperio. 

»Dueños de este maravilloso mecanismo, incomprensible para ellos, 
que les había hechizado hasta el punto de excitar su codicia, estos recién 
nacidos de la historia, así como los que más tarde recogieron su herencia, , 
no se atrevieron á tocar un motor que eran incapaces hasta de arreglar, 
y este gran reloj, puesto en movimiento por una serie de impulsaciones 
salidas de Roma y de Bizancio, continuó funcionando en paz durante el 
Califato, y sus oscilaciones duran aún, por más que sean muy débiles, 
consumiendo su fuerza inicial en señalar las horas, ya contadas, del 
Imperio de Oriente. 

»La civilización árabe no es más que una palabra engañadora; no 
existe, como tampoco existen los horrores de la conquista árabe. La civi- 
lización árabe son los últimos destellos de la civilización griega y roma- 
na, apagándose en las manos impotentes, pero respetuosas, del Islam. 
Una civilización no es el resultado de una generación espontánea; no se 
improvisa como se improvisa un patrimonio; es una acumulación here- 
ditaria de fuerzas vivas, es un tesoro de economías seculares, que un 

(i) Obra cii,, póg. 5:9. 



EL AJEDREZ 111 

ladrón puede robar en un momento y despilfarrar en un día, pero que 
no podría crear en toda su vida. 

»Administracíón, ciencias, artes, todo lo respetaban esos aventu- 
reros (parvenus) sin pasado, limitándose á desviarlo todo en su prove- 
cho. Más aun, cuando lo creyeron necesario, llegaron hasta hacer á los 
que poseían ese monopolio intelectual la concesión que debía serle más 
costosa á esa tropa, iluminada sólo por la ardiente llama del fanatismo 
que la devoraba: la de una tolerancia religiosa verdaderamente admi* 
rabie. 

)> Siendo los productos de la tierra la base de todas las rentas del 
E.stado, lo primero que debe hacer un conquistador es asegurárselas, 
dejando cultivar la tierra á los que siempre la «han cultivado. Esto es lo 
que hicieron los vencedores musulmanes, con extraordinario buen sen- 
tido para los que, por lo que atañe d la agricultura, no conocían más que las 
arenas del desierto y los hierros de sus lanzas.» Traslado á los que cantan 
los progresos agrícolas introducidos por los árabes en España. — «Estos 
labradores, estos sirios que ocupaban la tierra antes de la venida de 
los árabes, fueron dejados en posesión de ella, del mismo modo que 
se dejaba en sus dominios á los obreros del talento, del gusto y del 
saber (1).» 

Como el objeto de Mr. Clermont Ganneau es hacer un paralelo entre 
la invasión israelita y la musulmana en la tierra de Canaán, entre varias 
consideraciones locales que, por más que algunas de ellas podrían apli- 
carse á España no creo necesario aducir, pues con lo dicho hay de sobra 
para hacerse cargo de lo que eran los árabes del tiempo de la conquista, 
de la política que siguieron y de los motivos que á ello le obligó, cosas 
todas que vienen á confirmar mi opinión de que los árabes no podían 
traernos lo que no tenían y demuestran cuan equivocados están los que, 
sin haber profundizado los secretos de la Historia, viven alabando de 
continuo los prodigios de la mal llamada civilización árabe. 

En resumen; los árabes no pueden haber introducido el ajedrez en la 
Europa occidental por conducto de España, porque este juego era cono- 
cido en ella mucho antes de su venida. Por otra parte, ni su estado polí- 
tico social anterior á la Era mahometana, ni el orden y especialidad de 
sus conquistas, ni los dogmas de la religión que abrazaron, pueden 
hacernos suponer que los árabes fuesen los propagadores del juego del 
ajedrez. Todo nos hace creer que conocieron este juego en Egipto, que 
fué la primera de sus conquistas, pero, cegados por su fervoroso espíritu 

(i) El Ma^oudi, en su libro «Les Prairies d' or» eecritas en Basora en 943, en su 
primer capítulo menciona muchos escritores árabes entre los más notables, de los cuales 
se encuentran «Abon I^a que escribió la Historia según las revelaciones del Pentateuco, 
con la cronología délos profetas y de los reyes.»— Señan, hijo de Tabit... que da una 
forma de gobierno según las teorías que Platón emitió en su República, en diez tratados. 
Critica este autor porque dice ha emprendido una obra superior á sus fuerzas y exclama: 
«¡Qué le queda en el dominio científico en el que no tenía rival, el conocimiento de Eucli- 
des, las secciones del Almagesto ó de los círculos I ¡Qué ha desarrollado de las opinionies 
de Sócrates, Platón y Aristóteles sobre el sistema de esferas, fenómenos meteorológicos, 
temperamentos, relaciones, composiciones, conclusiones, premisas y silogismos, etc.!» 
(págs. 14, Í9 y 20, traducción francesa de Mr. Barbier de Meynard y Pavet de Courteille* 
— París, Imprenta Imperial, 1861. 



112 EL AJEDREZ 

de conquista y propaganda religiosa , no hicieron caso de él ó le dieron 
poca importancia. Establecidos en España, encontraron en ella una ó 
más variantes de este juego, del que se enamoraron convirtiéndole en 
uno de sus pasatiempos favoritos, y no sólo imitaron la construcción de 
los ricos tableros y piezas, modificando las formas de éstas, sino que 
también copiaron é imitaron los tratados de ajedrez escritos por autores 
españoles. 



CAPÍTULO XI 



EL iJEDBEZ ENTBE LOS ÍBABES 



(contimuaciók} 



Expuestas en el anterior capítulo las condiciones especiales del pue- 
blo árabe antes de las predicaciones de Mahoma y su conducta con los 
pueblos conquistados, podrá comprenderse mejor el objeto de éste, que 
es refutar la hoy generalmente admitida teoría de la introducción del 
ajedrez en Europa, sostenida por autores de gran autoridad, entre los 
que se distingue especialmente el doctor alemán Van der Linde. 

Van der Linde es un autor serio, formal , que discurre y raciocina 
muy atinadamente en la mayoría de los casos, rechazando como absur- 
dos muchos cuentos que otros admiten como hechos positivos. £1 doctor 
A. Van der Linde es sin disputa el autor moderno más concienzudo de 
cuantos han escrito sobre los orígenes del ajedrez, pero su preconcebida 
convicción del origen indio de este juego y el dar la preferencia á los 
documentos árabes han dado á sus importantes estudios una dirección 
muy diferente de la que indudablemente hubieran tenido á no mediar 
estas circunstancias, conduciendo el autor á una deducción exagerada- 
mente opuesta á la opinión generalmente admitida de un origen muy 
remoto, de cuya opinión había también él participado antes. 

Sus obras, aunque contienen muy poco ó nada nuevo referente á los 
orígenes ó patria del juego de ajedrez, é incurriendo en patentes contra- 
dicciones tocante á este punto, como lo hace observar su comentador el 
ruso Mr. G'** (1), merecen ser consultadas, por contener un precioso 
arsenal de documentos de varios países y edades, resultado de muchos 

(1) La Strategie, Journal d'Echecs^ Dúmeros de 15 Noviembre y Diciembre de 1880, 
15 Abril, Mayo, Junio, Julio y Agosto de 1881. 

15, — F-I* AJRPREg, 



114 BL AJEDREZ 

años de fructuosas investigaciones, lo que hace que sus obras deban 
considerarse como obras de consulta más bien que de doctrina. 

Van der Linde está muy lejos de haber resuelto el problema de los 
origenes del ajedrez, como muchos creen , estableciendo la teoría de 
haber sido inventado en la India en época más ó menos remota, haber 
pasado de allí á Persia, en donde lo aprendieron los árabes y que éstos 
lo introdujeron en Europa por conducto de España, que es la misma teo- 
ría de Duncan Forbes, de quien difiere respecto la época de la invención 
y otros puntos; pero como éste, se funda principalmente en los nombres 
del juego, que no son orientales como ellos dicen, ni tampoco tienen 
algunos de ellos las significaciones que les dan (1), y en algunos docu- 

(i) Véanse los capítulos de los nombres del juego y de las piezas en esta misma 
obra. 

Van der Linde en la suya Quellenstudien zur Geschichte des Schackspiels, pág. 15, 
refiriéndose á Doz y Gíldemeister dice que: «jaque mate, no signiflca el rey es muerto, 
sino admirado, sorprendido,:!^ al objeto continúa una anécdota, que á mi entender, de- 
muestra lo contrario de lo que ellos pretenden. 

Reim shah und mát, echec et mat, bemerkt der autor: convaincu par les objections 
de Mr. Gildemeister (dans le Zeitschrift, XXVIII, 69S); je ne vois plus dans le mot mát 
le verbe árabe qui signifíe: s'il est mort; je pense au contraire avec lui et Mirza Kassem 
Beg (dans le journal Asiatique, 1851, II, 585) qu'il cite et qui mente d'étre consulté que 
c'est l'adjetif que les Persa ns emploient dans le seos d'etonné, surpris. 

Darobar contemplates treacherous measures against Jaisya Darohar, came to bis 
palace, callad two armed blacks one of whom was named Kabir Bbadr, and theother 
Bhain, and thus addresses them: *'I will invite Jaisiya to-day afler breakfast and enter- 
tain him;after taking dinner. I will drink wine in a prívate apartment and play cbess 
with bim. You must both be ready witb your arms. Wen I say sha mát do you draw 
swords and killhim... When tbey had fínished the game of cbess, Darobar raised bis 
bead, in order to make tbe signal to bis men, but he saw Ihat two armed men were stan- 
ding ready near bim (der Anscblag war namlicb Jaisiya von einem diener Dábir 's verra- 
ten worden) Ibe was dísappointed an said: It is not cbeckmate tbat sbeep must not be 
slain.» Como puede verse Darobar exclama : «esto no es cbaque-mate, no, porque queda 
sorprendido, sino porque aquella oveja le ba escapado y no ba podido matarla, lo que 
era su jaque-mate deseado.» (Véase el capítulo de los Nombres del Juego). 

De Van der Linde.— Etimología de diversas palabras. 

Schah, signiflca en persa propiamente rey. 

Sháh rulch, scacco rocco, schachrock de la Edad Media, no es la jugada doble, intro- 
ducida por primera vez en 1530 en Roma que llamamos abora enrocar, sino el jaque- 
doble de rey y torre que á menudo decide de la partida. 

Alfil. Le palabra pilu, pil, no es en la relación india, una palabra sánscrita, sino 
extranjera, abora por todas partes de origen pérsico, porque se ve en el persa moderno. 
Pero en el antiguo persa no aparece, y bay que preguntarse si los persas crearon un 
nombre indígena para un animal exótico. Tampoco tienen nada que ver con el persa las 
demás palabras introducidas por Colebrooke (Mise. Essays, 1837, 1, 314). Para pilu, bay 
que pensar en un lenguaje de ajedrez de una región comprendida entre la India y la Per- 
sia, y la circunstancia de que en el libre uso de los escritores jamos puede verse citado 
esto, permite la conjetura, siempre refutable, de que esta palabra sería tenida por los 
lexicógrafos como el nombre de la flgura del juego venido de la Persia. 

Sers. Las formas farstn, jlnán y fin signiflcan como farzána, inteligente, ins- 
truido, distinguido, pero sin analogía gramatical, y por otra parte, un simple inteligente 
no es sin más ni más eisir. Firdusi emplea la palabra Janana y se ve que donde pone 
primeramente esta palabra no debe traducirse el farzána, sino un inteligente que 
quiere lo mejor. Gildemeister no concede, sin embargo, autoridad etimológica á Firdusi. 

Rukh. Una falsa interpretación de Herbelot le bace traducir Au/rA por A^roe. Firdusi 
no lo emplea nunca en este sentido. Macan y Mobl lo usan en sentido de individuo del 
ejército, soldado del carro de guerra. El significado que quieren darle algunos de pájaro 



EL AJEDREZ 115 

mentos árabes de data relativamente moderna y que no aclaran nada 
respecto este punto, no hace m¿s que aumentar la confusión repitiendo 
los mismos inverosímiles cuentos que encontramos en muchos autores 
europeos, con noticias no m¿s dignas de consideración, encontrándose 
en sus mismas obras documentos que destruyen completamente esta 
teoría y demuestran claramente que á la llegada de R)s árabes en Es- 
paña el ajedrez era conocido ya, jugado en ella como en otras partes de 
Europa desde mucho antes; esto nos lo dicen claramente los mismos 
autores árabes, en quienes fundan ellos principalmente sus teorías, 
entre ellos los más antiguos y que han escrito obras de más importancia 
como son Firdusi (1) y El Magudi (2). Para que se conozca la poca im- 
fabuloso 68 muy oseuro. Quien parece estar en lo cierto es Dozy que hace derivar rukh 
del árabe, en que rokh significa carro, derivando á su vez rokh del indio rat'A, que sig- 
nifíca carro también. Como pruebas de esto dice Dozy: 

«Que sí bien rokh no aparece en casi ningún escrito árabe en sentido de carro, es 
porque los árabes son, en sus escritos, sumamente puristas; así es que hay muchas pala- 
bras de uso entre ellos, que no se ven en ningún escrito. Por otra parte, en el Glossarium 
MS. 221 del Leg. Scaliger sin hablar para nada del ajedrez, se ve curras traducido por 
rokh, quadriga por rokh de cuatro ruedas, y auriga por rokh, asi como constructor de 
carros por constructor de rokh. Asimismo otro, Glosario, del siglo xni, el Vocabulista 
de Florencia, editado por Schiaparelli, dice (pág. 329): adjala, currus como equivalen- 
tes, siendo adjala carro, y al lado después de un guión rukh y roe de Seas.* 

Además Gildemeister dice que en un lexicón de VuUers, hablando de Shatrang (aje- 
drez) se dice arábah en vez de la figura rukh, y arábah comunmente significa carro, 

Sháhmat, La composición de esta palabra de un substantivo persa con un perfecto 
árabe, significando de este modo el rey es muerto, no es aceptable, sin pasar por alto los 
lexicógrafos indígenas. Más bien significa mát, según Mirza Kassem Beg, aturdido, 
siendo asi un adjetivo persa sinónimo de desfalleciente, vencido, y esto está en concor- 
dancia con el uso de la lengua persa. 

(1) Firdusi, obra citada. 

(2) A la mort de Brahmán, les indiens témoignérent la plus vive douleur; puis ils 
donnérent la couronne á son fils alné, el Bahbaud, deja designé par Brahmán comme son 
successeui' et son heritier* Fidéle imitateur de son pére il protegea ses sujets, bátit un 
grand nombre de temples, honora les sages et les encouragea par des distinctions et des 
recompenses dans l'étude et la recherche de la sagesse. II mouiút aprés avoir regné cent 
ans. C'est á cette epoque qu'on inventa le trictrac (nerd) et les regles de ce jeu. C'était 
une sorte d'embléme de biens de ce monde, qui ne sont pas la recompense de Tintelli- 
gence ni du savoir faire, de méme que la richesse n'est pas acquise a Thabilité. On a fait 
honneur aussi á Ardechir, fils de Bafek, de Tinvention et de la decouverte de ce jeu qui 
lui fut suggéré par le sp«ctacle des vicissitudes et des caprices de la fortune. II divisa la 
table en douze cases, d'aprés le nombre de mors, et il etablít trente chiens (dames) selon 
les jours du mois. Les deux representent la destinée et son action capricieuse sur les 
hommes. Le joueur, si la sort le favorise, obtient, en jouant ce qu'il désire; au contraire 
Tbomme habile et prudent ne peut reuseir á gagner ce qu'une chance heüreuse a donné 
á son adversaire. C'est ainsi que les biens de ce monde sont dús á un hasard fortuné. 

Le successeur d'el Bahboud fut Zaman (Uamah) qui regna prés de cinquante ans. 
Les principaux faits de ce regne et ses guerres avec les rois de Perse et de Chine sont 
resumes dans nos precedente ouvrages. 

II eut pour successeor Por (Porus) qui livra bataille a Alexandre et fut tué parce 
prince dans un combat singulier; il avait regné cent quarante ans. 

Aprés lui regna Dabchelim, l'auteur du livre de Kalilah et Dimnah, traduit en árabe 
par Ibn el-Mokffd. Sehl, fils de Haroun, a aussi composé pour ei-Mamoun un livre inti- 
tulé Tálah ei Afrah, analogue, par son plan et la natura de ses febles, au livre de Kali- 
kah et Dimnah, mais superieur á celui-ci par l'elegance do style. Le régne de Dabchelim 
fut de cent dix ans, mais on n'est pas d'accord á cet egard. 

Aprés lui regna Balhit. Ou inventa á cette epoque, le jeu d'echecs, auquel ce roi 
doona la préférance sur le trictcac en demontrant que Thabilité l'importe toujours dans 



116 fiL AJEDREZ 

portancia de los documentos árabes que Van der Linde menciona en su 
citada obra, véase lo que dice en ella (1). «La rectificación bibliog^ráfica 
de mi obra por Gildemeister es de g^randísimo valor, me comunica el 
testimonio de Ibn Alnadin, quien, según propia declaración, escribió el 
FiAirsi» — 987 — ; este testimonio dice como sigue: 

«Los Shatrandschi — jugadores de ajedrez — que escribieron libros 
sobre ajedrez.» 

Esta gran noticia se reduce á decirnos que en el siglo x había quien 
escribía de ajedrez, no siendo indudablemente los ¿rabes los m&s anti- 
guos de estos escritores, pues como hemos visto el Macudi nos habla de 
autores antiguos griegos y romanos, y á propósito del Adli, de quien 
Van der Linde dice que fué el qiie escribió el primer libro de ajedrez (2), 

ce jeu sur Tigaorance. 11 fit de calcule mathématiques sur lee echecs, et compota, á ce 
sujet, un livre Dommé Tarak-DJenka, qui est resté populaire chez les indiene. II jouait 
souvent aux ecbecs avec les sages de sa cour, et ce fut lui qui don na aux piéces des figu- 
res d'hommes et d'animaux, leur assigna des prades et des rangs, assimila le roí (Cbah) 
au chef qui dirige, et ainsi de suite des a u tres piéces. II fit aussi de ce jeu une sorte 
d'allegorie des corps eleves, c'est á-dire des corps celestes, tels que les sept planetes et les 
douze signes dn zodiaque, et consecra chaqué piéce á un astre. L'echiquier devint une 
école de gouvernement et de defense; c'était lui que Ton consultait en temps de guerre, 
quand il fallait recourrir aux stratagemes militaires, pour etudier la marche plus ou 
moins rapide de troupes. Les indiens donnent un sena mysterieux en redoublement des 
cases de l'echiquier; ils etablissent un raport entre cette cause premiére qui plañe au- 
dessus des sphéres et a laquelle tout aboutit, et la somme du carre de ees cases. Ce nom- 
bre est epral á 18, 446, 740, 073, 707, 551, 615 oú se trouvent six fois mille aprés les chifres 
de la premiére serie, cinq fois mille aprés ceux de la seconde, quatre fois mille aprés ceux 
de la Iroisiéme, trois fois mille aprés ceux de la qua tríeme, deux fois mille aprés ceux de 
la cinquiéme et une fois mille aprés ceux de la sixiéme. Les indiens expliquent par ees 
calculs la marche du temps et des siécles, les influences superieures qui s'exercent sur 
ce monde et les biens qui les rettachent a Táme humaine. Lesgrecs, les romains, et 
d' autres peuples ont des théories et des methodes partrculiéres sur ce jeu, comme on 
peut le voir dans les traites des joueurs d'tchecs, depuis les plus anciens jusqu'a es-Souli 
et eUAdli, les deux joueurs les plus hábiles de notre epoque. Le regne de Balhit, juiqu'á 
sa mort, dura quatre-vingts ans, ou, selon d'autres manuscrita, cent trente ans. (Macu- 
di, Les Prairies dtor. Tomo I, pégs, 157 á 161). 

(1) Obra citada. 

(2) Pongo á continuación la lista de autores árabes copiada de la obra de Van der 
Linde 

I.— Al* ADu: BU nombre completo es (no lo pone) y escribió los libros: cLibro del 
ajedrez» (Litáb alshatranschj. Libro primero que se ha escrito sobre el ajedrez. «Libro 
del Nard» f Litáb alnardj y de lo que á él se refiere y modo de jugarlo. 

II. — Abrabi (no el médico) su nombre (completo) es... (está en claro). Había visto á 
Adli (seria de leer cambiando nathara en nátkara: estaba á la altura de Adli?) y ellos 
acostumbraban á jugar juntos delante de Mutawakil (reinó 847, 862). De él hay un libro 
«Cosas elegantes acerca del ajedrez» ó un libro elegante sobre el ajedrez. Este puede ser 
su título Latig flUhatrandsch. 

III.^Alguu (-|- 941, 47, jugó delante de Almuktafi, que reinó en 902, 8). Ababakr 
Muhammad ibn Jahya de quien ya se ha hecho mención. Ha escrito sobre esto (Litáb 
álshatraudsch) «Libro del ajedrez, el primer trabajo» «Libro del ajedrez, trabajo segundo.» 

IV.— ALLAD8GHLAD8CH AhILPaRADSCH, MUHAMMAD IBN UbaIDALaH (YO Ic hc vislO, fué 

á Shiraz el año 360 (1001) y pico. Era muy buen jugador, y entre los libros sobre ajedrez, 
pertenece á él el «Libro del fin del ajedrez» (esto es, de la terminación del juego) (LUáb 
maneilbát alshatranxlsch). (Queda en duda si el mismo escribió vanos libros, uno de los 
cuales sea éste, ó sólo que éste sea uno de los principales libros sobre ajedrez). 

V.— Ibü Aliqlidisi, etc. Fué de los inteligentes en el juego y escribió el «Libro com* 
pilado sobre la terminación del juego de ajedrez;» (Litáb madschmú. Jimansábát alsha^ 
trandsch). Aquí termina el testimonio de Ibn Almadlm. 



EL AJEDREZ 117 

puede verse el testimonio del Macudi, que hablando del propio Adli dice 
ser contemporáneo suyo y lo menciona como gran jugador (1). 

Eñ posible que muchos de los manuscritos de los siglos xiii al xvi, 
que son los únicos auténticos, atribuidos á autores árabes ó persas, no 
sean originales de éstos sino copias de otros más antiguos, egipcios y 
europeos posteriores al siglo xi. Cuando Firdusi escribió el Sha-Namehy 
el ajedrez ciertamente no era nuevo en la corte de Persia, pero no esta- 
ría muy generalizado, y por las razones que expongo en otra parte, sos- 
pecho que este autor copiaba ó extractaba de un manuscrito egipcio la 
composición y reglas del ajedrez. Si consideramos el estado revuelto de 
todo el mundo en aquellos siglos, especialmente del Oriente, que inva- 
sor ó invadido no tenía un momento de reposo, nos convenceremos de 
que los tiempos no eran allí muy á propósito para escribir tratados de 
ajedrez. Además, sabemos que la llamada Literatura árabe, se compone 
en su mayor parte, de traducciones de obras griegas y latinas, no 
teniendo de original casi más que su poesía. £1 orgullo árabe y persa no 
permitía que sus manuscritos de un juego tan importante, y al que 
habían cobrado tanta afición, se dijesen copias de autores de pueblos 

VI. — Respecto la obra de Ibn Altayyib, (898) mencionada por Ibn Ucaibiah (1270)» 
que yo tomé por fabulosa, no hay nada más que decir cronológicamente. 

VII — Nuestra fuente mejor es el códice árabe 7515 del Museo Británico, compilado 
en 1Í70-1250, escrito en el affo 655 del Hidschra, 1257 de nuestra era. El tomo en cuarto 
no completo encierra 132 hojas de 16 lineas. Prueba en las cinco primeras que los cre- 
yentes jugaban al ajedrez, diciendo: que el que descuida la oración cuotidiana por dis- 
traerse leyendo el Corán, ó en el estudio de la ley, de la teología, ó dedicándose al ajedrez 
peca, pero la falta está en el descuido de la oración, mas no en la causa de dicho descui- 
do. En la pág. 6 habla de la invención del ajedrez por Qu^ah, de los granos de trigo, etc.; 
sigue una comparación entre el ajedrez y el nard; en la pág. 8 hay una relación de las 
cinco clases de jugadores (á la primera pertenecen Ibn Dandán, Alarl); cuenta en las 
págs. 9 y 10 el valor de las fichas de ajedrez en monedas; siguen, finalmente, reglas del 
juego y de su terminación. Al fin habla también el autor de la degeneración del ajedrez. 

VIII.— En la Biblioteca del virey del Cairo existe un códice árabe, que data á lo que 
parece del affo 770 del Hidschra. 

IX.—No tiene fecha. 

X.—En la enciclopedia persa de Alamuli (-j- 1353) hay un artículo de ajedrez. 

XI. — Hay una obra árabe sobre ajedrez del egipcio Ibn Abi Hadschala (•]- 1375). 

XII.— MuAMMAD QuKAiKBR escríbc en el siglo xvi cSobre la preferencia del ajedrez 
sobre el nard» (que en una nota es tomado como triktrak). 

XIII.— En el mismo siglo xvi escribe «un persa desconocido ona obra de ajedrez. La 
Sociedad Real Asiática de Londres tiene un ejemplar incompleto. 

XV.— Sin fecha. 

XVI.— En el siglo xvi Muammad bbn Husam escribe un libro en persa. 

XVII.— Un poema persa que trata del ajedrez no tiene fecha pero no es antiguo. 

Traducción de reglas comprendidas en el códice del Museo Británico, Autor VIL 

Capítulo de las colocaciones en las cuales se ha convenido, á que se han dado con- 
vencionales calificaciones y nombres técnicos. El mayor número es de cinco. 

La primera es la convencional apuntación del Halládsch (debiera decir Laschládsch). 
Es tenida por la mejor regla. La piezas salen de su puesto en 13 jugadas (el original dice 
en doce). En este juego la torre de la derecha del lado de la reina debe salir hasta el 
2.* campo del caballo y de allí hasta el 2.* campo del alfil de la izquierda ; la torre de la 
izquierda debe moverse hasta el primer campo del caballo de la izquierda, y luego debe 
moverse la reina hacia el segundo campo del alfil de la derecha, según indica la fig. 1. En 
esta posición funda su partida. 

2. Fig. 2, pág. 31.— Esta es la regla de Qúfl Omar de Bagdad y de Alubakr Almon. 

(1) Véase la oota 2 de la pág. 115 en este mismo capítulo. 



lia BL AJEÜRB2 

enemigos suyos políticos y religiosos que habían vencido y dominado y 
algunos á su tiempo hablan sacudido el yugo y vuelto & tomarles la 
mayor parte de sus conquistas. Con mayor motivo, por estas razones, 
recurrieron & las ficciones que han caracterizado en todos tiempos su 
modo de escribir, dando & sus obras de ajedrez el carácter de originales, 
atribuyéndolas & autores ó jugadores de siglos anteriores que habían ó 
no habían existido, pero que seguramente no habían escrito Tratados de 
ajedrez, de los que sus mismos partidarios confiesan no encontrarse nin- 
guno propiamente dicho, escrito en lenguas orientales. Ya sabemos que 
el ajedrez, en tiempo de Mahoma, no se jugaba en la Meca ni en Medi- 
na y menos se jugaría en los aduares de pastores y en las tribus saltea- 
doras de caravanas. Posteriormente en determinadas épocas tenían di- 
ficultad ó privación de jugarlo ó por prohibición de los califas ó por 
particular interpretación de su ley. 

Van der Linde entra después en especulaciones sobre la palabra 
Chaturanga con datos y citas de textos que en lugar de aclarar nada no 
hacen más que aumentar la confusión. Lo mismo sucede hablando del 
ajedrez entre los persas; no dice categóricamente nada que pueda resol- 
ver las cuestiones suscitadas, limitándose á hechos de los que sólo puede 
deducirse la antigüedad del ajedrez en los tiempos de que ya tenemos 
noticia. Tampoco son más concluyentes ni claras las «Etimologías de 
ciertas palabras.» Estas se reducen á algunos datos más ó menos acepta- 
bles sacados de textos de fecha dudosa ó desconocida, lo mismo que 
muchos de sus autores. Nada de estudio; variaciones sobre un mismo 
tema, bajo el pie forzado del origen indio y propagación por medio de 
persas y árabes. Si algún documento de fecha indudable alegan es pos- 
terior á los europeos adatados. Todo se reduce á probar la antigüedad 
del juego de ajedrez entre los persas y los árabes, antigüedad que no 
intento discutir, pero en ninguno de estos documentos se encuentra 
nada que contradiga su mayor antigüedad en Europa, al contrario algu- 
no de ellos, como el Libro de los Reyes, de Firdusi y Las Praderas de Oro, 
del Macudi, confirman la antigüedad europea. 

En el Ajedrez entre los arates, dice: «Parece que en tiempo de 
Mahoma el ajedrez no era conocido ni en Medina ni en la Meca y nada se 
dice en las tradiciones del Profeta relativo al ajedrez. Hacia el primer 
siglo del Hidshrah se citan ejemplos 'de distinguidos juristas — en Ara- 
bia? — que se ejercitaron en este juego. Además de esto hablan del 
ajedrez diferentes autores árabes.» Continúa algunos, por referencias, 
de los siglos VIII y ix. Más adelante dedica un capitulo á Autores árabes, 
de los cuales cita los continuados en la nota 2 de la pág. 116 de este 
capítulo, que como se puede ver por ella sólo contienen noticias bas- 
tante vagas de autores y jugadores de ajedrez árabes, y todo lo más sólo 
prueban que los árabes jugaban este juego en el siglo x. 

Al llegar al vii, dice: «Nuestra fuente mejor es el Códice árabe 7515, 
del Museo Británico, compilado en 1170 — 1250, escrito en el año 655 de 
la Egira — 1257 de nuestra Era. El tomo en 4.", no completo, encierra 
132 hojas de 16 líneas. Este Códice es el que también sirvió á Duncan 
Forbes como una de las bases principales para escribir su Historia del 
ajedrez,y> 



BL AJEDREZ 119 

En este Códice, además de no encontrarse nada que pueda aclarar 
los oríg'enes del ajedrez, tampoco sirve de mucho para la verdadera hls* 
toria de este juego, pues se encuentran en él contradicciones de mucha 
trascendencia respecto al valor, significación y colocación de las piezas 
Alfil y Roque, dando además bien claramente, dos veces la significación 
latina de Jioc ó Xocus — fortaleza, — á la persa, árabe, ó lo que sea Roukh 
— la actual torre, — y nada de carro, barco ó ave fabulosa, que es lo que 
dicen significa esta palabra en lenguas orientales, dice (1): 

«En cuanto al inventor del ajedrez ha asimilado su tablero á un 
campo de batalla, en el que dos ejércitos se disponen para el com- 
bate, y las seis piezas á las seis cosas de que depende la guerra y son 
indispenbles á ella, el Sha^ el/arsán, el elefante, el caiallo, el rukk y el 
peón. 

La primera es el rey, que manda, la segunda el visir , que dirige, la 
tercera el general, que dispone, la cuarta la caballeriaj la quinta los 
fuertes, la sexta la infantería. Él ha hecho del sha el representante del 
rey, del farsán el del visir, del roukh el del general, del caballo la caba- 
llería, de los ele/antes los fuertes y de los peones la infantería. Tal es la 
repartición de las piezas del juego.» 

El orden que sigue en la colocación de las piezas es el mismo con 
que las ha nombrado la vez primera — el actual — rey y reina, en el cen- 
tro, un alfil-elefante, á cada lado, luego el caballo y las torres ó rochs en 
los ángulos ó extremos del tablero, diciendo: 

«Ha colocado el elefante cerca del visir porque conviene que el 
punto más fuerte de la batalla sea aquel en que se hallan el rey y su visir. 
Ha colocado el caballo entre el elefante y el ruhh, porque la caballería 
debe proteger los fuertes. Ha colocado el ruAh cerca del caballo porque es 
el general que dispone del ala derecha y de la izquierda.» 

Como se ve no sólo confunde la significación y valor del alfil y torre, 
sino que en la colocación da á las dos piezas el mismo valor; el que tenía 
el elefante colocado al extremo del tablero representando el roque ó 
fortaleza y el que tenía el virrey, general ú obispo en Europa, en los 
juegos de la Edad Media (2) colocados en el mismo lugar del tablero con 
el valor y movimiento de nuestra torre. 

¿Sabía el copista de este Códice jugar al ajedrez y lo que copiaba? 
Lo dudo. Este Códice , por confesión de los mismos que se sirven de él, 
es una copia ó traducción de un manuscrito egipcio, que por su contenido 
creen pertenece al siglo xii y estaba dedicado á uno de los sucesores de 
Saladino, en cuyo original es posible se describiesen diferentes modos 
de jugar al ajedrez, en especial el de 8 X 8 casillas jugado por dos y por 
cuatro personas, que confundiría el copista ó traductor, como podría de- 
ducirse de colocar al lado del rey y de la reina y á los extremos del 
tablero una pieza del mismo valor. 

Tampoco observan estos señores orientalistas las contradicciones que 
se encuentran entre los autores árabes ó persas de que se sirven para 
apoyar su teoría. El Macudi pone la invención del nard — jaquete — en 
la India más de trescientos años antes que el ajedrez, diciendo sencilla- 

(1) Traducción franceBa del Dr. Rieu. 

(2) Véanse los capítulos cJaime Cesulis» y f Nombres del juego» de esta misma obra. 



120 EL AJEDREZ 

mente: «En esta época se inventó el juego del ajedrez al que el rey 
— Balhit — dio la preferencia sobre el nard.» 

Firdusi, por el contrario, hace inventar el nard por el gran visir de 
Cosroes Naushirwan , después de haberle hecho adivinar cómo se paga- 
ba al ajedrez en el tablero de 8X8 casillas y más adelante cuenta la 
invención del ajedrez cqn el tablero de 10X10 casillas. 

Por estas circunstancias, y por lo que digo m&s adelante (1), creo 
que Firdusi copiaba de un manuscrito egipcio cuando habla del ajedrez 
de lOXlO-^100 casillas y en el relato del de 8X8«=64 se refiere al que en 
su tiempo se jugaba en Persia introducido allí por los palaciegos bizan- 
tinos de la corte de Cosroes Parviz (2). 

Firdusi tampoco atribuye la invención del juego & una sola persona, 
sino que dice fué resultado de una reunión de sabios, y motiva la inven- 
ción por una causa muy diferente de las generalmente conocidas (3). 

Para la invención del ajedrez no sólo reunió el rey los sabios de su 
corte sino los de otras ciudades y reinos hasta la frontera de la China y 
de todos los puntos donde había un Mobet distinguido. 

El tablero fué el unicolor, negro de ébano, en el que los dos hombres 
esforzados que lo fabricaron dibujaran cien casas. 

El modo de jugar es el antiguo europeo, más los dromedarios que 
andan tres pasos en línea recta como la torre. 

Este juego de 10X10*=100 casillas, no se habría usado nunca en 
Occidente ó & lo menos se había perdido su memoria desde mucho tiem- 
po, ya antes del siglo xiv, pues desde este siglo en adelante en que se 
encuentran noticias ciertas del modo de jugar al ajedrez siempre halla- 
mos el tablero escacado de 8X8 casillas con solas las actuales piezas, no 
encontrándose tampoco ningún indicio de haberse usado el tablero uni- 
color señalado sólo por líneas como todavía lo usan los orientales. 

Decimos esto porque don Pietro Carrera, tan erudito en lo referente 
al ajedrez, en 1617, da como invención suya un juego de 10X8=80 casi- 
llas, que llama Juego nuevo, añadiéndole dos piezas de cada color que 
llama Campeón y Centauro, dándoles un movimiento diferente á cada 
una de ellas (4). 

(1) En el capitulo cConclusión.» 

(2) Véase el capítulo «Firdusi.» 

(3) Firdusi, Libro de los Ret/es, tomo VII. 

(4) Analizando el movimiento de las piezas lo encoentra insuficiente con dema- 
siada diferencia del valor de la reina al de las demás piezas, y por esto propone añadir 
las dos de cada color dando al campeón, como general de caballería, el movimiento de 
caballo y torre combinados, y al centauro como oficial inferior el movimiento del caballo 
y del alfil. 

Francesco Placenza, medio siglo después, en su obra Y Campeggiamenii degli Sca^ 
chi, etc., de que ya hemos hablado, da como nuevo y suyo, aunque esto no lo dice clara- 
mente, un juego análogo desconocido, según dice, de iodo el mundo y da las reglas para 
jugarlo como si fuese su inventor. El juego nuevo de Placenza que titula Archischac- 
chiere se parece más al oriental de Firdusi y otros árabes, pues lo compone de un tablero 
de 10>ctO=l(iO casillas, que estampa, numerado de 1 á 100, en las casillas alternadas ne- 
gras y blancas, debía jugarse con 20 piezas y 20 peones diez de cada color; las dos piezas 
adicionales son como en el juego de Carrera^ dos piezas diferentes en cada color con valor 
y movimientos también diferentes la una de la otra que llama Centurión y Decurión. Da 
las razones por las que les ha dado estos nombres y por sus movimientos dice: «Después 
>de on maduro y prolijo examen pensé hacerlo andar—al Centurión — d^w casillfis coip'> 



EL AJEDREZ 121 

Van dep Linde, si bien penetrado de la obra de Firdusi cree como yo 
que.Firdu8Í copió de autores más antiguos. «Si admitimos, dice que Fir- 
dusi cuenta de buena fe lo que ha encontrado en obras antiguas, nos 
vemos obligados á suponer que se hizo eco dé fábulas cuyos autores no 
conocían las antiguas tradiciones indias sobre el origen del juego, ó 
bien, lo que es más probable, relata la invención de una de sus modi- 
ficaciones.» Esto último es posible; mas, ¿nos podrían hacer el favor de 
decirnos cuáles eran y en dónde se encontraban estas tan cacareadas 
tradiciones indias que no se ven en ningún libro indio, ni europeo anti- 
guo, y sí sólo en algún autor árabe y especialmente en Firdusi en quien 
se apoyan la mayor parte? 

Antes de adelantar más el examen de los documentos en que Van 
der Linde apoya sus opiniones orientalistas , es indispensable ocuparme 
de su comentador el ruso Mr. 6...*** para hacer constar la divergencia de 
apreciaciones de estos dos autores respecto varios puntos, y especial- 
mente sobre la obra del Mac ud i, la más antigua que se cita como un 
tratado de ajedrez (1). 

<r Van -der-Linde, dice el ruso, duda de la exactitud de las noticias 
dadas por el Macudi sobre los escritores, porque éste habla un poco 
antes de obras análogas de los griegos y de los romanos y Van der Linde 
cree que el escritor árabe confunde el ajedrez con estos juegos, como 
ha sucedido tantas veces. La mención hecha por Macudi de los grie- 
gos y de los romanos proviene, sin duda, de esta confusión; ignorando 
lo que eran los juegos peitéia, ludus latrun culornn, etc., de los griegos 
y de los romanos, los árabes han podido traducir los nombres de estos 
juegos por la palabra chairanj y referir de este modo al ajedrez los 
pasajes relativos & estos juegos que han encontrado en los escritos de 
los griegos y romanos. Mas la confusión no puede suponei«e sino en 
un solo caso. Para designar el juego de ajedrez, los indios, los persas y 
los árabes se servían de la misma palabra tchaiuranga, que se ha cam- 
biado sucesivamente en tchatrang y chairanj; es, pues, evidente que las no- 
(icios sobre el ajedrez de los escritores indios (?), persas y árabes no han 
podido confundirse con Jas concernientes á otros jtcegos, en un momento en 
que el origen de la palabra chairan j no habla sido todavía olvidado, y, por 
otra parte los juegos orientales no tienen una literatura especial. Estas 
consideraciones nos autorizan, contrariamente á Van-der-Linde, á creer 
exactas las noticias dadas por Macudi.» 

»la reina, esto ee, en línea recta— horizontal ó vertical — como la torre y en línea oblicua 
>ó transversal como el alfll que así anda éste, de nnodo que el que está en casilla blanca 
»nunca puede pasar á la negra y el que está en negra nunca pasa á blanca. El Decurión, 
>capitán de diez peones, tendrá el movimiento del alfil concretado á una sola casilla por 
>delante y por detrás y como el Centurión el que está en blanca siempre pasa á blanca y 
lel que en negra siempre en negra.» Da otras explicaciones sobre este juego desconocido 
de todo el mundo que pueden verse en su citada obra. 

Don Alfonso el Sabio dice que se jugaba con tableros de diferente número de casillas, 
entre ellos el de diez, pero no pone ningún diagrama de esta clase y dice se había 
adoptado el de S <8 por ser más más cómodo y razonable: los tableros de más ó menos 
casillas de 8 en línea son puramente orientales. 

(I) La obra de Macudi no es un tratado de ajedrez ni cosa que se le parezca; habla 
de él íncidentalmente rntre las muchas noticias de toda clase que se encuentran en su 
obra Les Prairie» d'or con anécdotas por el eslilg de W d« Ip npta 2 de la pág. 127, 

16.— Kr* AJRDHKZ, 



122 EL AJEDREZ 

Es notable la diferencia de apreciación, en ciertos puntos, de estos 
dos autores que escriben bajo el mismo punto de vista, ó mejor, como 
dirían los franceses, con un partiprisy como todos los que escriben así, 
admiten como buenos los más inverosímiles cuentos orientales y recha- 
zan los más razonados datos referentes al Occidente. 

Ya hemos visto la razón por qué Van der Linde rechaza la autori- 
dad de Macudi; desechando también las citas de autores árabes sobre 
el ajedrez referentes á Harun el Raschíd y sus sucesores diciendo: «son 
fábulas inventadas para la glorificación de este héroe nacional en el 
momento en que el ajedrez estaba en su mayor apogeo.» El ruso, por el 
contrario, cree que las referencias ajedrecistas á Hurun el Raschid y sus 
sucesores son verdaderas, puesto que en aquel tiempo — siglo viii N. E. — 
los árabes ya conocían el ajedrez mucho antes y que si esto fuesen fábu- 
las para la glorificación de Harún el Raschid, no se referirían más que 
á él, mientras que también se trata de sus sucesores, y que si la manera 
de ver de Van-der-Linde fuese justa evidentemente esta última cita no 
existiría. Al contrario, si Harun el Raschid era realmente amante del 
ajedrez era muy natural hubiese comunicado este gusto & su familia. 
«El silencio de autores contemporáneos sobre el particular se explica, 
dice, porque entonces la habilidad en el juego de ajedrez era muy poco 
apreciada.» 

«El juego de ajedrez en Oriente no se ha desarrollado gradualmente, 
y esta es la razón porque no tiene historia propiamente dicha; en los 
antiguos documentos sólo se encuentran hechos aislados, los cuales cier- 
tamente no han sido recogidos y publicados todos.» Continúa algunos que 
no copiaremos por no interesar á nuestro objeto, y sólo transcribiremos 
el en que dice: «Mansour-Abon-Abi (996-1621) sexto soberano de la dinas- 
tía de los fatimitas, que reinaba en el África septentrional y en Siria, y 
que fué un tirano caprichoso y sanguinario que prohibió bajo pena de 
muerte jugar al ajedrez.» 

Precisamente en la misma época en que nuestros condes de Barce- 
lona y Urgel legaban sus juegos de ajedrez á la Iglesia de San Egidio, 
después de 24 años que Barcelona había sido asaltada, saqueada é incen- 
diada por las huestes de otro Almanzor (1) no menos célebre que su 
contemporáneo homónimo de África y Siria. Compárese la diferencia de 
civilización y vitalidad de nuestro pueblo, que 24 años después pudo dis- 
poner una expedición para pasar á Córdoba en auxilio de uno de los jefes 
mahometanos. Los condes de Barcelona y su hermano el de ürgel no 
podían haber importado en Cataluña sus ricos juegos de ajedrez después 
de su expedición á Andalucía, porque Armengol conde de ürgcl murió en 
ella y su testamento, donde consta el legado de su ajedrez, fué hecho el 
mismo año antes de salir para la expedición, y ni él ni su cuñada, la con- 
desa viuda, de Barcelona, doña Emersendis dan el menor indicio de ser 
el ajedrez cosa nueva en Cataluña á su tiempo. 

«El juego de ajedrez en Oriente, dice más adelante, se ha dividido 
en varios tipos del todo diferentes unos de otros (2); sin embargo, el 

(1) Barcelona fué tomada é incendiada por los árabes en 916. Véase Los corules de 
Barcelona ctndicados, por D. Próspero de Bofarull, tomo I. 

(2) Para que se comprenda mejor lo que digo más adelante, especialmente en el 



EL AJBDRBZ 128 

que nosotros creemos tipo primitivo ha sido siempre estimado superior 
á los demás y no ha sufrido ningún cambio, no solamente hasta la época 
en que fué importado en Europa, ni aun hasta er momento en que las 
reglas modificadas en Europa han sido aceptadas en parte por los juga- 
dores orientales. El rasgo caracítristico de las costumbres orientales es la 
estabilidad; asi que los usos y costumbres que existían en Oriente hace 
muchos siglos j se encuentran exactamente las mismas en ntiestros dias. Esta 
particularidad y la falta absoluta de datos contemporáneos á los primeros 
siglos de la existencia del ajedrez, nos autorizan á referir en estos tiem- 
pos las relaciones de los actuales viajeros, tanto más cuanto es fácil dis- 
tinguir y separar las innovaciones procedentes de Europa. A este titulo 
continuamos la carta, escrita por el mayor Grimm sobre el ajedrez entre 
los árabes, que fué publicada en el Schachzeitung de 1865. 

)>Es fácil demostrar, continúa, por demostraciones y por testimonios 
históricos, que esta descripción del mayor Grimm, aparte algunas excep- 
ciones algo indicadas, representa exactamente el juego de ajedrez en Oriente 
en los primeros tiempos de su existencia.» 

Siendo realmente la estabilidad y la inmutabilidad el rasgo caracte- 
rístico de los orientales, ¿cómo se explican los varios tipos del todo difereru 
tes que encontramos del ajedrez en los siglos x á xni casi todos orienta- 
les? ¿cómo puede explicarse el cambio del Chaturanga ó juego á cuatro, 
que dicen fué el primitivo, en el ajedrez común de 8 X 8 casillas, y los 
cambios de nombre y colocación de las piezas? 

Es muy de notar que entre las seis clases diferentes que nos dice el 

capítulo de D. Alfonso el Sabio, pongo ú continuación copiadas del artículo de La Síra- 
tegie de 15 de Abril de 1881 publicado por el ruso Mr. G*** las seis clases de ajedrez á las 
que dice el Ma^udi estaba este juego reducido en su tiempo, según los autores antiguos 
y modernos. En la descripción de Mr. G*** se encuentran notables difefencias con el 
texto que yo poseo. En éste no se encuentra el cuádruple que Mr. G*** pone como el pri- 
mero y el mas célebre, Ma^udi pone el primero el tablero cuadrado ordinario que se 
compone de 8 casillas de largo y 8 de ancho (véase nota i de la pág. 130). 

1.* El más célebre, conocido bajo el nombre de cuádruple, se jugaba en una tabla 
de 8 casillas en cada fila 8X8b64, su invención se atribuía á los indios. 

2.* £1 oblongo (4x16=64), sobre del que las piezas estaban colocadas en cuatro ñlas; 
los oficiales en dos líneas y los soldados en otras dos; el movimiento de las piezas es casi 
idéntico á las del juego precedente. 

3.* El cuadrangular (tO X10==100), con dos piezas de mes que se llaman diasein y 
que se mueven, tomando y viendo tomadas como los reyes. 

4.* El redondo, cuya invención era atribuida á los griegos. 

5.* El astronómico, llamado también celeste (mes exactamente esférico), cuyas casi* 
lias, como los astros del cielo, estaban divididas en dos partes meridional y septentrional. 

6.* Uno llamado orgánico, inventado en tiempo de Magudi que tenía 7X8=56 ca- 
sillas con seis suplementarias en cada lado (total 68 casillas) á las que por los órganos 
del cuerpo humano se daba el nombre de los cinco sentidos y, además, el corazón era 
tomado como un sexto sentido. 

Ya tenía acabado este estudio cuando he recibido la obra de Ma^udi que he man- 
dado é buscar á París para estar bien enterado de lo que dice del ajedrez. Como puede 
verse por la traducción que en otra parte doy de estos párrafos del texto de Las Praderas 
de Oro difieren bastante de lo que pone el ruso G*** sobre todo en el ajedrez 6.* orgánico, 
cuyo sexto sentido no es el corazón como dice G*** sino el andar, y acaba: ees decir, los 
sentidos y el sentido común, cuyo sitio esté en el corazón.» Este sefior tampoco había 
leído Las Praderas de Oro de Magudi. Esta obra es una especie de Historia Universal 
bastante compendiada, con anécdotas y noticias de inventos portentosos y cosas por el 
estilo. 



124 



HL AiEhttEt 



Magudi eran las únicas que se conocían en su tiempo» no se encuentra el 
tal Chaturanga, que tres siglos después nos describe minuciosamente don 
Alfonso el Sabio, con el nombre de Juego de las cuatro Estaciones y dice 
fué inventado por los Sabios antiguos. ¿No demuestra esto claramente 
que el Chaturanga es posterior á los tiempos en que escribía Ma^udi 
954 N« E.? Dejémonos de consideraciones y veamos lo que Grimm dice... 
«El Rey en árabe se llama Chah; la Dama, Vizir; el Alfil, Fil; el Caba- 
llero, J?tfyttir; la Torre, Roe; e\ Peón, Peda RoCy significa grifo, mons- 
truo alado, Seguir Caballo. £1 tablero del árabe es una servilleta- 
pedazo de tela — en la que están pintadas ó estampadas formando un 
cuadrado de 64 casillas, todas igualmente blancas, ó igualmente sucias. 
Las piezas ordinariamente las guardan envueltas en esta servilleta, y 
cuando quieren jugar la extienden sobre un diván ; como la tela es nece- 
sariamente haraposa, no es fácil distinguir las casillas sobre las que los 
alfiles y los caballos deben jugarse. Las [piezas son de madera ó de mar- 
fil; el rey, la dama, la torre y el peón tienen la forma como de un bote 
de pomada tapado y sólo se distinguen por su tamaño ; el alfil y el ca- 





















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Fio. 25.— Tabiya, el más común entre los jugadores árabes 



bailo, que se parecen mucho, tienen casi la misma forma que nuestro 
peón, el primero, sin embargo, acaba en punta, mientras que el segundo 
es terminado por una bola. La dama se coloca á la izquierda del rey, 
por consiguiente frente del rey contrario. El peón no anda más que un 
paso — á la salida — llegado á la última linea, puede ser cambiado por 
una de las piezas ya perdidas. Sobre el enroque he recogido varias ver- 
siones, aunque la mayoría de los jugadores no lo conocen. Algunos en- 
rocan en dos tiempos: primeramente el rey adelanta hacia la torre dos 
ó tres pasos y á la jugada siguiente, la torre salta por encima del rey: 
otros enrocan en tres jugadas; á la primera el rey pasa á la segunda 
casilla ó á la segunda de su alfil, á la segunda juegan la torre y á la 
tercera el rey hace un salto de caballo y pasa detrás de los peones. (Evi- 
dentemente esto no es un enroque, es el salto del rey, como lo encontra- 
mos en el juego de la Edad Media). Todos los jugadores árabes convienen 
en que no se puede enrocar sino al principio de la partida; ¿dónde acaba 
este principio? Yo no he podido saberlo exactamente, supongo es en el 
momento en que se ha hecho la primera presa. La primera vez que jugué 
con un árabe, hizo con una rapidez increíble 10 ó 12 jugadas seguidas 
sin atender á mi juego: sorprendido, le pregunté cuándo me tocaría 
jugar:— ¿Qué esperáis?— me contestó admirado. 



ÉL AJBt)kE2 125 

^La costumbre es que cada jugador arregpla sus piezas bajo un plan 
preconcebido y no dan ningruna importancia á que uno de los dos haga 
algunas jugadas más que el otro. La lucha propiamente dicha, no em- 
pieza sino cuando cada jugador ha concluido su arreglo preparatorio, 
durante el que he observado que, salvo el rey, cuando enrocan, la misma 
pieza no es jugada dos veces. En general los árabes colocan sus piezas 
de la manera siguiente (véase nuestra fig. 25). Entonces solamente se 
fijan en el juego de su adversario; que si está menos adelantado que el 
suyo, aguardan un momento. 

»Rn Constantinopla los turcos juegan mucho al ajedrez, aún en el 
interior de los harems, según las reglas árabes; muchos pachas tienen 
entre su servidumbre un hábil jugador de ajedrez cuyo único cargo es 
batir de cuando en cuando algún huésped para satisfacción de los asis- 
tentes — espectadores — ó si el huésped es un personaje de distinción ser 
batido con mucha más satisfacción de la galería.» 

El tipo que dice cree primitivo, el de 8 X 8 = 64 casillas, es el que 
siempre encontramos en Europa desde que se tienen noticias ciertas del 
juego, y Firdusi dice bien claramente, que el inventado en la India es el 
de 10 X 10 « 100 y habla sólo de las 8 piezas, refiriéndose al juego que 
los persas recibieron de Constantinopla, cuando relata el cuento del des- 
cubrimiento del modo de jugarlo por el ministro persa, haciéndolo venir 
de la India, donde según él mismo, por lo que cuenta después, aún no se 
había inventado, por no confesar que los persas lo habían recibido de 
los bizantinos, entonces sus enemigos políticos y religiosos, á los cuales 
á pesar de todo atribuye lo más adelantado de la civilización (1). 
Tamerlán, oriental, jugaba con un tablero de 10 X ^^ casillas con dos 
adicionales, total 112 casillas, y el juego que don Alfonso el Sabio dice 
venido de la India precisamente es el de 12 -|- 12 =24 casillas y el Ma- 
cudi, autor oriental, nos dice que en su tiempo en su país se jugaba al 
ajedrez de seis maneras distintas, cada una con un tablero dispuesto 
también de un modo diferente. 

Convengo en que, <cel rasgo característico de las costumbres orien- 
tales es la estabilidad y que los usos y costumbres que exístíau eu 
Oriente hace muchos siglos, se encuentran exactamente los mismos en 
nuestros días.» Por esta misma razón dudamos que nunca hayan sido los 
árabes grandes jugadores de ajedrez, — salvo algunas pequeñas excep- 
ciones, — que hayan llevado la composición de problemas á un alto grado 
de perfeccionamiento y que 'hayan sido los promovedores del desarrollo 
del ajedrez en Europa, durante los siglos xi á xiv. En cuanto á ser los 
introductores lo niego rotundamente. 

£1 ruso Mr. G...** aunque, como hemos visto, difiere de las opiniones 
de Van der Linde en puntos muy esenciales, es un acérrimo defensor de 
la introducción del ajedrez en Europa por los árabes y sobre todo de la 
superioridad de éstos sobre los europeos, tanto en el juego como en la 
composición de problemas, y lo que es más, en toda clase de adelantos in- 
telectuales. R<!te señor, no sólo está á veces en contradicción con Van- 
der-Linde sino consigo mismo. 

Mr. G...** empieza como todos, hablando de la incertidumbre y caren- 

(1) Véase el capítulo FirduBi. 



126 fiL AiBDRBZ 

cia de documentos occidentales que atestigüen la existencia del ajedrez 
á principios de la Edad Media, repitiendo lo de siempre de confundir este 
juego con alguno de los juegos nacionales, rechazando las varías leyen- 
das que hablan de Pepino, Carlomagno ó alguno de su corte jugando al 
ajedrez, porque Eghinard, iiógrafo de Carlomagno, no dice de ello una pala- 
bra: dice que las piezas del juego llamado de Carlomagno no pueden 
ser anteriores al siglo xi y debían ser fabricadas en Francia. En esto y 
en lo que dice de la filología, están de acuerdo con Van der Linde , y da 
á las piezas del ajedrez los mismos nombres y significaciones de todos los 
orientalistas, nombres que, como dije en otros capítulos no significan 
nada en ninguna de las lenguas orientales (1). «Esto queda confirmado 
por la filología.» Dice con toda seguridad, siendo mejor aún lo que 
sigue : 

«La lengua latina dejó de ser hablada por los pueblos de la Europa 
Occidental en el siglo x y después no se ha empleado sino como lengua 
sabia literaria y diplomática.» Si este señor ruso se tomase la molestia 
de estudiar un poco más la filología, sabría que en toda Cataluña, islas 
Baleares, parte de Aragón y Valencia, en el Mediodía de Francia y algún 
pueblo de Cerdeña, todavía hablamos el mismo laíin vulgar y que habla- 
ban nuestros antepasados de los siglos viii y ix y que especialmente en 
Cataluña hasta principios de este siglo, se extendían en latín literario 
todos los documentos de carácter particular que no se extendían en cata- 
lán. Hoy mismo mi señor médico me ha extendido una receta en latín. 

»Si en el siglo xi, cuando el ajedrez apareció en Europa, no hubiese 
sido una cosa nueva y desconocida (2) las antiguas expresiones latinas se 
encontrarían en la terminología del ajedrez de los idiomas romanos; mas 
esta terminología indica por todas partes su origen oriental. Es evidente, 
pues, por lo que acabamos de exponer que el ajedrez no podía haber sido 
conocido por los aborigénes de la Europa Central y Occidental (3).» 

Me parece que si á principios del siglo xi el ajedrez hubiese sido en 
Europa una cosa nueva y desconocida á lo menos por algún tiempo se 
habría continuado tal como había sido introducido, con el tablero uni- 

(!) Ya veremos á lo que debemos atenernos sobre el particular en los capítulos, 
Nombres de las piezas. 

(2) Desearía que estos señores nos indicasen cómo podemos explicarnos los lega- 
dos del conde de Urgel en 1010, y de la condesa viuda de Barcelona en 1056 de su ajedrez 
y tableros de cristal á la iglesia de san Egidio, habiendo sido introducido el ajedrez en 
Europa en el mismo siglo xi, y la existencia de las piezas de cristal de roca de Ager y 
las de la isla de Lecois consideradas á lo menos de este siglo sino del anterior. Además, 
como veremos al tratar de los nombres del juego y de las piezas, la terminología es pura- 
mente latina. 

(3) ¿Aborígenes? Si lo tomamos en sentido propio de la palabra no hay duda que es 
verdad. Estos seSores del norte venidos hace dos días á la civilización se creen que los 
pueblos de la Europa Occidental han vivido tantos siglos como ellos en un estado de 
oscurantismo, no acordándose que ellos — bárbaros — vinieron á destruir la antiquísima 
y elevada civilización de que disfrutaban desde muchos siglos los pueblos de Grecia, Ita- 
lia y toda la costa del mediterráneo desde Genova al Estrecho de Gibraltar, y á la que los 
árabes se habían encargado de dar el último cachetazo ó golpe de gracia en Espaffa, su 
refugio. Pero esta civilización estaba sentada sobre bases sólidas que el cristianismo 
vino á reforzar, y á pesar de todo, digan lo que quieran, es boy la predominante en el 
mundo y aunque no lo parezca participan de ella todos los pueblos de Europa algunos 
de Asia y África y muchos de las Américas. 



j 



BL AJEDREZ 127 

color y las piezas casi informes, y encontrarilimos de ello algún indicio 
por lo inenos^en los escritores del siglo xii, pero sucede todo lo contrario. 
Asimismo, siendo ya el siglo xi un siglo en plena historia, debería ya 
haberse aceptado y generalizado el kecAo positivo de su origen indio con 
que nos habrían los árabes enseñado la historia del ajedrez como tam- 
bién el nombre de su autor y las causas del origen del juego. Pero en 
esto hemos ya visto también que sucede todo lo contrario, y que ningún 
autor europeo anterior á William Jones, piensa dar al ajedrez un origen 
indio, exceptuando D. Alfonso el Sabio, que lo atribuye al ajedrez de las 
bestias esírannas. La misma divergencia de opiniones demuestra la in- 
certitud de su origen y una antigüedad de algunos siglos antes del xi, 
desde el cual, y aún de algunos de sus anteriores, se conoce con certeza 
todo cuanto se ha inventado. 

«Para obtener datos auténticos sobre el origen del ajedrez, dice el 
ruso Mr. G**\ es menester recurrir á los escritos orientales. El más 
antiguo testimonio actualmente conocido es el del célebre autor árabe 
Mafudi (1). En su grande enciclopedia histórica Les Prairies éCor, para 
la que había emprendido largos viajes, entre otros á las Indias y com- 
pulsado más de ochenta obras, cuenta que los indios antiguos habían 
elegido por rey á Baraham, quien hasta su muerte, reinó 366 años y que 
su hijo el Bahband fué el inventor del juego de suerte el Nard^ (véase la 
nota 1 de la pág. 130. 

Por lo que antecede puede ya juzgarse que la obra de Macudi es 
del mismo género que la de Firdusi y el poco crédito que puede darse á 
su parte histórica en todo lo que no haga referencia á los califas de 
Bagdad. De lo que dice Macudi no puede deducirse nada cierto respecto á 
los orígenes del juego, pero da noticias muy importantes para su histo- 
ria, que todas he incluido en este estudio, difiere, como he dicho, con 
Firdusi respecto á las épocas de la invención del ajedrez y del Nert ó 
Nard-Jaquete, cuyo juego describe claramente, lo que me ha confirmado 
en la opinión de que Firdusi no sabía lo que copiaba, pues, posterior de 
un siglo con el Macudi, confunde el nard con el ajedrez. 

A pesar de cuanto acabo de decir, si Van der Linde hubiese leído á 
Macudi habría visto que este autor no podía equivocarse respecto á lo 

(1) Abul Hasan Alf... el Macudi, nacido en Bagdad á últimos del siglo ix y muerto 
en el Cairo en 958 ó 959. Su obra Les Prairies d* or, se encuentra traducida en francés, 
con el texto árabe, en ocho tomos; los cuatro primeros fueron publicados en 1861 por 
Mr. C. Barbier de Meynard y Pavet de Courteille, y los cuatro últimos en 1862 por sólo 
Mr. Barbier de Meynard. 

Es singular la credulidad con que se admiten los viajes, muchas veces supuestos, de 
personajes antiguos, y el examen ó estudio de colecciones de documentos, también su- 
puestos por estos mismos personajes, como si en aquellos tiempos hubiese sido tan fácil 
viajar y estudiar como en los nuestros, metiéndose en un coche de ferrocarril, trasladán- 
dose en pocas horas á París, Londres, Berlín, San Petersburgo y llegado allí el viajero 
pasar al respectivo Archivo ó Biblioteca y enterarse en pocos días de todos los documen- 
tos que le sean necesarios para su objeto. No teniendo en cuenta el modo de ser de la 
antigüedad y que á excepción de las colecciones de Papirus del antiguo Egipto y los de- 
pósitos de tabletas cuneiformes de las Bibliotecas de Nínive y de Babilonia en ninguna 
parte se encuentran colecciones de documentos reunidos y menos de una sola materia; 
ya hemos visto en nuestros primeros capítulos las diftcultades ó la imposibilidad que 
encontraron los viajeros buddhistas chinos Payan, Yewnsang y y otros de los siglos v 
al vi|i para baUar los documeqtos que babían sido el objeto de sus viajes. 



128 EL AJEDREZ 

que dice de las obras de ajedrez entre los griegos y los romanos^ porque en 
su citada obra Las Praderas de oro habla muchas veces de eate juego, 
algunas de ellas incidentalmente, como en el tomo II cuando dice que 
Noushirwan hizo venir de la India el libro de Ealila y Dinna, el juego de 
ajedrez, y una tintura negra llamada Aindi, que teñía los cabellos hasta 
las raíces, etc., y én el tomo VIH, cuando cuenta la anécdota de un 
Parásito (1), que me ha parecido digno de poner en nota. 

(1) Dice: <Hé aquí una divertida anécdota que ee atribuye á Ahmed, hijo de Mou- 
debbir, y que se encuentra en una colección de obras intituladas Acenturas de los para- 
sitos, Ahmed, hijo de Moudebbir, que desde entonces invertía poco tiempo en sus place- 
res, había reunido siete comensales, los solos que admitía en su intimidad y que aso- 
ciaba á sus diversiones; él los había escogido con cuidado para tenerlos en compaSla 
y sentarse á su mesa, cada uno de ellos sobresaliente en un arte y sin rivales. Cierto 
parásito llamado Ibn Darradj, hombre de una educación perfecta, de espíritu agudo 
y el más hábil mistificador que tuvo, maniobró tanto y tan bien que acabó por saber 
cuándo Ahmed se reunía con sus amigos, se vistió como ellos y entró en su busca en 
casa de huésped. El ugier, convencido de que este hombre era conocido de su dueffo 
y uno de sus convidados ordinarios, lo admitió sin ninguna dificultad. Cuando Ahmed 
salió (de sus habitaciones particulares) y apercibió al extranjero, ordenó al ugier fuese á 
enterarse del objeto que le había traído allí. El ugier se amedrentó y comprendió que la 
estratagema del parásito clamaba contra sí, y que solamente su propia sangre podría 
satisfacer el resentimiento de Ibn eNMoudebbir. Se dirigió con semblante lastimoso 
hacia el extranjero y le dijo:— El dueffo quiere saber cuál es el negocio que te ha condu- 
cido aquí. — Aquí no se trata de negocios,— respondió el parásito á una nueva réplica de 
su amo. El ugier preguntó al intruso desde cuándo había llegado.— Acabo de llegar, ¿es- 
tás incomodado? respondió el parásito. — Vele á preguntar quién es, affadíó Ibn el Mou- 
debbir. — Responde que yo soy parásito, replicó el otro; que Dios te perdone. — Tú eres 
parásito? le dijo entonces el duefio de la casa.— En verdad que sí, respondió; que Dios os 
glorifique. Ibn el-Moudebbir, replicó: — ¿Se tolera que un parásito se entrometa entre 
las personas, que perturbe el encanto de su intimidad y que sorprenda sus secretos con 
la condición de que posea ciertas habilidades, por ejemplo, que conozca el ajedrez ó el 
nard, que toque el laúd ó la guitarra? — Dios os proteja, replicó el parásito; yo soy exce- 
lente para todo eso.— ¿De qué fuerza eres?— De primera fuerza. El dueño rogó á uno de 
sus comensales jugar una partida de ajedrez con el extranjero.^Que Dios favorezca á mi 
señor, dijo el parásito ¿y si pierdo?— Te echaremos de aquí. —¿Si al contrario, gano? — 
Te recompensaremos con mil dirhems. — Que Dios os proteja, continuó el intruso, ¿que- 
réis llevarme los mil dirhems? Esta vecindad será para mí un estimulante y la garantía 
asegurada de la victoria. Se llevó la suma en cuestión, se empefió la partida y el parásito 
ganó. Extendía la mano para apoderarse del premio cuando el ugier, que buscaba dis- 
culparse todo lo posible, dijo á Ibn el-Moudebbirr— Monseñor, que Dios os glorifique. 
Este hombre se vanagloria de ser fuerte en el ajedrez, mas vuestro paje fulano, hijo de 
fulano de tal, lo batirá. El paje en cuestión fué conducido allí y venció el parásito. Este, 
cuando iban á echarle, pidió un juego de nard; se trajo el nard, él jugó y ganó. Mas el 
ugier intervino. — Señor, dijo al dueño de la casa, este hombre no es el más fuerte en el 
nard, un fulano, nuestro portero, lo ganaría seguramente. Se hizo venir el portero, y en 
efecto, venció al parásito. Amenazado de ser expulsado este último dijo al dueffo: — Señor, 
¿y el laúd?— Se le dio un laúd, él lo tocó á las mil maravillas y encantó al auditorio por su 
canto. Nueva objeción del ugier:- Señor, dijo á Ibn el-Moudebbir, nosotros tenemos en 
nuestra vecindad un viejo aquemista que instruye los esclavos músicos; y él sabe mes 
que este hombre. El cheich fué introducido y obtuvo la ventaja sobre el parásito. Como 
se le iba á expulsar, el parásito reclamó un tonbur; se le llevó este instrumento, lo tocó 
de una manera superior y cantó con un arte elevado.— Que Dios glorifique é monseñor, 
exclamó de repente el ugier; nuestro vecino fulano, el acaparador de granos, es más 
hábil que este hombre. — El acaparador en cuestión fué llamado y se le encontró más sabio 
y agradable. Ibn el-Moudebbir dirigiéndose al parásito, le dijo:— Nosotros hemos puesto 
toda nuestra buena voluntad á tu servicio, pero tu talento no ha alcanzado sino el echarte 
fuera de aquí.— Señor, respondió el parásito, me queda aún un talento remarcable.— 
¿Cuál? preguntó el príncipe.— Queréis hacerme traer una ballesta y cincuenta balas de 



EL AJEDREZ 129 

Lo que dice en el tomo III, pég. 9, hablando del marfil merece leerse 
con detención por las observaciones que más adelante me serán preci- 
sas referente á la figuración de las piezas, y da á conocer el carácter 
de los indios, tenaz é irreflexivo, aun cuando no sea verdad lo que él 
cuenta. 

«Pero el empleo más frecuente que se hace del marfil — en la India — 
dice, es para la fabricación de juegos de ajedrez y del nard (ó nert). 
Muchas piezas de ajedrez son figuras de nombres á de animales^ altas y 
anchas de un palmo y aun más. Durante la partida hay un hombre en 
píe al lado de los jugadores, destinado expresamente para transportar 
las piezas de una casilla á otra. Cuando los indios juegan al ajedrez ó al 
nard, las apuestas del juego son ricas telas ó piedras preciosas. Sucede á 
veces que cuando un jugador ha perdido cuanto poseía se juega uno de 
sus miembros. Al efecto, tienen cerca de los jugadores, sobre carbones 
encendidos, una pequeña caldera de cobre en la que hacen hervir un 
ungüento rojizo, particular del país, cuya propiedad es cerrar (inmedia- 
tamente) las heridas y evitar se derrame la sangre. Si el que ha apostado 
uno de sus dedos pierde la partida, se corta inmediatamente el dedo con 
el puñal de que hemos hablado y que obra como el fuego, luego sumerge 
su mano en el ungüento y cauteriza la herida. 

»En seguida vuelve á jugar, y si la suerte sigue siéndole contraria, 
sacrifica un segundo dedo, y algunas veces, si continúa perdiendo, se 
corta sucesivamente todos los dedos, la mano, el antebrazo, el codo y 
otras partes dei cuerpo. Después de cada amputación cauteriza la herida 
con este ungüento, curiosa mezcla de ingredientes y drogas de la India, 

plomo, que el ugier se ponga agachado sobre sus brazos y sus piemos, yo le colocaré 
todas mis balas en su trasero, y si una sola hierra el blanco hacedme cortar el cuello. — 
El ugier chilló espantado; mas Ibn-el-MonoIebbir encontrando una ocasión para satis- 
facer su descontento y considerando que tal castigo seria justo al servidor negligente 
que había permitido la introducción en su palacio de un parásito, ordenó que trajeran 
dos ballestas las hizo poner la una sobre la otra, é hizo atar al desgraciado ugier por 
debajo, le dio en seguida una ballesta al parásito éste se puso á punto de tirar y no falló 
el blanco; después la víctima gemía de dolor.— Pues bien, le preguntó el parásito ¿hay 
en casa, Monseñor, un mejor tirador que yo?— ¡Cornudo I exclamó el ugier, pero si hay 
que tomar mi espalda como blanco y ponerla como una criba convengo en que no.» (El 
Magudi, Lea Prairiea cTOr). 

Otra anécdota que nos dice claramente lo que eran los árabes del tiempo de la con- 
quista, y que se sostiene nos han traído el ajedrez y mucha parte de nuestro actual civi- 
lización : 

cCuando la guerra civil que Mohawiah, gobernador general de la Siria, había promo- 
vido, á la muerte de Otmant, con pretensiones al califato sublevándose contra Alf, yerno 
de Mahoma y tronco de la secta de los chutas, califa legalmente elegido, después de la 
batalla de Siffín, al volver las tropas de Mohawiah á Damasco, entraba un árabe de KuíTa 
sobre su camello, cuando se presenta un damasquino que se lo redoma diciendo: — Esta 
es mi camella que me ha sido quitada en SiíTin.— El otro lo negó, disputaron, y la cues- 
tión fué llevada delante de Mohawiuh: el damasquino presentó cincuenta testigos ocula- 
res que afirmaron que la camella le pertenecía; en consecuencia Mabawiah falló contra 
el kuffíta y le mandó restituir el animal al demandante.— Dios guarde muchos años al 
Emir, dijo el kufflta, pero esto es un camello y no una camella.— La cosa está juzga- 
da,— contestó Mohawiah. Despedidos los litigantes, hizo llamar secretamente al kufHta, 
le preguntó el precio del camello, se lo pagó doble con otros regalos y benefícios.— Vé, le 
dijo, y di á All que yo le combato al frente de cien mil hombrea^ ninguno de loa cualea 
aabe distinguir una camella de un camello,^ (El Ma^udi. Ob. cit. tom. V, pág. 79}. 

17. — RL AJEDREZ. 



130 KL AJEDREZ 

cuyos efectos son sorprendentes. El rasgo característico de las costum- 
bres que cuento es una cosa admirable.» 

En el tomo VIII dice: que «el Réchid» fué quien primeramente esta- 
bleció los juegos del mallo, pelota, raqueta y otros; y también el primero 
entre los kalifas aibasides que jugó al ajedrez y al nert, favoreciendo á los 
jugadores distinguidos y concediéndoles pensiones.» 

La prueba de que Ma^udi no se equivocaba diciendo que los grie- 
gos y romanos tenían tratados de ajedrez, es que refiriéndose á lo ya 
dicho en el tomo I, lo repite en el VIII, diciendo: 

«Los indios^ los persas^ los bizantinos y otros pueblos que conocen el 
ajedrez han descrito este juego, su forma, sus leyes, su origen, sus causas, 
sus particularidades, la disposición de los peones y figuras, sus diferen- 
tes posiciones, etc.» Para mejor inleligencia del lector copio en la 
nota (1) todo el texto correspondiente á esta parte de la obra de Macudi. 

(1) On raconte aussi que Souli, lorsqu'il se presenta á la courde Mouktafí, oú son 
talent aux ecfaecs Tavait fait appeler y trouva uo rival, Mawerdi, qui avait conquis les 
boones gráces et la sympathie du Kbalife, le quel admirait sea habilité au jeu d'echecs. 
Les deux rivaux jouerent ensemble devant Mouktafí. Ce prince, prevenu en faveurde 
Mawerdi qui'il connaissait et favorisait depuis longtemps, lui prodiga ses voeuxetses 
encouragements. Cette oirconstance ne laissa pas de troubler Souli au premier abord; 
maip, la partie continuant, il réunit toutes ses forces, marcha droit au bul et remporta 
sur son adversaire une vicloire sans conteste. La superiorité de son jeu devint alors evi^ 
dente pour Mouktañ, et ce prince, cessant de favoriser Mawerdi, dit ¿ ce dernier: «Ton 
eau de rose (mawerd) n'est plus que de l'urine.» 

Le cours du récit etla suite de lo narration nous amenent á parlar des ecbecsetó 
citer ce qui a été dit sur ce sujet. Deja, dans une autre partie de cet ouvra^e, dans le 
chapltre de l'Jnde, nous avons parle de Torigine des echecs et du nerd et de Taffiníté de 
ees jeux avec les corps planetaires et les astres. Nous aliona ajouter ici quelques details 
nouveaux. Les auteurs, anciensel modernos, disent que toutes les varietés d'echiquier se 
reduisent ú six, les seules qui soient employées dans ce jeu. !«' L'échlquier carré ordi- 
naire qui se compose de huit cases de long sur huit de large on l'atribue aux anciene 
peuples de Tlnde. 2.» L'echiquier oblong, de quatre cases de large sur seize de long. 
Au debut du jeu, les piéces y sont disposees sur quatre rangs de chaqué cote, les cava- 
liers sur deux rangs, et devant ceux-ci les pions, egalement sur deux rangs. La marche 
est la méme que celle du premier echiquier. S.^o^ L'echiquier carré, de dix cases sur díx 
cases. Celui-ci posséde en plus deux piéces nomnées debbabah «engins de guerre» les 
quelles, marchent comme le roí si ce n'est qu'elles prennent et peuvent étre prises. i."* 
L'echiquier rond, atribué aux Byzantins. 5.™« Un autre echiquier rond en rappori avec les 
astres et nommé zodiacal: ses cases, au nombre de douze, comme les signes du zodiaque, 
divisent Techiquier en deux moitiés, sur lesquelles se meuvent sept piéces de couleur 
difterente. Ce nombre de sept se rapporte aux cinq planetas et aux deux grande luminai- 
res, le soleil et la lune. Nous avons déjá mentionné dans le chapltre de l'Inde les theo- 
riee de ees savants sur Tiofluence des corps celestes et sur l'amour des substances pla- 
netaires. lis croient que la sphére sa meut par Tatraction symphathique d'une spbére 
superieure; que l'áme desceod du monde de rintelligence dans celui dessens; qu'elle 
y perd le souvenir des ses origines et devient ignorante, de savante qu'elle etait. Nouf 
avons rapporte ees theories coofuses dont la connaisance se rettoche d'apres eux, a celle 
des positions dans le jeu d'echecs. 6.™« Un autre echiquier nommé organique, qui a eté 
inventé de nos jours. II renferme sept cases sur huit, et douze piéces disposees, six con- 
tre six, sur chaqué cote de la table. Chacune de six piéces porte le nom d*un des orga- 
nes ou des membres qui permettent a Thomme de juger, de parlar, d'entendre, de voir,de 
toucher, c'est-á-dire le sens et le sens commun, dont le siége est dans le coeur. 

Les indiens, les grecs, les perses, les bizantins et d'autres peuples qui connaisseot 
les echecs ont décrit ce jeu, sa forme, ses lois, son origine, ses causes, ees particulari- 
tés, la disposition des pions et des ñgures, leurs positions differentes, etc. En cutre, les 
joueurs posíédent des recueils d'finecdotes et de morceaux divertissants qui^ au diré de 



EL AJEDREZ 131 

«El Corán, dice Van der Linde, prohibiendo la formación de imáge- 
nes de seres vivientes, los árabes al traducir los nombres indios de las 
piezas de ajedrez, para representar reyes, visires, caballos, elefantes, 

plusíeura d'entre eux, stimulent le joueur, donnent un libre cours á ses humeurs et 
renden! sa pensee plus nette. Cea recueils son pour, eux comme les poesies didactiques 
du metre redjez pour le gueirier sur le champ de bataille, pour le hadi quand la caravane 
est épuissée de fatigue, pour le distributeur qui cherche au fond de la cíteme l'eau des- 
linee au voyageurs. C'est pour le joueur d*echecs un stimuiant aussi effícace que les 
poesies et les vers didactiques pour les combattants. Au nombre des píéces de ce genre, 
je citerai le passaje suivantd'une poésie due á un joueur. 

Voici encoré un passage ou ce jeu est decrit avec un rare bonheur d'expressions : 

«Un echiquier carré, revétu d'un cuir rouge, est place entre deux amis d'une loyauté 
reconnue. 

ills évoquent le souvenir de la guerra et en donnent le simulacre mais san chercher 
l'effüssion du sang. 

»L'un attaque, Tautre riposte et la lutte ne languit pas entre eux. 

» Voyez avec quelle strategie savante les ca valiera courent sur les deux armées, sans 
fanfares ni drapeaux, etc.» 

Au nombre des poesies du méme genre, remarquables par l'elegance et le fini des 
deficriptions qu'elles renferment on cite celle d'Abou M-Bagal, le Ibatib; ce personnage, 
qui se distingua comme secretaire et comme agent de gouvernement était eussi pour son 
jeu savantet fin: 

«L'homme intelligent dispose les echecs de fuQon á y decouvrir les conséquences qui 
échappent aux yeux de l'ignorant. 

»I1 prevoit les denoüements de Tavenir avec le regard assuré du sage sous les dehors, 
de la frivolité. 

lEtparláil sertles intéréts du Sultán, en luí montrant dans ce jeu comment on 
prévient les desastres. 

iPour rhomme experimenté, la strategie de Téchiquier egale celle du champ de 
bataille (litteral de la lance et des escadrons).» 

Pour ce qui concerne le jeu de nerd, nous avons dit déjá dans le méme chapitre sur 
rinde, en quoi consiste ce jeu et quel en fut l'inventeur, d'aprés la diversité des tra- 
diiions. Au diré des connaisseurs, il y a différentes manieres de jouer et des regles diver- 
ges dans Tarrangement et la disposition des píéces; maís le nombre descases est tou- 
jours le méme et ne peut etre ni augmenté ni diminué conformement aux prescriptions 
et statuts de ce jeu. Ainsi que nous l'avous dit (t. I, p. 157), ce sont les deux des qui font 
loi dans ce jeu; quant au joueur, bien quál n'aít pas sa liberté d'action et qu'il ne puisse 
se Boustraire aux arréts capricieuex des des, il luí faut cependant du dicernement dans 
la marche des piéces, dans la maniere de compter et celle de disposer ses pions. Le joueur 
de 7%erd, l'assujetiisement des joueurs aux desicions des des forment le sujet d'un grand 
nombre de poesies techniques aussi elegantes qu'exactes. Nous citerons le fragment 
suivant: 

«Triste jeu que le nerd, puisque le joueur excercé ne peut dans la deveine compter 
sur les ressources de sont esprit. 

»Les des y font la loi et montrent d'un coup le contraste de la bonne et de la mau- 
vaise fortune. 

> Et Tadversaire le plus habile, si la chance l'abandone ne peut se soustraire a la 
defaite. » 

Le secretaire Abou'1-Fath Mahmoud (ñls de Hucein Sindi ñls de Chahek), connu 
BOUS le surnom de Kochadjim, bomme instruit, sagace et lettré, m'a recité les vers sui- 
vants qu'il adressa & un de ses amis. Le poete y critique le jeu de nerd, dans lequel il 
etait passé maltre. 

«Homme vaniteux, toi qui cherches dans le nerd un titre á la admiration de tes 
amis. 

>A88urém6nt tu trouverais en moi un adversaire acbarné si les des ne s'etayent decla- 
res en ta faveur. 

»Mais le joueur le plus habile et de^u dans ses esperances et deplore les rigueurs de 
mauvaise fortune. 



132 fiL AieottÉ2 

barcos, soldados, han debido dar á las piezas una forma particular y 
convencional y esta circunstancia ha hecho posible el cambio del ele- 
fante en loco entre los franceses, en obispo entre los ingleses, el de visir 
en dama [6 reina y el de roe (monstruo alado) en torre.» Pero ya que 
los nombres primitivos indios (?) eran nombres significativos y los euro- 
peos los habíamos recibido en el siglo xi por mediación de los árabes; 
¿por qué no habiamos de tomar exactamente iguales la nomenclatura y 
la representación de las piezas, aunque fuese copiándolas ó interpre- 
tando las inmutables, informes y casi iguales piezas con que nos habían 
enseñado el juego los árabes? 

Si estos señores se hubiesen ocupado un poco del ajedrez en Occi- 
dente se acordarían de que antes de la venida de los árabes se encuen- 
tran en Europa reinas, obispos y torres, que no pueden proceder de los 
semiboies de pomada Ab \o^ kv^Xi^^ y habrían observado que los autores 
antiguos, entre ellos alguno de los que ellos mismos citan, como don 
Alfonso el Sabio, dicen que la transformación en Europa se efectuó en 
sentido contrario; que del estar figuradas todas las piezas del juego de 
ajedrez, inclusos los peones, se fué gradualmente reduciendo la figura- 
ción hasta quedar en el estado actual. 

El ruso Mr. G*** en el número de La Slralegie de 15 de Mayo de 1882, 
vuelve á decir: «que las piezas que los europeos tomaron de los árabes 
eran sencillas figuras, que según las prescripciones del Corán de nin- 
guna manera representaban seres vivientes; que los cristianos al prin- 
cipio imitaron los modelos orientales y que después, cuando conocieron el 
significado del nombre de cada una de ellas, que al principio les había sido 
ininteligible y les dieron las formas representativas de sus nombres.» 

Este señor no sabe, ó no se acuerda, que en los Museos de París y 
Londres existen juegos de ajedrez con piezas figuradas todas, hasta los 
peones, clasificadas con mucho acierto, después de maduro examen, de 
pertenecer á los siglos ixy x, uno y dos siglos antes de la pretendida 
introducción del juego por los árabes. 

iLorsque leB jugos on rendu un arrét, les deux parties ne peuvent se soustraire á leur 
decisión. 

yD'honneux, je ne suis pas le premier dont l'espoir a été dejoué par la destiné, etc > 

Abou'1-Fath me citait aussi oe passage d'Abon Nowas: 

€ Elle fait le contraire de ce qui luí est ordonné, sans s'inquiéter de ce qui est le juste 
ou rio juste. 

>Pui8 qu'elle ne se soumet pas á ma volonté et que je me soumets á la sienne, c'est 
moi qui suis son esclave. > 

Au debut de ce livre, dans le chapitre sur les rois de Tlnde, nous avons cité l'opinion 
de ceux qui considérant le nerd et les des comme une sorte d'embléme des biens de ce 
monde, qui ne sont devolus ni á Tintelligence ni á Thabilité, disions-nous, á Ardecbir, 
flls de Babek, que Tinvention du dit jeu est atribué; ce roi frappé du spectacle des 
vicissitudes de la fortune, aurait divisé la table du nerd en douze cases, comme le nom- 
bre des mois, et etabli trente cbiens (dames), selon le nombre des jours du mois. Les 
deux des représenteraient la destiné et son action capricieuse sur les hommes (Voyez 
1. 1, p, 158). 

Pour tous ees renseignements et d'autres du méme genre, nous renvoyons au chapitre 
indiqué et a nos différents ouvrages. En ñn un philosophe musulmán soutient que l'in- 
venteur des echecs fut un montazelite partisan de la liberté des nctes, tandis que Tinven- 
teur du nerd fut un fatalista qui voulait montrer par ce jeu qu'on ne peut rien contre la 
destinée et que la vraie science c'est de conformer sa conduite aux decieions du sort. 



Tampoco ha leido los autores que cita, de lo contrario habría visto 
que el Macudi dice: «que Balhit, rey de la India, que reinó ciento diez 
afios después de Porus, muerto por Alejandro Magno, fué quien dio á las 
piezas figuras de hombres y animales y señaló los grados y rangos corres- 
pondientes, asimiló el rey (Chah) al jefe que dirige y asi sucesivamente 
á las demás.» No me detendré en hacer un estudio detallado de este 
autor, como hago más adelante con Firdusi, concretándome á decir se le 
puede aplicar lo que el mismo dice en la pág. 6, tomo I. «El estudio ge- 
neralizándose ha perdido su profundidad, no se ve ya sino gentes llenas 
de vanidad é ignorancia, sabios imperfectos que se contentan con ideas 
superficiales y no conocen bien la verdad,» 

También preguntaré á estos señores, qué ejemplo pueden presen- 
tarnos del tablero unicolor usado en Europa, que según ellos fué el pri- 
mero que usamos, introducido por los árabes en el siglo xi, y de dónde 
hemos sacado los europeos el tablero escacado ó de dos colores, y dónde, 
cómo, cuándo y por quién se hizo la transformación que siguiendo su 
teoría ha de haber acontecido entre nosotros en tiempos plenamente 
históricos. En el siglo xii, sin ninguna alusión al tablero unicolor, que 
según ellos aún debía usarse ó hacer poco tiempo se había cambiado, 
encontramos ya el tablero escacado con la regla actual de colocar la 
casilla blanca ó encarnada de uno de sus extremos á la derecha del 
jugador y la negra del otro extremo á la izquierda. Desde tiempo inme- 
morial uno de los rasgos que distinguen el ajedrez de Occidente del de 
Oriente, ha sido el usar éste generalmente el tablero unicolor y el otro 
el tablero escacado. El ruso 6*** dice que el documento más antiguo en 
que se encuentran diagramas de dos colores es uno del siglo xiii, no dice 
cuál es, que en el frontispicio representa la posición de las piezas al 
principio del juego y los otros reproducen problemas y posiciones tom^^ 
dis de los árabes. Ta hemos visto que nosotros lo encontramos un siglo 
antes, no citando por otra parte Mr. 6*** ningún documento europeo 
con diagrama unicolor, de modo que no es tan evidente como dice que 
el tablero unicolor sea el primitivo del ajedrez. 

De ningún modo puedo convenir con Mr. G***, que: «En Oriente y 
en Europa, en la Edad Media, los problemas tenían una importancia 
mucho mayor que actualmente.» Nunca como ahora, en ninguna parte, 
se había llegado al alto grado de sublimidad de composición y dificultad 
de soluciones de los problemas europeos, inclusa la misma Rusia; díganlo 
la infinidad de ellos que se publican diariamente en revistas y periódi- 
cos, á más de los tratados razonados que se escriben de ellos, como el 
notabilísimo y sin rival que actualmente está publicando mi amigo don 
José Tolosa, en la misma revista de ajedrez La Straiegie, en que Mr. G*** 
publicaba sus artículos siete años atrás, no componiendo nada la abun- 
dancia que dice se encuentra en antiguos manuscritos con los que se 
publican hoy diariamente. Extraña más esta aserción cuando en el 
mismo párrafo hace una descripción de ellos que demuestra lo poco que 
valían los tales problemas; dice: 

«Para evitar las nulidades tan frecuentes en el juego antiguo, los 
dos adversarios buscaban conducir á una de las posiciones de ventaja 
que se encontraban en los estudios (?) y problemas conocidos y debían 



134 BL AJEDREZ 

por consiguiente recordar estas posiciones para aplicarlas á la práctica. 
Los tratados y en el sentido actual de esta palabra ^ fallan absolutamente, 
pero los suplían los problemas y los estudios, y esto explica la abun- 
dancia de posiciones en los antiguos manuscritos. Se puede asegurar 
que estos problemas no eran fines de partida, realmente jugadas, pues 
las posiciones no son naturales; taparte que gana generalmente está ame- 
nazada del mate, lo que le obliga á dar jaques continuados; los golpes del 
adversario son igualmente forzados. A pesar de todos sus defectos los 
problemas orientales no estaban faltos de belleza é ingenio y estas cua- 
lidades han contribuido en grande escala á la propagación del ajedrez 
en Europa. ;> 

Aún comprendo menos que después de lo antecedente continúe 
diciendo: « La composición de los problemas de ajedrez se encontraba 
á un alto grado de perfeccionamiento entre los árabes, la nación más civili- 
zada de Oriente, en el momento en que el movimiento intelectual se 
detuvo en esta región para pasar á Europa, allí fué donde el juego de 
ajedrez tomó el actual desarrollo.» 

Desearía que este seiíor nos hubiese dicho cuál fué el momento en 
que se detuvo el movimiento intelectual en Arabia para pasar á Europa; 
¿fué en el siglo xi, cuando nos trajeron el ajedrez? Firdusi en el mismo 
siglo no nos los pinta con tan buenos colores y en mi primera parte de 
este capítulo creo haber demostrado lo que eran y lo que podian haber- 
nos enseñado á su venida, y siguiendo su propia opinión, que cierta- 
mente es la de la mayoría de los historiadores, de que «los pueblos de 
Oriente en la antigüedad eran lo que son hoy día», podemos juzgar del 
movimiento intelectual de aquel pueblo en la Edad Media. En cuanto al 
desarrollo del juego, que supone tuvo lugar entre los árabes, me parece 
tampoco lo ha bien meditado, pues confiesa no encontrarse ningún tra- 
tado de ajedrez, propiamente dicho, en árabe ó persa y el documento 
auténtico más antiguo que producen en árabe es un manuscrito del 
siglo xiii; yo he citado uno español del siglo xiiyélensu siguiente 
artículo (1), cita otro de este mismo siglo escrito en latín por el sabio 
inglés Alejandro Neckman, que en 1180 escribió una grande obra titu- 
lada De naturis rerum, en cuyo capítulo 184, titulado De Scaccis, da las 
reglas para jugar al ajedrez, que son exactamente las mismas que se 

(1) El judío toledano R. Abraham Den Meir Aben Hezra que escribió el poema 
Versos sobre el juego de ajedrez en 73 versos hebraicos, traducidos en versos latinos por 
Tomás Hyde. Del mismo siglo son las otras de los judíos barceloneses R. Jedabia Ape- 
nini que escribió su Delicice Regum, y R. Bonsenior Ab. Jachiia que escribió su Oración 
elegante sobre el juego del ajedrez. Estos autores dicen han escrito sus obras al objeto 
de desarraigar el vicio de los juegos de naipes y dados á introducir un recreo útil é ins- 
tructivo propio de las personas de mayor carácter, y que el ajedrez fué inventado para 
que los Soberanos pudiesen tener con él un esparcimiento digno de sus personas que al 
mismo tiempo les sirviese de instrucción en el modo de gobernar sus pueblos con equi- 
dad y justicia. Esta sola circunstancia es suficiente para demostrar el error ó confo* 
sión de atribuir la obra Delicias Regum aun judío veneciano que escribía á últimos del 
siglo xvi ó principios del xvii. Además, es muy dudoso que en esta época se escribiese en 
Europa un tratado de ajedrez en hebraico y sobre pergamino, cuando todas las naciones 
de Occidente, y especialmente Espafía é Italia, tenían libros impresos enpapely verdade- 
ros tratados de ajedrez de los que poseo algunos y me han servido para la composición 
de esta obra. 



BL AJEDRBZ 135 

usaban en Oriente — ^y en el antiguo de Occidente — y cuenta la anécdota 
de Luis el Gordo,— que no admiten como cierta, como tampoco las demás 
que se encuentran en los autores de la Edad Media referentes á Garlo 
Magno y su familia. — Es de notar la particularidad — como él mismo 
observa — que en este autor, como en el judío barcelonés, los documentos 
más antiguos occidentales que tratan del ajedrez, poseen en las piezas 
la reina-regina, sin ninguna alusión al «Ferse» ó Alfierce que se en- 
cuentra en algunos autores del siglo siguiente, con la significación de 
lugarteniente ó portaestandarte del rey, como nos lo dice D. Alfonso el 
Sabio. Esta palabra, en el sentido propio que acabamos de indicar, é 
indudablemente de origen árabe, nacería en Castilla, donde cristianos y 
moros jugaban juntos, y éstos sustituirían su Alferiz-caballero, Alférez, 
á la reina que no tenían, tomándolo de ellos los castellanos y extendién- 
dose después hasta Francia. 

Esto explica porque el nombre/ers, visir, que dan los árabes á la pieza 
correspondiente á nuestra reina, sea el pherez ó alferza de la Edad Media, 
contemporáneo con la reina, que de aquel nombre se transformó en Fran- 
cia en fiers y porque este nombre no se encuentra allí antes del siglo xiii 
no dejando ninguna duda de que la reina era anterior al pherez ü fiers en 
el juego de ajedrez y que en la Edad Media de este siglo, se dieron simul- 
táneamente ambos nombres á la misma pieza del juego. 

El nombre de reina en el ajedrez pudo haber sido introducido en el 
juego durante la dominación de los griegos en Egipto. Sabido es que 
las reinas de la dinastía de los Ptolomeos son unas grandes figuras en la 
historia de aquellos tiempos por su influencia en el gobierno, como espo- 
sas, ó hermanas, ó con los dos caracteres á un tiempo, de los reyes grie- 
gos de Egipto. Por su gran influencia y dominio sobre sus maridos, jun- 
tamente con ellos, ó solas, gobernaban la nación. Deificadas también 
después de muertas como los Pharaones, al igual que éstos, sus esta- 
tuas ó figuras en bajos relieves eran colocadas en los templos y adora- 
das como las primeras divinidades. 

El ruso Mr. G...*** acaba sus artículos diciendo — 15 Agosto de 1882 — 
«Los problemas de la Edad Media son bajo todos conceptos muy inferiores 
á los problemas de nuestro tiempo. Los principios adoptados hoy para 
componer problemas y juzgar su valor pertenecen enteramente á la 
segunda mitad de nuestro siglo, y sólo por casualidad un pequeñísimo 
número de problemas antiguos presentan las cualidades que se juzgan 
actualmente indispensables para este género de composiciones. 

»Los autores de nuestro tiempo, buscan sobre todo la sencillez y la 
elegancia, los de la Edad Media no apreciaban sino los problemas de 
posiciones pesadas, singulares y soluciones complicadas; en sus compo- 
siciones el hombre va siempre así de lo complicado á lo sencillo, de lo 
artificial á lo natural.» — No siempre es así. 

«Nacidos del juego real, y no siendo de hecho sino finales de parti- 
das, los problemas se han alejado poco á poco de su origen, y han tomado 
el aspecto de composiciones independientes, no teniendo casi nada de 
común con el juego. Su desarrollo por este camino les habría hecho 
pronto inútiles, pues no tienen bastante fuerza vital para vivir fuera del 
juego, así desde el periodo siguiente, empezó una nueva escuela que 



136 EL AJEDREZ 

procuró conducir de nuevo los problemas hacia su origen y contribuyó 
á formar la teoría actual que ve en los problemas Isl poesía del afedrez,» 
No estoy del todo conforme con lo antecedente, como tampoco lo están 
algunos amigos inteligentes en el juego y composición de problemas, á 
quienes he consultado al objeto. 

Nada demuestra más lo poco adelantada que en aquellos tiempos se 
hallaba la composición de problemas, que el hallarse muchos de ellos 
repetidos en diferentes autores tanto árabes como europeos, en un período 
de tiempo bastante largo. 

De la circunstancia de encontrarse algunos problemas de los conte- 
nidos en el libro de don Alfonso, repetidos en algunos manuscritos ará- 
bigos han deducido que uno y otro eran copias de otros manuscritos ará- 
bigos más antiguos, no teniendo en cuenta que el libro de don Alfonso 
el Sabio contiene un verdadero y completo Tratado de Ajedrez, de cuyo 
juego confiesan los mismos orientalistas no encontrarse ningún tratado, 
propiamente tal, en ninguna lengua oriental. También es contemporá- 
nea, ó poco posterior á los dos mencionados, ;la obra de Jaime Cesulis, 
otro verdadero y completo Tratado de Ajedrez que sirvió de base general 
á los sucesivos autores europeos y es posible también á los árabes, hasta 
el descubrimento de la imprenta, del que se hicieron numerosas copias 
y traducciones en diferentes lenguas (1), conociéndose tres ediciones 
francesas, cuatro alemanas, una italiana, otra española, inglesa, holan- 
desa y tcheque (2) y un sin número de manuscritos. 

De cuanto acabo de exponer claramente se deduce (3) que los árabes 

(1) Van der Linde dice conoce de ella 200 manuscritos y varias traducciones. La 
primera edición latina apareció en Utrech hacia 1473. 

No menciona ninguna traducción catalana, aunque por los nombres de algunas 
piezas (Regina, AJphil, Cavaller, Roch), se conoce lo es la que dice espaffola; catalanas 
aún existen varias, yo tengo noticia de cuatro, de las cuales he leído dos. 

(2) «La colección de libros de ajedrez de la Biblioteca de Mr. Remington Wilson 
puesta á la disposición de Mr. Van der Linde, dice, prueban que los autores de los tres 
manuscritos árabes— son persas— citados por Duncan Forbes, bebieron todos en una 
misma fuente más antigua que nos es desconocida, pues los tres contienen las mismas 
posiciones de problemas. De estos problemas se encuentran en el libro de don Alfonso el 
el Sabio muchos de los manuscritos persas que no se encuentran en el manuscrito árabe. 
Nos parece evidente que los cuatro documentos— el libro de don Alfonso y les tres ma- 
nusqritos persas— tienen un origen común, una antigua colección árabe.» 

El único manuscrito árabe á que se refiere es el número 7,515 del M. B. de que me be 
ocupado; los tres restantes son persas y el único que lleva data es de 1612. Tampoco 
entiendo por qué ha de suponer también que la colección de problemas del valenciano 
Francesch Vicens, no era nada nuevo, sobre todo creyendo perdido el único ejemplar 
conocido por la quema y saqueo del monasterio de Montserrat, donde se hallaba. 

(3) Francisco Piacenza en el último tercio del siglo xvii tuvo ocasión de jugar con 
algunos orientales, dando noticias del modo di* jugar de éstos en aquel tiempo— 1683— 
en una obra que escribió titulada / Campeggiamenti degli Sccacchi, ó Nuova disci- 
plina d* attachs dif esa é partiti del Giuoco degli Scacchi si nello síile antico che nel 
nuoco Archischachiere, Torino 1683; en ella, además de dar noticias curiosas del origen 
y nombre del juego, de que ya hemos hablado, da reglas para jugar bien y las compara 
con el modo de jugar de los orientales con alguno de los cuales tuvo ocasión de hacerlo. 
«La mala costumbre de enrocar de turcos, moros y hebreos orientales y la forma de sus 
piezas, dice, futigan en gran manera, enrocando de dos maneras diferentes del modo que 
lo hacemos en Europa.» Cuenta jugó á la moda de ellos con Cbíans, embajador egipcio 
en Italia, y con un hebreo de Esmirna llamado Moisés. tEste trajo por tablero una tela 
en la que estaban marcadas las 64 casillas por rayas horizontales y vertlcalea, todas en 



EL AJEDREZ 13*7 

nunca han sido grandes jugadores de ajedrez; esta opinión la he mani- 
festado ya en mis anteriores capítulos y están en ella fundadas muchas 
de las negaciones manifestadas en estos estudios. Una prueba de la poca 
importancia que dan y han dado siempre al juego del ajedrez es su cos- 
tumbre de los Tabiyas; este consiste, como hemos visto, en hacer, al 
principio de la partida, cada jugador diez ó doce jugadas á su gusto sin 
atender al juego del contrario, ó mejor dicho en disponer las piezas de la 
manera que cada uno cree más conveniente para empezar la lucha. Esto 
no puede llamarse principio de partida ó debut, como lo llaman los fran- 
ceses, sino que propiamente es la posición inicial del juego que cada 
jugador arregla á su gusto; en tanto es así, que Grimm dice haber obser- 
vado que en los Tabiyas nunca juegan dos veces en una pieza; lo que 
hacen no son jugadas, sino arreglo de piezas, pues que el juego propia- 
mente no empieza sino después de haberlas dispuesto cada uno á su con- 
veniencia. 

Van der Linde acaba su obra con el capítulo XVI, que intitula £x 
Oriente ZuXj y francamente me parece que la l^z que saca Van der Linde 
le deja bastante á la sombra y en medio de una oscuridad que proyecta 
alumbrando la parte contraria. 

Van der Linde pretende sacar luz de donde hay más tinieblas, acep- 
tando como ciertas y sin examen cuantas noticias y referencias encuen- 
tra en documentos orientales de cualquiera procedencia, aunque algunos 
de ellos^es posible lo sean todos — se digan copias de otros más anti- 
guos, de procedencia dudosa, y de datos muy posteriores á códices occi- 
dentales y aún á muchos libros de ajedrez impresos en varias naciones, 
que son verdaderos tratados de ajedrez en todas sus partes; cuando en 
sus documentos predilectos encuentra noticias contrarias á sus propó- 
sitos, las desmiente, desvirtúa ó hace caso omiso de ellas, como sucede 
en lo antes dicho del Magudi y con el manuscrito núm. 2 de los que cita 
en el sobredicho capitulo, en el que hay una nota que dice, esta solución 
fué traducida de una inscripción del tiempo de los griegos, pintada en una 
piedra; meta que para Van der Linde no significa nada y para mí dice 
mucho, pues concuerda con lo que dice el Macudi de los griegos y los 
romanos. 

Para que se vea la poca importancia de los documentos con que quiere 
alumbrarnos Van der Linde, doy en la nota (1) el extracto de estos 

blanco sin casillas negras, las piezas con que le hicieron jugar, dice: «eran casi todas 
de la misma forma, de modo que con dificultad distinguía el caballo del alñl,éste de 
la torre ó la torre de la reina, ni ésta del rey, como tampoco se distinguía el rey de 
los peones, lo que le causaba mucha molestia en el Juego.» Lo describe exactamente 
del mismo modo que dos siglos después lo describe Herr Grimm , como hemos visto. 

(1) Ex oriente Lúa 

En diversas bibliotecas existentes en Constan ti nopla hay manuscritos sobre el aje* 
drez. A continuación va su nombre y origen. 

1. En la biblioteca del sultán Abdul Hamid's hay un manuscrito árabe. Más ade- 
lante se habla del mismo manuscrito. Autor XVIII. 

2. Otro manuscrito antiguo en la biblioteca de un tal Es'al Efendi; de él habla el 
I.*** capítulo, corresponde al autor IV. 

3. Un manuscrito árabe del affo 1221 en la biblioteca de Jefa (barrio de Stambul): 
Marunbat liabc..,, etc.), esto es, (Las estratagemas del ajedrez de Abu Zekarja...) 

18. - KU AÍBDUE2. 



138 EL AJBDRBZ 

documentos traducido de su obra: como se podr& ver por el mismo no 
hay ningún manuscrito que aclare en nada el asunto de que tratamos. 
El libro turco tampoco da m&s luz que los manuscritos; es del siglo xv 

(Autor IX del 1.^ capítulo). Por ser más extenso que aquél de que trata el capítulo !.• 
le daremos el número XIX. 

4. Un libro de ajedrez árabe que tiene Mlmif-Pachá, uno de los mejores cono- 
cedores de la literatura oriental. €L¿lab, etc.» Es decir, c Libro de ajedrez escrito 
por...> XX. 

5. Una obra persa tLilab i Shatrardsch, XXI» no tiene valor alguno según un 
instruido turco del ministerio de instrucción. 

6. Una obra turca en la moschee Nuri Osmanie, manuscrito núm. 4073, tShe- 
tréndsch, etc.,» esto es, € Gran ajedrez de Sirdensi.» XXII. Hay un capítulo dedicado 
á este manuscrito. 

7. En una obra india se encuentran dos trabajos sobre ajedrez, uno de ellos es 
Rioalei'Shatrandsch, de 64 páginas y el otro Mijari-^hatrandsch, de 200 páginas. 
Están impresos uno en 1280, el otro en 1290, ambos escritos en lengua índostana, serdn 
los números XXIII y XXIV.— XXV. Conjeturas del autor (▼. d. Linde) sobre Ali-Sha- 
trandsch y cita la obra de Ibn Atabscháb (ed. Golino, 1767, II, p. 873; Calcuta, 1812, 
18, 40; Zenker, Bibl. oriental, I, número 747, 11, núm. 736; véase biblioteca turca,], 
n.« 7i9 y también II, n.** 737), libros citados para el mismo objeto 

Volvamos ahora al manuscrito XVIII. En su cubierta se lee escrito por mano más 
moderna que el libro: «Libro de ajedrez que consiste en compilaciones y trozos escogidos 
de Alad! y Aladl.» Las primeras 23 hojas tratan de la historia del ajedrez, su nacimiento 
(origen ], relación de todos los jugadores célebres de las distintas derivaciones. En el ñn 
se encuentra una noticia según la cual el manuscrito fué escrito en 535 (1 140 nuestra 
era) verosímilmente en Bagdad. El número del manuscrito es n.°560. Hay en él varias 
maneras de jugar de Alcules, otras de Alalli , la comparación entre ellos y otros autores. 
En el número 82 hay condiciones del juego análogas á otras comprendidas en el libro de 
Alfonso el Sabio, hay otras condiciones de común con Bonno Souns. Según Van der Linde 
el mejor gusto en el ajedrez corresponde á los árabes, y sin el renacimiento del juego, 
—por la introducción de las nuevas figuras, cuando la Edad Media decaía, — habría lle- 
gado el antiguo ajedrez en Europa al último grado de rudeza. Lo restante son diversos 
modos de jugar, soluciones y alguna que otra comparación entre diversos autores de 
ajedrez. 

El manuscrito n.« 2 de la página anterior consta de 161 páginas de 17 líneas. En la 
cubierta se lee : € Libro de ajedrez escrito por Alu 'I Muzaffar ibn Said, conocido por 
Ladschládsch. 

De mano moderna se lee: € Regalo del sultán Bajezid Khan (que reinó de 1418—1512) 
á su esclavo Jusuf, etc.» Es del siglo x. Contiene reglas. Nada hay en esta obra de 
la intención del ajedrez. Sólo en el final se ha añadido, mas no por Alladscbládscb, 
una manera de jugar, y á continuación dice: «Mi solución es una que se encuentra pin^ 
leda en una piedra del tiempo de los griegos y que fué transportada al árabe» (creo que 
significa traducida). 

El manuscrito designado con el n.* 3 tiene 116 páginas; falta la 1.* y con ella el nom- 
bre del autor. En las páginas 5 y 6 hay tablas astrológicas, en las 13 y 14 hay diagra- 
mas sobre la conocida relación de los granos de trigo; en la página 15 el tablero de 
ajedrez rectangular, en la 16 el tablero circular. En la 31 empiezan las estratagemas y 
sus soluciones. Según de allí se desprende fué copiado el manuscrito por Muhammad 
Rahrrar Othmann en el año 618 del Hidschrá -f 622 = 1240. 

Obra de ajedrez turca de Firdusi. 

El manuscrito n.** 4073 de la biblioteca de la mezquita Nuri Amanie en ConstantíDo- 
pln encierra la obra de 94 hojas. Este libro es una colección de compilaciones de otros 
autores árabes y persas, adornado con leyendas, anécdotas y numerosos poemas de 
ajedrez. De la página 1 á 16 hay alabanzas de Dios en prosa y poesía y otros loores al 
sultán. Las páginas 13 á 18 sobre la causa de escribir este libro. Fué escrito el libro en 
tiempo de Bajezid II (1481 — 1512). Dice el autor que ha tomado datos de varios libros 
el Schabname, el «Milagro de la creación,» el Zalusname, el libro de las maravillas,; 
que ha dividido su libro en 8 capítulos, comprendiendo los 8 campos fundamentales del 
tablero de ajedrez. 



j 



fiL AJBDRB2 139 

al xTi (1481 á 1512) y contiene todas las vaguedades y tonterías de los 
autores europeos de los siglos xi al xiv. 

La luz que saca Yan der Linde de sus documentos es una verdadera 
luz oriental; una luz de bengala que deslumhra por un momento y nos 
deja luego en la más profunda oscuridad: no es nuestra luz eléctrica 
moderna, que si bien no es del todo fija, alumbra constantemente per- 
mitiendo examinar con detención cualquier objeto, y no deja ninguna 
duda sobre el resultado del examen. 

De las comparaciones que he tenido ocasión de hacer tocante los 
tableros, piezas y maneras de jugar del ajedrez, resulta que exceptuando 
hasta cierto punto los persas y árabes en tiempos modernos, puede muy 
bien decirse que el ajedrez de Oriente nunca ha sido el ajedrez de Occi- 
dente, ni se le ha dado allí la importancia y carácter científico con que lo 
consideramos los jugadores de Europa Occidental y Central. 

Pongo á continuación la traducción de alguna poesía árabe de los 
tiempos en que más en boga estaba el ajedrez entre ellos. 

El Magudi (tom. YIII, pág. 315) dice: Entre las poesías de este 
género, citaré el siguiente pasaje de una poesía de un jugador: 

«Las poesías en honor del ajedrez, dichas á propósito, arden con una 
llama más viva que la de un brasero. 

;»¡ Cuántas veces ellas dan la ventaja al jugador menos experto sobre 
su adversario más hábil ! » 

Hé aquí otro pasaje en que este juego está descrito con rara facilidad 
de expresión: 

«Un tablero cuadrado cubierto de un cuero rojo, se coloca entre dos 
amigos de una lealtad reconocida. 

;!^ Estos evocan un recuerdo de la guerra de la que ejecutan un simu- 
lacro sin recurrir á la efusión de sangre. 

»B1 uno ataca, el otro contesta, y la lucha no languidece entre 
ellos. 

)> Mirad con qué astuta estrategia los caballeros corren por los dos 
ejércitos sin charangas ni estandartes, etc.» 

Los siguientes son de AbonU-Hacan — el Katii — inteligente y fino 
jugador de fama reconocida: 

«El hombre inteligente dispone las piezas de manera que pueda 
— en su colocación ^descubrir las consecuencias que escapan á la vista 
del ignorante. 

Capítulo I, página 21 á 28. De la invención del ajedrez (leyendas y fábulas del rey 
Salomón , del rey Dscbimschid y el profeta Idris). 

Capítulo 11. Narración de Lad8>chl¿dsch , Kámil y Sisa. Capítulo III. Torneos de 
ajedrez. Capítulo IV. Reglas para los jugadores. Capítulo V. Narración de los granos 
de trigo, del rey indio Barahmnn. La relación de Iskander y For (Alejandro y Poro). 
La del sultán Ahmet y Zomurlenk. Comparaciones con el tablero de ajedrez. Cap. VI. 
Colocaciones diversas. Cap. VII. De los ejercicios de ajedrez. Cap. VIH. Sobre la uti* 
lidad del ajedrez, de los movimientos de las figuras y su significación. Hay oraciones 
para el sultán Bajazid, y un dato sobre el año en que se escribió la obra , probablemente 
elv07 del Hidscbra. Respecto al inventor del ajedrez despréndese de la obra, que no es 
Dahar, sino Nasri-dahr. Schroeder considera este nombre como compuesto de dos nom- 
bres árabes y que significa cAyuda del tiempo» ó cVictoria del siglo.» 

(Debo esta traducción á la amable complacencia del joven don José Serrat y Bonas- 
tre, hgo de mi consocio don José Serrat y Borras). 



146 ÉL AÍBD&B2 

;»Prevé los sucesivos desarrollos con la mirada segura de un sabio 
bajo la apariencia de la frivolidad. 

»Eii esto sirve los intereses del sultán demostrándole en este juego 
el modo de prevenir los desastres. 

«Para el hombre experimentado, la estrategia del tablero iguala la 
del campo de batalla (literal: de la lanza y de los escuadrones.}» 



/ 

\ 

> 







CAPITULO XII 



FIBDU8I 



I 

Gomo el que se propone investigar el origren y vicisitudes de alguna 
cosa no debe perdonar medio para lograr su objeto, no habiendo encon- 
trado en ninguna de las Bibliotecas de Barcelona el célebre poema de 
Firdusi SAa-nafnek,— Libro de los Beyes,— no ha tenido más remedio que 
mandar & buscar la traducción francesa que de dicho poema hizo 
Mr. Molh, & fin de comprobar por mí mismo la exactitud de los textos que 
poaen en boca de Firdusi. 

Ya sé que se me objetara que no siempre la traducción es fiel trasla- 
do del original, pero esto puede ser verdad por lo que hace á los modis- 
mos y & la elegancia y propiedad de las palabras ó frases, mas rara vez 
por lo que al fondo se refiere, que es precisamente lo esencial, sobre 
todo en materia de arqueología. La traducción de que se trata fué hecha 
por orden del gobierno francés por un sabio orientalista que conocía 
perfectamente el idioma de que traducía, é impresa en la Imprenta 
Nacional acompañada del texto persa (1), escogido entre los diferen- 
tes que consultó el traductor, y esto ofrece suficientes garantías de 
exactitud. Por otra parte, sabido es que los que hacen investigaciones 
sirviéndose ó no de textos originales en lenguas antiguas, tampoco 
hacen más que darnos una traducción hecha por ellos & su manera, y no 
pocas veces amoldando los textos al punto de vista en que se colocan á 
fin de que venga & dar la razón & sus ideas preconcebidos. 

Buen ejemplo de esto tenemos en las noticias que Duncan Forbes, 
— que sabia elpersa, — nos da del ajedrez, diciendo que las ha traducido 
de los manuscritos persas de la obra de Firdusi, noticias que, como vere- 
mos después, son completamente distintas de las que encontramos en el 
Libro de los Reyes^ lo cual me hace creer que dicho autor escribía de 
mala fe. Duncan Forbes no nos da más que la mitad de la Historia de la 
introducción del ajedrez en Persia y esto con más extensión y mayor 

(1) Esta traduooióo es la que me sirve de guia en lodo el presente capítulo. 



U2 SL AJSDRB2 

ampulosidad de lenguaje que el usado por Firdusi, quien, comoyahabi 
yo sospechado, nos refiere sólo una pura ficción (1). 

Uno de los principales objetos de la obra de Firdusi, es el de ens*-'*^ 
zar la inteligencia persa sobre la de los demás pueblos. Después • . 
alabar ¿ Dios y darle gracias, conforme & la costumbre oriental 
comienzo de toda obra, empieza Firdusi la suya con una invocación e 
honor y gloria de la Inteligencia (2). 

«La inteligencia, dice, es el mayor de los dones de Dios y celebrarla 
el mejor de todos los actos.» El primer capítulo sólo contiene las exce- 
lencias de la inteligencia y del raciocinio. En ningún punto se ve tan 
manifiesta la idea de Firdusi como en los capítulos que tratan de la 
introducción del ajedrez en Persia, que no es otra que la ficción de un 
desafío ó certamen entre la inteligencia persa y la inteligencia india 
para hacer resaltar la superioridad de aquélla sobre ésta, presentando 
siempre & los persas como vencedores de los indios, pues aquéllos desci- 
fran el enigma propuesto por el rey de la India, mientras éstos no son 
capaces de atinar en qué consiste la invención del ministro persa, siendo 
así que lo adivinado por los persas era más difícil y complicado, — pues 
se trataba de un juego de imaginación y de cálculo, — el ajedrez, — mien- 
tras que lo que los indios no acertaron á comprender era mucho más 
fácil y sencillo, pues sólo se trataba de un juego de dados, mezcla de 
suerte y combinación, como veremos después (3). 

(i) El Sha-Nameh ó Libro de los Reyes es un poema épico del siglo xi que contiene 
todas las tradiciones orales de la historia de Persia de uso corriente en aquella época, 
mandadas recoger y compilar en verso por Mahmond, hijo de Sebekteghin, segundo rey 
de Persia de la dinastía de los Ghaznevides, quien convocó al efecto á los principales 
poetas de su reino, resultando elegido Firdusi por ser el único que reunía las condicio- 
nes necesarias para llevar aquella obra á cabo. Para la historia de la composición de 
este poema véase el Prefacio de la traducción francesa de Mr. Mohl, publicada por ma- 
dama Mohl en 1877, — París, — Imprenta Nacional. 

Firdusi, según nos cuenta él mismo, empleó 35 afios en componer su poema, tenien- 
do ya 71 de edad cuando lo terminó, que fué el 25 de Febrero de 1010, que es precisa- 
mente el mismo año en que Armengol, conde de Urgel, legó su rico ajedrez ¿ la iglesia de 
San Egidio — Gil. (Véase el capítulo xviii). Su verdadero nombre era Abon' Skasim, y el 
sobrenombre de Firdusi, — que quiere decir el Paradisíaco, — le fué dado por Mahmond 
por unos versos que compuso en loor de una favorita de dicho rey. 

(2) Empieza la obra cEn nombre de Dios clemente y misericordioso, en nombre del 
Señor del alma y de la inteligencia, etc.» 

En el cuento de la arquilla cerrada, Buzurdjmihr, atropellado por la desgracia, 
viejo y casi ciego, exclama: cAunque mi vista esté oscurecida, mi espíritu ve claro, pues 
la ciencia forma una coraza para el alma.» (Ob. cit., pág. 375). El poema está lleno de 
frases por el estilo. Cuando Cosroes Nurschirawan renuncia la corona á favor de su hijo 
Hormuz, le dice: «Tengo seis hijos inteligentes... te he escogido porque eres inteli- 
gente... mientras tengas hombres inteligentes cerca de tu trono no te faltarán ejércitos 
ni tesoros.» 

(3) Harsha Vardana, el gran rey de la India, ó rey de las cinco Indias, según Hwen- 
Tsang, no podía enviar embajada alguna á Cosroes I Nushirvan, proponiéndole el 
enigma del juego del ajedrez, ni Cosroes volverle la pelota, porque, como hemos dicho 
en otra parte, hacía 29 años que éste había dejado de existir cuando Harsha Vardana 
subió al trono de Kanoj. 

Mr. Duncan Forbes tiene buen cuidado de no hacer la más mínima alusión á esta 
parte del relato de Firdusi, que en cierto modo confirma la opinión del Indio de la corte 
de Tamerlán respecto á la inferioridad de la inteligencia de los indios, opinión ratificada 
á su vez por todos los historiadores y viajeros verídicos é imparciales. 



BL AJBORBZ 143 

Como se ve, el relato del certamen está dividido en dos partes: la 
primera contiene la relación del envío de la embajada del rey de la 
India á Nurschiriwan con el juego del ajedrez, proponiéndole la solución 
del enigma de la colocación y movimiento de las piezas, cosa que descifró 
Buzurdjmihr, — como ya dejo dicho en uno de los capítulos anteriores, — 
mas no contiene el texto de la carta, poniendo en boca del embajador 
lo que Duncan Forbes hace decir al rey por escrito, 

Ta hemos visto que Buzurdjmihr descubrió el modo de jugar el 
ajedrez, pues al presentarse al rey y á toda la asamblea, el embajador 
indio quedó confuso y apesadumbrado, y sin poder volver en sí de su 
asombro hacía estas reflexiones: «Ese hombre nunca había visto un 
tablero y ni había oído hablar á los sabios de la India; yo no le he hecho 
la menor indicación respecto al uso de las piezas ni le he facilitado lo 
más mínimo la solución del enigma, ¿cómo ha podido, pues, adivinarlo? 
No hay en el mundo quien pueda reemplazar á ese hombre.» 

Duncan Forbes termina este episodio bruscamente. £1 embajador 
indio no volvió á su país así como quiera, según parece desprenderse de la 
relación de aquél, pues los persas no le dejaron partir sin obtener antes 
la revancha, y esto es lo que constituye, — en capítulo separado, — la 
segunda parte del episodio. 

«Buzurdjmihr inventó el juego del Nard,^*aquet,^l) y Nurschiri- 
wan lo mandó á la India.» «El sabio se retiró al interior de su casa, 
colocó ante él una mesa y un compás y se concentró de tal modo en sus 
reflexiones que su espíritu se confundía. Quería inventar algo nuevo, 
otro noble juego que sorprendiese á los sabios y que éstos no pudiesen 
adivinar. Había buscado un lugar muy oscuro para poder concentrar 
sus pensamientos; allí meditó sobre el ajedrez y la invención de los 
indios hasta que su espíritu se cansó; y uniendo su inteligencia á 
su ánimo tranquilo, á fuerza de reflexión inventó el nard. Mandó hacer 
dos dados de marfil y grabar en ellos las cifras del color del ébano; 
después formó un ejército, como en el ajedrez, colocándolo á ambos 
lados en orden de batalla y distribuyendo en ocho casillas todas las tropas 
preparadas para el combate y para el asalto de la ciudad. El campo de 
batalla era negro y cuadrado y había en él dos reyes poderosos y de 
buena disposición que debían maniobrar sin hacerse daño uno á otro- 
Cada uno de éstos tenía á sus órdenes un ejército agrupado en el extre- 
mo del campo de batalla y preparado para el combate. Los reyes avan- 
zaban en este campo de batalla y las tropas circulaban por todas partes á 

(5) Mr. Mohl traduce la palabra Nard por tric-trac, jaquet, mas á juzgar por lo 
que dice Firdusi, si bien se jugaba con dados había de ser un juego diferente, pues ni la 
descripción del tablero ni de las piezas, ni del movimiento de éstas, tienen nada de 
común con eljaquet; más bien se parece 6 la descripción que los clásicos latinos hacen 
del Ludas latrunculorum , que era muy parecido al que hoy llamamos asalto. Es posi- 
ble que las continuadas é íntimas relaciones de los dos Cosroes de Persia con el imperio 
bizantino hubiesen introducido en aquella nación eslos dos juegos, el nard y el ajedrez» 
que se jugaban en Grecia y Roma desde muchos siglos antes. Lo más probable es que el 
juego que se supone inventado en la India 3000 affos a. de C, — y que en tal caso sería 
una invención persa del siglo vii de N. E., — fuese el Chaturanga ó ajedrez de á cuatro, 
que no es más que una alteración del juego europeo de á cuatro por medio de la intro- 
ducción de los dados, hecho por los orientales sin duda para qo tenerse que romper la 
ca)>eza calculando las jugadas, 



m BL AJEDREZ 

sn alrededor procurando adelantarse unas á otras, y batiéndose tan 
pronto en las alturas como en el llano; cuando dos de un lado sorpren- 
dían aislado á uno del otro bando, éste quedaba perdido para los suyos, 
y ambos ejércitos permanecían así en presencia hasta ver cu&l de los dos 
quedaba derrotado (1).» 

«Arregló, — como he dicho, — el juego del nard; después se presentó 
al rey explicándoselo y extendiéndose sobre el poderío de los reyes, y los 
combates que se libraban los ejércitos, enseñándoselo todo áCosroes. El 
rey del Irán quedó confuso, y su espíritu se abismó en reflexiones; tan 
pronto alababa como censuraba los movimientos de aquellos reyes de 
ánimo esforzado (2), y por último, dijo:^ ¡Oh, hombre de brillante espí- 
ritu! ¡ojalá pudieses permanecer siempre joven tú y tu fortuna!» 
T mandó al jefe de los camelleros que le llevase dos mil camellos, y se 
sacó del tesoro del rey todo lo que fué menester para cargarlos con el 
producto de los tributos de Roma, China y de los países de Heital, 
Mekran é Irán, y la caravana salió de la corte del rey.» 

j^ Cuando los camellos estuvieron cargados y el rey se vio libre de 
este cuidado, hizo comparecer ai enviado del Rajé, le habló largamente 
de la virtud del saber, y escribió al Raja una carta llena de sabiduría, de 
buen humor, de buen sentido y de razón. Empezó la carta bendiciendo al 
príncipe que busca en Dios un refugio contra los ataques del maligno Div, 
y continuó: «¡Oh, ilustre rey de la India, desde el marEanondj hasta las 
fronteras del Sind! Tu mensajero ha llegado con el parasol, los elefantes 
y todo su acompañamiento, con el ajedrez y tu mensaje, y hemos hecho 
lo que nos mandaba el Raja. Hemos pedido tiempo al sabio indio, hemos 
acudido al saber en ayuda de nuestra imaginación; un Mobet, consejero 
nuestro y cuyos consejos es bueno seguir, ha hecho muchas investiga- 
ciones y ha descubierto la marcha del juego. Ahora este Mobet llevará á 
Kanondj para el poderoso Raja dos mil pesadas cargas de camellos com- 
puestas de cosas aceptables como recuerdo. En lugar del ajedrez os 
envío el juego del nard para ver si queréi's rehabilitaros (ó sosteneros con 
ventBLjs) en este desafio de Jueffos. Hay muchos brahmanes de juicio que 
por su saber podrán adivinar la marcha de este juego. El Raja hará 
ingresar en su tesoro todas las riquezas que con mucha fatiga le llevará 
mi enviado; pero si él y sus consejeros ensayan de descubrir el juego del 
nard y no lo logran, es menester que, en conformidad con nuestro trata- 
do, haga el Raja de Kanondj preparar el mismo número de cargas de 
camello y me las mande, devolviéndome al mismo tiempo las que yo le 
envío. Tales son las condiciones de nuestro tratado.» 

(1) Esta deBcripcíóo resulta baetante confusa y no por efecto de la traducción , que 
está conforme con el original, según be podido ver en otros autores; así es que nadie ha 
podido precisar con exactitud qué clase de juego era este. Las ocho piezas colocadas en 
los extremos del tablero, los dos reyes, — aliadop, — que debían marchar sin hacerse 
daffo, son indicios que nos hacen creer que este juego fuese el Chaturanga, ¿Sabía Fir- 
dusi lo que copiaba ó traducía ? 

(2) Por este pasaje y algún otro de la descripción de este juego se adivina que los 
dos reyes del nard representaban un papel mós importante que los del ajedrez, ▼iniendo 
ú ser como los dos peones que defienden la fortaleza en el juego del asalto, lo cual me 
hace creer, como ya he dicho en la nota 5.*, que el nard no era más que una Tañante 
de éste. 



EL AJEDREZ 145 

i>Cuan(lo el sol empezó & brillar en el cielo, Buzurdjmihr abandonó 
la corte real con los camellos cargados, la carta y el juego del nard, y 
su cabeza llena de proyectos de luchas y triunfos. Llegado del Irán & la 
corte del Raja con su jovial guía el brahmán, se presentó ante el trono 
del principe y vio su cara, su diadema y su fortuna; le saludó extensa- 
mente en pehleví (1), le entregó la carta y le repitió el mensaje del rey 
de los reyes (2). Las mejillas del Raja de la India se enrojecieron y el 
guia indio contó todo lo que había pasado con el ajedrez y la pena que se 
habían tomado para acertar las reglas de este juego. En seguida 
Buzurdjmihr le explicó cómo él había acertado el juego, la marcha de 
las piezas y el papel desempeñado por el rey y los mobets (reinas) que 
las dirigen; después le entregó el juego del nard diciéndole: «Lea el rey 
lo que dice esta carta y no se aparte su espíritu de lo que es justo.» Este 
discurso hizo palidecer las mejillas del Raja, al oir lo que Buzurdjmihr 
dijo del ajedrez y del nard.» 

En el capítulo siguiente explica lo que pasó en la corte del Raj&, que 
es una repetición de lo sucedido en la corte persa cuando la presenta- 
ción del ajedrez. El Raj¿ llamó & todos los grandes y sabios de la corte, 
tomándose también ocho días para estudiar el juego, pero inútilmente, 
pues el octavo día el ^r^Tt Mobel dijo al Raja: «Nadie ha podido com- 
prenderlo: sería preciso que la misma razón ayudase á estos nobles para 
hacer un juego con estas piezas.» El rey se indignó en gran manera 
contra aquellos Mobets y frunció las cejas; su corazón estaba apesadum- 
brado. 

«El noveno día Buzurdjmhir se presentó con la frente arrugada y 
con gran calor les dijo: — El rey no me ha autorizado á permanecer aquí 
más tiempo y es preciso que no se impaciente.» Los grandes y sabios 
personajes confesaron á una su ignorancia; Buzurdjmihr, oyéndolo, se 
sentó y todos los mobets le prestaron atención. Colocó el tablero del 
nard ante ellos, les explicó la marcha de las piezas, les enseñó el jefe y 
su valiente ejército, los preparativos del combate y el mando del rey (3). 
El Raja, sus consejeros y toda la asamblea de los hombres más ilustres 
quedaron añigidos... y los que sabían leer exclamaron: «Hed aquí un 
hombre elocuente y más sabio que los juegos de ajedrez y nard.» 

Sigue después explicando el resultado de la embajada, la entrega de 
los dos mil camellos cargados de oro, pedrería, telas preciosas, etc., y la 
devolución de los dos mil que él había entregado antes, con una carta 
del Raja á Nurshirawan declarándose vencido y dispuesto á mandarle no 
sólo el tributo convenido sino otro mucho mayor si así se lo exigía; la 
vuelta de Buzurdjmihr á la corte de Nurshirawan, la satisfacción de 

(1) Elpehleoif como lo indica su nombre, era una lengua de frontera, un dialecto 
nacido en Mesopotamia de la mezcla de razas semíticas y persas ; se hablaba en Persia 
y parte de la India. Nota del Mr. Mohl, 

Existen varias monedas de la India con inscripciones y caracteres pehlevls. (Véase 
Wilson, Ariadna anííca), 

(2) Título que se daban los reyes de Persia. 

(3) Aquí parece que se trataría sólo de una ▼aríación del ajedrez. Debo hacer cons- 
tar que Mr. Julio Mohl, por más que traduzca nard por tric-trac, en el prefacio de la 
traducción del Libro de los Reyes, pág, V, hace ya notar la poca semejanza del nard con 
el tric-trac 6 jaquet. 

19. — EL AJEDREZ. 



146 EL AJEDREZ 

éste con las alabanzas y gracias & Dios por la victoriosa supremacía inte- 
lectual de los persas (1). 

Firdusi acaba esta relación dando á entender la gran parte que de 
su propia cosecha había puesto en ella, pues dice: «Por la gracia del 
Señor del sol y de la luna, de quien provienen la victoria y el sustento, 
he podido componer una relación aún mas admirable que la aventura de 
Buzurdjmihr, ¿ quien Dios había concedido tanta sabiduría, contando la 
historia de Thalhend y de la invención del juego del ajedrez.» 

En los ocho capítulos siguientes explica la historia y las guerras 
civiles de los dos hermanos Gan y Thalhend (2), hijos de una madre que 
había sido casada con dos hermanos, ambos reyes de la India, y de cada 
uno de los cuales había concebido uno de dichos hijos : llegados éstos á 
su mayor edad, se disputaron la corona que sucesivamente habían 
ceñido sus padres, venciendo por fin Gan, quien quería consolar ¿ su 
madre de la muerte de Thalhend tratando de persuadirla de que éste 
había muerto gloriosamente en el campo de batalla (3). No encontrando 
medio de satisfacer la exigencia de su madre, entró lleno de angustia 
en su palacio, llamó á su preceptor y le contó lo que le pasaba. Por 
consejo de éste convocó Gan ¿ todos los sabios de Kachmir, Denber, 
Margh y Ma^í, hasta la frontera de China, mandando un caballero á todos 
los puntos en que había un mobet distinguido. Todos se reunieron en 
aquella corte ilustre. 

«El rey del mundo se sentó con sus indios, hombres poderosos, 
sabios y de brillante espíritu; el preceptor les trazó un dibujo de un 
campo de batalla para demostrarles cómo se había veridcado el combate 
de los reyes y de los ejércitos; todos le hablaban á este hombre ingenioso 
de los ríos, del foso y de la presa del agua; ninguno de ellos durmió 
aquella noche y no sabían hablar de otra cosa. 

»Cuando el son de los timbales se dejó oir en el Meidan, estos 
hombres llenos de experiencia pidieron madera de ébano y dos hombres 
esforzados y benévolos hicieron un tablero cuadrado representando el 
foso, el campo de batalla y los dos ejércitos uno enfrente de otro. En este 
tablero se dibujaron cien casillas, en las que podían moverse los ejércitos 
y los reyes; en seguida hicieron dos ejércitos de madera de (eck y de 
marfil y dos reyes con la cabeza alta, majestuosa y coronada; los peones 
y los caballeros formaban dos filas en orden de batalla; se labraron 
figuras de caballos, elefantes, visires y valientes roks, que se lanzaban á 
caballo contra el enemigo, tal como van ellos al combate, los unos 
aprisa y brincando, los otros con calma. El rey estaba en el centro 

(1) Buzurdjmihr es en Oriente el representante de loda la sabiduría humana, 
como Nursbirawan es la representación de la justicia en este mundo. (Mohl. Ob. cit. 
Prcf. V.) 

(2) Es la misma tradición de que he hablado antes refiriéndome á los manuscritos 
persas que sirvieron de guía á Mr. Duncan Forbes. Para más detalles véase Firdusi, 
Ob. cit., tomo VI, pág. 319 á 356. 

(3) La reina dice á su hijo: «Hazme ver como Thalhend ha muerto encima de un 
elefante; si no puedes mostrarme eso claramente, mi alma llena de ternura se consu- 
mirá por el fuego del dolor.» El preceptor dice á Gan : «No encontraremos tan fácilmente 
lo que deseamos. Llamemos á todos los Jóvenes y viejos, á cuantos hombres notables 
por su sagacidad haya en el reino.» 



BL AJEDREZ 147 

(de la fila) teniendo & su lado & su benévolo preceptor, y junto á ellos dos 
elefantes que levantaban un polvo sombrío como las aguas del Nilo (1); 
pusieron dos dromedarios al lado de los elefantes (2), montados aquellos 
por hombres de puras intenciones; los dromedarios iban seguidos de dos 
caballos, cuyos caballeros estaban dispuestos á combatir los días que 
durase la batalla; por último, esta fila terminaba en ambos ejércitos con 
dos valerosos roks con los labios cubiertos de sangre y espuma. Delante y 
detrás se movían los peones destinados á acudir, durante el combate, en 
auxilio de los otros y si uno de ellos cruzaba el campo de batalla hasta el 
extremo opuesto, iba k ponerse al lado del rey como el preceptor. Este 
en el combate nunca avanzaba más que una casilla delante del rey; el 
elefante, que llevaba alta la cabeza, recorría tres casillas y observaba 
todo el campo de batalla hasta la distancia de dos millas; también el 
dromedario podía avanzar tres casillas, marchando por el campo de 
batalla (en línea directa como la torre); el caballo saltaba á la tercera 
casilla apartándose en una de su camino directo. Nadie se atrevía á com- 
batir frente á frente con el rok, porque éste podía cruzar todo el tablero. 
Cada uno se lanzaba así á su propio terreno, no haciendo más movimien- 
tos que los que le estaban prescritos. Cuando alguno se encontraba en el 
combate á tiro del rey, decía en voz alta: «¡Cuidado, oh rey!» y el rey 
abandonaba su casilla hasta que ya no podía moverse, porque el otro 
rey, el caballo, el preceptor, el elefante y los soldados de a pie le habían 
cerrado el camino; él miraba á su alrededor por los cuatro lados, viendo 
á sus hombres por tierra con las cejas fruncidas, el agua del foso impi- 
diéndole el paso, al enemigo á derecha é izquierda, delante y detrás, 
muriéndose además de sed, que tal era la orden que le había prescrito 
el cielo que gira (3).» 

)»Gan, el rey noble y benévolo, había deseado vivamente este juego 
del ajedrez que representaba la suerte de Thalhend; su madre lo estudió 
con el corazón hinchado de sangre por el luto de su hijo; estaba de día y 

(t) ¿Por qué, 8i tuvo luga ría invención del ejedrez en la India, se ha de hacerla 
comparación con las aguas del Nilo y no con las del Indo, del Ganges, del Sind, ó de 
cualquier otro de los ríos de aquel país? ¿No indicaría esto que la tradición á que se 
reflere Firdusi hubiese sido importada allí de Egipto? Es probable. 

(2) La caballería montada en dromedarios era esencialmente egipcia, y esto podría 
ser una nueva prueba de la procedencia egipcia de la tradición recogida por Firdusi 
sobre el origen del ajedrez. Bonaparte en su famosa expedición á Egipto renovó ó reor- 
franizó esta clase de caballería, que tanto terror causó á los árabes ó beduinos y que tan 
buenos servicios prestó al general de la República francesa. 

Según Herodiano (IV. 28-30) los persas organizaron la caballería de camellop en los 
últimos tiempos de su imperio. 

(3) Por la descripción de Firdusi se ve que en un principio el tablero de ajedrez 
indio estaba dividido por un foso ó río, como el chino. ¿Sería quizá la unificación del 
tablero, su reducción á 8 X 8 casillas y la reducción de las piezas, la modificación que se 
efectuó en Oriente en tiempo de Nurshirawan, que fué cuando los persas conocieron el 
ajedrez por sus íntimas relaciones con la corte de Consta n ti nopla? ¿Es la invención del 
nard por Bua^urdjmihr la modificación ó cambio en el modo de jugar á que se refieren 
los autores? Todo es posible, teniendo en cuenta que el tablero, asf en la India como en 
China, podía «er copia del que introdujeron allí los griegos sucesores de Alejandro, y 
que el adoptado nuevamente por los persas era el tablero de 8 >< 8 casillas usado gene- 
ralmente en Europa por ser el más adecuado á la índole del juego, como dice D. Alfonso 
el Sabio. , (- 



14S EL AJEDREZ 

de noche llena de dolor y de rabia con los ojos clavados en el ajedrez; no 
quería ni deseaba otra cosa que este juego, pues tenia el alma desga- 
rrada por la pérdida de Thalhend; no cesaba de derramar lágrimas de 
sangre y sólo del ajedrez esperaba el alivio de sus penas. Así perma- 
neció, sin comer y sin moverse, hasta que llegó su fin. Tal es la natura- 
leza de las cosas del mundo que unas veces te dan gran pena y otras 
mucha alegría. ;> 

)>He acabado esta historia tal como la he encontrado en antiguas 
relaciones; el tablero ha quedado desde aquel tiempo como una memoria 
entre los hombres.» 

¿Se refiere este último p&rrafo al escudo de los caballeros que tenían 
por blasón un tablero de ajedrez? (1). 

Como se ve, Firdusi está muy lejos de dar el chaíuranga como primi- 
tivo juego de ajedrez, pues bien claramente describe uno de los juegos 
que se jugaban en la Edad Media, — una variación del juego de Tamer- 
lán con el tablero de 10 por 10 casillas , dos únicas filas de piezas , dos 
reyes, dos reinas ó visires y cuatro pares de piezas dobles , con los movi- 
mientos que tenían en aquel tiempo. Aquí repito lo que he dicho antes; 
6 Duncan Forbes no había leído á Firdusi ó escribía de mala fe, pues 
después de haberse extendido mucho acerca de cuanto se relaciona con 
la embajada india, se contenta con decir: «Firdusi habla más adelante 
de un juego de ajedrez de diez casillas, pero es posible que haya en esto 
una equivocación del copista.» El lector puede juzgar si era posible que 
ningún copista se equivocase en la extensa relación que hace Firdusi 
del juego que él considera como la primera forma del ajedrez en la 
India. Firdusi echa por tierra la absurda teoría de que el chaíuranga era 
el juego de ajedrez primitivo y que en el siglo vi de nuestra era se 
transformó en el tablero de 64 casillas, 8 por lado, pues nos da como 
primitivo juego de ajedrez el tablero de 10 casillas de lado con diez 
piezas nobles y diez peones á cada lado. Tengan esto presente los que, 
copiándose unos á otros, citan á Firdusi de referencia y sin haberlo 
leído (2). 

Según el poeta persa, la invención de este juego tampoco fué obra 
de un talento privilegiado, como se ha pretendido, ni se hizo poco apoco 
en la sucesión de los tiempos, sino que fué hecha por una, reunión de 
sabios dirigidos y presididos por un rey y su primer ministro. 

De la descripción de Firdusi se desprende que el tablero primitivo 

(1) M¿8 adelante veremos que en Cataluffa ios condes de Urgel adoptaron el tablero 
de ajedrez como divisa de su escudo, igualmente que otros muchos nobles de toda 
España. 

(2) DuDcan Forbes, al acabar el extracto de la tradición de los dos hermanos 
<0b. cit., pégs. 70 y 71), dice: cEn esta ocasión fué cuando Sassa, hijo de Dahir, modificó 
al juego, como hemos dicho en la primera relación. De paso debo hacer constar que 
Sassa y Dahir son personajes reales, habiendo figurado ambos como príncipes de la 
dinastía brahmánica (?) que reinó en Sind, hacia el comienzo de la Era Mahometana... 
En efecto, Sassa fué el primer príncipe indio que encontraron los musulmanes al llevar 
sus armas victoriosas á las riberas del Indo.» 

Ya hemos dicho que esto sucedió en el siglo xi de N. E., época en que escribió Fir- 
dusi, y todo nos da á entender que el ajedrez era para éste una cosa completamente 
nueva* 



BL AJEDRBZ 149 

estaba dividido por un foso lleno de agua ó por un río, como el actual 
tablero chino. 

Por todo cuanto acabo de exponer se ve que á Duncan Forbes no le 
convenía citar la invención del ajedrez tal como la cuenta Firdusi, en 
quien se apoya para sostener una teoría que, como hemos visto, el escri- 
tor persa destruye por completo. 



CAPÍTULO XIII 



FIBDÜSI 



II 

El orgullo nacional y el odio de raza, acompañados de las rivalida- 
des políticas y de las luchas religiosas, no permitían á los persas-&rabes 
conceder ¿ los pueblos de Occidente una superioridad intelectual que 
sin duda reconocían, pero que querían reservar para su propia raza, 
y sobre todo para sus despóticos soberanos los reyes de los reyes^ los reyes 
del mundo (1). Eso hacía que prefiriesen atribuir á los indolentes y obtu- 
sos indios, que realmente les eran inferiores en cuanto & dones de la 
inteligencia, el origen é invención de la mayor parte de las cosas que 
habían copiado de los occidentales, con quienes no podían soportar tan 
ventajosamente la comparación como con los indios, sus subditos y tri- 
butarios (2). 

(1) Un mobet dice á Cosroes Parviz: «Desde que apareció el misterio de este mundo 
que gira (desde la Creación) la inteligencia ha sido dividida en cuatro partes: casi la 
mitad ha sido dada á los reyes, porque es preciso que la majestad y la razón vayan 
juntas; otra parte es el lote de los hombres puros; la tercera es la parte de los servidores 
del rey, porque, ya que están cerca del Señor del mundo, su inteligencia no se oculta 
delante de ellos; en ñn, queda una pequeña parte de inteligencia que los sabios atribu- 
yen á los cultivadores *. Pero el hombre ingrato y el que no conoce á Dios no tiene inte- 
ligencia.» «Si yo escribiera estas palabras con letras de oro no haría más que honrarlas 
como es debido.» 

(2) Firdusi, después de los cuentos del certamen del ajedrez y del encuentro de 
Calila y Dimna, reñere en otro capítulo que el César mandó á Cosroes un mensajero con 
varios presentes y una arquilla cerrada con candado, diciéndole, como de costumbre, 
que si, sin tocar éste, adivinaba lo que había dentro de la arquilla, le mandaría el tributo 
y además ricos presentes, según acostumbraba, pero de lo contrario, si el talento de sus 
ingeniosos mobets no lo acertaba, no tenía que exigir más tributos ni mandar un ejército 
á aquel Imperio. Es inútil decir que quien descifraba todos esos enigmas era Buzurdjmihr, 
quien es sacado de la cárcel con este objeto, y por las contestaciones que le dan tres 

* Los cultivadores en Persia recibían el nombre de Dihkans, pa'.abra que significa también 
historiador ó, mejor aún, guardador de las tradiciones. Firdusi refiere á ellos la procedencia de 
la mayor parte de sus historias. «Ved lo que cuenta un anciano é ilustre Dihkan,» dice repetidas 
veces en su obra. Él era hijo de un Dihkan. 



EL AJEDREZ 151 

Bsto se ve constantemente demostrado en Firdusi que insulta con 
frecuencia á los romanos y llama miserables k los cesares, emperadores 
de Oriente, pero que nunca compara la inteligencia de los persas con la 
de los romanos, y, si alguna vez le conviene hacerlo para que resalte la 
penetración de los sabios de Persia, se contenta con hacer que los roma- 
nos propongan el enigma haciendo que lo descifren los persas, como 
sucede, por ejemplo, con los de la arquilla cerrada y de la niña que 
lloraba (1). 

mujeres que una tras otra encontró en su camino, viene en conocimiento de que lo que 
había dentro de la arquilla eran: « tres brillantes perlas envueltas en más de tres cubier^ 
tas: una completamente horadada, otra agujereada por un lado y la tercera que no había 
sido tocada por ningún hierro.» Con este motivo Buzurdjmihr se rehabilitó, desvane- 
ciendo las calumnias que le habían hecho perder la gracia del rey y le habían valido la 
prisión. 

(1) Cuando los embajadores de Cosroes Parvis fugitivo estaban en Conslantinopla 
negociando su alianza con el César. 

cLos romanos preparan una ñgura mágica y someten á los iranianos á una prueba. 

» Cuando el sol que gira palideció y el astro hubo aparecido en la constelación de 
Sirio, el César dio orden de que reflexionasen largamente á los magos.^ Preparad, les 
dijo, en algún sitio una obra de mágica maravillosa que nadie pueda distinguir de un 
cuerpo humano, una figura de una mujer hermosa sentada en un trono bien arreglado, 
modestamente vestida con una larga túnica, que tenga dos esclavas, una delante y otra 
detrás, y dos camaristas, una á cada lado. Esta figura con cara de luna estará sentada en 
el trono sin hablar palabra y figurará una mujer que llora; de cuando en cuando levan- 
tará una mano y se enjugará una lágrima, y el que la vea de lejos la tomará por una 
mujer de brillante rostro que llora amargamente al Mesías, de sonrosadas mejillas, y las 
lágrimas caerán de sus ojos como una nube de verano. 

» Colocada en lugar conveniente esta gran figura mágica, uno de eus consejeros lo 
notificó al César, quien escuchó las palabras del sabio y sin perder momento corrió á ver 
la imagen. Quedó admirado de aquella obra de mágica y mandó comparecer ante él á 
Gustehem. Fué espléndido con los magos dándoles dinero y regalos. Y dijo á Gustehem: 
— ¡Oh, héroe ilustrel Tengo una hija como una primavera; ha crecido y ha llegado ya 
el tiempo de casarla. Yo tenía un pariente ambicioso de gloria, á quien habla dado mi 
hija, conforme al rito del Mesías, á la que, en la ignorancia (/e¿/)orren¿r, he hecho quitar 
el velo; la había enviado al palacio de dicho joven, pero el alma de éste había volado el 
cíelo. Ahora mi hija está Eumida en la tristeza y el duelo y la brillantez del día se ha 
oscurecido para ella. Rechaza mis consejos, no dice una palabra, y el mundo, que me 
parecía tan joven, se me ha vuelto viejo á causa de este disgusto. Tómate la pena de ir á 
verla y hazla justas reflexiones. Tú eres joven y de la raza de los nobles Pehiewans; tal 
vez ante tí desate su lengua— Gustehem respondió: — Voy á probarlo con la esperanza de 
despertar la sensibilidad de su corazón. 

>Este hombre ilustre se fué hacia la figura con el corazón abierto y lleno de clemen- 
cia; cuando se acercó, se inclinó ella desde le alto de su trono. El noble Gustehem se 
sentó humildemente y dirigió la palabra á aquella mujer adolorida. Empezó brevemente 
dándola consejos y la hizo largos y sabios discursos diciéndola:— { Oh, hija de los Césa- 
res! un ser dotado de razón nunca se queja de lo que le depara la suerte. £1 águila en su 
vuelo, el león en la selva y el pez en el agua no se escapan de morir.— Pero las palabras 
del Pehlewan no eran más que viento porque tenía ante sí un cuerpo sin alma, una cabe- 
za sin lengua que incesantemente hacía con su dedo caer lágrimas delante de aquel 
médico elocuente. Mientras Gustehem estaba admirado de aquella figura, el César le 
mandó llamar y le dijo:— ¿Qué te parece de esa hija cuyo duelo y tristeza me llenan el 
alma de pesar?— Gustehem respondió:— La he dado muchos consejos pero ningún efecto 
le han causado. 

»A1 día siguiente el César dijo á Baloni:— Id hoy todos juntos, tú y Eridán y Scha- 
pour, ese hombre de distinguida cuna, os ayudará á conseguir que mi corazón pueda aún 
regocijarse con mi hija. Vé á verla y habíala del glorioso rey, tal vez obtengas de ella 
alguna contestación, pues ya me tiene llena la cabeza con su dolor. Sería posible qne 
pudieses aliviarme de esta pena; dirigid preguntas á mi ilustre hija, tal vez escuchará 



152 BL AJBDRBZ 

En la obra de Firdusi hay repetidas pruebas de esa antipatía de los 
persas-árabes de su tiempo contra los pueblos occidentales, y voy & citar 
algunas de ellas. 

En una de las tantas conferencias del rey con sus mobets, dice uno 
de estos (pig. 383, VI): «Cuando el rey envía un ejército contra el César 
sólo llama á los Iranianos y estas guerras contra los romanos llevan la 
miseria al Irán. Y el rey le contesta: Esta enemistad es innata, es la 
lucha contra los Ahrimán.j) Es decir, contra el demonio ó sea el Genio 
del mal. 

Escribieron k Cosroes: «Cien hombres ricos del Boum (Roma) quieren 
rescatar á sus parientes pagando en oro,» y él respondió: «Si los 
quieren rescatar porque temen por ellos, vended cada uno de sus nota^ 
bles por una copa de vino y no les pidáis nada más. Con la espada toma- 
mos sus joyas, sus esclavos y sus cajas de oro y plata.» 

A pesar de la antipatía y desprecio con que en la obra de Firdusi se 
trata al Imperio Romano, se encuentran en ella pasajes en que se con- 
fiesan los progresos de la civilización romana. Cuando Cosroes Nurshir- 
wan se preparaba á recibir la célebre embajada india que le llevó el 
juego de ajedrez, hizo tapizar el salón de su palacio con trocado del Roum. 

▼uestroB consejos y reflexiones y comprenderá quién sois y lo que valéis. Creo que hoy os 
contestará , y en cuanto haya hablado con su voz que trae la dicha, saldré de la angustia 
en que estoy por esa desgraciada que no cesa de derramar lágrimas de sangre. — Esos 
tres nobles persas fueron á verla, todos la hablaron de gloria y de combates, pero ningu- 
no de ellos obtuvo contestación y la mujer muda continuó callando. 

c Habiendo fracasado, abandonaron aquel palacio y volvieron donde estaba el prín- 
cipe, á quien dijeron :— La hemos hablado y aconsejado, pero aquella alma desolada no 
ha hecho caso de nosotros.— Él contestó :— La desgracia quiere que esa hija nos entris- 
tezca con su duelo. No habiendo encontrado recurso en aquellos hombres ilustres, se 
apresuró á dirigirse al noble Kharrad, hijo de Berzfn, diciéndole:— ¡Oh, hombre glorioso 
y valiente, la flor y nata de la raza de Ardeschir I vé una sola vez á ver á mi hija; espero 
que en seguida te hará oir su voz; porque yo estoy muy afligido por su estado y lleno de 
angustia por su apatía. Yo no entiendo qué suerte le ha tocado y estoy desconcertado 
con este asunto. Tal vez tú me sacarás de la dificultad porque eres un hombre noble, 
prudente y glorioso. 

>E1 César le mandó con un criado de confianza al palacio de aquella mujer adolo- 
rida. Llegado á su presencia Kharrad, hijo de Berzín, examinó su cara, sus manos y su 
diadema; permaneció largo tiempo delante de ella y la engaffadora figura le saludó. Él 
miró detenidamente de píes á cabeza á aquella mujer, así como á las criadas que la ro- 
deaban; la habló mucho pero ella no le contestó; el descendiente de reyes entró en sos- 
pechas y dijo para sí: — Si el dolor ha vuelto insensible á esta mujer ¿por qué las criadas 
son mudas? Si sus ojos derramasen verdaderamente lágrimas, seria natural que su dolor 
disminuyese. Sus lágrimas caen en su seno, pero ella no se mueve á derecha ni á izquier- 
da. Las lágrimas que vierte siguen siempre la misma dirección y pone siempre la mano 
sobre el muslo de un mismo lado. Si dentro de esa figura hubiera alma, movería todo el 
cuerpo y no sólo esa mano y ese pie, y las lágrimas le caerían en todas direcciones. Yo 
no observo movimientos de vida en ese cuerpo: eso no es más que un artificio de los 
filósofos. 

> Y se volvió á ver al César á quien dijo sonriendo:— Esa mujer de cara de luna no 
tiene alma. Es una figura hecha por los romanos, cosa que Baloni y Gustehem no han 
sabido conocer. Te has querido reír de los iranianos ó engañar nuestra vista. No reirá 
poco enseñando sus dientes el rey Cosroes cuando sabrá esta aventura.» 

Eeta anécdota demuestra palpablemente que los bizantinos eran grandes mecánicos 
y no habla mucho, que digamos, en favor de la perspicacia de sus estimados iranianos. 
Traslado á los que atribuyen á los persas y á los árabes toda clase de artefactos mecá- 
nicos de loe siglos viu al xii. 



EL AJEDREZ 153 

En uno de sus tratados con romanos, en el que se estipulaba que éstos 
deben pagarle un tributo; Cosroes pide ipreferentemente piezas de brocado 
del Roum, para vestir & sus cortesanos, que estaban necesitados de aquella 
ropa. Lo mismo el rey que alguno de sus personajes notables, en ocasio« 
nes críticas ó solemnes, se ponen cascos y corazas del Soum. En el Roum 
y en la India se supo que, por la buena administración de Cosroes, el 
Irán se había vuelto como raso del Roum (1). Cosroes Nurshirwan dice ¿ 
Mihras, enviado del cesar Justiniano para tratar la paz: — ¡Oh, hombre de 
brillante inteligencia! ¿no has traído contigo una persona que pudiese 
enseñarnos & hablar bien? (2). Aunque la tierra de Roma se convirtiera 
en oro, tú valdrías más que este noble país. 

Hormonz dice á su hijo Cosroes II, — Parviz,— después que fué derro- 
tado por Bahram: «Si te decides á dejar este país, vete pronto hacia 
Roma (3) y cuando hayas llegado allí repite al cesar, — Mauricio, — todas 
mis suplicantes palabras. Fste es un pats en que hay religión y riquezas y 
en que las tropas y las armas están en buen orden.» 

Cuando el emperador Mauricio recibió la noticia del nacimiento de 
su nieto, — hijo de su hija Miriam y de Cosroes II, — envió de Constanti- 
nopla como regalo para su hijo y yerno, «doscientos camellos cargados 
de oro y plata y otros doscientos que llevaban piezas de brocado del 
Roum, brillando en ellas el oro de tal manera que nadie hubiese dicho 
que la tela tuviese urdimbre de seda,» y entre otras cosas había «cua- 
renta tableros de oro con pies de coral, tableros dignos de un rey; y en fin, 
figuras de animales salvajes de plata y oro que tenían en vez de ojos piedras 
finas, i> 

(1) Ob. cit. t. VI. pég. 141. 

Cuando Gardie, — la hermana de Babram,— hubo muerto á Gustehem, revistió una 
coraza romana y en las pruebas de valor que después ejecutó en presencia de Cosroes 
Parviz, que ya era su esposo ó señor, pidió á una esclava una cota de mallas y un 
casco romano. 

Tratando Yerdegird,— último rey de la dinastía de Sarsanide,— de huir de los árabes, 
que se habían apoderado ya de la mayor parte de su reino, dio orden de llevarse la coro- 
na, el trono, el sello, el anillo real, las túnicas del Roum y «entre los productos preciosos 
que poseemos los productos del Roum y de Thasef, brocados de oro, telas en pieza y todo 
lo que valga la pena de llevárnoslo.» 

En los tiempos de los reyes fabulosos Zohak, Feridon, etc., en que cada uno de ellos 
reinaba 300, 500, 700 y 1000 años, los héroes llevaban cascos del Roum, 

El célebre mandil del herrero,— el Palladium de Persia,— que según la leyenda sir- 
vió de estandarte en el levantamiento contra Zhak y á favor de Feridoum, lo revistió éste 
de brocado del Roum y lo adornó con una figura de pedrería sobre fondo de oro. (Firdu- 
si, ob. cit. t. II pág. 66). 

(2) Ob. cil. t. VII, pég. 172. La demanda del Rey de reyes es probablemente el 
resultado del discurso del embajador romano plagado de rastreras adulaciones. 

(3) Ya S8 comprenderá que al decir Roma y romano en la época de Cosroes II, se 
refiere al Imperio de Oriente ó Bizantino que, aunque separado de Roma, seguía siendo 
considerado por los pueblos orientales como el imperio romano. 

Firdusi cuenta que Cosroes Parviz, fugitivo, en su travesía de Ctesifonte á Constan- 
tinopla se detuvo en una montaña en que encontró un ermitaño cristiano que le pronos- 
ticó un pronto y favorable cambio de fortuna. — Cuando habrán transcurrido doce meses 
volverás á encontrar tu corona, después pasarán aún quince días sobre tu cabeza y volve- 
rás á ser el Rey de los reyes que derrame la luz sobre el mundo. (Ob. cit: t. VII, pág. 78). 

Afrasiab, para fortificar su último refugio Gungue, llamó á gran número de artífices 
de Roum, y Kei-Kosru, al atacar aquella ciudad, llevaba un cuerpo de ballesteroQ 
romanos. 

20.— EL AJEDREZ. 



154 BL AJEDREZ 

Esos tableros de animales de oro, plata, coral y piedras finas no 
podían ser más que tableros y piezas de ajedrez, al que Cosroes jugaba, 
lo mismo que al nard (1). En la vida de este rey contada por Firdusi no 
se encuentra m&s que un pasaje relativo á este juego, aquel en que dice 
que «parte del tiempo lo empleaba — Cosroes — en jugar al ajedrez y al 
nard (2).» 

Por este motivo su suegro, el emperador de Oriente, le enviaría sin 
duda los ricos tableros y piezas de ambos juegos, y aquí tenemos clara- 
mente demostrado que tan cacareado rico Juego de ajedrez que poseía 
Cosroes, juego de que tanto hablan los autores árabes y que, copiándolo 
de éstos, los escritores europeos ensalzaban como producto del arte persa, 
era de manufactura bizantina, y que, por confesión propia de Firdusi— 
en quien se apoyan para decir lo contrario, — fué de Constan ti nopla á 
Ctesifonte, como con toda seguridad se puede decir que fué también 
por el mismo camino el conocimiento de dicho juego. 

Por la vil y abyecta sujeción de los persas, cualquiera que fuese su 
estado social, á la omnímoda y despótica voluntad de sus monarcas, se 
pueden deducir los adelantos artísticos é industriales de que serían capa- 
ces, lo cual no les impedía considerarse como el primer pueblo de la 
tierra, y no sólo no querían aparecer nunca como vencidos por sus con- 
trarios, sino que tampoco querían deber sus victorias á sus aliados, 
porque su orgullo no podía tolerar que hubiese otros vencedores que ellos 
mismos. 

Al volver Cosroes Parviz á Persia para reconquistar su reino con los 
70 ó 100000 hombres y los 50 millones de pesetas que le había facilitado 
su suegro el emperador Mauricio, que constituían casi las únicas fuerzas 
de aquél, libró dos batallas con el ejército de Bahram, venciendo los 
romanos en la primera, que no fué decisiva, y derrotando completamente 
al ejército enemigo en la segunda, gracias á la pericia y valor del gene- 
ral romano Nearco y al arrojo de sus tropas, que llegaron á tiempo para 
reparar la imprudencia cometida por Cosroes que, por falta de experien- 
cia ó exceso de valor, había comprometido el éxito de la batalla. Pero 
Firdusi, ¿ quien su orgullo persa -mahometano no permitía confesar que 
la restauración de su estimado Cosroes fuese debida ¿ los romanos, 
cuenta los hechos de un modo completamente distinto (3). 

(1) Cosroes mandó en cambio al emperador Mauricio 160 bolsas selladas llenas de 
perlas Anas, bolsas que, según los libros del rey, valían cada una cien mil dirhems, 2,100 
piezas de brocado de la China, algunas de ellas tejidas de oro y bordadas de pedrería, 
50O hermosas perlas de Oriente y 160 rubíes que parecían granadas (granos de) y final- 
mente 300 camellos cargados de telas de China, India, Egipto y otros países, haciendo 
también ricos regalos al enviado del César. 

(2) Ob. cit. t. VII. No hay en ella ningún detalle de los que dicen Duncan Forbes y 
el Conde de Basterat. 

(3) El emperador Mauricio facilitó á Cosroes Parviz para que recobrase su trono 
70,000 hombres y 200 millones de pesetas, dándole además su hija Miriam por esposa. Hl 
general en jefe de las tropas romanas era Narses. Este salvó la causa de Cosroes, vencido 
en la primera batalla que estaba á punto de pe'rderse por haberse adelantado impruden- 
temente Cosroes con sus persas. En la segunda, Narses y los romanos desbarataron el 
ejército de Bahram, rompiendo su centro, lo cuol decidió el éxito déla batalla, quedando 
derrotados los de Bahram, quien obligado d huir se escapó como pudo. (Rowlinson, The 
Seventh Oriental Monarchy, pég. 481 á 490). 



BL AJEDREZ 155 

Según él, Bahram derrotó á los romanos en la primera batalla y en 
la segunda fué á su vez batido por los persas que acompañaban é 
Cosroes, en cuya boca pone las siguientes palabras dirigidas á Gustehem, 
uno de sus generales que le había acompañado en el destierro (1): «Si 
un solo romano se batía y Bahram resultase muerto ó tan siquiera herid j 
en la batalla, todos esos romanos alzarían la cabeza hasta la bóveda del 
cielo y se vanagloriarían en gran manera, y yo no quiero que levanten la 
cabeza ni se muestren orgullosos delante de nosotros por este combate: he 
presenciado sus altos hechos; son como un rebaño en día de borrasca.» 

Después, — parodiando el milagro de Ramsés III, — en 1400 a. de J.-C. 
— quien, encontrándose en la batalla contra los Hititas, solo y abando- 
nado en medio de 2,500 carros de guerra enemigos, invocó el auxilio de 
Amon-Ra, que le valió m&s que un millón de soldados (2), — Firdusi, para 
derrotar á Barham, hace salir & Cosroes acompañado sólo de catorce ca- 
balleros del Irán que á lo mejor le dejan solo y abandonado en un ba- 
rranco sin salida. «Allí, invocando el nombre de Dios, fué salvado por el 
ángel Serosch, vestido de verde (3) y montado en un caballo blanco.» 
Como Santiago de Galicia. 

(1) Según Firdusi, Cosroes no estuvo en Consta n ti nopla ; el orgullo persa no per- 
mitía que el Rey de los reyes representase un papel secundario en la corte de los cesares 
de Bizancio. 

(2) Por la imitación de este milagroso episodio, por las frecuentes comparaciones 
con las aguas del Nilo y algunos otros indicios, es de creer que Firdusi estuvo en Egipto; 
cuando menos tuvo noticias de aquel país. 

(3) Firdusi era de la secta de Alf que tenía por divisa el color verde, como los Om- 
Diadas tenían el blanco y loa Abasidas el negro. Nunca habla mal de los cristianos, pero 
se muestra muy parcial respecto á ellos. Destronado Hosmar y hecho prisionero por su 
hijo Cosroes Parvíz, compadece y tributa grandes elogios á este rey, al mismo tiempo 
que desprecia, insulta y llama rey sin vergüenza á Kobat, — que era cristiano,— porque 
incoluntaríamente cometía los crímenes de usurpación y parricidio, que eran precisa- 
mente lo mismo que voluntariamente había cometido Cosroes con su padre Hormar. 

Cuando Schirin, á la sazón concubina de Kosroes, envenenó á Miriam, su esposa 
legítima y princesa de relevantes virtudes y sin par hermosura, ponderada repetidas veces 
por él mismo, no tuvo una sola palabra de reprobación contra aquélla, cuyo crimen fué 
autorizado ó cuando menos consentido por el culpable marido, y cuando, después de 
destrozado y asesinado Cosroes, Kabat trata, de hacerla suya, no tiene bastantes pala- 
bras para ensalzar las virtudes de la ex-concubina y viuda ,del rey, haciéndola decla- 
rar la mujer más virtuosa del mundo por una asamblea, y después de engafiar con 
buenas palabras al rey, antes de entregarse á él, lo hace morir envenenado después de 
haber repartido todos sus bienes entre sus servidores y esclavos. Para salvar esto, que e£ 
una irregularidad en las costumbres persas,— tomada de las romanas,— antes de conveniz 
aquélla en que compartirá el lecho del rey, le pide permiso para disponer libremente de 
todos sus bienes. 



CAPÍTULO XIV 



FIEDUSI 



III 

Por las noticias que de ella tenía antes de leerla, ya sospechaba yo 
que la obra de Firdusi sería un poema épico que sólo tendría de histórico 
los nombres de los personajes, refiriendo los hechos generales á su ma- 
nera y veo que no me había equivocado. Mr. Mohl contesta por si mismo 
k la pregunta que se hace respecto al modo como Firdusi compuso su 
obra, al decir (1): «que éste hablaba de Bagdad en el reinado de Feridum; 
toma á Alejandro Magno por cristiano y confunde á Zoroastro con Abra- 
ham,:> amén de muchísimos cuentos que pretende hacer pasar como 
hechos históricos, hechos que el mismo Firdusi debía considerar como 
fabulosos, puesto que dice «que estaba cansado de tanta mentira (2).» 

Aunque Firdusi diga: «He compuesto un poema que contiene toda 
clase de relatos, pero no he contado en él m¿s que lo que he leído,» 
podía muy bien creer que una gran parte de lo que había leído era 
falso y ser esta la causa de decir que estaba cansado de tanta mentira. 
Mas tampoco en eso dijo verdad, puesto que se lee á menudo en su 
poema: «Refiere un viejo Dihkan,» «Según lo que he oído á un viejo 
Dihkan,» etc., lo cual prueba que no se sirvió únicamente de historias 

(1) Ob. cit. Prefacio, LII. c¿Se concretó exactamente (Firdusi) á las tradiciones tales 
como se habían recogido en tiempo de los Sasanidas y como existían aún entre lo« 
Dihkans, ó se sirvió de ellos como de un cuadro vago que llenó de cuentos á su placer? 

(2) Ob. cit. Prefacio, Lili y LIV. cAl principio de su poema Yusu/y Zuleica habla 
con mucha ligereza de su Libro de los Reyes, Se encontraba, — como hemos visto, — en la 
corte del Califa, en la que le echaban en cara que había abusado de su talento para hacer 
revivir la gloria de los antiguos reyes de Persia, y su objeto al componer nuevamente el 
nuevo poema era captarse la benevolencia de la corte ortodoxa. Declara, pues, que está 
cansado de Feridum y de Keikobads y cque quiere contar una historia, no según las 
antiguas tradiciones, sino según la palabra de Dios y la justicia». cNo contaré ya más 
historias de reyes, porque mi corazón está cansado de cortes reales y esas historias no 
son más que mentiras, doscientas de las cuales no valen ni un puñado de tierra.» 

Yo no creo que, como dice Mohl, Firdusi dijera eso para excusarse, pues basta leer 
su Libro de los Reyes para convencerse de que en aquella ocasión decía lo que sentía. 



SL AJEDREZ 157 

Ó de tradiciones escriías, sino que puso también á contribución las orales, 
siendo muy probable que tenga razón Mr. Mohl al decir que las tradicio- 
nes orales le sirvieron como un cuadro en Manco que llenó de cuentos d su 
placer, contribuyendo en gran manera á la transformación de las tradi- 
ciones persas en romances y cuentos maravillosos, que esta y no otra, 
como dice el mismo Mohl, es la suerte de las tradiciones épicas (1). 

Bste autor se esfuerza en querer probar que Firdusi, al escribir el 
Libro de los Reyes, no había alterado las tradiciones, dando entre otras 
razones la siguiente: «Hay otra razón que, por más que sea negativa, 
no es menos cierta & mi entender para creer que Firdusi no alteró las 
tradiciones: si lo hubiese hecho, se habría descubierto al punto, pues la 
crítica histórica era cosa casi completamente desconocida en su tiempo, 
y al apartarse de las tradiciones persas no habría podido menos de caer 
en las de los musulmanes. » No sé ver la razón de esto último, porque 
Firdusi, — sin tener que acudir para nada á las musulmanas, — podía 
alterar las tradiciones persas, ya introduciendo en ellas variantes ó in- 
venciones producto de su fecunda imaginación, ya valiéndose de tradi- 
ciones griegas y romanas, como Mr. Mohl confiesa que realmente lo hizo 
al ocuparse del período de Alejandro Magno; por lo que, «en vez de dejar 
correr su imaginación en un asunto que tanto se prestaba para ello, 
prefirió servirse de los cuentos con que los soldados griegos habían llenado el 
Occidente á su regreso (2).» Por otro lado, yo creo que Firdusi conocía 
una gran parte de la literatura griega y romana, y que al hacer los dis- 
cursos y cartas filosóficas que tanto abundan en su obra, se inspiró en 
algunos libros occidentales, y sobre todo en el tan celebrado de Calila y 
Dimna, cuyo maravilloso hallazgo refiere (3). 

(1) Ob. cit. Prefacio, LXXXIl. cLa suerte de las tradiciones épicas es la de degenerar 
en romances y cuentos maravillosos. Esas dos clases de fábulas se introducen muy 
pronto en la tradición y se abultan á expensas de los recuerdos históricos, que van bo* 
rrándose más y más de ellas. El nombre de los héroes queda, pero no sirven más que 
para llamar la atención sobre los relatos fantásticos,» 

No me queda duda de que Firdusi se sirvió mucho de las tradiciones orales; él mismo 
lo dice claramente al empezar varias hiatoriaa. En el episodio de Sohrab dice: c Voy á 
contar la historia, según las palabras de un viejo Dihkan»y en otros varios puntos dice lo 
mismo. 

(2) Ob. cit. pág. LVII. cEstos cuentos habían sido recogidos en varias colecciones, 
algunas de las cuales existen todavía en griego y en latín, habiendo sido traducida al 
árabe una de ellas. Con ayuda de esta última llenó Firdusi la laguna que había encon- 
trado en las tradiciones de su país, adoptando el cuento persa que hace de Alejandro un 
jefe de raza persa, hijo de Darab, — rey de Persia, — y de una hija de Filipo de Macedo- 
nia, del mismo modo que las relaciones olejandrinas de las fábulas griegas consideran ú 
Alejandro como hijo del egipcio Nectanebo.» 

(3) En la misma página citada en la nota anterior Mr. Mohl pone la siguiente nota: 
«Los filósofos griegos tienen muchas tradiciones sobre la sabiduría, los discursos y la 
iumba de Alejandro que han sido traducidas al árabe, habiendo sido parte de ellas pues- 
tas en verso por Firdusi, como diré á su debido tiempo.» 

El maravilloso modo de contar Firdusi el hallazgo del libro de Calila y Dímna me ha 
confirmado en mi opinión de que el tal libro no era indio ni cosa que se le pareciera. 
Firdusi hace encontrar este libro en el mismo país y en poder del mismo Rajah que 
mandó el ajedrez á Nurshirwan para que adivinase el modo de jugarlos Barzui, médico 
elocuente, se presentó á Nurshirwan, diciéndole que aquel día, estando en una tranquila 
disposición de ánimo, había ojeado un libro indio en que estaba escrito «que en una 
montafia de la India crecía una planta brillante como el raso romano,- si un hombre 



158 SL AJEDREZ 

No se concretaría estrictamente á las tradiciones de su país cuando 
los persas hicieron tan poco caso de su libro, como se desprende del final 
de la obra, al señalar Firdusi la época en que la terminó (25 de Febrero 

hábil la coge, y con ayuda de la cieacia hace de ella una mixtura y en seguida la derra- 
ma Bobre un difunto recobra éste inmediata é infaliblemente la palabra. El rey le respon- 
dió: — No es probable que eso sea cierto, pero no será malo probarlo. Lleva una carta mía 
al Rajah indio, estudia la naturaleza de esos idólatras de la India, y busca entre ellos un 
amigo que te ayude: os deseo buena fortuna. 

Barzui fuese á la India, entregó la carta al Rajah, que le atendió y obsequió, llaman- 
do a todos los médicos y sabios que en gran número le acompañaron, y á pie y siguiendo 
á un experto guía recorrieron una montaña iras otra, cogiendo toda clase de hierbas 
secas y tiernas y haciendo inútiles experimentos, pues no lograron resucitar niá un solo 
muerto,— comprendiendo que la re8urrecc¿<$/ino puede ser más que obra de aquel Rey 
que es eterno y cuyo poder nunca acabará. 

Avergonzado y temiendo que se burlasen de él, reunió á los sabios pidiéndoles con- 
sejo y preguntándoles si conocían á alguien que fuese más sabio que ellos y descollace 
entre la multitud. A lo que contestaron : — Aquí hay un sabio anciano. Nos aventaje en 
affos é inteligencia: es más sabio que todos los sabios.— Le presentaron al tal sabio, quien 
les hizo un discurso lleno de ciencia, diciéndoles:— También yo he encontrado eso en los 
libros y me he entregado fervorosamente á la misma investigación; pero como todos 
nuestros trabajos no han dado ningún resultado, es preciso entender la cosa de otra 
manera: la hierba es el hombre sabio; la ciencia es la montaña, que siempre permanece 
alejada de la multitud; el muerto es el hombre ignorante, puesto que el ignorante nunca 
tiene vida; y, no lo dudes, la ciencia es la que viviñca al hombre, i Dichoso quien se 
ocupa de ella sin descanso! Pues bien, en el tesoro del rey hay un libro que los hombres 
de bien llaman Calila, y, cuando los hombres están aletargados por la ignorancia, el 
Calila es como la hierba de la resurrección y la ciencia como la montaña, pues él es el 
que guía hacia la ciencia y lo encontrarás en el tesoro del rey si lo buscas en él. 

Con tales palabras se le desvanecieron á Barzui las penas como si el viento se las 
hubiese llevado. Fué á encontrar al Rajah pidiéndole que diese á su tesorero la orden de 
que le entregase el libro, si eso no era pedirle demasiado. Al Rajah le supo mal seme- 
jante demanda, y volviéndose en su trono dijo á Barzui: — Nadie me ha pedido nunca tal 
cosa ni ahora ni antes. Si Nurshirwan, el señor del mundo, me pedía mi cuerpo y mi 
alma, no se lo negaiía, como no le negaría nada aunque fuese uno de mis grandes ó uno 
de mis subditos. Pero tú no leerás ese libro más que en mi presencia, para que los espí- 
ritus malévolos para mí no digan en su interior que alguien lo ha copiado; léelo, pues, 
compréndelo y examínalo por todas sus parles.— Barzui respondió:- ¡Oh Rey! no nece- 
sito más que lo que tú me ofreces. 

El tesorero del Rajah trajo el libro; Barzui estaba allí con su guía y cuando había 
leído un capítulo lo repetía de memoria durante todo el día, y cuando había leído todo lo 
que su memoria podía retener no leía más hasta la mañana siguiente; y cuando había 
devuelto el libro al rey, escribía un capítulo en secreto. De este modo hizo que llegara 
todo el libro á poder de Nurshirwan. Cuando recibió la respuesta : — Nos ha llegado el 
occéano de ciencia,— dichoso de corazón y sano de cuerpo, se despidió del Rajsh, que le 
colmó de bondades y regalos. 

Vuelto á la corte de Nurshirwan, Barzui no aceptó los preciosos regalos que el rey le 
ofreció, pidiendo por toda recompensa que el rey mandase poner un recuerdo de él en el 
primercapítulo del libro, á que éste accedió, diciendo á Buzurdjmihr: — Es preciso no 
negar á Barzui lo que desea. 

Es indudable que todas las noticias históricas que actualmente tenemos de este libro 
están sacadas del Libro de los Reyes de Firdusi, á quien, —como ya he dicho antes, -« 
el orgullo de raza y la antipatía religiosa hacía atribuir á los idólatras indios todos 
los inventos de mérito que le constaba provenían de los rumis cr¿8t¿a/ios,— bizantinos, — 
y no puedo extenderme en reñexionee y observaciones que no son de este lugar, para 
confirmar mi opinión de que Calila y Dimna es otro de tantos libros griegos que los 
árabes tradujeron y que no sería el único que, habiéndose perdido el oiiginal, hubié- 
semos recobrado por medio de las traducciones árabes. ¿De qué lengua lo tradujo en el 
siglo XI el médico bizantino Simeón Seth que, dedicó una versión griega de él al empe- 
rador Alejo Conmeno? 



BL AJBDRBZ 150 

de 1010): «Durante treinta y cinco años pasados en este mundo transi- 
torio me he extenuado en esfuerzos para obtener recompensa; pero estos 
esfuerzos han sido estériles y estos treinta y cinco años no me han repor- 

La clara inteligencia de don Pascual Gayango?, en su eruditísimo prólogo ó dicho libro 
(Biblioteca de Autores clásicos españoí^s.— cEscritores en prosa anteriores al siglo xv.») 
va encuentra en él pinturas y creencias diametralmente opuestas á las de la India y fre- 
cuentes alusiones á pasajes del Corán; sólo que las atribuye ó interpolaciones del primer 
traductor árabe del siglo viii,— que sin duda debe ser el siglo viii de la Egira, pues no 
podría ser de otro modo, — es decir, de un persa mardefsla convertido al islamismo, que 
suponen fué el primero que lo tradujo del pehleví, guiándose sin duda por el texto de 
Fírdusi, pues no sé que existan manuscritos árabes ó persas de tan remotos tiempos. 

Con el respeto debido á persona tan ilustrada como don Pascual Gayangos, me permi* 
tiré observar que autoridades como Wilson y Colebrooke, — que cita por lo que toca á 
textos sánscritos,— son boy lo que los franceses llaman surannées (anticuado); que 
Cosroes Nursbirwan no era el segundo rey de la dinastía de los Sasanidas, — como él 
dice,— sino el xxt» y que el Libro 'de los Reyes de Firdusi está muy lejos de ser,— como él 
cree, — un poema épico histórico que trata easclusicamente de las antiguas dinastías que 
reinaron enPersia, sino que es una cosa completamente distinta, como he demostrado 
ya en diferentes puntos del texto del presente estudio. 

¿Dónde se había conservado el tal libro? Mr. Julio Mohl en el prefacio de la obra de 
Firdusi, pág. 10, hace observar muy atinadamente cque probablemente no habrá colec- 
ciones históricas— archivos— en Persia, de otro modo Nursbirwan, su nieto Cosroes 
Parviz y Jesdedjird no habrán tenido necesidad de hacer venir de todas partes del Impe- 
rio— bizantino— hombres sabios— filósofos— para recitar tradiciones que ellos ya habrían 
sabido. Podría ser muy bien que se hubiese ya pensado en conservar por escrito algunas 
de estas tradiciones, y que los libros que las contenían hubiesen sido llevados á la corte; 
pero no es creíble que esos libros formasen ya una gran colección.» Esto lo dice refirién- 
dose al tiempo de Firdusi, es decir, cuatro siglos después del supuesto hallazgo del libro 
de Calila y Dimna. 

Todo induce á creer que la literatura persa del tiempo de los Sasanidas era hija de 
la bizantina, trascendiendo su influencia hasta en el mismo Firdusi, que atribuye á los 
persas ideas y hechos propios de los romanos, y algunas de cuyas anécdotas recuerdan 
las de Nabucodonosor, Icaro, San Jorge y otras de la literatura occidental. 

Por el texto de Firdusi se ve claramente que el tan celebrado Panicha-tantra ó 
Calila y Dimna^ está muy lejos de ser un libro indio, que la relación de su hallazgo en 
la India es un cuento, como lo es también que el original estuviese en sánscrito. Si ésta 
última circunstancia fuese cierta,— que no lo es,- demostraría que están muy equivoca- 
dos los que creen que Esopo lo conoció y lo imitó, pues cuando el fabulista griego escri- 
bía el sánscrito no era lengua escrita y tardó aún algunos siglos en serlo. Con toda segu- 
ridad puede afirmarse que ha sucedido todo lo contrario: Calila y Dimna es una imita- 
ción griega de Esopo escrita en Europa en la Edad Media, de donde es posible que 
pasara á Persia en tiempo deNurshinvan y de allí á la India, pero es más probable que 
la conocieran posteriormente los árabes y que sea otra de las muchas traducciones del 
griego que se hicieron desde Harum-el-Raschid en adelante, y que pasara á la India por 
conducto de los árabes, siendo después traducida del árabe ó del persa al sánscrito. 

Firdusi no llevó probablemente otra idea, con la supuesta invención del Calila y 
Dimna, que la de que un rey predilecto de Persia, Cosroes I, no fuese menos favorecido en 
el hallazgo milagroso de un libro importante que lo habían sido el rey de Sthonesvara,— 
India — y Josías, rey de Judá, éste en el hallazgo del Deuteronomio; sólo que el milagro 
va cambiando á medida que la copia va mudando de lugar y tiempo. 

Según el cómputo bíblico, allá por los años de $80 a. de C, el sacerdote Helcías, que 
limpiaba el templo y el erario por orden de Josías, dice de repente al escriba Sapban, cel 
libro de la ley he hallado» — el Deuteronomio— (II Reyes^ XXII, 4 á 17). Sapban lo llevó 
inmediatamente al rey y lo leyó delante de él : éste rasgó sus vestidos, y mandó á los sacer- 
dotes y escribas que fuesen á consultar á Jehová sobre la excelencia del libro. Sabida 
la contestación de la Profetisa ó Sibila^ el rey mandó congregar todo el pueblo, delante 
del cual se leyó el Deuteronomio, é hizo juramento de guardar y hacer guardar los man- 
damientos, testimonios y estatutos del libro. (II Reyes, XXII, 1 á 4). 

En la India la cosa varía de aspecto. Según la relación de Hiwen-Tsiang, (Biid. H, 



160 BL AJEDREZ 

tadonada.» Fírdusi dice que entonces tenía 80 años. Muy mezquina 
debió ser en efecto la paga que le diera Mahmud y muy mal le trataría 
éste cuando se determinó aquél á abandonar á Ohaznin, — la corte de 
Persia, — rompiendo y quemando antes los borradores de millares de ver- 
sos que tenía en su casa y que aún no había puesto en limpio. Después 
pasó á la gran mezquita de Ghaznín, escribiendo los siguientes dísticos 
en la pared del lado en que se ponía el Sultán : 

« La afortunada corte de Mahmud, rey de Zabulistán, es como un 
mar. lY qué mar! No se ven sus orillas. Cuando yo me sumergía en 
él sin encontrar perlas, no era culpa del mar si no de mi estrella.» 

En seguida entregó á Ayaz un papel sellado encargándole que lo 
hiciera entregar al Sultán después de pasados veinte días, le abrazó y se 
puso en camino con un bastón en la mano y cubierto con un manto de 
dervís, pues no tenía medios de hacer mejores preparativos de viaje (1). 
El papel era la célebre sátira que tan bien pinta el carácter del poeta; 
siendo causa de su muerte, — según cuentan, — lo mucho que se impre- 
rsionó un día pasando por el bazar al oír á un muchacho qne cantaba este 
verso de aquella sátira: 

ofW. C. pág. 124). cEd aquel tiempo había— en Sthanesvara— un brahmán de gran 
talento y mucha sabiduría, al cual el rey mandó secretamente un presente de algunas 
piezas de seda, rogándole que se retirase á un departamento reservado en el que compu- 
siera un libro religioso, y lo ocultase después en una caverna de la montaffa. Algún 
tiempo pasado, cuando los árboles de la boca de la caverna habían crecido, el rey, sen- 
tado en su trono, convocó ante sí á sus ministros, y les dijo:— Avergonzado de mi poca 
virtud en el alto puesto que ocupo, el Señor de los cielos se ha dignado revelárseme en 
un sueño, y conferirme un libro divino que ahora está oculto en tal y tal aspereza de la 
montaffa y en tal y tal rincón de las rocas.» 

En vista de esto, se expidió un edicto para que se buscase el libro; el cual fué hallado 
debajo de los matorrales de la montaña. Los altos funcionarios felicitaron al rey, y el 
pueblo se llenó de regocijo. El rey hizo público por todas parles la noticia del descubri- 
miento, mandando se enterasen de su contenido, pues, lo mismo que Jonás, atribuía las 
desgracias y decadencia del reino al abandono y olvido en que por muchos años se 
habían tenido las reglas y preceptos contenidos en el tal libro; de lo que se deduce 
que no se quería que se creyese que fuera un libro nuevo de la ley antigua, olvidando lo 
mismo que los preceptos que contenía. Así se quería hacer más fácilmente aceptables 
al pueblo unos preceptos ó leyes que nuevos indudablemente, se les suponía antiguos, 
olvidados y vueltos á conocer por descubrimiento milagroso. 

Firdusi, que da apariencia de novedad y carácter nacional á todo lo que se copia, no 
hace religioso sino moral, al libro descubierto nuevamente: ni pone el descubrimiento 
en su propia patria, ni en un templo como en Judea, ni en una montaña como en la 
India, sino en los archivos — imaginarios — del rey de Kananj, haciendo intervenir indi- 
rectamente la montaña, y sustituyendo el templo por el archivo. Como el estado civil y 
religioso del tiempo de Firdusi, y hasta el de Cosroes I, en la Pert^ia, era totalmente 
distinto del de los judíos de Josías, y del de la India de los primeros siglos de la Era Cris- 
tiana, Firdusi había de buscar una cosa del todo diferente, adecuada á las exigencias de 
la época; y por esto, como lo hace también con el ajedrez, supone la invención en el reino 
de Kananj en la India, y lo hace transmitir al rey de Persia por un esfuerzo de memoria 
de Buzurjdmhir, sin decirnos después el uso que Cosroes hizo, ó quiso hacer, del tal 
libro de modo que, como dijimos al principio, en este episodio de Firdusi no se ve otro 
objeto que el de la imitación de al^i^unos hechos de grandes reyes y héroes, desflgurán- 
dolos á su manera, y el prurito de quitar á los pueblos de Occidente el mérito de ciertas 
obras que indudablemente les pertenecían, atribuyéndolas á los indios, incapaces de eje- 
cutarlas. 

(1) Todos estos detalles y muchos otros, así como también la sátira, se encuentran 
•n la vida de Firdusi de Mr. Mohl; ob. cit. pref. pág. XXII á LII, 



BL AJEDKBZ 161 

<i(Si el padre del rey hubiese sido un rey, su hijo habría puesto una 
corona de oro en mi cabeza. y> 

El Libro de los Reyes de Firdusi, más bien que una obra de historia, 
es una colección de cuentos j muchos de los cuales son inverosímiles y hasta 
absurdos (1), que nada tienen que ver con la historia pero que contienen 
una enseñanza ó moraleja. En efecto, bajo este punto de vista la obra 
de Firdusi podría considerarse como un Tratado de doctrina filosófica y 
moral, pues lo mismo las curiosas y apasionadas anécdotas que los dis- 
cursos, diálogos y cartas en que abunda, están llenos de reflexiones y 
máximas filosóficas y morales, poniendo siempre en primer lugar, — des- 
pués de Dios, — la sabiduría y la razón, de las que, — como he dicho antes, 
— ^atribuye siempre, por el servilismo y la adulación propias de los orien- 
tales, la mayor parte á los reyes, quienes lo son todo en aquellos desgra- 
ciados países. 

Abunda la obra en bellísimas imágenes y en agradables descripcio- 
nes que dan á comprender á los que no saben el persa lo que será la 
poesía de Firdusi, haciéndola digna de ser leída y detenidamente estu- 
diada la infinidad de panas doctrinas, de reflexiones filosóficas y de má- 
ximas morales que contiene, y cuyo objeto es poner en relieve la insta- 
bilidad de las cosas de este mundo y la necesidad de conformarnos en un 
todo á la voluntad de Dios, autor y director de todo. Acaba Firdusi su 
obra diciendo con la fe de un xerdadero creyente: «La Era de Omar era 
llegada: traía una nueva religión que reemplazaba el trono por el pul- 
pito (2).» 

(1) Como, por ejemplo, matar diariamente dos hombres, durante mil afios que duró 
el reinado de Zohak, para dar á comer sus sesos á la serpiente, es decir, al mismo Zohak, 
cuya cabeza era una serpiente, hasta que dos hombres benéflcos, introduciéndose disfra- 
zados de cocineros en la cocina de aquél, encontraron medio de engañarle matando un 
carnero y mezclando los sesos de éste con los de un hombre, con lo cual se ahorraban la 
vida de un hombre cada día, ó la de treinta hombres al mes, como dice Firdusi. — Por 
esta anécdota se ve que el arte de adulterar los comestibles viene ya de muy lejos. — Al 
hombre cuya vida salvaban le obligaban bajo juramento á expatriarse y á retirarse á 
vivir al desierto. De esos jóvenes, ó quienes cuando llegaban á ser doscientos daban los 
cocineros algunas cabras y carneros, sin que ellos supiesen quien se los daba, nació la 
actual raza de los curdos, que no tienen residencia fija, que viven en tiendas de campa- 
ña y que no tienen ningún temor de Dios. (V. ob. cit. 1. 1, pág. 50). 

En la India hay muchos cuentos parecidos, según los cuales debfa sacrificarse dia- 
riamente una persona á una divinidad, serpiente. Naga, ó á otras parecidas. 

(2) A pesar de todo, Firdusi se muestra algunas veces tolerante en materias religio- 
sas. En la conciliación para el olvido de mutuos agravios entre Nearco, — general roma- 
no, — y Bendui,-^ general persa,— efectuada por mediación de la reina Miriam, Nearco 
dice á Cosroes: — |0h rey, sefiordel mundo! no pidas cuenta á un romano borracho. 
Continúa en la fe de tus padres; un hombre de Juicio nunca cambia de religión. 

Asesinado Jesdegind en un molino, despojado de sus vestidos y arrojado al río, dos 
religiosos le vieron flotar encima del agua y, habiéndole conocido, salieron los monjes y 
los abades, recogieron al desgraciado rey, le hicieron solemnes exequias, le dieron sun- 
tuosa sepultura, pronunciando cada uno de ellos un discurso, y finalmente tomó la pala- 
bra el obispo para darle el último adiós. 

Alguien fué á decir á Mahonf Suri, el usurpador: — cSe ha cerrado la tumba sobre el 
rey del mundo; los abades, sacerdotes y monjes del Roum, todo cuanto hay de religioso 
en esta tierra, jóvenes y viejos, entonando una fúnebre salmodia han dado sepultura al 
rey, etc». 

Se conoce que á Firdusi le preocupaban las cueationes religiosas. Aquí dice por su 
cuenta: cNosotros pedimos justicia para Jerdegírd, clamamos venganza contra los siete 

21. — RL AJEDREZ. 



162 EL AJBDRBZ 

En esta última nota (1) doy algfunos apuntes del Libro de los Reyes^ 

planetas; si éstos tienen ó no amor, el filósofo nunca me lo ha explicado^ el decoto, 
si ha hablado, lo ha hecho sólo por medio de enigmas, y todas sus respuestas no han 
sido más que misterios » 

(1) El pasaje de Sandabeh y Siawusch es exactamente igual al del casto José y la 
mujer de Putifar, y lo más notable es que Siawusch justifica su inocencia por la prueba 
del fuego, — propia de la Edad Media,— prueba de la que sale incólume y justificado. 

«El caballo, el caballero y sus vestidos salieron frescos; habrías dicho que llevaba 
una azucena en el pecho; si hubiese cruzado el mar no se habría mojado, ni su ropa 
habría conservado la menor señal de humedad. Cuando el santísimo Dios lo dispone, el 
soplo del fuego y el soplo del viento son una misma cosa... El casto Siaic use h llegó ante 
su padre, — la seductora era su madrastra,— sin la menor señal de fuego, humo, polvo ni 
tierra.» Había pasado entre dos montañas de fuego formadas con la leña que habían lle- 
vado de todos los puntos del Irán cien caravanas de camellos (!) (t. II, póg. 188 ó 192). 

Así como las murallas de Jericó cayeron al ruido de las trompetas y timbales de los 
israelitas, armados de antorchas y de ollas, así también el pretendiente al trono de Persia 
conquistó una ciudad por un procedimiento análogo. Keikosron se apoderó del castillo 
encantado de Bahman por medio de una carta escrita en seda y clavada por Guisi con la 
punta de su lanza en las murallas del castillo. La carta desaparece, se oye un gran 
estruendo, el terreno en que está el castillo se levanta, y de pronto, por orden de Dios, 
se derrumban las murallas con un estrépito parecido al trueno ó á una tempestad de 
primavera. Todo se oscurece, hasta que con una nube de ñechas de acero fueron muertos 
gran número de dioses, — demonios ó genios del mal, — y apareció una gran luz que 
disipó las tinieblas y descubrió la puerta, — que hasta entonces nadie había podido encon- 
trar. — El rey pretendiente y los iranianos penetraron por ella y vieron que dentro de 
aquellas murallas había una gran ciudad llena de jardines, palacios, casas y plazas pú- 
blicas; en el punto en que había aparecido la luz había quedado destruida la muralla y 
el rey mandó edificar en él un templo cuya cúpula llegaba hasta el ciclo^ como la torre 
de Babel. No es este el único punto que recuerda esta parte de la Biblia. Siawusch dice: 
«Haré edificar una torre que llegará á la luna y será digna del señor del mundo.» En 
efecto, después hace edificar una ciudad y una torre que recuerda la de Babel. También 
dice: «En este reino se oyó tal ruido que habrías dicho que aquella noche era la noche de 
la Resurrección^ (t. II, pág. 267 y 270). Fcridoum distribuye el mundo, — la tierra, — 
entre sus tres hijos dando á cada uno de ellos la misma parte que la Biblia señala á cada 
uno de los tres hijos de Noé (t. I, png. 105). 

Zohak es encadenado, como Prometeo, á unas rocas desiertas y escarpadas por dis- 
posición del ángel Sevosch (t. I, Zohak). 

Las aventuras, hazañas, constitución y fuerza de Rustem, recuerdan los trabajos de 
Hércules. La familia de Rustem es por excelencia la familia heroica de Persia. Rustem, 
como Hércules, es el tipo del héroe que se consagra al bien de la humanidad. Ni los tra- 
bajos de Hércules, ni las aventuras de los héroes de los libros de caballeríai tienen com- 
paración con las proezas del tal Rustem. Siendo aun muy niño mató á un furioso 
elefante blanco. Su padre Zal le entrega la pesada maza con cabeza de buey, que es 
hereditaria en la familia, y de la que Rustem se sirve como Hércules de la clava. Muy 
pesada debía ser aquélla cuando el héroe dice á su pudre: «¡Oh Pehlewan del mundo 
entero! necesito un caballo que pueda á la vez llevar esta gran maza, mis glorias y mi 
elevada estatura.» (t. I, pág. 354). Después de las muchas dificultades que se presen- 
taron para encontrar un caballo ú propósito, fué elegido Rakech, que fué el que mató 
al león en la primera de las siete aventuras de Ruslom, lo cual no impide que Firdusi 
llame siempre á éste «el héroe de cuerpo de elefante, matador de leonesa y en lugar de 
la piel de león con que se cubre Hércules, Rustem lo hace con una piel de leopardo. 

En la segunda aventura, encontrándose Rustem cansado y sediento en un paraj<) 
desierto, se le aparece un cordero que le sirve de guía para encontrar una fuente, como 
el rebaño de onagros sirvió de guía á los israelitas en el desierto. 

Además de las siete aventuras y de la muerte d.-^l elefante blanco, que hace ocho,— 
contadas y numeradas independientemente unas de otras como los doce trabajos del 
héroe griego,— Rustem sostenía luchas y mata infinidad de demonios ó genios maléficos, 
— DiuSf^magoBf encantadores y toda sueite de bestias feroces, siendo además el héroe de 
todas las batallas durante ocho reinados que comprenden un período de más de 560 años. 



ÉL AJEDREZ 163 

Con ÍDtenci(')n de demostrar que por su célebre poema se ve que su autor 

Rustem, era muy glotón ; FÍendo niño le amamantaban diez amas aun tiempo ; yendo 
de caza mataba un onagro, lo desollaba, lo asaba y se lo comía todo, arrancando la carne 
de los huesos con las uñas. En la póg. 389 hay una contradicción, pues dice: €... tú y 
Rustem, el león que nunca ha bebido leche.» Tal vez esto no pase de ser una equivoca- 
ción del copista ó del traductor, porque Firdupi diria eso de Zal, ¿ quien se refiere el tú 
quien, como veremos después, no había mamado nunca, al revés de Ru^^tem. Este hace 
servir á veces de almohada la piel del leopardo, como Hércules hacía servir la del león. 

Mejor recuerda aún las leyendas de Occidente la historia del nacimiento y hechos de 
Zal, padre del mencionado Rustem. Como Tagés, legislador y civilizador de Etruria, el 
niño — viejo,— es decir, un niño recién nacido que salió de la tierra, al golpe de un arado 
de un labrador, con los cabellos completamente canos, — Zal nació con los cabellos blan- 
cos, no atreviéndose nadie á decir á su padre que su mujer había dado á luz un niño 
viejo. Su padre lo manda abandonar en un desierto entre montañas, — al igual que se 
abandonó á otros muchos héroes de la antigüedad; pero como los medios porque estos 
se salvaron debían ser conocidos por Firdusi, éste empieza por decir que «Dios mandó 
una leona para alimentar á Zal,» pero recordando después sin duda que este medio era 
demasiado parecido al de la loba de Rómulo y Remo, para ser mós original lo hace sal- 
var por un ave fabulosa, Si murgh, que lo lleva á su nido inaccesible y lo alimenta con 
sangre de los animales que cazaba, que es como alimentaba á sus polluelos (t. I, pá- 
ginas 168 á 171). Simurgh, lo mismo que la leona, habla y dice á Sam: «¿De qué te sirve 
tu dignidad si tenes un ave por nodriza de tu hijo?» 

Zal al salir del nido, lo mismo que Tagés al salir de la tierra, tenía la inteligencia y 
la sabiduría de un viejo. Cuando lo presentaron al rey, éste dijo al padre de aquél: «No 
busques tu felicidad más que en él, pues tiene la majestad de un rey, el corazón de un 
sabio y la inteligencia de un viejo.» Entre los regalos que el rey le hizo, había fipajes y 
trajes de brocado del Roum, cuyo fondo era de oro y los adornos de pedrería,» siendo de 
advertir que Firdusi se refiere á una época fabulosa muy anterior al nacimiento de Ró- 
mulo y Remo. 

Zal, al revés de todos los hijos de los héroes,— que Firdusi hace ir muy jóvenes á la 
guerra, — se queda como gobernador del vireinato de su padre Sam, y, mientras éste va á 
guerrear, consulta y se entera de las necesidades de las provincias, instruyéndose de este 
modo en todo y llegando á tan alto grado de sabiduría que nadie lo había alcanzado 
antes que él, haciendo prosperar de lal modo el reino que los magnates no cesaban de 
elogiarle y de hablar de él. Es decir que, del mismo modo que Tagés, el niño viejo, fué 
legislador y civilizador de Etruria, Zal, — el niño viejo de Persia, — fué legislador y refor- 
mador de Cabul y provincias limítrofes de la India. 

Antes de darle permiso para casarse, el rey sujeta é Zal á una prueba de inteligencia 
delante de los Mobek que le proponen seis acertijos, y entre ellos los dos siguientes: 

«Dos caballos, uno blanco y otro negro, corren rápidamente uno detrás del otro sin 
poderse alcanzar jamás — El día y la noche.» 

«Entra un segador con una hoz muy afilada en un jardin y siega toda la hierba seca 
ó verde que encuentra al paso; si se le dice que pare, no escucha á nadie. — El jardín es 
el mundo, el segador es el tiempo y la hierba somos todos nosotros.» 

En Firdusi no se realiza el refrán «el moro fino no bebe vino,» porque todos los rego- 
cijos y Hestas las hace celebrar con festines, ó más bien, con orgías, cuyo principal ele- 
mento es el vino, festines que generalmente duran siete días y en los que los héroes se 
embriagaban hasta el exceso, encontrándose á menudo en su obra frases como ésta. «Zal 
y Rustem bebieron vino de color de rubí en copas de cristal hasta que sus cabezas se en- 
turbiaron.» También se sirve de la borrachera producida por el vino en ciertos casos, 
como por ejemplo, cuando hace nacerá Rustem de una manera extra- natural, — como 
ciertos Dioses y héroes de la Mitología, — haciendo abrir el costado de la madre, embo- 
rrachando antes á ésta para que fuese insensible á la operación. 

Sería cuento de nunca acabar querer citar todos los pasajes de la obra de Firdusi 
inspirados en la antigua literatura griega, así como señalar las pruebas de todos los ade* 
Untos de las artes é industrias persas ó árabes no son más que imitaciones ó variaciones 
de las romano-bizantinas, que aquellos pueblos tan cirilhados destruyeron en sus no in- 
terrumpidas invasiones al oriente de Europa. Todos los objetos notables usados por los 
persas desde los primeros tiempos de su fabulosa historia son del Roum, como he dicho 



164 EL AJBDRB2 

Firdusi tomó su inspiración tanto ó más en la Biblia y en los clásicos 
griegos que en las tradiciones persas ú orientales. 

ya antes al hablar de cascos, corazas, brocados, etc. El palacio de Sero, rey del Yemen 
en tiempo de Feridoum, estaba adornado con brocado delRoum, 

En Firdusi se encuentra también la confírmación de lo que digo en otro lugar res- 
pecto á que la arquitectura persa es bizantina. Cosroes II, para edifícar su palacio de 
Madaín, abrió un concurso de arquitectos, en el que resultaron elegidos un romano y un 
persa. cEl noble romano, que era geómetra, hablaba mejor (es decir, sabía más) que el 
persa; se presentó al rey y le explicó los planos y el sistema de construcción. El rey le 
dijo: — € Acepta de mí ese encargo y ten cuidado con lo que te diré. .» El romano empezó 
la obra y, por intrigas ó cuestiones, se vio obligado á dejarla cuando sólo estaba á medio 
hacer, ausentándose de Persia. Pasaron cuatro años durante los cuales el rey no encon- 
tró ningún arquitecto persa que continuase y acabase la obra proyectada y empezada 
por el romano por lo que Cosroes se vio obligado á llamarle de nuevo, encargándole (in- 
condicionalmente) la terminación de la obra, quien la llevó á cabo con gran satisfacción 
del rey que le recompensó generosa y espléndidamente. (Ob. cit. t. VII). 

El rey Kei-Kosrau, al descubrir el paradero de Bijem, hijo de Gir, por medio de la 
copa sagrada y al ver la cara macilenta de Gir «revistió apresuradamente la túnica del 
Roum y salió para ir á presentarse ante Dios. Oró en voz alta ante el Creador del mundo, 
invocó largo tiempo sus dones sobre la copa brillante y pidió á Dios misericordioso auxi- 
lio y justicia contra el malvado Ahriman.» (Ob. cit. t. III, pág. 294.) ¿No es verdad que 
esta descripción se parece á la de la misa católica? 

Isfendier, el del cuerpo de bronce, es invulnerable como Aquilea: todas las flechas 
que Rustem le tira se embotan en su cuerpo sin lograr herirlo, hasta que Simurgh, el ave 
que salvó á Zal, invocada por el arte mágico del niño de los cabellos blancos, le facilita 
la rama de tamarindo con la que ha de fabricar la flecha, descubriéndole al propio tiempo 
la parle vulnerable de Isfendiar, que son los ojos. En efecto, en el segundo combate de 
éstos dos héroes copiados de la mitología griega,— Hércules y Aquiles, — Rustem intro- 
duce su flecha en un ojo*de Isfendier y lo mata. 

La estratagema de fingirse Isfendier negociante y jefe de una caravana para apode- 
rarse del castillo de bronce, introduciendo en la ciudad 160 hombres dentro de otras 
tantas cajas cargadas en camellos á guisa de mercancías, nos recuerda el caballo de ma- 
dera del sitio de Troya, y para que la semejanza sea más completa, también la ciudad 
persa tenía como aquella provisiones para diez años y como ella fué quemada, arrasada, 
muriendo el rey con toda su familia en su palacio. 

El combale de Indrez con Piran, cada uno con diez campeones escogidos en los dos 
ejércitos situados en presencia uno de otro en dos colinas, es igual al de los Horacios y 
Curiácios, puesto que en uno y otro caso se apela á este medio para decidir del triunfo 
sin tanta efusión de sangre. Es inútil decir, que Firdusi hace quedar vencedores á los 
once caballeros del Irán. 

Muchos otros ejemplos podría citar de que Firdusi se inspiró en tradiciones griegas 
y romanas, pero me parece que con los apuntados basta y sobra. 



EL AJEDREZ 



INVESTIGACIONES SOBRE SU ORIGEN 



FABTE SEaUNCA 



EL AJEDREZ EN OCCIDENT 



CAPÍTULO PRIMERO 



£L JQEOO EN LA ANTIGUA GRECIA 



La indudable antigüedad de este juego en Grecia puede haber dado 
origen á la creencia — bastante generalizada por cierto, — de que fué in- 
ventado por Palamedes durante el sitio de Troya; creencia que, — justa- 
mente combatida por varios escritores antiguos como Cesulis y modernos 
como el conde de Basterat, — demuestra, no obstante, que este juego era 
conocido entre los griegos desde una remota antigüedad, probablemente 
anterior al siglo iii de nuestra era, que fué cuando conquistaron y domi- 
naron la India, introduciendo en ella el ajedrez, como cree el anónimo 
judio renegado de la corte de Tamerlán. 

Mr. James Cristie, — que como veremos después escribió una obra (1) 
intentando demostrar que el ajedrez es originario de la Escitia y que los 
escitas enseñaron á los griegos el juego llamado Petteia, — dice en apoyo 
de su pretensión: «Hasta que aparezcan nuevos documentos por los que 
sea posible sentar la incalificable pretensión de los indios sobre más segura 
base, no se puede rechazar esta ó aquella conjetura con tal que no re- 
pugne á la posibilidad y & las ordinarias operaciones del entendimiento 
humano, debiendo ser candidamente examinadas y pesadas.» 

Los griegos probablemente aprenderían á jugar al ajedrez durante 
la dominación macedónica en Asia y África, pero es más probable que lo 
trajeran de Egipto, país en que la dominación de aquéllos fué más esta- 
ble y duradera, y donde los monarcas, los grandes y los subditos griego?, 

(I) An Enquiry unto the ancient Greek game suposet to hace been inceníed by 
Palamedes, etc. Londres, 1801. 

Sófocles dice que el Petteia y los dados fueron inventados por Palamedes como una 
dietracciÓQ en tiempo de hambre. En cuanto á los dados son de fecha mós moderna y 
probablemente de invención romana. En Egipto no se han encontrado dados anteriores 
ó la dominación romana. San Isidoro de Sevilla dice (Ob. cit. cap. 61) que el juego de 
Alea— (daJos)— fué invéntalo durante la guerra de Troya por un tal Alca, que le dio su 
nombre. No es este el único autor que traduce por dodos el Petteia de los autores 
griegos, 



168 EL AJEDREZ 

se identificaron con los naturales adoptando su religión, sus usos y sus 
costumbres. 

Aunque los libros de Homero no tengan la gran antigüedad que se 
les atribuye, no es extraño que ni él ni Hesiodo hablen del ajedrez, por- 
que realmente en aquella época este juego no era aún conocido en Gre- 
cia. No obstante, el primero en su Odisea (1) representa k los pretendien- 
tes de Penélope entreteniéndose jugando al juego Petteia en la puerta 
del palacio, sentados encima de pieles de bueyes que habían muerto ellos 
mismos por su mano. Mr. Chatto, — dudando con razón que este juego 
fuese el ajedrez y que hubiese sido inventado por Palamedes, — lo hace 
sinónimo, ó, mejor aún, lo identifica al Latrunculi latino que, — como ve- 
remos más adelante, — era el nombre que se daba al ajedrez á principios 
de la Edad Media; y refiriéndose á Mr. James Cristie (2), dice que, cual- 
quiera que sea el país en que hubiese sido inventado ó en que se hubiese 
empezado á jugar, es indudable que no era un juego de azar. Era, dice 
James Cristie (3), un juego científico que requería ejercicio intelectual y 
cuyo resultado dependía de la habilidad de los jugadores. 

Mr. James Cristie, que — como todos los que escriben bajo un punto 
de vista determinado, no ven más que aquello que se proponen, — se em- 
peña en que el ajedrez es de origen escita, ó sea de un pueblo de pasto- 
res, dice al mismo tiempo: «En fin, cuanto más estudiemos este antiguo 
juego, más veremos en él la imitación del arte militar ul través de todos 
sus estados y modificaciones.» Cosa que no me parece estar muy en ar- 
monía con un estado pastoril (4). 

Dice también (5) «que es muy poco probable que los griegos recibie- 
sen este juego de Caldea ó de Egipto. La primera era una nación civili- 
zada y poderosa mucho antes de que los griegos abandonasen su estado 
nómada, por lo cual, es poco probable que les hubiesen enseñado un 
juego pastoril. Por otra parte se debe dudar que se lo enseñasen los egip- 
cios, pues, á pesar del famoso pasaje de Platón respecto á que el dios 
Thoíh fuese el inventor de este juego, no hay motivo para creer que lo 
consideraban como una distracción, si es que lo conocieron alguna vez.» 
El es quien no conocía á Egipto, pues ignora que sus monumentos nos 
han revelado que los faraones jugaban un juego que indudablemente es 
el padre de nuestro actual ajedrez, en una época en que los griegos aun 
andaban errantes por el mundo. 

Y no es extraño que Mr. James Cristie, — instruido en la arqueología 
clásica de los griegos y latinos, única que se conocía en la época en que 

(1) Homero, Odisea, a. 107, versos primero?. Usa la palabra Pessoisi, que Mr. Chatto 
traduce tablas, y significa propiamente las chinas, huesos ó piezas empleadas en el 
juego; es equivalente á la palabra francesa Jetton, tantos ó fíchas como decimos 
nosotros. 

En la EJlgenia en Aulide, de Eurípides, encontramos á Ayox Telamón y á Prote- 
silao jugando al Pei!¿e/a, mientras se cita ó Palamedes tirando al ¿¿¿seo con Diomedes 
cuando In flota griega se estaba reuniendo en Aulis para dirigirse á Troya. 

(2) Facts and Speculations on Playins Cards, pég. 12. Como la guerra de Troya es 
un cuento, el tal Palamedes es un personaje imaginario que no puede haber inven- 
tado nada. 

(3) An Enquiry on the ancieni Greek ganie, etc. 

(4) Ob. cit. pág. 51. 

(5) Ob. cit. pag. 52. 



él escribía (1801), — dudase que los egipcios conociesen el juego como 
distracción y creyese que lo aplicaban sólo á su estudio predilecto la 
astronomía, colocando las chinas en el Pelenlerián — tablero — de modo 
que ocupasen la situación relativa á cada planeta, que es como, según 
él, se formaron la primera idea del sistema planetario (1), porque en 
aquella época no se habían hecho los grandes descubrimientos de Asiría 
y Egipto, ni se había descubierto la interpretación y lectura de los jero- 
glíficos y caracteres cuneiformes, y por lo tanto, no podía saber que en 
los monumentos de Egipto había repetidas representaciones de reyes y 
de otros personajes jugando al ajedrez, ni que en las sepulturas se hablan 
encontrado tableros y piezas, algunas de éstas con el nombre del rey, ni 
otras muchas cosas que le habrían hecho cambiar de opinión, haciéndole 
comprender que los griegos no podían haber recibido de los escitas, pue- 
blo nómada de pastores, un juego eminentemente científico, como él 
mismo confiesa, siendo más propio que lo recibieran de los egipcios, 
pueblo muy civilizado y eminentemente guerrero. 

A pesar de todo dice: «que la cuestión de la antigüedad del ajedrez 
ha sido tan hábilmente discutida por muchos hombres sabios é ingenio- 
sos, cuyas conclusiones han recibido el sello decisivo de su gran y malo- 
grado conciudadano sir \Villiam Jones, de modo que la controversia 
parece ya terminada por no volver jamás á suscitarse, porque ¿quién se 

(t) Lo que Mr, JameB Crislíe da como hipotético es le realidad. Los egipcios invon- 
taroD el Juego de la Uranomaqula ó «de los escaques é da las teblasque ae juega por 
AHtroBomle ,> 3omo dice D. Alfoaso el .Subió, y del que ya he habludo. Sir J. Gardaer 
Wtllkiason . ea el tom. 11 , pég. 61 de au oprociable obra The Customs and Manners of 
the Ancient Egiptiana, dob da la reprusealacióa de un juego, — con uaa iascripcióo que 
Mr. Samuel Dircb traduce por Jueifo ilel rnso,— encontrada en una Mastaba de Sayga- 




!6, — Juego egipcio llamado «del veso* 



rab perteneciente á la V dinastía, 3900 años anles de J. C. Como se puede ver en nueatro 
dibujo n.'ZG, el tablero es circular y tiene diez Tajos coacéntricas, terminando en el 
centro con una especie de media luna donde al parecer ee diri){en las piezas é lo largo 
delanrajae. Uno de los jugadores tiene siete piezas planes , redondas y perecidas & los 
peonex de nuenlro juego de damas, en le última de las lineas, y el otro tiene tres. una de 
las cuales parece á punió de ser colocada en el centro y ganar el juego. El raso, que 
Mr. Bircb dice que estd colocedo encima del tablero, tiene la forma de una erlesa. 
¿Servirla para ecbar en ét los piezas el principio del juego, seliendo por un agujero y 
reemplezendo los dados que aún do conocían? ¿Será este el juego del dúo ptaneíarum 
ordine de que babla Hyde (tom. II , pdg. 276) y que Duncan Forbes dice que es un con- 
traeentidol ¿Es el padre del iuego que M iuega por Aaironomla de O. AlfoneoT 
22.- EL 



170 EL AJEDREZ 

atrevería á apelar contra una autoridad tan competente para decidir la 
cuestión (1)?» 

Yo, que empiezo diciendo que esta era ya su opinión y que la mani- 
fiesta en la introducción, de modo que, podía haberse ahorrado escribir 
la obra á no ser que su objeto fuese hacer gala de su gran erudición, 
como sucede k muchos autores que escriben bajo un punto de vista de- 
terminado. En efecto, toda su obra es una confusión de noticias sobre 
juegos antiguos, siendo muchas veces difícil saber si habla del ajedrez, 
del jaquet ó de otro juego antiguo que aún no está bien clasificado; y 
dice que el triodión ó tres en raya «es más antiguo que el Petteia y tal 
vez es padre de éste; y que el honorable Daines Barrington, cree con 
mucha razón, que el juego que jugaban los pretendientes de Penélope 
era el asaUo,>^ de lo cual, y de lo que dicen otros autores citados por él, 
se deduce que en Grecia se jugaban varios juegos en tableros de damas 
ó rayados, tales como los que jugamos hoy con los nombres de jaquet, 
damas, tres en raya, asalto y ajedrez, por más que algunos nieguen que 
conociesen este último. 

Mr. James Cristie, que hace derivar directamente el ajedrez chino 
del petteia griego, dice: «que los rasgos característicos de este juego 
eran (2): 1." Los cinco peones con que se jugaba; 2."* Las estaciones y 
movimientos que se efectuaban sobre líneas y no sobre cuadros; 3."* La 
frontera ó límite central; y 4.° La astucia favorecida por aquella frontera 
cuando la pieza se veía obligada á retirarse ó cuando no tenia medios de 
escapar & los ataques del adversario. De lo que resulta que, sabiendo por 
confesión propia de los chinos que éstos conocieron el ajedrez en 117 an- 
tes de Cristo, — debía ser forzosamente conocido de los griegos mucho 
antes de esta fecha.» 

En la obra de Mr. James Cristie hay, como ya he dicho, multitud de 
datos interesantísimos para demostrar la antigüedad del juego en Grecia 
y su progresivo desarrollo, combatiendo la opinión de sir William Jones 
de haber sido inventado de primera intención, acatando, no obstante, su 
fallo sobre la indiscutible invención del ajedrez e7i la India, pero estos 
datos están aplicados confusa y á veces contradictoriamente, de modo 
que no sabe uno á qué atenerse, l^or ejemplo, cuando dice (3): «Que 
Montfaucon es uno de los que han sido engañados por el Escoliasta por- 
que dice : Ilabia á cada lado nn rey ó emperador que sólo se movía en casos 
urffC/ites; de cuyo error le parece que participa también el doctor Hyde,» 
porque si el juego chino es el mismo petteia griego, la condición del rey 
es exactamente la misma, no teniendo nada que ver el recinto cerrado 
en que se mueve el rey con la línea divisoria del tablero que él identi- 
fica con la línea sacra del antiguo juego griego, que ni él ni nadie han 
definido aun bien en qué consistía, ni para qué servía, y que del mismo 
modo se puede creer que era la línea divisoria del juego chino que el 

(1) Esta conformidad no concuerda con la incalificable pretensión de los indios 
antes citada. 

(2) Ob. cit., póg. 55. 

El Petteia es el llamado tres en raya, cuya división es la misma que la formada por 
los dos cuadros dentro de ios cuales se mueven los dos reyes en el ajedrez chino. 

(3) Ob. cit., pág. 7 y nota 2 de la misma página. 



EL AJEDREZ l"^! 

recinto cerrado dentro del cual se mueve el rey en el mismo juego, ó 
bien en el mismo recinto situado en el centro, que sirve de palacio ó 
refugio al mismo rey, ó bien para la promoción de peones llegados k 
cierto punto de él, como en el juego de Birmania. 

Como la mayoría de los que se ocupan del origen del ajedrez, lo 
hacen con la idea preconcebida de que proviene de la India, pasan ligera- 
mente sobre el juego entre los griegos y romanos, cuidándose poco de lo 
que dicen algunos autores antiguos europeos que gon dignos de ser con- 
sultados y que les darían mucha luz en tan complicada cuestión. Para 
negar la existencia de este juego en Europa, se fundan principalmente 
en que se jugaba de distinto modo, y aducen en apoyo de su opinión, 
textos de autores griegos de difícil interpretación, porque la mayor parte 
de estos autores citan los juegos alusivamente, por comparación y en 
sentido figurado, pero que de todos modos dan á entender que desde muy 
antiguo se conocían en Grecia uno ó varios juegos que tenían conexión 
con nuestro ajedrez. Ya hemos visto que Platón, Sófocles y Polibio, hablan 
de uno de ellos, Petteia, clasificándolo este último autor entre los juegos 
de habilidad ó ingenio. 

Conviniendo estos mismos autores en que los griegos y romanos 
tenían juegos que se jugaban en tableros divididos, ya en cuadros, ya 
por medio de rayas, y con piezas de esta ó de aquella forma ¿por qué no 
se ha de suponer que unos y otros se modificaron en alguno de aquéllos 
juegos y que éste progresó hasta convertirse en el ajedrez actual? 
iPor qué no podía suceder con el Petteia ú otro juego parecido lo mismo 
que se supone sucedió con el CAaíuranffa? 

Alegan también en apoyo de su opinión la diferencia del número de 
casillas, — que no saben de cierto cual era, — porque dicen que en un 
tablero griego eran 25 y en otro más, aunque no saben cuantas, en lugar 
de las 64 del nuestro. ¿Y quién les ha dicho que no lo tuvieron? Además 
éstas en el juego griego eran adamadas, es decir, una blanca y otra 
negra, dando á las primeras el nombre de ciudades y á las segundas el 
de montañas, distinción que nunca han hecho los orientales, quienes 
siempre han tenido y tienen aún los tableros divididos por medio de 
rayas, exceptuando los egipcios, en cuyos antiguos monumentos se 
encuentra ya el tablero adamado. Esto, y la circunstancia de que los 
egipcios tenían también tableros de 20, SO y más casillas, es una prueba 
más de que los griegos aprendieron el ajedrez de los egipcios (1). 

La misma razón podría alegarse para decir que el juego que juga- 
ban los indios no era el ajedrez, pues el tablero de Tamerlán tiene 112 
casillas, cuadros, y el que don Alfonso el Sabio dice que vino de la India, 
144. Del mismo modo, — aunque haya razón para suponer que los griegos 
movían las piezas siguiendo las rayas, — los chinos juegan aún hoy de 
este modo el ajedrez; ya he dicho que en el Petteia griego había una 
división central llamada Ihiea sagrada que recuerda la faja divisoria del 
juego chino, y un recinto cerrado que contenía determinado número 
de casillas en que se movía el rey, lo mismo que en el actual tablero 
chino. 

Ya hemos visto que Firdusi dice fué inventado el Ajedrez con un 

(I) Véase el capítulo El ajedrez en Egipto, 



172 EL AJKDEBZ 

tablero de 10X10=100 casillas, diez piezas nobles y diez peones y que el 
tablero estaba dividido por un foso (ó canal lleno de agua); igualmente 
que el actual tablero cbino. 

Yo creo y repito que la confusión que se observa en la descripción 
de estos juegos, depende de comprender mal y aplicar en Ib antigüedad 
unos mismos nombres y cualidades & juegos diferentes, y no entender el 
signiSeadode ciertas palabras, como por ejemplo el ieragramma ó línea 
sagrada que, á mi entender, aplican mal al Petteia. 

Este era indudablemente en época muy remota el Triodvm o tres en 
raya, juego que jugarían loa primitivos griegos, los etruscos y otros 
pueblos de Occidente: k medida que adelantaban los tiempos adelantarla 
el juego, aumentando el número de cuadros bajo la misma base, siendo 




Fio. 27, — Vaso elrusco 



necesario m&s número de piezas, originándose asi los juegos de rayas 
que hoy conocemos con el nombre de Marro, Asalto, Ocas y Zorro, 
Ladroncillos, etc., de que hablo más adelante dando á alguno de los 
nuevos el mismo nombre de Petteia que se daba al antiguo, como sucede 
boy en Cataluña, que lo mismo llamamos Marro al de un solo cuadro 
jugado con tres piezas de cada color, como al de cuatro jugado con 12 
piezas como las Damas, seis de cada color. 

En los Albums de láminas segundo y tercero de la grande obra de 
Arqueología «Anales del Instituto de Roma,» se encuentran las repre- 
sentaciones de dos vasos Etruscos cuyas figuras no dejan ninguna duda 
sobre el juego que jugaban los griegos delante de Troya, son de épocas 
diferentes, como se ve por sus piutura.s, aun que diferentes en estilo y 
detalles, no hay duda que uno y otro representan el mismo asunto y los 



KL AJBDBEZ 113 

mismos personajes, que son «Aquiles y Ayax jugando al Tres ea raya 
durante el sitio de Troya.» 

El primero de estos vasos es una Amfora Tirrena de una forma ele- 
gantísima con figuras del estilo más arcaico de las pinturas de los vasos 
encontrados en Vulci & cuya colección pertenece. Representa dos gue- 
rreros completamente armados y con dos lanzas cada uno, sentados 
sobre una piedra suelta el uno, y el otro sobre otra piedra más larga en 
la que habría dibujado el juego á que los guerreros están jugando, y 
sobre la que se ven cinco ó seis piedrecitas mitad blancas y mitad 
negr&s: detrás de cada guerrero se ven colgados los escudos y los cascos, 
lo que juntamente con el estar ellos completamente armados, demuestra 
estaban en un campamento {fig. 27). 




Pintura de un vaso etrusco 



La pintura del otro vaso es de un dibujo m6s correcto y perfeccio- 
nado con hermosos detalles, representa los mismos guerreros ocupados 
en el mismo juego, pero sentados cada uno en su piedra correspondiente 
teniendo entre los dos otra mayor sobre la que están jugando; aunque 
no se ve sobre ella, ni el dibujo del juego, ni las piedrecitas blancas y 
negras que se ven en el otro vaso, tiene inscripciones en carecieres 
etruscoB, unas leídas de izquierda á derecha y otras de derecha á izquier- 
da que nos dicen quiénes eran los guerreros y el juego á que jugaban. 
La inscripción sobre el guerrero de la izquierda dice, jlAí/e?íj-Aquiles y 
la del de la derecha, AianíuS'kyax; entre las lanzas del primero y la 
piedra-tablero se lee Tesara y en el segundo Tría, completando e-stas 
inscripciones la representación de ias piedrecitas del primer vaso no nos 
dejan ninguna duda de que el juego representado en ambos era el de 
las tres piedras: — Tres en raya (fig. 28). 



né fiL AJEDRB2 

Estos dos vasos confirman al mismo tiempo la opinión de muchos 
arqueólogos, que por la variedad de estilo y progresivo trabajo de los 
vasos de Yulcí se puede creer que la manufactura de ellos había sido 
continuada allí por muchas generaciones, y nos demuestran que el juego 
de Tres en raya se jugaba en Italia desde una época muy remota y se 
continuó jugando hasta tiempos bastante adelantados: de 484 á 284 
a. c.-de la 74 á la 124 Olimpiada, según Gerhard, pero Mr. Dennis, dice, 
que los vasos más arcaicos, ciertamente son mucho más antiguos de lo 
que Gerhard supone. (The Cities and Cemeteries of Etruria, I, pág. 462, 
nota). 

Pollux (i), en quien apoyan su opinión la mayoría de los autores, 
no es muy explícito ni claro en sus descripciones; dice que el tablero 
dividido en cuadros se llamaba Polic, — ciudad, — y que las piezas se lla- 
maban perros y eran de dos distintos colores (2). 

El caballero Herbert Coleridge que, — como dice muy bien (3), — «es 
inútil tratar de hacer una descripción conjetural de este juego con las 
imperfectas noticias que de él tenemos,» interpreta los perros de un 
modo muy distinto que Mr. Birch, pues mientras éste creía que el juego 
del perro lo jugaban dos jugadores con una sola pieza, aquél dice: «que 
las piezas eran varias, que el juego en su parte formal se parecía al aje- 
drez, pues era jugado por dos personas en un tablero dividido en cua- 
dros y con piezas de dos colores, pero que difiere de él por la falta de 
valor absoluto señalado á las piezas que lo forma, y en que, si bien es 
verdad que se habla de un rey, es difícil concebir que esta pieza tuviese 
más valor que las piezas ordinarias.» ¿A qué venía entonces llamarla 
rey? ¿Y los perros, — así como unos creen que eran una sola pieza y otros 
todas las del juego, — porqué no habían de ser cuatro, dos de cada color, 
— como los caballos de nuestro juego, — cuya forma tienen algunas de 
las piezas encontradas en Tebas? Entonces, — y esto es lo más proba- 
ble, — el juego tendría piezas de forma y valor distinto. 

La palabra Poli^, es más probable que se aplicase á todo el tablero, 
—como hace Cesulis que dice que representaba la ciudad de Babilonia, — 
que no á cada casilla. 

Mr. Duncan Forbes (4), conviene con Mr. Coleridge en que «los jue- 
gos griegos y romanos nunca han tenido como en las demás naciones, 
— (¿cuáles?) — ni aun en la más pequeñíi escala, el carácter de un simu- 
lacro de guerra, hecho que distingue decididamente el Petteia griego 
del Ludus Latruncnlorum y del Duodecim Scripta de los romanos;» 
y como en la página 3 ha dicho «que ninguno de estos dos tenía menor 
semejanza con el ajedrez y que eran una especie de jaquet y damas que 
se consideraban como de procedencia griega,» ¿qué era para él el 
Petteia? 

De los clásicos griegos y latinos, y sobre todo de estos últimos, se 

(t) Pollux, IX, 98. EBte autor escribía en tiempo de Marco Aurelio. 

(2) Como ya hemos visto los egipcios llamaban también perros á las piezas. 
D. Alfonso el Sabio llama al jaquete «Guego de los doce perros ó doce hermanos.» 

(3) Efisays on Greek and Román Chess, 

(4) Ob. cit. Apéndice B. Mr. Duncan Forbes es completamente lego en materia de 
juegos griegos y romanos. 



EL AJEDREZ 1*75 

desprende que tenían los principales elementos del juego de ajedrez: un 
rey á cuya muerte ó captura se encaminan todas las combinaciones del 
juego; piezas de diferentes formas, colores y materias; tableros divididos 
en cuadros y otras circunstancias de que hablaremos después al tratar 
de los juegos de los romanos; necesitándose muy poco más para demos- 
trar que no habían de ser esos juegos precisamente iguales á nuestro 
ajedrez, ni estar imposibilitados de admitir las modificaciones nece- 
sarias para poder ser considerados como sus antecesores. 

Mr. James Cristie que, á pesar de sujetarse á la autoridad de Sir 
William Jones, insiste en que el juego en un principio «era un juego de 
pastores, — escitas, — de quienes lo tomaron sus vecinos los coniemplalivos 
indios después de haberlo rechazado ó de haber hecho poco caso de él 
durante largo tiempo, al igual que las naciones sedentarias y más avan- 
zadas, como los egipcios, que lo consideraban como un juego trivial,» en 
medio de todas sus divagaciones tiene observaciones muy atinadas y 
dignas de atención, especialmente en lo que se refiere á probar la anti- 
güedad del juego griego Petteia y su identidad con el ajedrez. «En resu- 
men, — dice (1), — los rasgos del antiguo Petteia están constantemente en 
evidencia en el ajedrez. Descubrimos en él las cinco chinas del ajedrez 
chino y las cinco piezas del ajedrez europeo, y tenemos el doble comple- 
mento de cinco peones y cinco piezas en el antiguo juego de Cachemir, 
— el Shatranj descrito por Firdusi (2), — cuyas diez piezas están reduci- 
das á ocho en el juego de los indo-persas.» 

«El cambio de cinco piezas en ocho queda reducido á una simple 
cuestión numérica. Aquí necesitamos un hábil calculista que lo deter- 
mine por nosotros.» 

«Pero sucede que tenemos una muestra de aritmética pitagórica que 
nos da Luciano; y como Pitágoras había visitado la India (3) y conver- 
sado con los brahamanes del país, él nos ayudará probablemente en la 
presente investigación.» Continúa el texto en caracteres griegos (4) y 
después añade: «Usando términos aritméticos multipliquemos y divida- 
mos :poT 2 y veamos cuál será el resultado.» Aquí pone otra vez caracte- 
res griegos y concluye diciendo : We modo que lo que nos haiia parecido 
que eran ocho piezas y ocho estaciones , no son realmente más que cinco; y el 

(!) Ob. cit., pág. 77. 

(2) Otro ejemplo del resultado de citar autores que no se han leído. Ya hemos visto 
que los juegos de que habla Firdusi están muy lejos de ser el Chaturanga de cinco 
piezas. 

(3) Mr. James Cristie participa del error general de creer que la civilización india 
86 remonta á una gran antigüedad, así como que la mayor parte de las instituciones y 
doctrinas religiosas nos vienen de allí. Pitágoras no estuvo en la India, porque en su 
tiempo era muy difícil, por no decir imposible, ir desde la Magna Grecia á aquel país. 
Esta errónea creencia se ha fundado en la doctrina pitagórica de la transmigración de 
las almas, confundiéndola con la índica de las reencarnaciones sucesivas hasta llegar ¿ 
la completa anulación del ser. Estas dos doctrinan son diametralmente opuestas: la pita- 
górica, de origen egipcio, tiene por objeto la resunecctón, y la de la India, completa- 
mente panteista, aspira sólo al completo aniquilamiento ó absorción del ser en la 
Divinidad universal. El moderno espiritismo es hijo de esta última. 

(4) Ob. cit. Digo que soy de la misma opinión, en el sentido de que las piezas 
noble» del ajedrez no son propiamente más que cinco; en algunos juegos antiguos eran 
más, como ya he dicho. 



1^76 EL AJEDREZ 

juego de ajedrez considerado en sus partes componentes originales, parece ser 
ni mas ni menos que el apitiguo juego griego Petteia.» No soy de la miáma 

opinión. 

Mr. Herbcrt Coleridge dice (1), que había dos especies de Petteia: 
uno que se jugaba en un tablero de 25 casillas, y en el cual las piezas se 
movían siguiendo las rayas y no los cuadros como se hace hoy; que á 
juzgar por el adjetivo Pentagrama aplicado por Pollux y Sófocles al 
tablero, éste debía estar dividido por cinco líneas equidistantes y para- 
lelas cruzadas en ángulo recto por otras cinco; que,— según se contasen 
ó no en las divisiones las líneas que limitaban el tablero,— las divisiones 
ó cuadros formaban un total de diez y seis ó de treinta y seis casillas,— 
cuyos números no son, por cierto, el veinte y cinco de que él ha hablado 

^Qtes; que se jugaba con dados como el Chaturanga, con otras muchas 

particularidades, de todo lo cual se desprende que no sabía nada de 
cierto respecto á este juego, así como tampoco lo sabía del segundo,— 
que según él, se jugaba con mayor número de piezas, aunque no sabe 
cuantas; que el tablero estaba dividido en cuadros que se llamaban Polic 
ó ciudades, aunque algunos autores aplican la palabra ciudad á todo el 
tablero, que Pollux llama Plintkion, dando el nombre de kanec, perros, á 
las piezas, que eran de diferentes colores, y que el juego lo jugaban dos 

jugadores.» 

De esto concluye, — como ya he dicho, — que estos juegos se parecían 
al ajedrez en la parte formal, pero que sus piezas no tenían diferencia de 
valor, y que los juegos griegos no eran un simulacro de guerra como lo 
es el ajedrez actual en todas las naciones que lo han adoptado; añadien- 
do que á ningún escritor griego se le ha ocurrido nunca aplicar términos 
militares k los juegos que acaba de describir. 

Voy á dar una idea de cómo escriben esos señores que saben más 
que todo el mundo. Mr. Coleridge empieza el articulo del apéndice B de la 
obra de Duncan Forbes, y del cual este último hace gran caso, diciendo: 

«Dejando á parte los ejercicios atléticos, los juegos de la antigüedad 
clásica eran de lo más sencillo y á veces hasta de un carácter sumamen- 
te pueril. Creo que Marcial en alguna parte menciona un juego, etc.» 
Describe el juego de tal modo que se conoce que no lo juegan en Ingla- 
terra, siendo así que no es otro que el de pares y nones, que se juega con 
la mano cerrada teniendo en ella piñones, chinitas ó cualquiera otra cosa. 

Pero este señor que cree que Marcial menciona este jmgo se equivoca 
de medio á medio, pues quien lo menciona es Suetonio en la Vida 
de Augusto, en la que copia un párrafo de una carta del Emperador á su 
hija, explicándole cómo pasa el tiempo: «Míi tiU denarios ducentes quin- 
quaquinta quos singulos convivos dederam si vellent i?iter se inter coenam vel 
talis, vel j)ar impar hidere.» 

También anda desacertado diciendo más adelante que Suetonio 
habla del Ludus Latrunculorum en las vidas de Augusto y Claudio, pues 
no dice una palabra de este juego (2), como se puede ver en el texto 

(1) Oa Greek and Román Chess. Artículos publicados por H. Coleridge y conden- 
sados ea el apéndice B de la obra de Duncan Forbes, quien los adopta como suyos. 

(2) Suetonio, Vida de Augusto, 71 y de Claudio, 33 y no 22 como él dice. Las citas 
de autores griegos y latinos las hace á ojo de buen cubero. 



EL AJEDREZ 177 

que hemos copiado y en el siguiente, que son los que él cita de la Vida 
de Augusto: «Talis enim jacta, es ut quisqm canem ant sercionem miserai, 
uí pugulos ialoSf singulos denarios in médium conferebat quos iollehat uni- 
tersos qui Venerem j acebal;» y en Claudio dice: <xAleam siudiosissime 
Ivsií de cuyns arte librum quoque emisit. SoUtns etiam in gestaiione ludere, 
ita essendo alveoque adapíatis ne luscus confundereinr.» Como se ve, en 
uno y otro texto no habla más que de dados, sobre cuyo juego parece 
que Claudio había escrito un libro, habiendo mandado construir un 
vehículo para poder jugar cómodamente á ellos durante sus expedi- 
ciones. 

Es buena la razón en que se fundan para decir que los eminente- 
mente civilizados griegos se cuidaban poco de esa clase de juegos. «Un 
griego,— dice, — habría sido completamente incapaz de apreciar el valor 
del ajedrez como á educador y fortificador del poder mental ; lo habría 
considerado como Platón consideraba al Petteia y BlÁuleia de su tiempo, 
como una especie de presíigiditadón mental, — si se me permite la frase, — 
que debía adquirirse por una larga práctica, pero completamente indig- 
na de ser estudiada seriamente, — lo que si parece imposible es que esto 
pueda escribirse en serio, — por quien aspirase á la reputación de filósofo 
ó al carácter de hombre de entendimiento.» ¿Y los que esto dicen son los 
que atribuyen á los vagabundos, apáticos y contemplativos indios, indi- 
ferentes á todo trabajo intelectual, la invención del ajedrez, que es todo 
cálculo é imaginación, negándosela á un pueblo inteligente, ingenioso, 
activo y amigo de todos los adelantos, hasta el punto de que se le atri- 
buyen muchas invenciones que eran de otros? Me parece que antes de 
escribir tales dislates deberían meditarlo un poco más. 

No quiero decir con esto que los griegos sean los inventores del 
ajedrez ni mucho menos, al contrario, estoy seguro de que los griegos 
del tiempo de Platón no conocían el ajedrez, á pesar de lo que algunos 
escriben y de lo que dice Coleridge á continuación: «A pesar de todo esto 
parece indudable que el juego que vamos á describir — el Petteia — al 
menos en una de sus modificaciones, era una competencia de calado y de 
habilidad mental entre los dos jugadores. El mismo Platón no tiene 
inconveniente en clasificarlo junto con la aritmética, la lógica, el 
cálculo y la geometría entre las artes que sólo dependen del racioci- 
nio (1), sin auxilio de la destreza ó del trabajo manual. Se llamaba 
petteia áepessoi^ pequeños tantos que en un principio no eran probable- 
mente más que chinitas.» 

Si Mr. Coleridge hubiese leído á Platón se habría ahorrado la mani- 
fiesta contradicción en estos dos párrafos, porque habría visto que Platón 
no dice lo que le hace decir, sino que comparando el juego, — fuese el 
que fuese, — con la retórica, en Gorgias, sólo lo coloca entre las artes de 

(I) Platón, Gorgias, 450. Este pasaje no habla para nada del raciocinio, sólo dice 
que lu aritmética, el arte de calcular, la geometría, la lógica y el petteia son artes de 
poca acción. MM. E. Chanvct y A. Saisset en su versión francesa de Platón traduce 
petteia por Juego de damas, Y don Patricio Azcérate en la traducción castellana del 
pasaje de República VI dice : « Y asi como los malos jugadores en el Chaquete se ven en 
tal manera entorpecidos por los hábiles que concluyen por no saber que pieza mover en 
la misma, etc.» 

23. — EL AJEDREZ. 



178 EL AJEDREZ 

poca acción ó movimiento, y en la República compara un mal orador á 
un mal jug^ador. Véase la nota anterior. 

Como ya he dicho, no creo que los grieg^os de los tiempos de Platón, 
Sófocles, Esquilo, etc., es decir, anteriores á la conquista de Egipto por 
Alejandro, conociesen el ajedrez ni el jaquet; mi opinión es que el Petteia 
ú otro juego de los que jugaban los griegos de aquella época, serían 
juegos por el estilo del tres en raya y del asalto, que aun jugamos en 
nuestro país. 

Creo que tenía razón Hyde en censurar á Meursius por haber confun- 
dido el Petteia con el Zatrikión, que de seguro era el ajedrez, pero no 
con el Ludíis Latru7iculorum, que á mi modo de ver era lo mismo que el 
Petteia, un derivado del primitivo Triodidn, (Tres en raya) que,— sin 
creer que lo hubiesen inventado los escitas, — que como hemos visto era 
el juego que jugaban los héroes de Troya y los pretendientes de Pene- 
lope; pues los antiguos poetas sólo dicen : «jugaban á los pessoi, — chini- 
tas, — » y este es el juego Ternis Lapillis de que habla Ovidio, como vere- 
mos al hablar del juego entre los romanos. (Véase pág. 188). 

Considerando el Petteia y el Ludus Latrunctdonim como derivados 
del primitivo Triodion griego y del Ternis Lapitlis romano, había de 
ser un juego parecido ó tal vez igual á nuestro asalto. De este modo 
quedaría explicado el recinto sagrado y la sacra-yerágrama que tanto dan 
que hacer á los escritores ingleses (1) y especialmente á J. Cristie, que 
confunde ambas cosas considerándolas como una sola, transformándola 
primera en la segunda, cuando realmente son dos cosas muy distintas. 
La tan buscada linea sacra-yerágrama serían las rayas negras por las que 
sólo pueden pasar los dos peones ó soldados que defienden el castillo, 
— recinto sagrado, — de que tratan de apoderarse los 24 soldados asalta- 
dores; explícanse también por él los dos movimientos recto (en dirección 
horizontal ó vertical) y oblicuo, que son los dos que Hyde opina que 
tenía el Petteia (2), no siendo, — como cree J. Cristie por haber conside- 
rado el tablero del Ludus Latruncíilorum como exactamente cuadrado,— 
adamado, — como las actuales damas, — porque el asalto tiene los dos 
movimientos desde un principio, á diferencia de las damas, y se mata 
saltando como en estas. Equivócanse igualmente Hyde y Cristie en supo- 
ner que la facultad de retirarse se extendía en ciertos casos á todos los 
peones, siendo así que sólo la tienen los dos únicos defensores del castillo 
ó cindadela, y sin duda á causa de no conocer este juego no se explican 
ó interpretan mal los textos latinos, en que, hablando de él, se encuen- 
tran las expresiones sine compare bellar, incojimitatus eat y otras por el 
estilo; no explicándose tampoco los movimientos diagonales y de reti- 
rada, así es que, al tratar Mr. J. Cristie de citar un ejemplo práctico del 
incomitatis, cita la posición de unos peones en un tablero de 16 cuadros, 
que no tiene ninguna conexión con ninguno de los juegos conocidos; es 

(1) Los ingleses tienen un juego parecido, llamodo Fox and Gase, con el tablero 
rayado como el del asalto, pero con todas las rayas iguales, (á lo menos en el único que 
yo he vÍ9to) sin diferencia en rayas blancas y negras. Ignoro de qué manera lo juegan. 

(2) El petteia griego tenfa cinco estaciones, como el asalto, unn de las cuales era 
el recinto sagrado, como el castillo de este. Unos creen que estas estaciones estaban 
formadas por lineas y otros por cuadros. 



£l ajbí)re2 1')9 

verdad que dice «que lo hace solo por coDJelura y sin que tenga comple- 
ta confianza en que fuese como él dice.» 

Es verdaderamente triste tener que habérselas con gente que, — no 
conociendo bien lo que trata, — lo confunda todo, ó que, escribiendo apa- 
sionadamente, no ve más que el objeto que se ha propuesto; interpre- 
tando á su modo y tergiversando por malicia ó ignorancia los textos que 
cita. Identifican el Peíteia con el Plinihion griego y el Ludus Latruncu^ 
lorum y el -á heses romanos con el Polig, que era el Duodecim scripia ó 
jaquet. En primer lugar debo decir que PUniion^ Polig y Ahetis que 
toman por juegos, no son más que nombres de tableros, y que tomando 
el Plintion por el juego que en él se jugaba, — ^y que como veremos luego 
era el jaquet, — resulta que identifican el Petleia con dos juegos de índole 
completamente distinto, pues el Ludas Zatrunculorum, único con que á 
mí modo de ver puede compararse, era el asalío jugado sin dados en un 
tablero rayado de un modo completamente distinto del Plinihion que se 
jugaba con dados y no era más que el jaquet. « 

Julio PoUux, — de cuyos fragmentos se puede deducir que describía 
más de un juego,— dice: «Pero el juego que se juega con muchas piezas 
—pessoi, chinas, — se llama Plinthion, y en él están marcados ciertos 
espacios limitados por lineas, y el Plinlion ó tableros se llama Polig, 
— ciudad — ^y cada una de las piezas un perro.» Esto viene confirmado por 
el epigrama griego— y no del más puro, — en que, pintando al emperador 
Zenón jugando al Plinthión con los dados, se describe claramente el 
jaquet. «Jugaba las blancas, — dice, — ^y habiendo ya dado la vuelta al 
tablero, cuando volvía al rincón donde había empezado su carrera... (1). 
Pero el rey (emperador?) á quien tocaba tirar, teniendo las blancas, y 
que no presumía el fracaso que le esperaba, habiendo tirado inconside- 
radamente el triple dado desde el culilete dentro de los fosos conductos de 
la torre, sacó del fondo de esta un dos, un seis y un cinco, con cuya tirada 
le resultaron ocho puntos malos, esparcidos en diferentes partes del 
tablero. Por eso deben huir todos de las tablas, pues ni nuestro propio 
soberano ha podido evitar la increíble mala suerte que acompaña al 
juego.» 

- Este epigrama confirma mi presunción de que la especie de tramoya 
que se ve representada en el juego egipcio de 1500 años antes de J. C, 
llamado del vaso, servía para echar á suertes las piezas al empezar el 
juego. Como ya hemos visto, para jugar al jaquet había un aparato lla- 
mado torre en la que se echaban los dados después de haberlos meneado 
dentro del cubilete, y desde la cual, pasando por unos tubos apropósito, 
salían por unos agujeros del fondo, con lo cual no había medio de poder 
hacer trampas. En dicho juego egipcio el procedimiento debía ser poco 
masó menos el mismo. 

Del desconocimiento de nuestros juegos modernos resultan también 
muchas concusiones, pues, al tratar de describir el tablero del Alveus 
romano ó jaquet (2), el cual, dice, estaba dividido en doce puntos por 

(1) No puede expresarse más claramente el movimiento de las piezas en el cha- 
quete, las cuales deben volver todas al punto de partida después de haber dado la vuelta 
al tablero. 

(2) No podía costaría mucho describirlo, pues tenía el dibujo del tablero encontrado 



180 



BL AJEDREZ 



cada parte, y que el total de puntos de ambas partes estaba dividido en 
cuatro secciones, como realmente e?, se enreda en lo que dicen Sokeiker, 
escritor árabe de Damasco, y Firdusi, que hablan realmente del aje- 
drez (1), pues la traducción latina de Hyde debe leerse: disposuií exer- 
citus locum quadri partitum y no quadripariiíum, es decir, en un tablero 
partido en cuadros y no en cuatro partes, como él cree (2), pues como 
ya he dicho, en todos los pueblos orientales, el tablero del ajedrez está 
dividido en cuadros por medio de rayas y no son adamados. 

La confesión de Mr. James Cristie de que no comprende lo que quería 
decir Firdusi con' Binosqtce exercií US in ocio par ¿es, ni con Duosque Reges 
ut essent ambo simal in bello et lamen umis al altero non caperat vindic- 
tam, nos hace creer que no conocía el ajedrez, pues dichos textos no 
pueden aludir más claramente al ajedrez, cuya descripción hace Firdusi. 
Resulta de esto que, confundiendo el ajedrez de este autor (3) con el 
nard que es el Plinthión ó jaquete, da á este último juego dos reyes que 
nanea ha tenido y dice que Firdusi nos da á entender que eran de poco 
uso, cuando Firdusi dice todo lo contrario. Repito que una de las mayo- 
res faltas de los escritores ingleses, es no conocer los juegos modernos 
que indudablemente son los mismos antiguos, ó cuando más una varian- 
te de ellos. 

en Roma y del cual habla en otro sitio. Creo, como ¿I, que el grabador de que se sirvió 
Gruter para dibujarlo, tuvo poco cuidado en poner la divisoria <en el centro del tablero, 




Fio. 29. — Tablero de Jaquete antiguo encontrado en Roma 



que, como puede verse por el dibujo de la flg. 29, tiene siete divisiones á un lado y cinco 
al otro, lo cual no puede menos de ser un error debido á la falta de cuidado. 

(1) Como hemos visto, Firdusi en su Libro de los Reyes no describe el Ckaturanga, 
pues en tal caso se comprendería dividido el tablero en cuatro parles. Habla claramente 
del Shaírang ó juego persa, — nuestro ajedrez actual,— por lo que no puede compren- 
derse más que el tablero dividido en cuadros: habla del Nard —Jaquete — sin descri- 
birlo. 

(2) Ob. cit., pég. 36, nota 1. 

(3) Según Hyde el juego que KirduM llama Nerd es realmente el ajedrez. Por otra 
parte Mr. James Cristie no cree en el CAataran^a,— porque no lo conoce,— y supone que 
los cuatro reyes son los dos reyes y la? dos reinas, que antiguamente tenían igual valor 
y casi igual forma. 



fiL AJBDRE2 181 

Todas las teorías y conjeturas sobre la transformación de las chinas 
y piezas planas en piezas altas, asi como también la suposición de que 
en un principio en todos los juegos antiguos las piezas corrían por las 
rayas y que los cuadros son de invención moderna (1), caen por su base 
ante la realidad de los monumentos de Egipto, que nos representan jue- 
gos que se jugaban con piezas altas 2500 años antes de nuestra era, pie- 
zas que han sido halladas también en los sepulcros de los faraones, junto 
con tableros de madera divididos en cuadros y en cuyos cajones estaban 
aquéllas. 

Es muy posible, que los griegos en Egipto, al conocer el juego de 
ajedrez que allí se jugaba, lo combinasen con sus juegos, resultando de 
esta combinación otros nuevos que participasen á la vez de las condicio- 
nes de éstos y de aquél. Ejemplo de esto podrían ser quizás el ajedrez de 
China y el de Birmania. En uno y otro se ha conservado el recinto sa- 
grado en la misma forma ó dibujo que el primitivo y sencillísimo tres en 
raya, en el chino, en el centro de cada división extrema, señalando el 
espacio dentro del cual puede moverse el rey, y en el de Birmania en el 
centro marcando el recinto en que los peones pueden llegar á ser dama ó 
general. En el tablero chino hay la línea divisoria que no pueden salvar 
algunas piezas y éstas se mueven siguiendo las rayas, como en el juego 
del asalto. 

Por más que Duncan Forbes se enfada é insulta al autor de un.ma- 
nuscristo anónimo, porque dice que el ajedrez fué introducido en la India 
por loa ffrieffos de Alejandro, diciendo que esta especie tiene cuando menos 
el mérito de la novedad, hemos de decir que ésta novedad no es tal , pues 
son muchos los autores que con anterioridad á los autores árabes y per- 
sas de que él se sirve, han dicho que los griegos fueron los introductores 
del ajedrez en la India (2). Los orientalistas siguen á los últimos. 

La razón por la que creen que los griegos sucesores de Alejandro 
desconocieron completamente el juego de ajedrez, — no inventado todavía 
según algunos de ellos, — es «porque estando mucho tiempo en relacionas 
inmediatas políticas y comerciales con la India, forzosamente habían de 
conocer la división del ejército indio en cuatro partes; elefantes, caballe- 
ros, carros é infantería;» división que, como he demostrado en mis pri- 
meros capítulbs, la India no ha tenido jamás sino mencionada en sus 
poemas y no en el sentido que suponen; en la época de la dominación 
griega les era imposible tenerla. Ellos mismos confiesan que en los poe- 
mas Mahabharata y Ramayana, escritos algunos siglos después de nues- 
tra era, la palabra tchaturanga está usada en el sentido de ejército y 
mmca en el de juego, siendo así, que muy frecuentemente se trata en estos 
poemas de los dados sin ningún indicio del ajedrez. Dada la importancia 

del juego en relación á la importancia de estas obras, Kalidassa no habría 

« 

(1) Ya hemos visto por el paño mortuorio de la reina Fri-em-keb, contemporánea 
de Salomón, que en aquella remota edad, y aun en tiempos anteriores, el tablero 
de algunos juegos egipcios era adornado con cuadros de diversos colores, pues así como 
ios figurados en dicho paño son encarnados y verdes, otros son encarnados y negros y 
en una caja mortuoria de 4000 años a. de C. hay pintados tableros con cuadros blancos 
y negros. 

(2) Ob. cit., cap. IV. 



l8á EL AJEDREZ 

dejado de aprovechar la superioridad del ajedrez sobre los dados y segu- 
ramente habría hablado de este juego si lo hubiese conocido. 

Ellos son, no me cansaré de repetirlo, los que desconociendo la his- 
toria y caracteres de los pueblos, se lanzan á especulaciones de un carác- 
ter especial fundándose en documentos vagos y confusos, que en resumen 
no dicen nada y que muchas veces también desconocen. 

El catalán Jaime Cesulis ó Casulis (1), que escribía á principios del 
siglo XIV, acaba el primer capítulo de su obra diciendo: «Bajo este rei- 
nado de Evilmerodach fué, pues, inventado este juego. Algunos creen 
que fué inventado en tiempo de las batallas del sitio de Troya, pero no 
es así, pues este juego vino á los griegos de los caldeos (2), como dice 
el griego Diomedes, quien añade que era tenido entre los filósofos como 
el más renombrado entre todos los juegos; y después de esto en tiempo de 
A lej andró Magno, pasó aquel juego á Egipto y á todas las demás tierras del 
Sur.» Cesulis no podía pensar que los griegos de Alejandro, hubiesen 
conocido el ajedrez en Egipto y que de allí lo hubiesen importado á Gre- 
cia y á la India, como estoy convencido de que así fué. De todos modos 
si Duncan Forbes hubiese consultado la obra de Cesulis, que tenía en el 
Museo Británico al lado de los manuscritos árabes y persas, habría visto 
que lo dicho por su autor anónimo no era una novedad, Y que los griegos 
conocían el ajedrez lo dicen también otros manuscritos árabes, entre 
ellos, uno que cita el mismo Duncan Forbes, sin darse cuenta ó haciendo 
caso omiso de él. En el cap. IV de uno de los manuscritos del doctor 
J. Lee, — que siento mucho no haber podido ver, pero cuya traducción ó 
resumen publica en el apéndice C (3), — se comparan los cuatro tempe- 
ramentos ó componentes del cuerpo humano, — que según los árabes son 
calor, frío, humedad y sequedad, — á las cuatro piezas del ajedrez, rey, 
reina, alfil y roch. Hipócrates y Galeno son citados en dicho manuscrito 
por algunas curas hechas por medio del ajedrez; prueba evidente, de que 
los árabes reconocían que los antiguos griegos sabían este juego. 

Los versos que Duncan Forbes copia, — y de los cuales hablaré en 
tiempo oportuno, — y que por referencia dice que están en el Suplemento 
de Duca7ige, demuestran una vez más que en la Edad Media era general 
la creencia de que los griegos conocían el ajedrez cuando menos en 

(t) Digo que Cesulis era catalán porque D. Félix Torres Amat, dice que era un 
fraile dominico natural de Barcelona. 

«Cesulis ó Casulis (Fr. Jaime de) religioso dominico de Barcelona.— Proverbia... 
ludus — (ajedrez) seu moribus et offlciis nobilium. M. S. en pergamino de letra del 
siglo XIV al XV. Volumen en 4.°. Es muy curioso por cuanto hace la aplicación moral y 
política del ajedrez al orden social. Se halla en R i poli.— (Torres Amat, Diccionario 
Critico de Escritores catalanes). 

Kste manuscrito ya no existe; se cree que fué quemado con otros importantí- 
simos códices cuando el incendio del Monasterio de RipoU. Más adelante hablo de otras 
copias que existen del mismo códice. Yo tengo el gusto de poseer la traducción inglesa 
de esta obra, que fué el primer libro que se imprimió en Inglaterra, por el célebre 
impresor Caxton en 1474. 

(2) Es decir, vino de los caldeos a junttirse con los otros juegos ya conocidos en 
Grecia, como Diomedes, etc. 

(3) La traducción ó descripción de estos manuscritos es de M. N. Brand, que la 
publicó en el Journal of the lioyal Assiat, Society of Great Britain and Ireland, 
tom. XIII , pág. 27. 



EL AJEDREZ 183 

tiempo de Alejandro Magno, puesto que los tales versos no son más que 
la descripción de un suntuoso juego de ajedrez con que jugaba el célebre 
macedonio, y por esto Alejandro de París (1), lo mismo que Cesulis, 
Anna Comneno, Polidoro Virgilio, el anónimo de la corte de Tamerlán y 
y todos los escritores de la Edad Media, hablan del ajedrez como de un 
juego conocido desde largo tiempo en Grecia. 

Vale la pena de detenerse un poco en el manuscrito del citado autor 
anónimo. Da éste tres versiones, no de la invención del ajedrez, sino de 
su introducción en la India y de las modificaciones hechas en él por 
Sassa, ministro de uno de los reyes de aquel país. No sé porqué Duncan 
Forbes ha de creer que este autor, — lo mismo que el historiador de la 
India Mr. Mili, — tenia una fuerte antipatía k los indios y que por esto 
atribuía el honor de la invención del ajedrez á los griegos, poniendo á 
continuación tres admiraciones y añadiendo: '^ Debiendo, no obstante, 
decirse en su favor que no lo reclama para su propia patria.» Esa anti- 
patía no existe más que en la imaginación de Duncan Forbes, que hace 
decir al autor anónimo y á Mr. Mili lo que á él le conviene. 

El manuscrito de aquel, dice en su primera relación: «Cuando el 
sabio Sassa se enteró detalladamente dejos di^^gustos de su soberano, al 
punto se acordó de un juego raro, que conocía de oídas j inventado por un 
antiguo saiio griego llamado Hermes, y que hacia poco tiempo había sido 
introducido en la india por Alej andró y sus soldados, que acostumbraban 
jugarlo en sus horas de descanso. Era ciertamente el Shatranji Kamil 6 
Perfecto ajedrea, del que los indios habían adquirido unas ligeras nocio- 
nes, pero que ninguno de ellos podía jugar correctamente, porque ^rúfw 
una raza de gente estúpida é ignorante. Además, Sassa había sabido que el 
juego de ajedrez, invención del sabio griego Hermes, representaba la 
imagen de la guerra, tal como puede verificarse entre dos reyes, y que, 
por lo tanto, podría ser realmente un remedio adecuado á los males del 
monarca.» 

Me parece que de esta relación no puede deducirse, como cree mis- 
ter Forbes, que el anónimo hable del Chaturanga, que se jugaba con 
cuatro reyes, pues el manuscrito se refiere claramente al Perfecto ajedrez, 
ó sea el juego de Tamerlán de que ya he dado noticia, y que era la 
imagen de la guerra tal como puede teiier lugar entre dos reyes. 

Luego Sassa reñexionando, dice: «Verdaderamente el inventor de 
este juego era un filósofo profundo; los sabios de la India minea habrían 
podido inventarlo, y ni aún son capaces de poderlo comprender. Si presen- 
tara yo ahora este juego, en su estado perfecto, á mi soberano, de seguro 

(1) Alejandro de Parfs escribió á mediados del siglo xii su Poema de Alejandro al 
que pertenecen los versos aludidos, que, como digo, no son más que la descripción del 
riquísimo juego de ajedrez de Alejandro, descripción hecha como de poeta y no de histo- 
riador, lo mismo que la del juego de Kosroes II , con el que la compara Duncan Forbes, 
pues en ambos son las piezas de esmeraldas, zaflros y rubíes y los tableros de oro, siendo 
tal BU riqueza, según el historiador-poeta persa, que un solo peón valía tres mil dineros 
de oro; de modo que Duncan Forbes calcula que todo el juego valdría medio millón de 
libras esterlinas, ¡la friolera de doce millones y medio de pesetas! Ya he dicho antes que 
los preciosos juegos de ajedrez del rey de Persia Kosroes Parviz, le fueron regalados por 
BU Buegro el emperador Mauricio, como lo dice el mismo Firdusi qo describiéndolos tal 
como lo supone Duncan Forbes. 



184 EL AJEDREZ 

que nunca sabrían jugarlo y que su inteligencia no encontraría ningún 
placer en él. Es preciso que yo simplifique esta peregrina invención del 
salió griego, de modo que se adapte á la inteligencia y capacidad del 
rey...» Después refiere la recompensa que el rey le dio, que no es otra 
que la tan sabida de la multiplicación de un grano de trigo, colocado en 
una casilla é ir doblando la cantidad en cada una de las 63 casillas res- 
tantes. 

El Macudi en Les Prairies (T or, de cuya obra me he ocupado ex- 
tensamente en el capítulo de los árabes, no habla de tal recompensa, 
y refiriéndose á las cantidades resultantes de estas multiplicaciones, 
dice: 

«Los indios explican por estos cálculos la marcha del tiempo y de los 
siglos, las influencias superiores que se ejercen sobre este mundo y los 
lazos que las retienen al alma humana. Los griegos y los romanos y otros 
pueblos, tienen teorías y métodos particulares de este juego, como se puede 
ver en los tratados de los jugadores de ajedrez desde los más antiguos, hasta 
Sauli y el Adli, los dos jugadores más hábiles de nuestra época.» 

Van der Linde cree pura fantasía, la parte histórica de este pasaje 
«suficientemente demostrado, según él, por la larga duración de los rei- 
nados de sus reyes,» que nada tienen que ver con nuestro pasaje cuya 
veracidad demostrada por su sencillez y buena fe, no dejan lugar á 
duda alguna. El ruso cree c^que al contrario, esta misma circunstancia 
prueba mejor que los datos de Macudi no habían sido inventados por él 
y que los había recogido en las mismas Indias durante sus viajes, pues 
la exageración fabulosa de períodos históricos es precisamente una par- 
ticularidad de los autores indios que no se encuentra jamás en los auto- 
res árabes. En todo caso lo dicho por Macudi confirmado por otros testi- 
monios, no puede juzgarse de igual valor á las fábulas de la Edad Media 
de Salomón, Palamedes, etc. (1).» Sobre todo, por el precioso dato que 
nos proporciona haciéndonos saber que los griegos y los romanos anterio- 
res d su tiempo tenían teorías y métodos particulares escritos sobre el aje- 
drez. En cuanto á las teorías sobre el origen y el autor del ajedrez nos 
parece que algunas de las occidentales valen tanto ó más que las orien- 
tales. El ruso acepta la tradición del invento por Sassa y no cree una 
fábula la anécdota de la multiplicación del grano de trigo, sabiendo que 
Firdusi, á quien cree también verídico, donde habla realmente del aje- 
drez no lo atribuye á un solo personaje sino á una reunión de sabios; ya 
sabemos á lo que debemos atenernos sobre esto. 

Esta anécdota del autor anónimo, es tan verídica como todas las que 
se cuentan del origen del ajedrez, sobre el que, como vemos en un mismo 
manuscrito, se encuentran tres versiones diferentes. 

(t) Por lo continuado en los capítulos anteriores se habrá comprendido que el 
Macudi no podrá equivocarle tomando el ajedrez por algún otro juego, como cree Van- 
der-Linde, en su citada obra, habla diez veces de este juego, en lostomos 1 , 2, 3 y 8, en 
varios sentidos; confirmando mós que hablaba siempre de este juego y sabía bien lo que 
decía el siguiente párrafo del tomo VIII, pág 320. cUn ñlósofo musulmán sostiene que 
el incentor del ajedrez fué un mutazelita, secta musulmana, partidario de la libertad 
de los actos; mientras que el inventor del Aere/,— Jaquete,— fué un fatalista que por este 
juego quería demostrar que nadie puede nada contra el destino, y que la verdadera 
ciencia consiste en sujetarse ú las decisiones de la suerte.» 



£L AJEDREZ 185 

Repite siempre que el juego introducido en la India era el perfecto 
ajedrez^ el juego antiguo, según él dice. Ya hemos visto que en este la 
mayor parte de las piezas representaban animales, como en el juego 
indio (?) de don Alfonso el Sabio. ¿Es qué realmente este juego era el 
más antiguo que los griegos y romanos habían conocido en Egipto, puesto 
que la mayor parte de los animales que figuran en él son africanos, lo cual 
motivó que los romanos llamaran el tablero riMindra ó mandris, nombre 
que lo mismo significa corral que rebaño? Y aqui debo hacer constar que 
el significado de las palabras latinas lo he tomado del Diccionario del 
sabio don Vicente Salva, quien en cada acepción cita la autoridad de 
quien la toma. (Véanse los cap. Don Alfonso y Xomhres del juego). 

Volvamos ahora al MS. En la segunda relación, Sassa modifica el 
ajedrez para enseñar el arte de la guerra á un joven príncipe indio. En 
la tercera, que dice haber extractado de Firdusi, el mismo Sassa es 
quien modifica el ajedrez y enseña á jugarlo á una reina de la India para 
distraerla de la pérdida de dos de sus hijos, víctimas de sus discordias 
fratricidas entre sí y con un tercero que resultó victorioso y á quien su 
madre no quiere volver á ver. (Véase el cap. Firdusi), 

Este autor en el prefacio de su obra se alaba de ser un gran jugador 
de ajedrez; dice: «que ha viajado el Irak-Arab, el Irak-Ajam-Ararsan y 
las regiones de la Transojiana donde ha jugado con grandes maestros del 
arte y que, con la ayuda del Todopoderoso, siempre ha salido vencedor, 
y que nadie ha podido competir con él en jugar sin ver el tablero.» 
Distingue el juego común del gran ajedrez^ — como lo hace también 
don Alfonso el Sabio, anterior á él de un siglo, — pues dice: «También en 
el gran ajedrez he inventado muchas jugadas y salidas en las que nadie 
había pensado antes. Hay gran número de ingeniosas posiciones que se 
me han ocurrido á causa de mi práctica en e\ juego común, etc.» 

Y después añade: «En primer lugar os haré ver claramente que el 
perfecto ajedrez es el juego primitivo, y os diré después por quién, dónde 
y porqué fué inventado. También os explicaré detalladamente cómo pasó 
á la India y en qué época lo abreviarían allí, para que todos sepan que los 
habitantes de la India no son los inventores del ajedrez, pues no tienen ni 
kan tenido nunca el conocimiento y la sabiduría suficientes para haber podi- 
do hacer tal cosa.» 

Sigue diciendo que enseñará el modo de jugar y el problema del 
salto del caballo, ya recorriendo todo el tablero, como sólo una cuarta 
parte de él, problema este último que no se sabe que haya resuelto nadie 
en Europa. 

Mr. Duncan Forbes cree que el autor anónimo daba la preferencia á 
los griegos en perjuicio de los indios para adular á su amo, — Tamerlán, — 
i\\xe eT9^]\igdkAor Aq\ gran ajedrez y detestaba á éstos por idólatras, sin 
acordarse de haber dicho antes que «no podía decir si el tal autor había 
vivido en tiempo de Tamerlán ó después,» y si fué lo último, mal podía 
haber adulado á aquel á quien no había conocido. A continuación pone 
una nota diciendo: «Que si bien los panegiristas de Tamerlán cuentan 
que su objeto era la propagación de la fe, al invadir la India no llevaba 
otro que el pillaje y que, logrado éste, él y los suyos regresaron al cabo 
de seis meses á su país cargados con un rico botín de plata, oro y joyas, 

24. — EL AJEDREZ. 



186 EL AJEDREZ 

particularmente rubfs y diamantes, dándosele un bledo de que los indios 
fuesen ó no idólatras.» Mal podía, pues, odiarlos por su idolatría. 

Las autoridades en que Mr. Duncan Forbes se apoya son, según él 
mismo, — ob. cit., pág. 74, — además del MS. del doctor J. Lee, que dice 
que no ha podido ver y que es del año 1446, otras cuatro MS. posterio- 
res á la época en que se escribió el libro de don Alfonso el Sabio, excep- 
ción hecha del primero que es contemporáneo de este, y que, — según él,— 
es un MS. del Museo Británico, escrito ó más bien copiado (¿de dónde?) 
en 1257. Es incompleto y da pocas noticias de él. Es el mismo que sirve 
de base á Van der Linde y del que me he ocupado en el capitulo 
«Árabes II.» 

El segundo de estos cuatro manuscritos, también del Museo Britá- 
nico, es de 1612, siendo una traducción y compendio de otro árabe más 
antiguo titulado Mo7iUor del ajedrez. Está en persa. 

El tercero es una enciclopedia compendiada que contiene unos artí 
culos sobre el ajedrez y otros juegos. Está en persa y se titula Tesaros de 
la Ciencia; hay dos copias de ellas en el citado Museo, y aunque no llevan 
fecha, es probable que sean relativamente modernas. 

En esas tres obras no hay nada que pueda ilustrarnos sobre el origen 
del ajedrez, pues sólo contienen algunas reglas para jugarlo, principioy 
fin de partidas, noticias de jugadores mahometanos y preceptos morales, 
por el estilo de los de la obra de Cesulis, encontrándose entre estos, la 
notable observación siguiente: «En la India se juzga de la aptitud de 
una persona para desempeñar el cargo de Visir ó Ministro, colocándole 
en presencia de dos jugadores de ajedrez. Si mira el juego y no dice 
nada, ponen confianza en él, pero si hace observaciones sobre el movi- 
miento de las piezas y da consejos á los jugadores, se le considera como 
faltada de discreción á inepta para el cargo.» 

No hay cosa en Asia que no tenga su semejante en Europa. En la 
historia de los godos y suevos dje Olao Magno, se lee, que cuando los mag- 
nates de aquellos dos pueblos querían casar bien á sus hijas, para cono- 
cer las buenas ó malas cualidades de los pretendientes, los ponían á 
prueba haciéndoles jugar una partida de ajedrez ó tablas, porque en 
estos juegos se ponen de relieve las pasiones ó virtudes que dominan al 
jugador. 

El cuarto es un MS. persa (núm. 260) perteneciente á la Real Socie- 
dad Asiática, que no es otro que el tantas veces repetido autor anónimo de 
que he venido ocupándome, yes el que sostiene que el juego importado 
á Persia en tiempo de Nurshirwan, no era invención de los indios, sino 
una reducción ó variante de otro más antiguo introducido en la India 
por los griegos. Duncan Forbes califica esto de teoría absurda, añadiendo 
que sin duda se refería al Chaturanga del que los escritores makometanos 
7iunca habían oído hablar. Los escritores mahometanos españoles por 
fuerza debían conocer este juego que, según don Alfonso el Sabio, 
«había sido inventado por sabios antiguos.» 

Lo bueno es que Duncan Forbes fundándose en lo que dice este 
autor anónimo, «cree confirmada su opinión de que el Chatnranga es el 
juego que se jugaba primitivamente, y que el que los árabes y peisas consi- 
deran como invención, es sólo la natural transformación del Chaturanga 



EL AJEDREZ 187 

en Chaíranj^y> siendo asi que este autor dice precisamente todo lo con- 
trario, puesto que repite seis veces que Sassa presentó ¿ su soberano 
el perfecto ajedrez modificado. Esto lo escribía un autor oriental del 
siglo xiv, que hemos de creer se fundaría en la opinión más general- 
mente admitida en aquella época respecto al origen del ajedrez y que 
no tendría ningún interés en atribuir á un pueblo mejor que ¿ otro, el 
honor de su invención. Ya hemos visto por otra parte que Cesulis, que 
escribía en la misma época, dice lo mismo acerca la introducción del 
ajedrez en la India. 

Mr. Duncan Forbes dice: «Es sensible que no tengamos una copia 
completa de la obra de este autor, pues, por lo que podemos juzgar,tf;i/rtf 
tantos disparates^ debía contener interesantes informes.» Informes de que 
el autor inglés habría prescindido por completo si no hubiesen estado 
conformes con su idea preconcebida, sirviéndole cuando más de pretex- 
to para lanzar nuevos insultos contra el anónimo. Luego añade: «Una 
cosa es obvia, no obstante, y es que su estilo demuestra claramente que 
el persa no era su lengua nativa. Creo que seria judío renegado, porque 
su idioma (¿no escribió en persa?) y modo de expresarse son hebreos.» 

Mas cuando el anónimo dice al final de su capítulo sobre el Perfecto 
ajedrez: «Ya os he puesto en claro quién inventó el Perfecto ajedrez, 
dónde y qué sabio lo inventó, y los grandes beneficios que resultaron de 
su invención,» repitiendo que el inventor fué Hermes, que vivía en 
tiempo de Moisés; Duncan Forbes le da el golpe de gracia exclamando: 
¡Credat Judeusü! 

Tal vez Duncan Forbes no habría hecho esa exclamación ni habría 
puesto los tres citados puntos de admiración si realmente hubiese leído 
á Firdusi, como pretende haberlo hecho, porque habría encontrado que 
éste y el anónimo estaban de acuerdo en decir «que el primer juego de 
ajedrez que conocieron los indios fué el gran ajedrez ó sea aquel cuyo 
tablero se compone de 10 por 10 casillas, y de ningúnTnodo el Chaturanga^ 
que el ajedrez era conocido de los griegos desde el tiempo de Alejandro 
Magno, nos lo dicen además de los autores europeos. El Magudi, Firdusi 
y cinco ó seis autores más, árabes y persas, en los mismos manuscritos 
en que fundan su opinión contraria Duncan Forbes y Van der Linde. 



CAPÍTULO II 



BL JUEGO EN TIEMPO DE LOS BOMANOS 



Sí no se puede sacar en claro qué juegos eran los que jugaban los 
griegos con tableros rayados ó de damas, con más ó menos piezas de esta 
ó aquella forma y de diferentes colores y materias, en cambio tenemos 
noticias más ciertas de los romanos, y por más que no sean muy explíci- 
tas, no dejan lugar á duda de que este juego era muy conocido y se 
jugaba mucho en tiempo de los primeros emperadores, desde cuya época 
se encuentran en los clásicos latinos diferentes pasajes hablando de un 
juego que muchos traductores y comentadores no han tenido reparo en 
traducir por ajedrez, versión que rechazan los partidarios de la teoría 
indostana, diciendo que no era más que un juego de damas ó de chaque- 
te, interpretando los textos á su modo, lo cual no les impide á veces 
hacer concesiones que les comprometen bastante. 

Mr. Herbert Coleridge (1) que es uno de los de esta última opinión, 
refiriéndose á unos versos latinos del poema de Selcius Bassus (2) y otros 
pasajes podría citar, dice: «Es evidente que la idea moderna de compa- 
rar el tablero de ajedrez con sus piezas á un campo de batalla no era 
desconocida á los romanos. Las mismas palabras latrus y latmncuhis. 
usadas indistintamente para designar las piezas, eran términos antiguos 
empleados para designar un soldado, encontrándose usadas en esta acep- 
ción en diversos pasajes de Planto y de Ennio.» «Parece que se jugaba 
con un tablero parecido al nuestro, aunque no se conoce exactamente el 
número de casillas que tenía, con piezas de diferentes colores fabricadas 

(1) En 8U8 artículos Greeh and Román Chef^^ publicados en el periódico The Uttp^ 
trated Londnn Netcs^ de mediados de 1854, y en lo Che:*s Playera Chronicle de Mayo y 
siguientes de 1855. Están recopilados y corregidos por su autor en el apéndice B de In 
citada obra de Duncan Forbes. 

(2) El poema de Sclcio Bassus se encuentra en la primera parte del tomo IV de los 
P(vttv Latini Minores de Wernsdorf, libro hoy muy raro. 



EL AJEDREZ 189 

de cristal, marfil y á veces de materias más costosas, llamadas en diver- 
sos autores calculi, latrones, laírunculi y milites, — y también hostes, — y 
que en el modo de tomar las piezas se parecía al seg^undo pelleia, de cuyo 
juego probablemente derivaba, y que del pasaje de Bassus y de otro de 
Ovidio se ha querido deducir que las piezas estaban colocadas en orden 
como nuestros alfiles, caballos y torres, pero que le parece muy dudoso 
que asi fuese.» 

Por el texto latino y la traducción que doy de él en la última nota, 
podrá el lector juzgar si es ó no fundada la duda de Mr. Coleridge (1). 

Por más que los autores latinos que hablan del Ludus Laímnculorum 
sean bastante numerosos, ninguno de ellos da de él una explicación su- 
ficientemente explícita para poder determinar con seguridad la natura- 
leza de dicho juego. Los pasajes de dichos autores, — que cada uno ha 
interpretado según le ha convenido, — han dado lugar á largas contro- 
versias entre los autores modernos acerca de si el citado juego era ó no 
el ajedrez. Sin más datos que los que han servido de base á los que se 
han ocupado de esta cuestión, voy á ver si puedo poner en claro algunos 
puntos hasta hoy dudosos. 

En primer lugar, es ya de algún valor saber que los escritores lati- 
nos de la Edad Media, daban el nombre de Ludus Zairunculorum al aje- 
drez, sin que ellos hubiesen inventado el juego ni el nombre, pues si 

(1) € De un modo más astuto se cambia la pieza en la tabla dencubierta y se efectúan 
las guerras con el soldado de vidrio, de modo que el color de nieve obligue á los negros y 
luego el negro á los blancos. ¿Mas tal vez alguna pieza no te volvió la espalda, ó alguna 
cedió siendo tú el jefe, ó alguna sin morir perdió al enemigo? De mil maneras pelea la 
hueste: aquél mientras huye del que le embiste, lo arrebata ; aquel otro que eetuvo de 
atalaya viene dando un largo rodeo, se atreve á empeñarse en la batalla y engaña al ene- 
migo que veía ya segura su presa ; aquel otro dudando, esperando y pareciendo estar 
atado, obliga á dos; aquí se mueve á mayores empresas, según que pronto y abierta la 
guarida, haya interrupción en la hueste, y derribando el valladar devaste la cerrada for- 
taleza. Mientras tanto, aunque con soldados dispersos, se traban acérrimos combates, 
pero tú con tu fuerte falange, ó habiendo perdido pocos soldados, eres vencedor y con 
ambas manos te aplaude la cautiva turba.» 

Por la descripción del valladar ó zanja y de la fortaleza cerrada, se podría creer que 
se trata de un juego parecido al ajedrez chino. 

Véase el siguiente original latino: 

Callidtore modo tabula cariaiur aperta 
CalculuSf et vitreo perag untar milite bella, 
Ut nieeus nigros, nunc ut niger alliyet albos 
Sed tibi qui3 non terga dedit, quis te duce cessit 
Calculas aut guis non perituraa perdidit hostem? 
Mille modis acieat tua dimirai, Ule peieniem 
Dum fugit ipse rapit; longo cénit Ule reres^^u 
Qai steiii in speculia — hic se commitere rixoi 
Audet, et in pnedam oenieníem decipit hostem, 
Ancipites subit Ule moras, si milis que ligaío 
Obligat ipse dúos — hic ad majora mocetur 
Ut citus et/ractcí prorrumpat in agmina mandia, 
Claus a que dejecto p^ipuletur nuenia rallo. 
Intérea sectis quamris acérrima surgunt 
Prcelia militibus,plen(i iamen ipse phalange 
Aut etiam pauco spoliatá milite rincis, 
Et tibi captiva resonat manus utraque turba,* 



190 EL AJEDREZ 

aquél hubiese sido importado á la Europa occidental en dicha edad, de 
seg-uro se le habría dado un nombre completamente distinto del latino, 
— el mismo con que habría sido importado probablemente, — y no aquel 
que servía ya para designar un juego diferente. En los autores latinos 
se encuentran citados el tablero dividido en cuadros y adamado y las 
piezas de dos colores, — blanco y negro, como las nuestras — fabricadas de 
vidrio ó piedra, como las que usaban los Condes de Barcelona en la Edad 
Media (1). Suponen que Ovidio dice (2) que en Ludus Zairuncularum 
había un guerrero ó general que tenía un compañero que se movía lo 
mismo que él, — como en el ajedrez chino y como sucedía en el nuestro 
de la Edad Media con el rey y la reina (3), — pero Ovidio no habla del 
ajedrez en el verso que se cita y que es el siguiente: 

Bellatorque sua prensas sine compare bellat. 

Este verso, — en el que algunos traducen la palabra sua por el rey sin 
la reina, — ha motivado una discusión sobre si podría entenderse efecti- 
vamente en aquella época sua compare por la reina ó por uxore, como in- 
terpreta Heinsius creyendo que no podía aplicarse al ajedrez el signi- 
ficado de una mujer, — y por consiguiente han creído más correcto leer 
suo que se encuentra en algunas ediciones. De todos modos, siempre 
resulta que en el juego descrito por Ovidio había un guerrero con un 
compañero ó compañera. Pero ¿describía realmente Ovidio el ajedrez? 
El modo de explicar los movimientos y peripecias de los dos peones y la 
circunstancia de que aquel juego fuese muy común entre los soldados 
romanos que lo jugaban en las horas de descanso, me hace sospechar 
que se referiría al asalto que juegan aún los niños y en el que dos peo- 
nes defienden el castillo contra veinticuatro, pudiendo aquéllos batirse 
en retirada para evitar los lazos que se les tienda, 

.-Emulas ei co^ptam sceper recarrit iter^ 

6 cuando más del tres en raya, cuyo tablero es una parte de aquél, 
jugándose uno y otro siguiendo las rayas y sin dados, y me afirmo en mi 
suposición el que llame tablero pequeño al del tres en raya : 

Parca tabella rapit temos utrinqae lapillos, 
In qua ct'risse est continaasse saos. 

También alude al Alveus et calculis, ó sea al Duodecim scripta, — cha- 
quete, — cuando dice: 

Est genas in totidem tenai ratione reductam 
Scriptala quot menses lubricas aunas habet. 

De modo que describe claramente tres juegos de su tiempo que se juegan 
aún entre nosotros (4). 

(1) En el siglo xi. Testamento de doñu Emersendis, viuda de Borrell 111 y de su cu- 
fiado Armengol, conde de Urgel. ( Véase eJ cap. El ajedrez de San Luis;. 

(2) Ars Amandif III, ver. 357. ( Véase más lejos). 

(3) La reina en la Edad Media no se movía más que un paso ó casilla en todas direc- 
ciones, lo mismo que el rey en el juego actual. Así lo dice Cesulis, como veremos más 
adelante. 

(4) Es indudable que Ovidio habla del tres en raya, del chaquete y del asalto. Este 
último, que era el Ludus Latrunculorum, es el más citado por los autores latinos. Los 



EL AJBDKEZ 



191 



Pero si Ovidio no hablaba del ajedrez, en cambio en otros autores, 
—como en Marcial (1), por ejemplo, — hay pasajes que á mi modo de 

alemanes juegan aun hoy dia una variante de este juego llamado por ellos Juego de los 
ladrones. Sin duda los romanos jugarían también distintos juegos en el mismo tablero 
y de ahí las variantes que se juegan en algunos países, tales como el juego de los ladro- 
nes ya citado y el que los ingleses llaman Foso and Goosse,— \a zorra y la oca. Este juego 
se diferencia de nuestro asalto en que los que atacan — ocas — son 17 en vez de 24, y el 
que defiende el castillo, uno — la jorra, — en vez de ser dos como en nuestro juego; y en 
que, así como en éste los defensores se colocan á la entrada del castillo ó cuadro supe- 
rior, en el citado juego inglés la zorra se coloca en el centro del tablero; el objeto de 
este juego consiste en encerrar á la zorra de modo que no se pueda mover. 




FiG. ?0.~Juego alemán llamado cde los ladrones» 



Mi distinguido amigo don José Balari y Jovany posee una obra alemana en la que 
se trata de este juego y á su amabilidad debo el poder publicar la siguiente traducción : 

cLa manera de mover las piedras recuerda la del jeu des merelles, por más que los 
dos juegos sean completamente distintos; las secciones, ángulos y líneas son múltiples 
(véase la fig. 30) y á éstas corresponden diez y siete piedras, llamadas ocas, que se colo- 
can del modo dicho. 

»La zorra, que se diferencia de las ocas por el color y el tamaño, se coloca en medio. 
El objeto del juego es encerrar á la zorra de modo que no se pueda mover. Las piedras se 
mueven en línea recta y pasan de un punto al inmediato, sin que nunca puedan correrse 
dos pontos á la vez. La zorra ha de comer á las ocas si no están cubiertas, pero aquéllas 
no pueden comer á ésta Si la zorra come todas ó la mayor parte de las ocas, de modo 
que éstas no puedan acorralarla, aquélla gana. Como este caso no ocurre casi nunca si 
el jugador es espabilado, lo cual es un defecto del juego, por esto á la zorra se le da otra 
zorra por compañía. » # • 

(1) Marcial, lib. VII, 72. 



192 EL AJEDREZ 

ver se refieren á este juego ó á otro parecido. Véase entre otros el si- 
guiente: 

Sic eincas Notisunque Publiumque 
Mandria et vitreo la^rone clausos, 

que Duncan Forbes y Coleridge no quieren admitir como decisivos 
«aunque ¿ primera vista podría creerse que son de gran peso en la opi- 
nión que examinamos,» según confiesan ellos mismos. 

Estos señores que tan bien saben el sánscrito y el persa deberían 
haber aprendido también el latín para poder estudiar los textos occiden- 
tales y compararlos con los orientales sin necesidad de tener que hablar 
por referencia. De este modo sabrían que el citado texto de Marcial, 
Manara, — nombre que los latinos daban al tablero, — no sólo significaba 
corral ó cercado para el ganado, sino también ese mismo ganado ó mul- 
titud de animales, — con lo que habrían visto que podía muy bien aludir 
á los peones, — vitreo latrone, — y & las piezas, — mandria puesto que, asi en 
el juego de Tamerlán, como en el de don Alfonso el Sabio (fig. 8), la 
mayor parte de las piezas son figuras de animales. 

La circunstancia de dar el nombre de ríiandra, — corral, — al tablero 
¿podría demostrar que los romanos conocían ya el juego de ajedrez que 
don Alfonso el Sabio nos da como procedente de la India? Mr. James 
Cristie dice que las palabras griegas polic y KaracoTnala, — ciudades y 
montañas, — que son les nombres de las casillas del tablero griego, 
corresponden á la latina mandra, corral ó majada para encerrar el 
ganado. 

Mr. Bryant (1), PoUux y otros autores, de los nombres de algunas 
ciudades de Egipto, tales como Scenm, Mandra, que no eran más que 
rediles ó cabanas de madera donde vivían los pastores con sus reba- 
ños (2), deducen que la palabra mandra significaba á la vez, casa y 
corral y que, por lo tanto, polic ó ciudad en sentido genérico ó colectivo, 
implicaba la palabra mandra, que no era más que un término pastoril. 

Mr. James Cristie tenía la manía de que el ajedrez era de origen 
escita, razón por la que en todo ve el corral ó cercado del rebaño, que 
luego convierte en recinto sagrado ó templo junto con la linea sagrada 
central de algún juego, ieragramma; y después de discutir lo que era 
esta línea, sin aclararlo, pasa á ocuparse del juego griego Triodion, — tres 
en raya, — considerándolo como más antiguo y tal vez como padre del 
petteia. Da un dibujo de él, tal como lo juegan los pastores de su país 
y tal como el doctor Hyde dice que lo juegan aún los armenios y los 
habitantes de la Tierra Santa y de la Mesopotamia. Uno y otro son dife- 
rentes del nuestro (véanse los dibujos núm. 14 y 15), pues ambos tienen 
un cuadro central llamado Zindau, — corral, — por los orientales, según el 
doctor Hyde. «En efecto, dice Mr. Cristie, es muy probable que en su 
origen tratase de imitar algo que pareciese un corral,» partiendo siempre 
de la idea de que este juego ha sido inventado por los pastores escitas. 

Mr. Herbert Coleridge, buscando una interpretación á la palabra 
mandra, que es la que más les da que hacer, cree «que significaba lo 

(1) Es un tratado Bobre las plagas de Egipto. 

(2) Ob. c¡t., pég. 44y45. 



BL AJEDREZ 193 

mismo que Wallum y que designaba una ó varias divisiones del tablero, 
—como el río ó zanja del tablero chino, — en que las piezas entraban ó 
sallan con determinadas condiciones, y deduce de todo lo dicho por los 
autores latinos, que de la palabra mand/ta sólo se puede colegir que exis- 
tia diferencia de formas entre las piezas del ludus laírunculorum.» 

Prescindiendo de que esto puede deducirse de otros textos, creo que 
no dejan lugar á duda los ya citados versos de Marcial: «¿7/... Mandris et 
fdtreo latrane clausos,» No creemos que fuera despropósito suponer que el 
vitreo latrone fuese la pieza principal del juego, un soldado ó stratego^ — 
el Bellator de Ovidio, — que según Simmacio y otros fué después el empe- 
rador, — nuestro rey, — ^y que las mandris fuesen las dos principales bestias 
que habla en el juego,— como posteriormente en los de don Alfonso y 
Tamerlán, — cuyas bestias deberían tener el valor de nuestras actuales 
torres. Sin duda el pasaje citado debe referirse al final del juego, en que 
las dos piezas que entonces representaban nuestros actuales rey y reina, 
teniendo ambas igual valor y movimiento (1), estaban cercadas y i 
punto de recibir mate por el rey y las torres del contrario, pues antigua- 
mente sólo los rocks ó torres podían dar mate al rey, á causa de tener el 
mismo movimiento y valor que las de nuestro actual juego. El movimien- 
to de las demás piezas era más limitado, — como veremos después, — (2) 
sin que por esto lo fuera tanto como supone Herbert Coleridge, haciendo 
muy poco favor á nuestros antepasados. 

Este autor cree «que antiguamente las piezas no podían moverse 
más que de casilla en casilla,;» entre otras razones, «porque la com- 
plicación introducida por esta modificación (la de saltar varias casi- 
llas) habría hecho que el juego fuese demasiado complicado é ingenioso 
para el entendimiento de los antiguos que, — por más que estuviese 
suficientemente enamorado de las profundidades metafísicas y mate- 
máticas, — parece que eran incapaces de apreciar la relación que pudiese 
haber entre el rec7'eo y el ejercicio intelectual.» ¡Buena opinión tienen de 
la capacidad intelectual de sus antepasados, los que les niegan cualida- 
des que conceden á los estúpidos y semí-bárbaros indios y á los demás 
pueblos asiáticos, cuya inteligencia no ha dado muestra de ser muy 
aguda (3). 

No tendremos que buscar mucho para demostrarle lo contrario: nos 
bastará copiar un texto de Séneca, á quien él cita haciéndole decir lo 
contrario de lo que dice, por no haberlo leído como de costumbre: 

(1) Cesulis al hablar del movimiento de la reina. Como el Cesulis que yo poseo es 
un incunable, y en los MS. de San Cucufate y de Gerona falta esta parte, no puedo citar 
folio. 

(2) Aventuro esta conjetura porque Marcial describe claramente piezas de diverso 
valor que obran en combinación contra otras, modo de operar que pertenece al ajedrez y 
no al asalto ó Ludua Latrunculorum aludido por Ovidio. En éste no hay combinación 
de piezas de distintos valores, pues no hay en él más que dos clases de peones: los que 
atacan y los que defienden. 

(3) Los errores y divagaciones en que incurren los que se han ocupado de los anti- 
guos juegos de los griegos y romanos provienen de que no conocen los juegos modernos 
que corresponden á aquéllas, y en este caso se encuentra Mr. Coleridge que confunde el 
ajedrez con el chaquete, el tres en raya y las damas, en cuyos juegos los peones no se 
mueven realmente más que de casilla en casilla, salvo peón coronado de las damas que 
puede recorrer todo el tablero. 

25.— EL AJBDRBZ. 



104 EL AJEDREZ 

«LatruncuH IvdimuSj in supervaeuis subtilitas teritur non faciunt bonos 
isla sed doclos{l).» Mi en este ni en otro de los citados por Coleridge 
habla Séneca de la construcción del tablero ni del material de que 
estaban hechas las piezas, como éste pretende. Ta hemos visto lo que 
dice en el pasaje copiado; veamos cómo se expresa en el sig'uiente: 
«...nema qui ad incendium domus sua uirril, íabulam laírunculariam pers- 
picit ut setal qnomodo alligatus excal chalaches (2).» 

Mr. Coleridge da ¿ la frase laSimiAique ligalo obligal ipse duos^* de 
Selcio Bassus, una interpretación parecida á la que yo doy ¿ los versos 
de Marcial UavineaSy etc., pues cree que alligalus y alligalio expresan 
igualmente la operación de encerrar una pieza entre otras dos de color 
contrario en una circunstancia especial por la que la captura de aquella 
dependía del modo de jugar del contrario; sólo que, asi como yo creo que 
esa posición no podía ser determinada más que por la fuerza de las 
torres, que eran las únicas piezas que podían recorrer todo el tablero, y 
que sólo ellas podían dar mate al rey contrario, especialmente al final de 
la partida, — como ya he dicho antes, — él y otros, creyendo que todas las 
piezas tenían igual forma y valor, lo aplican á todos los casos y á todos 
los momentos del juego, con lo cual no dan una solución satisfactoria 
respecto & esta expresión. Mr. Coleridge trata de dar un ejemplo práctico 
de esto en un diagrama con seis peones, dos blancos y cuatro negros, y, 
francamente, no he sabido comprenderlo. 

Por estas citas de Séneca, me he acabado de convencer de la ligereza 
con que ciertos escritores afirman algunos hechos, sin perdonar medio 
para lograr el fin que se han propuesto. En el capítulo anterior he hecho 
ya notar la ligereza con que Mr. Coleridge cita á los autores latinos, atri- 
buyendo á Marcial lo que dice Suetonio, y diciendo que este último 
habla del Ludus Zalru7iculorum cuando no dice una palabra de este 
juego, pues se refiere sólo al de los dados. £1 mismo autor inglés dice 
que «Suetonio habla del emperador Claudio como de un hombre acos- 
tumbrado á jugar al ajedrez con carros de marfil en el tablero, de lo cual 
han deducido algunos autores que las piezas tenían diversidad de formas; 
siendo diflcil adivinar el fundamento de tal deducción.)» Este pasaje sólo 
prueba que las piezas tenían á veces la forma de carros ú otras capricho- 
sas, oomo las que figuran en nuestros juegos de ajedrez, sobre todo en 
los venidos de la China y de la India. En este pasaje no hay nada que 
señale la diferencia de formas entre los carros y las demás piezas, por 
más que se diferenciasen mucho las que comunmente se usaban, porque 
todas eran carros.» 

Ni aun saben aprovecharse de lo que les favorece. Este pasaje de 
Suetonio, — que es el xxxiii de la Vida de Claudio y no el xxn, como él 
escribe, — sólo dice que ese emperador era muy aficionado á jugar juegos 
de azar, — Alba, — que había escrito un libro sobre los mismos y que se 

(1) Séneca, Epístola IOS. 

(2) Séneca Epff>tola 117. Dice además: €Nemo qui parturiens JUia, etc.» Es decir 
que nadie á quien se le queme la casa ó que tenga una hija que esté de parto se entre- 
tiene en averiguar mirando el tablero de qué modo puede salvar una pieza comprome- 
tida en el juego. Me parece que las dos citadas epístolas distan mucho de decir lo que 
cree Mr. Coleridge y que Mr. Duncan Forbes acepta como artículo de fe. 



EL AJBDRBZ 195 

hahia mandado hacer uh carruaje para poder jugar cómodamente durante 
sus viajes (1). 

Tampoco están acertados Coleridge y Duncan Forbes, — que acepta 
todo lo dicho por aquél, — en la interpretación que dan al texto de San' 
Isidoro de Sevilla, discutiendo lo que dicen Wendorff y otros de que 
dicho Isidoro habla del ajedrez señalando k las piezas dos formas y tres 
movimientos distintos: uno longitudinal (perpendicular), otro lateral 
(horizontal) y otro diagonal, pues el citado autor dice (2): 

« Calculi paríim ordine movenlur, paríim vague, ideo alios ordinarios ^ 
alios vagos apellan; at vero qui movero omnino not posunt, indios dicuni.» 

Ksto, que & primera vista parece que verdaderamente indica varie- 
dad en las piezas, estudiando bien el texto se ve que no es así; y, por 
más que Justo Lipsio y otros opinen que se refiere al Ludus LaíruncU" 
loruM ó ajedrez, yo creo que los viri doctissimi de que habla Lipsio esta- 
ban en lo cierto diciendo que se refería á las damas (3). Este sistema de 
escribir por referencia, hace que se tope con dificultades en la interpre- 
tación de las palabras; por ejemplo, Mr. Coleridge cree que la palabra 
vague del texto que nos ocupa significaba un movimiento idéntico al del 
rey de nuestro ajedrez, y para mí este movimiento no era m&s que el de 
una pieza que llegada á la última casilla, — esto es, coronada ó hecha 
dama, — podía ir de uno ¿ otro extremo del tablero en todas direcciones, 
— diagonalmente,— es decir, que ha cambiado de movimiento, y por esto 
dice parlin, significando que unas veces se movía regularmente y otras 
vagamente, de lo que resultaba ideo que las piezas se llamaban unas 
veces ordinarias y otras vagas. 

La palabra que más ha dado que discurrir es indios, que Justo Lipsio 
dice que es el Scaceo mallo, en tanto que otros creen que es el peón lle- 
gado á la Intima casilla y coronado. Coleridge y Wendorff opinan que 
esta palabra indios significa sólo las piezas agorrinadas, esto es, reduci- 
das á la inmovilidad por obligalio ú otra cosa cualquiera, no haciendo 
ninguna alusión á una linea sacra imaginaria. Para mí esta palabra es la 
que mejor determina el juego de damas en el texto de San Isidoro: no 
expresa más que la pieza reducida á la inmovilidad en la posición más 
vergonzosa para el jugador que la tiene, — que es lo que en castellano 
llamamos gorrino, — ^y lo demuestra claramente la continuación del texto: 
^Undeel egenles íiomines indli» vocanlur quibus spes ullra procedenli nulla 
reslal. Es bien claro aquello de «in Inferno nulla esl redempiio,» Y es tan 
cierto que San Isidoro habla de las damas y no del Ludus Lairunculorum, 
que en un párrafo anterior (4) describe las piezas, diciendo que son 

(1) Suetonio, Vida de Claudio, 33. 

(2) Sen Isidoro, Orígenes ó etimologías, cap. VIH» LXVI. 

(3) Jufto Lippio, en su comentario de la obra de Sao Isidoro, nota: Yopiscum tradit 
ea omnia qucede ordinaris €calculis ei cagis et incitis^ scrtbit Isidoras ad latruncu- 
lor esse re/erenda; quce oiri doctissimi male re/erunt ad duodecim scriptorum ludum 
quen Hispani damas dicunt, €Calculi inciti sunt scaceo matto. Incitas igitur, ut simi-^ 
lia alia, duas contrarias signijlcationes, sumitur enim pro concitado et ni privativa 
pro inmoüili*. Como se ve Justo Lipsio no entendía gran cosa en juegos, pues también 
cree equivocadamente que el duodecim scripta eran las damas, cuando está reconocido 
que era el chaquete. 

(4) Ob.cit., cap. VIII, LXII. 



196 BL AJRDBEZ 

pequeñas y redondas, — calculi vocaii quod leves sihteí roíundij — diferen- 
ciándolas de los dados, que también describe, y de los tejos, que pinta 
como cuadrados, <íTessertB vocale quia quadra muí ex partibus omni- 
his (1).» Si Herbert Coleridge y Duncan Forbes hubiesen leído ¿ San 
Isidoro habrían visto que no se refería al Ludus Zatrunculorum, que ellos 
describen, y que si realmente el único enlace que hay entre los dos 
juegos es la palabra calculus usada para designar las piezas de ambos 
juegos (damas y ajedrez), habrían comprendido que en el texto de San 
Isidoro la palabra calculi se refiere exclusivamente á las piezas, y no al 
juego como ellos creen. 

Tampoco prueba gran conocimiento del latín, la interpretación que 
Coleridge da al pasaje de Plinio (2) en que, describiendo la sagacidad 
de ciertas monas, — simias, — dice este autor: el laírunculi lussise fictas 
cera icones usu distinffuente, porque según él «en este texto se demuestra 
de un modo patente que, cualesquiera que fuesen esas imágenes, — ico- 
nes, — debían ser de la misma forma, pues de lo contrario, difícilmente se 
habría podido conseguir que unos animales tan inteligentes hubiesen 
distinguido su uso.» Precisamente siendo de forma diferente, es como 
mejor se expresa la sagacidad de las monas por la palabra usu, pues tenían 
que distinguirlas por el i^o especial que tenían que hacer de cada una de 
ellas. De todos modos, resulta que las piezas con que en tiempo de Plinio 
se jugaba el Ludus Latrunculorum representaban figuras, y que, si el jue- 
go simulaba una guerra con milites y hortes, lo natural es que éstos com- 
batiesen con capitanes, generales y otras graduaciones, lo cual nos ha de 
dar forzosamente una diferencia en el valor y configuración de las piezas. 

La comparación que Coleridge hace del poema £a Schacheida, de Je- 
rónimo Vida, con los pasajes de los clásicos latinos, no viene al caso, ó, 
mejor dicho, no demuestra lo que él pretende, pues si es cierto que nadie 
puede aprender á jugar el ajedrez con la lectura de aquel poema, — cosa 
que por otra parte no es lo que Vida se propuso, — también lo es que 
leyéndolo, cualquiera se hace cargo de que el juego que éste poetiza es 
el ajedrez. Es posible que Coleridge no haya leído más que la traduc* 
ción italiana que de él hizo Masdeu, que es bastante libre y hasta tal vez 
demasiado, puesto que en algunos pasajes está muy lejos de expresar 
exactamente la idea del autor. 

Como los clásicos latinos sólo hablan incidentalmente de los juegos 
tomándolos como punto de comparación, y los autores ingleses, — que son 
los que más se han ocupado de esta materia,— ó no conocen los textos á 
que se refieren, ó los interpretan mal, resulta una gran confusión. No 
obstante, de todo ello se desprende de un modo indudable que en tiempo 
del Imperio los romanos jugaban varios juegos de tablero, tales como el 
ajedrez, las damas, el tres en raya, el asalto y el chaquete. Hace ya 
muchos años que se encontró un tablero de este último juego en un 
punto de Roma llamado la Piscina Pública (véase la fig. 29) que el doctor 
Hyde, — fundándose en la inscripción que tiene grabada, — coloca entre 
los fraudes )'iadosos de los primitivos cristianos (3). 

(t) Ob. cit , cap. LXIII. 

(2) Historia natural, VIII, 80. 

(3) Hist, Nerdiludii, pág. 7. La ñgura de este tablero lo copia Hyde de Mona- 



EL AJEDREZ IVI 

Sin duda á causa de la ioBCripcióa de este tablero, se ha creído que 
chaquete se llamaba alveus en latín, y ae le ha comparado con el Piin- 
íAion griego. El a/veiM no era un juego, sino el tablero en que se juga- 
ban loa diferentes juegos y, por consiguiente, no se puede comparar h 
ninguno de ellos. El PliníAion griego era efectivamente el chagüele, ó lo 
que ee lo miamo, el duodeeim scripia de los romano.^; ambos estáu dividi- 
dos en secciones de seis líneas, dos & cada lado, formando un total de 
doce, duodecim, y han de ser posteriores & la invención de los dados, pues 
sin ellos no podría jugarse, y, por consiguiente, posteriores al siglo vi 
antea de N. £., época en que generalmente se supone que fueron inven- 
tados éstos, que no eran más que un perfeccionamiento del antiquísimo 
juego de la taba (astríñalos) tan g-eneralizado en la antigüedad, que se 
encuentran abundantemente ya naturales, ya artificiales hechos de 
bronce, plomo, en las sepulturas, y aobre todo en las de los niños 
pequeños (]). 

menta Cristianorum, de nrutsr. Según Saumaiae Iob caTacleres grabados en el tablero 
dicao : c5i se juega bbI á las tiradas del Aloeus, Jeeucrlelo da le victoria; y eaiste d 
todos aquellos que baa escrito bu nombra auaque eea en cosaa triviales comolu de jugar 
este juegos. 

(I) Fundándose en esto, 'el presbítero don Roque Cbabss, director de la revista 
de Oenia, £1 Archieo, cree beber descubierlú el primer ejemplar de una Tabula tatran- 
cularia «que basta abora no se podía conocer por estar de perfil todas las obras de nrle 
que representan personas Jugando este juego. > (CuAlV Si se reñere al propiamente 
llamado Ludua Latruncalorum de los rornaaos, se equivoca, pues, como ye bemos visto, 
el tablero de este juego es muy distinto del que él describe. 

E-ita es, como dice doa Roque Cbabas, una especie de tablero de damas ó ajedrez 
(como diríamoe ahora, sDade ¿1) que forman paite 
del compartimento central de un moaaico encontrado 
el 16 da Diciembre de 1878 en un campo próximo 6 
Denia, donde según la tradición bahía bebido un tem- 
pla consagrado ú Diana. 

Eale tablera, si realmente representa esto la parte 
del citodo mosaico, es muy irregular (véase la üg. 31), 
y aunque don Roque Cbabas e^tplique Ja uniúa de seis 
cuadros negros, que se encuentren juntos un una de 
las esquinas del tablero, por lo que dice Antony en su 
Diccionario de antigüedade» griegat y romana» en la 
palabra Mandra icómo se explica la uniAu de dos cua- 
dros negros repetida cuatro veces en dicho tablero y 
la de dos cuadros blancos una sola vez? 

Con tode probabilidad, como digo eo otra parte, la 
palabra Mandra slgniñca entre los latinos todo el lo- Fio. 31. — Encontrado en une 
blero en una variedad del juego del ajedrez en que sepultura de Deaia 

(odas Ins piezas representaban figuras de animales 
MandrUi, como en los juegos de don Alfonso el Sabio 

y de Tamerldn, siendo en eete caso muy apropiado el nombre de corral dado al tablero. 
Este nombre no se aplicaba á una parte del tablero, como dice Antony, que formaba 
un recinto esp«eial, como en los actuales juegos de ajedrez chinos y birmanos. Este 
recinto sagrado de que h baca mención en los antiguos juegos de Grecia y Roma, eslá 
también en nuestro actual juego del asalto, — Ludus LutruncuJorum, — asi como hay 
igualmente en él las lloeas sagradas, — A ¿era gramma, — A« los griagos, que sólo pueden 
recorrer los dsfensores de aquel recinto, del que baüta ahora, que yo sepa, no se ba en- 
contrado rastro alguno en los antiguos juegas de ajedrez europeos. 

Mas ^representa realmente et tablero en cuestión un tablero de ajedrez ó de damas 
tal coroo lo usaban en le época que fué construido, ó sea en el aiglo iv, en tiempo de los 
Constantinos, — según el parecer del seilor ChabasV Lo dudo, é causa de la irregularidad 




198 BL AJBDRBZ 

El chaquete no puede ser, como algunos creen, una derivación de 
los antiguos petteia y Zudus Zatrunculorum, ó sea del tres en raya y asal- 
to de hoy, porque estos se juegan sin dados y siguiendo lineas que 
forman triángulos y cuadrados, y aquél se juega en líneas perpendicn- 

de la colocación de los cuadraditoe qoe no alternan uniformemenie, aef como también 
porque no hay el mismo número de cada color, pues sólo hay 24 blancos habiendo 32 ne- 
gros. Nada significa para mi la relación de 3 á 4 que guardan los dos colores, y no com- 
prendo en qué se funda dicho señor para decir que esto le confirma en su opinión de que 
este tablero es una tabula lairuncularia. ¿Para qué juego? Supongo que el reverendo 
señor Chabas no es jugador de ajedrez, damas, asalto ni ningún otro tablero. Por el 
número total de casillas, — 7 X 3 == 56, — de qoe se compone el de Denia, se deduce que 
puede realmente ser un tablero de ajedrez, pues, como veremos más adelante, don Al- 
fonso el Sabio dice que en su tiempo se jugaba con tablero de 12, 10, 3, 7 y aun menos 
casillas. 

No correspondiendo el tablero de Denia á ninguna de las variedades que en aquel 
tiempo se usaban para jugar al ajedrez ó á las damas, se me preguntará qué es lo que 
representaba. Un tablero de juego, mas como por la extraña disposición y número de 
los cuadros no corresponde á ninguno de los hasta hoy conocidos, se me ocurren dos 
hipótesis. El mosaico en que se encuentra este tablero cubría una sepultura y está divi- 
dido en tres compartimentos: el superior contiene una inscripción latina que dice que 
está allí enterrada una tal Severina, que murió á la edad de 40 años; el compartimento 
central contiene el tablero en cuestión y el inferior una estrella de seis puntas hecha á 
compás, como muchas de las que hay en los mosaicos romanos. 

Es un hecho muy sabido lo que dice el reverendo señor Chabas de que los antiguoe 
tenían la costumbre de colocar en los sepulcros ó entre las cenizas de los cadáveres loa 
juegos que los difuntos habían jugado en vida, razón por la que no tengo reparo en admi- 
tir que dicho tablero representaba un tablero de jugar. Pero los antiguos no sólo ente- 
rraban con los cadáveres los objetos que les servían ó podían haberles servido en vida, 
sino también objetos alegóricos, parecidos á los usados en la vida común, pero alteradoe 
en la forma ó materia y hasta en el tamaño, que aumentaban ó disminuían. Ya hemoe 
visto en el capítulo El ajedrez en Egipto que los antiguos egipcios, 2,000 años antes N. E., 
colocaban ya en pus sepulturas tableros y piezas de ajedrez alegóricas, inscribiendo en 
aquellos leyendas en las que deseaban al difunto una agradable estancia en la otra vida, 
de acuerdo con el capítulo XVII del Libro de los Muertos que le promete que jugará en 
ella al ajedrez ó á las damas. 

¿ Es el de Denia un tablero alegórico expresamente embrollado y defectuoso, alu- 
diendo á alguna circunstancia especial de esta ó de la otra vida? Se podría creer que es 
así, porque, además de lo que dejo dicho, va acompañado de la estrella, que, á causa de 
encontrarse en otros tableros de juego, prueba, como dice don Roque Chabas, «que aquí 
se trata realmente de un juego y no de un adorno de capricho, lo cual sería absurdo por 
la falta de simetría.» Pero esa falta de simetría y de orden en los cuadros, que no pueden 
representar los de ningún juego real, ¿no nos dice nada? Ese tablero desordenado que 
está encima de la estrella ¿no podría suplir la inscripción que acompaña á ésta y decir» 
nos poco más ó menos lo mismo que la inscripción Victus, leba te ludere necis da la- 
sari loco, — Vencido, levántate, que no sabes jugar, deja el sitio á otro jugador, — ú otra 
cosa por el estilo, para dar á entender la ignorancia ó vida desordenada de la que dor* 
mía el sueño eterno debajo del mosaico? 

La otra conjetura es que al construir el mosaico podían haber sido mal colocados 
los cuadros, ó bien que habiéndose deteriorado por cualquier causa podía haber sido mal 
restaurado por operarios ignorantes que lo hubiesen hecho d ojo de buen cubero^ ponién* 
dolos tal como hoy se encuentran. De todos modos ese tablero no es el del Ludua La- 
trunculoruniy porque éste estaba y está aún señalado con rayas que forman triángulos y 
no forman tablero de damas como el de Denia. 

Se equivoca igualmente don Roque Chabas creyendo que se daba también el nombre 
de abacus á la tabula latruncularia. Aquél, como veremos después, no era un tablero 
de juego, sino una tabla de contar de que se servían los antiguos romanos y que conii- 
nuó usándose en la Europa Occidental basta el siglo xvi en que se generalizó el cálculo 
por medio de los números arábigos; hasta dicha época se calculaba primero coa piedra- 



EL AJEDREZ 199 

lares al jugador, pasando lateralmente de una á otra, ó saltando varias, 
según el punto que hayan hecho al tirar los dados. 

En el Tesoro de la lengua casíellaTuij de don Sebanti&n Covarru- 
bias (1), he encontrado la confirmación de que nuestro juego de asalto 
es el Ludas Zairunculorum de los romanos, pues dice así: «El alguergue, 
— asalto — es el juego antiguo que Ovidio en su Arte de amar (2) y otros 
llamaban de los ladroncilloSy Ludus Zatrunculorum.» Por la descripción 
que de él da no podría juzgarse claramente si ente juego es el asalto ó 
las damas, mas por las referencias que hace de los antiguos poetas y por 
lo que más adelante dice, no deja ninguna duda del juego de que se 
trata (3). «El padre Guadix dice que alguergue en ar&bigo es lo mismo 
qne en castellano llamamos Castro, porque el tablero rayado en que se 
juega tiene semejanza á la castrumentación delineada en planta. Diego 
de Urrea dice ser juego de piedrecitas sobre rayas y que su término ará- 
bigo es Aereguetaniy que vale tanto como movimiento del verbo lieregítey 
que significa mover, porque las piedrecitas se van moviendo de un ángu- 
lo al otro. De este mismo verbo saca su origen la palabra harre aqui, 
porque arre vale tanto como monte,» 

«Lo llamamos el juego del castro porque la planta del tablero está 
delineada, formando calles y plazas como un campamento.» 

Así como en Egipto hay monumentos en que se ven representados 
varios juegos, y entre ellos el del ajedrez, en Grecia y Roma se encuen- 
tran textos que hablan de juegos análogos y parecidos á éste; pero en la 
India no hay ni una sola representación, no ya del ajedrez, sino ni aún 
de ningún otro juego; ni se encuentra en ella otro texto que haga refe- 
rencia á él que el oscuro y sospechoso del Vayshia-Purana, dado á cono- 
cer por Sir William Jones á últimos del siglo pasado. Y, aunque 
Mr. Duncan Forbes se incomode con los que citan el aserto de aquel 
sabio indianista que asegura no haber visto citado el ajedrez ni en uno 
solo de los libros sagrados de los Brahmanes, lo cierto es que él y todos 

citae, — calculi, — y después con tantos, ó jettona como dicen los franceses, encima del 
tablero abacos, y esto se bacía lo mismo en España que en Francia ó Inglaterra. 

Los artículos de don Roque Cbabas describiendo el sepulcro de Severina y el mo- 
saico en que está dicho tablero ban sido publicados en los números 1 y 3 del semanario 
de Denia, El Archivo, correspondientes á los días 6 y 20 de Mayo de 1886. 

(1) Tesoro de la lengua castellana, Madrid, 1674. Palabras ajedrez, alguergue y 
caslro. 

(2) Donde más se determina, aún este juego es en los Tristes del mismo Ovidio, 
11. 477: 

€Discolor ut recto grasetar limiter miles 
Cum medias gemino calculo hosie p'erit, 
Ut mage celle seguí sciat, et re cocare prior um 
Nec tuto fugiens incomitatus eat,^ 

(3) «Alguergue es un juego de piedrecillas sobre un tablero rayado que bace di ver- 
sos cuadros y por las rayas van moviéndoee, y cuando hallan tercera casa vacía del con- 
trario pasan á ella ganándole la pieza que estaba en medio que á veces acaece ser dos ó 
tres, y si pudiendo tomar no lo hace, pierde la suya y por término propio se la soplan. En 
griego se llama este juego Schyrapia, ludus scruporum qui in lateruncularia tabella 
em€rcetur,deScyros,fragmentum8€u/ru8tulum marmoris, quod exidit dum illud 
scalpitur; ea fragmenta assullas oocat Vitruvius. S. 7, e, 6 inde pro scrupo penitur. 
Estas piedrezuelas en los tableros de los ricos eran de cristal ó vidrio hechas con arte, y 
porque salían de sus casillas á rcbar se llamaban latrumentos. » 



200 BL AJBDRBZ 

los que como él quieren sostener que el ajedrez es de orig^en indio, no 
hacen más que repetir, comentar ó tergiversar lo mismo queSirWilliam 
Jones dijo hace ya cerca de un siglo (1). 

El único juego que se encuentra claramente determinado en los 
textos indios, pero de una fecha relativamente moderna, es el de los 
dados. El tan celebrado poema Mahabharata es el relato de una guerra 
formidable en la que los hijos de Pandu recobraron su imperio perdido 
en una partida de dados. 

En los Treinta y dos relatos del Trono (2) se menciona repetidas 
veces el juego de dados. Es el segundo de los diez y ocho vicios citados 
en el relato 21 por una reina que trata de hacer enmendar de ellos k su 
marido, pero que, por debilidad ó por obediencia, juega continuamente 
con él á los dados mientras los enemigos tienen sitiada la ciudad. 

En el relato 26, Vikramaditya, el héroe de los cuentos, hace que un 
charlatán perdulario renuncie al vicio de jugar á los dados, no por su 
autoridad de rey ni por la fuerza de sus razones, sino por la especial 
gracia y favor que ha podido concederle valiéndose de su poder sobre- 
natural. 

El diagramismos de los griegos y el duodecim scripta de los romanos, 
eran nuestro juego de tablas ó chaquete, lo cual concuerda con lo dicho 
por Wilkinson, de que en aquellos juegos las jugadas se determinaban 
por medio de los dados. ^ 

El juego del perroy que confunden con el diagramismos ó chaquete, 
no era juego, sino el peor punto que podía uno sacar al tirar los dados, 
como los tres unos, que los romanos llamaban canis ó caniculus (3), asi 
como llamaban tenus á la mejor, á la de los tres seises, ó á la tan famosa 
de San Benito que con tres dados sacó 19 puntos, por habérsele partido 
uno de ellos. Según Séneca (4) en su tiempo los tableros de chaquete y 
damas ó ajedrez, llamado latruncularia, se construían ya como los 
nuestros, teniendo una de las caras para damas ó ajedrez y la otra para 
chaquete (5). 

Tampoco sé en qué se funda Mr. J. Birch al decir que algunos supo- 
nen que el latro del juego de los romanos era una sola pieza, cuando el 

(1) Las grandes autoridades de Duncan Forbes son una Eociclopedia Sánscrita, 
en 10 volúmenes en 4/, y otra publicada en Serampore en 1834, 20 volúmenes en 8.*, titu- 
lada Instituciones de la religión de la India, etc. Ambas publicaciones contienen uo 
artículo titulado Chaturanga, cuyo texto, con muy ligeras variantes, completamente 
idéntico viéndose que está copiado de un mismo original, 6 sea del artículo de Sir Wi- 
Iliam Jones, publicado en el tomo segundo de Assiatic Researches como extractado del 
Bhateiskya-Purana. 

(2) Contes Indiens, Les Trente-deuw Recits du Troné ou les Mereeilleux Em- 
ploitsde Vikramaditya, traducido del bengalas por León Feer, París, 1883. Véase el 
capítulo El Chaturanga. 

(3) Suelonio, Vida de Augusto, 71 y Ovidio en el Arte de Amar, que textual- 
mente dice: 

«Seujacies talos cictam nepasna sequatur 
Damnois facito steit tibi scepe canes. » ( Libro II). 

«Si juegas á los dados, para que no tengas que experimentarla pena de una derrota, 
procura hacer perros con frecuencia.» • 

(4) Epístola 117. 

(5) Marcial, XIV. 17. 



EL AJBDREZ 201 

nombre de dicho juego ya está en plural, lo que demuestra que se com- 
ponía de varias, que se llamaban milites y Aortes, lo cual prueba que era 
un simulacro de guerra (1). Estas piezas eran de madera, metal, vidrio, 
maríi], etc. 

Dice Mr. Chatto que, «por más que en alguna de sus variedades el 
juego ZairuncuH era bastante intrincado, nunca había llegado en el 
pueblo romano á tener la perfección que nuestro ajedrez.» ¿ Aca^o se ha 
inventado nunca alguna cosa completamente perfecta? ¿No indica esto 
mismo que los griegos y romanos conocían ya algunos juegos que tenían 
cierta analogía con el actual ajedrez, y que éste no es más que un deri- 
vado de aquéllos, que ha ido perfeccionándose y amoldándose á los 
gustos de las diversas épocas y pueblos? Aunque fuese verdad, — que no 
lo es, — lo que dice el conde de Basterat, que el indio Sissa inventase á 
principios del siglo vi de N. E. (2) el ajedrez de tablero de 64 casillas 
con piezas de diferente valor, ¿querría esto decir que no había antes 
tableros con más ó menos casillas y piezas de diversas formas de las que 
Sissa sacó el suyo (3)? 

Ni aun hoy día se juega el ajedrez del mismo modo en todas partes. 
Los italianos lo juegan algo diferentes de los españoles y franceses (4). 
No hace muchos años que éstos fijaron definitivamente las leyes de este 
juego que le dan carácter científico; en la India el acto de llegar un 
peón á la octava casilla se llama ShaJpada; ya hemos visto que á los seis 
pasos ó saltos adquiere este peón el valor de la pieza correspondiente á 
la casilla á que ha llegado, excepto la ocupada por el rey; y esta regla 
es completamente distinta de la nuestra, pues el peón puede adquirir, á 



(1) Séneca, epístolas 106 y 117, y Ovidio en el mismo Arte de AmaFf á continuación 
de la Dotu 5 dice: 



y en el lib. III: 



€Sice latrocina sub imagine calculas ibit;* 



^Caustaque nonsttilte latronum proella ludat; 
Unus cum gemino calculas hoste perii.'t 



Peleando uno contra dos habían de ser más de uno. Sin duda los romanos jugarían 
la variante del asalto Fox and Goose en que el defensor es uno solo, — la zorra — y é ella 
deben referirse ciertos textos que han sido mal interpretados por algunos escritores mo- 
dernos. 

(2) El conde de Basterat que, copiándolo de Duncan Forbes considera el ajedrez 
como inventado 3,000 años a. de C. por el brahmán Sissa, que es el ministro que pidió 
como recompensa un grano de trigo multiplicado en progresión geométrica en cada una 
de las 64 casillas, á continuación de este cuento dice: «Este Sissa no es un personaje 
imaginario. La historia nos lo da á conocer como el primer príncipe indio que encontra- 
ron los árabes cuando con las armas en la mano llevaron su nueva religión hasta las ri- 
beras del Indo. Era, pues, muy natural que éstos atribuyesen á aquél la invención de un 
juego que conocieron por primera vez en el país que acababan de invadir (A. D. 461).» 
Esta fecha está adelantada de tres siglos y medio. La India fué conquistada por los 
árabes Gaznemidas hacia el año 1000 de N. E: La dinastía Gaznemida reinó en Persía 
y en la India desde el año 980 al 1189. 

(3) Ya hemos visto que Firdusi dice que era el 10 >CiO; y veremos después que don 
Alfonso el Sabio, seis siglos antes que el conde de Basterat, señala precisamente como 
de origen indio un tablero de 144 casillas. 

(4) Véase cap. Movimiento de laspieíaa. 

26.— EL AJEDREZ. 



202 BL AJEDREZ 

voluntad del jugador, el valor de cualquiera de las piezas menos el de 

rey (1). 

La rutina de querer hacer proceder el ajedrez de la India, hace que 
se suponga que este juego fué introducido en Francia por los moros que 
en 711 de N. E. invadieron la España, sin tener en cuenta que en aquella 
época de conquista y de propaganda de una religión que prohibía los 
juegoSj los sarracenos que invadieron la Francia en el siglo vii, no esta- 
rían para entretenerse en enseñar juegos á los aquitanos, ni mucho 
menos éstos de humor para aprenderlos. 

Por los textos de los clásicos latinos, tales como Séneca, Ovidio, 
Valerio Máximo y otros, se ve claramente que los romanos del tiempo 
del Imperio, jugaban juegos que simulaban una guerra con tableros y 
piezas de una ú otra forma, es decir, juegos de ajedrez; que estos juegos 
se jugasen de esta ó de la otra manera, nada implica para la esencia de 
la cosa; el caso es establecer el hecho. Que aquellos juegos no eran 
nuevos en el mundo romano, lo prueba que ninguno de los autores alu- 
didos habla de ellos en este sentido, al contrario, todos los mencionan 
como cosa corriente y de antiguo conocida. 

Yo no quiero decir que en aquella época el ajedrez fuese completa- 
mente desconocido en la India, porque la Historia nos demuestra que los 
griegos y los romanos dominaron en ella, y creo que unos y otros lo im- 
portarían á aquel país del mismo modo que antes los griegos lo habían 
introducido en Europa, tomándolo de Egipto; siendo más difícil, aunque 
no imposible, que este juego hubiese pasado de Egipto á Asiría y de 
ésta á Grecia, como opinaban entre otros Ana Conmeno y el dominico 
Cesulis. 

Van der Linde en una de las rectificaciones de su «Historia del Aje- 
drez» que hace en su última obra, tantas veces citada por mí al hablar de 
unos versículos arábigos dice: «También esta comparación ha resultado 
por consiguiente más antigua de lo que nosotros creíamos en la Historia 
del Ajedrez. El versículo árabe es por el estilo del texto del sermón que 
Juan de Gales escribió en 1520, y por esto queremos dilucidarlo en este 
lugar (2).» Luego dice: «En la rezensión (traducción?) inglesa de Berlín 
del «Gesia Homan^orumy» se puede aún observar la comparación de Juan 
de Gales, en el antedicho sermón, que es el «Summa Collationum;» po- 
niendo en una nota que en éste se encuentra «ñíoralitas Scaccario secun- 
dum Domn Innocenten iertium» 1198 á 1216. «Mundus iste, etc.» La com- 
paración á que se refiere Van der Linde del Gesta Bomanorum dice (3): 

(1) El mismo Chaturanga, que quieren hacer pasar como padre del actual ajedrez, 
á principios de este siglo se jugaba aún tal como lo describe William Jones; es un juego 
completamente distinto del nuestro. También se jugaba en Espaffa en tiempo de don 
Alfonso el Sabio, como he dicho ya antes» y se juega aún actualmente en Alemania y en 
nuestro país haciendo servir de reyes las dos reinas. 

(2) Ob. cit., págs. 65 á 67. 

(3) Antonius in civitate romana regnavit prudens valde, qui multum cum conibus 
ludere solebat et post ludum tota die in ludo scaccii se oecupabat. Cum semel ludebat 
et üidit regesa ludí in scaccio poní aliqui subter, aliqui super, intra se cogitabat: Sic 
cum mortuuñ ero sulter ierra absconsus ero. Statum divisit regnum in tres partes unam 
dedit regi Jherusalem, aliam satrapis imperii, tericam pauperibus et ad terram sanctam 
perrexit ibi in pace vitam suam vinivit. 



EL AJBDRBZ 203 

«cAntonio reinaba muy prudentemente en Roma; acostumbrabajugar 
mucho con los perros (?) y después pasaba todo el día jugando al aje- 
drez.» Si este párrafo que además del ejemplar de Berlín se encuentra en 
otros ejemplares de Valerio Máximo, que es el autor del <^ Gesta Romano^ 
rum,» se encontraba, como es muy posible, en el manuscrito original, 
tendríamos una prueba evidente de que el ajedrez era jugado en Roma 
en tiempo de los primeros emperadores romanos, por el testimonio de 
un escritor contemporáneo, pues Valerio Máximo escribía en tiempo de 
Tiberio. 

Esta noticia es mes que verosímil, pues generalmente sabido es el 
mucho tiempo que Antonio permaneció en Egipto y sus íntimas relacio- 
nes con la reina de aquel país. Allí, si no los conocía ya, pudo Marco 
Antonio haber aprendido á jugar algunas variaciones del juego de 
ajedrez que indudablemente se jugaban entonces en Egipto, enseñán- 
doselos quizás su querida Cleopatra, matando juntos algunos ratos de 
ocio entretenidos en algunos de estos juegos. Que eran más de uno los 
juegos que jugaba Marco Antonio en Roma se deduce claramente del 
texto; pues debe entenderse que el jugar mucho con los perros quiere 
decir en el juego cuyas piezas se llamaban <c Perros,» y aunque se cree 
que los antiguos egipcios llamaban «Perros» á las piezas de todos sus 
juegos, es posible que en Roma no fuese así, sino que diesen este nombre 
á las de alguno de ellos, las damas ó jaquete, como nos lo dice don 
Alfonso el Sabio, siendo probable que Valerio Máximo quisiese decirnos 
que el emperador Marco Antonio, aunque regía bien el Imperio pasaba 
la mayor parte del día jugando á las damas ó jaquete y al Ajedrez- 
Seacci. 

MoRAUTAS. — KarÍB8Ími, iste imperator, qui ludum diligit, potest dici quilibet mun*- 
daouB, qui in mundi vanitatibus occupatur. Verum cum debet curam occipere de ludo 
scaccii sicut fecit ímperator. Scaccium hahei octopunctaa in omni parte. In omni ludo 
8UDt VIII genera hominum 8cil, üir et mulier, senes et Juoenes, laici, clerici díüites, 
pauperes. Ad istum ludum ludunt sex homines, Primua est pedinus qui cum proce- 
dik non habet nisi unum punctum et quando vadit lataliter exalia parte capitalium. Lie 
pauper verus nihil babet sed cum ▼enerit ad mortem in paciencia erit rexin celo Juxta 
regem pauperum. Sed si contra Cristum murmuraverit de ptatu auo el fít fur et rapit 
quicquid potest, tune capitur et in careare inferni detrudetur. Secundas Alphinusei 
currit tres pandos sursum et deorsum per eloquenciam fraudélenciam et preaenciarum 
capcionem et sic fít solus. Tercius miles habens tres punctos lataliter signsX generosos 
íerrented e¿ rap¿e/iíe5^Zorta/i¿e« i n prosapia et di viciarum affluencia. Quartus vero est 
roct^squi eadit ómnibus modis in longum latum et capit quicquid invenit et signat usu' 
rarios et me rcatores falsos qui discurrunt ubique ut possint lucrari nec eurant quomodo 
ita si habeant. Quintus est regina que vadit de nigro in nigrum vel ote albo in álbum 
et ponitur juxta regent et quando recedit a rege capitur. Ista regina ñigaüi puellcK üir- 
gines quando vadunt de castitate ad peccatum, capiuntar a diabolo propter sviothecas, 
cinglium et hujus modi. Sextus est rex cui omnes debent otedire et ministrare, et oadit 
ante et retro et a lutere ei capit ubique. Sed illi descendunt in mundum et ascendunt 
ad deum patrem per oracionem. Sed quando non curat de deo nec familiam habet fit 
sicut chekmat Vídeamus ergo quot post ludum omnes ponentur in sacculo nec sit cura 
quis erit supra vel inprofunditate. Sic concedat nobis ómnibus post ludum istius mun- 
di agnus quod poterimus ad eternam gloriam pervenire, ad quam nos perducat. 

Véase más adelante el capítulo El Ajedrez en la Edad Media. 



APÉNDICE AL CAPÍTULO II 



Don Pietro Carrera, en su obra II Gioco de gli ScacAi, In MíliUllo, 
1617, dice: «Del sigfnificado de Calcidus, que como hemos dicho, es común 
á las piezas de nuestro juego y á las de la Riga...» — El autor da el 
nombre de juego de la Riga, Raya, á todos los que se juegan con table- 
ros señalados por rayas, entre ellos el de una especie de Damas jugado 
con un tablero dividido en triángulos por las rayas, como en el actual 
Morro grande, y con sesenta piezas, mitad blancas y mitad negras, el 
cual juego es llamado Grammismus ó Diagrammismus y Gramma^ aunque 
este último nombre significa toda clase de Riga ó Raya. — «Este juego, 
dice Carrera, es hoy desconocido; pero se jugaba también, y aún se juega 
actualmente, otro semejante con doce piedras blancas y doce negras; 
debiendo advertir que este juego es diferente de aquel otro que los sicilia- 
nos llaman Marrella y los españoles Damas. >^ Describe después el modo 
de jugar el último de los tres en que divide los juegos de Riga, que dice 
llamarse Riga de Tre, y que es el mismo que todavía juegan los mucha- 
chos por todas partes señalándose el tablero sobre una piedra, ladrillo 
ó madera, ó bien haciendo rayas en la tierra, y con tres piedrecitas nada 
más; juego llamado en catalán Marro, y en castellano Tres en Raya; 
Carrera, en una palabra, comprende bajo el nombre de Jiiegos de la Riga 
á todos aquellos que se juegan con tablero marcado por rayas de una ú 
otra forma, y con mayor ó menor número de piezas. 

Si el juego que los sicilianos nombraban Marrella corresponde real- 
mente á nuestro juego de Damas, la denominación siciliana podría 
demostrar que éste es derivado del primitivo de la Riga de doce, igual á 
nuestro Marro^ de cuya palabra podría ser un diminutivo la siciliana 
marrella. Por otra parte, los dos juegos de Marro y Damas son muy pare- 
cidos, diferenciándose principalmente en que el Marro se juega todavía 
de un modo primitivo, con tableros improvisados allí en donde á los 
niños ó jugadores les viene mejor, valiéndose de yeso, carbón ú otro ins- 
trumento cualquiera para señalar las rayas, y de tiestos, chinas ó cua- 
lesquiera piedrecitas para'piezas del juego; y en las Damas se usa gene- 
ralmente un tablero dividido en cuadros de dos colores — escaqueado — 
y piezas de madera ú otra materia torneadas y hechas expresamente. 

El mismo Carrera dice ya: «benché habbiamo alcune cose communi 
ad ambidue igiochi.» Estos juegos son los llamados por los griegos 
Grammismus, Digrammismus y Gramma, nombres adoptados también 



\]/ 


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EL AJBDBBZ - 205 

por los latinos para desigoar los juegos con tatleros señalados por 
rayas, que tanto han hecho cavilar k los autores alemanes é ingleses, 
principalmente la tan celebrada Liruti Sacra. Carrera dice sencillamente 
que era «la linea del medio del tablero del Marro (fig. 32), que los 
antiguos la llamaban asi porque sólo en caso de gran necesidad era 
permitido mover las piezas colocadas en ella, de donde nació el proverbio 
«Moveré aliquem á sacra,» que significa obligar á alguno á un acto de 
extrema necesidad; y que, según dice José Scallgero, refiriéndose al 
libro VI de Varron, las piedras llegadas á la última raya se llamaban 
ineiíi.» 

En tiempo de Carrera, podría llamarse en Sicilia Marrella 6 Marelle 
h. nuestro juego de Damas, con el tablero á cuadros, 
escaqueado; pero los italianos entienden, aún hoy, 
por Harelle, nuestro juego de Marro, es decir, el 
juego de Riga de las doce piedrecitas blancas y doce 
negras, llamado Castro en castellano, nombre qne se 
da igualmente en Castilla al que también se llama 
Álquerque ó Tres en Raya: del mismo modo que~ Ca- 
rrera da & los dos el nombre de Juoco di Riga, y los 
catalanes llamamos Marro al Riga de 24 piedrecitas y Pío. 32.— Aiquerque & 
al de 6 — tres blancas y tres negras — 6 Tres en Raya marro de |2 piezas 
como los castellanos. 

Es muy posible que este último sea el primitivo de los juegos de 
rayas, del cual se derivasen los otros diferentes de tablero m¿s compli- 
cado ó mejor multiplicado, y con las repeticiones del cuadro primitivo 
mejor dispuestas, atravesado por cuatro rayas y dividido en ocho espa- 
cios, pues no son otra cosa los tableros del Marro (fig. 32), Analto (fig. ^A), 
Ladronea (fig. 30), Fox and Goose, etc.; y es posi- 
ble y casi probable que las Damas que se juegan 
con 12 piezas blancas y 12 negras — en España, 
Francia y otras naciones se juegan con mayor 
número — no sean otra cosa que el antiguo Marro 
aplicado al tablero de ajedrez de SX^ casillas, 
cuando este juego se vulgarizó por el Occi- 
dente. 

No hay duda de que en loa cl&sicos latinos 
Pía. 33.— Juego d«l Aislto anteriores & Marcial, se encuentran explícita- 
mente mencionados tableros y piezas de ajedrez 
[ú otros juegos) de cristal, piedras duras y otros materiales más ó menos 
preciados; y que en aquéllos se alude ¿ juegos de diferentes clases. Mas 
no puede sacarse debidamente en claro el que algunos de estos juegos 
fuese el del ajedrez. Los versos de Lucano en el Panegírico de Calpur- 
nio Pisón, que Duncan Forbes atribuye k un poeta latino poco cono- 
cido, son los que más podrían demostrarlo; asi como el que algunos 
de dichos autores hablan del Zudus Latrunculorum, que se tuvo pos- 
teriormente como sinónimo de ajedrez, como lo prueba el texto de Olao 
Magno, lib. XV, cap. XII, en donde cita la costumbre de los godos y 
suecos — de la cual hablamos en otra parte — de probar la bondad de los 
pretendientes & la mano de sus hijas, por medio del ajedrez, pues dice 




206 BL AJBDBBZ 

textualmente: praserlim in ludo lalrunculorum seu Scaeckorum:» aún 
cuando, como ya digimos, se puede inferir que los antiguos aludían á un 
juego semejante á nuestro Asalto, que los alemanes juegan todavía con 
el nombre de «Juego de los Ladrones.^ 

Carrera hace observar la mala interpretación de los clásicos latinos, 
por lo que toca á los juegos, en los versos del Ars Amandi de Ovidio: 

€Reticuloque pilce leoes fundaniur aperto, 
Nec nÍ8Í quam tollas ulla movenda pila est,^ 

cuando dice que Merula, comentador de Ovidio, entiende por Pila el peón 
del Ajedrez, y por Hetóculo el tablero, cuyas interpretaciones tiene por 
violentas ó traídas por los cabellos, no pudiendo comprender que al peón 
se le llame Pila, y dejara de dársele la interpretación de «Juego de 
Pelota,» cuyo sentido aparece claro en el Exámetro, y más aún en el Pen- 
támetro, sin que pueda en manera alguna aplicarse al Peón. Por la pala- 
bra i2^¿/¿:2¿/a entiende Carrera el instrumento que, según él, llaman los 
españoles <(Jiaqiieta,» hecho con una red y con el cual se tira la pelota. 
Propiamente es la pala con que se juega á la pelota ó al volante: siendo 
más bien la que cita Carrera la del último juego, que consiste en un aro 
con mango y cubierto con red, pues para la pelota se cubre con piel ó 
pergamino. «No debe extrañarse^ dice el mismo autor, que Ovidio, dando 
en aquel lugar consejos á las mujeres para el uso de los juegos, les diga 
que tengan cuidado con el de la Pelota, pues leemos en Homero y en 
Atheneo que este Juego estaba en uso entre las mujeres.x^ 

En Francia está actualmente en boga, con especialidad entre los 
militares, un nuevo juego llamado «Juego Militar,)i> el cual no es otra 
cosa que una variación del pequeño Marro, ó Tres en Raya, alargando 
un poco el tablero, y disminuyendo el número de piezas, que se reducen 
á tres, dos torres y un rey: aquéllas representan dos cuerpos de ejército 
que atacan á un tercero, representado por el rey. El tablero resulta 
aumentado con dos triángulos en cada uno de los extremos superior é 
inferior; con lo que presenta una figura exagonal en vez de la cuadrada 
del tablero del pequeño Marro, y cuatro espacios triangulares más que 
este. No corresponde dar aquí las leyes y cualidades de este juego: se 
encuentran en el número 756, año 15, 26 Noviembre de 1887, de la Revis- 
ta <xZa Nalure,» en donde se dice también que es semejante al juego 
desmarelles, — pequeño Marro — y análogo al de los perros y el lobo — el 
Fox and Goose de los ingleses — ^y al de los Ladrones y el Avaro de los 
alemanes. (Véase fig. 30). 

El juego de Tali — Ossel en catalán y Taba en castellano — que dice 
P. Carrera, se usaba antiguamente, se ha perdido en la actualidad; — 
nosotros lo jugamos todavía, y yo lo he jugado mucho siendo niño, en la 
forma primitiva, es decir, con el mismo osset, — se jugaba con cuatro 
dados, cada uno de los cuales tenía cuatro caras llenas de números y dos 
en blanco, faltando por esta razón los números 2 y 5: su forma no era 
completamente redonda, pero muy aproximada á ésta, ni perfectamente 
cuadrada (cúbica) como la de los dados, sino de aquella forma que sabe- 
mos tiene el hueso de la juntura (articulación) de las patas traseras de 
algunos animales, como por ejemplo el león, de donde el juego tomó el 



EL AJBDRBZ 207 

nombre de Tali ó Talo, que es el que se daba á dicho hueso. Sucedía 
alguna vez, aunque rara, que el Talo presentase al pararse una de las 
caras vacías, y los griegos llamaban á esta suerte Antenne (a). Por lo que 
á fin de evitar el fraude de sentar el dado como se quisiera, se jugaba 
colocando los dados dentro de un pequeño vaso de madera ii otra mate- 
ria, llamado por los latinos Zurricula^ y por los griegos Pirgus, y con él 
se tiraban á la mesa del juego, como lo vemos hacer aún por dicho 
motivo en el juego de Dados.» 

Unas derivaciones ó variación de este juego serían las que se en- 
cuentran representadas y descritas en el «Libro de los Juegos» de don 
Alfonso el Sabio, jugándose con dados de forma paralelepipeda, de lo 
cual hablamos en el capitulo dedicado á dicho Libro. 

Carrera cita con mayor ó menor fundamento algunos antiguos roma- 
nos como jugadores de ajedrez, y continúa la lista con los nombres y 
noticias de jugadores modernos, entre ellos los más notables de sus con- 
temporáneos, sobresaliendo los españoles, italianos y sicilianos. No cita 
á ningún oriental sino es al hijo del Radjá de la India, Patiac, del que ya 
hemos hablado; ni tampoco ningún libro ó manuscrito de árabes, persas ó 
indios que trate de este juego: omisión que se nota igualmente en todos 
los autores contemporáneos suyos. 

Sacado del capítulo que se intitula «De los jugadores y de aquellos 
que han escrito del juego.» 

1. Palamades, hijo de Nanplio, rey de la isla de Eubea, invenlor del ajedrez, etc. 

2. Thersítes, griego, que jugó con Palamades; citado por Homero, en el lib. II de 

la Iliada 

3 y 4. Protesilao, Ayax. Príncipes griegos que jugaron durante la estancia de la 

flota griega en Aulide formando la galería (presenciando el juego) el otro 

Ayax, Palamades, Diomedes, Merión, Ulises y Nereo, citados por Eurípides 

en su Ifígenia en Aulide. Según esta versión Palamedes no inventó el juego 

durante el sitio de Troya, pues la estancia de la armada griega en Aulide y 

el sacriGcio de Ifígenia fueron anteriores á aquel sitio, y con eso resulta que 

Protesilao y Ayax jugaron al ajedrez en presencia de Palamedes antes de que 

éste lo hubiese inventado. 

5. DiodorodeMegalópolis. i ^.. , .., . , a ' a ^ «„ 

6 L ó d M't'le e ^ Citados por Atheneo como jugadores de ajedrez en su 

TTheoseno. ' ) «Gimnosofistas.» 

8. Ovidio Nasón. Poeta que escribió acerca del ajedrez. 

- • ^®?^f*l* ,. I Como se lee en Domilio Brusonio, por autoridad de Marcial. 

10. QumtoGalba. ) '^ 

11. Gano Julio. Alabado por Séneca. 

12. Séneca, español Cordobés. Epist. 10t$. 

13. Calpurnio Pisón, según el panegírico que escribió Lucano. 

(a) La palabra Antenne no es griega sino itaUana. Antenne signiflca también en 
catalán mástil ó palo largo clavado derecho; y en el juego del Osset llamamos Forcas 
á la suerte referida, que es la más di«cil de todas, y por consiguiente el que la saca 
asume todos los poderes del juego. Como esta suerte no es tan difícil de sacar con el dado 
como c<»n el mismo osaet ó taba, los antiguos adoptaron la precaución de hacer echar 
los dados con un vasito ó cubilete para evitar el que algún jugador se aprovechara 
de su especial habilidad en arrojarlos con la mano, de manera que saliera á su voluntad 
aquella suerte. 



208 BL AJEDREZ 

14. Valerio Marcial, español, de Galatayud, como lo demuestra en su epigrama á 

Bufo. 

15. Paulo. \ 

16. Navio. > Jugadores de ajedrez, según Marcial. Epigrama á Paulo en el iib. Yll. 

17. Publio. ) 

18. Pontiliano. Nombrado también por Marcial. 

19. Quadralilla. Noble matrona romana muy alabada por Plinio el joven. Lib. Vil. 

Epíst. á Geminio. 

20. Trigreslrio. Valentísimo capitán de ejército en tiempos de Theodosio, cele- 

brado por Sidonio Apolinar. 

21. Lucano, que es el autor latino de cuyos versos se puede deducir con mayor cla- 

ridad que de los demás autores antiguos, que habla del ajedrez y no de otro 
juego. 

Además de estos cita en diferentes partes de la obra á Sophocles, 
Nereo, Merión, Ulises, Platón, Pausanias, Valerio Máximo, Philostrato, 
Atheneo, Apión, Alexandri, Cicerón, Aurelio Casiodoro, Macrobio, ya 
como jugadores, ya como autores que hablan del ajedrez. Habla tam- 
bién de los pretendientes Brocos, — de Penélope como supuestos auto- 
res del ajedrez, y dice que Pirro, rey de Epiro, sacó su estrategia gue- 
rrera del juego del ajedrez y no del de la Riga-Marro. 

Continuemos la lista de los jugadores, entrando en los más moder- 
nos y en los que fueron sus contemporáneos. 

22. Mangiolino de Florencia, famoso jugador del siglo xiv ó xv, si bien lo continúa 

antes que á Jaime Cessolis, de cual autor se ve que no conocía la patria, ni 
la época, ni el idioma en que escribió, pues dice: 

23. Jaime de Cessolis, de la orden de Santo Domingo, escribió en lengua italiana 

el juego del ajedrez, etc. Vivió en tiempo del emperador Quinto. 

24. Jerónimo Vida, de Cremona, obispo de Alba, que fué contemporáneo de 

Cessolis. 

25. Damiano, de nación española* óptimo jugador de ajedrez, que por algunos 

indicios cree que vivió también en tiempo de Carlos V. 

27* H h* ! Palermitanos, grandes jugadores de la sobredicha época. 

28. D. Matheo Genchi, siciliano, de la misma época, compuso versos sobre las leves 

del juego. 

29. Paolo Boi, siciliano, el príncipe de los jugadores contemporáneos desús padres 

del cual hace una biografía que no es de este lugar, que tuvo la honra de 
jugar con el rey de España, Felipe 11, quien le recompensó largamente como 
veremos más adelante. 

30. Doctor Juan Lionardo, napolitano, que no fué de menor fama que el Boi; le 

decían el Puttino y jugaba de memoria. 

31. El capellán de Zafra, español, fué igual al siracusano y al Puttino, como se 

asegura 

32. D. Sebastián, rey de Portugal, fué jugador de ajedrez. Murió en África en 1518. 

33. Felipe 11 de España, muy amador del ajedrez, que hizo muchas y valiosas re- 

compensas á algunos jugadores de él. 
31 y 35. Juan Federico, duque de Sajonia y el duque Ernesto de Brunswich. Ju- 
gando cierto día estos dos, le notificó el primero la sentencia del Emperador 
que lo condenaba á que le cortaran la cabeza delante del portal de Witem- 
burgo; que, ó entusiasmado por el atractivo del juego, ó armado de la acos- 
tumbrada fortaleza y magnanimidad, escuchó la nueva con ánimo tan sereno 



EL AJBDRBZ 209 

j sin ninguna señal de temor, que invitó al duque Ernesto á continuar 
jugando, Después se le hizo gracia de la vida á ruegos de los duques Mauri- 
cio V de Chaves con ciertas condiciones. 
Los dos duques estaban juntos en la cárcel. 

36. Antonio Luperello, siciliano, que murió joven. 

37. Rui López, español, jugador famosísimo, compuso un libro del ajedrez. 

38. Juan Felipe de Augusto, su compatriota. 

39. Zenón, español, igualando á Rui López, escritor como éste de un libro sobre el 

ajedrez que Carrera dice no había visto. 

40. Medrano, español, no menos alabado que Zenón y López. Los tres jugaban de 

memoria. 

41. Juan Domingo Scalmato, de Mesina, podía recibir un peón del siracusano, etc. 

42. Pedro Pedrosa, español, considerado igual al barón de Siculiana. 

43. Juan Antonio Gallo, igual al anterior. 

44. Alfonso Oirasa, siciliano, superior á los últimos. 

45. Tomás Schivel, español, igual á Pedrosa. 
4*1. Silvio Platamone, siracusano. 

47. Jacobo de Termine, siciliano, i 

48. Grislófol Mezzuco, genovés. / » . • » i -j • i ^ - 
.^ , . ^ ., .' ?.. [A estos siete los considera iguales comparan- 

49. Jaime Corsetto, siciliano. j i i u ' j o- i- 
^r^ ^ ^ . xt i dolos con el barón de Siculiana. 
oO. Antonio Mazzara, >> 

51. Clariano Rosso, » 

52. Tíndaro Muratore, » 

53. Pedro Ramírez, español, que pasó á Sicilia. 

54. Un tal Raguseo, del cual no tenia antecendentes. 

55. Bautista Falciglia, siciliano, n ., j - . j- p . j j i 

56. Jaime la Barbrera. » "^^f."""^ ''f «^'°^ **'!=« *!"« .f","*"* jugadores del 
-^ T^ ^- /-. j ; tiempo de sus padres y vivían aun en el suvo. 

07. Francisco Cardona, » V ,, ^ n • • • i 

^Q T^ . r-'f ^ Kn este uorecieron principalmente: 

08. Francisco Citraso, » > r r 

59. D. Horacio Paterno, barón de Biscarri, siciliano, fué igual al siracusano 

(Boi), etc. 

60. Tomás Caputo, dicho también Rosees, napolitano. 

61. D. Salvador Albino, capellán de Benevento. 

62. D. Blasco Isfat, barón de la Siculiana, palermitano, contado entre los primeros 

jugadores. 

63. D. Jerónimo de san Juan, monje casinense. 

64. D. Juan de Castro, hijo del conde de Lemos, arzobispo de Torento y famoso 

predicador, jugaba al igual que Raguseo. 

65. Constantino Bocaccio, siciliano de gran nombre. 

t'6. Escovara, español, celebérrimo jugador, estimado igual al siracusano. 

67. Gregorio Duechi, de Brescia, escribió en lengua Toscana un poema del ajedrez, 

que intituló Scaccheida, no dio leyes de juego. 
úS. El doctor Alejandro Salvio, napolitano, escribió un libro del ajedrez, y también 

una tragedia sobre lo mismo, imitación del poema de Duechi; valentísimo 

jugador. 

69. Scipión Portio, siciliano, excelente filósofo, etc. 

70. El doctor don Jerónimo Cacio, presbítero siciliano que se le ha dado á cono- 

cer por su ingenio. 

71. Juan Bautista Luperello, siciliano, algo inferior en el juego al Cacio. 

72. Juan Domingo de Arminio, napolitano, alabado por Salvio, igualmente que los 

tres célebres jugadores. 

73. Miguel Mauro, de Calabria. 

74. César Ponti y 

75. Bautista (cuyo apellido no sé). 

27. ^EL AJEDREZ. 



210 EL AJEDREZ 

76. D. Pedro Pablo Gostanzo, presbítero, napolitano. 

'77. Alfonso Ortega, español, al que conocí en Palermo en 1611, excelente jugador 

que merece ser colocado entre los más fuertes, y que juega muy bien de 

memoria; daba la salida al barón de Siculiana. 

78. Mariano Maraño, presbítero siciliano, juega tanto como Ortega, por lo que 

merece ser citado. 

79. Pedro Fróylla, de Sortino, juega ligeramente. 

80. Nicolás la Rosa, siciliano, inferior á Maraño. 

8:. Vito Bussemi, médico siciliano, (como el anterior). 

82. Pedro Pablo Bottonni, doctor en Leyes, siciliano. 

83. Lucio Timpanello, siciliano, igual á los tres anteriores. 

81. La mujer de Timpanello. 

85. Su hija y muchos hijos, que todos jugaban laudablemente sobresaliendo entre 

ellos. 

86. D. Ignacio, monje de la orden de Monte Cassino. 

87. Una hebrea nacida en Venecia, joven ruda de 20 años, cuyo nombre ignoro. 

88. D. Anníbal Rigauato, presbítero de Messína. 

89. Agustín, el obispo siciliano de Racalbuto. 

90. Pedro Pablo Bottonni, contrincante del anterior. 

91. Un ciego que jugaba palpando, citado por Alejandro Solino en el prólogo de la 

Scaccheida. 

Además en el decurso del texto nombra como á jugadores ó escrito- 
res que hablan del ajedrez á 

Julio Pollux. Alejandro de Alejandri. 

Olao Magno. Ambrosio Gelepino. 

Polidoro Virgilio. Alfonso Barros 

Francisco de Médicis. Amonio Zara. 

Duque Terranova. .\talarico Rey. 

Mateo Radero. Bartolomé Armigio. 

Paris del Puteo. Bartolomé Merula. 

S. Gregorio Nacianceno. Blay Scardamaglia. 

Juan Fingeri. Celso Galcagnino. 

Juan Parladora. Celso Rodrigo. 

Bautista Bayardo. Cardenal Doria. 

Juan Pedro MafTei. Garlos Doria. 

Juan Passi. Diego López de Segneria. 

Marcelo Donato. Domitio Brusonio. 

Pedro Galasini. Pomponio Torrello. 

Servio. Salvador Alvino. 

Torquato Tasso. Theodoro Joniugero. 

J. María Gataneo. Federico Morello. 

Nicolás Perotto. (lidoco Damonderio. 

Jaime Boncompagni. Pedro Gregorio Tolosá. 

Andrés Ziragnello. Theodosio Trebello. 

Aurelio Gasiodoro. Rafael Valaterrano. 
Inocente Ringuieri. y el indio Patiae. 
Citando también las Monas de Plínio. 

De los autores que cita como tratadistas del ajedrez, diez y seis atri- 
buyen la invención á Palamedes, opinión que él sigue; algunos, los que 
se inspiran en Cesulis, al filósofo de Terxes; Sais, Gidoco Damonderio 
la cree de los egipcios, y Rui López la atribuye ¿ los españoles. 



EL AJEDREZ 2lÍ 

A juzg-ar por las recompensas concedidas por Felipe Ü, íiémós de 
creer á este rey gran entusiasta del juego, pues además de las ya expre- 
sadas que dio el capellán de Zafra Rui López y al siciliano Boi, regaló 
á Puttino un rico vestido, eximiéndole de ciertos impuestos: Rui López 
obtuvo un beneficio de dos mil escudos al año. «Muchos otros jugadores, 
dice Carrera, recibieron diversas utilidades, que no es mi intento relatar 
aquí.» Tampoco lo es el nuestro dar detalles del nuevo juego que quiso 
inventar Carrera con el tablero 10X8 casillas y 40 piezas, con que ter- 
mina su libro, y del cual he hablado en otra parte (1). 

(1) Véase el capítulo «Conclusión.» 



CAPÍTULO IIÍ 



EL AJEDBEZ EN LA EDAD MBDIA 



El ajedrez en la Edad Media no puede ser más que la continuación 
del mismo juego en tiempo de los romanos por más que los partidarios 
de la teoría india se esfuercen en querer demostrar que la Europa Occi- 
dental lo recibió de los persas y de los árabes. Duncan Forbes, — el mes 
decidido campeón de esta teoría, — fundándose únicamente en el poema 
de Firdusi y prescindiendo de cuanto se opone á su propósito, supone 
que dicho jueg'o pasó de la India á Persia en tiempo de Nurshinawan — 
Cosroes I--(l) y cree posible que, á causa de haberse permitido á Serg'io, 
— no S. Sergio, — investigar los archivos de Persia (?), este sabio y distin- 
guido investigador diese á conocer, á su regreso á Constantinopla, el 
juego de ajedrez que tanta sensación había causado al ser introducido en 
Persia. Pero el caso es que, aunque por las buenas relaciones oitre ambas 
Cortes, se permitió á Sergio, — embajador é intérprete griego en la corte 
de Nurshinawan, — registrar los archivos de Persia, — dado caso que los 
hubiera, lo cual es muy dudoso, — no podía encontrar en ellos el ajedrez, 
porque según Firdusi y Duncan Forbes acababa de ser introducido en 
aquel país y Sergio debió haber sido testigo ó saber de viva voz un hecho 
tan importante como el de la introducción ó invención (2) del ajedrez en 
la corte de Persia. 

Duncan Forbes dice á continuación: «que lo que para él es una pro- 
babilidad se convierte en certeza treinta ó cuarenta años más tarde, du- 
rante el reinado de Nurshirawan — Cosroes 11 — quien pasó muchos años en 
Constaniinopla y se casó con una hija del emperaílor Mauricio,» esforzán- 
dose en demostrar de diversos modos que los griegos del siglo vi de 
nuestra era recibieron el ajedrez directamente de los persas sin interven- 
ción de los árabes. Ya hemos vistj cuan diferentes de lo que suponen 
fueron los sucesos de aquellos dos reinados. 

(1) Véase el cap. VII El ajedrez en Persia. 

(2) Según Sergio el ajedrez era conocido en Constantinopla en tiempo de Justiniano. 



EL AJEDREZ > 213 

Ana Conmeno, — hija del empeíador Alejo, que escribía á principios 
del siglo XII (1), — dice que su padre acostumbraba jug-ar algunas noches 
al ajedrez con sus parientes y amigos y que este juego liabia sido origina- 
ria^nente importado de Asiría á Bimncio (2), sin decir en qué época. 
Mr. Duncan Forbes deduce de esto una prueba más á favor de su opi- 
nión de que el ajedrez pasó de Persia á Constantinopla. Pero Ana Com- 
neno sabia perfectamente lo que la Persia era en su tiempo, así como 
también lo que escribía, y no tenía para que escribir Asina en vez de 
Persia, tomando la parte por el todo como supone aquél, pues sabría 
tan bien como él que los grandes imperios de Media y Asina hacía ya 
mucho tiempo que habían desaparecido, lo mismo que el primero y el 
segundo imperio persa, y se refiere expresamente al antiguo de Asiría 
para demostrar la gran antigüedad de aquel juego. No es posible que 
Ana Comneno emplease indistintamente el primer nombre que le viniese 
á mano, porque haciendo ya más de 500 años que no existía el imperio 
persa, si hubiese sabido de un modo cierto que los bizantinos habían re- 
cibido de los persas el ajedrez, de fijo habría dicho Persia y na-Asiria, no 
pudiendo en manera alguna comprender ésta de un modo general á 
aquélla, y no habiendo la segunda formado siempre parte de la primera. 

Como hemos visto en los capítulos dedicados á la obra de Firdusi, los 
que se fundan en este autor para sostener que el ajedrez pasó de Persia 
á Constantinopla, ó no lo han leído ó lo han interpretado mal, pues le 
hacen decir todo lo contrario de lo que dice (3). Prescindiendo de los 
cuentos acerca de la introducción del ajedrez en Persia, de que me he 
ocupado ya en otro capítulo, Firdusi dice claramente que á últimos del 
siglo VI no sólo se jugaba al ajedrez en Constantinopla, sino que se fabri- 
caban en ella riquísimos tableros y piezas de oro y plata representando 
animales cuyos ojos eran de piedras preciosas. Ya hemos visto que entre 
los regalos que el emperador Mauricio mandó á su hija Miriam y su 
yerno Cosroes II, Parviz, incluye Firdusi: «cuarenta tableros de oro con 
pies de coral, dignos de un rey, y figuras de animales salvajes de oro y 
plata con ojos de piedras finas.» Tenemos, pues, que los tan cacareados 
juegos de ajedrez que poseía Cosroes II y que han dado lugar á tantos 
comentarios, eran obra de artífices bizantinos y habían ido de Constan- 
tinopla á Cerifonte (4). La correspondencia entre el emperador Nicéforo 
y Harún el Rastchid es una prueba evidente de que el ajedrez debía ser 
conocido desde mucho tiempo atrás entre los griegos y los árabes. 

A pesar de todo esto, Duncan Forbes, — que tiene casi la seguridad de 
que el ajedrez era conocido en Constantinopla en tiempo de Cosroes Nur- 
shirawan y la certeza de que lo era en el de Cosroes II y que da pruebas 
de las íntimas relaciones que existían entre el imperio de Oriente y los 
países occidentales y más especialmente con Francia, — cree que el 

(1) oíros autores del Occidente de Europa en el mismo siglo xii tratan del ajedrez. 
Véase además lo que decimos del Conde de Urgel y la Condesa de Barcelona Emersen- 
di!>, y las piezas de cristal. 

(2) Era la opinión generalmente admitida en aquel tiempo» como puede verse en 
Jaime Cesulis. 

(3) Véase los tres capítulos arriba citados. 

(4) Le Líüre des Rois, tomo VII, póg. 226. 



214 EL AJEDREZ 

ajedrez no fué conocido en esta última nación hasta muy entrado el 
siglo VIH, es decir, un siglo y medio después de conocerse en Constanti- 
nopla, y que se conoció primeramente en Aquitania por conducto de los 
árabes que la habían importado á España al invadirla en el siglo viii. 

A ese señor, tan orgulloso porque sabe el sánscrito y el persa, puede 
aplicársele la acertada observación de sir Frederich Madden de que mu- 
chos escrilores encuentran más fácil sentar afirmaciones que hacer investiga- 
í^fon^^. Refiriéndose á nuestra querida patria, dice: «Conocemos mucho 
menos los tesoros de literatura árabe que se consumen en los oscuros 
calabobos de la Biblioteca del Escorial y de otros puntos de España que 
las producciones de Oriente.» Esto será para él, que al fin y al cabo 
todos los documentos que ha investigado se reducen al articulo de sir 
William Jones, á la Historia de los reyes de Persia, de Firdusi, y á cuatro 
manuscritos árabes ó persas que ha encontrado en el Museo Británico, 
sin cuidarse de mirar los libros españoles que tratan del ajedrez existen- 
tes en el mismo Museo, ni el libro de Caxton, que fué el primero que se 
imprimió en Inglaterra y que es la traducción inglesa de la inapreciable 
obra de nuestro Cesulis. Si hubiese examinado estos libros y se hubiese 
tomado la pena de venir á España á investigar los oscuros calabobos de la 
Biblioteca del Escorial y otros puntos, buscando las producciones que aún 
nos quedan y permanecen enterradas en pocas y oscuras bibliotecas y manaste- 
Has, habría encontrado el inestimable y nunca bastante ponderado Libro 
de los juegos j de D. Alfonso el Sabio, y otros libros y códices de pergami- 
no y papel auténticos y más verídicos que los que él cita, que destruyen 
todas las teorías y especulaciones sobre el origen del ajedrez. Habría 
encontrado en ellos la confirmación que, según él, necesita el particular 
aserto de Mr. J. W. Cronhelm de Alifax (1) de que las antiguas crónicas 
espaüolas y árabes hablan de la preeminencia del ajedrez en aquellas cortes, 
esto es, en Córdoba, Toledo, etc. « No dudo, dice, de que España fuese el 
primer país de Occidente de Europa en que se introdujo el juego de aje- 
drez, así como tampoco su preeminencia en algunas cortes moriscas, 
pero por lo que hace á las antiguas crónicas árabes y españolas / hate 
my doots{2).:» Insiguiendo en su costumbre de ridiculizar ó insultar á los 
que no dicen lo que á él le conviene, Duncan Forbes se burla de Alifax 
diciendo: <c A pesar de todo, la causa de Mr. Cronhelm es tan bue7ui por si 
misma que podría proporcionarnos un gran número de pruebas malas.» 

Si este señor que sabe el sánscrito y el persa hubiese sabido bien la 
historia, no habría considerado á las naciones del occidente de Europa á 
la par de la orgullosa Inglaterra, pues le habría constado que cua^idú 
nosotros dábamos leyes al mundo, Inglaterra y Caledo7iia vivían aún en 
estado semi-salvaje, y que cuando nosotros teníamos ya catedrales y palacios 
la mayor parte de los habitantes de la Gran Bretaña vivían aún en barracas. 

(1) En un artículo publicado en la Chess Playing Chronicle. 

(2) Tengo mis dudas. Mr. Duncan Forbes usa la frase en la forma escocesa sin duda 
para expresar con más ironía su incredulidad. Se equivoca al creer que España fué el 
primer país en que los árabes introdujeron el ajedrez; lo que parecía fué sin duda que 
aquí se continuaría jugando sin interrupción este juego, lo cual hizo que en ella se escri- 
bieran durante la Edad Media los primeros tratados de ajedrez y se generalizase más 
este juego que en otras naciones d,e Europa. 



EL AJEDREZ 215 

Duncan Forbes no conoce nada de España: no tiene noticia del libro 
de D. Alfonso el Sabio ; no sabe que en la corte cristiana de Barcelona se 
jugaba con toda certeza al ajedrez en el siglo x, puesto que una condesa 
de nuestra ciudad y su cuñado el conde de Urgel se desprenden á prin- 
cipios del siglo XI de sus ricos juegos de ajedrez destinándolos á obras de 
iglesias; y sólo habla de Cesulis por referencia y lo mismo hace respecto 
de otros autores que se ocuparon del ajedrez antes que todos los manus- 
critos persas y árabes que le sirven de guía (1). 

Cree que la civilización siguió en la parte occidental del continente 
europeo la misma marcha que en las Islas Británicas; porque los ingleses 
están en la creencia de que los franceses y los españoles eran en la Edad 
Media incapaces de hacer cosas que ellos realmente no podían hacer á 
causa de su atraso artístico é intelectual en aquel tiempo (2). 

Mr. Duncan Forbes cree que el rico juego de ajedrez que Pepino 
regaló al Monasterio de Mausach le había sido regalado, en "757, por el 
emperador Constantino Caprónimo, junto con el primer órgano que se 
conoció en Francia, porque no considera que esta nación estuviese bas^ 
ta7ite adelantada en aquella época para fabricarlo; pero en cambio cree 
que los árabes eran aptos para fabricarlos mucho mejores, sin tener en 
cuenta que éstos, un siglo antes, eran simples pastores y que desde la 
muerte de Mahoma hasta su irrupción en España no habían hecho más 
que dedicarse á guerras de propaganda y de conquista. ¿Dónde y cómo 
habían pues podido aprender los grandes adelantos artísticos é industria- 
les, que según sus panegiristas, importaron á los países conquistados por 
ellos (3)? 

Los primorosos y ricos juegos de ajedrez, especialmente aquellos, 
cuyas piezas y tableros eran de amatista, cristal de roca, jaspe y otras 
piedras duras, sólo podían proceder de Egipto, primer país conquistado 
por los árabes, y en el cual el ajedrez estaba muy en boga. Alejandría, 
su capital durante siglos, había sido el centro del saber de todo el mun- 
do, y sus fábricas de vidrio (4) surtieron largo tiempo los mercados de 

(1) Según el mismo Duncan Forbes el más antiguo de los escritores árabes de que 
se tiene noticia que se baya ocupado algo de ajedrez es Abul-Abbas, médico de Bagdad 
que murió en 899. Después de éste se cita á Alí Suli, que á causa de ser el primer juga- 
dor de ajedrez de su tiempo puede ser considerado como el Filidor árabe: murió en Ba- 
sora en 946. Las obras de uno y otro se han perdido. De lodos modos si es cierto que 
escribieron algo sobre ajedrez, — lo cual es dudoso, — sus obras son muy posteriores al 
tiempo en que se jugaba este juego en Europa, y de época posterior también á aquella en 
que los árabes entraron en relaciones con los pueblos Occidentales y sobre todo con Es- 
paña invadida por ellos en los comienzos del siglo viii. 

(2) A título de curiosidad diremos que los ingleses no conocieron el lúpulo para fa- 
bricar cerveza hasta el reinado de Enrique VIII. Usaban bebidas de otras hierbas amar- 
gas y el brebaje fermentado de miel con agua, — hidromiel — con que se embriagaban; 
esta era la bebida predilecta de los caledonios y se cree su uso tan antiguo que Sir Wi- 
Iliam Jones supone que fué este el licor con que se embriagó Noé. Los teutones, que 
habitaban al Norte de Europa, tenían costumbre de beber hidromiel durante los 3U días 
siguientes al de su boda, y de ahí proviene la famosa luna de miel. 

(3) Ya hemos visto que Firdusi, que escribió á principios del siglo xi, confiesa que 
todo lo bueno de Fersia procede de los romanos ; y por la anécdota de la yoüen que llora 
nos dá á conocer que los bizantinos eran mecánicos hábiles é ingeniosos. 

(4) En 616 Shahr-Barz, general de Coaroesll, se dirigió á Egipto que desde el tiem- 
po de Julio César había estado libre de guerras extranjeras, sorprendió á Pelusio,— llave 



216 EL AJEDREZ 

Grecia y Boma, con la circunstancia de que el estado general de Egipto 
debía ser muy floreciente cuando lo invadieron los árabes, pues salvo un 
corto período, había estado exento de guerras extranjeras por espacio de 
más de siete siglos. 

He hecho esta observación por lo que diré más adelante. Por ahora 
bastará decir que lo que sobre el ajedrez se lee en las antiguas crónicas 
prueba que este juego debía ser conocido en Francia antes que los árabes 
invadieran la Aquitania, puesto que dichas crónicas hablan de él y 
refieren anécdotas del mismo sin que traduzca lo más mínimo que fuera 
cosa nueva en el país. Una de las más repetidas es la de incomodarse un 
jugador y tirar una pieza en la cabeza de su contrincante, dejándole 
muerto en el acto (1). El hijo de Pepino, jugando al ajedrez con Otkar, 
príncipe de Baviera, se enfadó de tal modo que cogió un rocA (torre), dán- 
dole con ella repetido golpes hasta que se la liró á la cabeza y tocándole 
en la sien le dejó muerto en el acto. Esta anécdota, repetida en varios 
textos, prueba que el ajedrez era jugado en Francia en tiempo de Pepino 
(752 á 768) y que no era cosa nueva (2). 

«Durante los siglos viii, ix y x, dice Duncan Forbes, el juego del 
ajedrez alcanzó un alto grado de perfección en las cortes de los Califas 
de Oriente.» Es decir, después de la conquista de España y de las rela- 
ciones de los árabes con los países de Occidente, donde indudablemente 
lo conocieron, y enamorándose de aquel juego como se habían enamora- 
do de la literatura y las artes de la civilizacióa greco-romana, copiaron 
los tratados españoles. 

Ya hemos visto por las crónicas y leyendas que en la primera mitad 
del siglo VIII el ajedrez no era cosa nueva en Francia y como tampoco lo 
sería en España (3), y si bien es cierto que no se conoce ningún códice 

del paÍ9, — se apoderó fúcilmente de la próspera y rica ciudad de Alejandría y se corrió 
por todo el E<^ípto hasta los confínes de Etiopía, estableciendo la autoridad de Cosroes II 
en todo el país. (G. Uowlinson, The secenth Great Monarchies). El dominio de Cosroes 
duró poco porque los romanos no tardaron en recobrar las provincias conquistadas por 
los persas. Puru la fubrícución del vidrio véase más adelante el capítulo que trata del 
ajedrez de San Luis. 

(1) Muy grandes debían ser las piezas usadas en aquel tiempo para poder atrepe- 
llar y matar con ellas á un hombre. Umeya, califa de Bagdad, jugando con su favorito 
notó que este hacía expresamente malas jugadas para hacerle ganar, y de tal modo se 
incomodó que cogiendo la reina la tiró con furia á la cabeza de su favorito dejándole 
muerto en el acto. Hicardo, duque de Normandía, arrojó con tal furia una pieza de aje- 
drez á la cabeza de un sargento que le incomodó, que le hizo tombolear y caer sin sentido 
á sus pies. Por el tamaño de algunas piezas véase más adelante los dibujos y descripción 
de unas de crií*tbl de roca de la Iglesia de Ager en Urgel. 

(2) Se encuentra esta anécdota con todos sus detalles en Das Schacho der Koe^ 
ning-Spiel, con Gustac Seleno^ etc. — Leipzig, 1816. Ya hemos visto que los árabes retie- 
ren también anécdotas parecidas. 

(3) Los documentos existentes en el Archivo de la Corona de Aragón, de Barcelo- 
na, que hablan del ajedrez no se remontan mus allá de principios del siglo xi y son los 
testamentos de doña Eniersendis, viuda de^Borrell 111, y de su cufiado Armengol conde 
de Urgel, de que hablo más adelante. Este último es del año 1010 y se encuentra en el 
Cartulario de la Seo de Urgel. 

La inagotable complacencia del digno archivero, mi amigo don Manuel de BofarulI 
y de Sartorio, no se ha limitado á ponerme de manifiesto cuantos documentos le he indi- 
cado, sino que cuando be encontrado algún otro que podía convenir á mi propósito se ha 
tomado el trabajo de copiarlo de su propia mano, como lo ha hecho con el qBe incluyo á 



EL AJBDBEZ 



217 



de aquella época que hable del ajedrez, tampoco hay ningún manuscrito 
árabe, y los que tenemos todos son posteriores al libro de D. Alfonso el 
Sabio. 



Folio 


Aparte 


76 


Últ.«» 


77 
id.v.ío 


1 
1 


id. 

79 v.to 


3 
2 


87 v.'o 


7 


90 


2 


id. 


4 



coDtinuación: por el que podrá el lector hacerse cargo de la importancia que tendría 
eBte juego en Cataluña durante la Edad Media coneiderando que el gran surtido de ricos 
tableros y piezas de marfil, maderas y piezas preciosas que se encuentra continuado en 
el inventario de don Martín de Aragón en 1410, no todo lo habría adquirido este rey sino 
que en su mayor parte sería procedente de reinados anteriores que podríamos hacer re- 
montar hasta la época de los Condes, como nos lo demuestra el hallarse piezas sueltas y 
juegos incompletos. 

Notas tomadas del inventarlo de los bienes muebles del rey D. Uartin de Aragón 
formado en 1410, qne se conserva en el Archivo do aquella antigua Corona 



Una boBsa morada gran e dues poques morados fetes daguUa en los quals 
stan daus. 

XX Scachs entre vermeys e blaus de diuerses colors de vidre. 

XXI Scachs de Crestays => XV Scachs de jaspí = X Taules de jaspi de 
jugar = X Taules de Crestay. 

Una pedre de jaspi obrada a manera de Scach ab un cordo negre. 

Un tauler gornit dargeat ab son stoig de cuyro ab scachs de vori ede banus 
gornits dargent: son XXXII pesses e XXX tauletes dargent smeltades 
111 han argent ab stoix dargent e III de crestay. 

Unes taules de vori petites en que ha VI pesses ab les cubertes e son con- 
seruades en un etoix de cuyr negre. 

Un tauler de taules de gingolers ab joch de scachs de la una part e ab al- 
gunos taules deba ñus e de fust ab son stoix de cuyr. 

Un , tauler de jugar a taules ab les puntes de jaspi e de nacre ab IV cases 
que ha pintades de figures e de la altre part ha joch de Scachs ab lea 
cases de nacre e altres de fulla dargent smaltades de blau, e fall hi. 1,* 
barre dargent 

III. bossets de cuyr on ha jochs de scachs e de taules. 

Dues taules de jaspi e de crestay e de porfi gornits ab puntes dargent e de 
la oltre part scachs en que ha en les cases diuerses figures domens e de 
babolyns e la vn conseruat en vn stoix de cuyr cruu negre e laltre en un 
tros de drap de li ab jochs de taules de jaspi e de crestay. 
7 I Una capee plene de Scachs de vori e de banus qui son. XXXII. 
Qy ^ ^Un tauler de Scachs e de taules de lili pesses ab stoix de cuyr e escachs. 
(Un altro tauler de scachs petit trencat. 
i i I Una bosse de cuyr blanch ab diuersos scachs e taules e altres mesquineses. 
últ.>no : Un stoix de cuyr negre on hauia conseruat un tauler de fust ab marqueta e 
I lo joch deis scachs qo es lo blanch es de nacre ab taules de vori e negrea 
e los scachs de vori e negres. 

Un tauler descacha de vori e debanus ab. 1. circuit de ymatges poques 
dangels de vori e apres ha. I. cercle de banus tot pía ab marquets e apart 
de sota serueix a tauler de taules tot de banus ab semblante cercle e cir- 
cuit ab I. stoix dell mateix de fust de dues cases en la 1.* de les quals 
hauia XXXII taules e en laltre XXXII pesses de scachs la meytat de vori 
el altre meytat de banus lo qual tauler ere reseruat dina vn stoix de fust: 
a son molió fet ab sou pany e clau pochs lo cual fo stoiat dins un deis 
armaris demunl dits. 
;1V peus qui eren de 1.* taula de tauler de scachs e de taules de jugar los 
cuals peus hauien cascun son leho qui pesaren encamerats XXIII march 
et 1 onze los quals podien pesar nets entorn XII marchs de Barchinona 
qui a raho de... lo march valen... 

Lo dit tauler de scachs de crestay de fulla dargent e dintre embotil de fust. 

I.* taula de meniar en dues pesses ab armes de Castalia, de Portogal e Da- 
rago ab un joch de scachs al mig. 

Zd.'-BL AJKDKEZ. 



Wv.io 

91 



93 
id.v.to 

95 
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119 



121 v. 



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id. 
125 



2 
3 



4 
2 



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218 



BL AJEDREZ 



Duncan Forbea, que se burla de los demás cuando no dicen lo que á 
él le conviene, da fe y aduce como testimonio un manuscrito árabe sin 
fecha, que él supone ser del siglo xv,— de la colección del doctor 



Folio 



U8 



149 
id. 



Aparte 



últ«« 



6 

7 



!.■ copsa de fust cubería de cuyrde camus ab I cordo de fil groch e moral 
en que hauia III manechs de vori duas denla de leo doa acacha I de jaspts 
e altre de calsadonia e vn baricle rodo pelil. 

Una capea de fust pintada plana cayrada ab alguna acacs de füal. 

I aach de cuyr blancb ab huns acacha e taulaa de fual e vna cadena de 
fust lo qual ea conaerual en vn eloig de cuyr lía able a teñir calzea. 

Tradnccióii de loa objetos notados anteriormente 



:6 últ»o 



77 



id.v.io 1 



id. 
:9 v.to 



87 v.»o. 



3 
2 



90 



id. 



90 v.to 
91 



2 
3 



Una bolsa morada grande y doa pequeñas moradaa hechas á la aguja en 
las que se encuentran dadoa. 

XX piezaa de ajedrez enlre coloradas y azules de diversos colorea, de 
vidrio. 

XXI piezas de cristal = XV piezaa de jaape^X Tablaa de jugar de jaspe 
= X. Tablaa de crÍHlal. 

Una piedra de jaspe construida á manera de pieza con un cordón negro. 

Un tablero guarnecido de plata con su estuche de cuero con piezaa de 
marfil y de ébano guarnecidas de plata: son XXXII piezaa y XXX labli- 
taa de plata esmaltadaa III tienen plata y estuche de plata y 111 de criatal. 

Un tablero de marfil pequeffo en que hay VI piezas con las cubiertas y son 
conservadas en un estuche de cuero negro. 

Un tablero de tablas de azofaifa con juego de ajedrez en una parle con 
algunas tablas de ébano y madera con su estuche de cuero. 

Un tablero de jugar el juego de tablas con las punías de jaspe y de nácar, 
con IV casillas que tienen juntadas; ílguraa en la otra parte tiene el 
juego de ajedrez, con las casillas de nácar y otraa de hoja de plata, es- 
maltadas de azul, falta en él una barra de plata. 

III bolsitas de cuero en donde hayjuegoa de ajedrez y de tablas. 
Dos tablas de jaspe y de cristal y de porñlo, guarnecidoa con puntaa de 

plata y de la otra parte, piezas en que hay en las casillas diversas figu- 
ras de hombres y de y la han conservado en su estuche de 

cuero crudo negro, y la otra en un pedazo de tela de lino, con juegos de 
tablas de jaspe y de cristal. 

Una caja llena de piezas de marfil, de ébano que son XXXII. 

Un tablero de piezas y de tablas de IV piezaa, con esluche de cuero y 
id.v.**> 6 y 7 j piezas. 

'otro tablero pequeño, de piezos, roto. 

Una bolsa de cuero blanco, con diversas piezas y tablas y otraa fruaterfas. 

Un esluche de cuero negro, en donde había conservado un tablero de ma- 
dera con pequeños bordes y el juego de ajedrez, que es el blanco, es de 
nácar, con tablas de marfil y negras y las piezas de marfil y negras. 

Un tablero de piezaa de marfil y de ébano, con un borde de pequeñaa imá- 
genes, de ángeles de marfil y después hay un círculo de ébano plano, con 
bordes, y en la parte de abajo, sirve un tablero de tablas todo de ébano, 
con un circuito parecido al del primer estuche, de madera, de doa casi- 
llas en la primera de los cuales había XXXII tablas y en la otra XXXII 
piezas de ajedrez, la mitad de marfil y la otra mitad dé ébano, cuyo ta- 
blero era reservado en su esluche de madera, está cerrado con su corres- 
pondiente cerraduro, el cual fué archivado en uno de los armarios ya ci- 
tados. 

IV pies que eran de una tabla de tablero de ajedrez y de tablas de jugar, 
cuyos pies tenían cada uno su león, que pesaron juntos XXIII marcos 
y una onza, los cualea podían pesar limpios, unos XII marcos de Bar- 
celona, que á la razón de... el marco valen... 

id. 4 Dicho tablero de piezas de cristal, de hoja de plata maqueado en madera. 



93 



95 



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iUv.tOiÚll."o 



119 



121 v.»o 



EL AJEDREZ 219 

J. Lee, que dice que el ajedrez fué jugado por Aristóteles, por Jafet, hijo 
de Noé, por Salomón para consolarse de la pérdida de su hijo, y hasta 
por Adán para consolarse de la de Abel. Es particular que este manus- 
crito que retrotrae el ajedrez á tan lejana época no hable de su inven- 
ción por los indios antes del Diluvio universal (1), y que tampoco hablen 
en este sentido los demás manuscritos árabes y persas y que el único que 
habla de los indios (2) lo haga en un sentido diametralmente opuesto; 
al contrario, todos los que acabo de citar hablan de este juego diciendo 
que era conocido de los griegos, cuando menos de los del tiempo de Ale- 
jandro Magno. 

Mr. Duncan Forbes s^ refiere á otro manuscrito de la misma colec- 
ción que habla de jugar el ajedrez sin mirar el tablero; es del año 1446. 
Mucho antes de esta época los reyes de Aragón poseían libros que trata- 
ban del modo de jugar el ajedrez. En el inventario del rey don Martín, 
fecha 1420, van continuados varios libros ó tratados de ajedrez^ así como 
también diferentes tableros y piezas, algunos de ellos de gran valor (3). 



Folio 


Aparte 


1^5 


2 


148 


Últ.«o 


149 


6 


id. 


7 



UoQ mesa de comer, en dos pieza?, cod las armes de Castilla, Portugal y 
de Aragón, con un juego de ajedrez en medio. 

Una caja de madera cubierta de cuero de gamuza, con un cordón de hilo 
amarillo y morado en que había tres mangos de marfil, dos dientes de 
león, dos piezas una de jaspe y otra de calcedonia y pequeffo baricle re- 
dondo. 

Una caja de madera pintada, llana, cuadrada, con algunas piezas de ma- 
dera. 

Un saco de cuero blanco, con unas piezas y tablas de madera y una cadena 
de madera, lo cual es conservado en su estuche de cuero, a propósito para 
guardar cálizes. 

(1) Mr. Duncan Forbes, que es tradicionalista bíblico, con la gravedad y autori- 
dad que le caracterizan, asegura más de una vez que los indios inventaron el ajedrez 
3000 aSos antes de N. E.; el Diluvio universal, según la tradición, tuvo lugar en 2328 a. 
de C, luego resulta que, según Mr. Duncan Forbes, los indios inventaron dicho juego 
672 affos antes de la desaparición del género hum ano y por lo tanto 700 ú 800 aff os antes de 
que hubiera India ni indios. A menos que él tenga documentos en que conste que los in- 
dios existían ya antes del Diluvio, en cuyo caso podían haber ensefiado el juego de su 
invención á Jafet y á algún otro individuo de la familia de Noé, porque Jafet no podía 
jugarlo solo, á no ser que se entretuviera en resolver problemas de ajedrez ó á seguir al- 
guna partida anotada por algún brahmán antidiluviano. 

Me detengo tanto á combatir los asertos de Mr. Duncan Forbes, no tanto por su ca- 
rácter altivo, burlón é insultante, especialmente para con los espaffoles, como porque su 
obra es tenida de tanta autoridad en la materia que los ingleses la consideran como la 
Biblia del ajedrez. 

(2) El Anónimo del tiempo de Temerían, de quien ya he hablado. 

(3) Cincuenta afios posterior al inventario de don Martín es el del malogrado Prín- 
cipe de Viene en el que van continuados varios juegos de ajedrez; dos de ellos tienen in- 
crustada en el tablero la historia de San Jorge, hecha de hueso^ y de un valor bastante 
crecido atendido lo época en que se hizo dicho trabajo. Los hay de un coste de 65 libras 
catalanas, de 40 libres, de SO libras, etc. Véase el lomo XXVI de Documentos inéditos 
del Archivo de Ij Corona de Aragón, que es el que contiene dicho inventarío, pág. i 35, 
t36, t59, 199,*200, 220 y 259, entre todas las cuales se hace mención de un total de 13 jue- 
gos de ajedrez. 

A continuación doy noticia de algunos tratedos de ajedrez cetelanes y castellanos, 
que son los únicos que en aquel tiempo se conocíen, demostrado una vez más con esto 
que desde el siglo x al xvi Espefie, y especielmente CeteluíSe, Uevebe le henderé de le 
civilización. Ye he dicho entes que los menuscritos árebes y perses que treten del eje- 



220 



EL AJEDREZ 



Es particular que los tratados más antiguos de ajedrez, asi como de 
naipes, sean catalánes. El conde de Basterat dice: «El más antiguo trata- 
do, propiamente dicho de ajedrez que se publicó en Europa, parece ser 
el libro español, catalán, titulado: Llihre deis jochs par litis deis Scachs{\) 
en nombre de 100, per Fraiicesch Vicenta impreso en 1495 en Valencia; es 
dudoso que haya llegado hasta nosotros ni un sólo ejemplar de este libro. 
Se dice que el único ejemplar que de él se conocía fué destruido en el 
incendio del monasterio de Montserrat en 1834.» 

Este libro es el mismo de que habla Francisco Méndez en la Tipo- 
grafía Española, ó Historia de la introducción de la imprenta en España, 
tomo I, pág. 83. — Madrid, 1736, imprenta de fli viuda de don Joaquín 
Ibarra. Empieza: Lliire deis jochs partitis del Scachs en 7iombre de 100 
orden^t e compostper mi, Francesck Vicent, nat en la ciutat de Segorbe, 
criat e vehi de la insigne e valerosa ciutat de Valencia. Y acaba: Á loor e 
gloria de nostre Redemtor Jesu-Crist Jou acabat lo dit libre deis jochs 
partitis deis scachs en la insigne ciutat de Valencia e estampat per mans 
de Lope de Roca Alemany e Pere Trinchet librere á XV dias de Maig del 
any MCCCCLXXXXV. 

drez podían muy bien ser copia de los libros ó manuscritos occidentales anteriores á 
aquellos. 

Nota del Ilibres referents al Joch deis Escacha extreta del inventari qnes prengné de la 
Uibreria de D, Uarti de Arago en lany 1410, segons consta en lo Registre n.® 2326 del 
Archin de la Corona de Arago. 

Un altre libre appellal Deis jochs de Scachs e de taules scrit en paper ab 
poFts de fust cubert de cuyrs vermell squínsat ab sos tancadors de cuyro 
vermell lo qual comenta en la primera carta «Los blanchs juguen 
primers» e faneix en la derrera carta «Segons que per tu pots veura.> 

Un altre libre eppellat Jochs de Scachs dapartíí scrit en paper ab cuberta 
de pergami sanar ab un correix larch de albedina per tancador lo qual 
comenga «Diu lo libre» e faneix «explicit líber scacorum.» 

Un altre libre oppellat Deis Scac/is en catbala scrit en paper ab posls de 
paper engrutades e cuberta de cuyro vert ab dos tancadors de bagua lo 
qual comenta en vermello «Comenza lo prolech» e en lo negre «Amones* 
tat per pregarlas» e faneix «en los segles de los segles amen.» 

Un altre libre appellat Z)eZ /ocA de Scachs en calhala scrit en paper oh 
posts de fust cubert de cuyro vert ab tancadors de perxa de seda verda 
lo qual comenta «lo blanch» e faneix «segons que per tu pote veura.» 

Un altre libre oppeliot De Scachs en francés scrit en pergamins ab posts 
de fust e cubería de cuyro vermell empremptades ab un tancador de 
cuyro vermell lo qual comeiK^a «nuil altre» e faneix «Aparon jeu.» 

Un altre libre appellat £)e¿s Scachs en francés scrit en pergamins ab posts 
de fust cubert de cuyro verrhell empremptat ab dos tancadors de cuyro 
vermell lo qual comenta en vermello «r:i comenQa» e en lo negre «A tres 
noble et accelient princep» e faneix «Si fanist se liure e sope.» 

El libro de Humphryes del que está copiado el dibujo 34 es el que escribió Lucena 
Iiijo bajo el título de «Repetición de Amores é Arte de Ajedrez,» que fué el primer libro 
que se imprimió en Salamanca á últimos del siglo xv. 

Por una casualidad tuve la satisfacción de poder adquiríroste precioso libro— incom- 
])leto— y otra casualidad ó suceso inesperado, como fué el haber publicado «La Strategie» 
un artículo sobre las piezas de Ager, me ofreció la ocasión de completarlo y poder ex- 
tractar algunas noticias que se hallarán en el Capítulo «Movimientos délas Piezas.» 

(1) Ob. cit., pág. 54. EL poema del judío toledano Aben Herva, no es, propiamente 
hablando, un tratado de ajedrez. Véase más adelante. 



Polio 


Nám. 


5v.to 


34 


6 v.»o 


41 


9 


; 58 



12 



13 v.to 



40 



84 



96 



272 



BL AJEDREZ 221 

Van der Linde, en su citada obra, pág. 221, nota 1/ dice: que A. Far- 
tacci de Holencia le escribe, que en la Biblioteca comunal de Siena se 
encuentra un ejemplar de Francesch Vicent, que cree es el único en 
el mundo, en cuanto al ajedrez, y que recuerda que por el Ministerio 
de Instrucción pública de Toscana estuvo encargado de hacer propo- 
siciones á aquel Municipio, ofreciéndole cambiar el libro de Francesch 
Vicent por la mejor ó las mejores obras que estimase más útiles para 
la Biblioteca de la ciudad. El Ayuntamiento de Siena rehusó la propo- 
sición. 

Aunque el conde de Basterat se refiera á lo que hoy entendemos pro- 
piamente por libro — escrito, estampado de varias hojas — no está en lo 
cierto, pues Caxton imprimió en Londres, á lo menos veinte años antes, 
su primer libro, que como ya he dicho, era una traducción de la obra de 
ajedrez de Jayme Cesulis. 

Van der Linde, dice que la primera edición latina de la obra de Jay- 
me Cesulis apareció en ütrech, en el año 1473, y el libro de Vicent ya 
hemos visto es de 1495, veinte y dos años después. 

Por el ya citado inventario de don Martín venimos en conocimiento 
de que antes de la invención de la imprenta la bibliografía del ajedrez 
era ya considerable. 

Es singular que Mr. Henry Noel Humphreys, en su estimable obra 
Á History o/ihe art of Printing, London, Bernard Quaritch, 1868,— en la 
lámina 44 — 2 dé la reproducción de un tablero de ajedrez, en el que está 
planteado un problema para dar mate en dos jugadas, al pie del cual 
está impresa la siguiente solución en lengua castellana: «El blanco 
tiene la mano y dize que dará xaque y mate al negro en dos lances, ni 
mas ni menos: etc.» Dice que es una muestra sacada de un tratado del 
juego en aquel tiempo, ilustrado con un regular número de problemas y 
diagramas, que fué estampado en Salamanca en 1495 y que lo ha copiado 
de un ejemplar existente en el museo Británico (véase la lám. 34). De 
modo que así tenemos dos tratados de la misma fecha, ambos españoles, 
que son de los más antiguos que se conocen en Europa. 

Además de estos se tiene noticia de otros tratados de ajedrez escritos 
por autores españoles de aquella época y de la inmediata siguiente. Don 
Félix Torres Amat, obispo de Astorga, en su Diccionario de escritores ca- 
talanes cita algunos entre olios (pág. 702) <íiJochs de scach ó de tañías scrit 
en paper;» empieza «los blanchs jngnen primer» y concluye «segons que per 
tu pots veurer.» Don Martin 31, Merced, n. 41. — :<Joch de scachs, scrit en 
paper; empieza: diu lo Ilibre y concluye: explicit liber scachorum.» 

Don Diego de Clemencín, en su comentario á su valiosa edición del 
Quijote, tomo V, pág. 46, dice: «Las tablas y ajedrez eran juegos muy 
usados en la Edad Media, ya se nombran en la segunda Partida del rey 
Don Alonso el Sabio (Tit. 5, ley 21) y en varios parajes de la Gran Con- 
quista de Ultramar. Según este libro eran enseñados en el siglo once ¿ 
los hijos de Eustaquio, conde de Bolonia, padre de Godofredo de Bullón, 
«faciéndoles aprender á juegos de esgrimir é á juegos de ajedrez é de 
tablas (Lib. I, cap. 150).» 

Por lo que acabo de exponer se ve lo atrasado que estaba de noticias 
reapecto á este juego César Cantú que en el tomo III de su importan tísi- 



r 



RL AJEDREZ 



siderarse como á los libros impresos más antiguos que tratan de ajedrez, 
no pueden considerarse como los más antiguos sobre )a materia. 

Hablando de la obra de don José Rodríguez de Castro, dice Clemen- 
cfn: «... y en el tomo 2,*, pág. 250 de la misma obra describe el libro que 
mandó componer el Rey Sabio, y existe en el Escorial en que se trata del 
ajedrez, de los dados y de las tablas, y se refiere de una manera ingeniosa 
el origen de los tres juegos en Oriente, patria del ajedrez. En los libros 
de caballería se encuentran varios casos de caballeros y damas jugando 
al ajedrez y á las tablas.» Y en la misma página dice: «que las damas no 
fué sino una variación y compendio del ajedrez.» 

El dominico fray Jaime de Casules (fiasull?) parece que escribió su 
libro en lalin y en catalán, porque el ejemplar catalán existente en e! 
Vaticano es «una Iradncció del moU vell original Uali qttc aquell compongué 
e traslada.» En el monasterio de Ripoll habla un ejemplar latino, tudus 
seacAorum. Fué quemado 6 desapareció en 1835. Hablo de él en capítulo 
aparte. 

Uno de los tres escritores judíos de que habla don José Rodríguez de 
Castro es el toledano Abraliam Ben Meir Aben Herva, que nació en 1119. 
Escribió en hebreo un poema sobre el ajedrez, del cual existe una traduc- 
ción en verso castellano, acompañada de otra en prosa, en el primer lomo 
de la Biblioteca Hspariula de dicho don José Rodríguez de Castro, acuya 
traducción, dice don José Amador de los Ríos {!), no correspondió á los 
buenos deseos del traductor.» Esto debe entenderse por lo que hace k la 
parte literaria, puesto que en el fondo y en lo que toca á la esencia del 
juego ambos traductores dicen lo mismo, siendo probable que uno y otro 
fe sirviesen de la traducción latina de Mr. Thomas Hyde publicada, 
acompañada del texto hebreo, en Oxfort en 1694. El título del poema es 
Mahadanne Melech, Delicia liegum, — Delicias del Rey (3). 

En este siglo escribió también en París — 1180— el sabio inglés Nec- 
kam su obra De naiuris rerum (cap. 184, De Scaccis) en la que habla del 
BJedrez dando las reglas para jugarlo, que son las dea quel tiempo; llama 
al juego Scaccis, al tablero Scaccarium y k las piezas rex, regina, senex y 
alphicus al alfil, que lo representa como un espía, rochus k la torre, que 
dice era llamada así por los antiguos porque lo representaban con dos 
cabezas, yniles al caballo, y pediles k los peones. Este autor cuenta la 
anécdota de Luis el (íordo que prueba que el ajedrez era conocido en 
Inglaterra durante e! reinado de Carlo-Magno. 

No sé en qué puede fundarse Van der Linde para decir que el otro 
inglés Juan de Gales, que cerca de un siglo después — 1200 — escribió, 
también en París, su obra ó sermón Summa Collationum, da k la piezas 
de ajedrez una terminología con marcada influencia árabe, cuando este 
autor les da los mismos nombres de re/, regina, rochus, alphinus, miles. 



\s hiatóri 






» U lite 



e í'.s Jiul, 



: </f En/, 



«9 y ¡60. 

«Sin embargo las tareas de esta curioso bibliú^raro no corresponden en esta parlo á 
■ue buenus deseoB; su iroduccíón no da ni puede dor uno idea del Poema ya respeclo & 
so íersiflcocióo yo respeclo g\x eelüo.» 

(2) Además de este Poema, Mr. T. Heyde tradujo del hebreo al latín lai obruB de 
iMdoi judíos bareeloneSüB, de que hablo después, en una obrs Ululada Shahilailiuni. 
citado onleriormeole. 



224 BL AJEDttEZ 

pedinus que su compatriota del siglo anterior Neckam. Si lo hace porque 
en el movimiento de las piezas dice, Regina qua dicilur ferze, creo de- 
muestra lo contrario de lo que él pretende demostrar, porque fee ve que 
la palabra Ferze aplicada á la reina era nueva y poco común dominando 
entonces y siempre la nomenclatura latina que como dice Neckam ya 
empleaban los antiguos (1) Juan de Gales vivía también en París y escri- 
bía en latín como Neckam. 

£1 otro es el rabino Bonsenior José Ben Jachia, natural de Barcelo- 
na, que en el siglo xiii escribió una oración sobre el ajedrez con objeto 
de desarraigar el vicio de jugar á los naipes y evitar los perjuicios que oca^ 
sumaba. 

El tercero es el rabino Jedahiah Hapenini Ben Abraham Badrasi, 
judío natural de Barcelona; nació, según se cree, en 1250, y era conocido 

(1) Mundus Í8le totus quoddam scaccarium est cujus puncius esi albus et alius ni- 
ger, propter duplicem statum, vitae et morlis gratiae et culpae. Familia hujus scaccarii 
sunt homines hujus mundi qui omoes de uno sacculo matutino extrahuntur et collocan- 
tur in divergís locis hujus mundi et singuli habent diversa nomina. Unus dicitur rex, al- 
ter regina, tertius rochas, quartus miles, quíntus alphinus, sexius pedinus; unde versuF: 
RciD, Rochas, Alphinus, Miles, Regina, Pedinus. Istius autem joci conditio est talis ut 
unus alium capiat et cum ladum capleverint, sicut de uno loco et sacculo exierunt, sic 
in unum locum reponunlur, nec est diíTerentia ínter regem et pediíem pauperem ; quia 
símíliter ín unum díves et pauper et Sap. 7, v. 5: unas est introitos ad citam et simili¿ 
eatítus. Et saepe contigit quod guando familia scaccarii reponítur in sacculum rex ínfe- 
rius coUocatur et síc quando transeunt ab ac vita hujus mundi mejores in inferno sepe- 
líuntur et pauperes in sinun Abrahe deportantur exemplo divitis en Lazari. In ísto eliam 
ludo reá? vadit circumquaque dírecte et capit undique semper directe in signum quod 
rex omnia juste capiat et in nollo omissa justitia ómnibus exbíbenda, obliquare debet 
sed modo quidquia principii placet jurishabetrigorem. Regina si ve domina qual dicitur 
Ferze capit et vadit oblíque quia cum avarisstmum sit genus mulierun, quidquíd capit, 
nisi mere detur ex gratia, rapiña est et injustitia.— i2ocAas est justitiarius totam terram 
directa tamen linea ita quod nihil oblíque capiat munebibus corruptus, sed omnia juste 
corrigat nulli parcens, sed contra de íllis jam verifícatur illud Amos prophetae : conver- 
tisti in amaritudinem judicium et fructum justítiae ín absinthium. Miles vero in capiendo 
dua puncta transit directa et tertium obliquat; in signum quod miles et domini terrem 
paterunt juste copere redditus débitos et justas emeddas a delinquentíbus secundum ex- 
igentiam delicti, sed tertium punctum obliquad cum tabligia et injustas actores extor- 
quent a subditis. — Alphini vero cornuti suntepiscopi non ut Moyses ex colloquio divino 
sed potius regio imperio vel preci aut precio sublimati. Isti alphini oblíque curruntet 
capiunt tria puncta pertranseundo quia fere omnes praelatos perverlunt odium et amor 
at mulierum favor ne delínquentes reprehendant et contra vitia Intrent, sed potius pro 
anno censa peccata adfermam traduntsícdyabolum ditent unde qui debuerunt vitiorum 
extirpatores esse, jam per cupiditatem facti sunt vitiorum promotores et Dynboli pro- 
curatores. Pedinus vero pauperculus est qui incedendo semper vadit directe in sua sim- 
plicítate, sed quando capere vult obliquat, sic semper dum in sua simplícitate et pauper- 
tate consistit directe vadit, sed cum quaeríl aliquit (emporale vel honorem consequitur, 
statfm mendatiis, perjuriis, adulatíonibus et favoribus obliquad Quosque ad gradam su- 
periorem scaccarii pervericat et tune dúo puncta pertransit, tertium obliquando. Sic 
pauper cum elevatur statim perverse incedit, quia asperius nihil est humíli cum surgit 
ín aitum. * 

In ísto scaccarío Dyabolus dicit escback insultando aliquem et percutiendo pecoati 
jaculo; qui síc percussus, nísi citius dicat linqueret ad penitentiam recurrendo, dicit 
Dyabolus ei Math, animam suum ad tártara deducendo a quo nec liberabitur prece vel 
pretio quia in inferno nulla est redemptío. Et sicut venator diversos habet canes ad ca- 
píendas festias diversas sic Dyabolus et mundus diversa habent peccata quíbas diversí 
mode homines illaqueant qui omne quod est ín mundo aut est concupisentia carnis aut 
oculorum aut superbia vitae. (Juan de Gales «Summa collationum.») 



BL AJEDREZ 225 

entre los suyos por Hameliz,— el Orador,— escribió varias obras, y entre 
ellas un tratado de ajedrez titulado Delicias del Rey, — como el de Aben 
Herva, — ^pero en prosa hebraica. Dice que escribió este libro haciéndose 
carg-o de que los hombres necesitan de algfún modesto recreo para des- 
cansar de sus fatigas y poder seguir mejor el camino de la virtud; vistos 
los perjuicios que se originan del jVfego de naipes y de los dados, y de las 
utilidades que se siguen del del ajedrez, porque á la par que deleita ins- 
truye, etc. 

Divide su tratado en seis partes: en la primera trata de las excelen- 
cias del juego y compara el ajedrez á un reino pacífico en el que todos 
los habitantes viven en la más completa armonía obedeciendo gustosos á 
sus soberanos y magistrados cuyos oficios describe. Estos oficios ó em- 
pleos, que después dice que están simbolizados en la piezas del ajedrez, 
los describe según la jerarquía hebraica, y si la traducción está bien 
hecha, no puede haber tal simbolismo. 

En la segunda parte, en que habla de la invención de este juego, 
hace lo que todos: expone varias opiniones citando en primer lugar á 
Platón que, — como ya he dicho, — atribuye aquella á Thoth ó Hermes 
egipcio en tiempo de Moisés. Cita luego á Palamedes, Lud, — rey de Li- 
dia, — al ya discutido Sisa ó Sasa indio; á un sabio persa que dicen lo in- 
ventó para enseñar á Ardeshir, rey de Persia, á administrar justicia y á 
ser equitativo con sus vasallos; y finalmente, á Chilón uno de los siete 
sabios de Grecia: mas teniendo en cuenta con que los nombres con que 
el ajedrez es conocido son persas, dice que lo más verosímil es que éstos 
fuesen sus inventores. Pero el caso es que los persas son los primeros en 
decir que esto no es verdad y que ellos recibieron de la India este juego. 

«Estos nombres son, dice este autor, Shaírang, que quiere decir re- 
prensión del rey y Shesrhangy por que son otras tantas las piezas (diferen- 
tes) con que se juega, á saber: rey, reina, elefante, caballero, roch é 
infante; Sah que significa rey, con cuya palabra se sustituyen general- 
mente las de scach y scachi que son las más usuales. )í> 

Dice que para jugarlo debe hacerse un tablero dividido en 64 divi- 
siones ó casillas de dos distintos colores, que por lo regular son negro y 
rojo. Pasa luego á ocuparse de la colocación de las piezas, que es la mis- 
ma que seguimos nosotros, y dice: «... en la segunda ó más inmediata 
(al rey) al Pherzan, que en lengua persa, según unos, quiere decir rein/t 
y según otros el virrey y cada uno de estos tiene tres ministros que loa 
sirven, el primero de estos se llama Phil, esto es, arfily tiene tamiién el 
nombre de elefante, porque los orientales se sirven de los elefantes p«ra 
llevar los aprestos de guerra, sigue el caballo y... el tercero se llama Roe 
ó Ruch, en castellano Roque, porque unos dicen que es nombre de una 
ave llamada alanka y otros sienten que quiere decir torre fuerte, y por 
esto suele tener el Roque la figura de torre.» 

Es particular que así como existen dudas, según hemos visto, acerca 
de si el ajedrez estaba prohibido por los preceptos del Corán, existen 
también sobre si en la Edad Media lo eran igualmente los juegos entre 
los cristianos como lo prueba la siguiente anécdota: 

«En 1050, Gerardo, obispo de Florencia, amonestado por el cardenal 
Pedro Damiano porque jugaba al ajedre?, le contestó: «Lps dados están 

^. — EL AJBDREZ. 



226 EL AJEDREZ 

prohibidos por los Cánones, pero el juego de ajedrez está tácitamente per- 
mitido.» El celoso cardenal le replicó: «Los Cánones no hablan del aje- 
drez; mas ambas clases de jueg^o están comprendidos en la denominación 
común de Alea (1), por lo que si el ajedrez no está expresamente citado 
es indudablemente evidente que ambos van comprendidos en la misma 
palabra.» El cardenal impuso por penitencia al obispo rezar tres veces 
los salmos de David, lavar los pies á doce pobres y darles una buena 
limosna y una buena comida, para que de este modo aprendiese á em- 
plear en gloria y servicio de Dios y en beneficio de los pobres las manos 
que habían servido para jugar (2). 

Es evidente que el juego de ajedrez se desarrolló y estuvo en gran 
auge entre los reyes y magnates de Europa en la Edad Media durante el 
largo período comprendido entre los siglos vii y xvi, en el cual se fabri- 
caron ricos y preciosos juegos con tablero y piezas de metales y piedras 
preciosas y que muchos de ellos fueron legados á las iglesias. No sólo se 
fabricaron ricas y artísticas piezas para jugar, sino también otras que 
servirían de adorno en las habitaciones (3) ó que eran usadas para He-* 
varias como distintivos ó joyas (4), como veremos en los tres capítulos 
siguientes, que no son más que la continuación y ampliación del pre- 
sente. 

No creemos que esté de m¿s dar aquí á conocer las piezas de cristal 
de roca traídas últimamente de Ager, provincia de Lérida. Son en nú- 
mero de catorce y están compuestas á mi modo de ver de las siguientes, 
que corresponden á las de hoy día : 

(1) Esta denominación de Alea aplicada al ajedrez ¿signifícaría que antiguamente 
este juego se jugaba con dados, como suponen que se jugaba el Chaturanga en la India? 

Es posible, aunque de los documentos citados en el texto se desprende lo contrario. 
Ya veremos que don Alfonso el Sabio en su «Libro de los Juegos> dice, que los dados fue- 
ron introducidos en el ajedrez para abreviar y jugar más aína. En el correspondiente 
capitulo hablaré extensamente de los dados aplicados al ajedrez. 

(2) En las Ordcnacions é bans del Comptat de Ampurieí*, se establece una distin- 
ción entre los que juegan de día y los que juegan de .noche, y á más mientras prohiba 
jugar al ajedrez (*) y á los dados se autoriza el juego de tablas. 

«Ítem que tot hom qui juch anagun joch de daus ni de scachs en cose de mangar ni 
an altres coses de dias exceptal joch de taules que pach X sois com.» 

(3) Véase lo que en el capitulo siguiente digo de la única^ieza de ajedrez que existe 
en lu Biblioteca nacional de Paris y de las dos de los museos Británico y South Ken- 
sington. Aunque por sus circunstancias especiales y ser únicas en su clase, he creído que 
estas tres piezas podían haber sido objeto de adorno, no obstante por lo que dice don 
Alfonso «que los Hoques debían ser como azes de caballeros, etc ,» podrían muy bien al- 
guna de ellas, especialmente las dos últimas, haber sido un Roch (Torre) de algún juego 
de ajedrez antiguo de los siglos x al xiii. Ya hemos visto que el Ma^udí también dice que 
en su tiempo, siglo x, se fabricaban en la India piezas de ajedrez en marñl de más de un 
palmo de alto. Véase además en el Capítulo «Los nombres de las piezas» lo que digo so- 
bre esto, en el nombre del Roch ó Torre. 

(4) Véase en la nota 3 de la pég. 216, la n.® 3 de la lista de juegos de ajedrez del 
inventario del rey don Martín de Aragón, y lo que digo en el Capítulo «Conclusión» al 
tratar del ajedrez en la Heráldica Española. 

(*) Hemos encontrado una orden de don Juan I mandando al baile de Valencia 10 Octu- 
bre 1390, que le compre para su cuarto un tablero de los medianos de los que se hacen en Murcia 
para jugar á tabluK y al ajedrez con sus juegos completos. 

«Archivo de la Corona de Aragón, Registro 19*3, folio 38 vuelto.» 

Está en un error de creer el ajedrez introducido en Europa por los Árabes. «Las Costumbres 
Catalanas en tiempo de don Juan l,v pág. 296. 



fiL AJBDRE2 227 

ün rey, que tiene 56 milímetros de diámetro por 70 de altura. 
Una reina » 52 » y> 66 » 

Dos alfiles » 45 » » t6 » 

Dos caballos » 45 » » GO » 

Una torre, 46 ancho por 19 grueso y 40 de altura. 
Cinco peones de diferentes dimensiones y otras tres pequeñas piezas 
que no se pueden determinar, si son peones de otro juego, é apéndices 
de otras piezas, pues una de ellas tiene adherido á la base un trocito de 
vidrio rojo, como si hubiera servido de materia de unión con otra. Las 
tres son casi del mismo tamaño, forma y dibujo, teniendo la fig. 52 forma 
de mitra. Su mayor diámetro es de 26 milímetros en la base, y su altura 
máxima de 35. 

Es difícil describir estas piezas porque no se puede decir que ningu- 
na de ellas tenga forma determinada; es preciso verlas dibujadas para 
hacerse cargo de cómo son. Pero como esta misma falta de configuración 
es precisamente la que ha de servirme para determinar su procedencia, 
trataré de describirlas lo mejor posible. El rey y la reina son dos cilin- 
dros terminados por un casquete esférico, con un recorte desde el centro 
de la parte superior hasta la mitad de la pieza, recorte que les da la apa- 
riencia de una pequeña silla. ¿Quiso el artífice representar dos tronos? 
Es muy posible (véanse las figs. 35 á 38). Las que yo creo que represen- 
tan caballos, son algo menores de tamaño que el rey y la reina, y en 
vez del recorte tiene en la parte superior del casquete esférico dos pro- 
minencias á manera de orejas ó cuernos (figs. 39 y 40). Las que llamo 
alfiles tienen una forma parecida á la del gorro frigio ó á la del cas* 
quete de algunos bufones (figs. 41 y 42). La forma de la torre se separa 
completamente de la de las demás piezas: es un paralelopípido regular, 
en el que se ha hecho un recorte en uno de los lados mayores, lo cual le 
da en cierto modo la forma de una almena (figs. 43 y 44). Estas piezas 
tienen todas las superficies llenas de grabados arabescos. Los peones 
(figs. 45 á 51) ofrecen la particularidad de ser unos pedazos de cristal de 
roca lisos, de dimensión más pequeña que las piezas; cada uno de ellos 
tiene la forma de la pieza á que corresponde, excepto el de la reina, que 
no tiene el recorte correspondiente, sin duda para no confundirlo con el 
del rey. 

La circunstancia de no representar estas piezas figuras de hombre ó 
de animales y la de estar completamente cubiertas de arabescos, distin- 
tivo especial de la ornamentación árabe, me hacen creer que habrían 
pertenecido á algún rey ó jefe musulmán de los que en el siglo x habían 
gobernado alguna ciudad importante del condado de Urgel, tal vez Bala- 
guer ó el mismo Ager, que también fué residencia de los condes de 
ürgel, y que, formando aquella parte del botín que los catalanes arreba- 
taron á los moros cuando la reconquista, pasarían como cosa notable y 
de valor á ser propiedad de alguno de los magnates de aquella comarca, 
quien, como era costumbre en aquella época, lo legaría á una de las 
iglesias de Ager. De esta costumbre tenemos dos testimonios irrecusa- 
bles: el testamento de Armengol, el Cordobés, que en 1010 legó su aje- 
drez de cristal á la iglesia de San Egidio, y el de su cuñada, la Condesa 
viuda, de Barcelona, que también hizo igual legado para la obra de la 




Fios. 30y«.— Cuballo I 

Fios 35 Á 52.— Pibzas db cniatAL db noc* ptioaí0 




FiG9. 4JA5l.-P«onM 
VcBB (UnotL), reproducidar en ti tamaño del original 



230 Bt AÍEDAE¿ I 

iglesia de San Egidio de Ximes. Ambos documentos originales existen 

en el Archivo de la Corona de Aragón. i 

No me queda ninguna duda de que las piezas en cuestión son de i 

origen mahometano, no sólo por lo que ya llevo dicho, sino también por 
lo que voy á exponer. I 

En Europa, y especialmente en Bizancio, se construían mucho antes | 

de la invasión árabe, — como ya llevo dicho en el capítulo correspon- | 

diente, — ^juegos de ajedrez, cuyas piezas representaban figuras de perso- I 

ñas y de animales, como nos lo demuestran los regalados por el empera- I 

dor Mauricio ¿ su yerno Cosroes II. Las llamadas de Cario Magno, de la 
Biblioteca Nacional de París, y otras que podríamos citar, representan 
también figuras y son de países cristianos, contemporáneos 6 anteriores 
de las que estamos estudiando. 

Si esto no basta para probar lo que me propongo, haré observar que 
en Egipto, en tiempo de Ramsés III, ó sea unos 1500 años antes de N. E., 
ya se construían piezas de ajedrez, figurando cabezas de personas ó de 
animales. Algunas de ellas, encontradas en las antiguas sepulturas de 
aquel país, pueden verse en el Museo Británico y en el de Boulak. Wil- 
kínson ha publicado la copia de algunas de ellas en el tomo I de su 
nunca bien ponderada obra ^TAe Mamiers and Customs o/Áncienl Egyp- 
lians.y> 

Si me he extendido tanto sobre este punto ha sido para demostrar 
que \o^ árabes no han sido los inventores de este juego, ni sus introduc- 
tores en Europa, como algunos pretenden. En la época de la invasión 
árabe, el juego de ajedrez era ya muy conocido y estaba generalizado su 
uso en toda la Europa meridional, dominando el tablero de 64 casillas 
con 8 piezas nobles y 8 peones, teniendo aquéllas la misma forma, valor 
y nomenclatura que las que usamos hoy día, tablero y piezas que fueron 
adoptados por los mal llamados árabes. 

Si alguna duda me cupiera sobre lo que acabo de decir, las piezas 
de cristal de roca conservadas en Ager habrían venido á desvanecerla. 
Su ley prohibía á los mahometanos toda representación de seres vivien- 
tes. Cuando los árabes-mahometanos se hicieron poderosos por efecto de 
la fanática y sangrienta propaganda de su nueva religión, al invadir la 
Persia, el Egipto y la Europa encontraron muy en uso el ajedrez, que era 
jugado de un modo distinto en cada localidad, pues se empleaban para 
él tableros de 6, 8, 10 y 12 casillas por cada lado y piezas que en unos 
juegos representaban persona.s y animales y en otros sólo animales á ex- 
cepción del rey y de la torre que tenían una forma especial imposible de 
describir (véanse las miniaturas del apéndice en el Zibro de los juegos^ 
de don Alfonso el Sabio). Los mahometanos al establecerse en España 
encontraron que era de uso general el tablero de 8X8 casillas, como lo 
vemos por los tratados de ajedrez de los dos judíos barceloneses del si- 
glo XIII y como nos lo dice el mismo don Alfonso el Sabio, que asegura 
se había adoptado éste por ser el m^s cómodo, pues los de menos casillas 
no tenían atractivo y los de más se hacían pesados y fatigosos. 

Al adoptar los moros de España esta especialidad del ajedrez adopta- 
ron también sus correspondientes piezas y su nomenclatura, que como 
hemos dicho era la misma de hoy; pero como ésta correspondía á la 



SL AJEDREZ 231 

figura de cada pieza, que en unos juegos, como el de Cario Magno, el del 
siglo X encontrado en la isla de Lewis y el de Cesulis, representaban 
sólo personas, y en otros, como en el actual, personas y animales, los 
mahometanos tuvieron que dar otra forma á las piezas del suyo, como 
claramente nos lo demuestran las del ajedrez de Ager. 

El estudio de las piezas encontradas en la isla de Lewis, — Escocia, — 
puede muy bien confirmar lo que hemos dicho de éstas. Aquéllas, fabri- 
cadas con dientes de foca ó caballo marino son todas figuradas, como se 
acostumbraba entonces en los pueblos cristianos, pero tienen mucha ana- 
logia con las que nosotros creemos árabes por los dibujos en que estén 
sentados los reyes, reinas y obispos. Además, sir Federico, Madden que 
da los grabados de algunas de ellas, las cree de manufactura normanda y 
del siglo XI, poco más ó menos, que es la misma data que nosotros hemos 
señalado á los de cristal de roca de Ager (véanse nuestros grabados). 

Por otra parte, nos hemos convencido de que las piezas lisas de cris- 
tal transparente que creíamos eran las piezas de otro juego son los peones 
pertenecientes al mismo juego, correspondiendo cada peón á la pieza 
cuya figura es semejante á la suya, según el uso de aquel tiempo de 
distinguir los peones correspondientes á cada pieza. Las piezas cincela- 
das (fig. 52) serian adornos pegados al tablero ó los pies de este como lo 
indica el pedazo de lacre que tiene pegado uno de ellos. 

Estos pedazos de cristal de roca, de un valor inestimable por ser los 
únicos ejemplares hasta ahora conocidos en su clase, y de indudable 
autenticidad por lo que hace á sii procedencia antigua, nos dan la ver- 
dadera forma de las piezas del ajedrez mahometano, que representan los 
atributos de las dguras cuyo lugar ocupaban. Así vemos el rey y la reina 
representados por dos tronos; los alfiles por un cono doblado en su parte 
superior queriendo imitar la trompa del elefante; los caballos por unas 
puntas á manera de orejas rudimentarias, y las torres, que no tenían 
para ellos el inconveniente de las otras piezas, por una almena, como en 
algunos de los juegos de ajedrez de los cristianos. Esta configuración de 
las piezas grandes, cubiertas de arabescos grabados y cincelados, la en- 
contramos repetida en las pequeñas de cristal liso, por lo que éstas lo 
mismo podrían ser los peones correspondientes á cada una de aquéllas, 
que piezas de otro juego, pues hay razones que abonen una y otra supo- 
sición. Al decir el padre Villanueva en su Viaje literario á las iglesias de 
España que las piezas que había visto en Ager eran 44, nos prueba que 
había en la caja piezas pertenecientes á más de un juego, y es muy posi- 
ble que las tres pequeñas piezas en forma de mitra cinceladas (figs. 50, 
51 y 52) fuesen los peones correspondientes á las piezas grandes, y que 
las otras lisas de cristal pulimentado (figs. 45 á 49) formasen parte de un 
juego distinto. 

Afortunadamente en las pocas piezas que, después de tantos siglos 
de descuido y abandono, han llegado hasta nosotros, hay las suficientes 
para que podamos reconocer en ellas las mismas cinco piezas nobles de 
nuestro actual juego de ajedrez, á saber: el rey, la reina, el alfil, el ca- 
ballo y la torre. 

Estas>iezas nos prueban también que los juegos de ajedrea:, cuyas 
piezas representan figuras humanas, como el llamado de Cario Magno, ó 



232 BL AJEDREZ 

animales, no podrían ser, como se cree, regalos hechos por mahometanos 
á reyes ó personajes cristianos, pues su ley les prohibe hacer ninguna 
representación de seres animados. 

Al decir que las piezas de Ager eran árabes, no he querido decir que 
hubiesen sido traídas de Oriente por los invasores, ni tampoco que fue- 
sen fabricadas por artífices árabes; al contrario, creo que fueron hechas 
en Cataluña y por artífices catalanes para uso de los árabes. Estos no 
trajeron de eu país industria alguna, aprovechándose de la que encon- 
traron en los países invadidos por ellos y sirviéndose de obreros indíge- 
nas. En ninguna parte se encuentran mencionados tantos juegos de aje- 
drez de cristal de roca y jaspe como en Cataluña: los del conde de Bar- 
celona Borrell III, de Armengol de Urgel, el que el conde de Ampurias 
dio en prenda á la Catedral de Gerona, todos eran de cristal de roca y 
jaspe, y de jaspe ú otra piedra de color dura debían ser las piezas que 
llamamos negras correspondientes á las de cristal de roca de Ager, y 
como todos estos juegos son casi contemporáneos, no creo que sea un 
despropósito suponer que hubiesen sido fabricados por artífices catala- 
nes con el rico cristal de roca y jaspe ó égate ó cualquier otra piedra 
dura de las que se sacaban de los Pirineos. Los mismos artistas que ha- 
cían las figuras humanas para el ajedrez de los cristianos pueden muy 
bien haber hecho los arabescos de las piezas árabes descubiertas en 1886 
en la iglesia parroquial de Ager por algunos miembros de la Asociado 
Catala7iista d' Excursións cienti/icas, y de las que pude sacar la copia que 
acompaño gracias á la amabilidad del señor cura párroco de aquella lo- 
calidad don Francisco Mora, que me permitió tenerlas en mi poder todo 
el tiempo necesario para dibujarlas detalladamente, por lo que consigno 
aquí mi profundo agradecimiento para con él. 

¿En qué se funda Van der Linde para decir que el ajedrez en la Edad 
Media había llegado en Europa á su último grado de rudeza? ¿Es que los 
árabes lo habían introducido en ella en este estado? Si habla de los 
siglos anteriores á la invasión de éstos es una prueba de que no les debe- 
mos la introducción; si de después, los escritores europeos que tratan de 
este juego le dan todos el mismo número de casillas en el tablero con los 
dos colores, las mismas piezas y los mismos nombres y el modo de juga 
es el mismo que se encuentra en los autores árabes contemporáneos, sin 
decir que antes se jugase de otro modo mejor ó peor ni hacer alusión 
alguna á documentos ni otra cosa de procedencia árabe. 

Que el ajedrez era conocido en la Edad Media nos lo atestiguan á más 
de las leyendas referentes á este juego, las piezas de él conservadas en 
los Museos, algunas atribuidas haber pertenecido á Cario Magno (1) y los 
escritos de los siglos x á xiii cuyos autores, los Benedictinos Eninsiedeln 
en el siglo x; don Armengol, doña Emersendis, Pedro Damiano en el xi; los 
judíos de Toledo y Barcelona, Alejandro Neckam , Inocencio III en el xn 
y los dos judíos barceloneses, Juan de Gales, Alfonso el Sabio en el xiii, 
hablan del ajedrez, ninguno de ellos dice fuese cosa nueva en sus res- 
pectivos países y mucho menos hubiese sido introducido por los árabes. 

(t) II y a encoré 25 ou 26 eschets gu'ondit eetre de lui (Charlemagne) qui sontde 
cristal et ont diversee figures, les uns estant ronde les autres uarres et le autres pointus 
P0D8 re3Beinbl^r aux nostres d'apresent. ( Voyage á MunBter en 1641, par Mr. Joly.) 



CAPÍTULO IV 



EL AJEDREZ DE GARLO MAGNO 



La abadía de Saint Denis (París) poseía un juegpo de ajedrez de marfil 
que, según la tradición, le había sido legado por Cario Magno, quien lo 
había recibido como regalo, junto con otros objetos, de Harun el Raschid. 
Formaban probablemente parte de aquel juego diez y seis de los diez y 
siete piezas de ajedrez que existen actualmente en la Biblioteca Nacio- 
nal de París, y de las cuales el conde de Basterat presentó los dibujos 
del rey, reina, caballos, alfil, torre y un peón (1). 

Como Duncan Forbes no las había visto, y habla de ellas, por lo que 
dice de las mismas Hyde, el cual se hallaba en igual caso que aquél, y 
y las describe con referencia á otro autor (Millet), hacen una mezcla con- 
fusa de las diez y seis piezas de carácter puramente bizantino con la de- 
cimoséptima de carácter judío árabe; y como esta última contiene una 
inscripción cúfica, suponen que todas las piezas del juego referido de 
Cario Magno contenían dicha inscripción, ó bien que la pieza expresada, 
única en su clase, pertenecía á este juego, lo que no es exacto, como 
luego veremos. 

Mr. Duncan Forbes que dice en el texto (¡2): '<Es imposible no conce- 
bir, por el carácter general de las figuras, que este juego pertenece al 
período señalado por la tradición, siendo las piezas fabricadas con toda 
probabilidad en Constantinopla por un artista griego,» pone en una nota 
«que por la inscripción de las piezas el artista debía de ser árabe;» lo 

(1) El Museo de las Indias orientales posee un juego de ajedrez de marfil y ébano, 
de piezas torneadas, sencillas, sin adornos, que se dice ser el más antiguo de los conoci- 
dos. Esta opinión se funda en que, en el lugar en que fué hallado, había existido la ciudad 
de Brahmannbad, en el Sind , destruida por un terremoto, en el eiglo viii de N. E. En el 
mismo punto se han encontrado también monedas de los califas de Bagdad, de allá por 
los años 750 de N. E. Si el juego de la Biblioteca Nacional perteneció realmente á Cario 
Magno, los dos serían contemporáneos, ambos de marfil, pero con la diferencia de ser 
figurado el europeo, y el asiático no. 

(2) Ob. cit., pég, 132. 

30.— KL AIKDRF.Z. 



234 EL AJEDREZ 

cual es un error, pues, como ya hemos dicho, y veremos después, la pieza 
que lleva la inscripción no puede de modo uing^uno formar parte del 
juego de carácter bizantino de los siglos viii ó ix. 

El citado autor, apoyándose en la opinión de Madden, cree justa- 
mente que este juego no podía formar parte del presente hecho á Cario 
Magno por Harun el Raschid, porque no se halla continuado en la lista 
detallada de los objetos regalados, tan minuciosamente especificados por 
los historiadores alemanes; y porque siendo la reina una de las princi- 
pales piezas del mismo juego, no podía constituir un regalo de parte de 
Harun el Raschid, toda vez que los sarracenos jamás han tenido la reina 
entre las piezas del juego de ajedrez (1). 

El ser los ropajes de las figuras pertenecientes á los siglos viii 6 ix 
le induce á concluir que este juego de ajedrez es de manufactura griega, 
y que fué enviado á Garlo Magno como regalo, ó por la emperatriz Irene, 
ó por su sucesor Nicéforo, con los que Cario Magno habla mantenido 
amigables y duraderas relaciones por medio de embajadas. Se inclina á 
creer que el regalo provenía más bien de la emperatriz, que reinó desde 
797 á 802 y había sido la prometida de Cario Magno; si bien el matrimo- 
nio de conveniencia ó de razón de Estado no llegó á efectuarse. Cree 
también que por el motivo indicado, y tanto por hacer un agasajo á 
Irene, como para representar el símbolo de unión de los dos monarcas 
más grandes de la cristiandad, se introdujo, por primera vez, la reina en 
el juego. Se non é vero é ben tróvalo. Todo eso es poco más á menos lo 
mismo que dijo antes Madden. 

El conde de Basterat, que ofrece ilustraciones de las piezas principa- 
les del juego de que hablamos, no aclara nada, concretándose, como en 
toda su obra, á seguir textualmente á Duncan Forbes y á Madden. El 
mismo conde, al hablar de aquel ajedrez, dice: «Basta el examen más 
superficial de estas piezas para convencerse de que todas las diez y seis 
primeras (ya dijimos que son 17) presentan todos los caracteres de obras 
bizantinas. Las capillitas, dentro de las que están los reyes y reinas, sus 
arcadas á punto redondo, sus ornamentaciones, el estilo general de las 
figuras, lo mismo que los vestidos, todo lleva las señales de esta época.» 

Más adelante, repite que es imposible dudar que las piezas referidas 
sean obras bizantinas: y á la pregunta, «¿de qué época son?» dice, 
que MM. Forbes y Madden las hacen remontar al siglo ix, mientras que 
MM. Chabouillet, de Marsan y Pattier, por la analogía completa que ven 
entre los vestidos y armas de estas piezas y las de los caballeros Nor- 

(1) Mr. Fr. Madden, hablando de este juego, dice: <(Los vestidos y paramentos son 
exactamente iguales á los griegos del siglo ix, y es imposible no quedar convencido por 
el carácter general de estas figuras, de que estas piezas pertenecían á la época que la tra- 
dición les señala, y fueron, con toda probabilidad, elaboradas en Constantinopla por un 
griego aBiótico, (¿Por qué asiático?) y enviadas como regalo á Cario Magno, ya por la 
emperatriz Irene, ó bien por su sucesor Nicephoro ..» «Una cosa hay de cierto, y es que 
estas piezas, por su tamaño, labor y belleza debían de haber sido destinadas para un 
personaje de class noble ; y por su decidido estilo del arle griego es más natural suponer 
que fueron presentodas á Cario Magno por un soberano del Bajo Imperio, que noque 
fuesen un rególo de un príncipe moro de España, ó del califa Harun el Raschid, que 
hizo dádivas mucho mes valiosas al emperodor de Occidente.» Archeologia, vol. XXIV. 
London, 1832. Publicación de lo Socictfj of Anticuarle? of London. 



KL AJEDREZ 



mandos que conquistaron la Inglaterra en el siglo xi, las creen de este 
tiempo. Aquí Basterat hace otra pregunta: «¿pero estos trajes y estas 
armas no exisliau ya con las mismas formas en el siglo noveno?» A tal 
pregunta se ocurre fácilmente la respuesta: no en el siglo ix de N. E,, 
Bino en el ix anterior á N. E., en los monumentos de NInive, es decir, de 
Asiría Bfi encuentran representados guerreros vestidos y armados exacta- 
mente lo mismo que los normandos del siglo xi (1); lo que no deja de ser 
una cosa notable. 

En cuanto á la pieza decimoséptima la cosa cambia ya de aspecto. 
Ed opinión del conde de Basterat todo tiende en esta pieza á. confirmar 
la tradición y á infundir la creencia de que proceda de un juego de aje- 
drez enviado á Cario Magno, bien fuese por Harun el Kaschid, bien por 
otro principe del Oriente. 

Yo, sin embargo, creo que la pieza referida demuestra lo contrario 




Pío. 53.— Pieza creída árabe de la Uiblioleca nacional de Parle 



de todo eso. En primer lugar dudo que sea una de las piezas del juego de 
ajedrez; y en segundo, y dado que lo sea, no atino á cuál pueda referir- 
se, por más que Basterat asegura que es un rey. La pieza está formada 
de un solo pedazo de marfil; tioiie 16 centímetros de altura y es bastante 
gruesa para pieza de ajedrez. Kn juego ninguno de esta clase se repre- 
senta al rey montado en un elefante, como sucede allí (véase la fig. 53); 
con la particularidad de que el personaje, 6 rey, que va montado sentado 
& la oriental, parece más bien, por sus abultados pechos, vna personaje; 
como asi mismo la que está cabeza abajo sobre la frente del elefante; 
pues parece una de tantas figuras de mujer que se ven en los templos 
Jainas y Budistas de la India, en Orissa, Matura, Gaya y en las Stupas de 
Sanchi y Amravati; mujeres completamente desnudas, no llevando más 

(I) Véasela RrandiOFa obra de Layard ^obra loe MiinumenlOf ile Ainire g Babilo- 
nia, 1.' y E.'eeriep; y Las Puerta» ite l/roDre dfl palacio de Balawat, de 800 afios aalea 
de N. B , que SFtá publicando actualmünle el Museo BriUnico. En una y otra de eetae 
doe obrae se encuentran representados guerreros con veelidurai y armaduras ¡guales 
exactamente A las de loe normandos del siglo xi. 



236 EL AJBDBBZ 

que un cinturón de cuentas (al parecer de metal) en el bajo vientre, bra- 
zaletes á medio brazo, y arg'ollas á media pierna, exactamente como la 
figrura expresada. Yo no he visto la pieza original, pero si como dice Bas- 
terat, los cascos del elefante están adornados con flores de lis, debe te- 
nerse en cuenta que esta flor'no era todavía en tiempo de Cario Magno 
la divisa de los reyes de Francia: y la del Pshenht, que dice también era 
el ornamento particular de los reyes de Persia, es un grande error; por- 
que el Pshenht era la corona especial de los Pharaones de Egipto; la 
reunión de las dos coronas del alto y bajo Egipto; al paso que el distinti- 
vo de los reyes de Persia era la mitra. La pieza tiene todas las trazas de 
haber sido fabricada en la India, y esto, unido á la inscripción cúfica, 
demostraría que es posterior al siglo xr, época en que los árabes conquis- 
taron la India (1). El tamaño, la composición y el llevar escrito el nom- 
bre del constructor me confirman en la opinión de que la repetida pieza 
no es de ajedrez, y menos un rey: en este caso la figura principal debe- 
ría ser el rey, y no una mujer, que es lo que representa con toda proba- 
bilidad, con la circunstancia de que llevando la insignia ó distintivo de 
la monarquía, Pshenht ó mitra se halla mezclado con el común de las de- 
más figuras. 

Yo creo que esta pieza es, si se quiere, una alegoría del ajedrez; 
pero nunca de manufactura india, ó de un árabe que conoció la India, y 
de una época muy posterior á la de Cario Magno. 

Confundida esta pieza con las descritas, antes de caráter bizantino, 
ha dado lugar á muchas discusiones, así como también la inscripción de 
la cual, si se traduce «Ex opere Josefhi Aicolai,» se deduce que el autor 
era europeo; pero Hyde, y Duncan Forbes que lo sigue, fundándose con 
la falta de puntos y vocales, dicen que puede y debe traducirse de este 
modo : «Fx opere Josefhi al-Xahali» y de esta y otras circunstancias pro- 
blemáticas infieren que el artista debió ser un árabe pur sangj y no un 
griego cristiano. Lo bueno es que discuten todo eso sin haber visto la 
pieza, que creen no existe, ni la suscripción, «que no saben de cierto si 
es cúfica:» de otro modo, dice Duncan Forbes (2), la antigüedad de esta 
pieza caería por su peso (3). 

(1) La escritura cúfíca es la que usaron los árabes hasta el siglo iv de la Egira, que 
corresponde al 10(iO de N. E , y los caracteres de la inscripción de la pieza de que hablo 
no se parecen á los cúñeos de algunas colecciones de alfobetos que poseo. Dicha pieza 
podría ser muy bien compañera del Oliphant de cristal que, como diré más adelante, 
envió el Viejo de la Montaña á san Luis, rey de Krancio, durante su estancia en Siria. La 
composición india acompañada de una inscripción árabe, y los caracteres en que es*ó 
escrita, señalan más bien VoUphant de cristal moult bien fait, de que habla Joinville» 
que una de las piezas de ojedrezde la época de Cario Magno; y á la vez explica perfecta- 
mente el que pueda ser una sola pieza, hija de la fantasía de un árabe que hubiese estado 
en la Indio, ó traída de la India. Como lo indican las flores de lis es una obra que corres- 
ponde á los siglos XI ó XII mejor que al viir, y que con el fin de imprimirle carácter de 
mayor antigüedad se inscribió en ella el nombre del autor en caracteres cúficos. Por el 
tamaño, por lo que dice Mogudi, podría ser una verdadera pieza de ojedrez y responde 
á la nota siguiente. 

(2) Obra citada, ptíg. 232 nota 1. Kn la nota 2 de la mii^ma pagino hoce observorel 
autor que según las dimensiones que algunos, al describir estos juegos, dan á las piezas 
sería necesario un tablero de nueve por nueve pies para poder jugar con ellas, sin contar 
las orillas No es extraño que con semejantes juegos se cometiesen homicidios. 

(3) No obstante que el ilustrado don Eduardo Toda me ha asegurado que la inscrip- 



BL AJEDREZ 237 

La ÍDBcripción ea realmente cúfica, como puede verse en el dibujo 
n.' 53, y la pieza podría ser la única, trabajada por un griego asiático en 
el sigilo X ó XI, como dice MaddeD,ópor un grieg'O que conociendo las 
esculturas indias hubiera tenido el capricho de hacer una alegoría del 
ajedrez con tipos indios. Insisto en esta opinión, en la de ser una pieza 
única, una pieza de adorno para colocarla sobre un mueble, (mesa, están- 
tes), como las muchas y diferentes fig-uritaa que hoy estáu de moda, ade- 
más de las razones ya expuestas, por lo que voy é. decir: 

Esta pieza no ea la única que se conoce en su clase. Sir Henry Colé 
regaló en 1856 al Museo Británico una notable pieza — única — de marfil 
que tiene esculturadas todas las piezas del ajedrez. Representa un ele- 




Fio. 5i.— Pieza de marfil en el Museo Britdnic 



fante ú otro animal corpulento; en su cuarto delantero va montado un 
personaje, que probablemente seria el rey, (le falta la mitad superior), y 
detrás lleva una gran torre, en la cual, así como en el contorno del ani- 
mal están grabadas las figuras. (Véase la ñg. 54). 

El número 898,763 del SfouA Kensington Museuta es una pieza seña- 
lada como de ajedrez — ckess piece — y pertenece, según mi opinión, á 
la misma categoría de las alegorías. Es única, como las dos referidas 
antes, hecha de diente de foca, tiene de alto 3 '/» pulgadas inglesas, 
y 2 y Vi de anchura, perteneciente al siglo xiii. Representa un castillo 
con las murallaa llenas de figuras, y por un costado un combate en cuyo 
centro se destaca un guerrero armado con casco, escudo y cota de malla, 
que con su espada en la mano derecha acaba de herir á un hombre que 
cae & su izquierda: en el costado opuesto aparece el rey de pie, con un 



ción es cúfica, duda que ninguno de sus íisractereí 
la Egira; como eeloy convencido de que la pieza ni 



!B da loe Ufados antes del eiftio i 
IB anterior al siglo xt. 



caballero armado & cada lado. La base del caetíllo est¿ adornada con 
una especie de cabezas y flores ligeramente gravadas, y el conjunto de 
la pieza se halla por desgracia bastante mutilado (1). (Véase fig-. 55). 

En el inventario de don Hartin de Aragón — J410 — de que hablo en el 
capitulo anterior, va continuada, como hemos visto (f(')I. 77 v,'°), «Una 
pedre dejaspi obrada a manera de Scach ab vn cordo negre.» Esta pieza, de 
forma de ajedrez, se llevaba sin duda pendiente del cuello con un mismo 
cordón, como una cruz i'i otro objeto de adorno (2); y esto me confirma 
en la opinión de que también eran puramente piezas de adorno las de la 
Biblioteca de París, del Museo Británico y del South Kensigtcn Musejtm. 

La existencia de tales piezas, únicas, alegóricas probablemente, 
análogas, y aun iguales en la composición á la decimoséptima de las 
existentes en la Biblioteca Nacional de Parfs, demuestra claramente que 
ésta última no formaba parte de ningún juego, y mucho menos de aquel 




Fia. 55.— Pieza de morfll en el it 



e South KeoBÍDgton 



á que pertenecian las otras diez y seis de carácter puramente bizantino 
(véanse las figs. 56 y 57) que eran, sin duda, más antiguas que aquella, 
cuya fabricación no seria muy anterior al siglo xiii, época ¿ que perte- 
necen sus hermanas de los dos museos citados. Por los datos recogidos 
y expresados, se viene en conocimiento de que aquel siglo y los dos si- 
guientes fueron aquellos en que el ajedrez estuvo más de moda; en los 
que se fabricaron ricos tableros y piezas para jugarlo, asi como piezas 
sueltas para usos especiales, como objetos de lujo, y en los que se escri- 
bieron m6s tratados sobre el juego, refiriendo tanto es Cataluña como 



(1) Esta y oirás noticiaü Ins debo á mt amigo don Jaime Maseó TorrenU, que se en- 
cuentra actualmente (Junio Je 1886] en Londres, y ha tomado notas, sobre las particula- 
ridades que yo le be seRalado, en loe diTerentee museos de aquella gran metrópoli. Por 
íus eflciones y amor el estudio el señor Massó risita con frecuencia y pasa largas horas 
en aquellos museos y ricas bibliotecas. 

(2) Véase en la lista del Inventario de don Martin de Aragón (ooU 3 de lo píg. 216) 
la partida 3 de los juegos de ajedrez. 



RL AJEDREZ 



CQ Castilla, dos reinos completamente separados entonces entre »i, y 
distintas ambos del resto de España. 

Toda vez que me he ocupado en el jueg^o de Cario Magno, en cujo 
tiempo, y aun antes, el ajedrez estaba muy greneralizado en Europa, 
como lo prueba el que todos los libros de Caballería y de Gestas hablan 
de él, haciéndolo jugar h sus héroes, y amenizando el asunto con varias 
anécdotas referentes al mismo juego, creo que no disgustará ¿ mis lecto- 
res, principalmente á los catalanes, que inserte una de estas anécdotas 
por la conexión que tiene con la conocida tradición de Fr. Juan Garl, ó 
Garfn, pues el héroe de aquélla lleva el mismo nombre y se refiere pro- 
bablemente al mismo personaje; debiAodo de ser muy conocido y popu- 
lar en tiempos de Cario Mag-no, ó antes, y dando lugar k que se inventa- 
sen leyendas referentes A su persona. Dice la anécdota : «Garín , hijo del 





duque de Aquitania, abandonó sus estados, se presentó ¿ Cario Mag-no y 
le pidió que le permitiera hacer sus primeras armas al lado de los baro- 
nes. Cario Magno le admitió k su servicio; y las nobles maneras, el valor 
y hermoso semblante del extranjero le granjearon muy pronto el aprecio 
de los hombres y el corazón de las damas de la corte de Francia. La em- 
peratriz, entre todas ellas, fué la que se dejó arrastrar por sus sentimien- 
tos, de tal modo que, llegando k descuidar sus deberes, se atrevió un día 
á presentarse á Oarin, y confesarle su pasión. Garin, cual nuevo José, se 
defendió y huyó, dejando su capa entre las manos de la emperatriz. En 
esto llega Cario Magno y pregunta la causa de aquellos desórdenes, cu- 
yas señales tiene á la vista, y su esposa, k diferencia de lo que hizo la de 
Putiphar, lejos de procurar ocultar sus faltas y hacerlas recaer sobre Ga- 
rin, descubre su amor de la manera más franca y cumplida: «Por todas 
partes, dice, veo á Garin; su memoria me persigue por doquiera, y de 
consiguiente guardaos de inculparlo, pues es el más fiel y leal de vues- 
tros baroae.-i. Yo le he revelado mi pensamiento, y él me ha rechazado 



240 EL AJEDREZ 

resueltamente; ¿á qué esperáis? privadme de la luz del día, hacedme 
quemar viva, ó sumergidme en el mar; todo lo he merecido mil veces.» 
Diciendo esto, la dama se arrojó á los pies de Cario Magno, el cual frun- 
ciendo el ceño, se alejó sin pronunciar una palabra. Avisado Garin de 
la cólera del emperador y del peligro que le amenazaba, dejó pasar tres 
días sin presentarse en la corte, haciéndolo por fin el cuarto en virtud de 
haber enviado expresamente á buscarlo Cario Magno; pero tuvo la pre- 
caución de que lo acompañaran los parientes y amigos con armas escon- 
didas debajo de sus ropas. «Garín, le preguntó Cario Magno, ¿de dónde 
venís? ¿y por qué habéis Jtardado tanto? — Señor, responde Garin, nos he- 
mos quedado en casa y hemos jugado á las tablas y al ajedrez. — ¿k\ aje- 
drez? replicó Cario Magno. Ea, pUes, jugaremos nosotros ahora, pero con 
estas condiciones: primeramente juraré por las reliquias de todos los 
santos, que si tú me das mate te abandonaré todo cuanto poseo, mis te- 
soros, mi mujer y mi reino de Francia; todo, menos mis armas: mas si 
yo gano, en verdad te lo digo, te haré cortar la cabeza inmediatamente.» 

Sigue después la descripción de la partida con vicisitudes; mostrán- 
dose la ventaja ya en una parte, ya en la otra, hasta que la victoria pa- 
reció declararse en favor de Garin, que de golpe pronunció /»w/tf/... 
Afortunadamente Garin miró á su adversario y lo vio tan pensativo y 
abatido que le inspiró lástima. — «Señor rey, le dice, dejemos^aquí nues- 
tro juego: ya hemos pasado demasiado tiempo: no permita Dios que haya 
de reprochárseme el haberos dado mate de propósito.» — ^El emperador re- 
plicó entonces: «Garin, haced lo que os plazca.» Mas viendo Garin la hu- 
mildad del emperador no pudo contener el llanto — «¡Yo arrebataros 
vuestra herencia! ¡oh mi señor! ¡yo arrancaros vuestra corona ! ¡Ah! ¡que 
no pueda decirse jamás cosa semejante en deshonra del padre que me 
engendró, de mis parientes y de mis amigos ! Creo que os equivocabais 
al desear mi desgracia y querer darme la muerte: yo no lo habia mere- 
cido. Si sucede que una mujer abriga en su alma algún mal pensamiento 
¿qué tiene esto de extraño? ¿nos hemos de conmover por ello y odiar á 
nuestros mejores amigos? Os lo repito, señor, os engañabais y me juzga- 
bais, mal. ¡Maldita la mujer que ha podido apartarme de vuestra estima- 
ción! ¡maldita fa de nuestro primer padre que dio el ejemplo del mal á 
todas las otras! Mas para que sepáis que no os he inferido ningún agra- 
vio, escuchad, señor rey, lo que voy á proponeros. Allá en la Aquitania, 
mientras vos pasáis aquí los días jugando y haciendo el amor á las damas, 
los airados sarracenos devastan los campos y saquean las iglesias. En 
medio de su campamento hay un castillo, el más alto y fuerte del mundo; 
se llama Monglave: Julio César lo construyó y los sarracenos lo han for- 
tificado con nuevas torres: Concededme la señoría de Monglave, y si 
logro arrebatarlo á los malvados enemigos de Dios, yo abandonaré al 
momento vuestra corte y la dulce Francia, en la que dominaréis á vues- 
tro placer: yo iré sólo á pedir una herencia á la maldita raza de los ado- 
radores de Mahoma, de Júpiter y de Tergavant.» 

«Cario Magno concedió á Garin su demanda: el alba del siguiente 
día lo vio ponerse en camino, y algunos meses después, desde la cima de 
la torre más alta de Monglave, gritaba Garin: «/Moníjoief ¡Montjoie! res- 
tandart de Saint Denis.» 



BL AJEDREZ 241 

Discutiendo, y confesando los señores orientalistas el carácter pura- 
mente griego bizantino de las piezas del juego lIamado« de Cario Mag- 
no» (1) y admitiendo fué regalado á este emperador, sea por quien fuese, 

(1) Las dos anécdotas históricas siguientes demuestran que el juego del ajedrez 
estaba también muy generalizado en los siglos xiv y xv. 

Cuando el rey de Navarra, Carlos el Malo, se hallaba prisionero en el castillo de Cre- 
vecoBur, unos caballeros del condado de Evreux, partidarios suyos, trataron de recobrar 
la ciudad y castillo de Evreux del poder de los franceses. Después de combinado el plan 
con los habitantes de la ciudad para apoderarse del castillo, el caballero Guillem de Gan- 
ville 86 valió de la siguiente estratagema: Bien armado interiormente, cubierto con unas 
hopalandas y embozado ademes con su capa, bajo de la cual ocultaba una pequeffa yace- 
rada hacha, empezó un d(a á pasearse por la plaza, delante del castillo, yendo y viniendo 
según solfa hacerlo con frecuencia; tanto, que el castellano — gobernador del castillo — 
abrió el postigo, salió y se quedó de pie delante de la puerta. Cuando mosén Guiliem lo 
vio se acercó á él muy despacio y le saludó cortesmente: el castellano, que nada recelaba, 
permaneció quieto y le devolvió el saludo. El caballero se aproximó más y principió á 
hablarle de cosas indiferentes, preguntándole ó poco si habla oído hablar de las noticias 
que corrían por Francia. El gobernador, que era curioso y amigo de noticias, aguzó las 
orejas y respondió: cNo, contádmelas, si os place » — Con mucho gusto, respondió mosén 
Guillem; se cuenta en Francia que los reyes de Dinamarca y de Irlanda se han aliado y 
jurado no volver á sus tierras, pues están en el mar con más de cien mil hombres, hasta 
que hayan destruido toda la Inglaterra y devuelto París al rey de Francia.»— Era éste el 
rey Juan, hecho prisionero en la batalla de Poitiers y conducido y retenido en Londres.— 
« Los ingleses se han asustado de tal manera que no saben por qué lodo tomar para de- 
fender BU país, pues hace mucho tiempo que tienen pronosticado que los daneses han de 
destruirlos. » 

El castellano, que como buen francés se alegró mucho y creyó fácilmente aquellas 
noticias, respondió: «Pero maestro Guillem, ¿por dónde habéis sabido estas noticias?»— 
cEn nombre de Dios, castellano, ya os lo diré: las sé por un caballero de Irlanda que me 
las ha escrito con toda veracidad, y que me ha enviado el juego de ajedrez más hermoso 
que he visto en mi vida.»— Guillem inventó este cuento porque le constaba que nada 
apreciaba tanto el castellano como el juego de ajedrez. Así es que exclamó al punto: 
¡Cáspita, maestro Guillem! ¡con qué gusto deseo verlol — Maestro Guillem, replicó al ins- 
tante: cOs lo mandaré con condición de que hemos de jugar el vino en una partida.» — 
cAcepto, dijo el castellano; enviad á buscarlo por vuestro criado é iremos á jugar all» 
dentro entre las dos puertas del castillo.» El caballero se adelantó entonces y dijo á su 
criado, que e.«jtaba muy al corriente del negocio;» anda, pide el juego de ajedrez y tráe- 
noslo á la puerta.» El criado se fue, y castellano y caballero entraron por la primera 
puerta. 

Cuando el caballero hubo entrado el castellano cerróla puerta, pasando el cerrojo, 
pero sin echar la llave. Maestro Guillem dijo entonces : cCastellano, ya podemos abrir la 
otra puerta sin ningún cuidado.» Este abrió solamente el postigo, haciendo pasar el ca- 
ballero con objeto de enseffarle las murallas del castillo, pasando él detrás. AJcabo de un 
rato de estar allí se oyó sonar un cuerno pequeño, que era la señal ordenada por Guillem, 
entonces dijo el gobernador: cVolvámonos; pasemos otra vez por esta puerta, pues mi 
criado no tardará.» De este modo el caballero pasó á la otra puerta del primer postigo y 
se detuvo delante de él. El castellano, que nada temía, iba á seguirle, cuando en el acto 
de pasar el pie y bajor la cabeza le descargó mosén Guillem tan terrible golpe con el ha- 
cha que llevaba oculta que le penetró hasta los dientes, cayendo atravesado sobre el din- 
tel. Viéndolo tendido y muerto, dejólo allí y se fué á abrir la primera puerta. 

El centinela, que había oído el toque del cuerno, miró y quedó pasmado al ver la 
multitud de gente armada que corría hacia el castillo, por lo que gritó: €|Alerta, traición!» 
La guarnición se puso inmediatamente en movimiento, armándose y corriendo hacia la 
puerta, la cual halló abierta y muerto al gobernador. Guardada aquélla por Guillem de 
Ganville con hacha en mano, y auxiliado por cuantos estaban en el complot, toda resis- 
tencia fué inútil, pues después de un terrible combate, del que resultaron muchos muer- 
tos y heridos, quedó el castillo en poder de Guillem. (Chroniques de Froissart, lib. II, ca- 
pítulo V). 

31.— EL AJEDREZ. 



242 EL AJBDBBZ 

no observan se contradicen ellos mismos al sostener que el juego fué 
introducido en Europa por conducto de los árabes de España, pues sí en 
Constantinopla se fabricaban bonitos juegos de ajedrez en el siglo ix, 
y Cario Magno sabía jugarlo, es patente que tanto en el imperio de Orien- 
te como en el de Occidente se conocía ya antes este juego y que de nin- 
gún modo podían haberlo recibido de los árabes de España. 

La otra anécdota la doy de memoria; y como hace muchos años que la lef, no 
recuerdo dónde, será fácil que resulte algo variado, aun cuando sea exacta en el con- 
junto. 

Hallábanse jugando al ajedrez en un salón del palacio del Escorial el rey Felipe 11 y 
el capellán Rui López; el primero sentado en un sillón, y el capellán arrodillado delante 
de él sobre unos cojines; los cortesanos permanecían silenciosos en un extremo del salón. 
£1 rey estaba inquieto y de vez en cuando se volvió á mirar hacia la puerta de entrada. 
Abrióse ésta al ñn y apareció en ella el verdugo. — Y bien, le preguntó el monarca, ¿está 
todo dispuesto? — Señor, el reo se resiete á la ejecución.— ¿Cómo es eso? — Porque en 
calidad de noble quiere que se le corte la cabeza; y como magnate pide ser auxiliado por 
un obispo. — Concedido: hágase como él lo desea; pero que baya terminado todo á las 
tres. — Señor, en la corte no hay ningún obispo: ayer murió el de Zamora, y antes de 
ayer se ausentó el de Falencia.— El rey quedó un momento pensativo y dirigiéndose des- 
pués á Rui López le dijo: cLevántate, obispo de Zamora, y vete á asistir al reo.» 

Rui López, con todo el dolor de su corazón, se alzó y se dirigió á la cárcel para re* 
conciliar al sentenciado, que no era otro que su amigo íntimo el duque de Medina Sido- 
nia, ex favorito de Felipe IL Pronto estuvo hecha la reconciliación, quedando confesor y 
reo en conversación amigable: y como aún faltaba mucho para la hora de las tres, ñjada 
para la ejecución, el duque propuso á Rui López matar el tiempo jugando una partida de 
ajedrez; proposición que fué aceptada, mandándose al momento por el juego. 

Empezado éste, los guardias, el alcaide y hasta el verdugo rodearon á los jugadores, 
formando lo que los franceses llaman la galeríe é interesándose en la partida, pues todos 
conocían más ó menos el juego. Así fué que alargándose aquélla y absortos todos en su 
desarrollo, les pasó el tiempo sin sentir, y las tres tocaron cuando la partida estaba eo el 
punto crítico. Al oir la hora fatal, tanto el jefe de la guardia como el ejecutor intentaron 
hacer cesar el juego á fin de emprender inmediatamente el camino del lugar del suplicio: 
mas el duque quería acaborlo, y como el capitán y el verdugo insistiesen en su empefio 
de salir al momento, arrebató el duque el hacha de manos del último y con gran valor y 
arrogancia exclamó: cAl que intente acercárseme le parto la cabeza.» Ño hubo, pues, otro 
remedio que dejar acabar la partida; y una vez terminada se encaminaron al sitio de la 
ejecución. 

Creyendo Felipe II al tocar las tres que todo estaría concluido, dijo al conde de... que 
había reemplazado al de Medina Sidonia en el favor del rey: cDame el decreto referente 
al crimen y castigo del ya difunto duque.» El conde metió la mano en su escarcela, pero 
con tan mala suerte que, equivocando la bolsa, sacó y entregó al rey en vez del decreto 
que éste le pedía el plan de la conspiración con la lista de los conjurados, á cuya cabeza 
figuraba su nombre, apareciendo que el duque había sido acusado falsamente, é injusta- 
mente condenado como jefe de aquella conspiración. 

El rey, descubierta la verdad, mandó al momento arrestar al conde, y aunque des- 
confiando de que llegara á tiempo, expidió la orden de suspender la ejecución del duque. 
Por fortuna se había retrasado, como vemos, la hora de la salida de la prisión, y aquella 
orden alcanzó á la comitiva en el camino del suplicio; resultando que una partida de 
ajedrez salvó á un inocente de sufrir una pena tan atroz como inmerecida. 



CAPÍTULO V 



LIBBO DE DON ALFONSO EL SABIO (1) 



Este Libro fue comentado e acabado en la Cibdat de Sevilla, por man- 
dado del mui noble Rey D. Ferrando , e de la Reina donna Beatriz, 
Sennor de Castiella, e de León, de Toledo, de Gallizia, de Sevilla de Cor- 
dova, de Murcia, de Jahen, de Badioz e dell Algarve. En treinta e dos 
annos, que el Rey sobredicho regno. En la Era de Mili e trezientos, e 
veynt, e un anno. 

LIBBO DEL ACEDBEX 

Porque toda manera de alegría quiso Dios oviesen les omnes en si 
naturalmientre, porque pudiesen soffrir las cueytas e los trabeios quando 
les viniesen. Por ende les omnes buscaron muchas maneras porque esta 
alegría pudiesen ver cumplidamientre onde por están razón fallaron, é 
fízieren muchas maneras de iuegos e de trabeios con que se alegrasen. 
Los unos encabalgando, assl como bofordar e alanzar e tomar escud, e 
lanca, e tirar con ballesta, o con arco, o otros iuegos de qual manera 
quiere que sean, que se pueden facer de cavallo. E como quiere que esto 
se tome en usu, o en pro de fecho de armas, porque non es eso mismo 
llamanle iuego. 

E los otros que se facen de^ie son assi como esgremir, luchar, correr, 
saltar, echar piedra, o dardo, ferir la pellota, ó otros iuegos de muchas 

(1) La mayor parte de los que hasta ahora se han ocupado en el libro de don Alfon- 
so el Sabio lo han hecho únicamente considerándolo bajo el aspecto artístico y con la 
posible economía. Así es que no se han copiado más que cuatro ó seis miniaturas de las 
pequeñas y de los juegos de las tablas ó dados, que son las menos, y sólo una que yo sepa 
de las del ajedrez, que son en mayor número y las más importantes, aquellas que ofrecen 
mayor interés tanto en el concepto histórico y arqueológico cuanto en la misma parte 
artíi$tica, presentando una variedad inmensa de trajes y otros objetos, como puede verse 
por la descripción que doy en el texto. Y esto aún por cuenta de un extranjero. (Véase la 
nota de la pág. 265). 



244 BL AJEDREZ 

naturas en que usan los omnes los miembros porque sean por ello más 
recios, e reciban alegria. Los otros iuegos que se facen seyendo, son assi 
como iogar acedrex, e Tablas, e Dados e otros trebeios de muchas mane- 
ras. E como quiere que todos estos iuegos son muy buenos cada unos en 
el tiempo, e en el logar o convienen; pero porque estos iuegos que se 
facen seyendo son cutianos, e se facen también de noche como de dia e 
porque las mugieras, que non cabalgan, e están encerradas an a usar 
destor; e otro si los omnes que son vieios, e flacos o los que han sabor de 
aver sus placeros, apartadamientre porque non reciban en ellos enoio 
nin pesar; o los que son en poder ageno assi como en prisión o en cate- 
verio o que van sobre mar. E comunalmientre todos aquellos que han 
fuerte tiempo, porque non puede cavalgar nin yr a caca ni a otra parte, 
e han por fuerca de fincar en las casas, e buscar algunas maneras de 
iuegos con que hayen plazer e se conorten, e no estén baldios. E por ende, 
nos don Alffbnso, por la Gracia de Dios, Rey de Castilla, de Tolledo, de 
León, de Galizia, de Seuilla de Cordoua, de Murcia, de Jahen, e del Al- 
garve, mandamos facer este libro en que fablarnos en la manera daque- 
líos iuegos que se facen mas apuestos, assi como Acedrex e Dados Tablas. 
E como quier que estos iuegos sean de partidos de muchas manera; por 
que el acedrex es mas noble e de mayor maestría que los otros; Hablamos 
del primeramíentre. Pero ante que esto digamos queremos amostrar al- 
gunas razones segunt los sabios antiguos dixieron, porque fueron falla- 
das estas tres maneras de iuegos, assi como acedres, e dados, e tablas. Ca 
Fobre esto dixieron muchas razones queriendo cada uno mostrar porque 
fueran fallados estos iuegos. Pero aquellas que son mas ciertas, e mas 
uerdaderos son estos. Segunt cuenta en las Istorias antiguas en India la 
mayor ovo un Rey que amaba mucho los sabios, e tienelos siempre con- 
sigo, e fazieles mucho a menudo razonar sobre los fechos, que nascien 
de las cosas. E de estos avie y tres que teniense sendas razones. El uno 
dizie que mas valie seso que ventura: ca el que vivie por el seso fazie sus 
cosas ordenadamientre: e aunque perdiese, que no avie y culpa, pues 
que fazie lo quel convinie. EU otro dizie que mas valie ventura que seso; 
ca si ventura oviesse de perder o de ganar que por ningún seso que 
oviese non podrie estorcer dello. El tercero dizie que ero meior que per- 
diese vevir tomando de lo uno e de lo al: ca esto era cordura: ca en el 
seso quanto meior era tanto avie y mayor cuydado como se pudiesse facer 
complidamientre. E otro si en la ventura cuanto mayor era que tanto 
avie y mayor peligro; porque no es cosa cierta. Mas la cordura derecha 
era tomar del seso, aquello que entendiesse omne que mas su pro fuesse; 
e de la ventura guardarse della en lo que fuesse su pro (1). 

E después ovieron dichas sus razones much' afincadas mandóles el 
Rey quel aduxiese ende cada uno muestra de prueba, daquello que dí- 
ziese, e dioles plazo qual le demandaron, e ello fueronse a catar sus 
libros cada uno segunt su razón. E quando llego el plazo vinieron cada 
unos antal Rey con su muestra. E el que tenie razón del seso troxo Ace- 

(1) En UDO de los manuscritos árabes del affo 1440 de que, como ya he dicho, se sirve 
Duncon ForbeR, y entre las tres ó cuatro leyendas referentes al origen del ajedrez, se en- 
cuentra una sobre cun certamen de sabios,» muy semejante al que relata don Alfonso 
para el mismo objeto. 



RL AJEDREZ 245 

drex eos sus iuc^os, mostrando que el que mayor seso ovlesse, e estu- 
diesse apercebudo podrie vencer all otro. E el segundo que tenie la razón 
de la ventura troxo los Dados mostrando que no llegando el omne por 
ella a pro, o a danno. El tercero que dizie que contadas e puestas en sus 
casas ordenadamientre, e con sus dados, que las movlessen para lugar; 
segunt se muestra en este libro que fabla apartadamientre desto. En que 
face entender, que por el luego dellos que el qui las sopiere bien logar, 
que aunque la suerte de los dados le sea contraria que por su cordura 
podra iogar con las tablas de manera que esquivara el danno, quel pue- 
de venir por la aventura de los dados. E por que el acedrex es mas asso- 
ssegado luego e onrrado que los dados nin las tablas; fabla en este pri* 
meramientre del: e muestra como ha a seer el tablero fecho e quantas 
casas ha en el, e cuales son los iuegos, e como los mueven logando con 
ello, e tomando los unos con los otros e quales meiorias an los unos tre* 
beios sobre los otros. E como han a seer apercebudo los iogadores de 
saber oigar en guisa que uenzan, e non sean uenzudos e de como dan 
Xaque al Rey que ir al maior trebeio de todos los otros : que es una ma- 
nera da affrontar al sennor con derecho e de comol dan mate que es una 
manera que graut desonrra assi como sil uenciessen el matassen. E otros 
iuegos a y de muchas maneras. Pero todos fueron fechos a semeianca de 
las cosas que accaecieron segunt los tiempos, que fueron, o son, o po- 
drían seer, mostrando de como los Reyes en el tiempo de las guerras en 
que se facen las huestes, han de guerrar a sus enemigos punando de los 
vencer, prendiéndolos, e matándolos, o echándolos de la tierra. £ otro si 
como en el tiempo de las pazes han de mostrar sus thesoros, e sus rique- 
zas, e las cosas que tienen nobles, e estrannas. E segunt aquesto fizieron 
iuegos los unos XII casas los otros de X los otros de ocho los otros de YI 
los otros de quatro; e assi fueron descendiendo fasta en una casa; que 
partieron en ocho partes. E todo esto fizieron por grandes semejanzas 
segunt los saberes antiguos que usaban los sabios. Pero entre todos los 
otros iuegos escogieron por dixiemos. E en la segunda los peones. E como 
quier que estos iuegos son nueve quanto en las casas no son mas de seys 
segunt se doblan. Ca los teffiles e los Cavallos e los Roques que son seys 
tornan en tres e con el Rey, e con ell Alflferza e con los peones, que son 
cada uno por si farenze seys. E pusiéronlos assi doblados porque quando 
alguno daquellos toman que finque otro de aquella natura por a dar 
xaque, o mate al Rey, o por amparoble. Otro si pusieron del Alfferza; que 
quando le perdiesse podiendo llegar, qualquiere de los peones fasta la 
casa postremera dell otra parte del Acedrex onde mueven los iuegos ma- 
yores, dent adelant fuessen Allferzas, que se pudiese desponer bien como 
la primera e andar dessa guisa. E esto es por que soben del estado de 
los menores al de los mayores. 

E Rey pusieron que nos pudiessen tomar; mas quel pudiesse dar 
xaque porquel pudiessen fazer salir de aquel logar do soviesse como 
desonrrado. E sil arrenconassen de guisa que non oviese casa do yr 
pusiéronle nombre de las casas de medio. E cabo dell en la otra casa de 
medio esta otro trebeio, que ei^ asemeianca del Alfferez, que tienne la 
sienne de las sennales del Rey e algunos omnes a que no saben el nom- 
bre e llamanle Alfferza. E estos dos trebeios cada uno iuega por si, e no 



J 



246 EL AJEDREZ 

a otro ninguno en todos los XVI trebeios que los semeíe. E en las otras 
dos casas al lado de estas están otros dos trebeios que se semeian, e Ha- 
manlos Alffiles en Algaravia, que quiere tanto decir en nuestro lenguaie 
como Ellefantes que solien los Reyes levar, en las battallas, e cada uno 
levara al menos dos que si ell uno muriesse quel fíncasse ell otro. E en 
las otras dos casas cabo destas están otros dos trebeios, que se semeian e 
Uamanlos comunalmientre Cavallos, mas los sus nombres dereches son 
Cavalleros, que son puestas por Cabdiellos por mendado del Rey por a 
ordenar las azes de la hueste. E en los otras dos casas de cabo están otros 
dos trebeios que se semeian otrossi, e Uamanlos Roques, e son fechos an- 
chos, e tendudos que son a semeianza de las azes de los Caballeros. 

£n la primera az están los iuegos mayores que meior e mas comunal 
el de las viij casas: porque nos es tan nagarosa, como el de las diez o 
dent arriba, ni otros ni tan appresurado como el de las seys, o dent aysuo. 
E por endel usan comunalmientre los omnes en todas las tierras mas que 
los otros iuegos. E la figura del tablero es que ha de ser quadrado e ha 
de auer ocho carreras, e en cada carrera ocho casas que son por todos 
dessaenta e quatro casas. E la meytad de las casas an de ser duna color 
e la meytad de otra, e otros si los trebeios. 

DE QUINTAS C0L0BE8 HAN DE 8EEB TODOS LOS TBEBEIOS DEL AGEDBBX 

Los trebeios han de seer treynta e dos. E los XVÍ duna color deben 
se entablar en las dos carreras primeras de el tablero. E los otros dieze- 
seyes de la otra color han de seer entablados dell otro cabo del tablero en 
essa misma manera, e derecho de los otros. E de estos XVI trabeios 
los VIII son menores que fueron fechos a semeianca del pueblo menudo; 
que va en la hueste. E los otros iuegos que son mayores, es el uno ase- 
meiante del Rey que es sennor de la hueste, e aquel debe estar en la una 
Xamat, que es tanto como muerto e esto fizieron por acordar el iuego. 
Ca se alongarle mucho si todos los trebeios oviessen a fomar fasta que 
fincasen ambos los Reyes solos o ell uno dellos. 

CAPÍTULO DEL ANDAMIES TO DE LOS TREBEIOS DEL ACEDREX 

El andar de los iuegos fue puesto otro si por esta razón que vos dire- 
mos. Ca assi como el Rey non se debe arrebatar en las battallas, mas ir 
mui a passo, e ganando siempre de los enemigos, e punnando como los 
venzea; assi el Rey de los trebeios no a de andar mas de a una casa en 
so derecho; o en sosquino, como qui cata a todas partes en derredor dessi 
metiendo mientes en lo que ha de facer. 

Ell Alfferza anda a una casa sosquina; e esto es por aguardar al Rey, 
non se partir del por encobrirle de los xaques e de los mates quando ye 
los dieron o pora ir adelante ayudandol a vencer quando fuere el iuego 
bien parado. Pero bien puede la primera vez saltar a tercera casa, o en 
derecho, o en sosquino, e aunque este otro trebeio en medio. E esto es a 
manera de buen Cadiello, que se adelante en los grandes fechos, e en las 
battallas, e acorre a todas partes alli o la han mester. E en este anda- 
miento ayuntasse con los sus peones e vuelvesse a ellos assi como si los 



EL AJEDREZ 247 

esfer^ase que non se y partiesen, e estudiessen en uno para facer lo 
meior, e en esto guarda ansí e a ellos teniendo los unos antessi, e parán- 
dose ante los otros. £ por ende quando ell Alfferza, está assi travada con 
los peones llamanle Alfferzada. 

Los Alffiles saltan a tres casas en pospunta, a semeianca de los Ele- 
fantes, que traien entonces los Reyes, que no ossaba ninguno parasseles 
delante, e facienles los que en ellos estaban yr en sosquino, a ferir en las 
azes de sus enemigos de guerra, que non áe les pudiesen guardar. 

Los Cavallos saltan de tres casas contando las dos en derecho de si, e 
tomando la tercera en sosquino a qual parte quiere. E esto es a semeian- 
ca, de los buenos cabdiellos que acabdiellan las azes, volviendo los Ca- 
vallos a diestro, e a siniestro por a guardar los suyos e vencer los ene- 
migos. 

Los Roques iuegan en derecho quanto pueden yr ante si, o a ^aga, ó 
a diestro, o a siniestro; e esto a semeianca de las azes de los Caballeros 
que van todavía quanto pueden en derecho, o contra qual parte, entien- 
den que sera meior, porque mas ayna puedan vencer a aquellos con que 
lidian. 

Los Peones non van mas de a una casa en su derecho assi como la 
peonada de la hueste; no pueden andar sino poco, por que van de pie, 
e llevan a cuestas sus armas, e las otras cosas que han mester. Pero bien 
hay algunos que usan a iogar de los peones a tercera casa la primera 
vez, e esto es fasta que tonen ca después no lo pueden facer. E esto es a 
semeianca que quando el pueblo menudo roban algunas cosas que las 
llevan a cuestas. 

Capitulo de qual makeba deben tomab en los juegos del acedbex 

El tomar de los iuegos unos a otros es de esta guisa. El Rey toma en 
todas las casas, que dixiemos que podie yr, qualquiere trebeio de la otra 
parte, que y este, sino oviere otro alguno de la otra parte de aquel tre- 
beio quel ampare. E esso mismo facen los otros iuegos mayores, assi 
como los Alffíles, e los favuUos, e los Roques. Mas ell Alíferza non puede 
tomar la primera vez, sisse despusiere yendo a tercera casa. Mas después 
que fuere despuesta tomara en la segunda casa, en sosquino segunt en 
su andamíente. 

Los peones otrossi como quier que puedan yr a tercera casa la pri- 
mera vez, si quissieren non pueden tomar en ella, mas tomaran en sos- 
quino yendo adelante a una casa. E esto es a semeianca de los peones, 
que se non pueden ferir, estando en derecho ell uno contra lotro, aguar- 
dándose, mas fíere cali otro que esta en sosquino, que se no aguarda del 
tanta. 

capitulo de las aventaias de los tbebbios del aobdbez 

Las aventaias de los trebeios, que an los unos sobre los otros, son 
grandes. Ca el Rey acotado en guisa que puede tomar a todos, e ninguno 
non puede tomar a el. E esto es a semeianca del Rey que puede fazer 
iusticia en todos los que merecieren que mas por esso non deve poner la 



248 EL AJEDREZ 

mano ninguno en el por a prenderle, non ferirle, ni matarle, aunque el 
fiera; o prenda, o mate. Mas bien le pueden fazer vergüenza en tres ma- 
neras; faciendol salir de la casa do esta, o embargandol la casa do quiere 
entrar, e nol dexar tomar lo que quiere. 

Eli Alfferza a otrossi grant avantaia: porque guarda mas de cerca al 
Bey que los otros iuegos; e es meior que los Alffies. E otrosi guarda e 
toma adelante, e atrás lo que los peones no pueden fazer, como quier 
que faga alfferzada con ellos, áegunt es sobre dicho. 

Los Alfflles en aventaia sobre los peones porque toman mas de luen- 
ne, e facen otrossi alfilada desta guisa: Quando ell AlffiU esta en el ta- 
blero, si algún peón esta de pos ell a una casa en sosquino segunt su 
andamiento guarda ell peón ali AlfS.ll. E si otro peón esta en guarda del 
primero en la otra casa do el Alffill. E de esta se guardan todos tres uno 
a otro. E en esto llaman Alffilada. 

El Caballo a mayor avantaia que todos los otros trebeios dell Acedrex, 
sino el Roque; cael que sopiere con el Cavallo bien iogar moviendol de 
la primera casa dell un canto del tablero, tomara quantos trebeios fueren 
en todas las casas del tablero que son sessaenta e tres sin la casa dondel 
moviere, que nunqua yerre de tomer segunt si andamiento. 

El Roque, a mayor avantaia que todos los otros trebeios dell Acedrex; 
porque puede en una vez, dell un cabo del tablero, fastal otro en su de- 
recho, a qual parte quisiere; si no estuviere en la carrera algún trebeio 
de los suyos quel embargue; o otro ageno que tome porque ayar de fincar 
en la casa daquel que tomo. 

CAPÍTULO DB COMO EL BEY, E TODOS LOS OTROS TB£BEI08 DEL AOEDBEZ 
PUEDEN ANDAB E TOMAB; LOS UNOS EN TODAS LAS CASAS DEL TABLERO, 
E LOS 0TB08 EN BELLAS 

El Rey puede andar e tomar en todas las casas del tablero en LXIIII 
veces; e tornarse a su casa. 

El Alfferza puede andar en treinta e tres veces, todas las casas de el 
tablero, que el la debe andar: e tornarse a su casa; pero nol contando 
quandol acaece por fuerza de entrar dos vece en una casa. 

El Alffil puede andar, e tomar a seis casas del tablero con la suya e 
no a mas. 

El peón puede ser fecho alfferza en seis vezes que ande las casas una 
a una, e tornarse a su casa, pues que fuere alfferzado en tantas veces, 
como la otra alfferza, andando todas las casas del tablero, que puede 
andar. E maguer que dos veces entre en una casa, no lo podiendo escu- 
sar, que nos sea contada mas de por una. 

El andar del Roque non puede se contado, por que ander luenne e 
cerca por todo el table; pero quiere en so derecho, en todas partes, segunt 
su andamiento. 

E estos andamientos todos convienen que los sepan aquellos que bien 
quieseren iogar all acedrex: ca plenos desto no lo podrien saber non en- 
tender los iuegos de partidos que han saber de saber los omnes por el 
enoio que an dell mayor iuego quando se face todo complidamientreí 



EL AJEDREZ 249 

bien como metieron por aquella razón misma los dados en ell acedrex, 
por que se iogare mas ayna. 

E pusieron el seis que es la mayor suerte del dato al Rey que es el 
mas onrrado iuego del Tablero. En el cinco all AlfFerza. E el quarto al 
Roque. E el tres al Cavallo. E ell dos all AlíHll. K en un punto que lla- 
man As al Peón. 

E por que los iuegos dell Acedrex se departen de muchas maneras, 
e mag-uar que fagan ellos iuegos de partidos; en algunos y a que toman 
los trebeios todos, e en los otros dellos. Queremos vos aqui fablar prime- 
ramientre del iuego que se face de todos los trebeios complidos e mos- 
trarvos de como es fecho el tablero, e las fay clones de los trebeios. Mas 
las que se facen meior, e mas complidamientre an de seer fechas desta 
manera. 

El Rey deve estar en su siella, con su corona en la cabeza, e la espa- 
da en la mano assi como si inolgasse o mandase facer iusticia. 

El Alfferzo deve ser fecha a manera del Alférez mayor del Rey, que 
Iheva la senne de las sennales del Rey, quando an a entrar en las batallas. 

Los Alffiles an a seer fechos a manera de elefantas e castiellos 
encima dellos plenos de omnes armados como si quiesiesen lidiar. 

Los Cavallos an a seer fechos a manera de caballeros armados assi 
cabdiellos que son puestos por mandado del Rey por acabdellar las azes. 

Los Roques deben ser fechos assi como azes de Cavalleros armados 
que están much espessas teniéndose unos /> otros. 

Los Peones an a ser fechos a manera del pueblo menudo, que están 
armados, e ginsados, quando quier lidiar. As por que en todas las tierras 
que iuegan acedrex serien muy grieves de se fazer tales iuegos como 
estos buscaron los omnes manera de como se fizies¿;en mas ligeramientre 
e mas sin costa; pero que se contrasemeien en algún poco a aquestos que 
dixiemos. E la figura dellos que es mas usada en todas las tierras e 
semaladamientre en Espanna en esta que aqui esta pintada. 

Pues que acabado avernos el iuego mayor del Acedrex de como se 
iuega complidamientre: Queremos dezir de los iuegos de partidos que 
assacaron los omnes, en el que son como cosas nuevas estrannas de oyr, 
e por esso se pagan dellas; e otrossi por que se iuegan mas ayna ca son 
iuego contados, e sabudos, e saben a quantas regaotas después que loga- 
ran san dacabar. Pero fablaremos primero de los mayores iuegos de par- 
tidos, que se facen con todos los trebeios del Acedrex, que non tuellen 
ende ninguno, e depues diremos de como van minguando fasta los 
menos que pueden seer. E queremos luego decir del iuego que llaman 
forzado. E esto es porque como quier que se iuegue por cuenta, a en el 
daver fuerza; por que va omne contra su voluntad perdiendo el meior 
trebeio por el peor e aviendolo a fazer quieriendo, o non poniendol en 
casa por el otrol aya a tomar por fuerza, segunt el andamiento del ta- 
blero so quel pusiere. E este iuego se entabla bien como el primero, e 
daquella guisa andan los trebeios, e se toman unos a otros, sino que es 
y la fuerza, demás. E por ende an a seer sabidores los quel logaren que 
non pongan los trebeios maiores en logar que los ayan a dar por los 
menores e mas viles. Ca en esto yace y toda la sabiduría deste iuego e el 
departimiento. E por esta fuerza que dixiemos le llaman iuego forzado. 

32. — EL AJEDREZ. 



250 EL AJEDREZ 

Mas porque algunos cuentan que las donzellas le fablaron primero 
en la tierra de Yltramar dizen le iuego de Doncellas.» 

He creído conveniente poner al principio de este capítulo la copia de 
los principales capítulos de este importantísimo Códice que tratan del 
ajedrez para mejor inteligencia de mis lectores y evitar multiplicación 
de notas ó prolongación de éstas en las referencias á este libro, indis* 
pensables para mi propósito. 

El libro contiene 97 fojas de 40 por 27 centímetros escritas en el an- 
verso y reverso, con un total de 150 miniaturas, de las cuales, son del 
ajedrez más de 100, y las restantes del chaquete y otros juegos. Según 
consta en el mismo fué acabado en 1270 de N. E. — Era de 1321. — A la 
exposición detallada del juego de ajedrez siguen los diagramas de 
103 problemas que como don Alfonso dice eran entonces una cosa nueva 
y extraña, entre ellos se encuentra el llamado «de Dilaram» tan cele- 
brado por los árabes y del que me ocupo más adelante. Dice de los pro- 
blemas: «Pues que acabado habernos el iuego mayor del Acedrex de 
como se iuega complidamientre: Queremos dezir de los iuegos de partido 
que assacaron los omnes, en el que como a las nuevas y estrannas de oir, 
e por eso se pagan dellas: e otrossi porque se juegan mas aina ca son 
iuego contados, e sabudos e saben cuantas vegadas después que logaren 
san dacabar.» 

El objeto filosófico que atribuye don Alfonso el Sabio á la invención 
del juego, tiene todos los indicios de ser original del mismo monarca, ó 
del sabio á quien lo mandó escribir; porque es adecuado á las ideas y 
modo de escribir de su tiempo, atribuyendo el hecho á un rey, imagina- 
rio, pues no dice quien es, y de la India Mayor, que tampoco sabe nadie 
cual sea, todo probablemente por seguir la costumbre de la época y dar 
al relato un carácter más práctico. Así como no dice quien era el rey ni 
lo que entendía por India Mayor, tampoco señala la época de la inven- 
ción del jue¿;'0, ni cuando fue introducido en España (1), 

Para que se comprenda mejor la importancia de este códice pongo á 
continuación la descripción de las principales miniaturas del juego de 
ajedrez. 

La miniatura n." 6 es la del iuego forzado ó de las doncellas, en el 
que juegan dos de éstas muy bien vestidas y adornadas con joyas (2). 

(1) Eq la Edad Media se ealendía ó se daba el nombre de lodia, en Europa, é todo 
el Oriente, es decir, al Egipto, Asiriai Persia y la India propiamente dicha. En el cPoema 
de Alexandro» de Juan Lorenzo,— mediados del siglo xiii,~verso 132, se lee: 

cAnte que fuesen á Dario las cartas allegadas 
>Fueron por toda la India las novas arramadas.» 

Es decir, por todo el reino do Darío, Persia, Asirla, Asia occidental, etc. 

Kn el verso 670 del mismo poema se hace mención del ajedrez de un modo diferente 
que en el poema del mismo titulo y argumento de Alexandro de París, de que hablo en 
otra parte, pues dice: 

cLos unos tenien armas^ quebrantaban taulados 
»Lo8 otros trebeiaban axadreces é dados 
>No preciaban un figo los lazerios pasados.^ 

(2) cMas porque algunos cuentan que las donzellas lo fallaron primero en la tierra 
de ultramar dizen le iuego de las donzellas.» 



EL AJEDREZ 251 

En la 21, el rey y la reina, sentados, juegan por medio de dos pajes, 
á los que señalan con la mano los iuegos que han de facer. 

En la 22, dos reinas juegan al ajedrez por medio de dos doncellas 
arrodilladas delante de aquellos. 

En otras miniaturas juegan el rey, la reina y sus hijos. 

En la 27 juega un boticario, al cual estorba un joven que recibe de 
él una botella con medicina. 

En la 79 el rey juega con una dama que por su vestido se conoce que 
no es la reina, ni princesa alguna de la casa real. 

En la 80, el mismo rey dirige ó mira cómo juegan dos mujeres casi 
enteramente desnudas, pues se descubren sus miembros al través de la 
gasa de que están hechas sus tánicas. Esto recuerda el modo de repre- 
sentar á las mujeres y diosas de los antiguos egipcios. 

Las 85 y 87 representan jugadores raros, probablemente extranjeros, 
con una cofia blanca y sombreros extraños. 

En la 109 se ve representada una tienda de campaña terminada por 
una banderola verde, en la que hay una inscripción érabe en caracteres 
azules ; & la entrada de la tienda dos lanzas clavadas en tierra, y dentro, 
un caballero cristiano y otro moro jugando amistosamente al ajedrez. El 
moro señala á su amigo una botella invitándole á beber, y el otro le con- 
testa con la mano: «¡muchas gracias!» 

En las demás miniaturas se encuentran jugando al ajedrez, repetidos 
dos ó más veces: dos magnates. — Dos caballeros nobles. — Un príncipe y 
una dama. — Dos religiosos. — Dos personajes con túnicas de oro. — Dos 
mujeres moriscas. — Un viejo y otro personaje moro. — Dos frailes. — Dos 
judíos. — Dos monjas. — Dos moros negros. — Dos músicos.^— Dos damas. 
— Dos soldados. — Dos caudillos árabes sentados á la morisca, como todos 
los demás representados con turbantes. — Cuatro personajes, dos sentados 
y dos de pie. En una palabra, todas las clases sociales de aquel tiempo, 
lo que da á conocer lo extendido que estaba el juego del ajedrez cuando 
se escribió el libro de don Alfonso el Sabio. No sería el único de aquella 
época, pues en algunas miniaturas, los jugadores tienen un libro cerrado 
ó abierto, como si lo consultaran. 

En la 139 dice: «Aquí se fabla de los dados de las ocho llanas y de 
como son fechos.» 

En la 140: « Aqui demuestra de como son fechos los dados deste ace- 
drex de las diez casas e cuantos puntos a en ellos;» y en la 150: « Este es 
el tablero de los escaques e de las tablas que se iuega por astronomía.» 

Las miniaturas, epígrafes, y probablemente los textos más impor- 
tantes del libro de don Alfonso son sin duda ninguna las del «Apéndice,» 
por ser todas ellas representaciones de tableros y piezas de ajedrez y de 
otros juegos de tablero, variaciones de juegos diversos, generalmente 
desconocidos ó mal comprendidos cuando se han hallado indicados en 
algún códice, y que sin embargo dan mucha luz para la historia del 
ajedrez. 

Gracias á la amable y eficaz intervención de los señores don Manuel 
de Bofaruir, don José Mirabent y don Juan Vacarisas, he podido conse- 
guir que el artista don F. Guasch, que reside en Madrid, fuera expresa- 
mente al Escorial, y por indicación mía y por mi cuenta, copiase allí 



252 BL AJBDABZ 

(calcados) del libro de don Alfonso el Sabio los cinco tableros ó diagra- 
mas pertenecientes á otras tantas^ miniaturas, y la minintura completa 
del Chaturanga, ó sea el juego del ajedrez jugado por cuatro personas. 

Con esos dibujos é la vista se puede juzgar con toda certeza to que 
era el juego del ajedrez en España en el siglo xiii, esto e?, un siglo y 
iñedio, á lo menos, antes de que la Europa entrase en relaciones directas 
y sostenidas con la India; no quedando la menor duda de que, como dije 
anteriormente, se Jugaba entonces de cinco maneras diferentes & lo 
menos. 

La ñg. 58 es una de las de las ciento y pico de miniaturas del juego 
común, — que jugamos aún, — no ofreciendo ctra particularidad que la 
de la forma de las piezas usadas en aquella época, ¿ las que no puede 




Fio. 58.— Di agrá ] 



los juegos de don Alfonso el Sabia 



atribuirse nombre alguno que sea de procedencia india, como hoy se 
pretende. Sólo para que se conozca la forma de la pieza se ha copiado. 

La miniatura que contiene el diagrama de 12 X 12 casillas es inte- 
resantísima, por ser una variación importante, como que, según don Al- 
fonso el Sabio dice, es el juego importado de la India {IJ. «Aquisecomien- 

(I) «cubro de losjuegoa de ejedrez, de dudos y <ie iBblns.s En el Fuplemento, las doí 
primeras mÍDÍsturas. Ya hablo y doy niüs ad'lunle el dibujo del tablero y piesae de esle 
juego. Entre las bestias extra fias de que habla don Alfonso se encuentran leonep, que coa 
nIgunsB otras de ellas, pertenecen á la fauna del África y no de la India. Todos cuantos 
se ocupan de la historia de) arte en la India encuentran que los leones de aquellos monu- 
mentos están ya toscamente copiados en los primeros BÍgU>s de nuestra era; y es, dice 
Rajendrolala Mitra (Indo Aryom, I, pég. 100). «porque no existen en la India, extingui- 
dos ya desde hace muchos siglos.» Hay únicamente una trediciÓD, según la cual, d excep- 
n solo animal sagrado de la especie, en Dhagavatf. que vive ea los lugares sil- 
solo león en lu Indiu. Los egipcios lenian también elefantes. En el 
mecido por el obeltEco de Nímrud, cuyo texto esti 
r [Hyi antes de Críí^to), fi la parte inferior de un bajo 
n hipopótamo, un rinoceronte, un dromedario y unos 






monumento del 

redactado en tiempo de Salmaní 

relieve que representa un elefante 



EL AJEDREZ 253 

ca el iuego del gran acedrex que fue techo eii la India a semdanca de como 
los reyes a7itigos solien facer sns huestes de caballos e de peones e pararlos 
lodos en hazes (escuadrones) por amostrar su poder e que lo temiesen mas 
sus enemigcs. E olrossi como mostran estando en las huestes aves e bestias 
estrannas por que los obededessen mas de grado los omnes e los teniessen por 
muy mas nobles.» 

Como se ve, don Alfonso habla aquí de una variación del juego de 
ajedrez, en la que, además de peones y caballeros, había aves, leones y 
otros animales, como lo representa la siguiente miniatura, en la que 
figuran dos personajes, con trajes orientales, á cada lado de un gran 
tablero con leones y las otras alimañas que se mencionan. (Véase el dia- 
grama de la fig. 8). 

Por este juego, representado y descrito en el libro de don Alfonso el 
Sabio, venimos á saber por qué los romanos nombraban Mandra y Man- 
dris al tablero y á las piezas; porque en realidad representan una colec- 
ción de fieras encerradas en un corral. 

Don Alfonso escribía á mediados del siglo xiii, y habla de este juego 
como de una cosa nueva, introducido probablemente por alguna de 
tantas huestes de los que se ha dado en llamar árabes, y vinieron suce- 
sivamente á España desde la primera invasión mahometana: segura- 
mente de las que vinieron en el siglo xii ó principios del xiii, pues, como 
ya he dicho, no fueron á la India hasta el siglo xi (1). 

El juego venido de la India no es de modo alguno, como se com- 
prende por la descripción de don Alfonso, el Chaturanga, que los aboga- 
dos del origen indio suponen ser el más antiguo, jugando allí en aquella 
época é importado en Europa; porque este juego lo juegan tan sólo dos 
personajes, y entre las piezas figuran leonas, pájaros y otros animales 
ajenos al ajedrez y al chaturanga; y no lo jugaban tampoco con dados, 
como se jugaba este último en la India. 

Si alguna duda me hubiese quedado acerca del origen egipcio del 
ajedrez, me la habría desvanecido completamente el diagrama de la 
fig. 8. Es este el de la miniatura en que don Alfonso dice: <xAqui se co- 
mienca el iuego del gran acedrex que fue fecho en la India a semeianca de 
como los reyes antigos solían facer, etc.» Si don Alfonso no entendía por la 
India mayor el Egipto estaba completamente equivocado. Como puede 
verse en este gran acedrex, como él dice, compuesto de doce casillas por 
lado, total 144; además del rey dos torres, dos caballos — parecen más bien 
dos jirafas — y los peones, que son 24, juegan leones y otras alimañas, 
como son: dos cocodrilos, dos rinocerontes ó hipopótamos y un ganso co- 
locado en la casilla de la reina; de manera que no hay propiamente más 
que el rey y las dos torres que conserven la misma forma y posición que 
tienen en el juego común. Los peones, como se ve, están colocados en 
fila en las cuartas casillas; las demás piezas nobles, si es que puede dar- 
micos conducidos por un hombre, hay una pequeffa inscripción en la cual se lee que 
estos animales fueron enviados como á tributo del país de Egipto (Layard. Inscr. in the 
cun. car. pl. 28). 

(I) La Europa no entró nuevamente en relaciones directas y continuadas con la 
Indio hasta últimos del siglo xv, cuando la conquistaron los portugueses después del 
descubrimiento de Vasco de Gama. 



254 EL AJEDREZ 

»e este nombre á las alimañas ^ son animales del África acompañados del 
ganso, ave tan repetidamente representada en los monumentos del anti- 
guo Egipto» tan pronto viva y en manadas, como muerta, plumada y 
preparada para los convites y, mes particularmente, para las ofrecidas á 
los difuntos. Media, por el contrario, la circunstancia de no encontrarse 
entre estas alimañas ningún animal especial de la India, como son ele- 
fantes, tigres, cobras-serpientes de capucha, pavos comunes y reales, ú 
otros de aquel país que se encuentran representados en todos los monu- 
mentos de la India. (Véase fig. 8). 

Por la misma miniatura estoy también plenamente convencido de 
que el juego dicho de Tamerlán, y el que describe Firdusi como inven- 
tado en la India, eran originarios del Egipto y hermanos del del libro de 
don Alfonso el Sabio. 

Las piezas según el códice son: «Roque, León, Unicornio, Zaraffa- 
Girafa,-Cocotriz-Cocodrilo del Nilo,-Rey, Peón, Anga-Anzar-e como quier 
que esta ave haya muchos nombres según los lenguages de las gentf s 
de la India sennalamientre, o primero fue fecho este iuego ha nombre 
-á^wc/i»=Anca-Anzar-Oca: es decir, lo llamaban «juego de la Oca» lo que 
no deja de ser una circunstancia notable por lo que digo más ade- 
lante. 

En este juego den Alfonso nos aclara el por qué de la introducción 
de los dados en el ajedrez cuando dice, que él los ha introducido, «Porque 
este gran Acedrex se iuega muy de vagar, e tardan mucho en el, por 
ende Nos Rey Don Alfonso mandamos facer dados can que se inegue este 
Acedrex may ayna^ e que se muestre meiora de los trebeios por las suer- 
tes de los dados.» 

En cambio, como veremos, no dice una palabra de dados al tratar del 
ajedrez á cuatro que corresponde al tan ponderado chaiuranga y se com- 
prende, pues éste había de ser un juego m^s corto y menos combinacio- 
nes no siendo necesaria en él la introducción de los dados por las razo- 
nes que alega don Alfonso. De aquí la diferencia del valor de las tiradas 
dado por don Alfonso y el que dan los indíanistas al aplicar los dados á 
su chaturanga no sabiendo explicar la anomalía de tales tiradas ni la 
aplicación de las primeras á la salida de las piezas, imposible en alguna 
de ellas. 

Otra miniatura da un poco qué pensar. Don Alfonso dice: «^^t 
comienca el iuego de las tablas del Acedrex de las diez casas, e iuegase 
con los dados de las siete I /anas.» Aquí tenemos en junto, según don Al- 
fonso, las tablas ó chaquete, el ajedrez y los dados, éstos de una forma 
especial, de siete caras. ¿Era realmente un juego de ajedrez, ó es que 
don Alfonso da el nombre de acedrex únicamente al tablero, como digo 
en otro lugar? Me inclino á creer lo último. La miniatura representa 
un tablero de chaquete con una división, mas en cada compartimiento, 
siete en vez de seis, con las piezas redondas (tablas) colocadas en posi- 
ción de empezar el juego; dejando 10 casillas (compartimientos) vacías, 
y en el centro tres dados, en dos de los cuales se dibuja claramente la 
forma. 

Don Alfonso lo nombra, en efecto, un juego de tablas que se jugaba 
con dados de siete caras en un tablero (acedrex), en cuyo juego se deja- 



EL AJEDREZ 255 

ban desocupadas, al comenzar, 10 casillas, de las 28 en que estaba divi- 
dido (1). Fig. [)9. 

Esta miniatura, cuyo dibujo tengo la satisfacción de acompañar por 
completo, calcado del original , es interesantísimo para el estudio del 
ajedrez, y aquella á la que don Alfonso pone por epígrafe: «Aqui se co- 
mienca otro acedrex que fue fecho a semeian^ade los cuatro tiempos del 
anno, que assacaron los sabios antigos.» Como se comprende á la vista, 
es el célebre chaturanga, ó juego jugado por cuatro personas, respecto 
del cual , lejos de decir don Alfonso que era originario de la India, como 
lo dice del de las alimañas, lo da como inventado por sabios antigos, sin 
duda occidentales: no lo compara tampoco k una batalla, como lo hace 
con el que supone venido de la India, y por consiguiente no lo llama «de 
los cuatro reyes» ni «de los cuatro cuerpos de ejército» sino que dice que 
era el juego «de las cuatro estaciones.» 

«Aqui comienca otro Acedrex que fue fecho a semeianca de losqtialro 
tiempos del Anno qtie assacaron los sabios antigos. 

»En este Acedrex non ha Alferza ninguna fasta que se faga de los 

(1) Los dados oblongos se encuentran en monumentos de gran antigüedad, y por la 
forma especial de algunos de ellos podría creerse que son la primera transformación del 
primitivo osset (taba) en una pieza de forma regular para determinar mejor las suertes 
del juego. En la antigua necrópolis de Marzabotlo, en el distrito de Bolonia, — Italia — se 
encontraron dados de forma cúbica, de tierra cocida y de hueso, exactamente iguales á 
los que usamos ahora. Eustasio hace observar que tanto los dados de los griegos (kubo<^) 
como los de los romanos (tesFeree) estaban constantemente dispuestos de manera que el 
1 se hallaba puesto al 6, el 2 al 5 y el 3 al 4, por lo que la suma de los números de las 
caras opuestas era siempre 7. 

El conde Giovanni Gozzadiní, en Di Vlteriori Scoperie nelV Antica Necropoli a 
Marzahotto, pág. 40, dice: cPero además de los dados cúbicos siempre dispuestos, cuatro 
arcas ó cajas, contenían otros tantos dados, si así pueden llamarse, de forma desusada, 
como lo es la paralelepípeda de caras ó lados muy desiguales, semejantes á las de las 
ñchas con que jugamos al dominó. Por lo que los lados del paralelepípedo más pequeño 
tienen las dimensiones de centímetros 27 por 16 y por 3, y las del mayor 33^ por f 6 y por 
5*5. Los números esián señalados igualmente por círculos, más con una disposición dife- 
rente de la normal de los dados cúbicos y completamente especial. Resultando pura- 
mente progresiva, de modo que el 1 está al lado del 2, el 3 al del 4 y el 5 al del 6; por lo 
que solo una vei: sucede la combinación que da el producto de 7.» 

Parécele al citado conde que, aunque numerados por el estilo de los dados, no debían 
servir para un juego de azar, ni para echar aquellas suertes en que los antiguos tenían 
ana fe ciega, porque no había, ni con mucho, igual probabilidad dé guardar sobre la 
cara estrecha que sobre la ancha ; de manera que si estos paralelepípedos eran un instru- 
mento de juego, nos falta saber cuál fuese éste. 

Que los dados oblongos eran un instrumento de juego, nos lo dice el libro de don Al- 
fonso el Sabio; y sabemos además que son usados en la India todavía. 

En cuanto á la mayor ó menor posibilidad de quedar sobre una ú otra de las caras, 
hay más diferencia de suerte en la tirada de la taba ú ossei; y bien sabido es que era un 
instrumento de un juego muy común y generalizado entre los antiguosiy lo es hoy por 

los muchachos. 

Como el dado es seguramente una transformación del osseí, es muy posible que la 
primera forma que se diera á la modificación y perfeccionamiento de este instrumento 
fuera la paralelepípedo, por ser la propia del oseet regularizado en un sólido geométrico; 
y la que por la desigualdad de las caras armonizaba mejor las diflcuUades de las suertes 
con las muy desiguales de la tirada del mismo osset. 

Becq de Fanguíeres, en su erudito volumen sobre «los juegos de los antiguos,» dice 
que los egipcios usaban dados en forma de pirámide triangular; como también que los 
orientóles usan dados oblongos, sin decir para qué clase de juego. 



256 



EL AJEDREZ 



peones: e ha en el quatro Reye?, e an de iograr en ell cuatro omnes cada 
uno con sus trebeios de su color.» 

En este ajedrez, dice don Alfonso, empieza el verde jugando de la 
numera corriente contra el rojo, del mismo modo que el VeranOy 6 Prima- 
vera va contra el £síio, siguiendo los demás por el mismo orden; van 
aliados como se ve por la miniatura la Primavera y el Otoño — verde y 
negro— contra el Estío y el Invierno— rojo y blanco. 

En este juego no habla don Alfonso de dados sino que dice se juega 
de la manera corriente no pudiendo aplicarse á él, como supone Van der 
Linde, la suerte de los dados tal como dice don Alfonso debía aplicarse, 
y él continúa en su cuadro sinóptico, porque don Alfonso señala una 




FiG. 59.~Del libro de don Alfonso el Sabio 



suerte para cada una de las seis piezas diferentes del juego común y en 
el de las cuatros estaciones no tiene más que cinco faltando la reina. 

El orden que da don Alfonso á la suerte de los dados señalando el 
seis «que es la suerte mayor» al «Rey que es el más honrado iuego del 
Tablero» y el as al peón, es más regular y lógico que los demás que Van 
der Linde continúa en su cuadro en los que hay suertes aplicadas á dos 
diferentes piezas quedando suertes sin aplicación ninguna. 

Este juego, que don Alfonso supone inventado por sabios antiguos, 
se jugaba en tiempo de este rey como una cosa no nueva, según él mismo 
dice; lo cual sucedió más de dos siglos antes de que los europeos entrasen 
en relaciones directas y constantes con la India, país que en aquellos 
tiempos era un misterio para la Europa. 

El tablero, como se ve, está cruzado por dos líneas diagonales indi- 
cando los jugadores que iban compañeros; y las piezas están colocadas 
de UD modo diferente y más razonable del que las colocan, como ya he 



EL AJEDREZ 25^ 

dicho, el conde de Basterat y Duncan Forbes en el diagrama que dan del 
ckaíuranga, en el cual colocan al rey ¿ un extremo de la línea, recibien- 
do los tiros directos de un peón enemigo (véase 1. 2) contra la conocida 
máxima «el rey que lo guarden tres;» cuando, en el juego de don Alfonso, 
el rey est& colocado en el ángulo del tablero, con la torre á un lado, el 
caballo al otro, el arfil delante, y al rededor los cuatro peones; de modo 
que el rey está á cubierto de todos los tiros contrarios, y guardado por 
todo su ejército. Los nombrados «cuatro ejércitos,» que, según don Al- 
fonso, no eran tal cosa, pues el juego no representaba una batalla, porque 
«fue fecho á semeiauca de los cuatro tiempos del anno,» se distinguían 




por cuatro colores, en la forma siguiente: >;: , el 1 amarillo tostado. 



el 2 verde, el 3 negro y el 4 blanco, yendo de compañeros el 1 y 4, y 
el 2 y 3. Los cuatro jugadores están sentados en los cuatro ángulos del 
tablero en actitud de empezar la partida. 

Este juego no es como cree Van der Linde una variación de otro jue- 
go de que habla también don Alfonso, llamado «del Mundo,» porque como 
veremos luego no era un juego de ajedrez sino de tablas que también 
llamaban «de los cuatro tiempos del año,» y como juego de tablas era 
jugado con dados, y en esto consiste el error de aplicar los dados al juego 
de ajedrez ó cuadro de don Alfonso. Este juego también era diferente del 
ajedrez á cuatro de que habla Albiruni (1) con el que lo compara Van 
der Linde y mucho más del célebre chaturanga de sir William Jones 
origen de tantos enredos y confusiones. 

(1) Véaea lo que dice Albiruni del ajedrez á cuatro en la ladia. 

AJEDREZ DE 4 CON DADOS 

Este ajedrez lo juegan 4 personas con 2 dados. Las figuras se colocan como indica el 
diagrama de la pág. 25S. Los jugadores se colocan ano en cada ángulo y trasladados uno 
después de otro en círculo. 

Loa números de los dados 5 y 6 carecen de valor, en vez de 5 se toma 1 y en vez de 6, 
4. — Cada número del dado tiene una figura en movimiento. El uno pertenece ó al peón ó 
al rey, cuyo movimiento es el mismo que tienen en el ajedrez ordinario. Aquí Van der 
Linde observa que no se sabe á punto fijo si tomado el rey de un jugador, éste debe reti- 
rarse ó no. El dos corresponde á la torre que se mueve como nuestro alfil hasta el tercer 
campo en dirección diagonal. £1 tres corresponde al caballo cuyo movimiento es el mismo 
de siempre. El cuatro corresponde al elefante (alfil); su movimiento es rectilíneo hacia 
delante como no tenga obstáculo ninguno. Pero si tiene algún estorbo, no puede moverse 
hasta que el número que los dados señalan separa la pieza que servía de estorbo. Su 
menor marcha es un campo, la mayor es quince campos. Cuando los dados señalan 
ambos 4 ó ambos 6 ó uno 4 y otro 6, el elefante toma á consecuencia de un número, un 
movimiento al borde del tablero y á consecuencia del otro un movimiento por el borde 
siguiente hasta llegar á colocarse en el extremo de la diagonal. 

Cada figura tiene su valor, del cual se reciben ciertas partes de un fondo del juego, 
porque las figuras son tomadas y pasan á la propiedad del que las toma. El rey vale 5, el 
elefante 4, el caballo 3, la torre 2, el peón 1. El que toma un rey recibe 5, quien toma 2, 
10, para tres, 15, pero si el que toma tres reyes lo hace conservando el suyo, recibe 54. 

Traducido de la obrada Van der Linde Quellenstudien zur Gcschichte Schachspiels. 
No se puede sacar gran cosa en claro del texto árabe en el que como puede observarse 
por la traducción están trocados los actuales movimientos del alfil y de la torre que son 
loa generalmente asados en todos tiempos y todas les naciones. 

33.~EL AJEDREZ. 



258 BL AJEDREZ 



Estado camparalivo de la suerte de los dados, aplicado al ajedrez^ copiado 

de la obra de Van der Linde 





Ajeares á cuati 


"O 


Ajedrez a 


dos 




\l) 


(•í) 


(3) 


(i) 


irad( 


1. Albiruni(1081) Alfonso (1283; Raghunandana (1499) Amuli(1950) 


1 


Rey ó Peón 


Peón 




Peón 


2 


Torre 


Alfil 


Barco («Alfil) 


Torre 


3 


Caballo 


Caballo 


Caballo 


Caballo 


4 


Elefante (Alfil) 


Torre 


Elefante («Torre) 


Elefante 


5 


Blanco 


Reina 


Rey ó Peón 


Reina 


6 


» 


Rey 




Rey 



He continuado este estado porque en lo que voy á continuar tendré 
que referirme A él algunas veces, sustituyendo con nombres las figuras 
de las piezas. 

Volvamos al célebre chaturanga, ó cAfl/wr^T/t — Los Cuatro Reyes. ^ 
nombre con que dice es más generalmente conocido este juego en la 
India. 

Ya hemos visto la notable diferencia de colocación de las piezas en- 
tre el ajedrez á cuatro de don Alfonso y el cbaturanga, otras diferencias 
más notables aún encontraremos entre uno y otro juego. Don Alfonso 
dice: «En este Acedrez non ha Alferza ninguna fasta que se faga de los 
peones.)!> El chaturanga de sir William Jones tiene Alferza^ aunque se le 
dé otro nombre y los peones no siempre se hacen alferza 6 reina, como lo 
llamamos ahora. 

En las instrucciones que el sabio Uyasa da al príncipe Indhisht (en 
el Bhawishya Purana) para jugar el chaturanga dice: «El elefante anda 
en todas direcciones tan lejos como quiera el jugador;» á lo que sir Wi- 
lliam Jones añade de su cuenta ( Asiat. Bes. II, pág. 162): «Encontramos 
que el elefante tiene las facidtades de nuestra reina, como hemos dado en 
llamar al Ministro ó General de los persas.» Ugasa dice: «Cuarto. Si un 
peón puede llegar á una de las casillas del extremo opuesto del tablero, 
exceptuando la del rey ó del barco — alfil — asume las facultades pertene- 
cientes á aquella casilla, y esta promoción se llama Shatpada ó de los 
seis pasos,y> A esto dice S. W. J.: «Aquí encontramos una regla con una 
singular excepción, respecto al adelanto de los peones. Parece que este 
privilegio del Shatpada no se concedía, en opinión de Gatama, cuando 
un jugador tenía tres peones en el tablero; pero si sólo le quedaban un 
peón y un barco el peón podía avanzar aún hasta las casillas del rey y 
del barco y asumir los poderes de éstos.» 

La suerte de los dados es la misma que la señalada en el n."" 3 del 
estado de Van der Linde que dice es de Raghunandana (1499). Como 
puede verse es irregular é impropia, no comprendiéndose porque siendo 
cinco las piezas diferentes del chaturanga y seis las suertes de los dados 
no han de ser válidos sino cuatro y se ha de dar doble aplicación al uno. 
Los colores tampoco guardan el mismo orden que en el libro de don 
Alfonso «Habiendo marcado ocho cuadros por todos lados, dice Ugasa, 
coloca el ejército rojo al Este, el verde al Sud, el amarillo al Oeste y el 



BL aJedbbz ¿59 

negro al Norte. Haz que el elefaute esté al lado del rey; junto á él el ca- 
ballo; luego el barco; pero el barco debe colocarse delante del tablero; 
delante todos ellos cuatro peones.» En el juego indio combaten aliados 
dos ejércitos de cada lado y en el de don Alfonso los aliados están alter- 
nadosy como ya hemos visto. Las alianzas en el juego indio serian 
alianzas indianas, porque según las reglas de Uyasa el aliado se conver- 
tía en usurpador. 

<cl.'' Cuando un rey, dice, se ha colocado en la casilla de otro rey, 
cuya ventaja se llama SinAasafui, ó el irono gana una apuesta, y es dobla- 
da si mata á su adversario al tomar su plaza, y si puede sentarse en el irono 
de su aliado toma el mando de todo el ejército. 2.° Si puede ocupar suce- 
sivamente los tronos de los otros tres principes, obtiene la victoria, lla- 
mada chaíuraji, (nombre del juego); y la apuesta es doblada si mata al 
último de los tres, poco antes de tomar posesión de su trono; pero si lo 
mata en su mismo trono, la apuesta es cuadruplicada.» 

Sir.W. Jones, añade : «Esto, como observa el comentador, es una ver- 
dadera imagen de la guerra, un rey puede considerarse victorioso 
cuando toma la metrópoli de un adversario; pero cuando logra destruir 
su enemigo, manifiesta mayor heroísmo, y libra á su pueblo de todo 
cuidado.» 

La siguiente regla responde & la duda de Van der Linde sobre lo que 
debe hacerse si se toma un rey. 3.^ Cuando un jugador tiene su propio 
rey en el tablero y el de su aliado ha sido tomado, puede reemplazar su 
cautivo compañero, si puede tomar los dos reyes contrarios; ó, sino pue- 
de efectuar la captura, puede cambiar su rey por uno de ellos, contra la 
regla general, y asi redimir el príncipe aliado, que se pondrá en su 
lugar.» Parece había alguna otra regla análoga para otras piezas espe- 
cialmente para los barcos. Uyasa dice: «Tanto ganando el Sinhasana 
ocupación de un trono como el chaturaji, — toma de los tres reyes^l rey 
debe ser sostenido por los elefantes y todas las fuerzas reunidas,» lo que 
concuerda con la regla quinta'que dice: «Según los Racha fas d gigantes 
(el pueblo de Lanca donde fué inventado el juego) no puede haber victo- 
ria ni derrota si se deja un rey en la llanura sin ninguna fuerza, situa- 
ción que llaman ca(;ac^^r¿(i.» G."" «Si acontece que se encuentren tres 
barcos reunidos y el cuarto puede alcanzar el ángulo restante encima de 
ellos, se llama urihnnanca y el cuarto toma los otros tres.» 

Dudo que aunque hubiesen sido inteligibles las dos ó tres, que sir 
W. Jones no pudo entender del pandit y creía daban ideas más inteligibles 
del Juego — ¿en qué lo fundaba si no lo entendía? — un poco de práctica 
hubiese hecho, como dice él todo inteligible, y opino como él que no 
valía la pena de jugar el tal juego con las reglas precedentes. Pongo 
continuación el párrafo final del artículo de S. \V. J. al que ya me he 
referido en capítulos anteriores por su notable significación. 

«Una circunstancia, de este estracto de los Puranas, ips,Tece muy 
sorprendente; todos los juegos de azar estAn absolutamente prohibidos 
por Manu, sin embargo, el juego del chaturangaj en que se emplean los 
dados, es enseñado por el mismo gran Uyasa^ cuyo tratado de leyes se 
encuentra con el de Ootama entre los diez y ocho libros que forman el 
Dhermasastra : pero como Radhacant y su preceptor JagannaVh eran am- 



260 EL AJEDREZ 

bos empleados por el gobierno — inglés — en compilar un digesto de las 
leyes indias, y como ambos, especialmente el venerable sabio de Tibeni, 
entendían el juego, presumo podían alegar razones del por qué habla 
sido exceptuado de la prohibición general y aún de que había sido abier- 
tamente enseñado por antiguos y modernos Brahmanes.» Si Radhacanty 
su preceptor sabían el chaíuranga, ¿por qué no lo enseñaron á jugar á sir 
William Jones? Entonces podría habernos dado una explicación clara y 
exacta del juego. En tiempos de S. W. J. sólo se jugarla ya en la India 
nuestro ajedrez común, reintroducido allí por los portugueses y holan- 
deses, y se habría ya perdido completamente el uso de jugar al chatu- 
ruTiga como se ha perdido ya en España el del ajedrez á cuatro del tiempo 
de don Alfonso el Sabio y por esto ni Radhacant ni su preceptor pudieron 
dar á S. W. Jones noticias claras y positivas del tal juego. 

También por las noticias que nos da Van der Linde ; el chaturanga 
de sir William Jones es diferente del juego á cuatro de Albiruni — 1031— 
como puede observarse por el diferente valor de las tiradas de dados en 
el estado comparativo, y en el diferente modo de jugar que se observa en 
lo continuado en la nota de la pág. 257 de este capítulo. 

No puede ser sino por confundir los juegos que Van der Linde ponga 
en su estado el juego con dados de don Alfonso como un juego de ajedrez 
á cuatro, cuando el sabio rey no lo aplica sino al juego común, y por lo 
mismo señala una tirada de dado para cada una de las seis piezas inclusa 
la Alferza á la que aplica el n.** 5 y que dice: non ha el ajedrez á cuatro, 
y da á cada tirada el valor de los puntos aplicados razonablemente de 
menor á mayor k las piezas según el valor de cada una de ellas, no 
teniendo que recurrir & las inexplicables supresiones y dobles suertes de 
la India. Don Alfonso, además, como ya hemos dicho, manda aplicar los 
dados al juego venido de la India de 12 X 12 casillas, por demasiado largo 
y demasiado pesado. Las tiradas de dados de don Alfonso en dicho estado 
son por otra parte iguales á las de Amuli — 1350 — que V, d. L. pone como 
ajedrez á dos. La diferencia de colocación de signo entre alfil y torre no 
puede proceder sino de mala interpretación del nombre del alñl que 
representa por el signo de la torre, estando esta bien representada por 
un elefante, pues en aquella época se usaba ya para representar el roque, 
torre, un elefante con una torre en sus lomos. 

Tampoco comprendo por qué pone el juego de ragundana — 1499— 
entre los de ajedrez á dos y no le señala más que cuatro tiradas de dados 
— las mismas del chaturanga de sir William Jones,— con la doble de rey 
ó peón , tiene este juego, reina visir, ó lo que fuese, pieza indispensable 
del juego á dos y qué puntos se le aplicaba? Sin ánimo de ofender al 
doctor Van der Linde, me parece que al componer este estado no lo me- 
ditó tanto como generalmente lo hace con todos sus estudios, y que el 
empeño en sostener el origen indio del ajedrez no le permite ver claro en 
ciertas ocasiones. 

La introducción de los dados en el ajedrez fué indudablemente una 
corrupción del juego, como dice don Alfonso, y todas las variaciones del 
juego en que entren los dados han de considerarse de data relativamente 
moderna. 

El hallarse más comunmente estas variaciones en Oriente y sobre 



261 

todo en la India, me confirman la idea de que los orientales nunca han 
tenido del ajedrez la elevada idea que de él tenemos nosotros y que 
alg-unoB han escrito de él sin comprenderlo. 

BI dibujo del tablero en miniatura cuyo epígrafe dice: «Este ea el 
tablero de las tablas de los cuatro tiempos del anno e que dicen del 
mundo que comienra assi» es, como se ve, de chaquete: pero diferente 
de los otros en ser redondo y con un solo compartimiento: se juega como 
el anterior del ajedrez por cuatro jugadores, con piezas distinguidas tam- 
bién por cuatro colores diferentes, encarnado (las 9)> ™rde (© ), negro 
y blanco; de modo que tanto por el nombre del juego, como por el nú- 
mero de jugadores y la distribución y diferentes colores de las piezas 




Fio. GO.— Del libro de don Alfonso el Sabio 



(véase la üg. 60) ofrecen mucha analogía con el anterior del «ajedrez á 
cuatro.» ¿Era el uno hijo del otro? Indudablemente. Pero, jcuál era el 
padref Thaí is the question. Yo me inclino á creer que el del ajedrez era 
el mis antiguo, pues el mismo don Alfonso lo dice: que asacaron los 
sabios anligos: y, además, encontramos ya el ajedrez en Egipto 1500 años 
antes de J. C, conservando el carácter de las piezas encontradas en 
Thebas algunas de las representadas en las miniaturas del libro de don 
Alfonso. 

Van der Linde confunde este juego con el anterior, diciendo que es 
una variedad de él, como el de los Elementos y el de los Temperamentos. 
Como hemos visto son dos juegos de índole completamente diferente, 
alendo indispfosables para el último las tiradas de dados que no se pue- 
den aplicar al primero, tanto por lo dicho antes, como por la imposibili- 



dad de mover el rey y la torre si les tocase la primera tirada de dados 
como no lo hiciesen saltando sobre alcana otra pieza. 

Es el tablero de la miniatura que dice: «Bate es el tablero de los 
escaques e de las tablas que se iuegfa por astronomía.» Como no be leído 




todo e! libro de don Alfonso, no sé de este juego nada mAs sino que era 
}i)g-ado por seis personas, representadas en la miniatura (véase la fig-. 61). 
Obsérvese que don Alfonso dice: «liste es ei tablero de los escaques 
e de las tablas^, de moiio que nombra indudiibJenieute escaques — scacAt 
— ¿ los cuadros en que estaba dividido el tablero, y tablas á las piezas. 



EL AJEDREZ 263 

de lo que resulta que para don Alfonso no eran una misma cosa escaques 
y aeedrex; y como, segán he dicho antes, el rey presidia el juego, hace 
pensar en si éste y algún otro eran de invención ó de modificación del 
mismo don Alfonso; porque se desprende del MS. persa del indio de la 
corte de Tamerlán, que aquellos tiempos eran de reforma y estabilidad 
para el ajedrez, y al decirnos don Alfonso que entonces se usaban table- 
ros de 12X12, 10X10, 8X8, 6X6 y hasta de una sola casilla dividida 
en 8 partes, y que generalmente se había adoptado el tablero de 8X8 
porque era menos complicado que los de mayor número de casillas, y 
menos sencillo que los que no tenían tantas, nos demuestra que la refor- 
ma y estabilidad que suponen efectuada en el siglo xv por la adopción 
definitiva del tablero de 16X16 y las actuales piezas, no sólo estaba ya 
iniciada, sino muy adelantada en su tiempo ( véase más adelante el 
capítulo sobre los nombres del juego). 

Como puede verse por el dibujo, el tablero escaqueado es de forma 
circular con las divisiones que detallo más adelante, y no es un juego 
de ajedrez sino de «damas,)» por lo que no podía referirse á este juego 
Mr. J. Villot, el cual, en su Origine aslronomique dujeu des Echechs pre- 
tende demostrar la perfecta conformidad que existe entre este juego y 
las combinaciones de los años, meses, días y horas en los tres calenda- 
ríos egipcios. ¿Tiene esto alguna relación con el juego de los cuatro 
tiempos del anuo? En tal caso el chaturanga podría ser una de las varia- 
ciones de los juegos usados en el antiguo Egipto, de donde lo assacarian 
los sabios antigos. 

Por la sola lectura del hecho de nombrar indistintamente don Alfonso 
aeedrex á toda clase de tablero, podría creerse que en su tiempo se juga- 
ban juegos de ajedrez combinados con dados; como, por ejemplo, cuando 
dice: «Aquí demuestro como son fechos los dados de este aeedrex de las 
diez casas.. .;> etc., y en algún otro caso en que por las miniaturas se ve 
que eran juegos de chaquete y no de ajedrez, y mucho menos el chatu- 
ranga (véase la fig. 69). 

Esto se ve también claramente por el tablero de otro juego de los 
mencionados por don Alfonso, en el que juegan á un tiempo cuatro 
personas como en el de los cuatro tiempos del año, y respecto del cual 
dice: «Este es el tablero de los cuatro tiempos del anno que dicen del 
mundo que comienza assi.» La miniatura ocupa casi toda la hoja, y en 
ella hay pintados cuatro jugadores sobre alfombras de diversos tejidos, 
alrededor de un gran tablero que tiene las casillas marcadas en forma 
circular. 

Por el testimonio irrecusable del Códice de don Alfonso el Sabio de 
Castilla se viene en conocimiento de que cuando lo escribió, y aparte de 
otros juegos que tienen más ó menos conexión con el ajedrez, se jugaba 
éste á lo menos de seis maneras; siendo muy de lamentar que no se haya 
vulgarizado un libro que tanta luz podría derramar para la historia 
general del juego (1). 

(t) Ademes de los juegos de ajedrez de que hablo en el texto, se encuentrao en el 
códice de don Alfonso algunas otras variaciones del mismo, de las cuales haré mención 
en lugar oportuno. A fln de que se tenga una idea de la importancia de este códice, bas- 
taré saber que contiene 109 miniaturas referentes al juego del flgedrez: 12 miniatura»^ del 



264 BL AJEDREZ 

Finalmente, el de las doncellas que don Alfonso dice al explicarlo, 
que le llaman iuego forzado; «mas porque algunos cuentan que las donce- 
llas lo fallaron primero en la tierra de ultramar, dizen le iuego de las 
donzellas.» En la miniatura juegan al ajedrez dos hermosas damas rica- 
mente vestidas, acompañadas de dos doncellas que lo están más senci- 
llamente (1). 

«E queremos luego decir del iuego que llaman forzado. E esto es 
porque como quier que se iuegue por cuenta a en el daver fuerza; por- 
que va omne contra su voluntad, perdiendo el meior trebeio por el peón 
e aviendolo a facer queriendo o non poniendol en casa quedell otro laya 
a tomar por fuerza, segunt all andamiento del tablero so quel pusiere. 
E este iuego se entabla bien como el primero e daquella guisa andan los 
trebeios, e se toman unos a otros sino que es y la fuerza de mas. E por 
ende an a seer sabidores los quel iogaren, que non pongan los trebeios 
meiores en logar que los ayan a dar por los menores e mas viles ca en 
esto yace y toda la sabiduría deste iuego e el departimiento. E por esta 
fuerza que diriemos le llaman iuego forzado.» 

Si como cree Van der Linde el juego de «damas» es hijo del ajedrez 
español, indudablemente ha de ser de la variedad de este juego llamado 
también «de las damas» ó «forzado,» por la obligación de tomar la pieza 
del contrario que está á tiro del jugador, condición esencial del juego de 
damas. 

No entraré en discusión sobre esto, sólo haré observar que antigua- 
mente se jugaba, y aún se juega, una variedad del alquerque con doce 
piezas de cada color como en las «damas,» y que quizás lo que cree Van 
der Linde de una invención del siglo xvi, no fué sino la aplicación del 
tablero escaqueado al juego del alquerque de 12 piedras de cada color. 
¿No eran las «damas» el juego egipcio de 4000 años antes de J. C? 

Según Rodríguez de Castro, el capítulo LXIII de la «Crónica gene- 
juego de dados, y 15 mioiaturas del juego de tablas ó chaqueta. Y en el suplemento, 14 
miniaturas de variaciones del juego del ajedrez y otros juegos, entre ellas cinco del al- 
querque Esto es ell alquerque de doce que iuega con todos sus trebeios.y Este juego es 
el que en castellano se llama tres en raya y en catalán Marro y del cual hablamos en 
capítulos anteriores. Llama trebeios (trebejos) á las piezas, nombre que también da 
alguna vez á las piezas del ajedrez. 

(1) En otra habitación del palacio real, con techumbre sostenida por esbeltas co- 
lumnas, juegan al ajedrez el iuer/o que llaman forsado, dos ricas hembras, dos hermo- 
sas damas con cabellera rubia las dos, la una de ojos negros y la otra de ojos azulea. 
Esta lleva vestido de color de rosa y el de aquélla es verde, como túnicas superiores con 
cuello y boca-mangas doradas, lo cual prueba su alta alcurnia. Cada una tiene á su lado 
dos doncellas vestidas con más sencillez. Al explicar este juego dice el ilustre don Al- 
fonso que le llaman iuego forzado. 

Siento no haber hecho copiar otras miniaturas cuando hice copiar las seis que pre- 
pento en el texto, pues que tuvo razón el Fraile Bibliotecario cuando dijo al sefior don 
F. Guasch, que las copiaba, que probablemente sería él el último que en mucho tiempo 
hobría podido sacar copias de aquella biblioteca. Con efecto, ahora, con la escusa de que 
se está formando inventario, no se permite copiar nada de aquella rica biblioteca; y de 
aquí el que no me haya sido posible obtener las demás copias de figuras y ef^critos que 
había encargado sacar por cuenta mía. ¿Durará esto mucho tiempof ¿Tendrán los ex* 
tranjeros nuevamente ocasión de echarnos en cara nuestra mala política, diciéndonos 
«que los valiosos é innumerables códices que poseemos se pudren en los oscuros y húme- 
dos calabozos de los conventos, y entre el polvo y suciedad de las cerradaB bibliotecasf 
No lo permita Dios. 



EL AJEDREZ 265 

raly» ordenada por don Alfonso el Sabio, se intitula: «De las maneras de 
los axedreces a de sus juegos e de la semejanca a que fueron fechos.» 
(Biblioteca de Escritores españoles). Es una confirmación de la variedad 
del juego de ajedrez en aquella época. 

Aunque don Pascual Gayangos dice que no ha encontrado aquel pa- 
saje en ninguno de los tres códices de la Crónica pener al que existen en 
la Academia Española, no duda, por otra parte, de que Rodríguez de 
Castro lo encontraría en algún otro de los varios códices que se conocen 
de esta obra (son mós de diez), unos más modernos que otros. (Escritores 
en prosa anteriores al siglo xv, Introducción á «Calila y Dymna»). Por 
la ortografía de la cita de Rodríguez de Castro se conoce que el códice 
de donde la ha tomado es más moderno que el libro de los Juegos, por- 
que en éste se dice acedrex, iuegos y sefneianca, y en la Crónica se dice ya 
axedreces, Jueff os y semejanca (1). 

No dudo de que el día que se publique el libro de don Alfonso se 
aclararán muchas dudas y dificultades que hoy existen sobre el origen 
y modo de jugar antiguamente el ajedrez; sirviendo principalmente para 
ello las miniaturas y el texto del suplemento. Ya hemos visto que al pre- 
sentarnos por el diagrama de la fig. 8 el tablero de 12X12 casillas, que 
tontamente ridiculiza Mr. Duncan Forbes, se da la razón á Mr. Hyde. En 
el mismo tablero juegan todos los animales que un siglo más tarde figu- 
ran en los juegos dichos de Tamerlán y gran ajedrez, nombres que tam- 
bién les da don Alfonso en las dos primeras miniaturas del suplemento: 
también encontramos en él los dos cocodrilos, cuya presencia no sabe 
explicarse Duncan Forbes; y en lugar del cocodrilo, que según este autor 
reemplazaba al visir, encontramos un ganso, haciéndonos saber que en 
este tablero el juego representaba realmente un campo de batalla, y que 
los animales no eran signos del Zodiaco, como Duncan Forbes lo cree 
equivocadamente de algunos de ellos. 

El libro de don Alfonso el Sabio nos demuestra que Mr. Duncan For- 
bes hizo muy mal en echar al agua al cocodrilo, ó pez-espada, que en- 
contró ocupando el lugar del visir en el juego de Tamerlán, por más 
que le parezca que la sustitución de un pez por un visir no es de ningu- 
na utilidad, y la crea al mismo tiempo ridicula; y que los leones, toros, 
jirafas, peces y otros animales son verdaderas piezas de ajedrez, no 
adoptadas como & signos del Zodíaco, según él cree, pues además de que 
don Alfonso dice : «Aquí se comienca el iuego del gran acedrex que fue fe- 
;&cho en la India á semeianca de como los reyes antiguos solían facer sus 

(1) Ya hemos visto que el Ms^odi deBcribe peis diferentes juegos de ajedrez. Don 
Alfonso el Sabio á más de decir se jugaba al ajedrez con tableros de 12 hasta dos casillas 
por fila da noticias detalladas de cuatro diferentes juegos de ajedrez; el común de 8>C8 
casillas, el de las cuatro estaciones; el forzado ó de las damas; y el gran ajedrez de 12X12 
casillas. Don Pascual Gayangos pudo haberse convencido de la exactitud de la frase «De 
las maneras de los axedreces en sus iuegos, etc.,» sino lo estaba ya, cuando en 1875, por 
encargo de sir Federico Madden, mandó al Escorial un sujeto para sacar copia de algu- 
nos pasajes del libro de don Alfonso el Sabio, al que pagó por su trabajo, manutención y 
gastos de viaje un total de dos libras esterlinas y tres chelines, sf gún su caria fechada en 
Madrid en 25 Septiembre del mismo año. No sé si son resullado de este encargo, ó si los 
recibió por otro conducto los 103 diagramas de problemas sacados de este libro, y la mi- 
niatura que encabeza el capítulo «De los juegos de partido,» problemas, que van conti- 
nuados en la segunda obra de Van der Linde. 

34. — EL AJEDREZ. 



266 EL AJEDREZ 

»huestes de caballeros e de peones e pararlos todos en azes para amostrar 
»siis poderes e que los temiessen mas sus enemigos. £ otrosí de como 
»mostrauan en las huestes aues e bestias estrannas porque los obedecies- 
»sen mas de grado los onmes e los touiessen por muy mas honrados,» 
además de esto, decimos, en las dos últimas miniaturas del libro nos 
hace ver que el juego de astronomía no era un juego de ajedrez, como 
diré después. 

También, como ya dije, nos presenta con iodo su esplendor el celebra- 
do Chaturanga ordenado más conforme al carácter del juego que no con 
la disparatada colocación de las piezas con que nos lo presentan Duncan 
Forbes y el conde de Basterat, guiados por las imperfectas noticias que 
sir William Jones dio sobre este juego hace cerca de un siglo (1). 

También nos hace saber que este juego — el ajedrez jugado por cua- 
tro personas — no era un simulacro de guerra como suponen los enco- 
miásticos mantenedores de su primitivo origen; ni tampoco de origen 
indio, como dice del anterior, sino, «Aqui se comienza otro acedrex que 
fue fecho a semeianca de los cuatro tiempos del anno que assacaron los 
sabios antiguos';» es decir, el juego de las cuatro estaciones, en el que 
no entran para nada los cuatro cuerpos de ejército, caballería^ elefanits, 
infanleria y carros ó barcos (2). 

Por la misma miniatura venimos en conocimiento de que el Chatu- 
ranga no se jugaba con dados, y que los que tratan de explicar este 
juego no tienen un perfecto conocimiento del mismo, confunden quizá 
dos juegos diferentes explicados en el libro de don Alfonso, el ya men- 
cionado Chaturanga (véase la fíg. 2) y el de la miniatura siguiente, que 
es una especie de chaquete jugado también por cuatro personas con 
fichas de cuatro colores distintos, y al cual da un nombre parecido ó 
igual al anterior. «Este es el tablero de las cuatro tiempos del anno e que 
dicen del mundo que comienca assi.» 

El juego de los astrólogos ó uranomaquia, del que Duncan Forbes 
dice que Nafa-isu-1-Funun da breves noticias, y que el doctor Hyde men- 
ciona muy vagamente, está descrito y representado en las dos miniatu- 
ras últimas del libro de don Alfonso. Por el dibujo de la última que doy, 
que dice: «Este es el tablero de los escaques e de las tablas que se iuega 

(t) El capitán Hirom Cox {As, Res., X, póg. 495) dice que á bu entender el Chatu- 
ranga ó juego indio es el más antiguo por sus imperfecciones, que inducen á una ciencia 
rudimentaria. La vista del tablero lo demuestra á todo el que conoce el ajedrez. El flanco 
más débil de un ejército está opuesto al más fuerte de su antagonista, y las piezas de 
cada ejército, que serian más útiles en los flancos, están colocadas en una posición que 
restringe sus operaciones. Exceptuada la defínición del juego, por el Ama racosAa, es 
decir, que los cuatro angas ó miembros eran elefantes, caballos, carros é infantería, Fe 
encuentran contradicciones en las reglas dadas por Gotama y otros, traducidas por Rad- 
ha-cant, que son inconciliables, á menos de suponer que se (rata de juegos diferentes. 
Explica estas contradicciones, y concluye : cDe todo lo cual podemos colegir, que en este 
Juego (el Chaturanga) hay mucha confusión con poquísima ciencia, lo que revela una 
fuerte presunción de ser rudimentario.» ¿Y por qué no una degeneración ó corrupción 
por haberlo tomado un pueblo de escasa imaginación y de costumbres muy diferentes de 
las del país de que procedía? 

(2) Tampoco se jugaba con dados como suponen los indiófilos, pues el juego jugado 
con dados por cuatro personas, y al cual denomina también don Alfonso Acedrex, se ▼« 
por la miniatura, como ya he dicho, que era una variación del Chaquete. 



&L AJEDREZ 267 

por astronomía,» se ve el tablero redondo dividido en doce secciones, 
probablemente en los doce signos del Zodíaco, y que no era un juego de 
ajedrez sino de tablas y dados, como lo dice don Alfonso usando la pala- 
bra escaques para denotar las casillas del tablero y no el ajedrez respecto 
del cual usa constantemente la palabra acedrex. Si este juego procede de 
los árabes, como cree Duncan Forbes, no por eso se demuestra que ellos 
sean nuestros preceptores de ajedrez (1). Este juego se jugaba por seis 
personas, como se ve por las dos miniaturas mencionadas. 

El tablero está dividido, como he dicho, en doce secciones de 28 ca- 
sillas cada una, total 336 casillas; representaban también las doce luna- 
ciones del año y la división eptagonal exterior los siete días de la semana 
con la división blanca y negra; ¿día y noche? 

No puedo dar explicaciones porque, como tengo repetido, no he leído 
todo el libro; pero estoy persuadido de que este juego no tenia nada que 
ver con el ajedrez, como tampoco tenia nada que ver el juego que dice: 
«Aqui comienza el luego de las tablas del Acedrex de las diez casas e 
iuegase con los dados de las siete llanas,» pues por la fig. 59 se compren- 
de claramente que era una variación del chaquete con catorce divisiones 
por parte en lugar de doce, dejando diez vacias al comenzar el juego; 
siendo de notar que don Alfonso usa aquí de la palabra acedrex para de- 
notar el tablero. 

El libro de los juegos de don Alfonso el Sabio contiene un tratado de 
ajedrez de los más completos de su tiempo con noticias muy importantes 
para la historia de este juego; del que dice habla primeramente porque 
es el más noble y mayor maestría de todos. Nos hace saber que en su 
tiempo se conocían varias maneras de jugar al ajedrez con tableros desde 
12 á 4 casillas por fila, que lo jugaban dos ó cuatro personas, pero que el 
más común y generalmente adoptado era el de 8X^=64 casillas, jugado 
por dos personas, con las mismas piezas que hoy lo jugamos; nos dice el 
nombre de éstas, su colocación y modo de jugarlas entonces, que había 
jíiegos giLcrreros en los que los reyes hacían alarde de sus fuerzas, y jue- 
gos de paz en los que los mismos ostentaban sus riquezas y cosas raras; 
que el tablero debía tener las casas de dos colores mitad de cada uno como 
los trebelos; la figuración de éstos y el porqué de la adoptada que la in- 
troducción de los dados en el ajedrez fué para disminuir el gran número 
de jugadas que eran necesarias para los juegos de más de 8XS casillas, 
cuyos juegos eran pesados y enojosos: que los problemas eran en su 
tiempo cosa nueva. 

(I) El libro de don Alfonso el Sabio, en eus dos últimas miniaturas, no sólo nos de- 
muestra que el juego de astronomía ó uranomaquia era un juego de damas, y no una 
variedad del ajedrez, como creen Hyde y Duncan Forbes, y que no nos viene de los ára- 
be?, nuestros maestros en ajedrez y en astrologia, sino que hace pensar en que este 
juego era probablemente invención del mismo don Alfonso, pues en las dos miniaturas 
el rey está representado en el acto de presidir ó dirigir las seis personas que lo juegan. 

En cuanto á ser los árabes nuestros maestros en ostrología, ya veremos más adelante 
que si Duncan Forbes hubiese leído ú Firdusi, al que tanto cita sin saber lo que dice, ha- 
bría visto que en tiempo de Cosroes II, antes de que los árabes hubieran empezado á 
salir de su casa, los persas conocían la astrologfa, la cual habían aprendido de los sabios 
bizantinos, los que á su vez la habían practicado desde que Platón se las había enseñado 
(véanse los capítulos sobre Firdusi). 



268 SL AJEDREZ 

En una palabra, creo que en el «Libro de los Juegos^/ de don Alfonso 
el Sabio se pueden estudiar con más provecho las variaciones y modi- 
ficaciones del juego del ajedrez que en los imperfectos é incompletos es- 
critos de autores indios, persas ó árabes, respecto de los cuales estoy 
convencido que, en su mayor parte, son copias, traducciones é imitacio- 
nes de escritos europeos especialmente latinos, que trataban de este juego. 

Es una mengua para España y para todos sus gobiernos que obra de 
tanto valor, ejemplar únioo en el mundo, se guarde encerrada en los 
armarios de la inapreciable biblioteca del Escorial, cen los obscuros ca- 
labozos de un convento,» como dirá tal vez un Duncan Forbes, si conti- 
núan las dificultades ^para sacar copias. Es una vergüenza, repito, que 
no se haya ocurrido á ningún gobierno el hacerlo publicar por completo 
ya fuese en facsímile ó en fototipia á lo menos. Además de que esto re- 
dundaría en gloria de España y del gobierno que lo llevase á cabo, sal- 
varía la eventualidad de que si por un incendio ú otro accidente cual- 
quiera se perdiese tan rica joya, se perdiese también hasta su memoria: 
y á la vez se conservarían miniaturas y textos que tanta utilidad pueden 
reportar para la historia del arte, lenguaje, literatura, indumentaria y 
costumbres de la nación española. 



CAPÍTULO VI 



EL AJ£DBBZ DB SAN LUIS 



Por la conexión que el juego de ajedrez, llamado de San Luis, tiene 
con otros catalanes de la misma clase, según veremos más adelante, tra- 
duciré lo que el conde de Basterat dice acerca de aquel juego. 

«Antes de la revolución de 1791 se conservaba en el guardajoyas de 
la corona un tablero guarnecido con sus piezas que, según la tradición, 
había pertenecido á san Luis.)» 

Los que sostenían esto se apoyaban en un pasaje de Joinville, quien, 
en su obra sobre la vida de san Luis, cap. 56, al dar cuenta de la em- 
bajada que el príncipe de los beduinos, nombrado el Viejo de la Montaña, 
envió á dicho monarca, dice: «y enire otras cosas envió este principe al 
Rey un elefante de cristal, y muchas y diversas figuras de hombres 
hechas también de cristal, tablas y ajedrez de cristal montado en oro (l).x> 

«Sea cual fuere el origen positivo de este objeto notabilísimo; que 
haya sido trabajado y montado en Siria, en el siglo xiii, como todo 
parece indicarlo, ó que sea posterior en algunos años k la época que la 
tradición le señala (2), no por ello deja de estar bien probado que este 

(1) Joioville DO dice eso: tEt il li encoia son artel qui estoit de moultjln or, Id oá 
S'jíi nom esíoU eécript, et U manda que par son anel responsoit-il le roy; que il vouloit 
que des lors en fussent avaní tout un. Entre les autresjoiaus que il enüoia au roy, li 
eneoi un oliphant de cristal moult bien fait, et une beste que Ven appelle orafte (¿jira- 
fu?) c/e cr¿íía¿. aussi peint de diverses manieres de cristal, et Jeujc de tables et de es- 
ches; et toutes ees chases estoient fleuretées de ambre, et estoit Vambre, lie sur le cristal 
a be les vignetes de bon orjin, Et saches que sitost comme les messages oucrirent leurs 
escrins Id oú ees choses estoient, ¿I sembla que toute la chambre feust embausmé si 
souef fléroient.^ (Memoires de Jean Sire de Joinville, pág. 138, de Histoire de Saint 
Louisj ParÍP, Fermín Didot, Frére?, File et C, 1871. 

Como se ve, el Viejo de la Montaña no envió figuras de hombre ni de animóles he- 
chas de cristal, sino un elefante y una jirafa: el ajedrez no ero de jcristal, ni mucho 
menos montado de oro; el ámbar era lo que estaba sujeto con hilo de oro. 

(2) Es posible que en vez de ser posterior á la época de San Luis, sea anterior, como 
se verá más adelante. 



270 



&L AJEDREZ 



juego de ajedrez, salido del guardajoyas de la corona después del inven- 
tario de 1791, fué remitido de nuevo en los primeros días de la restaura- 
ción al rey Luis XVIII, el cual lo recibió y se sirvió de él habitualmente. 
Mas habiendo desaparecido del palacio de las Tullerias una de las piezas, 
la reina de color, indignado el rey por aquel hurto, dio á uno de sus 
familiares este juego, que después debía enriquecer el museo de Cluny, 
en donde se halla expuesto hoy. 

»Las piezas son de cristal de roca montadas en plata dorada, las más 



G4 



63 



62 






67 



66 



65 






FiGs. 62 A 67. —Ajedrez llamado de Saa Luis, en el museo de Cluoy, París 



de la variedad transparente llamada cuarzo hyalín, las otras de la varie- 
dad nombrada cuarzo ahumado. Ninguna de ellas presenta figuras de 
hombre ni de animales (1). Fig.s. 62 á 67. 

(1) Estas piezas, que son las representadas en los grabados 62 á 67 son de origen 
alemán, y pertenecen á últimos del siglo xiv ó principios del xv, según está reconocido 
en el dfa. Actualmente se encuentran en el Museo de Cluny, señaladas con el n.^ 529J del 
nuevo catálogo, en el cual se lee lo siguiente, que traducimos literalmente del francés: 

5299— Ajedrez elaborado en cristal de roca transparente— A^a¿e/i— y colorado-* ahu- 
mado—con montura de plaia dorada á estilo alemán del siglo xv. 

«El tablero, de 0na,40 cuadrados, está rodeado de una guarnición de encuadra- 
miento— forma como una cajita tapada por un cristal en cada uno de sus cuatro lados — 



EL AJEDREZ 271 

»E1 tablero de 40 centimetros cuadrados, está circuido por uua oriHa 
de encuadramiento que contiene unas diminutas figuras, caballeros é 
iofanteB, en madera de cedro esculturada: debajo de las casillas del 

que contíeD« muchas Aguritae cECulturadae de madera de cedro, cahtilUroB y [lealones 
simulando unos torneos. 

»En elfoadodecadauQode Ior cuadrilos del tablero hoy unos pequeños floronee en- 
labiados en plata dorada, cuyo reñejo se reproduce en las entabladuras del crisisl. 




FiGS. 6J A 75. ~ Piezas que se dicen procedentes del Norte y que yo rreo árabes 
Museo de Cluny 

>LaB figuras del juego son, como el tablero, en cristal de roca transparente y ahu- 
mado; estAn completos, no faltando mAe que u^a sola pieza — es, como ya decimos en el 
texto, la reina negra.— Sus formas tienen un carácter oriental bien marcado, pero modi- 
ficado por el estila de la montura. 

>Lo de abajo del tablero y aua lados están cubiertos de aplicaciones de plata repu- 
jada. Los cuatro suportes — ú piee— de los ángulos son de bronce dorado y de une maau- 
Tactura menos anligua. 

>SegÚQ une tradición, basada eu lo que dice le Sire de Joineille, este ajedres babrta 
sido dado al rey San Luis por el Viejo de las Mootafias, principe de los asesinos. Un es- 
crupuloso examen de estas piezas no confirmarla esta atribución, pues el c 
su montura no permita darle una fecha anteriora loa primeros aflos del siglo 
U. Om,40.» 



272 BL AJEDREZ 

estrado, (parquet), hay pequeños florones retallados de plata dorada, 
cuyo reflejo se reproduce en las entalladuras del crista). 

»La parte superior del tablero y su contorno están cubiertos de 
aplicaciones de plata repujada, de una época posterior. Los cuatro 
suportes de los ángulos son de cobre dorado de una ejecución casi mo- 
derna.» 

¿Podría ser este juego de ajedrez procedente de Barcelona ó de 
alg-ún otro punto de Cataluña? La pregunta parecerá algo extraña y 
atrevida, pero no está fuera de lo posible. 

La condesa doña Emersindis, mujer del conde de Barcelona Beren- 
guer Ramón, ó Borrell III, se hallaba en 1056 de N. E. enferma y dete- 
nida por esta causa en una casa inmediata á la iglesia consagrada en 
honor de san Quirse, ó Quirico, mártir, y de su madre santa Julita, la 
cual iglesia radica en el condado de Ausona, término de Besaura. Sen- 
tada la condesa en el lecho en que solía dormir, añadió un codicilo al 
testamento que tenía otorgado de antes y llevaba siempre consigo; 
legando por aquel su ajedrez á la iglesia de San Egidio de Nimes (1). 

En el mismo Museo de Cluny, conlinuadas en el catálogo bajo el n.® 7251, se guarda 
un juego de ajedrez de una forma bástanle original, que podría confirmar la opinión de 
que no por presentarse iguales las piezas representadas en las monumentos del antiguo 
Egipto, dejarían los jugadores realmente de distinguirlas unas de otras. 

Son 32 piezas de hueso: 16 blancas y 16 de un color oscuro, 8 piezas nobles y 8 peo- 
nes, como en el juego actual; siendo las formas de las dieciséis nobles las de unos cilin- 
dros (orneados que, como las piezas con que juegan los chinos, se distinguen especial- 
mente por las entalladuras de la c^ira superior. 

Damos los dibujos de ellas, tomados en croquis del mismo escaparate, por lo que no 
respondemos de la perfecta exactitud de sus dimensiones, ni de alguna otra pequeña 
variación que tal vez resulte en los dibujos ñgs. 68 á 75. 

Como quiera que el catálogo es muy lacónico respecto de estas piezas, tenemos que 
juzgarlas por meras conjeturas, y así creemos que la fig. 68 representa el rey, la 69 la 
reina, 70 los alfiles, 71 los caballos, 72 las torres y las 73, 74 y 75 los peones. 

El catálogo dice que son de hueso, y que se creen procedentes del Norte. — Tracail 
anden et qui parait d'origine ^eptentrionale: — mas por los dibujos, formas y material 
podrían ser muy bien orientales, ó de un pueblo mahometano, pues no tienen ninguna 
figura que represente personas ó animales, y las piezas que se conocen d«l Norte, como 
las de la isla de Lewis, todas, incluso los peones, representan figuras de personas, según 
se acostumbraba frecuentemente á hacerlas en Europa durante la Edad Media, como lo 
demuestran los juegos llamados de Cario Magno y de Jaime Cessulis. 

En aquel juego, según es de ver por los dibujos, se nota una particularidad: los 
ocho peones de un mismo color no son todos iguales; sino que, de los ocho, seis tan sólo 
tienen la misma forma y dimensiones, y los otros dos, de igual color, se diferencian en 
aquellos accidentes no sólo de los otros seis, sino entre sí mismos también, pues el seña- 
lado con el n.*^ 74 es más pequeño que los seis que le preceden, y tiene además una forma 
y dibujo semejantes á los del rey; y el n.^ 7Ses aún más pequeño que el del n.® 74 y tiene la 
forma y dibujo de la reina. De modo que, sin temor de equivocarnos, se pueden nombrar 
estos dos peones, en cada color, «peones del rey y de la reina » ¿Qué significa la diferen- 
cia de formas y dimensiones entre estos peones y los seis restantes de su mismo color? 
¿Es para representar el Fíer que asumía las cualidades de reina cuando algún peón 
llegaba á la última casilla contraria, ó era que los que jugaban con estas piezas jugaban 
un juego especial en el que fuese preciso distinguir los peones del rey y de la reina, en 
virtud de tener éstos algún privilegio particular, como sucede en los juegos de Birmanía 
y de la China? Difícil es averiguarlo no sabiendo con toda certeza la procedencia de 
estas piezas. 

(I) €Et dimi»it domino Papce suos sciphos ligneos ornatos auro. Et Sancto Egidio 
JVeumasensi saos Schacos christalinos ad íabu'am. Et dinussit Sancto Quirico pnvf ato 



BL AJEDREZ 



2T3 



Cuareota y seis ados antes, su cuñado Armeog'ol, conde de Urgel, 
Uamado el Cordobés, porque, acompañado de su hermano Ramón Borrelí 
marchó al frente de la expedición que hicieron los catalanes á Córdoba 
en auxilio de Mohamed el Moba<li, contra Solimán que le disputábala 
corona del último rey de Córdoba Hixem; muriendo Armengrol, según 
unos, en la batalla de Acbatalbacar, y sólo gravemente herido y resti- 
tuido á su patria (1), según otros, otorgó, en 1010, un testamento por el 
cual dejaba también su ajedrez al convento de San Bgidio, sin decir de 
dónde (2). 

Ahora bien ; los juegos de ajedrez del conde de Urgel y de la condesa 
de Barcelona ¿eran hermanos como lo eran los dos condes que fueron á 
Córdoba? Es posible. El conde de Urgell no especificó la calidad de sa 




Fio. 76. — Ajedrez existente ai 



ajedrez, pero debía de ser muy rico cuando lo lega con el objeto de 
contribuir & las obras de la iglesia de San Egidio: «Et at Sancti AegiAi 
Cenabio ipsos meos scacos at ipsa opera de Ecdesia.» Ambos legantes eran 
de una familia, y los dos dejan su respectivo ajedrez & la iglesia de San 
Egidio, lo cual no deja de ser una particularidad digna de atención. 

Por UDS parte es de notar que estos valiosos juegos de ajedrez sólo 
ae encuentran de tanta antigüedad en Cataluña, en donde loe moros 

tanlam argenti et auri ece quo postiteme ana obtiraa Crttai > (Lub Condes de Barce- 
lona vindicado^,! por doo Próspero de Borarull, tom. II. pág. 55). He cj'ada eala obra 
para mayor conformidad del lector, porque el dato me to ¡ndica'don Manuel de Bofarull, 
que tuTO la amabilidad d« exponerme 6. la vigía el codicilo original eKieiente en el arcbi- 
TO de la Corona de Aragón, del cual ei dígniajmo archivero. 

Por el legado de lodo el oro y la piala oecesarios pora fabricar una rica crui, se com- 
prende que, en aquella ¿poca, no fallaban en CataluBa inteligeDtea artlñeea que llevasen 
¿ cabo obras mis imporlanles que los tableros y piezas de ajedrez, que según se veri en 
el lexto eran entonces verdaderas obras de arle. 

(1) pTúcpero de Bofarull, ob. cit.. pdg. SODO y siga., tom. I. 

(2) Marca, <Marca Hispánica. Apíndice 162. De los dos documentos be mandado 
sacar copias fotográficas de los originales existentes, el primero en el arcbivo déla Co- 
rona de Aragón y el segundo en el Cartulario da la catedral de Urgel, que no be dado en 
esta publicación por estar ya demasiado adelantada. 

35.- 



274 BL AJBDRBZ 

dominaron por mucho menos tiempo que en lo demás de España, y en 
donde las invasiones de los pueblos del Norte, que destruyeron el imperio 
romano, causaron menos perturbaciones: y es coincidencia particular el 
que, en la Edad Media, el ajedrez se encuentra mencionado, y con más 
claridad y frecuencia que en ningán otro punto, en los dos extremos de 
Europa en que se conservaron por más tiempo las tradiciones y costum- 
bres de las civilizaciones romana y griega, esto es, en Constan tinopla y 
en Cataluña. 

Por otra parte, como he dicho antes, la condesa Emersindis, viuda de 
Sorrell III, y Armengol el Cordobés eran cufiados, lo cual hace suponer 
que los preciosos juegos de ajedrez que ambos legaron á la iglesia de 
San Egidio habían salido de Barcelona, pues los dos hermanos eran 
hijos de esta ciudad. Pero los dos hermanos marcharon juntos á la expe- 
dición de Andalucía: ¿trajeron quizá uno y otro de Córdoba su rico 
juego de ajedrez? Todo es posible; mas aun cuando asi fuese, no proba- 
ría esto la invención del juego por los árabes, ni que éstos lo hubiesen 
introducido en España. Demostraría, todo lo más, que entusiasmados 
los árabes después de haberlo conocido, jugándolo principalmente los 
magnates, mandarían fabricar algún juego con toda la magnificencia 
oriental. Pero si estos ricos juegos (1) eran obra de los moros, ¿por qué 
razón las crónicas y documentos de Andalucía no hablan de juegos pre- 
ciosos como los catalanes, y cómo es que los antiguos tratados de ajedrez 
son catalanes ó valencianos? Otra circunstancia especial es también 
muy de notar: Armengol, conde de Urgell, hace el testamento en que 
dispone de su ajedrez en 1010, es decir, sólo 24 años después que Barce- 
lona fué saqueada é.incendiada por el terrible Almanzor, y sus habi- 
tantes degollados ó conducidos cautivos á Córdoba. 

Ya hemos visto que el ajedrez que el Viejo de la Montaña mandó á 
San Luis no era de cristal, y que no era un juego, sino varios: también 
vimos que Armengol de Urgell y doña Emersindis de Barcelona legan 
su respectivo ajedrez á la iglesia de San Egidio de Nimes, no para el 
tesoro, sino para contribuir á la edificación de la iglesia at ipsa opera de 
Bcclesia, para el cual fin forzosamente habían de ser vendidos los juegos. 
Como cosa de mucho valor en aquel tiempo, nadie, fuera de algún mag- 
nate, podía comprarlos, y nada tendría de extraño que uno de los dos 
juegos de la iglesia de Nimes hubiese ido á parar á París, ó á alguna 
otra ciudad principal de Francia, y que lo adquiriese san Luis ó algún 
otro de los reyes que gobernaron dicha nación en los siglos xii á xiv. 

De la magnificencia de los juegos de ajedrez de aquella época nos 
dará una idea el que Pons Hugo, conde de Ampurias, depositó en el año 
1309 en la tesorería de la catedral de Gerona, en prenda de deudas que 
había contraído. Don Jaime Villanueva lo describe del modo siguien- 
te (2): El tablero era de plata con los cuadros de encima de jaspe y 

(1) He hablado de la posibilidad de la procedencia árabe-andaluza, como mera bu- 
posición, porque estoy convencido de lo contrario, y de que los dos hermanos barcelone- 
ses no fueron á Córdoba á jugar al ajedrez. 

(2) «Viage literario á las iglesias de España.» Tom. XII, pág. 122, por don Jaime 
Villanueva, dice: 

cAquf he visto una nota de uno muy rico que se depositó en la tesorería de esta cate- 



EL AJBDRBZ 2^ 

cristal embutidos, con pequeñas perlas engastadas en él, con cuatro 
leones de plata fijados en él (¿en las esquinas?) y cuatro pies de plata; 
7 un juego de damas y otro juego de ajedrez de jaspe y cristal , con dos 
bolsas de hilo de oro en los que se guardan dichas damas y ajedrez; y la 
correspondiente caja de color verde con las marcas reales y águila en la 
que se guardan el tablero y piezas. 

Volviendo á Francia; siendo un hecho incontestable que en el 
siglo VIII se conocía el ajedrez, pues que Pípino, padre de Carlomagno, 
entre la gran cantidad de regalos que hizo con motivo de la traslación 
de las reliquias de san Austremonio, patrón de Auvernia, & cuya cere- 
monia asistió, dio un juego de ajedrez de cristal (1); ¿por qué se ha de 

dral (Gerona) en el año 1309 por deudas de Ponce Hugo, conde de Ampurias. Era uoa 
tabula argenti qucB est de super de iaspi el cristallo incilata et cum perlis paroia ibi 
incaetaiis, et cum quaiuor leonibua argenti in ea Jixis, et cum quatuor pedibus de ar- 
gento et uno ludo tabularum et altero ludo scacorum de iaspi et cristallo et cum duo^ 
bus marsupiisjlli aurei in quibus dicti ludi tabularum et scacorum reseroantur ; et 
cum quadam caaia pieta de colore viridi et cum signis regalibus et aquila, inqua 
dicta tabula cum suis aparatibus reservatur, » Las bolsas de hilo de oro en que se 
guardaban estos juegos de damas y ajedrez recuerdan los hilos de oro con que estaba 
atado el ámbar que acompañaba los regalos del Viejo de la Montaña á san Luis, pudien- 
do decirse que eran contemporáneos. 

También habla Villanuevn de unas piezas de ajedrez de cristal de roca que todavía 
existen, pues tuvieron el gusto de verlas, y sacar un croquis de dos de ellas, los indivi- 
duos de la Associació Catalanista cT eacursións Cientijlcas de Barcelona, que visitaron 
á últimos de pasado Junio— 18S6,— la villa de Ager— Urgel,— cuya parroquial iglesia 
posee dichas piezas. Acerca de ellos dice Villanueva: cVi además en una cajita varias 
piezas de cristal de diferentes tamaños y hechuras, cuyo uso sería inaveriguable en el 
dia, si nos conservara noticia el citado inventario,— es el que mandó hacer de las alha- 
jas de Ja sacristía de aquella iglesia el abad don Juan Sobrino en su visita del afio 1547— 
que dice: unacaeoadefustaabquarantacuatre pessasdecrestall (*) Diuse sonSquachs, 
creuse los dona lo compte d' Urgell. > | Cuál? No sería el primero, de quien me he ocupado 
ya, pues éste los dejó á la iglesia de San Egidio ó Gil, y el titular de Ager es SanU María. 
Tampoco sería á otra antigua iglesia de la misma villa, porque sefrún escritura que existe 
en aquel archivo, núm. 2,18S, en el afio 1040, antes de la segunda invasión de los moros, 
había en Ager tres iglesias tituladas de San Vicente, San Pedro y San Salvador, ninguna 
de ellas San Gil, que fué á la que el primer conde de Urgell legó su ajedrez. Esta sería la 
de Nimes como lo expresa claramente el codicilo de su cufiada dofia Gumersindis, con- 
desa viuda de Barcelona. 

( Villanueva, en la citada obra, tom. IX, pág. 141 ). 

En Ja pág. 142 sigue diciendo: tDel juego de los escaques ó ajedrez se ofrecerán 
varias ocasiones de hablar, porque no es el único que se conserva en nuestras iglesias y 
monasterios, por abundar tanto en este país los nobles y grandes sefiores de quienes era 
propia aquella diversión. » 

En efecto, mucha sería la afición al ajedrez, y grande la importancia que se le daría, 
cuando los condes de Urgell tomaron por divisa en su escudo un tablero de ajedrez; par- 
ticularidad que me ha hecho observar el ilustre historiador don Antonio de Bofaruli. 
Véase además el capítulo € Conclusión.» 

(1) Acta Sanctorum, ord. S. Benedicti. par. II, pág. 191. 

La nota del conde de Baslerat (pág. 25), en la que dice que el ajedrez sería poco co- 
nocido en Auvernia porque el autor del relato escribe cachos en lugar de «cacos, es poco 
fundada, porque una falta de ortografía no demuestra ignorancia de la cosa: además, tal 
vez en aquel tiempo se le daba allí aquel nombre, pues ya hemos visto que en el Diccio- 
nario del valenciano Esteve, estampado en Venecia en 1487, se le nombro sacho. 

(•) Con fecha lO de Julio de 1R96 he recibido carta de don Francisco Mora, cura rector de 
Ager, en la que me participa que estas piezas están actualmente reducidas á quince. De las que 
he hablado y dado los dibujos en el capitulo XVII, pues las tuve en mi casa cuando ya tenia es- 
crito lo del texto. 



276 EL AJEDREZ 

suponer que este juego se había traído de Oriente , y no que, como todo 
lo demuestra, el ajedrez estaba ya en aquella época muy generalizado, 
no indicando nada que fuese una cosa nueva, sino al revés, mencionán- 
dose siempre como cosa muy conocida y corriente; y creer que el mismo 
juego era ya de antiguo conocido en Europa, y jugado por los griegos y 
los romanos, á lo menos en la época de la decadencia del imperio de 
Occidente? (1). 

La imposición del doctor Forbes, aceptada por el conde de Bastera!, 
de que las artes estaban muy atrasadas en Francia para que pudieran 
encontrarse en ella artífices tan hábiles que supiesen trabajar el cristal, 
es una suposición puramente gratuita que nace de dos errores: primero, 
el de tener una opinión equivocada de los trabajos de la Edad Media, 
cuyas numerosas obras de arte admiramos aún en las catedrales y 
museos; y segundo, el de creer fabricados de cristal artificial los juegos 
de ajedrez de cristal, cuando todos los pertenecientes á reyes y magnates 
eran seguramente de cristal de roca , como los que todavía existen en el 
Museo de Cluny. 

Este último error es el que probablemente hace preguntar al conde 
de Basterat si los venecianos habían aprendido en el siglo xiii de N. E. 
las primeras lecciones del arte de vidriería en la escuela oriental de 
vidrios; pregunta ó duda muy fáciles de contestar á disipar el hecho de 
que los venecianos tenían establecidas fábricas de cristal en la isla 
de Murano mucho antes de aquella fecha (2). Además, ni el atraso 

(1) Es notable la coincidencia de que los poquísimos juegos de ajedrez que aún nos 
quedan de aquellos tiempos sean de carácter bizantino, y que en ninguna otra parta sino 
en Cataluña se conservan noticias positivas de haber poseído riquísimos tableros y jue- 
gos de ajedrez desde el siglo x al xv; según nos lo demuestran el testamento del conde de 
Urgell y los inventarios de don Martín y del príncipe de Viana. 

(2) Mr. Charles triarte, en su magnífica obra € Venecia,» al empezar el capítulo de 
la cristalería (póg. 202), dice: Mr. Viocenso Lazari cree poder afirmar que los primeros 
habitantes de Venecia, al refugiarse en las lagunas, llevaron ya con ellos el arte de fa- 
bricar el vidrio, porque según él, hay identidad entre la materia del cristal antiguo y del 
de Murano.» 

Como Itt fabricación del esmalte implica el conocimiento de la fabricación del vidrio, 
Carlos Iriarte no duda de que esta última industria estaba ya floreciente en Venecia « 
principios del siglo XI, por lo que dice: ¿Cómo negar que los artistas y mosaiquistas 
venidos (de Constant inopia) por orden de Pietro Orseolo en el siglo x para adornar la 
iglesia de San Marcos trajeron con ellos una industria ya muy adelantada f Los venecia* 
nos se la apropiaron, la desarrollaron, renovaron é hicieron tales progresos, que sus 
maestros se vieron obligados á serles tributarios en esla industria.» 

A pesar de haber emitido esta opinión respecto á la introducción de la industria del 
cristal en Venecia, Mr. C. Iriarte dice un poco más adelante: «Cualquiera que sea el 
origen, la influencia oriental es visible; y en Oriente, la influencia árabe es más particu- 
larmente sensible. Examinando los collares encontrados en las tumbas egipcias, y esas 
redomitas de mil colores encontradas en la Campania, Ñola y toda la campaña de Roma 
y apenas los distinguiréis de los collares que llevan las hijas de las lagunas: se supone 
que son justamente las muestras encontradas en toda Italia las que han servido de mo- 
delo a los primeros fabricantes de Murano, lo que podría confirmar la opinión de Mr. Lo- 
zari.» Y yo pregunto: ¿en dónde está aquí la influencia árabe? A no ser que se consi- 
deren árabes los egipcios y los etruscos, cuyas obras sirvieron de modelos á los venecianos, 
no acierto á ver ninguna influencia asiática. 

MM. Perrot y Cbipiez, entusiastas por la Phenicia en grado superlativo, y que en su 
importantísima y valiosa obra «Histoire de TArt dans TAntiquité» dan como fenicias 
muchas cosas que están muy lejos de serlo, en la pág. 133 del tom. III, correspondiente á 



BL AJEDREZ 277 

artístico ni el recibir del Oriente ricos juegos de ajedrez prueban la 
menor cosa respecto del origen del juego. En el día se reciben de regalo 
7 se venden en Europa juegos magníficos de ajedrez, con piezas de 

la Pheoicia, dicen: cSe atribuye gratuitamente, entre los antiguos, la invención del 
▼idrio á los Phenicios. £Bto es un error muy fácil de explicar.» Y lo explican, con bas- 
tante extensión, por el comercio antiguo, del cual eran los phenicios, según opinión gene- 
ral, los principales agentes, navieros y mercaderes, en la antigüedad. Después conti- 
núan: «Eso, por lo tanto, es una ilusión de que no podemos participar. Los verdaderos 
inventores del vidrio son los egipcios. Esta invención se remonta, probablemente, al 
antiguo imperio, 3000 años antes de N. E. » 

Algo más adelante hablan de las fábricas de Murano, y comparando las fabricacio- 
nes fenicias y venecianas, se expresan así: «En tal caso, el vidriero de Sidón y el de Mu- 
rano se han formado la misma idea del objeto y hasia de su arte. Hemos señalado más 
de una semejanza entre Sidón, Tyro, Cartago y Venecia, he aquí una conexión demásv la 
misma industria ha sido floreciente en la Venecia antigua y en ia Tyro moderna; ella ha 
buscado el efecto y el éxiio con el empleo, en una y otra parte, de los mismos procedi- 
mientos, y con combinaciones del mismo género.» 

De todo lo cual resulta que los venecianos no habían aprendido del Oriente la fabri- 
cación del cristal, sino que la conocían desde antes de ser venecianos; es decir, que esta 
industria estaba aclimatada en Italia desde los tiempos más reihotos; que la conocieron 
ya los antiguos etruscos, cuyas obras habían servido ya de modelos á los primitivos vene- 
cianos, habiendo aquellos aprendido, é su vez, con toda probabilidad y directamente de 
los egipcios, con los cuales está demostrado, por testimonio de los monumentos, que 
habían mantenido relaciones y que muchos de ellos habían permanecido en Egipto por 
largo tiempo, formando la guardia de honor los faraones catorce ó quince siglos antes de 
nuestra Era. 

Mr. Ch. Iriarte, en la pág. 203 de su citada obra, dice que, revolviendo archivos, ha 
encontrado un pergamino por el cual consta que un visir encargó, por orden del sultán, 
á las fábricas de Venecia cien lámparas sin dibujo y forma determinados, cuyo modelo 
había recibido anticipadamente. 

Como no expresa el nombre del Sultán, ni la fecha en que sucedió, lo he indicado 
únicamente para que se vea que, en lugar de ser los europeos tributarios del Oriente res- 
pecto de la industria del cristal, eran los orientales los que encargaban al Occidente 
objetos de la misma. 

«Una de las más notables invenciones de una era remota, y de la cual tenían ya 
conocimiento los egipcios, á lo menos desde el tiempo de Usertesen I, hace sobre 3500 
años, es la de soplar el cristal.» ( Wilkinson, The Manners and Customs of the Acient 
Egyptians, tom. II, pág. 14). Mr. Wilkinson es de los que adelantan la cronología egip- 
cia para hacerla concordar con la de Moisés. Según la cronología generalmente admi- 
tida, Usertesen I reinaba en 2800 antes de C. 

»E1 procedimiento, continúa aquel autor, está representado en las pinturas de Beni- 
Hassan, ejecutadas durante el reinado de aquel monarca y de su inmediato sucesor, y 
repetidas, asimismo, en otras partes de Egipto, en tumbas de varias épocas.» Vienen á 
continuación los grabados que representan los vidrieros soplando el cristal, el fuego, la 
pieza fabricada y el geroglífico explicativo. El ejemplo más antiguo que se conoce, dice 
Mr. J. Birch, en la pág. 142 de la misma obra, es un pequeño fragmento de vidrio, de 
color azul oscuro, que tiene impreso el nombre de Antef 111, de la xi dinastía, 300 años 
antes de C. 

»Tal era la habilidad de los egipcios en la manufactura del vidrio y en el modo de 
darle diferentes colores, que falsificaban con éxito la amatista y otras piedras preciosas, 
y hasta llegaron á alcanzar tal perfección en el arte, que ni sus sucesores han podido 
conservarlo, ni nuestros fabricantes europeos;. no obstante, otros adelantos en varios 
ramos da esta industria pueden aun imitarla.» (Wil., ob. cit., pág. 143). 

Se refiere á cristales opacos de diferentes colores, pintados con muestras ó dibujos 
de matices diversos, y con mucha profusión, mediando la circunstancia particular de 
que la pintura que aparece en la superficie pasa en línea recta á través de todo el cristal, 
apareciendo del mismo modo en la parte opuesta, de manera que en cualquiera forma 
que se rompa el cristal y en cualquiera de sus secciones aparecen los mismos colores y el 
mismo dibujo. 



218 



BL AJBDRBZ 



marfil y tableros de n&car fabricados en la India 7 en la China, sin qne 
esto demuestre que loe chinos y los indios usen más ó eean mejores juga- 
dores de ajedrez que los europeos. Por otra parte las piezas de ajedrez de 

Coma á muestra de e«ta cIsm de vidrio, ó crietal, da en Is lamias d.° XIV del mieino 
tomo, un cuadrito de 13 por 10 pulgadas cuadradas, de color amatieta con dibujoa d« ts- 
rlofl coloree, emarillo, azul claro, eacarnado y verde, cuya delicadeza de Ilneae y perfec- 
cJAo de dibujo, dice que son verdaderamenM sorprende aten. Eate cuadrado {ñg. 77) 
llevado á Inglaterra por el capitáa HeDvey y actualmente ea el museo Británico, eegüo 
dice Mr. Samuel Birch en la Dota !.* de la misma página, represeata el lado de un trono 
de divinidad, ó rey, con adornos en forma de pluma ú escama de pescado, es decir, naa de 
las piezas que formaban eites plumas ó escamas. Pero eso no puede ser, porque la pieza 
es completamente cuadrada, y do tiene el menor indicio de haberse de colocar en parte 
sobre y en parle debejo de otra pieza, que es lo que constituye el plumaje, á la imilaciÚD 
de las escamas de un pez; y cuando, además, las piezas que compoulan esta clase de 
adornos atibaban en punta oval ó almendrada. 

Todo lo más podía formar un pedestal dame, bastante común; pero, eu íetoe, los 
cuadros eran generalmente de colores unidos, sin muestras, y aún para tal objeto me 
parece también demasiado pequeSo. 

Atendidos la forma, dimensión y color de este cuadrillo iuo podía haber sido uno de 




Fio. 77.— Pieza de cristal en colores encontrada en Egipto 



los cuadros (negros) perteneciente é un tablero de cristal de ajedrez, tan comunes, como 
veremos después en la Edad Media, (y aún antes) por todas partes, y en CatalaHa parti- 
cularmentel El mismo Mr. Birch dice que este cuadrito, como los fragmentos de la mis- 
ma clase encontrados en Roma y descritos por WilkenmaDD, pertenecen al último 
periodo ptolomeico ó romauo, que se fabricaban especialmente en Alejandría, de donde 
Roma se provele de vidriado. 

En apoyo de lo que acabo de exponer respecto á la antigüedad del uso de los tableros 
de cristal, y á la procedencia que les atribuye Mr. S, Birch, puede citarse el becfao 
siguiente, de que da cuenta <£a ;^at are, > en la pág. 27!, primer semestre de 18^. En un 
túmulo descubierto cerca de Valloby, en Lelaad, Dinamarca, reposaba un cadáver 
humano con la cabeza vuelta hacia el Sud y los pies hacia el Norte. Entre varios objetos 
colocados é su alrededor se encontraron, junto 6 su brazo izquierdo, tableros de damas 
(damiers) de vidrio: unos eran de color rojo oscuro y de un blanco de teche, y otros ne- 
gros y blancos, descubriéndose entre estos últimos un pequeño pedazo de amatista sin 
Irsbajar Los demás objetos consistían en dos sortijas de oro y un soberbio brazalete del 
mismo metal maciso, dos pibulas de plata, vesos de bronce con huesos da aves, y de 
fabricación romana, un vaso de los llamados Somcanoí de tierra roja, coa adornos en 
bajo relieve, represeniando escenas de caza, etc. Mr. G. Eogelhardl, autor del descubri- 
miento y de los datos publicados en la citada Revista, deduce de la precisión del cadáver, 
del sistema de inhumación y del carácter de muchas de los objetos depositados en la 
tumba, que la antigüedad de asta se remonta á los siglos iii ó tv de N. E., caracterizados 
por elementos romanos en loe países eecnndinavos. 

Pero las piezas de ajedrez y los cuadriioe de tableros de cristal jno podrían ser de 
fabricapiÓD catalana ó aragonesa, es decir, de subditos de la corona de AragóoT Marineo 



EL AJEDREZ 279 

que se trata eran de cristal de roca que nada tiene que ver con la fabri- 
cación del vidrio. 

Por lo que digo en la nota de la pág. 270 se habría venido en cono- 
cimiento que el ajedrez de que trato no puede ser de doña Emersendis, 
ni el de su cuñado legados á la iglesia de San Egidio de Nimes; pero 
cuando fui á París y en el Museo de Cluny, copié estas piezas y me 
enteré de su origen yo tenía escrito este capítulo y be creído conve- 
niente dejarlo tal como estaba, continuando en él esta rectificación y la 
antedicha nota. 

Siculo dice que los vidrios fabricados en tiempo de los romanos, en las fábricas de Caspe, 
eran de los mejores que se fabricaban en el mundo. Esta fabricación continuó allí hasta 
una época muy adelantada, como lo demuestran aún las ruinas de los hornos, montones 
de escorias y restos de vidriería que se encuentran por allí, de los cuales, los unos, evi- 
dencian la certeza de lo que augura Siculo, y los otros la continuación de la industria 
hasta principios del siglo xviii. 

Mi amigo don Celso Gomis da curiosas é interesantes noticias de esta industria en un 
artículo titulado clndustrias desaparecidas de Caspe,» publicado en el primer «Anuari 
de la Aasociació (VExcursions Catalana.^ Véase pág. 489, del cual he extractado lo 
precedente. El mismo señor Gomis regaló también á la mencionada Asociación varios 
trozos de vidrio que acreditan la realidad de los adelantos de la industria vidriera de 
Caspe en todas las épocas y especialmente en ta romana. Para la fabricación de piezas y 
cuadritoe de ágata, jaspe y otros semejantes no faltan piedras duras en las montañas de 
Cataluña y Aragón, pudiéndolas utilizar los fabricantes de juegos de ajedrez, de estas re- 
giones, para la construcción de piezas y de cuadros negros que debían alternar con los 
blancos de cristal. 



CAPÍTULO VII 



JADCB CA8ULI8 



En la Edad Media, en que este juego estaba muy en bog^, se atribuía 
su origen á la Asiria y Babilonia. En el siglo xi, Anna Gomneno dice 
acostumbraba jugar al ajedrez con sus parientes y amigos (1), añadiendo 
que esta diversión babia sido propagada por los asirios; pero no dice ab- 
solutamente que fuese en Constantinopla un juego nuevo. 

Esto está en concordancia con otros documentos de aquella época; ó 
algo posteriores, entre ellos un precioso MS. que había pertenecido al 
monasterio de San Cugat del Valles, y se conserva incompleto en el 
archivo de la Corona de Aragón. 

La catedral de Gerona posee otro códice, cuyo texto es en gran parte 
igual al de aquel manuscrito, tratándose figuradamente del juego del 
ajedrez y atribuyéndole un origen babilónico, según veremos después. 

Don Manuel de Bofarull, á quien debo la noticia de tan importantes 
documentos, opina que la segunda parte del códice de Gerona, ó sean los 
últimos 36 folios, contiene <s^Lo libre de bones costumes deis hámens ¿ deis 
officis deis nobles,» que no es otra cosa sino la traducción al lemosin — ^yo, 
con perdón suyo, diría al catalán — de la obra que escribió en latín el 
fraile dominico Jaime de Casulis (ó Gasull, como cree el señor de Bofa- 
rull) sobre las varias enseñanzas morales que encierra el juego del aje- 
drez. Otro tanto puede opinarse respecto del muy defectuoso que procede 
de San Cuffai, pues como ya he dicho, son tan parecidos que sus varia- 
ciones son insignificantes, y casi se completan el uno al otro, faltándole 

(1) €Anne Comnéne, lib. XII, pég. 360 fol. » 

Copio de la citada obra del conde de Bast-erat la sif^iiente nota que contiene el pasaje 
á^ A nne Comnéne: Pro more suo fecit ut ad díluendam amaritiem principalium cu- 
rarum, ne noeles quidem ipsi quietas imenti um familiarisaimos suos et consanguini- 
tate intima ad ludendumsecum^Zatriciumik adhiberii, remisionis genus it est inde 
XASque ah €Assyriis^ ingeniosis artijlcibus üoluptatem ad nosírum usum ohlectatio- 
nemque propagatum. » 



fiL AJBDRBZ 281 

no poco también al de Gerona. El mismo don Manuel de Bofarull cree 
que este MS., según el carácter de su letra, es de fines del siglo xiv ó 
principios del XV, aunque el original latino sea anterior. «Es sensible, 
me dice aquel amigo, que un antiquísimo tomo en 4.** existente en la 
librería Real de Madrid, cuyo título es IncipiC libellus de ludo scAaccorum 
et de dictis factisque nobilium verorum preclararum ei antiquorum, Prolo- 
gus libelli, carezca de nota de año y del lugar en que fué impreso.» Es 
indudablemente, en mi opinión, un ejemplar de la edición latina que de 
la obra de Casulis se supone impresa hacia el año 1480, como se verá 
luego. 

Veamos ahora las noticias biográficas y bibliográficas que puedo 
ofrecer á mis lectores acerca del autor y de su obra ; noticias tomadas en 
su mayor parte, del libro del conde de Basterat y de dos preciados ejem- 
plares de aquella obra que he adquirido para mi librería. Uno de éstos es 
una reproducción, impresa en Milán el año 1829, de un códice manuscrito 
7 con miniaturas existente en la librería Magliavechiana de Florencia, y 
el otro corresponde á una reciente edición inglesa de la traducción que 
en este idioma hizo Guillermo Caxton en el siglo xv de la obra de Ca- 
sulis. 

El conde de Basterat, cuya excelente obra sobre el ajedrez no tiene 
otro defecto que el de atribuir á este juego un imposible origen indio, 
entre las muchas é interesantes noticias y anécdotas referentes al mismo 
juego, presenta unas de las primeras muy importantes acerca de la obra 
en que me ocupo, diciendo en la pág. 52-53: «La obra más antigua com 
puesta en Europa sobre el ajedrez es notable por muchos conceptos; tiene 
por título Cessol ( Jacobo) seu de Thessalonica, Incipit solüiium ludi ScAac- 
eorum scilicet regiminis ac morum hominum et offlciorum virorum nobi- 
lium^ etc. Se había hecho remontar la composición de este libro al 
año 1290, pero según Mr. Leber (BulL du BibliograpAie, aoút, 1837) sería 
de fecha bastante más reciente. Yo he examinado todos los MS. latinos 
y franceses de esta obra, conservados en la Biblioteca Real, y hé aquí lo 
que el examen me ha llevado á mirar como la expresión de la verdad: 
poco tiempo después de la publicación del famoso libro De regimine prin- 
cipium, de Pilles de Rome, muerto en 1316, un dominico, llamado Jaime 
de Cessoles (Cesulis), habiendo leído con mucha detención esta obra, le 
ocurrió aplicar á las piezas del ajedrez las instrucciones dadas á las per- 
sonas de todas categorías por el célebre arzobispo de Bourges. Un día 
tomó por tema de su sermón la conexión fácil de establecer entre los 
reyes, ministros, nobles, sacerdotes, magistrados y gente del pueblo, y 
el rey, reina, caballero, peón, etc., resultándóle enseñanzas que sin duda 
obligaron al predicador á dividir sus paralelos en diferentes discursos: 
se le felicitó en gran manera por su procedimiento; se le pidió que lo 
escribiera, y al poco tiempo, dos autores franceses, Juan de Vignay y 
Juan Ferron, tradujeron el largo sermón de Jaime Cessoles. Estas, dos 
traducciones han sido conservadas. La primera fué hecha con toda certe- 
za desde 1318 á 50.» 

Las noticias que contienen la introducción y notas de la edición mi- 
lanesa del MS. de la librería de Magliavechi son más completas, aun 
cuando forzosamente pecan de deficiencia tocante al número de manus- 

96. — BL AJEDREZ. 



282 EL AJEDREZ 

critos 7 ediciones que en diferentes lenguas existen de la obra de Ca- 
sulis. 

Según aquella referida edición «Fr. Jacobo de Cessole^ en la diócesi^) 
de Reims, natural de Tierache^ en Picardía, (como dice Quetif en su Biblio- 
teca de la orden de Predicadores), floreció hacia fines del siglo xiii ó 
principios del siguiente, y fué maestro de Teología, valiente predicador 
y solícito en formar las costumbres de los hombres según el estado de 
cada uno. Compuso en lengua latina un tratado del juego del ajedrez, en 
el cual, antes de dar preceptos sobre el mismo juego, imaginó reducir á 
sentido moral cuanto el inventor de éste, ó la casualidad ó cualquiera 
otro entendimiento había establecido.;» 

En la primera nota de la introducción á que me refiero, se dice: que 
hubo quien llamó al autor Fr. Jacobo de Tieracej quien de Tesalónica, y 
no faltó quien, engañado por la semejanza del nombre, lo tituló de 
Cásale en el Monferrato. 

En el gran Diccionario Enciclopédico de Mr. Larousse se contiene 
este artículo : <(Cessoles fJacques de) en latín Casolis, Cassolis y CasuliuSy 
religioso jacobino francés, nacido en Cessoles (Picardía) de donde tomó 
el nombre.)!) 

Toda vez que de los anteriores datos no resulta de una manera con- 
cluyente cual fuese la verdadera patria de nuestro autor, bien podremos 
exponer la duda de si este Fr. Jacobo, ó Jaime, sería el mismo Jaime 
Gasull, según se le nombra en catalán y en valenciano, fraile de la 
orden de Predicadores fundada en España en 1215, y que tantos espa- 
ñoles eminentes produjo, como Santo Domingo de Guzmán, fundador de 
la misma y otros. Esta circunstancia, unida á la de que Torres Amat 
afirma que Gasull era de Barcelona, según ya dije, justifican mi pre- 
sunción, ó por lo menos hacen que no pueda tenérsele por extraña y 
absurda. 

En cuanto k los manuscritos y ediciones antiguas de la obra de 
Fr. Jaime, la estampada en Milán hace la siguiente enumeración que 
doy en extracto: 

MANUSCRITOS LATINOS 

I. Encuéntrase en la biblioteca del Seminario de Padua, aunque de 
la cita que se hace de él en el índice de autores de ajedrez continuado 
en la obra de don B. Bacco Napoletano, Roma 1817, no resulta bien claro 
si el códice está en latín ó en vulgar. Lo está en latín y se cita también 
en dicha obra el siguiente : 

II. <íiSolaiium Zudi Schacarum^ scilicet reffiminis ac morum Aominumy 
et offldum virorum. Se encuentra en la Biblioteca de Dresde. 

)>Los bibliógrafos advierten que los MSs. latinos de esta obra son 
muy comunes.^ 

EDICIONES LATINAS 

I. <clncipit solatium Indi scAacarum, scilicet, etc. Carece de lugar 
de imprenta, nombre del impresor, año y demás señas: consta de 39 fol. 



EL AJBDRBZ 283 

con 32 lineas sobre cada página entera. Es la primera y rarísima edición, 
con caracteres iguales á los usados para la Historia Scholastica novi Tes- 
tamentiy dada & luz en Utrecht en 1473. Así lo dice el señor de La Serna 
y Santander, el cual poseía un ejemplar que vendió en 140 francos.» 

«Otra antigua edición sin fecha se cita por Denis (p¿g. 660) que no 
puede asegurarse sea la misma citada antes por no dar dicho bibliógrafo 
el menor indicio.» 

II. «Indpit liber quem composuit fraíer Jacohis da Cessolis, etc., qui 
intitulatur liber de moribus Aominum, eí offlcis nobilium super ludo scaco-^ 

rum. Impresum Mediolani MCCCCLXXVIII die XXIII mensis Augusti. 

in fol.h 

III. «Incipit libellus de ludo srhaccorum et de ^\qX\% faciisqne nobi- 
lium rArorum et aníiquoTum, En el anverso del último folio se lee: Explicit 
tabula super ludum schaccorum: Deo gr alias. No contiene el año, pero 
hacia el 1480, in 4.'' Está impreso en caracteres góticos con la señal a-h. 
Todas las páginas tienen 29 lineas, excepto la última que tiene tan 
sólo 15.» 

— El título de esta edición es, como se ve, igual al del ejemplar 
mencionado por el señor de Bofarull, pues aún cuando falta el vocablo 
preclarum puede ser por efecto de una omisión involuntaria al co- 
piarlo. — 

IV. «Jacobi de Cessolis ord. Praed. Informatio morum excerpta 
ex modo et ratione ludi Scachorum , sine de moribus Aominum ojlciesque 
nobilium, et super eo comentarius. Mediolani 1497 in fol,T^ 

EDICIONES VULGARES ( ITALIANAS) 

Cita dos: la primera, de mérito y rara, impresa en Florencia por 
Maestro Antonio Miscominu Anno MCCGCLXXXXLII. En 4.*" menor con 
figuras en madera, las cuales se copiaron para ilustrar la misma edición 
de Milán. 

La segunda se imprimió en Yenecia en 1534, y no ofrece nada de 
particular. 

EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS 

«La Crusca, en las notas del índice de los autores citados, dice: que 
del latín fué después traducido al francés por Juan Duvigny, hermano 
hospitalario de San Jacobo d'Altopascio en 1330, y por Fr. Juan Ferron 
en 1347, en la cual lengua hay un texto manuscrito en la librería Vati- 
cana señalada con el número 4801. 

»La traducción de J. de Vignay ó Duvigny, se publicó en París por 
Míchele le Noir en 1505. En el catálogo de Rocco, antes nombrado, se 
nota lo siguiente : 

<iLe Jeu des Bschez moralisé. Al final se lee: Cy finit le liwe des 
Bschez, et Vordre de ckavalerie transíate de Latin en Franfois^ imprimé 
nouvellament d PariSj et fu echevi le Vendredy VI. jour de Septembre 
Van 1504, pour Antoine Verart. fol.» 

«La traducción belga se imprimió en Gonda por (Gerardo Leen en 



284 EL AJBDRBZ 

1479, en fol., y en Delft nuevamente en 1483 en 4.'', y otras dos veces 
sin lugar ni año, en fol. 

»La inglesa hecha por Guillermo Caxton sobre la traducción fran- 
cesa fué igualmente impresa por dos veces; sin lugar en 1479, y en 
Westmister con tipos del mismo Caxton en 1490. Dildin, en la nueva 
edición de Cunes ( typographical antiquities) se inclina k creer que la 
1.' edición se hizo en los Países Bajos.» 

Mas adelante diré, por mi cuenta, algo más sobre la obra de Caxton. 

MANUSCRITOS VULGARES (ITALIANOS) 

Cuatro en la librería Magliavechiana, el primero en 4.'', del siglo xiv, 
con miniaturas que explican las alusiones del ajedrez. — Es el que se 
reproduce en la edición de Milán , que contiene estas noticias. 

Los otros tres son del siglo xv. 

Tres en la librería Riccardiana, uno del siglo xiv y dos del xv, y 

Uno en la librería Tribuido del siglo xv. 

Hasta aquí los datos bibliográficos que presenta el libro referido. No 
ofrece ninguno sobre manuscritos en lenguas vulgares extranjeras, pero 
deben existir en no escaso número, ya que como se dice en la traducción 
de la misma obra, y con referencia á Quetif, «ningún otro libro en aquel 
siglo, obtuvo mayor celebridad.;^ Ta he dicho en otra parte que Van der 
Linde conoce más de doscientos manuscritos de esta obra. 

Volviendo ya & nuestros códices catalanes y al origen babilónico 
que en ellos se atribuye al juego del ajedrez copiamos literalmente del 
manuscrito de San Cugat del Valles: <(Aiads com se feu que Cirus Hey dt 
Persia y Dari ofiren lo rey Balgeiar nabal de Guilmoredaeh rey de Babi-^ 
lonia en tems de qual aquestjoch se atrobd e tolgueren a aquell Balcebar son 

regne e ago fou fet en una nil edetolfo que damont haiem dit digam 

que aquest joch fo atrobat de tems de Bvilmoredack rey de Babilonia per 
Tersius o Philometor qui fou philosofe trobal a correcció del rey Bvilnuh 
redack per aquesta manera imaginant lo taulell deis squachs quey hagues 
LXIIII cases e quey posas les formes deis squachs oaA nobles com pehons per 
la manera que desús es ja dit e recitat. E axi mateix posa los moviments e 
anaments de aquells squachs. E com ordonat lo dit joch per lo dit philosof 
ejuguas denant rnvolts de casa delrey aquell joch deis squachs el rey Evil- 
moredach sobrevinent at dit joch plague molt en aquell joch jogar el dit 
philosoff preicas e mostra al dit rey Evilmaredach les bones condicions quel 
rey debia haber go es continencia justicia e pietat segons que dit es ab capítol 
del rey dessus mostrantli las propietats de la reyna deis jutgbs o orfils so 
es quins consellers e qui?/s jutges deuen haber feels sabis e libérale deis 
govemadors o veguer s (se refiere á las torres) com se debían haver enregir 
lo regne per lo rey deis pehons o populars com devien en sos oficis lo rey e la 
reyna e los altres del regne servir. El rey Evilmoredach tinense per sobre 
pres de ga crueltat que havie e de ses males obres e ago per lajorma del dit 
joch mana al dit philosoff que li dixes sotspena de mort perqué » (1). 

(1) El MS. de San Cugat, fol. LIV y LV. 

Este MS. DO puede completarse con el texto del de la Catedral de Gerona porque este 
último varía en la relación de la entrevista del Rey con el filósofo, el cual dice: tSenyor 



SL AJBDRBZ 285 

Aquí termina el referido manuscrito^ frag^mento ó fragmentos de un 
Códice de fines del siglo xiv ó principios del xv, según opinión de don 
Manuel de Bofarull. Desgraciadamente tanto este Códice como el de la 
catedral de Gerona se hallan muy incompletos; mucho mes de lo que 
pensé en un principio, y he visto después por la traducción inglesa de la 
obra de Casulis, pues les falta el modo de jugar; punto interesantísimo 
para la historia del ajedrez, ya que haciéndonos saber cómo se jugaba en 
aquellos tiempos, nos aclara muchas dudas, según veremos mes ade- 
lante. 

Es notable que la causa del origen del ajedrez en Asiría y Babilonia 
sea la misma admitida generalmente para el origen indio, esto es, la en- 
señanza ó corrección del mal gobierno de un principe. Respecto de su 
invención, la anécdota referida por Casulis no difiere de la contada por 
el conde de Basterat casi en otra cosa que en el lugar de la invención; 
solo que Casulis, quizá porque en su tiempo no se habría inventado toda* 
vía por el atraso en las matemáticas, no incluye lo de la recompensa que 
inserta el conde de Basterat, ó sea el conocido cuento del grano de trigo 
exigido por el ministro para que puesto en una casilla, y multiplicado 
sucesivamente en progresión geométrica, cuyo exponente es 2, así: 
1, 2, 4, 8, 16, etc., hasta el término de 64, diera la enorme suma de 
18.446,744.073,709.551,615 granos de trigo; cantidad que no alcanzarían á 

Rey molt desig veura la tua vida que sia ordenada de justicia e de bones obres car en 
altre manera nopots esser amabla al poblé é que sias senyor de la tua voluntad car si 
no es sapies que no pots seny orejar altres si no ets senyor de tu matew, » Debo advertir 
que copio los textos manuscritos con la misma ortografía y falta de puntuación con que 
están escritos. Debo á mi amigo don Santiago Massó y Torrents la siguiente introduc- 
ción de la obra de Cesulis copiada por él mismo de uno de los códices de la Biblioteca 
Nacional, Madrid, sig. l. 2. 

Es un códice en paper Gran folio, de 101 ff. escrit a darrers del sigle xiv. Entre al tras 
obras, hi ha la següent que comensa en lo ff. 45: 

Comensa lo prolecli en lo libre sobre lo ioch deis escachs de les costumes e oflcis deis 
nobles. 

Per prechs de molts frares de nostre orde e de diverses seglas ja ha temps passat 
amonesta t molt request nague que transcrivis lo joch del solag deis escachs Qo es la 
ensenyanga del Hegimentde les costumes de la batalla del humanal linatge E com yo 
aquell joch al poblé publicament bagues preycat e la materia bagues pliguda a molts 
nobles per honor e dignitat lur curl seriare aquell amonestant aquells que si em- 
premiaren les formes en lurs penses aquell la batalla e la virtut del joch porien de 
cor leugerament reteñir... On yo stabli aquest libell de les costumes deis homens e 
deis oflcis deis nobles si a ells plau intitular e per go que pus ordenadament pro- 
ceesca en ell ans de aquella obra sapies tu legidor que yo he posatcapítols per go que 
les coses qui en ell s enseguexen pus plenariament sien declaradas on per •iiii* trac- 
tats lo damunt dit legidor trobara aquesta obra esser departida. — Lo primer tractat 
es de la causa e rabo del trobament de aquest joch. Lo segon tractat es sota qual Rey 
fou atrobat aquest joch. Lo tercer tractat qui fo aquell qui troba aquest joch. Lo 
qaari tractat es de oñ • manares o rabos per que fou trobat aquest joch deis escachs. 



Acaba '1 códice com segueix : 

Amen. 
Ffinito libro referamus gracias christo. 

Aci acaba lo libre que intitulat de les costumes deis oflcis deis nobles sobre lo joch 
deis escachs. ^ Deo gracias. 



286 BL AJBDBBZ 

cubrir sesenta ó setenta años de buena cosecha en España, y que el inex- 
perto é igpnorante monarca indio no tuvo reparo en conceder. 

La misma índole del cuento demuestra que su invención es moderna; 
y la clase de grano pedido, que su origen no es indio; hubiera pedido 
arroz, en lugar de trigo, y estaría más en carácter, pues el arroz es el 
grano predilecto de la India, tanto para la alimentación como para los 
sacrificios, por los que su consumo es mucho mayor que el del trigo (1). 

La tradición del origen Asyrio del ajedrez, señalada por Anna Gom- 
neno, se conservó en Europa desde aquella época hasta el siglo xvi al 
menos, estando en un error el conde de Basterat al afirmar que esta tra- 
dición se había perdido en aquel tiempo. Se confirma claramente el ma- 
nuscrito de Casulis cuando dice : <iiE es opinió dalsguns que aquesl jock se 
trabas en lo tems que la batalla de Troya fas. Mas ago no pot esser car aquest 
jock venck deis caldeus al regne deis grechs segons dit de Diomedes qui fo 
grech,» 

De modo que tenemos á un dominico del siglo xiii mejor informado 
de la introducción del ajedrez en Europa que algunos escritores contem- 
poráneos (2); porque si bien hacen venir directamente el ajedrez de Per- 
sia á Europa, se refieren á una época posterior á aquella en que escribía 
Diomedes, el cual señalaba, indudablemente, la época antigua de los 
siglos nr ó V antes de J. C, en que existieron relaciones continuadas 
entre Grecia y Asiría, tuvieron lugar las guerras persas ó medas y la 
expedición griega á Persia, que dio ocasión á la famosa retirada de los 
Díezmil, tan bien descrita por Xenofonte. 

Creo que no pesará á mis lectores el que á continuación ponga lo 
siguiente sobre el juego del ajedrez (scachs6squachsy\XLTXíh\évL squarcks) 
extractado del manuscrito de Gerona, más completo que el de San Cugat, 
tomando de ambos los nombres con que se designaban entonces las pie- 
zas de dicho juego. 

En aquel manuscrito, como en el otro, el tablero representa la ciudad 
de Babilonia — de Asyria, dice, y no de Egipto — los rebordes del tablero 
las altas murallas de la ciudad, y los cuadros los 64,000 pasos en que 
la ciudad estaba dividida. El juego representa la batalla de la vida. 
<iE aquesta fo una raho por la cual lo dit jock se troba, (o es^ per corregir 
lo rey car los reys deuen oyr e sostenir correccums (3).» 

Doy á continuación la descripción que hace de cada una de las pie- 

(1; Ya hemos visto que son varias las tradiciones sobre el motivo que dio origen al 
ajedres y lo que hay de particular en la anédota de los granos de trigo. 

(2) Diomedes fué un gramático griego que escribió en el siglo v. Digo que Osulis 
hace venir directamente de Persia el juego, en el concepto de que, en el siglo v a. de C , la 
Chaldea, de donde hace proceder el ajedrez, formaba parte del reino ó imperio de los 
persas. 

(3) Del códice de la catedral de Gerona: €¿o taulell deis esquacha representa la 
ciutat de Babilonia aqueta qui es en la regió de Caldea he no aquela qui es en egipte 
car lo dit taulell ha lxiiii cases cuadrades e aQo per tall com segons dit de Sent Gero- 
nim la ciutat de Babilonia qui es en la Caldea fou cayrade qo es que era departida 
en Mil parts cayrades axi quescum caire tenia xvi milia passos que fan ucini milera 
segons comta del lombarts per go son lxiiii cases en lo taulell deis escuachs en lo qual 
taulell ha lestons é bares altes per la cual cosa se representa la altesa deis murs de Ba- 
bilonia deis quals diu Sent Geronim quetant eren alts que apenas del mur podía hom 
veura la altaria.'k 



BL AJEDREZ 



zaa, concretándome extrictamente k lo que hace referencia al juego, y 
copiando ¿ la letra: Zo rey ha aylal forma car fo en. forma o figura de un 
kom qui sahie en una cadira vestil de porpra avent al cap corona en la man 
dreta esiepira qui es vergua imperial en la man esquerra una pilóla rodo- 
na, etc. Explica la Bignifícacióu de ios símbolos j sig-uen las morali- 
dades. 

La/orma de la Regina deis esquaehs fo aytal car fo una dona for hela 
ateyada en una cadira coronada al cap de corona dar abriganí bel mantel e 
vestida de Mes tesíidures E es dita Reyna seAenl a la parí esquerra del 
Rey per los abrapaments matrimoniáis segons que diu la Sánela Scriptura 
al libre deis Cantichs, etc. 

Orfills /oren a manera dejutges o de assessors sahents en la cadira ab lo 
libre ubert devant lurs uylls E per lant com en los pleti en que los diíz 




Fia. 78.— luego de CeauliB 



Juíges alguns plelz son crimináis alires civilse temporals per f O Ji> neeessari 
al regne deis esquaehs que fosen dosjutges po es quefossen dos orfills, etc., 
fig.78. 

Cavaler sobrel eaval den cavalcar ab son elm al cap ab sa lanca que 
tingue en la man dreta ab son escul e que tingue se espasa al costal e deu 
portar mace en lo arpón de la celia del carall e coltell e broxe a la part dreta 
e deu vestir cuyraces ho buch de ferré. Continúa deBcribiendo toda la 
armadura del jinete y del c&balto, y luego como en las demás piezas, 
entra la moralidad. 

Quant ais esquaehs que son apellats Rochs qui son ditx goxemadors o 
procuradors o legáis o vaguers del rey son axi formatz com un cavaler caval- 
canten son caval portant capero al cap folrat de penavayre he abrigant 
I mantel folrat axi malex tenint en sa man dreta una vergua estesa car com 
lo Rey nopuxe esser personalment en totes parís de son regna, etc. 




Fio. :9.-Juego da Ces ul i B.-Peún -Torre-Rey Fia. 80.— Juego de CeBulie.—Peón-Caballo-Rsr 





Fio, 81.— Juego de Ceiulis.-Peán-Aifll-Rey Fio. 82.— Juego de CeBulie.-Paón-Rey 




Fio. 83.~Juego de Cesulia.-Peón-neina Fio. 84 -Juego de Cesulis.-PeAn.AI 





Fio. 8f<.— Juego de CesulÍB.— Peóo-Caballo-ReiDB Fio. 86.— Juego de Cefalii.—Pe¿i] -Torre-Re i n 



37.— EL AJEDREZ. 



;>90 EL AJEDREZ 

Al hablar del movimiento del roch (torre) dice: que aquesls teguers 
o governadoTs son de tanta viriut en la batalla que dos Rochs o Govemadors 
o vaguers poden lo Rey qui es adversan llur matar o privarlo de son Regne. 

Es sensible que falten folios, en este manuscrito, que probablemente 
liarían á conocer el modo de juglar en aquella época, con otras noticias 
liistóricas sobre un juego tan interesante (1). En él se expresa que las 
piezas — scachs — se dividían en nobles y plebeyas: que los nobles repre- 
.sentaban las diferentes categorías de la que hoy llamamos alta sociedad 
y que los peones representaban al pueblo en sus diferentes ocupaciones 
y oficios; y digo esto, no en el sentido figurado — en parte — con que lo 
presenta Jaime Cesulis ó GasuU, sino porque es posible que en algunos 
juegos de ajedrez de aquella época, y anteriores, las piezas se hubieran 
trabajado figurando materialmente los personajes de que Oesulis parece 
hablar en sentido figurado. Volvamos al manuscrito. 

Comencé lo stament deis VIII pahons qui so7i en los esquachs en cascuna 
par t deis dos regnes la un regate del Rey Negra. JEl primer pahon ha nom 
lauradory lo segonferrery lo tercer obrador de lana ho notari lo quart mer- 
cader o cambiador lo V metge o specier lo VI taverner o ostaler lo VII gar- 
dador de ciutat ó officials en mo7is e peatges lo VIII ribaltz jugadors o 
correus (2). 

El primer peo qui es dit laurador es assitiat devant lo Rock qui es en la 
part dreta qui es en la primera partida del regne per tal com es dit Roch re- 
presentant per veguer ó Governador sepertany ferprovesio del regne que aje al 
regne forment per viande deis homens e civada per les besties e agos cove offer 
her lo laurador el dit pahon prim,er es daquesta /orma car fou en forma de 
hom que tenia en la man dreta axada o lego per cavar la térra en la man 
esquerra te vergua o guglada per los bous a junyr ab que laura en la cinta 
te una podadora per podar los ceps car aquests III esturments son Tiecesaris 
en la lauro Lo primer laurador /o Chaim, etc. (3), fig 79. 

Lo segon pahon appellat Fabre o Ferrer qui fa obra de ferré assitiat en 
la part dreta del Rey denant lo cavaller fo figurat per aytal forma cárfo en 
/orma de hom havent en la man dreta un malí ó martell en la man squerra 
una axa e una linya o scaire en la cinta, etc., fig. 80. 

Denant Vorfill que es a la part dreta del Rey es situat lo tercer paho per 

(1) Ya he dicho que por la obra de Caxton (primero, y después por el manuscrito Ma- 
^liavechifiDo) he tenido el gusto de conocer por completo la de Casulis, y por cierto que 
ron la de don Alfonso el Sabio me han sido de mucha utilidad para refutar errores inve- 
terados y admitidos por todos los autores del ajedrez. 

En las ediciones inglesa é italiana citadas se hallan gravados los peones represen- 
tando los burgueses en sus diferentes estamentos, tal cual Casulis dice que deben repre- 
pentarse. Véase las ílg. 79 á S6. 

(2) Manuscrito déla catedral de Gerona. El de San Cugat dice: ^Apres sapiais 
1 1 uels BQX3ACHS PEBOKB son posats en lo taulell denant los squaciis kobles qo es denant 
io caoaller denant lo Roch qui es a la part dreta perqui es representat lo cerguer del 
jegne noporia hen procehir al regne si no es per lo squach pehon qui es dit Laurador 
\'ui ha a sembrar e procurar vianda al Regne. > 

(3) La diferencia de ortografía y aún de palabras que se observará en esta descrip- 
ción, depende de que unos párrafos están copiados del manuscrito de San Cugat y otros 
<lel de Gerona. Así, p. e., los peones primero, sexto, séptimo y octavo están copiados del 
tie Gerona, y los otros cuatro del de San Cugat; y de ambos son sus propias puntuación 
y ortografía, según ya he dicho. 



EL AJEDREZ 291 

lo qtial es representat lo offici de aquells que obren lana lo offici de noiaris 
de pellicers parayres Hntorers, ., (y allres ). 

K fan axisforinat aqv.es t squach car fo en forma de un hom qui te U7ies 
tesores en la ma dreta e eíi la ma squerra coUell gran e ampia en la correga, 
porta un linter e un gavinet poch e sobre la oreyla una ploma per scriure lo 
offici de aquest squach que principalment representa lo notari per la ploma 
linter e gavinet, etc., fig. 81. 

Lo quart pahon ho squach qui es denant lo dit Rey situatjou axi figura 
car fo en forme de home qui tenia en la man dreta unes balances e en la ma 
squerra una altre e en la cinta una bossa gran ab diners Per aquesl squach 
son representáis mercader drapers e cambiadors los quals, etc., ñg 82. 

Collocat es lo dnque peho per qui son representáis los ofjicis deis metjes 
e deis speciers denant la Reina en aquesta manera Car fo en forma de hom 
qui tenia en la man dreta un libre ubert E en la ma squerra un pot ó capsa t* 
en la correga un estoig ab ferraments degardar nafres floronchs e exiduras... 
E encare aquest squach per lo libre que te ubert compren gramatichs logichs 
rethorichs geometrichs arismetichs musichs e astrolechs, etc., ñg. 83. 

Denant Vorfill qui es a la part sinistra del rey situat lo VI pahon re- 
presentant tavemes e ostalers fo /Igurat en forma de hom qui tenia la man 
dreta estesa a manera de convidant en la man esquerra tenia pan F sobra 
aquel pan tenia I anap píen de vin en la correga portaba moltes claus pen^ 
jatz, etc., fig. 84. 

En la part esquerra devant lo cavaler fo situat I altre pahon qui es lo 
seten pahon lo qual hach forma de I hom qui ten en la man dreta grans clau^i 
eenla man squerra una cana e en la correge porta una bossa gran uberta 
Per aquest squach axi figurat son entesos guardadors de ciutats, etc., 
fifir. 85. 

Lopehon VIIV e derer per lo cual son representáis hotnens mondanaris 
ribalts e degastadors de lurs bens e jugadora e correus es assituat devant lo 
Roch qui es a la part dreta del Rey lo qual VIIP pahon fou en forma de 
hom qui tenia los cabéis totz zaristoses e esgarifats eenla man dreta portaba 
pocha pecunia eenla man esquerra portaba III daus e cinya per cinta una 
corda en la qual corda portaba una capsa o bustia en que portaba letres, etc., 
fig. 86. 

Como puede verse, cada peón representaba diferentes estamentos i'i 
oficios, siendo de notar que por la descripción del S."" se viene en conoci- 
miento de lo poco consideradas que las ciencias estaban en aquel tiempo, 
comprendiendo á los que las cultivaban entre las clases inferiores de la 
sociedad, y poniendo al nivel de los droguistas á los médicos, gramáticos, 
lógicos, retóricos, geómetras, calculistas, músicos y astrólogos ó astró- 
nomos. 

En el manuscrito se continúan las cualidades, obligaciones y deberer. 
de cada oficio, acompañadas de las correspondientes moralidades demos- 
tradas por ejemplos históricos, ó lo que fuesen, como era costumbre 
entonces entre los escritores moralistas. 

De las moralidades que Jaime Cesulis deduce de la comparación 
entre el ajedrez y los diferentes estados sociales, una de las más notables,, 
por demostrar el espíritu democrático de aquellos tiempos, es 1(» 
siguiente : 



2d2 IfiL AÍBDRB2 

DoncAs negun noble les gens populars tío hagen en menyspreu car molts 
filis de popular gent o de baix stament poden pujar pontifical propieüU e a 
alire gran stament dignitat e honor. Bl pobre hom que sia virtuos maior 
felicitat ha quel rich vicios. 

Me afirma en la opinión de que Cesulis, Cesolis, ó como yo creo, Ca- 
sulis ó GasoU era catalán, el que muchos, sino la mayor parte, de los 
MSs. que se conocen de su obra son latinos ó catalanes (1), siendo los 
códices franceses — ignoro si existe actualmente alguno — traducción del 
latín, ó más bien del catalán, segán me lo hace creer lo que voy á decir: 

En la imposibilidad de compulsar algún códice completo de los qae 
en latín ó en catalán se hallan en Madrid, Roma y otros puntos, me he 
servido para completar las deficiencias de que desgraciadamente adole- 
cen los manuscritos de San Cugat y de la catedral de Gerona, del exce- 
lente facsímile del primer libro estampado en Inglaterra por el célebre 
Caxton, que es, como expusimos antes, una traducción en este idioma de 
una traducción francesa de la obra de Casulis. Si éste hubiese sido fran- 
cés, no había para qué los franceses hubieran cambiado el nombre, ó á 
lo menos, la cualidad del autor, según nos lo hace saber Caxton cuando 
dice, que ha traducido la obra del francés al inglés de un excelente doc- 
tor en Teología del reino de Francia, de la orden del hospital de San Juan 
de Jerusaleni (2), siendo así que, como es sabido, Casulis era dominico; 
y Caxton cree que aquél fraile hospitalario era el autor y no el traductor 
de la obra, pues dice: <cy había hecho un libro del ajedrez moralizado.» 
Después añade «que hecha la traducción ha determinado hacer impri- 
mir cierto número de ejemplares que fueron pronto despachados y ven- 
didos.;> 

Esta obra de Caxton es muy importante, por ser quizá la primera que 
se dio á la estampa, y una de las pocas que existen impresas en lengua 
vulgar del tratado del ajedrez, de Casulis: de texto completo y con los 
gravados de aquella época representando todas las piezas y peones del 
juego, tales como el autor dice que deben representarse, no sólo sigue 
como muestra del grabado en dicha época, sino también para el estudio 
de la indumentaria; pues vemos que si Caxton tomó por tipo de los gra* 
hados á las clases sociales de su tiempo en Inglaterra, los trajes ingleses 
no eran muy diferentes de los catalanes de la misma época. Véanse los 
grabados núm. 78 á 86. 

Debemos estar muy agradecidos á la sociedad de Beneficencia de los 

(1) La Biblioteca Nacional de Madrid posee tres códices de Casulis, todos divididos 
en capitales: uno de aquellos está en idioma catalán y, al parecer, copiado en 1385; y los 
otros dos en latín, copiado el uno en Roma el aSo 1423, y pareciendo el otro ser próxima- 
mente de la misma época, es decir, del siglo xv. 

Clasificado entre los códices del siglo xiv, y con el núm. 201, existe otro MS. latino 
en la Biblioteca Provincial de Tarragona. Al fol. 28 se lee: ^Incipií prolongas in lihnun 
composiíum super ludo scacorum et de moribus et ojflciis nobilium. 

^Hunc autem líbellum ad honorem et solacium nobilium et máxime ludencium 
Ego /raíer Jacobus de Cesulis Ordinis fratrum predicatorum composui §-. » Y al fol. 81 
vuelto ; €Explicit liber composiíus super ludo scacorum. » 

(2) € Théne emonge lühom there teas an excellent docíour ofdycynyte in the ro- 
yame of fraunce of the ordre of ihospytal of Saynt Johons of Jherusalem lohiche 
entended, the same and, hath made a bookofthe chesse mora ly sed, i^ Copiado literal- 
mente de la obra de Caxton. 



BL AJEDREZ 293 

impresores ingleses por la publicación de tan importante libro, con mo- 
tivo del cuarto centenario de la muerte de Caxton. 

En la lista que va continuada en' dicho libro sobre las plazas y per- 
sonas en dónde y por quiénes se practicaba la imprenta (1) observo una 
particularidad que, de ser exacta aquella lista, daría la razón á los que 
afirman que Valencia fué la primera ciudad de España en que se esta- 
bleció ; pues en la misma no se cita á Barcelona, y sí á Valencia, en 
donde estampaban A. Fr. de Córdoba y el alemán L. Palmar ó Palmaer(2). 

(1) Dicen que esta lista la copiaron de Santander, quien la formó guiándose por las 
obras impresas más antiguas que había conocido. La regla es buena, pero no es infali- 
ble, porque pueden haberse perdido obras más antiguas que las conocidas. 

(2) Parece que los ingleses sostienen la opinión de dar á Valencia [la primacfa en 
la introducción de la imprenta en España. Aunque un poco largo y no del todo apropó- 
sito al objeto de este estudio, pienso que no disgustará al lector el que traduzca lo que 
sobre el particular dice Mr. H. Noel Humphreys, en su magnifica obra: c A Hísíory of 
the Art o/Priní¿ng,i^pég, 152. 

cLa introducción de la imprenta en la Península Ibérica tuvo ya lugar en 1478— Se- 
gún Santander estaba allí este arte establecido en 1474. — Barcelona, Valencia, Zaragoza 
y otras ciudades se disputan la precedencia en la adopción; mientras Madrid y Lisboa, 
las dos capitales, están muy atrasadas en el campo de los importadores. La pequefia 
gramática impresa por el maestro Juan Gherlint ( Magister Joannes Gberlint), en Barce- 
lona, debe ser mencionada, por haber sido el fundamento de la reclamación de prioridad 
de parte Barcelona. Este librito lleva la fecha MCCCCXLVII! ; fecha atrasada en extremo 
(é imposible) para un libro estampado de origen espafiol.» ¿Por qué? ¿No había Koster 
de Harlem estimpado con caracteres movibles en 1436, mucho antes que Guttemberg, el 
cual^ en opinió::i de algunos, había tomado á Koster el secreto f Pero no es este el lugar 
de discutirlo, y continuemos: «y uno de los que han ocasionado una serie de cuestiones 
eruditas, llena de datos curiosos, pero que si se mira el establecimiento de la fecha 
no tienen valor alguno. Investigaciones modernas, después de examinar la factura del 
mismo libro, han demostrado que exhibe pruebas positivas de que pertenece á un periodo 
muy posterior al que aparentemente acredita la fecha, discrepancia que puede conci- 
liarse de una manera muy sencilla: no siendo en realidad la L, en el supuesto XLVIII, 
otra cosa que una C imperfecta, debería leerse XCVIII, dando una fecha que se armoniza 
perfectamente con la sugerida por la factura del volumen, como bien claramente lo ha 
expresado Mr. Bernard, que por su profesión de impresor lleva una inmensa ventaja en 
asuntos de esta naturaleza, á los demás escritores que han tratado de ellos.» cOtra curio- 
sidad relacionada con la imprenta española, á la quede paso podemos dar una mirada, es 
la Biblia en español comenzada en Valencia en 1478 y acabada en 1479 por el alemán Lam- 
bert Palmaer. De toda la edición de esta Biblia, hermosísimamente estampada, no exis- 
ten más que cuatro hojas conservadas en los archivos de Valencia. Una de ellas contiene 
una larga é interesante suscripción, continuando con la verdadera pompa y magnificen- 
cia española, los nombres de los impresores y editores y la fecha del comienzo y termi- 
nación de la obra. Otros casos de desaparición completa de las obras de esta especie 
hemos citado antes; pero este ejemplo es el de una de las superiores oficíales más com- 
pletas de que tenemos memoria. En los casos ordinarios, las ediciones suprimidas dejando 
suficiente número de ejemplares para que los aficionados á libros raros puedan for- 
mar concepto provechoso de la obra ; pero aquí, el acto de abolición es llevado á efecto 
de una manera tan completa, que sólo ha permitido salvar cuatro hojas de una extensa 
edición en gran folio. Mas hay aquí un golpe, obra de la Inquisición, que generalmente 
los daba dejándose sentir, y, sino, con suavidad, pero siempre eficazmente. La Biblia 
estaba en español — La lengua nacional — y los inquisidores, habiendo acordado que el 
pueblo no podía leerla Biblia, sino oiría leer por el clero, suprimió la del maestro Lam- 
bert Palmaert tan cumplidamente como hemos visto: esto podría ser objeto de una nota 
marginal a la c Biblia en España» de Mr. Borrow.» 

cComo una muestra del trabajo más ordinario de los impresores en España, pode- 
mos señalar un tratado del juego del ajedrez estampado en Salamanca allá por el 1495 
( fig. 87 á 92). Se distingue por algunos rasgos característicos del estilo y ornamentación 



294 EL AJEDREZ 

La obra de Casulis reviste una importancia excepcional; siendo una 

de letras nacionales, que, no obstante, son muy toscos. Es un tratado práctico del modo 
de jugar al ajedrez. » 

«Como ejemplo de la altura á que habían llegado los primeros impresores de España, 
no puedo hacer cosa mejor que referir los estudios al hermoso Misal Mozárabe, del que 
no obstante no tengo algo que ofrecer para muestra. Este hermoso volumen puede ase- 
gurarse que rivaliza con algunas de las más preciosas obras germánicas de igual clase, 
sin exceptuar el famoso misal de Bamberg.» 

Como ya he dicho, la regla de Santander de juzgar por los libros conocidos la época 
de la introducción de la imprenta en un país, es muy incierta. En el Estado de Cataluña, 
en la segunda mitad del siglo xv, durante cuyo periodo reinaron en Aragón Alfonso V y 
Juan II, los dos monarcas grandes amadores de las letras y las artes, no es posible que 
hubieran transcurrido cincuenta años desde que se estableció la imprenta en Valencia 



87 



88 



89 




\vvM>W>a^v»vvV! 



TAiílildllUlinfíliüli* 





90 




91 



O 



«w 



92 




)Hi(HM^<Ul(iillll(aM)i 



iiniHiMiiii^l^iiMHi'i; 




'liljiíiiiiiiii 



FiGS. 87 A 92 —Piezas copiadas de la obra de Rui-López 



hasta cuando se estableció en Barcelona, á juzgar por la fecha que quieren seffalar á la 
mencionada gramática, como al primer libro estampado en nuestra ciudad, que era 
entonces capitel del condado de Barcelona, residencia habitual de los reyes de Aragón y 
centro del movimiento industrial y mercantil, así como también el punto de partida de 
las naves expedicionarias para las conquistas de Italia y abastecimientos de las escuadras 
Aragonesas. No es una razón para confirmar aquella opinión el que Madrid tardó mucho 
en tener imprentas, porque Madrid estaba aún muy lejos de ser la capital de España, y 
ni siquiera lo era del reino de Castilla, error en que, como he dicho otras veces, suelen 
incurrir los escritores extranjeros cuando al tratar de las cosas de España en la Edad 
Media, la consideran constituida como en el día y, á mayor abundamiento, atrasada y 
devostada por las guerras con los moros, incapaz de toda clase de adelantos; alegándose 
para demostrarlo, en muchos casos, las causas mas triviales, como por ejemplo, la que 
Mr. Humphryes (ob. cit.) alega respecto del reino de Aragón al hacer una reseña del es- 
tado general de Europa en la época de la invención de la imprenta: el haber hecho ase- 



EL AJEDREZ 295 

de aquellas cuyo mérito no decae y puede apreciarse en todo tiempo y 

Binar alevosamente María de Castilla á Margarita de Higar (asi lo escribe] la amada 
favorita de su marido Alfonso V.> 

Lo que he dicho respecto de Barcelona, capital del Principado de Cataluña y conda- 
do de Barcelono, se ha de entender igualmente de Zaragoza, capital del reino de Aragón, 
en la que sus reyes residían con más frecuencia que en Valencia, á donde iban pocas 
veces; sucediendo con Zaragoza un caso semejante al de Barcelona en cuanto á la intro- 
ducción de la Imprenta. 

En la clndumentaria española» de don N. Aznar, la estampa XXXI V es el facsímile 
de los grabados de un libro titulado: « Viage á la Tierra Santa,» que dice, € impreso en 
Zaragoza en 1448,» la misma fecha precisamente de la célebre gramática de Barcelona, 
fecha que quieren corregir suponiendo ser la L deXLVlll una C mal hecha, y que la ver- 
dadera fecha es XCVIII, como vimos antes. 

Si Dios me concede vida y fuerzas para llevarlo á efecto, es posible que más adelante 
me ocupe en la cuestión de la invención é introducción de la imprenta, y entonces pro- 
curaré indagar en lo posible, lo que haya de verdad en todo esto: por el presente me con- 
cretaré á las observaciones siguientes: 

Lorenzo Koster, de Harlem — Holanda— en 1426, hizo los primeros ensayos de estam- 
par en caracteres movibles procurando un adelanto en su arte de grabador y estampador 
con bloques de madera — la xilografía — y en 1430 ya se ocupaba formalmente en llevar á 
cabo lo que, según algunos, la casualidad le había revelado parcialmente cuatro años 
antes. Por más que los escritores extranjeros no lo imaginen, ó no lo crean, el reino de 
Aragóa, y el condado de Barcelona especialmente, era en aquella época uno de los Esta- 
dos más adelantados en industria y artes, y la marina catalana la primera del Mundo. 
Del 1430, en que Koster estampaba ya en Hariem al 1448, fecha de los citados libros de 
Barcelona y Zaragoza, van 18 años: ¿qué tendría de extraño el que algún holandés ó ale- 
mán, dependiente ó discípulo de Koster, hubiese venido á la Corona de Aragón para 
establecer una nueva industria, en un país que extendía su comercio por Oriente y por 
Occidente, y le ofrecía más probabilidades de éxito que otras naciones de Europa? No 
fué otra cosa lo que hizo Guttemberg, discípulo también de Koster, al ir á establecerse en 
Alemania, con las dificultades y peripecias que conocen todos los historiadores. 

Pero sucede en esta cuestión lo de siempre, que los extranjeros hablan de las cosas 
de Espaffa sin conocerlas, confundiendo las épocas, y muchas veces con el único objeto 
de poder decir algo de la Inquisición, cuya institución ignoran que fué un progreso, y 
como si ellos hubiesen sido ó fuesen más humanos que nosotros. Vamos al caso. Los 
argumentos y suposiciones de Mr. H. Noel Humphreys respecto á la gramática catalana 
y á la Biblia Valenciana caen por tierra en virtud de hechos positivos que demuestran 
que no conocía la menor cosa tocante á la introducción de la imprenta en España. En 
primer lugar, la gramática catalana no lleva la fecha de MCCCCXLVIII, como él y el 
inteligente Mr. Bernard dicen, sino la de MCCCCLXVIII, en la que no ocurre la mala 
inteligencia de tomar una C mal hecha por una L, sino un sencillo cambio de posición 
de la X y la L. De esto puede convencerse cualquiera que tenga interés ó mera curiosi- 
dad de examinar el ejemplar de dicha gramática que posee nuestra Academia de Buenas 
Letras, el cual lleva bien marcada la fecha de 1468; fecha que nada tiene de improbable 
si se atiende á la grande importancia de Barcelona en aquella época, y se la compara 
con la en que se introdujo la imprenta en otras ciudades, inferiores, algunas de éstas, 
en rango y actividad comercial é industrial á nuestra ciudad en el siglo X7. 

Hace unos dos años que se vendió en París por unas treinta mil pesetas una Bula de 
indulgencias impresa por Guttemberg, en 1455, en caracteres pequeños, como loe de la 
gramática; se cree anterior á la Gran Biblia del mismo de. . . . 1455 

El primer Psalterio de FüBi y Schoeffher Í457 

La Biblia de los mismos 1462 

San Juan Crisósiomo, en Co\onia 1^66 

Eí Lac^a/ict, en Italia ^465 

Roma. Quest. Tuscul. de Cicerón 1*69 

París. Lettres de Gaspar i no 1*'0 

Inglaterra. The Game ofChess 1474 

iqué tendría de particular que Barcelona, la primera y más importante ciudad del reino 
de Aragón, cuyo rey era gran amador de las Letras y las Artes, tuviera una imprenta en 



296 EL AJEDREZ 

circunstancias (1). Además de las lecciones morales que supo sacar del 
juego del ajedrez, presentándolas por medio de agradables narraciones, 
nos da á conocer el modo de pensar, vestir y estar constituida la sociedad 
en los principios del siglo xiv: y en cuanto al mismo ajedrez, como 
juego, asi por la opinión admitida en aquella época, respecto de su ori- 
gen, como por el modo de jugar, encuéntranse en ella bien explicados 
la colocación, movimiento y valor de las piezas, de todo lo cual me he 
ocupado en algún otro capítulo y habré de trutar aún en algunos suce- 
sivos, especialmente en los que dedicaré á los nombres y movimientos 
de las piezas. 

Fr. Jaime Casulis dividió su trabajo en cuatro tratados: 1.* De la 
causa de la invención del juego; 2.® De la forma de las piezas nobles; 
3.° De la forma de las piezas populares; y 4.* Del movimiento y pasos de 
las piezas. Cada tratado va dividido en varios capítulos. 

Entre las muchas y sabrosas anécdotas de que está salpicada la 
obra, cuenta el autor, después de la descripción del último peón, y apro- 
pósíto de las personas que no saben guardar ó pierden en el juego sus 
bienes, la siguiente, que califica de Historia notable. 

«Cuéntase que había un hombre riquísimo, llamado Juan Gavazza, 
que tenía dos únicas y hermosas hijas, á las cuales casó con dos jóvenes 
muy lindos de su ciudad; y habiéndose éstos captado el amor del suegro, 
les repartió todos cuantos bienes y dinero tenía. Sucedió con esto que, 
mientras duraron las dádivas, hijas y yernos se mostraron muy corteses 
y agradecidos con su padre y bienhechor: pero cuando nada le quedó 
que darles, ni aún para sí mismo, todo fueron burlas y malos tratamien- 
tos: por lo que, apercibido de su error y queriendo poner remedio á tan 
grave necesidad, se dirigió á un comerciante, íntimo y antiguo amigo 
suyo, al cual pidió que le prestara por tres días diez mil libras, con cuya 

1468f ¿Cuál ciudad, no ya de España, sino de Europa, podía ofrecer más probabili* 
dad de buen negocio — porque de negocio y no de letras se trataba — que la industriosa, 
comercial y rica Barcelona, al extranjero— alemán — que viniese á establecer aquella 
nueva industria f 

No entro en otras consideraciones porque no trato, ni es este el lugar de discutir este 
punto. Los libros más antiguos que se conocen hoy, y que los ingleses no conocían, 
puesto que dan como el más antiguo la Biblia valenciana de 1479, son: cLas trobas de la 
Verge María.» Obra estampada en Valencia en 1474, y que posee en propiedad el digno 
bibliotecario de la Universidad de Barcelona don Mariano Aguiló y Fuster. — Comprenso- 

rium también de Valencia 1475 

Suma de Santo Tomás Barcelona 147S 

Nicolás Antonio dice haber visto un Tratado de la Peste im- 
preso en Barcelona en 1475 

por lo que los restos conocidos de los primeros productos de la imprenta no estén tan 
distantes de fecha como se cree generalmente, pues los encontramos casi coetáneos, pre- 
cí adiendo de la tan manoseada gramática de 1468, fecha que no tengo la menor diflcul- 
cuitad en admitir como auténtica y verídica, considerando este libro como la primera 
obra impresa en España^ 

(1) En la introducción á la edición milanesa del MS. Magliavechiano, al consignar 
la opinión de Quetif sobre la importancia de la obra de Cesulis, y la gran boga que alcan- 
zó en el siglo xiv, se añade por el editor lo siguiente, que creemos cierto: Né mi sembra 
che al nostro (secólo) debba esso cadere in disprexso; peroché, mediante racconti e 
nocelette morali, oi é felicemente accoppiato VuUle col diletterole; ed il pensiero di 
trarreda ungiuco i piú scrii inse^nementi del retío vicere, pud rinscir vago e com- 
mendeoole anche in una etá, che é tanto innansi nella filoso fia.'^ 



EL AJEDREZ 297 

cantidad preparó en su casa para el día siguiente una gran comida, 
invitando á sus hijas y yernos. Después de haber comido se escondió en 
su cuarto, desenvolvió el dinero y lo guardó en una arquilla que había 
mandado hacer con tres cerraduras: todo de manera que las hijas pudie- 
ran verlo por una rendija de la puerta. Al día siguiente le preguntaron 
de dónde procedía aquel dinero y qué empleo pensaba darle, y él, apa- 
rentando que eran más de 25,000 libras, contestó que las tenia reserva- 
das con intención de hacer testamento y dejárselas á ellos si se portaban 
con él, en adelante, como lo hacían recién casados. Cuando oyeron esto, 
y desde entonces, hijas y yernos rivalizaban en proporcionarle todo 
cuanto deseaba y podía honrarle, hasta que, aproximándose el fin de su 
vida, y habiendo ya devuelto á su amigo el dinero prestado, llamó á las 
hijas y sus maridos y les dijo: «No tengo necesidad de hacer otro testa- 
»tamento que el que está guardado en esa arquilla (señalando con la 
»mano) con el dinero que ya sabéis: antes de mi muerte apresuraos á 
» entregar 100 libras á los frailes Predicadores, otras 100 á los Menores y 
»bO á los Agustinos descalzos, á los cuales pediréis las llaves de mi arca 
;»después que se me haya enterrado.» Les hizo, además, entregar varias 
limosnas á otras iglesias y conventos, y los buenos de los yernos lo cum- 
plían con la mejor voluntad por la esperanza del testamento, que tan 
pronto iba á realizarse. Así fué que, ya muerto, lo enterraron con toda 
pompa y solemnes funerales, pidieron las llaves á los frailes y corrieron 
á abrir la arquilla, en la que, en lugar de los cuartos, tan sólo encontra- 
ron una gruesa maza de hierro, en cuyo mango tenía grabado este 
escrito: tFste es el testamento de Juan Gavazza, al que se afane por otro 
y>que lo aporreen con esta maza.» 

Cesulis, al componer su filosófico sermón comparando las clases so- 
ciales con las piezas del ajedrez y deduciendo moralejas, no hizo más 
que seguir la corriente de su época. Ya hemos visto que antes que él 
Inocencio III había escrito su (nMoralitas de Scaccario» y Juan de Gales 
su sermón «Mundus iste totius quoddam Scaccarium est, etc.» También se 
encuentran en los autores árabes de aquel tiempo obras del mismo gé- 
nero, con la diferencia que la obra de Cesulis es un verdadero y com- 
pleto tratado de ajedrez que sirvió de base á los sucesivos autores y 
jugadores de ajedrez hasta el descubrimiento de la Imprenta. 



38. — EL A4BDREZ. 



CAPÍTULO VIII 



N0MÍ3BB DEL JUEGO 



Una de las pruebas que los sostenedores de la teoria Hindú presen- 
tan para demostrar que el ajedrez es origfinario de la India es que tanto 
el nombre del juego como el de algunas de sus piezas, los europeos los 
hemos tomado de los persas y de los árabes. Sin discutir si esto es una 
razón suficiente para fundar tal aserción, vamos á ver lo que hay en ello 
de verdad, empezando por el nombre del juego. 

Se pretende que del nombre hindo, Chaiuranga, derivan el Chairag, 
persa; SAairanj, árabe: Zatrikion, griego del bajo imperio; Scacos, de la 
baja latinidad; ScachSy catalán; Ajedrez, castellano; Echechs, francés; 
Scaccúy italiano y todos los demás nombres usados en otras lenguas para 
nombrar el ajedrez incluso el Fchiquier, inglés (1). 

Prescindiendo de si por las leyes de la filología son posibles las 
transformaciones por las que hacen pasar de un nombre á otro, empezaré 
por hacer observar que los nombres europeos significan cosas totalmente 
diferentes de los orientales, y que he demostrado en su lugar correspon- 
diente que el nombre hindo, Chaíuranffa, no puede de ninguna manera 

(1) El honorable Mr. Daínes Barrington, cree que el exequíer inglés deriva su 
nombre del tablero. 

El doctor Hyde dice: ees un error hacer derivar indirectamente Echechs y Eche- 
quier de Chaturanga, porque tienen derivación directa, pues por el tablero de ajedrez 
ó contador encontrado en Pompeya y el nombre latino, Scacario Calculator, aparece 
claramente que el uso del tablero escaqueado á dos colores es muy antiguo en Europa.^ 

En efecto, el nombre Echequier es lo mismo que chequer, escaqueado ó dividido en 
cuadros, en latín Scacatus, y procede del antiguo tablero dividido por líneas perpendi- 
culares y horizontales que usaban los romanos para efectuar sus operaciones de aritmé- 
tica, por medio de piedrecitas calcuU^ el tablero calculator, modo de contar que estuvo 
en uso hasta el siglo xvi de N. E. En la Edad-Media, todas las tesorerías de reyes, prin- 
cipes y corporaciones administrativas usaban estos tableros, con tantos de metal, basia 
de oro y plata, en lugar de las piedrecitas; y los llamaban abacos, para distinguirlos de 
los tableros de ajedrez. De dichos tableros tomaron los nombres de Echequier y lord 
del Echequier que se dan en Inglaterra á la Tesorería y al ministro de Hacienda. 



EL AJEDREZ 299 

significar «cuatro armas de un ejército,» como aseguran, sino que signi- 
fica un ejército dividido en cuatro cuerpos. 

Ya hemos visto que el juego del Chaturanga es de invención relati- 
vamente moderna, por lo que el cambio que para explicar el encadena- 
miento etimológico de Chaturanga^ — cuatro armas de un ejército, — en 
Chaturaji, — los cuatro reyes ó rajas, — es arbitrario y no puede ser el 
origen del Chatranj, árabe, porque los árabes no conocieron la India 
hasta el siglo xi; y tampoco parece que el Shatrang, persa, — juego del 
rey — pueda proceder del de cuatro cuerpos de un ejército. 

Por otra parte, los mismos que sostienen estas etimologías ó deriva- 
ciones, confiesan que las palabras Shatrang, en persa y Chatranj, en árabe, 
son exóticas en ambos lenguajes y que en ellos no significan nada (1). 

Tampoco es cierto que por todo el Oriente se den al ajedrez nombres 
parecidos, tanto por su fonética como por su significación, al nombre 
hindo ó persa, porque son muchos los países que dan al juego nombres 
completamente distintos de aquellos, tanto por una como por otra de 
éstas (2). Los chinos llaman al ajedrez Siang-Ki, que generalmente se 
traduce por «juego de los elefantes;» debiendo tenerse presente que, en 
el juego chino, los elefantes están en la misma proporción que las demás 
piezas; que Siang significa á la vez elefante y asistente, y que Ciang, — 
general, — suena del mismo modo que Siang, — elefante; — que el sonido 
de Siang se encuentra en el ajedrez chino en tres diferentes piezas, el 
elefante, el asistente y el general; pudiendo haber algún error, ó deter- 
minada intención, por parte de los indiófilos en traducirlo «juego del 
elefanta,» en lugar de «juego del general» — Stratego — que en el juego es 
la única pieza principal, como en los juegos europeos, persas y árabes lo 
son el rey y el Sha, 

Si, como acabo de decir, los nombres Chatranj y Shatrang, fuera del 
ajedrez no significan nada en sus respectivos lenguajes, y el Chatur 
componente del Chaturanga significa igualmente cuatro y cuadro, ¿por 
qué los nombres europeos, que todos tienen la misma significación y las 
mismas etimologías tanto en el juego como fuera de él, como veremos 
después, han de ser una derivación de los orientales, y no éstos de aqué- 
llos (3)? 

(i) La palabra ZatriUion es también exótica eo la lengua griega (como )o son las 
palabras shatrang y chatranj eü las persa y érabe) en la que, según Duncan Forbes, 
(ob. cit., pág. 188) €sólo sirce para ejercitar el ¿nf¡enio de los lexicógrafos,'^ No sirvieron 
para gran cosa más las orientales en el irritable temperamento del doctor inglés, pues 
después de dicho lo precedente es notable el aplomo con que el dar cuenta de un manus- 
crito érabe en el que se discute (entre los árabes) si la palabra shatranj está mejor 
dicha de este modo, ó si ha de decirse shitranj , ó bien si ha de escribirse con la sola s 
ó con sh, ofreciendo las etimologías shatran, satrdn, shashrang, y Sad-ranj, pone en 
nota: cEl origen de la palabra es sencillamente Chaturanga, las sobredichas etimologías 
son meras puerilidades.» Magister diwit, de modo que él sabe más que los mismos ára- 
bes. (Ob. cit., pág. CXXXVII). 

(2) El Raja de Borneo, BrooA:e, que describe este juego, dice que allí lo llaman 
main chatur, es decir, juego de los escaques ó cuadros alternados: y no se enfada poco 
Mr. Duncan Forbes con dicho Raja, y con el historiador del Archipiélago Indio, 
Mr. Crawfort, porque ambos dicen que los híndos no fueron los inventores del ajedrez, 
haciéndoles grandes cargos porque no sabían el persa , como si el saber el persa fuese 
indispensable para tener buen criterio y saber historia. 

(3) Es curioso lo que se lee en la página 74 de la obra de don Sebastián de Covarru- 



300 EL AJEDREZ 

Los persas dan el nombre de Shalrang, y, más comunmente, de Cha- 
írang, tanto al tablero como á las piezas, lo que es una prueba de que 
este nombre no significa propiamente «el juego del rey» como quieren 
suponer. En la baja latinidad Scacos: Scachs en catalán, en la Edad }iíe' 
á\d^\ ÁxedreSj Acedrex en el libro de don Alfonso el Sabio y iS^a^o^ en 
italiano, se aplican igualmente al tablero que á las piezas. Hago estas 
observaciones por lo que diré más adelante (1). 

Debo observar, desde luego, que en muchos lenguajes este juego es 
nombrado en plural, lo que me induce á creer que no puede derivar su 
nombre del «juego del rey,» persa ó árabe; porque en tal caso deberla 
nombrarse en singular, como por ejemplo, en catalán y en italiano que 
lo llaman Joch deis Escachs^ Giocco de gli ScaccM deberían llamarlo Joch 
del Escach y Giocco del Scaccho; los franceses y los ingleses lo nombran 
en plural. ¿Por qué Zatrikion ha de venir de Chaturanga y no al revés en 
caso de ser cierto que una de estas palabras se derive de la otra? Lo po- 
sitivo es que los griegos se establecieron y dominaron el Egipto tres 
siglos antes de la era cristiana; y también es lo cierto que casi al mismo 
tiempo se establecieron y dominaron en la mayor parte de la India, no 
habiendo ningún dato histórico que pueda dar el menor indicio de que 
los hindos hayan, en ningún tiempo, invadido la Europa, y menos cono- 
cido y conquistado la Grecia. En los siglos vi á viii, cuando en Constan- 
tinopla se jugaba al ajedrez y lo llamaban ZairiAion, los hindos estaban 
engolfados, y en el período culminante, en sus luchas religiosas, cuyo 
resultado fué la caída total de la ascética religión de Buddha y el triunfo 
completo del brahmanismo; estableciéndose en aquella época la odiosa 
división en cuatro castas, que también se supone están representadas 
por las cuatro divisiones de las piezas en el Chaturanga inventado según 
ellos, 3000 años antes. 

La palabra catalana Scachs j — Scacco en Italia, — es la misma que la 
latina, scacos^ sinónimo de ¿essera, que significa una pieza cuadrada que 
sirve para adornar, es procedente de la griega tessares, cuatro. La pala- 
bra catalana scach significa cuadro (2), igualmente que la italiana ^c^co, 
y en castellano escaque y escacar significan cuadro y hacer cuadras (3). 

bias, Tesoro de la Lengua castellana. — Madrid 1674: «Y aunque arriba hemos dicho que 
ajedrez como nombre de xerxes; Diego de Urrea dice ser nombre persiano dicho en su 
lengua eadreng, comeron de sarna, porque los jugadores de ajedrez siempre traen 
inquieto el juicio mientras juegan , y dentro y fuera siempre se están rascando y conco- 
miando; los árabes corrompieron el vocablo y dijeron xatranj, y nosotros lo corrompi- 
mos más llamándole axedres.^ Muy distinta es, por cierto , la significación atribuida 
por Diego de Urrea á las palabras shatranh y chatranj\ de la real que le atribuyen los 
orientales del ajedrez. 

(() Lo mismo se observa, como he dicho, en el libro de don Alfonso el Sabio; pero 
con la particularidad de que da el nombre de acedreas á toda clase de tableros, de aje- 
drez, de damas, de jaquete y de alquerque. 

(2) En el Diccionario catalán , castellano, latino é italiano, en la palabra acacks, 
dice se llamaban también squarchs (¿squadrais?), 

(3) En el «Vocabulario Italiano della Lingua parleta,» de Giuseppe Ragutino é Pietro 
Tanfano, en la palabra Scacco dice: ^Scacco S. M. Ciascuno di qué quadretti che per lo 
piu sí vedono dispinti 6 fatti d* intársio V unno accanto alV altro, nelle insegne é nelle 
dioise ó negli scachierí, e di diferenti colorí, 

»A scaschí in forsa di aggiunto, se dice di quei laüori que sí fanno a forma a 



BL AJEDREZ 301 

En todos los diccionarios se encuentran las palabras scach, scaccOf escaco, 
scachOy escaque con la significación de cuadro en singular y no como 
palabra derivada del plural con referencia al tablero y sus cuadros 
sino que, al contrario, dan al tablero con sus cuadros como una de las 
acepciones de la palabra. Los autores antiguos usan la palabra scach ó 
scacOy — escaque, — una veces refiriéndose á las piezas, — como lo hace 
don Alfonso el Sabio con la palabra Acedrex — y Cesulis, el cual las 
divide en Scachs nobles y Scachs peons, y al nombrar los últimos los de- 
termina scach del rey, scach de la reina, scach del or/íl, etc., y otras re- 
firiéndose á los cuadros del tablero; por lo que me inclino ¿ creer que 
este juego se llamó antiguamente Scacorum ludus porque se entendía 
jugado con el tablero dividido en cuadros de dos colores alternados y 
para diferenciarlo del Tesserarum ludtis, de los romanos, que seria otro, 
jugado con piezas cuadradas ó r^¿on¿a^ (1), del que quizás proviene el 
actual Dominó ó Dómino para indicar al vencedor del juego, y uno y otro 
diferentes del griego petleia que jugaban los pretendientes de Penélope 
á la puerta de su palacio (2). Creo que estudiándolo un poco podría po- 

scachi o quadretti di vario colore o in altra manera Vuno accanio alV aliro. La veste 
d' Arlequino é falta a scachi, le arme di pistola é á scachi.^ 

Francesco Piacenza dice: «Hoy día (en 1680) en Italia se llaman scacchi, quizás por 
estar siempre moviéndose, yendo y viniendo, subiendo y bajando de una parte á otra, 
siendo esta también la opinión de Polidoro Virgilio.» (cY campeggiamenti degli 
scacchi ») Don Fieltro Carrera, en til Gioco de gli scacchi,^ (Militelio 1617) encuentra 
también bonita esta etimología de Polidoro Virgilio por la razón antedicha, afiadiendo, 
«que por lo mismo se llama scacco — jaque — el ataque que se da al rey enemigo, y que 
también se llama scacco— jaque — el acto que ejecuta cada una de las piezas.» 

Don Sebastián de Covarrubias aclara más esta opinión: «Polidoro Virgilio, dice, 
llama escaques á las piedre^uelas con que se juega, y haberse dicho asf de scandando 
porque van subiendo á la parte del contrario ; pero lo recibido es ser el lugar donde lu 
piedrecilla se pone, es decir, el cuadrito, — y entiéndese también significar las casas del 
juejo del awedrea cuadradas y alternadas blanca con negra, do cuya forma ay casas 
muchas que los tienen por armas y tomaron su principio de la Castramentacion de 
donde se entenderá el nombre de este mesmo juego de casas, y ángulos llamado tel 
CastroT^ y que estos juegos no sólo se inventaron para pasar el tiempo; mas también 
para significar en ellos el ejercicio militar, como lo hizo xerxes en el juego que de su 
nombre se dijo ajedrez. Toda labor que va repartida en cuadretes llamamos escacada.i^ 
(Ob. cit., pág. 245). 

Don Alfonso el Sabio, como he dicho, usa algunas veces el nombre de acedrex para 
denotar el tablero, y también en mentido general: €Et el que tenia rason del seso trojo 
el acedrex con sus iuegos ^^:=E8te es el iuego de las tablas del acedrex de las dies casas 
é cuantos puntos ha en ellos = y «c'¿ iuego de las tablas del acedrex de las dies casas e 
iuegase con los dados de siete llanas, i^ por estas dos últimas miniaturas se comprende 
claramente que llama acedrex al tablero, pues el juego á que se refiere es un juego de 
tablas ó jaquete, con la diferencia de estar dividido en catorce secciones ó casillas, en 
lugar de las doce en que comunmente se divide cada lado del tablero de jaquete, y, al 
empezar el juego, las piezas están colocadas de manera que dejan diez casillas vacías, 
por cuya razón lo llamarían « el juego de las diez casas.» 

(t) Los romanos daban el nombre de tessera, ce, á unas piececitas de hueso, madera 
y otras materias, de forma cuadrada, poligonal, oblonga y, más generalmente redonda, 
marcadas con figuras, números, ó señales que servían de contraseña para las entradas 
y localidades de los teatros, circos y demás espectáculos; cuando se descubrió el antiguo 
teatro de Pompeya se encontraron algunas de ellas en la taquilla. Es posible, y casi 
probable, que entre las clases acomodadas y oficinas de administración de los romanos 
se usasen en lugar de las piedrecitas para hacer los cálculos en los abacos ó contadores, 
como se usaron los tantos —jetons — en la Edad-Media. 

(2) Ya he demostrado que este juego es una de las variaciones del actual asalto, ó 



302 EL AJEDREZ 

nerse en claro la confusión que reina entre los autores que se ocupan de 
este juego, pues de los antiguos puede deducirse que, como yo opino, 
Peííeia, Tesserarum, Lairunculoram y Scacorum eran juegos diferentes y 
no variaciones de un juego origen de nuestro ajedrez, importado k Euro- 
pa indudablemente de Egipto. 

El llamar scacos, scachs k las piezas del ajedrez, puede proceder de las 
piedrecitas del juego de Petteia de los griegos de la Odisea, y de las del 
Lvdus lairunculorum de la baja latinidad que los escritores de la Edad 
Media tradujeron por cachos y sachos, scachos ó scachorum. Preguntando yo 
al distinguido catedrático de griego de nuestra Universidad don José 
Balari y Jovany, sobre el origen probable de la palabra Scachs^ tuvo la 
amable complacencia de copiar delante de mí lo siguiente, traduciéndolo 
del alemán, que yo no conozco. 

aScah, Scahch, scach (antiguo alto alemán); medio alto alemán schach 
radical masculina latrocinium; latín medio Scachus, Schacíis, antiguo 
frisón shak, schak. De aquí el antiguo francés echech, el provenzal Bscac, 
scaXy scomasch, scach, robo (hurto)» Diez, Diccionario, etc. (1). 

Ducange (2) define Scacus vel scacdtus cuadros de diferentes colores 
alternados como en el tablero del ajedrez, y Scacci, scaci ó scachi dice 
que es el juego del ajedrez llamado así del persa Schach, aunque no falta 
quien opine venir del germánico scach^ esto es, ladrón flalroj, del que 
después creen ser el juego dicho ludus lairunculorum que varones doctos 
estiman ser el mismo juego de ajedrez, por lo que dice Ovidio sive latroci- 
na sub imagine calculus ibit. Verdaderamente Salmacius, en la historia 
de Augusto, dice, los Scacos — el ajedrez — italianos y galos hoy dia se lla- 
man Ludus Latru7iculorum palabra derivada de Calculus. Calculus es el 
diminutivo de Calx, que Festo usa en el sentido de piedrecitas, y Plauto 
en el de las piezas del juego de damas ó ajedrez, San Isidoro de Sevi- 
lla (3), para las piezas del juego de damas, usa la palabra Calculus, y 

con mus razón, el primitivo marro ó € tres en raya.» Esta sería la opinión general antes 
de que los ingleses, á principios de este siglo, viniesen á confundir los juegos y denomi- 
naciones con sus teorías orientales, sus orígenes indios y malas interpretaciones de los 
clásicos. 

Hace dos siglos, don Sebastián de Covarrubías, en su ya citada valiosa obra, en la 
palabra escaque^ expresaba: c Llamamos escaques las casas cuadradas del tablero del 
ajedrez, ó los ángulos de los cuadros de la tabla del alquerque, que se jugaba con pie- 
drecitas blancas y negras y suelen comer con una, dos y tres, y este parece ser el juego 
antiguo que llamaban^ de los laclroncillos lairunculorum del cual hacen mención los 
poetas.» 

Luego continúa los versos de Ovidio en Ars Amancli: lantaque non stulte latronum 
prce ludai, etc. 

Y los de Marcial: 

^Calculus híc gemino discolor hoste perit.-p 

Cooñrmando mi opinión de ser el Ludus lairunculorum de los romanos el juego del 
Alquerque ó Asalto, es decir, el juego del tablero dividido por rayas en cuadros y trián- 
gulos, jugado unas veces con doce ó más piedrecitas de color diferente por cada lado, y 
otras con dos solas piezas por una parte, defendiéndose de muchas otras de la parte con- 
traria; como en el juego que aún está en uso en Alemania y lo llaman De los Ladrones y 
el Acaro, que ambas cosas pueden deducirse de los textos de los clásicos latinos. 

(1) 0.«kar Schade — «Alt Deutsches Worterbuk»— Hall — 1872— 1882. 

(2) «Glosario» en las muchas acepciones de las palabras scacus, scacorum, 

(3) «Orígenes ó Etimologías» m. 636. — Ovid. Am. II, 207 Valerio Máximo VIH. 8.2, 
— AulioGellioXIV, 19. 



BL AJEDREZ 303 

Ovidio y Plinio, para las piedrecitas blancas y negras que servían para 
las votaciones de los comicios; Ad cálculos amiciíium tocare, dice Plinio, 
y Ovidio Ad Calailum A Ibum adjicere (1). 

En este sentido tomaría el obispo de Alba Jerónimo Vida el nombre 
de scacos dado á las piezas del ajedrez al escribir su poema La Scaccheida 
pues invoca las ninfas Seriades, diosas-piedras hermanas de ScacAidis, 
diosa del ajedrez, que supone son las primeras que enseñaron á los ita- 
lianos este juego inventado por su insigne hermana Scachidis (2). 

De todo esto, & mi entender, resultaría que la palabra scach, scaco, 
scacho, etc., significaría piedrecita ó pequeño guijarro, igualmente que 
las palabras Pessai y Petleia griegas y Calx y Calculus latinas; no proce- 
diendo de las Scáh, schach, antiguo alemán ó skak, scAak, frisonés, sino 
que éstas proceden de aquéllas; tampoco pueden derivarse de las 8/iaA, 
Chatrang ó Chatranjj persas y érabes, ni mucho menos del Chaiuranga 
indiOj pues todos los autores antiguos usan la palabra scacos, scacks, scac- 
cOf etc., refiriéndose siempre al tablero ó al conjunto de las piezas y 
nunca con la más mínima alusión que pueda entenderse con referencia 
al rey. Además, la palabra scacos es usada en Europa antes de la época 
en que se dice fueron inventadas las árabe y persa Shairangy Chatranj, 
que, como ya he dicho, no significan nada en sus respectivos lengua- 
jes (3). 

Sospecho que la palabra ajedrez es la misma que Scachs ó Scachus 
que los árabes corrompieron en cedrex (4), añadiéndole el artículo al y 

(1) Francesco Piacenza dice, que las piezas eran llamadas por unos scrupi (piedre- 
citas) y por otros, /oruncu2¿; que en las leyes civiles, en que se hace especial mención 
del juego, se le da el nombre de Ludtis latrunculorum; que, según su opinión, puede 
venir del tomar ó arrebatar las piezas contrarias que se usa en el juego, porque el robar 
y pillar son estratagemas de soldados al saquear una ciudad ú otros lugares, tomados en 
buena guerra, de la que el ajedrez es una imagen. (I Campeggiamenti degli Scac- 
chi), etc. 

(2) Del río Servio que pasa por Cremone donde. Vida nació en 1490 y murió en 1560 
* dice textualmente: 

VoSf per inaccessas rupes et ínhospite euntem 
Sajca Dece reglte ac secretum ostendit callcín 
Vos hujus ludí in primis meminisse necesse est. 
Vos prímrv studia ho Italia mostratis in oris 
Scacrhidis egregice munimenium insigne eororis. 

La traducción que Masdeu hizo de este poema es muy libre, algunas veces dema- 
siado libre, pues no expresa exactamente el pensamiento del autor. 

El llamar el acta de donación de Pepino Cachos^ al ajedrez lo mismo que el expre- 
sarlo por Bacho el Diccionario valenciano de 14^7, podría confirmar la idea de que «cacos, 
scachSf etc., son una corrupción de saxa, que, como acabamos de ver, es el nombre que 
el obispo de Alba da á las ninfas introductoras del ajedrez en Italia. 

(3) R. Dozi, en su citada obra pone: < Axedrez (axadrez Sánchez III) por xadrez 
enxadrez (jcu d'echechs) de... (ach-chitrendj) palabra que los árabes han recibido de los 
persr.s; pero que es de origen sánscrito. El nombre rey, en persa, es Sha ó Padshüf y 
debe también tenerse en cuenta que los persas llaman Shatrang al juego de ajedrez en 
conjunto, igualmente que al sólo tablero, como lo hace con la palabra acedrex don Al- 
fonso el Sabio, y con la palabra fcacos ó smchs los autores antiguos. 

(4) Los filólogos, quizó, encontraron absurda esta derivación, por no estar basada 
en alguna de las leyes de la filología ; al efecto voy á presentar un ejemplo práctico de un 
cambio de palabra de un lenguaje á otro, que tompoco creo pueda fundarse en leyes filo- 
lógicas. Todos los trabajadores de los líneas de ferrocarriles de Catalufiia llaman á las 



304 



EL AJEDREZ 



convirtiéndolo en Alcedrex; y acedrex suprimiendo la I lo llamarían los 
españoles en tiempo de la dominación árabe, como lo hace don Alfonso 
en su tantas veces mencionado Códice. En éste la palabra acedrex se en- 
cuentra casi siempre con referencia al juego en el sentido que nosotros 
decimos ajedrez; las piezas las llama irebeios (1), usando también, como 
ya he dicho, la palabra acedrex para el tablero, menos en los dos últimos 
jueg-os cuyas miniaturas hemos dado en los dibujos números 60 y 61, en 
los cuales usa la palabra escaques con referencia á los tableros y no á las 
piezas. «Este es el tablero de los escarices é de las tablas que se iueg^a por 
astronomía.» — «Este es el tablero de las tablas según la natura de los es- 
caques que se iueg-a por astronomía (2)». Está bien claro que la palabra 
escaques se refiere á las divisiones del tablero en estas dos miniaturas, 
especialmente en la última. En ambas el mismo don Alfonso preside el 
juego, que juegan seis caballeros sentados alrededor del tablero; todos, 
incluso el rey, están sentados al estilo oriental sobre una alfombra de 
variados colores. 

En el prospecto de una obra filológica de don Antonio Puigblanch, 
— que no llegó á publicarse, — se lee (3): ¿Cuál es, también, la etimolo- 
gía de otro nombre no menos maravilloso que el anterior, no por lo que 

maderas sobre las que descansan los rails, Falipat», — son les que en castellano llamamoB 
comunmente cdurmientes.» ¿Se puede explicar filológicamente la conexión déla pala- 
bra Falípa — nombre de las mujeres que tienen por patrón áSan Felipe — con la origina- 
ría inglesa sleepers — durmientes, como derivación del verbo to s/eep dormir (estar quieto) 
ó se ha de explicar el cambio únicamente por la corrupción de la palabra al pasar de una 
lengua á otra por efecto del diferente carácter ó genio de las dos lenguas, del mismo 
modo que scachs convertido en cedrex? Muchos otros ejemplos podríamos presentar de 
cambios — corrupciones — de palabras inglesas y francesas en otras catalanas de signi- 
ficación muy diferente, que están en uso entre nuestros operarios -> y los que no lo son— 
en diferentes ramos de la industria catalana. 

(1) Don Sebastián de Covarrubias, (^Tesoro de la Lengua Gastellanai^ — palabra 
AJedref) dice: < Delante de la vanguardia van los peones, que es la infantería; los esca-- 
quesson las castramentacioneSf y el lugar que cada uno debe guardar: dijéronse scac- 
ques, ab scandendo, porque se va con ellos subiendo á encontrar con el enemigo; y todos 
ellos trevejos, de trevejar, que es curtir y herirse unos con otros; de donde se dijo, dia de 
trabajo y dia do cutía. 

(2) En la explicación de los diferentes juegos dice: «Los otros iuegos que se hacen 
seyendo — estando sentados los jugadores— son asi como iogar acedrex, e tablas, e da- 
dos, e otros trebeios de muchas maneras » Y en la miniatura que representa el taller de 
construcción de tableros y piezas dice: «De cuantos colores han de seer todos los tre- 
beios del acedrex > Por la última miniatura se comprende claramente que la palabra 
escaques se refiere al tablero y no á las piezas; pues dice se^e¿/i la natura de losescaquesy 
porque, como puede verse por la fig. 61, por la forma circular del tablero éstos no resultan 
bien cuadrados, y están colocados en círculos concéntricos, habiendo muchos más que 
en el juego común de las damas, del que los juegos que se iuegan por astronomía no son 
más que una variación, como ya he dicho, y él mismo da á las piezas de estos juegos el 
nombre de «tablas» pedazo de madera plano, que es el nombre que se daba antigua- 
mente al juego de damas. Por los epígrafes de los capítulos se comprende que don 
Alfonso entiende por acedrex los tableros, y por escaque, los cuadros; llama «Gran Ace- 
drex» al de las 12 x 12 casillas; en algunos dice: «El Acedrex con sus trebeios»,— «Aquí 
comienza el Acedrex de las diez casas» — «Este es el tablero de los escaques é de las ta- 
blas, » ele. • 

(3) Página 31 y 32 del Prospecto de la obra filológico— Filosofía intitulada; «ob- 
servaciones sobre el origen y genio de la lengua castellana, en las que también se habla 
de las demás lenguas principales de Europa, por Antonio Puigblanch. — Londres. En la 
imprenta española de M. Calero— año 1828 » 



EL AJEDREZ 305 

en sí contiene, sino por los viajes que habia hecho por las tres partes del 
mundo cuando aún no se conocía la cuarta, es & saber, la del nombre 
Ajedrez de la cual tanto se ha disputado, siendo el autor que más se ha 
aproximado á ella Salmacio, quien creyó ser el griego bárbaro Zatrikion 
del que los persas tuvieron que formar su xaíreng y los árabes el nombre 
que nos comunicaron á nosotros en ajedrez (cedrex?) á pesar de todo es 
Toz de casia latina (scacos?) que pasó desde Roma á la Grecia. Sabido es 
cuan amigos de jugar á las tablas eran los viejos en Roma, y también al 
de tabas al que ahora sólo juegan los muchachos; estaba bien que fuese 
inventor de un juego que es símbolo de la guerra un pueblo que era mi- 
litar por constitución. Con tal motivo se da la explicación etimológica 
del latino Ludus latrunculorum en el que nada tienen que ver los ladron- 
cillos, aunque algunos poetas digan lo contrario (1); y se da también la 
del nombre escaques que es otro de los nombres de este juego y con él el de 
los jaquetes, término de blasón.» 

La voz latina á que se refiere Puigblanch me parece no puede ser 
otra que Castrum, campamento y castillo fuerte, dos significaciones de 
la palabra que encontramos en el juego, tanto en latín como en caste- 
llano, ya refiriéndose al juego, ya al tablero, Ludus CastrensiSj — «Juego 
del Castro» — Asalto — ^y Castramentación, aplicado al tablero. 

De esto creo que se puede deducir, por más que no sean aplicables 
las leyes de la filología, que de la palabra genuinamente latina, Cas- 
trum, — que significa alguna cosa — se derivaron las Satrikion, Chatrang 
y Shatrang, exóticas cada una de ellas en sus respectivas lenguas, y 
en lasque ninguna de ellas significa nada, á no ser, lo que es muy 
probable, que la griega Zatrikion ó Satrikion^ bárbara, sea una corrup- 
ción de JCastresioriy palabra griega que corresponde á la Caslrensis latina. 
Castrense, y del Ludus Caslrensis, el Satrikion ó Zatrikion. 

Considerado de este modo, me parece se encontraría muy razonable, 
para mí, el verdadero camino del juego del ajedrez. Nacido en Egipto 
un juego jugado con piezas altas y un tablero escaqueado, lo conocieron 
sucesivamente los griegos y los romanos al dominar aquel país, cuna de 
la civilización del mundo; y al adaptarlo unos y otros es probable lo mo- 
dificarían asimilándolo á alguno de los juegos que antes jugaban, dán- 
dole el mismo nombre, y distinguiéndolo por la diferencia del tablero 
escacado que adoptaron en lugar del sencillamente dividido por rayas en 
cuadros y triángulos, que hasta entonces habían usado (2). 

Los tableros divididos en cuadros por simples líneas son los que 
siempre han usado y usan todavía los orientales, especialmente los ára- 

(1) Ya hemos visto que esta palabra se aplicaba á las piezas de diferentes juegos 
con la íignifícación de «soldados,» soldados de la guardia del Príncipe, según Varron — 
eoldedos que hostilizan y hacen correrías sin ley ni justicia, según César. 

(2) No comprendo por qué, escribiendo historia, se ha de escribir apasionada- 
mente, siendo por un lado exclusivistas, no queriendo que el actual ajedrez sea una deri- 
vación, con las consiguientes modifícaciones de lugar y tiempo, del antiguo juego egipcio 
importado á Europa, hace ya muchos siglos, probablemente por los griegos; y por otra 
parte, admiten el no tan sólo inverosímil, sino imposible, origen indio del ajedrez tres 
mil años antes de N. H. admitiendo para el juego indio las modifícaciones y variaciones 
que no quieren conceder para el juego egipcio. Aquí vendría de molde lo del notario: 
O se tira la cuerda para todos ó para ninguno, 

39. 'BL AJEDREZ. 



306 EL AJBDRBZ 

bes. El tablero escacado, 6 dividido en cuadros de dos colores, es el que 
siempre encontramos usado en Europa y mencionado por los autores más 
antiguos con el nombre de Scaccario, Scaccarium; k principios del siglo 
XI le dan este nombre Armengol de Urgel, Pedro Daniano y otros, igual- 
mente que Neckan y los judíos españoles al siguiente. El tablero escacado 
es originariamente egipcio, pues, como veremos más adelante, lo encon- 
tramos ya representado en monumentos de aquel país nada menos que 
4000 años antes de N. E. juntamente cou las seis piezas originarias del 
juego, que si bien lo consideramos, son las mismas en que jugamo? 
actualmente, pues no son más que seis las diferentes de cada color con 
que jugamos, las mismas con que se jugaba en Egipto en aquella remo- 
tísima época, no siendo las restantes de las que hoy empleamos en el 
juego sino repeticiones de las seis primitivas egipcias. Don Alfonso el 
Sabio nos lo dice también: «E como quier que estos iuegos son nueve, 
quanto en las casas no son mas que seis segund se doblan. Calos Alffíles 
e los Cavallos, e los Roques, que son reys tornan en tres, e con el Rey, 
en con ell Alfferza, e con los peones que son cada uno por si farenze sap. 
E pusiéronlos asis doblados porque cuando alguno daquellos toman, que 
finque otro de aquella natura por a dar xaque e mate al Rey, o por a 
ampararle.» 

Los griegos sucesores de Alejandro Magno pudieron haberlo intro- 
ducido en la India, en donde por la expulsión de los griegos y sucesivas 
invasiones de los seytus semibárbaros pudo haberse perdido, ó á lo 
menos degenerado (1). Los greco-romanos del Imperio de Oriente indu- 
dablemente lo introdujeron en Persia, en tiempo de Cosroes Nurshirwan, 
y de Persia, 6 de Egipto, como ya he dicho, lo tomaron los árabes después 
de la Era Mahometana, por ser estos dos países las primeras conquistas 
de los árabes y los dos primeros pueblos que aceptaron la ley de 
Mahoma. 

Ya tenía escrito y á punto de dar á la prensa todo lo que antecede 
cuando he tenido ocasión de adquirir las obras de Horacio Gianutio, 
Turin 1597; Rui-López, 1584; de Daniano Portuguese, impreso por pri- 

(1) Carrera, que está muy lejos de creer en el origen indio del ajedrez, para demos- 
trar la antigüedad de este juego relata una anécdota histórica, que al mismo tiempo qoa 
demuestra esta antigüedad, nos prueba que el juego europeo no era procedente de la 
India, y que el ajedrez conocido ya en la India antes del tiempo de Vasco de Gama no Fe 
jugaba exactamente como el europeo. Indudablemente ambos juegos procedentes de un 
origen común , y desviados del primitivo por los diversos genios de europeos y asiático?, 
volvieron á encontrarse por primera vez con la ida de los portugueses ala India. 

cTambién me demuestra un vestigio de antigüedad , dice Carrera, que en las partes 
más remotas de la India Oriental un juego bastante parecido á nuestro ajedrez se jugase 
por las gentes del pats antes que los portugueses pensasen en hacer allí su primer viaje. 
Esto se añrma por la autoridad del dignísimo historiador Juan Pedro MafTei: hablando 
de don Diego López Sequeira, ministro del rey de Portugal en Malaca, ciudad célebre 
del Quersoneso áureo, á la que preparaba traición Patiac Indio hijo de Utimate, el rajó 
más potleroso después de Mamud tirano de Malaca , en su libro 4.^ de la c Historia de las 
Indias Orientales» dice: «Es^e — el ministro— para distraer un poco el ánimo, como 
ysucede, se había puesto d jugar al ajedrez ^ cuando se presentó el hijo de Utimate raja 
ycon algunos soldados armados bajo el pretexto de visitarle ; Sequiera ciéndolo ceñir 
ydejó el juego para ir rí saludarlo —¿Por qué no continúa jugando? le dijo el Indio, 
apuesto que nosotros tenemos una especie de pasatiempo muy semejante d este, deseo 
yen gran manera ver en qué particularidades el nuestro es diferente del vuestro 



EL AJBDREZ 307 

mera vez en 1512; Pietro Carrera, 1617; un libro titulado Ludíis Scacchie 
impreso en Londres en 1597, de un autor anónimo, y las dos obras de 
Alejandro Salvio. Todas estas obras han venido á confirmar mis opinio- 
nes respecto á los orígenes y nombres del ajedrez, por lo que voy á con- 
tinuar algunas notas que he tomado de cada uno de ellos. Damiano, el 
m&s antiguo en el capitulo primero de los diez en que está dividido el 
libro en su primera parte, habla de los nombres y colocación de las 
piezas, que son los mismos y la misma que los nuestros, y los que tenían 
ya dos siglos antes, en tiempo de J. Cesulis. Lo mismo que éste, Damia- 
no da á las piezas una representación humana, pero de carácter militar, 
si así podemos expresarlo, sin que nada tenga en ella de común larepre* 
sentación y significación de elefante, carro, ó barco por lo que pertenece 
á la torre y al alfil, como veremos al tratar de estas piezas. «Las casas 
del tablero, dice, son sesenta y cuatro: porque no son más ni menos, no 
se sabe dar otra razón sino la de que ésta fué la intención y voluntad del 
que inventó el juego. Respecto á quién fué el inventor, son diversas las 
opiniones; unos dicen fué el rey Xerxes, pero el vocablo está ya corrom- 
pido, porque le han añadido la d. Otros dicen fueron dos hermanos. Lidio 
y Tírren, que padeciendo una espantosa hambre, para pasar mejor el 
tiempo y no sufrir tanta pena y aflicción, compusieron este juego, y mi- 
tigaron aquella calamidad de tal manera que con él pasaban el tiempo, 
y no comían sino tres veces cada dos días. Esta última tradición sin duda 
fué inventada para denotar cuánto domina éste á los que le juegan, pre- 
ocupándolos hasta el punto de no acordarse de nada, ni siquiera de 
comer (1). 

Gianutio habla muy ligeramente del origen del ajedrez, diciendo 
solamente que unos lo atribuyen á Xerxes, otros á Palamedes, ó á los 
hermanos Lidio y Tirreno, sin la más mínima alusión á un origen indio 
ñ oriental. 

Rui-López dice: «que, en cuanto al inventor de tan noble juego, cree 
no ha de gastar muchas palabras para saber si fueron los moros, como 
algunos creen, lo que no es verdad, por ser el juego conocido antes de su ve- 
nida á España — ó los hermanos Lido y Tirreno, como quieren otros — ^jo 
no diré otra cosa sino que por muchas rabones se podría probar haber salido 
de Casiillay y baste saber que su inventor es mucho de alabar.;» Sigue á 
Cesulis en lo correspondiente á la causa del origen de este juego y á la 
significación de éste y del tablero, igualmente que á la de cada una de 
las piezas en particular y de todas ellas en conjunto, representando las 
diferentes clases sociales de aquel tiempo (2). 

\\) c Libro nel quale si traía della maniera di Giuocare a Scacchi con alcuni sotti- 
liesinni Partiti.» Horatio Gianulio della Muntia. Turín 1597. 

Hace algunos años un amigo mío, gran jugador de ajedrez, entonces soltero, tenía su 
novia en Argentona donde había pasado á tomar aguas con su familia; cierto día, este 
amigo toma el tren y se traslada á Argentona con la idea de pasar un día al lado de su 
estimada; al entrar en la fonda encuentra un amigo contrincante suyo en el ajedrez.— 
¿Vamos á echar una partida? le dice.— Vamos.— Se pusieron d jugar, jugaron tarde y 
noche basta muy tarde, se acostaron, y á la mañana siguiente, muy temprano, porque le 
urgía, el amigo se marchó de Argentona sin haber visto su novia. 

(2) Tara este extracto me sirvo de la traducción italiana de la obra de RuiLópez 
impreFa en 1584. En ella, aunque el autor da á las piezas la significación y figuración de 



308 BL AJBDRBZ 

En el capítulo VII, en que se trata del nombre del ajedrez y de las 
piezas, dice: «El ajedrez se llama también tablero, formado de sesenta y 
cuatro casillas, donde se mueven las piezas. Los españoles — de Castilla, 
porque los catalanes lo llamaban scacis, palabra que debe tenerse muy 
en cuenta para la historia del ajedrez — lo llaman azedrez, ortografía que 
también es preciso recordar, como la de acedrex de don Alfonso el Sabio, 
nombre que algunos creen viene de Xerxes con corrupción de la palabra, 
quien, dicen, fué el inventor del juego. Los italianos lo llaman scacchie- 
re, derivado del latín, y scachiero no significa otra cosa que conservador, 
ó guardador: — en el sentido del manara latino, jaula, depósito, etc., (1)— 
es posible que esta palabra— 5C«co — venga de calculas^ que quiere decir 
contar; por esto Calepino afirma que los más modernos dicen scacckus. 
Calculis se llama también una piedrecita que los que cuentan usan para 
recordar el número. Los latinos la llaman tabula laíruncularis, ó bien 
latro7ium ludus, y á las piezas latruncuUy porque nunca están quietos y 
siempre saltan, yendo de una parte á otra, robando como asesinos; de 
estos nombres podría citar autores aprobados, pero lo dejo en beneficio 
de la brevedad.» 

Don Prieto Carrera (2) dice, que la palabra scach, scaco, es derivada 
de la latina calculus, — piedrecita — corrompida, y que no ha de parecer 
uno cosa extraña que siendo los escachas — las piezas — de madera, marfil 
ú otras materias que no son piedras, hayan tomado el nombre de calcu- 
luSy que piedrecita realmente significa, porque no duda que las primeras 
piezas del juego de ajedrez habían sido piedras lisas y pequeñas, parti- 
cularmente de aquellas .que se encuentran en la orilla del mar, y de 
aquellas muy pequeñas que se pisan por los caminos; habiendo la "^bX^- 
hv^L calcu,lus B>s\iio6.é[ y evho calcare; que de aquélla, en el vocabulario 
de Papias, es considerada la etimología de c¿í/Zw— calle — esto es, callejón 
ó camino estrecho, y lo mismo puede pensarse de calces, plural de calx, 
palabra antiquísima, de la que también puede decir proviene la palabra 
scaco. Es lo que ya he dicho: que calculis es el diminutivo de calx. 

Carrera cree que los romanos conocían ya el juego de ajedrez con el 
nombre de livdus lairunculorum, fundándose en las mismas autoridades 
que yo he citado en los capítulos del juego en Grecia y Roma, y en que, 
como he hecho también observar, lairunculorum es el diminutivo de 
latrones, nombre que antiguamente significaba saldadorSy y no ladrones, 
como ahora; siendo la etimología de latrones, según Varron, de latero- 
neSj y laterunculi; porque estaban cerca del rey. Por el testimonio de 
algunos textos latinos, que contiúa, deduce que por ludus lairunculorum, 
ó latronum, no debe entenderse <guego de ladrones,» sino de «soldados,» 
y que este juego no pertenece á ninguno de los juegos de n^ei-rayas. 

Cessulis, los grabados que las representan intercalados en el texto, son de la forma 
común, como puede verse en los nuestros (flgs. 87 á 92). 

(1) Cerrera, de quien voy á hablar, analizando los versos de Lucano, dice que 
Mandra, significa la clausura del juego, que suele estar cerrada por el caballo. 

(2) «II Gioco de gli Scacchi.»- Di don Pietro Carrera.— In Mililello 1617. — Impor- 
tantísima obra cuyo autor es sin duda el que demuestra más erudición respecto al origen 
del ajedrez, y que veo no ha sido muy consultada por los modernos historiadores de este 
juego. 



BL AJEDREZ d09 

«No callaré, continúa Carrera , que los antiguos llamaban perros (1) 
á todas las piezas del ajedrez, como puede verse en el discurso que Julio 
Pollux hace de los juegos en su diccionario, del que no comprendo la 
razón de la costumbre de poner nombres de animales domésticos ¿seme- 
jante clase de juegos, porque el mismo autor, en el mismo discurso, dice 
que la unidad del dado, que nosotros llamamos as, entonces lo llamaban 
asno y que la unidad del talv, — taba, — se llamaba perro.» El llamar asno 
¿ la unidad del dado, en tiempo de Julio Pollux, no era sino una burla 
hecha al jugador & quien tocaba esta suerte, transformando la palabra 
latina as, — unidad, — que es la que aún se usa mucho en Cataluña para 
designarla, en asnoy tonto ó desgraciado, asimilando al jugador al ani- 
mal de este nombre. 

El llamar los antiguos perros á las piezas del ajedrez puede ser otra 
de las pruebas del origen egipcio del juego, pues con este nombre están 
designadas en los jeroglíficos de los más antiguos monumentos en que 
está representado este juego. Como he dicho ya, Carrera estaba bien con- 
vencido de que el ajedrez era conocido por los antiguos griegos y roma- 
nos; después de citar varios textos de los clásicos, casi los mismos que 
ya he citado (2), los que, según él, demuestran esta verdad, da por últi- 
mo, una razón que no deja de tener mucha fuerza. «Sólo me falta decir, 
por última y no ligera razón, que para asegurar que el juego de ajedrez 
no existia — Tion essere — en los tiempos de Ovidio y Marcial, es menester 
demostrar que este juego haya sido inventado posteriormente, lo que si 
así fuese, se sabría de cierto quién fué su inventor, porque, desde la ve- 
nida de Cristo & esta parte, no hay acontecimiento, invento ú origen de 
alguna cosa que nos sea desconocida; además, haciendo mención los 
autores de mil y mil cosas minuciosísimas de dos mil años atrás, no es 
verosímil hubiesen dejado de hacer memoria de la invención del ajedrez, 
juego de mucha más importancia y dignidad que todos los demás. De 
todos los autores que he leído no he hallado ninguno que diga que este 
juego fuese nuevo, es decir, inventado después del tiempo de Marcial; 
sino que todos lo remiten á la antigüedad; pero sin intención de ofender 
al inventor, se puede creer que el juego en sus principios no era tan perfec- 
cionado como es hoy día: el arte es imitador de la Naturaleza, la que pro- 
duciendo las cosas imperfectas en su nacimiento con el tiempo las ma- 
dura dándoles perfección.» 

Carrera está muy lejos de atribuir al Oriente el origen del ajedrez y 
refuta de paso la opinión de algunos que atribuyen su invención á los 
moros, diciendo que moro quiere decir negro, y que los negros siempre 
han existido. Tampoco hace la más mínima alusión por la que pueda 
deducirse que sean de origen oriental los nombres del juego y de las 
piezas, sino que resueltamente los hace todos de origen griego ó latino. 

La opinión más arraigada en tiempo de Carrera, la de la invención 
del ajedrez por Palamedes durante el sitio de Troya, es la que acepta 
Carrera y la sostiene Celio Rodrigo en el capítulo XXVII de su libro «De 
las antiguas lecciones,» en el que dice que el ajedrez era designado en la 

(1) Es el nombre que los antiguos egipcios daban á las piezas de su juego de tablero 
escaqueado, y que continúan dando hoy dia á las piezas del ajedrez, 

(2) Véanse los capítulos del juego en Grecia y Roma. 



310 EL AJEDREZ 

antigüedad por las palabras griegas Cyhian, Pettian y Petíenticen. En el 
capítulo XIY de la misma obra llama en el ajedrez Pessorum ludus al 
juego y Pessi, — Pessas en catalán, — & las piezas ; de la última se ha hecho 
después el diminutivo Pessuli. 

Alejandro Salvio — 1634 — en su obra «II Puttino,» (1) empieza por 
un discurso sobre la nobleza del juego, pasando en revista todas las opi- 
niones sobre su origen, que son las mismas que he mencionado tantas 
veces, pudiendo creerse que por la opinión particular que manifiesta, lo 
estimaba procedente del antiguo Egipto, muy acertadamente á mi parecer 
aunque no lo afirma categóricamente (2). 

El alemán T. Masmann (3) dice: «El historiador persa Mirkond, 
halló que, durante el reinado del rey Cosroes, (Cyrus)^ en el año 563, 
fué transportado el ajedrez de la India á la Persia; y luego se atribuyó á 
un filósofo hindo la leyenda de la benignidad de los tiranos. Su nombre 
ha sido variado. Unos llaman al inventor Ledschladsch, otros Nasir; final- 
mente, con frecuencia Zazad, Tiza, ó Sesa lin Dahir^ á quien ya nombra 
Iln Chalikon el árabe en el siglo xiii; también El Zafedi y Sofeiker,^ 

Viviría aquél bajo el gran rey persa Schahrám. Los escritores persa- 
arábigos Mirkond, CAondemiry Afasudi, Firdusi, Ibn CAaliAan, ÁssepAadi, 
unánimes — como que todos lo han tomado de la misma fuente — dicen 
que el ajedrez pasó de la ciudad y de Canope, del rey de allí á Persia, al 
mismo tiempo que el fabuloso libro hindo Kalila y Dimnah que se hizo 
popular en Europa, cerca del año 600, en tiempo del rey persa Cosroes 
Anuschirwan, esto es, Cosroes Nurshirwan, que murió en 579 de J. C, 
contemporáneo de Justiniano. De los persas pasó el juego á los árabes, 
por cuyo motivo se llamó al ajedrez oriental pérsico-árabe, siendo hindo 
por su origen.» Como se ve, Masmann, con muy poca diferencia, repite 
lo mismo que dicen todos los historiadores modernos, por lo que lo hemos 
copiado, por estar en estos párrafos condensada la actual opinión histó- 
rica del ajedrez, y para que se vea cuan diferente es de la de los autores 
de los siglos XIX á principios del xviii, algunos de los cuales vivían aún 
habiendo moros en España, y todos ellos están muy lejos de soñar que 
fuesen los introductores del juego en nuestra patria. 

(1) «11 Putiino. AltrameDte detlo 11 Cavaliero Errante del Salvio. Soprailgioco 
de' Scacchi con la 8ua Apología contra il Carrera.» In Napoli 1634. Per Alexaodro 
Salvio. 

Ei Puttino, era el célebre jugador de ajedrez Leonardo de Cutri, llamado así por su 
poca edad cuando empezó á diatinguirse en Roma jugando al ajedrez. 

(2) Véase más adelante. Capitulo conclusión. 

(3) «Origen del ajedrez,» pág. 23» afio 1830. Este libro sólo es recomendable por la 
extensa bibliografía del ajedrez, contenida en centenares de notas. Debo á la amable 
condescendencia de mi buen amigo don José Balan y Jovany la traducción de lo más 
interesante de la obra de J. Masmann, pues, como he dicho antes, no poseo alemán. 

El Magudi dice: «También por orden de Almanzor — el Kalifa de Bagdad— se tra- 
dujeron por primera vez al árabe obras de literatura extranjera, como el libro de Calila y 
Dimnah; el Siddhanta, diferentes tratados de Aristóteles sobre la lógica, etc., el Almas 
gesto de Ptolomeo, el libro de Euclides, el tratado de aritmética y muchas otras obras 
antiguas, griegas, bizantinas, pehlevispnrsis y siriacas. Una vez en posesión de estos 
libros, el público los leyó y estudió con ardor.» (Ob. cit., tom. VIII, pág. 291). En el 
tomo I, páf?. 156, dice que el libro de Calila y Dimnah fué traducido al árabe por Ibn el-- 
Mokaffa y que su autor fué el rey de la India Dabchelim, que reinó después de Poros á 
quien mató Alejandro Magno. 



EL AJBDRBZ 311 

Otra de las palabras con que se pretende probar el orig'en hindo del 
ajedrez es mat ó mate. Esta palabra, dicen, ea puramente arábiga, y de nin- 
gún modo persa ni sansArita, pues esta última lengua no tiene ninguna 
l>B\B¡bTñ que se parezca á mat, para denotar «muerto ó matado,» que es 
extraño que habiendo sido inventado el juego en la India, pasando desde 
alli á Persia, de ésta al Imperio de Oriente, después á la Arabia y de ésta 
á España, Francia y todo el Occidente, se haya generalmente adoptado, 
para expresar el acto más importante del ajedrez y único objeto de este 
juego, una palabra que, derivada del latín, en todas las lenguas orien« 
tales fuera del ajedrez, no significa nada, y en las lenguas neo-latinas, 
castellana, catalana, portuguesa, tiene la misma significación en el 
ajedrez que fuera de él ; siendo, además, muy usada en casi todos los 
juegos, matar, mato, he muerto, etc. Con mucha razón Ponciano sienta 
que la palabra italiana scacco matto es derivada del latín mactare, matar, 
destruir. Carrera también, sin ninguna duda ni vacilación, dice sen- 
cillamente <(que matto, mate, es palabra enteramente latina derivada 
del verbo macto, (as, are que quiere decir matar, y que por lo tanto, 
el matto no es otra cosa que la muerte del rey por la mano de cual- 
quier soldado de los contraríos, quedando éste vencedor y dando fin al 
juego (1).» 

Mr. Duncan Forbes dice: «que le parece plausible esta etimología, y 
la dejaría pasar si no hubiese otra derivación más razonable; pues que 
scacco matto es evidentemente el arábigo, sha-mat, ligeramente modi- 
ficado.» ¿Por qué modificar una palabra sin propia significación para 
convertirla en otra que la tiene bien determinada, como ya he dicho la 
tiene la italiana scacco matto «el rey es muerto» no teniéndola igual- 
mente propia para persas y árabes, la shah-matf La fórmula shah- 
mat (2) — el rey es muerto — es usada del mismo modo por los persas que 
por los árabes; lo que demuestra no ser genuina de uno ni de otro de 
estos países, sino que ambos la han tomado de un tercero en el que 
tiene significación propia dentro y fuera del juego. Este tercero podría 
muy bien ser España, de donde lo tomarían los árabes, y en donde lo 
usarían con más propiedad diciendo «mato al rey» ó«matéalreyi> expre- 
sando el acto que realmente ejecuta el vencedor con el rey contrario; lo 
que no se expresa tan exactamente diciendo «el rey es muerto.» También 
es más sencilla la pequeña modificación del m^to ó m^te, español, qui- 
tando sólo la vocal final para convertirlo en el mat, árabe y persa y más 
razonable el paso de una palabra de un lenguaje en que tiene significa- 
ción en varios casos, á otro en el que no se usa sino para un objeto 
determinado y único; lo que demuestra ser extraña en aquel lenguaje. 
Duncan Forbes concede voluntariamente que el multare italiano, y mutar 
español, son derivados del latín mudare; pero que de ningún modo lo es 
el mutto ó mate del tablero, porque es el mat del lenguaje arábigo. 
¿Y cómo sabe él que los árabes no tomaron del latín y más probable- 
mente del español, su mat insustancial? El mismo dice que es un absurdo 

(1) Carrera. Ob cit. 

(2) La forma en que da escrita Duncan Forbes Shah-mat, no siendo, como dicQ, 
persa el mat, está escrita la mitad en persa Sha y la mitad en árabe mai; para su inteh • 
gencift y gobierno. 



312 EL AJEDREZ 

hacer derivar el maiar y matando^ del arábigo, cuando su origen latino 
es tan palpable.» ¡Qué cosas tienen estos orientalistas! 

£1 término ar&bigo por jaque es Aist, del que los persas han hecho 
kisA ó AisAl. En Sumatra, Malaca, y otros pueblos de aquella parte de la 
India, por jaque usan la palabra saA^ y maC ó mati por mate, al mismo 
tiempo que unos llaman mantri á la reina, y otros á los alfiles, y, como 
ya he dicho en otra parte, llaman al juego main cAaiur, juego de los 
cuadros. En Borneo, por jaque dicen osaA^ y por mate mai (1). ¿No se ve 
aquí más el origen latino en el mantri-mandraj y el ríiat ó mati que no el 
persa ni el árabe ? 

Jaque en español significa valentón, perdona vidas, y estar muy 
jaque, estar fuerte, animoso: jaque interjección, quiere decir, aparta, 
vete, (apage, fuge). Ya hemos visto que en las vacilaciones que tan fre- 
cuentemente se encuentran en los orientalistas. Van den Linde y otros 
creen que sha-mat-jaque-mate quiere decir, «el rey está sorprendido, 
admirado, no advirtiendo este autor que la anécdota en que se apoya 
dice lo contrario, lo mismo que un texto del «Libro de don Alfonso» con- 
tinuado en su obra. «E sil arrenconasen — al rey— de guisa que non ho- 
viese casa do yr, pusiéronle nombre xamant, que es tanto como muerto, 
e esto fizieron para acortar el juego.» 

Todos los autores de la Edad Media usan la frase scacco mato en el 
sentido de «el rey es muerto» (véase en la nota última lo que dice Juan 
de Gales). 

Carrera, en el final de su Tratado de Ajedrez, dice : « Estando ya im- 
presa la mayor parte de esta obra, he tenido ocasión de ver la tercera 
parte de la Sintagmi de las leyes de Pedro Gregori, eminentísimo jurista 
de Toiosa, quien hablando de los juegos dice, es de parecer que el juego 
del ajedrez fué inventado por los hebreos, porque entre éstos, según él, 
ScacAs ó (Scaccs) significa rodear, ó cerrar, con asalto — sitiar; — y mato 
quiere decir morir, cuales significaciones son las mismas del «jaque 
mate,» del juego.» 

Esta opinión, que me parece fundada en muy singulares conjeturas, 
y no mencionada por nadie más, que yo sepa,* no tanto por razón de la 
novedad, como del argumento que puede hacerse de la novedad del 
juego; deducida de más alto origen que la que proviene del tiempo de 
Palamedes, de que se trata extensamente en nuestro libro primero, no 
debe ser defraudada al lector: por esto la continuamos en lo último, y 
siento no haberla conocido al principio para haberla insertado en su 
lugar correspondiente. 

Las palabras del jurista que se leen en el libro 39, cap. IV, n.* 8, don- 
de se trata del juego del ajedrez, son las siguientes: — El si verius miÁi 

(1) La palabra wac Y la moderna chec, usadas en cataláo por cJaque,» sígnificao 
una misma cosa : es el ruido que se oye al dar un golpe, ó al chocar un objeto con otro, 
especialmente cuando se cae de alguna elevación y se aplasta; entonces decimos ¡ha fel 
un ¿rae/ y si el ruido es más agudo y estridente, ¡ ha fet un chec! 

Ea este sentido lo usaba Juan de Gales en eJ siglo xiii cuando escribía In isto scacca- 
rio Diahulus dicit eschack insultando aliquem et percutiendo peccati Jaculo; quiste 
percusus nisi citius dicat lingeret ad penitentiam recurrendo, dicit Diabulua ei €Maih* 
animaní suam a4 tártara ducendo á quo nec liberatur precevel prtio, quia inferno nulla 
est redemptio.ii 



BL AJBDRBZ 313 

vídeaíur inventum Hcbrehorum, quod nomen Scachi oste7idil, eí Mathi, qui- 
bus ludus perficiívr, Scachi dicunty cum ita vallalur ludi Rex, ni sede egre- 
di cogatur; ♦ «ScacA» autem Ilebrans est «VallaMt^y> Sepivil, Ossia et 
alibi. Et ♦ sen ♦ «Mat^vel <iMaLy> Tnortuus est unde finiíur ludus per 
Scachs et Mat cum Rex omnino obessus est et immoMlis redditur ut mor- 
tuus.» 

Carrera acaba este incidente y su libro, diciendo: «Las tres estrellas 
puestas en tres puntos de la sobredicha autoridad están en lugar de las 
palabras hebraicas, que había dejado por no estar aún la imprenta pro- 
vista de caracteres hebraicos. Respecto á lo dicho, me parece debe consi- 
derarse que, siendo los hebreos los primeros padres de las letras, pueden 
haber sido los inventores del ajedrez, que de ellos, como ha sucedido de 
muchas otras cosas, el juego fuese transferido á los griegos, entre los 
cuales Palamedes fuese el primero que lo jugó, y después los latinos lo 
considerasen como el inventor del juego.» ^ 

To no conozco el hebreo; por lo tanto no puedo decir si las palabras 
ScacA y Mat ó Aíot son puramente hebraicas, pero sí que la primera, tal 
como la escribe el jurista de Tolosa, es puramente catalana, y\^ Mot, 
quizás Morty también lo es, significando exactamente el mortuus: como 
también la palabra Scach, en la significación que le da, es el Mandra de 
los latinos. Haré observar de paso que, en los siglos xiii y xiv, algunos 
judíos españoles, catalanes, y barceloneses habían escrito obras de aje- 
drez, en las que habían adoptado el tecnicismo español y más el catalán, 
por lo que podría muy bien ser que la opinión del jurista tolosano 
viniese fundada sobre una base falsa. 

En la citada opinión tenemos el verdadero camino del ajedrez si 
sustituímos á los hebreos por los egipcios; pero, aún así, no hemos de 
remontarnos á la época en que se supone vivía Palamedes, sino á la de 
los Ptolomeos, en que griegos y judíos estaban en relaciones con el 
Egipto, y unos y otros establecidos en algunas ciudades de aquel país. 
Si consideramos el carácter especial de los judíos — que no fueron una 
nación sino desde la dominación griega hasta la destrucción de Jerusa- 
lém — y su especial existencia como nación bajo el dominio de los grie- 
gos nos convenceremos de que los tales judíos no estaban para juegos; y 
aunque muy relacionados con el Egipto, en aquella época, eran relacio- 
nes poco amistosas, y aunque hubiesen conocido el ajedrez en Egipto es 
más probable que los griegos lo conociesen é importasen directamente 
que no por mediación de los indios; pues los juegos que egipcios y grie- 
gos hacían jugar á los indios eran de clases totalmente diferentes. 

Si el ajedrez es originario de la India, ó el que jugamos actualmente 
lo hemos recibido de la Persia ó de los árabes ¿por qué los nombres que 
usamos actualmente para el juego, tablero y piezas, no son todos origi- 
narios de estos países, con significación claramente determinada, sino 
que á unos se les atribuye origen hindo, á otros persa, y á otros arábigo, 
vacilando en determinar su significación, confundiéndolos unos con 
otros y confesando que todos, ó la mayor parte de ellos, no significan 
propiamente nada en las lenguas orientales? ¿No es más lógico creer que 
todos estos pueblos los han tomado del Occidente de Europa, en donde el 
ajedrez era conocido mucho tiempo antes de entrar en relaciones direc- 

40. — EL AJBDHBS, 



314 EL AJEDREZ 

tas y pacificas con todos ellos, y en donde conservan, con ligeras modi- 
ñcaciones, los mismos nombres que tenían en la antigüedad con signi- 
ficación apropiada al acto que se ejecuta, ó al objeto á que se destina? 
Creo que esto quedará demostrado con lo que acabo de decir y con lo 
que expondré al tratar de los nombres de las piezas. 

Además de lo dicho, es de notar la particularidad de que los asiáticos 
siempre han usado para el ajedrez tableros de casillas en cuadros divi- 
didos únicamente por lineas horizontales y verticales, no siempre con 
64 divisiones ó casillas, como dice, con toda seriedad, Duncan Forbes, 
pues los tableros del juego de Tamerlán y la descripción de Firdusi nos 
demuestran todo lo contrario; mientras que en Europa, desde las más 
antiguas noticias que se tienen del ajedrez, se encuentra jugado en 
tablero escaqueado — de cuadros de dos colores; (1) en el siglo xiii lo 

(i) Los romanos usaban unos tableros señalados con líneas horizontales y vertica- 
lea, que llamaban abacos y les servían de contadores para hacer sus cálculos para los 
que, como en los antiguos juegos, se servían de piedrecitas, calculi^ de donde viene el 
verbo, calcular, por contar; estas piedrecitas fueron después Fuetituídas por pequefias 
piezas de hueso, marfil ó metales, que en la Edad Media se hicieron un objeto de lujo en 
los palacios de reyes y magnates, que los tenían de oro y plata acuñados como las mone- 
das, con las armas, divisas é inscripciones de los personajes ó corporaciones á que perte- 
necían. Hoy los llamamos € tantos» y sirven para contar las ganancias ó pérdidas de los 
jugadores en algunos juegos. 

En Pompeyase ha encontrado uno de estos contadores, y en la clndumeotaria es- 
pañola» de don N. Aznar hay el grabado de un libro impreso en Castilla é últimos del 
siglo XV en el que se ve un matemático calculando en uno de esos contadores, que es seme- 
jante á los que actualmente se usan para señalar en los billares. Estos contadores estu- 
vieron en uso hasta fines del siglo xvi, cuando se generalizó el ufo de las cifras llamadas 
arábigas. 

En el gran Diccionario Enciclopédico que actualmente (Febrero 1888) está publi- 
cando la casa Montaner y Simón, hallamos las siguientes curiosas definiciones de las 
palabras abacos y abacista, que confirman en todo cuanto he dicho respecto de los 
tableros. 

c Abacista» — Que calcula con un Abacos.., por esta palabra se ha traducido en cas- 
tellano el oficio de contador y el de profesor de numeración. 

Historia — los romanos enseñaban á todos los jóvenes el uso del abaco que tenia apli- 
cación en las oficinas de la hacienda pública, etc. 

«Abaco» (latín a6acttd, i, ó abax, acis); de abaw^ que en griego significa tablero, 
tabla regularmente de forma cuadrangular; de donde en general rectángulo, cuadro, bal- 
dosa, casilla de un tablero como los de las damas, y por extensión plato, disco^ el disco 
delsol.'s. m. En general a¿aco significaba tablero, ó plancha rectangular de madera, 
tierra cocida, marmol ó piedra de cualquier clase. 

Para aprender á escribir usaban los griegos un tablero liso ó una mesa bien plana 
con rebordes marginales, entre los cuales se extendía una ligera tonga de arena fina con 
un estilo se gravaban las letras en esta tonga : también se delineaban en ella figuras geo- 
métricas. » 

En las cinco grandes páginas del nuevo «Diccionario Enciclopédico Hispano-Ameri- 
cano,» dedicadas á esta palabra, habla del Abaco en arquitectura, del abaco y abaculo, 
hist. cuadro decorativo ó revestimenlo de forma cuadrangular de los romanos, del abaco 
en las monedas, en música, y en especial del calculador, que es el abaco genuino, del 
cual da extensas explicaciones y varios dibujos de los diferentes usos á que estaba — y 
está — destinado, y el modo de usarlo. 

No se encuentra en ninguna de sus acepciones como tablero especial de ajedrez, do- 
mas, etc.; y únicamente se toma, como hemos visto, por una de lus casillas del tablero 
de estos juegos, ó en el sentido de tablero en general, siempre en la significación de 
«cuadro.» En otra de las acepciones dice: 

«Abaco Romano»--con8Ístía en la disposición especinl de unos piedrecitas á las 



EL AJEDREZ 315 

encontramos demostrado por las miniaturas del libro de don Alfonso, 
tanto en los tableros de 8X8 casillas, como en el de 12X13, en blanco y 
en negro como él mismo dice: ^E la figura del tablero es que ha de ser 
qnadrado e hade haver ocho carreras; e cada carrera ocho casas que son por 
todas sessenta y quatro casas. E la meytad de las casas han de seer duna 
color e la meytad de otra e otrosí los trebeios.» 

En el mismo siglo xiii, el Rabi Jadahiah Hapenini señala ya la regla 
que seguimos actualmente para la colocación de las piezas y del tablero, 
diciendo: «que la casilla encarnada de éste ha de estar á la derecha del 
jugador, el rey encarnado en la cuarta casilla (negra) y la reyna en la 
casilla encarnada inmediata al rey y al revés para las piezas negras. — 
Segina seguitur colorem.» 

Por este autor, de origen oriental , que hablaba y escribía en una 
lengua oriental, y en cuyos escritos se observa la influencia arábiga de 
su tiempo en toda España por haber ocupado la mayor parte de la 
península española y ocupar todavía una gran parte de ella, sabemos 
que la palabra Shatrang con que los árabes nombran el juego del ajedrez 
es persa y significa «Reprensión del rey» y llamaban «Shesrangh,» seis 
especies, á las seis piezas diferentes del juego, rey, reina, arfil, caballero, 
roque é infante. Dice que Sha significa rey, que Pherzan es palabra persa, 
que según unos significa reina y según otros Visir, phil, elefante, arfil, 
que lo han puesto porque los orientales se sirven de él para la guerra, 
pharas es príncipe ó capit&n de caballos y roe ó ruch según unos una 
torre fuerte y según otros una ave llamada ^7¿in^¿. Aquí encontramos 
la particularidad de decir se daba al roque la significación de la figura 

cuales dieron el nombre de cálculos. Parece que este abaco era de origen egipcio, y lo 
usaron los griegos, si bien los primeros anadian á la significación del número de pie- 
dreritas el de su color, expresando las blancas el haber y las negras el debe; es decir, 
lo que hoy llamamos cantidades positicas y negativas.i^ 

En todas las acepciones, inclusos las de química y música, habla del abaco como ins- 
Irumento de cálculo, del mismo modo que lo era el abaco Pythagorico (quadratum Pi- 
thagoricum) y pone c abaco natural» — la mano del hombre como origen del abaco, como 
lo es igualmente del modo de calcular, de la que se sirve aún para hacerlo Ja gente igno- 
rante. Algunos autores llaman también á la mano c abaco principal ó primitivo — afracua 
primus, a bac US princeps — porque los primeros hombres contaron indudablemente por 
los dedos de la mano, y de ellos nació igualmente el sistema decimal. 

Véase el capitulo c Conclusión.» Ya hemos visto que Firdusi dice fué inventado así un 
tablero negro dividido por simples líneas en 10 >C 10 := 100 casillas, y M a^udi también 
menciona este tablero de 10 X 10 = 100 entre los seis que dice eran los únicos con que se 
jugaba el ajedrez, distinguiéndolos de Nert cuyo tablero y modo de jugar describe, dán- 
donos ¿ entender conocía bien ambos juegos, al revés de Firdusi que los confunde, y se 
conoce no sabía jugar ni el uno ni el otro. El MaQudi no hace la más mínima alusión al 
célebre Chaturanga ó Ajedrez á cuatro que pretenden fué el primitivo inventado en la 
India, y menos á la suerte de los dados aplicada al ajedrez: todo lo contrario, pues dis* 
tingue los dos juegos por ser el uno esencialmente inlelectual y el otro puramente de 
suerte por lo que dice (tom. I, púg. 159) que Balbit, daba la preferencia al ajedrez sobre 
el Jaquete para demostrar que en el primero la habilidad siempre aventaja á la ignoran- 
cia y en el tom. VIH, pég. 330 acaba las comparaciones de ambos juegos diciendo: 

€En fin, un filósofo musulmán sostiene que el inventor del ajedrez fué un mutazélita 
partidario de la libertad de nuestros actos mientras que el inventor del Nert fué un fata- 
lista que quiso demostrar por este juego, que nadie puede nada contra su destino y que 
la veñiadera ciencia consiste en conformarse ó atemperar su conduela á las decisiones 
de lo suerte.» 



316 EL AJBDRBZ 

de la reina en el «Grande Acedrex» de don Alfonso, Al-anhá, la oca ó 
ánsar, nombre que en este ajedrez se da igualmente á la reina y al 
juego. Volveré á ocuparme de esto al hablar del nombre de la torre. 

Acerca quién fué el inventor del ajedrez este autor cita las varias 
opiniones que ya conocemos; la de Platón que dice que el egipcio Thoth 
inventó el juego Psephasis ó Ajedrez, las de Palamedes, Lido y su herma- 
no, Sisa, indio, hijo de Daher, astrónomo y geómetra insigne, y que 
algunos creen lo inventó un sabio persa para ensenar á »u rey, Ardeshir 
& administrar justicia, lo que él cree verosímil, por lo que he dicho antes 
de los nombres, del juego y de las piezas. Se ve que en aquel siglo esta- 
ban tan adelantados respecto al origen del ajedrez como en el nuestro. 

Ta hemos visto que en tiempo de los romanos, mucho antes que 
entre los &rabes y los persas, se encuentran usadas para el ajedrez y 
otros juegos piezas de cristal, ébano, marfil y otros materiales de lujo, 
por lo que es muy probable que los tableros construidos con pequeños 
cuadros de cristal y jaspe, ó metales preciosos — como los que el empe- 
rador Mauricio envió á su yerno Corroes II, y tan comunes entre los 
magnates de los siglos vn & xii N. E. — ^se remonta & la época de los Pha- 
raones, ó, á lo menos, á los reinados de los Ptolomeos en Egipto. En 
capítulos anteriores he señalado ejemplares de piezas de porcelana y 
otras materias y un pequeño cuadro de cristal, encontrado todo entre 
los innumerables restos de aquella antigua y grandiosa civilización, que 
demuestran claramente que el tablero escaqueado para jugar con piezas 
de dos colores de una misma materia, ó dos diferentes, se remonta segu- 
ramente en Egipto, á lo menos, á mil años antes de N. E., como lo 
hemos visto por el paño mortuorio de la reina Isi-em-Keh; por lo que es 
muy posible que, cuando lo conocieron los europeos, le diesen el nombre 
de «juego de los cuadros,» que podría muy bien ser el Tesserarum ludus, 
del latín clásico, y el Scacos ó Scacorum, del latín vulgar; habiendo pre- 
valecido esta última nominación por ser de la lengua hablada por los 
pueblos de la Europa Occidental, que continuaron con poca ó ninguna 
variación, en ¡sus respectivos lenguajes, Scacis, Scacchos, Scaccos, de los 
que se formaron. Escaques, Fchechs, Check^ etc., con la significación de 
cuadros, y de éstos los adjetivos IScacaC, Escacado, Sscaccaiio^ Chechered, 
Chegueret, etc., que en cada una de sus respectivas lenguas significan, 
disidido en cuadros de dos distintos colores. 

Por todo lo que acabo de exponer en el presente capítulo, de confor- 
midad con todo lo que he dicho en los anteriores y continuaré en los 
siguientes, no me queda ninguna duda de que los nombres del juego, 
tablero y piezas son de origen puramente latino y que juego del ajedrez 
por su nombre primitivo quiere decir «juego de los cuadros,» ó juego 
jugado en un tablero dividido en cuadros de dos colores. 



CAPÍTULO IX 



N0IIBBE8 DE LA8 FIBZ48 



En todos los países donde se juega el ajedrez el rey es la pieza prin- 
cipal, y el objeto del juego es matar al rey contrario. En casi todas las 
naciones se da á esta pieza el nombre de rey, ó su equivalencia , según 
lo especifica su lengua nacional: los españoles la llamamos rey; los 
franceses m; los ingleses king; los indios raja; los persas sha; y asi los 
demás ; siendo muy extraño que, como pretenden los orientalistas del 
juego,habiéndose conservado el nombre oriental del rey — sha ó cha — en 
todas partes, en el «jaque mate,» no se hayan también conservado, en 
alguna, indicios del primitivo nombre de raja ó sha. dado al rey, apli- 
cado especialmente & la pieza principal del juego. 

Sir William Jones, que no podía tener los conocimientos que hoy se 
tienen sobre la India y por lo mismo la veía bajo un punto de vista 
completamente diferente del que tiene en realidad, inconscientemente y 
sin intención deliberada, ha dado lugar & lamentables equivocaciones, 
por no haber visto, ó no haber querido ver, los que se han aprovechado 
desús descubrimientos, lo que su justo criterio y clara inteligencia le 
hacían traslucir & través de la grande oscuridad que le rodeaba. 

Es verdad que sir W. Jones creía el ajedrez de origen indio porque 
los persas lo confiesan asi; pero creía también, y lo dice claramente, que 
el primitivo juego de ajedrez es el m&s simplificado — el actual — del cual 
dice: «no ha encontrado ningún indicio en los libros sagrados de la India, 
como tampoco de otro Juego también muy antiguo, pero mucho más moderno, 
llamado chaturanga, 6 sea los cuatro cuerpos de armas de un ejército, que 
posteriormente lo llamaron chaturagi, los cuatro reyes ó rajas.» Es im- 
propio, por lo tanto, la derivación del nombre chatranj ó shatrang. — «El 
juego del rey»— de chaturanga — «Los cuatro cuerpos de un ejército» — y 
es imposible que el ajedrez de dos reyes, anterior al de cuatro reyes — 
según el mismo W. Jones — pueda derivarse y ser una modificación del 
chaturaji, siendo juego y nombre de éste inventados posteriormente, lo 



318 EL AJEDREZ 

que no han visto los que toman por base lo dicho por sir William Jones; 
y la mayor parte no lo han podido ver porque probablemente no lo han 
leído. La supuesta derivación no puede haberse fundado sino en la 
semejanza de los sonidos, apelando al recurso de cambiar letras á con- 
veniencia, y aun asi es muy forzada para los nombres europeos, sobre 
todo para algunos como los italianos y catalanes, que al adoptar el 
nombre ninguna necesidad tenían de cambiar de sonidos, pues ambas 
lenguas tienen iguales los sonidos de los &rabes y persas cha y sha en xa 
y cha^ y podían, y pueden muy bien decir xachs ó chacha en lugar del 
scacOj scacho, scachs que usaban y usan todavía, italianos y catalanes. 

Todos los autores europeos anteriores al siglo xvii dicen á poca 
diferencia lo mismo, dando & esta pieza el nombre de rey, y dicen se 
llama así porque es el Sefíor de la Victoria, ó del contrario á quien ha 
vencido. Según Carrera, esta pieza se halla ya mencionada en Ovidio, 
representando en el juego el verdadero rey y general del ejército; es el 
compendio de todo el ajedrez, y señalan también la regla actual de colo- 
car el rey blanco en casilla negra y el negro en casilla blanca. 

La reina — dando vuelo á la fantasía — dicen es una transformación 
de la pieza que los persas llamaban «pherz» ó tiérce — general de la que 
los franceses formaron la palabra vierge, con la que designaban la reina, 
no d&ndole el nombre de dama, como la llaman ahora, hasta entrado el 
siglo xvi; esto podrá ser una verdad, aunque lo dudo, por lo que toca á 
los franceses y al nombre de dama y pero lo cierto es que los autores más 
antiguos de Europa que tratan del ajedrez le dan ya el nombre de reina, 
á lo menos desde el siglo xr, y el mismo Cesulis, que muchos creen era 
francés, eñ el siglo xiii no solamente la llama reina, sino que explica la 
razón de estar colocada á la izquierda del rey (1). El monje Inocencio le 
da el mismo nombre; Masdéu, en la traducción del poema de G. Vida, 
escrito á principios del siglo xvi, se disculpa de llamar virgen á la reina 
porque, dice, «la nombra así el autor, algunas veces, no sin buenas 
razones, á su modo de ver, pues que Virgilio en la égloga VI, v. 47, llama 
virgen á Pasiphae, y en otros autores latinos esta palabra es usada de un 
modo semejante.» De esto se deduce claramente que la palabra virgen — 
verffe,—á€iáB, á la reina del juego en la Edad Media, no provenía del phers 
6 fierce, persa, como pretenden los indianistas modernos, sino que pro- 
cedía de la antigüedad latina. Además, en las piezas de los antiguos 
juegos de ajedrez, tanto en las del llamado «Juego de Cario Magno,» 
creído justamente del siglo ix, conservadas en la Biblioteca Nacional de 
París, como en las del siglo xt, procedentes del Norte, que guarda el 
Museo Británico (2), de todas las cuales da ilustraciones en su obra el 
conde de Basterat, está bien caracterizada la pieza que representa una 

(1) Véase el capitulo Jaime Casulis. 

(2) En la obra alemana de Mr. Masmann se encuentran dibujadas muy detallada- 
mente las piezas de ajedrez de la isla de Lewis na solamente en la totalidad de las piezas 
miradas por delante y por detrás, sino en las principales partes de todas ellas, dando 
dibujos en lánainas diferentes de las coronas, capacetes, lanzas, escudos y, sobre todo, de 
las sillas en que van sentados el rey y la reina. Es notable la particularidad de que los 
dibujos de los adornos grabados en las sillas, y aún la forma de éstas, son muy parecidos 
á los de las piezas de cristal de roca de Ager, de que he hablado antes, y que se les seffala 
de antigüedad la misma época que he creído debía atribuirse á las de Ager. 



EL AJBDRBZ 319 

reina. Esto, y el venir bien descrita la reina en los textos europeos que 
desde el siglo ix al xi tratan del ajedrez, lo reconoce explícitamente el 
mismo Duncan Forbes cuando dice (1): «Finalmente, ¿cómo nos expli- 
camos la existencia de la reina en un periodo tan atrasado?» — en tiempos 
de Cario Magno — «confieso es una dificultad contestar satisfactoriamente, 
pero ésta existe, — para él, — es un Aecho indudable que echa completamenle 
por tierra las ingeniosas teorías de modernos etimologistas respecto la 
ferz, tierge, dama; como, por ejemplo, el Mayor Jeanich, quien dice: 
« Conocemos la muy extraordinaria etimología que sólo hace poco se ha 
puesto en claro. De la antigua palabra persa /w^, los antiguos franceses 
hicieron fiercey fierche^ vierge, que después reemplazaron por dama (2).» 
— Encontraría novio y la casarían. — Mr. Duncan Forbes pone á esto muy 
oportunamente una nota que dice: «Es del todo superfino hacer obser- 
var que la reina bizantina no es posible derivarse de la verge francesa, 
ni tampoco es posible que la corrupción de la palabra oriental ferz con- 
tinuase no llegando & ser vierge hasta después de pasados algunos siglos 
de la introducción del ajedrez en Europa (3).» 

Mr. Duncan Forbes quiere explicarse estas variaciones, y aunque 
hombre que no se para en barras cuando le conviene, no hace sino enre- 
darlo más y más sin poder salir del paso; dice (4): «El nombre persa 
para la reina es /arz ó /írz, adjetivo de sabio instruido, substantivo, 
consejero, ministro ó general. Las formas farzán, farzin y farzi son 
también usadas, pero con menos frecuencia. En este último sentido — de 
general — los árabes adoptaron la palabra, cuando recibieron el juego 
de los persas y la llevaron sin alteración á Europa, donde fué latinizada 
en ferzia ó fiercia. Los franceses la alteraron ligeramente en ferce^ 
fierge 6 vierge. No convengo por esto en que la reina, como dice el 
común de los escritores, que se repiten unos á otros, se origine de la pa- 
labra vierge ó dama; al contrario, reconocemos como un hecho que la reina 
fué introducida en el tablero ya en el reinado de Carlo-Magno, cuando 
menos: de aquí que las palabras fercia ó regina eran usadas como sinó- 
nimas en nuestros antiguos manuscritos latinos» — que no se tomó la 
pena de consultar, pues que de haberlo hecho habría visto que se equi- 
vocaba — «como por ejemplo Hyde, — pég. 179, — que cree se remonta al 
tiempo de los anglo-sajones. Es en gran manera probable que los bizan- 
tinos fueron el primer pueblo que sustituyó por la reina el ministro ó 
general, como veremos luego.» 

Lo que nos demuestra claramente que los bizantinos ya daban el 
nombre de reina á esta pieza del ajedrez antes de que persas y árabes 
nos enseñasen el juego, y si, como es posible, sustituyeron por la reina 
al consejero, ministro ó general de un juego más antiguo, éste no fué el 
firzin 6 tisir de los persas y árabes, sino el bellator de Ovidio, ó el 
strategos de los griegos, que aun se conserva en el ajedrez de los chinos. 

(1) Ob. cit., pág. 236. 

(2) Ches» Playíng CAro/i¿c¿<?,— 1852,— es del todo evidente que lo que Mr. Jeanisch 
llama extraordinaria etimología es pura featusía. 

(3) Aquí, como conjetura, aventura la idea de la introducción de la reina en el aje- 
drez que be continuado en el capitulo «El ajedrez de Cario Magno.» 

(4) Ob. cit., pég. 209. 



320 EL AJEDREZ 

Mr. Duncan Forbes se encuentra muy confundido en el grande 
ajedrez de Tamerlán, en que se ven dos piezas semejantes, una & 
cada lado del rey, por lo que dice: «El firz^ en el juego común, es em- 
pleado indistintamente para denotar la pieza que corresponde á nuestra 
reina: no obstante, en el grande ajedrez el firz y el fAsif son dos piezas 
completamente diferentes que nunca deben confundirse, siendo sus fun- 
ciones igualmente diferentes: por este motivo yo he traducido firx^ 
«sabio ó consejero,» y wazir «general 6 generalísimo» como general- 
mente ejercen este cargo bajo los soberanos de Oriente (1).» 

No hay que repetir que el conde de Basterat profesa las mismas opi- 
niones de Duncan Forbes, y Mr. F. Masmann, en su obra ya citada, da de 
esta pieza lo que continúo, (2) cuya traducción, como la de otros pirrafos 

(1) Ob. cit., pég. 143. No sabemos sí realmente son Firz y Wcisir los Dombrvs que 
realmente se dan á las dos piezas inmediatas al rey en el gran ajedrez de Tamerl¿n, que 
Duncan Forbes traduce por consejero y general, porque ya hemos visto que este autor no 
se anda en chiquitas interpretando las cosas según le conviene, y no tiene reparo en des- 
alojar uo pez espada ó cocodrilo, que todavía hallemos en el ajedrez de don Alfonso el 
Sabio, echándolos al agua para poder colocar su Visir, Firz ó Farsa, 

En Sumatra y en la isla de Borneo, á la pieza que corresponde á nuestra reina la 
llaman Mantri, que Mr. Duncan Forbes dice es puramente sánscrita, y traduce una vez 
por ministro y otra por wasir ó oisir; en el juego de Java, donde, como digo en otra parle, 
llaman manir is á los alfiles, lo traduce por consejeros, nombre que también dan á los 
alfiles algunos autores europeos de últimos de la Edad Media. Esta denominación de 
mantri, dada en aquellos países é piezas de significación y valor diferentes, junto con 
otras particularidades de los mismos países que señalamos en otro lugar, nos dan á en- 
tender que la palabra no es sánscrita sino la antigua latina mandraó mandrisyque 
toda la península ¿ islas del archipiélago Malayo no recibieron el juego de la India sino 
de los europeos cuando conquistaron é aquellos países, cuyos habitantes encontraron en 
un estado poco menos que bárbaro. 

En la tabla alfabética que pone al final de la obra el traductor de los Cuentos hindos, 
en francés, Les trente detu; récitsdu Troné, pone mantrof, — sánscrito, — Palabras mági- 
cas. Lo que quiere decir que la tal palabra en sánscrito no significa nada, y que, por 
consiguiente, no es sánscrita. 

(2) A cualquiera le choca desde luego y ante todo, que — tal cual se juega actual- 
mente entre nosotros occidentales, — una mujer (la reina) entre en el campo de batalla de 
una manera tan atrevida y tan preponderante, tome parte en la lucha y decida, como 
jamás lo hicieron las reinas y las mujeres del Asia, mientras que el rey del juego tiene 
autoridad tan limitada, y es tan impotente é inactivo, se mueve con mucha dificultad y 
avanza á paso de tortuga, y una sola vez eu todo el juego (cuando se cambia con la torre 
da dos pasos). Es, y fué antes, no el atrevido y rápido jefe del campo de batalla, es preci- 
samente el inactivo oriental del trono de oro, y como rey en la forma primitiva del juego 
estaba ya amparado y protegido en el último término. Por esta razón se le dio en todas 
parles el primitivo nombre de rey. A lo que entre nosotros se llama reina (KOnigin), en 
el medio-holandés es coninghinne, entre los suecos y daneses en igual sentido se le llama 
drottning, droninge, entre loé'iBlñndeBeB drotniny \ frü, entre los rusos con idéntica 
significación Koreleicna y Krála^ entre los polacos Królwa , que es de \& mlñma raíz, 
pero no de igual significación, entre los judíos europeos Malkha (reina), en el juego de 
Cario Magno ya se le da el nombre de Regina; entre los ingleses, por el contrario, desde 
Enrique VIH generalmente es llamado Qxén, queen; entre los franceses, italianos y espa- 
ñoles, Dame, Dama; entre los polacos también baba, esto es, anciana, comadrona; entre 
los franceses, en el lenguaje caballeresco y galante de las señoras, se le llamó Vierge, 
esto es, virgen dotada de un poder incontrastable; Pampbilius Maurikianus le dio el 
nombre de Regia Virgo, fué el primer ministro ó gran visir y Mariscal de campo del rey 
oriental amante del reposo, que por él hace la guerra; entre los árabes y los tarcos se le 
llama todavía Ve^ir, Vesir, en la India Máhamantrt, pero en Persia, que comunicó á 
nosotros occidentales, por mediación de los áfabes, los nombres de su lengua, se llamó 
Ters, de este nombre quedó en el bajo letín Tercia, Tercia, para el soldado pedestre ó 



BL AJBDRBZ 321 

de la obra, debo también á mi buen amigo don José Balari y Jo- 
yany. Lo que, como se puede ver, es & poca diferencia lo dicho por 
Duncan Forbes, algo más extendido y poetizado, participando también 
del error general de haber sido siempre este juego el mismo de 8X8 c&* 
sillas, jugado de la misma manera, y haber tenido siempre el mismo 
valor la pieza que llamamos reina. Los autores posteriores á Cesulis, 
todos, le dan el nombre y valor actual, variando á veces el nombre de 
reina por el de amazona, que según dice Rui-López, «algunos la llaman 
así porque las amazonas fueron las primeras mujeres en ir á la guerra ;;> 
y todos encargan se guarde mucho esta pieza, que por ser la más impor- 
tante, perdida ella perdido el juego (1). 

Otra vez, y no será la última, nos encontramos con un nombre 
oriental , que fuera de una pieza del ajedrez no significa nada en las 
lenguas orientales, y del que nos quieren imponer la derivación de otro 
que, en el ajedrez y fuera de él, tiene significación determinada en va- 
rias lenguas occidentales y etimología latina directa, siendo por esta y 
otras razones más probable que el nombre oriental sea tomado de Occi- 
dente. 

Mr. Richarson dice que fitz b fatzin^ en persa, no significa otra cosa 
que la pieza de ajedrez reina ó visir. Mr. Hiram Cox dice que sus inves- 
tigaciones le hacen creer que el firs ó ferz de los persas ha sido un 
nombre formado por la cualidad de los movimientos de la pieza; que 
Jirs, todo lo más, es un adjetivo qut significa eminente^ distinguido^ va- 
liente, y de ningún modo reina, ni general en su literal significación. Este 
sabio orientalista está en lo cierto, como veremos luego (2). El mismo 
dice: «Cuando un peón es llevado á la última casilla en la división 
contraria dicen — los persas— que se hace farzin ó distinguido, valiente, 
etcétera.» 

A esto Duncan Forbes replica: «que el capitán está fuera de su saga- 
cidad, porque la pieza que llamamos reina esjlrs ó farzin, y al llegar 
un peón & la última casilla contraria inmediatamente se le hace/ari^z'^.» 

No diré que quien está fuera de su sagacidad sea Duncan Forbes, 
porque no da muestras de esta cualidad en toda su obra, en la que no 
entra para nada la verdadera investigación y deseo de encontrar la ver- 
dad, no viéndose en toda ella sino un ciego y obstinado apasionamiento 
por todo lo oriental que la desvirtúan completamente. De no ser así, 
Mr. Duncan Forbes hubiera examinado los manuscritos y libros antiguos 

campesino elevado ó reina (y por lo tanto, á general en jefe), y los sonidos romanizados 
FicrcCy Fierche, Fierge, fueron, finalmente, transformados en Vierge (virgo, como en 
Sainte Vierge). La? damas no podían faltar en este juego caballeresco de la Edad Media, 
que tenía su Sainte Vierge (Holy Virgin). 

(1) Carrera, en su citada obra, da constantemente á esta pieza el nombre de Donna, 
— dama,~d¡ce só encuentra ya mencionada por Ovidio y Lucano, que después del rey es 
la pieza más importante del juego; que en éste no representa la esposa del rey, sino el 
capitán general ó segundo oflcial del campo, considerando al rey como el primero; que 
el darle el nombre de reina es de creer proviene del error del jugador ó del vulgo, que 
viendo aquella pieza colocada al lado del rey, y ser la de más importancia, le dieron el 
nombre de reina, ó, con mejor criterio, el de dama ó seffora, reflriéndose quizAs á Pen- 
thesilea, que dama guerrera y reina de las amazonas sobresaliendo por su valor y auto- 
ridad en el ejército troyano, ha dado buena razón para el nombra de dama. 

(2) Asiatic Re searches, tomo VII, pág. 500. 

41.~ BL AiBORBZ. 



322 BL AJEDREZ 

de las bibliotecas de Occidente, muchos de los cuales tenía á la mano — 
en el Museo Británico — y por ellos se hubiera convencido que el capitán 
Hiram Cox estaba en lo cierto, y por lo tanto le aventajaba en sagti- 
cidad. 

No le hubiera costado mucho, puesto que lo cita, examinar ó senci- 
llamente leer, el primer libro impreso en Inglaterra por el célebre Cax- 
ton, cual libro, aunque es una traducción inglesa de la tan celebrada 
obra de Jaime Cesulis, contiene estampado en viejo inglés lo mismo que 
contienen los códices latinos y catalanes de tan apreciable obra; y en 
ella hubiera encontrado que, el peón llegado d la última casilla del campo 
contrario y «con el favor y gracia de la reina» lo llaman fierce ó fierz^ pala- 
bra inglesa usada aún hoy día con la significación de valiente (1), sin 
que de ello pueda caber ninguna duda, pues basta mirar cualquier dic- 
cionario para convencerse de esta verdad, y en los de pronunciación 
ó equivalencias con otras lenguas dice se pronuncia firs. (Ton esto tene- 
mos una muestra de la ridicula sagacidad de un inglés que busca en 
lenguas extrañas el origen de dos palabras puramente inglesas , fierce 
y firz, haciéndolas procedentes de lenguajes en los que las mismas pala- 
bras no significan nada. 

La palabra fierz es la forma antigua común al francés y al inglés 
de las actuales fierce y fier, que en ambos idiomas tienen la misma signi- 
ficación de valiente, esforzado, distinguido, que es la propia de la anti- 
gua latina ferox, de la que derivan , lo mismo que la española «fiero» y 
las italianas fiero feroce y otras de las lenguas neo-latinas. 

No es solamente en Cesulis donde se encuentra la confirmación de 
cuanto acabo de decir, sino en otros escritores de la Edad Media. £1 Ra- 
bino toledano Abraham-ben-Meir Aben Hezra (2), en su poema del aje- 
drez, al hablar de los peones, dice: 

«Si por ventura andando 
Mucho de su lugar se va alejando 

Y hasta el orden octavo se ha subido 
Como si fuere Pheres distinguido 
Podrá entonces volverse 

Y libre en todas partes revolverse (3).» 

£1 Rabino barcelonés Bonsenior Joseph ben Jachia (4), que & media- 

(1) «... and yf the knyghtes and ather nobles helpe hem that they come lo the feri- 
hest ligne tofore them where theyr adversaryes were sette they reguyre the dignvte that 
the guene hath graunted to her by grace... but he may not goo on neyther side til he 
hath been in the fardest Une af the schegner, and that he hath taken the natureofthe 
drnughtes of the quene, and than he isa/iers and than he may quo on al sides cornerwy- 
se fro poynt to poynt onely as the quene both fighting and taking whom he fíndeth in his 
waye. And whan he is thus comen into the place were the nobles his adversarles were 
sette he shall be made lokitfters and hlach flers (afler the poynte that he is in) and thc- 
re taketh he the dygnyte of the quene, etc.» Cuxton* The Game ofthe Chesse^ lib. III, es 
un incunable con sólo indicaciones. 

(2) Véase la nota de la pég. 220. «El ajedrez en la Edad Media.» En este poema, 
según la traducción de don José Amador de los Hios, se da á la reina el nombre de Phe- 
res, lo que no es de extrañar siendo el autor un indio, y atendido lo que decimos en la 
nota citada. 

(3) Traducción de don José Rodríguez de Castro. 
(4} Véase la nota de la pág. 220. 



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dos del siglo XIII escribió una oración sobre el ajedrez, dice que en él 
hay una mujer que todo lo domina. 

Otro judio, también hijo de Barcelona, y de la misma época, describe 
las piezas del ajedrez tales como las conocemos hoy día, y en la explica- 
ción de sus movimientos y valores dice: «El infante es tan atendido q