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Full text of "El castillo de Oreja y la defensa de la meseta"

MERCEDES AGULLO Y COBO 



El castillo de Oreja 
y la defensa de la meseta 



MADRID 

19 7 6 



TIRADA APARTE 

DE LOS 

ANALES DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS MADRILEÑOS 

Tomo XIII 



Depósito legal M. Sep. 4.593.— 1966 (XIII) 

RAYCAR, S. A. impresores. Matilde Hernández, 27. Madrid (19) 



EL CASTILLO DE OREJA Y LA DEFENSA DE LA MESETA 

Por Mercedes Agulló y Cobo 



El castillo de Oreja, cerca de Ontígola, ha merecido la atención de his- 
toriadores y estudiosos del arte militar, por la importancia que su situa- 
ción estratégica le dio en la Reconquista — en sus vertientes cristiana y mu- 
sulmana — , reconocida en las crónicas medievales. Aunque en la actualidad 
no pertenezca administrativamente a nuestra provincia, su importancia para 
la historia de una parte de la misma es tal, que creemos justifica su estudio 
en estas páginas. 

Los restos que han llegado hasta nosotros están constituidos por una 
torre de planta rectangular, avanzada de la fortaleza hacia el Tajo y la me- 
seta, en el centro de un recinto amurallado. Construida en aparejo de mam- 
pos tería, con mortero y sillares en los ángulos, conserva aún algunas saete- 
ras. La puerta de entrada se abre en la cara norte con arco rebajado de 
sillería sobre la que figura ventana del siglo xv. Restos de este mismo siglo 
son un pequeño escudo e inscripción casi ilegible. En el interior, dos bóve- 
das en ladrillo y parte de una escalera de piedra. Se conservan restos de la 
cerca, de varios silos y de una cisterna l . 

Se viene dando por seguro que, por su privilegiada posición que hizo 
del lugar punto clave de defensa de la meseta, fue núcleo de población des- 
de tiempos ibéricos y que su nombre justifica ampliamente la creencia de 
haber sido la antigua Aurelia romana. 

Conservó su importancia durante la alta Edad Media y, tras la invasión 
musulmana, hubo en su risco una torre o castillo con la misma finalidad 
defensiva y de vigía que aseguraba la pronta defensa en caso de ataque ene- 



1 Una descripción más amplia de las ruinas en el Corpus Castillorum recientemente 
editado. 



migo. En tiempo de Alfonso VI pasó de nuevo a manos cristianas como 
dote de Zaida, hija del rey moro de Sevilla, al casarse con el monarca cas- 
tellano, perdiéndose de nuevo tras la derrota de Uclés. 

Más explícita es la referencia a Oreja y su castillo de Fray Prudencio 
de Sandoval en su Chrónica del ínclito Emperador de España Don Alfon- 
so VII...» 2 : 

«El Rey Texufino de Córdoua venció a Tello Fernández en el castillo de Azeza, 
y le entró, y destruyó hasta los cimientos. Era vna fuerca de importancia contra 
los moros, señaladamente contra los de la ciudad, que esta historia llama Aure- 
lia... En este tiempo viuía en Estremadura, que no dize en qué lugar (ni se ha 
de entender que era la que agora assí se llama) vn cauallero, cuyo nombre era 
Gocelmo de Ribas, soldado belicoso, y de mucha hazienda, señor de ricas posses- 
siones, con que tenía gran copia de pan y vino. Fue este cauallero al Emperador, 
y pidióle licencia para reedificar este castillo, y que el Conde don Rodrigo, Al- 
cayde de Toledo, le diese fauor y ayuda con la gente de guerra, para que los 
moros no le impidiesen la obra. El Emperador se lo concedió, y Gocelmo de Ri- 
bas con toda su familia, muger, hijos, y yernos fueron a Toledo, para que el 
Conde don Rodrigo saliesse con sus gentes con ellos a la guarda de la obra, como 
se hizo: y poniendo sus tiendas al pie de las ruynas del castillo, comencó luego 
la obra con fortíssimos muros y altas paredes, torres muy firmes, haziéndole casi 
inexpugnable. No se atreuieron los moros de Aurelia salir a impedir la obra, por- 
que era grande el miedo que tenían al conde don Rodrigo. Puesto en perfeción 
Goncelmo de Ribas se entró en él con todos los suyos, basteciéndole de mucho 
pan y vino, y con escogidos soldados, para que la ciudad de Toledo tuuiesse aquel 
presidio contra Aurelia, donde auía valientes moros, que cada día hazían muchas 
correrías y daños en tierra de Toledo y Estremadura: y deste castillo cada día 
salían y tenían escaramuzas con ellos, en que vnas vezes vnos, y otras otros, sa- 
lían con la vitoria...» 

Fue este conde don Rodrigo, de apellidos González de Girón de Valla- 
dolid, quien al final de su vida se retiró a Tierra Santa dejando la tenencia 
de Toledo, que el Emperador dio a don Rodrigo Fernández de Castro, ca- 
ballero castellano de lo más ilustre del Reino. 

Desde Oreja los musulmanes llegaban en sus correrías a los mismos mu- 
ros de Toledo, como puntualmente refiere el mismo Sandoval, que nos narra 
así su toma por Alfonso VII: 

«Cautiuaron [los moros] a Tello Fernández de Saldaña, que auía reedificado 
el castillo de Azeca... Destruyeron el castillo de Azeca: tomaron la ciudad de Aure- 
lia...: y hizieron otros muchos daños... Y como el Emperador quedó tan lleno 
de dolor con la muerte de Ñuño Alonso, desseando vengarla, y cobrar esta ciu- 



Madrid, Luis Sánchez, 1600. 

— 2 — 



dad, mandó juntar sus gentes para yr contra ella: y a Gutierre Fernández de 
Castro, y a su hermano don Rodrigo Fernández, que era Alcaydc mayor de To- 
ledo, que juntassen todos los cauallos y gente de guerra de la milicia de Toledo, 
y de las demás ciudades de la otra parte de los puertos y Estremadura, y pu- 
siessen cerco al castillo que llaman Aurelia...: lo qual se hizo con presteza, y en 
el mes de abril deste año le pusieron el cerco, apretándole fuertemente...» 

Vinieron gentes de Galicia, León, Asturias y toda Castilla, llevando los 
de a caballo «lorigas largas, paueses, lanca y espada», y los de a pie «balles- 
tas, hondas, laucones, broqueles y cortas espadas». 

Asistió el Emperador personalmente al cerco, «dando los combates con 
máquinas y instrumentos». «Dentro en su defensa estaua Halí aquel vale- 
roso Alcayde, que venció y mató a Ñuño Alonso, y a los suyos. Tenía con- 
sigo muchos ballesteros y soldados bien armados, que valientemente defen- 
dían el castillo, que de su natural y obra era harto fuerte». 

Se utilizaron máquinas bélicas y se puso guarda en el río cercano para 
evitar el abastecimiento de los sitiados. La insostenible situación de los mu- 
sulmanes, hizo que llamasen en su ayuda a los reyes moros de Córdoba, 
Sevilla y Valencia — lo que da clara idea de la importancia que a su po- 
sesión se concedía — , embiando incluso Texufino desde Marruecos lo más 
escogido de sus tropas, llegándose a juntar, según el propio testimonio de 
Sandoval, no menos de 30.000 caballeros «y de los peones no auía número 
sauido, tanta era multitud que dellos auía». 

Se determinó por el Emperador que «el cerco del castillo se apretasse 
por todas partes, estando con todo cuydado, para que por ninguna vía pu- 
diessen ser socorridos». Se mandaron hacer baluartes y habiéndose descui- 
dado los que estaban de guardia, finalmente le prendieron fuego. 

«Los ingenieros del campo del Emperador arrimaron vnas fuertes y gran- 
des bastidas a las torres del castillo, de donde con las ballestas y tiros hazían 
notable daño.» Pasado el plazo de un mes que el Alcayde solicitó de su 
sitiador para recibir ayuda marroquí, se entregó la fortaleza «y se pusieron 
los pendones Imperiales, con la señal de la Cruz». 

Termina así Sandoval su relato: 

«Púsose el cerco a este castillo en el mes de abril, y entregóse a los christia- 
nos vltimo día de otubre del dicho año [1139]. Ganóse en él vna fuerca de gran 
importancia, por los muchos daños que los moros hazían corriendo continuamen- 
te la tierra de Toledo, y Estremadura, que no auía cosa segura. Mandó el Empe- 
rador repararlo, y puso en él mucha gente de guarnición, basteciéndole de armas 
y comida» 3 . 



3 ídem, id. Tabla preliminar, pág. 101. Cap. XLIX, págs. 114-118. 

— 3 — 



El 3 de noviembre de aquel año, Alfonso VII, insistiendo una vez más en 
la importancia del castillo, concede Fuero especial a la Villa de Oreja: 

«... castellum Aurelie quod Toletum et circa manentem provinciam fere in solitu- 
dine redegerat, mauris que illud possidebant expulsis, acquisivi; ne acquisitum 
mauri, per impotentiam Christianorum et incuriam, iterum recuperare valeant, 
ómnibus illis que ad idem castellum populandum venerint foros et términos dig- 
num donare censui» 4 . 

Muy importantes fueron las concesiones del Rey a los pobladores de la 
Villa, estableciendo también el Fuero sus límites: 

«Términos preterea castello Aurelie tales habere concedo: videlicet ab eo loco 
ubi Saramba descendit in Tago usque ad Fonticulam et inde ad Ocaniolam, inde 
vero ad Ocaniam maiorem et inde ad Nablelas, inde vero ad ambas Nablelas et 
inde ad Alharella, inde vero ad montem de Alcarrias quamodo descendit Taiunia 
in Saramba.» 

Con la misma fecha, el Emperador dio a su siervo Amor la aldea de 
Torric, junto al castillo 5 . 

Surgidas las Ordenes Militares españolas en el siglo xn, como grandes 
organizaciones bélico-religiosas en su doble vertiente de defensa y conquista 
territorial y conservación y expansión de la fe católica, los Reyes españoles 
encomendaron a sus huestes, bajo la estricta obediencia de sus Maestres y 
con organización de verdaderos cuerpos de Ejército, la defensa de los terri- 
torios que iban siendo arrebatados a los moros. 

La Orden de Santiago, que ya en 1170, en grupo constituido con el nom- 
bre de «frailes de Cáceres», había participado con Fernando II de León en 
la conquista de aquella ciudad y que en enero del año siguiente ya se conoce 
como «Orden de Santiago», participó de modo muy activo en la Reconquis- 
ta: contra Jerez; defendiendo Toledo contra los moros de Cuenca en 1172; 
contra Ecija dos años más tarde; en las conquistas de Trujillo y Medellín 
en 1186, y ya, sin solución de continuidad, en los siglos posteriores 6 . 

Alfonso VIII dio el castillo de Uclés al Maestre de Santiago en 1174, con 
lo que se inicia la rivalidad con la de Calatrava, en aquella región del alto 
Tajo, tras la entrega del Castillo de Oreja al Maestre de Santiago Pedro 



4 José Luis Martín: Orígenes de la Orden Militar de Santiago (1170-1195). Barcelona, 
1974, págs. 178 y ss. 

5 ídem, id., pág. 180. 

6 Derek W. Lomax: La Orden de Santiago (1170-1275). Madrid, 1865, págs. 9 y ss. 

— 4 — 



Fernández y a su Orden el 11 de septiembre de 1171, por documento fecha- 
do en Montealegre: 

«dono et concedo Deo et universe Iacobitane Milicie... et vobis Potro Fcrrandi, 
eiusdem magistro, castrum illud quad Aurelia vocatur, super rippam Tagi situm, 
totum ex integro, videlicet cum terris, vineis, pratis, aldeis, pascuis, rivis, azeniis, 
piscariis, montibus, fontibus et irigressibus et egressibus et cum terminis, perti- 
tentiis et directuris ómnibus suis... talen tamen condicione quod, si guerra casu 
adversus regem in regno viguerit, dato vobis a rege concambio, sibi castrum red- 
datur finita vero guerra et pace reformata, iam dictis militibus esse castrum res- 
tituatur» 7 . 

Las disputas entre las Ordenes no cesaron sin embargo, a causa de la 
posesión de los señoríos entre Tajo y Guadiana especialmente, resolvién- 
dose normalmente por arbitraje. Así en 1237 fue preciso delimitar el tér- 
mino entre el sanjuanista de Consuegra y los santiaguistas de Mora y Ore- 
ja 8 , y antes, apenas entregado Oreja a los de Santiago, el arzobispo tole- 
dano reclamó sus derechos sobre el territorio comprendido entre Oreja, 
Alharilla y Salvanés hasta el Jarama y desde el Jarama hasta el Tajo, que 
les había entregado Alfonso VI en 1099 y ahora poseían los santiaguistas por 
concesión de Alfonso VIII 9 . 

La Orden tenía en Oreja Comendador (con anterioridad, de la época del 
Fuero, se conocen los nombres de Rodericus Fernándiz, alcaide, y de Mi- 
cahel Midez, alcaide por don Rodrigo) y al cargo iba unido el de Alférez 
Mayor de la Orden. 

Desde el siglo xiii, las noticias sobre Oreja pierden su carácter militar. 
El castillo, sin perder su importancia, no está ya en línea de frontera. Des- 
plazada la primera línea de la Reconquista al Guadiana, el Tajo queda como 
una segunda línea de defensa en la Reconquista. Los siglos posteriores fue- 
ron de paz para las tierras entre ambos ríos, y la tarea de la Orden de San- 
tiago en esta zona, como en las limítrofes la de las de Calatrava y Alcán- 
tara, es de repoblación y reconstrucción. 

Las noticias que a continuación damos a conocer corresponden al pe- 
ríodo 1468-1554, desde la primera de las visitaciones conservadas en el Ar- 
chivo Histórico Nacional, de las que periódicamente realizaba la Orden de 
Santiago, por orden expresa de sus Maestres, a todas sus posesiones, hasta 
el momento en que la Villa de Oreja y su castillo pasa a ser de don Ber- 



7 J. L. Martín: Ob. cit., págs. 220-221. 

8 D. W. Lomax: Ob. cit., págs. 41 y ss. 

9 J. L. Martín: Ob. cit., pág. 48. 



— 5 



nardino de Cárdenas Carrillo de Albornoz, al que el Rey — ya gran Maestre 
de todas las Ordenes — se la cedió a cambio de otras posesiones. 
La visitación de 1468 nos dice: 

«Oreja. Es vna villeta bien fuerte. Tyene vna buena fortalesa, avnque la torre 
se devía alear más, la que fiso Ferrando de la Cámara, hermano del Condesta- 
ble Miguel Lucas quando la tenía, e mandárnosla alear e reparar algunas cosas 
en la fortalesa, sy la villa la cerca della se reparase.» 

Los visitadores generalmente eran dos, si bien esta visita de 1468 la rea- 
lizó Francisco de León, Comendador de los bastimentos del Campo de Mon- 
tiel, en la provincia santiaguista de Castilla 10 . 

A la Encomienda pertenecían el Colmenar y Noblejas, y entre sus rentas 
figuran las que proporcionaban la Dehesa de Sotomayor, «que es de parte 
del río», que produjo 19.000 maravedís en el invierno y 20.000 en el verano; 
la Dehesa del Parral; el ejido de San Benito, cerca de Noblejas; la Dehesa 
de Tomique, a lo que había que añadir la renta del vino y aceituna del pavo 
de Santiago ll . 

El visitador añade que debe repararse, y así lo informa al Maestre don 
Alfonso de Cárdenas, por la importancia que tenía en la defensa de Ocaña 
y su tierra, «porque está en la delantera de la Orden» 12 . 

No debieron caer en saco roto las recomendaciones del Visitador, ya que 
diez años más tarde, siendo Comendador de Oreja Gonzalo de Villafuerte, 
al visitar la provincia de Castilla el Comendador Ruy Díaz Cerón y el Co- 
mendador Pero González de Calvent, caballeros de la Orden, y el Provisor 
Alfonso Ferrándes de Ribera, Capellán del Maestre, que aún lo era don Al- 
fonso de Cárdenas, encontramos una completa y magnífica descripción del 
castillo, no sólo reparado, sino completado con los elementos que — aunque 
muy destrozados, pero casi sin modificación — han llegado hasta nosotros. 

La importancia del documento merece su transcripción íntegra: 

«... fueron al castillo y fortaleza de la dicha Villa e a la entrada..., antes de 
la puente leuadisa, está fecho agora de nueuo vn baluarte de tapia de seys tapias 
en alto e su petril e almenas, con tres troneras e vna portada de yeso grande e 
non tiene puertas... 

E adelante estaua vna caua fomda e vna puente leuadisa con sus cadenas e su 
barrera adelante fasta llegar a la puerta principal... almenada de piedra e yeso 



10 Archivo Histórico Nacional: Ordenes Militares: Santiago. Libro 1.233, fols. 6-7. 

11 ídem, id. 

12 ídem, id. 

— 6 — 



E luego... legaron a la puerta principal... que son de palo e eníorradas en cuero, 
con sus cerrojos e cerraduras de dentro e su sobrepuerta e almenas de piedra 
e yeso...» 

En esta puerta esperaba el alcaide Pedro de Vega, criado del Comen- 
dador, que entregó las llaves a los visitadores «e los apoderó en lo alto e 
baxo della a su voluntad...», y Gonzalo de Villafuerte prestó pleito homenaje. 

«E luego entraron a la puerta segunda, que entra al corral e patín de la dicha 
fortalesa, e tenía buenas puertas con su cerradura de dentro e sus sobrepuertas 
de yeso e piedra e almenas de yeso, todo nueuo 

E luego, junto con la torre del Omenaje, está vna caua de vn estado e medio 
en alto, fecha en piedra biua, con vna barrera de yeso mágico que cerca desde 
esta puerta fasta la puerta de la dicha torre del Omenaje, con vna puente leua- 
disa questá fuera, quel dicho Comendador fiso, e fiso vn pedaco de adarue questá 
desde la torre del Omenaje al dicho cubo con su escalera de yeso 
E luego fueron a la Torre del Omenaje, questá a la mano derecha de la dicha 
entrada, e fallaron vna puerta pequeña con su atajo de tres tapias en alto e es- 
taua la pared de tapia e de dentro estaua vn patinejo en questá vn forno para 
coser pan al vn cabo, e de la otra parte, frontero de la dicha Torre, sobre el 
río, estaua vn petril de piedra e yeso, e deste dicho patín baxa vna escalera que 
baxa a la parte del río fasta el pie de las peñas, el qual dicho caracol e petriles 
fiso el dicho Comendador después que tiene la dicha fortalesa. E más adelante, 
junto con esto, está vn trascorral, que sale a la parte de la Villa fasya la yglesia, 
el qual tiene su apartamyento con su puerta de piedra e yeso, todo bueno, e en 
el dicho trascorral está todo petrilado e almenado de yeso e piedra e fecho fasya 
la parte de la Villa... lo qual el dicho Comendador... dixo que fiso antes de la 
vysytación pasada, e estaua en el trascorral mucha leña e las almanas enverdis- 
tadas de leña 

E luego entraron en la Torre del Omenaje, la qual dicha torre fiso Ferrando de 
la Cámara, la qual tiene vna puerta sola con su postigo, en forrada en cuero por 
de dentro, con sus cerraduras en puerta y postigo, su tranca por de dentro, que 
fiso el dicho Ferrando de la Cámara al tiempo que tomó la dicha Encomienda, 
e a la entrada de la dicha torre está a la mano esquierda vna escalera que baxa 
a la bodega con su puerta de red de palo, en la qual estaua vien grande facina 
de leños gruesos e estauan veynte tinajas, las dos llenas de vino, e está en esta 
bodega vn algibe con su cerradura e su brocal de cal e ladrillo e vna cisterna 
junto con él, de cal e ladrillo, el qual tiene mucha agua e muy buena e bien 
guardada 

E luego adelante está vna puerta de red de palo con su cerradura, que entra a 
la casa del bastimento de la dicha Torre.» 

Se hallaron en ella cerbatanas, dos pasavolantes, ballestas, 30 docenas 
«de almasén grueso», 100 docenas «de bramantes», «media lombardeta con 
dos seruidores», «un trueno con piedras e tacos fartos para los dichos tiros», 

— 7 — 



3 tornos de ballesta, 400 fanegas de harina, 3 carretadas de carbón, 20 fa- 
negas de sal, 2 tinajas (una de aceite y otra de vinagre), un molino de 
mano, etc., es decir, cuanto era preciso para el buen mantenimiento de la 
fortaleza en sus aspectos militar y de intendencia. 

«Subieron... a otra cámara de la dicha Torre questá sobre ésta...», don- 
de también se conservaban diferentes armas: corazas, celadas, espingardas, 
pólvora, ballestas, etc. 

«... e la dicha cámara tiene vna puerta con su cerrojo e su apartamyento para 
la cámara del Alcayde 

Engima de la dicha Torre estaua vn terrado ladrillado e vna camareta al vn 
cabo, cubyerta de madera e yeso, e toda la dicha Torre alderredor petrilada de 
cal e piedra con sus almenas 

En la dicha entrada del dicho castillo a mano esquierda avya vna cosyna con 
su chimenea e encima vn terrado, el qual está fondido vn poco que fa menester 
de se reparar, e al vn cabo vn lagar con su pilón, e la dicha cosyna tiene vna 
puerta e vn portal delante... sobre sus pilares de yeso, e la mytad cerrado e 
cubyerto de madera e teja, e en el cabo del está vn pajar con su puerta e cerra- 
dura..., e luego, cabe el dicho pajar, sube vna escalera a vna despensa... 
E luego delante deste portal está e casa isic] está vn algibe bueno e bien repa- 
rado que puede caber más o menos fasta quinse o dies e seys mili arrouas de 
agua, e tiene sus puertas e cerradura, que dis que fiso... el dicho Comendador 
E luego adelante... está vn portal en questá vn forno e está cubyerto el dicho 
portalejo con su madera e teja, por donde entran a dos establos, el vno a vna 
mano e el otro a otra, los quales son encamarados, que lo encamaró el dicho 
Comendador, e sobre la caballerisa de mano esquierda está vna casa grande de 
troxes para bastimento, con cinco troxes de yeso, en que podría aver fasta tre- 
syentas fanegas de ceuada e dosyentas de trigo, la qual casa de troxes dis que 
fiso el dicho Comendador, la mitad antes de la vysytación pasada, la que sale 
al muro, e tiene dos pilares de piedra e yeso sobre que está la dicha casa 
Adelante está otro portal donde están dos priuadas e vn albañar enyesado por 
donde va toda el agua de las dichas casas a las dichas priuadas, que dicho Co- 
mendador a fecho de poco acá 

Antes desto está encima del establo, a mano derecha, vna cámara en que ciernen 
e amasan cubyerta de su teja e madera e su puerta e cerradura, e delante dello 
están vnas canales de madera por donde va el agua de los tejados al algibe 
En la dicha Torre del Omenaje está a cada parte vna garita que son quatro 
garitas de madera e vna campana e vna cabrita de madera e quatro pares de 
cubyertas de búfalo muy buenas 

Adelante desto está vn portal cubyerto de teja e madera, en el qual está vna 
tinaja para vinagre, e frontero deste portal vna bodega en que auía quatro ti- 
najas, dos vasyas e dos con vino, e tiene sus puertas e su cerradura 
A la mano [sic] deste portal está vna cosyna con su chimenea e su puerta con 
su cerradura bien aderecada 

— 8 — 



E encima de la dicha bodega está vna cámara enyesada y blanqueada e el ciclo 
de yeso con su puerta e cerradura e a mano derecha está vna puerta con su 
puerta por donde sube a la Torre del Espolón. E enmedio de la dicha Torre 
estaua vna cámara buena, nueua, enyesada con vn retrete e a la entrada con 
su cerradura e vna ventana que sale al río con sus puertas, e encima desta 
cámara, questá en el cuerpo de la dicha Torre, está vn terrado con su petril e 
almenas de yeso alrededor. E desta dicha Torre del Espolón va vn adarue fasta 
la Torre Ciega. E en esta Torre, que se llama la Torre de los Ballesteros está 
vna cámara buena con su puerta e vn terrado que fiso el dicho Comendador. 
E derrocóse vna escalera que en ella está porque no hera menester. E en la Torre 
Ciega está vna cámara buena con su puerta e vna ventana que sale a la Villa 
y sube vna escalera a lo alto de la dicha Torre e a otra cámara que está enci- 
ma, que está doblada e está bien solada, quel dicho Comendador la soló, con su 
petril, e está almenada de yeso fasta la Villa, e al cabo del terrado sube vna 
escalera a vna torre qustá sobre la casa puerta principal e esta dicha torre está 
con su petril e almenas desde la dicha Torre del Espolón fasta el corral que 
está delante de la Puerta del Omenaje. A la parte del río va su muro con su pe- 
tril e almenas de yeso e enmedio deste adarue está vna capilla nueua de Nues- 
tra Señora muy bien aderecada con sus aparejos para desir mysa 

E luego junto con la dicha capilla fasta la Torre del Espolón está fecho vn quarto 
de aposentamyento quel dicho Comendador fiso en que ay vna sala alta e baxa 
con dos chimeneas e dos quadras e vn corredor alto e baxo que sale sobre el 
río con su petril e troneras y lo alto con sus a^arjanas de pino, todo enyesado 
e nueuo en sus puertas e cerraduras 

E cerca de la dicha Torre del Espolón está vn escalera de piedra e yeso por 
donde suben a lo alto deste quarto. Es muy buen aposentamyento e talentoso. 
Enmedio del dicho patín están dos hacinas grandes de leña e vna masmorra 
para prisyón quel dicho Comendador fiso, con su brocal de yeso e piedra 

E después... fueron a la yglesia de Señora Santa María de la dicha Villa e no 
fallaron que auía en ella clérigo ninguno porque no tyene renta saluo del besa- 
mano e no ay en la dicha Villa más de catorse vesynos. La dicha yglesia está 
rasonablemente reparada...» 

Era su mayordomo Juan González Ricomacho, y contaba con 80 cepas 
y 20 ovejas más las primicias del pan de los vecinos. 

«E luego... fueron a ver la cerca de la dicha Villa e torres: fallaron estar cer- 
cada de tapias de dos tapias de alto. Está malparado e algunos cubos derriba- 
dos por quanto eran de tapias. Dixeron los vesinos... que no estauan mejor re- 
parados por ser pocos vesynos e porque heran obligados al reparo dellos el Col- 
menar y Noblejas de la dicha Encomienda. Mandáronlo señalar aquí los dichos 
vysytadores para faser relación dello al dicho señor Maestre» 13 . 



13 Archivo Histórico Nacional: ídem, id. Libro 1.063, págs. 112-120. 



Como se ve, la descripción permite destacar en primer lugar la pérdida 
del carácter plenamente militar de la construcción, con la edificación de 
esas casas de bastimento, capilla, aposentamientos, etc., fuera del núcleo 
del castillo, dentro sí del recinto fortificado, pero que en siglos anteriores 
no hubieran podido hacerse sin el consiguiente peligro para los defensores. 

En segundo lugar, la descripción nos da perfecta idea de la estructura 
de la fortaleza: tras el paso del puente levadizo, sobre una cava honda, un 
patio de acceso a la Torre del Homenaje, la principal a la que daba acceso 
un segundo puente; la parte del corral y leñera hacia la Villa. La Torre del 
Homenaje tenía su bodega y algibe, más una sala que hacía de armería y 
terminaba en un terrado coronado de pretil y almenas. Contaba con cocinas, 
lagar, horno de pan, otro algible de gran capacidad (15.000 ó 16.0000 arrobas 
de agua), establos, trojes, retretes. Sobre el terrado, cuatro garitas en los 
cuatro ángulos y una cabrita. 

Otras dos torres, la del Espolón — hacia el río, sobre una cámara, y ter- 
minada también en pretil y almenas — y la de los Ballesteros — torre ciega — 
se unían a la del Homenaje y entre sí por su adarve pretilado y almenado, 
en medio del cual se había hecho construir la capilla de Nuestra Señora, 
y el aposento del Comendador con su corredor alto y bajo que caía al río. 

Algo más nos da a conocer la descripción de 1478: la fecha de la cons- 
trucción de casi todo el recinto. Si recordamos que aún en 1468 se hablaba 
que era preciso levantar la torre y fortificar los muros, se puede decir que 
entre estas dos fechas se levanta el Castillo, cuyos restos han llegado a nos- 
otros, salvo los restos de época almohade. Y podemos decir que se debió 
a dos Comendadores, Fernando de la Cámara, hermano de Miguel Lucas 
de Iranzo, y a Gonzalo de Villafuerte, que le sucedió al frente de la Enco- 
mienda. 

La visitación siguiente fue hecha en 1494 por Diego de Vera, Comenda- 
dor de Calzadilla, Pedro de Ludeña, que lo era de Aguilarejo, y Pedro Alonso 
de Estremera, fraile de la Orden 14 , y apenas tiene variantes con la anterior. 

Más interesante es la de 1508, en que fueron visitadores el magnífico 
señor Diego Hernández de Córdoba, Comendador de Alarcón, y el venera- 
ble Alonso Martínez Salido, fraile, cura del Almedina 15 . 

Visitaron los adarves de la Villa, que hallaron caídos. «Tiene — dicen — 
veinte torres de yeso, las quales están enfiestas», y los vecinos adujeron te- 



14 Archivo Histórico Nacional: ídem, id. Libro 1.067. 

15 Archivo Histórico Nacional: ídem, id. Libro 1.073. 

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ner privilegio de reparar los muros «porque los esymicron que no fueren 
a velar a la fortaleza de Oreja». 

Era Comendador el Adelantado de Granada. 

Damos la descripción resumida, sólo con sus variantes respecto a la an- 
terior: 

«En entrando está vn baluarte de cal y canto, almenado, con vn arco de cal 
y canto syn puertas. Tiene dos cubillos salidizos, vno de cada lado de la puerta 
y más adelante está vna puente levadiza de madera. Está ciega la cava a do 
está la dicha puente y la puente cubierta de tierra, y de ay entran por otro 
baluarte de yeso almenado, que está junto a la Torre del Omenaje...» 

Era alcaide de la fortaleza Francisco de Mejorada. 

No hay variantes en la descripción de la Torre del Homenaje, salvo que 
tenía «vn torrejoncillo de yeso» a mano izquierda, ni en las armas, ya vie- 
jas, que en ella se conservaban. 

En la capilla «la ymajen de Nuestra Señora en vn altar con otra ymajen. 
Cocina, bodegas, corredor sobre el río, caballerizas, trojes, etc., sin varia- 
ciones. El algibe se había dejado cegar y no tenía agua. Se conservaba la 
Torre del Espolón, pero la de los Ballesteros se denomina ya Torre Mocha, 
lo que indica su estado. 

Vemos que la situación de la fortaleza era ya de franca decadencia; los 
Comendadores no residían en ella y los Alcaides eran meros recaudadores 
de impuestos más que defensores de una fortaleza, cuyo carácter se había 
perdido completamente. 

En 1515 fue visitado por Iñigo López de Perea, caballero de la Orden, y 
el cura de Llerena Gonzalo Monserín 16 . Y su descripción es desoladora: 

El arco de la puerta, de piedra, estaba «muy hundido e todo quebrado 
y el petril de encima para se venir al suelo, e a la mano yzquierda como 
entran en el dicho baluarte está ansy mismo quebrado por dos o tres par- 
tes hasta el suelo, lo qual en el libro de la visitación pasada parece que la 
dicha obra la avía hecho Martín de Acola, cantero... abrá diez e syete o 
diez e ocho años, e paresce ser falta e que no se deviera rescebir por bue- 
na, la qual dicha toda está para se caher, y a comencado a se caer por la 
puerta...» 

El puente levadizo de madera «hecha pedacos de la tierra que cayó so- 
brella del adarve que labró Hernán Ruyz de Alarcón, obrero de Vuestra 
Alteza». 



16 Archivo Histórico Nacional: ídem, id. Libro 1.079. 

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El baluarte de yeso almenado junto a la Torre del Homenaje «caydo 
por muchas partes», la portada de yeso necesitaba «por la parte de abaxo 
sus quigios, que están muy gastados». 

Todo lo demás presentaba el mismo lamentable aspecto, mereciendo sólo 
destacarse la curiosidad de que en el piso de enmedio donde había «vna 
bóveda de ladrillo e vna chimenea e vna ventana que cae sobre el campo...» 
había «vna caxa de madera de pínola que dizen que se hizo para tener 
preso al Duque Valentí por mandado de Vuestra Alteza». 

Es interesante en esta visita destacar dos datos: el primero, que ya se 
anunciaba en la visita pasada, la total ruina en que se iba dejando caer la 
fortaleza; el segundo, y mucho más interesante, los nombres de dos de los 
arquitectos que en la obra trabajaron: Martín de Azola, cantero, que labró 
la puerta de piedra y el baluarte junto a la torre del Homenaje en los últi- 
mos años del siglo xv, y Hernán Ruiz de Alarcón, maestro mayor de la Or- 
den a principios del xvi. 

Lope Zapata, Comendador de la Hiño josa, y el Bachiller Pedro Gonzá- 
lez, cura de Aznaga, realizaron la visitación de 1524 17 . No se visitó la for- 
taleza y sí sólo los muros de la Villa «que ansy por las suspensiones como 
por las Comunidades que sucedieron no se avían acabado de reparar», ta- 
sando los reparos los alarifes Alonso González Campanero y Francisco Al- 
f ayate, vecinos de Oreja, en 127.500 mrs. 

Dos años más tarde vieron la fortaleza y Villa. De la primera era Alcaide 
Alonso de Marroquín por don Gutierre de Cárdenas, Comendador. 

A don Gutierre se deben las últimas importantes reparaciones del cas- 
tillo antes que dejara de pertenecer a la Orden de Santiago. Los visitadores 
dijeron: 

«La hallaron bien reparada porque de la media nata se an fecho muchos re- 
paros e edificios, ansy en la Torre del Omenaje, ques muy buena e de mucho 
edificio e muy bien reparada. E otrosy se falló vn aposento nueuamente fecho 
hazia el mirador e tienen su cozina e cavallerizas e aljibes e vna capilla, todo 
muy bien tratado e tienen todos los aposentos sus puertas e no ay que man- 
dar reparar.» 

Don Gutierre de Cárdenas había sido proveído Comenzador el 10 de ju- 
lio de 1520 por muerte de su padre don Diego de Cárdenas, adelantado de 
Granada. En los reparos de la fortaleza, según cuentas pormenorizadas que 
figuran en el Libro de visitas, había gastado no menos de 150.000 mrs., man- 



17 Archivo Histórico Nacional: ídem, id. Libro 1.080. 

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teniendo además 30 hombres en ella «porque toda la tierra era Comunidad 
a la sazón»; se habían hecho barreras de tierra alrededor de la fortaleza, 
«gruesas e fuertes», que costaron 54.000 mrs. 

Los visitadores mandaron que se hiciese traza y se dijaran condiciones 
para acabar las obras. 

En 1529 fue visitado el castillo por Lope Sánchez Becerra, Alcaide de 
las Alcaidías de Bienvenida y Magnilla, y el bachiller Gonzalo Rodríguez, 
cura de Villanueva de los Infantes 18 . El 10 de febrero se hizo la visita, en 
que apenas se pueden señalar algunas variantes respecto a la anterior: 

En el baluarte de la puerta de acceso «en el dicho arco cay do el escalan 
en que andan las puertas». Se utiliza por primera vez la palabra barbacana: 
«ay vna barvacana hasta llegar a vna puerta questá a la esquina de la Torre 
del Omenaje...». Una de las torres, probablemente la de los Ballesteros, cie- 
ga o mocha, se llama ahora «de la Póluora». Se había renovado en parte 
el corredor que caía sobre el Tajo «con sus vistas a todas partes» y de él 
se salía a un portal nuevo y a la capilla en que estaba «una imagen de 
Nuestra Señora con el Niño Jesús en los brazos y un tabernúculo con seis 
imágenes de bulto, de tiempo antiguo». 

Llegamos así a la última de las visitas, la que hicieron Diego Ruiz de 
Solís, Comendador de Villanueva de la Fuente, y el bachiller Juan Muñoz, 
vicario de la Villa de Beas, el 7 de septiembre de 1537 19 . Nada se había 
hecho en los ocho años transcurridos desde la visita anterior. La descrip- 
ción de los reparos, amplísima y detalladísima, debió ser hecha por un 
alarife, maestro de obras o persona perita, ya que la abundancia de tér- 
minos técnicos utilizados lo justifica. 

Había que rehacer el adarve desde los cimientos, de 12 pies de alto, de 
pared maciza y 3 pies de grueso y encima las almenas de 2 y medio pies 
de alto, sobre un petril de la misma altura. Obras que se tasaron en 45.000 
maravedís. Había que reparar los cimientos de la Torre; la Torre del Es- 
polón se estaba cayendo: era preciso derribar la torrecilla y hacerla de nue- 
vo, con cimientos y manipostería y mudarla hacia la parte del lienzo que 
estaba sano. 

«Y que esta torre tenga la anchura de esquina a esquina destos dos 
liencos treze pies y de la salida desde el bivo de la pared en los cimientos 
ocho pies y que el alto de dos varas de medio haga vn relexe de vn pie 
y arriba cinco pies otro relexe y a tres pies más arriba otro y cada relex 



18 Archivo Histórico Nacional: ídem, id. Libro 1.081. 

19 Archivo Histórico Nacional: ídem, id. Libro 1.083. 



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destos sea de piedra labrada y de medio pie de salida...», con cimientos 
de 7 pies. 

En el mirador había que hacer «tres pilares desde la peña biva que 
vengan a plano de la pared de dicho mirador, los dos arrimadizos en dos 
rocas que se han de hazer a los lados, y el otro enmedio destos...», de yeso 
y ladrillo «y que tengan de alto desde la mocheta al ras dose ladrillos... y 
sobre ello se allane de sus embecaduras (sic) de manipostería de yeso y 
piedra». 

El total de lo que se había de reparar y hacer de nuevo montaría 376.400 
maravedís. 

Como hemos dicho, en 1554, solamente se realiza ya la visita de la iglesia 
de la Villa de Oreja, no el castillo ni la Villa misma, porque como se dice 
la Villa «que solía ser de la dicha Horden de Santiago y agora es de don 
Verlandino Cárdenas Carrillo de Alvornoz, que se la dio Vuestra Magestad 
en troque de la Dehesa que llaman del Rey e de otras cosas, en veinte e 
nuve (sic) días del mes de henero de mili e quinientos e cinquenta e quatro 
años» 20 . 

En 1605 y años sucesivos sólo se visitaba ya la citada iglesia, sin más 
comentarios 21 . 

A partir de este momento, ya como construcción perteneciente a un par- 
ticular, no existen datos de la fortaleza, que poco a poco se fue desmoro- 
nando, perdido totalmente su carácter primitivo y aún el residencial que 
tuvo durante los siglos xv y xvi con los Comendadores de la Orden de San- 
tiago que fueron sus señores. 

Creemos haber ofrecido así, junto a una serie de noticias inéditas y de 
interés lexicográfico, la evolución de aquella avanzada — punta de lanza de 
la frontera del Tajo — que fue durante siglos el castillo de Oreja. 



20 Archivo Histórico Nacional: ídem, id. Libro 1.086. 

21 Archivo Histórico Nacional: ídem, id. Libros 6 y 11. 



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