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EL CIVISMO 

POR 

J. MARIANO M1CHÉ0. 



\ú ni ero 1. 



CIVISMO. 

. «**«» 

;o*iijfeiiaUe política, ciencias, literatura, comercio &. 

SU REDACTOR JOSÉ MARIANO MICHEO. 

Saldrfy % dias 10 y 25 de cada mes, á medio real el número. 




Prospecto. 

La administración caduca qne para conservarse, siquiera 
WWun tiempo, vióse precisada á deprimir con impudente 
Wtaifcia la dignidad del hombre, conculcando en su maligno 
M>erni0ÍQ«o propósito todos los derechos sociales, produjo el 
ansiado cambio político de 1871. 

Esa revolución de principios, fecunda en halagüeñas es- 
peranzas, enseña: que los destinos de los pueblos no se rigen, 
ni por el llamado derecho divino, ni por el estrepitoso ruido 
de las armas, sino con medidas verdaderamente benéficas, 
producto solo de la ciencia y la meditación. 

Figura indudablemente entre esas laudables resoluciones 
la absoluta libertad de la prensa, encarecida con tanta justi- 
cia por los ardientes apasionados del progreso, adoptada en 
las naciones cultas, donde domina la mágica influencia del 
liberalismo racional, y al fin admitida en nuestra trabajada 
Kepública y puesta ya en práctica por el siguiente Decreto: 

"J. RUFINO BARRIOS, General de División y Pre- 
sidente de la República de Guatemala, 

CONSIDERANDO: 

Que la libertad de la prensa es una de las instituciones que mas 
contribuyen al sostenimiento de los principios democráticos : 

Que ningún gobierno puede regir convenientemente los destinos 
de los pueblos sin que la facultad de emitir el pensamien: 
garantizada: 

Que solo por las circunstancias anormales que ha atravesado el 
pa¡8, l;i República ha carecido por algún tiempo de los benelicios de 
tan útil institución: 

DECRETO : 

Aktíctlo l. c — Se declara libre la eim.-km del peafltmi 



por media de la Imprenta, pudiendo en consecuencia cualquier in- 
dividuo, sin previa censura, manifestar sus opiniones sobre los ac- 
toa tic los poderes públicos y la conducta oficial de los empicados. 

ARTÍCULO 2. ° — Para calificar y castigar las injurias, calumnias 
v demás delitos ó faltas que se cometan por medio de la prensa, se 
observara lo dispuesto en los artículos respectivos del código penal. 

ARTÍCULO 3. ° — Los directores de los establecimientos tipográ- 
ficos no deberán admitir artículos ni escritos de ninguna clase, sin 
la firma de una persona que tenga responsabilidad legal. 

Dado en el Palacio nacional de Guatemala, á los quince dias 
del mes de Octubre de mil ochocientos setenta y siete. — J. Rikino 
BARRIOS. — El Ministro de Gobernación, Justicia y Negocios Ecle- 
siásticos.— J. Barberkna." ; 

Deseando yo cooperar á los filantrópicos sentimientos 
del (íobierno progresista, autor de tan sabia providencia, 
me he decidido, con todo y mi incapacidad, ¡i escribir sobre 
ciencias, literatura, artes, industria, comercio y agricultura, y 
en general sobretodo cuanto tienda al] beneficio^ y mejoras 
positivas de la Colombia central, ubicada en el corazón de la 
bella joven América. 

También, y con mayor ahinco, me ocuparé principal- 
mente de los actos oficiales de la administración en todos .sus 
ramos, para patentizar sus buenas ó malas consecuencias; 
combatiendo al efecto, con decoro y mesura, toda especie de 
abusos, puesto que la oposición respetuosa y franca ¿que re- 
flexivamente me propongo, redunda aun en provecho del pro- 
pio Gobierno. 

El proyectado periódico, pues, que redactaré' en sentido 
eminentemente liberal por íntima convicción y por mi notoria 
independencia, saldrá á luz con el nombre de "El Civis- 
mo" dos veces al mes; y como su editor responsable ofrezco 
.sus reducidas y modestas columnas á los amantes de la civi- 
lización y engrandecimiento de nuestro patrio edén, á quie- 

•rdialmentc invito, esperando que sus producciones eor- 

mdan al objeto apuntado y las autoricen siempre con 

: nías. 

Guatemala, Abril 2-1 de 1878. 

José Mariano Michéo. 



Son varias las acepciones de esa palabra terrible y alar- 
mante. En el presente artículo fijará 'El Civismo' la que acep- 
ta para el desarrollo de sus pensamientos, con el objeto de evi- 
tar siniestras interpretaciones, que solo entorpecerían las sa- 
nas tendencias de su redactor. 

Oposición, pues, unas veces significa la manifestación de 
sentimientos contrarios: otras combate intelectual entre dos 
*6 mas personas; y en política desígnase, con esa tremebunda 
expresión, & cuantos no aprueban la mareba gubernamental 
del gabinete; y al periódico en que impugnan los actos guber- 
nativos. Periódico de la Oposición. 

El hombre es un ser social en alto grado, con inaliena- 
bles derechos ó imprescindibles obligaciones, para sí y para 
sus semejantes; y por un instinto igualmente natural tiende 
á aumentar los goces y bienes, disminuyendo los males y mo- 
lestias, para procurarse su conservación y contribuir á la fe- 
licidad común. 

Así, el sabio que desde su silencioso retiro se eleva hasta 
los astros calculando sXis distancias: que se ocupa del estudio 
de la tierra para hacerla productiva: que espedita las vias de 
comunicación: que penetra los arcanos de las ciencias: que en 
fuerza de desvelos reglamenta la hacienda pública; y que, 
aprovechándose de todos los conocimientos útiles, los hace 
prácticos y llega á formar el gran código político, constitu- 
cional y administrativo, coopera sin duda con su óbolo al 
engradecimiento de su patria. 

Pero también, el que inspirado en saludables máximas 
de justicia y moralidad, tiene el firme propósito de llenar su 
noble misión, poniendo patentes los extravíos lamentables de 
los gobernantes: combatiendo el rutinario despotismo judicial, 
y abogando intrépido por los desvalidos y menesterosos; no 
es menos benéfico, menos importante, y de seguro merece el 
aprecio del pueblo y la consideración del Gobierno mismo, á 
quien de un modo tau directo auxilia. 

En efecto, sin la oposición razonable y sincera, son qui- 
méricas las garantías, ilusorias las leyes, aparentes los tri- 
bunales, superficial la ilustración, inconsultos los acuerdos, 



nulificados los poderes por su confusión, burlabas las < 

lanzas, caos en lugar de progreso, y aún el patriotismo 
ahogado es entonces un sentimiento meramente pasivo; por- 
que & donde nadie habla: donde todos callan por temor: donde 
todos resignados sufren, no se respira el arara plácida de la 
libertad, y es un país inhabitable, un verdadero cementerio. 

Por eso, "El Civismo" se lanza impertérrito á la arena para 
luchar cuerpo á cuerpo con los terroristas: criticar con lisura 
todo lo censurable, y elogiar en su ardoroso entusiasmo, las 
reformas que, establecidas no sin entonto* sacrificios, puwlen 
hacer la felicidad de Guatemala, llamada á figurar entre lis 
naciones cultas, por su ventajosa situación topográfica, belleza 
de su variado y delicioso clima, feracidad de su sucio, abun- 
dancia de toda clase de aguas, dominio sobre los dos océanos 
comunicables, carácter dulce de sus habitantes y hermosura, 
de sus donosas y simpáticas mugeres. 



EL CIVISMO. 

grato es á su humilde redactor cumplir en este me- 
morable X pjácido día cuanto ofreciera en el prospecto que, 
impreso separadamente y circulado el 24 del ttatepróccimo 
Abril, encabeza el primer número con que desde luego da co- 
mienzo el proyectado periódico, que lleva por título "El 

Civismo." 

Su objeto no puede ser mas loable, ni mas interesante. 
Hacer una oposición decorosa y franca al gobierno, que al 
damente rige los destinos del país: encomiar sus acertadas 
providencias: vulgarizar los principios santos de la libertad, 
talvez mal entendida: combatir toda das» de abusos con me- 
Bura y circunspección; y, en fin;, tratar de las otras materias 
apuntadas e» el mismo- prospecto scómo no ha de redundar 
todo en utilidad y provecho del público y aun de la propia 

adin 0»? 

- ardua: obstáculos muchos é insuperables 

se oponen á su realización; pero el rf?dactor propone* idos 
rnorza de tezjon y d<- trabajo, para qtw el perio- 
do á tener largos días de vida, sin emb 

de que no cuenta con 1- 



5 

pables, sino únicamente con una decidida perseverancia para 
¡allanar las di^cultades que estorben la publicación. 

Verdad es que .su principal propósito se reduce ú hacer 
la oposición, útil, como se lia dicho, en toda materia y espe- 
cialmente en la política, puesto qué solo así los gobiernos, sin 
separarse del estricto sendero de sus obligaciones, promueven 
con ardiente celo y solícita diligencia el verdadero progreso. 
Vero protesta que ¡nunca jamas dará metivo para infructuosas 
■disecciones civiles, ni evitará tampoco la saltación de lo.? 
intransigentes partidos, quede veras detesta, convencido de 
que son la remora y el mayor embarazo para el positivo en- 
. gran. '.irimieüto de la República- 
Las columnas, pues, de "El Civismo" quedan abieri 
los entusiastas del bien público: á los apasionados á Guate- 
mala, y á cuantos quieran colaborar coadyuvando á las i'érvi- 
<las aspiraciones de su redactor. En consecuencia, todos los 
escritos que se remitan, ya en prosa, ya en verso, se inserta- 
rán. .Solo el anónimo no tiene cabida. Las columnas de "El 
Civismo" enérgicamente lo rechazan. 

La suscripción de este periódico no costará mas que me- 
dio real el número, para hacerlo popular y para que el públi- 
co pueda contribuir á su sostenimiento; dándose de esa suer- 
te una inequívoca prueba deque no se tiene la sórdida mira 
de medrar ¡Quiera, pues, el ilustrado público acojer con bene- 
volencia las puras y sinceras intenciones de la redacción! 



Contestación al criticastro X. Y. I. 

En el número 222 de -El Progreso." relativo al 21 del 
que hoy lina, regístrase un artículo lacónico y virulento, en 
que malintencionadamente y sin pisca de sindéresis se impug- 
na el que con el título de "Virgilio y aut cantos" publicó mi 
hijo Dámaso J. Miélico, en el número l\ de la "Revista de 
la UnhersiJad." 

Contrariando mis ideas respecto á polémicas, y mucho 
mas cuando, como la presente, se promueven con el embozo 
del execrable anónimo, y se dirijen contra mi hijo, á quien 
deseo alejar de tan odioso palenque eu los primeros anos de 
.su carrera, daré á .su entendido émulo por primera y ultima 



6 

voz algunas 1 ¡jeras espiraciones acerca do los tres erróneos 
conceptos que abraza su diactriva. 

" Prescindiendo, dice el 4.° párrafo de ésta, de que los 
" pluscuamperfectos de subjuntivo se t ras/o rmára y ée con- 
'• virtiera están mal usados, pues solo se puede emplear 
" cuando se baga uso de los tensos se había transformado y 
" liabia convertido, y no (como en el presente caso) cuando 
" debió emplearse el pretérito se transformó y se convirtió, 
" diremos que el atentado de Apio Claudio (y no Appio 
11 Claudio) no fundó en Roma el Imperio, sino que lo que 
" hizo fué echar por tierra el Tribunado, que á pesar de ese 
'• atentado subsistió la República y que el Imperio lo vino 
" á fundar largos aílos después Julio César y mas propia- 
" mente Augusto Octaviano, su sobrino ó hijo adoptivo." 

Establece su ufano censor que se transformara y se con* 
virtiera, á que llama, en su candidez, pretéritos pluscuamper- 
fectos de subjuntivo, están mal usados; debiendo en su lugar 
haberse empleado el pretérito perfecto de indicativo so trans- 
formó y se convirtió. 

Pero advierta tan afamado crítico que se transformara 
y se convirtiera son pretéritos imperfectos do subjuntivo y no 
pluscuamperfectos, cuyos tiempos miserablemente oonfunde, 
como puede convencerse, consultando al efecto cualquiera 
j-ianiática, para no cometer en lo sucesivo tan crasos dis- 
lates. 

Advierta también que los mejores hablistas, en obsequio 
de la eufonía, emplean el pretérito imperfecto de subjuntivo, 
siempre que el perfecto de indicativo ocasiona un sonido de- 
sapacible é ingrato al oído, como sucedería si se hubiese usado 
se transformó y se convirtió por se transformara y se convir- 
tiera. 

En ese caso, para evitar la consonancia y la asonancia, 
tan repugnantes en la prosa, se usan los pretéritos imperfec- 
toa de subjuntivo, en vez do los pretéritos perfectos de indi- 
cativo, cuya mezcla dá mas armonía, mas dulzura y mas so- 
nulidad al lenguaje. ¿Por qué, pues, en el humilde escrito de 
mi hijo le choca lo que en otro seria un adorno, digno do 
alabanza? 

Lo propio sucede con el nombre de Appio Claudio, que 
tu intransigente adversario en la monomanía de corregir y 
de afear blS producciones de otro, pretende que se eioriba 



con una sola p, debiendo escribirse con dos, para distinguir- 
lo del sustantivo apio, que significa una planta enforbiáeea, 
y appios, con cuya voz los módicos designan una bebida, in- 
sípida ó un alimento poco sabroso. 

Fuera de eso. los nombres propios escríbense en castellano, 
como en sus respetivos idiomas, A nadie lia ocurrido ¡literar- 
ios, y basta los clásicos los respetan. Asi Moreri en su gran 
diccionario histórico, Domínguez en el nacional de la lengua 
espartóla y otros muchos acreditados filólogos escriben con 
dos pp el nombre de ese lamoso decenviro, é igualmente con 
dos la viaappia. 

Respecto del disparate histórico que á mi citado hijo im- 
puta el sabiondo X. Y. Z, milita la remarcable circunstancia 
de que en el impugnado artículo únicamente se propuso el au- 
tor apuntar los principales hechos que influyeron en el cam- 
bio político de la patria del príncipe de los poetas latinos. 
Nunca tuvo ánimo de profundizar la historia romana, quo 
para nada conducía á su propósito. 

Estrechado ahora por el satírico antagonista de mi hijo, 
á entrar, contra mi voluntad, en algunos pormenores y deta- 
lles, lo verificaré rápidamente, con el mayor desagrado y solo 
por no despreciarlo con el silencio, ensecándole que no debe. 
usar del tono dogmático sin justa autorización, y menos en 
materias ignoradas ó mal comprendidas, pues como dice un 
poeta crítico "con su pan se lo coma el que sin considerar 
que tiene de vidrio su tejado arroja una piedra y otra al del 
vecino." 

La tropelía de Appio Claudio, es verdad, que inmediata- 
mente no fundó en Roma el imperio. Mas ese vergonzozo 
hecho y el aleve'asesinato del venerable decrépito Licio Den- 
tato, llamado el Aquilea romano, fueron una de las prin- 
cipales' y eficientes causas de la decadencia de la República; y 
que prepararon su completa ruina, que mas tarde se consu- 
mara á consecuencia de los escesos de, Mario y ¡Sila y de las 
otras funestas vicisitudes «pie tuvieron poderosa parte en la 
caida del Gobierno republicano. 

Sucesos hay, como no debe ignorarlo tan docto adversa- 
rio, que han venido después de muchísimo tiempo á produ- 
cir sus resultados. La abolición de la esclavitud, realizada ya 
trascurridos 19 siglos, débese & Jesucristo, y á la rerolncion 
francesa, débese también, el cambio operado después de lm.it- 



8. 
güs aüos en los gobiernos tradicionales. ¿Dónde está, pues, 
el notable- error, dónde el disparate histórico? 

No se negará que la conducta desatentada de los deceu- 
viros fué corrompiendo la República hasta preparar el terre- 
no para la implantación del imperio. Tampoco, se negará que 
la liepública, desde el gobierno tiránico de tan odiosos man- 
darines, no fué lo que habia sido en su principio, al punto 
de que Marco Tulio se quejaba amargamente de su corrup- 
ción. 

A partir, pues, de esa fatítica época se sucedieron los 
abusos, los atropellos, las dictaduras y todo lo ominoso y de- 
testable. Nada legal, nada justo hubo entonces; porque el des- 
potismo entronizado bajo el nombre de República, fué cau- 
sa y origen de la dominación absoluta de Augusto, primer em- 
perador; por lo cual y en desprecio de la influencia que unos 
sucesos tuvieron en otros, algunos historiadores rijan la ver- 
dadera caida de la República desde el monstruoso gobierno 
de Mario y Sila. 

Entre tanto el autor del artículo "un disparate históri- 
co" ha incurrido en uno muy garrafal, puesto que mostrán- 
dose tan versado en la historia, afirma que el atentado de 
Appio Claudio no fundó en Roma el imperio, sino que lo que 
hizo fué echar por tierra el tribunado. Pero aparte de que esa 
locución "sino que lo que hizo" es vulgar y hasta arrastrada 
y revela la falta de conocimientos gramaticales en tan erudi- 
to aristarco, entienda este: que los desmanes de Appio Clau- 
dio hicieron caer desde luego el decenvirato; y que ese exe- 
crable gobierno fué remplazado inmediatamente por los nue- 
vos magistrados, á quienes se diera el nombre de tribunos 
militares,, siendo al principio en número de tres: luego de cua- 
tro; y últimamente de seis. 

Además, nótese que el ilustrado maestro X. Y. Z. usa de 
la primera persona de plural, cuando debió emplear la pri- 
mera de singular. Asi se lee en el primer párrafo de su alu- 
dida sátira tenemos y en el cuarto diremos. Mas este es otro 
desatino, otro despropósito en opinión de Don Francisco Zea, 
quien dice: "Uso el u yo" y no el "nosotros 1 porque todavia no 
he pedido convencerme de que uno sea dos ó mas, y por- 
que escribiendo yo mis artículos, yo y solo yo, soy y debo ser 

"loable de los errores que en ellos haya." 

o,8Ín embargo, el ímprobo trabajo qu< i 



la formar la maaiusigokícaiite producción literaria. Por eso 
pienso que los escritores, mayormente los jóvenes, deben ser 
tratados con indulgencia por sus crítico* indulgencia r|„e 
no reclamo para los pobres artículos de mi bijo, redactados, 
no por vana ostentación, ni menos por bacer alarde de histo- 
rial^ conocimientos exóticos, sino por la necesidad impres- 
cindible de colaborar en la "Revista Universitaria." 

Creo, pues, haber contestado ya satisfactoriamente la amar- 
ga censura del zoilo X. Y. Z. sin intención de amenguar bu 
crCdito literario,)- demostrado así mismo que con toda su pas- 
mos* ciencia y su basta instrucción, cometiendo un dispa- 
rate histórico y varios gramaticales, ha confundido los tiem- 
pos de los verbos, hecho mal uso de la primera persona del 
plural y tratado con escesivo rig >r á un joven, quizá con la 
dañina intención de deslustrar su halagüeQo porvenir. ;Xo es 
verdad, Sr. Editor del Progreso? 

Guatemala. Abril 30 de 1878. 

Un triste recuerdo á la memoria del Presbí- 
tero Don Francisco Garrido. 

El número 47, tomo 3.° del periódico que, con el títu lo 
La Semana,' publicaba en esta Ciudad el redactor de h 
faceta Oficial, famoso escritor de Novelas históricas cún 
duende* brujas ;, ánimas en pena, v desdichado imitador del 
ínclito bardo guatemalteco Don José Patres Montúfár con- 
tiene un desalmado articulito, on que con pueril trivialidad 
se rehere el sensible fallecimiento del honrado y virtuoso 
Iresbítero Don francisco Garrido, quien á la venerable edad 
de patios, empleados constantemente en hacer bien, cerró pa- 
ra siempre sus ojos, pasando con espíritu tranquilo al seno del 
eterno, en donde habrán sido espléndidamente premiadas sus 
relevantes prendas. 

Nada sabe el que escribe estas pocos líneas respecto de la 
niñez del Pbro. Garrido, habiendo únicamente logrado cercio- 
rarse de que en el pueblo de ¡San Juan Sacatepequez y bajo la 
tierna solicitud de sus buenos padres recibió las primeras im 
presiones de su infancia; y que ya en esta Ciudad, merced 
a la esmerada atención que su hermano mayor Don Claudio 
ie prodigara, adquirir pudo desde mu v temprano los indis- 
pensables conocimientos para colocarse de familiar del I v R 
Ur. Don i-r. Ramón Oasaus y Torres, bajo cuyos auspicios se 
deslizo tranquila su juventud y fué merecidamente efenrio i 



10 

k alta dignidad sacerdotal: ministerio fino ejerció con el mis- 
mo candor y humildad que los Apóstoles en los primitivos 
tiempos de la Iglesia. 

Efectivamente, si se contempla de cerca al esclarecido 
6acerdote de que se habla, en lo doméstico siempre se le vé de 
carácter festivo, suave y apacible: llano y sencillo en sus cos- 
tumbres: generoso hasta la prodigalidad para con sus amigos: 
honrado y del en su trato familiar: laborioso por inclinación, 
al punto "de conocer varias artes mecánicas, en que se ejerci- 
taba durante el tiempo de que podia disponer: intachable y 
sobrio en su vida privada; y sobre todo piadoso por exce- 
lencia, circunstanciiis que le grangearon la estima y respe- 
to que con razón se tributan á su memoria. 

No era menos recomendable en lo público por el decidi- 
do ahinco con que procuraba tomar á su cargo y desempe- 
ñar diligentemente cuantas comisiones obtuvo de la Munici- 
palidad y Establecimientos de beneficencia: por su genio cari- 
tativo y hospitalario para con los desvalidos y menesterosos, 
que de seguro encontraban auxilio y amparo, sin que jamas 
en él hubiese ostentación ni jactancia; porque absolutamente 
estiafló á los partidos, sin embargo de sus firmes conviccio- 
nes por el progreso, como verdadero amante de la humani- 
dad, nunca abatió su alma cou la infame adulación á los 
poderosos, ni la emponzoñó con el voraz furor religioso, que 
desgraciadamente ha contaminado mucha parte de la juven- 
tud, sumiéndola en la mas negra oscuridad para su vergüen- 
za é ignominia, cuando al torrente de luz que difunde la Re- 
pública mejicana con sus producciones literarias y rasgado el 
denso velo cou que misteriosamente se encubría tanta igno- 
rancia, tanta abyección, tanto fauatismo, se muestre al mundo 
civilizado tan detestable, ridicula farza. 

El Presbítero Garrido, no obstante la clase de educación 
que recibiera, alentado por su natural bondad, excelente ín- 
dole y claro entendimiento, y fortalecido además por la rec- 
titud de su corazón, se libró de ensuciar en el inmundo fan- 
Í'o en que lastimosamente se han precipitado y sumergido 
os ciegos sectarios de las torpes rutinas, que con impúdico 
descaro se preconizaban á la sombra del oscurantismo; y am- 
bicioso de gloria para su patria, no solo era exacto y cumpli- 
do en los deberes del sacerdocio, sí que expontáneamente 
contribuyó con sn peculio á la construcción de varios edifi- 
cios públicos y á la reforma y mejora de otros, sin que tu- 
viese por móvil ninguna innoble aspiración. 

Adornado dedotefde tanta valía, de esperarse era que 
mi sobresaliente mérito le háblese puesto siquira al abrigo de 
los horribles dtaaitrCT '!•• la aciaga y funesta y tenebrosa épo- 
ca en que el babaro Rafael Carrera, saliendo de las montanas 
coa los fieros, indómito! y agrestes instintos de un salvaje, y 
cual un torrente que desbordado de la altura irrata y ani- 



11 



quila cuanto encuentras! paso, sufocó la ilustración: envile- 
ció las artes: y persiguió de muerte á Ion homares eminentes 
por su instrucción y raros talentos, á todos aquellos en quie- 
nes se advertían tendencias de orden v moralidad, y aun á 
cuantos juzgaba pudiesen resistir tu férreo y rodo despotis- 
mo. En tales circunstancias, el Padre Garrido, lejos de escu- 
darse con sus importantes servicios y con estar relegado 
ni Pueblo de Palin, en donde como párroco era muy querido 
y en donde daba generosa acojida á los n iie oprimidos por la 
tiranía andaban prófugos y errantes, consiguiente fué que sus 
mismas inapreciables virtudes le trajesen el odio, rabia y ren- 
cor de ese hombre frenético, de ese feroz tigre sanguinario 
que. só el fútil protesto de ocultar armas, le echase encima, 
como lo hizo, á una turba de foragidos. que asaltaron su casa á 
media noche: que le injuriaron y amenazaron atrozmente; v 
que, después de un registro inquisitorial, se retiraron, no sin 
haberle causado acerbas penas, llevándose robados quinientos 
pesos que tenia en una gabeta y que nunca jamas reclamó, sin 
embargo de estar hace tiempo en boga el prurito de pedir 
indemnizaciones y de obtener pagos por indebidos que sean. 
Yá propósito del triste, y lastimoso cuadro lijeramente 
diseñado ¿quien no se pasma al ver figurando por largos cin- 
co lustros en Guatemala, (pie se dice culta v en pleno siglo 
]!), al detestable monstruo de Carrera? ¿Quién no se abisma, 
al considerar que, por el estravío de 'las pasiones, hubiese 
hallado apoyo entre unas cuantas gentes sensatas un hombre 
de tan odiosas condiciones, que se complacía en deprimir y 
vejar hasta á sus mismos compañeros en el pillaje v aun á los 
sacerdotes, á quienes hacía alarde de protejer, sin que se esca- 
paran á su brutal furor los dos Obispos Barrada v el propio 
Dr. Don Francisco Gonzales Lobos, á cuvo tenaz esfumo 
•debió su infausto engrandecimiento? ¿Quién no se confunde 
y .horroriza, cuando habiendo empapado en sangre y lágrimas 
toda la tierra de esta desventurada Kepública v descendido á la 
tumba en la mayor desesperación v sin desasnarse todavía, el 
reacio y engreido jesuita Telésforb Paul tuviera el descaro de. 
asegurar en la oración fúnebre pronunciada, á presencia del 
cadáver y á despecho del buen sentido, que Carrera en los 54 
afios que tuvo de vida, habia incurrido solo en peq nenas fra- 
jilidades comunes á todos los hombres, y que por la protec- 
ción que el Clero Je mereciera, entró glorioso y triufánte en 
el Cielo, en donde estaba á la diestra de Dios y desde donde 
acojería benévolo bajo su seguro patrocinio á su predilecta 
Guatemala? 

Pues ese mismo padre Paul, con todo v reputarse por los 
suyos una mentida notabilidad jesuítica, únicamente repitió 
en el discurso oral á que se alude, lo que en 13 de Diciembre 
de 1658, al espirar si famoso oliveros Cromwel), dijo en ala- 
banza suya |« candido eapejlan presbiteriano, llamado lien- 



12 

ry, sin que ninguno de los circunstantes de aquella ridicula 
escena se hubiese reído de semejan le elogio, como respecto 
de la celebrada oración que el elocuente orador Paul viósc en 
la necesidad de variar en su mayor parte, para poder impri- 
mirla, con cuyas notables alteraciones después circulara en- 
tre nosotros, sin C|iie tampoco hubiese quien la impugnara, 
porque el despotismo con su natural previsión y ansia de 
sostenerse tenia amordazada la prensa. 

Mas volviendo al encomio de las recomendables cuali- 
dades del Presbítero Garrido, rara excepción de los muchos 
que bajo el vestido clerical aspiran tan soló á lucrar, hacien- 
do de la augusta doctrina evangélica un sórdido y escandalo- 
so tráfico en provecho esclusivamente suyo, debe decirse en ho- 
nor de ese benéfico sacerdote, que fué un modelo acabado de 
bondad y pureza, y que después de haber servido por largo 
tiempo y con extraordinario celo el ministerio parroquial y 
cuando contaba catorce años de desempeñar la capellanía del 
Beaterío de Santa liosa, fué atacado de una enfermedad, hasta 
perder el uso de sus facultades, cuyos padecimientos arrostró 
con piadosa, admirable resignación; y en tan aflictivo esta- 
do, apenas creerse puede que personas extrañas le rodearan 
con la máscara de la caridad, y abusando de su sencillez y 
candor le estrecharon con perjuicio de sus pobres deudos á 
disponer de los bienes que poseía y que eran fruto de su par- 
simonia. ¡Que descance en paz eternamente, seguro de que 
entre nosotros siempre se conservará vivo el recuerdo de sus 
saludables ejemplos! 



Los dos Gefes Políticos. 

El Supremo Gobierno, sabedor de que agobiaban al Ge- 
fe Político de este Departamento muchísimos trabajos, le fué 
aumentando progresivamen te el sueldo, hasta asignarle dos- 
cientos veinticinco pesos mcn.su ales, en justa retribución á 
sus importantes servicios y desvelos. 

Entendido posteriormente de que tantos quehaceres aun 
le tenian abrumado, y en el constante deseo de espeditar el 
despacho de los negocios civiles y judiciales de esa ofioina, 
<t- ó un auxiliar con el nombre de Sub-Gefe Político y con 
la dotación de ciento cincuenta pesos. 

Pero la plan nuevamente establecida, lejos de ser útil y 
necesaria, ha venido tan solo á aumentar los gastos fiscales, 
porqiU Cuando el (Jefe funciona, está con licencia el Sul>- 
mcediendü que desde la creación de la alu- 
dida plaza, muy aot Los dos empleados sirven al mismo 
tiempo; y (mando lo verifican, se embarazan mutuamente, 
por bus atención» que de diquela y cortesía se dispensan. 



Í3 



Además, con <*1 despacho alternativo, se baria induda- 
blemente la plausible mira del Gtobiemo, y los postulantes 
sufren considerables demoras, en razón de qu* los negocios 
quael uno deja pendientes* tiene el otro que estudiarlos pa- 
ra resolver, cuyas largas indebidas redundan de seguro en 
perjuicio del público. 

Tara que esa nueva plaza, pues, no sea nna vana ilusión, 
importa: que ambos empleados concurran diariamente á la 
oficina; y que cuando se les llegue á dar alguna licencia, sea 
por una positiva necesidad y sin goce de sueldo, en obsequie 
de la economía que imperiosamente demanda la penuria del 
erario. 

Una medida de esa naturaleza puede únicamente estirpar 
el denunciado abuso: y satisfacer tanto las necesidades pe- 
rentorias délas personas que se ven arrastradas á los tribu- 
nales, como la ansiedad pública. 

"El Civismo" cróese constituido en el ineludible deber de 
llamar á ese respecto la atención del Gobierno, aunque en 
concepto de su redactor bastaría un solo Gefe. pero laborioso, 
inteligente y decidido patriota, que con sus luces contribuva 
á la regeneración de la República. 



Literatura. 

La siguiente biografía y las otras que irán apareciendo 
en las páginas de este periódico, fueron forjadas para la Ga- 
lería poética guatemalteca, que me habia propuesto publicar, 
asociado de Don Ramón Uriarte, quién, aprovechándose de 
mi idea y trabajos, la dio á luz por sí solo y sin contar con- 
migo. 

Antonio J. Irisarri. 

Este personage es una de las figuras mas caracterizadas 
y mas prominentes que ofrecemos en nuestra Galería poética 
guatemalteca. Colocado en circunstancias excepcionales, des- 
cuella entre los esclarecidos patriotas que promovieron la 
independencia de la América espaílola. y posteriormente en- 
tre los que dirijieron la mareba de los negocios públicos en 
las reciennaeidas nacionalidades del nuevo mundo. La bre- 
vedad con que queremos trazar estos ligeros esbozos y el ha- 
berse escrito ya extensamente la biografía de Irisarri por el 
insigne literato neo-granadino Don José María 'forres Cai- 
cedo, ¡(indar i á hiuduto viro, nos escusa de entrar en porme- 
nores ágenos de nuestro propósito; limitándonos, no obstan- 
te, á trazar siquiera á grandes rasgos los puntos mas culmi- 
nantes de la vida de Irisarri, como contemporáneo y com- 
patriota nuestro. 



II 

Nació en la capital de Guatemala el dia 7 de Febrero de 
17S(¡. Fué hijo de I>ou .Juan Bautista de Irisitrri y de l)oñ¡i 
Marta de la Paz Alonso y Barragan, dueños de una fortuna 
colosal: v aunque desde muy temprano fe dedicaron al estu- 
dio, en que dio muestras de un talento precoz y liada común 
y de que, joven todavía, pudiera haber terminado lucidamen- 
te su educación literaria, un grave suceso de familia, la pér- 
dida deán padre, que talleció en 1805/ dejando ett Guatema- 
la, en Lima y en Méjico grandes negocios pendientes,-]» im- 
pidió seguir y obtener una profesión ó carrera determi- 
nada. 

Al siguiente año, no contando Don Antonio mas que 
veinte de edad, tuvo que partir pal* Méjico, con el fin de 
poneras al frente de los negocios do la casa en lugar de su 
padre, pasando á Lima en 1808 con el propio objeto. Sabedor* 
allí de que su familia tenia parientes en Chile y deseoso de 
conocerlos, hizo un viaje en 1809, en donde á poco tiempo 
contrajo matrimonio con su prima Doña Mercedes Trueiosy 
que era rica, joven, bella y adornada de otras recomenda- 
bles cualidades. 

En la República Chilena estaba reservado á Irisarri eí 
teatro en que debia representar el doble papel de político y 
soldado. Sostenía entonces aquel pueblo heroico la grandio- 
sa revolución de su independencia de la metrópoli, y sobre- 
saliendo nuestro joven compatriota por su ardoroso entu- 
siasmo, obtuvo desde luego algunos destinos en la milicia y 
muy pronto el poder supremo absoluto, en que desplegó to- 
da la energía de su genio durante los pocos dias que lo ejer- 
ciera. Logró, en efecto, dar tal impulso y giro al movimiento 
revolucionario, que lo hizo adelantar mas que en los cuatro 
años anteriores. Asi tuvo la gloria de cooperar poderosamen- 
te á la grande, importante obra de la independencia de Chile, 
que mas tarde llevaron á cabo loa ilustres Generales San 
Martin y O' Higgins. 

Con posterioridad, fué nombrado en aquella misma' Re- 
pública Ministro de Relaciones interiores y exteriores, cu- 
yas altas funciones desempeñó igualmente á satisfacción de 
todos, desde Abril hasta Octubre de 1818. En seguida fué 
comisionado por el Gobierno para negociar un empréstito en 
Europa y promover el reconocimiento de la independencia 
«le Chile por Francia é Inglaterra, que en aquellas circuns- 
tancias tanto interesaba á la República. Pero como antes de- 
bia tratar de la independencia del Perú con el Gobierno de 
Buenos-Aires, tuvo la felicidad de suscribirla alianza entre 
los dos paite*, ya libres, cuyo resultado fué la emancipación 
de aquel vileVliato. 

Cumplido su encargo, se hizo á la vela para Europa, y si 
no logró un buen éxito en su misión diplomática respecto 

de Inglaterra y Francia, en razón deque esas poteneias do 



1S 

veían bastante afianzado el gobierno republicano do Chile 
para reconocer su independencia, consiguió en cambio nego- 
ciar ventajosamente el empréstito en Londres: empresa en 

que dio nuevas, evidentes pruebas de su inteligencia, patrio- 
tismo y celo. Estuvo en Europa desde 1S10 basta \*~o, en 
que regresara á su patria natal, después de veinte anos de 
ausencia y de haber figurado gloriosamente en los mas vita- 
les acontecimientos de Colombia. 

Hallábase :i la sazón el gobierno federal de Centro- Amé- 
rica, residente en Guatemala, en guerra con el Estado del 
¡Salvador, y el destino de irisarri, guiáudole siempre á la re- 
volución, le condujo á figurar como uno de los principales 
autores (le la escena, á que dio principio por sostener al go- 
bierno federal con la publicación de un periódico intitulado 
Jíi Guatemalteco. Mas esa vez [quien lo creyera! muy dife- 
rente de como le liemos visto en la América meridional, Iri- 
sarri no defendía la noble y santa causa de la libertad, sino 
al reacio partido español que, alzándose de nuevo con las ar- 
mas y el poder, ba oprimido y tiranizado la nación: partido 
recalcitrante, á quien algunos ilusos llaman impropiamente 
aristocracia; ignorando, sin duda, la verdadera acepción de 
esa palabra fantástica, una vez que jamás ba existido, ni 
puede existir la aristocracia en ninguna de las repúblicas del 
mundo de Colon. 

Empero, no bien se iniciara en esa nueva política, cuan- 
do la suerte se le tornó adversa. — Nombrado Coronel, recor- 
ría con la tuerza de su mando los departamentos de los Al- 
tos y dictaba providencias que nunca tuvieron aceptación en 
aquellos pueblos; y compelido á retirarse hacia la frontera 
mejicana por sus medidas violentas y desatentadas, fué der- 
rotado en San Pedro Sacatepequez por una de las divisiones 
del General Don Francisco Morazan y hecho prisionero en la 
cuesta de San Pablo. Asi se vio precisado á abandonar su 
uelo patrio, convencido de que nadie es profeta en su tierra, 
v á volver á Chile, donde en consonancia con sus ideas pres- 
tó nuevos servicios á la revolución, que ya fermentaba en- 
tre aquella República y las del Perú y Bolivia. 

Dotado Irisarri de alguna facilidad para producirse, con 
un carácter extremadamente suceptible y con una instruc- 
ción temprana y bastante adelantada y ambicioso de gloria, 
se hizo conocer como escritor por una serie de publicaciones 
de poco interés v en (pie tomaron participio muchas otras 
]>ersonas desde el afto de 1818 hasta el 10 de Junio de ÍSIIS, 
«pie, ya decrépito, falleció en Booklvn. Citaremos, no obstan- 
te, algunos de sus escritos mas notables. 

En el Perú dio á luz un folleto titulado Defensa de los 
tratados de paz de Paucarpata: en 1845 publicó en la Nueva- 
Granada la Historia crítica del asesinato del tiran Mariscal 
de Ayacuclm { f i':ncral Sucre)', en 1847 el Cristiano errante; 



1(1 

V en 1849 El Revisor, que continuó publicando en Nueva 
York el aflo de 1850. 

Bn 18Ó5 fué nombrado Ministro de Guatemala ocrea del 
Gobierno de los Estados Unidos, cuya legación SéSémpefiára 
hasta su fallecimiento, sin haber cesado durante ese largd pe- 
ríodo de escribir en defensa de su partido; proclamando cons- 
tantemente en tía lenguaje rudo, cáustico y grosero sus ten- 
dencias retrógradas, y muy en particular por los afios de 
1863 y 1S(¡4. culi ocasión de la última guerra del Gobierno 
de (¡natcmala con la vecina República del .Salvador. 

En 1881 dio á la estampa en el mismo Nueva York el 
primer tomo de sus Cuestiones filológicas, de que si bien al- 
gunos literatos españoles han hecho elogios, nosotros no en- 
contramos en ellas nada nuevo, sino la idea dominante ó 
monomanía de manifestara instruido en el origen, genealogía 
y vicisitudes de la nobleza española, á la cual se vanaglo- 
riaba (le pertenece]-. 

Imprimió también una novela con el nombre de El fíe- 
ríuclilu Epaminbndas del Cauat, servil y desgraciada imita- 
ción del Quijote, y escrita en un estilo duro y jactancioso; y 
últimamente dio á luz un pequeño volumen de Poesías satí- 
ricas y burlescas, de que tomamos las monos prosaicas, y 
creamos obra mas bien del estudio que de un numen poéti- 
co, pues Irisarri, á juicio de algunos hombres sensatos, nun- 
ca pasó de un coplero sin pizca de imaginación y genio, de 
un literato adocenado y de un político vulgar y rancio, cuya 
principal y talvea única instrucción consistía en el hábito 
de la reserva y el tal cu I 'o de fin j ir y aun de engaitar, á que 
Bacon llamaba ciencia de la política. 

Tal ha sido la conducta tornadiza del afamado Don An- 
tonio. En la América del Sur representó el papel del mas 
entusiasta republicano, luchando por conquistarla su auto- 
nomía nacional: en Centro-América fué uno délos mas de- 
cididos y exaltados partidarios del sistema retrógrado. Allá 
se esforzó por la redención política de los pueblos; y aquí 
vino á contribuir al sacrificio de los hijos de su propio pais. 
Por lo demás, en su trato social y familiar no carecía de mo- 
dales cultos, pero lejos del ideal que Lord Chesterfiel pro- 
ponía como modelo á su hijo Felipe Stanope; y en su vida 
privado, si no tuvo la rigidez austera de Catón y la brillante 
pompa y delicado aticismo de .Marco Tulio, incurrió, sin em- 
bargo, en sus mismas nefandas debilidades, que, siendo harto 
públicas en Guatemala, nosotros las relegamos al silencio, 
porque, como dice el elocuente biógrafo del célebre cantor 
del Diablo -Mundo, acaecen lances en la vida de los hombres 
que deben envolverse en el sudario del olvido, 

ÜUATKMAI.A : MWc» DE 1 «78. 

IMPRENTA DE AÜKAilAM F. PADILLA. 



Número 2. 



EL CIVISMO. 

■ •*****■ 

Periódico Quincenal de política, ciencias, literatura, comercio &. 

SU REDACTOR JOSÉ MARIANO MICHEO. 

Saldrá los dias 10 y 25 de cada mes, á medio real el número. 



LA OPOSICIÓN Y "EL CIVISMO." 

Inútil sería persistir en el afanoso empeño de continuar 
patentizando la importante necesidad de la oposición, senta- 
do ya en el número anterior el principio palmario de que 
el examen reflexivo y maduro para el conocimiento á fondo 
de cualesquiera materias conduce á la controversia y á la 
misma oposición en las acepciones apuntadas al ingreso del 
artículo segundo del citado primer número de este periódico. 

Así, en el pais, donde sea cual fuere la forma guberna- 
tiva adoptada, sus] habitantes, blazonando de libres, se aso- 
cian y se compactan para destruir las garantías, y con len- 
guaje pérfido y solapado aspiran al sórdido nepotismo, allí 
es necesaria la oposición. 

Donde el poderoso, con abuso de sus caudales, quizá mal 
habidos, hace triste víctima al desvalido y de todos los infe- 
lices, que por lo regular son muchísimos, forma un vil reba- 
ño, allí es menester la oposición. 

Donde el intolerante y abominable fanatismo impera, al 
punto de que los hombres se odien por sus vanas y estrava- 
gantes creencias, reducidas á simples niñadas, hasta producir 
lachas fraticidas, luchas sangrientas, allí es indispensable la 
oposición. 

Donde la administración de justicia es una parodia y 
se ha convertido adrede en el despotismo mas odioso, mas 
terrible, allí es urgente la oposición. 

Donde la enseñanza ha sido una ridicula farza y se han 
inculcado con torcido propósito doctrinas torpes y erróneas 
á la estudiosa juventud, para disponer de ella á su antojo, 
allí es conveniente la oposición. 

Donde la hacienda pública se ha consumido inútilmen- 



2 

te, hasta llegar á sentirse las funestas consecuencias de hí 
espantosa pecaría, allí es oportuna la oposición. 

Donde la religión divina, fundada pore'I Mártir del Gol- 
gota, es -un sarcasmo y vuéltose un tráfico infame y vergon- 
zoso, allí es importantísima la oposición. 

Donde los empleados con impudente descaro desatienden 
sus mas estrictos deberes y ávidos abren su mano para perci- 
bir el sueldo, sin haberlo ganado, allí es útil la oposición. 

Donde la embriaguez y los vicios todos reinan con un ci- 
nismo repugnante sin ser perseguidos enérgicam m'te y la in- 
moralidad se ostenta impune y descarada, allí es de todo pun- 
to precisa la oposición. 

En Centro-América, agitada desde la independencia de 
la metrópoli por lides intestinas-,- que ía hicieron girones y 
obligaron á chocar unos Estados con otroSj hasta infundirse 
mutuamente un odio implacable y diabólico, opio tan solo, 
andando el tiempo, puede la ilustración estinguir, pira rea- 
nudar los vínculos rotos, también le interesa la oposición. 

Últimamente, en Guatemala, la mas- hermosa, la mas 
culta, lamas importante de esas secciones, constituidas' con 
espíritu satánico en pequeñas Kepúbliqnillasy tpte afortuna- 
damente camina por la mágica via del progreso, á cpie ponen 
frecuentes tropiezos los dos sombríos bandos que desgarra- 
ron su ubérrimo seno, aquí es imperios» y absolutamente in- 
dispensable la oposición; pues aunque elevado al poder el ( te- 
neral J. Rufino Barrios por una revolución de principios, 
(pie ocasionara el cansancio de los pueblos, y aunque infati- 
gable y consecuente á su programa de engrandecer á la Re- 
pública, promueve con las mas puras y las mas patrióticas 
intenciones todas las mejoras útiles posibles, necesita de la 
oposición que ilustra, no de la sistemática que jirerjudica, y de 
que los hombres honrados de todus los partidos le auxilien, 
coadyuvando con lealtad y buena fe á tan laudable empresa. 

Kl "CívÍBJjao", 'on esc íntimo convencimiento y Satisfe- 
cho además de que con la oposición sensata y franca contri- 
buye dicazmente por su parte á la regeneraron de nuestra 

..itra'la patria y á que las proyectadas reformas ge real i - 

, criticará en la palestra los actos públicos y la conducía 
'■ empleados, aun cuando so intente divagarlc con 

I pcluí Q0& 



«•ira ves incoii venientes «le las eostas 
procesales. 

Si no hubiesen leyes, ni jueces que las aplicasen, ampa- 
rando á los ciudadanos en la posesión de sus respeeficos dere- 
chas y persiguiendo con mano fuerte á los criminales, dice un 
ilustre economista, ¿a sociedad vendría d ser un contra/o vano. 

Por eso, la magistratura judicial, como verdadero fun- 
damento de la sociedad, es importantísima, al punto de que 
nadie tendría la indispensable seguridad en su persona y 
bienes, pues, según el citado economista, ante esa institu- 
ción tan necesaria, enmudece la calumnia, el delincuente se 
anonada, el débil se iguala al fuerte, y en su balanza tanto 
pesan los derechos del poderoso, como los del desvalido. 

Así, los gastos que se impenden en sostener la magis- 
tratura son necesarios, necesarísimos, cualquiera que sea la 
forma del gobierno, porque la sociedad sin ella se convertiría 
en una tenebrosa balumba, donde el pusilánime fuera triste 
víctima del audaz y del temerario. 

Los funcionarios de justicia, pues, deben ser remunera- 
dos con munificencia para ejercer dignamente sus altas fun- 
ciones y conservar el seductor prestijio de su augusto minis- 
terio, revistiéndose de un boato deslumbrante y fascinador, 
basta para ponerse á cubierto de las malignas tentativas de 
los pleitiantes, que en su sórdido propósito de triunfar los 
precipitarían talvez á la venalidad. 

Pero entre esos gastos, con que el erario público contri- 
buye al sostenimiento y lustre de la magistratura, y los que 
con el nombre de costas se bacen en las causas civiles y cri- 
minales por las mismas partes á quienes se juzgan, hay una 
notable diferencia; porque aquellos son útiles, urgentes é im- 
prescindibles, y estos perjudiciales, enojosos é irritantes, en 
razón de que pueden conducir á ln intriga sorda, clandesti- 
na y pérfida, va aumentando los trámites, ya retardando el 
fenecimiento de los negocios y va influyendo para que su 
conclusión sea favorable á cuantos puedan aprontar tales 
honorarios. 

No hay ciertamente cosa mas impropia, ni de peor efecto, 
dice el poeta economista Don Ángel Pasaron y Lastra, que 
cuando un litigante pasa de su nano á la delj'ueM que le juz- 
ga el precio de su sentencia: semejante estipendio, que nunca 



i 

debiera considerarse como ronuncracioiK sino como un freno 
tí la manía litigiosa de algunos temerarios, pudiera en todo 
caso recaudarse por otras manos, en calidad de una de las im- 
posiciones públicas, pero nunca profanarle de tal mudo el san- 
tuario de la justicia. 

Enhorabuena que se reprima la rábida furia tic los liti- 
gantes, imponiendo multas á los temerarios, ó exigiendo esas 
erogaciones como impuesto público; pero nanea jamás en 
concepto de pago á los encargados de distribuir la justicia, 
quienes lo deben recibir tan solo del Gobierno. 

Por tanto, es sorprendente que á loe redactores de lo* 
Códigos en vigencia desde 15 del último ►Setiembre, ae hubie- 
se pasado por alto la abolición de las costa»; dejando en pié esa 
práctica indecorosa y vituperable como testimonio palpitante 
del oscurantismo tan criticado. 

Esa reforma, pues, parece una de Jas mesciraabkí» qwc 
conviene hacer á los nuevos Códigos, para que, lograda su 
apetecida perfectibilidad, correspondan á los férvidos conatos 
del primer magistrado de la República, qiíc tanto se empeña- 
ra en su formación. 

\ 



La cuarta Sala <9e Apelaciones. 

El decreto gobernativo, número 207, fechado el »¡ del 
antepróximo Abril, en atención al considerable recargo qui- 
llay en las dos Salas de esta ciudad, establece una coarta pa- 
ra los departamentos de Oriente, Santa Rosa, Jutiapa, Jalaos 
Zacapa, Cliitjuimula é Iza bal, bajo la misma organización de 
las otras tres existentes en la República. 

Ma3 tan laudable propósito quizá no se consiga, puesto 
«pie habiéndose creado anteriormente otros nuevos Juzgador 
de i.* instancia y establecido una lercvra Sala para los de- 
partamentos de Occidente, la justicia nunca ha sido adminis- 
trada cual debiera como Be desprende de las reiteradas renre* 
.-' 'litaciones hecbas al propio Cubicrno, á consecuencia del 
crecido retraso de los asuntos. 

el establecimiento, pues, de ese cuarta Sala es de 
creerse qne tampoco se logre el plausible ti n propuesto, por- 
que el atrazu do depende precisamente de la falla de fanejo- 
uarioi judiciales, ;iuo de _u decidía, de ¿u indolencia cu el 



ejercicio de las delicadas funciones de la majistraturn. y mas 
principalmente porque no concurren con puntualidad al des- 
pacho durante Las pocas horas de asistencia obligada. 

üicrtátriente, aunque ios magistrados debieran reunirse to- 
dos lo.s días, siquiera de nutíve á dos de la tarde, se les vé ir con 
pereza después de las once, y salir á, toda prisa y bulliciosa- 
menté al dar las dos, y muy rara vez un poco mas tarde. Con 
la atención, pues, dividida entre la ansia de tomar las de Vi- 
lladiego y el fastidioso cumplimiento de su deber ¿puede im- 
partirse la justicia con la prontitud y meditación que anhela 
el Gobierno, y evitarse el resago, cuando ¡í pesar de la expresa 
prohibición de la ley, hacen ostensivos á lo criminal los fe- 
riados concedidos solamente para lo civil? 

Pero hay mas: por esa misma negligencia, el recargo de 
los negociosas siempre esíraordinariamento pasmoso. Todos 
se quejan, todos redaman. Mas sus lamentos no son atendidos 
¿Porqué DOee reprime esa apatía? Por que no se obliga á 
los Magistrados á trabajar con tesón, sentado que cuando lo 
hacen es de mala (jaita y mas que de paso, y sentado (pie cada 
uno goza del sueldo de doscientos pesos, tan exhorbitante pa- m 
ra el poco tiempo que despachan y atenta la escasez de nues- 
tras rentas fiscales? 

Otra consideración hay no menos atendible, y es que de 
lo criminal no se ocupan diariamente y el despacho lo atro- 
póla» eu vísperas de las visitas de cárceles, al grado de que 
cada .Sala determina entonces hasta diez y aun mas causas dia- 
rias, que difícilmente pueden estudiar, contentándose con so- 
lo leer las sentencias y uno ú otro pasaje de las mismas 
causas. 

Loable es, sin duda, la creación de la cuarta Sala; pero 
aun mas loable seria que se avivase la delicadeza de los Ma- 
gistrados, para que por punto de honor concurriesen al edifi- 
cio de la Corte diariamente de ocho á des de la tarde y aun 
de cuatro á seis, mientras se concluyen todos los asuntos 
atrasados. 

Mas loable seria todavía, que el Tribunal de casación ó 
residencia de que habla el Código de procedimientos en el 
párrafo 1.° del título :.° libra -l se organizara inmediata- 
mente, dándose decae luego la ley reglamentaria, y que se 
cuídase de que lo compongan abogados íntegros, concieMU- 
de i independientes, para que no se dobleguen al poder, y 



G 
para que, resistiendo álos halagos de los medros personalas,. 
cumplan su espinoso encargo sin consideración á persona 
alguna. 

Mas loable seria últimamente, que se fundase un perió- 
dico forense, en que se publiquen íntegras las sentencias de 
todos los Juzgados, Salas de Apelaciones y Tribunal Supre- 
mo de Justicia, con la saludable mira de dar á conocer la 
capacidad de esos funcionarios y de apremiarlos al menos por 
tal medio al estudio circunspecto de los autos, para que los 
fallos, conteniendo la historia de lo actuado y la estricta apli- 
cación del derecho, sean redactados en estilo claro, á efecto 
de que su lenguaje ambiguo nunca dé lugar á interpretacio- 
nes, que originen nuevos costosos litijios. 

"El Civismo", aplaudiendo la solícita diligencia del Go- 
bierno en el establecimiento de la cuarta Sala páralos pueblos 
de Oriente, permítese, sin ánimo de herir ninguna susceptibi- 
lidad, llamar la atención superior á los abusos apuntados, 
para que se remedien, ya con las medidas indicadas ó ya con 
cualquiera otra, y se realicen así las nobles aspiraciones del 
«Gobierno. 



Bibliografía. 



En la imprenta de Taracena é hijos se está publicando 
una novela con el título de "Luis, memorias de un amigo" 
precedida de unas pocas líneas, denominadas "Páginas de un 
libro" f aunque sin conexión alguna con la obra. 

Su joven autor Don Fernando Pineda, á quien no tengo 
el gusto de conocer, indica en el prospecto, separadamente 
circulado, que su idea dominante es la ternura, con la pláci- 
da ilusión de hacer brotar una lágrima de los ojos del lector. 

De esa obra recomendable, como primer ensayo, he leido 
las cuatro entregas impresas ya en ocho páginas cada una, 
y escritas en un lenguaje sencillo y claro, si bien el estilo 
elegante y florido conviene á esa clase de composiciones, cuan- 
do el asunto lo permite. 

Además de no ser tan pulcra y correcta su dicción, co- 
mo se desprende de su minna lectura, obsérvase al fin de la 
página 81 fue, en lugar del verbo funcionar. Be usa del /««• 

jir, desconocido en nuestro idioma, por lo cual i tien* 



tra en ningún diccionario español, fuera do que su .empipo 
tampoco tiene la autorización de los gramáticos y büenoa 
hablistas. 

Empero, á juzgar desde luego por el mérito de las ni.n- 
ciouadas entregas, es dé esperarse que el laborioso Pineda, 
redoblando sus afanes y con mas estudio, logre su plausible 
designio y enriquezca nuestra patria literatura con su inspi- 
rada y tierna producción. 

Al menos yo se lo auguro anticipadamente, y con toda 
la efusión de mi alma le doy la mas cordial enhorabuena, 
invitando á nuestros compatriotas á que entusiastas se suscri- 
ban, para que alentado el autor prosiga con empeño su in- 
gente empresa, sin rételo á la sorda grita de los dcsconten- 
íadizos, que por desgracia pululan, dispuestos siempre á 
censura? lo que no entienden y son incapaces de hacer. 



Primer enflaco sil desesperado liui* Valen- 
zuela, autor de la siguiente 

Rebeldía. 



SeBor Ptttiieo de í. * TntkuuSfi, — El Ldo. Don Periódico "Ci- 
vismo," nfnció salir á (lanzar por estos mundos «le Dios, y por 
esos enmarañados caminos de la Polftica. prometiendo en su 
so, cumplido. caUíJi' ;\,-r<, y pomposo Prospecto, tratar y escribir 
SObfie todas las materias del saber humano conocidas y por i 
y liacer al Gobierno la oposición, y como el Sr. Don "Civismo"' cu- 
lata y no cumple con tular por los aires, :ii aun se presta á enhe- 
narse por las calles, talvez porgue padece de medrana ó está ataca- 
do de hipocondría ó mal de nervios, vengo en toda fon.t 

rebeláis» 

Suplicando á Ud. Sr. rúblíco, se sirva prevenir al dicho Don 
'•Civismo" cumpla con lo ofrecido dentro de cuarenta y ocho ho- 
ras, bajo apercibimiento de declararlo rebelde, contumaz y medio 
so, «'■ lid «pie se procederá en su caso por la via de apremio, exijién- 
tlole el primer número con escrito ó sin él, y aunque sea en blanco, 
como «pirdó cierto viaje á Oajaea. Es justicia, (pie ci.n el juramen- 
to de no proceder de malicia pido, imploro y demando. -MAI UII0 
DflUtBPSB Ai»». — Guatemala, Mayo de 1 v 

Anuque ese papel, insulso como su despreciable signata- 



8 
i »u, aparece impreso el diá de ayer, n o se círculo sino hasta 
hoy en la tarde, cuando el material del primer número esta- 
ba en la imprenta de Don Abraham Padilla, con motivo de 
que el dueño del establecimiento tipográfico donde se im- 
primiera el prospecto, se escusó por nimios escrúpulos, no> 
embargante estar compuestos algunos artículos. 

Mas como al forjarlo, pretendiera con avieso propósito 
ponerme en ridículo, hallóme constituido en el forzoso deber 
de exhibir á ese chocarrero criticón con su dialecto stti gene- 
ris, en merecida repulsa á su invectiva, sin embargo de que 
él mismo en su salto á la palestra se calificó ya con el tan 
significativo apodo de Desesperado, furioso, loco .... 

Fuera, pues, de que afean el lenguaje los consonantes de 
que tanto abunda su brillante elucubración, pues aun en un 
mismo verso lo hacen monótono, tiene el gran defecto del 
hiato, que consiste en el tropieso ó choque de las tres a, 
cuando dice vengo en toda forma á acusarle; de cuyo vicio 
procuran precaverse las personas bien organizadas que algo 
saben y en que frecuentemente incurren los tartajosos, á 
quienes la cacofonía no choca, ni disnena. 

Además, el segundo párrafo deja incompleto el sentido 
de la oración; lo cual habríase precavido con que el decidor 
Valenzuela, después de un punto y coma, hubiese puesto el 
suplicando que dá principio al párrafo, como, á no dudar, 
lo habría hecho, si en esta vez se hubiese aconsejado del men- 
tor, que siempre le ha corregido sus admirables producciones. 

Eso demuestra hasta la evidencia: que el desesperado 
sarcástico, tan entendido e^ todas las materias del humano 
saber, ignora los rudimentos gramaticales de su propio idioma, 
como acontecía al bueno de Sancho Panza, á quien si la grama 
k' era conocidísima, no estaba instruido en la tica: imperdona- 
ble nesciencia en nuestro inspirado poeta y oloouente prosista, 
quien para darse ínfulas de autor de nota y arrastrado del 
pronto de figurar, aborta en los corrillos sus panfletos en 
ciernes. 

Comprenda, puefl,ian famoso escritorzuelo de pane lu- 
crando, que yo jamás he padecido de medrana, y que los ner- 
vios de mi lengua nunca me han hecho balbucear; mientras 
que él, con todo y ser un valentón, sufre las dolencias, que 
impudente me achaca en la rebeldía á que respondo; reser- 
vándolo':: el 96ffundo cañazo pam reprimirle, ai en BU frenesí 



9 

$<; lanzara otra voz, al odioso palenque de la personalidad, y 
la publicación de su curiosa biografía, dado también ol evento 
de que, despreciando incauto este amargo consejo, no pusiere 
freno á su maldiciente lengua. 

Borrajeado en la noclie del 1 de los corrientes. 



EL CIVISMO. 



Habiendo el primer número visto la luz pública desde 10 
de los corrientes, sale boy el segundo, aunque sin los encantos 
de un lenguaje pulcro, armonioso y elegante, pero firmemente 
resuelto alienar su difícil misión, y con la placentera esperan- 
za de que el germen que arroje en su bumilde pequenez pro- 
ducirá al fin el deseado fruto en obsequio de nuestra querida 
patria. 

Un anónimo publicado cuando el primer número bailá- 
base en prensa y que ahora inserto con la debida respuesta en 
Ja creencia de que no circularon suficientes ejemplares, ha 
pretendido impedir la aparición del periódico, intentando las- 
timar la estremada delicadeza de su redactor. Empero, éste 
persiste en su tarea, con desprecio de tan gratuitas ofensas. 

Sus intenciones son rectas, son sinceras. Quiere se estir- 
pen los abusos de la administración: quiere que la justicia se 
distribuya con rectitud y eficazmente: quiere, por decirlo de 
una vez, el positivo progreso, pero sin las ilusiones, sin los 
engaños y sin los espantosos peligros de la liebre demagógica, 
verdadera afección de las sociedades democráticamente cons- 
tituidas. 

Con tan nobles aspiraciones, y ya colocado "El Civismo" 
en la arena, protesta que, siendo inaccsible al terror, vuelve 
solícito á escitar el celo patriótico de los guatemaltecos para 
qne diligentes coadyuven á llevar adelante la empresa puesta 
ya en práctica, con todo y las dificultades que'pulsan cuantos 
se dedican al periodismo. 

Nada, nada absolutamente, leí arredre, nada absoluta- 
mente les intimide. Cualquier temor á ese respeto sería qui- 
mérico; pues el General Presidente tiene arraigados en su be- 
nigno corazón los principios santos del civismo, abrigando 
/sentimientos generosos y filantrópicos; de modo que declara- 



10 
da libre la omisión del pensamiento, está eaérgioaJTOnte re- 
suelto á proteger con su mágica influencia ¡i cuantos le .auxi- 
lien de buena fe, aun haciendo la oposición, persuadido de 
que el debate es importantísimo para el acierto que él con 
avidez procura y de que diera ya inequívocos testimonios 
con los constantes llamamientos que ha hecho á los hombres 
de luces y probidad, sea cual fuere el partido á que per- 
tenezcan. 

Embaldosados. 

Aunque hace algún tiempo se ordenó la construcción 
de aceras en las casas que no las tienen y la reforma de las 
deterioradas, ese acuerdo tan importante no se ha Cumplí» 
mentado, con todo y la utilidad que de su práctica resulta- 
ría al vecindario. 

Efectivamente, en el centro de la población y en las calles 
principales hay todavía muchas casas sin enlosados y mu- 
chas también con los andenes casi destruidos, al grado de ha- 
cer molesto y peligroso su tránsito. 

Los embaldosados son ú tiles y necesarios: contribuyen 
á hermosear la Ciudad; y como su mayor ornato, sin ellos 
no puede absolutamente ser vistosa, ni digna morada de los 
Supremos poderes de la República y de los estrangeros que 
la visitan. 

Enhorabuena que á los pobres no se estrechen á su fá- 
brica y reparación. Es muy justo, porque su espléndida penu- 
ria los hace acreedores á la mayor indulgencia. Pero á los 
que cuentan con sobrados recursos ¿por qué no se les apre- 
mia á construir y reparar sus respectivos enlosados, cuando 
hasta aumentan el valor de sus propias casas, y principal- 
mente á los dueños de estas que comen del presupuesto? 

Con objeto tan intensante y de tanto provecho, dirígese 

'•El Civismo" á los encargados de la limpieza y compostura 

de la Ciudad, y les pregunta, si aguardan que el primer man- 
datario de la Nación, descendiendo de su elevado puesto, se 
OCÚpe basta de la policía, tan descuidada por la punible in- 
curia de los misinos comisionado-? 

"El Civismo" queda, pues, esperando la respuesta, y se 
promete que sea satisfactoria con la construcción y reforma 
embaídos 



11 

Otra repulsa al autor del artículo 

mi disparate histórico. 



Vuelve afanoso en el número 225 de "El Progreso" ¡i in- 
sistir ese pepito censor en que sus despropósitos no rehabili- 
tan el error de mi hijo Dámaso José Miélico. 

Confiesa, al fin, haber cometido un desafino, equivocan- 
do la caída del Tribunado con la del Deseen virato, aunque 
guarda silencio respecto de las otras tonterías, que justamen- 
te le eché en cara. 

Xo satisfecho aun con las patentes esplicaciones que le 
hice, prosigue oculto tras del anónimo y de las cobardes ini- 
ciales, para poner su nbnrbré á cubierto de la vergüenza de 
haber escrito dislates, como ensartador de palabras necias. 

Tero ese miserable tontucio, confundiendo ]astiny>sa- 
mente el significado de disparate, error y eg invocación. y. con 
todo reputarse un profundo conocedor de la historia, in- 
crepa á mi hijo lo que en él solo llama equívoco involunta- 
rio, cuando en su ilustración asombrosa es un gravísimo, im- 
perdonable error. 

Mas yo, humilde y novel periodista, comprendo que el 
error se corrige, se subsana, se enmienda, y no puedo absolu- 
tamente esplicarme como se rehabilita. Así, quisiera que ese 
destornillado pepito, saltando sin careta al combate, me lo hi- 
ciese ver, y diga también que tiempos son se (rasformdra y se 
convirtiera, y en fin, si se escribe el nombre del famoso Dcs- 
cenviro Claudio con una ó con dos p. 

De otro modo, le prevengo desde luego que entre tanto 
sus nuevos papelotes sean parecidos al de que ahora me ocu- 
po, mas seguro será mi triunfo, aunque ingenuamente prefe- 
riría habérmelas con un adversario cuerdo é ilustrado. 



A los redactores de periódicos de esta República y de las 
vecinas el de "El Civismo" propone un camino. Al efecto en- 
víales los números ya impresos; y espera en retorno la reci- 
procidad. 



1$ 
Contaduría mayor de cuentas. 

Esc tribunal, tan antiguo, puesto que data su 
institución desde 14 de Junio de 17<>í>, es útil, nece- 
sario é importante. Sin él no pueden las rentas fis- 
cales ser administradas con pureza; y sin esa inte- 
gridad tan codiciada, la Hacienda pública camina- 
ría indudablemente al despilfarro. 

Mas también interesa que los juicios se abran 
oportunamente, para que el juzgamiento de las 
cuentas sea pronta De otra manera, á nada con- 
duce, no tiene objeto. Muertos los administradores, 
y aun las personas que aseguran su buen desempe- 
ño, las resultas que llegaran á deducirse nunca se 
podrian hacer efectivas. 

Por e*o importa sobre manera, que el Tribunal 
esté bien organizado: que el Contador mayor sea 
un hombre inteligente, un hábil aritmético y un en- 
tendido tenedor de libros; y que los de glosa reúnan 
igualmente las mismas indispensables cualidades. 

Dotado, pues, el de la República de suficientes 
empleados, como anteriormente no lo estaba; pare- 
ce que el público tiene un derecho incuestionable a 
exigirle, siquiera una constancia ó razón de las 
«•mutas finiquitadas á partir de mediados de Octu- 
bre de 187G. 

Va que todos callan sobre el particular, y que 
aun el Ministerio de hacienda tampoco se la de- 
manda, "El Civismo" apresúrase á indicarlo; prome. 
tiéndose tener la honrosa satisfacción de insertarla 
en sus columnas, que ¡i fuer de galante al efecto lo 
ofrece. No cree ser desatendido, al dirigirse á tan 
cumplido caballero, como laborioso funcionario. 



Literatura. 

Üsbozo biográfico cíe Rafael Ignacio García 
Qoyena. 



Floreció en la aciaga y tenebrosa época de la tiránica, ab- 
soluta y opresiva dominación de Carlos IV y Fernando VII, 
que rigieron las desventuradas Américas con el bárbaro y fe- 
roz tribunal de la Inquisición, encruelecido en la península 
¡bórica por el furioso Padre Tomas Torquemada. director do 
los fanáticos reyes Don Fernando y Doña Isabel, quienes, si 
bien fueron grandes por otros títulos, como por haber pro- 
tejido en su gloriosa empresa á Cristóbal Colon, tuvieron por 
otra parte la debilidad de sumir después á este mismo, car- 
gado de cadenas, en un calabozo, cediendo á malignas y estro- 
fias sugestiones. 

Hallábanse entonces las Américas en el mas completo 
aislamiento, sin otra comunicación que la de su metrópoli, 
reducida tan solo á extraer cuantiosas sumas de dinero y á la 
importación de mercaderías españolas, que se vendían á pre- 
cios fabulosos. La miseria, el embrutecimiento y el mas rudo 
despotismo eran en aquella sazón el triste patrimonio de estos 
infelices pueblos. Tan funesto régimen habia degradado el ca- 
rácter distintivo de los hispano-americanos, porque en no- 
che tan sombría no se columbraba aun el mas ligero crepús- 
culo de un porvenir siquiera menos desgraciado. 

En tan infaustos días nació el ilustre García Goyena en 
Guayaquil, el 31 de Julio de 1706. Muy niño se le trasladó á 
esta ciudad, recomendado por sus padres á una de las primeras 
casas. Aquí, comenzó su educación literaria; y desplegando 
un talento privilejiado, viósele pronto sobreponerse á los mez- 
quinos elementos en que consistía la enseñanza de aquellos 
tiempos de vergonzosa oscuridad y terminar su carrera, jo- 
ven aun, con los grados de Licenciado y Doctor en leyes; y, 
estudioso por inclinación, logró reunir un cúmulo de conoci- 
mientos nada comunes, hasta haber obtenido el concepto de 
eminente jurisconsulto; honor del foro guatemalteco, por su 
incansable laboriosidad y por sus bellos trabajos profesiona- 
les. 

Desde los primeros albores de su brillante juventud, des- 
cubrió su genio poético en las lindas y tiernas composiciones 



11 

cíe todo género, que circulaban entre sus amigos; distinguién- 
dose muy particularmente en el apólogo, tan difícil, sin du- 
da, cuando han de observarse, como lo hizo el propio Goyena, 
las ineludibles reglas de la tabula, en opte son tan esen- 
ciales la brevedad, el candor y una sencillez, llena de anima- 
ción y de fuego. 

No basta haber nacido poeta para ser fabulista; es preci- 
so además un numen especial. Así, pocos han sido dotados 
de esa preciosa cualidad. Bidpay en el Oriente: Esopo en Gre- 
cia: Fedro en liorna: Lafoutaine en Francia: Gay en Inglater- 
ra: Iriarte y Samaniego en la España antigua, y el Barón de 
Andilla, Príncipe y Fernandez en la moderna: Rafael de Azúa 
en Chile y Uoyena en Guatemala son quizá los únicos que 
han figurado en esa especie de poesía. Nuestro Fedro, cono- 
cedor profundo del corazón humano y de las costumbres, vi- 
cisitudes y estado político de su q~uerida patria de adopción, se 
propaso .en sus apólogos dar sabios y útiles consejos, ensenar 
máximas de la mas pura moral, reprender y corregir muchos 
de los vicios dominantes y divertir al mismo tiempo á sus 
conciudadanos. 

Onine tulit punctum, qui miscuit utile dulce, 
Lectorem delectando, pariterque moliendo. 

Ciertamente, Goyena, como el águila caudal que se remon- 
ta por cima de las brumas de la tierra y se cierne en la región 
etérea y luminosa, pudo elevarse en alas de su inspiración y 
genio sobre los densos errores y lamentables preocupaciones 
de sn tiempo y alcanzar á descubrir la luz pura de la verdad, 
iniciado, como estaba, no solo en los eternos principios de las 
ciencias, en las dulces armonías de las musas y en los tenebro- 
sos arcanos de la política, sino que sabia con alguna perfec- 
ción varios idiomas vivos y le eran familiares los clásicos grie- 
gos y latinos, lo mismo que la historia y otras ciencias desco- 
nocidas hasta entonces en el país. 

Tal fué el distinguido escritor, cuya biografía con páli- 
dos colores rápidamente bosquejamos. Peto si Goyena, como 
jurisconsulto, político y poeta es digno de merecidos Nioo- 
mioe, no lo es menos en su calidad de ciudadano intachable y 
probo, dfl bit'n MpoiO y de eseelente, ti.Tiio padre de familias, 

.: ívkvautes virtudes y el haber vivido siempre sin vaui- 



1.-) 
dad >'i osteiUacioú alguna, do fueron p^rto éñ los finimos 
diaado*» angustiada rida para calvarle déla indigencia en 
medio de un pueblo (,ue no aupo apreciar su mérito, qae fría- 
mente le v.em morir oprimido por la desgracia, v que le aban- 
dono hasta en la tumba, pues se ignora donde reposan su 3 
restos mortales; mientras que ese mismo pueblo, conservan- 
do los ciegos y rudos instintos adquiridos durante el antiguo 
.v brutal régimen español, ha erijido suntuosos monumentos 
¡i la imbecibilidad y á la tiranía para perpetuar los execrables 
recuerdos de hombres odiosos, de funesta memoria, que en 
bien de la moral y por honor del país debían sepultarse en 
eterno olvido. 

1' no se crea que somos los primeros en consignar seme- 
jantes ideas, arrebatados por la justa indignación de ver repe- 
tidos tan escandalosos ejemplos. Ya antes que nosotros, el 7 
de Agosto de 183-4 en el acto de los exámenes de Historia, 
Don Alejandro Marure, al hacer el elogio del esclarecido Ciar- 
cia Goyena, concluye esclamando: "Doce anos han pasado ya 
u sobre las cenizas del Fedro centro-americano, doce aílos de 
" olvido; dígase, si no, ¿qué demostración se ha hecho para 
u honrar su memoria? en dónde el monumento que ofrezca su 
" busto coronado á las miradas curiosas del viajero? Pero na- 
" da de esto necesitan los grandes ingenios, dispensadores na- 
" tos de la gloria, ellos se inmortalizan en sus propias obras. 
" Sí, ilustre Goyena! las vuestras se trasmitirán con lustre á 
" las edades venideras: vuestro nombre vivirá siempre entre 
" nosotros y vuestro mérito será objeto de los mas gratos re- 
" cuerdos de nuestros descendientes, cuando talvez apenas ha- 
" ya quedado rastro de las estériles demostraciones con que la 
'• lisonja ú el temor halaga á la ambición afortunada*'. 



HIMNO 

Cantado por los huérfano* del Hospicio 

\ea del maestro Saturnino Qalvez.) 
Couo. 
Loor eterno á la dulce memoria 
De esta grata, risueña niaaaion, 

I 'o laureles de olímpica -loria 
jemos con tierna efusión. 



16 
Voz. 
Los lamentos que eximían los huérfanos 

Y sas ayéTJ de acerba agonía 
En cantares de fausta alegría 
Hoy tornarse, con júbilo, ven; 
Pues un día brillante y espléndido, 
Anunciándonos plácida calina, 
Asegura los goces del alma 

Y la paz en la vida también. 

Coro. 

Loor eterno A la dulce memoria 
De esta grata, risueíía mansión, 
Dó laureles de olímpica gloria 
Recolemos con tierna efusión. 

Voz. 

En el próvido albergue de míseros, 
Dónde el spl de clemencia fulgufia, 

Desparecen la cruel desventura 

Y su odioso, fatal porvenir; 
Ostentándose ufana y magnífica 
La nifléz en un célico prado, 
De balsámicas flores bordado, 
Bajo un cielo de terso safir. 

Cono. 

Loor oterno á la dulce memoria 
De esta grata, risueña mansión, 
Dó laureles de olímpica gloria 
llccojemos con tierna efusión. 

Voz. 

Aquí alternan juguetes efímeros 
( ion el sólido estudio del arte 

Y enalbóla su bello estandarte 
La donosa, gentil juventud, 

Al premiarse en combate paléstrico 
Nuestro triunfo glorioso y lucido 
Con el deifico lauro debido 
A la candida, escelsa virtud. 

Coro final. 

De este hermoso plantel consagrado 

A la débil, llorosa orfandad, 
Nuestra tímida voz ba encomiado 
La eminente sin par caridad. 

MKMAI.a: HATO DE 1H78. 

IMPRENTA DE ABRAHAM P. PADILLA. 



Vulnero 3. 

EL carvigMO. 

Periódico ie políti ca, ciencias, lite ratura, comercio &. 

SU REDACTOR JOSÉ MARIANO MICHÉO. 

Saldrá los días 10, 20 y 30 de cada mes, á medio real el número 

Serviles y Fiebres. 

Guatemala alborozada proclamó en el inmortal 15 de 
Setiembre de 1821 su fausta independencia, que la robaba, 
no la España, sino sus Gobiernos despóticos é ilegales, en 
sentir de Luis Ricardo Fors, mientras que México y Colom- 
bia lucharon heroicamente, haciendo sacrificios titánicos y 
costosísimos para conquistarla. 

Mas cuando nuestra gloriosa emancipación política se 
efectuara, Aparecieron en mala hora los partidos llamados 
Gaz y Caco, los cuales, establecido el Gobierno republicano 
representativo, siguieron pertinaces en su desastrosa con- 
tienda, aunque ya disfrazados con los nombres de serviles y 
fiebres, conservadores y liberales. 

Desde entonces se han disputado sangrientamente' y pal- 
mo á palmo el poder, alternando en él con desdoro, vilipen- 
dio y ruina de la misma nación; y aun valiéndose de la cú- 
bala y de muchos otros reprobados ardides, para adueñarse 
del mando, en provecho únicamente suyo; y estableciendo asi 
una perenne demagogia. 

A esos dos detestables partidos débese, sin duda, que 
Centro-América, como el pelícano, haya desganado sus pro- 
pias entrañas, hasta llegar á dividir incautamente su terri- 
torio en cinco Kepublíquillas, que por su pequenez y conti- 
nuo desacuerdo son el ludibrio y juguete de las naciones po- 
derosas. 

A esos nefandos partidos débese también que se haya 
sembrado la zizafia y odiosidades entre Centro-América y la 
España, en vez de la armonía, fraternidad y mutuo apoyo, 



naturales en pueblos de un mismo origen, de idénticas fort» 
gua c historia, y con unos mismos usos, costumbres y bastís 
preocupaciones. 

A esos obcecados partidos débese así mismo el apare- 
cimiento de hi venenosa hidra de las discordias intestinas, 
que ha ocasionado millares de crueutas víctimas, aniquila- 
do las arcas, desatendido el comercio, sufocado la ilustración 
y cubierto con un paño fúnebre y sombrío el patriotismo 
de sus predilectos hijos. 

A esos inicuos partidos débese igualmente que el crédi- 
to eBtranjero, proratcado entre las secciones de Centro-Amé- 
rica, absorva las rentas de Guatemala, al estremo de carecer 
délos recursos necesarios para impulsar su bienestar y en- 
grandecimiento, teniendo que recurrir con todo y su rique- 
za al fatal sistema de contratas. 

A esos odiosos partidos débese, por ííítimo, la intole- 
rancia, el terrorismo, la abyección y cuantas horribles cala- 
midades han aquejado á nuestra desventurada patria, cuya 
autonomía mas de una vez peligrara. 

Esos partidos traficantes, que todo lo monopolizan, apro- 
vechándose de la incuria y candidez de los gotSornactos, son 
idénticos en el fondo, si bien emplean diversas teorías, pues 
Tos serviles en su obcecamiento vociferan orden, religión, 
ciega obediencia á la autoridad, con otras ridiculas farsas 
para embaucar á los pueblos sencillos, y los fiebres hipócritas' 
en su insolente delirio proclaman progreso, garantías, ilus- 
tración , igualdad ¡todo, todo imaginario! 

Pero una larga y dbTorosa esperíencíá ha patentizado: qtfó 
ambos satánicos partidos son refractarios, intransigentes y 
pérfidos, pues como dice el ilustrado neo-granadino don .Ma- 
nuel María Madiedo: 

)' ni n : <lt ■ prn/iriiiírr /iiir ln ventura 

Bel hombre dé la inmensa müchodufnbre 
Buscan solo de mi sofáo la dita cumbre 
Para insultar al pueblo ücsdv allí! 

¿Quién, pues, acariciando lo. principios de coi mopéliti 
no y democracia, ao detreta á tea torpeí parfcidoi? ¿Qn 
no los abomina, siendo, como son, la única remora de la fu- 



i |T" i»- ri<l;ul de nuestra desdichada patria, qtfc apenas 
columbra un porvenir venturoso, á la benéfica sombra del 
árbol colosal y fructífero que brotó la revolución de 1871? 

Con razón, pues, mi malogrado hijo Juan José, en carta 
al doctor don Tomas Lama, fechada en Agosto de 1866, de- 
cía: "Envilecida la palabra liberalismo, por haber servido al- 
" guria vez de máscara á miserables y rastreras pasiones, que- 
" da hoy brillantemente sustituida con la muy significati- 
" va de americanismo, qne llena en su plenitud todas las 
" magnánimas aspiraciones de los dichosos hijos de este ri- 
'-' co y privilegiado continente, contra las absurdas pretcn- 
" siones de fanatismo y opresión que afligen al viejo inun- 
* do y que en su insensato delirio intentara imponernos." 

Empero, yo que abrigo la firme é íntima convicción de 
que no es hombre de bien el que pertenece á un bando: vo 
que he fortalecido mi espíritu con la lectura de las sabias 
y patrióticas producciones del licenciado don José del Valle, 
blasón y timbre de Guatemala, quien en su obra inédita ti- 
tulada "Ensayo sobre las revoluciones'', establece tan lumi- 
noso principio: yo que siempre he <sido triste víctima de la 
zafia de esas tétricas facciones: yo, en fin, que, pos lo mismo, 
no estoy afiliado á ninguno de nuestros intransigentes parti- 
dos, no me contento con solo eso, pues la mudanza de nom- 
bres en nada influye, porque halagando solo á los candidos 
deja subsistente el mal. 

Quiero, pues, con sinceridad el verdadero engrandeci- 
miento de mi patria; y lo quiero, viendo construirse ferroca- 
rriles, telégrafos, &: viendo la enseñanza forzosa y gratuita: 
viendo libre la emisión del pensamiento: viendo el comercio 
sin trabase viendo una decidida protección á la agricultura, á 
las artes y á las ciencias: viendo la verdadera igualdad ante 
la ley y la justicia administrada dicazmente y sin costa& 

Todo eso necesita el pueblo: todo eso reclama "Kl Civis- 
mo", como su fiel eco: y todo se lo promete del celo patrió- 
tico del actual gobernante; cierto de que procurando la fusión 
délos partidos, promueve el aparecimiento de otro nuevo, 
cuya emblemática divisa sea libertad verdadera, progi 
efectivo. 



4 

Contrato de mi millón de pesos. 

El ministerio de hacienda propone al público nn contrato' 
por un millón de pesos, mitad en dinero efectivo y la otra 
mitad en Tales de la deuda convertida, cuyo pago, dice, se 
hará á los contratistas en vales de cien pesos, con el interés 
de uno por ciento mensual desde la fecha de su emisión, a- 
mort izándose capital y premios con el cincuenta por cien Lo 
de la alcabala marítima. 

Prescindiendo de la forma en qne las propuestas deban 
hacerse, en razón de que pirgua con la .práctica de las nacio- 
nes cultas y hasta con el buen sentido común se verifiquen 
por medio de decretos, semejante contrato, si por desgracia 
llegare á efectuarse, sería onerosísimo á las rentas fiscales y 
de incomensnrable, funesta, trascendencia. 

El redactor de "El Civismo", firme en su propósito, pro- 
pónese impugnarlo con las mas puras intenciones, aunque 
no sin honda pena porque estima al Señor Ministro Zeba- 
dua, á quien debe inapreciables favores. Por eso habla al Mi- 
nistro, no al amigo; dando así una ineqiiívoca prueba de los 
principios que profesa, y del culto que fervoroso rinde á la 
amistad. 

Durante las administraciones anteriores, para proveerse 
de recursos, no se ocurría á otro medio que al gravísimo do 
las contratas. Nuestra historia financiera lo testifica. Allí es- 
tán los acuerdos, allí las leyes sobre contratas, que ocasio- 
naron en la administración Carrera la penuria del erario y 
la fabulosa deuda interior y esterior, que absorve todas las 
rentas, y en la Cerna su estrepitosa caida. 

Las contratas, á mas de ser causa y origen de la estre- 
mada pobreza del erario y aun de su bancarrota, agobian al 
pueblo con los impuestos que forzosamente se establecen pa- 
ra su pago, levantándose de \g nada unas pocas personas que 
enruinecen súbitamente, ¿Hay, por ventura, quién lo ignore? 
¿No sehan visto á muchos sugetos venir pobres y regresar 
á su tierra ya riquísimos? ¿No existen otros que viven en la 
mayor holgura y disponen de grandes caudales, adquiridos 
amenté en contratas con el Gobierno? 
Si todo esto se sabe, si todo se palpa, si todo se siente oV 
una manera tan dolorosa, ¿por qué la administración se al'ei- 



5 

rae* recurrir á las emirato, tan nocivas ú la hacienda pú- 
blica? ¿Porqué no echa>ano de la ciencia para proporcio- 
»awe arMtrwB? gPor qiIÓ S e obstina en seguir las tortuosas 
lineUai de las otras aciagas administraciones, contrariando 
bh programa? ¿ Por que incauta nos conduce al retroceso y 
pisotea loe principios santos proclamados al inaugurarse la 
revolución de 18.71? Y con la sórdida grangeria de unos po- 
«os ¿pretende elevará Guatemala al apogeo de riqueza y pros- 
peridad que sus buenos hijos le deseamos? 

"El Civismo", lamentando de corazón esa imperdonable 
ceguera, escita el celo diligente y patriótico del Gobierno pa- 
ra que abandone el fatal sistema de contratas, llamadas por 
»n insigne jurisconsulto guatemalteco mohatras, entendido 
de que son la remo* del engrandecimiento de la República, 
y de que. como muy bien dice el egregio, elocuente opositor 
Don Joaquín M. López, "ese pésimo sistema ó bien destruye 
" en poco tiempo casas muy consolidadas y de brillante es- 
" pectativa, ó bien en pocos dias levanta á otros hombres 
'• como la espuma, colocándolos sobre el nivel de los demás, 
rodeándolos de trenes, de fausto y de ostentación que pro- 
voca la envidia, la animosidad y la murmuración." 



Los Grenerales. 

Guatemala tiene la gloria de que actualmente presida 
sus destinos un ciudadano progresista, que no solo ba salva- 
do la causa santa de los pueblos, si que acaricia la noble am- 
bición de que Guatemala misma le deba su prosperidad. 

Pero como para lograrla, ba menester del concurso de 
nuestros compatriotas, y como el apoyo que prestan los mili- 
tares fieles y pundonorosos es el mas potente, el mas positivo, 
el mas eficaz, ha espedido algunos despachos de Generales, 
en la equivocada creencia de que por semejante medio pre- 
mia á los firmes y adictos de corazón á la patria y al Go- 
bierna 

Mas eso, á no engañarme, es una ilusión, una quimera. 
Los grados concedidos, sin instruirse el respectivo expediente 
y sin la previa averie/nación de los méritos ó servicios de los 

agraoiadoe, lejos de pMéuor un bien real, redundan en daño 



(1 

del erario público, porque se le grava con sueldos inútiles, 
que importaría mucho escusarlos. 

Entre tanto con esc motivo se retraza á los oficiales y 
soldados lo que la misma patria generosamente les ha ofre- 
cido en recompensa de sus heroicos sacrificios, luxsta verse los 
primeros en el angustioso aprieto de vender sn sueldo á los 
ajiotistas para acudir de pronto á sus mas apremiantes ne- 
cesidades. 

"El Civismo", pues, ignora en qué se entretienen esos 
denodados Generales sin ocupación forzosa, á quienes tan so- 
lo se les vé ir á la casa y despacho del Habilitado, por habér- 
seles hecho inescusable la visita mensual con que galantes le 
honran. 

Si á pesar de esta interpelación, no respondieren, espera 
"El Civismo" que lo haga por lo menos el Comandante de 
armas del departamento, cuyo patriotismo también escita pa- 
ra que con la debida exactitud se acuda en lo sucesivo al so- 
corro de los oficiales y soldados, verdaderos sostenedores dé- 
las garantías, de la libertad, de las instituciones democráticas 
y de la independencia y autonomía de nuestra incipiente re- 
pública. 



EiiipleacloíS. 

Faltaría "El Civismo" al deber que oficiosamente se ha 
impuesto, si en sus columnas no figurasen las personas que- 
de.sempefian cargos públicos, ejerciendo sus funciones en ma- 
yor ó menor escala. 

BCtfl al verificarlo, protesta su redactor no dirijirse con- 
tra individuo alguno. Habla en general. A nadie nombra. Tan 
solo lo hará cuando desgraciadamente se vea en el estrecho 
y duro caso de repeler la agresión. 

Así, repite con Marco Tulio, nadie ae podrá resentí r d< 
mí, sino el que quiera confesar antes que él es ron/prendido, 
ó como dice el curioso paríanle, nadir podrá quejarse de ser 

el objeto directo de mié discurso», pues deben tener entendida 

que owmdo /lint/) no retrato. 

Hecha esa previa advertenoia para aquietarla zozobra 
que pudiera conmover Ir eetremada delicadeza <!«• algnnoa 
funcionarios, "El Civismo" entra en materia, aunque br 



7 
mente., persuadido de la Conveniencia del laconismos pnés, 

un la l«v :¡. *, bit. 4.° de la partida 2. rt , el orne debefa- 
¿lar en pocos palabras. 

Brotó como por en cateto la peregrina, salvadora revolu- 
ción de ls.'l. Se hicieron entonces grandes y halagüeñas pro- 
niesas; peni deftpoea se hau venido á reducir solamente á la 
mudanza de los nombres de Coa-regidor, Sargento mayor, Es- 
íTÜiienle &, en (.¡efe político, <Jo.mandan.te 1 ° y 2°,yOli- 
cial &; quedando todo casi como antes estaba. 

.Se establecieron también varios ministerios: se han crea- 
do muchas nuevas plazas; y en cada oficina hay tal número 
de covachuelistas, que justamente puede decirse que Guate- 
mala es una nación de empleados, capaces de construir las 
pingeos rentas, eh Méjico y el Veril. 

Y no se piense que en esto se exagera, porque si se re- 
corren una ¡i una todas las oficinas se concibe la triste idea 
de que pueden estar perfectamente servidas, tal vez con una 
tercera parle de los empleados que en la actualidad allí pnlu- 
Jan. 

Mas eso todavía parece' perdonable, si se -atiende tam- 
bién á que los empleados, con muy pocas excepciones, son 
.inútilísimos, al punto de poder asegurarse con un célebre es- 
critor que en todas esas oficinas sobran brazos y faltan cabezas. 

Esa exuberancia de funcionarios y depeudientes tampo- 
co tiene objeto importante. Por el contrario, es dafiosa, por- 
que en el ejercicio de 6us obligaciones se embarazan unos á 
oíros, y se grava al erario con sueldos indebidos, que aumen- 
tan de una manera asombrosa la cifra del presupuesto. 

Sucede asimismo que, siendo exorbitantes las dotacio- 
nes y no correspondiendo muchas de ellas á la poea ó ningu- 
na importancia del destino, los agraciados que disponen de 
tan considerables cantidades, las derrochan; y de aquí provie- 
ne, sin duda, no solo que los jóvenes se queden sin carrera 
entregándose á la embriaguez y disipación, si que en parte la 
extraordinaria alza de Los. artículos de primera necesidad. 

l-'.n la provisión do los des tinos por lo regular na ha ha- 
bido el mayor acierto. Pocas veces se han colocado personas 
de relevantes méritos, por SU notoria integridad, claro talen- 
to y recomendables antecedentes. Mas fuera de esas aoun 
excepciones, puede afirmarse con un elocuente orador que 
yo ha visto y vé en el Q \n conato singular dt al 



8 
de los destinos y cargos públicos á los Iwmbrcs mas compro- 
metidos por la causa, para echar mano de las ideas dudosas 
de los de principios remisos y tibia fé, no siendo pocas las 
ocasiones en que han recaído los nombramientos en hombres de 
notable inmoralidad. 

Guatemala, ya como Estado de la unión centroamerica- 
na, ya como República independiente, ha tenido siempre mi- 
nisterios, y hasta ahora, á pesar de haberse desempeñado por 
personas ilustradas, se carece de reglamentos que los organi- 
zen; de suerte que no habiendo regularidad en el despacho é 
ignorando los dependientes sus respectivos deberes, vagan, 
por falta de ocupación, en el edificio, ó matan el tiempo de 
cualquier otro modo. 

Contribuye talvez á ese desorden, que el Ciudadano Ge- 
neral Presidente no concurre al despacho todos los dias há- 
biles por ocupaciones imprescindibles en asuntos gravísimos, 
que demandan reserva. Pero como su honorable presencia to- 
do lo vivifica, todo lo reanima, hácese preciso que no la es- 
quive, siempre que pueda, para que sirva de estímulo á los 
empleados negligentes y en el palacio haya el movimiento 
que, vigorizando, regenera. 

"El Civismo", pues, en su patriótico entusiasmo, permí- 
tese llamar la elevada atención del Supremo Gobernante al 
ramo de empleados, que imperiosamente exige una reforma 
cardinal, ya respecto de su escesivo número, ya en orden á 
las personas, quizá las menos idóneas, ya en cuanto á los cre- 
cidos sueldos, y ya, en fin, acerca de la urgente necesidad de 
reglamentos para los respectivos ministerios, 

Por eso, "El Civismo" al dirigirse respetuoso al Ciudada- 
no General Presidente para el logro de su plausible mira, 
concluye prohijando la tan celebrada redondilla de Palafox, 
por creerla aplicable al punto discutido. 

Mi General no se asombre 
Ría y llore, cuando veo 
Tantos hombres sin empleo, 
Tantos empleos sin hombre. 



•I 
La Prensa O liria I. 

En todas las naciones civilizadas loa Gobiernos tienen es- 
tablecidos periódicos oficiales para promulgar las leyes y los 
actos gubernativos: manifestar de una manera autenticóla 
política que los gobernantes propóliense seguir; y defenderse 
de los ataques que la oposición les haga por medio de la 
prensa libre. 

El de Guatemala, siguiendo práctica tan recomendable 
y en el deseo de generalizar los principios democrático-, lia 
hecho siempre publicaciones de esa clase. Actualmente dá á 
luz dos periódicos. Uno, con el nombre de "El Guatemalteco'', 
y otro, con el de "El Progreso - '. 

El primero de esos órganos oficiales limítase á publicar 
tan solamente las leyes, decretos y acuerdos gubernativos, y 
una que otra vez engalana sus columnas con algún artículo 
de muy poca monta, forjado en alguna de las Secretarias, en- 
cargada de su redacción. 

Publícase ese periódico con muchísima irregularidad, al 
punto de hacer ilusorio su importante objeto, pues que casi 
siempre ya el pueblo tieue noticia de los actos oficiales, cuan- 
do se los dá á conocer. 

Además, obsérvase que la última plana se compone úni- 
camente de avisos, relativos á interés particular, cuando no 
deberían tener cabida sino los oficiales, en razón de que loa 
Sefiores Taracena é hijos circulan diariamente una hoja con 
ese solo objeto. 

"El Guatemalteco", pues, necesita urgentemente de una 
reforma radical, para que satisfaga la pública ansiedad} con- 
viniendo también que al efecto su precio se disminuya e m 
la mira de que hasta los pobres puedan adquirir ese periódi- 
co, cuyo sacrificio, aunque al parecer costoso, es indispensable. 

El otro periódico, hablo del venerando "Progreso", que 
decorado con tan pomposo nombre, lo redacta el cientilico, 
elocuente y laborioso escritor Don Valero Pujol, á quien aun 
no tengo la dicha de haber tratado, con todo y que ya cuenta 
algún tiempo de vivir entre nosotros. 

Si "El Guatemalteco", pues, no llena su misión, mucho 
menos "El Progreso". Este enorme papelote contiene en cada 
número un solo artículo de su redactor; embutiendo en sas 
columnas reproducciones de noticias eairanjeras, biografías 



II) 

copiadas, novelan aginas, ó. insóleos rom i ti ti os, que ú hada ab- 
solutamente conducen. 

Atento lo dicho, creo convendría que en voz de esas fas- 
tidiosas reproducciones, y de esta* su redactor mendigando 
odiosos remitidos, cuyos miseranros autores cobren su nuli- 
dad bajo la careta del anónimo, arma de mala lev, manifes- 
tara l'raneameiite la política que el (¡obierno sigue en sus re- 
laciones interiores y exteriores: ospusiéra los motivos de con- 
veniencia geneíal, i>ara cuntir sus acuerdos: apuntara las re- 
formas, en su sentir, convenientes, con la mira de oir el jui- 
cio público: contestara á la oposición, pero dignamente y sin 
herir ninguna sueeptibílidad: diera- las últimas mas impor- 
tantes uoticiaa estranjeras, aunque sin copiarlas do otros pe- 
riódicos, como lo hace, sino en un lenguaje propio, sencillo y 
claro: y tratara, en fin, de los asuntos de interés general, sea 
cual fuere la materia, en un estilo al alcance de todos. 

Si el Señor Pujol rehuye trabajar coa esa asiduidad, con 
sÓn, ya porque no quiere, ó ya porque no pueda, que ca- 
lóñeos renuncie tan honorífico encargo. No faltarán en (¡ua- 
temala hombres ilustrados é inteligentes que lo desempeñen 
con ventaja, y correspondan agradecidos á tamaña confianza. 

"El Civismo", cumpliendo con el sagrado deber que se 
impusiera, declama contra ese notable abuso: lo denuncia pú- 
blicamente; y e.-pera que el Gobierno, con arreglo á su pro- 
grama, reforme ambos periódicos, que, sin llenar su interesan- 
te cometido, solo gastos ocasionan á la haoienda pública, ó 
dicto las medidas oportunas para que la redacción desempeño 
satisfactoriamente encargo tan meritorio. 

Hablase en estos término», porque "Kl Guatemalteco" y 
la antigua -(¡acta" son idénticos, y "El Progreso" inferiorísi- 
mo á -La hoja de Avisos" y á "La Semana"; viniendo, en re- 
sumen, á deducirse (pie en el periodismo no hay adelanto al- 
guno. Encuéntrase todavía como ca las administraciones pa- 
sadas. ;(,)ué fastidio! ¿Poc qué, pues, pregúntase con Moratin, 
los que debían escribir callan, cuando los (pie no saben leer 
escriben? 



La "Revista de la riiivcrsi<lad". 

Apenas creerse puedo que el primer Instituto de 

ñau, ■ en la principal Ciudad, ubicada en el cnra/.oi\ 



11 
ele i:i hermosa virgen América, puMiqne el mas insulso v mns 
insignificante de los periódicos que ha visto la Int pública, 
verdadera vergiieujsa é ignominia, no solo de ese importantí- 
simo establecimiento, si que de toda la República. 

Ese triste y lamentable hecho, realizado pbt desgracia. 
en nuestros dias. tiene, sin duda, orjgen eti la viciosa consti- 
tución que con ánimo deliberado se ha querido dar al perió- 
dico en el pésimo reglamento complementario de la lev de 
instrucción pública, fecha 7 de Abril de 187 7, decretado en 
21 de Mayo del propio aflo. 

En efeoto, la tal "Revista" es el único monstruoso perió- 
dico, (pie no tiene pera mas encalcadas de m redacción, sino 
solo colaboradores. Así lo establece el art. 197 del citado re- 
glamento: y despréndese de su lectura haberse considerado 
lau ineptos al Reetor y al Secretario, que sitnplemenl 
les comisiona de la corrección de prueba^ ofiolo que á la ver- 
dad no desempeñan satisfactoriamente. 

La ley Soto sobre instrucción pública, emitida el 1 z de 
Julio de 1875, que echó por tierra ¡i la caduca Pontificia 
Universidad de San Carlos Borromeo, rejida por las ridicu- 
las Constituciones del imbécil y fanático Rey el Hechizado 
Pon Carlos II, y estableció en sn lugar la Nacional de Gua- 
temala, para reglamentar, como cuerpo científico y literario, 
la instrucción superior & profesional, orea en su art 20 el 
periódico universitario, cuya redacción encomienda al l; 
tur y á la Secretaria. 

El art. 21 siguiente dispone qué materias serán objeto 
del referido periódico, y señala como principales la publica- 
ción de las lejas, que organizan la enseñanza, y los actos y 
disposiciones de la Universidad en sus dos aludidos conceptos. 

Mas esa enunciada ley no podía Bubsistir, porque no ha- 
lagaba las aspiraciones del Rector y del Secretario. Por eso 
se emitieron en su lugar la nueva, actualmente en vigencia, 
y su apéndice, el detestable reglamente q« acabó para siem- 
pre con la redacción y deja sin Quehaceres á los referidos 
empleados, para poder ocultarse durante las pocas horas de 
asistencia obligada en asuntos ágenos á sus destinos, ó bien 
permanecer en la indolencia y la molicie. 

catedráticos, según esas leyes, son los únicos c >la- 

boradores y colaborador «,-por lo que siempre eseri- 

de mala gana. Ellos cumplen con el •>,_ 



19 
pone, ó remitiendo al afio cuatro pequeños y mal forjados ar- 
tículos, ó lo eluden poniendo su tirina al pié de producciones 
aireñas, como lo testifica de una manera evidente el mismo 
nauseabundo periódico. 

Con elementos, pues, tan raquíticos ¿podrá existir y lle- 
nar su cometido una útilísima publicación, llamada á difun- 
dir las luces? ¿Será conveniente que todos los catedráticos y 
estudiantes escriban y que se exceptúen al Rector y al Secre- 
tario, para dejarlos sumidos en la holganza, disfrutando de 
sus pingües sueldos? 

Todos comprenden abuso tan notable, aunque callen. 
For eso ]a "Beyista de la Universidad" en la precisión do 
llenar sus páginas, lo ha hecho mas de una ve/, con tesis ya 
publicadas separadamente y que quizá ni aun ese nombro 
merezcan. Por eso ninguna gente sensata, nadie que tiene 
gusto, malgasta su tiempo en tan insípida lectura. 

No importa, pues, que se alegue en su defensa que su 
digno hermano el de "La Sociedad Económica", sigue sus mis- 
mas huellas, porque eso únicamente demostraría que la re- 
forma debe comprender á los dos. 

Además, el Rector tiene á su cargo varias Cátedras; y 
sin embargo la "Revista" hasta hoy no ha hermoseado sus 
columnas con producción alguna de tan erudito y tan hábil 
Doctor, á no ser la parte oficial reducida á los acuerdos, va- 
ciados en el mismo molde, 

Llama la atención que ese periódico, en su absoluta ca- 
rencia de materiales, no halla publicado la famosa Cuestión 
Herrera-Castellanos, á que bautizo con el nombre de causa 
célebre, puesto que en ella se ha defendido, por una parte la 
necia terquedad, y por otra la sórdida codicia. 

"El Civismo", pues, que desea de buena fé se estirpen 
los abusos á que el esclarecido Lie. Don Miguel Larreinaga 
denomina errores del entendimiento, productos de ignorancia 
>/ de mal cálculo, clama con todas sus fuerzas y levanta su 
voz hasta el progresista Gobierno que actualmente rige los 
<1 -tinos del país, para que fefbíme también ese periódico, en- 
comendando sil redacción al Rector y al Secretario, con el 
deber igualmente en ambos de fabricar los artículos de fondo, 



v¿ 
luihiai Boticas. 

Nada hay mas precioso que la salud pVa el mísero 
mortal en su peregrinación por este vallo de lágrimas. Mas 
nada áesgraciadame,ate hay tan descuidado mire nosotros, 
ionio los establecimientos farmacéuticos, eu donde se encuen- 
tran los medios de repararla. 

Las boticas ó tiendas en que se confeccionan y venden 
las drogas de todo género para la curación, llamadas impro- 
piamente Farmacias, arte de preparar, combinar y componer 
los medicamentos, demandan de toda urgencia la atención de 
la respectiva I' acuitad. 

¡Sabe -El Civismo" que el estinguido Protomedicato las 
inspeccionaba; pero que sus últimas visitas produjeron única- 
mente altercados, mas ó menos ridículos, entre el mismo pro- 
tomedicato y los dueños de esas oficinas. 

Sabe también que hacia el año de 1875 se practicó otra 
visita, cometiéndose entonces la inocentada de dar previo avi- 
so á los farmacéuticos; por lo que de seguro se encontró todo 
en el mejor orden. 

Muchas de las sustancias que en las boticas se espen- 
den, vienen del estrangero ya adulteradas. Otras, y aun las 
que se preparan en la República, descompónense por la in- 
fluencia del clima, y las mas veces por la destructora acción 
del tiempo, capaz de consumir hasta los mármoles y los bron- 
ces. 

Obsérvase además que los farmacéuticos dejan sus boti- 
cas confiadas por muchas horas á jóvenes inespertos, que co- 
mienzan su práctica ó que se ocupan en concepto dé depen- 
dientes, sin atender áque la inexactitud de una fórmula com- 
promete la vida del enfermo, y aun la reputación del facul- 
tativo que le asiste, cosas imposibles casi siempre de recobrar. 

El dia, pues, que se pongan en práctica las observado* 
nes apuntadas, y remedien esos abusos, la Facultad médica ha- 
brá llenado uno de sus mas importantes deberes, y los parti- 
culares, con entera confianza, podrán también ocurrir á esos 
establecimientos farmacéuticos para el recubro déla ¿alud 
perdida.— "El Civismo" así lo espera. 



11 

La Reducción, 

tfrea números con el presente han visto y;i l¡i luz publi* 
ta, aunque no en blanco como pi'bfcéñdia Cierto majadero es- 
critorcillo. 

El segundo se circuló el 20 de los corrientes con el deseo 
de saciar la ávida curiosidad pública, sin embargo de haber- 1 
se ofrecido para el 2.">. 

Con el mismo propósito se ha dispuesto ahora que el pe- 
riódico salga los dins 10, 20 y 30 de cada mes, en la forma es- 
tablecida. 

Encargada su agencia en esta Ciudad á Don Mariano 
Lara. se encontrarán los números publicados y los que se fin- 
ron dando á la estampa en la botica, sita en el portal del Mu- 
nicipio. 

La redacción se esfuerza en el desempeño de su tarea. Poli 
eso clama á voz en cuello contra algunos errores: por eso pro- 
voca la discusión. Quiere la contienda; y desde el palenque 
cu ipie se colocara, reta á los dos bandos calamitosos y re- 
fractarios que alternan en el poder, para que la oposición pro- 
duzca los anhelados, opimos frutos. 

La redacción los ha combatido, los combate y los comba- 
I irá siempre, hasta arrancarles la máscara, para que obren con 
honradez, bondad y decoro, en obsequio de ellos mismos y de 
nuestra hermosa patria. 

Por último, la redacción apresúrase á desmentir á los 
malignos charlatanes que se complacen en tisnar el noble y 
magnánimo proceder del General J. Rufino Barrios, cuando 

periódico por su lisura es la prueba mas palpitante, mas 
irrecusable de la libertad; que ha otorgado á Guatemala, como 
apasionado entusiasta de la emisión del pensamiento, sin tra- 
ba alguna. 



Literatura. 



EabOBOfl biográfico!*.— Juan Dilgucz. 

s en esta míéera tierra, dice el ¡lustre bió- 
grafo mejicano Don Marcos Arroniz, el fruto que Mibticnc, 
di ipues ih largos y profundos trabajos < m el estudio, no es cier- 
pula r. i>u r dolorosa <¡uo sea esta vei'dad, 



n 

sino enfermedades que ponen en peligro la vida >/ une la llenan 
de amargura en ti reglo de sus días. Desgraciadamenh 
triste y horrible verdad se ve realizada en la persona del in- 
fortunado Diéguez, á pesar de las sobresalientes cualidades 
que le adornaban y de su iudisput sble mérito literato. 

Vino al niiiudo el -'.'i de Noviembre de I si:;, descendieíi- 
do del ilustrado jurisconsulto y eminente literato Don José 
Domingo Diéguez y de Dofla Josefa Olavcrri. hija de un 
célebre poeta. Hizo sus primeros estudios en el Colegif Semi- 
nario, y á seguida en la Universidad, donde mostrara siempre 
extraordinaria aplicación y uu talento despejado. En todos 
.sus exámenes obtuvo calilieaciones bastante honrosas, v ter- 
minó la oarrera del foro con lucimiento y esplendor, cuando 
apenas contaba veintidós años de edad. 

Oprimido desde la infancia pul' la -escaso fortuna de su fa- 
milia, se vio apremiado ¡i cjercSt la abogacía pan» proporcio- 
narse la Subsistencia y auxiliar á su anciana madre, objeto 
de su mas tierna dilección. Sirvió por algún tiempo el juz- 
gado departamental de Saetttepeqnez, y en dos distintas reces 
el de esta ciudad, en el aflo de 1844 y posteriormente en el do 
LS65, cuyo destino desempeñara hasta el 38 de Junio de !>''.;. 
en que talleció; estando ¡i la sazón encargado de la clase de 
derecho teórico práctico. 

Diéguez, en concepto de jurisconsulto, nunca pasó de 
una medianía. Su prosa es Lncorrrecta y desaliñada: su estilo 
inculto, redundante y en estreino difuso; y sus trabajos foren- 
ses jamas llamaron la atención, porque SÍ bien en ellos sielu 
haber algunos adornos retóricos, casi siempre son de mal gus- 
to. Como Juez era nimio y desasertado: se sobreponía cons- 
tantemente á la ley, SÓ color de una mala entendida rectitud; 
y su conducta desatentada, especialmente en los últimos años 
de su vida, le acarreó algunos desagrados en el servicio de la 
judicatura. 

Empero, como literato, poseía un gran fondo de insl no- 
ción y era i . este género una verdadera notabilidad. Xiño 
aun, dio pruebas de que había nacido poeta. En su juventud 
escribió versos en toda clase de metros, con sencillez y natu- 
ralidad; y sus composiciones líricas, tiernas y sentimentales 
merecen el mayor encomio por su esmero, delicadeza y correc- 
ción. [Lamentable es que isas brillantes gala- de nuestra na- 
ciente literatura no se hayan todavía coleccionado, y .pie, pil- 
lo mismo, sean desconocidas en el poético mundo de Colon! 

En ííu vida política fué muy desgraciado, como lo fueron 
casi todos los hombres ilustres de la Colombia central duran- 
te la tenebrosa época del rudo cacicazgo de Carrera, de e-e 
hombre cerril que, después do "-.'ó años de oprobioso malulo, 
bajó á la tumba sin desasnarse. 

Perseguido por las ideas liberales, que cotí ardor desde su 
infancia abrazara, sufrió con cristiana resignación lo^ mas 



ir, 

a! roces padecimientos, y estivvo también preso por largos tres 
meses en una de las estreehas 6 insalubres bartolinas «el cas- 
tillo: monumento de infamia y Vergüenza para el paMs. Espúl- 
SO5 al í'm, cotñió el amargo pan del ostracismo en el Estado 
de Chiapas, donde contrajo matrimonio con una apreciable 
Señora. 

Mas tanto en esa República hermana, que le diera gene- 
roso asilo, como en sü patria natal, al regreso de su destierro, 
tuvo la debilidad de contrariar sus antiguas ideas, convirtién- 
dose en ciego agente del absolutismo, sin embargo de no ha- 
ber medrado nunca por ese sórdido medio, pues vivió y murió 
pobre, aunque henchido- de necia vanidad y de insensato or- 
gullo. Pero nada es estraño, porque ansioso de figurar y no ha- 
llando otro modo para conseguirlo, dejó el papel de tribuno 
y asumió el de conservador; erigiendo altares, no á la virtud, 
sino al poder, ante el cual miserablemente se abatiera. 

Con todo, como á nuestro propósito tan solo cumple 
considerar á Diéguez en su condición de poeta, y como bajo' 
ese aspecto no puede negarse el sobresaliente mérito de sus 
armoniosas composiciones, los autores de estas cortas líneas, 
al consagrárselas, cual una pequeña ofrenda á su esclarecido 
genio, deploramos su infausta muerteí Unimos nuestro senti- 
miento al justo dolor de su desolada viuda y de sus jóvenes 
simpáticas hijas; y deseamos fervientemente que la tierra le 
sea leve, ya que la vida le fué una cadena de amargas vicisi- 
t udes, pues de él podemos decir con el español Crisóstomo 
profanó: feliz el que ha encontrado en el sepulcro la paz y el 
sosieyo, que en vano buscara en la tierra* 



Retorno ni cumplido saludo de "El Porvenir." 1 

¡El periódico "Civismo" 

Al "Porvenir" obsequioso 

Respóndele presuroso, 

»Su tierno saludo hoy mismo; 

Y escita su patriotismo 

A debatir diligente 

Toda cuestión concerniente 

A los nefandos abusos, 

Que llama sencillos usos 

Cualquier bando intransigente. 

GUATEMALA: MAYO \>l: 1878. 

IMPRENTA DE AHHAIIAM F. PADILLA. 



Xinr.cro I. 

kl cixima. 

Periódico lie política, ciencias, literatura, comercio &. 

SU REDACTOR JOSÉ JÍARIÁNO MICIIÉO. 

¡Saldrá los dias 10, 20 y 30 de cada mes, á real el número. 



Sr. Gral. Presidente D. J. Rufixo Barrios. 

Casa de U., Mayo 30 de 1878. 

Sí\ de mi aprecio y respeto. 

lie buscado á U. varias \eces. Siempre me dicen estar 
ocupado: y por eso no he podido hasta hoy hablarle. Lo hago, 
pues, por medio de la pluma. 

No tengo prevención alguna contra U. Registro mi inte- 
rior, y ni aun la remoción de la fiscalía es bastante para ha- 
cerme abriga? el menor resentimiento. 

Redacto £, E1 Civismo" con mi genial franqueza y sin 
temor alguno, porque descanso en la ley emitida por U., y 
porque confio en los principios inquebrantables de U. 

Por otra parte: sin ocupación y sin recursos, es preciso 
que me los proporcione, y lo hago de una manera decente y 
aun en obsequio de mi patria, combatiendo perniciosos abusos. 

No exijo respuesta, porque no quiero distraer la aten- 
ción de U., cuando asuntos importantes se la demandan de 
preferencia; aunque sí deseara que por la cartera respectiva 
se tramiten las dos solicitudes que formulé hace algunos me- 
ses sobre sueldos y jubilación, y que aun están pendientes. 

Basta por ahora, mi caro General. Sepa U. que lo apre- 
cio de corazón. Sepa U. que, aunque el último de los guate- 
maltecos, ansio por el engrandecimiento de nuestra patria, 
y que creo contribuir ¡i él con la empresa iniciada. 

Si algo disgusta á U. en mi conducta, llámeme, y ba- 
ldando con franqueza nos entenderemos. 

Tal vez pueda ser á U. en algo útil su obsecuente sub- 
dito y apasionado amigo. 

Firmado: Joti Mariano Michéot 



2' 

La Redacción. 

Cuenta "iU Civismo" coi* el faerte apoye de íu opimo* 
pública. Se busen con tal avidez que los tres primeros núme- 
ros se han agotado, con todo y no haberse establecido agen- 
cias fuera de la Capital, ni en las vecinas Repúblicas; 

¿Por qué hay tanto entusiasmo por una publicación tara 
diminuta? Qué motivo influye* para una demanda tan escesi- 
vaf Será porque llena sus colnnrrras con procíiTcciowes- age* 
ñas, ó que absolutamente á nada conducen? Será r acaso, por- 
que solo se ocupa de adular á los gobernantes, sin combatir 
mmca los abusos que por desgracia se suceden? 

Diversas opiniones reinan acerca del aparecimiento do 
este periódico. Eso es muy natural en Guatemala, donde Io>? 
gobiernos han mandado siempre despótica y bárbaramente: 
(Nmde la prensa ha permanecido amordazada, teniendo úrtiea- 
mente libertad para usar el lcngvaaje vil y bajo de la adula- 
ción: donde el espíritu público, abatido y casi muvpto pos- 
eí terrorismo, carece de ánimo paja levantar wmx protesta 
contra los escandalosos abusosy que ban venado verificándose;. 
Aquí, pues, un suceso de la notnralena del pres«nte> pone en» 
duda su misma existencia y la ¿maginarion estraTiado, bus- 
ca entonces su origen hasta en los absurdos mas ridículos- 
Charlatanes hay que le auguran ivna muerte desastrosa 
y temprana y presagian á sn pobre redactor que tendrá al 
fin que comer el duro y amargo pan drl ostracismo. Tal es 
la poca ó ninguna libertad qinue han respóralo lae desgracia*- 
dos habitantes dfe este ricoj heormoeo y privilegiado- su clow 

Otros embaucadores le ereei* q»e está subvencionado por 
d mismo Gobierno á quien ataca, comido se desvia- de la sen- 
da de la justicia, del derecho y de la equidad: opinión q«n* 
no desagrada á su redactor,, aunque le incomoda que rvulmenr- 
te no sea cierta. 

Y á la verdad que abundan raaones- pwra que se le in- 
cluyese en el presupuesto, siendo la oposición útilísima al 
pueblo y aun al propio Gobierno, en- vea «te despilfarrar tan- 
inconsultamente los caudales- públicos,, como se hiciera Obse- 
quiando al empresario de la óprra italiana con la eshorbitaNH 
te suma de veintiséis mil pesoa. 

Tampoco se alegue que seria preciso emitir una ley pai- 
ra otorgarlo tan merecida gracia, porque eso, tejos <k- ser un 



3 
tíWácuTo invencible, una dificultad insuperable, daría mate- 
ria para que la actual administración que se lia propuesto 
imitar á las anteriores en el prurito de expedir úkases, conti- 
núe en la perniciosa monomanía de legislar, aunque sea con 
el objeto de acrecer el archivo publico. 

Mas afortunadamente el redactor de "El Civismo" rehu- 
saría esa subvención y cualquiera otra, aun supuesto el caso 
de que se le ofreciere, y se dá por satisfecho con la benévo- 
la acogida de su humilde é independiente publicación. 

Con todo, en el propósito de obviar cualesquiera dificul- 
tades, que pudiesen surgir, ha buscado repetidas veces en su 
casa al Gefe de la República y por no haberle podido hablar, 
le dirigió la carta que encabe/.a este número. 

Apoyado, pues, '-El Civismo" en la ley que declara libre 
el mágico vehículo del pensamiento y descansando en la infa- 
libilidad de la palabra del ínclito Gefe de la nación, prosegui- 
rá censurando con lisura y sin ambajcs á esos dos reacios y 
retrógrados partidos y les echará en cara sus horribles y cri- 
minales atentados. Al efecto, vuelve á hacer nuevo llamamien- 
to al patriotismo de los hombres sensatos é ilustrados para 
iqiie se dignen ayudarle en la empresa iniciada, á fin de dar 
por tierra con abusos tan fatales, contribuyendo así al engran- 
decimiento de la bella Guatemala. 



Extranjeros* 

Una cuestión importantísima de derecho público admi- 
nistrativo y de incomensurable trascendencia, ocupa hoy las 
sucintas columnas de "El Civismo" 

Y escribe rápidamente, porque siendo diminuto el perió- 
dico no puede estenderse, como su redactor deseara, sin pres- 
cindir de otros artículos, también de importancia, puesto que 
rolan sobre abusos públicos. 

En el laconismo y eu la verdad consiste talvea el único 
mérito de esta humihle publicación, cuyo objeto es denunciar 
por ahora los perniciosos errores para que, indicados los me- 
dios como se lo promete, se consiga su pronta enmienda. 

Trátase, pues, de examinar si conviene ó uó que los cs- 
tranj<Tos residentes en Guatemala puedan ejercer cargos pú- 
blicos en todos los ramod de la administración. 



4 

Va en la lizti, escúsase decir que estranjero es eí eíwía'- 
daiio (íe otra nación, el hijo de otro país, él natural de t'icrr* 
extraña. Esto á nadie se ocnlta. Es harto salido-. Sin embarco, 
se indica como conveniente. 

Atenta la máxima tan conocida de qnc nadie pnede man- 
dar ene;. síri previa licencia del dueño, la cuestión 
rfprtritada résti&l vese deáde luego negativament". 

Emuoni, cmiüt quizá se objetaría que ese principio pug- 
na con las doctrinas cosmopolitas de la moderna democracia, 
previénese de antemano que si el apetecido cosmopolism r, 
ningún país Id ha adoptado todavía ¿por qué Guatemala ha 
de ser la primera que lo ponga en práctica? 

Tampoco se suponga que nuestra joven República t¡ 
sita aun del elemento europeo para su engrandecimiento y fe- 
licidad, porque en el mundo de Colon, desde su literal ¡ira 
hasta lo mas insignificante, ya es preciso y hasta itrgfcrfté 
que íea todo americano. 

Tan monstruoso; pues, seria inmiscuir á los transeún- 
tes en los negocios de mera localidad, como hacer á los es- 
tranjeros intervenir en los asuntos parlamentarios, judicia- 
les, &. 

"Declarada nuestra gloriosa independencia, deber ineludi- 
ble v muy sagrado es prevenir que Guatemala no vuelva ja- 
más á la dominación ibérica, ni á ser esclava abyecta de cual- 
quiera otra potencia. 

Pero sí estose conceptúa terrible, graves y enojosas se- 
rian las consecuencias de que cayese en otro yugo, aun mas 
ominoso, ann mas insoportable, como el de los estrafljeros. 

Estosen sentir de nn eminente escritor mejicano sin el 
Ululo de conquista, y bajo el prclesío de estrechar sus retñeio- 
nas de comercio y amistad con nosotros, pudieran someternos 
A una rcrdadvra aunque simulada esclavitud. 

La historia de la América española y aun la nuestra 
pruébanlo de una manera inconcusa, y fa esporwiicia liarlo 
¿olorosa íouri&sstaf qué Guatemala, p>r pivi-iai-' de cosmo- 
polita, ha sufrido ni is de una \vz asares tiviuaid» 
de hab-r abierto incauta é inconsideradamente sus puertos á 
ir espíritu de novelería. 
Bcctaraacfooe I is, exig i ! nie- 

BOr <]<-r<r\v>. han | mil á ntíéifcro Gobierno Cll 

grandes conflicto . hasl i ti el aprieto) paro • 



tonanwa, de tener que cubrir cantidades enormes y auu 
üibttlo 

Y cuidado que ron tul motivo sus rentas se lian consu- 
mido, al puofco.de hallarse cu la premiosa y dura uecesidad 
tic ocurrir al ruinoso Sistema do coutratas, que do seguro 'es 
Ja gangrena financiera, porque, como opina Fotí, ana cuan- 
do salvan á ¡os g'obiérjitos ^tiomantáAmmeníe, crean y acrecen 
• h-mtnx, denlinaitu mas tarde á ahogar mas tenazmente la vida 
de ios pueblos. 

¿Quién, por ventara, ignora antee nosotros que de cien 
estranjeros venidos á Guatemala, tan solo uno trae pequeños 
recursos? ¿Quién que por via do negocio se casan con una ri- 
ca hija del país? ¿Quién que á la sombra del caudal de la mu- 
ir -r emprenden graudos negociaciones? ¿Quién que mientras 
.saben aumentar los bieues de su consorte, administran pési- 
mamente los estrados, Uasta defraudarlos, cubriendo su torpe 
inauejo cou simulada cesión de bienes? ¿Quién viéndoles ve- 
nir en espantosa miseria, no los contempla al poco tiempo en 
Ja abundancia y prosperidad, debido también á los agios y ¡i 
las defraudaciones de aleábala y demás impuestos? ¿Quién ig- 
nora, por último, que colocados en algún destino, lo desem- 
peñan roal y corresponden traidoraraente ¿ tamaña confianza? 

Ejemplos muchos pudieran citarse. Allí están los archi- 
vos. Allí el público, testigo presencial de todo. Pero basta re- 
cordar los execrables nombres de Cano Madraso, de ese cíni- 
co pigmeo que, encargado de la Comandancia general, desa- 
lió al redactor de "© Civismo" ante el Ministro de la guerra 
y del Habilitado, por oponerse á que sacara del Erario fon- 
dos para hacer dos veces el mismo pago: el de Kopesky, de 
ese otro ente infamo, que cometió tantos delitos en el P : u 
y en donde quiera que estuvo, hasta ser al fin víctima de «a 
conducta traidora: el de López Uragí, de ese ignorante pre- 
suntuoso que, después de haber adquirido cuantiosas sumas á 
fuerza de buniillacion y bajeza, correspondió con tanta negril- 
lo y tanta ingratitud á su bienhechor, el de Calonge, Butilo, 
]l ¡ego. . . . Mas escuso la fatídica narración de nombr 

[bles, en la creencia de que no se ocultan al público. 

E -a plaga es un mal terribilísimo. Con éj amenazó I 
á su pueblo, dicténdole en el Deut. cap. 28: JSl rsirangero que 
■i tiirr.i. subirá sobre ti: él rstar/í mas alto, 
y tú quedarás m es b < re á la c l • ¿>*< |. 



6 

Ese mismo tremebundo muí fué pronosticado por la Ver* 
dad Eterna á los pueblos candorosos quc'sin prudencia y sin 
previsión cobijan á los estranjeros en su territorio. "Admite, 
dijo en el Ecles., cap. 11, vers. 3<>: en tu casa al cstraño, y co- 
mb un torbellino te arruinará, y te separará aun de los tuyos'\ 

Fuerza es confesarlo, ese fatal pronóstico, esa justa ame-» 
naza, esa elocuente lección aunque cierta, es muy amarga, 
muy dura; y Guatemala ha sufrido sus aciagas consecuencias, 
desde nuestra venturosa separación de la metrópoli; por ha-* 
ber ocupado con punible lijereza y sin dicernimiento alguno, á 
estranjeros que solo han contribuido á sostener el rudo des^ 
potismo do los dos odiosos bandos, causa de la anarquía y do 
los males consiguientes á tan deplorable situación. 

Registra la historia de España un hecho curioso á ese 
respecto, y es que en Barcelona se construyó la Cortina do 
la Ciudadela por manos estranjeras, y que rehusaron trabajar 
en aquella tétrica obra los catalanes, á pesar de la escasea 
que entonces les afligía; por lo cual el eminente orador Ló- 
pez, levantando en las cámaras legislativas su mirífica voz, 
dijo: Y piénsese, Señores, al fijamos en esta idea, que los ex- 
tranjeros no han venido nunca á fabricarnos el alcázar de la 
libertad, si á construir nuestras mazmorras del ne/jro castillo 
de la tiranía". 

Pues con todo eso, y de que las naciones tienen un de- 
recho indisputable para conceder á los estranjeros la entrada 
á su territorio, ó absolutamente ó bajo ciertas y determina- 
das condiciones; y de que también pueden negarla á todos ú 
a varios, en lo cual ejercen la plenitud de su soberanía, yo 
que profeso el cosmopolismo, soy de sentir sin embargo quo 
Guatemala no solo debe proteger, si que procurar la inmigra- 
ción con empeño y efioácia; pero no la de toda clase de estran- 
jeros, sino tan solo la de los inteligentes y honrados, que in^ 
troduzcan los conocimientos útiles: impulsen el ejercicio de 
las artes; y con su conducta inmaculada morigeren nuestras 
costumbres y moralizeu al pueblo (pie ávido de perfeccionar 
miento neoesita de estímulo y modelo. 

Además interesa sobro manera (pie los cstrangeros al pi- 
sar nuestras codiciadas playas, abandonando los derechos do 
ciudadanos del país en donde nacieran, He bagan hijos obe^ 
dientes de la República guatemalteca: se Mije-ten dócilmente 
ú las leyes patrias: contribuyan, sin repuguaueia, al pago do 



i 

*oda especie de «apuestos; y cumplan sumisos con ks obliga- 
ciones que l<\s séfialé su madre adoptiva. 

De otro modo ¿cómo podrían ejercer Jos derechos de 
Ciudadanía? ¿cómo exigir que se les proteja en su honra, en 
-su vida y en su propiedad? ¿tómo gozar de todos los beneri- 
cios que las leyes dispensan i los guatemaltecos, si obcecadas 
rehuyes soportar sus cargas? 

Ya efl tiempo, ¿mes, -de que el Gobierno fije su atención en 
una materia de tanta fcraseeudeueia, para reglamentar la cual 
imperiosaoiente lo demandan las luces del siglo y los mas ca- 
ros intereses del país, consultando al efeete muestra patria 
¿¡¡steriay k.de la América tetina, así como le> escrito últi- 
mameate soba-e el particular .por los publicistas de mejor no- 
ta. "El Civismo" lo ansia, en la convicción de que eso y so- 
lo eso conviene al bienestar .del pueblo, y en tal concepto con- 
sagra estas pocas líneas, al breve examen de tan intosesoato 
•cuestión. 



Innegables son la grandísima importaucia y la urgente 
necesidad de ton antiguo establecimiento. Aun el mismo des- 
pótico g.kbktuio inquisitorial de Jos fanáticos reyes de las 
Espaflas, rióse en el¿ireciso ca*o de erigirlo, reglamentándolo, 
.si L>i<_ ti con todos ¿os defectos y todas las monstruosidades de 
aquella tenebrosa y funesta época. 

La Universidad es un espléndido y brillante foco, que, 
-con sus uítidos rayos y al través de mil absurdas preocupa- 
ciones, ahuyenta la /detestable ignorancia, inevitable eu aque- 
llos tiempos de triste remembranza. De ese beuéüeo .plantel 
han salido lot hombres mas sabios y mas eminentes .con qne 
se honra la gallarda Guatemala, y de él continuarán brotan- 
do los llamados á ocupar dignamente lea puestos públicos. 

Reconocida, fines, su importancia y tentada su necesidad, 
claro, muy claro parece que no debe permitirse su mas pe- 
quefia mengua, 0ÜM que por el contrario cumple elevarlo & bu 
PMyor auge, para que produciendo los ansiados frutos se pue- 
da fundar las halagüeñas esperanzas de un porvenir lisonjero. 

Dos Consejos existen en ese académico establecimiento, 
el nacional y d universitario. Auuó ticuqu distintas atribu 



ciones. Ambos deben haber emprendido diversos traTwjos. Pe- 
ro el público nada ha visto, nada sabe. ¿Por qué el Rector, 
como bu gefe, no cuida de dar la publicidad debida á las pro-, 
dncciones de los dos aludidos Consejos? 

La tesoreria de la Universidad ha insertado en las co-. 
lumuas de su periódico varios estados, relativos al movimien- 
to de sus caudales. Hace cuatro meses que ya no aparece nin- 
guno. Qué motivo ha ocasionado semejante retrazo? Estará 
también de quiebra? Oportuno seria que el diligente Rector 
ordene continúen publicándose, de modo que el primero de 
catla mes salga á luz el estado del anterior. 

El orden es el elemento mas necesario, mas indispensa- 
ble en una casa de enseñanza. Sin él no puede adelantarse. 
Con todo, en la Universidad se altera frecuentemente. Nótase 
casi siempre en la puerta del edificio, y con particularidad de 
las once á la una del ¿Ua, un grupo de niños, que se permiten 
con los transeúntes algunas faltas que merecen severa repren- 
sión. No se culpa á los jóvenes, que propenden al juguete y al 
retozo, sino al Rector que apremiado por la ley para la con^ 
servacion del orden, no lo procura. Basta ya de tan indolente 
apatia. 

Los Catedráticos de la Facultad de derecho dan las cía-, 
ses diariamente, y los de medicina alternadas. Siendo doble 
el trabajo de los unos ¿por qué perciben, los otros el mismo 
sueldo? ¿No debia el Rector representar al respectivo minis- 
terio, á fin de que se remedie esa desigualdad? 

Los alumnos pierden los cursos con treinta fallas al ano, 
Los de leyes tienen doble número de clases, que los de medi- 
cina. No obstante la disposición comprende á los dos. E- 
una injusticia. El Rector podia hacer que desapareciera. 

La ley exige para ser catedrático, como requisito esencial 
é ineludible, que se tenga el título de Doctoró Licenciado. 
No siéndolo Don, Valero Pujol, figura sin embarco en el nú- 
mero de los catedráticos. ¿Porqué el Reefcofc no lo ha hecho 
presente á la cartera de instrucción pública? ¿Cree acaso que 
únicamente el famoso Pujol puede charlar sobre historia? 

íiu-mo e.M-l¡iivcidn per^mage, que se jacta de tanta 
probidad y de tanta delicadeza, disfruta y percibe el sueldo 
de la asignatura, á pesar de que á ninguna hora dá la i 
< u la Universidad. Siendo eso un verdadero fraude. ... 

' Rector permite Betnejante escándalo? 



"El Civismo", CflliBfcifruulotMi «■] la! i.'i"«> ■ > (lili -r di' denun- 
ciar tocias las Julias para su rnrivccinii. y «9 la mira de coopc- 
rar al engrandecimiento del plantel imívGísitaliój al/a la voz 
hasta el Supremo Gobierno, ya que el tteotor cava, ya que io- 
do lo vé, ya que todo lo sabe, y ya que apático, tolera y apaQa 
todo. 



ElltOllclíllTlOllOS. 

Aunque el redactor de "El Civismo" lia cumplido ívli- 
piosatnente con fel oatkbio pfopnerto ett él manen. ■>. y él (te 

"Kl Progreso" manifiesta ejn el &3!7, qn« admite la invita- 
ción, no se ha dignado remitir hasta tiof un solo núm.To de 
su papelote. 

l'or ser el camino un deber de cortesía, lo propuso la re- 
dacción de "El Civismo", y por su parte lo ha efectuado; v 
si la de '-El Progreso" lo contempla una necesidad, y aun 
obligac^i imperiosa ¿portfM falta incivilmente á ese deber 
de urbanidad? 

Insta "El Progreso" á que "El Civismo" se aparte lo po- 
sible del terreno personal, que, dice, jamas dá buenos frutos. 
Enhorabu-n;.; pero "El Progreso* ¿ño hace lo contrario en 

los números donde usa de un lenguaje incisivo y hasta de 

plaza? 

La prensa. Sr. Pujol, lia dicho Montesquieu, debe é& h 
lámpara que ilumina, y no íafeaque incendia. Mííximá'ffne 
profesa el redactor de '-El Civismo"; y si en í>sa firme creencia. 
tiene el proposito de no abrir nunca camino á la personalidad, 
hállase sin embargo dispuesto á contestar á los osados que le 
falten, y á contestarles hasta aplastarlos. 

Por otra parte, como U., buen amigo, sabe el Iengtraj 
lineal debe ser digno y comedido, mientras que á cualquier 
otro acusador se permite el estilo aun irritante. Bao mismo 
sucede entre 1111 periodista subvencionado por el Gobierno y 
otro que no lo es, aunque todos debemos grandes respt e 
]iúlil¡co. Entiende U? 

J're.-umia el redactor de "El Civismo" que una personali- 
dad respetable y una ilustración de antigua conocida ;/ apre- 
ciada en todo d mando, fuera el Famoso criticón <jua cubre 

claréenlo nombre con las prudentes iniciales X. Y. Z. 



10 

Presumía asi mismo, que c] redactor da "El Progreso" 
estuviese enérgicamente resuelto á defenderlo en cuanto error 
lia estampado de poco tiempo, por la monomanía, de escribir 
aun en materias (pie no comprende. 

Mas se reserva "El Civismo'' con tostarle por tercera vez, 
cuando se decida á (pie se le conozca por su nombre y apellido. 
Entonces hablará clarito, sin alambicar, cuyo consejo acepta, 
con la esperanza de que su contrincante admita también el de 
escribir sin difusión, ni embozo, para que sus lectores le en- 
tiendan. 

Entretanto siga U., Sr. Pujol, desempeñando á las mil 
maravillas su brillante papel de kiudiceno: siga U. siendo el 
fanal del periodismo: el preceptor luminoso de la historia: el 
hilo telegráfico f|ue une la América con la Europa; y el des- 
naturalizado español fpie férvidamente canta la humillación 
de su patria, enalteciendo nuestra gloriosa independencia, 
ja, jü.ja.... 



«1S1 Heralclo." 

Con este titulo publica Don Manuel Cabral un periódico 
en la Oabeoera del Departamento do San Marcos. 

Siendo el primero que allá se imprime, correspondía que 
llenase el laudable objeto de su creación, para satisfacer la 
pública ansiedad. 

Pero ¡oh desgracia! su redactor, sin entender las civili- 
zadoras miras del periodismo, cree cumplido su deber, repi- 
tiendo opúsculos ya impresos, artíoulos do otros poriódi- 
cos y alguna vez frases de mucha oortosía á su oolega "El 
Progreso.'' 

"El Civismo" quisiera que el redactor de "El Heraldo" 
comprenda que las copias y las trascripciones tienen sus lími- 
tes, y «pie solo se permite el estracto de noticias importan» 
• 

Mas lhnar el periódico con producciones que han visto 
ya la luz pública, y sin otra mira tal vez (pie halagar á sus au- 
tores, do es justo, no es debido. 

El que semejante cosa hace, (pie renuncie la gloriosa bou- 
ra de ser periodista, si con su propio caudal no puedo llenar 



11 
las columnas de su publicación, y que di>jc do fabricar mons- 
truos, ocupando la prensa llamada á difttñdir las lucos. 

Ku lin, Sr. Cubra], convelíanse l'. de la penosa misión 
de "El Civismo*', sin atribuirá personalidad el atu<iuc diri- 
gido al abuso que, por medió de Ú.', se comete cu la prensa 
do San Marcos, y que so censura con la mayor buena lo. 



«Xii>:<»*fitIo tío IIsic?ioii<l*i. 

El genio dei General Pr*B¡deríte, eii sn ansia férvida de 
Introducir la reforma en todo, creó el Juzgado de Hacienda 
para que, conociendo eselusivamente de tos negocios relativos 
al fisco, espeditasc su secuela, á fin de obtener su pronta con- 
clusión. 

Mas esfo desgraciadamente no se ha logrado. Obsta- á su 
realización la ilustre persona que le sirvo, porque el alarde de 
enagüente patriotismo y la íntima y sincera adhesión que 
asegura tener al Presiden le, absorven todo sil tiempo. 

Por oso. confiado en la asidua laboriosidad de sus depen- 
dientes, anda vagando por los ministerios, y aun firma algu- 
nos folletos, para patentizar su acendrado interés por la cosa 
pública. 

No se estrafie, pues, que, reducido su escabroso encardo 
á fabricar aceleradamente las sentencias, tenga en la tabla \ li- 
rios negocios que afectan á la Consolidación y al Banco, cu- 
yo fenecimiento cumple promueva el agento Fiscal. 

Poro "El Civismo" quisiera todavía que el General Pre- 
sidente, para que su afanoso empeño no so frustre, encargara 
al cumplido Coronel Sixto Pérez vigile ese juzgado, visitán- 
dolo con frecuencia, si por otras ecupacioues no pudiere ha- 
cerlo diariamente. 



1 ><*»;¿ifio. 



El redactor de "El Civismo" invita al do "El 
Progreso" que tan entendido ae muestra eo todo, 
para <¿ue se presente a una discusión pública oral, 



sobre gramática castellana, urbanidad, Inicua crian- 
za, reglas para el periodismo y las materias concer- 
nientes ;i la Ahogada, inclusive los diversos modos 
de citar los cuerpos del Derecho romano y canónico. 

El redactor de "El Civismo'', que, se precia de 
galante, deja á elección de su fino y cortés adversa- 
rio, todo lo relativo á la paléstrica lucha que le pro- 
pone, para que pueda calcularse y medir la capaci- 
dad de ambos] 

Tan solo suplícale sea festivo el dia que al 
efecto designe, con el objeto de (pie el pueblo con- 
curra á escuchar el tierno, ardiente;- y apasionado 
canto, (pie con toda la efusión de su alma ofrece el 
infrascrito consagrar á la linda, donosa y simpática 
joven compañera de su pundonoroso contrincante, 
en ti stimonio de su férvida admiración, y como el 
lauro debido á su triunfo. 



Literatura. 



Matías Córdovn. 

Originario d.0 Ciudad Real, cabecera de la Anticua Inten- 
dencia de Chulpas bajo el régimen español, y actualmente 
una de las principales poblaciones dd Estado del misino nom- 
bre eu la fumosa oon federación mexicana, tan culebro por su 
última, grande y gloriosa lucha de independencia, abrió sus 
ojos á la luz del dia bajo el hermoso trópico de cáncer, ú me- 
diados del siglo próximo pasudo; descendiendo de una familia 
respetable por .-tis huiii' . la rigidez de sus 

Sus padre-, que tiernamente le amaban, le inculcaron 
desde muy temprano profundo amor al rerojimiento y al estu- 
dio; y en su vehomcnU? deseo de proporción arle una esmerada 



cil lu-acioii, le trajeron muy joven ¡i esta Ciutlad. Aquí tomó el 
hábito de novicio »n el convento de Santo Domingo^ no por- 
que en él hubiese clases aventajadas [cOíisfdehwlo el a! raso 
en que sistemáticamente se había hundido el pais,] sino por- 
tille siguiendo el espirita de aquellos calamitosos tienip 
era enlónces el único medio de dar cima á una carrera li- 
teraria. 

En el convento, á que por necesidad se vio reducido, hi- 
zo sus primeros estudios de latín y filosofía!, cursando Segui- 
damente teología; ciencia que en aqtieHa sazón esta!>a en boga 
y en (filo (lió ciertas y relevantes pruebas de poseer un talento 
privilegiado y sobresaliente: valiéndole este concepto el qué 
so le nombrara lector en esa facultad, con dulas las considera- 
ciones anexas á su rango, y <|Uc posteriormente se le confirie- 
se el merecido grado de Doctor. 

K! padre Cordura, ansiando adquirir una instrucción mas 
súlida, supo aprovecharse de esas favorables circunstancias, 
que muy pocos disfrutaban y de que los demás no hacían buen 
nso. para entregarse privadamente y éi mansalva en el interior 
de su celda á un prolijo y cuidadoso estudio de las bellas le- 
na-, economía política y derecho público, de cuyos éonoci- 
m lentos se sirvió para introducir en la enseñanza reformas v 
mejoras de gran mérito, á que debió nada menos que crueles 
persecuciones y graves molestias, que pudo arrostrar con áni- 
mo tranquilo, no obstante que esos males, acumulados adrede 
sobre su cabeza, acibararon sus mejores dias, como desgracía- 
dainentc se ha hecho después con todos nuestros esclarecidos 
patricios. 

El nombre del padre Córdora, merced a su patriotismo v 
fdantréqn'cos sentimientos, se conserra con veneración en la 
memoria de sus conciudadanos. Siempre estudioso y siempre 
trabajando por el progreso social, escribió en esta ciudad para 
sus alumnos de retorica, un precioso opúsculo, con el modes- 
to título de "Protecciones á los libros de la elocuencia? una 
cartilla, ó " Método fácil di r ;/ escribiff* y varias 

memorias, muy interesantes: y en su regreso á Ohíftpaa redac- 
tó el periódico intitulado *El Fáraraifo* en qne, bajo el seu- 
dónimo del Especiero, difundió un torrente de luz sobre di- 
versos materias, ya en prosa, ya en verso de diferentes metros, 
siempre blandos, b moros y cadencio 

Eütre las pocas composiciones poéticas qne conocemos de 



H 
esc ilustre burdo, se recomienda notablemente la fábula moral 
titula da "Jji tentativa del /.ron y el éxito tic tu empresa" 
Compuesta de cuatrocientos diez y seis pies, ó versos eudeea* 
sílabos, es en nuestro humilde concepto un verdadero poema, 
por su estension, estilo elevado y originalidad de los pensa- 
mientos que encierra, aunque con algunos lunares en cuanto 
al ritmo: cosa que frecuentemente se observa en nuestros, anti- 
guos poetas. 

Empero, no pUede negarse que el padre Córdova fué uri 
insigne prosista, por la pureza y corrección de sil lenguaje: un 
poeta aventajado, por la dulce armonía y Cadencia de sus ver- 
sos! un elocuente orador, poi' la uticion y ternura de sus insi- 
nuantes y floridos discursos: y, eil fin. un benemérito ciuda- 
dano, por haber desempeñado cumplidamente cuantas comi- 
siones se confiaron ¡i su ardoroso ejlo, y muy en particular ert 
la Sociedad Económica, de cuyo benéfico establecimiento fué 
individuo y promovedor de útiles in novaciones etl bien de laá 
clases menos acomodadas. 

No contento el padre Córdova con los servicios qilc pres- 
tara en México y Guatemala, emprendió un viaje á Espatiaj 
donde permaneció algunos aflos con el objeto de ensanchar 
sus conocimientos. A su vuelta á Ciudad Real, bajó al sepul- 
cro, ya anciano, sentido de sus amigos y llorado de los jóve- 
nes, á quienes con paternal afecto dirijia y estimulaba en sus 
estudios. Ilecibe, pues, ¡Oh Varón ilustre! el profundo homc- 
nage de nuestra mas sincera gratitud: tus heroicos esfuerzo* 
no han sido vanos: Guatemala ha cosechado en abundancia los 
opimos y sabrosos frutos, cuya simiente derramaste afanoso 
con tu sabiduría y ejemplares virtudes. Descanza en paz, se- 
guro de que tu memoria vivirá para siempre en nuestros co- 
raaone& 



Estando ya bu la prensa los materiales de este número, 
llegó por casualidad á manos de su redactor el ¿28 de ''El 
Progreso", fecha I o de los corrientes, que contiene una diu- 
tríva, que mejor revela las altas concepciones y lenguaje pro- 
pio de sus badulaques autores, á quienes ofrécese la mereci- 
da respuesta en el próximo número, para escarmiento, ver- 
güenza y humillación de ese por de inmundas sabandija-. 



EL POSTRER ADIÓS 
-¿V. 1111:1 JcSvoii. ai*ti«tcL 



Llegó. . . .llegó el fatídico momento, 
En que lamento 
Tu sentido adiós. 

Parto. . . .y do mi fúnobro retiro 
Irá un suspiro 
De tu huella eu pos. 

El viento impola por el mar surcando, 
Con soplo blando, 
Tu fugaz bagel, 

Mientras te alojas do mi patrio suolo, 
Rastrado el velo 
De mi sino cruel. 

La Italia, perla del cristiano mundo, 
Es el fecundo 
Manantial gentil, 

Dó ciñas lauro, inmarcesible acaso, 
Ave que al paso 
Das gorgóos mil. 

Cuando escuches la voz de mil cantores, 
Que sus amores 
Te dirán allá. 

No olvides de tu bardo, amiga tierna, 
El ansia eterna 
Que por tí tendrá. 



is 

p.eeir se atreverán con voz melosa^ 
Que eres hermosa, 
Sin igual muger: 

Que seductores son tus labios rojos: 
Bellos tus ojos 

Y de gratí valer: 

(¿ue tu blando cabello ensortijado 
Les ha insflirad > 
Su voraz pasión; 

Y (jiie tu pecho mórbido y turgente" 
ü luzca ardiente 
Su nubil razón"; 

¿Pueden áítíores lúbricos, bastardos 
De audaces bardos 
Mancillar tu peni 

Oh no, jamas, pues que tu firme amante 
Siempre galante 
Te será, mi bien. 

Eres amable, púdica, sencilla, 

Y en tu faz brilla 
Divinal virtud; 

Mas tu mirada tímida, inocente 
Induce ingente 
Plácida inquietud 

Así conservo, mágica criatura, 
En la ternura 
De tu blanda voz 

Vivo el recuerdo de tan grató dia 
( Job la agonfa 
1 )«■! postrer adiós. 



i.l VII.MAI.A : M RIO DK 1s7H. 

I.MI'KKNTA Di; AJJKA1IAM F. PADILLA. 



Número 5. 




Periódico te política, ciencias, literatura, comercio t. 

SU REDACTOR JOSÉ MARIANO MICIIÉO. 

Saldrá los días 10, 20 y 30 de cada mes, á real él número. 

Los Bancos. 

Denomínase así el establecimiento de crédito, donde se 
depositan y custodian las sumas confiadas en metálico. El 
establecimiento cobra y paga á nombre de sus socios y clien* 
tes, y pone, además, en circulación documentos, para espedi- 
tar las transacciones mercantiles. 

Los bancos son de diversas clases. Hay públicos y priva- 
dos. Los liay también de depósito, de circulación y descuen- 
to, y agrícolas ó territoriales. Todos tienen sus reglas parti- 
culares para su régimen ó gobierno, llamadas comunmente 
sistema bancario. 

Las ventajas de esos establecimientos son grandes, in- 
mensas. A su beneficiosa influencia deben el eomercio y la 
agricultura su desarrollo, su prosperidad; y siendo el crédito 
la base de sü existencia, proviene de los bancos indudablemen- 
te parte del progreso público. 

Los bancos son muy antiguos. El de Venecia data del 
año de 1171; y en la edad media, con motivo de la diversidad 
de monedas que entonces circularan y de su mala clase, se cre6 
lina llamada de banco, con lo cual se remediaron en lo posi- 
ble algunos inconvenientes, que á la sazón eran una remora 
para los negocios. 

Conceptuados, pues, indispensables para el ensanche y 
aumento de las riquezas, pública y particular, se han estable- 
cido en Amsterdan, Austria, Dinamarca, Ilamburgo, Espa- 
ña, Francia, Inglaterra, Italia y aun en varias de las Repúbli- 
cas americanas. 

En Guatemala no se conocían hasta 21 de Julio de 1874 
c n que se organizó el Banco Nacional, y posteriormente otro 
p articular con el nombre de Internacional. Ambos existen. 
"El C'hUmo" no podia escusarsc de tratar de ellos, sin faltar 
á su compromiso. 



El Nacional se fundó con 1G1O024 posos, consisten i os" etí 
tma*éxigüa suma cíe dinero» vales de la deuda convertid 
da y otros documentos; y con 809900 pesos, en billetes decla- 
rados poco después de circulación forzosa, los cuales se han 
recogido y dado á las llamas, quedando aun sin amortizar 
2430 pesos, segn» loe datos que el Jeren'te suroistrára á la re- 
dacción. 

Ese hanco en la actual ¡dad no tiene fondo. Su- desapare- 
cimiento es un misterio. Difícil es esplicar lo. Cuanto se di- 
ga á ese respecto, tal vez no satisfaga. A los que intervinieron 
en sil administración toca informar. De otra manera la res- 
ponsabilidad sobre elfos pesa. 

Desprestigiados los billetes,' por el esceso de su emisión, 
por haberse declarado su curso forzoso, debiendo ser libre, es- 
pontáneo, y por haber servido de medio rentístico á la hacien- 
da pública, y perdida asi la confianza, se convirtieron en uu 
negocio escandaloso, de que supieron aprovecharse únicamen- 
te fos mercaderes y los usureros, con gran perjuicio de la ge- 
neralidad, hasta que el Gobierno para borrar las d'olorosas y 
lamentables huellas que dejara su curso obligado, ordenó so 
recogiesen, no sin grave detrimento de sus rentas. 

Ko existiendo, pues, tal banco, é invírtióndosc mensuaT- 
mente en los crecidos sueldos de sus empleados 571 pesos, 68 
centavos, convendría que el Gobierno lo cerrara para escusa r- 
se un gasto inútil, que á nada conduce, puesto que cumple 
hacer economías, en razón de que sin elfas será preciso crear 
nuevos y onerosos impuestos, que tampoco podrían cubrir- 
se en las circunstancias aflictivas, que el país atraviesa. 

Efe mejor, dice Juan Bautista Say, que haija muchos flan- 
cos que no uno solo, porque entonces cada cual dé ellos procura- 
rá merecer ¡a confianza del público, ofreciéndole mejores parti- 
dos ¡i seguridades mas sólida:*. 

todo, y la opinión de tan célebre economista, y tfe 
haberse creado cpn posterioridad otro banco particular ron , | 
nombre de Internacional, como ya se dijo, ninguno de los dos 
lian sido fructuosos, ni benéficos al público, sino \nscrvi6Tr* 

<lr un mito, valiéndome de Ta espn 
peí . 

lia neo ofrece gravísimos ¡nconvenfenl 
apunto, iiniv por encima, cu razón dft que la estrechez do los 
uni mu periódico lio permite hacerlas anipliüc 



ru*s que convendría». Empero, tengo la corteza de o^w osos 

mismos inconvenientes talvez impidan los buenos resultados 
que el público se prometiera, aun sin tener en consideración 
que las cantidades que presta, ó las letras que descuenta, son 
con- plazos muy cortos. 

Kl banco, de que se habla, se fundó con una pequefia 
cantidad, comparada con la del Nacional. lia emitido muchos 
billetes y de varios valores: carece de buena aceptación, por la 
triste y dolorosa esperiencia que el otro dejara, y porque ni 
aun tiene el fatal, desesperado recurso de hacer forzosa su 
circulación, por ser de naturaleza muy distinta, y sobre todo, 
porque los Gobiernos no deben obligar á que se reciba por mo- 
neda, un papel sin garantía alguna. 

Además, eso implicaría un absurdo, una monstruosidad, 
contrarían dose de ese modo el principio incontrovertible de 
que ningún poder humane tiene el derecho de hacer aceptar al 
pueblo billlcfes de banco alguno, porque 4a existencia de ellos 
son un engaño permanente, teda vez que representen redores 
que no existen. 

Surgen otras dificultades aun de mas grande considera- 
ción. Una es exigirse las firmas de personas acomodadas; mas 
cuando no se quiere facilitar el dinero, se rechazan capri- 
chosamente con mengua y descrédito del propio banco y con 
menosprecio de la dignidad de las personas desairadas, como 
ha sucedido con las fianzas de los Licenciados Don Fran- 
cisco Albures, Don J. María Escamilla y de otros sngetos acau- 
dalados y pundonorosos. 

La otra dificultad es de seguro mas onorosa, porque el 
Banco Internacional, aunque fija el descuento del oro y de los 
documentos, al tratarse de hacerlo efectivo, pretesta entonces 
haberlo bajado, sin dar el previo aviso, descubriendo un pro- 
pósito avieso, que ocasiona crecidas pérdidas al comercia v ;í 
los portadores. 

Los bancos no están autorizados para obrar caprich 
méate: deben ceñirse á sus estatutos, y atender al movimien- 
to de alza y baja en el mercado. Por eso, Don Manuel Col- 
meiro eátableoe la regla inquebrantable da que J. . „,, 

son dar ñu, de subir y bajar el descuento á SU albedr, 
mostrar en esto una eequisita prudencia. 

Desvirtuado el Internacional con motivo de la-- corrup* 
b'las ligeramente indicadas, subsiste quizá tan solo por 



4 

en 61 tiene varias acciones el ciudadano General Presi- 
díente. Esa especie se pulula. No me consta. Tampoco puedo - 
asegurarla. Pero sea cierto ó no, la poderosa influencia del 
Presidente parece sostener ese banco. 

Digo mal, porque ese no puede llamarse propiamente mi 
banco, sino 1 un montepío simulado, en que se favorece á un 
pequeño circulo; asi cómo los socios no son verdaderos ban-' 
queros, sino" mas bien caciques del agiotaje. "Eí Civismo", 
pues, llama la atención del pítblico y la del Gobierno á las 
especies que de paso sé lia permitido enunciar, una vez que 
de bancos y quiebras todos se ocupan como cuestión del dia. 



EL TRIGO. 

Habiendo ofrecido hacer indicaciones sobre todo cuanto 
tienda al mejoramiento de nuestro modo de ser, hoy "El Ci- 
vismo" toca un punto que, sí no llamaré la atención de la ge- 
neralidad, es, sin embargo, muy importante. Habla' del trigo, 
de la harina, para el pan que al dispertar es la primera nece- 
sidad de cada familia. 

Todos ven que, á pesar de las estensas y fértiles tierras 
de que gozamos para eí cultivo de tan apreciable cereal, por" 
la indiferencia ó abandono con' que se le trata, no dá lleno al 
consumo, cuando podía llegar á ser fruto aun de estraccion.. 
Al contrario, los habitantes de Guatemala, los dueños de éste 
dilatado suelo primaveral, recurrimos sin avergonzarnos á 
otros países talvez mas áridos, para no carecer de mies tan 
indispensable. 

Pudiérase decir qite se trae la harina estranjera por su 
blancura; pero además de que no 'siempre es así, debemos fi- 
jarnos en que el sabor y el alimento que dá la del país, aun- 
que de menos vista, es sin duda mas agradable y sólido; á lo 
que se agrega: que nos consta su pureza, por ser el grano deJ 
trigo, mientras aquella, se dice, puede sea alguna raiz, quita 
nociva, como se cuenta del vino, que aquí se toma, que Jo qnc 
menos tiene es uva. 

Por lo espuesto, "El Civismo" descaria que de hoy en ade- 
lanto no hubiera necesidad de ese auxilio estrado; y que al efbc* 



$0 las personas, entendidas en la materia, prácticas en el cultivo 
.de esta mies y que han pulsado sus inconvenientes y las di- 
ficultades que deban allanarse para su desarrollo, tomaran 
¿ilgun ¿participio en el asunto, y aun impetraran del Supremo 
Gobierno, que tanto procura el bien del pais, algunas gracias 
ó estímulos. 

"El Civismo" piensa que pudiera concederse el goce de 
algún beneficio, así como la excepción del servicio militar 6 
de las cargas concejiles & á cuantos se dediquen al cultivo 
.de un cereal tan urgentemente necesario para la vida, y cuyo 
fomento importa sobre mauera para proporcionar uno fresco y 
verdadero, que influya en la buena salud 4e los guatemalte- 
cos: que produzca un nuevo fruto de estraccion y que aumen- 
te la riqueza nacional; y ponga ya coto á la maldad de cuantos 
monopolizan un alimento de primera necesidad ruinmeute sa- 
crificando al pueblo. 



Otro destino mas. 



El Código de procedimientos civiles dispone en el artí- 
culo 110, que cuando el poder ejecutivo lo tenga por con fr- 
uiente, atendidas las circunstancias, establezca ajenies fiscal»*. 

A moción del Juez de Ilaeieuda, tan solícito por su ar- 
diente patriotismo, el Gobierno, en acuerdo fecha 21 del an- 
tepr&ximo Mayo, nombró agente fiscal á Don Luis Yak-a- 
zuela. 

Este, hace algún tiempo, es también agente judicial de 
la consolidación, y en ese concepto goza del inmerecido suel- 
do de 80 pesos mensuales. 

Por eso, en el acuerdo á que se alude, se le aumentan 
40 pesos; de maueraque en la actualidad percibe ciento veinte 
cada mes. 

Fuera de que la duplicación de sueldos produce graves 
inconvenientes, como á nadie se oculta, púlsase en el caso 
de que se trata la dificultad de que en una persona se reú- 
nen dos diversos destinos, que sin disputa serian mejor des- 
empeñados por dos diferentes sugetos. 

Ademas, el citado Código en el artículo 114 previene: 
que el nombramiento recaiga en letrados, y por su falta en o- 
tras personas de instrucción y honradez. 



6 

Valenzuela no es abogado. En Iá República, y aún on es* 
ta Ciudad hay muchísimos y sin. ocupación. ¿Por qué con 
. su menosprecio se elijo pura la agencia fiscal á un indivi- 
duo, que ni siquiera tiene el título, y quizá el menos a pro- 
pósito para su desempefio? 

Por otra parte: el nominado Valenzuela carece de toda 
clase de estudios. Pe consiguiente, tampoco tiene instrucción 
alguna, y mucho menos en las materias relativas á lo judicial. 
¿Qué prisa, pues, corría para agraciarle con ese nuevo nom- 
bramiento? ¿Se ignora acaso su mal servicio en las funcio- 
nes de los pequeñas encargos que anteriormente se le enco- 
mendaran? ¿Y podrá presumirse que sepa ahora corresponder 
á tan honríiica confianza? 

Los dest inos, y en particular los forenses, deben proveer- 
se en hombres entendidos, por su despejado talento, instruc-. 
cion reconocida, brillantes cualidades y honradez inmaculada. 
Conferirlos indiscretamente y por mero favoritismo es un mal 
de consecuencias tremendas: es una ofensa á los hombres de 
bien: es desacreditar los destinos, creando la necesidad de ha-, 
cerlos amovibles; y es, en fin, basta un ridículo. 

Mas siendo por desgracia un hecho, tan cierto como la- 
mentable, que ya el Desesperado Pioquinto Tenazas atrapó la 
agencia fiscal, "El Civismo" se apresura á felicitarle. ¡Quie- 
ra, sin embargo, la Providencia, que su rápido ascenso, nt> 
fiea inmediatamente seguido de una caida estrepitosa!!! 



A "EL PENSAMIE\TO" por su amable saludo t 

"El Civismo" al "Pensamiento", 
l'ur saludo tan cumplido, 
Protéstale agradecido 
Su patriótico ardimiento; 
Y en el nuevo llamamiento. 
Hecho a los hombres sensatos, 
Prueba sus lirmes conatos, 
tíiu que le estorbe, ni arredre 
Algún camueso que medre, 
(Siendo nada entre dos platos. 



En el número 2 de este periódico se hablo de la urgente 
necesidad de construir las aceras en las casas que no las tie- 
nen, y de reponer l.-.s ya deterioradas. 

Han trascurrido muchos dias, á contar desde aquella fe- 
cha, 'sin que se sepa que el activó y oficioso Jefe Político ha- 
ya dictado providencia alguna á ese respecto. 

Tampoco se sabe que aun siendo de las personas acauda- 
ladas, que comen del presupuesto, hubiese dado principio á 
embaldosar su casa, ubicada en una calle pública de tanto 
tránsito. 

Eso es chocante, porque .si el propio Gefe político estre- 
cha basta con multas á los infelices para que emprendan 
obras superiores á sus miserables circunstancias, ¿por qué el 
encargado de la policía de ornato se muestra pasible y no 
apremia al funcionorio aludido á construir su banqueta? 

Las leyes referentes á ese ramo son de observancia gene- 
ral; y si á los pobres no se exceptúan, con mas razón á los 
empleados que disponen de suficientes recursos para vivir 
¿Por qué tanta indolencia, tratándose de obras indispensables 
ñ hermosear la Ciudad y basta de conocido bienestar al vecin- 
dario? 

Espérase, pues, que el solícito Gefe Político, siquiera por 
su estreñía delicadeza, emprenda luego la construcción del 
embaldosado de su casa. El puesto que ocupa se lo exige im- 
periosamente. Solo así escusar puede fundadas habladurías. 

Espérase también que, en ejercicio de sus omnímodas fa- 
cultades, aunque sin extralimitarlas, cuide de que los podero- 
sos reformen las aceras destruidas y construyan las que falten 
en sus casas. 

"El Civismo" queda al cuidado de ello. Al efecto procura- 
rá informarse de todo, para promover lo conveniente á nom- 
bre del pueblo. Esa es su misión; y aunque penosa prométese 
cumplirla. 



Un escándalo. 



Establecidos los juzgados de Paz, conforme lo dispuesto 

por los Códigos, en nada dependen de la (Jefatura Po 



8 
Por eso, en unos casos están sujetos d la Corte ele Apelación 
nes, y en otros á los Juzgados de l. 08 Instancia, según la- 
cantidad objeto del litigio, y según la clase y circunstancias 
del delito perseguido. 

Sin embargo, el Gefe Político ha impuesto al Juez 2. ° 
de Paz, joven apreciablc, pundonoroso y que trabaja con asi- 
dua laboriosidad, una multa, por haber permitido á un tinte- 
rillo gestionar en el juzgado que con tanta dignidad preside. 

La genial moderación y el deseo, prudente de evitar un 
conflicto, hicieron que el circunspecto jáven no objetase la 
providencia aludida, aunque sentando con su tolerancia un 
precedente fatal, porque hiere la dignidad y la independen- 
cia del juzgado, al acatar una determinación verdaderamen- 
te arbitraria, y que no admite disculpa, atento el grado lite-, 
rario de que está investido quien la dictó. 

Este mismo Gefe Político, arrastrado por el intolerante 
fanatismo que le devora y bajo el especioso pretesto de que un 
Alcalde de Jocotenango, concluida la función de Iglesia, to- 
mara licor en la casa de la cofradía, donde estaban algunas 
imágenes, le destituyó vergonzosamente, con atropello de las 
leyes, torpe abuso de la autoridad, y prevalido de que obraba 
contra un infeliz indígena. 

Habiéndose hecho públicos esos atentados, "El Civis- 
mo," previendo los terribles males que causa la espansibili- 
dad á que tienden los que ejercen algún poder, y en el vehe- 
mente anhelo de que se les ponga término, los denuncia, pa- 
ra que lleguen al conocimiento superior, á fin de que se re- 
priman los desatentados manejos de ese funcionario que, es^ 
tralimitando sus atribuciones, procede con punible ceguera, 



"El Progreso" y su redactor. 

No se equivocó "El Civismo" en su fundada previsión do 
que los enmascarados y miserables aduladores que no reparan 
en los modos de adquirir medros personales, se afanarían solí^ 
citos en tergiversar las nobles y patrióticas aspiraciones de su 
redactor. 

Este, no obstante la protesta hecha desde el principio de 
ver con í'ria indiferencia loa ataques ú su persona, seguida 



o 
despreciándolos, si nó envolvieran tanta malicia, tanta and¿ 
fia, tanto descaro y tanta inmoralidad, para distraerle de la 
Jieroica empresa, acometida con tanta bnena fé, como abnega- 
ción. 

Ciertamente esos hombres abcecados, y á quienes "El 
Civismo" presentará con todas la fealdad de sus deformes fi- 
guras, no se han atrevido á disculpar siquiera sus monstruo- 
sas faltas, sino que, colocándose en el fétido y nauseabundo 
campo de la personalidad, pretendan ilusos hacerle prescin- 
dir de su cívico propósito, con la mira siniestra de que conti- 
núen los abusos y la&Pátria siga siendo triste víctima de sór- 
didas conveniencias particulares. 

El periódico titulado "El Progreso" apareció en risue- 
ños dias, como el prenuncio de bienandanza de la actual ad- 
ministración, y lo patentiza su mismo nombre; mas por des- 
gracia se ha convertido en el verdadero ridículo de la pro- 
pia administración, contrariando las miras benéficas que el 
Gobierno se propuso al formarlo. 

Muy fuerte chasco sufre quien, tomando los números de 
de ese periódico, halagado por su título y en la creencia de 
ser el eco de los caros intereses de la Patria, solo encuentra 
en él una charla grotesca, que atrepella las reglas gramatica- 
les: que infringe las máximas retóricas á que irremisiblemen- 
te ceñirse debe todo escritor, y al través de eso una monser- 
ga que descubre el completo desconcierto de -ideas, dejando 
vacia y en absoluta confusión la mente de su infortunado 
lector, salvo la de aquellos que sin criterio aceptan toda frus- 
lería por verla escrita en letra de molde, como sucede á los 
entusiastas admiradores de "El Progreso." 

Si nó, respondan éstos, porque seria hasta impolítico 
preguntarlo á su ingreido y presuntuoso redactor ¿qué conec- 
cion tiene el acuerdo gubernativo de 31 de Diciembre del a- 
fio antepróximo, con los artículos referentes al último carnaval: 
á las despreciables personas de los redícu los Generales Guardia 
y López Uraga: al Civismo y su redactor, quien á su tiempo 
arrojará á estos estólidos su merecido estigmato, y á las de- 
más elucubraciones con que engalana tan fantástico periódi- 
co? ¿Será esa la manera de llevará cima la elevada idea del 
Gobierno, que en su anbelo de mejorarlo todo mandó aumen- 
tar las dimensiones del periódico para dar á conocer el movi- 
miento universal: esteuder la educación política; y elevar el 



10 
espíritu del pais, poniéndolo en contactó* con los sucosos de 
trascendencia del esterior? ¿Será, por ventura, el leligtlage de 
ese estrafalario periódico el mas ú propósito para sincerar la 
conducta de nuestro Gobierno, poner patente la justicia do 
su causa y crearle nuevos prosélitos, ensuciando sus colum- 
nas con la inmundicia de las personalidades? ¿Y el público 
(|iie paciente las escacha y el Gobierno, cuyo crédito amen- 
guan, toleran que su orgulloso redactor desvirtué la prensa 
olicial con cuestiones mezquinas y viles, tratadas en el su- 
cio idioma de verduleras? Ahí Ya no mas tolerancia con el 
advenedizo que, sin patria y sin hogar, lia convertido el bellí- 
simo órgano del Gobierno en el tizón de Guatemala y de sus 
familias. 

Si el redactor de ese deforme papelote, escrito imitando 
solo en la forma á Las Revistas de Leípsik, de Ambos mun- 
dos, de España &, sin atender á que allá se paga el misino 
impuesto por un pliego impreso de cualquier tamaño, lia po- 
dido, sin embargo, analizar los artículos de "El Civismo,'' 
al redactor de esta humilde publicación no ha sido dable, á 
pesar de su asiduo empeño, acometer la censura de todos los 
disparates que "El Progreso contiene en los números 228 y 
229, donde denosta incivilmente al "Civismo" y á su redac- 
tor. 

Lamentable es que el de "El Progreso" se engañe, al pen- 
sar (pie la excelencia de su periódico consiste en su crecido 
tamaño, siendo eso mas bien un positivo inconveniente para 
su lectura, y talvez intencional para que no pueda conser- 
varse. Entienda, sin embargo, que el mérito de toda publi- 
cación consiste solo en las ideas y en la manera de enunciar- 
las, cualidades de (pie justamente carece "El Progreso," aun- 
que sobreabunde en artículos pajosos, incomprensibles y sar- 
cústicos. 

Jai el propósito, pues, de abandonar el odioso palenque a 
que mi pérfido contrincante ha tenido que asilarse, desprecio 
altamente sus torpes baladronadas respecto de mi persona, 
y me concreto ¡1 darle una respuesta lacónica acerca de va- 
rios puntos, enunciados maliciosamente y que me compro- 
meten á dar una breve esplicacion; asegurándole de paso, 
sin la menor jactancia y pata su vergüenza, 'pie mientras 

"El Civismo" ea buscado con incesante solicitud por los dos 
Aciagos partidos que él mismo reprocha con tanta justicia, 



11 
(-1 célebre "ProgVGSo'j únicamente se ansia por los compin- 
ches de su redactor, los boticarios y los coheteros. ¿Qué me- 
jor prueba puede aducirse, ni cómo parangonarse uno con o- 
tro, no obstante los encomios que ¿1 mismo se prodiga, y con 
cuyo falso incienso se envanece? 

Obligado á disculparme de un cargo inmerecido, que con 
tanta ponzoflu se me imputa, cumple á mi pundonor, á mi 
crédito y ¿i mi buen nombre desvanecerlo, sincerándome para 
mi satisfacción,, la de mi familia y de la mis amigos. 

En Abril de l.sós fui nombrado contador de glosa, y en 
Febrero de 1861 se me encarnó la Contaduría mayor acci- 
dentalmente, aunque sin el goce del sueldo presupuesto á ,- 
se destino, sino hasta Diciembre de 1870 en que se acordó 
su íntegro abono; adeudándoseme el devengado durante ese 
periodo, cuyo reclamo está pendiente. 

A principios de 1875 se me encargó también la Fisca- 
lía del Gobierno, queservi basta 9 de Octubre de 187G, sin 
mas que el pequeña aumento de 00 pesos mensuales, por el 
trabajo que diariamente impendía en mi casa, fuera de las 
horas de asistencia obligada S la oficina. 

Como contador mayor, arreglé la secuela de los juicios. 
Pueden consultarse. Muchos fenecimientos se publicaron, (¡lo- 
sé ademas personalmente infinidad de cuentas. Evacué innu- 
merables informes, como lo testifican los borradores colaccio- 
-nados en legajos. Rectifiqué todas las operaciones de mis com- 
paOeros. Nada se hacia en la oficina sin mi intervención. Yo 
lo redactaba todo hasta las simples razones y notas de reci- 
bo. ¿Pregunto qué empleado tiene tan grata satisfacción? 

Como Fiscal, despaché cerca de tres mil expedientes, que 
procedían de todos los ministerios. Mis dictámenes y conclu- 
siones fueron aceptadas. Solo en cuatro disintió el Gobierno, 
y esto también es muy satisfactorio. ¿Con qué datos se atre- 
ve, en su ciego entusiasmo, el maligno redactor de "El Pro- 
greso" á decir que no ha pasado por la Contaduría mayor, ni 
por la Fiscalía del Gobierno otro indiciauo mas torpe, mas 
pretencioso, ni mas inútil que yo? ¿Cómo ese procaz, en su rá- 
bida desesperación, estampa tan garrafal mentira, solo po¿ 
apasionadas invenciones de los débiles, «pie ofuscados, com- 
ponen su nefanda camarilla? 

Compruébase la veracidad de todo lo espuesto, con el a- 
cuerdo gubernativo y nota del Ministro de Hacienda, inser- 



12 

to en este número, aunque tanto me repugna licuar sus co- 
lumnas con copias. ¡Ojalá que el jactansioso redactor de "131 
Progreso", al separarse de su encargo y cuando se vea oblU 
gado á tomar las de Villadiego, pueda exhibir en su abono 
documentos tan honoríficos!!! 

En el número 3 de este periódico, impugne igualmente 
ü los dos bandos que con el nombre de serviles y liebres, han 
venido disputándose desde la independencia el advenimiento 
al poder. Entonces expuse que no son diversos sino uno mis- 
mo en el fondo, porque no sostienen principios beneficiosos 
al pais, porque solo les impele el cebo del mando, para des- 
arrollar el nepotismo sin reparar en los medios criminales de 
conseguirlo. Lógica es la conclusión de que no puede perte- 
necer a ellos quien se precia de honrado. Mas esto no obsta 
para que el hombre profese un credo político: para que pro- 
cure la formación de un partido nuevo esencialmente distinto 
compuesto de sinceros patriotas, empeñados en el engrande- 
cimiento de Guatemala, sin el exagerado entusiasmo que 
siempre enmudece á la razón y á la justicia, respetando lo 
que otro hizo, siempre que produzca un bien. Asi mi opi- 
nión se purifica de siniestras interpretaciones y queda demos- 
trada la malignidad con que se me achaca la enunciación de 
doctrinas hermafroditas. 

Es meutira que yo abrigue motivo alguno de odio para 
con mi desorientado difamador. Si antes me era indiferente, 
ahora no puede serlo, atentas las injurias que se complace en 
dirigirme, por haber criticado con tanta justicia la forma de 
'El Progreso." Nuestra alma necesi ta de un móvil para la es- 
pansion de sus sentimientos; y en el escritor, de cualquiera cla- 
se que sea, escitan nuestra entusiasta admiración, la abun- 
dancia de ideas, la blandura de los giros gramaticales y su se- 
lecta dicción. Pero cuando en su defecto encuéntranse única- 
mente un lenguaje rastrero, una algabaria detestable y el e- 
nojoso prurito de difamar, entonces se provoca nuestro abor- 
rec i miento, nuestro desprecio, y, al fin, nuestro encono, Eso 
pasa en mi alma; y á pesar mió tengo que vindicarme por mi 
dignidad y por mi delicadeza, lastimadas ruiíuncnte. 

Lo propio sucede con el Licenciado Don Manuel Herre- 
i «le la universidad, con quien tampoco he tenido 
exijencia alguna. Al recibirte de abogado, fui yo ano de bui 
■. tinadores. Mil compaDeros admitieron las propina 



13 
las rehusó, consecuente á mis ideas. En esos días, para cor- 
responder mi generosidad, se ofreció á Don Mariano Roma, á 
la sazón procesado: le hizo la defensa, y en términos tan á- 
cres y en estilo tan chabacano, que fué desechada por el pro- 
pio Roma y por Don Antonio Machado. Mas con todo eso, le 
exigió en pago de su trabajo literario 250 pesos. Posterior- 
mente á ese mismo individuo, siendo ya Rector, le vendí li- 
bros para su uso y para la biblioteca de la Universidad, por 
las dos terceras partes menos de su precio. Ésto ha pasado 
nada mas entre ambos. Si hubiere otra cosa, que lo diga. Al 
efecto, yo le provoco. Desmiéntame, si faltare á la verdad. 

Sostiene asi mismo mi temible adversario que los artí- 
culos firmados X. Y. Z. y Joaquín Rosmer, no son anónimos, 
por estar autorizado, según dice, para descubrir los nombres 
de sus autores. Eso prueba la fatuidad de semejante necio. 
Eso prueba que aun ignora el significado de la palabra anó- 
nimo; y sin embargo se me brinda como maestro, y sin em- 
bargo me ofrece, como tales, á, sus parroquianos: oferta que 
solo aceptaría en el caso de proponerme corromper el buen 
gusto, contraiendo vicios que, por fortuna, no tengo. 

Jamás he pretendido que se me conceptiie como litera- 
to, abogado ni periodista. La lectura me ha hecho conocer lo 
qUe se necesita para serlo; y yo que admiro á esos privilegia- 
dos seres, no podría incluirme en su brillante pléyade que 
ilumina al mundo científico con sus producciones. Es preci- 
so que lo entienda mi vanidoso antagonista. El que preten- 
de serlo todo, sin ser nada, nada absolutamente. 

Compasión merece, en efecto, quien de tal suerte afana- 
do en fabricar el tal "Progreso," se ofusca hasta el punto de 
olvidar el número de horas de que se compone el dia; por- 
que ocupando diez y seis, como lo asevera en sus portentosas 
elucubraciones, qu^danle tan solo ocho, que de seguro no le 
alcansan para dormir, alimentarse y cortejar á su amable y 
simpática compañera y á los gobernantes, con el fin de con- 
tar por mas tiempo con su cariño, benevolencia y protección, 
en que ciertamente es muy diestro mi tan entendido colega. 
Las desventajosas calificaciones que ¿ste hace de "El Ci- 
vismo" y de su redactor, son por fortuna apasionadas, como 
todos lo conocen, y ademas lo comprueba la declaratoria del 
Tribunal militar, fecha 10 de los corrientes, de «pie no es co- 
dicioso, porque no quebranta ninguna de las disposiciones 



II 

del párrafo 1. c título 2. = libros. c del Código penal, y por- 
que tampoco ataca el ¿míen ni la tranquilidad pública, partí 
que pudiera •juzgai'SC á su redactor CQO arreglo á las leyes de 
87 de Enero de Í87á y 3 de Noviernbre del año antepróximo, 
Sin confundir, ]>ttes, el ornen público con la tolerancia 
de los abusos, que "líl Civismo" persigue sin piedad, y a vis- 
la de la declaratoria aludida, que vale muellísimo mas que 
la irrisoria opinión de los impudentes cofrades del soso re- 
dactor de "El Progreso," si este bullicioso majadero no qui- 
siere meterse en mayores dificultades y sufrir sus consecuen- 
cias desagradables, pol' deslenguado y maldiciente, que siga- 
entonces su canto llano y no se meta en dibujos. 

X> o cimiento s 

RELaTIYOS A "EL IMíOGKKSO" Y SU REDACTOR Y A MI Í5UEN 

SKKVK'IO COMO FISCAL Y CONTADOR MAYOR DE CUENTAS. 
Palacio Nacional. Guatemala, Diciembre 31 de 1877. 

Conviniendo ;1 los intereses morales y materiales de la Repúbli- 
ca la publicación de un periódico de grandes dimensiones que d6 
á conocer el movimiento universal y estienda la educación política, 
para elevar el espíritu del país, poniéndolo en contacto con los suce- 
sos de trascendencia del esterior, el Presidente de la República 
acuerda: (pie se dupliquen las dimensiones de "El Progreso" debien- 
do continuar redactándolo su actual redactor Don Valero Pujol 
con cien pesos mensuales de aumento en la asignación, los cuales 
se incluirán en el presupuesto de la Escuela Politécnica; y en cuan- 
to al costo de la impresión queda autorizado para contratarlo el Mi- 
nistro del Interior. — Comuniqúese. — Rubricado por el Sr. Presiden- 
te. — Rarberena. 

Palacio Nacional. Guatemala, Octubre 9 de 187C>. 

No siendo conveniente al Imen servicio público la aglomeración 
de cargos en una sola persona; y considerando que desde hace algún 
tiempo se encomendó, de una manera provisoria, el despacho de la 
Fiscalía del Gobierno, al Contador Mayor Ldo. Don Mariano Mi- 
chéo, el Presidente de la República acuerda: nombrar Fiscal del Go- 
bierno al Ldo. Don Santiago I. Rarberena, con la dotación asignada 

i empleo, dando las gracias al Ldo. Michéo por los servicios que 
ha prestado*. — Comuniqúese. — Rubricado por el Sr. Presidente. — 
Rarberena. 

Guatemala, Octubre 18 de 1870. 
Sr. Ldo. Don J. Mariano Michc'o. — P. 

Impuesto el Sr. .lencral Presidente de la renuncia (pie le pn si li- 
tó Id. del empleo de Contador Mayor de Cuentas (pie por largo 
tiempo ha e-'tado á su cargo, y habiendo estimado justas y acepta- 
bles las razone 1 ! en que la funda: aquel alto funcionario tuvo á bien 

disponer con fecha 18 d<l 'pie cursi, fuese admitida á l'd. la es* 

presada renuncia, acordando se le diesen las gracias por los sen i- 

qOfl ha prestado en esc concepto. 

Y al tener la oportunidad de manifestar á l'd. lo resuelto por 
fl Gobierno, me es satisfactorio espresarle los sentimientos de apre- 
cio y consideración con que me suscribo de Ud. muy atento y . 
servidor/ — José* Antonio S.dazitr. 



15 

Literatura,. 



^li^uel Almarca? Castro. 

La naturaleza suele dotar pródigamente con disposícío- 
hcs favorables á ciertos seres, á quienes parece con lia en par- 
he la impórtente y necesaria obra de la regeneración social. 
Talentos sublimes, genios ardorosos que descuellan en I re 
nuestros conciudadanos, como el lirio entre las flores del 
campo, son llamados ¡i iniciar y sostener el gran pensamiento 
del progreso en sus generosas tendencias á lo útil v á lo bello, 
para estirpax de una vez y para siempre las miserables y ridi- 
culas far/.as á que todo se ha reducido por consecuencia de 
las tristes preocupaciones que en mala hora nos legara nues- 
tra madre patria. 

Uno de esos hombres estraordinarios es, sin duda, el ar- 
monioso bardo, cuya pálida semblanza nos proponemos trazar 
siquiera á grandes rasgos, en el loable empello de tejer con las 
gayas flores de nuestros inspirados vates una mágica guirnal- 
da poética, que orne y embalsame la noble y tersa frente de 
nuestra querida patria para su mas espléndida gloria, ya que 
en el corazón de la joven América so respira afortunadamente 
el aura placentera de la libertad, después* de las cruentas, fra- 
tricidas luchas que desde la independencia han trabajado á 
las cinco secciones en (pie se dividiera el antiguo, hermoso 
y opulento Reino de Guatemala. 

El fausto nacimiento de Alvarez Castro, del tierno, melo- 
dioso poeta del Lempa, acaeció á fines del próximo pasado siglo 
en un peqnefio pueblo del departamento de San .Miguel, perte- 
neciente á la vecina Ivepública del Salvador. Hijo de padres po- 
bres, pero honrados, obtuvo, no obstante, una esmerada edu- 
cación superior á las circunstancias de aquella aciaga época, 
en que el forreo yugo español ahogaba los gérmenes de pro- 
greso y de cultura, sufocando en su origen el genio y la civili- 
zación, á pesar de que, según el benemérito, inmortal Bolívar, 
la tiranta política de la España nunca llegó m las Américas al 
entraño de dar motivo y ocasión á pro t estas violentas >j revolu- 
cionarias. 

Adquiridos los primeros rudimentos en la casa paterna, 
fué trasladado al Colegio de Infantes de Guatemala. Allí estu- 
dió Jatin y filosofía, y pronto se hizo notable por sn tálenlo y 
laboriosidad; y aun. pie Labia merecido siempre grandes elo- 
gios en sus exámenes, tuvo la desgracia de interrumpir su car- 
rera, acaso por la instabilidad de la enseñanza bajo el régimen 
colonial, ó por.pl fallecimiento prematuro de sus padres, cuyo 
lamentable suceso le dejó atenido ú sus propios recun 

Dotado, empero, de un ingenio vivo y de esquís 
sentimientos y cotí decidida inclinación por la lectura, su al- 
ma tierna y sensible se embelleció con toda clase de conoci- 
mientos; descollando sobro todo por abrigar y defender el a- 
mericanismo con denuedo y fervor: de manera (pie cuando 



II. 

Centro-América se emancipó de la Metrópoli, fué uno de los 
primeros jóvenes de ideas liberales que abrazara ardientemen- 
te la causa nacional. Hombre de bien, por la pureza y rectitud 
de su corazón, no podía dejar de ver con horror la dependen- 
cia de una dominación estúpida y degradada, al par que alta- 
nera, supersticiosa y sanguinaria. 

Así, vímosle figurar desde simple oficial de pluma hasta 
Ministro del Gobierno de la Federación, dejando una lumino- 
sa huella de su saber y privilegiada inteligencia en la escala 
de todos los destinos que rápidamente recorriera, y muchas ve- 
ces oímos también resonar su dulce ó insinuante voz en las Cá- 
maras legislativas, siempre en defensa del pueblo, de sus liber- 
tades y progreso, como su mas ferviente y esclarecido tribuno. 

Y si era infatigable en el trabajo y no le faltó tiempo para 
dedicarse á la música, en cuyo hechicero arte, acorde con sus 
elevadas aspiraciones, hizo admirables adelantos, ocupaba 
igualmente los momentos de ocio en componer versos que él 
mismo cantara con armónico acento, al compás de su vibra- 
dora guitarra; hermanando la música y la poésia y enrique- 
ciendo el parnaso guatemalteco con muchas graciosas cancio- 
nes líricas de excelente mérito, perdidas hoy en su mayor 
parte por lo calamitoso de los tiempos. 

Los versos de tan amable trovador, á juicio de los inteli- 
gentes, son sentimentales, fluidos y sonoros, porque Alvarcz 
Castro desde su adolescencia habia cultivado con fruto el de- 
licioso arte del ritmo y de la rima; y si sus composiciones lí- 
ricas frecuentemente respiran clasicismo, aunque impregnadas 
de olor y sabor americanos, no se olvide qile nuestros poetas 
de principios de este siglo pagaron ese tributo de admiración 
á Moratin, Cadalso, Melendez y Arriasa: homenage que así 
mismo les rindieron los versistas españoles de entonces, sin 
exceptuarse el célebre romántico Don Antonio García Gutiér- 
rez, quien, en el prólogo de la preciosa colección de poesías, 
que diera á luz en Madrid, el año de 1840, asegura: que mu- 
chas de sus producciones no están, muy en armonía con el gus- 
to de aquella época, como fruto de sti ajicion por los poetas lí- 
ricos de los siglos 17 y 18, con especialidad por Melendez* 

Terminamos, pues, la presente noticia biográfica, agre- 
gando: que el apreciable Alvarez Castro, firme en sus convic- 
ciones políticas, siguió en la decadencia de la libertad al ilus- 
tre, valiente y denodado General ciudadano Francisco Mora- 
zan, en cuya desgracia fué envuelto, y que á su regreso de las 
Américas del Sur murió en un miserable pueblo del Salvador, 
destituido de todo humano auxilio y sin que sus agradecidos 
compatriotas y amigos pudiesen verter una lágrima de grati- 
tud sobre su humilde tumba, porque sus restos mortales 
quedan perdidos para siempre en el laberinto eterno de la 
creación. 



«.I ATKUAI.A: JUNIO DB l l ■ 

IMPRENTA DE ABRA1IAM F. PADILLA.. 



ALCANCE 

al número 5 de "El Civismo." 



J.a cstravagancia de los desaciertos cometidos últimamente por 
el redactor de "El Progreso", que patentizan su carácter díscolo, y 
lo carta ridicula que fechada el lunes de esta semana, llegó á mis 
manos hasta ayer, martes, y que revela el absoluto desconcierto ce- 
le!. ral de su autor, obligan á que el de "El Civismo" se apresure i 
informar al público con la debida oportunidad. 

Consecuente al modo con que siempre el atento y pundonoroso 
Sr. Pujol acostumbra debatir las cuestione-;, aun de mero periodis- 
mo, ha estampado en el artículo que lleva el título de "El Perió- 
dico y el Libelo* y que registra el número 230 del aludido "Pro- 
greso' las siguientes lindezas. 

Para contestar^ dice, ese papel ya calificado por la opinión, no» so- 
bran motivos, nos sobran palabra* y sobre todo abundamos en datos de 
negras é inflamantes historias que andan de boca en boca, y que sin duda 

. ha dado lugar con una vida 
consagrada ■■ ¡ malignidad y al escándalo. 

No temo las baladronadas de tan necio, como torpe fanfarrón, 
que asevera especies denigrantes, sin estar cerciorado de ellas, en su 
ansia de poder triunfar en la asquerosa lid que ha provocado con 
audacia inaudita, á falta de razones para defender al -Progreso' de la 
justa crítica de "El Civismo". 

Le autorizo, pues, para que siga engalanando su digno perió- 
dico con el relato circunstanciado de esas negras é infamantes histo- 
rias, <pie respecto de mí asegura andan de boca en boca. Habrá 
fragilidad en mi vida privada, porque no soy excepción de los hom- 
bres ; pero considero no haberla consagrado nunca jamas al vicio, 
á la malignidad ni al escándalo; y si la comparo con la de algún o- 
tro, la contemplo entonces exenta de sangrientos y nefandos antece- 
dentes. 

Mas esa autorización, que espontáneamente otorgo á mi rábido 
contricante para que se solace en el interior de mi hogar do 
CO, facúltame también para descorrer el denso velo que hasta hoy 
encubre el suyo, dándole 5 conocer en mi patria. 

Posteriormente acudió i loa Tribunales para lanzarme una tre- 
menda acusación. Pero hubo quien le advirtiera que le seria d- 
rabie su re iill ido. Aaf, nuda hizo, y se contentó co 
en la tarde de ese mismo día, se presentó en la imprenta del ■ 
del Civismo : preguntó por su redactor; y al 

iblecimiento, prorrumpió eu sus acostumbradas injurias. 



encargando se le dirigiese la carta que llevaba csérita 3 se inserta, 
no ciertamente como un modelo ¿le estilo epistolar, sino por sus in- 
disculpables faltas gramaticales, por sus contradicciones harto pa- 
tentes, y mas que todo, por contener la paladina confesión de que 
su autor escribe sobre lo que no entiende. La carta testuabnente ea 

como sigue: 

Guatemala y Junio 17 de 1878. 

Señor Micheo : no rae habia fijado mucho en el último párrafo 
de aquello que llama V4 desafio: me pareció insulso: pero después 
me han hecho observar la criminal intención con <jue U. lo escribió 
al referirse á mi compañera y como dejando presumir que podia ser 
otra cosa que muger honrada y legítima. — Creo qne á varias perso- 
nas habrá U. dicho lo que á laque me refiero, esto es, que habia es- 
crito eso con la intención de que se interprete como se quiera para 
que algo quede de la infamia. 

Los que nos dedicamos á la política tenemos que sufrir imbéci- 
les ataques de necios como Ü., pero ni esa imbecilidad traspasa aque- 
llos límites que tocan á la muger que nada tiene que ver con los de- 
bates de los hombres. 

ro que U. aclarará inmediatamente, dejando absolutamente 
limpia mi honra de familia: deotromodo tendré el disgusto de apti- 
hurlt- donde quiera que le encuentre, aunque no iré a SU casa para 
evitarle las tretas que empleó en lo de Ospina. 

- I', lo que quiera de mi porque le desprecio mas que á un 
perro; deje en paz la dignidad y la honra del interior de mi casa. 

Vivo callejón de Luna, núm. 7— VALERO l'i JOL, 

La original escrita de puño y letra de su propio signatario que* 
da en mi poder. Ofrezco mostrarla á cuantas personas deseen verla. 
; No prueba ella sola que la discusión oral fique le invité yá (pío 

ivido rehusa, habría por su parte terminado en un saínete desa- 
gradable, como intenta concluya ahora la contienda emprendida pol- 
la prensa? El público decida. A su juicio apelo, columbrando me sea 

favorable. El triunfo hasta hoy es mió. Pujol está completamente 
derrotado. Su fatídico nombre ya inspira risa, ya causa indignación 

. . 

Quatemala, Junio y de 1- ; 

José Mariai / Michéo. 



Aiiutt'i'o O. 



EL OIYISMQ, 

■ -*.»•*- 

Periódico de política, ciencias, literatura, comercio &. 

SU REDACTOR JOSÉ MARIANO MICIIÉO. 
Saldrá los días 10, 20 y 30 de cada mes; á real el número. 

• . — _ j 

"121 Civismo" dcuunciado como sedicioso y 
subversivo. 

El Lie. José María Marroquin, talvez por malignas su- 
gestiones, ocurrió al Juzgado 1 ° de 1 a instancia, acusando 
criminalmente á su redactor con el libelo que me permito 
copiar á la letra, para que se conozca á su atolondrado signa- 
tario, sin embargo de ser hurto públicos sus antecedentes, 
'que por cierto no le son nada favorables. 
Señor Juez 1.° 

El autor de "El Civismo" hace alarde impúdico de arras- 
trar por el fangoso" terreno de la conspiración sediciosa, y de 
la personalidad con desenfrenada lengua, la noble misión de 
la prensa. 

Entre los cuatro números que han circulado de ese tras- 
tornador libelo infamatorio, de preferencia los dos últimos 
confirman mi proposición: en ellos su autor deliberadamente 
con perverso fin, describe claro su índole, carácter, mordaci- 
dad y tendencias incendiarias, y riega el jérmen de la división, 
del descontento, de la desconfianza y del alboroto, llamando 
á los hombres para que le ayuden á concluir su obra nefanda! 

El autor de "El Civismo" propende á estorbar al Gobier- 
no los medios de conseguir fondos que desea y necesita con 
urjencia— se propone retirar del lado del Gobierno á los Je- 
nerales del ejército, hiriendo la delicadeza de éstos no de bofe- 
na intención, toda vez que el autor do dicho pasquín confiesa 
no tener credo político y sí el deseo de destruir el partido de 
las ideas dominantes que ataca— denuesta á los estraujeros 
para sembrar en ellos los odios consiguientes y que mas tarde 
eso mismo los determine á cerrar acaso toda negociación 
con el Gobierno— injuria á todos los empleados para procurar 
así que heridos en SU honra, dignidad y delicadeza, se resuel- 



2 

van á retirarse del servicio público y se vea el Gobierno n'rí 
(lia solo, aislado y envnelto en los conflictos que ese pasquirf 
está preparando y tal vez en manos de una facción — usa "Eí 
Civismo" el lenguaje sedicioso, promuevo un cisma aconse- 
jando, induciendo y seduciendo implícitamente una subleva- 
ción só color de gran patriota, sin exhibir mas que armas 
venenosas, para subvertir el orden público y plantear sola- 
padamente una insurrección por medio de todos los resortes 
que toca. — Todo eso es grave: las chispas incendiarias están 
esparcidas ya por todos lados del edificio social, y si no so apa- 
gan con tiempo, las llamas lo consumirán. 

Ahí está la ordenanza del ejército y el decreto número 
45 de 27 de Enero de 1872, y en presencia de su i artículos 1, 
4 y 14, U. se servirá hacer lo que las leyes disponen. 

El número 4 de "El Civismo" me comprende en las in- 
jurias graves que ¡infiere en el último párrafo de la página 
14, y por esto acuso formalmente ai autor de ese libelo infa- 
matorio, para que se le castigue con arreglo al artículo 2.° del 
decreto de 15 Octubre de 1877. 

POR TANTO, 

A U. suplico se sirva proveer en derecho. 

10 de Junio de 1878. 

J. Marroqvin. 
Mandado que el quejoso ratificase ese tan ridículo, co- 
mo estravagante escrito, se remitió al Tribunal militar, don- 
de habiéndoseme examinado ad inquirendum y sin otro trá- 
mite, fué proferida en 11 de los corrientes la declaratoria que 
procedía de justicia y de que haré oportuna mención. 

El artículo 39 del Código de procedimientos en materia 
criminal previene: que los reos de sedición sean juzyadoz vn'- 
litarmc/ifr. Pues con todo yeso, el Lie. acusador acudió ¡d 
Juez I o , y este, que también es Lie, dispuso que hasta «I - 
pues de hecha la ratificación, se diese cuenta al Juzgado 
competente. ¡Baya un par de abogaditos! ¡Qué tronco tan lu- 
cido! 

Cinco números de "El Civismo" han corrido ya Jera* 
no en mano; y el solícito empeño con <|ii<- se buscan <» 
na la mas grata complacencia á su ffechwstor; cOnveHCf6h(lo k 
que realmente promueve los intereses del pais, al den- 
ir afanoso los abusos que entorpecen el desarrolló flel yer- 
ro progreso; y que sostiónense con tanto para 



propprciouarsc.as,í medros personales. 

La atenta lectura de "JES1 Civismo'' y el artículo 10-1 del 
Código penal demuestran de una manera satisfactoria, que 
los cargos malignamente deducidos á su redactor, son va- 
cíos, frivolos ó infundados; tendiendo tan solo á obstaculi- 
zar su patriótica empresa. En efecto, leidos los citados nú- 
meros, no se encuentra en ellos nada sedicioso, nada sub- 
versivo. Aun el campo de la personalidad se lia procurado 
alejar en lo posible. Tero como los abusos se rosan con las 
personas, natural es que algunas conceptuándose ofendidas, 
se desgañifen y prorrumpan en dicterios contra quien de- 
nuncia todo cuanto desearían continuase oculto para su bien- 
estar, para su esclusivo provecho. 

El verdadero sentido de la palabra alarmante sedición 
es el de tumulto, motín, asonada, levantamiento, rebelión po- 
pular contra el soberano, ó la autoridad que gobierna. Nada 
'de eso puede atribuirse al '■Civismo", que únicamente cen- 
sura los abusos de los corrompidos agentes del poder: de- 
nuncia sus escandalosos y punibles excesos; y manifiesta la 
inconveniencia de las leyes, con el sano propósito de procu- 
rar el positivo bien del pais, que no se logra sino con la pu- 
reza de la administración en todos sus ramos, como lo ha 
propuesto "El Civismo". 

Sostener los errores cometidos por los empleados negli- 
gentes: salir á la defensa de la culpable incuria ó ineptitud 
de éstos: apoyar el despilfarro de las rentas fiscales, en bene- 
ficio de unos pocos: convertir la prensa oficial en sosten de 
esc tenebroso caos: lisonjear con bajeza al Supremo Gefe de 
la República, ahogando la única y sincera voz que di 
el tétrico velo que cubre cuanto horrible pasa y le advierte 
el precipicio á que adrede le conducen los laudieeiios. es la 
verdadera, aunque sorda sedición de los decantados p¡:; 
'en quienes debe ya fijarse el Gobierno. 

Por eso, con sobrada razón, el Tribunal militar declaró: 
que este, periódico no es sedicioso, ni subversivo. ¿Cómo, pues, 
pretenden lo contrario los anónimos circulados con los uom- 
bres Pioquinto Tenazas y Unos guatemaltecos!-' ¿De quí bq 
queja el estólido redactor de -El Progreso - ":- . ,• u . n _ 

tura, él quien ha llevado las cuestiones al E lenquc 

de la personalidad y de la injuria:' r ;Nó i | quien ha 

usado de un lenguaje grosero y soez, tan contrario á la digui- 



4 
dad de la prensa oficial y de la buena educación? ¿Nú es, por 
último, él quien ha ofrecido una paliza al redactor de "El Ci- 
vismo?" ¿Tan valentón se reputa ese engreído; miserable 
gallina? 

Mas yo humilde redactor del periódico denunciado des- 
precio tanta fanfarronada y á los bajos aduladores que las 
profieren. Pero protesto defenderme dignamente de todo ata- 
que; y protesto también que nada' níe arredrará para llevar á 
cima la prosecución de la heroica empresa,- que yo soío he 
acometido. Estoy en la arena. No huyo el combate. Vengan los 
gladiadores. No les ¡temo, asegurándoles que, como caballero, 
jamas acudiré á los tribunales: Solamente espero que no' ocul- 
ten sus nombres bajo la careta del anónimo. 

Un atentado escandaloso. 

El sábado último, 22 de los corrientes, recibí la carta 
que registra este número, al fin del artículo segundo cañazo. 

Ese mismo dia encontré reunidos en el despacho del 
Juzgado I o á los Jueces Saravia' y Aragón, quienes con la 
mayor complacencia escuchaban absortos á Luis Valeirz líe- 
la, que les leía un infamatorio' libelo en ciernes contra mí. 

Al verme de improviso en su presencia, se turbaron, y 
en su desconcierto salió Valenzuela inmutado y silencioso, 
echándose en la bolsa el aludido papel. 

Entonces saludé á los dos Jueces. Mas como el 2 o in- 
tentaba retirarse, le detuve, y les dije: que difamándome Va- 
lenzuela con groseras calumnias, me vería en la necesidad de 
publicar la carta que puse en manos del Juez Saravia. 

Este; aunque todavía conmovido, la leyó en mi presencia 1 
á su digno compañero; el cual enmudecido hubo de retirar- 
se, no sin notables sorpresa y susto. 

Ya solos Saravia y yo, me devolvió la carta, afanándose 
en convencerme, como constantemente lo hace, para que a- 
bandone la publicación de "El Civismo", á quien, como él, 
temen justamente los malos empleados y los bajos aduladores. 

Lógico 1 parece que después, los propios Jueces informa- 
ran oficiosamente al nominado Valenzuela, y que este creyese 
.salvarse lanzándome la acusación, deque tuve noticia hasta 
antier, miércoles, que entre dos y tres de la tarde se presenta 



cu mi rasa el detestable Gcfe de la policía Félix Castro. 

Este, con el énfasis y aplomo consiguientes á su rudo e- 
jercicio y eou su característica torpeza, me previno de orden 
del Juez de Hacienda que le siguiese, llevaudo la mencionada 
carta. Yo, aunque al principio lo rehuse, al fin convine, y sa- 
lí en pos de semejante esbirro; advirtiéndole, sin embargo, 
que no tenia eu mi poder la ansiada carta. Allí encontré al 
tal Adolfo Valeutin García, quien, trastornado y con la gar- 
ganta henchida, daba tamaños pasos entre el escritorio y la 
baranda. 

Lo saludé cortesmente; y al darle la mano, en la suya» 
que sentí gélida y lienta, noté que asorado temblaba. Estan- 
do ya á sus órdenes, me preguntó si llevaba la carta, referen- 
te á Valenzuela, 

. Atónito, por lo que pasaba, y olvidando que la habia da- 
do á mi hijo Dámaso, le entregué el único papel que tenia 
en la bolsa, y como resultara ser la carta en que Pujol se 
propuso intimidarme, le ofrecí presentarla al día siguiente. 

Enfurecido entonces se dirigió á su mesa, y con pulso 
trémulo púsose á escribir en una tira de papel, que entregó 
al digno ejecutor de sus arbitrarias órdenes, y con la furia 
agena de un Juez, imperiosamente me dijo: Ud. entretanto 
pasa detenido. 

Yo al verle, sufrí una fuerte conmoción, parangonando 
á un Juez recto con el hotentote que me ultrajaba, y en a- 
quel fatal momento habría querido que estuviera presente el 
primer Magistrado de la líepúblicapara que conociese al en- 
cargado del despacho, sobre quien pesa ya la pública execra- 
ción. Pero recobrada la calma, le supliqué me permitiese ir á 
la casa del General Presidente; me lo negó: insistí varias ve- 
ces, y como siempre con su necia terquedad me lo rehusara, 
seguí, en obvio de mas atropellos, á su fiel emisario. 

Al salir del edificio, ya [en el portal y aunque conven- 
cido de su rudeza, le roguó me acompañase á la habitación 
del General Presidente. El también lo resistió; y como yo lo 
intentara, me dio un fuerte agarrón del brazo, rompiéndome 
la bolsa izquierda del saco que yestia. 

Nos dirigimos, pues, á la cárcel, donde entregada la or- 
den al % ° Alcaide, y al obtener su recibo, le intimó que yo 
quedaba detenido en lo interior, como efectivamente se dis- 
pone en el citado papel, y como desde ese momento se me 



o 
puso, hasta ayer á las ocho de la mañana cu que fui trasla- 
dado á la carcelita; 

De allí elevé á la Sala 2 s de Apelaciones el escrito que, 
pasado á informe del Juez García y ya en su poder, examinó 
¡i mi hijo Dámaso, con quien tuvo un desagrado; jactándose 
de saher las leyes, que le aseguró nosotros ignorábamos; y 
como mi propio hijo le espusiéra serle imposible, entregar la 
carta que con tanta ansia le recia maba,"por no tenerla, lo 
amenazó con mandarle también ¡i la cárcel. 

En la necesidad, pues, de evacuar inmediatamente el in- 
forme, lo hizo, no sin gran demora y sin dejar de prorumpir 
contra mí, por haber ocurrido á la Sala 2*, donde funciona 
él ilustrado D. Miguel Alvarez, con quien, decía, nO estar en 
consonancia, si bien por decoro callo los términos de que usó 

Devuelto mi ocurso á la Superioridad, cuyos honorables 
Ministros sé habían propuesto despacharlo en el día, la Sala 
declaró nulo lo practicado por el Jnez de Hacienda; mandan- 
do, en consecuencia, que desde luego se me pusiese en abso- 
luta libertad, como el mismo García vióse en 4a inescusa- 
ble precisión de ordenarlo, aunque contrariando sus nefandos 
sentimientos; puesto que en la tarde del día anterior detu- 
vo en la calle á Don Escolástico Ortega, á quien dijo caberle 
el gusto de tenerme en la cárcel y que contento arrostraría 
sus resultados. 

El auto proferido por la Sala 2 * , á que me refiero, es una 
providencia acreedora de alabanza, porque honra al Tribunal 
que la dictó. "El Civismo" siguiente engalanará con ellas 
sus columnas, atento á que demuestra el desacierto, malicia 
é iniquidad del Juez García y la cordura de los Magistrados 
que han comprendido las nobles miras de "El Civismo", que 
censura toda clase de abusos. 

Esos dos seres, García y Valenzuela, tan degradados, co- 
mo despreciables, deben á su propia torpeza la horrible situa- 
ción en que se encuentran. El temor de perder la importancia 
y sueldos de sus destinos les ha ocasionado la hidrofobia que 

ofi los precipita en el inmundo fango, donde se revuelcan, 
Bin las af¡a:_Mza.s con que medran. Conózcalos, pues, el público. 
Conózcalos el General Presidente; y dando una prueba mas 
de su amor patrio, relegue al afrentoso olvido á esc par de per- 

>e para su eterna humillación y beneficio de la sociedad. 
Guatemala, Jan i- 



Nanclio Panza administrando justicia en la 
ínsula barataría. 



No siempre los homtres que pretenden y aceptan puestos 
¡tulliros son capaces de Henar los deberes que estos mismos 
puestos imponen al qve los ocupa. 

Ésta es una triste pero palmaria verdad, demostrada por 
un célebre periodista con la conducta frenética de un aboga- 
do que ascendió á la presidencia del Tribunal de justicia en 
una de las Américas del Sur con los mismos méritos que el 
fifnioso Sancho Tanza á la Gobernación. 

Entre nosotros pruébase tarabieu con la conducta ofi- 
cial del honorable personaje, que, de simple escribano del 
juzgado 1.° de 1. a9 instancia, y cuando apenas acababa de ser 
favorecido cen el título de abogado, pasó, no se sabe porqué 
intringuilla, á presidir el juzgado 2.°, en donde figura con 
asombro general. 

Allí, disfrazado de hombre inteligente, bajo el docel, en 
su sillota y empuñando bastón con borlas (que me recuerda 
un San Joaquin de cierto pueblo) ahueca la voz y charla con 
gran énfasis para os ten tai- su bisutería forense, que deja le- 
los á los pepitos que le rodean é intimida á cuantos pusilá- 
nimes comparecen ante su arrogante presencia. 

Pero eso es tortas y pan pintado. Lo lindo, lo admirable, 
lo pasmoso es de seguro su despacho, en que brillan la dis- 
crebcíoD, el aplomo de su magistral lenguaje, el orden ini- 
mitable de la oficina y seria un trabajo ímprobo entrar 

en mas detalles y en otros pormenores de sus curiosas esevn- 
tricidades, 

Tara aleccionar á los jóvenes, que con las plumas en las 
orejas, vagan por el edificio, y expeditar el despacho en lo cri- 
minal, designa ú cada pepito las secuela de las causas con que. 
quiere entretenerlos. Este las sustancia á su arbitrio: toma las 
declaraciones sin conciencia alguna; y las falla en unión del 
Juez, quien entonces solo cuida de que el actuario las auto- 
rice para elevarlas á la Corte, frecuentemente sin foliar. 

En lo civil sucede lo mismo. El actuario tramita los ne- 
gocios, como puede: examina los testigos, sin observar regla 
alguna, aunque cuida solícito de que se juramenten; y llega- 
do el caso de sentenciar, lo hace junto con el Juez, oyendo 



y 
previamente la opinión do algún, pepito, que como práctico, 
redacta el fallo, 

¡Que laboriosidad tan asidua! Yo admiro á ese ilustrado, 
á ese activo funcionario. Su cspedicion llega al punto de 
ofuscado ignorar las causas civiles y criminales pendientes 
en su despacho. Mas cuando le son devueltas por la Superio-' 
rulad, abruma á cuantos, le escuchan con la sapientísima 
crítica que hace de las ejecutorias, con excepción de aquellas 
que por respeto á ciertas personas confirman sus siempre 
acertadas providencias. 

"El Civismo", pues, embellecerá oportunamente sus co- 
lumnas con la inserción de aquellas que mas honran á o:;i 
humanidad judicial. Por ahora conteníase con retratarle en 
su despacho, ojeando los nuevos Códigos y rebosando la na- 
tural satisfacción de los hombres henchidos de vanidad, á 
que alude el insigne periodista citado en el presente artículo. 



Secundo cañazo al furioso I¿ui§ Valenzuc- 
la, escritor huero y criticón de corrillos. 



Quien tiene tejado de vidrios, no dele 
tirar guijarros al vecino. 
No hay que buscar tres ¡des al gato, 
teniendo ellos cuatro. 

LENGUA DE FUEGO. 

Suceden cosas tan raras en el mundo, que nunca dejan 
de admirarse. Dos hombres fatídicos, engendrados para es- 
carnio é insulto de la humanidad; dos seres torpes y nulos, 
personificación viva de los estravios' mas repugnantes, leván- 
tense llenos de orgullo y fatuidad, pretendiendo en vano en- 
senar lo que no saben: criticar lo que no entienden; ó hincar 
bus venenosos dientes en mi reputación, tan solo porque mos- 
i rara sus propios hechos, que patentizan su ineptitud y el 
di -precio con que son vistos en la sociedad. 

Trataré ahora fiel lamoso Yulenzuela, de. ese miserable, 
aborrecido ya hasta de su misma familia, una vez que en el 
artículo titulado "El Progreso y su Redactor" del número 
precedente y en el Alcance al mismo, logré presentar al otro 

■ il ¿ámpeori éu esqneletb, haciendo ver sri atolondra- 



miento jrdem>ta*ii la liza que oon tanta imprudencia pro* 
voeó cumulo convenia que. contrariando su característica mo- 
deración, luciese sus preclaros talentos al lado de Castclar y 
de otros rivales dio-nos SUJOS. 

El cinco del mes que liov tina, circuló el dementado Va- 
lenzuela, con fecha del dia anterior, un insulso libelo, suscri- 
to por Pioquinto Tenazas, cuyo anónimo distribuyera per- 
sonalmente, en su ansia loca de que se le repute "como es- 
critor satírico y burlesco. 

Tosteriormente, estuvo repartiendo también en persona 
otro anónimo fechado en nueve del mismo, v bajo el nom- 
bre de "l'nos guatemaltecos;'. Pero como tan solo se presta- 
ra á cubrir esc anónimo con su firma, aunque primero apa- 
reció en la imprenta de "El Progreso"' con la de C. Lazo 
y después (JOll la de Antonio Aparicio, reservóme ocuparme 
de él en su oportunidad. 

Comienza el muy majadero, ridiculizando el traje que 
uso, porque jamás he querido sujetarme al molesto imperio 
de la moda. Eso absolutamente me deshonra. Entretanto, 
todos los individuos de mi familia visten con decencia. ¿Pue- 
de decirlo mismo el jactancioso crítico respecto de su' des- 
venturada muger y de sus infelices é inocentes hijos? ¿No se 
les vé acaso presentarse con sucios harapos, que manifiestan 
el total abandono que hace de ellos? 

Nada signilicaría mi rostro ílaco v mugriento, como lo 
supone ese necio bufón. Mas si lo tuviese abotagado y con 
los ojos enrojecidos, como mi sandio contrincante, eso de se- 
guro me delataría de temulento, humillando mi delicadeza. 
Pero sí paso las noches recojido en mi casa, sin concurrir á 
la ^Taberna de la amistad-',, al Burdel llamado "El chuche'- 
ro"*,y si la policía jamas me ha sacado ebrio de Bi'ugun 
velorio, como ha sucedido á mi propio adversario, ¿de qué 
puedo esculparme? 

Titula "cinismo" al periódico que redacto, sin duda por- 
que esa expresión halaga sus habituales devaneos; llena sus 
vehementes aspiraciones, y le representa los lúbricos lugares 
cu donde halla verdadero solaz y los placeres reprobados que 
solícito apetece. 

También asegura que dicha publicación es catáhqo de 
arhimería, mi picón de vaca, guacamol de pobre, en olvido de 
que el verdadero guacamole solo encuéntrase en sus pasmo- 



10 

sas elucubraciones, cu su depravada conducta y cu su in- 
munda persona, cuya barba y cabello desaliñados, unas lar- 
gas y asquerosas, y ojos sanguinolentos que, con la fetidez do 
su aliento, recordando la borrachera déla víspera, {'orinan la 
figura mas interesante qne puede exhibirse en l'aris. 

No niego que últimamente con él finado Ceueral Carrera 
cultivé amistad, qne tuvo origen de haber servido de padri- 
no á uno de mis hijos, con cuyo vínculo rae propase calmar 
la furia de ese salvaje sanguinario, que sacriíicára bárbara- 
mente á mi hermano Dámaso por medio de un triste y célebre 
personaje, á quien debe remorder su criminal concienoia cuan- 
do lea estas líneas que le recordarán tan espantoso delito. 

Mas esa amistad absolutamente me impide que juzgue al 
truculento Carrera como corresponde, como lo he hecho y co- 
mo lo seguiré haciendo, una vez que ese hombre cerril de- 
sempeñó un encargo público importantísimo, y una vez qne 
sus actos todos, su vida pública y privada y su política reacia 
pertenecen á la historia. Nada estrano, pues, hago: nada digno 
de censura ejecuto al emitir mi juicio acerca de un hombre 
que muriera sin desasnarse; pero que sin embargo ocupa al- 
gunas pajinas del gran libro de la humanidad. 

Afirma maliciosamente el badulaque Valenzuela, y tal 
vez ofuscado por los gases alcohólicos: que yo le debí grandes 
favores al Presidente Carrera: que me costeó el entierro de 
cierto muerto, que ya hedia; y que crió un destino para un 
vastago de mi familia. Esa es una solemne mentira, una gro- 
sera calumnia, un embuste propio de su procaz autor. 

Los únicos favores que Carrera me hizo, fueron haberme 
nombrado Contador de glosa; y en una ocasión que me visi- 
tara, con motivo do encontrarse gravemente "enferma una hija 
miiu dejar bajo las almohadas cien pesos en oro, sin que lo no- 
tásemos ninguno, sino hasta mas tarde. Lo demás que el des- 
lenguado Valenzuela denuncia es de todo punto falso; puos 
el nombramiento de tercer escribiente de la Secretaria de Ha- 
cienda y Querrá hecho en mi hijo Juan José, fué debido á 
uno de mis pariente! que lo distinguiera con afecto casi pater- 
nal y por muerte de la persona que lo desempeñaba. 

En cambio oxeo haberle remunerado con usura sus defe- 
rencias, eoseflando á leer y escribir á sus hijos Encarnación, 
Mercedes, l'iancisoo y José: interviniendo, como amigo conci- 
liador, en BUI frecuentes disgustos domésticos: auxiliándole 



11 
<n Btta negocios judír-íalos y ¡mu r-n algunos reclamos por in- 
(TemnfzácicNies: extendiendo .sus escrituras en concepto de Es- 
cribano público, todo sin llevarle un solo centavo; y ultimar 
mente regalándolo un caballo*, valor de 300$. eu que hiciera la 
campaña aobre el Salvador, por ¿habérseme hecho entender 
que lo necesitaba. 

La única verdad que el mentecato Valenzuela estampa 
en su descabellado y ridículo impreso es que no tengo rique- 
zas: que soy ])i>luv; y que vivo de mi trabajo. Nunca he pre- 
tendido acreditar lo contrario. Tampoco me infama eso. La 
parsimonia de mi situación paitada me honra. ¿Tiene, por 
ventura, esa dulce complacencia mi desesperado detractor? 
¿Pnéde hacer alarde de lo «pie. en (alta ña vicios, publica can- 
didamente en sus torpes alanés de humillarme:'' 

PerO no está bien que ese desvergonzado temulento, sin 
otro .lucio (pie el de picapleitos, venga á propalarlo, mayor- 
mente siendo mi deudor por treinta y ocho pesos en (pie com- 
prara, con plazo de ocho días, desde Octubre del ano ante- 
próximo, á Mr. Agustín Pinágel una docena de sillas. Esa 
deuda la adquirí por cesión, y a] cobrársela el 4 de los cor- 
rientes, fecha de su risible impreso, le prorogué á su Instan- 
cia el plazo para el dia último del mes en curso, só pena de 
hacerla entonces efectiva por medio de la autoridad. 

Tampoco parece bien, cuando le estoy exijiendo en uno 
de los Juzgados de Paz cierta cantidad que adeuda al Maestro 
Juan Morales, dueño de la Taberna de la Amistad, por licores 
que le suministrara en los dias y noches que de ordinario 
concurría á inebriarse: motivo que Je ha impedido volver á 
ella y vístose eu la necesidad de petardear en otras que fre- 
c ue uta. 

Hay todavía mas: el fraudulento Valenzuela entregó al no- 
minado Bcfior Morales, en seguridad de su deuda y con el ob- 
jeto de que se proporcionase licores para su establecimiento, 
nn recibo de ochenta pesos, por el sueldo que como Agente 
judicial de la Consolidación, devengó en Febrero próximo ¡la- 
sado. Mas Valenzuela duplicando el recibo, cobró su valor. 
Así ha cometido un verdadero fraude, una estafa, delito juna- 
do por nuestro Código. El recibo, á que aludo, ciieuéntr. 
en mi poder. Tan pronto como lo presente, la autoridad le 
levantará un proceso. En mi mano, pues, está su suerte, Pue- 
do enviarlo á la Cártel pública, habitación digna de semejante 



Caballero, que actualmente ocupa dos destinos, en represenfa- 
cion de la vindicta pública. 

Mi honrado y querido padre Juan Sebastian de Mieheo 
fué Tesorero de bulas: empleo honorítico en aquella época,* y 
que desempeñó basta el afip de 1821, en que yo nací y se pro- 
clamara nuestra independencia. Siempre fué realista. Siem- 
pre fué fiel á su causa; y murió siendo firme en sus creen- 
cias políticas: Ningún delito, ni la mas tijera mancha empaña 
su vida pública y privada. Xo tengo por qué avergonzarme. 
Por eso lo declaro con mi frente erguida y mi genial fran- 
queza. ¿Puede entretanto mi rudo antagonista decir lo mis- 
mo del suyo? Callo á ese respecta Jamás hablaré sobre el par- 
ticular, líe contraído ese voluntario compromiso. 

Tor último, diré: que en estos dias recibí de la vecina 
República del Salvador la carta cuyo original queda en mi 
poder. Ofrezco mostrarla á la autoridad: ofrezco exhibirla á 
cuantas personas lo deseen; y como ella patentiza los abomi- 
nables antecedentes de mi estólido difamador, no puedo es- 
cusar su publicación para confundirle y arrancarle desde lue- 
go la careta con que engaña á la sociedad. Es como sigue: 

1878 
Señor Mieheo: San Salvador, Junio 10. 

Talvez puedan .ser de alguna utilidad á Ud. los siguientes da- 
tos biográficos. 

Luis Yalcnzucla apareció en esta República afiliado en el Ban- 
do conservador. Cuando el General Cabanas se pronunció en San 
Miguel, salió de la plaza Valenzuela vestido de íuuger huyendo de 
loa liberales. (Mayo ló de 1805) 

Después en premio de su faga .el Gobierno conservador le nom- 
bró Administrador de. Rentas de Usulutan, en cuyo emplee se robó 
tres mil jieaos, por lo que estuvo en el presidio, fugándose el año 
de lHüü. sin que se haya sabido su paradero hasta estas horas. 

Biempre se ocupó en denigrar á todos tos liberales de Centro-A- 
mérica, haciendo la propaganda á favor de Carrera y su círculo. 

En varias reuniones fué pateado y arrastrado por calumniador, 
y dejó memorias oproviosas con su casamiento, estafas y latrocinios. 
Sin mas soy de Ud. atento S. S. — PhhcuuI 1\ Murtiiuz. 

Ese vil traidor, ese hombre cínico, ese lenguaraz; temido 
de su desventurada muger é infelices hijos: odiado por sus 
deudos: aborrecido por cuantos le conocen y anatematizado 
justamente por la sociedad, es un infame- detractor, es un 
monstruo de corrupción, es la piedra de escándalo de Guate- 
mala. Yo le presento QQa la asquerosa figura: yo lo exhibo 
al publico con sus detestables vicios, en merecida repulsa de 

ainanioeas injurias para su oprobio y eterna cxcecraeiou. 



1¿ 
I* omitido. 

Habiendo «El Civismo" escrtado á que le ¡miden en Bti 
heroica empresa y dicho que al efecto sus eeliímuas estén 
n ncrtas, tiene ahora la dulce satisfacción do acoger en ellas 
vi siguiente remitido del joven Fernando Pineda, autor de 
mía novela, a quien el redactor con toda la efusión de su al- 
ma protesta su sincera amistad. 

Hia Juventud. 

¿Cuál es el destino de la juventud? ¿cuál la misión que 
esta llamada a desempeñar en el orden social y político de 
rada nación, de cada pueblo? En el orden moral, intelectual 
o científico ¿cuales son los deberes que tiene que llenar' 
Respecto de la familia ¿cuáles deben ser sus aspiraciones'? 
Iodo hombre que posea el don de la intelijencia, reuniendo á 
ello las cualidades del sentimiento, la idea del adelanto asi 
físico como moral de una nación, que lleva en su pecho el 
germen fructífero del progreso, que ama la paz, que desea la 
moralización de su pueblo, que pretende unirá sus compa- 
triotas con el precioso lazo déla fraternidad, se hace inv .- 
luntariamente, y como nacidas del corazón, las anteriores 
preguntas. 

Cada hombre que nace tiene que desempeñar alguna mi- 
sión sobre la tierra, por pequeña é insignificante quesea. Los 
nombres, asi como los tiempos, se suceden unos á otros El 
puesto que hoy ocupa un individuo tiene necesariamente que 
ser desempeñado mas tarde por otro, quién sabe quien, que 
taires se encuentra ahora en el seno de su familia, disfrutan- 
do de los halagos de una madre ó de las tiernas caricias de 
nn hermano. La mano que hoy dirije á un pueblo entero ten- 
drá después que ceder su puesto á la de otro hombre que 
no sabemos si sera uno de tantos jóvenes que ahora comien- 
zan a recibir la educación, ó si será uno de tantos hombres 
que se encuentran ya formados. Un hombre sucumbe v en 8U 
logar se levanta otro hombre. Un gobierno cae derrocado 
bajo el peso de una revolución ó de cualquiera otro cambio 
político y otro nuevo toma las riendas del estado que aquel 
acaba de perder. l 

El gobierno que nace promete á su pueblo cuanto le es 
dado prometer, y su principal objeto es halagar la mente de 
todos y de algunos cuantos en particular. Los hombres que 
Jiau de componer aquel nuevo gobierno son apuellos que se 
dice han sufrido mucho por la nueva causa. Aquí es también 
llamada la juventud para ensayar sus débiles fuerzas. Una de 
as principales misiones de esta es contribuir al adelanto y 
bienestar de su patria, lo misino que al suvo propio. 

Cero para que esto suceda, para que la juventud pueda 



14 

llevar á cabo su misión, para que pueda competir con los «le- 
mas hombrea qne á la sazón deberían .ser sus guías, es nece- 
sario que aquella se encuentre ya fortificada ó iniciada en Lo- 
do cuanto para ello necesite. 

La base principal para la realización de las ideas de un 
gobierno, si estas son poras, es la educación de la juventud. 
El niño tpie desde su primera edad no es llevado por el ca- 
mino déla virtud, de la moral y de la relijíon, (tres cosas 
que tienen tal dependencia que no puede existir la una sin 
la otra) de nada servirá que sus padres y maestros se afanen 
en llenar su mente de mil cosas que aun no puede compren- 
der, porque le falta algo que debe guiar sus pensamientos y 
sus raciocinios. En vano se querrá hacer de un niño un hom- 
bre de mediano talento» porque si llega á conseguirlo solo le 
servirá para llenarle de fatuidad y orgullo. ¡Cuantos jóvenes 
pretenciosos no andan con la .cabeza erguida, creyéndose ya 
hombres de grandes capacidades y que do son mas que un 
Boro á la izquierda! ¡Cuantos no hay que mostrando un aire 
afectado porque se creen superiores á todos los que al pare- 
cer pertenecen á una esfera mas baja, y los miran con despre- 
cio solamente porque ellos se han creído grandes! Es verdad 
que esto no sucede con todos, porque si asi fuera tendría- 
mos mucho mas que lamentar, pero sí sucede con una parte 
considerable, y la causa primordial de esto es la insensatez 
de los torpes aduladores (pie desgraciadamente nos rodean. 

(Cu ni ¿miará.) 



Literatura; 



TVEainiel IMegnex. 

Este ínclito bardo merece justamente el aplauso general. 
Su esclarecido nombre, radiante de gloria, se liará eterno cil 
sus blandos, cadenciosos ritmos. Poeta natural, cantó la natu- 
raleza, el amor y los heroicos hechos desús distinguidos cora- 
patriotas, con la energía de su elevado genio y el copioso 
raudal de gracias y bellezas (pie le eran tan familiares y que 
tanto sobresalen en sus recomendables composiciones; 

ííijo del Licenciado Dori .losé Domingo Diegttezjr Lo- 
na Josefa Olavcrri, nació en esta ciudad, el 20 de Mayo de 
1821. Sd risueña infancia se deslizó tranquila entre las dul- 
BUS queridos padres. Concluido o] aprendizaje 
de] latín, cursó en la IJuiversídad filosofía y jurisprudencia 
i'ini .singular aprovechamiento. Apenas se habia graduado en 
lores, cuando fué reducido á prisión y seguidamente estraíui- 



do á la vecina Rcpúbtflía .Id Salvador, tan solo por<rtw pro- 
pillaba sin embozo sus opiniones políticas. 

Al siguiente ano, muerto su padre, volvió fi Guatemala, 
fnerced & los esfueráos de su buena madre, con el fin de con- 
tinuar sus estudios interrumpidos por atfuel motivo Y es 
hofablequé ninguno dolos gobernantes de aquella luctuosa 
época* tntersára en su regreso, ni monos aunen propor- 
cionarle rfmgun alivio en su desgracia, como en la república 
mexicana lo hizo el ilustre General Tornel con el celebre ió- 
Ven poeta Don temando Calderón, á quien, aunque concep- 
tuaba enemigo etí política, tuvo la magnanimidad de resti- 
tuirle a su patria y llevarle al seno de BU familia, escribiéndo- 
le que elfjenw no tenia enemigos y que los talentos debían res- 
petarse por las revoluciones. 

Colocado el joven Dieguez en la necesidad de propon 
Clonarse la subsistencia, puesto que, perdido su padre, ¿ini- 
cia de apoyo J de recursos para vivir, por la inopia de su fa- 
milia, resolvió abrazar cuanto antes la carrera del foro, tari 
conforme con sus sentimientos y aspiraciones. Así, cu el afio 
de 1S49 logró terminarla, Cdn el título de Abogado, en cu- 
yos previos exámenes hizo brillar su claro talento ve] trniü 
catldal de conocimientos que había adquirido en la vasta cien- 
cia del derecho. Dedicado á la abogacía, si bien cuidó con 
especialidad de no hacerse jamas odioso, no pudo sin embar- 
go evadirse de los sufrimientos y desagrados, triste lote del 
ejercicio de esa profesión, en que saboreo amargamente el dis- 
gusto de ver a -unas veces atropellada la justicia y concul- 
cados los derechos mas santos. 

Durante su azarosa vida, impregnada de crueles vicisi- 
udes por la lata idad de los tiempos, consiguió únicamen- 
te el destino de Auditor de guerra, que le vimos servir con 
prudencia, tino y mesura. Mas como no se plegase á las in- 
moderadas exigencias delmilitaris.no desenfrenado de aque- 
llos nefandos días, cuyos desmanes intentara en vano re- 
primir, le fue preciso renunciar , -se destino, no sin haber apu- 
rado hasta las heces el acerbo cáliz de la humillación, y re- 
ducirse a los escasos rendimientos de su oficio, para «onser- 

y ;i Lien ii iH;mi:;r umesy **."**** ■%■»» « ^^ 

f En BU calidad de abogado, alcanzó se le calocase en el 
numero de los eminentes jurisconanltos americanos por bu 
mentó y honradez. Bu estilo era verdad-ramentc forense rico 
de imágenes y de pensamientos elevado,: Bu lengaaje puro v 
corréete, embellecido siempre con la ática sal de sí gínio; í 
porsn acierto en el despacho de los negocios civiles y crimina- 
les, como por so amena, extensa y variada instrucción, de que 
nunca hizo alarde, mereció el aprecio general que supo «Jb- 
-aisecon la dulzura de su índole y la caballerosidad de su 



1G 

Pero si Dieguoz se recomienda tanto en su carácter de 
jurisconsulto ¿quién no conceptúa mayor su mérito cu el ra- 
ían de la literatura, á que desde muy niño mostrara dicidida 
afíooion? Con el ejemplo de su padre y de su hermano, am- 
bos insignes poetas, su fecunda fantasía produjo tiernos can- 
tor en versos sonoros y agradables, que sin corregir, ni limar 
se imprimieron unos, circulando otros todavía inéditos, apar- 
to de las novelas y dramas que tradujo del francés, cuyo 
idioma sabia con alguna perfección. 

Por lin. en el infausto dia 20 de Mayo de 1861, después 
de una larga y penosa enfermedad, producida y agravada por 
toda clase'de privaciones, sucumbió al dolor; dejando á su 
infeliz viuda y desventurados hijos en la espléndida miseria, 
ti sus amigos en profundo duelo y á los infelices, á quienes 
generosamente patrocinaba, sin esperar retribución ninguna, 
Munidos eh orfandad y llanto. Su muerte que se considera 
como una pérdida para el foro y para las letras, fué llorada, 
por varios de nuestros poetas. Entre estos, . se distingue Don 
Francisco González Campo qué con tan lamentable objeto 
esbribió una bella y sentida composición, en, que exhalando' 
üri suspiro á la grata memoria del malogrado Dieguez, der- 
rama con profusión las galas todas de su apasionada y y me- 
lancólica musa. 



Traducción lil>x*c. 

A LA HECHICERA Y DONOSA JOVEN C. M. 



Cuando la sombra de los montes cae¿ 
La hermosa Diana rutilando asoma 
Y en tersa linfa sus plateadas luces 
Diáfanas brillan 

Asi también en el inmenso piélago, 
Dó el alma mia se estremece y vibra, 
Hórrido grito de dolor profundo 

Lánguido exhalo. 

Al ver que siempre tu nevado pecho 
[ngrato viene y por doquier desoie 
Al que infelice sin cesar apura 

C.-ilix amarg 



i ¡.mala : .11 mo DE 1S78. 
IMPRENTA DE ABKA1IAM P. l'ADILLA. 



Número *í. 

®L CIVIgMO. 

Periódico de política, ciencias, literatura, comercio &. 

SU REDACTOR JOSÉ MARIANO MICHÍO. 
/Saldrá los (lias 10, 20 y 30 de cada mes, á real él número. 

Una alcaldada del Juez de Hacienda 
Valentín García. 

¿No lo es, por ventura, la tropelía cometida por ese mal 
hombre al reducirme á prisión careciendo de competencia, 
para conocer de la maliciosa queja de Luis Valenzuela, en 
su carácter de Agente Fiscal? Ya puse en conocimiento del 
público ese hecho escandaloso. El número anterior registra 
un artículo á ese respecto. Ahora no puedo escusarme de in- 
sertar algunos documentos relativos á tan punible atentado, 
para eterna execración de su maligno autor. 

Este individuo es tan perverso, tan ruin, tan desvergon- 
zado, que después del imperdonable abuso que cometiera pa- 
ra saciar su hidrofobia, estampa con inaudita audacia en su 
ridículo y apasionado informe, emitido por orden de la Sala 
2. * , que me considera y que le lastima mi posición, atento, 
dice, á que soy un padre de familia digno de mejor suerte. 
¡Qué impudencia! ¡Qué hipocresía! El pudo evitar mi prisión. 
Sin embargo la decretó para complacerse en ella. He aquí la 
orden comunicada al efecto: 

Guatemala, Junio 26 de 78. 

El Alcayde reciba detenido en el interior á disposición 
de este despacho á Don José Mariano Micheo. 

Firmado. — García. 

¿Qué mejor prueba de la inquina que me profesa y de 
bu parcialidad? Mas su despecho para conmigo llega al pun- 
to de haber costeado en su tacañería la reimpresión de un ar- 
tículo de '-El Heraldo" titulado "Aletazos", que él y Valen- 
zuela personalmente reparten y cuya respuesta también re- 
gistra el presente número. 

El odio del vanidoso Juez García revélase en su aludi- 



(lo informe. No puedo resistir ¡i la tentación de publicarlo. ííi 
solo basta para su oprobio: él pantentiza su ignorancia su- 
pina: 61 demuestra la ninguna dignidad con que ejerce su 
encargo. No exajero absolutamente. Su simple lectura la 
persuade. Llamo la atención del público á tan estupenda 
obra. Dice textualmente: 

Corte de apelaciones. — Ciertamente se encuentra de- 
tenido el Ldo. don Mariano Michéo, en la cárcel pública, de 
mi orden, por haberse inhibido los Seflores Jueces primen» 
y segundo de primera instancia, y en virtud del acuerdo Gu- 
bernativo de veintisiete de Mayo de ochocientos setenta y 
cuatro, que dispone: "que por impedimento ó recusación do 
" los Jueces de primera instancia pasan los negocios al cono- 
" cimiento del Juez de hacienda y del mercantil por su ór- 
" den." 

El Ájente Fiscal Don Luis Valenzucla ocurrió al sefíor 
Juez 2 o acusando al ocurrente por injurias atroces; rmis 
como en la acusación él dice que la carta ó libelo infamato- 
rio fué leido por el señor Juez primero, hubo éste de declarar 
ante el segundo, y verificado así se refirió al último, por lo 
que se desprendió dicho Juez 2 ° del conocimiento de la cau- 
sa, pasándola con noticia del acusador, que no tuvo incon- 
veniente, al Juzgado de mi cargo, que aceptó en razón del 
acuerdo ya citado. 

Ahora, no es cierto que me haya jactado de venganza, 
ni que ofreciera arruinar á la familia del quejoso; mucho 
menos que hubiese hecho chisme alguno, contra alguien de 
sus hijos; y si el autor del "Civismo" satirizó al Juez infor- 
mante, no por eso guarda contra aquel resentimiento ta), que 
deseara ó le procurara la muerte. Si la vida es apreciablu 
para todos, lo es mas para aquellos que por dicha son felices 

fe mundo, gozando de tranquilidad, de alguna fortuna, y 
sobre todo de una posición social que quizá envidia mi detrac- 
tor; por consiguiente, no estoy dispuesto á jugar mi vida 
por la de él: no soy su enemigo, lo digo con sinceridad y 
franqueza; y si cree haberme ofendido con su artículo, lo 

recio, como deBp ruciaré cnanto diga do mi conducta pú- 
blica ú ofivia!. porque atacándome en aquel sentido ó como 
na muy adherida á la del ¡Scíior Jeneral Presidente, no 

. mi á qtfteo toca defender la Administración publica, % 
i oficial. 



Quisiera, y lo busqué con ahinco, haber encontrado eli 
Ódigos un artículo qfce fundara mi inhibición, ¡ojalá que 
esa Superioridad lo halle; así se me quitaría un peso que ha- 
bría botado ya, si la ley no me obligara á llevarlo. 

Protesto no haber obrado ni querido obrar contra el Ldo. 
Michéo en venganza; lejos de eso, lo considero, me lastima 
su posición, al fin es un padre de familia, digno de mejor 
suerte; yo tengo la mia, y para ella deseo un feliz porvenir. 

Nada digo á esa Superioridad, respecto de los términos 
en que está concebido el ocurso, porque faltaría á la sumi- 
sión, respeto y consideración (pie les debo. 

Por último, me abstengo de remitir el proceso, porque á 
ese respecto consulté al señor presidente de la Sala, interpre- 
tando el artículo 30 de la ley orgánica.— El reo queda en la 
cárcel, y por despachar este informe, no le tomó hoy su de- 
claración ad inquirendum; lo verificaré mañana, porque a- 
pénas queda tiempo para examinar al último de los testigos 
citados, Don Ignacio Molina.— Guatemala, Junio Vt de 1878. 
--C. de A.— A. V. García. 

Nada importa que con su natural doblez asegure no ser 
enemigo mío. Los hechos, aun palpitantes, lo desmienten. 
Si tuviera pudor, guardaría silencio. El candorosamente se 
engaña cuando se. figura en una risueña posición social. 
¿Quién no le conoce? ¿Quién ignora sus torpes manejos? El 
arbitrario procedimiento de que amargamente, me quejo, pú- 
nese de manifiesto en el auto proferido por la Sala i. * Lo 
copio á la letra para confusión y aturdimiento de mi enco- 
nado adversario. 

Corte de Apelaciones: Guatemala, Junio 27 de 1878. 
—Visto el ocurso del Lie. Don José Mariano Micheo, con- 
tra los procedimientos del Juez de Hacienda de este Departa- 
mentó, llesultando del informe respectivo y de los antecedentes 
que para mejor proveer se han tenido á la vista: que dicho 
funcionario apareció conociendo en la causa criminal inicia- 
da por Acusación del Ájente Fiscal Don Luis Vak-nzuela, 
contra el Lie. Michéo. ¿in previa resolución en forma legal) 
relativa á la inhibición delJues 2.° de L* instancia d 
mismo Departamento. 

Considerando: q Ue el artículo 75 del Código civil de pro- 
dGmientos, terminantemente prescribe, que los Juea 
ben escudarse del conocimiento de algún negocio, cuando se 



*4 
crean impedidos por alguna de las causas que determina el ar- 
tículo G6 de dicho Código: que el artículo 76 del mismo, 
manda también que el Juez haga saber á las partes su escusa 
ó impedimento, para que espresen si se conforman ó nó, con 
que él conozca en el asunto; y que en caso de estar confor- 
mes el Juez queda hábil: que el artículo 77 siguiente estable- 
ce, por otra parte, que si ambos litigantes ó uno de ellos, ma- 
nifestare que debe separarse el Juez, se enviarán los autos al 
Tribunal que desidirá dentro de cuarenta y ocho horas de 
recibidos los autos. 

Considerando: que en obediencia de esos artículos, el 
Juez Segundo de primera instancia, si reconocía tener impe- 
dimento para conocer en la causa contra el Lie. Michéo, de- 
bió hacerlo saber á las partes, para que estas espresasen lo que 
les conviniese, y hacer así efectivo el derecho que la ley dá á 
los litigantes, de sujetarse á las desiciones de determinado 
Juez, á pesar de su impedimento legal; ó en caso de admitirse 
por los interesados la escusa, el predicho Juez debió dar cuen - 
ta á la Corte de Apelaciones, porque ésta, con esclusion de 
cualquier otro Tribunal, era la llamada á desidir acerca de la 
legalidad ó ilegalidad de la escusa. 

Considerando: que por no haberse cumplido con tales 
requisitos, se ha conculcado el artículo 10 del Código civil 
de procedimientos, en su inciso cuarto, que señala como ine- 
ludible, la obligación que los Jueces tienen, de no suspender 
ni alterar las formas y ritualidades de los juicios. 

Considerando: que por las razones espuestas, el Juez de 
Hacienda no ha tenido competencia para entrar al conoci- 
miento de la cauca á que esta resolución se refiere, una vez 
que antes de llegarse el caso en que con arreglo al acuer- 
do de veintisiete de Mayo de ochocientos setenta y cuatro 
puede conocer de asuntos comunes, no se llenaron las for- 
malidades susodichas. 

Considerando: que reconocida y declarada la incompeten- 
cia del Juez de Hacienda, de estricto derecho es también, con 
arreglo al artículo {trescientos cincuenta del mismo Código 
de procedimientos, declarar la nulidad de todo lo actuado por 
aquel, l'or tanto: la Corte de Apelaciones declara: que es nulo 
el procedimiento en la causa iniciada por Don Luis Valen- 
zuda, contra el Lie Micliéo desde el folio tres del cuaderno 
de primera instancia en adelante: manda que éste sea pues- 



to inmcdiamente en libertad; y que la causa se pase al Juez 
que corresponde. — Notifíquese y devuélvase con certificación. 
— Díaz — Arroyo — Alvarez — Manuel F. Polanco. 

Hecha esa solemne declaratoria ¿tendrá fcodavia cara el 
desatentado Valentín Garcia para vanagloriarse de su con- 
ducta oficial? ¿Tan ciego es, ya que carece de toda delicadeza, 
que no pudo ver los artículos del Código de procedimientos 
civiles, que cita la Sala, y los incisos 2 y 11 del 00 del propio 
Código, para inhibirse? Con mucho ahinco, pues, lo registró. 
Se conoce, así como su vehemente deseo de desprenderse de 
Ja causa. 

Protesto con toda sinceridad que no envidio la decanta- 
da posición social de mi detractor, en quien ya pesa el anate- 
ma público. Su fortuna, bastante escasa, débela sin duda á 
las casitas consolidadas que por compra adquiriera en vales 
y en los plazos consabidos. Débela también al pingüe sueldo, 
nada menos que de 200 pesos mensuales, con que le socorre 
el (ieneral Presidente en su munífica longanimidad. 

Risa dá el alarde que ese atontado hace de la tranqui- 
lidad, que supone gozar. ¡Tan ancha es su conciencia, que ya 
no le remuerde! Yo siento mas quieta y calmada la mía en 
la cárcel. Aquí me conceptúo mas honrado, que esa magna 
persona judiciaria en su espléndido despacho, entre sus ab- 
sortos pepitos, manoseando papeles y ojeando afanosamente 
los Códigos que con todo y su esclarecida inteligencia nunca 
comprenderá. Sin embargo, ese hombre ensimismado y sin 
mérito alguno, continúa desempeñándolas delicadas funcio- 
nes de Juez de Hacienda! 



Otrn alcaldada del Juez 2. c Juan Francisco 
Aragón. 

Un abuso, de cualquiera especie que sea, conduce á otro 
mayor. Tal ha sueedido conmigo. Estropeado y escarnecido 
por el Juez de hacienda, lo soy actualmente y con mucha ru- 
deza por el 2.° de 1 5 a Instancia. Xo puede este defenderse en 
la prensa, porque es incapaz. Tendría que valerse de otro. Por 
eso pretende humillarme con la autoridad que en mala llora se 
le confió. Me tiene preso. Mas al fin se acordará mi soltura. 



Entonces él sufrirá otra vergonzosa derrota y sus funqsfcaa 
consecuencias'. Entretanto, cumple ú mi derecho informar al 
público de lo courrido. 

Declarado nulo todo cuanto prootieára el Juez do ha- 
cienda, las diligencias se devolvieron al 2. ° , para que, con 
ini audiencia, resolviese sobre su absoluta' inhibición. Me 
dio al efecto un traslado. Pero no pudiendo evacuarlo en 
el acto, le supliqué me permitiera verificarlo el lunes próxi- 
mo. Con todo, en providencia del mismo dia dispuso que 
las enunciadas diligencias so elevasen á la Sala 2. rt 

Sabedor de que ya lo habían sido, y sin tiempo para for- 
mular una esposicion, siquiera lacónica, ocurrí en persona 
al Presidente de la Sala: le manifesté: que no se me habia 
oido: que tenia que alegar; y que, publicado el artículo ¿¡an- 
cho Panza, el juez, objeto de ese rodículo, carecía de capaci- 
dad legal para serlo. 

Convencido, al parecer, de mi fundada pretensión, me 
respondió que la Corte se limitaría á devolver las aludidas 
diligencias, para que, oyéndoseme, como lo solicitaba, se hi-> 
ciese la conveniente declaratoria. Mas fué un grosero enga- 
ño. La Sala, aprovechando mi silencio, declaró ilegal la escusa 
del Juez Aragón. Los considerandos de ese auto son espe- 
ciosos, liólo aquí: 

Corte de Apelaciones: Guatemala, Julio 1.° de 1S7S. 

Visto el auto de 28 de Junio anterior en que el Juez 2. ° 
del. p Instancia de este Departamento se escusa de cono- 
cer en la causa que por acusación de Don Luis Valenzuela 
se ha iniciado por injurias contra el Licenciado Don Josó 
Mariano Miélico, escusa apoyada en que debe declarar aquel 
funcionario en dicha causa como testigo. 

Resultando que se ha dado audiencia al acusador y acu- 
sólo conforme lo dispone el arlículo 76 del Código de pro-i 
CodimientQS civiles que el segundo no evacuó la audiencia y 
el primero ha aceptado la escusa del Juez. 

Considerando que tal escusa no tiene fundamento li gal 
porque el inciso 18 del artículo 76 del Código citado sé retíe- 
¡vanientc ; 'i los Jueces que ya hayan sen ido di 

presente caso aunque el Juez 2.° haya dado 

munio, este es nulo por haberlo recibido Juez Incompe- 
tente, como se declaró en auto de 27 del mes de Junio últi- 
mo, que en tal virtud aunque el acusador haya aceptado di- 



7 
cha esetisn por este solo bocho no debe respetarse legal: 
Por tanto la Curto de Apelaciones, de conformidad! con 

el artículo citado y en vista del 77 del propio Código, decla- 
ra (pío no es legal la escusa que h» propuesta elJáeí2.° 

de este Departamento. Notifíquesc y devuélvase con certiíi- 
caciou. — Diaz. — Arroyo. — Alvarez.— Manuel F. Polanco. 

Verdad es que se me dio audiencia. Tero como se hi- 
ciera tan perentoriamente, no pude evacuarla. ¿Porqué bc 
me priva dotan sagrado derecho? ¿Porqué antes de remitir 
las diligencias, no se declaró renunciada la aludida audien- 
cia? Entonces habría apelado: entonces indispensablemente 
ge mc"habria oído, Perú el embuste y el engaño oran nece- 
sarios. .Sin semejante argucia el Juez Aragón, de seguro, 
habría sido separado. 

Tanto este, como el primero, declararon tergiversando 
los hechos. Su testimonio es, en consecuencia, el de un tes- 
tigo falso. En el criterio legal tampoco merece crédito alguno. 
Empero, ¿cómo la Sala establece que la escusa del 2.° es ile- 
gítima? Ridiculizado, pues, y hallándose en el mismo caso 
que Valenzuela, no puede, no del c juzgarme. Está impedido, 
conforme los incisos 2 y 11 del artículo GG del Código de 
procedimientos civiles, y mas que todo, por demandarlo im- 
pcriosamen'e la razón, la equidad y. hasta el buen sentido. 

Obsequiado ese oficioso y arrogante Juez con una pro- 
videncia, que tanto halagaba sus ruines resentimientos, su 
escesiyo encono y su furiosa ansiedad por envilecerme, me se- 
pultó en la cárcel, donde me encuentro, y donde escribo es- 
tas líneas, sin lograr su separación. El tercamente la resiste. 
Se goza en su negro proceder; cabiéndome la fatal desg 
de que le apoye la Sala, á pesar de que uno de los Magistra- 
dos en su integridad é ilustración salvara su voto. Esto fun- 
cionario llámase Rafael Arroyo. Yo consigno su nombre con 
la tierna efusión de mi agradecida alma. 

En tan aflictivo apuro, aunque con esa triste convic- 
ción, dispuse usar del fcnii rado recurso, que me que- 
daba. Oourr,íj pues, á la propia Sala, con la energía de mi 
carácter. Pidió esta informe al obstinada Juez, quien, sin 
pudor alguno y con la audacia y aplomo de los tontos, lo eva- 
cuó en los términos siguieui 

OOBTE DE atki.A' ioxi:s_ Kl ,l¡a de ayer recibí de la 



8 
Secretaría de la Corte las diligencias que se instruyen con- 
tra el Lie. Don Mariano Michéo ordenó su detención á las 
doce del dia dando la comisión al Gefe del Resguardo quien 
como á las dos de la tarde me dio cuenta haber cumplido 
dicha orden: al entregarla al Gefe le previne procediese con 
prudencia y la circunspección del caso. 

El acto en que fué aprehendido el Lie, Michéo no lo 
presencié y el Juzgado no ha librado mas órdenes que la 
expresada y la de que el Alcaide le recibiese, de suerte que 
respecto á estropeo, encierro en calabozo y bartolina de que so 
queja, nada puedo informar. 

Efectivamente el dia de hoy se ha presentado el Lie, Mi- 
chéo manifestando que desconoce mi autoridad fundado en 
que al inhibirme del conocimiento de su causa cometí una 
falta: que así lo ha declarado la Sala; y que por las leyes ho- 
lladas á ese respecto tiene espeditos sus derechos para ejer- 
citarlos tan luego como recobre su libertad: dicha solicitud 
se está tramitando actualmente, 

A mas de la acusación de que he hecho mérito y que 
tiene conocimiento la Superioridad hay otras dos del mismo 
Don Luis Valenzuela por calumnia como particular, y en su 
carácter de Agente fiscal dirigidas al Sr. General Presidente, 
á los Jueces de Hacienda y 1.° de 1. * instancia acompañan- 
do los números del periódico "Civismo" donde obran los ar- 
tículos á que se refiere Valenzuela: también este al ratificar 
la última acusación agregó que el mismo periódico "Civismo" 
en sus diferentes números contiene alusiones injuriosas con- 
tra el Sr. Presidente de la República, contra el Sr. Gefe Po- 
lítico y contra los Cuerpos del Estado, y que haciendo uso 
de la acción popular y de las obligaciones que le impone su 
carácter de Agente fiscaL 

Cumplo con lo mandado por la Superioridad al evacuar el 
presente informe protestándole mis respetos. — Guatemala, Ju- 
lio 3 de 1878.— C. de A.— Juan P. Aragón. 

Ese documento raro, sui generis, prueba la temeridad ú 
ignorancia de su signatario. No necesita comentarios. Pas- 
man las escusas con que neciamente pretende vindicarse. El 
decretó mi detención en el interior do la cárcel. El ordenó al 
(¡.•fe del resguardo, que no se retirase sin verme entrar y sin 
rejistrarme, como lo hizo. Eso bastó á tan bárbaro polizonte, 
para que me vejara en el corredor de los Juzgados y auu cu el 



despacho de los Alcaides, á presencia del %, ~ Y ese ener- 
gúmeno es el Juez á que la Sala indiscretamente me some- 
te en su anómala resolución, que también me permito trans- 
cribir: 

corte de apelaciones: Guatemala, Julio 4 de 1878. 

Visto el ocurso de hecho introducido por el Licenciado 
don José Mariano Micheo contra el Juez 2.° de 1. a Instan- 
cia de este departamento quien lo ha mandado detener, y soli- 
cita que la causa que se le instruye, se pase al conocimiento 
•del Juzgado de Comercio ó al 1.° de Paz. 

Visto el informe emitido por el Juez 2.° y apareciendo: 
que ha ordenado la detención del ocurrente, por acusación 
que por injurias ha presentado don Luis Valenzuela. 

Considerando: que los procedimientos del Juez no pros- 
ean mérito para dictar providencia una vez que afirma y cons- 
ta que conoce de la acusación indicada: que no consta que las 
vejaciones que dice el Licenciado Michéo ha sufrido en el in- 
terior de la Cárcel pública hayan sido ordenadas por el Juez, 
pero que es de justicia inquirir cuales sean aquellas, y de 
quien hayan procedido: que acerca de la inhibición del Juez 
2.° tampoco puede dictarse providencia por ahora, puesto que 
«1 mismo querellante afirma haber ocurrido ya ante el propio 
Juez, haciendo uso del derecho de recusación; y así consta 
también en el informe aludido. 

Por tanto, la Corte de Apelaciones, sin perjuicio de los 
¿lemas derechos que pueden competir al Licenciado Michéo, 
declara que no ha lugar, por ahora, á que sea puesto en 
libertad: que bajo el mismo concepto, tampoco ha lugar á 
prevenir la inhibición del Juez 2.°; y previene que éste ins- 
truya pronta averiguación acerca de las vejaciones de que se 
ha quejado el Licenciado Micheo; y que dicte las mas eficaces 
órdenes á fin de que el mismo Licenciado Michéo sea tratado 
con todas las consideraciones compatibles con la seguridad 
de su persona, una vez que esto último es el objeto único de 
la prisión preventiva - Hágase saber y trascríbase al Juez: ar- 
tículo 18 de la ley de 10 de Enero de 1852 articulo 5.° libro 
1.° del Código civil de procedimientos artículo 228 del Códi- 
go penal. — Diaz — Arroyo — Alvarez — Manuel F. Polanco. 

¿No es acaso un horrible vejamen, una ofensa gravísima 
poner detenido en el interior de la cárcel á un hombre hon- 
rado, á un padre de familia':' ¿No lo es ordenar que me con- 



1(1 

du jera el honiliro que poros días autos mn habia atropella- 
do? ¿En donde oslamos? ¡Olí temporoyofc mores! eselamaha 
Maróo Titilo. ¡Oh jueces, olí magistrados! cligd yo también. 
Tod(jS soi.s unos. Pava vosotros nada valen las leves. La jus- 
t-icia en vuestras manos se ve frecuentemente violada. Ka 
una i'arza y tan solo un terrible instrumento para saciar vues- 
tra execrrtble venganza. 

Establécele así mismo que yo había ocurrido al Juez 2. ° 
haciendo uso del derecho do recusación. Semejante especio 
es falsa, falsísima. Autorizo á los magistrados Diaz y Alva- 
rez para que publiquen mi eserito. Yo lo baria gustoso. Pe- 
ro no me quedo borrador. El original obra en autos, sin que 
me haya sido pasible sacar copia de Si. Goto todo, aseguro 
que mi BoHcitud 66 reduce á protestar contra lo practicado, 
y desconocer al ducz 2.° . Por eso he resistido declarar. Ja- 
más lo haré ante él. Me precio de hombre lirme. Nada abso- 
lutamente me intimida. Sufro resignado todas las injusticias 
con que de propósito se me abruma, y me contento por aho- 
ra con orientar de todo al público, ú reserva de hacerlo en lo 
sucesivo de cuanto acaeciere. 



Una anomalía. 

Sabe la redacción que por orden superior se dispuso: que 
los Generales sin entretenimiento funcionen como (Jefes de 
dia, para evitarles la ociosidad que puede serles dañosa. 

Ln el número de esos denodados adalides figura uno, 
que percibe seis mil pesos anuales: goza de buena salud, y tu - 
lie la dicha de hacer los dias ¡loches y las noches dias en sus 
inocentes y acostumbradas distracción 

Pregúntase ,;quó razón haber puede para exceptuarle de 
e-e peqne&o servicio? -VA civismo" es curioso. Todo lo quien- 
saber; y se permite que sobre el particular se le dé siquier» 
alguna esplicacion. 



Otra rareza. 



La aglomeración d -n una sola persona produce 

convemenl S ra vez, y nada no- 



11 
ríos que respecto del humilde redaétor de "El CWsmo,'' cuan- 
do le estaban encomendadas I;i Contaduría ma?or de cuentas 
y la fiscalía del Gobierno. 

La resolución á que se ¡ilude es muy loable. Se dictó pon 
sobrada justicia. aunque los dictámenes y conckrsiónes linea- 
les se eslendian en la casa del encargado de Bñ despacho y fue- 
ra de las horas de asistencia obligada á las oficinas de Hosa; 

to no obstante, observa-- ■: que el Juez mercantil sirve 
también actualmente oom,o magistrado, enyas fruiciones pare- 
ce imposible que desempeñe, porqué durante urnas mismas 
horas no puede concurrir á ambos despachos, salvo que al elec- 
to se le haya otorgado ese milagroso privilegio. 

El sefíor Ministro de justicia lo sabe rany biep, puesto 
que acordó reciba únicamente el sueldo de magistrado. ;I\»r 
qué permite, pues, la aglomeración de dos incompatibles des- 
linos en un solo individuo, con todo y ser apiveiable, por su 
estrema modestia y despejado talento? ¿Ya sé le olvidó tan 
luego que ese hacinamiento do cargos no es conveniente al ser- 
vicio pública? 

f 'FA Civismo" lo indica. Conténtase con llamar la aten- 
ción iel Gobierno á que fuera de ese reducido círculo se en- 
cuentran hombres de mérito y honradez: y espera que con es- 
ta nueva oportunidad el afamado n-.lact.or de "El Pros 
que lo ha convertido .... ruines pasiones, salte envalen- 

tado á la liza para, como desfacedor de entuertos, hacer brillar 
I9ii elocuencia de plaza, ostentando su extravagante metro 
historial. 



A u 11 aletazo un picotazo. 

Ya Don Manuel Cabral me aplastó al írsele la lengua. 
-Kl Heraldo"', á quien su propio redactor califica de a tifísi- 
mo, registra un artículo titulado aletazos, en que descubrien- 
do su conflicto y para cohonestar su conveniencia con el 
celebre patrio! ¡sino que profesa, poseído de despecho descar- 
ga contra mí una runfla de injurias en nn lenguaje chabaca- 
no, honra y gloria de su aplaudido autor. 

"El Civismo" que, i_a concepto de Cite nunca ha censu- 
rado masque lo bueno, difícilmente podría responder en de- 
tal á los dislates de tan estupendo artículo, verdadero gaü- 
matias ó totum revolutum. 

El ¡nalenque de la personalidad ea para mí aborrecible y 
odioso. Si en el he tenido alguna vez que penetrar, 



12 

pa mia. Es de mis obcecados contrincantes: es de esos viles 
convcniencieros, que pretenden sufocar mi voz con sus inau- 
ditas torpezas, con sus maliciosas acusaciones y hasta con 
las vias de hecho de que desesperados charlan en su vergon- 
zosa derrota. 

No niego que peino canas, aunque desde muy joven, y 
que desde entonces también sufro por combatir las arbitrarie- 
dades del rudo militarismo y criticar los errores que actual- 
mente censuro en mi pequeño periódico, solicitado con avidea 
en esta Ciudad, donde "El Heraldo" no es leído, sino por el 
estimable redactor que fabrica con copias y cansados cuodli- 
betos '"El Progreso", admiración de ciegos y tontos. 

Pero sopa el del "El Heraldo" que, siendo oficial ese pe- 
riódico, porque el Gobierno le paga 100 pesos mensuales y 
costea su impresión, no es libre para escribir cuanto le ocurra. 
Hágalo enhorabuena en publicaciones esclusivamentc suyas. 
Allí adule: proclame el desorden de que medra, y arrástrese. 
Con su pan se lo coma. Pero no degrade hasta ese punto la 
prensa oficial. Tenga siquiera alguna dignidad: ame á su 
pueblo; y jamas ensordezca la voz del progreso en su ansia 
loca de figurar como periodista. 

"El Civismo" nada produce á su redactor. En los tres 
primeros números perdió sobre cincuenta pesos. Sucede eso 
por ventura al afamado Cabra! con "El Heraldo"? ¿No come 
acaso del presupuesto? Y en tan lucidas como lucrosas ocu- 
paciones ¿ganará ese miserable dignamente su pan? 

Ya presumía yo que no le faltaba copioso caudal para 
llenar su periódico. Pero eso nada importa, si aun el núme- 
ro 41 á pesar de la crítica de -'El Civismo", fuera del artícu- 
lo aletazos, no contiene producción alguna de su fecundo 
cacumen. Pobre diablo, que en servicio de la patria y sin tra- 
bajo se sorbe los 100 pesos mensuales y figura en la pléyade 
de periodista como el fuellero de la orquesta. 

Tuvimos es verdad la desgracia de que Guatemala ama- 
mantase en tiempos de triste recuerda á los Jesuítas. Enton- 
ces Cabra] era uno de sus entusiastas admiradores. Entonces 
solo abría su pico para elogiarlos. Ahora quiere que el pue- 
blo los conozca como vampiros, solamente con la reproduc- 
ción de un folleto ageno, ¿Porqué él no escribe lo que presen- 
ció cuando les pertenecía como su apasionado adepto, y luco 
así su caudal literario con asombro de la América? 

López Uraga es en efecto un bandido. Con todo, hubo un 
tiempo en que la prensa oficial, mal informada, le prodigó ala- 
banzas. Creíascle un denodado General, y cuando su misma 
torpeza le dio á conocer, escríben¡otros y el laborioso patriota 
Cabra] conténtase con simples reproducciones, para corres- 
ponder á la subvención que recibe ja! ja! ja! 

U. franco, Sr. Cabial Confiese que con sus reproduc- 
ciones halaga á los autores de ellas, convencido de que es 



13 

útil tener amigos en el gabinete: que los muertos tienen deu- 
dos; y que estos corresponden sus encomios; y por último 
que si bien no puede prometerse nada directamente de Caste- 
lar, lo cita por espíritu de moda y con la candida esperanza 
de ser incluido en el catálogo de los proclamadores de la mo- 
derna democracia. 

No se enoje tanto con el redactor de "El Civismo". Sus 
miras son meramente patrióticas, en contraposición de los 
laudicenos que tiran el carro del retroceso:; sostienen los aba- 
sos y con el disfraz de patriotas proclaman y apoyan la tira- 
nía, que "El Civismo" ataca sin piedad coadyuvando con he- 
chos á las nobles tendencias del actual gobernante, entorpe- 
cidas por la ineptitud é in.uoralidad:de los malos empleados. 

Vuelva, pues, ilustrado colega, sobre sus pasos. Aun es 
tiempo todavía. Escúcheme que, autorizado por las canas 
que peino, aconsejo á TJ. sea mas justo con el General Presi- 
dente, hombre de progreso y no de bajas adulaciones. El 
tiene sobrado juicio para conocer á los falsos patriotas, en 
cuyo número figura TJ. como el escritor original, que con 
tanto acierto redacta "El Heraldo". 



Una pregunta á quien la entienda. 

Don Juan Moneada, sugeto honrado aunque pobre, co- 
bra á cierto Señorón cantidad de pesos, por sueldos y suple- 
mentos que hizo en su finca llamada "La Esperanza". 

Parece que el demandado, vecino de esta ciudad, en 
donde vive con su apreciable familia, elude el pago, preten- 
diendo que el juicio se siga en el juzgado departamental de 
Escuintla. 

Empero, como "El Civismo", cuyo redactor hállase re- 
cluso, liada mas ha podido indagar, desearía saber del enun- 
ciado Señorón qué piensa sobre esto. 

Hable, pues, con franqueza. Cuente desde luego que para 
su respuesta están abiertas las columnas de ''El Civismo" eco 
del pueblo, y para el pueblo. 



"El Civismo" en la cárcel. 

En obsequio de este lúgubre establecimiento y en desdo- 
ro de los actuales funcionarios de justicia, su redactor en- 
cuéntrase preso por una de aquellas alcaldadas tan frecuen- 
tes hoy y a cuyos autores jamas se castiga. 

Luego que algún infeliz entra en el interior preso ó de- 



¡I 
i tu ido, ee le cominee á nntf'bnrtoTfna. Allí por el Preside!*" 

te. que P8 OT1 preso, se le exijen dos reales, V de no aproa ■ 

tarlos, bc le obliga ¡i q-ue haga algún olieio, ó se te despoja de 
alguna prenda, 

Los desvalidos* que nó fierren deudos ó que Carecen de 
ivciirsos, están sujetos al rancho. Este consiste en un paim 

to v ñu pequeño V»SO de agu'a-ca le, < pie reparten á las siete 
de la mañana: en seis pequeñas tortillas, un íK-dacito de car- 
ne v tu) iioeo de ágUfl con sal, llamado caldo, á las once de. 
la maflftna: y en las mismas Seis tortillitas, coií una pequeña 
taza de frijoles caldosos, sin nías que sal y á veces m : al co- 
cidos, á las cuatro de la tarde. 

Los calabozos, que amenazan mina y están inmundos, 
abundan de toda clase de bichos. En ellos se encierran haci- 
nados á los presos. Esto tiene lugar á Ia3 seis de la tarde, y 
las puertas se les abren entre cinco y media y seis de la ma- 
fia na. 

En uno de esos horribles calabozos se encuentra 'Fran- 
cisco Soria, reo condenado á diez años de presidio. Está pa- 
ralítico, sin poder moverse. Su situación es penosísima. Ade- 
mas, le amenaza lepra. ¡Qué fatalidad! Nadie se duele de ese 
pobre hombre! 

Ayer un indígena, llamado Francisco Cuncuá, fué aco- 
metido de dolor agudo de estómago. No hubo médico que 
le asistiera. Sin embargo, se le hizo cnanto fué posible. Con 
todo, murió al amanecer del dia de hoy, en el mayor dcs- 
cotifcueTo. 

Estas son nuestras prisiones tan encomiadas. Vengan á 
ellas los hombres qne se jactan de filantrópicos. Aqui hay 
de todo, menos humanidad y progreso. No culpo á los Alcai- 
des. Son hombres buenos. Harto hacen. Culpo á los Magis- 
Irados por su incuria, en razón de hacerlas visitas por pura 
fórmula, sin averiguar nada. Sépalo, pues, el Genera) Presi- 
dente. Esta es la misión de "151 Civismo*. Oídlo necios adu- 
ladores. Oidlo cuantos malignamente acusáis á su redactor.- 

Cárcel pública, Julio 8 de 1878. 



Está de triunfo "El Civismo". Su caliulniado redactor 
goza de plena libertad. Albricias, Señores, albricias. "El Ci- 
vismo", e.inucida ya so importancia, tendrá lama vida. 

Varios artesanos entusiastas, de noble corazón y verda- 
dero pati levaron espontáneamente en favor mió dos 
sentidas exposioioues al diguo Gefe de la República, 



15 

Acogidos por esc ínclito Magistrado con su proverbial 
benevolencia, accedió ¡i la s.olíeiu pretcnsión de loa honrados 
postulantes, ordenando <¡uc inmediatamente se me trasladase 
á mi casa. 

Eñ efecto, ayer á las tres de la tarde so constituyeron en 
la cárcel: sacáronme de ella, dándome pruebas inequívocas de 
aprecio; y en medio de tan honorílicas demostraciones me 
condujeron al seno de mi familia. 

l'alabras me faltan para espresar lo que en aquel fausto 
momento sentí. Nada pude entonces decirles. Mi lengua en- 
mudeció. Pero con ese silencio elocuente, les protestó que mi 
gratitud seria eterna. 

Apenas habría trascurrido una hora, cuando se presentó 
en mi habitación el apreciable joven Don Manuel F. Polanco, 
Escribano de Cámara, quien con la dulzura de su genio, me 
hizo saber el auto (pie á seguida inserto, porque patentiza la 
obstinación del Juez 2.° y su ninguna delicadeza. 

Corte de Apelaciones: Guatemala, Julio 8 de 1878. 

Vista la solicitud que el Lelo. Don J. Mariano Miélico presentó 
al Juez 2. ° de 1. * instancia de este Departamento, sobre que c>to 
se apartase del conocimiento de la causa que contra aquel Be ha 
iniciado por injurias, y á virtud de acusación de Don Luis Vulenzue- 
la; solicitud que también se contrae á recriminar al mismo Valen- 
zuela, á cuyo efecto acouq>añó el Ldo. Michéo varios impresos, y 
un recibo de $ 80. 

Visto igualmente, por apelación que interpuso el último, el au- 
to que el antedicho Juez 2. ° dictó el 3 del mes en cono, previ- 
niendo al Ldo. MiehC'O que cumpliese con el artículo 308 del Có- 
digo Civil de procedimientos, es decir, que depositase la suma de 
$ 50, por conceptuar que iniciaba recusación ; (pie hiciese uso por 
separado de la acción que contra Valcn/.uela trataba de intentar, y 
por último le manda que al dirijirse á la Autoridad use de términos 
comedidos y respetuosos, citando en apoyo de ese auto el inci 
del ya mencionado código. 

Resultando: que el Ldo. Michéo al pedirle al Juez & ó su inhi- 
bición protestó adamas no reconocerle como Juez hábil. 

Considerando: que el derecho de los litigantes para recusará los 
Jueces, pueden ó no ejercitarlo; pero en uno y otro caso, el Juez 
tiene la ineludible obligación de escusarse cuando tiene Impedi- 
mento legal para conocer, como se prescribe en <1 inciso octavo del 
artículo 1Ü y artículo 75 del Código Civil de procedimientos, y que 



16 
por consiguiente el Juez 2 ° debió haber cumplido con ese debe* 
en la causa contra el Ldo. Don Mañano Michéo ; puesto que el ítí- 
ciso décimo sesto del artículo 66 de dicho Código de procedimien- 
tos, establece como fundamento para que el Juez no pueda conocer 
en un asunto el tener enemistad grave con alguna de las partes. Y 
aunque al calificar la enemistad, grave no comprende literalmente el 
caso en cuestión; indudablemente se halla comprendido este en el 
espíritu de la misma ley; puesto' que ella se ha propuesto como ob- 
jeto primordial, garantir la imparcialidad de los Jueces y es eviden- 
te que hay un motivo grave que afecta esa imparcialidad en el he- 
cho de haber ridiculizado el Sr. Michéo á la persona del Juez Z° 
de la manera que lo hizo en el "Civismo" como aquel lo reco- 
noce en escrito dirijido á éste. 

Considerando que el licenciado Michéo bien claramente ha acep- 
tado la escusa del Juez puesto que solicita la inhibición de esto- 
que bajo tal concepto, todo trámite á este respecto únicamente pro- 
longaría el negocio sin objeto. 

Por tanto la Corte de Apelaciones de conformidad con lo pedi- 
do por el señor Fiscal declara que el Juez 2. ® de este departamen- 
to está impedido legalmente para conocer en la causa contra el Li- 
cenciado Michéo: que debe pasar al Juez que por derecho correspon- 
da, y apareciendo en autos que el Licenciado Michéo denunció que se 
lia cometido el delito público de estafa, procédase fi este respecto á 
lo que hubiere lugar por derecho. — Diaz— Arroyo— Alvarez— Manuel 
F. Polanco. 

Esa providencia, pues, no ha podido menos que alentar 
mi abatido espíritu. Ella satisface mis férvidas ansiedades* 
Ella me garantiza con un Juez que, oyéndome impasible, se- 
pa reprimir á mis torpes- y maldicientes acusadores. 

Pero mi triunfo es aun mas espléndido. Hoy, á las dos 
de la tarde, fui llamado por el Juez 1.° En su despacho se me 
notificó, por el actuario, quedar libre. Así ya podré hacer usa 
de la plenitud de mis derechos, y confundir á mis estúpidos 
detractores. Juzgue, pues, el público á estos: juzgue también 
á los Jueces que en su obcecamiento me han hecho sufrir 
ocho dias de arbitraria prisión: juzgue, por último, á los dé- 
biles Magistrados en su conducta arbitraria é inconsecuente; 
y mis amigos todos y cuantos de veras lo sean de nuestra 
cara patria, digan conmigo á voz en cuello ¡quiquiriquí! 

Guatemala, Julio 9 de 1878. 



DIFKLNTA DE ABliAIIAM P. PADILLA. 



]\ muero 8. 

EL CIVI8BIQ. 

Periódico de política, ciencias, literatura, comercio &, 

SU REDACTOR JOSÉ MARIANO JIICIIÉO. 

SaUm los días 10, 20 y 30 de cada mes, á real el número. 
CUMPLEAÑOS DEL GENERAL PRESIDENTE 

Justo Rufino Barrios. 

19 DE JULIO DE 1878. 



La aurora política aparece hoy mas esplenden- 
te, mas risueña que nunca. Con sus dedos de nácar 
y rosa abre paso al sol brillante de la libertad, Este 
fulgura con un destello mas vivido. Salud almo dia. 
Yo ^ te bendigo con toda la vehemencia que puede 
abrigar el corazón de un patriota: cou el reconoci- 
miento de un hijo tierno y afectuoso; y con el férvi- 
do entusiasmo de un amante al ansiado objeto de su 
mas cara dilección. 

Guatemala, justamente alborozada, tributa el me- 
recido homenaje al digno Gefe, con que la Providen- 
cia Divina la premia para su engrandecimiento. Él 
promueve la civilización. El arropa nuestro esten- 
so terreno con la mágica red de los alambres tele- 
gráficos y facilita las vias de comunicación. El im- 
pulsa la agricultura y el comercio. El alienta á la es- 
tudiosa juventud, abriéndole de par en par las puer- 
tas del templo de Minerva. El, sin vanagloria, ad- 
quirida la paz eon espléndidos triunfos, siempre es- 
tá en guardia para acudir á la defensa de la Patria. 
El protege á los desvalidos y para con los desgracia- 
dos delincuentes usa geueroso de la munífica prero- 
gativadel indulto. El, en fin, anhelando indagar has- 
ta las pequeneces ocultas á su elevada posición para 



ponerlas pronto y eficaz remedio, ha restituido entre 
nosotros la libre emisión de la palabra por el asom- 
broso vehículo de la imprenta. 

"El Civismo", pues, cuyo nacimiento es consecuen- 
cia inmediata cíe tan acertada medida: "El Civismo" 
que coadyuva á tau sabias miras, combatiendo los 
errores, los abusos y cuanta torpeza se opone al ver- 
dadero progreso: "El Civismo" que, sin pecado al- 
guno, su redactor ha sido triste víctima de un com- 
plot de miserables y viles tornadizos, complácese de 
haberlos exhibido con todos sus monstruosos defec- 
tos, y espera de la heroicidad de tan denodado Gober- 
nante despeje ya el horizonte político de esas dele- 
téreas brumas que le entenebrecen. 

Por último, "El Civismo", que detesta deveras la 
baja adulación, pero haciendo cumplida justicia á 
las sobresalientes virtudes cívicas de tan ínclito Ge- 
fe de nuestra idolatrada República, obsequioso feli- 
cita sincera y cordialmente á la patria en el fausto 
aniversario del venturoso natalicio del gran Caudillo, 
que preside sus destinos, y cumplimenta á este bene- 
mérito procer, deseándole toda clase de prosperidades 
y que termine su portentosa empresa con el esterrai- 
nio de todo exceso y con una constitución liberal, 
producto de la cultura del siglo, que eternice su gra- 
ta memoria, haciéndole digno objeto de las bendi- 
ciones del eieloi. 



SONETO 

Escrito el dia 19 de Julio de 1871 en colaboración con el redac- 
tor de "El Civismo". Por mr apenas conocido, publícase ahora, 
como testimonio de verdadera lealtad. 



Hoy que de lauros tu serena frente 
La espléndida rictoria ha circundado 
Y 'iial de un jefe invicto y denodado 
Pronuncian tu nombre tiernamente; 



3 

Escucha al pueblo en su entusiasmo ardiente, 
t¿ue sin el fausto del servil cuitado, 
Pe aclama ilustre, liberal soldado 
Y entre valientes el mayor valiente. 

^ Mas si luchando, unido á tus campeones, 
Recojiste las palmas de victoria, 
No consientas que falsas ovaciones 
Anublen los albores de tu gloria, 

^ Para que digno de tan alto nombre 

Tu patritosimo siempre al mundo asombre. 



Escupir al Oielo. 

lié aquí un proverbio, cuyo sentido rae abstengo de des- 
cifrar por ser harto conocido; pero que si aplico á los últi- 
mos sucesos que lian tenido lugar contra mí, como redactor 
de "El Civismo". 

Sin justicia para sostenerse: agotados en sus únicos re- 
cursos, la injuria, el personalismo, la avilantez en su mas la- 
ta acepción, y hasta la violencia mas cruda; y lanzados ya de 
eos ultimas trincheras, los enemigos de "El Civismo" tuvie- 
ron, por fin, que exhibirse, mostrando en esqueleto su cri- 
minal porfía, su terrible egoísmo. 

Vivir de abusos: sacrificar el público cutero á su propia 
conveniencia, y para conseguirlo empellarse en convertir al 
pueblo en el vil instrumento de sus sórdidas miras particula- 
res, aun concitándolo contra "El Civismo": interpretar si- 
niestramente las leyes: volver sin rebozo á la Autoridad agen- 
te vengador de su injusto encono: trasformar los Tribunales, 
para proveerse de armas que combaten por sus iniquidades y 
pérfidos manejos: procurar astutos sorprender con ruines es- 
tratagemas hasta al mismo General Presidente, para que aho- 
gue la voz única que resuena eu favor de la patria; esta es la 
obra délos hipócritas adalides del retroceso: daesos apósto- 
les del egoísmo, entusiastas del Yo, en perjuicio directo del 
bien general, y qne en su ridículo y ya desenmascarado pa- 
triotismo, intentaron formar el mas torpe complot contra "Él 
Civismo ', culpable solo por descorrer el denso, artificioso 



4. 
velo, con que se han propuesto ocultar las necesidades de la 
Patria, sosteniendo el abandono en que todo yaco á favor no 
mas quede los gorristas parásitos del público: lema inequí- 
voco de los enemigos de ík El Civismo", y á quienes atacará 
sin tregua, sin piedad alguna, sean cuales fueren las super- 
cherías de que se ■ valgan. 

Víctima de tan brutales enemigos, el redactor de "El Ci- 
vismo" estuvo nueve días preso en la cárcel Mus al sulir de 
ella, llenó sus deberes, publicando los misterios que alíi pa- 
san, y uñí exageración comprobado la filantropía con que los 
Tribunales se desentienden de -los infelices que- han tenido la 
desgracia de delinquir, y por lo que se les considera sin hu- 
manidad, con todo y el pi'ogrcso decantado. Es de esperara» 
que nuestro augusto Gefe se conduela de aquellos desvalidos, 
y reprima la falta del Tribunal que ha podido ser indolente á 
la desgracia, 

Empero, el. píiblico que hasta por instinto conoce sus ver- 
daderos intereses, se ha adherido ya con descision á mi mo- 
desto periódico. No es ya un añoro, es un axioma que "El 
Civismo" obtiene las generales simpatías de Guatemala, y eu 
particular de los hombres de orden y positivo progreso. 



Retrato del Sancho Panza guatemaltecos, 
hecho por el mismo.. 

Habiendo ocurrido al llamado Tribunal Supremo de J 
ticia para que se declare haber lugar á formación Ufe causa 
contra n neutro erudito y justiciero Sancho Panza, se le pi- 
dió informe, que evacuó de mala gana. 

Ko i palabras para emmcíar tan estupenda o- 

bra. Es un aborto de la inteligencia. Es \\\\ discurso origi- 
nal, hasta en su rudo y desaunado Icnguage; y habiendo yo 
caído en la tentación de que el público l;i C0 
siquiera el párrafo en q\ie habla de su magna 6 importante 

«Por último y i n relación ala torpeza que me ^tribuyo 
el quejoso, dice, liarlo [a conozco; pero no está en mí el i rilar- 
di la naturaleza t imposibles de destmirsi por el 
hora rtUderamente aquel d< fecto j no i 



o hago; siempre lo he sentido y ¿leseado no tenerlo pa- 
va poder desempeñar con mas acierto el empleo que se me 
confiara." 

¿Qué mejor prueba rendirse puede acerca de su torpeza? 
El mismo en su candidez la llama dote de la naturaleza, 
ado sino un defecto. Vaya qué" Zopenco! Sin embargo, 
ncargadode una judicatura. Su desempeño debe cor- 
responder á tan inapreciable doto que le adorna y conque 
el cielo -•'• afanó en hermosear fin humanidad. Sépalo, pues. 
el General Presideate? y como una de las reformas mas ne- 
cesarias y mas apremiantes, remuévalo. Xo dispense conside- 
raciones á quien no las merece, y mucho menos con detri- 
mento del pueblo. Abajo, pues, Sancho Tanza, abajo, pronto, 

pronto. 

♦♦••♦- 

^lástcrSos de la Contaduría mayor «le 
cuentas. 

El ex-eontador mayor Don Federico Salazar, para exone- 
rarse d^l fundado cargo que sobre él pesa, insertó en el número 
231 de "El Progreso" una carta en (pie responde al apostrofe 
de "El Civismo" número 2, referente á las cuentas que hu- 
biere finiquitado durante su apática permanencia en aquella 
.¡¡a. 

Sorprende que se publicara tan célebre carta, sin haberse 
dirigido previamente á su título. Esa es una falta de urbani- 
dad y de etiqueta, que revela desde luego oso estudio 
con que se tejiera y la ninguna educación literaria de su sig- 
natario, tan hábil como jurisconsulto y laborioso como em- 
pleado. 

El propio número contiene un i cuadro de las 

cuentas examinadas en el período que la Contaduría, mayor 
estuvo á su cargo, y en cuyo tiempo asegura haber hecho 
prodigios, con el arreglo del arehívo y con otros muchísimos 
trabajos estupendos por su importa 

En con imposición, pin-, ú esa juetaneiosa carta, i invo- 
cando el testimonio del inteligente joven Don José María 
VillaLTian. actual Contador mayor, permítome algunas ligeras 
advertencias que desmienten las groseras aseveraciones que 
con tanta avilantez y aplomo asienta acerca de sus asiduos 
trabajos. 



G 

Se engalla miserablemente cuando afirma que yo fui se* 
parado de aquel destino por su influencia personal, y 'que por 
esto abrigo rencor, al estremo de hostilizarlo gratuitamente, 
Pero basta para desdecirle que recuerde no haber habido la 
remosion que supone, sino que yo renuncié ese puesto con mi 
entera libertad, como aparece de la nota, fechada el 18 do 
Octubre de 1870, en que el Ministro de Hacienda me comu- 
nica habérseme admitido la renuncia y acordado se me die- 
ran las gracias por los servicios que he prestado. 

Recuerde también que no ha podido disputarme eso en- 
cargo, estando él tan mal visto por la administración, que 
con tanto acierto rije los destinos del país, atentas sus inci- 
diosas tendencias al retroceso, y que por sus mismas antipa- 
trióticas afecciones corrió su vida eminente peligro en Junio 
de 1871, salvándose en Quezal teñan go por la conmiseración 
del Coronel Don Fernando Carrillo, á quien ha retribuido 
con tanta negrura ese inapreciable servicio. 

.Sepa, por último, que tampoco ha podido pretender la 
plaza de Contador mayor, porque si logró ocupar tan honorí- 
fico empleo, fué no por sus prendas y méritos, de que absolu- 
tamente careoe, «ino á moción ó iniciativa de Don José An- 
tonio Salazar, Ministro entonces de Hacienda, quien con eso 
importante beneficio se propuso suavisar la suma estrechéis 
de su aflictiva posición. 

¿Y oómo lo ha correspondido? ¡Esto es lo curioso! Sin 
hacer cosa alguna. No glosó personalmente una sola cuenta. 
Las á que se refiere el aludido cuadro, lo fueron por los otros 
Contadores. El únicamente finiquitó, sin estudiar, la de sollos 
postales, comprensiva de varios afíos, que separó para haoer 
ostentación de su pretenciosa laboriosidad, y que en el fondo 
no es, sino una simple planilla documentada, 

Esas cuentas solo están examinadas. Los juiolos abiertos 
para su censura y purificación se hallan todavía pendientes. 
UnoB pocos fueron fenecidos por el Contador Don Basilio 8a» 
mayoa, en ausencia del ilustrado y solíoito ex-oontador Sala* 
zar, cuando lucia sus privilegiados talentos como miembro do 
la Embajada á las vecinas Repúblicas, donde aun se le admira 
por su esclarecida inteligencia, finura en su trato y sagacidad 
política. 

El arreglo decantado del archivo tampooo es cierto. Exis- 
te como antes, sin dársele otra forma, ni menos una que in- 



7 

dique pericia. Solamente las carátulas fueron variadas, no por 
el laborioso .Saladar, si que por dos empleados que se nombra- 
ran después de la admisión de mi renuncia. ¡Qué actividad la 
de mi entendido sucesor! ¡Qué hombre tan infatigable en el 
trabajo! ¡Lástima que se le haya separado ex-abrupto de la 
Contaduría! 

Efectivamente, la pereza, la decidía de ese descuidado 
funcionario llegó al punto de que jamás revisó los pliegos 
de reparos deducidos por los Contadores de glosa. Esa opera- 
ción delicada la encomendaba siempre al Secretario. El redu- 
cía sus quehaceres á suscribir las tomas de razón y al regís- 
tro de los vales. El invertía las horas de asistencia obligada 
en el desempeño del oficio de abogado. Allí formaba los bor- 
radores, aprovechándose del papel sellado, que se archiva; y 
criando concluía esa lucrosa faena, atiababa la salida del Mi- 
nistro de Hacienda, para irse tras él y vanagloriarse de su 
estrellada dedicación. 

Estas fueron las encomiadas reformas qne hizo. Esta su 
conducía oficial. Hubo otra innovación que no puede que- 
dar en silencio. Prohibió al portero Don Manuel Dorantes 
que hiciera mandados á los Contadores y Escribientes. Pero 
él á toda hora le tenia ocupado cu su servicio personal, hasta 
convertirlo en licitad or de uno de los martillos, doude puso 
á vender una cania vieja. Pienso con este secreto, que descu- 
bro sin ánimo hostil, ayudarle á mantener incólume y libre 
de sospechas dañinas su inmaculada reputación de empleado. 

En cuanto á mí, no vacilo en sostener que las aserciones 
apasionadas del ex-eontador Salazar son falsísimas. Yo glosé 
multitud de cuentas. Yo revisaba los reparos de los Conta- 
dores, Reformando y aun haciendo de nuevo los pliegos. Vo 
estendí innumerables informes. Obran en varios legajos, y 
aun en nn gran libro copiador. Yo finiquité muchísimas 
cuentas, graves y complicadas; poniendo en práctica la pre- 
ciosa instrucción de 1 ° de Mayo de ISoií, que yacía relegada 
al olvido. Yo, en fin, personalmente hacia todos los registros 
de vales, sellos postales, timbres &. — Interpelo con tal obje- 
to al actual Contador mayor. Si fuere falso cuanto digo, le 
autorizo para que me avergüence y confunda con un mentí*. 
Mas el hecho solo de guardar silencio, acreditará el embuste 
del palnmnioso ex-eontador Salazar, 

Entretanto .sopa el público que éste fué removido de la 



8 

Contaduría mayor. Por un acuerdo especial se le trasladó al 
Juzgado do 1. * Instancia de Zacapa; y como no tiene pa- 
triotismo, ni otro móvil que el sórdido interés, renunció la 
judicatura, anonadado quizá por su humillante promoción*, 
lie aquí al afamado ex-contador Salazar; al hombre nulo, ne- 
gligente, inepto; al jactancioso ensimismado. Conózcalo, pin.;, 
el Pueblo; y el Gobierno, sabedor de las circunstancias, tan ra- 
ras que le enaltecen y recomiendan su interesante y simpáti- 
ca persona, no pierda ocasión du confiarle otro destino para 
su esclusivo provecho, 



La Banda. 



Con ese nombre denomínase la capilla de músicos, la 
charanga militar, el conjunto de tambores. Así, la música 
marcial, la música de Marte, Dios de la guerra entre los pa- 
ganos, significa lo mismo. Pero la banda de que ahora se ha- 
bla tiene en su organización defectos que importa corregir. 
"El Civismo" no podía dejarlos desapercibidos, 

El uso tan frecuente que Mr. Dressner hace del r/rtm 
bombo en todas las piezas que dirige, recuerda á los indígenas, 
quienes, por mucho que les agrade la música, no abandonan 
el tamjjoron, el tum y otros instrumentos ruidosos, que ja- 
más producen ninguna delicada melodía: que tampoco inspi- 
ran sentimiento alguno de ternura; y que menos conmueven 
el alma para las impresiones placenteras, 

Coloca el Director Dressner todos los instrumentos can- 
tantes en el centro y sitúa en su derredor muchos instru- 
mentónos de cobre, cuyo ruido estrepitoso parece una tor- 
menta. Disminuyendo, pues, su número, dominaría entonces 
lo dulce, lo suave, lo armonioso, y se baria también patente la 
idea del compositor. 

ha comprendido el Director Dressner el gusto de 
nuestro país. Cree que aquí no se sabe juzgar de la buena ó 
mala música. Pero sepa que antes de que él viniese, maes- 
tros entendidos habían formado ya el buen gusto de los gua- 
temaltecos respecto de ese bello y armonioso arte. ¿Por qué 
no hace que la banda ejecute algunas piezas de nu 
pertorio, inspiración del verdadero sentimiento nacional'^ LfM 
que Mr. Dressner ordena se toquen no agradan comunmente. 



D 



El no elijo tos Mimas. Si |¿ hace, rfe prefiriendo las alemanas 
f doBcompo-aiéndolaS eon su modotle instruinéntar; 6 con el 

aire ó movimiento que Jes imprimo. 

Díeese que el objefil «!<■ 'la orquesta militar es divertir 
al público. Este no solo concurre á la plaza Oe la Concordia, 
sino á Óteos paseos como el Teatro. .loeot.-jíuniro v el Cerro 
del Carmen. Cuando la banda ,■■, ! ¡ ¡r á ellos, lo liaco tarde y 
loca únicamente pasos dobles, eóífto si las persona* allí reu- 
nidas estubiesen marchando al combate. ¿Porqué no ejecuta 
valgos, polkas, mazurcas y otras piezas -pie ciertamente' rego- 
cijan al pueblo? 

: vendría también restablecer las retretas á toda or- 
questa en los domingos v fatoea. El pneblo ya estaba ■.<■ 
tu. -librado á ollas. Además los músicos no tienen t|ue asistir á 
los repasos del Teatro. Xo los hay actualmente. Fuera de eso, 
la retreta es do ordenanza. 

Sucede por 3o regula* que la banda fcoéá las mismas pie- 
zas en las i'ttnciones de volatines, de fcOros &, que en las pro- 
ones de Semana Sania y Coquis, debiendo ser diferentes 
y adecuadas á las circunstancias. Se llora en las aflicción! 
ee rieen los momentos de júbilo. Ea música, pues, debe ser 
también conforme á las circunstancias tristes 6 alegres en 
que nos encontremos. 

Sábese, por último, que se frata á los individuos de la 
banda con estremo, inmerecido ri-or.y que, sin facultad alou- 
na, se les impone repetidas multas por fallas muv i 
Kilos lo dirán, con todo y su natural timidez. Pueden también 
descubrir otros abusos. Convendría interrogarles sobre el par- 
ticular. Por eso se llama la superior atención. Tah 
noran semejantes abusos, que demandan pronta v eficáa en- 
miendo. 



Nuevos procesos, nuevos escándaSos. 

Be acusado ya, por vía de recriminación, á mis maldi- 
cientes infamadores Valenzuela y Castro. el corchete. Faltába- 
me solamente el redactor «le '-El 1 .Mas va produje 
en contra suya el lunes lo del que rigola si-uicnte expo- 
sición 6 querella d.- capítulos. En su oportunidad, darú á 
conos» bis otras acusaciones; y aunque entre ellas figuraba 



10 
].i que también fulminé contra el Licenciado Marroqnin, co- 
mo este ante la ilustración de la Sala 1.*, se apartó de la 
qué me habia en tablado, yo, en justa reciprocidad, me sepa- 
ró igualmente. Lo consigno aquí en sn elogio, y en obsequio 
mió, porque si yo acuso, és en fuerza de la necesidad. — De- 
testo el palenqne de Themis. Pláceme únicamente el de la 
prensa. Oídlo cuantos lastimáis mi reputación con groseras 
calumnias. Disputemos, pues, en plácida calma. Os invito de 
nuevo. 

Señor Juez 1.° de l.* 3 Instancia. 

3. Mariano Michéo, mayor de edad, casado y de este ve- 
cindario, oon el debido respeto y el ahinco tan natural cío 
satisfacer las injustas ofensas vertidas maliciosamente con- 
tra mi buen nombre en "El Progreso," me presento acusan- 
do por via de recriminación á sn redactor Don Videro Pujol. 

Anónimos publicados en ese pajxdote, criticando acre- 
mente un articulo de mi hijo Dámaso, dieron lugar á que 
yo me fijara en la anomalía de llamar progreso á un perió- 
dico en cuyas columnas no se encuentra una descripción 
topográfica de nuestro hermoso suelo: de sus riquezas, ocul- 
tas por falta de conocimientos, y de la manera de adquirir- 
los para aprovecharlas; ni el elogio de las ciencias y el me- 
dio de cultivarlas, aplicándolas á nuestras necesidades, para 
que dejen do ser teóricas y reporten verdadero bien al pais 
y estimulen ala juventud á su aprendizage; todo eso nos 
condujo á la denigrante polémica qne con tanta razón cen- 
sura el público sensato, y que justo para conmigo so ha con- 
vencido de no ser yo quien la llevó á tan fatal estremo. 

Critiqué ese periódico en el número 3 de "El Civismo." 
Nada se dijo en su defensa. La respuesta fueron injurias. 
Léanse los números 228 y 220; y el redactor Pujol en su rá- 
bida desesperación llegó al punto de que en el artículo ti- 
tulado "El periódico y el Libelo," que registra el tunero 
2:io, se avanzara hasta penetrar en el sagrado de mi hogar. 
No miento. Permitidme, señor, copiar al efecto un párrafo de 
ese libelo; 

"Para contestar, dice, ese papel, "El Civismo", ya caliti- 
u Oftdo pe* la opinión, nos sobran motivos, nos sobran pala- 
'• bras y sobre todo abundamos en datos de negras é infa- 
" mantea historial qoe andan de boca en boca y que lin duda 
" á quien menos impresionan es al qne á ellas ha dado lugar 



11 
" con una vitla consagrada al vicio, á la malignidad y al es- 
cándalo." 

lié aquí los términos indecorosos con que se conduce el 
que antes con su magisterio me aconsejaba que abandona* 
ra el campo de !u personalidad, para él tan agradable, co- 
mo odioso para mí. Mas ese hombre fatídico, ese hombre 
sin dignidad, no satisfecho con haber cmpuercado la pren- 
sa oficial, también me injuria atrozmente en lo privado. 

Í41 caita que acompafio, escrita de su pufio y letra, 
pruébalo de una manera inconcusa. En ella vierte- contra mí 
conceptos torpes y denigrantes: dice que me desprecia mas 
que á un perro, y asegura que me dará una paliza donde me 
encuentre* Carta que, sin embargo de haberla publicado, no 
ha sido tomada en consideración por la autoridad, á quien 
incumbe prevenir las funestas consecuencias de ese enun- 
ciado lance, tan fatal, como escandaloso. 

Con tan fría indiferencia he visto yo todo eso, que en 
el Alcance del n innovo ó.° de "El Civismo,** le autoricé pa- 
ra la publicación de mis Supuestas historietas; y por lo que 
hace a la paliza ¿qué mas garantía para mi que 6ii antici- 
pado anuncio? 

Empero, como en el número 2 31 de "El Progreso" ase- 
gura haber ocurrido á los Tribunales, para que se rae casti- 
gue; (mentira que le convence de la falsedad con que siem- 
pre se espresa) y como por queja de los asociados á él para 
combatir al "Civismo' 7 , he sufrido nueve dias de arbitraria 
prisión, está en mi deber acudir á U. para (pie mis detrac- 
tores no queden impunes; y faltándome de estos acusar al 
nominado Pujol, vengo á verificarlo. 

Asi, pues, le acuso criminalmente por difamación en mi 
conducta pública y privada. Le acuso también por haberme 
ofrecido una paliza. Por todo es acreedor á que se le castigue 
severamente para su escarmiento, para satisfacción del pú- 
blico y en prueba de que la ley no es para nosotros un vano 
precepto. 

En tal virtud, espero de U. que, agregados los adjuntos 
números de "El Progreso,'' y sin mas trámite que el recono- 
cimiento de la carta aludida, se sirva, en cumplimiento de su 
deber, reducir á formal prisión al acusado, y dándome el de- 
bido concurso ó audiencia, seguir la causa hasta penarle, co- 
mo lo dejo pedido y procede de juslicia. 



ta 

E! parto de Sos montes. 

Habiendo auplicadedel auto que la Sala '2. * profirió el 
-1 délos corrientes y registra el número 'i' de este poi-iúdico 
al folio 'J.° y otorgádoseme el recurso, el Tribunal ¡Supremo 
sefiató día para la vista, á que ooncurrí, no obstante estar to- 
davia preso en mi easa. 

En esc acto, después de la estensa relación que hice de 
las iniquidades cometidas en mi persona, manifesté que la 
viola ya no tenia objeto, porque la propia Sala Pabia el dia 
antes declarado lcgahnente impedido al Juez 2.° 

lieduje, en consecuencia, mi alegación á pedir se designa- 
se juez hábil para el conocimiento de la gratuita cau;-a (pie 
86 me fulminaba y para el de las acusacioues (pie, por via de 
recriminación, cumplíanse instaurar contra mis calumniosos 
querellantes! * 

Cuando, concluida la vista, me retiraba, luí llamado por 
el juez I o . ¡áu actuario me notificó el auto proveído en ese mo- 
mento, declarándome libre aunque sujeto a las resultas. Yo 
entonces hice se consignara que, para espeditar la secuela 
de los procesos, prescindía de los motivos apuntados con an- 
terioridad pard inhibir á aquel juez, y que voluntariamente 
me sometía á él. 

Acto continuo regresé presuroso al mismo Tribunal. A 
dos de sus individuos referí lo último ocurrido: les dije que 
la súplica era ya inútil en todos conceptos; y que me separa- 
ba: prometiéndome se decretase de absoluta conformidad. 

Pera estupefacto me dejó el auto (pie al siguiente dia s i 
pronunciara, declarándose improcedente diclia súplica, lié 
aquí esa tan inesperada, como inaudita providencia, cuya in- 
correcta redacción prueba el desconcierto de sus signatarios 
y su vaciedad eu el ininteligible considerando 8.° 

Tribunal Supremo de Justicia. — Guatemala, Julio 10 de 1878. 

i por recurso de súplica, el auto <pie, con fecha 4 del Cor- 
riente, dictó la Sala 2. a «le la Corte de Apelaciones, declarando 

irso del Lie. Don 9. Mariano Miélico, con el carácter >!«■ por 
ahora, no liaber lugar á que se le pusiese en libertad, ni á prevenir 
la inhibición del Juca Departamento, 

íderando: i olucion, aunque originaria de la 0or« 

<lu A] Unitiva, ni trae gravamen irreparable j y 



t;l 
i otro parte el propio Lie, Michoo, en su esporícion verbal 
en estrados, ha asegurado que la Sala~2. * luí declarado ya la inlii- 
bicion del Juez 2 ° . 

Considerando: que en cuanto al Juez que deba conocer de su 
causa, no corresponde designarlo ¡leste Supremo Tribunal, pues al 
interesada puede hacer en el particular el uso de los medios que 
franquean las leyes, para que un acusado sea juzgado por jueces 
iniparciales. 

Por tanto, con presencia de lo dispuesto en el inciso 3.° artí- 
culo 97 del Código penal, se declara improcedente la súplica inter- 
puesta. — Notifíquese. Batres— Echeverría — Aparicio — Plores— Rodrí- 
guez — Miguel Solares. 

Basta que el auto haya sido proferido originariamente 

por la Sala 2. a para que la súplica no se desechase. Era pro- 
cedente, infiriéndome, además, un gravamen irreparable. De- 
cir lo contrario es de seguro una torpeza. ¿Ignora por ventura 
que la libertad es la principal garantía del hombre? ¿Ignora 
que atacarla es el mayor vejamiento que puede caneármele? ¿Ig- 
nora que aunen épocas de barbarie había tanto miramien- 
to para restringnirla? ¿Ignora que el auto de prisión, calific i- 
do siempre de tracto sucesivo es en todo tiempo apelable? 
¿Desconoce acaso los dallos físicos y morales (pie ocasiona 
una prisión y mucho mas la injusta y arbitraria que adrede SO 
me hizo sufrir? ¿Será preciso que analice yo los padecimien- 
tos que me ha arrostrado? Ah no! El público, verdadero y 

único juez mió, los comprende Asi, nada importa que el 

Supremo Tribunal declare que el auto aludido no trae gra- 
vamen irreparable. Nada tampoco que se abstuviera de ■ 
narme juez, sabiendo que yo, en obvio de otras mayores difi- 
cultades, halda admitido la intervención del I o . 

Pero si importa, y muchísimo, consignar que, según el 
inciso 3.° del articulo 07 del Código de procedimien 
materia criminal, no pudo, no debió hacer la declaratoria 
de súplica improcedente. En ello ha faltado á la ley. Ua con- 
traído una tremenda responsabilidad. Por eso \\\\ 
nice pronto el Tribunal de Casación, compuesto de hombres 
honrados, linnes ó inteligentes, que en iodos su.- actos mues- 
tren, no el orgullo repugnante del tonto, sino el deseo vivo 
f ardoroso de acertar en su delicado encargo, y. en las vis- 
tas el interés del circunspecto y sabio magistrado, y noel géli- 
do desapego que ostentan buscando su muelle comodidad, per< - 



- 14 
Bofemente repantigados en los sillones, caía uno con la qui- 
jada en la mano y sin escuchar al infeliz que les demanda 

justicia. . ,,. 

No sin razón, pues, me lamento con amargura. Mi que- 
ja no es infundada. Todos los Tribunales han conocido ya en 
'mi celebre cansa. Todos se lian miserablemente contrariado. 
Todos lian cometido inconsecuencias y decepciones imperdo- 
nables. Pero las del Tribunal Supremo son aun mas sorpren- 
dentes, aun mas punibles. Guando intervino en ese malba- 
dado proceso, cftando llegó á hablar, fue ¡quién lo creyera! 
para que sus integérrimos Ministros con voz unísona dijeran 
iiiú. Por eso estimo el auto preinserto como el parto de los 
vionícs.Vor eso apelo aí publico en mí desagravio, prome- 
tiéndome de sn justificación que su inequívoco juicio tefe 
sea del todo favorable. 



Literatura* 

Ése piélago inmenso de arreboles 
Le advierte que en la tierra es un proscrito, 
La patria es mas allá de astros y soles, 
%\ uiuudo es la morada del delito. 

¿. Joaquín Í$okí>a. 

La anticipada muerte del aprecíabíe Licenciado Don Fé- 
lix Godoy ha sumido en acerbo y profundo pesar, no solo íi 
su desolada familia sino á cuantos tuvimos la dicha de tra- 
tarle de cerca y de recibir de su pródiga mano innumerables 
favores, que profusamente nos dispensaba; complaciéndose 
siempre en prestar con mayor eficacia sus importantes servi- 
cios á los menesterosos y desvalidos, de quienes en verdad 
puede decirse fué un protector, un padre. 

El Beffor Godoy, qiie desde su ninéz diera inequívocas 
pruebas de un talento ÉBcfarecitfo y precoz, hfcío su carrera li- 
teraria en el Colegio ScmWario, Universidad y Hospital de 
íiuat< mala, en donde, togvd terminar sus estudios con luci- 
miento, iia-ia obtener merocia*ameétíi la licenciatura en me- 
dicina, cuya facultad ejerció durante su vida con laudable 



15 
celo, clara inteligencia y exclusiva dedicación, mas por su 
carácter humano y benéfico, que como un medio de especula- 
ción, puesto que gratuitamente asistía á los enfermos con 
indecible interés, sin recibir nunca jamás estipendio alguno. 
Avecindado en la Villa de Zucapa, el Licenciado Godoy 
contrajo matrimonio con Doña Cayetana Paiz, cuyas insignes 
prendas se recuerdan aun con triste sentimiento. Casado en 
.segundas nupcias con la recomendable ¡Señorita Doña Maria- 
na Castañeda, joven embellecida por su genial ternura y re- 
levantes dotes, poco tiempo disfrutó de sus blandos halagos, 
porque murió en la flor de su edad, dejándole dos pequeños 
hijos, que hoy quedan al cuidado de los otros dos que tam- 
bién hubo de su primer matrimonio y que, con la misma 
finura de la educación que les diera, le asistieron esmerada y 
cariñosamente en su última enfermedad. 

El malogrado Señor Godoy reunía á sus maneras caballe- 
rosas una íudole dulce, espresiva y afable de costumbre; fué 
un buen esposo; padre solícito y tierno; amigo sincero, gene- 
roso y magnánimo; esclarecido ciudadano, por su beneficencia 
y patriotismo; protector de la doliente humanidad; apoyo se- 
guro de los míseros huérfanos; y, en fin, hombre caritativo y 
piadoso por escelencia. ¿Quién no le conceptuaba como un 
varón bueno, por tan preclaras virtudes? ¿Quién no siente 
ahora su irreparable pérdida, como un suceso infausto para 
aquella Villa, para todo el departamento? ¿Quién no acompa- 
ña con amargas lágrimas á sus desventurados hijos en el in- 
tenso dolor, que hoy sufren con cristiana resignación? 

Entre las cualidades que espléndidamente adornaban la 
persona del benemérito Godoy, sobresalía su talento poético, 
como lo acreditan las bellas y sentidas producciones de es- 
quisito y delicado gusto, que nos legara en fluidos, dulces y 
armoniosos versos, tan fecundos en ideas originales y ten 
espresivos por su inimitable gracia. Sensible es que esas tier- 
nas, interesantes composiciones se hallen todavía inéditas, por- 
que solo algunas han visto la luz pública, sin embargo de que, 
coleccionadas, bien pudieran formar un precioso volumen, 
que se leería con admiración y aplauso, eternizando la me- 
moria del modesto baldo del Motagua. 

¡Descansa en paz malogrado amigo! y desde la feliz mo- 
rada á donde tus méritos te llevaron y donde gozas del so- 
ciego y de la dicha (pie nadie disfruta en este miserable valle de 



ti; 
amargura, en que deploramos tu infausta mucvte, recibe el 
último adiós do tus q Heridos hijos: acoge los tristes lamentos 
de tus infortunados amigos; y sigue velando por el destino- 
de til predilecta Villa y del Departamento de (pie fuiste su 
mas rico ornato, seguro de que incesantemente recordaremos, 
tu grata memoria y que. agoviados siempre de profunda pe- 
na, repetiremos con el célebre Kuma Pompilio Liona, poeta 
sud-americano. 

.1 buscar fué, cual águila, en la altura 
Del sol de la venktd la lumbre pura. 



Sonetillo. 

A UNA JOVEN ARTISTA EN SU PARTIDA. 

¿Quieres joven seductora, 
Privar á mi patrio suelo 
De escuchar con tierno anhelo' 
Tu voz meliflua y sonora? 

¿Y quieres en infausta hora, 
Que entre lágrimas y duelo, 
I )esparezca en raudo vuelo 
Tu beldad encantadora? 

Marcha, marcha, artista bella, 
Del gran Colon por el mundo, 
Dejando esplendida huella; 
Pues con tu genio fecundo, 
Que inteligencia destella, 
[ngpirafl amor profundo. 



tkm.w.a, .ni. io ni; 1878. 
IMPRENTA DE ADliAIIAM F. I'ADILLA. 



Número 9. 




Periódico fle política, ciencias, literatura, comercio &. 

SU KKD.-UTOIÍ JOSÉ MARIANO MICHÍO. 

Saldrá los días 10, 20 y 30 de cada mes, á real el número. 



I^a Ifceclaeeioii. 



Los últimos desagradables acaecimientos acerca 
de la persona del redactor de este periódico han da- 
do justamente lugar á que se dé por cierta su sus- 
pensión. Pero, ni en el General Presidente cabe in- 
consecuencia con la ley, espresion de sus sentimien- 
tos, ni el redactor de "El Civismo' 1 ha tenido jamas 
ánimo de abandonar su patriótica empresa. 

Pueden los individuos que están al frente de los 
tribunales, en su frenético deseo de execrable ven- 
ganza, continuar abusando del poder que en 
hora se les confiara para seguir cometiendo toda cla- 
se de atropellos, de avances y de injusticias en el su- 
geto convertido en blanco de su criminal encono, 
aunque personifique á la Sociedad. 
^ Sépase, pues, que ni ominosos procesos, ni arbitra- 
rias prisiones, ni escandalosas intrigas serán motivo 
bastante para que desista de una tarea, que cu el 
pleno recogimiento de su alma ha crejdo saludable 
y necesaria para el pais y aun provechosa para al 
mismo Gobierno. 

Eso no embargante, sale este número con ui, 
queño retrazo por las dolencias de su autor, congi- 
guientea á los sufrimientos que con tanta negrura y 
tanta infamia se le ha hecho apurar, en la falsa idea 



y de que así se le apartaría de su obra ya conicnzada 
tan temida, como dañosa para los sicarios del poder. 

Entretanto el redactor de "El Civismo", que obli- 
gado por las circunstancias publicó en el artículo 
"Segundo cañazo" del n-úm. G una carta suscrita por 
don Pascual P. Martínez, á quien no tiene la honra 
de conocer, advierte, no por nimio temor, sino por 
obsequiar su conciencia, que algunas personas verí- 
dicas y fidedignas impugnan la certeza de ese docu- 
mento, asegurando no ser positivos los hechos cu él 
relacionados, cuya especie el propio redactor indica 
con la lisura de su carácter y para patentizar una vez 
mas que en "El Civismo" no tiene cabida la persona- 
lidad. 

Igual apremio tuvo en orden á la estafa de que 
habla el citado artículo. Descanzó, lleno de buena fé, 
en el testimonio de don Juan Morales. Bu equívoco 
dicho y el documento ya exhibido exhoneran, pues, al 
"Civismo" de la parte que en eso se le quiera impu- 
tar, y su redactor declina al efecto toda responsabili- 
dad, convencido de que procede lealmente, para no 
dar siquiera pretesto á siniestras interpretaciones. 

Ojalá que la conducta posterior de los Jufeces y 
Magistrados ahorre al "Civismo" la enojosa tarea úa 
echarles en cara sus inconsecuencias-, arbitrariedades 
y decepciones! Ojalá que, aleccionados con cuanto ha 
ocurrido, si acaso volvieron, por desgracia, á CóllOCe] 
de la causa malhadada, á (pie so alude, lo hagan en- 
tonces, siguiendo el sabio y prudente consejo de i>on 
Quijote, quien decía áSancho Panza: chtañdo a suce- 
diere, juzgar algún pk ii<> de algún tu t'i>< : iiil<j<>, aparta 
la%t •'■ tu injuria^ ponfos en la verdad <lzl 



JNo.*s vicios* 

'•El Civismo", no obstante las peripecias que su redac- 
tor arrostrara con cristiana resignación, ha criticado varios 
abusos, combatido algunos errores y arrancado á los hipó- 
critas la máscara COO que cubriendo su asquerosa nulidad, 
medran á costa del público, á quien encanan con su falsa fi- 
lantropía. 

Faltara "El Civismo" á la misión santa que se ha pro- 
puesto, si dejase en silencio algunos detestables vicios, ver- 
dadera lepra do nuestra incipiente sociedad, y que rápida la 
conducen á su completo aniquilamiento, como la prostitu- 
ción, la embriaguez y la vagancia, tan comunes, por desgra- 
cia, en nuestros jóvenes de ambos sexos. 

"El Civismo", no pudiendo ocuparse csclusivamentc de 
ana sola materia, véese constituido en la premiosa necesidad 
de concretarse lo posible, atentas la estrechez de sus colum- 
nas y su férvida ansia de procurar la variedad tan apetecida, 
para hacer agradable la lectura de un periódico. Por eso aho- 
ra se limita á tratar de la prostitución. 

Envilecer una tífuger tsu pudor y su hermosura, cenvir- 
tiéndala cu objeto de liviano y sórdido tráfico, eso es prostitu- 
ción: vicio de que se hace impúdico alarde, sin que se dicten 
las oportunas medidas para reprimirlo, con todo y el progre- 
so decantado. 

No abrigo animadversión alguna contra la niuger. Por el 
contrario soy su apasionado, su mas anuente adorador. Ella 
es la poesía del universo, el ángel consolador del mundo, que 
Dios con su bondad suprema nos dio para soportar nuestras 
penas y dulcifica* nuestros trabajos. En efecto, Binlamnger 
no habría. dicha, no habría gusto cumplido: la vida Beria in- 
sufrible: y mi febril entusiasmo llega hasta creer incompleta 
la inapreciable obra de la creación sin la presencia mágica 
de la encantadora DlUger. 

Hacer su merecido elogio: 'describir la ternura de su im- 
portaucia social: contemplarla como esposa .-uavizando les 
tormentos del marido v garantizando con mi fidelidad la pu- 
i. i del hofi ir, J OÓmo madre origen de la familia, cum- 
pliendo la sania misión de moralizar el mundo: encomiar 
sus esclarecidas dotes: concederla su enaltecido lagar entre 



4. ■ 
todos los seres de la creación, es empresa mas que ardua {ja- 
ra el humilde redactor de "El Civismo". El contempla á la 
muges llena de encantos: él siempre la vé como objeto dig- 
no de los- perfumes de las llores que la naturaleza cria; y él, 
absorto en su hermosura,, al respirar su blando aliento, ben- 
dice á Dios por la perfección, de su bella y grandiosa obra. 
Empeío y entiéndese eso respecto de la honesta viuda, 
de la matrona respetable, de la púdica joven y de la casta 
virgen. Mas la muger vulgarizada, la joven marchita que ha 
perdido sus gracias y sus atractivos á fuerza de vagar promis- 
cuamente con los hombres, á quienes se- vende- como en el 
martillo, esas son les filies dejóte,, ruina de los jóvenes, des- 
gracia de las familias, causa de dolencias vergonzosas y aun 
remora del trabajo. 

Entre nosotros de poco tiempo á esta parte se han au- 
mentado considerablemente: abundan al entrar la noche, co- 
mo las luciérnegas al principio de la estación lluviosa: las 
puertas de los hoteles se cuajan de ellas: se pavonean desco- 
cadas en las retretas: recorren la plazuela de la Concordia y 
todos los paseos públicos, llenas de lúbrica satisfacción, y 
ostentan su torpe desfachatez, hasta en los corredores del 
Palacio, de la Comandancia y de los Tribunales. 

Sus casas son la morada de los vicios mas feos, mas as- 
querosos. Allí se cometen hasta crímenes terribles. ¡Pobre 
del hombre que llega con prendas de valor! Después de ine- 
briarlo, le roban, le burlan y muchas veces le entregan á la 
policía. ¡Pobre del joven que pisa sus puertas! Ellas corrom- 
pen su alma, le degradan, le envilecen hasta hacerle perder 
la vergüenza, y arruinarle completamente la salucL 

Tal incremento ha tomado la prostitución. ¿Qué hom- 
bre querría unir su suerte á la de una de esas mugeres pere- 
zosas, temulentas y sin corazón, que jamás han sentido los 
- del amor puro; de esas mugeres asfixiadas por el am- 
bienta corruptor de las lóbregas mansiones que habitan. ¡Ah! 
Lamentamos BU desgracia! Compadezcamos á ciertas madres 
nidadas que toleran en sus casas \ ¡sitas y relaciones de 
jóvenes que lio prestan la menor garantía; y á las niñas su 
ita ooadescendeuoia, perdiendo para siempre el pudor y 
con él m venturoso porvenir. Y condolidos deesas infelices 
timas de un estravío irreparable, aunque tal vez involun- 
tario, repitamos con el Cronista Uoix 



¿Por qué tan triste tu semblante hermoso 
Cubre una sombra con bu oscuro velo? 
¿Por qué <1 ¡rijos tu mirada al cíalo 
llanada con tus lágrimas, mugor? 
¿Dónde el placer está que tautas veces 
1'viilki e-u tus ojos, <mul 1a bolla aurora 
Cuando el confio del borizonto dora 

Y oía tus palabras -circuló el placer? 

r ;I'or qué en la soledad, junto al torrente, 

Y ajando con tus dedos uua rosa, 
¡Suspiras ski -cesar joven hermosa, 

Y exhalas tus jemidos s'm cesar? 

¿Es porque ingrato tu adorado amante 
Burló tu lo y en tu graciosa fronte 
Grabó del desengaño torpemente 
La sombra, para huir á tu pesar? 

¿O es que aislada en tu pasión inmensa 
Insultado tu amor acaso lloras, 

Y en tu silencio funeral deploras 
Tanta agonía que abrumó tu amor? 
;() .solitaria, en fin, y agonizante 
Lamentas por desgracia en el olvido 

Un noble amor -que á tu despecho hundido 
Dejó la mano «del voraz dolor? 

¡Oh! nó, que tu sombría frente 
.Mas que ol amor ol desengaño abruma, 
Mas que pasión, en tu desgracia suma, 
Un recuerdo do biel so asentó allí. 
No lo iligas por Dios; pues despreciada 
Por tu perdido honor te morirías. 
Si al óco solitario repetías 
Que débil fuistes y te ultrajaste á tí. 

••Kl Civismo", pues, llama la atención de la autoridad 
local, do pata ol severo castigo de esas desventuradas □ 
ree, sino para que evite sus escandalosos deslices: para que con 
mano bienhechora y piadosa procure su saludable enmienda: 
para que les proporcione medios honestos de subsistir, ale- 



jándolas del vicio: para que coto riña buena higiene públion 
corte el desarrollo de la sífilis que. con el lazarino, quinta 
nuestra escasa población; y para que inspire á las jóvenes in- 
honestas delicados sentimientos y puedan adquirirse una 
buemí posición social, de que las ¡deja el estragamiento du 
sus corrompidas costumbres. Sin oslo, la prosl Unción irá des- 
cocada en progresivo aumento. En ! tónees solamente la Divina 
Providencia podrá salvar á (íuatemala de males tan terribles, 
que con tiempo importa prevenir. No mas tolerancia con las 
mugeres de conducta dudosa, 



La Galería poética ccaiíB'o-amcróeaflia, 



Hombres hay tan impudentes que. olvidando estar algu- 
nos al cabo de la propiedad de una concepción literaria, se la 
apropian para figurar en el mundo científico. 

Otros hay también que solícitos se abrogan el pap<d da 
desfacedores de agravios, acosados tal vez de. la voraz ansia do 
figurar. ¡Miseria humana! 

Al redactor de *'E1 Civismo" ocurrió la idea de coleccio- 
nar las mejores composiciones de los vates guatemaltecos y 
darlas á la estampa. En mala-hora la comunicó á Don Ramón 
Uñarte. Acogida por éste con entusiasmo, trabajaron de co- 
mún acuerdo en reunir las poesías de nuestros bardos; encar- 
dóse, además, el redactor de "El Civismo" de borrajear la 
introducción y las biografías. 

Consecuente con su compromiso, formó desde luego al- 
gunos esbozos, que se leen en las columnas de este periódico, 
por haberse precipitado Uriartc á publicar la proyectada 
obra, sin su conocimiento, ni siquiera noticia, aunque apro- 
vechándose del trabajo de ambos. 

I es la mas pura verdad. A nadie se oculta en (¡ua- 
temala, y lo pruébala existencia délas biografías aludidas, 
fuera de que i to ya en alguna publicación se lia he- 

cho justicia al redactor de este periódico, 

l' o ' • fi pasar da eso, un anónimo firmado poi unos 
amigos del Lie. Uriartc ó inserto en el número 281 de "El 
Progreso", sostiene lo contrario, háoese preeiso desmentirle. 

Enhorabuena que se enaltezca el mérito «leí nominada 



7 

Sr. Criarte. So ae le ¿liega, Róbese que es un poúta correcto 
y armonioso: un literato profundo: un político esperto; y aun 
un jurisconsulto de crédito, si bien carece del título do abo- 
gada 

El redactor de "El Civismo" hónrase por eso con hacer 
esta confesión franca y paladina cu obsequio suyo. Admira loa 
talentos de su amigo GTiwte, y aun se goza en su aura lite- 
raria. Emperp, insiste en haber cooperado á la empresa que, 
con tanto acierto, él solo supo llevar á buen término. 

Publicadas unas pocas entregas de la galería poética, el 

repetido Sr. Criarte impetró del Gobierno le auxiliase, sus- 

udose con cien ejemplares, Mas el Presidente provisorio 

tuvo á bien disponer que la impresión se hiciese por la esclu- 

¿Tiva cuenta de la nación, lié aquí el acuerdo respectivo: 

"Guatemala, Mayo %1 de hsr.\— Vistas las anteriores es- 
•■ posiciones del Sr. Ldo. Don Ramón Criarte, redactor de la 
" Galería poética Centro-americana", relativas á que el Goi 
'•' bicruo se suscriba con cien ejemplares á esta publicación; 
" el Presidente provisorio, en el deseo de protejer las bellas 
'• artes, y dar á conocer en el extranjero la literatura guatc- 
" malteca, lie.ie á bien acordar: que la impresión de la 
" dicha obra se haga por cuenta del Gobierno, en atención á 
'• que, según la contrata últimamente celebrada con el Dircc- 
" tor de la Imprenta de la Paz, y lo convenido á este i 
" lo, resultará de esta manera menos costosa, que tomando 
'• el Gobierno los Cien ejemplares á que se contrae la enu- 
" mcrada esposicion. — Comuniqúese, Rubricado por el Señor 
'• Presidente provisorio. — Sotó". 

En consecuencia, la indicada obra, comprensiva de dos 

. lo i'ué á costa del erario público, sin embargo de lo 

cual ha dispuesto de ella el nominado Sr. Criarte y percibido 

aun el valor de la suscricion: especie cierta que no podrán 

sus apasionados amigos. 

Poco importa que estos en el citado anónimo, después de 
morder malignamente al redactor .i • "El Civismo", couclu- 
yau diciendo. .Yy contestaremos absolutamente nada de lo que 
ílitja - El Ciris,uo'\ porque hay vosas ijtte no merecen los hono- 
\a contestado)*, y ademas seria darle importancia á un 
periódico qm está bástanle bien- reputado ron solo el nom 
¿u redactor. 

Esto, pues, agradeciendo las linas espresiones, con one 



8 
tan graciosamente se le califica, apela, no obstante, al testimo- 
nio imparcial de Don Francisco G. Campo y de Don Agustín 
G. Carrillo. Ambos saben que el proyecto de la Galería Poé- 
tica fué del redactor de "El Civismo"; y que él se afanó en 
reunir los materiales, aprovechándose Uriartc de todo, basta 
tener la gloria de dar cima á la empresa, sin que por esto so 
pretenda mancillar la reputación literaria del nominado Don 
Ramón Uñarte, á quien, atenta la importancia de la enuncia- 
da obra, el redactor de "El Civismo" protesta su reconoci- 
miento. 

Los Lazarinos. 

Con el nombre de lázaro se califica á las infelices perso- 
nas afectadas de las terribles dolencias de elefancia ó lepra: 
enfermedad espantosa y hasta hoy incurable, llamada tam- 
bién Sanlázaro. 

Desgraciadamente se ha estendido entre nosotros al ex- 
tremo de que la autoridad local háse visto precisada á reco- 
ger á los lazarinos de ambos sexos para evitar el contajio. 

Pero esos desventurados no solo padecen las consecuen- 
cias de tan tremendo mal, sino que sufren el resultado de la 
incuria y negligencia con que se les trata, suministrándoles 
un rancho, tan malo, como insípido y escaso, 

¿Son por ventura delincuentes avezados en el crimen? 
Qué! en los cuerpos de esos desdichados, cuyos miembros i- 
rán cayéndoseles á pedazos, no palpitan corazones, quizá 
sensibles y generosos? 

Sus deudos y el público todo, que lamenta su infortu- 
nada suerte, quieren estar con ellos en comunicación mo- 
ral, ya que no es posible otro trato. 

Quieren que se les asista con esmero y piedad cristiana, 
porque, aunque acometidos del espantoso lázaro, son todavía 
la humanidad; y quieren, por último, que se infor- 
me circunstanciadamente de su triste y melancólica situación. 
i es, al Gefe Político. Nadie está absolutamente 
exento de un mal tan grave. ¿Quién convendría en qu 
le relegase al olvido, como lo están actualmente los lazari- 
nos? Qué calidad! Qué filantrópico progreso! 



o 
Honor ni mói'iio. 

Criticar los excesos, los abusos y todo cuanto obstaculice 
el logro de la obra magna que, con afanoso tezon, so ha pro- 
puesto llevar á cima el genio emprendedor del progresista 
General Presidente, es la misión de "El Civismo*'. 

Elogiar las sabias providencias que tiendan ¡i tan lauda- 
ble propósito: enaltecer las esclarecidas y sobresalientes dotes 
con que la Divinidad adornara la honorable persona del bene- 
factor de Guatemala; y aplaudir los buenos comportamientos 
de los dignos Jefes del ejército, toca también al "Civismo. "' 

¿Cómo dejar en silencio la admirable organización do la 
guardia de honor y de los batallones 1.° y 2.°? ¿Cómo no cn- 
comiar su orden y disciplina? ¿Cómo no apreciar el celo y di- 
ligencia de los solícitos Comandantes de esos cuerpos, verda- 
dero apoyo de las garantías sociales y sosten del Gobierno? 

lío méuos recomendable es el honrado Mayor do plaza, 
que como soldado antiguo, inteligente y táctico: como cono- 
cedor del arte de la guerra, y sobre todo, como pundonoroso y 
buen Scividor á la patria, merece igualmente una justa 
mención. 

Prez y gratitud al coronel Sixto Pérez y á los tenientes 
coroneles Daniel Marroquin, Areadio Cujulum y José María 
Keinlon! "El Civismo," en su patriótico entusiasmo, consá- 
grales estas líneas, les rinde hom 'íngw se complace en dar 
el presente testimonio á su reconocido mérito. Acepten, pues, 
tan pobre ofrenda. 



Los Tribunales en esqueleto. 

Con hondo pesar de jueces y magistrados, cuya estúpida 
obsecaeion llegara al estremo de prescindir de sus sagrados 
deberes y hasta de su propia dignidad psxa atrapará mansal- 
va al redactor de "El Civismo," al fin se escapó ya de sus ter- 
ribles garras. 

BnsaQftdoa contra este periódico, tan solo porque, delata- 
ra la insuticiencia de ellos, han venido con sus mismos he- 
chos á patentizarla después. Si "El Civismo" los aunó, poi- 
qué no defenderse? Si mintió, por (pié no desdecirle, en Vez 
de abusar de su autoridad? Vergüenza á los autores de tan se- 



11) 

mojante proceder. 

lm callar, hicieron bien. Otra rosa tío era pero 

satisfacer sus minea pasiones á costa de so descrédito, como 
hombres, como abogaílos y como funcionarios de] Poder jntli- 
cinl, es un horror, ea uu oprobio, y su responsabilidad inde- 
clinable. 

La vergüenza qne abruma sti humillada fíente, os el re- 
Bultadodo inconsultos hechos, do su festinación y ceguera; 
Díganlo sino, sus aberraciones, arbitrariedades ^cuanto has- 
ta parece haber hecho adrede para cubrirse de ignominia y 
1 aldon. 

í^o satisfechos con tan innoble conducta, y postergando 
ci bien público á sus enojos, fingieron dificultades para 
cusav la terminación de l«>s procesos, pedida por los interesa- 
dos, qne ante ellos se apartaron de las acciones instauradas 
cu el deseo de evitar nuevos escándalos judiciales. 

Vuv. pues, necesario en tan grave conflicto ocurrir al 
Supremo Mandatario: exponerle todos los tropiezos que opo- 
nían al sebrei miento; y manifestarle las poirni onse- 
cuencias de la malicia y nulidad de tan apasionados funcio- 
narios, para poner coto á sus desbarros. 

El entonces, con su genio previsor y en el anhelo el 
cu ar la difamación de los tribunales, acordó el sobreseimien- 
to de loa ¡ ludidos, y qiK! se archiven en el Ministerio? 
calmando con tan oportuno golpe la alarma qne los procesos 
cansan en la sociedad y qne en el ineludible deber de los Jue- 
ces y Magistrados estaba evitar. 

Honor, pues, al General Presidente, por el buen uso de 
tan munífica 6 insigne prerogativa en obsequio de la paz y 
tranquilidad de las familias. Honor á ese ínclito (¡efe. que 
con una simple manotada refrena los avances judiciales. 

Pero el redactor de "El Civismo," al protestarle su cier- 
no reconocimiento, no puede dejar de llamar su alta y precio- 
sa atención á que los desmanes de los funcionarios tienden á 
desquiciar su administración; sembrando maliciosamente el 
desconcierto, la discordia y la deshonra. 

M E1 Civismo", firme en su propósito, minea desistirá do 
su enojosa tarea. Arraneará mascaras: presentará hechi 
exhibirá en esqueleto á loa mentidos patriotas. Todo lo hará 
cu la halaguefia esperanza do qne, restablecida la quietud, 
el público I- haga cumplida justicia. 



11 

(< ■<¡ih(-"¡i>n. — Véase d mjm. 0.) 

Ku todos los tiempos y países las ambiciones bastardas 
y la medianía en los talentos, lian sido ol germeu de esil raza 
rejmgnnnte á cjmjqs individuos la humanidad ha llama ! > 
ad nladorea 

Estos h<i])>lii: 33 |io piensan porque su mente está ofuscada 
(•«ni lo que nunca han podido comprender. Venden sus ideas, 
.¡i rcptih toara y hasta venderían su vida, con tal 

qtlp les dejaron ensalzar hechos de qne (dios mismos 110 
pueden dar cuenta. !<*! que adula es p irqnc algo pretende, 
y un ralla hasta que ve elevado el ediñcio <iu>' pretende consr 
truir, aunque esa eoust-ruccion tenga qub costar lágrimas. 
Después, cuando ve qne ya aqnel edificio que él mismo ha 
levantado le amenaza .ruina, llama á otros machis para qne 
Je ayuden á derribarlo, y al verlo caer lanzan fco loa una grite- 
j'ia dcgozoy.se precipitan sobre los escombros par-a esparcirlos. 
Esta clasj do hombres os el veu ¡no que va destruyen 1 ■ 
lentamente á los pueblos y sembrando cu el corazón de loa 
hombres honrados la desconfianza, id desaliento, y por ahi- 
la muerte moral del individuo. Estos hombres son los 
qne destruyen la juventud p trque la hacen creer cosas que 
ú la sazón debían callar. Esta clase ti 1 hombros nocivos que 
yiven de la adulación no tienen sentimientos, no tienen ideas 
unitarias; lan pronto aplauden un hecho bueno como un ini- 
cuo. Todas las ideas políticas para ellos son iguales. El bien 
lo quieren solo pura sí y lo buscan de una manera contraria 
que viene á redundar en daflo general. El hombre que adu- 
la á un individuo ¡s diguo de desprecio, el que adula á un 
gobierno debería ser digno déla muerte. Eu donde todo se 
alalia nada anda bien. El hombre que ya tiene sentadas sus 
ideas se enfurece, y la juventud balancea. Si el hombre adula- 
do es débil, adiós ideas, adiós sentimientos: Be cree que las 
apreciaciones que de él se hacen son todas ¡usía- y bien fun- 
dadas, y pronto llega á extraviarse. La juventud con mayor 

razón puede perderse. 

El que adula, tarde ú temprana tiene que conocer BU 
error porque la carga que ya pesa sobre él se lo indica: tiene 

lamentar sus propios hechos y callar, porque su mismo 



12 
comportamiento so lo exige. El parecerá grande mientras su 
apoyo exista; pero nna~vez retirado no le quedará donde li- 
jar la planta. El adulador es un hombre sin corazón que 
polo mira el presente y á quien poco importa la ruina do los 
tiernas; es orgulloso con los pequeños y se humilla has tai el 
estremo con los grandes: es charlatán (Te profesión, quiere 
iaber «moho y nada entiende, porque su mente siempre está 
vaeia de ideas sanas. 

Si estos hombres, cuyos pensamientos van siempre en- 
vueltos con algún designio perverso, llegaran á dominar el co- 
ráceo de los demás ¿no destrozarían también el de la juventud 
que de por sí es débil y se deja llevar constantemen I epor cami- 
nos estraviados? Hay vicios sociales que es necesario atacar de 
frente pava poderlos destruir, y que, dejándolos sin correctivo, 
pneden conducir al hombre, á un abismo de miserias. 

l'n vicio siempre va acompañado de otro: axioma que 
no podrá refutarse jamás. El lujo va siempre unido al or- 
gullo. [Jorque este es la consecuencia inmediata de aquel. La 
adulación lleva en sí misma la falta de sentimientos, la fal- 
ta de vergüenza, porque donde aquellos no existen tampo- 
co existe esta. El hombre que lleva consigo este vicio de- 
testable, no repara en inclinar la frente hasta el polvo ante 
un poderoso y besarle los pic3 aunque aquel le retire con 
la planta. ¡Triste condición á que reduce al hombre la in- 
sensatez, que lo hace arrastrarse por el suelo como el mas 
vil de los insectos! Y ¿sabéis por qué? Porque siempre bus- 
can un abrigo que pueda cubrir del todo la huella que tras 
sí han dejado sus anteriores actos, que la razón misma les 
condena, y les hace ver la pena á que son acreedores. ¿Sa- 
béis por qué? Porque cubiertos con ese manto pneden con- 
tinuar su carrera emprendida sin temor de ser castigad' 

De estos hombres debemos desconfiar continuamente, 
como de un reptil, que aunque sepamos no es dañoso, sin- 
embargo huimos de él como por instinto. Así di lie evitarse 
á la juventud todo contagio (pie pueda producir consecuen- 

qne borren de su corazón todo sentimiento puro, y qim 
Bolo sirven para debilitar el espíritu y engendrar en la imagi- 
nación pensamientoB perversos que después son difíciles de 
hacer desaparecer porque su huella ha quedado impresa pa- 
ra siempre en el corazón* 

El hombre que posee una alma sensible y desinteresada 



i;; 
bo pncde ver con indiferencia y sin sentirse couinovido los 

vicios (|iio gravitan al rededor de las sociedades en general. 
Combatir un vicio es roer las raices (pie lia ca tendido en el 
corazón del hombre; pero cuando estas abrazan nn círculo 
considerable, la empresa es ardua y penosa, porque á cada 
momento se encuentran escollos cpie solo el hombre que ha 
.--ido dotado de una fuerza y un valor ambos supremos, pue- 
de traspasar. 

Cuando una turba de muchachos que están cometien- 
do un desorden cualquiera se encuentra con un hombre que 
les reprende y les intimida para evitar que prosigan en aquel 
acto indigno, aquellos se mofan de él, le sibaln y creen ha- 
berle burlado, desoyendo sus palabras; mas como aquel hom- 
bre está cumpliendo con un deber, poco le importa la mo- 
jm. y solo siente que BUS nobles intenciones no hayan tenido 
efecto. Pero en cambio, cuando sus palabras han sido aten- 
didas y con ellas ha evitado un mal ¿cuánto placer no es- 
perimenta al considerar el efecto (pie habría producido el 
desorden (pie él ha podido evitar? 

P. P. 



Literatura. 



X>omliig-o Flores. 

Oriundo de Centro-América, nació el 2d de Majo de 
is;':,, en la Autigua Guatemala, cabecera de uno de los depar- 
tamentos de la llepública del mismo nombre. Su padre Don 
Juan José Flores era Escribano y Agrimensor, cuyas profe- 
siones ejerció siempre con inteligencia y probidad, hasta me- 
recer, por su carácter honrado y laborioso, se le confiasen en- 
cargos delicados que satisfactoriamente desempeñara. 

El joven flores comenzó desde muy temprano su edu- 
cación literaria, á (pie dio cima estando de practicante mayor 
en el Hospital, con la licenciatura en medicina, que obtuvo 
hasta el año de 1851, por haber arrostrado desgraciadamente 
las horribles consecuencias de un proceso, ni que, talvez sin 
culpa, se viera envuelto: acontecimiento infausto que amargó 
los mejores dias de su vida! 

Empero, el joven Flores (pie habiendo llegado, merced á 



14 
su asiduidad en eT est«dio¿ ¡i ser nn inic'ligoqte médico y qne 
como tal ejercía su nro&sióB con el mayor acierto, prestó 1 
importantes servicio* en la aciaga época en «pie el "cólera* 
raóirbW afligia á la RepúWliea el año- de 18Í>?; asistiendo con 
empeño y desinterés á los atacados de aquella espantosa epi- 
demia, por cuya laudable cosida ota se grangeó la estimación? 
pública y el aprecio general de- que disfrutó» y que hizo muy 
sensible su muerte, acaecida el 27 de Mayo de 180-í, en fca ciu- 
dad de Quc/.alteH-ango, á donde poco antes se había trasladado. 
Amigo ardiente de las ciencias, 3c dedicó- también al 
estudio de las bumanidades, á <pte desde muy jo-ven so incli- 
nara. Sus versas, conocidos únicamente de su» amigos, son 
bastante tiernos y revelan kv bella índole' de su apreeiabie au- 
tor. Lamentamos, pnes-, se>bre manera que solo se consérvele 
muy pocas poesías- y acaso algo incorrectas do ese malogrado 
vate, quien en otras circunstancias babria cantado ÍB gloria 
de los héroes- de nuestra ¡©dependencia y su el)únvca lira nao- 
dolado blandos, armónicos acentos en loor del amorieanií n < ■ 
y de sus esclarecidos defensa-res. 



cajstcion 

al general presidente justo rufino barrios, 



CORO. 
(¡¡■ufo* himnos <>■ (¡h,r¡(( entonemos 

Y , nmloemos al noblt adalid, 

ihi, ,'i }a i\:¿ llhtrtuJ i>r<>f/<(m<h'<L 

Y calcara á mput Seo en ¿a lid. 

Prez al ínclito joven patriota, 
Al valiente sin par, tan nuerido, 
Cny;t mágica gloría na circuido 
Nuestro antiguo pendón nacional. 
Yiv:i plácido el dulce recuerdo 
Ib] espléndido y próspero dia, 
Dó brillara con suma alegría 
I >e v íctoria luciente fanal, 



15 



Loor también á los bravos caudillos, 
Que en heroicos combates certeros, 
Con sus pocos flauíautes aceros, 
Alcanzaron el triunfo mayor, 
A pesar del orgullo impudente 
De los déspotas, siempre inhumanos, 
Que á la Patria, cual viles tiranos, 
Dominaban con sangre y terror. 

Y al ejércjto victorea muchos, 
Por el celo, valor y civismo, 
Que ostentara con noble heroísmo, 
Humillando al partido mas cruel; 
JS'o con muerte en odioso cadalso, 
!S T i destierro, ni injustas prisiones, 
í¿i no al lampo de patrias fruiciones 
Con la palma de olivo y laurel. 

Luego, luego á los lares queridos 
Tornareis satisfecha vuestra alma. 
Pues elejáis la República en calma 
Para nunca doblar la cerviz. 
Por vosotros el pueblo magnánimo 
Conquistó sus sagrados derechos, 
E indelebles tendrá vuestros hechos 
Al mirarse triunfante y feliz. 

Loor y prez á tan briosos guerreros, 

Que una página abierta en la historia 
liará eterna la fausta memoria 
Del político cambio social; 
Y vosotras amables doncellas 
Coronad á esos dignos Atletas 
Con laurel y fragantes violetas 
Al compás del acorde marcial. 



f Gratos himnos dt gloria entónanos 
j )' , mala, mos al noblt adalid 
í Qm ('/ I<( vez Ubertaxlpivolaniára 
I Y salvara á su pueblo en la lid. 



1G 
Respuesta á la dedicatoria de una pequeña colec- 
ción de versos. 

IX EDITA 

Contesto, obsequioso niño, 
Tus cantigas armoniosas 
Con palabras afectuosas 
De mi sincero carino. 

Versos no escribo hábilmente, 
l'ues de la métrica él arte 
Ignoro para expresarte 
x Mi aprecio en ritmo cadente» 

Con el perdón, pues, de Apolo» 
líesponder sin vanagloria 
Tu lina Dedicatoria 
Afable quiero tan solo. 

Que pnlee lira sonora 
Para soñar en veladas 
Las diebas siempre doradas 
Dices con voz seductora. 

Pero no siendo poetisa 
Para hablarte de ilusiones, 
Todo en tales ocasiones 
El corazón martiriza. 

Mas til que el trato divino 
De amantes musas cultivas 
Y que mágico cautivas 
Con tu melodioso trino, 

Canta; y recuerda que el llanto 
Bu esta vida afanosa, 
Tan triste, como engañosa, 
Es el consuelo mas santo. 



(ilATKMAI.A, ¿OOtTO IU. 1878. 

DÍFKENTA DE AliltAHAM P. PADILLA. 



Vúiiuro 10. 



EL CIVISMO, 

« ni » 

Periódico ile política, ciencias, literatura, comercio &. 

SU REDACTOR JOSÉ MARIANO MICHÉO. 

Saldrá los dios 10, 20 y 30 de cada mes, tí real el número. 



Misterios de Amatitlan. 

Sit situación en Jimio y Julio último. 

Esa población que ya no puede absolutamente mere- 
cer el nombre de ciudad, hállase en la mas completa deca- 
dencia. Habitante solamente la miseria, la incuria, el vicio. 
No es mentira, sino desgraciadamente un hecho cierto cier- 
tísimo. 

La agricultura está casi abandonada, por falta de bra- 
zos, según unos: por falta de recursos, según otros; y por fal- 
ta de ambas cosas, según muchos. 

La población disminuye diariamente, hasta el grado de 
encontrarse la mitad de las casas vacias. Nadie las quiere o- 
cupar, ni por un escaso arrendamiento, ni aun siquiera gra- 
tis et amore. 

Las enfermedades, antes epidémicas, se han convertido 
al presente en endémicas, y ocasionan con mucha frecuen- 
cia fiebres malignas, y algunas veces muertes repentinas. 

Tan graves males proceden sin duda de causas inde- 
pendientes del Gobierno. Empero, hablando con sinceridad, 
la mala administración en todos los ramos contribuye en 
cierto modo á agravarlos. 

En Amatitlan, como en todos los Departamentos, hay 
un Gefe Político, uu Juez de 1. * instancia y dos Alcal- 
des Municipales. La primera autoridad, según el criterio ge- 
neral, es todo un joven recomendable y circunspecto, dotado 
de un oído muy lino y delicadísimo; pero un funcionario sin 
olfato. Proébanlo la ninguna impresión que le hacen las in- 
mundicias de las calles, plaza pública v de la mavor parte de 
las casas, donde la industriad.- sus habitantes consiste en 
fabricas de aguardiente, de jabón, de candedas. &■ fundición 



de -cabos podridos, y depósito de cueros frescos, con restos 
de carne en estado de putrefacción, que atraen tantos zopi- 
lotes, como nn campo de batalla lleno de cadáveres. 

Los miasmas deletéreos que despide ese foco de podre- 
dumbre, parecen ser la causa principal de la insalubridad 
de aquella población, en otro tiempo tan preciosa, como pro- 
ductiva. Hé aquí un hecho, que se cuenta con visos de cier- 
to, aunque quizá un poco exagerado. 

Refieren que en uno de los" domingos anteriores llegó li- 
na diligencia de la Compañía de trasportes, cargada de jóve- 
nes simpáticas, con varios galantes pisaverdes, para cono- 
cer la poética laguna y gustar de sus suculentos productos. 

Dicen que al entrar y respirar el aire mefítico de la 
Ciudad, les filies de joie se des nayaron, y los obsequiosos pe- 
timetres también se privaron; y que en tan congojosa situa- 
ción paró el coche en el hotel, á donde solícitas acudieron 
las autoridades, médicos y boticarios con las botellas de e- 
sencias que había en la población; y que, á la voz de man- 
do del Gefe Político, destaparon y rociaron las caras á las 
jóvenes asfixiadas hasta volverlas á la vida. 

Respecto de la administración de justicia, encargada á 
un joven apreciable, no adelanta, con todo y estar en vigencia 
los nuevos Códigos. Las mismas antiguallas: las mismas prac- 
ticas viciosas: la misma tramitación irregular. Todo, todo co- 
mo antes, con mas el ningún conocimiento de los Códigos 
en que siempre escolla el pronto despacho, como sucede en 
todos los tribunales de la República. 

Cuéntase que en una sola mafiana hubo va.iias rifía?, 
que ocasionaron otros tantos heridos: un escalamiento, á me- 
dia noche, de la casa del mas rico del pueblo, aunque el ro- 
bo no llegó á efectuarse, por la energía de la doméstica, que 
emprendió una titánica lucha con los salteadores, á costa de 
su vida, por haber sufrido graves lesiones; salvando así el 

i o de su amo, quíen, reconocido y en recompensa á ese 
favor, l;i mandó al hospital. 

En ese lance trágico, como era de esperarse, fué muy 
activa la intervención judicial. A sus eficaces y enérgicos 
procedimientos, loa ladronea deben respirar el aire libre, me- 
roadeando al rededor de la Ciudad; y dicese haber aplazado 
| lir ,, ola Oaptnni de esos angelitos. Todo va así , 

Kn orden fcloa Juagadas Municipales- lo mismo sucede. 



3 
Hablase solo de las multas que imponen á las carretas ó co- 
ches de tránsito, detenidos en medio de la plaza con pasa- 
geros y carga, hasta que satisfacen los impuestos: á los por- 
tadores de armas prohibidas; y á los ebrios, que no son del 
pueblo, para cubrir con su producido los sueldos; y cuando 
no alcanzan, entonces tienen que" recurrir al sagaz arbitrio 
de dictar sentencias con condenaciones económicas, con- 
mutables. 

Tal es la triste y aflictiva situación de Amatitlan, don- 
de desgraciadamente abundan los robos, la ebriedad, las ri- 
ñas, el juego &&. Demanda la mas seria atención del Go- 
bierno, pues siendo un pueblo agrícola, progresaría de seguro 
con la protección suprema, como lo desea vivamente "El Ci- 
vismo." 

■ ni» i 

La ebriedad y la vagancia. 

Como "El Civismo" se ha propuesto inculcar constan- 
temente su interesante y principal acepción, que es el con- 
junto de cualidades de que ha de estar adornado el buen 
ciudadano, trata ahora de los perniciosos vicios, cuyos nom- 
bres encabezan este artículo, y que por desgracia son muy 
comunes en nuestra sociedad, sin escluir á los indígenas. 

¿Qué es la embriaguez? No se espere que diga ser el em- 
brutecimiento que ocasiona en el hombre el esceso de licores 
espirituosos. No; á la embriaguez se la considera como ma- 
nantial de la imprudencia, de la desvergüenza, de la locura, 
de la pereza, y de consiguiente de la vagancia y del robo; en 
una palabra, del desconcierto y ruina de las familias, y con 
estas de las poblaciones. 

El beodo es imprudente, porque divulga hasta las co- 
sas mas ocultas: supone embustes: habla disparates; y ofre- 
ce mucho para no cumplir nada; y en su somnolencia ó ano- 
nadación brutal, incapaz de vijilar á su propia familia, se a- 
bandona miserablemente á los desórdenes, ó flaquezas por lo 
menos. 

El beodo de profesión se vuelve desvergonzado y sin mi- 
ramiento algunos ataja el paso á la persona, que va talvez o- 
cupada y en la ocasión menos oportuna; y pide quiza con pa- 
labras insolente* ó insultante, para seguir bebiendo, como se 



4 
dice, y aun entre sn propia casa no hay cosa que no tcngí* 
riesgo de sor vendida ó empeñada para dar páralo á su vicio. 

El beodo loco quizá tenga algunas cualidades en sana sa<- 
Ind; pero cuando se inebria es temible, ni los muebles, mi 
las personas se salvan de su rapacidad; se olvida de la edu- 
cación: todos le huye», y en un acceso de temulencia, pierde 
el concepto y el aprecio que se habia grangeado en su esta- 
do natural. 

El perezoso es el que anda de estanco en estanco, vien- 
do quien le brinda, quien le da licor: presta algunos servi- 
cios al dueña del establecimiento, como barrer, &, para que 
le proporcione alimentos; y seguir allí siquiera acariciando' 
el olor de los licores, mientras llega algún compinche que le 
regale un trago. Al dia siguiente vaga por las calles trému- 
lo, humillado, con los brazos cruzados, el rostro abotagado, 
los ojos un tanto rubicundos; y cubierto de sucios harapos, 
pide por amor de Dios, para quitarse lo que llaman goma, y 
un trapo para cubrirse. 

Se ha visto, pues, que el abuso inmoderado de tos íleo- 
res fuertes, es causa de qne desarrollen todos los defectos» 
todos los vicios, y que cada individuo se haga notable err 
aquellos á que es mas propenso. Y no se crea que "El Civis- 
mo" intenta se estinga por completo' el uso de los licores, co- 
mo se cuenta de aquella Keina piadosa que, tratando de a- 
nonadar la prostitución que habia en sus Estados, pagaba 
de sus tesoros los productos que dejaban de percibir los em- 
presarios de ese peregrino ramo de indnskria; y aunque es 
verdad qne así la prostitución disminuyó en las mugeres per- 
didas, su desarrollo fué considerable y rápido entre las de la al- 
ta sociedad. Nó, "El Civismo" no apetece providencias pue- 
riles, inconsultas é imprudentes, porque, como se dice, quien 
mucho abarca poco apriete. Noj anhela sobre todo la circuns- 
ji.cciony el tino, para ir disminuyendo estos y cualesquie- 
ra otros males y endilgando á esos desgraciados á 1» senda de 
sor ciudadanos útik-s y pundonorosos, á que sin duda con- 
duce el verdadero progp 

Pero faltan aun los últimos beodos, ya indicados, es de- 
cir, los semi-bolos ó calamocanos. Estos tienen p<>r profe- 
sion ser vagos, y de oonsiguient" mal entretenidos. Enlo 
11. ral ios un poco maadacei mugare los mantienen, 

' bi nó iostnaanse del juego, ó de la rapiña: temulentos á 



medias, no por virtud, sino para avivar su ingenia v tener 
la necesaria desfachatez y »trevimiei<to suficiente. 

Vése con (Vecuencia á esta clase de gentuza, sombre. 
íittctoge bajo los árboles de las alamedas, ó en conversación 
formando grupos en las esquinas, en las horas dedicadas al 
trabajo-, Jr obligan á bajarse délos embaldosados á los tnm- 
eeuntes. ¿De donde se sostienen tales hombres? ¿Qué ramo 
de industria, de agricultura, de comercio podrá fomentarse 
con tan estragada conducta? Y lo mas triste, lo mas des- 
consolatorio para el porvenir, es que abunda semejante cana- 
JJa y que sea remora para que los hombres de comodidad, los 
honradas, ¿os laboriosos, puedan dar el movimiento, la rique- 
«á y el brillo, que un buen ciudadano ansia para su patria- 

Para couoccr que los temulentos y vagos son improduc- 
tivos parásitos, figúrese por un momento que saliera dees 
t¿i ciudad Ja gente visible, la gente trabajadora, la gente honl 
rada, y que sedo quedase esa gentualla... Acabaría enton- 
ces Guatemala. No habría sociedad, sino una reuniou de 
hombres perniciosos y hasta incapaces de conservarse. 

En conclusión pregúntase: ¿Por qué ha decaído tanto el 
comercio; ocasionando grandes quiebras, de las cuales nace- 
rán otras tantas en menor escala? ¿Por qué están carísimos 
los alimentos? ¿Por qué se mantienen como 600 presos de am- 
bos sexos, gente solo consumidora, con perjuicio de las ren- 
tas fiscales? La respuesta parece muy sencilla, Por la embria- 
guez y por la vagancia: causa primordial de casi todos los 
delitos, y estos origen fecundo de las adversidades que el 
país sufre en la época calamitosa que va atravesando. 



La compañía de trasportes. 

Para establecerse esta sociedad con absoluta esclusion, 
disminuyó al principio los precios y de una manera estraor- 
dinaria; y logrado su objeto, los subió también estraordi na- 
namente, al punto de cobrar por un asiento^ á Amatitlan, dos 
pesos. lie aquí una prueba de su beneficio. He aquí el resul- 
tado de la falta de competencia en las empresas públi. 

Agrégase á eso los abusos consiguientes á la rudeza de 
loe cocheros, que manejan los frenes. Beoojidos los pasajeros, 



los retienen al frente del despacho; y al llegar á Villanuevá 
hacen lo mismo en el estanco de la esquina de la plaza, don- 
de permanecen hasta que han tomado aguardiente á su sa- 
tisfacción. 

Lo mismo pasa en su regreso; habiéndose dado oaso de 
que un viagero, salido de Amatitlan á las dooe del dia, es- 
taba aun á las cinco de la tarde al frente del despacho de es- 
ta ciudad, de cuyo establecimiento los otros pasajeros, para 
evitarse tanta demora, tuvieron que irse á sus respectivas ca- 
sas, á pié y cargando sus maletas. 

Esa compafiia ha contraído un serio compromiso con 
el público. Este no puede exigir por sí su cumplimiento. A 
la autoridad local y al ministerio del ramo toca corregir esos 
escandalosos abusos. "El Civismo" los revela para que, ceroio- 
rados de ellos, les pongan pronto y eficaz remedio. Demán- 
dalo imperiosamente el bienestar general. ¿Quedarán, no obs- 
tante sin el oportuno correctivo? 



El Maestro y el discípulo. 

"El Porvenir" en las columnas del número 26, circula- 
do el 5 del último Junio, contiene un artículo que, bajo el 
título de Respeto á los difuntos,- contráese á impugnar con 
magisterio y virulencia el esbozo biográfico del Licenciado 
Juan Dieguez, escrito ex -profeso para la Galería poética gua- 
temalteca y publicado en el número 3 de este periódico. 

Siente su redactor tener que ocuparse otra vez del Li- 
cenciado Dieguez, con motivo de la indiscreta defensa, he- 
cha por su discípulo Licenciado Vicente Carrillo, quien mas 
que vindicar su memoria, propúsose en su aludido panegíri- 
co aprovechar la ocasión para prorumpir amargamente con- 
tra "El Civismo" y su redactor. 

Este, en la pequeña biografía impugnada, elogió á Die- 
guez como poeta, si bien sus composiciones líricas sufrieron 
muchas notables reformas. El constantemente las corregía 
y limaba, como lo prueba el verso llamado "La Garza." Va- 
rias veces lo dio á la estampa, con alteraciones siempre con- 
siderables; y eso patentiza «pie Dieguez no era un vate es- 
l>ontánco. Con todo, se le alabó, quizá con exajerado entu- 



7 
siasmo. ;De qué, pues, se queja su apasionado discípulo? 

Nosepodia hacer lo mismo con sus producciones jurí- 
dicas. Como abogado su estilo era incorrecto, era inculto, era 
hasta estravagante. Faltábanle pureza y las otras cualidades 
que recomiendan á los escritos forenses. Puede, con todo, 
haber alguno pasadero. Pero en general eran malos, malísi- 
mos. A la redundancia se agregaban la difusión y los defec- 
tos que censuran los buenos hablistas. 

Kn concepto de Juez era Dieguez mucho peor. En los 
juzgados que sirviera hay actuaciones que lo testifican. La 
tramitación que daba á los negocios era tortuosa, informe; y 
sus sentencias casi siempre descabelladas. No tenia juicio y 
cordura; se precipitaba constantemente; y su ofuscación le 
conducía al estremo de llevarle de uno á otro desatino en 
descrédito suyo. 

Cita el redactor de "El Civismo" dos hechos en compro- 
bación. Quisiera escusarlo de buena gana. Pero constituido 
en tal aprieto, se le hace preciso é indispensable. Culpa es del 
Licenciado Carrillo. El exige imprudentemente su relato. He- 
lo, pues, aunque de paso, sin embargo de que ambos hechos 
caracterizan á su venerado maestro, dando á conocer su lamen- 
table estravio en la judicatura. 

Exhortado el Juez Dieguez por el de Huehuetenango, 
Don Manuel Monteros, para el examen de dos testigos, pu- 
so á nut de estos en bartolina é incomunicado varios dias: 
intentó en sus alardes de rectitud, proceder contra el otro; 
pero no podiendo hacerlo, tuvo la infame satisfacción de 
torrar Ja paz de su casa introduciendo el resguardo: sacar vio- 
lentamente por esc medio á las criadas; y examinarlas á su 
capriebo, á pegar de que no tenia facultad para ello, en ra- 
zón de que en el exhorto no se habia cometido la práctica de 
semejante diligencia. 

lío contento con ese ilegal manejo, exhortó indebida- 
mente al Juez de iluehuetenango, pidiéndole datos para pro- 
ceder en su safia forence contra los indicados dos testigos. 
Mas aquel Juez, cauto y previsor, escusó la devolución del 
exhorto. Así pudo terminar esa vejación, que patentiza el 
desacuerdo y torpeza del vanidoso Dieguez. 

El otro hecho no es menos ridículo, menos risible y de 
menos trascendencia. En su deseo de Indagará un triste per- 
sonaje, que debe ruborizarse cuando en Nicaragua lea es- 



8 
tas líneas, procedió contra una mnger, por lenocinio. Mas al 
verificarlo se propuso examinar multitud de testigos, estran- 
geros y criollos, que suponía frecuentaban esa casa. Lo hi- 
zo, en efecto, con varios sugetos respetables, exigiéndoles res- 
puestas vergonzosas y confesiones inmorales. El curso de e- 
se proceso sin duda habria sido de funestas consecuencias 
para las familias, si la Corte de Apelaciones á instancia de 
uno desús Fiscales no hubiese reprimido los punibles avan- 
ces de ese ensimismado Juez. 

A vista de estos rasgos, característicos de su atolondra- 
miento, pretenderá todavía su discípulo Carrillo que se pro- 
diguen encomios al ídolo de su apasionada admiración? Quer- 
rá que el redactor de "El Civismo'' queme incienso á un 
hombre vano y lleno de pretenciones como particular, y tor- 
nadizo y adulador como funcionario público? 

Sepa, pues, el autor del artículo '-Ilepeto á los muertos" 
que desde la bartolina del castillo en que Dieguez estuvo 
preso, dirigió al General Carrera humillantes versos, que por 
desgracia suya entonces circularon, y que amenguan misera- 
blemente su reputación. Sepa que acogido en Chiapas con be- 
névola hospitalidad, correspondió con inaudita ingratitud á 
los favores que aquellas buenas gentes con profusión le dis- 
pensaron. ¿No prueba esto, por ventura, su genio díscolo? 
¿No patentiza, acaso, cnanto se dijo en su esbozo biográ- 
fico? 

La historia, opina Mr. de Mothe, que es el retrato de los, 
siglos pasados, puesto á los ojos de los presentes y venideros, 
para que les sirva de lección y de escarmiento . . . .; y la bio- 
grafía, ramo también de la historia, la narración de la vida, 
especialmente doméstica y privada de los hombres célebres, con 
sus vicios y sus virtudes. 

El biógrafo, pues, para llenar satisfactoriamente su im- 
portante objeto, debe ser verídico é imparcial en alto grado* 
Nada puede callar. Debe decir lo bueno y lo malo para no 
degenerar en ciego panegirista. 

Tales son los principios que han guiado al redactor de 
"El Civismo" al borrajear los esbozos biográficos que publica 
en sus columnas. ¿Por qué se le echa en cara haber dado 
cumplidamente lleno á su misión? 

En esos esbozos presenta á nuestros literatos talos como 
eran loe muertos y tales como son los vivos. No injuria ni á 



9 

míos, ni á otros. Imita ¿i Villergap y :i Gómez Ilerniosilla en 
sus respectivos juicios críticos de lo* poetas españoles con- 
temporáneos, sin que á nadie haya ocurrido en aquella -cuL 
tu nación impuguar á esos dos ilustres censores. 

A mi viviendo el propio Dieguez. seguro está el redactor 
de "El Civismo" que habría ese-usado su salto á la palestra; 
y que, guardando silencio como lo-; poetas aludidos, procura- 
ría solícito la enmienda de las faltas apuntadas, para ascen- 
der al monte de la Fócida, consagrado á Apolo y á las musas, 
y penetrar eu el templo de TTiemis, cuyas puertas solo toca 
.«•i digno discípulo, rompiendo la losa de los sepulcros, con 
la provocaciou de desagradables polémicas. 

Por eso, y con la aplicación de la siguiente estrofa ó re- 
dondilla, termina la respuesta á su piadoso contendor, 

Diciendo: tal se merece 
Quien no podiendo brillar, 
-t£j Quiere el mérito ahuyentar 
Porque la envidia le escuece. 



Publícase la siguiente inédita conclusión fiscal, 

porque ella patentiza las ideas del Redactor de 

"El Civismo" respecto de la pena de muerte t/ 

del desacierto de los Tribunales. 



Señor Ministro. — Procesados los indígenas Lorenzo Tambriz 
y Antonia Ixmatá por homicidio en la persona de Francisco 
Guarchaj, la causa se inició el 22 de Diciembre de 1873 en el 
Juzgado departamental de Solóla. 

Seguida de oticio por sus trámites, se terminó el 31 del 
mismo Diciembre; condenándose á Tambriz á diez áfios de 
presidio en el de San Felipe del Golfo, con calidad de reten- 
ción, y absolviéndose de la instancia á la Ixmatá. 

Ese fallo, de que apelara solo Tambriz, fué elevado en 
consulta á la Sala 3. a de la Corte de Apelaciones, erigida 
hace poco en la Ciudad de Quezaltenango. 

Oido el procurador de pobres y practicadas algunas dili- 
gencias pedidas por el Fiscal, á instancia de éste condenó la 



10 
mencionada Sala ni nominado Tambriz á la pona del último 
suplicio y á la referida Ixmatá á cinco aflos de prisión, con 
calidad de presidio. 

Tan tremendo pronunciamiento no pudo menos de haber 
sido suplicado. El recurso se otorgó. La causa vino al Tribu- 
nal de súplica, en donde, previos los trámites de estilo, fué 
confirmada la sentencia do 2. * instancia en cuanto á Tam- 
briz, imponiendo á su cómplice la pena de ocho años de pre- 
sidio, que, se dice, cumplirá en las c.írceles de ésta capital, 
entretanto so establece un presidio para mu ge res. 

Esa determinación, tan severa respecto del ya nominado 
Tambriz y algún tanto en orden á la Ixmatá, fué proferida 
en 12 de los corrientes. En ese mismo dia se hizo saber al pro- 
curador de pobres, quien al siguiente ocurrió al Supremo Go- 
bierno, á nombre del reo condenado á muerte, en solicitud de 
que se le indulte de la pena inmerecida del último suplicio, 

El Eiscal, á cuyo despacho se pasara el prooeso, compues- 
to de tres cuadernos, lo ha leido detenidamente; y después 
de hecho un maduro estudio, se apresura á emitir su juicio, 
confiado en que su ímmilde voz será escuchada con la bene- 
volencia que caracteriza al primer progresista magistrado de 
la Nación. 

Califícase, Seflor, en las dos últimas sentencias el homi- 
cidio de que se trata como alevoso, premeditado y seguro, por 
haberse cometido hallándose temulentos los aotores y el occU 
so muerto por sufocación. 

Pero examinada la causa, especialmente el primer cuader- 
no, no se encuentra en las 30 fojas de que consta otra prueba 
que la inapreciada confesión de los reos y la comprobación del 
cuerpo del delito, pues no hubo testigos presenciales de ese la- 
mentable snceso. 

Cierto es que esa prueba seria bastante para imponer la 
pena inmediata á la ordinaria, en razón de que los Tribunales 
de Justicia buscan mas en las pruebas judiciales la convicción 
moral, que la convicción legal Con todo, no es suficiente para 
una condena tan horrible. Esta es la doctrina que enseñan los 
criminalistas antiguos y modernos. 

Por eso, el ilustrado Ortiz de Zúniga sostiene, con sobra- 
da copia de razones, que "solo para la imposición de una pma 
" terrible puede asegurarse, que el magistrado se ajusta ri- 
" porosamente á la ley, fundado en la convicción legal y en 



n 

" la de su propia razón: solo para aplicar el último suplicio 
" exije rigorosamente la prueba testifical completa, y tan cla- 
" ra como la luz del día: para cualquiera otra, no es tan rígi- 
" damente observador de loe preceptos legales; y si su ánimo 
" se halla convencido decide según su conciencia." 

Tampoco prescindirse puede de que los prevenidos Tam- 
briz y la Ixmatá son casi salvajes, al punto de que siendo na- 
turales y vecinos de un departamento importante, como el de 
Solóla, ignoran el idioma nacional, por cuya triste circunstan- 
cia fué menester interrogarlos por medio de intérpretes, quizá 
tan rústicos como los reos. Así, su confesión no debe concep- 
tuarse franca y paladina. Pueden talvez esos intérpretes ha- 
berla alterado sencilla ó maliciosamente. 

En fin, ambos reos corresponden á una clase tan misera- 
ble, que las leyes del Código de Indias, declaradas vigentes 
por varias leyes patrias, recomiendan se les trate con lenidad 
en los castigos que se les impongan. Mis esa equidad, tan en- 
carecida, ciertamente no se encuentra en las penas graves y 
fuertes que se les ha inflijido, por la ciega práctica de preten- 
der escusar la comisión de delitos con castigos inmoderados. 

Piensa, por tanto, el Fiscal que ni la Sala 3. * , ni el Tri- 
bunal de Súplica han debido condenar al último suplicio al 
desventurado indígena Tambriz. Cree que cuando mas pu- 
dieron imponerle la pena mayor extraordinaria con calidad de 
retención; y que sobre los signatarios de las dos tremendas 
sentencias, de que se ha hecho mérito, pesa esa enorme res- 
ponsabilidad. 

Tales avances son, sin duda, resultado preciso de no haber 
un Tribunal de residencia, que enfrene el absolutismo de los 
Jueces, y de su perpetuidad en los destinos; pues á fuerza 
de juzgar, pierden los blandos sentimientos y vienen siempre 
á juzgar mal, como lo indica el elouente orador y célebre ju- 
risconsulto Don Joaquín María López. 

Mas aparte de eso, si los Tribunales de justicia, llevados 
de un celo exajerado, imponen, sin temor alguno, la afrentosa 
pena del último suplicio, el primer Magistrado de la Nación, 
á quien la ley autoriza para conmutarla en la extraordinaria 
inmediata, se halla constituido en el ineludible deber de usa r 
de tan benéfica prerogativa. 

La pena de muerte debe abolirse de los códigos de todos 
los países cultos. La primera ley (pie la impuso fué dada por 



12 

un tirano soborde ó por una República idiota. Así so osprosa 
el literato Garciafle Quevedo; y justamente, pirque loa juicios 
de I03 hombres son falibles, y porque si la sociedad tiene el 
derecho de defenderse y «un la facultad de imposibilitar al 
perturbador del reposo público, nunca jamas tiene el de ma- 
tarle. El que mata, no hace justicia, se venga. 

Entre nosotros, por desgracia, ha sucedido que desalma- 
damente se ha impuesto en años atrás esa abominable pena. 
Hoy que la nueva administración proclama principios de hu- 
manidad y progreso» cumple al Ciudadano General Presiden- 
te dar otro nuevo testimonio de su filantropía, indultando 
al desgraciado Tambriz, cierto como debe estarlo de que cuan- 
" do la vara de la justicia se convierto en instrumento do 
u destrucción, bala ó guillotina, hacha ó cordel, toma, en opi- 
" nion del citado sud-americano (Jarcia de Quevedo, el odio- 
" so carácter de instrumento de venganza." 

Movido, pues, el Fiscal de tan humanitarios principios, y 
considerando que en el proceso fulminado al imbécil Tambriz. 
no hay la prueba plena, completa y superabundante que la 
que la ley requiere para la imposición de la pena capital, con- 
sulta, en fuerza de las reflexiones apuntadas, se le otorgue la 
gracia que impetra el procurador de pobres; conmutándose, 
en consecuencia, la pena del último suplicio á que se le con- 
denara en la de diez años de presidio á ¡San Felipe del Golfo, 
con calidad de retención. 

Acordad, Señor, de absoluta conformidad. Ved que Dios 
no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. 
El infrascrito os lo pide en ejeroicio de su ministerio; y si 
vuestra superior resolución fuere favorable, dignaos ordenar 
se comunique inmediatamente á la Corte Suprema de justi- 
cia, con el objeto de que disponga se suspenda la ejecución da 
los fallos proferidos en 3. ~ y 3. " instanoia respecto al estú- 
pido joven Tambriz. 

Guatemala, Agosto 27 de 1874. 

Miciiéo. 



13 

L i t e r a t u v a. 



José 3Xillji. 



Ls uno de los muy pocos guatemaltecos para quien la 
prensa „ ha estado nunca encadenada. Vendido al poder por 
el al.c.cnte de los medros personales., se ha prestado con a- 
tcnto estudio a lisongear las m«., ai ñas pasiones y debilida- 
des execrables de los mandarines: decantando siempre legali- 
dad y orden, r,ue jamas hubo durante el rudo bajalatodcl 
reacio Genera] Rafael Carrera. 

Hijo primogénito de don Justo Milla y de dona Merce- 
des \ u laurre tuvo lagar su nacimiento en esta ciudad el dia 
1.) de Marzo de US». Niño todavía, entró como bequista al 
Colero Seminario, dirijido á la sazón por el ilustrado Canó- 
nigo doctor don José Maria Castilla, y después cursó en la 
universidad Blosofiay derechos: ramos en que jamas mere*- 
en'Teves cali,ÍC;lc '™^ pues ni aun llegó á graduarse 

Habiendo dado de mano á los estudios, en que no hizo 
visible adelanto, por abrazar la carrera de empleos como mas 
halagüeña a sos aspiraciones, Io«ó al fin se le nombras, 
en 1847 redactor de la Gaceta, y al poco tiempo oficial ma- 
yor del Ministerio de relaciones exteriores; y continuando en 
su sed de figurar que en 1359 se le colocase de subsecretario 
general del gobierno y quAen 1864 se le incorporara en el 
Consejo de Estado, cuyos destinos conservó hasta la caida de 
la administración Cenia, como también su asiento en la Cá- 
mara de Representantes, para la cual ha sido electo varias 
veces diputado. 

Aunque al principio de su carrera política escribía bajo 
la dirección inmediata de los Licenciados don Manad Fru, 
cisco Pavón y don Luis Batres, prohombres de aquella deplo- 
rable época que, acogiéndole bajo sus auspicios, le revelaron 
los secretos de la política conservadora; v nutrido con esos 
conocimientos, se lanzó ya solo á publicar* el periódico, cava 
redacción se le encargara, y posteriormente los otros dos se- 
mi-oflciales La lh,¡n ,/, .(,,„,< v Ln SiiiIi , iiiK sj hiou tle ¡( _ 
cuerdo siempre con los gobernantes, á quienes adulaba con 



14 
prodigalidad, consultando en todo caso la manera de captarse 
su benevolencia. 

Familiarizado con la prensa y sin temor de que nadie lo 
contradijera, porque desgraciadamente en Guatemala nunca 
ha habido libertad de imprenta, ha escrito tres novelas titula- 
das: El Visitador, Los Nazarenos y la Hija del Adelantado: 
una serie de cuadros de costumbres guatemaltecas: una le- 
yenda en verso con el nombre de Don Bonifacio; y muchas 
poésias que, compuestas casi todas en su juventud, participan 
de las incorrecciones del romanticismo, en que prescindien- 
dose de las reglas del arte, únicamente se procura la expan- 
sión del sentimiento y el desahogo del alma, sin cuidar de la 
perfección del idioma, soltura de la frase, elegancia de las for- 
mas y armonía y cadencia del verso. 

Milla, como' hombre de estado, corresponde al partido 
conservador, no obstante que en otro tiempo deliró con las 
ideas liberales, de que abjurara por su insaciable avidez de 
honores y riquezas. Su política tiende á restringir toda clase 
de garantías para el pueblo y á ensanchar sin límite alguno 
las preeminencias de la autoridad; encomiando la dictadura 
militar, el fanatismo y las instituciones monásticas de am- 
bos sexos, para sostener así mas fácilmente la primera ma- 
gistratura investida de facultades omnímodas, que entenebre- 
cen el porvenir de la nación, como la losa que cubre la puer- 
ta del sepulcro, á pesar de que tales gobiernos, en concepto 
del neo-granadino don José María Samper, no merecen vivir 
11 n solo di a, y de que su ruina es mil veces preferible á la efí- 
mera, falaz y casi sangrienta instabilidad que pretenden a$e~ 
gurar con la violación ó el olvido del derecho. 

El guatemalteco de que hablamos, llevado en alas de su 
desmesurada ambición, conoce la mayor parte de los clásicos 
antiguos. Con "todo, falto de inspiración, jamas ha producido- 
una obra maestra, que le haga célebre, *ni que por ella pueda 
reputársele un gran poeta ó un esclarecido novelista; y con 
razón, porque para ascender á la cumbre del Parnaso se ne- 
cesita estar dotado de muñen, de estro, ó como dice el ínclito 
poeta, orador español don Francisco Martínez de la Rosa 

"De un ingenio creador digno tan solo 
"del sacro lauro del divino Apolo." 



15 

Habiendo regresado de su voluntario exilio, dio última- 
mente ¡í la estampa sus viages y la novela Memorias de un 
abogado: producciones que el redactor de "El Civismo" aun 
no conoce; y actualmente ocúpase en borrajear de orden su- 
perior la historia patria, relativa á cierto período. 

Mas en cambio, como escritor de costumbres, no titubea 
n n momento en conceder á Milla acierto y gracia, con la re- 
comendable circunstancia de ser el primer centro-americano, 
que en cuadros bien delineados pinta las costumbres del pais. 



Romanee, escrito impromptu para que 

unos niños felicitasen á su papá, en su 

cumpleaños. 



Siendo nosotros chiquitos 
A nuestro próvido padre 
¿Cómo le haremos su fiesta 
Lo mas espléndido y grande? 

Hoy riquísimos tesoros 
Démosle con rostro afable: 
Bien los merece en su dia 
¿Mas donde, donde encontrarles? 

Pues una guirnalda entonces 
De flores que nada valen. . . . 
¡Qué lástima! fuera bueno; 
Y para hacerlo no es tarde? 

Hay, sin embargo, una cosa 
Que pueda serle agradable, 
El corazón, porque vea 
Nuestros pueriles afanes. 

Sin duda, nada tan dulce 
Para el carifio de un padre 
Como el que sus tiernos hijos 
Le brinden su pecho amante. 



1G 

A la apreciadle Seíloriía Isabel. . 

En el aniTcr.sario dírsu natalicio. 



En dia tan íawato, Deseara en tns sienes 

Risueflp y hermosa Guirnaldas vistosas 

Mi dulce reposo, De vividas rosas 

Querida Isabel, También colocan 

Consagróte humilde, Que en «lia tan prófpero 

Cual férvido amante, Lució felizmente 

Que busca anhelante La aurora esplendente 

La dicha y placer. Que vio tu natal. 

• Oh! quieran los cielos 
Que en plácida calma 
Rebullan en tu alma 
Mil goces y mil; 
Y siempre acaricie 
Tu bella existencia 
La mágica influencia 
De un hado feliz. 



EPITAFIO. 



Rosas marchitas 

EN EL TÚMULO DE UNA MADRE JOVEN Y BELLA. 



Un ángel eras . . . tan gentil, tan pura: 
Objeto digno de un amor sincero: 
Joven esposa de sin par ternura; 
Y madre llena de esquisito esmero; 
Mas luchando con la hórrida amargura 
Del hado cruel, inexorable y fiero, 
Ululaste de tu suerte la rudeza, 
Dejándonos sumidos en tristeza. 

<;i vi'kmw.a, AGOSTO DI 1878. 
IMPRENTA DE ABKAIIA.M F. PADILLA. 



Número 11. 

EL CIVISMO. 



~-»é i |»» r 



Periódico de política, ciencias, literatura, comercio &. 

SU REDACTOR JOSÉ JtARlANO MICHÉO. 

Saldrá los días 10, 20 y 30 de cada mes, á real el número. 

Educación y enseñanza de la muger. 



Sábese que varias personas, inclusive el Sub-Gefe Políti- 
co y algunos entusiastas militares, acarician la risueña idea 
de formar una Junta con el mágico nombre de Sociedad 
Literaria del Bello Sexo. 

PropóneUse en stt filantrópico empeño espeditar en lo 
posible la educación de la muger y su enseñanza; cultivan* 
do á la par su cabeza y su corazón, su inteligencia y sus a- 
fectoS. 

Propónense también auxiliar así al Supremo Gobierno en 
feü titánica empresa de civilizar al bello sexo, á fin de prepa- 
rar diligentes á la niña para representar su importante pa- 
pel de muger perfecta. 

Ese proyecto parece en efecto laudable, porque de la e- 
ducacion y enseñanza de la muger fluye de seguro todo 
cuanto requiere de urgencia nuestra naciente sociedad para 
su verdadero progreso. 

La hitiger considerada bajo todos sus aspectos es el fru- 
to de bendición con que la Providencia consolara al mísero 
hombre en su triste y penoso tránsito á la mancion eterna: 
es el conjunto de sus plácidas ilusiones y de sus dorados 
ensueños: es su positiva y su única felicidad; porque sin la he- 
chicera y hermosa muger el mundo seria desgraciadamente 
Un tétrico erial. 

La muger como niña es el ángel que con sus infantiles 
donaires ocasiona la mas pura alegría: como joven, el encan- 
to y la delicia de cuantos en su apasionado y ardiente entu- 
siasmo la contemplan: como esposa, el consuelo y la gloria de 



su tierno y afectuoso marido; y como madre, el centro del 
amor y el manantial inagotable do todos los bienes de la fa- 
milia. 

Pero la muger sin moralidad, sin cultura, es una flor 
inodora, una flor marchita, y cuando mas un objeto lúbrico. 
Pasa entonces su vida, en sentir del Papa Clemente XIV, 
ofendiendo á Dios y confesándose de haberle ofendido. 

Por eso es sobremanera preciso que se le eduque, que 
se le instruya. De otro modo no puede cumplir dignamente 
su inestimable misión, ni puede siquiera ponerse tampoco S 
cubierto de los pérfidos halagos de sus libidinosos seductores. 

Se la enseñad adornarse, á ser, ó á lo menos parecer !/<■- 
lia, á tener amor, dice Severo Catalina, y no se la enseña á 
distinguir de amores, y no se la enseña á conocer á los hom- 
bres sino por las galanterías que le dirigen, ó talvez por las 
asechanzas que ponen á su inocencia. 

La muger, pues, sin principios sanos y sin mediana ins- 
trucción, es una criatura incompleta, un ser á medias, una 
degeneración. Vieja, habla solo de pesares; y joven, única- 
mente de amores y de modas. En ambos casos es siempre fri- 
vola: defecto que, á no dudar, corrige la educación. 

Mas pregúntase ¿puede convenirle acaso la literaria? 
lié aquí una cuestión debatida calurosamente. Los discípu- 
los de San Simón y aun Eugenio Sué abogan por lo que 
llaman la independencia, la emancipación de la muger. Pero, 
según otros escritores de nombradia, basta que se le enserie 
linos y corteses modales; que se le infunda moralidad y pun- 
donor; y que se le impida adquirir costumbres repugnantes 
y vicios groseros. 

Entre los últimos, figura el insigne orador é ilustre abo- 
,r ;ido Don Joaquín Maria López, á quien yo admiro hasta en 
debilidades. Este, pues, en su codicilo, hablando de su a- 
dorada hija Elisa, dice: No sé si aconsejar que se le diera es- 
merada educación literaria para aprovechar sus brillantes 
disposiciones. ¡Se paqa ten rara la superioridad en chuñada! 

ncargo, pues, nada sobre esto, porque I a a) pora lacrea ú- 
til. El genio es una planta espontánea. Si la mano de Dios 
deja caer su semilla entre los matorrales del desierto, allí si: 

e ralla y prospera sin necesidad de esmero ni de cultivo. Si 

el ho producirlo á fuerza de preparación y 

irá en vano, porque, el hombre no puedo 



3 
producir una chispa de la divinidad; que se haya lo que se 
quiera en punto á esmerarse mas 6 menos en la educación 
literaria de mi hija, quv esta será de todos modos lo que hu- 
biere de ser. 

La vida pública tampoco parece conveniente á la mugen 
Esa clase de luchas no es su elemento. Pugna con su perso- 
nal decoro; y aunque se la Concedan quiméricos y políticos de- 
rechos, ella siempre tiene el buen sentido de no cambiar sus 
blandas, sus apacibles, sus tímidas virtudes por las pasio- 
nes ruines y borrascosas de los hombres. Una muger beat a 
y una muger politicastra, que por distinto camino se dirigen 
descarriadas á un mismo íin, son insufribles; y la muger en- 
vilecida y degradada por el continuo roce con los hombres 
no sirve absolutamente ni para esposa, ni para querida. 

Como quiera, pueSj que sea, para cumplir satisfactoria- 
mente su bello, su heroico, su delicado destino, ha menester 
que se la eduque, que se la enseñe: y esto, en opinión de Emi- 
ro Kastos, lo consigue con solo adherirse á los seres que su- 
fren; sacrificarse por las personas que ama; llevar consuelo al 
lecho de los enfermos, inspiraciones de piedad y de virtud al 
corazón de sus hijos; aceptar de lleno sus graves y austeros 
deberes de esposa y de madre; ejercer la caridad y la beneficen- 
cia en medio de una sociedad metalizada y egoista; dar suavi- 
dad á las costumbres y poesía al hoyar doméstico con el vago 
curanto que se desprende de la belleza, de la gracia y de la ter- 
nura. 

Tendiendo el proyecto aludido á formar á la débil muger 
con una enseñanza esmerada, una ves? que su educación cieníí- 
fica se ha descuidado tanto entre nosotros, es de esperarse que 
sus autores, firmes en tan benéfico propósito no desistan de 
él; removiendo infatigables cuantas dificultades obsten á su 
pronta realización. "El Civismo" complácese en coad vinar á 
ten humanitaria, como civilizadora idea: y su redactor hállase 
siempre dispuesto á tributar su férvida admiración á la mu- 
ger dotada de las preciosas cualidades que necesita como obe- 
diente hija, tierna esposa y solícita madre. 



4 

La Feria de Joeotenango. 

Creíase que los guatemaltecos habian perdido ya el gus- 
to, que siempre los ha animado para los paseos y diversiones 
públicas. Mas ahora han visto renacer en todo su vigor el en- 
tusiasmo y la alegria con que el hermoso suelo patrio caracte- 
riza á sus festivos habitantes. 

La concurrencia del 14 y principalmente la del 15 ha si- 
do tan grande, como nunca lo fué en años anteriores. Hubo 
aproximadamente veinte mil personas de ambos sexos y de to- 
das clases, inclusive los forasteros que fueron también muchí- 
simos. 

Los anchos embaldosados de la calle principal no eran 
bastantes para contener el numeroso gentío, que á pié la tran- 
sitaba, y que tenía que abrirse camino á fuerza de estrujones 
ó al menos que hacer frecuentemente alto. 

Observábase en la propia calle una fila de preciosos car- 
ruajes y de elegantes carretelas que iban y venían, interrum- 
piéndose el paso á cada momento, y muchas esbeltas señoritas 
y caballeros que montaban briosos y arrogantes corceles. 

La orquesta situada en el espacioso y elegante tablado, 
construido en la indicada calle bajo la inmediata dirección 
del inteligente Don Julián Rivera, ameniza en ambos días el 
paseo con armoniosas y escojidas piezas del nuevo repertorio. 

Doquiera se advertian animación y júbilo. Las lindas y 
donosas jóvenes de nuestra granada sociedad iban vestidas 
con esmero y esquisito gusto. Aun las del Pueblo vestían 
igualmente con espléndido lujo, y la generalidad con decen- 
cia. 

En las dos tardes indicadas no hubo un solo momento 
en que dejara de sonar la música, porque cuando callaba la 
orquesta, continuaba el unísono- sil vido de los pitos que atur- 
día y era capaz de reventar el tímpano de los oídos mas hi- 
pa tos. 

Tampoco faltaron hoteles, restaurantes, cantinas, ni ta- 
bernas para los viejos y aficionados. De todo esto hubo ni 
abiin<lanei;i, aunque sus consecuencias, parece, no fueron t'u- 
nrri ion lamea-tabiss desgracias. 

Verdad esqne á la feria vino macha ganado vacuno y 
caballar, y quede loa 1 * n * l » 1 « » .- inmediatos se trajeron sobra- 
das vi indimias. Pero desgraciadamente no hubo tantos oom- 



pradores, como era de esperarse. La feria, pues, en esta parte 
fué inferior á la de los aflos precedentes. 

Mas no debe estraGarse. El lujo escesivo, que se nota en 
todas las clases de la sociedad, ocasiona sin duda la pobreza 
general. Cumple, pues, se reprima con una ley suntuaria opor- 
tuna. De otro modo ¡pobres los padres de familia, los maridos, 
los amantes! Todos, todos á una son víctima de esa escandalo- 
sa demasía en la pompa y regalo 



I 2 i i ii s y M^ontepios. 

General es la reprobación contra esa clase de sórdidos 
negocios. Ambos producen inconvenientes graves: ambos oca- 
sionan escándalos y abusos; y en ambos si nó se logra doblar 
el precio de las alhajas ó efectos rifados, se gana, por lo me- 
nos, un 75 p§. 

"El Civismo", cuyo redactor profesa tan filantrópicos 
sentimientos, no podia absolutamente prescindir de esos re- 
probados medios de perniciosa grangeria. Trata ahora, pues, 
de las rifas, á reserva de ocuparse posteriormente de los mon- 
tepíos, aun mucho mas onerosos. 

Las rifas eran prohibidas por la Real Orden de 3 de 
Noviembre de 1790, aunque se hagan en público ó en casas 
particulares, y aunque se preteste aplicar su producido á es- 
tablecimientos de instrucción ó de beneficencia. 

Pero en su destino hay una ilusión, un engallo. Esos es- 
tablecimientos se construyen y sostienen, sin que sea menes- 
ter acudir á semejantes escandalosos arbitrios, que frecuen- 
temente envuelven usuras y agios, y quizá hasta algún fraude. 

Conceptúanse las rifas un verdadero juego de azar que, 
como todos los de esa especie, desmoralizan y fomentan la 
sociedad, puesto que los hombres no buscan entonces su 
fortuna en el trabajo, sino en el capricho de la suerte, y pier- 
den su dinero y el tiempo, que mejor emplear pudieran. 

Mas ¡qué digo! cuando los economistas de todas las na- 
ciones y de todos los siglos enumeran otros muy poderosos 
motivos para impedirlas. Así, Mr. Say sostiene: que las rifas 
son un impuesto involuntario que recae casi enteramente sobro 
la clase pobre; la cual oprimida de la miseria y no mal i huido 



6 
lu dificultad de acertar tren números, no alcanza la inmensa. 
desigualdad del jue yo; de modo que las loterías ó rifas se lle^ 
van el pan de la miseria. 

Nadie lo niega. Esos inconvenientes hálhtnse á la vista, 
y aun, ajuicio de Mr. Oanilh, las rifas son también un ver-, 
dadero insulto á la razón humana y un homenage que can- 
dorosamente se rinde á las inclinaciones viciosas de nuestra 
flaca naturaleza. 

¿Habrá, pues, quien dude que sean perjudiciales y alta- 
mente acreedoras á la indignación general por los terribles 
males que producen y por la funesta influencia que tienen, 
sobre las costumbres? Y si como manifiesta Don José Can- 
ga Arguelles: ideas mal entendidas de piedad las introdujeron 
en España ¿por qué se han de sostener entre nosotros, con el 
subterfugio de aplicar su producto á establecimientos pú- 
blicos de beneficencia, redundando en perjuicio y grave dafio 
de la clase menesterosa? ¿Por qué so han de disfrazar así la 
usura y el agio, que necesariamente resultan de esos juegos 
que corrompen y pervierten al Pueblo y le originan innume- 
rables pérdidas, mucho nías en el nuestro, en que es tan corta 
el número de los brazos laboriosos y tan débil la afición al tra- 
bajo? 

Además, verificándose las rifas, por lo regular, sin los re- 
quisitos y formalidades indispensables para garantizar que 
en su juego no se comete fraude alguno, muy natural parece 
el clamoreo que por todas partes se oye y que causa ya una 
verdadera alarma, porque aquello que todos dicen, fundamen- 
to tiene, y en virtud de que nenio omnes, et neminem omnes, 
fefellerund. 



Al entendido por seña*. 

Cuestión jurídica. ¿Es permitido á los Jueces ejercer- 
la abogacía? ¿Pueden estimular á las partes á que promue- 
van litigios? 

Jueces son, según la loy 1. * , título 4.° Partida 3. v , los 
homes buenos pata mandar ct furrr itrrrr/io: definición en 
Sentir de todOfl los juristas, la mas completa y general. 

Poi 680 requieren se en ellos, ciertas circunstancias esen- 
ciales. Por OSO exígeseles imperiosamente una dedicacn-.. 



7 
elusiva al desempeflo de su delirado encargo. 

En tal concepto les está prohibido «pie ejerzan oirás 
funciones ágenos de su ministerio; y que tampoco se$n abo- 
gados, ni procuradores, aunque el negocio se trate fuera de 
su jurisdicción y ante otros Jueces. 

Esto disponía la lejislacion antigua. Consúltense si nó el 
artículo 245 de la Constitución espaüola do 1812 y la ley 
11, tílulo 11, libro 7.° de la Novísima. Son muy terminantes. 

Lo propio disponen los nuevos Códigos que están en vi - 
genoia desde 15 de Setiembre del año antepróximo. Y cierta- 
mente no podía ser de otro modo. 

Bo efecto, con arreglo al artículo 16 del Código de pro- 
cedi nientos civiles tienen impuestas ciertas obligaciones im- 
prescindibles. Por su falta se hacen responsables. 

Pesa, pues, sobre ellos, conforme el inciso 5.° del citado 
artículo: la, de no defender pública ni privadamente en 
ahjuna, y conforme al (i.° la do no dar consejos á las piernonas 
que litigan, ni recomendarlas á otros jarees. 

También les es prohibido aguijonear á las partes á que 
inicien y sigan pleitos, como se ordena en el inciso 2.° del 
artículo l!) del aludido Código. 

Llega á tal punto el laudable propósito de que no se les 
distraiga en la administración de justicia, que el siguiente 
artículo 20 prohíbeles todo comercio, granjeria y cualquiera 
ocupación ó ejercicio opuesto al decoro de la judicatura. 

Graves, gravísimos son los inconvenientes que surgirían 
de semejante abuso. El Juez, desatendiendo sus deberes, se 
entregaría entonces á estraflas ocupaciones; y divagado así, 
faltaría al desempeño de su misión santa, con daüo y me- 
noscabo de los litigantes que ante él se ven en la necesidad 
de ejercitar sus derechos, fuera de que se baria indigno de 
tan honorífico encargo. 

El redactor de -El Civismo," qne tiene esa íntima con- 
vicción, no sospecha, sin embargo, de que los actúa 
juidierau incurrir en tan punibles faltas. Los conceptúa al 
menos pundonorosos, cumplidos y delicados. No alude, pues, 
á ellos. 

Empeto, como acaso pudióra suceder que alguno de la 
líepública, cegado por una pasión innoble ó por un m 
no resentimiento, se lanzase á ejercer la abogacía ó talvez á 
estimular á personas incautas ó á jóvenes ineapertaa á que 



8 
maliciosamente promuevan litigios dispendiosos, no ha po- 
dido cscusarse de apuntar la cuestión, objeto del presente 
artículo. Puede que «se aviso sea oportuno, 



Pérdida lamentable, 

El artesano Jacinto Wer . . . ,ha muerto, llorado amarga-, 
mente por sus deudos y amigos, y sentido del Pueblo que 
en estremo le apreciaba. 

Tierno hijo, amante esposo y solícito padre ha dejado 
un vacío en su desolada familia, que enternecida deplora su 
irreparable pérdida. 

Fiel amigo, cumplido ciudadano y militar valiente, la 
patria le consagra reconocida á sus relevantes virtudes cívi- 
cas un tributo de admiración. 

El redactor de "El Civismo'* también, en merecida re-, 
compensa del sincero afecta que le profesara, dedícale en su 
triste entusiasmo estas sentidas líneas. 

¡Que la tierra, pues, le sea ligera! ¡Que desde la mansión 
silenciosa, dó en paz reside, vele fervoroso pon* Guatemala, su 
patria adoptiva, por su inconsolable familia y por el Pueblo 
que en tropel y conmovido le acompañó hasta, la morada del 
eterno descanso! 



mas sobre pena del último suplicio, 

Señor Ministro; 

El procurador de pobres, á nombre y representación del 
infeliz sargento Leónidas Castillo, condenado al último su-, 
plicio, por homicidio en la persona del cabo Valentín Pérez, 
ocurre en solicitud de que se le indulte, 

Ese memorial, con la respectiva causa, compuesta de dos 
cuadernos, se ha traído al despacho del infrascrito, á fin de 
que dictamine lo que corresponda respecto de la gracia impe- 
trada. 

Aunque eu las sentencias proferidas en segunda y terce- 
ra instancia, el doce del antepróximo Abril y el doce del que 
hoy fina, se califica el homicidio como alevoso y seguro, tal 
vez esa apreciación no sea exacta. 



9 

Desprenderse en contra ella razones de algún peso, que 
fluyen de la atenta lectura de la causa. Su enunciación aho- 
ra quizá seria inútil; pero el que habla no puede escusarse de 
apuntar siquiera una de tantas. 

El desventurado Castillo, resentido de que un inferior y 
dependiente suyo le diera un palo, le amenazó con un reming- 
ton, sin estar cierto de que el arma estuviese ó no cargada. 

Esa especie se deduce de que cuando se equipa la tropa á 
Jas diez de la mañana para que entre de guardia, se entreg. u 
diez tiros á cada soldado, quienes por medio de los brigadas 
los devuelven al guarda-almacén, concluida la facción. 

Una circunstancia viene en apoyo de ese aserto; y es que 
al prevenido no se impuso la pena ordinaria desde primera 
instancia, y que el fiscal del crimen en sus dos conclusiones 
¡tampoco ha estado porque se le condenase al último suplicio. 

Los juicios de los hombres son falibles. El de nuestros 
Magistrados, si bien sea respetable, de seguro igualmente es 
falible. Por eso un célebre escritor contemporáneo esclama : 
¡Cuántos condenados ha habido, hay y habrá que ante la justi- 
cia divina, única infalible, eran ó son ó serán inocentes! 

Tampoco puede convenirse, como lo establece ese hono- 
rable Tribunal, en que las leyes patrias vigentes, que hablan 
de la atroz pena de muerte, sean estrictamente preceptivas. 

No, esas leyes, por mas que se diga, no tienen tal carác- 
ter. Son únicamente permisivas. Así las califica el ilustre Li- 
cenciado Don José del Valle en su bello discurso inédito, dig- 
no de su elocuente pluma. 

Pruébanlo también las mismas leyes aludidas, al preve- 
nir que no podrá imponerse, sino contra los crímenes que 
atontan contra el orden público. . . .; y como la conjunción 
sino equivale á solo ó solamente, infiérese que, usándose del 
mismo verbo poder, la pena de muerte únicamente es permi- 
tido infligirla en los delitos que enumeran las leyes á que se 
hace referencia. 

Conviene el signatario de este breve, humilde dictamen 
en que la sociedad tiene derecho de defenderse, y que la asis- 
te aun el ineludible deber de imposibilitar para el mal al per- 
turbador del reposo público. Pero no está absolutamente de 
acuerdo cou que tenga el derecho de matarle. Ese supuesto 
derecho es, sin duda, una contravención á la ley, un contra- 
sentido imperdonable. 



10 

Enhorabuena qne algunos escritores, sin corazón y sin 
Sentimientos', pretendan justilicar la imposición de esa terri- 
ble pena. Mas hay otros do alma noble y generosa qnc la con- 
tradicen, con abundante copia de razones sólidas, hasta afir- 
mar que la pena capital c* un tiesto de barbarie, indigno de 
jicnnancrcr én hts Códigos de loe Naciones qne axpifttn al 
■nombre de civilizadas. 

La nuestra, pues, que marcha rápidamente hacia adelan- 
te, va que en sus códigos no ha horrado la facultad de impo- 
ner esa afrentosa pena, que al menos su primer Magistrado 
use de la insigne prerogativa de conmutarla en la extraordi- 
naria mayor. Sí, el Fiscal acaricia la idea lisongera de que 
en esta ocasión se ejercite derecho tan honorífico. 

Acaba el país de variar de administración. La que actual- 
mente rije sus destinos tuvo qne sostener una corta, pero 
sangrienta y vigorosa lucha; y en esta prestó sus servicios el 
desventurado ('astillo, sin que conste que jamás haya come- 
tido delito alguno de sangre, lo cual es sobre manera atendi- 
ble, puesto que en las declaratorias de los indultos no se ha 
de estar al mérito, sino al título de las causas. 

Insiste el mismo infrascrito en que habiendo certidum- 
bre de que los trihunales puedan haberse equivocado en la ca- 
liticaeion del homicidio, y atento á que el cadalso casi, casi 
justifica el crimen, al menos á los ojos del vulgo preocupado^ 
parece de rigurosa justicia el indulto pedido. 

No se olvide tampoco de que el derecho divino reprueba 
y anatematiza la horrorosa pena de muerte, con todo y el 
maligno empello con que varios sofistas se han propuesto en 
vano consiliarle Con los códigos de las naciones bárbaras, que 
80 plaeen en establecerla todavía como único medio de repri- 
mir la comisión de los delitos, no obstante su ineficacia y no 
ser una verdadera pena. 

"lVro no busquemos la justicia en el mundo", dice el 
'• autor de la Sociedad y el patíbulo, "que la tierra está llena 
" de iniquidad. La justieia tiene su asiento allá en los cielos, 
" y desde allí difunde sus luminosos rayos para esclarecer 
'■ la inteligencia de los hombres. El hombre, sin la inspira- 
" cion divina y sin la revelación, hubiera permanecido siem- 
'• piv en la noche de los errores: aflatemos* pues, y adoremos 
u la simia lej de Dios, única norma á que deben sujetarse las 
«' leyes humanas. Dios mandó no matar; y lo mandó del ni o- 



u 
" tío mas absoluto, y no puso condúnojies «i excepciones, de 
• níngjma piase, Jájata* prohibición, tanto comprende al indi- 
" viduo como se asticnde ;i tpda la sociedad, porque cu el 
'• mismo grado astán obligados ja sociedad. y los individuos 
" íi obedecer al Señor. iVo vffltar es uu precepto del Decálo- 
'• go: si la inteligencia humana no alcanza ¿.comprender la 
li razón de esta disposición, satisfágase con considerar que 
" Dios lo dijo: v no quiera saber mas, que esto sabrá, parque 
" tenemos nn deber dp. adorar las inescrutables providencias 
" del Altísimo". 

Animado el propio infrascrito de tan humanitarios y ca- 
ballerosos sentimientos, y aunque so halla íntimamente con- 
vencido de que "ninguna cosa dá tanto impulso á la ejeeu- 
" cion de los delitos, como la psperanga que conciben sus an- 

f* toros de evitar el castigo que le señalan las leyes; y lo está 
"' también dé que nada fomenta tanto esta esperanza, como 
" la muchedumbre de ejemplos de impunidad. oíVeeidos á la 
" vista del público", según el ilustre Jovelianos. es de con- 
cepto el abajo firmado <¡ue al paso que cumple se persiga con 
mano Alerte toda clase de delitos, porqne la inmoralidad cun- 
de doquiera y la juventud descarrilada se precipita ciega y 
temulenta en la tortuosa senda de! vicio, la pona capital, co- 
mo contraria á las luces del siglo, como repugnante, y como 
un atentado contra la existencia, se evite con el indulto: ha- 
ciéndose así entender que su institución es incompatible con 
los principios de justicia, con Ja civilización, con eso que se 
llama piedad cristiana y aun con ] a misma ciencia penal. 

Acorde, pues, este ministerio con el sentir de los juristas 
filosóficos, y en la persuacion de que la facultad de imponer 
la pena monstruosa de que se trata no es preceptiva entre 
nosotros; sino permisiva, como se conoce sin mucho estudio 
y sin mas que analizar gramaticalmente las leyes patrias de 
que ha hecho indicación, prométese que el Ciudadano (¡ene- 
ral Presidente, usando de las omnímodas facultades de que 
está investido y especialmente de tan munífica pivrogaíiva» 
indulte al desgraciado sárjente Leónidas Castillo, conmután- 
dole la pena ordinaria, que se le ha impuesto, en la estram-- 
dinana mayor, y que se comunique por el respectivo Minis- 
terio a la Curte Sup rema de Justicia para su cumplimiento, 
Esa declaratoria, Señor, es digna de un Gobierno Republi- 
cano representativo, como el que presidí* Consúltala, por tan- 



12 
to, el Fiscal. Si se acordare, sera una palpitante muestra de la 
filantrópica paternidad de vuestro Gobierno y de que tiene 
presente que el primer demócrata, cuyo civismo testificara con 
su propia sangre, suspendido del mas afrentoso de los patí- 
bulos, deoia, con toda la efusión de su alma: Perdónalos, 
Padre mió, porque no saben lo que hacen. 
Guatemala, Mayo 31 de 1875. 

raiciiéo. 



i 



¡A-TJEIVOIOIV! 

Es verdaderamente notable el descuido de la Municipa- 
lidad en todos los ramos del servioio público, y tal vez en 
aquellos que mas afectan á los bienes y aun la vida de los 
pacíficos habitantes de esta hermosa Ciudad, mansión de los 
Supremos poderes y del Cuerpo diplomático. 

La fria indiferencia con que en estos últimos dias se ha 
visto a la policía nocturna, tan neoesaria y tan urgente entre 
nosotros, es grandísima y hasta escandalosa. 

Por la falta de serenos ha desgraciadamente habido tan- 
tos robos, tantos desórdenes y tantos punibles atentados con- 
tra el sociego de las familias. ¿Quién por ventura, to ignora? 

Pero tan lamentable incuria no ha parado allí, pues el 
Ayuntamiento no solo descuida de que la policía nocturna 
sea numerosa como antes, sino que ha disminuido considera- 
blemente el alumbrado, al punto de quedar el vecindario en 
tinieblas y espuestos á todos sus moradores á que cualquier 
holgazán y mal-entretenido se adueüe furtivamente del tra- 
bajo quizá de los mas infelices. 

En la noche del domingo, 18 de los corrientes, no ha- 
bía en algunos de los barrios un farol encendido, sino tan so- 
lo en el centro, y para eso tan mal distribuidos que había 
manzana en completa oscuridad y sin sereno, 

La causa parece inesplicable. Puede se ensaye suprimir 
por completo el alumbrado, sin que el Pueblo se aperciba de 
ello y sin que lo sienta, sino cuando la Población se encuen- 
tre en tinieblas. 

¿Será esto uno de los adelantos que continuamente se de- 
cantan? ¿Será el progreso de que á voz en cuello blazonau 
los aduladores? Bueno seria que ellos únicamente sufrieran 
las fatales consecuecias de semejante indolencia. 

Por eso, "El Civismo", en su enojosa tarea de combatir 
toda especie de abusos, permítese llamar la atención de los 
que puedan remediarlos males apuntados; deseando (pie la 
presente advertencia no se vuelva cuestión de palabras, y oca- 
sione una polémica desagradable y sin fruto. 



13 

Literatura* 



Francisco Quiñones Nmiziti. 

lió aquí Una délas figuras nías simpáticas entre nuestros 
distinguidos bardos. lié aquí una de las celebridades mas 
prominentes de nuestra Galería, como poeta lírico y drama' 
tico, como filósofo y como médico. 

Nació ai fines del siglo pasado en la ciudad de León, ca- 
pital de la República de Nicaragua; y desde srt juventud se 
dedicó con ardor á los estudios literarios, en que lograra ha- 
cer nipidos progresos. 

Dotado por la naturaleza de una imaginación viva y fe- 
cunda, así como de Un talento y aplicación poco comunes, 
dio muy pronto ai conocer sus felices disposiciones para las 
bellas letras, sin que por eso dejara de perfeccionarse en I03 
demais estudios claisicos y en las ciencias exaictas, á que con- 
sagrara toda su atención. 

Recibió el grado de Doctor en filosofía con gran luci- 
miento en la Universidad de León; y habiendo adoptado la 
carrera de la medicina y recibídose en esa facultad, la eger- 
ció siempre, aun en circunstancias aflictivas, con general a- 
ceptacion, con el mayor desinterés y con el acierto que pro- 
porcionan el estudio meditado y la observación pnlctica de las 
enfermedades. 

El Doctor Quiñones Sunzin conocía á fondo los idiomas 
latino, castellano, francés, inglés é italiano. Habia estudiado 
las ciencias naturales y las accesorias á la facultad áí que fe- 
lizmente se dedicara y poseía el genio que inspira la poesía 
y hace sensible lo bello en las distintas manifestaciones y 
formas del arte. La naturaleza produce alguna vez esos sé- 
res estraordiuarios para alivio y consuelo de la humanidad 
en el desbordado torrente de su3 acerbos padecimientos. 

Quiñones Sunzin en el aflo de 1824, en que los horro- 
res de la guerra y de la anarquía afligieron al hermoso suelo 
de Nicaragua, su paítria predilecta, se trasladó á Guatemala, 
cu unión de su padre, doctor también en medicina de esta 
Ciudad. Entonces compuso las sentimentales poesías, cu va 
colección, publicada en 1826, corre impresa y ha merecido 









14 
justamente la aJilWbhoíon de nuestros^ entendidos literatos. 

Compuso igualmente otros muchos versos todavía aun 
inéditos. Ellos revelan las bellas impresiones que habían a- 
fectado vivamente su calurosa invaginación en los departa- 
mentos de los Altos, donde lijó su residencia, contrayendo 
matrimonio en la ciudad de Quezaltenango, y radicándose 
después con su familia en la villa de Retalhuleu, uno de 10* 
pueblos mas importantes del estenso y antiguo Departamen- 
to de Suchilep'equez. 

En 1844 compuso una tragedia en versos fluidos y ar- 
moniosos y eii diálogos muy animados, parodiando uno de los 
pasages mas interesantes del Sitio de la Rochela: tragedia 
que se representó con mucho aplauso en la propia villa dé 
Retalhuleu y posteriormente en el teatro provisorio, llama- 
do del Sol, en esta Capital. Se conserva aun inédita. 

Él plan de esa pieza parece tan bien concebido, como des- 
empeñado: es un cuadro doloroso que en el contraste de las* 
pasiones exhibe magisí raímente las consecuencias funestas 
del vicio, para hacer resaltar el supremo bien, que sigue al 
ejercicio de las virtudes: la inocencia de un niño, presenta- 
da en todos sus detalles, hace mas execrable la criminalidad 
¿leí asesino del joven Julio; y la virtud austera del padre Ar- 
senio inspira ía resignación á los hondos y amargos pesa- 
res que arrostran siempre los padres por sus hijos. La varie- 
dad en las fisonomías: la pintura mas espresiva de los distin- 
tos caracteres; y la acertada combinación dramática, comu- 
nican mayor energía al argumento, dando entera convicción 
ala moralidad de la obra. 

Poco tiempo después puso en escena y en verso ende- 
casílabo cadente, sonoro y pareado, las Noches lúgubres de Don 
José Cadalso, cuyo drama, con sus demás composiciones, li- 
madas y corregidas, intentaba dar á la estampa; pero la pu- 
blicación no llego a tener efecto por las circunstancias déla 
época, y especialmente por su falta de recursos para costear 
la impresión de una obra de esa cía 

El doctor Quiñones Sunzin tenia una índole suave y 
dulce. Fué hijo obediente, bueü esposo y ejemplar padre do 
familia. Su trato era amable y lino, y su conversación muy 
amena, agradable ó instructiva; y aunque desempeñó varios 
empleos con honradez y exactitud, prefería al fausto y esplen- 
dor de la publicidad la vida tranquila y retirada de un filoso- 



¿5 
fb, porque nunca tuvo preteneioncsde figurar como político. 

En tan apacible estado, y cuando mas dulcemente se 
deslizaban sus tranquilos días en el delicioso seno de la fa- 
milia que había formado, le sorprendió la despiadada muer- 
te; dejando en el círculo de sus numerosos amigos la mas 
grata memoria de sus preclaras virtudes, de su corazón siem- 
pre abierto para todos y de su relevante mérito literario. 



En los dias de la hermana Superiora del 
Colegio de Hielen. 

En este grato 
Dia dichoso, 
Con puro gozo, 

Con efusión, 
Que vuestra vida 
Plácida sea, 
¡Cuánto dc¡ ea 
Mi corazón! 

K! pesar nunca 
De vuestra alma 
La dulce calma 
Turbe jamás. 
x así mil afios, 
Afortunados, 
Viváis ci timados 
De gozo y paz. 

Ellos caminen. 
Cual tersa fílenle, 

Que blandamente 

Se ve correr. 
V sus ritieras, 
Al ir tocando, 
Fertilizando, 
Va por doquier. 

De vuestro 
tiéneos, Sefior% 
Por Directora 
l>a juventud. 

Vbs enseñáis!,' 

Con gran dulzura, 
Ei senda pura 
De la virtud. 



Otro», 



16 
Y de esta alumna 
Hoy, indulgente, 
El voto ardiente 
Recibiréis. 
Vos que por tantos, 
Nobles desvelos 
Premio en los cielos 
Digno tendréis. 

remitiéndole uno» dulces. 



A tus bijas, 

Qne obedientes 
Vuestro natal reverentes, 
Hoy celebramos, Seüora 

Sitpefíora, 

Éstos tínlces, 

Pobre ofrenda, 
Mas de amor sincera prenda, 
Pormitidnos ofrecer* 

Con place». 

Pues queriendo 

Tus desvelos, 
Caro fruto de los cielos, 
Retribuiros con ternura* 

Casta y pura; 

Vuestras bijas 

En tu dia, . 
Cariñosas á porfía, 
Tus virtudes pregonamos 1 

Y ensalzamos 

Y es por esto, 
Leal Señora, 

T) e nosotras "Directora, 
Que os deseamos una vida- 
Muy crecida, 

Y que el cielo, 
Justo quiera . 
Concedernos que doquiera 
podáis nuestra egida ser 
¡Oh mtlgeri 

OUATKMM.A, MOHO M 1878 L 



Número 12. 




Periódico de política, ciencias, literatura, comercio &. 

SU REDACTOR JOS¿ MARIANO MICHBO. 

Saldrá los dias 10, 20 y 30 de cada mes, á real el número. 



El Comer cio. 

Continúa "El Civismo" llenando su misión. Por tanto 
ahora hablará del comercio, una de las materias ofrecidas en 
su prospecto. Comienza, pues, por definirlo, diciendo ser la 
negociación 6 tráfico que se hace comprando, vendiendo ó per- 
mutando unas cosas con otras. No habiendo esto, no hay co- 
mercio; y tal es la triste situación á que desgraciadamente vá 
caminando Guatemala. 

Decir que hay comercio, porque de nuestros Pueblos vie- 
nen á comprar, trayendo el dinero, no es mas que sacarlo de 
allá y reunirlo aquí, para que salga luego al estrangero. Es- 
to llega naturalmente á agotarlo. Esto tampoco es aumentar 
la riqueza, sino] hacerla pasar muy mezquinamente y cada 
vez mas cercenada de un vecino á otro de la República. 

Decir que las vias de comunicación hacen principalmen- 
te el comercio, es una teoría escolástica. Pueden haber es- 
tensos rieles, sin que los vagones los transiten, por falta de 
frutos que conducir; y no habrá frutos para exportar, mien- 
tras no haya excedente de los que se emplean en el consumo 
interior. De su exuberancia nace la necesidad del impulso á 
las vias de comunicación, como uno de tantos agentes del 
comercio, y el cálculo indica entonces cuando deben empren- 
derse, aunque sea con grandes sacrificios. 

Exceptuando el café, casi nuestro único fruto de extrac- 
ción, cual lo fué en otro tiempo la grana; y si como esta ca- 
yó, decae el precio de aquel, con motivo de las grandes plan- 
taciones, que se dice, estarse efectuando en otros países; poi 
agricultores inteligentes y acomodados ¿qué será de nuestro 
comercio? ¿Que de nuestra pobre patria y de sus desventu- 
rados hijos? 



2 

Decir que la alza del precio de los alimentos es sefiul u*, 
la mayor riqueza de un Pueblo, parece también teoría escolás- 
tica. Cuando los negocios de todas especies se cruzan, dejando 
seguras utilidades á los manipulantes; y cuando hay estranje- 
ros, que ocupan muchas casas, consumen víveres é impen- 
den cuantiosos gastos en objetos de lujo, lo subido de los 
alimentos, y sino los hay, aunque les vengan mas caros, lo 
que origina otra nueva negociación; no es nada estraQo, ai 
tampoco gravoso, como sucede con nuestros indígenas, que 
les resulta de mayor provecho venir á ganar aquí urt crecido 
jornal, que sembrar granos y frutos en su pueblo. Pero emiti- 
do no hay negocios y los alimentos son caros, proviene eso 
de que su cultivo se trata con fria indiferencia y sin estu- 
dio. De consiguiente nuestro comercio vá de mal en peor; 
y esto, á no dudarlo, puede dar por resultado las quiebras. 

Decir que crear necesidades es uu estímulo para el tra- 
bajo en este pais heterogéneo, es igualmente otra teoría esco- 
lástica. Los que tenemos esas necesidades, estamos agobia- 
dos por ellas con lo exiguo de nuestras entradas, y á pesar 
de nuestros continuos desvelos y afanes para, llenarlas, no 
lo conseguimos y lo pasamos mal. Entretanto los que no las 
tienes y gozan buenos jornales, les alcanzan no solo para vi- 
vir cómodamente, sino para entregarse los domingos y hasta 
los lunes y martes de cada semana al solaz y aun á la disi- 
pación. 

Dedúcese, pues, que la economía política no es una cien- 
cia de reglas fijas ó inmutables para el régimen benéfico de 
la nación. Es, de seguro, como la medicina, que atiende al 
clima y situación topográfica del lugar y á la edad, sexo, cos- 
tumbres y demás circunstancias del paciente paja que el re- 
medio prescrito por el arte produzca magnífico resultado. 

Deseando "El Civismo" coadyuvar al mejoramiento de 
las aflictivas circunstancias, porque actualmente cruza ílua.- 
ti -inala, llama la atención de los hombres pensadores para 
<|tte solícitos busquen los medios de que se aumenten los a- 
limentos: de que se eviten las perniciosas vagancia y ebriedad: 
de atraer compradores de fuera de la República, para que 

oda nuestros electos: de dar interés ó aliciente para que 
entre el dinero de otros países; y aun de disminuir los impues- 
tos para aliviar al Pueblo en sus cargas oneroa 

"El Civismo" cree que si se consideran detenidamente 



3 
los puntos indicados, como sobre manera importantes, ea 
muy probable que se remedie en parte la decadencia de nues- 
tro comercio, y que esto hará brillar mucho mas la filantró- 
pica institución de nuestro patriótico Gobierno, que tanto 
se esfuerza en promover el verdadero progreso. 



"La Discusión." 

Con este halagüeño título apareció á mediados del que 
fina el periódico de la Academia científico literaria, formada 
por varios jóvenes estudiosos y amantes de la civilización. 

El primer número en dos fojas y tres columnas en 8.° 
que sus redactores tuvieron la fina cortesanía de remitir al 
de "El Civismo", dá una idea del patriótico propósito de esa 
ilustrada publicación. 

Saludando ésta afectuosamente á los periódicos que cir- 
culan, "El Civismo" apresúrase á corresponderá su atento 
saludo en justa reciprocidad, porque su redactor preciase tam- 
bién de galante. 

Acepta gustoso el cambio propuesto, y al efecto en re- 
torno le envia el presente número, como se promete conti- 
nuar verificándolo con todos los sucesivos. 

No acepta, sin embargo, la palabra cange, que "La Dis- 
cusión" emplea, porque únicamente úsase de ese nombre en 
materias diplomáticas, hablándose de credenciales y prisione- 
ros, según los mejores diccionarios de la lengua española. 

Por lo demás, "El Civismo", de acuerdo con "La Discu- 
sión", le augura larga vida y desea que no desista de su lau- 
dable proyecto; dedicándole en su entusiasmo la siguiente 
Décima. 
A la docta Discusión, 
Que rebosa en patriotismo, 
Desea ardiente "El Civismo" 
Que logre su gran misión. 
¿Y cómo la ilustración 
Fecunda sernos pudiera 
Si mágica no luciera 
En la prensa floreciente 
La discusión elocuente 
De juventud que prospera? 



4 

Escritos anónimos. 

Varios en cubierta cerrada y por el correo interior se han 
recibido en esta redacción. Unos tienen por objeto la calum- 
nia, la injuria, el descrédito; y otros sugerir ciertas materias 
para el debate, que tímidos vergonzosamente esquivan. 

Pero como "El Civismo" en su enérgica firmeza recha- 
za de sus columnas el anónimo, lia visto con el mas alto des- 
precio á los primeros, sin, dar tampoco benévola acogida á los 
segundos por la circunstancia de no estar firmados. 

El anónimo es un escrito de suyo odioso, de suyo de- 
testable. Válense de él únicamente los perversos que preten- 
den lastimar á mansalva la reputación del inofensivo prójimo. 
Por eso justamente se desecha de toda publicación decorosa, 

Puede, sin embargo, producir alguna aparente utilidad. 
Pero como esta nunca contrapesa siquiera sus muchos des- 
ventajosos inconvenientes, con su indebido elogio se enco- 
miarla también indebidamente un papel de mala ley, fuera 
de la justa y general adversión que ocasiona. 

Con todo, quizá sea admisible en un periódico para im- 
pulsar á los timoratos colaboradores y escusarles así el ataque 
de la prensa. Mas entonces pesa la responsabilidad sobre la 
redacción por el hecho de encubrir candidamente á los rui- 
nes autores de tan villano escrito; y en esa firme creencia 
'•El Civismo" repite que jamas aceptará el anónimo, como es- 
crito despreciable, dañoso y maligno. 



Una «¡olorosa defunción. 



Al atravesar en 21 del corriente el rio llamado "Cabus," 
sito en el Departamento de San Marcos y en ocasión que esta- 
ba crecido, fué triste víctima de su temerario arrojo el Te- 
niente coronel Juan Méndez. 

Este contaba apenas 45 afios de edad. Acompañó al (¡cneral 
Presidente desde el año de 1867, en que empujado por las ca- 
lamitosas circunstancias de aquella aciaga época y cediendo á 
sus patrióticas convicciones, dio el grito de Libertad y Refor- 
ma* secundado después unánimemente por todos los pueblos. 

Méndez era el verdadero amigo del General Presidente. 
Con hechos inequívocos, con hechos que, tiernamente se re- 
cuerdan, le acreditó siempre su adhesión; llegando sus ina- 



preciables y constantes sacrificios al punto de captarse la 
amistad y benevolencia, que tan ínclito Gefe le dispensara tic 
corazón. 

Su muerte, en estremo dolorosa, le ha causado un profun- 
do pesar. Amigos sinceros y francos, militares intrépidos y sub- 
ditos sumisos, como el malogrado Méndez, son muy raros. 
Por eso el Presidente, conocedor de sus bellas cualidades-, de- 
plora su irreparable pérdida. 

Reciban, pues, el propio Presidente y la desolada familia 
del infortunado difunto el mas sentido pésame. ¡Ojalá que aque- 
llos hallen lenitivo para su justo dolor, y éste que la (ierra 
de su fúnebre descauso le sea ligera! Es cuanto les desea "El 
Civismo." 1 



Nueva defensa. 



Ya en el artículo denominado El Progreso y .<¡?¿ redac- 
tor, que registra el número 5, puse patentes los servicios que, 
en concepto de empleado, presté durante el largo periodo 
de mi vida pública. 

Hoy que, por casualidad, encontrara en mis papeles dos 
copias de los oficios que dirigí al Ministro de Hacienda en 
7 de Enero de 1SG8 y 27 de Octubre de 1870, creo conve- 
niente publicarlos á contiuuaeion, en apoyo de cuanto tengo 
ya dicho. 

Manifiesto en el primero^ni decidido interés por la in- 
tegridad y conservación de los derechos fiscales, con cuyo 
laudable fin propuse varias medidas para el mejor arreglo 
del Tribunal y Contaduría de cuentas que estaba ¡í mi cargo. 

En el propio oficio demuestro también lo desventajoso 
de la interinidad de los destinos, mayormente cuando los 
sueldos no alcanzan para llenar las necesidades y sirven tan 
solo de obstáculo para proporcionarse lo indispensable á ese 
respecto. 

Así desaparece todo halagüeño aliciente para el emplea- 
do; y oscurecido su porvenir, decaen sus fuerzas: desiste de 
su afanoso empefío en el servicio; su tedio llega á veces has- 
ta el completo abandono de sus obligaciones; y los destinos 
no son ya servidos cual correspondiera. 

No por esto se piense qne abogo por la negligencia, ni 
tampoco qnc la santifico. \<>. lejos de eso la estimo punible. 



6 
Pero si las faltas ocasionadas por la desidia, no se corrigen y 
remedian oportunamente, el sacrificio en obsequio dol público 
no llega entonces al punto de olvidar los caros intereses in- 
dividuales y los de la familia. 

Con todo, en el anhelo de ser útil á mi patria, trabajé 
siempre con asiduidad y deooro en la Contaduría mayor, 
como no hay ejemplo de que alguna otra persona colocada 
en mi puesto y aun en mis aflictivas circunstancias lo hiciese, 

Aspirando únicamente á un modesto modo de vivir, 
aunque sin estrechez, cuando se me concedió el sueldo ínte- 
gro, presupuesto al Contador mayor de cuentas, rendí al Go- 
bierno las mas sinceras y espresívas, como apareoe del citado 
segundo oficio. 

Últimamente, desmintiendo ambos las apasionadas acer- 
siones del ex-contador Federioo Salazar, quien con maligno 
intento se propuso mancillar vilmente mi conducta oficial 
en un remitido al "Progreso", á quien creo haber respondido 
victoriosamente en el número 8, publicólas ahora como com.- 
plemento á mi vindicación. 

"Señor Ministro de Hacienda. Guatemala, Enero 7 do 
18G8. Señor. — Desde que U. S. fué dignamente promovido al 
Ministerio, se me honró confiándome en interinidad el despa- 
cho de este Tribunal y Contaduría Mayor de cuentas, que U, 
S. -desempeñaba; y desde entonces he procurado servir, sino 
de una manera satisfactoria, siquiera como lo permiten mis 
limitados alcances, siempre con la mejor y mas firme volun- 
tad por conservar ilesos los sacrosantos derechos fiscales, sin 
embargo de los obstáculos con que he luchado por la falta 
de orden en los arduos y áridos trabajos de la oficina, la es? 
casez de espertas manos y el ningún aliciente ofrecido á sus 
empleados, en razón de la cortedad de los sueldos con que 
se remuneran sus ímprobas tareas, como detallada y estensa-: 
mente tuve ya ocasión de manifestarlo á U, S, en mi nota do 
20 de Abril de 18C0, proponiendo algunos medios de reforma, 
cuya nota todavía ignoro si se ha tomado ó no en considera- 
ción. 

Empero, una nueva dificultad aparece ahora, que aoaso 

impida pueda yo continuar por mas tiempo en el ejercicio do 

tan humoso destino, no obstante mis férvidos deseos por cor- 

ondei de alguna manera á la ilimitada, honorífica con- 



7 
fianza qae i n merecidamente do mí se hiciera al encargarse» 
une desde Febrero de 1861 las delicadas y espinosas fci nejó- 
nos de Contador mayor accidental, en sustitución de U. S., 
exaltado desde aquella fecha, por sus preclaros méritos, á la 
cartera de Hacienda y Guerra. 

Estoy entendido, Seflor, de qne al principio del corrien- 
te año .se dará una ley con el loable fin de qa •, inscritos to- 
dos los abobados en el Colegio, no se permita que en los Tri- 
bunales se presente en lo sucesivo ninguna solicitud sino 
confirma de letrado; y como gravitando sobre mí una creci- 
da y numerosa familia, me veo en la apremiaute necesidad 
de ejercer la .profesión de abogado, para llenar con sus emo- 
lumentos mis perentorias exigencias, á causa de que el suel- 
do que percibo, ni corresponde al rango del empleo que ob- 
tengo, ni tampoco basta á satisfacer mis mas urgentes é im- 
prescindibles obligaciones, aparte de los impuestos nueva- 
mente establecidos y de la escases de víveres que ya comien- 
za á sentirse, la dignidad y justificación del Supremo Gobier- 
no demandan imperiosamente se provea en propiedad el des- 
tino de Contador Mayor. 

Digo esto, Seflor, porque, además Je ser incompatible el 
ejercicio de la abogacía con el desempeño de las altas fnncio- 
jios que me han sido encomendadas; máxime cuando haya 
de 1¡ rniar los escritos que produjere ante Jueces de inferior 
categoría, está dispuesto espresa y terminantemente que los 
empleados de la Hacienda Pública no se ocupan de otros en- 
cargos ú oficios, aun en las horas que no sean de asistencia 
obligada, y (pie tampoco se sirvan esos destinos en sustitu- 
ción por largo tiempo. 

Verificado que fuere ese nombramiento, volveré á la con- 
dición de simple glosador, y entonces podré sin inconve- 
niente alguno dedicarme á ejercer mi profesión y aun la de 
Escribano, de que me he abstenido desde que entré á fun- 
cionar en concepto de sustituto de U. S. — Así, acaricio la 
halaguefia esperanza, de (pie logrado verme en posesión de 
los recursos que mis circunstancias requieren, pueda con 
tiempo prevenir los incalculables males que de otro modo 
quizá me sobrevinieran. 

Dígnese, pues, l\ S. con su característica bondad y mo- 
vido del eelo que siempre Lo animara por la mejora y adelan- 
to de esta Oficina, acoger benévolo la presente esposicion, y 



con su genial eficacia y nunca desmentida actividad, reca- 
bar propicio de la acendrada justificación y filantrópicos sen- 
timientos del Excelentísimo SeDor Presidente la medida que 
en justicia corresponde y comunicarla á su humilde y obse- 
cuente servidor. — Firmado — José Mariano Michéo, 

"Señor Ministro de Hacienda. — Guatemala, Diciembre 
27 de 870. — Señor: El 23 de los corrientes recibí, con grata 
sorpresa, la muy estimable comunicación de TL, en que se 
digna trascribirme el acuerdo gubernativo de la propia fe- 
cha; mandando que desde el presente mes en adelante se 
me acudaj por el Tesoro público con el sueldo íntegro pre- 
supuestado para el Contador mayor. 

Semejante demostración colma de noble orgullo y satis- 
face mis aspiraciones, mas allá de lo que pudiera desear, por- 
que ella implica la alta estima del Supremo Gobierno, al a- 
preciar así mis pequeños servicios y el interés nunca desmen- 
tido con que he procurado sostener siempre los derechos 
fiscales, 

Lejos de mi la mezquina idea de que un corto aumen- 
to de sueldo pueda halagarme, llenando mis pequeñas nece- 
sidades, y menos aun la de hacerme acariciar la esperanza de 
adquirir medros personales en la azarosa carrera de los des- 
tinos, que jamas pueden ser bien servidos, sino siendo amo- 
vibles, como con copia de razones lo demuestra Mr. Dupin. 

En las Repúblicas, dice el ilustre Neogranadino Don 
Juan de Dios Restrepo, conocido bajo el seudónimo de Emi- 
ro Costos, es preciso que él pueblo, si quiere tener buenos 
servidores, recompense á los ciudadanos distinguidos, no con 
plata, pero si con aprecio y distinciones, que es lo único que 
debe apetecer el verdadero patriotismo: en las Monarquías, co- 
mo los servicios son personales, basta que sean agradecidos 
los reyes. 

Ño por esto se entienda que yo candorosamente preten- 
tendiéra conceptuarme un ciudadano distinguido, cuando to- 
do el mundo conoce la sencilez de mi carácter, humilde por 
naturaleza, si bien inexorable en punto á mis convicciones 
i ii política y en otras materias; mas hoy la honorífica demos- 
tración á que aludo, no obstante mi reconocida nulidad, me 

iá un rango inmerecido, que sostendré á todo trance, 
6iu esquivar ninguna clase de trabajos para cumplir efli 



9 
monto los deberes que la lev y la gratitud me imponen. 

Réstame, pues, tan solo, hacer esta franca y espontánea 
manifestación, que ruego encarecidamente al Seílor Ministro 
quiera elevar á 8. E., con los sinceros votos de mi acendrada 
estimación, por su proceder magnánimo, y rendir á su S. S., 
como lo hago, el justo homenaje de mi mas profundo reco- 
nocimiento por el particular afecto con que bondadosamente 
ha distinguido á su atento y seguro servidor 

Firmado — José Mariano Mlcli£o. 



Ideas del Redactor de "El Civismo" sobre indultos. 

Seílor Ministro: 

Procesado el Sub-teniente Don Alfonso Irungaray, por 
Agresión á la, policía y homicidio en la persona de Pedro Ma- 
zariegos, después de haber pasado la causa por tres instancias, 
lia ocurrido el Coronel Don Valerio Irungaray, padre de di- 
cho joven, con la sentida, precedente esposicion. 

Traída .esta al despacho del infrascrito, así como sus res- 
pectivos antecedentes, compuestos de dos cuadernos, uno con 
42 fojas y otro con 23, apresúrase el abajo firmado á esternal- 
su humilde juicio, para que el Supremo Gobierno, conside- 
rando la indicada esposicion, acuerde respecto de ella lo que 
en justicia corrresponda. 

La causa que el infrascrito tiene á la vista, por haber- 
se pedido á la Corte Suprema de Justicia, se inició en la Co- 
mandancia de armas del Despartameuto de Escuintla, y cuan- 
do se hallaba en estado de sentencia, aquella Comandancia 
se desprendió de su conocimiento y la sujetó al del Juez de 
1. * instancia; pretestando que la agresión á la policía es mo- 
tivo de .desafuero. 

Recibida en el Juzgado y sin darse á conocer el joven 
funcionario que le preside, se Jauzó á tallarla estomporánea- 
mente y cx-abrupto, condenando al prevenido á la pena de 
cuatro afios de presidio en la fortaleza de San José. 

Mas con ocasión de la ulzada interpuesta, ese pronuncia- 
miento fué revocado por sentencia de 2- * instancia, proferi- 
da el 20 del último Febrero por una de las Salas de la Corte 
de Ablaciones. 

Leyéndose con algún detenimiento esa determinación, 



'O 
despréndese de sus considerandos la absolución del encausa- 
do. Pero la Sala se limitó á absolverle tan solo del cargo de 
agresión, y por el de homicidio, que califica casual con culpa, 
le inflige la pena de dos afios de prisión en el Castillo de San 
José, de los (pie puede conmutar uno con doscientos pesos, 
previa la indemnización de daüos y perjuicios en favor de los 
herederos legítimos del occiso. 

Suplicado ese pronunciamiento que se combatiera vic- 
toriosamente en un escrito breve pero razonado, atento á que 
la parte espositiva no está conforme con la resolutiva, el 
Tribunal de Súplica reformó los dos fallos aludidos, desti- 
nando al oficial inrungaray, por oposición é insultos á la 
policía y por el homicidio en el citado Mazariegos, á cinco 
Hilos de prisión, con calidad de presidio, y además á indemni- 
zar, en lo posible, á los legítimos herederos de Mazariegos los 
daüos y perjuicios que le reclamen. 

Esa vacilación (pie hubo en el ánimo de los Jueces y la 
variedad de las penas impuestas al prevenido, y mas aun el 
haber salvado sus votos varios de los Señores Magistrados 
por conceptuar que debia absolvérsele, por lo menos, de la 
instancia, inducen á creer (pie en el proceso no se] ha estable- 
cido con la debida plenitud la delincuencia del capitulado; 
y ésto sin tener aun en cuenta (pie el repetido Mazariegos no 
correspondía á la policía y que pasando por otra calle, dis- 
tante de la en que se soltara el tiro, fué muerto á las pocas 
horas por consecuencia de él. 

Justamente, pues, el padre del infeliz joven Irungaray 
ha elevado su voz dolorosa y conmovida al Primer Magistra- 
do de la República, en solicitud de (pie se digne dictar en 
obsequio de su desventurado hijo la medida que estime mas 
justa y mas equitativa, en consideración á la perplegidad (pie 
se advierte. 

Sensible es, Seflor, que ni el abogado de pobres, ni los 
signatarios de las resoluciones de 2. a y 3. rt instancia se ha- 
yan lijado en la falta de citación (pie hubo en primera, y (pie 
ciertamente implica una palpitante, remarcable nulidad. Sen- 
sible es (pie tampoco se haya apivciacio, cual corresponda', 
la diminuta prueba acriminante rendida, y que, analizada 
escrupulosamente, no patentiza la criminalidad del joven á 
quien W increpan los dos enunciados cargos de resist.-iicia á 
la justicia y de homicidio, con todo y que el rigor, eu sentir 



11 
de Escriche, no cavan nuil sino á muy pnce»;, y la clemencia 
y la blandura incitan á todos al delito, ofreciéndoles la espe- 
ranza de la impunidad. 

Pudiera el Fiscal aconsejar alguna providencia que, con- 
siliando tan latentes dificultades, reparase de algún modo los 
males que sin duda se siguen al capitulado con la imposición 
de una pena tan severa, en .1 la que se le inflige en la sen- 
tencia de 3. a instancia. Pero como en los principios que 
profesa no cabe que el Supremo Gobierno intente inmiscuirse 
en negocios que absolutamente le son ágenos, y como en su 
humilde opinión debe respetarse la Independencia dé los tres 
poderes, que componen el Gobierno republicano representa- 
tivo, adoptado desde nuestra cara independencia de la Metró- 
poli, con esa íntima persnacion escúsalo y se contrae á pro- 
pouer el otorgamiento de un indulto particular. 

Esa facultad es una prerogativa, que con el nombre de 
derecbode gracia, se encuentra establecida entre los romanos 
por la lev 21. título 19, libro 48 del l)¡g. y por varias otras 
del título 51, libro 9 del Código: en la lejislacion de Castilla 
por la ley 7. * , título 1.°, libro i;.° del Fuero Juzgo, por algu- 
nas otras de! título 42, libro 12 de la Ñor. y por el artíulo 
171 de la celebre Constitución de 1812; y en fin entre noso- 
tros por varias leves patrias y especialmente por el artículo 
7.° de la memorable Aeta Constitutiva de 1G de Octubre de 
1851. 

Mucbas son las razones que se alegan contra ese mágico 
derecho, basta decir que el poder de perdonar es el poder «le 
hacerlo contrario de lo que la ley ordena; y que por consi- 
guiente es un poder superior ala ley, un poder arbitrario, 
nn poder capaz de hacer duefio de la vida de todos al que lo 
ejerce, concluyendo con que no debe existir semejante poder. 
Mas los apasionados de él aducen en contraposición razones 
sólidas, humanitarias y d» conveniencia, sin olvidar, como di- 
ce el citado JEscriche, que los ?nismos adversarios del derecho 
de gracia, después de desahogara en esdamuciones contra él, 
9io fian podido desconocer su necesidad; declarando que no de- 
ploraban el uso vino el abuso: y que si en el calor dv las re- 
mieltas política* de algunos áffafa* han llegado á proscribirlo, 
desengañados por fin han tenido cuidado de restablecerlo, su- 
jetándolo cuando mas (i la responsabilidad del Ministerio. 
Empero, tal prerogativa entre nosotros no se ha ejercido 



12 
en los indultos particulares, sino para conmutar la pena or- 
dinaria en la estraordinaria mayor. Nunca jamas á los delin- 
cuentes se ha remitido la pena que se les impusiera por una 
sentencia ejecutoriada. Con todo yeso, al presente concíbese 
ser necesario investir al Ejecutivo de ese estupendo derecho 
de gracia. Nuestro modo de ser demándalo imperiosamente: 
^a situación actual lo requiere: debe, por tanto, aceptarse, 
puesto que nos encontramos en el período constituyente, y 
mientras las circuntancias nos llevan al período contituido, 
que todos ansiamos y que dentro de poco tendremos la dul- 
ce satisfacción de disfrutar, bajo la égida de las leyes de refor- 
ma. 

Hoy fortunosamente no tenemos constitución. Las leyes 
de garantías sufren un parasismo, como en otro tiempo de- 
cía nuestro ilustre compatriota Barrundia: no hay un Poder 
que enfrene el absolutismo del Judicial: la residencia de los 
Jueces y Magistrados, por eso, no puede ponerse en práctica. 
Todo, pues, demanda el ejercicio deesa magnífica prerogativa, 
ya para suavisar la severidad de las penas, ya para arrancar 
del patíbulo y de la infamia á un hombre que tal vez sea ino- 
cente. Por último, esa prerogativa es indispensable, hasta pa- 
ra hacer respetable al Ejecutivo con una aureola de omnímo- 
das y estraordinarias facultades. 

El indulto particular se otorgaba antes con varios moti- 
vos, entre ellos figuran los servicios importantes que presta- 
ra el delincuente á sus progenitores. No hablará el que sus- 
cribe de los contraidos por el joven Irungaray para estable- 
cer la nueva administración. Pásalos en silencio, sin embargo 
de que constan al mismo Ciudadano General Presidente. Pe- 
ro no puede escusarse de recordar los relevantes que el padre 
de ese desventurado joven ha prestado, ya en la carrera mili- 
tar, ora en el importante destino que actualmente desempeña, 
y que debido á su laboriosidad, celo y entereza las rentas 
consolidadas han ascendido á una cifra fabulosa en nuestro 
estado financiero 

Atentas, pnes, las ligeras indicaciones que el infrascrito 
se permite apuntar, concluye consultando: que al joven sub- 
teniente Don Alfonso Irungaray, por una gracia particular y 
en remuneración á los servieios que su laborioso padre presv 
ta actualmente, se le condone y remita la pena de CÍ&OO arios 
de prisión que, con calidad de presidio, N le impone por la 



13 
sentencia de súplica, fecha 1.° de los corrientes: que el acuer- 
do en que se haga esa declaratoria, se comunique desde lue- 
go á la Corte Suprema de Justicia; y que se le encarezca 
mande inmediatamente poner en libertad al referido joven 
Irungaray; dándole el atestado correspondiente para su res- 
guardo. 

Esta es la medida que consiliar puede los estremos de 
que se ha hecho mérito. El Fiscal prepónela. aunque con des- 
confianza, sin que se entienda que aboga por el duro milita- 
rismo, que pugna con sus convicciones, sino tan solo en la 
creencia de que debe adoptarse la situación, y que todo lo 
que se hiciese por ahora en contra, seria caminar al precipi- 
cio y fracasar con la misma situación. Eso no obstante, la 
rectitud del Cuidadano General Presidente, la ilustración de 
su joven Ministro y la filantropía de ambos resolverán, con 
el debido acierto, lo que cumple sobre el particular 

Guatemala, Julio 13 de 1875. 

Miélico. 

Lo» nuevos Códigos puestos en práctica por la 
Sala segunda. 

Interesados los hijos y herederos de Don Alejandro Alva- 
res en la pronta conclusión del concurso á bienes de la mor- 
tuoria de Don Juan Estrada Audrade, me propuse indagar 
el estado de los respectivos autos. 

No sin trabajo, pude descubrir que, habiendo apelado la 
viuda de dicho Estrada Andrade, los autos aludidos hallá- 
banse en tabla desde 7 del último marzo, en que se trajeron 
á la vista por la indicada Sala. 

Apenas se creerá que en seis meses los acuciosos Magis- 
trados, que componen esa Sala, no hayan tenido oportuna 
ocasión de estudiar los autos de que se habla y fallarlos sin 
pérdida de tiempo, puesto que el negocio afecta derechos de 
menores. 

Pero no es absolutamente estraflo, una vez que hüllanse 
también á la vista otros muchos juicios, aun á partir del ano 
de 1876, sin que la Corte de Apelaciones los considere y deter- 
mine, como lia debido hacerlo dentro del perentorio termi no 
de 8 días, fijado |al efecto por los artículos 490,-871 y 1438 
del Código de procedimientos civiles. 

Escusábanse antes, alegando maliciosamente lo difuso y 
embrollado de la antigua legislación. Empero, desdé 15 
tiembre del ano antepróximo están en vigeucia los aatm 
digos, fabricados con precisión, cordura y sabiduría, de modo 
que nada dejan que desear. 



14 

Mas con todo eso no se hit conseguido qne la justicia se 
imparta recta y cumplidamente, aunque los trámites están 
abreviados en estremo por la nueva legislación y aunque los 
términos están asimismo extraordinariamente reducidos 

El mal, pues, no estaba en la legislación aQeja que nos 
regía. Depende, sin duda, de la decidía de los jueces y de su 
falta de miramiento para el desempeño de sus obligaciones. 
Llegan tarde al despacho: charlan frivolamente, en vez de tra- 
bajar con asiduidad; y resuelven los negocios sin entenderlos, 
ó afectados por alguna de las partes. 

Si trascurre el término señalado en ente Código sin dictar- 
se sentencia, dice el artículo 676, los Tribunales correjirán 
disciplinariamente á los Jueces que hayan incurrido en seme- 
jante/alfa. 

Pero como en los autos, de que se ha hecho mención, es 
la Sala 2.* de la Corte de Apelaciones, la que por inaudita 
negligencia no los falla y fenece, pregúntase entonces ¿quién 
corrige á esos funcionarios engreídos, por creerse tan irres- 
ponsables, como infalibles? 

Responde desde luego "El Civismo", que el General Pre- 
sidente. De otra manera le serían inútiles las onnímodas fa- 
cultades de que está investido. Por eso llama su atención. 
¿Dejará, sin embargo, desapercibidas las punibles faltas de tan 
laboriosos y solícitos Magistrados? 
* 

Literatura. 



JESÚS LAFARR4. 

Las mugeres búllanse también dotadas de memoria y de 
entendimiento, y aun muchas con decidida voluntad para 
dedicarse á estudios serios. Sin embargo no se ha visto Jque 
ejerzan profesiones científicas. 

Entretanto varias han hecho rápidos progresos en el es- 
tudio de las bellas letras como mas simpático á sn carácter, 
amable y tierno, sensible y apasionado hasta el sacrificio, has- 
ta el heroísmo. 

En todos los países civilizados ha habido poetisas céle- 
bres, como Safo, Corina y otras muchas, porque, en sentir de 
Severo Catalina, las poetisas son las flores mas aellas, las ver- 
daderas tamas vivas, las hijas legítimas de la inspiración. 

Entre nosotros, proscrito el sexo bello del augusto tem- 
plo de las ciencias y reducida su educación á simples labores 
de mano, Guatemala, nuestra querida patria, tiene la gloria 
de contar en su hernioso seno algunas poetisas sobresalientes 
como las hermanas Laparra. 



15 

Dona Jesús, ii quien bg dedican estos breves apuntes, vi- 
no al mundo el 14 de Octubre de LSv'O, en la ciudad de 
Quezal tenango, cabecera del Departamento de ese mismo nom- 
bre y uno de los principales y mas importantes de la Repú- 
blica de Guatemala, no solo por su posición topográfica, sino 
por ser agrícolas los pueblos todos de su comprensión. 

Los padres de la Señorita Laparra, aunque de escasa 
fortuna, supieron inspirarla en su infancia sentimientos de 
piedad y de virtud, con una instrucción que excedía á las 
circunstancias de su familia y á las de aquella luctuosa época, 
en que se descuidaba tanto la educación pública y con par- 
ticularidad la del sexo débil, en la errónea creencia de que 
le fuera perniciosa. 

La muerte de su señora madre, acaecida en el año de 
1838, la arrancó un gemido, y ese gemido que lanzara tier- 
namente, fué el primer canto de nuestra poetisa. Desde en- 
tonces, aunque sin conocimientos en el arte métrica, y sin 
ninguna instrucción literaria, lia compuesto algunos versos 
en que se advierten naturalidad y sentimiento, y que cual 
cantos de una paloma perdida en la soledad del desierto, 
conmueven tristemente. 

La señora Laparra, ya en Qnezaltenango, lugar de su na- 
cimiento: ya en Comitau, á donde emigrara en 1S40, en u- 
nion de su padre, con motivo de la desastrosa revolución de 
aquella aciaga y funesta época, preñada de tantas calamida- 
des y desdichas; y ya por último en Guatemala, donde fija- 
ra su residencia, ha tenido varias veces á su cargo una escue- 
la de niñas, enseñando también privadamente en algunas ca- 
sas las labores propias de su sexo, que ejecuta con notable 
perfección. 

Hace pocos años que oprimida desgraciadamente por la 
inexorable mano del destino, se ha echado á ciegas en bra- 
zos de la mística, en solicitud de un lenitivo á su dolor; que 
en vano buscara en otra parte. Su lira, pues, sonora y dulce, 
ha enmudecido para lo profano. Mas los amigos de nuestra 
poetisa habiendo coleccionado unas pocas de sus produccio- 
nes, las publicaron en el año de 1854 eu un pequeño volu- 
men, conocido dentro y fuera de Guatemala. ¡Ojalá que alen- 
tada de nuevo, module tiernos y armoniosos cautos, con la 
esperíencia y sólida instrucción que ha sabido procurarse!! 



16 

Dedicatoria 

DE LA GUIRNALDA POÉTICA, COMPUESLA DE VERSOS 

PATRIOS COLECCIONADOS POR EL REDACTOR 

DE "EL CIVISMO'". 



Consagróte ferviente, Madre mía, 
De nuestros patrios vates conocidos 
Los versos mas sonoros y sentidos 
Qne modulara nuestro sordo laúd. 
Acógelos, benévola Maria, 
Por ser los ritmos únicos sagrados 
De líricos poetas inspirados 
En la divina, escelsa beatitud. 

Con esas flores místicas, fragantes, 
Entre el ai'oma célico nacidas 

Y por inculto bardo recogidas 
En tan florido, mágico vergel; 
Tus férvidos cantores, incesantes 
Obsequiante, querúbica Madona, 

Y que mejor magnífica corona 

A tus plantas pusieran de Escabel! 

Esa guirnalda rústica, inocente, 
Tejida por amables trovadores, 
No satisface, no, los mil favores 
De tu profusa, espléndida bondad. 
En cambio una diadema reverente 
Quisieran de valor crecido, inmenso, 
Que con el humo sacro del incienso 
Mitigue su católica ansiedad. 

Enaltecer con bíblicos acentos 
Tu portentosa, candida hermosura 
Preténdese, munífica Criatura, 
En esta inapreciada colección. 
Tan fáciles, armónicos concentos 
De nuestra ebúrnea cítara acordada 
BeCÍbe, cual ofrenda deificada 
Por un cristiano, humilde corazón. 



(,i \ i i.m ai.a, ACKMVO DI 1878. 
DCFBENTA DL ABKA1LUI F. PADILLA. 



Número lif. 



EL CIVISMO 



Periódico de política, ciencias, literatura, comercio Ac 

REDACTOR: JOSÉ MAKIAN'.i MICHEO. 

Saldrá dos veces al tuesten días indeterminados, áreal y 

medio el número, por'contener tres pldegos. Si e»j leen la 

[yvprenta di sn.publimcio7i. 

MIGUEL GARCÍA tiKA\ADO$. 



I Ir aqui un hombre tristemente célebre, por 
haber sido siempre nada. Eé aquí un fatídi- 
co personaje, que á su defiíncion, los pepitos 
y los sonámbulos le han prodigado inmereci- 
dos encomios, hasta sobreponerle con inaudi- 
ta perfidia, á los hombres mas eminentes de 
la América latina. 

En efecto. "El Guatemalteco" y "El Progre- 
so," "El Perro-Carril" y todos los demás pe- 
riódicos de esta Ciudad, han manchado sus 
columnas con artículos necrológicos y alaban- 
zas hijas tan solo de la baja adulación, sin que 
tampoco faltasen oraciones fúnebres, forjadas 
esprofeso y pronunciadas como si fueran im- 
prontu. 

García Granados, á* una edad ya abanzada, 
bajó á la tundía el ocho del ante-próximo Se- 
tiembre, casi repentinamente. ¡Que la tierra 
le sea lijera, y que el Todopoderoso, en su es- 
trema bondad, le perdone los grandes males 



quehiáfo. adrede, ;í Guatemala, su patria adop- 
tiva! 

Nacido en un pequeño pueblo de España, 
vino muy niño á esta ciudad con su madre 
y hermanos. No tuvo jamas carrera literaria. 
Tampoco hizo estudios militare-. Las matemá- 
ticas le eran desconocidas. Nunca saludó á las 
ciencias políticas y sociales. Su lectura fué tí- 
nicamente de periódicos, cuando sus cuotidia- 
nos entretenimientos le dejaban algún tiempo 
disponible, que le era preciso matar. 

Garcia Granados, i\o<áe su juventud y lle- 
vado de las ideas de aquella funesta época, 
se echó con sus hermanos en brazos del par- 
tido conservador ó servil. En él, sin embar 
no figuró, sino] como un simple oücialito, 
sujeto siempre á sus jefes, porque joven, sin 
juicio Cabal y sin estudios, no podia desem- 
peñar cargo alguno de importancia. 

Caidos ¡os gobiernos de i" Arce y A\- 

cinena. tampoco hizo el menor papel en los 
del General Níorazan \ del Doctor Galvez. 
¿Cómo esos hombres ilustres y tan entendidos 
podían !i.: ; ¡ un mozuelo que les 

era. hostil por sus ideas refractarias? 

Ai a¡i;;: General Carrera w 

tó hacerse el do representante delprin- 

cipío liberal, aunque <• m ¡a seguridad de que 
no correría peligr no, por ser ina- 

Di'ia; 
por servir uno de ellos i n sus lilas; por ser su 



3 
hermana Adela, esposa de Don Luis Bistres, v 
últimamente por las estrechas relaciones que le 
unian f\ los prohombres de ese bando. 

Redujo entonces su patriótica tarea ,í char- 
laren corrillos: y electo porburíá diversas ye 
diputado, hizo unas pocas proposiciones, que 
casioñaron alguáa chismografía, pero que no 
supo ¡levar á buen término, por su falta de 
tino, y porque su palabra, lejos de ser caloro- 
sa y elocuente, ora fria, incorrecta y antipá- 
tica. Asi, en las luchas parlamentarias, fué 
siempre derrotado. No tuvo aceptación. 

Muerto su cuñado Batres, y ya sin esc pode- 
roso apoyo, con (pie contaba, el partido ser- 
vil trató de acallarlo; proporcionándole -¡an- 
des lucros en las negociaciones leoninas con 
el Gobierno. donde se le abonaban por su valor 
los vales y sueldos que compraba por mucho 
menos de la mitad, cuno en Guatemala na- 
die lo ignora. 

Este fue el origen de su persecusion en L870. 
Asilado bajo una bandera estranjera, logró 
le diese pasaporte. En Norte América v en 
Méjico quiso hacerse de filibusteros; mas por 
fortuna no lo consiguió. Entonces con las po- 
cas armas que habia comprado, se asoció al 
General Justo Rufino Barrios, (pie va conta- 
ba algún tiempo de hacer la revolución, pro- 
clamando los principios que después implantara, 
El General Barrios, á quien qo mueven sór- 
didas aspiraciones, y que Bolo se habia pro- 



4 

puesto el triunfo de sus ideas, le cedió gene- 
rosamente e! mando de su pequeño ejército, 
como antes i<> habia techo con el General I). 
Serapio Cruz, á pesar de que conocía que este 
y García Granados no le eran afectos, y que 
ambos, en primera oportunidad, le correspon- 
derían ingrata y ruinmente. 

Se emprendió, pues, la campaña. En cinco 
acciones, eu (píela victoria coronara al invic- 
to Barrios, fué decidida la suerte del pais. 
El 30 de Junio de 1871 cayó por su peso la 
Administración Cenia y el ejército libertador 
entró de triunfo, recibiendo todos los Víctores 
del pueblo, el denodado General Barrios, ob- 
jeto hasta de las curiosas miradas de los niños 
y de las mujeres . 

Aunque en esos encuentros bélicos, Garcia 
Granados no tuvo otro participio, (pie haber 
prestado su nombre, porque siempre estaba ;í 
larga " distancia de! campo de batalla, procu- 
ró solícito (pie en Patzicia se le nombrase Pre- 
* ovisorio; y al saber el triunfo d<> San 
Lúeas, para celebrarlo, repicó ¡¡n-s<>ii<ihh 
porque cu el campanario habia pasado una par- 
te de ia. acción, con el objeto de escusarse el me- 
nor riesgo > : i; ; el evento de un descalabro, 
o las de Villadiego. 
< Guatemala, dándose las ínfu- 
de un libertador. Se -cuto, enorgullecido en 
l.i il!;i presidencial. Convocó á los pueblos pa- 
ra elejir una Asamblea Constituyente. Ante ella 



renunció, poco tuvo la cuidadosa previsión de 
comprometer autos a* los incautos diputados a" 
que tío se la admitiesen y á (pie con ese motivo, 
le dieran un voto de suma confianza. 

García Granados, entregacfo entonces, como 
siempre. á mía vida cibarítica y convertido en 
ciego instrumento de uno de sus Ministros, que 
le dirijia en todo, como ,-í un niño, uo hizo ab- 
solutamente nada. Allí están las leyes relativas 
á ese peí-iodo. Todas son disposiciones incon- 
sultas, lía sido menester, si n<; variarlas, al 
menos hacerles grandes modificaciones. En e- 
llas nohabia pian, no habia unidad. Únicamen- 
te se propuso vivir con el dia, y hacerse de 
recursos para satisfacer las necesidades peren- 
torias, sin njar sus miradas en el porvenir. \ 
sin quedar nada de su encomiada administra- 
ción. 

Pudieran acaso sus pocos partidarios, alegar 
que él decretó la espulsion de ios Jesuítas. Pe- 
ro esta providencia laudable no fué inspirada 
por su patriotismo. Va el General ha- 

bia lanzado de- Quezalteuango á esos reacios 
Sacerdotes, que fanatizaban á" aquello^ pueblos; 
y en su ardiente deseo de salvar (\ la República 
de tan inmunda plaga, o se le- sa 

también de fcodoel territorio. Garcia Granados 
se limito á cumplir esa orden. La gloria es del 
General Barrios. arrebatársela: ;Por- 

qué prn ai le d( tamaña i; 

I Juran ■•> peri» i cion se 



6 
puso en anuas. Apareció potente por la estre- 
ma debilidad y punible negligencia de (Jarcia 
Granados, que vivía entregado a* toda clase de 
goces; v si el General Barrios no se apresura;! 
ponerse al frente,y con su carácter enérgico y 
activo improvisa un ejercito, derrota á los fac- 
ciosos y con la oliva de la paz ingeniosamente 
se los atrae, la revolución de 1871 hubiera de 
seguro sucumbido, y entrado al poder hom- 
bres perversos (pie habrían santificado al Go- 
bierno débil del bonazo General Cerna. 

Este era Garcia Granados. (Jomo diputado, 
nada hizo. Yo busco ávidamente sus discursos. 
Pero no los encuentro. (Veo (pie nadie tampoco 
los ha leído. Las pocas inconexas palabras (pie 
vertió en las Cámaras, apenas fueron escucha- 
das. Quedaron para, siempre perdidas en el la- 
berinto de los provectos que la misma revolu- 
ción brotara, y el nombre de su autor en ese 
concepto solo ha resonado después de su muer- 
te. 

Como político, llama menos todavía la aten- 
ción. Aun en el poder nada, nada absoluta- 
mente hizo. Continuaron los Cuartelitos, como 
deciaen la Asamblea, y tampoco pudo dar for- 
ma alguna al ejercito. Mas bien contribuyó á su 
ma desorden, aumentando con estudiosa pre- 
meditación el lamentable despilfarro de sus 
caudales. ¿Quién, por ventura, lo ignor^.? 

Como escritor, los periódicos no registran e- 
lucubraciones científicas de tan ilustrado perso- 



naje. Hasta ahora se lia visto uno ú otro artícu- 
lo, especialmente con motivo del proyecto de la 
ley de moneda: pues aunque en 1839 apareció el 
periódico titulado El café, otros fueron sus re- 
dactores. 

El se concretó á colaborar con -imples tra- 
ducción* 

Como literato, su nombre era desconocido. 
Circulan, es verdad, unas memorias que di 
snvas. Pero falta que sean efectivamente es- 
critas por él. El Principe de la paz dio á la * 
tampa una obra preciosa en su defensa y el G< 
neral Don Antonio Paézsuan alia. M 

hombres asalariados se las forjaron. 

Como militar, fue igualmente nulo. A.bi 
nuestra historia. Pregúntese á nuestros contem- 
poráneos. Todostí una aseguran su nulida 
sin (pie obste que su apasionado Ministerio 
estendiése inconsideradamente el despacho • 
Capitán General, y que la condescendiente Cá- 
mara por pura galantería le agraciase con el 
sueldo «!c s< is mil pesos anuales. 

Xo se comprende, pues como los redacto- 
res de los periódicos elogian tai 
( ¡ranados, cuando sus hechos, aun p¡ 
pruebansu ineptitud, \ cuando todos 
mos testigos de su insí ad; 

y d a todo y ( . >r 

• 

'!¡! 

iiiblica, -:i aun 



8 
con el de susgo, crecidos intereses. 

Tal vez los periodistas, engañados por la con- 
ducta dadivosa del General Presidente Barrios, 
al acordar las honras fúnebres é inhumación 
del cadáver de (Jarcia Granados y montepio á 
su viuda, han tomado pretesto para enaltecer 
a un hombre sin méritos literarios y sin virtudes 
cívicas. Pero en ellos es muy vituperable tanto 
aplauzo, mientras que en el Gefe Supremo de la, 
República esas lisonjeras demostraciones cua- 
dran con su carácter magnánimo, aunque, á de- 
cir verdad, debió -reducir los gastos del entier- 
ro y limitar el mpntepio á solo ciento veinticin- 
co pesos, por (pie los Gobiernos no son dueños, 
sino únicamente Administradores del erario. 

El Civismo, cuya publicación se habia sus- 
. pendido por achaques y dolencias de su redac- 
tor/consigna en su nuevo aparecimiento las i- 
deas apuntadas respecto á Garcia Granados, 
cu obsequio déla verdad, empañada de propó- 
sito y por que no concientc que al candido pue- 
blo se burle con groceras mentiras, y menos (pie 
al General Presidente Barrios se usurpe la es- 
pléndida glorja (pie adquirió la revolución de 
1871. Digan, pues, cnanto gusten los famélicos 
escritores; pero con aplausos inmerecidos no 
menoscaben los importantes servicios del hom- 
bre sencillo, del amigo del pueblo, bajo cuya 
m.iLiica influencia la República encuéntrase en 
la vía del progresoyde la ilustración. 

Aunque pueda ser no falte algún pepito 6 



9 
sonámbulo que, entusiasta, objete inoportuni- 
dad en el artículo, por decir no haberse im- 
preso en vida del tan ensalzado General García 
Granados; téngase en cuenta que entonces ha- 
bríasé espuesto el redactor á bregar con una 
notabilidad, aunque mentida, pero que en su efí- 
mera, elevada posición habría ocasionado una 
lucha desigual. 

Además, por la ingerencia que tuvo en los 
últimos acontecimientos políticos, quedó for- 
zosamente sujeto al criterio de los guatemal- 
tecos, en quienes aquella influyera, sin que le 
salve el haber desaparecido déla escena, pues- 
to que aun en nuestra posición pasiva todavía 
sentimos su benéfica influencia; y puesto que ni 
la muerte natural ni la política libra al hombre 
público de la censura de sus contemporáneos, 
y hasta de la posteridad, porque, como muy 
bien ha dicho el elocuente orador Dn. Joaquin 
Maria López: la historia es todavía a/as st n ra 
é inflexible que las sepulcros. 

ÜX ESCÁNDALO JUDICIAL. 



Las rostas son un óbice para que [ajusticia 
sea impartida recta y cumplidamente,, A nadie 
se oculta. Tan solo abogan por esos gastos dis- 
pendiosos y sórdidos los funcionarios que, sa- 
crificando á los pobres, lucran con ese infame 
tráfico. 

Decretos y leves á cada paso se emiten. So- 



LO 

bre todo legisla el Gobierno en su afanoso pru- 
rito dé reformas. Pero impasible deja desaper- 
cibidos los abusos consiguientes á las rostas y 
á su exacción. ¿Porqué no íes pone pronto y 
enea/ remedio? 

Tu hecho reciente patentiza esa amarga ver- 
dad. La Comandancia de armas del centro se 
desprendió del conocimiento de ciertos autos, 
mandándolos pasar ál juzgado 1 c . de 1 * . ins- 
tancia para su secuela. 

Pero eomo resistiese verificarlo mientras las 
costas no se le cubrieran, fué menester al inte- 
resado, trascurridos ya algunos dias sin lograr 
su envío, quejarse á la Corte; y hasta entonces 
la propia Comandancia hizo efectiva su trasla- 
ción, para evacuar después el informe. 

He aqui un escándalo, he aqui una arbitra- 
riedad que también se comete constantemente 
en los juzgados, donde de intento se retarda la 
devolución de los exhortos: donde del mismo 
modo se reusa la entrega de las posiciones ab- 
sueltas; y donde, por ultimo, adrede se deja de 
elevar oportunamente en grado los autos, en- 
tretanto las costas no se pagan. 

Procedimiento, tan enojoso y punible, estor- 
va de seguro la pronta administración de jus- 
ticia é irrita en estremo los ánimos de los li- 
tigantes. ¿A SU vista, continuarán indolentes, 
afectándose sordos los llamados á estirpar abu- 
sos tan intolerables? 

El Civismo levanta otra vez su humilde voz 



11 
combatiendo las odiosas costas. Grita igualmen- 
te á voz cu cuello contra su exacción: y en su 
férvido entusiasmo reclama una enérgica provi- 
dencia que corte de raiz los tremendos males 
que las costas ocasionan y que demandan im- 
periosamente su deseada abolición. 

DISCURSO DEL 15 DE SETIEMBRE. 

Ha sido costumbre antigua y muy plausible, 

solemnizar el aniversario de nuestra cara inde- 
pendencia, con un discurso, casi siempre pa- 
triótico. 

Por lo regular se ha encomendado n orado- 
res ilustrados y elocuentes, que han sabido cor- 
responder á tamaña confianza, acreditando su 
civismo. 

Esos discursos constantemente se han im- 
preso por orden del Gobierno, no solo por ser o- 
bras acabadas, sino para alentar el americanis- 
mo, que ha ido desgraciadamente decayendo. 

Hubo, es verdad, un año en que el Ldo. 
Manuel Beteta, hijo, á quien se encargara, 
reusó darlo á la estampa, sin embargo de ha- 
bérsele pedido. Pero tuvo razón. El tal discur- 
so era una diatriva á la independencia, con 
escesivos encomios ¡í España. 

El del año en curso se recomendó anticipa- 
damente al Ldo. D. Fernando Cruz. Dicen 
que fué muy estenso, y aun no ha faltado per- 
sona del partido conservador, que lo elogiase y 



12 
que brindara por su simpático autor. 

Pero lo cierto os que no se ha impreso, con- 
trariándósé asi la costumbre establecida. Esto 
ha picado la curiosidad de todos, porque úni- 
camente lbs empleados y muy poeos eircuns- 
tantes lo escucharon cuándo lo pronuncio el 
Di\ Cruz. 

Parece, pues, Conveniente su publicación. 
Si contiene principios refractarios, los periódi- 
cos ios combatirán y si escita la. prensa se ocu- 
pará también de él. 

Mas por el contrario, si escita- e! patriotis- 
mo: si hace un cumplido elogio de nuestra 
fausta independencia; y si contiene bellezas 
oratorias y estuviere escrito en estilo correc- 
to, elegante y aun poetice*, obtendrá entonces 
las debidas alabanzas. 

Por eso importa que se imprima. Esa cos- 
tumbre no debe alterarse. Al Gobierno toca 
conservarla: y ei redactor de "El rivismo" lo 
invita al efecto, para que haga que sin pér- 
dida detiempo se publique por laprensa, y cir- 
cule, con el laudable objeto de saciar c! públi- 
inquieto anhelo. 

LA REDACCIÓN, 



No ha circulado "El Civismo" con la regu- 
laridad ofrecida, por las dolencias ó achaques, 
aunque pasajeros, de su redactor. 

"El i ivismo," pu<s, no ha muerto, como mu- 



13 
chos lo sospechaban. Se suspendió únicamen- 
te la publicación de este muñen», por el mo- 
tivo apuntado. 

Dificultades insuperables también no lo per- 
mitieron. Mas se irán venciendo. De otra tná- 
neija, «Ej Ciyismo",np' cumpliría su importan- 
te misión. 

Su redactor, pues, para satisfacer íá ansiedad 
ireneraJ. luí tenido <p, ( . ¿guardar en su forza- 
da resignación se abriese el nuevo estableci- 
miento tipográfico del joven DonJ.Luna, do ii- 
de escrúpulos exagerados y ridículos, no em- 
baracen la impresión del Periódico, eco del pue- 
blo ypara el mismo pueblo. 

Coa todo, en lo sucesivo no saldrá en [ fe 
días designados, sino cuando lo estimé opor- 
tuno; pero siempre, por lo menos, dos 
ai mes: conteniendo cada número un píi< 
laas y formados. todos tres en letra atanasia, 
para facilitar su lectura. 

Tal es su firme propósito. Prométese llevar- 
lo á buen término. Mas al hacer esta sincera 
manifestación: concluyo diciendo: 

Cantad, pepitos-, en "La Discusión:' 
He --VA Civismo." la nueva aparición. 

QUIEN DON MUCHACHOS SÉ A< tksta 

üv nuevo, punible atentado del conocido 

caballero Luís Valen/uo!a. en la. actualidad. 

■■»!. y una atroz injusticia, cometida 



14 
maliciosamente por el Juez 1. ° de 1, * ins- 
tancia y los Magistrados, que componen la Sa- 
la l. 63 de la Corte de Apelaciones me estre- 
chan á dirigirme otra vez al público, ya que 
en los tribunales no se me imparte la justicia 
recta y cumplidamente, como debiera. 

Pasaba mi hijo Antonio •Micheo el 18 del 
último Agosto, entre 5 y de la tarde, al 
frente de la casa de dicho Valenzuela, en oca- 
sión (pie este se encontraba en la puerta de 
calle. Al ver á mi hijo, le colmó de injurias, 
y no satisfecho todavía, le infirió dos palos 
por detrás, y aun le hubiera asestado el ter- 
cero, á no haberse interpuesto Dn. Rigoberto 
Taracena. 

Mas como á la sazón cayese en tierra el re- 
ferido Valenzuela, debilitado en extremo por 
los años y por las continuas distracciones de 
sus frecuentes ocios, su esposa Doña Domi ri- 
la Urquiza, con dos piedras en las manos, y 
su cuñado Don Juan Andreu Echeverría sa- 
lieron á socorrerle, prodigando también gra- 
ves denuestos á mi citado hijo. 

En ese mismo momento, me impusieron de 
lo ocurrido, el propio Señor Taracena y el Jo- 
ven Don Andrés Dardon, los cuales tuvieron 
la cortesanía de acompañar á mi enunciado 
hijo, á quien, á su presencia, previne que no se 
quejase y que en lo sucesivo supiera escarmen- 
tar ¡i sus agresores, 

Con todo, al siguiente día, el nominado Va- 
lenzuela, para ponerse á cubierto de la respon- 



15 

sabilidad que sobré é) pesa, ocurrió al Juzga- 
do 1. ° de 1". * Instancia, acusando de injurias 
á mi indicado hijo. Entendido yo de esto, me 
vi precisado á dirijirme al misino Juzgado, co- 
mo lo hice á los tres dias del suceso, es decir, 
el 21. recriminando al acusador Valen/nela. 
por injurias y golpes, y contra su esposa y cu- 
fiado por injurias. 

En 24 del propio Agosto, pedí se redujese ;i 
formal prisión al espresado Valenzuela. Pero 
el Juez, en el deseo de salvarle, acucioso lo es- 
cusó, bajo el fútil pretesto de (pie como agen- 
te fiscal gozaba del privilegio de caso de Cor- 
te: mandando, sin embargo, remitir las dilijen- 
cias íi nno de los Juzgados de Paz. para (pie 
procediese contra mi hijo, mientras dejaba im- 
pune á sn gratuito agresor. He aquí el auto 
anómalo, á* que alude. 

Juzgado 1.° del.* Instancia. Guatemala, 

Agosto 24 de 1878: 

Vista la anterior exposición, en (pie porpar- 
te del Licenciado Don Mariano Micheo se so- 
licita la reducción á prisión formal de Don Luis 
Valenzuela: y considerando: (pie este Juzga- 
do, en causa (pie procedía contra dicho funcio- 
nario, estableció (pie gozaba de caso de Corte. 
como agente fiscal: (pie apelado el respectivo, la 
Superioridad no llegó á resolver sobre el parti- 
cular, en cuya virtud este Juzgado declara 



16 
no haber lugar á dictar la providencia refe- 
rida, artículos 110 r 347 ; -C. C. Pr., y 3(3 0. Pr.; 
y por cuanto el hecho de que se trata no mi- 
nistra el mérito necesario, para conceptuarse 
que deba precederse enjuicio escrito contra 
el joven Don Antonio Micheo, Doña Domitila 
Urquiza de Válenzuela y Licenciado Don Juan 
Andrea, por no ser de trascendencia las inju- 
rias que se atribuyen y crusarse intereses de 
familia que se afectarían mas especialmente, 
dando otro carácter al enjuiciamento, remíta- 
se original la causa á uno de los juzgados 
de Paz, para lo que haya lugar, articulo 
32, C. Pl., Pr.-Saravia.-Emilio Galvez. 

Apelé de esa descabellada providencia al 
notificárseme: el recurso me fue otorgado; y 
el dia de la vista tuve la «rata satisfacción de 
combatirla victoriosamente, al punto de que 
la Sala, aceptando algunas de la razones por 
mí alegadas, las consigno en la sentencia re- 
vocatoria, que muchos dias después á instan- 
cia mía pronunciara, y que me permito tras- 
cribirá seguida. 

Corte ae Apelaciones. Guatemala, Setiem- 
bre 6 de 1§78. 

Visto, mediante apelación y con las dili- 
gencias originales, el auto que en veinticuatro 
de Agosto próximo anterior dicto el Juez 1 °. 
de 1 * . instancia dé esté Departamento resol- 



L7 
viendo ios dos puntos siguientes: primero, que 
por gozar de caso de Corte el agente fiscal 
Don Luis Valenzuela, á quien el Licenciado 
Don José Mariano Michéo recrimina por los 
delitos de agresión é injurias á su hijo Don 
Antonio del mismo apellido, no ha lugar á pro- 
veer contra dicho Valenzuela el auto de for- 
mal prisión que el Licenciado Miélico solicita; 
y segundo, que originales pasen á uno de los 
Juzgados de Paz las diligencias instruidas por 
acusación de injurias y agresión que Valen- 
zuela entabló contra Don Antonio Michéo, 
mediante á que el hecho de que se trata, 
no presta el mérito necesario para conceptuar 
que deba procederse en juicio escrito. 

Considerando: que siendo una prerogativa 
el caso de Corte, le gozan únicamente los fun- 
cionarios á quienes la ley lo haya concedido. 
sin que por inferencias, mas ó mends plausibles, 
deba hacerse estensivo á otros funcionarios ó 
empleados públicos que la misma ley no haya 
designado expresamente. 

Que ninguna de nuestras leyes vigentes con- 
cede prerogativa al agente fiscal, antes bien 
del Artículo 36 del C. de Pr. Penales que 
enumera los funcionarios y asi deben ser juz- 
gados, se desprende sin esfuerzo alguno: que 
dicho agente no comprendido alli, ni mucho me- 
nos en disposiciones patrias anteriores, pues- 
to que tal agencia no existia, no goza ni pue- 
de gozarse prerogativa que hasta hoy la ley 



L8 
no ha concedido. 

Considerando: que examinado el mérito délo 
actuado y de conformidad con los principios 
<[iie establece el artículo 303 del Código Pe- 
nal, aparece fuera de duda que el artículo 32 
del Código de procedimientos en la misma ma- 
teria y el Decreto gubernativo de 28 del úl- 
timo Junio, son el fundamento precisamente 
contrario á la exhibición que el Juez ha decla- 
rado de oficio. 

Por tanto, revocando la Corte de apela- 
ciones el auto de que se ha hecho mérito, de- 
clara: primero, que por no gozar de la prero- 
gativá de caso de Corte el agente fiscal Don 
Luis Valenzuela debe considerar el Juez y 
proveer como de derecho y en justicia proceda 
al escrito del folio treinta y nueve, y segun- 
do, que el mismo Juez debe continuar conocien- 
do del proceso respectivo con sujeción á las 
leyes — Notifiquese, y devuélvanse las diligen- 
cias con certificación, y trascríbase al mismo 
Juez el otrosí del alegato de vista de Don 
Luis Valenzuela para que sobre el particular 
evacúe informe. — Farfan. — Enriquez. — Fran- 
cisco Solares. 

Devuelto el proceso al Juzgado á qud, in- 
sistí en que decretase la prisión de los preve- 
nidos, declarado yaque Valen/ lela no goza de 
caso de ( 'orte, y que el -I uzgado I z . debia con- 
tinuar conociendo del proceso. Pero el Juez 
Biempre obstinado y siempre firme en su propc"- 



19 

sito de favorecer á mi maligno adversario, 

desechó, asi misino, mi solicitud, como aparece 
de] siguiente auto. 

Juzgado í. ° del.* instancia. Guatemala, 
Octubre 20 de 1878. 

Ejecútese. Artículo 1523. C. ü. Pr.; y por 
cuanto el articulo 63 G. Pr. ps. no es aplicable, 
por no haber reo detenido, ni demandarlo el 
mérito de lo actuado, se declara sin lugar la 
solicitud formulada por el Licenciado Don 
Mariano Michéo sobre reducir á prisión formal 
á Don Luis Valen/uela. quien, ésto no obstan- 
te, quedará sujeto á las resultas, igualmente 
que Don Antonio Michéo, Licenciado Don 
Juan Andreu Echeverría y Doña Doinitila IV 
qiúza de Valen/uela — Notifíquese, v por sepa- 
rado infórmese á la Superioridad — Saravia- 
Emilio Galvez. 

Apelé otra ve/. En la vista hicelos esfuerzos 
posibles por patentizar la injusticia de tan infun- 
dada y frivola resolución. .Alas fueron inútiles. 
La Sala cobija también á Valen/uela: v so el fri- 
volo pretesto de que solamente lees imputable 
un pequeño golpe contuso, reconocido hasta des- 
pués de cuatro dias, y de que aparece con el ca- 
rácter de falta, estimó el aludido auto justo y 
procedente, confirmándolo, en consecuencia, 
sin atenderá (pie Valen/uela en ese concepto es- 
taba sujeto á la Gefatura Política y «pie en- 
tonces no debía conocer del proceso el Juz- 



20 

gado 1. ° , según el artículo 40 del Código de 
procedimientos judiciales en materia criminal. 
Pero la Corte se condujo bajo la influencia 
maléfica, que la hace siempre contrariarse en 
todo y quebrantar adrede las leyes. Pruébalo 
inconcusamente el auto ridículo que profirió; y 
es como sigue: 

Corte de Apelaciones: Guatemala, Octubre 

de 1-sTS. 

Visto, mediante apelación y con las diligen- 
cias originales, el auto que en veinte de Se- 
tiembre antepróximo dictó el Juez 1 ° . de 
1 * . instancia de este Departamento, decla- 
rando sin lugar la solicitud del Licenciado 
Don José Mariano Michéo, contraída á que se 
reduzca á formal prisión á Don Luis Valen- 
zuela, recriminado de injurias y golpes ¿i Don 
Antonio del mismo apellido; auto que com- 
prendiendo el concepto de quedar Valenzuela 
sujeto á las resultas, como quedan también 
Don Antonio Michéo, Doña Domitila Urqmza 
y el Licenciado Don Juan Andrea, fue úni- 
camente apelado por los Señores Michéo, en 
la sola parte que dice referencia al expresado 
Valenzuela. 

Considerando: (pie examinado el mérito de 
todo lo hasta lioy actuado, resulta: qué apar- 
te del nuevo y mejor estado que mas adelan- 
te pueda presentar la causa, solamente es im- 
putable á Don Luis Valenzuela un golpe con- 



21 
tuso que sufrió Don Antonio Michéo y fué 
calificado levísimo por el facultativo Don I Ja- 
món Ortega: 

Que esc hecho aparece hasta hoy con el ca- 
rácter de falta, descrita y penada por el inci- 
so 1.°, articulo 426 del Código Penal: y en 
el supuesto de que aisladamente si se pesquizá- 
ra. nopodria adoptarse otra forma que la eco- 
nómica, prescrita por el artículo 46 del Código 
de procedimientos penales. 

Considerando: que en casos reiterados en que 
Jueces de 1. * instancia han proveído auto de 
formal prisión contra prevenidos de faltas, cu- 
yo juzgamiento procede en la forma dicha, 
constantemente ha revocado esta Superiori- 
dad tales autos, por que el positivo gravamen 
que esa providencia importa y las serias con- 
secuencias que de ella deriva el artículo 142 
del Código citado, persuaden que la lev esta- 
bleció aquella forma breve y sin estrépito de 
juicio para evitar la irregularidad y contra- 
sentido de que fuera mas grave y trasceden- 
tal una providencia incidental del procedimien- 
to, que la pena misma (pie en definitiva se 
aplicara, declara ya la culpabilidad del reo. 

Que bajo tales conceptos, es. (pie el auto 
apelado en la parte sometida á examen y dice 
referencia á Don Luis Valenzuela debe esti- 
marse justo y procedente, según el mérito de 
lo actuado hasta hoy. 

Por tamo: la Corte de Apelaciones i«» con- 



22 

tirina. Notifiquese, y devuélvase con certifica- 
ción. — Parfan. — Parra. — Enrique/. — Francis- 
co Solares. 

Xo quedándome, pues, recursd legal que in- 
terponer contra Los dos últimos autos interlo- 
cutores proferidos en L. * y 1 rt instancia, 
apelo, en mi desagravio, al juicio, siempre rec- 
to y siempre justo del ilustrado público, pa- 
ra que se persuada una vez mas, de que El 
Civismo, con sobrada razón, se lia quejado 
amargamente contra los funcionarios de justi- 
cia; y para (pie el Supremo Gobierno se con- 
venza también de que ios pepitos, colocados 
en los destinos, son una remora para el ver- 
dadero progreso de la República. 

Consecuencia de ese tortuoso procedimien- 
to, ha sido que el delito, por mí delatado, que^ 
de impune. Hasta hoy el diligente Juez 1. ° 
no ha vuelto á dictar ninguna providencia. 
Puede que, al leer estos desaliñados renglones 
y para ostentar su decantada laboriosidad, a- 
tropelle, en los alardes de su justiciera bravu- 
ra, ¡i mi hijo Antonio; dispensando, por supues- 
to, toda clase de inmerecidas consideraciones á 
su valiente agresor Yalenzuela, quien, al dejar 
correr su sangrienta pluma, la echa de entendi- 
do y uiiapo sin embargo de su notoria nescien- 
cia y de que ya no es niño. 

INTRODUCCIÓN 

ala Gimalda mística, proyectada par el Re- 
dactor <l( "El Civismo* 



I ).■ 1;¡ doncella pura v sacr< 
Las glorías, penas y dolores cinta 

El índico poeta, 
('cu místico entusiasmo reverente 



23 

Para encomiar su devoción creciente, 
Que la zozobra mundanal inquieta. 

Inspiración infúndele divina 
i á bu alma débil próvida ilumina 
( '"!i solida operan/;! 
De eterna dicha y plácido reposo, 
En ese Edén espléndido 5 pasmoso, 
Donde contigo el sumo Bien se alcanza. 

De humilde bardo el férvido lenguaje 
Conque inspirado rinde su homenaje ' 

Al Todopoderoso, 
Acéptalo, piadosa Madre mia, 
Pues en cordiales metros á porfía, 
Como cristiano muéstrase obsequioso. 

Porsertu Concepción preconcebida 
hü la mansión de perdurable vida, 

Misterio tan profundo, 
Los angeles encomian en el cielo, 
1 atónitas las gentes en su anhelo 
Publícanlo entusiastas en el mundo. 

Al modo que gallarda v olorosa 
En el pensil osténtase la rosa, 

. Tu juventud, María, 

Kayo entre los balsámicos olores 
De las tempranas y esquisitas flores 
Que en sus arcanos Dios te prevenía 

Acariciando prósperos ensueños, 
lus dias desusábanse risuefl< 

Cuando al Varón mas justo, 
L/on todo y ser un ínfimo artesano, 
Se fió el tesoro de tu nivea mano 
rara consorcio Tan :• 

En situación tan fausta v placentera, 
I n hecho ocurre que jamás se viera. 
De súbito presente 
Uabnel, de Dios nuncio rnister 
Dice, salud: -Tu seno venrun 
\ - ' al hombre-Dios 



¿4 

olí Que felicidad! Qué inmensa gloria! 
Suceso tan mirifico la historia 

Al orbe testifica, 
El hijo del Eterno viene ál inundo 

Y nace en un establo pobre, inmundo, 

Y con hosannas mil se glorifica 



Absortos en el Niño-Dios que criaban 
Tan ínclitos esposos comtemplaban, 

( 'mi ófrica ternura. 
Ai único hijo en gracia concebido, 
Para morir en una cruz nacido, 
El cáliz apurando de amargura. 



La hora llegó. . .tremenda y angustiosa! 
Viendo la Virgen madre dolorosa. 

Que examine vacia 
El hijo caro en sacrificio cruento, 
Por El lanzó terrífico lamento 
En su mortal v fúnebre agonia. 



Sin padres, sin esposo, sin su amado 

Y presa del destino despiadado, 

Tan solo en Dios confiaba: 
Yeia abierto por el liado mismo 
A sus escelsas plantas un abismo; 

Y entonce- tristes quejas exalaha. 



Mas al llegarse el tiempo prefinido, 
Al Eteyno celestial apetecido 

Alzóse refulgente, 
Tan límpida, tan bella y tan lozana, 
Como jamás mujer Be riera humana, 
Para gozar de su Hijo eternamente ! 



Toilo lo encierra nuestro libro santo, 
Que respetuoso en mi sentido canto 

Te ofrezco con fé pia; 
En él deseando brille la memoria 

De tu doliente y admirable historia, 
Cual mi sediento corazón lo ansia. 

Guatemala, Febrero <\v L876. 
Guatemala, Febrero 28 de 1879. 

IMPliENTA N I EVA DE J. LUNA 



> ií ni «-1-0 14. 



EL CIVISMO. 

m 

1'rriinlinp <l<- políl ¡4'11, «'M'lM'ias, litoral nra, ). <>■!)!< !• Ai 

si redactor: JOSÉ MARIANO MICIIEO. 

Siihlrii dos vecen al mes, en din-! indeterminados^ << real y 

medio el número,, por contener tres piteóos. Se 'espendt en lo, 

imprenta di su publicación. 

ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE. 



De la revolución gloriosa de 1871, tan fe- 
cunda en extraordinarias peripecias, brotó la 
nueva Administración, á cuyo frente estuvo 
muy al principio Don Miguel García Grana- 
dos y seguidamente basta boy el invicto (iene- 
ral Don Justo Rufino Barrios. 

Durante ese venturoso tiempo, en (pie se lia 
operado felizmente un cambio social de prin- 
cipios políticos, se reunieron dos Asambleas 
Constituyentes, sin lograrse que espidieran la 
carta fundamental, para «rozar de toda especie 
de garantías en el periodo constituido, tan jus- 
tamente ansiado. 

Se circularon entonces impresos, es verdad, 
dos proyectos monstruosos, (pie no llenan ab- 
solutamente las nobles aspiraciones del verda- 
dero patriotismo, como productos de un siglo 
inculto, y forjados, al parecer, para un país 
donde jamás hayan estado en vigencia los prin- 
cipios liberales (pie se proclamaran en nuestra 



_2 

fausta separación de la Metrópoli. 

Esas dos irrisorias Asambleas, sin dar nunca 
cima á su importante cometido, invistieron de 
facultades omnímodas, por sus memorables De- 
cretos de 21 de Octubre de L'87*> y 23 del mis- 
mo Octubre de 1S7(>, al Poder Ejecutivo, au- 
torizándole, además,- para reunir la legislatura, 
cuando lo creyera oportuno. 

Podia, pues, según esas Cámaras, el General 
Presidente continuar hasta Octubre de 1880 
haciendo uso de tan ilimitada autoridad. Pe- 
ro no estando absolutamente de acuerdo ese 
poder sin restricciones con los princiqios demo- 
cráticos (pie profesa, y hallándose la República 
en plena paz, ha renunciado la detestable y o- 
diosa dictadura en el celebre Decreto, fecha í) 
de Noviembre último, en que se manda convo- 
car una Asamblea Nacional Constituyente, pa- 
ra el 15 de los corrientes. 

Xada hay en efecto mas honroso que ese 
desinteresado desprendimiento de facultades 
tan desmesuradas, que otro hasta disputaría 
palmo á palmo para satisfacer sórdidas y mez- 
quinas pasiones. 

Mas ese plausible Decreto, (pie revela una 
alma grande, enaltece heroicamente á su sig- 
natario, quien, cual otro Cinoinnato, abdica la 
dictadura, cumplida su espinosa misión, des- 
pués de haber cerrado el templo de Marte, 

no sin las enormes dificultades que la intransi- 
gente reacción adrede hiciera pulular para en- 



— ?>— 
torpecercon torcido propositóla marcha fran- 
ca de (íuatemala en la vía del progresó á que 
nuestro protagonista sabiamente la ha condu- 
cido. Loor á tan ínclito Gteféf Las generacio- 
nes futuras pronunciarán su esclarecido nom- 
bre con entusiasmo santo' 

Hurlados sus patrióticos deseos cu las Cáma- 
ras aludidas, espérase que la Constitución, (pie 
ha dispuesto se forme, corresponda a sus fér- 
vidas aspiraciones, siendo, como dice el orador 
Lope/. '-la tíspresioñ auténtica de las reglas // 
éondvciohes con que un pueblo quiere ser gober- 
nado," ó según el neonranadino .Madiedo ~cl 
conjunto de kts verdades fundáinentafes sobre 
que reposa el gobierno" 

La Constitución,' pues, debe estar basada en 
los principios saludables de eterna justicia, de 
libertad absoluta y de la apetecida igualdad 
ante la lev: ha de reconocer los imprescrip- 
tibles derechos de los ciudadanos y la Organi- 
zación separada de los poderes públicos: ha de 
comprender la declaración de aquellos; la de 
publicar sus ideas sin censura alguna, la de pe- 
tición v el derecho de optar .i todo- los cargos 
públicos: ha de establecer asimismo el derecho 
de propiedad y el de la industria libre, del co- 
mercio sin trabas, de i;t enseñanza gratuita y 
forzosa, de la justicia administrada sin costas 
etc. 

Asi, aunque se estime la Constitución co- 
mo el pedestal del edificio político, importa 



que sea breve, porque cuanto mas se escribe y 
mas se coasigna en ella, la hace mucho mas dé- 
bil, mucho mas confusa y mucho mas imprac- 
ticable. Los. pormenores no le cuadran, porque 
son objeto de las leves secundarias. Debe ser 
también clarísima, como un manual ó catecis- 
mo, para que sea entendido fácilmente por to- 
dos, sin estar sujeto á interpretaciones arbi- 
trarias. Pero la cualidad mas esencial, y mas 
indispensable es que sea dictada por los pue- 
blos y nunca jamás por los Gobiernos, atento 
á (pie, en sentir de uno de los escritores cita- 
dos "la que se dá y se recibe por gracia, pronto 
se (puta" Entonces el pueblo abdicaría, de se- 
guro, hasta su dignidad. 

Xo debiendo, pues, la carta fundamental en- 
trar en detalles, sino contener tan solo genera- 
lidades, nada absolutamente conviene se diga en 
ella sobre religión "Ek&e es un punto omiso, por 
que en sentir del referido Madiedo, la religión 
es un asunto del dominio de la conciencia indi- 
vidual, sin enlace necesario con la vida intelec- 
tual ó material de tos demás miembros de la es- 
pecie. Lo que el hombre piensa sobre Dios, sobre 
el alma, sobre la eida futura, sobre la manera 
de adorar á su Dios y de tributarle un culto, son 

formulas munifcstatdcs, no es materia de (!<>- 
f tierno ; como hechos <pie salen del indi cid uo // 
Van /tasto Dios; o vuelven hacia al mismo que 

los produce." 

Basta por ahora. En una breve serie de a r- 



tículos que en lo sucesivo contendrán las colum- 
nas de "El Civismo," prométese su redactor 
hablar esprofeso de la Constitución: estérnan- 
do con lisura sobre el particular sus ideas, por 
que ya es menester (pie el pais se constituya 
de una manera eminentemente liberal; al pun- 
to de que si la carta que tanto se apetece, no 
se formare en ese sentido, cumple á la firmeza 
aplaudida del General Presidente devolverla á 
la Cámara, para que redacte una buena y sa- 
bia Constitución, adaptada á las circunstancias 
anormales del pais v de la época. 
Marzo 12 de 1879. 



donde las da::, las toma::. 

"El desbordamiento de la adolescencia sobre 
los salones, tertulias, periódicos. . . .etc.." dice 
Emiro Kastos, "está representado por los pepi- 
tos," como entre nosotros, agrega el redactor 
de El Civismo, lo prueban las varias publicacio- 
nes, de que se vanaglorian ser autores. I na 
de ellas es la que apareciera, hace poco, con 
el pomposo título de América Central. 

Tan grande es la descarada audacia de esos 
mozuelos, ([ue se atrevieron á decir eu el núme- 
ro 2 de su intransigente periódico: "El Civis- 
mo era independiente: si} ¡» ro no pasalni <!■ 1 1 super- 
ficie: había medrosidad en sus columna* para mlir 
del despacho dt mi juez y penetrar <n <1 trúfete fli un 
ministro; turo ú veces un sabor d> adulación, //.... 
luego descansó en paz. ..." 



Ejse asertó, tari aventurado corno procaz, 
y tan inexacto, es una solemne mentira. Los 13 
números de El Civismo, hasta hoy circulados, 
desvanecen por fortuna esa torpe, ligera y gra- 
tuita imputación. VA Civismo sé precia dé ha- 
ber hablado siempre con lisura el idioma inge- 
nuo d.e la verdad, porqué sii redactor profesa la 
antigua máxima de "no dirigirse nunca, á los 
Gobernantes, ó deqirles rosas útiles. " 

Por eso. El Civismo seha entroducido sin 
medrana tanto en los despachos de los cuatro 
juzgados de l.- instancia, como en los dos de 
las Salas l.~ y 2, - de la Corte de Apelacio- 
nes y hasta on el del Tribunal Supremo. ¿Có- 
mo osan en su juvenil entusiasmó sostener e- 
sos moxaivetes (píese limitó alde un solo Juez? 

Por eso. El Civismo habló ya de los Jefes Po- 
líticos de este Departamento: de los Generales, 
inclusive el difunto Careia Granados, cuando 
aun vivía: de la Universidad y su Rector; y de 
los empleados iodos, censurando los abusos y 
demasías para su oportuna, saludable enmienda 
y aun necesaria corrección, ¿Donde, pues, < v stá 
la supuesta medrosía para respetar el bufete 
<lr un Ministro? 

Xo niega El Civismo haber combatido algu- 
nos act<<- gubernativos del General Presidentey 
elogiado otros muchos. Pero eso era hasta na- 
tural en el arme propósito de su redactor, co- 
mo lo conocerán quienescon verdadera sindére- 
sis hayan leidoel Prospecto; fuera de que antes 



— 7— 
de apareceré! < reneral Barrios en la escena polí- 
tica va el propio redactor encomiaba con frene- 
sí los prin-cipios que después aquel implantara- 

V cuidado, qiie esto precisamente sncedia 
en la época aciaga en que la enunciación so- 
la de su nombre era un delito gravísimo, aun 
para muchos de los laudicenos que hoy con 
tanta bajeza miserablemente le adulan. Apela, 
en su comprobación, al intachable testimonio 
del ex-Presidente Terna y al del personal de su 
Ministerio. No hay. pues, en las columnas de El 
Civismo ese soñado sabor de adulación, que si- 
niestramente se le echa en cara. 

Impresos ya doce números, surgieron algu- 
nas diüciiltades para la publicación de los si- 
guientes. Los meticulosos dueños de las im- 
prentas reusaban un artículo que en el ante- 
rior ha visto la luz pública. Al fin se abrió 
un nuevo establecimiento tipográfico, en el que 
sigue imprimiéndose. Asi, EH Civismo no ha 
descansado en paz. Solo ha sufrido una peque- 
ña suspensión, que no puede absolutamente 
imputársele. 

Termínase, pues, la presente advertencia, es- 
citando el redactor de El Civismo ;i sus ¡(Ac- 
nés cóleras, á <jue abandonen todo lo fútil, todo 
lo de ningún interés patrio, y á que escriban 
ésclusivamente y con ánimo deliberado sobre 
Constitución, aunque se toma la licencia de 
encarecerles La pureza en el Lenguaje, porque 
frecuentemente usan de ciertas palabras, <<■- 



— s — 
1110 "medrosidad" tunanteado" y otras varias 
que no son castellanas, ni tampoco se encuen- 
tran en los diccionarios, que los jóvenes deben 
consultar, para que no se les aplique el dicho 
del cocinero del famoso Coronel Irisarry al 
Genera] Persk de que " hay mucha vanidad y 
mucha arrogancia en tan mínimas personas." 



EL CIVISMO. 



Personas apasionadas condenan quizas sn 
publicación. Por interés propio desearían su 
prematura muerte. ¡Que anhelo tan patriótico! 
¡Que entusiasmo tan laudable, cuando' única- 
mente se procura el esterminio de abusos, (pie 
ellos á su vez fomentan! Pero el redactor de 
El Civismo les propone que escusen su insípi- 
da tarea. Xo le faltarán sectarios para quienes 
su lectura sea tolerable. En su obsequio, {mes, 
se trabaja con ahinco para qüfi pueda interesar 
siquiera en algo. 

Por último, ;i sus benévolos lectores encaré- 
celes que disimulen las faltas tipográficas co- 
metidas en el número anterior. Fueron invo- 
luntarias, y por consecuencia tan solo de la pre- 
mura con (píese imprimiera. Sin embargo, en 
el artículo de fondo hay algunas erratas sus- 
tanciales, que no pueden dejarse absolutamente 
en silencio. 



— ;> — 
Entro ellas adviértese alfolio <s una m uv 
notable, por haberse dividido ) n palabra pago 
y unídose á otras. Asi debe leerse: sobre cuyas 
rentas pesa aun su pago, ron <■/ de sus crecidos 
'/litarse*. 

También encuéntrase otra muy remarcable 

al folio 9, con motivo de aparecer escrito "ve- 
néfica" con I», porque esc adjetivo con b tiene 
la acepción de generoso, liberal, espléndido, 
mientras que con v significa venenoso. 

En fin, ai folio 23, en lugar de "inquieta;" 
loase "aquieta." Los otros errores son insiga 
niñeantes. Se conocen (\ primera vista. Por e- 
so no se apuntan. Sirva, pues, esta indicación 
de te de erratas. 



El siguiente informe, si no prueba mi labo- 
riosidad, al menos es un testimonio de mi celo 
y diligencia en las funciones de contador ma- 
yor, cuyo destino serví por largos diez y ocho 
años á partir de principios de L858 á fines de 
1876, en que lo renuncié. 

Sr. Ministro de Hacienda. 

Tan luego como el infrascrito recibió la 
cuenta de los gastos y productos de la admi- 
nistración del muelle de San ,1,, se. correspon- 
diente al periodo corrido de 1. ° de Julio de 
L868 á 30 del último Junio, señaló para, su glo- 



¿-lo- 
sa los (lias del 1. ° en adelanté de] mes <pie hoy 
fina, con el objeto de cumplimentarlo manda- 
do por Ud. en providencia de 28 del antepróxi- 
mo Agosto, 

Citado al efecto el director de la compañía 
de los muelles y exigídosele que presentase 
los libros originales de las cuentas de dicha ad- 
ministración, porque la rendid;) al. Supremo 
Gobierno y que Vd. se sirvió pasar á esta ofi- 
cina para su censura, no es mas (pie un sucin- 
to extracto de esos libros, calculado única- 
mente para exhibir las generalidades de la 
cuenta y cobrar seis mil ochocientos noventa y 
siete pesos un cuartillo real, déficit del comple- 
to de la cantidad por la cual salió garante el 
mismo Supremo Gobierno, compareció dicho 
Director, con su primer dependiente. Tenedor 
de libros, en los dias designados. 

Presentes, pues, las enunciadas personas, 
procedió el infrascrito, en unión del Contador 
Don Mariano ('heves, al examen del extracto ó 
resultado de la cuenta á (pie se alude, parango- 
nándola escrupulosa y detalladamente con los 
libros de que se ha hecho referencia, y los cua- 
les comprenden no solo la cuenta de la admi- 
nistración del muelle, si que la particular de 
las agencias de la misma compañía: y como con- 
secuencia de esa operación que se practicara 
con el debido detenimiento, el mismo infras- 
crito ha formado concepto de que eseéxtraicto 
se sacócón fidelidad y exactitud, >¡n que ><• halla 



—11— 
advertido la menor discrepancia ni error algu- 
no en la cifra. 

Resulta, pues, que ascendiendo el producto 
total do las importaciones y exportaciones á 
treinta y un mil seiscientos diez y nueve pesos, 
sesenta y nueve centavos y los gastos generar 
lesa trece 1 mil quinientos diez y seis pesos, seten- 
ta y cuatro centavos, hubo una utilidad en to- 
do el enunciado periodo, de diez y ocho mil, 
ciento dos pesos, noventa y cinco centavos; de 
manera que faltan para el completo de los vein- 
ticinco mil pesos garantizados por el Supre- 
mo Gobierno, seis mil ochocientos noventa y 
siete pesos cinco centavos, cuya cantidad co- 
bra el Director déla Compañía de los Mue- 
lles, en la exposición á que adjunta la cuenta 
de <pie se trata. 

Observa, sin embargo, el infrascrito «pie si 
bien por los incisos 2. ° y 3. ~ del artículo 
39 de los estatutos de la mencionada compa- 
ñía, el Director está ampliamente autorizado 
para nombrarlos dependientes de la misma y 
asignarles sus sueldos, nunca ha podido enten- 
derse esa atribución tan lata como para mul- 
tiplicar innecesariamente el número de depen- 
dientes y menos aun para dotarlos con oxpléii- 
didos sueldos (pie no los tienen los empleados 
del Gobierno, sin que pueda protestarse el mal 
clima del puerto, por que la mayor parte de los 
dependientes de que se habla están en la Ca- 
pital y porque en ese mismo puerto y aun en 



—12— 
peores circunstancias han servido y sirven mu- 
chos de los empicados del Gobierno. 

Observa también que entre la exhorbitante 
profusión de gastos erogaddsen bu mayor par- 
te sin conocida utilidad, hay muchos otros que 
se prodigan tan solo por ostentar la vanidad, 
el lujo y boato del personal de la compañía, y 
cuya especificación el propio infrascrito esqui- 
va, rehuyendo lastimar algunas susceptibilida- 
des y porque en sus convicciones no cabe la idea 
de calumniar la especie humana,: juicio que ab- 
solutamente podrá estimarse aventurado al 
considerar (pac la compañía en un año lia con- 
sumido la enorme suma de trece mil quinientos 
diez y seis pesos, setenta y cuatro centavos, que, 
á no haber duda, moderaría, si no contase 
con (pie el Gobierno llenara candorosamente 
el vacio (pie dejen sus despilfarres. 

Las compañías, hablando generalmente, por 
justificadas que se las supongan en su origen 
lian sido, son y serán siempre para el cuerpo 
social, un cáncer corrosiva Por eso los Econo- 
mistas sostienen unánimemente (pie en un pais 
(pie comienza la carrera de la prosperidad, en 
cuya brillante senda aun no se encuentra el 
nuestro, las compañías de comercio privilegia- 
das 6 no. son esencialmente ruinosas y ocasio- 
nas males de incalculable trascendencia. Mr. 
Ganilb dice ¿i este respecto "que ea un deber im- 
perioso libertar á las Naciones del yugo délas 

compañías de comercio y de su monopolio de- 



—13— 

vorador." 

V tati cierto es eso, que en cualesquiera aso- 
ciaciones, aun en las compuestas de hombres 
inteligentes, prevalecen constantemente la in- 
curia y negligencia que jamás tienen los par- 
ticulares en susnegocios; razón por la cual el 
citado Mr. Ganilh agrega: "que no se pueden 
poner en balanza la actividad, la industria*}' 
la economía de] comercio individual, con la 
indiferencia, el descuido y la prodigalidad de 
los directores y agentes del comercio colec- 
tivo." 

\o quiere el infrascrito pasar en silencio que 
la compañia de los muelles se compone de 
cierto, determinado número de acciones, entre 
las cuales figuran cien libres, (á que se dá im- 
propiamente el nombre de liberadas: denomi- 
nación desconocida en el idioma castellano): lo 
que favoreciendo á un corto número de em- 
presarios, redunda directamente en menosca- 
bo de los intereses fiscales y de los del país en 
general. V no obstante esas cuantiosas utilida- 
des concedidas de antemano ¿se pretende to- 
davía que graviten sobre el Gobierno los derro- 
ches de esa asociación/ 

Es verdad que los economistas piensan que 
las compañías de esta clase suelen ser temporal- 
mente útiles ya para emprender nuevos y ar- 
riesgados tráficos, ya para ensayar operaciones 
á que no alcanza ni la fuerza monetaria ni la 
audacia de un particular. Empero, no descono- 



—14— 

cen. por haberlo enseñado la esperiencia que 
esas compañías jamás favorecen el progresp y 
adelanto de las Naciones, porque según Don 
Gerónimo Ustariz estancándose el tráfico en el 
corto número de negociantes 'que lian adquiri- 
do las acciones de la compañía, no admiten á 
otros <[iie se interesan en ella, con lo que que- 
da cerrada la puerta al aumento del capital 
para que sea mas extendido el comercio: con- 
sideración que entre nosotros sube de punto, 
si se atiende á los exhorbitantes privilegios con- 
cedidos á la compañia de los muelles, en vir- 
tud de los cuales el Gobierno lia renunciado en 
provecho de ella y en perjuicio suyo incalcu- 
lables utilidades. 

En los principios que profesa el infrascrito 
entra el de reputar como hijos del paisa los ex- 
tranjeros (pie vienen á la America, dotados de 
ciencia ó ansiosos de ejercer alguna industria 
nueva ó de mejorar las artes del pais. Mas 
cree con los enciclopedistas franceses, .que c- 
sas compañías ilimitadas son muy dañosas 
cuando sus intereses están repartidos en ac- 
cionesquese negocian y se transfieren sin nin- 
guna formalidad, en razón de (pie por este me- 
dio es fácil álos extranjeros eludir aquella ley 
tan sabia (pie en los Estados mas cultos les 
prohibe (pie no estando naturalizados ó domi- 
ciliados en el pais, se asocien ;i esa clase de 

negociaciones. Y en la de los muelles ¿por ven- 
tura no Be observa (pie hasta la mayor parte 



—lo- 
do los dependientes son extraugeros, con la no- 
table circunstancia de que los pocos lujos del 
pais que siempre con estos alternan, están mi- 
serablemente retribuidos en medio de tanta li- 
beralidad? 

El infrascrito, aun prescindiendo de que la 
cuenta de que se habla, so ha obtenido la a- 
probacion mensual de la junta interventora, ni 
la de la junta general de accionistas, exijidas 
por los artículos 25 y 34 de sus propios esta- 
tutos, y de que en muchos de los comproban- 
tes presentados se ha eludido la lev de tim- 
bres, no vacila en sostener que, si es laudable 
que él Gobierno dispense su influencia pro- 
tectora y benéfica al comercio, esto debe en- 
tenderse dentro de ciertos límites, porque hay 
objetos de mayor importancia que imperiosa- 
mente la demandan, como fomentarla difusión 
de las luces y de los conocimientos útiles, ma- 
nantial inagotable del progreso y verdadera 
felicidad de la República. 

En resumen, la Contaduría es de concepto 
que. sin embargo de la obligación que el Go- 
bierno contragéra por el artículo 9. - del a- 
cuerdo de l.° de Juuio de L866, no se halla 
en el deber de cubrir los seis mil ochocientos 
noventa y siete pesos, cinco centavos que se 
le cobran, porque ese compromiso se refiere 
únicamente al caso de que el muelle no produz- 
ca una renta anual de veinticinco mil pesos. 
Pero habiendo ascendido esa renta en el año 



—16— 
á treinta y un mil seiscientos diez y nueve pe- 
sos, sesenta y nueve centavos, y no habiéndose 
lijado la condición de que de el muellaje, se 
dedujesen las es) tensas, idea que ni siquiera 
se concibió remotamente al redactarse aquel 
artículo, á causa de que la palabra renta no 
la envuelve, nunca jamás podría ser justo, aun 
en tal hipótesis, que los gastos superfinos pesa- 
ren sobre el Supremo Gobierno; y porque, ade- 
uiásesos gastos, como se tiene manifestado, ex- 
ceden con mucho á la suma que se demanda. 

Las advertencias ligeramente apuntadas in- 
clinarán el ánimo del Supremo Gobierno para 
desechar la -pretensión del Director de la com- 
pañía de los muelles y precaver con tiempo, 
los graves inconvenientes que en lo sucesivo 
puedan surgir, haciendo, desde luego, las acla- 
ratorias que conduzcan, sin duda, á moderar 
las exageradas aspiraciones de la referida, exi- 
gente compañía. 

Contaduría Mayor de Cuentas, Setiembre 30 
de lísíj-J. Firmado. Micheo. 



LITERATURA. 

LEOPOLDO VELEZ. 

Aunque se tenia el sano propósito de inser- 
tar primeramente en este periódico los esbo- 
zos biográficos de los poetas guatemaltecos, 
que ban bajado ya á la tumba, para publicar á 



— 17— 
seguida las vidas compendiadas de los vates 
que aun existen: el redactor de "El Civismo^ ha 
resuelto dar á la estampa mezcladas unas y o- 
tras biografías, con el laudable designio de que 
no se diga que se ocupa tínicamente de los 
muertos, porque ya no pueden defenderse, 
cuando solo se propuso escusar polémicas de- 
sagradables, pue4o que fortunosamente todo 
entre nosotros se lleva con siniestro intento á 
palenque tan enojoso. 

El 1 ~. de Agosto de L843vióla luz pri- 
mera en la pequeña Villa de Zaeapa, en cu- 
yas inmediaciones confluyen los dos caudalo- 
sos ríos el Motagua y el que viene de Chiqui- 
mula, cabecera del rico y estenso Departamen- 
to de ese nombre, tan variado y fecundo pol- 
la sinuosidad de su territorio, cubierto siem- 
pre de una frondosa vejetacion y surcado por 
cristalinos arroyos que en todas direcciones 
serpentean, y donde con asombro se ven sus 
lientas vegas matizadas de balsámicas Sores, 
de Sabrosos, esquisitos frutos y de toda clase 
de producciones útiles. 

^ En la propia Villa de Zaeapa, población en- 
tonces de segundo orden en el Departamento, 
y aliado de sus diligentes y bondadosos padres 
Don Manuel liaría Vdezde Guevara y Doña 
María Gonzalos Prado, por quienes tuvo dv>áv 
su infancia muy singular predilección, hizo sus 
estudios elementales, dando a conocer, por su 
aplicación y claro talento, las capacidades que 



—18— 

mas tarde desarrollara; 

Tenia apenas ocho años d<e edad, cuando en 
1S5! abandonó su patrio sucio, siguiendo á su 
familia, que se vio en la dura necesidad de emi- 
grar ala vecina República, del ¡Salvador, para 
ponerse á cubierto de la inexorable saña y atroz 
persecución que desplegara entonces el lla- 
mado Genera] Rafael Carrera, ciego instru- 
mento de los hombres de estola, que colocán- 
dole en el pode!-, explotaron pérfidamente su 
cerril rudeza y sus fieros y desenfrenados ins- 
tintos sanguinarios^ que conservó hasta su 
muerte. 

Los padres del joven Velez, en su constante 
anhelo de cultivar la inteligencia de su tierno 
hijo, lo trajeron á esta Capital en 1856$ arros- 
trando aun los péligrosde aquella lamentable, 
funesta época, para que diese principio ;í los 
estudios universitarios: y si bien, después de 
tan costoso saeriücio. tuvieron esa dulce sa- 
tisfacción, pronto vino á> amargarles la pena de 
(pie loe suspendiese á los tres años, porque co- 
mo en aquella sazón estaba en boga el jesui- 
tismo, y Yelez. arrastrado violentamente pol- 
la ola irresistible del tiempo, deseaba entrar 
en la orden fundada por San [gnacio de L03 ola, 
sus cuidadosos padres, para salvarle del pre- 
cipicio ;i cuyo borde se encontrara, le trasla- 
daron á Zacapa. donde se ocupó por algún 
tiempo cu la agrioultura. 

V ciertamente, aunque los pudre- de Velez 



—19— 
eran personas sencillas, humildes y sin aspira- 
ciones de ninguna especie, habían licuado á 
formar odioso concepto de un instituto paro, 
excepcional y monstruoso, que especula en to- 
do: que solo sabe suscitar la admiración tana- 
tica ó el odio; y que aparecia triunfante en 
Guatemala entre los escombros de la civiliza- 
ción, sin embargo de pretestarse que los jesuí- 
tas venian con el objeto (le instruir y morali- 
zar al pais, siendo asi que una dolorosa espe- 
riencia acredita lo contrario y justifica la acer- 
tada opinión del Reverendo célebre Arzobis- 
po de Pradt de (pie esos hombre reacios futran 
en las rc/.sv/.v, rastreando como insectos,?/ nata o» 
breve se convierten en tiramos domésticos y tur- 
ban Ja ¡>az de Jets familias. 

Mas después, cuando fortificado SIS espíritu 
con la lectura, abriera el joven Velez los ojos 
á la razón y conoció (pie el malhadado sistema 
jesuítico consiste tan solo en deslumhrar la i- 
mauinacion con exterioridades, decoraciones 
y cosas de pompa y lujo: (pie hacen de cada 
templo un teati-o y de las ceremonias del cul- 
to verdaderas representaciones mundanas, se- 
duciendo á los incautos con amaños y arterías 
para lograr sus tenebrosos fines, di*'» rendidas 
gracias á su padre, porque con tiempo había 
impedido se asociase á unos hombres dispues- 
tos á tomar todo traje y toda forma, cu pos 
de los medros personales. 

Con efecto, los Jesuítas en el sentir del cita- 



—20— 
do Arzobispo (le Malinas 'adjuran el precep- 
to divino y establecen reuniones privadas de am- 
bos sexos, divirtiendo á sus adeptos con farsas 
místicas, con jaculatorias epilépticas y con una 
jerga ininteliglible. Y tan positivo es eso que, 
viajando hace poco por Europa el eminente li- 
terato y poeta sud-americano Don José María 
Saín peí-, pudo observar que los Jesuítas, en su 
depravado designio de preocupar á la gente 
candida, prodigan siempre en sus iglesias /os 
mármoles, dorados y adornos, las decoraciones 
y banderolas de colores vivos, las pinturas muy 
animadas, en fin, todo lo (pie tiene colorido y 
brillo, loque atrae, seduce y somete el sentimien- 
to religioso ala fascinación artística, escluyen- 
do la meditación, evocándolo mundanal y fa 
voreciendo la táctica de la casuística. 

Emancipado, pues, nuestro apreciadle joven 
Velez de la influencia jesuítica, continuó, con 
empeño, en 1801 su carrera: se graduó en ñlo- 
sotia en L863; y á los cuatro años en medicina. 
Empero, sus opiniones políticas, no conformes 
con las dominantes, fueron un obstáculo para 
la pronta conclusión de sus estudios. Mas ha- 
biendo obtenido ya la licenciatura, le rendimos 
sinceramente nuestra cordial enhorabuena, 

puesto que en él hallará, sin duda, Guatemala, 
no solo el alivio de la humanidad doliente, sino 
uno desús mas firmes sostenedores del sistema 
democrático. 

De resto, y para terminar esta noticia bio- 



—21— 

gráfica, mas esténse de lo que cumple á nues- 
tro propósito, únicamente añadiremos: que Ve- 
lez es de carácter suave tranco, y candoroso 
Vive en los Altos, donde contrajo matrimo- 
nio. Cultiva en sus ratos de ocio la poésia, á que 
tiene decidida inclinación. 

Ya algunas de sus blandas rimas han visto la 
luz pública. Ellas, respirando ternura y senti- 
miento, revelan, al través de sus dulces caden- 
cias, (pie el joven Velez ha comprendido la no- 
ble misión del poeta en la America latina. 



EL CEMENTERIO. 



"Epitafios inéditos, escritos por mi joven hi- 
jo Juan José Micheo, muerto prematuramente, 

y coleccionados para el número 14 de "El Ci- 
vismo." (pie debió circular á fines de Octubre 
del año anteproximo." 



FLOREN F\ LITADAS. 



.1 lamemoHa de Ifoña Carmen Cordero 
esposa del tierna y armonioso bardo D<m Fran- 
cisco González ( 'ampo. 

¿Turbal- podrá mi lastimero acento 
El dulce sueño, el eterna] reposo, 
Dó. Carmen, gozas de feliz contento:' 



—2'2— 

Contempla ¡Olí si! de tu afligido esposo 
El tierno, sentidísimo lamento, 
Que al insensible peého hará piadoso. 
¿Mas penetran las auras celestiales 
Los aves de los míseros mortales? 



SOBRE LA TUMI JA 

Del malogrado joven Subteniente Pon 

Jq v - \rr:ú y pairee, 

Yace aquí el joven que á su padre amante 
l n porvenir risueño presagiaba, 
Pues al par que en las ciencias fué constante 
La célica virtud sus pasos guiaba; 
Mas ¡ay! la muerte en un terrible instante 
Cortó la planta que su tallo al/aba. 
¡Triste padre! conserva su memoria, 
Que su alma goza inmarsecible gloria. 



SIEMPREVIVAS FÚNEBRES 

.1 hi memoria de la infanta Moña de ¡as Vic- 
torias Taracena y Marure. 

Era un destello nítido y fulgente, 
Que al mundo iluminó con su presencia; 



Mas apenas nacido eu el Oriente, 
Despareció con eterna] ausencia, 

E impelido veloz hacia el Poniente. 
Detenerlo no pudo humana ciencia. 
Empero, dime ¡oh luz encantador;!' 
A verte volverá el qué por tí ¡lora? 



HOJAS SECAS. 

Eh el sepulcro de Doña Mercedes Girón de 
Santacruz. 

En esta tumba lúgubre y sombrte 
Yace el cadáver de una tierna esposa. 
De un ángel, de ana madre cariñosa, 
De sus hijos encanto y alegria; 
Mas sn alma bella remontóse al Cielo. 
V en el deífico seno de sn amado 
Existe su albo espíritu extasiado. 
De paz gozando y eterna] consuelo. 



LIRIOS y ROSAS. 
1 la muerte de una ],, tinosa niña de ocho años r/< ■ dad. 

CuaJ surge gallarda rosa. 
Te vimos bella crecer 
V en gracias mil florecer; 
Pero ¡ah! también presurosa 
Tu límpida alma gloriosa 
De Dios al seno volver. 



—24— 

PARA EL TÚMULO 

del distinguido Licenciado Don Juan Delgado, 
Ministro dé Hacienda y (¿«erra del Supre- 
mo Gobierno de la República del Salvador. 

AI golpe acerbo de la Parca, dura 
El fiel Ministro sucumbió con gloria. 
La Patria "oid" le dice con ternura: 
"Tu nombre siempre vivirá en la historia 
"Y el llanto que derramo en mi amargura 
;, Es Uomenage digno á tu memoria". . . 
jOh! ¿Qué importa ese sueño tan profundo, 
Si un nombre ilustre dejas en el mundo? 



Ln desoía la rtuulre de dos gemelos, que murieron de 

siete meses uno, y otro d¿ ocho, dedíc des el siguiente 

EPITAFIO. 

El dulce afecto de una madre tierna, 
Que por sus hijos llora, sin ventura, 
Consagra aquesta humilde sepultura 
A su memoria celestial y eterna. 



LLANTO Y LAGRIMAS 

de un joven en la ófrica tumba, de su 
tierna, idolotraéa esposa. 
Yace bajo esta cineraria loza, 
En polvo inerte, convertida en nada, 
De un tierno esposo la consorte amada: 
Mas su alma pura en el empíreo goza 
De eterna paz en venturoso día, 
Absorta en la inmortal sabiduría. 

Guatemala, Marzo 28 <1<- 1879. 

IMI'IIKNTA MKVA DE J. LINA. 



IV ú ni ero 15. 



wl civismo. 

«*» M » 

Periódico de política, ciencias, literatura, comercio &. 

SU REDACTOR JOSÉ ¡MARIANO MICIlÉO. 

Saldrá por lo menos dos veces cada mes, á real el número. 

Diputados. 

Sentada la urgente necesidad de una constitu- 
ción política, sea cual fuere la organización del país, 
y establecida la manera de formularla, según á gran- 
des rasgos se apuntó en el artículo que encabeza el 
número anterior; se hace preciso tratar ya de ías ca- 
lidades que conviene adornen á los miembros de la 
Asamblea Nacional Constituyente, encargada de la 
formación de la carta ó ley fundamental por el De- 
creto gubernativo número 224. 

Publicistas hay que exigen en los Diputados 
dotes particulares, como un talento clare, instruc- 
ción profunda y conocimientos extraordinarios en la 
ciencia del derecho constitucional: circunstancias que, 
á decir verdad, seria difícil encontrar aún en unos 
pocos individuos. Otros creen que les bastaría hon- 
radez, civismo y una mediana inteligencia, aunque 
carezcan de facundia y educación literaria. 

Pero el Crisóstomo profano español sostiene: 
" que no son menester brillantes cualidades intelec- 
" tuales, ni profundísimos conocimientos, sino que 
" basta una buena razón, un corazón puro y d< 
41 ardientemente el bien de su país, puesto que para 
" el logro de este objeto mejor suple el celo por el 
" talento, que el taleuto por el celo." 

En efecto, así parece. Una reunión selecta de 
sabios, un areopago guatemalteco, seria imposible 
lograr. Apenas, como vá dicho, se encontraran en 
la América latina unos cuautos dignos de ese nom- 
bre; y buscarlos cu nuebtra naciente República, tan 



trabajada por los detestables partidos, seria quedar- 
nos para siempre sin constituirnos y á merced de 
las buenas ó malas cualidades de sus primeros man- 
datarios. 

"Los Diputados", dice nuestro ilustre compa- 
triota Valle, á quien negándose la -sabiduría y pa- 
triotismo que tanto le enaltecieron, se despojaría á 
Guatemala de su mas fúlgido timbre; "son escogidos 
" por los pueblos para llenar el lugar que debían 
" ocupar ellos mismos: son la misma nación en imá- 
" gen ó representación: son en cuanto al ejercicio el 
" soberano moral." 

Así, suficiente seria que los representantes tu- 
viesen positivo patriotismo, verdadera independen- 
cia, asidua laboriosidad y que el fuego sagrado del 
civismo los animase por el engrandecimiento de 
Guatemala. Así, tendríase de seguro basada en ver- 
dades lucidas la ley fundamental, que establezca las 
garantías nacionales é individuales y la bien enten- 
dida libertad absoluta, sin restricciones ni trabas; y 
n>sí el egregio General Barrios vería entonces satis- 
fechos sus nobles y patrióticos deseos. 

"Los pneblos", dice el eminente político Valle, 
ese blasón centro-americano, "creen que desde el 
" momento en que elevan á Diputado á un ciudada- 
" no particular, debe cesar el hombre privado y no 
" existir mas que el hombre público: debe morir el 
" Yo y no vivir mas que la nación: debe acabarse 
" el individuo y no quedar mas que la patria: de- 
" ben cesar las atracciones y repulsiones índividua- 
" les y no haber mas que los sentimientos dulces y 
" sublimes del patriotismo." 

Los pueblos quieren, pues, que los diputados á 
la Asamblea Nacional Constituyente no se divaguen 
en asuntos fútiles: que tampoco pierdan inútilmente 
el tiempo en ein-stiones frivolas, ni gramaticales: 
que menos pospongan los intereses patrios á los par- 
ticulares, porqae !<>s partidos debes desaparecer de 
la Representación Nacional: que tengan la urgente y 
apetecida independencia en el desempeño de su efe- 



pinoso cometido: que en Lis discusiones sean gra- 
ves y circunspectos, valiéndose de un lenguaje fran- 
co y prudente, y nunca jamás del pernicioso sofisma; 
y que en las votaciones sean frios, serenos y calma- 
dos, sin el rudo enardecimiento de las mesquinas y 
sórdidas pasiones de los infernales partidos, para 
que el salón de sus juntas sea el santuario de la me- 
sura, del pundonor y del patriotismo. 

De ese único modo, aunque en la pasada admi- 
nistración los diputados desgraciadamente no se fa- 
bricaban por los pueblos, ni sus nombres saliau de 
las urnas populares, sino de las antesalas de los mi- 
nistros, podrían los de la Asamblea actual, decir en el 
desempeño de su cometido con el citado elocuente 
tribuno. "Depositarios de la confianza de nuestros 
*' comitentes, no olvidemos que lo somos también de 
" sus mas preciosos intereses, de su seguridad, de su 
* 4 vida, de la libertad nacional, de los destinos fu- 
■" turos de nuestra patria, y ¡ay de nosotros! si de- 
" fraudamos tanta esperanza y si contribuimos con 
" nuestra conducta á que un dia la mano severa de 
" la posterioridad escriba sobre nuestro nombre la 
" palabra reprobación? 



BIBLIOGRAFÍA. 

Con el título de Hojas de un Albun Don Ra- 
món Uñarte publicó en la imprenta políglota mexi- 
cana de Don Carlos Ramiro, á mediados del año an- 
tepróximo la colección de sus poesías líricas en un 
cuadeiinito de 172 páginas, que comprende (51 com- 
posiciones en su mayor parte pequeñas. 

Llama sobre manera la atención que en esa o- 
brita no se encuentre una poesía que en anos ¿inte- 
riores dedicó á la Virgen Madre del Mártir d«.l Gol- 
gota y* que apareció entonces en bis columnas de 
uno de los periódicos de aquella época, aunque 
tal vez puede haberla escluido ahora para no empa- 



ñar su brillante liberalismo, de que después ha dada 
pruebas tan evidentes. 

Sorprende mas todavía que tampoco figure en 
ella un verso que escribió con posterioridad á la 
muerte del General Carrera, en memoria suya, y que- 
rejistra el número 17 de "La Semana", publicado el 
domingo 23 de abril del año de 1865. 

Ese verso, en verdad, no es una imitación, sino 
un grosero plagio de la hermosísima, elegante y sen- 
da producción que el abate Don Juan Arólas dedi- 
ca al sepulcro de Napoleón y se encuentra entre las 
poesías varias que forman el precioso y estimable 
volumen que dio á luz bajo el nombre de caballerez- 
cas y orientales. 

Lástima que el autor de ese verso lo haya omi- 
tido en la colección, objeto del presente artículo bi- 
bliográfico; porque él de seguro la embellecería y 
ataviara, honrándole mas que la indiscreta publi- 
cación de su ridículo manifestó, que testifica su es- 
pléndida ingratitud hacia el Gobierno, que inmere- 
cidamente le colocara en un puesto, tan delicado, 
como honorífico, y prodigádole ademas ingentes su- 
mas de dinero. 



"131 Civismo" resiste la brnsca agresión 
• de "El Porvenir". 

Este periódico;, que se dice redactado por una sociedad li- 
teraria, abandonando su laudable propósito, ha descendido 
miserablemente al aborrecible palenque de las injurias torpes 
é insensatas, y de la personalidad en el artículo que, titulado 
"Lamentable Desgracia", registra el número 44 del tomo 2.°, 
que se circulara en 13 de los corrientes. 

Inútil seria indicar ahora que en esa desvergonzada dia- 
triba se Intenta ensangrentar adrede la cuestión, y se sale 
desde luego al abordaje prohijando el inicuo artículo del nú- 
mero 213 de "El Guatemalteco", fecha 4 del mes en curso, á 
que separadamente se respoude en los términos merecidos, 
pur su lenguaje caustico y descortés. 

El artículo '-Lamentable Desgracia" es ciertamente un li- 



5 

belo infamatorio. En él no se desmiente ninguna de las ase- 
veraciones de "El Civismo". En él solo se patentiza que aque- 
llos literatos á la violeta no han comprendido ni lo que es la 
verdadera libertad de imprenta, ni su misión santa de perio- 
distas. Escriben a la diabla, con la vaciedad de una mala cau- 
sa; ocupándose en raspar vajamente al "Civismo" y á su redac- 
tor, en vez de citar hecbos que enaltecieran el decantado patrio- 
tismo de su esclarecido héroe. No basta decirlo. Se supondria 
en ello exajeracion. Por éso, se hace preciso copiar testual- 
mente ese estupendo artíeulo. 

•'No llamarse de otra manera, dice, la resurrección de "El Civis- 
»'mo" que, muerto de hidrofobia hace ya algunos meses, reaparece hoy 
"con el número fatal, con el número 13; trayendo en sus columnas 
"un artículo lleno de pasión y encono contra la memoria del ex-Presi- 
"dente don Miguel García Granados ; artículo que ha sido valiente- 
"mente contestado por los RR. de "El Guatemalteco", dos socios 
"nuestros, que han sabido interpretar la opinión pública en sus jui- 
ciosas apreciaciones. 

"Aplaudimos la enerjía del colega oficial y hacemos nuestro su 
"citado artículo, deseando que en lo de adelante el Redactor de "El 
"Civismo 1 ' deje & los muertos dormir tranquilos en sus tumbas y ocu- 
"pe su tiempo y las columnas de su periódico con algo mas útil 
"que sus odios personales que á nadie importan, y que si el público 
"busca, pagando real y medio, es solo impulsado por la misma curio- 
sidad con que pagarían una ó dos pesetas por ver una víbora que 
"se exhibiera en un circo". 

Así se espresan esos jóvenes gaznápiros, mientras que en 
el artículo "Paz, Trabajo y Porvenir", del mismo número, 
donde hacen tantos y tan desmesurados encomios á su incí- 
pido periódico, codiciado, á su juicio, en el mundo literario, 
se alaban candidamente de que su pasmoso "Porvenir" no lia 
descendido, ni deprenderá jamás al intuito, á la personalidad, 
á la critica injuriosa, que nada enseñan al que la Ice, ni al 
que la sufre. 

¡ Vaya qué camuesos! No hay remedio. Ignoran el signi- 
ficado de las palabras insulto j personalidad, ó escriben ani- 
mados por ana pasión innoble, que los sojuzgan al estremo 
de no advertir sus desbordes, y de desmentirse así mismos 
con la inserción <Lí la picante sátira, que el redactor d 
Ci\ ¡fimo" mira con el mas alto desprecio. 



o 

Esos potros literatos de ayer, qvro desean Je coraron f» 
prematura muerte de "El Civismo", debían mas cuerdos ne* 
habérselas con él, puesto que no le amedrentan las baladro- 
nadas, ni Ja fuerza bruta á que recurren sns tont'03 adversa- 
rios, quienes siempre serán batidos con la pluma, digna ar- 
ma del redactor de "El Civismo" que, conociendo- su noble 
misión, jamás la contraría tan feamente. 

Siel artícelo de fondo del número 13 tanto les alarma, 
contéstenlo racionalmente. Pongan de manifiesto las virtudes 
cívicas del hombre, á quien llaman extraordinario en todo*. 
Reseñen siquiera alguno' de los bienes que á él pueda deber 
la patria. Pero no inquen su venenoso diente, decantando tan 
mentida moderación. 

Entre tanto, persuádanse que si "El Porvenir" tiene al- 
gún mérito, no es porque derrame luz; porque civilice, y me- 
nos aún porque en el extranjero pueda dar á conocer el rápi- 
do progreso de nuestra hermosa, idolatrada Guatemala, Es un 
faro, en cuya opaca claridad solo se traslucen las pálidas 
sombras de muchachos fatídicos y audaces que en su ansia 
loca de lucir, insertan uno que otro artículo de personas que 
no pertenecen á su brillante sociedad. 

Pruébalo, pues, el de que ahora se trata. Comienza, con 
una falta imperdonable de gramática; y en los consejos que se 
permiten, usan del verbo ocupar y de la preposición con, cuan- 
do ese verbo siempre rige la en, y únicamente la de, refirién- 
dose á una acción, como lo enseña el neogran-adino Madiedc* 
en sus estudios filológicos y gramaticales. 

Por último, el redactor de "El Civismo"; con la placen- 
tera esperanza de que se le entienda, pone ya término á tan 
enfadosa é ingrata cuestión, Pero si no obstante se le volvie- 
re á saherir únicamente por hacerse los notables, se defende- 
rá entonces, como es natural, con el derecho que se le brinda 
para decir la verdad sin ningún respeto, y porque, según de- 
cía el Sr. Irisarri, yo me arrastro por el suelo como una mise- 
rable culebrilla, y si alguna vez pico, es jjorque me ponen tipié 
encima. 



7 

CUARTELES. 



4.UUI «lia de Honor. Batallón Xúm. 1. - 

El redactor de "El Civismo" ha visitado con el mayor 
placer esos dos lucidos establecimientos. En ambos ha visto 
con grata satisfacción las importantes mejoras introducidas. 
En ambos hay aseo, orden, comodidad y cuanto pudiera de- 
searse para la buena disciplina de los cuarteles. Estos ante- 
riormente eran una pocilga y un foco de verdadera corrup- 
ción é inmoralidad. 

El de la Guardia de Honor está situado en una casa gran- 
de, perteneciente al Gobierno y ubicada en la avenida Sur 
núm. y el del Número 1.° en el estinguido convento de 
San Francisco. Los dos locales están pintados con gusto: en 
los dos hay la mayor limpieza, pues se barren lo menos cua- 
tro veces al dia: en los dos concurren diariamente los solda- 
dos francos y los sumariados á los talleres de que se hablará, 
donde ejercen su oficio ó lo aprenden si no lo tienen. 

En l:i Guardia de Honor hay varias salas, destinadas pa- 
ra visita y dormitorio del Coronel Comandante; para despa- 
cho, para la academia y dos para oficiales: hay también un 
almacén, con toda clase de armas de precisión y vestuarios de 
pallo y dril con sus respectivos quepis: hay igualmente dos 
salones para la tropa; cuatro obradores, donde se trabaja to- 
dos los dias; una despensa con el servicio de mesa y los cerea- 
les indispensables para comer: una cosina con todo lo necesa- 
rio: dos letrinas para oficiales y tropa, y una pequeña caballe- 
riza. 

El Número 1.° tiene seis salones, destinados pura el 
cuerpo de guardia: cuarto de banderas: oficina de escribien- 
tes: mayoría del cuerpo, adornada esta pieza con el busto del 
General Presidente y los retratos de Juárez, Bolívar, Wushin- 
ton, Moraz&n, Barrundia y Calvez, y el cuarto del Coman- 
dante y sn dormitorio. Todas esas salas encuéntrause pinta- 
das con elegancia y amuebladas coa esquisitoa trastos, tra- 
bajados en el propio cuartel. 

A éste, su Comandante ha agregado la parte del edificio 
donde estulta la Administración de aguardiente. Allí BOenoHen- 
trau varios galones, donde hay siete talleres, todos con ¿na 



6 
correspondientes instrumentos y útiles, sin que absolutamen- 
te falte nada. 

Hay así mismo una escuela de enseñanza primaria. En 
ella se educan setenta y tres niños huérfanos y desvalidos, á 
quienes se proporciona vestido, mantención, dormitorio y 
cuanto han menester para la vida. 

En los salones del piso superior de este mismo departa^ 
mentó se encuentran el almacén general y la academia de ofi- 
ciales, adornada con diferentes alegorías respecto á la liber- 
tad, su correspondiente biblioteca, mapas, los periódicos de la 
República y otras cosas para la instrucción de la oficialidad 
y tropa. 

El edificio, además de una pieza destinada para la barbe- • 
ría, tiene varias fuentes y ocho estatuas reformadas con esqui- 
sito gusto. Es notable la del patio principal. Se siente una 
dulce complacencia al contemplar su elegancia y hermosura. 

Por último, en los dos indicados cuarteles hay así mis- 
mo el suficiente número de camas para la tropa y clases, y 
en el Número 1.° los niños de la escuela tienen también las 
suyas con sus respectivas almohadas y ropa necesaria. 

El redactor de "El Civismo", Heno pues de júbilo, ex- 
presa su tierna admiración a los solícitos Comandantes Coro- 
nel Sisto'Perez, hoy General, y Teniente Coronel Daniel Mar- 
roquin, en la actualidad Coronel, por su decidida y patriótica 
consagración á los establecimientos, confiados á su diligente 
celo. 



Un General per saltum. 

Entre los hijos de Belona que, con el coronel 
Pérez Gómez, nos fueron importados en años atrás 
para militarizar la República guatemalteca, nos vi- 
no el tan afamado Don Manuel Cano Madrazo. 

Aunque á su arribo apareció con un grado 
muy insignificante, como un simple oficialito, se di- 
jo entonces por sus entusiastas apasionados, que 
era, aunque joven, un esperto y entendido gefe. 

Aquí, al poco tiempo, contrajo matrimonio con 
una Señorita hija del país, rica y estimable; y aquí, 
sin acreditarse en el campo glorioso de batalla, so 



le dieron grados unos en pos de otros, hasta ascen- 
derle á coronel. 

Provocada sin motivo una sangrienta lucha 
contra la vecina República del Salvador, nuestra 
hermana, marchó con el ejército dándose las ínfulas 
de un militarazo, y regresando, sin embargo, abatido 
con los derrotados en Coatepeque. 

Entonces quiso ceñirse la banda de General. 
La solicitó exigentemente, alegando sus heroicas 
proezas. Mas fué en vano. El ex presidente Carrera, 
á quien constaba su nulidad, por no haber hecho 
nada durante aquella desgraciada campaña, se negó 
al otorgamiento de una inmerecida gracia. 

Con todo, el coronel Cano Madrazo, en su an- 
sia loca de lucir tan brillante condecoración, ocur- 
rió á la casa del propio General Carrera, y le dijo: 
aquí tiene S. E. el rifle con. que ún saldado del pato- 
jo Barrios le apuntaba, y que ya no pudo disparar, 
por haber muerto al tiro del revólvers de S. E. 

Vaya qué audacia! Pues el mismo General 
Carrera, conociendo la falsedad déla acción con que 
se le honraba y que era un ardid para arrancarle así 
el despacho tan apetecido, se lo rehusó, á pesar de 
haber vuelto á los pocos dias cou la misma uaiarota- 
da. J J 

Mas á la caida de la administración Cerna y ya 
convertido en ardoroso demócrata, al fin lo hubo 
del finado Presidente provisorio, para incorporarse 
en seguida á la facciou, trabajar incesantemente con 
sus compinches y ensañado volver á las andadas. 
¡Lección amarga! Ténganla; pues, presente los sro- 
bernantea para ser mas cautos y no prodigar asi no 
mas grados inmerecidos. 

-».»!». 

3Xontopíos. 

Habiendo "El Civismo" ocupádose ya en uno 
de sus anteriores números de las rifas, le restaba tra- 
tar exclusivamente de los montepíos, como lo hace 



10 ¿i* ». 

ahora, aunque las columnas del periódico no le per- 
mite estenderse conforme quisiera, pues no podían, 
ni debían quedarse en el tintero, cometiéndose en 
ellos muchos, muellísimos abusos. 

Con ese impropio nombre y aun con el de Ca- 
sas de Préstamos hay varios funestos establecimien- 
tos, cuya sola vista infunde tétrico horror. En ellos 
aparecen hacinados adrede los despojos de la mise- 
ria del pueblo, como en un campo de batalla des- 
pués de un sangriento y reñido combate. 

Es verdad que se ha pretendido ya reglamen- 
tarlos. Pero las leyes últimame.nte expedidas no al- 
canzan á tan laudable objeto. Es todavía preciso y 
aun de imperiosa necesidad que el Supremo Gobier- 
no 'vuelva á fijar su atención en esas monstruosas 
empresas, tan perjudiciales al pueblo desvalido y 
menesteroso. 

Ocurren á tan fatídicos establecimientos cuantos 
se encuentran en un apuro momentáneo, que si re- 
median de pronto, después agravan, haciendo mas 
aflictivas sus azarosas circunstancias, porque si bien 
allí se les facilita al módico premio de 75 p§ al 
año lo que han menester, no pudiendo sacar las 
prendas empeñadas, véense en el duro conflicto de 
refrendar las boletas; y no pudiendo tampoco cu- 
brir esos réditos excesivos, tienen entonces que ha- 
cer el sacrificio de abandonar los objetos empeña- 
dos para que se subasten, quizá por mucho menos 
de su valor. 

Fuera de eso, sucede también que, como los in- 
teresados no intervienen en el nombramiento de es- 
pertes para'el valúo, este siempre lo v hacen muy ba- 
jo los peritos asalariados por el dueño de los mon- 
tepíos ó casas de préstamo. 

Esas empresas son, pues, ruinosísimas para la 
pobretería en general por los muchos inconvenien- 
tes y desventajas con que tropiezan. Si alguna vez 
tarrai un «limero 1/ieii, <-asi siempre encuentran allí 
-u ruina, su desgracia; Pruébalo si no el hecho de 
que en las vísperas de alguna función ó el 6808" mis- 



11 
mos días mucha parte de los i mi ¡pontos visita esas 
casas para proporcionarse lo indispensable á fin ele 
disminuirse los desagrados y amargaras que arros- 
tran. 

En Méjico, cuyo pueblo que, como de un mis- 
mo origen, tiene las mismas costumbres que el nues- 
tro, hace poco se lia promulgado una sabia y opor- 
tuna ley, para reprimir tales abusos y otros muchos 
que se pasan en silencio por no alargar demasiado 
este artículo. Así, conveniente seria que se consul- 
tase para, á su ejemplo, emitir la que conduzca al 
mas eficaz y pronto remedio de los males apuntados. 



Oi*iiiiiiiali<ln,<l. 

Hace aumentado á tal estremo la comi- 
sión de los delitos de sangre, que "El Civismo"' 
no puede prescindir ya de llamar la atención 
de las autoridades, para que, reprimiéndose 
con mano fuerte á los delincuentes que por 
desgracia pululan tanto, se preste así la ma- 
yor segundad al vecindario, justamente alar- 
mado. 

Entre las personas heridas encuéntranse 
dos jóvenes, que en la flor de su edad han ba- 
jado prematuramente á la huesa por la mano 
aleve de dos cobardes asesinos, que se man- 
charan con lastimar en esas jóvenes la delica- 
deza del sexo bello, objeto de nuestra mas tier- 
na y mas solícita dilección. 

Pero ademas de prevenir los delitos con 
un celo dilijente y con prohibir y castigar se- 
veramente la portación de toda clase de ar- 
mas ofensivas, es preciso, es sobre manera ur- 
jente que las causas se instruyan con breve- 
dad, para que con brevedad también se pene 



á esos monstruos, que ingratamente se com- 
placen en hacer mal sin motivo y en verter la 
sangre de nuestros hermanos los guatemalte- 
cos. 

Una de las causas principales de ese con- 
siderable aumento de delitos, es de seguro la 
esperanza que los criminales abrigan de alcan- 
zar pronto el perdón, para en su inmerecida 
impunidad continuar ensenagados en los de- 
testables vicios que, sembrando doquiera la 
inmoralidad, hacen columbrar un funesto por- 
venir. 

La mágica prorogativa de indultos es, en 
concepto del redactor de "El Civismo", una 
de las principales atribuciones del Presidente. 
Cree que esa facultad no debe limitarse solo á 
la conmutación de la última pena, sino esten- 
derse á conceder la libertad absoluta de cual- 
quier reo, concluido que sea el proceso, como 
sabe se practica en Norte-América. 

Empero, cree así misino que esa insigne 
prorogativa, tan solo debe usarse cuando el 
Presidente tenga la íntima convicción de que 
la justicia ha sido atropeyada y deque los de- 
litos se hubieren cometido en un acto primo 
ó por mera frajilidad, y para eso acreditándo- 
se previamente por los agraciados que su con- 
ducta anterior era inmaculada, o siquiera no 
detestable, ni corrompida. 



Joaquiu Vasconcelos. 

La hermosa, elegante y culta Ciudad de Guatemala, lla- 
mada Santiago de loa Caballeros antes de nuestra fiiasta ln- 
leacia de la Metrópoli, ha producido muchísimos bar- 



13 

dos que, sin escuelas y sin aliciente alguno, modularon tier- 
nos y armoniosos cantares entre el tétrico bramido de los do3 
execrables bandos, que á porfía despedazaban su casto seno. 
Uno de esos melodiosos y sen ti me niales vates es el malogrado 
Vasconcelos que, sentido de los entusiastas, amantes de nues- 
tra patria, naciente literatura, acaba de bajar á la tumba. 

Nació el 32 de Agosto de 1S30, en Guatemala, donde se 
educó; donde bizo sus estudios universitarios, hasta obtener 
el título de abogado á la edad de 21 afios, y donde ha vivi- 
do dedicado á la agricultura desde el fallecimiento de su seño- 
ra madre, cuyo lamentable suceso le dejó sumido en el mas 
hondo y acerbo dolor. 

Su padre Don Juan Nepomuceno Vasconcelos, de origen 
portuguez; fué piloto durante 18 años; y radicado en esta 
Ciudad, ejerció la agrimensura con honradez y delicadeza, de- 
jando á su muerte bien puesto su nombre; y DoOa Josefa Hi- 
dalgo, madre del aludido poeta, á quien se consagra el pre- 
sente esbozo biográfico, fué una matrona guatemalteca, ador- 
nada de singulares prendas, que se recuerdan todavía con ter- 
nura en el círculo cíe su familia y amigos. 

No obstante el genial carácter del referido joven Vascon- 
celos, en pugna siempre con la carrera de empleos, tan codi- 
ciada desgraciadamente entre nosotros en defecto de otras 
ocupaciones lucrativas, aceptó por pura condescendencia en 
1858 el destino de notario público de la Curia Eclesiástica, que 
desempeñara satisfactoriamente casi cerca de dosaüos; volvien- 
do después á la vida privada, tan de su gusto, y al ejercicio de 
la abogacía en obsequio únicamente de los pobres desvalidos. 

Reunía el expresado Vasconcelos á sus estensos y variados 
conocimientos en algunas ciencias, ardiente inclinación por las 
bellas letras, cultivando desde su juventud la poesía lírica, ca- 
si en todos sus géneros, y con preferencia en el jocoso-satírico 
para el que tenía felices disposiciones; pues su genio, siempre 
festivo, le representaba en cada escena de la vida algún rasgo 
ridículo, objeto de sus graciosas y punzautes epigramas, de 
los cuales se ha formado una colección, en su mayor parte com- 
puesta de los versos improvisados y recojidos en tertulias y reu- 
niones amistosas. 

La poesía del nominado Vasconselos, en lo general, parece 
correcta y animada, aunque no esenta de algunos lunares en 
cuanto al ritmo y de redundancia á la vez por su estrema fe- 



14 
cundidad, en términos que muy bien pudiera repetirse con nn 
escritor moderno: que al élejir Vasconcelos un tana, apura 
sus bellezas, lo sobre cuija de adornos, vierte con profusión los 
recursos de su fantasía y no calla, sino cuando nada hay ya 
que decir. 

Despachaba, pues, con diligente celo, la Judicatura del 
Departamento de Uctalhulcu, cuyo destino admitiera, tanto 
por prestar esc servicio á la actual administración, de que era 
apasionado admirador, como cediendo á la tirantez de sus cir- 
cunstancias aflictivas, cuando le atacó una grave- dolencia. 
No logrando mejorarse, dispuso su traslación á esta Ciudad. 
Mas aquí, sin que bastase la impotente ciencia módica para 
su restablecimiento ó alivio, al fin sucumbió en la infausta 
noche del dia 17 del ante próximo Marzo. Que la tierra le sea 
ligera, ya que en su penosa travesía arrostrara tanta amar- 
gura! Y que impresas sus armónicas rimas, el mundo cientí- 
fico de Colon adquiera ese nuevo tesoro literario! 



POESÍA INÉDITA DE MI HIJO 

A mi muy querida tia D. A. en el aniversario de sic natal, 
como testimonio de gratitud y reconocimiento. 



¿Con que hoy la aurora con su lampo envía 
Dulces recuerdos del feliz instante, 
Kn que á la luz del refulgente dia 
Viste gozosa el maternal semblante? 
Resuenen, pues, mil ecos de alegría: 
Mi lira al menos hoy tu nombre cante, 
Celebré en tierno acento tus loores 

Y agradecido diga tus favores. 

¡Cuan felices se pasan los momentos 
A la sombra de seres tan queridos! 

Y en un mar de vivísimos contentos 
;Cuúl se iiiuudan los pechos uílgidos! 



ir, 

Nada importa qne duros sufrimientos' 
Aquejen á mortales desvalidos, 
Si nos deja benigno el almo Cielo 
Disfrutar de tan plácido consuelo. 

Así nunca de crueles sinsabores 
Vine á probar la copa de amargura: 
Pues cual hijo gocé de tus amores 

Y gusté de tu pecho la dulzura; 

Y mil veces gozando tus favores, 

Logré sentir tu maternal ternura 

¿Quién hacerte inmortal me concediera? 
¿Quién vivir junto á tí siempre pudiera? 

Es tu nombre á mi oído tan precioso 
Que el sentido de júbilo me llena, 

Y bailado en un mágico alboroso 
De mi pecho disípase la pena; 
Cual recrea el aroma delicioso 

Une en el jardín exhala la azucena: 
Sí, qire envuelve ese nombre venerado 
La imagen de un objeto tan amado. 

¿Quién me diera, Señora, en tierno acento 
Tu nombre enaltecer en este dia 

Y espresar el torrente de contento 
Que hoy inunda feliz el alma mía? 
Al recordar tu grato nacimiento, 

"Reprimir yo pudiera mi alegría? 
¿No esclamaré de gozo trasportado 
Viva ese instante fausto y bienhadado? 

Pues cual tras noche lóbrega y obscura, 
Bañada en luces la rosada aurora 
Viene anunciando dichas y ventura 
Sobre los montes cuyas cimas dora; 
A sus rayos ¡despiértase natura 

Y alegre al padre de la luz adora: 
Tal naces paira mí, tal regocijo 
Debe sentir el corazón de un hijo. 



16 
Tú nacías, y mi alma sumergida 
En el seno yacía de la nada: 
Aun no diera el primer soplo de vida 
A mi ser el Criador, y ya agraciada 
Tu juventud en la estación florida 
Se ostentaba cual rosa embalsamada; 
Mas ya entonces eu tí, mi dulce amparo, 
Me daba el Cielo, de mi vida un faro. 

Al fin un dia apareció el instante 
Que descorriendo el tenebroso velo, 
A mis ojos mostró con luz brillaute 
La augusta luz del azulado Cielo: 
Mi vista entonces por doquier errante 
Tu alegre faz buscaba con anhelo; 

Y buscándola, hálleme entre tus brazos, 
Gozando tus suavísimos abrazos. 

Ya pasaron la infancia y sus ' caricias: 
La graciosa nifiez duró un momento. 
¡Ah! quién diera á mi pecho sus delicias, 
Su apacible ventura y su contento! 
¿Mas qué anhelo? ¿No puede estas primicias 
Rendirte el corazón, sino el talento, 
Que tú, gustosa, admitirás segura 
De mi sincero amor y leal ternura? 

Sí, recibe esta corta, mas fiel prenda, 
Que hoy te ofrece mi amor reconocido. 
Si tesoros tuviera, digna ofrenda, 
A tus pies llevaría yo rendido; 
Pero al efecto tu bondad atienda 

Y aquel mísero don mande al olvido. 
¿No vale mas que el anchuroso mundo 
El tierno afecto del amor profundo....? 



oi'Ai l;mala, novibmbue db 1879. 
TIPOGRAFÍA DE AMtAIIAM E. PADILLA. 



Número 16. 



®L OITI8M0, 



Periódico ie política, ciencias, literatura, comercio &. 

SU KEDACTOH JOSÉ MARIANO MICIIÉO. 

Saldrá jwr lo menos dos veces cada mes, á real el número. 

Constitución. 



Constituirse un Pueblo, un Estado, cualquiera 
que se suponga, no es otra cosa, en sentir de los mo- 
dernos publicistas, que darse la forma, el método ó 
sistema de gobierno, que mas le acomode, para re- 
girse sin dificultad y alcanzar pronto la bienandan- 
za social. Así, la constitución es, sin disputa, su ver- 
dadero, su único sustentáculo. 

Ya en el número 14 espuso el redactor de "El 
Civismo" las bases, que á su juicio, debe contener to- 
da constitución, sin cuyos patrióticos principios, re- 
pite, seria del todo inútil. Ahora, pregunta, ¿la car- 
ta constitucional deberá ser la viva espresion de las 
circunstancias especiales y topografía del país? Mr. Bo- 
nin y otros ilustres escritores opinan afirmativamente. 

Mas en ese dado caso seria menester que en un 
país, donde reinase el desenfrenado militarismo por 
fuérzasele halagára,.sancionando todo cuanto justa- 
mente condena la democracia, y en otro, como Roma 
en tiempo del aborrecible Nerón, consagrar la tira- 
nía, la prostitución, el homicidio y los vicios todos, 
con su funesto cortejo. 

"Jamas convendremos, dice Madiedo, en esta 
"absurda teoría, que como un mudo espejo, se con- 
tenta con reflejar á los ángeles y á los demonios, 
"sin hacer nada por la justicia y el derecho, dejando 
"á los hombres entregados á todos sus estravíos, ;i 
"todas sus agonías, á todas sus torpezas, á toda su 
"degradada ceguedad." 



2 

Una constitución de tal naturaleza debería des- 
garrarse. Una constitución semejante seria de anate- 
matizar á sus autores, y seria también un ridículo y un 
eterno baldón del Estado que, con ella se aherrojaba, 
para no entrar nunca en la plácida via del progreso y 
tampoco salir jamás del bárbaro ealvagismo. Por eso, 
todo lo malo, todas las prácticas perniciosas, todo lo- 
que de alguna manera choque con la democracia, no 
debetener cabida en la ley fundamental 

"Si lo que existe es retrógrado y opone obs- 
táculos al desarrollo social, enseña Lastarria, es in- 
dispensable que la constitncion no sea el depósito 
"de las preocupaciones, ni una espresion pura cíe 
"los hechos; al contrario debe ir siempre mas allá 
"del estado actual, consignando el progreso en los 
"principios que formule, porque es indudable que 
"un pueblo debe desarrollarse y completar su edu- 
cación bajo la dirección de los buenos principios."' 

Esto es cierto, ciertísimo. La carta constituti- 
va es tan solo el producto déla cieneia. Tero además, 
las constituciones no conviene que sean improvisadas, 
plagiadas ó trasuntadas de otras. Esto equivaldría 
á fabricar casas nuevas, con los escombros de las 
viejas. Esto daria igualmente origen á que el par- 
tido caido atribuyese todos los desastres de Centro- 
América al sistema liberal, cuya causa, que, ajuicio 
del citado Lastarria, es otra, se escusa por ahora su 
enunciación á reserva de que tan importante materia 
sea objeto de un nuevo artículo. 



VOTO PARTICULAR 

Que presenté d la Asamblea Nacional Constituyente en la se- 
sión habida la noche del martes último, 2 de Diciembre. 



Aprovechando la facultad que brinda el artículo 107 del 
Reglamento á loa Señores Representantes, he formulado mi 
voto para que en-el estrangero no pueda tachárseme nunca co- 
mo inconsecuente cou mis ideas y con mis principios. 



3 

Desde que el proyecto de constitución se puso á la orden 
«leí dia en su totalidad, yo manifesté sinceramente que el 
Estado no tieue religión, y que de esta no debe decirse nada 
•en toda carta constitucional, como aparece en el número 9 
del Diario de las sesiones. 

Mas anoche al votarse nominalmente la enmienda pro- 
puesta por el Sepor Representante Machado, no se me permi- 
tió que salvara mi voto, como quise, por cuya circunstancia 
lo di contra la enmienda enunciada, a fuer de consecuente. 

A seguida se votó también de la propia manera la he- 
día al principio de la sesión por los Señores Diputados Bar- 
rundia y Arroyo, Eafael; y encontrándome en el mismo caso, 
opiné, aunque en sentido contrario de la anterior. 

No pudiera imputárseme inconsecuencia en ese procedi- 
miento, porque varios de los Señores Representantes que vo- 
taron por la primera, luego que fué desechada, lo hicieron en 
favor de la segunda, no obstante diferir ambas en mucho. 

Es verdad que yo, firme en mi preconcebido propósito, 
pude haber votado en contra como al principio; pero en aquel 
Jicto me decidí por la aludida enmienda, á causa de estimar- 
la conveniente á la nación, que no debe retroceder, sino im- 
perturbable marchar adelante. 

El citado Señor Arroyo, Rafael, en un estenso y lucido 
discurso á que anoche diera lectura, se afanó, aunque vana- 
mente, en combatir la teoría constitucional de que la religiou 
es punto omiso, como asunto del dominio de la conciencia 
individual, sin enlace en manera alguna con la vida de los^ 
demás miembros de la especie humana. 

Grande respeto merece la opinión de tan ilustrado juris- 
consulto. Sin embargo, yo sigo la teoría apuntada, y me glo- 
rio de errar con el neo-granadino Madiedo y el español Ló- 
pez, quienes con razones sólidas la establecen, el primero en 
la preciosa obra que dio á la estampa el año de 1863, con el 
título de Ciencia social, y el segando en sus discursos parla- 
mentarios, tan, justamente aplaudidos. 

Esta es la cansa porque al discutirse durante dos sesio- 
nes el artículo 21 del Proyecto, relativo á que el Estado no 
reconoce iglesia oficial, yo me lie abstenido de turnar partici- 
pio activo en la esencia ú fondo del caluroso debate, termi- 
nado anoche con la aprobación de la enmienda Barrandia — 
Arroyo. 



4 

Bien pude, Señores, haber divagado igualmente en 61, y 
con mis dignos colegas mecerme en las alturas del idealismo, 
para después despenarme sobre el nulificado capitolio, dó 
habita el Santo Padre y treme á los embates de la civilización. 

Bien pude relatar así mismo algunos pocos sucesos, eu- 
ropeos ó americanos, pescados estudiosamente de tantos libros 
que nos vienen de fuera, para aparecer como un gran Histo- 
riógrafo, llamando la atención pública. 

Mas todo lo contemplé sin objeto, mayormente habiendo 
opinado que en la carta constitucional no conviene ni debe 
tratarse de religión, como lo consigno en este voto, que me 
apresuró á redactar, para que se agregue al acta, en testimo- 
nio de mi profunda y arraigada convicción. 

G uatcmala, Diciembre 2 de 1879. 

José Mariano Miciieo. 



Escándalos santificados», 

En Agosto del memorable año de 1871, invita- 
do por varios artesanos, concurrí dos noches segui- 
das á la tertulia patriótica, para rechazar al Minis- 
terio proyectado entonces, que debería componer- 
se de los Señores Palacios, Larrainzar y Ospina, cu- 
yo hermano Don Pastor, después lo confesara en una 
de aquellas estupendas publicaciones que hizo con el 
fin de fascinar á los guatemaltecos, á quienes llamaba 
ignorantes. 

Mas esa patriótica oposición que con tanta sin- 
ceridad y por corresponder á la exigencia de algunos 
entusiastas liberales hice abiertamente al proyecto 
de un nuevo Ministerio, no cayó bien á cierta genta- 
11a, como era de esperarse. Yo, con ese terrible ataque, 
menoscababa BUS sórdidos intereses y resistia que su- 
bieran al Ministerio hombres tan funestos, que ha- 
brían de seguro variado la administración sostenida 
por el pueblo, sediento de democracia. Esto, pues r o- 
caaionó se me dirigiera la carta, que no puedo escu- 
sarme de copiar: que original queda en la imprenta; 
y que dice textualmente: 



5 

Señor Don Mariano Michlo. 
" Muy Señor mió : 

Acabo de 9alir del club en el cual ha estado U. hablando; y como 
debe U. figurarse, he hoido los insultos y calumnias que ha proferido 
U. contra mi padre. 

Creo, que al hablar de la manera que lo ha hecho, es, por que se 
encuentra U. en animo de sostener su dicho, y por tanto el que sus- 
cribe exi"e de U. una plena y cumplida satisfacción: á no ser que 
sea U. tan cobarde, como es miserable. — Alberto Larrainzar. 

Yo la recibí cuando apenas serian las ocho de 
la mañana del dia 12 de Agosto. La leí á-presencia 
de los conductores á quienes, atendiendo con la cor- 
tesía propia de un hombre bien educado, por estar 
en mi casa, les supliqué respondiesen al joven Lar- 
rainzar, que no admitía el reto, por prohibirlo termi- 
nantemente las leyes y porque tampoco me convenia, 
á causa de una niñada indiscreta, caer bajólas garras 
de las autoridades, para que me acariciasen con la 
amabilidad de las panteras á sus víctimas; aunque 
dándoles a entender que aceptaría todo desafio, en 
que pudiese elegir por arma la pluma, con la cual, 
mojada en diversas clases de tinta, estoy siempre dis- 
puesto á cascar á los falsos liberales. 

Posteriormente, y con motivo de unas seguidi- 
llas que hice circular, Luis Batres y Sebastian Ospi- 
na, asociados de otros sus dignos compañeros, asalta- 
ron mi casa, quedando como catorce de ellos en la ca- 
lle. En mi propia sala, y só pretesto de atribuirme 
también ser autor de un inmundo papel, que con el 
nombre de Ecp volis acababa de publicarse, me in- 
juriaron atrozmente y entre todos me infirieron cua- 
tro heridas en la parte posterior de la cabeza, sustra< 
yéndose ademas mi bastón, que en la misma noeht 
presentaron al Presidente Provisorio. 

No contentos con ese rudo, con ese incivil ata- 
que, al siguiente dia, para lavarse las manos, se di- 
rigieron al Juzgado 2.° de l. - instancia, acusándo- 
me criminalmente. Cuando yo lo entendí, dispuse 
acudir también al propio Juzgado, recriminándolos. 



6 

Sin embargo, no fueron presos: quedaron libres bajb 
fianza. La causa siguió sus trámites. Pero puesta há- 
bilmente en juego la ehicana' forense, tan solo se 
les impuso la pena de seis meses de prisión á Ospina 
y de cuatro á Batres, conmutables respecto de uno á 
80 pesos mensuales y de 50 respecto del otro, poj- 
sentencia del Tribunal de súplica proferida en 29 de 
Mayo de 187o. 

Verdad es que las heridas se calificaron leves, 
aunque estuvieron á pique de erisipelarse, como lo 
informó uno de los Cirujanos que me asistían. Mas 
fueron ejecutadas á mansalva, por detrás, en el inte- 
rior de mi casa y en pandilla: circunstancias que en el 
ánimo judicial debieron poderosamente influir para 
imponer penas severas á los reos, según la enormidad 
de su delincuencia. Pero así son nuestros tribunales. 
Duros con los infelices, blandos con los poderosos. 

El tal Ospinita, no pudienclo hacer letra en Gua- 
temala, ni encontrado tampoco una joven rica que 
le tendiera su tornátil mano, alzó su raudo vuelo pa- 
ra Bogotá. Allí se le ha visto ser otra vez lo que antes, 
reacio Camandulero. Tomó participio en la revolución, 
y víctima de ella misma, aquellos pueblos se ven ya 
libres de esa planta exótica al liberalismo, de esa 
gangrena que corroía su cuerpo social. 

Mas nuestro apreciable Don Luisito tuvo que to- 
mar nuevos aires, por su importante salud, lia va- 
gado por todas partes, dejando siempre en todas un 
rastro luminoso. Empuñó asi mismo la espada en San- 
ta Ana, cual indiano Cid, aunque sin buen éxito, dis- 
tinguiéndose muy particularmente en la carrera, para 
no habérselas con su amigóte de otro tiempo y de 
mejores dias; y cálamo cúrrente escribe sin cesar 
cartas patrióticas, modelos por otra parte de buen 
estilo epistolar. Al fin contrajo matrimonio, y con su 
bella, con su casta consorte continúa cual nuevo judio 
errante. 

El autor, pues, de estas pocas líneas prométese en 
Una serie de artículos pintar al Daguerrotipo á tan 
ínclito Caballero, á joven tan simpático y a patrio- 



ta tan esclarecido. Por ahora basta. Las columnas íi- 
mitadas de El "Civismo" no permiten estenderse 
mas acerca de tan deineutado personaje. 



Respuesta merecida. 

Quien dice te que no debe. 
Escucha cuanto no quiere. 

Causa profunda pena la miserable fascinación de algunos 
miopes periodistas, que escriben del peor modo y sin ningún 
miramiento al público: qitejadrede esquivan abordar aun las 
cuestiones mas sencillas; pero que en cambio forzosamente dos- 
barran, mancillando á mansalva reputaciones, tal vez inmacu- 
ladas; y que constituidos ya en el odioso palenque de la per- 
sonalidad, se escudan con su falso y mentido patriotismo, 
después de haber indiscretamente quemado incienso á todas 
las administraciones, para vivir siempre del presupuesto (ir- 
cal, por carecer de ocupación honesta (pie les proporcione si- 
quiera una mediana ó independiente subsistencia. 

Tal sucede al entusiasta liberal de ayer, que acomodán- 
dose una de las muchas caretas con que acostumbra disfra- 
zarse como buen danzante, se precipitara ;i ciegas en el fatal 
laberinto á que lo ha conducido la sórdida y voraz ansiedad 
de borrajear sin freno el desaborailo artículo, en que agotan- 
do de intento el diccionario del insulto y de la diatriva, vi- 
lipendia y aja toscamente al redactor de "El Civismo", tan 
solo por haber tenido el corage de apuntar algunos hechos 
políticos del difunto Miguel García Granados, aunque con la 
moderación y templanza, ageuas de ese deslenguado articu- 
lista, á quien, en verdad, se debería contestar sus atrevidas 
provocaciones con el silencio profundo. 

Xadie estrañe. pues, que ese hipócrita tan intrigante, 
ese vil y avariento parásito, ese despreciaba bufón que trafica 
con su mercenaria y mal cortada pluma, se introduzca lamen- 
tándose amargamente de la libertad de la prensa, só pr 
deque Guatemala no h i Llegado ú la altura déla civiliza- 
ción, que cd con maligno propósito le niega; y (pie de seguro 
no ¡dcanz iria. dado el evento dj que la prensa se encadena- 
ra, cuan Lo ll ilveci i dice: qi; la impronta, sin rsatricciou al- 



8 
gnna, conviene á todos, y cuando umversalmente se acepta 
con todos los aparentes males que finge la calen tu ríen ta ima- 
ginación de los cobardes laudicenos, que se asustan y tiemblan 
al solo verse exhibidos en su degradante pequenez. 

Pero todavía sorprende mas que, siendo la libre emisión 
del pensamiento el único sustentáculo de las positivas liber- 
tades y de toda clase de garantías, se afane ese escritor so- 
námbulo en impugnar solapadamente los principios implan- 
tados por el Gefe Supremo de la Nación en su célebre decre- 
to, fecha 24 de Abril del año antepróximo, que rejistra el 
Prospecto con que encabeza el número 1.° de esta humilde 
publicación. ¿Y como no ha de ser hasta ridículo que tan in- 
grata empresa se acometa en el periódico oficial por el es- 
critorzuelo asalariado, para sostener los actos gubernativos? 
¿Semejante aberración no entraña, por ventura, un remarca- 
ble contrá-seutido? 

El redactor de "El Civismo" nunca se ha jactado de es- 
cribir con pureza y elegancia. Conoce su nesciencia. Harto 
le duele. Por eso lamentaba la falta de tan inapreciables do- 
tes, que admira en los seres privilegiados que las poseen. Pe- 
ro cree que no corresponde á esa brillante pléyade el autor 
del artículo, á que en lo conducente responde. El, sin duda, 
es quien r.iénos puede criticarle, como lo prueba su mal per- 
geñado artículo; donde, aparte de los errores gramaticales que 
en su descarg > imputa al cajista, el párrafo 10 es un verda- 
dero galimatías ó guirigay que le presenta al mundo litera- 
rio, como el escritor mas* galante de la culta Guatemala. 

Tampoco pretenda con palabras buceas y retumbantes 
enaltecer al triste ídolo de sus colosales encomios. Esa es una 
necia petulancia, una tonta niñada. El debió haber descrito 
los heroicos hechos de su esclarecido protagonista: citado de- 
talladamente sus preciosas y estupendas elucubraciones; y pues- 
to patentes sus importantísimos trabajos, para que lo.s guate- 
maltecos agradecidos le tributaran el justo homenaje. Pero 
si nada de eso hizo, si todo le era imposible, atendidas ambas 
personas, sepa al menos ese iluso palaciego que su valiente 
defensa tisna la usurpada reputación de tan ínclito patriota. 
No tenga la errónea creencia de que las generosas demos- 
traciones del General Presidente suplan los méritos que jamas 
tuvo su afamado libertador. Esas lisongeras demostraciones, 
OOmo hijas de una lina anútad y de una delicada conmisera- 



9 

cion en favor do una desvalida y apesarada familia, honran 
únicamente al magnánimo funcionario que las decretara, de 
cuyo munífico proceder se ocupó en su oportunidad "El Ci- 
vismo", previniendo con tiempo las argucias con que en vano 
se intentara combatirle. 

Menos se le impugne con que no es un procedimiento 
hidalgo remover las cenizas de los muertos. Oh! eso es un 
garrafal desatino! En las biografías y en los artículos, como 
el de que se habla, si el escritor jamas debe mentir, tampoco 
debe engañar á la posteridad, aunque por pudoroso decoro cu- 
bra con el velo del silencio particularidades inmorales. De 
otro modo, no escribiría sino apasionadamente. Dé otro modo 
faltaría á los preceptos establecidos, mucho mas tratándose 
de hechos públicos. Con todo ¿cómo se achaca ese defecto al 
redactor de "El Civismo", habiéndose cometido hace poco eu 
los periódicos "La Gaceta" y "La Semana", en que se escar- 
nece y denigra la memoria del ex-Presidente General D. Ge- 
rardo Barrios, despnes de su trágico, lamentable v doloroso 
fin¿ ¿No era este un motivo bastante poderoso para que le 
guardara toda clase de consideraciones la prensa misma que 
celebró la.irrisora mofa que la soldadesca desenfrenada hizo de 
los restos mortales del ilustre General Morazan? 

La safla de ese mordaz articulista, por no poder refutar 
dignamente el artículo titulado Miguel García Granados, lle- 
ga al punto de proponerse enardecer las pasiones del actual 
Gobernante contra el redactor de "El Civismo"; olvidando que 
mientras el propio articulista y sus compinches escribían en 
años atrás incivilmente contra el referido General Barrios, el 
que formula estos desaliñados renglones ensalzaba su conduc- 
ta, profetizando que llegaría á presidir los destinos del país, 
y que seria adulado bajamente por los mismos que entonces 
le denostaban con tanta rudeza, como está sucediendo, y no 
se ocultaba al entendido General Barrios. 

El sistema de probar lo que no se discute, de ocurrir á 
hechos odiosos por su estrañeza ó personalidad es. en sentir de 
Madiedo en su tratado de crítica general, uto sistema de im- 
potencia el mas inequívoco en el terreno déla verdad que sé 
busca. Sistema pésimo, á que ocurriera desorientadanunte el 
ensimismado autor del aludido artículo. 

El, encontrándose falto de razones, siquiera ostensibles, 
para exaltar á su fantástico pereonage, usa de las pullas, de 



10 

las sátiras y del sarcasmo, armas 'prohibidas como do mala 
ley. No se queje, pues, de la amargura de la respuesta con 
que merecidamente su lo obsequia. Polemista atolondrado cúl- 
pese por su indiscreción, puesto que, según el citado Madie- 
do, aunque las pullas, las sátiras y los sarcasmos no prueban, 
ni demuestran sino la mala educación de un zote irracional, 
si queman la sangre, hieren el amor propio y pueden dar lugar 
á lances que convendría evitar siempre, como estériles en el 
campo de la verdad. 

No le esculpa, por último, vocear en corrillos, que el in- 
famante libelo de que se ba becbo indicación fué escrito de 
orden superior. ¡Ab! ese desventurado as-orto es otro embuste, 
no menos grosero. ¿Quién puede concebir que se le facultara 
para impugnar el decreto que tanto engrandece á su signata- 
rio? ¿Quién puede figurarse que se le autorizó para convertir 
el periódico oficial en un libelo infamatorio? ¿Quién puede 
creer que se le permitiese nulilicar los culminantes becbos 
del nominado General Barrios, atribuyéndoselos al que en su 
larga existencia no pasó de un enfatuado charlante? ¿Quién 
tal piense, se engaña groseramente; y quien lo baya estampa- 
do en "El Guatemalteco", solo merece el eterno desprecio y 
ser removido de los puestos que por gracia ocupa, con el 
objeto de que. vuelto á la vida privada, aprenda á ser cauto 
y prudente. Mas si para ese caso, no tuviere careta apropósi- 
to, búsipiela entonces en el despacho de la necesidad. Allí 
puede encontrar la que mas le convenga. i 



Un voto de gratitud. 

Lo consagro con toda lá ternura do mi ardiente 
corazón a los Señores Don .losé María Samayoa y 
Licenciados Don Enrique Martínez Sobral y Don 
Antonio (¡. Suiuviu. 

Esos galantes cal cilleros, en la sesión del dia 
21 del antepróximo Noviembre* salieron con entera 
espontaneidad a mi defensa. ¿Cómo, pues, no he de 
estarles tierna y profundamente agradecido? 

En esa sesión, apenas había yo pronunciado «'1 
discurso que registra el Diario número 1»», cuando 
el Sr. representante Don Miguel Paira pidió se lí- 



11 
brase nn voto de censura contra mí; lo que ocasió- 
n/ira que se le aplaudiese sin ton ni son en los esca- 
ños públicos. 

Expuso dicho Sr. Parra: que yo había censura- 
do á los señores Diputados por su conducta en la A- 
samblea, tachándoles He foco circunspectos y mesura- 
dos. Estas son literalmente sus palabras. 

Mas el referido Sr. Parra se equivocó. Allí está 
el citado Diario: allí también mi discurso. Su simple 
lectura lo manifiesta. Sin embarco, yo no le increpo. 
Mas bien le disculpo, porque quizá la blonda cabe- 
llera que le tapa sus perspicacesoídos, no le permitió 
escuchar claramente lo que yo decía. 

Exitado entonces por el Sr. Samayoa para reti- 
rar la palabra guirigay, que solo significa confusión, 
desorden, convine no obstante en ello. Con todo, 
me opuse respecto ¡i las de que no hubiera circunspec- 
ción y mesura en los debates de la Asamblea, como 
quena el propio Sr. Parra, porque no vertí semejante 
especie, que tan gratuitamente se me imputa. 

Mas el nominado Sr. Parra, no solo pretendía 
eso, sino que su exigencia llegó hasta el punto de 
solicitar que prematuramente se diese el voto de ren- 
sura, cuando el artículo 22 del reglamento adopta- 
do exige para ese caso, que si el representante no se 
retractare ni esplicase de una manera satisfactoria 
las palabras con que hubiere ofendido, lo verifique 
ante la comisión de régimen interior, á fin de que el 
Presidente pueda manifestarlo á la Asamblea en la 
próxima sesión. 

Yo no me quejo, á pesar de tan inmerecida amargu- 
ra. Tampoco reclanumada, aunque bien podia asar del 
mismo derecho contra el Sr. Parra. Soy en extremo 
tolerante Tan Bolo deseo que délo ocurrido tenga co- 
nocimiento el público, y manifestar con esta obasion 
á los Señores Samayoa, Martínez Sobral y Saravia mi 
intensa gratitud y mi eterno reconocimiento. 



12 



Literatura 

FERNANDO CRUZ. 



Ya en el número 13 se habló del estimable jo- 
ven, cuyo nombre encabeza el presente esbozo, á 
consecuencia de no haberse impreso el discurso que 
pronunciara el 15 de Setiembre del año antepróxi- 
mo en conmemoración de nuestra fausta y gloriosa 
Independencia. Ahora, aunque de paso, propónese 
el redactor trazar, siquiera á grandes rasgos, algu- 
nas líneas acerca de su vida y de sus versos. 

Entre los muy pocos jóvenes que han podido 
sustraerse de los innumerables óbices y falaces su- 
gestiones que estudiosamente se han hacinado con 
el torcido fin de embrollar la educación literaria ba- 
jo la tenebrosa influencia jesuítica, y á que por des- 
gracia sucumbiera la juventud guatemalteca, con po- 
cas y honrosas excepciones, el joven, de que vamos 
á ocuparnos, nos hace acariciarlas mas brillantes, ha- 
lagüeñas esperanzas para el porvenir de nuestro des- 
dichado país. 

Hijo del distinguido jurisconsulto Don Manuel 
Cruz (cuya fina amistad recuerda tiernamente el que 
escribe estos desaliñados apuntes) respiró por pri- 
mera vez el aire embalsamado de Guatemala en 30 
de Mayo de 1845. Desde muy temprano comenzó sus 
estudios elementales con Don Alejandro Armé, 
continuándolos después con Don Fernando Veíanle 
en la Antigua Guatemala, en cuyo acreditado esta- 
blecimiento estuvo hasta unes de L868. 

Velarde era un genio: sobresalía en todas las 
materias que se propuso enseñar; y con una imagi- 
nación viva, un talento claro y fecundo, una ins- 
trucción variada y estensa; y un fondo de senti- 
mientos dulces y blandos, pudo inspirar á su joven 
alumno las ideas á que debe su elevación, no obs- 
tante las añejas y rancias doctrinas que posterior- 
mente se le inculcaran en el colegio Seminario, á 
donde, con motivo de la infausta perdida de su ilus- 



13 

le re- 



trado padre, que falleció prematuramente, se le 
dujo desde Febrero 1859 hasta Octubre de 1862, en 
que se graduó en Filosofía. 

Siguiendo las luminosas huellas de su aprecia- 
ble padre, que habia alcanzado distinguirse en ei 
ejercicio de la abogacía, se dedicó asiduamente al 
estudio de la jurisprudencia; y graduado en ambos 
derechos, (Agosto de 1866) recibió con general a- 
plauso el título de Licenciado en Mayo de 18bJ, 
después de haber merecido en el aprendisage teóri- 
co y práctico calificaciones sobresalientes y ocupado 
entre sus condiscípulos los primeros puestos, por su 
constante aplicaciou, raro talento y excelentes pren- 
das personales. ^ , , 
El joven Cruz sirvió en la universidad una cá- 
tedra de Filosofía, que hubo por oposición, y que 
para conservar su propiedad le fué preciso sutnr en 
1868 el examen fúnebre requerido por la ley, obte- 
niendo á seguida el grado académico de Maestro en 
artes, en cuyos actos literarios brilló siempre con i- 
o-ual esplendor y lucidez y sin ostentación, que, por 
cierto, puo-na con su carácter eminentemente apaci- 
ble y modesto. Después ha desempeñado á satistac- 
cion de todos otras Cátedras, y por algunos meses la 
fiscalía del Gobierno. Mas siendo Magistrado del ln- 
bunal de Justicia, se le encargó que escriba unas ins- 
tituciones, calcadas sobre los códigos en vigencia, de 
cuya confección actualmente se ocupa. 

Don Fernando Veíanle, que en nuestro humilde 
iuicio es además un insigne poeta, logró inculcar, co- 
mo hemos dicho, en el ánimo del joven Cruz, un 
amor decidido y ardiente á cuanto eleva y embelle- 
ce el alma, particularizándole con la dedicatoria de 
un precioso compendio de Retórica y con otras mu- 
chas demostraciones que revelaban el alto concep- 
to que tenia de su estudioso alumno, quien ha teni- 
do la galantería de obsequiarnos con sus primeras 
producciones poéticas, llenas de sentimiento, ternu- 
ra é inspiración en versos fáciles, dulces V armonio- 
sos, aunque casi siempre pecan por su estreñía pala- 
brería. 



14 



En orden ;í la prosa le sucede casi lo mismo, 
bu estilo es galano y florido. Pero abunda en pala- 
bras y faltan le ideas: razón por la cual ese entilo, 
propio de la juventud, en sentir del retórico Camus 
amo extrivu en sensatez y solidez del pensamiento, no 
es mas que un engaño puet-U. Con todo, auguramos 
al Licenciado Doctor Cruz, como poeta y prosista, 
rápidos adelantos, con que alcanzará, sin duda, la 
mas espléndida gloria literaria. 



r>o 



osia. 



La sagrada ó religiosa, vista generalmente en años atrás 
con tanto desden, ya la contemplan los modernos vates como 
de grande importancia hasta para marcar la actual época lite- 
raria. 

En efecto así es, mayormente cuando se la arropa con 
las brillantes galas d e la elocuencia y ded ritmo, ó, como dice 
Carvajal, con el rico manto que el ¡justo de la buena escuela ro- 
mántica ha creado para la literatura. 

Esa poesía cantada, según el propio Carvajal, en el idio- 
ma délos áwjcles, que es el de la verdad, el del corazón, tam- 
bién, á mi juicio, es una fuente inagotable de ternura y de 
inspiración elevada y profunda. 

Mas no se entienda eso respecto de toda clase de poesía 
mística, pues ciertamente hay trovas que ofenden hasta el 
buen sentido, sino tan solo de la animada por las espléndi- 
das glorias del Eterno. 

Hé aquí una que, sin embargo, no me atrevo á denomi- 
nar sino con el nombre de copla, por su absoluta escasez de 
mérito literario; pero que, no obstante, por su laudable objeto 
me he decidido á que ocupe algunas columnas de "El Civis- 
mo." 



1.-, 

GLORIAS DE MARÍA. 

Permite al novel poeta 
Su paleta 

Que ocupe con ansiedad, 
Himnos á Tí modulando 

Y encomiando 

Tu peregrina beldad. 

Inspírale, pues, María, 
La armonía 
Para tus glorias decir, 

Y en dulce ritmo cadente, 
Reverente, 

Tu aparición aplaudir. 

Eres la fúlgida Estrella 
Que destella 
La uvérrima caridad, 
Que á la celeste morada 
De la nada 
Elévanos con piedad. 

Eres el Faro divino 
Al marino, 

Que, víctima de su ardor, 
Del mundo en el mar navega 

Y se entrega 

De las ondas al furor. 

Eres la Fuente cristiana 
Que engalana 
Tu iglesia, Madre gentil, 
A do acudimos contentos 

Y sedientos 

De célicas gracias mil. 



16 
Eres el Aren sagrada, 
Deificada 

En la presencia de Dios', 
A quien alzamos el vuelo 
- Con anhelo, 
Siguiendo tu huella en pos. 

Eres la mística Rosa, 
Milagrosa 

En nuestro hermoso plantel, 
Que exhala suaves olores 
Con las flores 
De tan ameno vergel. 

Eres el próvido amparo, 
Con que avaro 
El infelice viador 
Le pide gracia de hinojos 
A tus ojos, 
Cuando le agobia el dolor. 

Intercediendo, Señora, 
En buena hora, 
Como otra bíblica Ester, 
Del cielo pones abiertas 
Trono y puertas 
Con tu benigno querer. 

Por eso férvido canto 
Te levanto, 

Cual muestra de dilección; 
Y en él verás, Virgen pura, 
La ternura 
De mi ardiente corazón. 



GUATEMALA, DICIKMDKE DE 1879. 

TIPOGRAFÍA de abraiiam f. tadilla. 



Níimero 17. 



EL CIVISMO, 

>»>**m 

Periódico de política, ciencias, literatura, comercio &. 

SÜ REDACTOR JOSÉ MARIANO MICHEO. 

Saldrá por lo menos dos veces cada mes, á real el número. 

— ■*■ — — - - ■ — ■ -. 

Único Candidato para la Presidencia 
de la República. 

La resignación de los poderes omnímodos, 
hecha por el integérrimo General Justo Rufino 
Barrios, cuya dictadura terminaría hasta Oc- 
tubre del año próximo venidero, es una prue- 
ba mas inconcusa y mas palpitante de los pa- 
trióticos sentimientos de ese insigne Repúbli- 
co, admirado aun por sus gratuitos émulos, 
á quienes, sin embargo, háse propuesto colmar 
siempre de profusos beneficios. 

Aceptada esa voluntaria y plausible resig- 
nación por la Asamblea Nacional Contituyen- 
te en los términos que espresa el decreto lau- 
datorio, que, con fecha 12 de los corrientes, 
ha visto la luz pública; el Ejecutivo, autoriza- 
do ampliamente por la propia Asamblea, con- 
voca á los pueblos todos de la República para 
elegir Presidente Constitucional, que funcione 
durante el primer período de seis años, á par- 
tir de 15 del próximo entrante Marzo. 

Un reglamento, publicado también al efec- 
to, designa el término para la inscripción de los 
electores y para el de la elección. Por tanto, es 
menester prepararse. Ese es un asunto de la mas 
alta importaucia. El frió indiferentismo acer- 
ca de él parece un delito imperdonable, un de- 



lito para el cual no se encuentra pena suficien- 
te. Acerquémonos, pues, todos á los registros. 
Acerquémonos á las urnas electorales. Nuestro 
punible desvio puede ser dañoso al rápido en- 
«rrandccimiento de Guatemala. Esta escita im- 
pcriosa y tiernamente nuestro patriotismo, 
1 lijos Buyos, oigamos su voz. Hijos suyos, dé- 
mosle vida, impulsando el progreso y la civi- 
lización. ¿Pero quién será el que los promue- 
va? ¿Quién el que pueda darles' venturosa 
cima? 

"El Civismo" no opina con los ilusos que 
sostienen faltar hombres en Guatemala. A su 
juicio, hay muchos y muy competentes. Mas 
en las actuales difíciles circunstancias, y cuan- 
do apenas se columbra en lontananza un por- 
venir próspero y feliz, solo hay en el proceloso 
mar dó bogamos un esperto nauta que nos 
conduzca hábilmente al puerto de la verdade- 
ra libertad. Ese hombre ¡Pueblos! es el Gene- 
ral Justo Rufino Barrios: El que cuenta seis 
años de regir satisfactoriamente los destinos 
patrios. El que en tan corto espacio ha puesto 
su mano benéfica en la radical reforma pro- 
yectada, y (pie se palpa ya, no obstante haber 
tenido (pie luchar con bis inveteradas preocu- 
paciones, (pie El y nadie mas que El puede 
desarraigar y destruir para siempre. 

En efecto ¿quién, sino el Gneral Barrios 
puede con su asidua constancia é infatigable 
laboriosidad terminar la via férrea hasta con- 
seguir se ih : n un beso fraternal el Atlántico y 
el Pacífico?' ¿Quién, sino el General Barrios ali- 
mentaria los mágicos lulos de la red telegráfi- 
ca, hasta ponernos en comunicación con las 



a 



repúblicas hispano-latinas? ¿Quién, sino el Ge- 
neral Barrios hada fructificar la enseñanza 
primaria implantada en obsequio del Pueblo 
y que tan opimos frutos comienza á rendir, no 
solo en la Capital, sino en todos los departa- 
mentos? ¿Quién, sino el General Barrios con- 
cluiría la innovación de los antiguos y despres- 
tigiados Códigos, con la reforma todavía idis- 
pensabje de los nuevos eu vigencia? ¿Quién, si 
no el General Barrios seria capaz de promul- 
gar todas las leyes secundarias, consiguientes 
á la Constitución, que muy. luego nos regirá? 
¿Quién, sino el General Barrios tendría el enér- 
gico vigor para echar completamente por tier- 
ra el vetusto edificio social con la ventajosa 
variación que se está operando á impulso suyo 
y de Jas luces del siglo, que lleva estampada 
ey su bandera la palabra Progreso. 

En los países, cuyo gobierno es republi- 
cano, representativo son momentos de agita- 
ción aquellos en que los diferentes partidos 
disputándose el mando, quieren obtener eí 
triunfo para sus respectivos candidatos. En- 
tre nosotros no puede suceder esto. El único 
candidato posible es el benemérito General 
J»amos. Liberales y conservadores están ínti- 
mamente interesados en que ocupe el sillón 
presidencial. Los primeros, porque el esclare- 
cidido Barrios es la fallía mas sobresaliente de 
su bando: el fundador de las libertades: el re- 
formador de las leves: el verdadero amigo del 
pueblo: y el inquebrantable escudo, donde se 
quiebran los venenosos dardos que arrojan el 
sórdido interés y la baja adulación; y los se- 
gudos, porque, amantes del órdeu y ansiosos 



Úe conseirvar sus propiedades, en El encuen- 
tran el hombre fuerte,- que enfrénala anarquía, 
el hombre magnánimo 1 qfte, no contento con 
perdonar á los vencidos, ios toma de la mano: 
los confunde con los vencedores: los distingue 
con mil muestras de verdadero aprecio; y ti- 
tulándolos hermanos, los sienta con El en el 
espléndido banquete de la libertad. 

Las colonias inglesas, en el siglo pasado 
levantaron el estandarte de su independencia. 
Entonces el gran demócrata Jorge Washing- 
ton desevainó su tajante espada para sostener 
tan gloriosa causa. La guerra fué reñida; mas- 
concluyó, dando por resultado una nueva, una 
robustísima nacionalidad, que cada dia asom- 
bra al mundo, que extático la contempla; y el 
pueblo, en prenda de su ingente gratitud, 
colocó en la primera magistratura durante 
dos períodos constitucionales á su heroico cau- 
dillo. 

Xo hace muchos años se implantó en la 
vecina República mexicana un exótico trono; 
y el inmortal Benito Juárez, con una pacien- 
cia y una constancia admirables, labró la tum- 
ba de ese efímero trono al pié del Cerro de las 
Campanas; sellando para siempre la indepen- 
dencia y autonomía de su patria, hermana 
nuestra. Entonces el pueblo agradecido lo man^ 
tuvo hasta su sentida muerte en la presidencia 
de aquella ilustrada República. 

Aquí, entre nosotros, en época no muy le- 
jana, cuando la patria se encontraba encade- 
nada y el pueblo oprimido,.un hombre oscuro, 
pero de alma grande y de ideas levantadas, 
tremola en uno de los confines de nuestro ter- 



rítorío la mágica bandera de la libertad: y 
después de una corta, pero sangrienta lucha, en 
que la victoria le sonrió, entra triunfante á Gua- 
temala el 30 de Junio de 1871; y satisfecho de 
su .obra se retira al hogar doméstico. De allí sa- 
le otra vez al primer llamamiento que se le ha- 
ce para combatir á la reacción fanátiea que 
vence, ya con la espada, ya con el olivo de la 
paz, hasta restablecer ei perdido orden y ase- 
gurar la causa santa del progreso. Ese hombre, 
oidk), es el General Barrios; y á nosotros, en 
testimonio de sincera adhesión, tócanos conser- 
varle en la silla de la presidencia, siquiera por 
el primer período constitucional. 

En contrario, no se objete que pueda tener 
algún defecto. ¿Hay, por ventura, en la tierra 
¿ilguu hombre inmaculado? Pero los que pu- 
dieran achacársele, serian muy insignificantes 
y de ningún valor comparados con sus virtudes 
cívicas é importantes y esclarecidos servicios á 
la causa de la democracia. Pregunta el redac- 
tor de "El Civismo" con el armonioso vate ve- 
nezolano ¿deja el sol de ser un astro luminoso, 
porque el astrónomo haya sorprendido en él al- 
gunas manchas? La historia hará cumplida jus- 
ticia al preclaro General Barrios. Ella hablará 
de sus heroicos sacrificios, correspondidos por 
algunos con amarga crítica. Ella, cubriendo 
con el denso velo del olvido tan pequeños luna- 
res, si es que los tenga, le enaltecerá como jus- 
tamente lo merece. 

Xo seamos, pues, ingratos. Correspondá- 
mosle lealmente con nuestro reconocimiento 
los inmensos bienes de que le somos deudores. 
No vacilemos un solo momento en elegirle pa- 



ra que continúe rigiendo nuestros destinos en 
el primer período constitucional. Pueblos! a- 
proxiinémonos á las urnas electorales. En ellas 
depositemos el nombre inmortal del Beneméri- 
to Demócrota Barrios, égida del Pueblo, sal- 
vaguardia de sus libertades y defensor nato 
de su autonomía nacional; y, por último, re- 
cordad, al emitir vuestros votos, que bajo cual- 
quier aspecto que se le juzgue, es El y solo El 
único candidato posible para la Presidencia. 



GALERÍA parlamentaria guatemalteca. 

RETRATOS DE LOS DIPUTADOS A LA ASAMBLEA NACIO- 
NAL CONSTITUYENTE DE 1879. 



INTRODUCCIÓN. 

Varias obras de indisputable mérito ha publi- 
cado el insigne literato Don José Antonio Torres. 
Entre ellas sobresale extraordinariamente la que en 
18G0 dio á la estampa con el modesto nombre de 
Oradores Chilenos. 

Esa preciosa producción, en un pequeño volu- 
men de 189 páginas comprende los retratos y dise- 
ños de 24 oradores de la República, modelo de pros- 
peridad y cultura en la América Latina. 

También en otras naciones y especialmente en 
nuestra madre España se han dado á luz las sem- 
blanzas de los diputados á varias lejishituras. Paveee, 
á mi juicio, la colección del distinguido poete Cam- 
poamor, ser la mas notable. 

■ Solo en nuestra querida patria, hasta ahora que 
yo sepa, no se ha escrito absolutamente nada relati- 
vo á los diputados de nuestras Cámaras, sin embar- 
go de que la primera Asamblea Nacional Constitu- 
yente se compusiera de lo mas granado <f e \os dos 



fia^tidos que en sus albores brotó nuestra gloriosa 
independien cía. 

Con todo y eso, me he decidido á emprender 
una tarea, superior seguramente á mis débiles fuer- 
xas, con la esperanza de que a" mi ejemplo escritores 
de ideas levantadas mejoren mi pobre elucubración 
ora en el fondo, ora en la forma; haciendo ademas' 
agradable su Lectura con un estilo tan terso, como 
apropiado. 

Entre tanto, la principio ahora por los diputa. 
dos á la Asamblea Costituyeiite (pie, concluida la lev 
fundamental, que se le encargara, acaba de disolver- 
se, á reserva de hacer dicha obra estnsiva á los nue- 
vos oradores que descuellen por su elocuente palabra 
y patriotismo, en las asambleas lejislátivaa veni- 
deras. 

Yo tuve la dicha de pertenecer á ese alto cuer- 
po, que brilló en la confección déla carta constituti- 
va, porque el Departamento del Teten me honrara 
cou sus votos. Con ese motivo, he estado en casi to- 
das sus sesiones: he oído de cerca á los diputados, y 
creo que habiéndolos conocido, serán fieles sus retra- 
tos y diseuos que desapasionadamente presento en 
esta patria galería. 

Nadie, pues, se amargue si al ver destacarse su 
figura en est;e mal )>ergeüado cuadro, acaso aparecie- 
re sin plumas como el pájaro de la fábula. Culpa 
mía no es. \ o no hago sino retratos al Daguerrotipo 
Asi cuando la justicia les fuere encima, suplicóles 
desde luego, con *1 citado Torres, que no se mues- 
tren al menos tan descontentadizos. 

En los retratos que me propongo bosquejar 
pulso el gravísimo inconveniente que de los diputa- 
dos, que componían la Asamblea, tal vez sol,, ocho 
o diez peroraban, mientras los otros guardaron siem- 
pre un profundo silencio. Fácil es el diseño de aque- 
llos, a quienes, en su mayor parte, llamo vocingleros 
pero difícil y aun casi imposible el de los oíros á 
quienes nombro taciturnos y de quienes puede tam- 



bien decirse, con el crítico Larra; Bienaventurados 
los que no hablan, porque ellos se entienden! 

Empero, puesta ya la mano en la indicada ga- 
lena, hallóme constituido en el ineludible deber de 
darla cima, resignado, como estoy, con la suerte que 
le tocare, cualquiera que sea, porque, sin cuidarme 
de agrada}' ó desagradar á mis oradores, repito con el 
aludido poeta chileno, he tratado de pintarlos tales 
como son, y el pueblo y ?w ellos, será el que venga á 
convencerme de si he andado feliz ó desgraciado en 
mi obrdi 

Banquete Fantástico. 

Un diputado, casi, casi sonámbulo y de esos bo- 
bavilones que jamas han estado á mesa y mantel de 
magnates, pero que reciben siempre hasta duplicadas 
las esquelas para entierros, aunque con el firme pro- 
pósito de no asistir mas que al suyo, fué tal y tan 
grande la conmoción que sintiera al firmar la Carta 
constitutiva, que en la noche de aquel memorable 
dia se soñó trasportado con sus compañeros á la sun- 
tuosa morada del Presidente de la República. 

Ahí, su asombro subió de punto, ora al verse en 
aquella habitación, adornada con tan rico y brillan- 
te menaje; ora al saborear los suculentos y sibaríti- 
cos manjares, preparados de antemano por el arte 
culinario; ora al escuchar la bulliciosa alegria, que 
progresivamente habia ido aumentándose con las 
continuas libaciones y patrióticos brindis, encomiás- 
ticos del futuro adelanto de nuestra idolatrada Gua- 
temala, á consecuencia de la liberal Constitución, que 
en lo sucesivo nos deberá regir. 

Nuestro bonachón diputado, que en aquel acto 
se encontraba aturdido, párase de improviso; suena 
uno de los vasos que tenia delante, como otros lo 
habían ya hecho; y con la vista de todos clavada en 
su simpática persona, quédase absorto, por habérsele 
olvidado el brindis, que poco antes encomendara ji- 
la memoria, como ciertos representantes con sus di*- 



cursos improvisados en la Asamblea. Masen el si- 
lencio casual de las músicas, que atronaban aquella 
espléndida casa, recuérdalo por fortuna y con copa 
eu mano se dirije al Gefe Supremo, prorrumpiendo: 

Brindo por el Presiden ti-: 
También por su bella Espora, 

Y por (¡uatemala hermosa, 
Soberana, independiente. 
Su Cuerpo constituyente, 
Siendo por vos inspirado, 
La situación ha salvado, 

Y en su gran carta, asegura, 
La bienandanza futura 
Haberse al Pueblo labrado. 

Concluyó felizmente su estudiada inprovisacion; 
siendo por el Pueblo, de costumbre convidado á la 
ventana, quien lo saludara con sus estrepitosos aplau- 
sos, algún tanto amortecidos con los refunfuños de 
varios clerizontes, de los inciviles alumnos de algún 
colegio y de otros buenos prójimos de su misma ca- 
laña, que ocuparon los escaños públicos de la Asam- 
blea, victoriando con entusiasmo cUrwak a ciertos di- 
putados y zumbando con -piedad cristiana al (pie no 
halagaba sus exageradas aspiraciones. 

Mas entonces la algazara báquica se aumenta: 
las tarjetas se cruzan en seña de amistad: los brindis 
menudean; y nuestro lelo representante que no se 
oansaba de empinar el jarro, repica otra vez su vaso 
de hirviente Champagne, y antes de apurarlo hasta 
las heces, en su frenesí y lleuo de júbilo esclama: 

A brindar vuelvo, ¡oh varones! 
Con entusiasmo y civismo. 
¿No lo inspira el patriotismo 
En tan faustas ocasiones? 
Concluida la dictadura, 
Y siendo todo ventura. 
Nos cumple qne agradecidos. 
Tributehios homenaje 



10 
Al ilustre personaje, 
Que nos obsequia reunidos 

Resuenan nuevamente nutridos aplausos, siem- 
pre sufocados, por el inarmónico gruñido de la clere- 
cía que continuaban arrinconados en una de las extre- 
midades del espacioso comedor. Levántanse de súbi- 
to los conmensales; y mientras unos asedian al Pre- 
sidente con sus tercas pretensiones para asegurar su 
porvenir; nuestro demócrata diputado despierta de 
su temulencia, se viste á toda prisa, y, con la rapidez 
de un rayo, se dirije á la choza del redactor de "El 
Civismo," encareciéndole refiera, con sus detalles, 
tan mágico festín, como lo verifica; declinando toda 
responsabilidad en su babieca compañero, á quien 
desea vivamente recobre pronto su extraviado 

juicio. 

» m» 

Ignacio <3róm.ez. 

Dividida la historia en moral, particular y filosófica, pare- 
ce fuera de duda que la Biografía, como parte integrante de e- 
11a, corresponde á la segunda clase, es decir, á la historia parti- 
cular, y que, por lo mismo, debe tratarse verídica ó imparcial- 
mente. 

A cerca de esta parte importantísima de la historia, agí- 
tase la cuestión de si conviene juzgar á los hombres y á sus 
producciones literarias, ya que hayan bajado á la tumba, ó 
terminada que sea su carrera en esta vida de pasiones y des- 
di citas. 

Personas hay entre nosotros que, sin razón alguna, están 
por la negativa, sin embargo de que viviendo Los individuos, 
objeto del esbozo, y colocados en algún puesto, acallarían la 
voz del biógrafo, faera de que, padreado variar en sus opinio- 
nes, no es posible censurarlos acatadamente, sino hasta des- 
pués de muertos. 

Córrese con todo, el peligro, no menos grave, de que los 
deudos ó amigos del personaje bosquejado, existiendo aun la 
generación que con 61 conviví, ra, brinquen ¡í la palestra y se 
emprenda una lacha, quizá d '¿agradable y sin objeto. 



11 
fcfíis el rerluctb* div' í4 3RI üivtem >,'* anii*jiie rt»ronone torfofe 

osoa inconvenientes, no puede renunciar á la ímproba tarca ríe 
seguir dando á la estampa las btogrílfius de nnratros jJah'iOs 

vates. En consecuencia, ahora obsequia á .sus benévolos lecto- 
res con A esbozo biográfico del bardo, qitc encabeza el presen- 
te art íimiIo. 

Originario de la pequeña Villa de Metapan, Departannm- 
to de la República del Salvador y patria de 811 tio ninterno 
• 1 Ductor Don Isidro ftfettfeiiftéá y de otros eminentes centro- 
americano?, nació el aludido joven en 3L de Julio de 1S13. 

A la edad de doce afíos dejaba ya entrever sus precoces 
capacidades, y acojido bajólos auspicios de uno de nuestros 
prohombres de aquella época, el General Don Manuel José 
Arce, Presidente de la República de Centro-América, pasó á 
los Estados Unidos del Norte, en donde, colocado en un cole- 
gio d* Nueva-York, aprendió los idiomas ingles, francés, ita- 
liano y latía, las matemáticas y otros ramos, en (pie después 
lograra perfeccionarse por su asidua dedicación al estudio y 
ávido deseo de ensanchar sus conocimientos. 

Contaba 18 aOos cuando de Norte-América se trasladó á 
Guatemala. Aquí, y en la cstinguida Academia de estudios, 
creada por el infatigable Doctor Don Mariai: i Calvez, único 
establecimiento literario que entre nosotros justamente m r - 
ciéra ese hombre, cursó filosofía y derechos y obtuvo el título 
de Licenciado á los 2o afeos de edad, habiéndose ejercitado 
udemas durante el curso de práctica forense, como traductor 
y como oficial del Ministerio de Gobernación. 

Apenas habia llegado á esta ciudad de regreso de Norte 
América, donde los últimos afios de su educación, á conse- 
cuencia de la caida del ex-Presidente Arce, fué costeada por 
el General Don Carlos Salazar, quien se vanagloriaba de pro- 
tejer á la juventud estudiosa, se le encargó el discurso del 15 
de Setiembre de aquel año. Esa oración, aunque se la formara 
el esclarecido literato y profundo jurisconsulto Djctor Don 
Antonio Canas, el joven Gómez supo interpretarla, y lleno 
dé entusiasmo la pronunció con tal despreocupación, que pudo 
captarse el asombro del público que le contemplaba. 

Emprendida por aquel tiempo una polémica entre dicho 
joven Gómez y Don Miguel Saravia sobre el suicidio, en cuya 
fútil controversia tomaron participio varios de nuestro* poé- 



19 
t»9, se distinguió el referido Gómez por sus versos y muy es- 
pecialmente por uno en varios idiomas con que le auxilió el 
acreditado literato español Don Manuel Domínguez. 

Ya recibido de abogado, el bando conservador supo atra- 
érselo. La Asamblea, á solicitud del propio Gómez, decretó 
una ley de amnistía. En correspondencia fué conducido en 
triunfo á la casa de Batres, adornada al efecto. Allí se le reci- 
bió con flores, y en la mesa fué halagado con muchos brindis 
en su loor, tratándole de pariente el astuto Don Luis Batrés 
Juarros, quien como conservador figuró en primera escala. 

' Empero, á los pocos días, ese mismo partido, que le había 
agasajado tanto, le díó de mano, y estando ya abandonado por 
el otro, vióse entonces en una posición aflictiva y azarosa, que 
le agravaron la célebre poetiza Dofla Josefa García Granados 
y Don Miguel PiTaral: aquella con un verso, llamado ensala- 
da, y este con uu epitafio. Ambas composiciones son bastante 
conocidas. 

Posteriormente, y en uno de sus viajes por la América 
del Norte tuvo una enojosa contieuda con el espafiolDon 
José de Marcoleta. Esto dio ocasión á que ese caballero, lite- 
rato y autor de varias obras, pero muy quisquilloso, publicara 
contra el nominado Gómez un panfleto, cuya circulación dio 
á éste muchos dolores cabeza, al punto de que el nombre solo 
de Macorleta fué su eterna pesadilla. 

Aunque el Licenciado Gómez era oriundo de la vecina 
República del Salvador, adoptó desde sus primeros aflos por 
patria de elección á Guatemala, que lo ha retribuido profusa- 
mente: colmado de merecidos honores: abrigado en su seno: 
acariciado con la inefable ternura de una madre; y proporciona- 
do abundosos medios para formar una estimable familia, colo- 
cándole en dilatados períodos, ya como Juez, como Fiscal y 
como Majistrado en los Tribunales de justicia, y ya como re- 
presentante del pueblo en las Cámaras legislativas. 

El Licenciado Gómez ha residido también largo tiempo 
en varios países de Europa y en las Repúblicas de Chile, del 
lVrú v de los Estados Unidos del Norte; desempeñando siem- 
pre misiones diplomáticas de alta importancia, conferidas por 
algunas. Repúblicas de Centro-América, y en el Salvador ha 
funcionado así mismo en calidad de Ministro de Gobernación 
y de Relaciones Exteriores de aquel Gobierno. 



13 

Era igualmente individuo de algunas sociedades científi- 
cas de América y de Europa. Estaba condecorado con la cruz 
de la Orden de San Gregorio Magno de los Estados pontifi- 
cios; y su esclarecido nombre aparece inscrito en los roles ó 
matrículas de los abogados de Guatemala, del Salvador, de 
Chile y de España, donde se le reputaba consumado y profun- 
do jurisconsulto. 

Sobresalía especialmente el nominado Gómez como escri- 
tor prosista, en cuyos trabajos descollara desde su juventud, 
hasta alcanzar la aceptación pública, y como poeta sus versos 
dulces y armoniosos le han granjeado un brillante puesto en- 
tre los literatos de la América Latina, que, como él, se dedican 
incansable y ardientemente á la imitación métrica de la bella 
naturaleza, y el honor de verse admitido entre los Arcades de 
Roma con el nombre de Clitauro Itacense. 

Durante su laboriosa vida escribió incesantemente, ora 
en prosa, ora en verso. Sus ocupaciones literarias fueron mu- 
cho mayores en sus últimos anos; y acometido de esa mono- 
manía, puede asegurarse que todos los periódicos, tanto de 
esta República, como del Salvador, registran artículos suyos, 
referentes á toda materia y a cuestiones gramaticales, en cu- 
yos escritos se traslucía, sin embargo, la decadencia de su ce- 
rebro. En este lamentable estado, cerró sus ojos al mundo en 
el infausto dia 5 de Junio del corriente afio con acerbo sen- 
timiento de sus hijos, amigos y amantes de las letras. 

El redactor de "El Civismo" aprecia, como es debido, el re- 
levante mérito del Licenciados Gómez, por su elevada inteli- 
gencia, talento despejado y amena ilustración, y siente de ve- 
ras su irreparable pérdida, por ser, aunque versátil en política, 
uno de los escritores mas cultos y mas elegantes de Centro- 
América, en razón de que los hombres que se dedican al estu- 
dio de las ciencias, según el ilustre poeta y biógrafo Don Mar- 
cos Arroniz, merecen loor y alabanza de la humanidad, porque 
en ella refluye todo lo útil de los trabajos que algunos talentos 
distinguidos impenden, haciendo grandes viajes, desfruyendo 
su salud, gastando sus intereses, sufriendo fatigas y contra- 
tiempos, y aun d veces arriesgando su vida. 



11 

]Poo:sÍ2i. 

Sábese que la poesía es tan antigua como el 
inundo. La historia refiere que los galos, britauos y 
otl'08 pueblos tenían inspirados vate-s que, al son de 
sus bien templadas liras, entonaban himnos armonio- 
sos y sentimentales en sus apacibles valles, pues en 
aquellos tiempos todo poeta era también músico. 

Separada mas tarde la deliciosa música de la 
divina poesía, dividióse ésta en varios géneros, color- 
eándose en el llamado directo la Oda, destinada por 
los antiguos y especialmente por los griegos para el 
cantor y por los modernos para la lectura. 

Figura entre las cuatro especies principales de 
Odas la erótica, que como muy bien dice el afamado 
literato Raymundo Miguel ¡sirve para exhalar el fue- 
go de las pasiones amorosa*, reinandolen ellas gene- 
ralmente la ternura, el sentiminto y la viveza de los 
afectos. 

¿Quién, por ventura, no ha pulsado en algún 
período de la vida su inarmónico laúd, ya al verse 
arrullado por los mágicos hechizos de una ardiente 
y simpática joven, ó ya siendo víctima lastimera del 
implacable amor? ¿Quién es el mortal venturoso que 
haya podido escaparse de sus acerados dardos? 

Con todo, la poesía puede reducirse á dos clases. 
Una ligera y frivola, como la erótica, de que se ha- 
bla y canta apasionados amores y tristes endechas, 
aunque de una manera galante y seductora, entre- 
tanto la otra que puede denominarse grande, atrevi- 
da y suIUjdp, según el orador López, "se remonta á 
" los cielos y abre sus espléndidos palacios para mos- 
u tramos sus maravillas y el poder del Supremo 
" Hacedor. 

Mas ambas poesías, de seguro nos arrancan lá- 
grimas que, en sentir del citado López, refrigeran al 
corazón, como el rocío á latí flores, pues en la plácida 
mañana de la alegre juventud enardecen las pasiones 
y en la tétrica noche de la sombría vejez endulzan 



15 

sus amargas decepciones. ¡ , 

Empero, la erótica parece la mas universal, 
porque el amor bajo cualquier aspecto, es de todos 
tiempos y de todos los seres humanos. A ella, sin 
duda, pertenece la siguiente composición que, si 
créese desaliñada v sin la sonoridad debida, figura, 
sin embargo, en "Él Civismo, 1 ' porque su redactor 
se ha propuesto insertar únicamente poesías meditas. 

DECLARACIÓN. 

Escucha, Delia querida, 
La sentida 
Y tierna declaración 
A que hacerte me apresura, 
Con amorosa dulzura, 
Mi devorante pasión. 

Admítela sin demora, 
Precursora 

De apetecida bondad, 
Tara que tu pronta anuencia 

Calme la dura vehemencia 
De mi febril ansiedad. 

A tal extremo el destino 
' Imagino 

A quererte me obligó, 
Que rotas aun las terrenas 
De amor tan suaves cadenas 
No podré olvidarte, nó. 

¿Y cómo, dime, lo haria, 
Delia mía, 

Sin la dichosa quietud', 
Que inspiran tu genio afable 

Y trato aun mas agradable, 
Que adornan tu juventud! 

Tus ojos tórname amantes 

Y abundantes 

De placeutero candor 



16 

E» la noche tenebrosa 
De mi existencia azarosa, 
Por tu inflexible rigor. 

La mano tornátil blanca, 
Con que franca 
Haces feliz al mortal, 
Tiéndeme que un beso ardiente 
Quiero imprimirle ferviente 
De amor eterno y cordial. 

Tu pecho túrgido admiro, 

Y aun deliro 

Al contemplarte mi bien, 
Como la púdica Fada, 
Mas linda y mas agraciada 
De nuestro mágico Edén. 

Si mueves tu pié desnudo, 
Tan menudo 

Y blanco como marfil, 
Con ese punzaute dardo 
En violenta pasión ardo, 
Por tí, doncella gentil. 

Mas de tu rosada boca, 
Que provoca 
Al mas austero doncel, 
Deslizase ¡Que portento! 
El dulce enternecimiento 
Del si que me niegas, cruel. 

En tanto, joven hermosa, 
Desdeñosa 

Te muestras á mi pasión, 
Siquiera de amor en seña 
Acepta, donosa dueña, 
Del bardo la inspiración. 



(.1 \ TKMAI.A, 1>IC IKMHHK 35 DE 1879. 

TIPOGRAFÍA DE A13HAIIAM F. PADILLA. 



Número IV 




Periódico de política, ciencias, literatura, comercio &. 

SU REDACTOR JOSÉ MARIANO MICHÉO. 

Saldrá por lo menos dos veces cada mes, á real el número. 



A los Pueblos del Departamento 
del Peten. 



Como los tres Distritos electorales de eáe 
estenso Departamento, hasta hoy aun no bien 
conocido, me eligieron diputado á la Asamblea 
Nacional Constituyente, declarada disuelta por 
su Decreto número 7, creóme en la indecli- 
nable obligación de informarles detalladamen- 
te acerca del desempeño de mi arduo cometi- 
do y de los trabajos de la propia Asamblea. 

Cuando recibí las notas fechadas el 18 de 
Febrero del año, que felizmente concluye, en 
que se me comunicaba tan honroso encargo, 
vacilé en si lo admitiría ó nó. Mas al fin hube 
de aceptarlo, cediendo al ardiente deseo de 
corresponder á tan inmerecida confianza, que 
reconozco con la mas tierna gratitud, conside- 
rada la pequenez de mi humilde persona. 

Ademas tuve presentes las dificultades in- 
superables que se pulsarían para el nombra- 
miento de un nuevo Representante, en aten- 
ción á la grande distancia que separa la Capi- 
tal de la República de aquel Departamento, 
aun no explotado, y que por esa causa tal vez 
no figuraría en la confección de la Carta cons- 
titutiva. 



2 

En esc concepto, y cuando por el órgano 
debido se me dijo haberse aprobado las cre- 
denciales y señaládose día para darme pose- 
sión, me apronté á tan honorífico acto; ha- 
ll abien do concurrido desde entonces exacta y 
cumplidamente á todas las sesiones, hasta la 
en que tuvo lugar la disolución de ese alto 
Cuerpo, que de seguro hará época memorable 
en nuestra patria historia. 

Propúsome no provocar cuestiones fútiles 
ni enojosas que de alguna manera entorpecie- 
sen la discusión de la ley fundamental; y en 
cuanto á ésta apuntar todo aquello que, á mi 
juicio, conviniera para que nuestra Carta polí- 
tica, correspondiendo á las férvidas aspiracio- 
nes de los pueblos, llenara sus necesidades, al 
punto de que elevada la República al esplén- 
dido rango á que es acreedora, tuviese una 
Constitución en consonancia con los principios 
democráticos proclamados. 

En los Diarios, que han visto ya la luz pú- 
blica, y en los preparados para cuando la 
prensa lo permita, constan todas las reiteradas 
mociones que en pequeños discursos hice,, y á 
que siempre di lectura con el sano propósito 
de que no se -tergiversaran mi ideas en favor 
del Pueblo, regularmente engañado, ni se alte- 
rasen con torcido intento mis espresiones fran- 
cas y sinceras, para hacerme aparecer á la faz 
de mis comitentes como una persona desaten- 
tada é indigna de su confianza. 

Empero, esc loable desiguio, que me ani- 
maba, no basté para ponerme á cubierto de 
los envenenados tiros de la maledicencia, pues- 
to (pie en la sesión del 21 del último Novieui- 



bre, tampoco faltara representante que en su 
ansia loca de adquirir celebridad, nulificándo- 
me ingratamente, supusiese que yo habia za- 
herido á la Asamblea, tachando a sus Miem- 
bros de poco circunspectos y mesurados; y to- 
mar de aquí pretesto para pedir con insistencia 
contra mi persona un voto de censura. Mas a- 
fbrtunadamcnte-esos débiles dardos se hicieron 
trizas y escollaron con el buen criterio de la 
Asamblea y de su esclarecido Presidente, como 
te lee en el Diario número 10. 

Sin embargo, molestando a varios diputa- 
dos mi continua instancia de reformas y adic- 
eiones en sentido eminentemente liberal, dos 
de mis colegas igualmente pidieron que se pro- 
hibiese la lectura de discursos, que, en su opi- 
nión, debían solo pronunciarse de memoria; ol- 
vidando que si es difícil escribir, aun es mucho 
mas improvisar. Pero ese rudo ataque á la de- 
cantada libertad, esa restricción contra los ar- 
tículos constitucionales, ya aprobados, también 
fracasó, como, sin duda, se hará constar en el 
respectivo Diario. Eso no obstante, y sin amai- 
narme para nada, seguí impertérrito en la sen- 
da que anticipadamente me habia trazado. 

El Proyecto Constitutivo, que en su ma- 
yor parte se aprobara, está, pues, calcado en 
las bases de algunas Constituciones modernas, 
que al efecto, parece, se consultaron; y conte- 
niendo mucho bueno, y de acuerdo con los 
principios que profeso, me contemplé en la 
precisión de prostar mi voto á la generalidad 
de sus artículos, á pesar de ser algunos copia 
literal de las Cartas (pie, como he dicho, la co- 
misión tuvo á la vista para formarlo. 



4 

Desde que el mencionado Proyecto se pu- 
so á la orden del dia, aparecieron los dos ia- 
transigentes partidos con sus tendencias y sus 
pasiones sórdidas; y sufocando los elevados sen- 
timientos del patriotismo, manifestaron fervo- 
roso entusiasmo solo al tratar de religión y de 
la unidad centro-americana, en tanto que víóse- 
les indiferentes y apáticos respecto á garantías, 
libertades políticas y demás puntos constitu- 
cionales. Causa pena decirlo. Pero ese glacial 
indiferentismo, esa tétrica apatía serán siem- 
pre el mayor obstáculo para el engrandeci- 
miento de la República. 

Hubo así mismo diputados que, para co- 
honestar sus funestas y retrógradas pretensio- 
nes, se mancharan sin necesidad con las bajezas 
mas serviles, indecorosas y repugnantes. Pero 
esa ridicula lisonja, que tanto desagrada y en- 
vilece, no es de estrañarse, atento á que, cnmo 
dice López de Vergara, "si Quintiliano da sus 
" lecciones de retórica á la juventud romaOa, sí 
" escribe sus instituciones oratorias, si merece 
" de Marcial que le llame el honor de la toga 
" romana, todo queda á los pies de Domíciano, 
" á quien consagra la mas vergonzosa adula- 
" cion." 

Con todo, la ley fundamental fué termina- 
da. Ya corre impresa, por haberla sancionado 
el Ejecutivo. Ella encierra principios de la mas 
pura democracia, cuyo desarrollo toca á las le- 
yes secundarias. Ella condúcenos al período 
constitucional, tan justamente apetecido. Ella, 
aunque incompleta, como obra humana, será 
Ún 01 nbargo, con el tiempo un manantial fe- 
cundo de bienes sociales y la verdadera áncora 



de salvación para nuestra predilecta Patria. 

¡Pueblos del Peten! El representante, que 
elegisteis á la Asamblea, finaliza ahora sus tra- 
bajos, dándoos cuenta de haberlos desempe- 
ñado, sino dignamente, al menos de la manera 
que el estado de los asuntos públicos se lo 
permitieron. Por tanto, espera que le otorguéis 
vuestra aprobación. Al efecto, prométese re- 
mitiros oportunamente los Diarios, de que os 
habla. Entre tanto servios aceptar la buena 
voluntad que cordialmente os protesta en cor- 
respondencia á la inmerecida distinción que le 
dispensasteis, y que recordará en todo tiempo 
con ternura y agradecimiento. 



GALERÍA parlamentaria guatemalteca, 

PRIMER RETRATO. 

Ángel Maria Arroyo. 



Es casto Sacerdote y algo del coro de Catedral, 
Doctor en derecho canónico y Catedrático jubila- 
do de esa ya suprimida asignatura. Actualmente pue- 
de contar como cuarenta años de edad, sobre poco 
mas ó menos. 

Niño aun, perdió á su padre. Esa fatal circuns- 
tancia fué la que decidiera de su futura suerte; y 
acogido bajo los benéficos auspicios de otro Sacer- 
dote, cuyo nombre pertenece ya á la historia, á él 
debe su bonancible posición social. 

Terminada su carrera literaria con el Presbite- 
rado y Doctoramiento, ha hecho su papel desde muy 
joven, ya en la antigua Universidad, ya en la Igle- 
sia, donde se le conceptúa gran personage, ya final- 
mente en diversas Legislaturas. 



El retrato, como el presente, llamado por los 
griegos Etopéya, es la descripción de los usos y cos- 
tumbres de algún ciudadano. Mas agregada la Proso- 
prografiaó delineacion física de la persona, entonces, 
sin duda seria mas exacto el diseño y obtiene entero. 

Escollos graves impiden su perfección. El pin- 
cel, por lo regular, se desliza en el carácter, prin- 
cipios y dotes del sugeto bosquejado. Por eso, el 
autor, alejando toda mala prevención, conviene so 
aproxime, en lo posible, á la realidad para el me- 
jor acierto y caracterizar al personaje. 

Inspirado, pues, en esas ideas, al delinear el 
Boceto del galante Doctor Arroyo, objeto digno 
de este cuadro, cumple considerarlo solamente como 
Catedrático y como Orador sagrado y parlamentario; 
quedando á su acucioso biógrafo el ímprobo trabajo 
de tratar de su origen y ocupaciones de sacristía. 

Doctor, parece que apenas tiene una instrucción 
superficial; y á vista de alguno de sus trabajos, sos- 
pecho que de las diez mas principales Compilaciones, 
que forman el Cuerpo del derecho canónico, solo 
aprendería á citarlas de un modo, pues la primera 
parte del Decreto de Graciano se cita de nueve: la 
segunda, de siete; y la tercera, de seis, como también 
sucede con las otras Colecciones. 

Catedrático, refiérese que tampoco tenia méto- 
do alguno para enseñar. Usaba corrientemente un 
lenguage cáustico é incivil para con sus alumnos. De 
éstos muy pocos lo apreciaban. La generalidad le 
tuvo un odio profundo; y con razón, porque los pre- 
ceptores deben ser cariñosos, finos y atentos respec- 
to de sus discípulos, á fin de inspirarles la cortesanía 
y demás virtudes sociales. 

Orador sagrado, sus discursos carecen induda- 
blemente de unción y de sabor místico. Su estilo, 
debiendo ser claro y sencillo, peca regularmente por 
altisonante y muchas veces por vulgar. Propónese 
mas bien adquirir nombre de elocuente predicador 
que evangelizar; lo cual, según fray Martin de Ve- 



7 

lasco en su Arte de sermones* publicado en 1Ó75, 
3$o "mas qne predicar es predicarse haciendo del 
medio fin, cun que el sermón pierdeja fuerza de per- 
suadir, porque se gasta la energia en lucir y ga- 
lantear.' 1 

Efectivamente, el Padre Arroyo tan solo lleva v 
en mira causar asombro y admiración. Muy lejos de 
su propósito instruir al pueblo cristiano. ¿No lo prue- 
ba, acaso, el empeño solícito de persuadir que sus 
discursos impresos fueran improvisados, cuando su 
extremo pulimiento testifica lo contrario? ¿No lo a- 
credita, por ventura, el hecho ridículo de que en Ca- 
tedral un taquígrafo escribiera el discurso cuando lo 
pronunciaba, haciendo merecida remembranza de la 
solemne declaratoria de la Inmaculada' Concepción 
de Mai -ia? 

Eñ comprobación de esa especie apelo al buen 
discernimiento de cuantos le hayan oído. El siempre 
se ocupa tanto de su presuntuosa persona, que como 
un Petimetre vésele andar acicalado, y cual elegante 
Dama exhalando esquisitos perfumes, que á su paso 
impregnan la atmósfera. ¿No son, pues, sus tenden- 
cias mucho mas mundanas, que religiosas;! La decen- 
cia es laudable en toda persona; la modestia propia 
de un Sacerdote; pero el engalanamieuto pugna con 
el recato evangélico que éste debe guardar. 

Orador parlamentario, favorésenle, sin embar- 
go, el aplomo y la audacia que ha adquirido en fuer- 
za de subir al pulpito, y que pusiera en juego para 
pretender en la Asamblea Constituyente se le consi- 
derase como el alma de sus debates, en que tomaba 
participio activo, alentado por los inmerecidos aplau- 
sos que frecuentemente recibía «le sus apasionados 
sectarios, que con esc designio se instalaban desde 
temprano en k>s escaños públicos. 

Sofista de costumbre y terco argumentador, 
ocupábase en las sesiones únicamente de nimiedades. 
Nada sólido, uada sustancial decia, y si á mala ve/, 
pudo dar en el clavo, fué tan solo como Don Tomas 



de Iriarte r cuenta en una de su» preciosa» fíbulas. 

Jactábase asi mismo de que en las anteriores le- 
gislaturas habia pertenecido á la oposición. ¿Cual 
seria la que entonces hizo? No se comprende. Al me- 
nos yo lo confieso sin embozo, atento á que en la 
citada Constituyente jamas emitió una sola idea li- 
beral. Sus teorías eran añejas, aunque arropadas 
adrede con la adulación maá despreciable, para po- 
nerse oportunamente á cubierto de cualquier cargo. 

Allí está el Diario de las sesiones de aquel alto 
Cuerpo. El contiene los discursos del diputado Arro- 
yo, cuya simple lectura patentiza cuales fueron pro- 
nunciados impromptu y cuales dichos de memoria 
con previo estudio. Así, no es de estrafiarse que, co- 
mo orador sagrado sea sublime meditando y escri- 
biendo con anticipación, ¡y vulgar cuando impro- 
visa. 

Triste, muy triste es la figura de un ministro 
del Altísimo en el palenque político, de donde de- 
ben ya alejarse los sacerdotes, quienes colocados en 
ese puesto, tienen por necesidad que prescindir del 
lenguaje místico para descender al profano, y tratar 
de asuntos enojosos, en razón de que, ajuicio del li- 
terato chileno, citado en la introducción de estos re- 
tratos. "Las agitaciones de la vida pública, los cubi- 
" letes de la política, las miserias de los partidos, no 
" sientan bien á un Sacerdote, que tiene que llenar 
" en la tierra una misión mas noble, mas pura,"ma8 
" santa: una misión divina." 

Fuera de eso, el Doctor Arroyo en lo privado 
es un caballero cumplido y recomendable, por la 
suavidad de su carácter, la dulzura de su palabra, la 
elegancia de su persona y el esmero de su vestido. 
Yo lo digo con franqueza, sin que obste la acritud del 
idioma con que en la Constituyente me vulnerara, 
como aparece de sus Diarios. Con todo, repito, que 
le aprecio por tan relevantes prendas, y aun le augu- 
ro que, con alguna dedicación y el abandono de Tas 
cosas mundanas, puede adquirir un estilo atildado, 



alcanzar gracia ante Dios y ponerse, como orador 
sagrado, eu el camino de la gloria, que espléndida 
de corazón le deseo, para que eternice su ya célebre 

nombre. 

"EL HORIZONTE." 

Registra el número 47 de ese interesante Semanario, 
correspondiente al 14 del mes que fina, un suelto eu que se 
hace la maa lisonjera apreciación de "El Civismo," deseándo- 
le vida larga y prosperidad. 

Desgraciadamente en Guatemala los buenos propósitos 
de mi obsequioso colega solo serán cumplidos en cuanto ájla 
vida larga, que férvido ansia para el humilde Periódico que 
redacto, por puro entretenimiento. 

Mas respecto á la prosperidad, que también le augura 
la creo difícil, sino imposible, atentos los muchosjobstáculos 
con que tropieza el Periodismo para lucrar por medio de*tan 
ímproba y espinosa ocupación. 

Acepten, pues, los redactores de "El Horizonte" las mas 
cumplidas y cordiales gracias por su delicada galantería para 
'El Civismo", cuyo redactor espera de la amabilidad del 
Sr. Carrioh que, en justo retorno, admita benévolo y en pren- 
da de segura gratitud las siguientes coplitas: 

SONETILLO. 

De carmín la aurora riente 
Tíñese y también de gualda 
Sobre un campo de esmeralda 
Dó Libertad floreciente, 

Asómase en el Oriente 
El bieuestar derramando, 
Y á los libres develando 
De justicia un sol clemente. 

Así Tú ¡oh joven sobriuo 
De Martínez de la Rosa! 
Eres de mi Patria hermosa 
El gran fanal vespertino, 

Que en tu "Horizonte" destella 
Nuestra esperaiílb mas bella. 



10 

D É G I M A. 

Si ol sol en plácido día 
Los cimas dora del monte 
Y en el visible horizonte 
Derrama fausta alegría; 
También con noble porfía, 
En debate literario, 
Cuestiones tu Semanario 
Provoca con heroísmo, 
Que las acojo "El Civismo" 
En su entusiasmo palmario. 



El nuevo alumbrado. 

Deseoso el Gobierno de engalanar á esta her- 
mosa capital con un lucido alumbrado, digno del 
progreso material que asombrosa y rápidamente ha 
venido desarrollándose de algunos años atrás, con- 
trató con los señores Covert y Tinoco el que en la 
actualidad se está planteando. 

Ese alumbrado que en un principio se creyó 
correspondería á la pública ansiedad, la esperiencia 
tristemente ha demostrado lo contrario, y hoy se 
puede asegurar sin esponerse á vn mentís, que no 
sirve, que absolutamente no sirve. 

La sustitución del Petróleo por el aceite de Nafta 
ha convertido el lugar de cada farol en un foco pes- 
tífero, que afecta al olfato mas entorpecido, sobre 
todo en el ascenso de la temperatura por la fuerza 
del sol; de manera que si anteriormente cada vecino 
pretendía tener el farol lo mas cerca de su casa, hoy 
vivamente desea alejarlo todo lo posible. 

Ademas: en la contrata celebrada en 25 de Ene- 



11 
r<> del presente año con el .Ministerio de Fomento se 
estipuló que cada luz equivaldría á la que irradian 
diez y seis velas de estearina. Mas la que actualmen- 
te destellan los faroles apenas puede equipararse cou 
la de ocho velas. 

Hay mas todavía: en las noches lluviosas, muy 
frecuentes en Guatemala, se ha visto que las luces 
se apagan. En las que sopla un viento recio, (pie 
también son frecuentes, cunen igual suerte; y en las 
llamadas de luna, aunque ese luminoso astro, aparez- 
ca velado, privándonos de su pálida v cenicienta luz. 
no se encienden; y cuaudo sopla un viento suave la 
luz es demasiado oscilante y exhala gran cantidad 
de humo que, condensándose en los vidrios de los 
faroles, cúbrelos con una capa negra, que impide la 
difusión de la claridad. 

Llama seriamente "El Civismo 1 '' la atención del 
Supremo Gobierno, á fin de que no haga tau consi- 
derables erogaciones, hasta tanto se hayan remedia- 
do los inconvenientes de que se ha hecho una ligera 
indicación, pues no debe olvidarse que el público 
quejoso es el mismo público que paga, por alumbra- 
do que no disfruta. 



13clua,i*clo Hnll. 

Siendo harto patentes la armonía y fluidez de 
loa sentimentales versos del inspirado vate, cuyo 
nombre titula el presente esbozo, le damos también 
complacidos el lugar que merece en nuestra Galería 
poética, cou la plena seguridad de creerle acreedor á 
ocuparlo dignamente. 



12 

Nació en Guatemala, capital de la República 
de ese nombre, el 13 de Octubre de 1832. Desciende 
de una respetable familia inglesa, por la linea pater- 
na, y de una guatemalteca, no menos conocida, por 

la materna. 

Contaba quince años de edad, cuando fué en- 
viado á Inglaterra, con el objeto de completar su 
educación primaria. Allá permaneció cinco años. En 
ese corto período hizo rápidos adelantos; poniendo 
de manifiesto sus relevantes capacidades; y al regre- 
so del Colegio tuvieron sus padres la dulce satisfac- 
ción de ver coronados sus esfuerzos. 

Transcurridos dos años que á su vuelta llevara 
de estar ocupado en el comercio, el Gabinete de San 
James le nombró Vice-Cónsul y poco después Cón- 
sul para la República de Honduras, con cuyo carác- 
ter fué igualmente acreditado para la del Salvador 
en 1856; gozando siempre del sueldo de esos desti- 
nos que, no obstante su poca edad, cumplidamente 
desempeñara. 

Ha recorrido así mismo varios países de Euro- 
pa, y á favor de esos viages ha aumentado, sin duda, 
el caudal de sus conocimientos. Posee el idioma cas- 
tellano: conoce con mucha perfección el ingles; y le 
son familiares el italiano y el francés, que habla, tra- 
duce y escribe con regularidad. 

.Aunque Hall es funcionario del Gobierno Bri- 
tánico desde 1 853, en que admitió el nombramiento 
de Vice-Cónsul, sin embargo se le reputa guatemal- 
teco; habiéndose grangeado con sus sobresalientes 
prendas la estimación pública, y muy en particular 
la de cuantos aprecian el verdadero mérito. 

En diferentes épocas ha publicado varias sentí- 



13 

das composiciones en versos fluidos, sonoros y armo- 
niosos: prueba inequívoca de su talento poético. 
Acariciamos, pues, la esperanza, de que dedicado, 
como está, al culto de las musas, produzca, andando 
el tiempo, nuevas obras dignas de su ingenio y que 
Birvan de saludable instrucción á la estudiosa juven- 
tud guatemalteca. 

Comerciante y poeta, se ha dedicado también á 
la filarmonia, fuente fecunda de sentimientos dulces 
y elevados que, con sus admirables cadencias, esci- 
ta ardientemente el corazón, arrullando las nobles 
pasiones. A ella debe en gran parte la fluidez y so- 
noridad de sus versos y la ternura de su espresion. 

En resumen, y apropiándonos las palabras de 
•unos jóvenes escritores contemporáneos, la poesía de 
Hall puede llamarse "música articulada, algunas ve- 
ces vaga como sus visiones, pero matizada siempre 
de toques enérgicos y raptos llenos de valentía;" y 
si se advierten algunas faltas, en nada afectan su in- 
negable valor, porque la suma perfección es uno de 
los mas brillantes atributos de la Divinidad. 



Joan Francisco Rodrigue*. 

Hijo de Don José María del mismo apelli- 
do y de Doña Gertrudis Méndez, tuvo lugar 
su nacimiento el 16 de Junio de 1846 en Que- 
zaltenango, capital antes del Estado de los Al- 
tos y cabecera del Departamento de aquel 
nombre, desde que en 1840 el famoso General 
Carrera lo sujetara violentamente á Guate- 
mala. 

El joven Rodríguez recibió su educación 



M 



primaria en la casa paterna y la perfeccionó 
después concurriendo á la escuela de primeras 
letras de su ciudad natal á cargo entonces de 
Don Paulino Salas. 

Dirijido por tan hábil Preceptor, apren- 
dió entre otras cosas, á escribir correctamente 
en bellos caracteres; de manera que con justa 
razón, se le reputa como uno de nuestros me- 
jores pendolistas 

A principios del año de 1861 sus solícitos 
padres le trasladaron al Colegio de infantes 
bajo los auspicios del benemérito Doctor Don 
Manuel C. Espinosa, Rector del Colegio, Chan- 
tre de la Santa Iglesia Catedral y decidido 
protector de la juventud, á cuya munificencia 
deben varios jóvenes verse en carrera literaria 
con un porvenir risueño. 

En el establecimiento que estuvo al celo 
y cuidado de tan recomendable persona, cursó 
el referido joven Latinidad y Filosofía, hasta 
merecer el grado de Bachiller en el año de 
1 866. Desde entonces se dedica al estudio de 
ambos derechos, y se entretiene también en el 
cultivo de varias artes liberales, sobresaliendo 
especialmente en la música y en el dibujo. 

Dotado de una imaginación viva y ardien- 
te, no podía dejar de ser sensible «1 los encan- 
tos de la poesía. Sus versos, que rebosan de 
sentimiento y armonia, son mi feliz presagio de 
lo que pueda producir su modesto autor, cuan- 
do haya enriquecido su inteligencia con ma- 
yores conocimientos científicos y literarios y 
con la cordura y prudencia que dan el tiempo 
y el estudio del corazón humano. 

lie joven apreciable. en la sentida y pie- 



15 

matura muerte de mi malogrado hijo Juan Jo- 
sé, que aun todavia tristemente deploro, arran- 
có á su acordada lira un tierno canto. Reciba, 
pues, en merecida correspondencia, mi eterna 
gratitud con estas líneas que en prueba inequí- 
voca le dedico; deseándole rápidos adelantos y 
la conclusión de su carrera. 



EN UN ÁLBUM. 



¿Gomo quieres, Delia mía, 
Un cauto module terso 
Entre el coro 
De los bardos que á porfía 
Apláudente eu prosa y verso, 
Tan sonoro? 

Inarmónica, sin duda, 
Al par de tan singulares 
Melodías, 

iSerá mi cantiga ruda, 
Como acordes sus cantares 

Y poesías. 

Tu voluntad obsequiando, 
Hoy, cual esclavo sumiso, 
Obedezco; 

Y pues tu nombre invocando, 
Aquesta copla improviso, 
Te la ofrezco. 

A la guirnalda de rosan, 
Tegida á tu blanca frente 
I "ii esmero, 

b ragautes flores graciosas 
Hoy agrega diligente 
Un coplero. . 



18 

Mas si con ellos admiro 
Tu espléndida donosura 

Y esbelteza, 

Al contemplarte, un suspiro 
Lanzo de tanta amargura, 
Con tristeza. 

Pues cual de la blanda brisa 
Mitiga nuestro ardimiento 
La frescura, 
Así dé tu dulce risa 
El afable sentimiento 
De ternura. 

Risueños ya se deslizan 
Los dias de tu existencia 
Apacible, 

Y á mi pecho martirizan, 
Con su benéfica influencia, 
Indecible. 

De amor en el tierno campo 
Sigue sus poéticas flores 
Marchitando, 
Como á su vivido lampo 
Los suaves, gratos olores 
Aspirando. 

Vertiendo, en fin ¡oh querida! 
Las gracias sigue á torrentes, 
Que en venganza 
Prometo hacerte cumplida, 
En versos dulces y ardientes, 
Tu alabanza. 



GUATEMALA, DICIEMBRE 31 DE 1879. 

TIPOGRAFÍA DE ABRAIIAM F. TADILLA. 



Número 10. 



EL GIVIgMQ. 

Periódico de política, ciencias, literatura, comercio *. 

Sü REDACTOR JOSR MARIANO MICHBO. 

Saldrá por lo menos dos veces cada mes, á real el número. 



ALBRICIAS! ALBRICIAS! 

El resultado de las elecciones, terminadas 
ayer tarde, ? de los corrientes, en el Distrito 
de Guatemala, fué extremadamente satisfac- 
torio. El General Justo Rufino Barrios, candi- 
dato propuesto por "El Civismo," fué ele-ido 
por unanimidad, Presidente Constitucional De 
esperarse es el mismo lisonjero resultado en 
los otros Distritos, y que en consecuencia que- 
de electo por aclamación general. 

El pueblo comienza á demostrar su buen 
sentido y que ya no es indiferente á la cosa 
publica Esa unanimidad, obtenida en la elec- 
ción, habla muy alto, ora en favor de los elec- 
tores, que se proponen engrandecer á su pa- 
tria, colocando en la primera silla un verdade- 
ro y desinteresado república, ora respecto al 
ilustre caudillo, cuya popularidad se aumenta 
de una manera asombrosa, al paso que dismi- 
nuye la de los mentidos patriotas. 

Es verdad que hubo unos pocos votos 
que no pasarían de once y como vulgarmente 
se dice volados, y quizá por otras tantas perso- 



ñas movidas por algún interés particular. Em- 
pero, tampoco dañan la merecida aureola de 
nuestro ilustre candidato. Prueban tan solo que 
las elecciones se verificaron con la completa li- 
bertad, que todos ansiamos para esos impor- 
tantes actos en que se juega la suerte del pais. 

"El Civismo" que aplaude ardientemente 
en su patriótico entusiasmo todo cuanto tien- 
de al engrandecimiento de Guatemala, felicita 
de veras y con el corazón en los labios á los 
Pueblos de la República por su acierto en las 
elecciones, cuvo feliz éxito columbra, hava si- 
do el mismo en los demás distritos. 

Haláganos, pues, un porvenir risueño, al 
considerar á nuestra hermosa, idolatrada Gua- 
temala, presidida por un progresista demó- 
crata, que profesa odio eterno á la abominable 
tirania y á la perpetuidad en el mando: respe- 
tada en el exterior como nación culta, sobe- 
rana é independiente; y disfrutando en el in- 
terior de plácida y perdurable paz, con el des- 
arrollo de sus fuentes de espléndida riqueza, 
tu comercio próspero y sin trabas, su agricul- 
sura animada y floreciente, su territorio cru- 
zado de toda clase de caminos y sus habitan- 
tes regidos por la Diosa Themis á la sombra 
mágica de la libertad. 

Salud y prez al nuevo Presidente! Porque 
si laureles de inmarcesible gloria ciñen ya ¡oh 
Barrios! vuestra e2Te£Ía sien, otros no menos 
resplandecientes os reserva el porvenir. Ade- 
lante, pues, adelante. Herid sin dar treguas 
ni descanso al odioso y estúpido fanatismo, y 
con páfio firme y sin ver atrás continuad infa- 
tigable implantando el germen de la verdadera 



* 
prosperidad, seguro de que las generaciones ve- 
nideras pronunciarán vuestro esclarecido nom- 
bre con profunda veneración y nuestra patria 
historia lo grabará para siempre con letras de 
oro en sus inmortales fastos. 



Mas acerca de Constitución. 



"El Civismo" en repetidas ocasiones no 
solo ha dicho, sino tambien^propagado en su 
fanatismo político, con los mejores modernos 
publicistas, que la religión debe yTconviene 
sea punto omiso en toda Carta Constitutiva. 

Su redactor sostuvo en la Constituyente 
esa teoría. Mas su desautorizada voz fué des- 
oida, y varios artículos de la Ley fundamen- 
tal se ocupan sin necesidad de esa inoportuna 
materia. 

Entre los escritores ilustrados que since- 
ramente la han creido agena de las cartas po- 
líticas, figura el patriota legendario Simón Bo- 
lívar, cuyo inmortal nombre nos recuerda las 
glorias épicas de las cinco naciones, á que diera 
vida, con su espada siempre victoriosa. 

Cuando se formó la Constitución de Co- 
hibía, decia al oficial norte-americano autor 
del folleto titulado A Sketch of Bolívar in his 
camp, "conociendo que no seria admitida la 
" tolerancia de ninguna otra religión mas que 
" la católica, puse yo cuidado en que no se d— 
u gese nada sobre religión, de manera que cío 



" mo no hay una cláusula que prescriba la for- 
" nía del culto, los estrangeros adoran á Dios 
" como les parece. El pueblo de Colombia no 
" se halla preparado todavia para ningún 
" cambio en materia de religión. Los sacerdo- 
" tes tienen una grande influencia en las gentes 
" ignorantes. La libertad de religión debe ser 
" consecuencia de las instituciones libres y de 
" un sistema de educación general." 

Por eso, el redactor de "El Civismo" pre- 
tendía que se dejase en silencio lo relativo á 
religión. Guatemala apenas comienza á vislum- 
brar ese porvenir risueño, necesario para los 
cambios religiosos. La ilustración que, con 
tanto entusiasmo, se difunde los prepara ya, y 
de seguro deben operarse para hacer "á la je- 
" neracion venidera muy superior á la presen- 
" te," como el mismo libertador Bolívar se 
propuso al establecer el sistema lancasteriano 
en toda Colombia. 

Últimamente, hablando á ese respecto el 
publicista chileno Lastarria consigna en su in- 
teresante obra, titulada "La América:" que la 
Constitución de los Estados Unidos de Norte- 
América prohibe expresamente: "que se legis- 
" le sobre religión, ni sobre nada de lo que 
" corresponde á los dominios del espíritu." 
¿Por qué, sin embargo, nuestra Asamblea ten- 
dría ese empeño, tan inconsiderado y tan can- 
didamente sostenido por los dos bandos? 



calería parlamentaria guatemalteca. 

SEGUNDO RETRATO. 

Lorenzo Hontufar. 

Ha tenido y tiene entusiastas panejiristas v 
desapiadados detractores. Los primeros, como ami- 
gos, lo levantan á las nubes: los segundos, como ene- 
migos, lo echan por los suelos, hasta negárselo todo 
Yo ahora en su retrato quisiera acertar. Mucho mu- 
chísimo sentina no lograrlo, tanto por ser él quien es 
como por ser yo quien soy, según el crítico Larra ' 
m a t Montufar cueDta ya algunos abriles, pues, á mi 
juicio, pasa de cincuenta años de edad. Empero es 
de les políticos que sueñan en la juventud. El quie- 
re que los niños rijan los destinos del pais, olvidan- 
do que entonces tendría que abandonarles su bri- 
llante puesto. Error en que frecuentemente incurren 
los viejos cuando se vuelven sonámbulos, á cuya eran 
familia, sin duda, corresponde nuestro diseñado ora- 

Desde niño ha metido siempre bulla. En las cía- 
ses se hizo notable por su asiduo estudio y su pre- 
maturo aprovechamiento. Joven aun, tuvo que ha- 
berselas con el Doctor Doroteo José Arrióla,! quien 
ventajosamente combatiera acerca de algunos pun- 
tos de la Historia del derecho español qSe este pu- 
blicaba; y cuando apenas habia obtenido el título de 
abogado, hizo también su papel, terciando en el rui- 
doso pleito, llamado Retes-Castillo. 

Aunque tuvo una educación mas que cristiana 
no habiéndose podido afiliar entre los conservadores' 
ingratos, crueles y miserables para los que no son 
suyos, á cuyo bando pertenecían sus padres, se echó 
en brazos del liberal, no por entusiasmo á esa causa 
bella y santa tampoco por convicción, sino tan soló 
por necesidad, y se dejó de misas y devociones, sin 
saber mas ahora porqué la, djaba, que antes pirque 



Fuera (le eso, no puede, no debe denominarse 
liberal al escritor que aboga por el absolutismo, al 
que delira por los omnímodos poderes, al que pre- 
tende sufocar las revoluciones con providencias ar- 
bitrarias y despóticas. Una mano enérjica, unos días 
de dictaduara habrían salvado las instituciones, dice 
Montúfar á la página 346, tit. 20, lib. 4, tomo 2. ° 
de la Reseña histórica de Centro-América. A esto 
de seguro tienden ambos partidos para perpetuarse 
en el mando. A esto, y nada mas que á esto Carrera 
debió su existencia política. ¿Porqué nuestro prota- 
gonista se queja amargamente de las violencias co- 
metidas por ese hombre bárbaro y cerril durante su 
lamentable cacicazgo? 

Escuso exhibir al citado Montúfar como juris- 
consulto y como diplomático, por que en Guatemala 
muy poco ha ejercido el oficio de abogado, sin em- 
bargo de su notoria ilustración, y por que si bien se 
le encargaran algunas embajadas, ignórase su éxito, 
en razón de que hasta hoy no se ha dado á conocer, 
con todo y la pública ansiedad, sino fuera por un 
periódico español, titulado La Iberia, y por otro me- 
xicano. 

En ese concepto, limitóme á considerarlo tan solo 
como orador parlamentario y como patrio historiógra- 
fo. Al efecto, me propongo que su diseño sea lo mas 
exacto posible, por que, según Condillac, los retra- 
tos no son interesantes, sino en cuanto son parecidos 
aunque, como dice Gómez Hermosilla, es muy dificil 
que al hacer el retrato completo de alguno, el autor no 
sustituya su propia imaginación á la fisonomía del 
retratado. 

Como quiera que sea, no puede negarse que a- 
doman á Montúfar relevantes cualidades para repu- 
tarle orador de mucho mérito. Su aparente aire re- 
publicano, su expresión insinuante y persuasiva, su 
voz clara y sonora, su carácter resuelto y enérgico, 
eu memoria prodigiosa y feliz y los bastos conoci- 



mientos históricos de que siempre hace fastuoso a- 
larde, colócanle en una situación ventajosa para ata- 
car y defenderse con bizarría, aunque acostumbra 
pasearse y dar golpes eu la baranda cuando impro- 
visa ó recita los discursos de antemano preparados. 

Al escuchar á su antagonista, al diputado que 
considera del partido contrario, no guarda quietud 
en su asiento. Se mueve á todos lados: se agacha pa- 
ra verle: se levanta runchas veces y se sienta otras 
tantas: se le encara y dirige terribles miradas. Qui- 
siera confuudirle, quisiera haberle á las mauos, qui- 
siera hacerle pedazos en sus argumentos. Tal es el es- 
tado irritable de su ánimo eu tan supremos instan- 
tes. 

Mas hablando, es tremebundo por su lógica in- 
flexible, por sus arranques patrióticos, por el sarcas- 
mo que suele oportunamente emplear, por su hábil 
táctica parlamentaria, y por la historia con que en- 
galana sus discursos, si bien frecuentemente abusa 
de ella y hace torcidas aplicaciones, pues, venga ó 
no al caso, nombra al inquisidor Torquemada, á loa 
duques españoles; al puente de Alcolea efe, y cita la 
sangrienta revolución francesa de 1789, que sacrificó 
inhumanamente á sus propios autores, y otros mu- 
chos hechos de sobra couocidos. 

Convengo en que la historia y especialmente la 
patria es indispensable al orador, y mas todavía al 
parlamentario. Siu ella, como dice Cicerón, se vive 
en eterna infancia, ignorándose los acontecimientos 
que nos han precedido', y como, según el mismo Cice- 
rón, las figuras y los tropos son loé <>j"* del discur- 
so, deduzco naturalmente que el lengnage figurado 
es el mas api-opósito para h>s Cuerpos legislativos, a" 
tentó á que ejerce una fuerza mágica sobre los cir- 
cunstantes y les ocasiona una agradable conmociou- 

Aunque dícese corrientemente que el estilo es 
el hombre, porque lo caracteriza, dando á conocer 
como piensa y aun como siente, el orador diseñado 



no se exhibe en sus escritos. El imita admirablemen- 
te el estilo del literato Don José Selgas, propio de 
periódicos, pues con los párrafos pequeños se ocu- 
pan muchas columnas y se trabaja poco. Fuera de 
eso, Montúfar sobrecarga sus discursos de muchísi- 
mas repeticiones, abundando en palabras inútiles, 
que á nada conducen, y que suprimidas siquiera en 
una cuarta parte, quedarían sus arengas legibles y 
perfectas. Ese defecto se llama batologia. 

No tiene tampoco estilo cortado, como algunos 
lo creen. Ese estilo es muy raro. Poquísimos escri- 
tores lo usan. Asi, únicamente se cuentan en España á 
Saavedra Fajardo: en Francia al orador y poeta Mr. 
Tomas; y en la América latina á nuestro ilustre com- 
patriota Don José del Valle; consistiendo precisa- 
mente ese atildado estilo en la libertad de todas las 
clausulas, y que sean breves: en su independencia 
unas de otras: en que no tengan absolutamente en- 
lace recíproco; y en que forme cada una perfecto sen- 
tido, sin que obste que los párrafos sean grandes. 

Como historiador, Montúfar es de escaso méri- 
to. No observa las reglas establecidas á una por los 
retóricos y por el afamado Volney, autor de las rui- 
nas de Palmira y del precioso método de leer y es- 
cribir la historia. Hacina documentos, quiza innece- 
sarios, cnya lectura cansa y fastidia, y las refleccio- 
nes que de ellos deduce, por lo regular, son apasio- 
nadas. Puede, pues, decirse que Jua Reseña Históri- 
ca, que actualmente escribe y de que ha publicado 
ya tres tomos, es La Historia pat?'ia en camisa. Con 
todo, ese trabajo es en e6tremo importante. En él ya 
hay mucho para los nuevos historiadores, quienes 
encontrarán reunido casi todo el material. 

Por tan ímproba laboriosidad, felicito sincera y 
cordialmente al Señor Montúfar, á quien desde niño 
profeso tierno y acendrado afecto y para quien an- 
sio un porvenir venturoso. Lo felicito también como 
orador parlamentario. Siempre recordaré los plací- 



dos momentos que en la Asamblea me proporciona- 
ra con su elocuente palabra y su sal ática. Por últi- 
mo, felicito asi mismo á Guatemala, por que en él 
tiene un digno hijo, un insigne jurisconsulto, un po- 
lítico hábil, un literato eminente, un escritor culto, 
elegante y un esclarecido ciudadano, prez y honra 
de nuestro patrio suelo! 



BIOGRAFÍAS. 



Agustín Gómez Carrillo. 

Es autor del artículo de "El Guatemalteco", á 
que se diera la merecida respuesta en el número 'l6 
de "El Civismo. Eso no obstante, y como prueba de 
imparcialidad, publícase ahora con algunas peque- 
ñas alteraciones su esbozo biográfico, borrajeado pa- 
ra la Galería poética, proyectada por Don Ramón 
Uriarte y el redactor de este periódico. 

Gómez Carrillo nació en la Capital de la Repú- 
ca de Guatemala el 24 de Febrero de 1835. Es el 
hijo primojénito del esclarecido literato y esperto 
jurisconsulto Licenciado Don Ignacio Gómez, y por 
la línea materna hállase ligado con las familias mas 
notables del país. 

Estudió en el Colegio Tridentino retórica, la- 
tinidad, lenguas vivas, filosofía y otros ramos; y ma- 
triculado cursó después en la Universidad derecho 
civil, canónico, romano, natural y de gentes, hasta ob- 
tener el grado de Bachiller, acreditando siempre des- 
pejo y facilidad para los idiomas. 

En los años de 1866 y 1867 recorrió algunos 
países de Europa y de Sud-América, en unión de su 
ilustrado padre; y deseoso siempre de aprender, lo- 
gró entonces aumentar sus conocimientos y perf«c- 



10 

donarse en el francos y en el iuglés, que habla y es- 
cribe con bastante corrección, especialmente el pri- 
mero, cuyas nociones elementales, siendo aun muy 
niño, debió al acreditado profesor Don Manuel Do- 
mínguez. 

Desde 1862 desempeña Gómez Carrillo en va- 
rios colegios algunas cátedras de retórica, latin y 
francés; habiendo sido llamado un poco ante al ser- 
vicio del Gobierno como oficial de la secretaría de 
hacienda y conferídosele en Setiembre de 1868 el 
cargo de auxiliaren la redacción de la "Gaceta" y la 
"Semana", periódicos oficiales y únicos que ala sazón 
se publicaban en la República. 

A principio de 1800, en reconocimiento á su 
inteligencia y laboriosidad y como recompensa á su 
mérito, fué también agraciado por la Sociedad Eco- 
nómica de amigos del país con el título de Socio 
asistente á ese patriótico Instituto en virtud de a- 
cuerdo de su Juuta de gobierno: establecimiento, 
donde figuraron en épocas anteriores lus hombres 
mas ilustres y beneméritos de Guatemala, como Don 
José del Valle, Don Miguel Larreinaora Don Maria- 
no González y otros muchos. 

Aunque con una índole suave y con un media- 
no ingenio, Gómez Carrillo no tiene gusto por la 
poesía, ni tampoco la cultiva, arredrado quizá por 
lo escabroso de la senda del Parnaso y porque tai- 
vez conozca cuan ridículo sea escribir versos en pro- 
sa. Sin embargo, hemos visto impresas varias compo- 
siciones suyas, que, con mayor estudio, pudieran con- 
quistarle un ventajoso puesto entre los vates ame- 
ricanos. 

Tendiendo su carácter á desechar todas las tra- 
bas que encadenan el lenguaje, se concreta al pen- 
samiento y á la materia, de (pie trata con toda la 
espansion de su ardoroso espíritu. Por eso le concep- 
tuamos como un excelente escritor en prosa, y su 
estilo nos parece castizo, aunque á veces poco dig- 



11 

no: sos imágenes brillautes y sus alusiones, también 
á veces felices y adecuadas. 

Poseernos del nominado Gómez Carrillo todos 
los artículos que. escribiera en los periódicos como 
colaborador. Han excitado vivamente la atención 
pública sus ensayos biográfico», por la naturalidad 
y sencillez de la espresion, así como algunos otros 
artículos que, coleccionados, acaba de publicar en 
uu pequeño volumen. 

Aprovechando la estrema facilidad que las le- 
yes de instrucción pública, últimamente derogadas, 
brindaran para obtener títulos académicos, y á ejem- 
plo de otros muchos se hizo abogado. Empero, pue- 
de que no ejerza esa honrosa profesión. Pugna con 
su modo de ser, tan conocido, tan ligero en políti- 
ca y tan voluble en romper las amistades, como por 
desgracia lo fué su padre. Con todo, le felicitamos 
por la adquisición de ese honorífico título, (pie acaso 
con el tiempo logre le sea igualmente productivo. 



Rafael Pineda Mont. 

Desciende de Don Miguel Laneinaga, una de 
las glorias centro-americanas, como jurisconsulto 
consumado, político profundo, eminente literato y 
entendido filólogo. De todo se tratará estensameu- 
te en su respectivo esbozo biográfico. 

Entre tanto, cúmplenos ahora bosquejar, siquie- 
ra á grandes rasgos, á Pineda Mont. Este debe fi- 
gurar eu nuestra Galería poética. El hace versos; 
y esta sola circunstancia es un título para haber- 
le por enrolado entre nuestros patrios vates. 

A fines del año 1888 vino al mundo eu la An- 
ticua Guatemala, ciudad importante de la Repú- 
blica de este nombre y cabecera del Departamen- 
de Sacatepequez. Situada en un delicioso valle, en- 
tre los volcanes llamados de agua y de fuego, la 



— ir j 'v 

surcan cristalinos y abundantes arroyos, que fer* 
tilizan aquel rico y feraz suelo de eterna inmar- 
cesible primavera, donde luce un diáfano horizon- 
te, siempre azul y despejado, y en donde se encuen- 
tran las mas hermosas flores y los mas esquisitos 
frutos; cultivándose con especialidad la preciosa co- 
chinilla y el valioso café, fuente principal de la 
riqueza del país. 

Trasladado en su infancia á Guatemala, Ca- 
pital de la República, comenzó Pineda Mont su 
carrera literaria, destituido de recursos y luchando 
con las dificultades que naturalmente le opusiera la 
estrechez de su posición: res ayusta domi, como di- 
jo Horacio. Empero, firme en su propósito ha lo- 
grado cursar en las aulas públicas latin, filosofía 
y medicina, en cuya facultad, hechos los estudios 
preparatorios, se halla próximo á optar la licen- 
ciatura. 

Formando desde su niñez elegantes caracteres, 
ha llegado á escribir con alguna regularidad, has- 
ta proporcionarse así lo necesario para continuar 
sus estudios, á que consagrara una parte de su ju- 
ventud, aunque con la misma desconfianza con que 
casi todos se dedican al aprendizaje y ejercicio de 
esa benéfica profesión, tan útil á la humanidad do- 
liente. 

Aficionado también desde muy joven á la li- 
teratura, sin maestros y sin mas auxilios que unos 
pocos libros, ha hecho algunos ligeros ensayos poé- 
ticos, impresos unos en los periódicos y otros que 
conserva inéditos. Es de esperarse, pues, que sien- 
do todavía joven y ávido de un porvenir literario 
y siguiendo las huellas de los esclarecidos bardos 
sudamericanos, pueda con el tiempo y con mas estu- 
dio figurar en el Parnaso guatemalteco. 



II 



II Doctor Farfao y los Bardos de Ultratumba. 



Sensible es que en las últimas publicacio- 
nes de nuestra prensa se haya prescindido de 
las personas á que se refiere este artículo. Su 
nombre no se menciona absolutamente ni en 
la Galería poética Centro-americana, ni en la 
colección de artículos que en un volumen aca- 
ba de dar á luz el Licenciado Don Antonio 
Batres. Respecto de este tratado de literatura 
se ocupará oportunamente "El Civismo." 

En efecto, el Doctor Don José Farfan es 
un médico inteligente, un facultativo hábil y 
acertado. Tiene hondos conocimientos en cien- 
cias políticas y sociales; y como literato so- 
brepuja á muchos que meten ruido. Allí están 
sus poesías en versos fáciles y sonoros. ¿Por 
qué relegar su nombre al olvido? 

El Licenciado Don Miguel Larreinaga es 
asimismo uno de los blazones mas brillantes 
de Guatemala. El fué jurisconsulto, matemá- 
tico, literato y filólogo. En todo era eminente. 
Dejó escritas muchas obras. Entre ellas tres in- 
teresantes comedias en verso, varias preciosas 
fábulas y poesías líricas de toda clase. 

Don Manuel Julián Ibarra fué estraordi- 
nario. Figuró en las Cámaras lejislativas y en 
diversos destinos, desde simple escribiente has- 
ta Ministro, distinguiéndose en todos esos 
puestos por su esclarecida inteligencia. Escribió 
una Oda Sáfica á la muerte de Don Cirilo Fio- 



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res, varios himnos patrióticos y otras diversas 
poesías, todas del mayor interés. 

El Doctor Don Pedro Molina y su hijo 
el Licenciado Don José del mismo apellido 
fueron igualmente insignes vates. Los versos 
del último honran nuestro Parnaso. Su lectura 
es agradable. Ellos revelan la tierna alma de 
su malogrado autor. 

El Doctor Don Tomas Suazo y el Presbí- 
tero Don Eusebio Arsate eran también armo- 
niosos poetas. Escribieron mucho en verso. 
Son bastante conocidos. Se leen con entusias- 
mo por su ternura. Ademas, Suazo y Arsate 
figuraron cada uno en su línea. El primero fué 
igualmente filarmónico. 

El Licenciado Don José Mariano Gonzá- 
lez es autor de obras de grande aliento, perdidas 
por desgracia. Él arregló el archivo cíe la Cu- 
ria eclesiástica. Sus alefatos v sentencias, co- 
dio abogado y juez, honran nuestro foro. To- 
do lo sabia con mucha perfección. Poseía va- 
rios idiomas, inclusive el griego, que aprendió 
sin maestros; y á su muerte dejó sobre seiscien- 
tas composiciones poéticas. Era un hombre vir- 
tuoso. No correspondió á ningún partido. Por 
eso padeció mucho, muchísimo. 

Don Rodrigo Arrazola nació en la Anti- 
gua. Desde muy joven abrazó la causa liberal. 
Nunca desmintió sus principios. Murió firme 
en ellos; y habiendo escrito considerable núme- 
ro de versos, apenas se conocen muy pocos, 
aunque todos correctos, cadentes y sentimen- 
tales. 

Hay otros muchos vates, como el Doc- 



13 



tor Don Mariano Gal vez, que fué en todo uua 
especial notabilidad. Tero la enunciación de sus 
nombres seria inútil. "El Civismo" se promete 
publicar sus biografías, ya que se ha guardado 
silencio acerca de ellos. Basta por ahora. Sus 
nombres, como poetas, no quedarán sepultados 
en el olvido; siendo, talvez, los mas dignos de 
consignarlos en nuestro patrio Parnaso. 



RECUERDOS. 

Salud ¡olí frajil barquilla! 
Pues ligera, 

Aunque sin jarcias ni quilla, 
De amor tocaste á la orilla, 
Placentera. 

Allí, Delia, me jurabas, 
Que felices 

Nuestros amores juzgabas 
Y el tuyo me protestabas. 
Hoy ¿qué dices? 

En esos idos instantes, 
Deliciosos, 

Eramos tiernos amantes. 
¿Souios ya acaso como antes 

Venturosos? 

Entonces de amor ardiente, 

Virgen pura, 

En mi corazón ferviente 

Vertías profusamente 

La ventura. 

Entonces, bella Sultana, 

Con terneza 

Me hablabas en tu ventana 

Hasta lucir la mañana 

Su belleza. 



Recuerda esos faustos días, 
Aunque instables, 
Que abrazándome decías, 
Que con tu amor los harías 
Memorables. 

Mas de tan tiernas ficciones 
No quedaron, 
Sino yertas ilusiones 
De lisonjeras fruiciones, 
Que acabaron. 

Pero ya desengañado 
Quien te nombra, 
Prosigue siempre estasiado 
De un verde sauce copado 
A la sombra. 

En este mísero suelo 
La bonanza 
No le halaga, ni el consuelo 

Y muerta mira en su duelo 
La esperanza. 

Piedad, si, piedad te implora 
Todavía 
El bardo, que triste llora 

Y en su despecho deplora 
Tu falsía. 

Vuélvele, pues, sin tardanza 
Tu 8 favores, 

Reviviendo su esperanza, 
Que calme con tu confianza 
Sus dolores. 

Al menos de tu barquilla 
Firme espera, 

Que aun rota de amor la quilla 
La eches del mar á la orilla, 
Cual viniera. 

tipografía dé abraham f. padilla. 



K amero üo. 

- r ■ ■ - ii i. • M. 

ÍSL CIVISMO.' 

Pcrióaico ifi política, ciencias, literatura, comercio &. 

si; redactok ¿ose Mariano miciiéo. 
Saldrá por lo minos dos veces cada mes, d real el número* 



NUEVAS ALBRICIAS. 



En el número 19 de "El Civismo" su re- 
dactor, lleno de férvido entusiasmo, no pudo 
menos de celebrar la plausible elección de Pre- 
sidente pár*a el primer periodo constitucional, 
hecha piar el Distrito de Guatemala en la per- 
sona del ínclito General Justo Rufino Barrios; 
y hoy en su creciente alborozo apresúrase á 
reiterar la misma patriótica manifestación á 
vista del resultado de las elecciones. 

Efectivamente, el total de estas fué en ex- 
tremo satisfactorio. Por eso nuestra naciente 
KVpública está de plácemes. Los electores ins- 
critos en los departamentos que la componen, 
con excepción del Peten, (me por su larga dis- 
tancia aun se ignora todavía, asceudieron á 
38,458, según los datos que hubo del Ministro 
de Gobernación á que se remite. 

De esos electores solo 1677 dejaron de 
votar, acaso por la premura del tiempo. Los 
otros lo hicieron en la forma siguiente. 26,710 
por el ilustre < reneraJ Barrios: 6 por el General 
Rafael Godoy: 9 por el Ministro General Mar- 



trn Bamindía: 10 por el General José Víctor 
Zavala: 2 por el General Agustín Cuevas; y 31 
por el General Vicente Cerna;. habiendo ade- 
mas obtenido un voto cada uno de los Gene?- 
rales Valerio Irungaray, Felipe Cruz, José Ma- 
na Orantes, Salvador Arévalo, Sixto Pérez, Mi- 
nistros Manuel Maria Herrera y Lorenzo Mon- 
túfar, Coronel Venancio Barrios, Lie. Manuel 
J. Dardon, Comandante 1.° José Maria Reina 
Barrios y Señores Juan Francisco Aguirre é 
Ismael Larraondo. 

Así, el demócrata General Barrios fué 
aclamado Presidente de la República casi par 
unanimidad, atenta la inmensa mavoria de 
3(1,710 votos contra la muy insignificante cifra 
de <1. ¡Honor y gloria al caudillo del pueblo 
guatemalteco! Este, sin duda, es un testimonio 
aun mas brillante y mas espléndido de su nun- 
ca desmentida popularidad, porque jamas pre- 
sidente alguno había logrado tan espontáneo 
y tan considerable sufragio. 

Mas como pudiera suceder que algún cu- 
rioso pregunte maliciosamente ¿por qué el re- 
dactor de "El Civismo" sigue con tanto júbilo 
aplaudiendo el glorioso triunfo del e^ré^io 
candidato del Pueblo para la Presidencia^Cons- 
titucional en su primer período? La respuesta 
es muy sencilla: y aunque por obvia á nadie 
se oculta, la redacción pasa á consignarla. 

Siempre he sido entusiasta admirador del 
patriota desinteresado, á que en un tiempo de 
ingrato recuerdo todos le despreciaban y mal- 
decían á una, mientras El, con un valor sin lí- 
mites y que rayara en temerario, tremolaba el 



3 

pendón de la libertad en uno de los remotos 
confines de nuestra cara patria. Si, de ese 
hombre magnánimo, de ese soldado valiente, 
á quien vióse mas tarde romper con su victo- 
riosa y tajante espada las férreas cadenas, 
que nos ataban al fatal carro del ominoso 
despotismo. 

Pero hablando en puridad, esa no es la 
única causa que, por la merecida elevación del 
General Barrios á la silla presidencial, muéve- 
me á manifestar tan plácida alegria, y mucho 
menos la baja y abominable adulación, que 
detesto y que he combatido, á pesar de los 
mil dardos emponzoñados con que desapiada- 
damente me hiriera la vil calumnia. 

Otro motivo mas grande, mas poderoso 
me impulsa á ello. El repúblico, á que aludo 
y que ha sido el primero en la guerra, será 
también de seguro en la paz. La Constitución, 
que pronto nos regirá: el orden y el progreso, 
que ya palpamos, y que tan solo los miserables 
obsecados pueden negar, á quién se deben sino 
á El? ¿Quién, sino El se interesaría para que 
no queden fustrados sus constantes esfuerzos 
é inapreciales trabajos? ¿Quién, sino El, por su 
ardiente amor á las instituciones liberales y á 
nuestra idolatrada patria, se sacrificaría á fin 
de que la apetecida Constitución se observe 
exacta y fielmente y la mágica libertad no3 
cobije con su benéfico manto? 

Ademas, seis años de escuela práctica de los 
principios constitucionales, que indudablemen- 
te veremos en vigencia, serán suficientes para 
asegurar el suave reinado de la ley, y para que 



i 
el odioso y terrible despotismo, donde quiera; 
que levante su execrable cabeza sea aplastad» 
por el Pueblo, que quiere y se goza en toda 
claíe de libertades. 

Por último, esta humilde publicación de- 
be su nacimiento y aun s?u existencia á una de 
las mas importantes garantías, á la libertad 
del pensamiento, á la de la prensa sin censura, 
ni trabas. Si esta, por desgracia perece; tam- 
bién muere "El Civismo;" de modo que para 
la prolongación de su vida es preciso que pre- 
sida los destinos del pais un verdadero demó- 
crata, un hombre sin sórdidas aspiraciones, 
como el General Barrios, que tan solo desea el 
rápido engrandecimiento de nuestra hermosa 
Guatemala. 

He aquí enunciadas, siquiera de paso, las 
razones que asisten al redactor de "El Civismo" 
para encomiar con grande alborozo y fervien-, 
te entusiasmo tan patriótico suceso, la elección 
de Presidente en el denodado y benemérito 
General Barrios, por cuyo fausto aconteci- 
miento felicita á los pueblos de la Rqníblica, 
que al emitir sus votos han manifestado acier- 
to, patriotismo y cordura. 



Un pasco al Puerto de San José. 



"Cansado de oír en esta capital quejarse á los co- 
merciantes de «pie no hay negocios, á 'los usureros 
de que no hay plata, á los litigantes de que DO hay 
justicia, á las beatas de (pie no hay religión, a los 
*n>^lead<>s de que no hay dinero, á las niueharhae 



s 



de que no hay placeres y á todos lamentarse de tod<v" 
y finalmente aburrido de mi fastidiosa situación y 
de la vida monótona que llevo en Guatemala, donde 
cuento muchísimos años de permanecer estacionario 
como gallo en estuca, acepte desde luego el convit* 
del General Presidente para acompañarle á Éseuin- 
tla y de allí al Puerto de San José: 

Cuando joven bullía en mi cerebro la risueña 
idea de viajar. Entonces tuve la placentera ilusión 
de sonarme recorriendo la poética América del Sur, 
á que dio existencia política el ilustre libertador bo- 
lívar: los ricos Estados Unidos Mexicanos, patria de 
Hidalgo, Morelos y Jaaresy de tantos grandes honi- 
bres: la A mélica del Norte, cuyos laboriosos hijos, á 
juicio de Mr. Lamartine, solo nos han traído la cici- 
lizacion materialista, fria como el egoísmo, acida co- 
mo el lucro, prosaica como el mercantilismo angh> 
sajón, y las pricipales ciudades de la culta Europa, 
para empotrarme por último en Madrid v concluir 
mi existencia melancólica en esa célebre, coronada 
Villa, al lado de mis numerosos parientes. 

_ Pero ¡oh lamentable desgracia! nada me ha sido 
posible. En Guatemala he vivido siempre cousoli- 
dado como deuda pública, como bienes eclesiásticos. 
Apenas en el año de 184") conocí Santa Ana, San 
Salvador, ¡Sonsonatey su Puerto, y en 1855 Mázate- 
nango y los pueblos del tránsito; y poco después, 
apenas lie visitado algunas veces la Antigua y Ama- 
titlan. Mas como en el mundo todo tiene término, 
también lo tuvo mi vida sedentaria con el ¡igra- 
dable paseo al mar, en el cual, atendidas miséis 
cunstancias, he acometido quizá una hazaña mas que 
de romanos. 

Consideren mis caros lectores los impondera- 
bles^ trabajos y las inmensas penalidades que arros- 
traría mi pobre humanidad, cabalgando sin costum- 
bre hasta Escuintla y en diligencia hasta el Puerto, 
con un sol abrazador y un polvo «pie ahoga v déseMfc: 



% 

ra, tan solo por variar de perspectiva, por cantenr- 
plar la selvática naturaleza, respirar su aire puro, 
admirar la caída de ese brillante astro en el Océano 
Pacífico y vivificarme con la fresca brisa de sus es- 
pumosas ondas, plateadas por la apacible luna. 

En cambio tuve la honra de tratar de cérea a] 
bondadoso General Justo Rufino Barrios* de recibir 
sus finas atenciones; y de contemplar las relevantes 
prendas de su amable esposa, dotada de bella índole, 
de inagotable ternura y de un corazón angélico; de 
esa deidad humana, á quien con Emiro Kastos, con- 
ceptúo como una de las divinidades pae'i jiras del ho- 
gar doméstico, que tiene para iodo el mundo atencio- 
nes delicadas, sonrizas y consuelos, y con los cuales el 
matrimonio debe perder lo que tiene de cruz y de es- 
piacion para convertirse en una sociedad de ventura. 
Tan delicioso viaje siempre lo recordaré con tierna 
emoción. Por todas partes se obsequiaba al Caudillo 
de la Democracia y á su agraciada esposa: por todas 

Írnrtes hombres y mujeres, temulentos de júbilo, sa- 
ian á su feliz encuentro: por todas paites se les tri- 
butaba afectuoso homenaje, á que ellos correspon- 
dían con su habitual benevolencia; y de manera tan 
satisfactoria la comitiva arribó á inmediaciones de 
Santa Isabel, á donde llega la parte hasta hoy cons- 
truida del camino de hierro, y que parece dista del 
Puerto como tres millas. 

La enunciada comitiva se com ponía del Señor 
Presidente y de su apreciable familia, de los Gene- 
rales Rafael Godoy, Felipe Cruz y Salvador Aréva- 
lo, fuera de los ayudantes y servidumbre. A esta se 
agregaron también en Escuintla la simpática Seño- 
rita Adela Garcia Granados y los señoras Ángel y 
Domingo Arroyo, Fernando Cruz, Jos.- Barberena y 
Ramón Garcia, invitados con cariñosa instancia por 
el propio General Presidente. 

Después de haber visto y admirado el tren del 
ferrocarril y después de haber el General Barrios 



hecho un estudio detenido de sus trabajos, se colocó 
«sa interesante pare-a en uno de los vLne¡ln¡t 
visado coa esqüisito gusto por los dilSS2í 

luimos trasladados al Puerto, á donde Uegamoa 
«e .ca de las seisde la tarde, entre las salvas d?la"u 
ti .llena, Ja mareta de la guarnición y el PuVblJ ",' 
alborotado nos esperabafvictoriando al b-néné 
General Barrios y á su digna esposa ° lemu,to 

U>s empresarios Mr. Luis Sealesinaw vGuilW 
mo Nanne, que tan galantes se manirán Se 

sequiado a la comitiva con un aJinuerao magnífica v 
bien servido, hospedaron al Presidente y ¡?&S¿ 
eu una preciosa casa de altos, propiedad de ? 
gundo y situada en la altura á orillas del médano A* 
lli se encuentran igualmente otras de la misma ot 
se, los almacenes, administración y Comandan^ 

Todo lo relacionado tuvo lugar el iuév» oq 

coimtua, tanto en la mañana, como en la tarde 
paseó en el ferro-carril, acompañada de los ernorJ t 
nos, del cónsul norteamericano, de Mr. M¿S?H3 

oandaT Vi 1 m : dÍ ° dG l0S d0lcea «°SE?l± 
banda.de refcuantepec, incorporada desde Escui* 

la en numero de 21 músicos venidos con la n, 

laudable de felicitar al General Barrios por su nu tí 

cidapromocion á la primera Magistral ' S3£ 

En la mañana de ese día el Dr. Ángel María 

Arroyo íuc escitado para brindar en el 'almuer'o 
Ese caballero, atable y complaciente, no pudo meas 
de aceptar invitación tan lisonjera. Así pLs i ^ 
tes después lo hizo con elocuencia conmoved™ á 
vista del mar y su portentosa grandeza entre' el 
armonioso murmullo de las encrSpad* \ ] ?,y e 



B 

aplauso alegre, de les circunstantes que le escui 
bañaos complacidos, admirando sus patrióticos s< nti- 
mientos y su adhesión al héroe de 1871, infatigable 
motor del bien público y de todo cuanto tiende á 
enaltecer á Guatemala. 

A las seis de la tarde, él Presidente y ¡-ni Reñora 
fueron festejados por la Compañía dé los muelles. 
En la casa de esta y en una de las habitaciones del 
piso bajo se sirvió á la expresada comitiva una es- 
pléndida comida. Allí reinó la mas cordial armonía. 
Todos hablaban amistosamente: todos mostrábanse 
alegres y satisfechos: todos en su férvido entusiasmo 
brindaban. Mas el Dr. Cruz y el Presbítero Domin- 
go Arroyo se ostentaron ingeniosos por el estilo 
poético y expresiones tiernas y sentidas de sus brin- 
dis. Sin embargo, el del General Presidente interesó 
en alto grado, por la franqueza de sus nobles senti- 
mientos y por habernos convencido una vez mas con 
sus palabras insinuantes de acuerdo con sus obras, 
que vive esclusivamente consagrado á promover el 
progreso del país en todos sus ramos. 

Solamente el autor de estas mal trazadas líneas 
no pudo corresponder al deseo de los convidados. 
Sin la preparación al efecto indispensable, o?usca s do 
con el destello de tanta luz y oscurecida su óorta 
inteligencia con todo cuanto pasaba, limitóse en sil 
breve alocución á encomiar la importancia y utili- 
dad del ferro-carril, porque aproximando los Pue- 
blos, de todos hace uno en su acción cosmopolita, 
y porque de sus inmensurables bienes, sin duda, es- 
taría privada Guatemala, si no fuer;'. ;¡ >;• el solicito 
General Barrios, que, con la Compa&ia empreáaria, 
se afana en llevarlo á buen término, como una de 
sus mas plancenteras ilusiones, que se promete ver 
pronto realizadas. 

Al amanecer <L1 sábado 3 1 del próximo pasado 
Enero, la comitiva regresó á Escuintía por «'1 camino 
de hierro; y desde aquí el General Presidente, con 



9 

sus ayudantes y los empresarios á caballo y por el 
terraplén, formado para ese nuevo camino, que debe 
estar concluido á mediados de Abril del corriente año; 
y la Señora de Barrios con el resto del séquito, en las 
diligencias, que según el critico Larra, "no solo sir- 
ven para trasportar personas de un pueblo á otro, 
sino las ideas que se agarran como el polvo á los pa- 
quetes." 

El domingo primero del mes en curso, todos es- 
tábamos en Escuintla. El martes tres del mismo, el 
Presidente y su familia se dirigieron á la Antigua, 
de donde regresaron ayer al medio dia, después de 
haber dado audiencias, oído las quejas de los infeli- 
ces y concedídoles gracias é indultado á los presos. 
Yo, por hallarme un poco indispuesto, vine de Es- 
cuintla directamente á esta ciudad. Aquí, pues, con- 
tinuaré vegetando, á semejanza de los árboles, que, 
por lo regular, allí donde nacen, allí crecen, desarro- 
llan, producen y mueren, dado el evento de que el 
destino ya en la vejez no me arrojare á remotos cli- 
mas en busca de los recursos y quietud, que me nie- 
ga mi ingrata patria. 

Escuintla, donde por ahora debe parar el ferro- 
carril, es una población que ha mejorado mucho en 
pocos años. Ya tiene casas valiosas de uno y de dos 
pisos. Las dos calles principales y la plaza del mer- 
cado eneuéntranse perfectamente empedradas. Muy 
luego tendrán sus correspondientes baldozas. Ade- 
mas hay en esa Villa un hospital, un cementerio, es- 
cuelas para jóvenes de ambos sexos y dos hermosísi- 
mos baños. Las oficinas públicas ocupan edificios 
espaciosos, nacionales unos y otros de particulares. 
Alli se persiguen severamente los vicios. Allí con 
prudente acierto se previenen los delitos. Allí hay 
adelanto, movimiento. Allí, en fiu, todo es obra de 
la eficacia y celo del activo General Luis Beteta, á 
cuyo atinado gobierno político débeuse la pureza de 
la administración de las rentas v '••"> los ingresos del 



18 



Departamento subieran en el ano próximo pasado á 
la considerable cifra de 187,581 pesos 3 t real. 

Pero Escuintla progresará en lo sucesivo aun 
mas rápidamente, merced al camino de hierro. Lo 
mismo las chacras, pueblos y rancherías del tránsi- 
to. En la República, beneficiada con tan ingentes 
bieues, ya no habrá quejumbres, ya no habrá tristes 
lamentaciones. Reemplazando entonces la abundan- 
cia á la espantosa miseria, todos tendremos lo nece- 
sario para nuestra ansiada comodidad; y aun las 
ciencias y las artes, el comercio y la agricultura sen- 
tirán la benéfica influencia del ferro-carril, venero fe- 
cuudo de riqueza y bienestar. 

Mas de ese risueño porvenir ¡no somos acaso 
deudores al emprendedor General Barrios? Sin su 
constancia, sin su heroica abnegación, Guatemala 
continuaría abyecta. ¡Loor, pues, á tan ínclito Pro- 
cer! Yo le doy con toda la efusión de mi alma la 
enhorabuena, por estarse ya verificando uno de sus 
dorados sueños. Yo le. doy también las mas expresi- 
vas gracias, por haberme llevado en su honorable 
compañía á tan grato paseo, cuyos pormenores he 
referido, aunque á grandes rasgos, para cuantos me 
favorecen con la lectura del "El Civismo." 

Empero, no puedo dejar en esta halagüeña oca- 
sión de decir al menos dos palabras respecto del in- 
ventor del mágico ferrocarril. Mis alabanzas serian 
pálidas. Tampoco la premura del tiempo permíteme 
consagrarle un cauto. Tal vez mas adelante pueda 
dedicárselo. Así, me contento con reproducir en sn 
obsequio las siguientes octavas de un verdadero poe- 
ta, digno de ese nombre. Ellas encierran el elogio 
mas cumplido, líelas aquí: 

Vadle. . . .I'n hijo del pueblo, — carbonero, 
En los abismos de la mina errando; 
Pobre, oscuro, iguorunte zapatero, 
Su H\\fv{f con Titlor sobrellevando; 



1 ! 

De obreros y paisanos Relojero, 

De la ciencia el secreto adivinando: 
Tenaz, honrado, fuerte, infatigable, 
Busca la luz su espíritu indomable. 

¿Qué misteriosa inspiración palpita 
En su ardiente, elevado pensamiento? 
Qué previsión providencial agita 
Su existencia, momento por momento? 
Es la idea recóndita, infinita 

Del progreso eternal del movimiento.. . 

Un prodigio de fuerza,. . . . tan fecundo 
Que cambiará la condición del mundo! 

Un instante su mente se ilumina; 

Y de la fragua 'pie terrible humea ' 
Hace surjir la máquina divina 

Que lleva en sus entrañas una idea! 
Estiende el riel,— el combustible hacina; 
Silva el vapor,— el bunio centellea; 

Y se lanza el metálico portento 
Con la asombrosa rapidez del viento! 

Y devora llauuras y montanas, 
"i salva los abismos y los ríos, 

Y penetra en las cóncabas entrarías 
De las rocas, por túneles sombríos; 
Encadena las razas mas estraílas, — 
Vuelve á los pueblos libertad y brios; 

Y en su inmensa carrera de victoria 
Va mostrando de Stephenson la gloria! 



Diputados. 



Pueden desempeñar su honorífico y espinoso 
cometido, leyendo lo que hayan escrito eu su estu- 
dio; recitando lo que de antemano ha hieren apren- 
dido de memoria, ó improvisando, ya con previa pre- 
paración y concienzudo estudio, ó v.t según la inspira- 
ción momentánea 



12 

El diputado que en la Asamblea leyere sus pro- 
ducciones, tiene la ventaja de no extraviarse en el 
debate y de baldar con propiedad y correctamente. 
En cambio pierden sus discursos los buenos efectos 
del lenguaje de acción. 

El qne recita puede olvidar algo de lo escrito 
en el silencio de su bufete, aunque su memoria sea 
portentosa, con el grave inconveniente de q,ü;e sus dis- 
cursos aparezcan tal vez imperfectos, por la involun- 
taria supresión de uno ó mas párrafos, ó acaso de 
algunas pocas palabras. 

El que improvisa, si lo verificare con previa pre- 
paración, debe tener delante el croquis de su discur- 
so, que indudablemente palidece mucho, por estar 
los ojos del orador fijos en el patíe] y sus manos ocu- 
padas en sostenerlo; y por último, el que improvisa 
de momento es preciso que posea el laconismo y el 
don inapreciable de cordiuar de pronto sus ideas: 
privilegio á muy pocos concedido. 

Los diputados, pues, que improvisan y recitan, 
pueden suplir sus faltas con el lenguaje de acción, 
adorno principal de los oradores, y muy especial- 
mente de los parlamentarios; en tanto que los dipu- 
tados que leen sus disertaciones, carecen de ese má- 
gico recurso Oratorio y aparecen fríos en la discu- 
sión, como sucedo á los predicadores ingleses. 

Así, en concepto de los mejores, modernos pre- 
ceptistas, conviene á' los répre s'dél pueblo que 
no se limiten en el ejercicio (¡ iciohes'4 una de 
las tres mataras apu norar. Es menester 
que las empleen alternativamente todas, leyendo y re- 
citando al principio del debate, é improvisando en las 
respuestas y réplicas. Por lauto, la exijoneia de eier- 
nos diputados ;i la A amblea Constituyente de que 
solo se improvise en aquel alto Cuerpo era de segu- 
ro un ataque á la libertad, una pretcnsión ridicula 
y perjudicialísima, que afortunadamente fue des- 
echada. 



la 

biografía: 

Maíáas \ izcaíno. 

Firmes en nuestro propósito de que eu el mundo 
poético sean coiiociii,,.; todos los guatemaltecos que 
pulsan la lira, no podemos prescindir de hacer siquie- 
ra brevemente el diseño biográfico del caballero, cu- 
yo nombre encabeza estas líneas. 

Vizcaíno nació en la antigua ciudad de Guatema- 
la, el i>4 de Febrero de L823, trayendo su origen de 
las familias de A hube, Peiuadoy A rauz, respetables 
y muy consideradas por sus honrosos precedentes. 

A propósito de esas familias, figuraron como di- 
putados, por el Reino de Jáen Don Francisca <*on- 
zales Peinad >, uno de los que. suscribieron la Cons- 
titución española de L812, y Don José María Peina- 
do, por Gruatémala, en 1- I '.. autor de la Inst»uecion 
general del Ayuntamie.nl i Ciudad al Doctor 

Don Antonio Larrazabal para representar el Reino 
en las Cortes extraordinarias; documento admirado 
eu a*nbos preso en la Isla de Leou 

el año de 1814 y sin embargo publicado solemne- 
mente hasta el de 1819, por sus grandes principios 
liberales. 

Radicado Vizcaíno e n la capital de la República, 
comenzó su educación en el establecimiento de pri- 
meras létcai-á* cargo de Don Leonardo Bocajiegra, 
profesor entendido de aquella época. A seguida y 
privadamente aprendió geografía y aritmética. 

Después, hallándose eu la villa de San Martin, á 
donde fué con parte de su familia y de donde afor- 
tunadamente era entonces párroco el Presbítero Dr. 
Don Antonmo del Co > muy recomendable 

por su basta instrucción y preclaras virtudes, tuvo 
oportunidad de que el propio Dr. ('..nal le diese lec- 
ciones de gramática latina, hasta tamiliriazarle con 
los clásicos romanos, cuyas obras lograra conocer. 

Mas como por circuustaucias particulares no pu- 



u 
diese sc-'uif sus estudios, se dedicó al comercio. Sin 
embargo, durante ese tiempo lia prestado sus servi- 
cios en el Ayuntamiento de la Ciudad y en el Tri- 
bunal mercantil Con posteridad, ha desempeñado 
también por algún tiempo eu la Administración de 
correos una plaza subalterna, que absolutamente co- 
rrespondía á sus méritos personales, ni tampoco cua- 
draba á su posición social. 

Jamás Vizcaíno ha tomado el menor participio en 
los negocios políticos, que desgraciadamente dividie- 
ran el pais desde nuestra independencia de España, 
por (pie la borrascosa vida política pugna con la ter- 
nura de su corazón, aunque reboza en principios pro- 
gresistas, como hombre de orden, si bien le martiri- 
zan sus exageradas ideas religiosas, al puuto de mar- 
char delante de los ultramontanos. 

Con decidida inclinación por toda clase de estu- 
dios, aprendió sin maestro la taquigrafía y el dibujo, 
de cuyo auxiliar se sirviera para formar 17 cartas 
correspondientes á los 17 departamentos en que es- 
taba dividida la República. ¡Lástima que esos pla- 
nos topográficos, tal vez los mas exactos por la ni- 
mia escrupulosidad de su trabajo, no hayan visto la 
luz pública! 

Empero, lo que sobre todo recomienda mas al no- 
minado Vizcaíno es su decidida afición desde muy 
joven á la poesía eu que invierte los ratos de ocio. 
Sus versos en estilo sencillo, sin arranques atrevidos, 
sin exagerados lirismos y sin ruidosa, retumbante 
palabrería, son poco conocidos, por la suma modes- 
tia de su apreciadle autor, á quien ardientemente de- 
nos una bonancible situación en obsequio de 6U 
estimada familia. 

]^NCll*íí jlllo&. 

Personas hay que caprichosamente repugnan el u- 
so de las palabras esdrújulas, tanto en la prosa, como 
en el verso. Mae esa opinión no es aceptada, pues la 



tí 

.. ...aa.ui dedos mejores hablistas emplea corrien* 
teniente esas palabras. 

Tampoco niego que el ilustrado neo-granadino D. 
Manuel Maria Madiedo combate en su preciosa Ar- 
te métrica la mezcla de los versos llanos cotí los es- 
drújulos y esdrújulísimos; sosteniendo que, sin em- 
bargo de ser semejantes, son de diversa medida. 

Empero, yo, en mi humilde pequenez, pienso lo 
contrario y estimo fútiles las pobres razones que a- 
quel eminente literato enuncia en apoyo de su teoria, 
que viene por tierra con la sola consideración de que 
la mezcla de los versos llanos y esdrújulos no ofen- 
de absolutamente en nada el oido mas delicado. 

Tan cierto parece esto, que el propio Madiedo in- 
sertó en su interesante obra titulada Ecos de la No- 
che, varias composiciones en versos esdrújulos, tal 
vez las mejores que se encuentran entre los muchos 
versos que ha brotado su fecundo genio poético. 

Las palabras esdrújulas, dice López de Vergara, 
son numerosas y sirven no tan solo para la entona- 
ción de los elementos del periodo, sino principal- 
mente para cenarlos de una manera rotunda y gra- 
ta al oido. ¿Quién se atrevería á negar verdad tan 
palmaria? ¿Quién con sano criterio condenará los es- 
drújulos? 

Por eso, Cicerón concluía casi siempre los perio- 
dos de sus bellos y elocuentes discursos, según dice 
el mismo López de Vergara, y es la verdad, con las 
terceras personas de los verbos en la voz pasiva; y 
de aquí aquel vidcc/titr y videamini, que le eran tan 
favoritos. 

Entre nosotros, únicamente por espíritu de terca 
oposición se ha criticado al redactor de "El Civis- 
mo" el uso de esas palabras. Pero le importa muy 
poco tan ruda crítica, tuda vez que cuenta con el 
recto juicio de los poetas y literatos mas esclareci- 
dos, y con el asentimiento general, por que, dígase 
lo que se quiera, los esdrújulos con su armonía em- 
bellecen el lenguaje. 



10 

En el día le la recepción de Atoio íel jora J, F, A, 



El (lia lúcido 
Raya magnífico: 
Ansiadintérmino 
Por fin brilló . . . 
Dame hoy, Melpómene, 
Tu acento mágico 

Y tu estro lírico 
Temple mi voz. 

Pueda, cual águila, 
Tocar intrépido 
La cumbre altísima 
Del Helicón; 

Y allí en mis cánticos, 
Aunque inarmónicos, 
Decir con júbilo 

Tu excelso honor: 

Suenen del mísero 
La triste cítara 

Y la del huérfano 
Lánguida voz. 
Que un hijo óptimo 
De Temis ínclita 
Desde hoy ofréceles 
Su protección. 

Al gran Demóstenes 
Atento mírale 

Y el arte espléndido 
De Cicerón; 

Y cual el Ático 
Contra los déspotas 
Su voz mirífica 
Firme lanzó. 



Así, tú, impávido, 
Con pecho enérjico, 
Los negros crímenes 
Confundirás. 
¿No vez cual álzase 
Contra el inválido 
El grito pérfido 
De la impiedad? 

No ves exánimes 
Gemir los débiles 
Só el yugo bárbaro 
De la maldad? 
Bañada en lágrimas, 
Con rostro lívido, 
Oye cual quéjase 
Tierna orfandad . . . ! 

¡Ah! no su lúgubre 
Gemido piérdase 
En tí halle el mísero 
Dicha y quietud; 
Por ser el fúlgido 
Lauro del mérito 
Y el timbre nítido 
De la virtud. 

En fuego célico 
Tu pecho inflámase 
Al cuadro lóbrego 
De la viudez .... 
Nada mas plácido, 
Que ser benéfico; 
Ni mas deífico, 
Que hacer el bien. 



•UA.THCAXA, FKBKRIIO 7 DE 1880. 



\ú m ero sil. 



Periódico de política, ciencias, literatura, comercio &. 

SU REDACTOR JOSÉ MARIANO MICIIEO. 
Saldrá por lo menos dos veces cada mes, d real el número. 

EL FEEROCARRIL 

Y SU HISTORIA EN COMPENDIO. 



Desde la mas remota antigüedad usában- 
se en ciertos y determinados caminos unas lí- 
neas paralelas ó carriles de piedra sin puli- 
mento alguno, para que los carros y los otros 
vehículos de comunicación rodasen mas fácil 
y mas rápidamente sobre una superficie sóli- 
da y plana. 

Los ingleses, que por naturaleza son de 
caráter emprendedor, aprovechándose de tan 
maravilloso invento, emplearon carriles de 
madera hace ya mas de dos siglos, en venta- 
josa sustitución de los de piedra bruta, de que 
servíanse los italianos en Florencia y en otros 
lugares. 

El primer camino, pues, de esa especie a- 
bierto en Inglaterra fué el de Néwcastle en 
1680, para conducir el carbón de bus minas, 
aunque la primera acta del parlamento inglés 
á ese respecto data del año 1801, según el 
Doctor Don Joaquiu Bastus. 

Enseñando la esperiencia que un solo ca- 
ballo arrastraba veinte veces mas carga por 
esos caminos que por los comune lera- 



3 

Iizaron entonces con las alteraciones oportu- 
nas y las mejoras convenientes. 

Mr. Podison fué el primero que en 175G 
pensó en aplicar el vapor á los carriles de ma- 
dera. Empero, hasta 1802 púsose en práctica 
por Vivían y Ürewthick, quienes al efecto 
construyeron una ingeniosa máquina de alta 
presión. 

Con posterioridad, en América Olivier Er- 
rans, y en Europa Arturo Wolf, Hornblower, 
Olegg y otros muchos mejoraron las aludidas 
máquinas, llamadas locomotivas, y por algunos 
escritores vulgar é impropiamente locomoto- 
ras. 

Sin embargo, á Mr. Stephenson débese 
que los ferro-carriles se encuentren en el ac- 
tual estado de progresivo adelanto. Por eso 
indudablemente se le conceptúa como su ver- 
dadero inventor. Por eso, él, y con sobrada 
razón, se ha llevado la palma de tan espléndi- 
da gloria. ¡Loor, pues, á su portentoso des- 
cubrimiento! 

La historia de este ha sido escrita por va- 
rios sugetos inteligentes. Entre ellos distingüe- 
se el entendido mecánico Stuart. El tiene por 
tanto la dicha de haber sido el primero que 
nos diera á conocer historia tan interesante. 

En el dia todos los paises tienen cruzado 
su territorio de ferro-caniles. Por ese medio 
el comercio se espedita: los productos agríco- 
las se trasportan con suma facilidad; y los Pue- 
blos se ponen en contacto, unos con otros, al 
punto de (pie la ilustración progresa, asombro- 
samente y penetra basta en las comarcas mat 
recóndil 



Únicamente en nuestra República hacíase 
ya sentir la falta absoluta de las nuevas vias 
férreas. Iniciada la del sur hace dos años, su 
feliz inauguración tuvo lugar eu Escuintla en- 
tre el júbilo general el dia 19 de Julio del cor- 
riente año. Fecha fausta y memorable, que 
nuestra patria historia registrará en prez del 
ilustre mandatario que con infatigable celo ha 
sabido llevar á buen término tan grandiosa 
empresa. ¡Ojalá que dentro muy pronto se es- 
cuche plácidamente el mágico silbido de la 
humeante locomotiva siquiera en los subur- 
bios de nuestra hermosa Guatemala! 



LAS HERMANAS DE LA CARIDAD. 



Dice un ilustrado escritor, conocido entre los 
arcades de Roma, con el nombre de Irenio Tes- 
piano: que " nadie como la muger sabe ganar la 
" confianza y la simpatía de los desgraciados: cu- 
u rar con el bálsamo de sus dulces palabras las 
" heridas causadas por el infortunio; y adivinar la 
" clase de socorros y de cuidados que necesitan 
" los que lloran." Pero nuestras hermanas de la Ca- 
ridad, ¿son, por ventura, tan filantrópicas para que 
se las repute áugeles de consuelo junto al lecho del 
dolor? ¿Su institución es, acaso, un monumento de 
gloria digno de contemplarse con tanto asombro? 

San Vicente de Paul, admirado como bienhe- 
chor de la humanidad, nació en 157(5 cerca de l>ax, 
en las Landas. Ordenado de sacerdote, predicaba 
en Chantillón el año de 1617; ponderando la es- 
pléndida miseria de una menesterosa familia, que 



4 
vivía á inmediaciones de aquella ciudad. 

Conmovidas muchas personas piadosas con la 
tétrica pintura da esa indigente familia acudieron 
á su humilde morada y la prodigaron á manos 
abiertas profusos auxilios, cuya percepción el pro- 
pio San Vicente encomendó á unas virtuosas Se- 
ñoras, con el muy particular encargo de darle cuen- 
ta siquiera una vez mensualraente. 

Por los buenos resultados de esa asociación, 
que se proponia también visitar y socorrer á los 
encarcelados y asistir á los enfermos, se descidió 
el referido San Vicente á fundar nuevas casas en 
otras poblaciones. Luisa de Marillac, viuda de Le- 
Gras, ex-Secretario de la lleina Maria de Medisis, 
fué nombrada Superiora para el gobierno de esas 
consrreffaciones. Este es el origen de las hermanas 
de la Caridad, en 1G34: de esa institución tan fa- 
mosa, como nociva en los países nacientes. 

Poco tiempo después, acordaron que todas las 
congregantes vistiesen uniformemente el traje de 
toca ó sombrero de lienzo blanco, con un cuelle- 
cito de la misma tela: jubón y basquina de lan a 
color gris: delantal azul en el interior de sus al- 
bergues, y color del mismo vestido fuera de ellos 
y para las fiestas: rosario con un crueitíjo, pen. 
diente de la cintura: medias cenicientas; y calza- 
do negro bajo. Tal es el hábito que aun usan en 
la actualidad. 

La toca tiene su historia particular. Convi- 
dado el repetido San Vicente por Luis XIV para 
tomar la Bopa, llevó á dos hermanas, délas cua- 
1 ¡8 una imente hermosa. Colada 

ta de intento al lado del Rey, galante y amoro- 
para con las damas, la singular belleza de la 



hermana, le excitó una pasión lúbrica y violenta; 

de manera que con los ojo; lijos en el peregrino 
rostro de la encantadora joven, se turbaba cada 
que le dirigía la palabra. Advertido tan cía 
te desconcierto por el santo conmensal, lánzale 
una mirada amistosa, pero re] . Entón 

Monarca avergonzado levántase precipitadamente: 
tapa con su servilleta la cabeza de la hechicera ni- 
ña; y se retira diciendo: "¡Vicente! en lo sucesi- 
" vo cubre el rostro de tus hijas." El lienzo ó 
servilleta de que se habla, según Don Julián Bas- 
tinos, quedó de tal suerte, que ni puesl 
y estudiosamente tendría mas simétrica y elegante 
conformación, lié aquí el principió que tuvo la 
voluminosa y característica papalina, que desde a- 
quel tiempo alardea en sus rapadas cab 

Tampoco pueden denominarse verdad iras re- 
ligiosas. Entre ellas y las monjas de las órdenes 
aprobadas por la iglesia hay remarcable dif 
cia, ya por las labores á que se aplican; ya por 
la clausura, temporal en unas y perpetua en otras; 
ya, en fin, por los votos, supuesto que, las llama Lis 
hijas de San Vicente los prestan simj pobre- 

za, castidad, i igracion esclusiva al 

servicio de los pobres y de los enfermo-; 
dolos anualmente el 2o de Marzo, en errato re- 
cuerdo de que en ese dia los hizo por primera vez 
la enunciada Señora Le Gr i 

Las hermanas de la Caridad han Bido en to- 
dos tiempos y en todas partes • 
encomiadas. ¿Quién no se ha impuesto el oí' 
é imprescindible deber de aplaudirlas y de enal- 
tecer su instituto? ¿Quién no les ha quemado in- 
cido incienso? Mas los uloejos aíbrtunadamen- 



6 
te no se tributan á la congregación, sino á la rflü- 
ger, manantial de amor y de tierna solicitud, y, 
por lo mismo, acreedora á toda clase de alaban- 
zas y consideraciones, pues como muy bien dice 
un armonioso vate sud-americano: 

Hechiza su mirada y enagena; 
Al rayo de sus ojos seductores 
Se alejan los pesares y dolores, 
Cual ante el sol las nubes vénse huir; 
Sus palabras agitan, electrizan; 
A los cielos trasporta su inocencia; 
Son sus gracias el bien de la existencia: 
Flor del presente, luz del porvenir: 

(í rancie, muy grande seria tal vez el heroico 
sacrificio de San Vicente de Paul en la erección 
de hospitales y congregaciones. Plausible igualmen- 
te su empeño por el establecimiento de casas de 
expósitos y hermanas de la Caridad. Pero la ins- 
titución de las últimas no ha correspondido en 
manera alguna al propósito laudable del ardoro* 
so celo de aquel insigne varón. Sus hijas jamas 
han sido lo que él ardientemente deseaba. Todo 
con el tiempo degenera: todo con el tiempo pere- 
ce; y ese instituto que desde muchísimos años atrás 
ha venido corrompiéndose, no puede ser al pre- 
sente de ningún provecho. 

Sucede con frecuencia que las instituciones mas 
benéficas, cuando se implantan entre nosotros, ya 
no corresponden á su loable fin y dejan entonces 
de producir los opimos y abundantes frutos, con 
que se nos alusinaba. ¿No lo acredita quizá la mus 
desconsoladora esperiencia? Allí están los pondera* 

jfjuitaf-: allí las no nu'nos enzaleadae heiina* 



lias ile la Caridad. Muchos años han vivido en Gua- 
temala. Muchos miles de pesos su han gastado en 
su obsequio, y otros muchos hau extraído en oro. 
Empero, la República nada ha utilizado. Todo con- 
tinúa como antes de su infausto arribo. Sino, de- 
la luminosa huella que de su paso nos que- 
de. Reséñense los bienes brotados de sus labios, y 
sus pasmosos hechos. Yo solícito los bu co; pero 
confieso (raucamente, <[iie nada encuentra, que na- 
da veo, aun valiéndome de la mágica linterna de 
Diógenes. Solo tropieso con los graves inconvenien- 
tes de su enseñanza á medias. 

No se me oculta que para admitirlas en la con- 
gregación exígese en las postulantes ciertas cuali- 
dades, como estar impuestas en 
va, en las principales Ia >, vlgo en 

la lectura y ux poco en la escrita ra. Mas esos im- 
perfectos conocimientos no bastan para ser institu- 
trices. Esos conocimientos incompletos tampoco los 
estimo suficientes para doctrinar á las jóvenes en 
las estensas materias que en el dia abrazan todas 
las asignaturas de la enseñanza primaria. 

Además, el artículo 18 déla Carta constituti- 
va, decretada el 11 de Diciembre del año ante-próxi- 
mo de 1879, al hacer obligatoria la instrucción pri- 
maria, previene que la sostenida por la nación - 
'precisamente laica y gratuita. Mas las hermanas, á 
que se alude, no podrían desistir de inspirar en el 
blando corazón de sus tiernas educaqdas I03 retró- 
grados y añejos prineipios de su católico instituto, 
por cierto nada apetecible. 

Sin duda, por eso el Gobierno, -separando a las 
hermanas de que se trata, hace algunos 
lh <'; t .-;i de huti facas y altina&uctc del Hospicio 



s 
con cuyos establecimientos habíanse encariñado, ha 
precedido con grande cordura y previsor acierto. 
¿Qué seria de las jóvenes educadas bajo semejan- 
tes auspicios, cuando llegue el momento de aban- 
donar los asilos en que se las ha recogido? La res- 
puesta es muy obvia, muy sencilla. Desventuradas 
para siempre, como las que ya han ido saliendo. 
La mira, pues, del Grobierao en la separación de 
las hermanas es evitar á esas criaturas infelices su 
ruina y su desgracia. 

Personas candorosas hay todavía que se alu- 
cinan con que las hermanas de la Caridad pueden 
prestar importantes y valiosos servicios en el Hos- 
pital. Pero esa creencia errónea es una ilusión,, un 
engaño crosero, por no decir uü adefesio. Allí cier- 
tamente es en donde menos se notaria su falta. Allí, 
como señoras su número es crecidísimo, y como sir- 
vientas muy deficiente. Apelo á los hechos en com- 
probación de ese acertó, que la malicia calificará tal 
vez de aventurado. 

Háse dicho igualmente que las hermanas todo 
lo hacen en persona. Mas eso parece otra equivo- 
cación en que adrede se incurre para prevenir su 
defensa. Ellas por sí no curan á los enfermos: ellas 
no les propinan las medicinas: ellas mucho menos 
los velan á su cabezera. Piensan de seguro degra- 
darse descendiendo á tan ínfimos oficios. Por tan- 
to, solamente los disponen, aunque con alguna in- 
dolencia; pues si bien es verdad que al efecto vi- 
sitan las salas, lo hacen sin embargo en la noche 
tan solo á las nueve, á las doce y al rayar la au- 
rora. 

En la aplicación de ]<>s medicamentos tampo- 
co se observa la exactitud conveniente y debida. Se 



o 



administran aumentando i - para escusar el 

trabajo; porque durante la noche seda tan solamen- 
te agua y un poco de atole, cuando por casualidad 
se pide. Mas así, no solo se alteran las prescripcio- 
nes del médico, sino que puede ocasionarse algún 
daño. Eso implica hasta un reprensible abuso. 

Llama así mismo la atención que entretanto 
la mesa de las hermanas es opíparo^ por servírse- 
les diariamente varios potajes pringosos v delica- 
dos, buena cerveza y esquisitos vinos, todo á costa 
del Pueblo, agoviado con tantos impuest* ¡ cu- 

si siempre a la generalidad de los desvalidos enfer- 
mos, por la mañana un mal café, con un pan: al medio 
dia arroz y carne cocida,sin ninguna otra preparación, 
con tres ó cuatro tortillas y un pedazo de azado á 
unos pocos; y en la tarde el mismo arroz insípido, 
tortillas y atole de maíz, endulzado con rapadura. 
No abulto los hechos rápidamente diseñados. 
Por el contrario, los atenúo omitiendo de propó- 
sito vergonzosos detalles. Pero no he podido rele- 
gar al silencio los abasos bosquejados para su pron- 
to y eficaz remedio. ;A quién se oculta que en las 
casas de beneficencia, á pretesto de mal entendida 
religión, se lucra sórdidamente? Ese, por desgracia, 
es el negocio de ciertas personas. Sépalo el Gobierno- 
y si no lo ignorare, estirpe tan descarada grangería^ 

Tal parece ser el régimen alimen 
invierten ingentes y aun fabul 
consta de las cuentas que cada año pe pasan á la 
Contaduría-mayor para su glosa y purificación. Tal, 
por último, el indecible cuidad- de las acuciosas 
hermanas hacia .mis queridos enfermos, que cuando 
no sucumben á la dolencia <jue |, a aqueja, sal u 
ren< de tan piadosas huí . u . 



LO 

ti'la caridad, 

Con esa previa advertencia, que consigno á fuer 
de verídico, pongo ya término al presente artículo 
que, borrajeado al trote é impreso al galope, como, 
á juicio del literato Selgas, escriben los periodistas, 
auguro se leerá á escape por los apasionados de 
las seducidas hermana?, á quienes como muger'es 
aprecio y aun respeto, sin lastimar su delicada su- 
ceptibilidad, pues solo combato amargamente insti- 
tución tan detestable y perniciosa. 

Sábese que muy pocas jóvenes visten el hábi- 
to v simpática toca ó corneta de las hermanas de 
la Caridad por verdadera vocación. Regularmente 
lo hacen, unas miserablemente engañadas; otras á 
consecuencia de un funesto amor, ó por despecho; 
y algunas, en fin, para asegurarse la subsistencia, 
ó por padecimientos morales, que degeneran en re- 
pugnante y aun intolerable misticismo, como lo tes- 
tifican los hechos. 

Por eso, las obcecadas hijas de San Vicente, 
volviendo alguna vez sobre sus vacilantes pasos, 
podrán desempeñar la hermosa y santa misión en- 
comendada al bello sexo, y dejan lose de místicas 
sollamas, dar pava siempre un sentido adiós al insti- 
tuto de antaño, donde, sepultados í-uí mágicos he- 
chizos, matan perezosamente el tiempo, tan precio- 
so, y su codiciada existencia. ¡Quiera Dios que esas 
flores secas, reverdeciendo al soplo vivificante do 
la ilustración^ florescan nuevamente para el mundo 
civilizado'.! 



!! 



EIYITÜ I, .111. 

"El Civismo" saluda con afectuosa 
cordialidad á este apreciadle caballe- 
ro, por su feliz regreso, y lo felicita 
de. veras, al verle ya colocado cu la 
kSala 1. a , donde como Presidente par- 
de extirpar las aberraciones lamen- 
tables del personal á que alude el si- 
guiente artículo. 

Reaparece "El Civismo,*' después de un ligero 
Vahído ó corta, interrupción, por causas indepen- 
dientes de su humilde redactor. 

Entretanto, la prensa lia brotado nuevos perió- 
dicos que derraman torrentes de luz. El Civismo, en 
su fausto renacimiento, salúdalos con la mayor cor- 
dialidad. 

Hoy, pues, que todos escriben, que todos char- 
lan, por monomanía, El Civismo irapónese tamhieu 
la ardua obligación de compartir con sus dignos co- 
legas las tarcas periodísticas. 

Empero, al romper el profundo silencio que lia 
guardado durante unos pocos meses, brinca de nue- 
vo al palenque, siempre firme en su loable propósi- 
ibo y siempre dispuesto á combatir perjudiciales al li- 
sos, aunque sin perder los estribos, como á los es- 
critores mas cuerdos á la vez sucede. 

El campo que a su escrutadora vial - pn -• ri- 
ta es anchuroso, es a:;:-!: .. !•: i él tiene frutos reca- 
lados que rec< g< i: fl< res que admirar; y que tr< n- 



L2 
char muchos tallos. La ocasión que se le viene A las 
manos, de seguró no la desechara" para sus encomios 
á lo que deba aplaudirse, y oportunos avisos para 
todo cuaoto merezca reprobación. 

El presente número, coa motivo del decreto, 
fecha 31 del último Agosto, que tanto enaltece al Mi- 
nistro que lo autoriza, por que rósela su acendrado 
liberalismo y la fijeza de sus principios, trata de la 
institución de las hermanas de la caridad y de su 
inconveniencia para la enseñanza y para la interven- 
ción en los Hospitales. Igualmente trata del ferro- 
carril y de su historia abreviada; ocupando la parte 
literaria con el esbozo biográfico de uno de nuestros 
bardos y con unas rimas, aunque incadentes, en ob- 
sequio de la variedad. 

Hace algunos años, paos aun vivía el Lie. Don 
Manuel Arrivillaga, cuando este casualmente se en- 
contró en los corredores del edificio, destinado para 
administrar justicia, con Dn. Benito Arauz, hábil 
pendolista y satírico por naturaleza. Después del sa- 
ludo dé costumbre, dijo Arrivillaga á Capeta (apodo 
con que era conocido Arauz) entra, entra: ven á las 
galerías, y admira su comodidad, sus lucidos ador- 
nos y todo cuanto ahora tenemos y de que anterior- 
mente se carecía. 

En efecto, el propio Arrivillaga, que se había 
quedado en el tintero decir que era Magistrado, lo 
condujo por los salones y oficinas, haciéndole obser- 
var las pinturas, los dorados, Las vidrieras, los mue- 
bles elegantes, los útiles de escritorio y la selecta 
librería, de que nadie absolutamente se sirve; y cuan- 
do lo creyó deslumhrado por tan faustoso boato, pre- 
gúntale ¿qué te parece nuestro adelanto? que te pare- 
ce nuestro | i en el santuario de la justicia? 



13 
Entonces el socarrón de Arauz le responde con su 
ingénita sal ática: si, si mucho lujo y él 

fustán sucio. 

Esto precisamente pasaba cuando la Corte de 
Apelaciones se componía de insignes jurisconsultos, 
políticos eminentes, literatos esclarecidos y patriotas 
ilustres, por su probidad, honradez y demás brillan- 
tes cualidades que los adornaban. Mas atora que 
diría el taimado de Arauz, aludiendo á las tres rá- 
bulas (pie, siu saber decorar las leyes y mucho me- 
nos aplicarlas, forman actualmente la Sala primera? 
Qué diría, que diría, vuelve el redactor de El Ci- 
vismo á preguntar? 

La respuesta es muy clara; pero la estrechez de 
las columnas de este diminuto periódico uo permite 
consignarla desde luego. Con todo, en los siguienl 
prométese tratar del afamado personal de esa céle- 
bre Sala y de los ímprobos trabajos de tan augusta 
trinidad; analizando con el escalpelo forense sus elu- 
cubraciones 6 cuodlibetos en forma de sentencia, pa- 
ra patentizar su iniquidad y además la malicia, in- 
suficiencia y desacierto de la hechiza trinidad, com- 
puesta de tres enorgullecidos badulaques, .^i bien 
uno solo en su esencia, por ser los otros dos meros 
instrumentos del mas hinchado. 

No por eso, El Civismo prescindirá de otras ma- 
terias importantes, que coadyuban muy mucho al 
designio enunciado en el Programa. El nuevo campo, 
como se lia dicho, es amplio y bello: y se desvirtúa] ia 
la misión del periodista, limitándose á cierto y deter- 
minado asunto, mayormente cuando cada número 
de esta publicación cuenta diez y seis página-, aun- 
que pequeñas, que en lo sucesivo verán la luz pú- 
blica dos veces al mes, sin día fijo, 



OCTAVILLAS, 

Las estrofas compuestas de ocho versos de cuatro 
á ocho silabas rada uno, con agudos en el quinta 
y octavo pie, son indígenas de origen. Inventada;) 
por el neo-granadino I)n. José Fernandez Madrid, 
las popularizó l)n. Juan Bautista Arriaza en las 
colonias españolas, 

Fernandez Madrid era, sin duda, un insigne poeta. 
El, en sentir de Don José Maria Yergara y Ver- 
gara, introdujo algunas novedades en la literatura 
americana. Al menos, su bella y célebre Oda á la 
noche está combinada de sextillas endecasílabas, 
octavitas con agudos y alejandrinos de ritmo mo- 
nótono. 

He aqui, pues, una muestra de las mas senci- 
llas de esas ligeras composiciones poéticas, escri- 
tas en eptasilabos por mi amado y sentido hijo 
Juan José Micheo, cuyas rimas, coleccionadas en un 
volumen, pronto quiza vean la luz pública, 

EN EL CUMPLE-AUTOS. 

I>13 MI MAMA LUISA DE MICHEO. 



Yo ol primero de tus hijos 
También primero en lo amanto 
Hoy lo mucho que te debu 
Con algo quiero pagarte. 
lleredia. 

Risueña hoy aparece 
La nacarada aurora: 
Ya de luz seductora 
La tierra vú á inundar. 
¡Salud hermoso día. 
Tan plácido y sereno, 
Ai de llanto ageno 
Te vea yo espirar! 



13 

Mas por qué tan festivo 
Saludo este aliño dia? 
;Quién llena el alma mia 
De blanda conmoci 
Tu sola, tierna madre, 
Me daa ese contento: 
Por tí en el pecho siento 
Latir el corazón. 

¡Qué grato es el recuerdo 
De tu primera aurora 
A quien tiene. Señora, 
La existencia por tí ! . . . 
Yo descanzé en tu seno: 
Gocé de tus abrazos 
Y en tns amantes brazos 
líeclinado me vi. 

Tesoros mil rendirte 
Piquísimos quisiera. 
El oro ¡ah! si pudiera 
Pondría hoy á tus pies. 
Tus manos ornaría 
Con fúlgidos diamantes: 
De perlas y brillantes 
Ciñera yo tu sien. 

Son vanas ilusiones, 
Dirás de mi cariño: 
Delirios son de un niño: 
Sueños de amor filial. 
Si, madre, es un delirio; 
Mas ¡ay! ¿cómo podría 
Mostrarte el alma mía 
Su ternura inmortal '. 



1G 






Perdón y gracia te imploro, 
Gloriosa Virgen chínente. 
Hijo tuyo reverente 
Con santo favor te adoro. 

Cristiano también deploro 
Nuestra tibie/a creciente, 
Y á Tí, cual madre excelente, 
Mis culpas couíieso . . .y lloro 

Tú que al hombre en su amargura 
Alientas con gran desvelo, 
Derrama, pues, desde el cielo 
En mí, Piadosa criatura., 
El bálsamo del consuelo, 
Que cifra eterna ventura. 



ADVERTENCIA. 



Por falta de espacio no se incluye* la biografía 
que menciona <•! artículo La Redacción, sin embargo 
de estar ya formado y corregido en galeras. 

i kmala, o. i tJBBB L2 DB 1S80. 



Tir. UL ''LL HOEIZOHTli" 



Vúintro 22. 



Periódico de política, ciencias, literatura, comercio &. 

SU REDACTOR JOSÉ MARIANO MICHEO. 
Saldrá por lo menos dos veces cada mes, d real el mbnero. 

La Sala 1 * déla G. de Justicia- 

El Redactor de El Civismo cumple ahora 
con lo ofrecido en el número anterior res- 
pecto del famoso personal de la Sala primera. 
Prométese en los sucesivos analizar crítica y 
jurídicamente siquiera algunas de sus lumi- 
nosas deliveraciones forenses, que tanto hon- 
ran «i esa trinidad contrahecha,por ser faro 
brillante de nuestros Tribunales, blasón glorioso 
de Guatemala y asombro del mundo ilutrado. 

Allá en la infausta época de la funesta 
dominación del General Rafael Carrera, á* 
quien, por sus virtudes cívicas, piedad cris- 
tiana é inapreciable continencia, contémplase 
en el empíreo conversando mano a mano 
con el soberano Criador del mundo, se verifi- 
có un curioso lance, cuya narración El Civis- 
mo no puede escusar, por venir á pelo, seguu 
piensa 

Un indígena proveía entonces semanaria- 
mente de carbón á la pulpería de la Sra. Tomasa 
Soto. Pasadas muchas semanas y aun tras- 
curridos alguuos meses sin aparecer con su 
acostunbrada venta, la referida Señora salió 
por causalidad á la puerta de su tienda, en 



■> 
cuyo frente se encontraba al medio de la ca- 
lle un soldado, vestido de munición, conqucpi, 
cartuchera y tahalí. 

Después de haber reconocido en él ;i su car- 
bonero y liona de gozo por su feliz encuentro, 
le dijo: que Iiáccs marchante, ¡wr qué no has 
venido con el carbón; me tenias con cuidado, 
pues ya sabes que te quiero; á lo que el parro- 
quiano, lanzando á su interlocutora una mi- 
rada torva, le contestó: viejos putos, ya no 
hay marchanto agora: no ves el canario; y 
esto precisamente se lo decia, enseñando la car- 
tuchera y el tahalí, con que estaba cruzado. 

Lo mismo, pues, lo mismísimo sucede con 
los empleados públicos, y muy especialmente 
con nuestros doctos varones, que desde su 
inmerecido ascenso, se han trasformado en 
grandes personajes, metidos dentro de bidrie- 
ras y pizando ricas alfombras, con olvido de su 
humilde pequenez y de que deben su prema- 
tura elevación tan solo al favor y á las cir- 
cunstancias que algunas veces sacan de la 
nada á hombres sin mérito alguno. 

ío se vé casi frecuentemente. Desde 
aueper saTtum empuñan el bastón, mudan de 
voz: váirian de andadura: hablan en monosí- 
labos, para encubrir su nulidad; y, aunque 
casquivanos, se tornan en sentenciosos, á fin 
de aparecer circunspectos y cogitabundos; con 
lo cual créense ya jueces hábiles y justicieros, 
acertados é infalibles; escritores insignes; ha- 
blistas consumados; y en una palabra, la admi- 
ración de las gentes, que candorosas los escu- 
chen, y á quienes infatuados, como el indige- 



3 

ha, dirían: no ves el canario, al mostrales e- 
horgullecidos su bastón . 

Mas esa nunca bien ponderada trinidad 
¿en que se ocupa? Baya que pregunta! En 
despachar causas y mas causas civiles j 
mínales, aunpuc no sea en el término b 
y perentorio que designa el artículo 490 del 
< íódigo de procedimientos civiles; por que des- 
de el momento en que los autos entran á la 
vista, los tienen meses y hasta años en su es- 
tudio. Bien pudiera, pues, á nuestros laborio- 
sos magistrados aplicarse el siguiente célebre 
epigrama del poeta mexicano Carpió: 

Cierto juicio sumarísimo, 
^ue seguí contra Castaños, 
Como el juez era activísimo 
Apenas duro diez años. 

Pero eso es tortas y pan pintado. Al ñu 
su ancha conciencia les remuerde; y como 
hombres de tanta integridad y de tanta hon- 
radez se apenan por echarse sin mas ni mas 
menzualmente ala bolsa, doscientos pesos y por 
algunos otros encarguillos tal vea sumas aun mas 
considerables. Entonces sacan de su estudio los 
autos, auuquc ya enpolvados: los leen de prisa y 
:i saltos; y los fallan á trochemoche; confirman- 
do torticeramente las sentencias de 1 * instan- 
cia, siempre que en ellas no figurare alguna 
persona, con quien pretendan lucirse, acredi- 1 
tándose de rigoristas y probos, ó dispensarla 
su protección. En e¿e caso, ocurren á la sutil 
sofistería, y fabrican á su arbitrio las resolu- 



4 

ciones, sin atender á la resultancia de lo ac- 
tuado; hollando las leyes, por claras, expre- 
sas y terminantes que sean, y haciendo torci- 
da aplicación de los Códigos, en los cuales en- 
cuéntranse por desgracia armas para todo. 

Muchas, muchísimas causas lo comprue- 
ban hasta la evidencia. El Civismo se ocupará 
de varias de ellas, 'para que no se le censure 
de exagerado. Los hechos hablan muy alto. 
A ellos, pues, acudirá en testimonio de la 
certeza de todo cuanto se ha permitido expo- 
ner. Por ahora basta con lo dicho, atendida la 
estrechez de sus columnas. Sin enbargo, ofrece 
también hermosearlas y hacer amena su lectura 
con Las semblanzas de tan simpática y vene- 
rauda trinidad. 

En resumen, y como acaso los ardientes 
adictos álos sugetos aludidos intenten sincerar- 
los, suponiendo en ellos mucho juicio, y estar 
por lo mismo á salvo de cualquiera mancha ó in- 
crepación; y que con su mucho juicio tampoco 
descenderán jamás al palenque, á que se les 
provoca; previéneseles que no pueden tener ese 
mal ideado juicio, quienes obran desatentada y 
perezosamente, y á quienes les viene como a- 
nilloaldedo un epigrama de Martínez Muller, 
que La Redacción no puede prescindir de co- 
piar á seguida y por remate del presento ar- 
tículo, que se ha ido prolongando en demasía. 

Que está en su juicio, Fabricio, 
Dice, á pesar de ser juez, 
Cual si pudiera á la vez 
Ser juez y estar cu su juicio. 



Administración de Justicia. 



Propúsose el Gobierno con la publicación de los nuevos 
Códigos expedí tar la secuela de los juicios. Pero tan lauda- 
ble intento quizas no se ha logrado. La tramitación intro- 
ducida es desgraciadamente casi siempre tortuoua y aun 
molesta. Tan lamentable corruptela acaso tenga origen en 
las costas que, como un impuesto odioso, deben aboliree- 

Autes, por la antigua legislación bastaba una sola rebeldía. 
Al presento son menester rarias; y aun asi tal vez no se 
consigue su objeto, por que los artículos 424, 425 y siguí li- 
tes del párrafo 4, ° tit 12, lib 1 ° del Código de procedimien- 
tos civiles jamás se ponen en rigurosa observancia. 

Fuera de eso, los litigantes maliciosos solicitan á cada 
paso posiciones, muchas veces impertinentes, con el pre- 
testo de prolongar indefinidamente los términos y en el 
deseo de aprovecharse de esas indebidas largas, á que los 
Jueces y Tribuales con extrema indolencia acceden, cian- 
do con mano fuerte deberían reprimir abusos tan vitupera- 
bles. 

No son menos dignos de lamentarse I03 incidentes que, 
con el mismo maligno propósito, se promueven sustan- 
ciándose en ocasiones con la tramitación ordinaria, en cuyos 
artículos las rebeldías, que también abundan, permí tense 
acusar como en lo principal, con grave daño de los in- 
teresados y mucho mas graude de la pronta administra- 
ción de justicia. 

Establecido el juicio ejecutivo en obsequio solo del acree- 
dor, este sufre las funestas consecuencias de la moroeidad 
y del descuido que frecuentemente dan margen á que se 
anulen las actuaciones, ya por no ha lactado en 

los términos convenientes la diligencia de embarg •. ya 
por la falta de un aviso 6 cartel, ó ya por cualquier o- 
tro motivo, acaso insignificante. 

Pero lo cierto es que, con alguna frecuencia los juicios privi- 
legiados de esta clase se prolongan meses y aun arios; 
durando algunos do ellos muchísimo mas tiempo que los 
promovidos en la vía ordinaria y que loa de cesiou do bie- 
nes, esperas y quitas. 



o 

Llámase sobre el particular la atención de los tribunales* 
á quienes cumple extirpar esas corruptelas. Su tolerancia 
es ya punible Redunda, por otra parte, en grave daílo de 
los litigantes. Alíñenos asi lo conceptúa El Civismo, que 
se reserva tratar separadamente de lo criminal, en donde 
se advierten hasta perniciosas contemplacionoes. 



TINTERILLOS. 



En los Juzgados L°y2° de Paz se fijaron hace algu- 
nos meses carteles ó avisos, donde con letras grandes díceseí 
no se admiten tinterillos. Mas esa providencia acertada y 
plausible no ha tenido hasta hoy verificativo. 

Prohiben espresa y terminantemente el artículo 181 y el 
inciso 1 c del 415 del Código Penal ciertas y determinadas ('un- 
ciones, con el laudable obgeto de impedir las perniciosas con. 
secuencias que de otro modo podrían seguirse. 

En electo, si el ejercicio do la medicina, cirugía y far- 
macia se impide á los empíricos y charlatanes en obse- 
quio de la humanidad doliente; parece que con la misma 
razón debe á los picapleitos vedarse su dañina intervención 
en toda clase de negocios judiciales. 

Para la secuela de estos son menester ciencia, práctica, 
honradez.... Sin esas indispensables cualidades los pleitos 
se eternizan y se ocasionan de seguro indebidas costas, 
cuya exacción en cierto modo irrita y desespera . 

listo, pues, precisamente acontece tolerándose la mons- 
truosa ingerencia de aquellos que, sin saber las leyes i.i 
poder aplicarlas con rectitud, se consagran con temeridufl al 
foro para escamotará los incautos que les confian candáro- 
nte la dirección de sus 

Eí 3 que litigan sin titulo, ó por abandonar sus oficios, 
6 tal vez por no tenerlos, son unos verdaderos embaucado- 
res forenses, llamados también y con -obrada razón peste de 
,.úi »: "'-a y gangrena de loa Tribúuu 



; 

DÍtado8 artículos no se ponen en práctica? ¿Por qué los fun- 
cionarios llamados á extirpar esa tremenda plaga social tran- 
sigen puniblemente con ella? 

El ministerio de justicia ettcíióntrase en la actualidad 
á cargo de un jurisconsulto ilustrad.». El sabe los graves 
embarazos y funestos males del escandaloso entremetimien- 
to de los picapleitos. A él, pues, toca alejarlos para 
pre del venerando templo de la justicia. El públi 
menos, lo aguarda con la mayor ansiedad; y aun El Civismo, 
en su humilde pequenez, prométese encomiar la providencia' 
que en ese sentido se dictare. 



¿Las huelgas arbitrarias y frecuentes serán legales? 

El inciso 4 ° del articulo 14, tit. -2° déla ley orgánica y 
reglamentaria del poder judicial, concede licencia hasta por 
veinte dias á los jueces de primera instancia, magistrados 
y fiscales de la Corte de justicia, con previo conocimiento 
del Gobierno. Esto es muy justo. Nada mas racional que 
permitir anualmente algún respiro á la extrema laboriosi- 
dad de los funcionarios judiciales. 

Pero que las huelgas que se toman á amenudo e 
del término prefijado por la ley. eso yá no parece debida 
Dafiaálos litigantes, porque todos sus pleitos se retrasan 
perjudica al publico, por ei tiempo que se usurpa á las de- 
licadas funciones de la majistratura: grava en cierto modo 
al erario, porque entretanto el juez, magistrado ó fiscal se 
anda solozando, es necesario llenar su hueco con un su- 
plente, al cual debe también renu morarse equitativamente 
su patriotismo, 

¿No es quiza público que un individuo* que* perfcen 
tan honorífico gremio o comunión jurídica, siempre que 
retumba el volcan corre á su linca, sita BU laf 
aquel escarpado cerro, aun. pie no en el prop 
el joven en bus investigaciones oientífii 
tura, notorio que cuan,: i 
terminación, en que se propone I . 
te, á quien profesa ojeriza, vuela á su misma finca pan 



s 

inspirarse allí, ¡i manera de los antiguos jueces romanos que 
visitaban el Pittcal de Temis con el loable intento de que esta 
Diosa les infumdiese el don de acierto? ¿No lo es acaso 
que para preparar algún discurso poético, de los muchos 
con que luce su pasmosa elocuencia en las veladas, mar- 
cha á su indicada finca con el fin único de fabricarlo allá 
entre el armonioso murmullo de los rios, al blando soplo 
de la aura plácida, y halagado por la hermosura déla cam- 
piña y la risuefia perspectiva del dorado sol y de la pla- 
teada luna al levantarse y undirse brillantes y magostuosos 
en el inmenso y azulado océano? 

Estas preguntas ocurren al Redactor de El Civismo to- 
das las veces que en las oficinas de la Corte sabe casual- 
mente: que el magistrado aludido, ya por un motivo, ya 
por cualquier otro, va y vieue con sólita frecuencia á su 
encantadora finca, cabalgando en su arrogante mulita y 
mas velozmente que si caminase en fero-carril, navega- 
ra en vapor ó endiése los aires en globo aerostático. Pre- 
guntas, que el propio Redactor se atreve á dirigir en su 
ansia de saber: si las huetgas arbitrarias y remetidas son ó 
no legales.? 



Porteros. 



No recuerda el Redactor de El Civismo con que motivo 
el insigue crítico Larra escribió un bello y elocuente artículo 
bajo el rubro: nadie pase sin hablar al jwrtero. 

Con ese nombre desígnase, pues, al encargado fle abrir y 
cerrar las puertas: al sirviente que hace mandados: al con- 
serje que guarda la entrada á las oficinas pública3; y al 
doméstico que en las casa principales cuida de la puer- 
ta y aun sirve á la mano. 

He aqui el portero. He aqui ese ente necesario en las 
:as y aun en ciertas casas. Pero si bien se le estima 
<:< no un individuo útil, puede sin embargo ocasionar danos y 
r"«»\ BÍempre mole6ta y desagrada á cuantos desgraciada- 
mente tocan con él, pues ese ciudadano en su puesto go- 
za de |m ínfulas de un monarca. 



s 

Sí se le pregunta por el funcionario ó sngeto, encer- 
rado entre bidrieras, ú quien se bnscáre, cuando no le nie- 
ga, dice hallarse muy ocupado, aun ñu constarle: si acaso se 
le suplicare que entre alguna caria, ó dé algún recado, 
tampoco hace ni lo uno, ni lo bt.ro; y si se le mega que lo 
anuncie, entonces se complace ingratamente con detener 
en el zaguán, llegando su pérfida indolencia hasta gozarse 
en la humillación que de intento hace sufrir. Oidlo todos 
los que tenéis porteros, todos cuantos estáis entre bidric- 



ras. 



Pero si á tiempo se le gana- con una propina, ya descien- 
de de su trono, ya se muestra placentero y obsequioso, 
ya aun hace mucho mas de cnanto se le pide. En ese ca- 
so dá informes hasta de aquello (pie no se le pregunta- 
Accesible para todo, préstase gustoso á interceder coi] las 
ninas, cuyos amores y milagros refiere detalladamente. A- 
lerta, pues, madres de familia. 

Por. último, sépase que el oficio de portero, aunque im- 
portantísimo, hace menester tino y discreccion para proveer- 
lo, porque con el unto mexicano el que ocupare tan deli- 
cado puesto, muy bien puede revelar los secretos de las 
oficinas y casas particulares, alejar rudamente á 1 08 amigos, 
sembrar la discordia y hasta causar otros muchos males de 
trascendencia, incomensurable. 



Marcos Dardon. 



El haber sido uno de los pocos guatemalte- 
cos que desde principio del presente BÍglo culti- 
vara la gaya ciencia y los importantes servicios 
que prestó casi desde su juventud á la causa de 
la democracia, son de sobra títulos suficientes pa- 
ra que su memoria se recuerde con tierna gratl- 
tud y merezca incluirse su esbozo biográfico en 
la proyectada Galería poética de hijos del paiz. 
Tuvo lugar su nacimiento en la Antigua (Jua- 



10 
teníala el 25 de Abril do 1803. Allí, al lado de 
sus padres, pasó su infancia, aprendiendo las pri- 
meras letras un ana escuela pública y la aritme- 
tica bajo la esmerada dirección del sobresaliente 
matemático Don Miguel Rivera Maestre, á quien 
la capital de la República debe, en su mayor par- 
te, las obras de exquisito gusto que expléndida- 
mente la hermosean y que liarán eterna la gra» 
ta memoria de tan insigue arquitecto. 

Alienas contaba el joven Dardon siete años 
de edad, cuando su familia le encomendó en Gua- 
temala al solícito cuidado de Don Fernando Pa- 
lomo, Contador de propios y Comunidades del Iley- 
no. En esa oficina el referido joven ejercitó su 
pluma por algunos años, hasta que el mismo Pa- 
lomo, por medio del celebre Doctor Don Narci- 
so Esparragosa, le colocó en la farmacia de Don 
Ysidofo Soto. 

Vivía á la sazón al frente de ese estableci- 
miento el Doctor Don Mariano Gal vez, cuya ins- 
trucción y preclaros talentos le elevaron después 
á la primera magistratura del Estado (hoy Repú- 
blica de Guatemala) Aquel hombre magnánimo a- 
cojió bajo su protectora sombra al mencionado jo- 
ven Dardon; y proporcionándole libros y cuanto ne- 
tára para sus estudios, le ensenó personalmen- 
te gramática latina, filosofa, derecho internacional 
y economía política; y mas tarde, cuando el nomi- 
nado Doctor Gal vez ascendiera al ¡poder, encargó 
al mismo Dardon el ministerio general de su go- 
bierno. 

Al proclamarse Centro América independien- 
de España, <-l mencionado joven gozaba ya de 



11 
algún concepto público; ■ diputado provin' 

oía] se vio en la necesidad de renunciar ese encar< 
ga, pues auu no t • i ! i : i 2o años, así como en la 
de pedir licencia ala primera Junta provincial pai 
ia poder examinarse y obtener el título de Li 
oiado en farmaciat profecion que ha ejercido des- 
de entonces en uu acreditado establecimiento de- 
su propiedad, sin que esa ocupación obstase para 
que desempeñara otros destinos. 

Efectivamente, desde qué se instaló la prime- 
ra Asamblea ordinaria del Estado de Guatemala, 
lia sido miembro de todas sus legislaturas, ya coná' 
títuyentes, ya ordinarias; y en ellas defendido siem- 
pre con el mayor entusiasmo los buenos principios 
de la cansa santa del pueblo, en que desde muy 
joven se afiliara, sin que nunca jamás vacila- i □ 
sus principios politio -. 

Ha servido igualmente en la Municipalidad, ora 
como Regidor, ora como Alcalde, y en es • última 
concepto estuvo ;i sn caigo uno de los Juzgados de 
1 * instancia,)' además como suplente funcionado en 
la Corte de justicia; siendo notable que en el ejer- 
cicio de tan difíciles destinos jamás ha m ¡recido 
censura alguna, sino antes bien logrado 
la estimación general y el buen nombre de qno 
durante su vida disfrutara. 

Cábele, además, la gloria dehab r sido el pri- 
mero que regentó gratuitamente una Cátedra de 
química médica. El tradujo la obra que sirviera 
de testo, po¡- que en aquella fecha - 
libros. £1 hizo con feliz éxito los primeros 
sobre el arte de la galvanoplastia, y cuan 
bió los resultado - trabajos, juntan] 



u 

wníi memoria y un formulario, obtuvo la honra de 
que la Sociedad Económica le decretase un premio 
de oro de primera clase, según consta del diplo- 
ma que la redacción lia tenido á la vista. En ese 
importante establecimiento sirvió largos tres años 
como Consiliario, Tesorero y Secretario, y fue 
uno de los socios natos con que se fundara, y de 
los cuales casi todos han bajado á la tumba. 

Tiene de la misma manera la satisfacción de haber 
promovido se llevase adelante la obra del Teatro ? 
paralizada hacia mucho tiempo y que ahora es 
uno de los mas lucidos monumentos públicos, aparte 
de que en las aciagas peripecias ocurridas en la Capi- 
tal se le ha visto siempre lanzarse, como funciona- 
rio ó como simple particular, en medio de los pe- 
ligros, tras la conservación del orden y tranquili- 
dad pública. 

Por último, en el curso de una vida ton laboriosa, 
empleada incesantemente en hacer el bien posi- 
ble, prodigando en las casas de los desvalidos me- 
dicinas, auxilios y consuelos, no obstante su escasa 
fortuna; arrebatado Dardon por su ardoroso genio, 
ha producido desde niño, y sin estímulos de ninguna 
clase, muchos versos, en que si bieu no se encuen- 
tra una excelente dicción poética, tampoco carecen 
de mérito, por su sencillez y naturalidad, que re- 
velan la bella índole de su autor y la ternura de 
sus sentimientos, á cuyo laudable ejemplo la estudi- 
osa juventud guatemalteca ha creado gusto por la li- 
teratura. Son dignas de leerse sus canciones patrióti- 
cas, algunas poesías eróticas en que de intento se pro- 
puso imitar á Meleudez Valdez y varias fábulas mo- 
rales, politicas y literarias. 



n 



Ya anciano, vióse apremiado por su triste situación 
a desmpefiar algunos otros destinos, aunque en 
escala muy inferior. Mas no por eso abandono el 
dulce trato de las musas. Sus últimas composicio- 
D es son un reflejo de sus padecimientos en su edad 
achacosa. Asi bajó á la tumba, sentido de sus nu- 
uberosos amigos. Entre ellos tiene la complaeeneía 
de contarse el autor de estas mal pergeñadas Une- 
as que consagra á su imperecedera memoria, deseán- 
dole, como el fecundo bardo Lope de Vega al inspi- 
rado vate Espinel: 

Sea la tierra leve 
A quien Apolo tantas glorias debe. 



A UN JOVEN EHU RECEPCIÓN DE ABOGADO, 

Con el laurel esplendente 
De Theuiis, Diosa pagana, 
Ya ciñes, joven, tu frente 
Al lucir tu edad temprana. 
Prosigue, pues, estudiando, 
Que leyendo y meditando 
Alcanzarás de seguro . 

Que de tu nombre en la Historia 
Se inmortalice la gloria, 
Que complacido te auguro. 



14 
En el u «{versarlo dcJ natalicio ele Doñn. . . . j- como 

prueba «3e respetuoso afecto 

BONETILLO; 

¿Porqué risueño y festivo 
Osténtase usté almo dia, 
Inspirándole poesía 
A mi numen siempre esquivo? 

•Ser;i, señora, el motivo 
De tan plausible alegría 
El recuerdo que me guia 
A tu instante primitivo? 

Dudarlo nunca pudiera; 
Más aunque ávido obsequiarte 
Con ricos dones quisiera, 

Contemplo inútil mi empeño 
No puedo asi festejarte. 
Perdona, pues, caro dueño. 



15 
JEn el {.'iiuipSc-aftos* üv C. r £* 



Al sol risueño y fulgente, 
Que alumbró tu natali 
En tu cumpleaños propicio 
Contemplo con gozo ingente, 
Por eso ansio ferviente 
Celebrar, joven querida, 
Tu bella infanoia florida; 
Y entre plácidos amores, 
Sin falsos adoradores, 
Ver deslizarse tu vida. 

Agosto 7 de 1880. 



EPITAFIOS. 

EN LA HUESA DE UN NIÑO RECTENNACIDO, 

Vine sin voluntad al falso mu 
Lo hallé tan corrompido y engañ 
Reynando siempre el vicio nauceabundo 

Que preferí el sepulcro pavoroso. 



FLORES MUSTIAS. 

En el Sepulcro de Doña . . 

Ved esta humilde tumba silenciosa, 
Que yo visito en mi dolor profundo, 
Los restos guarda de mi tierna Esposa 
Que Horrorizada, y con razón, del mundo. 
Triste mansión del llanto y de la nada. 
Al/ó su vuelo á la inmortal morada. 



k; 

A LA TRISTE MEM02IA DE UN JOVEN QUE A LA EDAD DE SIETE ANOS 
TASO: A MEJOR VIDA. 



Los restos ófricos 
De un niño candido, 
Que en vuelo rápido 
A Dios se unió; 
Su padre mísero 
Contempla atóuito 
Con llanto sincero 
De cruel dolor. 



Para el Sarcófago del Ilustre Vencedor 
de Iberia. 

Aquí Simón Bolívar, deificado 
Por sus hazañas bélicas, reposa; 
Que hasta su frió polvo inanimado 
Lo contempla la América orgullosa, 
Por ser Patria del Procer eminente, 
Honra y blasón del nuevo Continente, . 



juatemala£Octubre 25 de 1S80 



T1I\ DL "j;l HOKIZOm l. 



Vúmrro 33. 



!L CIVISMO 



^® 



Periódico de política, ciencias, literatura, comercio &. 

SU REDACTOR JOSS MARIANO MICIÍEO 
Saldrá por lo menos dos veces cada mes, á real el número. 



La Sala I . a refutada por si misma. 

— «••*«♦ — 

Entre los despotismos el mas intolerable, 
el mas odioso es, sin duda, el judicial. Existe 
ese despotismo, siempre que los jueces se so- 
breponen á las leyes, siempre que juzgan ca- 
prichosa y torticeramente, como por lo regu- 
lar lo hace la Sala 1. * 

Este Tribunal obra con tanta inepcia y 
con tanto desacierto, que una misma cuestión 
la decide de diversos modos. Es, por desgracia, 
ese un hecho harto cierto. Muchos ejemplos pu- 
dieran citarse en su apoyo. Mas "El Civismo'' 
limítase, por ahora, á unos pocos. 

La Sra. N., madre de diez hijos y dueña 
de varias casas, fué procesada por supuesta 
falsedad. A los cuatro dias de reducida á pri- 
sión, solicitó su soltura bajo fianza. Sin em- 
bargo, la Sala 1. rt se la denegó, fundándose 
en el art. 25 del decreto núm. 2o0, llamado de 
reformas á los Códigos Penal y de Procedi- 
mientos. 

El considerando, pues, en que la enuncia- 
da Sala basa su determinación, dice testual- 
meute: una vez que el sumario no está concluí- 



— -z— 

doy no han trascurrido 15 días de prisión pre- 
ventiva. Sobre esto, antes de pasar adelante, 
parece indispensable hacer ai inénos una lijera 
observación. 

El art. 25, á que se alude, dispone: que si 
el delito tiene asignada la .pena de reclusión 
correccional ú otra mayor , podrá otorgarse la 
excarcelación bajo de fianza, siempre que pasa- 
ren 15 dias sin haberse podido concluir el su- 
mario. 

Como se vé, pues, la ley no exije que el 
encausado haya sufrido materialmente 15 dias 
de rigurosa prisión, ni monos preventiva ó de- 
tención, por ser la que previene á la clausura. 
Únicamente demanda que el sumario no se ha- 
ya podido terminar dentro de 15 dias, como 
precisamente sucedia en el caso de que se 
trata. 

Pero después, un individuo, sin hijos y 
sin las recomendables circunstancias de la e- 
nunciada Señora, fué encausado, por soborno, 
falsedad y acusación maliciosa. A los cnatro 
dias de hallarse preso, el auto en que se le o- 
torgó la excarcelación, fué confirmado por la 
repetida Sala, no obstante haberse impug- 
nado. 

Mas esto tuvo lugar tres dias después de 
reducido á prisión y con la remarcable cir- 
cunstancia de haber sido puesto en libertad, 
sin la consulta superior, como lo exige el ci- 
tado art. en su parte final, que dice: pero el 
auto en que se conceda, no se ejecutará sin 
la previa aprobación déla Corte de Apelaciones. 

La Sala queria de seguro favorecer íi ese 



sugcto y para hacerlo sentó en su único con- 
siderando: que el juez procedía en virtud del 
art. 110 del Código de Procedimientos pena- 
les, y no en virtud del 25 del decreto núm 230. 

Pero el art. 110 previene: que en las cau- 
sas por delito que merezca pena corporal, no 
se admitirá fianza ni caución, á no ser que de 
lo actuado no resulten méritos para imponer al 
culpable la pena de reclusión correccional ú otra 
mayor. 

Por esa ley menos se le debió excarcelar. 
Los delitos que se increpan son graves, graví- 
simos, y la pena con que se corrijen severa. 
¿Por qué la Sala en un caso deniega la soltura 
bajo fianza y en el mas grave la otorga? 

La respuesta ha sido ya anticipada. La 
Sala obra con capricho: la Sala obra discre- 
cionalmente, por que no acata las leyes; lo 
cual es tan cierto que, encausándose con pos- 
terioridad á un caballero, por adulterio, se le 
excarceló bajo fianza, sin haber sufrido un solo 
dia de prisión, pero ni aun preventiva. ¿Hay, 
por ventura, en Guatemala quien ignore 
esto? 

Ejemplos muchos pudieran aun todavía 
aducirse en comprobación del desacierto de la 
Sala. Pero los citados sobran y bastan, ajuicio 
del redactor de "El Civismo," que sostiene: 
que siendo la prisión una verdadera pena, so- 
lo debiera impouerse después de probado el 
delito, y nunca anticipadamente; por que si 
el acusado aparece culpable, no hay derecho 
para agravarle su castigo, y si resulta inocen- 
te, entonces tampoco hay quieu le indemnice 



— 4— 

de los sufrimientos y perjuicios indebidamente 
sufndos. Por eso el Señor Arosemena opina: 
que todo se concilla con la fianza; y que esta de- 
be admitirse siempre, con tal que se asegure la 
imposición de la pena. 

Aprovechando el redactor de "El Civis- 
mo" ocasión tan pintiparada hace también 
presente: que esa propia Sala en los casos en 
que con frecuencia otorga la excarcelación ba- 
jo fianza, la deniega en el fuero de guerra, so 
pre testo del artículo 540 del Código Militar, 
que dispone lo mismísimo que el ya citado art. 
110; y que igualmente esa propia Sala, con- 
trariando el 19 del decreto núm. 247, que pro- 
hibe el cobro de derechos en los juicios de di- 
vorcio y en las diligencias matrimoniales, ha 
condenado ya en las costas á un marido que 
pretende la separación de su muger, siu duda 
para prevenir así el ánimo de nuestros lejisla- 
dores á favor de las costas, consideradas por 
los economistas como un impuesto oneroso, 
contrario á la Constitución y causa de la se- 
cuela tortuosa que de intento se dá a los 
pleitos. 

Cuando el desconcierto y la arbitrariedad 
llegan á tal estremo, forzoso es que la justicia 
ande coja y torcida. Cada resolución que dic- 
ta la Sala, de que se habla, es un nuevo es- 
cándalo; cada providencia una nueva alarma. 
Por eso, todos se quejan, todos lamentan á una 
la falta de sindéresis de esos funcionarios. Des- 
graciado el que por cualquier motivo cae en 
buí manos. Ellos se complacen entonces en 
mortificarle. Ellos le hacen entonces sentir su 



precipitada elevación. Ellos hacen entonces de 
las leyes un instrumento desús Venganzas. Ellos 
valiéndose de las mismas leyes, favorecen en- 
tonces á los suyos. 

Mas ya es preciso poner coto á tan seme- 
jantes desbordes. Ya es menester refrenar esa 
arbitrariedad sin límites. El tribunal de casa- 
ción no basta. Es indispensable otro, ó que si- 
quiera se reglamente de diverso modo. Es ur- 
gentísimo que la ley orgáuica se varié de raiz. 
Por ella los magistrados de las tres Salas jue- 
gan alternativamente en el Tribunal de Súpli- 
ca y en el de Casación. Eso no es en manera 
alguna debido. Esos tribunales deben formar- 
se de magistrados, que no compongan las e- 
nunciadas Salas. Es, por último, necesario un 
periódico independiente que combata los abu- 
sos forenses, y en que no tengan ningún par- 
ticipio los funcionarios de justicia. Solo así; y 
nada mas que así, se logrará que esta sea ad- 
ministrada recta y cumplidamente. 



BIBLIOGRAFÍA. 

UIV ENOR3IE I^UBÍfcOTJE. 



A fines del año antepróximo se dio á la estampa 
en la inipreuta Nacioual de San José Costa—Rica 
un Panfleto, titulado: ('■ nfm-Am- rict. Sujtfiei 
su pasado y poréemr, y suscrito por Luis BatreSj 
cuyos ascendientes se firmaban AVatres. 

Ese folleto es un pequeño cuaderno de 48 pá- 
ginas en cuarto mayor, compuesto en 80 l'. - par- 
te de una dedicatoria al General Tomás Guardi.-i. dé 
un prólogo consagrado á la juventud Ceotro-Anhé» 



— 6— 

ricana y de seis capítulos. 

El firmón de ese Panfleto lo llama Libro en el 
ingreso de la dedicatoria aludida, acaso por no sa- 
ber su significado; fuera de que no puede absoluta- 
mente denominarse verdadero Libro un cuadernito 
tan insignificante. 

El, sin embargo de reducirse á dar á conocer 
las inmensas riquezas de nuestro patrio suelo, sus 
ventajas para la agricultura y comercio y Jos trazos 
mas favorables para cruzar su fértil territorio de 
ferro-carriles y canales, contiene especies inexactas, 
que no pueden, que no deben quedar desapercibi- 
das. Demandan imperiosamente una seria respuesta, 
tanto en honor de la verdad, como en obsequio de 
Centro-América. 

El redactor de "El Civismo" prométese darla 
satisfactoria y extensa. Mas nunca lo haría en un 
solo artículo por la estrechez de sus columnas. Su 
contestación será objeto de una serie no interrumpi- 
da. De otra manera, no llenaría quizás su laudable 
propósito. 

Con todo, apresúrase á hacer desde luego una 
ligera advertencia, para llamar la atención de sus 
amables lectores y aún del público, á fin de que co- 
nozcan una vez mas el falso patriotismo del tal 
Luisito que, inquieto y desorientado, anda vagando 
tras su ansiada ínsula. 

Dice ese atolondrado farfulla en la página 15 
de su libróte, donde asegura que Centro- América 
es la piedra preciosa que la Naturaleza ha deposi- 
tado en nuestras manos 'preparémonos á en, 

fregarla, en un porvenir acaso no muy lejano, en las 
m r mos de operarios mas inteligentes que nosotros, que 
vendrán á arrebatárnosla y tal vez con buen derecho, 
pues no es justo que un inepto y ocioso posea rique- 
zas inagotables que no es capaz < l' escotar, privan- 
do al mundo civilizado de aprovecharlas en bien di la 
humanidad,' 



—7— 

¡Vaya que resuello de hombre! Solo un zopen- 
ca, como él, asegurarla haber gentes que con buen 
derecho usurpen nuestro frondoso territorio: solo nn 
alelado, como él, llamaría ineptos y ociosos á los 
Centro-Americanos: solo uu guatemalteco espúreo 
como él, se aventuraría á sostener que somos inca- 
paces de explotar las inmensas riquezas que contie- 
ne el mágico país que habitamos: solo un mastuerzo 
como él, desbarraría con tan impudente torpeza y 
tanta desvergüenza; solo un pórfido, como él, se atre- 
vería á negar el progreso, el engrandecimiento, y la 
bienandanza de nuestra joya preciosa en los últimos 
ocho años. 

¿No recuerda, por ventura, que su esclarecido 
padre, con sus dignos cofrades, sujetaron allá por el 
año de 1822 una parte dn la América al vacilante 
imperio mexicano? ¿No recuerda, acaso, la sangre que 
se derramó entonces y las sumas ingentes que se 
invertieron por recobrar nuestra independencia y 
soberanía? ¿No recuerda que t Aos esos tremendos 
males, el miserable fraccionamiento de la América 
Central y los disturbios incesautes en que han es- 
tado casi siempre las cinco Repúblicas, todo se de- 
be al intransigente partido retrógrado á que él y los 
suyos corresponden? 

Pero del pazguato hijo del que en sus alardes 
de patriotismo cercenó una considerable parte á 
nuestro valioso territorio, en obsequio exclusivo de 
su partido, no debe esperarse otra cosa. El, y nadie 
mas que él, en sus dorados ensueños de meutida 
democracia pudiera proponerse ahora sacrificar á 
los Centro-Americanos, entregando el corazou de 
la hermosa América al ávido extrangero, tau solo 
con la pérfida mira de humillar al bando político 
irresistible, que actualmente co¡np.»ne el pueblo. 

Mas si aún no está satisfecho con la desmem- 
bración que su buen padre y sus correligionarios 
hicieron de una parte do la República, eepa que su 



actual administración nunca jamás consentiría en se- 
mejantes proyectos vandálicos, y que está dispues- 
ta á sostener con los muchos y crecidos recursos que 
posee la Autonomia Nacional. Sepa que el pueblo 
ya no se deja engañar con palabras: que conoce sus 
verdaderos derechos: que tiene ya suficiente sentido 
común; y que la sangre de sus hijos solo se der- 
rama por sostener al pueblo, pues sabe éste como 
dice Madiedo. 

Que el pueblo es uno solo, y que el no goza 
De los triunfos del Sable y del cañou. 



La Sala V de la Corte de Justicia. 

Se tuvo que organizar nuevamente para cons- 
tituirse en Tribunal de Súplica, á fin de conocer del 
negocio á que se refiere el escrito con que concluye 
este artículo, borrajeado á vuela pluma. 

Integrada dicha Sala con los Señores Ramírez, 
Aparicio y Calderón y con los Fiscales Flores y 
Rodríguez, profirió en 9 de los corrientes la senten- 
cia inicua, que rae obligó á introducir el recurso ex- 
traordinario de casación. 

Tengo el propósito de dar á conocer no solo 
esa sentencia vacía y peor fabricada, si que también 
la sofística y riborabante pronunciada por la Trini- 
dad, cuyas semblanzas hé ofrecido y que pronto, 
pronto verán la luz pública. 

Propóngom* ahora obsequiar á los lectores de 
"E! Civismo ron unos pequeños bocetos de los cin- 
co individuos <le la Sal:i 8.,'* delineados agrandes 
rasgos, i bien 'vn la exactitud posible. 

.'..••> ea todo un buen muchacho, aunqne 
ya peina "anas. Discípulo de los Jesuítas, estos le 
dieron gran nombre. Su retrato figuraba en el salón 
de exámenes. Salido del Colegio, sus amigos tambioa 



— fl- 
le enaltecieron como un génid privilegiado. Empero, 
supuesto que al hombre fe conoce por susobras, Kami- 
rez por las suyas es un hombre nulo, nulísimo.Sus es- 
critos, sus alegatos, que registran los archivos, na- 
da absolutamente valen. En la actualidad funciona 
como Magistrado, por haber cometido la Asamblea 
la iudiscrecion de elevarlo inmerecidamente á ese 
alto puesto. En en tal concepto, sus elucubraciones 
son bastante despreciables. Todas se recien ten de 
su poca instrucción en derecho y de su estremada 
desidia Además, como se dice que tiene imaginación 
poética, vive sujeto á las influencias del tiempo tan 
variable; de manera que cuando le toca juzgar en 
uno de sus frecuentes dias turbios, entóuces dá al 
traste con todo, satisfecho de que en nuestra pobre 
Guatemala todo se sufre y todo se tolera. 

Aparicio es un viejo verde. Se hace el muy gra- 
cioso, siu tener pisca de sal ática. Tonto de capirote 
por naturaleza, como lo revela su fisonomía, llega su 
ignorancia al punto de no saber escribir ni aun su pro- 
pio nombre. El firma Estevan con v, debiendo ser 
con b. ¡Que espeíanza hay de que en el foro acierte 
ni aun por casualidad! Sin embargo, en los corrillos 
se luce. Allí suelta su pico: allí parla á las mil ma- 
ravillas, y especialmente cuando se trata de humi- 
llar á alguua persona. Para eso se pinta. Dígalo 
sino el redactor de "El Civismo," de quien en su 
ausencia ha terriblemente hablado. Por eso quisie- 
ra que al menos aceptase una polémica en público 
acerca de cualquier asunto. Lo invita al efecto; y 
aun sino le conviniere descender del excelso Trono 
que le ha fabricado su fatuidez, que la admita si- 
quiera por escrito, para probarle in extenso su sa- 
pientísima nulidad. 

Calderoncito es un cero á la izquierda. No bien 
salido del cascaron, cauta ya como gallo, cuando 
apenas empieza á pipiar. El do pasa de un simple 
firmón, y en la 1. rt Sala de amanuense del eloenen- 



—10— 

tísimo Falla, que scl'tiene como el Castelar gua- 
temalteco. Esto no es un cuento. Hace poco suce- 
dió que felicitándosele con tal epíteto al dia si- 
guiente de una velada, en que habia figurado, lie- 
?ó con su necia vanidad á decir á su admirador y 
Id. rae dice eso de guazo, ó de veras; á lo que le res- 
pondió: hombre de veras. ¿No es ya Ud. por ven- 
tura un sabio? Pues Calderoncito, que se iba que- 
dando en el tintero, tan solo sirve para escribiente 
de esa opaca lumbrera, de ese faro de ocote. 

Flores es todo, todo, menos ilustrado, ni justi 
ciero. Allá eu tiempos de Carrera, éste lo presentó 
al redactor de "El Civismo," dáudoselo á conocer 
como primo inmediato, por decirse nietos ambos, Car- 
rera y Flores, de un Señor Acosta, hombre famoso 
eu los fastos de nuestra historia judicial. Sin em- 
bargo, Flores figura al presente como diputado, 
como individuo de una de las Salas y aun como in- 
sigue demócrata. ¡Vaya con liberales de esa cala- 
ña dentro de pronto Guatemala se verá feliz, prós- 
pera y venturosa! 

Rodríguez, por el contrario, siempre ha cor- 
respondido al partido verdaderamente liberal. No 
es un hombre admirable, por sus grandes talentos, 
ó como dicen los botarates, por sus ideas levanta- 
das. Con todo, como Abogado y corao Notario fi- 
gura en primera línea. Hace años desempeña igual- 
mente una fiscalía. En sus funciones obra á satis- 
facción de los inteligentes. Esto habla muy alto en 
su favor. Reciba, pues, del redactor de "El Civis- 
mo" el mas sincero parabién, tan justamente me- 
recido. 

A vista de las fotografías de los esclarecidos 
Ministros, que fortunosamente compusieron el Tri- 
bunal de Súplica, era de suponer que el pronun- 
ciamiento, que dictaran, correspondiese á tan ilus- 
tres Abogados, célebres de suyo y mucho mas 
por que el redactor de El Civismo prométese enal- 



—11 — 

tecerlos. Con ese objeto, pues, los retrata ahora, 
seguro de no haberse équivocodc ; y con el mis- 
mo propósito intentó )á el recurso de casación 
en los términos que aparece del siguiente escrito 
de cuyo resultado informará asi mismo al público' 
TRIBUNAL DE CASACIÓN. 

Por una injusticia flagrante cometida por las 
Salas 1. * y 8., a vóorhe en la dura, pero indispen- 
sable necesidad de ocurrir á este justiciero Tribunal, 
introduciendo desde luego el recurso extraordinario, 
llamado de casación. 

No sin verdadera pena, Sres., ahora ocurro res- 
petuoso, aunque quejándome amargamente contra 
dos sentencias inicuas, por violación, al menos, de 
dos leyes expresas, que en el cuerpo de este breve 
memorial os citaré. 

Ante el Juzgado 1. ° del. 51 Instancia seguí 
con Luisa Garcia autos, sobre propiedad de u na 
galera y su sitio; alegando ser nula y falsa la escri- 
tura, presentada por la convenida. Allí, como era de 
justicia, obtuve sentencia favorable. 

Sin embargo, esa justa determinación fué revo- 
cada por la Sala 1., a con expresa declaratoria de 
que dicha García es propietaria de la galera y siíio 
aludidos, aunque sin especial condenación de costas 
y salvos mis derechos por los gastos impendidos en 
su refacción. 

Interpuestos por mi el recurso de súplica, que 
me fué otorgado, la Sala 3., * de cuyos individuos 
que la forman, salvara su voto el integro fiscal I). 
Manuel Rodríguez, confirmó la mencionada senten- 
cia, condenándome especialmente en las costas per- 
sonales y procesales. 

El fallo de 2. rt Instancia, fecha 20 d< Agosto 
último, está concebido en términos impropios, / 
nante% y oon la mayor acrimonia en odioá m 
mihU persona. No exajero, Brea. Su lectora oe iii 
BUadirá de la certeza de cuanto os digo. 



—12— 

El de la Sala 3., * proveído el nueve de los cor- 
rientes, es frivolo, insustancial, 'pésimamente redacta- 
do y sofístico en sus considerandos, como el profe- 
rido por la 1. * Su lectura también os lo hará ver; 
fuera de que en el acto de la vista me prometo dis- 
currir sobre cuánto dejo ya apuntado. 

La escritura exhibida por mi contraparte fué 
otorgada por el cartulario D. Juan Vicente De León, 
á 14 de Enero de 1876; y tanto el instrumento con- 
signado en su registro, como el testimoniado son 
falsos y nulos. Ahora promótoine indicarlo á vuela 
pluma. Oportunamente daré mas extensión á mis po- 
bres observaciones. 

Es f alea y nula la escritura del registro, por 
que fué enmendada con una adición marginal y con 
unas entrerenglonadwras, sin mi previo conocimien- 
to y sin mi indispensable aprobación, y aun sin sal- 
varse legalmente, como lo previene la ley 111, tit. 
18, partida 3. * 

Salvar, dice Escriche, es poner los escribanos 

Ó NOTARIOS AL FIN DE LA ESCRITURA Ó INSTRMENTO LO 
QU1 ESTA ENTRE RENGLONES Ó BORRADO; Ó de ütl'O 

modo, lo mismo que trascribir literalmente las en- 
mendaturas y reformas antes de la suscricion; sin 
que valga lo que se hiciera en contrario, por que en- 
tonces no se evita la sospecha de fraude, ajuicio de 
todos los tratadistas y entre ellos del ilustrado prác- 
tico Elisondo; pues, como saben los Sres. Magistrados, 
las palabras de la ley se toman siempre en su sentido 
natural. 

Dedúcese sin violencia de lo expuesto que, no 
habiéndose copiado testüalmente eutre la escritura 
y las firmas la adición marginal, que varia la per- 
sona del comprador, la escritura en esa parte es fal- 
sa y nula, y por lo mismo ha debido ser invalida- 
da, según lo solicité en 1., * 2. rt y 3. * Instancia; y 
por no haberse hecho en las dos últimas, se ha come- 
tido una infracción á la ley citada. 



—13— 

La palabra testimonio tiene varias acepciones. 
Una es referente á la copia fiel y exacta de un ins- 
trumento legalizado por escribano. Mas el testimo- 
nio, de que se trata, no es ni FIEL, si exacto. Efecti- 
vamente, en el no hay constancia de que en el regis- 
tro hubiese una razón marginal. Tampoco la hay ""de 
entrereuglonaduras. Menos aun de que se hubiese to- 
do salvado, ni de una manera imperfecta. Basta cote- 
jar el protocolo con el testimonio. De consiguiente, 
este último es así mismo falso y nulo, en razón de 
no ser un verdadero trasunto de la escritura matriz. 

Es falsa y nula la escritura, de que os hablo, 
por que el notario no la leyó maliciosamente á los 
otorgantes, estando presentes los testigos I) Tomas 
Cordero y el escribano D.Guillermo Cordón. Estos 
así lo aseguran en sus respectivas declaraciones. 
Ellos firmaron por separado, y aun agregan: que en- 
tonces no tenia, ni la adiciou ni las entrerenglonadu- 
ras. Por esa circunstancia gola ha debido declararse 

REDARGÜIDA CIVILMENTE FALSA, y COI110 eso DO Se ha- 
Ce en las dos sentencias de que me quejo, ha sido de 
seguro quebrantada igualmente la ley 1., * tit. 23, 
lib. 10 de la novísima. 

Expuse, Sres., in voce ante las Salas que la fal- 
sedad de un instrumento puede alegarse y probarse 
en cualquier estado de juicio y en cualquiera desús 
Instancias. Al menos así lo previene la ley 116, tit. 
18 de la partida 3. * ya citada, y sus expositores lo 
dicen á una, cuyas doctrinas á pesar de ser tan co- 
munes me permití leer. 

Expuse así mismo que las enunciativas extra- 
ñas al contrato, como la consignada en la edición 
marginal, deben ser desechadas, y auu recuerdo ha- 
ber citado algunos casos en apoyo de mi aseveración. 

Expuse, por último, que tampoco pueden los 
otorgantes poner las escrituras en cabeza de un ter- 
cero, atento á que de esa manera se defraudarían los 
impuestos establecidos con menoscabo de las ren- 



-li- 
tas fiscales. 

Mas como mis observaciones á ese respecto frie- 
ron desestimadas del todo por las dos Salas, de que 
he hecho referencia, la necesidad me obliga á recur- 
rir hoy al recurso extraordinario de casación, regla- 
mentado por el párrafo 1., ° tit. 2., ° lib. 3. ° del 
Código de Procedimientos civiles. 

Con ese objeto raauifiesto estar anuente á cumpli- 
mentar lo dispuesto en el arfc. 1874 del citado Código; 
prometiéndome que para la designación de la canti- 
dad se tengan presentes la estrechez de mis circuns- 
tancias y que, aunque el sitio y galera, objeto de la 
escritura redargüida civilmente falsa, me importaron 
CUATROCIENTOS cincuexta pesos, y en su reparación 
invertí, poco mas ó menos, igual cantidad, la galera 
y sitio indicados apenas valeu en el dia. por que es- 
tán casi en completa ruina. 

En tal virtud, espero que, designada equitati- 
vamente la cantidad, y fijado el término dentro del 
cual deba hacerse el depósito, se pidan los autos á 
la Sala 3. ~ de Justicia; y venidos que sean, señalar 
dia para su vista, con arreglo á los artículos 1878 y 
1879 del precitado Código. 

Prométome igualmente que, con presencia de 
los aludidos autos y de todo cuanto alegare in voce, 
se digne el Tribunal declarar haber lugar al recur- 
so, CASANDO Y ANULANDO LAS DOS RESOLUCIONES DE LAS 

Salas, y efi consecuencia resolver el negocio en 

LOS TÉRMINOS JUSTOS Y DEBIDOS QUE LO HIZO EL JuZ- 

r;AOo a qco, cou las alteraciones que apuutó en 2. °* 
Instancia. 

Suplico últimamente que además se condene á 
qui^n hubiere lugar en el pago de las costas perso- 
nales y procesales; y que la cantidad que fuere 
depositada, se mande devolverme, como todo pro- 
cede de extricta justicia, que rendidamente imploro. 

Guatemala. Noviembre lo" do 1880. 



"EL CIVISMO" SE DESPIDE. 



Con el presente número se han publicado 23. Forman 
ya todos un tomito de 384 páginas, porque cada número 
cuenta 16 folios y el 13 y 14 cneuta cada uno también 24 

Sn redactor ha tropezado á cada momento con gran- 
des dificultades. A veces ha querido desistir de su patriótica 
empresa. Empero, si la ha llevado adelante, ha sido tan so- 
lo por sn ánimo incontrastable. 

Eu el periodismo es donde surgen mayores inconvenien- 
nientes. Allí nada hay qne halague al redactor, nada que le 
imprima un deseo solícito de ir adelante. Hasta la utilidad 
es ninguna, mucho mas cuando tampoco hay suscricion y 
el Periódico se reparte á la ventura. 

Quisiera de buena gana dar comienzo al tomo segundo 
Mas lns pocas imprentas que hay en la Ciudad están casi 
todas ocupadas. La publicación que contenga, pues, sobre un 
pliego, vése en la dura necesidad de sufrir desesperantes largas- 

Por eso, El Civismo tiene el profundo sentimiento de 
despedirse de sus amables lectores. Quizá mas adelante pue- 
de que vuelva á ver la luz pública. Entonces continuará co- 
mo siempre, y en sus columnas así mismo insertando las 
biografías de nuestros patrios vates y los retratos y diseños 
de nuestros diputados á la Asamblea Constituyente, dado e\ 
evento de que antes no los publicare separadamente. 

Entre tanto, como sn redactor está comprometido ¡i 
publicar algunas semblanzas de los actuales magistrados de 
las Salas de la Corte de Justicia y á dar 'respuesta á la pri- 
mera parte de un necio Panfleto del sandio Luis Batres, ha 
dispuesto subrogar El Civismo semanariamente y en un pliego 
en cuarto mayor con El Tizón. 

Este nuevo periódico tendrá además por objeto combatir 
acremente al partido reaccionario, combatir á la tortuosa 
administración de justicia y á combatir también á tizona- 
zos toda clase de abusos. 

Su redactor, pues, está ya preparado. Nada absolutamente 
teme, por proponerse que El Tizón sea un Periódico 



—10— 
del Pueblo y para el Pueblo, por cuya circunstancia al Pue- 
blo toca sostenerlo y velar por su redactor. 



No hay Sermón sin San Agustín. 

Desde mediados del ante-próximo Octubre todos los esta- 
blecimientos dé enseñanza primaría y secundaria rinden sus 
exámenes en esta Ciudad y en los Departamantos. En todos 
hay solemnes premiaciones: en todos aparecen en ese fausto 
dialos respectivos locales espléndidamente adornados; yen- 
todos brotan entonces circunstantes de ambos sexos, que salen 
satisfechos y complacidos, aun que no del adelanto de los alum- 
nos, sino del tiempo que allí han matado, talvez con menos 
fastidio que en sus casas. 

En esos dias de ruido y bambolla hay por supuesto mucha 
música, muchos cantos, muchos discursos improvisados, mu- 
chas poesías también improvisadas. Eu esos dias hay todo, 
todo. Díganlo sinú los Periódicos, cuyas columnas están a- 
testadas de encomios al progreso, á la ilustración, á la de- 
mocracia Entre tanto, la juventud crece y se educa ¿Pero 

como? Los anos responderán. 

En los discursos y poesías impónense, pnes, todos el 
imprescindible deber de mentar á cada paso al Gral. Barrios 
Mas con esa baja adulación y sin inspirar amor á su perso- 
na, como correspondía, acostumbran miserablemente á !a juven- 
tud á que se humille y degrade, cuando debieran infundirla 
sentimientos de orgullo y de acendrado civismo, porque 
la juventud es sin duda la única esperanza de nuestra anuida 
patria. 

Xo hay. pues, sermón sin San Agustin. Por eso,'todos 
se hacu la ilusión do que la locomotiva en su silbido dice 
Barrios; las aves en su arrullo cantan Barrios: el mar en su 
triste quejido brama Barrios: el comercio y la agricultura en 
sus grandes empresas proclaman Barrios: las beatas en sus 
rezos refunfuñan Barrios; las jóvenes en sus amores reclaman 
libertad y Barrios; y aun El Cviismo también en su última 
palabra publica LIBERTAD y BARRIOS. 

tipografía üe l LL HORIZONTE." 



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