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Full text of "Elementos de literatura(historia literaria)"

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/ 






\ 



Dl 



LITERATURA 



*— »» — 



(HISTORIA LITERARIA) 



/ 



POR 



^DIEGO BARROS ARANA 



Obra escrita para Xa enBeftanma en el Institato Na«ional, 

y aprobada por la Un^veraldatf 



■■/■ . 



'JeRCEI^ pDICIOK fvE-Vir.AtA 



SANTIA60 DE CHILE 

LIBKERIA CENTRAL DE M.SEK\ 
Galle de Huérfanos esqi^ina de Ahumada» 

1 SS4 



/ ¡ . 









f. 






M x': /|3 



Xdvertencia 



^ La enaeñanza de lu liistoria lite.raria f'ornió parte de 

<" nuestros planes de estudios desde 1848. Se empleó prime- 

;}. ro como testo elemental una traduccion que corria manns- 

'^ crita de un artículo de enciclopedia escrito por el célebre 

•J^ literato frances M. Philaréte Chasles. Lo habia trazado 

^ para formar parte de ua suplemento de la Enclyclopédie 

^ moderne de Courtin, en que se publicaron diversas diserta- 

cionos jenerales sobre la historia de las cicncias, de las ar- 

tes i de las letras. Bi^e artfculo, notable por laelegancia del 

estilo i por la seguridad i la elevacion de los juicios líterarios^ 

no es mas que una mirada rápida i sumaria sobre la lítera- 

tura, en que apénas se detiene el autor en ciertos nombres 

para consagrarle^ ocho o quince líneas, ¡ a veces ménoé, i 

que supone en el lector algunos estudios anteriores. Los 

mísmos profesoreá (|ue rec(»mendaron la adopcion de ese 

artículo como libro elemental, reconocieron que la mayor 

parte de él era del todo inátil para el objeto; i por eso so- 

lo tradujeron e hicieron estudiar lo que se refiere a la lite- 

raturas orientales, a las hebreos, los gr¡eg<»8 i los roma- 

LOS (1). 

El señor don Andres Bello, que habia índicado i soste- 
n¡do la ¡dea de ¡ntroducjr este estudio en nuestros colejios 
como complemento indispensable de toda educacion líte- 
.raria, fué el primero en declarar que el artículo de M, 
Philaréte. Chasles no correspondia en manera alguna al 
objeto a que í»e le destinaba. Preparó entónces su Compen- 

(1) El articulode M. Philnrcte Chasles ha sido reproducido por eu 
autor con peqaeQos modtfícaciones. i bajo el título de ÉsqnUse éTune hü- 
toire gérUraUt des influencM littéraire^, en un tomo publicado bajo la de- 
oomioacion de Etude^t svr Vantiqnité (1847). Basta reoorrer a la lijera 
ese corto artlculo para (x^nvencerse de quc uo ha podido seryir dc testo 
elemental de historía literaria. 



Vr ELEMKNTOS DE LlTERATURA. 

<lió de la historia de la literatura, cnya priniera parte dio 
a Inz en 1850. £8te Hbro ee una »imple compilacion de 
notieiaB biegráficas i literarias estractadus de las obras ma^ 
recomendables que se han escrito sobre la materia; pero es 
•una compilaeion ejecutada por la mano maestra del que 
conocia perfectamente la importancia i el carácter de cada 
literatnra^ de cada época i de cada escritor. Desgraciada- 
raente, el señorBelIo se dejó Ilevat masallá de los límitcs 
asignados a un libro pnramente elemental.^ dió un gran 
deearr(»llo nl estndio de la literatura griega, i, convencido 
de este error, suspendió su trabajo cuando apénas estaba 
-comenzado (2). 

Apesar de esto^ el libro del sefior Bello estuvo en uso 
en nueRtros colejios dnrante algunos aQos. Comprendia so- 
lo el exámen de las literaturas orientales, de la hebrea i 
de* la griega, por manera que la enseñanza de este ramo 
qnedó reducida a esos solos puntos. No se enseñaba nada 
sobre las letras romanas ni sobre las de los pueblos moder- 
nos. Uu estudio tan incompleto no podia subsistir por largo 
tiempo en el mismo estado; i no pudiendo mejorarse con- 
venieutemente por falta de un libro elemental, se snprímió 
del todo dejando la euseñanza do la literatura reducido a 
Ja de los preceptofl de la retórica i de la poética. 

Bestablecida la ensefianza de la Iiistoria literaria por la 
reforma del plan de estudios secundarios acordada en 1864^ 
i debíendo cimentarla en el Instituto Nacioual de una ma- 
nera mas completa^ busqué con el mas afanoso empefio un 
libro que pudiera servir de testo a los alumnos. Como su- 
piese que no existia en la lengua castellana un tratado de 
esta naturaleza, pedía a Europa todos los que con el mis- 
mo objeto se liubiesen publicado en Francia í en Inglaterra. 
Proponiame traducir uno de ellos, ensanchando por me- 
dio de notas algnnas partes, sobre todo la referente a la 
literatnra española, mal conocida í poco estimada en jene- 
ral en esos paises. 

Luego me convencf de quo este pensamiento era irreali- 

(2) £1 sefior BeUo alcantó a eBcribir la mayor parte de la historia de 
U literatara latina, pero la dejó inédita. Ha sido publicada recientemente 
en la colcccion de ms Obrojf completany i debemos recomendar encareci- 
damente a los jóvenes la lectora de esas pájinas tan notables por la sega- 
Tidad de la rritica como por la elegancia con que han sído escritas. 



A1>VERTENCU. V!l 

zaUe. Lo8 libros elementales que pade reanir lue próbaroQ 
qde ninguno de elloB satisfacia las oeceflidadea de la eiuíe- 
fiansa en Chile. Algonos limitaban el estudio de la litera- 
tttta de un pais al análisis de unos pocos escritores, i ai 
siqniera nombraban a otrOs qne hau ejercido uúa grande 
inflnencia. Por el contrario, otros casi no oontienea mas 
que listas de nombres i de fechas, como si solo se buhiera 
querido fijar los puntos sobre los cuales deben recaer las ea^ 
plicaciones del profesor. Rn jeneral^ todos ellos dan gran 
desarroUo a la literatura de su pais respectivo^ i pasan de 
carrera sobre las de los otros pueblos. Como es f¿Hl oom« 
prender, ningono de esos libros conviene a la ensefianaa 
qoe se da en nuestros colejios. Para nosotrosy las literata- 
ras eoropeasy tanto antíguas como modernas> deben ser 
presentadas con un espíritu ménos esclasivo, de manera 
que, aunque por las consideraciones de len^ua, de gusto. 
i de sentimiento^ unas Ilamen con preferenoia la atendon, 
los jóvenesconozcan que deben buBcar losmodelos literarios 
en todas partes, sin escluaion de escuelas ni de nacionali- 
dades. índudablementey para nosotros tiene mas importan- 
cia la literatura espaílola, que es la literatura de nuestra 
lengua, que la inglesa o la alemana; pero seria un absurdo 
Bostener que en un cnrso de historía literaria no se ha de 
fijar la atencion de los aluronos en loa nombres de Shaks- 
peare i de Milton, de Klopstock i de Qoethe. 

Estas consideraciones me hicieron oomprender qne.era 
indispensable formar nn nuevo líbro elemental^ adoptado 
a las necesidades de la ensefianza en Chile; i con un^ pro- 
funda desconfíanza en mis propias fuerzas, acometí este 
trabajo, avanzando poco a poco, i a medida que.yo mismo 
iba estudiando con alguna proHjidad i detencion las diver- 
sas faces de la historía literaria. Así se comprende que es- 
te libro me haya costado cerca de tres afios de trabajo 
asiduo i casi constante. 

Siguiendo un plan que me ha parecido el mas metódico 
i el mas natunil en un libro destinado a servir de testo de 
enseñanza, he dividido esta hi^toría como se divide ordina- 
riamente la historia civily en tres grandes períodos, i he 
subdividido cada uno de cstos en secciones que se refieren 
a las diíerentes nacionalidades. Este órden me ha servido 
uo solo para simplificar el estudío haciendo mas clara la 



Tlll ELEMENTOS DE LITERATURA. 

eBpoBÍcíon de los hechos, sino tambien para esplicar las ío- 
flaencias recíprooas que han ejercido unos pueblos sobre 
otros. En nna historin de la literatura destinada a otro» 
U8C8 que la in.Hruccion elementaiy estas divisiones i subdí- 
vÍBÍones habrian sido inütilesi talvez embarazosas; pero en 
un libro de la naturaleza del presente^ eran indíspensables. 

Aparte de ciertas consideracioneS; casi siempre mui cor- 
tas^ sobre el orfjen de las lengnas modernas i el carácter 
de la literatura de un pueblo o de un período, i que no po- 
dian omitirse, he evitado cuidadosamente las dívagaciones 
abstractas, las ?¡sertftciones jenerales que abundan en las^ 
historias literarias. Me he contraido casi esclusivamente a 
dar a conocer los principales escritores de cada pais^i a 
examinar sus obras por medio de rasgos que espli(|uea 
eon claridad i precision el talento especial i la importancia 
de cada nno. 

£n al^unas ocasiones^ esos bocetos literarios son el re- 
sultado de mi observacion personál; pero con frecuencia 
los he tomado de críticos eminentes^ ya seacopiándolos por 
entero, ya estractándolos i abreviándolos. He cuidado so- 
bre todo de apartarme en estos juicios criticos de las teu- 
dencias esclusivistas de una escuela determiuaday porque 
creo que el objeto principal de un libro de la naturaleza 
del presente no es ensaízar una secta literaria sobre 'laa 
otras^ Bino el despertar en los jóvenes el amor por la lectu- 
ra de los grandes escritores. 

Como no pretendo vestirme con un ropaje que no ea 
mio^ he sefialaJo por medio de comillasy i con el nombre 
del autor, los fragmentos que trasladado testualmente; pero 
como era natural, he dejado de hacerlo cada vez que adap- 
tando las ideas i el lenguaje de un escritor^ introducia aU 
guna innovacioUy ya fuera abreviando, añadieudo algo o 
modificando en parte su pensamiento. No debe^ pues, estra-^ 
ñarse si en el curso de este libro se encuentran algunos 
pusajes en qne al hacer cl estracto de ciertos juicios críti- 
coB, se han dejado correr mas o ménos íntegras una o va- 
rias frases del autor consultado. «Este proce()imiento, que 
pareceria singular en un libro orijinal i de primera man0|. 
es lejftimo en nn líbro destinado a laenseñnnzay dice M. AI- 
íredo Blot, crítico frances contemporáneo. En el fondo, es- 
tas compilaciones son impersonales. Lo que se pide al abre- 



ADVERTENCIA. IX 

Tiarlor es qne iiiBiraya. Cuando se alcanza este óbjeto, po- 
co importa que se haya escrito bajo el dictado de^ los maes- 
tros, o revestido con un estilo propio lasideas de olro.» Lo^ 
autores de libros elementales, simple compiladores de los 
últimos descubrímientos científicoSi iiterarioSy o hístóricos^ , 
uo son, pues^ plajiários, puesto que no se atribuyen la in- 
vencion de lo qne lian recqjido de&pues de estudios atentos 
i prolíjos. El crímen de piajio en esta clase de trabajos^ 
consiste en formar un libro sin un plan ni un pensamieuto- 
propio^ con trozos estensos, con capitulos casi enteros, co-* 
piados tes^ualmente de dos o tres autores, única fueute de 
ehtudio i de investigacion. 

' En jeneraly en el curso de este libro he suprimido las 
notas, no las he puesto sino.cuando era necesario agre- 
gar algun hecho qne no cabia en el testo. Pero como es in* 
dispensable sefíalar las fuentes en que he recojido las 
noticias que consigno, he formado nna lista casi cqmpleta 
de las obras que me han servido de guia. La publicacion 
de esa lista, que irá despues de esta advertenda, indicará 
tarabien a los jóvenes estndiantes los libros que pueden 
consultar si desean estender el caudal de sus conocimien- 
toSy ya qne en un tratado elemental no pueden eucontrar 
los hechos con todo el desarrollo posible. 

Antes de terminar esta <idverte7iciaf quiero prevenir una 
observacion que talvez habrá de hacerse contra el empleo 
de este libro como testo de enseñanza. Se dirá quizá que 
es mui largo^ i que los alumnos no podrán aprenderlo en 
un afio. ERta objecion tendria algun valor si la historia li- 
teraria hubiera de estudiarse de memoria^ como se han es- 
tndiado ántes de ahora tantas cosas entre nosotros; pero si 
se ha de aprender como se aprende la historia civil^ evi- 
dentemente es una ventaja para los alumnos el que el libro 
elemental se detenga en algunos puntos para darles toda 
la claridad apetecible. Los que han tenido que trabajar so- 
bre esos libros en qne las materias están condensadas oo- 
mo en un prcgrama, saben cuánto afan imponen ellos a 
los estndiantes para qne comprendan su sentido. Me lison- 
jeo con el pensamiento de que en esta obra hai mui.pocos 
pasajes que necesitan ser leidos mas de una vez para que 
se les entienda bien. 



BIBLIOGRAFIA. 



Mbert (Paul). — La póesie, 1 voL en 12, Paris 1868. 

> < — La proae, 1 voL en 12, Paris 1869. 

Estos dos volúmenes, formadoe por las leccíones dadas en la 
Sorbona a un auditorio de seuoritas por este distinguido profe- 
8or, contiene la historia sumaria de cada jénero literario, estu- 
diada con' cuidado i escrita con un notable talento. 

> — Histoire de la littérature romaine, 2 vol. en 8.*, Paris 
1871. 

Eata excelente historia de la literatura latina, que forma 
parte de una coleccion de historias literariás en que se han pu- 
blicado las obras de Baret, Burnouf i Perrens (véanse estos 
nombres en el presente catálogo), tiene para los jóvenes la ven- 
taja de contener algunos fragmentos mui escojidos de los es- 
critores analizádos. 

> — La litérature fi'an^aise, dé^ les origines á la fín du XVP sié- 
cle, 1 vol, en 12, Paris 1874. 

* > — La littérature fran^aise au XVII* siécle, 1 vol. en 12, Pa- 

ris 1874. 

> — La littérature fran^aise au XVIIl* siécle, 1 vol. en 12, 
Paris 1874. 

Estos tres interesantes voliimenes forman una historia com- 
pleta de la Uteratura francesa escrita con verdadera* ciencia, 
con buen gusto i con mucho arte literario. Es una obra tau 
agradable i amena como instructiva. 
^Bachelet et Desobry. — ^Dictionnaire général de biographie et d'histoire, 
de mythologie ancienne et modeme, des antiquites, etc., 2 
voL en 8.% a dos columnas, Paris, 1862. 

* Lofl juicios critioos que en este diccionario siguen a la bio- 
grafía de cada escritor, aunque jeneralmente sumarioe, sou de 
ordinario exoelentes; i algunas veces los he seguido casi fíel- 
mente. 



BIBLIOORAFIA. XI 

BacJieUl et Dcüohry, — Dictioimaire g^néral do lettres, des beaux-arts, 
etc,, 2 vol. en 8.** a dos coliunnas, Paris, 1862. 

Elste Diccionario, formado como el anterior, con la colabo- 
racion de muchos sáblos i profeaores, contiene buenos articulos 
sobre la literatüra de cada pais, i ademas, en artículoe por 
separado, análiais detenidos de las obras mas notables de to- 
das las literaturas, como las epopeyasj o las novelas mas fa* 
moeas, como el Qxiijote^ la Clara^ Harlowe, etc. 

Recomiendo particularmente a los jóvenes estas dos obras 
como libros de una utilidad indisputable. 

Barel (EugénfJ. — Les troubadours et leur influence sur la littérature du 
midi do rEurope, avec des extraits, etc., 1 vol. en 8.^ París, 
1867. 

> > . — Histoire de la littérature espagnole depuis ses origines 

jusqu' A nos jours, 1 voL en 8.^, Paris, 1863. 

Este libro no es como podria suponerse, un simple eetracto 
de la famosa Historia de la literatura española de Ticknor, sino 
una historia literaria basada en parte sobre esa obra, pero que 
supone tambien un estudio sérío, i qne oontiene algunos joicies 
críticos verdaderamente oríjinales. 

Batrtra i Leirado (Cayetam Alberio de la). — Catálogo biográfico del tea- 
tro antiguo espafiol, 1 vol. en 8."*, a doe columnas, Madríd, 
1860. 

Esta obra, a pesar de su modesto título, es una de las obras 
mas eruditas qne haya producido la Espafia modema, i es in- 
dispensable para conocer la historia de su teatro. 

Beila (Andres), — Compendio de la historia de la literatura, I voL en 
4.^ Santiago, 1850. 

No contiene mas que el exámen de his literaturas oríentales, 
de la hebrea i de la gríega, pero esta comprende tambien la 
literatura bizantina. Ya hemos dicho que reoientemente se han 
dado a luz los capítnlos que comprenden la mayor parte de la 
literatura latiua. 

> — Opúsculoe literaríos i críticos, 1 vol. en 4.*, Santiago, 
1850. 

Algunos de los artículos reunidos en esta coleccion son de 
nn miríto sobresaliente, i resuelven cuestiones de grande im- 
portancia. 

> — Estudios sobre la antigua literatura castellana, a propósi- 
4o de la Historia de la literatura espafiola de Ticknor, publica- 
dos en los AimIcs de la Vniversidad de 1853, 54 i 55. 

Estos estudios, obra de una erudicion profunda, tienen una 
importancia capital para conocer ciertos puntos principales de 
la historía Uteraria de la edad media. Se hallan reimpresos , en 
las Obraa compUtas del autor. 

B^uch^r {Léion). — Tableau de la littórature anglaise, 1 voL 12.°, París, 
1883. 

BouUrtcerl', — Histoire de la littérature espagnole, traduite de rallem'uid, 
2 voL en 8.% Paris, 1812. 



Xll ^ ELEMEKTOS DE LITKRATCRA. 

BufftU eí Charpentter. — Chiers ilTiwtoire litU'ríiire ancienne et modeime, 
en 8.^ 1838. 

Esta obra escríta para servir de coutiniiaciou a nu curso de 
hifltoria universal, pueile distrihniree en siete tomos diferentes: 
1.'* literatura« oneutale«, 2.** íirecia, 3.** Roma, 4.** La edad 
media, 5." Tiempos modemos, 6.** j 7." Francia. Aunqne esta 
obra no es constantemente igual, alguuas de sus partes, sobre 
todo las que ha e^cnto M. Burettc, 8on uotables por la elegan- 
cia i por la seguridad de los juicios literaríos. 

BartwuffEtnílioJ. — Histoíre de la littt'rature gi-ecque, 2 vol. en 8.*^, 
Paris, 1869. 

Esta excelcnte histoiia conipreu<1e el análisís de todas las 
pro<lucciones «lel jenio giiego desdc log tícmpos pidmitivos has-' 
ta el reinado de Justiniano. 

Buron (L. L). — Histoire abrég«^í des príncipalcs littératures de l^Europe 
ancienne et mo<lenie, 1 vol. en 12, 1867. 

Kste li))ro casi uo contíeue mas que listas de escrítores i de 
obras, aoompañadas pocas veces de algunas noticias biográficas 
i de lijeros juicios literarios. 
Chasaang (A). — Histoire du roman dans rantiquit*! gi*ecque et latine, l 

voL en 12.**, 2.' e.iicion, Paris, 1862. 
(%Mle$ (Phihirétr). — Etudes sur rantiquit<^, 1 vol. en 12, 1847. 
» — Ktudes sui* rAUemagne, 1 voL en 12. 

» — Etudes sur l'Angleterre au XVIIP siécle, 2 vol. en 12. 

> — Etudes sur rAngleteiTe au XIX' siecle, 1 voL eu 12. 
» — Etudes sur lc moyen áge, 1 vol. eu 12. 

Chauvin(Victor). — Les romanciers grecs ct latins, I vol. en 12, Paria, 

1864. 
Daiües {Al/refl). — Dictionnaii-e bíographique et bibliographique, 1 vol. 

4.^ PaiTS, 1875: 

Obra iroportante para la bibliografía científica i literaria. 
íhnutgeot (J). — Histoire íle la littérature frau^aise depuis ses origiues 

jusíiu' á nous jours, I vol. en 12, 2.* edicion,JParÍ8, 1855. 
Este libro, así coino los vohímpnes de Picrron, de Etienne 

i de Filon que mencionamos mas adelante, forma parte de 

la historia universal publicada en Francia bajo la direccion de 

M. Victor Duruy, i constituye, como los libros referidos, un 

bucn ti*atado de historia literaria. 

> » Histoire des littííratures etrang^res (Angleterre, Allemagne, 

Italie, Espagne) 2 vol. 12.", Paris, 1880. 

Forma tambien parte de la historia universal dc M. Duruy. 
Driottic ( Vahbé ). — Histoire de la litt<^rature franyaise, 1 ^^ol. en 12, 
I*arÍ8. 
» — Précis de rhistoire iles littiratures «^trangéres, anciennes 

et modemes, I voL en 12 Paris. 

Ksta última obra compuesta de simples esti*acto8 de dos o 
tres obras, limita el estudio de cada litcratnra a nn lijero aná- 
lisis de uno8 cuantos autores, i omite esas consideraciones in- 
dispeusables sobre las intluencias literarias, el oríjen de las 
lenguas, etc. 



BIBLIOGRRFIA XHI 

Duran (Agastin), — Edtudio crítico i bibliogfáfico sobre el romancero 
castellanOf introduccion del tomo X de la Biblioteoa de autvres 
españoUft, publicada por Rivadeneyra. 

^ger (Emile), — Mémoires de littérature ancienne, I vol. en 8.*, Paris, 
1862. 
» , — Mémoirea d'histoire aneienne et de philologie, l vol. en 
8.", Paris, 1863. 

> Estas obros coutienen diversas disertaciones sobre varios 
puntos de historia i de literatura antiguas, tratadas cou una 

• erudicion verdaderamente notable. 

EiócJthoff {F , G.). — Tableau de la littérature du nord au moyen áge en 
Allemagne et en Angleterre, en Scandinavie et en Slavouie, 1 
voL en 8.", Paris, 1857, 

Eidihoff (F. G.). — Poésie héroiíque des Indous, comparée a Tépopée grec- 
que et romaine, I vol. en 8.", 1860. 

Enault (Lmis). — Histoii'e de la littérature dea Indous, I voL en 4." 
1860. 

Feillet (Alphonse). — Histoire de lar litténiture grecque, I vol, en 12, 
Paris, 1865. 

Este libro se limita a dar a conocer solo a los mas grandes 
escritores griegos, pero se detiene bastante en cada uno de 
elloe," analiza algunas de sus obras, i se hace leer con verda<le- 
ro agrado. 

EitenHC (L). — Histoire de la littérature italienne I vol. Paris, 1875. 

Fositr (Mtb. A, F,). — Italian literature, 1 voL en 8." Edimburgo, 1853. 

FiUyn. — Histoire de la litt^rature anglaise, 1 vol. 12, París, 1883. 

Go-yangos (Paacual de). — Los libros de caballerías en España, estudio no- 
table de ci^^tica i de bibliografía, publicado como introdnocion 
del tomo XL de la Bihlioteca de autores eíipañolca. 

> » Estudio sobre los prosadores espaftoles anteríores al siglo X\^ 

introduccion del tomo LI de la misma Bihliotem. 
Oéruzcz (Eug(iie). — }l\atoíre de la littérature fran^aise depuis ses origi- 
nes jusqu'a la revolution, 2 voL en 18, Paris I86I. 

Excelente compendio de histoiia literaría oontinuado con 
otro tomo relativo a la literatura franceaa durante la revo- 
lucion. ' 

> » Gours de littératnre, 2 voL en 12 Paris 1864 (XIV edicion). — 

el 2.** tomo es el resiimen compendiado, pero bien hecho, de 
las historías de las litei'aturas griega, latina i francesa. 

Gider(C%arles). — Histoire de la littérature fran^aise, 3 vol. 18.", París, 
I877-I880. 

tíii í Zárate (Autonio). — Manual de literatura, 4 voL 8.", Madríd, 1844. 
Keimpreso en Chile. Solo la cuarta parte de esta obra con- 
tiene los preceptos literaríos. Todo el resto de ella forma nu 
buen curso de historia de la literatura española. 

Gimfiunié (P. L.)— Hú»toire littéraíre de I'Italie, 9 vol. en 8.", Paris 1824. 

(íoMiel: (Joseph). — German literature, I vol. en 8.". Ediraburgo, 1849. 

Compendio elemental, pero prolijo de la historia de la litera- 
tura aleniana. 



XIV ELEMENTOS DE UTERATURA. 

Mallam(ffenn). — Histoire de 1& littérature de l'Euroj^e pendant les XV¿ 
XVI, et XVII siécles, traduit de ranglais par Alphonse Bor- 
ghers, 4 vol. en 8.", Paris, 1839. 

M. Henñ Martin, an sa ffistoire de France, tomo VII, páj. 
163, hace de esta erudita obra el siguieute merecido elojio: «Es 
el primer ensayo de historía jenei*al de la literatura modema 
acometido en proporciones tan esteusas. » 
> — L'Europe au moyen age, tmduit de Tanglais par Alph. 

Boighers, 4 vol. en 8.**, Braselas. 

Los últimos capítulos de esta importante obra son refereutes 
a la historía de la literatura de la edad media, i son mui útiles 
para oouocer la foi*macion de los idiomas moderaos.H 
Ballberg (EugémJ. — Histoire des litératures étrangéres, 4 vol. 18.^, 

Paris, 1879-1880. 
fferder, — Histoire de la poésie des hébreux, traduit de rallemand por 
Mme la baronne A. de Carlowitz, 1 vol. en 8.**, París 1844. 
Este libro es raui notable por la elevacion filoaófíca de la crítica. 
History of the english language aud literature, 1 vol. en 12.^, Edim> 
buigo, 1851. 

Este libro, publicado sin uombre de autor, forma parte dc una 
buena coleccion de testos elementales iugleses. 
ffiMtfer. — Nouvelle bíographie générale, 46 voL en 8.°, Paris. 

Esta oompilaciou, en que han tomado parte muchos sábios, 
es inferíor bajo el punto de vista literarío a la célebre obra de 
Michaud; pero la he consultado muchas vcces, i casi siempre he 
encontrado importantes indicaciones. 

La ffarpe. — Cours de littératui'e ancienne et modernc, 3 vol. eu 8.**, a 

dos columnas, París, 1849. 
Larrause flHerre). — Grand Dictiounaire uuivei'sel du XIX siecle, 16 vol. 

4.', 1863-1876. 
Enciclopedia importante i cuya paite biogmfíca i literaría no 

se puede consultar sin utilidad. 
Laveleye (E. de). — Etude sur la formation des épopées iiatioiiales, en 12, 

París, 1866. 

Introduccion estensa i mui interesante de uua traduccion 

francesa de las Eddas escandiuavas. 

Lefrane (Emile). — Histoire elémentaire et crítique de la litt^^rature, 5 
vol. en 8.°, Paris. 

Tres de estos volúmenes están consagrados a la literatura fran- 
cesa, uno a las literaturas del norte i otro a las di* me<liodia de 
Europa. La obra está formada por una séríe de bíografías, agra- 
padas en órden cronolójico, i cada una de ellas contiene un jui- 
cio crítico. Como se encuentrau noticias aun de ascritores mui 
subalteraos, la obra es bastante completa i aun útil para consul- 
tarse. Sin embaigo, se pueile asegurar que en toda ella hai mui 
})0ca8 p^jinas que sean de Lefranc: todo lo demas es copiado de 
aquí i de aUá* Apesar de todo, los libros elementalcs de Buron 
i de Dríoux son casi en su totalidad e^tractados de Lefranc. 

Lenmne (John). — Etudes crítique el biographiques, 1 vol. en 12.o, Paris, 
1852. 



BIBLIOORAFIA. XVII 

Sdoj [Silvestrc dc. ) — Varietós littéraii-es, moralea et histotiques, 2 vol. 

en 8.", Parls, 1858. 
SainU Beuve {Ch, A.) — Tableau historique de la po«?sie fran^aise, au 

XVI siécle, í vol. en 8.M2, París 1843. 

> > Causeries du lundi, 11 vol, en 12, Paris, 1851 — 1857. 

> » Lea nouveaux lundis, 8 vol. en 12, Paris, 1861 — 1867. 

Salji (M*?i^tó). — Résumé de l'histoii-e de la littéi*ature italienne, 2 voL 

en 12, París, 1826. 
Scfdegcl {Federico). — Historia de la literatum antigua i moderna, tradu- 

cida al castellano por P. C, 2 vol. en 8." Madrid, 1843. 
Schle/fel [fiuillainne). — Cours de litttH-ature dramatique, 2 vol. en 18.", 
.Paris, 1865. 

De las obras de los dos hermanos Schlegel se habla en las 
últimas pájinas de este libro. 

SdioeH (Maximilieti Fréderic). — Histoire abrcgée de la littérature grec- 
que, depuis son origine, jusqu'a la príse de Constantinople, 8 
voL en 8.** Paris, 1823—25. 

Schoell {M. F.) — Histoirc abreg^e de la litterature romaine, 4 vol. eu 
8." Paris, 1815. 

Silvela [Manuel). — Obras póstumas, 2 vol. en 8.**, Madrid, 1845. 

El primer tomo oontieiie una reseña histórica de la literatu- 

ra española, nmi rtipida i simiaria, pero esbrita con verdadero 

conoclmiento del asunto i con un espiritu critieo bastante ele- 

vado. 
Sisinoiidc de Sismúndi {Jean Cluirlcn). — De la littérature du midi de 1 - 

urope, 4 voL en 8.", Paris, 1829. 
Souvestrc {Emile). — Causeries historiques et litttraires, 3 vol. en 12, 

Paris 1861, 

Esta obra contiene las lecciones piíblicas do hiatoria de la 

literatura antigua que el autor habia dado en algunas ciudades 

de la SuÍ7^ frauccsa. 
Staél {Madame dc). — De la litt^rature couBÍderce dans ses rapports avec 

les institutions sociales, 1 vol. en 18« Paris. 

> > De rAUemagne, 1 en 18, Pai*is. 

Estas dos obras son couccbidas con uii notable espíritu de 
crítica fílosófica i elevada. 
Tainc {A). — Histoire de la littératurc anglaise, 4 voL en l^.'* 2,* edi- 
cion, 1866^. 

Esta obra mas quc una historia completa de la literatura in- 
glesa, es una s^rie de cstudios biográficos i críticos de un alto 
méríto sobre los principales autores ingleses. 
Talbot {Bifgéiit). — Principales <?poques de l'histoire litti^raire, 2 vol. ti\ 
12, Paris, 1864. 

lís este un libro elcmental recomendable por mas de un m^- 
ríto. El 2.** tomo, consagrailo casi todo él a la literatura fran- 
ccsa, me ha sido de grande utilidad. 
Tasín {Madanu Aimabíe). — Tableau (\e la litterature italienne etc., l 
voL en 8.^ Tours, 1849. 

> > Tableau de la litt<^i*ature allemande, 1 vol. 8.**, Toure, 

1849. 



XVIII ELEAÍENTOS DE LITERATURA. 

Ticknor {Jorje). — Historia de la literatura española, traducitla al caste- 

llano cou adiciones i notas por don Pascual de Gayangos i de 

Enrique Vedia, 4 vol. en S.*', Madrid, 1851 — 1856. 
Vapereau, {(ívMavc). — Dictionnaire universel des littératures, 1 voL 4.**, 

Paris, 1876. 

Kxcelcnte libro de consulta en que se encuentran en órden 

alfabético, reseñas biográfícas de los autores, análisis de las 

obras mas notables del espírítu humano, noticias detalladas 

sobre los jéneros literarios, las diferentes escuelas, ctc. 
ViUeinam. — Tableau de la littérature au XVIII siécle, 4 vol. en 12, 

Paris, 1852. 
» » Tableau de la littérature au moyen áge en France, en Italie, 

en Espagne et en Angleterre, 1 vol. en 12, Paris, 1851. 
]^ )^ Etudes de littérature ancieune et etrangére 1 vol. en 12, Pa- 

ris, 1849. 
Viardot [Louis). — Etudes sur rhistoire des institutions et de la litt^ra- 

ture en Espagne, 1 vol. en 8.°, Paris, 1835. 
IVehcr {G. ) — Histoire de la littérature allemande depuis son origine jus- 

qu'a no8 jours, traduite de lallemand par Fred. Lauth. 1 vol. 

en 12, Paris, 1867. 
Wehtr {Frcd A.) — Histoire de la littérature indienne, ti'ad. pac Sadous, 

1 vol. 8.', ParU, 1859. 



A lo8 jóvenes que deseen estudiar la historia de la lite- 
ratura contemporánea de Europa, recomendamos una co- 
leccion de libros de esta naturaieza que publica la líbreria 
Carpentier de Paris. Ouatro volúmenes de ellíi que cotio- 
cemos, el de M. Koux sobre la litenitura iiniiana, el de 
M. Barot sobre la literatura inglesa, el do M. G. Hubbard 
sobre la literatura e-ipafiola, i el de M. C.»urriére sobre la 
literatura rus»; sun obras notables de ebiudio i de sanacrí- 
tica. 



\ 




c. -W 



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iU&. 



íí^OCIONES 



<\ 



N^ 



DE 



HISTORIA LITERARIA 



♦•» 



PRELIMINARES 



1. — Definíciones de la Hlstoria Literaría. — 2. Sa orijen. — 3. Manera de 

estodiarla, 

1. — La bistoria literaria es la esposicioD cronolójica i 
critíca de las producciones del pensamiento humano, sea 
ca verso o eo pfosa, desde los tiempos antiguos hasta nues- 
tros diasjfCasi podria decirse que es la historia del espírtu 
humano. Enumeia^.clasificándolas, las obras de todo jéne- 
ro que han aparecido en los diferentes pueblos, las juzga ¡ 
fija 8U valor i su alcance. Como el tiempo en que cada es- 
critor faa vivido, ejerce una iníluencia incontestable sobre 
]a espresion de sus sentimientos i de sus ideas, i como a 
8a vez inflnye sobre el espíritu i sobre el corazon de sds 
86mej:intes, la biografla de los escritores i el cococimiento 
Jeneral de los sucesos del tiempo en que vivieron, son una 
parte esencial de la historia literaria* Bajo este pun- 



f/» 



f: 



•\ « 



e . 



^X.A^^'VtYS^ 




2 ELbMENTOS de uteratüra. 

to de vista, 1a historia de 1a literatura se relaciona con la 
historia propiamento dicha, de la cual no es mas qne una 
rania particular. En efecto, no se comprende bien el papel 
que ha desempeñado en el mundo una nacion sino cuanda 
se une a1 conocimiento de sus actos políticos o militares el 
de las evoluciones intelectuales i morales que han seQala- 
do 8U aparicion en la escena del mundo (Talbot). Nosotros^ 
uo podemos apreciar debidam^nte la innuencia de !a Gre- 
cia i de Roma si solo conocemos sus revolucione's, sus gue- 
rras i sus conquÍHta», e ignoramos \h historia de su dcsen- 
volvimiento intelectual. Ann podria decirse que a nosotros 
nos interesa mas saber qniénes fueron Platou, Viriilio,. 
Dante, Shakspeare, Cervantes, Montesquieu, que la histo- 
riá de los soberanos que fuerou contemporáneos de esos 
jénios. 

EI estudio de la liistoria liternria nos permlle elevarnos 
a consideraüiones mas jenerales i luas vastas. Se ve que el 
espfritu humano sio^ue una marclia regnlar, ¡ que apesar de 
la9 vicisitudes porque ha pasado, nada interrumpe el desa- 
rrollo de la razon i delaactividad humana, esto es de la ci- 
vilizacion i del progreso. Siu embargo, cau^as diversas, de. 
bidas al clíma, a las costumbres sociales, a las ocupaciones- 
constantes de cada pueblo, modiñcan de muchas maneras 
la serie contínua de la educacion de la humanidad. De aquf 
resulta en cada pais un espíritu jeneral, que inspira a íoa 
que lo habitan una conformidad de sentimientos i de espre- 
sion, quedeterminaen ellos íin carácter propio, orijinal, in- 
dividual, pero que admite cambios nacidos de las modiñ- 
caciones de las causas que influyen sobre el movimiento 
intelectual i literario. Tor consiguiente, la literatura no es 
una, permanente, constante; tiene sus períodos de naci- 
miento, de desarrollo i de decadencia: nace, crece i mue- 
re para renacer, vivir m(»r¡r otra vez mas (Talbot), 

2. — Ija historia de la literatnm es de oríjen moderno. 
En gran parte pertenece a una ípoca casi recieate. De to- 
do lo que los antiguos nos hau dejado, solo se acerca a la 
historia literaria \n\ capitulo de Quintiliano, e1 I del libro 
X, en que este autor pasa sumariamente en revista los 
poetas, los oradores i lob hitoriadores de Grecia i de lloma.. 
Los otros libros de la antigtiedad en que se euciientrai> 
agrupados curiosos datos biográficos acerca de los poetas '^ 



PRELIMINARES. 3 

<le ]o9 fílódofos, carecea del método i del alcance de una 
verdadera historia de la literatura o de la filosofía. 

Eq el siglo XVI, el gran número de publicaciones í el 
*celo por la ciencia, hicieron nacer la idea de una hibtoria uni- 
versal de la literatura. Con todo, los ensayos forraados en 
en esa época, aunque fruto de uiia inraensa erudicion, no 
fueron mas que catálogos de autores i de obras, o índices 
razonados de todos los raraos del saber huraano. Al prin- 
cipio del siglo siguiente, el gran filósofo ingles Francisco 
Bacon, en el segundo lihro De aumentis seientiarum, decia 
-con raucha razon que no existia uua verdadera historia de 
las letras; i segun él, hi historia del mundo sin la historia 
literaria es corao una estdtua de Polifemo privado de su 
único ojo. Bacon traza la marcha que se debe seguir para 
llenar este vacio. EI orfjen i las antigüedades de cadacien- 
cia, los métodos que han servido para su enseOanza, las 
sectas i las controversias a que ha dado orfjen, los colejios 
i las acaderaias en que ha sido cultivada, sus relaciones 
con el gobierik) civii i con el raovimiento de la sociedad, 
las causas fisicas o teráporales que han podido influir sobre 
su estado, son, segun su plan, elementos esenciales de una 
historia literaria [Hallam). Casi puede decirse que solo ea 
nuestro siglo se ha escrito la historia literaria segua los . 
sábios priucipios del fílósofo iugles. 

3. — La historia literaria no puede reducirse a la historia 
del espiritu huraano en siglos deterrainados como el de. 
Perícles en Grecia i el de Augusto en Roraa. Tarapoco 
puede encerrarse en la biografía de los grandes escritores 
de todos los tiempos. Asi como la historia civil estudia el 
desenvolraieuto de los sucesos humanos dándose cuenta de 
la influencia que han 6jefcido los unos sobre los otros, la 
historia de la litaratura observa el desarrollo de la iutelí- 
jencia, espUcando la influencia de ciertas ideas en las re- 
volucioncs del espíritu, i las consccuencias de esas revolu- 
-ciones. Un libro no es un hecho aislado en la historia de 
la intelijencia. Por poca iraportancia que tenga, ese libro 
ha tenidoantecedentes que lo han preparado. Esa influen- 
<;ia co está liráitada de ordinario a los compatriotas i a los 
couteraporáneos de su autor: se estiende a los países veci- 
nos i se trasniite de siglo en siglo. La historia de la litara- 
tura, debe estudiar esos antecedentes i esas consecuencias. 



4 ELEMENTOS DE LITERATUIU. 

a fin de conipreDder la verdadera marcha del espíritu hu- 
mano. 

Cóntemplando de esta manera el desenvolmiento de las 
nacíone?^ sedeseubre una arena sin límites, todo el desa- 
rrollo del pensamiento en oriente ¡ en occidente. Pero, 
cuanta mas grandeza ofrece este cuadro, tanto mas dicifíl es 
divídirlo i clasifícarlo para presentarlo con mayor senciliez. 
Todo parece oscuro cnando se qnieren estudiar los oríjenes. 
No hai épocii ni pueblo civilizado, cuya literatura i cuyas 
artes no llevan el sello de una imitacíon o de una copia. 
Siempre algun pueblo anterior o vecino parece haber lega- 
do o comunicado suu creaciones o su jénio á sus decendien- 
tes, a sus aliadosiaun asusenemigos. Lalndiahaejercido 
8U influencia sobre la Grecia, la Qreciá sobre Roma i Ro- 
ma sobre el resto del mundo. Nuevas influencias han 
venido del norte i del medio dia a mezclarse con estas an* 
tiguas tradiciones; de modo qííe el jénero humano se ha 
desarrollado de una manera múltiple, con mil influencias 
combinadas o contrastes. La edad modema hija de todas 
las edades i de todas las influencias que la preceden, es 
8U complemento i su resultado {Philaréte Chasles.) 

La historia de la literatura, comprendida en su verdade- 
ra estension, debe estudiar esas influencias que han con- 
tribuido al desarrollo del espiritu humano al través de lo& 
siglos, modifícando las opiniones i las doctríoas hasta de- 
jarlas en el estado presente. 



PRIMERA PARTE. 



TIE]«POS] ANTIOVOS 



CAPÍTULO PRIMERO. 
Llterataras orlentales. 

1, Biqne74i de la literatura indiana. — 2. Sns man atiguo" monumentop. — 
3. Él Mahahh4¡rata. — 4. El JRamayana.^h, El Gita'6royinda.—6, Tea- 
tro d» lo« jndios.— 7. Kl apólogo. — 8. Otros jéneros literarioí».--9. Tn« 
fluencia de la literatura i de la lengua 8anscríta.~ 10. El Ejipto; los 
asiríos i loe fenicios. — 11. El alfabeto — 12. La PerBÍa; Zoroastio,— 13, 
Literatora de los chinoe; su escritara. — 14. Confucio — 15. Poesíao, no- 
▼elis i dramas. — 16. Otras prodncciones literarías de los^chinoa — 17» 
Antigua )iteratura dc los árabes. 

1. — Se ha designado con el noinbre de antiguos a los 
griegos i despues de elU»8 a los romauoa, pero no les convie- 
ne esta denomiuacion 8Íno con relacion a nosotros. Los 
verdaderos antiguos son los indios, los ejipcios, los asirios, 
los persas, los chinos i los hebreos. 

Las producciones iíitelectuales que tienen el seilo de la 
mas remota antigüedad, pertenecen al Indostan, cuya or- 
ganizacion teocrática ha subsistido hasta nuestros dias 
apesar de las couquistas. La lengua sacerdotal, la lengua 
perfecfa (tal es el sentido de la palabra sanscrit), ho tiene 
ignal, a juicio de los mas sábios orientalistas, en su com- 
posicion, i en su vasta i fecunda flexibilidad, La mayor 
parte de los idiomas europeos proviene de ella, su comun 
fuente i su primitivo tipo. 



G ELEMENTOS DE LITERATÜRA.' 

Las obras que cornponen la literatura de la India no son 
producidas en un peq,uefio número de aüos ni aun de siglos. 
Sus rnas antigr.as poesias son anteriorea a los nionumentos 
literarios nias antiguos que conozcamos. Ahora raismo no 
se puede decir que hi literatura .sanscrita esté terminada; 
puesto que si aquellü lengua es una lengua muerta, se la 
considera todavía como uii verda<lero idioma literario, i en 
ella se coni[) 'iiei: libras notables. Así, pues, la literatura de 
la India es tan ^rande por su duracioQ como por la varie- 
dad de í^us moi.umcnto8. 

Por desgracia, cs poco lo que se conoce de la ininensa 
literatura indiana. Las traducciones que lareproducen pue- 
deu ser infieie*, i acaso hasta los orijiuales pueden estar 
alterados. Pero, cualquiera que sea la imperfeccion de es- 
tos documentos, infunde veneracion ai que los estudia. En 
los libros indost'ánicos se halian todas las manifestaCÍoneR 
en que serevela la infelijencia humana, epopey», fábula, 
dramas, himncs, metafísica, moral. Kn elb)s se conocen 
todos los sistemos de filosoíía, ilesde el mas completo ma- 
terialismo hasta el espiritualismo m:»s exaltado en que se 
supone (]ue la aparici>n del universo es una ilusion, un 
sueño del dios Maya, i hasta el pauteismo absoluto que 
abisma tudas las exibtencias en una eterna i misteriosa 
unidad. La poesía uarticipa del mismo carácter. La epope- 
ya es a un mismo tiempo drama, himno, eiejía, vision, 8Í3- 
tema, historia. 

El estudio de la historía de la literatura de la India ea 
dificil por la ausencia de cronolojia, i por la casi imposibir 
lidad de determinnr las fcchas de las principales obras 
sanscritas: Miichas se escapan hasta ahoraatoda clasifíca- 
cion cronolójica: su fecha puede variar algunas veces en 
un intervah» de mas de mil años. El exámen crítico i com- 
parativo de las doctrinas que encierran otras obras, ha 
permitido a algunos sabios indianistas fijar. fechas relati- 
vamente precisas. 

2. — Los librns mas antiguos que existen en lengua sans- 
crita, son lo» Ver/as, colecciones de j»recefl, himnos i man- 
damientos: los PurauaSi laberinto inmonso de leyendas 
teolójicas i cosmogónicas; i el código de Menúj tratado 
completo de morni, que contiene la doctrina poética de la 
divíuidad, de la creacion i de los espíritus. 



HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS ANTIGUOS. 7 

3. — La8 dosepopoyaa ile mas fania 8on el Mahabh arata 
íitribuido a V yas^L Í al RauiBvana-d e Valmiki (1). iíJl Ma- 
hahharata ceTebra el combRte jeneral qué arraó entre sí a los 
héroe^, a los diosen i a los jigaates Este poema consta de 
200,000 versos, i parece que solo la octava parte de él es 
la obra esclusiva de Vynsa. Pero cnalquiera que sea laépo- 
ca en que Iia rectbido su forma actnal, la base de la fíccion 
es de una remota antigüedad. £n él se coníirnden losjáne- 
ros )íricos, narrativo i sentencioso. 

4. — EI Itamayana canta a Rama, oonquistador, segunse 
«ree, de la parte meridional del Indostan, poblada entón- 
ces por babitantes salvajes, í de la isla de Ceilan. Rama 
€8 el héroe favorito de la naturalezR; se le representa en 
toda la magnifícencia del vigor, de la juventudi de la be- 
lleza, i del amor; pero casi siempre infeliz, lucliando con- 
tinuamente contra los {)eligro8. El poema está lleno de 
seutencias de la sabiduría antigua: al lado de los combates 
de los liéroes se ven descrita la yida interior de los santo» 
solitarios, sus silenciosas meditaciones i sus piado^as plá- 
ticas. En sus descripciones resplandece una riqueza que 
deslumbra i fatiga. Se creeque Valmikieracohtemporáneo 
<le su héroe. 

5. — Entre otras obras de la literatnrn ii.t¡i:uia, figara 
un poema pastoral titulado Qita-(joi¿i/íÍ£í, destinado a 
cantar a Krishna, cuand<>, del niistnó mudo que el Apolo 
de los griegos, vagaba en la tierra conio pastor, rodeado 
<le nueve pastoras. Este poema, que solo es conocido en 
Europa por estractos, ostenta riqueza en las imájenes, i 
amor por la soledaíl, a>í conio faltá de vigor i de interes. 

6. — Los indios hicieron tambien grandes progresos en el 
arte dramátíco. En ^us dramas l(»s detalles mas frívolos se 
entretejen cou los acontecimientos mas importautes. Hai 
en •ellos una trama sumamente complicada, un gran núme- 
ro de personajes, nn diáiogo cuyo colorido i cuyo lengtiaje 
varia a cada instante, una poesía elevada en una parte, 
luego conversaciones vulgares i soeces, una variedad en fin, 
de que ninguna otra nacion ha dado ejen.plo. El drama 
indio, se desenvuelve con gran rapivlez i en medio de inci- 

(1) Estos poetas vivian prolmblemeiite entre los síglos XV 1 XVI 
antes de J. C. 



8 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

dentes inesperados.. El prela droniático de la ludia de mas 
^repotacion en occidente es KáUjlas, qiie vivia en el siglo 
anterior a Jesiicristo. Los autores iuglej^s, quelo han dado 
a conocer en Europa, lo comparau a Slmkspeare. 

La literatura indiana no tiene trajcdias. Habia en cam- 
bio piezas enteraraente metafííiieas eu que los personajes 
eran simples ideas. Este liecho snpone un público como 
no ha tenido ningun teatro de Europa. 

En lo material el teatro indiuuo se parecia muclio al de 
los griegos: ft»rn}aba un vasto recinto al aire libre; pero 
8U8 espectácnloR no eran públici>; i la concurrencia se 
componia de la corte i de los invitadon. 

7. — Entre las producciones de aquella variada literatura 
merece particular mencion el apól<»go o la fábuladel jénero 
esópico, en que fc hizo célebre el braliamau Bilpai o Pil- 
pai, sobre cuya historia no Re sabe naíla de cierto, pero al 
cual se considera crendor de este jéucro literario. 

8. — Hai una peculiaridad que es especial a esta litera- 
tura. Muchí^s de sus obras científica>-, de derecho, de gra- 
mática, de astronomfa, de medicina i de arte militar son 
escrilas en verso, cuyo ritmo parece hnber consistido, como 
el de los griegos i romauos, en la alternacioq de sílabas 
largas i breves. 

EI jénero literario ménos cultivado eutre los indios fiié 
la historia, pue^to que los tiempos pasados se recordaban 
solo por tradiciones pc)éticas mas o méuos estravagantes. 

9. — El Ejipto, la reríiia, la F nicia, la Grecia, todo el 
oriente antiguo bebió en las fuentes de las tradiciones i de 
la poesía indianas. En ellas se encueutra el priiner jérmen 
de ias teorías fílosóficas que mas tarde conmovieron todo 
el occidente. Li s cuentos, que hasta ahqra son Id delicia^ 
de la Arabia ¡ que la Europa ha rrcojido, sonrfruto de la 
imajinacion indiana. Muchos principios consignados hoi en 
]a moral universal, erau couocidos en la Iiidia antigua. Los 
sabios modernos han encontrado las raices de la autigua 
lengua del Lacio en la lengua sagrada de los brahamas.. 

Del sansci'ito proceden las lenguas griega, pérsica, etrus- 
ca i teutónica. La construccion, las ibrmas gramaticales, 
las raíces primitivas del griego son eanscritas. Esto solo 
probaria las relaciones que hubo entre estas dos naciones. 
Por consiguiente, la India, tan abatida i atrasada hoi, ha 



HISTOEIA LITERARIA. — TIEMPOS ANTIGUOS. 9 

sido la cuna de la civilizacíon i de la literatui'a de los pue- 
blos occidentalep, 

10. — El Ejipto fué el priuier pais ¡luminndo con la luz 
que arrojaba la India. La mitolojía de án^bos pai^es i hasta 
la division de la sociednd cn castas que trasmitiau de pa- 
dres'a hijos las mismas costumbres ¡ profesiones, asemejan 
roucho al Ejipto con la India. Sin embargo, el jénio bri- 
llante de este último pueblo no se comunicó al Ejipto. La 
ciencia estaba nquí concentrada en los sacerdotes, los cua* 
les la ocultaban cuidadosamente al puebh». ^Este estaba 
condeuado a emplear sus brazos en construcciones jigan- 
tescas qneprobablemente maldecia. De la civilizacion ejip- 
cia, quedan los monumentos que recuerdan la grandeza de 
una nacion i la esclavitud de sus hijos. Los pocos iibros 
ejipcios de que se conserva algun lecuerdo, fueron destrui- 
dos despues que aquel célebre pueblo perdió su indepen- 
dencía; pero la erudiciou mcderna, que ha reconstruido la 
historia del Ejipto, i que ha interpretado las inscripciones 
de sus monumentoSy ha podido tambien darnos a cotiocer 
valiosos fragmentos de su literatura que dejan ver un no- 
table progreso en filosofía raoral. 

La Caldea, la Asiria i la Babilonia siguierou el mismo 
camino. Las artes industriales fuerou cultivadas con buen 
éxito en estos paisefi; pero su historia intelectual no puede 
señalar ninguna obra de imajinacion, o si esas obras exis- 
tieron, ellas no han llegado hasta nosotros. 

Con todo, e.^as naciones han ijontribuido tambien al pro- 
greso del jénero humano. La cieucia moral de los ejipcios^ 
la astronomía de los caldeos, la ¡ndustria de los babilonios 
i el comercio de la Fenicia han dejado vestijios iudefebles 
en la historia. El alfabeto fenicio, derivado de los jeroglí- 
ficos que lo han j»recedido, ha hecho la conquista del 
mnndo. 

IL — Pero ¿la escritura moderna en verdaderamente de 
orljen fenicio? Los ejipcios, los asirios, los caldeos se dÍ3- 
putan el honor de haber creado el nlfabeto. Platon creia 
que la invencion de la escritura es superior a la iutelijen« 
cia de los hombrvs, i que éstos no han tenido conocimiento 
de ella sino por el intermedio de alguua divinidad. iSe pue- 
de asegurnr que la escritura no ha sido el producto ni de 
una^inspiracion sobrenatural, ui de una creacion espoutá- 



10 ELEMEXTOS DÉ LITERATCRA. 

iiea, sino que se formó por.una série de ensoyos i de modi- 
ficaciones, cuyo recAierdo no ha podido conservar la liisto- 
ria. De la representacion fiel de los objetnp, primer sistema 
de escritnra de tt^doa los pueblo?, se pasó ain duda a la es- 
critura ídeolójica o simbólica, en que una parte de los sig- 
nos, arrancados de su sentido natural, adquirió un valor 
embleniático ya sea para abre^iar el dibujo, ya para re- 
presentar idens que no podian ser reproducidas fielmente. 
Así fué conio se usó un círculo para represpntar un año, 
dos flechas para sighifícar una batalla, un [íié para espresar 
una marcha. 

La escritura f< nética, que es la que usamos nosotros, ea 
<jue los sigucs representan sonides, i se combinan artificio' 
samente para formar las palabras. es indudablemente mui 
poBterior. Su primer oríjen ?e encueuta en los ejipcios, cu- 
yos jeroglíticí'S, que son figuras de animales, de hombres, 
de plantas i de objetos diversns, sirvieron para pintar, como 
por medio de verdaderas letras, los sonidos de una lengua. 
Así, una águila repre&enta la vocal a, sonido inicial del 
nombre de esta ave eu lengua ejipcia; i unamano la conso- 
nante t por una razc n anál(>ga. ,Pero ¿por qué série de sim- 
plifiaciones ilegaron hs hombres a constituir la escritura 
verdaderamente fonética? ¿Cuáutos siglos debieron trascu- 
rrir para consumar esta revolucion? La historia no puede 
determinarlo #le una manera precisa; pero se atribuye je- 
neralmente a los fenicios los mas notables peifeccionu' 
mientos de la escritura, o a lo uiénos la introducciou del 
alfabeto en la Grecia, i por consecuenciaeu todo el mundo 
civilizado. 

12. — Laliteratura persa ha dejadojjnonumentos escritos 
dc una grande aiitigüedad. Zoroastn», lejislador i profeta, 
autor reformador de la relijion de los magos, i del cual 
solo se tiene noticias oscuras i confusas, es considerado 
autor del Zend'Ávesta, libro sagrado de los persas. Se ha 
dicho que Zoroasiro existió alguhcs millares de años ántes 
del BÍtio de Troya: algunos lo hacen contemporáneo de 
Kino; otros de Darío, rei de Persia: pero jeneralmente los 
críticos están conformes en atribuirle el gran libro sagrado. 
Zoroastro enseüó que el sol era la obra i el símbolo de la 
<livinidad i no la divini<;iad misma; predicó la fraternidad, 
ja beneficexicia, ia pnreza del corazon i prescribió la mono- 



HISTORU LITERARU. — TIEMPOS ANTIGÜOS. 11 

^mia. El libro qne se 1e atribaye, es nna compilacion de 
doctrinas, parecida a los libros sa^rados de los hebreos, 
sobre la omnipotencia del creador, i sobre otros puntos deí 
dogma i de la moral. La autigua fé de los persas aparece 
con mas claridad en el Desatir, libro sagrado que se supo- 
ne anterior al Zend-Aoesta. Ambas fueron escritas en 
zend, lengua sagrada, muerta ahora, i que solo fué hablada 
ealas provincias del norte del imperio ]}eréú. La moral que 
respira el libro de Zoroastro es ju-itafuente admirada por 
los Slósofos que han hecho de ella uti prolijo estudio. £1 
Desaiirj es uno de los n>:is curiosos monufnentos de la anti- 
güedad orieutal. Los dos libros persas son una cadena in- 
termediaria entra el arte del Indostan i el de los hebreos. 

13. La civilizacion de la China presenta un carilcter espe- 
cialísimo. Aunque conterajioránea de la civilizacion iudia- 
na, no ha ejercido inflaencia algnna en el mund», por el 
aislamiento sislemático en que los chinos han vivido siem- 
pre. 

L'v? eruditos europeos, que eu Ins iiltimos años han he- 
cho un eátudio detenido de la leuijui, <le la literatura i de 
la ciencia de los chin^i^, hau quedado sorprendi los de las^ 
númerosas riquezas que contieneu. Eu su entusiasnio, lia» 
llegado hasta el punto de atenuar las diñcultadesque pre- 
senta la e.scritura de los chmos. Espresada ésta por carac- 
téres de los cuales cada uno simboliza una palabra, esíie 
nn estudio de muchos artos para entender el peusamiento 
escrito. Se dice que la escriturade los cliinos empiea hasta 
80,000 caracteres. ISn otro tiempo se exijia a las fiersonns 
que preteudiau el empieo de historiógrofoa, el cimocimiento 
de 9,000 caractéres. En nuestros dia^, un sahio francea, M. 
Julien, sostiene que le ha bastado c »nocer 2,400 para leer 
con mui poco trabajo los libros de filosofí:i, de historia i 
de jeografta de la china. Aun así !a dificnJttid parece in^u- 
perable para los que estamos ncostumbrados a la seucillez. 
de nuestro alf .^beto. Agréguese a esto que los caractére» 
chinos han sufrido grandes modifícaciones, de tal manera 
qne representando en su oríjen la forma psterna del objeto 
a qne se refíeren, han Ilegado a formar en nucstros diasuu 
singttlar agrupamiento de líneas i de ras^os. 

La imprentn, usada en la China qnizá desde mucho án- 
tes que la couocieran los europeos^ da a las produccione» , 



12 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

literarias una activa circulacion. Su8 escritos forman líneas 
perpeDdiculares que se suceden do derecha a izquierda. Em- 
yhdñ un papel delgado pero sóHdo; i para escribir uaan un 
pincel en lu(^ar de pluma. 

14. — Es estraordinavia la riqueza dft la literatura de la 
-China en moralístas admirables por la pureza de la doctri- 
na. Sobre todos se distiugue Cí>iifucio, que existió cinco 
siglos ántes de la era cristinua. Ninguno de los emperado- 
res de la Chiua goza de una memoria ma^ venerada. Su 
moral es sencilla i natural; traza los debercs del hombre 
sin exajerarlos, i reduciéndolos a un corto número de prin- 
cipíos. 

15. — La bella literatura se comprende en la Chiua de 
un modo mui diferente qne en los pueblos occidentales. Su 
lengua repudia la flexibilidad, el movimiento i el colorido: 
6U8 escritos se distiuguen por la estremada menudencia de 
los pormenores, por la pintura de prolijos incidente«, pero 
en elloH no se descubrcn lo.s caractéres de la poesía tal 
como la compreude nuestra civilizacion. Los chinos tief^en 
gran número de novelas i de drama^, eu que se pueden 
estudiar las costumbres íntimas del imperio: ei enredo es 
injenioso, los caractéres están ])intados al natural; pero 
faítan en esas obras el sentimíento poético. Lo.s dramas nc 
8on mas que novelas dialogadas, en que abundau las inde- 
cencias. 

En la poesía de los chiuos raras veces los sentímientos 
tiernos inspiran acentos patéticos. Está llena de alusiones 
que nosotros no podemos comprender. Parece, sin embar- 
go, que en las primeras edados la poesía tuvo un carácter 
mas elevado. En los King, vestijios de antiqui^ima litera- 
tura, restaurados por Confucio, se encuentran discursos de 
piedad i de moral, e^critos con elocuencia, himnos, sátiras, 
epitalamios, odas morales, poesía de costumbreí», jlena de 
bellas imájenes, a un tiempocandorosai sublime. 

16.— Los chinos han cultivado la historia con mucho 
esmero; pero sus obras históricas son regularmente traba- 
jos a que ha concurrido cierto nómero de literatos, i que 
se recomiendan por la prolijidad de los detalles. Los chinos 
tienen ademns muchos libros de derecho pAblico, de íejis- 
lacion i de relijion; pero han cultivado tambien la jeogra- 
fía i algunas ciencias exactas i naturales. Se han distingui- 



HtSTORIA LITERA.RIA.. — TIEMPÓS ANTIGÜOS. 13 

<1o ademas por los estudios filolójlcos, eDtt*e los cuales se 
notan algiinos diccionarios i millares de volúmenes sobre 
el orijen i las variaciones de su escritura. Su elocuencia es 
jeneralmente sóbria: se dice que los chinos no eraplean en 
sm discursos movimientos súbítos ni arranques apasiona- 
dos: desconocen la accion i hasta la entonacion que suelen 
usarse en los discursos. 

17. — EI aislamiento tuvo mui distintos efectos entre las 
tribus nómades de la Arabia. La poe»{a del árabe en el 
desierto, es decir toda su literatura, tiene cierta grandiosi- 
dad; pero esta grandiosidad es unifonne. Sus cantos están 
l(enoH de piuturas animadas de la vida pastoral. £1 amor 
a la libertad, el orgullo, la célebre vengauza, las querellas 
de Rus tribus, estallan en sus cantos con acentos rápidos, 
atrooes i sublimes. El jénio delaprimitivaliteratura arábi- 
ga es temerario i fogoso, como resultado de una imajinacion 
ardiente i exitada por la vista de uua naturaleza ruda i 
salvaje. 

La poesfa arábiga comenzó o desarrollarse mas conside- 
rablemente en el siglo anterior a Mahoma. Re celebrabau 
certámenes poéticos; i las composiciones premiadas, escri- 
tas con letras de oro, se colgaban en la Kaaba^ santuario 
interior del templo do la Meca. Pinturas de tempesta<les í 
de los combntés; la descripcion minuciosa de un camello, 
<le an caballo o de una gacola; el retrato de una bella, ei 
elojio de un sable o de uoa lanza, son otras tantas ideas 
que se encuentran casi constAutemente en estos poemas. 
^guuos eruditos tributan a esas poesías las mayores ala- 
baiizas. Hasta nosotros han Uegado las obras i los nom- 
bres i!e siete de esos poetas. 

La verdadera edad de oro de la litaratura arábiga es pos- 
terior a la predicaciou de M^homa. La<» letras i las cien- 
eias alcanzarou entónces a uu alto grado de riqueza i de 
«splendor. 



CAPÍTULO 11. 
Llteratura hebrea. 






\ 



1. Inapoi-tancia dc la literatara hebre-». — 3. ÁntigUelail de la literdtura. 
liebre*'; 8U4 clirei'sos periodos. — 3. OlasifíCacion jüoeral de Iob libros de 
la Biblia,- 4. Libros htstóricoa < — 5. Libro^ poéticos. — 6. Libros morale» 
o didáctico". — 7. Libros proféticoH —8 Traducciones de U Biblia. — 
9. LibroB api)crifo& — 10 Carácter jcneral de la literatnra hebrea. 

1. — La historia completa del paehlo hebreo, sus insiitu- 
ciones, sus costumbres, sn literatura están contenídas en 
un solo lihro llamado la Biblia, Este libro, que encierra 
los documento9 relijíosos e históricos del pri::ier pueblo 
monoteista, ha ejercido nna accion poderosasobre la civili- 
zacion del mundo; i por este solo título si ria de grande in- 
teres, sino se recomendaHC ademas por su mt'rilo iiterario. 
Ninguna escuela literaria ha impreso a su estiio un carác- 
ter mas iminentemente pintorerco, i ninguna ha estado 
masexenta de toda infiuencia estranjera. Asi, ul lado de la 
influencía que han ejercido sobre los destinns morales dé^ 
la humanidad, los escritos bíblicos han ejercido otra que se 
ha hecho sentir sobre todas las literaturas cristianas. 

2. — ¿De qué época datan los primeros libros de la Biblía? 
Algunos críticos pretenden que los mas antguo», en la for- 
ma en que hau llegado hasta nosotros, no piieden remon- 
tar mas alltl de los tiempos de Salomon o de David. La 
iglesia cree que el Pentat^uco, o los cinco libros de Moises, 
if-^'Jité escritos por éste niismo^ esto es, mas de mil afios ántes , 
del uso de la e.scritura en Grecia. Segun e^to, la^juij'oxb^ 
de los libros bíblicos es anterior a Heródoto, el padre de' 
la historia eu el occideiite; i la literatura hebrea ha tenido- 
una duracion mui larga. 

En la historia de la literatura de los hebreos se distin* 



HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS ANTIGÜOS. 1 !> 

guen do8 períodos, El prímero, qne se llama la edad de oro, 
se cierra en la época del cautiverio de Babilonia: el segun- 
do, qne se ha comparado a la edad de plata, se estiendo 
basta la extincion de la lengua hebrea pura. A la primera, 
que se hace notar por un estilo ma» atrevido i compacto, 
pertenecen, entre los escritos históricos, el PentatéucOy los 
libros de los Jueoes i de los Reyesi a la segunda, cnyo es- 
tflo es en jegeial mas facíl i mas corrido, pertenecen los 
lihroB de JíJsdras, de JonaSj de Daniely etc. 

3. — Los libros bíblicos nos ofreceu diversos jéneros de 
escritos. Unos son históricos, como los de Mnises, de Jo- 
sué, etc , otros son poéticos, otros son morales i otros por 
ña proféticos. Algunos de los libros históricos coutienen 
solo episodios referidos eu forma de idilios, como los libros^ 
de Riítk i da Tobias; pero la division anterior, corresponde 
a la variedad dc asnutos tratados cn la Bibiia. 

4. — EI Pentatéucoy ví^z griega cou (jue .*e designan los 
cinco libros de Moises, i que los judios ilaman Thorahy o 
en>:eñauza, formnu la hase de la doctrina teogónicu, cos- 
mogónica i social do los hebreos. Et»08 libros son el Jéiie- 
9Í8, histiNria de la ereacion ¡ de los primeros homhres hasta 
Moises; el Exodo, que coinprendc la hÍ8toria del pueblo de 
Dios desde su salida de Ejipto hnsta la dedicacion del 
tabernáculo en el desierto; el LevíticOf que regla los deta- 
lles relativos a las funcioue.8 de los levitas, ministros del 
culto; \os Ifíimet^os q\\e contíene el reji^tro matriz de los 
judios, 1a mansion de é>tos eu el desierto durante cuarenta 
afios, i loB principios de la conquísta de la tierra de Ca- 
naan; el Deuieronomio en que Moises desenvuelve i comen- 
ta 1a lei, i liecuerda los acontecimeutos ocurridos en el de- 
sicrto. Todo e1 Pentatéuco está escrito con inimitable majes» 
tad i sencillez: la parte históricH ofrece el cundru mas vivo 
de lax costumbres patriarcales i primitivas; el primero i e1 
último de estos libros ])resentan un carácter particular- 
mente poético. 

Los otros libroB hi^^tóricos no ofrecen la sencilla gran- 
diosidad de los primeros. £1 de Josué refíere la conquista 
de la Palestina bajo e^te caudillo i la reparticion del terii- 
torio. EI libro de Iob JueceSy trata del perío^o verdadeni- 
mente heróico. £1 de jRu/A, ccropletamente desligado de 
las otras historias, es una e^peeie de idilio lleno de intere» 

3 



16 ELEMl^NTOS DE LITEBATURA. 

sante sencillez. Los dos de Samuel i los dos de los Reyes 
SOQ una liistoría de los ísraelistas Juraute .su grandeza i 
8U decadencia por la division del reino hasta la destruccion 
del de Judá. Las Ctóyiicaso l^aralipómenes, re\Áten hajo 
loniia mui abreviada la historia contenida en los libroft 
anteriores i terminan con el edicto de Ciro en favor de los 
judios, Lo8 de Esdras i de Nehemias, llatnados comun- 
mente de Esdras, comienzan por la vuelta del cautiverio i 
comprenden un período de 113 aOos. 

Entre é>tos i los libros de los Macabeos hai un largo in- 
tervalo. Gontienen éstos la historia de los judios desde 
Alejandn» hasta Antioco Nicanor. La hiatoria deja de ser 
tan clara como en los libros anteriormente citados. 

La périe de los libros cousagrados a la historia nacional 
de los judios es con frecuencia interrumpida por diversas 
relacinnes episódicaH, Hemos hablado ya del libro de Rutli; 
pero hai otros uí» ménos interesantes. El de Jtiditj que ee 
refiere a la épnra de la invasion asiria; el de TobiaSj qwe 
contiene una patética historia de los peores dias del cauti- 
verio; el deJonas; el de Ester, episodio de ladominacion 
persa; i el dé Dayiiel, cnya parte histórica está consagr^da 
a la relacion del cautiverio. Eu esos libros biográficos, se 
ve la intervencion milagrosa de la providencia con respecto 
a individuos escojidos, como en los otros se nota la accion 
divina sobre el pueblo elejido por Dios. 

5. — Es difícil reconocer enlas obras poéticas de los ju- 
dios un metro fijo. Los versos no parecen medilo^ ni por 
el niimero de las sílabas ni por la cuautida<I pro^ódica. No 
por esto son desprovistos de ritmo i de cndencia, pero el 
ritmo está limitado a cierta simetria e:itio loa miembros 
de la frase. La lengun, ademas, adquiere en la poe>ia for- 
mas pariiculare?*: las palabras toman significaciones i las 
frases copstrucciones (|ne son especiales al verso, A veces 
emplearon los acrósticoa. Un arriíicio qne se nota casi 
constantemente en las poesías hebraicas es la division de 
cada estrol'a o estancia en dos partes que ofrecíu ideas 
análogas i a veces opuestíis, o presentan Rua misma bajo 
dos aspectos diferentes. Debian cantarse en el templo re- 
citando el sacerdote i^ix primera parte, a la cual conlestaba 
el pueblo recitando el resto de la estrofa. 

Antes dc la época de David, se encueutran en la Biblia 



HISTORIA LITERARIA — .TIEMPÓS ANTIGUOS 17 

•diveríos fragmentos poéticos coosignados en losübros his- 
tóricos. Pero hai en ella libros enteros cle ¡K»eí*ía, i en éstos 
se revela todo el vigor i toda la luognifícencia del jénio 
liebráico. 

La poesia de los hebreos es casi toila líricn; pero liai tan)- 
bien en ella un poenia justunienfe adniirado, el Libro de 
Jobj que es el primero de los libros poéticos de la Biblia 
por el órden que se le ha nsiguado; i es ndeinas cl rnas 
hermoso monntnento de la alta poe^ia dc los hebreo8. Se 
ve al autor abordar las cuestiones nias elevadas de la nio- 
ral i de la relijion. En ese i)oema, en donde se describen 
los con^bates de nn varon confiaíhi en Dios, duramente pro- 
bado por desgracias ¡ padecimientos, i desconfiando algun 
tienipo <Ie hi jnslicia divina, pero convertido luego a la 
conforníidad cn Dios, pnrece compuesto pnni laeditícacinu 
relijiosu del pucblo, i es una gli>rinsíi ju^tifícacion tle lu 
provideiuífa i de sus uiedi«)S a veces inc<?niprensibles, pero 
que sieuipro nos guian al bien. Se ignora absolutamente 
quien es el autor <le esta obra, i se hadiscutidocnal sea la 
•época d<í sn composicion. Se le iia creido anterior a Moises, 
sin que falte quienes la atribuyan a este mismo; i adn algu- 
noa críticos pieusau que <-! Libro de Job feñala el límite de 
las dos eda<les <mi qu<{ se ha dividido la literatura hebraica. 

El libro de l<>.s Salmos o Salterio, es una recopiIaci<m de 
trozos líricos de toda especie, en núniero de ciento cin- 
•cuenta, com| ue?t<.s jior muchos poetas en divcrsas épocas, 
desde David hnstn la destruccion <lel reinode Judá. Algu- 
nos son postoriores a la vuelta de los judi<»s del cautiverio. 
David pasa, sin embargo, por autor del mayor ntimero de 
ellos, i es considerado el mas notable de los poetas iíricoa 
hebreos. Los salmos varian muclio entre sí, segun la idea 
o afecto domiuantí*, ya sea el honieunjc de alabanza i 
gratitud al eterno; ya la admiracion de sus obras, ya el 
regocijí» del justo, ya el arrcpentimiento del alma pecadora, 
ya la aniargnra de la atribulacion, ya el ruego fervoroso, 
ya los annucios de la ira divina, ya la vision profética. Sn 
to(h»s ellos, sin embargo, se notan los niismos caracté- 
res, imájenes grandiosas, jigautescas a veces, a veces inco- 
iierentes; prot'unda fé, suavísima uncion del sentimiento 
relijioso, estilo couciso i vigorosOj ¡ ninguua apariencia de 
«studiü. 



18 ELEMENTOS DE LITERATURA, 

• 

6. — Ratre los^libros morales o didácticos se distingue ef 
de los Proverbios atribnido a Saloinon. Es éste un tratada 
de moral en que se recomienda la verdadera sabiduría, que 
consiste en la recta direccion de nuestros actos í en su con^ 
formidad a la leí del SeQor, dándose sanos oonsejos para'la. 
conducta de la vida en todas las edades ¡ condiciones. Las 
sentencias estan espresndas en frases concisas, en fórñuila^ 
proverbiale?, adoruadas de imájenes vigorosas, a veces de- 
masiadodesnudas para el refiuamiento de los tíempos mo- 
dernos. El EclesiasteSf atribuido tanibien a Salomou, tiene 
por objeto seúalar ia.vanidad dc Jas cosas terrenales i reco- 
mienda uua prndente medianiaparaconservar la trnnquili- 
dad i la pureza del alma. El librode la Snbiduría atríbuido 
con méuos fuudamento a Salomon, i que lia llegado hastar 
nosotros solo por una version griega, se dlrije en especial 
a los reyes i poderosos, recomendando la sabidnría coma 
el roejor remedio para salvarnos de los peligros de la vida. 
Por fin, el Eclesiásticoy el quinto de los librojí morales, no 
es mas que una imitacion de los precedentes, pero de* for- 
mas difusas i faltas de colorido. Se da por autor de este- 
libro a Jesus, hijo de Syrach, judio asilado en Ejipto; pero 
solo se conocen fragmentos del orijinal, i uoa traduccioi» 
giiega. 

El célebre Cántico de los cánticos o Cantar de los cari' 
tareSj ha sido iutercalado en el nñinero de los libros morn* 
les. Considerado con oios humanos, es solo uu canto eró- 
tico en que el ardor del amor está piutado con los colores 
mns vivos. Este poema, profano por su sentido literal, i 
que aegun algunos autores no es otra cosa que el epitala* 
mio del casamiento de Salomon con lu hija del rei deEjip- 
to, ha sido interpretado por los doctores de la sinagoga i 
de la iglesia como una alegona de la nlianza entre Dios z 
la íglesia. 

7. — En la é|>oca de la division del reíno i ddl cautiverio 
se hicieron notar los discursos proféticos, jénero literario 

3ue se puede considerar como una rama de la )>oe8Ía df- 
áctica de los hebreos, i que data desde ocho siglos ántea 
de la er>a cristiana. Los profetas haii sido divididos en ma- 
yores o menorcs segun la importancia de sus profecías; 
pero cousideradüs bajo el punco de vista literario, los mas 
notables entre todos cllos son: Isaías, Jeremías, Oseaf»^ 



HISTORIA LITERARIA.— TIEMPOS ANTIGUOS. 19 

Joel, Aruós, Miqueas^ Nahum i Habacuc. Se considera a 
leaías el mas puro de los escritores liebreos, el mas elevado 
en las ideas i el mns copiosnmente ma<;;n{fíco en la espre- 
QÍon. Blair lo miru como el mns eminente de todos lospoe* 
tas liricos. 

JeremíaSy contemporáneo de la destruccion dol estado 
por Nabucodonosor, resplandece ))or la terrificíiute subli- 
midad de sus pensnmieutos. Su libro es sombiio como el 
liorizonte polftico de su época. Bajo el título Trenos o La^ 
mentacioneSf se ntrihnyen a este poeta cinco conmovedoras 
elejías, poeHÍas de jemidos^ en quf se lloraladesolacion de 
la ciudad santa i In esclavitud del pueblo. 

8.— La mas antigua de las traducciones de la Biblia es 
la version griega llamada de Ii>s Setenta. Fné nombrada 
así porque la ejecntan, segun nu<*s, setenta sábios israeli- 
tas que Demetrio Falero reunió en la isla del Faro, cerca 
de Alejandría, i segun otros.porque se Ilevó a cabo bajo 
lo8 auspicios del sanhedrin, o senndo jndio, que erá com- 
])iiesio de setenta doctores. La version latina, no méuoa 
célebre, conocida bajo el nombre de Vulgala^ es posterior 
a lo ménos en cuatro siglos ala traduccion griega que aca* 
bamos de citar. San Jerónimo hizo una revision de la Vul- 
gata hácifi el afío 380 de la era cristinnn. Estns dos tra- 
ducciones no sicmpre est¿u perfectamente de acuerdo ni 
^ntre si ni con el orijinal, 

9. — Segun el testimonio que se encuentra en los misraos 

libros de la Biblia que nos quedan, hni nuichos otros qne 

^ .6e han perdido. Parece tambieu que los libros cientiíicos o 

morales atribuidos a Salomon tenian en su principio, se- 

gun toda probnbilidad, la forma de poemas didácticoF. 

EI cánon de los libros reconocido» como sagrados por 
]o8 jndios no contiene mas que veinticuatro. Los rabinos 
chisificaD entre los a|)ócriíos (1)^ mucb.os de los que adii)i- 
ten las iglesias cristianas en ans ediciones del antiguo Tes- 
tamento. Tal es el libro de la Sabiduría de Salomon que 
los protestantes rechazan tambien. Otros son mirados como 

( I ) Cuando se trata de )os libros bíblicos, 1a palabra aj^rífo tiene 

un tentido difercnte del que se le da vulgarmente en la liter^tura. Llá- 

mánse apócrifos aquellos libros a los cuales no se atríbuye un oríjen di- 

vino o revelado, i que sin ser enteramentc falsos, no pueden ser invoca- 

•¿0« como regla en materia de relijion i de moral. - 



20 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

apócrifos por ámba8 partes: tales sou ua tercero ¡ un cuar*^ 
to libro que se ha querido agr€|gar a los de Esdras. Los- 
libro^ apócrifos de la Biblia se dividen, como los libros ca- 
nónicos, en composiciones hiatóricas i én coniposiciones- 
poéticas: no son una rei<la de f6, pero algunos merecen 
cierto respeto i no dejan de tener importancia para larecta» 
intelijencia de la sagrada escritura. Algunos piensan que 
Io8 libros apócrifos fuerou escritos orijinariamente eij cal- 
deo, otros creen que son la obra de los judíoshelenistas de 
Alfjandria i que fueron compuestos urijinariamente en 
griego. 

10. — Estudiando en la Biblia solo las formas Hterarias^ 
encontramos que hai cuatro que dominan principalmente: 
el proverbio, ei paralelismo, la vision i la pnrábola o ale- 
goria. En efecto, los aforismos osentencias, espresadc^s con 
mucha sencillez, pero enserrando un pensamiento profundo, 
abundan en la Biblia. Ei paralelismo consiste, como ya 
hemos dicho, en la division de cada estancia en dos p( r- 
ciones de sentido análogo, formacdo un ritmo no tanto de 
silabas como de ideas o sentimientos. En la vision, el espí- 
ritu es arrebatado por Dios a uua rejion de puras contem- 
placiones en que percibe i espresa-^cosns que no 6on de este 
muniio. La alegoría no se limita a ocultar las ideas en 
sinibolos misteriosos sino que domina los hechos mÍHtnos 
que se refierén, encerrando un scntido simbóHco i como un* 
reflejo anticipado de lo futuro. 

La literatura hebrea es eminentemente pintoresca, pro- 
funda en medio de la mas iujénua sencilles, i está 8embr&- 
da de un melancólico lirismo. La literatura moderna ha 
encontrado un ancho cnmpo de inspiracion en' los eFcritoa 
delos judios. Milton ha tomado del Jénesis el argumento 
de una de las mas hermosas epopeyas modernns: Kacine 
ha encontrado en la Biblia asunto ])ara magníficns traje- 
dias. OtroB poetas han estudiado el lirismo en David, eu 
Isafas i en Jeremías; i hasta los mas elocuentes oradorefv 
sagrados h;\n ido a inspirarse eu las severas pájinas del 
autiguo Testamento. 



/ 




/ ' 




. CAPÍTULO líl. 
Llteratura grieg:a. 

.PRIMER PERIODO. — I»E.S1)B LOS TIEMP08 MAS lUr^lor >- nASTA LA 

LKJISLACION DE 80U)N.) 

J. Orijinalidafl e iinpfvrancia de la literatura gríega — 2. riimiliva pee- 
8ía df lo8 griegos: Orfeo i Museo. — H. Los edo*».— 4. Homcro.— ñ. Üis- 
cu«-ioneF n qre han dado lugar lo«< po^mas hvni<^ríro'».--»'». Divcrsas hi- 
pótews acerca de su orijen.— 7. Heblodo — 8. Tiiteo i 8ftfo — 9. Solon. 

1. — La Grfcia oru|.a un lugar intermediario entre el 
orieiite i el oecidente, entre la cunn de las Rociedades i la 
civilizacion moderna. En todos los puebios. hai un rasgo 
caracterÍ8tico qne distingue la mnrcha de su civilizstcion. 
En la Grecia CRe rasgo ch la armoiiía. El jénio griego eupo 
establecer el mas perfecto acuerdo entre lu idea i la pala- 
bra, la forma i el color, la inu^jcn i <d raciocinio. Otr<s8 
pueblos precí'dieron a los griegtJS eu el cultivo de Ins le- 
tras; pero ninguno prestó mns atencion a la forma esterna, 
La superioridad de la poesía helénica es tan incoutestable 
que log modernos, ii^injinando adjetivos para caracterizar 
los diferentes jéneros literarios,. no han podido liacer nada 
mejor que sacar esos adjetivos del nombre misrao de loa 
autores gricgos; la poehla homérica es siuónimo de la epo- 
peya; la poeRÍa pindárica espresa el éxtasis del lirisiní»; la 
|K)e^ía anacreóntica es la perfeccion del jénero gracioso; 
por fin, con el nombre del jénero eüópico se deaigna ordi- 
nariamenté el apólogct. 

No se pucden poiier en duda las relaciones de la Grecia 
con el oriente. Las poesías i las tradicioues primitivas de los 
griegos están conformes con las nias antiguas tradiciones 
asiáticas. A} rendieron éstos de los fenicios el arte de la es- 



^r' 



22 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

critura; de los ejipcios los elementos de arquitectura i de 
materaáticas; i de los indios algunas de sus teorfas mitoló- 
jicas. Pero si en los tienipos mas .remotos los griegos tu- 
vieron relacicnes do parentezco con las razns dei A^iay i si 
en SU8 emigraciones hiicia el oeste, llevaron consigo los 
cantns, I.'i Icui^fua i la^^ tradiciones de sus abuelos, no es 
ménos cierí<» que .«e desairollaron por sí mismop, qucsaca- 
ron de su |»r«i 'u' jóuio la» obras de su literatura ¡ de Mis 
artes, i que cmiron casi todos los jéneros, deseuvolviéudo- 
los i pHrfeccionáudolos por un trabajo propio. La orijinali- 
dad i la perfecciou de tiua obras en todo jénero lian heclio 
de ellos los preccpt<>res i los modelos de lo^ pueblos que 
hau venid(» uias tarde. Basta pnra la gloria del pueblo 
griego el liaber ejcrcido sobre los mcdernos una iiifiuencia 
tan cousiderable. 

2 — El iioiubre (Uí Horaero es el primero que se presen- 
1a ciiaiKb* t-e trata de bosquejar el cuadri» de la literatura 
grie;¿;a. Pcio In [»o(>}»íii lii«inérica uo hn podido ser el estre- 
no del espíritu gri(»<ío: su raistna perfeccion supone ensayos 
auteriores qiie la prepnraron. E^ precÍFO admitir necesa- 
rinmeiite una época literaria autehomérica, hija de un 
•estado Focial profuudnuieute diterente. En efect(», las tra- 
dicioues lü^tóricas i poéticms revelau que áutes de la raza 
heléiiica, a la ciial perteneció Homero, existió la mza pe* 
íásjica, austera i triste, rejidn, c<»mo el Eji|>to, por doctri* 
nas sacerdotnles i simbólicas. La Tracia parece haber sído 
cutótices el hognr de una poesía, hija de la relijiou. Lo quc 
^e sabe de esta época aute-homérica te reduce a oscuras 
tradicioHeí>, o mas bien, a las fábulas i a las íicciones de la 
mitolojía. Los iiombres fabuh»sos de Qcíko, de Mugeo i de 
otros, Ileiiau esta épocn; pero al fiu, ésta se deTiene en )h 
guerra de Trdya, primer nc<»ntecimÍpnto eu que comienza 
realine^ite la historia de Grecia. 

Lns uumerosaM obras poétirns que han Ilegado hasta 
nosotros cou el nombre dc Orfeo, soii de épocas distintas i 
inui [uisteriores. De Muse<» solo se conecen los títulos de 
algunoH poemns, de que hace meiiciou Hehíodv. Un poema 
couservado hasta uuestroa dias cou su nombre, se atribuye 
con lazon a otro Museo, que vivia probablemente en el 
Biglo V de la era cristiana, 

3 — Eutre la toma de Troya i la npariciou de Homero 



1 



HISTORIA LITERARIA.- TIEHPOS ANTIGUOS. 23 

trascnrrió un largo intervalo qne nos es imposible llenar 
-con ning'un otro iiombre; j^ero no se pnede dudar qne la 
poesía floreció en este interbahu Homero mísmo noK ense- 
fla que ántes que él^ otros poetas habian toniado la guerra 
de Troya por ohjeto de sus cantos. Los poetas de esta 
época, conocidos con el nonibre de aédos (cantores), for- 
maba.n parte del séquito de los reye?, i pueden compararse 
« los trovadores de 1 1 edad media Esos poetas eran im- 
provisadores ifispirados por cada circunstancia. Los acon- 
tecimientos producidos por la emij^racion de los pueblos, 
Jasguerras, las espediciones lejanas i las revoluciones iute- 
riores fueron para ellos un tema inagotable. En fin, la 
guerra de Troya estrechó los lazos de los pueblos griegos, 
acrecentó por tanto su poder i ejerció su inflnencía sobre 
las costnmbres i las institnciones, i preparó la revolucion 
<1emocrática Esa gnerra marca, pues, una era nneva cn la 
bistoria de los griegos. 

4. — Hi»mero^ nacido en Jonia, no léjíJS del teatro de esta 
guerra, lué inspirado por I^s recueidos vivrs que ella ha- 
bia dejado. Nada se sabe de positivo sobre la vida de Ho« 
mero. Siete ciudades se disputaban el honor de haberle 
dado a Inz. Se ignoia l«é|K)ca*en qne vivió: el cálrnlo mas 
verosímil es el que fija el aüo 1,000 ántes di* l.i em cris- 
tiaua. Se le supone ciego i desgraciad< , i oe le representa 
<;antando de puerta en puerta los fraginentos de sns in- 
Diortales pí>emas; pero los libros en qne estan consiguadas 
«stas noticias son posteriores a él a 1o inénos en 900 afios. 

Bajo el nonibre de Homero no<« ' quedan d«»8 grandes 
epopeyas, la IUada i la Odisea. La primera es un simple 
«pisodio de la guerra de Troya: la segnnda canta las aven- 
turas de Uli^es hasta su vnelta a Itaca. La IliaAa relata 
los liechos que pasaron en el breve espacio de cincunta i 
nn días desde la renciHa de Aquiles i Agamenon liasta las 
€xequins de Héctor. Unaaccion particular, la ira ¡ la ven- 
ganza de Aqníles, ofrece nl poeta la ocasiíin de describir 
combates, de presentar a la vista rscenas de un profuudo 
interes, i de referir gran nnmero de sucesos anteriores a la 
discordia. La Odisea narra las aventnras de Ulíses desde 
la destrnccion de Troya hasta qne vuelve a Itaca, arroja 
de su casá a los príncipes que dilapidaban sus bienes i 
triunfa de todos sus eneniigos por su valor i su prudencia; 



24 ELEMENTOS DE LITERATITRA. 

pero esta narracuni de pert'grinacinues c^tií hermoscada 
con d¡verti(Ia.s i vnriadas eiíceiins. 

Estos pcenias pueden j^r cosideiados conio la enciclo- 
pedin de los lienipos Iieróicos: piiitnu i resumeu toda la 
civilzacioii grirga de esta época. La» costuuibres, la reli- 
jion, todü tl estado social se reproduce en ras^os fielesj 
nnturales. Bnjo este puiito de vi>tn, Iok ]>(ienias liomóricos 
liei.en una gian importancia |)<írque i;o liai (tiomonu- 
niento t\re tan reniota anligüednd ei» íjue ^e encuentren 
consicriindns estas noticias. 

El cnrácter escenciol de Hodk iíi cs )n naturalidad i la 
Eeucillez; Hiis caiitos trnzaii la iiií'aucin dej jéiiero Iiumano 
con el Cíuidor de siis costunihres j)riniitivas. Sus héroes i 
sus dio^es pon hcmbres ni'.éiias puUnH'iitad(>s por un prin- 
cipio de civilizaciou. Pero liai uii tinte ])<<('tico, arrojado 
subre la ruttcza de esta na'.urnh'za inciilta. Honicro ngrada 
a todas las edadcs; cnuiiva nun cn Ihs pnlidas traduccio- 
nes en que t« das las bcllezas de la lengua lian desapareci- 
do. El poeía enijdea imnjenes lí.-icns, i j)or decirlo así 
I>al|iable7'. Uno de los carnct(5res mns ndmirables cn los 
poemas homéricos es la individualiilad de los jtersonajes, 
cs el poder de creacion (jue ha dndo n cnda héroe su ííso- 
n(»mia jirojiin i clnramente dihiiindo. Ah, cI rei de los re- 
yes, A¿;nmcncn, con su (»rguIlo, *•) .<át)io Néstor i el ardietite 
Aquile!*, el ehcuente i astuto UlíseK, H(?ctor, Andiómacp^ 
el viejo p!Ínm<% íioruras grabndna j.aia ^iemj^re en el re- 
cuer(h) (ie los h(mbn'K i cuyo tiju» i ndie puede alterar, son 
ctros tnnlos jieis* najes reales, i otn s tantos tij)os que 
rej)roducen hs matíces morales (h» la )iumanidad. Pero 
hai ademas otro nrte suprenio en IIonHro que consihte en 
e)evar h»s cnrnctéres sin dcsfigurar)(»s hí quitarles )o que 
tienen de verdad. He)ena, njie^'nr dc ^us debi)idndes i de 
sus crímenep, no nos jiarace un olíjí^to odií^so. Páris, e¡ 
autor de tantas calamidades, nparcce bajo cierto colorido 
qiie de^j)ierta las simpatías. 

5.— Aj)esar de la iumeiisa j)oj)ularidad de que goza el 
n(»m))re de Homero, la crítica moderiia )ia negado )a au- 
tenticidnd de e^as obnus i )ia>ta la cxistencia de) j)oeta, 
con argumentos ta)es que es im|.o>ible de.^^conocer su 
fuerza. 

Sin pretender entrar en el íundo de )a discusion a que 



HISTOBIA LITERARIA. — TIEMPOS AXTIGUOS. 25 

ba dado orijeQ este asunto, vaiuos a señalar samariamonte 
los hechos sobre que descansan las diversas opiniones de 
los crftico?^ i en seguida enumerar las prineipales hipóteiis 
a qne han dado lugar los poemas homéricos. 

De la discusion han resultado ioft cuatro hechos siguíen- 
tes: 1.® En el tiempo en que fueron compuestos los cantos 
que hoi forman la Ilíada i la Odisea^ los griegos no cono- 
cian el arte de la escriturn. 2."* Hasta el tiempo de Solon 
las poesías homéricns no existinn ihns que bajo la lorma 
frngmentaria que los rapsodas cantaban sin ohservar un 
órden regular. Los rapsodas eran cantores viajeros que 
entretenian a sus oyentes, en reuniones privadas o en los 
juegos públicos, con caiitos ordiuariamente del jénero he- 
róico. 3.® Solo en el siglo Ví, ántes de la era cristiann, se 
ha establecido cierto órden en estos fragmentos, fijándolos 
por medio de una redaction escritn. 4." Durante el inter^ 
valo trasourrido entr^ su composicion primitíva i esta re- 
daccion, los poemns homérícos hnn debido sufrir numero- 
1 Fas alteracioues. ^* 

/ 6. — Estos sou los hechos reconocidos en que se fundnn 
los críticos. Notando en la liíada algunas contradicciones 
de detnlle en la narracion de los sucesos, el aleman Fede- 
rico Augusto Wolf, sostiene que la Iliada i la Odisea uo 
pueden atribuirse a un niismo autor; que el rtltimo de es- 
tos poerna?, cuya unidad reeonoce, es luui posterior por su 
coniposicion a la época que se asigna a la cxistencia de 
Homero. Por lo que t<íca a la Iliadaj Wolf i los críticos de 
8U escuela creeu que es una reunion de poemitas relacio- 
nados por la semejanza del asuuto, refuudidos por muchas 
jeneraciones de rapsodas, i coustrtuidos eu una epopejaen 
tiempo de los pisistrátidas. Esta hipótesis está fuudada so- 
bre un hecho probable, a saber/que ántes del poema exis- 
tieron cautos desligados; pero es inadmisible que la simple 
coordinacion de cantos separadcp, haya producido la mas 
admirable de las formas literarins, la que han imitndo los 
mas grandes poetas de las edades* subsiguientcs sin poder 
igualarla. Supongamos que álguien se propusíera formar 
uu ^oema con las piezas poéticns espailolas que constitu- 
ycn el romancero del Cid. »Se coordinará una íérie de acon- 
tecimientos que abrazarán la vida entera del héroe, pero fal- 
tará la unidad i el desnrrcllo lójico de los acoutecimientos.. 



26 ELEMENTOS DE LITERATÜRA. 

Otro crítico aleinan, Grodofredo Hermann ha propueste 
una hipótefiip, que segun él, esplica a la vez la unidad del 
conjunto i las contradicciones de detalle en los poeiuas ho- 
méricos.Supone laexistenciade dospoemaspriniitivos/una 
lííada ¡ una Odiaea^ cuyo autor seria Honiero o a cualquier 
otro poetfi, i que no tendrian mas que uua mediana e^ten- 
fiion. Estos poemns primitivosliabrian sido dcFarrolIados 
sucesivnmento por una série de poetas, que en^ínncharon la 
obra de sus j)redecesores. En efecto, no fou raros los ejem- 
plos de poemas formados de esta manera; pero entre el 
<íanto .primitivo i las adiciones sucesivas se nota siempre 
uiia despioporcion chocante que no se encuentra en los 
poeinas boméricos. 

EI historiador inglés Grote, propuso una nueva hipóte- 
sis, Crce gue la Odísea es la obra de un solo autor, i que 
la Ilíada e« formada })or dos poeraas difereutes; una Aqui^ 
Uida^ destinada a cantar la cólera de Aquíles i una Ilmda 
en que ge refiere la lucha contra Ilion o Trcya. Esta inje- 
niosa hipóteFÍfi esplica algunas incoherencias que presenta 
la llíada nctual, pero dos poeraas refundidos de esa mane- 
ra ofrecerian mayores discordancins cn el estilo, en el 
•carácter de los personajes i en la sucesiou de los aconteci* 
mientos, niientras que el poeiua atribuido a Homero, si 
bien posee ciertas cotradicciones eii los detalles, en los 
<;aractére8 ¡ cn el estilo, tiene una ndmirable unidad. 

Estas hipótesis, modificadas en parte por otros escritores, 
no alcanzan a constituir un nrgumento decisivo contia la 
unidad de composicion de la Híada i de la Odisea, La 
opinion que atribuye cada uno de estos poemas a un solo 
autor, falvo las interpolaciones mas o inénos numerosa?, 
es la mas verosímil i la iinica que resiste a la discusion. 
<3omo existen entre ambas obras notables diferencias en la 
lengua i en el estilo, la mayor parte de los crlticos está de 
acuerdo en considerar a la Odisea como posterior a la 
IUada, i se sostiene que esta diferencia de tiemjío es tal 
que Io8 dos poemas no han podido ser compuestos por un 
mismo hombre. Desde la antigüedad clásica, algunos fi^ra- 
máticoH griegos sostuvieron la diversidad de autores, de 
<donde les vino el noml)re úe cot^izoníes (separadores). 

Se atribu}'en tambien a Homero muchos himnos, i ua 
j)0€mita burlesco ciiyos hérces sou los ratones i las ranas. 



HISTORIA LITERARIA. — ^TIEMÍ>OS ANTIGUOS. 2Í 

La mayor parte de los críticos está conforme en declarar 
qne esas obras son mui posteriores. 

7, — Homero es el cantor de )a vida heróica. Hfñ^^d^j 
cnya bíograíTa corapletamente desconocida ha dado lugar a 
muchas hipótesis, es cl primer represenlante de una nueva 
era. 8e le supone posterior a Homero en antigtledad, i 
natural d^ Ascra o de CAmai«. De diez i seis poemas que 
compuso, solo nos quedan tres sobre asuntos tán diferen- 
tes que han hech) creer que p»rtenecian a otros tantos 
autores. üno de ellos, la Teogoni% es el ma» antiguo mo- 
numento ([u^ se conserva de la historia del politeismo 
griego. Otro poema está destinado a cantar, bajo el título 
de los Trabnjoa i los diaSy los beneficios de ía asrricultura, 
cnyos preceptos consigna. El tercer poenj* de Hesíodo, 
cuya autenticidad ha híiIo mni coutrovertida, e.4 un frag- 
mento épico t'xíulado El escudo de iTí/roii/da. Bajo formaa 
desprovistas de grandeza i de vigor, Hesíodo ha onsig- 
nadoeo sns poemas muchas nociones sobrc el estadosocial 
e indi:8trial de los primitiros griegos. 

8. — Despues de Hí)mero i de Hesíodo, hai en la historia 
literaria de la Grecia una laguna de siglos. En este inter» 
valo se preparó la revolucion que debia cambiar la coiisti- 
tucion de los pequeños estados.Este movimientooomieuza 
con el establecimiento de las olimpiadas (776 ántes de 
Jesucristo). La institucion de los juegos públicos contri- 
buía a formar la unidad nacional acercando las diferentes 
fraccioues dc la familia helénica i creando un lazo de 
union entre sus diversos pueblos. Li poesía lírica nació 
entónces tomando diversos caractéres de los distintos sen- 
timientos que 1a inspiraron. Esta es la época de Calino i 
de Tirt eo, cuyos cantos belicosos inflamaban el valor de 
los etesios i de los espartanos, i de muchos otros poetas 
relijiosos, heróicos, clejíacos, de cuyas obras no conocemos 
mas que fragraentos mui incompletos. Solo de la célebre 
poetisa Sa fo de Lésbos, que floreció hácia el aQo 600 án- 
tes de J. (J., se conservan dos odas eróticas ardientes de^ 
pasion. 

9.— En este mismo período oparecieron tambien loa 
hombres que dieron a los pequeQos estados de la Grecia 
sns primeras constituciones. El mas antiguo de todos, Li-^ 
cargOy hizo de Esparta una especie de ccnvento militar.. 



28 



ELEMENTOS DE LITERATURA. 



El primero que contó Aténas fué DracoiL cuyas leyes es- 
critas con caractéres de sangre, fueron aoolidas en breve. 
En íin, (Jyli^n (640-559) dió a los atenícnses leyes roas en 
armonia con el carácter de aquel pueblo. íSolon fué tam- 
bien uno de los siete sábios de la Grecia, i cumpuso poe- 
sías. Una plegaria a las ronsas, compuesta en estilo grave 
i noble, es la mas bella de las {ygliqnias que nos quednn de 
•este poeta, lejislador ¡ filósofo. 









'TULO IV. 

iAu^aU}^^^ Grlega. 






(HBOUyDO PE^IODO. — DESDE SOLOX HASTA ALEJAN'DBO KL ORAKDE.) 

1. — Importancia literari% dft este segando período.— 2. Los fi1Ó9ofoe>. — 3. 
La pnesia; Pindaro — 4 ÁDacreonte i Sioióaides. — 5. E»*opo. — 6. Orí- 
jen de la traj<»dia — 7. Bsq'iilo— 8. Sófoclas.— 9 Kurípides. — 10. Orí- 
jen de la c^medÍH; la comedia antigu.i. — II. ArisTófanes — 12. La 
comedia media. — 13 La comedia tiaevH; Men^ndro. — 14. Lahistoria; 
aa antigüedad — IS. Heróloto.— 16. Tacldidef».— 17. Jenofonte. — 18. 
LosBofistas.— 19. Sócrated —20. Plat^n i An-tóteles— 21. TeofraRto.— 
22 Hipócrates. — 23. Laoratoria.—24. iHÓcrateí».— 25. Esqaines. — 26, De- 
móstenes. 

1. — Con Solon coniienzíi tainbien la épooa maa brillan- 
te i mas fecunda de la literatura griegn. Haota entónces 
«I Asia menor i las islas del Mediteráueo liabian sido el 
teatro de la literatura? ahorala Grecia propiamente dicbn, 
i Aténas en particular, vau á ser el lio^ar de las laces. 
Los griegos «Uvidido.'* en nu gran núraero de estados inde- 
pendiente^, estaban inui débilmeute uuidos por la comu- 
nidad de su oríjen, de sn lengua i de su relijion, por la 
repeticiou periódica de los juegos solemues en los cnales 
tomaba parte toda la nacion, i en fín. por el consejo de los 
Anfictioaes, especie de centro relijioso eu que se trataban 
algunas veces los intereses políticos. Las guerras médicas, 
provocando a los pueblos a la union para recbazar el peli- 
gro comun, estrecharon estos lazos; i desde las victorias 
alcanzadas sobre losi persas, data la épooa de la grandeza 
de la Grecia. 

Mientras la arabicion de la niayor parte de los griegos 

no conocia nada mas noble que los premios djid(»8 en los 

juegos solemnes a la njilidad i a la fuerza corporal, los 

atenienses .se n)ostraron í!eu!<ib!cs ala gloriadc los talentos 



^/.<r 



30 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

i del jénio. Ei^ Af étms, la elocnencía conducia al poder: los 
conctirsos püblicos, despertando el gusto jeneral i popnlar 
por la poesia, liicieron nncer uua jenerncion quc elevó e) 
arte draraático a un alto grado de perfeccion. Ha&ta en- 
tónceH, la poesía abrnzando la univcrsalidad de la vida so- 
cial, habin desempeñodo el triple oiicio de la historia, de 
la íilo£o(ia i de In rerijion. La sepnrncion de eí^tos diver- 
sosjénerns i el enipleo usual de la prosn, datan de este nue* 
vo perindo, merced nl conncimiento de la escritura, que 
se estendió en la Grecia por el siglo VI áutes de J. C. 
junto con la introducci(Mi del papiro ejipcio. De la poesío- 
épica nació la historia: de la poesia sentenciosa, Ilamada 
fjnómica (de gnómaSy sentencias morales) bnjo la cual se 
resuminn los preceptos de la sabiduria práctica i de la es< 
periencia de lu vidti, i;nció la fílosofia es{>eculat¡va en que 
se ilustruron tantOH jéuíos. 

2. — Ija fi!os<»ría ^riega habia nacido como la poepía, en 
el Asía inenor. Tom() por punto de partida la cuestiou del 
oríjen i liel principio elemental del mundo; i trató de re- 
Bolverla dundo oríjen a tres escuelas difere.ntes. 

IMJes^íje Mjjeto (640 A. J. C.) es el nuidador de la 
escuelu Jónica. Fué el primero de los griegos que se ocup6 
de ¡uvestigncicmes e8|)eculativns sobre el oriji'U del mundo; 
i el uguu iué par<a él el priucipio de donde vicn'en todas las 
cosas. 

Eitágora de Sátnos, que viv¡ó como 541 nños ántes de 
Jesucrmoj'es* el jefe de la escuela que lleva su nombre. Se 
protcnde que pasó 22 años eu Ejípto i que hizo largo» 
estudi(is duraute sus vinjes. Su nombre es glorioso en la 
historia del deseuvolvimiento del espiritu humano polr 
haber dado uu vigoroso impulso a las ciencias matemáti- 
cas i a la mornl. 

La eT^ciiela eleutica data tambien de una remota antí- 
güednd. Jeiiáíkaf8_(le_Col^on, que fué contemporáiieo de 
Píttigorasy lu fundó en Elea, ciudad de Italia. Identiíicó a 
Dios con el mundo^ reduciendo toda la reahdad del univer- 
80 a la iiitelijeucia como lu sustuucia únicn, i creando asf 
el panteism<i idealistta. 

La íilosofÍH fué considerada por cstos primeros maestros i 
porsus disripuloscomo k ciencia universal dequeeedes- 
])rendian todos losotros conocimientos humanos. La aritmé- 



r*:> ■a^g.^a. — . ; - ^. —-■aj^ í%*¿ • ■ r -^^.- _ . ,1», ,. Trt^i^:^'" 



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filSTORIA LITERAJIIA. — TIEMPOS ANTIGUOS. 31 

ticji, laH8trotu)mía, el or^jen de latierra i de los seres que la 
pueblun, eran ehtudiadoíj en las escuelas de los filósíofoH. 

3. — La poesía, i particularmente el jénero lírtco, llegó 
tambien en poco tiempo a un alto grado de perfeccion. 
[^íuilaro , fiacido en Cinocéfalas, cerca de Tébaa en Beocia, 
por IviH afios 550 ántes de Jesncriáto, inarca la trausícíou 
eutre la Grecia antigua i la Grecia nueva. Compiiso hirti- 
uos relijios<»s, odas triuufales, canciones báquicas, epigra- 
mas, etc, pero no nos quedau mas que cuarenta ¡ ciuco 
cantos de victoria eu honor de los vencedoresen losjuegos 
piiblicus i de las diviuidades que presidian estas fiestas. 
Tienen nu carácter solemue, que suponen una representa-, 
cinn de af»arato, como (jue eran compuestás para ser can- 
tíidas delante dé la multitud í en medio de uu eapectáculo 
pomposo. EI ])oeta uo se limitaba a hablar de la hazaña 
que cautaba; recordaba tambien la gloria de los antepastv- 
dos de su héroe i de las fábulas que enVolvian su uaci- 
niiento. Su principal carácter es el entusiasmo lírico, que 
ee mttuifiesta pnr sus movimieutos fogosos e irregulares, pof 
luetáforas atrevidas, imájenes grandes i sublimes en me- 
dio de las cuales el estilo se hace oscuro a fuerza de atre-' 
vimiento. Los críticos de la antigüedad que conocierou 
todas las obras de Fíndaro, lo consideran el primero de 
los poetas lírícos. «Pretender igualar a {'ínilun), dice Ho- 
racio en una de sns mejóres odas, es querer elevarse en los 
aires, como el hijo de Dédalo, |)iira dar despues su nombre 
a1 cristal de los niares.» 

'4. — Los <»tros poetas líric »s de aquel siglo nos son muclio 
ménoa conocidos todavía. Aiia<Teonte d e Téos en Jonia, ¡ 
e^ítablecido, ^etrun se crée,^^etrSambs, en la corte del céle- 
bre tirano Policrátes, se hizo faraoso por las cancionés en 
que cnutaba el amor i los placeres. Toda la antigüedad 
habla con grande admiracion de este poeta; peró las obras 
que üorren con su nombre, compuestas en uu metro seme- 
jante al de nuestras anacreónticaR, sou del quinto siglo de 
la era cristiana. Simónideg d e Ceos, nacido en 558 ántes 
de J. C. cultiyó tambíen lapoesía lírica. Sus principales 
títulos de gloria son las elejías o lamentaciones, jénero 
inventado por él i en que desplegó un estilo lleno de ele- 
gancia i de dulzura. Los |)ocos fragmeutos que quedan do 
este piKíta, justifícan su renombre. 

4 



0) 



32 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

5. — Ea esta época tambien florecíó en Grecia, segun la 
tradicion jeneral, nno de los jénios mas orijinales de sa 
literatura, poeta por iuspiracion, pero que talvez escribia 
sos obras en prosa o quízá las consi^naba siroplemente en 
)a memovia de sus contemporánes. Era éste, Esopo, escla- 
vo en Aténas i en Sáraos, i favorito despues tfe Oreso, rei 
de Lídia. Su vida es un tejiüo de aventuras muchas veces 
inverosímiles; i sus obras no han llegado basta nosotros 
bnjo su forma primitiva. La crftica moderna ha puesto en 
duda la existencia del eélebre fabulista con razones tales 
que no es dado desconocer su fuerza. De todos modos, Eso* 
po no es el inventor del apólogo, puesto que haí obras de 
este jénero mm anteriores; pero lo cultivó con verdadero 
talento en la inv^ncion de sns fábulas, ed su oportunidad 
i en la exactitud de su aplicacion. Los escritores antiguos i 
modernos han eacontrado en los apólogos conocídos con el 
nombre de Esopo, un vasto campo de imitacion. 

6. — La poesía dramática resultó cn Grecia del concur- 
60 de las dos grandes formas poéticas que se habian desa- 
rrollado ya. De la epopeya tomó la narracion, qué luego se 
dividió en diálogos: la poesía lírica le dió sus coros. 

El oríjen de la trajiedia griega se relaciona con la reli- 
jión nacioual. Eu las fiestas de los dioses una parte del 
culto consistia en los coros que, cantando i danzando al 
8on de música, representaban alguna fábula relativa a la 
divinídad que se celebraba. En Aténas estos coros hacian 
parte de las fiestas de Baco, que se celebran a la época de 
las venclimias. En esas fiestas se iumolaba un cabro en 
honor de aqu^l dios; i de allí nacíó el nombre de trajedia 
(canto del cabro) de trágos (cabro) i ode (canto). No 
aiempre las cosas mas bellas tieuen un oríjen hermoso. 
r/>^ XéSfiÍ^ i Fríuico. contemporáncos de Pisístrato, pasan 
por los inveñtores de la trajedia. Regu^arizaron los coros i 
entrecortaron el canto cou alguna narracinn rccitada por 
el corifeo, jefe del coro, Este recitado recibió el nombre 
de episodio, i era solo la parte accesoria i accidental de l^ 
pieza: la parte fuiidameiital de ella íuevuu siempre loa 
coros cantados. De esos priuieros ensayos al teatro de Es- 
quilo hai un cambio tan radical i cumpleto que solo se 
comprende suponieudo el trabajo coustante de muchoa 
poetas. La posteridad, que apénas conoce algunos Üjeroa 



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HISTORIA LITERARIA.— TIEMPOS ANTIGÜOS. 33 

fragnientos de los primeros^trájicos, ha dado a Esquilo el 
glorioso título.de padre de la trajedia griegra. 

7. — Esjg^^ilaera ateniense, nacido en el pequefío pueblo 
de Eleásis, por los años de 523 ántes de J, C. Guerrero 
ÍDtrépidOy se distinguió eu las batallas de Maraton, de Sa- 
lamina i de Platea. No solo dió forra'a al poema trájico 
componiendo sesenta o noventa piezas^ eino que inventó 
las máquinas i las decoraciones del teatro. Despues de una 
larga i gloriosa carrera, vencido por Sófocles en una justa 
poética, sc retiró a Sicilia cerca del rei Hieron, en donde 
luurió de una edad mui avanzada. Segun una tradicion 
que nadie crée, su muerte fué causada por una tortuga 
que una águila babia dejado caer sobre su cabeza. 

Esquilo hizo de la fábula la parte es^ncial del poema 
trájico, i estableció uua intima relacion entre el drama i 
el coro. Comenzó por introducír un segundo autor, i des- 
pues, a ejemplo de su rival, el jóven Sófocles, un tercero i 
a veces un cuarto. Abrevió los coros limitando su impor- 
tancia, i quiso que uuo de los personajes atrajese sobre sí 
todo el iuteres, mostrándose de esa manera severo obser- 
vador de la unidad de accion. En cambio descuidó las 
unidades de tiempo i de lugur. Los planes de sus trajedias 
son siempre mui sencillos: parece desconocer el arte de 
anudar i de desenlazar la intríga; sin embargo, el atrevi- 
miento de las ideas, la grandiosidad de los caractéres i la 
riqueza del estilo liacen olvidar los defectos de la fábula. 
Esquilo pone en esccna los dioses i los semí-dioses; i cuan- 
do intervienen los hombres, los eleva sobre el nivel de la 
liumanidad por la enerjía de sus sentimientcs i por la ma- 
jestad deJas proporciones. Solo han Ilegado hasta noso- 
tros siete piezas de este célebre trájico; pero entre éstaa 
«e encuentran algunas de sus obras mas célebres. De este 
nftmero es Prometeo encadenadoy que representa a este 
semi-dios castigado por Júpiter i atado a una roca por 
haber robado el fuego del cielo para mejorar la condiciou 
de Ins hombres, pero conservando en medio jde los tor- 
mentoR una sublime entereza, como el emblema de la li- 
bertad moral que sobrevive en el hombre al poder perdido, 

8.— Sófocles de Colona, ateniense como Esquiio, pero 
treiutft affís ménoTTpTe^ste, Ilevó la trajedia a la mayor 
perfeccioD que conocleron los antiguos. Concurrió con Es- 



34 ELEMENTOS DE LITERATirRA. 

qiiilo a tin certámen i ío vencí6 cuando «olo tenia veinte i 
ntieve aüos. El ptieblo atenienHe, tan apoaíonaílo por lo 
bello, premió nna de sus trajedias nombrándolo jentTuJ de 
untt espedicion a Sámos^ en corapañía de Periclert i de Tu- 
cídides. Sófocles, como queda dicho, introdnjo un tercer 
personaje en ía escena; pero hizo miiclio mas (jue éato: dió 
importancia a ía accion dramática i la desenvolvió cini 
singalar habilidad. E\ coro paso a ser la parte aocesoria 
de la pieza, asf como ántes liabía sido el recitado, De esta 
manera sn drama fué mas animado i nias interesante que 
el de todos sus antecesores. El intert'S del espectador por 
la accion está hábilmerite grathiado de escena en esceua i se 
sostiene hasta el desenlace. St'^focles ha dado tambien mas 
importancia a lo^ persouajes femeuinos, recoiicentrando 
en éstos el ínteres de algunas de sus piezas. La invencion 
i la disposinÍMu de las partes, la elegancia i ta armouía 
contínuadel estih>, la cíaridad haUitual ile la frase'i la m- 
reza de los defectos (^onstituyen el mérrto de Sófocles. Uu 
conocimiento profundo det corazou humano le peFUiitiá 
pintar las pasiones i los caractéres con singnlar maestría. 
Solo han quedado siete trajiedjas de las crento seis que le 
atribuyen los escritores de la antigüeilad. A Sófocles se le 
da por inventor de la pintura de decoracioues para uñadir 
la ilnsion de la realidad material a la verdad de la vida 
moral. 

9. — Hemos dicho que Esqm'lo se habia batido como 
soldado en la batalla de Salaraina. Se reíiere que Sófocles, 
entónces de edad de quince años, cantó el himno de la 
victoria a 1a cabcza de la juventud ateniense. Se cuentH 
tambien que el dia de la batalla (480 ánt^s de J. C ) na- 
ció en lá misma isla de Salamina un jóven Ilamado l<^uri> 
DÍdes que habia de cultivar la trajedia como E.squilo i 
Sófocles. Discípulo del filósofo Anaxágoras i amigo dc 
Sócrates, llevó a la encena laa ideas i el leugnaje de la 
filosoffa i algunas veces el refinamiento de la retórica. 
Euripides trata siempre de conmover i de excitar la com- 
pasion. En sus obras, la pasion ^s lo que domina, i los ca- 
ractéres están subordinados a los efectos patéticos. Su 
estilo es claro, elegante, arcionioso i fácil: con frecuencia 
tiene pasajes de una belleza encant^dora, i otras veces cae 
en trivialidades. Apesar de todos sus defectos, Eurípides 



IIISTOUIA LITERAIlU.~TIEMPOS ANTIGÜOS, 36 

ejerce iina seduccion irrewistible, i sna obras fueron mui 
npreciadaR en toda la Grecia. ArÍHtóteles lo llama el nrias 
trájico de los poetas; i Plutarco refiere que despnes de la 
derrotíi de los atenienses eu Slcilia, niuchos prisioneros 
escaparon de la mnerte o de la esclavitud recitaodo los 
versos de Eurípides, de que gUHtaban luucho Ioh vencedo- 
rep, 

Eurípidea conipuso ciento veinte ¡ tres piezas draniáti- 
cas, de Us cuales solo han llegado hasta uosotros diez i 
ocho trajedias ¡ m\ drama satíricc». Es este un jénero misto 
en el cual aparecen h>s personajeH habituales de la trujedia 
con la di.i^nidad de tus costnmbros i de uu lenguaje, es 
decír, dioses i héroes, pero rebajados por la familiaridad 
de la intriga i las relacioues con los personajes de un ór- 
den subaiterno. 

10. — En la época en que. florecia Efirípídesy la comedia 
hab¡a Ilegado a ser en Aténas la burla de la democracia, 
de la fílosofía i hanta de la trajedia. Eurípides mismo ha- 
bia sido ridiculizado con eatraordinario rigor. 

La cOmedia tuvo entre los griegos un oríjen diferentd 
que la trajedia. Kn las íieHtaH de algunas divinides cam- 
pestres, los habitnntes de las aldeas se reunian en banque- 
tes para cantiir ciertos coros eo h»fl cuales reiuaba la mas 
descufrenada lícencía. Couducidos en carros^ se trasladaban 
de una aldea a otra atacando a Ioh ]»aseantes con sus sar- 
casmos.Tat fué el oríjen vk la comedia; pero lahistoria de 
HU desenvolvimiento nos es cani enterameute desconocida. 
Se habla de £l|ái¡a£UU¿/poeta dórico que vivió eu Sicilia, at 
cual atribuyeu al^unos escritores el haber inventado una 
accion cómica; pero sus obra»?, asi como las de los otros 
poetas cómicos auteriores a Aristófanes, nos son conocidas 
poi* numerosos fragmentos que solo pueden dai una esoa- 
sa idea de su jénio. La comedia griega^ a lo ménos para 
la posteridady ajiarece formada de repente i en un alto 
grado de perfeccion en los últimos años del siglo V áutes 
de Jesucristo. 

A])e8ar de la diversidad de oríjen de estos doa jéneros de 
poeHÍa dramática, el coro fué comun a ámbos. En la come- 
dia, sin embargo, tenia una importancia especial. Llamá- 
hhse paráiasís una digresion en que el ])oeta, rei)re."^eutado 
por el coro, se dirijia a los espectadorcH, i conversuba ccn 



86 ELEMKNTOS DE LITERATrRA. / 

ellos sobre sí mismo, sus riyales^ sus enemigos i aun sobre 
cuestiones felativas a los negocios públicos. La parábasisy 
impacientemente esperada por el auditorio, era el trozo 
capital de la pieza, porque ^la comedía tenía un carácter 
político entre los atenienses, i era el complemento de sns 
institnciones democr&ticas. Atacaba indistintamente a los 
particulares o a los hombres de estado. Los jefes de parti- 
do^ los jenerales, los oradores, los escritores todos estaban 
espuestos asus burlas. El teatro era una tribnna desde la 
cual el poeta cómico daba consejos sobre los negocios mas 
importantes. 
Ci)n. — Arist6fene8.es el autor cómico mas antiguo de la 
Grecia, cuyas obras hajan llegado hasta nosotros. Eu la 
historia de la literatura griega, la comedia tal como la 
cnltivó Aristófanes, es denominada la comedia antigua, la 
cual se diferencia mucho de este jénero dc literatura como 
es cultivado por los modernos. Aristófaih^s de Aténas, mi- 
sántropo brillantey dotado de una imajinacion cáusticat 
hizo de la comedia una sátira 'licenciosa, que no perdonÓ 
a lo maB distinguido de su patria, ni a los dioses. Censuró 
los abnsos i las faltas del gobierno, las intrigas de los am- 
biciososy la incapacidad de los jenerales, la venalidad de 
los jueceS i la necia crednlidad de la muchedumbre. Los 
esoritores satíricos han encontrado siempre en todas las 
innovaciones un ancho campe para sus burlas. Aristófanes 
tomó tambien parte en la eternU querella de las ideas anti- 
guas i de las nuevas; i haciéndose el defensor dé laspríme- 
ras, se burló con una audacia increible de los innovadores i 
del pneblo que los seguia. Pero en su crítica fué injusto i 
cruel. En las Nubes, Sócrates fué atrozmente ridiculizado 
como sofísta vulgar i como un maestro pernicioso: i en la 
RanaSy el poeta se burló de Eurípides. Esas comedias, ape- 
sar de este defecto, nos presentanel cuadro mas fíel de las 
costumbres de Aténas, Aristófanes es el historiador mas 
verdadero de la vida públioa i privada de la democracia grie- 
ga. Kos hace la pintura de la corrupnion naciente en Até- 
nas a la época de la guerra del Peloponeso, con una enerjía 
i con una verdad de colorido, que no puede ofrecer ningua 
otro monumento histórico. Desgraciadamente^ la sal ática 
de Bus burlas está mezclada con bufonadas de un cinismo 
repngnante. No es posible buscar en ellas la veidad de los 



y 



HLSTORIA LITERARIA.— TIEMPOS ANTIGUOS. 37 

caractéres que ha ceDsnrado, ni macho ménos la decencía* 
De sesenta comedias de Aritstófanes solo han llegado onee 
hasta nosotros. Marió este poeta por los años 386 ántes 
de J. C. 

La comedia persona], castigo a veces de los corrnptores 
i de los cbarlatanes, pero con frecuencia motivo de escán*^ 
dalo de injusta censura, no fué modificada sino cuaudo 
espiró la libertad polltica en Aténas. Despues de la toma 
de esta ciudad por Lísandro, i bajo el gobierno de los 
treinta tiranos, se prohibió por una lei (404 ántes de Je- 
Bucristo) presentar en la escena los sncesos del dia i las 
personas vivas. La parábasis fué prohibida terminante- 
mente. Eete golpe decisivo puso término a la comedia an- 
tigua. 

12.— La comedia tuvo ménos brillo, porq«e no se levan- 
tó ningnn jénio snperior que, como Aristófanes, supiera 
captarse el entusiasmo del audit^rio. Apesar de la prohi- 
bicion legal, la comedia no perdió casi nada de su amargu^ 
ra. Representáronse acontecimientos verdaderos bajo nom- 
bres supuestos. Los poetas designaban, por medio de alu- 
c^oneSy los caractéres que querian entregar a la risa del 
público. De setenta autores que se ejercitaron en esta es- 
pecie de comedia^ a mas de sus nombres, nos queda única- 
mente un gran número de fragmentos mas o ménos adul- 
teradoB. Aun las comedias tsompuestas por Aristófanes en 
esta segunda época, se han perdido en su mayor parte. 

13. — La comedia nueva nació con l^euándro en la se- 
gunda mitad del siglo '^IV ántes de la era cristiana. Me- 
nándro de Aténas estudió la filosofía con Teofrasto^ el cé« 
lebre autor de los Caradéresi i de él aprendió el arte 
superíor de pintar las costumbres. Hace la censura de los 
vicios i de los defectos del corazon humano en rasgos jene- 
ralesy bosquejando^ no las pasiones particulares de su tiem- 

fOj sino las que son inherentes a la naturaleza humana. 
ntrodujo como eleraento dramático un amor verdadero, tal 
como el que han sabido esplotar los escritores modernos. 
La variedad en los caractéres i los matices de éstos, estaban 
pNsrfectamente sefialados, en medio de argumentos casi 
siempre sencillos pero interesantes. 

Las obras de Menándro no han Ilegado hasta nosotros: 
pero los fragmentoa que se conservan, prueban cuan me- 



38 EIEMENTOS DE LITERATÜRA. 

recidoa eran Iob elojioa que le tributabau 1<>8 que conocie- | 

ron 8US obras. Por otra parte, Terenoio, el célebre cóniico 
latíno, ha imitado a Menándro, d/uidon^'s a conocer ulHm- 
vés de la imitacion, el jénio del gran poeta grie^o. C&íar, 
mui atlmirador de Terencio, lo liaina medio Menándro, lo 

aue da una idea aproximativa del valor de la» obrns per- 
ídas. 

En tiempo de Menándro i despues de él, florecierou mas 
de seseuta autores cómicos, cuyas obra» ntj hau llegado 
hasta nosotr* 8. 

14. - La faistoria estuvo en su principio confundida cob 
la poesía. Lob poetas heróicos fueron por mucho tiempo 
los hÍHtoriadures de la Grecia, porque í*onwic/nabun en su» 
cantos el recuerdo de los tieuipos pasados, Ío^ lriuni<»« de 
loH vencedores en los juegos públicos i las Imzuñas de l(»« 
héroes. Bajo la forma armoniosa de los versoí', lamemoria 
oonservaba los recuerdos históricos en una época eu que 
la escritura era desconocida. En el sigh» VI ántes de nues- 
tra era, el uso mas frecufnte de la escritura dió oríjen al 
nacimiento de la prosa, es decir, los hombres tuvieron ot.ro 
medio mas scncillo de conservar i de trasmitir a la posteri- 
(lad, los siK^esos pasudos. 

L<»8 primen.s ensayos históricos datan de esa misma 
cpoca. L(»s cscritores recojierou las tradiciones i los re- 
cuerdos del pasado, confundidos todavía con numerosas 
ííibnfas, i los espnsieron en sus libros. Son mui reducidos 
lo8 (rugmcnliís <pie noaquednn de lus puimitivos historia- 
dore? (Je la Glrecia. La posieridnd encuenlra formado el 
arte histórico de los griegos en HeróJoto, i por eso h» ha 
dencminado el padre de la historio. Una cosa seuieiante 
ha pasiído en la trajedia i eu la comedia con Esquilo i 
ArÍHtófaliee. 

Í5.— Her^'^dnto de Halicarnaso, nncido en 484 ántes de 
Jesucrito, fué un viajero ¡nfati^able qiie recorrió casi totlos 
loH pnÍNes <»onncido8, la Grecia, la Maoedouia, la l^racia, 
nna poiciou del Asia, el Ejipto i otraa rejioues del Africii, 
recojiendo cn todas parte Ioh materiales de una hÍHt riii. 
íSu plau priniitivo no coraprendia mas qne las gnerras en- 
tre persas i griego8,'pero a su alrededor fué agrupundo va- 
riadas noticias hasta forraar el mas rico repertorio históri- 
vo deaqutíJios tiempos. 8u obra, tuí como ha llegado hasta 



fo t . r^ ^ ' ..'V'--^\ 



HISTORIA LITERAllIA. — TEEMPOS ANTIGÜOS. 39 

nosotrod, está dividida en nueve libro9, a cada uno de los 
cuales dieron los srrieofoB el nnmbre de una de las nneve 
musiil. Lo8 cuatro libros priineros tratan de la hÍAtoria de 
1o8 asiriofl, de los medos, de los perwas i de los ejipcios; i 
sírven de introducoion a loi^ cinco últimos que encierran 
la tíarracion de la gnerra de Jonia i de las guerraa médi* 
cas. En Heródoto se percibe la inspiracion de Hoinero. La 
misma claridad, la misina sencillez, la misma variedad 
píutoresca en las descripciones i en las narracion, la mis- 
ma riqueza, un poco difiisa a veces pero siemprellena de 
naturalidad i de armonfa. Heródoto no tiene mas propósi 
to que el de narrar. La vida ínterior de sus persouajes, los 
motivos de sus acciones i las causas de los acontecimien- 
tos se revclau por el raovimiento mismo i por la verdad de 
la narracion. Algunas veces es crédulo i huu supersticio- 
Bos; intercala en su libro multitud de cuentos, con frecueU' 
cia maravillosos, i casi siempre poco dignos de crédito; sin 
embargo, la veracidad jeneral de sus escritos es recouocída 
en nuestro tiempo. Las esploraciones jeográficas i arqueo- 
lójicas de los modernos en los paises que deacribió Heródo- 
to, han conñrmado sus aserciones. Heródoto pasó los últí- 
tímos años de su vida en Tiirioi«, eu Italiti, i ahi murió en 
una edad mui avanzada, en el tiempo de la guerra del Pe- 
loponeso. 

16. — Las narracioues de Heródoto revelan la infancia 
del arte; pero ántes de medio síglo la historia Ilegó a un 
ulto grado de elevacion en manos de Tncídides. Nacido en 
Aténas en 472 ántes de. Jesucrito, Tucílides era hombre 
de estado i guerrero, i tomó una parte principal eu la gue- 
rra del Peloponeso. Mandaba la flota atenieuse en el mar 
Ejeo, en el octavo aüo de aquella guerra; pero no habien- 
do podido llegar a tiempo para iiujiedir la tom i de Anfí- 
polis, fué condenado a debtierro, i se estableció duiante 
veiute aüüs en varios puntos de la Grecia, en donde reoo- 
jió muteriales para su historia. Nosotros debemoM quizái 
esta obra a la injusta severi<lad de los atenienses. La com- 
puso vuelto a su patria, sin terminarla defínitivamentey 
porque no comprende mas que los primeroa veiuto afios de 
esa célebre lucha entre Esparta i Aténas. 

Tucídides ha tomado la historia en la parte en que la 
hahia dejado Heródoto, para contar esclusivatueute la gue- 



40 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

rra del Peloponeso; pero no se asemeja en nada al histo- 
riador a qnien continúa. Ln sencillez qne la historia tiene 
en manos de Heródoto desaparece en el libro de Tuciditles* 
EI primero se dilata en digresiones siempre amenas e in- 
teresantes, pero estrañas al asunto principal: Tucidides 
marcha derecho a su objeto. Heródoto ve en los sucesos el 
cumplimiento de las órdenes del destino; Tucídides atribu- 
ye el desenlace de los acontecimientos a la habilidad o a 
ías faltas de los hombres de estado o de los jenerales. He« 
ródoto introdujo en su historía los diálogos: Tucidides crea 
las arengas, eu que ha sabido hacer entrar la política, la 
moral i la táctíca. militar. £n efecto, los admirables dis- 
cursos que Tucídides pone en boca de sus personajes, 
constituyen un recurso histórico para trasmitir al lector 
las noticias qne^I escritor no puede hacer entrar en la na- 
rracion. EI alma del historiador, sus juicios sobre los acon* 
tecimientos que refiere^ las pasiones polítícas que describe, 
el carácter del pueblo cuyos anales ha trazado, se encnen- 
tran principalmente en los discursos que prouuncian los 
personajes de Tucídidefi. La oracion fúnebre de los átenien- 
ses muertos en los primeros combates de laguerra del Pe-* 
loponesoy que el historiador pone en la boca de Perfcles, 
es una verdadera obra maestra de elocuencia i de eleva-' 
cion. La descripcion de la peste de Áténas, imitada por 
e! poeta latino Luorecio, ha servido de modelo a la mayor 
parte de las descripciones que se han hecho despues^ pero 
es snperior a todas las imitaciones. La catástrofe de los 
ateniensen en Sícilia es nno de los trozos mas dramáticoa 
que encierre cualquiera historia. 

La historia de Tucídides es realmente una trajedia, ea 
que Aténas desempefia el primer papel: el verdadero inte- 
res consiste en saber si los ateniescs serán vencedores o 
vencidos. Tncídides confunde hábilmente en ella la cansa 
de su patria con la causa de la civilizacion. Se puede 
reprocharle, sin embargo, el haber dado ima imájen m- 
completa de ÁteDas. En su obra no se encuentra una sola 

Íalabra sobre el magnifíco desarrallo de las artes bajo 
^erícles^ ni sobre la comedia antigua, tan íntimamente 
ligada a la politica, m sobre Sócrates i su influcncia en la 
educacion de la juventud. 
^. 17.~Tucidides dejó inconclusa su historia. CTn escritor 



( 



HISTORIA LlTEfeARIA. — TIEMÍOS ANTIGÜOS. 41 

de mncho raénos mérito^ pero notable por la suavidad del 
estilo i por ]a variedad de sus conocimieQtos, se encargó 
de contÍDuarla. Fué éste .Tpr^Aftmf^ ^j^ ^l.é"'^ (nacido ea 
447 ántes de J. C), díscípulo de Sócrates en fílosofla i de 
Isócrates en elocuencia. Oorao amigo del jóven Oiro de 
Persifl, tomóparte en la espedicion de este príncipe contraiia 
hermano Artajérjes, en nna division de ausiliares griegos*. 
Despaes de la matanza de los jcnerales griegos, Jenofonte, 
aunque simple voluntario^ dirijió esa admirable retirada 
de lo8 diez mil, de que mas tarde fné el historiador. Eii 
las HeUnicas trazó la historia de Qrecia desde el punto 
en que la habia dejado Tucidides hasta despues de la ba- 
talla de Mantinea. £n el Anábasia refírió la historia de la 
espedicion de los griegos a Persia i de la retirada de los 
diez mil. Oompuso tambicn una vida d§ Ajesilao; i una 
novela histórico-politica titulada la Oiropedíay o la infan- 
cia de Ciro el grande^ en la cual al través de acontecimieu- 
tos i bajo nombres tomados a la historia de los persas^ 
desarrolla sus ideas sobre la educion i sobre el arte de la 
guerra. Jenofonte escribió ademas algunos libros fiiosófí- 
cos en que espone las doctrinas de Sócrates, obras didác- 
ticas sobre la caza í el arte militar, i opÚBCuIos políticos 
sobre el gobierno i la hacienda pública de Aténas. La 
fecundidad de Jenofonte no es su único méríto. Los anti- 
guoa lo llamaban la abeja ática» a causa de la suavidad de 
estilo. Earas veces se eleva, pero agrada siempre. La pos- 
teridad le debe el que haya dado a conocer con probablo 
fidelidad las doctrinas i las ideas de Sócrates. 

18. — El siglo de oro de la literatura griega, nombre con 
que es designado el siglo de Perícles, se ilustró tambien 
por los trabajos de los mas grandes jénios que bayan cul- 
tivado la filosofia. 

Hasta mediados del siglo V los fílósofos i sus escuelas 
habian estado diseminados en todas las ciudades de la Qre- 
cia. En esa época Aténas fué su cuartel jeneral. EI pueblo 
Io8 denominó sofistaSy voz griega que signifíca hombre há- 
.bil^ sábio. Qloriábanse de poseer la ciencia universal; dis- 
cntian sobre todas las materias, i enseñaban mediante ua 
bonorarío el arte de discutir. El fondo de la sofística era 
QQ escepticismo absoluto. La dialéctica era para ellos ua 
arma cómoda en el arte de disputar i de prohar indiferea-* 



42 ELEMENTOS DE LITl^RATÜRA. 

teüieüte el pro i el contra. Loh gotístas con^^ervaron jior 
largo tiempo su iui|)ortaucia como retóricos, por<jue eu uü 
estado democrático eu doude el taleiito de la palabra era 
de primera uecesidad, cuul(]uiera que uspinibe a touiar par* 
te eu los uegocio« públicos debia CHtudiar el arte de cou- 
vencer. 

19. — Las sutilezasíilosófícas de lossofístas, e1 deseniba- 
razo óou que sosteuiau alteruutivauiente las opiuiouetsuiaa 
opuebtas i la duda universal que rea^ultaba de sus princí- 
pios, habian provocado uua reaciou saludable. Esta iué 
princip.'ilroeute la obra de íSóerates* 

La iiistória de Sc)cr^ t ^^ es deuuibiado conocida para qoe 
necehiteuios repetirla aqui. Su ocupaciou C4)ustaute, dice 
el uias ilustre de su» discípulos, era persuadir a todos, jó- 
venes o viejosy que &0I0 la virtud es ia fueute de todos los 
bieues. Duraute cuarenta afios atacó a los sofístas descu- 
briendo el artifício i ia vaciedad de sus doctriuMS por me- 
dio de un sistema'de iuteri'()gaciones desriuadas a confuu- 
dirlos, i que ha merecido el noiubre de méiodo Sovrático. 
«víócrates, dice Plutarco, uo teuia eátedra: enseñaba siera- 
pre i en todas partes. Siempre i en todas partes el buen 
ciiidadano encuentra el niodo de desempeíiar su mision.» 
Coii Sócrates, la fílosofía se separa defíuitivameute de las 
otras ciencias, cambia de carácter i de direcciou. aHasta 
éi^ dice Cicerop, la tilosoíía euseñaba la cieucia de los uú- 
merus, los priucipios del moviuiieuto, el óiíjen de la jeue- 
raciou i de la corrupciou de todos Ioh seres; observabu cui- 
dadosamente el tamaño, las distaucias, el curso de los 
astros, en fín las cosas celestes. Sócrates, fué el primero 
que la hizo bajar del cielo a la tierrra.D £u efecto, touió 
por puiito de partida el houibre mi&mo, pouieudo eu prác- 
tica la inscripcion del templo de Délfos: «couócete a tí 
mismo.^ P«>r este medio, la fílosofía se sustrajo a las vanas 
especulacioues que la habiau estraviado anteriormente. 
Imprimió a la euseñanza un carácter práctico; creaudo así 
la ciencia de la moral; i, siu combatir abiertamente las 
crcencias de siis compatriotas, reveló la existencia de un 
ser superior a los dioscH dei ülimpd', creador i regu^ador 
del uuiverso. Sócretei» uo ha escrito nada; perb el espírilu 
de su enseñaiiza nos lia sido trnsmitido por sus di.«*cípulos. / 
20. — De^pues de Socrates, < tros fiilósofos fuudaron es- ' 



HISTOUIA LITEUAUIA.— TIEMPOS ANTIGUOS. 4;^ 

ciielas. La laas célel>fo de todas fué la Aoademfa, que 
tuvo por jefe a P| j |fc ou, iéüio vaftto i brillante (jue uuiii 
todo el eucíiuto delaiuspiraciou poétíca a las c«»ucoi>ci<»- 
uen man altas de )a razon. 

NaciJo eu Atóuas el año do 430 ántes de J. C, e liijo 
de una Je laa ina8 iiuscres fatnílías de su ciudad uarHÍ, 
Platou se aplicó a la poesía eu su juveutud, p^ro dió a sii 
intelijencia uu uuevo ruinbo cuando oyó las lecciones de 
Sócrates; i deapues de luuchos viajes eu Giecia, eu Italia, 
eu Bjipto i eu Sicilia, volvió a Atéuas doude abrió en Io.h 
jardines de Aca<lemo una Cicuela de filoaofta que t«»ruó el 
nombre de Academia. Esta famosa escuela, en que Platoti 
dió 8US lecciones duraute cerca (íe raedio siglo, fué iin se- 
mtllero de hombres virtuosos i íle pensHdoresdisriiitífuidos. 
Platou vivió inas de ocheuta afios; ¡ al morir dejó su es- 
cuela florecieute a car^o de uuo de siis discípnlus 

Platon elijió el diála«^o para esplicar sus doctriuas dáu- 
doles de este modo uua roriua hasta cierto punto dramáti- 
ca, difereuciando siempre la esceua i los caractérea, eutre 
los cuales sobresale con particular viveza i propiedad el 
de Sócrates. Entre aus cincuenta i seis diálogos, los príu- 
cipales sou: el Gorjias i el ProtágoraSj doude los sofistas 
reciben un cruel castigo por medio del ridiculo; el Fe fon, 
que píntando con admirable sublimidad los ñltímos mo- 
mentos de Sócrates, afirma con ar^umeutos adiuirables la 
creencia en la inmortalidad del alma; el Fedro i el Ban 
quetCj diácusion injenioaa, profunda i poética qiie demues- 
tra la espiritualidad del amor, cuyo verdadero objeto es la 
virtud; la Repxihliea^ ideal de una sociedad organizada se- 
guu la idea <le lo justo, tomada en un ¿eutido absoluto pe- 
ro que conduce a los mas estrauos resultados; Criton^ eii 
que hai uua hermosa |>ersonific:icion de las leyes recordan- 
do a Sócrates aus deberes de ciudadano. 

En las obras de Platon se encuentran reunidos el eapf- 
ritu poctico i el e^^piritu filosófico. Su jéuio vaato i brillau- 
te sabe unir todo el encanto de la iaiajiuacion a las concep- 
cioues mas altas del pen^amieuto. Como escritor es 
auisiderado el mas puro i raaa perfecto de los prosadores 
griegos. «I^as palabraa que coupiuien sus fraaes, dice uq 
célebre crítico francea, Thomas, las frases que componen 
el discurso, todo se airae ¡ deaplega aruióiiicamente; así 



44 ELEMENTOS DE LITERATÜRA. 

como las ides se encadenan con las ideas.}> Por lo que toca 
a 8u fondOy sus doctrinas están fundadas en el principio de 
la nnidad de Dios i de la inmortalidad del alma. La virtud 
para el hombre consiste en el esfuerzo para alcanzar a iH 
semejanza con su criador. No liai mas que una virtndy 
compuesta de cuatro elementos, prudencia, justicia, foita- 
leza i templanza, cuyo ejercicio nos hace alcanzar nuestra 
libertad, es decir la enerjía moral que nos eleva sobre los 
iatereses sensibles. La virtud puede aprenderse; de donde 
se sigue que la edpcacíon es un cultivo líbre i moral del es- 
píritu. Platon ha estendido sus doctrinas filosófícas al 
estudio de la política, que segun él, no es mas que la apli- 
cacion en grande de la lei moral; así como el estado no es 
raas que la reunion de una masa de hombres bajo una mis- 
ma lei; cuyo objetoes la libertad i la concordia. £n las 
arteSy que son una aplicacion de las fuerzas del pensa- s 
miento humano dirijido hácia lo ideal por medio de proce- 
dimientos materiales, Platon asienta que el principio 
fundamental es la belleza, la cual, como representacion 
sensible de la perfeccion física i moral, es una con lo ver- 
dadero i con lo bueno. 

^nfij^^^ies, su rival en gloria, nació en Estajira, en Ma« 
cedoniaTeT'año de 384 ántes de J. C. Huérfano en su 
nlñez, pasó a Aténas a la edad de veinte i siete afios, si- 
f^uió las lecciones de Platon hasta la muerte de este filóso- 
ifb, i volvió mas tarde a Macedonia ilamado por el rei 
FiIipOy que queria confiarle la educaoion de su hijo Alejon- 
dro. Guando este prícipe emprendió su campafia contra el 
imperio persa^ Aristóteles se estableció en Aténas i fnndó 
8u escueia. Enseñaba paseándose en las galerías del Liceo, 
antiguo templo de Apolo Liceo^ i allí nació el nombre de 
Bu doctrioa Ilamada peripatética fde peripatoSj paseo^. 
Acusado de impiedad despucs de la muerte de Alejandro, 
Aristóteles huyó a Cálsis, en Eubea^ i allí murió a la odad 
de sesenta i dos afios. 

Jénio enoiclopédico, pensador profundo i observador 
perpicaz, Aristóteles desterró de sus obras la imajinacion. 
Abrazo todos los ramos de investigacion científica que se 
babian conocido hasta su tiempo, i no hubo ninguno que 
no le debiese grandes adelantamientos. Inventó la injenio- 
sa teoria dej silojismo; dió el primer sistema de lójica i 



HISTORU LITERARIA.— TIEMPOS ANTIGUOS. 45 

creó la bistoria natural. Su Metafisica^ prinier cnsayo en 
nna ciencia nueva, es digna todavía de estndiarse. Su Po- 
fitica está llena de máximas i de observaciones admirables. 
£d su Moral resplandecen idei^ tan delicadas como sóli-^ 
das sobre' la naturaleza del hombre, espuestas con una 
gencillez a veces sublime. £o su Retórioa i en sn Poéiioa 
se elevó a una inmensa altura sobre los escritores de su 
tiempo promulgando reglas literarias que serán respeta- 
das siempre. La variedad de sus conocimientos^ i la pe- 
netracion de su talento kacen de Aristóteles uno de los 
mas grande jénios que liaya producido el mundo, i un es- 
critor mui distinguido. 

Discípulos aHÍduo de Platon durante veinte afíos, Aris- 
tóteles es considerado comunmente un cuntradictor perpé- 
tao de su maestro. Este es un error: léjos de marchar siem- 
pre contra las doctrinas platónicas^ uo ha hecho de ordi- 
nario mas que darles formas mas netas, mas científicas, 
mas conformes a la rigorosa severidad de la razon. No se 
debe tampoco aceptar el reproche de sequedad i de aridez 
que se ha hecho a su estilo, en el cual por el contrario^ 
Ciceron admirabala finura, la suavidad i la variedad. Debe 
si decirse que en sus escritos domina mas la razon que la 
imnjinacion. Hai en ellos una tendencia a hacer predomi» 
nar la práctica sobre la teorí^, la observacion de los hechos 
sobre la esplicacion de las ideas. AI revés de Platoo, se 
dirije mas a la intelijencia que a la sensibilidad, mas a la 
lójica que a las facultades poéticas de nuestra alma. 
Colocando delante del hombre un fín hácia el cnal debe 
tender el ejercicio simultáneo de la razon i de la libertad, 
hace de la virtud el fundamento del soberano bien. 

La influencia de Platon i de Aristóteles sobre la pos- 
teridad ha sido inmensa. £1 idealismo de Platon i el es- 
pfritu práctico de Aristóteles, son los dos polos inmutAbles 
de los sístemas filosóficos. Ann hoi dia, toda filosofia es 
inevitablemente aristotélica o platónica. 

21* — £1 estudio do estas escuelas filosóficas pertenece 
propiamente a la historiade la filosofía; pero aqui debemos 
habl&r de uno de esos pensadores, que merece un lugar en 
la historia literaria. T^gfrff«*^^<^j nacído en £rosco, en la 
i»la de Lébos (375 aflos ántes de J. C), fué el discfpulo, 
u mas bien el amigo i el compaOero de trabajos de Aristó- 



40 ELEMENTOS DE LITERATtTRA. 

tflea, i cl seguiid<> jefe de la escuela clel Liceo.* Su nombre 
era Tirtamí», |»pn» su¡í (1íscí|)ul()& lo llHuiaron Teofra^to (di- 
vino hablador). Conipuso un gran número de obras, de las 
oaales solo hau llegado hasta nosotros alt^uuas (]ue tratim 
de historia natura), de íísica i de meteoroh»jía. Pero su tí- 
tulo de gloria es otro liljro que conocemos con el nombre 
de J^s caraciéres^ i que quizas es formmlo de fragmentos 
de una obra mns e^tenna en que el autor propondria tipop 
moraleH para la comedm. Teofrast»» considera un vioio o 
una manvi de In naturaleza humana o de la jente de su si- 
. glo; lo noiiibrn; lo detineo lo describe,enumerando rasgo por 
rasgo lasmanerasde hub'aride obrar deloshorabres domi- 
nados por ese vicio o por esa mnnía. Las observaciones son 
exactás, delicadus i con frecuencia ctSmicaF: muchos de sus 
personajes se preHentan como seres verdaderos queel lector 
ciée reConocer; pero cou frecuencia se nota monotonía, 
rasgos arbitrar¡(»s i a veces oscuros, lo que hace suponer 
tambien que la obra de Teofrasto ha sido retocada por 
niauos ménos hábiles. Ese libro, debe su gran reputacion 
al morali.sta frauces La-Bruyére, que lo tradujo i lo imitó 
flobrepujándolo eu el siglo XVII. 

22. — Entre los filósotos contemporauéos de Sócrates es 
preciso colocar a H ij)ócrate a^ que aplicó el método filogófi- 
co al estudio de lanaiuraleza lísica del hombre i a la cu- 
racion de las d«>len(;ias que io aquejan. Hipócrates es el 
primer médico i uno de Íos mas grandes escritores de la 
antigüedad. Nacido en la isla de Cos (460 aüos áiites de J. 
C), practicó la mediciua en Atéiias iinurió de uoa edad mui 
avanzada. Sobre su vida se han conservado diversas tra- 
dicioues que la crítica no acepta. Se le hasupuesto curan- 
do milugrosamente los enterroos de la peste que asoló a 
Aténas en tiempo de Perícles i rechuzando los ofrecimien* 
toH hechos por Artajérjes rei de Persia para que se estable- 
ciera en sus esiados. ía> que parece fuera de duda, es que hi- 
zo sus estudios viujaudo en Ía Grecia i en el Asia i recojien- 
do en todas partes ias observaciones que la esperíencia habia 
reunido sobre la mediciuu; pero lo que basta su época ha- 
bia sido preceptos prácticos, fué convertidopor Hipócrates 
en nociones tundameníales i lójicas de la ciencia. Su'mé- 
todo admirable de descubrir las enfermedades, la exactitud 
rigorosa de sus preceptos de réjímen, la observacion cons- 



HESTORIA LITERARIA.— TIEMPOS ANTIOUOS. 47 

taate de la nataraleza qae lo alejaba de toda hipótesis i lo 
hacia fuadafsé solamente en la esperimeataciou, ea aa tieoi- 
po en que la anatomía i la físiolojía estaban mai atrasadaa, 
colocan a Sipócrates en el aámero de Ioa sábios mas pro« 
fuados i sagaces de la Grecia; pero su talento de e^critori 
la singular concision para encerrar axiomas complejos en 
ua simple aforismo, liacea que sus obras seaa kasta aiiora 
mui estimadas por su uiérito literario. 

23. — La tedría del artt^ de la palabra habia sido iaveo- 
tada en Sícilia: pero la elocuencia nació en Áténas. Una 
lei da Solon mandaba que cuando se reuniese el pueblo 
para tratar de algua negocio grave, un heraldo gritase: 
¿hai algua ciudadauo mayor de ciacueuta aQos que quiera 
tomar la palabra? La democracia pura, qne formaba la esea- 
cia del gobierao de Atéoas, fué, pues^ el oríjeo de la ora- 
toria, que constitujó una de las mas vigorosas i espléadidaa 
maoifestaciones del jénio griego. 

Han Ilegado hasta nosotros algunas obras de diez ora« 
dores ateniensesy fuera de los discursos de dudosa autentí- 
cidad que se encueutran cousigoados eo las obras históri- 
cas* Auoqué muchos de esos discursos se refieren solo a 
asuntos particulares, a pleitos privados sobre cuestiooes da 
intereses, tevelan, sin embargo, el grado de perfeccion a 
que alcaoz'j el arte oratorio, i contieuen importantes noti- 
cias sobre la jnrisprudencia de los atenienses^ i sobre los 
procedimientos judiciales. Nos litnitaremos aqtií a dar a 
conocer sumaTiamente a los priocipales de ellos. 

24. — l8Ócm tfi8.de Atéoas (436*438)^ el mas célebre de 
todos losprolesores de elocuencia, carecia de la voz i de la 
preseocia de áoimo tan neüesaria para el ^jercicio de la 
oratoria. Fundó una cscuela de retórica ea que se formaroo 
los mas graudes oradores de la Qrecia i, compuso vartos 
diácursos que faeroo jeoeralmeote admirados. Desde su es- 
cuela ejerció unA poderosa iofluencía sobre la política i la 
administracion de Aténas. Despues de la batalla de Que- 
ronea, para no sobrevivir a la ruioa de la iodepeodeucia 
de su paíria, se dejó morir de inanicion a la edadde noveota 
i ocho años. £1 mejor discurso de los vciote i uoo que nos 
han quedsdo de Isócrates^ es uoo titulado Pangírieo. Los 
griegos- dabau ese oombre a todo discarso pronunciado 
delaute de uu grao concurso nacional. £1 Pa?iejirico de 

5 



48 ELEMEOT08 DE LITERAOrirRA. 

L*6ciate8, pronunciado, &egQn se cree, en lo8 juegos olfmpí- 
co^, tiene por objeto en&alzar la pretninencia de Aténas t 
excitar a los griegoa para hacer la guerra a Iob pergas. 
Isócrates no eb nn oradar enérjico; pero se le cousidera el 
xnodelu de la pure^a ática. 

25. — Eaquinefl . rifl A tf^nns, nunque de condicion oRCura, 
fué el masiTustre de los oradores griegos despues de su 
antagonista Deraóstenes. Cóuiico eu su jureutud, ei\ segui- 
da abogadOy se ejen)itó en la elocuencia a una edad avan- 
xadai i como orador tomó pane ertónees eu la política. El 
pueblo le honró con iniportautes misiones a IjaredeQioiiia^ 
cerca de Filipo de Macedouia que se hallabaeu aquel pais^ 
i ante el consejo de liw AnfictioneB. Colega de Demó^te- 
nes en la em^ajada a la corte de Mecedouia (344), se de- 
elaró, sin emLargo, entre ellos durante e^a misnia mÍ8Í<m 
nna profunda iuemistad. Esquiues, hombre oscuro por su 
orijen i por su primera educacion, pero dotado de uu grau 
talento, carecía de moralidad, i se dejó ganar por las 1¡- 
sonjas de Filipo, i talvez por sn jenerosidad. Tenia laa 
eualidadea orutorias que seduceu al pueblo; pero le faltabsi 
la consideracion que dan uua vida irreprochaltle, 1a íijeza 
en los principios i la elevacion de pennamieutos. Los tres 
discnrsos que nos quedan de Esquines se reíieren a su hi- 
eha con Demóstenes, i de ellos vamos hablar mas ade* 
lante. 

26,- >Denq^6tene& (385-322) es el mas grande orador de 
la Gresia i quizá de todos los paises i de todo» los tiempos» 
A la edad de diez i siete aüos pronunció contra sns tuto- 
les, que habian drlapidado su patrimonio, cinco alegatos 
que hasta ahora se conservan. Habiendo ganado aquel jui- 
oioy se siutió estimíilado a arengar al páblico en latribuna. 
Su voz débil, su respiracion lai»oriosa, la poca gracia de su 
jesticulacion i lo desordenado de sus períodoá le atrajerón 
lcüs silbos de la muchedumbre. Demóstenes estuvo a punto 
de renunciár a la oratoria: un cóniico llamado Sátiro lo 
reanimó. A fuerza de paciencia i de estudio, Demóstenes 
triuofS de sus defectos uaturaies: por el ejercicio, fortifícó 
8u pecho, depuró su pronanciacion, corrijió sus movimien- 
to8 i acabó por hacerse dueño de todos estos secretos de la 
oratoria a que lo8 antignos daban tanta importancia. Al- 
gunos eBcritores hablan de no gabiuete subterráneo en que 



HISTORIA LITERARIÁ.— TIEMPOS AXTIGUOS. 49 

Dí»fnóstene8 se encerrai>a nieftes enteros copiaudo a Tucí- 
dides, declamandoy nieditauilo, escribíendo. A la edad de 
veinte x cinco años, reapareció en la tribuaa pronunciando 
do8 oraciones c(»ntra Léptines, autor de una leí que impo- 
nia a todo ciudadauo ia ohiii^acion de aceptar funciones 
onerosas. Eii seguida trabajó muclio en oiuLsaH judíciale.s^ 
haciendo casi «ienipre el papel de acusador a que lo incli- 
naba su jénio úsporo i violento. Sin enibart^o, su pnncipal 
gloria fué adquirida por sus discurdos pdlítico», que le die- 
ron grande influencia eu el gobierno i reaniinaron alguo 
tauto a la repúblic.i decadente. Las lejes liubian perdido 
8U poder: a la aunteridad de las costuinbres autiguas ba- 
bian sucedido la lijereza, la perezn, la vanídad i uuapasí<in 
ínmoderada por lo4 placeres i diversiones. De las virtudes 
de sus padres no quedaban ya a los atenienses ma» que el 
anior al suelo. uatal que los liacia susceptibles todavía de 
esfuerzos heróicos para sostener su iudependencia. Nadie 
niejtír que üemóstenes coní»eió el arte de ex<*.¡tarlo8. Adi- 
vinó los proyectos del ambicioso Filipo, losconoció a fondo 
durante su embajada a Lacedemonia. Desde cutóuces uo 
tuvo mas (|ue un pensamiento, el de levautar a Aténas 
p'ara pouer obstáculos al podor siempre creciente d»íl rei 
de jtfa<*edouia. Por todas paites le busca enemigos: Filipo 
no puede <lar paso sin que su política uo sea descubierta. 
Demóstenes no se causa de anunciar a Atéuas el peligro 
que corre i de llamarla al sentimieuto de sus deberes. Las 
Filipicas ¡ las Olínticas ^on los monumentos de esta viji- 
lancia patriótica. Esta lucha de ia elocueucia de un hom* 
bre contra las armas de uu gran luouarca duró los catorce 
aQos que precedier^n a la sn(>yugacion de la Grecia. Eu 
ella, Demósieiit^s recibió la mas'honrosa recompeusa a que 
puede aspirar un ciudaduno. Ctesifon pro[»uso al pueblo 
que se le decretara una corona de oro: Es(iuines, enemis- 
tado ya con Denióstenea, se dcviró en contra del proyecto 
i lo acusó (le gramies delitns. El combate de ia elocueucia 
suscitado ewtórices entre l'»s dos mas céielyes oradores, 
atrajo pu coucurso inmenso, Denióotenti triuníó, i su anta- 
gouista t'ué desterrado, seguu la lei, por no haber obteuido 
la quinta parte de los votos. 

Aquel célebre proceso, que dun5 añoa desde su iniciacion 
hasta su fínal desenlace, dió lugar al mas famoso diseurso 



50 £L£M£NTOS D£ L1T£RÁTURA. 

de Demóstenesy que es coDocido con el nombre de Arenqa 
por la oonma; pero el tríuñfo de éste no fné dnradero. És- 
quines babia ido a Ródas a fuudar una escuela de retórica, 
de donde se tra^ladó a Sámos pnra acabar sus dias pacifí- 
camente. Demóstenes mucho ménos ieliz que él^ fué t^m- 
bien condeuado al destierro bnjo el reinndo de Alejandro 
Magno. Despues de la muerle de este principe, trató toda- 
vía de formar una liga de las ciudades griegas contra los 
macedonios. Antípatro la disuelve. Demósteues^ condenado 
a muerte, huye a la isla de Calauria, se asila cn el templo 
de Neptuno i alli se envenena para no caer vivo en mauos 
de suB perseguidores. 

DemósteneSy volvcmos a repetirlo, pnsa por el primer 
modelo de oratoria ijue nos haya legado la autígüedad. Sus 
sesenta i un discursos, que se conservan, son un monumen- 
to de conciaion en la foruia i de fecuudidad en las pruebas. 
La lójica, el tejido de sus razonamieutos, es índestructible. 
Sus discursos están üenos de calor, de vehemencia, í aua 
ahora, despues mas de dos mil aQoS| nos hacen sentir las 
impresiones que él mismo esperimentaba. Su diccion es a 
un tiempo magnifica i sencilla^ elaborada con un arte bu« 
premo, que a veces se deja conocer, pero que siempre en- 
canta i conmueve. 

. Al lado de esos grandea maestros de la palabra florecio* 
ron eh Aténas otros ilustres oradores, cuyas obraS| o a lo 
ménoB una parte, han Ilegado hasta nosotros. 



\ 



< f 



CAPITULO V. 
Llteratura grlenra* 

(tSRORB PERÍODO. — DE8DB ALBjrAKDRO HA8TA BL SIOLO IV DB 

KUBSTRA BRA.) 

1. Al^'andrfa convertida en centro del morimiento ]itenLrÍo.-*S. Los poe* 
tas de Alejandria. — 3. Teócrito. — 4. Historia; .Polibio.— 5. Strabon. — 6, 
Diodoro de Sícilía i donifdo de Halicamaao. — 7. Flario Joaefo. — 8. Pln- 
tarco.^9. Otros hi&toriadorefl.—lO. Pansánias i Ptolemea — 11. Ateneo 
i Diójpnes Laertio. — 12. Dion Crisóstomo.— 13. Lndano; lanorela grie- 
ga. — 14. Maroo AnrelÚN — 15. Plotino; Lonjino.~16. Opiano i Babrio. 

U — Despnes de Demóstenes i de AristóteleSy la literatu- 
ra griega cambia de carácter i de direccion. Desde entón- 
ces p^odujo jenios ménos atrevidos i ménos fecundoSy pero 
ei progreso de las luces i una civilizacion mas jeneral» com- 
pensan aquella falta. Loh jénios inventores se Iiicieron mas 
raros: pero el espíritu crítico ee dcsarroUó en proporcion 
opuesta. Hasta entónces Aténas habia sido el centro prin- 
cipal de las letras i de las artes: Alejandría^ la nneva capi- 
tal del EjiptOy la reemplazó en sn influencia. Por sn posi- 
cion admirable entre la Europai el Asia i el África, Ale- 
jandría se hizo^el depósito del comercio del mundo i la 
confluencia de las doctrinas oríentalea que vinieron a se- 
cundar la filosofla griega. Los Ptolemeos, que reinaron con 
alguna gloría en Ejipto^ fomentaron las cienci^ i las artes. 
La famosá biblioteca de Alejandrfa i el MnseOy edificio es- 
tenso en'que los literatos i ios sábios mas distinguidos eran 
mantenidos a espensás del estado, fueron el espléndido 
asilo de las letras i de los literatos. La misma abundancia 
del papiro faoilitaba la multiplicacion de los manuscritos. 
EI papiro es una hermosa planta que crece en Ejipto a 
oríllas de los rios i de los lagos, i cuyos tallos^ converadoa 



S2 1 



EUSMENTOS DE LITJERATURA. 



en íhn'simaa l»oja« enTueltas en forhia de rollo, servían 
en vez de papel. 

Bajo un órdpü semejante, todo concurrió parahacer pro- 
ralecer la erudicion sobre el libre deHarrulÍo de las inteli- 
jencíap. Así fné como la literatura cambió de curácter. En- 
tónces hubo pábios, tal como los comprenderaos en el dia. 
Eo Alejandría fué trazado. el círculo de couocimiontos hu- 
Toanoa que era necesario recorrer para aspirar al tírulo de 
hombre de letras. En la corte de los Ptolemeos tambien, la 
proteccion de los prfncipe?, si bien coutribuyó poderosa- 
merite al desenvolvimiento de las cienciaa exactas i uatu- 
rales, de las matemáticas, la astromuuia, lu botáuica i la 
medicina, produjc» un mal que ae ha deharrollado siempre 
en circuivstaocias análogas. El espíritu deserviIÍNmo se hi- 
ro sentir en la literatura, prostituyéndose ¿ata hasta cou- 
vertirse en una baja lisonja. 

2.— Lo8 poetasde Alejandría eran sábios, pero oarecian 
de imajiuacion i de gusto: gantaban mucha paciencia en 
' hacer aufigramas u otras futilozas del mismo jénero. Bas- 
taria citar a Licofron, autor de algunas trajedias que na 
han llegsdo hasta DOsotroAi, i de uq poenia titulado Casan- 
(Ira^ que se refiere a la guerra de Troya, i que solo es 
un largo enigma casi impenetrable en que el |)oeta oscure- 
ce ihten^ruiahnent^ su pensauiieuto por perífrasi» ¡ por 
nlusiones iuintelijihles. jÁpoIo'Mo d^ ^*>'!<^*^; discípulo del 
anterior e i^rualmente erudit(», conipuso un pf»ema tltulado 
Las argonáuticas en que celebra la espedicion de h»8 ar- 
gouautas en busca del veUociuo de oro, revistieu<h» la na- 
rracion histórica con versos bien hechos, cou tuia diccioü 
pura 1 con una agradable suavidad de estilo, i adornán- 
dola ademas cou descripciones piutorescas, pero sin ha- 
ber podido hacer un verdadero poema. A ratx)_ de Sójos, 
que floreció 2íí0 años ántes de J. C, cumpuHo un poema 
ííidáctico titulado Lo9 feaómencs i las sefíales, eu que es- 
pone la aí^tronomía ¡ la ustrohíjía, es decir, el cur?o dc Iob 
aKtros i 6U inflnencia sobre el porvenir. Alguuos pasajesde 
epta obra revelau un verdadero poeta; pero apesar de ello^ 
Arato erf solo el xnas célebre de esos poetas que tomarou la 
eiencia por la iKiesía. 

3. — Kn esta época, sin embargo, encont»^amos un verda- 
dei-o poeta, en Teócrito de Siracutia, que florociu en el si- 



HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS ANTlGüOa. 58 

^lí) III ántes (le J. C, i qiie cultivó en Sicilia i en Al€j}aB« 
tiría el jénero hucólu^o o pa^t^^ral Segun la iipüiíoD mas 
coman, e^fa eAj>ecie de {mehfa nació en Sicilia. £i mas rd> 
tii;uo |>oetrt bucólico de la Grecia es el pastí^r Dáfnisp. qiie 
vino a ser el héroe de la pastoral artificial. Cuino el tiem- 
po no ha rpspefado uin^un t'raí^uieuto de la.H obras dc este 
célebre oautor, Teócrito [>asa [>or el creador i por el padre 
de este jénero de poesía, íSe distingue entre todos los poe- 
tas,pa^torAlesf»or su fídelida i eu la descri[)cion del paisa» 
je en que coloca la escena, por la pintura de los caráctéres ^ 
i por la Hencilia uaturulidad de isus caa^lros. 

De 8US obras solo hau He^jfado hasta nosotros treinta 
píe^a^ poéticHft reuhidas cori el u^rnbre de IdilioSf voz que 
orijinariameute significaba |>pqueño8 ouadros, poesias líje- 
ra», Como cierto náiuero do las poesías que contiene esa 
recopilacion, sou cautos hucólicoa, la palabra IdUio ha sido 
considerada ums tarde como la desij^nnciou del jéuero pas- 
toral; i vulgarmente se considem a Teócrito como cantor 
de lo8 {lastores. 8iu embargo, en alguna de esas poesias, 
toroando alterua«ivaniente el tono de la oda i el de 1a epo- 
peya, sn mus^a f»e eleva casi tan alto como la de Homero. 

4.— Las couqüistAs de Alejandro ensancharon el cámpo 
de la bistoria. Ésta es la época en que floreció Pjjibia de 
Mfi;;^iiJ^polis (205-123), hombre deestado, militarformado 
por Fi'OpémeDy i uuo de los jefes de la liga aquea. A la 
edad de cuarenta aflos fue conducidoa Koma en rehenfes 
¡ permaneció allí diez i siete. tíntónces fué el amigo i com* 
paflero de armas del jóven Scipion Emiliano. Para reunir 
íos materiales de la {^aude obra que projectaba, hizo via- 
jes a la Galia, a la Iberia i hasta ai mar Atlántico. Scip^ioa 
hízo qne se le permitieraestudiar los libros censuales, rejis- 
tros conpervados en el ca[iitolio, i los otros docnmentós his- 
tóricos. De vuelta a Grecia, Polibio prestó grandes servicios 
a sus compaM'iotas i se o[>uho en vano a la guerra contra los 
romanoa. Esta guerra estalló onaudo él se hallaba con Sci- 
pion en Africa, cn don<le asistjó a la toma de Cartago. 
Polibití no volvió a Grecia sino despues de la toma de Oo- 
rioto; i entóuces, reducida su patria a provincia romaDa, 
recorrió el Peloponeso en calidad de comisario, estubleció 
e1 naevo réjimen cod suavidad, i mereció el reconocimiento 
de ios habitantes. Des|>ues de un viaje a Ejipto i a EspaQa, 



54 ELEMENTOS DE UTERATUllA. 

en que acompañaba a Scipion, volvió a Acaya i raiiritf en 
una edad mui avanzada de resultas de una caida del ca- 
ballo. 

Polibio pasó largos aflos preparando raoterinles i escri- 
biendo una prolija iíi'í/majVn/?ra^ qne abrazaba los cin- 
cuenta i tres años (de 220 a 146) raaa notables del desen- 
volvimiento ¡ progreso de la república romanai lasgnenras 
púnicas i laconqnista de Grecia. Desgraciadamentey no nos 
quedan mas qne los cinco primeros años de esta historia í 
algunos fragmentos desligados del resto. Escritor roénos 
puro i elegante talvez que los historiadores que lo habian 
precedido, Polibio era en cambio un hombre de una grande 
Íionradez i poseia un profundo buen sentido. Jamas lahis- 
toria ba sido escrita por un hombre de mas juicio, de una 
penetracíon mas profnnda i de un criterio mas líbre de 
toda preocnpacion. Pocos escritores han reunido en mas 
alto grado los conocimientos militares i políticos, i ninguno 
há llevado mas léjos la impafcialidad i el respeto por la 
verdad. 

^ 6. — Convertida en pravincia romana, la Grecia perdió 
nasta sn nombre; sns vencedores la llamaron ^caja. La 
Grecia ejipcia, es decir, la monarquía de los Ptolemeos, 
fué reducida tambien a provincia romana. Toda sombra de 
independencia pereció entónces; pero la literatura griega 
prolongó todavía su existencia durante rauchos siglos i si* 
guió arrojando vivos resplandores. La historia i la jeogra- 
fía siguieron cultivándose con singular pasion. Sty^Kiir. 
nacido en Amasea, en el Asia raenory a mediados deTprP 
mer siglo ántes de J. C, estndió en Alejandria i compuso 
unas memorias históricas que no han llegado hasta boso- 
trosy i una jeografía^ que era el complemento de aqnellas. 
Apesar de este propósito modesto, la jeografía de Strabon 
es una obra mui notable por el número i la precision de 
los detalles ane contiene, i a veces por el jnicio i la pro- 
fundidad de las frecuentes reflexíones que hace sobre la 
historiBy las instituciones i las costumbres de los diversos 
puebloB. 

6.— Contemporáneo de Strabon fnéJiiodorodeSiciJia, 
qne en los cuarenta libros de sn Biblioteca hisiortea habTa 
resumído todo lo qae lo^ htstoriadores precedentes habian 
eacrito sobre el Ejipto, la Persia, la Grecia, Roma i Carta- 






mSTORIA UTERARU.— ^TIEMPOS ANTIGUOS. 56 

go. Mas de la mitad de la obra de Diodoro se ha perdido; 
pero la parte que Dos'queda es iina mina inagotaUe dehe- 
chos i de detalles curiosos que no se encuentran en ningu- 
na otra parte^ Bajo el título de Antitjuedades romanaa, 
JDionisio de Halicarnaso c odqpuso una historia de los pri- 
iñeFos tíenipos de Koma, de la cual no conocemos mas que 
uim parte notable por su exactitud. 

T' — f'ifl.vin Jnfi<>fh^ pnmdo eu Jerusalcu el año 37 de la 
era cristíana, babia tómado parte en la rebelion de los ju- 
dfos contra los romanos, despues de haberse opuesto a eila 
con todo su poder. Hecho prisionero, predijo a Flavio Ves- 
paaiano su iutnra grandeza; i cumplida la predicoíon» ob- 
tuvo m libertad, i tomó el sobrenombre de Flavio, para 
indicar que era liberto de aquel príncipe. Acompañó a Tito 
eu el sitio de Jerusalen, lo siguió despnes a Roma i pasó 
el resto de sus dias al lado de la familia imperial. Josefo 
compuso varias obras, unas en hebreo, que él mismo tra- 
ducia al griego, como la Hidoria de la guerra de Judea^ i 
otras que compuso primitivamente eu griego^ como las An- 
tigüedades Judáicas. En la primera refiere con gran talen- 
to i colorido la rebelion de Judea l la destruccion de Jeru- 
saleo. En la segnnla cuenta la historia del pueblo hebreo 
con granue habilidad, pero snprimiendo de ella o modifi- 
cando todo aquello que, a su juicio, no da idea favorable 
de 8U8 compatriotas. Josefo escribió tambien su propia 
Tida, notable por la claridad i por las noticias que cou- 
tiene. 

8. — Pero el mas famoso de los historiadores de esta épo« 
ca así como tambien de todos los escritores de ella, i el 
mas popular de todos los prosadores dd la antigüedad, es 
8in duda Plutarco. Nacido en Queronea, en Beocia, el año 
60 de nuestra era, estudió la filosofla en Aténas, i viajó en 
seguida. En Roma enseüó la filosofía al emperador Adria- 
no, que le hizo cónsul i gobernador de Ilíria. Yuelto a su 
patria, fué en ella majistrado i sacerdote de Apolo, i ahí 
munó de una edad mui avanzada en medio del respeto de 
sus compatriotas. Tor sus creencias i por su carácter, Pln- 
tarco fné casi el último representante sério del politeísmo 
griego i dol esplritu de los tiempos antiguos. 

Plutarco escribió sobre muchas materias. Sus Obrasmo* 
rales son un vasto repertorio de anécdotas, de disertacio- 




id ELtMENTOS DE LI rERÁTUftA. 

ues i ile consideracibneR sohre las- materias nia» diversas, 
en «iiie se eneuentra fiiempre al^o qne instniye o qiie de- 
leita. En ?ns Vidas paralelas traza las bioofrafías de 1"8 
inas seOHlados personaje.s de ia8 hirtttirias griega i romanH, 
a^iipándolos artiíiciosauiente de dos en dn» pnr la identi- 
dad de los caractéres para coniparíírlos en seíjuida; Teseo 
con llómulo, Licnrgo con Numa, TvmÍHtocles cun Camilo, 
i\r¡p<iide8 coo Catou, Aiejandro con Jnlio César, Demóstt- 
nes con Ciceron i así otras muclias liasta el número de 
ciiflreiíta i cnatro. Comf)nso taml>ien alguinis biografla» 
«iieitas. Como eflcritor, Plutarco ha sabido revestir «na 
i)i<'¿(rat'jas de una sencÜlez casi inimitahle. Nos presenta a 
l(»s peraonaies n<> solo en los netrdí-ios piiblicos siiio en el 
seno de la tamilia, i mediante anécdotas no siempre esco- 
jidas con severa crftica. Se <l¡í-tÍMu;ue particularmente en la 
pintnra de los caractéres; pen» exujera la unidad de éstoa 
haciondo aparecer a cada homi)re con)o dominado por nna 
fola idea, por urta pnsion escluMvn, o como dechado de uua 
vírtud j>erfeGta. Plntarco no conoce la infinidad de maticea 
que separan la virtud del vicio. Mui poco prolijo comobis- 
toriador en ciertas ocasiones, ha consignado, sin embargo, 
en 8U8 biografías noticias históricas de suma importaucia i 
ciertoB datos qne nos dan a conocer al^unas íaces de la ci* 
vilizacion i de Ja vida social de los griegos. Sus obras est&n 
8en\bradas de máximas morales, hijas ías unas de la filo- 
soiía, fruto otras de un pairiotismo sincero í a veces exa- 
jerado. 

9.— Despues de Plutarco florecieron muchos otroshisto- 
riador^s qne e^cribieron sus obrasen griego. Arri ano de H i^ 
comedia, nacido en el secrundo siglo de la era crístiana, es- * 
cribió, aparte de una obra sobre filosofía, la Historia ae 
la espedfcion de Alejandroy en que ha imitado el estilo de 
Jenofonte, ¡ ha consignado las mejores noticias sobre 
aquellas gnerras memorables. Ania np de Alejandria escri- 
hió una historia de las guerras civíles de ll(»raa, en que ha 
traza<lo el cnadro vigoroso de la corrupcion del imperio. 
Dion Casi o escribió una historia romana, de la cual se 
"coñservaTsoJo nna parte. Herodiano es el historiador de ua 
pfríi'do de cincnerlta i nueVe'aKriH del imperio romano, 
desde Marco Aurelio hasta Gordiano el jóven, ¡ ha reunido 
en su libro noticias mui intercsantes. Aunqua !as obras de 



HISTORIA LITERARÍA.— TIEMPOS ANTlGÜOS. 57 

estofi escritoreB tengtui uiia gra&de importiincia como do* 
cumeiito» hístóricos, i auQque iicerariamente uo carezcaa 
de mérito, son raui ioferiores a los ^ruudes modelos qne 
no:) ha legado la antigüedad ea el arte de e&ciibir la hi»^ 
toria. 

10 — Eq esta época (segundo siglo de la era cristiaüa) 
florecieron dos grande jeógrafos. Paus&aias, natural de 
Frijia, compuso una Descripcion de la Cr;w2a^que contieae 
]os mas prolijos pornieuores sobre las obras de arquitecta* 
ra, de escultura i de piutura de las ciudades griegas. Clag- 
d io Ptolemeo . natural de Ejipto, aprovecháudose de Wgu- 
nos trabajos auteriores perdidos para nosotros, resumió 
todo lo qae lod aotiguos coaocieroa sobre la jeografía ma- 
temátioi. Su Sistema dejeoprafia, apesar de los erro^es 
qne contiene respecto de la ciencia moderna, es una obra 
^ moaamental de estudio i de observacion. 
^ 11.— Debemós hablar tambien auuí de dos escritores 

griegoe cuyas obras, sin poseer uu verdadero mérito litera* 
rio^ contieaeu, sín embargo, importautes noticias para co- 
nocer la Jiteratara i la filosofía de la antigüedad. Hablamoa 
de ^t|^> ¡ de Diójenes Laertio. 

^teneo, natural dé Náueratis, en £jipt0| vivia a fines 
deT^seguoHo siglo de la era cristiaua i principios del si- 
guiente, i ense&aba coa cierto brillo la gramática i la retó- 
rica. Pero su reputacion está fuudada en uu libroque com- 
puso coa el titulo de La cena de los sábios. Ea esta uTia 
obra preciosa por las esteasas citaa de graudes escritorea i 
poetas, cuyos trabajos nos seriau enteramente desoonocides 
siu Ateneo. Esta obra uo nos lia llcgado comi>Ieta; pero la 
parte que se conserva, tleue eu cierto modo la importaaera 
de uua historia literaria. 

Diójeaes Laertio^ era orijinario de Laerte, en Sipilia, de 
doacle le víuo su seguudo uombre, i vivia en el si^lo ÍII 
de nuestra era. Compuso un libro sobre la vida de Ioh. 
grandes filóiofos griegos, en que éstos estáu clasificados 
en las dos grandes escuelas, la Jónica i la Itálica, dejkailo 
nu libro entero para la filosofía de Epicuro. La obra de 
Diójeues es preoiosa por la muchedumbre de hechos i de 
pormenores que oos sumiuistra, i por el graa niimero de 
pasajes de e^critos perdidos que nos ha couservado. m 
frecueacia créJulo e inexacto, ea sia embargo, mui impar- 



58 ILEMENTOS DE LITERATURA, 

cial. Su librOy sin ser propiamente un resúmen histórioo 
(le la filosofítt, fué escrito en nna época en que la filosoEía 
antigua iba a espirar, i tiene por tanto, uoa grande impor- 
tancia para la posteridad. 

1 2. — La retórica í la elocaencia, annque círcunscritas en 
esta época a Ins defensas jurídicas i a losdiscursos de ce^ 
remonia, puesto que la oratoria de la antigua democracia 
habia enmudecido, florecieron, sin embargo, con mucho 
brillo i alcanzaron una gran boga. Las declamaciones lle- 
^ron a ser una parte de las fiestas públicas, una necesi- 
dad para el ocio de los ricos, un espectácnlo en fln qae 
reemplazaba las emociones de las luchas de la elocuencia 
política. 

Este jénero falso i bastardo hizo célebres a algunos re- 
tóricos de segundo mérito; pero brilló en él un hombre 
que, por su talento i sus virtudes, merecia haber florecido 
en los mejores tiempos de la Grecia. J)ion. nacido en Bi- 
tiniá, a mediados del primer siglo de la era cristiana, com- 
puso sobre diversos asuntos de filosofíay de moral i de lite- 
ratura un gran número de discursos i de disertaciones, de 
los cuales han llegado ochentay que forman nn curso com- 
pleto de moral en que domina la doctrina estóica. Trata 
en ellas muchas cuestiones sociales^ del destierro, de la 
servidnmbre, de la libertad, de las enfermedades morales; 
aborda tambien las cuestíones politicas^ i siempre deja ver 
una alma grande e inclinada al bien. 

Dion habia viajado i estudiado mucho, i el estudio habia 
desarrollado su carácter. Estando en Siria, Vespasiano, 
que acababa de ser nombrado emperador, le consultó lo 
que debia hacer en el gobierno: Dion le recomendó qne 
restableciese la repáblica. Sus virtndes lo hicieron sospe- 
choso bajo Domiciano: refnjióse eotónces entre los escitas; 
i allí, cuando se supo la mnerte de ese emperador, él in« 
dujo al ejército del Danubio a proclamar a Nerva. £a Bo* 
ma Ilegó a ser el consejero íntimo de Trajano; fué elevado 
a altos honores i alcanzó una reputacion sólida de grande 
orador i de hombre probo. Dion pretendia elevar el pa- 
ganismOy espiritualizándolo por la moral, en una épo- 
ca en que tocaba a su fin el cnlto de los dioses del Olim- 
po. Sus contemporáneos dieron a Dion el sobrenombre de 



r HISTORIA LITERARIA. — TlEMPOS ANTIOÜOS. 59 

CrÍ0Ó8tomo (boca de oro) cod que es jeneralmente codo- 
cido. 

13. — Otro retórico mas briUante o a lo iDéiioB mucho mas 
popular, comprendió tambien en esa época que habia lle« 
gado su término al paganismo; pero en vez de intentar re* 
coDstruir el edifíqio, como Diou CrisóstomOy se empefió eu 
derribarlo completamcnte. Era éste Lucjano, nacido en 
Samósata en Siria, a mediados del siglo II de la eru cris- 
tiana. Cultivó la filosofía i la oratoria en AténaSy hizo lar» 
goa viajes por el Asia menor, i al fin CDseñó la retorica en 
la Gialia. En el reinado de Marco Aurelio obtuvo el cargo 
de intendente de uua parte del Ejipto. Entre el paganismo 
que desaparecia, i el cristianismoy combatido todavía por 
los poderosoSy hubo en aquel síglo muchos espíritus escép- 
ticos e indolentes que veian sin inmutarse la lucha entre la 
civilizacion antigua i el elemento nuevo que habia de mo- 
díficarla. Luciano es el mas ilustre ejeinplo de esta espec- 
tante uentralidad. Indiferente a todos los sistemas filosófi- 
co8 entónces en boga, no vió en ellos mas que su lado 
débil» el que se prestaba al ridículo. Edcritor esmerado i 
elegante^ espíritu sarcástico i burlon, Luciano es uno de 
los tipos mas orijinales que nos ha legado la literatiira aD- 
tigua. Gasi todas sus obras tienen la forma de diálogos, 
que son verdaderas conversaciones, realmente dramáticas^ 
que dejan ver el injenio picante i la sátira acerada de Aris- 
tóftmes. La avaricia de los viejos, los chascos de los busca- 
dores de herencias» la credulidad del vulgo, el énfasis de 
lo8 retóricosy la arrogancia de los filósofos son para él 
fuentea inagotables de finísimas burlas i de agradables lec- 
ciones. Bajo apanencias testivas i Iijeras, Lucianó encierra 
UD profundo buea seutido. Se le ha llamado el Voltaire de 
su tíempo; i ea efecto, es difícil cDcoDtrar dos jéaíos que 
ofrezcan mayores semejaazas. 

Luciano no atacaba solo a los filósofos; de sus burlas 
no se escaparoa los dioses del Olimpo. Sus Diálogos de los 
diases i ios de los muertos sod la sátira mas atrevida i feliz 
qoe se haya hecho del pagaoismo. Los dioses est&a despo- 
jados allí de todo prestijio, i aparecea como hombres aai- 
mados de todas laa pasioaes, dejaudo ver sus rivalidadesi 
Bos amoreSy su cólera i sus tribulaciones domésticas. Lucia- 
Do hizo tambiea del cristianismo el objeto de sus atnques; 



ÍG ÍLEMEXTGS DE LITERATÜRA, 

Hero Bus dardos vftgoK e ' nciertos, van dirijidoR coDtra nu 
fantnsma, qne no es hi rolijk)ti cristinnn, que era toiiuvia 
mal coDocida. 

Las obras nins popnlnres de Tjucitino son qnizás ^ns no- 

vdas. Este jénero litciBrio no eni c» niplftamente descono- 

cido a h>s griegos. L<'8 ülósolos habian enipleaiio la na^ 

rrncion de liechos fubulosos ]>aia divulgar sus ideas. I^a 

Ciropedin de Jenofonte, la Atláidida de Platon, ülegori^ 

í'ii qiie e^te filósolo espone sus te(»rí«8 políticas i socialeí», 

algunns de las dipertaci* nes de Dion Crisóstonio i muchas 

otras <4)rns de la antigüedad, son verdaderas novelas de 

tin canlcter íikfióíico, Con ei título de biografías de Ho- 

Twero, de Esoi'O i de otms personajes, se conipusieron ver- 

dnderas novelas llenas de aventuras de piu-a imajinacion. 

Pero los griegos conocieron tambien novelas de otro jéuero, 

CiientoB de un carácter ain(»roso, nrdinariamente libres, que 

8Ín dnda se couhervaban hot<» en la niemoria, i que se su- 

ponian oi-ijinarios de la rica i voluptuosa Mileto, de donde 

íes vino el iiombre de Cttentos milesios. Un taL Aríst idea 

de Mjlet o, ncerca del ciml se ignora hasta el siglo'eiT 

vfvióTtenuió algnnos de ei^os cuentos en un libro, que no 

ha llegado hasta nosorros. Fueron tambien comunes laa 

historias maravillosas de metamorfosis, o transformacion^ 

de bombres en plantas o en animales, i los viajes'a paises 

deeconocidos i mjuchas veces fabulosos, Ilenos de aventuras 

püTtentosas. Luciano conipuso nua obra en cada uno de 

estos do8.jéDero8 en que briDa su talento. Lucio o El As^ 

no es ki historia de la transformacion de uu hombre en as-> 

no por medio de un hechizo. Las aventuras de ese asno, 

que terminan por su vuelta a su estado de hcmbre, formaa 

uoanovela sumamente divertida, pero empaílada por la 

libertad excesiva de algunos pasnjes. La Historia verda-' 

dera es la relacion de un viaje imnjinario en que el autor 

recort'e paises desconocidos i maraviilosos, visita los astros, 

toma parte en las guerras que sostiénen sus habitnutes, i 

permanecc siete méses en una isla en que viven los grau- 

des hombres de la autigüedad. En ámbus novelas douiina 

el espíritu burlon i escéptico de Lucíano. 

14.--He(no8 dichos que Luciano contribuyó poderosa- 
mente con sus burlas a'desprestijiar el poltteismo griego. 
i6u protector Marco Auriüiu^avudó a eeta obra con su tole- 



HISTORIA HTEIURIA. — TIEMPUS ANTIGCOS. OX 

rancia ilustrada, inediante la cual lii fílosofía derrocaUa a 
li>« dioses del Oüiupo, miéutras el orÍHtianismo se esteudki 
i aaent4\l)a. Aqnel filóstífo, coDnado eniperad.n* roniíuio, 
tiene tambíen un Ingar entre loa escrití»res grie^oa. For- 
man'io en la escuela de los filÓ8ofi)S e?»tóicos, Mrtrco Au- 
relio probó al ]»arecer la verdad de una profecfa de Pla- 
ton que hacia del reinado de la filosofía la condicion <ie 
la feíicidad de los pueblos. Ademas dcl recuerdo de sns 
virtudefl, ha dejado uu libro admirable que contiene Ins 
observacioues morale« que oscribia para su propio ij.%m. 
Ijos Fensa/nienlos áe ^hxrco Aurelio son máxinias mora- 
les qne escribia en ^rie^^o para sí mismo i siu iutcíMciou de 
hacerias públicas. Kse libro e.stá inspirado por la moral 
nias elevada i pura qu') nos ha legado la antigüedatl pro« 
faun. 

Otro emperador romano, Juliano, denominado el apó?<- 
tata, escribió tambicn en ^negoT^u uu estalo brillanfe, 
coQ el proyecto quimérict» de co'nbatir el cristinnÍHmo i da 
rejenerar el politeismo esplicando sus absurdos por meiio 
de una interpretacion míatica e inaceptable. 

15. — La filosofía sufrió ea esta época las miáma^ vicisitu- 
des de resurrecciou i de decadencia. El contncto de las 
dí)ctrinas orientales con la filosofía griega, i la fusion que 
86 operó entre estos dos elementos eu la escu'^'a de Ale- 
jandiía, produjerou uua reviducion de la cual el mas uo- 
table representante fué ©i ejipcio Plotino, que florec <> 
eU' el siglo III de la era cristiana. Plotino como jefe 
de la escuela neo-plat(')nica, trató de tefundir las doc- 
trinas de Platon i de Aristóteles con las doetrinas orieu- 
tales. 

Plotino stí ocupó tambien en estudiar la cuestion de lo 
Bello, (leliuiendo esta idea c(»mo el esplendor de lo verda- 
dero. Ya riaton habia inicicado eJ estudio de estas cuestio- 
nes dando oríjeu a la ciencia dononjiuada eatéfic/i, Ploíino 
adelantó sus teorías: pero un discípulo suyo, el sirio Lon- 
jino, que ensefló laretórica en Atémis, la adelautó c.^traor- 
dinariamente. De las muchas obras de Lcmquiq, soIo nos 
quedan algunos fragmeutos, i como dos tercms de su 7Va- 
taclo de lo subUmey(\\w. sirven de fundamento a su reuon.- 
hre. Es éste un exámeu elegante e injeuioso de los ele- 
mentos i de los modi'los de sublimidad cn oi'atoria i eu 



62 ELEMENTOS DE LITERATUBA. 

poética^ en (yoie sín embargo no se ha estudiado filoaóficA- 
mente el oríjen de lo sublime. 

16. — En estos siglos de decadencia de la literatura grie- 
ga^ la poesia casi iio se deja entreveer. La poesía lírica no 
presenta ninguna nnella. La trajedia i la comedia no figa- 
ran ni aun de nombre. Al mismo tiempo que unos jéneros 
perecen otros se alteran i debiiitan. Así, los ensayos épí- 
C08y que casi nos son desconocidos^ son simples tratadoa 
cronolójicos o jeográficos^ en que se encueutra alguna ciea- 
cia, i una íalta casi absoluta de inspiracion. 

En el jénero descriptivo, floreció sin embargo un poeta 
que merece recordarse. Oi)ia no de Cilicia , contemporáneo 
de Marco Aurelio, compuso"c)o8 poemas, üno sobre la pea- 
ca i otro sobre la caza. El primero, interesante por los oo- 
nócimientos de historia natural que encierra^ es tambiea 
notable por la elegancia i la pureza contínua del estiio. 
El segundo es inferior. Se crée con algun fundamento que 
cada una de estas dos obraa sea de un poeta distiuto. 

8e coloca tambien eu esta última época de la literatura 
griega el nombre da uu poeta, de cuya vida i de cuya pa- 
tria no se tiene las mas remota noticia. Babrip , eate es su 
Bombre, ea autor de una recopilacion de íáFulas griegas 
del jénero esópico» desconocidas durante muchos siglos, 
que se suponen escritas en tiempo de Augusto, i que solo 
fueron encontradas en 1840, en un monasterio del monte 
Atos. Algunas de estas fábulas son puerilea i obscenaa; 
pero a veces se elevan a la verdadera poesia; i mas de uoa 
de esas narraciones es una pequeQa obra maestra. 

Lns letras griegas no desaparecieron con estos escrito- 
res. La lengua de Homero i de Platon sirvió todavía a 
nuevas jeneraciones de prosadores i de poetas: pero éstos, 
auaqne berederos del jénio helénico, forman parté del perío- 
do denominado bizantino. 



CAPÍTULO VI. 
Llteratara romana. 

(pRrMEH PERÍODO: DESDE LOS TlfiMPOS PRIMITIVOS HASTA 

CÉ8AB I CICBRON.) 

1. Carácter jeneral de Is literatara romana. — 2. Primitiyos monnnvBBtoí 
literaríos, anteriores a la importancia del gnsto gríego. — 3. Livio An^ 
drónico i Nevio. — 4. £nio. — 6. La comedia: Plaoto i Terencio. — 6. La 
Bátira.— 7. Historíadores: Chton. — 8. La elocaencia i la filoaofía. 

1. — Lofl griegos, corao hemo9 visto, recibieron del orien^ 
te la hereocia de las doctrinas ejipcias e indianas, pero las 
impregnaron de ün espfrítu nuevo, í crearon formas pro- 
pias, de modo que con justo título se les puede llamar 
creadores. Otros pueblos^ esencialmente imitadorefl, se 
contentan con marchar siguiendo la huella de sus predece^ 
soreSé Los romanos deben ser considerados en este segundo 
rango. Consagrados enteramente a la guerra i a la con- 
quista, cuando pretendieron tener literatnra i artes, se 
contentaron con imitar a los griegos. Solo c^earon la sátira 
i la epístola poéticai o a lo ménos la forma de estos dos 
jéneros. Pero aun reconociendo esta falta de orijínnlidad 
de la literatura romanai es menester ir a buscar entre sus 
escritores los modelos mas perfectos del arte de la imita* 
cion, i aun en eilos se percibe la ÍDfluencia de las costum- 
bres del mas orgulloso i el mas atrevido de todos los pue« 
blos del mundo. 

A la época de la fundacion de Boma habia en la Italia 
tantaa lenguas como pueblos diferenteS| los celtas al norte, 
los etruscos en el centro con los bamnitas i todas las tri* 
bus oscas. Las colonias de la Grecia estaban al sur. Todae 
cstas razas diver8as se ajitaban en Italia ciiaudo Homa 

6 



04? ELEMENTOS DE LITERATURa. 

eniprendió sn ^rande obra de monopolizacion ¡ de oonqni.^- 
ta. La iacha f(i6 larga, pero la victoria destruyó la lengiia, 
la libertad, las co8tumbres de los vencidoR. ÍRoraa en s\t 
caráotor de conqnistadora, «e loapropíó todo, i lo eonvirtió 
en provecho del progreso de m prr.piaoivilizacion. Lalen- 
gna oBca, nacida de la niisraa fuente del idioraa de loa 
griegoB, vino a ser el foco ¡ el priiicipal eleraento del latiuy 
modificado, sin erabargo, por otros eleinentos, i particular- 
mente )>or la lengua griega. 

2, — El peiíodo de quiuientoa años qiie precedióa la ini- 
portacion de la literatura griega en Roraa no h:l de¡adcy 
raas qne recnerdos o^curosi frnor|iüento.s ÍBcornpíetos. Agrí- 
eultores i reliposos en su principio, Io8 romanos dejan 
traslucir este dobie oríjen on hu poesía príraiCiva, Cbn mo- 
tivo de la institucion de lo^ Arcales, ^e corapusíeron loa 
primeros cantos tradicionales (jue han llegado liasta noso- 
troH. Lcis hermauos Arvales forinaban una corporacien de 
doce sacerdotes que todos los aQos, a principios de la priniH- 
vera, paseaban en los campos un cerdo lechon para obtener 
la proteccion de los dioses. Los eruditos raodernos, ven* 
ciendo grandes dificultades, han alcanzado a interpretac 
los fragmentos que nos quedan de aquel canto, i se ha re- 
conocido que es una de esas plegarias que Ioh labradores 
de todos los paises dirijen al cielo para pedir que caigau 
flus dones sobre los campos. 

Los cantos de los sacerdote» Sálios, Ilainados Axamen* 
taj 96 refieren tainbien a ias ceremonias relijiosas. EI fervor 
se espresaba en ellos por uoa especie de delirio obligado i 
por danzas acompañadas de cantos i de cereraonias estra- 
vagantes. Esos caiitos e>taban conipiiestos en un idíoma 
que uo se eutendia en tiempo de Horacio. Cicrtas iuvectí* 
vas satiricas dirijidas por los soldados a los triunfadores, 
ciertas fie^tas de los campos celebradas en los alrededores 
de lus ciudadesi daban tambien lugar a baíles en que se 
mezclaban los cantos Ilamados fesceninos, i a diálogos que 
tenian algnua apariencia dramática. Tal es el orijen que se 
atribuye al gusto escénico de los romanos. Los diálogoa 
estaban compuestos en versos saturnios, horríbles a jní«> 
cio de Horacioy i sobre cuyo artifício raétrico discuten 
mucho los eruditos. A fines del siglo IV| áutes de Je- 
sucristo, la iutroduccion en Roina de danzantes i de acto- 



HISTOHU LITERARIA. — TlEMPOS ANTIGUOS. 65 

res etniscos dió ana forma niad régular a estos elementos 
groseros. 

Deftde ena época se sintió la necesidad de ronnir en nua 
e«i>ecie de catálo^o los hochos i los nouibres .relativos a la 
política ¡ a la relijion. Se habla de trabajos de este jénero 
atribnidoB a Nnma Poropili<», que nos son desconocidos, 
couio lo Bim igualmoote los trabajos de 9U8 sucesores. Se 
recuerdan tambien ]ok primeros cuerpos de leyes, algunos 
de lo8 cuales remontan al tiempo de la monarquía. A prin- 
cipios del siglo IV, siei/do neccsario poner órden en esas 
dÍ8|)Osici()ttes, i ad:iptar la lei a las in^titucioneB republicH- 
nap, los decenviroí*, despues de haber recojido una copia de 
laa ley^s de Aténas i de las otras cindades, fuiblicaroa la 
lei de las Doce Tablas, códi^o compacto que fué enseQado 
a lo** jóvenes. Otras leyes po teriores manifiestau los j>ro- 
gresos rápidos que hieo ol jénio romano reglamentaodo lus 
relaciones de la vida sociaL 

Parece fuera de duda que durante muchos siglos la hín- 
toria de Roma estuvo confiada hI gran (lontífice, el cumI 
«rrcojia, dice Ciceron^ todos los acontecimíentos de cada 
nño i los escribia en una tabla blanca, que esp(»tiÍH en sn casa 
a fin de que el pueblo pudieBe consuItarlos«» Kstos libron 
contenian solo algunas notas^ afSadidas a los nombres de 
lofi majistrados de cada afío, i una meucion lacónica de l<>s 
hechoe e8tra<»rdinar¡os, en forma de cuadros cronolójicos. 
De nianera, pnes^ que la historia qne nació en Grecia de 
la poe^ía, tnvo en Roma su oríjon en una es)iecie dc caleu- 
dario. 

A estog antiguos monumentos deben agregarse algunaft 
ioscripciones deftinadas a recordar importantes hechog 
históricos. Puede sefialarse entre éstas la inscripcion de 
la columna de Duilio, elevada en memoria de la victoria 
naval alcanzada sobre los cartajine^es en 260, i laci iuscrip- 
ciones de las tnmbas de lo> Scipiones. La historia uo re- 
oiierda otras producciones literarias de hs rotiianos ante- 
riores a la época en que se hizo sentir la influencia griega. 

3. — Las primeras conquistas de los romanos estrecharon 
9ua relaciooes con los griegos i les presentaron la ocasion 
ile oonocer el arte i la literatura de aquella gran nacioo. 
Lo8 romaoos la imitaron; pero los primeros escritores lati- 
uos foerou griegos de oacimíento; i al trasportar a Rom^i 



66 ELEBCENTOS D£ LIT£BATUBA« 

]a literatura de su patría, caltivaron i perfeocionaroa la 
lengua de sus conquistadore^. 

£1 8ur de Italia estaba poblado por coloniaa griegas. 
Lo8 antiguoi^ conocian eaa rejion con el nombre de Magoa 
Grecia, i sus habitantes hablaban el griego. Cuando Taren- 
tó cayó en poder de los romanos, fué Ilevado a Uonm uu , 
prisionero Ilamado Andronfco , que en el repartimiento ca- 
yó en poder del cónsul Liivio Salinátor. Ese prisionero co- 
meuzó en Roma la gloriosa falanje de esclavos sábios, qae 
rescataron su libertad por medio de su talento; i como los 
demas libertos, tomó el nombre de Livio Andronfco, Cul- 
tivó diversos jéneros literarios: compuso himnos relijiosos 
i tradujo en versos latinob la Odisea de Homero. £n el 
siglo III ántes de nuestra ern, Androníco hizo representar 
eu esa ciudad la primera pieza tentral, sirviendo él mismo 
de actor. CompuBO cerca de veinte obras dramáticas que no 
han llegado hasta nosotros, pero que^ desarroliaron entre 
los romanos el gusto por este jénero de composiciones. 

Cnsi a la mísma época otro griego de Italia ^ Cneo Nevío, 
natural de Campania, segun se crée, que aconif»aftó al ej¿r- 
cito romano en la primeia sruerra púnica, tradujo en ver- 
808 latinos la Epopeya de Chipre de Stasino^ i escribió al- 
gnnas obras dramáticas imítadas del griego, en que cri- 
ticaba con tanta dureza las costumbres romanas que se 
atrajo el odío de la aristocracia, i fué casligado con pri« 
sion i destierro. Nevio murió en Útica (en África) el aQo 
650 de Roma. De sus obras solo han llegado hasta no&o- 
tros algunos fragmentos que uo bastau para dar una idea 
de 8U talento. 

4. — Pero el raas célebre do todos estos poetas enciclo- 
pédicos fué QuintoEnio, griego de Italia como sus ante- 
cesQres, i soldado" eu efejército romano. Amigo de Caton 
el antiguo i de Scipion el mayor, obtuvo los derechos de 
ciudadano romano i vivió en Ih capital de la república 
honrado por su ciencia ¡ por su talentos. Segun QuiutiliauOy 
Enio es el invcntor de un jénero nuevo de poesia, la pátir», 
si bien los griegos conocieron la eseucia de ésta i la cnlti- 
varon en sus comedias. Como autor trdjico, Enio imitó a 
Euripides, manifestaudo, sin embargo, cierto desdea por 
Io8 dioses del pagauismo. Pero^ la obru mas notable de 
Enio^ es uuagrande epopej'a ebcrita cu vcrsos hexáuie- 



HISTORIA LITERARIA. — ^TIEMPOS ANTIGUOa 67 

tros oon el nombre de Anales. En ella la hiatoria romana 
estaba reve^tida con íbrroas poéticas i vigorosas; pero, a 
juzgar por los fragmentos qtie nos quedan, ]e faltaban 
muchos de los carácteres del verdadero poema épico. 

?uvÍQ , Robrino de Enio, i ^^ cÍA escritor del segnndo 
eiglo ántes de la era crístiaoa, bultivaron tambien la traje- 
dia con aplauso de sus contemporáneoBy pero con poca oriji- 
nalidad. Los trñjicos romanos apénas pusieron en|e8ceDa los 
grandes recnerdos de su patria. En lugar de emplear para 
sns trajedias las magníficas figuras de Camilo i de Lucre- 
cia, prefirieron de ordinario los grandes personajes de la 
antigua Grecia. Se contentaron con retocár el drama grie*" 
go: ]o tifieron de énfasis i lo desnaturalizaron. Las belle-* 
zas declamátoY*ias reemplazaron a los sencillos acentos de 
la pasion i del heroismo. 

5. — Hasta la época en que la comedia nueva de Aténas 
fné importada a Roma, no se conocian en este pais otras 
diversiooes de esa especie, que la foeñií^yescenina, i las 
atelanas. Eran los primeros ciertos versos licenciosos can- 
tados en al^nnas fiestas privadas, particnlarmente en laa 
fiestas nnpciales. Estos cantos tuvieron 6U oríjen en Fesoe- 
nia, ciudad de Etruria, donde eran el aoompañamiento de 
las fiestas oampestres. La lei de las Doce Tablas prohibió 
espresamente que en esos oantos licenciosos se introduje- 
sen las injnrías personales. Las atelanas eran especies de 
comedias informes, nombradas así de Atela» ciudad de los 
Oscos, en que fueron inventadas. En Boma, eran ejecnta- 
das por jóvenes de buena familía que las peifeccionaron., 
Se las representaba ordinariamente despues de una traje- 
dia, i servian solo para producir la risa por sus bufonadas 
ordinarias i grotescas. Estas farsas fueron abandonadas a 
la plebe desde que la Grecia vencida Ilevó a Roma sus 
elegantes espectáculos. 

La oomedia griega fué trasplantada a Roma por Livio 
AndronicOy el mismo que habia importado la trajedia. 
Desde entóoces, la poblacicn ilustrada no quizo mas que 
piezas griegas. Sin duda, algunos poetas pensaron compo- 
ner sobre este modelo comedias verdaderamente romanaa, 
pero no se conooe el resultado de sus ensayos. Todas las 
piezas que conservamos de Flanto i de Terencio están mo- 
deladaa tan fielmente sobre las comedias griegas, que casi 



CS ELEMENTOS DE UTERATURA. 

ge las puede eonsiilerar como simples imitadoDes, por mas 
qtte ¿inbofi aatoreg hayan impreso en ellas el sello de sn 
j>ropio jenio, La sociedad griega se ofrece siempre a nues- 
tra vitfta, i la encena pasa ordínaríamente en Aténas. 

-£JauÍoL (227-183) nacido en la ümbría, floreció en la 
ép('ca de In segunda gueiTa píínica. Autor, actor i empre- 
sario de teatio, conpció casi todas las condÍGÍones dc la vi- 
da. Fué rico, i se vió tambien obligado a servir u nn mo- 
linero. Eu medio desudesgracia, coutinuó trabajandopara 
el teairo, que locolmó de gloria. Con el n<»mbre dePlaut'', 
los romanoK conocian mas de ciento treinta comedlas, pero 
los mns distinguidos grámsticos solo reconocian veiuK^ i 
tres conio antéuticas. Hasta nosotros ban Ilegado veintc 
qne dan a conocor dc una manera completa el jenio de es- 
te autor. Buj*- f4iriiías tomadas a los escritores de la come- 
dia nueva de Grecia, Plautx) conserva el cuadro dc la vida 
interior de Koma. Atacando los vicios de todas las clases 
socíales, 8upo sín embargo, evitnr el resentimiento de los 
grandos i coniplacer a los pequeños. Para agradar a todos, 
ha unido una eleganaia esquisita a los trasportes de su 
licencÍMsn nlegm. Es un poeta culto que combina un plan 
irijenioso con earnctéres bien estudiadoK^ i los decarralla 
en diálogoK Ilcnos deanimacion i de alegría; pero empafm 
estnü doies con ias groserías que estabüU destinadas a 
arrancar ios ujilausos del populacho, i que le merecieron 
Irts censunis <le Horacio i de muchos criticos posteriores. 
PlaaU), apeHur de este defecto, ha proporcionado modelos 
Ilenos de obscrvacion i decolorido a los mas ilustres esorí* 
tores del teatro moderno. Moliére ha imitado el Anfitruon 
del pocta lutino; i la Aulnlaiia le sirvió de tipo para la 
composicion del Avaro. 

-I^rencio (192-159 ántes de J. 0.) teuia nueve años 
cuando murió Plauto. Como la raayor jiarte de los iutro* 
ductores de la poesía dramátióa en Uomay Terencio uo era 
de oríjeu hitino. Era natural de Cartago; pero robado mui 
jóv^Q p6r iinos piratas, fué vendido como esclavo i al fin 
llevado a Itonia eu esa humilde condíciou. Su amo, el se- 
nador Tei-eucio Lucauo, ledió la libf rtad i una educacion 
libeml. Su talento le valíó la amistad de los hombres mus 
dífttinguidus de su tiempo. Mucho mas culto que Plauto, 
'icrencio es el poeta de ia jentc ilustrada. Lns huellas de 



/ HISTORÍA LITERARU. — TIEMPOS ANTIGFOS. C9 

la üteratnra <írie<ía, «on evidentes en las 8eÍ8 comedias que 
u<»8 ha dejatlo. Menándro sobre todo e« el modelo qne Te- 
rencio se ha propnento iinitar. Su procedimiento #rdinario 
consiste en ref undir do8 o mas piezaA de aquel autor en una 
ííoIh, de domle renulta unn doble intriga i una compliCacion 
de tncidenteH que^ si no prueban roucha invencion, aumen- 
tan el intere» de la comedia« Su gran mérito está en la 
▼eniad de loi* caractéres i de las costumbres, en )a pureza 
t en la elegancia del estilo. \ 

Despues de estos, florecieron otros poetas córaicos, al- 
giinos de los cuales son mui elojiados por Horacio i por 
otros escritorea latinos; pero sus obras nos s^n conocidaa 
8o]o por tan pequeílos frac^mentos que no bastan para in- 
ferir si las alabanzas que les tributaron sus eontemponi- 
ueos i srts suceaores eran verdaderamente justas. 

6. —La sátira fué el jénero verdaderamente nacional en 
ia literatnra romana. La sátira de los griegos era 1a come- 
día con &u intriga, sus actoreii i sus diálogos. La siltira vo- 
mana no tenia nada de eso: fué una diatriba violenta con- 
tra ciertos personajes o coutra los vicios i Ifis ridi«uleces 
de la sociedud. Tomaba indiferentemente todas las formas 
métricas. Enio fué el primero que la cultivó. EI nombre de 
)a sátira, que por una casnalidad se asemeja a la denomina- 
cion griega dcl drama satírico, en que aparecian los sátiros, 
proviene del adjetivo latino satur^ harto, repleto. Bn fciem- 
po de la cosecha o de las vendimias, se ofrecia a Céres i a 
Baco un jarron lleno de frutas de toda especie: esfco era lo 
que se llamaba lanx satura, fuente euque están mezcladas 
las primicias. La facilidad que Enio tenía para admitir eu 
ente jénero todas las especies de ritmos i de metros le hizo 
dar el nombre de sátira, ¡ la iengua romaua consagró esta 
denominacion. Por la misma razon se llamó lex «o/urc^ 
uiia lei que conteuia muchos tftulos sobre díversas mata- 
ríaj^. 

Pacnvj o, el sobrino de Bnio, hizo tambien sátiras; pero 
el mns célehre escritor de este jénero ántes de Horacio fué 
CayoL ncilio, caballero romano, que compnso treinta libros 
tle i^tiras. Soldado en Gspaña, bajo las órdenes de Scipion 
ei Africano, ainigo de éste i de Ins hoinbres inas distingui- 
dos de BU tieuipo, Lucílio conoció la parte mas ilustre de 
ia sociedad romana i pudo ceirsurar los vicios despues de 



• • 



70 ELEMENTOS DE UTERATURA. 

tina observacion atenta. Sns obras no ban llegado hasta 
nosotros; pero Horacío i Quintiliano, que las conocieroD, 
les tributan grandes elojios. EI prlmero le concede mucha 
finura i urbanidad, nna gran purezá de diccíou, un exce- 
leute juicio en la eleccion de los vicios i de las ridiculeces 
qne aiacaba. 

7. — La historia tuvo un desarrollo ménos brillante en 
este largo período. Comenzó a aparecer en el siglo III án- 
tes de J. 0.; i aun los primeros historiadores escribieron en 
griego. _Q.uinto Fabio JPíctor. que fué el primero que ae sir- 
vió de ia lengna naólonal, vivia en tiempo de la segunda 
guerra púnica; pero sus obras no nos son conocidas sino 
por pequeüos fragmentos. Despnes dé éste, el célebre Ca* 
tonel antigno^ denominado ol Censor, compuso en síe]^ 
ITEros los Orijenes de Boma. El conocimiento que poseia 
de los hechos que señalaron los primeros tiempos de su pa- 
tria, i sn posicion personal en medio de los negocios públi- 
Gos, debian dar a este libro un alto interes histórico; pero 
desgraciadamente solo conocemos algunos fragmentos. Ca- 
ton escribió tambien muchas obras didácticas sobre la edu- 
cacion i sobre el arte militar; pero solo se conserva.un tra- 
tado de agricultura titulado De re rustica^ monumento cu- 
rioso de la lengua, de las costumbres i del carácter roma- 
no^ del cual Caton es la espresion mas vigorosa. 

En los historiadores de los tiempos subsiguientes se en- 
cuentran citados los nombres de muchos escritores que 
compnsieron libros de historia. SiU misrao escribió sub 
memorias. Fero todas esas obras son perdidas para noso- 
tros. 

8. — Desde la espulsion de los reyes la elocuencia fué 
mni honrada en Xtoma, porque la constitucion republicana 
necesitaba oradores. Como en Aténas^ la oratoria era en 
Koma el oríjen de la popularidad i Ilevaba a los honores 
i a la fortuna. Ciceron nos ha dejado áridas nomenclaturas 
de oradores romanos. En la historia de Tito Livio, se en- 
cuentran hermosisimas arengas embellecidas con todos loe 
recursos del arte oratorio; pero es mui probable que el 
historiador tenga una parte principal en esos discursos. 
Desgraciadamente, no conocemos otras mnestras de la ora- 
toria latina de aquella época. 

La filogofía hizo progrcsos mucho mas tardíos. En los 



HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS ANTIGUOS. 71 

primeros tíempos de la república^ la fílosofía era Uel todo 
desconocida. La antigaa austeridad de las costumbres ro- 
nianas no la aceptaba porque la creia pelígrosa para el ea- 
tado i para la relijion. La introduccion de una ciencia que 
ensefiaba el pró i el contra i que hacia alternativamente el 
elojio i la sátira do la virtud, alarmó a los senadores i par- 
ticularmente a Caton el Censor. Pero la juventnd romana 
se dejó arrastrar por sus lecciones, i en breve se propagó 
el entnsiasmo por la nueva fílosoña. Luego Ilegaron otros 
estranjeros; i apesar de las frecuentes prohibiciones del 
senadoy el gusto por la fílosofla i particularmente por las 
doctriüas que enseñaba la escuela estóica, adquirió un ver- 
dadero predominio en Roma. 

£n este largo período de seis a siete siglos, todos los jé- 
ueros literarios habian sido cultivados en la lengua latina; 
pero el jénio de Boma esneraba todavía el siglo de Angus- 
to para ostentar todo su brillo i sa vigor. ^ 



/ 



CAPÍTULO VII. 
Llteratara romana. 

(¿iÉGUNDO PERÍODO; DESDE CI€ERON I CÉSAR HASTA FINE^ DfiL 

8IGL0 DE AÜGUSTO.) 

1. — Importancia literaria de e^te sepuniío peTÍídn. — 2. Lucrecio. — 3. 

Cátolo. — 4. Virjilin. — 6. HorRcio.— 6. Ovidio.— -7. Tibulo i Propereio. 

—8. Publio 8iro.--9. Varron — IB. César—ll. Cicerfn~12. t^hmlio 

.1 Cornelio Nepote.— 13. Tito Lítío — 14. Prem&tura decadenci» de laa 

lefras latínaa. 

!•— El retórico Apolonio MoIqd decia a un jóven que 
escuehaba sus leccioues en^^óíias: aTe alabo i te admiro; 
pero lloro ]a suerte de la Grecia viendo que la sola supe- 
rioridad que uos queda, la deJ saher i de la elocuencia, va 
u pasar coDtigo a los roinanofl.D Este jóven era Ciceron, el 
jénio mas vasto i mas brillante que produjo la literatura 
latina. 

Esas palabras envolvian un doble pronóstico^ la futura 
grandeza d'e Ciceron i la revolucion literaria qne iba a ope- 
rarse. Boma, conquistadora del mundo, recíbió de los ven- 
cidos ioB primeros eleméntos de su literatura; pero^ una 
vez que su jéniajée desarrol^ó por medio de la imitacion, i 
aunque las letras romanas quedaron siempre sujetas a la 
influencia griega, alcanzaron éstas a un alto grado de es- 
plendor, comparable soio al briilo del siglo de Fericlee. 

En el primer período de la literatura romana, la grande 
obra de los escritore^ liabia sido la formacion del l«nguaje; i 
como de onlinario no se cr(?un a la vez la lengua i ias 
ideag, las traducciones habiun sido numerosas, La Grecia 
habia suQjinistrado a Homa su rica coleccion de obras 
maéstnis; habia peusado pur ios romanos, cuyo idioma in* 



HISTORIA LITERARIA. — ^TIEMPOS ANTIGÜOS. 73 

iwmpleto, no |>ermít¡a gramles progreRog literarios. Pero 
una vez que »e fíjó la ieH>(ua, la iioajinacíon tomó vu^lo, i 
las grandes creacíones poétícas no se dejaron esperur. £1 
ascendiente de loa estudios griegos, que la ¡uveutud romana 
seguia en Aténas i eu Ródas, como complemeuto indis- 
peusable de toda educacion bieu heciio, cultivó los espíritus 
i depuró el gusto. 

Este segundo- períddo tiene para la posteridad una im- 
portancia especiai. De los autiguos escritores latinos^ oasi 
no nos quedan mas que algunas citaciones sin importacia i 
los testiuionios lisoujeros de Ioh horabres que vinierou 
despues de ellos. Eu el periodo qne vamos a recorrer, la 
epo|>eya, la poesía didáctica, la sátíra, lu oda, la historia i 
la elocneneia se hau cohservado hasta u<»8otro}(, salváudo^e 
así del olvido en que cayerou Iiis obras de la mayor parte 
de 8US predecesores. 

2. -liUjcrggio señala el principio de este segundo período. 
Nació euKoma 95 años áutes de J. C, i, segua se dice, 
se dió 1a muerte a la edad de cuarenta i cuatro a&os. Se 
^lia escrito que Lucrecio era loco i que eu los momentos 
lújidos compuso su gran poema. Esta tradiciou es del to- 
do iaadmisible. £1 poema de Luerecio, fonmado de seis 
cantos, en que el asuuto se desenvuelve hábiluTeute, i titu« 
lado ¿}e natura rerum (De ia nuturaleza de hvt» cosas), 
está tan estrechameute eutrelazado, que no puede iser el 
fruto de un cerebro enfermizo. Coutiene una es|K)8Ícion 
completa del sistema dcl filósofo gri^go Epicuro, esplicado 
prolijamente en todos hus detalles, i tal como uo nos lo da 
a couocer uiuguua olra obra de la autigüedad. EI objeto 
del poeta es traaquiiizar a los hombros suprimiendo los 
temores i las esperanzas en la vida i'utura i en los dioses 
del pagauismOy i concluyeudo en uuaespecie de punteismo 
i eu la materialidad del alma. Apesar do la aridez del sis- 
cema qne desarrolla en su poema, Lucrecit» ha sabido ha- 
terloiuteresante con la iutroducciou de episodios oporf nnop, 
de brillautes descripciones i de cuadros admirables. Su 
pintui^ de \m e»tragos,de la pe^te, de la crcticion de iasar- 
tes i de los primeroá descubnuueutori de lu iudustriu, dejan 
ver uti grau poetn. Su horror por los absurdos snuguiua- 
rios dei pagauismo, i su eutusiasmo |H»r el espectáculo de 
ias fuerzas nuturales, le iuspiran rasgus de la mas nca 



t 



74 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

snblÍDiidad. Le faltnn a veces armoDÍa i elegancía; sin 
embargo, cii sus descripcionea i en suh cuadros se halla 
una grt^cía vigorosa i naturnl que agrada infinito. Su estí- 
lo didácticoes seco como si buscai-a solo la lójica del ra- 
ciocinio; de tal manera que las teorías físicas i filogóficas 
det^nrrolladas en sn libro parecerian dirijidas únicamente 
para alcanzar el convencimiento^ si no se hallaran revestí- 
das de las formas poéticas con que el autor se propone 
ngrndar. EI poema de Lucrecio^ aunque ménos conocido 
qiie otras obras poétieas de los romanos^ es considerado 
por eminentes críticos la mas preciada joya de la literntu- 
ra laiinn; i jeneralmente ee le estima ^omo el mas notable 
de los poemas didácticos. 

3.— Su contemporáneo Cátulo cultivó mui diversosjé- 
neros de poesía. Nació en el norte de la Italia^ 86 afios 
ántes de J. C. i murió a los treinta do edad, dejando un 
nombre inmortal en las letras romanas. £s el primero de 
los poetas latinos en el jénero erótico i lijero. £n el epi- 
grama, no tiene otro rival qne Marcial, que vino despues 
de 61; i en la elejía abrió el camino a Ovidio, a Properoio i 
a Tibulo, Gomo lo abrió a Horacio en la oda. Dos de sus 
poemns, Atis i las Boc/as de Tétis i Feleo, ofrecen bellezaa 
dignas de Yiijilio. Las obras de Cátulo poseen una gra- 
ciosa naturalidad, i una sencilla elegancia. £n sns poesias 
de corta estension, ha distribuido a manos llenas la sal 
ática, la gracia injeniosa, el sarcasmo amargo, i la delica- 
deza de sentimientos. Su espresion es a veces cruda, como 
8U8 epigramas son en ocasiones groseros; pero estos defeo- 
tos son el frnto de una época en que el libertinaje era de 
buen tono en Boma. 

4.— Pero el mas grande de los poetas de este siglo^ i el 
príncipe 4Je los poetas de Boma^ es Yii^ilio Maron^ nacido 
en Mántua^ en el norte de Italia, el año /?)7ñfert[e J. C. 
i muerto a la edad de 52 afios. Yirjilio fué fnvorecido por 
Au gustOy í Ilevó una vida tranquila i feliz. Dedicado a las 
pacífícas íaenas de la agricultura, cultivó con buen éxito 
tres diíerentes jéneros de poesía^ el pastoral, el didáctico i 
el épico. £n sus églogas, denominadas Bucóiicas, es infe* 
rlor a Teócrito, que le sirvió de modelo. Sus pastores son 
dt masiado elegantes i demasiado injeniosos^ de tal modo 
que sus cuadros i sus personajes carecen con frecuencia de 



I 



HISTORIA LÍTERARIA.— TLEMPOS ANTIGUOS. 75 

■ 

naturalidad. Eq las Jeórjicaa \ en 1a Enéida, es en donde se 
debe bnscar la superiorídad de este gran poeta. Las Jeór» 
jicas son un poema didáctli^ sobre la a^iculturay divididcy 
en cnatro libros: el prímero trata del cultivo de los oampos^ 
el segnndo de los árboles i particularmente del oIíyo i de la 
vid; el tercero de los ganados; i el cuarto de las abejas, 
onyas costumbres roereiian un lugar aparte. De este modo 
el intereü va creciendo en graduacion. Virjilio varia hasta 
el inBnito las formas didácticns: sn verso es sencillo i 
fácil en los preceptos, rico i briUante en las descripciones. 
Se interesa por las pjantas: las ama o las aborreoe seguo 
Hon ñtiles o dafiinas al hombre. Los episodios est&n intinm- 
mente ligados al pensamiento del autor. En medio del 
«mor al campo i de su admiracion por la agrioultura^ Yir- 
jilio deja ver sus sentimientos patriótvcos; i lamentando 
loB horrores de la guerra civil, ve en Augusto el término 
de ella^ í en el imperio el único gobierno poáible de esa 
época. 

La Enéida es el primero i quizá el único poema épico 
de la literatura latina. Los rcpetidos ensayos anteriores a 
Virjilio, de que hablan los escritores de la antigiiedad, no 
'han llegado hasta nosotros. La Enéida dejatraslucir el es- 
piritu de imitacion de ios poemns homéricos, i sin dada se 
ha quedado atras en el interes de la accion i en la pintura 
de los daractóres; pero ningun poema antiguo ni moderno 
es mas constantemente bello en los detalles queel de Vir- 
jUio. El poeta se propnso celebrar los or{jene« tradioionales 
del pueblo romano, i el estableciiuiento de lünéas i de sus 
compañeros en la [talia. Los seis primeros cantos, que son 
casi estrafios al asunto^ son los mas interesantes. f]ormau 
una especie de Odiséa, cs decir, nn tejido de aventuras ani- 
madas e interesantes, la destruccion de Troya, las peregri- 
luoiones de Enéas i de sus compaQeros, su iieruianencia en 
Gartago, etc., sucesos todos anteriores a la accion princi- 
ftal, que es ei establecimiento de los trpyanos en Itaiia. Su 
héroe, Enéas, es frio i en cierto modo vulgar: |>or cso no 
despierta tauto uuestro interes como alguuos de los otros 
personajes; pero Virjilio es inimitable enlapinturadeotros 
caractéres, como el de la desgraciada Dido, la reina de Car- 
tago que se da la muerte al verse abandonada por Enéis, i 
en el estudio de laa pasiones i sobre todo de las pasiones 



76 . ELEMEKTOS DE LITEUATURA, 

»iiave9y en qne el pocta rovela m penotranfe sensibilidad* 
Su8 versoR tienen 1a mns esquisita perfeccion: |K)Heen una 
armonia flexible, variada, que se eleva i se,abaja con el 
asunto i que refieja con una admirable espresiou loa movi- 
mientos i los afect<»9* Virjilio dejó »iu conclnir su poema i 
aun 8Ín retocar ia parte que babia compuesto. Al morir 
pidió que f>UH mnnuscritos fueran queniados. 8i s'e hubiem 
lespetado su nltirnn v* luutad, la liteiatura romana habria 
perdido una de las obrasi quc mas huu contribuido a su 
gl(»ria. ' 

5. — S¡ Virjilio eh el primero de los poetns épicos de Ro- 
ma, Horacio es el primerode los líricos. Nacidt) en Venusa 
el afió 64 áutes de »1. C, Quinto Horacio Flaco, de orfjen 
humilde, hizo algunob estudios en Roma i en Aténas. En 
f Bta ciuíiad se al¡í*t6 en el rango de tribuno militar en el 
ejército de Bruto que fué derrotado en Filipos. En seguida 
82 acojió^al indiilto pr( clamado por los triunviros, i pasó 
cl re^to de siis dias en Rorna, mereciendo eu sus iiltimo» 
afios la mas decidida proteccion de Augusto i de x\uo de 
los cortesanos de éste, Mecéna^, ei célebre protector de las 
lctrns i de los litei-ati>s. Horacio escribió odas, sátiras i 
fiu¿4tola^, i sobresalió en estos tres jcueros compouiendo 
obras inmortales que viviráu tanto como el buen gusto en 
mat^rias literarias. 

Las Odas de Horacio representan bajo todas sus faces 
la poesÍQ lirica, desde el ditiraraho mas elevado hasta la 
cancion. La flexibilidad de este taleuto tan puro, tan «va- 
riado, tan poderosc*, que ha tocado todas laa cuerdas de \ft 
lira, ha sido admirada siempre por los críticos. Todos ho 
tonos le parecen naturales: celebra alternativameute los 
placereSy la graudeza moral i los destinos de la patria; i 
siempre una hiaravillosa claridad presta au luz a estas tras* 
formaciones del talento que se burla de las difícultades. 
Las Epístofas de Horacio, jénero nuevo, que Ilevó a laper- 
feccion, dirijitfas a sus diversos auiigos, a su protector Me- 
cénas i al erapemdor Augusto, son un código de buen sen- 
tido, de buen gusto i de gracia. EI Arte poétua no es raas 

Jue unade estas epístolas. Trata en ella de la moral, de la 
losofía, de Ioa preceptos i de la hiatoriív literaria con ua 
tono familiar i de conversaoion diferente de la elegancia 
severa de sus odas, pero llena de injenio i de lucidez. 



HISTORIA UTBRARIA. — TIE311»OS AXTIGUOS. 77 

Demasiado libre a veoes, con frecuencla inclinado a loá 
placprea, Horacifi lia juntado a log juegoH <le su iiijenio i a 
íog caprichos desa imajinacioo iin profundQ buen Bentido, 
que Iiace qne sean leidas aun aquellas piez^is mas liceiicio- 
fias* Eu 8118 Súlt'rcutf Horacio ataca mMs losderectos que los 
vicioB. 8on hurlas agradables, tau desprovisiaa de amar- 
giira como de lisoDÍti; o a lo ménoscuandd ésfa pparece, es 
mui injeniosa i toma los visos del reenniiciiuiento i de la 
amístad. Su espíritu delicado i burlon no se presta a Ins 
inspirHCÍones del odio. En siis Sátiras coino eu Jas Ep'fsto- 
laSf Horacío conversa fainiliarmeute, i pasa en revihia las 
)>aaione8 hnmauaSy en ¡mrticular aquelJas queson mas ene* 
mi/2raa de la felicidady como la amhicioUf los celon, la cu- 
dicia i la avaricia. Cuando encuentra en au camino un 
malvado, ud tonto, un im|>ortuno, lo hace aervir de prueba 
de lo qne ha dicho, pero no ae detiene mucho tiem|K) eu 
YÍtuperarlo. 

Colmado de favorea i de distinciones por el poderoFo 
Mecéoaa ¡ ¡lor el em)>erador AugU8t<\ Horacio pai^ó la 
última parte de an vida en una situacion qiie garautízaha 
pw independeuciay pero que do le hizo olvidar Iom deberes 
de la gratitud hácia hus benefactores. En sus <»hras ree<»- 
mienday aobre todo^ la moderacion en los dese^s f»ara vivir 
oontento i para ser felíz; i él mismo practieó esta máxima 
con toda sinceridad. Murió a los ciucueutA i siete aúoa 
de eilady legando a su patria i a la posteridad nn lihro de 
poeefasy que le han asegurado uno de los nombres mas 
iluatrea de la historia litemria. 

6. — Si Ovidio Bo puede rivalizar con Horacio ni con 
Virjilio en riqneza de inspiraciony ios aventaja a ámhos eu 
fecnndidad. ftvidin es el poeta latino de quien nps han 
quetlado mas obras, ¡ talvez el que nius |>oesfas compn^o. 
Nacido en el sur de Italia el afio de 43 ántes de J. C, Ovi- 
dio ae dedicó desde temprano al cultivo de la |>oe8Ía, aban- 
donando al efecto los estudios jnridicos a que lo destinal>a 
BU padre. En Boma fiié amigo de Virjili ♦, de Horacio ¡ 
de otros poetas, i mereció los favores de Augusto. El año 
Q de nuestra era, hiérelegado |K>r órden de este empera lor, 
a TómoSy cerca de la desembocadura del Dunubio, hajo 
pretesto de qne nna de sus obras era liceuciosa, pero 
cn realidad por otro motivo que la po^teridad nu ha 



78 ELEMENTOS DE LITERATÜEA- 

podido couocer. Allí iimrió despues de nueve afios de de»* 
tierro. 

Annque se han perdido muchas obras de Ovidio (decla- 

tnacionesy epigramas i una trajedia titulada Medeajj las 

que noB quedan son, como ya hemos dicho, mui numerosan. 

Comprenden poesías de cuatro especies : Jos Amores^ cuyt» 

héroe es el mismo Ovidio, en donde describe con mas inje- 

nio que pasion los placeres i tormeutos dcl amor; las Hei'oir- 

das, en que bajo la forma de cartas que bupone dirijidas a 

sua amantes por heroinas tales como SafOy Fedra, etc, el 

poeta anaiiza hábilmente las pasiones en medio de difusaa 

referencias a la mitolojía; los Tristes, escritos durante su 

destierro, en que el poeta se queja con voz dolorida i con 

verdadero sentimiento de la desgracia de su situacion; las 

Epístolaa del PontOj otra obra de destierro c^puesta de 

peticiones dirijidas a sus amigos de Boma para obtener sa 

mtercesion cerca de Augusto. Ovidio compuso ademas 

algunos poemas eróticos; el Arte de amarj notaUe por el 

injenio i ia gracia del estilo, comp tambien pOr sa desme- 

dida libertad;' los Remedios del amor, en que el poeta quie* 

re ensefiar a vencer un amor desgraciado por la ausencia, 

Jas distracciones, el estudio de los defectos de la persona 

amada, etc; los Medicamentoa del rustro, fragmeuto gra» 

cioso sobre loa cosméticos empleados por las mujeres. Ovi* 

dio ha dejado ademas dos poemas mitolójicos; los Faatos^ 

enumeracion de laa principales fiestas en el órden del ca« 

lendarioy en que están contadas las tradiciones que han 

dado lugar a las espresadas fiestas, con cierto aire <le 

escepticibmo filosófico; i las Metamor/Ó9Í8 compuestas de 

doscíentas cnarenta i seis fábulas que comienzan en el 

cáoB í que terminan en la muerte de Julio Gésar, re* 

ferentes todas ellas a las tradiciones mitolójicas de loa 

^riegosilos romanos. Ovidio ha sabido unir en un con- 

)unto armónico esa multitud de partes heterojéDeas i ]i«> 

garlas por transiciones variadas animando pintorescamen- 

te las pasiones humanas. £n éstas, como ea sus otras 

obras, se descubre que si Ovidio no es el mas eminente de 

todos loB jénios poéticos de* Boma, es el mas fácil i abuu- 

dante. 

7. — Hemos visto que la elejía, creacion de los griegoaf 
habia sido cultivada con buen éxito por los romanos. £n 



BT^^^yw 



HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS ANTIGÜOS. 79 

el sig-lo (le Augiísto, dog {wetas contemporáueoa de Ovi- 
diu sobresalieroi: ep est* jónero. 

TUmlg, nacido eu Koma de una familia ric i el aüo 48 
áutes de J. C*, i rauerto el año 18 de la era críhtiana, nos 
ba legado cuatro libros de elejías que revelau un verdadero 
jénio poético. £1 gran mérito de Tibulo es la naturuli^ad, 
la suavidad, la delicadeza i la armonía. Su ternura es ver* 
dadera, llena de altandoqo i de melancolía, aunquc un poco 
afemiuada. En Tibult» no hai nadn de romano: ama la paz 
por odio a ln espada. La monctonía, que se le puede repro- 
cliar, nacc mas que de su talento, del jénero literario t|ue 
cultiva. 

Mui iuferior a Tibulo por. el sentimientd ¡ por Iu falta 
de naturalidad Jropercio fnacido en Umbría en 52 ántes 
de J. C ) lo sobrepnja en la variedad de sus compoHcionet*, 
en la vivaciílad ¡ a vcces en el lirismo de »\i estilo. Eu 
Propercio se descubre coo frecuencia la imitacion de nlgu- 
nos poetas ffriegos de la decadencin, de los cuale.n ha ti>ma- 
do la erudicion rebuscada que se manifiesta por aluciones 
mitolójicas. 

8. — En el siglo de oro de la literatura romana cnsi todos 
los jéneros literarios que cultivaron'Ios griegos alcanzaron 
a nn alto gradt) de esplendor i perfeccion. Solo el teatro 
no Ilegó a esa altura. Los romanos habiau poseido dos au- 
tores cómicos de verdadero mérito, i al^unos tníjicos, cu- 
yas obras no han llegado liasta nosotrot», pero que uo 
parecen haber sido de mérito &obreáaliente. Esta estcrili- 
dad tiene ona espHcacion sencilla: el pueblo romano esta- 
ba acosturobrado a espectáculos que debian causiruna 
impresion roas profunda. Las luchas de gladiadores i los 
combates de fíeras lo habian habituado a ver el derrama- 
raiento verdadero de sangre hiimana; i las fíccioues teatra- 
les Qo podian alcanzar a conmoverlo. 

Sin en^bargo, en esa época ae cultivó un jéuero dramáti- 
cí» bastaute orijinal, los Mimosy pequeñas comedias burle<»- 
cas de oríjen griego, en que las jesticulacione^ i los movi- 
mientos teuiau uua grande importancia, i que re|>re8entaban 
la caricatura fiel de ciertos accideutes de la vida privada. 
l¿n este jénero se distinguió Publio Siro, esclavo liberto 
natural de Siria, contemporáneo de César í de Augusto. 
Han llegado liasta nosotros las sentencias morales estrai- 

7 



80 ELEMÉNTOS DE LITERATÜRA. 

das (le los mimos de este^scritor^ que prnebaii que en sus 
piezas habia nlgo raas que simples bufonadas. En jeneral, 
no son mas que meros proverbios que encierran la raoral 
i la filosofía práetica de aquella época; i que por lo tanto 
dan a conocer el ei^pfritu i los sentimientos de los autiguos 
romanos. Los inimog^ espectáculos destinados al populacho 
de Rt»mn, perdieron poco a poco su carácter primitivo i 
llegaron a convertirse en ese jénero de composicion dra- 
raátíca en que se emplean los movimientos como Anico 
raedio de espresion. 

9.— La hiíjloria de la prosa en este segundo período de 
la literatura romana presenta nombres no ménoa ilustres 
que Ins que dejamos indicados al hablar de la poesía. 
^larco j'erencio V arron fl 16-26 ántes de J. C), teniente 
de Pompcyo en la guerra contra lot» piratas de Sicilia, i de 
Sesto Pompeyo en Lusitauia contra Cé^ar, goza de la re- 
putacion del hombre mas eruditos de su siglo i de haber 
poseido uno de los talentos mas enciclopédicos de !a anti- 
güeilad. Amnistiado por Ccsar, proscrito despues i>or Alar- 
co Autonio, i despojado de sus bienes, Varron encontró al 
fin una proteccioo poderosa en Augusto, que le confió la 
direccion de la biblioteca de los Césares. Gramático, his- 
toriador, filósofo i poeta Varron escribió cerca de quinien- 
tas obras, de lás cuales la raayor parte se ha perdido com • 
pletamente. Compuso sátiras mui aplaudidas por sus con- 
temporáneos, a las cuales dió el nombre de Menipeas, por 
el nombre de Ménipo, filósofo cínico mui afamado por la 
hiriente vivacidad de su injenio. Enio habia empleadoen 
sus sátiras metros diferentes: Varron fué mas léjos toda- 
vía, i mezcló la prosa con versos de vari««8 nietros. Se ha- 
bla de una de esas ^átiras eu que hacia una burla injenio* 
sa del primer triunvirato. Los po(M»> tVagmentos que nos 
quedan de esas sátira» no bastan p;iramanifeRtarnos si son 
o no fundados los elojios que les tríbutaron sus contem- 
poráneos. 

Se conservan igualmente algunos fragmentos de otras^ 
obras de Varron sobre historia, filosofía moral i literatura 
critica; pero su graii reputacion proviene de un tratado de 
agricultura {De rt rustica), el mejor i el mas metódico que 
nos haya legado la antigüedad; i de una obra sobre 1a len- 
gua latina de la cual conocemos solo seis libros, que serán 



■■■■r ■»! 



HISTORIA LITERARIA.— TIEMPOS ANTIGÜOS. 81 

la caarta parte de lo qiie escribió, i qae revelan una in- 
tnensa erudicion filolójica i un espíritu profundamente ob- 
servador. 

10.— ¿iiliíL£!¿§ar, el mas grande de lo.s jenerales roma- 
noB, i uno de los mas notables hombres de ^stado de nna 
nacíon qne produjo tan hábiles politicos, (igura tambien 
entre los primeros escritores de su sigloi El renombre de* 
este ílustre parsonaje nos exime del deber de dar noticias 
acerca de su vida. 

La elocuencia de César tiene todas las cualidades del 
estadista i del guerrero, la vivacidad, la firmeza, la pre- 
cision. Uno de bus discursos, pronuueiado en el senado 
romano para combatir la pena de muerte por delitos polí- 
ticos, cuando se trataba de castigar a Catilina i a sus cóm- 
plices que conspiraban contra la rcpública, nos ha sido 
coriservado, talvdz con notables modificacitmes por el his- 
toriador Salustio, i hace seniir que no se conserven otras 
muestras. César escribió un poema didáctico sobre la as- 
tronomía, cieocia a que fué mui dedícado, uaa trajedia i 
fin tratado de gramática, pero no han llegado hasta no- 
«otros. 

La posteridad no conoce mas que sus escritos históri- 
-cos, sus Comentarioa sobre la gnerra de Ids Galiasy i sobf'e 
la guerra civiL dEstos comentarios, dice Ciceron, son una 
obra exelente: el estilo es puro, fácil, despojado de todo 
adorno oratorio, i por decirlo así, desnudo: se ve que el 
autor no ha querido dejar otra cosa que materiales para 
los que mas tarde quisierén tratar el mismó asunto. Tal- 
vez algunos escritores vulgares p»'etendan bordar estu tela; 
pero los hombres de buen gusto se guardnran bien de to- 
carla.]> Este juicio ha sido confirmado i repetido por todos 
los siglos. La claridad, la rapidez, 1a heróica sencillez 
de la narracion, la exactitud de los detalles estratéjicos, 
liacen de ese libro de memorias, escrito sin aparato, i tal- 
ve;5 de carrera, uno de los maís preciosos documentos 
de la literatura i de la bístoria romana. Los grandes jene- 
ralea de los tiempos modernos, Coudé i Napoleon entre 
otro^, leian habitualmente los Comeutarios de César, bus- 
xMindo en ellos Atiles lecciones. César ha escrito sns me- 
morias^ como Jenofonte escribió su Anábasis^ es decir, ha- 
bla de sí mismo en tercera persona, i con una modestia 



82 ELEMEXTOS DE LITERATURA. 

hábilmeute es^tudiada; péro se le reprocba el pasar iiiui a 
la lijera sobre las acciones de otros, o el alterar los hechos 
cuaudo habla de sí mismo^ sea por falta de memoria, sei 
intencíonalmeute. 

11. — Pero el escritor mas ilustre de este período i de 
toda la literatura romana es lVí<trr*Q Tul'^ CAoe^xc^, el pri- 
mero de todos los qradores en la elocueucra judiciariay i el 
segundo en la elocuencia politica, puesto que no alcauzó a 
igualar a Demósteue?. No tenemos que bosquejar la vida 
de uu personajé que pertenece todo entero a la historia. 
Soldado en su juventud, estudió mas tarde la fílosofia i la 
elocuencia en Aténas i en Ródas; i aunque sus primeros 
escrito^ fueron algunas composiciones poéticas de no esca- 
80 mérito, su gran reputacion provino de sus defensas co- 
mo abogadoy í mas tarde de SU3 magníScos discursos co- 
rao senador i como hombre públíco. Sus obras oratorias se * 
componeUy en lo que respecta a la política, de uu discurso 
sobre la lei Manilia, especie de arenga de aparato en ala« 
banza do Poropeyo; de tres discursos sobre la leí agraria; 
de las cuatro Catilinarias o discursos contra Catilina; i de 
las catorce Filípicas contra Antonio. Los otros discursos 
de Ciceron, en número de treinta i cuiitro, pertenecen al 
jénero judiciario. Son famosos entre éstos las siete Verri- 
naSy en que acusó cou un ardor i con una lójica verdadera- 
mente admirableí», a Vérres, gobernador de Sicilia, por 
las inícuas exacciones ejercidas alií. 

Las dotes oratorias de Cíceron son s¡n dispula de pri- 

mer órden. En todos sus dis(^ursoH hai jeneralmente md* 

cho método: comienza por un exordio bieu dispuesto para 

insinuarse a hus oyentes i granjearse su afecto. Su plan 

es claro, i el órden de sus argumentos el mas propio para 

convencer i para conmover: todo se halla eu su propio lu- 

gar. El orador no inteuta apasionar al auditorio sino cuau- 

doestásegurc de haber producido el ccnvenoimiento, i 

entónces es fel¡c(simo para ajitar el corazon de los ojen- 

tes, i sobre todo las pasiones suaves. No ka habido escritor 

alguno que conozca mejor que Ciceron el poder de las pa- 

labras, la claridad t el vigor que la estructura gramaticai 

suele dar a lasentencia. Sin embnrgo, buscando la unidad,. 

amplifíca los pensamientos culminantes, quitando a sua 

díscnrsoa el relieve de ciertas ideas capitales; pero ha con 



's 



HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS ANTIGUOS. 83 

^eguido, en canibio, aer nnifornje, claro, elegante i magní* 
fico, Esto mismo es la causa de uno de sus pocos defectos. 
Ciceron cs a veces mas pomposo qne sólido, i es difuso 
cunúdo convenia ser precisow 

Los dÍBcnrsos de Ciceron dejan ver el arte supremo con 
<ine han sido compuestos. EI mismo ha enseftado la teoría 
del arte oratorio eo nn libro titnlado Del orador. Ciceron 
lé dió la forraa de diálogo para hacer mas interesantes los 
preceptos; i en él habla de cada una de las partes del arte 
oratorio con la ciencia i con la profuudidad de un maestró 
esperimentado. 

Sus obras morales i filosóficas, compuestas tambien en 
forma de diálago a imitacion de Platon, están escritas con 
mncho briHo, con un estilo mui cuidado i con verdadera 
elocuencia/ En ninguna parte, la filosoíía pagana se ha 
mostrado bojo una forma tan seduct4>ra eomo en los escri- 
tos del orador romano. El Traíado de los deberes {De offi'^ 
ciis) señala el Hmite a que alcanzó la moral antigua áutes 
del cristianismo. Otros tratados {Las cuestiones tuéculanas 
i el Diáhgo sobre la vyez) no son ménos impOrtantes; dan 
todos los remedios que ofrece la sabiduría humana contra 
el dolor, la vejez ¡ la muerte. El Sueño de Scipion, episodio 
¡ fragmento de la Repnblica^ se refiere a la moral i a la 
política por medio de consejos dictados por laprudencia i 
la ésperiencia sobre el gobierno de los estados. 

8u8 Cartas famiUare$ no son la parte ménos interesante 
de sus obras. Ellas noe han hecho conocer muchos porme- 
nores de la vida privada de los romanos i han contribuido 
a dar una idea mas completa de algunos grandes persona- 
jes de su historia. En todas ellas, por otrh parte, el méríto 
literario es síempre el mismo. Sea que Ciceron converse 
sobre los asuntos mas ordinarios de la vida, sea que trate 
con sus amigos de la suerte de la reptSblica, se reconoce 
siempre en su lenguaje al hombre de jénio i de buen gusto. 

EI nombre de Ciceron es, como dice Quintiliano, el dé 
la elocucncia misma; pero su carácter como orador í como 
hombre públíco ha sido juzgado de mui diversas manerds. 
Aparte de una vanidad muchas veces pueril qué se deja 
traslncir en sus escritop, i particularmeute en sus cartas, 
se le ha censurado falta de carácter en circunstancias en 
^que necesitó manifestar grande entereza. «La debilidad, o 



84 ELEMENTOS DE UTERATURA. 

mas bien, la indecision que se Je reprocha, dice Géruzez^ 
at)esar de tcdas las prnebas de intrepidez que dió, parece 
tiacer de la esteusion de sus luces i de su probidad. En las 
épocas de discordiiv i de corrupcion, en que la línea del de- 
ber no está bien trazada, los que quleren seguírla uo se 
deciden tan fácilinente como los ambiciosos i los iiitrigan- 
tes que v'an al asnllo del poder i de la fortuna sih reparar 
en medios.D Ciceron, en efecto, no tuvo todas las cualida- 
des del hoiubre de estado; pero fué como decia Augusto, 
«un ^ran dudadano que auió mudio a su patriá, cuya cau- 
sajamas abandonó.D 

Cualesquiera que sean los defectos que se reprochen a 
'Ciceron como hombre público, su jénio como escritor i co- 
mo ojador ha eido desde la antigüedad un motivo de ad- 
mirncion. «Este grande hombre, dice Villemain, no ha 
perdido nada de su gloria al través de los siglos: queda en 
primera línea» como orador i como escritor. Quizás, si se le 
cousidera en el conjunto i en la variedad de sus obras, es 
permitido ver en él al primer escritor del mundo, i aunque 
las creaciones mas sublimes ¡ mas orijinales del atte de 
escribir pertenezcan a otros, Ciceron es quizás el hombre 
que se ha servido de la palabra con mas ciencía i con mas 
jenio, i que, en la perfeccion habitual de su elocuencia i de 
sn estilo, ha empleado mas bellezas i dejado ménos defec- 
tos.D 

12.— Miéntras la elocuencia política i judiciaria lanzaba 
tan vivos resplandores, la historia se elevaba a las cuali- 
dades literarias que debian constituirla a lo inénos para la 
posteridad, en un reemplazante de la tribuna próxima a 
enmudecer. El terreuo habia sido preparado por ensayos 
anteriores; pero luego aparecieron los grandes mnestros 
de que se euorgullece la Iiteratuia latina. 

El primero de los grandes historiadores, en el órden cro- 
aolójico, despues de César, es Crispo Salustio , nacido en- 
Amiterno el aOo de 85 úntes de J. 0. iJompuso una histo- 
ria romana desde Sila hasta la conjuracion de Catilina;: 
pero no poseemos de esta obra mas que algunos discursos^ 
admirables. En cambio hau Ilegado hasta nosotros dos 
historias patticulares, la Guerra cle Juyurta i la Conjura» 
cion d^ Catilina, Salustio es el escritor mas preciso i mas 
vigoroso que haya producido la literatura latina. Aunque 



I 
HISTORIA tlTERARIA. — TIEMPOS ANTIGUOS. 85 

ménoa profundo i ninjeí'luoso que Tncídidep, 'a quien se 
pro|ureo iniitar en suj* consrderacioiies jeneralen, en sus re- 
trutos i en sus discursos, es siu enibargo, un gran piutor 
de liistoria. Es adeoms un moralísta admirable. Nada es 
mas imponente que el tono en que castiga el vicio i cou 
que houra la virtud. 8alustio prodiga talvez deniasiado 
estos cuadros, i en ellos se percibe a veces alguna nfec- 
tacion. Sus retratos pueden ser a veces inui exactos; 
pero siempre son admirabies como obra de arte. £u hus 
lüstorias no se encueutran mas que los hechos de la vida 
públic»; pf)r ejempfo, his acoDtecimieutos pidíticos i mili- 
tares de la guerra de Jugurla, la topografía de los comba- 
tes, pero mui poco sobre las costumbres ilajeografla de 
una rejion (el nortc de Atrica), que él mi^mohabia gober- 
nado. No liace comprender la influencia ni conocer log 
pensamiéntos politicos de Catilina: acoje fácilmente todas 
las imputacionrs odiosas que convienen a sus prevenciones 
de partido; pero se muestra siempre grande escritor. Ha 
buscado eii su lenguaje i en el colorido jeueral de su obi a 
ciertos tintes de los tiempos antiguos, lo que en oca^iones 
perjudica a su claridad. í^e le reprocha cnn razon no ha- 
ber corroborado sns disertaciones íiiorales cou el cjemplo 
de su vida. Salustio fué espulsáílo del senado i ca«tigudo 
por los cen8<ires. Encargadu por Julio César «1«! gobierno 
ile la Numidin, saqueó esta provinciu i reunió en ella in- 
mensas riquezas. 

Contemporáneo de Saiustio fué Cornelio Nepoto, de cu- 
yas obras históricas no conocemos siuo sus y^iilas de los 
grandes capiianes, que ooinprenden las biogralías de vein- 
te i do8 jenerales griegos o cartajinefies i dus de i^ersonajes 
romanos. Se crée que aun esta obra fué retocada en el si- 
glo ly de la era cristiann, i que nopotros no cunocemos 
del libro de C<»rnelio Nepote mas que un compendio su- 
mario pero elegante, i sembrado de juiciosas reflexiones. 

13. — Pero el mas graiide de los historiadores romanos 
en el siglo de Augusto fue Tito Livio, nacido en Pádua eL 
aflo de 58 ántes de J. C. Se sabe que fué protejido por 
aquel emperador, i que durante alguu tiempo tuvo a su 
cargo la educacion del jóven Claudio, que mas tarde reiuó 
eu ttoma. Tito Livio empleó mas de veinte aüos en la com- 
posicii'U de su grande Ilistoria romana, Este hermoso mo- 



/ 



<% ELKMEJÍTOS DE LITBRATÜRA. 

iHimeitto clevado a la^glowa *de nna gran nacíon nOB' ha 
llegado mii¿r)ail(» por el tiempo. De los ciento cuafenta i 
(ios libros que contenifl, eoló' [KMeemos treinta i^ctacs»; i la 
parte mas intere^ante oslaque nos fAlra. Tito Livío/siem- 
]>re prolijo i niinucioso, »abe dar a los aconteeitYHentoe'mr 
interes' dramático: sacif <\'\á escenaa los liéroes de sr liir- 
toria retratándolos con maestila, i poníelKlo en« s\i •boca 
discursos que son modelos de elocuencia. Conlo Tuefdtdep, 
Tito Livio seaprovéchó de tísoS' di«ourfíos»para hacer'en- 
trar en snobra las noticias T|ue no .cabian en.la naitta- 
cion; i aunque ellogparecen ser un simpleaititicie lit^rario 
elaborado por el historindor, éste ha sabido variar hastalo 
iufinito el e&tiio de esas arengas para reflejar ^n ellas'el 
alnia de siM persionajes'. _ • 

Se ÍPL rcprttchadó mucho a este gramle histcriador sa 
supersticiiui i en crednlidad acausa de loe prodijios i de Ins 
niaravillas de que-está senibTadasu •narrdcion. Pero ^os 
prodijios eran creidos por el pneblo romano, formaban par- 
te esencial de suBtradteioneshistórreas i de la fHijion del 
estado; i Tito Lr'vio, que-se propuso coHt«r seHCÍIiameute 
lo qiie 6US contemporáneps creiau como historia, ha con- 
sígnado esds hechos para ncabar el cuadro de ^as costnm- 
bres i la píntnra de los caractéres/ Por estomismo, ia obra 
monumental de TitoLivio no niereceentero crédito cuan- 
do tnita de la hi^oria de ios'primeros'sigios de Roma, no 
porque se lepucda rtcní^nT'de haberla aduiterado con fába- 
las de áu ¡nvencion, Miio j:orque esa parle de los anates de 
su patria era cumpletamente tradicionnl, i esaj^ tradicio- 
nes no habian sído uiutnbradas dou la antorcha de ia crí- 
tica. ... 

Los autiguos colf>cabnn en el raogo de los graiides hÍB- 
roriadores n Trotro Pompeyo, contemporáneo dé Tito Livío 
i autor de úui'IIiüioí'ia de Macedonia i de loa oríjénes del 
mundo. De esta obra no conocemos nosotros mas qne un 
estracto mui in^perfecto hecho en tiempo de los Ántorrinos 
])or uií eseritor liamado Jut^tiuo. 

14. — Al lado de estos grandes escritores del siglo de oro 
de la literatura 1atinii,fl()recieron niuchos otrosde.unórdeQ 
ififerior, o que a lo ménosno son tan conocídos dc la pos- 
teridad por hal>erse perdido todas o la mayor parte de las 
obi*as qné compusierom Cicerou nos habla en uno de *sas 



HISTORIA. LITBRARIA.— TIEMP08 ANTIGUOS. W 

tratados de Quitito Horten«io« sn rívftl en la oratoria du- 
rante algunos afio^, i lo colma de^alabanzas. Se recuei'dan 
los tnibfijos h»lóricbs dc Piitnpouio Atico, de Asinio 
Polion i de niuchos otros escritores, cuyas obras están 
eoii>f>)etaH)eiite perdi<]as. Ea In^poesia se ejercitaron Me* 
cénasy e) cátebre protector de las letras i de los literütos, 
LüQÍo Vanio i otros, cuyas obras tauipocohan llegado has- 
ta noeatros dias. 

Se croeria qne et si^o (toAugnsto il>a a ser el principio 
brillant^deuna vi^orosa literatura. Sin euibargo, la deca« 
deneia literari» dnta casi de la nnsma época del mayor es- 
pleitdor de las letras nunanas. Esta decadencia no iué ins- 
tantánea, el gu!»tO'no se e^travió en ua Hiome^nto; pero 
despues de medío 8Íi;;lo de corrnpcion i detiraiiiai la liteia* 
tura iH>mana no se* couocia a >i ratsma. La poesía se.eambió 
en deciamacton; In hÍHtoria i la elocueiicia fueron la pro- 
piedad de los refcóricos, qtic híeíeron gala de uu lujo banal 
de frases'i de palabras. EI establecimiento i el progreso 
del despotismo, el ab«timiento de los espíritus por la es* 
clavituti, fueron ia cansa que en Roo)a, coroo eu todos los 
pueblos CLVÍlizados, limitó el desenvolyimiento del jéaio í 
{ircGÍpitó su decadencia. 

Jfil imperio de Augusto fué nna época de e)»p1endor en la 
iiteratnray porque heredó una muchednmbre de jénios na« 
cidos bsjo la repübiic8y a «qurenes apegttrd ei descanso mas 
bien que la servidmnbre. Óompai-ado, en efeeto, a ios re- 
cienles furores de la i:ro8cri|)cipn i alas tiranías de Mario 
i de Sila, el gobierno de Augusto se asemejaba al rei>ta- 
blecimiento delas i^yes. El nombre dei f>ei^ado era pode- 
roBo todavía; las formasde la reptji^rK'ii huhian sido con- 
servadas;'liabia aun elccciones pufmlarrs; i la usurpacion 
imperial se disfrazitba porque temiti la luz. Augusto repe- 
tia con frecueucia que no se sentia con fuerzaa para gober- 
nar mas d^ diez ailos; i este ñnjido desprendimiento con- 
tnbiiia a roantener un seiitimiento de libertad en las almas. 
Por otra parte, Auí^usto tenia en todos »us hábitos priva- 
dos i en sii vida fnmiliar ulgo de sencillo que lo acercaba 
a los otros'CÍAdadnnos. Casi ob.^ervaha la igimldud repu- 
blicana; rehusaba el titulo de sefior que ciucuenta años 
mas tarde fué dado eii l^oma auu a los personajes niénos 
importantes. No tenia ningun fausto^de Qorte, uinguna 



88 ELEMENTOS DE UTERATÜKA. 

iiuitacion de las dé:<potas del Asia. A juz(>np |)or las apa- 
rienciaí^, al iiuperio no le faltnbci inns qne ia graude elo- 
cueocia, la eiocuencia dei foro para ser igual a In re])úbli- 
cn. En cambío, la gloria de Konm, la inniensidad de sn 
imperin, e^^ta sumision pacífíca de tnnt s pneblos lisonjeaka 
,el orgullo d(í los romanos. i^e creian seftores de Ins otras na- 
ciones mas bien que súbditos de Augnnto; i Virjilio, no pu- 
diendo denominarios el putblo libre, lo» li.Mmaba el pueblo 
r*i, De esta mnnero, c(»n los element<».> lie jénio que habia 
dejado la repíiblica, dcbia fi'rmarse en Ro;ua una iiteratu* 
ra elegante i mí»jestuosa. Augusto puso todo emptño en 
favorecerla i en sedncirlu. Dnrante su reinsido, la literatura 
parecia colocada bajo la pr(»tecci(m de In gloria j do la li- 
bertad, porqne si bieft es cierto que Au^Mi^to reservaba los 
dones i Íos honores ptira los Íiteratos que seguian su fortu- 
na, no les exijia una absoluta stunision, i aiiemns soporta- 
ba la independencia de los otr»»s. 

Aun en medio de sn espiendor, la literatina del siglo de 
Augi^sto deja traslucir este cstado de cosas. Se percibe que 
el jénio estii sujeto por cudenns, que, sin embargo, carga 
con mucha gracin. liorácío es ¡ulmirulile en la poesía fuDii- 
liur i en ia ironía satírica; pero en sus ('das lieróicns se 
nota que falta algo de ia nntigua alma de Homa. Yirjilio, 
siempre snave, carece del vigor que se percibe en Lucrecio, 
que fu6 anteri<»r al iniperio El jénio poético s^e reconcentró 
en los trabajos solitarios i pncíHcoK, léjos de la vida |'übli> 
ca, que fué el cauipo de la literatnra griega del siglo de 
Perícies; i la imitncioL debii') naturalmente ocupur una 
gran parte de sus producciones. De e^te ukuIo, el brillo de 
las letras, nacido de tantas cauFas que templaban el po- 
der de Augnsto, se alterí') aun ba¡(» sn rein:í(l(». La afecta- 
cion i él mal gusto, que partcen inscparables de las ccs- 
tumbres serviles, c(»inenzaron a niarcintar el injenio de los . 
roman(»s. Se nota esta corinpcion en los nias grawdes poe- 
tas de este tiempo, en Ovidií», s(»bre todí», tn cuyns largas 
elejías, ej-critas en el destierrí», se dc^Lubre con frecneucia 
el abatimiento que la servidumbre impone al jéni(<. 

Si tsta decadencia prenuitura se deja ver aun en el higlo 
de Augusto, ¿cuán rápida no debia ser bajo ei reinado ile 
sus sucesores? En efecto, se la vé iivanznr al mismo tieni|io 
que la tirauia. Es digno de nutar^c el odio contra la líte- 



HISTORIA LITERARIA.T— TIOIPOS ANTIGUOS 



89 



ratiira de que estaban aDÍmados todos esos malos empera- 
dores. Los mas iusensatos tenian a este respecto los niis- 
inos instiutos que los mas hábileti. Tiberio, reemplazando 
k dictadura moderada de Augusto por un despotismo 8!\n-' 
gQÍnavio, dió el primer golpe mortal al jéuio romano. El 
despotismOy al mismo tiempo que liacia enmudecer las le- 
tras porJa esclayitud^ debia en cierto modo corromperlas 
con solo suprimir todo sentimiento del bien dei mal por 
el espectáculo contínuo del crimen i la b<)jeza premiados 
en Koma. (Yillemain, De la corruption des Uttres romai^ 
nes,) 



\ 



CAPÍTULO VIII. 
Llteratura romana. 

írEROER PERIOOO, DKSDE LA MUKRTE DE AÜÜÜSTO HAftTA U 

DRSTRUCCÍON DEL IMPERrO.) 

I. lia tr»jetUa: ' S^neca. — 2. í.ncano,— 3. Otras epopeyas. — 4. La sátira; 
hersio. Juvenal— fi. Bl epígrama; Maroial. — 6. El apólogo; Fedro.— 
7. La histor¡a;,Tácito.— 8. ^u^tonio i Quinto Cuicio.~:>. Las cienciae; 
PlÍDÍo el antiguo. — 10. La filosofla; S/neca.— 'IL La retórica; Quintiíia- 
Bo.— 12. Plinioel jóren. — 13. Apuleyo.— II. Aulo Jelio. — 16. ültimo» 
poetas. — »6. ITltiinoa prostdores; los compiUdore^ de la Jligtttria A^- 

1.— La decadencia de la literatura roniana, ioicíada ba- 
jo el reinado de Augiisto, lenta einiperceptible en sü p'rin* 
eipiOy toma cuerpp i se desarrolla rá|)i(tament« desdeel 
j^obierno de su sucesor, el scfmbrío Tiberio. El temor a 
ynii n^ujeríe jcasí síerapre segurft paia los poetas que no 
^Dsalzabau el.poder, la necesidad i el gusto del servili^mo, 
Jairivalidad o e\ despotismo dé los emperadores, pervierten 
ias condiciones de lá literatura i le quitan todo seutimien- 
to del bien i del mal. Cuando ese desp6ti»mo, en lugar de 
Her friamente perverso, como lo era bajo Tiberio, se mos- 
Iraba por medio de uu bárbaro frenesí, como sucedió bajo 
k)8 reinados de Cálígula o de Neron. la imajinacion de los 
escritores dejó ver algo de esa locura desordenada i de esos 
vergoiíz'ísos caprichos que el pueblo romauo tenia á hu 
vista. Esta decadeiicia poderosa e irresistible, pareció de- 
teñersc algunos momentos: bajo los gobiernos de prínci- 
pes mas ilustrados i mas grandes, bajo Vespasiano, Tra- 
jano, Adrianp i Marco Aui^Iio, las letras latinas bacen 
todavia un iiltima esfuerzo para salir de su postracioii; í 
.^n efccto, dan nacímiento a algunog jénios vigorosos que 



HISTORIA LITERARIA.— TIEMPOS ANTIGÜOS. 91 

no alcaDzaron, sin embargo, a formar nna verdadera ea- 
cuela, ni a siistraer laa letras de su ruíua. 

Hemos visto que el teatro trójico de los romanos nos es 
casicompletamentedesconocido. Poderaos decirque no cn- 
uocemo& mas que un solo poeta trájico, i cste vivió en la 
época de la decadeDcia. liúcio Anéo Sénecaj éste es sn nom- 
bre, era espaQoI de nacimiento, natürafdela ciudad de Cór- 
doba. Se tíenen mui escasas noticias acerca de su vida. 8e le 
supone liijo de un célebre filóspfo i^flrodor del mismo noin- 
bre; i ann algunos creen que fué mui posterior a éste i\iti- 
mo, haciéndoit?, al efecto, contemporaneo de Trajano, Sia 
embargo^.como el estilo i las ideas morales de ámbos an- 
tores presentaa raucha anaIoj{a, es probable, i asi se crée 
hoi jeneralmente^ que los dos Sénécas el trá^ico i el«íilóso- 
fo, 00 Bon raas que una sola peí*sonti que floreció a media> 
dos del primer siglo de la era crístiana (3— '^8 despites de 
J, C) ' 

Con el uombre de Séneca han Ilegado hasta nosotros 
Dueve trajedias formadas sobre asuntos griegos, tratados 
con gran vigor i riqueza po^ Sófocles ¡ Eurípides. Las tra-í 
jedias latinas, síu embargo, están modifíeadas, no'solo ea 
mucho# detalles, aiuo en su conjunto jeneral pór la'filóso- 
ffa estoica i por una mezcla no siempre feltz de máximam í 
de discursos que de ordinario perjudican a las mejorejí b¡*- 
tuaciones, Todas estas trajedias parecen escrítas mas bieó 
para la lectura que para la representacion; Nos ha. Ilegado 
ademas otra obra ilramática cop el nombre de Sén^ca, (?<:- 
iaviaf basada sobre u^ asuntVromano, contemporánea del 
aotor, desprovísta de inleres i escrita al parecer para It- 
soajear a Neron. 

¿ — Un sobrino de Séueca, Ljicano^ nacido tambien en 
Córdoba el aQo 38 de la era cristiana, es quizás el mas graii 
poeta de este perlodo de decadencia. Despues de haber hé- 
cho brillantes estudios de filosofía i de retóriea en Roma i 
en Aténas, fué presentado a Neron por sil tio, i meréció 
qae el emperador lo colmase de honores. Pero Neron te- 
nia entre «itras locnras la de creerse poeta ¡ Ih de celebrar 
certámenes Uterarios con sus cortesauos. Locaho que se 
atrevió a competir con él en una de esasjustas, le vcnció 
i¡co9a singular! mereció queise le concedie&e el premio 
apesar del terror que inspiraba el tirano. La venganza de 



92 ELÉMENTOS DE LITERATÜRA. 

Neron no se hizo esperar. Prohibíóa Lncano que declama- 
se en púbh'co esos discursos de cereraonia que habiau reem- 
plazndo a 1a antigna elocuencia; i como luego descubriese 
que éste habia tomado parte en una conspiracion malogra- 
da, lo hizo condenar al último suplicio concediéndole por 
tünica gracia la eleccion de la rauerte. Lucano se hizo abrir 
las venas, i raurió a loS veinte ¡ siete aQos de edad, dejan- 
do do8 poemaí», una trajedia i rauchas poesías sueltas que 
revelaban el poder de su talento. 

De todas esas obraa soU) ha llegado hasta nosotros la 
Farsnlia^ poema épico en diez cantos, en que celebró la 
guerra civil entre Cé^ar i Porapeyo. Mas que una epopeya 
propiaraente tal, es un poema heróico i fih^séfico, notAble 
por la fuerza del estilo, la elevacion de los pensaraientos 
i el vigor de los caractéres. El poeta suprimió en su obra 
casi todo lo que los |)0emas suelea tener de maravilloso: 
gí»lo Ufitt vez ha erapleado lo» resortes sobrenaturales po- 
niendo en escena al fautasma de la patria que se présenta 
a Cé?ar cnando éste va a pa«ar el Rubicon. Lncauo ha de- 
jado a Rus héroes las prcporciones humauas i a los sucesos 
nn aire demasiado histórico, aunque h»s haengalanado con 
las raaa herrao^as descripciones i con interesantes díscur- 
80S. La Fa7'salla carece ademas de unidad épica, tanto en 
su accion como en los lugares en que pasnn los aconteci- 
mientos; pero apesar de este grave defecto i de que su es- 
tilo eB frecuenteraente hinchado i rans sonoro que armo- 
níoso, ese poema es una obrade alta poesía. Lucano muerto 
a los veinte i siete afios de edad, no pudo componer un 
pooma tau acabado corao la Eneida; pero por la belleza 
intrínscca de los detalles, por la riqueza de las descripcio- 
nes i por la^ verdad de los caractéres, se ha mantenido a la 
nltura de la epopeya. 

3. — La Farsalia no fué el único ensayo de poema épico 
en aquellos siglos de decadencia; pero todos lo otros son 
mui inferiores a la famosaobra de Lucano. Yal£rio_Flaco , 
nacido en el norte de Italia, floreció bajo Vespasiano i 
compuso un poema con el título de las Argonáuticas, qne 
dejó inconclnso, i del cual solo conocemos ochp libros. Ea 
una imitacii>n de A|>olonio de Ródas, a quien ha tomado 
todo, aun las ideas de detalle. La accion es la e^pedicion 
de los Argonautas; i a causa de la frecuencia de loa epi- 



HLSTORIA UTERARIA.— TIEMP,^S ÁNTIGÜOS. 93 

8odios i íle las diva^acioQesirpoética^, no se sabe cómo ni 
cuándoterminará el viaje d^ los iutrépidos naveganteJí que 
coDquistaron el vellocino delbro. El poema de Valerio Fla- 
cOy amanerado en el eAtílo, qtejturdenado en In erudicioo, ed 
mui inferior al orijinal; 8Í blen se notan en él algunas des- 
cripcioues.poéticas. j 

Sjh\) ^áliiso^ (25-100 desinies de J. C*) fuc tambien \u\ 
poeta imitador. Nacido en Italia, «egun uuoíi, en Espuna 
(en la ciudad deltálíca), se^uu otros,.Silio Itálico se ilus- 
tró primero eu la oratoria, i mas tarde se dedicó a la poe- 
sía, como dístraccion de un$ vida pasada eu medio de las 
comoJidades que dan el lujn i la fortuua, i de los afaue^ 
de la política i de la corte,li)ue« fué el amigo de Nei-on i 
desempeñó tres veces el co¿ Md Hd o. Al-fia, »e A^á mf>rtr 
de hambre ]>ara no soportar los dobires de una enfermedad 
incurable. A|>arte de algunas poesías de corta eí<tens¡on, 
corapuso un poema en diez ¡ siete cantos, eu que se pn»pu- 
80 celebrar la segundrt guerra púnica. El asunto era tira- 
raát.co, nacioiial, i bustaute remoto para <|ue el poeta pu- 
diese permitirse la ficcion en los detalles: Silio Itálico, siu 
embargo, lo trató c(»u sunm pobreza. Tomó todo el tond<» 
de 8u poema a Tito Livio ¡ a Polibio, i todas sus ideas 
poéticas a Virjiiio, salvo las imitacronf^s secundarias. De 
aqní resultó una grau compílaciou en verso en que los pcr- 
soDojes no CAvecen de verdad bistórica, pero a quienes fal- 
ta elevacion i uobleza poética. 

El cuarto poeta éfíico tle este tiempo fué Publio Stacio. 
oacido eu Nápoles (61 despues de J. C), i uno de los pre- 
ceptores de l)omicianb. Poeta mui fecundo, Stacio conipu- 
fto rouchas obras, de las cuales solo conocemos algunas poe- 
«ías Jíricas ¡ un poemi^ épico, la Tebaida, en que celebra 
la giierra civil entre los bijos de Edipo. Aunque simpie 
imitador de un poema griego sobre el mismo asuuto que 
no ha Ilegado liasta nosotros^ Stac¡o es verdaderameute 
l>oeta, i su obra esta lleua de imájeues graciosas i de cua- 
dros poétlcos^, sobre todo cuaudo bace iutervenir los afectos 
«uaves. En cambio tiene todos los defectos de su siglo, la 
hincbazon, la exajeracion de los caractéres, la manía de 
las sutilezas, las descripciones pomposas, ¡ sobre todo las 
iisoojas prodigadas a un tirano repugnaute, Domiciano. 

4. — La sátira Iat¡ua es en este período el retrato fiel de 



94 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

la oórnipcion romana. En tiempo de Horacio, siglo de epf- 
cureismo i de decencia aparente, la sátira ae ooiiltó bajo 
la forma de una injemoAa. burla, de uu epÍKrama severv», 
pero amisioso. Horacio lué im censor e«ipiritnft], qne no 
pado abandonarse a loi^ hnpnUos de U indiguacioc,porque 
el estailo de ^a sociedad romnna en que vivia, no chocaba 
abiertamente con sus idoas. EI tercer período de la Fátira 
romana tiene un nuevo alimento, mus irrifante talvez que 
todos los otros, la opresion i el ejemplo del poder. Los rí- 
jídos estoícos, los liombres vii tuoso« que Roma encerraba 
en su seno, se levantarotrcontia este desbordedelasmalas 
pasiones de qne muchos emj^eradorc^ dalmn el primer 
ejemplo. La dejk(radacioii de Mesahnn, las saturnales de 
JSTeron, fueron el tema constiinte de dt*e!amRCÍones, paga- 
das jeneralmente coQ el último suplicio. En este jénero, 
comprendido bajo este sepundoní*|)ecto, brillaron do> de los 
ilustres poetas de esos siglos de postracion i de decadencia, 
Persio i Juvenal. 

^ulo Persio Flaco, nacido en Volaterra, en Toscana, el 
afío 34 de 1a era cristianuy pertenecia al órden de li»s caba- 
lleros; i despnes de haber hecho excelentes estudios en Ro- 
raa, compuso numerosas obras, de las cuales stdo conoce- 
mos las sátíras. Persio murió a la e«lad de yeinte i ocho 
afios cuando su talento habia llegado apéuas a todo su 
vjgor, 

La mision del poeta satírioo nació en Persio de su ar- 
diente amor a 1a virtud i del disgusto que le inspiralxa la 
coirupcion de sus contemporáneos, de la cual estuvo siem- 
pre alejado. La timidez de su ciirácter i la debílidad de su 
salud lo apartaron del trato de los hombres. Nacido en la 
opulencia^ educado en la virtud, Persio no tieue esa amar- 
gura que la envidía da a los miserable», ni en la persecu- 
cion del vicio esa impudencia de/Ienguaje qtie hace al mis- 
mo poeta cómplice de la corrupcion que condenn. En aus 
sátiras se reconoce una alma jóven inspirada por la doctri- 
im austera de la escuela e^toica. La comipcion es para 
Persio algo de abstracto; así. la atara eu jenerai i nó en 
los individuos; no se encarniza coutra los vicios i las ridi- 
culeces de los personajes do su época; i ataca solo. loa es- 
travios jeuerales dc la sociedad. Su e^^tilo es trabajndo; i el 
exceso de su couci^iou dejenera en oscuridad, de tal modo 



...sr ?:. 




T{^^^t^i !. ^'^ 



BISTORIA LlTERABIA. — ^ÜEMPOS ANTWtroS. 95, 

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que para tomar el sentído de su petísamieDto, se necesita 
R vece» on litrgo estudio^ ' 

péftim^ JuBÍe Juvenal . coptemporáneo de Persio, nació 
en lirciudad>de Aquino et año 42 de la eracriatianay i phsó 
sajuveatud en la$^ esotielas de los retóricos; Las noticias 
qoe ordinartameQTté se dan sobVe su vida no meretíen ente- 
ro orédito; pero sus obras revelan perfectauiente ^n ca- 
ráottf • 

Aunqne cultivó esclusivamenté el jénero Bátfrico, el jánio 
de Jnvenal no tiene nadftde cómoncon el de Persio. En 
manos de é^te, la sátira era jeneral: aquel, por el contrarío/ 
la híeo enterameute pers^onal. En vez de emplear la burla 
i la ironía como Horacio;, Juvenal parece enrojecerse .de' 
cólem i tnirgar con un pnñal en ' la mano^oontra el hombre 
ooya8 costnrabres censura con tanto ardor. Bstudiando sus 
diez i 8eÍ8i>át¡raf>, pasamos en revista lós vicioe de.que 
adolecia Roma, tú corrupcion de' log grandes, la degrada- 
cioii del senado que delibera con Domiciano sobre la mejor 
manera de preparar un pescado, la lujuria de Mesalina, la 
ÍDsoieDCÍa^ del rico para Gon el pobre, el libertioaje de las 
mujeres; su despotismo i sus intrigas. La profundidad i la 
perspicacía de Jovenal no ha perdónado ninguno de loa 
vicios de su siglo, que ain erabargo eran mui numerosos. 
Su obra es por eato mismo la pinturá rnejor i mas comple- 
ta d€ la sooiedad romana «n aquella ^póca, pintura qiie 
refleja el interior de la vida prívada i la plaza pública, al 
ríco i al pobre con.la misma tendenoiaiie censurar araar- 
gB i enécjicamente. La indiguacion del pioeta ha hecho sos- 
pechar qoe.en sus obras bai ménos odio contra el vicio que 
eólerao envidia contra'Ios corrompídos felrces. Si tuviera 
tanto respejtó por la virtud, como el odio que manifíesta 
ooutira. el vicio, se añade, no babria manchado sus versos 
coD tantáfi im^eaes libres i obcenas. 

De esta época secreejeneralmente que proviene un li- 
bro titulado el Satiricony en que se ha i^ensado encoutrar 
la ^historia del libectinaje de Neron bajo una forraa alegó^ 
. Tioa ¡ novelesca* Se atribuye esta obra a Petroo io. cdnsul 
de BitÍBÍa i £Ekvorito de Neron. Tácito refiei*e que Petronio 
tooió parte en una conspiracion cóntrá su protsector^ i que 
deacubierto en sus trabajos, se di6 la muerte para sustraerse 
a la vengan^a^ escribiendo ántes de morir la historía de la 

8 



fy- 



96 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

corrapcion de aquel tir^no. De aquí proviene qne se le Iiaya 
atríbuido el Satirieon, Pero la crítica moderna no ha co- 
nocido la autenticidad de esta obra, de que eolo poseemos 
fragmentos inas o ménos intercsautes, pero casi siempre 
obceuos i repuguantes. 

5. — El epigrama í'ué cultivado eh Roina en este tercer 
^ período como una derivaeion de 1a sátira. jMarcial ^ nacido 
en B{lbilis (hoi Baub/>la) en España^ el aüo 40 de la era 
cristiana, pasó en Koma la mayor ])arte de su Tida, fué 
elevado a altos honores por Tito i Domiciano, i es hasta 
ahora el primero de los poetas epigramáticos. Compuso 
como mil doscientos ejn'gramas que sou todavia un modelo 
de composicion de estejénero, aunque muchos de ellosson 
obcenos i vulgares. Hirientes en su mayor parte, lisonjeros 
algunos, como los madrigales de nuestros dias, todos ayu- 
dan poderosamente a dar a conocer la sociedad romana 
para la cuai tueron escritos, mostráudonos muchos de sus 
defectos i estravíos. EI cinismo de estilo, las groseras ob- 
cenidades que se notan cn muchos de ellos, se esplican 
nasta cierto punto por ia corrupcion de las costurabres de 
BU tiempo. En efectó, la poesia licenciosa de Marcial no 
meVeció de sus contemporáneos la dura desaprobacion a 
que es acreedora* 

6. — El Apólogo íué cultivado en este siglo por F.edrq, 
poeta de injenio notable, sobro cuya vida se tienen mui 
escasas noticias. Se le supone Irberto de Augusto i favore-* 
cido por este émperador, i mas tarde perseguído por Seja^ 
no, bajo el. reinado de Tiberio. Con su nombre han Ilegado 
hasta nosotros noventa fábulas escritas en un verso fácil i 
agradable, cuyo argumento es tomado ordinariamente d& 
los apólogos griegos atribuidos a Esopo. El apólogo no es 
para Fedro un pequefio drama bajo el cual se oculta la 
moralidad: por el contrario, estima en poco la narracion 
de un hecho, i se coutrae casi csclusivamente a la lecciou 
moral. De aqui nace cierta sequedad i cierta falta de inte- 
res, como tambien un espírítu mas moralizador que mali- 
cioso. Aunque Fedro es un escritor casi siempre puro, su 
lenguaje presenta algunas alteraciones que iudicau el prín- 
cipio de la decadencia. 

7. — Si en los primeros tiempos del tercer período de la 
literatnra romana vemos declinar rápidamcnte la poesíai la 



} 
mSTORIA LITERARIA.— TIEMPOS AiíTiaÜÓS. 97 

]>ro8a está léjos de llevar el mismo rambo. Tácito en la 
higtoria, QuÍDtiIiano en la retórica, Séneca en la fílosofía i 
Plinio en Jas ciencias, mantuvíeron el brillo de las letras 
latinas en una época en que la musa de Horacio i de .Yir-> 
jilio parecia haber enmaaecido. 

Despues de Tito Livio la hi^toria romana habia sido 
cultivada por escritores de escaso mérito. Veleyo Patércu- 
lo i ValfirifiMáxiino, que escribieron bajo el reinado de Tí- 
berio, han consignado en sus obras al^unas noticias inte^ 
resantes sobre e^e siglo, retratos vigorosos i cuadrofl ani- 
mados, pero han narnido sumariaraente los hechos, i por 
último se dejaron arrastrar por los houoreá i ia ambicioa 
hasta lisonjear a no'o! sorabrío tirano. Es menester llegar^ 
hasta el reinado de Trajano para encontrar en Tácito uno 
de los mas grandes historiadores que haya produQÍdo la 
antigüedad. 

CoiQelio Tácito nació en Interramna, en IJmbría^ hácia 

el año GO despues de J. 0. Se ignora el aüo de su muerte) 

pero se sabe que alcanzó a los honores del consulado bajo 

Nerva, que escribió bajo el reinado de Trajanó, i que se 

casó con la hija de Julio Agrícola, el célebre jeneral que 

redujo la mayor parte de la Gran Bretaña. De sus obras 

sqlo nos quedan una vida de su suegro; un tratado sobre las 

costumbres de los jerraanos, cuadro de una admirabW exac- 

titud qnesupone en el historiador un grande espíritu de 

observacion i que se ha considerado conio una amarga crí-* 

fica de la corrupcion romana: los Anaies, historia del im- 

»erio desde Augusto hasta Neron, de la cual solo conocemos 

ma tercera parte; i por último, las Historiaa, narracion de 

^ontecimientos contempordneos al autor desde Galba haa* 

:a la muerte de Domiciano, que tambien conocemos in- 

lompleta. El emperador TiciU), que rijió el iraperio solo 

linos pocos raeses en 275, pretendia descender del historia- 

or; Je erijió estatuas, i mandó que sus obras tuesen depo- 

Jtadas cu las bibliotecas públicas i que el gobierno hiciese 

^acar uomerosas copias cada diez aüos. Apesar de estas 

[>recauciones, las obras de Tácito estuvieron perdidas casi 

íQ su totalidad duraute mucho tiempo; i cuaudo se las en« 

»ntró estaban lastimosaraente mutiladas eincompletas. 

El raérito singular de Tácito consiste en haber unido la 

^|pv-inr>;.^n ^]^ ^^» ^}^^^ ^r^i^^r.^ fp yrv^^rín pQr la VÍrtud Í ¿i 



I 

I 



98 ELEMENTOS DE LITERATüRA. 

patríotismo, al eRpírita obflervador de un filó^ofo i a la h»- 
bilidnd oonsumada del escritor. «Esaalma, dice uu crítioa 
aleman, Hegewisch^ alimentada desde la infancia de t(H)o 
lo que el eBpiritu republicano de la antigna Roma habia 
prodncido de grande i de inmortal^ ardiente de patriotismo 
i de amor por la verdadera gloria, |)enetrada por el recner- 
do de los fundadores de la ¿randeza roinana, de aus virtu* 
des cívicaSy llena de una ndmiracion profuuda por esos 
grandes hombres i de indignaci<»n contra tnda degradacioii 
de) carácter antiguo de los romanos, desea trasportarse a 
nn ideal de pureza i de patriotismo de que lo aieja trifte- 
mente el cortejo de vicios i de monstruottas inmoralidades, 
en medio del cual estaba condenado a vivir el historiador.» 
Ausiliado por estas cnalidades, Táoito dió asus historias 
un car&oter profundamente moral, convirtiéndolas en ud 
castigo severo de los malvados, i en un premio de loa poeo^ 
hombres virtuosos que aparecieron en aquel siglo de deca- 
dencia i degradacion. 8n eppíritu observador le permite 

Í>enetrar en el fondo del corazon i encadenar naturalmente 
as causas í los efectos de los sncesos histéricos. No se li- 
mita a esponer lo que ha sucedido reíiríendo los hechos eo 
todos sus detalles. Por el contrario su))rime ios pormenorea 
que pueden servir para caracterizar a nn hombre, i se lirai- 
ta a pronunciar sn fallo siempre recto i justiciero. Es uii 
filósofo profundo que ha estudiado la naturaleza humana 
bajo todos sns aspectos i qne^ no ve en la historia mas que 
la manifestacion esterior de los móviles que tienen influea- 
cia Bobre el hombre i que detenninan su accion. 

Gomo escritor, Tácito es considerado el primer pintorde 
la antígüuedady no tsolo por la habilidad incomparable coti 
que aabe pintar las costumbres i bosquejar los retratoa, 
aino por la animacion i el colorido que da a todas sus na- 
rraciones. Ningun historiador ha reunido con la misma 
felicidad el vigor i la precision a la jiqueza i a la abundan- 
cia de las imájenes, Una palabra le basta para indicar el 
earácter de un peraonaje, i una corta reflexion le permite 
penetrar en el secreto de todos los acontecimientos. Su ea- 
tilo, sin embargo^ deja ver algunas irregularidades grama-> 
ticaleSy locuciones viciosas, i por fin cierto desden por lo 
que se refiere a la lójica dei estilo, que es uno de los carao- 
téres de una época de decadeucia. 



HISTORIA LltERARIA.— TIEMPOS ANTIGUOS. 99 

S. — La historía faé cultivada todavfa en esta época por 
oCros escritores de menor'ménto, pero ciiyas oUraa tieDea 
para nosotrus ud graude interes. 

Oajo Siietonio Tran^uilo, que floreció bajo loa reinados 
de Trajano i de Adriano, aparto de varios estudioa biogri» 
ficcs de algunos gramáticos i de alguuos poetas de que solo 
Gonocemoü pequeños fragmentos, nos ha dejado un libro 
inestiinable en sus Vidas de las dooe Céaares^ historia de 
todos los emperadores romanos desde Juiio Gésar hasta 
Doiniciano. Suetonio se ha contraido especialmente a cou>- 
tar la vida privada de esos príncipes, penetrando en el in- 
terior de su palacio^ observando todo lo que pasa i espo* 
niéndolo con una frialdad i uua indiferencia que son una 
garantía de su imparcialidad. Nc» desplega ninguno de los 
grandes sentimientos que elevan el alma de Tácito i la in* 
dignan contra la bajeza i la corrupcion de sn siglo: no ha 
tomado como éste el touo moralizador para condenar el vi- 
cio aplaudir la vírtud; pero su narracion miuuciosay fria i 
desapasionada produce en ei áuimo del lector impresiones 
mas profunda^ i verdaderas. Refíere solo cou gran senci* 
liez, pero »ín reflexiones ui críticAH, preciosos detaÜes pri- 
vados sobre ios carácteres, las virludeS| los vici<ts, la' ma- 
nera de vestir i de vivir de los emperadores. El libró de 
Suetonio ^ontiene, como debe suponerse, anécdotas escan" 
dalosasi escenas repugnantes; pero sin su ausil^io laposte* 
ridad no conoceria aquella vida de libertinaje i de corru;»- 
cion que nos da a conocer^ laa costumbres romanas de la 
decadencia. 

Lucio Anéo Floro^ español de nacimiento i probable- 
m^te de la íamilia cie Séneca, escribió bajo el reiuado de 
Trajano un compendio de historia romana desde los prime- 
ros tiempos basta el reinado de Augusto, en que los hechos 
están agrupados con granJe habiiidad i los caractéres di- 
neilados con cierto relieve, i en que se descnbre una unidad 
de pensamiento i de composiciou mui rara en obras de esta 
natnraleza. ' 

Otro historiador mni famoso, a quien se coloca jeneral- 
mente en esta época, aunque uo teqemos ninguna noticia 
de su vida, es Quinto Ourcio^ que nos ha dejado incompleta 
\\u% Histori% €Íe Alqaníroj o XMB bien una novela, cuyo 
héroe es el faiposo rei de Macedonia. Es la producLÍon de 




100 ELEMENTOS DE LITEEATÜRA. 

tin retórlco que sacrifica la venlad al desen de dar brillo a 
8u libro i a su pasion por lo Tní?.ravilIo50. Las arengas quo 
pone en boca de sus héroes son ejercicios de escueht en que 
no se descubro el carActer de los personnjes a quienes los 
'atribuye. Quinto Cnrcio carece enteramente de crítica. Ha 
conocido superficialmente los buenos bistoriadores de Ale- 
jandro, Magno, i ba seguido con preferencia a algunos es- 
critores griegos q\ie babian desnaturalizado su historia 
con numerosas fábulas. 

9. — La literatura científica no tiene entre lo^ romanos 
representantes tan eminentes corao entre los griegos. No 
se encuentran en Roma observadores atentos de la natura- 
leza, jéaios verdaderamente creadores, sino sábios raas mo- 
destos, siraples compiladores de las noticias agrupadas por 
otros; pero algunos de ellos merecen mencionaíse porque 
faeron notables escritores. 

Á estq número pertenece Columela, orijinario de Espa- 
ña, escritor de los primeros iiempos de la decadencia, quo 
compuso un tratado de agricultura mui estimado. La últi- 
ma parte de esta obra fué escrita en ver."?o, i tiene por ob- 
jeto el cnltivo de los jardines, ¡ completa,'por decirlo así, 
el poema de Virjilio, en que esta materia no se encuentra 
tratada. 

Se coloca tambien en esta época a Aureüb Cornelio C el- 
80, célebre escritor de medicina, de cuya vida no se tienen 
noticins, i que ha recibido de sns admiradores el sobre- 
nombre de Hipórrates latino. Lo merece, ea efecto, sino 
por la ciencio, a lo ménos por su elegante precision. No se 
sabe si Celso ha ejercido la medicina, pero es evidente que 
conocia todos sus secretQs. 

El mas uotable de todos los escritores latincs que se 
se ocuparon de ciencias, es C^g Pliiijo Segundo, denomi- 
nado comunmento Plinio el antiguo. ÑacTao"8n Como, ea 
el norte de Italia, él año 23 de nuestra era, figuró en los 
altoe puestos de la administracion piiblica, se distinguió 
como jurisconsulto, i escribió muchas obras sobre historia 
civil, filolojía e historia natural. Plinio raurió en Estabia 
el año 79 asfixíado por las emanaciones gaseosas que se 
desprendian del suelo durante la terrible erupcion del Ve- 
subio, que sepultó a Herculano i a Pompeya. Guiado por 
BU an\Q| a la ciencin/ se habia trasladado a aqueUa ciudad 



HISTORIA LITERARIA. — ^TIEMPOS ANTIGUOS. 101 

para observar el famoso calaclísmo que ocasionó sa 
mHerte. 

De todas las obras dc Plinio so)o ha Ilegado Iiasta noso- 

tros QDa a la cual la posteridad da el título de Historía 

natural. EI primer libro de eata obra contiene un índice de 

las materias i una lista de los autores que consultó. £n los 

restajQte» trata de la cosmografía i de la jeografííi, de la 

historia dc los animnjes i de las plantaS| de las sustancias 

minerales o vejetales empleadas en la medicina, i en fín de 

' la hietoria de los metales, de la escukura i de la pintura» 

como tambien de los priucipales artistas, i de las mas nota- 

bles obras maestras del ccmercio i de la industria. Pliuio no 

es un observador atento como Aristóteles, sino un com- 

pilador curioso que ha renuido en su obra lo qne encohtraba 

escrito en mas de dos mil autores, iamayorparte griegos, 

casi todos perdidos para la posteridad; pero con frecuencia 

no ha podido apreciar la verdad de esos testimonios ni com- 

prender lo que quisieron decir. En una palabra, es un 

autor sin crítica, que despues de baber pasado algunos aüos 

en hacer sus estractqs, ios ha colocado en cierto órden, 

aüadiéndoles algunas reflexiones que no se reíieren a la 

ciencia propiamente dicha, sino que ofrecen alternativa- 

mente las creencias mas superbtíciosas o las deciamaciones 

de iiua filosoíía melancólica. Apesar de la verdad que 

encierra esta crítica hecha por la ciencia moderna, la obra 

d€ Plinio, que por largos siglos indujo en groseros errores 

^ muchos naturalistas, tiene aun en nuestros dias üna 

grande importancía. Nos esclarecesobremuchospuntos de 

la vidade ios antiguos, de su iudustria, de sus artes,desus 

costumbres, que sin esa obra serian obscuros enigmas. Eael 

Jibro de Piinio, ademas, como lo observa M. yiilemain, «se 

notatambienun sentimientonuevo, desconocido en los bue- 

no8 tiempos de la libertad griega i romana: es una especie 

de afeccion i de interes por la humanidad: es el tratamiento 

de hombre, sustituidaal de bárbaro; es el reproche diriji- 

do a César por la sangre que ha vei-tido; es el elojio dis- 

peosado al mismo Tiberio por el cuidado que tuvo de abo- 

iir en Jermania i en Africa las supersticipnes homicidas.iD 

10. — Hemos dicho que laelevBciqn de Augusto al poder 
ímperial habia muerto la elocuencia^ i que en su lugar flo- 
reció otro jénero de oratoria quo solo so maniíestaba por 



102 ELEMEÍrrOS DE 'LITERATÜIUL 

fliscursos (le oereKnooía. E^ta es la época de los retórícoBi 
nlgunog de los cuales desplegaroa un verdadero talento en 
obras eu quc las bellezas, sinembargo^ están acomp^fiadas 
poT muchas 8utile//a8 i por frias declamaciones, i en que se 
])ercibe la (lecadencia del baen gnsto. 

En este jénero brilló Séneca el tilósofo, a quien se sn- 
pone padre de Séneca ef trájico, i que probablemente es el 
misnio personBJe que compuso las trajedias que han Uegado 
hasta nosotros con sn nombre. Nació en Córdoba, en Es- 
paña, el afio 3 de la era cristianay íué educado en Roma, i 
cstreuó su talento en el foro con tanto brillo que Caligulai 
celoso de su popuIaTÍdady quiso condenarlo a niuerte. £n- 
tónces SéDcen se consagró a la filosofía; pero luego foé 
liamado a los houores públicos bajo el reinado de Claudio, 

« i pasó el resto de sn vida en una posicion espectable, alter- 
uativameote colmado de favores o perfeguido, pero siempre 
atrayendo sobre sí la atencion de sus cQntempor¿neos* 
Perseguido bajo la instigacion de Me^alina, fué desterrado 
a la isla de Córcega, i pasó alií ocho afios; hasta qne 
Agripina, la segunda mujer de Claudio, lo Ilamó a la corte 
para cotifiarie la educacion de Neron. Séneca fué impoten- 
te para reprimir los malos instintos de su discípnlo, i al 
ün tuvo que doblegarse en cierto modo a sus capricbofi, 
creyendo sin duda suavizar ei carácter feroz de Neron^ ya 
que no le era posible darle otra direccí(»n. Bajo el reinado 
de ese tirano, fué colmado de honores i riquezas hasta el 

« niomeuto en que uu capriclio de sn mÍKmo protector lo 
obligó k darse la muerte. Sénecase hizo abrir las venas i 
niurió coc valor, dejando un gran nombre mánchado pur 
lu sot^pecha de no haber combatido c(*n Buficieute enerjia 
lo8 malos instintos de Neron i de haber escrito la apclojia 
del aaesinato de Agripina. 

Entre los escritores de la decadencia, Séneca es uno de 
los mas notribles. Sedujo a sus coutemporáueos por las 
cualidades i por los defectos de su estilo: sus obras admi- 
radas en todas partes, fueron puestas en manos de los )óve- 
nes e hicieron olvidar en las escuelas los model<»s del siglo 
de Augusto. £n los siglos posteriores, en la edad media 
s<ibre todoy Séneca gozó de uua reputacion coniparable solo 
a la de ArisUSteles: su nombre era sinónimo de ciencia. Esta 
reputacíon provino particularmente de sus obras oratorias. 



HISTORIA LrrERáiOA,— TIEMPOS ANTIGÜOS. lOS > 

Eq 8u ma^ór parte son éstas diserti^ioues sobre cíertaa 
ciieBtiones jeneraltueate mui frívolas, en que Séueoarevela 
una grande habilidaíl de escritur i uua sutileza de injeuio 
mui al gusto de los controversistas de las univer^idades de la 
edad media. Ei^as disertaciojieB dan a couocer las diversas 
cuestionesque se ajitaban en las escnelas de retórica duran- 
te el imperio. Séueca discute, por ejeuiplo, si los tresoien- 
tos espartauos colucados eu las Termópilas del^iau o uo 
huir siendo abandonados por los oiros griegos; si Ciceron 
podia o no solicitar gracia de Marco Antnnio. Las otras 
disertaciones son talvez ménos interesautes: en todas ellas 
8Ío embargOi se encueutran hermosos peuftamientos i ras* 

f^o8 de una verdadera elocuencia, pero deslumbrad^ib por 
as sutilezas i la fria declamaciou. 

El gran tituIo.de gloría de Séneca consiste en sua obras 
filosófícas. Conociendo a fondo el corazou liumano, estu* 
diándolo en medio de una corte brilluute i corrompida i en 
las clases ínferiores de la sociedad, habieudo pasado por to- 
das las vicisitndes a que están espuestos los hombres, ele- 
vándose alternativamente de la condiciun de desterrado.at 
colmo de la grandeza para precipitarse en seguida eu el 
abismo de la mieeria, Séneca es ante todo un fílósofo pr¿c« 
'tico. Tomó de los e^toicos su severa moral, i difundió eu su8 
obras preceptos tan sábios i tan puros para la práctica de 
la vida, que algunos escritores cristianos haasostenido 
sin fundamento que los habia tomado del Evaujelio. Siu 
dnda las cartas que 8e*suponen dirijidas por Sóueca a San 
Pablo sou apócrifas; auuque no es iaiposible (\ne el célebre 
filósofb conociera las doctrinas del cri^tiauiümo. £1 tratado 
de la CóUra^ el de la Oieniencia, eu que se cueuta \a liistu- 
ria de la conspiraoion de Cina, eV tratado de la Promden' 
cia, los siete libroS de los Beneficios, i sobre tí^do, la coru- 
pilacion de sus Cartan a Luciíio, jque cantieoeo, por 
trozos desligadoíj, uu curso cuiupieto de filosofía moral» 
abundan en Idccioues de verdadera sabiduría iofrecen un 
▼asto ctfmpo a la meditaciou. La forma esterna de todas 
estas obras que atrajo la admiraciou de sus contemporá- 
neos i que sin duda revela un enciitor mui (listiuguído, se 
aparta mucho de la seuciUez i de la nobJe pureza de los 
bnenos modelos del siglo de Augusto. EI def<ecto de f^éne- 
ca consiste en no escribir nada naturalmente: busca siem-. 



104 , ELEMENTOS DE LITERATURA. 

r 

\ 

pr0 el efecto, i lo consigue por raedio de procedimientcft 
nniformes, la brusquedad de los jirps, la frase cortada, cl 
leDguaje metafórico i las frécuentes antítesis. (íEste escri- 
tor, dice nn célebre crítico, rompe el trozo de mármol o de 
pórfiro que posee pam convertir los fragmentos en figuri- 
tas, salíentes ¡ brillantes sin duda, perb que están léjos de 
valer la estatua que un arte superior habria sacado de la 
misma rnateria.D 

11. — Hemos dicho que las obras de Séneca fueron mni 
aplaudidas por sns contemporánéos. La misma afectaciou 
de Bu estilo, fué un motivo de admiracion. Pero el buen 
gusto no habia desaparecido del todo; i una voz bíen tem- 
plada se hizo oir con la esperanza de restablecer la anti- 
gna pureza de la literatura romana. Esa voz era la de UQ 
célebre orador que practicó la elocuencia i que le dió reglas 
con una rara erudicion i con una gran fijeza de prineipios. 

Marco Fabio Quintiliano, este es el nombre de ese céle- 
Ire orador, ñació en Calahorra, en España, el afio 42, des- 
pues de J. C. Cuando apareció en Roma en todo el brillo 
de eu talento de orador i de escritor, la pureza del gusto 
e^taba proiundamente alterada. Séneca se habia levantado 
contra Iob autores del siglo de Angusto, i habia seducido a 
lajuventnd con la lucidez de su talento, estiaviándola 
con sU8 paradojas, e inclinándola a bnscar ante todo los 
juegos de palabras» las antitesis i los adornos brillantes. 
Quintiliano protestó contra estos errores, presentando a 
sus discipnlon los admirables modelos que ofrecen Ciceroa 
i ]o8 otroa grandes jénios que florecieron en el período an- 
terior. Sus lecciones no fueron infructuosas: ellas ejercie- 
ron una poderosa influencia sobre sus contemporáueos, i 
contribuyeron a forraar a los mas ilustres escritores de la 
época de los Antoninos. Quintiliano vivió en Roma colma- 
do do distinciones, meteciendo la proteccion de varios 
emperadores. Domiciano le confíó la educacion de su fami- 
lia; i el célebre orador se creyó obligado por el reconoci- 
miento, a alabar a ese monstruo de crueldad, i'IIevó la 
lisonja hasta compararlo con un dios. Quintiliano murió 
en'Roma en 120, despues de haber dirijido por largos años 
una escuela de retórica, sostenida por los emperadores 
mediante emolumentos mui crecidos. 

QuintiUano compuso muchos discursos que nos son casi 



I3ETE 






' HISTORIA LITERARIA,— TIEMPOS ANTIGCOS. 105 

desconocidos; los uno» eran declamaciones destínadas pjlra 
la enseñanza, como las controversias de Séneca: ios otroa 
BÍmples alegatos jurídicon. Pero su gran faraa está fuhda- 
íla en un libro, cn que con el títa\o de Instituciones orato* 
rias, reuniú sus doctrinas sobre la retórica. Esa obra esun 
tratado que encierra un plan de estudios completo para 
íormar un orador, desde los priraeros elementos de la gra^t 
máttca hasta el arte propiaraente dicho, la invencion, la 
disposicion, la elocucion, la pronunciacion, Ja memoria, la 
accion, i en fin las costnmbres. Toma a su discípulo ^n la 
cuna, determina el caráoter de su educacion primaria, i lo 
signe eu su desarrollo hasta que se halle enteramentQ 
formado. Su erudicion literaria le sirve para colocar el 
ejemplo' al lado del precepto, hacíendo así suiibro tan 
iuteresante como ínstructívo, al mismo tiempo que au ima- 
jínacion le suministm comparacionea injeniosas, imájenes 
vivas i nna belleza de elocucion que, si bien es mui infe- 
rior a la de Ciceron, reviste sus preceptos con agradables 
íorraas literarias. Quintiliano se ha api'ovechado de los 
trabajos de sus antecesores, compara i juzga sus sistemas; 
pero ha aíladido excelentes preceptos i juiciosas observa- 
ciones, i ha dado a sus teorías un plan propio i enteramen- 
te nuevo, lo que le ha permitido hacer de su librp una 
especic de curso de edücacion, de moral i de literatura^ 

12. — El mas itustre de los discípulos de Quintiliano 
fué Plinio el jóven,^ nacido en Como el aíio 62 de la era 
cristlana, sobrino e hijo adoptivo de Plinio el náturalista. 
Plinio el jóven es el escritor mas injenioso i el mejor ora- 
dor de su tiempo. Hizo sus primeros ensayos en el foro; i 
éstos le valieron la amistad de Tácito i su elevacion a laa 
primeras dignidades del imperio. Todos sus discursos se 
lian perdido; pero nos qnedan el Panfjirico de Trajano^ 
pronunciado en sn caracter de cónsul delante de ese em- 
perad(xr, i sus Cartas familiares, 

El PanejMco, que sin duda fué retocado por su autor 
despues de haberlo pronunciado hasta dejarlo en la forma 
eu que lo conocemos, es un monumento de elocuencia. No 
8c comprendo cómo, bajo el imperio, la oratoria habria 
podido producir un trozo mas acabado. Et elojio obligado, 
pero merecido cnando se tr^taba de TrajaiJi^ desciende 
rara vez a la lisonja,^i puede con frecuencfíi ser tomado 



/ 



106 ' ELEAIEXTOS DE tlTEBATÜUA. 

cotno un consejoiudirecto o ronio un estímulo. Los ^eiiti- 
tnieiitos 80Q uobleBy Ibs peusaniieutoH viVorosos; i ei adoruo 
del estiio es severo, sobre todo si 8e couipara cou la afecta^ 
ciou de los retóricos coutemporáueos. A^reguemos a esto 
/ que el Pctnejírico de Trajano está lleno de hechos que la 
historiaha recojido. Las Cariaaáe Pliuio el jóveu tieueu la 
/ misma importancia histórica, junto con el encauto de una 

variedad iofinitay revelado por uu estiio elegante, uervioso 
i a veces satírico. 

13. — Los últimos escritores notables de esta época del 
reiiacimiento literario iniciado bajo el reiuado de los Auto- 
Diuos» Rou Apuleyí» i Aulo Jelio^ cuyas obras, aunque de 
mui íiivei'so jénero, ofrecen uu poderoso auxilio para cooo- 
cer la antigüedad. 
' Lúcio Apuleyo nació en Madaure, en Africa, el afio 128 

despues de J. O Ehtudió )a jurieprudeucia, la retórica ¡ la 
íiio!>(»fíH ueo-platóuica eu Boma i en AténaK, e hizo largos 
vmj(-8 para adquirir unevos conocímieutos. De vuelta a su 
patria, restableuió su fortuua agotada por uu casamiento 
' ventajoso. AcnsaJo de haberse hecho amar por majia, jus- 
, tifii'ó su conducta |)or medio de sn Apolojiay dlsíjurso escri* 
to en un estilo correcto que encierra H(>bre laü relijionts i 
las supersticiones autiguas alguuas preciobas nociones, i en 
que el antor desplega mucho iujeuio i maneja mni hábil- 
mente la sácira. Ademas de algunos fragmeutos de decla- 
maciones, que no carecen de mérito, Apuleyo nos ha legadb 
las MetamorfodSj novela singular que ha merecido de sus 
aduiiradores el nombre enfáticn de ásno de oro, con que 
es mas conocida. La novela de Apuleyo es uua imitacion 
dei Asiio de Luciauo, esto e8, la historia de las aventuras 
de uu h<»mbre convertido en asno por cierto» secretos de 
majía. Tomaudo el fondo de su 'narracion de ia novela 
griega, Apuleyo ha trázado un cuadro alegórico de las 
costumbres depravadas de su siglo i lo ha hecho con mu- 
cho injenio i con gran conocimieuto de ios hombres. Algu- 
Dos de 8U8 epÍHodíos son mui iujeuiosos; pero hai uno^ el 
de Cupido i Psiqué, que es considerado como nna de las 
mas hermosas maravUJas de la imajinaciou antigua, i que 
ha teuido el houor do fer imitado por inuchos ee^critores 
modernos, entre otroSy por La-Foutainey el grau fabulista 
frances. 



HISTORIA LITERARIA.— TIEMPOS ANTIGIJOS. 107 

14. — Aulo JeL ÍQy^ne vivía «n el flegnndo sigln de la 
era criatiana (117-180) es iin ^raniático i un retórico (Je 
graoile erudiáiony que escribió una obra nini curiosa siii 
otro fin que el de anministrar a sus hijos algunas recrea- 
cíones literarias, En sus variadas lecturas de Tibrosgriegoa 
i latinos i durante una residencia en Aténa», recojía sin 
ónlen ni método notas de todo lo que llamaba su atenciouy 
i en 8egnida ias arregló en et órden que se le presentalmn 
Bus estractos. Sus Nodiea áVcas son una recopilacion de 
ob<»ervaciones diversan sobre historia, gramática i antigüe- 
dades en que los filólogos i los historiadores modernoH 
han encoutrado un va^to caudal de noticias, qne se habriaii 
perdido sin el liliro de Aulo Jelio, o qne no serian conoci- 
das Rino mui imperrectameote. Apesar de la desi^ualdad 
del estilo i del desórden en que están ef^puestas las mate- 
rias, l,as Noches áíicaa es una de las obras mas útiies i mas 
interesantes que tios haya legado la antigüedad. 

15. — Despues de estos escritores, la deoadencia de la 
literatura romana fué rápída e irresistible. No faltaroo 
al^unos hornbres de verdadero talento, pero «us ooras 
revelan nna época de mal gusto i de abatiraiento. La 
poesia» sobre t<»(lo, qne se había mautenido en su postra-' 
cion aun bajo el reinado de los Antoninos, no produjo 
despues de éstos nada que merezca llamarse notable. 
Terenciano Mauro , poeta nacido en Africa, i que pro- 
bablemente vívia en tiempo de Trajano, compüso ua 
poema didáctico sobre la prosodia i el arie métrico de los 
latinoSy en que los preceptos están eíípuestos con claridad 
i eleganoia. ( vfl| pii rn jodft Sípí I ja. l.N¿j[Tipaiftno^ que escri- 
bieron bajo el reinaíIodeTJÍocIeciano, cultlvaron la po^sía 
paStoral cou algun talento, pero siii orijinalidad, Ambog 
son ÍMiitadores de Teócrito i de Virjilio. 

Algunos de esos poetas habrian brillado talvez en otro 
sí^lo; pero en la época en que vivieron, la lengua latina 
habia perdido su pureza, i la literatura que ilustraron Oice- 
ron, Virjilio i Horacio estaba a punto de desaparecer. 

16.— La prosa siguió en estos siglos de decadencia i de 
p>8tr^cioQ la misraa marcha rápida e irresistibie hácia sa 
ruina que habia seguido la poesía. Los pocos escritores 
qae en esta época pretendiéron sacar las letras romanas de 
ese estado de^abatimieutOy cayeron eu la afectacion i no al- 



108 ELEMENTOS DE LITERATUEA. 

canzaron a elevaráe a )a altura a que aspiraban. De este 
número eg Macrpbio, contemporáneo de Teodosio, que coni- 
puso'las i^aíurnaleSy libro escrito ea diálogog, pero cuya 
fondo es una imitación de las Noches áticas de Aulb Jelio* 
La obra de Macrobio muclio mas pretenciosa que la de 
EU modelo, es al mií<mo tiém])o mucho ménos curiosa e 
interesante que aquella. 

La liistoria fué cultivada por numerosos escritores; pero 
todos ellos no áumentan én mucho los íastos literarios de 
Boma. Por otra parte, ademas de la docadencia del guato 
literario, la época no era favorable para esa clase de traba- 
jos. Como los caprichos del poder absoluto eran un peligro 
constante ,para el historiador, era bien difícil componer 
una historia franca e imparcial del pueblo romano bajo el 
réjimen imperial. EI miedo lo miuaba todo. Despues de 
lo8 Antoninos, los emperadores no permitieron el exámeo 
de Bus actos, que ya.no estaban sometidos a las delibera- 
ciones del senado. Los historiadores quedaron así reduci- 
dos a contar los acont^cimientos militares t^in reflexiones 
Di criticas. 

De esta manera escribieron los compiladores de la JJiV 
toria Áugmta^ coleccion de biografías de los emperadores 
desde Adriano hasta Caro, especie de continuacion de la 
oti-a de Suetonio, aunque de escasísimo mérito literario. 
Se atribuye esta compilacion a seis escritores diferentes; 
pero solo uno de ellos, Vopisco, refiere acontecimientos de 
que ha sido testigo, o ha hecho iuvesiigaciones sérias para 
esclarecer los sucesos, i los ha ordenado con algun método 
i con cierto jnicio. Los demas no han hecho otra cosa que 
copiar lo que encontraban escrito. Segun las fuentes que 
han consultado, algunos pasajes cstán escritos eu uu estilo 
soportable, pero vienen seguidos de otros mui malos. <iTal 
ee la falta de criterio de e&tos historiadores, dice Schoell, 
que con frecuencia, despues de haber estractado un autoFy 
pasan a otro, i toman de él los mismos acontecimieuto», 
sin percibir en esta repeticion: así es como algunos hechoa 
están contados hasta tres veces. Historiadores que no sos* 
pechan lo que se llama crítica, no merecen ninguua con- 
lianza.]> Apesar de la exactitud de este juicio, aquella 
compilacion es un documeuto precioso, porque contiene 
las únicas noticias que poseemos sobre ciertos períodos de 



HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS ANTIGÜOS. lOí^ 

la hÍBtoria del imperio romano, i porque dos da detalled de 
oodtumbres de aquellos siglos de decadeneiay con un rico 
caudal de anécdotas, en las cuales se detienen con parti- 
cular interes los compiladores. 

La literatura romana llegaba entónces a 8u término. Un 
elemento nuevo, el cristianismo, Ilevaba a cabo en esa época 
una revolacion completa. £1 latin, sin embargo^ no desa- 
pareció: fué cultivado como la lengua de la nueva relijion, 
i conservado durante mucho tiempo como el idioma de 
las ciencias i de las letras. 



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/^'^' ' 0' 



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; 



CÁPÍTULO IX. 
\m padresi de la Iglesla. 

1. — 'Bl eTanielio.— 2.-~OlaBÍficacion jeneral def los padres de la iglesta.^ 
8. — Padrea apoHtóUcoB de la iglesia griega.^4. Padres apolojéticoB; 
Orljenea. — &. Padros do^máticos; Saa Ataaasio. — 6. San Gregorio Ni- 
cianceno.— 7. San BaAÍlio i San Gregorio de Nisa.— 8. 8an Juan CrisK^ 
tomo.-^9. PadrcB apolojétícos de Ta igleMa latina; Tertuliano. — lO. Lac- 
tancio. — 11. Padrea dogmátioo^; San HUario. — 12. San Ambrono. — 13. 
8an Jerónlmo. — 14. San Agnstin. 

1.— En la época eo que las letras griegas i romanaa 
comenzaban a decaer^ se alzaba en el seno mismo del 
imperio una nueva literatura, inspirada por uq espíritQ 
tambien nuevo. La predicacioQ del evanjelio hecha por los 
disc{pulo8 de Je8ucristo, era el orijcQ de esta revolucion 
Hterariay que fué a la vez la causa de una completa revo- 
lucioQ social. 

La palabra evan'*elio es gríega en su orijen, i Bignifíca 
buena noticia; pero tiene dos sentidos diferentes segUQ sea 
einpleada por los escritores profanos, o por los escritores 
sagrados i eclesiásticos. Los primeros se sirven de ella 
para designar una bueria noticia en jenerah Los últimoa 
han dado este oombre a la segunda parte de la Biblia, 
denominada tambien Nuevo Testameuto, en que está con« 
BÍgnada la noticia de la venida d::l Mesías. Posteríormente 
se ha dado el título de evanjelio a cada una de las uarra- 
ciones que contienen los principales sucesos de la vida de 
Jesucristo i las docttinas que predicó. 

EI evanjelio^ la buena Qoticia, fué trasmitida primero 
oralmente por los apóstoles i por sus adeptos. Los discfpa- 
loB de Jesus iban por el mundo anunciando las circuns- 
tancias de su vida, de su muerte i de su resurreccipn. Pero 



I 
\ 



mSTORIA LITEBARIA, — ^TIEMPOS ANTÍGÜOS. 111 

luogo se hizo aentir la necesidad de conocer de üna mane- 
ra mas precisa la historia del Salvador; i entre los maes- 
tro6 de la nneva fé hubo algunos especíalmente encargados 
de la enseüanza de esta historia: estos fueron los evanje- 
listas propiamente dichos. Otros se encargaron de los diver- 
808 ramos de la enseQanza cristiana. Los evanjelistas, a fin 
de fijar mejor en la memoria las diversas circunstancias de 
la vida de Jesucristo, la consignaron en narraciones^ parti- 
culares. San Lucas hace referencia a esas narraciones cuan- 
do diee que no estando sus autores perféctamente inforraa-^ 
dos, ¿1 se crée en el deber de escribir en órden los faechos 
verdaderos. 

La ígiesia cristiana ha elejido cnatro de esos libros o 
evanjeHos, qne haiQ sido deciarados canónicos. El estndio 
detenido de estas cuatro obras hace óreer que fueron escri- 
tas en ei órden sjguiente: IJ* £1 evanjelió de §an Mal^ > 
compuesto para los iudíoSy hácia el-afio 41 de nuestra era^ 
en hebreo o sirio caldeo, cuyo testo orijínal fué perdido en 
el Biglo XI, i del cual solo conocemos una traduocion grler 
ga i otra latina: 2J^ EI evanjelio de ^^^ ^Á^^i^°^, escritó 
primitivamente en griego para los romanoS| i que n^ es 
otra cosa que el precedente modificádo en parte. 3.^ El 
evanjelio de San^liüfiag^ escrito en griego, por los afios 53 
de nuestra era, i que completa los otros dos. I por último: 
iJ^ El de San Juan escrito tambien en griegO; como se- 
senta afios'Hespües'de la muerte de Jesus, para los cristia- 
nos del Ásia menor. De estbs evanjelios, el primero i el 
último son los mas notables. Se recomienda el de San 
Mateo por la elevacion i ta profundidad, por el grande 
acopio de nocionePi para conocer la moral de Jesucrísto, i 
por la enerjía i concision de su estilo. EI de San Juan re- 
vela un fondo vaporcso de pasion i de poesía que noa hace 
conocer i admirar el alma del escrítor. 

Estos <;uatro Iibros, aunque de un mérito literario mni 
diferente, han sido inspirados por un mrsmo espírítu i por 
los ínismos sentimientos. Los cuatro cuentan los mismos 
hechos;*pero unos tienen mas incidentes i pormenores que 
otros, de tal manera qne todos se completan entre sí. La 
iglesia, declarándolos auténticos i canónicos, ha considera- 
do apócrifos los otros evanjelios compuestos en diferentes 
tiempos i lugar^ para referir tambien la vida de Jesus. 

9 



\ 



1 



I 
» 



112 . ELEMENTOS DE UrERATUEA. , 

Ya hemos dicho en otra parte, que cuaodo se Iral/Iá de la 
Biblia, la palabra apócrifo no tiene el sentido que se le da 
ordinariamente. Los líbros bíblicos deHominados apócrifos 
son aquellos a los cuales no se atribuye un orijen diyino o 
revelado, i que, sin ser enteramente falsos, no pueden ser 
invocadós corao regla en matftría de relijion i de moraL 

2.— La predicacion delevanjelio pasó por tres perfodos 
diferentes: la prrmera predicacion; la iucha i el tríunfo» 
Esos atrevidos propagandistas que consumaron la conquis- 
ta del imperio romano por la doctrina cristiana venciendo 
mil peligros i sufrieudo muehos de ellos el martirio, son 
denominados pndres de la iglesia, i sus escritos hacen regla 
en materia de fé. Los predicadores del primer período, que 
oon su palabra o sus escritos dieron a conocer la vida i 1» 
moral de Jesucristo, son denominados padres apostólicos, 
Los del s^gundoy que hasta el rcinado de Constantipo tn- 
vieron que luchar coutra el paganismo para defender sus 
doctrinas contra las calumnias de sus enemigus, son deno- 
miíiñdoQ padres apolojéticos^ Los del tercero, que eneontra- 
ron la igí^ia victoriosa de las creencias paganas, í qne 
tuvierou sin emhargo que eontraer sus eefuerzos contra taa 
sestas dísidentes i que fijar el dogma i la constitucion de» 
fínitiva de la iglesia, mérecieron la denominacioo de padre» 
dqgmáticos. 

£n el rápido boRqnejo que vamos a trazar de los traba* 
jos de los santos padres, distinguiremos estos tres períodop; 
pero hablaremos primero de los padres de la iglesia griega,. 
i en.seguida de los de la iglesia latina. 

3. — Entre los padres dcl primer período seria necesario 
colocar a los apÓKtoles que, como San Pablo, predicaron i 
escribieron p^ra dar a eonocer la doctriiia de Jeaucri^to. 
Piguran tambien en este período San Berpab é^ San Cle* 
mentñ papa, S|auIgnacio obispo de Antioquía i San-DiqnN ' 
610 obispo de Al^anHríSí^que dejaron algunos escritos, hó- 
miiias epístolas, en que se eocuentran hermosos pasajes 
i en que se nota un estito puro i una elocuencia inspirada. 
• 4. — Entre los padres apolojéticos debeh colocarse ^fian 
Justino, notable por su fé i por la sinceridad fervotosa de 
BU piedad cristiana; Hérmas, que en el segundo siglo de la 
era cristiana empleó, como Luciano, las armas del ridículo 
para c^mbatir el politeismo, pero que, a dlferencia de 



r 
t 



HISTORlA LITERARIA.— TIEMPOS ANTlGUOS. 118 

aquel, se contrajo a defender el cristíanismo; San Clemente 
de Alejandría, tan notable por su erudicioa como por la 
elegancia de su estilo i la sotidez de sus princípiós; i por 
ültimo, OríjeneS j, discípulo del anterior, que es uno de los 
ínas hermosos jénios del cristianismo naciente. Director de 
la escuelá cristíana dh Alejandría, en reemplazo de su 
maestroy lo eclipsó en Ibreve por su reputacion. Los paga- 
nosecudian a oir sns lecciones, i no hubo entre ellos mas 
qite nna voz para alabar con entusiasmo la estension de 
Hu 8al)er, el vigof de su espíritu, el encanto de su elocu- 
cioii, la gracia i la uncion de su palabra. Se admiraban al 
mismo tiempo que su desinteres absoluto, sus austeridades 
voluntarias i su perseverancia en la meditacion i en la ora- 
cíon. Susjliscursos i sus ejemplos inflamaban de tal modo 
a pus'oyentes, que se vió a muchos de éstos correr al mar- 
tirio ai salir de sus leccioues. Este maestro elocueHte íué 
tambien uu escritor mui'fecundo. Segun San Jerónimo, 
compuso raas volúmenes que los que otros habrian podido 
leer. Son notables sobre^todo sud trabajós de profunda eru- 
dic^on sobre la Biblia, i sus tradnccioiies en lengua griega, 
sus homiHas o sermones, i sus obras de controversia con- 
tra los filósofos paganos enemigos del cristianismo. Oríje- 
nes pensó colocar en un órden sistemático las principales 
partes de la fé catolica para darles uua esplicacion oientí- 
fica; pero no alcanzó a ejecutar esta obra. 

5. — Lía época mas briílante de esta literatura e* el pe- 
ríodo de los padres dograáticos, a cuyo influjo debió la' 
íglesia 8U unidad i la destruccion de las herejías que sur- 
jieron en los primeros siglos. En esta época brillarort eu- 
tre los padres griegos San Anatasio , San GrjBgorio d e Ni- 
sa, San Gretforio ^« acianceno^ i sobre todos eiios. S an Ba* 

SÍIÍO i Sftn Jiift^^rí«/>Rt;9mn- 

La vida de San Atanasio es una prolongada lucha con« 
tra la herejfade Arrio i contra los emperadores que qui- 
sieron sostener el arrianismo o restaurar el paganismo, 
iucha mezclada de triunfos i de reveses, i corotiada al fin 
por una victeriadecisiva. Nacido en Aiejandría, hácia el 
año 296, de una iamilia distinguida, San Atanasio sé hizo 
notar en el concilío de Nicea por su celosa ortodojia ¡ por 
fm elocuencia. Elevado a la dignidad de patriarca de Ale- 
jaodria, fué desde entónces el sosteu i el guía de la iglesia 



114 ELEMENTOS DE LITERATÜRA. 

de Ejipto. La intrepidéz con que se contrajo al campH* 
luiento de sns deberes al través de las perseciicioQes toaa 
pertinaces^ le granjearon el anior i Ja veDetacioQ de lo6 
católicos, para quienes sus destierros fueron dtieios pábli* 
cos, i sus restituciones a la silla patriarcal^ verdaderoe 
triunfos. Er2 demayo del afio 373 mnrió tranquilo i glo^ 
ríoso en susede de Alejandria. Maa que por el brillo i lo 
patético. del estiio, la elocuencia de San Atanasio se. diiH 
tingue por el vigor i la lójíca del razonamiento. Sapalabia 
86 considera como la fórmula inmutable de la doctrioai 
porque 61 deslindó i íQó todos los elementos de la creencia 
católica; en que resplaudece óierta sencillez laminosa qae 
arrastra e instruye a la vez. La historia le admira ix)r lá 
firmeza inquebrantable de sq car&cten 

6. — San Gregorio N aciancepo, que ocupa tin paeato 
distingüído entre Jos poélas cHstianos^ merece como ora- 
dor^ un rango de primer órdeu. Nacido en el puebleoillo de 
Acianzfi/a inmediaciones de Nacianza, cuya iglesia epÍB- 
copal gobernó algñnos afios, murió en un retiro el afio 389, 
entregado a la penitencia i al cultivo dela poeslá. Dot»- 
do de una alma tierna i contemplativa^ solo por abnegacion 
acepto el episcopado, cuyas penosas obligaciones complió 
con celó i desprendimiento. Las obras uotables de este pre^ 
dicador ileno de uncion i de vehemencia, son numerosas, i 
han servido de modelo a los orádores crístianos. 

7« — Nacido en Cesárea en 329, amigo i eondiscípulo de 
San Gregorio, i muerto en 379, San Basilio, sucesor de 
Eusebio en la sede de aquella ciadad, no llevó esa vida de 
aventuras i de azares que tanto nos interesa en la hístoria 
de San Atanasio i San Jerónimo; pero impone respeto el 
espectá<^Io de ana virtud constante unida a iin herrocso 
injenio. San Basilio fué el verdadero obispo del evanjelio, 
el padre de los pobres. Gastó sus rentas en obras de ca- 
ridad, que alcanzaban no solo a los cristianos, sino tam- 
bien a los herejes i a los judíos. No teniamas que una ao- 
la túnica i se alimentaba solo con pan i legumbres, pero 
empleaba graudes tesoros en embellecer a Cesárea. 

cSan BasIIio i San Gregorio de Nacianzai dice M. Yí- 
IlemainySon los primeros modelosde esa docta i piadosa 
elocuencia consaginda a la ensefianza regular del pueblo. 
£n suboca, la relijion no tiene ese ardor en que se consu- 



HISTORU LITERARIA. — ^TIKMPOS AKTIGÜOS, 116 

niia el celo áe Atanasio: qo es la espada que oorta i que 
divide^ 8Íno el lazo que acerca i que une auayemeDte las 
i^mas. Ménofi ocupada del dogma, su elocuencia se coutrae 
fiobre todo a la reíbrma de las eo8(;umbres i al cousuelo de 
los aflijido8.2> La obra maestra de San, Sasilio tiene por 
objeto Qsplicar el Oénesis ea la parte relativa a la creacioa 
del mnndo; pero compuso ademas muchas obras dogmátí- 
cas i morales como tambien panejíricos i escritos de con- 
trc^versia que cooservan su reputacion aun en nuestros 
dias. 

Saa Gre^ orio de Nisa, hermano menor de San fiasilio, 
eiguió la misma earrera que éste con nn brillo casi igual. 
Los mismos efttudios desarroUaron su jénio; i despues de 
haber enseñado la retórica i practicado la jurisprudencia, 
ae hizo sacerdote ¡ fu¿ elevado en 372 a la silla episcopai 
de Nisa, ciudad de la Capadocia, que ocupó hasta su muer- 
te, ocurrida en 396 a la edad de sesenta i cinco afios. La 
purezai la fuerza i la magnificencia de su estilo le sefialan 
un puesto elevado entre los oradores cristianos. 
« 8. — El mas famoso de los padres de la iglesia grie^a es 
8in disputa San Juan CriséstQi go, que no tiene en la elo- 
cnecicia cristiaoa otro rival que San Basilio, a qnien sobre- 
puja, a lo ménos por su fecnndidad. San Juan nació en 
Antioquía hácia el aüo 344, i fué iustruido en el arte ora- 
torio. Del foro pasó al púlpito para merecer el nombre de 
Criaóstomo (boca de oro), como otro célebre oradot i filó- 
Bofo profano. Cutgido Antioquia se rebeló oontra Teodosio 
i 86 entregó a la consteruacion temiendo la venganza im- 
perial^ Crisóstomo se encontró eu el caso de calmar dia- 
riamente las pasiones del pueblo, consolando sus miserias 
1 tristeza i persuadiéndolo a ía práctica de' las virtudeS| en 
tanto que se obtenia en Constantinopla el perdon de Teo- 
dosio, que el obispo de Antioquía, Flávio, fué a implorar 
de rodillas. Llamado mas tarde a la sede de la capital del 
imperio, desplegó igual celo i la misma docuencia; pero 
las intrigas de una corte corrompida acabaron por despo- 
seerlo; i este glorioso apóstol dc la fé cristiana murió en el 
destierro, conservando-siempre su inalterable virtud. Sué- 
lese comparar a San Juaa Crisótomo con Ciceron;iaIa 
yerdad; no tendria por ello de que quejarse el orador ro- 
mano. EI estndio de las obras de este santo padre puede 



\ * 



116 ELEMENl'OS DE LITERATUR A. ; 

por &{ solo baetar a íoroiar qu teólogo cODSUQiado i un 
orador excelente. 

Su gloria como orador, consi»te, on efecto, en haber fija- 
do el verdadero carácier de la elocuencia cristiana. cSu 
método, dice M. Guillon, llegó á ser la regla de eate jéue- 
ro i el sello de la verdad. fiste evanjelio, que la orgullosa 
filosofla del síglo babia descouocido, fué conaiderado desde 
eotónQes como el código de la maa perfecta sabidurfa i la 
fuente de las mas snbtimes coocepciones que pudiesen ofre- 
cerse al }énio.i> ^Bajo el peso de la palabra de CrieóstoraOy 
agrega el mismo autor, el paganismo fué vencido eu la 
tribuna, como lo habia sido en los templos.» 

9. — La elocuencia cristiana comenzó a florecer en Boma 
en el siglo II de nuestra era. La igiesia latina, como la 
iglesia griega, tuvo sns padres apolojéticos, qne defendie- 
ron la relijion miéntras tu6 necesarto eombatir contra el 
pAganismo; i sus padres dogmdticos, qne purificaron la 
doctrina, limpiándola de las idead i priocipios con qne las 
sectas di^identes habian comenzado a enturbiarla. 

£1 mas notable de los apolojistas latinos es Tertuliano ^ 
tocido en Cartago el año 160 i muerto a ia edad de 85 
año8« Habiendo recibido una exoelente educacion i adqniri- 
do estensos i variados conocimientos^ abraeó el ciistiania* 
mo a la edad de treinta años. Despnes de haber defendido 
vigorosamente la iglesia de Jeeucristo i su doctrina, cajró. 
en ios errores de Mootano, i fundó en «eguida una aecta 
áparte. 

La mas famosa de las obras de Tertuliano es so ApoUh 
Jéiica. Compúsoia bajo el reinadode Séptimo Severo i la 
dió a conocer en los últimos años dei sígio IL Se pregunta 
qné crímenes han cometido los cristianoa para ser ator- 
luentados i muertoSy examina en detaile las dHÍnmntaa 
foijadas contra ellos, i los justiñca de los reproches que ae 
les han hecho, presentáudolos como hombres puroa por su 
condueta i dóciies i Bumísos a la autoridad del soberano. 
Su estilo es frecnentemente duro a fnerza de vigor^ oscnro 
a fuersa de precisioni bárbaro i afectado a foerza de ideo* 
lojÍ9mo i de bríilo; pero estos defectos están indemnizadoa 
por la belleza de ías imájenes, por la profnndidad i la 
eneijfa de ias ideas i por el poder patétioo de loa movimien* 
ioa. 



I 

HISTORIA LITERAniA.---TlÉMPOS ANTIGUOS. 11,7 

Vieoe eo 8egui(la^SaDJC!i{m2UU2» obíspo de Cartago, mar- 
tirizado eti 258. Aunque sn estilo se resiente del mal gus- 
to de la época í de la rudoza africana, tiene sin einbargo, 
fuerza i elocuencíai dejando' siempre ver nna alma eleva-' 
<la. Sns obraB, qne sob mui nuraerosas, ofrecen un cuadro 
completo del espíritu i de la vida, de ía discíplina i de la 
Administracion de la iglesía. 

10.— Lactancio, que vivió en los siglos líl í IV, qüe fué 
testigo de la-persecucion de Diocleciano i del trlunfo de 
la aueva relijion bajo Constantino, nacióen Africa i murió 
en Tréveria hicía el afio 325. En su juventud fué paganO| 
i por nombramiento dei primero dc'aqueilos emperadores, 
rejentó una escuela de retóríca en ÍTicomedia; pero las 
persecuciones dirijidas contm los cristianos, do inclinaron 
a abrazar la relijion de éstos, i fué al fin uno de sus mas 
ilustres apolojistas. No compuso discursos^ siuo tratadoa 
majistrales, notables por la acertada disposicíou de «a 
plan, por la abundancia i limpieza del estilo i por la «le- 
vacion de la elocuenciar' Sus ínstitucwnes divinas, aunque 
débiles, talvez en su parte teolc^jic-a, son el resultado de 
una grande erudicion, i contieuen uoa ardoroBa refutacion 
de los errores del paganismo; pero el dogma cristiano no 
86 encaentra establecido con toda solidez 1 claridad« Sus 
dotes de escritor, sin embargo, le han merecidq el glorioso 
«sobreoombre de Ctoerou cristiano. 

11. — Entre los padres dogmáticos de la íglesia latina, 
íiguraa en primera líiiea Sifu Hilario, San Ambrosio, San 
Jerónimo i San Agustin. 

San Hilariíi naeió en Poitiers a principios del siglo IV, 
í murió de ob¡(*po de esta misfna ciudad eu 367. Por eí 
deouedo de su caráeter, por el temple superior de su inje- 
DÍ«, San Hilarto íué el Atanasio de occidente. Perseguido 
í vietorioso como éste, enemigo implacable del arriauism«s 
desencadenó contra esta secta el turiiou de sii elocuencia 
haata aniquHarla, sin que se esfjapara de sus ntaqucs el 
mismo emperador. Su obra princípal, el ¡Tratado de la 2>i- 
nidad, ha fijado definitivamente la doctrina sobre este 
punto. 

12. — SauAmbrosio^nacido en 340 en la Galia meridio^ 
nal, era nueilrtmrdeuna familia ilustrej i en su juventud 
ae distingió en el foro i en el desempefio de altos pnestos. 



J18 ELEMENTOS DE^ LITERAf URA. 

filevado, sin preteuderlo, a la dignidad de arsobispo de 
MilaD, ejerció eate cargo óon valor í cou celo ejemplares. 
Se ha hecho. famosa su enerjía jpov haber rechazado de la 
cate^ral d^ Milan al emperÉidor Teodosio^ que queria pe- 
netrar en el templo sin haber hecho ántes penitencia por 
las matanzas de Tesalónica, como lo exyía San Ambrosio. 
Las ñumerosas obras de este santo se di«tiguen pcr la 
fiñneza de sus convicciones i por. la suavidad i ternura de 
8US Bentimientos; pero están tambien afeadas porr JosMefec- 
toB inherentes al mal gusto de la época. Sa txatado de 
Ii08 dAeres es un libro de moral en que.San Ambrosio ha 
tomado lo que hai de mejor en el libro de Oiceron sobre 
eLmisn^o.asiinto, pero al oual Iia añadidolas luces uuevas 
propagadat por el critianismo. 

13.r-lSan Jerónimo, nacido eo Dalmacia por los aQos de 
331, mnrió en Bélen^el añ<;> 420 de Jesucristo. Su vida es 
nao de los mas curiosos episodios del crístianismo. Dotado 
de una imajinaciou vigorosa i ardiente, nutrido a li^ vez 
con lá ciencia de las letras profanas \ con la 3e las santas 
e8oiituraí>y.San Jesónimo es el mas orijinal de los escrito* 
res católicos. Sus cspresiones son varoniles; i aunque es 
poeo igual i perfecto en su estilo, es mucho mas elocuente 
que otros escritores que se han hocho notar por su esmero. 
JLaB querelJas relijiosas en que intervino como lidiador, las 
pasiones mundanas que. perturbaron su espiritu,i(u auste- 
ridad en el desierto, sus lejanas correrías, la ajitacion de 
laB ciudades i la calma de la soledad, todo contribuyó a 
robustacer f a exaltar su imajinaciony así como süs lochas 
interibres acabarou por imprimir mayor fuerza a su injenio. 
Pocos escritores han Uevado mas léjos el don de cautivar 
los espíritus con la palabra. Sus obras no ofrecen un sdIo 
trozo que no pertenezca (K)r el vigor persuasivo al jén.ero 
oratorio; pero en sus oartas es donde brilla mejor su elo- 
cuencia, porque ha (fcrramado enella toda la sensibilidad 
de su aima, los tesoros de su erudicion i de su entusiasmo 
relijioso. 

14. — Llegamos por fín al hombre mas admirable de la 
iglesia laLina. Colocado en otro siglo, Sp.n ^guatjn habrift 
Bido inoomparable por la estension i la facilidad de su in- 
jenio. Metafísica^ historia, antigüedades^ ciencias, costum- 
bres, artes^ todo lo abarcó. Escribió sobro la miisica con la 





HIOTORIA IITERAKIA.— TIEMPO& ANTIGUOS. 'lld 

• 

misma facilidad que sobre el libre albedrío: esplica lod fé- 
Bómenos de la me'moria con la nii«ma firmeza de crif;erío 
con qne Tazóña sobre la decadencia romaná. Su e>ocuenciá| 
aunque empañada a yeces por la afectacion r los barbaris- 
Bios de una época de décadencia, es a menudo sencilla i 
familiar, como que estaba destinada de ordinario a los ha- 
bitantes incultos i casi bárbaros de la Mauritania. Sus 
obras^ inmenso depósito de cieDCÍa te ;lójica^ son la imájen 
inas viva de la sociedad crístiana de finea del siglo IV. ' 

San Ambrosio conquistó para la iglesia a este l^glierrído 
i formidable campeon. San Agustín, en éfecto, fné pag^no 
de oríjén. Nació en Tagasto, ep- Afriea, en 351, estudíó las 
letras profanas i obturo la cátedra de elocuenciá eb Mi- 
lan. Allí se convirtió al cristíanismo i volvíó al Africa^ eh 
donde fué proclamado obispo de Hipona. En este puesto 
se distinguió tanto por su virtud como por sus taléntos; i 
muríó allí (430) durante el sitio de la cludad puesto pór 
los vándalos. Las obras mas célebi^es de este sai^ són la 
Ciüdad de Dios i las Confeaiones. Sub tratados 'dontra los 
faerejes, sus sérmones, sus homilías i i\X% obrás fildsóficas 
son ppr su nñmero í por su mérito un tédtimóñio de lá fe- 
cnndidad i de la pnjanza de su injenio. Para teiiifVlar ia 
admíracion que inspira él jénio de Sarn Agustin, es meñes- 
tér afladir que su doctrína sobre la gracia, que p6ne en pe- 
Jígro el libre albedrio, ha ocasionado debates que han ají- 
tado con frecuencia la iglesia. - 

Despues de estos grandes oradores, es menester todavía 
citar a los papas SaDTLeon i San G-regori o Magno, que flo- 
recieron 'en el sigio V, i que dejaron obras üotables apesar 
de haber vivido en una época poco faVorablé para las le^ 
tras. Gon ellos se estinguieron en el oocidente, i durante 
algunos siglob; los últímos restos de la elocnencia sa^da. 



PARTE SEGUNDA. 



EDAD MEDIA. 

I 

■ A 

CAPÍTULO PRIMERO. 



Círandes difislones de la Uteratara de l;a edad media. 

1. Iiaportancla literana de 1a edad mcdia. — 2. Clafflñcacion jcnenl de la 
literatnra duTAnte cffte periodo: literatuni oriental; bixantina; latina; 
valgar a literatora de las lengnas modernas. 

1. — cSe cuentan en ]a hifitoria mas de diez^siglos da* 
rante lo8 cualesy aegaa se cree jeneralmente^ el espíritu 
'lmmano ha retrogradado» Una porcion tan coosiderable de 
los tíempoa qne nos son conocido^, durante la cual la 
grande obra de la perfectibilidiid hubiese retrocedidOy seria 
8Ía duda una fuerte objecion contra el sistema de progre- 
sion en las luces; pero esta objecioUy qpe si fuese fundada 
sería abrumadora, la refuto de un& manera senciUa. No 
pienso q\xe Ja especie human^ ha retrogradado en eeta 
época; creo^ por el contrario^ qne en el trascurso de estos 
díez siglos se han dado pasos inmensos. 

cMe parece que cuando se estudia la historia se adcjaiere 
la conviccion^e que todos los aoontecimíentos prinoipales 
tienden al mismo objeto, la civilizao'on universaL Se yé 
que en cada siglo nuevos pueblos han sido admitidos al 
goce de los beneficios inherentes al órden social; i qae la 
guerra, apeaar de todos sus desastres^ ha eatendido con 
frecnencia el imperio de las laces. Lob romanos civilizaron 



HISTORIÁ LITERARIA. — EDAD MÉBIA. 121 

el lufiiido que, babian sonietido, Un pueblo áe guerreros 
renníó asi bajo las nlismas leyes uua parte del mundopara 
civilizarla conqúíst^Jlndola. Las nacioues del norte hacien- 
do desaparecer durante algnn tietnpo las letras i las artea 
qae reinaban en el sur, adquiriendo sin embargo^ algnnos 
de los copocimientos qne poseian los veucidos; i los ha- 
bítantes de maa de la mitad de la Enropa, estraños hasta 
entónces a la sociedad civilizada^ partíciparon desusven- 
tajas. 

a:La invasion de los , bárbaros fué sin duda una gran 
desgracia pará las naciones coutemporáneas de esta revo- 
Iticion, pero las luces se propagaron por este mismo acon- 
.tecimieuto. Losenervados habitantes del sur^ mezclándo- 
ee con los hombres del norte, tomaron de ellos unaespecie 
de enerjía i cierta flexibilidadyque debian servir paracom- 
pletar las facultades intelectualesD. (kadamb de stael, 
J}e la tittérature.) 

Se ha dicho jeneralmente que 1a edad media era uq pa- 
réntesiSy nn desierto ú se quiere, colocado entre la civili- 
zacion antigua i la civilizacion moder^ia, i se ha creido 
apoyar esta opinion con la pobreza, mui exajerada, de la 
literatara de los tiempos medios. Siu embargo, seria mui 
difícil probar que dfurante ese perlodo se haya dejado es- 
tinguir unasoln chÍ8|m de la cíencia i de la literatura de 
los tiompos antiguos; i aeria mui fácil jnanifestar que ba- 
jo muchas faces la literatura i las ciencias hicieron gran- 
des progresas en esos siglos que se llaman b¿rbaro8. iLas 
letras, es verdad, perdieron la correccion antigna^ i no al- 
canzaron al razonamiento que constitnye el mérito de las 
literaturas modernas; pero hicieron ostentacion de una 
imajinacion poderosa, formaron la transicion de dos épocas 
mui diversas, i prepararon ei gran movimiento tevolucio- 
nario que se realizó en los sigios posteriores. 

2. — JEstas reflexiones son verdaderas históricamente; 
pero lajeneracion deentónces debióllevar una existencia 
miaerable. EI imperio se eneontró rodeado de una aterra- 
dora red de bárbaros. En el Rhin, en el Danubio, en Afri- 
i en Asia, las irrupcioDes repentinas so sucediaD a cada 
íxiBtante. AgrégiMense a esto la desorganizacion interíor^ 
la corrupcion jeneral^ loa goces enervantes del lujo, i se 
verá que aquella era una época de muerte para la litera- 



/ 



122 ELEM^NTOS D£ LITERATÜBA. 

tura. La Italia paeó á ocupar un rol de segupdo órdeo^ 
iniéntras que en ConstaDtinopIa la lengua griega'se per- 

Setuaba con una literatura mucho ménos brillante que la 
el siglo de Ferícles, pero bastante rica tadavía, sobre to- 
do en trabajos de erudicion i de juriaprudencia. Esa litera- 
tura es denominada bizantina^ del nombre antiguo de la 
capital del imperio, Bizancio. 

EI occidente de ja Europa estuvo por algunos siglos 
sumido en una especie de postracion literaria eintelectual 
causada por la decadencia de la literatura latina, por el 
desquiciamiento social producido por las invasiones de los 
bárbáros i por el establecimiento de un nuevo órden de 
cosas. El arte conservó, sin embargo^ todas sus ramas, 
poesía, filosofía^ historia; pero en m admiracion por los 
injenios de la decadencia romana, casi todos los escrito- 
res latínoB de la edad media buscaron los modelos secDn- 
darios, iequivocaron su camino creando una literatura 
bastarda, pálida i enfermiza. Por fin^ nacieron las lenguas 
modernas^ es decir, el latin se corrompió con el contacto de 
las lenguas bárbaras del norte, i entónces nacieron nuevas 
literatnras, derivaciones en gran parte de las literaturas de 
la antigüedad^ aunque modificadas en su forma i en su fon- 
do^ como que tambien eran el fruto i el reflejo de una civi- 
lizacionmui diferente. EI jénio moderno comenzaba a ma- 
nifestarse en todo su esplendor. 

Pero al mismo tiempo que se desarrollaban estas dos 
literaturas diversas en el occidente^ es decir, la latina que 
vivia de los recuerdos clásicos de la antigüedad, i la tul- 
gar^ hija de los nuevos idiomas, i al mismo tiempo que 
Constantinopla era el centro de una literatura griega, pro- 
ducto de las tradiciones belénicas i de la civilizacion cris- 
tiana, se desarrollaban otra civilizaoion i otra literatura en 
ei oriente, de qne fueron creadores los árabes, cuyaa con- 
quistas i cuyas influencias se hicieron sentir durante mu- 
chos afios en Europa. 

Segun estO; la literatura de laedad medíadebe ser cla- 
sificada en tres grupos distintos: 1.^ literatura oriental o 
arábiga; 2.*^ literatura bizantina^ o griega moderna; i 3/ 
literatura neo-Iatina u occidental. Esta última debe a su 
vez dividirse en otros dos grupos: 1.* literatnra latina 
propiamente dicha; i 2»^ literatura vnlgar, es decir^ escrita 



HISTORIA LITERARU. — EDAD MEDIA, 



123 



en los idiomas modernos, derivados muclios de ellos del 
latÍD^ o nacidos de laá relacióues eutre conq^istados i 
conquistadores despues de las invasiones qua dÍ^struyeroti 
el imperioromano. 



i 



, *! 



CAPÍTULÓ 11. 



literatnras orlentales. 



1.—E1 rpran; sn importancia literaria. — 3. CÍYÍlizacio]i de Io6 árabes; 
sa influencia en Occidente. — 3. Literatura arábiga; la hifitrzia i la jeo- 
grafla.— 4. La poesía.— 6. Las mil i vna néchei. — 6. El apólogo; Lock- 
man. — 7. ^Literatnra peraa; Ferdnci i badi — 8. Caliía % Dimna, 



1.— Como heTno8 visto en otra parte, (Part, I, cap. I), 
mucho tiempo áutes de Mahoma, la Arabia tenia un Ien« 
gnaje f» rmado, i habia prodncido poetas de algnna distin- 
cion; pero el verdadero desarrollo de sn jépttio literario data 
de la reforma predicada por el profeta. El Coran, cnya 
perfeccion literaria fné adncida por el mismo Mahoma co- 
mo una prneba de qne éra nna obra divina, Ilegó a ser el 
símbojo de la elocuencia arábiga i el modelo de las fa- 
tnras composiciones. 

EI Ccran {Ál-CorcCny qne en Arabe siguifica la lectnra) 
68 p1 IíIho «agrado de los mnsulmanes, i fuécómpuesto por 
Aj|4]ipmfl.. Decia éste que lohabia recibido de boca del án- 
jel Gabriel por versitos o fragmentos qne los cpmpañeroe 
del proíeta escribian bajo su dictado en hojaa de palma. 
Oódigo relijioso, moral, civil, criminal, político i militar, el 
Coran es para los musulmanes la fuente de toda lei i de 
toda ciencia. Los preceptos moralee, mnchas de sna pres- 
cripciories i de los hechos referidos en él, son tomadoe de 
loslibros sagrados de los cridtianos; pero todo esto e^tá 
roezclado con las tradiciones arábigas i con descripciones 
animadas, pero perdidas en medio de t'epeticiones ftistidio- 
sas. Como obra literaria, el Coran es nn libro sin 6rden, 
ein unidad i contradietorio en mnchos de sas capítulos. £1 



/ - 



HISTORIA UTÉRARIA. — EDAD MEDIA\ 125 

estilo, que es árabe puro, es mui concido, i a veces oscuro 
a caosa de las elípsis i de los equívocos. Los raismos ára- 
bes, para comprender sn sentído, están obligados a recu- 
Frir a los nnmerosos comentarios que se ban becho. 

Ese libro, fundamento de las creencias i de la organiza* 
cion política de los árabes, es tambien la primera base de sn 
literatura. Mahoma, en efecto, fijó la lengua de su patria, 
qae ya habian perfeccionado los poetas, i que se apre- 
suraron a adoptnr los pueblos sometidos al yugo del isla<- 
iQÍsmo. EI Coran sirvió de modelo para las reglas de la gra- 
raática i del estilo. Como estaba escrito sin vocules^ podia ser 
leido i ésplicado de diferentes maueras* En el siglo YII 
de la era crieitiaQa se estableció la vocalizacion del libro 
sagrado^ i se abrió un vasto campo a las esplícacionesgra- 
maticales i literarias. EI arte de leer i de ínterpretar el 
Ooran dió lugar a una infínidad de escritos de toda espe- 
cie. Oaaodo los sectarios de Mahoma emprendieron la con- 
quista de reraotos paises, léjos de corromperse por el con- 
tkcfco de otros idiomas, el árabe se enriqueció con una 
maltitud de espresiones nuevas, se desarrolió i llegó a ser 
la leugoa sábia del orieute. La literatura persa no fué maR 
que una divisioa de la literatura árabe. Pero lo que hai 
de mas curioso i mas notabie es que, en medio de los nu- 
merosos dialectos que hablan las naciones musulmanas i 

3ue ofrecen diterenclas tan radicales, el Ooran es compren- 
ido por todas, i mantiene en raedio de estas poblaciones 
tan opnestas por sus costumbres i por sus usos, una espe- 
cie de uoidad de leuguaje í de sentimieutos. 

2. — La predicacion del islamismo, Heva<!a a cabo por 
raedio de conquistas railitares i de sangrientas ajltaciones, 
no fué inraediatamente favorable al cultivo d6 ias letras. 
La poesla pareció estinguirse. Sin embargo, los árabes. ni 
aou durante el fanatismo de esas primeras conquistas^ han 
merecido los reprochfts con que haa sido condenados, Se 
les ha hecho responsables de la pérdida de raiichas de laa 
obras de la antigüedad, reñríendo qne incendiarion la fa- 
mosa biblioteca de Aiejandría. Lb crítica raoderna casi ha 
desmentido este hecho. Se ha deraostrado qne aqnel rico 
depósito de l^ cienoia i de la literatura antigüas habia sn- 
frido grandes pérdidas bajo el gobierno dd los eraperado- 
res romanos; ¡ que cuaudo Io¿ árabes invadieron el Ejipto, 



126 / ELEMENTOS DE UTERATÜKA. 



debia encoatrarsd sümamente réducida. De todos 'iñodos, 
si el faoatismo reiijioso de los sectaríos de Mahoma pado 
hacerse culpable de ese ateutado titerario destruyeDdo IO0 
últimos restos dk la célebre biblioteca, se sabe que ese os- 
píritu de vaudalismo uo se oonservó por largo tiempo. Ba- 
jo el reiuado de los califas Abasidas, lafljetras comenzaron 
a prosperar de nuevo, i .Ins luces de la ciencia árabe contri- 
bujeron a alumbrar a la Europa, en una época en que la 
tiiayor 'parte del Occidente e^taba sumido en nua barba- 
rie casí completa. 

El calitu Harouu-aUBaschid convocó los sábíos de to- 
dos los paises a su corte de Bagdad^ premió sus trabajos i 
mandó traducir los raas afamadós autores griegoa, Aristó- 
teles, Hipócrates, Euclídes, etc. (fines del siglo VH de la 
era cTÍstiaua). ^u hijo Almamoud^ despues de*una guerra 
contra los emperadores de Constautinopla, hizo la paz a 
coadicion de que sus eoemigos le cedieseu algunos milla- 
res de libros i permitiesen ir a Bagdad al filósofo Leon. 
Fundó escuelas, estableció bibliotecas i mandó cgecutar 
grandea trabi^os de un carácter puramente científico. 

Bajo los Omniades, los letras i las ciencias no fueron 
protejidas con menor empeño. La ciudad de Córdoba en 
£spaQa, llegó ti ser en el Occidente lo que Bagdad era en 
el Orient^, un centro científico al cual concurriau en el 
siglo X los sábios de todas las naciones cristianas a estn- 
diar las matemáticas i lamedicina.LaEspaña arábiga con- 
tó ademas catorce universidades, cinco bibliotecas i mu- 
cbot colejios i escuelas. Se atriokre a los ámbes ia inven- 
cion de los números empleados^ lostiempos modernos, 
i que BÍmplifica tanto las oporaciones aritméticas; pero se 
crée cou muoho fundamento que este sistema de numera* 
cion fué conocido eu los últimos años del imperío romano» 
Atríbúyéseles igualmente la invencion del áljebra^ que 
talvez aprendiéron de los fílósofos griegos de la escnela de 
Alejandría» Cultivaron la astronomfa i la jeodesia, i cona* 
truyeron mapas de los paisea conquistados. Cultivando la 
alqnimia, fundaron la quimica; i si su relijion no les per- 
mitió disecar los cadáveres i eatudiar la anatomfa, hícieroa 
admirables progresos en la terapéutica i en la botánica. Se 
les niega la invencion de la brújula^ del papel i de la pól- 
vora que, segun se créei fueron inventos tomados por los 



HISTOBIA LITBRÍ.RUL — ^EDJlD MEDIA 127 

árabes de lo6 cbinos; pero pareoe fuera de du^a ^ue ellos 
contfibuyeron a hucQrloa conocer en £uropa i a jeneraU- 
^ar su uao. Los árabes hicieron mas que &ito, todavía; co- 
municaron a.los europeoB las obras de algu^os de los sá- 
bios de la antigüedad, qiie, como las de Aristóteles, erai^ 
inperfect^mentd c^nocidaQ en el Occidente. 

£sta simple euumeracion hará conocer la influencia qua 
I«s árabes ejercieron sobre las ciencias i la . industria ea 
Europa, Su literatura tuvo sin duda ménos importanQÍa» 
pero no por esto dejó de hacerse seutir su accion sobre laf 
letras enropeas. 

3. — Ei movimíento literario no fué universal entre los 
árabes, o nias bien dicho, uo abrazó to^os los ramo^ de la 
literatura. La política i la elocuencia les fueron denooapci* 
das: desde las predicaciones de Mahomai el despptismo 
priental no permitia ajitar de víva vos o por esorijto las 
grandes cuestiones que se refierm a la exi&tencia sooial i 
política de los pueblos. Bara vez hicieron remont^r la hís« 
toria mus allá de la Ejira, porque la vida poUtica de los 
árabes databa solo de allí, i porque ellos desdeñaban todos 
los sucesos anieriores. Auaque hicieron grandes progresos 
ea casi todos loa jéneros de poesía, no cultivaron el drama. 
La filosoÜa, estudiada en Aristóteles, se rednjo a algunas 
argumentacioues escolásticas; i la jurisprudencia^ así oomo 
la metafísica, se resumierou en el Coran. 

Los ¿rabes han cultivado la historia con particular ar- 
dor» Las obras de este jénero que posée su literatura^ aua 
haciendo abstraccion de las müchas que se haa perdid0| 
bastarian para formar una biblioteca. £n jeneral, los his- 
toriadores ¿rabes no se distinguen por el talento descriptir 
vo: tfon ordinariamente secos i áridos^ enunoian los nom- 
bres. propios i las fechas, esponen los hechos sin método, i 
entrelazan fragmentos mas o ménos largos de poesías, que 
con frecuencia tienen escasa relaciou con el asunto princi- 
pal» í numerosas anécdotas de sospecbosa autenticidad^ o 
máximas triviales. Sin embargo, esas obras^ que son dc 
absoluta necesidad para conocer la historia del Oriente^ 
8oa mui útiles para correjir algunos errores i Ilenar mu- 
chos vacíos en la historia de los paises occidentales quei 
como la Espaúa, estuvieron en contacto con los árabes. 

La jeografía debe a los árabes graudes progresos. Sus 

10 



128 ELEK£|$rTOS DS LITÉBATUIUU 

vastas conqQÍstaSy el gasto qne tenian por los viajes Ign- 
nos i de aventnras, el deber de bacer largas peregrinaciones, 
la necesidad de fundar sobre observacíones astronómicas 
la orientacion de las nnevas mezqnitas qüe elevaban en las 
ciudades conqnistada^, arrojaron vivas luces sobre el cono- 
cimiento de la Tierra. Muchos escritorej árabes, entre los 
cuales se distingue Abülfeíl^ ( 1272-1 331 ^^ historiador 
igualmente célebre, Rau contribnido poderosamente at 
progreso de lajeograíía en la edad media. Edrisi, nacido 
en Geuta en 1099, i educado en Córdoba, consfruyó en la 
corte de Rojerio II, rei de Sicilia, un globo jeográfico ea 
que estaban indicados todos los paises entónces conocidos. 
Este globo no ha llegado h&sta uosotros; pero si un trata- 
do descriptivo que servia para su ^splicacion. La obra de 
Edrisi; titulada Distracciones del hombre que desea conocer 
los diversos paises del mundo, contieue todavfa errores gro- 
seros, copiados de los jeógraíbs de la antigüedad; pero en 
muchos puntos los reforma i corrije con el auxilio de los 
itinerarios de los viajeros posteriores. Los jeógrafos de 
Occidente, salvo variaciones mui poco importantes, no hi- 
cieron mas qne copiar a Edri^ hasta que los descubri- 
mientos de los portuguese^T en el siglo XV dieron otro 
rumbo i un desarrollo mayor a la jeografia. Fueron nota- 
bles Bobre todo, los progresos de los árabes en jeo|^rafía 
matemática, en que tomando por base los eonocimientos 
de la escuela de Alejandría, los estendieron i perfecciona- 
ron. Dando una teoría mas exacta de la marcha del So)| 
los irabes corrijieron un grau número de faltas en las ta- 
blas de Ptolemeo^ calcularon mas exactamente la oblicui- 
dad de la eclíptica, )a exentricidad del Sol, su movimiento 
medio i la precesion de los equinoxios; determinaron la di- 
ferencia que existe entre ol año solar i cl año sideral; per- 
feccionaron los antiguos instrumentos, e inventaron otros 
eon cuya ayuda midieron la circunferencia del globo te- 
rrestre. 

4. — En la poesfa, los árabes hicieron mayores progresos 
qüe en cualquier otro ramo de la literatura. Hemos habla- 
do ya de los cantos anteriores a la predicacion de Mahoma; , 
pero ese caráctcr priniitivo comenzó a perderse poco a poco, 
i la poesfa arábiga se atavió de elegancia i se hizo filosófica 
i seutenciosa. No hai pueblo que haya producido tan gran 



HISTORIA LITER ARIA. —ED AD MEDIA. 129 

número de poetas como los árabes, n¡ jénero de poesía 
que no haya sido cnltivado por elloji, a escepcion del dra- 
ma.'Áun despiies de consuinada la reibrma i <le estableci- 
do el iálainismo, el taleuto poético fué eutre los árabes uu 
▼erdadero poder. EI poeta reinaba por la fuerza del jénio 
como Jos califas reinaban por el derecho divino. Buscado 
con frecuencia como árbitro, daba su fallo en las dificul- 
tades que se suscitaban en las faniilias. En una iiacion tun 
ávida de poesía, cada cual se esforzaba por adornar su 
memoria con piezas poéticas. Se cítan los nombres de mu- 
chos de esos poetas, como tambieu los de otros que adqui- 
rieron una alta reputacion reco[)iIdndo las autiguati poesías. 
£q todas esas obras abnndan las seutencías i proverbios 
morales, que constitnyen entre los árabes uuo de los ele- 
mentos mas sólidos de poosía. 

Hai ademas en ella otro carácter jeneral i comuna toda 
la poesía oriental. <rNosotro8, dice el célebre crítico frau- 
ces Ginguené, cuidamos de suavizar las espresiones figura- 
das: los asiáticos se émpefian eu darles mas audacia i mas 
temerídad: nosotros exrijimos que las metáfuras se insinúen 
sín esfuerzo: ellos desean que se precipiten con violencia. 
Nosotroá queremos que no solo tengan brillo siuo que no 
8ean tomadas de mui léjos: ellos van a tomar a cualquier 
parte las imájenes que amontonan hasta el hastío. En fin, 
Íos poetas europeos buscan sobre todo la naturalidad, ei 
ag^doy la claridad: lus poettis asiáticos aspiran a la gran- 
diosidad, al lujo i a la exajoracion. Los europeos hallan 
las poesías orientales hinchadas, jigantescas i casi locas, 
miéntras que los orientalea hallau ias poesías europeas 
pálidaa, tímidas i casi,arrastrada8.i> 

Los árabes cultivur<»n con preferencia la oda, el idilío i 
]a elejía. No les faltarou los asuntos épicos; pero no se 
íormó nunca un poema homérico. Su si^tema métrico no 
tenia una gran vaiiedad, i aun fueron comuues eutre ellos 
las composiciones monorímicas. Se crée, sin embargo, que 
los españoles tomaron de ellos algunos de los artificios 
rltmia)s de la ver»¡ücaci(;n castellaua. 

Las alteracioues sucesivas dt)l gusto poético entre los 
árabes crearou el u^o de una proaa rimada. Sin embargo, 
alguuos hombres de un grau talento crearon con el ausi- 
lio de este estilo estravagante obras verdaderamente nota- 



130 

^ ICLEMENTOS DE LITERATÜRA- 

bles. Se reeomieDda particulannente el Mókamaí^ compnes* 
to por tiaxici» célebre i fecuQdo escvitor del Biglo XI. 
Esa palabra sigDÍfica sesiones literarias; i en efecto la obra 
está formada por ciiicuenta sesiones que sou otroa taDtos 
epísodios dela vida del héroe de este libro. Abu-Zeyd, así 
86 llama este personaje^ recorre todas las condiciones de la 
vida: predicador, hace verter lágrimas; abogado, burla al 
jnez; mendigo, cojo, ciego, maestro de escuela, improvisa- 
dor, médico, siempre esplota a las jentes. Por último, ha« 
llándose al íin de una vida llena de aventuras, se convierte 
BÍnceramente i se entrega a las prácticas relijiosas. La na* 
rracion es hecha alternativainente en ver^o o en prosa ri- 
mada. Esta obra, que (¡e conserva como uno de los maa 
hermosos moDumentos de la iiteratura arábíga, hízo olvi* 
dar otras novelas que habiau gozado de una gran reputa- 
oioiu 

S.—Pero la obra arábiga verdaderamente popular entre 
las naoiones occidentales, es la que lleva por titulo Lasmil 
i una nocheSy conocida en Europa solo desde principios del 
siglo pasado por la traduccion que de ella hizo el orienta* 
lista frances (rftllaiidr Segun la íábula de este iibro, un so- 
berano está di.«piiesto a hacer morir a su niujer, la suitaoa 
de Scheherazade; pero éstn, lo obliga a diferir la cjecncioa 
dia por dia^ durante tres años, exitando su curiosiJail i sa 
ÍDteres por oir al dia siguíente la continuacion o el fin de 
nna historia que ella ha coraenzado. El libro carece de íi- 
losoflai de un propósito verdaderamente moral; contiene 
muohas locuras, pero es fecundo i variado, dívierle e inte- 
resá. Por el empleo de lo maravilloso, lisonjea la iaclina- 
cion que tenemos a dejarnos engaüar, i nos acerca a la 
edad de las ilusiones infantiles. Se encuentra en /Bsta obra 
nna pintura fiel del carácter i d) las costumbres de los 
pueblos orientales: a la vista del lector se presentan I03 
artificios de las mujeres corrompidas por la servidumbre^ 
las astncias de los esclavos^ etc. 

Se ha discutidp mucho a cerca del orijen probable de esa 
obra, a lo ménos de los cuentos que la formau. Se ha 3u-> 
pnesto que datan de una remota antigüedady i que su prí- 
mera redaccion tuvo lugar en la ludia en la Persia. Un. 
oélebre orientalista frances, Silvestre de Sacy^ crée podeir 
eatablecer definitivamente que este libro fué escrito en 



fsss- 



HISTORÍA LITERARIA.— EDAD MEDIA. ' 1 81 

kDgoa árabe en Siría, a ñnes del siglo XIY o {xrincipios 
del Biglo XV de nnestra era, i qne su antor lo dejó incom- 
pletO) dando lugar a que copístas posteriores lo continna- 
ran con otros cueotos de rnenor méríto. Todo esto no es 
inaa que una hipótesis raas o méuos probable: en definiti-* 
ya/la posteridad no conoce e1 nombre del autor deLaiímil 
i una nockes; i apánas se iníiere el lugar i la época en que 
86 escribió este libro admirable. 

6. — La fábula o el apólogo, fué otrojéneroliterario mui 
estimado entre los árabes. Se aprecian sobre todo las que 
se conocen con el nombfe ,de Lockman, personaje miste« 
rioso de cuja vida no se tienc noticias fidedignas. 8e sabe 
qne existió aotes de Mahoma, el cual dice eñ el capítulo 
XXXI del Coran que la sabiduría de Lockman fué un don' 
de Dio9; ]iero de la semejanza que hai entre ias tradicioneb 
referentes a la vida de Esupo i la del fabulista árabe, i de 
la igualdai casi constante que eziste entre los argumentos 
r de lüs apólogos de árabo?, se ha ]>retend¡do deducir qué 
^ Esopof i Lockinan son una tnisma persona. 

'^7. — La actividad literaria que se siguió a la predicacioD 
del islamismo no estuvo Iiraitada a los árabes. Otras na« 
ciones orientaleq prodnjeron hirabien escritores de grande 
habilidad e importancia. La Persia especialmente fué rica 
en poesia, en el tíempo en que la literatara arábiga comen- 
zaba a décaer. La época de su major riqueza comienza en 
el siglo X ¡ termina en el XIV. 

A este periudo pertpnece Eaiduci (siglo XI) autot do 

Chah-Namak o libro de los reyes, poeraa épico de ciento 

veinte mii versos, cnya accion dura 3700 años, i que^tiene 

por objeto referir la historia 4© loa reyes de Pek'sia. Mas 

que una epopeya, es una crómca poética euriquecid,a cott 

Dumerosos episodios, en que abundan las mas vatiadas in- 

venciones de la iranjinacion oriental. Ferduci celebra prin- 

c¡pai»nente la guerrn de los persas contra los tártaros que. 

ausiliados por los sobeninos de la India i de la ühina, i 

por todos los jéniotí mMléíicos i loa eucantadores ael Asia, 

invaden la Persia i se es^^ublecen en ella, hasta que el he- 

róipo Bustan, poniéndose a la cabeza de sus compatriotas, 

arroja a los invasores i los obliga a volveí a sus desiertos, 

Este^oema, que algunos han comparado cpn la //íiSuía de 

Homero, tiene hermosas descripciones, i aniinadas oarra* 



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132 ELEMENTOS DE LITERATURA, 

ciones de cotubates, pero sos caractéres son poco yaría* 
dos^ e1 plan desordénado i sus ideas exajeradas i jigan- 
tescas. 

Otro poeta persa de gran reputacion es ^gadi, que vivia 
cn el siglo XIII, i que despues de haberse educado enBag- 
dad, llevó una vida'de aveuturas. Algunas de sus obraa 
están escritas en verso, otras en prosa, i otras, por fin, aU 
ternativaniente en proaa i verao. De este núinero es 6a- 
l}%tan o djar^in de rosas, coleccion interesante de preceptos 
])oIíticos i morales, de sentencias filosóficas i epigramáticas, 
de anédoctas i rasgos históricos. Las otms obras de vCste 
])oeta son mu¡ inferiores a la que dejamos citada; pe- 
ro en todas ellas domiua cierta senciUez de estilo i cie^ 
ta naturalidad que es raro hallar en los otros poetas per- 
sas. 

En el siglo siguiente floreció Ijafi^ que goza de 1a 
reputacion del primer p(»eta lírico aeTÍBÍa. En bus oda», 
en que canta el amor, el vino, los plnceres, se mnestra 
tierno i sensible, i a veces licencioso. De ordinario ca- 
vuelve pensámientoa profundos eon espresiones misterío- 
sas. 

8. — Los persas forman el Anico pueblomahometano que 
liaya cultivado la poesfa dramática. Las piezas de su tea- 
tro tienen cierta analojía con los dramas relijiosos de las 
xiacioTjes europeas en la edad media. Abundan tambien en 
e^nella literatura las novelas, cuentos i apólogos. Los per- 
888 imitaron o tradujeron las fábulas indianas de Pílpay, 
de tal manera queaellos ha debido en gran parte el Occi- 
dente el conocimiento de aquellas obras. Con el nombre 
de Calila i Dimna se conoce una coleccion de apólogos 
en prosa, traducida del sanscrito al idioma persa, e impor- 
tada por los árabes a los pueblos de Occidente. Dos ani- 
males, especie de chacales, que son los héroes de la obra, i 
que tienen los nombres que le sirven de título, conversau 
en ella sobre diversos asnntos i se cuentan nulnerosos apó* 
logos e historietas en que la crítica moderna cree raconocer 
la reprodnccion de las fábnlas atribuidas a Pilpay. E^te 
libro tnvo gran reputaciou en Europa durante la edad me* 
dia: solo en Espafía se hicieron dos tradncciones castella- 
nas ántes del siglo XV. 



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H13T611IA. LITEaARIA.— EDAD MEDIA. 



133 



La literatara persa es miii rica ea obras históricas. Mti- 
«bas de ellas han sido trailuaidaa a las lenguas de la Earo- 
pa moderma, i particularmente al iap^lés i al francés, i han 
presUdo útiles sérvicios para el coaocimiento de la historia 
dlel Orieute; pero hasta ahora se las coaoce supcrficial- 



CAPITÜLO III. 



Llteratura blzantlna. 

1. — Carácter jeneral de ]a historía i de ]a líteititara hizfixitina."~2. Poesfa; 
epigTama0.-^8. DiverBos poemas; Museo i Nonno. — 4. Imitadores de 
Homero; Qainto de Smirna i Trífiodoro.~6. La novela, Kliodoro i 
^qnllefl Tacia — 6. Longo. — 7. La hlstorís; Zózimo i Procopio. — 8. Loe 
jeógrafos; Oosmas Indioopleustea -^9. ('pcadencia de )a literatDra 
bi2antina.-^10. Renacimiento en el siglo IX; Focio. — 11. Vicisitades 
posteriorea de las letras griegas. — 12. XJltimos historíadorea; Ana Gom- 
ueno. — 13. Inflaencia de la ciTÍlizacion bizantína en Occidente. 

1. — La bistoria política del imperio de Oriente ofrece en 
jeneral nn escaso interes, i de ordinario hi sido mirada 
hasta con cierta indiferencia. ^andado en 395, a conse- 
caencia de la muerte de Teodosio el grande i de la divieion 
d^l imperio romano entre sas dos hijos, se sostuvo en pié 
durante mas de mil años en medio de calamidades espan- 
tosas que habrian bastado por sí solas j)ara destmirlo, i 
apesar de los diluvios de bárbaros que lo acometieron da« 
rante todo el curso de la edad media, i que destruyeron 
hasta sus cimientos el imperio de Occidente. a:La situacion 
inatacable de la capitalj cuya suerte decide ordinariamente 
de todo bajo gobiernos semejantes, i el despotismo, que es 
con frecuencia el último apoyo de las naciones en su deca- 
dencia, pueden hasta cierto punto esplicar un fenómeno 
que no tiene semejante en la historia del mundoD {Heeren). 

El imperio de Oriente^ conocido tambien con el nombre 
de Bajo Imperio, era un despotismo de forma regular, que 
en medio de frecuentes revoluciones conservaba inalterable 
BU jénio i su enervante inflnencia sobre las costumbres i 
fiobre la literatura. Esas revoluciones eran tramadas en el 
palacio mismo de los emperadores por mujcres ambiciosas 
i disolutas que inmolaban a sus csposos para reinar a 



HISTORIA LITERARIA. — ^EDAD MEDIA. , 135 

nombre de sns hijos, i a sus hijos para corooar a sus aman- 
tes; por hijos desnaturalizados impacientes por snbir al 
trono: o porministros desleales qne^ viendo vacilar la coro- 
na sobre la frente de sus amos, osaban arrebatársela. Produ* 
jéronlas a veces disencioues puramente teolójicas^ el desa- 
fecto del clero i del pueblo a principes qtie se arrognban el 
derecho de interpretar el dogma; o la ambicion de un jene- 
ral victorioso que se aprovechaba de laadhesion de su ejér- 
cito para usurpar el trono. Pero de todos modos el cetro 
pasaba de una mano a otra sin que la organizacion del 
Estado se alterase: el príncipe destrouado, sns hijos, sus 
fieles partidarios eran privados de la vista, aprísionados 
en monasterios o eutregados al suplicio; i al cabo de pocos 
dias todo re<.obraba su acostumbrada marcha, sin'que ja- 
más ocurriera al pueblo el pensamientode valente delas 
circunstancias para recabar de sus tiranos una concesiou 
que alijerase el yugoo mitigase sn miscria (£^¿>, ed/ro^' 
tando a Shoeü). El nombre griego del Bajo Impcrio 
sirve todavía ea las lenguas mmlernas para espresar ua 
))nebIo enervado por la corfupcion jeneral, indiferente a 
la prosperídni^ pública, al despotismo o a la libertad, 

La infiuencia de este óvden de cosas no podia dejar de 
ser fatal a las ciencias i a la literatura. En efecto, ese pe« 
liodo do cerca de 1100* años no es mas que una agonla 
prolongada del jénio literario de la antigua Orecia. Por 
inonótonaqne sea lahistoria civil de ese período, su historia 
literaria ofrece un interes particular. £1 imperio griego no 
ha esperimentado ninguna interrupcion entre el mnndo 
antigno i el moderno, es decir, no ha estado sometido al 
paso de la barbarie, de manera que miéotras en el resto 
de la Europa civilizada, las grandes invasiones destruian 
por todas partes la vieja sociedad i la recomenzaban coq 
una raza nneva, el imperio griego ^uardó sus leyes, sus 
eostnmbres i la forma de su soberania hasta mediados del 
aitflo XV. 

Esa época de la literatura griega, denominada jeneral- 
mente período bizantino, del nombre antiguo de la capital 
del imperio, produjo algunos cantos poéticos inspirados, 
estimables tentativas para poner en boga por medio de 
náevas epopeyas las tradiciones de los tiempos heróicof, 
historíadores notables, compilacionesbiblíogrifícasdegran- 



136 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

de eradicioD, i ca8Í tulaH las i.ovelaa qiie nos ha legado la 
anti^Üedad. La ierigiui griega, hablada en la mitad orien- 
tal del imperio ronjuno, aiiu bnjo la supremacía política i 
militar de Ron)a| sirvió de instrumento a los escrítoreB 
bizantinos. 

2. — A la época de la fundacion del imperio de Oriente^ 
la poesia griega estaba reducida casí esclusivamente a epi- 
gramas e inscripciones. Gonviene observar aquí que los 
epígramas de ios primeros dias de la literatura bizantina 
eran simplemente elojios puestos en verso para ensalzar al 
emperador^ a los priucipes, a los ministros i a los favoritoa. 
AI lado de estas obras se compusie'ron algunos poemas di- 
dáctícos i mitoIójico8| i diversas poesíaa que no carecen de 
cierto mérito. 

3. — La poesía elejíaca, o mas bien erótica, hiiEo tambien 
ofr algunos dulces i tiernos acentos. Museo^ el gramitioOy 
de cuya vida no se tiene ninguna noticia i de quien se su* 
pone que existió en el siglo Y, cantó en un estilo armonio- 
60 i puro los amores de Hero i Leandro. Este poema, oom- 
puesto de trescientos cuarenta hexámetrós, es una de lav 
producciones mas graciosas de la musa griega. La ternura 
de dos araantes, la delicadeza n^isteriosa de sus amoresi 
sus placeres tan nnturales i tan sencillos, seguidos de una 
catástrofe pronta, todoestecontraste conmovedor^i ainem- 
bargo tan uatural| de felicidad i de infortunio, está hábil* 
mente preseotado. Museo ha sabido unir a cstas oposicionea 
morales las armonías i los contrastes de loa lugares. La 
accion que seabre en la primaverai bajo los mas risueftoe 
auspicios, en me Jio de la pompa i de la alegría de nna fiee- 
ta relijiosa en honor de Yénus i de Adónis, se cierrai^ en- 
tradas de invieruo, en la soledad i el horror de una tem- 
pestad en que perece uuo de los héroes del poema. La 
relacion de este fín tan triste es un trozo digno, por la seii- 
cillez del estilo i por la verdad de los sentimientos, de ioe 
mejores siglos de la Grecia. 

Mui inferior a Museo es ^onno, oriundo de Panápolie 
en el Ejipto, que vivia tambien en el siglo V (nacido pro- 
bablemente en 410). Con el titulo de Dianisiacas, compuflo 
un poema en cuarenta i ocho cautos en honor de Bosca. 
Nada es mas desigual que este poema: a rasgos de nna ver» 
dadera inspiracion, se siguen trozos de una estéríl abon- 



\ , 



mSTOIOA LITERA.ru. — ^EDAD MEDIA. 137 

dancia de palaBras. El predominio del elemento descriptÍTo 
i el abuso de la erudicioh mitolójica hacen fatifi^oBa bu lec- 
tnra, en que por otra parte se nota nna excelente vereiíica- 
cion. Se atriouye tambien a Nonno otro poema titulado 
Paráfrasis del evarijelio de San Juan. 

4, — Lo8 recuerdos de Troya i, xnas que todo, K admira- 
cron por 1<»8 poemats de Homero, produjeron en el sijflo VI 
varios poemas, de ios cuales los roas famosos fueron los de 
Quinto de EBm irna i de^Tijfipdor© de Ejigto. Quintoesau- 
tor de nn poema"eñ catorce cantos titultíáo ^aralipómenes, 
o lo qne ha sido omitido por Homero. Este poema, que es 
fiimpíemente una continuacion de la /Zíoda, tiene el defeo- 
to de todas las obras de los poetas de Alejandría, ^s una 
historiaen verso masbien que una epopeya. Quinto imita 
aigunas veces a Homero con felicidad; pero no sabe variar 
las descripcíones de los combates ni dar unidad de interes 
i de accion. 

Trifiodoro compuso tambicn dos poemas imlt^indo a Ho- 
mero. Su Odiséa en veinticnatro cantos que no ba Ilegado 
'faasta nosotros, era talves una obra de paciencia que reve- 
laba la corrupcion del gnsto de la época. Se dice que en 
eada canto el poeta se abstuvo ^e usar una de las letras del 
alfabeto: otros diren que en todo el poema habia desterra- 
do la letra 8. Trifíodoro compuso otropoema titnlado la 
Destruccion de Troya, crónica seca, mal ligada i ialta de 
vida, i escrüa en un lenguaje rebuscado en que solo sé en- 
cuentra un corto pasaje de algun interes. Inferiores todavia 
a éste 6on otros poetas que en el mismo siglo VI cantaron 
en versos griegos el rapto de Elena i la vida de Je»ucristo. 

5. — Pero el jénero cultivado con mejor éxito en estaépoca 
de la literatnra griega, es Fin duda ta novela. Hemos ha* 
blado ya (páj. 56), de algunas novelas griegas; pero sola- 
roente a fínes del siglo IV apareció la primera relacion de 
aventnras imajinarias escritas en prosa con algun arte pa« 
ra el placer del lector, tipo primero de la novela de amof, 
como se comprende en nuestros dias. Un escritor Ilamado 
Heliod^I fl^ del cual se cree jeneraimente que sea Eliodoro 
úe ¿mesa, en Fenicia, que mas tarde fué obispo de Trica 
en Tesalia, compuso las EtiópicaSy hi.storia fícticia de los 
amores de Teojeenes i Cariclea, hija del rei de Etiopía. Es- 
ta novela tieue algnnos de los méritos exijidos en las com- 



138 ELÉMENTOS DE UTEKATUiU. 

posiciones de esfe jénero: plan regalarmeBte concebido, 
intriga bien antidada, episodios oporttmos, caractéres bien 
Bostenidos i acontecimientos nnevos i verosímiles. La no- 
vela de Heliodora ha servido de modelo a los novelistaa 
griegos posteriores i a muchos escritores modemos. Lo qne 
prÍDcipalmente constitnye su atractivo es la delicadeza 
cristiana, el pudor de sentimiento, la castidad de los afec- 
tos, que ha^ta entónces oBcuros i vagos en las prodncciones 
áel mismo jénero^ se revelan aquí en toda su naturalidad i 
en toda su gracia. Las costumbres^ sin embargo, son ficti- 
cias: el autor no describe pueblo ni tiempo alguno, de tal 
manera qur , segun cse libro, no ^e podria indicar en qué 
país ni en qué época viven los per^onajes. ~ 

Aquiles Tacio de. Alejandría viene en seguida: pero sus 
Amorea de Leusipa i Clitofon son mui inferiores a la nove- 
la de Eliodoro. Escrito bajo una in:fluencia enteramente 
]iagnna^ i comoalusion contínua a las fábulas voluptuosas 
de la mitolojfa^ ese libro es ménos casto en sus eentimien- 
tos i en Ics detailea, ménos variado en los caractéres, mé- 
nos feliz en el desenlace. Los sucesos, es verdad^ tienen 
verosimilitud, i lacompcsicion interes:su8 cuadros son nu- 
roerosos i diversos, sus descripciones variadaü aunque mui 
frecuentes^ i sus sentimientos pintados con vigor; pero se 
pierde en digresiones^ i deja entrever las huellus mas cho- 
cantes de la infamia de las costumbres antignas. 

6. — Nada se sabe de positivo acerca de la vida de Aquí- 
les Tacio, i ni siquiera la época exacta en que escribió. La 
misma incertidumbre existe respecto dc otios novelistas 
que se creen posteriores a aquel. El mas famoso de todos 
ellos es^LoDgo^cuyo nombre mismo es un motivo de du- 
daSy puesto que aunque de forma latina (Longus) se le ve 
al frente de un libro griego. La obra de éste ^b una nove- 
Ja pastoral titulada Dófnis i Cloe^ que si bien manifiesta 
poca invencion, no carece de cierta figura, aun cuando ae 
((eja ver el arte i el cuidado con que ha sido compuesta. 
Una pintnra mas viva que conmovedora de las prímerafr 
emociones i de los primeros sentimientos de dos jóvenes 
amantes creados en la sencillez de la vida campestre, es el 
nrgumeuto de la obra; pero en ella. nioguna idea de bon- 
dad moral viene a mezclarse a este cuadro, a purificarlo o 
a embellecerlo. M. Víllemain cree que Ddfnis i Cloe ha 



I^ li« 



^ 
t 



HISTORIA UTERÁRIA.- EDAD MEDIA. 139 

8ét?ido de modelo pam la composicion de Pablo i Virjinia* 
«Pero la superioridad del autor fraQcés^ añade, aparece no 
Bolo ea la aeuoiUez del estilo, eu la uaturalídad i yerdad, 
sÍQO^eQ la pureza moral i en ei espíritu de pudor cristiano 
que lian hecho de esta obra urla de las producciones mas 
atractivas de los tiempos modernos. El cuadro de Longo 
no.es mas que voluptuoso: el de Beruardiuo de Saint-Pie- 
rre es apasionado i casto.D ^ 

7. — Los siglos V i VI de la era cristiana vieron tambiea 
brillar grandes historiadores en el imperio de Orieute^ pe« 
ro entre todos ellos sobresalen Zózimo i Procopio, ^ 

El primero de éstos^ que vivia en el siglo Y, compuso 
una historia romana^ en jeneral poco interesante en la par« 
te que se refiere a los sucesos anteriore^ a la vida del au- 
tor; pero indispénsable para conocer ja fondo Ja decadencia 
i ruina del imperio romano. Z6zimo_ es el enemigo franco 
i declarado del crístianismo, al cual atribuye ser ima de las 
caAsas de la decadeucia del imperio i es, por tanto, enemi- 
go de Constantino, cuya conducta interpreta de ordinario 
con mucha severidad; pero aparte de la pasion que deja. 
ver al tratar esos punto8y debe considerársele como un his* 
toriador verdaderamente fíJósofi». En la apreciacion de los 
liombres i. de los sucesps muestra una peuetracion i univ 
exactitud de juicio admirables; Aun en la primera parte 
de su obra^ Zózimo no cs un simple abreviador; compara 
los autoridadea, i reauelve siempre con vercladera sagaci- 
dad. Desgraciadamente, su obra no se conserva íntegra, i 
aan hai motivos para creer que uunca la terminó. 

Prof^^pi^f natural dé Cesajea, en Palestina^ vivia en el 
Bi^lo VI. Brilló en Constantinopla en donde desempefió 
el cargo de prefecto, i fué secretario de Belisarío durante 
8US campaQas. En la Hialoina de su tiempo refíere los sti- 
oesos interiorea i las guerras del imperio contra los persas^ 
vándalos, moros, i godos, ya como testigo de vista, ya con 
los mejores informes. Jeueralmente verídico i seucillo en 
Bu narracion, es sin embargo, lisonjero i cortesano con los 
poderosos de su siglo. Sin duda, para correjir esta falta| 
compuso otra obm con el título de Anécdatas o historia se^ 
creta^ que escribió en sus últimos aüos i que solo fué co^ 
noctda despues de su muerte. Esta es la historia privada i 
doméstica de 6U sigloi asi como la otra era la biatoria jofí« 






I 



^ f 

I 



'J 



140 ELEMfelíTOS DE UTERATURJL 

cial i públíoa. A los héroes qne aparecen con cierta majes- 
tad en sn primera obra, Procopio los pinta en la segnnda 
COQ todos sns vicioB i debilidades; a Justiniano hipcjcrita i 
cobarde; a la eroperatriz Teodora, ruin ¡ ven^tiva; i a Be- 
lisario dominado por una mnjer iutrigante i disoluta. La 
moral no puede aprobar este compromigo entre 1a verdad 
i el miedo; pero ¿la reaponsabilídad de este acto debe re- 
caer sobre el escritor qne toma estas precaucioneSi o eobre 
el príncipe que las hacia necesarias? 
/ 8. — AI lado de esós historiadorea, es preciso colocar a 

loB jeógrafos entre los cnales hai algunos mni recomeuda- 
blea por sus investigacioues prolyas i por la variedud de 
8U8 conocimientos. EI mas notable de todos es uu mon- 
je de Alejandría que Vivia en el * siglo VI i qne, como 
comerciante, habia vi^kjado mucho en Africa i en Ania. Co- 
nócesele con el nombre de Cósmas IndicopleudeSf palabras 
que sin duda indicau sqIo su profesíou de viajero i de jeó- 
grafo (derivada de cósmos; mundo, i de indico pleusteSj i^a- 
vegador indiauo). Cristiauo fervieute, ^ósmag compuso va- 
rias obras cou el objetodedemostrarlaarmoníaque, seguu 
él, existe eutre las Sagradas Escrituras i laa ciencias jeo- 
grátíca i astronómica. De sus obras solo nos ha llegado 
la Topografia cristiana, uno de los libros mas curiosos que 
haja producido la edad media. «Como hai, dice, falsos 
cristiacos, lectores de las Escrituras que se atreven a soa- 
tener que la Tierra es esférica, combato esos errore s toma- 
dos de loK griegos, por medio de citaciones irrefutables de 
. los libros 6agrados.]> Despues de combatir esa doctrina 
por medio de uumero^as citacioues de la Biblia, entra a 
e^pouer hus propias ideas. La Tierra, segun él, es un rec- 
tángulo limitado por todas partes por muralias que fcrmao 
encima de ella, reuníéudose, el firmamento o la bóveda ce- 
le^te. Para esplicarse el sistema sideral, supone una alta 
n.ontaña al rededor de la cual jiran Ins estrellas, la Lmta 
i el Sol, siendo este último mucho mas piquefjo que la 
tierra. Cósmas combate la esfericidad de la tíerra no solo 
por medio de citaciones bíblicos, sino en nombre de la <csa« 
ua razon.» Encueutra ridículas las teoríus mas verdüde- 
ras i fundameutales de Ptolemeo; i al hablar de los antí- 
podas dice que esos son acueutijs de viejas.^ Por \o que 
toca a la jeogmíta, siipoue que el rectángulo de que hemtrs 



\'í 



HISTOBIA/ LITEEARIA. — EDAD kEDIA. 141 

hablado contíene en el iateríor otro mas peqaeño fonnado 
por las partes coiiocidas de la Europa, éi Asia i el Afríca, 
las cuales están rodeadas por el'océaao, Al lado de esta? 
absArdÓB espuestos con un eandor admirable, la obra de 
Cósmas contiene noticias mui iuteresantes respecto de Iom 
países orientalesy casi completaniente de^iconocidos de los 
europeos. La parte cqsmográñca de este libro puede agra- 
dar talvez al bulgo de los lectores; pero los hombres ims- 
' trados que podian apreciar los trabajos de los sábios de la 
escuela de AlejandríÍa, continuaron desentendiéndose de las 
teorías de Cósmas i respetando los Drincípios fundameata- 
les establecidos por Ptolemeo, V^ 

9. — La fílosofía, la retóricai lá ghimática, la medicíaa i 
laa ciencias matemáticas se cultivaron con grande ardor ea 
el imperio de Orienté durante los primeros emperadores. 
Atéaas poseia fílósofos que esplicabaa las obras de Platoa 
i de Aristóteles, i profesores de gramática i de retórica, 
denominaciones bajo las cuales se comprendia la elocuea- 
cia I todo jéaero de erudicioa filolójípa. Coastaatiaopla i 
otras grandes ciudades teniao escuelas de derecho i de teo- 
lojia. Ba Edesa (Mesopotamia seteutrioaal) se easefiabao 
laa ciencias ea griego i ea siriaco. Eu Béritx) (Feaicia) 
fíorecía la mas celebrada escuela de derecho. Alejaudríai 
cuya escuela habia sído destruida p<>r DiocIeciauO| cooti* 
Doaba ahora siendo el centro de (as cíencias^ i particular- 
meate de la medicina i de las matemáticas. Su bibliotecai 
sio embargo, habia sido dispersada a coasecuencia de laa 
contiendas relijiosas. 

No fueroo los bárbaros del norte los que déatruyeroo 
estos establecimieatos, como había pasado ea el Occidente. 
Foé el faaatismo relijioso de los emperadores de Constaa- 
tioopla el que causó taa gran mal. Justiniauo quitó a los 
protesores loa sueldos que sus predecesores íes habíao 
acsigoado, i espulsó de Aténas a los filósofos i retóricoa 
qae miraba como enemigos del cristianismo, Estos encon- 
traroQ un asilo en la Corte de Oosroes, rei de Persia. Los 
snceaores de Justiniano que no conocian mayor prerogati- 
va del poder soberano que el mantenimiento de la ortodo- 
jia» persiguieron a los sábios de Edesa, por ser adictos a la 
herejía de Nestorioy que un concilio habia coodeoado. Ju8« 
tiaiano^ eo. cambio^ dispuso la compilacioo completa de 



^ 



142 ELEMENTOS DE LITEBATÜRA. 

loB tefioros de la jcirisprudencia rornana; i bajo sus auspt* 
cioB el emÍDente jnriséonsulto Tiiboníauo redtijo a oo 
^ cuerpo ordenado dé leyes lasdisposíciones reunidaaea mas 
de mil tratados queexistian entÓDces. Este trabajo cotoeal 
fné Uevndo a cabo en catorce mese8,c6n el auxilio de otros 
diez juriscousultos que estaban a las órdenea de Tribo- 
Diano. 

Otras calamidadea aflíjieron a la literatnfa griega deade 
el siglo yil. Las conquistas de los árabes arrebataroa al 
imperío nnft gran parte de su territorio, con las cíudadea 
massábias i cultas del Oriente. Perdido el Ejipto para l^ 
griegos, no tuvieron éstos el papiro, aquelia planta pre« 
dof^a que suministraba a los autigiios el papel para la 
escriturn. EI pergamino Ilegó a ber excesivamente caco, 
i pxir tanto los manuscrítos alcanzaron precios fabulosoa. 
Las diseordias relijiosas suscitadas por el fanatismo de los 
iconoclai^tas (destructores de imájenes) fueron causa de la 
destruccion de mnchos conveutos i de la dispersion de sua 
biblíotecas, úitímo asilo de la moribnnda' literatura. Los 
sábios griegos «olicitados por los califas de Bugdad, fue- 
ron a prestar a la civilizacion arábiga el continjente de soa 
luces. 

10. — Este estado de oToRad duró cerca de dos siglos. Por 
fin, desde fines del siglo IX se Iiizo sentit^ una especie de 
renacimiento qne algunos emperadores fomentaron con to- 
do su poder. DesgraciadameDte^ el vigor i la fecundidad del 
jénio griego parecian enitinguidos. Este perfodo uo prodojo 
mas que cronistas, eruditos, comentadores de gramática i 
dé lit^ratura. 

Esta es la época en que floreció Focio (muerto en 892), 
personaje político de granile impcrtaDciay i patriarca de 
ConstantÍDopIa, que fué oríjen del cisma que separó la 
iglesia griega de la latina. Cod el titulo de Miriobiblon, o 
Biblioteoa^ compnso ua libro mui desordcDado de biblio* 
grafia i crftica literaria en que pasa en revista doscientos 
seteoja obras, una buena parte de las cuales no nos es oo- 
nocida sino por las noticias que nos ha dejado Focio. Ea 
medío de una gran coofusioD, están analizados los hiato- 
riadoreSy los filósofos^ los poetas, los teólogos, los juriscoa- 
aultos i los médicos^ sobre todos los cuales suminiatra 
interesantes datos. 



HJSTORIA LITEUARIA.--E1>AD MEDIA. 143 

11. — La revoliicíon liter^ría fué fomeotada por I09 em- 
peradores de la famiiia Couinetio hasta roediados dei ^iglo 
XII. Los esMidios cobraron nuevo vigor, aan cuaqdo la 
direccioo que se le» imprimió uo fué siempre la mas acerta- 
da. Bajo el gobieroo fuoesto de los emperadores latinoSi en 
ej siglo XIII, decayeron otra vez laa letras; i las riqueaas 
literarias reunidas eo ia época aoterior, desapai'ecieron en 
gran parte, en lo^ inceudios qu^ asolarou a Constantinopla. 
Xia lengua griega, corrompida por el contacto con lás len- 
gtftts orientaies, con ei latin Lcon el idioma de los pueblos 
occidentales, sufrió una modifícaciou tal^ que fué necesarío 
estudiar en las escuelas el griego de Heróduto i de Platon 
como se estudia nna leogua muerta. Por últimOy los em- 
peradores Paleólogos^ seempeñaron desde el siglo.XIVen 
comuQÍcar a los cspiritus cierta activídad i en sacudir el 
letargo jeneral, pero su iufluencia fué casí impoteute. 

12. — Entre los e8critoi*es de estos siglos de decadencia 
i de postracion son famosos los que han coutribuido a 
formar ia copiosa coleccion de historiadores bizautinos, que 
han ilegado a ser |>ara la posteridad la i^nica fuente de la 
historia de ia edad medía eu el imperio de Oriente i en los 
]iaí$cs iimítrofes. Eu jeneral, esoa historiadores carecen de 
critica, dan crédito a las patrafías mas ridículas, i dejau 
ver la parci^idad i la supersticion; pero algunos de ellos 
poseian dotes superiores i nos han dejado obras de verda- 
dero mérito. No citaremos aquí mas que a A na Com nenq^ 
mujer mui erudita, hija del cmperador AÍejo I,* que'des- 
pues de haber tramado una couBpiracion contra su herma- 
uo el emperador Juau ÍI, en 1 1 18, fué perdooada por éste i 
redncida a dominar sobre \on literatos i los filósofos ya que 
110 habia alcanzado a dominar el imperio. Ana cscribió la 
h¡8tt>ria del reinado de su padre con el título de Alexiada, 
apolojta constante i apasiouada de aquel emperador. En 
ttnlas sns pájinas revela el estudio de los antiguos autores 
clásicos: ei estilo es para ella la primera cualidad del his- 
toriador, i por eso lo cubre do flores i lo recarga de erudi- • 
cion, queriendo d^ir a la hístoriala graudiosidad de la epo- 
{>eya. £sa obra nos da a conocer a los campeones de la 
primera cruzada, a quienes coudtió Ana durante la resi- 
dencia de éstos cn Conslantinopla, i a qnieoes profesa un 
odio nne no ha podido disimular. 

. 11 



\ 



144 



ELEMENTOS DE LTTERATURA. 



13.~No faltaroa tampoco los poctaa en esta é(H)ca de 
decadeDcia. En el aiglo XII se compusieron algunas nove- 
* las en verso, que fueron olvidadas cn breve. Otros escrito- 
res compnsieron poemas didácticos, heroicos o encomiásti- 
008 de ciertos personajes, pero en jenera| apénas son poco 
conocidos i.no merecen nin^nn aprecio. 

Los griegos del Bajo Imperio, volvemos a repetirlo, 
no se distinguieron por las dotes creadorns de la imajina- 
cion; pero llevaron a cabo grandes trabajos de erudicion i 
conservaron las obras de la antigüedad, jeneralizándolas 
en el Occidente. 3i desde el siglo IV enriquecLeron mui 
poco el dominio de 1á literatnra, a lo ménos lo conservaron 
en cuauto dependió de ellos; i en el siglo XV, cuando la 
conquista de Constantinopla por los turcos los obligó a 
buscar nn ásilo en los paises de Oócidente, ellos tuvieron 
laglortade contribuir a la revolucion dcl renacimieoto 
qne hízo r^vivir en Europa el brillo de lu autigua civiliza« 
cion intelectual. 



iMaM««iWw 



10 



CAPITULO IV. 
literatara lattna en la edad niedia. 



I. Literatnra contemporánea dc las inrasiones: loa poetas. — 2. Historía- 
doreft. — 3. fificrítores enciclopédicoa. — 4. Decadencia literaría que bo 
Riguió a )a iayasion. — 5. £sca8é2 de libros durante Iob prímeros s?gloH 
de la edad media. — 6. Corrupcion del Jatin. — 7. La uteratnra i las 
cienoias se abilan en los claQstros. — 8. Prímeros albores de- nn renaci' 
mtento literario, particularmente bajo el reinado do Carlo-Magna — 9. 
Juan Soot. — 10. Las universidades,— 1 1. La escolástica.— 12. Litera- 
tura aícótica; la Imitaciak de JemorUto. — 13. La historía; crónica &- 
Imloea de TurpiD.— 14. Kl latin fué en la edad media el idiom» de las 
ciencias. 

1. — Uno de los resultados casi inmedintos del estableci- 
miento de ios pneblos bárbaros sobre las ruinas del impe- 
rio romano de Occidente, fiié !a desaparícion de la lítera- 
tura denominada olásioaf i la pérdida de unagran parte de 
Io8 tesoros de ciencia que se habian acumuládo en laa len- 
gua» griega i latina. £sta revolncion, preparada desde 
muclio tiempo atras por la decadencia del gusto i del sa- 
ber, fué acelerada en el sigio V por las desgracias públi- 
cos, i marchó a su completo fíu con una irresistible rapi- 
dez. 

Sín embargo, en medio de esta revolncion, cuando los 
bárbaros amenazabnn o invadian por todas partes el impe- 
rio romano, la literatura resistió por algunos aflosala rui- 
na del mundo antiguo, i produjo varios poetas. Claud iano 
de Alejandria, muerto en 408, poeta pagano en un siglo 
cn que el cdstianismo aseguraba su triunfo deñnitivo, com- 
puso vai-ias obras i poemas, el mas famoso de los cuales es 
nno que tiene por asunto eí Rapto de PvoBtrpina, Ei én- 
fasis dc este poeta, su estilo declamatorio, el constante re« 
budcnmiento del efecto i hasta la monotonía del ritmo 



146 ELEMENTOS DE LITERATüRA. 

delnan agradaren itn si<xlo dejenerado; pevo esos defectos 
no borran cotDpl^taraente ciertus cunlidades qne colocan a 
Claudiano en el tango de los poetas. Rut i[io NufflaciaDo^ 
galo de Poitiers, i pagano como Claudiano, pasa por nnode 
Jos mejores versificadores del siglo V, Pref'ecto do Roma 
en 413, volvió a su patria a defender sus proj^iedades con- 
tra lo8 bárbaros que acababan de invadir la Galia. Com- 
puso entónces un poeraa titulado Deredi(u (De la vuelta), 
en que espresa en arraoniosos versos sn dolor por tener que 
dejar su cortejo de amigos i la ciudad qnerida. Sidomp 
Apoli nario^ galo de Lion, cultivó la poesía en Roma con 
ritro talento; i elevado al tíh.¿o de obispo de Cleraiont, en 
1a Galia, se consagró a la etisefianza de sus feligreses i 
compuso escritos notables sobre el dograa i la moral del 
crlstianismo. La lengua latina tnvo todávia otros poctas 
contemporáneos de las grandes invasíones del imperio ro- 
mano o poco posteriores a ellas, pero quizás todos son de 
ménos mérito que los tres que dejamos mencionados. 

2. — No táltaron tampoco los historiadores en aquella 
época de destruccion. Ei siglo IV habia visto florecer en 
Boma a Eutropo, contemporáneo de Juliano, que compuso 
ún compencltoae historia romana justameute estimado; i a 
Amiano Marcelíno, que vivia en la misma época, i que con* 
tiniió la obra de Tácito, adelantando la historia de los em- 
peradnrtffnasta el reinado de Valente. Amiano, Iiistoriador 
ioiparcial i Juicioso, habria brillado en un siglo de mejor 
gnsto; pero, discipulo dejenerado de los grandes historia- 
dores, ticne Io9 defectos de su tiempo. 

Aun entre los mismos bárbaros aparecieron algnnos his- 
toriadores estimados ])or la¿) interesautes noticías que con- 
signaron en au obras. Jorhántles, godo de oríjen que vivia 
en Italia a mediados déTS^rt v I, i que habiéudose heeho 
cristiauo abrazó la carrera sacerdotal, compnso una biato- 
ria latina de los godos qne, por haberse perdido otras obras 
que trataban el.mismo asunto, ha conservado hasta nues- 
tros dias grande estiraacion. 8a n Gregorio, obispo de Tours, 
galo de oríjen que vivia en el DQtsmo slglo, i que compoQo 
muchas obras sobre relijion, escribió tambien enunlalin 
b^rbaro, pero con una agradable injenuidad, lahistoriade 
los francos i de los orfjenes de la mouarquia franceaa que 
conserva tambien su crédito. (^ildage l sábio, breton de naci* 



HISTORU LITERARIA.— EJDAD MEDIA, 14?' 

tniento^ del cual no se tienen noticias inui exactas, í aua 
86 1e coufunde con otros personajes del mismo nombre, 
escribió tambien en ese siglo nna historia de la Gran Bre- 
taña) mui iuteresante para conocer la ínvasion de los sajo- 
ues i las Inchas que se siguieron a este suceso. 

3. — Pero 1o8 escritores mas populares de esos siglos de 
irresistible decadenoia, son los que pusieron en boga el 
método enciclopédico por medio de compilacioues medió- 
ores de todos los ramos de las ciencias. RnAfijnj filósofo i 
político romano, cducado en Aténas i elevado a laa mas 
altas dignidades por Teodorico, rei ostrogodo de Italiay 
&unque pertenece al oúmero de esos s&bios de la deoaden*- 
cia, lué tambien el último de los jénios antiguos. Despues 
de haber engefiado todas las cieucias que entónces consli- 
tuian el saber hñmano i de haber desempeüado las altaa 
funciones de cónsul i dc senador én la corte de TeodoricO| 
Boecio faé sacrifícado por este mismo soberano, i ejecutado 
en Pavia en medio de horribI?B torturas (524). La princi- 
pal obra de Boecio, el Consueh de la fHosofiaj diálogo en 
prosa i en verso, fué escrito eu sn prision. Állí se muestra 
a la altnra de los filósofos de la antigüedad por la eleva- 
cíoa de los sentimientos i por un e&tilo que no carece de 
pnreza. 

Los otros escritores enciclopédicos son inferiores a Boe- 
cio. Marciano Capella^ nacido en Africa en el siglo V, com- 
puso dos obras en que reunió con mucha suporficialidad ¡ 
coü un estilo oscuro i bárbaro^ todala oiencia de su tiempOy 
comosi qnisiera salvarladel olvido consignando cu prosa 
i en verso sus principales elementos. Qagiodoro nacido en 
el sur de Italia» figuró en la primera mitad del siglo Y£ 
como ministro de Teodorico i de sus sucesores, i como es- 
critor de gran nota. Aparte de nna historia de los godos, 
que solo se conoce por los estractos de Jornán^es, Onsio* 
doro compuso tratados de gramática^ de matemáticae, i 
de música^ en que aparece de ordinario la sutileza i la 
finura i a veces la profundidad del pensamientO| i fij6 la 
enseüanza tal como fué seguida durante casi toda la edád 
media. Por fin, Sau IsidorOj obispo de Sevilla, que vivia a 
fines del siglo Vl í pnnoipios del VII, compuso mnchaa 
ebras sobre historia i relijion, nna especie de enciclopedia 
compendiada de toda la erudicion de su tiempo. 



148 ELEMENTOS DE UTERATURA. 



4. — Las ohras de estos tres escrifcores, en las caales (láo- 
bre todo en las de los últimos), se encuentmn pasajes no- 

i tables i noticias dignas de ser estudíadasy revelan, con to- 
dO) el abatimiento i la ruina de lus ciencias i dc la liieratura 
en el siglo piguiente a la destruccion del imperio romano, 
Segun el espíritu i los preceplos de dichos libros, la ense- 
flanza se dividió mas tarde en dos cursos de estuilio: el 
irivinm, que compreudia la gramatica, la retórica, ¡ la 
dialéctica; i el quadrivium, que compi'eiulia la arítniética, 
la jeoüiietríxi, la música i la astronomfa. Estos ramos do 
cstudio, que tomaron el nombre de las siete artes libera- 
les, fueron enseriados durante algunos siglos con toda la 

• imperfeccion posáble. Bastará decir que la aritmética de 
Casiodoro o de Capella se limita aalgnnas deíiniciones en- 
tremezcladas de absúrdos superBticioao-. sobre las virtudes 
de ciertos números i de ciertas cifras. 

Aun la enseñanza de esas nociones superfíciales de las 
ciencias fué posterior a la primera época de oscuraotismo 
que se siffuíóalestablecimientode losbárbaros. Los sigloa 
VI i VII marean la época del mayor atraso i de la mayor 
iguorancia de la edad media. a:No hacia todavía un siglo 
que los hárbaros se Iinbian establecido en los palses con- 
quistados, dico el hisioriador Kobertson, i ya las huellas 
dé los conocimientos i de la cultura que los romanos ha- 
bian derramado en toda la Europa estaban completamente 
borradas. Se descuidaban ose habian perdido no solamente 
esas artés de ^legancia que sirven al hijo i que el lujo sos- 
tienoy sino tambien muchns de las artes a las cuales de* 
bemos las dulzuras de las comodidades de la vida. Eii 
esos tiempos desgraciados, apénas se conocian los norii- 
bres dü literatura, de íilosofia o de gnsto; si se h^cia 
al£:un uso de ^IIos era para prostitnirlos aplicándolos a 
objetos tan despreciables, que parece que no se conocia su 
verdadera acepcion.» Los barbaros atribuian en gran 
parte al amor a las letras la decadencia del imperio roma- 
no í la corrupcion dc'Ias costumbres que habia facilitado 
la conquista. Uua vez establecidos en los pafses coufluista- 
dos, no qnisieron consentír en que se diese a sus hijos niu- 
guna especie de instruccion. Las pe«*sona8 de mas alto rango 
entre ellos no sabian leer niescribir. Los señoresse limitiv- 
ban a estampar al pic dc los documeiitos cl sigdo de la crii;5. 



I 



HISTORIA UTERABIA.— EDAD MEDIA. 14f9 

de donde el verbo signare tomó en la edad media el signi- 
ficado de íirmar. Esta ignoi-ancia no era solo el patrimo- 
nio de los laicos: muchos eclesiásticos no entendian el Bre- 
viario qne estaban obligados a recitar cada dia, i ann al- 
^nos no estaban en estado de ieerlo. Un gran número de 
]o8 dignatarios de la iglesía no podia íirmar los cánoncs 
cle los concilios de que eran miembros. La tradicion de los 
acontecimientos pasados se perdia, o se conservaba solo ea 
crónicas Ilenas de circunstancias pueriles i de cuentos ab- 
surdos. Los mismos códigos de leyes^ promulgados ordina- 
riamente por los concilios^ dejaron de tener autoridad^ 1 
fíieron sustituidos por costumbres vagas i estravagantes. 
Los pueblos, sin libertad, sín cultura, sin emulacion, ca- 
yeron en la mas profunda i>;norancia. óurante cuatrocien- 
tos años (del siglo VI al X), la Europa entera no produjo 
un solo autor que merezca ser leido, sea por la elegancia 
del estilo, sea por la exactitud o la novedad de las ideas 
(^Robertson). 

5. — Debe seüalarse'aquf nna cansa que contribuyó con- 
siderablemente a producir este estado de ignorancia, la es« 
casez de líbros. Los libros de los antignos erun escritoSy en 
tiras de per^mino o en Iiojas de papiro, que se conserva- 
ban enrolladas en forma de espiral, de donde les vino el 
nombre de volumen (espiral). Esos manuseritos eran exce-> 
üivamente caros. La x^onqnista del Ejipto por los árabes en 
el siglo VII privó a la Europa del papiro; i el material parn 
escribir se Iiizo muoho mas escaso i mas costoso. Se puede 
juzgar por una sola circnnstancia de la difícultad para en- 
Gontrar materiales de escritura. Se conservan todavia al- 
gnnos mannscritos de los siglos VIII i siguientes, trazados 
Bobre pergamino, del cual se habia hecho desaparecer la 
antigua escritura para sustituir una nueva. Es probable 
que de esta manera se hayau perdido muchas obras de los 
antiguos. Se raspaba un libro de Tito Livio o de Tácito 
para reemplazarJo por la vida de un santo o las oraciones 
del misal. Mnchas circunstancias prueban cuán escasos 
eran los libros en los tiempos de que hablamos. Habia po- 
cos particulares que poseyeseh algunos volúmenes: ana 
cíertos monasterios no tenian mas que un misal. El precio 
de los Vihvqs se hizo tan subido que solo las personas o 
corporaciones que poseian graniles riquezas podian adqui- 



150 ELEMENTOS DE LITElUTrRA. 

t 

ririos. Esto csplíca por qué ea Bnestros^dias son tan exce* 
sivameDte raros los manuscritos anteriores al siglo XJ, 
época en que so jeaeralizó un poco el uso del papel. 

6. Otra causa que se oponía al cultivo de la literatura 
en aqnellos sigios de oscurantismo^ era lafaltade un 
idíoma formado que sirviese de instrumento a Ibs poetns i 
a los escritores. El latiu, hablado aun de^pues de Ía inva- 
BÍon de los bárbaros en casi todo el imperio romano de 
Occidente, pasaba eutjnces por uua trautíformacion cora- 
pleta de qne resultó el nacimiento de nuevos 'idiomas. 
Creemos necesario dar a conocer aqui sumariamente csta 
revolncion. 

EI latin en toda su pure^a^ tal como lo leeraos en los 
mejores autores antiguo^y posée una sintáxis complícada 
i numerosas formas elTpticas, que dan vigor i elegancib al 
estiloi pero que no pueden ser empleadas fiicilmente por e) 
pneblo. Ese idioma era^ segun la lierm(>sa.comparacion de 
M. Villemain, nn instrumento delicado que solo uu artista 
puede tocar i que se descompone o se* rompe en manos 
groseras i poco diestras. Ann suponiendo que los habitan- 
tes de Boma lo hubiesen hablado con putezn, es menester 
no olvidar que el latin en los últimos tiempos de la re^iá- 
blica o bajo el imperio, no era el idioma de uu "sola ciudad» 
siuo tma lengua esparcida en paises en qne no cra ívl 
lengua ordinaria, e impuesta por la conquista a una gran 

Í>arte de la Italia^ como lo fué ma» tarde a la Espafia i a 
as Gulias. Así encontramos pruebas de una época mui 
antigua que manifíestan que los solecismos, las l(»cuciones 
bárbaras, las espresiones no autorizadas por el uso de lós 
buenos escritores eran mui ^comunes, aun en Boma; i de 
jéneracion en jeñeracion, estos defectos se hicieron nias 
frecuentes e iuevitables. Existia, pues, en Koma, al lado 
del latin clásico de los grandes escritores, un dialecto vul- 
gar, que los gramáticos i retóricos llamaban alternativa- 
mente cuotidiano, pedestre nsual i rástico. 

Alguos ejemplos acabarán de dar a conocer esta cormp« 
€Íon del latin» que al fin produjo la formacion de las leu- 
guas nuevas. La declinacion latina i las inflexiones de los 
Terbos, hacian innecesario el uso constante de las preposi- 
ciones que abnndan en las lengnas modernas; pero en la 
edad medía se tcnia un conncimiento tan inesncto de esví^ 



I f 



HISTORÍA LITERARIA.— EDAD' MEDIA. 151 

circunstafQCÍas^ o He coDÍnndian con tanta frecucneia las 
inflexiones de los verbos o lae desinenciaB de los casos, que 
fué necesario recurrir a las prepoaiciones para reemplazar- 
los. Así Jas preposicioneH de ¡ ad sirvieron, como se ve en 
las escrituras c|ue nos quedan de Ioa siglós YI al X, para 
«spresaF el jenitivo i el dativo. La ausencia de los arlículos 
definido e indefínido esun defecto real de la lengualatina: 
lofi palabras iXle i unm fneron empleadas para Ilenar esta 
necesidady i pasaron a desempeñar en las lenguas moder<^ 
nas el ofício de artículos. Establecióst» tambien. mayor uni- 
formidad en los casos de los nombresy sea suprimiendo las 
inflexiones, sea drsminuyendo su número. El ausijiar acti- 
voy que forma la diferencia graniatical mas notable entre 
las lengúas mmlernas i el latin, debió su introduccion a 
ima causa análoga, la neglijencia, el abandono de las 
diveraas inflexiones do los tiempoB; a lo que conviene agre- 
gar que bajo eote punto tambien la lengua latina. es sia^u- 
larmente defectuosa, puesto que no tiene modo de distiñ- 
guir el pasado indefinido (ante presentej del pasado 
definido (pretérito), ^ Aa6¿ac?¿? de hahU (1). Los latiuos 
como los gríegos tenian la voz pasiva en su conjugacion, í 
aplicabau el verbo ^r (mm) de una manera accesoria, en 
los ttempos denominadoB perfectoé i pluscuamper/eetos, co- 
mo que podian dejai* de usar este recursoí, puesto que te- 
nian otros medios ea las variadas ii^flexiones de sus verbos. 
£1 idioma vulgar que nacia del latin^ empleó el verbo ser 
para todos los tiempos pasivos. Esto era mas espedito i 
mas sencillo: ae repetia un verbo que se babia, en lugar de 
aprender uno uuevo. Se unia al participio pasádo de cada 
verbo las modifícaciones del verbo ser, Las lénguas mo- 
dernas ofrecieron desde luego los procedimientos sencillos 
i fácile8 que se encuentran en todos los idiomas actuales 
de la Enrupa latiua. Tomaron de la lengua madre las pa« 

(1) Be atríbnye jeneralmente a 1a ÍDflaencia de ]as lengui^ del norte la 
inlTúdoccion del verbo aa-iliar Juihn', Itahen (en godo); 8in embargo, ann 
cn lo8 esc.'itores Litinos del siglo de Au^^to «e encuentran éjempíoH del 
empleo del Terbo Jtaheo como ausiliar: J}e Cpmre satU dictvm. habeo: he 
di(^ bastsate de < 'ésar. Quemjuimg lutbebiit (al cual habia ordenadpj, 
dice Sala^tio, Jttnuriluk ($ LXXJ. EütiS i otrns coincidencias hacen soa- 
pechar qnd existió una rel icion prímitiva enrre esas dos lengoas, Véáse 
8obre ese pnnto a yillcmain Tablaau dc la litférature au mnym age^ 
!ec. UI. 



li)2 ELEMEXTOS BE LITEKATURA. 

labras, pero uo signieron Ins nnitíerosas ÍDflexiones ni la 
rhnstruccion quc complicaban el idioma de Ciceron i de 
Virjilio, » 

Ésta revolucion fué, como debe suponerse, mui lei^ta. 
Se dice que desde el siglo VI babia pocas personas en la 
Galia que entendiesen el Intin de Salustio; pero el idioma 
vulgar que conienzaba a reemplazarlo, era enteramente 
informe todavía. Mas adelante, cuandu aparecieron los 
primerosalbores de un renaciniiento literariu, se miró con 
tanto desden esta segun'da lengua, que el esfuerzo de los 
hombres mas ilustradossedirijióa restaurar el latin, corao 
idioma indispensable de lad ciencias i de las letras. Apesar 
de esos esfuerzos, las lenguas vulgares siguieron perfec- 
cionándose i desarroliándose. 

7, — Si se pregunta cómo pudieron conservarse durante 
un largo periodo de cuatro siglos algunas chispas de la li- 
terntuva antigRa, no se puede dejar de atribuir al estable- 
cimiento de las órdenes relijiosas el haber arrojado un 
puente al través de este caos para unir entre sí la civiliza- 
cion antigua i la moderua. 

Hemos dicho ántes que lá ignorancia de ese siglo se Iia- 
bia estendido hasta los niiembros de la iglesia. No solo era 
comnn el encontrar monjes i prelados que no coniprendiaa 
cl Breviario, sico que algunos majistrados de la iglesía ha- 
bian prohibido la lectura de los escritos proíanos. Feliz- 
mente, San Benito (480-543), cuya órden monástica, fun- 
dada en el sur de Italía, se estendió con gran rapidez en el 
Occidente, prescribió a los roonjes el trabajo, la lectura, ]a 
copia i la r^union de libros, sin esplicarse sobre la natura- 
leza de ellos. Este fué uu medio de conservacion i de mul- 
tiplicacion de los manuscritos clásicos, que salvó de su 
cotnpleta ruina los monumentos literarios de la antigüe- 
dad. Muchos conventos se hicieron un honor en réunir 
libros i en formar bibliotecas inas o ménos numerosas. Así 
se formaron Ips primeros centros de luz quc debian escia- 
recer al mundo oscurecido por las tinieblas cle los primeroa 
siglos de la edad media. 

Como debe suponerse, el cultivo de la lenj^ualatina Ila- 
raó con preferencia la ateucion de los benedictinos, como 
ílebia Uam'ar lade los otros monjcs i dignatarios de la igle- 
sia* EI gobierno deí papa mantenia relaciones con las dife* 






HISTORIA LITERARIA.— EDAD MEDIA. 163 

rentes nacionea de Europn, de suerte qne una lengua co- 
mun era necesar'm en la iglesia* Las sagi'adas cscrituras í 
la liturjia, pór otra patte, se conservaban Bolo.en latin ala 
época en que esta lengtia dejó de ser intelijible^ de tal sner- 
te qne los monjes tuviert)n que consagrarse a sq Qstudío 
imra entender el dogroa i la nioral del cristianismó* 

8.— El historiador ingles Hallam, que ha escrito con 
rara erudicion la liistoria de las letras en esos siglos de 
oscurantismo, reclama para la^ islas británioas el honor 
de haber abierlo la marcha en la restauracion de las cien- 
cias. Los monasterios de Irlanda dejaban vei* una débil luz 
desde el sii^Io VI: en Inglaterra, dos legados del papa^ 
Teodoro i Adriano, jeneralizaron poco mas tardo el cono- 
cimiento del latin í del griego en la iglesia anglo-sajona. 
A principios del siglo VIII, Beda^ denominado el venera* 
bUj monje del monasterio ingles de Jarrow, muerto en 735, 
estudió todas las ciencias de su tiempo, i compuso mas de 
cincuenta obras sobre las materias mas diversas, para la 
instruccion de los relijiosos de su convento. Son célebres 
entre éstas bu lójica, i una historia eclesiástica de los in^ 
gleses de^de Julio Üésar hasta la época del autor. 

Pero el pi-imer renacimiento de las letras data de la 
época de Carlo-Magno. Hasta entónces, los ecIesiásticoB 
habian sido los únicos escritores, i todos los escritos te- 
DÍan un carácter mas o ménos relijioso. Desde la época del 
famoso emperador, sin embargo, el injeoiose dirijió a otros 
asnntos; la^ ciencias profanas, así se las liamaba, la gra- 
miUica, la retórica, la astronomia, comenzaron a ser cooo- 
cidas en las escuelas de la iglesia. Carlo Magno tiene la 
gloria de haber levantado las letras de su postracion i de 
baber qnerido hacer desaparecer de sn imperio la ignoran- 
cia que los bárbaros habiau sembrado por todas partes. 
Eacribia difícilmente, i auu se cree qua no sabia hacerlo; 
pero no por esto deja de ser uno de los espíritus mas cul- 
tivados de 8u tiempo. Hizo coirejir por algunos ernditos 
-griegos o sirios los euatro evanjelios, comenzó una gramá- 
tíca tudesca o alemana, í compuso un tratado sobre los 
eclipses, otro sobrc las auroras boreales i ciertas poesías 
latinas. Es probable qne en estas obras tuvieran una par- 
te princípal sus consejeros; pero no puede ponerse'en duda 
el cclo con que trabajó en el fomento de los estudios. En 



154 ELEMENTOS DE LITEKATURA. 

I 

una dc 8us ordenanzas o capítular^ se encueñtran estas 
palabVas: «Deseando de todo corazoii que el estado de 
nuestras iglesias se niejore rnas ¡ lúufl, i queriendo elevar 
por un cuidado asíduo ei cultivo de las letras, que casi h& 
perecido enteraniente por la iuercia de nuestros anteceso*- 
res, excitnnios hasta por nuestro ejemplo al estudio de las 
artes liberales a tcdos los que puedan cousagrarse a ellas.i 
Creó una especie de academia llaniada escuela de palacio, 
de que formaba parte él nnsmo, fcus hjjos i sus hijas i 
]o8 principales personajes de lacorte. CarloMagno ademas 
atrajo a su lado a los hombres mas notables de su siglo. 

£1 mas di^tinguido de todos ellos fuc ^lcu ^np (Alcuin), 
monje snjnn. al cual Ilamó a su corte i le dió la rica aba* 
día de San Martin de Tours. Éscribió óste tratados de teo- 
lojía i de filosofía, libros de historia i alguas poesías ratí- 
nas: pero todas estas obras, si bien dejan traslucir un estilo 
superior al de su época i una variada ilustracion, reflejan 
poca orijinalidad i no hon en muchas ocasiones mas que 
ideas tomadas de Boecio o de los padres de la iglesia. 

Al lado de Carlo-Magno figurarori tambien otros perso- 
pajes, cuyas obras son consultadas todavía, para conocer 
la historia i el eepíritu de los siglos bárbaros. Mencionare- 
mos a ^j'""^fif^ (£ginhard)« secretario de Carlo Magnó, 
qué escribió eu latin su hi&toria i los anales de la época. 
Su Vida de Carlo-Magno se distingue por un arte de 
composicion raui notable en aquel siglo. 

9.— El impulso impreso por Carlo-ííagno al cultivo de 
las ciencías ide las letras tendia uada ménosque a formar 
una sociedad laica iIu8tra^a,1o que habria modificado com» 
pletamente la civilizacion de la edad media; pero aunque 
íué segundado en esta empresa por alguno de sus suceso- 
res, i particularmente por Cárlos el calvo, el espiritu jene- 
ral de la época, la ignorancia de la nobleza i las guerras 
civiles tan írecuentes en aquejlos siglos, pusieron nn ob8t¿- 
culo poderoso a la difusion de las luces i rédujeron la ense- 
fianza a los conventos í a las escuelas epÍ3CopaIes. En In- 
glaterra, Alfredo el grande (muerto en 901) segundó este 
impulso dado a los estudios sin conseguir un resuItadamaB 
eatisfactorio. 

Florecieron, sin embargo, en aquella época algunoB 
bombre^ distinguidos por, su cJencla i por d influjo que 



HISTORIA LITERARIA.— EDAD MEDIA. 155 

ejercieroa sobre sa siglo. De todoa ellos, ainguao ha Ua- 
uanílo tanto la atcncion como el irlandes Jn^n 8gfit EnJQfia 
(de.Erin, nombre antiguo de Irlanda^, Nacido en los pri- 
rxieros anos del siglo IX, despues deadquirir lamejor edu- 
caciou. de su tiempo, viajó por Europa ehsanchtuido sus 
aouQCÍmientos. Instruldo en el latin í en las cíeacías ecle- 
siásticas de su epoca, estudió el griego i e! hebreo i se llizo 
conocedor de alguaos de los clátiicos de la aatigüedad. A 
mediados de aquel siglo se establcció eu la brilluate corto 
de Cárlos el calvo; i allí escribió dos grandes obras sobre la 
predestinacion i la divisioíi de la naturaleza en que cpnsig- 
uóopinionesülosóñcas enteramente orijinales. Segnn Juaa 
Scot, nuestra inceiíjencia está ocupada por emanaoioues de 
la iutelijencia de Dios, i nuestras ideas principales son ma- 
liifestaciones del creador en el seno de su creatura, como lo 
es la naturaleza misma. Peroloque hai de mas singular en 
sus doctrinn^ 6s el desden que manifíesta ppr toda autori- 
dad que no esté apoyada ea la razoa. 

10. — Jnan Scot puede ser coasiderado el primero de cier- 
ta e«pecíe de escritores pecaliares de la edad mediaconoci- 
dosen la historia literaria con la denominacioa de eaoolásti'^ 
C08. Eu este tiempo, así como en el sigio siguiente, gucedió 
que ciertas^escueias fundadas en diferentes paises de Euro- 
pa comenzaron a adquirir muclia celebridad i a atraer ua 
gran ni'imero de estudii^ates como tambiea a asumir aquel 
carácter de actividad intelectual en todos los ramos de ia 
cieneia que perteoece a esas corporaciones conooidas con el 
uombre de universidades. Este nombre, sin embargo, no 
fuü empleado siuo mucho mas tarde: decíase universitas 
magislrorum et auditorum (reunion de maestros i discípn- 
los); i de allí nació la palabra cqu que han sido designadas 
las altas corporaciones encargadas de la enseQanza. Las de 
X^aris i Bolonia fueron las mas antiguas; pero au verdad^ra 
orgauizacion es posterior al siglo XI. 

Esasescueias o universidades, fueron de grande utilidod 
para la propagacion de las cieucias. La de Bolonia fué fa- 
juosa en la enseñanza del derecho, i particularmente de la 
jurisprudencia romaua. La universidad de Montpelier fué 
la mas célebre por la enseQanza de la medicinn. Los pro- 
fesores de esta ciencia, como los que cnseñabau ia ftsica, 
la quimicai las matemáticas, habian frecuentHdo las cscue^ 



156 EIJEMEXTOS BE LITERATUKA. 

las de los drabes de España. Gerbort, la inas alta personi- 
ficacion de )a ciencía eu cl siglo X^ mas conocido eo la 
historia cou el nombre de Silvestre ÍI, qiie tomóen 999 al 
ocupar la silla pontificia, hizo sus estudioseotre los árabes 
de Espafia i sorprendió a la Europa entera por sus esteo- 
808 conocimientos en jeométria^ en mecánica i en astro- 
nomía. 

11. — Pero miéntras la juri?prudencía, la medicina i las 
ciencias fisicas comenzaban a her cultivadas en muchas'es' 
cuelas universidades, el estudio pret'erente de aquello» 
íbcos de instruccion era la lilosofía o la teolojia íilosófica. 
El nombre de escolástica era ordinariamenteaplicado a ea^ 
tas ciencias; i con la denomiuacion de escolásticoa^ fueroD 
designados aquellos doctores o proíesores que se hicierón 
famosos eñ las discusiones teólójicas i fílosófícas de la edad 
medía. Las universidades de Faris i de Oxford fueron los 
mas célebres centros de la filosofla escolástica. El carácter 
peculiar de esta filosofía consiste en el estudio de la meta- 
iisica i de la lójica de Aristóteles, i en la aplicacion de las 
ibrmas aristotélicas del raciociuio al estudio de los raas 
sutiles problemas de la teolojía. La lójica de Arístóteka 
era conocida en Europa por medio de las ti-aducciones lati- 
nas; pero su metafísica fué conocida solo a principios del 
siglo XII por el intermedio de los árabes, i acompaüada 
de lo8 sutiles Gomentarios de los fílósofos de Bagdad i de 
Córdoba. • 

La fílosofía escolástica, tan famosa durante muchos si- 
glosy ha caido ahora en un olvido casi completo. Ám em- 
bargo, el espfritu iuvestigador de los modernos ha ido a 
buscar en los escritos que nos quedan de las escuelas de la 
edad media la filiaciou i la hÍHtona de los progresos del 
espiritu humano. De ese estudío resulta que algunos de 
escs filósofos faeron hombres verdaderameute superiores, 
i que en otro siglo, i iibres de las preocupaciones de su 
tiempo, habrian ejercido una poderosa influeucía en el 
desenvolvimiento de la humanidad. Los uombres de Ros- 
celin, Lanfranc, San Anselmo, Abelardo, Pedro Lombar- 
doy Santo Tomas, Duns Scot i Ockam, perteueceíi maa 
propiamente a la histcria de la filosofía, ape^ar de que 
ellos resnmierou casí esclusivamente la ciencia de su 
tiempo. 



HISTORIA LITEHARIA.— EDAD MEÍ^IA. loT 

Dos fueron los toas qélebres puntos de discusion eh cfue 
estuvieron dividídos los famosos argument^ores de la 
edad média: el libre arbitrio i la realidad de )as ideas uni- 
versales consideradas como sí tuviesen una existencia in- 
dependieute de nuestro espíritu» Las discusiones a que 
dieron lugar estas dos cuestiones contribuyeron singular- 
mente a desarrollar la sutileza i la sagacidad del injenio 
en la csplioacioo i la distincíon de las ideas abstractas; 
pero al mismo tiempo hicieron nacer una multitud de es- 
pecolacíones * minnciosas i pueriles con desprecio de los 
conocimientos positivos i especiales. , 

De cualquier modo que sea, las discnsiones escolásticaa 
desarrollarón en muchas ciudades de Europa una grau 
pasion por el estudio i contribuyeron a estirpar la profun- 
da ignorancia de los siglos précedentes. Se eleva a muchotr 
millares el número de los estudiantes que concurrian a ta- 
les o cuales escuelas^ particularmente a la de Paris; pero 
este mismo ardor por el estudio habria torinado una direc- 
cion mas feliz si no hubiese estndo absorbido por la pasion 
que incliuaba los espiritus a la metafísica. La ciencias ma- 
temáticasy la filosofía i Iiasta la misma historia, fueron ca- 
HÍ desatendidas duraute algunos siglos. 

12.— Los claustros, primer asilo de las letras durante la 
edad media, tuvieron tambien una literatura propiai apar- 
te de esas díscusioñes filosófícas i teolójicas en que con 
frecuencía tomaban parte los laicos. La vida monástica, 
laa largas horas de meditacion i de aislamiento, la sole* 
dad del corazon la fermentacion secreta de las pasiones 
concentradas en sí misma, bicieron nacer una literatura 
íotima que sirvió de espresion a aqnel estado de cosas, así 
como la sociedad guerrera i mundana se revelaba en las 
epopeyas caballerescas i en los cantos de los trovadoresk 
Sin duda, se ha perdido un gran ndmero de esas efusiones 
místicas i poéticas que reflejaban la calma tranqnila de la 
vida de los claustros. Sin embargo, nos queda un monu- 
mento admirable en un pequeüo libro escrito en un latin 
defectuoso, pero que resume toda esa fílosofía suave i me- 
lancólíca del mistioismo de la edad media. Ese libro se 
llama la Imüacion de Jeaueristo. Enseña a imitar a Je- 
8ucristo, a despreciar las vanidades del mundo^ a ser siem- 
I>re humildes» mauifestando la feUcidad que se esperimeuta 



/ 



158 , ELEMENTOS DE LITERATÜRA. 

en la obediencia i en la simiisiou a lo» siiperíoreSy las ven- 
tajas de la adver&idad i del amor al retiro i al ^ileucio. 
Toda ia obra éstá fuiídada sobre uua profunda hurúiidad, 
que llega has^ta a sustituir la yoluntad de Di^s^ la de loa 
superiores i íiun la dei préjimo a la nuestra, a defdeuar las 
vanidadea.del mundoy a soportar con paciencia las mise- 
rins de esta vida, i a no esperar paz i felicidad sino eu la 
vida eterna. Esta obra, traducida rouchas veces en verso i 
prosa a las len^uas modernas^ ha sido considerada como 
el libro mas perfecto por la unidad del pensamiento i por 
la uucion relijioi^a que lo ha dictado. Se cueutaa cerca de 
doR mil ediciones de este libro admirable. 

£1 autor de la Tmitacion de Jesncrüto dice en una parte 
de ella: «[Dios mio! Haced que yo quede ignorado. Que 
vuestro nombre sea alabado i no el miolp Este voto espre* 
eado con tanto fervor, ha sido realizado: la posteridad no 
conoce el nombre del autor que compuso el mas hermoso 
libro del criatianismo despues del Evanjelio. Mas de dos- 
oientas disertaciones se han escrito para ilustrar este pan< 
to de historia literaria. La Francin, la Italia i la Alemania 
reclaman el honor de haberle dado uacimiento; i se han 
presentado tres personajes a los cuales se ha atribuido 
aquel libro. Juan Gesen o Gersen, abad de uu mouasterio 
de Lombardia en el siglo XHI es el pretendiente seüala- 
do por los italiano». Tomas A\Kempis canónigo de la dió- 
cesis de Colonia, tiene en suapoyo a los críticos alemanes 
i flamencos. Los franceses la atribuyen a Juan G^rson, 
cancíller de la universidad de Paris eu el siglo XV. A|)e- 
sar de tantas discusiones^ la crítica moderna está reduclda 
hasta ahora a opouer unas a otras las coojeturas i las pro- 
babilidades. Cada cnal demuestra perentoriamente que sna 
adversarios estáu en el error, pero nadie exbibe una pruqba 
que haga desaparecer todas las dudas: la polémica no ha 
dado mas que resultados uegativos. 

Eu nuestros diaa ha adquírído gran crédito una opinioa 
qu8 Hostiene que aquel libro cs una obra impersonal, naci- 
da en la edad media, en una época que no se podria fijar 
con precision, i conducida por desnrrollos sucesivos a la 
forma en que se encontraba a mediados del siglo XV. 
¿aQuién sabei dice M. Michelet, si la Imitacion no ha sido 
ía epopeya interior de la vida monásticn, si uo ha sido for- 



IBRN 



HISTORIA LITERÁRIA. — EDAD MEDIA. 169 

Tnada poco a poco, si no ba sido saspendida i recomenzada, 

8¡ no ha 8¡do, en fin, ]a obra colectiva que el espíritu mo- 

nástico de la edad media nos ba legado como su pensa- 

tmiento mas profundo i su monumento mas glorioso?^ Se 

íia creido reconocer en las d¡versa8 partes de este libro ín- 

terpolaciones sucesívaa de fornias literarias diferentes, 

rHunque animadas todas por el misrao espíritu. En eíecto, 

Ja unidad no exipte mas que en el fondo de ias cosas i no 

en la forma; porqüe cada libro es un todo, cada capítulo 

68 una instruccion completa i cada versículo tiene un ^en- 

tido propio. La Tmitacion parece un trabajo colectivo ¡ se* 

-cular, cuya redaccion definitiva, obra de na autor des. 

oonocido, de Gerson quizás, fué ejecutada a fines del siglo 

XIV o a principios del XV. 

13.— En los cláustros se cultivó tambíen la bistoria; pe- 

To esta rama de la literatura perdió en los siglos medios el 

carácter yasto i jeneral que le babian dado los esctitores 

ae la antigüedad. Nació entónces la Crónica, nombre con 

^I cual se qneria designar una bistoria redactada segun el 

-órden cronolójico, pero que ha recibido mas tarde una sig- 

Dificacion mas estensa, refiriéndolo sobre todo al espíritu 

de las obras a las cuales se aplicaba. Son en jeneral bisto- 

nas detalladas de un país, de una localidad, de unaépoca, 

o de un bombre, escritas por un testigo ocular o por un 

<;ontemporáneo que ha consignado sin comentaríos todo lo 

-que ha visto o lo que le han trasmitido. Esas crónicas mui 

uimuciosas en ciertos sucesos, mui incompletas en otros, 

recargadas de ordinario de invencionea fabulosas e increi- 

Ijles, son, sm embargo, las únicas fnentes que nos quedan 

para conoce r largos períodos de la historia de la edad me- 

^ha. Abundan particularmente las que se refieren a la his- 

toria de Inglateria, de Francia i de Italia; pero las cróni- 

Kías mas interesantes, aquellas que reflejan con mas eolorido 

> animacion e siglo en que fueron compuestas, son escritas 

^n lengua vulgar, i forman por esto mismo parte de otra 

itcerabUra. 

La mas famoga de oqnellaa obras es ana crónica fabnlo- 
«a atnbnida falBaraente a lm¿B, arzobispo de tíeims. 
*ontemporaneo de Carlo-Magno, qne faé condiderada du' 
rante mucho tiempo como una hisloria verdadera. Seíruo 
«1 títnlo de la obra: Pe la vida i hedm de Carlo-Md^no 

12 



160 ELEMENTOS DE LITERATÜRA. 

{De mixL et gestis CaroH-Magni), el autor qneria contar la 
historia de aquel famoso emperador; pero esceptuando al- 
gunas frases consagradas a sus primeraB proezaa i a su 
niuerte, la crónica selimita a referir laespedición empreo- 
dida contra los sarracenos de España i la derrota de la re- 
tagnardia francesa en RonceHvalles. Esa crónica, escrita 
Bin duda por algnu eclesiáatico, asigna utn objeto relijioso 
a la espedicion de Carlo-Magno; el epiperador iuspirado 
por un sueQo en qne se le Iia aparecidó el apóstol Santia- 
go, emprende la campaña para salvar del poder de los sa- 
rracenos las reliquías de este santo; construye iglesias^ i 
dota monasterios para alcauzar el cielo. La Orónica dt 
Turpinj considerada como fuente auténtica de las leyendas 
del ciclo carlovinjio, de que hablaremos mas adelante, era 
citada como una especie de fórmula, i aun en asnntos en- 
teramente estraüos a ella^ por los poetas que en los siglos 
XV i XVI cantaron las proezas caballerescas. Por esto 
se ha mirado como el orfjen de los poemas carlovinjios; pero 
ahora estáprobado que aquella crónica es por el contrario, 
una compilacion informe sacada de los cantos populares 
que tenia por héroes a Carlo-Magno i a RoIdaUy i en la 
cual las tradiciones caballerescas han perdido lo que en 
ellas habia de mas poético. No se sabe la época en que fué 
escrita esta famosa crónica ni se conoce quién sea el au- 
tor. Don Andres Bello; que dilucidó esta cuestion con nna 
asombrosa erudicion^ ha probado que la crónica fué com- 
puesta mas o ménos el año 1100; que su autor era ecle- 
siásticOy i que sin ser español, Iiabia residido largo tiempo 
en la peninsula hasta el puuto de conocer perfectamente 
su jeografia; i cree poder sostener que su autor fué un 
monje frances Ilamado Dalmacio^ que ocupó en Espafia la 
silla episcopal de Iria, que fué trasladada mas tarde a 
Compostela. La Cronica de Turpin por su escaso mérito 
no es acreedora en realidad^ a estas iuvestigaciones: sin 
embargOi ellafs le han arrebatado la importancia que se le 
habia atribuido creyéndola el oríjen i fundamento de la li- 
teratura caballeresca. 

14. — AI tenninar esta rápida revista de la literatura 
latina en la edad medía es menester recordar que esa len- 
gua, estrafia ya al uso vulgar i decaida de su antiguo ea* 
plendor^ fué el idioma en que escribieron los sábios de eaos 



^w 



HlbTORIA UTERARIA.— EDAD MEDIA. IGl 

fiigloPy 1o8 alquimistas que, busrando la piedra filosofal, i 
¡<>H qne estudiando la agtrolojía |>ara descubrir el porvenir 
en la marcha de los astros, fundaron la química i prepara- 
ron los pro^resos de la «strononila. Alberto el Grand^, 
fraile aleman de la órden dominicana, qiie víviaen el siglo 
XIII, abrazó todas^ las ciencias e bizo importantes descn- 
brimientos sobre las propiedades quimicas de las piedras, 
<le los metalcs ¡ de las sales. Rairanudo LuUq, fraile fran- 
ciscano, iiatural de la isla de Mallnrca, que vivía a fines de 
ese mismo siglo i principios del siguiente, fijó la atencion 
sobre los prodnctos volátiles de la descomposicion de los 
rnerpos, i preparó los progresos posteriores de la química. 
Itfijerio Baco n, in«:Ios de nacimiento que vivió en el mismo 
siglo 1 qne tambieu fué fraile franciscano, fué un verdade- 
ro prodijio para su tiempo. líeconoció los errores del ca- 
lendario Juliano, e&|»lic6 su cau^a i los corrijió; bizo iuje- 
uioi'as observaciones sobre la óptica, la refracciou de la 
Juz, el arco iris i el tamaño aparente de los-cuerpos; i por 
úUimo se le atribuye la invencion de la pólvora. Estos i 
otros grandes jénios que escribieron eu latin, porque la» 
lenguas vulgares uo estaban fcrmadas todavía i porque 
]>or€8to mismo uo se las consideraba el idioma de Is 
oiencia, babriau operado una revolucion mas im) ortante 
cn el desenvolvimiento del espfritu bumano si bubiesen vi- 
vido en siglos mas adelantados. 



y> 



/^'' 



CAPlTULO V. 



Llteratnra francesa. 

l.^OHjmi de Ib len^oa franoefla; el ▼ascuenae, el céltico i el latín. — %. 
Xi08 francos. — 3. Lengnade oil i leogua de oc. — i. Formacion «lefinitáTa 
(lel fmncei. — 5. Literatura pio»enRal: los trovadoree — 6. Corta dnra* 
oton de etta literatura. — 7. Literatura walona; lo« truveree. — 8. Canto« 
^picos: la Ckanjtoñ. de Jtoland. — 9 Carácter jeneral de lofl poemas del 
cido carlovinjio. — 10. Cido d*sl 'rci Arturo; Wace i sus imitadore». — 
11. Ciclo greoO'aB\éít^co; \a Cñanson tfAlfixandre. — 12. Incertidnmbre 
Nobre el orf jen de estOK poemas. — I.S. Loñ fnbliattjr, — 14. El apólogo i 
lasátÍTa; Itúman dv Rcnart.'^lñ, La alegofia; Roman dr la Bo^te. — IG. 
Poeata Urica: Thibaut i Cárloe de Orleans — 17. Teatro frances de la 
<xlad media. — 18. L>i8 cnmicas; Villehardouin i JoinviUe. — 19. Froissart. 

1. — ^Los diferentea pueblos nue Iiau ocnpado el suelo de 
1a FrancÍA hnn dejado aus liuellas en la lengua fraacem. 
8us idiomas respectivos, sobrepuestos primero linos a los 
otros^ coafundidos en seguida, han concurrido a formar es- 
ta lengua en pro[iorciones mui desiguales. 

Segun las nias remotas tradiciones, la Franoia fné po- 
•hlada por los iberosy raza de orijen imperfectamente cono- 
-cido, que se estableció eu la rejion del sur i que ocupó 
tambien la E^paña. Despues Ilegaron los celtas, pueblo 
Yigoroso e intelijentey que invadió la Europa occidental 
luuchos siglos ántes de la era cristiana, i cuyo idioma es* 
taba enlazado por su orfjen con la gran familia indo*euro* 
])ea, que comprende el sanscrito^ el zend, i los que se de* 
rivan de éstos. Antes de la conquista romana, se hablahay 
))uesy en Aquitanía^ esto es el país Aituado inmediatameate 
al norte de los Pirineos, el idioma ibérico, jlamado comaQ- 
lueiite el vascuense. EI idioma céltico se hablaba en las 
otras partes de la Galia. 

EI vascuense no subsiste ahora sino en las faldas de los 



HISTORIA LITERARIJl. — EDAD MEDIA. 16-'^ 

PirÍDeos occideDtaleft^ i Iia HnmÍDÍatmdo ai fraDces ud dVi- 
niero mní pequeño de palabras. Se podrín citar ea este 
iiúmero la voz ennui (enojuo, en vascuense, encjo, en espa- 
pañol). La parte del céltico en la formacion de la lengua 
íraDcesa es ÍDdudablemente mas coDsiderable. Ese idiomn, 
estirpado cd grao pnrte por la conquista romana, subsiste 
todavia en la baja firetaña. Parece que los fencios i lo8 
gr'iegoSy que fundaroD diversas colonian en la costa de la 
Galia, no ejercíerou una verdadera influencia sobre (a len- 
gna del país. 

EI latin, impuesto por la conquista romana, \\(gó a ser 
desde el primer siglo de !a era cristiana, la lengua duminan- 
te en la Galia. El idioma nacional deeapareció poco a pocu 
por influjo de la civiIizBCÍon de los conquistadores^ de tai 
modo que en el siglo IV se hablaba el latin desde los Pi- 
rtneos basta el Rhin; i la poblacion indíjeDa^ cod mui pe- 
queñas escepcioues^ habia abaDdoDado su leugnaje Dacio* 
nal. Pero el latin, que dominaba en la Galia, no era esa 
lengua elegante de los escritores del siglo de Augnsto, ni 
tampoco el lenguaje un pcco viciado de los escrítores de la 
ilecadencia: eraun idioma ménosculto en el cual se habian 
deslizado alguuas palabras célticas tomaDdo la forma la- 
tina. 

2. — ^Las invasiones de los bárbaros, burgundaSy visigo- 
do8 i francoS; Ilevaron de la Jermania, idiomas tan estra- 
fiosal latincomoal céltico. Esos idiomas, que tenian entre 
Ȓ una grande aflnidad, i entre los cuales el de los francon 
llegó a prevafócer, fueron designados con la deuomÍDacion 
comun de tudescos. Esta era la lengua dc los conquistado- 
reSy que pasaron a ser tambien loa señorea casi esclusivos. 
del territorio frances. 

Pero en la monarquía de los reyea francos se bablabft 
ademas otro idioma mucho mas popular, el idioma de los» 
pueblos conquistado8j cuya base prÍDCÍ] al era la lengmi 
de loa romauos. EI latin uotablemente alterado ¡K)r una 
deacomposicion natural en la boca de poblaciones ignoran- 
tes i sin modelos literarios, i por la introduccion de térroi- 
nos célticos o jermánicos^ tomó el norabre de leugua ro- 
mana. 

Hubo, pues, dos idiomas diferentes en la misma Galio^ 
durante algnnos siglos; pero ámbos se modificaron reoípro^ 



164 ELEMENTOS DE LITERATÜRA. 

cainentc por el contacto íntinio de conquistadores i con- 
quistados. Por ud niomento, el tudesco estuvo a panto dc 
Hdquirir un íinin predoniinio sobre el otro. Carlo-Magno, 
tudesco de oiijen, colocó la capital de 8u imperio en Az- 
quigran (Aix la Cliapelle), a las puertas del tt rritorio jer- 
ináníco, i dió a su propio idioraa una grande importaccia 
^sobre la lengua roniann, derivada del latin. Se eabe qne 
este eraperador preparó o hizo preparar una graraátíca de 
la lengua tudesc*i o alemana. Pero despues del desmein- 
braniieuto del iraporio carlovinjio, Paris, ciadad mucho 
inas apartada del territorio jerniánico, vino a ser la capital 
<le\ reino de Francia; i alli la leugua romana recobró su 
supremacía. 

La fuente primera del frances es eeta lengua roraana, 
formada por la mezcla dcl latin, del tudesco ¡ de algunas 
palabras Cclticas. Comoen esta mezcla el latin ha sidocon 
mucho cl elemento mas considerable, la lengua franeesa 
se coloca entre laá del oríjen neo-Iatino. No se llega a co- 
nocerla de una n\anera ]irofunda sino con el ausilio del la- 
tiu. El mas antiguo monumento que se conozca de esta 
leiigua es el testo del juramento qne LuÍ8 el jerraánico i 
su hermano Cárlos el cjíIvo, nietos de Carlo-Magno, ee 
prestaron recíprooamente en Estrasburgo en 842. Se uotau 
ahí algunas de esas terminaciones latinas que ahora hou 
frecuentes todavía eu ol italÍMiio i en el espafiol; pero la 
¡nfluencia dol tudesco es tainbien visible (1). 

3. — Esta iengua tomó divers<»s caractéres ¡ recibió dífe- 
rentes nombres, seguu la mayor o menor influencia del 

(I) Creemos iiitorcsante trascribir áquí iiii fragniento de eata pieza. 
K» el juramento de Luis cl jennáiiico. 

«Pro Deo aniur, et pro christian poplo, et nostro commun salvament, 
«li.st di en avant, in quaut Deus savir et potir me dunat, si salvara jeo 
«rist meon fixide Karlo, et in adjudlm et iii^cjidhuna cosa, si com om per 
«Ireit son fradra salvar dist, in o quid il mi altre si fazet, et ab Ludher 
nul plaid nunquam prindrai qui meon vol cist meon fradre Karle in 
«lamno sit. » 

Traducí'ion', — «Por el amor de Dios i pir el pueblo cristiano i nnes- 
tra coinuu salvacion, de este dia en adclatite mi<^nti*as Dios inc dé el sa- 
l>er i el podcr, yo salvaré ji mi Iiermano aciuí presente, i le scr<? en aynda 
4.'n cualquicra cosa, así como un hombre, segun la justicia, del>e siilvar a 
8U hennano, en todo lo que él hlciese de la misma manera por mi', i yo 
no hart^ cm\ Ijotario ningunconvenio que, por mi voluntail, lleve perjiii- 
cio a iiú hcrinano Gulos a<]ui prescnte. » 



iéma 



HISTORIA LITERARIA.— EDAD MEDIA. 165 

• 

laiin. En el norte de la Francía, donde el tudesco dejó mas 
profundas huellás i le comunicó su aspereza^ tomó el nora- 
bre de. romance walon. En el mediodia, donde la presencia 
<]e loB bárbaroa fué mas tardía i sus invasiones ménos fre- 
€uente$, i dotide subsistió en cierto modo la antigua orga- 
uizacion, la nueva lengua conservó mejor las palabras i las 
t^rminaciones sonoras del latin. Abundante en vocales, ri- 
•ca en infiexiones, tuvo ménoa enerjía, pero mas gracia i 
suavidad: éste fué el romance provenzal. En el norte, el 
tndesco ejercía su influencia^ porque al otro lado de sus 
fronteras^ en la Jermania, se hablaban lenguas análogas: 
«n el Bur, los provenzaies estnbau en comunieacion con la 
EspaQa i con la Italia, en donde la dominacion del latin 
•era mas notable. Los dominios de las dos lenguas estaban 
separados por el curso del río Loira. La primera recibió el 
norabre vnlgar de lengua de oil {langtie d*oil)\ la segunda 
el de la lengua de oc {langue d'oc^ denominaciones toma- 
das de las palabras por medío de las cuales se espresaba en 
cada país la afírmacion ii. 

Las relaciones que los acouteciraientos políticos i los en- 
laces de diversos príncipea establecieron entre la Francia 
meridienal i la Cataluña i el Aragon, i el brillo de las cor- 
tes téudales de Arles ideToIosa dierona la lengua de 
4)c una forma notablemente regular, la estendierou desde 
el Loira hasta el Ebro i el Mediterráneo. Esta lengua, culti- 
vada por los trovadores, recibió en la guerra contra los al- 
bijenses, a principios del siglo XIII, un golpe de que no 
<lebia levantarse: un concilio la proscribió <róomo sospechosa 
<le herejia,]) al mismo tiempo en que los estados feudales 
donde habia estallado la guerra, eran absorbidos en los do- 
winios de los reyes de Francia. Despues de haber sido una 
lengua literaria, se desmembró en dialectos vulgares ha- 
blados todavía en Cataluña, en Valencia i algunas de las 
provinoias meridionales de Francia. Hasta el siglo XIY la 
diíerencia de lengnaje entre cl iiorte i el sur era tan nota- 
ble qne, bajo el reinado de Juan el Bueno, fué necesario 
reunir dos asambleas distintas de estados jenerales, para 
representar las dos diversas ramas del idioma frances. 

La lengua de oil fué mns tosca en sn nacimiento: las pa- 
labras latinas revestidas de terminaciones tudescas, daban 
al oido un sonido duro. Se nece.sitó de mucho tiempo para 



/ 



.y 



166 



ELEMENTOS OE UTERATÜRA. 



^ '^ 



~? 



suavizar í depurar esta lengua i para darle elegancta. Lo» 
truveres (trouveres) de Picardía, de Noruiandíay de Bor* 
goña, de ChampaQa i de Flandes concurrieron a esta for* 
macion laboriosa. Si los progresos de esta lengua fueroit 
ientos durante la edad media, es raenester atribuirlo a la 
iguorancía de la nobleza, al reinado del feudalisruo qne ha- 
bia destruido todo ceutro i toda autoridad comnny a las- 
desgracías de la guerra-contra los iugleses i al predominio- 
en las clases instruidas de la lengua latina, que ei-a siem* 
pre el idioma de la relijion, del derecho i de la enseflanza». 

4. — El frances^sinembargo^aparece/ormadoeu el siglo 
XIII; a lo ménos entónces locultivaron numerosos escri- 
tores. Entre otros elementos que contribuyeron a enrique- 
cerio; deben contarse el árabe, por las relaciones cou las- 
escuelas de los moros de EspaQa, i porefecto de las cruza- 
daSy i el griego que conocieron los franceses en Constanti- 
nopla; pero sus verdaderas fuentes son las que dejamos 
señaladas mas arriba. En el siglo XIII esa lengua gozaba. 
de prerogativas semejantes a las del frances moderno: era 
cónocidaen casi toda la Europa, i usada como una especie 
de idioma universaK En 1275, un escritor veneciano tra- 
ducia al frances una crónica de su país declarando que cesta 
lengua corre en el mundo, i qne es mas agradable al oida 
que cualquiera otra.]> Diez años mas tarde, Brunetto La* 
tiniy el maestro del Dante, escribia en frances un libroy. 
cporque, decia, el habla de Francia es mas comnn a todas- 
las jentes.)) 

5.— La Iiteratura provenzal, sé desarrolló coa mayor 
rapidez que la literatura walona. Este progreso prematu- 
ro fué el resultado de las circunstancias eu medio de las 
cuales habia nacido. El mediodía habia sido siempre mas 
civilizado que el norte, porque la influeocia romana babia 
sido mucho mas profunda. La iuvasion de los bárbaros ha- 
bia causado allí grandes estragos; |)ero las poblaciones no 
habian estado constantemente ajitadas i combatidas por 
los terribles traHtornos que ensangrentaban lospaísessi- 
tuados al norte del Loira. Los habitantes del sur gozaban 
de las dulzuras de la paz bajo un réjimen feudal que no te- 
nia la dureza, ui conducía a los mismos excesos decrueldad 
i de venganza que se haciansentir bajo el gobierno de loa- 
rudos señores del norte. La civilizacion de los árabes d» 



, HISTOIOA UTERAEU. — EDAP MJ^DIA, 167 

£8]>afia pndo tambien reflejarse mejor ea las rejiones del 
mediodia de la Fraccia. 

Casi todo lo qne dob queda de la literatura provenzal 
está representado. por las poesías de los trovadores., Efite 
uombre derivado de una voz provenz^l troubarj encontrar, 
crear, prueba que se tenia entónces de los jioetas una idea 
verdadera. £1 trovador dcbia cantar sus versoB; pero cuan* 
do Do tenia el talento músico, tomaba un juglar a su ser- 
vicío. Limitábanse principalmente a celebrar asuntos á% 
amor^ o mas bien de galantería, i a componer sátiras (a/r- 
vetites) que algunas veces eran vivas i aceradas. No faltau 
tampoco algunos cautosde guerra, m ciertos diálogos {ten- 
json de contentio) en que dos interlocutores sostenian dos 
opiniones contradictorias, de ordinario sobre cuestiones de 
amor o de galanteria, i en que se respondian por coplas o 
et^trofas de una medida semejante. Existian tambien las 
quejas (platiha), elejias destinadas a Ilorar la muerte deun 
amigo o de un héroe. Pero las poesias amorosas o galantes 
íormaban en su mayor parte la literatura provenzal. No 
tuvo ni dramas ni epopejas; i parece qne no percibíó esta 
f'alta. Salvo algnnas poesías narrativas que podrian compa- 
rarse al poema histórico, do se nota quelos poetas proven* 
zales bayan hecho esfuerzo alguno para agraudar su horí» 
sonte. 

Uno de los principales méritos de estas poesias consiste 
en las combinaciones armónicas, en las cadencias simétri- 
1*86, en ta complicacion de las estrofas i en la repeticion de 
la rima. Los trovadores provenzales, como todos los poetas 
primitivos de las lengnas modernaSy tomaron del latin la 
forroa de su versificacion. Es inútil repetir aqui que toda 
composicion métrita, tanto en latin como en griego, era uu 
arreglo de versos formados de piés iguales o equivalentes; 
pero en el desórden inherente a la descomposicion del ]a« 
tin, las jentes incultas, en lugar de tomar por base en los 
versos la profongacion relativa de los sonidos, tomaron 
cada 8Ílaba conio unidad respecto de otra silaba i no se 
midieron ias silabas, sino que se contaron; i no* es difici) 
encontrar ejemplos de ver»os en que se ha olvidado la 
cuantidad desde los primeros tiempos de decadencia de la 
literatura latina. Fué necesario que el poeta marcase el 
áugar en que babía cumplido la única condicion que se 



168 ELEMENTOS DE LTTERATÜHA. 

exijia de él: entónces aparecio la rima, la cual segun 1a es- 
esprésion de M. Sainte-Benve, está colocada en el lugar 
que ocnpa como una campanada, para advertir que con- 
cluye un verso i que va a comenzar otro. La ríma ce usó 
en la versificacion latína en la época de la corrupcion de 
esta lengua. Es coropletamente infundada la opinion pos- 
tenida por grandes esciytores i que atribuye a ]& influencia 
de los árabes la intróduccion de la rima en la ve^rsificacion 
modorna. Los trovadores provenzales usaron ordinaria- 
roente la rima consonante i rara vez la asonante; todas las 
lenguas modernas han seguido empleando la primera; los 
castelianos, emplean con n-ecuencia la segunda. 

6. — Esta literatura contó dos siglosde existencia. Nose 
concce obra alguna de ella anterior al afio IIÜO, i se sabe 
qne fné aniquilada en los priraeros años del sigloXIII. Se 
conocen las vidas de cerca de ciento cincuenta trovadórep, 
entre los cuales se cuentan reyep, príncipes i condes. La 
roonótona uniformidad de esta literatura nos dispensa, sin 
embargo, de entrar aquf en detalles sobre aquellos trova- 
dores. Sns producciones anuncian un vivo sentimiento del 
arte; pero faltó el tiempo a los provenzales. Su lengua co- 
mo lengua literaria, i su literatura fueron arrastradas en 
)a revolucion que destru^^ó su nacionalídad. Despues de la 
guerra contra los albijenses, la nacionalidad provenzal fiié 
estinguida en su primavera, i la política se encargó de 
impedir que reviviese. En 1222, se fundó en Tolosa la uni- 
versidad i el tribuilal de la Inquisicion, se prohibió el em- 
pleo de la lengua provenzal en los actos públicos ¡ se pros- 
cribieron los libros escritos en esta lengua pnra hacer 
desaparecer todo lo que recordaba la nacionalidad o la 
herejía. La lengua de oc, sin embargo, se ha perpetuado, 
como ya hemos dicho, en algunos dialectos vulgares, 
7. — Al lado de la poesía de los trovadores, se elevaba otra 

i c^ci^t poesfa ménos injeniosa, la de los truveres, trovadores de 

/ ^ Ía lengua de oily o francesa pro]>iamente dicha. Cualquiera 

. ' '^' que fuese la conformidad primitiva de la leugua romana 

del medíodia i la del norte, la separaciou eu el siglo XII 

' ' ^ €ra visíble: la lengua de los truveres i la de los trovadorea 
ofreceu cntónces grandes i curiosas diferencias en las pa- 
labras i cn el espíritu. Una enpecie de vivacidad burlona i 
eatíri9¿ anima tambien la lengua de los truveres; pero en 



/^» 






mSTORIA LITERARIA. — EDAD MEDIA. 1G9 

9ugar (1e manifestarse porimájenes brillantes i líricas i de 
tener algo de rnnsical, su espíritn es prosáíco i proiluce uu 
'Cueuto luas bien que una oda. En sus obras no hai de la 
i|)oesj'ia mas que uu cierto raetro, unayersiíicaciou nuii gro- 
'rsera, pocas imájenes i casi ninguna arinonía. Oiuiudo se 
examina el ob;eto de sus cantos, la direreucia cntre el tro- 
^ador ¡ el truver se hace uias s^nsible. 101 )>rin)ero se ha 
•oonsagrado particulariaente al jénero lírico: cl segundo, 
por el coutrario, se contrae a asuutos narrutivo.-í, L i poeNÍi 
«épica es especialniente el (d)jeto de sua cuidados. Los uor- 
mandos, que durante alguu tiempo hnbían asolado una 
fiarte de Fruncia, fueron, despues dé bu conversiou, 1o.h 
juas nrdientes apasionados de ese jéuero. 

8. — Los primeros asuntos ca:ita,lo8 por la musa del 
«lorte fueron las hazañas de los paladiues de CHrh^-Mní^no 
o de otros pers(»naje8, mitad verdaderos, rnitad licricios, 
qite se prestaban para servir de héroes de laa ejiopej'as 
•oaballerescas. Couócense con el uouibre dc chansons de 
4fe8te8f Ibs romances de caballerías en qtie se celebrau las 
acciones (eii latin ffesta), las hazaüas <le los héroes, por 
jnedio de coplas monorimas, destiuadas a ser cautadas, co«- 
ino las rapsodias de los antiguos griegos, cou acompaña- 
«aiento de máfica. 

La mejor i mas antigua de estas iuformes epopeyas es 
ja Chamon de Rolandj que por lui arte verdadero de com- 
^tosicion, por la fuerza de las imájeues, inerece ser clasifi- 
<ada entre las composiciones de aquel jóuero. Rolando, co- 
«locido tambien cou los nombres de Orlando i de Roldan, 
€S el héroe de este poema, en que se cantü la espediciou 
<Ie Carlo^Maguo a Espaúa i la batalla de Roucesvalles. 
Ignórase la época en que esta obra fué compuesta: se 
«cuenta que un truver, Ilamado Taillefer, cautaba uu frag- 
mento de este poeraa en la célebre bataíla á% Hasting, que 
«conflumó la conquista de la Inglaterra por los normandos 
i(l066); pero la obra que ha llegado hasta nosotros bajo el 
iiouibre problemático de un poeta Ilamado Théroulde, pa- 
rece ser de los primeros afios del siglo XII. Es posible, 
«in erabargo, que haya existido una obra primitiva, cou- 
temporáueu talvez de Carlo-Maguo, uiodificada despuea 
«on los cambios i ampliacioues de un gusto posterior, pera 
43onservando siempre el carácter guerrero i relijioso. 



170 ELBMENTOS DE LITERATURA. 

9. — Aceptando esta edad probable de la Chanson de Ro- 
land^ seria menester considerarla el maa antiguo de los 
poeraas del ciclo carlovinjio. Con este nombre se conoí-e 
en la historia de la literatura un conjunto de ¡loemas fran- 
ceses de la edad media en que están narradas las empre- 
sas i las conquistas de Carlo-Maffno i de los otros jefes de 
la raza carlovinjia. EI jénio de Óárlo-Magno, opuesto a la 
debitidad de sus bucesores, i sus gloriosas proezas, despues 
de las cuales cl imperio ñanco sufrió la verguenza de las 
invasiones normandas, habian dejado en el pueblo un re- 
cuerdo imperecedero i!e respeto ¡ de admiracion. La vida 
del grande emperador Ilegó a ser una leyenda que cada je- 
neracion ampliaba i embellecia a su gusto. EI ^entimiento 
popular borró los recuerdos históricos; ¡ Carlo-Magno Ilegó 
a ser la personificacion del crist¡an¡smo tnunfante sobre la 
relijion musulmana. Los poeta^ atribnyen a él solo todas 
las hazañas de su familia: su abuelo Cárlos Martel, el ver- 
dadero veucedor de los árabes en Poit^ers (737), íigura 
apénas en los poemas carIov¡njios. Los terribles recuerdos 
que habian dejado en la Galia las invasiones de los árabes 
i el entusiasmo de los pueblos de occidente por Ilevar la 
guerra a la T¡erra Sauta, estplican la Ciiusa por qué en la 
trad¡c¡on popular todos los pueblos no crístíanos fneron 
trasformados en musulmanes, ¡ todas las espediciones de 
Carlo-Magno en guerra contra los infieles. Los sajoues i 
los hunoSy qne aparecf n en dos de esos poemas carlovin- 
jios, son considerados sarracenos. Los poetas fneron mas 
léjus todav¡a que la imaj¡nacion popular; i cuando el anlor 
de las cruzadas hubo infiamado todos los corazones, ellos 
hic¡eron de Carlo-Magno el héroe de estas esped¡c¡ones. 

En todos los poemas en que se trata de celebrar el tríun- 
fo de los cr¡st¡ano8 sobre los musulmanes, el carácter de 
Carlo-Magno es noble, ¡raponente i caballeresco. Es la 
¡májen de una reyecía fuerte ¡ grande que se s^osttene por 
sn propia majestad i por el respeto que insp¡ra a los pue- 
blos. Pero la épocamísma en que estas obras fueron com- 
puestiis, éiK)ca en que la reyecía eru atacada diaríamente 
por las pretensiones feudales, deb¡a imponer a los poetas 
la obligaclon de caiítar las hazafiaa de los señores contrfi 
el rei. £n las obras de esta espec¡e, el carácter de Carlo- 
Magno es indeciso, disimulado i brutal. Los poetas le atri- 



f 



HISTORIA LITERARU. — EDAD MEDIA. 171 

buyen todas las debilidades de sus sucesores respecto de 
los poderosos sefiores feudales. 

Los poemas cariovinjios parecen haber sido escritos en- 
tre los siglos XII ¡ XIV. Algunos, sin embargo, son po:»- 
teriores al año 1300; pero es probable que solo sean ver- 
siones o paráfrasis de los poemas mas antignos. El interea 
príncipal que hasta ahora ofrecen estas obras es la fíel pin- 
tnra de la edad media, el espíritu caballeresco i feudal, a 
la vez qne la supersticion relijiosa de los paladines. Com- 
bates interminables, Inchas contra poderosos encantadores, 
i proezas inauditas i maravillosns llenan de ordinario esos 
j>oemn8. Algunos existen en prosa, como el afamado Fie- 
rabros; pero se snpone que son traducciones de antiguas 
obras poéticnd, i pueden considerarse como las primeras 
«ntre las novelas caballerescas, tan en boga en los siglos 
XV i XVI. 

EI segundo ciclo de poemas caballerescos tiene por hé- 
roe,a Arturo, rei de BretaQa, i es conocido indiferentemen- 
te con el nombra de este monarca i con el de la Mesa ra- 
<Ionda. La baja Bretaña en Francin, eomo hemos dicho 
ántes, fiié el último asilo de la lengua céltica en el conti- 
nente^ i de los bardos o poetas galos que celebraban las an- 
tiguas tradiciones. A principios del siciflo VI^ lcs sajones 
iuvadieron la Qran Bretaña; i despues de una lucha, cuya 
grandiosidad han exajerado mucho los poetas, los bretones 
<lerrotados i fujitivos se establecieron en gran número eu 
la parte de la Francía conocida hasta ahora con su nombre. 
La poesía conservó el recuerdo de los últimos combates de 
Ia independencia que el valiente Arturo habia defendido 
oon gran gioria. Ese reyezuelo, qae a la luz de la verda- 
dera historia gi»bernaba solo el pequefto reino de Gales i 
qne era un Jefe bárbaro, violento i pendenciero, fué tras- 
ñgurado |K>r la imajinacion de los poetas populares en una 
«specie de personnje mitolójico. 

A mediados del siglo XII estas tradiciones poéticas re- 
cibieron una forma fija. Roberto Wa ce^ natnral de la isla 
<le Jersey, compuso en Oaen, en N«»rmandía, una larga 
hÍ8tx)ria en verso en que cuenta los hechos de los reyes de 
)a Gran Bretafla casi desde la rnina de Troya hasta el afio 
680 de la era cristiana. Este poenia de quince mil tres- 
* cientos vcrsosy es conocido con él nombre de Ronian de 



172 ELEMENTOS DE LITERATÜRA. 

Brut Cromance de Bruto, por suponer qne un honibre ll«» 
niado BrutOy nieto de Ascanio i Í>Í8nieto de Eneas, fné el 
primer rei de la Gran Bretaña). Wace couipuso un segun- 
do poema casi tan largo como el primero, en que rcfiere la 
historia de los duques de Normandfa ha^ta el reinado do 
Enrique I de Inglaterra. Lieva etita obra el nouibre de 
Roman de Rou (Romance de Roll o Uollony jefe normanda 
que se esfableció en Francia, i cnyos sucesores conquísta- 
ron mas tarde la Inglaterra). Estaa ohms rpanieroQ hi»- 
tradiciones fabulosas consígiiadas sin du<la ántes de es» 
época en los cantos brctones i en las crónicas latiuas; pero> 
la multitud de incidentes relativos nl rei Artun» que se- 
encuentran en el primero de esos |>4)enia8, bau sprvido de 
base a las obras poéticas que constituyen este ciclo. 

Segun el Roman de Brutj el héroc bretou (o gales, del 
pais de Gales) es el ideal de la cabaliería. Hecorre el muu* 
do libertándolo de jigantes i de mónstruos, tiene una cor- 
te brillante en qne celebra grandes fiestas i en que reuue- 
la flor de los reyes, de los barones i de los caballeros.Siéu- 
tanse todos ellos ni rededor de una mesa, que por ser re- 
dt>nda no tiene sitio de preferencia i permite que todos los- 
couvidados sean servidos sin distiucion, cualesquiera que- 
sean su rango i sus títulos. Esos caballeros, como los que^ 
acompnfian a Ctlrlo-Magno, e^tán animados de un pensa* 
roiento relijioso: no se proponen por principal objeto coiu-» 
batir a^ los ^arrncenos, pero en algunas de las obras que 
formau este ciclo, se empeQan en buscar uu vaso sagrado 
{jmnt graal^ hecho tmlo él de una sola piedra preciosa^ 
que despues de haber servído en la última cena del Salva— 
dor, fué empleado para recojer su eangre. 

Pero la principal diferencía entre los poemas de ámbos^ 
ciclos no está allí. Los carlovinjios están animados del es- 
piritu guerrero: no conocen mas que una virtud, el vnlorp 
un solo crímen^ la traicion. Los poemas del ciclo de Artu* 
ro se complican con todos ks matices del amor^ de la cai-^ 
tidud^ deí misticismo caballeresco,* esparcidos sobre m» 
fondo de poesfa i de sentimiento. Esa fábula consiguAdiw 
eu el libro de Wace, abrió un nuevo horizonte a los poetM^ 
i fué enplotada con bastante felicidad i en numerosasobras- 
que han Ilegado hastA nosotros. Chrestien de Troy M,. el? 
poeta mas fecundo i estimado del siglo XII| pasa p<« auT> 



HISTORIA LITERARIA. — EDAD MEDIA. 173 

tordecuatro poemas en que dominan los mismos seuti- 
mientos que caracterizan a las obras de este ciclo. £n ese 
niismo siglOy la tradicion ))oétíca relativa al rei Arturo 
íné consi^nada en prosa, formando así la verdadera uove- 
la caballerescrt. Los diferentes Amadis^ tan famosos en la 
historia de la literfttura de los aiglos posteriores, tienen 
alli su oríjen, i pertencceu al ciclo de la mesa redonda. 

11. — La antigütídad greco-asiática, proporcionó tumbieQ 
s los poetas asunto para sus cantos. Sin embargo, la ma* 
teria suministrada por la antigua civilizacion recibi6 el se* 
llo comuQ en el conjunto de obras conocidas cou cl nombre 
de ciclo greco«aBÍácico. La mas antigua de estas obras es uq 
poema )>roveQzal en que se cuentan las aventuras de un 
caballero llamado Raimundo de Bousquet, el cual ofrece 
macha semejanza cou cl Ulíses de Horuero. Ese poema 
que data de mediados del siglo XI, es el mas antiguo de 
este ciclo; ))ero hai otros posteriores en que se celebran el 
BÍtio de Tr(»ya, la espedicion de los Argonáutas i la guerra 
de'Tébas, con caractéres mui diferentes a los que los |)oe- 
tas de la antigüedad habian dado a aquellos sucesos. Los 
héroes de esas obras son los mismos que figfurau en loa 
poemas de las literaturas clásicas; pero los poetas de la 
edad media los convierten en paladines Ilenos de valor i 
de galantería. Esas obras en que la antigüedad ha sufrido 
un cambio caballeresco, gracias a la ignurancia de los auto- 
res i al gusto decidido Áel piiblico, dejaron huellas profun- 
das en la literatura de la Europa. Sus autores no oonocian 
los escritos de los grandes poetas de la antigí\edad: pero 
habian estudiado los sucesos que cantaban eu escritores 
de segunda o tercera mano. 

Alejandro el Grande^ cnyas hazañas fueron celebradas 
por los ¿rabes, los ))ersas i los armenios, suministró a los 
poetas de la edad media un abundante campo de inspira- 
cion. £n el sigloXII, una Alejandriada en versos latmos, 
obra de Guutiei LÍQualterio) de LiIIe, era enseñada en las 
escnelas; pero a mediados de este siglo, fu¿ compuesto so- 
bre el mismo tema uno de los ))oemas mas cnriosos de la 
aotigua literatura fraucesa. La Chanson d^Alexandre, 

1)oema de mas de veiote mil versos atribuidos a Lamberto 
i Cors (le curt^ el corto) i a Alejaodro de Bernaj, refiere 
la coDquista del célebre rei de Macedonia con una multí- 



1 74 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

tud de aventuras niaravillo^ semejantes a las que 8e en- 
cuentran en !o8 otro8 poemas caballerescos. Los poetas 
dan a Alejandroy por compañeros de sns erapresas, doce 
]mre8, como los que acompaQan a Carlo-Magno, lo bacen 
conquistar castillos encantados i ciudades maguíficaff; i lo 
liacen subir a los aires en nn earro que arrastrnn dragones, 
))ara penetrar despues én los abismos del océano. Alejan- 
dro i todos sus compañeros toman parte eii torneos i en 
íiestas caracteristicas de la edad media. 

12.-?-Lo8 poeraa^s que forman estos tres ciclos diferentes 
fueron sin duda en el principio composiciones breves, com- 
puestas i cantadas por los tmveres o trovadores; ¡ se con- 
servan los uombres de muchos de sus autores; pero nuevas 
jeneraciones de poetas las ensancharon posteriormente co- 
rrijiéndolas í modifícándolas para darles la estension con 
que Iian llegado liasta nosotros. En todas ellas, dominan 
ciertos caractéres jenerales, una gran pasion por las empre- 
sas miIitareSy i por los resortes maravilIosoSy jigantes, ena- 
nos, encantadoreSy animales desconocidos, caballos alados, 
arroas irresistibles. 

13. — Los siglos XI ¡ XII fueron la época de esos poe- 
iiias caballerescos; pero el gusto por ellos se conservó, sin 
embargo, mas largo tiempo. Los truveres, ademas, abar- 
oaron luego un campo mas vasto i compusieron obras no« 
tJibles de imajinacion i de gusto. El siglo XIlI es considé- 
rado con justicia el siglo de oro de la Hteratura francesn 
de la edad media. 

Esta es la época de \o^fabliaux. Con este norabre, di* 
rainutivo de la palabray^i¿¿? (fábula), se desiguan ciertos 
ouentos que los poetas cantal>an de ordínario en los casti- 
Ilos de los feudales para distraerlos en su aislaraiento. £1 
aut^r era WwaíüAo/ableor o /ablier, Estas composiciones, 
escrítas en verso de ocho 8Ílabas, dejan entrever las cuaii- 
da<)e8 esenciales del iujenio frances, la vivacidad, el buen 
Hentido maiignOy la burla alegre, la nitidez de la forma, la 
proporcion. Los fabliaux son a tos poemas caballerescos, 
Ío que la comedia es a la traj'edia. Kefieren un siiCQso di- 
vertidoy se ocupau mucho de mujeres i de maridos, de dé- 
rigos i de fraíle9; i se dispensan de ordinario de ser mora- 
les; rara vez dejan de ser libres i hasta obcenos. Cultivados 
con particular interes en el siglo XII I, han sido iraitado» 



HISTORIA UTERARIA. — ^EDAD MEDIA. 175 

<on frecuencia por los poetas modernos. XJno de ellos titn- 
lado Vilain Ífire (mal médico) ha servido de modelo a 
Moliére para componer su comedia El médioo a su pesar 
i(^Le médecin malgré lui), que ha pasado a la escena espa- 
¿ola con el tftulo de El médico a palos. 

14. — Los poetas franceses de esesiglose ocuparon tam- 

hien del apóÍogOy al cual dieron la denominacion de isopety 

•del nombre del fabulista griego Esopo. Son famosos eutre 

-otros los apólogos ^ompuestos por María de Francia^ poe- 

tiza natural de Compiégne de cuya vida casi no se tienen 

iioticiaÍB. Los truveres compusieron tambien sátiras pican- 

tes que cantaban en todas partes, i que el pueblo repetia 

-con su natural alegría; pero éstas no eran obras de una 

forma distinta i propia como las sátiras de Horacío i de 

J^uvenal, sino apólogos i fabliaux en que dominaban la ale- 

gria i la crítica. . 

Es famoso entre las obras de este jénero un poema co- 
Docido con el nombre de Romdn du RenaH (romaucCy o 
poema del zorro). Basado sobre una antigua composicion 
•<;uyo oríjen se disputan diversos pueblos, adquirió todo su 
nlesarrollo en el siglo XIIL Luego nacieron otros poemas 
-destinados a celebrar el mismo asnnto, que reunidos al 
primeró formarian mas de ocbenta mil versos. Se diria que 
•«I prímer poema es el centro de un ciclo de epopeyas có- 
micas i burlescas que tienen los mismos personajes. El 
:asunto de esta obra es las aventuras de un zorro, en que 
<está representada la astucia^ que recorre toda la sociedad 
fendaly sin hacer de ella otra burla que el contraste de los 
(lersonajes que en el poema son simples animales, i que 
representan en él un papel análogo al que les correspon- 
Ae por sns instintos. El zorro, Ilaraado Goupil le Renard^ es 
^lternativamente juglar, peregrino, médico, caballero, em- 
perador; i siempre bellaco, safe bien en todas las empi^esaff 
que acomete i burla a todos los animales con quienes se 
«ncuentra. 

15. — Esta pasion de alegoria, tolerable cuando encierra 
•un principio satirico, se convirtió en el siglo XIII en un 
verdadero furor. Todos los caractéres de esta clase de obras 
tie encaentran en un poema célebre^ el Roman de la Rose 
<el romance de la rosa) alegoria sábia i fastidiosa de mas 
<de veinte mil versos. en que se trata de saber si el héroe 

13 



t^ 



176 ELEMENTOS DS LITEBATURA. 

]legará a tomar una rosa que ha divisado en un jarclin, que 
denenden veinte abstracciones persooificadas, tales comoel 
FeiigrOy la Maledicencia, la Felonía, la Bajeza, el Odío, i 
]a Avaricia. El liéroe tiene por ausiliares otraa cualidadesi, 
con cuya proteccion Ilega al palacio dél Placery donde en- 
cuentra al Ámor en medio de nn cortejo de personificacío* 
nes. Es fácil presentir cuán fria e inanimada es toda esta 
ihítolojia simbólica. La menor aventura de un ser vivo i 
real Uespierta mas interes que el juego íantástico de todas 
estas vanas nebulosidades. EI Roman de la Rose es la obra 
de dos jeneracionefi. La primera parte fué corapnesta por 
Guillermo d e Lorris, contemporáneo de 8an Luis, i contie- 
£e, apesar íe stfTnonotonía, algunos detalles agradables, 
rasgos de sentimiento i descripcíonesinjeniosas. LaseguQ- 
da parte, mucho mas estensa, es la obra de Juan de Meupg 
(siglo XIV), i se distingue por la erudicíon i eFespiritu 
satfrico. Sú héroe es Falso Semblante, símbolo de la hipo- 
cresín, i sn asunto es todo el siglo con su ciencia, su 00« 
rrupcion, sus prácticas supersticiosas i sus preocupacioDes. 

16.— La poesía lírica de esos siglos nos ofrece tambien 
nna multitud de composiciones lijeras que son casi la obra 
esclusiva de los nobles, de los condes i aun de los príoci- 
pes. EI mas célebre de todos estos grandes señores cancio- 
neros es Thibaut, conde de Champagne, (1201-1253), que 
formó su gusto poético en el estudio de las obras de los 
'trovadores del mediodia. aSus canciones, dice M. ViIIe- 
maip, están escritas en ese idioma setentrional de la Fran- 
cia, en que aparece ya la forma francesa; pero se encuentra, 
8Ín embargo, nn reflejo de los irovadores. Su lenguaje es 
el de la pasion .delicada, el lenguaje de las fiestas i de los 

cantos Thibaut, mezcló en sus versos el jénio de las dos 

naciones i de las dos lenguas Es ia primera reputacion 

clásica, en poesía vulgar, que encontramos en ia Francia 
septentricnal en la edad media: es el primer escritor que 
se cita en todas partes, i cuyos versos puedan oirse i 
leerse.B 

AI hallar un poeta tan notable en el siglo XIII, se po- 
dria creer que en el siglo siguiente la poesfa se desarrolló 
de una manera brillante. Pero esta época no fué mas que 
un tiempo de calamidades i desastres. La Francia, humi- 
llada por los ingleses en los campos de Crécy i de i'oitiers. 






' / 



HISTORIA LITERARIA. — EDAD MEDU. 177 

no podía pensar mucho en sii glor¡a literaria en el monien- 
to en qne su propia existencía estaba en peligro. 

Es menester liegar a los primeros años del slglo XV, 
para encontrar un verdadero poeta, Cárlos de Orleans, nie- 
to del rei de Francia Cárlos V. Cárlos de Orleans qne vi- 
víó en medio de las gnerras civiles, se arrojó en ellas para 
vengar a sa padre que^abia sido asesinado por el duque 
de Borgoña. En la famosa batalla de Azincourt (1415), i 
cuando apénas contaba veinticuatro años, cayó heridoi 
prisionero en poder de los ingleses. Durante los tristea 
ocios de uQ cautiverio de veinte años, compuso el volúmen 
de poesías que lo coloca en el primer rango entre los poe- 
tas de su tiempo. 

Bsta obra es, a juicio de M. 'Villemain, la primern pro- 
dnccíon francesa en que la imajinacion sea correcta i natu- 
ral, en que el estilo ofrezca una elegancia prematura para 
sn tiempo, i en que el poeta encnentre esaa espresiones que 
no tienen fecha, i que viven en la lengua i en la memoria 
de un pueblo. Aunque parezca ligado con aquella escuela 
flutil i alegórica a la cual sirve de código el Roman de la 
Rose^ i aunque con frecuencia aparecen en sus versos perso- 
najes alegóricos, sus obras respiran gracia i sentimieuto; i 
€uando lameuta su ausencia de la patria, es poeta de co- 
razon. 

17. — EI drama nnció en las literaturaa modernaí», c6- 
mo habia nacido entre los griegos, eu medio de las Hes- 
tas relijiosas. Reprodujéronse los suce^os que recuerda la 
historia de la relijion, primero por medio de íignras, i eii 
seguida, por medio de los raismos sácerdotes o de los tíeles, 
que, tomando el rol de los personajeH, traducian ^us pen- 
aamientos i sus sentimientos por medio de la acciou i del 
ienguaje yulgar. Las guerras contra los árabesfuerou otro 
motivo de iuspiracion draniática, de tai suerte oue eu el 
teatro aparecián alternativameute los judios cou lo» roma- 
Dos, i los cristianos cou los sarraccnos. Los ai'tores il-au í 
yenian, cambiando algnnas palabras i trataudo de interesar 
a los espectadore9, mas por sus trnjes i por su accion que 
por sus discurstos. 

£s^as represeutaciones se liicieron mas freeuenles; i co- 
mo intereí»al)au mucho ul pueblo, algunas personas ])íadü- 
8as fundnruu uua sociedad particular, autorizadu pur uii 



1 78 ELEMENTOS DE UTERATURA. 

eiiicto real en 1402, con el t¡tu)o de Qofradia de Lz Pasion^ 
que teoia por objeto la representacíoa de las esceuas mas 
ÍNteresaiites del Antigno i Nuevo Testamento. Estas pie- 
zas tomaroQ el nombre de misterios. Otras dos asociaciones 
vinieron a completar el teatro frances ue ia edad media. 
La JBasoohe (diminutivo bqrlesco de basdica), sociedad 
fundada por los abogados i ajentes subalternos de justicia, 
i los mozos de buen humor (enfants sans sotioi), asociacion 
de estudiantes, ftieron reconocidas casi ea la misma época, 
i representabán piezas de diferentes caractéres, designadas 
con el nombre de moralidades (moralités) las de los pri- 
meros, i de tonterias (soUises) las de los segundos. Las 
moralidades eran piezas alegóricas o representaciones de 
oiertos sucesos de invencion o de las parábolas del evanje- 
lio, como el liijo pródigo, etc; las tonterias eran farsas 
grotescas destinadas a hacer reir haciendo la crítica de la 
^ociedad entera. Las dos últimas asociaciones, aunque in- 
dependíentes entre sí, solian reunirse, i sus producciones se 
confunden de ordinario. Bn todas estas obras, ia inflnencia 
de las tradiciones del teatro antiguo era sumamente débiL 

Los mi«terios ofrecian, pues, la enseñanza de la historia 
de la relijion hajo forma dramática. No son producciones 
tan despreciables como algunos han creido, puesto que en 6\\ 
estudio se han encontrado frecuentes rasgos felices. Per- 
feecionáudose, habrian podido producir la trajedía. íjim 
otras representaciones, por su esfjíritu burlon i satíri- 
co, recuerdau la comedia política de los antiguos, i de 
esos primeros jérmenes, habria podido producirse una ver- 
da<lera xx)media. EI renacimiento iniciado a fines del siglo 
XV, que, haciendo revivir las literaturas clásicas, echó el 
<lesprestijio sobre las producciones toscas e imperfectas de 
Ja edad me<lia, ahogó por entónces estos ensayos del tea- 
íro uacional frances. 

18. — EI desenvolvimiento de laprosafué en Francia, 
€omo de ordinarÍG, posterioral cultivo de la poesía. Los 
<;ronistas escribian sHs obras en latin; i de los sermones 
predicados en lengua vuljgar, como de los tratados relijio- 
«08 que debieron ser comunes en la edad media, no nos que* 
«lan muestras anteriores al siglo XIV. Para la posteridad, 
la Itistoria fué el ánioo jénero literario cultivado cqn bneu 
éxito en prosa francesa. 



HISTORIA LITERARIA. — ^EDJID MEDIA. 17ft 

Uno de los primeros monumeQtos de esta lengua, i la 
primera crónica fraQcesa es larelacion de la conqaÍKta de 
Constantinopla escrita por QnjftfrAHn He^VjllehardoQÍnj ca* 
ballero nacído en Champaña en 1167, que tomó parte óon 
el rango de maridcal en la cruzada que dió por resultado 
el establecimiento de un imperio frances en Constantino- 
])lay i que obtuvo la ciudad de Meftinopla con todas sus 
dependencias. Retirado en esta ciudady ccmpuso esa obra 
que le ha asec^urado el renombre de que goza. Esa crónica 
heroica, escrita con una nohle sezjcillez» inaugura digna- 
mente la série de trabajos históricos de que se honra la 
Erancia. Ese cnadro, por la unidad de su accion, nna sola 
empresa, i porla unidad de tiempo, solonueve años, es una 
especie de epopeya primitiva eu que los hechos i los ca* 
ractéres están puestos en relieve con grandeza i naturali- 
dad. VillehardouÍQ es, sin arte i sin esfuerzo, hiétoriador, 
orador i poeta. 

Este cronista abre el siglo XIII con un líbro justamen- 
te estimado.' Cierra ese período Juan^ sefior de Joinville, 
natnrul tambien de Chainpafla i apjigo de Sao Luis, a 
quien acompañó en muchas de sus espedicionesy i cnya vida 
escribió cou toda franqueza i con toda verdad. Su libro, 
mui notable e importante como documento, lo es tambien 
por su mérito literarío. EI ha curiquecido la lengua fran- 
cesa con una multitud de jiros particulares^ coutribuyendo 
asi a su perfeccion. 

19.— El siglo XIV ha tenido su hiütoriador en el mas 
célebre de los cronistas, Juan Froissact, clérigo natural de . 
Valenciennes, que óonocíalóstorneos i fiestas de su siglo 
tanto como los caballeros i paladines. Se propmao escribir 
la liistoria de su tiempo; pero como necesitaba adquirir 
iaformes positívos^ i como en esos siglos de revueltas i gue- 
rras entre los señores^ en que las relaciones i comunica- 
ciones eran casi nulas, no habia otro medio de asegurarse 
de los hechos que el recorrer las diversas provincias para 
recojer noticias de los hombres mas intelijentesy Froissart 
se hizo caballero errante, visító la Escocia, acompaQó al 
principe negro a Aquitania, Burdeos i Espafia, volvió a In- 
glaterra i, en seguida visitó la Italia con el duqne de Cla. 
reoce. Ál paso que recojia i apuntaba todo jénero de uoti- 
ciasy compoQÍa versos delicadós^ canciones galantes i 



180 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

romnnces Iieróícos. Pero su obra monumenfcal es la Cróni» 
ca de Francia^ de Inglaterra^ de Escocia, de EapaJla ide 
Portugaly obra estensa en que ocupan el lugar mas impor- 
tante ias doa prímeras naciones, pero que casi puede con- 
fiiderarse la historiii universal de la major parte de sa 
8¡glo(del326 a 1400). 

cLas pintnras de la vida feudal^ dice M. ViIIemainy tra» 
zadas por Froissart» presentan todos los contrastes de rn» 
deza i de cortesfa caballerescay de barbárie i de humanidad. 
IJna inñnita variedad nace de su natural exactítud. Sa 
alma es un espejo en que se refleja toda la e^ad media... 
El rei Juan, prisionero en la tienda del prfncipe de GraleSy 
ofrece una pintura admirable.... En ciertas descripciones 
de batallasy es verdaderamente homéríco. No se podría 
descríbir coa mas vigor esos choques de hombres armados 
que se atacan. Llegais al castillo de Gaston de Foix» i 
veis que es im'posible pintar con mas gracia la vida ociosa, 
las delicias, las fiestas de esta corte. Pasaijs a Espa&a, i la 
tiranía de Pedro cl cruel, el atrevimiento de Enrique de 
Trastamara^ el jéniodel Prfncipe uegro, se presentan delan- 
te de vosotros. Entrais a Francia^ i la prudencia de Cárlos 
Yy su actividady su ndministracion, están descritascon cui- 
dado. Grandes acontecimientosy anécdotas familiares, na- 
rraciones diversas, todo se mezcla i se sucede sin confa- 
sion.» 

La Gróiiica de Froissart, por su animacion i su colorido 
es única para conocer la edad media. 

Tras de Froissart, aparecieron muchos otros historia- 
dores de menor mérito. Uristina de Pisan, poetisa íransesa» 
aunque nacida en Yenecla, compusolíambien una HUtoria 
de Cdrlos V^ que se consnlta todavía con interes. Pero éstay 
como los otros historiadores de su tiempo i de la primera 
mitad del aiglo XV, no alcanzó a dar a la historia ni el 
color, ni la animacion que abundan en la famosa O'ónioa 
de Froissart. 



MM 



CAPÍTULO VI. 



i/ 



/ Llteratara espaflola 1 portasn^sa, 

L^Orljen de la lengaa española; los iberos.— 2. Los celtas, los fenicioa 1 
lo8 cartajine8e8.~-3. Los Tomanos. — i, Los godoB.>-5. Los árabeá. — 6. 
Fonnadon de la lengua castellana. — 7. Diversos elementos que la oom- 
ponen.^. Bl Poenia dól Cid. — 9. Otros poemas. — 10. Gk>nzalo de Ber- 
ceo. — 11. Joan Lorenzo de Segara. — 12. Don Alonso e1 sábio; Las iiete 
partiéas. — 13., Otias obras de don Alfonw; la Oróniea jeMraÍ, laa C&n- 
tigas i 1a Gmquinta de ültramar, — 14. El infante don Juan Mannel. — 
15. Juan Ruiz; arcipreste de Hita. — 16. Don Pedro Lópes de A jala; sus 
obraa — 17. Bnbbi don Sftntob. — 18. £1 Poema de Jmé. — 19. Monmien- 
to litemrío en el siglo X7.^20. El marques de Víllena.— 21. Don Ifti- 
go IiO{)ez de Mendoza, marques de Santillana —22. Juan de Mena.^ 
23. Jorje Manrfque. — 24. Los Caneioneros; carácter jeoeral de las poe- 
BÍas que contienen. — 25. £1 Romanoero* — 26. Romances cabaDerescos. 
•^27. Bomances históríco8.~28. Bomances moríscoa. — 29 Bomances 
de oostumbres — 30. Bomances sobre la antigiiedad dásica. — 31. El 
Centon epistolario. — 32. Feman Perez de Ouzman i Hemando del Pul- 
gar. — Só. Las crónicas. — 34. Alonso de la Toire. — 35. Bl idioma portu- 
guea. — 36. Prímeros poetas portuguesea — 37. Primeros prosadores. 

1. — La cuestion de saber cnál fné la lengua prímitiva 
de Eflpaña ha sido discutida durante lar^o tíempo sin qne 
86 haya podido llegar a x^onclnsioues definitivas. Entre las 
opiniones vertidas sobre este asunto, se ha Ilegado a decir 
qüe la lengua castellana, tal como se hablaba en Iia edad 
inedia^ era coutemporánea del latin, i aun, que este idioma 
había tomado de aquella alguna de sns voces i de sus for- 
mas. Una antigüeaad semejante^ se ha reclamado tambien 
para el italiano i para el frances; pero esta opinion acon- 
Bejada por una vanidad nacional^ ha sido desatendida jene« 
ralmente. 

La fíliacion de la len^ua española o castellana es mas 
OBCura que la de cualquiera otra lengua de Europa. £1 país 
qae boi se conoce con el nombre de Espafia ha esperimen- 



182 



ELEHSNTOS DE LITERATX7BJL. 



tado^ mas qae otro algnDO de la Europa modernay revolD-* 
ciones i cambioa qne han dejado rastros permaneDtes eD sii 
poblacioD^ CD su leogoa i eo sa literatura. Ocapado alter- 
DativameDte por hombres de razas difereDteR i de leagaa» 
opuestas^ todas ellas haa ejercido uaa ÍDflneDcia sucesiva 
sobre el idioma Dacioaal hasta dejarlo defiDÍtivamente- 
coDstitnido despues^de mas Je dos mil años de cambios i 
modifícacioDes. 

Se coDsidera jeneralmeate a los iberos como el pueblo* 
primitivo que pobló la peDÍDSula española. Por desceo'* 
dicDtes de ellos sod teoidos los vascos, que despues de 
ocupBr todo el dilatado territorio de aquel país^ se recon- 
ceDtraroD en las rejiooes vecinas a los PirÍDeos^ Qooser* 
vaado hasta ahora ud idioma propio, del cual se eDcnen- 
tran^ 'síd embargo^ alguuos vestijios ea el castelIaDo mo- 
derao. 

2. — LfOS primeros ÍDvasores de la EspaOa fneron los cel* 
tas, pueblo de oríjen asiático, que habia ocnpado tambien la 
Gaíia. Parece que despues de largas luchas con los anti- 
guos dominadores^ se refuudieroD las dos razas i las dof^ 
leDguas; pero eu las montañas del Dorte, se coDservó el 
ibero o vascuense en toda su pnreza, hablado por tribu» 
varoDÍles que se defeudieroD victoriosaraeDte coatra la in- 
vasioD. El idioma de los celtas se trasluce todavia en el 
eastellano, así como en el frances i en el italiano, aunqne 
lijeramente en todos ellos. 

Las revoluciones posteriores de la lengua espaQoIa so» 
mas recientes i como tales mucho mejor conocidas. Lo» 
fenicios, el pueblo mas comercial de la autigüedad^ recono- 
cieron las costas de Espafia i esplotaron las minas de me* 
tales preciosos que eotóuces abnndaban en la peninsnla. 
Durante largo tiempo ellos fueron los únicos que tnvieron 
uotieia de esas riquezas: para ntilizarlas fundaron colonias. 
i junto con sn comercio ÍDtrodujeroD sus costumbres i su 
lengua en una gran parte de la reyion del sur. 

Has influencia que los fenicios ejercieron todavia los car- 
tajineses sobre la lengua i lab costumbres de los espafioles. 
Habiendo recorrido las costas de la península como sim* 
ples comercianteSy fundaron tambien colonias que defen* 
dian con fuertes guarniciones para imponer a la poblacion 
indíjena; pero despues de la primera guerra púnica, em- 



HISTORIA LITERAIIIA. — EDAD MEDIA. 183 

prencIieroQ su completa conqaÍBta i ocupacíon. Por los afios 
227 ántes de la era cristianay los cartajineses eran duefioa 
de casi toda la rejion del sur de Eapaña hasta las oriUas 
del Ebro. Su lengua prodnjo, como debe suponerse, una 
notable revolucion entre los idiomaa que se hablaban en la ' 
península. 

3. — Es sabido que 1a dominacian cartajinesa en Espafia 
no fué de larga duracion. Los romanos, despues de una 
larga guerra, vinieron a snplantarlos, i a establecerse defini- 
tivaroente en la penínsulay imponiendo nl mismo tiempo 
8u lengua así como su civilizacion. Encontraron en Espa- 
fia mnchos idiomas diferenteSj díez, segnn el historiador 
italiano Luitprando,.qne vivia en el siglo X; pero esta 
misma diversidad de lenguas favoreció su estincion, como 
las divisiones políticas favorecieron el sometimiento de 
todo el país. Habria sido sin duda mucho mas diftcil des* 
terrar una lengua únicn, comun a todaa las parfes de la 
poblacion, queesa multitud de dialectos quo no tenian la 
fuerza de nn lazo nacional ni el interes de nna literatura. 
Estas circunstancias esplicsn el progreso del latin de la 
península, de tal modo que en iiinguna parte^ fuera de la 
Italia, la lengua latina fué cultivada tan jeneral i tan 
felizmente como en Espafia. Hemos dicho ya que este país 
produjo muchos escritores que, como Quintiliano, Séneca, 
Marcial i Lucano, honraron las letras romanas durante el 
imperio. El latin mantuvo su 'preponderancia hasta el si- 
glo V de nuestra era; pero es probable que al lado de esta 
lengua existieran diaíectos vulgares, o a lo ménos un latin 
oorrompido hablado porel pueblo. 

4. — Cuando los bárbaros del norte vinieron a reempla- 
zar a los ro'manos en su dominacion sobre el suelo espa- 
fioly adoptaron la lenguaen el estado en que la encontra- 
ron« Los godos, sobre todo, ae inclinaban mas a tomar las 
costumbres i el idioma de los vencidos que a imponerles 
los suyos; pero no pudierou despojarse completamente de 
su propio idioma sin dejar huellas profundas en el que se 
hablaba en Espafia. Las lenguás de oríjen jerraánico cam- 
biaron despnes la fisonomla de la lengua espafiola, ya séa 
por la introduccion de nnevas voces, ya por la modifícacion 
de la estructura gramatical. Los godos, como los demas 
pueblos rudos, aprendian con facilidad palabras aisladas 






184 ELEMENTOS DE UTE&iLTURA. 

de una lengua mas perfecta qae 1a suya; pero 1e« era maa 
dificü entender el espíritu filosófico de su gramática. Afli, 
pueSy al paso que adoptaron libremente el estenfio i rico vo« 
cabulario de ia lengua iatina, amoldaron sua complicadas i 
artificiosas formas al mecanismo mas BenciIIo i natnral de 
sns idiomas nativos. 
V 5. — Cuando se consumaba esta revolucion, la EspaQa foé 

^ presa de una invasiou rá))ida e imprevista que amenasaba 

destruir los restos de la civilizacion antigua que aun qae- 
dabanen pié o los que habian fiurjido bajo los últÍQ^os do- 
minadores. A principios del siglo VIII^ los árabes se 
apoderaron de la España i arrojaron a loe visigodos i «a 
influencia^ espulsándolos por un lado hácia las costas del 
Atlántico, en las montañas de Asturias ide Galicia, i por 
el otro hácia los Pirineos, en los valles de Aragon. Mucho 
mas civilizados que las hurdas jermánicas, a las cuales 
reemplazaban en la dominacion del pRi's, los árabes traian 
consigo unalengua que era el objeto de una brillante cal- 
tura, i que por lo tanto ejerció su influencia en la forma- 
ciondel español. EI árabe se estendió rápidamente en toda 
la España i fué adoptado aun por algunos príncipes cris* 
tianos. Un escritor español, que escribiaen latin^ en Gór- 
dobai por los años de 854, dice qüe entre míl cristiauos era 
difícil hallar uno qne supiese escribir una carta latina, al 
paso que muchos componian versos en árabe. Uu obispo de 
SeviIIa tradnjo la Biblia en lengua árabe para ponerla 
al alcance de los cristianos. EI idioma de los conquistadores 
Ilegó a ser^ pues, la lengna de las cieucias i de la jeote 
culta. 

6. — Pero al mismo tiempo^ se mantenia en pié el anti- 
guo idioma vuljgar en las provincias del norte que no 
dominaron los conquistadoreSy o que poco a poco fueron 
sustrayéndose de su dominacion. £1 aislamiento en qa^ 
vivian los cristianos i la ínfluencia de diferentes elementos, 
dieron lugar a la formacion de diversos dialectos derivados 
mas ménos del latin, i qué, como taIeS| recibieron el 
nombre de romanos o romances. Durante la Incha entre 
los cristianos i los musulmanesy hubo tantos dialectos como 
distintos estados politicos; pero comenzaron a agruparse i 
refundirse a censecuencia de la reunion gradual de las 
provincias, i por tanto^ a disminuir el número a niedida 



HISTORIA UTERARU. — ^EDAD MEDIA« 185' 

<|iiede8aparec¡an las dívisiones políticas del pais. A prín« 
<:ipio8 del siglo Xíl, todos estos dialectoa podian reducirse 
«tres principales: losde Catnluña i Valenciay que traian 
tsu oríjen del provenzal o la lengna de oc; el gallego, naci- 
4o en la costa occidental de la penínsuUy i que dió orfjen 
al portugues; i el castellano propiamente dicho que, naci- 
<lo en las montañas de Gastilla la viejai siguió invadiendo 
:al snr de la península tan luego como los árabes iban per- 
<liendo el territorío conquistado. Esta preponderancia de 
<ese dialecto sobre todos los ctros es debida a la importan- 
cia del papel que el pueblo que lo hablaba desempefió en 
la guerra contra los musulmanes. Cuando los cristianos 
<lel norte, despues de una lucha tenaz i prolongada, logra- 
ban reconqnistar palmo a palmo el suelo de la patria, 
iban estendiendo lentamente su idioma entre aquellos de 
«U8 compatriotas qne habian vivido bajo el yugo de los 
árabe?, i rccibiendo de éstos las voces arábigas que pasa^ 
ron a forniar parte del espafiol. 

Mo es fácil íijar la época en que se consnmó esta revo- 
tucion; pero todo hace creer que fué lenta- e insensible. El 
mas autiguo documento que ha Ilegado hasta nosotros en 
€8ta lengua es la confirmacion de los fueros de Avilés, en 
AsturiaSy hechnen 1155 por Alfonso VII; i por lo tanto 
por mui lenta i oscura que haya sido la formacion del cas- 
tellano, se puede aeegurar qne a mediados del siglo XII 
faabia conseguido ya elevarse a la categoria de leugua es- 
«rita, i figuraba en los docuraentos públicos importantes 
<le aquel tiempo (1). Conocida primero con el nombre de 
ffomance, esa lengua tomó luego la denominaciou de espa- 

(1) Aunque se hü puestó en duda la autentícidad de este documento 
«iV. el volümea publicado en Madrid en 1865 con el título de Elfuero de 
Avilés por don Aureliano Femandez Guerra i Orbe), conaerva su crédito 
<omo uno de los monumentos mas antíguos de la leugua castellana. Va- 
JDM a copiar tin fragmento para que los jóvenes conozcan algunas lí- 
de loB primerofl euBayos escríto% en idioma español. 
<Hom qui so aver perder, si aoepecta over de suo vezino, et homo leal 
r vezino que ladron non siat de altro furto provado per concilio, 8ál> 
'vese per sua cabeza, et non lide por en. £t si homo fur qui leal non sit, 
^ae altí'o f urto aia f acto on provado sea per concilio, def éndase per lith. 
Kt si lidiar non quiser, leve ferro kaldo: et si se cremar, pectet illo aver 
«um suas novenas al don del aver, et sólidos X per las tangantes al 
snaioríno. £t si mulier fur que in altro furto sia prisa provada per oon- 



W 



186 ELEIIEXTOS DE LITEBATURA. 

fiol, del paeblo qne la nsó; i ha sido llaiuada despaes cas- 
tellano, por aqnella parte del pais en que se perfeccionót 
onyo poder político predominó maa tarde. 

7. — Esa primera mnestra de nuestra lengua revela la 
preponderancia del latíti.. Diversas veces se ha trarado de 
saber la proporcion exacta en que cada una de las leDgoas 
componentes contribuyó a la formacion del castellano, m 
arribar a un resultado defíijiitivo. Un erudito espaílol, el 
padre frai Martin Sarmiento, qne estudíó detenidamente 
este asunto en el siglo pasado, es de cpinion que divididas 
las voces castellanas en cien partes iguales^ sesenta bod 
latinas pnras o corrnptas, diez eclesiásticas o griegas, dies 
septentrionales (célticas, visigodas, etc.y etc), diez orieDta- 
les (arábigas), i las otras diez son voces de las Indias 
orientales u occidentales, alemanas o del lengnaje de los 
jitanos. Es jprobable que este cálculo no diste mucho de la 
verdad; pero en él falta el elemento vascuense, i tal ves 
80 da al árabe mas importancia de la que realmente tiene, 
porque durante mucho tiempo se atribuyó a la lengua i a 
1a civilizacion de ese pueblo una inflnencia exajerada. Sea 
de e^to lo qne se quiera, hai un hecho indudable, i es qae 
el oríjen principal^ el cimiento^ por decirlo asi, del castella- 
no, se encuentra en el latin. 

8. — Los primeros frntos de esa lengua i de esa literatn- 
ra nos son completamente desconocidos. Es probable que 
la musa castellana se ejercitara desde tiempos mui antí- 
guos en la poesfa lírica, i particularmer.te en los cantos 
heróicoB para recordar las proezas de los campeones qne 

cillo, leve ferro caldo. £t ai marito aver o porente o filio, que la defendA 
et 11 th per illa: et si vencido fur, pectet la aver cum suas noveiias, et X 
sólidos a maiorino per suas tangantes.» 

Traduccion. — El hombre que su haber perdiere, si tuviere sospecl» 
de su vecíno, i si el vecino fuere hombre leal que iio sea acusado de otro 
hurto probado por el consejo (por decision del cousejo), sálvese sn persooA 
i no lidie por esta causa. I si fuere hombre que no sea leal, que haya 
hecho otro hurto i que sea probado por el consejo, defíéndase por lidia 
(por duelo judicial). I si no quisiere lidiar, Ueve un fienx> candente; i si 
se quemaren pague aquello con sus nóvenas (nueve veces su^valor) al doe* 
ño> del haber, i diez sueldos por los honorarios al juez. I si fuere mujer 
que en otro hurto probado por consejo fuere tomada, Ileve fierro cand^- 
te. I si tuviere marido, pariente o hijo que la defienda, lidie por ella: 
i si fuere vencido, pague el haber con sus novenas, i diez sueldos al juez 
por -suB honoraríos. 



HISTOBIA LITERARIA,— BDAD MEDIA. 187 

brilIaroD en la guerra contra Iob moros; pero eeas produc^ 
GÍones no han llegado ha^ta noEotros^. de manera que la 
posteridad considera como el monumento mas venerable 
de la literatüra castellana un poema de mas de cuatro mil 
versosy quehadebido serpi^ecedido por muchas otras obras 
de menor aliento. 

Como las Chansons de ge»ta de los truveres franceses, 
que indudablemente fueron conocidas en Espafia desde una 
época mui lejana^ ese poema tiene por objeto el recordar 
las hazañas militares consignadas en la memoria del pue- 
blo. Su héroe es Bodrigo o Rui Diaz de Yivar, mas cono* 
cido con el nombre de Cid Campeador, cuyas proezas en 
la guerra contralos moros tienen tanto de Ía historia como 
de la fábula, i a quien la posteridad eonsidera defensor de 
la Espafia contra la invasion musulmana, def tal modo 
que su imájen i su nombre han Ilegado a apoderarse de la 
funtasía i del carifio de sus conciudadanos hasta el punto 
que la historia i la tradicion se complacen en rodearla con 
uoa larga Férie de hechos fabulosos, dignos solo de los 
paladines de los libros caballerescos. 

EI poema del Cid Iia sido considerado por algunos crí* 
ticos una obra puramente históricay una crónica rimada; i 
en efecto escasean en éi las ñcciones poéticas que abundan 
en las obras de los tiempos medios. Sin embargo, está de- 
mostrado hislóricameute que algunos de los hechos referi- 
dos allí no han podido verificarse; i por otra parte domina 
en todo el poema cierto colorido romántico que se aviene 
inal con la historia. No se busque en él la unidad de ac* 
cion: solo se hallará Ih unidad de héroe, el Cid, que toma 
parte en empresas diferentes, que vence i arroíla a los sa- 
rracenos eu todas ellas i que se hace respetar de su ])ropio 
rei por ia rectitud de sus acciones i por la prudencia de 
r$u8 consejos» EI carácter del Cid^ que se desprende noble 
i majestuoso del roedio de una fábula mui complicada i he- 
terojénea^ es una verdadera obra maestra. En todas óca- 
siones se muestra <ibuen amigo^ desinteresado i jenerosoy 
comedido i obediente siibdito de un rei que le habia trata- 
do mal, dice un crítico espafiol, don Eujenio de Tapia. En 
lascortes de Toledo aparece como un hombre superior a 
cuantos le rodean. EI rei i los infantes le acatan; todos 
le miran con asombro; i él^ sin orgullo, sin exajcracion^ se- 



188 ELEMENTOS Dl UTKRATÜRA. 

reno como el águila que vaela sobre la nube fx^rmentoBa,, 
presenta sa queja, pixie satisfacciony la alcanza í raelvei^ 
Valencia a norir en el seno de sn adorada esposa, cercado 
de gloriosos latireles.]» No faltan en el poeroa pasajes no- 
tables por el vigor i colorido, i a veces por la aniinaciott 
del relato; pero se notan muchas transiciones, i sobre todo- 
violentas divisiones en la accíon i en la manera de contar- 
la. <rÁan se leeria Iioi con gnsto esta oomposicioo, conti- 
iiúa Tapia, sí el estilo correspondiese a la elevacion del 
asunto; pero desgraciadamente ^es prosáico i aun vülgar 
en la mayor parte, aunque de ciiando en cuando agrada 
por cierta naturaiiilad niuí conforme a las costumhres de^ 
aquellos tiempos. Tambien tiene a veces el estilo cierta 
enerjía, señaladamente en la descripcíon de los combates; 
mas este fuego se apaga bien pronto, i vueive a reínar I» 
prosa monótona, fria i cansada. Digo prosa, |)orque no so- 
Ío falta el colorido poético, sino porque en realidad no hat 
sistema alguno de versifícacion, sino rengloues desigualeSy. 
un€i8 veces de doce silabas, otras de catorce, de dieziseis, t 
aun mas^ segun conviene al autor para cx>ncluir un período. 
Ya toma un asonante, i lo sigue hasta que le oansa, ya itn 
coQsonante^ i hace lo mismo^ o mezcla unos i otros a st» 
antojo.]» 

£1 oríjen de este poema es completámente desconoc¡(I<v 
para nosotros. Conservado en un manuscrito al cual faU 
tan algunas hojas al principio, una en el medio i alguna» 
líneas sueltas en diversas partes^ solo fué dado a luz por 
medio de la imprenta en 1779, i reirapreso despues dos ve- 
ces mas; pero siempre con groseros errores, nacidos ya ile 
la copia únrca que existe, ya de eqnivocaciones de sus di- 
ferentes editores. El primero de ésto.*', dou Tomas Antonio- 
Sanchez, fué el que le dió el nombre de Poema del Cidy 
con que se conoce esta obra. 8e ignora el nombre del au- 
tor; i aunque al fin del manuscritu se hallan estas pala» 
bras: Pero Abat lo eitcri6ió, se supone con fuudamento qufr 
é»te fué solamente un simpie copista. Las mismas dunas 
exipten respecto de la antigüedaddeestaobra: don Andres- 
Bello, que ha estudiado mejor que otro alguno esta cues* 
tion, cree que el poema en su forma actual, no se compnso 
ántes del síglo XIII, ni probablemente ántes de 1221. AU 
guuos críiioos distiuguidos hau Ilcgado a creer que esle 



HISTORIA LITEBARIA. — EDAD MEDIA. 189 

poenia, en que, conio hemos dicho, se deacubren ciertas 
tranHÍciones en la accion í en el relato, es formado de can- 
to8 sueltoB, compuestos por diversos autores i reunidos 
deapues con algun método, pero sin poderle dar 1a unidad 
indispensable en una obra de esta clase. 

9.— De esta misma época datan sin duda tres poemas de 
autores desconocidos, ^ue solo fueron publicados cn 1841« 
Eo el primero se cuenta la historia fabulosa de Apolouio 
rei de Tiro, i constitoye una especie de poema caballeresco 
del ciclo greco-asiáticoy lleno de aventuras guerreras i ma- 
ravillosas. El segundo refíere la vida de iSanta-Marla Ejip- 
ciaca^ i forma un poema concebido con espíritu relijioso 
en que está contada la vida de esa mujer piadoaa^ tan co- 
nocida i venerada en otro tiempo^ con los caractéres que 
hacen desagradable i cKocante la historia de las Hvianda- 
des de sus primeros sños. La crftica ba creido reconocer 
en esta obra uua imitacion de algunos de los antiguos/a- 
bliavx de la literatura francesa. El tercero tiene por obje- 
to la adoracion de los reyes magoa, con algunos hechos re-> 
lativos a los primeros afios de la vida de Jesus, consignados 
en el evanjelio i en la tradicion piadosa de la Iglesia. Estas 
tres composiciones, de las cuales la mas estensa i la mejor 
es la primera, adolecen de la roisma aspereza de versifica- 
cion del poema del Üid, pero se nota eu ellas mayor per- 
feccion en la lengua i un esfuerzo para modificar la estruo- 
tura de la estancia i del ritmo. 

10. — HemoB dicho que todas esas obras son anónimas. 
Una cosa idéntica ocurre en la literatura primera de las 
otras naciones de Europa, porque la gloria literaria era 
poco codiciada i estimada, i los escritores no tenian mucho 
interes en poner su nombre en las obras que componian. 
£n el siglo XIIJ, sin embargo, la literatura cfipañula pro- 
dujo do8 poetas, de cuya vida se conocen algunos hechos^ 
que se encuentran consignados en sus propios versos. 

Uno de ellop, llamado G o nzalo, clérigo secular agrega- 
do al monasterio de san MlíttanTo Emiliano, en la diócesis 
de Calahorra, i apellidado Berceo por el lugar donde na- 
c¡ó| escribia por los afios de 1220 a 1246, i compuso nueve 
poemas sobre diversos asuntos relijíosos, sacados de la his- 
toria de la madre de Jesucristo, i de la vida de algunos 
santos. Con escepcion de algunos pasajes, todos estos poe- 



190 ELEBCENTOS D£ UIEllATUIüL 

mas eetáo escritoe en estancias regalares de cuatro versoa 
inouorrimicos; i aunque su versifícacíon eea de ordinario 
bastante imperfecta^ i su estílo trivial i aun bajo, se en- 
cuentran trozos de verdadera poesía. Es notable sobre todo 
uno titulado el Duelo de la vírjen, en que se refíeren los 
dolores i tormentos de la madre de Jesus, durante la pa- 
sion i muerte de su hijo. 

11. — EI otro poeta a que nos hemos referído es Jji&a 
Lorenzo de Segura, clérigo natural de Astorga que vivia 
a mediados def sigJo XIII, i que compuso un poema como 
de diez mil versos para celebrar las hazaüas de Alejandro, 
rei de Macedonia. Formado sobre el poema latino de 
Gautier de Liile, i el frances de Lamberto li-Cors i de 
Alejandro Bernaj, el poema de Segura es solo un roman- 
ce caballeresco en que el famoso ret de Macedonia aparece 
oon el carácter i las inclinaciones de uu caballero andaute, 
i acomete empresas sobrehumanas de las que sale con 
frecuencia por medio de resortes maravilloios. Tanto el 
poema frances como el castellano han dado orijen en sos 
respectivas lenguas a la denorninacion de un verso^ el 
alejandrino, de trece sílabas en frances i de catorce en cas- 
tellauo. Aunque la versifícacion de Segura no posée flexi- 
bilidad^ i aunque su obra sea una narracion prosaica de 
aventuras que se aparta poco de los dos pbemas que le 
sirvierou de modelo, es un docuraento importante para la 

^ historia de la literatura castellana. 

> 12. — La prosa hizo en el siglo XIII progresos mi^ só- 
^*lido8 i rápidos que la ]K>esia. No pu^de establecerse nin- 
guna comparacion, sea por el fondo sea por la forma, entre 
la mejor composicion poética de este siglo i la recopilacion 
de leyes formada por Alfonso X , bajo el título de Zé€U 
^iete partidcís, 

Este prlncipe, que por unánime consentimiento recibió 
el nombre de BÚbiOf con que es conocido en la historia, 
habia nacido para el cultivo de las ciencias i de las letras^ 
mucho mas que pai*a et gobierno de vasallos orguUosos i 
turbulentos* «Coi\tempIaba el ciélo i miraba las estrcllasy 
dice el historiador Mariana; mas en el entretanto perdió la 
tierra i el reino.i» Dnrante un reinado turbnlento i ajitado 
€on guerras esteriores i con la rebelion de su propio hijoy 
Alfonso el sábio se ocupó mas de la ciencias i de las letras 



HISTORlA UTERARIA.— EDAD MEDIA. 191 

que de los negocios poli'ticos; i si en el ^obierno de sos 
estados no llevó ii cubo empresas tan iniportantescomo 
ai«;unos de sup Hhlecesores o de sus deceudientes, dió sii. 
nombre a nn precioso cuerpo de leyes i a otrns obras que 
son un motivo de orgullo para las letras espaQolas de la, 
edad media. 

El libro conocido con el nombre de Las $iete partiJcts 
es un cuerpo de leyes ibrmado de las decretáles de los 
papas^ de los códioros romanos pubücadoB bajo el reinado 
de Justiniano i del Fuero Juzgo^ antiguo código espaüoi, 
Indudablemen'te, don Alfonso el sábio asoció a sus trabajos 
nunier(»so8 colaboradores, cuyaH tareas dirijía personalmeu* 
te; pero aun despues de eruditas discusiones sobre este 
punto, no se puede asegurar si la redaccion de la obra le 
pertenece. Las partidas no son una compilacion de leyes i 
de estatutos, ni un código como los de Justiniano o los de 
los pueblos modernos. Son mus bien unaFériede tratados 
sobre la lejislacion, la relijion i la moral, divididos se«;oii 
la inateiirtAen partes (partidas), títulos ¡ leyes. MHcha:» 
veces éstiis no tienen forma imperativa, sino que discu- 
teu tos principios morales en que están basadas lus le- 
yes, o dan algunas noticias de las opiniuues i húbitos de 
aquel tierapp, lo que hace de aquella recopilucion una nii- 
na curiosa e iuagotable para el estudio de lasaiitigüedadea 
espafiolas. Las partidas, sin en)bargo, encierriiu un sisfe- 
ma completo de leji^lacíon eclesiástica i civii, deslindando 
los debcres reiativos de un rei i de sus stíbiliitAvs, las rela- 
ciunes de )a igle^tia i del e^tado, i lu organizaci(»n de U% 
/amilia i de la sociedad. líse código rechnzado por largo 
tiempo en varias provincias i ciudades, queostaban rejidas 
por fueros especiales, fué nms tardo la lei invocada i reco- 
nocida por muchos siglot» en todos los dominios enpa- 
fioles. 

Si por su fondo Lassiete portiffas fon el resúmen de la 
ciencia politicn i social del siglo XIII, por hu ebtilo son 
superiores a to(h» !o que hasta entóuces habia jiroducido 
la prosa ^fiparuíln; i nun se puede afirnnirque hasta media- 
dos del fíiglo XV, esa prosa no produjo nada qne mereaca 
compnrársele en purezn, en vigor i en elevacion. 

13. — Eutre las obras atribuidasa aquel rei, hai una qtie 
iguala a ese código en importancia littrariu, si uo en vator 

14 



^ 



192 LEMJiNTOS DE LIT¿RATURA. 

inoral. La O'ónicajeneral de España^ la mas antígua i la 
inas interesante de todas las crónícas espafiolas, es tambiea 
el primer tmbajo de este jénero que haya sido hecbo ea 
una lengua moderua. Compreude desde la creacion del 
roundo hasta la muerte de Fernando III el santo, padre de 
Aifonso el ^ábio, i constituye un monumentx) curíoso bajo 
cl punto de vista puramente hístórico, i como un resúmea 
^le las invencioues poéticas que se hau mezclado a la his- 
toria. Los autores que trabajaron esta Crónica bajo la di- 
reccion del monarca, puesto que no es posible suponerque 
este mi)$mo la haya redactadoy tenian la intencion séria de 
escribir la historia de su país^ i para elio consultaron los 
fuentes que podian conocer; pero faltáudoles todos los da- 
tos apetecibies, aceptaron las tradiciones conservadas ea 
íos cantos popularesi'sembraron su libro de narraciones 
poéticas embellecidas por la imajinacion i alterada por 
recuerdos remot^s. De odos modos i apesar de este defecto^ 
la Cromca atribuida a Alfonso el sáiño es la ñnica íuente 
de ná)t¡cias de una gran parte de la historia de Espafia^ i 
esti escrita con una injénua i agradable sencitlez que le 
han merecido el alto lunor de ser ccmparada al libro de 
Heródoto. 

Con cl nombrede Alonso X han Ilegado hasta nosotros 
algunos tratados cientiBcos sobre la astronomía i la alqui- 
mia, en los cuales los criticos modernos no Itan visto mas 
que uu reflejo de la ciencia de los árabes de Córdoba, al- 
gunos de los cuales vivierou en Toledo en la corte misma 
del rei sábio. Con el nombre de Cántigas se conoce uua re- 
copiiacion de cantos compuestos en honor de la vírjen i 
escritos cn gallego. Se le atribuyen con méuos fuudauieuto 
otras obras en verso castellano; i una estensa historia de 
laa cruzadas, mitad romanesca, mitad histórica, conocida 
con el nombre de la Oran conquista de ultramar^ que, sin 
embargo, no parece ser mas que la traduccíon libre de una 
antigua crónica francesa en que la historia está confundi- 
da con las difusas fábulaá de la mitolojía caballeresca. 

14. — EI siglo XIV en Espafia, como en Francia es uua 
cdad de discordias i de sangre. Luchas fratricidias ensan- 
grentaron los campos de Castilla: la violacion de !as leye^ 
divinas i humanas^ la cousumacion de grandes crimenea 
turbaron la tranquilidad pública i detuvieron en su desa* 



HISTORU LITERARIA. — EDAD MEDIA. 1 93 

TroHo la literatnra qae habia comeDzado a tomar nn gran 
Tuelo. Las letras, sin erabargo, se cuItÍTaron en aquel si* 
^lo por diversofl escritoreB, sobre todos los cnales dominan 
<1 infante don Juan Manuel i Jaan Ruiz, mas conocido 
•con el nombre de arcipreste de HitA. 

Don Juan Manuel era nieto de Fernando III el santo, 
rei de Castilla, i sobrino de Alfonso ei fábio. Fué rejente 
4el reino dnrante la inir.oridad de Álfouso XI, i Ilevó nna 
vida ajitada por las contiendas civiles i por la guerra Con- 
tra lo8 moros. En raedio de estos afanes i tra'bajos, com- 
puso nn grañ número de obras, algunas de las cuales se 
han perdido desgraciadamente; pero han Ilegado otras que 
nos dan a conocer su jénio i su ihistracion. La princípal 
de todas éstas tiene por título El conde Luoanar. Oontiene 
la historia de nn personaje de este nombre, sencillo de es- 

Iiírítu, que en las circuustancias diñciles consulta a un 
lombre llamado Patronio, el cual le daexcelentes consejos 
•envueltos en un aforismo de moral, que encierra siempre 
la solucion de nn prpblema de conducta. La obra es*nota- 
ble por una burla séria i por el injenio con que losprinci- 
píos morales se presentan bajo una forma sensible a la 
razon i a la memoria. Se ha creido qu» este libro era una 
imitacion de ciertas obras orientales, como la coleccion de 
^^logos conocida con el nombre Calila i Dimna^ de la cual 
'existia una traduccion castellana. Segnn las conjeturas de 
algnnos eruditos^ el mismo nombre de Lucanor^ proviene 
de Lucanam^ que es para los árabesel eábioLokman. 

15. — JuanJRuiz vivió en la primera mitad del siglo 
XIV; se Te supdné natural de Alcalá, i se sabe que era 
presbítero, que vivia de ordÍDario en la villa de.Hita, i que 
fiufríó una prision por órden de un arzobispo de Toledo, 
dnrante la cual compuso la roayor parte de süs obras. For« 
man estas cerca de siete mil versos, en loscuales empleóno 
solo los metros conocidos liasta entónces en la poesia caste- 
Ilana, sino algnnos otros evidentemente tomados de la poe- 
sía provenzal. La narracion de lasaventurasdeun relijioso 
«irve de cuadro a unamultitud de composiciones de mérito 
i de carácter díversos: apólogos agradables, cu^entos gro- 
tescosi pastoraleSy himnos relijiosos, capitulos de epopeya^ 
barlescas, se mezclan a la fíccion perturbando su plan, pe- 
MO dejando entrever bajo las formas lijeras i superfíciales^ 



•■. 



104 ELEMENTOS DE LITERATÜRA. 

\in sentido profando, ¡ el fondo de nna liistoria verdadera, 
que tal vez e8 la del misnio autor. Las obrasdel arcipreste 
dc Hita abundan en alegorías; p-ro en ellas se descubro 
un espíriiu pngaz de crítica i de burla. Son notables entre 
otros frngmentos ciertos apólogos imilados de algunos fa- 
bulistas antiguos con rnra felicidad. 

Otros escritores eapafioles siguieron la forma simbólica 
adoptada por Juan Ruiz; i>ero todas sus ítbrus son pálidas 
ante las poesías del célebre arcipreste de Hita. 

16. — Apesar dél mérito c<»mpnrativo de estos escrítore.n 
se puede decir que el vigoroso impulso dndo a la lengua i 
a la literatura espnñola por el rei don Alfonso el fóbio no 
fué de larga duracion. Don Ppdro Lópej^-de^yala. aunque 
prosador i poeta de verdadero taíento, es inferiur a los bue- 
nos escritores del ^iglo anterior, 

López de Ayala, por su nacimiento i por su carácter, 
pertenecia a esa nobleza española altiva ¡ guerrera qne se 
ilustró en Ins sangrientas discordins civiles de la última mi- 
tad dM siglo XIV. Adlierido desde su juventud a la per- 
sona del re¡ don Pedro, lo sirvió fielmente hasta qne, des- 
tronado por sii bermano e) bastardo don Enrique de 
Trnstamarn, se vió ese soberano reducido a abandonar sju 
patria ¡ a buscar un asilo entre los ingle.«ícs, qne entónces 
dom¡nabnn en el mediodia de In Francia (1366). Crejéu- 
dose desligado de todo juramento, López de Aynla ofreció 
8U e^pada nl vencedor, i recibió el título de gran cnnciiler 
de CaetiIIa. Combatiendo bajo la bandera de don Enriquo, 
fué heclio prisionero por los ingleses en la célebre batalla 
de Nájera(1367) i llevado a Lóndres. Despues de su cau- 
tiverio, voIv¡ó a brillar en Cast¡lla como militar i como 
diplomát¡co, fué el consejero índispensnble de los rtyes i 
mur¡ó cn 1407, dejando un nombre ilustre en'Ia h¡stor¡a 
i en las letras. 

Con el nombre de López de Ayala han llegado hasta 
nosotros dos obras nolables. El Rimado depalacto, libro 
escrito en su mayor parte durante el caut¡verio del autor 
en Inglaterro, es un poema d¡dáct¡co que trata de los de- 
beres del jjmnc¡pe ¡ de sus m¡n¡stros en el gobíerno del es- 
tado, en que se mezclan sut¡rns contra la corte, ¡ contra 
las diversns clases socinles, con reílex¡one8 morales i teo- 
lójicns sobre el decálogo, sobre los siete pccndos capitales 



HISTORIA LITERARIA. — EDAD BÍEDIA 195 

i sobre las obras de misericordÍQ. El prólogo encierra una 
confesion jeneral del autor; i el epílogo se cumpone de him- 
no8 en honor de la vírjeu. Eu todo el poema se reveia una 
ailma elevada, Ilena de rectitudide humanidad, que da 
reglas de gobierno sábias aunque sencillas, i que déplora 
los luales de la guerra i celebra los benefícios de la paz. 

La otraobra de López de Ayala ee una Crónica eu que 
narra las guerras civiles entre don Pedro i don Enrique. 
El cronista habia traducido a Tito Livio en leugua caste- 
llana, i lo ha imitado pouiendo en boca de los personajes 
ciertas areuga» que tienen por objeto dar nias relieve a sus 
propios sentimieotos i opiuiones. Esta obra deja ver un 
juicio certero paia apreciar los sucesos i los hoinbrea ¡ un 
profundo bueu sentido poli'tico. «La misma impasibilidad 
del cronísta en medio de los sucesos mas térribles, dice M. 
Villeraain, es un lenguaje que espresa maravillo'»amente 
la ferocidad de la edad medía; i quizás en ninguna parte 
eslá reoroducida con mayor fídelidad la sombría dureza 
del jéuio de ese tiempo.D — V 

17. — No se podria terrainar esta rápida revista de los 
progreso líterarios de España durante el siglo XIV sin 
hablar de algunos judíos o moriscos que caltivaron la poe- 
8Ía castellana. El luas famoso es Rabbi don S aataU, nom- 
bre probableraente corrompido del hebreo Rab don Sem 
Tob (el maestro de buen nombre). Este escritor, natural de 
Cárrion, eu Castilla la vieja, vivia a raediados de ese siglo, 
i compuso, o a lo ménos se le atribuyen, varias obras, dc 
las cuales solo dos parecen auténticas. La primera conoci- 
fla con el título vulgar de Coníiejos i documentos al rei don 
PedrOyes un poema informe, sin plan alguno, destinado a 
dar precept<i8 de moral, de relijion i de política, lleno de 
consideracioues sobre la instabflidad de las cosas humanas, 
la vanidad de las riquezas i de los placeres, i los peligros 
de la ambicíon i de la avaricia. Apesar de las repeticíoneí^ 
frecuentes i de cierta dífusion, este poeraa no carece de 
gravedad i de solidez eu los principios, ni de gracia i vígor 
en el estilo. La segundaobra de Rabbi don Santob.es rau- 
cho raas estimada. Se titula Danza de la mmrte, i es una 
especicde draraa en que fíguran la muerte, un predicador, 
i algunos hombres de diversas edades. Este asunto, mui 
esplotado durantc la edad media, está revestido del caráct>;r 






196 BLÍMENTOS DE LITERATÜRA, 

sombrío i terrible con que los poetas de esa época repre^ 
sentaban la niuerte, a diferencia de los escritores de laan- 
tigñedad que habian sabido darle cierta apariencia mehin» 
cólíca pero no rechazante. Bl poema está sembrado de- 
observaciones morales i satíricas i de sentencias graves, i 
escrito en versoB de arte mayor^es decirde doce sflabas, en 
que se descubre gracia, facilidad i armonía. 

18. — Las otras obras castellan^ compuestas por judio» 
en el siglo XIV, algunas de las cuales son igualmente* 
atribuidas a Rabbi don Santob, nocarecen de mérito, pero 
son inferiores a las dos mencionadas. Debembs hablar del 
poema de José, narracion poética de la vida del hijo de- 
Jacob, tal como se encuentra referida en uno de los capf- 
tulos del Coran. Este poema, compuesto sin duda por al» 
gun moro establecido en Csistilla, cuyo nombre no se cono- 
ce, tiene la partícularidad de estar escrito en lengna 
espafiola pero con caractéres arábigos^ de tal modo qae- 
durante mucho tiem[>o se le consideró como una obra es- 
traña a la literatura castellana. 

19.— EI siglo siguiente es para la historia de la litera^ 
tura espafiola una época del mayor intcres por !a notable- 
actividad literaria que la caracteriza. Tiempo de grandes^ 
ajitaciones i de grandes trabajos de organizacion, el si^li^ 
XV a la vez que afíanzó la grandeza i el poderío de laEs* 
pafia, preparó todos los jérmenes del resplandor que la» 
Íetras van a arrojar en el sigto XVL EI renacimiento lu 
terario se inicia en la peuínsula junto con la reunion de 
las coronas de CastiIIa i Aragon, con la ruina del ))oder 
de los árabes i con la formacion de la nacionalidad espa-^ 
fiola. 

Este período fué a la vez una edad de erudicion i nn% 
edad de poesía: de ei:udicion en la aristocracia t de poesía 
en el pueblo. EI jénio español, grave, severo i sentencioso^ 
sale de repente de sus tradicioues nacionales para marchar 
or las huellas de la literatura dé Provenza» de la Italia i 
a antigüedad greco-Iatiua. Esta fué la obra de los nobles^ 
de los sefiores poetas que descansaban de los cembates en 
tas luchas pacíñcas de la intelijencia i de la ímajinacion» 
EI estudio del latin, se jeneralizó tanto, que muchas Befio- 
ras de alto rango llegaron a comprender el idioma de Gi- 
ceron i de Virjilio. A esa escuela de poetas cnltos perteQecea 



£ 



HISTORIA LITERÁRIA. — EDAD MEDIA. 197 

el marqnes de Villena, el niarques da Santillan a, Juan.Jü- 
Mena i Jorje Manríijxie. " 

Miéntras que los poetas de la corte se entregaban a bus 
juegos de injenio, nacia i se desarrollaba en el seno de las 
masas la poesía popular que ha formado el Romancero. 

20.— El marques don %n2[lie^jdfiJíil]en^ (1384-1434), 
descendiente de los reyes de Aragou por su padre, i de los 
reye^ <le Castilla por su madre, ejerció sobre su aiglo una 
verdadera majistratura literaria, i aunque corapuso muchas 
obras, fué ménos nofcable como escritor qne como inicia- 
dor i propagador del raovimieuto literario. Autes que ios 
reinos de üastilla i de Aragon se unieran por el enlace de 
Fernandoe Isabel, el marques de Villena comenzó a unirlos 
en e1 terreno de la Uteratura, entrelazando la poesía c<iste- 
l^na a la poesía provenzal, que era la de Aragoo. Esta- 

íció en Barcelona una academia (consistorio) de la gaya 
*ta, nombre cou que era distinguido el arte de los tro- 
vadore^, i en seguidacreó en Castilla una insfituciou seme- 

{'ante. Hizo raas que esto para foraentar el cultivo de las 
etras. Fijó las reglas de la poesía provenzal, i mostró el 
partido qne se podia sacar del latin para el perfecciona- 
miento de la literatura e.<«pa&oIa. 

Eu efecto, el raarques de Villena tradujo al casteliano 
la Retórica de Ciceron, la Farsalia i la Eneida^ i por dlti- 
mo la Divina comedia del Dante. Todos estos trabajos es-^ 
tán perdidos en su mayor parte. De sus obras orijinales» 
Bolo se oonocen tres, el Arte cisoí'ia, o arte de oortar, espe» 
cie de ensayo didáctico sobre el arte culinario, que en rea» 
lidad nn tiene otro mérito que tal o cvial referencia a laa 
costumbres españolas del siglo V; el Arie de írMJfl/-, pri- 
mer libro de preceptos literarios escrito en Castilla, i que 
solo es conocido por algunos fragraentos qae se coneervan; 
i por último los Trabajoe de HérculcMf que muchos crLticos 
han señalado como uu poema, i que en realidad es solo una 
obra de moral, de cortas dimensione», i esorita en prosa. 
Está dividida en d>>ce capitulos que oorrespouden a los du* 
CQ tral)ajo8 de aquel semi-dios por medio de alegorias coi^ 
cada uno de los doce estados principales del horabre, el rei^ 
el prelado, el caballero, el relijioso, etc. Bajo la forn^ mi« 
toI¿jica, este libro que no careoe de interoa nide mérito U- 
teraiio, encierra observaciones morales^ envueltas en oitar- 



193 ELKMSNTOS 2>E UTEBATÜRA. 

eíonea itKlijeettts dc alpfunos escrítorcs de la antigüedad ¡ 
cn ui»a fatigosaerudicion. 

Ea nn^ií» de las ajitaciones dc la corte, el ihistre mar- 
qnes de Vílieua pasó m vida renniendo manuscr¡t'>8 en va* 
rías leuguas que el misrno pdseíii con cierta perfeccion, i 
cuUivó las ciencias al mÍKmo tiempo que las letras. Sn iu- 
jenio vasto abrazabn la fílosofía, las matemáticas, la astro* 
lojfa i la liistoria. Para sus ctmtemporáneos, tanta ciencia 
debta ser consíderada producto de majia; i en efecto^ deftpues 
de sa inuerte sus manuscritos fueron qnemados, bajo la 
inspeccion de nnfraile dominirano^comoobra del demonio. 
Hoi mismo. la repntacion de ni^romáutico es entre el Vul* 
goeapanol iuseparable del nombredel mnrqucsde Villena. 

21. — í^on Iñi^o López d e ^,^indn7.íLj marques de Santi* 
ilana (1398-1458), ha dejado en la liistoria de las letras 
espaQolas uua repntacion mas sólida i mas duradera. Pulí- 
tíco i militar en una época de revueltas, el noble marques 
se dí^tinguió entre los seílores qne se confederaron contra 
don Alvaro de Luna, pero conservó sicrapre la entereza de 
nn alma i la rectitud de su carácter, cuando la ppobidad i la 
buena fé abandona)>an amuohos. Llevando por largo tieni* 
po noa vida llena de peligros en los campos de batalla i en 
los cmsejos del rei, ei marque^ de Santillana no descuidó 
jam¿s el estudio. cLia ciencia, decia, no embota el hierrode 
lá lanza ni hace fltja la espada cn la raano del caballero.» 
Su opulencia, rival de la de los reyes, igualaba a su jene- 
rosidad. Los hombres de letras encontraban en 61 un celo- 
so protector; i en sn palacio de' Gnadalajara, como sucedia 
entónces en el palacio del rei don Jiian 11, los poetas i los 
««Cá'itores reclbiau con uua hospitalidad espléndida, todod 
los liomenajed que el talento pnede ambícionar. 

B( marques de Santillana fué iníciado en el estudio dd 
Is poesía provenzal por el marques de Villena; i en efecto, 
imitó de ella la forma métrica; i dnrante el primer tiempo, 
lo8 asnntos fácilcs i lijeros de sus obras. Pertenecen r es- 
ta última clase ias Canciones i deeires ¡ las Serraniilax^ 
ftgradable pastoral en que se percibe el espiritu de ÍQiita<^ 
oíon. Sin embargOj en sns sonetos se deja ver de una ma* 
nera mui niarcada la influencia de los poetas italiauos, de 
de quienes imitó tambien la Comedietta de Ponza, espeoie 
de drama qne tiene por asunto ia batalia naval de este nom- 



HISTORIA LITERARIA.— EDAD MEDIA. 199 

hve^ penliíla por los rcyes ile Aragon ide Xavarra contra 
losjeuoveses. Pero el vercJadero talento del marques se rer 
irela sohre todo, eu ^usobraH or¡j¡uale8. El jiro seutencio8o, 
característico del jéuio espailo), se encnentra eu e! Diáíogo 
de Bias i la Fortunij en que el poeta de^arrolla cou cíer: 
ta gracia que uo carece de vigor, la doctrina estóica sobre 
la vauidad de Ins cosas del muudo, i eu uu poema W>re la 
<!Miida de dou Álvaro de Luuny que se titula Doctrinal de 
prÍ9ados, 

Jia obra mas característica del marquea de Santillana cs 
4ina recopilacion de proverbios conipuestos para la ins- 
truccion del lieredero presuntivo de don Juau II, ¡ que por 
«oteerrar cien copla» es conocida con el uombre de Centilo- 
^uio. £n esta recopilacion, aumentada por el mismo autor 
eon glosas curioaaR, se debe buscar nías que la poesía^ uu 
inonumento del jénio particular de la iÍlspaQa. 

Debemos mencionar tambieu aquí otra <»bra del marqnes 
éle Santillana que tieue uu grande interes para la liistoria 
<Ie las letras. Habiéndole pedido el cotidestabie de Portu- 
gal aua copia de sus poesius, él marqiies se la envio coii 
una epístolai a manera de introducciou, que contiene uti 
eurioso resúmen de las reglas de la pocsia provenzal, i una 
noticia razonada de toiios lois poetas espailoles anteriores 
jil autor i de sus contemporáueos en el estranjero. Es- 
Jta epístola constituje uii documento importante sobre 
lo8 prímeros tiempos de la poesía españo^a, asi como so- 
bre la literatura de la Europa meridional eu la edad me- 
<lia. 

22. Los poetas castellanos del siglo XV no se limitaron 
a reproducir la poesía |>rovenzaI. Fueron mas léjos toda- 
via. Muclios de ellos nsistieron a las célebres escuelas de 
R'ima, de Florencia i de Bolonia, i tomaron de l(»s poetas 
iatiuos e italianos no tanto la forma esterna como el arti- 
licio literario en la distribucion de las matcrias i en la elec- 
ciou de los asuntos, truau de Mena^ nacido en Córdoba eu 
1411 i iiiuertü en Torrelaguna eu 1456 de resultan de una 
caida del caballo, simboliza esta faz de la poesia c^stella* 
na. Poeta de vcrdadero talento, Juan de Mena, talvez por 
dei^mfíanza de sf niismo, uo se atrevió a crear fornias pro- 
liiasy i fué a buscar en la Divina Comedia del Dante, el 
procedimiento artístico para la composicion de m\ poema. 



200 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

Eo esta eropreFa merecíó el ci^trgo de 1a mayor parte de 
los imitadores, no pndo constrnir mas que un raecanismo 
semejaDte al del poetn floreqtino; pero en que falta la vida^ 
i en que las inspiraciones de la naturaleza están reempla- 
zadas por nn artificío mas o roénos hábil. 

Dominado por sus conociroientos astrolójioos, mitolójicoa 
e históricos, el poetacastellanoesperimentauna visioii ale* 
górica que va a reyelarle los secretos del destino humaQO^ 
Yése trasportado en el carro de Behma a una Ilannra en 
vuelta por espesas nubcs í poblada por inumerables crea* 
tnras. Se hace oir un gran ruido; i de repente se ofrece a 
su vista una mujer jóven, de májica belleza i coronada d» 
flores. Es la Providencia en persona que tomándolo por la 
mano, como Beatriz a Dante^ lo conduce a uoa altura des- 
de donde el sol de !a verdad disipa la niebla que ofusoaba 
8U vísta. Entónces el poeta ve los tres círciilos del destino^ 
el Pasado^ el Presente i el Porvenir. Este últinio eatá ca- 
bierto por un velo qne no tiene trasparencia mas que para 
la mirada profética. Solo ei circulo del Presente tiene mo- 
vímiento; pero los tres están sometidos a la ioflueocia de los 
siete planetas, que constituyen los siete órdenes o divisio- 
nes del poema. La historia entera con sus principalea per- 
sonajes se desarrollu a la vista de Jnan de Mena. Todos los 
hombres están gobernadus eo sn destino por la ioflneocia 
de tal o cual astro. Sobre su ireote no se lée mas que uoa 

Tal es el asunto del Laberirtlpj'poemR estravagante, 11«^ 
no de estrofas de pesada^rudlcion, que sin duda fueron laa 
mas admiradas por sus contemporános, i en que coosagra 
mochos pasajes a hacer híperbilicas alabanzas de don Juan 
ll de ('astilla. Todo esto es pálido i frio; pero cuaodo Juan 
deMena celebraba los hechos mas memorables de la his- 
toría de EspaQa, su jénio poético brilla por laelevacioo del 
sentimiento moral i })or l(»8 inipnlsos de un exaltado patrío- 
tismo. Eotónces es verdadero poeta; su musa encueotra 
acentOB varoniles qne han triunfado sobre la estravagaDCÍa 
de la ficcioo i sobre su iutespestiva erudicioo. Este poeroa 
que constaba de trescieotas octavas de versos de arte ma- 
yor, i a las cuales se agregao otras éstrofas de sospechoea 
auteoticidad, es la obra maestra de Juan de Mena. Sus 
otras poesias, en que di mina tambien el gusto por la ale-* 



HISTORIA LITERARIA. — ^EDAD 2IEDIA. 201 

goría eriidifcSy son mui iaferiores por sa méríto i por sa es- 
teasioa ai Laberinto. 

23. — Al lado de los aDteriores, aunqae ea se^uado tér- 
mÍQo, bríUarob en la corte de don Juan II machos otros 
poetas eru^itos, algunos de loscualessou notoiblespor un.-i 
▼erdadera iaspiracion. Pero uno soio de ellos sapo hacerse 
snperior al gusto de su siglo, i sacar de su lira acentos 
tiernos i ¡tatétioos, producidos en sn alma ))or una ínspi- 
racion profunda. Jorj e Manrique, este era su nombre, des- 
cendia de un linajenTCátré, se TTustró en la guerra i en la 
corte, i murió el año de 1479, en el campo de batalla, i 
«en lo mejor de su edad,]» segun la espresion del historia* 
4or Marinna. En su juveutad habia compuesto poesias de 
amor, metafisicas i alegóricas, mui al gusto de su siglo; 
pero el dolor causado por la muerte de su padre, qv.e era 
UQ cu^plidocaballero, le arrancó nuá elejía de qninienios 
versos, conocida con el modesto título de Coplas de Jorje 
Manrique. £s un monameuto elevado ()or láTpiedad filial^ . 
qae por svi colorido i sn sentimiento es considerado como 
UQ modélo ea su jénero. Este poema, aunqne compnesto . 
con una naturalidad i una sencillez verdaderamente ini- 
mitablesy es la obra de nna emocion reflexiva. Segun el 
poeta, todo lo que el hombre hace couduce al mismo abis« 
mo, la muerte. Pasa en revista todos los goces mundanos, 
loa .torneoa i las fiestas de la corte, en que brillaban la 
juventud i la l>elleza. Sus jenerosos lamentos se estijenden 
a todas las grandezas que ha visto caer, hasta don Alvaro 
de Luna, cuyo trájico destino le merece un recuerdo de 
compasion. De aquí nace la apacible 'melancolía de esas 
€8trofas, cnyo ritmo sencilk) i delicado ha servido admira* 
blementeal poeta para verter sns seutimientos. 

24. — La poesía española del siglo "KV, se deja conocer 
tambien en los numerosos CancioneroSj recopilaciones de 
canciones dediversosautores, en queestún confundidas aU 
ganas obras Ilenas de graciosa poesía, con muchos oantos 
empañados por una pretensiosaerudicion. Entre estasoom- 
pilaciones se distinguea nna formada por Juan Alfonso de 
Baena, judío converso^ que fué secretario de don Juan II, 
1 otra por Fernando del ^CaatUIo. EI deseo de ser injenio- 
808 estravio^ con frecuencia 'a esos poetas: en sus versos, 
ia pasion ha aido reemplazada por lo rebuscado, i la ternu* 



202 fXEMENTOS DE LITERATUIUL 

r» por el injenio, cuundo no por el peclantisnio. Sns verso» 
tieiien rara vez \v\ sentimiento venUidero; careciendo así 
de loR elem«nto8 indispensnbled de la poesía, la naturalidad 
i la solidez. Sii inérito casi esclusívo consiste eii haber 
doblegado la lenofua por la p*an va,riedad de nietros que 
usaron. Vivien<io en un siglo cabaileresco i poético por ios 
liechos, esos poetas no CJUitaron la patría ni las gloriosas 
iiazaOas de su tiempo. Pensar como Petrarca i como loa 
trovadores provenzales, modelar en cuanto fuera |>osibIe 
sobre el molde Iatino,.taI fué el único propósitode mnchos 
iiijenios qne^ mejor encaminados, habrian logrado Iiacerse 
famosos. A esas poesías no se les puede exijir otro interen, 
ni conceder otro mérito que ol de espresar el estudo deí 
\ espiritu de los caballeros que seguian la corte 
/ I — ^ 25.— Pero al mismo tiempo se cuitivaba en E.spañAotra 
\ poesfa verdaderanionto popular, no una epopeva, siuo mu* 
chas epopeyas eu mil fragmentos díversos en qiie no se 
cncueutran ningtin nonlbre de poeta, pero doude se respi- 
YSiJx el almai el jénio de un pueblo. Todo loque los espauo- 
les han visto, conocido, sentido, en todas his épocas de sa 
historia, desde el reiuado de los godos hasta el de la cnsa 
de Austria, i todo lo quehan tomado de las jotras uaciones, 
ha venido aalimeutar estos cantos populares a que ss ha 
dado el nombre de Itomances. Es éste un conjiiiito de re- 
cuerdos i de tradíciones nacionales que se trasmitian de 
jeneracíou en jeneracion en todas las clases de ia sociedady 
como un tesoro comun, como una herencia de gloria, coiuo 
el patrimonio de la intelijencia. Esta literaturaqne seha 
formado de siglo eo siglo, parte por parte, no pertenece a 
iin siglo mas que a otro (Loif^, Histo're dt la poéfiie espc^ 
(jnole). El romance nace i t^ desarrolla eu la edad raedia, 
pero se cultiva tambien con bríllo en los tiempos mo- 
dernos. 

El Romancero e^^paOoI contiene piezas mui diferentes 
por su jénero i por su mérito, no solo por su asunto sino por 
ia fecha de su composicion. Sucede ademas que mnchos de 
ios cantos verdaderamente populares i primitivos de laEs- 
patla han sido imitados i rehcchos posteriormente por 
LopedeVega, Quevedo, Timnneda, Cervantes, iotros p«ie* 
tas, i han perdidoasí en nat^iralídad i sencillez lo qiie han 
ganado en arte. Los eruditos que en nuestros dias se Uan 



HISTORIA LITERABÍA. — EDAD MEDIA. 203 

dedica^lo a coiDpiIar csos ronmnces se lian visto por esa 
cansa en la casi iqiposibilidad de asígnar a cada picza una 
feclia aproxímativo. Don Agustin Duran,(jue haconsagra- 
do a este trabajo el estndio paciente de niuchos años i uda 
rara sno^acidad, ha distinguido romanues de oclio épocas 
diferentes; í de ellos Ins mas antiguos son los mejores i 
los mas cnriosos, como éco nntural de los sentimientos i de 
las npiníones populares, Pero considemndo no tanto la di- 
versidad de fechas como la variedad deasnntos, el Romau' 
^«^•opuede dividirse en cinco grupos diferente», cada uno 
de los cuales r.frece elementos poéticos que I^* son especia- 
les. 1.* L#os romances caballerescos; 2.° los romances hís* 
tóricos; 3.^ los romances mori^cos; 4.° los roraances de 
costnmbres; i 6.** los romances que se refieren alaantigüe- 
dad fabulosa o h¡stóric>a, i que son los peores de todos. 

26.— Los roraances caballerescos cantan héroes diferen- 
tes, liist TÍcos los unos, imajinarios los otrof», pero tudos re- 
vestidos (h; un tinte poético inspiradopor un imtriotisrao Ile- 
notle orgullo. LaespediciondeCarlo-MagnoaEspaña, qne 
terminó por la jornuda de Uincesvrtlles, objeto de \os poe- 
was franceses del ciclo carlovinjio, es el asunto de muchos 
romances; pero la vanidad espailola opone al jcfe dalos 
francos ua héroe nacional, Bernardo del Carpio, frnto de 
los aoiores furtivos dei coniJe de Saldafia i de una hermaua 
de Alfonso el Casto. Estos son hís elemontos fabulosos de 
eBOS caiitos, cuyo fínal desenlace es el triunfo del béroe 
castel lano s^obre Carlo-Magno i sus doce jiares. El.conde Fer- 
imn Gon^alez, que roconquistó a Burgos i casi toda Gjisti^ 
lla del poder de los árabes, i cuja raemoria era venerada 
|K)r los espaüoles, es otro deillos héroes de los romances oa- 
ballerescos. Los siete infanteí de Lara, entregados por trai»- 
cion a los moros por su tio Rui Vclazquez, i vengados por 
el bastardo Mudarrn, ofrecen tambien nn asunto animado 
i dramático í han inspirado algunas de las mas hcrmosas 
composiciones del Romancero Pero cualquiera que sea el 
interes que presentan estos diversos asuntos, el Cid es el 
obJGto del mayor número de esos romauces, i sin duda de 
los nias hermosoh. Jamas hubo un carácter poético mas 
qnerido por un pueblo. La imajinacion española se ha com- 
]}lacido en dotar a su héroe de las m:is estimables i de Uis 
mas nobles cnalidades. La réalidad se ha perdído eu el ideal; 



204 ELEMENTOS DE IJTERATÜRA. 

i en lugar del condottiere famoso que ia historia nos mues* 
tra valiente^ beróico, sin duda, pero poco ec^crupnloso en 
materia de lealtad, de huuianidad i aun de relijion, puesto 
qne nias de una vez puso 8U espada al servicio de los enii- 
res musulmanes contra su propio rei, la tradicion poética 
ha liecho de él un héroe perfecto, un vasallo leal i fiel, nn 
campeon de la iglesia^ un caballero cortési desinteresado, 
que merece a cada paso la ])rotecc)on del cielo. Este carác- 
ter ideal ha dadooríjen a un gran númerode romancesdes- 
tinados a cantar Ins acciones del liéroe deisde fu infancia 
hasta eu muerte. Celebran el apoyo prestado por el Cidal 
rei don jSancho, su fidelidad al íngrato don AHouso, ^u In- 
cha contra Io8 moros, la conquista de Vaiencia, ei caea* 
m^iento de sub hijas doña Elvira i dofia Sol, su insulto ven- 
gado en los infantes de Carrion, i por último^ la historia 
de sus aroores con doua Jimena. Cuando se estudiau estos 
romances, se siente que la leyenda varonil i heróica ha}'a 
sido empafiada a veces por los poetas poFterioree, que al 
rehacer esos romances en el siglo XVI, introdujeron en 
ellos la galantería provenzal o italiana, elemento literario 
desc( nocido por los primitivos poetas populares de Cas- 
tilla. 

27. — EI grupo de los romances históricos abraza la his- 
toria entera de Espafia, hasta terminar el siglo XY. En 
este vasto cuadro, Ía imajinacion populnr se ha npoderado 
imturalmente de todos los acontecimientos que debian ím- 
presionarla. Ha cantado particularmente la conquista de 
Espafia por los sarraceuos^ causada por el amor de don Ba« 
drigo hácia la Cava, la famosa hija del conde don Julian; 
la defeuFa de Zamora por la infanta dofia Urraca; las ba- 
tallas del Rio Yerde i dcl Bio Salado; el sitio de Calatrava 
la viejn; la adhesion de don Diego de Mendoza en la bataUn 
de Aljubarrota; la muerte trájica de don Alvaro de Luna; t 
por últimOy el sitio de Granada. Todas esas composiciones 
marcadas con el sello de una encantadora naturalidad^ soa 
ima fuente variada i verdadera de inngotable interes. 

28.— LoB romances moriscos, compuestosen los úUimoa 
tíempos del poder de los árabes en lapeninsula i aun des* 
pues de la toma de Granada, no presentan en jeneral el 
interes poderoso que tiene la poesía natural i apasionada 
de los romances anteriores; pero eu cambio, tienen nu co* 



HISTORIA LITERARIA. — EDAD MEDIA. 205 

]or orijiual qae toman de las eostumbres ¡ de los tísos que 
^describeD. Se encueDtra ea ei'os algo de la oríjtnaHaad 
oriental; i do se pueileD leer síd impresioo los amores del 
l»ennoso Gazul i de Xaríza^ las descripcíones de las justas 
éral>es eo la rambla de Qranada, el desafio. de Alboacen i 
de PoDce de LeoD. AQádaseaesto <la pinturade ias armas, 
de lofl corcelesy de los trajes i se verá que toda la civilisa* 
cioD árabe de la península aparec^ a uuestra vista en estos 
romaDceb* 

29. — La imajinacion del pueblo español cn toda su Ii«* 
bertad^ tomando alternativameute el touo elejiaco, pastoral, 
Imrlesco, satfrico o picaresco, se encuentra eu esas compo-> 
siciones populares que liemos dedomiuado romances de 
costumbres Todos los asuntos que puede suministrar la 
vída usual, los vicios i lo4 e^travíos de un pueblo^ los ru* 
mores de cada dia, sod tratados con esa uaturalidad que 
conRtituye hasta ahora su principal valor. 

30. — El quiuto crrupo de romanees es el que posee ud 
meuor mérito. Composici«»Des pedaotescas de uu jénero 
falso, están bnsadas en hechos verdaderos o fabulosos de 
la antigüedad, i rod escritas por poetas erudltos que han 
Buprimido de ordiuario eu sus obi-as ese aire de uatural in- 
Jenaidad que forma el princi|>al mérito de los romances. 

31. — La prosa Iiizo tambieu en el siglo XV progresos 
niui notables. La mayor parte de les que la cultivaron soa 
kombres de estado i guerreros que ocuparou los afios do 
•deBcauso eo trasmitir a la |)osteridad sus juicios sobre los 
liombres i las cosas de su tiempo. Fernan Gomez de Cib- 
tlareal, médico de Joan If, es considerado autorae una 
com|)iIacioo de cartas, oonocida con el nombre de Centon 
epistolario a causa del número de ciento cincuenta epístO'» 
las que lo íormau. Escrítas en uu estilo uatural i a veces 
Iiiriente, esas cartas tiene% a mas de su valor literario, 
uua verdadera im|K)rtancia histórica, apesar de que en 
unestro tiem(>o se ha negado su autenticidad con razones 
tales que no es posible desconocer su fuerza. Es probable, 
sio embargo, i esta es la opinion de los críticos mas auto- 
rizados, qae sobre nna base verdadera se hayau hecho in- 
terpolacioues posteriores qne han dado lugar a las justas 
desconfiauzas con que ha comenzado a mirarse aqnella 
compilacion. 



206 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

32. — Ijíí biografia i la historia fueron cultivadas no soío 
con biien gustoliterario, siiio c^n un buen sentido piico fo- 
raun.No se encuentra entre esos priineros cronistas espafif»- 
)ea ar|uelJa sencilla naturHÍidaci, aquel colorido iniroitable 
íie Froissart; pero se haila vig<»ren el eHtilo,gravedad en la 
imrracíon i rectitud ejrlos iuicios. FernaiiJPerez de Guz- 
man, nacido en 1400. que en su tnocedad habia cultivaüa 
]a poesía ^rudita'i alegórica, despues dc una vida ajitatki 
por los asares de la y^uerra, corrijió i continuó una crónieai 
del reinado de don Juan 11, que habia conienzado Juan de 
Mena. Pero su nrojor obra es una coinpilaciou biográfica 
que tiene por lítulo Jeneraoiones i semblanzas. Traza en 
ella con mano maentra el retrato de treinta i cuatro de los 
principales personajes de su tiempo, cuenta su orijen ¡ des- 
cribe la parte que t<'tnaron en los acontecimientos públi- 
vm. JCn esta obra, escrita en estilo gmve, sembrada de re- 
flexionen vigoros^s i orijiualen, se descnbre un espmtii 
supeí'ior a'su sigh», i un gran carácter lleit»» de rectilud e 
im}>arcialidad que hace plena justiciaa dnn Alvaro de Luiia, 
cuyo poder habia combatido Terez Guzman. 

H ernando del PnlgaTt secretario de Enriqne IV, ¡ des- 
pues canciller e historiógraf*» de los reyes católict»s, coin- 
puso una obra análoga con el lítulo de Claros varoftes de 
Castilla. Sus retralos bic^gráfícos interesan tanto pm* el 
fondo, ea decir, por los Fucesos qne narra, C(»mo por la for- 
ma que ha dado a sus escritos, por su estilo rico, injenío- 
ao, sencillo con correccion, conciso con alegancia. Pinía los 
caractéres con rasgos vigorosos, sin acritud i sin lisonja, i 
mneKtra siempre muchu jnicio i mucha rectiiud. 

33. — Ajmrte deeslos trabajos, la literatura espaaola del 
siglo XV cuenta un gran númoro de crónicas, entre íhí» 
cuales figura la de don Álvaro de Lnna, escrita porun ju- 
dio convertido, que tomó el noníbre de Alvaro Garcia de 
iSauta Mária. El exacto conocimiento de los hechos, la ad« 
hesion qu^ conservó KÍempre por el desgraciado favoriío 
qne lo hal)ia honrado con su confíanza, i la exaltaciou cau*, 
pada en suvínimo por td horror de la catástrofe que llevó^ 
al cadalso é su protector, han heeho dcÁlvaro Garci» nu 
escritor deym mérito superior por lá elociiencia qiie, comi> 
testigo oc^ar, ha desplegsulo al uarfar loa sucesos de &a 
tíempo. 







HISTOEIA LITERÍlBU. — ^EDAJD KEDIA.. 297 

34. — Este períodode la prosa castellana se cierra con una* 
obra moral que, con el título de VisÍQn deleitaile, compu- 
80 el bachiller Alon ao (^e l^ TQfre para inatruccion dol 
prÍDCipe de Navarra^ don Cárlos dé Viana. Bn eete libro, 
enteraniente alegórico, fíguran la gramática, la música, la 
astrolojía, la yerdad, la razon i la naturaleza; i por medio 
de discursos qne el autor les hace pronunciar, traza una 
reseña de cada ciencia, i particularmente de la moral. La 
faoilídad i la elegancia del estilo, apesar de las trasposicio- 
nes estudiadas i violentas, colocan a Alonso de la Torre 
entre los mejores prosadores del siglo XV. 

Podríamos recordar aqui los primeros ensayos dramá- 
ticos espafioles; pero ellos pertenecen mas propiamente al 
siglo de oro de la literatnra castellana, que se abre al co* 
menzar los tiempos modernos. Dcspnea de tres siglos de 
ensayos literarios mas o ménos felices, la lengua aparece 
casi eompletamente formada; i la poesla, dejando las for- 
maa pedantescas i pretenciosas que la habian eucadenado 
duranle mucho tiempo, busca al fín en otras YÍas un cam- 
po mas vasto de verdadera inspiracion. 

35. — La literatura portnguesa, mucho ménos conocida 
qne la literatura castelluna, ha sido confundida de ordina- 
rio con ésta, o a lo ménos considerada como una rama su« 
ya, del mismo modo que se ha creido que su lengua no era 
mas que un dialecto dei español. La semejanza de razas, de 
condiciones i de influencias bajo las cuales se desarrolla- 
ron el idioma i el jénio de ámbos pueblos, no ha permitido a 
la literatura portuguesa tene): una fisonomía bien demar- 
cada i propia, de modo que aun habiendo producido gran- 
des prosadores i grandes poetas, i aun habiéndose adelan- 
tado a veces a la literatura castellana en el órden de los 
tiempos, i en el mérito de algunas de sns obras, no síempre 
se le ha reconocido uaa vida independiente. 

La oscuridad en que están envueltos los antiguos idio- 
mas de las otras provincias de la península ibérica, existe 
tambien respecto del Fortngal. Sín embargo, todo hace 
creer que allí, como en el resto de la Espafia, existian los 
mismos elementos a la época de la conquista de los roma- 
nos; i que, si bien éstos no alcanzaron a imponer comple- 
tamente el latin, a lo ménos esta lengua estuvo bastante 

15 



208 ELEMENTOS DE LITERATÜRA. 

jeneralizada. Los bárbaros del norte mezclaron al elemeo- 
to roDiano el elemento jermánico o gólico. 

El idioma formado ae esta manera, como hemos visto 
anteriormentey se asiló en las montañas de Galicia des-^ 
pues de la conquista de EspaQa por los sarracenos. Ese 
idioma gallego, derivado'principalmento del latio, fu6 co* 
mo hemos dicho, el oríjen del castellano, i lo fu6 ¡guaimea* 
te del portugues. De manera que, miéntras en CastiIIa se- 
formaba i desarrollaba una.Iengua sonora i vigorosa asimi- 
lándose muchas palabras arábigas, en el occidente de la 
península, en la Lusitania, se formaba otra lengua eeme* 
jante a aquella, por proveuir de un oríjen comun, pero qne- 
tomó formas diversas bajo el influjo de elementos estra- 
üos. Los idiomas diversos de los uumerosos auxiliares es- 
tranjeros que pasaron en el séquito de Enrique de Borgoña 
a ayudar a los portugueses a libertar su país del yugo de 
los musulmanes, le comunicaron a su vez muchas voce» 
nqevas. 

Tales fueron las circunstancias histéricas de la forma- 
cion del portugues. En él se encuentra una de las formaa 
modernas de esá múltiple lengua romance que en la edad 
media reemplazó insensiblemeute al latin, como éste ha- 
bia reemplazado a las lenguas indíjenas en lamayor parte 
de las provincias europeas del antiguo imperio romano^ 
En el principio, el portugues se apartó poco del gallego o 
idioma romauce de la provincia española de Galicia; pero 
adquirió consistencia i solidez desde que el Portugal al- 
canzó una existencia poIíticaJndependiente. 

36. — La direccion que desde el principio tomaron lo» 
esíuerzos literarios de los portugueses, fué esencialmente 
poética^ i sus primeras composicioncs escritas^ que dataa 
de la fundacion de la monarquía, es decír, de principio» 
del siglo XII, fucron ejecutadas bajo la influencia i a imí- 
tacion de las poesías de los trovadores del mediodfa de la 
Francia. EI idioma de éstos era el que usaban el fundador 
de la monarquía portuguesa, i sus sncesores inmediatos» 
Los poetas provenzales visitaban la corte portuguesa para 
entretener con sus cantos a los grandes señores, i desper- 
taron entre éstos el gusto por Ta poesía i por laa letras» 
Entre los primeros que compusieron versos portngneses^ 
ae encuentrau dos sefiores de la corte del rei Alfonso Hen*- 



HISTORIA LITERARIA. — ^EDAD MEDIA. 20í^ 

riquez, el segUDdo monarca de Portugal. Estos señoresy 
llamados Goozalo Heiiríquez i Egaz Moniz Coelho, escri-» 
bierou cancioDes, mnchas de las cuales han sido conser- 
vadas. 

£a los siglog XIII i XIY, la poesía fué fomentada por 
el ejemplo de los mismos príncipes. Diniz (Dionisio), que 
fundó la universidad de Coimbra, Alfonso JV i Pedro e^ 
qrael se cuentan entre los poetas de s^uTIémpo. Lios cantos 
a^HFuidos a este último^ tienen por asunto la trájica muer- 
le de Ines de Castro i son el refleio de una alma agobiada 
por el dolor. Todas esas poesias son simples imitaciones- 
, de las canciones provenzales; pero los poetas portugueses 
fueron mas tarde a buscar sus modelos en otra parte. £1 
infánte don Pedro, hijo de ^JTuad II, tradujo muchos sone» 
tos de Petrarca, i se oonquistó uno de los puestos mas ele* 
vados entre los escritores del primer período de ia historia 
literaria del Portugal. 

La prosa no produjo mas que simples cronistas. En lo» 
estttdios teoiójicos, científicos i médicos, cultivados esto» 
últimos hajo la influencia de los árabes, se empleaba solo 
el latin. Los reyes instituyeroD el cargo de cronista del 
reino; i uno de éstos FernanLopez (1380-1449), que fué 
ademas guardian de los archivos'^el Estado, compuso una 
crÓDÍca del reinado de don Pedro el cruel de Portugal, 
notable por la exactitud i por las cualidades de estilo. Gó- 
mez£anues de Ázurara, cronista ofícial tambien, ha 
lejado vafias obras históricas de un grande interes, en que- 
ha narrado, entre otros sucesos, las campañas de los por- 
tugueses en Africa. 

Algunos reyes cultivaron ignalmente la prosa con éxito- 
Dotable. Duarte fEduardo\ que reinó solo cinco aüos^ 
(1433-1438), compuso varias obras, dos de las cuales go- 
zan de cierta reputacion: el Arte delcaballero i el Leal ecn' 
sejero. Esta última, er^ que ese príncipe desplega una gran- 
de instruccion para su tieúipo, es uu tratado de moral 
escrito en un estilo sério i de ordinario elegante. El suce- 
sor del rei Duarte, Alfonao V el Africano (1438-1481),. 
uo solamente foment^níos éstuaios histórícoíi, sino que es- 
cribió sobre la táctica i ia astronomía. Su Tratado de la. 
milicia hace conocer la mauerade combatir de ios autiguo»> 
portugueses. 



210 ELEMENTOS DE LrTERATURA. 

Hiéntras tanto, la universidad de Coímbra, fundada, 
como hemo3 dicho, por el rei Diniz (1290), habia jenerali- 
zado en ciérto modo el gnsto porios es^.udíos, i preparado 
el renacimiento literario que se inicia con el siglo XVI. 
Entónces se abre para el Portugal la época mas brillante 
de 8U literatura. 



/ L/ / 








CAPÍTÜLO VII. 
Llteratora Itallana. 

1. — CaoBas que TetaitUron la íonnacion del italiano. — 2. Fonnacion dc 
eata lengoa. — 3. LitenituTa latina en Italia, — 4. Primitiva poesia ita- 
l'ana. — 6. \>o,TLXñ k\\g\i\^ñ\\9í JHvina comedia, — 6. MeTÍmiento literario 
del siglo XIV. — 7. Francisco Petrarca; bus obraa. — 8. Bocacio; el Le€ü- 
meron, — 9. Influencia literaria dc aquellos escrítores. 

1. — El provenzal habia Ilegado al mas alto grado de 
cultura; la Espafia i el Portugal habian producido alguno» 
poetas; la lengua de oil era cultivada ea el norte de Iii 
Fraucia, ántes que el ítaliano se hubiese conquistado un 
puesto entre las lenguas de Europa i que se hubiese so»- 
pechado la riqueza de uu idíoma uacido oscuramente en* 
tre el pueblo. Pero un gran poeta nació en el siglo XIII; i 
el jénio de un solo hombre la hizo adelantarse sobre todas 
808 rivales. Este hombre es el Dante ( bismondi), 

Ese mismo poeta« en una obra que compuso sobre la 
lengua vulgar, noa ha esplicado las causas de e&te atraso 
del idioma italiano. cLa letigna de ai^ dioe Dante, se divi- 
de en catorce idiomas que ocupan toda la Italia a uno i 
otro lado de los Apeninos, al nortCi al mediodía, al centro; 
i cada uno de estos idiomas se subdivide en un gran nú- 
mero, de tal manera que jo podria elevar a mil los dialec* 
tos, las variedades de lenguaje que se hablan en la penf n- 
Bula.^ En medio de esta multitud de idiomas, los hombres 
de algunos oonocimientos i de algnna invencion que que- 
rian darse a entender mas allá de los límites de su ciudad^ 
ae vieron obligados a emplear una lengua mas jeneral, í 
caltivaron el latin con cuidadoso aphelo. Es inmenso el 
número de escritores italíanos (|ue com{)usieron obras de 
historiay de poesía o de cíencias en lengua latina; i al* 



. V 



212 ELEMENTOS DE LITERATÜRA, 

gnnoB de ellos alcanzaron a cierto grado de perfeccion que 
los acerca a los buenos escritores de la antigüedad. 

2. — La historia del oríjen i desenvolvimiento de la len- 
gua italiana ha sido estudiada con rara prolijidad. 

Leonardo Bruni, escritor del siglo XV, sostiene que el 
Qtaliano es tan antiguo como el latin, i que uno i otro eran 
usados en la antigua Roma. EI latin, segun Bruni, era la 
lengna qne los hombres ilustrados empleaban en sus dis- 
cursos públicos i en sus escritos; miéntras que lo que se 
ilama itaiiano era la lengua del puebio, la que se emplea- 
'ba en la conversacion familiar. £sta opinion, sostenida 
posteriormente por otros escritores, está fundada |)rinci- 
palmente en ciertas espresiones que Plauto i Terencío po- 
nen en boca de aquellos personajes que pcrtenecen a la 
«lase plebeya, las cuales ofrecen cierta eemejanza con el 
italiano. Pero este hecho apreciado en su justo valor^ ma- 
nifíesta solameute que si bien los romanos desterraron la 
Jcngua primitiva de la Italiu, uo pudieron abolirla i estir* 
parla completamente, de manera qne existió siérapre en 
los diversos dialectos sometida a trasformaciones parciales. 
Esa lengua conjuntamente con el latiu, tuvo uua parte 
príncipal en la formacion del italiano. 

A la época de la invasion de los pueblos del norte. el 
latin, qne se habia corrompido desde tiempo atras, acabó 
por desaaturalizarse. Así es como las radicales góticas i 
lombardas se nituralizaron en ítalia^ como se introdujo el 
^rtículo^ como se sustituyeron las proposiciones a las desi* 
iiencias de las declinaciones, í como el verbo ausiliar domi- 
>nó en la conjugacion italiana. En esta última lengua» no 
puede buscarse el latin clásico descompnesto por el contac* 
to de los bárbaros, sino los idiomas de éstos refundidos en 
el latin rústico o vulgar. 

No se puede fijar con exactitnd la época*de la formacioa 
del italíano, o, mas bien dicho, de esa gran variedad de 
dialectos hablados en la penínsnla itálica» Se encuentran 
vestijios de ella desde el siglo YIII en los nombres pro- 
pios de personas i de Ingares; pero el monumento mas an- 
tiguo que se conozca de esta nueva lengua data de 11S5; 
t es una inscripcíon en verso grabada sobre ana piedra de 
Ja catedral de Ferrara, cuyo significado no es fácil com- 
ptender, si bien el carácter jeneral de la lengua italiana se 



HISTORIA LITERARIA,— EDAD MEDI^ , 213 

percibe perfectamente^ Entónces, como díce Dante, no ha- 
hÍB, en todala penínaula un idioma nniforme: numerosod 
HÍialectos mas o ménos diferentes entre sí formaban el ídio- 
7na vnlgar a la época en que una literatura fuerte i vigo- 
rosa vino a dar unidad a esos elementos dispersoSy i a for- 
inar el instrumepto con que desde el siglo XIII algunos 
•ariífíces de primer órden comenzaron a componer obras 
^mirables, con que se ha formado ese ricomonumento del 
injenio moderno que se denomina literatnra italiana. 

3. — Durante ese largo período de vacilaciones i de for- 
vnacion de una lengua, el jénio italiano, como ya henjos 
•dicho, empleó el latin para la composicion de sus obras, 
pero no se crea potesto que la literatura italiana procede 
inmediatamente de la literatura latina: las letras roma- 
nas, precipitadas en una rápida decadencia desde el tiem- 
po clelos emperadores, llegaron a un estado de casi com- 
pleto aniquilamiento cuando Constantíno trasladó a Bizan- 
<;io la capital del imperio. Despue^ del triunfo del cristia- 
nismo, solo la literatnra eclesiástica produjo obras nota- 
bles. La invasion de los bárbaros, sin embargo, no fué en 
Italia tan fatal para las letras como en los otros ])uebIos 
de Europa. Los vencedores tomaron algo del pueblo con- 
quistado; i los reyes godos tuvieron a honor el protejer el 
cnltivo intelectual. En la época de Carlo-Magno, la Ita- 
talia estaba mas civilizada que ios otros pueblos de Euro- 
pa. Pero tambien desde esa época, las tinieblas van ha- 
cíéndose mas i mas densas, Los únicos estudios de esas 
«dades remotas son lajurisprudencia i la teolojía, i aun 
^í, miserables dísputas de escuela absorben el pequeüo 
DÚmero de injenios que se preocupan todavía de estas cien- 
<3Ía8. Las palabras se sustituyen a las ideas; la sutileza i 
€l sofisma toman el lugar de la sencillez de los buenos 
tiempos. 

EI pontificado de Grefijorio VII (1073-1085) vióapare- 
<3er las primeras luces del renacimientro de las letras en 
Italia. Cste papa ordenó que cada obispo fundase nna es- 
cuela para la enseñanza de las letfas. En el mismo tiem* 

So se fundaba en Bolonia, bajo los auspicios de la condesa 
fatilde, la prímera universidad para la enseñanza de la 
Jurisprudencia romana. Tudog los ^randes hombres de es- 
ta época son eclesiásticos o prelados; i los dos mas céle- 



214 £L£M£NTOS D£ LITERATURA. 

bres, aunqae nacidbs en Italia, pasaron su vid^ léjos de la 
patria. Sou éstos Lanfranco de Pavía, que fundó una es- 
cuela famosa en un convento de Normandíai i sn discfpulo 
San Anselmo^ arzobispo de Cantorbery, cuyas obras son 
hoi olvidadas, como las disputas teolójicas que las orijioa- 
ron, pero cnyos títulos de gloria son la admiracion i el res- 
peto qne les tributaron sus contemporáneos. 

Desde el siglo XIT^ las cruzadas establecieron comuni- 
caciones entre Constantinopla i la Italia; i Tos obispos ita- 
lianos enviados en embajada al imperio de Oríente, se ini- 
ciaron en el estudio de la lengua i de la literatura de los 
griegos. Desgraciadamente la Igleaia i la Italia estaban de 
ordinario envueltas en profundas perturbaciones; las letras 
languidecian, i la Italia no suministraba otro hombre cé- 
lebre qne Pedro Lombardo, el maestro de las sentencias, 
teólogo famoso que fné a fundar escuela a Paris, i que al- 
canzó el rango de arzobispo de esta ciudad. La literatura 
se reducia a la gramática i a la dialéctica; i no tenia mas 
campo que las discusiones de las escuelas. EI italiano no 
existia aun, o si se hablaba comunmente una lengua vulgar, 
ésta no se escribia. EI latin, convertido ya en lengua 
muerta, era el idioma de los escritores i de la ensefianza^ 
i habia perdido su antigua pureza. Lo que hai de mas no- 
table en toda esta época son las crónicas locales. Písa, Jé« 
nova, Milan i Sícilia tenian su hístoriador ofícial que con- 
taba los sucesos de que habia sido testigo, con gran par- 
cialidad sin duda, pero no sin interes. 

La literatura latina de la Italia en la edad media 
puede presentar dos jénios poderosos en el campo de lá 
teolojía i de las controversiaa escolásticas. Santo Tomas de 
Aquino, natural de Calabria (1227-1274)/ rdenóminado 
por siis contemporáneos el Anjel de la esciiela^ cultivó la 
teolojía i la ensefió con una penetracion i con una profun- 
didad que no se encuentran en los escritores de esa época. 
«Nunca íacultades mas altas, dice M. Ozanamy se hallaron 
reuHÍdas en un conjunto raas feliz; pero todas estaban do* 
minadas por una razon alta, solemne i poderosamente me- 
ditativa.» San Buenaventura, su contemporáneo, natural 
de Toscanai i Ilamado por sii siglo ei Doctor seráficOy aun- 
que dotado de una intelijencia ménos poderos^y pero alma 
templada en el ejercicío de las virtudes mas puras, no con- 



HISTORIA LITERARIA. — EDAD MEDIA, 215 

cebia el mnndo sino por la caridady í encaminaba sus estn- 
dios i sns escritos a la enseüansa de esas doctrinas. 

4«— Sin embargOy el italiano se formaba a la sombra de 
ese idioma que aquel iba a destronar. Dominando desde 
largo tiempo cn las clases bajas de la nacion, se inñltraba 
poco a poco en las altas jerarqnías de la escala social; í 
dejando la tosca corteza qne lo hacia poco armonioso en la 
boca del pueblo, se revelaba el pensamiento de algnnos 
hombres privilejiados con todo el brillo poético de su por- 
venir. Este desarrollo de la lengna fué debido particnlar- 
mente a un impulso estraño a la misma Italia. 

Hemos dicho que miéntras que la lengua italiana se ela- 
boraba lenta i oscuramente, <ilos trovadores provenzales 
eran ya célebres por sus cuentos, sus versos i sus tensans. 
Mirados cemo los ministros de los plaoeres de los prínci- 
pes, dice SaI6, el elegante historiador de la literatura ita- 
liana, ellos eran el alma i el adorno principal de todas 
las fiestas públicas i psfrtículares. Federico II i Manfredo, 
sn hijo, los atrajeron a la corte de Falermo. En seguida, 
Cárlos de Anjou, conde de Frovenza, elevado al trono de 
Nápoles, adquirió una grande autoridad sobre la Italia, e 
introdujo en todas partes los placeres de la corte i el gusto 
por los trovadores. Los italianos comenzaron iK)r imitarlos 
i acabaron bien pronto por sobrepojarlos.i) 

£1 primer italiano señalado como poeta provenzal es AJ* 
Kor^^ nlftl^gpin^tt^ que florecia a fines del siglo XII. La 
influencia de esos poetas hizo tambien nacer los primeros 

Íoetas italianos que se sirvieron de la lengua de su pais. 
^esde 1220y Federico II tuvo en Sicilia una corte briilan- 
te, donde se cultivó la poesía nacional, i esta escuela fué 
tan célebre, que, segun refíere Dant3, en su tiempo se da- 
ba el nombre de aiciliana a toda obra en verso. Se cita 
como el escrito mas antigno en lengua siciliana nna can- 
cion de Ciulj lo d'AIc^m% de cuja vida no se sabe sino que 
vivia a fines deT siglo XII. Despues de éste, fué el mismo 
Federico H el primer poeta de Sicilia, con sa consejeroi 
amigo Jf ed^o^de las Viñas. La erudicion de ese príncipe 
era vasta bara su siglo i para nn emperador: sabia variaA 
lenguaSy ora un filósofo escolástico de alguna distincion, i 
escribióy i^emas de sus poesías, una obra sobre la historia 
nataral. t'edro de las Viñas. natural de Oápua, habia be* 



■ 

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1 

1 



216 ELEMKNTOS DE LITERATÜRA. 

chó sus estiidios en Bolonia, i mereció la coníianza i lapror 
teccioD de aquel rei, hasta que creyéndose éste traicionado, 
lo encerró en un calabozo i lo co6denó a perder la vista. 
El viejo servidor se suicidó de desesperacion. De él nos 
quedau rnuchas canciones, casi todas aiaorosasy una de las 
cuales es por su forma un verdadero soneto, primer mode- 
lo de este jénero de estrofas. 

Dado el primer impulso, no faltaron imitadores. En S¡- 
cilia se hicieron famosps algunos de ellos; i eu B >Ionia se 
formó de 1250 a 1270, una nueva escuela de poesia cuyo 
jefe fué Gfuido GuinicelIL Cuando se comparan las obras 
de este autor conlasdesus aatecesores, se encuentran en 
ellas mas hilacion i mas arte en ei conjunto, pero tienen 
por asuntoel amor caballeresco, i con mui pocas escepcio- 
nes, sou óompuestas con arreglo al gusto i al sistema de los 
trovadores. <aEü los versos de todos estos poetas, dice 
Salfi, se reconocen lad formas de la poesía provenzal. Los 
poetas italianos se las han apropiado, las han desarrollado 
mas aun i las han embellecido. Tales son el empleo de la 
rima, la canciou, sobre lactial los italianos han formado su 
oda, i la dedicatoria que siempre la termina; las narraciones 
fabulosas de aventuras caballerescas o galantes; las mo* 
ralidades sacadas de esas mismas narraciones; los tensons 
o debates poéticos; las baladas, i sobre todo los cueutos» 
que tuvieron tanta bogaen Italia. Ademas de estasformas 
puramente esteriores, los italianos tomaron de los proven* 
zaleslosjirosde pensamientos injeniosos ogalantes^ el lujo 
de descripciones, de comparaciones i de imájenesque cons- 
titnyen uno de los caractéres de la poesía moderua. 

Fruto de este movimieuto fiieron otros muchos poetas 
qne brillaron en Bolouia i en Toscana, cultivando ese mh- 
mo jénero de poesía durante el íiiglo XIII. Este siglo vió 
tambien florecer a Brunetto Latini^ el maestro de Dante, 
que hizo a su vez alguuos versos amorososy pero qne culti- 
vó adémas las ciencias^ la filosofla i la literatura, i propagó 
ciertos principios de buen gusto con la traduccion italiana 
de algunos fragmentosde Ciceron. La principal obra de Bra- 
netto^ escrita en frances con el titulode Le trésor (el teso* 
ro), es nn resúmen de toda la ciencia de su tiempo, que él 
habia recojido en numeroaos viajes. La tendendta hicialos 
«studios i las especulaciones filosóficas se fortificó por el 



-.r 



HISTOKU UTERARIA,— EDAD MEDIA. 217 

<lob1e efecto de los preceptos i de los ejemplos de BruDetto 

Latiniy prodacieDdo nn jénero de poesía sábio, abstracto í 

\ ^losóHoo qne no alcanzóadisefiarseperfectamente a causa 

, *de la aparicion de uno de esos grandes jénios que estáu 

destinados a modifícar el gustode unaépoca i a abrir nue- 

. vos horizóntes a la imajinacion i a la poesía. Ese jénio era 

Dante. 

5, — Durante Alighj firít cuyo nombre abreviado ha sido 
convertído en el de Dante, inagura magníficamente una 
oivilizacion nueva.. Nacido en Florencia en 1265, de una 
famiiia ilustre^ aunque huérfano desde sus Ttrimeros afios, 
estudió en su ciudad natal, en Boloniai en Pádua, i adqui* 
rió conocimientos verdaderamente enciclopédicos en las 
letraSy en las ciencias i en las artes. En su primera edad 
ooncibió un amor tan vivo como puro por una jóv^n de 
rara belteza i discrecion, la célebre Beatriz Portinari de 
qnienha hecho uno de los tipos mas puros i inas encanta- 
dores de la poesía, i cnya muerte prematura penGtró sn al- 
ma de nna melancoliaprofunda, sobreviviendo en él ese re« 
cuerdoa todas las vicisitndes de su ajitadaexistencia. Des- 

f)ne8 de algnnos años de nn matrimonioen que noencontró 
a paz i el consuelo que! deseaha, Dante arrastrado por la 
inqnietud de su alma mQbüe, como él mismodice, se arroja 
en la política, combate por la causa de los güelfos en la 
batalla de Campaldino, desempeña varias misioues diplo* 
máticas i alcanza el puesto de miembro del consejo supre* 
mo de Florencia en 1300. Esta era la época en que las 
facciones intériores, los Cerchi i los Donati, o como entón- 
ces se les Ilamabai los blancos i los negros, desgarraban la 
república i el partido güelfo. Dante concibe la esperanza 
de restablecer la paz desterrando de Florencia a los jefes 
de los dos bandos; pero miéntras se hallaba en Roma de- 
sempeñando nna mision de la república, los negros consu- 
man una revolucion i Ilaman al poder a Cárlos de ValoiSy 
príncipe frances. £1 partido vencedor saqnea su casa, con- 
fisca 8US bienesi destierra al poeta i lo condena al fuego sí 
pretende volver a su patria. EI destierro qne lo aleja de 
80 qnerida Florenciay snmió a Dante en una profunda 
desesperacion; i annque güelfo hasta entónces^ se uue a loa 
JibelÍDos, toma parte en una empresa infructBosa contra 
su patria, i recorre en seguida, devorado por un profundo 



218 ELEMENTOS D£ LITERATURA. 

dolor^ casi toda la Italía^ Yerona, Mantua i llavena, m 
hallar en parte alguna la paz apetecida. Én esta última 
oiudad mnrió en 1321,despuesde liaber terminado laobra 
que lo ha hecho inmortal. 

£1 Dante (1) escribió sobre diversas materías en latin i 
en italiano. En el primero de esos idiomas compuso un 
tratado de retórica i poética titulado De eloquio vulgart 
(de la elocnencia vulgar), i en la segnnda la Viia nuava 
(la vida nueva), en que ha reunido las poesías que dan » 
conocer su pasion por Beatriz i los dolores que agobiaroD 
su alma en su jnventud. Pero, aunque en aigunas se en- 
cuentran los destellos de sn jéuio, la gran fama de su antor 
descansa sobre un poema inmortal que Ileva el tirulo de 
jDivina comedia. Este nombre de comedia no tiene absoin- 
tamente nada de comnn con las piezas de teatro que lla* 
mamos del mismo modo: entónces no se couocia el drama 
sino por las obras de la antigüedad. Dante distinguía en sii 
libro de retórica tres estilosdiferentea:el trájico, el cómico 
i el elejiaco. Destiuaba el estilo sublime para la trajedia; 
el que viene en seguida para la comedia; i el lamentativo, 
que conviene a ios desgraciadosy para la elejia. £s claro que- 
ha dado a su poema el titulo de Comedia porque crei» 
haber escrito la mayor parte en ese estilo medio que está 
mas abajo del sublime i mas arriba del clejiaco. El epíteto 
cUvina se esplica suficientemente por las materias teolójicas 
de que trata el poema. 

Este poema^ uno de los mas vastos monnmentos del 
espíritn humano, es el resümen, a veces estravagante, pero 
siempre sorprendente i grandioso, del mcvimiento intelec» 
tual i de la sociedad en cuyo seno se ha compuesto. Abre- 
se por una especie de prólogo alegórico en que el poeta. 
supone que se encontró perdido en una selva oscura ea 
medio del camino de la vida. Habiendo llegado al pié de 
una alta colina^ quiere snbir a ella; pero tres monstruo» 
terribles se lo impiden. Entónces aparece Virjilio, enviado 
por la divina BeatriZ| que desde los cielos vela por su 

(1) LoB italianos emplean ordinariamente el artículo definido delant^ 
de lo8 nombres propios. Esta singularidad gramatical ha sido seguidaea 
otras lenguas modemas, tratándose de los nombres de algunos grande» 
escrítores italianoB. Así en espafiol se dice el Dante» el Petrarca, el Taa- 
ao. el Aríoato etc. 



mSTOBIA UTEEABIA. — EDAD MEDIA. 219 

«migo, i 86 ofrece a servirle de gnía esplicándule los diver* 
608 cuadros de qne sucesivamente son testigos. Pasan ám- 
bos las íbrmidables puertas del infierno i comienzan su 
lúgubre peregrinacion. Dante i su guia oyen resonar idio- 
tnas diferenteSy hórribles lenguajeSy palabras de dolor^ 
^centos de cólera, voces agudas i roncas^ i ei choque de 
las manos que redobla el tumulto: l^ suepiros, Fos Ilantos, 
Í08 jemidos, errechinar de los dientes llegan sncesivamen* 
Ce a 8U8 oidos. £l infíernO; segun el poetai e!>tá dispuesto 
«Q forma de espiral, que se va estrechando así qne se des- 
ciende; los viajeros recorrcn sus nueve círculos i sus nu- 
merosas subdivisiónes donde una multitud infinita espla 
en eternos snplicios las faltas cometídas en la tierra o 
algunos instantes de goces mundaiYos. Habiendo bajado 
hasta el último círcnlo^ Dante i Virjilio encuentrau a Sa- 
tanáSy el jefe de los reioos del dolor, monstruo da tres 
«abezas. sumido allí en el corazon niismo de ia tierra, 
como la base dcl edificio infernal. Los dos poetas se dejan 
<!e6lizar, arrastrándose por las espaldas para salir dei ahis- 
tno; i despues de haber atravesado por nn camino surcado 
por un arroyo de sinuoso curso^ salen al fin para volver a 
v«r las éstrellas. En esta parte del poema^ designada con 
«I nombre de El infierno {L'inferno), 1a mas acabada, sin 
duda, i la mas terriblemente poética, Dante ha desplegado 
toda la enerjía de su jénio i todo el vigor de su imajinacion. 
Despnes de salir del abismo» los viajeros Ilegan al pié 
de una montafia que comienzan a subir. AIIí los suaves 
colores del záfiro orientaI| que se mezclan a la serenidad 
del aire puro, vuelven la alegría a los ojos del poeta esca- 
pado al aire muerto que habia entristecido sus miradas i 
«Q corazoD. Dante i Virjilio penetran al fin en el purgato- 
río, que está dividido en círculos ascendentes, asi como el 
iufierno está en círculos descendentes. Los viajeros reco- 
rren los siete círculos^ en que se purgan los siete pecados 
<5apitales, i se imponen de cuanto pasa en los reinos de la 
purificacion, sin encontrar alli las grandes pasiones, los 
males incurables; i sl solo una dulce esperanza que ocupa 
el alma de los que saben que sus sufrimientos son pasaje* 
ros. Dante hace proferir a las almas^ amargas criticas 
fiobre los vicios del mundo i la corrupcion de la corte de 
£oma. 



220 ELEMENTOS D£ UTERATURA. 

Dante sigue bu viaje al cielo; pero ya do le acompaña 
Yirjilio, poeta pagano, qne no tiene entrada en la mansion 
de los elejidos. La hern^oBa Beatriz, simbolo de la teolojía» 
es la que conduce al Dante i lo hace recorrer los cielos de 
los siete planetaSy contestando todas sns preguntas, eacla- 
reciendo todas sus dudas, h&sta colocarlo delante del divi- 
no triángulo, en cnya descripcion se estasía i abisma el 
poeta, desesperando de coroprender el misterio que repre- 
senta. Esta parte es sin duda la roas débil del poemar 
toda la imajinacion del Dante no ha bastado para reves- 
tir de formas poéticas la erudicion teolójica de que ha 
sembrado esta seccion de su obra. 

Conocido este tejido informe qne sirve de asunto al poe- 
ma, se puede comprender cuán poderosa imajinacion ha ne- 
cesitado Dante para trazar el plan de su obra i para darle 
unidad. Pero la admiracion redobla cuando se penetra en 
los detalles de esta obra jiganteflca; cuando se consideran 
lo8 diversos personajes de este drama místico, esas almas 
que corren sin cesar detras de un inmenso estandartey a 
bíen sacudidas por un huracan eterno^ marchando bajo nna 
lluvia de fuego, cubiertas eon capas de plomo que laa obli- 
gan a doblar la cabeza, acostadas en sepulcroa ardientes o 
sumídas en estanques de hielo, mudas e inmóviles por el 
exceso del dolor; cnando se le ve conversar con las alma» 
de grandes persooajes antiguos o contemporáneos del au- 
tor, i referir su historia con una enerjla de estilo i con un 
colorido que no han encontrado imitadores; i cuando ae 
leen esos mil episodios enlazados entre sí solo por la pre* 
sencia/del poeta. Entónces se descubre el jénio poderoso 
del Dante que ha dado forma i unidad a tantas concepcio- 
nes i a tantos pormenores. Pensador orijinal i vigorosOy 
versifícador brillante i armoniosOy gran pintor de costum- 
bres i de caractéres, no necesita jamás de una larga frase 
para retratar a un hombre i aun a muchos a la vez. 

Los defectos del poema del Dante nacen de su erudicion^ 
de su propio jenio i de las ajitadas pasiones políticas de sn 
Bigloy cuyo retrato fiel ha trasado. Los criticos se han pre- 
guntado si la Divina eomedia era un poema épioo, o si debe- 
ria dársele otro nombre. Esta cuestion no tiene en realidad 
unagrande importancia: si se haconvenido en que el noni-^ 
dre de epopeya corresiionde a las obras primitivas^ orijina- 



HISTORIA LITERARIA. — EDAD MEDIA. 221 

les, nacionalePy que lleran el sello particular de un jenioal 
rededor del cual vengan a agruparse todo8 los escritorea 
de la misTna época o del mismo pais, el poema del Dante 
puede aer conBÍderado como la grande epopeya de la Italia 
en la edad media. Si bien es cierto que faitan la accion 
heróica i la unidád épica^ alli se encuentran retratadas las 
coatumbres, las creencias^ ia cieucia i hasta la historia del 
siglo en que i^vió el poeta. Aunque pronuncia su fallo co- 
mo soberano iuez cuando trata de loa maa célebres perao- 
najea colocados en el infierno o en el paraiao segun aua 
méritos o sufl faltas, esos falloa no aon ain apelacion. Laa 
pasionea politicas que ajitaban al Dante en el momento de 
escribir^ lo han arrastrado a alabanzas o a censuras infun- 
dada^y que en realidad dafian a la severidad de su obra; 
pero el poeta ha conservado perfectamente la unidad de 
doctrina. La Divina eomedia es una verdadera enciclopedia 
de los conocimientos del siglo en que fné compuesta; i por 
eato ha sido objeto de numerosos comentarios. Loa sábios 
i los teólogos fueron encargadosde esplicar lo quehubiese 
en ella de oscnro, í se fundaron dos cátedrap^ una en FIo- 
rencia i otra en Bolonia, para comentar este gran poema a 
la juventud estudiosa de Ía Italia. 

6. — Dante habia dado a la poesía nn poderoso impulso. 
Distribuytndo sus pensamientos en estrofas de tros versos 
endecasllahos rimados como los tercetos castellanos, habia 
ensefiado el arte de encerrar vigorosos conceptos o anima- 
daa descripciones en un corto námero de palabras sonoras i 
armoniosas. Sn nombre como poetA| i aun deberíamos agre- 
gar como sibio, domina sobre todo un siglo; pero seria una 
injusticia no dar a conocer el movimiento literario que en- 
tónces mismo se hizo sentir en toda la Italia. £sta fué la 
época en que Roberto de AnjoU| rei de Nápoles i conde do 
Provenza, protejia los sabios i aun tenia la noble emula- 
cion de igualarlos. La mayor parte de los prlncipes de Ita* 
}ia, i a su ejemploy los ciudadanos ricos, se gloriaban de 
protejer a los escritores i a ios artist^s, a quienes nunca 
se han dispensado roayores socorros i mayores honores. 

La aparicion de la JDivina oomedia hizo nacer muchaa 
«popeyas mas o ménos felices. Cecc o^di Asco li^. astrólogo, 
profesor en Bolonia, compuso 'cón el nombre de Acerb(t 
^de Acervmij recopiiacion) un poema en que trata con un 



/ 



r 



222 ELEMENTOS DE UTEBATURA. 

estilo duro i desprovisto de elegancia i deaTmoníai de las 
cieDcias astroDÓmicas, de los vicios, de las virtudes, de la 
bistoria i de la relijion. Acusado de impiedad por ciertas 
opiniones consi^nadas en su obra, el infeliz poela fué que- 
mado vivo en Florencia a la edad de setenta años. £a22Í^ 
dggl i Uberti . en otro poema titnlado Dittamondo^ narró un 
viaje alegórico en Italia, Grecia i el Asia; su obra es una 
especie de imitacion del poema del Dante; i aunque alcan- 
zó gran boga en el siglo XIV, nadie la lee ahora. Federi- 
00 Frezzi en su Quadrir^iOy describíó los reinos del Amor, 
dé Satanás, de los VicioSy de las Virtudes i de Venus; pe- 
ro la erudicion teolójica i las alusiones a los sucefos del 
tiempo del poeta, reemplazan a la inspiracion. 

Aparte de estas obras puramente poéticas, la literatura 
italiana del siglo XIV puede presentar grandes trabajos 
en prosa aue revelan una notable cultura. Las universida» 
des de Bolonia i de Padua dieron ímpulso al movimiento 
científicr> i produjeron eminentes profesores de jurispru- 
dencia. La historia comenzaba a tener intérpretes que ha» 
cen autoridad por la lengna i por los hechos. Juan i 
M ateo Villani escribieron con talento i con arte ▼eraaSe- 
ramente clllsico la historia de Fiorencia. Andres Dando lg, 
dux deVenecia, consignó en una interesanté obra latina 
la historia de su patria, Albertino Mussato, hístoríador i 
poeta natural de Padua, escribió 1a hístoria del emperador 
Enrique VII i los sucesos de su tiempo, a la vez que ele- 
jías i églogas de mérito. 

7. — Pero el poeta que eclipsó a todos los de su época, es 
Francisco Petrarcflj que despnes de haber esperímentado 
la inffuencia de la poesía provenzal, ejerció a su turno un 
ímperio incontestable sobre el gusto poético de la Italia i 
de Ja Europa entera. Nacido en Arezzo, cerca de Padoa, 
en 1304, Petrarca pasó su juventud en el sur de Francia 
al lado de su familia, que habia segnido a AviQon a la 
corte pontificia. Petrarca cursó la jurisprudencia en Mont- 
pelier, pero la poesía i la elocuencia fueron sus estudios 
favoritos. Compuso en latin sus primeros ensayos poéticos, 
pero Inego empleó la lengua vulgar, a ia cual comunicó 
una gracia i una suavidad qne le eran desconocidaa. Se 
sirvió de ella particnlarmente para celebrar la pasion que 
habia exitado en su alma la hermosa Laura de NoveSi ea- 



X 



BlSTORlA LITERARIA.— EDAD MEDIA. 223'' 



posa de ub cabalíero (íe Aviüon^ por la cual había concebi* 

do de&de la edad de veinte afios un atnpr casto i puro qqe 

ha quedado fanioso en los anales de la poesía. Bu8cand<v 

un remedío contra ese amor desgraciado que dominaba buk 

eepíritu, Petrarea se mezcló en los negocipa públicos fo- 

luentando el movimiento democrático qne tuvo higareiv 

Goma bajo el iippúLso del célebre tribuno Bienzi^ i desem- 

- pcfiando alganas misiones diplomática?. Yíajó^tambien por 

el norte de la Frauciny p^ro a todas partes le acompañó s\% 

dolor, i en todas partes, tambien, repitió sus cantos de- 

aoior, los cuales, si bien aumentaron eetraordinaríameate' 

8U gloria, no produjerou ningnn alívio a sus males. El se-' 

nado romano, por sujestiou de Roberto do Anjon, rei de 

Nápoles, le ofreció uqa corona de laurel que debia ceüir eii 

medio de una fie«ta verdaderamente triunfaL En efecto, e\ 

8 de abril de J34Í, dia de Pascua, Petrároa subió al Capi- 

tolio rodeado de los principales ciiidadanos i precedido de 

doce niüos que cantaban i deolamaban sius versos. Allí tu> 

vo lugar su coronacion eu luedio de una suotnosa solemni** 

dad. Por íin, en 1348, Laura pereció victima de una peste 

horrible que asolaba el mediodia de la Europa. PetraTca 

ae conservó fiel a su niemoria: durante la primera parte^ 

de su vida habia cautado las perfecciones de Laura, i si% 

entusiasmo se habia elevado hasta el éxtasis: durante la 

segunda mitad,^cantó 8u dolor; i sus poesías tomarou ud 

aoento profundamente penetrante i solemnet Despues de 

Dumerosas peregr¡nacioneJ>, dnrante las cnales no cesó de 

cantar a Laura, se estableció en Arqna, cerca de Paduii. 

AIIí se le enooutró m jerto en su biblioteca el 15 de juliO' 

de 1374, con la cabeza eucorvada sobre un libro abierto- 

Un ataque de apoplejía fulminante lo habia privado de la 

vida a la edad de setenta años. 

Petrarca no fué solo un gran poeta, fué tambien un eru» 

dito ilustre que escribió con facilidad i clegaucia la lengua 

de Ciceron i de Virjilio, i que coinpuso eu ella muthíis 

obras de filosofía i uu poema épico, en que, cou el titulo de 

Jfrica, c^lebra la seguuda guerra púnica, i particularmento 

laa hazañas i el carácter de Escipion. Petrarca creia que 

esas composiciones latiuas eran cl fuudiimento de su glo- 

TÍa, i que sus poesías italianas eran un simple accesurio.^ 

J^a posteridad ha jnzgado eu este asunto de mui diversai 

16 



224 BLEMENTOS DE LITERATUIUL 

manerarsns versos latinos no son coaocidos tuas qae por 
algunos erndit 08» miéritras que sus sonetos i sus catici'^nes 
fion populares i han fundado una de las tuas -altas repata* 
ciones poéticas de los tiémpos modernos. 

Aparte de algunas composiciohes puramente patrióticas 
en que Petrarca ostenta un amor ardiente por la Ilalia, 
Laura ocapa casi e?clusivamente la imajinacion del poeta. 
Para celebrarla, Petrarca inventó una poesía nueva que* 
no tenia modelo entre los antiguos i que no eocoatró mas 
que predecesores mui imperfectos entre los trovadores. Sto 
duda debe mucho al Daute; pero viniendo inaiedtatamente 
despues del gran creador de la poesia italianay él supo a 
8U vez ser creador. Debe tambien mucho a los poetas pro- 
venzales; pero perfeccionó inñoitameote los elementos qae 
tomó de ellos. Dió a su sutil galanteria uoa sinceridad i 
una belleza de espresion que la trasformaron. Tiene sia 
duda algunos de sus defectos; abusa de los ádornos, prodi- 
ga las metáforas no siempr^ exdctas, las antítesis con fre* 
cuencia forzadas, las hipérboles pueriles, i los complica 
hasta hacerlos incomprensibles u oscuros; pero todas estas 
faltas apénas alteran el efecto'de supoesía, elaborada con 
un cuidadp infíqito, siii que el trabajo mas minucioso resfrie 
fiu inspiracion. La vivacidad i la pureza de los sentimieb- 
tosy la variedad í el brillo de las imájenes, el arte e^quisito 
. de la composicíon, la elegancia i la frescara del lenguaje i 
la armonfa de la versificucion, dan a sus sonetos i a sos 
canciones amorosas un encanto que quizá no ba coqsegui- 
do ningaa poeta. 

8.— Bocacio fué para la prosa lo qne Dante i Petrarea 
habian sido para la poesía, i forma con ellos el famoso triun- 
virato que ocupa casi toda la historia de la literatura italia- 
na de la edad media. Sus escritos son e1 tipo del lenguaje 
correcto i elegante; su estilo píntoresco i gracioso; libre ea 
6U8 jfros, pero siempre castigado en sus términoS| es hasta 
hoi el modelo de los prosadores italianos. 

Hijo natural de un comerciante florentino^ Juan Bocacio 
nació en Paris en 1313. En Florencia se consagró al estu- 
dio de la literatura^ contra la voluntad de su padre qae 
queria dedicarlo primero al comercio i despues al foro. 
Aprendíó el griego i el latin, i compuso varias obra<i en 
esta última lengua, entre otras una sobre la mitolojía i 



HISTORIA LITERÁBU^ — EDAD MEDL/L 225 

ctra sobre la jeografía antigua que supODen una grande^ 
erndicion. Cultivó la poeaía épica; pero abandonó sua en- 
. sayos desesperando de alcanzar al Dante. La lectura de 
]a8 obras de Petrarca le hizo abandonar tambien la poesía 
Krica en que habia comenzado a distinguirse. 'Parece que 
un poder secreto arrastraba a Bocacio al jénero litarario 
que habia de cqnstituir su gloria. 

Bocacio no se hizo gran prosador el misrao dia en que 
comenzó a eacribir en prosa' italiana. En la strie de sus 
obras de.esta especie, casi todas formadas por novelas sa- 
tiricas de aventuras mas o ménos libres i licenciosas, hai 
' nn progreso evidenté en el trascurso de los afíos. Aunque 
algüuas de ellás posean un mérito real por la invencion 
del asunto i por el arte literarioy es su última obra la que 
le ha granjeado sn gran reputaciony i la que le ha asegura- 
do su brillante puesto en la historia de las letras. EI De* 
cameron (II Decamerane)^ este es el titulo, es una simple 
compilacion de cuentos o novelas cortas, basadas algunas 
sobre historietas poéticas, ofabliaux de los truveres, pero 
cnja mayor parte es de inveucion de Bocacio. 

£1 plan del Decameron es mui senciMo. Su nombre es 

compuesto de dos yoces griegas que signifícan diez dias, 

Ku la época de la terrible peste que asolaba a Florencia 

en 1344, diez jóvepes^ siete de ellos mujeres i tres hom- 

bres, se retiran a1 campo para huir del coñtajio i distraerse 

de las lágubres ideas que dominaban en la ciudad. Cada 

iino debe contar una historia cada dia^ durante diez dias; 

de manera que al íin del término fijado se completan las 

cien novelas que componen el libro. La narracion sc abre 

con xina descripcion de la peste^ trazada en estilo natural 1 

seacillo, pero con gran penetracion i profundidad. Bocacio 

se mneatra historiador, fíl^sofo i poeta. Lucrecio^ Tncidides 

e Hipócratea parecian haberagotado el asunto; pero Boca- 

cio ha sabido revelar una multitud de partícularidades, de 

fenómenos fí«ícos i morales, que denotan un espíritu ob- 

serTador, i firmez.i de carácter en el hombre que estudiaba 

esoa hechos en medio de los tnayores peligros i de las es» 

cenas de la mas espantosa desolacion. Esta especie de pró- 

log^o forraa un verdadero contraste con las novelas de los . 

díez dias. 

£1 Decameron es una obra singular. Hai en él historiaa 



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226 ELEMENTOS DE ^JTERATÜRAi 

de todtí jénero, sériae ¡ burléscas, írigtes i alegres, satín* 
caff i sentimeútales. Bocacio ha puesíto ea esceua casi to* 
dos los tipoB socinles cuyas costunibre8 i cúya vida eutrau 
en el dominio de la observacion, i lo ha hecho con un no- 
table talento, con uu buen hnmof casi constaute i .con uq 
arte de esdritor qué casi ha quedado sin rival. Por desgra- 
cia, una parte de sus cuentos versa sobre asuntos licencio- 
sos e inmorales, en que los heclios mas escandalosos estáa 
referídos con üua vituperable libértad de espredion. Los 
roaridos burlados, los jóvenes seductores, los viejos avaros^. 
los caballeros, los írailes i las monjas' desempeüan un pa- 
pel prtncipaU Bocncio se ha reido tambien de las supers- 
ticiones ^relijiosas de la edad media; i ha dfjado traslucir 
al traves de sns burlas, cierto escepticifmo que no debiú* 
ser del agrado de ios hombres de su siglo. Así, en uno de 
los cuentos, un judío dice al sultan Saladino que las reli- 
jiones cristiana, hebrea i mnsulmana son tres joyas, de las 
cuales solo una es la verdaderamente fina, pero que no e^ 
posible distinguirla de las otras dos. I 

Haciendo abstraccion de lo que hai de chocante i de cen-r 
fiurable en el Decanieron^ Bocacio se ha granjeado por sa 
mérito literario i por los recursos de su iujenío la admira- 
cion de todos los graudes escritores/La-Foutaine, ha pues- 
to en verso frances algunos de los cuentos del novelista^ 
iirtiano. Babelais i Moiiére en Francia, Chaucer i Drydeu 
en Inglaterra, han eucontrado en ellos numerosos inciden- 
tes qne imitar o (|ue reproducir en sus obras. La prosa 
it^liana lé debe, si uo ei haberla creado, a lo ménos el ha- 
berla elevado a uu rango uo ménos distinguido que el que- 
ocupaba la poesio. 

Bocació erapleó en un trabajo constante la mayor parte 
de su vida. Couio Petrarca, buscaba con un ardor increi- 
ble los manuscritos antiguos, i exortabaa sus contemporá*- 
neos a hacer un estudio sériode los escritores griegos i ni- 
mauos. Lleno de admiracion por el DantCi escribió su vida 
i Gpmentó su puema desde nna cátedra de Florencia. Por 
fin, muríó en Certaldo, en 1375, a la edad de sesenta. i do& 
afios, dejando un nombre imperecedero en la historia de^ 
las letras italianas. 

9.— La segunda mitad del siglo XI V se resintió del im- 
pulso dado a la literatura por esos tres poderosos jénios* 




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HISTJORIÁ LITERARIA. — ^EDID MEDtA. 227 

<l\\e caltivando jéneros tan diverso«, fijaron la léogua ¡ 
:«tbrieron a la poesia i a "la prosa horizontes desconocidos. 

Así como despaes dé Dante suijiéron nuraerosos poetas 
•épicos i despues de Petrarca muchos poetas líricos, así 
tambien detras de Bocacio nacieron varios novelistas do* 
^dos al^unos de eltos de un injenio burlon i satírico^ i dé 
4ina ímajinacion rica i fecnnda, pero que carecian del arte 
dupremo que aquel empleaba ,en la composicion de sus 
cuentos. El verdadero trabajo de este período fué el es- 
tudio de las grandes obras de la antigüedad, la rebusca 
dé los manuscritos perdidos durante taiito tiempo i la res- 
t/auracion de la literatura clásica. Petrarca i Bocacio ha- 
4)¡an inicíado este raovimiento; i luego encontraron ardoro- 
«os imitadores. 

Junto con esos trabajos, se contlnuó con gran ardot el 
-eetudío'de la jurlsprudenciay de la astronomía i de laa ma- 
teniática^. Las universidades producian liombres mui no- 
tables en todos los ramos del sabsr; i atraian a Italia log 
«abíof mas distinguidos de Europa. Ln peninsula iha a ser 
él centrp desde el cual debia irradiar la iuz de nna nueva 
era, conocida en lá historia de las letraa i de las i^rtes con 
-el nombre de BenacimierUo, 












I 



CAPITULO VIII. 
Llteraturás del norte. 

ÍT^Lñ lengoa alemana. — 2. Lob Minnennger, — 8. El poema de los JM^A^- 
lungen. — 4. Poesia alemana anterior al siglo XV. — 6. Literatura escan- 
dinara.— 6. Literatuia eslava. 

1. — La leDgua alemana ha sido coDsiderada largo tíem- 
po^ a lo ménos bajo su forma mas aDtigua, como uDa len- 
gua radical etindependieDte de toda derivacioD estraDJera. 
SÍD embargo, los trabajos filolójicos moderDOs han demoB* 
trado 8US relacioues do soIo con el griego sino tambien con 
el sanscrito i el persa. Porma la rama modérna zuas inte- 
resante de la familia de las IcDguas iudo-jermáDÍcas, i 

{>uede ser coDsiderada como la IiermaDa mayor^ bído como 
a madre del flameDco, del holandes^ del daDes, del sueco i 
del ÍDgtes. La historia de las emigraciones que hán tras- 
portado ese idioma del Asia a la Europa ha dado lugar a 
mucbas hipótesis que no tenemos para qué recordar ea 
este lugar. 

Desde los tiempos mas remotos, la lengna jermánica se . 
ha encontrado dividida ^n idioma del snr o de la Alta 
Alemania^ i en idioma del norte o de la Baja Alemania. 
Sobre la autoridad deTácito, se habla de cantos guerreroa 
compuestos por los jermanos ja sea para celebrar sua 
triunfos, ya para producir el entusiasmo ántes de entrar 
al cbmbate. £1 mas antiguo monumento escrito que se co* 
Dozca de esta lengua parece por su forma estar concebido 
en el idioma del sur. £s una traduccion de la Biblia he- 
cha por los años de 360 por Ulfilas, obispo de los godos 
de Mesia. Este libro que nos ha dejado incompleto, es to* 
do lo que conocemos en la lengua gótica* Se atribuye al 



HIS70RU LITEEARIA. — ^EDAI) MEDIA. 229 

• 

TDÍsmo tierapo a bu autor, aunque sin fundamento sólido, 
]a iuveucion de lo8 caractérea de formas angulosas aaados 
de.spaes en la trascripcion de loa idiomas jermánicos. 

£1 dialecto que hablaban los francos formaba parte de 
esos idiomas; pero no comenzó a escríbirse hasta e] siglo 
VJL Para su estudio era la gramática que redactó o que 
mandó redactar Carlo-Magno. Ese libro, así como un& 
traduccion de la Biblia que mandó hacér Luis I, están per- 
didos para nosotros. El idioma del norte prevaleció bajo 
lo8 emperadores sajones; pero despnes del advenimiento de 
la casa de Hohenstuafen (1138), una nueva rama del idio^ 
ma de la Alta Alemania, el dialecto de Suabia, denomina- 
do aleman, vino a ser el idioma del imperio; i desde esta 
éiK)ca data su preponderancia sobre el alemau del norte. 
Bajo Oton I V, a principios del siglo XIIÍ, comenzó a ser 
empleado en las dietas i en los documentos piiblicos. For- 
ma la base de lá lengua moderna^ i aun se puede decir que 
hasta cierto punto subsiste aun en la Alsacia i en la 
Suiza. 

2.— Apesar de las modificaciones sucesivas introdncidas 
en eata lengua por ia influencia de los diferentes díalectos^ 
se pnede decir que el aleman es el idioma europeo que ha 
Bntrido ménos alteracion durante la edad media. Se conser- 
vó puramente jermánicOy porque ninguna invasion introdnjo 
alli un elemcnto nuevo. £s sorprendente por esto mismo 
que no haya producido una literatara propia ántes que loa 
otros pueblos. En efecto, las obras alemanas anteriores al 
siglo XII se reducen a cantos heróicos i rélijiosos que solo 
conocemos por referencias o por simples fragmentos, i a 
trabajos mas estensós compuestosenlengualatina. La ele* 
vacion de los príncipes de la casa Hohenstáufen abre la era 
de los grandes dias para la literaturajerm&nica de laedad 
media. 

fistablecida la unidadde la Alemania, unaraza de sobe* 
ranos apasionados por la guerra, por la poesía i por laa 
artes da impulso al jénio nacional; i por todas partes se le- 
vantan poetas para cantar la gloriosa casa de los Hohens* 
tánfen. Las cruzadas» las guerras de Italia, los interesea 
de los cmperadores en el sur de Francia^ ponen a los puo- 
blo8 alemanes en contacto con el mediodia. Los primeroa ' 
acentoB de la poesía italiana^ las melodías de la Provenza^ 



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230 ^ ELEMENTOS DE LITEBATÜBA. 

. los poemas de ]os truveres walones. Ia& epopeyas mfsticas 
i caballeresoas fuadadas en las tradiciones bretooas^ peue* 
tran en los países jermánico's i pro(}ncen inspiracionea ori- 
jínales. La ímajinacion de la Álem^nia se despierta i la 
ien^ua se deseinbaraza. Yaitomaesas vieja.4 leyendas cuyo 
ffusto habia perdido, i las consigna en obras en que un es- 
tilo mas cultivado no.borra^ sin embargo,» la heróica rade- 
za de la tradicioir; ya se inspira en loa cantos de amor de 
los poetas provenzales o en las epopeyas místicas de la Bre- 
taua, adornando áiubos asuntos cou ideas í con sentimien- 
'tos qiie le son propíos. 

Viéronse, en efectOy mnchos hombres pertenecjentea a 

las clases mas elevadas cultivar la poesía como un meJio 

'ile }lea;ar *a los honores o a la fortuna. A imitacion <le los 

trovadores, los Minnesinger (cantores de amor), apare- 

cieron en las reunioues brillantes para deleitar al auditorio. 

Se cuentan mas de trescientos poetas que ilustraron esta 

^é|)oca; ¡ se ha dicho de ellos qne janiaa Ía ternura^ la ad- 

hesion, la uníon casi mística del amor terrenal i de los 

'^éxtasis celestes, han encontrado una espresion Qias suave. 

"Se cita como el raas uofAble de todos ellos a Walterde 

^ógelwejde^ muerto eu 1228, cuya musa léjos^e cantar 

solo eT'amor puro i el panejíríco de las majeres, no fué 

ihdiferenie a uinguna de las grandes cuestiones de sn 

sigio. 

3. — La poesia épica alemana esplotó tambien en esa 

¿poca diversos asuntos, nacionales U»s uuos sobre los antí- 

guos jefes jermauoSy feudales, caballerescos i relijiosoa los 

otros sobre Carlo-Magno i el rei Arturo de Bretafta. 

El nias famoso de todos ellos es formado de las tradi- 

ciones fraucas, borgoñonaH, góticas i lombarda<« que se 

refíeren á los nombres célebres de Hermanrico, de AtUa i 

de TeodorÍGo. Su nombre es los Iñebelungen (los hijos de 

la nube, de Niebel, nube, i Jufiff, hijo.) Esta epopeya, qne 

los críticos alemiues no vacilan en colocar al lado i aun 

^encima de la Iliada, es seguu se cree, uu conjunto de 

« cantos nacionales de uua remota antigüedad, a los cuales 

uu aator desconocido ha dado, por los años de 1210, la 

^orma bajo la cual han Ilegatto hasta uosotros. Se atribuye 

^ste trabajo a cuatro poetas diferentes; pero Enríqne de 

• Oíler JtngeUj natural de Turinjia, es el que cueiita ooa 



Á 



HISTORIA LITERAtaA. — EDAD MpDIA. 



231 



Tna^or número de siifrajioíi en las díscasionés bistórico-Ii- 
terarias a qne esta obra ba dado lugar. 

En los Niebelungen la biatoria se mezcla con la leyenda 
i la ategoría. Los bechos bistóricps son la ruina de ia anti- 
■gna casa de Borofoila i ki» proezas de* Atila: las leyendas 
son toniadas de las tratlicioncs escandinavas modificadas 
poT Fos sentimiéntos cristianos^i la alegorfa estriba en nna 
Incha incesante entre las divinidades de la hiz i las divini- 
dades de las tinieblaS| entre las fuerzas emanadas del bueno 
i del mal principio. 

Su prirnera parte está consagrada a la narracion de las 

aventnras i de la mnerte de Sfegfried. Este béroe/bijo del 

rei de los Paises BajoSy bace un viaje a Worms, donde 

reside Gánter^ rei de los borgoñones. Qracias a la fuerza i 

al don de ÍHVi^ibilidad que Id da una capa májica, ayuda a 

^este prfncipe a vencer a la hermopu Brunilda, reina guerre- 

ra de Jslandia, qne habia jurado no casarse sino con sa 

vencedor. Gñnter realiza sus deseos, i queriend<» premíar 

el beroismo de Síegfned, sin cuyo brazo no babria [Kidido 

realizar siis propó^^itos, 1e da en matriraonio a su hermana 

'OrimiIda. Los amores de estas dos parejas constrtuyen el 

aRnnto principal de esta parte á?t\ poema; pero la íelícidad 

de ámboA gnerreros no fué de larga duracion. Brnnilda, 

eievada al trono de ios borgofiones, tiene nna querella con 

Crimilda; i sabe entónces que no es Gúnter sino Síegfried 

el qne la ha vencido. Llena de indignacion i de dolor, 

Brnnilda toma nna venganza terrible: bace asesinar a 

Síegfried en nna partida de caza, i arrqja al Hhin el tesoro 

qne e^^te béroe babía quitado en (»tro tiefopo a los Niebe* 

lungen, prfncípes establecidos en el norte. La segnnda 

parte reíiere la vencranza de Crimilda. Esta princesa me- 

ditaba el castigo de sns enemigos cuando el rei de los 

Hun, el poderoso Etzel (^Ltila), pierde a sn mnjer i qniere 

-casarse en segnndas nupcias. Crlmilda, aunque era cristia- 

iia, no vacila en casarse con Atila. Despues de siete aOos de 

felicidad domésticaen lacindad de Yiena, Crimilda venga 

-cruelmcnte la muerte de sn primer marido: invita a los 

borgoñones, qne el poeta Ilania ahora Níebelungen/auna 

-fieata en qne los hace * asesinar^ i ella mata por su propia 

mano al que habia berido a su infeliz esposo. 

Tal es en sn conjuntO| . i desligado de los hechos:epÍ8Ó-^ 



232 ^ EfiEMENTOS BE LITERATURA. 

dicoei qne lo alargaa-i a veces lo oscareceD, el aBuato del 
poema de los Niebelungen^ la epopeya nacional de la Ale* 
maaia. Apesardela-estrav^ágancia dealgunos detalle?, de 
la difasion vaporosa de cíertas figuras» i del cáos en qa&¿ 
están confundidos los sucesos ñnales, no se puede dejar de 
recoQOcer en él bellezas reales, profundas, duraderas, que 
seha convenido en Ilamar clásicas. o^Este poema^ diceuno 
4e sus tradactores, M. de Laveleye, Ua llegado a ser el 
objeto de la veneracion de la Alemaniay la que lo coasidera 
como la Iliada nacional. £n todos los ^rados de la ense- 
fíanza, es puesto en maaos de los jóvenes, que lo estudian 
i que aprenden.de memoria los pasajes mas notablea. Lo» 
profesores los esplican i los comentan en las citedras de 
las universidades. Los sábios mas afamados le han consa* 
grado sus veladas. Astcomo loscantos heróicos que cele- 
braban la muerte de Siegfried o la venganza de Crimilda 
resonaban eii otro tiempo ei^ todas partes donde se hablaba^ 
nno de los dialectos del viejo ídioma jermánico, así tambíea > 
en nuestros dias este poema ha venido a ser el patriraonío 
literario comun de todos los pueblos que componea W 
Alemania modQrna.i>- 

Ademas de esta obra orijinal, que los alemanes fundaroa 
en los recuerdos de sa propia l^istoria^ compusieron otros 
poemas heróicos que se refieren a las crónicas carlovtn- 
jias i a las tradiciones de Arturo i de la mesa redonda». 
i en las cuales sedescabre deordínario una imitacion o ana- 
BÍmple traduccioa de los poemas caballerescos franceses... 
Existen ademas tres grandes epopeyas alemanas de los si- 
glos XII i XIII, imitadas de la antigüedad, i que tienea 
por aflunto las aventuras de Enéas^ la guerra de Troya i la- 
espedicíoa de los Argooautas, Pero aunque ea algunas de 
esas obras se encuentren frecuentes rasgos de una verda- 
dera poesía» el poema de los Niebelungen mantiene sa ín-> 
. disputable superioridad sobre todas ellas. 

4. — La poesía alemana sufrió ua gran golpe con la caida 
de los Hohenstáulen. No se, levaotó siuoea el siglo XVI^ 
i fué para.revestirse de un carácter particular. £a vez de 
habitar los castillos con los príacipes i los nobles, bajó & 
las ciudades i a las ald^as entre los mas humildes artesa» 
nos. Abriéronse certámenes poéticos en Maguncia, en Ea* 
trasbnrgOy ea N&remberg; pero a ellos coacurriaa sola 



mSTORIA LITERABIA. — EDAD ICEDIA. 23Sl 

zapateroSy herreros, sastres/etc. Estps poetas de un órden 
Daevo, tomaron el nombre de Meister8<ienger¡ o maestros 
cantores. Sas composioionesy que no eran mas que trozos 
lirícos, son pálidas, volgares» sin inspiracion^ i desfíguran 
los grandes asuntos consagrados por la época precedente. 
Sin embargo, se las ba conservado; í recorriéndolas, se 
nota que ordinariamente tenian por asnnto las querellas 
intestinas de la^ ciudadeá de Alemania. EI tono dejo- 
vialidad i la libre alc\gría de la sátira forman su carácter 
distintíva 

En breve, la tendencia moral i alegórica quitó a esoa 
poetas sn verdadero elemento Krico, para arrojarlos en el 
dominio de la poesía didáctica, jénero que florecia desde el 
siglo XIII, i que sin embargo, no habia alcanzado graa 
desarrollo. Se paeden citar como pertenecientes a este jé- 
Dero algunas poesías sentenciosas, o fábulas esópicas. La 
obra mas notable entre éstaé^ es el Nárrenachiff (Ia nave de * 
los locos), oompuesta por ^ebastian Brandt (1458^1520), 
en que el poeta ha castigado, coá una' indignacion mas o 
ménos caballeresca, los vicios i las ridiculeces de su tiem« 
po, suponiendo una nave cargada de bibliómanos, meló-^ 
manoSyébríos, gastrónomos, elegantes, enamorados, ambi- 
ciosos, jentileshombres i campesinos^ i en qae se embarca 
61 mismo. 

La inspiracion jermánica parecia haber renunciado defi-* 
nitivaménte a los grandes poemas, porque entre las com« 
posiciones de este jénero de los siglos XI V i XV, solo se 
encuentran cnentos rímados que versan sobre aconteci- 
mientos contemporáneos, o son estractos tomados de las 
lejendas caballerescas. Encambio, el gusto porlas poesías 
cortas i HjeraSy i por las novelas se hizo jeneral. Los poe- 
tas se ociiparon sobre todo de las composiciones aparentes 
para el canto, las canciones populares o baladas, los cánti- 
€08 guerreros, los himnos relijiosos, que se multiplicaron 
hasto lo infínitOi ostentando las verdaderas dotes de la 
poesía. 

Los primeros ensayos del drama ñacieron tambien por 
entóoces en la Alemania. Tras de los misterios, o represen- 
ta<iiones de ciertoa pasajes de lahistoriade la relijion, apa- 
recieron en ^úreraberg, a mediados del siglo XY; bajo el 
nombre de piezas de carnaval^ de mascaradas i dQ/araaa, 



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2 34 ELEÍÍEXTOS DE UTERATURA. 

liis prinieras piezas clramátícaft. Pero estos ensayoí», {nfor- 
mes i groseros todavía, no constitiiyen iin jénero literarío. 

1 5. — La prosa aleinana se hallaba en esa época masavan- 
zada que en )as otras nacíoues. Ensayándose particular- 
Tuente en los coentos i en las novelas imitadas de laa 
leyendas carlovinjias i de las novelii^ francasa^, adquiri6 
consistencia i armciiía. Luego contó la hif*tor¡a con bas- 
tanto gracia e interes en ntiinerosas crónicas; i se desarro- 
lló en las compilaciones de leyes que lai» necesidades de 
laépoca hicieron escribir, i on las predicaciones que pro- 
diicia el moviiniento dé las ideas rálijiosas. Jnan Táule r. 
fraile dominicano, natural <le Alsacia, que vivia en la pn- 
mera mitad del siglo XIV (1292-1361,) corapuso sermo- 
nes i obras teolójicas notables por el hábil empleo que 
supo hacer de la prosa, i que son estimadas todavía por el 
raisticismo ardieu(e que respiran todas sus pájinas. La 
prosa alemana se ejercitó tamf^ien en la argurnentacion 
fi.losófíca; i desde entónces, ostentó la facultad de cotnbi- 
nar las palabras i de crear nuevas voce^^ niedíante la cnal,. 
el idiomaadquirió una estraordinaria riqiieza para If^ és- 
posicion de las ideas mas tnetafísicas i abstractas. Liitero 
iiebia fi¡ar el idioma nacional porfecciondndolo eu el si- 
gloXVL 

6. — Bl mismo oríjen jermánico tiene la literatnra escan* 
dinava. Las JS'/cZo^, recopilacion de antiguos cantos poéti* 
cos de los paíües del norte í de tratados en prosa ffobre la 
hístoria i la raoral^ son la fuente nias pura de la mitolojia 
jerraánÍG», i los principale's monumentos ántes de la intro» 
duccion del cristianisino. £n ellos se encuentra nna parte 
de los hechos del poema aleinan de los Niebelungen, Esoa 
cantos estabancotnpuestosen un idioma llamado Norse, 
qiie era comun a t6da la Escandinavin, pero hablado con 
variedad de dialectps. Desde el siglo X, sin embargo, el 
Norse dió oríien a Ías lenguas modernas de Noruega, de 
Snecia i de Dinamarca, i fué conservado Anicamente eu 
toda Ktt pureza en Islandia. Allí fueroii donde se reuníeron, 
eo el siglo XII» los iibros que forman las jÉÜd/i^. Allí tam- 
bien, i en la inisma época, un célebre personaje llamado 
Sn orrq StiirleA íin. escribió una iiutable historia de Norue- 
ga. La estéril isTa de Islanda^ tan olvidada hoi» fué el tea* 
tro de iin notable moviinientu literario. 






' . HISTORIA LITERARU. — EDJÜ) MEDIA. 23 5 

£a la remota antigüedad a qiiealcanzati.lasina8|lejaDa8 
tradiciooes escaQdiiiavaSy se eacueutra un alfab^to desig^- 
Dado con el uombre de rúnico, i cuyos caractére^ son co- 
nocidos con 1a deuouiinaciou de runas, ( secreto,) por ser 
coQOCidos solo por uuos pocos sábios, a quienes se miraba 
como macros o hechíceros. Este alfabeto, que diyersas aua- 
lojías de forma han heeho mirar como derivado ya del he- 
breoyya del gi'iego, no uacía sin embargo de RÍDguna de 
esas lenguas. Era solo UDa mezcla de cara^^téres fsimbóli- 
cós, usados príncipalmente para escribir la lengua góti- 
ca o autigua jermáuica, fuente éomun dc los dialectps del 
oorte. Eu Nornega seeucueutrau todavía rufinas con ins- 
cri|>ciones en caractéres ráuicos, que pon el objeto de las 
dfscusiones de los aiiticuarios para encontrarles uú sentido* 
Parece que los antiguos escandiunvos escribian sobre ta- 
bias de acacía . 

Juuto con el cristianismo i a la época de la formacioO 
de los nuevos idiomas, penetró en el norte lainílttencia del 
luediodia, i Ilevó allí hasldeas cabullerescad de la Francia. 
Compusiéronse en los tres reiiros mncli(»s poemas segun es- 
te nuevo espiritUr En unos se consiguabau las narraciones 
her^icas fúndadas eu los antigüos recuerdos escandinayos: 
ea otros se cantaron las hazaüas de los paladines de las 
cortes de Arturo de Bretaña i de Oarlo-Maguo, mezcláu- 
dolas cou episodios nacionales» Esos p oemas revelau^ a 
juicío de los intelijentesy uu verdadero vigor poético. 

Las tradiciones primitivas de la Ebcandinavia, i parti* 
cularmente de la Dinauiarca^ se eneueutrau consignadas 
ea una notable crónica latiiia escrita a fínes del sigio XIL 
Sa autor es uu famoso erudito conocido con el nombre de 
Sajon el gratnátíco^ que recojió con gran laboriosidad 
todas las leyendas antiguas, i les dió forma en su impor- 
tante hístoria. 

7. — Desígnanse con el nombre de lileraturas eslavas las 
que se desarrolíaron en Rusia, eu Polonia i eu Buhemia. 
Sué idiomas respectivos pertenecen a uua t^ola i vasta fa- 
milía subdividida eu uiuchas ramas. Ese tipo comuu pare- 
ce nacer de lafuente iudo-persa, i por lo tauto, reconoee 
l>or oríjeu el sanscrito i el zend. ^Esa misma lengua estuvo 
jnui jeueral¡za4a en el territorio que forma las provinüia& 
orientalcs de la Prusia actiia!; pero bajo la influencia del 



236 



ELEMENTOS DE LITERATURA. 



idiomfL jermánico, el elemento eslavo cadi ha desaparecido. 
Las maoifestdciones de las literaturas eslavas dttraate 
la ^dad medía no fueron mni namerosas. La Rusía tu- 
vo algunos escritiores entre los siglos XI i XV, de los 
cnales los mas notables fueron J Jéstor , monje de Kiew 
(1068-1116,) que escribió una historia ^del imperio; ei au- 
tordesconocido de un poema heróico compuesto en el sigo 
XII con el título de Éapedicion de Igor, i algunos teólogos 

3ue florecieron dnscientos años mas tarde. Los progresos 
e esta literatura fueron embarazados por las conquistaa 
tártaras. 

La muestra mas antigua de la Ifteratura polaca es uu 
himno a la Yírjen, atribuido a San Adalberto, que murió 
en 1167. Entre aqnel tiempo i los principios del siglo 
XVI, la Polonia produjo un númeto considerable de sá- 
bios; pero casi todos ellos escribieron en latin, porque 
el idioma vulgar era usado únicamente en los cantos po. 
pulares. 

La literatura bohemia fuéla m*a8 importante de las que 
produjo la rama eslava en la cdad media. £n ese idioma 
hai cerca de veirte poemas i de cincuenta composicionea 
en prosa de mérito ctmsiderable, ántes de laspredicaciooea 
de Juan Huss, uue comunicaron un poderoso impulso al 
lenguaje vulgar. En un líbro como el presefite, seriacom- 
pletamente inoficioso el consignar noticias mas detalla- 
das acerca de estas diferentes literaturas, pooo coDocidaa 
en la Europa occideñtal, i que, sin embargo, han sido es- 
tudiadas con notable prolijidad. 



CAPÍTULO IX. 
Llteratnrn Inglesa. 

1,— Lo8 btetones; Ossian.— 2. Lo« sajones. — 3. Losnormando»; formacion 
de 1a lengoa inglesa. — 4. Priraeros ensayos poéticos; Ch»iicer. — 5. De* 
sarroUo i decadencia de la literatora inglesa hasU el aiglo XV. 

1.— La literatnra ingle8a< nació. i se desarrolló miicho 
mas tarde qúe la major parte de las literatnras europeas. 
A caasa de las nuroerofias conquistas que es|)erimentó, la 
Inglaterra tardó mucho tíempo en formar su idioma. Mién* 
tras que en el continente se pueden considemr fas invasio- 
Des casi terminadas en el siglo Y, se las ve repetirse en 
Inglaterra Iiasta el .siglo XI, llevando cada una de ellas, 
los sajones, los daneses i loa normaudos franceseSi sús 
diversas lenguas. 

£1 primer idioma conocido en las islas 1»ritánicas fué 
ODo completamente olvidado hoi en la Inglaterra propia, 
pero que existe con algunas alteraciones en el psís de 
Oal^Sy en laa montafias de Escocia, en muchas partes de 
Irlanda; i en el continente en la provincia francesa de 
B^etaña. Esta lengua que es denominada breton en Gales 
i en Francia/ gaélico en Escocia e irlandes en Irlanda^ 
era el idioma de los celtas, que como hemos visto en otra 
parte, invadieron la Enropa occidental muchos siglos áotes 
de la era cristiana. Las conquistas de los romanos que 
modificaron las lenguas primitivas en Francia i en Espa- 
fia, i que impusieron el latin por todas partes, casi no 
ejercieron influenoia alguna 'sobre la lengua que se habla- 
ba en las islas británicas. 

Esa lengua tuvo poetas que la cnriquecieron í perfec* 
cionaron con cantoa guerreros i Amorosos de los cuales se 



» 



\ 



. 238 ELElOeNTOS DE LITERATURA. / 

coQservan cortos reeuerdo» en laa inoiitañas de Escocía. 
A medíadOB del siglo XVIII (] 769— 1762) un literato es- 
coceSy ^ames^^acphers^ii^ublicó en prosa ioglesa uaa 
eolcccioiTtTe poemas, que suponia compuesto por OasiaD, 
bardo bretoa o gaélicoy del siglo IV de la era cristiaoa, 
icopiados algunos siglos despuea, ciianHo'áe iutrodujó eii 
Escocia el arte de la escrítura. Esos poemasy en parte 
heróicoSy cuentan con un escilo rudo, pero vigoroso ¡ Benti- 
mental las tradíciones históricas de los montaüeBes. Su 
publicacíon prodnjo una gran seusacion en todu Europa: 
el pretendido Ossian, a quien se suponia ciegOy fué elevado 
por muchos críf icos sobre el mie^mo Homero. E»ta aduii* 
racioUy siu embargo, no fué duradera: eruditos eminentes 
declararon que esos poemas eran una simple impostura 
litektkria, i que eran compuestos por e.I mismo MacphersoD, 
imitando sus principaies rasgos de la Biblia i de algunoB 
poetas de la antigüedad. Los mismos defentrores de su au- 
tentÍGÍdad no !a sostienen ya de una manera absoluta i se 
han visto obligados a reconocer que la mayor parte de su 
redaccion' actual es modernay si bien creeu que contiene 
los mas antiguos testimonios de una época remota* M. 
YiIIemainy que ha estudiado esta cuestion de historia líte- 
raria con tanta erudicion como con gusto, llega a las 
couclusiones siguentes: «Ossian, dice^ no es mas que uu 
efecto de rejuvenecimiento literario por la imitacion de 
las formas antiguas, uno de los primeros eusayos de imi- 
tacion del pensamiento i del estilo, comun a lus literatu- 
ras envejeci(la«; i es digno de notarse que particularmeute 
en los sentimientos propios uel siglo XVIII, en esa/ne- 
lancolía [H)ética, en eifta vaga relijiosiilad^ en esatristew,^ 
Bustituida al culto, Macpherson-Óssian ha sido orijioiJL,* 
singular, atrevido. Es el hombre del siglo XVIII que i^' 
teresa bajo la máscara, bajo la capa del bardo ciego. Su 
Oscar, 8u Malvina, su Fingal, todos ec»os personaies que 
Macpherson ha correjido, euibeilecido i puesto e&. movi- 
miento en su poemai tienen \m reflejo ddl espíritu seuti* 
mental de esa época. 

2. — En el siglo V, un pueblo Ilamado sajon, orijioario 
dé la baja Jermania, invadió el país conocido ahora coti 
el nombre de Inglaterra, i arrojóa susprimitivos habitau- 
tes a las rejiones del uorte i del occidente^ doude los de^ 






, HISTOBIA LITERARIA.— EDAD MEpiA. 239 

ceDdientes de éstos coDservan todavia su antiguo idioma. 
De uuft rama de los sajones, deDomiuada Ibs anff!os, aquel 
páís tc»m6 el nombre de Inghtteria, i 8U leogua íué deuo- 
mÍDada anglo-éaJQDa. Era ésta uua lama del jermánico, 
como el daDes^)* liolaDdes i el alemaD, que como hemoa 
dicho en el capítuloanterior^ era el idioma de los autigucs 
pobladores de la Europa central. 

Desde esa época hasta el siglo XI^ el anglo-sajon 8Ígui6 
siendo, conmnipequefioscambibsy el lenguaje de la lógla- 
terra. Hecibió solo algunas voces latinas^ Ilevad&s por los 
misioueros que predicarcu el crÍBtianismo, i otfas danesas^ 
comunicadas por los. intrépidos guerreros del norte, que 
mas de una vez hicieron sus irrupciones en la isla, preten- 
diendo establec^rse en ella. En este período, la litcratura 
tio fué descuidada por los anglo*sajouei>. Bastaria recordar 
ios nombres de.Gildas i de Beda el venerable, para probar 
que la bistoria, que siempre nace en los puet)Ios nuevos 
despues de la poesia, íüé tixmbieu cujtivada; pero casi 
todos lus escritores anglo-sajones compusieron n\s, obras 
en latiu. Se conservan, sin embargo, algunos fragmentos 
de cantos poéticos en anglo-sajon, i se sabe que el rei AI- 
fredo empleó ese mismo idiomapara traducir i popularizar 
algunas obras notables de la autigüedad. 

3.— Uua nueva ccuquista víno. a producir otra revolu- 

cion en la lengua i eu la literatura de la Inglaterra. Gui- 

IJermo de Normaudía ÍDvad.ió i coDquistó la Inglaterra en 

10Í6, i este pais fué repartido eutre los capitanes de su 

ejérc^ victorioso. Esos capitanes, aunque por sus antepa- 

sadob eran orijinarios de las rejioues del norte, eran nacidos 

M Rancia,en donde sus mayores se habian establecido dos 

ÜUte ántes, bablaban el trances i teniau Ics hábitos i los 

gmkps de los pueblos del mediodia. Coexistieron eulóuces 

ei^ Ifiglaterra dos lenguas diferenteb: el frauces, hablado 

por las akas clases sociales, los conquistadc res; i el sujon^ 

idíoma del pueblo de los campos i de las ciudades, de los 

conquistados. DesarroHáronse igualmente dos literaturas. 

XiOS norinandos llevaron a Inglaterra su gusto ]>or la poe- 

BÍa caballeresca, los certámenes poéticos, las fiestas osteui 

tosas en que uu cantor, Ilamado eu Inglatcrra menestrei^ 

celebraha un buceso heróico o el ardor de una pasion. Loa 

poetas cantaron principalmente a los caballeros del ciclo 

17 



•^ '^-mii 



240 EIEJtEXTOS DE LITERATCrBA. 

del re¡ Arturo, que ' exaltaban laiinajinacion tle loa nor- 
imDHoK. Ricardo cdrazon de leon, el valiente cainpeon de 
In tercera crnzada, fué -tambien del número de los ti*ová- 
<loren. 8as veríios se aseniejan nincho a 1»»8 que hicieron la 
^oria <!• Uíú |>oct^ de IVovenza. Los bardoe auglo-sajonea^ 
f»or m parte, aunque despreciados i peraegUidos, ee habiau 
ntnncherado en hu antiguo idioma, i en 8U baiadas, niii-' 
«has vecesheróicaí», pero siempre hirientes para los seilo- 
ref^ nonnujidos, recordaban los antignos triunfof) i las 
recieuieB deHCfracins de 8U raza. dni ci trascurso del tieni* 
|»o,^Mi¿as dofi lenguas ee mezclaron gradualmeute: apesar 
de 61IH fvi'eveiiciones niútuas, los conquistados i los couquís- 
tftd«»Tes «e Síoercaron, i formanm de los dos un idíoiiia 
<^tnitn ijiie vino a ser labase del ingles. Klsajon, sin em- 
ÍMirgo, ppedominó en eáta mezcla i tué empleado priuci- 
|iaImHite para espresar las ideas mas fauiiliares. Se ha 
«Hkniladt) que de treinta i ocht» mil voces inglesas, vein- 
ticcho mil^on de procedeucia sajóna. 

lOsa lengutt habia servido ya eu el siglo XII( ^iara Ja 
«oni^fHksicÍHn de dos crónicas poéticas de la kistoria de In- 
l^iiterrn, i de algunas otras obras de no Cbcaso mérito; pero 
^l fraooes de los conquistadores era el . único idioma usado 
cn los documenÉos pAblicos. Kduardo 111 le quitóesíepri^ 
vüejio: por nn estatuto de 1362, man<lóque tcKlo negocio 
Hoinetido a Uhs tribunales fuese defendido, discutido i jiiz^ 
s^do en i-ngles. Ksto importabala rehabilitacion oíicial del 
lenguaie proscrito. 

4. — l£»ta declaracion dió un vigoroso impulso a la len- 
<;ua i « la líteratura iuglesas. Aparecieron en Ingtuterra 
uuevos )>oeuniit históricos de iargo aliento, eu que se cele- 
liralmn las vict<»ria8 de Eduardo III contra los franceses; 
i en Bscocia, para cantar las hazafias de Roberto Bruce eu 
^stón (le ia independencia de su patria. En el prirneix> de 
•efliH |>:({sefl afareció eutónces tambien uu ]>oet:i notalde, 
aiífclrertojá^n^^land o Laugland, que hizo una crftica hi- 
r.ieiite Je Ins costumbres del clero ingles i que censnró 
ttuwbieu cou injenio la sociedad laica del siglo XIV. 

l*cro el (>oeta mas uotable de esta época es God^iílfiíílp 
üha ncer , que es liamado el padre de la verílailei^" potiitfa 
nrglesa. Fioivció eu las coVtes do Eduardo III i de Ricar- 
<1^ II, eptre los aüos de 1360 i 1400; i no solo poseyó un 



« • 



HI8T0BXA UTERARU.— i-EDAD MEDIA. 



241 



jenio orijinal deplrimer órdeo, eino qiie lo desarrolló con lo» 
viajes i con Ior mas estennos eRt.ndios ()ue podián liacerae 
-en sa tiempo. Desdeñando las crónicas pt ética» i los caotos 
de los nienestreles, Cliancer quiso escribir oon l^ roanera 
regnlar de los trcs grandea jenios de la literatnra italiana, , 
tomaodo la alegoHa del Dante, la temnra de Petrarca ¡ laf 
humorÍMtica anécdota de Bocacio/ Observador atento de 
lois caractéres i de las costnmbres» Chancer parece hat>er 
oonocido mncho el mundo i las ideas de su siglo. Su obra 
oapital tiene por títnlo Los cuentos de Cantorbery^ i consís- 
te en una óoleccion de historietas escritas en prosa, qne ee 
«uponenreferidasportreinta personas diferentes que hacen 
ona peregrinacion a Cantorbery. La obra comienza con 
nna descripcion de la comitivá i con nn retrato de los via- 
jeros, los cuales están perfectamente caracterizados, no 
solo por la iesposicioíi del poeta, sino por el espíritu de los 
«ooesos qne narran. Los cnentos son en parte historias 
hurlescas de la vida ordinaria, en parte cnentos románti^ 
-cos de caballería, i mni pocos son de invencion orijinal del 
poeta. La idea jeneral de la obra, ademao, es tomada del 
Decameron de Booacio; pero Chanoer ha puesto en ella-su 
injenio, su estilo i ha hecho un libro verdad'eramente^pro- 
pio por medio de la sátira acerada, aunque con frecnencia 
ÍieencioRa, de los hombres i de las costumbres de 6n tiempo. 
Ohaucer escribió en verso mnchos poemaf», narrativo» lo» 
naos, descriptivos los btros, i aun algunos alegóricos, al 
gusto de flu siglo, pero oscuros para nosotroR. Imitó las 
obras poéticas de los italianos i de los franceses, i gamó 
para sf la mas alta repntacion literaría de 1h Inglaterra en 
]a edadmedia. A él se le atribuje el perfeccionamiento de 
la lengua i la invencion de mnchos artificios mótricos que 
Abrieron el caminb a los poetas posteriores. 

5. — La prosa cultivada tambien, como hemos visto, con 
tiabilidad por Chaucer, hizo rdpidos progresos en manoa 
-íle otros escrítores «ontemporáneos o posteriores a éste.^ 
Aunque el latin era la lengua culta, el idíoma de la teolo- 
jia, de la ensetianza i de la historia, el ingles comenzó a 
«er usado en algunas obrasde jnrisprudeneia, i sirvió lue- 
go para trabajos de otro jénero. John Aj^ndeville,célebre 
viajero que recorrió los países del orieñte en el fiígfo XIV, 
•«scribió la relacion de sus viajes con gran naturalidad e 



1 



242 £L£M£NTOS D£ LIT£RATU&A« 

interes. John Wicleff e, el famoso reformador de esc mismo 
8ÍoK popularlzó las sagradas escrituras ea lengua vulgar 
i escribió^uuoho contra el papa i coatra la iglesiacatólica, 
daado a la prosa una soltura que le era desconocida. Otros 
escritores compusieron tam\>ien algunas crónicas eu len- 
gua inglesa. 

Despues de este tiempo de pasajero esplendor, vino para 
la literatura inglesa un período de oscuridad i retroceso. 
Kn el siglo XY, IaIngIaterraquedóabsolutamentee«trafia 
al móvinnento literario que por entónces uacia en Italia i 
se jeneralizaba en una gran parte de Europa. Abismado 
por los furores de la guerra civil^ el pueblo ingles queria 
engafiar su tristeza i sus sufrimientos por algunas canciones 
o baladas, cuutos de verdaderas lamentaciones. La historia 
ha conservadoel recuerdo de una estancia quc el infortuna- 
do Enrique' YI compuso en su prision sobre la nada dct 
poder i sobre la vanidad de las grandezas. Desde la muerte 
de este príncipe hastaeladvenimiento de los Tudores, nose 
cita mas que el nombre de una poetisa, lady Juliana, qae 
escribió uu gran número de poesías en e\ convento de Spo- 
wel, de que era priora. Pero desde que la paz se asentó 
bajo bases sólidas^ i la nacion adquírió, junto cou la eatabi- 
lidad, su grandeza i su preponderancia, uació allí una lite* 
ratura pica i vigorosa que habia de ilustrar en los tiempos 
modernos las obras de Shakspeare i de Milton. 






>«- . * 






/ . .«. 



/ CAPÍTULO PKIMERO. 

£1 renaeimleiito. 

].— El renacttaiento. — 2. Impiilso dado « los estadioa clásicos ea Italia.^ 
8. Be^altado de la con^uista de Constantinopla ppr loa turcos. — 4. In- 
▼encioa de la imprenta. — 5. Inflaenciadee^tainTencion.— 6. El renaci- 
mieato se propaga faera de Italia.— 7« Importancia literaría del rena- 
cimiento. 

• 1. — Se da el Dombre de Renacimiento a una gran revo- 
lacion Jiteraria i artística que se inicia a fines del eiglo 
XV i se ^ropaga a principios del Biguiente en Europa, i 
prÍQcipalmente en Italia i en Franciaybajo la influeuciade 
Jas obras maestras de la antigüedad. 

^l^a palabra agradable de Renacimiento no recuerda a 
lo6 amigob de lo bello^ dice M, Michelet, raas que el adve* 
Dimiebto de nn arte nuevo i el libredesarrollo de la fant»- 
sfa. Para el enidito, ee la renovacioa de los estudios de is 
amtigüedad; para los lejistas, la luz que comienza a luéir 
sobre el caos discordaate de las antiguas prácticas jurídi- 
oits.» Esa revolucion^ como lo mauifíesta en seguida ese 
mísmo autor, tiene, sio embargo, uii alcauoe mucho maTor 
todavía; no abraza solo las letras, lasartes, la juriapruden^ 
. cia: ÍBÍcia tambien el progreso sólido i racional de todas 
las GÍenciflS i sefiala el fin de todas las preocU|)acioiie8 
vulgares de la edad medio. cEs el radiante despertar de 



s. 



244 ELEMENTOS DE LITEBATURA. 

la razon humaua^ díce M. Duruy, la primavera de la in* 
teltjeDCÍá.^D 

2. — Bl renacimiento literario no fué ulia resurreccio» 
repentina e imprevista de la^ letraa autig^nas. Desde el si- 
^lo XIY, 86 habia desarrollado en Italia un eutusiasmo 
ardíeute por el estudio de las literaturas griega i latina» 
Dánte, Petrarca i BocaciOy al rnismo tiempo que creaban 
la poesía i la prosa en Italia, contribuyeron efícazmente a. 
preparar este movimiento de los espírítus. Miéutras reve- 
lában a su patria otros destrnos, un jeuío nacioual i una. 
literatura nueva, ensalzaron el latin, pasaron su vida en 1& . 
admiracion de lns antiguos, ostentaron. una predílecciou 
particular por las obras escritas en la lengua de Roma, i 
cousiu^uierou quizá sin eísperarlo, que sus propíos escritos 
fuesen en cierto modo desdeñadoíj por sus contemporáneo?,. 
para tributar el homenaje de la admiracion a las obras de 
Virjilio i Horacio. 

Dado este primer impulso, no faltaron quienes imitasei» 
aquel mismo empeQo en estudiar Ik antio^üedad. Mnchos 
príncipes italiano.o, Cosme de Médicis en Florencia, Xico- 
Ías de Este en Ferrara, Alíonso de Aragon eu Nápolos, i 
el papa Nicohis V en Ítoma, entre otros, empleaban su» 
tesoros en descubrir obras antiguas, asignando al mísma 
tiempo fuertes peusioues a los eruditos que visitaban la» 
mas lejanas bibliotecas. Bl otício de copista Ilegó a ser 
considerado cn cierta valía, i h dar ocupacion a muchas per- 
sonasj. Por adquirir uu mauascrito de Tito Livlo, Alfonso 
de Aragon, rei de Nápoles, renunciaba a hacer la guerra *a 
los florentinoB. En varias ciudades suijieron profesores de 
griego i de latin que a la par ani sus discípulos precouiza- 
ban las ventajas (leesas dos lenguas muertas sobre todos 
Io8 idiomas vivo«. 

Tradujéronse algimas obras de la antigna Grecía, de 
Platon, de Plutarco, dc Diodoro de Sicilia, de Jeuofonte i 
de StralK)n; pero esas traduciones se hacían eu lengua 
latiua. En latiu e^e escribierou fambien libros de historiai 
de poesía, que eran m'ui aplau.Iidos eu toda Italin. Poco* 
fueron I<»s eruditos italiauos que se diguarou escribir en su 
propio idioma su correspondencia familiar. Fundáronse 
academias para el estudio de la fílosoiTa antígua í en eUa 
jie debatieron cou grande ardor, de palabra i por eecrito^ 



líl . 



■^■^«WMMIMP-M •» , 



, I 



HISTOKU UTERABIA. — TlEMPOS M-^PERXOS. 24^ 

las doctrinas de Platon i de Aristdteles. Ijos eriiditodi ua 
(íe límitarona biiscar los uiatiuscritos de la edad clásiciiv^ 
estiuliar siis lenguas i a iaterpretar sus obras mnestrm^; 
rebuscaron las ^ntigüedades, ias inedallas, loa inoDuiueu- 
to% de todo jénero: formábanse colecciones, esplicúbttiise 
las inscripciones, sirviéndose de ellas para la tntelijenci» 
(le los autoréa, los cuales ayudaban a su tuino a e»{>Ueai: 
los nionuiioentos. 

«Eii interesantp, dioe Hallan, inveBtisrar caálea fiierore 
las cau$<as de este entuMÍu^ino por la anti^üedad, que seQa- 
ló el princípio del siglo XV. Fué aquellu una esjilosioD^ 
iiel senttmieuto públicOy en apariencias bastaute repentin»^ 
pero en realidad preparada.por.muchas círcunstaiicia& q«e- 
reinontan mas alto etnla historia de Italia. Los itakiaaos^ 
babian apreudido desde algunas jeneracioneái a identificar- 
86 mas i mas c^n el gran pqeblo que habia conquistado et 
inundo. La caida de la casa de Suabia, libertáadokH» (ieun 
yugo estranjerOy les habia inspirado un seAtimiento mas 
orgulloso de su nacionalidad: al mismo tieniipo^ el iiUiio 
cie emperador roirtano era a^ociado sistemáticafneiite pcHr 
un partido a las antignas tradiciones. EI estudb del dere- 
cho civil, por imperfecto que fuera, produjo a lo iiiiinos el 
efecto de mantener una misteriosa veneracion pciyt ia antí- 
güedad. Los monumentos de la vieja Itaiia eslabnn all« 
como testigos perpétuos: descifráronse sus icseri|i€Íaiaef(w 
Bastó que un pequeüo númeiy) de hombres como Peiittrea 
diesen ei primer impulso a las masas: bastó ^i&e i^ bonra- 
se la ciencia i que hubiese medios de adquirirla.> L» revo-* 
lucion ejecutada en Homa en la |>rimera niifcad liel M^k^ 
XIV por el tribuno Bienzi para^establecer la. anli¡^Qa re^ 
pñblicay es un ejemplo del entusiásmo que despertiibfto eni 
Xtalia ^os recnerdos de los tiempos pasadoA. Al miamo 
tiempo qne los iaicoa se hacian inas instruéées^ eada ifiay 
loi eicrúpulos relijiosos, que en siglos méaos ih^Tadcs 
ha*)ian prohibido a los eclesiásticos la lecturade loa imto* 
res paganos, desaf^recian gi*adualmente. 

3. — Los italianos comeuzaron el estudio de la antigtkK 
dad en las esouelas de Oonetantinoplu. Mas t»rde^ algiuiM 
s&bios bizantinos pasaroh a Italia a continnar tftcmefiatt^> 
za en Romay en Florencia i eu Milan, atraj^endo » sa alre* 
dedor una numerosa juventud, ávida de saber.. Eno» sébÍM 



246 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

buscaban en la Italía la paz i la tranqailidad que no encoo- 
traban en su propia pátriai próxima a sucnmbir bajo el pe- 
60 de la couquista de los turcos, 

Al fiuy el imperio de oriente sucurabió. La toma de 
Gonstantinopla por Mahomet II» en 1453, arrojó a laa ori- 
llas hospitalarias de la entusiasta Italia algunos sabios 
gpieoros que hasta el último momento habian quedado en 
medio de las ruinas del imperio. Llevai*on éstos» jnnto coa 
el caudal de su ciencia, diversos manuscrítoa de la anti- 
güedad. Figuraban entre ellos Argyropoulo i Calcondylos, 
que enseñaban SBcesivamente sc propia lengua helénica, 
Andrónico Calisto, que, segun se cuentai ejerció la misma 

Erofesion en Roma i en la Grecia propia, i Constantino 
lascaris, descendiente de una familia imper¡al| que duran» 
te muchos aQos dió lecciones en Milan i despues ea Me- 
Bina. 

Pero si estos sábios pusieron a la moda el cuitivo de la 
dencia, si contribuyeron efícazmente a desarrollar el en- 
tusiasmo siempre crecient» por los recuerdos literarios de 
la antigüedad clásicai inanguraron tambien esas dispntas 
oasi siempre ociosas que apasionaban los espíritus. Este 
fné el tiempo de las querellas entre Platon i Aristótelea. 
Dos griegos, nombrados ámbos Jorje de Trebisonda, escri"» 
bieron el uno en pró i el otro en contra de Platon. Cosme 
de Médicis fundó en Florencia una academia platdaica, 
oonsagrada a la esplicacion i al estudio *del filósofo cuyo 
nombre Ilevaba. Muchos érudítos italianos se engolfabaa 
en esAS cuestiones oon un ardor inconcebible. Juaa Pioo 
áe la Mirandola (1463—1494) caballero noble de una in- 
telijencia maravillosa, tomó parte^n esas discusiones arran* 
oando la admiracion de sue contemporáneos. Tipo verdade- 
ro del estudio i del saber precoZ| Pico de la Mirandola 
habia recorrido las mas famosas univepsidades de Italia i 
de Franciai sabia veintidos lenguas i entre ellas el latiny 
d griegOy el hebreOi el árabe i el caldeo; hablaba con rara 
faeilidad de todas las cienciaS| i a la edad de veinte i na 
afto8| se presentó en Boma a sostener en las «scuelas no- 
f ecientas proposiciones de omni re seibilij es deciri sobie 
todos los asuntos de ciencias, que son un prodijio de talen- 
tq mal empleado. £n una obra titulada MeptaptOy en qoft 
eé declara admírador ardiente de Platon, se propuso espli* 



HISTOIOA LITBfeAJllX— TIEMPOS MODERNOS. , 247 

car el Jénesis por medio de las ales^oríad que a cada paso 
se eQCueatraü en las obras del filósofo griego.. 

4. — La escasez de libros, como hemos dicho en otra 
parte, habia sído durante la edad medii^ un obstáculo po* 
deroso opnest^^ al desarrollo de Ins cieacias i de las letras. 
Las bibliotecas mas ricas contaban en el siglo XV apénas 
algunos centenares devolúmenesy i las materias contenidas 
en cada uno de ellos eran mucho mas redncidas quo la de 
CHalquieradénuestros libros. Cárlos V rei de Francia, ele- 
vó a novecientos él número de los volámenes de la biblio* 
tecareal de Paris. Las universidades de Oxford, en Ingla- 
terra, t la de Heidelberg en Alemaniay recibieron como 
legados inestimables, debidos a la munificencia de dos po« 
derosos príncipeSy la primera seiscientos Volúmenes i la 
segunda ciento veinte. En todos los centros de poblacion 
donde existian universidades o escuelas, se habian estable- 
cido pequeQas colonias de copistas que trascríbian sobre el 
pergamino i con una artística prolijidady las obras ma» 
apiaudidas de ese tiempo (1). Una de las invenciones raas 
maravillosas del injenio humano vino a.cambiar como por 
encanto aquel estado de cosas i a ofrecer un importante 
aasilio al movimiento jeneral de los espíritus. Hablamos de 
]a imprenta, inventada a mediados del siglo XV para po* 
ner término a las tinieblas de la edad meoia i para abrir la 
era de 1a cívilizacion moderua, 

0) Se ígnora hk fecha precÍBade la íntrodaccion del papel en Earopa, 
pero todo hace creer que debió ocurrir entre loa siglos X i XI. 

Parece qae desde fines del siglo I de naestra era, o desde principios 
dd II, los chinos conociaD el arte de conrertir en hojas semejantes a 
miestro papel las oortezas de algunos árboles, i los {ragmentoB de las 
telas de seda, de algodon i de cáfiamo. Desde 660, se fabrícaba en Sa- 
marcanda i en Bockaia. Este papel de algodon, o de Damasco {charti* 
damaMcem\ eomo entónces se le llamaba, faé conocido laego en Euro- 
pa. Llerado a Nápoies por los gríegos del ba)o Imperío, faó empleado 
allí frecnentemente en los dipkMnas reales. Los árabes lo llevaron tam- 
hien a Espafia, en donde la indastria empleó otro material, mtti abon- 
dante en este pais, el lina De aqui pasó a Francia, i fu^ al fín, conocido 
eo toda la Europa. 8Ín embargo, la mayor solidez del pergamino asega- 
ró la preeminenda de éste por mui largo tiempo. £1 empleo del papel en 
kM ÍBStmmentoi públloosfué formalmente prohibido. £1 pergaraino, ade- 
maa, era preferido para la oopia de los libroe; pero desde fines del 8igk> 
Xy, el papel obtuYO la preeminencia no solo por sus rentajas para rect- 
bir Ja ünpresion tipogr^ca, que acababa de inventarse, sino tambien 
par /m bftjo precio, lo que ponia los libro^ al alcance de todo el mundow 



248 . ELEMENTOS DE LITEBATÜRA. 



\ 



La invencion de la iniprenta ha dado oríjen a iniaensas 
inveatigacioues históricAs'en quesehaejercítaJo unaasom* 
brosa eradicion sin llegararesultadosque puedan Hamartte 
deñuitivos. En las líueaa siguientes vamoa a esponer los 
Iiechos que áe aceptan jeneralmente coino verdaderos, o a 
lo ménos, como los niej<u* probado^. 

Desde fines del siglo XIV ee oonocia un procedimiento 
itiec¿QÍco para imprimir por medio de trozos de uiadera 
grabados. Estas impresioues servianya para fabricarcartas 
de naipes, que se usabau desde el sigio anteriory ya para 
hacer imájenes de sautos, sumameute toscas, que ibau acom- 
pañadas de algunas líueas de testos, grabadas igualmeute 
eu la madera. Poco a poco se imprimieron de este modo 
pájiuas eutera», i auu se formaron pequeQos libros. Se cree 
con fuudamento que todos ellos tuerou ejecutados en los 
Paises-Bajo!«, cuya iudustria eclipsaba por eutónces la 
de todos los pueblos del centro i del unrte de Europa. 
Debemos tambien observar aqiiíqueese procedimieutoqne 
consiste en hacer impresiones por medio de tablas de ma- 
dera grabadas^ ha estado eu uso en la China desde tiempo 
iumemorial. 

Estos trabajos no hicieron masque prepararla invencion 
de la imprenta en la acepcion moderua de esta palabra, es 
decir, poroiediode caractéres movibles. La mayor partede 
los sábios que se hau ocupado de la hisroria de esteinven- 
to, lo atribuyen a Juan Geusfleisch, mas couocido cou el 
Dombre <le Gutemberg, que era el apellido de su raadre. 
Nacido en Magunciapnr los años de 1400, salió muí jóven 
de esta ciudad con toda su familia, que habia sitb» deste^ 
rrada a cousecueucia de los disturbios políticos, ¡ fué a 
establecerse en Estrasburgo. En esta cíudad, Guteraberg 
concibió ia idea de movilizar los caractéres, es decir, de 
cortar las tablas destinadas a la impresiou en |)cqueff(>s 
paralelipípedos, eu cada uno de los cuales ae grababa uba 
leti*a del alfabeto. Se sabe en efecto que en 1 139 se ocnpa- 
ba en estos trabajos, que teuia eu prensa i que se empeña* 
ba en mantener su iudustria eu el mas profuudo secreto. 
E&ta reserva se esplica perfe<»taiuente por dos razones 
coucluyeutes. l.*^ En esa epoca, toda industria se rodeaba 
de mÍÉterio, para couservar el monopolio de ciida inveotA; 
2.* Gutemberg, siu couocer talvez toda la importaucia de 






mSTORU LITEiURU.— TIEMPOS MODERKOS, 249 

t 

8u ÍQvencion, pensaba solo en imitar los libroH maQQS- 
critos |K)r au método mecanico, para bajar el costo de 
produccion i aumentar condi¿íerablemente las utilidades 
industriaies. Se cree que ántes de 1450 había impreso ja 
por medio de tipos movibles algunas obras de uu reducido 
núraero de pájiuas;pero faltan las pruebas para fundar es- 
ta tradicion. 

Los títnlos de Gutemberg a la prioridad de esta inveu- 
cion, son puestos en duda por otros ernditos, que la atri- 
buyea a Lorenzo Ooster, de Harlem, en Holanda. Seguu 
una tradicion, quesoloencontramosconsignadaa mediadod' 
del siglo XVI, es decir, un sigío despues de la iuvencion 
de la impronta, pero q^ie se preaen£a rcvestida de grandes 
aparicnciaH de verdad, Coster habia usado las letras movi- 
bie^ de maílera desde 1430, i aun hábia publicado un Iibro 
eon'oaractér^s mui toscos. La tradicion agregaque un cria- 
do infiel, que huyó con el secreto, se estableció en Es- 
trasburgo o en Maguncia. Este abuso dé conñanza fué 
imputado a Gutemberg o a Fust, que fué nias adeiante 
su ik>ci(»; perodesde que la inocencia de áiubos ha sido ple- 
namente reconocida, la acusacíonde fraude cavó sobreuno 
de los hermanos de Gutemberg. Sin embargo, las pfuebas 
presenta^as en apoyo de e^tos hechos no son raui conclu- 
yentes ni incontestables. Por el coiitrario, aun acojiendo las^ 
pi'etensiones de Coater, no se ve ninguua razon para pre- 
tender que Gutemberg no haya podido por sn parte, en* 
contrar una idea qne, dadas las condiciones anteriores que 
la produjeron, no exijiaen realidad un jenio estraordiuario. 
íia movilizacion de los caractéres no era mas que una parte 
de las diiÍGultades de la emf>resa, i faltaba todavia crear 
las prensas t esa muhitud de injeniosos aparatoa que ne- 
cesitó el arte de imprimir desde sus primeros dias; i este 
mérito pertenece incuntestablemeuté a Gutemberg i su 
asociado.. 

£u efecto, todos los escritores. están de acnerdo en nn 
puuto. Hácia 1450, Gutemberg, que estaba de vuelta en 
Maguncia, (brmó una asociación con el objeto de esplotar 
el unevo invento, con un negociante rico de esa ciudad 
apellidado Fust, el cual suministraba foudos considerables 
pura la empresa. Las operaciones subsiguientea de la so- 
ciedad no son bien couocidas. Se habla de otro socio Ila- 



1 

^ 



/ 



qu€ 



250 ELEMKNTOS PE LITEftATüRA. 

madó Pedro ScheíTer, al cual 8e atribuyen importanUs 
perfeccioüamieatos eu la inveQCÍon, i entre otros la fundi- 
oioQ de tipos para obtenei* la igualdad en la íorma de todoa 
los caractéres. Lo que es evideQte es que desde que el arte 
de itnprimir dió su priraer paso por medio de la moviIiz&- 
cion de las letras de madera, la iudustria marchó rápida- 
mente, primero por medio de letras de metal grabadas a 
mano, i en seguida por el invento de los caractéres fundi* 
dos. La post^ridad, así como la mayor parte de los eruditos 
ue se han dedicado a estas investigaciones, atribu^'en a 
temberg, no solo la primera idea sino tambien la ejecu- 
cion de estas tres modificaciones eu el desarrollo i en el 
progreso de la imprenta. Se cree jenerahnente que el pri- 
mer libro impreso fné una biblia latiua, designada ordina- 
riamente con el nombre de Biblia Mazarinay porque a me- 
diados del siglo último se encontró uu ejemplar de ella en 
la biblioteca del cardenal Mnzarino en Paris. Este libro no 
tiene fecha; pero los eruditos han fíjado la éi>oca de sa 
publicacion entre los aflos de 1450 i 1455. «Podemoa re- 
presentarnos en la imajinacion, dice el historiador mglea 
Hallam; de quien tomamos principalmente estas noticias, 
este venerable ímagníñco volúmeny avanzando a la cabeza 
de los innumerables millones de sud sucesores; i Uamando 
en cierto modo la bendioion divina sobre el nuevo arte que 
oonsagra sus primicias al servício del cielo.i» 

5. — La ímprenta nació en el momento en que era maa 
necesariay cuando una jeneracion buacaba con gran^e ao- 
aiedad la ciencia i la literatura de h»8 sí^Ios pasados para 
trazar un nuevo seodero i\ la marcha del espfritu humano. 
<La invencíon de la imprenta, dice M. Didot, sepurael miin- 
do antiguo del mundo moderno; abre un nuevo horlzoiite 
al jenio del hombre, por su relacion íutima con ias ideas 

Íarece ser pn nuevo sentido de que todos estamos dotados. 
ína iumensa diferancia lo separade loa otro^i ^randes des* 
cubriinientos de la misma época, la pólvora i el Nuevo Mao- 
do: otro que es contemporáueo, el vapor^ no podria tampocx) 
comparársele. En efecto, esos grandes í útiles descubri- 
mientos no han obrado mas que aobre la pfiurte material da 
la humanidad: la pólvora igualando la fuerza bruta, el 
Nuevo Mundo completando los dones que nos ofrece la 
tierra; en ñn el vapor^ acrecentaudo laa fuerzaa productivaa 




'' ♦ /^. C->i-'-^ " ^ > 






N 

» ^ 



HISTORIA LITERARIA.— TIEMPOS MODERNOS. 251 

del hombre, que liberta del exceso de trabajo a que había 
sido condenado; miéntras que la imprenta, que no ha ter- 
minado aun su mision de ihistrar al mundo^ eleva él nivel 
d^ la intelijencia humana propagandó la paiabra que habia 
fijado el arte de escribir.» ' 

La invencion maravillosa de Gutcmberg fué esplotf^da 
durante algunos años solo por la sociedad de impresores 
establecida en Magnncia. Esta ciudad fué tomada en 1462 
por Adolfo, conde de Nassau, i el establecimiento de Fust 
i de 8US socios fué disuelto. Los trabajadores que se habian 
comprometido a guardar secreto bajo la fé del juramento^ 
se dispersaron por diferentes partes; i creyéndose desliga- 
dos de 5U8 obligaciones, fueron a ejercer su industria en 
otros países. El arte de imprimir nó tardóen estenderseen 
las ciudades inmediatas al Rhin, i luego en casi toda Euró- 
pa. En 1465 se estableció la primera imprenta en Italia, 
en la ciudad de Subiaco. Paris poseyó otra en 1469. Cax- 
toD, el primer impresor ingles, se estableció en Westmins- 
ter en 1474. La primera imprenta espaüola funcionó en 
Barcelona en 1475. Otros países i ciudades siguieron este 
ejemplo; de tal modo qiíe en 1530 habia en Europa dos- 
cientas imprentas en ejercicio. 

La irapresion de las obras de la antigtiedad clásica que 
se habian salvado de las borrascas de la edadmedJa, fué 
el primer trabajo a que se cousagraron los impresores del 
siglo XV. Dieron tambien a luz algunas obras de teolojía 
i de filosofía escolástica, i muchos tratados ascéticos; pero 
se publicó poco en lengua vulgar, por consjderarse siem- 
pre el latiu como el idioma de las.ciencjas i de las letras. 
£n jeneral, el número de ejemplares de cada obra que se 
imprimia en el siglo XV, no pasaba de algunos centena- 
res, mui pocas alcanzaron el honor de una edicion de mil 
ejemplares, aunque de muchas de ellas se hicieron nume- 
roFas ediciones; pel*o se podrá c^lcular el alcance de la 
revolucion operada por 1a imprenta tomando en cuenta la 
dificultad que ántes existia para proporcionarse nn li- 
bro (1). Esos viejos volúmenes que seüalan el oríjen i los 

(1) ExÍBtia en la biblioteca de los Celestinos de Pfeu*Í8, un hermoso 
ejemplar manuscrito de io8 Cánofm de Oradano: el copista anotó en él 
qne habia erapleado veintiun niesea eu eacríbirlo^ Segun esto, tres bom- 
bres babrian necesitado 1 ,750 afios para copiar tres mU eje;nplares. For 



'25S ei.eaií:ntos de litebatura. 

prioieroí» progresos del arte de iraprírair, se conservan hoi 
cuidadosameute en las bibliotecap, i han raerecido el sig- 
liifícativo norabre de inounables^ voz derivada del sastanti- 
vo latino incunabuln^ qiie significa cuna. 

La rápida miilMpliGacíon de ioa libros no íaé mas que 
el priraer beneficio de la imfirenta. Pero, ademas de faci- 
litar los medios jenerales de iustruccion, eila viño a dar 
Dueva vida al espíritu de investigacioitprolijaqueyáhabia 
oomenzado adesarrollarse La necesidad de publicar tes- 
tos bien correjidos i depurados de los errores coraétidos 
\)0T los copistas, proporcionó ocupacion a centenares de 
profesores para coordinar i comentftr los tnanuscritos. Por 
otra parte, ia fscilidad de publicar i de dar gran circula- 
cion a sus pensamientos, desarrolló en muchos hombres el 
deseo de estudiar i de escribir. Siii duda esta misma faci- 
lidad fué causa deque los escritores meditaran niénos sus 
obras, pulimeutaran méuos las formas literarias por el de- 
8eo de darlas a. luz cuanto ántes, al reves de lo que hacian 
los injenios de la antigüedad cláfica; ])ero en cambio se 
produjo una fermentacion inteiectual que el mundo no lia- 
bia oonocido hasta entónces. 

6. — La revolucion literaria i artfstica conocicjH oon el 
nombrc de Renacimiento tuvo su oríjen," como Iiemoa vis- 
to, en Italia. La admiracion apasionada, el culto verdade- 
ro por la antigüedad, nació i se propagó alU ántes que ea 
los otros palses de Éuropa. £1 airilamiento en que -viviau 
los ]>uebIos durante la edad media im]iidíó que ese mn- 
vimiento se jeneralizase con mayor ra])i^ez; i quizá laim* 
prerta misma no habria alcanzado a producir su difnsion, 
8Í los sucesos {)olíticos no hubiesen acercado i estrechado 
a las naciones que hasta entónces habian vivido en graude 
alejamiento. 

La espedicion de Cárlos VIII, rei de Francis, a Nápo- 
les (1493) llévó priraero a los franceses i luego a los es- 
pafioles a Italia. Esos estranjeros, los bárbaros como los 
ílamaban los eruditos italianos, llegaron a la península 
])recisameate eu el momentoen que la revolucion literaria 

iiuhUo de la impreiita, los mismos trabajadorea habrian ejecutado igiial 
iiúmero <le ejemplares en mt^nos de un año. Este cálculo espltca mejor 
<£ue muchas disertaciones, la importancia de aquel prodijioeo invento. 



• ^ , ^ 



HÍSTORIA LITEBARIA. — TIEMPÓS MODERNOS, 253 

¡ ariística se pronnnciaba con mayor enerjía; i ellos llevaron 
a 8US países respeetivos et gusto por las letrha i por las 
artes. La antigüedad tuvo en todas parte» ardientes guar" 
dianes: i liaj<» la proteccion jeneropa i decididade los mo- 
narcas, se jeneralizó el conocimiento de los libros i de las 
artes griegas i romaniis, formáronse bibliotecas, coleccio- 
náronse pintnras, estátuas, monedas ¡ otros objetos de la 
antigüedad, ae desarrolló el gusto por una arquitectura 
nneva i se despertó en todas partes la pasion porel estudio 
i por ]a imitacion de aqueltas obras. 

.7.r-«EI renacimieuto, dice un célebre ciltico aletnan, 
Federico Scblegel, no fué una vida nueva: fué solo uua 
vida ficticia, fué el espíritu estrecho de una filolojfa de ba- 
ja lei que quizb reconstituir la antigüedad en medio de la 
civilizncion cristiana. Desdeña las lenguas i las líteraturas 
ttacioiialch para copiar servilmente las formas de una 'len- 
gua muerta: si se bubiese escucliado a los bnmanistas, los 
italiano&y los franeeses i lcs alemanes se babrian hecbo 
romanoSy los cristianos se habrian vuelto a los altares de 
Jápiter.» 

Estejuicio apnsionadaniente severo contra la revolticion 
literaria íniciada al terminar el siglo XV, tiene siu em- 
bargo alguna verdad. Un carácter particular de efeta fevo- 
lucion eé que los hombres de esa edad míraban mas el 
)>asado que el porvenir. No se creian como dice M. Duruy, 
Í»astante fuerlespor si mismos, como se creerán^ sus suce- 
sores. Si abandonan los maestros qne seguian hasta en- 
tÓQceí», es para buscar los maestros was antignos. Deseaban 
encítntrar < tro mundo, no marchando hácia adelante, sino 
dirijiendo sus miradas hácia atrás. Como Colon, ellos 
creian llegar a la tierra antigua; i eu su camino eucontra- 
ron una nueva tierra. 

La literatnra quiso buscar ante todo las formas antiguas 
tomando por modelo los grandes escritores dé la edad clá- 
sica, que noalcanzó a imitar. La poesía perdió la frescn- 
ra, la espontánea naturalidad de los siglos XI[ i XIII 
paraadnptarse a las tormas castigadaa i correctas de Vir- 
jilio ¡ de Horacio. La historia perdió la animacion i colo- 
ridode las buenas crónicas para imitarla gravedadde los 
historiadores antiguos, para copiar sus discursos, sua retra- 
tos i sus disertaciones» La erndicion Ilevó mas léjos toda- 



254 ' * ELEMENTOS DE LITERATURA. 

vía a los escritores de eea époea: muclios dc elloa prefirie- 
roD el latin a los idiouias inodernos para la cora|)osicioa 
de sus ohms i hasta de su correspondeucía epist'.^lury por- 
que la cpinion de la jeute ilustrada condenaba ei enipleo 
de la lengua vulgar eu las obras literarías. £ra aquel un 
tiempo de erudicion i de culteranismo que perjudical^a al 
talento de los escritores. 8in embargo, sucedió al íin lo 
que acontece siempre en literfitura. Fuerou los hombre» 
que se hicieron snj^eriores a las ideas dominautes, los que 
desdt^ñaron el espíritu de servil imitacion, los que busca- 
ron ante todo la naturalidad i el libre vuelo de la imajina- 
cion^ qnienes compusieroa las obras mas notables i los qne 
oonsiguieron hacerse admirar de sus contemporáneos i de 
la pohteridad. EI cardenal Bembo, erudito ilustre i pro* 
tector poderoso de las letras, recomendaba a Ariosto que 
compusiera eu epopeya en latin: si el poeta de Keggio hu- 
. biese oido ese cgnsejo, el Orlando Furioso no seria leido 
por nadie en nuestro'tiempo, i su nombre apénas seria re- 
cordado por los eruditos. 

Si bajo este aspecto, el renacimiento puede ser censura- 
do en cierto modo por la critica modeiina, si la pasion exa- 
jerada por los escritores de la antigüedad clásica condujo 
los espiritus a esas estravagancias, ea preciso convenir en 
que aquella revolucion vino a abrir nuevos horizontes a la 
intelijencis i a de^terrar las tinieblas de la edad media. 
Las cieuciap, faltas de todo método, marchaban a la ventu- 
ra, entregadas ^ prácticas supersticiosas. Las lenguas mo- 
dernas habian adquirido cierta frescurai ciertanaturalidad, 
pero carecian de elevacion i de nitidez. Si la imajinacioD^ 
«I buen «entido i la alegría sc dejaban entrever en los es- 
critos tanto en prosa como en verso, la trivialidad, la di- 
fusion, el mal gusto empañaban los mejores libros. £1 
estudio de la nntigtiedad, despertando primero el amorpor 
la erudiciou, desarrolló las facultades literarias, la imaji- 
nacion, el buen gusto i el criterio, i mas tarde prpvocó el 
espiritu d% libre exámen, la libertad del pensamiento i el 
principio esperimentál, como base única de las ciencias i 
de la filosofía. £ste espiritu de discusion^ aplicado desde 
luego a las cuestiones teolójicas i relijiosas, aceleró la re- 
foi-ma del siglo XVI; i produjo deapues la revolucion cien- 
tífica ¿lodernai cuyo primer representante fuc Copémico 



4 



HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS MODERNOS. 255 

CopérDÍco (1473-1543) sacerdote polaco, catiónigo de la 
diócests de Fráuenburg fué, como se ^abe, el primero, que 
demostró que el sol era el centro dél sistema planetarioy i 
que la tierra do era mas que uno de sus satélites* Tras de 
este paeo majestuoso en el progreso de las cieccias de oh- 
éervaciob, se las ve abaudonar la vieja rutina, marchar con 
seguridad i fijar por 'ñn con Bacon i Oescartes el método 
científíco que habia de trasformarlo todo en los tiempcs 
niodernos. 






18 



C.^PÍTULO 11. 



Literatnra ítallana. 



SiGLO XVI. — \ Epopeyas caballerescis. — 2. Pu^ci i Boiardo. — 3. Ariostou 
— 4. TasBO.— 6. Otros jéuero:^ pMétic>)s: la pocsí'i Krica, la poedía didác- 
tica, la hátira. — 6. La tfajedÍA 1 U comedia.— 7. Maquitv^elo, — 8. G-tti- 
cciardiiii 1 Pablfí .rovío.--9. La novela. — blOLO xvil. — 10. Decadeocia 
literaiiii. — II. Marini i Fdictia. — 12. La epopey* ópico-barlesca. Th- 
flSDnl — 13. Bl drami. — H. Lis prosadores: la historia. — SlOLO xvin. 
— 16. Reacc'on literaria.— It». El teatro; Zcao i Maffel. — 17. Metaukta- 
8Ío. -18. Güldoni. — 19. Alfieri. — 20 Poesia llrica: Casti,— 21. Prosado- 
r¿s — 22. Beccaria IFilanguieri.— 23. Conclusiou. 



SIGLO XVI. 

1. — Despues de iin RÍglo de eatudios clásicos, la Italia 
iuicia, como hemos visto^ el renacimiento literario de loa 
tiempos tnoderno;*, Aunqiie Stígini el espíritu de esta revo- 
lucion, el latin debia ser el longuaje de ias letras, de la 
poertía i de ia pro.^'a, i aunque desde luediados del siglo 
XV se hizo Meiitir uria verdadera irrupoiou de poetas lali- 
U08, algunos de los cuales nierecieron cou justicia log 
aplausoH qutí le tributarou sus conteiuporánoos, la leiigtia 
vulgar fué, coino debia serlo, el idiouia de la poesfa del 
pueblo, de los improvisadores que enr.óuces pululaban en 
Italia, i el iustrunieuto de una poesía mas elevada que 
desplegó toda su riqueza i todo su vigor eu el cuitivo de la 
epopeysi. 

La epopeya cal»alleresca se inapiró en Italin en la cró- 
nica fabulo.^a de Carlo-Miigno i de los d.»ce pares, atribui- 
da al arzobis[>o Turpln. Pero sirviéiidose dei notubre de 
Turpin para coutiirÍTrs liistoria-i inas nmraviUosad, catla 
autor introdujo siu escrúpulos laá invencioues i los carac- 



HISTORIA UTERARU, — ^TIEMPOS MODERNOS. 257 

téres que le saministraba su imajlnacion. La familia de 
Carlo-Magno 6e,modifíca al antojo de cada c^al^ como se 
modifica tambieu la mitolojía caballeresca^ revistiendo a 
los paladines de pasiones i de senfiinientos que los poetas 
anteriores no les habian atribuido. £n estos poemas, casi 
fiiempre el poeta encueutra medio de emparentar con el 
gran emperador o con sus mas famosos adalides al prínci- 
' pe ittfliauo que lo proteje. Todos esos poemas tienen ua 
aire de familia jwr la incoherencia en el estilo, por ia pro- 
fiision de los detalles í por las misn^as fórmulas. EI autor 
oomieuza cada canto por alguuas estrofas estrañas al asun- 
to, por una oracion mucbas veces, i lo concluye dirijiéndo- 
fíe a 8U8 lectores para pedirles «u induljencia. 

2. — Sevia inoficioso el deteneruos^en algunas de esas 
composiciones, que, si bíen dejan ver ciertaimajinacion en 
loa detalles, no estáp marcadas por el séllo dé una vérda- 
dera orijinalidad. Pero sin llegar todavía hasta Aríosto, el 
prín(5ípe de los poetas de este jénero, es precisov hablar de 
ilos que le abrieron el camino que aquel habia de recorrer 
con tanto brillo. 

Lüis jPulcL (1432-1487), el menor de tres hermanos 
poetas, cultivó la poesía en Florenoia, su patria, eu la corte 
de Lorenzo de Médicis, i compnso un poema justaniente 
célebreyque fué publicado en Venecia en 1481. Morgante 
el ffrande (Morgante maggiare), tal es el título de la obra, 
es uu poema cómico-heróico en que se encuentrau cneutos 
esiravagantes, pasajes licencioíios ¡ burlescos al lado de la 
alta poesía. EI héroe verdadero no es el jigante Morgaute, 
sino el paladin Orlando, que despues de vencer a aquel en 
un eombate singular, lo bautiza i lo hace su escudero. La 
^bocion comienza eu el momento eu que el noble caballero 
es desterrado de la corte por las intrigas del traidor Qane- 
lon de Maguncia, i se termina en la batalla de Kouces- 
valles; recorriendo una série de aventuras maravillo^as, de 
Inchas oontra las serf)Íentes, los ji£:aiites i los encautado- 
res. En este poema, la burla mas franca está mezclada 
constautemeute con las ideas mas sérias. Pnlci se rie de 
todo, de las dispucas teolójicas, de alguaas ceremdnias re- 
lijÍDSas i faasta de ciertos pashjes de la Biblia; pero aunque 
<)stenta orijinalidad eu los detalles, se ha sujetado cadi 
sieuipre a ía mitolojía caballeresca, ae la cual toma los he- 



258 ELEMEKTOS' DB ' LITEBATÜKA, 

chos prÍQcipales ¡ el carácter de Iob béroe^\ La'fina galan- 
tería de los paladines Do se deja entrever todavía. 

El conde Mal^o Boiardo (1434-1494) fué todavía ma»» 
orijÍDal. Hütnbre de^lfaSo.eu Ferrara, caballero rico, eru'- 
dito distÍDguido, Boiardo estudiaba i escribía sus versod- 
para distraer los ocios de uua vidapasada eu la opuJeucia. 
Como Pulci, él ívmó pqr héroe a Orlaudp, pero creáudole- 
UD carácter cuucebido bi^o otro puuto de vista, i JlamaQ* 
do su poeuiá Orlando 'enamorado, Autes de. Boiardo^ eia 
aquél UD eaballero vaJi(nte, latallador, leal i denodado». 
pero ÍDdifereute al anior. El poela quiso hacerlo enamcrá- 
do i creó para éi el tipo eDcantador de Anjélica, veDÍda 
del reino de Catai (la ChÍDa) a la corte de Carlcmsgno» 
Hai dos arroyos que tieueu una graode importaDcia en e\ 
poema, el del Amor ¡ el del Odio. ADJélica bebe cd el pri- 
mero^ i se en.amora ardieutemeDte de Reinaldo: Beipaldo 
bebe en el segundo i coDcibe un ódio violento por la prin- 
cesa, quea su vez iusúira a Orlaudo un amor vehemente» 
De este modo, tieiuaido huye constantemente de Anjélic^,, 
que lo persigue en todas lartes. E^^ta idea bastante feliz,. 
que sirve de fondo aí poema, está embellecida por episo- 
dios máravillosos, aveutuias i combates contra monstruos 
i jígantes. Los personaj^s secuudarii s vienen a a^rnpars^.e 
al rededor de aquel triunvirato^ ostentaudo cada cuaL uu 
carácter propio, perfectamente disefiado, i tcmar.do pai te- 
en esceua Ilenas de aDÍmacion i de colorido. Del niisino* 
modo, al lodu de la accion principal, se desenvuelven nu- 
merosos iucidénies en que brilla la graciai la imHJinaciou 
del poeta. 

Este poema cotupuesto de setenta i nneve cantos, qued<> 
ÍDConcluso por rauerte del autor isolo fué publicado en 1495. 
XJn poetft floreutino, Francisco Bemi (14ÍÍ0-1536), rebi- 
20 mas tarde el Orlafiao eMwvfuJtfj despojándolo de la»- 
formas serias que fioiardo le babia dado, pero siguiendo 
8Q accion cautopor canto, con el mas escrupuloso cuidado.. 
/^' Dejando a su anlecesor todo el mérito de la invencioD^ 

/ Berni ha revestido sus ideas con otro estilo maá alegre^ 

mas libre i mas armonioso. 

3. — La obra de Boiardo produjo una gran admiracioi> 
en el siglo XY; pero ha quedado eclipsada por otro poetua. 



HISTÓEU LITERAHLL — ^Txlsit>OS'MODERNOS. 239 

«aballeresco escrito para servirle de coDtinnacioD. Quere- 
tnosjiáblar del Orlando furioso de Ariosto. 

^ YudQvy cQ 4 ^*inatQ, (1474-1533,) natural de Regio de 
Módena^ pfisó su vida ea Ferrara al lado de los prTncipes 
<le la casa de Este. Despues de haber estndiado la juris- 
|>tmleuc¡a, deserapeñó algnoos cargos públicos; pero su 
pasioa por las letras i por la poesía lo snstrajo casi cora- 
pletaraente de las otras ocnpaciones. Compuso sátiras, ele- 
jías, i una comedia; pero todas estas obraj*, aunque'provis- 
tas de mérit'», le liabrían asiguado un lugar de poeta de se- 
^undoórden si no hubiera escrito su inraortal poema. 

EI Orlando furioso fué publicado por primera vez en 
1516, si bien los seis últiraos cantos no salícron a luz lías* 
tal532. Tres acciones principalesse dividen el poema: 1.** 
¿os amores i las Imzafías de Rojerio i de Braílomanta, cuyo 
Tnntrimonío forma el desenlace de la obra; 2,' la guer^a 
imajinariaqne los saiTacenos hicieron a Carlo-Magno, i los 
est'uerz )8 de este emperador i de 8U$« paladines para liber- 
tat la Francia i la Europade estos bárbaros; 3.® el amor 
<le Orlando por la insenaible Anjélica, i la locurade aqnel, 
n la vez terrible i coomovedora, cnando sabe el casaraien- 
í.o de esta reina con el hermoso Medoro. En raedio de es- 
tas tres acciones, q^ue el autor lleva casi aiempre de frente, 
fiace una multitud de íncideDtes maravillosos que se en« 
trelazao sia daQar el conjunto. Algunas veces el autor 
olvidá su asunto paracontar una historietaque se le ocu- 
rre, despues de lo cual se escusa de sn distraocion, i toma 
<le nuevoel hilo de suhistoria. Esos episodios bnrlescos o 
tristes, libres o sereros, graciosos o terribles, están síempre 
encadenados con grande arte. Como la epopeyacaballeres- 
ca admite todos los tonos, Ariosto ha podido dar un libre 
vaelo a su jénio inventivo, siendo patético, heróico i cómi- 
•co segUD las circnnstancias que re6ere. Ddscribe sin cesar 
comlMtes.terribles; pero siempre encuentra medios de va- 
riar hastalo iníinitolasdescripciones que nos hace. De 
ordinario, cnaudo cuenta un hecho increible, afiade con graa 
natnralidad: ^ Yo no lo habria creido: pero Turpin io ba 
•escríto i es menester crerle;}> i aun entóoces atribnye a la 
cróoica fabulosa de Turpin lo que ésta no dice. Los rasgos 
•de la mas profunda ironfa están sembrados con proíusion 
•en todo el póema. Citaremos bqIo dos. Astolfo hace nn via« 



260 



i 

ELEMENTOS DE LITEBATÜRA. 



je a la luna a biiscar la razon de su primo Orlando^ i en- 
cnentra la suya i las de iuuchas ptras persona» que hasta' 
entónces habia creido rüui cuerdas. El ánjel San Migiiel, 
enviado a la tierra para buscar el silencio, se dirije a im 
convento de frailes donde no encuentra mas que la dís- 
cordia bulliciosa. La variedad de los personajes, de sus 
caractéres," de sus situaciones i de las descripciones es in- 
íinita. Ark)sto ha llegado a crear seres fantásticos que 
pueden considerarse reales, tan familiares son a nuestra 
imajinacion: tal es el caballo aladoy el hipógrifo, en el cual 
vi«jan Anjélica i Rojerio. Todos los tonos del estilo soii 
naturales aJ autor; su colorido, de una frescura estremada^ 
se'adaptaa los cuadros i a los retratos mas diversos. La 
versificacioD se distingue por la riqueza, la elegancia, 1& 
armonía, i ijor un gracioso abandono que probaria una 
prodijiosa espontaneidad, si no se supiera que Ariosto pulía 
1 limaba sus ¿ibras, con un cuidado verdaderamente esqui- 
sito. En resfimen ningun poeta ha igualado a Ariossto ea 
este jénero de epopeya, en que la imajinacion se dilata ea 
un campo mucho mas vasto que el de la epopeya pura- 
mente heróica. 

4. — Muchos otros poemas del mismo jénero aparecieron 
por entónces en Italia, que n bien alcanzarón cierta boga, 
ahora están casi olvidados.Tras de las epopeyas de Carlo- 
Magno i los doce pares, vinierón otras toraadas de asuntos 
antiguós, sobre todo de la Iliada i de la Odisea. Hubo 
tambien poemas del ciclo breton sobre el rei Arturo i la 
mesa redonda, en que la imajiuacion italiana se desple<y6 
libremente creando nuevos personajes i áventuras maravi- 
llosas. Bernardo Tasso (1493-1569), natural de Bérgamo 
i padre deTiaín^s'o poeta de este nómbre, conipuso el mas 
célebre poema de este ciclo, Amadis de Fravda^ imitacion 
de la novela caballeresca de este títnlo, ostentando una 
imajinacion rica en las descripciones, en las aventuras i en 
los caractéres, un estilo correcto, una versificacion pura 
aoble i agradable. Esa epopeya ocupa, sin embargo, un lu- 
gar secundarío al lado del jnmortal poema de Ariosto. 

Pero el jénio italiano tenia otro campo no ménos vasto 
en que espaciarse, la epopeya heroico-séria. Este fué el jé- 
nero que Ilevó a la perfeccion Torcuato Taiaü. 

Este poeta conocido cou el nombre de el Tasso, nacóí en 



•1 U_.- ' "^FW^" 



HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS MOD ERN < ' 

1544, en Sorrento, en el reino de Nápolefl. Desde su niñez, 
acostunibro su oido a la arnionía poética aprendiendo de 
luemoria lo8 versos de su padre. Dotado de una ¡ntelijen- 
cia preco^, sabia elfjriego i el latin a los uueve afioH, es- 
cribia en verso i en prosa, i recibió poco raas tarde los títuloí» 
dedoctor en teolojía, üiosofía i jurisprudencia. A la edad 
de diezisiete año8, habia pubiicado en Venecia una epope- 
ya cabaliereaca en doce cantos, titulada Reinaldo^ que me- 
reció una favorable acojida; pero en lugar de descansar 
sobre sus laureleH, uo pensó des<ie entonces ma» quo en una 
obra de luia grandiosidad mas séria i de un mteres inas 
sólido. DÍHtraido algun tiempo de este trabajo por el tu- 
multo de la corte de Ferrara, donde lo habia intrí»ducido 
la proteccion amistosa del cardenal Luia de Este, por una 
pasion secreta hácia la princesa Leonor, hermana del riu- 
que Alfbnso,, por un viaje a Francia cerca del rei CArlos 
iX. i por ia publicacion de \x\vx eiicantadora pastoral, la 
Amintaf el Tassoterminó al íin, aprincipios del año 1575, 
el poema que lo ha hecbo iumortaK Sea fatiga, sea predis- 
pc»8Ícion físicM, desde esta época la salud del poeta suirió 
nna conmocion dolorosa i terrible que acabó por perturbar 
«u juicío. Su imajinacion se Uenó de vanos terrores, de iu- 
justas desconfianza's. Desde entónces su vida fué un tejido 
de aventuras, de dificultades», de pendencias i de per>ecu- 
ciones que la tradicion ba exajerado qujzá. Despues de aza- 
rostts peregrinaciones, el Tasso fué encerradoen un hospi- 
tal de locos en Ferrara (1589), i retenido allí dumnte siete 
aüos. Los Hufrimieutos de su prisiou han inspirado muchas 
veces la poesfa moderna. Al iiu, la influencia de alguuoH 
priactpes i seQores italifinos alcanzó la libert^d de Tasso; 
perp su desgracia no cesó con esto. Vióse obligado a reco- 
rrer de au^vo varias ciudades de Italia, Ilevando uua vida 
lleña de azares i de contratiempos, En Boma, bajo ei pon- 
tificado de Clemente VIII, se le preparal^ una coronaeion 
triunfal en el capitolio, semejante a lade Fetrarca: la 
maerte lo sorprendió el 23 de abril de 1595, en un con- 
▼ento de Roma, ántes de la ceremonia que se habia dis* 
puesto. 

£1 Tasso ha escrito prodijiosamente: trájedias, comnlias, 
aonetos, madrigales, discursoa filoí'ótícos, cartus familiares, 
rehitaciones, apblojías; pero sa mas hermoso titulo de glo- 



I 

á62 ' ELEMEiÍTOS DE LrXERATPRA. 

r 

Tia es su grande epopeya, Jertcsalen libertada^ o relacioii 
semMustórica ) semí-roTDaneQca de la prímera cruzada, 
asuDto cnya eleccioii i cuya feliz e)ecuciaa lo aceroAn a 
Homero, a Virjilio i a Dante. La accion comienza el dia 
eii que los cruzados van a plantar sns ¿iendas delante dela 
GÍudad santa, í acaha despuesde la gran batalla contra los 
sarracenos de Ejipto. Pero, en esta marclia noble i sencilln 
de la epopeya, el Tasso ha sabido encuadrar uoa inultitnd 
de episodios que enriquecen la accion prinqipal siu debili- 
tarla. El patético episodio de Olindo i de Sofi-ouia^ que se 
declaran cuípablea de un robo que no hancometidoparasal- 
var a los cristianos de Jerusalen, i que cuaudo están en la 
hoguera para ser queniados vivos, son libertados por la 
guerrera Clorinda; el amor romaneseo de Tancredo bácia 
esta-nltima; lafut^a de Herminia; loi jardiues de Ariuida; 
el viaje descriptivo de los dos libertadores de Reinaldo; el ' 
combate de Tanoredo i de Argante; i las inaravillas de la 
selva encantada son otros tantos pasajes, que, aunque in> 
dependíentes a veces de la aceion priucipal, encántau al 
lector. 

La uarracion de los combates, la desicripcion de los In- 
gares i el retrato de los caractéres, revelan gran riqueza 
de iinajinACÍon, i ,uu notable arte de escritor. • cEI Tasso« 
dice Vültaire,*tiene tantofuego como Homero en las ba- 
talias, con mtis variedad. Todo8 sus héroes tienen caraqté- 
res diferentes, como los de la llítda^ i algunos de estoa 
oaractéres están mejor presentados, mas fuertemente des- 
critos i mejor sosteuidos.]> AunqOe en este elojio hai cierta 
exajeracion, no se puede dejar de recouocer que, cuando 
se ha leido la Jermnlen libertada^ no es posible olvidar 
o coufuudir los oaractéres. Argante es el feroz jigante 
asiátiooqué uno la insolencia i la brutalidad 9.I vígor cor- 
|)oral i a la bravura. Tancredo i Reinaldo son nobles paladí- 
nes de la Edad Media, valientes i enamorados, que vacííaQ 
80I0 entre el amor a sudama i el amor a Dios, o mas bien, 
que unen ámbog sentimientos en uu corazon fiel i sincero 
Godofredo representa a la vez el jeneral del ejército ¡ el 
«oldado piadoso que no vé en el fín de la cruzada maa que 
la corona de espinas. Soliman, el sultan de Nicéa, no es 
grande síno pwr su ódío contra los cristianos. Los caracté- 
rea secuadarioa estáíí trazados con ig(\al maestria; Udo 90« 



HISTCHUA LTTEfi^ABIA,— TIEMPOS MODERNOS. 26X 

\o liai id^al eñ el poema, Cloriuíia )a guerrera, especie Ae 
amHzouia de la antigüedad. Armída es la hada qne se deja 
iuipresionar iK>r k)s encantos de Reinaldo, i qué^nosnmes- 
tra el lado hermoso de la raájia, miéntras el encantador 
Ismen e8 el mal jénio que el demonio suHcita^ coütra los 
cnizados, i que muere apIa¿tado por un golpe de ballesta. 
Mas ])rudeute que su8 antécesores i que algunos de sua 
-contemporáneos, ha fluprimido esa monsti*tiosa confusion 
dé la mitnlojía pagana i de^ los milagros cristiaiios, ^if- 
ftervando lus hadas de la cdad-mediá, losv encantos i lad 
ctmjuracíones uíájicas. 

A las bellezas que resultan del asunto mi«mo, él Tasso 
ha afladid¿ las gracias de un estilo RÍempre cíaro, arínoiMo- 
so ¡ preciso, »n\ que esto escluja la rique^a i la vivacidad 
en lus imájenes i eu la narracion. Cuando el asunto exíje 
elevncíon, la lenguflí itaiiana ahandona su suHVÍdad natu- 
ral i toma en manos del poeta un carácter nuevc!, Ileno de 
majesrad i de fnerza. 

5.— La gloria delTasso eclipsó la de todos los pdetastle 
sn tiempo, así coroo, medio siglo áutes, Ariosto habia os- 
curecido a «us eontemporáneos; pero tras de ííl, aparecie- 
ron diversos ensayos ép¡ct)H qne hoi están casi olvidados. 
EI tiempo de la epopeya caballeresca habia pasado; i como 
i^ncede éasi sietiipre, despues de 1o serio, viuo la pnrodia. 
Nacieron entónces las burlas del carácter gnerrero^, desa» 
rroUádas en obras estensas, en que abtm<lan las efttrava- 
gancias masgrotescas de los paladines, deHcritas órdiná- 
riament^ de una manera viv« i piutorjesca. 

Junto cím estos jéneros, el jéuioitalíano habia:cultivado 
la poeF.fa Ifrica i pastoral, el imemadidáctico.i descriptiw», 
i ta sátira. Las mujeres nvjsiuas no fueron ^strailas al mo- 
vimiento literario de este siglo; afgunas dot ellas escribie- 
roD versos agradables en el idioma vulgar, i aun en lutin i 
«Q griego, o se distinguieron por una iltistraciou tan va- 
riada como sólida en literatura i en filosoiín. 

,Lo renzo de Méd icis denominado el Magnitico (1448- 
149'2), gobernadorde Florencia, habia dado a la potu^ 
üna proteccion i un impulso cnyas 'con^ecuencías se hicie- 
roQ sentir en breve. El mis^rao éscribió Cancionés, églogas'i 
poefias morales notables por la elegaucia del estiloija 
fuerza de los peasamientos. Anjel Ambrojj^ju^ mas cooo^ 



264 ELEMENTOS DE UTERATÜRA. 

cido con el nombre d^ Poliziano (1464 — 1494), sábio unf^ 

versal, filósofo por obedecer al gusto de su tieinpo, pero poe- 

ta por nainraleza, a los catorce años^compugo en honor de- 

^ Jnlian de Médicis, vencedor en 'un torneo, ciento cincuenta 

octavas que son conBÍderadas todavia como una de las- 

obra» maestras de la lengua ftaliana. Poliziano, ademas^ 

escribió canciones populares, una pieza teatral sobre Orfeo^ 

que ea estimadaconio el modelo de la primera composi* 

cion dramática moderna, pojesías griegas i latinas^ i diver* 

» V í A^ rv^ ®^® tratadt^s sobre historia, filosofía i jurisprudencia; Jncobí> 

*" ^^S^*^^^ S ^n"»^r (1458-1 530)»poeta napolitano, de oríjen espaSñí^ 

que escribia con la misma elegancia el latiii o ia lcngua 
vulgar, espre^ó sus seutimientos patrióticos en sonetos ar- 
moniosoB, ¡ mereció el nombre de Virjüio cristiana por 
' 8US. pastqrales, que son modelos de eiegancia i de snavfdad. 
Los otros poetas liricos italíanos de esa época son inferio- 
ren a loe tres norobrados. 

La poesía didáctica i descriptiva trató las materias mas^ 
variadas. Cantáronse los misterios de la relijion i los suce* 
808 mas meniorables de su historia, las tradiciones de I» 
mitoiojíagriega con las descripciones de la rebidencia en- 
cantada de los dioses del politeÍHmo, los preceptos de 1» 
moral, Io§ principios de la medícina i de laalquimia, i hasta 
las reglas de ia gramática i de ia métrica. En algumis de 
e^as obras, la invnjinacion italiana brilla con todo su es-- 
plendor. La fllegoría es de ordinario bien conducida i la» 
descripciones sou rícas i arminiosas. 

L:i Fátíra tuvo tambien en ese siglo distingnidos repre- 
sentantes. La degradacion politica de la Italia en una 
época de tanto espiendor literario, llevaba a las almas ese^ 
amargo descontento que se manifiesta en las sátiras. £a 
este jénero, se ^liatinguió Francisco Berni, de quien diji- 
mos mas atras qiie habia dado nueva forma ai Orlandi> 
tnamorado de Boiardo. Aunque canónigo de la catedral 
de Florencia, i aunque dotado de un carácter snave i boD- 
dadoso, atacó de frente todos los vicios í todos los estravio» 
de su tiempo, conservando siémpre la sonrisaen los lábios, 
como si el criticar no hubiese sido para él mas qne una 
diversion i un simple pasatiempo. Las sátiras de Berni* 
frias e indiferentes en apariencia, llevaban siempre nu graQ 
fondo de malicia. Sus burlas, muchas veces crueles i per» 



j ^ j* Mi fL ^^^^^^^^r^m 



HISTORTA LITEBARIA. — TIEMPOS MODERNOS. 265 

• 

sonalep, tio ae detnvieron iii siqutera ante el mismo clero, 
que akorrecia sistemáticameiite. Ed ima de sns sátiraB, 
preteQdi& que la pe^te era un bíen, porqiie libertaba al 
hombre, primero de morir rodeado de írailes, i en segnida 
de losgastos de entierro. Esta tendencia del espíritn bur- 
loa.fué mas léjos todavía. Francipco Mplza_(1489~1544)/ 
poeta natural de Mó^ena, qne^óriUia Urnbien indiferen- 
temente en latin i en italiano, cantó la felicidad tertedtre 
de los escomulgados que no tenian nada que ver con la 
eorte de Roxna ni con sus adeptos. 

Pero los escritores satíriqos mas famosos de la Italia en 
el siglo XVI, fueron el Aretixio i el Afiosto, cada uno en 
Bu jénero, . Pedro Bacci^ natural de Arezzo en Toscana 
(1492-1559), mas conocido con el nombre de Aretino, 
atrabiliario como éscritor i como crítico, panejirista i ca- 
lumniador, mereció, sin embargo, el a'podo de divino, que 
él mismo se daba con una arroganicia inconcebible. Poseia 
injenio, imajinacion, delicadeza aun en sus estravíos mas 
vituperables; pero se ie considera el tipo de I(»s escritores 
dignos del desprecio universal. Sus obras son numerosas, 
i todas re^pir^n la ironía mas amarga, todas pintan de co- 
lor uegro el siglo i sus raas negron personajes. El Aretino 
DO perdonaba a nadie: amigos o enemigos eran sacritícados 
por los acerados filos de su pluma; i mucbos grandes se- 
ñores le pagaban pensionei^ para escapar a sus burlns. La 
sátira del Aretino era eminentemeute orijinal: él no habia 
estudiado los clásicx)s para imitarlos; pero habia tomado 
la Eociedad como se encontraba en su tiempo, con el liber- 
tii^aje universal i el cinismo mas cómodo en las ideas polí- 
ticas; i frecuentemente, aun en media de las mentiras i de 
]as calumnias que respirau sus obras, se dejan ver tristes 
verdades espuestas a toda luz con una enerjía terrible. 

El Aretino poseia un caráctei: torcido i malo: el Ariosto, 
por el contrario, era un buen bombre, que nunca tuvo hiel 
en el corazon, i 48Í solo algunas impaciencias. Uízo sátiras 
como Horacio, pero con ménos jénio filosófico, porque en- 
contró mas de un defecto intolerable en la sooiedad en que 
Yivia, porque tuvo por protector a un cardenal vanidoso i 
prosaico, Hipólito de Este, que creia que el Orlando ena" 
tnorado era solo un conjunto de sonrisas mas o ménos di- 
vertidas, i por último^ porque nunca gozó de esas ventajas 



\ 



\ 



266 ELEMENTOS BE LITERATURA. 

<le la vidift qne asegaran la independencia del escritor. Por 
lo demas^ sns cnadros son fínos i espiritaales, algnnas ve* 
ces violentos^ pero sin acritad. Ii^n bus sátiras, cotuo en las 
de casi todos los poetas de sn siglo, los eclesiásticos, gran* 
<les o peqneQos, los fraiies \ los cardenales, son las prime- 
ras víctimas de laa burlas. 

6. — lia ])oe8Ía dramática alcanzó tambien en Italia en 
,€l siglo XVI cierto grado de csplendor. Ilai^íase desarro- 
llado este arte allí mucho áútes que en los otros paisesde 
teuropa. Desdeel sigloXIV, los italianos tBnian ref^resen- 
tacionos dramáticas i poseian obras de cierto mérito. El 
draina de entónces, sin embargo, contenia todos los jérrae- 
ncs de la trajedia^ de lacomedía/del drama pastoraU de 1& 
ópera misma. La pieza no tenia verdadem esposiciou, ni 
intriga, ni desenlnce: se pasaba de una ideaaotracon ple- 
na licencia, atropellando las reglas teatrales í las unidadu 
griegas. 

A la época del renacimiento, las representaciones dra- 
máticas formaban la principal díversion de todas lascor- 
te^, siñ esceptuar la de Konia. Leon X hizo representara 
sn cost>a la trnjedia de So/onisba que el Trissino le bábia 
dedicado. Juan Jorje Trisjj jm), (1478—1550), cabnllero ve- 
neciano qne sirvió en diversas ocasiones como embajador 
del papa, cultivó con talento la epopeya antigua i (Jevol- 
vió a la trajedia toda la sencillez del teatro griego. Los 
coros resncitaron para ociipar la cscena cuando por la 
marcha de la accion, aquelia debia quedar vacía, í para 
llenar el intervalo de los entreactos. La trajedia tuvo nna 
accion bien desarrollada i caractéres diseñados con arte. 
Sofonisba es esa orgullosa }>rincesa de Numidia qpe beoe 
el veneno de Masinisa para no dejarse amarrar al carro de 
trínnfo de Píscipion. 

Dado este impulso, la trajedia signió su marcha de pro* 
greso. Los asuntos griegos tratados por Sófocles i Enrípi- 
des fneron imitados con regular acierto por h»s poetas ita- 
lianos del siglo XVI, o se tomaron de ellos los caractéres 
principalesy las situaciones raas dramáticas para aplicarlas 
a otros aRunto:^. Pero luego nació nn movimionto mas orí- 
Jinal todavia. Los poetas buscaron en la hi^toria romana 
Ducesos que la trajedia no habia esplotado. EI Arctino to- 
mó de Tito Livio el arguntento de su Horacio^ qne trató 



HISTORf a: ltteraria.— tikmpos modebnos. 267 

COD toda la seríedad trájíca, respetauclo fielmente la histo- 
ría i nianifestaado en \m detalles un gran conociniient» de 
los asos civiles i relijiosos de la autigaa Roma. Otros to- 
roaroQ asuntps mas modernos: asi el Tasflo^conipnso el 
Torrismundo, trajedia romanesca basada sobre ios amores 
dej^graciádos de este rei de los godon con una hija descono- 
cida de un refde Noruega. En todas las piezas de esta úi- 
tima especie, se desplega libremepte e1 talento lirico de 
los poemas italianos; )>er(i su accion es violenta, terrible^ 
recargada de pasiones desenfrenadas i de crimenes atrocei^^ 
que Qos recuerdan las majores exajeraciones del romanti- 
cismo raoderno. 

La cfimedía no habia existido en Italia ántes del síglo 
XVI mas que en el estado de farsa o de pautomima. Bu 
esta época de renacimiento, los escritores fueren a buscar 
sns inodelos en la antigüedad clásíca. Las comedias de 
Plauto i de Terencio fueron estudiadas i auu representadas 
ya traducidas al italiano, ya en latin. £n eéíñ escuela se 
formó una pléyade de autores cómicos tan notables por el 
talento como por la inmoralidad. El primero en órdeu cro- 
nolójico fué el cardeual Bernardo de Dov izio deBib- 
hiena (1470 — 1520), que hizo representar detantS'üe ijeon 
X su Catandria^ comedia divertida por la intricra i por lo 
grotesco <le los caractéres, poro exesivamente libre por el 
argumento i por el lenguaje. 

El Ariosto cultivó tambien este jénero imitando a Plau- 
to i a Terencio. Sus comedias son ménos iibres en la es- 
presiou que la del cardenul Bibbíena, pero no sou ménos 
inm'orales. A pesar de esto, es todavia uno de Io$ autores 
cómicos mas aplaudidos en Italia por lo picantede la in- 
triga, por la animacion del diálogo, por la^ soltura i clari- 
dady que no tienen igoales eu la poesfa italiana. AdemaSy 
pocos escritores han tenido en el mismo grado que el 
Ariosto el don de pintar los caractcres, los vicios i las ri^ 
diculeces de los hombres. ^ 

AI lado de éstos, la Italia del siglo XVI contó ipuchos 
otros autores cómicos de ntas o ménos injenio, que fueron 
aplaudidos por sus contempor4>neos. Deberemos citar solo 
a dea de ellos. El Aretino, tan famoso por sus sátiras, com- 
puso tambien cinco Cí»medias eu que ha bosquejado bieu 
idgunos accideotes de las costumbrcs de su siglo. El otro 



268 ELEMENTOS DE LrrERATÜBA* 

es Nicolaa Maquiavelo, de ciiyos edcrítos polílicns e hist^ 
ricos hablaremos mas adelante. Entfe las obras dramáticas 
de éste, se distingue la Mandragora^ comeilia liceQciosa; 
ouya intríga es hábílinente dirijida i cuyos caractéres soq 
trazadoB con la mas franca alegría. £3ta pieza, que escon- 
siderada por algunos críticos como la mfjor del teatro ita» 
lianoy fué representadá con aplausoen la corte de Leou X. 
Es una natira amarga de los charlatanes, de los abogados 
í hasta de lon frailes, empañada por laiibertad de la e^- 
presíon i dealgunosincidentes d^ su fábula. 

La comedia no pasó mas léjos en él siglo XVI despues 
de las obras de Maquiavelo, del Ariostoi del Aretino: per- 
maneció estacionaria como la trajedia en el punto a que se 
faabía elevado. £3 menester llegar al siglo signiente para 
encontrar una verdudera innovacion eu el jénero draraá 
tico. 

Sin embargo, no se pnede dejarpasar desapercibido el 
drama pastoral, cuyos primeros ensayos pertenecea a la 
edad raedia, pero q«e hizo revivir con nüevo ardor el es* 
tudio de lae literaturas clásicas, i en especial, de las obr&s 
de Teócrito i de Virjilio, en la épocadel renacímíeuto. Las 
primeraa obras de esta clase fueren églogas dialogadas, 
fria^ i pesadas, en que se moriao doii o tres personajes en 
medío de largas elejías i de triejtes lamentaciones, en que 
el méritu del estilo no suplia la faita de pasion, en qne las 
ninfas desempeñaban el primer papel i en que se presenta- 
ban los pastoreé eomo la^ víctinms delamor, pero sin inspi- 
rar interes. El Tasso, que ya se habia hecho cékbre en 
otros jénerop, quiso crear al drama* pastoral un brillante 
de^tino^ ¡ compuso X^Aminta (1573). 

Esta ebra es el modelo de ese estilo delicado i gracioso, 
i deese jénero literario mui poco natüral que estuvo tau 
en boga en el siglo XVI. bu argumento es sencillo i su 
pl^n está fácilrpente desenvuelto. Amyntas (í no Amiuta 
como decirijos nosotrofi), nieto de) dios Pan, ama a Siivia, 
nieta del rio que baña .Hquella comarca (los alreiledorcá 
de Ferrara). Ellos hau pasado juntos su juventud, nnnca se 
lian separado. pero el diaeu que Amyntas declara sn v<xs\<!X^ 
Silvia oleudida lo destierra de su presencia. SíU embargo, 
aquel tuvo ocasion de salvar a. Silvia de las violencias de 
uti viejo sáüro; pero la pastora, tan pronto como se ve H- 



HISTQRIA LITERARIA. — TIEMPOS MODERNOS. 269 

Inre, sieiiipr^ jndiferente al amor, hnyeol bosque; Amyn- 
tas recibe la iklsa noticia de que Silvia ha sido devoi*ada 
por los lobos. La desesperacion se apodera de él, i va n 
precipitarse de lo alto de una roca. Cuando Siivia t>abe la 
o^nerte de su amante, se enternece, corre en su busca para 
rendir al cadaver el último tributo; pero encuentra a Amyn- 
ias en medio de los pastores que lo vuelven a la vida^ poi^- 
•que an zarzal lo habia deteoido en su- caída, i solo estaba 
desmayado. Silvia lo colma de caricias; i el himcneo ase* 
^nra ]a felicidad de ambos pastores. Ei éxito de la Ami/ita 
fné preparado por la situacion de la sociedad italiana, que 
•quería óescansar de ias sangrientas ajitaciones en la re- 
t^resentacion de las escenas campestres; pero provino prin- 
cipalmente de la estreniada ele«:ancia del estilo, de la va- 
riedad de los jiros i de las imájenes, i de ese corte fácil i 
4krmenioso de sus versos desiguales. El cielo, la luz de los 
|)aisajes italianos, afiiman, alumbran esta encantadora com- 
posiciou, eri qne el poeta ha encontrad<i el arte de vaciar 
<iOñ nna naturalidad perfecta i con un ttüento maravilloso 
los pasajes masagradables de los poetas pastorales de 6re- 
43ití i de üoraa. .Ija traducíúp.n de^.hi Arninta en verso cas- 
i<;ellanp hecha por JuarrdeJTáuregui, es consTderada clásica, 
t^pesar dé cierto amaneramiento que le ha hecho perder 
«oa parte de la naturalidad del orijinal. ' 

La misma delicadeza de estilo se encuentra en el Pas* 
iorfido (el fielpastor) de Jiian Bautista GuJiriní, poefea fe- 
vrares í 1537-1612) i rival del Tasso. Sn argumento está 
tomado de ,una leyenda de la aiitigua Grecia. Un» nioÍH 
olvidai los votos de amor que ha hecho a un jóveu pastor, 
^acerdote de Diana: e^ta diosa castiga aquella faita en- 
viaudo a la Arcadia una peste atroz que la desola. El 
oráculo, a quien consultan los arcadios aterrorizados, de- 
«lara que la ninfa debe ser sacrifícada por ese mismo sa- 
<rerdote. La víctima avanza hácia el altar; pero el sacrí- 
licador, siempre enamorado, en vez de herirla se da la 
muerte a sí mismo: la ninfa en medio de la desesperacion, 
-«Q inmola sobre el cadávei^ de su amaute. Guarini lia com- 
|)Iíc:ido esta accion por medio de numerosos incideutes, i 
Ía ha adornado con danzas, pantomima i canto, alargando 
i^u pie^a hasta darle siete mil versos. £u realidad, su obra 
iXQ tieuc mas de pastorai que el carácter de los personajes 



270 ELÉWÍBNTOS DE LITERATURA. , 

i deberia mafl bien ser dasifieada como un ^drama trájico. 
Apestirde su falta de natnralidad en algunos iocidentes i 
de cierta sutileza de estilo, esta obra contiene trozos de noa 
rara belleza, que no han podido aer iinitados por los nnme- 
rosíos escritores que, def pues del Tasao i de Guarini, han 
querido cultivar en Italia la comedia paFtoral. 

7. — La prosH it^liana no hizo menoi-es progre808 eu 
aquel siglo. Aunque el eHtudio de las lenguns anti^uas es- 
tuviera estendrdo eu toda la península, i aunquelaimpren- 
ta multiplicase con gran prodigali(Jad las obras de 1a edad 
clásica i el latin fuera por mucho tiempo el idioma de las 
letras i de las óiencias, la lengua yulgar seguia ganando 
terreno, i acabó por suplantarlo. Efta revolucion, faini len- 
ta en 8US primeros pasop, quedó casi conipletanjente con» 
stimada a mediados del siglo XVI. No solamente se odaha 
el iüaliano en los escritos, sinoquesecompusierongrandcíi 
tratadog sobre Ia*exelencia de esta lengua i sobre los me* 
dios de usarltt con vcntaja. 

JB! mas célebre de los jjrosadores de ese tiempo i nno de 
los toas famopos qué haya producido la Italin, es Nicola» 
Maquiavelo (Nicolo di Macchiavelli). Nacido en Florencia 
en 1468 de una familia cuyos miembros habian ocnpádo 
altoB empleos en su patria, Maquiavelo desempefió elevados 
cargos i sirvió treiñta i dos legacioncs cerca de varios prfo- 
cipes. Al lado de estds, i particularmente en la corte de 
César Borjia, pudo conocer de cevca las perfidias, las mal- 
dades i los crímenes de que se componia el arte de reinar; 
Comprometidü en Fterencia en una conjumcion que fii6 
descubierta i soibcada por la faccion opuesta (1512), apre- 
sado i torturado por órden de los Médicis, Maquiavelo su- 
frió estas pruebas terribles con un valor heróico, sin descu- 
brir lois nombres de /Sus cómplices. Puesto en libertad, 
pasó el resto de sus dias en la pobreza i en el retiro, escri- 
biendo las obras que lo han hecho famoso. Maquiav^lo 
muTÍjbr en 1627. 

La mas concícida i 1a mns célebre de las obras de Maquia« 
velo tiene pf>r iitu\o Tratae/o del Principe, En ella hacon- 
Bignado todas sus reflexiones soore el gobierno absoluto, 
i constituje^ por decírlo así, el código de la tirania mas 
ínfame e inmoral. Enseüa, ea efectt», como un usurpador 
bábil, que uo está conteuido pur niogun priocipio ile moral^ 



-c^ 



HISTÓRIA UTERARIA. — ^TIEMPOS MODERJíOS. 271 

puede coDSolidar sii poder no coQsiderando los grupos so- 
ciales mas que como combinaQÍones de intereses contrarios 
i de cálcalos egoistas^ en que la autoridad cpn'esponde de 
derecho al masfuerte, es decir, al mas malo i al mas h¡- 
pócrita. ¿Participaba el autor deestas opmiones inmoralés, 
señalaba solo hechos coqocidos de su tiempQ, o hacia la 
cn'tica disimulada de la pólítica de sn siglo? «Dudamos, 
dice lord Macaulay, que baya en la historia liternria un 
nombre tan jeneralmente odioso como el de Maquiavelo. 
Las espresiones que seémplean deordinarioparadesignar-r 
lo, parecen implicar que ha sido el tentador, el mal espíi'i- 
tu, el revelador de laambicion i de la venganza, el inventor 
orijinal del perjurio, i que ántes de la publicacjoñ del Frin* 
cipe^ 6U obra fatai, no hubojíimas ni un hipócrita, ni ua 
tírano, ni un traidor, ni una virtud íinjida, ni un crimen 
utiiitario. £n efecto, es casi imposible a los que Do estáii 
ÍDstruidos en la historia i en la literatura de Italia, el leer 
»in horror i sin estupefaccion el Célebre tratado que ha 
traido tantos ataques al nombre de Maíiuíavelo. Laosten- 
taciou de noa perversidad tan desnuda i, sin embargo, 
tan poco vergonzosa, la atrocidad fria, juiciosa, reducida a 
ciencia, .parecen ser de un demonio mas bien que de ua 
homlire, aunque éste fuese el mas depravado do los hombres. 
Loe principios que el malvadg mas endurecido osaría apé- 
uas iuvocar por una reticeucia delan|,e del mas esperimen- 
tado de sus qómplfces, o que no se confesaria a sí misBio 
sin disfrazarlos bajo algun KofíHma atenuante, son profe&a- 
dos sin el menor circunloquio, i tomados por axiomas fun- 
damentales de toda la ciencia polítiea. No es. pues, singulfyp 
que los lectores vulgares consideren al autor de tal libro 
corao la mas depravada i la mas desvergonzada de las 
criaturas humanas. Pero Io8 Hombres prudentes se sienten 
inclinados a mirar de cfirca i con uii ojo desconfiado a los 
ánjeles i las demonios que se forja la muchedumbre: i eti 
el caso que nos ocupa, djversas circunstancias han condu- 
cido anu a los observadores superíiciales a poner en tela 
de; jnicio la decision del vulgo. £s notorío que Maquiavelo 
fué durante toda su vida un celoso republicano. £1 mismo 
aüo en que compuso su manual del arte de reinar, sufrió 
4a prision'i la tortura por lacausa de las líbertades públicae. 
Parece inconcebible que el n^ártir de la libertad haya pc- 

19 



272 



ELEMENTOS DE JLITERATrRA. 



(Hd'> convertirae (lc1il»ei*adamei)te en apóstol de la iirania. 
Por esto, mticlios autores erainentes han tratado de descii- 
brir eii esta obra de^graciada uu seutído ocalto^ inas cou- 
oiiiftble con el oanicter i cou la coududa del antor^ (|ue el 
seQtidfi que se revelaa primera vista.» Se lia pretendidoqae 
Maqiu'aveloy al pano que euHeuaba a li^ prínci[)ea a consti- 
tuir>e eu tiranosyenseñabatambien a los puebos a deseni- 
j)amzfirse de la tiranía; pero es probabíe qne el célebre 
(jecritor no tuvo otropropÓ8Ítoque el de reducir a axiouiH* 
líi política de su siglo, perverjia i desleal, que autorizalM 
)<ís fuayores críraeues para llegar a uu ñn desea^b», i que 
fjKjritícaJm al jndividuo, su fortuna, su vida i liasta 8u 
lionradez, 'para alcauzar la prosperidad del estado i la del 
{HÍncipe. 

Maquiavelo ba escrito tarabien s^bfe muclias otras ma- 
t'criiis, aparte de sii correspondencia diplomática que tieiie 
iin graude iutere* para la bistorja de ese siglo. íSus Dis- 
curwn sobre Tito Livio^ d(»ndee8tudia las causas de la trnui' 
<)ezn de Ihh- romanos i de la debilidad de otros pueblu5, 
mafiifiestan iiua erndii^on profunda, nn juicio seguro, uaa 
siugiilar fuerzadeespíritu parajenenUizar, i ungi-ancono- 
oíiuiento del corazon buiuano. Su HisU>ria de Plorencia 
es uiia obn5 maestra de clarídad i de elegancia en cuanto 
nl e^tilo, i de crítica liistórica respecto a los peusamrento», 
apesar de su odio sistemático al |K)(]er de los pa|»as. El 
autor se lia ocnpado inéiios de las guerras etíteriores que 
de Io8 movimieutos interiores i de sus perturbaciones dc- 
mocráticas. Por tiltímo er. su Arte de laguerra^ escrito 
^ forma <le diálogo, Uaqniavelci ba enseñado a la poste- 
ridad la manera cómo ])eleabau los siddados del siglo 
XV, eon una multitud de jkornieuores de un alto interes 
b¡st(>rico. 

8. — La reputacíon de Maquiavelo ba eclipsada la delos 
otros escritores políticos de «u siglo; pero coiuo bistoriador, 
tuvo II u rival poderoso en pri ^ncisco Gi ,ii(; ^fíiardiiiv .8Í no en 
lu profnudidiid tilos<iSca i eii el vígor para repróducir la ver- 
dad (5on nnas cuantas pinccladas, a lo ménos por el arte lite- 
rario, por laclaridad ¿e esposicion i jw el estudio prolijuJ 
concieuzudo de los becbos. 

Nacido en Florencia eji 1482, Guicciardini fué en su 
juventul profeaor dejurísprudeucia, desempefló mas tarde 



t 



\ ^ 



■HISTORIA LITERAfllA. — ^TIEMPOS MODERN'OS. 273 ^ 

«ina niísioQ dtplomtttíca cerca del rer de EspaHa i varioa 
<íargos políticoB i milítares pqr órden de diversos papas, i 
pasó stts últitnos años en el retiro, con^agrado a'poner en 
-órden sus Vecnerdos i a escribir la obra qne lo ha hecho 
inmoTtal. La Historia de Italia de Gnicciardini comieliKa 
«n 1494 con la ÍDVasion delos franceses bajo Cárlos yill, 
4 teiinina- en 1534. Está dividida en veinte libros, áe los 
«nales los diez i sets priraeros son de nn ^érito ^nperior. 
La mnerte sorprendió al autor en 1540, ántes de haber 
revísado los cuatro últimrs. A esta circunstaocia débe 
:atribuirse el que aquella obFafamosacirculara mannscrita 
duratite mas de veinte afios sín alcanzar lus honores de la 
impresion, ' 

Concebida i ejecutada sobre el plan í segun el método 
^e los antíguos, la hiatoria de Guicciardiiii abundá en \'étra- 
tos bien dibujados i en discursos denna prolijid'\d*a veces 
fatigosa, pero donde se encuentran rasgos elocuefttes, pen- 
samientos nnevos i ptofundos^ imájenes verdaderas i pal- 
pables que hacen olvidar que el autor se sus^ituye'al per- 
i^onaje que poiie en escena. Verídico, imparcial hasta el 
pnnto de no paliar ningun h^cho histórico, trata a la corte 
•<]e Roma, a la cual servia, con la misina libertad que a sut 
«nemigos. Al reves de Maquiavelo, Guiociardiní se mues- 
tm siempre amigo de la hun^anidad i de la justicia^ enemigo 
<le los abusps dél poder soberflno, vengador de la Virttid 
4i^tmida fiOr Iaurbitrariedad,fil6sofo ilnstrado, polítioo há- 
bil, repiiblicano prndente. Su c stílo, a veces nervioso i enér- 
jico, a vecés vívo i rApído, tiémpre correcto, »rmonioso i 
elegante, cautíva i encanta al lector. 

Al lado de esos dos grandes maestros en el arte de es- 
críbir la historia, descuella sobre otros muchos itn escritor 
<¡e mérito distiognido, cuyas oSras son leidas con interes. 
Pablo Jovio CPao lo Grovio),' eclesiástico natural dcj Como 
i2), i protejido alteroativalnente por los mas 
notables persoiiajes nacionalea o estranjeros que interví- 
nieron'en los negocios de Italia, escribió en latin varias 
obras i entre ellas una historia jeneral de su tiempo i raa- 
<3hits elojios biográficos de contemporáneos suyos. Recono'- 
ciendo el huen método de su plan, la claridad i elegancía 
>de sn e&tilo, i la abundancia de las noticias que consigna 
•en 8n8x>bras, se debe censurarle la parcialidad con qne ha 



1 , 



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t 



274 LEMENTOS DE LITERATÜRA. 

enpc^lzado a los proteetcres qoe le pagab&íQ bu^ e]<>jioB, i 
denigrado con sqs sátiras a los que se mostr«ban jKtco j^ 
nerpsos» . . , 

9. — En el jénero norelepco, volvemos a encóiitrar todar 
via a M«quiaveIo, Una novela. suya titulada Belphegof\ 
es una sátirade las uiujeres en jeneral^ i de la svya.propia 
en particulur, segun se dioe. Ccmo todas sus obms, e^a 
•no^'ela está eccrita en un estilo vivo i brillanta i coo una 
elegancia que la ha hecho colocar en el nún^ero de loa tes- 
toa clásicos de lajengua. ... 

En jeneral, las npvelas italianas del siglo XVI se dÍF- 

tingtien por la orijinalidad a veces* estravagante de la fá- 

»bula, i con frecuencia por )a pureza del estilo, pero ee Oí«- 

'tenta tambien en casi todas élias una. licencia de^medida 

eo los «ucopcs que Fe narran i hasfa cn el lenguaje. Qintio 

Giraldi, niédico i poeta-íerraiés (1504— 1576), i §< ba^tian 

Erizzo, anticuario veneciano (Iñ22-T-1586), quisieron mo- 

-derar ^íor su ejemplo la libertad de la mayor paite. de los 

novelistas; pero tuviero.n pocos lectores en medjo de la co- 

rrupcion jeneral. Shalispeare-tcn^ó mss tarde del primero 

de ellos el argumento del OtelOy al cual dió nueva vida en 

su drama inmortal. Las únicfis novelas que estuvieíon 

e^entas de ese defecto fuerop las que pertenecen aljínero 

tráiico. De este núncero es Bomeo i Julieía de JLiiyíi.^* 

Porto, ]:oeta i novelistar nacido ín Vicenciu en 1485, que 

.tratando un asuiito kasado en una antigua tradicion, pre- 

paió tambien una accion que ha inmurtalizado el mismo 

iáhakspeare. v 

feiGLo xv:i. 

10»— La literatura italiara del siglo XVI habia sidp la 
mae rica i Ja mas brillacte de toda la Europa. Desde pjiu- 
cipios del siglo siguiente, ccmienza a percibirse una sensi- 
bJe decadencia política. Aunque el papel de los diversos 
estados que componian la peuinsula iué en cierto modo pa- 
sivo desde que principiaron 4aa guerras de Italia, hubo 
siempre algun movimienlo en las kichas sostenidas por 

, Venecia ¡ por los papas para arrojar fuera a loa bárbarf^s» 
Pero desdequelas armas decidieron dcfínitivamente quiéa 

, seria el sefior, desde que la dominacioii absoluta de la Es- 



/ 



HISTORIA LITERAUTA. — TIE ÜPOS 3ffODBRN03. 27 5 

pafla no enctientra rivaled ni cotitradictorea en el AIilAne« 
^ado, en Nápoles i en SÍQÍlia, el-espíritu públíco desapUre- 
4^ í la póstracion literaria cunde coagran rapidez./ 

Ann eu los estados que escaparon a la dominacioni pero 
110 a la iufloencia e^paüola, las letras no tenian inas porve- 
iiir. En Venecia^ la tírania del consejo de los diez, cou su 
«istéina de prohíbiciou uutverBal, hacia imposible toJo 
Uesarr'ollo Utemrio. Ea Florcncia, los Altimos Midicis, 
^eled a su^ tradiciones de iamiliay protejían aun las artes i 
las ciencias; pero sn proteccíon no se atrevia a luchar con 
«l poder de U inquisiciou, i tuvo que limitarse a las cien- 
■ciaB'ó alaH b ellas arDes. Los Médicis no pudieron sal- 
vat a paüled del « poder de los iuquisidores, que lo obliga- 
Von a abjurar sn herejía astronamica (1633). Las familias 
de lo^ otros pHncvi^es itAlianos habiau decaido tanto que 
ni auu podian ejércer ese patrouato k'terario; último resto 
de 8U soberauía. - - 

IL — Lios poetas italiaoos de esta época de deoadencta 
que se inida en los últimos^ ailos del si^lo XVI i que se 
•estiende hasta mediados del 8Íg!o XVIII, son conocidos 
en la historia literaria cm el nombre de secjntÍ8ti (seiscido- 
tistas), del tíúmero 1600, que ha pasado a designar la falta 
<Ie fifusfeo. - 

El primero de estoi poetas por órden cronotójico tavo ^ ^- 
-algó de tiiíis varonil que sxn conteraporáneos. Oabriel 
Chiabrera, nacido en Savonaa mediaílos del siglo X VT i 
-mnerlo en 1637, pasó su larga vida' consagrado al cultivo 
de la poesía, i escribió cinco poemas caballerescos, muchas 
cometlias destinadas a tener acompaQamiento de mú-(ioa i 
que 8on las primeras en este jénero, i tres volúmenes de 
poesfas líricas en que está fundtida su reputacion. Abando-» 
niando las huellas trazadas por Petrarca, la cancion i el so- 
neto, se hizo nuevo remoutando en su imitaciou en busca 
<Ié modelos mas antiguosy Píudaro i Anacreon. Los imltó 
en efecto algunas veces cou felicidad; pero se reprocha a 
fiu estilo uiucho artei rebuscamiento» 

Viene eu seguida Juan Bat\tista Marini (1569-1625), • 

^l héroe de estaépoca de decadencia, a quien Sismoudi lla- 

ma el gran corruptor del gusto de los italianos. Nacido en 

Nápoles en el seiio de nna familia acomodada, Marini -se 

^paró de bu padre, que queria dedicarlo a la carrera del 



í. _ 



270 . ELÉMENTOS Í)E LITERATtTJU- 

« i 

foro; pasó a Tloma i en seguida a Sabóya, donde cuUivó !!• 
hrenieiite la poesía, al mísmo tiempo que deaempeñaba al- 
gUQOs cargos públioos. Engolfado en querellas de oríjea 
liternrio, pero que alguna vez pusieron en peligro su vida^ 
Máéiui se trasladó a Francia, donde la reica Maria de Mé- 
dicis lo tonió bajo su proteccion. 

Dotado de un verdadero talento i de una facilidad nia* 
ravillosa, puso una versificacion feliz, un estilo vivo i pin- 
toresco al servicio de una imajinaeion sin freno; i los con* 
temporáneos acal)aron por creer con él que miéntras mas se 
alejaba el escritor de 1a naturalidad mas se acercaba a Im 
verdadera poe^ía. Ademas de un gran número de madri- 
gales i de sonetos, Marini escribió un poema con el tituh» 
de AdoniSf que le valió la mayor parte de su celebridad, » 
que es un resúmen dg sus cualidades i de sus defectos. Se- 
encueutran en él los recuerdos de la mitolojía griega luez- 
cla4os a las leyendas jermánicas. EI Amor, irritado con* 
tra su raadre^ hace venir del fondo de la Arabia al hermoScv 
Adonis, del cual ella se enamora perdidamente. Marte^ 
celoéo del recien venido, se coufabula con una hada maléfi^ 
ca que se roha a Adonis. Este, sin embargo^ vu^Ive al lado 
de la diosa, pero niuere en la caza como lo hace morir 
Ovidio, bajo ei dieute de un jabalí. La exajeracicti eu 
el estilo, las íiguras ampulosas, los juegos de injenio i de 
palabras, i sobrQ todo^ la ialta de naturalidad^ son ios de» 
fectos que empanan esta obra, en que, sin embargo, se 
eucuentran las verdaderas dotes de inspiracion i una agra* 
dabUarmonia en 1a versificaoi^ n. Apesar de todo, Maríni 
gozó largo tiempo de una gran nombradía. Sus admirado* 
res díeron a ese estilo afectado el nombre kIo martnesco» 
£0 Francia i EspaQa, se le tributó un verdadero culto, qne 
en realidad no ])rueba gran cosa en favor del gusto entóu» 
ces reinante. Cuando Marini volvió a Italia, obtuvo ui> 
triunTo a su paso por Roma, i al fin murió en Nápoles ro- 
deado de elojios i de respeto. 

Los apiausos tribntadosaMarini produjeron como debta. 
esperarse, un gran númerd de imitadores quegozaron tam» 
bien en sn tiempo de una alta reputacien en toda Italia. 
Pocos fueron los poetas que couservaron la tradicion de la 
sencillez i del bqen gusto, o que Iloraron la decadencia mo^ 
ral i política de la patria con acentos dignos de este gran- 



HISTORIA LITERAJIIA. — TIBMPOS MODERNOS. 277 

de asunto. A este número perteneco eiI!liiw«»iúiaJÍjmiLte 
Filícikia (1642-1707), el uias.uoble, el más nioral i jel mas 
patríota de Ips ppetas italianos. Muchas de sus obras tie-' 
uen por objeto la Italia decaida de su fmtiguo esplendor; 

Í^ero las maa justamente célebrea cantan las victorias de 
08 cristiauos sobre los turcos que habian sitiado 3. Yiena 
i que fueron derrotados pur el rei de.Polonia, Juan So- 
bieski. . 

12. — Lh literatura itajiana del siglo XVII es mni ric« 
en poemas didácticoF, Diversos poetas cantarou la filosoíía 
moraly el arte de la navegaeion, el Qultivo de la seda^ i has- 
t^ I08 principios de la versi^cacion. Peró entre todas las 
obras poéticas de algnna estensíon, s(<^n ias epopeyas bur* 
lescas las mas justamente célebres. 

La mas íamosa de todas es el Cuho robado (la Secchia 
rapiia) de Ale jandro Tasso ni, nacido en Módena (1565) 
i muerto'eJi ÍSSo. Tassoni des^mpefió en su patria imporr 
tant^s destinps i escribió varias obras, de las cuales el 
poema menciouado es la mas famosa. £1 asunto está to- 
mado de uno de los recuerdos históricos de Módena. 

£n una de las numero^as guerr^s del siglo XIII, loa 
modeneses peuetraron a mano armada en Bolonia i toma- 
ron uu cubo que encontraron alado ala cuerda de un pozo 
en medio de la ciudad^ Ilevándolo al campanario de la ca- 
tedral de Módena, donde lo conservaron hasla ei siglo 
XVI [ como un^ tiofco militar. Si»bre este asunto, mui fa- 
vprable fara la burla, el poeta ha escrito doce cantos épi* 
cof^, en que ha sabido aplicar con buen éxito el estilo he- 
róico a Ips cbjetos mas lijeros i mas ridículos, i mezclar lo 
gvotesco a lo sério. Tassoni, no ctntento con celebrar to- 
dos los iucidentes burlescos a que da lugar este asunto, 
iutroduce tambieu a los dioses del Olimpo, que se iutere- 
sun en tomar parte en la guerra iiccediendo a^í a las súpH- 
cas de los belijerantes; pero aquellos áparecen en la sscena 
revestidós de un rarácter grotesco que da a la obra un sa- 
bor especial. Üotado de un espírilu injenioso i sin hiel, de 
una graciosa iacilidadj de unaa'Iegria lijeio, i empleando 
ima versificaoion cuidada, el poeta casi hace olvidar algu- 
pas trivialidádes de &u obra ¡ ciertos rasajes p< co ni»bles. 
Al lado de^IIa, los otros ).cenias burlescos italianos c^m- 
puestos eu eae mÍFmo siglo, casi Eon desconocidos. 



27S ' ELEKENTOS DE LrraRATtTU. 

lá. — La comeclía itatiaim de esta ,época deja rer tambten 
los síntomas de la decadencia literaría. No hablamos ftqúi 
de la ópera o draraa eD música, ctiyo prímer easayo fué 
fepresentado en 1594, i que tomó gran desarrollo en el 
íi¡¿lo siguiente. En jeneraf, las c imedías^italianas de este 
^ tiempo, compuestas con'el solo objeto de agradar al popu- 

lacho, no se eleváron mas allá de la farsa, en que los pua- 
'tapiés i los goljies que se dan los personajes ocupaii el 
)>rimer lugar. EI gusto de lo estraordinario i de lo ma- 
' ravUIoso rompía todá unidad en la accion aun en las 
piezas sérias. Veíanse en ellas monstruos, combates, mu- 
chedümbres de pueblo, carros que currian en la escena 
tirados por caballos verdaderos, en fín, todo^ los resorte» 
que eu nuestro tiempo ha puesto en juego la escúela ro- 
^QÍántáca. 
-/^ / 14. — Eata afectacion literaria^ ese falso brillo qne coa 

"^ / taptó ánhelo busoaban los poetas, invadió tambien la ora- 
toria i casi todos los jéoeros eh prosá. Los prosadóres bus- 
caban ante todo los efectos de palabras, los pensamientoa 
rebüscados i sorprendentes, los jiros inesperados; pero hubo 
algunos de ellos que, apartándosecuanto era posible deese 
mal camino, dejafón obras dnradéras. Vamos a ocuparaos 
lijéraraente de tres de ellüF^ 

^ ^lih ft fi 5 |¿j ^ij nácido en Pisá en 1564, enseñó las ma-» 
temátícas en f'lorencia i en Pádua, ínventó curíosos instrii- 
mentos de observacion, talcs como el péndulo i erteteseo- 
pio, i cultivo las ciencias aplicandb a su estudio el inétoda 
esperimental. Asi fué como Ilegó a probar la verdad del 
sistema planetarib de Copérnico, quien medio siglo' ánte» 
^habia anuciado que la tierra jíraba al rededor del soL 
^Tío es éste lugar de referir las persecuciones que esto^ 
despubrimientos atrajeron a Ghilileo, n¡ la réti*actacioQ que 
se vió obligado a hácer para recobrar su libertad. Juzgáda 
eimplemente como escritor, el sabio matemático se reco- 
mienda por la pnreza del estilo, por una elocuencia fácil 
¡ Ilena de gracia, i por un gran vigor de racíocinio cnando 
oombate los errores de los pretendídos sabios que en pleqo 
éiglo XVII vivian^ aun enreda'lo's en las discusiones esco- 
lásticas. Es notable entre otras piezas una estensa carta 
ea que refiere el proceso que'se le siguió eijRoma parm 
obligarlo a abjuriftr sus errores astronóulioos. Qaltieo mari¿ 



HISTQRIA UTEIURIA. — TIEMPOS MODERNOS. 279 



«en Florencia eo 1641^ el mismo afio qne nació ei\ Inglate- 
<rra Isaac Newtou^-ano de los ma^ portentosos ÍQJeQÍoaqae 
4« cieocía haya producido. ' 

JKn riqu^ Ca t^riiHi Divila^ aunque descendiente de^una 
lamiiia eApafioIa, nació en los alrededores de Pádna en 
1576. Habiendo pasado a Francia de maicortaedad»sirvió 
-en la cortede Qatalina de MédicÍ9/i de^pues en el ejército 
'deEnrigue I V, r tomó parteen casi todas lasguerras civiles 
^que mantuvieron ajitodo a aquel paíS'Cn laAItimapartedel 
"^^lo XVI. De vuelta a Italia, i despues del prolijo estu- 
<lio de todos los doeuinentos^ escribió una niinuciosa A/^- 
^oria de las guerras chileíí* d^ Francia de 1559 ü f598. 
Aunque fiilfeo de fuerza i de gusto por el exewvo refiua- 
miénto, Dúvila escribe con elegancia i rapidez, cnenta los 
^ucesos con órden, cou clarídad i con buen niétodo, ¡ juzga 
^as acontecímienttoR i los honibres con una gran frialdad i 
dbajo c¡ert<» puuto du vista fílosófícoque revela al discípulo 
iftventajado de Maquíavelo. Davila murió asesitfadj eu 
Ver(»ua eu 1631. 

gg dro Sarp i (1552-1623), raas conocido con el nom- 
.^)re de Jb^ra Paolo que él niismo se dió al abrazar la vida 
^ionifitica, era uq fraile veneciano famoso por su ciencia i 
•^Kir las esceuti'icídades de bu oarácter. 8arpi es conocido 
"t^articularmenCe por une^.Historia del Concilio de Trehto^ 
^bra Qotable por la manera orijinal de esponer los hechos, 
<lé anudarloa i de juzgarlos, por la eleccion de los matería- 
'4eSy i por an estilo claro^ nutrido i agradable, pero escrita 
•^^on espfritu roanifiesto de hostilidad a la corte de Koma, 
io que a veces daña a la rectitud del juicio del autor, ir lo 
^ue ha heoho creer que éste profesaba secretamente ideas 
.calvinistas. Para retutar esta obra, el cardenal Pallavici- 
«o (1607-1667) escribió otra historia del mismo concilio 
tiotable por el grande acopio de dociimentos i notiicias i 
.tf»or el arte COQ que las ha'^^oordiaado. 

siGLo xvin. 

^ 15. — La lit^^fatura italiana habia^ e¡erc¡dó una grand^ 

. influencia cuxFrancia duninte ^I siglo XVII; en el siglo 

.siguientej^fué al coiitrario la infiuencia francesa la qu» 

)»redo!iiíao en Italía, e introdujo en ella las ídeás fílosófí^ 



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2aO ELEMENTOS D? LltERATURA. 

oas qne entónccs ocapaban todos los espíritus, Ta los ita- 
]ianofl babiai) tratado de operar una reaocion contra la 
escLiela de Mariuiy para volver a la lengua &u elegante sen- 
cillez. La reina Cristina de Suecia^ despues de haber ab- 
dicadosu corona, se habia establecido en Roma, i en 1690^ 
reiuó en el palacio dé Corcíni una sociedad.de sabios i de 
literatoscou el nombre de Arcadiaromaua. Susmiembros^ 
hombres i mujeres, eran inscrítos cou un nombre de past<^ 
res griegosy i al principio cdñcurriau a las seíiiones cbn el 
traje de pastoreh de Arcadia. Para corresponder a su titu- 
lo, los arcades cultivarou esclusivameute la poesxa p^sto- 
ral; i en breve no se vi6 en toda la Italia mas que poetas 
buoólicos que áumeutaban de una manera sorprendente las 
^églogas, los idilios i ¡os sónetos, perdiendo al cabo toda 
orijinalidad. Pero si esta sociedad no se distinguió mucho 
por las obras que produjo, prestó grandes servicios depu- 
rando el gusto, i volviendo al estilo la sencilles que habia 
perdído. La^influencia fraucesa vino en breve a consumar 
esta re,volucion. ■ ^ 

Esta influencia de la escuela fílosófíca no se hizo sentir 
solamente eu las ideas sino tambien en el &stilo. Los autox 
res italianos tomaron de ella la elegante precision^ el jiro 
naturaly vivo i feliz de la frase, i fueron hasta aumeut^r su 
propio idioma con numerosos neolojismos. Copipusiéronse 
entónces a^iemas graudes trabajos de criticá sobre la len- 
gua^ que demostraron su valor iutrínseco i las veutajas de 
la naturalidad para dar briilo i realce a los pensamientos. 

No fué menor la importancia de esta revolucion'por lo 
que toca al fondo de las grandes obras que entóuces se 
compusierou. Juan Bautista VicOi fílósofo napolitano 
(1664-1744), fundó en Itaha la tiíosüfía de la historia, 
buscándole una base indestructible en el estudio de la 8o« 
ciedad, i probaudo que el escepticismo razonado es uno de 
los rnedios mas seguros de invesiigacion. fistos estudios 
aplicadoB por alguuos hombres de uu mérito sólido, prodo- 
jeron 6U breve una notable literatura histórico-tílosófíca. 

16. — La revolucion se hizo sentir en el drama ántes que 
en cualquier otro jénero de bella literatura. La ópera, cokn- 
[mesta de drama i de música, estaba por esto nxismo es-^ 
puesta a dejenerar. En efecto, a principios del siglo XVIiI^ 
la música habia domiuado de tal suerte que la parte lite- 



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HISTORIA LITERARIA* — TIEMPOS MEDERXOvS. 281 

raria líabia aido completameiyte 8acri6ca<la. Apofe to lo Zenq 
(1668-1750), líterato venecíaDo de una inmébbá CTUdicioií^ 
eniprendió üna reforma qae se creia neceeaiia; i aparte 
de mucbas otras obrnst dé diferentes jénero», esci'ibiiyse- 
senta i tres piezas dramátictiA, trajedias, coinedias, 6pe^ 
ras, etc. Admirador de lo8 griegos i de la trajedirt francesa, 
trató de asnntos g'riegos segun el método clásico de lo» 
grandes*trájico8 franceses. Aunque mui poco orijinal de 
ordinaríó, i aunque ha ^evestido d^ cíerta monotooíalo» 
asuntos que trata, Zeno puede considerarse como el inicia- 
dor de la reformu en el arte dramático. ' 

Caai en la misma época, otro poéta de grande ilustra- , . , , '; 
cion tañibien, Escipíop Maffd f 1676-1755). caballero no- j 

ble de Verona, liutor ae.algunas obras histórícas í de un ^' * 

tratado crítico aobre el teatro, compuso una trajedia que ^ 
hizo grande in^presion en toda Italia. La MérQpet tn\ es 
Bu títuro, tiene por objeto prohíir que ud asunto trájico uo 
necesita del amor para ínteresar a los espectadoi'Cí». El au- 
tor ha descuidado algo la forma esterior d^ su obra, i ha 
multiplicado los acoutecimientos haciéndolos confusos e 
inrerosímilea; pero estos defectos están compensados poi* 
el interes siempre creciente que exita entre los especta- 
dores UDa ansiedad continua. 

17,— Los iioinbres de Zeno i de Maffei, ftunque familia- 
res todaviá p^ia los literatos, han perdido mucho de 8u 
popnlaridad aun en la misma Italia. No sucede lo misroo 
con ótios tres poetas dramáticos, que consumaron la revo- 
lucion literaria. Queremos habíar de Metastasio, de Gol- 
doni i de Alfieri, 

Pedro Antbnio TrapassL mas conocido con el nombre de 



Metastasio, ^Ue el mismo se di6 (1), nació en los Estados 
de la iglesia en 1698, de una famiiia de arteéanos; pero 

(1) El nombre de Trapassi significá cambio. Kl poeta tradiijo esta pa- 
iabm en^griego i'se Uamó Metastasio. Kste j^nero de Taríacion de notn- 
bres no ha sido raro entre los literatos i los sabios europeos despnes del 
renaciniiento. (verardo Kaufmanni célebre jeéerafo aleman (1512^1594) 
cnyo apellido significa mercadfry lo tradnjo al latin i se llamó Mercator^ 
con qae eá justamente conocido por haber inventado una proyeocion orí- 
jtnal para ü conttruccion de laa cartas jeográficas. £1 famoso Erasmo de 
Kotordan, uno de los mas ilustrados sabios de la épooa del renacimiento 
(1467-1536), tomó este, nombre del gríego, traduciendo a este idioma su 
uombre Desir^, que signifíca Deseado. 






282 



elem'entos de utebatura. 



rettliió tvim esmerada ediicacion bfijo el.amparo de un 
jioderpso .protector, que al fin le dejó en herencia toda su 
fortuDa. Désdc niuijóven, Metastasio cultivó la poesía 
dramáticá cou jenio fecundo, imajinacion Hjera i Bensibili* 
dad deticada. Brilló poco en el jénero trájico, que era el 
(|ue éstlmaba mas; pero no tiene rival eu el drama Hrico, 

qne elevó a la mayor altnra a que hü alcnnzad<0^''^^^* 
Oolmado de aplauso» en Italiii i en Francíai vivié dio 
embargo, en la éorté de Viena, donde los emperadñy^s 
Cárlós VI i Jo8é 11 lo honraron con los'fiivores mas d¡»- 
tinguidos a que haya podido aspirár literato alguno, «in 
perder por un instante su modestía i su sencillez habíüua- 
les. Álli murió en 1782, a la edad de oclienta i dos ádos. 

Metastasio ha dejado, ademas de ira gran número' de 
idiliosy de elejÍAS i de sonetos, sesenta i tres trajedias liri- 
cas u ópei*as, doce oratorios o melodramas sagrados, cuyos 
asoñtoS' son tómados regularmente de las sagradus escri- 
turas, 1 ciiarenta i ocho cantatas, poemas cortos compues- 
tos tle reci^ados i de cauto, en que el recibulo espnne el 
asnnto i el aria cantada espresa el sentimieqto que ese 
üsunto hace nacer. cLa reputacioo dé Metastasio, dice el 
famoso critio(» aleman Qut(lerm«» Schlégel,'ha 08cureci<]o 
la de Apostcilo Zeno, porque proponiéndose un mismn 
objeto, aquel tuvo un taleiito mucho mas flexible i supo 
doblegarse mejor a las couvenlencias de la Tiiiisica. Una 
pureza perfecta en la dicciou i una gracia i uoa elegancia 
sostenidas han heqho mirar a Metastasio por sus com|>a- 
triotas como uñ autor clásico, i por decirlo así, como ^I Ba- 
cine de la Italia. Tiene sobre todo una suavidad encanta- 
' dora en los versos.destinados al canto. Jámas poeta alguoo 
ha poseido quizá en cl mismo grado el don de reuoir en 
un estrecho espacio los rasgos mas conmovedores en una 
situacion patética. Los mouólogos lírícos, al fín de las es- 
cenas, son la espresion armoniosa mas concisa i mt^exac- 
ta a lu vez, de una disposicion del ánimo. Es nienester, 
sin embargo, convenir en que Metastasio no pinta laajMi- 
siones mas que bajo colorei» muijeuerales^ no da a lossea- 
timientos dei corazon nada que perteuezca al carácter in* 
dividual ni a la contemplacion universal. Asf, « sus piezas 
. no son concebidas vigorosamente... Ouando se hau leida 
algunas se Ías conoce a todas. Es menester^ sin emb&rgo^ 






HISÍORIA LÍTERARIA.— TIEMPOS MODERNOS. 283 

«o 8ér Tnui'a'evero: los héroes tle MttastaFK) son galairéí», 
68 verdad: ^us, heroínas ¡levaa la delicadeza ha'Sta la e.vía;* 
jeracíon; pero quizá no se ha oensurado esta pDesía afedii- 
nada, siño porque no se pensaba eii la naturaleza dé la 
opera.» ' "• ' 

18. — Cárloa G oldoni^ el «las: celebre poeta cómica de 
Italia, ngció en Venecia en 1707. Arrastrado por una in- 
cUaacion irresistible bácia el arte djumáticOy desdefió jaB 
diversas carrerasa que qu¡S4> dedicarlx> su padre, i se con* 
trajo solo a trabiyar para el teatro» Dotado de un eBpíritu 
sa$^ i observador i de una feoundidad verdaderamente 
prodijÍQsa, Goldoni compuso c^rca de cie^toxincnpntia pie- 
2&a». La gran varij^dad (Íe loü.asiinlios que trata leharsumi- 
nistradu la ocasion de poner eu escena todas las clas^es de 
bQmbres, desde las jentes de corte hasta el populacbo^ i 
de representarlos tales coinaeran en su pais i en su tiem- 
po. Ya son e»cenas domésticas,, familias pint^datj en el in- 
terior;<ya estailos de la sociedad i delos hombres pubIicoi>, 
i-epresentadosen sus funciones; i ya caractéresparticuUres 
.8ea de hombres^ gea^ de mujeres en situaciones qae los hacen 
resaltar; éstas son ias mas numeroi-as^ porque la comedia 
<]e. carácterera el objeto principal de sus trabajos. Goldoni 
no se limitó solo a este retrato de todas las condicioa^^ 
aociales: pnso^tambien en escena a alguuos hombres céle- 
bres eo las letras, como Terencio, Moiiére i'el Ta^st^con 
]os rasgO{} jenerales que pueden. convenir n todos los íiom- 
bres de esta clAse i las pasiones a que están snjetos.o que 
se suscitan a su alrededor^ i cnn Ips rasgos particulares 
del carácter i de la vida d^I graude hombre que se exhibe 
en el teatro.. . .,..,.* 

Se ha Ilamado a Goldoni el Moliére italiano; i eli efecto 
ha Hevado a cabo en et teatro rtaliano una revolucibn se- 
méjunte a la que consumó el grau cómico frances, reem- 
plazando las farsas bnrlescas por verdaderas comedias de 
intriga i dé carácter. Siñ eml>argo, no tieneni el jenio ni 
la fuerza de concepcion de Moliére, a quien habia tomado 
por tnodélo, i que sin duda le sujirió loá medios de abrir 
\\\\ nnevo camino a la literatura cómica italiana . Goldóni» 
|)or otfa parte, componia sus obra» rápidamente, *i ésta 
aqndez ha daüado con frccuencia a la pureza de su len- 



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284 ' ELEMENTOS DE TJTEJUTriU. 

^guaje por el exnpleo de espresioaes impropiás í de jiros vi- 
ciosos. 

Estos defectos le acarrearon crítícas aoiArgas e injustas 
de algunos . de sus compatriotas. Sua pieza.s fuerou paro- 
diadas, al niismo. tiempo que se le hacía uca gaerra crael 
de epigramas. Goldoni no pudo soportar estoa ultrajes i 
«e rctiró a Paris, donde murió en 1791, dcspaesde treiuta 
años de residencia fuera de su patria. 

19. — Latrajedia, abandonadaporlaóperahastael tíem- 
po de Maffei, hizo desde entdnces vigorosos esfuerzos para 
saliv de su postraeion. Los graudes trájijcos franceses del 
fliglo XVII fueron los modelob de los poetas italiaooe. 
Yíctor Alfier i.. uacido en Asti en el Piamonte en 1749, 
<)uiso mnovar todavfa, i lo consiguió añadiendo a la poe- 
sía \\u jéuera nuevo de trajedía. Despues de una juventud 
tempestnosa i disípada, se decidió a los veinte i seis a&oe 
a recomenzar sus estudios, buscaudo en ellos los elemen- 
tos para consumar una reacoion contra laa ideas literarias 
predominantes, queeran nacidas de laescuela ol¿sica fran-* 
cesa. Su vida inactiva i desaplicada, se hizo de repente l&^ 
borÍQsa. En. ménos de siete aüos|, cotiipuso catorce traje- 
dias i escribió muchas otras obras tanto en prosa como ea 
verso. Ha tomado el asunto de sus trajedias ya de la mk* 
tolqjía griega, ya Je la historia romana o de los aeonteci- 
mieutos modernos, 

A'jñéri poseía un carácter altivo, elevado, violento, im- 
paciente, i ua instinto de independencía que le hacia abo- 
rrecer toda especie de servidumbre i de despotismo, De«- 
plegó todas esas cualidades en sus piezas, e iuspiró estos 
inÍAmos sentimientos a sus propios perscnajes, lo que los 
bace de ordinario unifiarmes. Coneibió un sistema dramáf» 
tÍ3o enteramente contrario al de Metástasio, en el cual en* 
oontmba mucha molicie: quiso dar a la trajedia esa digni- 
dad que le habian dado los griegos, consagrándola a lór 
intereses de sn siglo i de su país para rejenerar por medio 
de ella al pueblo italíano. Imitador, casi a su pesar, dé! 
teatro clásico frances, se sumete a la lejislaciou clásica 
mas rigorosa por lo que toca a las iinidades dramáticas.' 
Sencillo en la contruccion del drama, cusi no admite los 
golpes de escena, las sorpresas, los reconooimientos ines» 
perados. Elocuente i vigoroso en las pasionesfuertes, ha* 



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HISTORIA LITERARIA. — Tl£5tP0S MODERKOS. . 285 

í 

bla rara vez al corazüii; i es nms orador que poeta, Eu 
8U9 nianoa, la tmjedia queda reírucida a los personajes im- 
portantes: Alfieri prescrihe los person^jes? subalteruos, Jos 
confidentes ociosos, lo« amores inútilqs. De este modo Ja 
accion está mas condensada, pero tamhien hat mnyor se* 
qnednd, í los solilnquio^ se multiplióan El diálogo es rá- 
pido i preciáo, el estilo varonil i sin adornos, el ritmogra- 
ve i severo, la dicoion atgnnas veces dura i de un laconis- 
nio ]»retencioBO, Alfieri tralmjaba con nna pran constancia, 
estudiaba í pulia sns obra«í con.i*articularepmero; i cuando 
la^nuerte In ¿orpreridió a los cincuenta i cuatro ailos d^ 
edad, en 1803j yu dejaba un mnterial considernble que le 
ha asegnrado su reputacion en la historia literaria cle Ita- 
iia. 

20.— Al lado^de estos grandes poetas, figúraron en Ita- 
lia muehos otros de ménos rcérito, sinVluda, pero qne po- 
seínn un verdadero talento i que gozaron de nna gran re*- 
]iutacion. Cantaron a veces a?Hntí>8 fiérioa; ¡>ero en jeneral 
preferian para sns'versos accidentes ordinaiios de la vida, 
ía burla de nn avaro, la mnerte de \\n perro querido, efec. 
Era aqnel nn sigltrde imptWisadores en que la poeslfii era 
considerada jeneralmente como objeto (le divereion i de 
|>lacer, apesar de los esfuerzoí de algnnos hpmbres que 
pensa^^on convertirla en nn iostfumento de moral i de ele^ 
vacion. 

El ma» notable de estos poetaa lijeros fué el a^bate 
Jqan Bautista Oaatit nacido en 1721 i muerto fen 1803« 
Alumno ])nmero, i despues profesor de nn seminario, Oasti 
viajó mas larde por cani toda la Europa^ i mereció la pro- 
tecHon de varioR sííberanos, i particularmente de Catalina 
(fe Busia t ilel Emperador de Alemania Joi^é ll,que le ase- 
goró nna cousiderable pension vitalicia. Casti escvibia en 
verso con nna facilidad verdaderameute maravillosn, aun- 
que de ordinatio con poca elevacion. Compnso novejas ga» 
lantes en el jénero de Bocacio, pero mas liceneiosas todavía, 
dos óperas cómicaa, una (varodijl de la conjuracion de Ca« 
tilina en que Cireron ea el héroé cómico, i una gran can. 
tidad de sonetos sobre osuntos lijeros i con frecuencia li. 
cenciosos. Cien de ellos tienen por objeto hacer li^ burla d^ 
nu acreedor, verdaderoo finjido, a quien debia al^unas mo. 
nedas. Pero su ohra capital es un p<iema heroico-córaico 



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286 V ELEMENTOS DE LITERATUIL/L 

los Animales parlanteSy que ha gozado de cierta nombi»— 
día. No €s otra coFa que la fábu!a ebópíca desarrollada enr. 
poema regulaf, dirijida sobre todo coutra las cortea i \oí^ 
cortesaiiofi. Esta aleg'Oría |>oética í Hatírica es orijÍDai i di- 
Vertida, bien que demasiado prolija i eBcrit^ en un estilo- 
con frecuenffia flqjo, que deja trftslucir la imi^rovisacion. 

tíate gU8to por hi poesía lijera pi*oduio, conio debia espe* 
rarse, la proteRta de algunoa críticos de nn niérito distio- 
(^uido; pero apehar de todo, el espíritu de burla tápido > 
superficial fué uno de los camctéreft distiotivos de la poe- 
fiffa lirica ita.liana del siglo XVIIJ, 

21.— Loe prosadores italianíís de este siglo fueron ma^ 
bien eruditos que litci'atos. fedro GianDone ¡ i abogado «a-^ 
politan<» (1676-1748), escribió nna prolija historia del rei- 
tio de Nápoles; pem mas que a la relacion de los aconteri- 
mientos iuteriorep, se coutrajo al estudio de las leyes r 
de las costumbres del reino i á todos lo* puntcs que tie- 
neú relacioq qon lacon&titucion civil i eclesiástica. Su obm 
es mucko mas notable por la investigacion que por el 
arte. Luis Aotonio Muratori » saliio mo<lené8( 1672-1750)^ 
estudió la historia de italiacon una gran laboriosidad, rc- 
copiló todos los escritores antiguos desde el año 500 hasia 
.el de 1500, facilitando de esta manera los trabajos de loáe 
que despues se ban consagradoa la investigacion de la his- 
toria italiana, i compuso por fin h>s Analea de ItóUiaj obr» 
estensa i prolijaque se estima mucho porsu imparcialidad 
i por 8u exactitud. 

Lo qne Muratori habia heoho con la historia cívil, lo 
ejecutó con la historia üteraria otro escritor igualment^' 
erpdito e igualmente investierador. Jerónitno Tiraba schi^ 
nacido en Bérgaiíio en 1731 i muerto en i7¡)4> comp«- 
80 una monumental HisíoiHa de ia literatura itaHana^ que- 
comienza en la historia de k)s etruscos i se detiene a fihes^ 
del siglo XVII. Apesar de haber anunciado que querift 
escribir sobre la literatura i no sohre los literatos de Ita- 
]ia, Tiraboschi se estiende sobre la biograffa de los autores. 
restituyendo a cada cual s'us obras auuque sean desconoci- 
das anónimas, determinand<i las fechas precisaS| i discu* 
tiendo coji ^rande erudicion algunos puntos de histori^ 
literaria intriuoados i oscnros; pero entra poco'eo el exá^ 
men de las obras, no hace conocer sus opÍAÍones 1 su mevw 



H 



HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS MODERNOS. 287 

to relativo, i niinca preselita un juicio que sea propio al 
historiador. La obra de Tirabusclii es por esto inisuionii 
arseual innienso dé exelentes materiales, qne serán estu- 
dittdos por todos los que deseen conocer a fbudo la litera- 
turá italiana; j)ero no puede cousiderarse como una verda- 
dera liistoria literaria. 

22. — No terniinarenios epta rápída resefia de los prosa- 
dores italianos del siglo XVUI sin bablar de dos que, 
aunque inspirados por las ideas íilosóficaH trance.'»as, su-' 
piéron ¡)osesionarse de ellas i dar a tfns obras el sello de 
una verdadera orijinalidad j^or la elevacion de sus ideas í 
j)or el talento í el vigor cpn que fuerou espuestas. Habla- 
inós de Beccaria ¡ de Filangieri. 

_ César Bonesara. niarquesde Beccaria nació en Milan 

en 1738 i niurio en 1794. Fortiíicudo con bueuos estudios 

filosóficos i despues ile baberse serialndo como periodista^ 

pnbb'có en 1764 un Tratado r/e Ics delifoa t de las poms, 

libro pequefio, pero que señala él priucipio de una revo- 

lucion conjpleía en rnateria de lejislacion i^enal. En esta 

obra, Beccaria atuca ardorosániente las preocupaciones 

iuas arraigadas, condena los procediniientos secretos, la 

tortura, los suplicios atrc ces: declara inútil i bárbara la 

peiia de muerte, pide la abolicion del apreniio personal, la 

proporciónalidad de bis penas a los deíiíos, i la eeparacion 

del poder judicial i del poder lejislativo. Este libro, obia 

de uii corazou sensible i jeneroso, iuspirad('), conio ya he- 

mos diclu', en las doctrinas filosóficas francesas, no de^- 

cuella verdaderarnente por su oríjinalidad, pero está esóri- 

to con precision i fon vigor, i produjo en todas partes un 

anloroso entusiasrno ehtre las alnias liberales i bien inten- 

cionadas, conio tanibien acarreó al autor numerosos enemi- 

gos entre los partidarios drl rcjimen vicioso i corrompidí) 

qi^e comenzaba a des{)Iomarse, Fué nece^ario Ja interven- 

ci(»n de pbderosós protectores para libertar a Beccariá de 

injustas ])er8{»cuciones. 

Cayetano Fibingie ri. nacido en Nápoles en J752 i muer- 
to en iv»y, dehfi su inmensa reputaciou a una obra pu- 
blícada en los últimós años de su vida coñ el título de' 
Ciencia de la lejislacion, Tiata eu ellade las reglas jenera-' 
les de la iejislácion universal, de las leyes políticas i ecíj- 
nóuiicas, de líis léyes crinjinales, de la educacion, de Iiís 

20 



288 ELEMENTOS DE LITERATUiUL 

costuinbres^ de la instruccioii pública, i por Altimo^ de laa 
\ejen relativas a la rclijion. <cEI anior a la verdad ¡ ál 
progreso, dice Mr. Villemain, que d¡sti,ngaia a Beccaria i 
a los utros fílósofos italianos, ubedeciendo a la influencía 
francesa del aiglo XVIIIy se encuentra coii mas elocueDcia 
en Filangieri. Lejislador filantrópico, piensa que la filoso- 
fia debe reformar las naciones, que losgobiernos son dema- 
siado lentos i demasiado timidos en sus reformas. La Gien-' 
cia de la kjislacion es un libro liecho de carrera por uq 
hombre demasiado jóven^ para una nacion demasiado j6- 
ven. tambien, pero lleno de un ientimientojeneroso i puro, 
i de verdades practicables. No ¿e limita a describir laa le- 
ye.4 existentes, sino que no piensa mas que eu reformar. 
8on mui sabias, sobre todo las que propone respecto de las 
leyíís criminales. Filangieri critica vivamente la constitu- 
cion política de Inglaterra, cosa estraüa en una época en 
que casi tod<is los filósofos presentaban ciuno modelo de 
buen gobierno al gobierno ingles.D 

23.^Loí trastornos que la revolucion produjo en Ita- 
lia, el espírítu militar i las idens de libertad que ella dee- 
pertó, las aspiraciones a la nnidad que han sido su conse- 
cuencift, han tenido, como era natural, un grande inflnjo 
en la literatura itaiiana. En el lenguaje^ el partido de los 
vuristas tuvo una 4.eudencia prouunciada a libertarse de 
las locuciones frnncesas, i a remontar a la fuente nacional 
de Dante i de los otrosr cRcritores. En poesía se trabó uoa 
lucha entre los clásicos, que quedaban fíeles a las tradicio- 
nes mitolójicas, i los románticos a quienes el conocimien- 
to de lasliteraturas inglesa i alemauR, habia abierto hori- 
zontes nuevos* Los puristas han tríunfado; pero los esta- 
dos sucesivos de opresiou i de revuelta, de dcsaliento i de 
exitacion piilftica por que ha pasado la Italia hasta nues* 
tros dias^ no hau dejado a los espíritus bastaute caioia 
para adherirse fuerteinente a las cue^tiones literarías, i la 
querella entre los cládicos i los rominticos está aun por 
decidirse. 

Estas diversas escuelas han producido escritores de uiu* 
cha distincton. Así al lado de Ins puristas i de los clásicos 
€6 ha colocado Vicente Monti. poeta dramático ferraréa 
{1754-1 828 \ cuyas obras sou notables por la nobleza de 
los caractéres^ laenerjía de los seutímieutos i lasenciíles 



HISTORIA LITERABIiu — ^TIEMPOS HODEBNOS. 289 

^e la acciooy al mismo tiempo que por la elegancia, la ar- 
cnoDÍa i h& poesia del lenguaje. A la misma eflcaela perte* 
necen otros dos escritores igualmente distinguidos, Hugo 
W ciRí ^ja L Sil yio Peilico. El primero, natur^ de la isia ae 
^anta (1776-x»t¿7X ^s ménos conocido por sus trHJedias, 
imitadas de Alfieri, que por sus trabajos de critica sobre 
los grandes escritores italianos de la edad media, i por sus 
Ultimas eartas de Jacoho Ortia, imitacion vigorosa del 
Wertker de Goetbe. Silvio l'ellico, poeta i literato piamon- 
téa (1788-1854), autor de siete trajedias, de varias poesías 
i de un tratado de moral (Los deberes)^ es célebre sobre 
todo por un libro pequefio (Mis prisiones), en que refiere 
los sufnmientos de nueve años de cautividad por delitois 
politicos con una sencillez conmovedora i con la suave re- 
signacion de un mártír que no ha concebido ningun odio 
•contra sus perseguidores. 

La escuela romántica pnede exhibir representantes no 
tnénos distinguidos. £1 mas famoso de todos es Alejandro 
Manzon i. poeta i novelista milanes nacido en 1784 i muer* 
to en 1873, autor de dos trajedias, de muchas poesias, en- 
tre las que descuella un canto elejiaco a la muerte de Na- 
poleon, i de una novela, Los desposadoSf cuadro brillante, 
animado ¡ concienzudo de las costnmbxes i de la historia 
<lel siglo XVII en el norte de Italía. AI lado de él, se ha 
formado noa falanje de poetas i de novelistas notables por 
su talento ardiente i vigoroso. 

La historia ha sido cultivada en el siglo XIX con tanto 
«uidado como buen éxito. Aparte de algunos sabios que 
han hecho las mas prolijas investigaciones, debemos ter- 
minar esta rápida reseña cousignando el nombre de üésar 
Cantu, fe cundo escritor milanes nacido en 1805. Poeta i 
dovelistai es ademas autor deuna notable Historij, univer^ 
sal i de otra Historia de los italianoSf fruto ambas de nna 
«stensa i variada instruccion i de un talento fácil i metódi- 
<x> para combinar i distribuir los materiales. ^ >- 

y r 



/ 



^ ^ CAPlTULO III. 

Literatura espafiola. 

Si&LO XVI.— 1. El renacimieuto en España. — 2. BoBcan i GaroilaBo.— 3. 
Frai Lui8 de Leon i Fernando de Herrera.— 4. Orljenes del teatro a- 
pafíol. — 5. Primero« autores conocidos — 6. La epopeya: Ercilla.— 7. 
Poesia didáctica; Céspedes. — 8. Novelas cabaUeTescas.— ^. Novelas pas- 
torales. — 10. Novelas picarescas.— II. Hií*toriadore8; Hurtado de IfleiH 
doza i Mariana. — 12. Escritorps políticos i misticos. — SiQLO xvn,— 
13. Miguel de Cervántes Saavedra. — 14. Don QuJjote.—\5, Algraias 
<»piniones a que ha dado lugar esta obia. — 16. Ix>pe de Vega — 17. Cal* 
deron. — 18. Otros antores dramáticos; Tirso de Molina, Alareon, More* 
to i Rojas. — 19. Poetaa líricos: Rioja i los i^rjensola. — 20. Quevedo.— 
21. Góngora: el culteranismo. — 22. Los historiadoreR: ¿olis, Moncadai 
Me'o.— 23. ConBÍderacionea jenerales t»obre la edad de oro de la titert» 
tura espafiola — 8iGL0 Xviii. — 24. Influencia de la literatura francef» 
fiobre ia espaflola. — 25. Iriarte i Samaniego. — 26. íielende» Valdés, 
Jovell^nos, Cienfuegdb i Moratin. — 27. Prosadores; Feijóo c Isla;— 28. 
ConcluBÍon. 

SIGLO XVI 

1. — El siglo XV fué para EspaOa iina época de erudi- 
cion, casi de adoracion por la antigüedad. Junto con la in- 
flnencia que ejercieron los poetaa italianos del siglo XIV, 
conienzó a hacer sentir la Huya la litcratura clásica latina, 
que al íin alcanzó un verdadero culto eu toda la sociedad 
ilustrada. Antonio de Lebrija, conocido comunmente con 
el norabre latino de Nebrlsscnsis (1) (1444-1522) fué, pue- 
de decirse así, el iniciador de este moviiniento. Despuesde 
diez añoB de estudios en Italia, aquel célebre erudito jene- 
ralizó eu Espnña el conocimiento del latin entre los caba- 

(1) La ciudod de Lebrija, en Andalucía, era llamada Nebríssa por los 
romanoB. Como este escrítor latinizó su nombre, se decia Antonio Ne- 
brissensis; de donde resultó el hábito \^lgar de llamarlo Nebríja en 
lugar de Lebríja. 



HISTORIA UTERARIA^ — TIEMPOS MODERNOB. 291 

lleros i auD entre las mujeres de la alta sociedad. La reina 
Isal^el i sn hija Jaana estudiaron ]a lengua de Cieeron i 
de Virjilio. Otros eruditos, italianos en su mayor part-e, 
comunicaron nuevo impulso a este renacimiento. 

Constituída políticamente por la union de Aragon i Cas- 
tilla, i por la conquista del reino moro de Granada, prote- 
jida por la inquisicion contra las convulsiones suscitadas 
por la reforma, i por los triunfos de Cárlos V sobre los co- 
muneros contra las rebelioues interiores, la EspaQa se tí6 
libre de revueltas i pudo contraer todas sus fuerzas a dila- 
tar sus dominios en Italia i en el nuevo mundo. 

A la sombra de este estado de cosus, se desarrolló la li- 
teratura española a principios del si^lo XVI; |>ero casi 
todos siis jéneros sufrieron la influeucia italiaua. La con- 
qnista de Nápoles i del j\lilanesado inició a los españoles 
en el conocimiento de la^ artes i de la literatura itaiiauas. 
£n el siglo prectdente, Dante i Petrarca no liabían sido 
conocidos en Castilla mas que de léjos: bajo Cárlos V i 
dnrante ios reinados siguieutes, la EspaQa entera, puede 
decirse así, fué en cieito modo a admirarlod en su propia 
patría. 

2. — Los iniciadores de la revolucion que colocó la poesía 
castellaua en la buella abierta por laltalia^ fuerou Boscau 
i Garcilaso de la Vega. 

JuaiL.Büaí2aiuAlmogadgr (1485-1543) era un caballero 
natural de Barceioua. Repudiando su lengna nativa, la 
catalana^ se ejercitó de^de su juventud en escribir versos 
casteliauos eu el estilo i en las formas usadas en el siglo 
XV. Habiendo couocido en Grauada a Andres Navagiero, 
embajador de Veuecia i hombre docto en materías litera- 
rias, éste lo persnadió a que adoptase el eudecasíiabo ita- 
liano i a que intrndujeseen la lengua de Castilla el soneto, 
la cancion i las otras formas de poesía Hrica usadas en 
Italia. Esta conversacion, referida por el raismo Boscan, 
produjo el efecto de cambiar las formas de la poesfa de 
todo un pueblo. La primera tentativa tuvo un éxito ines- 
perado. Los versos de Boscan, aunque notables por la co- 
rrecciou i la armonia, careceu de colorido i poseeu cierta 
rudeza que los aleja del modelo que el poeta se propuso 
imitar. Aunque Boscan cscribia por mero pasatiempo i sÍQ 



292 ELSltENTOS D£ LITERATCRA* 

pretender el títiilo de reformador, sub poesías ejeroieroi^ 
nna grande influencia. 
' Garcilaso de la Ve^a, descendiente de una de las fami- 
lias masilustres de España, nació en Toledo en 1503 i 
sirvió en los ejércitos de Cárlos Y en Italia, en AlemiBUiia 
i en Africa. En la desgraciada campa&a del emperador a 
Proveuza, Garcilaso fué muerto de una pedrada a la edad 
de 33 años en el asalto de una torre que defendia uq pu*» 
flado de paisanos. Sin estudios clásicos verdaderamente 
séríos i ayudado solo por su talento í por su gusto, Garci- 
laso saca de repeute la poesía espafiola de su infancia, la 
hace marchar por las huellas de los antiguos i de los m(K 
dernos mas célebres^ i adornándola con las gracias i con 
los sentimieutos tomados en su propia alma.^ le da un len* 
gunje puro, elegante i armonioso. Sus obras se reducen a 
treinta i siete sonetos, cinco cancionesi una epistola en el 
jénero lijero, i tres estensas églogas que fueron represen* 
tadas en diversas ocasiones. Son estas últimas las maa 
aplandidas de sus obras. cSus bellos pasajes^ dice Quinta* 
na, corren de boca en boca por todos los que gustan de- 
pensamientos tiernos i de imájenes apacibles; i si no es el 
mas grande poeta castellanoy es el mas clásico a lo ménos,. 
el que se ha conciliado mas aplaneos i mas yotos^ aquel 
cuya reputacion se ha mantenido mas intacta, i que pro- 
bablemente uo perecerá miéntras haya lengua i poesfa 
caiítellanas. Los estraujeros le IlamttQ el Petrarca espa- 
fiol.x» 

£sta revolucion iniciada por Boscan i Garcilaso no f» 
consumó 6Ín oposicion. El antiguo sistema conservó parti* 
darioSy entre los cuales se distingucn Üris tóbal del Castj- 
llejo (1494-1576), autor de algunas cómedias de poco^ 
mérito, pero poeta satirico notable por la ^racia i la natu- 
ralidad. En las que escribió contra los petrarquistas, asi 
llamaba a Boscan i a GarciIasOy comparaba la novedad in- 
troducida por éstos en la poesía castellana a laa predíca* 
ciones de Lutero; i haciendo comparecer a aquellod en el 
otró mundo ante el tribunal de Juán de Mena, de Jorje 
Manrique i de otros poetas anteriores, ponia en boca de 
estos la condenacioQ terminante de la nueva poesía. 

3.— EI impulso dado por Garcilaso fué seguido por otro» 
ÍDJenioB de su tiempo, pero todos mui inferiores a é). Paim 



^A. 



HISTORIA LITfiRARIA.— TIEMPOS MODERNOS. 293 

encontrar ud escritor en qne cl arte haga algun progreso 
i^n que se noten los acentos iospirados i eublimes que 
constitnyen la verdndera poesía lirica, es preciso buscarle 
en fra i Luis de Leon . 

Nacido en Uranada en 1527, Luis de Leon entró mni 
jóven en un convento de agustinos de Salanianca, fué pro- 
fesor de teolojfa en la uni versilad de esta ciudad i se gran- 
jeó una gran reputacion como comentador de la Biblia. 
Denunciado al tribanal de la inquisicion por una esplicn- 
cíou del sentido místico del Cántico de lo8 oánticosj surríó 
nna penosa prision de cinco años, duraute los cuale:) se 
tramitó un proceso que al fín di6 por resultado la declara* 
cion de su inocencia. Vnelto al goce de su libertad i al 
desempefio de sus cátedras, frai Luis de Leon fué provin- 
cial de su órden i murió en 1591. 

Este ilustre relijioso es«cribíó algunos tratados ascéticos 
notables por la piedad cristiana i por la pureza de la dic- 
cion, i tradujo o imitó muchos salmos de David i las églo« 
gas de Virjilio; pero es famoso sobre todo como poeta. Al- 
ma pura, elevada, enérjica, frai Luis de Leon une a estas 
dotes una razon vígorosa i una imajinaoioi inspirala. Alí- 
mentado eii la lectura de ia Sagrada Escritura, toma de 
ella sÍQ quererlo sus golpes mas vigorosos. Uniendo a la 
ineditaciou asidua de la Biblia el estudio de la antigUedad 
profana, se lia propuésto a Horacio por modelo, i mezcla 
coQ orijinalidad a los movimientos lírioos del poeta paga- 
no la suavidad del cristianismo. Eu Horacio aprendió a 
ser sencillo en la espresion de los mas altos pensamientos, 
grande sin éufasis, natural sin vnlgaridad. ^b el primer 
poeta castellano que se haya abstenido de imitar a la Pro- 
venza i a la Italia. Las dos fnentes de que emana su poe- 
8ia 8011 la relijion i la patria. Solo cuando le falta la ins* 
piracioQ, pierde su colorido; pero ann entónces conserva 
cierta suavidad de lengunjc. Entre sus oda«, se recomien- 
dan particularmente la Vida del Campo i la Pro/ecía del 
TajoAmxtfkám de Horacio, i la Nocke serena i IskAsoencion 
del oeñor^ que son de nn carácter puramente relijíoso. 

El rival de frai Luis de Leon f né Fernan do-4^4ierrera, 
Ilamado el divino por sus contemporáneósJ^ucido eii 
villa, en 1534, Herrera hizo estudios verdaderamente asom- 
bro808 para, su tiempO| Ilegando a fauiiliarizarse con las 



V í 



> 



294 ELEMENTOS DE LITERATÜRA. 

leDgnas lafciua, grie^^a i hebrea. De sii vida se sabe que re- 
cibió laH primera« órdeQes sacenlotales, que vivió de los 
írutos de un beneficio ecleaiásítico, i que murió en 1597. 
Su8 amigos lo e^timaban ])or su saber, por Ja amenidad de 
8u frato i por sus virtudes. 

Herrera se dedicó, la imitacion de los grandes escritores 

antiíruos, a furraar un leuguaje poético que com¡)itiese ea 

pompa i en riqueza con el que ellos usaron en sus versos. 

La parte física de la lengua estaba ya fijada; pero eu uia- 

nos de este poeta, la parte pintoresca recibió grandes nie- 

jora»*. A este esmero aQadió el cuidado de agradar al oido 

por medio de la armonia imitativa, haciendo que los soni- 

dos tuviefien analojía con la iraájen. PorU»» que tpcaal fon- 

do dc su poesía, Herrera dió al amor un tono mas ideal i 

mas sublitne convirtiéudolo en una especie de relijion, 

exeuta de toda intervencion de los sentidos i reduciendo 

su actividad a admirar i a adorar continuamentc las per- 

feccioues de la cosa amada. Sin embargo, los sonetoA i las 

elejíaM de Herrera, consagrados de ordinario a enpresar 

esos sentimientos, hacen sospecliar que su amor ^ea nua 

simple ficcion poética, porque en ellos se percibe mas es- 

tudio i antileza que verdadera pasion. Pero su jenio vigo- 

roso brilla en toda sn grandeza i cou todo su espleudor en 

la oda elevada. Cantando la victoria de Lepauto o la ti-A- 

jíca muerte de don Sebastian rei de Portugal, Herrera e» 

verdaderamente poeta. Su himuo a la gran victoria de los 

cristianos contra los musulmanes es uua obra raaestra de 

nobleza i de vigor. El poeta adopta el estilo bíblico, el to- 

no del profeta para caucar dignamente este gran triunfo, 

que en su ilimit^do eutusiaarao relijioso, atribuye solo a la 

proteccion del Dios de los ejércitos. 

4.<-En España, como en todos los paises nacidos de la 
domiuacioa romana, el arte dramático nació de los restos 
del p^ganismo conservados por las costumbres populares. 
Las representaciones seusibles del culto caido sobrevivie- 
ron naturalmente a las creencias que aquellas simboliza- 
ban; i largo tiempo despues de su conversion al cristíanis- 
1110, el pueblo reproducia aun en sus diversiones los cantos 
i los juegos de las relijiones paganas. £n el siglo YI, eetoB 
restos dei paganismo formaban un conjunto de díversionesy 
que eran como la representacion popular de las pompaa 



mSTORIA LITERARIA. — TIEMPOS MODERXOS, 295 

del antiguo calto. El pueblo gnstaba por hábito i |>or ne- 
ceaidad de estos e«pectáeuIos, cuyo oríjen habia olvidado 
flin duda. El clero, cuyos esfuerzos no alcanzaron a pros- 
cribirlosy tiivo la idea de santificarlos aplicándolos a las 
fiestas del culto católico: las representaciones dramáticas 
tuvierou lugar en las iglesias en presencia i con ia coope- 
racion de los luinistrcs del culto. Kepresentábase, por 
ejemplo, tn la fiesia de la natividad del Señor, el viaje de 
lo8 reyes niagos que, conducidos por la estrella niaravillo- ' 
sa, iban a Belen a adorar al hijo de Dios. 

AI principio, las piezas de este jéAero eran compuesfas 
en el latin ctfrrompido que hablalian los frailes de la edad 
raedia; pero luego se iutrodujeron en ellas alguuos cantos 
en el idioma vulgar. Este toinó al fin su verdadera impor- 
tancia: los diálogos de los actores, aunque concebidosen sa 
estilo rústico, eran escritos en verso. Poco a poco se aplicó 
esta especie do drama a los asuutos de la vida ordinaria, 
abriendo hí^í una via nueva al arte uaciente. Estos juegos 
escénicrs se dividieron naturalmente en dos clases: las re- 
presentaciones piadosas i las representaciones profanas. Es- 
ta revolucion efectuada a fines del siglo X V, se operó sin 
ínfluencia estranjera, sin intervencion de la literatura sábia, 
de suerte que la popularidad fué siempre su carácter prin- 
cipal. Loa dos jéueros, el piadoso i el profano, íueron culti- 
vados hasta el siglo XVIII con el mismo celo, con un éxito 
tgaal i por los nusmos autores. 

5. — El primer período del teatro espafiol comprende 
cuatro autores principales, cuyas producciones pueden dar 
una idea de lo que fué eu su principio el arte dfamático 
en aquel país. El mas antiguo de todos ellos, Ju au d e Ift 
Enci,na (1468-1534) era un eclesiástico natural de la vilia 
ité Éucina, en los alrededores de Salamauca, que hízo la 
peregrinacion de la Tierra Santa i que residió largo tiem- 
po eu Romacomo cantor de lacapillade Leon X. (Jomenzó 
|>or traducir, o mas bien, por parafrasear las églogas de 
Virjilio; i despues compuso piecesitas dialogadas eu estrofas 
liricas^ algunas de las cuales indican la inteucicn de repre- 
sentar o mas bien de cantar los tormentos del amor. La 
uiayor parte de ellas tratan de asuntos relijiosos, relativos 
a la muerte i a la resurreccion del Salvador. Soio en dos 
piezas se nota un principiodeintenciondramática. Aunqae 



296 BLEMENTOS D£ LITSRATUBA. 

las de Juan de la Enchia no sean, en jeneral; mas qa» 
ensajos ínformes^ raerece ser niirado ooino un gran poe^ 
ta a causa de la arnionía de en versificacion, de la pnreza 
i de laelegancia desu lenguaje. Seencnentran en ellas tro- 
zoa de que las literaturas mas felices i ma8 avanzadas po- 
drían enorgnllecerse. 

EI portugaea Ji Vicenteil480-1557) fué amigo i dis- 



cípulo de Juan delTEuciña, i cnltivó en lengua espafiola 
el drama naciente citn un verdadero talento. Sua piezaa^ 
en cuanto a la forma i a la intencion dramática, no son 
mncho mas avanzadas que las de en predecesor; pero soa 
maa desarrolladas, presentan mas detalles, nnalcancemas 
poético i, sobre todo, mas variedad en la condicion de lo» 
personajes. 

Bart^Iom i^ Tnrr^y Naharro. contemporáneo de los ante* 
ríores^ era un eclesiástico qatural de un villorrio veoiiio a 
Badajoz, que vivió algun tiempo cautivo entre los moros de 
Aijel, i pasó sus últinios años en Italia. Este poeta habia 
estudiado a Plauto i parecia imitarloen susobras. En efec- 
to, aunqne todavia noe^tácreada la accion regular, seper^ 
cibe en sus piezas el propósito de agrupar sus invenciones 
al rededor de un asunto principal^ i una tendencia mani-* 
fiesta a trasportar al drama los personajes i los aconteci- 
mientos de la vida real. 

En el desarrollo posterior del drama espaftol, tavograo- 
de influencia una novela dialogada justamente céiebre 
publicada a fines del siglo XV. Es esta la CelesHna, Ila-^ 
mada así por el nombre de su principal personaje. Celes* 
tína es una vieja que toma el disfraz de la devocíon para 
cometer sus maldades^ recorriendo las iglesias i loi con* 
ventos. Calisto, cabailero gallardo, se enamora de la jóvea 
i hermosa Melibea i se dirije a Celestina. E^ta pone eo 
juego las acechanzas mas infernales i liace tríunfar la se- 
duccion. Despues de muchas aventuras mui bien desarro- 
Iladns, Calidto se mata saltando una pared; i Melibea, en 
medio de la mayor desesperacion, confiesa sus faltas a sa 
padre i se precipita de nna alta torre. Esta novela está 
dívidida en veinte i un actos o jornadas; pero no se reprd- 
sentó unnca. El argumento es mui poca cosa, todo el nié* 
rito de la obra consiste en los caractéres i en los detallesy. 
que están Uenos de vigor, de verdad i de encanto. Soa 



HISTORIA UTERABIA.— TIEMPOS MODERNOS. 297 

notablefiy entre otro8 rasgos, los caractéres de loa personajeB 
principales, i las sentencias i proverbios qne el autor pone 
en boca de todos ellos. Toda la obra ba sido escrita en pro- 
sa: la lengiia castellaoa no tiene nineuu libro ebcrito ennn 
estilo mas natural, mas puro i mas eleganie. Esta obra fué 
impresa mucbas veces sin nombre de autor, i por tantoera 
atribuida a muchos escritores célebres; pero posteriormente 
un corrector de pruebas de una imprenta observó que ea 
nn prólogo en verso puesto al frente de la obra, las ietras 
iniciales de cada verso, uuidas entre si^ formaban el nom- 
bre de Fernando de Rojas, que debia ser el antor de la obra. 
Sojas era un abogsdo que florecia a principios del siglo 
XVIy i que temia que la obra pareciese indigua de la gra- 
vedad de su profesion, aun cuando sn propósito erd correjir 
los vicios pintándolos con toda enerjia. Pero cuando los 
aplausos con que fué recibído su libro lohubieron absuelto 
en cierto modo se coniesó autor. Su obra ha sido de tal mo- 
dó celebrada en ei eptranjero, que solo en lengna francesa 
ba sido traducida cuatro veces. 

Esta novela fu6 cuidaJosamente estudiada por un céle- 
bre poeta a qnien con justicia se proclama el verdadero 
padre del teatro español. Lope ^dg^ -Rgeday éste era su 
norobre, nació en Sevilla poFTosañoslIelSOO i murió en 
Córdoba en i567. Fué a la vez autor dramácícOy miembro 
i jefe de una compañia de cómicos, a cuya cabeza recorrió 
una gran parte de la Espaúa dando representaciones. AI 
principio, compuso solo peqnefios diálogos qne se recita- 
ban en los entre-actos; pero luego formó comedias sobre 
un asunto dado, i cuyos personajes eran pintadós con una 
rara perfeccioii. Se admira principalmente la sal de su 
burla, la viveza de su dialogo, el jire castigado de su fra- 
se i la armonia del estilo. * 

EI desarrollo del teatro nacional espafiol se encontró 
brnscamente interrumpido por nnarevolucion literaria que 
amenazaba cambiar pára siempre su forma i su fondo. Los 
espafioles babian traido de Italia el conocimiento i el gus- 
to por la literatura clásica^ tomaron con pasiou el estudio 
de loB antiguos modelos, i muchos eruditos se ejercitaron 
en traducirlos i en imitarlos. Entre 1560 i 1580, se formó 
eete teatro rival del que comenzaba a desarrollarse en 
Espafia. Las piezas de esta época pertenecen mas o ménos 



298 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

* a la imitacion de las formas antiguas. Unas reproducen 
lo8 asuntos de la literatura chisica: «itras, aunque buscaú- 
do 8U8 argumentos en la historia o en las costumbres rao- 
dernasy tratau de ajustarse cuaato es posible a las reglas 
del drama antiguo. To<]as laspiezns de esta épocaque no 
8on simples traducciones no pueden considerarse siuo como 
dramas informea en que domina el mal gusto: se veu en 
ellas las imájenes ¡ los lugares coniunes de la literatura 
clásica t')rpemente asociados a losjiros romane'^cosdeltea- 
tro español. Estos ensayíis de restauraciou clásica, en qiie 
tomaron parte algunos poetas de distincíou, entre otros el 
gran Cervantes, se malograron, i el teatró nacional pudo 
elevarse eu breve a la aliuru a que debia alcauzar. 

6. — Lagraudeza política de la España en el eiglo XVí, 
la gloria de tantos triunfos, de tantas conquistas i de tan- 
toB descubrimieutos, debia estimular el iujenio castellano 
al culíivo de la poe>ia épica. En efecto, seducidos por el 
estudio de la antigiledad que acababa de salir de sus rui- 
nas, ¡ por el ejemplo de las grandes composicioues poéti- 
cas de Italia, alguuos versiHcadores se inflamaron conel 
laudable deseo de inmortalizar eu sns versos las grande- 
zas de la patria. La Espaúa tuvo así mas de cincnenta 
poeraas mas o ménos estensos destinados a cantar asuntos 
rel¡j¡0808, caballerescos, guerreros i patnóticos; pero en 
jeneral 8us autores no compusieron mas que pesadas cró- 
nicas en verso, vaciadas de ordínario sobre el molde de las 
grandes epopeyas ¡taiianas, pero concebidas sin jenio i sin 
ninguna muestra de ese v¡gor de imajinaeion que distingue 
al verdadero poeta épico. De esta ceusura debe esceptuar- 
se Bolo la Araucana de Ercilla. 
', -ft./ ' ív Don Alonso de Ercilla i Záñiga nació en Madrid en 
1533. En su prímera juveiftud sírvió da paje del príncipe 
real| despues Felipe II, a quien acompauó en sua visjes 
a Alem^nia i Flandes. Hallábaseen Lóndres con el prin- 
cipe, que habia ido a Inglaterra a celebrar su matrimonio 
con la reina María Tudor, cuando se supo allí la rebelion 
de los indios de Ch¡le, i la muerte del gobernador espafiol 
de eata provincía, Pedro de Valdiv¡a. Preparóse con gran 
presteza una nueva esped¡cion bajo el mando del cap¡tan 
Jerónimode Alderete. Ercüla, jóven de ve¡nte i un aflos, 
ardieote e impetuoso, se enroló en el ejérc¡to i se embarcó 



HLSTORIA LITERARIA. — TIEMPOS MODERNOS. 299 

para América, no buscando el oro, nonio la mayfír parte de 
8118 couipatriotaSy sino un campo en que ¡lustrar su nora- 
bre. Alderete mi^riódurante el viaie: en su lug-ar, tomó el 
inando de la» tropas don García Hurtado de Mendoza, el 
liijo del virei del Perú. A las órdenes de este jefe, Ercilla 
hizo lagloriosa campaña que dió por resultado la momen- 
tánea pacificacion del territorio araucano, No es éste el 
tiempo de recordar los incidentes de aquella vid:i llenade 
aventuras i de peligros que él mismo ha referido en su 
poema. Vuelto al fin a España, pa$ó sus últimos aüos en 
ía corte, pero llevaudo una vida eu cierto niodo alejada de 
los honores, i murió en 1594. 

La Araucana es un poema de grande estension. Contie- 
De treinta i siete cantos en octavas reales semejantes eu 
au estructura i, aun podria decirse, en su elegancia, a las 
estrofas de los poetas épicos italianos del siglo XVI. El 
poeta que, al conocimiento de la literatura cle su tiempo, 
unia la lectura de las grandes obras puéticas de la antígüe- 
dad clásica, no lia tomado de ellas mas que ciertos atavíos 
de forma; pero no los ha imiíado en el arte de la esposi* 
cioa del asunto i de la combinacion de la fábula. Comien- 
zá por hacer una descripcion suniaria ]>ero exacta del te- 
rritorio chileno ¡ de sus habitantes primitiyos, tal corao 
podria exijirse en una obra puramente históríca. Voltaíre, 
que juzga este poema con notable iuduljenciá, aplaude es- 
ta introduccion, (clíste principio, dico, í|ue seria insoporta- 
ble en cualquiera otro poeina, es aquí necesario, i no de- 
sa^rada en un asunto cuya escena pasa en el otro trópico, 
i cuyos héroes son salvajes que nos habrian sido sierapre 
desconocidüs si Ercilla no los hubiese celebrado. EI asun- 
to, que era nuevo, ha hecho nacer pensamientos nuevoa 
tambien.D EI desenvolvimiento ile toda la accion, sigue el 
órden cronolójico de los aconteciinient(i8. La verdad se 
muestra caái sin accesorios, casi sin personajes ficticios; 
corno 6Í el poetna fuese solo una hij^toria narrada de una 
manera brillante, pero conservando sierapre su carácter de 
caudro fiel de loa hedios. El misrao Ercilla dice en varias 
partes de su libro que escribe solo una historia en verso. 

Este es el carácter esencial de la priniera parte de la 
Araucana^ que fuépublicada en Madrid en 1589. KI póe- 
ta conoció eutónces que la simple narracion en verso de 



300 ELEMENTOS DE LITEBATÜRAí 

loB hechoB histórióos acabaria por parecer monótono, i se 
empeñó en sembrar las dos partes restantes de su póe* 
ma fpublicadas la segunda en 1578 i la tercera en 1589) 
de incidenteM creados en su imajinacion i de episodios des- 
tinadüB a reanimar el interes. Ércilla inventa entónces la 
aparicion de Belona que refiere al poeta la batalla de San 
Qninf in; la descripcion de la .caverna del encantador Fi- 
toUy desde donde asiste en espíritu a la batalla de Lepanto; 
la disputa que tienén dos soldados durante una marcba, 
acerca de la muerte de Dido permite a Ercilla, como ca- 
batlero cumplido, defender la virtud de esta reina contra 
las imputaciones calumniosas de Virjilio. £sto8 episodicSy 
demasiado desligados del asuuto principal, son por esto 
mismo mui poco interesantes. 

La falta de un plan verdaderamente épico hace que la 
accion no Ilegue a un desenlace como el que debe servir 
de término a una epopeya. Así es que despues de cantar 
los triunios de los eHpañoIes sobre los araucanos, Ercilla 
refiere sumariamente la rebelion de Lope de Aguirre, Ila- 
mado el iiranoj en los valles orilentales del Perú, i habla 
d^ la muerte de don Sebastian, rei de PortngaI| lo que le 
permite defender las pretensiones de Felipe II a esa coro- 
na. EI poeta termina su obra recordando los desencantos 
de su vejezy i la ruina de sus esperanzas, i anunciandoel 
proyecto de consagrar sus últimos dias a la peniteucia i a 
la devocion. 

8i todos estos incidentes estraQos a la accion no alcan- 
zan a darle la grandiosidad épica, no quitan tampoco a la 
Araucana su mérito indispntable de docnmento históricOy 
Bobre todo tratándose dc sucesoa en que el poeta ha toma' 
do parte i que no es posible estudiar en otra fuente. Un 
observador medianamente acostumbrado a este jénero de 
investigaciones, descubre sin raucba difícultad )a parte 
útil para la historia, dejaudo a un lado los accesorios poéti- 

COB. 

. Oomo conjunto, volvemos a repetirlo, la Araucana no 
es nna verdadera epopeya; pero en los detalles, puede 
competir con las mas acabadas obras del arte. En la des- 
cripcion de los lugares, Ercilla emplea una precision ele- 

fante i llena de claridad. En la narracion de los combates 
esplega nn verdadero vigor poético con rasgoa sieropre 



HISTORLá» UTEBARIA.— TIEMPOS MODERNOS, 301 

fiuevoa i animados. Algunos de sus caractéres son trazados 
€ou maao maestra, Robre todo cuando el poeta hace hablar 
a 8U8 personajes. Algunos de esos discursos son, a juicio 
-de Voltaire, superiores a los de los héroes de Horaero. Por 
otra parte^ la versificacion fluida i armoniosa, la felíz cons- 
truccion de la estrofa, a la cual solo se le podria reprochar 
oierta pobreza en la rima, defecto mui disculpable en üna 
•época en que no eran conocidos aun todos los recursos de 
la lengua, hacen do este poema una de las mas preciadas 
joyas de la litQratura española. 

Aparte de todos estos atractivos, la Araucana ofrece 
otro interes especíalísimo. Nace éste del carácter noble i 
elevado del mismo Ercilla. En efecto, se leen con un ver- 
dadero placer los numerosos pasajes en que el poeta, actor 
tambien en los sucesos que narra, deja descubrir su carác- 
ter siempre leal, sus sentimientos humanos en favor de 
loa indios, i su alma incontrtiHtable en la desgracia. 
f^ 7. — Hemos dicho que con escepcion de la Araucana los 
ntros ensayos de poemas épicos espafioles casi no merecen 
recordarse. Se encuentran a veces en ellos rasgos brillan- 
ies, escenas animadas, versiBcacion cuidada; pero analiza- 
dos en su conjunto, aun los mejores son mal concebidos, 
desordenados, i tan lán^uidos, que es casi imposible ter- 
minar la lectura de uno ue ellos. Üasi lo mísmo podríamos 
idecir de los poemas didácticos, contraidos en sn mayor 
parte a consignar las reglas de la poética. Debemos, sin 
«mbargo, faacer en este jénero otra escepcion en favor de 
Céspedes, i de su poema incompleto sobre el arte de la 
pintura. ' J^ 

.^ Pablode Céspédes (1538—1608) era natural de Córdo- 
ba: Lizo biifláUte^ estudios de lenguas i de literaturas 
clásicaSf cultivó las bellas artes en Italia i fué pintor, 
escultor i arquitecto. Si^ ciudad natal conserva todavía 
con orgullo algunos de sus cuadros mas famosos. De su 
obra, que tal vez dejó inconclusa i sin correjir, solo han 
üegado hasta nosotros seiscicntos versos distribuidos en 
^rmoniosas octavas. Estos cortos fragmentos, que ni siquie- 
ra tienen unidad entre sí, uo pueden dar idea alguua del 
plan del poema; pero hai en ellos ciertas descripciones 
'Como la del (jsolsáto) i la de los útiles que emplea un pin- 
tor, que dejun ver un verdadero poeta. £s igualmente no- 



í^ 



302 ELEBIENTOS DE LTTERATURA. 

table el trozo en que celebra a los graiides filósofos i a lob 
grandes poetas, cuyas obras duran nias que los nionumen- 
tos i las ciudades. 

8. — La prosa española llevó tanibieu en el siglo XVI 
8U marcha de progreso. Empleáronla distinguidos eBcrito- 
res en la novela, en la historia i en las obras morales i 
políticas. La novela sobre todo, fué cultivada con grandé 
ardor. 

Los romnnces caballerescos habian comenzado a caeren 
el olvido en Francia, en Ital:a i en Inglaterra. Las ideR» 
modernas habian traido consigo nuevas costumbres; i las 
avencuras estravagantes i burlescas de los Orlandos i de los 
Eeinaldos eran leidas cou gran placer, no ya en las sérias 
epopeyas de la edad media, sino en los poemas comico- 
heróicos de la escuela moderna italiana. Solo la España 
habia conservado íntegrns todas las tradiciones ciiballeres- 
cas i el eutusiasmo militar i relijioso manteuido por el 
recuerdo de la lucha contra los moros. Los roniances po- 
pulares no habian ceaafJo de celebrar la memoria de los 
viejos cristianoí», vencédores o vencídos combatiendo a h» 
Harracenos. Así se esplica cómo nació en este país, en medió 
de la decadeucia jeneral de las ideas i de las tradicioues 
cabalierescas, una familia de novelas en que los seutiraien- 
to8 borrados en otraa partes, reaparecian en su enerjía 
primitiva, con \\n aire de novedad tomado del clima i del 
euelo natal. 

La mas notable de esta^ novelas es nna que se titula 
Amadis de Gaula^ ])ublica<la en Salamanca en 1519. Por 
largo tiempo se lia discutitlo la cuestion de suber quiéu ea 
el auttir de este libro, i se le ha atribuido un oríjen portn- 
gues o frances: parece, sin emhargo, que sobre uiia anti- 
gua novela se formó la obra espafiola; i que ésta bajo la 
forma en que fué dada a Inz pertenece a un escritor cas- 
f tellano liamado rrafcjii Qrdóñez de Mon talvo^ que vivía a 
fines del sitrlo XV. Por su fondo es uno de loa romances 
del ciclo del rei Arturo, cnyaescena pa^a en su raayor par- 
te en el pnís de Gales, en Jnglaterra. Pero al retocar ei li- 
bro que le sirvió de base |iara su novela, Ordófiez de Mon- 
talvo lo ha adoruadt) de aventuras nuevas, con arengas o 
discursos imitados de los hi^coriadores de la antigüedad, 
con cartas, diálogos i descripciones ajustadas al gusto dei 



mSTOKIA UTERAKIA.— TIEHPOS MuDERNOS. 303 

reiiacimiento. El mérito real de este lihro es e1 haber pnri- 
ficailo este jéaero de composicion romanesca por un senti- 
míeuto plevado de delicadeza i de discreciou. Amadis^ en 
efecto, nos aparta de la rudeza de la edad media, para tra- 
ernos al umbral de la vida i de la delicadesa delos tiempos 
moderno!). Aun eu medio de la exajeraciou de sentimien- 
tos indispensables on esta clase de obras, se encueutra en 
sus caractéres i en su accion un gran foddo de verdad que 
hace que esta obra haya sobrevivido al torbellino de imi- 
taciones que se le síguieron, i que miéntras éstas son com- 

Sletamente desconocidas, aquella cooserve todavia su cré- 
ito i su estiinacion. Bajo el punto de vista del estilo, esta 
obra merece ser estudiada aun como una de las mejoreb 
fuentes de la lengua española. 

9. — Los antiguos libros de cabnllerías ofrecian la pin- 
tura de las costumbres, de los sentimientos i de las ideas 
particnlares de la edad media. Los inliibiles imitadores 
de estas epopeyas romanescasy condenados a exajerar los 
defectos de sus predecesores para ofrecer alguna uovedad, 
cayeron en inconcebibles estravíos de imajiuacion, verda- 
deramente peligrosos para la razon i para el gusto. El pú- 
blico principió a cansarse de esas eteruas historias de cas- 
tillos encantados^ de grandes espadas, de jigantes vencidos 
i de monstruos inmolados. Algunos escritores comenzaron 
a abaAdoiiar el cnadro caballeresco pero como los cuentoa 
han tenido siempre tan grande atractivo para el hombre, 
se buscó otro campo, i en lugar de caballeroa andantes^ 
los héroes de la novela fueron pastores. 

Es un hecho curioso de la literatura moderna cómo es- 
ta manía pastoral se apoderó de toda la Europa al termi- 
nar la edad medía, i duró oaAÍ todo un siglo, La adiniracion 
por los idilios de Teócrito i por las églogaa de Virjilio a 
la época del renacimÍ6nto,produjo eu todas partes el deseo 
de imitarlos. Las prímeras obras de este jénero fueroUi co- 
mo hemos visto, diálogos en versos adaptables a la repre* 
sentacion dramáticn; pero en 1504, el poeta napolitano 
Jacobo Sannazar ( Véase la pájina 264) compuso uua na- . 
rracion en prosa con el título de Arcadia, en que estaban 
mezclados versos, décímas, sonetos, etc, i donde figuraban 
pastores de fantasía, contando en ella el poeta, bajo nom- 
bres finjidoB^ las aventuras de su propia vida i sobre todo 

21 



304 ELEME^OS DE LITeRATURA. 

la hidtoría de nn amor desgraciado que la ocupó toda ente- 
ra. Esta obra, que tuvo un éxito prodijioBO, estirouló las 
iroifaciones que se le siguierou. La literatnra e^pañolá 
produjo inuchos libros de esta natnraleza; pero soio <lus de 
4eIlos son dignos dc que hasramos aquí especial mencion. 

La Diana de Jorje de Montemaj'o r, puhlicada en 1545, 
€8 el mas antiguo de e.lloí», Suautór, (1520 — 1564) era 
portugaes de nacimíento. viajó en Enropa como cantor de 
1« capilla ambulante de Felipe 11, i por nltimo se dooüoi- 
lió en EspaQa, cuyo idioma cultivó con rara perfeccion, i 
dopde pereció eu un duelo. Montemayor no se inspira ea 
la antigüedad, que él desconoce: sn modelo es Sanoazar. 
Ooino él, vivió bajo el imperio de una pasíon desgraciada; 
I como éi buscó tambien nn asnnto novelesco e intecesante 
para refenr sns penas, i contar sus propias aventuras mez- 
cladas con las de sus amigos. En efecto, los pastores de la 
Diana ocultan todos personajes reales, como lo advierte el 
Butor en el prefacio: él misiuo aparece bajo el nombre de} 
^namorado i melancóh'co Sireno. Esta circunstancia tuvo 
«iu duda alguna influencia en el éxito de esta obi^; pero la 
primera causa de la gran popularidad de este libro, es ia 
ndmirable pureza del estilo. Montemayor pertenece a ese 
aiglo en qne la imajinacion espnñola, en su primera fres- 
cura, no ha sido marchitada por el c mtajio del cultei»ni8- 
mo. Es notable, sobre todo, la elegancia de los versos de 
que está sembrada la uarracion. 

La novela de Moiitemayor no qnedó concluida. Otros 
«acritores quisieron termiuarla; poro solo uua de esas con- 
tinuaciones í>e acerca al orijinal. Un e?critor valenciano, 
Oasnar Jil Polo (1516-1572) dió a luz la Diana enwnwrar 
da, novela eu prosa n^ezclada de muchos verso.s, couio la 
4.bra que qiieria coiitinuur. Jil Polo toma los j^ersooajes 
en lá situacioii en que los habia dtjado su pndecefior; pt*- 
ro cambia completamente la aocion con habilídad i buen 
guftto. Así Diaua, iiisensible al ainor de Sireno en la np- 
vela de Monteinayor, se enamora apasionadameute del jó* 
ven pastor, que a su vez se hace iudiferente. Al fio una 
encantadora consigne reunir a los dos amautes en uuapa- 
fiiou mútua. luferior a su predecesor eu la invencion, Jil 
Polo ciiiubia solo los papeles siu crear uuevoR caractéred; 
j»ero la elegaricia sostenida del estilo, la nitidez de la es- 



HISTORIA LITKRAKTA. — TIEMPOS MODERNOS. 3W 

pfesiony el briIlaDte colorido del peDsamiento, que faá cob- 
sérvado en la parte poética de la novela, constituyen el 
verdadero mérito de su obra. r^ 

lO,— Esta clase de novelas, en que se ejercitaron mu* ^ 
chos otros injenios, i entre ellos el mismo Cervántes^ oo / 
produjo mas obras notables qne las que dejamos sefialadas. 
Sn cambio^ los españoles cultivaron con rara felicidad el 
jénero picaresco, imájen viva de las costnmbres de Ia Es- 
pafia dei siglo X VI^ espresion pintoresca de su estado po- 
lítico i ctvil^ de sn orgulio en medio de la mendicidad^ de 
8U8 lla|2fa8 sociales i sobre todo, del espíritu aventure- 
ro inherente a la raza. La novela pioaresca, cuyos héroes 
üon los mendigos, los bandidos, los estudiantes, los jita- 
DoSy los espadachines, no es una imitacion^ como podria 
creerse^ de loR fabliaux franceses que inspiraron a Bocacié 
i a otros escritores: es una propiedad tan esclusiva de la 
imajinacion española queel nombre con que se designaes- 
tejénero no tiene traduccton ni equivalente en ninguna 
otra lengua. Nacieron de la necesidad de renovar el inte- 
res agotado por las estravangancias monótonas de las no- 
velas caballerescaSy i las elegancias refínadas de la novela 
pastoral. Del ideal exajerado en aquellos dos jéneros^ se 
cayóy buscando la verdad, en el realismo de noias baja clase. 
La fantasía de un estudiante de la alta aristocracia 
abrió la carrera en que se precipitaron. despues de él otros 
escritores de inferior jerarquía. l ¡ )o^ Pie g9 Hnrtado de 
Mendoza, nacido en Granada eñ 1503 i muerto en Vaiia- 
doíid en 1575, fué a la vez diplomático, militar, historia- 
dor i poeta, i figuró en su época por su ilustre naciraiento, 
por la entereza de su carácter, por su gran talento político 
i por BU amor a las letras i a las ciencias. Siendo jóven to- 
davía, compnso una novela de oorta estension, pero de gran* 
de alcance social, que vió la luz pública sin nombre de sa 
antor. LazariUo de Tórmes^ este es su título, es la historía 
de un póbre mnchacho, mendigo desde su nacimiento, reco- 
jido por un ciego maligno que se servia de él como de na 
idstrnmeoto de conmiseracion. Las circunstancias de su vi- 
da Ilena de aventuras í de sinsabores, han producido en sa 
corazon un gran fondo de misantropía^ pero la desgracía 
no lo abate; soporta su destino con una resignacion filosó- 
fica; i desde lo alto de su miseria juzga a todo el mundo 



306 ELEMENTOS DE LITERATÜBA. 

que lo rodea. Ha.estudiado sncesívainente todae las clase» 
fiociales de 8u nacion; ha mostrado a los nobles con susor* 

'gnllosns miserias, con una capa ostentosa, con una espada 
de la mejor fábrica de Toledo^ pero que no tienen que co- 

%ner| que por ser nobles no consieuteu en ser comerciantes- 
ni en tener una proíesion, i que prefieren que su lacayo- 
mendigue para ellos algunos maravedises; iia pintado el 
interior de los convenrtos, la codicia de los frailes i los pia- 
dosos fraudes con que esplotaban al pobre pueblo. Esta do* 
vela es un verdadero cuadro, o mas bien una série de cuadros 
en que las figuras se destacan del fondo de las circuDstan- 
cías, con todo el poder de colorido que caracteriza a lo^ 
pintores espafioles. Hurtado de Mendoza se ha reido de to- 
<io con un buen humor que deja traslucir la amargura de^ 
una crítica acerada. 

El nnevo jénero hizo furor: el gusto picaresco tnvo un 
periodo brillante en la historia de la literatura espafiola; 
pero aunqne todos los otros ensayos son pálidos al ladodel 
Lazarillo^ se produjeron otras obras notables no tauto por 
el fondo satíríco como por la amena variedad de las aven- 
turas. Entre "los escritores que cultivaron este jéneroBe 
distinguen particularmente Mateo Aleman , escritor anda- 
luz que florecia a fines del a!fr^ xvi,i vjnftntft E-«»pipeI> 

E)eta de cierta distincion, natural de Ronda71544-1^34J. 
I primero es autor de Guzman de Alfarache^ i el seguu- 
do de algunas iK)veIa8 del misnu) jénero, lamas notablede 
las cuales es El emtdero Márcos de Obregon. Ambas obra» 
^ ae apartnn en cierto modo del sendero abierto por Hurta- 
do oe Mendoza: la narracion ha perdidaalgo de su natu- 
ralidad i de su sencillez; las aventuras están contadas con 
mayor desarrollo i acompafiadas de reflexiones morales^ 
algunas veces difusas e innecesarias. 

11.— En el jénero histórico es donde la prosa espafiola 
ha elevado sus mas hermosos monumentos en el siglo XVL 
Algunos de bus historiadores fueron hombres de estado^ 
capitanes célebres, pero casi todos poseyeron notable» 
talentoB liter&rios para comprender la belleza artisticíi 
de las obras maestras de la antigüedad i araaron el arte 

Eara tratar de imitarlo. Si la Espafia cuenta mucbos 
istoriadores artistas, posee tambien un gran námero de 
\ compiladores. Los reyes nombraban un empleado con el 



ITT 



wnmmm 



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T* ■ 



HISTORIA LITERARIA. — ^TIEMPOS MODERNOS. 



307 



títnlo de croQÍsta qae tenia el encargo de escribir la liisto- 
Tia de 8u tiempo; i cuando el descubriafiento del nuevó 
niundo abrió un nuevo teatro a la aotividad de los caste- ' 
llaoos, se creó tambien el cargo de cronista de Indiasf / 
glorian de Ocam po, historiógrafo de Cárlos* V, compnso 
^ina Crónica jenerai de Espafla, que fué cpntinuada por 
Ambrosio de Morales hasta la reuaion de las coronas de 
Oastilla i de Aragon, Ambas obras, notables por* el oon- 
janto de hechos que contienen, están, sin embargo, escri- 
tfis con poca crítica i con desaliño en el estilo. Qpnzalo ' 
Fer uandez de Ovi edo^ nacido en Asturias en 1478, viajó 
Targo tiempo en América, i como cronista de Indias^ com- 
puso entre otras obras, una notable Hístqria jeneral i na* 
turcd de las Indias que solo ha sido publícada por comple* 
to. hace pocos aüos. Esta obra, aunque algo deso;*denada 
•en la narracion, está concebida con un pspíritu recto i es-* 
crita con una elegante sobriedad de estilo. Pero el mas 
notable de estos cronistas es -TarAnirjiQ ^n^;«o (inio-i!;Qt)^ 

oatural de Zaragoza, que compu«io los AncUea históricos de 
Aragon, con grande acopio de hechos no solo para conocei* 
la historia propiamente dicha^ sino tambien las institu- 
ciones políticas de aquel interesante reino, 

Aunque esos cronistas conocian mas o ménos los gran- 
des modelos de la antigüedad clásíca, se puede decir que 
falta et arte en sus obras. Pero otros escritores dieron a la 
historia todo el esplendor a quealcanzó en ese siglo. Don 
Diego Hurtado de Mendoza, de quien hemos hablado poco 
ántes como novelista, se habia retirado a su ciodad natal, 
Oranada, como confinado por el rei, i con el deseo de pa- 
«ar alli sus últimos años, cuando estalló la grande insa* 
rreccion de los moriscos. Mendoza estudió las causaa polí'- 
ticas; vió que la opresion mas cruel, los ultrajes mas vio- 
lentos, las perñdias mas injustifícables ejercidaa por la 
^antoridad civil ¡ por la inquisicion, habian producido la 
desesperacion de e^e desgraciado resto de los árabes; vió 
tiacer la insurreccion a la seQal del último de los Aben- 
ce.rrajes, estenderse rápidamente en las Alpujarras, i los 
«angrientoB combates de la lucha, la represion mas san- 
grienta todavía, la destruccipn de poblaciones enteras i la 
venta de los vencidos como miserables esclavos (1568— 
1570). El noble caballero, testigo desapasionado de esta 



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308 ELEMENTOS DE LFTERATTJRiu 

goeTFa, recojió todas las noticias i documeatos, i escribió 
sii historia con una grande habilidad. Felipe II no tolera- 
ba critica de sus actos: Mendoza, no pudiendo pronnnciar 
80 juicioy se liniitó a consignar los hechos con toda clari- 
dad. La sola ^renga que ha introducído en su obra, a la 
manera de los antiguos, se encuentra en la boca de uno de 
los principales jefes de la insurreccion, ocultando asf há- 
bilmente la censura contra el Ristema empleado por el rei. 
La Histaria de la guerra contra las moriscos de Gh'anada 
es ademas una obra maestra de elegancia histórica. To- 
mando el asunto por su lado mas sério, Mendoza ha que^ 
rido reproducir la manera de los grandes escritores de la 
antigüedad: su modelo es visiblemente Salustio. Favoreci- 
do por el oríjen latino del español^ imita los jiros i las 
sentenciaSy i algunas veces la concision i hasta la oscuri- 
daddel orijina). Su estilo tiene un relieve poderoso, nn 
yigor admirable, i con frecuencia cierto énfasis i cierta 
pompa que no le sientan mal. Apesar de todas sus pre- 
cancionesy su obra no obtuvo permiso para la impresion, i 
circuló manuscrita hasta 1610 en que fué publicada. A 
\ Bsta circunstancia, se atrtbnyen algunas incorrecciones de 

X/estilo que se notan en ella. 
X Bajo un plan mncho mas vasto ha sido trazada la His- 

/ <iarf'a jeneral de E^pafUi del padre Mariana. Nacido en la 
dndad de Talavera en 1537, el padre Jnan de Mariana 
entró mni jóven en la compafíía de Jesus i se TilWiteibso 
como profesor en Roma i en Paris. Diversos escritos en 
que hacia ostentacion de la independencia de su caráoter 
i del vigor de sus convicciones, contribuyeron a darle ce- 
lebridad. En uno de ellos en que trata de la autoridad 
real| partiendo del principio de la soberanía popular» Ile* 
ga n determinar ciertos casos en que es permitido a un 
simple particnlar el dar mnerte al depositario de la auto« 
ridady al rei. En otro reveló al público los robos que se oo- 
metian en la fabricacion de las monedas. Por fin, en otro 
tratado descnbria con singnlar franqueza las desgracias 
de que estaba amenazada la compafiía de Jeigus, si no co- 
rrejia los desórdenes de eu gobierno, sobre lo cual daba 
buenos consejoü. Un hombre semejante, apesar de su pro- 
dijíoso mérito i de sus vastos conocimientos, no podia to- 
mar parte en la direccion de la compañía. En efecto, el 



HISTORIA UTERARIA.— TIEMPOS MODERNOS. 309 

)»;iJre Mariiina murió eii 1624, a los ocheüta i siete añoa 
de edaii, ríq Iiaber obteuido iiiugana de ias dígnidades de 
8U órdeu. ^ 

Las obras que acabamos de recordar no son las que liai> 
dado 8U inmensa fama al padre Mariana. Su gloria des* 
causa ftobre uu raonumeuto mas duradero, la Historia je-- 
neral de Espafía. Escribióia primero en latin, leugua eu 
que habia compuesto sus otras obras; pero querieuilo Ua- 
cerla verdaderaraeute popular, i siguiendo el cousejo de 
algunos amigos, la tradujo él mismo al castellano corri- 
jiéiidola i compíetuudola hasta la muerte de Feruaudo el 
católico eu 1516. Mas tarde le aftadió un bosquejo com- 
peudioso hasta su tiempo. Comprende esta obra la historia. 
de Espafia desde lostiempos primitivos i fabulosos en qae 
supone que un hijo de Jafet, llamado Tubal, llevó los pri- 
ineros pjbladores a la peuínsula íbérica. Seguu sus propiaa 
palabra», uo se propuso escribir uua historia crítíca, ni mw- 
clro ménos detenerse eu toílos los detalles, lo que le habriii» 
impuesto nn irabajo infinito; quiso solamente adornar coh ei 
estilo los materiales, reunidos por sus predecesores. Si hu- 
biera sido necesario comprobar tedos los hechos, añadia,. 
se habrian pasado rauchos centenares de aQos ántes que 
se hubiese ofrecido una historia de España a la curiosidad 
i a la instruccion de sus compatriotas. EI historiador ha 
escrito, pues, como Tito Livio, consignando en su obra lo- 
do lo que eu su tiempo pasaba por historia, ordenando lo» 
hechos i metodizando la esposicion para darlos toda la clari- 
dad apetecible. Por esto mismo, su libro dcbe ser leido con 
precauciou; pero no por esto se le debe considerar indigna 
de su fama. Mariana sabe dar colorido a su narracion i vi- 
gor a las pinturas de los caractéres. Su eetilo es noble i 
poro, sin ningnna mezcla de afectacion ui de ía!*o brillo* 
Sugravedad dejenera a veces en aridez« su coiici^ioD en 
dareza, sus máximas en lugares comunes de raoral. Peru 
reiua en este vasto coujunto algo de grande i de imponeD* 
te que depende del arte con que el escritor hace entrar ei» 
8U ebra los hechos mas considerables que hau pasado en 
el muudo. Se le ha reprochado la auseucia de esas consi- 
deraciones jeuerales sobre las leyes, las costumbreSy Ieb 
causas de la grandeza i de la decadencia do los imperioa, 
que se eDCuentran en los historiadores mcdernos; pero 



310 



ELEMENTOS DE LirEBATÜKA. 



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tas fnUaSy que nacea del tienipo en qne escribió i de la 
manera como entónces se comprendi^ la historia, están 
compensadas con el bnen sentido que ostenta en cada nna 
de sus pájinas, i con el colorido de que reviste los hechos. 

, Bajo este punto de vista, ningun historiador e8|>afiol ha 
igualado todavia al padre MarianB, que por otra parte de 
conserva su obra aun hoi dia como el modelo del castellano 
clásico. 

12. — Bajo el réjiraen despótico a que estuvo sometidala 
EspaQa desde el siglo XVI por el absolutisrao de los re- 
yes i por elterror de la inquisiciou, no debia esperarse qoe 

teste país produjese escritores poiíticos ni mucho ménoa 
filósoíbs. Én los síglos anteriores se encuentran espfritus 
tranqnilos, vigorosos, que raciocinan sobre la libertad en 
)a plenitud de su buea sentido, sin calor íicticio i sin de- 
clamacion. Desde csta época, la imajinacion parece reem- 
plazar a la razon: los escritores tienen que apelar a la no- 
vela a la historia para emitir sus ideas, o trabajar sobre 
palabras porqne les están vedados los grandes asuntos. 
Un gusto detestiible les hace tomar una metáfora por uo 
pensamiento i confundir la elocucion con la elocuencia. 
«[oaiuXaiis VÍ3^(1 192-1540), natural de Valencia, el ma8 
distinguiScThumanista espafiol del siglo XVI, vivió siem- 
pre fuera de su patria, i aderaas escribió en latin. 

Entre los escritores espafioles que disertando sobre la 
moralj la política, se han elevado a alguna altura, deberoos 
mencionar a Aj>jUmiío de Guevara i a Antonio Perez. El 
primero era un fraile tranciscano naturál delaprovinciade 
Alava (1470 — 1546) que alcauzó el puesto de obispo de 
Cádiz. Sn obra principal es una especie de noyela política 
i filosófica titulada Marco Aurelio o reloj depríncipes. Traza 
en ella un retrato fantástico del famoso eraperador romano 
para hacerlo servir de modelo a Cárlos V, ostentando algo de 
la gravedad imponente i varonil de los escritores de la antt- 
güedad, a quienes ha querido imitar, i acompafiando sa 
esposicion de máximas i sentencias que revelan uua inte- 
líjencia habituada a los negocios de estado i un corazon 
recto. Antonio Perez \^1539 — 1611), el célebre ministrode 
Felipe II, mucho ménos puro, pero no ménos hábil, ocupa 
un lugar distinguido en las letras espafiolas por sns Iteia' 

•€ÍoneSf memorias históricas con que ha pretendido justi- 



mSTORIA LITERARIA. — T^MPOS MODERNOS. 311 

ficarse deopnes de sn fnga de España de los cargos qne le 
hacia el rei i i>or los cuales fué sometído a juicio ante la 
ÍDquisicion. 

Éntre los prosadores españoles qne florecian en este si- 
glo, es preciso contar a los escritores místicos. Algunos de 
ellos sou hasta ahora modelos de estilo; i todos ejercieron 
una poderoi^a influencia sobre las ideas de su siglo, mani* 
festadas por una notable inclinacion a la vida contempla- 
tiva, por la multiplicacion de los conventos i de los mo- 
nasterios, por la grandiosa magnifícenciade los monumen- 
tos relijiosos, i por los tesoros consagrados a sn adorno. 
Nos limitaremos a recordar aqu( a los mas famosos de esos / ^/^.' c 
escritores. ¿/{'^^^'^ 

Teres>Lde Q ^fifl^ canonizada por la iglesia (!on el nom- 
bre de Santa Teresa de Jesns, nació en la ciudad de Avila 
-en 1515, fué monja carmelita, ocupó bu vida en la reforma 
de sn órdcn i en la práctioa de las virtndes ascéticas, í 
marió en 1582, dejando un nombre ilustre en lahistoriade 
las letras espaüolas, i lafaraade susantidadconsignadaen 
la tradicion i en numerosos documentos. Santa Teresa es* 
x^ribió, aparte de su correspondencia, cuatro obras justamen- 
te admiradas por la fé profunda, por la piedad fervorosa 
qne respiran i por el tono vígoroso i natural en que están 
concebidas. La mas notable de esas obras ps su propia 
vida, escrita no por un impulso de vanidad sino cediendo 
a los mandatos de su confesor. 

Juan de Avila (1500—1569^, llamado el apóstol de An- 
^daTúcía, ha ¿ejado sermones llenos de vida, de ardor i de 
pasion; pero qne rápidamente improvisados, dejan mucho 
•qae desear por lo que respecta a ia forma. Fné el amigode 
frai Luis de Granada, que aprendió en sus defectos a mo- 
derar el fnego de pu juvenil elocnencia. 

F rai Luis de Granada , relijioso domínico^ natnral de 
Granada (1504 — l5íi8;, ocupó los mas altos puestos de su 
<}rden i escribió numerosas obras que le han asegurado el 
renombre del primer escritor místico de la España, Cono- 
cedor profundo de laantigüedad, admirador apasionadode 
Ciceron, ha trasportado a sus sermones algo de la perfec- 
cion antigua. Los críticos espafiolesloconsideran el primer 
prosador de su siglo. Admiran, sobre todo, la abundancia, 
la enerj{a, la majestad de sa estilo, coalidades que vaa 



S12 ELHMENTOS D£ LITERATURA, 

siempre ncompaña^das de la elegancia en la espresion ¡ de 
la perfeccioD eu el periodo. 

Estos escritores, coiisiderados como modelos de a$cp* 
tismoy no se sustrajeron en su tieinpo n la desconíianza de 
la inqnisicion. El terrible tribunal, encargado de mantener 
la pureza de la fé, creyó descubrir en las obras de los mas 
distinguidos escritores místicos españoles tendencias a la 
impiedad o erroree» condenables; i de alH nacieron las per« 
secuciooes de que fueron vfctimas muchos de ellos. üuaodo' 
frai Luis de Leon, frai Juan de Avila^ San Juan de la 
Cruz, Santa Teresa, frai Luis de Granada ¡ otros escríto- 
res de piedad igualmente acendrada, se atraian las so8|)e» 
chas de la inqnis¡cion, i se acarreaban sus censnras, ¿podria 
el pensam¡ento elevarse a las rejiones de la tilosofia ide 
las ciencias políticas i sociales? 

SIOLO XVII. 

13. — £1 siglo de oro de la literatura española no es pro- 
piameute el siglo XVL La época de mayor grandeza I¡- 
ternria comienza entóuces, es verdad; pero continüa i se 
desarrolla en el siguiente, en que florecieron Cervántes,. 
Lope de Vega, Calderon i muchos otros injenios de que 
vamos a ocuparnos. 

Higuel de Cervántes Saavedna es sin dispnta el mas- 
graude escritor español i el mas popular de todos los es-^ 
critores de cualqu¡er tiempo i de cualquier pais. Su obra 
cap¡tal lia sido traducida muchas veces a todos los idio- ' 
mas de Europa, i lo que es mas s¡ngnlar^ vert¡da al latin^ 
puesta en verso, en Inglaterra i en Italia, ilustrada por in- 
Bignes d¡bujantes i admirada por los mas grandes críticos. 
I sin embargo, un siglo despues de su muerte la EspaQa 
no sabia nada de la vida de tan ilustre escritor: como su» 
ced¡a con Homero, ocho ciudadcs se disputaban el honor 
de haberlo v¡sto uacer. Hoi^ por íórtuDa, todas las dudas 
se han dis¡pado: la historia de Cervántes es cas¡ perfecta- 
mente conoc¡da; i la Espafia, tardía s¡em]>re para premiar 
a sns injen¡oSy le h'a elevado una modesta estátua, honor 
bue no ha alcanzado, segun creemoSy ninguu otro escritor 
espafiol. 

Nació Cervántes eu Alcalá de Henáres el ocho de octu^ 



HISTORIA LITERARU:— TIÉMPOS MODERNOS. 313 

bre de 1547, de una familia noble pero pobre. Hizo sus 
eatndioB en Madrid, i allí hizo tambien su prímer estreno 
líterario a la edad de veinte i un año8, coinponiendo algu- 
no8 versos en honor de Isabel de Valoísy tercera mujer de 
Felipe Ily para celebrar au arribo a España. Esta era la 
época en que ei famoso Lope de Raeda representaba sus 
dramas popnlares. Cervántes se afícionó a este jénero de 
espectáculos; i qaizá esta circunstancia ejerció una grande 
influencia en su carrera literaria. 

En 1569, Cervántes pasó a Italia como ayuda de eáma- 
ra i secretario del cardenal Aquaviva, que habia ido a Es- 
pafia a preparar nna coalicion de las potencías cristianas 
contra los turcos; pero arrastrado por su ardor militar se 
embarcó como soldado en las galeras de don Juan de Aus- 
tria, i a 8u lado se batió heróicamente en la memorable 
jornada de Lepanto. Cervántes recibió en la pelea tres he- 
rídas^ una de las cuales le dejó inutilizada para siempre la 
mano izquierda. Cuando en sus últimos afios sns émulos 
le reprochaban el ser manco, el célebre escritor decia lleno 
de un justo orgullo: «mi manquedad no ha nacído en una 
tabema sino en la mas alta ocasion que vieron los siglos ^ 
pasadoSi los presentes, ni esperan ver los venideros.:» Des- 
pues de diversas campafias, Cervántes volvia a su patria 
cuando la nave qne montaba fué apresada por los corsarios 
berberíscos, i llevada a Arjel. AIIi snfrió un largo i duro 
cantiverio durante el cual hizo muchas i mui atrevidas 
tentativas de evasion. Bescatado en 1580 por los frailea 
mercenariosy sirvió todavia como soldado en Portugal i en 
la escuadra del almirante Santa Cruz, en sn espedicion a 
las islas Azores (1584). 

£q este mismo año publicó la primera parto de una no- 
vela pastoraly la Galateaj que ha dejado inconclusa. En 
esta obniy escrita a imitacion de la Diana de Montemayor 
i de la de Jil Polo, Cervántes ha puesto en esceaa, bajo los 
nombres de pastores, a sí mismOy a su mujer i a algunos 
escritores amigos suyos. Un estilo puro, descripciones 
brillantes i situaciones Ilenas de interés no indemnizan 
mas que en parte la falta de plan i de sencillez, ni bacen 
desaps^recer lo que este jénero tiene en sí de falso. 

Este libro comenzó la reputacion de Cervdntes. Traba- 
jó en seguida para el teatro tanto por necesidad como por 



314 ELEMENTOS DE LITERATÜRA. 

gnsto, e liízo representar cerca de treinta comedías i una 
trajedia^ mas regnlares i mas morales qne las de ese tiem- 
po, i^ero igualmente complicadas de incidentes romanescog 
o de invenciones fantásticas. Aunque sus píezas dramáti- 
cas son mui poco interesantes, se le puede considerar como 
el mns aventajado de Jos escritores espaOoles que preten- 
dieron reformar ol teatro con la imitacion de las obras clá- 
sicas de la antigüedad o de la Italia moderna. La mayor 
parte de eeas piezas se ha perdído. 

El tcatro no proporcionó a Cervantes recursos que ase- 
pnrasen su existencia, La aparicion de Lopede Vega eclip- 
6Ó su fama casi completAmente. En medio de las angus- 
tias de su situacion, solicitó del rei que se le diese alguna 
ocupacion en América, «refujio i amparo de los desespera- 
do8 de España,» como él mismo decia. Todo lo que pudo 
conseguir fué el cargo de ajente de un comisario de víveres 
de la escuadra en Cadiz i poco déspues el modesto destino 
de cobrador de contribuciones en Andalucía. EI provecho 
que obtiivo en este empleo fué una prision i un proceso por 
la pénlida de algunos fondos acaecida contra toda previ- 
sion. Encargado, mas tarde de percibir las entradas de la 
órden de San Juan ea los puebios de la Mancha, Cerván- 
tes fué todavia víctima de otra violencia. Los deudores se 
flublevaron, siu que la autoridad local quisiese intervenir 
en el negocio; i el cobrador fué puesto en una prision en el 
pueblo de Argamasilla. Allí fué donde eoncibió el plan de 
Don Qufjote, cuya primera parte publicó en Madrii en 
1605. 

Aunque esta obra alcanzó una gran popularidad al poco 
tíempo de publicada, el resto de la vida de Cervántes faé 
BÍempre una scrie no interrumpida de aventuras i de mise* 
rias. El trabajo era talvez el ñnico consuelo de sus males. 
Entónces fué cuando escribió sus Novelas (jemplares, cuen- 
tos cortos, sentimentales los unos, críticos i picarescos los 
otros, que por el bnen plan i por la naturalidad del estilo 
Bon considerados como modelos en su jénero. Miéntras tan- 
to, parece que Cervántes daba por terminada su qbra capi* 
tal, Don Quijote. Habia dejado a su héroe de vuelta en su 
casa despues de sus singulares aventuras; pero en 1614, un 
émnlo suyo, que se cree sea el padre dominicano frai Luis 
de Aliaga, dió aluz con el nombre sapue&to de Avellane- 






HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS MODERNOS. 315 

da, una preteodída coDtinuacioiiy en que abuudaban las 
alusiones injuriosas contra Cerváutes. Deterniinóse entón- 
ces éste a publicar su segunda parte (1615) qua terinina 
coD la sentida muerte de su héroe, digno corouamiento de 
su obra inimitable. Por fin^ poco ántes de su fallecimieutOy 
Cerváutes terminó otra novela, Fersiles i Sijismundaj his- 
toria recargada de aventnras, verdadero dédalo de hechos 
dramáticos, pero mal coordinadosy que solo es digua de su 
nombre por el estilo. Cervántes murió el 23 de abril de 
1616, sin ver publicada esta novela que era la obra de su 
vejez i de su predileccion. 

14. — Si no hubíese escrito el Dan Qwjote, Cervántés 
ocuparia un pue&to distinguldo en la hi^toiia de las letras 
espafíolas; pero esta sola obra le ha dado el alto rango que 
tiene en la historia de la literatura universal. El objeto 
aparente que se propuso Cervántes al escribirla, fué el de 
destruir las novelas de caballerías de que estaba inundada 
la Espafia: él mismo ha declurado de la manera mas ter- 
minante este propósito. Ha imajinado para esto la historia 
de nu hida'gt) que pierde el juicio con la lectura de esa 
clase de libros, i que creyéndose en la época de los paladi- 
nes i de los encautadores, se resuelve >a salir al muudo, 
cubierto con una armadura vieja i mohosa i montado en 
un mal ncin, para correr aventuras, reparar injusticiasy 
socorrer a los oprimidos i defender a las damas. Fuera de 
la caballería, doD Quijote es uu modelo de bueu sentido i 
de razon, nn critico lleno de sal i de finura, un pensador 
aventajado ¡ profundo. Su estravío mental lo aleja, sin 
embargo, de la vida práctica: sus ojos están fijos sobre su 
imajinaria Dulcinea del Tuboso, su mente no piensa mas 
que en jigantes, encantadores i paladines. Del contraste 
completo que existe entre estas ilusiones de su desordenada 
fantasía i la verdad de la vida real, resulta ese conjunto 
armonioso i agradable que nos deleita i encanta. El in« 
menso jigante de cien brazos que ve don Quijcte eu un 
molino de viento; esos innumerables ejércitos venídos de 
oriente i de occidente que están próximos a entrar en 
combate i cuyos jefes cree recouocer, son rebaños de pací- 
ficas ovpja<i; ese castillo de elevadas almena^, rodeado de 
fosos ¡)rofundo9, es una miserable venta; tsa brillaute cas- 
tellana, esa princesa encantada^ es MaritorneS| la mas fea 



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316 ELEHENTOS D£ LITERÁTURA. 

de las sirvientes de una posada; el yelmo de oro de Matii^ 
briuOy quitado por don Quijote en un oombate stngular, 
simplemente uua bacía de barbero. 

Al lado del caballero está Sanchp Panza, el rústico 
coderOy que no participa de las locuras de bu amo, a qQie& 
acompaña montado snbre un asno, pero que se deja gaaar 
poco a poco por sus brillantes promesas. Sancho es la mi^ 
teria^ la personifícacion mas natural de la utilidad desoM- 
nada: todas las cualidades del bombre vulgar se enoueo- 
tran en su carácter. La bondad, la fídelidad| la Henaibilidad 
que posee en cierto grado, hacen escusar su Bensualidad, 
6u glotonería, sn pereza, su egoismo. Estos dos personajea 
se oompletan el uno a1 otro, i se hacen resaltar mutoa- 
mente, de tal mauera qne no se puede concebir a don Qoi- 
jote sin su escadero i al escndero sin su amo^ ásí como 
eada uuo e^tá identificado a su cabalgadura: el caballero a 
Rocinante, Sancho a su rucio. 

Tales son los protagonistas de este drama admirable de 
cien actos diversos. Abierta la escena, las aventuras se sii* 
ceden, siempre nuevaa i siempre cómicas: los golpes i los 
accidentes de todo jénero Iluevensobreel cabali^ro audan» 
te i sobre su escudero, apaleados, manteados, estro{>eados, 
conservan toda su serenidad i discuten sobre la injustieiaHÍ 
los vícios de los hombres. Don Quijote aplica jniciosa» 
mente a las circunstancias algunas májíimas filosóficas,:! 
Sancho responde al pensamiento de su amo con un rosario 
de proverbios. En todas ias situaciones, don Quijote coa- 
serva su caballeresca gravedad; i ciiando se trata de asuntos 
e^trafios a los que han producido su monomaufay desplega 
unjuicio admirable i a veces una elocuencia distinguida. 
Couvertido en gobernador de la ínsula Barataria, Sancho 
reina i juzga como un Salomon dealdea, sin saiir jamásde 
los limites de la mas franca i espontánea naturalidad. 

Alejados como estamos del siglo de Cervántes, nosotros 
no podemos encontrar la clave de las innumerables alusio- 
nes quc debe contener su libro^ i que sin duda fueron je- 
neralraente compreudídas entónces; pero lo que es de todo 
tiempOy i lo que constituyea nuestros ojosel principalmé- 
rito de la novela^ es la perfecta organizacion del plan, es 
lo acabado de los detalles, la riqueza singular dejos inci- 
deutes, la elegancia i la admirable pureza de estiU»^ la ar- 



X 



mSTORIA LITERAüIA. — TIEMPOS ANTIGÜOS. 317 

fi[ioi>ía esquisíta que reanlta del contraste de-Ios paractéres, 
ianto prmcipales como accesorios. Cerváintesy ademas, pin- 
ta con una escrupulosn íidelidad el aspecto del paiV, las 
€06tnmbre8 de los habitantes, la físonomía de las ciudades 
i de los despoblados. 

15. — Hemos visto que el objeto apareate que se propuso 
.Oerváutes al escribir su libro inmortal fué el de destruir 
por el ridículo las novelas de caballerías. Talvez éste fné 
au propósito al emprender la obra; pero unaTez en el tra- 
.bajoy su imajinacion se ensauchó,cobró vueloi se remon^ó 
l^.uu campo mas vasto. En medio de los numerosos inci- 
jdentes que íobrevienen al desveuturadocaballerOjCérván- 
4;es ha sabido introducir sus juicios personales sobre algu- 
uas de las cuestiones mas importantes de la literatura^ de 
la moral i de la política, las reflexiones de todo jénero que 
en el curso de su larga.vida habia formado bu jenio es- 
crutador sobre todas las clases, ^obre todos los vícios, sobre 
todas las ndiculeces de la sociedad de su tiempo. 8i su 
4>bra fuese solo una crítica injeniosa de las uovelas de ca* 
ballerias, aunque hubieseconseguido destruirlaspara siem- 
pre^ estaila hoi olvidada, como tantos libros de circunstan- 
•cias que solo consulta despues uno que otro erudito. fis 
precísQ, pues, que haya en Don Quijote otro mérito, otro 
j>en8amíentOy que asegure la inmortalidad quese tieuecon- 
qnistada. 

No han faltadolas teoriasespeculativas ^obre este punto 
de historialiteraria. Se ha creido reconocer en el libro de 
'Cervántes uu poema inspirado por Ja Eneida o por la Orft- 
-^a, o por otras obras clásicas. E» evidente,8Ín embargo. que 
<Uervántes no ha imitado a nadie, porque los injenios colo- 
sales cuando obran inspirados, no tieneu mas guia que 
8U propio jenio. Las opiniones que sostienen que Cerván- 
tes ha qiierido ridiculizar en sn obra a Cárlos V o al du- 
,<|ue de Lerma, el valido de Felipe III, uo merecen ser 
«xaminadas. Don Quijfite no tiene nada de ese espíritu po- 
lítico, amargo i concentrado que respiran otros libros. No 
ii<»8 detendremos en combatir otra opinion qne supoue que 
Cervántes quiso hacer su propio retrato, refiriendo lae con- 
trariedades de su vida en una forma alegórica i poniendo 
^as ideas eo^ boca de don Quijote. 

Pero IfT críticii filosófica alemana no se ha detenido ea 



r 



318 EIEMEííTOS DE UTEBAXÜRA. 

la impresion íijera i risueña que resulta de Don Quíjotei 
ha querido ver en esta obra otra cosa raas. Bouterwek 
comeuzó atríbuyendo a Cervántes una idea mas alta qnel& 
de querer desacreditar las malus novelas de caballeríai^ 
crejendo que ésta seria soló uua intencion ocaaional i se- 
cundaria. Otro crítico distinguido por bu ciencia i por 0U 
juicioy Sismondiy se ha encargado de desarL'oUar i de dar 
cuerpo al pensamiento insinuado por Bouterwek. «Laio- 
vencíon fundamental de Don Quijote, dice Sismondí, es ^i 
controste eterno del e8[)íritu poético i del espiritu de la pro- 
sa. Laimajinacion, la sensibilidad, todas las cualidaclesje- 
nerosas tienden a la exaltacion de dou Quijote. Los hom- 
bres de una alma elevada se proponen en la vida el eer Iob 
defensores de los débiles, el apoyo de los oprimidos, los 
campeones de la justicia i de lu inocencia. Como don Qni- 
jote, encuentran por todas partes la imájen de la virtoda 
que rinden culto; creeu que el'desinteres, la nobleza, el va* 
lor, que la caballería audante, en fin, reiua aun; i sin cal* 
culav fius fuerzasy se esponeu por servir a los ingratoSi se 
sacrifícan a los reyes i a los principios de uq órden imaji- 
nario. Este sacrifício contínuo del heroisniO| estas ilaFÍones 
de la virtudy son lo que la historia del jénero humano nos 

presenta de mas noble i de mas conmovedor es el tema 

de la alta poesía, que no es otra cosa qne el culto de lo« 

sentimientos desinteresados Se presiente ya por qné al* 

gunas personas han considerado a Don Quyote como el li* 
bro mas triste que se haya escrito jamás; i en efecto, la 
idea fundamental^ la moral del libro, es proíundamente 

triste Cervántes nos pinta en don Quijote un hombre 

cumplídoy i qne siu embargo es objeto constante del ríd(- 

culo Sus empresas masjenerobas no le producen mas 

que palizas i goIpes.]> Esta opinion, desarrollada conma* 
cho injenio, hahecholei durante alguntiempo^ en materia 
de crítica literaria. 

£n estas diferentcs maneras de apreciar aqaella obra 
inmortal, hai mucho de la intelijencia i de las inclinacio- 
nes especiales de cada crítico. Cada lectura es como an iicor 
que se tiñe del color i toma el sabor del vaso en que se 
sirve. I sin embargo, la obrá' dó tJéfvífttefiJJjy^ce no pres- 
tarse a e^saa interpretaciones especulativasToiÍ^^*"^^ ^^ 
malosTIbros de caballerías, el escritor se ha d^^^ arras- 




\ 



HISTOBIA UTERARIA. — ^TIEMPOS MÓDERNOS. 31^ 

trar por bu jenio, lia agrupado las observacioDes qne acer*^ 
ca del mundo le sujeria bu eBperienci»^ i les ha ciado vida, 
por inedíode una accion tan sencilla (omo adniirablemen- 
te Uevada a su desenlace. Es ))recÍ8o, pues, quitar a JJon 
Quijote esemérito del velo i del mie:terro, aun a riesgo de 
disminuir su valor ante algunos ehpiritus. Cervántes ha 
hecho una obra niaestra, de una claridad perfecta, agrfida- 
ble, sensata, sin precedente en la antigüednd^ sin repro- 
duccion en ]os tietupos modernos, sin ahrigary quizá, nin- 
guiio de loü pensamientoa que la crítica especulativa le ha 
atríbiiido. Pensando lincer uii libro de circunstancias, su 
jenio colosal creó un libro para todos los tiempos i |)ara 
todos Io8 hombres. 

16. — Coutemporáneos de Cervántes fueron h>8 mns 
grandes jenios que ha prodncido la poesía espaHoIa. Culti- 
Taron cahí tod<»s ello'* el draina, i apartáudose de los ensa- 
yos de restRuracion clásica intentada a fines del siglo X VI^ 
elevaron rápidamente el teatro nacional a la major aJtura 
H que debia alcanzar eu mau(>s de Lope de Vega. Corao 
sucede 8Íem))rey la )>08teridad ha sid(» injusta con los ante- 
cesores de este poeta, i le ha atribiiido el honor de habor 
trasformado el drama casteliano creaiulo ])iezn8 orijinaJes 
i disi^uestas artísticamente. 8in embargo, eu su tieinpo la 
refonna habia siJo iniciada ))or poctas diamáticos que me* 
receu que se recuerden^sus nombres i sus obras. 

£1 arte dramático debió sus mas notables progrer>os a 
una eBCuela literaria qiie se habia creado eu Valeuciay de 
la cual formaban parte varios injenios justamente admira- 
dos. EI inas famoso de todos fué dou Guillen de Castro / 
(1569-1631), i)oeta fecuudo, que compuso la mayor ])arte 
de 8US piezas, en particnlar aquellas a que debe su cele- 
bridad^ áutes queLo))ede Vega hubiese alcanzado la sobe- 
ranía absoluta en el teatro. Talento eérío i grave, Gastro 
8e ])ropone conmover mas bien que dívertir. De todos los 
eecritores dramáticos espnñoles es el que ha mostrado mas 
respeto por Jas tradiciones de 8u paih. En ellas encontró 
im verdadero cau(hil de inspiraciou que supo esplotar cou 
felicidad. Las moeetíacfea del Gid, su obra maestrs^ está fun- 
dada en los romauces que contienen esas tradicioues. El 
drama está dividido en dos partes: la primera que lia imita- 
do i en parte traducido el célebre trójico fiiiuces Pedro Cor- 

22 




320 ELEMENTOS DE LITERATÜRA. 

ueille^ se desenlaza por el casaniiento del.Cid cod JimeQa; 
la seguuda versa sobre la vida del héroe durante el reíaado 
de don Sancho i el sitio de Zamora. Sqq en realidad doB 
piezas diferentes, enlazadas entre si por la unidad del hé- 
roe: el Cid domina siempre en la escena. £a medio de situa- 
cioues altamente dramáticas que el poeta sabe encadenar, 
el hpnor nacioual se encuentra entero con su valor indo- 
luable, su fé entusiasta, su lealtad incorruptíble. SI senti- 
uiiento dcl patriotismo mas verdadero i mas elevado se 
osteata en toda la pieza ea medio de una coastante lucha 
de afectos contrarios. Corneille mismo, que lo ha copiado 
casi ñelmeute en algunas escenas, ha quedado en ciertos 
detalles mas abajo que el poeta español; pero ha sabido 
en cambio crear un conjunto mas armónico i masgraudio- 
80^ porque el jenio sabe crear aun imitando. 

17. — Las obras dramáticas de don Guillen de Castro 

fueroa afamadas dentro i fuera de España; pero la fecna- 

didad inagotable de Lppe de Ve^a vino a eclipsar con su 

reputacion inmensa la de todos sus aotecesores. Nació Lo- 

pe Félix de Vega Carpio en Madrid, el año 1562. A U 

edad de ciaco aQos, dicen sus biógrafos i él mismo lo indica, 

componia versos que hacia eacribir por otros. En su cindad 

natal hizo sus estudios de gramática i de retório^; pero a 

la edad de catorce años, su espíritu inquieto lo indujo a 

fugarse de la casa paterna para correr el mundo. Despues 

de haber tomado parte en una espedicion a la isla Tercera 

(una de las Azores), cursó la tílosofia en la famosa uuiver- 

Bidad de Alcalá^ por instancias del obíspo de Avila que se 

habia constituido eu su protector. Sus estudios clásicoSy 

6ia embargo, no fueroa auuca couipletos, como se deja ver 

ea sus obras. El resto de su juventud fué un tejido de 

aventuras estraordinarias, alguaas de las. cuales fueron 

dos procesos que se le siguieron por asuntos orijinados de 

los lances amorosos. A consecuencia de un duelo en qoe 

liirió a su adversario, sufrió un destierro a Valencia. Sea 

por patríotismo o por pobreza, Lope de Vega se alistó 

como soldado en la armada invencible, dispuenta por Feli- 

pe II contra luglaterra, i sirvió raas tarde como secretario 

de algunos grandes señores espaftoles. Viudo dos veces, 

abrazó la carrera esclesiástica, sia reounciar a la poeüía, i 

8¡n someterse a !a clausura conventual. Lope de Vega 



HISTORIA LITERARIA. — ^TIEMPOS MODERNOS. 321 

compudo mas de dos tercioR de sns obras dramátícas des- 
pües de haber recibído las órdenes sacerdotales. Parece, sin 
'embar^o, que el exceso de devocion abrevió sas dias: mu- 
ri6 en Madrid ea 1635, a la edad de seteDta i tres años. 

Jamas poeta algnno gozó durante su vida de mayores 
consideraciones. Dante, el Tasso, Camoens, Cervántes, vi- 
vieron i murieron oscuramente o tuvieron que soportar uní» 
vida llena de desgracias. Lope de Vega fué admirado por 
8US contemporáneos, i obtuvo por sus obras grandes Rumás 
de dinero que repartia jenerosamente. Cervántes lo llamaba 
injenio món^truo de uaturalezá; cuando Lope pasaba por la 
calle, la muchedumbre^se eatrechaba a sn alrededor; el rei 
mismo hacia parar eu coche para mirarlo, i los niños lo se- 
gnian en medio degritos de entusiusta alegrfa. El nombre 
áefénix de los injenios, con que es conocido todavía, reso- 
naba sin cesar en sus oidos. El papa Urbano VIII le envió 
la cruz de Malta con los títulos de doctor en teolojfa i de 
fiscal apostólico. En fín, el dia de su muerte, sus funerales 
fueron celebrados con una pompa real. Nueve obispos 
'oBciaron durante nueve dias por el reposo de su alma; i el 
teatro no se dejó sobrepasar por la iglesia. 

La historia literaria no recuerda una fecundidad mas 
prodijiosa. Se dice que compuso mil ochocientas comedías 
profanas, i cuatrocientas relijiosas. A éstas hai que agre- 
gar las numerosas obraa de otro jénero, poemas épicos i 
poesias Ifricas, con las cuales se hacen subir sus escrjtos a 
la enorrae cifra de veintiun millones de versos. Se ha cal- 
culado que ha debido escribir durante toda su vida, incln- 
sa la niüez, el tiempo de sus viajes i de sus correrías 
militares, novecientos versos por dia. Un erudito bibliógra- 
fo español contemporáneo, don Cayetano de la Barrera, ha 
xeducido considerablemente estas cifras, manifestando con 
citacioues del mismo Lope, que ya en tiempo de éste era 
comun el atribuirle obras que nunca habia visto; pero no 
por eso la fecundidad de este escritor deja de ser un pro- 
dijio portentoso. EI raismo ha dicho que muchas de sus 
piezas no le costaron mas de un dia de trabajo (1). - 

(1) Así lo dice en au égloga a Claudio páj. 431 del tomo XXXVIII 
de la BiblioUca de Atitores Españolcs de Rivadeneyra) 

«Pues mae de ciento en horas veinticuatro 
Pasaron de las musas al teatit» 



322 ELEMENTOS DE LITEKATURA. 

Lope de Vega pretendió a la uoiversalídad en todoa \om 
jéneros poéticoé; pero no solo ea el teatro faé verdadera- 
mente creador. En los demas se contentó con imitar; i no 
siempre fné feüz. Compuso como el Tasso una Jermalett 
cónquistada^ para contar la espedicion de Ricardo Corazon 
dé Leon a la Palestinay poema que está mui léjos del 
orijinal. La hermosura de AnjéHéa^ con que quiso contí- 
nuar el Orlando furioso de Áriosto no se acerca siqniera 
al modelo. Sus otras epopeyas, sin contnr en este número 
los poemas de un CBrácter relijioso^ son la Corona trájica^ 
o historia poética de. los iiifortunios de María Stuardo; la 
GrcBj ampliacion no mnifelizde unepisodio de la Odisea^ 
i la Dragmtea en que celebra 1a muerte del marino*ingle» 
Francisco Drake, a quien maldice con gran enerjía, Ila- 
mándolo aborto del infieruo. Si en estas obras Lope no füé- 
afortunado^ cultivó en cambio la sátira, la epistola, la 
égloga, la letrilla burlesca, la cancion tierna, el soneto i 
el romance coo rara felicidad. En esta rápida e incompleta 
enumeracion, debemos recordar un ensayo de poema di- 
dáctico titulado Arte nuevo de hacer oomedias; una nove»^ 
la pastoral en verso; la Gatomaquia^ poema burlesco de 
gran mérito, cuyos héroes son los gatos, i dos novelas eD 
prosa. 

Pero para apreciar la grandeza del jenio de Lope de 
Vega es preciso estudiar sus dramas. El ha creado la^ dos 
grandes clases de piezas del teatro espaQol, las comediaa 
divinas i las comedias humanas. Las primeras versan so- 
bre la vida de algun santo, o son simples ficciones alegóri» 
cas cuyos personajes eran la muerte, el pecado, el maho» 
metismo, el judaismo, la caridad, la justicia, etc^ por medio 
de los cuales el poeta esplicaba uno de los dogmas de la 
relijion o un principio de la moral cristiana. Estas piezas,. 
que estuvieron mui en boga en Espafia, i que eran repre- 
sentadas en ciertos dias de gran solemnidad relijiosa, mjk 
conocidas con el nombre de autos sacramentaUs. Las come- 
dias humanas eran tambien de dos clases; las nnas heróicas^ 
cuyos personajes i cuya accion son tomados de la historía; 
las otras de aventuras inventadas a imitacion de la vida 
real i ordinaria. Estas ñltimas, que los españoles han ele- 
vado a cierto grado de perfeccion, se conocen cou el nombre 
de comedias de cipa i espada, por los lances que abundani 



HISTORIA LITERARIA,— TIEMPOS MODERNOS. 323 

<n ellas. En estaclase es tambien en 1a qae mas ba desco- 
llado Lope de Vega; pero na tratado con raro talento la 
historia^ las tradiciones relijiosas^ los personajes alegó- 
ricos, las comedias de costumbre, de intriga, i de ca- 
rácter. 

La trama de sus piezas es ordtnariamente mui compli- 
-cada; las intrigas se cruzan en todos sentidos, los inciden- 
tes se suceden i el desenlace sorpfende a tndo el mundo. 
En sus comedias de capa t espada hai ciertos caractéres 
<|ue reaparecen siehiprepintadoscon una íideiidad singular, 
el veJQte, el galan, la dama, la vieja, el criado i el gracioso. 
Aparte de estos personajes que se repiten en casi todas las 
' piezas con caractéres casi idénticos, Lope se cuida poco de 
<ie los otros accesorios. Una vez concebida la idea primera, 
agrupaba descuidadamente las escenas burlesoas t las sen- 
timeutales, proseguia su intriga hasta el fin, reuniendo 
todos los incidentes que se le venian a la imajínacion; í 
«nando creia que la pieza iba a salir mui larga, cortaba 
bruscamente los nudos que habia formado i ca^abaa todas 
las parejas de amantes que tenia entre las manos. En ver- 
dad, no podia exijirse mas a un hombre que en veinticua- 
■tro horas debia iuventar el asnuto dé sus piezas, crear los 
personajes i versificar sus diálogos. Por otra parte, e! pá- 
olico no buscabaen el teatro mas que loscontrastes cómicos, 
las escenas burlescas i los episodios conmovedores: poco 
le importaba que las leyes dei gusto fuesen violadas a cada 
paso, que los preceptos referentes a las unidades fuesen 
titropellados de una manera chocante. Lope de Vesra cono- 
<^ia esto mismo, i por eso se cuidaba principalmente de 
•agradar a los espectadores sin acordarse de las reglas lite- 
rarias (1). De está mauera, compuso escenas admirubles, 

(1) En 8U Arte nuevo dc hacer eonudias (páj. 230 del tomo XXXVIII 
nle la Biblioteca de AtUores Espahules) se encuentran estos versos: 

€l cuondo he de escríbir una c<)media» 
Encierro los preceptos con cien Uaves; 
Saco a Terencio i Plauto de mi estudio 
Para que no me den voces , 

I escríbo por el arte que inventaron 
Los que el vulgar aplauso pretendieron; 
Porque, como las paga el vulgo, es justo 
Hablarle en necio para darle gusto.» 



324 ELEMENTOS DE LITERATVKA. 

fiero piezas imperfectas i descQÍdadas en qae se descobre 
a precipitacioD^ i por decirlo así^ la improvisacic^. Si bat 
alguQ hc^nbre de quien se pueda decir qne es superior a 
8US obras, ese es Lope de Vega. Eq efecto^ dotado de ua 
taleuto creador de primerórdeD, fijólaformadel dramaes* 
pañol, ejerció sobre la literatura de su patria uua ioflueDcia 
inmeDsay i compuso obras numerosas que revelan su inje- 
nio; pero ninguna puede ser citada como raodelo. Lópe cul- 
tivó todos los jéneros dramáticos, el cómico i el sério, pero 
en ámbos ha sido sobrepujado por algunos de sus compa- 
triotas. Cualesquiera que sean sus defectos^ la crítica 
reconoce en este fecundo poeta al inicíador de una revola* 
cion literaria que otros consumaron felizraente. üno de sus 
mas juiciosos biógrafos, Lord Hollaud^ ha dicho con mu- 
cha razon: «Si Lope de Vega no hubiese escrito, quízá no 
habrian existido jamas las obras maestras de Corneiile i 
de Moliére; i sinosotros no conociésemos lasobrasdeéstos, 
Lope pasaria aun por uno de los mas grandes autoresdra* 
niáticos de Earopa.2> 

17. — El fénix de los injenios, como se llama todavia a 
Lope de Vega^ fué el modelo de sus contemporáneos i de 
sus sucesores. Sus imitadores^ sin embargo, que no tenian 
8U jénioy exajeraron sus defectos copiando sus procedimien* 
tos. Pero en el tiempo en que la Espaüa perdia su inflnen* 
cia política^ iluminaba todavia al mundo con los últimos 
rayos de su gloria literaria bajo ia proteccion de nn rei 
apasionado por el tcatro, Felipe IV, poeta dramático él 
pismo, se^nn una tradicion jeneralmente aceptada. Otros 
injenios vmieron a desarrollar el teatro español comple* 
tando la obra de Lope de Yega. EI mas notable de todos, 
«ino por otros méritos, a lo ménos por la fecandidad, es 
don f edro Calderon de la j jja^. 

Nacído en Madrid en I6OO9 Calderon hizo buenoa estn- 
dios literarios^ i desde mui temprano di6 muestras de sus 
talentos poéticos. Sin embargo, se enroló en el ejército co- 
mo simple soldado e hizo algunas campaQas en los Paises 
Bajos i en Italia, que le.permitieron conocer el mundo. Fe- 
lípe ly oyó habíar de sus talentos como autor dramátioo 
i lo llamó a Madrid en 1636, para ofrecerle los medios de 
representar sus píezas. Desde luego alcanzó una gran po- 
pularidad junto con la proteccion decidida del monarca. 



mSTORIA UTERABIA. — ^TIEíiPOS MODERNOS. 325 

Hizo todavia Qaa noeva caropaQa ea Cataluüa para sofo- 
car la insurreccioD que habia estallado allí; pero su princi* 
pal ocnpacion fué la poesía dramática que enriqueció con- 
siderablemente. Calderon tenia casi la tecundidad de Lope 
de Vega. Se cuentan entre sus obras 427 comediaSy 95 
autos sacramentales i mnchas otras poesías no dialogadas. 
A la edad de cincuenta i un años recibíó las órdenes sacer- 
dotaies^ i desde entónccs se contrajo especialmente a es- 
cribir sns actos sacramentales i otras poefias relijiosas. 
Murió en 1681, en cl pleno uso de sn intelijencia, traba- 
jando basta el último dia de su vida i gozando de los 
aplansos a que lo hicieron acreedor sus obras. 

Calderon no intentó grandes mudanzas en punto a las 
formas dramáticas. No creó un nuevo jéuero dramático^ ni 
modificp en cosa alguna importante las formaa ya consa- 
gradas por Lope de Vegn; en cambio manifestó mas cono- 
cimiento en la combinacion de los incidentes i en la dispo* 
sicion del plan. Dió a todo un nuevo colorido^ i bien puede 
decirse que basta una fisonomia enteramente uueva. Sa 
drama es mas ideal i con tendencias mas poéticas, i por 
consiguiente ménos real i positivo qne el de su predecesor. 
Las mismas situaciones i los mismos caractéres reaparecen 
con frecuencia; pero su jénio fértil ha sabido encontrar 
una admirable complicacion de intriga en medio de estoA 
resortes unifurmes. Los encautos de una versitícacion siem- 
pre elegante i fácil, aunque afeada a veces por el cultera- 
nismo, de que hablaremos mas adelante, arrojan un velo 
sobre los defectos de sus composiciones. Sus piezas relijio- 
sas fueron las mas admiradas por los contemporáneos de 
Calderon; hoi su gloria descansa sobre todo en las comedias 
de capa i espada^ tejidos de aventuras recargados quizá^ 
pero concebidos con talento i desenvueltos cou grande ha- 
bilidad. Algunos críticos han exajerado sin embargo la 
importancia literaria de Calderon: Guillermo Schlegel ha 
Jlegado a asignarle cl primer lugar entre los dramáticos 
modernos. £n esta opinion del famoso profesor aleman, 
desarrollada por él con bastante estension, debe notarse 
sobre todo nna parte considerable del espíritu de secta: 
Schlegel veia en Cnlderon al iniciador del romanticismo 
moderno^ i por eso no ha vacilado eu darle un puesto que 
en reaiidad no le corresponde. 



326 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

18.— Al lado de estos dos orrandes nstros de la escena 
española, brillaron rnuchos otroK injenioH, cosi tolos ellos 
ménoa fecundos qiie Lope i CaMeron, j>eroefitre loa cuales 
hai alsrunos qne perfeccionaron el artedram&tico mediaote 
tin estudio mas d(^enido de lo8 enractéres i de la accioD. 
Hablaremos solo de cuatro de ellos, que son sia disputa 
los mas uotables. 

TirgQ de Molinay cuyo verdadero nombre es Gabriel Té- 
llez (1570-1648), fué un poeta mui fecundo, natural de 
Madrid. Despues de haber hecho buénos estudios clásicos, 
i haber llevado una juventud ajitada, se hizo fraile nierce- 
nario i alc.iuzó a ocupar algunos puestos elevados en «ii 
órden. Fué predicadorj teólogo. e h¡8t<u-¡ador, escribió nu- 
mero'^as poesías de varios jéne»*08 i cerca de trestientas 
c«)medias. De éstas, qne eu pu mayor parte fueron com- 
puestas intes que Tirso de Molina ae hiciese sacerdote, 
solo no8 quedau setenta i siete que bastau nam darlo a 
con(»cer. Sus piezas hiétóricas i relijiosas no tienen impor- 
tancia; la verdadera orijinalidad de este pneta está en sus 
comedias de intriga i eu sus comedias de carácter, pudíendo 
considerarse el oreador de las últimnsentre los espaílole«. 
Sua argumentos se asemejan casi todos;la invcncjon noexis- 
te inas que en los detalles en loscuales Tirso agrupahábil- 
mente los mas variados incidentes», sin acordafse muchas 
veces de la decencia. Lo que lo dibtingue sol)re todode sns. 
predecesores es la picaute vivaridad, los rasgos maliciosos, 
jla incomparable jovialidad de sus burlas,, concebidas caai 
siempre en el e>ti¡o mas natural i mas verdadero. A él se 
debe la creacion del í\\)0 de Don Juan^ el libertino audaz 
i eacrílego, que ha servido mas tarde para la formacion de 
muchoB dramas i poemas. Tirso lo tomó de la«* tradiciones 
popnlares de Sevilla, i le dió vida en nna de sus Cíunedias 
mas aplaudidas, pero que sín embargo no ea la njejor de 
fius obrns. 

Don Jiian Ruiz de Alárcon nació eu Ta^co, pueblo mi- 
nero de Méjíco, pór los afioa Í580. Despuesde haber hecho 
«iis estudii 8 eu América ¡ en Salamancn, hasta obtener el 
título de licenciado en leyes, llevó la vida de pretendiente 
en busca de algun destino. Reaidió en SevíUa i en Madrid, 
i como no viem realizadas sus pretensiones, se dedicó a la 
poesía i al teatro, i compuso muchas comediaa de carácter, 



HISTORIA LITERARIA. — ^TIEMPOS MODERXOS- 327 

velnte de las caales se coD»ervan i gozan de una justa 
estimacioD. Su' énio violento, su nacimiento aniericano i 
hasta sne defectoe físicos, pues era jorobado. le atrajeron 
las burlas i las sátiras de algnnos poe.tas contemporáneos. 
Al fin obtuvo el empleo de relator del consejo d^ Indias, 
que desempeQó htista su muerte, ocurrida en 1639. Los- 
dramas de Alarcon suponen un estudio notahle de las 
pasíones i de los resortes teatrales; pero «a orijinalidad se 
manifíesta sobre todo en sus comedias, i consiste precisa-^ 
onente en la intencion Klosófica. El ha elevado este jénero 
literario de la pintnra enclusiva de las costumbres a la 
pintura de los caratítéres. Para esto, rentmció resueltamen- 
te a^ ÍDteres de* la intriga <]ue exijia el público español 
como primera necesidad de iina obra dramática, paira ele- 
varse hasta los tipos jenerales de la hnmanidad. Moralista 
en medio de horahres que tenian imajinacion sobre todo, 
pretende correjir cnando sus contemporáneos querian solo 
agradar. Alarcon niiraha en tan poco la aprobacion que 
podia dispensarle el vulgo qne, en una é|>oca en que co-* 
menzaba la cormpoion del gusto, se mantuvo fiel a los 
grandes escritores del siglo XVI, i escapó casi enteramen- 
te al contajio del culteranismo, entónces jeneral. Estas cir- 
cunstancias esplican en parte el poco aprecío que se hizo 
de sus comedias, i el desden con que lo miraban sns émulos. 
£n efecto, la sencillez, la claridud, la fHireza del estilo de 
AIarcon,.hacen olvidar qna han pasado dos siglos sobre 
fus obras. 

nnn 'Ajarpififín MfiTjetQ fué natural de Madrid (1618 — 

1669). De sa vida casi no s^ tienen otras noticias que las. 
de haber abra^ado el estado sacerdotai i haber pasado sus 
últimos años en la mayor ansteridad. Aunque los dramas 
historicos de Moreto sean concebidos con talento i escritos 
con vigor, no se debe bn^icar en ellos el jenio particular de 
este autor. Se le encontrará sí en las comedias en que se 
propuso desarrollar un cai^ácter párticnlar. Toiaaba a veces 
la acoion de algnna pieza olvidada o descouocida de sus 
prelecesores; pero la habia orijinal en sus manos, porque 
poseia en alto grado el arte de la composicion. Sus iotrigas, 
ménos compHcadas que las de Calderon i Lope, se anudan 
i desenlazan mas naturalmente. Su estilo por otra parte, 
«a mas sencillo, i en jeneral mas adaptado a la comedia^ 



828 £LEM£KTOS D£ LIT£ItATUBA. 

Todas estas circunstancias han becho que esas piezas, ai|n* 
que no las mas orijinalci'y sean las mas acabadas del teatro» 
español. aMe parece, dice Yiardot, qne si se abriese qi» 
coDCurso entre todos los teatros de Europa i fuese necesa- 
rio representar el de EspaOa por una sola pieza, do se po* 
dria elejir nada mejor, entrelas innumerables riquezas qne 
poseCy que la comedía de Moreto titulada El desden eon eS 
desdeUf de que Moliére ha hecho una imitacion descolo* 
rida.]> 

Si El desden con d desden de Moreto es la mejor come» 
dia espafiola, el mejor drama, en la aceptacion especial de* 
esta palabra, es García del Castafíar de '^ff n FrftPfi^^^*^ 
de Rojas Zorrilla. De la vida de este poeta se sabe solo- 
que nació en Toledo ^n 1607, que vivió ordinariamente ea 
la corte, que fué caballero de la órden de Santiago i que- 
escribió muchas obras dramáticas, de las cuales uo toda» 
se conservan. Sus autos sacramentales, que son numerosos^ 
casi no son leidos en nuestro tiempo sino por algunos cu- 
riosos eruditos. Hai piezas sujas quo son de una estrava- 
gancia i de una afectacion singularett. Mas tarde se corri- 
jió de estos defectos de juventud; i cuando la reiIexioA 
concentró las riquezas de su injenio, en vez de perderla» 
en trabajoB medio improvisados, como algunos de sus pre*. 
decesores, se contrajo a formar obras maestras. Algunas de 
sus comedias de costumbres son justamente estimadas; pe* 
ro es en el drama propiamente dicho, en el retrato de las- 
pasiones fuertes i vigorosas i de los caractéres élevados^ 
donde Rojas desplega todos los recursos de su jenio. 

Pero, cualquiera que sea el mérito de todos estos poetas^ 
es preciso reconocer que el teatro espafiolno ha pintado* 
mas que a los espafioles. De alli nace su grande impor» 
tancia bajo el punto de vista histórico. Revela lc s sentU 
mientos maslntimos de la nacion, la galanteria caballeres-^ 
ca^ el espíritu relijioso, el buen humor; pero carece de eea 
jeneralidad en la pintura de los caractéres, que coostituye 
el primer mérito del teatro frances. Al lado de estos defec» 
tos, ofrece eminentes cualidades, el interes, la invencioi^ 
dramática en el tejido de ]a fábulai i por fín la pasioD. £1 
drama espafiol, ademas, aspira siempre a la grandiosidad,, 
i algunas veces exajera; pero jamas idealiza el crimen^ 
como se ha pretendido hacerlo despues en otros países; k 



HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS MODERNOS. 329 

si'dejaatras 1a Dataralídad, no pretende dorar lo que es 
ininando. Los poetas dramátícog de Esparia, por inclina- 
cion nataraly se prnponen pintar los grandes sentiipientos, 
los grandes sacrifícios por un interes de amor, de familía, 
de patria: el honor es el alma del teatro i el Cid su sím- 
bolo inmortal • Aan la pintura de preocapaciones falsas í 
hasta peligrosas, tiene por escusa el ser I^ preocupaciones 
de an siglo^ que, despaes de todo, no era mas que la exa- 
jeracion de un ideal moral, respetable cn principio. En fin, 
el arte del diálogo fné elevado por esos poetas a un alto 
grado de perfeccion. Son ellos los que han en&eñado ese 
aiie a los (j^randes autores dramáticos franceses del siglo 
de Luis XIV. 

19.— Esta éra de prosperidad de la poesía dram^tica, fué 
como debe suponerse, contemporánea de un gran desarro- 
llo de lofl otros jéneros literarios. La poesía lirica, sobre 
todo, tnvo todavía mayor ndmero de adeptos que en el si- 
glo anterior. Los romances populares de esta época son 
tambien mui numerosos; i abrazaron todos los asuntos que 
trataban los antiguos poetas. Muchos de los mas ilustres 
poetas de los siglos XVI i XVII, Lope de Vega, Cerván- 
tes, etc.| reMcieron los antiguos romances, dando a su 
lenguaje formas mas uuevas i mas estudiadas; pero la na- 
tnralidad de este jénero de coraposicipnes desapareció tam- 
bien en parte. 

EI mas grande de los poetas lirioos españoles de es- 
te siglo, i uno de los mas notables que haya producido la 
España, es don Francisco de Rioja. Nacido en SeviIIa por 
los afios de 1600, Bioja abrazó el estado eclesiástico, de- 
sempeñó las temibles funcíoncs de miembro del tribunal 
de la inquisicion en Madrid, i obtuvo la proteccion del fa- 
moso conde-duque de Olivares, a qnien sirnó como biblio- 
tecarití. La desgracia de su protector le acarreó algunas 
perse^uciones, despnes de las cuales se asiló en un conven- 
to de sn ciudad natal, donde murió en 1658. Hombre de 
una vasta ilustracion, Bioja la empleó, no en revestir sus 
versos de formas eruditas, sino en darles toda la perfec- 
cion apetecible'en los detalles, i en hacerlas sencillas i 
pnras. Solo se conservan algunas de sus obras; pero por su 
elegancia i por sn buen gusto, eon consideradas en Espafia 
como el mejor modelo que pueda ser presentado a las me- 



330 ELEMENTOS , DE LITERATÜRA. 

ditaciones de 1a juventud. Respíran todas ellasua sentU 
miento de filosofia melaucólioa qne sabe contenerbe en sua 
justoé límited. Aparte de alganas piezae cortas, recomen- 
dables por la armonía i el buen gusto, son notables su 
JEpístola moral a Fabio^ por lá elevacion de loe pensamien- 
tos, la Bolidez de las máximas i el vigor de la inspiracion; 
i 8U cancion a *Las ru^naa de Itálica^ inspirada por el re- 
cuerdo de la grandeza roraana i considerada como el trozo 
mas acabado de todo el parnaso espaHoI (1)* 

Inferiores a éste, pero tambien mui eelebrados, son los 
doa herraanos Arjensoltf, jemelos no por el nacimiento, ni 
porla posicion que ocuparon, pero sí por el carácter, el ta- 
lento, Ía instruccion i el estilo. Lúpercio i Ba rtolP-Plé_Leo* 
nardo de Arjensola (2) nacieron en Barbastro, en el Ara- 
gon, eí priméro'eli 1565 i el segundo en 1566. EI mayor 
siguió la carrera de los erapleos en España i en Nápoles, 
fué cronista de la corona de Aragon, con cuyo motivo 
compuso, una obra histórica mui apreciable por las noticias 
que contiene; murió en 1613. El segundo, Bartolomé, fué 
sacerdote, escribió tambien una historia de la conquistade 
las islas Molucas por los espafiole.-, i murióen 1631. En lo» 
momentos en que lalit^raturaespañola marchaba a su de- 
cadcncia por el influjo del culteranismo, los hermauos 
Arjcnsola desempeñaron el papel de moderadores, i sin 
producir obras maestras, mantuvieron el gusto cuando co- 
menzaba a perderse. <iSin intentar disminuir la justa estí- 
raacion que se debe a los Arjensola, dice Quintana, nos 
parece que su fama es mucho mayor que su mérito; i quo 
si la lengua española les debe mucho por e1 e^ero í la 
propiedad con que la escribian, la poesía no tanto, donde 
su repntacion está al parecer mas afianzada en los vicios 
qne les faltan que en'las virtudes que poseen.^g» 

iy) Algonos ci^tioos mpdemos sostienen que solo por error de los com- 
piladorea de poesías espaftolas del siglo pasado se nan atribuido a don 
Francisco de Kioja algunas piezas que no son suyas» i entre otras la can- 
cion a Las ruiiias de Itálieay que seria escrita por Rodrigo Caro, ecle- 
siástico i poeta que vivia en la primera mitad del siglo XVII. No pare<« 
poBÍble todavía dar un faUo defínitivo sobre esta cnestion. 

(2) El apellido de estos doa poetas era Leonardo de Arjensola. Su padrct 
Juan LeonardOf era un italiano de Kavena, i su madre^una seftora ara- 
gonesa, Uamada Alfousa de Arjensola. En la literatura espaSola son co- 
nocidos principalmQnte con el apellido matemo. 



HISTORIA. IIITERAIIIA,— TIEMMS MODERNOS. 331 

20. — Al lado de estos poetas íigura uno de los jéníos 
roas sÍDguIares de la literatura espaüola, cuyo nombre es 
popular en todas partes donde se habla la lengua castella- 
na, i cnyas obras abrazan casi todos los jéneros literarios. 
HablamoH de don Francipco de Quevedo i Villeffas. Na* 
cido en Madrid en 1580, era por sus conocimíentos filo- 
lójicos, jurídicos i leolójicos, un verdadero sabio al salir 
de la universidad de Alcalá. Su vida entera fué un tejido 
de las roas eslraOas aventuras. En la noche deljnéves 
santo (1600), se hallaba en unaiglesia cuando un caballe- 
ro desconocido se acerca a una seüora i le da una bofetada. 
Quevedo se hace el defensor de la dama ultrajada, provo- 
ca al agresor a nn duelo, i le deja muerto en el pórtico de 
la iglesia. Obligado a huir de las persecuciones de la jus- 
ticia, Quevedo pasó a Sicilia para buscar un asilo al lado del 
virei duque de Osuna, que era su protector, Como ajente de 
éste, desempeüó diversas comisiones diplomátioas en Ita« 
lia. De vuelta a España, arrastrado en ía desgracia de su 
protector, a quien se acusaba nada ménos que de baber 
intentado hacer independiente el reino de Nápoles, su- 
frió tres años de prision (1620 — 1623). Llamado nne- 
vamente a la corte, i nombrado secretario del rei, se le 
acusó en breve de ser autor de una i^átira sangrienta con- 
tra el conde-duque de Olivares, i de nuevo tué sometido 
a una dura prision (1639) en que pasó otros cuatros años. 
Al fin, despues de muchas aventuras en la corte^ en que 
tnvieron parte las asechanzas que le tendian a.lguna8 da- 
ma9 principales para vengarse de su mordacidad contra 
las mujeres, murió en 1645» dejando en la historia de las 
letras españolas uno de los nombres mas ilustres que ellas 
recnerden. 

Quevedo se ejercitó etí casi todos los jéneros, desde la 
letrilla hasta la comedia; desde los escritos mas sérios de 
moral i de relijion hasta la pátira mas hiriente i mas gro- 
teóca. Sn obras sérias, entre las cuales se distinguen la 
yida de San Pabloy la Vida de Maroo Bruto i la Polttica 
de Pios, son notables por la union de la mas pura moral i 
de los mas elevados pensamientos políticos, pero cuyo esti- 
lo está con frecuencia empañado por los diversos jéneros 
de afectacion que caracterizan a todos los eacritores espn-- 
ñoles de esta época en materias de fílosofia i de política. 



332 ELÉMENTOS DE LITERAtURA. 

£h el jénéro Batírioo' i con rrecueiicia burlesco, descuellan 
El suefto de las calavei'aa^ El al^uacil alguaóHado^ Ldis 
zahurdas de Pbiton, pnblicado primero con el título dte 
Elsueño del infiemo^ i las Cartaa dec cabaltero de la tena' 
za i La culta latiniparla buria injeniosa del culteranisalt) 
o gongorismo. Es famosa igualmente El gran tacaño b 
Historia del buscony novela del jénero picareáco* En \m 
obras de esta segnnda clase es donde se debe buscar el ver- 
dadero jénio de Quevedo. Allí se eucuentran esos rasgt^ 
espiritualeS) esas alusiones picantes, esas metáforas felicfe^ 

- esas vivas imájenes que han enriquecido la lengua espai> 
fiola con una multitud de próverbios familiares. Por ell^ 
es uno de los escritores mas populares de su patria, dond^ 
es conocido i designado como el padre de la risa, el tesort» 
de lós chistes^ el maestro de la agudeza ide la jocostdad. 
Desgraciadamente^ estremado en todo, Quevedo no sabe 
guardar en la eleccion de sus burlas la mesura del baeii 
gusto, de la decencia, ni aun la claridad en la eleccíon de 
Bus espresiones. Su sátira, aunque demasiado violenta caá 
de ordinario, deja ver, sin embargo^ una alma jenorosai 
atrevida que condena los vicios de su tiempo siu pensiSkr 
en los sinsabores que esa crítica hade acarrearle. 

Las obras poéticas de Quevedo fueron ignalmente nnmé- 
rosas; i es probable qtie las que conoceniüs, que casi en su 
totalidad solo vieron la luz páblica despues de su muerté, 
solo sean una parte reducida de las que compuso. Desde 

' luego, sus comedias han desaparecido casi del todo. Las 
demas poesías, asi como sus obras en prosa, son de dos 
jéneros dífereutes: sérias las uuas, destinadas a asuntos 
morales o fílósófícos; lijeras, burlonas i satíricas las otras. 
En ambos jéneros domina unestilo análogo aldesusobrás 
en prosa. Aíectado icasi oscuro en la poesíaséria, Quevedo 
revela en el jéuero burlesco una sal cómica, viva, aunqde 
a veces grqsera; de ordinario una amargura digna de Jave- 
nal i uu injenio prodijioso para agrupar equívoc(»8, retrué- 
canos i alusiones de toda especicy en ocasioues iniutelijibles 
para nosotros. Sus sonetos burlescos, imitados del italiano, 
son los mejores que se lian escrito en lengua castellana» 
Sué romances, sus quintiUas, sus canciones, son a veces 

'inimítables por la gracia i por el buen humor. Pero en to- 
das estas composisiones, Quevedo no ha querido cbutenerlre 



HISTORIA LITERABIA. — TIEMPOS MODERNOS. 333 

«iexDpre en los límiteB de 1a naturalídad i del buen gusto, 
i írecuentemeQte ha Uevado la caricatura hasta el exceso. 
£u prueba de ello podriamos citar el fragmento de un poe« 
tiia burlesco. sobre el asunto de los amores de Orlando^ 
^crito a la manera de Berni, pero tan recargado de estra- 
▼agancia que la imitacion ha perdido toda la delicadeza i 
fcaen sabor del orijitial. 

21. — Este inagotable arsenal de bnrlas fué puesto algu- 
tias veces al servicio de uua buena causa. Quevedo quiso 
^l«sterrar de la poesía españoln una pedante afectacioo/ o 
«oais bien una estraordinaria estravugahcia de formas que 
«en 6U tiempo estaba mui en boga; i en efecto la ceneuró 
^a amargura, pero sin conseguir el resultado que se pro« 
ponia. El gnsto literario pasaba entónces en fispaña por 
uoa revolucion semejante a la qiie Marini habia prodncido 
-en Italia; i todos los esfuerzos de injénios poderosos fueron 
impotcntes para contenerlo en sus estravios. 

Se atribuye esta perversion del gusto en España a nn 
poeta de verdadero taleuto, don Luis de G óngor^ (1561- 
1628). Nacido en Córdoba^ Cjóngora hizo buenoa estudioa 
literarios i abrazó la carrera eclesiádtica para librarse de 
la raiseria. Sus primeras obras poéticas, que consisten en 
«onetos, canciones i roinances, sou notables por la natura- 
4idad i por la gracia, i lo cojocan en la categoría de los 
mejores ]>oetas líricos de España. Pero disgustado del po- 
co aprecio que suR cnntemporáneos hacian de sus obras, 
'Góngora concibió la idea de crear paVa la poesía séria un 
e.sú\o mas elevado^ que denominó estilo cuito. <iQiiiso, dice 
Lope de Vega, enriquecer el arte i aun la lengua con tales 
-exornaciones i íiguraSy cuales nunca fueron iiuajinadas, ni 
hasta su tiempo vi4as.]> Con este propósito, i mediante 
4odo el trabajo imnjínable, formó un lenguaje particular i 
Ileno de estravagancias, que desafiaba todas las reglas re* 
•cibidas por la lengua española en prosa i verso. Se esforzó 
-sobre todo en introducir en esta iiueva lengua las inversio- 
«es i las construcciones del griego i del latiiiy i en apartar 
Ío8 sustantivos de las palabras que lus modifícan mas inme- 
díatamente. Para conseguir este resultado, le fué tambien 
necefario inventar una nueva manera de puntuar^ sin la 
4;ual no se habria podido adivinar jamas el sentido de sus 
wrsi09y los cuales a pesar de este recurso^ son de una oscu- 



334 ELEMENTüS DE UTKRATÜRA, 

ridad casi iodecifrable. No contebto con liaber desfígurado 
así la lengua^ quiso dar a )a diccioQ mas dignidad i a cada 
palabra una iutenciou profupda. Las vuces conocidas to- 
marop en sus versos una BÍginfícacion uueva. Eu fín^ para 
acabar de perí'eccionar este estilo culto, vació en sus ver-^os 
toda su erudicion en mitolojía i en jeografía antigua^ cou 
lo que la oscuridad fué todavia maa completa. En esta 
forma literaria, que se llamó el nuevo arte, eficribió Gón- 
gorsL Bus Soledadesj rí\ Polífemo i eílguníia poe^ías cortas, 
mui apiaudidas eu su tiempo i menospreciadas ahora (1). 
Góngora, sin embargo, era un hombre dejeuioque supo 
sacajr cierto provecho de estas formas estravagant^s. Pero, 
ei nuevo arte tuvq en poco tiempo numerosos imitadorea 
que )e cultivaron cou uiucho ménos talento. <lA mnchos 
ha llevado la novedad a este jénero de poesía, dice Lope 

(1) De sug poemas de esta segunda época vamos a estractar algimos 
ejemplos para hacer conocer lo que se llama gongorismo, advirtiendo 
que la forma en prosa en que los damos facilita su intel\)encia oacureci- 
da por las trasposiciones de los versos. 

Las aves son, segun el poeta, «campauas de plumárS sonoras que dan 
la señal del alba al sol, cuando éste sentado en su carro, deja el pabe- 
Uon de espuma. » Una niña que se lava la cara en una fuente «reune el 
cristal líqnido al cristal de sus mejiUas por el hermoBo acueducto de su 
mano.» Las pastoras son rosas vestidas. «La primavera, dice, calzada 
de abril i vestida de mayo, ve Uegar las r^sas vestidas que cantan ro- 
deadas de guitarras aladas (las aves). p «Al oir su voz, el arroyo hace de 
su blanca espuma tantas orejas cuantos son los guijarroe de su lecho. > 
Una novia es tan hermosa que haria tórrida a la^ Noruega con sus doa 
soles (los ojos), i blanca a la Etiopia con sus doa manos. £n otra parte, 
Góngora compara un arroyo que se precipita al mar con una maripoaa 
de cristal que se ahoga atolondradamente, convirtiendo al océano en on 
oentauro, mitad agua dulce, mitad agua salada. De una niña jóven pero, 
mui hermosa, dice que tiene ^ 

Muchos siglos de hentiosura 
£n pocos años de edad. 

Esta afectacion Uteraria i la oscurídad que ella ha producido en laa 
lUtimas obras de Góngora, dieron lugar a las burlas de algimos escríto- 
res i principalmente de Quevedo. £1 poeta dramático don Francisco de 
EoJM ZorrUla, de qnien hemos hablado mas atras, en el acto teroero de 
0U comedia Sin honra no hat amistadf hace decir a uno de sus persona* 
jes, para espresar la grande oscuñdad de la noche, los dos versos que. 
aiguen: 

£stá hecho un GtSngora el cielo, 
Mas oscuro qua su Ubro. 



HISTORIA LITERARIA. — ^TIEMPOS MODERNOS. 335 

de Vega, i no ge han engaQado, pues en el eatilo antigao 
^n su vida llegarán a ser poetas, i en el moderno lo son en 
el mismo dia; porque con aquellaa trasposiciones, cuatro 
preoeptos i seis voces latinas, frases enfáticaSy se Iiallan 
levantados a doude ellos mismos no se conoceu ni sé si «e 
entienden.> R\ estilo culto iuvadió todod los jéneros poéti- 
cof>y i pasó tambieu a la prosa i hasta a la oratoria sagra- 
da. Basta abrir algunoB libros españoles de esa época i de 
todo el resto del siglo XVII| para encontrar en ellos, sal- 
vo mai pocas escepciones, ese estilo pretencioso i|ue bajo 
las aparieuctas maa trabajadas i oscuras, no encierra mas 
que pensamientos vulgare», iuterpretados muchas veceB 
por prolijos comeutadores. Lo que prueba el poder de ia 
nueva cscuela es que el mismo Lope de Yega, quo la con- 
denaba de una manera lan esplícitu, que Quevedo, que la 
oombatio toda su vi<la con raro injeniO| i que Calderon, 
que poseia un talento de primer órdeu, cedieron algunas 
veces a las exijeucias de la moda. 

22. — El culterauismo invadió, como hemos dicho, la 
prosa; pero algunos escritores pudierou s¡n embargo esca- 
par 81 no completameDte, a lo ménos en gran parte a la 
corrupcion jeneral. Debemos recordar aquí los nombres de 
tres historiadores distinguidosi que hasta ahora son pre- 
sentados oomo modelos de arte i de estilo. Son estos Solis, 
Moncada i Melo. 

Dóp Antonio d e. SoUs (1610-1686) naciá en la ciudad 
de Alcalá de JbLenáreSy hizo exelentes estudios clásicos 
i se dedicó desde su juventud al cultivo de la poesía dra- 
mática, en la que alcanzó uua jnsta nombradía. Despues 
de desempefiar diversos destinos importantes, SoIi(<, como 
tantos otros poetas espaf\oIeS| rccibió las órdeiies Haoerdo- 
tales. EI rei le confíó el cargo de cronista de Indías; i en 
desempeño de este destiuo escribió el libro qne lo ha hecho 
célebre. Su Historia de la conquiata de la América seten" 
trionaly publicada en 1684, es la narracion de las eampa^- 
fias de Hernan Cortes en la Nueva España hasta la ocn- 
pacion de la ciudad de Méjico. Esta obra es nu verdadero 
monumento literario por lo que toca al estilo i al arte' de 
)a disposicion, £1 asunto se desarrolla con uiia gran maes- 
tría, deteniéndose el autor en aquellas partes que mas 
intereiAn^ i avivando siempre la exitacion del lector, de 

23 



836 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

tal roancra que la liistoria paroce toniar lagrandiosidadde 
lu epopeyH. Sus foruias literarías tietieii una pnreza, una 
correccion i una armonia venladeramente iniinítahies. Esta 
obra inereció los lionores de ser impresa muchas vecea ¡ 
trudncida a casi todos los idiomas; pero parala posteridad, 
íjue hu^^ca en la historia algo raas que Io« efectos del arte 
i la ele^ancia del estilo, Solis es una especie de Qainto 
Curcio espaüol, que ménos enipeQado en instruir que en 
ngradur, liace iiitervenir cn su Iiistoría la imnjinacion del 
poeta, suhordina la verdad a l<»8 adorno'', i busca los inci- 
denles que pueden despertar la curi<»sidiid o el interes, inaíi 
bien (|ue los qiie tienen una verdadera ímport^mcia liistó- 
rica. Con este mismo objeto, el antor hace ¡ironuncÍHr a 
los indi(»s de Méjico discui'soa floridos i solemnen, coino s¡ 
f»e tratara de los retóricos de At^nas i de loa Penadores de 
Boma. Solis, por otra parte, aunqne mui superior a los 
historiadores españoles de sn tiempo por las dotes del esti- 
lü, 110 lo es ni por la crítica ni por la filosofíu. Crce en la^ 
patrañas mas ridículas, como en la* apariciones de santoíi^ 
í del diublo; i ha ensalzudo a his conquistadores de Méjico 
8¡n aconltirse nn momento de los principios de la moral 
que aquellos ultrajaban a cada paso. 

Don Frnnri'^po dp ])Tonoadn i don Francisco Manuel 3e 
Melo ¿OU irifenores a ISoHíí, pero gozan siu embargo de una 
gran nombrudía en la historia de las letras espafiolas. El 
priniero, (1586-1635) valenciano de oríjen, perteneciaala 
nltanobleza e^pufiola ¡ fné jenerah'simo de los ejércitos de 
Felipe I V i gobernador de los estados de Flandes. 

Con el títulode Espedicíones de los catalanes iarf/goneses 
eontra los turco» i griegos^ escribió en un pequeQo volá- 
tnen las proezas de una dívtsion de aventurerod espaQoles 
en el íniperio deOriente en los primeros años del siglo 
XIV. Este asnnto, interesante por sí n)¡smo, ha 8¡dotra- 
tado con grande habilidad. Áunque Mtmcada ha dado a su 
narracion cierto aire romanesco, la historiaeHtudiadaen 
buenas fuentes, noha perdido nada de su soüdez n¡ de sa 
gravedad. 

^SÍsJg. (16 11-1667) era portugues de nacimíento, pero 
escribia el espafioi en verso i prosacon rara feltcidad. Sa 
vida está sembrada de las mas síúgulares perípecias. M¡- 
litar en Flandes i en CataKifia, perseguido varias V^s ea 



HISTORIA LITERA&IA. — ^TIEMPOS MODERNOS. 337 

li^paua i Portugaly Meio cultívó las letras como descauso 

•<ie las ajitaciones de su vida. La Historia de los movimien- 

408 de CcUalafía en tiempo de Felipe IF es su obra capital. 

Reñere solo loé principíos de la insarreccioii catalaua; 

liero 8Í la obra lia quedado íuconipleta, ofrece por el arte 

de la couiposicion, por el estilo i por la independencia 

i ia siuceridad dfl autor, un cuadro tan auimado como 

Terdadero de uua rebeliou famosa eu la historía de £é- 

fiafia. 

23. — AI terminar esta rápida reHeña de la historia de la 
edad de oro de la iiteratura española, nos será permitido 
^acer alguuas consideracioues jeuerales para complétar su 
-estudio. 

En la literatura española, como ha podido verse, el do- 
minio de la poesía es verdaderamente iíimenso. Todós 
los jéoeros que ella encierra han sido cultivados con mas 
i) méuos buen éxito, i todos han producido sus frutos. 
Pero, como lo observa Quintana, el jenio poético de esa 
-época no se alzó al uivei de las circuustancÍHs que por 
^AKlas f^artes le rodeaban. Las nuisas castellaiias, sordas, 
índiferentes a la ajitacion universal en que Ja España 
de8«m4>eQal)a el papel mas importante, á|>énas saben ins- 
pirar asus favorítos otra cosa que moralidades vagas, imá* 
jeues campestresi amores i ^alantería. ii^sceptuando uno 
que otro trozo lírico, como ciertas cancíones iieróicas de 
Fernaudo i\e Herrera, la poesía española eu que se cantan 
las glorias nacionales, auu iucluyeudo en ella los diversos 
ensayos de poemas épicos, no está a la altura del asunto. 
Ija Araucana misma ho alcanza a ser uua escepcion de 
esta ideajeneral, puento que los verdaderos héroe^ deeste 
lK)ema ,uo sou los españoles sino los indios. Aesta falta de 
grandeza en el asunto puede agregarse otro defecto jene- 
ral. Por mas que inuclios de CFtos ftoetas hayan poseido 
un taleuto admirable i un conocimiento sólido de ia litera* 
tura clásica, iio es comuu en ellos la elegancia sostenida i 
la perfecciou del gusto, que otros autores modernos han 
bebido en las misinas fuentes. Esto ha daio oríjeu a la 
•coutrariedad de opiuiones sobrc el mérito de los anti^uos 
^oetas espaQoIes, a quienes aigunos reputau como modeios 
^xelentes, miéntras que otros los dcAprecian hastael pun- 
<to de cous>derarIo8 iudiguos de leerse. . 



338 . ELEMENTOS DE LrrERATURA. 

Eq el domÍQÍo de la prosa, rauchos jéneros han quedado* 
completamente estériles. Las producciones intelectualea 
que couBtituyen el mas justo título de orgullo de las len- 
guas estranjerasy son precisamente las que faltan en la 
lengua espafiola. Así, por ejemplo, no se encuentra nin- 
guna obra de íilosoíiay sea que se mantenga en el campo' 
de la especulacion, como la metafísica, sea.que descienda a 
la aplicacion en la lejislacion i la política; ninguna obra 
de ciencia ya sea natural o exacta, que por la elevacioo 
del estilo i del asunto merezca un verdadero renombre- 
literario. Aun en relijiony la Espafia posee un candal m* 
menso de escritores ascéticos i de teólogos que se pierdea 
eu un diluvio d^ sutilezas; pero no se busque en esta lite- 
ratura verdaderos fílós(»fos que por la eloóueucia i porla 
profundidad merezcan laestimacion de las uuevas jenera- 
ciones. Así, para no tomar comparaciones mas que en la 
literatura francesa, en Espafia no se eucnentran Descartes 
ni Pascal; Montesquieu ni Bousseau; Buffon ni Cuvier,. 
Bossuet ni Fenelon. 

¿A qué deben atribuirse estos vacios? Será, como han 
preteudido algunos espíritus sistemáticos, al clima meri- 
dional que solodesarrolla las dotes de la imajinacion? Pe- 
ro la posicion jeográfíca de la Italia es ia misma que la de 
Espafia; i sin embargO| allí se encuentra la aparicion si- 
multánea de la reflexion fílosófíca ide la imajinaciou poética, 
4e Dante i de Galileo, de Ariosto i de Colon, de Petrarca 
i de Maquiavelo, del Tasso i de Torricelli, de Alfíerí i de 
Yolta. La causa de la ausencia de uombres fílosófícos de 
Espafia es otra mui diversa. Es la inquisicion, que ahogan- 
do la libertad del pensamiento ha impedido el desarrollo 
de las intelijencias; que proscribiendo la historia de la 
guerra de Granada de Hurtado de Mendoza, mutilando el 
Lazarillo de TórmeSy persiguiendo hasta los mas ardoroaos 
escritores ascéticos. ha comprometido gravemente el por- 
venir filosófíco de Espafia, bajo su mano de fierro. 

8IGLO XVIII. 

24.— La decadencia literaria de Espafia, como hemos 
▼isto, coroienza a mediados del siglo XVIL Desde eaa> 
época,*i casi sin otra escepcion que Solisi la literatura ea- 



HISTORU LITERARU.— TIEMPOS MODERNOS. 339 

-pafiola^ víciada por el mal gnsto, decaida de bu antiguo 
esplendor como la grandeza nacioual^ no produce mas que 
JénioB mediocreSy i casi podria decirse nulos. La postracioti 
habia llegado a su colmo^ cnando nuevas influencias vinie- 
ron a comunicar otra sávia a ese cadáver próximo a des- 
coraponerse. 

La historia de la literatura e^pafiola como espresion orí- 
jinal i espontánea del jénio de la Espafia, termina con la 
estincion de la dinastía austriaca. La elevacion de la casa 
de Borbon, Ilevando a la península las vigorosas tradicio- 
nes del gobierno de Luis XIV, introdujo junto con un gus- 
to mas depurado i mas correcto, las instituciones mas iite- 
ararias de la Francia. Creáronse cntónces bajo los auspicios 
•del nuevo rei^ Felípe V, numerosas academias en toda Es- 
pafia, que fueron otros tantos propagadores del gusto fran- 
•ces en las letras i en las artes. EHta revoluciou, operada 
por la fuerza de las cosas, í cuando las letras castellanas 
habian llegado al último punto de su postracion, reveló 
dnmediatamente a los espafioles el mal producido por el 
<;uIteranÍ8mo; i apesar de las resistencias opuestas por aU 
fi^nos partidarios exaltados de la antigua escuela nacional, 
Ja literatura clásica francesa vino a ser el modelo de los 
mas distinguidoR escritores espafioles del siglo XVIII. 

EI primer rintoma de esta revolucion en el gusto fné la 
publicacion fl737) de la Poética de don Igpa cio de Lu zan. 
que llegó a ser en poco tiempo el código literario delos 
luejores escritores. Nacido en Zaragoza, pero educado en 
Itaiia, Luzan, (1702-1754), desempefió en Fi-ancía desti- 
nos diplomátícos, qne le permitieron estudiar las literatu- 
ras estranjeras, i en Espafia el cargo de ministro de co- 
mercio que le permitió prestar proteccion i estfmulo a los 
literatos. Buscó los principios de su Poéiica eu las litera- 
turas antiguas i estranjeras; los espuso con juioio sano i se- 
^uro, i con uua erudicion oportuna ¡ bíu pretensiones; pero 
arrastrado por su desee de acercarse al clasicismo frances, 
fué exesivaraente severo con muchos de los autiguos poe- 
tas espafioles, i sobre todo con Lope de Vega i Góngora. 
Queriendo unir el ejemplo al consejo, compuso algunas 
obras poéticas, despojadas, es verdad, de los defectos de 
culteranismo, i cuidadas en todos sus detalles, pero tam- 
bien faltas de fuego i de vigor. 



240 ELEMENTOS DE LITEBATURA. 

Entre los rnas ardorosos «ectarios de esta revolucion se- 
cnentan don Xicolaft F prrnindp7 Ha \f^j-ftf in i d on José Ca_- 
dalso. El primero (1737-1780), ademasde algunas poesías- 
Tírieaíí, sátiras i epigramas, compnso un poema didáctico- 
sobre lacaza, un corto ensayo de epopeya con el títulode 
Las naves de Cortes destruidas, i trcH piezas drumáticas.. 
«Moratin, <!ice Quintana, es yn un verdadero p(»eta...La- 
naturaleza le habin dotado de una imajinacion inas gran- 
de i robusta que amena i deiicada, i su injenio se inclinaba 
mas a lo apacible. A^i es que doude quiera qué la mate- 
ria cuadraba con el CHiácter de pu espíritUj-^mostraba fue- 
go, fanta»ía i orijinaüdad, i ^aciiba de la lira espafiola to- 
nos mucho mas alros i fclices que los demas poetas de &u 
é|>oca, i dignos de h)8 mejores tiempos de la miua easte- 
llana.- £s lástima que escribiese tan de prii»a, i que coníia- 
do en Bus felices disposiciones i en el bonociraiento que te- 
nia en las reglas del arte, creyese que esto bastaba para 
' ejercitarseen jéneros tandistiutos entre 8Í.i> 

j-?.0cZ^ \ c^ £n Xi^yal^o se nota una tendencia mns seilalada a la 
imitacion estranjera. Nacido en Cádiz en 1741, Cadalao 
hizo buenos estudios, cultivó Ihs letrns con verdadero- 
aioor, abrazó la carrera militar i fné üiuerto en el siiio de 
Jibraltar, en 1782. Como prosudor i como poeta, iuiitó- 
constantemente las Ibrmas estranjeraSy i purticnlarmente 
las francesas. Un opúsculo satírico que con el título de 
Lo9 emditos a la tioletaj publicó contra la superficialidad- 
de los estudios de su tiempo, es un modelo de gracia i de 
buena crítica. 

25. — La poesía dramática, que en manos de los indignos- 
8uces4»re8 de Caideron, habia caido en In mayor degnida- 
cion, recibió tambien la iníluencia poderosa de la literatu- 
ra clásica francpsa. Tradujéronse al castellauo alguiias tra- 
jedias de Corneille i de Hacine, i algunns comedias de Mo- 
liére; pero las imitaciones españolas quedaron siempre mui 
abajo de los orijinales. Esta revolucion no se hizo siu 
vivas resistencias de parte de algunos injeníos españoles.. 
' ^ ^ Don y icente García de la Huerta ( 1729-1797) fbé el mas 
impetuoso de todos. Alrablllarlo V orgulloso por carácter,. 
se encarnizó contra la nueva escuela, ensalzando a los 
ant!guos poetas ehpañoles a quienes atacaban siu piedad 
los imitadores de la literatura francesa. Üotado de mas- 



HISTORIA UTERARIA,— TIEMPOS MODERNOS. 341 

ToluDtad que de talento venlailero, Huerta no hizo en rea- 
üdad ma» que inflamar la guerra literaria, apasionando así 
los espíritus que, huyendo de los términos medio?, se ale- 
jaban tambien de la verdad i de la razon. 

En electo, el deseo de no acercarse a los poetas espa^ ^ 
ñoles de lo8 tierapos de Gónorora, llevó dcmasiedo léjos a 
algunos escritore» del siglo XV III, a Iriaite ¡ u Samauie- 
go, entre otroe, que dotudos de iuütruccion i de talento, ¡ 
cultivando los di s un mismojénero literario, revistieiou 
8US obrafi de una sencillez casi prosaica. / 

Don Tomasde Iriart e (1750-1791) era natural de Te- ^" ^ ' 
uerile, en las íslas CaTiarias; hizo buenos estudios litera- 
rios ¡ «irvió en Madrid un destino de arcliivero. Compuso 
algunas epístolus i dos poemas didácticos, uno sobre 1» 
raiisica ¡ otn» pobre'el dibujo; pero es principalmecte céle- 
bre piu- sus Fábulas literarias, La uioral de éstat» tiene la 
particularidad de eer completamente liteiaria, es decir, el 
autor, eu vez de censurar los vicioa del corazon, se con- 
trae a eustraer al escritor de los errores del estilo i del 
gusto, i algunas veces a reirse de los estravíos de lu jente 
de letras. Iriarte desplega en sus fábulns un injenio crea- 
dor en sus argumentoi>, i bastante habilidad para adaptar- 
los a lu críticu iiteraria. Su estilo siempre puro, tiene unu 
claridad i una natnralidad coiihtantes. Pero su horror por 
los enormes deíectos introducidos por el culteranismo, \u 
arrojó a un estremo no ménos vituperuble. La sencillez 
habitual de sus versos va hasta lo prosaico. 

Dou Félix Rlaría^Sama.nieo^tt (1745-1801), heredero 
de una lortuna considerable, se contrajo al estudio i culti- 
TÓ la poesía por mero pasatiempo. Sus lábulus, imitadas 
i casi traducidas del célebre fubulista frances La Fontai- 
ne, Hon el fundamento de su gloria. Samaniogo las escri- 
bió para los uiños de las escuelas, i empleó eu ellas ordi- 
iiHriamente, junto con la naturalidad i la malicia del mo 
delo que imitaba, una versificacion flñidu i armoniosa, uii 
estilo correcto ¡ claro ¡ uua sobriedad qu« cas¡ escluye. to- 
<io adorno. 

La iufluencia de la liceratura francesa se limitó, pues, a 
dar al estilo correccion, seuciUez i claridad, desterraiido 
los abusos del culteranisrao; pero no consiguió restaurar 
u¡ el eutusiasmo n¡ el vigor de los b^i^nos puetas castella- 






\- 



342 ELEMEIÍTOS DE LITERATüRiu 

nA6 cle la épocA anterior. Casi se puede decir que fuera de 
ciertos pasajes de Moratin, la poesia debia considerarse 
mnorta. Los Luzan, los Cadalso, los Iriarte son sin duda 
hombres de talento^ injenios elegantfs, que ^abían limar i 
pulir 8U9 escritos; pero les faltó ese impulsó vigoroso que 
constítuye la veniadera poedfa. 

■" 26. — Pero tras de estos poetas vinieron otros, que aun- 
que nacidos bajo la nueva escnela, supieron dar a sns poe* 
sías la elevacion jnnto con la seucíllez. Bajo él réinadode 
Cárlos III se inauguró una nueva época para las letras es- 
pañolas. Este monarca, que prestó una jenerosa proteccicn 
al estudio razonado de las ciencia.o, desconocido ántes de 
entónces en Españai fomentó tambien la bella literatnra 
coDcediendo mas amplia libertad de accion a los qne las 
cultivaban. La inquisicion, ánnque ménos violenta, qnedó 
siempre en pié; |)ero se limitó la censura previa de los es- 
critos, i se permitió tratar tc^das las materias, con tal que 
no se atacase directamente la relijion i la autoridad real. 
Las ciencias de observacion, sin Ilegar a un alto grado de 
desarrollO| comenzaron a cultivarse bajo el patrocinio del 
reiy i las letras alcanzaron una uueva era de prosperidad» 
que por desgracia in» fué de larga dnracion. 

Don Juan Melendez Valdes (1754-1817) es quizá cl 
masTInstre {)oeta dé esta nuevá era. Cultivó la anacréon- 
tica^ la elejfa, la égloga^ el romance sério i la oda heróica; 
i en todas estas clases de poesía desplegó una suavidad de 
sentimientos, una correccion de gusto i una delicadeza de 
arte que sí bien no lo colocan 8(»bre los grandes poetas de 
la edad de oro, lo acercan a ellos. Aun podria decirse qne 
Melendez los aventajó a todos por la perfeccion constante 
de sus obras. Sin embargo, su carácter propendia mas a la 
gracÍBy a la morbidez i a la ternura que al vigor i a la ener- 
jía, lo que da a sus versos un tono de contínua afeminacion 
que les quita casi toda fuerza i toda variedad. £ste mtsmo 
defecto lo liace repetir mucho sus descripcioues campestres 
i caer con frecuencia en una especie de defeagradable mono* 
tonía. 

Contemporáneos i admiradores suyos fíieron don Gaspar 
Melchor de Jpyellanos (1744-1811) i don Nicasio Alv»* 
rez de Cienfuegos (1764-1809). El primero, hombre de 
estado iiustre iK)r su honradeZ| economista distingaido. 



HISTORIA LITKRARIA.— nEMPOS MODERNOS. 343 

^ran jarisoonsaltoi cnltivó concgasto el draraa, la sátira t 
4a poesía líricay eti medio de las ajitaciones de nna vida 
«ienipre ocapaihu El segnndo^ aparta de alganas trajedias 
poco leidas boi, se ejercitó en la oda i en la epístola. La 
pasion de lo grande i de lo honrudo aninaa sus versos líri* 
<308. cSu imajinaciony tan ardiente como viva» díceQoin- 
tona, se ponia fácilmente nl nivel de estos sentimientos» 
Nadie lo exede en fuerza i en vehemencia, i no seria mu- 
4:bo decir que tampoco nadie le iguala. Aunque el fondo 
•de ideas sobre que su imajinacion se ejercita puede decirte 
touaado de la filosofía francesa, no ciertamente el tono ni 
«1 carácter, qneguardan mas »emejanza con la poesía osiá- 
Aica i con la poesía alemana.» 

La historía de la poesia espaRoIa de esta época cuenta 
todavía otro nombre célebre, que gozó por largos afios de 
tma popularidad inmensa, i que aun conserva un gran 
prestijio. Don Leandro Fernandez de Moratin (1760- 
.1828), hijo de otro |)oeta afamado^ merece por la pureza 
<lel estiio, por laeleganciade sus versos, por el buen gusto 
«on'atante í por )a inspiracion verdadera, uuo de los maa 
^ievadod puestos entre los poetas Hrícos espafioles. «Si- 
^uiendo las huellaa de su padre, dice Ticknor, modificó sia 
«mbargo su estilO| de tal manera que bajo la influencia de 
lo8 poetas italianoSy llegó a couciliar la ternura i delica- 
4eza de la lengua italiauacon la pureza i enerjía del caste- 
llauo. Obgérvase esto particularmente en sns odas i sone- 
toB^ i en el bello coro de Los padrea del limbo, composicion 
«olemne que se acerca a la majestad íervorosa de frai Luia 
-de Leon. Sns romances son mas nacionáles por su entona- 
•cion; pero las pocKÍas mejores i mas interesantes de este 
:autory son aquellas en que se abandona por completo a laa 
impresiones de sn propio temperamcnto o de sns afectos.» 

Ejercitdse tambien Moratin en lacomedia de carácter. 
Tomando por modelo a Moliérei el poeta espafiol compuso 
eu8 piezas con argumentos inui sencillosy pero desenvuel- 
to8 con gran cuidadO| i escribió sobre todo con una natura- 
lidad i con una limpíeza de estilo verdaderamente nóta- 
Mea. £1 rigorismo con que se somete a los preceptos que 
reglan el arte dramático, su respeto por todas last tradicio« 
fiea del teatro clásico frances del siglo XVII^ han |)odido 
«er cénsurados per el romanticismo moderno. Pero, apesar 



344 EL-EMENTOS DE LITERATITRA, 

de efltas ÍDJustícias pasajeras de la opiiiion^ don Leandrt^ 
Fernáudez de Moratin ocnpará siempre eu el parnaRO es- 
paftol un lugar honorable al lado de Calderon, de Moreto- 
1 de AIarc4»n. 

27. — A principios del siglo XVIII la prosa eepaflola se 
hallaba en peor estado que la poefíía. La atectacion i el cul- 
teranísmo habian corrompido el gunto de tal mauera^ que 
tanto el orador sagrado como el escritor ]»rofano no emplea- 
ban otro lenguaje que una jerga qnehabiallegadoa h«oer- 
se inintelijible por la pretencion de enoerrar pensamient<fi 
injeuiosos i de U8ar voces i jiroB estrafios a la índole de la 
lengua. Solo cuando estos abusos fueron intolerables se- 
trató de ponerles un dique. Algunos hombres de juicio, en 
la misma época en que Lnzan aconietia la reforma poética^ 
trataron de reinlegrar on las producciones de la propa la 
razon desterrada de ella depde tanto tiempo atraa. Crea- 
ron al efecto los primeros ensayos de críticaliteraria, con- 
cebidoB en un estilo mas natural i sencillo que el que ^e 
usaba comunmentey i destínados a ensalzar la f<»rma ciási- 
ca de los grandes escritores franceses. Estas laudables ten- 
tativas tuvieron un resultado funesto: la frase espaOola ha 
ganado sin duda en claridad i en senciilez; peroal formarse- 
sobre el tipo frances, ha perdido su carácter nacional. La 
revolucion es ménos sensible en poesfa por la necesidad 
en que se encueutra el poeta de recurrira los antiguosnio- 
delos; pero en prosa, la modificacion ha sido Ilevada tan 
léjos que en ninguna parte se encUentra la lengua que 
usaron frai Lni» de Grannda, Mendoza i Cervántes. Lo* 
que han querido imitarlos, han caido en una afectacion 
vituperable. 

Eutre los primeros escritores que aceptaron esta refor- 
ma de la )irosa no faltan algunos eruditos que, consagrán* 
dosé al cstudio de la historia civil o de lahi^toria líteraria^ 
compusierou obras notables por la investigacion i por el 
criterio. El padre Enrique Flores (1701-1773), don An- 
touio Capmany i Moutpalau (1742-1813), i el jesuitlL 
.Fraucisco Masdeu (1740-1817), pertenecen al prinjergru- 
po. £1 padre Martin Sarmíeuto (1695-1770), dou Juau 
Antonio Pellicer (1740-1806) í don Gregoiio Mayans i 
Ciscar (1699-1781), pertenecen al segun^o. Pero los mo- 



HISrrORU LITEBABIA. — TIEMPOS MODERNOS. 345 

delcis de biiena prosa de este síglo se del>eu buscar espe- 
cialniente en los escritos de Feijóo i de Isla. 
JU^'^Rl pndre benédictino fiai Benito Jerónimp Feji&i ' , 
• (1701-1764), es autor de mnclias obrns, la mas inípórtante 
de las cuales es el Teatro cntico universal, colecciou inmen-w 
sa dc tratados sneltos sobre nna £:ran variedad de materias. 
Dotado de iina vasta erudicioii adquirida en cuurenta ailos 
de estudioSy Feijóo recorre en esa obra la morai, la física, 
Ia metafísi'Ca, lá medicina, la astronomía, la hÍ8toria, la 
gramática, la política, combatiendo los errores i las preo- 
cnpaciones que la intolerancia, la superHticioii i 1h igno- 
rancia habian sembrado a manos Ilenas en España, i ense- 
fiando las reglas quepuedenconducirnosaldescubrimieuto 
de la verdad. Con el progreso jeuerai de las luces i de las 
cieiicias, hus ideas, que se estimaron tan atrevidas en fu 
tierapo, nou parecen lioi mui atrasndas i mui tímidas. 
Kn iina época en que las universidades espafiolas soste- 
nian firmementc que no hahia nada que sacar de Kewton 
|»ara formar buenos filósofos, i que Descartes i Gassendí 
estaban en mayor desacuerdo que Aristóteles con la ver- 
dad revelada, se necesitaba un gran valor moi-al para aco- 
meter la obra que emprendió Feijóo. ISus trabajos, eu efec- ' 
to, sirvieron' mas a la causa de la civilizaciou que todo lo 
que se hábia escrito eu España desde un siglo atras. No 
se bttsque, sin embargo, en las obras de este escritor la 
verdadera orijinalidad: sus ideas i sus conocimientos son 
toDiados de los libros franceses, i hasta suestilo se resien- 
te de la influoncia de los modelos que tenia a la vista. 
Sus docirinas i su método de demostracion eran nuevos 
solnmente para España, que hasta mediados del siglo 
XYIII permanecia compietamente estraña al movimiento 
cientíticoeuropeo. ^ 

El padre jesuita José Francisco de Isla (1703-1781), " 
cultivó con prefereñcia eljénéro tatTríco, T éscribió entre 
otras obras una novela uotable, poco leida hoi, pero que 
en su época le dió un gran renombrc. La Historia delfo,- 
moMO predicador frai Jei*undio de CampazaSj es la biogra- 
fía imajinaria de un predicador, su nacmiieuto, sus estudios 
en el convento, i sus aventuras como misionero. EI padre 
Isla ha copiado d^l natural los irícidentes de su novela, 
las descripciones i los episodios de la vida monástica i de* 



346 ELEHENTOS D£ LITERATURA. 

vota, i por eso su libro 68 el retrato fiel de iina baeoa par* 
te de la sociedad espafiola del sigloXYIII. Coo él fie ha 
propue^o combatir el gusto detestable que ee habia apo» 
derado de la elocuencia del púlpito, bajo la ÍDfluencia del 
culteranismp, del mismo modo que Cervántes^ en uoa obra 
mncho mas famosay se dedicó a combatir las estravagaocias 
de los libros de caballerías. EI padre Isla ha coosegoido 
BU objeto: las palabras que pone eo boca de su héroe, 
cepiadaSi segun se aseguray de sermones verdaderos, aon 
de tal modo ridícuIaR que atrajeron el desden bácia las 
predicaciones pretenciosas i absurdas de aquella época i 
contribuyeron a depurar el gusto viciado i corrompida £1 
éxito que alcanzó aquella obra poco despues de su publica- 
cion faé verdaderamente prodijioso: el estile puro i nota* 
ble por la ironía fina i picante, contribnyó sio duda a eate 
resultado. Pero esa estimacioo ha decaido algo en nuestro 
tiempo^ ciiando han dejado de existir los defectos qne 
aquella quiso correjir. Eo efectOy el conjunto de la novela 
es fastidioso: las aventuras de un mal predicador no po- 
dian suministrar materia para un libro verdaderamente 
interesaute. ISolo un jéuio de primer. órden como el aii- 
tor del Quijote^ ha podido hacer una obra de mérito 
eterno de una novela escrita cou un propósito de circuna- 
tancias. 

28. — La iofluencia de larevolucion francesa se hizo seo- 
tir en España como en todo el resto de Enropa. La liber- 
tad politica, annque asentada sieropre sobre bases débilesy 
ha producido el movimiento intelectual. £1 renaoimiento 
literario ha sido ausiliado particularmente por loa refqjia- 
dos politicos que en el estranjero completaron sus estudioa. 
La literatura moderna espafiola ha tomado algo de todas 
partesj i al fin estudiando prolijamente los modelos nacio- 
nales que ofrecian los siglos XVI i XVIIy ha adquirido 
aiguna orijinalidadi aunque no todavia una iniciativa vi- 
gorosa. 

Don Manuel José Quintana (1772-1857,) poetay crítico 
e hÍ8toriad;tr| es uno de los mas poderosos iniciadores de 
este movimiento. Siis poesias líricas i sus draroas« notables 
por e) buen gusto constante, continúan mediante la poreca 
de la lengua, la tradicion de los antiguos poetas espafioles. 
Sus estudios crfticos, concebidos con un espíritu libre de 



HISTORIA LrrERABIA.^TI£MPOS HODBBNOS. 347 

toda preooupacion de nacionalidad, han correjido el gusto 
espaAoly enseñando lo que hai de 1)ueno i lo que hat de ma- 
loen la antigaa poesla, Sns Viclas de españoles oéUhres son 
por la investigacion i por el arte, verdaderos modelos de 
biografías. 

Don Francisco Martinez de la Bosa i don Anjel de Saa* 
vedra, dñqnedü fiiva», pertenecen a la misma escucla de 
Qaintana, i han contribuido a la misma obra de rejenera^ 
cion literaria. £1 primero (1789-1862), personaje polftico 
a la vez que literato, ha cultivado casi todos los jéneros, la 
poesía lirica, la poesía didáctica, el drama, la trajedia, la 
comedÍBi la historía, la novela i la critica literaria; i aun- 
qoe en ninguno de ellos ha compuesto verdaderas obraa 
maestrasy en tódos ha desplegado mucho esf udio i notables 
dotes de escritor. El dnque de Rivas (1791-1865), poeta 
ante todo, ha celebrado en su Maro Éspósito i en otras 
leyendas de menor estension, las antiguas tradiciones es- 
pañolas con un buen gusto adquirido en el estudio de las 
literaturas estranjeras. 

Dado el primer impulso por éstos i otros escritores de 
mérito inferior, las letras espaflolas han tomado major 
vuelo en manos de nna nueva jeneracion. Pertenecen a ella 
entre otros mnchos escritores i poetas, don Mariano Josi 
de Larra (1800-1837), escritor hnmorista i uno de los mas 
intelijentes propagadores de la revoluoion literaria que 
pretendia conciliar la orijinalidad espaQoIa con la imita- 
cion de la Francia; don José de Espronceda (^1808-1842^ 
cnyas obras poéticas llevan él sello de una sombría ener- 
jía que lo acerca a los poetas mas distinguidos de la es- 
cnela romántica moderna; don Modesto de Lafuente (1806- 
1866J, autor de nna estensa i apreciable Historia de Espa^ 
fUif escrita segun los principios de la crítica moderna; don 
AntonioGiI i Zárate (1791-1861), poeta dramático que 
áiibé buHcar los efectos del arte mediaiíte un notable cono« 
cimiento del corazon humano; don Manuel Breton de los 
Herreros (1796-1873), autor cómico de uua gran fecnndi- 
dad qne sabe pintar en sus obras los caractéres i Ip.s cos- 
tnmbres nacionales; i por último, don José Zorrilla nacido 
en 1817^ poeta igualmente fecundo, cuyos versos siempre 
armoniosos i f¿cíles, revelan nn injenio ríco, pero tam» 
bien mui poco estudio i meditacion. Al lado de ellos han 



/ 



348 ELEMENTOS DE LITERATURA, 

brillado muchos otros escritores que seria largo euume* 
rar. 

A peí^ar de esto, la Espnña lüoderna no lia producido 
auii uii jefe de escnela quo venga a dar cohesion a ele- 
tiiento9 dispersos i a impritnir a la literatura un earácter 
verdaderamente nacional. Líi poesia lírica, la poesía dra- 
máticay la hi.st(>ria i laiiovela, a pesar del talentade algu- 
iios de sus autores, carecen ann de una decidida 8U|>erion- 
dad. La España es todavía nn discípulo de la Italia, de la 
Alemania, Inglaterra i sobre todo de la Francia, al cuál 
falta la verdadera iniciativa, i «que, como dice mui biea 
un distingnido crítico franceí*, M. Baret, no se mueve smo 
bajo nn impnlso vcnido de afuera, semejante a uu conva- 
leseiente que despues de una larga enfermedud vacila i 
busca uu apoyo.D 






CAPÍTULO IV, 



Llteratnrft francesa. 



3§iGLO XVL — ^l. ültimos escrítorcB del fdglo XV; vnion i Comineí». — 2. 
El renacimipfito en Fraadft» — 3. f'oeí»!»; Marot, Ron«arcl, Malherbe» 
Kegoier. — 4 Literatura dramática.— 5 La p4»esia; B«belaÍB. — fi. Mon- 
taií^ne.— 7. Otros prosartore--»; la Sáfira Menipea. — SlGLO XVJL— 8. El 
teatro. — 9. Corneihe.— 10. Racine.— II. La Fontaine.— 12. BoilcAu,— i;j. 
Moliére. — 14. Oti-oppoetap. — 5. Lo8pii»Kadore8: Balsac. — 16. Deecartep. 
— 17. Pa8cal.— 18. Bossuet— 19. Ftnelon — 20. Otros prt'dicadoreK; 
Boardaloue, Fléchier, MaBsillon. — 21. Lo» morali^tas; la Rochefouranld 
i La Bruyére. — 22. OtroB prosadore-; Saint 8imon. M>idemoiPel)e de 
8cudéry. madame de Seugné.— SlGLO XVIIÍ. — 23. Cará/'íer jeneral de 
la Jiterat4ira francesa de este sig'o. — 24. Le Sage. — 25. Mjmtesquieu. — 
26. Voltaire. — 27. .luan Jacobo R4»U88eau.— 28. Los enciclopedistaf. — 
29. Las ctencios; Buífon. — 30 La poesia; Beaumarcbais i Berniirdino 
'de 8aint-Pjerre.— 31. La revolucion.— 32. Conclusiün. 

SIGLO XVI. 

1. — Ln historía de la literatura fraQceHa de la e<lad Die- 
^ia se cierra cod do8 graDdes escrítores, que por la flexi- 
bilidad de sii estilo^ la Dovedad de Ins ideas i hasta por sus 
tieutiníiieutos pareceD perteuecer a uua éppca adelautada. 
8ÍD ernbargo, auuque coDteiuporáueos del reuucirDÍeDto, 
uo eroplean las fcruias sábias que aquella revoluciou puso 
ti la inodn; busca solo la naturalidad i la verdad, la 
encueutrau i la vierteu siu atavíos estraOos i siu graudea 
<8fuerzo8« Querenios liablar de Villon i de ComiueHy poeta 
«I priraero, historiíidor el segundo. 

Francisco Villou^ n acido eu Paris eu 1431, no es cono- 

<^ido rnas que por sus versos en qiie ha trazado el cuadro, a 

veces^ alegre, a veces meláncolico, de su» placeres, de sus 

*4e8gracias ¡ de los espedieDtes vergouzosos a que lo pre- 

«ipitaroD la ociosidad, la míseria i ^us inclioacioues. Apre- 



350 ELEMENTOS DE LITERATÜBA. 

sado dos veces i condenado a la horca por robos, debió 8IB 
salvacíon a Luis Xly qiie se dej6 impresíonar por las poe- 
sías en qiie Villou se despedia de la vida entre risas i lá- 
grimas. Criado en las calles de Paris, parroquiano de ia» 
pulperías, sus obraa dejan conocer los lugares que frecueD- 
taba el autor. Sus cuentos jeneralmente obcenos í ems poe- 
sías Kricas casi síempre libres i burlescas, reflejan ei ca* 
rácter del estudiante libertino^ i del libertino de haja lei;. 
pero cuando no se rie, cuaudo se enternece sériamentey ha- 
bla con una gracia encantadora i con el aceuto de un poe* 
ta fílósofo, de la frajilidad de los bienes de la tierra. ViUon,. 
apesar de todos sus defect0!>, hace época en la histona de 
la literatura francesa. Eu sus manoS| la poesía se desein* 
baraza de la erudicion indijeAta, de la fastidiosa galanterif^. 
de las alegorías metafísicas i alambicadas que estabaa a la^ 
moda. 

J^'ftlipft dfl Q o mines , nacido en Flandes en 1445 í muerto 
en JPVanciaenI5Ü97pas6 los primeros años de su vida al la- 
do de los duques de BorgoQa; pero habieudo abandonadoal 
famoso Cárlos el Temerario^ Luis XI lo colmó de hooores i 
de riquezas, i le confíó importantes cargos que Comínes de* 
sempeñó bajo ese rei i bajo su sucesor, no sin alternativas i 
contrastes de fortuna. Por su intelijencia, por sn instruc* 
cioUy i sobre todo por su conocimiento del roundo, Comi* 
nes fué un esperto consejero de los reyes i un hábil diplo* 
mático. Retirado del servicio en sus últimos afios, ocup^V 
8U8 ociofl en escribir sus Memorias^ en que contando coq 
toda írialdad los sucesos dc su tiempo, se muestrapolítica 
Ileno de sagacidad i do penctracion, observador de un jui- 
cio recto i sano, i narrador verídico. Ni las persecncione» 
que sufrió de imos, ni los benefícios con que otros lo col* 
inaron han influido sobre sus juicios. tíiguiendo las ideas 
de sn tiempoy Comines juzga de las acciones buenas o ma-^ 
las, no por los principios de la justicia, siao por los resul- 
tados que ellas producen; pero si nocomo moralista, a Ifv 
méuos como hotubre versado en los negocios, ha niostrado 
<]ue cl respeto por los bieues ajenos i por la vida de los 
hombreSy es la major de las habilidades. A diferencia de^ 
los cronistas anteriores, Oomiues, sin dejar de ser natural^ 
es ménos sencillo, pero tambien es mucho mas claro^ mas 
correcto i mas elevado. 



: 



HISTORIA LITERARIA. — ^TIEMPOS MODERNOS. 351 

2. — Comines liubia ensaiichado el campo de sns estudiod 
cluraiite la8 guerras de Itaiia. Consideradas bajo el punto 
ile vista lilerario, esas ^uerras presturon un servicio in- 
nien!<) a la Fraucia. En esa peninsula, ajitnda entónces 
por-la revolucion del renaciniiento, los íVanceses 8e im- 
pr.egnaron insensiblemcnte de las nuevas ideas, i volvieron 
a 8u patria lievando junto coa algunos manuscritos de la 
autigiledad, los sábios i los art'stas que quisievon seguir- 
loá. Luis XII i Krancisco I fueroú loo promotore^ do esa 
emigracion liternria ípie ibii a transfonnar el gusto i los 
estudios en Francia. B^ijo el patrocinio del segundo de es- 
tos monarcas se fundó en Paris un célebre colejio para Ja 
ensefSanza de las lenguas griega i hebrea, que casí uadie 
couocia. líjl latin nii.smo, quo era todavía el idioma de lo» 
tribuiuilesy fué estudiado mejor, i sacado por Sn de la co- 
rrupcion eu que lo liabia sumído !a ignorancia. La im- 
prenta, favorecida igualmente por el rei, publicó centena- 
res de libros antiguo<«, que pasaron a ser los uiodelos de 
los escritores de ese siglo. La íilosofía, la medicina, la ju- 
risprudencia, la arqucol(»jía i la tilolojía hicieron grandes 
progresos en manos de algunos hombres que devorndos 
por la ambicion de saber, lo revolucionaroa todo i echarou 
los cimientos de la erudícioQ moderna. 

Pero, si tanto en Italia como en Francia la tendencia 
jeneral de esta revolucion cra el restablecimiento de la an- 
tigüedad i de los idiomas clásicos, eu unu i otro país el es- 
pírltu moderno luchó con los eruditos, i al fiu los venció. 
lios mismo reyes Luis XII i Francisco J, no tanto por 
respeto a la lengua de Giceron i de Virjilio, corao por des- 
terrar iina costumbie qne no tenia razon dc existir^ pros- 
cribierou de ios tribunales dejusticiael empleo del latin 
bárbaro i degradado de ia edacl media, mandando que en 
adeiaute, el lenguaje forense fuera el frances. Escritores 
distinguidos, poetas i prosadores, conservando la tradicion 
literaria de la edad medía, asi como su sentimiento i su 
naturalidady intentaron amalgamar esas dotes con la co- 
rreccion de la literatura antiguay i dieron a la poesía i a la 
prosa uu poderoso impulso imprimiéndoles uu carácter 
verdaderamente nacional. 

3. — El movimiento pv^etioo gin embargo, fníí n^éuos vi- 
gorasoqueel de la proáa. Faltaron jeaioá verdader.umeaie 



•)52 ELEMENTOS D£ LITERATURA 

creadpres; pero cada dia señala un progreso, cada aombre 
una tentativa hácia direcciones Qneva.s i de^fuies de tre:! 
esfuerzos diferentes, la verdadera poesía uacíoiial que ri- 
llon habia dejado en la iufancia, llegó a fíues del síglo 
XVI a UQ estado vecino a la virilidad. 

!leipfínte IVIa rQt (1495 — 1544), representa la priniera de 

«sas revolucioneSrPaje de Margaritade Navarra, hermana 

<le Francisco J, en su juventud, ftLirot hízo con este reí las 

•campafiaa de Italia, i con él cayó prisionero eo Pavia. 

Acusado de abrigar simpatías por la relijion reforrnaila, el 

|)oeta sufrió prisionef>, procesos í persecusiones que loobli- 

garoQ a salir dos veces de Francia, i a pasar sus últimos 

dias en Turin. Inferíor a ViUon por el jenio, pero miicho 

tnas cultivado, supo ser elegante mu dejar de ser popular. 

Marot eucontró el secreto de agradar al pneblo i » los 

grandes, cultivando la poe&-ía buriesca con buen humor, 

:pero siu bajar hasta la chocarrería. Imitó a los escritores 

íatiuos e italiauos, pero respetó las condiciones delalen- 

gua francesa, i la enriqueció coQsiderablemente. Sus obras 

^onsistei! en epÍKtolas^ baladas^ epigramas, rondós^ esiiecíe 

^le composit iou particular a la poesía francesa, i eu ana 

traduccion de los salmos, que manifíesta que la elevacioa 

-eo el tono i la seriedad qo se aveniau bien cou el talento 

nle Marot. 

Este jéuero de poesías tuvo muchos imitadores; pero esa 

naturalidad singular, esa auseocia de toda afectacion, qae 

-constituye el encanto de los escritos de Marot, era qq de- 

fectopara los espíritus erudítos. Pedro de Ronsard (1525 

-1585) es el jefe de unanueva escuela. Despues de diversos 

viajes |)or varias partes de Europa, que le permitieroQ oo* 

^aocer otras lenguas vivas, í sintiéndose atacado de uaa 

«ordera completay se consagró cou una avidez insaciable al 

estudio del latin, del griego i de las literaturas antigaas. 

Asociado cou otro^ escritores, que son deuominados eu la 

hístoria de la literatura con el nombre de la pléycuü^ coh* 

'OÍbió el proyecto de rejenerar la lengua francesa i d« adap- 

tarla a ciertos jéneros de poesía descuidados o descouncidos 

hasta eutóncesy i de euriquecerla cou jiroa i cou palabrms 

tomailas de las lenguas griega i latina. El mas ilustre Ue 

sus adeptos, Joauuui Du -B ellay (152-1-1560), laozó el 

.Qianifíesto de la nueva escueTá. aLas vijilias pasadas en el 



HISTORIA UTEBABIA; — TIÉMP03 MODERXOS. 353 

«iestQilio, decia, fion las alas con qiie losescrif.os de los hom- 
bres suben al cielo. Leed i releed dia i noche los tnodelos 
griegos i latinos.... Reemplazad las canciones por las odas, 
las bui'las grotesca» por la sátira» las íarsas i las moralida- 
^es por las comedias i ias trajedias: escojed segun los pre- 
'Ceptos de Aristóteles^ algunos de Cáos viejos romances 
franceses i haced renacer al mnndo una admirable Iliada 
•o ana laboriosa Eneida t £n seguida, las odafi, las epope- 
yas, los sonetos, las trajedias, los eusayos de todo jéoero 
«ounciados en ese mauifiesto, aparecieron de repente. Ron- \ 

sard fué el iefe recouocido de la escuela, i mereció de sus 
-coatemporáneos una admiracion qne rnra vez han alcan* 
zado los poetas^ i que no ha confirraado la posteridad. lílra ^ 

«ia duda una nobíe empresa la reforma del lcnguajey i la i 

ínauguraciou de nuevos jéneros i de nuevas formas poéti- 
«as; pero se quiso roarchar mni de prisa, i no se logró el 
objeti) deseado. Ronsard escribió odas segun el luodelo de 
Piudaro, emprendió una epopeya, la Franeiada^ imitada 
-de la Eneida i de la Farsaiia, i que no pudo concluiry in- 
trodujo en la litemtura írancesa el himno i el epitalamio; 
pero en todos estos jéoeres reproducidos de la anligüedady 
•<M>nfundió de la mauera mas estravagante las coMrunibres 
4intiguas i las costnuibres niodernasi ahogó la poesia bajo , 
el peso de la erudiciou, i desnaturalizó la lengua por una 
ittuUitud de inversiones, de desinencias i de palabras nne- 
vas. Sin embargOy tiene bosquejoa feliccs, fecundidad, i 
<^erta elevncion que era un progreeo en la poesía francesa. 
Por uua singular anomalía, Ronsard era particularmente 
.poeta en los jéneros que nias desdeñaba^ la canoion i la 
poesía familiar. 

Esta segunda faz de la poesía írancesa del siglo XVI 

no fué de largtk duracion. Entre la naturalidad de Marot 

4]ue solo adniitia el tono familiar, i ei arte pretencioso de 

^onsardy habia un término medio. A Franc isco Malherbe 

^1553-1628), cabe la gloria de haberio naHado. Aunque 

&vorecido por Enrique IV i por Luis XlIIy vivió siem- 

prepobre, masocupadode sus versos que de su íbrtnoa. 

Malberbe habia comenzado por ser ronsardista^ conio él 

miamo dice, pero su buen sentido i su talento regular lo 

inclinaron a tomar otro camino i lo hicieron jefe de nna 

tfiueva escuela. Dotadu de un talento mas vigoroao que fe- 



354 ELEMENÍOS BE LITERATURJL 

cundo, de un jiiicio recto i de un gnsto severo mas bien 
que de una imajinacion brillante, poeta porarte i graniático 
por natiiraleza, Malherbe emprendió a la vez la reforma 
de la versificacion i de la leiigua, i prosiguió su empresa 
hasta el fin de sus dias con una constancia singular. Oomo 
poeta, su gloria no consiste soiamente en haber perfeccio- 
nado el mecanismode los versos, depurado el lenguaje poé- 
tico, ¡ «reducido la musa a las reglas del deber,» como dice 
Boileau, sino en baber creado en Francia el jénerb Hrico 
elevado i en baber llevado la elocuencia a la poesla. Sus 
odas i sus estancias. compuestas ¡ Jimadas con nna pa- 
cíencia i con un trauajo infinitos, están llenas de fuerza, 
de armonía i de elevacion, con un jir») vigoroso de pensa- 
roiento, dc versificacion i de estilo de que no se tenia idea 
ántes de él, i que pocas veces se encuentra en los poetas 
posteriores. Los discípulos de esta nueva escuela han que- 
dado mui atras de su ilustre fundador. 

Se puede decir que el mérito principal de Malherbe 

consiste en la severidad del gusto. Esta cualidad falta a 

otro poeta contemporáneo suj^o nnii distinguido por el je- 

nio i por la pureza del estilo, á M aturino Regtiie r H 573- 

1613). Destinado en su juventuííina carrera eclesiastica, 

recibió en efecto, las primeras órdenes, hizo dos viajes a 

Roma, i vivió favorecido por el rei; pero su aficion a los 

placeres del mundo i sj pasion por la poesía lo ocupaion 

toda su vida. Sus obras se ccmponen principalraente de 

sátira?, i ellas revelan que Regnier no debió todos sus 

triunfos a un trabajo profundo i asíduo. Se distingue 8o- 

bre todo en escojer el ridículo i en pintarlo con-rasgos in- 

delebles. Ademas de las frecuentes imitaciones de los poe- 

tas latinos, ha tomado mucho de los escritores saiíricos 

italianos, lo que disminuye el mérito de orijinalidad: pero 

aparte de que en esa época la sátira, como jénero literario 

era desconocida en Francia, el gusto imperfecto i la len- 

gua informe todavfa, Regnier deja ver siempre un talento 

propio i un espíritu observador lleno de finura, de sagaci- 

dad, de buen sentido i de una malicia esquisita i casi sin 

arte. Por Ja pureza i por la riqueza, su estilo es superior 

al de todos los piietas franceses que lo precedieron, i ann 

hoi mismo agrada por sn vigorosa enerjía. 

4. — La üteratura dran^ática pasó pcr las mismas tras- 



HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS MODERNOS. 355 

forraaciones que l.i poesía lírica. Durante la mayor parte 
dol Biglo XVI, el arte estuvo reducido como en la época 
anterior a las moraiidades (mo?'cUités), a las farsas, i a las 
tonterías (sotises). Numerosas persecuciones dirijidas con- 
trael teatro, inclinaban los injenios a la coniedia de cos- 
tnmbres, puesto que se les prohibierou las libertades satí- 
ricas i todas las personalidades. 

Pero al fin, el maaifiesto de Du-Bellay vino a abrir 
nuevo rumbo al arte dramático. Buscóse, como eu la poe- 
sía lírica, nuevo campo en la imitacion de la antigüedad. 
Antes de seguir las liuellas de los antiguos, los poetas 
tradujeron algunas piezas de Sófocles, de Eurípides i de 
Aristófanes. Las imitaciones no se hicieron esperar: va- 
rios poetas de la escu^la de Ron^iard, entre los cuales des* 
collaba Estévan ffodelle (1532-1573), conipusieron dramas 
cuya intflga ténía algo de orijinal, pero cuya accion era 
griega o romana, i en que copiaban servilmente el carác- 
ter del teatro antigU'». Solo a fines del siglo, el dramase 
apartó de ese camino, i entónces el teatro español, i mui 
en particular las obras de Lo[)e de Vega, que eu esa época 
comenzaban a estar muí en boga, fuéel moeielo de los poe- 
tas franceses. 

5. — Hasta el siglo XVI la prosa f rancesa casi uo se ha- 
bia ejercitado mas que en las crónicas. En csta época se 
la ve tratar todos los asuntos i desarrollarse en las obras 
mas variadai». ^ra nci scp üijiejais, nacido en Ttirena en 
1487 i muerto enTaris en 1553, es el iniciador de esta re- 
volucion. Se han escrito muchas tradiciones de dudosa 
veracidad i muchas anécdotas sobre su vida; pero lo que 
hai de verdad es que Rahelais, médico i sabio de profe- 
sion, comenzó desde temprano una vida disipada, i liena 
de contradíciones i de aventuras, cn que la piedad no tu- 
vosiempre la mayor parte, aunquefné fraile franciscano, 
benedictino, clérigo secular i por último cura de Meuilou. 
A penar de su profundo buen sentido, i de su inmensa 
erudicion en literatura antigua, su imajinacion que no 
tiene otro rival que la de Aristófanes, lo arrastra sin ce- 
sar, quizá contra su voluntad^ mas aliá de los Kmites de la 
licencia. 

La obra qne le ha asegurado la ¡inmortalidad es una no- 
vela satirica í alegórica que tiene por titulo Hec/ios i di- 



I 

4 

356 ELEMENT0S DE UTERATUBA. 

chos dd jigaaUe Gargantúa i de su hijo Pantagrud. En rea- 
lidad, este líbro no pertenece a jénero alguno deterininado^ 
no ae somete a ningnn órden, uo imita ningan modelo, no 
permit» níngima imitacion. Todo alli es fantástico i oriji- 
nal. Las aventuras singularmente variadas del personaje 
principal, forman un cuadro injenioso en que se encnen* 
tran todas las cualidades, todos los defectos, todos loe jé^ 
nero^ desde el injenio mas fino i la> imajinacion ncas viva, 
Iiasta las invenciones mas desvergonzadas i lamas grosera 
incoherencia de ideas, desde la sátira mas elevada faast» 
las bufonadas mas grotescas i aun algunas veces las maa- 
obcenas. otEste libro, ha dicho La Brnyére, es un mona- 
truoso conjuuio de una moral fiua e injeniosa i de nna su-* 
cia corrupcion: donde es malo, pasa los limites de lo |>eor:-* 
forma el encanto de ia canalla: donde es bueno^ va basta 
lo esqtiisito i lo excelente: puede ser uno de las bocndoa- 
mas delicados./» La sátira fina, las consíderaoiones filosó- 
ficHS Ilenas de grandeza i de atrevimiento, el odio por- 
oíertos vicios de su tiempo que estalla en vehementes in- 
dignaciones o en bnfouadas picantes, las alusiones cuya 
andacia sin velo es llevnda ha^ta la temeridady la comedia 
con todo su injeuio, la sátira bajo todas las formas, sátira 
relijiosa, sátira fílosófica, cientifícay política; lo sério, k> 
grote^cOy la burla, la aita erudícion, todo está confundido^ 
sin órden, sin regla, sin plau conoebido de antemano, pre^ 
sentando el. oonjunto mas estravagante ¡ tambien ei mas^ 
curioso, el inas sdrprendente i el mas atrayente que se- 
|/uede encontrar. Este interes incesantey este méritosin 
lado débil, es debido, aparte de la orijinalidad de la in- 
vencion, i del vigor dei petfsamiento^ a las innpreciables 
cualidndes del estilo. £ste estilo firme, elegante, cuidado^ 
dotado de uua uotable precision i de un grau coiorido, aña* 
de vigor al pensamiento (SaiNt-Agnan Oholeb). 

Se lian escrito muohas obras sobre el libro de Habelais^. 
se le ha censutado con injusticia i se le ha eusalzado coa 
exajeracion. Los comeutadores, violentando con írecuen- 
ciasu sentidoy como cuando se trata del libro inmcrtal de* 
Cervántes, han dicho qne la caprichosa burla era un veli> 
arrojado sobre un pensamiento sério, i ee han dado niHH- 
bres reales a sus peraonajes fantásticos i un sentido pro* 
fundo a las bdfonaidas mas claras. Segun ellos, Grangoa-- 



HISTORIA UT£fiARIA. — TltMPOS ANTIGUOS. 3oT 

sier, e1 rei biieQo i snave, es Luis XII; OargaDÍúa, Ía 
fuerea que se desplega sin reflexion, es Francisco I; Pan- 
tagruely el poder beiiévolo ¡ fuerte, Enrique II; Picrocho- 
le, la arabicion sin prndencia, Maxímiiiano Sforza; Paaur- 
go, ia andacia, la malicia, el sarcasmo foTrado de buen 
sentido, la capacidad que se aplica a todo, pero poco escru- 
]>nIosa en los medios del triiinfo, el cardenal de Lorena; i 
así los denias personRJes. Este sistema <le interpretacion,. 
así como otros que se lian aplicado al libro de Rabelais,. 
son nias ÍDJeniosos que sóiidos, i no resisten a uua crítica 
detenida, £1 autor, como dice el hist<>riador de Thou, «ha 
pnesto eu escena, bajo nonibres falsos todas la» condício-» 
oes de la sociedad; todos los órdeucs del estadt), i ios ha 
entregado a la ri<^a del pueblo;» pero para ello ha creado 
tipos imajiuarios, como sueleu hacerlo los gi-andes maes- 
tro«. 

6. — ^Rabelais, abordó, rienio, la^ mas altas cuestiones ' 
8ociaIeS| i les buscó una solucion sin abandonar un ins- 
tante su buen humor. Otro escritor igualmente ilurítre^ 
Migu cl de Montaigne. sicfuiendo nn camino mui difereu- 
te, reunió en un librono méuos singular todas las obser- 
vaciones que el estudio i la esperiencia.le habian sujerido 
sobre el hombre i la sociedad. Nacído en Perigord en 
1533, Montaigne, desempeñó como maire de Burdeos, un> 
papel importante en los trastornos civiles que produjeron 
las contiendas relijiosas, couaervando siempre la serenídad 
de su alma i la honradez de su cornzon, i murió en 1598* 
La educaciou esmerada que le hi%o dar su padro, lo inici^ 
desde temprano en el couocímiento profundo de los escri- 
tores de la antigüedad, i lo preparó para ser nn verdadero 
escritor. Moiitaigue debe su celebridad a una obra sin 
plan, sin asunto especial, titulada Ensayoa, porque quiso^ 
dice, hacer en este Íibro el ensayo de sus facultades natu» 
rales. Es una amalgama de hístoria, de moral, de filosofía, 
de política ide literatura, dividida en tres libroa, subdivi- 
didos en capftulos, repertorio abundante de recucrdos de 
una vasta erudicion i de reflexiones naciclus de essos re- 
cnerdos, En ella, lascuestiones se siguen i ^e eucadenan 
llamadas las unas por las otras, i no traidasde intento por 
una res ducion concebidci de autemano. «La inagótable 
memoria de Montaigne, dice M. V^illemaÍD, pone a su dis. 



358 ELEMENTOS DE LTTERATÜRA. 

posicion todo lo qne los liofubres hau pensado. Sn jnicí<\ 
sn gusto, su inatinto, su inismo capricho le s-niniuistran 
iacilmeuts pensainieutos nuevo««. Sohre cada materia co- 
niienza por decir t<>do lo que sabe, i, lo que vale mas, aca- 
ba por decir lo que cree. Este hombre que en la discnsion 
cita todas las autoridailes, escucha todos los partido9,,acoje 
todas las opiniones, cuando al fiu llega a decidir, no con- 
fiulta mas (jue su propio juicio, i da sn parecer m> poi'que 
lo crea bueuo, sino porque es suyo. Elsta marcha es larga 
pero es agradablee instructiva: eufieña a dudar, i estepnn- 
cipio de la sabiduria es algunas veces el último ténnino.» 
¿Qnién sabef es con frecuencia la última jialabra que se 
obtiene de él sobre los problemas mas graves ¡ mas sérios. 
Est:4 obra cn que estáu tratadas tantas i tan variaiias 
cuestiones, es considerada hoi como el primer monumento 
<ie la literatura clásira francesa, jmrque a iicsar de esa 
falta de plan, qne revelan que Montaigne escribiasus idcas 
como se le presentaban a la mente, se d^ja ver en todaa 
8U8 pájinas un espíritu eminentemente tiloíófico i obser- 
vador. Los pensamicnios vieneú sin órden; j^ero el lector 
los encuentia 8Íem|>re oporturvos; jiorque ej» imjiosible tra- 
ducir la idea en un lenguaje mas pinturesco, mas vigoroso, 
tnaa preciso, mas nutrido dé sustancia i de imíVíiues. «Su 
^stilo, continúa M. Villemain, es una nlegoríu sierapre 
verdadera, eii que todas las abstracciones del esj^íritu vis- 
ten nua forma material, toman un cuerpo, nn rostro, i por 
decirlo así, se dejan tocar i manejar. Montaigne abusa con 
frecuencia de sus lectoie». Esos capítuloa que hablan de 
todo escejíto de lo que prometia el título, esas digresiones 
que se embarazan unas a otras, esos largos paréntesisj po- 
driau fatigar. . . si un'rasgo inesperado, uu pensamiento 
injéouo i vigoroso, un palabra orijiual no reavivaseu uues- 
tra atenciv>n a cada paso.D 

7.— AI lado de estos dos grandes prosadores, la Francia 
poseyó en el siglo XVI rauchos otros que le son inferiore» 
eino jior la forma literaria, a U» ménos por la variedad de 
lo8 con(ícimiento8 i j^or la novedad de las ideas. Alguuosde 
ellos, sin embargo, ejercieron grande influencia 8c»bre su 
8Íglo i contribuyeron eficazmente a fijar la lengua. Vamoa 
a recordar a la lijera los nombres de los mas notables. 
juau Calvijio (1509-1564), considerado siempre como 



HISTORU LITERARU.— TIEMPOS MODERXOS. 359 

hombre de secta, i pocas vecea como escrjtor, ha eicrito 
sÍQ emharg(», pijinas en que osteiita un estilo firme, aus- 
tero i de una correccion rara para su ép'íca. Se le liama 
por esto mismo uao de los pndrps de la lengna fr/xncesa. 

S>inhiflg-o Atuyot (1513-1593), ocupa un puesto dis- 
tinguido entre los escritores orijinales por sus traduccio- 
nes de PJutarco i de Longo. El candor, la elegancia ¡ la 
riqueza de su lenguajé han transformado i luituralizado 
en Francia los CHcritores que imita. »Su traluccion de Plu- 
tarco ha llegadoaser una de las obras clá-íicas rnas esti- 
madas de una literatura que posee tautos i tan ricos mo- 
namentos. 

P^dro de Bour^lpilles^ sefior de Brantórae, conocidoje* 
oemlmentecon este último nombre (1527-1614), escribió 
por fríigmentos biográficos la historia de todos Íos escán- 
dalos de su siglo. Sin pronuncinr jamas sujuicio, i sin dis- 
tinguir quizá lo juHto de I<> injusto, íjrantóme ha contado 
con gran naturalidad todo lo que >abi:i, consignando así en 
8US obras importantes datos de que se han aprovechado los 
bistoriadores subsiguientes. 

Pero, si es iniitil prolont^ar esta nomenclaturade prosa- 
dores franceses del siglo XVI, es indispensable, en cam- 
bio, recordar una obra que, aunque pubiicada bajo el 
anónimo, i aunque escrita cou un propósito de circunstan- 
cias, hizo un gran ruido en su época i conserva todavía su 
crédito, como monumento de burhi picante i de alta elo- 
cuencia. En medio de las pasiones relijiosas i de los graves 
iutereses que impuUaban íos partidos a los medios estre- 
mos, comprendiendo en eilos el asesinato, cuando la Liga 
se obátinaba en uo recouocer a Enrique IV i eu prolongar 
la guerra civil, cuando el rei de E^jpafia enviaba a la causa 
eatóiica soldados i dinero, i cuando los estados jenerales 
se rcunian i se separaban sin haber reí^uelto nada, algtmos 
hombres de tah;nto i de patriotismo se a»*ociaron para com- 
batir con la pluma las nmbiciones nnaléíicas i ridículas de 
los caudillos de la Liga, i compusieron la Sdtira Menipea 
(1593), llamada así en memoria del cfnico Menipo, que 
Varron i Luciano habian hecho intervenir en sus sátiras. 
Seencuentra en esta obra el sello diverso de muchos ta- 
lentos igualmente uotables, Uuo puso en juego la burla 
mas fina i mas hiriente, otro los acentos de la elocueucia 



360 ELEMENTOS DE LITERATÜKA. 

mas varoDÍIy todos ese ÍDJenio frances siempre presto para 
coDSolarse del infortunio néadose de los que lo producen. 
Los autores de la Menipea eran hombres honradoa i con- 
vencidos, .católicossinceros i al mismotíempoeacritores de 
printfer órden. No escucharou mas que la voz de su con- 
ciencia i de sn amor por el bien público: el sentimi^nto del 
deber les dió el valor de decir la verdad. Pedro Le-RoVy 
canónigo de lacatedral de Bouen, oóncibió la idea prime- 
ra^ trnzó el plan de la obra, i escribió una parte de ella; 
pero fué ayudado por otros injenios escojidos. La Menipea^ 
produjo uu efecto maravilloso; fué reimpresa variaa veces 
en pocas semanas, i contribujó a la pacificacion jeneral^ 
atrnyendo al sentimientu de la verdad i de la justicia a los 
espíritus a quienes cegaba la intolerancia i la ambicion. 
Ella dió a la Liga un golpe mas terrible que la batalla 
dc'Ivry. 

SIGLO xvii. 

8. -«La verdadera edad de oro de la liieratura francesa 
es el siglo XVIIy denominado comunmente siglo de Luia 
XIV, por el nombre del monarca bnjo cuyo rcinado se de- 
sarrolló ese gran movimiento de los espíritus. Fué entón'^ 
ces cuaudo el gusto de lo bello en las letras i en las artes 
Tino a ser uno de los rasgos distintivos del carácter nacio- 
nal, cuando grandes prosndores, grandes poetas ¡ grandes 
artistas dieron a la civilizacion francesa, fina i culta ya, algo 
de esa majestad i de ese csplendor qué caracterizan a los 
grandes si^Ios de la líteratura ántigua. Se pueden preferir 
tal vez la espontaneidad individnal, el poder creador del 
siglo XVI, las tendencias sociales, politicas i emanoipa* 
doras del siglo XVIII; peni no se puede negar una |>ro- 
funda admirncion a la riqueza i a la grandíosidad del pe- 
ríodo literario que vamos a ])asar en rápida revista. 

La ntieva era literaria se inaugura cou grandes progre* 
608 en el arte dramátic4>. Al lado del teatro mas bien popu* 
lachero que popular del siglo XV, se habiaformado en el 
siguiente, corao hemos visto, un teatro sábio i pedantesoo^ 
obra de los discípulos de Konsard. En esas obras, copia* 
das coD poca intehjencia de los gríegos i de los latinos, no 
se encuentran otros méritos que el estilo^ alguuos versos 



HISTORIA LITE&ARIA. — TIEHPOS MODERXOS. 361 

líricos i las declamacionea del gaato de Séaeca. E^te jéaero 
de obras no tuvo ana larga vida; desde fíaes del sigla 
XVI 86 foroió ua teatro verdaderaniente popular, no gro- 
sero conio el delds cofrades de la Pasion, ni pedante como 
el Jodelle, sino capaz de divertir a los espectadores de to- 
das las condiciones. Alejandro Hardy, poeta de una com- 
pañia de cómícos, fué considerado éu los primeros aQos 
del siglo XVII como el jefe de uaa grau revolucíon en el 
arte dramático. En realiclad, no tenia otro mérito que la 
fecundídad i cierta riqueza en la versiñcacion; pero imi- 
tando a los latínos, a ios italiano»^ i particularmente a los 
españoles, couipuso trajedias, comedias^ pascorales, hi&to» 
rias dramátícas i traji-comedias. 

EI afio de la muerte de Hardy (1629), es una gran fecha 
literaria. El vió terminar el privilejio de los cofrades de la 
Pasion, comenzar dos teatros duradcros i defínitivos, colo- 
car a los autores i a los címuícos bajo la alta direccion del 
poderoso ministro, cardenal de KichelieU; promulgar las 
reglas de Árii^tóteles como el código de la^ poesía, repre- 
sentar la primera trajedia regular, i admitir la primera co- 
media de un poeta Ilegacio de Rouen, que se Ilamaba Pe- 
dro Corneílle. Eu el seutido mas. rigoroso, é:$te es el padre 
de la trajedia francesa. Otros poetas habian conocido i 
practicado ya las reglas de Aristótelea; pero no habian lle* 
gado a i>ulimcntar i a mejorar la forma del drama. 

9. — <¿)rneille . nacido en Rouen eu 1606 i muerto en 
Paris eu 1681^ estudió la jurisprudencia i fué aboc/ado de 
algnn créditt», pero el amor, segun se dice, lo hizo poe- 
ta^ i la poedia lo arrebató al foro. Habiéudose trasladado 
a Paris, se ensayó primero en la comedia, i escribió algu- 
naá que hicierou desde luego cierto ruido. Compuestas se- 
gun el gusto poco severo de las piezas de su tiempo, pero 
mas raztmables en el fondoy i escritas con inas correccion^ 
con mas auimacion i cou mas injeuio, esas obras anuncia- 
ron un poeta dÍMtiriguido i un talento verdadero. Poco mas 
tarde, bu jeuio trájioo se reveló por la Medeüj pieza imitada 
de Séneca, sin arte i sin verosimilitud, pero en donde bri- 
Ilan rasgos de elocueucia i de sublimidad. Por íin, 1636, 
sacó de un drama fspañol de Guillen de Castro la trajediv 
titttlada El Cid que debia hacer inmortal su nombre. Ins- 
pirado por este noble i patético asuntoy el jenio vigoroso i 



362 ELEMEXTOS DE LITERATUKA. 

profuado de Corneille creó, por decirlo así, de un stdogol- 
pe, el t¡[>o de la trajedia clásica francesa, esa incomparable 
forma dramática, en la cual con asantos sencillos i de una 
rigorofta nnidad, 8Ín cambios de escena, sin raáqaina, sin 
incídentes estraordinarios, por solo el desarrollo de las si- 
tuaciones, de los caractéres i de los sentimientos, sostenido 
por un estilo puro, noble i poético a la vez que elocoente, 
el poeta atrae i conmneTe los espíriíns mostrándoles sobre 
todo las grandes Inclias raoraies^ i el movimieuto de las 
pasiones humanns en Inclia con las necesidades o con la 
virtud. EI éxito brillante del C/rf descontentó a Richelieu: 
la trajedia fné el objeto de críticas mezquinas i pcco sin- 
ceras, pero la admiracion nnánime de la Francia asegnró 
sa trintifo. Cansado de olr decir que carecia de inventiva, 
i que tomaba el foudo de sns piezas de otros teatros, Oor- 
neille hizo representar su Haracio(\639), pintura elocuen- 
te de la antígua virtud romana, elevándose por el amor a 
la patria sobre las mas tiernas afecciones de la familia; i 
Inego muchas otras trajedias eminentemente orijinaied. 

No se limitó Corneille al jénero trájico. Escribió tara- 
bien comedias, i algunas de ellas fuerou obras maestras. 
Tomando por modelo La verdad sospechosa del poeta es- 
pañol AlarcoD» pero adaptándola perfectamente alasideas 
i a las costumbres francesas de su tiempo, i vistiéndula 
con un estilo Ileno de movimiento, de naturalidad i de sal 
comíca, escribió el Emiustero (Lementeur) i creó en Fran- 
cia, por medio de nna imitacion, la verdadera comedia de 
caráoter. Corneille, ademas, dióa luz muchas poesíaa líri- 
cas; pero ni en estaíi obras ni en todas sus trajedias se debe 
bascar la perfeccion consrante, porque dotado demas jenio 
qae gusto, se dejó arrastrar algunas veces por el deseo de 
producir el efecto teatrnl, o por las tendencias todavía in- 
ciertas de la literatura de su época. Sin embargo, cuales- 
qniera qne sean estos defectos de detalle, CorneiUe, es el 
primero de los trájicos del mundo quehnya exitado el sen- 
timiento de la admiracion, i que haja hecho de él la base 
de la trajedia. Nos sorprende por la grandeza de los senti- 
mientos i por la elevaci(m de los caractéres. Sus piezas ele- 
van el alma sin desesperarla, porque a la altura a qae nos 
trasporta sentimos que la virtud, de que nos ofrece ub 
ejemplo acabado, no es superior a nuestras tuerzas i que 



HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS MODERNOS. 363 

podemos alcanzarla. Mas beróico que patético i conmove- 
dor, tiene con todo acentos de ternura i de suavidad apa- 
sionnda. Por lo demas, no hai nada que desdefiar en sus 
obras: aun las uiénos buenns tienen alguna grandezu, i 
ofrecen un ancho campo al estudio i a la observacinn. 

10. — Corneille vivia aun, i ya tenra un sucesor. Juan 
'Raíáfte^ que vivió entre los afios de 1639 i 1699, alcnnzó el 
segundo puesto en la h¡st(»ria de la trajedia francesa, b\ bien 
muchos de sus contemporáneos le asignaron el primero. 
Fortificado con sólidos estudios en la severa escuela de 
Port-Roval, adquirió allí el conocimiento i la admiracion 
de las obrns mae¿tras de la antigüedad. Despues de atgu- 
nos ensnyos imperfectos, que sin embargo revelaji el jér- 
men de su talento, hizo representar en 1669 el BritárdcOy 
trnjedia basada cn uno de los mas admirables cnpítulos de 
Tácito, que marca elprincipiode su gloria. Muchas otras 
piezas fundadas en la historia nntigua i en la hi^toria mo- 
derna, aíinnzaron esa gh^ria sobre cimientosindestructibles. 
Racíne fué mas léjos todavía; sacó de la Biblia la accioa 
de dog trnjedins admírables, la Este7*'\ la Atalia, i compuso 
una comedia justamente estimada, Los liiiyantes (Les plai- 
deur8)j bnrla agradable e incisiva de lasjentes que fre- 
cuentan los tribunales dc justicia o que intervienen en 8u 
administracion, ialgucas poesiías liricas. Escribió ademas 
una hisitoría de la escuela de Port-Royal i las cartas íami- 
liares, que le han asegurado un puefeto eminente entre los 
escritores epistolares i los prosadoresfranceses. 

Racine, dejando a CorneiIIe la grandeza ideal de los ca- 
ractéres i la representacion de los combates dela voluntad 
contra la pasion, quiso analizar la marcha i las revohicio- 
nes dc los sentimientos en el alma humana i mostrar el 
curioso es[)ectáculo de esos resortes morales que imprimeti 
a las pasiones una marcha tan desordenada en aparieucia, 
tan regular i tan lójica en realidad. 

No se ha empefjado como su antecesor en la pintura de 
las pasiones fuertes, de los caractéres estremos, ni de las 
tendencias ideales í caballerescas, lo que quita algo de su 
grandeza a la trajedia; pero ha retratado con gran felici- 
dad las pasiones suáves, el amor, el pudor, la ternura de 
tina madre, la probidad, la adheí^ion, la fiílelidad. Sin em- 
bargo, este níétodo que consiste en poner en esc nn lus 



36é EWaCENTOS DE LITBRATURA. 

abstraccioaes morales bnjo formas de ¡ndividnalidades mnl 
completas para ser verdaderas, esta propensioo aadornarlo 
todo, a embellecerlo^ a snavizarlo, esta teadencia a reem- 
p]a7ar la eraocion quc resnlta de los hechos por esa espe- 
cie de interes qne trae consigo la perfecta ejecucion de an 
plan meditado, uo es lo que nn especfador va a buecar al 
teatro ni lo qne se reclama de nn poeta dramático. Por 
otra partCy la misma perfeccion pareja i ooimtaute que se 
eucnentra en el teatro de Kacine, tanto en la concepcioo 
como en la ejecncion de la obra, en el pensamiento como 
en el estiio, esa armonía tan igual, esa correccion tan sos- 
teoida, tienen tambien sus inconveníentes. La poesía es 
como Anteo:^no se eleva a I(»8 sublimes espacios sino a 
«Dudicion de reponer a veces sns fuerzas tocaudo la tJerra, 
i la perfecüion no pnede existir uniforme sino mantenién^ 
dose en cicrta elevacion, i sin poder subirde allí. Racine 
onida con tanto interes el plan de sos trajedias comn la 
eopstruccion de cada uno de sus versos, i la eleccion de 
cada nna de sos palabras; En sn elocucion no se puede 
oaanbíar, afíadir o suprimir algo, porque todo está bieo 
dÍHpoestOy bien elejido, bien colocado. Una trajedia de Ra- 
eine pnede ser comparada a ona Ilannm hermosa pero oni- 
forme, al azul inalterable de nn cielo pnro; pero noestra 
vista se cansa de esa misma uniformidad, i prefiere las 
grandes montañas qoe se elevao a las rejiones de doade 
se desprende el rayo i qoe tienen a sos pies hondos preci- 
picios. 

11.— Al lado de los mas gloriosos oombreA de la litera- 
tora francesa del siglo XVll es raenester colooar el de on 
poeta qoe sin coltívar los grandes jéneros lite^arios, siii 
brillar en la corte como algnnos de sns contpmporáneos, i 
flia tener siqniera onn conciencia cabal de so jénio^ com- 
pnso obras maestras de naturalidad i de arte, sin prec»- 
dentp en la literatura antiofua, i sin imitadores felices eo 
Jns tiempos modernos. «Nnestro verdadero Homero, el 
Homeix) de los franceses^qnién lo creeria? es LaFontaine,» 
dice on célebre crítico. «íán él, dice M. Demogeot, »e ret^ 
liza de la manera mas completa Ja f nsion de todos los ele* 
mentos del pasado en el oeno de nn pensamiento moderno, 
dotado de la orijinalídad mas podero^a... La Fontaine, 
afiade mas adelante, el mas sencillo^ el ménos pretencioBO 



HISTORIA HTERA.RIA. — TIEMPOS MODERNOS. 365 

ile los poetOíS^ es el único qae relaciona el stglo XVII a 
ia vea al pasado i al porveníiM> 

Ju aa de La Fontaine ( 1621-1695) recibió por ¡nxlolííncia 
una edacacion mui (leacaidada, i Uegó a la edad de veinte 
i do6 aüos sin dejar prcsentir sn jénio. Una oda de MaU 
herbe qae oyó leer un dia, despertó en su alma el sentl- 
iDÍento poético. Eutóuces recomenzó sus estudíos sia ia- 
teres í sin ambicioa, creyendo que el estudio era una sim*- 
ple distraccion. Leyó los antiguos autores franoeseSy los 
a<lmiró i aprendió en elios los resortes de ia leogua. Estu* 
dió igualmento los escritores italianos, i para llegar a ce- 
nocer a fondo los poet^s antiguoSy aprendió el latiu bas«> 
tante bien; pero en estos estuilios hechos sin ua plan fíjo, 
sin el pro|>ói)íto de adquinr nombradía, la orijinalidad de 
sujénio fué baí^taube podero^a para asimiiarse tantos eler- 
mentos diversos sin perder un solo rasgo de su caráoter 
propio. Las obligacíones de un empleo, el cuidado de la fa» 
milia, la conservacion de sn patrimonio, fueron trabas que 
La Footaine no sufrió largo tiempo. Vendió su empleo, 
descuidó a su mujer i a sus hijos, a quienes olvidó tam* 
biea en breve, consumió su patrimonio; i perezoso, iado- 
lente siempre sobre su porvenir, sin escrúpulos de^ amor 
propio i sin ambiciones de ningun jénero, pasó el resto de 
su vida recibiendo favores de sus amigos^ durmiendo miv- 
cho i trabajando solo cuando la inRpiracion venia natural*- 
mente a pouerle la pluma en la mano. Tocaba i retocaba 
incesaotemeate lo que habia escrito, de tal manera que esa 
distraccioa perpétaa, esa distancia por todos los aegocios 
de la vida que se le reprocha, era solo una meditacion CGn^ 
tínua i perpétua. Marcaba ooa el mayor cuidado todas las 
divisioaes del discurso, las comas, las iaterjecciones. As{ 
es como se trabaja [lara la posteridad i como se levaataa 
monumentcs indestructíbles de perfeccion i de belleza. 

Hasta la edad de cuarenta afiOfl, I<a Fontaine parecia 
esuerar siu impaciencia, i en una suave [)ereza, la tardía 
madurez de su jénio. Sus primeros eusayos fueron algunas 
poesfas de circunstancias que respirabau naturalidad ea 
lo4 seutimientoH i en la espresiou. I¿n seguida eRcrilrió sus 
Gaentos, narraciones poéticas de aveuturas divertidus ¡ ctm 
frecuencía mui poco moraleá, que muestran uua faz del 
gusto i de las costumbres de aquel siglo^ encubierta hadta 



366 ELEMENTOS DE LÜCER.VTCJRA. 

entónces por el brillo de una decencia oficial ¡ de una lite- 
ratnra grave i soleinne. Esos cnentos son la últinia ¡ defi- 
nitiva refundicion de los fabliaux, qne desde la edad in?d¡a 
divertian a la Europa. Touiando los asuntos de Bocacia 
o de las poesías narrativaA conservadas |»or la tradicion^ 
La Fontaine ha sabido ser or¡j¡nal en la iniitacion, rev¡s- 
t¡endo 8US b¡3tor¡etas con un ¡njen¡o puramcnte frances i 
con una sencülez llena de la mas fina rnalicia. 

Ebfa obra, es, sin embargo, la uiénos conoc¡da entre las 
que bacen la glona de La Fontaine. Sns Fáhulas lo ele- 
varon a la altura (|ae ocupa tanto por la pureza ¡rrepro- 
cbable de su moral, como por la in¡m¡tabie j)erfecc¡on de 
su est¡Io. El apólogo, tal como lo ha con)prend¡do La 
F()nta¡ne, es nna de las mas felices creaciones vlel espírita 
humano,, porque reune todos los recnrsos de la poesía eu 
un pequeño espacio. Pertcnece a la epopeya por la narra- 
cion, al jénero descriptivo por los cuadros, al drama por 
el jtiego de los persouojes i la pintnra de los caractéres, a 
la poesía gnómica por los preceptos, ai lirismo por la ele- 
vacion deí pensamiento ¡ por b>s encantos del estüo. A 
estas cnabdades Hterarias aOade la^ aptitudes do art¡sta i 
de pensádor, Ilevadas al mas altogrado de perfeccion ode 
enerjía. El primero de todos los fabuHstns, La Fonta¡ne ha 
hecbo de cada apólogo un pequeño drama, en que arroja a 
manos llenas las p¡nturas i las ¡májeues tomadas en la ob- 
servacion del mundo moral, i del mundo físico, ¡ todas de 
una verdad famüiar, graciosa, cóm¡ca o conmovedora. 

La Fonta¡ue declara ann en el front¡sp¡c¡o de su übro 
que no ha hecho mas que poner en verso los apólogos de- 
la ant¡güedad, los orientales, los gr¡egos i los romauos. En 
efecto, con escepc¡on de unas pocas fábulas or¡j¡nales, las 
demas t¡en?u por base un asunto tomado de Esopo, de 
Fedro o de otros escrit.ores; pero en sus manos, esos asnn- 
toB pasan a ser compjetamente orij¡nales. La orijinalidad 
poética no consiste en inventar una accion, sino en desou- 
brir la poesía que t¡cne e6a acc¡on. Los jén¡os mas creado- 
re?' de ord¡n&r¡o no han invehtado otra cosa. La inveucioo 
de La Fontaiue consiste en su manera de contar, en sa es- 
tílo admirabie, en esa feliz ¡inajinacion que siembra por 
todo el ¡nteres ¡ la vidti, en esa buena fé, en esa aparente 
credulidad del uarrador^ cn esa seriedad con que mezcla 



HISTORIA LITERAKIA. — TIBMPOS MODERNOS. 367 

las nmd gnindes cosas a la» |>eqneñas. La ourtlida<l oarac- 
terfstícn ¡ distiutiva de La Foiitaiue es su iniioitable cau- 
dor. El lector be imajina oir a uu houibre senciilo quo 
cree los cuentos de la niñez i quo Ci^j^era que se los crean. 
Su erudicion, hu elocueucia, j-u íilosofía, su irnajiuacton, 
8» nieTnorift, su senHibilidal, todo se poue en ejercicio pa- 
ra interesar. Por eA*i es, volvefu»» a repetirlo, que la fii- 
iMila tal conio la coiuprendió el poeta í'runcea, ni» tiene* 
precedente eu la antigíiedad, i .p(»r eso tamhien ha quü- 
dado mui arriha de todos sus inutadores Uiodcruos. 

12. — Pero no se crea que en la época en que Racine í 
LtSL Fontaine comenzaron a escribir, el gusto frances esta- 
ba formado, í qtie las obras de esos í de oDros graudes poe- 
tas de aquel siglo fueron aplaudidas desde el pritner mo* 
inento. Léjos dp eso, el gu^to iucierto adraitia conhisamente' 
lo bueno i lo mediocre, i una mucheluuibre de escrito* 
res de escaso raérito cmbarazaba el camino que debíaa 
recorrer los hombres de verdadero jínio. Muchos de éstos- 
tnvieron rivalcs mui aplau'iidos cn su ópoca i completa- 
meiite olvidudos aliora. La ooesía itnitaba t<Khivía l>'S ino- 
delos legadoi) por la Hntigtiedad, por la Itulia i por la* 
Ms|iaña, |)ero no se habia Jeneraüzado el arte de dar vigor 
a esas imitíicioncs, i de hacerias propiaMiente orijinales, 
como lo liizo La Foutaine con la mayor ¡nirte de sus fái)u- 
Ihs, i Corneilie con aigtma de sus trajedias. Fultaba toda- 
vía asentar el •<rusto: esta f'né la obra de Boileau. 

Nicolns Boileiui Des pj^éjuiaLuat'ió en Paris cn 1636, í 
murió en 1711. bt^stínado por sus jiadres a lacarreradel 
foro, él abandonó los e^tndios legales para dcdicarse a la 
jurt8])ru(lencía literario, llegó a ser el gran jnez de la lite- 
tura de su tiempo, i dió, como lejislador del Parnaso, leyes 
(|ue hasta ahora están eu vigor. La gloriu de Boileau. 
c<»nsiste en haber desembrollado el arte ccnifuso del si-~ 
glo XVII, en lnU)er asignado a cada hombre i u cada cosa» 
su rango en la estimacion ptibüca, en haberlo hecho oon . 
uti discernimiento ¡nralible, con un valor intrépido, i ejij 
fin, eu haber dado sus sentencias en versos tan armonio^ 
sos, en nna tbrma tan íeliz, en uti iengnnje tan perfecto, 
que no se pnede retocar nada siu desmejurarlo. 

Nadie [)odia ejercer esta dictadura literaria con inas 
justo títulü que Boileau. Puseta todas lascualidades opiiej»^ 

25. 



-ÍG8 ELEMENTO SDE LirERATURA. 

tas a lus (íí^fectos que quoria corrtrjir, Peio sobrc Uidns lat* 
ílotes poéticas, sóbre la ¡majinacion i sobre la sensibili- 
(lad, estaba sa ra:'. ■ i ^lara, serenn, despejada de toda 
preocupacion, de todu estravío de gusto. Su Arte poéÜca, 
«uperior a la de Horacio por la disposicion de las materias 
i porque comprende mejor casi todos los jéueros de poe* 
sía, es la espoRÍcion raas clara, mas nítida i mas elegante 
de las doctrinas que consisten en colocar siempre la razon 
sobre la imajinacion, en preferir lo verdadero en au senci- 
llez a lo belio disfrazado bajo la hinchazon i bajo la hi- 
pérbole. Para unir el ejemplo a la doctrina, Boileau es- 
cribíó muchas otras obras. De sus nueve Sátirasy com- 
puestas todas coa gusto delicado, cou un injenio hirient^ 
pero sin ódio, i con la pureza de estilo que domina en to- 
dos sus escritos, cuatro son esclusivamente literarias, i las 
otras cinco contienen rasgos picantes ¡ oportunos contra 
los malos escritores. Sus Epíatolas, obras de la madurez 
de la razon i de la fuerzadel taleuto, se refieren a muchos 
asuntos, pero todas ellas son notables bajo su aspecto rao- 
ral i bajo su aspecto l¡terar¡o. Por iílt¡mo, el Lutnn es un 
poenm heróico sobre un asunto cómico en que el autor ha 
revelado que conocia a fondo todo el poder de la maqui- 
naria épica, el arte de pintar los caractéres, de describir 
los combates i de hacer reir conservando él mismo la mas 
imperturbable seriedad, narrando los acontecimientos mas 
vulgares i grotescos s¡n palabras descompuestas, 8¡n iraá- 
jenes indío;nas de la poesía mas templada. La querella de 
los canónigos de una catedral sobre la colocacion que debia 
tener cierto facistol, ha permit¡do a Boüeau ¡ntroducir en 
flu poema con rara fel¡c¡dad los mas d¡fíc¡Ies resortes ép¡- 
cos, la personitícacion de cualidades abstractas, como la 
discord¡d, la fama i la mol¡c¡e« 

Es preciso reconocer que la orijinaHdad absoTuta no es 
el don de Boileau. £1 hab¡a estud¡ado mucho las literatu- 
ras antignas, i se habia asimüado con gran talento i con 
gran gusto las formas cuidadas i el espír¡tu de Horac¡o i 
de otros poetas; pero ha sabido revestír la im¡tacioa de ua 
colorido nuevo i de c¡erta novedad que ca8¡ vale tanto co- 
mo la orijinaHdad misma. Por otra parte, cuale8(|u¡era 
•que sean los reproches que bajo este concepto deban ha- 
«érsele, no se puede negar qne Boüeau ba prestado servi- 



HISTORIA LITERARIA,— TIEMPOS MODERNOS. 369 

c¡08 indiíputables. La gaerra obstiuada qne declaró a los 
ritnadores que se creian poetas, ha liecho triunfar el gusto 
i ha iluslrado If admiracion que vacilaba entre \o verda- 
dero i lo falso, i ha hecho servir la burla al progreso del 
buen gusto i de I(i rooral en literatura. 

13.— Un dia Luis XIV preguntaba a Boileau cuál era 
el cscrítor que mas honraba su reinado. — «MoIiérej&, res- 
pondió Boileau sin vacilar. Pero Moliére no es solo el ho- 
nor del reinado de Luis XIV; lo es de la Francia, de la 
Europa, del mundo entero; es el primer autor cómico de 
todas las edades i de todos los paises. Nadie como él ha 
conseguido crear personajes tan vivos i que sean al mismo 
tiempo tipos jenerales de la humanidad. Sus contemporá- 
neos s*e reconocian en sus piezas; i nosotros, salvo la dife- 
rencia de hábitos, i casi de trajes, vemos allí nuestros re- 
tratoR. Otros cómicos han podido igualarle en e\ chiste, en 
el arte de la esposicion, en el buen humor; pero ninguno 
se le acerca en la profundidad fiiosófica, en el verdadero 
estudio de las pasiones ordinarias de la vida i en el retra- 
to acabado de los caractéres, 

Juan Baustista Poquelin, que se ha hecho inmortal 
con el nombre'de Moiiére, nació en Paris d 15 de enero 
de 1622. Era hijo de un modesto tapicero; pero habiendo 
asistido a algnnas representaciones, tomó tal gusto por 
el teatro que comenzó a estudiar con un ardor admirable, 
i al ñn se enroló en una compaQía de cómicos que recorria 
las provincias. Habia compuesto algnnas comedias cuando 
en 1658, fué a re)>resentar en un teatrode Paris. Sus ta- 
lentos de actor, i mas que todo su jénio de escritor, fe 
merecieron los favorea de Luis XIV. Desgraciado en sus 
afecciones conyugales, í despues de una vida llena de aji- 
taciones, Moliére murió víctima de su adhesion a los cómi- 
cos qne^estaban colocados bajo sus órdenes. Aunque 
mui indispuesto, quiso representar una de sus comedias 
mas admirables, El enfermo de apreliemion {Le malade 
imaginaire) para no privar de su sustento diario a los em- 
pleados de teatro, i murió pocas horas despues de la re- 
presentacion, a los cincuentaiun añosde edad, el 17 de 
febrero de 1673. 

EI teatro que nos ^ueda de Moliére consiste en treiuta 
piezas, trabajadas en el espacio de veinte años. La mitad. 



370 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

a lo ménos, es forniacla por obras raaetítraí»; i catorce de- 
ellaa son escritas en veryo. Moliére ha suprimido casi ¡mr 
corapleto las grotescas bufonadas ¡ las costumbres de- 
convencion que reinaban en el teatro, ¡ en su lugar lia pues- 
to en la escena el cuadro fíel de la realidad, la pintura de 
iaH pasí^oneH jenerales i de los caractéres. El ponaeo ac- 
cion esta verdad sori^rendente en lascosturabre^ por media 
de una fábula vero^fmil ¡ de una prop<^rc¡onada estension^ 
i da a los caracteres que crea tal rélieve, que sus tijm» 
pasan a 0(*.upar un pue^^to en la familía humana, no c(»mt> 
uua ind¡vidual¡dad part¡cular, sino para representar las va- 
riedades mas dístiutas de la especie. Este es el suprenio 
esfuerzo del arte- 

Moliére nos ¡nstruye mas que la esper¡encia. EI nos ha 
dado a conocer la clase media i la nobleza, los mercaderes^ 
los médicos, los notarios, los prov¡nc¡anos, los ]>endantes^ 
los rab¡080s, los fanfarrones, los ¡ntr^gantes, los malvado% 
las sirvientes, los criados, i los amos; ha puesto en escena^ 
sierapre con el mismo buen éxito, las ndiculeces de la ig- 
Dorancia pretenciosa, los peligrosde la inocencia entregada 
a sí misma, el candor rústico, la devocion obst^uada, )a 
.aut<)r¡dad paterna, el respeto filial, la avaritjiñ, la prodiga- 
iidad, la debilidad, la hipocresia, el amor bajo todas sm 
formas, en todas las edades i en todas las condiciones, I09 
celos, el mntrimonio con sus escollos, el libertinaje^en uoa 
palabra, todos los sentimieotos i todos los caractéres jene- 
rales de la humanidad con una sorprendente exactitud. Ln 
comedia, tal como ia ha coiaprendido Moüére, no es una 
ajverteucia estéril, sino una enseñaoza indirectaen qne la 
ieociou se mezcla al placer, eu que el poeta nos ensefíaa 
re¡r mu acritud i uos hace aprovechar sin fatiga. Moliére,. 
observador profuudo, tilósofo práctico sin cólera i sin de- 
bilidad, alma elevada ¡ tierna, corazonjeneroso, hacumpti> 
<Io con la dignidad del jénio su mision de poeta ¡ de mora- 
lista. La crít¡ca coloca en prímer ónien entre sus piezas 
7í/ Mísántropo ( Le Misanthropc)^ Tarti^o ¡ Las mujere^ 
mhius {Lea/enmcs satmites). Al lado de ellas, sin embargo, es 
meuester colocar El avaro{U avare) i El enfermo de apre^ 
hen9Íon (Le malade imaginaire); pero eu toda8*Bur pieKas,. 
aan en los rápidos bocetos que ¡mprov¡9aba para direriir 
a la corte al público, se descubre al graa pÍDtor, al oW 



raSTORIA. LITERARIA. — TIEMPOS MODERNOS. 371 

•flervador ]>rofoii(lo de loa vicioa i de las ridícnleces de la 
hnmanidad. En todas ellas douiiiia el mÍHnic estilo incorreo- 
?to i descuidado a veces, pero siampre sólido i vigoroso: su 
prosa es nítida ¡ firme; i su verso espresivo i bien cortado, 
-es uuo cori el pensamiento, al cnal da siempre un jiro sén- 
'tencioso pero uatura!. 

Moliére tuvo eu vida rivales i enercigos que le repro- 
charnn el haber tomado algunos de sus asuutos del teatro 
•de Plauto ode las comedias espafiolas, siu emban^o de qne 
esos mismos asuntos han adquirido )}or el arte del gran 
poeta uu sello de orijiualidad; peroeu uuestro tiempo se le 
estudía i se le admira cu todas partes. !Si bien la escuela 
romántica' modenia ha ])reteud¡do alguuu vez meuoscabar 
an mérito, losgraudíes maí^stros hau proniinciado uu juicio, 
que hao coníirmado todos lus hombres de verdadero gusto. 
<íMoliere, ha dicho Goethe, es lan graude quecada vezque 
be lea se esperimenta u:ia uueva sorpresa. Es un hombre 
"úiíico: sus piezas tocau a la trajedia, porque sobrecojeu, í 
nadie se atreve a imitarlo.)) 

14. — Al lado de estos grand'^s jenios poéticos del siglo 
XVII, la Fraucia produjo muchoa otros que cou justo tí- 
tulo ocupan uii lugar distinguidoeu ei Parnaso. Pero vivie- 
Ton eu una época de jigantes; i sus nombres han quedado 
^io completaiueute oscurecidos, pero a lo ménos ecli[>sado8 
-aute la gloria de sus couteíuporáiieos. Alguuos deellos me- 
recen, sm emliargo. ser estudiados. 

Jiian Fraucisco lioguard j(16.*)6-1710), queseria un gran 
ooeta cómlco, sí Moiiere no hubiora elevado este arte a 
tauta altura, hace brillar por su propio mérit > el jenio pro- 
díjioso de su autecesor. liegnard divierte, ])ero no instru- 
je ni tatnpoco oorrije: divierte sacriíicaudo cou írecuencia 
Ui verdad; i auuque sus comedias tieiieu uua accioii bien 
comprendida i bieu deseuviielta, no poseeu caractéres jene- 
ralcvS períectamente demarcados, ni señ.ilau cou chiridad 
los vicios (pie pretendeu correjir. Todo su teatro no coutie- 
ne uua sohi leccion moral ni uu cariicter propiameute di- 
clío. 

Juan Bautista Roussoau (1670-1741), que algunos crí- 

ticoa hari deíiomiua lo el primer poeta lírico de Francia, 

posee raas aruiouíi que vii^or, mas indu^tria que iu^pira- 

«tiion, i tiene en uu alto grado las cualidades secuudarias 



372 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

del poeta i del escritor. La miisa francesa no ha ostentado 
jamas mayor melodía, i pocas veces uias ponipa esterior 
que la que ostenta Rousseau; pero en sus obras no debe 
buscarse el fuego sagrado de la verdadera inspiracion. Su 
lejítima superioridad no se encuentran eu sus odas sagra- 
das ni en sus odas profanas, en que se cree descubrir que 
los sentimientos son pura ficcion: es menester buscarla ea 
8U8 epigramas. 

Antonio de Laraotte Hondar (1672-1731) ha hecho 
odas de todo jénero que ahora se leeu muf poco i que estáu 
casi olvidadas, aunque se encuentran en ellas hermosísimaa 
estrofas, iaunque en el jénero anacrcóntico se haya coloca- 
do cerca de los poetás mas hábiles. Ila hecho tambiea 
fábulas, ¡ entre ellas hai algunas !uj'jiK0sa&; pero por 
,desgrac¡a de su gloria, vinierou despues delas de La Fou- 
taine. 

15. — La prosa signió en Prancia, eu ej sigloXVII, una 
marcha semejante a la de la poesfa. 

La gloria de haber iniciado este movimiento pertenece 
a Juan Luis Guez, sefior de Balzac (1594-1664). Admi- 
rador apasionut^o do la lengua ¡ de la literaturalatinas, co- 
nocedor de las lenguas italiana ¡ espaüola, que en esaépo- 
ca estaban definitivamente forni .das, gramático laborioso 
e intelijiente, Balzac supo ántes qne ningun otro dar rit- 
mó, elegancia i dignidad a la pnisa francesa. Se le admiró 
largo tiempo como un grande, escritor; i en realidad tiene 
todas las esterioridades, pero carece siempre de naturali- 
dad, i con frecuencia de solidez. Sin embargo, eu Á?istipo, 
estudio de lo que debe pasar al rededor dei príncipe, i su 
Sócrates'^ cristiano, armonía de la razon i de la fé, tienen 
muchas pájinas admirables, en que la elevac¡onde¡08pen- 
samientüs esti en relacion con la ncbleza del lenguaje. La 
recopilacion de sus cartas deja ver las cualidades delescri- 
tor artista. 

16. — Otros escritores retóricos como Balzac, cultJvaron 
la lengna francesa ennqueciéndola con uuevas voces i coa 
jiros mas descmbarazados ¡ elegantes; pero no tuvo sus 
verdaderos maestros, no llegó a su completo desarrollo si- 
no cuando sirvió de instrnmento a una revoluci(»n radical 
en la filosofia, i cuaudo lapalabra pasó a ser fielmente una 
idea. 




\ 



rt 



HISTORIA LITKRARIA. — TIEMPOS MODERXOS. 373 

Reinaha entóncos una especie de fenuentacion en los 
e.spíritus qne debia condncirios a consnmar un rrpan cam- 
bio en los méto los de obsorvacion i en la dircccion de las 
inielijencias. El rcnacimiento del siglo XV habia desper- 
tado a toda la .Enro[ui; Colon i sus coni[>aneros ¡ sucesores 
liabiau descubii-rto un nnevo mnndo i probado la íiofura 
esfcrica de la tierra; Copérnico hitbia echado las bases de 
la astronornía nioderna descubrieudo el sistema solar, que 
Kepler i Galileo coniprobaban cííU nuevas observaciones; 
la medicina bnscaba en la observacion i en la esperiencia 
la única fuente de Inz i de razon. Pero las uuiversidades 
seguian aun los sistemas de fútil controversia que se usabaa 
en la edad media. Miéntras his cíencias daban pasos aisla- 
dos para ]le,í>ar al descuhrimieuto de la verdad, el principio 
deantoridad, la seiitencia dictatornil concebida en estas 
breves ))alaoras: <(ol macstro lo ha dicho,)) resolvia tt»das 
las cnestioncs, í|nG se vontilaban en los cnerpos literarios i 
^ientíficos. Francí.sco Bacon, en Inglaterra, habia iniciado 
la gran revíjlncion prtíponiendo ensanchar el camp^ulelsa- 
ber humano por medio de la observacionesperimeatal. Eu- 
tónces í'iio •uíindo aparcL'ió Descart^ís, i cuando la revolucion 
emprendiua en Inglaterra eu el dominio de la íihjsofia, fué 
consumada para siempre. 

Benato fiesca rtcs nació en la Haya, en Tijrena, ea 
loOGT'A los dioz i scis anos habia adqnirido toda la cien- 
cia que se daba en los colejios, i conoció que habia uu 
gran vacio. IVro, eu li^gar de abandonarse a ia duda, el 
DÍno comprendiíj qne si la ciencia no existia aun, la verdad 
existia i qne era menester buscarla. Desde entónces re- 
lumció a los libros que no lc ensefiaban ujuJa, i no quiso 
buscar (itro maestro qne la razon. Estudió los hombrts en 
lo9 viajes i en la guerra, i estudió sobre todo la única cien- 
cia que satisficiese su Oíspíritn, las mateuiáticas. Dcsligó el 
áljebra de las consideraciones estrañas, i de.spues de ha- 
cerla progresar por laabstracciín, la aplicó a lajeometría, 
i por medio de Ja jeneralizacion del cálculo, resolvió como 
jugando los problemas jeométricos que habiau detenido a 
toda la antigüedad. 

Pero estos maravillosos descubrimientos no eran mas 
qne los priraeros ensayos de su jenio, Aislándose del trato 
de los hombres para consagrarso enterameute a la medita- 



. « . 1* ~- 



^74 ELEMENTOS DB LITERATÜfiA. 

« 

ciori, eHcribió en Holnmla sii faiiio.so Diseurso nol^re el mé' 
tofiOy ¡ tras éita, niuchas otraa «bras de iin carácter íilobó- 
fico. que hicieron grjui rii'nlo defide su priiuera publícHCÍoii, 
i que si bien le atríijeron uuév'os discípulop', le «(uscítaron 
igUMÍmente enemiiíiis teniibles. A íin de escanar a m^ 
ncechanzns, Descartes se roíujió cerca de la reina ('nt«tina 
de ^>uecia, que lo liabia' llamado a su corte. No pnio, 8Ín • 
iímbnr»rt>, resistir al rigor del cliuia, i inurió eu Estoculrao 
en febrero de 1650. 

• Descnrtes habia comenzado por desechar provisoriameu- 
te de sii espíritu todas las creencias admitiilas hasta en- 
tónceS; «a fin, decia, de colocíjr nms tarrle < tras raejores, o 
bien lijs njisíijas, (uando ]a> hubiere nju^tado al nivel de 
la njzou.j) Para reconstrpir cl edificio, se creó un método 
toniado de las ciencias que habia estudiado larganiente. 
No adníitir nias que lo evidente, divídir las diticuUades 
para vencerlas, ir siempre de b» simple a )o compucbtOj 
liac« r sieinpr^ í-ej araciones, tales S'-n las cuatro regías que 
dirijeron su inarcha. El encadenainieuto que observaba en 
las pn»porciunes nmteii.áticas, le dalala e.'-peraiiZH de eii- 
conrr:ir algc^ de parecido en todns lós cosas que pneden 
•caer bajo el conocimiento del hombre. 

Kste solo método importaba en 1<'S dominios de la filu- 
f<ídía i de la investigacion científica una verdadera revolu- 
<"i<»n, cnyo anáiisis no es de este Ingar. Pero sn libro hizo 
oira revülucion no'ménos notable en el donunio de la li- 
terutura. Bl eHtilo de Descaries es el de la verdadera elo- 
cucncia. Es admirable por la naturalidad, la verdad, ia 
precisiíui, la tiasparencia, la limpieza: la j'alobra i el pen- 
isamiento s?on coiisustaociales, es decir, que es imposibie 
separar la uua de Ja <tra. Eu t« das j^artes, el deseo de 
jirobar b) arrantra sobre el cuidado de adornar: condensíi- 
tia con)o la lójica, nítida como el iiizonamieuto, la frase se 
íiesarrolla sin aparato, ^e sigue ¡ seencadena sin otro lazo 
qne el del béntido. 

17. — El estilo de Descartes no se dirije inaH (|ue a la 
intehjencia. Apóstol de la razou, él desdeña todos lós ata- 
víos que animan i vivifican el discurho, porque para pra« 
ducir el convencimiento no son necesarios ios adornos. Es, 
rueiiesier llegar a Pascal para tncontrar en la prosa fran* 



HISTORIA LITERÁRIA. — ^TIEMPOS MODERNOR. 375 

cesa el alma i el corazon del enoritor aiiiJus a todiis las 
graciaB del estilo. 

Blas Pascal nació en Clerinont eii 1623. Deade su niQez 
asomtmV*a siw padreH por el podcr de ru jeuio. A lo* doce 
afloi*, 8i»lo i 8Ín iibros, iuveutaba I09 elementos de jeouie- 
trí.i, cnyos térniinos ignf raba, i a los diez i seifí componia 
iin notable tratado de seücioues cóuica^. Su coiHtitnciou 
débil i enferniiza se doble^ó Itajti el pcso de e^a actividad 
tlevoradora, de tal modo que desde los veinte años no ]»asó 
un 80I0 dia 8Ín sufrir, i murió a) Hn eii 16t)2y a Ioh treíutn 
i nueve de 8u cdud, 8Íu liaber tenninado uigunas de sns 
obras, pero dejando uno de los mas brillanfes nombreH que 
recuerdeu la historia de lus cieiicias i de la.s letras. La íí- 
sicai las matemáticns i ia niecúnica le debon algntios de 
8US mas notables descubrimíentot^; i la litcratnia dos li- 
bros que vivirán miéutras se couserve recuerdu de la len- 
gua francesa. 

No es este el lugar de dar a conocer las famosad cnes- 
tiones entre jansenÍHtaH i molinistas qne ajitaron a los 
teólogos durante la priinera mitad del siglo X VJ I. La fa- 
inosa escuela de Port-Koyal, qne Bervia de asilo a los mas 
dihtingui1o8 sectario8 de las doctrinas de Janseuio, tuvo 
que luchar con los jesuitas, purtidarios dc Moliua, sobre 
el dogina de la gracia i de la predestinaciou. La áutoridad 
eclejíiástica i los doctores de la Sorbona condenarou a los 
Jansenistas. Pascal, que j^ertenecia de corazon a la escuela 
condennda, creyó ver en ese fallo nna resoluciou que mas 
que la voz de la razon, era el fruto de la influencía de los 
jesuitavS. No pudiendo, sin separarse de Ileno de la iglesia, 
defender abiprraniente lo que ella condenaba, los diacípu- 
los de JuQsienio dirijierou ctaitra los uiolinistas, escritos 
anóuimos o s(MuIónimos que revelan el ardor con que se 
debatia aqnella cuestion. 

Las mas notables de esas producciones, son ain di^puta 
las Cartaa a un p?'ovincia\ fjnnadas cou el nombre de Luis 
de Montalto, i escritas por Pascal, i mas conocidas con el 
iiombre popular de Cartas provincicUes. Sou diez i ocho 
epístolas que aparecierou Hucesivanieute eu o[)úsculo8 se- 
parados deade enero de 1650 hasla marzo de 1657. Las 
cuatro priiuera» uo tienen otro objeto que lasdísputas sobre 
a gracia i la c^'nsura prouunciada por la Sorboua. £u las 



376 EI EMENTOS BE LITERATÜRA. 

siguientes, Pascal ataca (lirectauieute a lcs jesuitas par» 
condeDar su casuistica, su doctrina de la probabilidad, m 
política i la nioral relajada de ruucho^ de sus teóiügos; i 
los persigue c<»n el ridícuio i la iuvectiva, einpleaudo para 
ésto uu talento cóuiico i uua elevaciou de estilo desconoei* 
dos basta eutóuceí^. «La precision, laclaridad, una tdegan- 
cia descouocida, dice M. Villemain, uua burla hirieute i 
natural, palabras que la mernoria couserva, hicieron popa- 
lar el triunfo de Pascal. Aduiirariau méuos his Cartas pro- 
vincicdes si no hubieseu sido escritas áutes que escribiese 
Moh6re. Pascal ha adivlnado la buena comedia. lutroduce 
en hi escena niuchos actorcb: uu indiferente que recibe to- 
das las confideucias de Ip eólcra i de la pasion. hombresdc 
partido siuceros, íals',.s iiv»mbres de partidu, mas atrevidos 
que los otros, conciliadores ile buonafé rechazados en todas 
partes, liipócritas sienipre acojidos. JEs una verdadera co- 
media de costumbres ú\\ las apariencias de tal.D Aparte 
de estos móritos purameute literarios, las Provinciales son 
una obra maestra do diaiéctica por la instruc«ion que re- 
velan, por hi hábil dispoüiciou de las pruebas, i por la cla- 
ridad i fluidez con que se desprendeu las dcd jcciones. Si 
se puede reprochar a Pascal el haher atribuido a uua socie- 
dad eutera las opiuÍQues de alguuos de sus niiembros, 
jamiis se ha podido negar que esos opúsculos reunidos cui- 
dadosamente, hau contribuido mas que otro libro a tijar la 
prosa francesa i a darle el gusto por uua elocuencia verda- 
dera i natural. Las cuestioueseutro jausenistas i mcdinistas 
están hoi completamentc olvidada^, comotodos losescritos 
a que dieron motivo: solo los de Pascal viveu comouumo- 
numcnto literario. 

Otro trabajo mas grave, pero ménos ardieute, ocuiióJos 
últimos aüos de Pascal, en los iutervalos que le dejabau 
libres sus sufrimientos tí.sicos i las jiri-ácticas austeras. Em- 
prendió una apolojía del ciistíanisruo contra los escépticos 
i los incrédulos, ja mui numorosos, i mas amenazadores 
para la relijiou que todas las Iierejías. Con su ardor acos- 
tumbrado, se ocupó en recojcr los argumentos de la incrc- 
dulidad razonada, para destruirlos pormedio del raciocinio 
puesto al servicio de la ié, con ese j»oderdededuccion, ése 
rigor de análi^is que la jeometría le habia enseüado, i que 
l^asando de sus ideas a su leuguaje, producia el vigor i la 



V- 



HISTORIA LITEBABU. — TIEMPOS MODEBNOS. 377 

orijinalidad inimitables de su estilo. La muerte lo sorpren- 
dió en este trabajo: los fragmentos que dejó escritos de 
carrera, sin ser revisados i en desórden, han sido reco- 
jidos i publicados con ei nombre de PensamientoSf i ates- 
tiguan su poílerosa intelijencia i su gran talento de 
escritor. Las primeras ediciones de estos fragmentos íue- 
ron, áin embargo, iacompletas i defectuosas: solo ea 1844 
86 lían publicado los Pensamientos en su forma verdade- 
ra^ despues de una eecrupulosa rcvisiou de los manuscritos 
orijinales. 

18. — Aunque el cultivo de la palabra i la disposicion 
oratoria sean un gusto partioular de la nacion francesa, la 
Terdadera elocueucia, eu el sentido usual de esta voz, fué 
largo tiempo vLóConocida en Francia. La elocuencia foren- 
se se habia estraviado largo tiempo en una imitacion iu- 
forme de la antigüedad. Los oradores políticos no tenian 
ua campo de accion; i cuaudo en los consejos del rei o en 
otras corporaciones, cuyas sesiones no fueron nunca j)úbl¡- 
cas, se trataba de los negocios del estado, se iba derecho 
al asuoto en debate, cuidandose mui poco de la forma. En 
fiu, los oradores sagrado?^, jíjrmiticndost; todos los estra- 
YÍos de una imajinacion desordeaada, no alcanzaroa u la 
verdadera elocuencia. 

De estos tres jéneros de elocuencia, fué el último el que 
llegó ántes que uingun otro a la perfecciou. El siglo de 
Liuis XIV que vió eievarde gniades poetas i grandes filó- 
sofos, vió tambien los mus graades oradores sagrados que 
el mundo haya coaocido; i a la cabeza de éstos a Bossuet, 
Uamado el último de los padres de la iglesia por su fé i 
por su ciencia, tomando en cuenta el órden cronolójico; 
pero el primero de los escritores sagrados por su taleuto i 
por su arte literario. 

Sautiago Benigno Bossuet nació en Dijon en 1627. 
Despdes de haber hecho brülantes i concieuzudos estudios 
en su ciudad natal i ea Paris, recibió las órdeiies eclesiás- 
ticas, i se vió eleva lo naturalmente por su propio mérito, 
al raugo de obispo de Jleaux, diócesis subalterna, es ver- 
dad, pero desde donde fué el jefe i el director del clero 
frauces. Bossuet pasó su vida entera ea el trabajo, no solo 
como escritor i predicador, sino como defensor de las pre- 
rrogativas de la iglesia francesa contra las pretensiones de 



378 EXEMENTOS DE LITERATUIUL 

lii corte romana. Mur¡<^ en 1704HlejaDdo en sus numerojat 
obrafi un repertorio innienso de su saber i el Diouuinento 
indestructible de su gloria. 

Teólogo, orador, historiatlor, fiU^sofo i político, Bossoet 

ha cultivado diveraos jéneros con la mÍ8ma rectitud de jui- 

cio, con la roisma ciencia i con el minmo talento literario. 

Áunque eus sermones sean una obra acabada eu eu clase, 

aunqne la crítica los haya considerado un verdadero tesoro 

de elocuencia i de razon, se estiman sobre todo las seÍ9 

oraciones fúnebres que pronunció duraute el largo tras- 

curso de sus predicaciones. Eilas se desarroUan a la vitita 

de la posteridad como las pájinas de una imponente histo- 

ria. Cada discurso parece ser una parte de un vasto con- 

junto en que los grandes ucontecimientos i los persouajes 

ilustres de la época nparecen alternativamente iluminadoB 

por la antoroha h1gul>re de las solemnidades de la muerte. 

Parece que ]a providencia los llama sucesivamente, a lus 

hombres i a los fiucesos, a los piés del orador que va a jus* 

gnr]op. La elevacion de ]os pensamientos, la grandeza de 

las imájenes, la magnifíceDcia del estilo, no lo abaudonan 

un momento cnando recorrieudo la vida de los muertos, 

saca de ella grandes i terribles lecciones para lo» vi?09« 

Pero, por eantas que seau las lecciones dadas por Bossuet 

en SU8 oraciones fúnebres, la verdad de la historia, santa 

tambien, tiene que reclamar coutra ]a mayor parte de sas 

apreciaciones. Este es el escollo casi inevitable de e*te jé- 

uero de elocuencia: el orador se vé fácilmente arrastradoa 

erijir en tipos complidos de virtud, nlgunos pcrsonájes mui 

alejados de este ideal. 

j^' ¿y^.f Hai otro jénero literario cultivado, casi podria decirse 

.V creado por Bossoet, In filosofía de la higtona, a la cual 

aplicó el arte oratorio que fc osteufa en sus otras obrat. 

':^i IHscurso sab/'e la hUtoria universal nos muestra a la 

humanídad ttjitándost; en vano en la tierra, duude cree 

'' •- 'Obrar cou coujpleta independeucia, niiéntrasque uuamano 

invisihle, per<» siempre presente, la guia hácin uu tin que 

solo Dios conoce. Bossuet no es el priuier histoviador qae 

htiya presentndo a los homhres obrnudo bajo la uiano de 

Dioí»; pero nndie hahia concehich» In historia del jéueroha*- 

mano en nn conjunto tan arm<u»ioso en que todos loa 

hecli(»s examiuados desde uoa graude altura, estáa enca- 



UISrOBIA LITERAiaA.--TIKSIPOS KODERNOS. 37d 

deoados en una idea capital^ como cii la epopeya mas in- 
teredante i majestuoaa. Lo que en la pliimadeotroescritor 
no habria sido mas que un ouadro cronolójico, una fria es- 
poBÍcion de hecliod i do fechas, se anima i vivifica en mauos 
de Bossuet. Los pensamientos, las observaciones jenera- 
les se mezclan a los hechos^ se combinan con la narraciou 
i adquieren tal fuersa i precision que aceleran la maroha 
de la hÍHtoria en lugar de retardaria, como sucede de ordi- 
nario. El estilo pinta las ideas i lo deja ver todo. Se admi- 
ran particularmente los capítulos que destiua a la rer»ía, 
a )a Grecia, a1 Ejipto i a Boma. 

No es este el lugar de examinar el talento de Bossuet 
como teólogo, como político i como polemista; pero en to- 
das Bus obrasy aun en las mas lijeras, dominan las mismas 
dotes de estilo, que le han vaiido la gloria de ser conside- 
rado uno de los raas grandes escritores del mundo. «Bos- 
suety dice nn célebre historiador de Francia, H. Martin, 
forma por sí solo un mundo aparte en el gran mundo iite- 
rario del siglo XVIL Lo» otros son Iiijos adoptivos de 
Roma i de Grecia: él tambien ha pnsad^» por Rorna, pero 
víoue dft mfts I^jos, trasporta el ííriente a occidento por 
alianzn» de palnbras de un atrevimiento irle una novedad 
increibleH, pí>r tignras ji¡;antesca^ que no U* ha sujerido el 
gufto europeo, pero qiie él nabe someter a las leyes de la 
proporcion llevando la medida de la misma inmensidad. 
Tal ps el fruto de su frecueute contacto con la Biblia, úni- 
co alimento bastante fuerte para hu alma. Los otros teólo- 
gos estndiaban friamente la escritura couu) la materia de 
isu cieucia. Bossuet ve en ella la cieucia vivn, la palabra 
8tem)>re vibraute e inflamada: hace suyos a la vez el espí- 
rrtu i la forma tanto como lo pcrmite la diferencia de 
tferapos i de lenguas.i» 

19. — Adversario de Bofisuet en al^unns discusionefí teo- 
I^Sjicas, i su rival en gloria literarin, fué Fenelon, el célebre 
arzobíspo de Cambrai. Ambos marchaban sin embargo al 
niismo (d>jeto, la unidad relijiosa de la Francia; pero am- 
bos imprimieron a sus escritos un sello esfiecial, lo que ha 
permitido la diversidad de apreciaciones. Bossuet es todo 
▼igor i eneijía: Fenelon descuella por la suavidad i la dui- 
Bura en sus escritos i en su carácter. 

Fraacitco de Salignac de Lamothe-Feaelon, nació ea 



380 ELEMENTOS DE LITERATÜKA. 

el castillo <]e sns padres, en Perigord, elafiode 1651. P^^ 
piies de haber hecho brillantes estudios i de haber recibido 
Ías 6rílenes sacerdotales, se ocnpó eo la enseñanza i en )a 
preuicacion entre los protestantes. Luis XIV le confió la 
educacion de sn nieto, el duquc de Borgoña, heredero del 
trono, que mnrió ántes de reinar, i lo elevó al arzobispado 
de Cambrai. Entónces hacia su reaparicion en Francia la 
doctrina mística del quietismo, que hacia consistir la per- 
feccion del amor divino en una contemplacion pasiva, en 
una inaccion completa de las facultades del alma, en una 
deferencia absolula, en una qtiietud ¡¡enem], por todo lo que 
pueda ocurrirnos en este estado. Fenelon se inclinó en fa- 
vor de la nueva secta, i en vez de condenarla, como lo 
exijia Bossuet, la sostuvo lucidamenteen ; js escritos. Estc 
fué el oríjen de una ruidosa controversía entre los dos ilns- 
tres prelados, en queseinteresaron todos los fieles. El papa 
intervino, al fin, i condenóla nueva doctrina; pero, aunque 
Feuelon se sometió a la decision de Roma con una suave 
humildad, perdió desde entóuces la estimacion de Luis 
XIV. Poco despues, su desgracia fué completa. Fenelon 
habia escrito para la educacion de su real discípulo una 
novela, Telémaco, eu que bajo las apariencias de un enca- 
denamiento de aventuras romanescas, enseñaba, junto con 
]a admiracion por la antigüedad clásica, el horror i>or los 
malos gobiernos, i la moral mas pura. La publicacion de 
ese libro, hecha por la indiscrecion de un escribiente en- 
cargado de copiarlo, le atrajo nuevos disgustos. Luis XVI 
creyó ver en él una amarga sátira de su gobierno; i todas 
das las protestas de Fenelon no pudierou libertarlo de 
caer en desgracia i de que su libro, aunque esc-ito sin nin- 
guna intencíon oculta, fuese prohibiclo en Francia. En esa 
situacion murió Fenelon en los primeros dias de 1715, con 
ei dolor de ver que por la muerte del duque de Borgofia, 
I5U discípulo, la Francia no seria gobernada por el hombre 
a quien él habia sabido inocular los principios de una vir- 
tnd sólida. 

«Aunque Fenelon haya escrito mucho, dice M. Ville- 
main, jamás pareció buscar la gloria de autor; todas sos 
obras fueron inspiradas por los deberes de su estado, por 
8UB desgracias o por las^e su patria. La mayor parte de 
ellas no fué conocida sino despues de su muerte.x> Se hau 



HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS MODERNOS. 381 

ti'onservado aloriiDOS scrinoncs ruénoa vicrorosos i cuulados 
qae los qae nos quednn de los grandes jeuios del púipito 
frances, pero en que se descubrr una imajinacion fácil i 
viva i una elegancia natural. Sus diversos estudios relati- 
vos a la retórica i sobre todo sus Diálogos sobre la elocuen* 
<sia, por la solidez de sus principios i por el arte con que 
los desarrolla, lo colocan en el primer rang:o entre los crí- 
ticos, ¡ sirven para esplicar la sencillez orijinal de sus pro- 
pios escritos. Sus Fábidas escritas en prosa, sus Diálogos 
de hs muertos ¡ sus Vidas de los Mósofos antiguos, son li- 
bros de educacion en que el hábil eí*critor ha sabido desa- 
rrollar en el estilo mas natural i agradable la moral mas 
pnra 1 mas simpútica. 

Pero la obra capital de Fenelon es sn TeUmaro^ novela 
poética, mejor dicho, epopeya en prosa, en que el héroe 
es el hijo de Ulises, i el asunto las peregrinaciones de ese 
jóven que recorre muchos paises buscando a su padre des* 
pues de la ruina de Troya. ün estudio acabado de la anti- 
güedad, la imitacion, si se quiere, de Homero i de Sófocles, 
de Jenofonte, de Platon ¡ de Virjilio, han permitido a Fe- 
nelon formar nn tejido de aventur;\s interesantes i bien 
encadenadas, en cuya lectura se cree respirar el aire de la 
antigua Grecia, i en cuya moral ha demostrado la maneraí 
de educar a los príncipes, tle fortifícar sus corazones en la 
virtud i de enseüarles que su verdadera gk ria i su única 
felícidad consiste en hacer felices a los pueblos que gobier- 
nan. Todos lo^ incidentes del poema, toda la variedad de 
aventnras terribjes o conmovedoras que retardan la reu- 
nion de Ulíses i de Telémaco, no son mas que grados por 
los cuales el jóven príncipe se forma las cualidades mas 
paras i perfecciona el carácter mas estimable í mas jene- 
roso. La grande orijinalidad del Telcmaco no consiste en el 
tejido'injenioso de esas aventuras ni en el vivo reflejo de la 
antigüedad al traves de las formas i de una lengua moder« 
na: se encuentra, como lo ha observado M. Villemain, en 
la feliz inspiracion del espíritu cristiano en medio de los 
recuerdos del paganismo. Cou una habilidad infínita, Fe- 
nelon ha tomado a manos Ilenas pensamientos i teorías de 
la fílosofia antigua; pero los ha depurado, i ha sabído aso- 
cíar a las tradiciones paganas la moral del evanjelio, sin 
que el gusto tenga que quejarse jamas de esta difícil tras- 



382 ELEMENTOS D£ LITRKATUBA. 

formacioti. EI eatilo misnio C8 uiia mezcla de grncia t de ' 
TÍgor en qae el gudto antiguo está revestido de forrnas mo- 
dernas^ i que servirá de eterno modelo. 

Fenelon ee, ademaSy autor de miichRS obras filosófico-re- 
lijíoeas. Al lado de una lójica vigoroBa, desplega en ellas 
la.imajinacion en las descripcionesy i lum grande elegancia, 
pinta la naturaleza, e iguala las riquezas i loft colores con 
el brillo del estilo, i con los sentiinientos tiernos i apasio- 
nados que brotan de fu corazon. Kn ebtos, come en los de- 
mas escritos de Fenelon, «se siente, dice uuo de sus coii- 
temporáneoSy La-Brujére, la fuerza i el ascendiente de este 
talento raro, sea qué predique sin preparacion, sea que 
pronuncie un discurso estudiado i oratorio, sea queesplique 
. BU6 pensamientos en la conver^acion.» 
* 20. — IjB, oratoria pagrada prodnjo todavía en Francia, 
en este siglo, muclios otros escritores de un gran uiéritu. 
£1 analizarlos a todos ellos^ aunque solo fuera mui lijera» 
mente, nos llevaria demasiado léjos. Nos vemos por tanto 
redncidí^s a no hablar p.ino do lo« principale?». 

El padre Luis Bonrdalono (1632-1704), jesuita de wa 
niro tulento i dc iina norublc iii.striicui(>n, se «'cupó iiiucbos 
nfloí» en la enseñíinzu, i no ne Iiizo predicador kíiio cnaiKÍo 
era ya iin liternto lormjido i un teólogo fonnidaldt'; i cntóii- 
ces ya podia c(»iiipetir con Bo^buet cn elocneiicia. í^us «er- 
niones atraian ui teipplo umu niiniero>iu concuri'encin, KÍem- 
pre ávida á** oirlo, a pert«r detjiie ileHcuiduba tndos Í!»s me- 
dios deagraihir que snniinistrun la píision i b>s artifici(»« 
del lenguaje. La scveridad de su estilo iguala al vigorde 
SUH raz«n»aniient(>fa. V.\ ¡>í>der de Bourdaloue se encueutr» 
en la antorií'ad <*e la verdad i de la lójica. Se aduiirau la 
fccundidad i los recnrFos de sii talento inagotable, qiie MiV 
biu dar novedad a los nsnntos profnndi/óndoIoH. C(anpuso 
mucliob Berinones Kobre lu pasi(..n de Jegucrihto: eiseles 
conbidera uibladaniento, el Ubunto nparcce ag(>tudo eu cuda 
uuo de eilos; si ne lescoinpuia, no ^e enciientia unu ^ola 
repeticion. 

Fléchier (1) (1642-1710), clérigo ^ecnlar, es notableeo- 
bre tiido conio esciitor. La eleccion de lus pálabras, la 

(1) £1 nombre de Fléchícr cra Esprit, que como nombre propio bo 
ticne, ligun creemo6, tTaduccion en casteilano. 



A^ 



HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS MODERNOS. 383 

armoQía del leDguajey ^l jiro iiijenioso del ])eQsamiento, el 
arte dc colocar las imájenes i de eneoQtrar los movimientos 
oratorios coQveQÍentes al seQtimieQto que espresa, produ- 
cen alguQas veces los efectos de la grande elocueneia. Pe- 
ro se eng«iQaria quien qo viese en Fléchier mas que uo 
retórico injenioso que finje la elocnencia con habilidad. 
Fléchier es realmente orador; pero distrae la atencion coi^ 
los atavíos que emplea para adornar pensamientos sólidos. 
La oracioQ fúnebre de Turena es su obra maestra. Sus es- 
critos históricos soq mui inferiores a sus produccioues ora- 
torias. 

Juan Bautista Massillon (1663-1742), sacerdote de la 
cangregacioQ del Oratorio, fué por largos afios proiésor^ 
lo que le permitió ensaQchar el campo de sus estudios clá- 
sicos. No hai ua orador cristiaQO que haya movido las 
pasiones coq mas verdad i coq mas poder. Los discursos 
de MassilIoQ descubreQ todos los misterios i todas las lla- 
gas del alma humaQa, i señalan el remedio para ellas, daQ*- 
do leccioQes a los depoeitarios del poder i de las riquezas 
i coQsuelns a los que sufreu eu las últimas escalas de la 
sociedad hujnana. Soq famosos particnlarmeute sus ser- 
moQes de cuaresma. 

21. — La Fraucia del siglo XVII cooooió otros moralís- 
tas quCy fuera del templo i léjos del tcatro donde Moliére 
daba sus eteruas leccioQes, sefialaron los vicios i las ridi- 
culeces de los hombres coq uaa gran fiaurade observacioir 
i coQ UQ Qotable talcQto literario. El duque de La Roche- 
foucauld (Fraucisco dellarsillac) (1613-1680), dió lafor- 
nia de peQsamieQtos sueltos, i el QOQibre de Máximas, a 
UQa série de observacioQes sobre el carácter humaQo, es* 
critas coQ elegaQcia, naturalidad i gracia, eu que parece 
querer probar que todas las accioues humanas qo ticQea 
maB que uq soIo móvil^ el amor propio. Este jécero de es- 
critoSy aparte del principio demasiado absoluto que el ao* 
tor ha deseQvueltOy tieue algo de monótoQO eQ sü coqcísíod 
afectada. Otro escritor mas emÍQeQtC; La Bruyérey evitá 
este escollo coq uq arte supremo. 

Juau de La Bruytíre, nacido, segun 1a opinion mas fun- 
dada, en Paris, eu 1645^ i muerto eu 1696, Ilevó ui :i vida 
oscura hasta que publicó un libro admirable, el úoico que 
haya escrito^ i que lo hizo célebre eu pocos dias. Tan poco 

26 



^84 ELEAIENTOS D£ LrrERATURA. 

caso se Iiacia de él, que para encontrar nu editor que qaisie- 
ra (lar a luz su manui'crito, La Bruyéro loobsequió a un li* 
l)rero para que dotasQ a una hija con el producto de la ven- 
ta. Nueve ediciones se agotaron en pocos afios: el autor faé 
Uevad^ a la academia írancesa: los grandes escritores se 
Sionraron con su amistad: í los grandes señores tuvieron a 
gloría el favorecerlo. 

. £1 libro de La Bruyére se titula Lob caracteres. Segun 
su títuloy era una tradiiccion de los famosos retratos tno- 
rales que trazó TeofrastOy los cuales conipletó el moralista 
frances con una galeria de retratos orijinales, modelados 
aobre los liombres de su siglo, convirtiendo las ideas abs- 
tractas en fisonomías reales, en hombres que viven, qae 
hablan^ que obran. <En el espacío de pocas lineas, dice 
Lia-Harpe, pone sus personajes en escena demil maneras 
<Iifereutes; i en una pájina agota todas las rídiculeces de nn 
tiecio, o todos los vicios de un malvado, o todq. la historia 
<Ie una pasion, o todos los rasgoa de una semejanza moral. 
Níngun prosador hn inventado mas espresiones nuevaS| 
ni ha creado mas jíros vigorosos o picautes. Su concisíon 
es pintoresca í su rapidez luminosa.i» Como sabe quenadie 
tendrá paciencia para leer una série numerosa de retrat\)S, 
varía hasta lo infínito sus forroas de es|K)sícion. AI retrato, 
propiamente dicho, sustituye aqui una anécdota, acáao 
•diálogo, en otra parte una máxima jeneral, algunas veces 
4inálÍ8Ís abstraotos. £s tan variado como si muchos ÍQJe- 
^nios hubíesen trabajado en la misma obra; pero en todas 
parte9 se percibe la presencia de un juez severo^ de ua 
Jiombre honrado, de un buen ciudadano herido en su cora- 
zon; de un hombre de juicio i de gusto a quien apesadnm- 
bra a vecesy i a veces fastidia la necedad de loa otros. Sea 
<)ue cuentey sea que pinte, sea que analice^ su estilo está 
Jleno de vivacidad| de sal^ de amargura, de ironi^ i con 
frecuenciay una sola palabra colocada aí iin, deja versu 
«entimiento comprimido hasta entónces; i aun algunas ve- 
-ces mi reticencia misma hace comprender su pensamiento. 
22. — La historia tuvoen Francia durante eI,sigIo XVII 
'Vkxi gran número de representantes distinguidos^ que la es- 
cudiaron con verdadera pasion i que la escribieron con cier- 1 
to arte. Sin embargo, las obras masacabadas bajo el punto 
<Ie vista literario^ son poco estimadas en nnestros diaS| 



HISTORIA LITERABIA. — TIEMPOS MODERN03. 385 

fiArqne Rua antores bnscaron mas ]a idea de agradar qtie 
)a de representar los hechos i los tiempos con ese colorido 
prolijo i profundarnente verdadero que los modernos exí- 
jen en las obras de esta naturaleza. Hubsisten, con todo, i 
oonftervan su mérito, los trabajos de erudita invest^gacioti 
ezk que, con una laboriosidad admirahle, se agruparon los 
materiales que han utilizado losliistoriadores subsiguien- 
tes. El mns famoso entre los escritores de este jénero es 
dlaudio Fleuty (1640-1723), sacerdote secular, que con 
iina erudicrón verdaderamente prodíjiosa i con un método 
notable, escrihió una estensa Historia eclesiástioa que al- 
<üanza hasta 1517. En ella se encuentran, junto con la his- 
toria de la iglesia, las noticias mas curiosas que es posible 
recojer sobre los progresos de la civilizacion al .traves de 
loR BÍglos medios. * 

La historia del reinado de Luis^XIV con 9us grandezas 
i sus miser¡a<9, mejor que en todos los historiadores de ese 
fligloy se encuentra consignada en nna obra mui volnmi- 
nosa qne tiene por título Afemorias del daqvLe de Saint Si^ 
mon, libro único en ^u jénero por la verdad constante de 
8U9 narraciones i por la serenidad imperturbable con qne 
ha sido escrito. Sn autor Luis de Roubray, duque de SaÍDt 
Simon (1675-1755), pariente i ahijado del rei, viviócasi 
ftiempre ep la corte, conoció a todos los hombres qne figu- 
raron en su época i bajo la rejencia del duqne de Orleans, 
i ha consignado en su libro todo lo que vió, todo lo que 
flupo de una manera auténtica, formando así una mina 
fecnnda e ínagotable en que la historia ha ido a bnscar 
noticias i colorido. Todaobraanálogaparecepálída i pobre 
al lado de ésta. £s nn drama siempre en movimiento, i 
<que se renueva siempre, en qne se suceden los aconteci- 
raientos, las escenas de la corte, los matrimonios, los favo- 
res i las desgracias como un flujoi reflujode innumerables 
íisonomías. Saint-Simon, sin ser escritor de profesion, tie^ 
ne nn tíno admirable, no solo para penetrar a fondo los 
secretos de la corte, los pliegues mas ocultos del corazon 
humano, i la accion de Iss diversas pasiones, sino tambien 
para darlo a conocer todo con una naturalidad inimitable 
t con un interes que no hace fatigosa Ta lectura de nna obra 
inmensa. 

Las novelas de eae diglo son tambien nn ausiliarpode- 



'■/ 



386 ELEMENTOS DE LITERATUBA. 

roso para conocer aquella eociedad. En efecto, bajo nom- 
bres persas, griegos i romanosy í bajo el di^raz de aventa- 
ras imajinarias i estravaganteSy los novelistas dieron a co- 
nocer a muchos personajes famosos i particujarmente a las 
mujeres literatas, i consignando en sus libros noticias im- 
portantes para la historia. EI mas famoso entre los escri- 
tores de este jénero, es Magdalena de Scudéry (1607-1701), 
mas conocida con el nombre de M^demoíselle de Scadéiji 
ouyas interminables novelas fueron el encanto de los lec- 
tores de su siglo. Hoí nadie lee esas obras para buscar en 
ellas el entretenimiento; pero los eruditos que las consultan 
con gran prolijidad han encoutrado noticias fidedignas 
para escribir la historia íntima i familiar de aquella socie- 
dad. 

Un ausilio no ménos importante para conocer la historia 
i el espíritu de ese siglo presta la compilacion de las car- 
tas de madama de Sévigné. María de Babutin-Chantalf 
marquesa de Sévigné (1626-1696), ocupa un lugareminen- 
te en la literatura francesa, nada mas que por la publica- 
cion de su correspondencja epistolar hecha muchos afios 
despues de su muerte, si bien fué conocida de sus cootem- 
poráneos por medio de copias que admiraban los literatos. 
Esta mujer, dotada de una rara instruccion, escribia sus 
cartas a una bija ausente, con un estilo tan natural, tan fá- 
cil i sin embargo tan animado i tan pintoresco, que los 
oríticos han llegado a decir que la literatura francesa no 
tiene libro alguno que refleje mejor el injenio nacioual. A 
ellas se referia sin duda La-Bruyére cuaudo decia qae las 
mujeres ^iencuentran jiros i espresiones que con frecuencia 
son en los hombres el efecto de un largo trabajo i de una 

f>enosa rebusca. Ellas son felices en la eleccion de las pa- 
abras, que colocan tan bien que por conocidas que nos sean 
tienen el encanto de la novedad i parecen ser hechas úni- 
camente para el uso que ellas les dan. Ellas no mas pue* 
den hacer leer en uua sola palabra todo un sentimientoi 
verter delicadamente un pensamíento que es delicado. 
Ellas tienen un encadenamiento inimitable en el discurso 
que se sigue naturalmente i que no está ligado sino por el 
sentido.D. Estas palabras hacen el retrato iiterario de Ma« 
dama de Sévigné; pero sus cartas encierran ademas una . 
cantidad infinita i variada de hechos históricosi de finas 






mSTORIA LITERARIA. — ^TIEMPOS MODERXOS. 387 

alusionesy de detalles interesaDtes, de anécdotas escrttas 
con plena independencia de injenio i de estilo, de aprecia» 
ciones jniciosas de los aconteciniientos i de los personajes, 
i de juicios literaríos casi siempre ratificados por la poste- 
ridad. 

blGUO XYIU. 

23. — Despnes del siglo brillante qne acabamos de reco- 
rrer en rápida revista, ia literatara francesa pasó por una 
reforma radical. El espírítn literario i social del siglo XVII 
estaba dominado por la inflnencia de tres elementos qne es 
fácil reconocer en todas las manifestaciones líterarias: la 
antigüedad reanimada i rejnvenecida por el renaoímiénto; 
la relijíon practicada sin discasion; i el poder monárquico 
soportado sin resistencia. La poesía bajo todas sus formas^ 
aspirando siempre a la correccion, a la armooia i a la 
grandiosidad antiguas; el sentimiento relijioso manifestadu 
aun por los filósofos que enseüaban que la duda razonada 
era el camino mas seguro para llegar a la cieucia; i la ve- 
neracion constante por el gran rei, aparecen mas o ménoB 
en todas las obras literarias de ese siglo. 

Pero, a medida que la sociedad francesn envejeoe, el 
entnsiasmo se estíngue, las ideas se hacen mas positivas i 
el fondo domina sobre la forma. Así el siglo XVIII es el 
siglo de la prosa. Fecundo en hombres de injenio, en es- 
critores elocuentes^ en sabios profuudos, es casi estéril en 
poetas. Montesquieu i Buffon, dos delas mas aitasglorias 
de la nueva época, declaraban paladinamente su antipat{a 
por los jéneros poéticos. «La poesía lírica^ decia el prime- 
TOf es nna armoniosa estrávagancin.» Oyendo BufToQ leer 
nnos versos que lo impresiouaban, noencontró mejor modo 
de espresar «u admirncion que decír: «¡Esto es bello como 
la prosalj» 

Pero éste no es propinmente el caráeter distintivo de la 
literatura del siglo XVIII. A la creencia dócil de la épo- 
ca anterior, a la sumision hnmilde a la autoridad rea), bu* 
cedió un espíritu de discusion que no respetaba nada. La 
literatura no se encerró como en el siglo precedente en el 
dominio del arte^ sino que lo invadió todo préteudiendo 
reglarlo todo. Su obra es principalmeote subversiva. Las 



388 ELEMEKTOS DE LITEBATURA. 

creenciaF^ las costumbres, las antiguas ÍDstitaciones 8on 
ei blanco de sua golpes l'oimidables; Ataca las relijioDt» 
positivaFy amenaza la reyecía^ rompe con la tradiciün his» 
tórica i busca en otras fuentes el priucipío de lo juslo i de 
lo verdadero. £ra aquello una obra de destruccion de tudo 
el pasado acometida eú nombre de la razou i de la filuBü- 
fía. Ebta última palabra tomó un sentido eapecial, que con- 
serva todavía cuandose trata de ebe siglo: es la hostiliclad 
a todas las cosas establecidaHy la oposicioa razonada ea 
materias de relijion, de moral i de politica. 

£1 gobierno, las instituciones, la lejislacion, la cienciiiu 
misma estaban siu duda muclio mas atrás de lo que exijia 
este movimiento de loa es[)írim8; pero la literatura se con- 
quistd la importancia de un poder público, a pesar de iü^ 
das las trabas que se le opouian iuútilmente. Los literatos 
no fuéron una casta aiülada que gozaba aparte de sus 08- 
curos bouores: léjos de eso, ellos reinarou eu la opiuion por 
el derecho del tuleuto i de la moda. Sus nombres i sus 
obras no redujeron su accion ai solo recinto de la patria^ 
pasaron mas allá i fueron a ejercer su iufluenciaen lejaaos^ 
paises. Asij esta revoluciou pix>vocada en parte por el ejem» 
plo práctico de las libertades civiles i poifticas de que go- 
zaba en esa época la Inglaterra, fué aceptada en casi toda 
•Europa por los talentos mas aventajados, lo que dió al 
movimieuto uu espíritu desconocido hasta entóuces. Se 
llegó a soñar eu una leugua comun a todos los puebloa de 
£uropa, a todas las naciones del gK bo, que sirviera de la* 
zo a la gran sociedad humana, i se indicó el frances coino 
el idioma mas apr(»piado para esta obra. 

24. — Estudiaudo cronolójicamente la historia literaria 
de este siglo, el primer uombre ilustre que se nos pre&enta 
es el de Le ISagey eu cuyas obras no se eucuentran todavía 
desarrolladas laa tendencias revoluciouarias. 

Jftenato Le Sage, (1668-1745), merece por mas de ua 
motivo el título del primer novelista frauces* Fortiticado 
con un estudio prolijo de los escritores españoles, ooi)oce- 
dor profuhdo de su teatro, de'sus novelas i de bus poesíaFr 
aprendió cn ellos el arte de inventar i de encadenar aven» 
turas; i en Moliére la manera de [liutar los caractéres po* 
uiéndolos en accion i haciéndolos liaLIar. Compnso varia» 
oomedias, uua de lus ciiales, Tu8<Mret, crítica de los bau-^ 



HISTORIA UTERARIA.— TIEMPOS MODERNOS. 38í> 

queros de entóaces, es una obra niaestra, i muchas nove- 
]aSy maso méaos imitadas del español. Peroel Jil Biasde 
Santillaúa, publicada por partes entre l7l5 i 1735, eclíp* 
8Ó todas sus otras obras i le conquistó uu uombre inmor- 
tai eu la; historia literaria. 

Lo que asegura a uua novela la fama i la duracion no e» 
únicamente la píntnra de las pasione.^, la disposicíon de la 
iutriga, el interes de laíf aventuras, la multiplicidad de las^ 
escenas que produceu la emocioo: es, ante todo, la verdaíl 

f)ermaneute de los caractéres, la naturalidad constantedé^ 
os tipos, el cuidado prolijo del estilo. Esto es lo que Le- 
8age ha sabido hacer cou una habilidad ver(]aderameq,te 
asombrosa. El héroe principaly Jil Blas, que cueuta él mis- 
mo su historia con sus propias reñexiones, parece un per* 
sonaje tan real que uo se puede dudar de su existcncia. E» 
a la vez un carácter tan verdadero, un tipo tan humano^ 
que se encuentran eu él todas las debilidades, todas la» 
raiserias i todos los sentimientos honrados que un cornzou 
puede tener en jérmen. Naturalyiente bneno, dejándose 
vencera veces por etejemplo i por la ocasiou, pero vlcti» 
ma conbtante de las asechanzas de otros i a veces de su 
propia vanidad, Jil £Ias tiene bastante injeuio para reirse 
de las tonterías estraOas, i bastante honradez para reirse 
de fiímismo. 

«Si examinamos los detalles, dice Saiut-Marc Girardin^ 
¡cuánta íi^ura de observaciou cuaudo Le Sage nos mucs- 
tra a Jil Blas quCi burlado en su pobreza, lo es raas en su 
opulencia, pero que se eleva^ por decirlo así^ de las manoa 
de los bribones subalternos a las de los briboues titnlados^ 
siempre eogaQado, pero ahora con mas cerem'onia!» EÍ 
héroe de la uovela, que recorre todas las condicionos de la 
vida^ que de la cocina pasa a las antesalas de palacio, que 
de criadohumilde llega a ser el confideute do un ministro^ 
^ eucnentra pur todas partes caractéres diferentes, o mas bieii 
dicho uua galería iuterminaMe de fÍLÍxxos^ de viciosos, de 
malvados que retrata siu odio^ sin pusion^ pero sí con ud 
colorído indeleble, poniéodolos en accion cou ianta verdad 
qae nosotros creemos reconocerlos i que f>e graban en nues- 
tra memoria de una mauera indeleble. «La gracia i la fa- 
cilidad del estilo, afiade Saint-Marc Girardín, han perpe- 
tnado i eusaucliado cada dia la fama de esta novela. £a 



390 ELEMENTOS DE UTERATüRA, 

efecto, sn espresioo es como su pensamiento, sencilla i sin 
^fectacion; rápida i espiritiml, se pres^a con flexibilidada 
ÍB, aíegría en ia narracion, ¡ a la sátira en los retmtos. Pa- 
rece que en cierto modo Le Sag^e ha querido pintar su ea- 
tilo cuando el conde-daque de Olivares, despues de haber 
leido una raemoria redactada por Jil Blas, le dice: cSanti- 
llana, tu estilo es conciso i aun ele^ante: no tiene raas de- 
fecto que ser bastante natural.» Esa sencillez que podia 
desagradar al conde-duque, ha agradado i agradará siem- 
pre al piiblico, que en una novela quiere que el estilo, síem- 
pre rápido i fiicil, se preste a la irapaciencia de su curio- 
«idad.:» 

La EspaGa ea el teatro en que tienen lugar las aventuras 
ide Jil Blas. Le Sage habia hecho un estndio tan detenido 
de la literatura, de lahistoria i de lajeografíade lapenín- 
sula, que sin haberla visitado nunca ha podido retratarla 
con gran fidelidad. Esta circunstancia ha hecho que se 
ponga en discusion laorijinalidad de suobrainmortal. Vol- 
taire, de qnien Le Sage ha hecho en su novela uu retrato 
burlesco bajo el nombre de Gabriel Triaquero, el poeta a 
la ínoda en Valencia, auunció con una lijereza imperdona- 
h\e que el Jil Blas de Bantillana era tomado por éntero de 
nna novela picaresca española, La vida del escudero Már- 
€08 de Obregon, Basta examinar a la lijera esta obra para 
-conocer cuán antojadiza es esa opinion. Posteriormente, 
do8 escritores espaüoles, el padre Isla en el siglo pafiado, 
i don Juan Antonio Llorente en nuestra época, han queri- 
do reivindicar para la España la gloria de haber dado naci- 
miento a esta obra, sosteniendo que Le Sage debió haberla 
traducido de algun manuscrito castellano, que destruyósin 
•duda para ocultar el fraüde. Esta opiniou, como se com- 
^renderá, no tieneotro valor que una afirmacion siu prne- 
Í)a8 i sin fundamentos pólidos. 

Esta cuestion ha sido dilucidada con grande erudicion. 
Dejandoaun lado las puerilesexfjencias de un mal enten- 
'dido amor propio nacional se puede afirmar que ladiscu- 
eion ha producido resultados positivos. Es tan absurdo 
fiostener que la uovela de Le Sage ha sido traducida por 
entero de un libro español, impreso o manuscrito, como el 
afirmar que todo en ella es orijinal, como el Don QaijoU^ 
H) como cualquier otro libro que no ha tenido precedente en 



HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS MODERNOS. 391 

la literatnra anterior. Le Sage conocia a foudo el teatro ¡ 
los novelistas españoles, tomó de ellos algunos caractéres, 
nnmerosos incidentes, i episodios casi completos, como es 
fácil reccnocerj pero los encuadró en un tejido orijinal, en^ 
que no ha retratado ala Espafla i los espaüolessolamente, 
aino los vicios i las ridiculeces de todos los tiempos i de to- 
dos los lugares. La críticailustrada ha reconocido que «u- 
chos de los personajes de la novela son retratos satíricos de 
algunos contemporáneos de Le.Sage, corao Gabriel Tria- 
qaero, ¡ que algunos de los incidentes son copiados de he- 
chos verdaderos ocurridos en Francia. Por último, la dis- 
posicion jeneral, el carácter filosófico de las lecciones 
morales, la burla constante de los grandes seQores, de los 
ministros, de los príncipes i de los favoritos, el jiro incisivo, 
franco i directo de la sátira, la composicion, el estilo i el 
gusto de la obra son eminentemente franceses. Laorijina- 
lidad del libro de Le Sage, ha sido, pues, defeudida victo- 
riosamente i reconocida; i esa orijinalidad aun civcunscrita 
a estos límites, es un mérito que casi vale tanto como la 
creacion absoluta. aNo es, dice Walter Scott, el simplc 
cuadro de una historia, ni aun la adopcion de detalles in- 
ventados por un autor anterior, lo que constrtuye el crímen 
literario de plajio. EI propietario de un terreno de donde 
un escultor saca su arcilla, podria pretender con el mismo 
derecho la propiedad de las figuras quc este artista forma. 
con sns dedos creadores. En ambos casos la cuestion es la 
misma: poco importa de donde viene la materia prima i 
sin forma, pero, ¿de quiéu recibe su mérito i su exelen- 
cia?» 

25.— Aunque el Jil Blas de Santiüana^ por sus formas 
cuidadas i aun por la imitacion espafíola en una época en 
que los franceses iban a buscar sus modelos en la literatu- 
ra inglesa, parece pertenecer al siglo XVII, la crítica ace- 
rada, la burla coustante de la corte i de los cortesanos son 
enteramente del siglo XVIII, que comenzaba a revolverlo 
todo cou una audacia inconcebible. Pero Le Sage se habia 
detenido en cíertos límites: otros escritores íueroñ mucho 
mas léjos en esta obra de destruccion de las antiguas so- 
ciedades. 

Cárlos de^^SCOJulat* baJton de Montesquien, naéido cer- 
ca de Burdeos en 1689 i muertb en"'1755, vigorizado por 



392 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

ÍDmeRSOs efetudio», no se contentó cou ridiculizar la socie- 
dad de bu tienipo bíuo que pennó en reforuiarla. MajÍBtrado 
en su juventud^ dijó luego la carrera judicial, por laqu^ 
no tenia inclÍDaciouea, i de^pues de algunos aüos de resi» 
dencia eu Paris i de habér viajado en Italia, eu Inglaterra^ 
en AlemHUÍa i en Uulanda, se retiró a austierras patrimo- 
niales^ i alli se cons^agró completamente al trabajo de una 
grande obra que lo ha hecho inmortal, i queejerció una 
grande ínfluencia sobre su siglo. 

Su primer estreuo fué un libro titulado Cartas pet^sianas 
{Leíires persanves) gátira incisiva de las costumbres de la 
épcca. Montesquieu snpone que muchos persas qne viajau 
ppr Europa, ¿e escribeu entre bi, i cou sus amigos de Is- 
pahan, sirviéndo^e hábiimente de este cuadro pata bacer 
coDtrahtar las cobtumbres de uccidente con las del oriente* 
Una intríga de serrallo dá unidad a las cartas^ i exita la 
curiosiHad de Iüb lectores. En medio de estas pinturas 
orientalesy de esns burlas lijeras eu apariencia^ i muchas ve* 
cei) demasiado libres, se deja ver el jeniode un observador 
proiuiido quc encueutra s<')Iido8 motivoBdecrítica en cuau-^ 
to vé, i que sefiala los males que descubre en el gobierno^ 
en Ins costumbres, en el comercio i en la industria cou uua 
enerji'a que no deja lugar a duda sobre sus verdaderas in- 
tenciones. 

Mas tarde^ creyendo que la eFperiencia adquirida es el 
mejor medio de guiarnos en el porvenir, i que mirar hácia 
atras ^iive mucho para marchar hácia adelante, Montes- 
quíeu vuelve su vista a la antigüedad, profundiza la histo- 
ria romana, i escribe sus Covsideraciones solre la gfandeza 
i la dicadcncia de ioé romams. Este libro, auuqui^ de mui 
corta esteusion^ es un modelo de crítica hi¿tórica9 eu que 
Monte^quieu ha revelado el talento de un escritor deprimer 
órden. No se podria llevar mas léjus la precision deí e&tilo 
i la íirmeza del pensamiento: cada Irase es una idea espre- 
feada con todovigor. 

Pero la grande obia de Mcntesqoien, la que ccupó toda 
su vidfl, i el primer libro del siglo XVIII, es el E^plritu 
de las leye^. Escrito despues de veiute afios de coustaute 
meditacitiU i publicado en Jinebra, cuando algunos de su» 
amigoB le deciau que eta indigno de su nombre, este libro 
tuvo veiute i dos ediciones en die'ziocho mefees, i fué trada- 



HISTORIA LITEUABIA.— TIEMPOS MODERNüS. 39* 

cido ÍQiiiediatamente a casi tcdas las lenguas de Europu. 
JSstudiando l<>s gobiernos en du oríjen i las leyes a la luz 
de la raz.on, Montesquieu analiza las difereutes formas de 
^obierno i hace el e.studio de todas las lejislacioues. £n 
oioguna paríe se encuentra una avertfion mas cleclarada, 
iina critica mas amurga i mas tiangrienta del despotismo, 
ea ninguna parte una pintura mas apasionada de ias mo- 
Darquías templadas i libres, i aun mas inclinacioues en fu« 
vor de las re|)úblicas i de loHgobiernos populares. Sorpren- 
de sobre todo el elojio de la constitucion inglesa, que 
Montesquieu habia esludiado de cerca. Nadie combatió 
mas eficazmente que él los últimos restos de la barbarie^ la 
crueldad en las leyes, la esclavitud, i sobre todo la escla* 
vitud de lo8 negros, la coutradiccion chocante entre uua 
moral divina í un culto per8eguid(»r. Esta obra, en que e^- 
tán exaininadas con vii^ta certera todas las cucdtiones socía- 
Ieí>, tiene ademus el mérito de estar dispuesta con un órden, 
no método i una claridad admirableSy de tal modo que no 
bai capitulo que no conduzca a alguna conclusiou ui frase 
qoe no haga pensar. Quizá no se le podria reprochar otro 
defectOy aparte de alguuos descuidos en ciertos puntos, que 
el no haber tratado todas iasmaterias con la misma deteu- 
cion i escrupulofridad. 

26. — «Cuando las familias se conservan Ittrgo tiempo, 
dice Goethe, la naturaUza acaba por producir un individuo, 
que reuniendo las cualidades de sus autepasadoí)^ reune i 
eapresa eu su conjunto las disposiciones que hasta entóu- 
ces se habian mostrado aisladas i en jérmeu. Lo mismo 
sucede con las naciones, que encueiitran algun dia su espre- 
síon en un individuo úníco. Esto es lo que ha ocurrido coa 
Luis XlVf el rei frances en toda la fuerza de la palabra; i 
eoto es tambien lo que ha ocurrido con Voltaire, el frances 
supremoy el escritor que ha estado mas en urmouia con su 
nacion.]» I ciertamente, si el siglo X VII es el siglo del rei 
Luis XIV, el siglo XVII I es ei siglo del rei Voltaire. Las 
grandes figuras que están a su alrededor, pueden compa- 
mrse a los satélites que rodean a un astromas brillaute.— - 
Vamos a dar a conocer sumariamente este jenio síngular, 
recorriendo a la liiera las diversas faces de su vida, para 
pasar en revista («us obras, que abrazaron todos los jéneroa 
i que trataron casi todas las ciencias. 



394 ELEMENTOS DE LITERATCRA. 

Franciscq^aijíLjiIíUigt, mas conocido con el nombre 
de Voltalre, nació en Paris en 1694. Su padre, queera no- 
tario, quiso dedicarlo a la carrera del íbro; pero el jóven 
Arouet, despues de haber hecho regulares estudios clásicos 
én un colejío de jesuitas, manifestó desde temprano una 
uficion tau decidida por la poesía i por la vída del mnndo, 
que su padre se vió al fin oblígado a alejarlo de Paris i a 
renunciar a sus esperanzas. DesarroIIóse desde luego enél 
ese injenio incisivo i burlon que constituyó mas tarde su 
arma mas poderosa i terrible. Cuandoapénas contaba veinte 
años de edad se habia adquirido ya tal reputacion eu las 
tertulias literarias, que habiendo circulado una sátira san- 
grrenta contra el reinado de Luis XIV, que acababa de 
morir, Arouet fué encerrado en la BastiIIa durante un aüo 
entero, porque se le creia, sin fundamento alguno, autor 
de los versos injuriosos para la memoria del rei difunto.. 
Esta prísion le dió acouocer la iujusticia i la arbitrariedad, 
contra las cuales combatió mas tarde con tanto ardor, i lo 
obligó a trabajar. AUí, sin pluma ní papel, compnso su pri- 
mera trajedia, el Edipo^ i la mayor parte de una epopeya. 
AI salir de la prision, declarando que hasta entónces habia 
sido niui desgraciado con el nombre de Arouet, lo abandonó 
i tomó en su lugar el de Voltaire, con que se ha Lecho taa 
famoso (1). 

EI teatro fué el punto de apoyo de la popularidad de 
Voltaire. El EdipOj representado en 1718, inició sn reputa- 
cion literaria, que se sostuvo con muchas otras trajedias, 
i con algunas comedias. Desde su primera obra introdujo 
en la escena mas de una innovacion, que desarrolló en el 
curso de su larga carrera. Simplificó la accíon, hizo diá- 
logos mas cortos, suprimió las conversaciones amorosas i< 
galautes, ¡ buscó efectos nuevos para el espectáculo, el gus- 
to del aparati^ i de los colores locales, las máximas frecuen- 
tes, las sentencias filosóficas, las alusiones quede ordinario 

(1) Bl nombre de Voltaire estm onagrama delqne ántes usaba este 
esciitor, Arouef. Ij (lejetmCj el jóven), porqne tenia un hermano mayor. 
Es menester a<lvertir que segun la ortograf ía de entoncea la / i la j eran 
consideiradas como la misma letra; i que igual cosa sucedia con la 
'f i la i>; de manera que el anagrama es completo i perfecto. Escritores 
mui acreditados dicen, sin embargo, que Toltaire tomtS este nombre de 
la denominacion que se daba a una pequeña propieilad rástica de «n 
madre. 



mSTORIA LiTERARIA. — ^TIEMPOS MODKRXOS. 395 

revelan la prescncia del poeta ¡ perjadícan a la iiusion^ pero 
que cambian el teatro en tribuna i dan nn cnerpo a todas 
las ideaa nncTas que el siglo snjiere al poeta, i qne éste de* 
vnelve al siglo revestidas con el ropaje de la elocnenoia. 
Yoltaire modificó así el jénero litérario que habiau ilustrado 
Corneille i Racine, buscó un cnropo de imitacíon en el tea- 
tro ingles, i particularmente en los dranias de Shakspeare 
í creó algnnas piezas qne merecieron el graude aplauso 
que le tributaron sns contemporáneos. Sn obra maestrn, os 
la Zairay trajedia cristiana, fundada en los recuerdos de 
las crnzadasy i representada raucho mas tarde. La crftica 
lo considera el primer trájico france?, despnes dc Cotneille 
i de Bacine. 

Su talento le abrió los salones de los grandes seQores^ 
pero luego tuvo Voltaire motivos pai*a arrepentirse de ser 
el amigo de los nobles. A consecuencia de una ifisputa aca- 
lorada con el caballero de Rohan-Chabot, éste se vengó 
como noble i como cobarde, haciendo que sus lacayos apa- 
leasen una noche a su adversarío. Yoltaire, que no tenia 
lacayos, aprendió la esgrima i el ingles, la esgriraa nara 
provocar a un dnelo a Rohan-Chabot, i el inglés para huir 
a Inglaterra. Pero su provocacion fué recibida con despré- 
cio, i el ministro mandó encerrar de nuevo en la Bastílla al 
hombre que sin títulos i sin cobleza pretendia racdir sus 
armas con nn gran sefior. Voltaire se consideró feliz con 
salir de iaprision para marcharal destierro fl726). 

La Inglaterra íué por tres afios el lugar de su residen- 
cia. Bste destierro tuvo una im|)ortancia decisiva en su ca- 
rrera posteríor. Allí estudió In literatura, la política, la 
lejislacion, las costumbres i las ciencias de un pais que gó- 
zaba de nna gran libertad en una época en que la 
mayor parte de las naciones del continente vivian opri- 
midas por el mas absoluto despotismo. Aprovechó tami- 
bien de este destierro para darla últiraa raano a la epp- 
peya que habia principiado en la Bastilln. Con el nombre 
de La liga^ un amigo infiel habia publicado poco ántes en 
Francia nna edicion incompleta e incorrecta de ese y>oema. 
Voltaire lo corrijió cuidadíosamente i lo dió a lu prensa 
(1728)9 con el titulo de la Enriada^ que conserva todavia. 
Oanta en él a Enrique IV i el sitio de París; i para dar a 
BU obra el interes épíco, intercala, por vía de episodioB, la 






historía de las gnerras civiles entre católicos i protestanteí», 
i la matanza de San Bartolomé, que Enrique refiere a la 
reina Isabel de Inglaterra. Este poema eecrito cnando 
Voltaíre no habia adquirido aun todo el desarrollo de su 
jenio, i cuando, corno él mismo lo dice, no conociaen qné 
couBÍBte la grandiosidad del jénero épico, no merece el tf- 
tulo de epopeyacon que lo saludaron sus contemporáneop. 
8u plan carece de unidad, i ia accion de la grandeza i de 
verdadero interes. Hai en él hermosas descripciones, epi- 
8odioR felices, retratos llenos de vigor; pero no se encuen- 
tran esos cuadros de costumbres locaíes que hácen el en- 
oanto de otras epopeyas; i en el conjuntoreina cierta frial- 
dad que produce el cansancío, en el ánimo del lector. KI 
nsunto elejido, por otra parte, no le permitia introducir en 
la accion esos rei>ortc8 que dan tono i vigor a la epopeya. 
Así fué que la admiracion de sus contemporáneos se con- 
virtió mas tarde en un injusto desden por una obra que re- 
vela, sin embartíro, nn verdadero talento poético. cBn la 
Enriaday decia Delillej no Itai siquiera pasio para aljmen- 
tar caballos, ni agua para saciar su ped.i^ 

Voltaire volvió a Franciacon mas gjoria, con nuevos 
conocimientoB i con veinte proyectos de obras en que se 
proponia desarrollar las ideas adquiridas durante sn des- 
tierro, i, sobre todo, dar a conocer ía Inglaterra, qüe lo h«- 
1>ia fascinado. Nuevas obras dramáticas lo colmaron de 
aplausos; i la HUtaria de Cárlo% XII^ reiele Sueciay reveló 
que no solo pabia componer un libro histórico, sino que era 
nno de los mas grandes prosadores que hubiera tenido la 
Francía. Ese libro, dispuesto con un arte irreprochable, 
es hasta ahora nn mndelo de narracion elegante i fácil i 
de verdadero estilo histórico. Pero los escritos que le gran- 
jearon el titnlo de corifeo de las ideas de sn siglo» no son 
esos. AI mismo tiempo que popularizala en Francia los 
descubrimientos cientííicos de Newton, que daba a conocer 
por Rua imitaciones el teatro de Shakspeare, publicabasQR 
famosas Cartas sobre los ivglesesy mas conocidas con el 
nombre de Carins JUosóficas, en que, bajo el pretesto de 
hacer conocer la Inglaterra, combatia indirectamente to- 
das las ideas recibidas en fiíosofía, en política i en relijion^ 
i atacaba todas las opiniones del síglo de Luis XIV, la 
autoridad del clero i del poder absoluto. Esta obra, aaí 



HISTORIA LirERARIA. — ^TIEMPOS 11 ODERNOS. 397 

<X)nio nna píeza poéticn en qne ponia en dndA^ o mas bien 
negaba la divinidad de Jesucristo, faeron queDnadas por ia 
raano del Terdngo, le atrajeron nna nueva pcr&ecncion i 
lo obli^ron a fugar de Paris i a ir a bnscar un asilo en 
nn castillode Ghampagne. 

Animado por nna actividad verdaderamente prodíjiosa 
i compartiendo su vida entre los placeres mundanos i un 
trabajo censtante, lanzó desde su retiro nnevas obras dra- 
roáticas, poesías líricas de un carácter filosóñco, El Siglo 
de Luis XlVf historia admirable de un reinado famo8(», i 
el Ensayo sobre las oostumbres i el espíritu de las naciónes^ 
que debia hacer una revolucion en el arte de escribir la 
historia. Tomando los hechos desde la época de Carlo Maíf- 
no, en que se habia dctenido Bossuet, en su célebre T^woerr- 
so sobrelakistoriauniversalj pero colocándose bajo un pun- 
to de vista diametralmente opnesto^ ha referído la historia 
de los pueblos de Enropa hasta niediados del siglo XVII 
con nnaclaridad í una elegancia inimitables, pero tambien 
con nna prevencion injusta contra el cristianismo, al cual 
atribnye todos los males de la humanidad. • 

La reputacion de Voltaire fiié inme,n8a desde entónces, 
Su e^cepticismo, burlon i )íjero en el príncipio, sério i ra- 
zonado inas adelante, su espíritu de crítica de todas las ins- 
titnciones i de todas las creencias de su épocai b|i odio al 
dP49potismOy su amor por la libertad del pen^amiento, pa- 
saron a ser el programa de la filosofía, de la ciencia i de la 
literatura de su siglo. Su incomparabie talento de escritor 
popnlarizaba las ideiis mas abstractas i coniplejaSy i su.in- 
jenio satíríco cautivaba a todos los lectores. Federico II de 
Prusia, íilósofo tambien como Voltaire, lo ILimó a su cor- 
te, i lo retuvo alli durante tres afíos para distraer en la con- 
versacion i en el estudio los ocios qne le permitian tomar 
los afanes del gobierno. Pero csta amistad, inicíada bajo 
lo8 mejores auspicios, se convirtió luego en nna nial disi- 
mnlada antipatía. Voltaire se convenció al fín de que los 
reyes, aun los reyes filósofos, eran malos amigos; i despues 
de varias peregrinaciones, fué a establecerse definitivamen- 
te al castillo de ^erney, en la frontera del canton de Jine* 
bra, en Suiza (1758). 

Veinteaños vivió allírodeado de todas las comodidades 
apetecíbles. Voltaire habia beredado de su padre nna for- 



398 ELEMENTOS BE LTrERATÜBA. 

tana considerable, 'que él incremcntó con el producto de 
sus escritos. El Patriarca de Fernei/y como se le llamaba, 
era nna potencía i nn idolo. De todos los países de Euro- 
pa iban a verlo en peregrinacion, i recíbia hospitalariamen- 
te a todos los que lo visitaban. Teuia correspondencia 
seguida con muchos soberanos que le prodigaban las 1i- 
sonjas para rendir homennje a la opinion públicay qiie habia 
' llegado a ser lareina del mundo. En medío de esta corte, 
Voltaire pasaba su vida en el trabajo, escribia versos, come- 
dias, trajedias, sátiras, novelas en que bajo las formas líje- 
ras, desarrollaba su critica siempre acerada e hirieote con* 
tra la relíiion i las instituciones de su siglo. Merced al ré- 
jimen hijiénico que se habia prescrito, llegó a los ochenta 
i cuatro afios conservando toda su actividad i toda su inte- 
lijencia. Entónces fué Ilamado a JParis para gozar de un 
triunfo que no habia alcanzado ningun escritor. Se ie pa- 
seó por ías calles, se le Ilevo al teatro para coronar su bus- 
to, i se le aclamó el priraer poeta i el primer filósofo de su 
siglo. Dos meses mas tarde (el 30 de raayo de 1778) mu- 
rió, despues de haber pasado algunos dias en un estado de 
letarjia que le habia hecho perder todo conocimiento. 

Las obras de Yoltaire forman un repertorio inmenso en 
que están tratadas con mas o ménos estension todas las 
cnestiones que ajitaron a su siglo. La poesía, bajo todas sua 
formas, la historia, la novela, la filosofía, la físicAy la polé- 
mica relijiosa sobre todo, están comprendidas en esa vasta' 
compilabion, marcada toda ella, apesar de la divereidadde 
matices í de algunas diverjencias de detalles, con el sello 
del jenio que ha querido desarrollar un pensamiento largo 
tiempo meditado i que ha adquirido toda su fijeza i consis- 
tencia. 

Sobre el teatro de Voltaire, aaí como sobre su ensayo de 
poema épico, hemos dicho mas arriba algnnas palabras, qae 
resumen laopiníon de los críticos mas esperimentados. £n 
sus otras poesías qne ocupan un puesto entre las mejores 
de su siglo, dominan las cualidades jenerales de su jenio i 
de 8u estilo, elevacinn filosófica, calor no siempre sosteni* 
ido i alusiones frecuentes contra las ideas de su ^iglo, en 
as obras sérias; un buen humor inagotable, una crítica 
atrevida i universal en sns' sátiras i en sus poesías bnrles- 
cas. Debe censnrársele, sin embargo^ el haber prófanado 



HISTORIA. HTERARLV.— TIKMPOS MODERNOS. 39í> 

la memoria de Juanade Arco, falseando la historia ¡ hacien- 
do reir a cpsta de uno de los tipos mas puros de patriotis-^ 
mo i de heroícidad. 

Voltaire, historiador, es el prrsador por exelenciay ¡ el 
creador, puede decirse asf, de la historía filoHÓfica, tal co- 
mo la entíenden losmodernos. Comprendiendo clarameate- 
que la liistoriaHle un pueblo no es la de sus reyes, i de eus^, 
caudillos, la de las guerras o de los tratados; que la histo- 
ria de las costumbres, de las artes, de las ciencias i de las' 
leyes son la parte príucipal de los anales de las naciones;: 
que el jénero hnniano no ha sido creado para dar brillo a 
los talentos políticos í militares de algunos individuos; i 
que lo que mas ímporta que conozcan los hombres es el 
efecto que han producido para la felicidad oladesgracia 
de la humanidad las preocupacioneSy las luces, las virtudes 
o los vicioS; los usos, la industria i las leyes de los diferen- 
tes siglos, Voltaire se propuso escr¡bir la historia verda- 
deramente critica i razouada haciendo intervenir junto cou 
los hechos, todos los elementos de civilización para demos- 
trar la iufluencia recíproca que ellos ejercen sobre la mar<^ 
cha de la humanidad, i si novió completamente cumpIidoS' 
sus propósítos, Iqs rcalizó eu gran parte i abrió el camino 
que^coD tanto lustre han seguido los historiadores moder- 
nos. Su Ensayo sobre las costumbreSy es, bajo este punto de- 
vista, i sobre todas sus obras históricas, un libro capitalp 
pero es menester convenir en que su odio sistemático al 
cristianismo, asi como su falta de estudios mas prolijos so- 
bre alguuos hechos, lo han estraviado con frecuencia. «Sin 
embargo, dice Barante, este libro es cómodo e instructivo» 
de un estilo agradable i natural; los hechos están bien dis* 
paestos, los detalles dad(»s con mesura, las reflexiones soii 
algunas veces lijeras» pero frecuentemente sensatas: el 
cuadro de algunas é])ocas, los retratos de muchos grande» 
hombres, son trazados con un vigor i cod una vívac^dad 
Dotablee: pocas historias modernas bod mas útiles i ma» 
agradables para leerse.D Basta recorrer las pájínas que Vol- 
taire ha dedicado al descubrimiento de América, trazadaa 
de carrera i ántes que se hubieran hecho las prolijas ínves- 
tigaciones de que Colon ha sido objeto, para comprender 
cuán grande era la sagacidad histórica de aquel distingui- 
do escritor. 

27 



400 ELEMENTÜS DE LITERATÜRA. 

No iosistiremos aquí sobre las obras filosóficas de Vol- 

> iaire. Sus teorías estáa repartidas en todos sus libros i 

cóndensadas tambien en alganos de ellos, como su Diccio^ 

nario filosójico. En ellas reclama siempre, con una vigoro- 

sa enerjía, contra las preocupaciones i contra los abusos, 

en hombre de la justicia i del buen sentido; pero con fre- 

ctiencia se deja arrastrar por los caprichos de sn humor 

has^a la eternidad, i hace intervenir siempre la cuestion 

relijiosa, confundiendo en la misma proscripcion la doctri- 

na evanjélica i las ciegas supersticiones. Por esto mismo 

«s difícil juzgar a Voltaíre sin ciertas restricciones, si se 

quiere ser justo e imparcial. Sus partidarios i sus enemi- 

gos caen alternativnmente en la pasion qne quiere absol- 

verlo todo o condenarlo todo: la verdad está en el medio. 

8i debe censnrársele su exaltado espíritu de partido, só 

odio sistemático contra todo lo existente, su perpetao reit, 

debe tambien reconocérsele sa talento de escritor, su ener- 

jfa para condenar los abusos, su jenio cosmopolita i la graa 

/ . variedad de sus conocimientos. 

>^t ^ Lf,. ú Voltajre, en efecto, trata todos los asantos con igaal fa- 

' — cilidad; i a juzgarlo por las primeras impresiones, se cree- 

ria que habia hecho estudios profandos sobre todas mate- 
rias. Sin embargo, esta admiracion desaparece desde qae 
66 estudian las cosas mas de cerca; i la crítica ha probado 
que el adquirir conocimienios sólidos sobre tanta variedad 
de asuntos es mas de lo que se puede alcanzar aan con in- 
telijencias tan poderosas como la de Voltaire. Para pro- 
barlo, bastaria citar una obra mui erudita: CartM de algu- 
no8 judios porlugueseSy alemanes i polacos aM.de VoUaire, 
en que su autor, Antonio Guenée (1717-Í803J, sacerdote 
frances de raros conocimientos en la lengua i én la litera- 
tura de los hebreos, refutó victoriosamente muchas de soa 
opiniones, no solo con gran ciencia sino con an sarcasmo 
comparable al de su rival. 
^ 27. — Las tendencias de Voltaire están clara i esplícita- 
mente manifestadas en todos sus escritos. No sucede lo 
mismo con otro escritoroasi ígualmente célebre, cnyo nom- 
bre se asocia al suyo cada vez que se habla de la obra re* 
volacionaria de los filósofos del siglo XVIII. Bousseaa 
fué para sus contemporáneo?, i es todavia para la posterí- 
dad, un parácter inesplicable. En su vida todo es raro i 



^ 



-¿^^. «^t ^-v w-^t^vt. Í?^^ 



HISTORIA LITERARIA, — TIEMPOS MODERNOS. 401 

singular; i eo sus escritos^ marcados con elsello de un gran 
talentOy se descubre un amor tan pronunciade por todo lo 
que es paradójico, qne el espíritu no puede darse cuenta. 
exacf^ de sus inclinaciones. 

Jimr^ J^pnhn PnnflflPnn nftnín eu Jincbra CU 1712. HÍJO 

de padrespoürea, hizo en su niñez estudios mui reducidos 
i superfíciales, i llevó una vida llena de avfínturas, sin ocn- 
parse de las letras qne mas tarde habian de hacer su glo- 
ria. Habiendo concebido un nuevo sistema parala escritura 
de la música, pasó a Paris creyendo sacar partido de sa 
invento, pero los artistas lo miraron con desprecio. Rous- 
seaa se coosagró entónces al estudio con una gran pasion, 
i se ocupó en la ense&anzad^ algunas familias i en lacom- 
posicion de óperas que no pudo hacer representar. Su ta- 
lento de escritor no se reveló sino a la edad de treinta i 
siete aüos i por una circunstancia singular. La academia • 
de Dijon habia propuesto para un premio de elocuencia el 
tema siguiente: «¿El progreso de las ciencias i de lasartes 
ha contribuido a corromper o a depurar las costumbres?]» 
Testigo de la mas grande corrupcion en medio de la socie- • 
dad mas culta que hubiera éxistido, Housseau trató este 
asunto en un díscurso Ileno de paradojas, pero brillante 
por el atrevimiento de las imájenes, la novedad de las ideas 
i el colorido del estilo, i alcanzó el premio ofrecido. Segun 
él, las letras i las ciencias habian corrompído el mundo: 
para correjirlo, era preciso volver a la naturalidad, a la 
sencillez, a las virtudes primitivas. Yoltaire, que siempre 
tenia una palabra picante para caracterizar los succiios de 
su época, dijo con mucha oportunidad despues de haber 
leido ese discurso: — (iRousseau nos hace sentir el que no 
andemos en cuatro patas.D 

Inmensa fué la reputacion que le dió este escrito. La 
misma estravagancia de sus conclusiones Ilamó la atencioa 
sobre Rousseau, i le granjeó la amistad de muchos litera- 
tos; pero su carácter misantrópico i rencilloso, i hasta sa 
falta de civilidad, contribuyeron a aislarlo. Yivia retirado 
ea el campo cnando snpo que uno de sus amigos, D'AIem- 
bert, de vaelta de un viaje a Suiza, habia espresado su pe* 
sar de que no hubiese teatro en Jinebra. Se creeria que 
RousseaUi que habia escrito algunas comedias, debia apo- 
^ar esa opinion; pero lejos de eso^ se aprovechó de esta 



402 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

ooasion para publíoar nn opúsculo famoso titalado Carta^ 
sobre loB espectáculos, para probar que la niejor comedía es 
siempre funesta a las costumbres públícas. 

Estos dos escritos que revelan en Rousseau su pasioa 
decidida por la paradoja, por grande quc sea su mérito li* 
terario, no le habrian dado la fama de que goza; pero sus 
últimas obraSy lo colocan en el alto rango que ocnpa. La 
primera de éstas, en órden cronolójico, fué Julia o la nueva 
Eloisa, novela epístolar en que trata bajo formas seducto- 
ras las mas árduas cuestionesde moral. La uovela francefia 
casi no había. sido hasta entónces mas que una sencilla 
narracion de acontecimientos. Kousseau hizo en ella la 
pintura analítica de los sentimientos, i encontró así el se- 
creto de trazar todos los movimieutos del alma en medio 
de un drama conmovódor. La invencion no es notable; i 
lós sentimientoSy encuadrados en una intriga de una mo. 
ralidad equivoca, son falsos i exajerados; pero muchas di. 
sertacioues filosóficas, porejemplo, lus cartas sobre el due. 
Ip i sobre el suicidio, se elevan a una grande altura de es 
tilo. 

Pero las obras en que Rousseau ha vaciadn 8us ideasre* 
formadoras son el Conirato aocial i el Emilio. £1 primero 
es un tratado de derecho páblico revestido de una forma 
severa pero brillante. La precision del estilo, el estrecho 
encadenamiento de las proposiciones i el tono dogmático 
e imponente del lenguaje son sus principales méritos lite* 
rarios. BI hombre, dice Rousseau* nace libre, i si sale de 
su estado natural, es por un acto de su voluntad ¡ en virtud 
de uu contrato que hace con los otros hombres. El Estada 
descansa sobre esta convencion; de modo que el conjunto 
de Jas voluntades partícnlares, el pueblo, es el único sobe- 
rano, i su voluntad es absoluta e inviolable. Estas ieoriaS|. 
eminentemente innovadoras, están desarrolladas oon clari- 
dad i enerjía. 

El Emilio contiene su sistema de educacion. Segun ét, 
el hombre nace bueno: la sociedad lo deprava. Es preciso 
volver al estado de naturaleza, reconstruir la sociedad, i 
dar una educacion nueva a las nuevas jeneraciones. Para 
desarrollar su sistema, coloca al ni&o fuera de la civiliza- 
cion presente i del contacto de los demas hombres: en ves 
de combatir sus iostíntos i sus pasiones naturales, las de- 






HISTORIA LITERARIA. — TIEMPOS MODÉRNOS. 403 

Ja desarrollarse libremente, para que e1 mísmo niüo cons- 
truya el sistema de sus conociniientos e invente todo lo 
que necesita saber en materia de ciencia i de virtud.Segnn 
Konspeaa, conviene que el jóven pase el mayortiempo 
posible sin que se le den a conocer las ideas de Dios i de 
relijion» cPara que la educacion de Emilio se logre, dice 
M. Méziéres, es preciso que Emilio Iiabite una casa aislada, 
que nadie penetre en ella, que el alurono no oiga otra voz 
que la de su mapstroy no reciba mas que los ejemplos auto- 
rizados por él. Una conversacion de algunos minutos con 
un estraño, podria destruir el efecto de muchos años de 
precauciones. Emilio no debe aprender mas que lo que le 
importa saber, 't esto en una época determinada, en circuns- 
tancias previstas. Si sabe alguna cosa mas pronto o mas 
tarde, el edificiose desploma... Housseau nosanunciaba nn 
medio infalible de educar alos niños; pero su procedimien- 
to no seria aplicable quizá mas que una sola vez en todo 
iin siglo.iD Este libro, escritocon unaelocuenciaque cautiva 
i arrastra, resume todas las ideas de Rousseau, i es una 
tuezcla de verdades i de quimeras peligrosas. El aislamien- 
to del niño, en la forma propuesta, no puede dejar de con- 
ducirlo a la mas salvaje barbarie. Si la teorfa fundamental 
de esta obra es un grande absurdo, es necesa^o convenir 
en que ella nos hace meditar sobre nosotros mismos i sobre 
nuestros deberes. Las ideas sociales i relijiosas de este 
libro fueron condenadas por los católicos en Paris i 
por los calvinistas en Jinebra; laobra fné quemada como 
terriblemente perniciosay i el autor tuvo que buscar un re- 
fujio en Inglaterra. 

Esta vida Ilena de contratiempos i de las vicisitudes 
roas singulares. llegó a su término de una mauera igual- 
fnente singular. El 3 de junio de 1778 se le encontró muer- 
to en su habitacion, con una herida en la cabeza^ sin que 
86 haya sabido si esta catástrofe era el resultado de un sui- 
cidio o la consecuencia de una apoplejía. Entre sus papeles 
se encontró el manuscrito de sus Confesiones, historiapa- 
tética de sus sufrimientos i de su orgullo. Hasta entónces^ 
las memorias auto-biográficas tenian por objeto ordinario 

-el referir la historia de los suceeos en que el autor habia 
tomado parte; pero Ilousseau ha contadt) con grande habi- 

.iidtíd 8u vida íntima, todos los sufrimientos de su exis- 



404 ELEMENTOS DE LITERATÜRA. 

tencia; i todas las miserias de ea nataraleza, sin iratar de 
disitnular lo qae en ella habia demasindigno i de mas re- 
pugnante. 

Cualesquiera que sean las apreciaciones que puedan ha- 
cerse de las doctrinas filosóficas i sociales de Jnan Jacobo 
Rousseau, es preciso reconocer un grande escritor en todas 
sus obras. Su estilo es lleno de pompa, pero corre siempre 
fácil i siempre natural. Aun en sus sofismas mas inacen- 
tables, su razonamiento es tan condensado que no puede 
dejar de hacer una profunda impresion. EI preistijio de su 
lenguaje es tal que hace pasar al espíritu de sus lectores 
todos los sentimientos que lo ajitaban al escribir. Pero 
tomando sus obras en conjunto, se encuentran én ellas 
tantas paradojas que con un poco de cuidado se puedeu sa- 
car de allí las doctrinas mas contradictorias i opuestas. Po- 
cos adversarios mas francos i resueltos ha tenido el cristia- 
DÍsmo; i sin embargo de sus diversos libros, se ha estrac- 
tado una apolojía evanjélica. Esas obras, a pesar de to- 
do, ejercieron una influencia iúcontestable en su época, i 
prepararon muchas de las teorías que se desarrollaron mas 
tarde. 

28. — Hemos hecho un análisis mas detenido de Mon- 
tesquieu,%le VoItAÍre i de Rousseau, porque presiden el 
movimiento filosófico del siglo XVIII; pero tras de elloa 
viene una faliMige de soldados cuyas doctrinas mas o ménot 
análogas, contribuyeron a consumar la revolucion de los 
espíritus que trajo por resultado la revolucion francesa. 

Las ideas de esos audaces pensadores, i casi podria decirse 
las de su sigIo,,están concentradas en una obra famosa que 
se llama la Enciclopedia^ publicacion inmensa por su es- 
tension, atrevida i reTolucionaria por sus tendencias. Bafo 
la forma de un diccíonario universal i razonado de ciencias 
i artes, esta obra, espresion completa del raoviraiento filo- 
sófico, innovador, crltico e irrelijioso del siglo XVIII, tuvo 
por objeto resumir bajo el punto de vista del libre pensa- 
miento, todos los conocimientos, las ideas i la historia de 
la humanidad, combatiendo las creencias, las costumbres i 
Ifts institnciones del pasado. La Enciolopedia fué concebi- 
da i Ilevada a cabo en un período de veinte años (1751- 
1772) por el espíritu entusiasta e infatigable de un solo 
hombre, Diderot, a*cuya voz se reunieron majistrados, je- 



HISTORIA LITERARIA.— TIEMPOS MODERXaS. 405 

nerales, ÍDJeDÍeros, literatos i sobre todo los filósofos, en la 
acepcion qne eDtónces se daba a esta palabra. 

DionigÚLJQideiüt (1713-1784^, escritor fogoso pero de^ 
sigual^ faé el alma de la empresa. No solo escribió nume- 
rosos articulos sobre íilosoíla^ relijion, historia, política, 
gramática i artes mecánicas, sino que lo revisó todo, e 
imprituió a la obra eiitera, no un carácter constante de 
Hnidad, que le íalta, pero sí una direccion jeueral hácia 
an objeto comnn, la libertad de pensar i de escribir, la so- 
beranía de los pueblos i el poder de la artes i de la indus - 
tria. La publicacion de la JEneidopediay mui combatida en 
nombre de la relijion, fué embarazada muclias veces: al- 
gunos de los colaboradores se fatigaron en vi<ta de los en- 
torpecimientos que se suscitaban; pero Diderot siguió 
siempre en el trabajo i alcanzó a verlo terminado. 

El mas constaute de sus colaboradores fué ^jiafluQIAlem- 
^Jfirt (1717-1783), matemático distinguido, queyaliaBía 
alcanzado un brillante renombre en las cienciaH, ántes de 
cultivar la literatura. Su obra capital, como escritor, es el 
discurso pteliminar de la Enciclopediaj bosquejo jeneral i 
elegante en qne pasa en revista tpdas Ins ciencias, indican- 
do con gran talento i con sólida instruccion, la historia 
sumaría de cada una, su objeto i las relaciones mútuas que 
tienen entre sí. 

Voltaire i Montesquieu trabajaron tambien en esta obra 
monumeutal; pero junto con ellos se distinguieron muchos 
otros escritores que seria largo enumerar. Recordaremos 
solo a Turgot ^1727-1781), el célehre ministro de Luis 
XVI, que sm dejar una obra verdaderatu^nite tal, reveló 
en cada uno de sus escritos i aun en los documeutos públi- 
cos que salian de su mauo, un notable taler.to de escritor 
i nn jenio filosófico de primer órden. 

29. — Este espíritu Ileno de actividad i de enerjíade que 
estaba ánimado ese poder que se denominaba la filosofía 
del siglo XVIII, no tenia por único objeto atacar i des- 
truir cnanto existia. Por el contrario, sobre las ruinus del 
pasado levantaba un nuevo edifício mucho mas sólido i 
cousistenteque el anterÍQr. Uno de los resultados mas in- 
mediatos de esa revolucion fué el impulso vigoroso que 
recibieron las ciencias. EI método esperimental i de ob- 



406 ELEMENTOS DÉ LITERATURA. 

«ervacion, ciiyas reglas hahia trazaJo Bacon fué rigorosa- 
ainente aplicado, i a su sombra nacieron niievas cieDCÍas o 
«e perfeccionaron de una manera sorprendente las que ya 
•existian. Aunque no fueron franceses todos los reforntta- 
•<Iores en materias científicas, a la Francia cupo la gloria 
indisputahle de haber dado el impulso al movimieoto i de 
haberle servido de centro. 

Aplicando la esperiencia i la observacion al estudio de 
las 8(»ciedades i por decirlo así, de la fisíolojía fiocinl, se 
encontraron las leyes que reglan la producci<»n i la distri- 
bucion de las ríquezas, i se dió un cuerpo a las doctriuas 
<iue Bobre los impuestos i la prosperidad material de las 
«aciones habian sido enunciadns en diferentes tiempoa. 
Esfa ciencia, que recibió el nombre ímpropio de economía 
^)olítica, colocó la primera fuente de la riqueza cn el tra- 
í}ajo, en una époqa en que las preocupaciones reinantes lo 
•cousideraban todavía deshonroso; i pidió la libertad in- 
dustrial, cuándo un sistema absurdo de gremios i corpora- 
<íiones eu la industria manufacturera, i de trauas mona- 
truosas en el coinercio i en la agricultura, impedian el 
xiesarrollo de la riqupza pública: 

Pero estos progresos fueron todavia mas sólidos i mas 
^lpables en las cÍ3ncias exactas i naturales. Deí^puea de 
vna série de descubrimientos portentosos en astronomííi, 
XíArEJace pudo fijar la marclia i las revoluciones de los as- 
tros con la misma seguridad con que se sefiala la raareha 
<Ie un reloj, i dar a sn libro inmort^I el título tan verda- 
<lero como hermoso de Mecánica celeste. La tierra fué casi 
-enteramente reconocida por numeroíías espediciones cien- 
tífícas, inglesas i francesas en su mayor parte, i lo que es 
nias, estudiada prolijamente su verdadera forma, i medido 
«u tamaño. La fisica, en manos de observadores de una 
:alta intelijencia, eutre otras muchas cosas, descubrió en la 
fliaturaleza fuerza» desconocidas, el vapor i la electricidad, 
cuyo poder aun no han acabado de aplicar las nuevas jene- 
Tacione^. La qufmica, que, por falta de buenos métodos no 
fiabia hecho mas que observar fenómenos aislados sin de- 
<Iucir leyes jenerales, fué elevada al rango de verdadera 
«iencia por el jénio vignroso de Lavoisier. La historia na- 
tuVal, la zoolojía, la botánica i lajeolojfa, alcanzaron su 
^erdadero deéarróllo por el trabajo incesante de una falan- 



HISTORU UTERARIA. — ^TIEMPOS MODERNOS, 407 

je de sabios, a cnja cabeza esfáa colocados Biifron, Lin* 
neo i Cuvier. 

BuffioxL es, aderaas^ nno de los ^mndes escritores de la 
Fraiicia. Nacido en 1707, Jorje Lnis Leclerc, eonde de 
Bnffon, pasó casi sn vida entera consagrado a1 estudio de 
la historia natura), aprovecliando para esto el puesto de 
<lirector del jardin del ret, aliora jardin de plantas de Pa- 
ris. Ayndado f>or algnnos colaboradores mas prolijos que 
é], Bnffon confiaba a éstos las clasifícacioüies cientííicas, la 
descrípcion técnica de los animales, i él tratabt^ las consi- 
deracioiies jenerales, los grandes cuadros de la natumleza, 
las coétumbres de los cuadrúpedos i de lasaves, todo aque- 
llo en fin, en que podia dar libre vuelo a su prodijioao ta- 
lento de escritor. Su obra c<»losal fué recibida en todas 
partes con aplauMos entusiastas: dos academias le llama- 
ron a su seno: se le elevó una estátua en el museo de hÍ8« 
toria natural, que tanto habia enriquecido; ¡ su niuerte, 
ocnrrida en 1788, fué considerada una calamidad para las 
ciencias ¡ para las letras. BufiFon puede considerarse el pri- 
mer historiador de nuestro planeta, cu,yas trasformaciones 
ha descrito con rara sagacidad en una época ^n que la jeo- 
lojía no habia sido creada; ¡ el gran pintor del hombre i 
de los animales. La ciencia moderna ha encontrado muchos 
errores de detalie i muchos vacíos en su obra; pero sus con- 
temporáneos ¡ la posteridad están de acuerdo en conside- 
rarlo un e«critor de primer órden. La elevacion Je las ideas, 
la pompa i májestad de las imájeues, la noble gravedad de 
la eppresion, la armonía constante del estilo, son solo algu- 
nas de las dotes literarias de este admirabíe pintor de ia 
naturaleza. Deben tambien tomarse en cuenta las tenden- 
cias fílosóficaa i humanitarias de sus escritos, que lo han 
hecho llamar, tanto por ellas como por la jeneralidad de 
las materias que trata, el Plinio moderno. Bastaria citar 
en apojo de esta opinion la brillante pájina en que ha con- 
denado la esclavitud de la raza negra. 

30.— 1^ poesía, hemos dicho ya, tuvo en el siglo X VITI 
ima importancia secundaria. Eñ efecto, en e1 movimiento 
jeneral, la prosa atrae naturalmente todas las miradas; i 
)os poetaf>, por mas que entre ellos hubiera algiinos dota- 
dos de mérito notable, ocupan el segnndo término. La 
poesla, a peear de todo, i anuque muchas veces sus formas 



408 ELÉaiENTOS DE LITEKATIJRA. 

sean elegantea ¡ correctas, no refleja sino raras veces la re- 
Yolucíon de loá espíritu». Eutre otros jéneros, se cultivo 
con predileccion la pocáía descriptiva, lánguida i moDÓ- 
tona en su coujunto^ aunque contiene con frecuencia ver- 
daderas beilezas de detalle. Otros poetas de talento fácil í 
agradable buscaron asuntos burlescos para componer poe- 
mas de forraas sérias. Esto fué lo que hizo Juai ~ 
Gresset (1709-1777;, poeta orijinal i lleno'de gracia, que 
caEtSlas aventuras de un loro en el poema titulado Veri" 
verL 

La trajedia tuvo tambien muchos apasionados, pero fue- 
ra de Voltaire, de cuyas obras dramáticas hemos hablado 
mas atras, el teatro trájico frances del siglo XVIÍl. ape- 
sar de que posee muchas obras, no puede ofrecer verdade- 
ro8 modelos. En la comedia no faltaron hombres de nn 
notable talento; pero, «se puede decir, afíade un crítico uao- 
derno, M. Etienne, que el espejo de que habla Moliére, en 
el cual reprodncia la iraájeu de la sociedad, estaba roto, i 
que los poetas cómicos del siglo XVIII recojíerón los pe- 
dazos para tomar algunas imájenes aisladas del mundo qiie 
pasaba delante de ellos.» Así fué como Le-Sage se apo- 
deró del tipo de los ajiotistas, para representarlo en una 
comedia íamosa. 

Uno de esos autores cómicos supo, sin embargo, reflejar 
en sus obras ese espíritu de crítica que dominaba en todas 
partes. Jedro Agustin Caron de EeauraarchaiSp (1732- 
1799), relojero, comerciaute, diploraático, proveedor de 
ejército, hombre deaccion por gusto, que escribia para dis- 
traerse, lanzó al teatro la burla hostil a la autoridad. El 
barbero de SevilUif i sobre todo El matrimonio de FtgarOj 
que le sirve de eoutinuacion, era la critica amarga de esos 
hombres que para ociipar una brillante ocupacíon en el 
mundo dse han d.ado solo el trabajo de nacer.:» La admi- 
nistracion de justrcia, la jerarquía arístocrática, el clero, 
todo sufria en esas comerlias de Beaumarchais ios golpes 
acerados de uua censura Ueua de sal i de injenio. Aquellaa 
obras que por ii solas tienen cierto mérito, alcanzarou en 
su época una boga a que uo habria aspirado jamás cómico 
alguno en el mundo. 

Al lado de los poetas del siglo XVIII es menester co- 
locar nn prosador que sembró Ta poesía a manos Ilenas en 



•HISTORIA LITERARIA. — ^TIEMPOS MODERNOS. 40& 

todas las obras qne salíeron de su pluma. Bernardino de 
Saint-Piérre (1737*1814), habia hecho algunos estudios 
científicos; i despues de ciertos viajes en las colonias fran- 
cesas como injeniero militar, se hizo escritor. Sus Esíudios 
de la naturaleza dejan a un lado las leyes i las clasifícacio- 
nes de la ciencia: en ellos seencuentran los errores mas in- 
concebibles en física i en historia natural, pero se hallan 
tambien allí los cuadros encantadores en que pinta las be- 
Ilezas de la creacion, la poesía i la gracia de los detalles, 
nn estilo sencillo i animado i el sentimiento de admiracion 
por la naturaleza. Pero su obra cápital es Pablo i VirjiniOj 
novela pastoral del gusto mas pnro, ooncepcion nueva, 
completamente orijinal, dque se admira con el corazon i 
se aplaude Ilorando.D En el seno de uua naturaleza rica e 
imponente, la isla de Francia, se desarrolla esa soncilia 
i feliz creacioa en que se descubren lo3 sehtimientos deli- 
cados del idilio junto con el ilolor de la elejía mas tierna i 
desgarradora. Ese libro, publicado la víspera de la revo- 
lucion de 1789, produjo una impresion inmeoflaen los mis- 
mos espíritus que comenzaban a sentirsc ajitados por las 
pasiones mas violentas i ardorosas. La deseripcion de la 
natnraleza tropical es admirada todavía como el títalo 
prl^cipal del escritor artista que segun la espresion de la 
crítica moderna, sabia pintar con la pluma. 

31.— La verdadera literatura de la revolucion está en la 
tribuna. A la elocuencia de los grandes oradores de esa 
época podria reprochársele talvez el defecto de ser dema- 
siado literaria. Las teorías de Montesquieu i de Ilousseau 
encontraron entónccs en las asambleas revolucionarias ar- 
dientes sostenedores, entre los cuales dominan Mirabeau 
con toda la superioridad deí jenio, i Vergniaud por la tmn- . 
quilidad de espíritu i la pureza del lenguaje, cualquiera 
que sea la exaltacion de la pasion que lo anima. Es menes- 
ter boscar en la historia de esas asambleas la elocuencia 
de esos oradorea, que sacaban de la lucha i de la contradic- 
cion la mejor parte de su poder. Sus discursos, considera- 
dos aisladamente, pierden mucho de su valor. Por el efec- 
to local, ellos han igualado i a veces sobrepujado a los 
oradores de la untigüedad; pero no siempre tuvieron el ar- 
te de fijar en el estilo toda la pasion que los ajitaba. Para 
apreciar debidamente sus talentos oratorios, es menester 



r" 



410 ELEMENTOS DE LITERATURA, 

estudiarlos en la historia misma, frente a frente de las cir- 
cunstancias que los hacian hablar i ohrar. 

Durante todo el siglo XVIII, la literatura forma una 
gran corriente que arrastra los espíritus a las innovaciones 
políticas. Llegada la época de la revolucion, parcce recon- 
centrarse en el recinto de esas asambleas; pero con escep- 
cion de los tres o cuatro afios mas tempestuosos, el dorai- 
nio de la literatura no queda enteramente eBtériI. Las 
letras buscaron un asilo léjos de las borrascas revoluciona- 
rias, i volvieron a brillar de nuevo en el teatro, en el cam- 
po de la poesía, eu la critica ras^onada i en la propagacion 
de las ciencias; pero en jeneral respetaron las tradiciones 
del ])asado, de manera que la literatura carecia de un sello 
dc verdadera orijinalidad, i parecia no haber recibído el 
raovimientoque la revolucion habia ímpreso a todos íos 
elementos sociales. 

La política de Napoleon durante el consulado ¡ el impe- 
rio, aunque mui favorable ^ las ciencias i a todas las aplí- 
cacioneK prácticas de la intelijencia, fué contraria a I& 
literatura propiamente diclia. El despotismo imperial no 
admitia las libres especulaciones del jenio, de manera que 
apesar de los halagos i de Ins promesas del poder, casi to- 
dos los escritores, i en particular los de verdadero tal^pto, 
les fueron decididamente hostiles. La literatura del im- 
perio no fué mas que el ensayo de un arte, de un pasa- 
tiempo intelectual, sin accion i sin poder en la sociedad. 
Esta época no debia ser estéril en literatura; pero el mo- 
vimiento literario estaba, por decirlo así, fuera del impe* 
rio, i vivia en el estninjero o en el destierro, 

32. — En efecto, léjos de la Francia vivian los eecritores 
que debian imprimir a la literatura un carácter de vei'da- 
dera orijinalidad, Chateauluiaud ¡ Ma dama de Stae h El 
primero (1768-J848';7 poeia eu prosa, cuitivo a la vez 
muchos jéneros sin eer en uinguno de ellos vigorosamente 
superior i orijinal; pero por su talento descriptivo, por sd 
estilo lleno de colorido ¡ por sus tendencias políticas i so- 
ciales ejerció una grande influencia sobre su siglo. Cha- 
teaubriand, aprovechando el causancio jeneral que la 
revolucion habia producido, el horror que inspiraba la san- 
gre vertida en el cadalso i en los campos de batalla, i el 
vacío que dejaba en los espíritus la supresion del senti- 



/ 



HISTORIA LITERARU. — TIEMPOS MODERNOS. 411 

miento relijioso, contrajo sas fuerzas a combatir el escep- 
ticísmo del siglo XVIIl; i sus nnmerosos libros, fruto 
todos ellos de un verdadero taleato^ ejercieron una ínfluen- 
cia poderosa sobre los corazone^, que ya estaban prepa-, 
rados para dejarse dominar. 

Madama de Staél (17d6-1817j, dotada de un talento 
notable para la observacion moral i de un arte lleno de elo- 
cúencia, contrajo sus fuerzas^ no a cDinbatir las teadencias 
liberales sino a diríjirlas en un sentido razouable. (Jultivó 
la Qovela con verdadero gusto, estudió las pasioues con 
elevacton fílosótica, desarrolló 4a lei del progreso 'eu el 
estudio de las literaturas, i enseüó a los franceses que en 
las naciones del norte, en Alemania sobre todo, habia un 
verdadero jénio literario. 

Esos dos grandes escritores imprimieron un impulso 
vigoroso a la literatura, apartaudo los espíritus de los 
senderos tríllados. El primero enseñó a los poetas; la segun- 
da a Ics prosadores. Los fílósofos, los historiadores, los 
poetas i los naturalistas fueron a buscar en ei mundo 
moral un campo dq estudio i de meditacion. La literatura 
buscó en los siglos pasados un campo de inspiracion; i los 
estttdios históricos renacieron con nn ardor inconcebible i 
con un espíritu de crítica juiciosa casi desconocido. 

En breve se mantfestaron entre los jóvenes, i bajo la 
direccion de un jeíe poderoso por el talento, Vícr.or Hng t»j 
nuevas tendencias literarias. Dcsde el renacimiento, i so- 
bre todo desde el siglo XVII, las obras maestras de las 
literaturas^antiguas eran la ánica regla del gusto. En los 
escritos de Madama Staél se descubre ya una tendencia 
en busca de otro ideal, o a lo ménos se manifíesta que las 
literaturas del norte habian alcanzado a la belleza coq 
otros modelos que los que nos han legado las literaturas 
clásicas. Pero la revolucion no fué Ilevada a cabo sino 
mas adelante. De repente, muchos escritores de un talento 
ÍQContestable, protestaron contra aquella regla inflexible i 
absoluta que condenaba para siempre el jenio a moverse eu 
UQ círculo mui estrecho, i oponia al progreso una barrera 
ÍQSubsanable. Esta revolucion iniciada en 1822, recibió el 
Qombre de romanticismo, denominacion vaga p^ra ideas 
mal defínidas. En 1827, Víctor Hugo lanzó el manitíesto 
del partido en el prefacio de uno de su dramasi titulado 



413 ELEMENTOS DE LITERAtüRA. 

Cromn^LEñe manifiesto era la declaracion de guerra con- 
tra todas las reglas coDvencionales del urte: la nueva escae- 
la no buscaba preceptos deñnidos ni modelos irreprocha- 
bles; queria solo que las reglas naciesen de la naturaleza 
de cada asunto i como las condiciones de su existencia. 

La escuela romántica tuvo sectarios ardorosos en Fraa- 
€ia. Las literaturas alemana e Inglesa, que tambien habian 
tenido sus románticos^ en el sentido que se dió a esta es- 
presion^ ejercieron una vigorosa influencia. Pero el roraan- 
ticismosfrances se dejó llevar, en el teatro sobre todo, a 
las mayores estravagancia^ Las pasiones mas fuertes i 
desordenadas, los contrastes mas violentos^ los caractéres 
mas exajeradosy fueron exhibidos en la escena. La lacha 
entre la escuela clásica que reconocia por jefe a Boileaa, 
i la romántica o modernai fué tenaz i enoarnizada, pero no 
duró largo tíempo. «En resúmen, decia el mismo Victor 
Hugo algunos aQos mas tarde en el prefacio de otro drar 
ma^ cl romanticismo apesar de sus exajeraciones, prestó 
al arte el eminente servicio de acabar por el ridículo ooq 
tgda regla arbitraria. Hoí dia, esas miserables palabras 
de clásico i de romántico que sirvieron durante la lucha, 
ao son mas que un recuerdo: el arte solo ha quedado.j) £a 
efecto, la literatura ha buscado un camino mas seguro ea 
el realismo, imitacion de la vida real, sin las exajeraciones 
del romanticismo^ sin la frialdad pálida de la imitacioa 
clásica. 

Durante esta lucha i despues de ella^ casi todos los jéne- 
ros en verso i prosa han sido honrosamente representados 
en Francia en el siglo XIX, i algunos de ellos cón graa 
brillo. Es verdad que la poesía épica se puede considerar 
casi muerta; pero en cambio han nacido o se han desarrolla- 
do otros jéneros que la reemplazan. Como no entra en el 
cuadro reducido que nos hemos trazado el analizar la lite* 
ratura de nuestro siglo, lo que nos Ilevaria demasiado léjos, 
nos vemos obligados a indicar solo algunos nombres de los 
escritores que han adquirido mayor fama. 

La poesía lírica ha encontrado sentimientos tiernos i 
apasionados a la vez que acentos armoniosos i casi podria 
decirse sublimes, si bien ha sufrido muchas veces la ia- 
fluencia estrnnjera. Sus mas distinguidos representantes 
hau sido Alfoiibo de Lamartine fl7U0-1869), Víctor Hu- 



HISTORIA LITERlitlA,— TIEMPOS MODERNOS. 413 

ffo (1802), Alfredo de Musset (1810-1857), Alfa gdo de 
Vigo^ ri799-1863) í A¿fla¿o- Dii¿ e uA flSOS-l^SSjTTa 
«Scira, cnltivada con rara felicidad por Enriqiie Augasto 
Barbier^(1805-1882), ha enéontradoen lacancionel medio 
de espresion mas popular, en que, bajo las formas de una 
burla cómica i alegre, se eacierran pensamientos elevadoa 
i conmovedores. -Tii;i" PqH.»/^ p¿yar^|pppr (1780-1857) es con 
mucbo el mas famoso de todos los poetas que la han usado 
como medio de censura de los gobierno»^ de Ías costumbres i 
de las preocupaciones. 

E1 teatro no ha producido trajedias qne posean la gran- 
diosidad que Corneille i Bacine supieron darles, ni comc- 
dias comparables aun a los cuadros secundaríos de Moliére; 
pero en su lugar ha nacido el drama, ese jénero misto que 
reune en sí aquellat dos especies. Con inclinaciones í con 
gnsto difereutes, se han ilustrado en eate arte Víctor Hugo, 
Alejandro Dumas (1803-1870), Casimiro DelavTgne 
<l 7 ,93r:J l8 43 ) i Eigenio Scribe (1791-1861). 

Pero si en la poesía es preciso reconocer que el jenio 
frances no ha desplegado en el siglo XIX nna superioridad 
incontestable sobre los otros síglos, en la prosa, i sobre to- 
do en los jéneros que mas necesitan del raciocinio i del es- 
tudio, sn literatura dejará huellas indelebles en la historia 
de los progresos del espíritu humano. 

Jamas la historia ba sido mas jeneralmente cultivada 
en Francia, ni con mas ardor, ni comprendida con mas in- 
telijencia, iii escrita con mas interes. La historia no es ya^ 
oomo lo fué ordinariamente en otros siglos, la narración de 
los hecbos, falseados con frecuencia no solo en bu espíritn, 
fitno materialmcnte, ni tampoco una reproduccion mas o 
ménos servil de los historiadores anteriores. Se distingue 
por una critica ilustrada, compulsa los hechos en las me- 
morias, en las crónicas, en los documentos, en las medallas, 
ea los monumentos, en las ruinas, en fin, en tododo que 
nos qneda de las edades pasadas, i ha llegado a ser no solo 
verídica sino tambien literaria. Las instituoiones, los pro- 

Sesos ppIítÍGOs, la lejislacion, las costumbres, las ideas, 
\ trajes, las ciencias, las artes, las letras, todo entra ea 
el dominio de ia historia, de tal modo que el cuadro de los 
siglos pasados es ahora tan compteto como instructivo e 
iuteresaute. En este movimiento en que han tomado parte 




414 ELEMENTOS DE LITERATURA. 

casL todns las nacíones modernas, la Franciaocupa el pri- 
mer lugar; í entre los numerosoa escritores que le han im- 
preso un vigoroso iinpulso, descuellan Fr§ncÍ8co Guizot 
(1787-1874), Agii8tiu.JEiuaiií 
(1773-1842), Juliíjiliiüiel^^ Gi 

rante (1782-186g)rAugu8tóMignet (179.6) i A.doli 
(1797-1877). - -- 

La jeografla, que ha sido Ilamada con mncha oportuni- 
dad nno de los ojos de la historia, estiende tambien sus do- 
minios como cousecuencia de numerosos viajes en que se 
estudian no solo la naturaleza de los paiscs lejanos, sído 
tambien sus monumentos^ sus antigüedadés i su historia. 

La crítica literaria ocupa un puesto muí elevado en los 
trabajos modernos. Se distingue por el injenio, por la cien- 
cia i sobre todo por las formas cuidadas i cultas que se le 
han dado. Juzga jeneralmente con imparcialidad i con ta- 
lento; colocándose bajo el punto de vista del autor, tomaa- 
do en consideracion el tiempo en que vívió i apreciando sus^ 
obras en conjunto, áotes do nnalizar minucioftamente los 
detalles. AJwiJIimdacQjjJlfiinain (1790-1870), Ghwtaio 
Plajafihe (1808-1856), A ^ustin Süin<e-Beuve( 1804-1869), 
son los mas altos representantes de la crítica moderna, que 
cuenta con tantos eEcritores famosos a su servicio. 

La novela tiene tambien en el siglo XIX un lugar moi 
importante. Hu querido sobre todo reflejar las costumbres 
contemporáneas, estudiar la vida íntima^ propagar las re* 
formas sociales i popularizar princ¡piosabstracto<9. Pero en 
el torbellino de uovelistas de nuestfa época, ¿cuántos con- 
seguírán legar su nombre a la pcsteridad? 

Las ciencias morales i politicaSy así como los grandes 
estudios de erudicion en fíiolojía i antigüedades históricas 
i literarias, ocupan un lugar mui importante entre los tra- 
bajos dei siglo XIX; pero su análisis no entra^ por mas de 
un motivo^ en el reducido cuadro de la historia literaria 
que nos hemos trazado, Antes de terminar esta resefla, de- 
bemos, sin embargOy indicar como una de las faces del mo- 
▼imiento literario de la época contemporánea en Francia^ 
la vnlgarizacion de las ciéncias exactas i naturales par me- 
dio de obras escritas con gran claridady con una elejg^tfncía 
sostenida i con un notable arte üterario. 



CAPÍTULO V. 
Llteratura portagiiesa. 

1. Pocsía portuguesa en el siglo XVI.— 2. CamoenB.— 3. Los prosadoresi 

Jnan de Barros. — 4. Conclusion. 

1. — La üteratura portnguesa os la niéuos ríca de las qne' 
poseeu las uacioues íKXsidentales de Europa. Cueuta^ es ver- 
dady uu crecido uúmero de escritores^ pero solo alguuos de 
ellos hau dejado obras niaestras^ i nuii pocos son los que hatt 
ejercido influencia sobre las otras literaturas o que a lo mé- 
iios han alcauzado que sus ohras seau conocidas fuera de lo& 
límites del Portugal. Por otra parte^ la semejauza de la len- 
gua portuguesa con la leugua castellaua, ha hecho que se 
considere muchas veces a aquella literatura como una sim- 
ple derivacion de la literatura espaflola. Muchos escritore» 
portugueses que escribian indifereuteraente en las dos len* 
guas, hau contribuido a dar consistencia a esta opinión. 

La verdadera edad de oro d^ la literatura portuguesa es 

el siglo XVI, i comienza eu el reinado de don Mauuel. £1 

jenio nacional exaltado oon la gloria de las navegaciones le- 

jauas i de las conquistas en la India, ostenta todo su vigor 

en la poesía i en la prosa. Las primeras producciones fueron^ 

sin embargOy pastoralcs Ilenas de seutimiento i de anima- 

cion, en que los personajes, pastores i pescadores, cuentan 

siis aventuras con uotable naturalidad. l^eriiardino Ribeiro^ 

jeutilhombre de la Cámara del rei, pasa por^éHniciador der 

este jénero en Portugal, i ha dejado, juuto con una uovela. 

eu prosa, algunas églogas en que se compiace en describir 

8Íu oesar la leuta desesperaciou de un amor desgraciado. 

Muchos otros poetas cultivaron despues de él este mismo j6- 

nero de poesía cou graude aplauso de sus coutemporáneoa. 

28 



^ -_ V 



L t. 



416 ELEMENTOS DE LITERATITRA. 

Lnego nacieron otros jéneros, la oda heróica, el cántieo 
raístico i la elejía. Francisco Saa de Miranda (1493 — 1558), 
cabaliero dc alta alcurñufí de grande erudicion, que escribia 
con la misnia facilidad el portugues que el castellano, esti- 
, muló a los poetas al estudio de la antigüedad clásica, enri- 
queció considerablemente la leng^acon nuevos metros i nne- 
vos jiros e imitó algunas coraedias de Plauto i de Terencio. 
AatíuiifíJEfij:^ra^(1528 — 1569), pasó por el lejislador dei 
parnaso lusitano i es denominado el Horacio portugues. En- 
tre otras muchas obras, en que se uotan nuevas formas in- 
troducidas en el lenguaje, es autor de una pieza dramática, 
Tn^ de Castro^ que es considerada una de las mas antiguas 
trajedias regulares de los tiempos modernos. Esta obra ha 
tonido el honor de ser traducida dos veces al frances. Por lo 
dcmas, el teatro tuvo en Portugal el mismO orQen que en 
Espafia, -¡ 8US primeros ensayos se confunden con frecnen* 
cia. Bastaria citar el nombre del portugues Jil Vicente, qae 
fué, como hemos visto en otra (larte, uno de los creadorcs 
del teatro espafiol. 

2. — Pero, al lado de estas obras, i desde raediados del si- 
glo XVI, la musa portuguesa comenzó a inspirarse en el 
renombre de las grandes hazafias de la época. Las memora* 
bles espediciones a la India, las victorias i las conquistas 
alcanzadas en Africa i en el oriente, fueroa el objeto de na* 
merosas epopeyas en que el patriotismo mas ardiente, i mu* 
chas veces una rica imajinacion, produjeron cantos dignos 
del poema épico en toda su grandeza i magnifícencia. Todas 
esas obras, sin embargo, son pálidas al lado de la epopeya 
ínmortal de Camoens, que basta para dar lustre a ia poesfa' 
portuguesa. 

Ljiis4}e..Camoens, vástago de una familla ilustre pero po- 

bre, nació en LIsBoa en 1524. En la célebre Universidad 

de Ooimbra hizo sus estudios i se aficionó particularmente a 

la historia | a la mitolojía. £1 resto de su vida fué un tejido 

constante de aventuras i de miserias que sus biógrafos no 

han podido conooer perfectamente* Habiendo contraido una 

pasion violenta por una dama principal de la corte, sacrificó 

a ella su porvenir, i se hizo poeta para cantar sus amores. 

Para mejorar su fortuna, o talvez para olvidar esa pasion, 

8e earoló como voluntario en una espedicion que partia para 

líarraecos. En el sitio de Oeuta perdió un ojo de un balazo; 



mSTORIA LITERARIA. — TIEMPOS HODERNOS. 417 

i caando creia giie sú heroismo le merecería alguna recom» 
pensay se vió olvidado, i se lanzó en busca de nuevas aven- 
turas en las Indias. Camoens desplegó en todas partes un 
valor indomable i nn talento snperior; pero sus servicios na 
fueron mejor atcndidos. Al fin, lanzó una sátira violenta 
contra la administracíon de las colonias portuguesas, i en- 
tonces se le mandó a Mac^o con un destino^ pero en realidad 
para alejarlo de la India. Nuevas desgracias le esperaban 
todavía: acnsósele de malversacion de los fondos confíados a 
su cuidado; i solo despues de nn largo proceso pudo probar 
su honradez. Camoens volvió al fín a Lisboa, i alU publicó 
el poema que lo ha hecho inmortal (1572). Esta obra no 
mejoró, sin embargo, su situacion; i siete afios despues el 
gran poeta moria oscuramente en un IiospitaU Este hombre 
ilustre^ al cual se elevaron monumentos despues de su muer- 
te, porque habia compuesto una obra impertíoedera, vivifi 
durante los últimos afios con el producto de las limosnas que 
un negro esclavo, que habia Ilevado de la India, recojia de • 
noche en las calles de Lisboa. 

Tres piezas teatrales, numerosos sonetos, églogas, odas i 
sátiras han Ilegado hasta nosotros con el nombre de Ca- 
moens; pero esas obras, que indudablemente tienen cierto 
mérito, no son las que le han conquistado el gran renombre 
de poeta. 8u gloria ertá basada en el poema titulado Los 
Lusiadas, o descendientes de Luso, hermano de Baco, qué 
segun una tradicion fabulosa, se ^tableció en la rejion occi- 
dental de la península ibérica, i le dió el nombre de Lusita* 
nia con que en otro tiempo fué couocido el Portugal. 

EI asunto de ese poema es el descubrimiento de la India 
por Ya 00 de Gama; pero cantando esta espedicion memora- 
ble, Camoens ha introducido en su obra los cuadros raas 
brillant^ *, los recuerdos raas popularcs de toda la historia 
nacional. EI poema se abre por la pintura de la esouadra 
portugnesa que navega en las costas orientales del Africa. 
Los dioses se reunen en el Olirapo, porque sabeu que del 
éxito de esta empresa depende la suerte del mundo oriental. 
Júpiter declara que loe portugueses lograrán su inteuto, i 

Iue los decretos del destino les prometen un nuevo imperio. 
taco combate la resolucion del rei de los dioees; pero Vénus 
i Marte se declaran en favor de los lusitanos, i envían a- 
Merourio a la tierra para qne les sirva de guia, i los Ileve a 



• ' 



418 ELEMENTOS D£ LITERATUBA* 

Mozambíque. Baco, bajo las apariencias de un viejo, Fuble* 
▼a el faimtismo reiijioso de los musulmanes que habitan 
aquella rejion. Allí se empefia una batalla; pero loe infiele» 
son (ferrotados, i la escuadra victoriosa coutináa su marcha 
bajo la direccion de un piloto roorOy el cual aconseja a lo» 
portugueses que se dirijan a Quiloa. Todo estaba pre|)nrado 
para su ruina en aquel lugar, pero la proteocíon de Véno» 
lo6 salva de to«los los peligros. Al fin Ilegan a Melinde^ 
donde son recibidos por el rei del pais con una obsequiosa 
hospitalidad. La admiraciou que nace en el pechodeljefe 
árabcy pre])ara al lector para un episodio que ocupa la ma- 
yor parte del poema, i en que se encuentran los pasajes ma» 
acabados i graudiosos. 

Gama cuenta al rei la historia de Portugal, las hazafias 
de sus liijos en las guerras contra los áralies dominadores de 
la península ¡bénca^ sus conquistas en Africa, sus espedi- 
ciones lejanus, i por último su viaje a la India. £n esta re* 
lacion^ senibrada corao debe supouerscy de episodios subal- 
ternos, Camoens se ha alzadoa la altura de los raas grandes 
poetas épicos. La figura de Gama desaparece^ es verdad; pero 
en su lugar se levantan otras no ménos grandiosas e intere" 
santes. Dos de esos pasajes son especialmente celebradoe: la 
muerte de Ines de Oastro, esposa del infante don Pedro^ 
mandada asesinar por el rei aon Alfonso^ padre del prínci- 
pe; i la aparicion del jigante Adamastor, pers<mificacion del 
cabo de las Tormentas o de Buena Esi^eranza, que trata eu 
vano de impedir a los portugueses el paso para los mares de 
lá India. 

La narracion de esta historla impresiona al rei de Melin» 
de. Lleno de admiracíon por ese pueblo valeroso, da a Gama 
ou piloto fiel que dirije sus naves hácia la India. Nuevos 
episodios se entrelazan otra vez con la accion principal. 
Acaece una tempestad descrita con un colorido digno de 
Virjilio; los portugueees hacen votos a Jesucristo para que 
los líbre de este nuevo peligro; i Yénus se presenta para 
tranquilizar las olas. Al fin, los navegántes llegan a Calicat, 
con cuyo rei celebran alianza ántes de volver a Europa a 
anuueiar el resultado de su viaje. Para recompensar el valor 
de estos héroes, Vénus los atrae a una isla enoantada, que 
pueblan bellísimas ninfas^ representantes de todas las nobles 
virtudes. En la cima de una montafiai en un palacio de oro 



mSTORIA LITERABUL — TIEMPOS MoDERNOS. 419 

i de cfietsA^ Tétis le anancia el porvenir glorioso qne le está 
«deparado al Portngal. Así, bajo la fornm de profecfa, el 
poeta pasa en revista las hazafUis i las conquistas posteriores 
áe sos oompatriota». El pocma se termina con la vuelta de 
lo6 iiortagueses a Líshoa. 

«No se puede n^r, dice Sismondi, que el asunto elejido 
por Camoens es grande i venladeramente lieróico. Ee ver- 
ilad que cn la ejK)peya portuguesa, el héroe es un pneblo ¡ 
no nn hombre; j>ero no solamente es brillante la empresa 
:8¡no que sus resultados tienen tambien una ¡mportancia q«e 
96 refleja en todo el plan i le da el interés ¡ la vida. Es el 
<]escubr¡miento del paso a las Indias, la comuuicacion esta- 
blecida eulre los paises de la nueva i de la antigua cívíUmi- 
<áon, en fíu, el acrecentam¡ento ilimitado del poder europeo. 
Haí allí un contraste verdaderamente épico entre las costum- 
hres del oriente i las del occideute; ¡ s¡ este contraste no 
aparece siempre con bnstante fuerza, ^ministra, sin embar- 
gOy numerosas bellezas para justifícar la admirncion.» 

Se ha crit¡ca(lo oon frecuencia a Camoens la parte mara- 
Tillosa de su poema por la ¡ntervencion simultánea del cris- 
tianismo i de la mitolojía griega. Aunque este defecto sea 
hasta c¡erto punto justificable, atendida la época en que es- 
'Cribíó el poeta, ¡ tomando en cuenta que las d¡v¡n¡dades pa- 
gauas son para él personlficacíones alegóricas mas bieu <]|ue 
-seres reales, es ev¡dente, con todo, nue habria sido mas m- 
jteresante poner en escena las div¡n¡dades de la Indla com- 
batiendo resueltamente a los portugueses, ¡ dejándose al fin 
vencer |X)r ellos. 

Pero si el poema de Camoens adolece de este defecto, s¡ 
«n realidad no hai en él una verdadera uniclad de accion, la 
grandiosidad en el conjunto ¡ la esmerada bellczaen losde- 
talles, ¡ndemn¡zan de sobra esos defectos. Su vcrsificacion, 
formada por estrofas de ocho versos endeoasflabos, se adapta 
bien a todos los tonos, i es alternativamente gniciosa, enér- 
jica, t¡erna ¡ apas¡onada, i>ero siempre noble en la espresion 
i orijinal en las ideas. Su patriot^smo lo arrastra con fre- 
-cuencia a rasgos de un grande orgullo nacional; i>ero debe 
tomarse en cuenta que Camoens escribia en un tiempo en 
4jue los portugueses ejecutaban hazaflas verdaderamente por- 
áentosas. 

3. — La prosa no se ostentó con ménos eshuberancla que 



V 



420 ELEMENTOS DE LITERATÜRÁ. 

la poesía durante el siglo de oro de la líteratura portuguesa. 
Numerosas uovelas de caballerías, historias prolijas e inte* 
resantes, animadas relaciones de viajes, fuerou las obras que 
mas abundaron en esa época. EI jenio nacional^ exitado por 
tantas glorias, se manifestó en la prosa con cierto vanidoso 
patriotismo, es verdad, pero tambieu con un talento muckas 
veces superior. 

Durante algun tiempo se ha creido que las mas famosas 
novelas^caballerescas eran de oríjen portugues, tan grande 
era la pasion de este pueblo por ese jénero de líteratura; pe- 
ro despues se ha probado que muchas de* las obras que 
parecian orjjinales son simples traducciones, mas o ménos 
modiGcadas. Sin embargo, es todavía mui considerable el 
eaudal que queda como propiedad esclusiva de los portii- 
gueses. 

' En ellas se ejercitó un célebre escritor que se ha conqub- 
tado una gran fama como historiador. Juau de Barros , na- 
cido en Viceo en 1496 i muerto en 1570, fué paje ea la 
Gorte del rei don Manuel, gobernador de los establecimientos 

Íjortugueses de Guinea i despues tesorero jeneral de las co- 
onias. Dotado de una vasta erudicion, Barros escribió en 
su juventud una novela de caballerías titulada QarimundOf 
mas notable por el estilo que por la invenciou i el interes. 
Mas tarde, aprovechándose de las ventajas que le ofrecia su 
destíno para consultar los documentos oficiales, pasó CL-rca 
de cuarenta años consagrado al estudio de la historia nacio- 
nal, i particularmente ai de las, conquistas de los poi tugue- 
ses en el oriente. Su plan era sin duda mui vasto, pero no 
alcanzó a escribir mas que una parte de la obra que medi- 
taba. Sus Décadaa de Asia son la historia de los descubri- 
ixiientos i couquistas de los portugueses cn la India, escrita 
con gran exaltacion patriótica, pero con un espíritu de rec- 
titud i justicia que lo Ileva ha^ia^ referirlo todo con verdad, 
i a condcnar loque considera malo, aúnque se trate de Guma 
o de cualquiera de los prohombres deesas campafias. Eu esa 
historia se descubre una investigacion prolija de t^^^hos, 
i un gran cuidado para dar a couocer la jeografTa, las ccs- 
tumbres e instituciones de los divei*sos pueblos, así como el 
carácter moml de los personajes. Barros es denominado por 
8US compatriotas el Tito Livio portugues; i en efecto, ha 
imitado con habilidad al historiador latinor, introduciendo 



/ r 



mSTORIA LITERARIA. — TIÉMPOS MODERNOS. 421 

en sa libro las arengas i los retratos qae se encaentran en 
los escritores antiguos. Sn estilo, ademas, es elegante i puro 
i contribuyó a fijar la lengua, de la cual Barros compuss 
una gramática, que hasta aliora goza de crédito. 

Muchos otros historiadores continuaron la obra de Barros, 
o eecribieron sobre otros sucesos. Aquí solo recordaremos el 
nombre de un célebre viajero, Fernando Mendez Pinto, que 
despues de haber recorrido la India, la Etiopíá,Ta" A rabia 
Feliz, la China, la Tartaria i la mayor parte del archipiéla- 
go oriental, de haber sido trece veces cautivo i vendido vein- 
tisiete corao esclavo, escribió sus aventuias con una natura- 
lidad i con una orijinalidad de espresion que han hecho que 
se le considere clásico. Las esploraciones recientes en los 
jmises que visitó Mendez Pinto, han probado que no eran 
invenciones de un espíritu caballeresco las noticias que du- 
rante mucho tienipo dcsi^ertaron la desconfiauza de los crí- 
ticos. 

4. — Despues de esa época comienza para la literatura 
portuguesa una éra de visible decadencia. La conquista del 
reÍDO por Felipe II de Espafla, fué la sefial de ese decai- 
miento que se continuó durante cerca de dos siglos, a pesar 
de los esfuerzas de algunos tarentos privilejiados. Las ideas 
de la escuela clílsicafrancesapenetraron allí desde principios 
del siglo XVIII, pero la revolucion literaria fué tardía e 
incompleta. No han faltado, es verdad, predicadores nota- 
bles, poetas de cierta distincion, historiadores prolijos i autt 
elegantes, i eruditos ilustres; pero faltaron esos jénias que 
imprimen un carácter nuevo a las literatui'as o que hacen 
sentir una vigorosa influencia. 

Es menester Ilegar al si