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Full text of "Elevación y caída del Emperador Maximiliano: Intervencion francesa en me?xico. 1861-1867"

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ELEVACIÓN Y CAÍDA 



DEL 



EMPERADOR MAXIMILIANO. 



ELEVACIÓN Y CAÍDA 

DBIi 

EMPERADOR 

MAXIMILIANO 



INTERVENCIÓN FRANCESA EN MÉXICO. 

1861.— 1867. 



POR EL OONDE E DE KÉRATET. 

DE PREVOSf— ÍPARADOL 

D« la Academia Aranecsa. 



TBADDCIDA 

POR HILARIÓN FRÍAS T SOTO. 



■ABOa CaiATK, BOITOB. 



- ... .< 



MÉXICO. 



IMPRENTA DIL OOMSROIO, DI N. OHATKZ, A CARQO DK J. MORENO, 

CALLM Da OOBOOBiJrai VUMOO 8 

1870. 



348458 



• • - • 



• • • • 



• • a • • 



• » t 



•• • . • 



• • • 



PREFACIO. 




^x empresa de México^ acerca de la cual esta ob^^ 
^consagrada ya por lacuriosidadpúbUca, contiene tan* 
detalles nuevos é interesantes, no es el peor de 
los resultados que ha producido para la Francia el gobierno 
personal, b^'o la forma que tiene legalmente quince años 
ha, porque los negocios de Italia y Alemania, iniciados y 
dirigidos bajo el mismo principio, reservan á nuestro pafs 
pruebas mas fuertes y embarazos mas duraderos; pero li^ 
espedicion mexicana ofrece este carácter particular de inte- 
rés, que el gobierno personal se revela allí de una manera 
mas patente que en las otras, que los ánimos menos previ- 
mtes tienen que ver en ella forzosamente la obra libremente 
concebida de una voluntad única, que su objeto está clara» 
mente definido desde el principio, que su teatro está demar* 
eado con anterioridad, que la catástrofe es desiciva y sor^ 
préndente y que todo marcha allf, como en un drama anti- 
guo, hacia un fin sangriento y á un desenlace bastante me- 
morable para servir de eterna Iecci<m á la posteridad. 

Al dech" que el gobierno personal se muestra mas á des- 
cubierto 6Q la invasión de México que en los negocios de 



VI 

Alemania é Italia, nos colocamos bajo el pmito de vista def 
conjunto del público, porque para los hombres ilustrados^ 
esos tres grandes acontecimientos del reinado actual, unidad 
italiana, unidad alemana y empresa de México, brotan de 
la misma fuente y son los resultados igualmente graves, pe- 
ro igualmente reconocibles como procediendo del mismo go- 
bierno. Según las ideas antiguas y bien conocidas del gefe 
del Estado, que en 1852 ha infiltrado esas ideas en nuestras 
leyes, el soberano, mas ó menos censurado por las asambleas 
deliberantes, tiene el derecho y el deber de concebir y em- 
prender con una ftbertad absoluta tos proyectos que cree 
ventrosos á la gloría ó á la felicidad de la patria No se^ 
trata aquí de esos soberanos constitucionales que, rodeados 
de un ministerio responsable, velan por la aplicación de las 
leyes y por la cgecucion de una política cuya primera impal- 
sion viene de la opinión pública, espresada y legalizada iK>r 
un parlamento. tJsta imagen, tan tamiliar hoy á los espíritus^ 
ilustrados, se ha sustituido por la de un gefe del Estado, me- 
ditando sus designios en el silencio del gabinete, en donde se 
entrega á sus ensueños solitarios, dando después sus órde- 
nes á ministros aislados en su obediencia y dependiendo de 
éi solo, y sometiendo en fin al juicio de los mandatarios de 
la nación empresas acabadas ó irrevocablemente empeña- 
das, que únicamente pueden servir de materia á elogios re*^ 
conocidos, ó á lamentaciones patrióticas. 

De este sistema de gobierno han salido los actos tan im-- 
portantes que han terminado en la unidad italiana, en la uni- 
dad alemana y en la espedicion de México, y ninguna otra< 
forma de gobierno era capaz de produdrios. Ningún gabi- 
nete responsable, ya fíiese republicano, ya monárquico, ha- 
bría podido concebir, preparar y hacer inevitable la guerra 
de 1859, tal como el mismo M. Oavour la ha esplioado en 
su correspondencia. Ningún gabinete responsarUe habría po 
dido iavorecer desde su origen los designios de M. de Bis^ 



vn 

■ • 

mark oon li^'esperaiuu^ tan cruelmente destruida, de sacar 
partido de enos, ' ni rehusar sobre todo la oferta formal y 
muchas veces repetida de la Inglaterra para contener por 
una acción común el desmembramiento de la monarquía da-- 
nesa. En fin^ ño se puede negar que el gobierno personal, en: 
la mas fuerte acepción de la palabra, tenia únicamente el 
medio y él poder de concebir el pensamiento de fnndar un 
trono en México y elevar á él un príncipe auáttíaco, usandcr 
del Qjército de Frauda. 

Esas tres empresas tienen, pues, el carácter común de ser 
oteas directas del gobierno personal y de los ejemplos pal- 
pables del mal que puede producir. Pero miétras que la 
unidad italiana y la hegemonía prusiana no han producido 
aún todas sus consecuencias y dejan aún indertas una par- 
te de las cuestiones que originan, la empresa de México se 
ha terminado definitivamente y el irrevocable desenlace que 
acaba de tener permite juzgarla mejor. Pero entre la em- 
presa mexicana y las otras dos hay esta diferencia: la em- 
presa italiana, una vez conodda, ha encontrado en Frauda 
numerosos partidarios, y complicada como lo está hoy con 
la cuestión religiosa, divide al menos las opiniones y no ha 
sufrido la desaprobación de la nación entera: Ja hegemonía de 
la Prusia en Alemania se ha considerado con menos indul- 
genda y generalmente se han condenado las &ltas tan visi- 
bles y tan libremente cometidas que la han criado; pero es 
necesario reconocer al mismo tiempo que algunos franceses, 
imbuidos en las doctrinas que están á la moda sobre las na- 
donalidades y sobre la formación necesaria de grandes Es- 
tados á espensas de los pequeños, se hicieron partidarios de 
la grandeza prusiana y de la unidad alemana. En cuanto á 
la empresa mexicana, nada de esto ha aconteddo; al mo- 
mento en que se ha descubierto su verdadero objeto ha si- 
do condenada por un juicio unánime; esa reprobación ha du- 
rado, credendo tanto como la misma empresa: ha sido uní- 



vni 

veraal y perpetua, basta tal punto, que aun aquellos á quie- 
nes su profesión de abogados ó de escritores al servicio del 
gobierno los obliga á sostenerlo en este negocio, no pudie- 
ron prescindir de aliviar su ánimo por la espresion del pe- 
sar y de la reprobación que les inspiraba aquel acto, fuera 
del cumplimiento de sus penosas funciones. Por esto es per- 
mitido decir que entre las tres obras del gobierno personal 
hace quince años, la empresa mexicana es la que lo pone 
mas en descubierto y mas lo condena. México es una espe- 
cie de campo cerrado á donde el gobierno personal se ha 
empeñado en colocarse, no con visera, sino con el rostro 
apenas enmascarado, y en el cual ha sido vencido después 
de una lucha relativamente corta, pero desiciva, contra la 
fuerza de las cosas, el buen sentido y la equidad. 

Seria pasar los límites de un pre&cio y usurpar la intere- 
sante narración que se va á leer, si se intentase delinear los 
principales episodios de esa sai^rienta aventura. Marque- 
mos solamente algunos de sus rasgos pai^ comprender me- 
jor su origen y su fin. Ko damos, aun enanco se nos haga 
por ello un repi*oche, sino una importancia muy secundaría 
á ciertos motivos muy poco honrosos, que según se dice no 
han sido del todo estraños al principio de la empresa mexi- 
cana, y los cuales han levantado un gran rumor en la tribu- 
na y en la prensa. Suponiendo cieito todo lo que se ha dicho 
de mas sensible acerca del negocio Jecker, aun admitiendo 
que influencias de este género hayan pesado directamente 
sobre las resoluciones del gefe del Bstado, es preciso buscar 
en otra parte y mas alto los verdaderos motivos de la empre- 
sa. Jamás se nos ha acusado de adulación hacia el soberano 
actual de la Francia, y el uso que ha hecho de un inmenso 
poder no ha cambiado los sentimientos que antes nos inspi- 
raron los medios que empleó para obtenerlo. Pero condo- 
1 éndonos de que este príncipe se haya visto obligado (como 
Oésar á quien él aplaude especialmente con este motivo) á 



IX 

esoojer sos aaxfliares en xtaá fracción restringida de dnda- 
danosi y no stempre en la mas irreprooliable ni capaz, nnnca 
hemos radiado en atribnir la cansa de sns actos á sn amor 
sincero por el bien público, sentimiento por otra parte mny 
natnral en un prf ndpe qne qniefe afirmar y ann legar nna 
corona. Sin embargo, en nn gobierno personal, el error invo- 
luntario y ann generoso del gefe del Bstado, puede hacerse 
la fuente de las desgracias públicas. BI error capital que ha 
originado la empresa mexicana es un juicio falso formado 
por el goMemo francés sobre el éxito de la guerra dyil de 
loe Estadosh-TInidos. 

Si no hubiese estallado la guerra ciril ó si el gobierno 
francés hubiese previsto la victoria definitiva del Norte y la 
reconstrucdon del poder americano, nunca hubiera nacido 
en su espíritu la idea de fundar un trono en México con los 
éjeidtos de Europa. La disolución aparente de los Estados- 
Unidos fué la causa de la empresa mexicana, como su resur- 
rección ha bastado para anonadar ese trono efímero. El er- 
ror tan funesto eñ que ha caido el gobierno francés, respecto 
á la guerra civil de los Estados-Unidos, se esplica por la 
habitual tendencia de la alma humana á esperar lo que de- 
sea. Desde el principio de ese gran trastorno el gobierno 
francés deseaba la caida de la república americana, y sus 
órganos mas acreditados ño hadan un mist erio de ello. La 
destrucdon de un gobierno republicano por una espede de 
suiddio, el hundimiento súbito de una democracia que pre- 
tendía pasarce sin un Oésar, parecían de buen ¡igUero, al 
mismo tiempo que debían servir de ejemplo á todos aque- 
llos que tienden á representar la dictadura como el acom- 
pañamiento necesario y el fi)rzoso final de la democrada. 

La Inglaterra, cediendo al placer muy natnral de ver que 
una rival temible y protegida desde su cuna por la Frauda 
se destrñia á sf misma, espetó también lo que deseaba, y 
participó de la opinión del gobierno fhmcés sobre la proba- 



X 

ble teroMiu^oo de ente guar» dviU Pero míeotras que es- 
te error^ escumble por ambas partee, oQudiQo al gobieriio 
iBglée á especar solameote ea una uialévola neutralidad 
respeot(> al Nwte^ el resultado de loe aooutecínüeatos^ este 
misino^ error abría paia el gdMemafraneés la puerta miste- 
riosa^ descrita por el poeta, por la cual entran los sueños, y 
la imaginación deUraate que decide de nuestros destinos, 
alaó desde aquel punto su yuelo. 

Puesto que los Bstados-Unidos se consideraban ya come 
si no existieran, puesto que el campo esteba Ittire em el Nue- 
vo-MuiidOy por qué no intentar allí algo grande que> sin ser 
inútil al interés de la Francia, viniese sobre todo á aumen* 
tar el prestigio tan necesario á su gobtenK>? Se tenian re* 
clamaciones contra México por esos agravios contiuuos y 
perpetuos que uu Estado sumido en la anarquía, no puede 
menos que inferir á las potencias extrangieras. ¿Por qué no 
se habia de ir, como otras mju^tms veces, á exigir con las ar* 
mas en la mano la. reparación de esos agravios! Pero esta 
ves uo se trataba de aparecer ea aquellas costas lejanas vol- 
viendo de dkM con uu. tratado, ni siquiera de ocupar un 
puerto para recibir las indemnizaciones neces;uias. ^Uiora 
nuestra Ueg^ida debía ser la señal de una revolución pre- 
parado por un partido, y provocada por la presencia de nues- 
tro «(jéruito. Bsta revolución, que algunos emigrados llenos 
de confiansa presentaban como cierta y £&cU, debía, decían 
ellos, derribar la república, y lle^gar, con nuestro apoyo, á la 
ñmdaciou de un trono. 

¿Para quién seria ese tronot La sola idea de poder dis- 
poner de él era una seducción nuiy poderosa: era un inmen- 
so &vor de la fortima levantar para sí mismo un truno aba- 
tido; pero levantar uno para otro y regalar una corona, no 
era el maxímun de la graodesa humanal A estas imágenes 
embriagadoras se adunaban otros sueííos mas vagos aún, 
pero por lo mismo maspnq^HOS á seducir, estando revestidos 



XI 

de cuB» grandesa indefíDida: xegeneíadoD de la vwsk latina 
eo el NuevorMiando^. croacipa de un equilibrio, oponer una 
barrera ¿ Ja inundación de la rasa anglo-ssoona, minas in- 
agotables, de metateaipreciosoe, períoraeion de un itsmo. «^^ 
Sin embargo, ¿sobre qué firentie se ceñiría esa coront So- 
bre la de otro soñador á quien una ambición hasta entonces 
defeodonada^ y á quien una idea ex^jerada de sus propiaa 
fuerzas disponían á las aventuras. Kacido en las gradas de 
un trono, apasionado poo* la grandeza monárquica, colocada 
por la suerte á igual distancia del papel de gefe de un im- 
perio, y del de ge£e revoluciouario, apasionado por ambos 
papeles y fluctuando ent^e los dos, mantenido así en una 
espede de impotencia, reprimido y embarazado dt^ mil ma- 
neras,, y persuadido de que la fortuna, que no podia olvidar* 
lo, le preparaba alguna sorpresa magnífica, el archiduque 
Maximiliano creyó reconocer su destino y obedecerlo al 
aceptar aquel don funesto. 

¡Cuántas veces esa corona se le habia aparecido en sus 
sueños! ^^La escalinata monumental del palado de Oaser- 
^^ ta, escribía Maximiliano en 1851, es digna de la magesr 
^' tad. Nada hay tan bello como figurarse al sobeitiüo co- 
^^ locado en aquella altura, como resplandeei^do con e^ 
^^ brillo del mármol que le rodea, y dejando llegar hasta sí 
'^ á los humanos! La multitud sube lentamente: d rey le 
^^ envía una miraba dulce, pero que cae de lo alto. £l, el 
'^ poderoso, d altivo, avanza hacia la turba con una son- 
<< risa de augusta bondad. Que un Garlos Y, que una Ma- 
^^ ría Teresa aparezcan en la parte superior de esa gradería, 
^y no habrá quien no incline la cabeza delante de la ma- 
" gestad á la que Dios ha dado el poder! Yo también, po- 
^' bre efimero, sentí subir en mí el orgullo que ya otra vez 
'^ habia esperimentado en d palado del dux de Yenecia, y 
^^ y pensaba cuan agradable debia ser en ciertos momentos, 
^^ muy solemnes para ser frecuentes, colocarse en la parte 



xn 

^ superior de aqnella gradería^ poder desde allf dejar caer 
^ la mirada sobre la mtdtitad, y sentirse el primero^ oomo 
^ el sol en el flrmamentor' Tal foé el saefio de aqnel des- 
agraciado prfnoipey del cnal debia sacarlo la rada mano de no 
«soldado de Jnarez, qae se posaba sobre sti hombro para con- 
^^ncirlo 6 la tnmba en Querétaro. 

Sin embargo, aquel era el hombre que convenía á la em- 
^ presa: aunque vacilando y con algún temor, él la aceptó y 
partió para su destino. 

Ojalá y se pudieran borrar de nuestra historia los acon- 
tecimientos que precedieron su llegada á aquella tierra le- 
jana. Qué cosa en efecto, mas triste, que ver un valiente 
«ejército servir de instrumento á una'potftica obligada á ocul- 
tar b^'o equitativas reivindicaciones un objeto legítimo T 
Ifos presentábamos en México casi cómo Garibaldi llegaba 
• otra vez á las puertas de Boma, es decir, con la esperaniza 
<>de provocar allf una revolución que se nos habia prometido, 
'que se nos debia, y que era indispensable al éxito de nues- 
tros designios. Pero no solo no estalló aquella revoludon, 
.sino que el gobierno regular del pais, al tratar con nosotros 
-AXññ^ sus aliados, nos ofreció todas las satis&cciones imagi- 
nables. Qué hacer, sino confesar, despreciando el derecho 
de gentes, que espresamente se venia á destrair ese mismo 
gobiemoT La ruptura de los convenios de la Soledad, no 
fué mas que la confesión de esa resoludon irrevocable, y 
•desde entonces nuestro ejército quedó empefiádo en ttquel 
^espinoso camino Sembrado de victorias frecuentes é inú- 
tiles. 

No nos detendremos en los detalles de esa guerra, que, df- 
.gase lo que se quiera, se contará siempre entre los ak^tos 
«militares mas meritorios de nuestro crfércíto. 80I0 el senti- 
miento del deber podia sostenerlo en una tarea tan penosa, 
y la ha cumplido con una firmeza heroica. Ai>esar del nú- 
>mero relativamente tan corto de invasores, apesar de las 



XIU 

praebM de ana locha que al prolongarse y eoveDeoarse te-- 
Bia qne baoeiM cniel^ Méxioasiolíó pronto la loauo de n» 
aoio. Qoedó ocupado y sometido en so estenso territ(»ío j 
dorante el tiempo rafieiente para que se podiese fimdar o» 
imperio^ si esa oonsoUdaoion hubiese sido posible: y cuando^ 
I^gó el día de laeoaoentiaoion y evacoacion, ese jaque tan 
completo de nuestra polítioa se convirtió aún en un último 
triunfo para nuestro cijóroito por el orden períecto con quer 
se consumó esa vasta operadoB, por la fiUta de todo desas- 
tre y por la req^rtaosa actitud de nuestros enemigos. Si el 
prestigio político de la Francia ha sufrido de una manera 
grave en México, sf la sangre francesa y el oro francés se- 
han derramado alK locameqte, al menos nuestro honor m\^ 
litar ha vuelto intacto: y sin entrar aquí en debates perso- 
naleSi que ni me toca ni teugo los elementos para juzgar^ 
felicito á mi país por haber enccrntredo en el principal y ál 
timo gefe de aquella penosa guerrai un servidor esperimen- 
tado, cuya mano ñrme y jfuerza de voluntad tranquila, de- 
bían iM^estar muy pronto un gran servicio á la Fiancia. 

Pero por muchos que fueran los triunfue militares, ningu- 
no podía prevalecer sobro estas dos causas de ruina: imposi* 
bilidad política de fhndar un imperio en México, apoyado enr 
un partido nacional, y la pasiflcacion de los Bstados-Uni-^ 
dos. Fácilmente podrá verse por los curiosos detalles <iqi» 
contiene esta obra, cuan quimérica era la esperanza de en-^ 
centrar en México un partido dispuesto á concurrir al esta- 
Uecimiento de un trono en México, y capaz sobre tedo de 
defenderlo. La misma anarquía tiene sus preferencias y 
derto orden de cosas que le es propio. En aquel vasto ter- 
ritorio á donde el aislamiento es tan £&cil, la independencia 
tan cómoda, la revuelta tan sednctora, la forma íederativa 
y republicana no solamente está indicada por la naturaleza 
de las cosas, sino que se ha implantado en las costumbres^ 
y está aceptada por todos. La intervención extrangera, por 



XIV 

el contralló, que nunca agradó ni atm á los misinos á quie- 
nes venia á sostener, oonñindió en Id soeesivd la caüs^ de la 
república en la de la misma patria. En fin, era preolso es- 
C(^er entre los dos partidos irreooncQiables que'faaoe nraclio 
tietnpo desgarran á México; y cuando Maximiliano; »egQn 
el método aconsejado en semejantes circunstancias, afecta- 
ba inclinarse al partido que lo combatía más bien que al ^tié' 
lo habiá llamado, se enagenába los ánimos dé stas amigcxr de 
una ms^nerá irreconciliable, shi conquistar por eto á su^ ad-*^ 
i^er^aríos. Maximiliano oscfli, pues, miserablemente entre 
ambos contendientes, basta el dia ^premó én ij[ue se eñ^pré- 
gfi sin restiíccioncs al que le ófreda tentar por stt cansa xxú 
íúltimo esftierzo, y que lo condujo á su pérdida. " 

Durante estas alternativas de triunfos militares, y de em« 
bsrazos politicos, de esperanzas y de temores que oompn- 
«iei-ou la corta historia de éste imp^o, la victoria del 19'or- 
té en los Bstados-UMdos decMié dé bu ésristencía y mafttf 
su término inevitable. Bngafiadb én stís cálenlos; y viendo 
levantarse ése poderoso Estado de una manera inesperada, 
y onando 00 contaba ^x>n bu nnna, él gobierno tranoés iiabia 
ensayado inútilmente poa^ obBláouloB á^aqfaeUarAaieoaza- 
doro resarreedon. Habla BoUdtado á la Inglaterra y á la 
Busiá para intervenir uindaB en los Estadon-Unidos, y ob- 
tener á £3kvor del Sur un armistido y negociaciones, es de* 
dr, la salvación. 

La Inglaterra rehusó «ntrar en aquella orazada, y esta 
prudenda que cada dia le es láas habitual, había sofocado en 
«ella la voz de la pasión y los consejos del interés. En cuanto 
á la Busia, muy feliz con ver renacer Ueoa de briSo' una 
potencia que siempre ha adulado, y contenta por recoger de 
los Estados-Unidos la herencia de nuestro -antiguo fiivor^ ni 
pac un instante podia dar oido á proposiciones de este g^ 
ñero. Abandonado, pues, á sí mismo, el g<Aiemo francés 
vaciló y retrocedió ante una tarea tan sangrienta y tan di- 



TV 

ñcH. Deáde ^tiel momento ii^ emprasia de Méxieo qae^ 
condenada, y easi podian tMErtane los dias que faltaban par 
ra la caida de Maximiliano. 

En efeetoyiMúra M BstadoB-UnidoA^la empresa mexica- 
na no éra'fitootm'^éipiMdto^ mi' gocírm civil: aqoella repú« 
bfic» la *óOiMAdérabft oome^ tmo de^ *é^ 
qiie se do^irMm durante QnaMúa dÍtiiaGfíon;eon^ eaperanr 
sadebbMtffas y aón VétigsMtes onándo llegase» Btcdorai 
dbe. HidUan, ^fiée; sqiMMx^ 

tenlenáo m ^nmntimietíM) Tepiol^^ la ^empresa, resera* 
Yttdo ett eoMnela J^oiterier; ^esfonándoee^n hablar «in 
amai^pmraíyaóéttodaiidom kmgai^ é sn sn^te tan incier* 
ta. Pero tmá te»i«ooMtrt&ida^ aimqne^Mngrandé aún, y ski* 
tiendo tilia Jrldamieñi'^fcnier en mb tenas, la ^repúbliea ñj6 
ffi irt»ndonháeia aqnel lodoy y ]«lK>lTi6 i^roveol^ 
ocasión 'tan fivroraMe pam volver áentrar con alguna arro- 
gancia en la esoena del «inndOi Desde entonces comenzó 
esa larga s^le de qnqras, de insinaaciones, de intimaciones 
y de amenaais apenas disfrasadas qoe si^etaron 4 praebas 
tan crueles nuestro orgnUo sin 4»nsar nuestro paciencia. 
¡Pero qné podía hacerse en ^ctot Entrar en guenra con 
loe Estados-Unidos resnoitados, cuando con mucha sabidur 
ría se babia Hetrocedido Mto su debilidad^ mas aán, deUutite 
de su aparente agonía, y empeñarse en esa grave aventura 
para ssúvar un trono ya vacilante y que por mil indicios pa- 
recía condenado de antemano ademas de esta causa in&li- 
ble de ruinal De ninguna manera pensó el gobierno francés 
tomar este partido temerario, y apesar del acuerdo antiguo 
y constante 4e los poderes públicos con todos los deseos del 
gefe del Estado, era de temerse que no se pudiese arrastrar 
á la Francia hasta tal estremo. Al mismo tiempo otras fal- 
tas mas graves y comi^idas mas cerca de nosotros comen- 
zaban á producir sus frutos y reclamaban ya toda la aten- 
ción y todas las fuerzas del país para vigilar los asuntos de 



XVI 

la Europa. £1 gobieruo fianoés aoeptó| pues, la oaida del 
imperio mexicano como ua sacrificio indeclinable impuesto 
por la fortuna. 
. Pero impc^taba, para atenuar el jaque del gobierno fran- 
cés, que Maximiliano no aparedeee violentauíeate arrojado 
del trono, y por temor de que no fuese precipitado de él, era 
preciso empeñarse en persuadirlo á que abdicase. Este libro 
abunda en detalles interesantes y ^tristes sobra esta última 
parte de la historia de la eq>ed¡ci«n á México. Se yeri ^i 
él cuántos disgustos se impusieron á ese desgraciado prín^ 
dpe, cómo tuvo esto qw ir reaunciando gradualmente á ca- 
da una de sus e^ieranaas, aun laa mas legf timas, cómo la 
sombra y el abandono se estendieron á su alrededor y cómo 
vio escapar desús manos, coa una imprevista rapidee, todos 
los medios de combatir y de reinar. ¡Y el doloroso vi^e de 
esa princesa digna de la elocuencia de Bosseut! |Y el fin de 
esa pareja infortunada marcado por la locura y el fusila- 
miento, desenlace digno dil pineel de Shakspeareí Y, pa- 
ra no omitir oosa alguna sobre todos los actores desgra- 
ciados ó humillados de este drama^ es preciso figurarse á la 
anx^;anto república americana impulsándolo todo á su tér- 
mino, casi en la misma actitud que conservó por un instan- 
te la Europa coligada cuando pretendía obligar á Luis XIV 
á destruir con su propia mano el trono que habia levantado 
en España^ y á destruir él mismo á su nieto! Nunca se ha 
dado un espectáculo mas conmovedor al mundo; nunca se 
ha dado á la Francia una lección mas viva ni mas claraf 
ojalá y esta lección mas tarde no le sea inútil! Que contri- 
buya, si es posible, á preservamos de tan grandes faltas y 
de mayores desgracias! 
Noviembre de 1867. 

PEEVOST— PARADOL. 




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• _ ' • • 



• •-• - 



ELlíVACION Y caída 

DEL 

EMPERADOR MAXIMILIANO 

SBOÜlir DOCUMENTOS INÉDITOS. 



HISTORIA 
DE LA INTERVENCIÓN FRANCESA EN MÉXICO 

1861.— 18G7. 




A e8i)edicion francesa en México pertenece ya á la his. 

tona. El segando emperador mexicano ha sido fusilado 
en Qaerétaro en 18G7, como el primero lo había sido en Pa- 
dilla en 1824. Sin embargo, ambos amaban su país de 
adopción, y Maximiliano había llevado á él un sentimiento 
muy elevado de su misión. 

En los momentos en que un debate resuena en el recinto 
de nuestro palacio legislativo, seanos permitido buscar las 
diversas causas que han concurrido á la ruina de esa lejana 
empresa. La hora es tanto mas favorable para este ensayo 
cnanto que los diferentes actos del <lrama mexicano, tan fe- 
cundo en peripecias, puede decirse que datan de ayer apenas. 
Ademas, nos parece que es justo precisar y atribuir á cada 
uno de los actores de ese sangriento di*ama la parte de res- 



3 • 
poDsabilidad que les íucuiiiI}&^'q la coucepcion, en el desar- 
rollo, en la marcha y i3t)i el inal éxito de esta desgraciada 
campaña. Gontiau«m'oS| pues, esta investigación, y trate- 
mos de hacQrlá'-con toda la imparcialidad de que somos ca* 
• ♦ ■• 

paces. ..*..••.* * 
. *. 't •' 

E^.nedesarío reconocer desde luego que es preciso hacer á 

• • * 

uálado' al ejército trances, marinos y soldados: él solo se 
puso á la altura de su misión. 

Esclavo de sn deber, ha pagado su deuda hasta el fin, sin 
separarse un momento de sus grandiosas tradiciones: esta 
espedicion mortí^i:a:Se le cootará opmo un nuevo lítuk) de 
gloria. Baras veces el valor franoés ha tenido- que atesti- 
guarse individualmente en un campo tan vasto. Si nuestro 
país hubiese podido presenciar los mil hechos de armas des- 
conocidos que han tenido lugar durante estos cinco años en 
ese vasto tei ritorío de México, y consumados por un puña- 
do de hombres perdidos en aquel inmenso espacio, habría 
hecho callar las quejas de la oposición ante la admiración que 
le hubieran inspirado las virtudes generosas de sus hijos. Los 
cadáveres de los valientes que el cuerpo espedicionaiio ha 
regado en su camino desde las Antillas hasta las costas de4 
Pacífico proclaman muy alto su abnegación. 

La luz indispensable paia iluminar la tiiste escena adon- 
de el trono levantado por la Francia se hundió en la sangre 
y adonde ha disminuido el prestigio nacional, debe buscarse 
en la idea primordial del gabinete de las Tullerías, en las 
instrucciones dadas por él, en la marcha de nuestra política 
y de nuestitis operaciones militares, y en la cooperación, en 
fin, del archiduque Maximiliano. 



■> . 



. , '. / 



At-i* - 



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jOnál ha sido la fdea primitiva que ha enviado nuestro 
pabelIoD frente á las murallas de Yeracruzf Ouál ha sido 
después la causa verdadera de la dedaraclon de guerra lan- 
zada contra el presidente JuarezT 

Si debemos atenemos á las declaraciones oficiales^ vere- 
mos en ellas, que el gobierno del emperador, en virtud de 
una convención firmada el 30 de Noviembre de 1861 con la 
Inglaterra y la Edpaña, resolvió, por una común interven- 
ción, 'aligar á México á cumplir con obligaciones solemne- 
mente contraidas y á damos las garantías de una protección 
mas eficaz para proteger las personas y propiedades de nues- 
tros nacionales.^ leales han sido las instrucciones confiadas 
al contra-almirante Jurfen de la Graviére, investido del 
mando en gefe de nuestras fuerzas militares enviadas á Mé- 
xico con una división naval. El ministro de negocios estran- 
jeros M. Thouvenel, agregaba á las instrucciones del con- 
tra-almirante, lo siguiente: — ^^Las potencias aliadas no po- 
drán intervenir en los negocios interiores del país, y espe- 
cialmente cuidarán de no ejercer presión alguna sobre las 
poblaciones, en cuanto á la elección de su gobiemo." 

En los primeros dias de Enero los tres plenipotenciarios 
dirígian al gobierno mexicano, bsgo la forma colectiva, una 



nota pidiendo reparación por todos los agravios y peijaicios 
sufridos. El 9 de Febrero de 1862, los comisionados adia- 
dos informaban á Doblado, ministro de Juárez, que las tro- 
pas aliadas, á mediados del mes se pondrían en camino para 
ocupar en el interior del pafs campamentos menos mal safios, 
invitándolo á la ves á que fuera á entenderse con el conde 
de Bens, general Prím. 

El c)|ército de desembarque habia sido puesto bsgo las ór- 
denes del general español Prím. La España contaba 7,000 
hombres y la Francia 3,000 ca4i: la Inglaterra no habia des- 
embarcado mas que sus marinos. El 19 de Febrero de 1862 
quedaba ñrmada entre el gobierno mexicano y los plenipo- 
tendaríos de España, Inglaterra y Francia, la convención 
preliminar de la Soledad, que según el artículo primero, de- 
bía confirmar la aprobación de Juárez, y que por el articulo 
6? estipulaba que la bandera mexicana, que habia desapare- 
cido al aproximarse las escuadras aliadas que ancl^on sin 
vacilación frente á Yeraoruz, seria izada de nuevo. 

Oasi dos meses se necesitaban para que el proyecto de 
tratado pudiese ir á Europa y volver al campo de los nego- 
ciadores que habían debido consultar á sus gobiernos res- 
pectivos. Por un espíritu muy justo de previsioa, se habia 
estipulado también en el artículo 3? de la conveDcion de la 
Soledad, que mientras duracen las negociaciones el cuerpo 
espedicionario ocuparía las ciudades de Córdoba, Orizaba y 
Tehuacan, cantones favorables á la salud del soldado. Ej 
ministro Doblado había acordado esta concesión y Juárez la 
habia ratificado. Si era justo, á nuestro juicio, exigir impe- 
riosamente esta libertad de maniobras para salir del clima | 
mortífero de la tierra caliente, sobre todo durante la mala 
estación, el orgullo de los mexicanos quedó profundamente 
herido con esta condescendencia del presidente; se sin- 
tieron humillados con que la evacuación del territorio inva- 
dido no hubiese precedido los preliminares de la paz. Pero 





Jnarai, mas hioHnftda á la llniín j á la satHeza qne á Iob 
MmatpiM gnemirec^ estaba anhoado dé nn deseo yerdadero 
de dar las satMkooioMs redaniadas por los aliados, y habla 
oomprendfdo perlbetamente qtie nttilca obtendría la retirada 
de las tropas enemigas hasta qne hubiese dado una prenda 
solemne de eondliaeion. Pero oonfiando en nuestra pala- 
bra, el goMemo mexicano siempre hábia ]mesto como con- 
dición 4 aquel arüoce del ejército estranjero, inspirado por 
nn sentimiento humanitario, que ^HA las negociaciones Re* 
gabán á romperse (art 49), las fherzas aliadas se retirarían 
de las posiciones ocupadas, retrogradarían en el camino de 
Yeraomi hasta Psso^Ancho, antes de emprender acto algu- 
no de hostilidad, en cujo caso los hospitales de los aliados 
quedarían bajo la salva guardia de la nación mexicana." 

Al fin se señaló en la bahía el correo de Europa tan im- 
pacientemente aguardando. Por él se supo que la Inglater- 
ra, que rechazaba la idea de una espedicíon al interior de 
México, ratificaba la firma de su plenipotenciario Sir Oh. 
Wjke. La Bspaña, aunque con algún pesar, no desaproba- 
ba lo hecho por el general Prim. Pero la Francia, por el 
órgano del ^^onitor," declaraba altamente que no podía 
aceptar la convendon de la Soledad, por ser contraria d la 
dignidad nacional. Esta denegación oficial, impuesta á un 
gefe justamente reputado como muy celoso del honor de su 
pabellón, provocó una dolorosa admiración y tuvo un eco 

muy perjudicial. 

El almirante, desde el 1? de Abril comenzó su movimien- 
to retrógrado. El cuerpo francés habia ocupado á Tehua- 
can; vino á hacer alto en Oórdoba, tres jomadas antes de 
Paso- Ancho juntamente con las tropas españolas. Pero era 
nminente una ruptura entre los tres aliados, cuyos intere- 
ses y tendencias estabsin en una pugna manifiesta. El 9 de 
Abril de 1862 la ruptura habia tenido lugar. la motivó, so- 
bre todo, haberse abrigado bajo nuestra bandera, Almonte 



6 

y loa em^gi^Mloa que babiau. llegado ea Aoe primero» 4faMi de 
MmeOi 7 lo8 paalesemamepechoBoe, tentad Jiuweft 4 Miar 
sa 4e 3P8 ojj^iooes., mapá|:qaioMy oob^ñl ék,gQiám»»ÍBt^éi^ 
SI ministro Wyke escribia ea efecto al poode RpaiCfí-^Sehr 
da^do á Duest»a yitenreneioii ^l.aisfpectQ de om pKoteetociado^ 
amistoao, 68 oomp ppdemoa oonmUdacoa gobieraa que nh 
presenté la porción inkOffente y respeUáde de te nMion.^ 

Digamos de uoa ves que en 1857, ana Oooatítaeioa vote- 
da por el Congreso general, babia dado la ¡«esidepeia al ge- 
neral C)omonfort| quien desertó de;. su puesto: que Joara% 
en virtud de.su carácter de vice--pre8idente) defi^odiaesa 
Oonsütucion bacía seis auos; solo el abogado indina no^ 
era peijurol Habia llagado á la alta magistratura de una 
BepúbUca agitada y an uiuad^ por la guerra cIyíL Gefe de 
un país desmoralizado, invadido por todas las malas pasio- 
nes que sobre él se desbordaban, bubiera podida otour me-^ 
jor sin duda; pero también pudo baoer mayor mal. Sobre él 
ba oaido con todo su peso la desgracia de medio siglo de &* 
natismo y anarquía; pero tu,vo el valor de llevar ese peeo' 
sin doblegarse. Para él, al menos, la palabra patria tiene ua- 
sentido: por otra parte, el que quiera jm^garlo ccm rectitud,, 
deberá olvidarse de la Euix>pa para ver solo loabonaontea 
temi>estuosos de México. 

La suerte estaba e(^ada! Las esoimdras española é in- 
glesa se hicienm á la mar, y d cuerpo espedicionario fran*- 
ees, compuesto apenas de 6,000 hombres, dejado en el ais- 
lamiento, se preparó á tomar la ofensiva, continunando su 
movimiento retrógrado bada el Ohiquibuite, tonente enca-^ 
jonado en la montaña, situado casi á igual distancia entre 
el golfo y Orizaba, y cuyos bordes montuosos, que protegei» 
la cuesta de la Sierra, hablan sido fortificados por los mexi- 
canos. Mientras que el ^ército, fiel al compromiso ccmtrai-^ 
do, operaba su retirada, corrió la nueva deque nuestros sol- 
dados que babian quedado enfermos en Orizaba, bsy o la pro 



pattl^Mttójtiiéísíf^ cediendoál 

teaiMxr de dejar degdHár büá hómbiM «ia defenñs mmedia- 
tMMnWtsMoWóHié frente, y 'viobndo^ aunque á 8U peeaf , la 
paliAra'dada, abrió lacampaftá, suMendo á matohas toní^ 
das Oiinba, sin habelr vuelto á fmar la posición del Ohi^ 
qnitraite*' ■ " ' 

IM es él i^esAmen rasointe de la primera fas de la expe^ 
dietoli mexicana* Bxatnfnando solo los hechos que el go- 
Vterao Imp^d dio á eonocer al paf% pareoe eWdente que 
Napoleón m no tuvo mas objeto que proteger los intereres 
dé nuestros naoionaiesy intereses que habría peijudioado la 
oonrencion de la Soledad, si se hubiese ratificado. La Fran- 
ela no ha cometido mas que un acto de generosidad al cu- 
brir con su sidraguardia á los emigrados mexicanos, deseo- 
sos de pisar el suelo patria Si mereciese crédito solamente 
el lengufge oficial, la guerra ha nacido de que el presidente 
rqiuMicano rehusaba hacer concesiones á la demanda legi- 
tima de las satisíacotones que redamaba nuestro ministro, ó 
de que las que hacia eran ilusorias. Juárez sería, pues, el 
ánico responsable ante la historia, de la ruina de su pueblo 
7 de la sangre profiísamente vertida sobre la tierra mexicana^ 
sin que esto pudiera fecundarlal 

Pero tcnémoiios lalib^tad de buscar la verdad tan fugi- 
tiva en esto negodo, y ahma que ya vimos á los principales 
actores en movimiento, interrc^emos lo que pasaba detras 
de aquella escena. En estilo oficial repliquemos con la bru» 
talidad de los hechos y de documentos incontrovertibles. 

El 18 de Enero de 1862^ exactamente diez meses antes 
de que se firmase la convendon entre las tres potencias, y 
mientras que Juárez permaneda tranquilo en la capital y 
sin sospechar la tempestad que se formaba en Europa para 
venir á desatarse sobre su cabeza, la Francia ccmspiraba por 
su calda.' A cuatro leguas de México^ oculto en el pueUode 




*^ ^-""tDTiriflt Miirnnfit landalm 1m jriwmig hfliw itt h 
piracioa qae onia ja al gpJbiodte d&lM lalteSM 
hciüde líPrainar> £a a^^Adla ooelie dfil 18^ m 

mi Mánuiíísi <ífMrihia al Iííb. Agffilar, antígna minmtro áa 
Saote-Anna» ^tu» habia Uegaüb la boca lie* orgaBÍiar la 
naaraoii poUtíira^ social j oútitarJ* láá ofi»eia la preuáttHaa 
da im dLrecuicii]^ el diifacba lia «tta^íer soa nkflibci» eatae 
lo» que cc^yese ma& fitpaoaft ü« ^israr la teaoa eaoaa. Xa 
lüráa Xhú» ifi di-dtfa <iin^i'iilift tnariKiliaia' eca la añal de i^ 
ii»beliua cooiara la LiiktrUid ¿ Tmiiqfíníimeia, «joft «Ba la iSr- 
Quila repubikaaa. 

Al wsa» CkHiipo el farltub é» fca eiii^jináiiii BBi»ieaiM% 
áia cabesa de los e«alea w eoauliaii GuSMces Ed&nda^ 
ifiáalgsow AltnoQfie* el paJre Mnaaifai reí ex-pcemimtlie Mi- 
lamoiucw portüi» se asíMba eo Pteta» jr ^^ ^HMn>*^!<l>tíite 
dm su &ror T ée sa aeeMa ea la eoct» «fe iaa TtiUeñía 
Ampeciar oaa aaipi sg a beaergiiiíocta «ut áinir de «i 
POc sa parte^ Labattkla^ acwbíspyi «fe >léj3C«^ ea 
«fe SOL «Ueru dei»pft](faife «fe hia btioea <fe «tattia 
mía kv pcoiairiyala ea láiM ^binoaa %w launcabaii á 
niílltfneb> «fe fraDcutf)«. el ansubispM^ «feviaoiMi. euoibaaia ei 
eitferiierea4feia«.níirt»éa JKwna^ la etial a» anwfcinifc ea 
taacse &v«Mcibte' a¿ fc^wm^vn^ J w riaa i fe i «fe «ju tom ar aa yAagip» 
«fe lacaaa oaaíUcadMiua ttai|iabiiiti:^eaeisitftiii|$^ 
Bnrbiife. 

JÜKuno» pc^Mufeu; «(Uif el itafnf cü» xíutAM&um* ba ttiUu» 4»t 
Qii pos «fe VtiiateaALik. :Siii2 «fer ima^seiáiife iut|iiirnwa:ttii ;íi«S'- 
t» ;i8«caii.eei¡á6iiioaife«lttiia«ftti áia Itoica «ml «ntw Mái!i(^u«t 
tnyawtelhfc tt0a i»lfeimiv. <jt ¡Ntfl^^ tw^emi^aaiea awsii 
dtoo^ Qimiet apu«<#^;ieenH»>«fei.$tibfei!tti» ÉHomíeveiti «la^^^ 
m» pomatetfiflc. Ite^simpiMabir eetMa*j*itti» gtevta> kk mtmaai) 
p«cfe<i;ii a^dlillu^al^MuAUlttUatíll| «a«m^ 




9 

dar á todm stuí <sai|soa en sa propio paÍ8| pMa retirarse á 
Miramar y estar prooto á coaiqfiíeía eventualidad. 

I^ys ooofidreQoiaa entre Paito y Mirainar doraron cafi octo 
meses antes de que se lograra vencer la resistencia del ar* 
ebidnqiie. Al fin, el príncipe dirijo á su ecmfidente aotori- 
Jad0|y Gntierrea de Estrada^ nna carta escrita en eq^añol y 
que ocupaba las dos caras de un gran pliega Maximiliano 
dedaiábaen ella que aceptaba ia corona que se le (ofrecía: 
pero '^con la condición de que la Francia y la Inglaterra lv> 
^^sostuviesen con su garantía mond y mateiiiü en tierra y en 
^4os mares.^ Gutiérrez remitió al punto de Paris este pre- 
cioso documentOi que nosotros hemos leido, al licenciado 
Aguilar para que lo pusiese en ccmocimiento de los miem* 
I^TOs de la conspiración fomentada en México. Pero el se- 
creto no pudo guardarse sino basta 1862 en que el antiguo 
ministro de Santa- Anua fué reducido á prisión. Poco tiem- 
po después, faltando pruebas suficientes para condenarlo 
Doblado fiímó la orden para que fuera puesto en libertad. 

Oomo se vé, la aceptación del archiduque obligaba ya mo- 
ralmente á la Francia, desde fines de 1861, en el momento 
mismo en que la espedicion marítima consertada por las tres 
potencias contra la fiepública se ponia en planta. Eu esta 
combinación urdida en las sombi*as es adonde debe encon- 
trarse el objeto misterioso de la intervención francesa, la 
cual habia esperado hacer participar de sus miras al gabine- 
te inglés y comprometer su acción coopeiutiva en el estable- 
cimiento del archiduque Maximiliano en el trono que se le 
habia prometido. El partido rebelde, ilutado entre los cle- 
ricales no esperaba ya para comenzar la campaña, sinp la 
aparídoo de la bandera francesa en las aguas de México. 

La defensa de nuestros nacianales, el deseo de vengar los 
ultrajes que estos habian sufrido, nltri^es que en justicia 
deben inculparse á Méxioo y no á Juarea, todo esto no era 
mas que un protesto reelegado con anterioridad 9X secundo 



10 

piando la enpteflftb' Pero Wb te inrocÉlMii^pia'iir ilüwniiluu mi' 
tropas en fl te f I ito i lo de hi BepébHe» f ^tM nis dtm áW ha^ 
ta él dÍM ea que el gabieraii AaAués piidieMluÉii)^iurat' Iftae* 
mente sa p<rtftíca en el KnevtHMando^ potttMa prellada 4e 
azaures y qne iba á poner 4 la IVatielft en eofitradicdein con- 
jdeta eon su principie de nointei venolw. Ofqaeda alguna dn^ 
daiolire eete, prontammiteqnedariadestraidaiMrdee acbn^ 
tedmientos poflteriofes qne han i^fercido naa gran infloemia 
sobre la desastrosa terminaoion dé esta empresa. 'Qn^emea 
hablar de la rnpUir a de los conreirios de Bi Soledad y de la 
carta del emperador Napoleón m al general Forer. 

|Por qué los eonyenios de la Soledad ban sido demar- 
rados por la Franina soiat 

La Inglaterra se apresnr6 á déspréiiderse 9s Ta caestion 
mexicana firmando la oonveneiony desde el dfa en que indi- 
rectamente se le iniciaron los proyectos que secretamente 
alimentaba el gobierno francés. Hasta Octubre de i861, 
después de que Maximiliano exigió qne se pidiese la garan- 
ta inglesa; foé enando M. ThoaTonel dio orden de sondear 
sobre esta materia al gabinete británico, sin desenbrir nada 
preciso en aquellas tentatiyas. Pero snoedió qne estas ten- 
tatiras fuarao nud recibidas al otro lado dt4 estredio. Al 
ponto, nuestro ministro de n^ooios estran(f eros, luterpda» 
do muchas yeees por el embtóador de In^terra^ y tenden» 
do haber aranaado mucho, oontestó mny categóricamente 
que ^%ingun gobierno se impondria al pueblo mexmano.* 
(Despacho del oooáe Oowley al conde Bussel, 2 de Mayo de 
1862). Otra vea, intem^;ado M. ThoaTonel por lord Oowiey 
sobre la candidatura de Maximiliano á fin de saber si se 
habían entaUado negociaciones entre Francia y Austria, 
nae8ta> ministro de reladones esteriores contestó negativa- 
uiente, afirmando qne ^Púnicamente ios mexicanos eran los 
qne haUan entablado esas negociaciones, lleudo á Yiena 
doM^amente eott ese 



■«"•^W- 



u 

• 

v AytF dS' egtag d iD gg« o to Éi6B, la ■ itoghitef i n ape¡y< pnM 
dMrtt «ftrMar ki gttto riéWl itoJBati%ygrtt^^ Noquerifl 
oimproaeter sa raqpMMWMsAooiiMdlmd^ «1 fotam mi-- 
pentariBia ganuHiayf #o ki^ ímtk^kmeM'mñy'ptMlpi coma 
w luí vüto después. iQaé gárantfe m le pe^nt Laloi^Ui^ 
iMin le^jgnovaba; peioeraoarf anafroteeeion iHmitada que 
pgtf^pKio^tar 4«ii nortDS en «ii oeiiAtoto oaa los Bsí»- 
des üaidas»;*- Si el giUrfneto británioe ee hnUese atrevida á 
daria improdeiiteiiieiite^ es infUible ipie el Pariaiúmto la 
hidMera al punió desaprobada Así ee qm M. Wyke, s« 
plenipotenoíarío^ do tuvo ya mas que iiii objeto^ el de saH- 
aimitfrdel eomiHnoinisOy aproveoháadose delaprosHHi eo- 
maa para obtener ventigosas indemnimoiones que eararoQ 
todas las heridas de los ingleses qoejosos. Enefecto, laln 
glaterra foé la que salió mas beneficiada con nuestros sacri» 
fidosy gracias á los anticipos que se le hicieron de las rentas 
mexicanas durante la espedicion. 

En cnanto á la corte de Madrid, el general Prim la habia 
arrastrado á Yeracruz animado por una ambición entera- 
mente personal. Ligado por su miyer á la familia de los 
EdieverríaSy uno de cuyos miembros era ministro de Juárez^ 
y manteniendo activas relaciones con México, adonde sabia 
que son tan fáciles los pronunciamientos, el conde de Beus 
habla soñado por un momento, si no en una diadema real, 
al menos en una corona de virey que volviese á atar la an- 
tigua colonia española á la madre patria. Desde que adivi- 
nó el orden de cosas que quería eregir la Francia, desde que 
se anunció la llegada de los refuerzos que conduela el gene- 
ral Laurencez, para hacer una espedicion al interior del país 
que se jactaba consumar por sf solo, comprendió que se des- 
vsmecian sus ilusiones, y decidió á su gobierno á abandonar 
la partida, arrojando al punto el descrédito sobre la empresa 
francesa. Su visye á Yichy habia hecho nacer en su ánimo 
esperanzas mágioas: cuando estas se desvaaederoD) sedes- 



12 

jtmtémí émpfiáus el cual \m iupiró ta fiuaiMo disooiw en 
^ (Wiado e^pABdy del oiuU tavo «aidado d6 enriar im gma 
número de cjemideiM 4 kM Bstadoe^iiidoe. HaeteolTidé 
Prim que babía tenido el honor de nandar en g^ el ener» 
po eepedicionario eombinadOé Porqne, mienferae que los fia»* 
oeses ee haeian matar frente á lag murallas de Puebla, mm- 
May<> de 1863, escrttna, p<H- el puerto enemigo de Tttxpas^ 
á su tío ei ministro juarista, y bs^o una eubierta de lalegí^ 
^áon biitániea le dirigía una cantidad omsiderable de t^ern^ 
jdares de su mismo discurso tan contrario al €(jóreíto de sus 
aliados de la víspera. 

Es importante repfoAttefr la carta del general Prim, á la 
<}ual no es preoho agregar comentario alguno: dice asf: 

8r. D. José Ghnzcíléz Echeverría^ en México. 

Madrid, 11 de Mayo de 1863. 

Mi muy estimado tio y amigo; 

Recibí vuestra carta de Baero, y por¡ella me he formado 
idea del estado de las cosas de aquel país, estado deplorable 
ciertamente, pero que hace conocer al mundo que México 
es una nación, y que sus h\]os no son una raza abyecta y 
degradada como se ha pretendido hacer creer. Bealmente 
sois los dignos hgos de aquellos que han admirado al mundo 
con sus hazañas. ¿Qué £rá ese embustero de Billaut ^ pe- 
ra justificar estas palabras: "El gobierno peijuro de Juárez 
^'va á caer al soplo de la Francia.'' En Francia hay una 
inquietud y un malestar indecibles causados por la guerra 
con México, y á los que me interrogan les agrego que la 
guerra con México puede convertirse en una catástrofe pa- 
ra la Francia, y es la verdad. Figurémonos que las fuerzas 



1 T«xtiuri;ctt«iMlibiw lian ■idoteórHBstofhúoéa por d0iiM*d 



19 

drFonjr^n^Mi AiMtnllMweii 1m baliHiitM dePnebfai^ 
fáím Jftft<# y iiHtfi i i/ tato Dk» mifae lo^pie podria tearte»* 

-.lliporMnos Iweomos ood ImpMieMiatMH» teMr noti- 
ém de «stodaí y de Tnesiro poSii^ye&qiie IL Wyk» (olnik- 
iMio foi^ lut partido ptia Bon^ 
twdtftaaaattdftánteBdeiMiMrelaomoporel cmalesoribf 
á y . por eondMlo anyo, lo miamo qi»al tio M^^ y en- 
flate 4 V. y 4 otan» peraoiiaa igemplatw 4e idí di^ 
elBeoado. Ese diaoursoy ain duda algana^ agnidar4 no ado 
en Yoeatro país siao eo todo el oontiiieato amerioano. 

Aquí ba habido un cambio de gaUaeto. O^DoBoell ha cal- 
do^ y bemoa eatado próximoa á ver elevarse 41oa i»t)gre8ia^ 
taa. Al fin de|todo han entrado al poder Miraflorea y Oon- 
cha^ amboa paitídarioa de los franoeaea en la cuestión de 
México. Pero si ellos cuentan que los españoles vuelven 4 
México para apoyar á los firanceses, paede Y. asegurar qne 
es fiilso. Porque lo que se ha hecho ha sido bien hecho y 
nadie puede deshacerlo. 

Prim. 

El siguiente despacho, fechado en el mes de Julio, y di- 
rígido al presidente Juárez por el mexicano Ramón Biaz^ 
agente de su gobierno en la Habana, puede esplicar la car- 
ta del general Prim. 

Despacho del agente Mamón Diaz á Benito Juárez^ 
presidente de la Bepiiblica mexicana. 

Habana, Julio 19 de 1863. 

Estimado señor y amigo: 

Impresicmado aún por las denotas que acabamos de su* 
frir, cuando menos lo aguamábamos, y cuando no podia du- 




MttWlittLiüivrto^Aiá npir por Ti 

blica. Por otarjk p^ycte^ W jco<ic^mjbea(¡oi> die PoIocusJb se c< 
pücao... y Jábímá^ Iig«^cuii&4iiíffaiiÍM^ a^abiui dd reeibir 
ptí tecriMe. 

Koy .*» (Iic«5 «{.w iXEXMUiíeUL vtMÍv^ ;iL QtimsdtfiftK pefi> o» M 
creíble. Eu e^oai isla oú^Ia btay éí cmievg^ 

Süi ma^ por boy^ uue repitió «jte viL sa Tecf&tiiíca ami^aL 



SLWttQiS Sv I>Lk2. 



permiti^itilu ««isa ¡uiiicrHnwtt juaddtia abi^rts^ piut^ proporcí»- 
mw anDAii»otK> al^éreMK> repobüciioof ;4jué fterte co»- 



BalMn% iake0«^«fb:;^eipaaQlik«10 b^ par» 

KiigWtod,i3>l4Uo» jgpto 4]a bundei» feaaeeaa. L»ftmbi* 
fiíMi dfifefíiikinftdft dñl fonoral PiiiQ. aufi fimfííT ^ hafaii ntriiíi - 
dft Qoa la joorapi mariom^ eiplJciamega violenoia d» te 
nantralMád ¿ la coalas prestaba el capitaa .gonei»! da la 
Qfdooia: mi .embargoi játaaoB aUados la yísperal 

£9 ÜO^ÜK^AUÁ muaasolo elgoWeino fianoá&liadesgar- 
ndp 1m coavfHttps da laSoledadf M aluúraate Jarían, unas- 
tfpo ]^enipotffliaiario^, q;qa to dcj^^ Mésioo na nombre 
aimpátíeoy una alta i^atMioii da lealtad y leetitud, sufrió 
nnft deaM^robaeíon fimm^daaaoaDdootayal dia^ne el em- 
pelar adpirtió la resglnoim da retirvle sus. plenos póde- 
me» Fevo loGiertoesqueelalmirantei fodeado oooioastaba 
por la estímadon genaral, babría pedido ir enteramente so- 
lo á México sin temor algono por su segarídiid, y arreglar 
poV sí mismo con el presidente Juárez todas las diferencias 
que dividían á ambos golnernos. La prudencia aconsejaba 
que se procediese así* ¿Era preferible derrocar el poder 
existente en virtud de la Constitución, bajo el pretesto de 
que no gozaba de la fuerza ni de la autoridad que eran de 
deseársele? Por otra parte, está fuera de duda que el ple- 
nipotenciario francés babia conciliado perfectamente la dig- 
nidad de su país con los intereses nacionales. 

"El gobierno mexicano, babia escrito Doblado en nombre 
de Juárez á los comisionados aliados, ba resuelto bacer to- 
da clase de sacrificios para probar á las naciones amigas, 
que el cumplimiento fiel de los compromisos que contiaiga 
será en lo sucesivo uno de los principios invariables de la 
administración liberal." 

Esta dedaracion, hecba por un gobierno estable y lleno 
de buena fé, debia recibirse satisfactoriamente. Es cierto 
que el pasado permitía dudar sobr^ la ejecución de estas 
promesas. Pero entonces hubiera sido mejor que desde el 



pñutáftOif dMá6 ^118 €l aluilnuite nM de ]^lrii| ns hiAfese 
dorisrado fimmiDeiite kt giRiift. Bm intffll Mgodiri pues- 
to <|ii6 desde antee ee fchimlNi eonoeder d tieinpo tftfl psra 
el vnolladD de Im neg oe iMte neey j que eoo snlldpaeioD se 
dedvslMiqae eetae enuí ihnorte, a teud ieu do á laimpoten- 
eb 6 nudA IB qm ee (Neeitiufam eo Jtuffez. 

El alminuite balñm obrado coa lealtid, y hi iNnieba es que, 
poeoe meses despnes de la dessprobackm de sos actos (qn^ 
la opinioD pábliea leeiMó mal) el mfemo gefe de! Estado 
Hamo á so lado al almiranto Jorfen, qaíen ademas de esta 
halagfiefia dlseiiieioiif filé enriado por s^ondá Tes á ICéxl- 
eov eoarbolaiido sa pabeüon á bordo de la fragata aeorasada 
Lm NermmiuKm, Es imposible no sorprenderse de esta estra- 
da eontradiccion. P^ro pronto se encoentra la espficacion 
en la carta escrita eo 1862 al general Forev, en los momen- 
tos en que 'este áltimo recibia el m^nJodet grueso caerpo 
de (¡t}érctto destinado á vengar el descalabro que sufrió el 
general Ijaurenoez, y del cual hablaremos muy pronto. 

El emperador escribía lo siguiente: 

FomíminMemm, 3 éÍ0 Jmlio dv 1862. 

JSi^ por d contrario^ Méxioo cotiserva su iAdepen- 

áencia y sostiene la integridad de su territorio^ si un §obier^ 
no estable se perpetúa aUÍ con la ayuda de la Francia^ ha- 
hremos deruelto á la raza latina su fuerza ¡/ su prestigio al 
otro lado del Océano. 

NAP0LB02r. 

La espedieíoD tieue, pues, eo lo sucesivo por objeto^ el 
triunfo de la rázsk latina en la tierra americaua, para opo- 
nerla á las invasiones de los anglo^oues. En este docu* 
mentó imperial filé adonde por primera ves se reveUS pú- 
blicamente la verdadera inspiración del emperador. Tal do* 



VI 

comento eetá ea ^Mrmal oootasadieeípn con las iostruecionefl 
del gobierno franoéa 4 9a plraipoteoeiaiiOy y oon el tongo»* 
je de 8QS ndnietzoe MM. BtUniid y Boober, que hMt» en* 
towes halna aflnnado en la tribuna que jamas se haUa 
int»itad0 fiíndar un imperio paca Maximiliano^ y que hur 
boet&idades oootra Juarea las babia'iffovocado la necesidad 
de defender noestros inteieses naoieiiales. 

En efecto^ la pfoteodon de noestros compatriotas no ba 
sido, hasta aquí, sino una máscara que ya es tiempo de ar» 
itgar. El ardiiduque va á aparecer muy pronto en la esce* 
nab El almicante l^asido censurado porque obrando de bue« 
na fé^ estuvo á punto de destruir un proyecto ulterior, cuya 
confidencia no se le babia hecho. La convención ha sido 
repudiada por la Francia^ porque ni queria ni podia tratar, 
ligada como estaba por im compromiso con Maximiliano. 
Por el momento no se trataba ya de nuestra deuda: la caí- 
da de Juárez era lo único que estaba en juego, y para arro- 
jar de su sillón al presidente, era preciso entrar á México 
con las armas en la mano. 

Así es que, desde el principio, la intervención de la Fran- 
cia en México ha sido el fruto de una política equívoca y que 
ha gravitado sobre la empresa con todo su peso; y si Juárez 
ha consentido en emprender una guerra sin cuartel, señala- 
da y terminada por represalias terribles, fué porque supo, 
desde el principio, que el pabellón tricolor de la Francia en- 
cubría una bandera imperial que marchaba en pos del estran- 
jero, y que la existencia de la Eépública estaba amenazada 
en su mismo principio. Se puede creer que este objeto mis- 
terioso ha influido mucho en el apoyo disimulado que los 
Estados-Unidos prestaron siempre á la causa republicana; 
apoyo que ha sido suficiente para tener en jaque y arruinar 
la infiuencia fiuncesa en América. Ciertos documentos que 
se encontraron después del combate en los equip^es del ge- 
neral Oomonfort, que quedaron abandonados en San Loren- 

5 



IS 

m^ y qoe liemos visto, no nos dcdaa duda algaua sobre el 
conoorao de los Estados-Unidos, que hsbtaa compfendido 
qne la Fnineia qneil* i^nroTeiAuHW ^ la goeirmqne de^ 
raba su seno prnia ooBteabalanoear lainfliieiieia «ngloHM^ODa. 
Bi pnesidenfee LtiHMriii,4m ja lealtad tanto se {weeoainba en 
Franela, esoriUa lo signiento á Juaies: ^^o estamos «n 
gnerra declarada oon Franela^ pero eontad con dinero, con 
oi^ones y eon enganehes vdantarios qne fiíToreoeremos." 
Y ha enmplido sn palabra. 

Ademas, aqnf no se pnede evitar tm sratimiento de pesar 
ante las vaoRaciones del gobierno imperial, el onal no se ha 
atrevido á tomar nn carácter decidido en sn poHtica mas allá 
del Océano, y que, desde el principio hasta el fin de la espe- 
dicion, DO ha recurrido sino á medios incompletos. Stea idea 
de oponer la raza latina á la invasión de los auglo-ss^ones, 
qne probablemente dentro de medio siglo abarcwán el mun- 
do entero dando ambas manos á los rusos, sus aliados natn- 
rales, era ima idea imponente, digna de tentar un gran cora- 
zón y una gran nacioD, pero con el requisito de que se hu- 
bieran asegurado previamente los medios de nn buen éxito. 
Era fácil prever que en caso de un jaque quedaba para siem- 
pre arruinada la influencia latina en las Américas, y aca- 
baña con un prestigio que allí tanto han comprometido 
los españoles. Porque, para triunfor, necesitaba esa idea 
del mismo concurso de los Estados-Unidos. Evidentemen- 
te que la ocasión era ñivorable en 1862, al dividirse los Esta- 
dos del Sur de los del Norte. Era el momento en que la 
Francia debia intentar un acto de vigor y crearse aliados en 
el campó mismo de los enemigos. Dos caminos quedaban 
abiertos para esto, y ambos eran practicables; no pretende- 
mos juzgarlos aquí. O bien, era preciso haberse pronuncia- 
do desde el principio por la causa de la Union y contener al 
Sur con una demostración amenazadora sobre la frontera del 
Bio-6ravo, ó bien, si se reconocia d partido de la segrega- 



19 

dkmf atétVm Ir stn vacilar hasta d ñuj y oonsamar la obra 
d6 lawpsnieíoo^ dedaiándoae abiertamente por los plantas 
4onade km Bstadosdel Sor, qne se babian conmovido al re- 
cnerdo de la gloria francesa, y no esperaban sino el socorro de 
miestm paMifa pan trioníSur y tender la mano á nuestro 
CQ6rpaeqp8didonaiio<{nemaitdiaba sobre México. Poruña 
^xnweooeDda qoe apenas se puede concebir hoy, cuando se 
tiende usa mirada retroq^eotlva á.aquéllos sucesos, la po- 
lítica imperial rom]^ con toda tradición lógica. El carác- 
ter de beUgttrantes concedido álosBstados del Sur, no sir- 
-vio sino paia j^okmgar inútilmente una lucha sangrienta, y 
nuestro gobierno desechó las reiteradas indicaciones de los 
propietarios del Sor á quienes la víspera habia alentado y 
<iue al fin dejaba sucumbir. Desde entonces quedó pocdida 
la causa latina^ Losyankes, victoriososi traspasaron en ma- 
aa la fitmtera de Tc^, y^ atnddos por la rapiña^ se espar- 
<áeroo en goerrillas juaristas en las provincias de Nuevo-- 
Ideon, Sonora y 



II 



Aquí comienza la segunda ñus de la espedidon francesa. 
Salimos del dominio de la diplomacia y de la política para 
entrar al terreno de la guerra. También a^üí se han come- 
tido fictas, á las que han sucedido consecuencias funestas, 

Después de la rutura de los convenios de la Soledad, las 
tropas francesas, reforzadas por 3,500 hombres que hablar 
tratdu el general Laurencez, comenzaron las hostilidades. 
No se habia ido mas allá de la línea del Ohiquihiüte, coma 
prevenian los tratados, y esta violación de la palabra empe- 
ñada era un &tal principio, produciendo un deplorable efec- 
to. Un pueblo civilizado, que se jactaba de llevar á una 
nación casi bárbara el respeto al derecho y á los compromi- 
sos contraidos, comenzaba hollando así una promesa solem- 
ne. Esta frié una doble fiílta. Ademas de que se disminu- 
yó el prestigio de nuestra fuerza, fuimos los primeros que 
abrimos la puerta á la traición. Por otra parte, los mexi- 
canos se imaginaron, y en su lenguaje ían&rron repitieron 
hasta el &stidio, que los franceses hablan tenido miedo de 
volverles la posición de la garganta del Ohiquihuite; posician 
decían ellos, que los franceses im habrían tomado si la Jiuhie- 
ran defendido los dignos hijos de Oortés. Para el que sea 
inteligente en el arte de la guerra, los mexicanos se foijában 



21 

una fluóon. £1 oamino de la ¿argantai defendido por alga- 
nos ^^AP^ de fienx) fiíndido y por algunas yi€)jas piezas de 
muialla 4ifScUes de maniobrar y que enfilaban muy mal la 
senda tortaosa que desemboca allí viniendo del mar, era muy 
£Í0Q de flanquear por las alturas inmediatas, y sin duda que 
la resistencia no se habría ]^rolongado mucho. Pero de cual- 
quier manera habria údo preferible suiGrir algunas pérdidas, 
aun oon ^ riesgo de retardar los soeprros que debian llevar- 
se á los enfermos que se hablan abandonado en Drizaba^ 
antes que permitir se nos acusara de haber fidtado á núes- 
iara palatna. Bsta vez, aun el buen derecho quedó de parte 
de los mexicanos, los cuales tuvieron la habilidad de espío- 
tar ooa las poblaciones nuestro olvido de los ccmvenios fijT- 
mados. 

ITo tratamos de describir aquí las operaciones militares 
comenzadas b^o tan malos auspicios, y que vinieron á des- 
enlazarse tan cruelmente el 5 de Mayo de 1862 frente á los 
muros de Puebla; i>ero se puede decir que nuestro gobierno 
cometió una serie de errores, que atestiguaban de su parte 
una ignorancia completa del pafs adonde iba á llevar la guer- 
^ á la vez que un estraño olvido de los sentimientos que 
•en nuestra propia patria habia levantado la invasión de los 
aliados. 

SI general de Laurenoez hal»a recibido la misión de abrir 
semcijante campaña al frente de un efectivo irrisorio por su 
iDSii£ksM»¥¿a. La lesponpabilidad de su mal éxito sube de 
darecbo al gobierno^ que no habia seigiúde las r^las de la mas 
.simple piPevision. Iaüs laureles tan rápidamente recogidos 
ssk Qbina por algunos batallones felices, hadan esperar sin 
duda una nueva coseeha de ellos en Méxica Fué preciso 
todo el heraismo de un puñado de hombres para que d ja- 
u^ue sufrido frente á los fiíertes de Guadalupe y de Loreto 
no se cambiase en ua completo desastre^ y la historia impar- 
4ásá dirá muy alto que la retirada del general de Laurencez á 



trftres de treinta legnas de nn pdb raontixxM^ iMttrittdo y 
j^rop^sito pora las raiboBeadáB, la timid a iido om 



viril de su cohnnna á la numerosa eabaDerfa de Cahümjjiij 
qne coronaba los cerros sin atieveiso ú deseendcr^ Hvtwrib - 
sos numerosos heridos j sa msterfaildegiierní hMteOibote; 
que esta retirada, decimos, está á la altara de iM noas hmf- 
mosos hechos de armas. Este gefe müítar ha eoHWÜd o id^ 
tas por haber desconocido ks grandes prinoípieB de ki goeinr 
Primero debió informarse, antes de acercarse á PBehli^ adon» 
de creía entrar como en nna cindad amiga, y que to recibid^ 
á corta distaacia, oon un fuego graneado. IXespoes debió 
asegurarse á toda costa del o«TO dd BútTcgo^ qne domiBába 
la dudad de Orizaba» y admide delaa buscar un rdfegjk^ dea- 
pues de su retirada, 

Pero la derrota de Puebla ha tenido por eausa priMipál 
la completa ignorancia de Saligny, que estaba le iW tMii de 
Amplios poderes, y que marchaba con él c^jército di rig iéndoli» 
todo sm conocer las disposiciones dé la pbza y de la {kAB^ 
^n. - El general^ enga&ado pe»* los acertos de la iñtkmm- 
da mal informada, marchó de fienté, conTenddo dé qiie laa 
calles de Puebla estaban adornadas con aiod9 de triunfo en 
honor de nuestros soldados libertadcnres. El mgidlo' ftié 
cmek pero debió preverse. Era acaso el partido de lo» 

ñnigrados que háUan eñvéJféddofiMiifadesn'piiiyCi^pi^po» 
día dar consqfoB sáhidablesf 

Pdr ó4» parte, 00 hflMa tomadoper aHado al geMfKl IMé^ 
qnes, conocido en Mésioo por svorneUM, ett lpaMe p e> I éi- 
ber roto los sellos de la legación hig^esa para sustraer riele 

niiDones de Ihuicos que estabaaaMd^osMados^tmiBlto 
Btaba alas órdenes de IBramon, rebelde contra Jnar ea: eul> 
paMe amr por haber ífasOado á tos heri^k» nacfimidea y es- 
baÍEderüs que encontró en los hoqdtales de Tscubayaf So 
bandera pieceiHa á la nuestra, y fcé sahidada por rf fk% ^^^ 
lo merecía. Mirqnei habla Baitiado la fntevfcntai t 



" •n m »!■ 



28 

ÁMÍeA que ibamoa á presentamoB como libeitadores á lo^ 
maxkaiuw lleiios de odio contra Márqaez, soldado vigoroso, 
ptto en d oaal el Bcddado tenia infltiutos de verdugo. BL úl- 
timo sitio de México, que defendía este general hacia tres 
lemanasi aa hsk señalado por espesos qne deshonraron la can- 
M imperial, segnn confinen del misqso desgraciado Maxi- 
mfíwMV Pero desde entonces sufrimos las consecuencias de 
nuestras fidtas. El general Márquez tenia que ser natural- 
mente nuestro aliado, puesto que él fué quien desde 1861 
tenia en sus manos los hUes^de la conspiración franco-mexi- 
eana. 

Héxhx) es un pafsmalditt^ la palabra patria no tiene eco 
áOf • Está dividido en dos partidos que se intitulan clerica- 
les y liberales, sin haUar de los bandos de todos colores que 
pübín las dudados y plagian á los pasageros en nombre de 
Dios ó de la libertad. En ambos partidos hay sin duda hon- 
rosas individualidades que se lamentan de la decadencia de 
•n patria y de la guerra civiL Pero mienteas que cinco mi- 
llones de indios trabi^an y sufren, los clericales quieren con- 
servar lo que han adquirido á espensas de la prosperidad 
general; los liberales quieren enriquecerse y llegar á los al- 
tos poestos. Todos s<m culpables. Los liberales, fieles á la 
Oonstítncion, no tien^i al menos la vergüenza de haber en 
tragado su patria al estru^lero. Este es el único m^to-del 
presidente Juárez, pero á ello debe su fuerza: y con esa fiíer- 
» débia contar la Fraosift Esto dná á Juares, ante el tri- 
bunal de Ifr historia, el benefloio de las chcunstandas ate- 
nuantes. 

liOaotns que el geoecal Laorence% encerrado en Orizaba 
dorante la mala estadon de 1863^ sufría mil privaciones y 
redstía con la pequeña fimza á los esfrieraos del enemigo, 
el geneial Foreyae hada á la vela para Ytt'aeruz con 30,000 
hmnlwes de tropas frescas. Desde la llegada del noevo coer- 
po eqpeiUdonario^ d general de Laorencez volvia á Frauda, 









C0K CE 



CK wK^ 

















95 

provisioiies que no pudieron llevarse eooBigOy y en fin, ea- 
iKir 4 Pneblft eon nna doble H nea de fiartificaeiones y ba- 

dnoo meses largos ¡Misaron asi en marchas y eontramar- 
«has nenas de &tíga* Hasta Abril de 1863, el ejército fran- 
cés Bo avanaó sino paso á paso, empobreciendo aquellos lu - 
garas eon sn larga permanencia, y anmentemdo la conflansa 
de loa Mboalea con el exceso de sus precaudones. Asi es 
qne^ enando aseendimos á las Cumbres, el enemigo habla 
ékjñdo un vacío delante de nosoteos en los vidles del Aná- 
liuae. Aquella r^^ estaba desbastada y casi estéril. La 
tiem eaüente haUa diezmado nuestro edército, y fué preoi- 
m pedir á loe Estados-Unido^ los granos necesarios para 
loB kombres y los aoimiúes. Las intendencias consagraron 
sumas considerables para comprar muías en el esteai\iero, 
miaitras poco antes abundaba tcdo frente á nuestra van- 
guardia, y ima gran cantidad de cebada importada de New- 
Yeik; se quedó por &lta de traq[K>rtes, aglomerada en su 
mayor parte ^i el muelle de Yeracnus, innundada por el 
agua del mar, hasta el dia en que no pudiendo utilizarse, se 
remitió á Francia, adonde llegó averiada en mas de su 
mitad* También se intentó hacer en Tampico una opetsk- 
cíoa de fem<mta^ de la eoal resultó que cada caballo lleva- 
do á Yeraoma paca nuestros caaadores de África, costaba 
for término medioy 26|0(K> fiancoS) inckiyendo todos los gaa- 
taib Adeimás. nsfai'arerarifwi costó ana lanidia cafioneraü La 
X«JiM, que se penUó en la barca del TÍO. Talas fíieroB Lps 
frutos de la contempotiaacion. 

Bq fti, la dMiaá i$ Im Án§ém ^pacaoió á nuestra vista 
auno ia tierna prometida. Bra pnoiso comenzar na sitio ea 
am^ ffl niismo stetema que hasta entonoes había pvavale- 
cido mk la Aieecioa de las operacioDea miHtaras, se «npleó 
ea el c^noa de la plan. Se deaadió la idea de un asalto^ que 
sin dnda^ despMs de algunos trabajos de aproximación y 



26 

lecoDodmiento, se pudo iotentar oontia los me^iicaoos, ata- 
cando desde luego la ciudadi para liaoei: can después loe 
inertes de Guadalupe y Loreto^ únioamente por el hambre 
j la sed. Mas tarde la tom^ de la Peoiteuoiaria nos dio por 
un momento las Uaves de la ciudad| porque ya los asaltan- 
tes habían penetrado á las cuadras, desde donde se podía 
caer sobre la Catedral que servia de reducto al general Or- 
tega. Los sitíadosi perseguidos muy de cerca por nuestras 
bayonetas, se desbandaban en desorden y en medio del pá- 
nico. Se dio óiden de retirada abandonando las posiciones 
tomadas, y cuya conservación parecía muy aventurada y 
peligrosa. Y de«de esa sangrienta jomada nocturna^ lo8 
franceses tuvieron que resignarse á atacar y atbandpoar &u- 
cesivamente grupos de casas, conquistadas muy caro, per- 
didas y vueltas á tomar, procediendo metódicamente, dete- 
niéndose en un límite preciso, designado préyi^mepte al 
empaje de nuestras tropas, indicando asi clanunente al ene- 
migo solNre qué punto iba á darse el ataque del día siguien- 
te, dejándole siempre diez y ocho horaa de descwna» para 
aumentar su línea, de tiincheras, y para atu-ir bus troneras, 
á cuyo abrigo^ íuvi^l^ fusUaba á nue^^ros soldados que 
avangahansobre ellas en tinieblas á pecha desci^ier|;o* 

' Oradas á este siaiema osudeaado por loa inteUgeatea en 
el arte de la gueins vepnfeadee poprnieaporieBoia, eee fiítal 
sitio duró tn» diae mee que el de Zangón, jrate dJitaqne 
filis4elfiiertede TeotimetaMcaB^iqw kfaK^oBor lapla», 
y» ae dH^onia el campamente para aooactelarae dnoMite Ja 
malaestaci(m frente á loe muioe de Poéfato. Sloenodefieii 
Joan, adonde ae halda aiteade el eoartslgsBeral, etmens^ 
tanácolifffarse ya de banraeas de madera y ehone de adobe 
destinadas para lea tDqiaB. Hasta que se hahia cMaengado 
el sitio se advirtió la insofioiraicia de nnestroe cañones y 
filé imoiso enviar al comandante Bmat que friese á busca 
á bordo de la escuadra, las piezas rayadas de grueso oalibre* 



27 

' Despaes de la capitalaoton de Faobla, poco fítltó, sin la 
insisteiida de 1m generalee de división, para qne se aplaza- 
se la marcha sobre México. Esto era preparar deliberada- 
mente nn s^ondo sitio, porqne México estaba rodeado de 
fivtífleaciones qne comensaban ya á artQIarse. Sorprendida 
la oi^ital, no hizo remstenda álgnna. 

Si el general Forey hnMera evitado el sitio de Puebla con 
la rapldes de su marohay las cosas en México habrian cam- 
biado de aspecto. Oradas á nuestros retardos, el espíritu 
de resistencia se habia desarrollado en la Bepúbliea, y tavo 
tiempo de invadir las provindas que desde entonces se de- 
ddienm por la autoridad presidencial. Las capitales de los 
Eetaios^ qm Aban éoonverttoeen otrotl tantos locos de in- 
ioiiwdeB, haMaii'pemiaiieQido tianqidlas por Mtek de 
aeoeido t¡aínr. é^ y la Frauda^ >4esdd los pEsmeros difti^ de 
1863^ eattandio ocoia dueña w Méjkxkf habría «oooquiátado 
toda stt libertad de acdoo pam ligarse fiunoamente con los 
s^aratástas^MSmfv los cuales por stt parte también entoti- 
ees ganaban taneno. 

A pesar da las flores y los ^legosjartifieiaieB, prodigaobs 
en el tráaalto del general Ftt^ al entrar 4 México, rt éñ- 
tnsiasmo loé fietáeio. lio q¡mfiáétí6 aobre todo llamarla 
atenda» lU^.nii geáé obasmáor, íoé que Juarea no había 
ddo espolsado por la psUaeioa da la OajpltaL Bl gefe del 
Brtadatüsdia etpucsto^ por Ja inans^ puto BÍR:ooaBpramiao 
algalio» Jkt «LBttJsadfclkfiÉbÉ onadga elpodegjrepidMiosiio 
síb dqaito caer de sus manos: estaba agahisda»' peró no ab- 
dioalHL/XedblattBaiaáttdéelrdemiAa i>otaatediiooáño6, 
él secMta da latéisiM^jia iaswtn éda4a raristoBda del fie- 

méi fffitfr Tttmifio ngiflcsjao ai np tiaíiisi- 



' i* M|¥.. 




gnoal WíMKify ayuitaMlD ooa d Q8«»in» átl miniatro d» 
Iteooia M. DfdKNB de Sfttigpy. Había llagado ei momeiito 
dft dfiíg^iixar el últáuio t^ck Plir iiivüaoton de M. de SflIi^ 



20 

goy, ádSfnM de una entreyista que tuvo Ingar en la lega* 
GkMi^ Alnmotei d genaral Mániues y el Lio. Agoilar^ Jan* 
sanm deade lu^go la candidatura de Maximiliano bajo ^ 
pataxxnnio de los clericales. El general Forey oonYOoó en la 
ca]^tal ana jonta de notables para qoe determinase qné for- 
ma debiade darse al fiítorogobiamo. Este sufragio debia de- 
cidir de kis destinos de Móxioo< Se llamaba ¿ los natábUs^ 
para qoe deliberasen en pas y ó la sombra de nuestra ban-^ 
dMk 

Loe prindpales personajes de la c^^ital no se i^resora 
mñ mnoiio á Ir á la junH: es qoe la palahra francesa lés^ 
inq>irába ona conflaasa mediocre. Nuestros piocedimientoi 
lAterkiresj es i^^edso réoosooer qoe no podían alenterios &< 
comprometerse abiertamente en ona reonion, á cojra BÉiiám' 
podían esoribirse sos nombres en las listes de Sila. DorÉm- 
te las mav^ss y pontramarohas de nnestraa oolonmas, ano- 
tes de acampar frente* á Poebla^ la necesidad de abastecer-^ 
se de Tfyerss y de remcnto hablan eondnddo á naestana 
tn^MW á los centros mas ricos y populosos. Asi es qoe se 
había ocopado San Andrés, T^oacan, y bastase habla he^ 
dio OB desembarco en Tampico, invitando á los habitan- 
tes y poeMos vecinos á proporcionar granos y aiámales. Loe 
mexicanos de estas dudados no hsMan consent4do en las 
tnmsaodones pedidas, sino hBjo la promesa formal de que no 
evacoartan las tropas fraticesas aquellos logares, que desd» 
aquel momento quedaban señalados á la venganza de los 
liberales: en último casoy pedían los oominrometidos que qti6^ 
dase una goamidon snflcienta^ Pero una mañana desper- 
taron solos, IntisoameBíte avisados de qoe nuestras ccrfiim- 
nas hablan partida Sntánoes halñan tenido que huir, y los 
que se viMon obUgados á permanecer á merced de los Jua* 
ristas frieron ftisilados ó ahorcados. Bramos, pues, precedi- 
dos en México pcnr un fotal renombre. Ademas, las haden- 
das de los notables, diseminadas en las provincias limítrofes 



90 

de Méxk»^ estábaa moBimnátm, eo esmo de Iwflétiiwi de: 
sn propMaiioey de eonvertine en presftdel eaeHri^ 
to á ^roer bu YBogmm: noeotrse no podimioe pramnaiv 
las ^eftsmente. 

Sin embeigo ápeeaide nnaeroiM ebeteaeioDei, ^ te-or- 
ganifló im fHBtesma ée fiNilMi abrió sos eeeioDee y inet^ 
tampldo del eafion, que annneiaba el nacínüento del impe- 
rio. El lÁG. Agnilar haMa Mdo nn notable dietámen, lleno 
de buenas intendcmes, que oonclnia pidiendo la monarqnia^ 
proponiendo qne ae ofiíeoíefie la ooiona al arahidnqne Mazi- 
miliaDOb Una eomiwon, de la-enal 6aé nombrado miembm 
el autor del diotámen, filé dpmignada pam ir al eaatíUo de 
Mlnunar, pasando por Paris y por Bomai y llevando la an- 
ta solemne y nn e^zo impeiíaL 

Esta página histórioa filó muy pooo digna de la Francia 
que la signó oon su nombra, y que debía otro acatamiento 
al Bufi»gio uníveraaL Es preciso haber asistido á este epíf 
sodio de la intervención para poder jusgaiio en todo su va* 
loR esa memorable seskm de la junUk quedará como un 
ejemplo lamentaUe de un insulto á la verdad. No porque 
una p^iie de la asamUea^ ávida de reposo y seguridad^ no 
haya ^ado sos miradas en un príndpe cuyas virtudes po- 
dían servir á México de un gran estímulo^ sino porque e^ 
asamblea no tenia rapresentacion ni carácter suficiente pa- 
ra comprometer al país entero. |Qoé se habían hecho las 
declaraciones de nuestro ministro de n^^os estrangeros 
hechas á lord Oowley, y en las cuales se aseguraba ^'que 
^^ ningún gobierno se impondiia al pueblo mex&GanoT" 

Mientras que los comisarios, alentados por el gaUnete de 
las Tnllerías, trataban de vencer en Afir^inar las vaoüado- 
nes áeH hermano del arahiduque de Austria^ en. qui^i el si- 
tio de PueUa y. la actitud indiferente de la Inglaterra ha- 

1 Fué preciso pagar el traje á ciertos noUblea, como se habían pagado ja laa 
florw qne M «rrej«r<m á k» fhiooMCteo ta tñknidá á la capM. 



31 

Man 4eipwted(>jii«tMpieveMioiie8y «1 genwri Forey dirfgia 
á ios mecdeMMNi nsbeMoi q«e andálMín tocUi>vfa en €8mpafia 
QDafitfmaefloitirtivááteoofióoviia. Por de^graeia» oedi^i* 
do á las influemias élerioales, laosaba al mismo tiempo nn 
larntú tan impslflieo eono n^almia Bite bando deeretába 
la ocmflaoMioii de los Ueiies de los parHdaiios liberales que 
no éeposisseB las armas. Brte era dar á Joares el derecho 
de lepresatta. En bonor del gobierno firaneés este iiijnsto 
deoreto filé desaprobado en Paris y derogado en Méxioo. 
Entretanto que el araUdnque aoeptam definitívamente, se 
instituyó en la oapital un eoDsc{}o de r^jenoia: estaba (x>m- 
pnesto de tres mexicanos, Almonte, d general Satas, y el 
anoMspo de Méxioa Almonte era el presidente y sn elec- 
ción finé aeertada, annqne antes se hoMese mostrado ardien- 
te fepnUieanow 

MaxtmiHano tenia miras mny altas pora obseqniar á un 
llamado tan lleno de pteoipitaGion oomoel de la janta, ape- 
aar de las instancias de ntrastro gobierno, el cnal estaba im- 
paciente por establecer un nnero orden de cosas. M. Dronyn 
de Lbnys, que babia snccedido á Tbonrenel en el ministe- 
rio de relaciones esteriores, tuvo que resignarse, annqne la 
politica impoial hnUese asignado desde el principio á Mé- 
xico como término de las operadones militares, á escribir 
al general en gefe, con fecha 17 de Agosto de 1863 las si* 
gnientes lineas: ^^o podemos e<Misiderar los votos de la 
asamblea de México sino como el primer indicio de las dis- 
posiciones del país." 

Esta era la señal de una nueva campafia cOn objeto ^^de 
reo((f0r kn sufragas dé Im oktdadeé dd inte^ Se habla 

comprendido el apresuramiento con qne se procedió, que no 
se babia tenido en cuenta el espíritu público, y sobre todo, 
qne no se cui«'laba de la dignidad del foturo soberano que 
pedia un sufragio universal. 

En presencia del siguiente documento, cuya gravedad 



S2 

mw^niñ itetoraJ; no puede quedar duda algwui«i la parter 
aoÜTa que el gabioete de ka TulleiiaB tomó en la «eocífia 
del trono wexioaiio. fista empresa intentada al atva lada 
del Océano^ tenia tembien por obieto deeenpe&ar la poiítí- 
ea eonniieai puesto q[ne ae vé ^gunr^ en eata earta dirigida 
4 nn wiembio del pariamen to ii^f^lési la enes^^ 
een la eoal ae pieoenpaban tanto en Pan eoma an Yiena^ 



Paris^ 3 de IKeienAre de 1S6SL 

.^^^JÉl awhJAntpi^ dljeaí^ k» %ueae qnien^ es naéa I» 
camMuiiíiT ttií i^hinnHi^^m ^ Irfi nT*iT?iiiftT i"ima algwia lia- 
joa «te eetev puede V« tsaer por eiarte^ %na parttaá es tado 
el iiee 4e Marao piúiuBMv ^peea enin enaL ae padi! i 
eeyea^iagopaelieeitteadi»del wt e fintf ia i <pei»a^ 
aal) d» la aaeion» ániea viiadioiiin ^ae pena ley paaa « 
l)idai. y cayo oumptiaMeaio ea paca aaaotwa an kaote 
raméate «seguffow 

Ite di» aeear en electl^ ; esto aea taa^pril^ 
gao In eneelion da Méjüeo está ñamm del owíibííi laiii 
nt de BoiepOi. Sa an negoeío s^fiisAi 
d fa sp iire i to r j í s y st wat y «< arsfcafciiiMi^ ce» ia 
érf aapsrs rf s r Jtt Asr eiene ^ een»gsiidalfcABMB% 
tibcipio alguno del g^lMnio auetriaso. 

SMi ^tua^ífeoii %veraUe pan la Aaeton^ poaata q/m 
oe ¿ un lado ¿ la^ Veueeia ^ eualnwiiwai oana 
time UfturfMtt utt. xeealtado ihvenMa 4 lak ouestáM 
na^ dftuáttdota íMsladi^ jf en en MMao oi^^eeiai: 
se va la ftaniúft «» Mióiee^ no Mue uelansa da si otsa aa^ 
tnciou que el tiouo üel ¿ut^biduqu^ Im^uí ó uo fpmmk en. Bife^ 



93 

SI boqae «oatriaioa que Ueve á este príncipe á HéxieOí 
no aera detenido ni por la Ini^atetM^ que probaUemente ee 
ettaiá á hk Anetri» en las fatariM oempUoMkHies; ni por la 
EnoiQía que es qoien lo eondoce aflá. 

He paieoe qpie no liay ihunon alguna en estas aj>reciacio- 



Vnestax^ afiMtaosoy etc. 

J. M. OüTiEBSEz Estrada. 

Por esta yez aun 4ae iban á emprender nuevas aventuras 
y á eomenzar una serie de sacrificios oostoeoSi ápesar délas 
joomesas hechas en la tribuna fiancesa^ y á pesar de todas 
las previsiones. Ya no se dominaba la situación; era pre- 
ciso deslizarse en la pendiente enque se hafaia colocado. Sin 
embargo, aquella era la hora de meditar el estado de las co- 
sas, y á pesar de las repugnancias manifiestas de M. Sou- 
her, tratar con Juárez, para retirarse como un vencedor. 

En el mes de Octubre de 1863, el general Bazaine recibió 
el mando supremo de manos del general Forey, elevado al 
grado de mariscal y llamado á Francia. También se volvie- 
ron.sns autorizaciones 4 Saligny, quien á su vez no tardó 
en seguir al vencedor de PueUa. 

£1 general Bazaine tomó las riendas de los negocios en 
momentos muy eríticos. Los contingentes juaristas se re- 
formaban en el interior, y tomaban una actitud amenazado. 
ra; los bandidos pululaban en los caminos y en los alrede- 
diH^es de la capital; las tend^idas clericales del maj^iscal Fo- 
rey, hablan aleado á los liberales honrados que estaban 
prcMitOB á adherirse, con la esperanza de que ese soplo ge- 
neroso que se habia levantado en Francia, estinguiese la 
guerra civil, y que una vez satisfecho el honor militar, el 
derecho seria reconocido y se llamarla á todos los hombres 
de buena fó, sin distinción de partidos, á dar libremente su 



QIÉoton 0obf e los nagoeioB públioos* Bl dore, por atm porte, 
mmoiaba qiie MftTJmiftanoae babia^omptiMMtído y» aoo 
el Papa á restitoiile loa btenes de manoa «mertan^ y oipar- 
cia así la alarma entre kw nvmeroeoe detontadofes iiaolMa- 
lee y eetronjeroB de laa fisoaa a^ludieadae. Bfl anobic^a de 
México^ miembro del cons€¡jo de la regencia, no contribiEqró 
poco con sos intrigas y con su revoltoso caráeter, á aeredi- 
tar esos rumores con la aatorídad de su palabra. 

La cuestión religiosa era el verdadero nudo de la cuestión 
política que durante seis años habia armado á los mexica- 
nos unos contra otros. Los bienes edesiásticoseraii tan con- 
siderables en Méxlca, ;qm inmovffisiban cast nfl milkmes 
de ftuncoer. Sste inmenso capital perteníeofei en parte 1<9¿ 
gftimamente á la Iglesia^ peero ]M captacionea yMm ábntos 
de autoridad no haUan sido esfirafios & Arta acuttroladón de 
riquesas, contrarió at espfritn religiosa dis pobreasa. Ét g<^ 
bferño de Juárez, obedeciendo al ph>gf6Bo que* repugna los 
bienes de madosmuertas, cometió el grttver error de no obrar 
con moderación, y dejó sin los recuriosifécesarios á loe es- 
tablecimientos de benéficenda, de cariJbóty de edúcadlon, 
despojando á la vez á la Iglesia de lols esplendores del cnltíi, 
sin cuidar de haber provisto cdñ anterioridad pottm concor- 
dato á la manutención del clero: ademas, las ventEUS de los 
inmuebles eclesiárticos hablan stdo escandalosas; é Importa- 
ba tanto á los interesa del tesoro como á la dignidad del 
Estado, hacer una revisión de los contratos. Bu este ter- 
reno dé conciliación faé adonde el nuevo general en gefe, que 
comprendió sabiamente el peligro que habia en Tetroceder 
en todo, emprendió aliar&e á los hombres de buena voluntad. 
Bsta línea de conducta tenia tantas mas prdbabtIidadeR de 
buen éxito, cuanto que el general Bazainé ascendía al man- 
do superior precedido de una reputación de valor; simpático 
aun á los mexicanos, que no eran indiferentes á su sendlles 
llena de amabilidad y de finura. A los mexicanos les hala- 



'pitmiy nbtv todo^ otr ál gei 
plAoly que báMa^a^vrtadtdi 



JÚgmícm golpe» vigotosameiite dadm á las gaHSastn^e- 
.m pintoli^ oonflaiifsii én Méxk» y en las poblaofones ve. 
idMÉS, B9te8¥eBt^|ashaciaQaQglIlwqlle pasada la estados 
^ lari HotIMi se iiariá eoQ it^ndea la oampafia que se pre- 
párate par» redianr m-d Interior A loe juaristasi y dejar 
asi «i libortaá i las pvoTinrias cenlnles para qne acogiesen 
«macm^gobieraou DesgrtM iadaiatiBlg^ ej eonsqio de la re* 
fgSDfli» date ja el eíiqpeetáimlo de una diiision fimesta^ á la 
cMd el g e s aira l déBia d« nn tármlm para nd d^ftr á su es* 
prite^leiaeiitxM de diseerdiay mtentras qfeoatete ^ 
eknetf mflilaref . Ia disotackiiBi de la legenda se diseatié 
entODoes: el mismo general repugnaba dar esto paso, porqne 
oe mp c rtaí dia qné eite aeto de vigwpddia desacreditar d orí- 
:gen datos poderes de Mioisaíiliano, y seria infaliblemente 
^esplotsdo pw los partidarios de Joures. Bl juresidente del 
cooMjjo de la regencia^ hombm sabio y desinteresadoy oonsa- 
gmdo á sn pafs, enyas aqpiíacioties hiüMa comprendido mal 
pdnp» le suponía Virtndes de que es incapaz, maccteba en el 
•seMevo tot^zado por d mariscal Bázaine. Bl segundo miem- 
bro dd oone€|ío, Ssdas, Tiígo inofensiroy lo seguia como su 
aombra. Pero d arzobispo de México, que babia sabido cap- 
taiae la confianza de las TnUarías^ contrarestate resuelta- 
mente las decisi<Hiee raas cenyenieates^ colorando sus actos 
ile<9odcton sistemática oon los matices más suaTcs^ Bl ge- 
neraly usando la mimta táctica y de acuerdo con Almonte, 
sin eatir^to^ sin sacndimieatos, con unft hábil firmeza le bi- 
na eotepreaddr que, de faécho, había dejado de pwtenecer al 
4)QMego de r^genciab México no seaperdbió de esto cambio 
sino por la desaparición de la gnacdta de honor que se sitúa- 
te en d palado episoopaL' 

Una Tea hedte 4aiiladola peraidesa infineüda de Mon* 



BffñKx Labastída, nuestao cijércltey que oon anteiidridaá 
habia fraedooado, dispérs&ndoló oon óbjfiíoúé hnoer un 
yimiento de circanvalacion, recibió la órdeii de movelve 
muchas díreociones conyergentes. Lob generales jmurtMaa 
Uraga, Doblado, N^rete y Ootfkonfort hablan r^xmado fSa»' 
respectivos cuerpos de ejército para la defensa de la tfepilblt- 
ca. En seis semanas el enem^ quedó aA^Hado por la n^ 
pidez de nuestra marcha. La bandera franoo-^mezicaDá re* 
corría los altos valles desde Horelia hasta San Luis, doda^ 
des que Máiquee y M<!|ia eonquistában brillantemente pa» 
la fútua corona; desde Mé^dco hasta Gnadalajara, 'adonde 
cA general Baíialne entraba sin tirar un tíradespnesde seir 
semanas de marchas rápidas ea línea recta. Los laureles 
de San Lorenzo estaban verdes aum al aproximarse el ene^ 
migo retrocedia. Fué una cao^^fia de mucha rápidos, y 
según la (^inion general, fidismento concebida j rápidamen-'* 
te terminada. Todas las ciudades del Interior, adonde se 
nos recibió con frialdad, escéptuando á León, se pronuludanm^ 
poco á poco por él archiduque (cúyO'nombrB ignoraban mu^ 
chas) con la misma &cilidad con que se habriánpronunoi»^ 
do por cualquier otro candidato que hubiéramos Bpoffnáo^ 
con el mismo aparato de fiíerza. . Bu él mes de Febrero de 
1864, el general Bazaine, eoa una sola escolta, entrabpt de 
noche á la capital sorprendida por tan rápida vuelta* So 
presenda era necesaria para equiBbrar las intrigas del par- 
tido clerical y del arzobiqK), qne habla oreido^ conveniente* 
escomulgar al ejército francés durante su ausencia. Bste 
prelado pagó con darle pánicamente su bendición. 

Nunca, desde 1821, Üacha de su ind^fiendencia, desde la» 
tieras «dientes ád Océano hasta las del Paofftjo, Méxioa 
habia gcMsado una calma semejante á la que disfrutó durante 
los cuatro meses que siguieron á la campafia del interior. 

Hubo un momento de reacción fiívorable á las ideas de 
orden y de Menéstari|iie traía oonÉigD el eféietto fraaeés» 



97 

^MTimiHano ao podia escoger un momeiito mas propicio para 
isangiuar sa reinado^ ei aa oía loe eonsejoB de su propia &- 
Bl general Baanrine haWa hecho mucho por su oo- 



JSl 28 de Mayo de 1864 los naeroB soberanos desembar- 
en Veraomiy lo que cansó nn inmenso placer en el 
pUbaetB de Im Tnllerfasi qne habia temido por un momen- 
to^ al w las rsiistéDoias d^ archiduque^ qt» se desplomase 
<ei adlflelo qne habia elevado tan laboriosamente. Se sabe 
foefiíeron allí mal redUdos. Bsta dudad de negocios, habi- 
tuda á faertes ganandas y á las dilapidadones déla Adua- 
M| deUa ver con disgusto una «a nueva que prometía ser de 
■jgrailidad y honradez. Aislados al desembarcar, los sobe- 
rsoos hideron su entrada á México, seguidos de una raza 
^entera que le servia de un corteo brilhmte. Este era el 
verdadero pueUo que hubiera salvado y sostenido al empe- 
rador d éste la hulnese conoddo y apreciadol 

A la voz del clero, que creia que al pasar Maximiliano por 
la eajpital de la Santa Sede habia asegurado una resolución 
fiívünUe á sus iqjustas pretendones, los iniios se hablan 
levantado en masa, llenos de abnegadon, pero atentos, ávi- 
dos de qne cayese de los labios imperiales una promesa de 
Ubertad y de rehabilitadon: pero se volvieron desesperados 
Jk sus pobres ranchos. 

I>e8de la llegada de Máximffiano, se formó espontánea j 
^Hbremente un verdadero partido imperialista, sincero, lleno 
de entusiasmo, seduddo por él encanto personal de SS. MM. 
•Hubo un momento en que el imperio tuvo verdaderas pro- 
^MtUHdades de pwrtnir, aunque la empresa se anunciaba di- 
IkO Y pdigrosa. Ki el prfndpe ni los subditos supieron 
aptovechaiw de la dtuadon. A pesar de los esñierzos de 
una compañera llena de iludones, mas tarde perdidas y do- 
4oiOMimeiite pagwtaa, cuyo nombre dqará una huella knni- 
en ese desgradado pab, Maadmiliano qne nunca osa- 



m 

büJ^ear lo quequerifii hm tometíáo^fiátlm mnMOtmJtnh 
qae OQQ «a oaiáotor eabaUeroi» é w/Mm^^ mbííqimmmm' 
taba sobre un trono eorojpM. BwMibió' Uióp id náMid 
presupuesto cuyo mirage lo habla deslumbradodesdelik al- 
tura de stt pataeío «te Minunar* S^o an iMitto^trote Jton- 
levaotado toda» laa malAS ^aaíoiiea qo^aua d60ovdeM4aa 
^yíg)ffl4>i %% 8fi oliidaha .'tufif la trajpfftn f^ftihi fffi lii wawjri 
deHéxioo. JBca preciso 4 toa mftxioaooa aa.Lidai3£I é im 
Cromwell que marchane recto 6 su ol^i^ftOi pensandí» aoto 
esk el país siaocaparse da loa iodividuoa. No esa. anasfida 
solo oou al ^oMhi 4l« los :]i]Ni coaM> podía el eiopeí^^ 
qoistar su reino^ sioo cabalgando siaa^^ ísoq la eqM^^il 
(anta Era necesario hablar á los ojos antes de dvigime á 
los corazones. £1 imperiose ha atrofiado por Mta de^oa* 
centracion y porque ha querido eoij^enderlo todo en un día. 
Se civiliza den l^uas onadradas, adonde se pueden Uamar 
los braz(»Sy la hidustria y los beneficios de la seguridad, pero 
no ae cirilisan destortos alúertos á los cuatro vientos. GDam- 
bien el ctj^rcito francés se gastó gloriosaoientei en aqneUa 
vasta estensioni sin provecho paca 1» corona cuyi^praeperi^ 
dad hubiera deseado^ aun^^ fuese siquieía por patriotíeoM^ 
para ver justificados los inmensofi saoriflcios de hombres y 
dinero tragado en ese abismo mexiaaiio. Parque es da es- 
perar que Juárez se hunda con México en esa simaqp» In^ 
intervencioa abrió paca sjjsnpie entre aniboapartidoa» Mj»- 
SQ entregada ásfmisny). y so^8KuA^lá^niHl^th^dailo^ 
servacion, esQ país que apenaa est& ea ia in^^ 
didoniQi;a<iaaraeydesarixdlanwíyenl»e8^ 
La Francia no ha sido lo que ea.en na dia» .i0ju6tttoi«gkNi' 
ha necesitado desde Oadomagno para sacudir la barbaria y 
el fanatismo^ y cttántaai convulsiones le bar coptade eivUinr* 
9ef Pero w historia 8onu)s muy olvidadjuKis; 

La opínien pública secenvoviÓdoloioaaBMDítlépQrlaiAia- 
oordia que durante él flttoAO'afio ealalló entra la aotoiMaff 



3» 

imperiid ^ Méxioo y el gefe franoés. Pero no haUa por qm4 
adminum^ 0i era cierta qoe hacia ya ua año habia Uvutranh 
doM0 de Pfetffs pperartMeodo que te obtariese de í)Iu4q4* 
Baa» una ab¿Bcaeien omí ÜMwada. AnoeoteosaenoeralMUia 
dar el^élM0 á eemcdaste mmory eaya realidad leria tan 4o- 
SíQ embargir^ es pcooiio oot^esar que nneatoo go- 
idtddeade el ptinoii^ 6 ms oompromiaoB r e fe a odo 
saa tropa» en ua sola Tez y aatee dd plaaeo ^ado, por lat 
amenam de loe Setadoa-Unidos; arf detjaba desarmado á 
MasigyUano de ana «aom» broeca. Habia oometído una 
£Uto ai prometer que iH»l<mgaria aa interrenolon, ooando 
eila deUa terminar desde el momento en qoe se ocaparaá 
Mésieo: y babia imnetído una nneTa no eompUendo sn pa- 
letea. A pesar de esto^ el mariscal hulneía merecido Inen 
de la Bosopa^ asumiendo bey o sa responsabilidad anamedi- 
daesoepcionalde vig<Nr que babieca levantado clamores, pero 
que babrian sancionado la rason y la hamanidad. Cuando 
MaarimiKano, perdido ya^ se dirigiaá Orizaba psua volver á 
Europa) obedeciendo así al llamado de la Emperatriz des- 
ilusioMda» caminó de idea y se lansó á la lucha porque los 
dericales le ofrecieron mentidos soc(htos de soldados y mi- 
llones. En aquel momento supremo, cuando el principe ge- 
neroso se d^aba impulsar por su honor al precipicio abierto 
mo ma plantas y perneptíble á todas las miradas, hubiera 
sidoAuy noble arrebatar á viva foerza al compañero de nues- 
tra fortuna^ que se trocaba en mala, y llevarlo á pesar suyo 
á Anstri% al lado deuna princesa digna de todos los respe- 
tos qoe merecen un grande infortunio y uu humoso carác- 
ter. Jkjá se hubiera evitado á Juares y á la Europa una 
gran catástrofe que ha hecho crqgir todas las fibras huma- 
nasi hmtsk imponer síleucio al lengus^c de la fría razón. 
{Triste desenlace de ese gran drama cuyas páginas están 
empspadfliS easangel El 19 de Jui4q, sobre el Oerco d^ las 
Caapantfij qqe domina á Qu^rétarp, ha perdido Maxiqi^- 



40 

llano á 1m siete de la mañana, por las balas que horfan al 
ndBino tiempo á isas generales Miramon, atitigao presidente 
déla república, y Mejfa, primer genend de México que ha 
mnerto fiel á sa partido. Exactamente hada diez afioe que 
el coronel Mejfa entraba trinn&nte á Qnerétaro! Márquez, 
que defendía á México, capituló el 21. ^^ 27 de Junio 
anunciaba el mismo Montíor (periódico oficial del imi^eifo 
francés), Yeracniz ha sido ocapado sin desórdenes ni viden- 
cias, y las tropas extranjeras han podido embarcarse sin ser 
molestadas.^ Los liberales no han cometido, pues, los desór* 
denes que se temian, y en tres meses la autoridad de Juá- 
rez, á quien se reputaba impotente, se ha afirmado de nuevo 
®n toda la esteñcion del territorio mexicano. Bs necesario 
reconocer hoy que ese gobierno fugitivo contaba con la ma« 
yoria de la opinión pública, puesto que ha sabido encontrar 
un ejército el dia que nuestros soldados dejaron de tomar 
parte en la lucha. Juárez, después fué reelecto presidente 
de la república. E/sto, ademas de las anteriores fiíltas, se- 
ria la condenación de esa larga espedicion, que, si la prensa 
francesa hubiera tenido libertad, habría moderado ya que no 
podia impedirla. 

Ma^dmiliano ha caido bajo el anatema del decreto de 3 
de Octubre de 1865 que habla firmado y lanzado contra to- 
do el que fuese cogido con las armas en la mano; decreto que 
repugnaba á su naturaleza generosa, pero fotalmente salido 
del seno de la guerra civil. Bu virtud de ese terrible decre- 
to, los generales de ejército regular, Arteaga y Sálazat f\ie> 
ron pasados por las armas. La violencia pide reptesaliasf 
El corazón se comprime ál pensamiento punzante de que el 
condenado de sangre real no ha tenido el consuelo de cam. 
biar una última mirada con su augusta esposa; pero la des- 
pedida suprema de los dos generales juaristas no es menos 
t;iema! ^e una santa piedad estienda el mismo crespón 
fúnebre sobre esas tres tumbas en donde reposan las vícti- 



41 

inaB aiD dada de paadiosoe Bentímientos. Maximiliano ha 
pBgfái/Oí con su nngre m oonfiaiusa en el appyo de nuestro 
jgoUeniOi y su abne^udon estéril, annque sincera, á supue- 
tdo adoptiva: Arteaga y Salazar han oaido oomo s(ddadoa 
qoB diqpntábaii á la. inyasion sn suelo nadonaL Jnarea ha 
peididp ciertamente la ocasión de admirar á la Europa con 
un acto de demencia, signo caraeteiistico de la fuerza, que 
lo halffla reconciliado con las cortes europeas; pero sin duda 
qoe eate acto de clemencia habría perdido á Juárez sin sal* 
varia yida de Mai^imlliano. Quien conozca el país y sus 
paalonee salvi^es, que en estos últimos tiempos han llegado 
al paroYigmo^ confesará la esaotitud de este juicio. 



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ré. 



Hoy que poseemos los documentos relativos al último año 
del reinado del emperador Maximiliano, ramos á trarar su 
historia, y á acallar, con la verdad, los comentarios* La dis- 
ciplina rechaza la sospedia de que el mariscal de Francia 
haya hecho ejecutar órdenes distintas de las que emanaban 
del soberano, justamente honrado, como lo ííié, con la con- 
fiaivza del emperador hasta el término de la evacuación, y 
cuyos actos, durante este último período, han dado lugar á 
mil apreciaciones diversas. Importa, pues, mucho á la dig- 
nidad de nuestro gobierno, demostrar en publicaciones mas 
serias que las palabras de M. Bouher^ que con la esperan 
za de organizar violentamente un nuevo orden de cosas, y 
con el objeto de prevenir los profundos desórdenes que iban 
á suceder á nuestra evacuación, no había conspirado en der- 
rocar á Maximiliano, deq>ues de haber conspirado por ele* 
vario. Pero puesto que ha guardado sUencio, vamos á deeír 
la verdad* Este estudio histórico, tiene sobre todo por ob- 
jeto, precisar y atribuir á cada uno de los actores de este 
drama sangriento que tiene por titulo, Intervendan JPncn- 
cesay la parte de responsabilidad que les incumba. La que 
ooncieme,finalmente á Maximiliano, y que va á despren- 
derse de este nuevo examen de los hechos cumplidos, espli- 



€4cá mt» «I trilNUMl ds la historial to 
i^de-aritolatortiiiiaéowbeii^ Sa e&oto^ ea piieseDoto 
de munevoios dognmwtoi de ima «rtantiflidad inopatoitar 
b^ JH^ imede Mgttrae goa dasde d pri^ 
perialy doa j^oD^ prifW^jpateB Tan 4 ^^arooor ¿ tKaviB^él 
iodo fM ■?aiD0A44a4gvnri.4iiaii<iiai^ w él ho- 

riaontainOTlflami hwt»al diaiwlaon &taL Por una parto ae 
xevelaBáa la ffiínitiMdadpla iadadaJon y la oegueJadde Maadi^ 
mfflaag, anijPnaJgj liii.ambaqBvda toa sentimieptoB maa ga- 
11611000% tpm Méllala wlniítarianieato ooa au regia aangn^ 
doflpúea^^liaber ridoaoipreiididai^d 
Duaitro gobiema: por otni pfyrt^ lesalter^ 
ja^ la l6dty4 y la ábnegMoii om «oa el gefe miUtaf 

preató fn q(M)paraaMm.alaQgQiidaiM^pmi^ 

Pasa oaaipraBtder bi«ii la nuyDoka de Iqe aoontedm íento ii 
qae han señalado el últf mo pecíodo nyocioano desde 1866 
hasta 1867| interesa dar una rápida qjeada retroq>eotÍYa á 
Isk coadueto politíca de los gabinetes fianoés y mexioano. 

Desde el dia en qoe el gobierno franeés invitó al aroU* 
dnqoe Masiiniliaiía á sabir al trono qne la flúnosa^trnla de 
los notables le habia levantado en Méxieo, b^|o la cuida de 
nnestm baiiásia^ denpendor Kapelson III qoe se jactaba 
de haber sjcanwwto^aaffclmer o^eto^ iarsyeasraeiea ib Má- 
sas6 psr la l^^himda áé larttsa laMna^ desde ese memento 
Jnsgó qpie haUa Hígada ]a boca finFwsUe para exigir las 
nstJstMMJMMDS dtÉÉdbis é los iatciasca do ■nortros nsoiontles 
Biefceto» d tialsÉM ialüHMBar se eondn^d hasta, despoas 
de la aeeptadfln dd aieUdaqoe, qne Aovo Ingsr d 10 de 
iUHettdel86«. Hse tratada estaba destinado á hi ves á atw 
nghnr d passdoy á Uirarttaos da ka gamstíaa eonqnistsr 
dsa psr anostass si iiiau PdresbaoonvenoloQ|laFnuieiaae 
haUa dUigMis^ á maatSDsr en Mdxloa tropas b^lodstonai- 
nadsaasndiiioass. BliiMiviaaebsfano^te.ennproaietlaen 
eaoAioápaigarloagastMdalaMapadoii ep los j^asoay 



44 

téonninoei que anf se ifidkaron: se comprometía^ además, á 
teembolsanios los gastos de la espedidotí, 7 á indémntzM* á 
los fianeeses onyas pércUdas la haUao motivado.^ 

Este programa^yfieiál era; pues, bten^elaro, jüOdaba la- 
gar á error alguno. Iba á reinal* en Méxieo y á gobemar^on 
él apoyo de la Fraoefa, y en cambio de esta pmteooioki pro- 
metía satís&oer los oompromisos que haíbia aceptado h&da 
noestro pafs. Por su porte, el emperador NapdeM^ por 
precio de los sacrificios militares pasados y fhtiírbs, obtenía 
el derecho de percibir el reembcdso de las indemnisacfoties 
estípoladas p(»r el tratado de Miramw, y provocar en nn 
plaeo de tres meses el examen formal de los créditos de 
nuestros nacionales, dando en toda una jMruéba de modera- 
ción. Debia, pues, contar con el concurso del joven princi- 
pe, cuya ambición, susdtada y &vórecida por nuestros ar- 
mas, habia soñado y encontrado una corona. 

Apesar de la movilidad de su espíritu, Maximiliano po- 
seía UQ carácter entero. Durante la regencia instituida en 
México, había dado ya él mismo, desde su castillo de Mira- 
mar, la impulsión que creyó necesaria para preparar su ad- 
venimiento al trono. 

Apelas habia aceptado de una manera proTísoria (3 de 
Ootidire de 186S) cuando tomó reahnente poeerion ée ella, 
aunque á distanoía: desdeaquella época envió inrtracdooes 
precisas á Almonte, ¡Residente de la regencia; mas tarde 
aún^ después del tratado de Miramar^ nombró á este iagar- 
teiüente del imperio, contínoó dáadole desde^moa sus óide- 
tte% y es preciso reconocer, qne desde el prindpioee revda 
que sus intendones si noeraa hostUea, sí eran poco cuida- 
dosas da los intereses franceses; poique enol intervalo de 
seia semanas qoe oorrieron entre la aoq[>taeion definitiva de 
Maximiliano y su desembarco en México, (30 de Mayo de 
1864) el marqués de Monthokm, ministro de ^ Francia en 
México, que.traia la misión de uxigir al regente para el ar- 



4i 

ngjto d^ Jm «Mttoftfi^^ enaste raaipiiart» 

emánk de AJmaatmz^^mdtk poed» teean ^eyndfloqiie 
tome iM dvdeoM da fiLflLgue wtdanM^mftiyyqmeciHi* 
salto al ^pGolímKftlItteadft qiM. Mtá ea Bewk" Bm «•* 
InSo^qimU^Vtsmt» mpikMWio» .««e bacdA muobo tíanp» 
qoe-l8wn»H wi Jo i B i w rio n ^iwJBtaBBp^ aada hubieie de* 
flididf , trtiwnjfffliro Ui$ jpriHnrtiMHrfíii cin nnft CTiaitiMí iiiaent<i^ 
oon¡(<en«riMiente dflbetidtt ente loirdM mbemoB» y qoe 
tenie. 8iiqwD|M' wMbw iiEteraMil 

AgoMM <l «npanidcr hab» ptwido d wwiio deranne^ 
palx^ellMll» MTldin*>tegnrtMii^ (ftilte nra;^ tnciiéiil»- 
mente rcpgoa to d» á los priacifé^ > lihw> á tm todo á la rni^ 
yor^pttrté dfrlM.peiwa^j«djélfWtMb llamado ooMonador 
ó dflfftoal^ tm^aMaa jqfQdHdo^tel&MrfondoBi'y «e apM¿ 
mató á argmímt un iidüfatOi te ooii etonieBtCMi'testHoBal 
nombre ftancáe, namáodMe partido iiaoloiíai/peíaiiadido de 
que ee teadria como muy político repadiar desde ea orfgra^ 
á tes. c^. del poeUo^> ana oomnnldad de aodon muy íntima 
con nneabro geMeraob Así es que el partido militaate qne 
habto sostenido to eampañai enarixdando el primero la baft- 
dem Imperiali fbédíesmado por eliminadones casi bcutalea» 
n esw aa l de gendarmflrfs» de la V^ñm^é» Tolanoingo^ qne 
babia prestado graadss y peligrosoB servidos^ fué descono* 
eide^ lo mismo qne los gefiss Galvea y AigtteUes. Losinln* 
oipalea gcncraka ftionon csoi Bciparados^ dciitcirradcfl á Bnro* 
pa ó dossewditadosehtista se trat&dd alejamiento del mismo 
Ifiqía^ que penaaneeid siendo 'mas tarde el únioo amigo 
fiel en la ilesgriota ffl f^éreito, las prefeotnxas y las gnae- 
diw rurales^ se rsclntaron entre bombees pérfidos, que en 
seorsto prepaicaban la defiMoion, y desde d prinai]^o de las 
openuiones nantraUsaron los esfiíensos de nnestn» trqpa 

Sin sHibaraQ^ el sjenend en nfe Baaafaie ^ww pfvn ilf^ ^ 
estriotaoaBnte ea sn papel militar^ iM babia perdido el tiea»* 
po^ y«n nada hafaia disminuido las medidas- fiívoraUes «I 



m 

mkSf^jégbaktfñf cayo toso éxito háMa pre|Nii«do baela dtes 
nMes. Ch»tfaAiaiido Ift <>bmM marisMl Fo^ 
d« tal cntrftdli 4 Ifézioo de BiM9(a>dti«ígiitridBto«, iiaMa dlit 
poesto la raBtMUrMton de la niteati mnn y de laftmdieioD 
de eafteiiee de CluspúltBp^ Buaine heMa dedieado toda 
sa atwnekia á amiar la oflpital y MiB áliededu^ 
tado tíllales medidae d efi Ma rivas é las eapItaleB de k» Brta* 
deadel fotorior^ ooapadas por nneetrae tammm y jnsftnfsm 
mexioanas. A su llegada á la primer dodad déla JtepúUi» 
oai el cjéroito firaaeée halña eiioimtrado^dreerrieía de la ar* 
tütoia eaonaemeate deeorgeaUíada^ el material de guerra 
deelanido y foen de aervieio^ los akoMeaes saqneadoa, la 
maeslnuisa sin ivia fawnuiiieait% las miáquiaas en .puto 
desmontadas y en parto entre^gadas 4Jos partícolaiea en 
pago de sos oréditos oontra ei, goliiffirno* Los iastrom^otos 
de la fhndioion habían desaparecido y la oapsulería estaba 
inoapas de trab^jftf. 

Oaatiooientaa ebieíos ftanoesesi en algnnos meses, lú^ 
Man reorganisado todos los talleres del MoHno del Bey, que 
se pnsieflTon en actiiMad, y dieron mnnioi(meSy armas y ma* 
terisA á diversas plaaas fuertes, y á las a^nmnas mdviles 
qae operaban oon el crféroito. Durante el inTiemo de 1663 
á 1804 etneoenta piesas de artiUerfa se faabian edkNsado en 
las ftirtificadeáes de Méxieo. Qoinoe mil fasüe% qae se ba- 
bian reeogido de tedo el territorio sometido^ se háUan dis- 
tribuido á las tropas mexieanas, lo mismo que4 los emteos 
de las poblaciones qne deseaban armarse para defendarsos 
bogaros de las bandas de partidarios. Las divisiones de Me* 
jfo y Marques, euyos enadroe se hablan depurado y refor- 
zado, hablan emprendido la eampafia con soldados bien pa- 
gados, uniformados de nuevo y regularmente equipados. 

Uno de loe priSMTOS actos de Maximiliano ñié «icargar 
al genérale» gefe Baanhíe^ ea quien tenia una plena ccm* 
flansa^ que reoi^gaaiflase ti sistema militar^ que era urgente 



47 

poMT de Muerdo ooa las v^idadeiaft neoeaid^des y loa pre^ 
simtos recaraos del iiQpefio. Ero este una totea diüeil qae 
ez^ia im eseirita de óidea y de ttiiidad aoste^í^ 
lia aaegararua ésto doraUe» Oelazo de oorreq^adec ooo 
lealted ak encargo del empm^dor, el general, el mismo dia 
la hin^oQBOOor laadisposíeioiM» mlitarea qiie iba ¿ tomar 
pa» la paeifioaokw del país; peso* ai mismo tiempo le habló 
mi lmgiui|e fiancxr y que ao debía dolarle duda á^na so- 
bro el reidadero papel de la^aodoDiniBioesa. Mudiuisciar 
dadas babú» su^ioado 4 MarimiHana^ por ooiidnoto de sos 
pre&ctoSr políticos ó de SHE gefi» superíoresi les ooncedíese 
el apoyo permanente de las guarniciones firanoesas. Ero un 
deber j^ecaver ooo aatidpaoioQ al aobenmo eontra araie- 
jantes tondendasi que si se alentoban|delHan foraosamento 
aumentar la ineraa de las pdbladcmes y el egcHsmo loeid« 
Ck>nfiada8 en la seguridad de que disfrutaran á la sombra 
de nuestra bandera, se habrían habituado 4 una tutela de- 
aaatroaa^ que hullera dado por resultado infaüible quitar á 
nuestro ejército diseminado p(H* todos los puntos del terri- 
torio los medios de operar en. masas compactas y á tiempo 
(^rtuno. £1 único sistema eficas para leyantar y sosteiier 
la moral de los habitantes coasistía en hacer crusar el país 
por columnas móviles que irradiandD en todos sentídoa apo- 
yándose mutuamente, auxiliaran 4 loa puebloa y á las bar 
cieodas, les ministrasen armas y aun lea ayudaaen ó insta- 
la* sus medios de defensa. Tal era el plan que proponía el 
general en gefe en la siguiente carta: 

México, 4 de Julio de 1864. 

Señon 

^^l^engo el honor de informar á Y. M., que creo ha llegado 
el momento de hacer recorrer por columnas mótiles d pafis 
monta2k)sOy comprendido entre Talanoiago, Zacoaltípauy los 



4S 

Llanos de Apam, Perote y Jalapa, qae al Korte te estiende 
hasta Haejatlay y al Bste hasta l^Bunpico. 

'^£8t6 territorio^ diyidido eD muchas sienras de un diffell 
acceso, está poblado de centros muy ImpOTtantes. Nume- 
rosas gavillas {nfeetan la sierra, saquean las poMadones, 
estoiton las comunicaciones y sieml»«n la inqirietad y el 
desdiden en esa paite del pafs adonde mantíenen la anar« 
qnía. ID intendon serla hacer partir de México mía oomaL 
na ligera, francesa, de seiscientos hombres casi, de las tres^ 
armas, de Pachnca tma segondíi colmnna, menos fiíerte, y 
en fin, de Jalapa, y mas tarde de Perote, una tercera c(dnm- 
na de tropas mixtas. 

^^Bstas columnas móviles, atararesando la sierra en todo? 
sentidos, desalqjarian á los disidentes, darian á los pueblos- 
tiempo para armarse y <H^ni£aTBe para la defensa y levan-' 
tarian sn moral que tan fSdlmento se abate. 

'Tero no es posible constituir gaamiciones francesas per^ 
manentes. Esta es la ocasión de esponer á Y. M. la &tal 
tendencia que tienen todas las poblaciones de no creerse en 
seguridad sino al abrigo de nuestras bayonetas. Oada vez 
que nuestras tropas se han presentado en ima localidad y 
han permanecido allí algún tiempo, ya por las necesidadea 
de la guerra, ya para fodlitar á sus habitantes los medios de 
organizar su defensa, ha tenido que luchar con las represen* 
taciones incesantes de las autoridades locales que dediu:a- 
han que la partida de las tropas seria la señal de represa- 
lias crueles de parte de los enemigos, que los habitantes qo 
podrían resistir. 

^^o no puedo acceder á éstos x>edido8 porque no es posi- 
ble diseminar el ejército, quitándole así su principal fuerza, 
la cohesión, y sobre todo porque me ha parecido indispen- 
sable hacer que las pobladones se habitúen á contar con 
sos precios medios y no adormeoerse en una seguridad fie- 
tida, debida á la presenda de nuestros soldados. 



49 

" V. M. ha recibido también numerosas suplicas con igual 
objeto. Los prefectos políticos, los mismos comandantes su- 
periores han representado al emi)erador la necesidad de ha- 
cer tal 6 cual operación militar en el radio de su acción, no 
viendo así cada uno sino la porción de territorio que tiene 
á la mano. 

" Pero solo el general en gefe tiene los hilos de esta trama 
complicada, y puede juzgar no solo de la oportunidad del 
momento en que puede emprenderse ima operación sino 
también de la conveniencia que hay en combinar todos los 
movimientos para llegar á im rcsidtado cierto sin compro- 
meterlo para nada. 

" He creido de mi deber prevenir á V. M. contra esas ten- 
dencias debidas á un seutimiento de zelo exagerado, y de 
egoísmo local, y aun contra la timidez de las poblaciones 
que no dejan de en\iar solicitudes y comisionados para ob- 
tener guarniciones. 

" El ejemplo de Tulanciugo, de Chapa de Mota y de algu- 
nas otitis ciudades que se liau aniiado por nuestros cuida- 
dos, que se han fortificado, y que se han organizado para la 
defensa, pruel)an que con buena voluntad y con energía las 
poblaciones deben bastar á la defensa de las ciudades de su 
territorio. Nada economizaré para desarrollar estos dos sen- 
timientos y para inspirar confianza en sí mismos á los ha- 
bitantes de los pueblos y de las haciendas. Les daré armas 
y les ayudaré á organizar su resistencia; pero no me será 
posible dejarles guarniciones. 

" El papel de la.s cohmnias móviles es el de reemplazar 
estas guarniciones. Su efecto es mucho mas poderoso, la 
moral de la tropa no faltará estando siempre en razón di- 
recta de su efectivo, y jamás faltarán así la disciplina y el 
espíritu militar. ^ 

Bazaine. 



50 

El emperador apmbó la esposicion de este plan que era 
el fruto de la espeiiencia adquirida, y al momento se envia- 
ron columnas ligeras al país rebelde, que se estiende de Tu- 
lancingo, por la Huasteca, hasta las orillas del Panuco, 
país montañoso é irregular, lleno de barrancas y precipicios 
abruptos y de picos escarpados, conocido con el nombre de 
la Siernu 

Entonces se pensó en i*eorganizar el ejército mexicano, 
compuesto en aquellos momentos de dos fiíertes dimisiones: 
la de Márquez que operaba en Michoacan, al Siu de Méxi- 
co, y la del general Mejía, que se habia situado al Norte, en 
la ciudad de San Luis Potosí, que habia quitado audazmen- 
te al ejémto liberal después de un combate sangriento. Du- 
rante muchos meses, las comisiones permanentes continua- 
ron la revisión de los despachos militares. Esta» medida era 
imperiosa si se atiende á lo numeroso de los estados mayo- 
res y de los cuadros de oficiales, tan nünosos para el tesoro 
nacional. Esa re\is¡on levantó una tempestad y fué el ger- 
men de inevitables defecciones, porque muchos generales y 
coroneles se habían impromisado en sus grados y por auto- 
ridad propui, mandando ga\illas reclutadas para robar en 
los caminos reales. 

Entretanto la mitad del ejército francés se movia hacia 
el Norte. La orden habia emanado del cuartel general que 
deseaba con impaciencia afirmar la autoridad de Maximi- 
liano, y emprender una campaña formal para arrojar hasta 
la frontera americana á Juárez y á su gobierno, que se ha- 
bían instalado en la capital de Nuevo-Leon, á doscientas 
leguas casi de México. Aunque perseguido y vencido siem- 
pre, el presidente de la RepúbUca mexicana permanecía 
firme y resuelto á no perder su carácter legal. 

Por premio de sus servicios, ciertos gefes de nuestro ejér- 
cito se vieron calumniados cerca del soberano, y los minis- 
tros, celosos de nuestra justa influencia, se hacían en las 



. 61 

altas regiones los intérpretes de las malas pasiones de mu- 
chos gefes políticos hostiles, que hablan tenido cuidado de 
hacerse nombrar en las provincias para procurarse ventsyas 
en el fiitiu*o. En el mes de Octubre de 1864 las delaciones 
se hicieron mas acres, y se dirigieron á la emperatriz Oar- 
lota, cuyo carácter ardiente era mas fácil de impresionar. 
Habiéndolo sabido el general en gefe, no vaciló en dirigirse 
á la misma emperatriz, y le denunció lealmente esas intri- 
gas de los altos funcionarios, tanto por ser peijudiciales á 
los interesen de la corona, como á nuestra propia dignidad. 
Hé aquí la nota: 

México, 24 de Setiembre de 1864. 

A S. M.la Emperatriz. 

" Señora: 

" El general en gefe repite á S. M. las quejas que ya otras 
veces ha tenido que espresar contra los infonnes exagera- 
dos, por no decir ñilsos, rendidos por los altos funcionarios 
de la administración. 

" Los comandantes militares no obran sino bajo la direc- 
ción del general en gefe. Las medidas escepcionales, las 
multas impuestas á las poblaciones y á los individuos, han 
«ido aplicadas por orden del cuartel general y con un obje- 
to que este no puede desaprobar. 

^^Esta agitación, mantenida por im espíritu de partido, se 
ha sancionado por acontecimientos sensibles bajo todos as- 
pectos, y cuya responsabilidad no puede atiibuirse sino á loe 
agentes cuya debilidad é incapacidad pueden señalarse sin 
ser muy severos. 

"Los últimos hechos acaecidos en San Ángel, en el centro 
tle cuya ciudad los bandidos han ido á capturar armas y mu- 
niciones encerradas en una casa abandonada, prueban su- 



52 • 

perabimdantementc que la autoridad civil uo vigila, ador- '■ 
mecida en una deplorable confianza, si no es que en una 
culpable complicidad. 

"Las mismas poblaciones, cuyo celo y adhesión ha sida 
exaltado por algunos funcionarios, se resfrian á la hora de 
obrar, y esto depende ciertamente de la fiílta de energía é 
niciativa, de parte de los que, por su posición, debian com- 
prometerlas ú obligarlas con su ejemplo á la resistencia. 

"Las últimas noticias que he recibido de Zacualtipau, me 
pintan á esta ciudad abandonada por sus habitantes, los 
cuales andan fiígitivos en compañía de las gavillas que hu- 
yen de un puñado de nuestros soldados. 

"Este estado de cosas es deplorable, y nunca insistiré lo 
bastante á V. M., que se dirija una circular profusamente 
publicada, á íin de que todos permanezcan en sus hogares 
decididos 4 defenderlos 

"Con el mas profundo respeto, señora, etc. 

Baz.une.'' 

Con docmuentos se probó que nuestros comandantes mi- 
litares habían obrado en todas partes en virtud de órdenes 
regularmente ejecutadas, y que debía aprobarse su conduc- 
ta. Desgraciadamente la fideUdad de las autoridades impe- 
riales no estaba & la altiu^ de la rectitud de los oficiales 
franceses. 

MáximiUano permanecía indiferente ante estos síntomas 
fatales. Había llegado de Miramar tiayendo un buen sur- 
tido de leyes forjadas con anticipación, que denominaba sus 
estatutos, imbuido de ideáis preconcebidas, trabajando sin 
descanso sobre el papel, promulgando escelentes decretos, 
que se convertían en letra muerta enti^ las manos de sus 
minísti'os, reuniendo y presidiendo numerosas comisiones 
francesas, cuyos esfuerzos estaban condenados desde el prin- 
cipio á la esteriüdad por falta de una dirección única y vi* 



63 

goroea. Porque el emperador, que no estaba armado para 
la lucha con una energía sostenida, veía todas las cuestiones 
bfigo el pimto de vista teórico, sin vigilar tenazmente de la 
ejecución. Olvidaba el temperamento y los hábitos de sus 
subditos, y solo tenia presente el carácter de los funciona* 
ríos europeos. No se apercibía de que á la vez tenia que ser 
la cabeza y el brazo de la nación. Y sin embargo, no le ha- 
bían &ltado ni consejos ni representaciones. 

El emperador no habia comprendido que la raza india no 
estaba llamada á formar la mejor levadura de la regenera- 
ción de su pueblo, sino bíyo la condición de quedar libre de 
la ser\ídumbre, convirtiéndose á la vez en propietaria de 
una parte del suelo abandonado por la inercia del Estado. 
Sin embargo, el trono contaba con un valiente campeón, el 
general Mejía, indio como el mismo Juárez, y como el céle- 
bre Porfirio Diaz, el futuro defensor de Oaxaca. ^No debian 
estas indi\idiialidades lyar la atención de la corona? Sin 
embargo, el cuartel general se viá obligado á exitar la seve- 
ridad del emperador sobre las persecuciones que sufrían al- 
gunos miembros de esta interesante casta, de i)arle de las 
autoridades mexicanas. 

^'MéxicOj IG de Novienibrc de 1864. 

Señor: 

"Ayer he recibido á un cierto Manuel Medel, sub-prefecto 
y comandante militar de Tepeji de la Seda, que acaba de 
8er destituido por el Sr. Pardo, prefecto político del depar- 
tamento de Puebla. Yo no conocia á Manuel Medel, sino 
por la reputación de honradez y de energía que ha sabido 
adquirirse en el país. Su Exelencia el mariscal Forey cre- 
yó deber nombrar á Manuel Medel cabaUeix) de la Legión 
de Honor, por la rigorosa resistencia que opuso á los jua- 
ristas^ Medel es un indio legítimo, de tipo enérgico, aunque 



54 

sin embargo, tiene las maneras tímidas de esta raza. Ha he- 
cho protestas de adhesión al imperio, de sus buenas inten- 
ciones, y ha invocado su pasado en ^vor de sus principios. 
"Yo no sé qué motivos haya podido tener el Sr. Pardo pa- 
ra destituirlo, y lo diryo á V. M., á fin de que, escuchando 
á un servidor, el único indio de la dase civil que haya obte- 
nido la insignia de la Legión de Honor,^ pueda convencerse 
de la verdad y apreciar los hechos bajo su verdadero as- 
pecuO. ... 

Bazainb.^ 

Este acto, cometido eu nombre del emperador, habia en- 
filado muchas adhesiones. 

La hacienda debia ser ima cuestión de vida ó de muerte 
para el imperio naciente. Desde el dia en que pisó el suelo 
mexicano, Maximiliano debió considerar á sangi-e fiia y ba- 
jo todos sus aspectos, el monstruo que debia devorarlo. Pe- 
ro habia tenido muchas ilusiones sobre lo fecundo de los re- 
cursos financieros de su país adoptivo, y sobre los productos 
de su minería. Habia creido que al aparecer la bandera 
firancesa en las ciudades lejanas del centro, se restablecería 
la circulación de sus fuerzas vitales; y desde lo alto de su 
castillo de Ohapultepec, adonde iba prematuramente á en- 
terrar gruesas sumas para restam-ar el palacio y construir el 
camino destinado á uniílo con la capital, no notaba al Sur 
y al Norte que les faltaba & sus tiopas el sueldo, por lo cual 
intentarían amotinarse fi:ente al enemigo. 

Seis meses hablan corrído desde la inaugiu'acion de su 
reinado, cuando recibió el emperador una nota fiancesa, fe- 
chada á fines de Noviembre de 1864, en la que se le anun- 
ciaban algunos retardos muy peijudiciíiles á los intereses de 
su imperio. Por indicación suya se habia pedido y enviado 
de Francia un cuadro de empleados de hacienda. De resul- 
tas de una conferencia, á la ciuil habia convocado Maximi- 



55 

liano á su ministro de la Guerra, al secretario de Ha<3ienda 
y al mariscal Bazaine, á fin de tomar las medidas necesa- 
rias, este personal se habia repartido por el país. Aireñas 
habia llegado á México, cuando nuestro cuartel general ha- 
bla enviado á estos agentes á sus respectivos destinos, adon- 
de iban á cumplir una misión de registro y vigilancia, al 
mismo tiempo circulaba en los departamentos una circular 
dirigida á los gefes militares, en la cual se les prevenia que 
apoyasen y secundasen á dichos empleados. Por su parte, 
el ministro de Hacienda habia prometido formalmente en- 
viar sin demora instrucciones análogas á los directores de la 
hacienda pública de las provincias sometidas. Llegados á 
su destino, los funcionarios franceses frieron cortesmente 
despedidos por los administradores locales: es que no se ha- 
bia tomado disposición alguna, como lo prueba la siguiente 
carta del mariscal al emperador 

3Iéxic0j 30 (le Setiembre de 18«4. 
Señor: 

''Habiéndome autoiizado V. M. en la coiifereucia que tu- 
vo el honor de concederme, á reunir al miuisti'o de la Guer- 
ra y al sub-secretario de Hacienda, para convenir en las 
instrucciones que debían darse á los comandantes superio- 
res y á los agentes del gobierno mexicano, á propósito del 
envío á los puertos y á las principales ciudades del interior, 
de los agentes del ramo de Hacienda que se encontraban en 
México, tomé mis disposiciones inmediatamente, dirigí mis 
instrucciones y mis circulares, é hice partir á dichos agentes 
para sus respectivos destinos. 

"Hice saber al señor sub-secretario de Hacienda, que los 
empleados franceses hablan partido. Le envié copia de las 
instrucciones dadas á estos empleados y á los comandantes 
superiores designados para secundarlos en su misión, é in- 
sistí á fin de que, por su parte, el señor sub-secretario de 



66 

Estado enviase igualmente instrucciones conformes á la» 
mías, á los directores de la liacietida pública, en los diversos 
departamentos del imperio. 

^'Se me contestó que este negocio estaba en estudio^ y que 
ninguna resolución se hahia tomado ailn, 

"Temo que los agentes del sei-vicio hacendario francés, se 
encuentien en una situación falsa, y que por fiílta de un re- 
glamento y por no ir provistos de una comisión en regla, les 
sea imposible cumplir la misión de registro y vigilancia que 
se les ha encomendado. 

"Tengo el honor de someter esüi observación a la alta 
apreciíM3Íon de V. M., y de señalarle esa demora que sin du- 
da será i)erjudicial sí los intereses haeendarios del país. 

B.VZAIXE." 

Así era como se i>aralizaban las medidas mas sabias, por 
la indolencia de los consejeros del ti'ono. Se perdía un tiem- 
po precioso mientms que las órd(»nes del emperador, tan mal 
secundado, se estancaban en las carteras ministeriales. Con- 
tinuaban las dilapidaciones en las aduanas, y los impuestos 
no ingresaban á las cajas públicas. Maximiliano habría ob- 
tenido mas, asegm-ándose por sus proi)ios ojos de la ejecu- 
ción de sus voluntades. ¿No podia dirigirse personalmente 
á los puntos mas importantes adonde estaban los obstáculos 
que diaiiamente le designaban nuestras relaciones milita- 
res! La presencia de un soberano siempre es elocuente y 
calienta el sentimiento de las masas. Por qué sistema, si no, 
Alejandro conquistó la Asia en ties años, imprimiendo á to- 
do el país un carácter que no ha perdido desde aquella era 
grandiosa? Pero dominaba el sistema alemán con toda su 
indolencia. Sin embargo, para ser justos, es preciso confe- 
sar que el clima mexicano habla afectado el organismo del 
emperador, y bígo aquella latitud, el físico obra fatalmente 
sobre la moral. 



67 

£d los departamentos, los prefectos políticos, escojidos en 
en el seno del partido nacional, neutralizaban los esfuerzos 
de nuestras columnas móviles. Además de estas perjudi- 
ciales influencias, contra las cuales Maximiliano solo podía 
luchar con flojedad, mal aconsejado por las inspiraciones de 
su cortejo, el ministerio, arrastrado por M, Eloin, belga de 
nacimiento, a(\junto al servicio de la emperatiíz Carlota, y 
cuya influencia ha sido desastrosa para el reino, daba dia- 
riamente nuevas pruebas de su mala voluntad hacia todo lo 
que afectaba á los intereses franceses. 

Apesar de las repetidas histaucias del marques de Mon- 
tholon, la comisión formada en México para discutir y apre- 
ciai* los derechos de los franceses que presentaban sus recla- 
maciones, se veía sin cesar enervada por incidentes calcula- 
dos. Süi la pi^esion cgercida sobre él i>or sus pmpios consejeros 
Maximiliano habría ouiiiplido sin duda sus conipromisas; pe- 
ro, en el mismo París, la resist(*ucia era alentada por el Sr. 
Hidalgo, cuyas recriminaciones tenían cierta influencia en la 
corte de las Tullerías, gi^acias á una augusta mediíicion. 

Es preciso decir también, que las exijeneias fnmcesas pa- 
recían con razón exageradas á Maximiliano, y poco fimda- 
das en parte, es decir, en lo relativo á La cantidad respecti- 
va a los bonos usurarios del suizo Jecker, naturalizado fran- 
cés después del principio de la intervención. 

Hacia cinco meses que existia mi punto en litigio. Nues- 
tro ministro en México reclamaba, sin obtenerlo, un interés 
en favor de los créditos siyetos á la revisión. Si esta revisión 
era equitativa, era justo compensar con im interés los retar- 
dos que se oponían al arreglo definitivo, y no podía permi- 
tirse que se tratara á nuestros compatriotas con menos apre- 
cio, negándoles la ta,sa legal que disfrutaban los acreedores 
comimes del Estado. Hasta el día 9 de Diciembre de 1864, 
Bamirez, ministro de Eelaciones, escribió al marqués de 
Montholon, participándole que ^^su soberano aunque con- 

10 



58 

vencido de que la justicia estaba de 9U partea pero para evi- 
tar que se interrumpiese la armonía con d emperador de los 
franceses j daba por el paquete orden al Sr. Hidalgo, bu mi- 
nistro en París, de que participase que en lo sucesivo se re- 
conocería un interés á los créditos si\jetos á revisión." 

En la misma época llegaban al cuartel general las noticias 
de la pacificación de las provincias centrales, obtenida por 
nuestras tropas. La situación militar de los lugares cruza* 
dos por el ejército franco-mexicano, parecía escelente, Al 
Norte, el general de Castagny, á la cabeza de una dimisión 
francesa; el general Mejía con su división mexicana, y la 
contraguerrilLi fi-aucesa, avanzaban paralelamente sobre una 
estension de 150 leguas, marchando de frente y arrojando 
al enemigo hasta la frontera de los Estados-Unidos. Por 
oti'o lado, el general Doiiay, de acuerdo con Márquez, habia 
realizado de una manera brillante su plan de campaña ocu- 
pando hasta Colima, capital del EsUido de su nombre, y e^ 
coronel de Pothier, persiguiendo al ejército de Arteaga, lo 
habia hecho huir hasta el otro lado del Eio-Graude. Por 
todas partes caian en poder de los franceses el material de 
guen-a y los cañones arrojados á las baii^ancas, y nuestra 
flota apoyaba con éxito estas operaciones, efectuando des- 
embarcos en ambas costas del golfo y del Océano. Pero 
cuando kis tropas mexicanas estaban solas, eran ya menos 
felices. El general Vicario, que ocupaba el camino del Sur 
al Pacifico, se vio obligado á batirse en retirada, aunque 
hacia veinte dias le habia prevenido el general en gefe que 
el molimiento del general Douay, que operaba á su dere- 
cha, debia arrojar iníaUblemente sobre él una parte de las 
frierzas enemigas. Para proteger la ciudad de Guemavaca, 
descubierta por una derrota de los imperialistas, y con el 
objeto do reanimar aquel país desmoralizado, el maríscal 
Bazaine se apresuró á enviar ima columna á los lugares mas 
comprometidos. 



V. 



Al príucipio del año de 1865, el coman daute francés ha- 
bía cumpUdo plenamente la tarea que confió a su celo y á 
su acti\idad el emperador de México, desde su llegada, (29 
de Mayo de 1864.) El país estaba tranquilo y la calma re- 
nacia. El ejército nacional estaba reorganizado bajo las 
bases que habia proyectado cada uno de nuestros gefes, se- 
gún la especialidad de su anna, después de estudiarlas y 
proponerlas. El temtorio habia sido dividido en nueve di- 
visiones miUtares, con estados mayores constituidos y fun- 
cionando regulannente. Todos los documentos relativos ha- 
blan sido depositados en las manos del emperador. Además, 
un registro del personal administrativo y político, concien- 
zudamente establecido por los gefes de nuestras columnas? 
permitía tener datos ciertos acerca de los indi\iduos llama- 
dos algún día á tener un papel en los diferentes mmos de^ 
servicio público. El 26 de Enero el emperador firmaba la 
ley orgánica del ejército, y dos meses después, dado ya el 
impulso por los oficiales fi^nceses, se descargaba de su co- 
misión á nuestro cuartel general j>ot medio de una carta 
concebida en los términos mas simpáticos. 



60 



Jfárico, 26 (fe Marzo de 1865. 

"Mi querido mariscal: 

"El 7 de Julio del aüo próximo pasado, coufié á vuestra 
alta ó inteligente discreción, el encargo de elaborar un pro- 
yecto de organización del ejército mexicano. Los trabsyos 
que V. E. me ha dii-yido sucesivamente, me han proporcio- 
nado documentos muy útiles para la ley orgánica del ejér- 
cito, que he firmado el dia 26 de Enero del presente año. 

"Doy giacias á V. E. por la bondadosa exK>pei'a<;ion que 
me ha prestado en esta vez, y por los nuevos servicios que 
ha hecho á mi país con su coopeiiuion en esta obra. 

"La comisión y sub-comisiones que V. E. presidia, que- 
dan disueltas, y el mhiisterio de GueiTa recientemente i-eor- 
ganizado, podrá, por medio do los reglamentos puestos en 
vigor, tratar las cuestiones que aun queden por resolver. 

"Vuestro adicto. 

Maximiliano." 

En lo sucesivo, el ministerio de la GueiTa debia tratar 
directamente las cuestiones pendientes. Maximiliano, que 
habia creido á su consejo capaz de (Urigir los negocios que 
solo por disminuir la autoridad íhuicesa se hablan esforzado 
los ministros en concentrarlos en sus manos, no tardó en 
convencerse que volvia á entrar el desorden en los ramos de 
guerra. Las mas graves operaciones estaban comprome- 
tidas. Los contingentes designados pai*a marchar sobre 
Oaxaca, no se habiau movido de sus cuarteles en México. 

Es necesario recordar a<iuí, que el mariscal Bazaine, gra- 
cias á un sitio enérgicamente dispuesto, acababa de encer- 
rar en la ciudad de Oaxaca, y de hacer capitular en ella, ál 
genei'al juarista Porfiíío Diaz con su ejército. Este gefe 
liberal, que habia sostenido con tanto valor su causa con las 



armas eu la mano, tenia derecho á ser tiutado como prisio- 
nero de guerra, y con todas las consideraciones debidas á los 
vencidos. Al afirmar el mariscal Foi-ey en el Senado, que 
debía ser fiísilado Diaz, cometía un error. Poi-firio Diaz, 
como gefe regular de im Estado, cuya capital tenia el deber 
de defender, puesto que su territorio jamás habia sido pisa- 
do por el ejército nances ó imperialista, merecía únicamente 
ser internado reduciéndolo á prisión rigurosa; cuando mas, se 
le debía haber desterrado de una manera provisoria á las 
AntQIas. Estas medidas violentas, que no distinguen si- 
quiera el carácter de un enemigo, son las que provocan ter- 
ribles represalias. 

Porfirio, conducido como prisionero á Puebla por el ejér- 
títo fiancés, fué encerrado en el fuerte de Guadalupe, de 
donde era imjmsible que se evadiera. Por orden del empe- 
rador fué entregado á los austriíicos, y llevado á la ciudad, 
de donde se evadió. Porfirio, fiel á Juárez, volvió á la lu- 
cha, y derrocó mas tarde el trono imperial. Pero es preci- 
so decir, que después de las batallas de Miahuatlan y la 
Carbonera, trat43 convenientemente á los prisioneros fi^n- 
oeses, y facilitó el cauge de los austríacos, que hablan caido 
en sus manos cuando volvió á ocupar a Oaxaca. Todo ha- 
ce sospechar que el mismo emperador, arrastrado por mi 
s^itimiento generoso, aunque impnulento, habia mandado 
que se £sicilitase su evasión. 

Pronto se ad\irttó que el ministro de la Guerra disponía 
movimientos de tropas, daba órdenes directas á sus genera- 
les sin consultar ni avisar al cuartel general flanees, y su- 
priniia tácitamente los destacamentos situados en el cami- 
no de México á Veracruz para mantener libres las comu- 
nicaciones, dejando así que los bandidos apareciemn en esa 
Tia sin ser molestadas. 

Pasado im mes desde que los mexicanos tenían la direc- 
ción militar, se desengañó el emperador, y tomó el partído 



fé 



62 

de confiar á mejores manos la vigilancia de su ejército. Se 
poso á su disposición un general francés: pero ñié separado 
por la infl ueucia de M. Eloin. El 5 de Mayo de 1865, se 
decidió el emperador á investir con el mando al general aua- 
triaco conde de Thun. Esto acaeció durante su permanen- 
cia en la hacienda de JaJapilla. Allí determinó él mismo 
el plan de una nueva organización militar, llamando á Fue- 
bla, para formar una brigada, una parte de las tropas esta- 
cionadas en Toluca, Ario, Morelia y México. Con ese mo- 
tivo es cribió al mariscal lo siguiente: 



'^Hacienda de Jálapülay 5 de Mayo ds 1865. 

"Mi querido mariscal. 

"Participando de la opinión de V. B. de que es necesario 
continuar activamente la organización del ejército, y no ha- 
biendo encontrado un general francés ó mexicano que hu- 
biese querido ó podido encargarse de ello, me he decidido á 
confiarlo al general conde de Thun. 

"La primera disposición que hay que tomar,-es reunir las 
ftierzas necesarias para formar una brigada. Invito á V. B. 
que dé sus órdenes á fin de que los cuerpos siguientes se 
dir\jan á Puebla, lugar que designo para la organización. 

"El batallón del Emperador situado en Toluca. 

^TEl tercer batallón de línea situado en Ario. 

"La compañía de ingenieros situada en Ario. 

"Los restos de los batallones situaidos en Jalapa y en Mo- 
relia. 

"El regimiento de caballería de la Emperatriz, reuniendo 
sus diversos destacamentos que se encuentran en distintos 
lugares. 

"He escojido estas tropas por ser en estos momentos las 
menos necesarias en los puntos que ocupan. 



63 

"A causa de las impresiones de mi viaje, y al ocuparme 
fonnalmente de los negocios militares, insisto en que es ne- 
oesaño dar una organización buena y rápida á la gendar- 
mería. 

"Necesitamos ante todo un buen gefe que conozca á fon- . 
do la admirable organización de vuestra gendarmerLi, y un 
pequeño cuadro de oficiales y sargentos que puedan secun- 
dar á su gefe en esta organización tan dificil y tan nueva en 
este país. 

*H>eo que se debería comenzar por formar una fuerza po- 
co numerosa, que ocupara la capital y sus alrededores, y que 
sirviera de núcleo para ima organización progresiva. 

Maximiliano.^ 

■ 

Esta carta del 5 de Mayo, en la cual daba Maximiliano 
la orden de desguarnecer la ciudad de Morelia y sus alrede- 
dores, demuestra que el soberano obraba espontáneamente, 
y que el mariscal, como gefe de su ejército, no era indepen- 
diente. 

Además, combate victoriosamente una esposicion militar 
emanada de Maximiliano, y reproducida en una publicación 
reciente intitulada: ^^La Corte de Boma- y él Emperador 
Maximüianoj" que acaba Su Santidad de condenar, como 
poco digna de fé. 

"La ciudad de Morelia está rodeada de enemigos, dicen 
estas notas imperiales el punto mas urgente es ase- 
gurar estas grandes poblaciones Se ha arruinado el 

tesoro público; el pobre país debe pagar las tropas firance- 

sas.^ 

Se hace penoso esplicarse esta manera de juzgar la situa- 
ción del país. El ejército flanees, lo mismo que toda nues- 
tra marina, pueden atestiguar que precisamente en aquella 
época, estaban ocupadas las principales ciudades de los Es- 
tados, y los principales puertos de México. No sabemos 



64 

que Iiaya cedido alguua vez el puesto á los liberales vence' 
dores. Solo Guanajuato, capital del Estado del mismo nom-^ 
bre, se babüi confiado si tropas mexicanas, porque por «as 
cuatro flancos estaba cubierta por un cordón de plazas for- 
tificadas y defendidas por nosotros, lo que servia de barrera 
á las inclusiones del enemigo. Por otra parte, Oaxaca aca- 
baba de sucumbir en el magnifico sitio que habia dirigido 
personalmente el mariscal Bazaine. 

En cuanto á que el tesoro se arruinaba con el sueldo de 
nuestras tropas, el infortunado soberano no podia quejarse 
de las sumas que la Fiancia costaba á México, puesto que 
al ceñir la corona que tíui imprudentemente babia acepta* 
do, finuó libremente el artículo 109 del tratado de Miramar, 
en el cual se estipulaba que el gasto anual de cada soldado 
francés, seria de mil francos á cargo de México. En cuanto 
á los gastos impuestos á la corona, que hubo que bac^r por 
los traspoii}es y trenes de nuestras columnas, solo subieron, 
segim nuestras cifras oficiales, á nueve millones de francos. 

Pero digamos la verdad. Esas notas imperiales, destina- 
das á algunas publicaeiones de Ewopa, eran redactadas en 
secreto en el gabinete imi)orial, con hi intención de que, 
dando un iiifoime muy sombrío de la situación, ejerciesen 
una presión indirecta sobre la opinión pública y sobre el ga- 
binete fmncés, el cual estaba iuclinado á disminmi- brusca* 
mente su efectivo militar, c4)i)io lo probaron mas tartle loa 
acontecimientos. 

Es necesario observar que estas modificaciones militares, 
prescritas por Maximiliano y repetidas frecuentemente, al 
distribuir Lis fuerzas, no podían dar solidez á las tropas, tra- 
yendo los inconvenientes de ser estas mandadas por gefes 
siempre nuevos. Además, era una falta la mezcla de los 
contingentes austro-belgas con las tiopas nacionales' que 
los veían con desconfianza, porque hacían recordar el orígen 
estnuyero del soberano. Maximiliano cometió el error de 



65 

crear independiente del ministerio de la Gueira, un gabine- 
te militar, institución que babia importado de su país, que 
eomprendia esclusivamente las tropas austro-belgas, y que 
86 administraba directamente. Estas innovaciones tendían 
nada menos que á debilitar la unidad del mando, y á quitar 
al mariscal, que era el único general en gefe en virtud del 
art 69 del tratado de Miramar, [artículo que el emperador 
tuvo necesidad de evocar mas tardo] una parte de la auto- 
ridad tan necesaria á la rapidez de la ejecución en un país 
tan vasto, tan di\idido y tan agitado como México. En la 
misma fecha, Maximiliano concibió la feliz idea de organi- 
zar un cuerpo de gendamiería, destinado á ocupar la capi- 
tal y sus alrededores, y á estenderse progi'esivamente á las 
otras divisiones militares. Para su formación, llamó oficia- 
les y sargentos del cueq)o espcdicionario, los cuales corres- 
dieron á la invitación. Un teniente coronel fiancés recibió el 
mando; pero á causa de nuevas intrigas, este oficial no tar- 
dó en cederlo al coronel holandés Tindal, llamado á este 
puesto por voluntíul espr<*sa del soberano. 

El geneml de Thün, investido de ima alta confianza, tra- 
tó pronto de independerse^ de la dirección francesa. Esas 
tendencias por otra partcí eran inevitables, si se atiende á 
las susceptibilidades uíuionales puestas enjuego. Ademas, 
es preciso reconocer que e,se puesto ofrecia grandes dificul- 
tades, porque el general austiiaco no em secundado por sus 
subordinados en la genuquía ministerial, y los oficiales mexi- 
canos enervaban su buena voluntad con su fuerza de inercia. 

Si Maximüiano cometió faltas á causa de su indecisión, 
por la versatilidad de su t*sphitu, y por desconocer el carác- 
ter mexicano, la liistoria, imparcial dirá que su imprudente 
ambición habia aceptado una tarea muy pesada, tan grave 
en el estertor como en el interior del imperio, y puede uno 
preguntarse si otro t\n su lugar habría sido mas hábil ó mas 
fclie que él. 



11 



66 

Dos graves cuestiones que había heredado el nuevo régi- 
men forzosíimeute, gravitaban con todo su peso sobre la si- 
tuación interior de México. La primera era el arreglo de 
los bienes de manos muertas. La corte de Eoma no habla 
querido declararse hasta entonces, y parecía ta,nto ménoB 
dispuesta á hacerio cuanto que el emperador habla repudia- 
do al partido clerical, al cual debia su corona. Ese giro po- 
lítico había desalentado al Papa para no hacer concesiones. 
Porque la Santa Sede liabia tenido la esperanza, al ayadar 
á un archiduque austríaco á subir al antiguo trono español, 
de que vohiesen á entibar aquellos países lejanos al girón de 
la Iglesia. Por otra parte los poseedores de los bienes del 
clero se inostmban impacientes de que se diera una solución 
favorable á sus intereses, en cuyo origen de propiedad habla 
entrado el fiaude en gran parte. Así es que empleaban to- 
dos los medios que estaban á su alcance á fin de apresurar 
el rompimiento del emperador (-on (4 Santo Pach-e. Los 
órganos de la prens^a liberal, en Puebla sobre todo, levanta- 
ban con una violencia intempestiva una cuestión que exigía 
tantos miramientos, cuanto que se aguardaba al nuncio del 
Papa para abrir las negociaciones. 

La segmida cuestión era la ameiicana, que no presentaba 
menos peligros. Los últimos acontecimientos de los Esta- 
dos-Unidos y los movimientos amenazadores del general 
juarista, Negretc en la frontem norte del imperio, constituian 
un peligro próximo para la corona. Se sabia que los parti- 
darios de Juárez se movían con actividad, y solo agualdaban 
que cesasen las hostilidades entre el Norte y el Sm' de Amé- 
rica para crear dificultades á Maximiliano. Gracias á los 
manejos de Eomero, el representante acreditado del Presi- 
dente de la República Mexicana, se habían abierto engan- 
ches públicos en las principales ciudíules de la Union, y la 
prensa convocaba á losaventiu'eros, exitándolos & pasar la 
frontera. 



67 

Entonces Maximiliano^ con la esperanza de desarmar á 
los filibusteros y de hacer cesar los enganches voluntarios, 
concibió el proyecto, sin consultar al gefe francés, de conci- 
üarse el apoyo, ó la neutralidad al menos, del gabinete de 
Washington por ima tentativa secreta. Con tal motivo, 
despachó á Arroyo con la misión de que hiciese indicaciones 
ea ese sentido. Eecuérdese qué recepción se hizo al miste- 
rioso embíyador, que fué cortesmente despedido por el gabi- 
nete republicano. En verdad causa admiración que Maxi- 
miliano bajo e^a influencia funesta haya podido ceder á se- 
mejante tentación. El statu quo con su filibusterismo dis- 
frazado no era|[^cien veces preferible á una pérdida de in- 
fluencia que no podia menos que hacei^e pública y hacer 
vacilar á los que hasta entonces ignoraban los verdaderos 
sentimientos de los Esüidos-Unidos? El Emperador de 
México habia olvidado muy pronto este importante docu- 
mento diplomático, que no habia podido escapar á su exa- 
men, y cuya forma era tan inconveniente para el gabinete 
francés. El documento era el siguiente: 

^*Jf. Seward á M, Dayton^ ministro de los EsUidos-Unidos 

en París. 

"Washington, 7 de Abril de 1864. 

"Señor: os envío copia de una resolución «'j>rofcarfa j>or 
unanimidnd en la cámara de representantes el 4 de este 
mes. Ella afirma la oposición de este cuerpo al reconoci- 
miento de una monarquía en México. 

" No es preciso, después de lo que con tanta fi:un- 

queza os he escrito para conocimiento de la Francia, decir 
que esa resolución traduce sinceramente el sentimiento uná- 
nime del pueblo de los Estados-Unidos respecto á México. 

W. H. Seward.» 



6S 

Así hablaban los federales eu los momentos en que Bich-- 
mond aclamaba las victorias del general Lee y cuando Iob^ 
confederados aparecían temibles á Lincoln. La cuestión de 
principio era puesta con claridad. Aun era tiempo de per- 
manecer en los jardines de Miramar contemplando las ani- 
madas olas del Adriático! Algunas semanas después, en 
los momentos en que la familia imperial navegaba en las 
aguas de la Habana, la proa hacía Yeracruz, no se cruzó en 
el mar con el navio americano que llevaba al representante 
americano llamado de IVÍSxico x>or su gobierno? 



"3f. Setcard á M. Dayton. 

"Washington, 21 de Mayo de 1864. 

" Os participamos que M. Coi^wiu, nuestro ministro pleni- 
potenciario en México, está en la Habana, en camino para 
los Estados-Unidos, adonde viene con antoHzacwn para aur- 

W. H. Seward.^ 



Apesar de la intervención francesa, M. Corwin liabia per- 
manecido en México: no salió de allí sino al llegar los nue- 
vos soberanos. ¿Qué esperanza podía dejar semejante ac- 
titud, sobre todo después de la denota que suftieron los del 
Sur? La pnidencia solo y la dignidad sobre todo, rechaza- 
ban toda tentativa de Arroyo dirigida á la Casa-Blanca. 

El ejército ftuncés había tomado ya tmlas sus medidas 
para rechazar los ataquen de los filibusteros. El coronel 
Jeanníngros fortificó desde luego la plaza de Montorey, y 
con fuertes construidos al rededor de Cadereyta cubria el ter- 
ritorio amenazado con fuerzas i*espetables, para el caso en 
que se hubiese intentado una invasión americana. 



69 

Mas arriba el general Brincourt vigilaba la part« supe- 
rior del rio, pronto á cualquiera eventualidad. 

Por desgracia el general Cortina, que mandaba una parte 
de las tropas escalonadas sobre la parte b^a del Bio Bravo, 
y que era célebre por sus defecciones, se pronunció repentina- 
mente contra el imperio, intentando entregar el importante 
puerto de Matamoros á líegrete, con quien se Labia puesto 
de acuerdo mediante una ftierte suma de dinero. ¿Qué ce- 
guedad habia impulsado á Maximiliano, apesar de avisos tan 
repetidos, á indultar seis meses antes á Cortina, general de 
tropas irregulares, que estando bloqueado en Matamoros, sin 
esperanza de salida, se \ió obligado á entregare á discreción 
despue43 de cometer mil exacciouesl Mas ami, ¿por qué ele- 
varlo el mismo día íil giado de general del ejército, encar- 
gándolo de im mando activo en la frontem y en la misma 
dudad adonde habia impuesto tanto préstamo! Maximilia- 
no habia creído cometer con esto un acto de alta política y 
desamiar así con su clemencia a los demás disidentest Lue- 
go que defeccionó Cortina, Negrete se íutojó sobre Mata- 
moros, pero sus tropas tuvieron que desbandai^se al desem- 
barcar en Bagdad nuestra marina, que vt^nia & socorrer á 
Mejía que defendía la i)laza. 

La señal de la insurrección estaba dada. El gobierno im- 
perial habia prescrito se confiase a una de sus brigadas el 
departamento de Tamaulipas, tan penosamente conquistado 
por la contra-guemlla fi-ancesa. Dos meses después so 
habia perdido otra vez esta provincia, y sucumbía también á 
los ataques de los rebeldes la capital de Nuevo-Leon, Mon- 
terey, que las autoridades mexicanas no habían puesto en 
estado de defensa apesar de las recomendaciones del cuartel 
genera] francés. En el mes de Mayo tuvo el mariscal que 
ordenar se tomase la ofensiva sobre todos Kns puntos invadí- 
dos y que se recobrasen prontamente. 

Todas estas desmembraciones interiores tiabrian podido 



70 

aun remediarse, si la corte de México se hubiese atrevido á 
cortar el mal de raíz, es decir, ponerse al abrigo de los fili- 
busteros haciendo de ellos subditos y defensores; así habría 
desbaratado los manejos de M. SeTvard. Acababa de pre- 
sentarse una oportunidad favorable á semejante tentativa. 
AI fin de Mayo de 1863, el general confederado Slaughter, 
comandante de BrownsviUe en la orilla opuesta á la de Ma- 
tamoros, al saber los desastres del Sur, vaciló si rendiría sus 
armas 6 pasaría la frontera mexicana con sus 25,000 parti- 
daríos, que parecian dispuestos á pedir auxilio al emperador, 
con la condición de que se les diei*an terrenos en los depar- 
tamentos del Noroeste. Esta invasión de colonos, autoriza- 
da por el derecho internacional, era una buena íortima para 
México; porque esos grupos coloniales, colocados de avan- 
zada á lo largo del rio fronterizo, debían contener un dia la 
invasión de los yankees que tratasen de hacer una imipcion 
por Tejas. Se principiaron negociaciones con este objeto; 
no habia tiempo que perder para ponerse en posición de ha- 
cer frente á eventuaUdades amenazadoras. Se pudo enviar 
á Matamoros un comisario imperial facultado con poderes 
especiales, sin que en a<iucllos momentos se despertasen las 
susceptibilidades de los Estados del Noite, porque estos, de- 
seando vencer á los separatistas, habrian visto con placer 
que el general Slaughter cesiiba sus hostilidades, y Lincoln 
habria disimidado el paso de 25,000 confederados al territo- 
rio vecino, como subditos mexicanos. El mariscal se apre- 
suró 4 llamar la atención de Maximiliano sobre esta cues- 
tión de tan alta importancia para el porvenu* de la monar- 
quía, en la siguiente nota: 

Méxicoj 29 d^ Mayo de 1865. 
Señor. 
"Los últimos acontecimientos sobrevenidos en los Esta- 
dos-Unidos, y los movimientos del general Negrete sobre la 



71 

frontera del Norte del imperio, me imponen el deber de pre- 
sentar á V. M. la situación actual, como yo la comprendo, 
llamando la alta atención del emperador, sobre ciertas even- 
tualidades que, aimque no constituyen un riesgo inminente, 
son sin embargo de una alta importancia. 

"Está hoy fuera de duda, (¡ue los agentes del partido jua- 
rista se mueven, y tratan de crear al imperio mexicano em- 
barazos y dificultades que parecen hacer inevitables la sus- 
pensión de las hostilidades entre el Norte y el Siu* de los 
Estados-Unidos. 

"Los enganches públicos abiertos en las eiudad(ís princi- 
pales de la Union, las exitativas que hace la prensa america- 
na á los emigrados para marchar á México, prueban supe- 
rabundantemente los manejos de uu i)artido que trafica con 
la nacionalidad mexicana, y muestran que las simpatías del 
pueblo americano, cuyo espíritu aventurero desgraciadamen- 
te es bastante conocido, están á favor de este partido. 

"V. M. nada tiene (lue temer por el momento; he tomado 
todas mis disposiciones para rechazar las bandas de filibus- 
teros que intentaren invadir el fiur del imperio. 

"La tentativa abortada del general Negrete, que no pue- 
de esplicarse sino por la esperanza de verse apoyado por 
esas bandas, no ha tenido resultado alguno. Solo ha senl- 
do para probar que la convei^sion de ciertos hombres, como 
Cortina, solo era ficticia, y el odioso papel represenüRlo por 
este, lo hace indigno para siempre de la clemencia de V. M. 

"También demuestra que la moral de algunos otros gefes 
no estaba á la altura de la confianza que se les dispensaba, 
y en fin, me ha hecho reconocer que mis órdenes respecto á 
, fortificar las plazas ocupadas por tropas mexicanas, no se ha- 
bían cumplido. 

"Monterey ha sucumbido con sus defens«i*es, porque no 
se habia seguido ninguna de mis instrucciones. 

"La retirada de Negrete ante la resistencia que ha encon- 



72 

trado en Matamoros, y al saber el desembarque de tropas 
firancesas en Bagdad, indica bastante la poca confianza que 
este gefe juarista tenia en sus tropas, y autoriza las suposi- 
ciones que he tenido el honor de emitir antes.'' 

El mariscal enumeraba después las órdenes que habia da- 
do, detallando á S. M. los movimientos que hacia ejecutar á 
las tropas, los trabajos de que se ocupaba, y las medidas 
concertadas para recobmr lu ciudad de Matamoros, conquis- 
tar de nuevo el Estado de Taraaulipas, y dispersar 6 blo- 
quear á los disidentes: después abordaba la cuestión de los 
confederados: 

"Tengo el honor do repetir á W M. que todas mis disposi- 
ciones están tomadas para íitender á laí; primeras eventua- 
lidades. 

"Es posible que el general confederado Slaughter, que 
manda en Browns\ille, al saber los desastres de su partido 
j la captura i>or los federales del presidente Jeíferson Da- 
vis, deponga kis anna.s, como lo han hecho otros generales 
surianos; pero no es improbable que la proximidad del ter- 
ritorio mexicano, lo estimule á venir á la orilla derecha del 
rio á buscar un refugio con su ejercito desíu^mado en im ter- 
ritorio amigo. 

"El derecho internacional autoriza perfectamente el asilo 
que se dé á un ejército vencido en estas coníhciones. Des- 
pués de desarmar pré^iamente al ejército del Sur, seria po- 
sible formar grupos coloniales entre Monterey y el Saltillo, 
en los terrenos que pertenecen al Estado en a<iuellos lu- 
gares, y aun en los del Sr. Sánchez Navaixo; así se opondria 
una bañera a las agi-esiones de los filibusteros. Para esto 

seria preciso entenderse con el Sr. Sánchez Navarro ^ 

El mariscal no se disimulaba los inconvenientes y el peli- 
gro de semejante medida: pero importaba crearse aliados 
americanos. Era preciso obrar enmedio de las insuperables 
dificultades que la apatía de los mexicanos no debia re«ol- 



73 

ver. Juzgaba el marígcal tan bien la situación, y conocía 
tanto á los Estados-Unidos, y la necesidad de respetar las 
susceptibilidades del orgullo yankee respecto á la monar- 
quía, que continuaba asi: 

'designo esta eventualidad á V. M., á fin de que se dig- 
ne dar con anticipación las instrucciones que juzgue mas 
convenientes en vista de los acontecimientos. 

*Tlle pai-ece de una necesidad urgente, enviiu- im comisa- 
rio imperial á Matamoros, y me pemiitiié hacer observar á 
V. M^ que mi comisario ci\11 investido de poderes políticos, 
me parece mas apto para llenar una misión semejante, que 
un comisario militar, puesto que el general Mejía ha adqui- 
rido ya cierta influencia bajo este aspecto. 

"El espíritu irritable de los yankees, podia crear nuevos 
y serios embai^azos al sal)er que se daba asilo ixS ejército del 
general Slaughter. 

*^o admito la posibilidad de que las últimas fuerzas del 
Sur hiciesen uua resistencia desesperada en Tejas. El re- 
sultado no podia ser dudoso ni tardío. 

"Sin embargo, como es preciso preveerio todo, esta even- 
tuaUdad seria la mas i>eligrosa para la frontera del Norte de 
México. Los ejércitos americanos, invadiendo li Tejas, tme- 
rian á las puertas del imperio unos vecinos tc»mibles, y mas 
que nimca seria indispensable tener en Matamoros un agen- 
te, con cuya adhesión pudiese V. M. contar.'' 

El general en gefe terminaba asegurando que estaba cier- 
to de afrontar los acontecimientos, pero suplicaba al empe- 
rador que no descuidase medida alguna saludable para el 
porvenir. Porque aimque entonces el ejército fiancés era 
dueño de las posiciones, el ejército mexicano estaba llama- 
do á reemplazarlo en lo sucesivo. El maiíscal preveía tam- 
bién las defecciones de los imperialistas, terminando así: 

*^o hay tiempo que perder para que V. M. se ponga 
perfectamente y por todas partes al abrigo de las eventua- 



IS 



74 

lidades, y me atrevo á suplicar á V. M., escuse mi insisten- 
cia, atendiendo á los motivos que la dictan. 

Bazainb.*' 

Los futuros emigrantes pidieron ser recibidos como ciu- 
dadanos, aceptando todas las cargas legales: se comprome- 
tían á desbandarse luego que entrasen al territorio mexica- 
no, y solo mas tarde se les devolverían sus armas, para de- 
fender sus hogares de las incm^iones de los indios libres. 
Su agente secreto, á quien no queremos nombrar por temor 
de comprometerlo, liabia ido á México, y según la decisión 
imperial, debia tratar su entrada al imperio ó su rendición 
á los Estados-Unidos. El gabinete de México propuso una 
medida incompleta: se habló de considerar desde luego á los 
25,000 confederados como prisioneros. El descontento de 
los partidarios fué profundo, y repentinamente se inteiTum- 
pieron las negociaciones, al saberse la prisión de Jefferson 
Davis. Nada habia, pues, ya que esperar de los Estados del 
Norte tiiunfantes, y por esta vez también se dcsvanecia 
ota^ probabilidad de un buen éxito. 

A cuíilquier lado que so inclinase la \^ctoria <lecisiva en 
los Estados-Unidos, no ignoraba Maximiliano que era i)eli- 
groso para su política no atiaei^e sin demora ese cuerpo de 
ejército confederado, porque tenia noticia de que, en los pri- 
meros dias del mes de Febrero, habia tenido lugar en Hamp- 
ton— Eoads, sobre la ribera del James, una conferencia entre 
los plenipotenciarios rebeldes y el presidente Lincoln. En 
esta entrevista, que se anunció muy cordial, Stephens, á 
nombre del presidente Jefferson Davis, ya en aeecho, habia 
reclamado el reconocimiento temporal de una federación del 
Sur, esperando el momento favorable para la reconstrucción 
de la Union. En esta espera, el Sur, unido al Norte, se 
comprometía á hacer triunfiír lá doctrina Monroe, hbrando 
á México de la ocupación francesa, y arrancando el Canadá 






76 

de la dominación de la Inglaterra. De suerte, que los con- 
federados pretendían vengarse de la ruina de las esperanzas 
qiie desde el principio de la lucha les habia hecho concebir 
el gabinete de las Tullerías, que los habia abandonado des- 
pués de haberlos reconocido con el carácter de beligerantes. 
Tenia, pues, la dinastía mexicana, un interés poderoso en 
nentraüzar ese cambio hostil, ligándose prontamente con los 
soldados de Slaughter. 

Este jaque filé sensible á nuestro cuartel general, qué se 
felicitaba de la venida de un refuerzo tan considerable y tan 
necesario para la pacificación tan comprometida. Pero to- 
do i>eUgraba entonces en manos de los mexicanos. El ma- 
riscal no vacüó entretanto en indicar francamente al empe- 
rador la necesidad que habia de crear comandancias supe- 
riores, que debían confiarse al principio á generales frauceses, 
ilustrándolo por escrito sobre la gravedad de la situación. 
Le suplicaba que no descuidase precaución algima. Ya 
hablamos establecido una línea t€legráíi(»a de Veraciiiz á 
México. Era también urgente poner en comimicacion el 
Norte con la capital por lui telégrafo que llegase siquiera á 
San Luis, y para no retaixlar su ejecución, los oficiales y los 
soldados franceses quedaron encargados de construirlo en 
8U tránsito. Apesar de la distancia, eí^ta línea no tardó en 
funcionar desde el momento en que llegaron los aparatos y 
el alambre. 

Apesar de los reveses y de sensibles defecciones, apesar 
de las discordias que habia en el ejército austro-belga, dis- 
o(Nrdias indispensables al estar en contacto tantos elementos 
militares heterogéneos, apesar de las intrigas de palacio, la 
concordia reinaba en aquella época de una manera absoluta 
entre las magestades mexicanas y el mariscal. El mismo 
Kaximiliano, que tributaba un homenage á la lealtad y al 
poderoso concurso que le jirestaba, comprendiendo que solo 
el general en gefe podia darle la fuerza necesaria para fim- 



76 

dar y organizar el poder, uo había oontiibuido poco á la 
uniou del mariscal con una familia del país, de origen espa- 
ñol, poderosa, mas bien por sus relaciones que por su fortu- 
na, hoy comprometida. En efecto, la &milia Peña habia 
dado á la magistratura y al cgército generales y abogados 
distinguidos. En 1833, el tío de la futura maríscala, el ge- 
neral Pedraza, habia sido elevado á la dignidad de presiden- 
te de la República, y su misma tia habia sido escogida co- 
mo dama de honor de la emperatriz Iturbide. 

A ejemplo del sultán que habia recompensado generosa- 
mente al duque de Malakofif después de la toma de Sebasto- 
pol, la familia imperial con motivo del casamiento de Bazaine, 
constituyó una rica dote á la maríscala, queriendo mani- 
festar así altamente sus sentimientos de gratitud hacia el ejér- 
cito francés honrándolo en la persona de su general en gefe. 
La carta imperial depositada en los archivos de México y 
adjunta á la escritiu^ de donación, estaba concebida en es- 
tos términos: • 



'' México, 2G de Jtinio de 1865. 

" Mi querido mariscal Bazaiue. 
" Deseando daros ima prueba de amistad personal al mis- 
mo tiempo que de reconocimiento por los servicios que ha- 
béis prestado á nuestra patria, y aprovechando la ocasión 
de vuestro matrimonio, damos á la mariscaJa de Bazaine el 
palacio de Biiena-Vista, comprendiendo el jardín y el mo- 
biliario, á reserva de que el dia de vuestra vuelta á Euro- 
pa, <> de que si por cualquier otro motivo no queréis con- 



* Esta finca, ocupada hoj por el gobierno republicano, no tiene valor alguno para la «A* 
rlflcala; habiendo ofrecido generosamente el emperador Maximiliano reembolsar lo« 600,000 
francos que valia de su caja particular, en loa momentos do la evacuación, el mariscal, natu- 
ralmente, no acepto la oferta, como habia rehusado el titulo de duque de México j rioaa pro- 
piedades situadas en ZongoUca que le ofrecía la munldcencia imperial por conducto d«l 8r. 
tiMttnsa como preaLdentc del Ooui^o.— (^^- <l«l A.) 



77 

servar la posesión del citado palacio, volverá al domíuio de 
la nación, obligándose el gobierno en semejante caso, á dar 
á la maríscala Bazaine, como dote, la suma de cien mil pe- 



aoa." 



" Vuestro muy adicto 

Maximiliano. 

CastilLíO — Almontb. ^ 



Se sabe que algwias semanas después de su entrada so- 
lemne á México, Maximiliano habia dirigido á su ministro 
Yelazquez de León un notable programa financiero y admi- 
nistrativo, abrazando los diversos ramos de ambos servicios. 
Este manifiesto contenia en germen todas las intenciones 
del soberano, quien traia sin duda á México un sentimiento 
muy elevado de su misiou reparadora. Los impuestos, las 
aduanas, los empréstitos, los caminos de fierro, las lineas 
telegráficas, las inojoms materiales, el servicio postal, la 
unidad en los pesos y medidas, el registro de los fondos pú- 
blicos, todo estaba discutido con muy buen sentido, y se or- 
denaba la erección de las comisiones neoesaiías pai'a estas 
obras. En ciuuito á la colonízaciou, lió aquí en qué térmi- 
nos se espresaba la voluntad imperial: " Después de haber 
adoptado una base para los impuestos oixiinarios, la comi- 
sión se ocupará de la ventii de los terrenos valdíos. No pue- 
de determinarse la estension y el valor de estos teiTcnos por 
&lta de datos. Un cstn útiuidon iw es posible en^f vender y 
favorecer la colonización del país con familias vidmtriosas. 
La comisión nos someterá el reglamento y el plan mas á 
propósito para reunir los elementos de un.i buena estadís- 
tica.*' 

Al trazar e^tUH instrucciones olvidaba Maximiliano que 
he¿o su cetro se reunían seis millones casi de indios, raza 
•dbria, industriosa y amiga del trab^o, que antes de ser 
reducida á la esclavitud por la aristocracia conquistadora. 



i 



78 

y espío tada por el clero mexicano, casi admiraban á Corteo 
con su civilización tan espléndida como la corte de Mocteza- 
ma. 4EI vencedor español no enviaba á Garlos V un navio 
caigado con las producciones mas curiosas del arte mexica- 
no que habla escapado del pillaje de sus soldados? ^^Las 
pinturas en pluma, las joyas cinceladas de plata y oro, es- 
cribía Cortés á su soberano, son maravillosas.'' Es cierto 
que aquellos sencillos pueblos despreciaban aún los metales 
como moneda, puesto que en sus cambios empleaban los 
granos de cacao. El aserto de Eobertson describiendo el 
descubrimiento de América, segim los manuscritos de Cor- 
tés y de Herrera, es muy elocuente: "Los pi'ogresos de los 
subditos de Moctezuma en la civilización, se manifiestan no 
solo en todos los puntos esenciales á una sociedad bien or- 
ganizada, sino aun en diversos objetos de policía interior, 
que se pueden mirar como de menor imi>ortancia. El esta- 
blecimiento de correos públicos, (correos á pié, puesto que 
los caballos emn allí desconocidos) colocados de distancia en 
distancia para hacer píisar las noticias de una parte del im- 
perio á otia, era una invención ingeniosa de policía, que en 
aquella época no poseía ningún Estado de Em'opa. La si- 
tuación de la capital sobre un lago, y los diques tan prolon- 
gados que servían de calzadas á sus diferentes cuarteles, 
hablan exigido una destreza y un trabiyo, que no pueden 
encontrarse sino en un pueblo civilizado. Se puede hacer 
• la misma reflexión sobre los acueductos compuestos de ar- 
cilla mezclada con argamasa, y por los que hablan hecho 
venir el agua dulce, desde una considerable distancia* A lo 
largo de las calzada*, habla tubos del grueso de un buey. 
Cierto número de hombres, empleados con mucha regulari- 
dad en limpiar las calles, ihmiinarlas con fogatas encendidas 
en diferentes lugares, y en vigilai* durante la noche, mostau- 
ban aún, que se atendía por la seguridad púbUca, lo cual 
las naciones cultas han procurado muy tarde." 






79 

Creemos que México gaiiaría acoso en volver á su edad 
de fierro. Sea lo que fuere, los descendientes de esos bár- 
baros no merecían una suerte mejor, que la que los ata al 
surco y los condena al servicio de bestias de cargaf EUos 
fueron los que formaron un brillante coitejo al emperadíNr 
Maximiliano y á la emperatriz Carlota en su tránsito de 
Orízaba á México; hablan exhumado sus viejos adornos, 
restos de un esplendor desvanecido, para hom*ar al descen- 
diente de Carlos Y. JVIaximiliano, que podia reparar el cri- 
men de su real abuelo, cometió la íaJta, al despediilos de su 
capital, de no declarar libres á los vencidos en el siglo XVI. 
Esto hubiera sido inaugiu*ar regiamente su imperio. 

Haata fines de Setiembre de 1865 fué cuando arrepintién- 
dose, aunque muy tarde ya, espidió im decreto emancipan- 
do á los indios peones^ á la vez que estiuguiendo sus deudas 
pasada.s, deudas fi-ecucntemente usim^rias ó infames, que 
imponían la senidumbre al niño desde el scuio de la madre. 
Esta medida liberal y humanitaria lionrará sienii)rc á Maxi- 
mili^mo: ella debió bastar piua desanuar á sus jueces en 
Querétarol Desgiaciadameute era incompleta: era apenas 
un término medio salido de la situación que se liabia creado 
el soberano, deseoso de contentar dos partidos estremos. 
Los peones no se convertian en propietarios del suelo por ese 
decreto de emancipación. Y sin embargo, en qué manos 
mejores que en la de los peones Ubertos i>odia poner el Esta- 
do esos tenenos valdíos de que hablaba el manifiesto impe- 
rial al ministro Vrfazquez, cuando S. M. sentia que **por 
fiüta de la evaluación de esos terrenos no se pudiesen entre- 
gar á &.mihas industriosas"? La comisión mexicana insti- 
toida inútilmente hacia un año, no habia podido preveer sin 
duda la necesidad de no emancipai* toda ima i-aza de trab¿\ja^ 
dores sin darle al mismo tiempo las tierras y los elementos 
de trab^'o. El gobierno mexicano, como habia perdido ya 
25.000 soldados, labradores y artesanos del confederado 



ñimj.. ' M£*B t9ammm^m, 



80 

Slaughter, perdía también millones de colonos rigorosos que 
poseían en alto grado el espíritu de ñimilia y de matrimonio, 
obligados desde antes á pedir á la casualidad el pan de cada 
dia^ si los propietarios de las haciendas no los llaman para 
emplearlos en sus labores. Al momento los hacendados^ 
privados por ese decreto de sus créditos y de los brazos de 
sus peones, se descontentaron y rehusaron emplear los ser- 
vicios de los indios que querian aprovecharse de su libertad 
legal. Así fué como renació de \um manera fatal el orden 
antiguo de la servidumbre para el peón, quien por temor de 
ver perecer de hambre á su üimilia, vol\ia a tomar su ca- 
dena« 

Por otra parte, el clero se había convertido en enemigo 
personal de la corona; tenia, pues, que favorecer el descon- 
tento de los haceíidadosj celoso como estaba por recobrar su 
acción desastrosa sobre los peones, cuya emancipación de- 
bía destruir su fiínatismo y sus ofi^endas. El partido cleri- 
cal no trataba, por otra parte, de ocultar la existencia de 
sus sentimientos hostiles, que no hablan hecho mas que cre- 
cer desde la coronación de Maximiliano, arrastrado hacia el 
partido libeml. Hé aquí la espresion sincera de ellos, que 
estalla en una caita <lel arzobispo de México, Labastida* 
Este documento histórico, nos parece muy instructivo para 
no consignarlo aquí, en descargo de MaximiUano, cuyas in- 
tenciones emn calumniadas ya, cuatro meses después de que 
se le habia ofrecido el e^tro en Miramar. 

Un escrito clandestino, en el cual se calificaba á los gene- 
rales regentes de la intervención^ de ser los oiemígos )nas de- 
clarados de la religión y del órden^ habia sido repartido en 
México y recojido por la policía. Haciendo constar, con jus- 
ticia, que nuestro ejército habia tratado á los prelados con 
respeto y veneración; el comandante militar de la plaza ha- 
bia denunciado estos manejos al arzobispo, el cual contestó 
Jo siguiente: 



81 



Monseñor LahasUda^ ai señor general barón Neigre. 

" Eb uü hecho comprobado que todos hemos pro- 
testado contra esos dos individuos * qtíe tienen la pretensión 
ie creer que forman nn gobierno^ declarando categóricamen- 
te, que la Iglesia, en la plenitud de sus inmunidades y de 
sus derechos, sufre hoy los mismos ataques que tuvo que 
soportar durante el gobierno de Juárez; que nunca se ha 
Tisto perseguida con mas encarnizamiento. 

PbLAGIO AlíTONIO, 

Ai'zobispo de México," 

Esta violencia en el lengu<\jc, ei*a de mal agüero para el 
porvemr. ¿Batido así en bix3cha en los gi'andes centros, lo 
mismo que en las haciend<is^ podia esperar el gefe del Esta- 
do que se calmasen las paHÍonesf Las ideas mas fecundas 
contenidas en el programa imperial, abortaban por falta de 
instrumentos capaces de desarrollarlas con probidad y con- 
vicción, y esto, apesar del concui'so incesante de los funcio- 
narios franceses, á los que, por otra parte, la corte de Mé- 
xico se complacía en hacer plena justicia. 

Eecuénlese que el ciiaitel general habia sefiahulo ya con 
firmeza, en Noviembre de 18G4, la incuria del ministro de 
Hacienda, relativo al pei*soiial financiero llamado de Euro- 
pa para ayudar al gobierno mexicano. Al fin de Julio de 
1865, una nueva nota muy exigente, presentada á S. M., 
atestiguaba que la Hacienda pública no habia reconocido en 
los agentes ñ-anceses, sino facaütades irrisorias que no les 
permitían ejercer ninguna \igilancia útil, tanto en la entiba- 
da de los productos del Estado, como en su empleo en las 
administraciones locales, oponiendo estas la misma resisten- 
cia á la intervención estraña, que la que aguardaba en la ca- 



* ÁfaBOBU 7 8a]M qa* conmonian U regencia, de la cual el general Basalne •« ^i^bU Tlf- 
t««bllgBd«, aatt* ¿•IbÜmmU del «sperador.á eUiBlaar al «noblapo por na iBtrlgaay sa 
kMllMad dftemátSoik-<lf . del ik.) 

It 



82" 

pital al sucesor de M. Corta, M. Lauglais. Como se sabe, 
este consejero de Estado habia sido emlado de Francia á 
instancias de Maximiliano, para limpiai* las caballerizas de 
Algias, adonde las aduanas y los impuestos eran pillados 
por los primeros servidores de la corona. Por todas partes 
sucedía lo mismo en los ramos de la administración mexi- 
cana. 

No habia contribuido poco otro pretesto de turbación á 
retardar los resultados de la obra del cuerpo espedicionario, 
el cual ri^^lizaba en actividad, sin contar sus i)érdidas ni 
sus fatigas, y sin desalentarse por los obstáculos de todo gé- 
nero que encontraba á su paso. No se reorganiza una na- 
cionalidad sino por un trabajo rudo y mil sacrificios locales. 
La división teiTitorial, que habia sido preciso hacer para la 
nueva erección de grandes comandancias militares, habia 
atacado vivamente el espíintu de ratina de los propietarios 
de fincas rústicas, y sobre todo los hábitos del partido cleri- 
cal, cuyos centros de acción cambiaba. Una parte de los 
hacendados descontentos, sin ati'everse á proceder aún de 
una manem abierta contra el imperio, ayudaba á la rebe- 
lión, daba hospitalidad y dineix) á las guerrillas^ y dándoles 
remonta para su caballería, guardaba los caballos heridos 6 
cansados de los i)artidario8 ó bandidos, que reclamaban sus 
montiu*as desde que estaban útiles para servir. 

En el curso del año de 1865, la marina y el ejército fill- 
óes hablan hecho un esfuerzo tan vigoroso, desde el golfo 
hasta el Pacífico, que menos de 29,000 hombres hablan vi- 
sitado y guarnecido todos los puertos y todas la« capitales 
de los Estados de aquel inmenso imperio, escepto las de 
Guen'cro y Chiapas. En aqueUa época demostramos, en una 
revista francesa, ♦ que esa difusión militar era ima grave 
imprudencia, y debia crear i)el¡gros para el porvenir. Valia 



f /*R«YÍitadt ÁiBbot lfiiBÍM*«4»lft d« 8«timbrt de 18»: «1 imperto d« Méiteo 7 pto^ft- 
blUdftdet de ra porrealr.'MN. del A.) r»^»w^ 



'T7^ 



83 

anas est^ider progresivamente, y según los recursos con que 
se contaba^ una dominación pacífica, halagando todos los in- 
iiereses, y ampliando poco á poco un círculo sólidamente ar- 
mado, que querer cubrir rápidamente vastas soledades en las 
cuales había dispersos algunos pequeños centros: porque se 
podia preveer £&cilmente que, no muy tarde, seria necesario 
abandonarlo todo, viniendo por consiguiente los horrores de 
la guerra que acompañan siempre á una retirada. Sin em- 
bargo, nuestras columnas, atravesando inmensas praderas, 
habían invadido la capital de Ohihuahua, último reñigio del 
presidente de la Bepública: en el imperio circuló entonces 
la noticia oficial de que Juárez había abandonado el suelo 
mexicano. El fugitivo de Ohihuahua se habia refíigiado en 
Paso ¿un Norte, pequeño pueblo cuyas casas están aüneadas 
á lo largo de la orilla del Eio G-ranule. A cien metros del 
otro lado del rio, se llega á los Estados-Unidos. Fácilmen- 
te se comprenderá que, en semejante j)osicioD, el presidente 
Juárez, cuya captura, por otra paite, en nada habría modi- 
ficado el carácter de la resistencia de los liberales, estaba 
enteramente al abrigo de nuestras tropas. Apenas se anun- 
ciaba la aparición de un soldado, cuando Juárez atravesaba 
el rio, i>ara repasarlo cuando habia desaparecido el peligro. 
Así filé como, durante diez y ocho meses, ha vivido Juárez 
sobre el Bio Grande, de acuerdo con el gabinete de Was- 
hingt(m. Para estorbarle que volviera á pisar el territorio, 
se podia vigilar toda la ribera del rio que desde este punto 
desciende hasta el golfi)f 

Entonces filé cuando apareció el &moso decreto de 3 de 
Octubre de 1865, que ha costado tantas lágrimas. Es de 
muy alta importancia señalar su verdadero origen y hasta 
donde habia de llegar su apUcacion. Pero digamos desde 
luego que sorprende dolorosamente ver que los ministros 
que autorizaron con su firma este decreto, y que después 
labandmanm á MaximiliaBO^ refiígiándose en Francia y en 



84 

París, no hayan levantado aún su voz en fevor de la defen- 
sa ó de la memoria del soberano que había firmado y con- 
cebido ese fimesto bando: porque ellos recojieron la verdad 
en pleno consejo, y de los mismos labios imi)eríales. 

La satis&ccion fué grande en palacio, desde que llegó la 
noticia á México de que Juárez había atravesado la fit)nte* 
ra en Paso del Norte. Entonces el ejército fi^nco-mexica- 
no ocupaba todas las posiciones fuertes. La desaparición 
del gefe republicano hacia esperar que disminuirían las hos- 
tilidades del partido liberal, casi destruido y privado de di- 
rección. Maximiliano, que se creía de buena fé el elejida 
de un pueblo cansado de convulsiones y de desórdenes, y 
que llevaba con altivez su papel de salvador, se persuadió 
¿fílmente de que los juaiistas estaban derrotados, y que 
honrando al paitido vencido, iba á dar un golpe decisivo á 
la resistencia, que solo la harian en lo sucesivo las ga\illas de 
bandidos: entonces anunció á su consejo el proyecto de ofi^- 
cer á Juárez la presidencia de la Suprema Corte de Justi- 
cia, y su deseo sincero de atraer en torno suyo á todas la» 
ilustraciones del país. 

. Como medio de iniciar las negociaciones, redactó el de- 
creto de 3 de Octubre. En efecto, en la introducción de es- 
te decreto, estableció que la causa republicana había perdi- 
do su último sostén, y sus considerandos eran un homenaje 
tributado al carácter de Juárez. En cuanto al decreto mis- 
mo, ciertamente no se dhigia, según la intención del empe- 
rador, sino conti^ aquellos cuya táctica era abrigar sus la- 
tronicíos bíyo una pretendida bandera republicana. Este 
funesto decreto, cuya minuta original puede consultarse, es- 
taba escrito por el mismo Maximiliano, aunque tenia á su 
lado un secretario. Todos sus ministros que aprobaron la 
idea, pusieron al calce de él sus finnas. Solo el mariscal no 
lo firmó. Antes de darle un carácter oficial, Maximiliano cre- 
yó que debía consultarlo con ^1 mariscal. Del cuartel general 



85 

se le cx>ntestó que lo que se notaba desde luego era que los 
considerandos del decreto, siendo tan satis&ctorios para el 
presidente, á quien se combatía como enemigo de la Francia, 
parecerían dirigidos contra la intervención; y que, por otra 
parte, además de esta mala interpretación, ei^ inútil ese ac- 
to, puesto que las cortes marciales Amelonaban, teniendo por 
garantía la conciencia de los oficiales fi:anceses: que además, 
era impolítico ese decreto, porque hacia que fácilmente me- 
xicanos fuesen jueces de mexicanos, y que todo lo odioso de 
esta medida redundaría en contra del soberano, cuya fitcul- 
tad mas bella era la de hacer gracia. El emperador, al ver la 
entera aprobación de sus cinco ministros, y persistiendo en su 
primera idea de atraerse á Juárez con esta pública declara- 
ción emanada del trono, se desatendió da estas observaciones. 
A última hora, el general en gefe, que era quien debia ejecu- 
tar ese decreto, porque tal era su deber como gefe de ambos 
ejércitos, pidió y obtuvo que se agregase im artículo adicio- 
nal, en el cual se multaba a los hacendados convictos de ha- 
ber ocultado las annas y los caballos de los rebeldes. 

Ese decreto del 3 de Octubre que debia encender de nue- 
vo la guerra civil, satisfiíciendo odios particulares, filé el 
suicidio de la monarquía, arrastrada por ilusiones caballeres- 
cas y por las tradiciones de los países civilizados. Juárez, 
que no habia abdicado sus derechos, debia sin duda recha- 
zar toda ofeita de conciliación, y el ostracismo lanzado con- 
tra los republicanos puestos fuera de la ley^ hizo esplosion 
en los Estados-Unidos, adonde levantó odios contra un prín- 
cipe y una princesa que sin embargo llevaban la generosidad 
hasta el exceso. Porque, muchas veces, en sus arranques 
de sensibilidad, la familia imperial, cuya buena fé se sor- 
prendía tan Éácilmente, habían, sin iiizon, enervado la jus- 
ticia de nuestras cortes marciales. Tal es la histoiia de ese 
episodio que no puede ser una mancha para la noble vícti- 
ma de Querétaro. 



86 

Se había presentado un momento, al naoer el imperio, enr 
que una parte de la población, tanto por cansancio del des- 
orden, como por espontánea simpatía hada los nuevos so- 
beranos, se habia preparado para intentiur seriamente un 
ensayo de monarquía. Esa hora preciosa se habia desva- 
necido sin que la corona, por £dta de iniciativa, hubiese sa- 
bido aprovecharse de ella: y la carta siguiente de la empe- 
ratriz Carlota, princesa de una alta inteligencia y de un gran 
corazón, que se mezclaba de una manera muy activa en la^ 
dirección de los negocios militares y políticos, indica muy 
claramente el poco caso que se hacia del elemento indígena, 
k) mismo que el proyecto firme de la corona, de no dejar 
arruinar el tesoro mexicano, en la convicción de que los fon- 
dos franceses bastarian á todo. Esta carta prueba también 
que las intiigas de palacio, hostiles á los oficiales fi:tinceses, 
se agitaban al rededor del trono desde el principio de la 
monarquía. 



'' MécicOj 16 de Setiembre de 1864. 

" General: Se me pide mi opinión respecto á la carta ad- 
junta pero como se trata de generales, quiero ante todo co- 
nocer la vuestra. Por mi parte, creo que es solo una intriga 
que prueba lo contrario de lo que se quiere demostrar. 

"Dignaos siempre informarme y devolverme la carta, 
después de leerla, i)orque Velazquez quiere que le dé una 
contestación mañana. 

" Velazquez pasará ademas á vuestro alojamiento para 
tratar diferentes cuestiones de que nos hemos ocupado en el 
Ckmsejo. La mas imjmrtante es la pacificación de la Sierra* 
El prefecto de Tulancingo tiene algunas ideas sobre esto, que 
no son malas. Me parece que enviando algunos destacamen- 
tos que permanezcan en algunas localidades, y otros que 



87 

espedidonen por el paífi, se obtendrán buenos resultadoB. 
Sdamente os suplicaría que en este caso me dieseis aviso, 
á fin de que las autoridades civiles tomen medidas, de acucar^^ 
do con las vuestras, para secundar la empresa. 

^^ Si fuere posible conocer con anticipación algunos movi- 
mientos, conservando siempre el mayor secreto posible, oreo 
daría buen éxito, y que en el tránsito de las tropas se podía 
ir dando alguna organización á aquellos pueblos. 

'^ £n cuanto á los indios que quieren defenderse de loe 
plateados j me diréis si creéis que seria bueno darles armas. 
Esto comienza á ser muy frecuente, y en cuanto á dinero, 
el gobierno ha resuelto no darlo á nadie. 

" Cree<|, general, en mis sinceros sentimientos. 

Carlota. ^ 

" Espero que sabéis lo que concierne al ejército para el 
día 16, así como también que desfilará la columna cuando 
haya yo vuelto á palacio, y antes de recibir á las autorida- 
des. No me habéis enviado nota el domingo. ^ 

En dos meses la reorganización del ejército mexicano, 
tan laboriosamente consumada por el comandante fi^ncés, 
había sido destruida por el mismo gobierno. En cuanto á 
la dirección política y departamental era deplorable. La 
lentitud de los ministios entendiéndose hasta eu las cues- 
tiones personales y en la espedicion de las órdenes, habían 
d^ado caer en la apatía los centros mejor dispuestos. Ifo 
se sabia adonde escoger hombres capaces de inspirar con- 
fianza. Faltaba el estimulo y no se desi>ertaba el patrio- 
tismo. Nadie pensaba en salvar la cosa pública entre los 
imperialistas, apesar de los ejemplos dados i>or la familia 
imperial de abnegación personal. Por todas partes adcmde 
se multipUcaban los franceses venían á estrellarse contra las 
autoridades desfiívorablemente prevenidas ó faltándoles ins- 
trucciones. En una palabra, todo el trabajo incumbía á 



Mamasp 



88 

nuestros ofioialeSy los cuales, por interés del país, se veian 
arrastrados poco á poco á afrontar todas las eventualidades. 
Disgustados también de ver á los ftincionaríos dormirse en 
una vergonzosa incuria, desacreditar y desalentar pública- 
mente á aquellos de sus compatriotas que se adherían al im- 
perio como & una tabla de salvación, acabaron por ocuparse 
de las pequeneces administrativas de las localidades adonde 
tercian su acción militan se temia que todo fuera arrastra- 
do por la ola de la insurrección, que tomando su fiíente en 
la frontera americana corría ya del Norte al Sur. 

No podrá arrojarse sobre Maximiliano lá responsabilidad 
de todas las debilidades que debian ahogar á la monarquíares 
que faltaba j^a el dinero, ese nervio de la guerra. jEl gobier- 
no ñ'ancés no era realmente culpable, puesto que habia que- 
rido, á costa de grandes sacrificios rechazados por la opi- 
nión pública, fundar una dinastía estable eu México! po 
era culpable por haber puesto en las manos de su aliado solo 
40 millones provenidos de dos enormes préstamos, présta- 
mos por los cuales habia, giacias á sus receptores generales, 
obtenido la realización de 500 millones prestados por impru- 
dentes suscritores alucinados ó engañados? No era esto 
dar á luz, á sabiendas, un reino mueito al nacer! Nuestro 
ministro de relaciones esteriores estaba bien informado por 
las noticias militares enviadas por el cuartel general, y no 
podia por tanto hacerse ilusiones en París acerca de la ver- 
dadera situación de México. Sin embargo, con una políti- 
ca llena de inconsecuencia, el gabinete de las Tullerías de- 
jaba desde el príncipio que se desplomara su obra rehusan- 
do los recursos indisi>ensables. A fines de 1865 el tesoro 
mexicano estaba agotándose, y la mala gestión financiera 
causaba im aumento en el deficiente que, por otra parte, no 
podia cubrirse jamás ni con la \igilancia mas sevem: porque 
los ingresos, aun cuando se hubiesen recaudado con regula- 
ridad, no pasaban de 90 millones de ftuncos, mientras que 



89 

los presos, sin comprender las amortizaciones, devoraban 
150 millones par lo menos. Sin embargo, jamás habia sido 
mas imperiosa la necesidad de dinero. 

Ya no podian sostenerse por mas tiempo algimas posi- 
dones militares de la costa del Pacífico. El clima de Acá- 
puloo, entre otros, habia ejercido una acción tan mortífera 
sobre los franceses que defendían este puerto, que el coman- 
dante d'Assas ci*eyó deber proponer la formación de un ba- 
tallón que debía reclutarse en la (K)sta de Tehuantepec entre 
los indígenas habituados á aquel cielo de ftiego. Mas lejos, 
Parras reclamaba con razón el envío de refuerzos; porque 
este centro industrioso habia dado un ejemplo muy raro de 
energía y de sacrífícios, que si se hubiese imitado, habría 
salvado al imperio. Los habitantes de esta ciudad se habían 
impuesto voluntariamente mi subsidio de 18.000 i)esos casi, 
para levantar una fuerza de 400 hombres, y esto á instiga- 
ción de un prefecto enérgico. En aquellas momentos se en- 
contraban sin recursos, y sus soldados se desbandaban, de- 
jándolos espuestos á las repi'csalias de los liberales. El mi- 
nistro de la gueiTO, mal informado, negaba la autenticidad 
de estas noticias alarmantes que habían llegado al conoci- 
miento del emperador. Fué preciso sin embargo rendirse á 
la evidencia, cuando llegaron á México los gritos de angus- 
tia salidos de aquel rincón del territorio. 

El mariscal, comprendiendo la necesidad de i^esguardar 
aquellas ciudades del Pacífico, centros impoitantes tanto 
hoja el punto de vista estratégico como bíyo el aduanal, dio 
la orden á nuestra marina, cuya abnegación se habia puesto 
á una prueba bien cruel en aquellos peligrosos parages, de 
que abasteciese el Manzanillo, de tal suerte que nuestros bu- 
ques de guerra pudiesen aprovechar sus viagea por la costa 
del Manzanillo á Acapulco, á fin de llevar á la guarnición 
víveres, carne y medicinas. En cuanto á Parras, deseoso de 
aliviar á la jioblacion, el cuartel general hizo levantar allí 



14 



90 

cuatro oompañíaa francas, y confiintió en que el tesoro fran- 
cés les asegurase su sueldo á título de imticipo. Nunca se 
perdíala ocasión de ayudar á las poblaoi<mes decididas á £»- 
Tor del imperio: sin embargo, esto tenia un justo limite que 
nuestro comandante militar no podia traspasar. Porque 
junto á los deseos de la &milia imperial estaba su deber de 
francés, al que no i>odia traicionar, y que lo obligaba á aten- 
der á la seguridad de sus propios soldados. Ademas, el ar- 
ticulo 2? del tratado de Miramar, que Maximiliano había 
firmado con pleno conocimiento de causa, estipulaba que, 
^^ desde que tomara el emperador de México posesión del 
trono, el cuerpo espedicionario quedaiía disminuido en su 
efectivo á 25.000 hombres, inclusa la legión estrai^jera. " 
Ademas, este efectivo se ma disminuyendo todavía confor- 
me se fueran organizando tropas mexicanas. 

Al contrario de lo que prevenía esta doble cláusula, el 
ejército francés pasó siempre de 28.000 hombi'es, á pesar de 
haber \iielto á Europa la brigada del general Lheriller. 
Ademas, e^sta brigada que apenas llegaba á 4.000 hombres, 
habia sido reemplazada por la legión austríaca, compuesta 
de 8.000 soldados: luego las fuerzas Iiabian aumentado en 
lugar áe disminuh. Pero el mariscal no podia con un efieo- 
tivo, que dupUcado cabria fiicilmente en el terreno de Long- 
champs, ocupar convenientemente una superficie de casi 
1.800 leguas, y abandonar pequeños destacamentos fi'anceses 
á todos los accidentes de las defecciones y de las privaciones. 
Tal era, sin embargo, la pretensión del emperador Maximi- 
liano, cuyas tendencias á la diñision militar no cesaban de 
revelarse: ceder á sus deseos em olvidar la paite de respon- 
sabilidad que i'eiiortaria el cuartel geneml en caso de una 
derrota. 

La ciudad de la Paz, capital de la Bajar-Oalifomia, está si- 
tuada á quinientas cincuenta leguas casi de México, y las 
comimicaciones con ese punto Icgano son escesivamente di- 



9Í 
fiaUes. A pesar de todo, en 1865 hahia sido visitada por la 
intenrencioii, que no se había letirado sino despnes de haber 
ooQspetmio á la organisadon polítíea j militar de aquél pafs. 
Bstadadad se pronunoió de nuevo á &v(Nr de los juaristas, 
después de la partida de nuestras fuerzas* Al saber esta 
notída, Maximiliano escribió al general en gefe las siguien- 
tes líneas: 



México, 17 de DUÁmkre de 1865. 

^^ Mariscal: 

'^ Acabo de saber que una contra-revolución ha estallado 
en la Pass, y que las autoridades imperiales han traidp que 
letíiarse. Esta revolución ha sido consumada por un cente- 
nar de hombres. 

^' Aunque la importancia política de la B%}ar-Galifomia sea 
poco considerable, esta revolución producirá sobre la opinión 
pública, en los Estados-Unidos y en Emx)pa un efecto íat^ü, 
dando ocasión de creer que, lejos de paciñcarse el país, por 
el contrario, perdemos terreno. 

^^ Deseo, pues, me hagáis saber si no seria i>osible enviar 
á la Paz una compaiiía francesa, cuya presencia en aquel 
puerto bastaría para mantener el orden y conservar esa pro- 
rinda al imperio. 

"Vuestro adicto, 

Maximiliano.^ 

¿Seiía en verdad posible dejar aislada ima compaiiía á 
semejante distancia del centro de acción, cuando los france- 
ses ocupaban ya en el Pacífico á Acapulco, Guaymas y Ma- 
zatlan, y en el Golfo á Matamoros, Tampico, Veracraz, Al- 
varado, Sisal y Oampeche, puestos peligrosos y malsanos, 
adonde no residían tropas mexicanas? Es necesario recono- 
cer que si los recursos financieros comenzaban á disminuir 



wjii .111 «mij 



92 

en proporciones alarmantes, el ministro de la guerra no po- 
día invocar como escusa de los movimientos de insurrección 
que se preludiaban, la penuria de los soldados capaces de 
oponerse á los disidentes: era porque habia dejado á los sol- 
dados en reposo ó no habia sabido emplearlos conveniente- 
mente. En cuanto á los puntos adonde brillaban las bayo- 
netas francesas, la tranquilidad estaba asegurada. Una mi- 
rada rápida dirigida sobre el cuadro oficial y verídico de las 
fiíerzas de que disponía el imperio en aquella época, ya crí- 
tica, escluyendo nuestro cuerpo espedicionario, bastará para 
convencerse de su suficiencia. 

El 31 de Diciembre de 1865 el ejército mexicano contaba 
en sus filas, sin hablar de una considerable artillería bien 
municionada: en tremas nacionales, tanto permanentes co- 
mo mótiles y municipales, 35,650 hombres de infimtería, ca- 
ballería y artillería, con 11,073 caballos: de tix)pas estran- 
jeras: belgas, 1,344; austríacos, 6,545 con 1,409 caballos: lo 
que hacia un total de 43,519 hombres, y 12,482 caballos. 

Como se vé, im efectivo real tan considerable apoyado por 
los jfranceses, era capaz, si la dirección hubiera sido enérgi- 
ca ó inteligente, de asegurar el imperio. Pero, para señar- 
nos de las mismas e^spresiones del señor ministro de Estado, 
Dios no lo qneria. La fuerza, por esta vez al menos, iba á 
sucumbir bajo ima gitinde idea: el hoiTor á la invasión. 



VI 



Hé aquí que entramos al período de los desasb^es que su- 
cesivamente han agobiado al imperio mexicano. Creemos 
que ya puede formarse ima cuenta exacta de las &ltas que 
los han preparado. Las páginas que van á leei*se, al seguir 
paso á paso los detalles de la laiga agonía de un imperio, 
sorprenderán por la relación de acontecimientos bruscos, 
compromisos hollados, cambios impre\istos y estíbanos, á 
travez de los cuales la política de las dos cortes, la francesa 
y la mexicana^ iba á estrellai-se contra laíj aiTogantes ame- 
nazas de los Estados-Unidos. 

El año de 1866 se inaugmó bajo tristes auspicios. Des- 
de los primeros dias de Enero estallaron las defecciones por 
todas partes. El soplo de la desolación habia pasado por 
aquel pueblo. Las bandas de los guerrilleros desolaban á 
Tamaulipas, Nuevo-Leon y Zacatecas, Estados limítrofes 
de la Union. A las puertas de la capital se insmTecciona- 
ba Pachuca, y Michoacan levantaba el estandarte de la re- 
belión. ¡Viva la intervención del Norte! tal era el grito de 
guen*a de los insurrectos, que pedían el auxilio de la gran 
república para arrojar á los aliados á la mar. El título de 
aliados se daba lo mismo á los austriacos y á los belgas que 
á loA franceses. Por otra parte, estos contingentes estran- 



.KJKA¿-. 



94 

jerosy tan odiados por los disidentes, habian sembrado la di- 
visión alrededor del trono. Habian surgido graves disenti- 
mientos entre ellos y los oficiales mexicanos que rehusaban 
obedecer á los oficiales europeos. El artículo 59 del tratado 
de Miramar habia estipulado sin duda ^^qv£ en caso de expe- 
diciones combinadas de tropas francesas y mexicanas^ d man^ 
do superior de estas tropas correspondería al comandante 
francés. " Pero los belgas y los austríacos no habian sido 
llamados á México sino como tropas á sueldo pagado por el 
tesoro mexicano, sometidas, por consiguiente, á las institu- 
ciones militares del país al cual iban á servir, y habian per- 
dido así el carácter de su propia nacionalidad. En caso de 
combinación de tropas diferentes, tenían razón los oficiales 
mexicanos en no querer recibir órdenes de los austríacos 6 
belgas, sino cuando tenian un grado superíor al suyo. Los 
belgas se quejaban también de haber sido engañados, pre- 
tendiendo que habian venido como colonos armados, desti- 
nados al cultivo de las tierras y á su defensa, pero no como 
soldados permanentes: el descontento habia causado ya de- 
serciones en sus filas. En cuanto á los oficiales, no se ha- 
bian despedido de Europa sino b¿\jo la seguridad de perma- 
necer en la capital de México como guardia de corps de la 
&milia imperial. Estos hombres del Norte, cualesquiera 
que fuesen sus cualidades militares, no eran aptos para aque- 
llos climas, y sus operaciones debían resentirse de su tem- 
peramento poco preparado á la guerra de partidarios. Ade- 
mas, siempre es peligroso é impolítico emplear mercenarios. 
La frase siguiente de la emperatriz Carlota reasumía bien la 
isituacion: " Los austríacos y los belgas son muy buenos en 
tiempo de calma, pero viene la tempestad y solo los panto- 
.Unes rojos (los franceses) sin'^en." Esta infortunada prin- 
cesa tributaba un justo homenaje á la sangre fírancesa de 
donde hubia salido por la íaimlia de Orleans. 

Agreguemos que Maximiliano recibía numax)sas quedas 



95 

de sus generales, pretendiendo que les altaban caballos j 
aunas para sus tropas. Mejía, por su parte, anunciaba que 
no podia obligar al cumplimiento de su deber á soldados que 
no lecibian sueldo. £1 ministro de la guerra dio cuenta con 
esto al emperador, que estaba muy descontento, diciéndole 
que habia suplicado al cuartel general francés que hiciese 
escoltar por uno de sus batallones la coíiducta de Monterey, 
destinada para pagar á la división Mejia en Matamoros, y 
que el mariscal se habia negado á prestarle este servicio. 
Esta acusación contra el general en gefe francés, que no de- 
jaba de &vorecer con todas sus ftierzas cuanto fuera en bien 
del servicio, causó una verdadera sorpresa, y Maximiliano 
podo convencerse, al enseñársele la con^espondencia cambia- 
da con este motivo, de que jamas se habia tratado de pedir 
una escolta para conducir el dinero destinado á las tropas 
mexicanaa, sino únicamente un convoy del comercio cuyo 
envío solamente estaba suspenso por las exigencias milita- 
res. Por otra parte, los buques dq la escm^^dm que sin ce- 
sar se daban á la vela del puerto de Veracriiz al de Mata- 
moros, ofrecían todas las fecilidades de un trasporte marí- 
timo hecho en menos de sesenta horas, mientras que el tra- 
yecto por tierra exigia muchas semanas, y un empleo de 
tropas tan inútil como peligroso, puesto que los caminos de 
Qaerétaro, San Luis Potosí y Monterey, que conducían á 
Tamaulipas, estaban infestados por las gíterrília^ mandadas 
por Gortina y Carbajal, ayudados por partidas americanas. 
Allí adonde los regimientos franceses cubrían la frontera 
del Norte, vacilaban aún los americanos en comprometerse 
entrando al territorio mexicano; pero la sitaacion estaba 
muy tirante, y una demostración agresiva de nuestros bata- 
llones sobre el Ri/o-Q-rande ó el Bia-Bravo podia traer un 
conflicto inmediato con los Estados-Unidos, lo cual preve- 
nían formalmente que se evitase las instrucciones de nues- 
tro goUema Y estando tan disemüíado el cuerpo espedí- 



96 

ciouariOy uo era posible ejecutar en aquella época im moví- 
miento semejante tan escéntrico de México. Era preciso, 
antes que todo^ estinguir la insurrección de los departamen-» 
tos vecinos de la -capital del imperio, y el cuartel general 
tuvo que apresurarse á hacer partir nuevos refuerzos para 
pacificar á Michoacan. 

Estos tristes acontecimientos hablan desgarrado el velo 
con el cual los ministros hablan creido hasta entonces deber 
ocultar la veixlad á Maximiliano, apesar de los avisos del 
mariscal. 

Algunos dias antes, el genei^ en gefe se habia visto obli- 
gado á llamar la atención del emperador, sobre los numeix)- 
sos pronuncia/iHientos militares, que amenazaban la existen- 
cia misma del ejército. " Estos son hechos que V. M. se 
explicará, le decia condenando estas defecciones, puesto que 
no ignora que un gran número de autoridades traicionan al 
gobierno, y que las guaixlias nuales parece que han sido 
criadas con el único objeto de suministrar recursos á los di- 
sidentes. 

" Ante todo, es necesario desemiarazarse de los 

agentes desleaUSy asegurar el sueldo de las tropas^ de prefe- 
rencin á los demás gastos civíl^ que sufren espera.^ Las 
obras de ornato que se hacian en México, absorbían, lo mis- 
mo que Li residencia de Ohapultepec, sumas enormes, cuan- 
do la situación fiuauciem reclamaba en aquella hora que se 
hiciera un empleo mejor de aquellos fondos. Sin embargo, 
MaximiUauo se estremeció al escuchar el grito de alaiiaa 
salido del cuartel general. 

Acababa de sentir los primeros sacudimientos que hicie- 
ron vacilar su trono, y el 6 de Enero de 1806 trazaba las 
siguientes líneas, que pintaban perfectamente el estado de 
su alma y sus primeras angustias. "Sé que he aceptado 
una tarea estremadamente difícil; i)ero mi valor es capaz de 
soportar su peso, é iré hasta el fin." ¡Qué aniel contraste 



í)7 

con el tono ti-anqnilo y seguro de esta carta que cinco sema- 
nas antes diiígia al niarisc^il: 



México^ 2 de Diciemhre de 1865. 

" Mi querido mariscal. 

" Ha llegado ya el momento de gobernar y de obrar. He 
contado con Miestro concurso pai-a que me ministréis infor- 
mes sobre los prefectos, los comisarios imperiales y los gene- 
rales mexicanos. 

Maximiliano." 

¡Cómo! se hablan perdido lastimosamente diez y ocho 
meses de reinado! Hasta aíiuellos momentos se hacia sen- 
tir la necesidad de obrar! La conespondencia imperial es- 
tá llena de estas estrañas c()ntra<licciones. Mientras que 
Maximiliano veia levantarse los departamentos, conocía la 
necesidad de situar tropas en nuichos puntos del territoiio, 
después de ftieites desastres, sonaba todavía en una nueva 
espedicion lejana, y desguarnecia la provincia de Oaxaca, 
aílonde iba' Porfirio á encender la guerra civil. Esto lo de- 
nmestra su orden imperial (H)ncebida así: 

'* Es preciso no olvidar que Franco ha organizado 

2.000 hombres, de buenas tropas, y (pie si <piedan bajo las 
óitlenes del general de Tlnu], parece natural exigir que 
contribuyan en gran parie á la liitmu espechcion de Tabas- 
co y de Tlapacoyan; poniue no es necesario mantener un 
efectivo tan numeroso en el Estado de Oaxaca. 

Maximiliano acariciaba aun la idea de conquistar una 
provincia nueva, en el momento en que las otras tendían á 
desprenderse de su corona. Y sm embargo, Yucatán, país 

15 



y.¿ iJJ lA.U -' Um.X'..*,;.- ^ 



98 

insalubre, refugio de tribus rebeldes, casi siempre habia des- 
conocido la antigua autoridad presidencial! 

Si Maximiliano hubiera sido sabiamente inspirado, des- 
pués de diez y ocho meses de esperiencia y de lecciones se- 
veras, habría debido comprender que siempre seria impo- 
tent<3 para reunir bajo su c<>tro imperial ese haz disperso de 
vastas provinciixs, C4isi desconocidas las unas de las otras« 
por falta de \íí\h de conumicacion, fiívorables á los cambios. 
La historia le enseñaba que los Estados escéntrícos, sepa- 
rados de la capital por inmensos desiertos, no hablan hecho 
sacrificios sino por la independencia común, amenazada por 
el estmnjero, sin verdadera simpatía por México ó por Jua- 
lez, de quienes tcnian pocos favores ó socorros que aguar- 
dar. Cada capital de Estado tenia su administración y sus 
intereses propios. Desde la guerra de independencia, Mé- 
xico habia sido mas bien una federación que una república, 
esceptuando el reinado del primer emperador, Itiu'bide, fu- 
silado en 1824. Aun hay mas: si los esfuerzos militares de 
la corona se hablan estrellado cuando las tropas estaban aun 
regularmente pagadas, y cuando la guerra civil desgarraba 
el seno de los Estados-Unidos, ¡qué poilia esperare en el 
poiTcnir, a la hora en que el t<isoro nacional, obUgado á sub- 
venir á la defensa de 1,800 leguas de tcnítorio, se habia 
agotado ya, y cuando los yankees, victoriosos, no disimula- 
ban la hostilidad de sus sentimientos? Solo dos probabili- 
dades de salvación quedaban á la monarquía vacilante: 6 
bien, como lo espusimos en 18G6, en lugar de pretender rei- 
nar sobre un imperio imaginario, abierto á todos los vientos, 
era preciso concenti*ai- todas las fuerzas \itales en los Esta- 
dos del interior, mas ricos y mas i)oblados, conservando á 
toda costa sus comunicaciones con los dos mares abiertos á 
la importación y á la esportacion, y así aguardar tiempos 
mejores pai-a ganar teiTcno: ó bien, convenia tornar á la 
Constitución de 1857 proclamando los diez y 8iet€ Estados 



99 

libres é indepeudieiites, bajo la egida de un gefe soberano. 
Solo esta organización federativa podia calmar las sombrías 
susceptibilidades de la Union americana. 

Desde los primeros dias de Febrero de 186G, la situación 
del Imperio era de las mas críticas. Las cajas del Estado 
estaban completamente vacías, y el ejército mexicano re- 
damaba con altivez su paga. Si los oficiales fi-anceses han 
permanecido dos meses fi-ente á Puebla sin recibir sueldo, 
si nuestros soldados han esperado también algunas veces 
]a llegada del tesoro para recibirlo, no por eso el vivac es- 
taba menos alegre, y esto, gracias á nuestra maguíficii or- 
ganización administrativa (lue proveía a nuestras necesida- 
des en campaña. 

Pero íaltando el dinero, Lxs tropas mexicanas se morían 
.de hambre, si es que no se cambiaban en partidas de mero- 
deadores. El general en gefe conocía muy bien los elemen- 
tos militíires del ejército mexicano para no temer que al dia 
siguiente al pillaje, no viniesen la traición ó la dispersión, y 
creyó de su deber atender a lo mas urgente. Tomó bajo 
su re-sponsabilidad, en favor del trono imperial próximo á 
desi)lomarse, disponer (¡ue el pagadoi* general francés anti- 
cipase cinco millones que se necesitaban i)ara que subsistie- 
sen los imperiales. 

Entre oti*as muchas cartas del emperador, hemos escoji- 
do la (lue va á leerse, como digna de ser citada, porque de- 
termina con esixctitud la naturaleza de las relaciones que 
existían en aquella époc^i entre nuestro cuartel general y la 
corte de México, agobiada ya por la mala fortuna. 

^^PaUwio de México^ 5 de Febrero de 18G6. 

"Mi querido mariscal. 
"Acabo de 8.aber el precioso servicio que habéis prestado 
á mi gobierno, prestándole ayuda recientemente en una cri- 
sis financiera bien difíciL 



100 

"Recibid iniís agiadecimientos muy sinceros por la disci'e- 
cioii y la cordialidad con que habéis obrado en esta circuns- 
tancia tan delicada, y que, para mí, duplica el precio de es- 
te servicio. 

"Vuesti'o muy adicto, 

Maximiliano." 



Este servicio ♦ i)restado a la corona mexicana, desagradó 
en Paiis. El gabinete de las Tullerías no aprobó este acto 
del miuiscal Bazaine, y le dio la instrucción de que no con- 
sintiese en que se hiciera préstamo alguno al tesoro mexi- 
cano. La caida del imperio no era, pues, dudosa; comenza- 
ba su agonía. 



• El Cuerpo Legislativo aprobó mru tarde este ga*to. 



- t • 



• . • • 



VIL 



El mariscal uo liabia podido, sin embargo, permanecer 
fiordo al grito de angustia del gobierno mexicano; porque su 
últíma súplica liabia sido conmovedora. El presidente del 
consejo, Lacunza, uno de los mexicanos niíis ilustrados, y 
un ciudadano realmente consagi'ado á su país, liabia recia- 
mado el socono de la Francia en una carta mu}- pat<3tica, 
para que la pasemos en silencio. Este dociunento, lleno de 
revelaciones sobre la política del gabinete fi-ancís, marcará 
la fecha de una de las dolorosas estaciones de ese imperio 
«•eado por nuestras manos, y que marchaba hacia el preci- 
picio ahondado por la intervención. 

'^México, 28 de Abril de 1866. 
"A su EzelencUi el Sr. mariscal Bazaine. 

**Muy estimado mariscal. 

"Ayer he tenido el honor de haceros una visita, y ya sa- 
béis que esa visita tenia por principal objeto manifestar á 
V. E. la irresistible necesidad que hay de continuar hacien- 
do al tesoro mexicano los anticipos de dinero que le ha he- 
cho durante los últimos meses el tesoro flanees. Ahora 



•102 

* • 

deseo repetir á V. R .ofis mas urgentes instíincias sobre el 
mismo objeto, yj^epfetiile la esposicion de las circunstancias 

• • • 

en que nos onfeontramos, y los rebultados que debemos es- 
perar si líQ salimos de ella prontamente. 

/.'ílBPCíU'gado desde hace pocos dias de los negocios de ha- 
•.jcíéÉÍdá, puedo decir las cosas tales como son, puesto que en 
\r. jíada tocan á mi responsabilidad: y en esto, nada nuevo di- 
. ' go á V. E. que todo lo conoce tan bien. Tan franca espo- 
sicion, le permitirá esclamar, "este hombre dice la verdad.'* 

"La situación militar, bajo el punto de vista financiero, 
es bien sabida de V. E. En el Norte, la división Mejía ^i- 
ve penosamente, consumiendo los débiles reciu:sos de la lo- 
calidad en que se encuentra, imponiendo préstamos casi for- 
zosos, y girando además, sobre Veracniz, sumas impor- 
tantes. 

"En el mismo Norte, las ti^opas que manda Quiroga, ma- 
terialmente no tienen víveres, y este gefe se vé obligado á 
hacer pagar adelantadas las contribuciones de todo un añoj 
y apesar de esto, exije préstamos y coloca á los ciudadanos 
que residen adonde él se encuenta, en la necesidad de emi- 
grar para no ser víctimas de sus vejaciones. 

"En el Sur, las tropas que están á las órdenes de Pican- 
eo, no pueden salir al encuentro de los enemigos que las 
amenazan, porque el sueldo diario del soldado no es segu- 
ro, y porque no hay forraje para los caballos. 

"En el centro del imperio, por causas iguales, ha perdido 
Florentino López tantos dias para moverse y salir de San 
Luis. 

"Se debe á las tropas austi'o-belgas, casi medio millón 
de pesos; y antes que V. E. hubiera dispuesto que se les 
pagara por el tesoro francés, hablan gastado hasta el tUtima 
centavo, y habían consumido todas las provisiones de sus 
plazas de guerra. 

"Es inútil continuar mas allá el triste cuadro de la penu- 



103 

lia de nuestros reeursos ky o el punto de vista militar; Y. E. 
lo conoce, y cuando me La pedido que se ministre algo á 
algmios cuerpos del ejército mexicano, he tenido que con- 
testarle que era imposible hacerlo. 

"Sin embargo, ¿qué pasa en la caja central de México? 
Haj' allí diversos libramientos contra ella, cuya suma total 
monta casi a trescientos mil pesos que no pueden pagarse, 
ni hay esi)eranza de hacerlo; hay exigencias nuiy urgentes, 
á las que no se les puede hacer fi^ente: hay en fin, que a las 
tropas de la guarnición se les deben casi dos meses de sueldo. 

"Las instrucciones que V. E. ha recibido, previenen que 
no se haga anticipo alguno a México. Pero estas instruc- 
ciones se encuentran en oposición directa con las intencio- 
nes amistosas y con la política misma del emperador. 

"¿Hay un remedio para esta situación? Ciertamente que 
lo hay, y no soy yo quien lo afirma, sino M. Langlais que 
lo ha dicho, él, que poseia la entt^ra confianza de la Fran- 
cia, y que ciertamente era digno de ella. 

"¿Cual es ese remedio? Consiste en un nuevo sistema 
hacendario, en el cual disminuyan los egresos y aumenten 
los ingresos. Este sistema está proyectado, casi redactado, 
y puesto en planta en su mayor parte. 

"Todos los gastos se han reducido á su mínimun, comen- 
zando por la Usta civil del empemdor. S. M. se conforma 
con la tercera parte de la lista asignada, hace medio siglo 
casi, al emperador Iturbide. Como V. E. sabe, se trabaja 
en el nuevo orden que debe exijirse en las rentas públicas, 
y del cual se aguanla un aumento notable en los productos, 
y además, se preparan nuevos impuestos, de los cuales ya 
algunos se han puesto en práctica, como, por ejemplo, en 
las aduanas marítimas. 

"Pero no es dado al hombre retarcLar ni acelerar la mar- 
cha del tiempo, y en esto consiste el elemento de todo bien 
6 progreso. Para que los nuevos proyectos den los resiü- 



104 

tados que estoy cierto no deüaudaráu nuestras esperanzas, 
se necesita indispensablemente cierto i>eríodo de tiempo pa- 
ra su aplicación. 

"Es preciso contar con algo durante est€ período de tran- 
sición. No pudiendo ser aún con los nuevos recursos, es 
necesario que sea la Francia la que nos los suministre. Es- 
ta verdad también fué reconocida y practicada por M. Lan- 
glais. 

"Cuando acaeció su muerta, tan sentida, quedaron por un 
momento suspensos los recursos materiales, y el gobierno 
tuvo que sufrir la ley que le impusieron los capitalistas íi 
quienes se dirigió. No ignora V. E. lo que sobre\ino: ne- 
gocios ruinosos bajo todos aspectos, tales como se ha<íen 
bíyo la presión de la necesidad, dieron al gobierno reciu'sos 
que le duraron ocho dias, y lo desacreditaron por un tiem- 
po mayor, obligándolo á emplear, para reembolsar las can- 
tidades que le hablan anticipado, hasta una parte de las 
rentas marítimas, y con las cual(\s dobia pagar prestamos 
esteriores. 

"TaZ es el resultado producido por la retirada d^ la coope- 
ración francesa antes del tiempo debido, 

"Diré algunas palabras de mas sobro estos resultados. 
V. E. comprenderá que el hecho de que una gi'an parte de 
los mexicanos hayan aceptado la intervención francesa, de 
que hayan igualmente aceptado el imperio y lo sostengan 
hoy, apesar de los principios republicanos que profesan des- 
de su infancia, constituye mi argumento poderoso; porque 
á la idea de hitervencion y de imperio, se unia la de buena 
fé, orden, fidelidad al gobierno, y por consiguiente, á la idea 
de independencia de la raza latina en el Nuevo-Mundo. 
Tal ha sido, al menos, la mancna como se ha comprendido 
aquí la mas grande concepción del empei*ador Napoleón. 

"Hasta hoy, el imperio y la intervención han representa- 
do nn Pal>el satisfactorio. Los desórdenes en el ramo de 



105 

Hacieuda (que es de lo que nos ocupamos ihú- el inoineuto) 
habían desaparecido, los pagos se hacían (ton puntualidad, 
las rentas no estaban espuestas ya á las esiM^culaeiones del 
agiotaje, y los empréstitos suscritos en Europa presentaban 
una forma regular. Si después de haber agotado los recm-- 
sos producidos por esos empréstitos, como ha sucedido, el 
emperador se vé obligado á no pagar en lo sucesivo los gas- 
tos, y entiur al sendero del desorden antiguo, lodo el bien 
producido i)or el nuevo sistema, y todas las esi>eranzas con- 
cebidas serán problemáticas. Se obten* ha el lesultado fi- 
nal, pero los sacrificios y los nuevos gastos que exija, se 
prolongarán y se multiplicarán de tal maiu^ra, (pie nadie 
pueda preveerlos hoy. 

"La alternativa para V. E. es, pues, esta: 6 bien imponer 
hoy al tesoro ft*ancés una c^arga lijera para terminar la obra 
emprendida por el emperador Napoleón, la <*ual es giande 
y útil en sí misma: ó bien abstenerse de ha('<*rlo é imponer 
por consiguiente á ese mismo tesoro fi'anc«*s, <ías(os y sacri- 
ficios nuicho mayrjres. 

" No puede abandonarse la empresa: í V. E. la termina- 
rá árpooa costa? O bien, dejará á su gobierno la. tarea de 
terminarla á costa <le sacrificios inmensos? 

" Tal es la cuestión, señor mariscal, (pie soint^e á V. E. 
vuesti'o sincero y adicto amigo 

J. M. A. DE Lacuxza. ' 

Dos (lias después del envío de (\ste docunienlo, ([ue reve- 
laba las angustias de Maximiliano, se había riMUiido (íl con- 
sejo en el palacio imperial. Habían sido conviMados á él, el 
general en gefe, M. Daño y M. de Maintenant, inspector de 
hacienda, delegado en México por la Francia. El empera- 
dor estaba rodeado por los ministros de la corona: la escena 
estaba llena de tristeza. El Sr. de Lacunza nnlamaba ne- 
tamente de nuestix) tesoro un préstamo mensual de cinc^ 

ij 



106 

millones. Los representiintcs de nuestro gobierno, en vir- 
tud de las instnicciones que se les habían dirigido, se habiau 
negado li conceder lo pedido. 

Entónces el empei-ador lanzándose á la discusión esclamó: 
— " Haciendo abstracción de todos los detalles, la cues- 
tión puede reasumirse en pocas palabras: " la bancarrota 
" del tesoro 6 la esperanza de salvarlo. " Si las i>ersonas 
que representíin á la Fmncia en esta reunión no quieren 
aceptar la responsabilidad de haber gastado algunos millo- 
nes, aceptarán la de haber dejado venir la bancarrota, lo 
cual sin duda no entra en los deseos del emperador Napo- 
león, que siempre se ha mostrado el amigo del imperio. ^ 

El mariscal concedió la mitad del préstamo pedido por 
Maximiliano. Ya se ha visto qué recepción aguardaba en 
París á la iniciativa del general en gefe. ¡Por qué, pues, 
las cartas del emi)erador Napoleón á IMaximiliano, que con- 
tenían sin cesar promesas directas de un concurso eficaz, 
eran constantemente precedidas ó seguidas de órdenes ema- 
nadas de sus ministros, prohil)iendo á los agentes fi*anccses 
que hiciesen anticipos en dinero? ¿Por qué no se aprobaba 
lo hecho por el mariscalf Este último acto de la i)olitica 
firancesa, que marcaba públicamente im término al período 
de nuestros sacrificios financieros, hizo mía gran sensación 
tanto en México como en ambos mimdos: porque esta de- 
negación de subsidios no em sino un acto precm^sor de la 
evacuación por nuestro ejército esi)edicionario. El gobier- 
no de Napoleón III comenzaba á recoger los ñutos de su 
política aventurera. En lo de adelante, la müii del gabine- 
te de Washington era la humillación de nuestro amor pro- 
pio nacional, por el derrumbamiento del trono mexicano. 
La Casa Blanca no habia podido ohddar que hacia poco la 
Francia habia reconocido como beligerantes á los rebeldes 
del Sm*, los cuales estaban impacientes por destruir el régi- 
mcn republicano, para inangiu^r una dictadura militar, ca- 



107 

yo futuro gefe, un célebre general confederado, había ini- 
ciado negociaciones en México mismo. 

Hoy que los yankees triun&ban de los separatistas, esta- 
ban resueltos á hacer pagar muy cara á nuestro país y á 
Maximiliano, una intervención imprudente en la república 
vecina. Era necesario confesar que la hora estaba bien esco- 
gida por el tenaz sub-secretario de Estado, M. Seward. La 
opinión pública en Francia, estraviada un momento por las 
pomposas declaiaciones de nuestros ministros, encargados 
de arrastrar á los ei^édulos suscritores hacia los dos emprés- 
titos mexicanos,* se había ilustrado poco á poco sobre la 
verdadera situación política y miUtar del nuevo imperio. 
Si cada correo trasatlántico llevaba á Saint-Nazaire la no- 
ticia de los triunfos alcanzados por nuesti^s tropas, tam- 
bién se sabia, por medio de las correspondencias privadas, 
que los juaristas, favorecidos por la complicidad de los Es- 
tados-Unidos y por la proximidad de complicaciones ame- 
nazadoras en Europa, no se dejaban abatir por las deiTotas 
que les daban nuestros soldados, y reconquistaban sin tra- 
bajo las porciones del tenítorio confiadas solo á la defensa 
de las fuerzas ünperialistas. 

Por otra parte, nuestro gobierno, inquieto ya con las 
eventualidades del conflicto alemán, sentía estar privado 
del concurso de 30,000 hombres aguerridos y empeñados 
mas allá de los mares: pero suponemos con fundamento que 
era su intención mantener en México ese cuerpo de ejército 
por un tiempo indeterminado. Ademas, se veía molestado 
en el interior por las manifestaciones de la tribuna y de la 
prensa, que pedían que se pusiese un ténníno á esa empre- 
sa estéril. Entonces fué cuando los Estados-Unidos, sien- 
do su órgano M. Seward, hicieron oir su voz imperiosa en 



* Kt Importante lodiear aqnl, qo* á petar de qne esoí emprétUtoi Aieroo ealarotamMita 
recomendados en México, ni ana familia, ni ana caaa de comercio del pala qalaieron lascriblrte 
á él: en ana palabra, no hn podido colocarte ni ana tola obligación, ni entre loe miaraoe tmpe- 
rlsBiCaf. ¡Loe mcsSeanoa iteren mae bien Impiradoe qne naeetroc compatrloiaf!— (N. del A.) 



108 

el gabiuetií de las Tiillems. En 1864, este ministro estrau- 
jero se habia limitado u aftimar á M. Drouyn de Lliiiys, 
" que el sentimiento unánime del pueblo americano se opo- 
"nia al reconocimiento de una monarquía en México. " Pe- 
ro ahora, mas audaz, atacaba directamente á la misma in- 
tervención francesa, haciéndole comprender que la prolon- 
gación de una ocupación armada estaba preñada de peli- 
gros. 

En efecto, el (J de Diciembre de 18G5, se habia dirigido 
íil míirqués de Montholon, ministro de Francia, una nota 
emanada del departamento de Estado de AVashington. En 
ella se esplayaban, á propósito de México, las tendencias 
de la política de los Estados-Unidos en lo que concernia al 
continente americano. Esta nota, comunicada al palacio 
de his Tulleríaí;, se habia meditado allí, causando una pro- 
funda sensación. El 9 de Enero de 18G6 nuestro ministro 
de rehwíiones esteriores se apresuraba á en\iar á su repre- 
sentante la respuesta á la comunicación de M. Seward. El 
gobierno francés anmiciaba " que estaba dispuesto u apre- 
" sm^ar, tanto como fuese posible, la salida de las tropas de 
" México. " Siete dias después marchaba en el packett el 
barón vSaillad llevando instnicciones confidenciales para Mé- 
xico. 

No contento con esta primera victoria, el presidente John- 
son disponía el envío á la legación francesa de una segun- 
da nota diplomática, mas exigente aun, fechada el 12 de 
Febrero. Después de tomar nota de la llamada de nues- 
tras ti'opas, poniéndolo como base, pedia que se fijase una 
fecha precisa que calmase las susceptibilidades de sus con- 
ciudadanos. Como se vé, Maximiliano, sacrificado brusca- 
mente, se encontraba en lo adelante á la merced del capri- 
cho de la Union, dueña de la iM)lítica francesa en el conti- 
nente americano. Este segundo documento diplomático, 
en el cual M. Sewanl discutía en quince páginas con una 



109 

lógica inexonible los argumentos dilatorios de M. Drouyn 
de Lhuys, no dejaba pueita alguna abierta para los aplaza- 
mientos calculados ó imprevistos: su fondo y su forma son 
bastante cmíosos, y deben estudiarse bajo el punto de vista 
de los acontecimientos que van á desarrollarse, i)or lo cual 
es preciso rei)roducir aquí algunas de sus páginas mas ins- 
ti'uctivas. La luz que salte de ellas bastará para iluminar 
toda la escena. 



Nota de M. Seward al marqués de Montholon, minuHro 

de Francia. 

Washington, 12 de Febrero de 1802. 

" Señor: 

" El G de Diciembre be tenido el honor de dirigiros, jfíara 

que se informe el emperador ^ una comunicación escrita con 

motivo de los negocios de México en tanto que los afecta la 

presencia de fuerzas annadas de la Francia en a<iuel país. 

" M. Droujii de Lhuys nos asegura que el gobierno fiun- 
cés estii dispuesto á apresm-ar, tíxnto como sea posible, la 
salida de sus tropas de México. Recibimos esta notifica- 
ción como una promesa eventual de ahorrar en lo sucesivo 
á nuestro gobierno las aprehensiones y la inquietud, sobre 
las cuales üisistia yo en la comunicación que M. Droujii de 
Lhuys ha tenido que analizar. 

" Siempre es de mi deber sostener que, cualesquiera que 
fuesen bi intención, el objeto y los motivos de la Francia, los 
medios adoptados por cierta clase de mexicanos para echar 
al suelo al gobierno republicano de su país, y aprovecharse 
de la intervención francesa con objeto de establecer una 
monarquía impeml sobre las ruinas de aquel gobierno, lo 
han sido, á juicio de los Estados-Unidos, sin la aprobación 



lio 

del pueblo mexicano, y se han puesto eu ejecución contra 
su voluntad y su opinión. 

" Los Estados-Unidos no han ^isto ninguna prueba satis- 
factoria de (lue el pueblo mexicano baya establecido 6 acep- 
tado el pretendido imperio que se sostiene haber fundado 
en la capital. Como lo he hecho notar en otras ocasiones, 
los Estados-Unidos son de opinión, que semejante acepta- 
ción no puede ser libremente obtenida ni acepta<la como le- 
gítima en ninguna época en presencia de la invasión del 
ejército francés. Les parece necesaria la retirada de las 
tropas francesas para permitu á México que recurra á una 
manifestación de esta natumleza. Sin duda que el Empe- 
rador de los franceses tiene fundamentos al definir el punto 
de vista bajo el cual debe resolverse la situación de aquel 
país: pero no por eso deja de ser el de la Union aiiuel bajo 
el cual yo lo presento. La Union no reconoce, pues, ni de- 
be continuar reconociendo en México, sino á la antigua re- 
pública, y en ningún caso puede consenth' en comprometer- 
se á lo que implicaria, ya directa ya indirectamente tener 
relaciones con el príncipe Maximiliano, instituido en Méxi- 
co, ó reconocer á este príncipe. 

" Así llegamos á la cuestión aislada que tenia por objeto 
mi comunicación de 6 de Diciembre último, á saber: la 
oportunidad de tenninar un debate cuya prolongación debe 
perjudicar incesantemente á la armonía y amistad que siem- 
pre han reinado hasta hoy entre los Estados-Unidos y la 
Prancia. Los Estados-Unidos se contentan con esponer á 
la Fi^ancia las exigencias de una situación embarazosa para 
México, y espresar la esperanza de que encontrará algún 
medio, compatible á la vez con su interés y su dignidad, y 
con los principios y el interés de los Estados-Unidos, para 
resolver sin demora esta perjudicial situación. 



111 

"Nos atenemos á nuestro juicio, que la guerra de que se 
trata se ha convertido en una guerra política entre la Fran- 
cia y la República de México, perjudicial y peligrosa para 
los Estados-Unidos y para la causa republicana, y solo b^o 
este aspecto y con este carácter es como pedimos su termi- 
nación. 

" Vemos que el Emperador nos ha anunciado su intención 
inmediata de hacer cesar el ser\icio de sus tropas en Méxi- 
co, llamándolas á Francia, y limitándose fielmente sin nin- 
guna estipulación ni condición ¿le nuestra parte, al principio 
de no intervención, sobre el cual estará en lo de adelante de 
acuerdo con los Estados-Unidos. 

"Agregaré á estas esplicaciones que, en opinión del Presi- 
dente, la Francia no puede retardar \in instante la retirada 
prometida de sus fuerzas militares de IVIéxico. 

" Esceptuando el punto hacia el cual no lia dejado de con- 
centi^arse nuestra atención, á saber: que terminen las difi- 
cultades que tenemos en México sin que se interrumpan 
nuestras reLaciones con la Francia, quedaremos complaci- 
dos cuando el Emperador nos dé, ya por vuestro estimable 
conducto, ya por cualquiera otro, el aviso definitivo de la 
época á la cual se podiá contar que terminarán las opera- 
ciones militares de la Francia en México. 

W. II. Seward. " 

La aspereza de este mensaje del Norte em estraüa; pe- 
ro era la consecuencia inevitable de nuestra política de in- 
teiTencion. Desde aquel momento los papeles quedaban 
Invertidos: la Union mandaba. Antes la Francia era la que 
decia altivamente por boca de Drouyn de Lhuys en Abril 
de 18G4, á M. Dayton, el representante de Américíi en Pa- 
rís: " Nos traéis la paz ó la guerra? '' contestando así á la 



112 

ivsolucion lU'l «ongivso que habia votado por uiiauiuiicbíd 
ivntni el estal»]tM»¡uiiento de una monaniuía eu México. 

(¿lunlaki inau«rimula la serie de las humillaciones, y des- 
de íines de ISOo Maximiliano filé sacrificado en secreto. 
Kste príneipt», á quien ima impnidente ambición habia im- 
puls;Mlo hacia la is^sta de Veracruz, iba á caer como la \ie- 
tima de 1;ís débil idiules de luiestro gobierno dejándose dic- 
tar su conducta i^r la aiTogancú\ americana. ¿Pues qué, 
realmente, antes de empeimrse en tan peligrosos azares, no 
se habia iKxlido pivveer fiieilmente esta actitud de los Es- 
taih)s-Unid*>s? ¡Necesitaban ;k\^so nuestros hombres de 
Estado muí plv^i<iou tan rara ixiira descubrir en elhoiizon- 
te la S4.uubra v;iu:Mir*Si*a de la república del Norte, proyec- 
uiüdiKse hasta I:i tVv>utera del Rio-Bmvo, y pnmta á apare- 
ivr cu la o<»*»nii «'luiado llegase su honi? Si se s;ibia que 
lubia de Mípn-fis*» it^igiuirse :i ceder t-I puesto, que éralo 
que la pru«loiH;i i .iiuiisejaba á tan gran «listaucia de la ma- 
dre patria, f i-a lu» ^M;to de oaricLul arrastrar al archiduque á 
uua pénlida 4-i«^rtaf Por otra j^arte, y esto no era lo menos 
uravf, una rerirkl;! muv brusela debi:^ herir a. nuestras tro- 
pa-s ea su iIi^'ii»Ut»l nacioaaí: porí[ue uo se p«xíia agiuirdar 
ver á uuescn»s r"^iiuUatos evaoiuir sucesr.'umente, íX)a ki 
arma al ln-az*), í«k< <.'eiJti\Ks que ocu^xibuiu sin coum»:» verse ai 
calcular Uks vvp* «siilias que las tiiuiiliaíS compr^metitLis del 
l»aís j.HxU-úin -::rrir «I»* [xirte Je los lUx'rales veuceilores. y 
sin quejiu*s*.* ji líi-u^r que ivtnx'eder ante las bravatit< de k>s 
auieiican*^; ^-stv» » l:u digámoslo akameuce. aí}rir á nuestn» 
Sí.uda*.los WJíi í:!;';:i ♦r^sMiiíIa «íc guerra, lulonde el espíritu de 
dis<.'iLsiou Je l*K> .Kr<*s del superi»)r, subordinado á una \h)Ix- 
tica humilde, «lebia «lebiJitar tbrzosameute !a a*hiiirable dis- 
cípiina de uu^'^Cl•«.» 'jéi-eito, [ír'Hito á irritaí*se «.-i'U nizon coa- 
tra \o que le pairee irqui^ix».». 

Se oompivn.lrrá. pues, euáu litleU era ei papel tjue ilxi á 
tocar a] geanral en ííete, üicalmeute colocado entre el cum- 



113 

pliraiento de las órdeDes de su soberano, al cual im soldado 
no podia sustraerse sin faltai* a su honor, y el doloroso es- 
pectáculo de un trono roto por el brusco giro de la política 
francesa, intimidada y apresiu-ando ella misma la destnic- 
cion de su propia obi-a. No se ocultaba al maiiscal que iba 
á entrar á un camino eiízado de dificultades, lleno de dolo- 
res, en el cual el sentimiento del deber y la seguridad del 
cuerpo espedicionario, descontento con razón de su actitiid 
pasiva, tenian que couciliarse con las consideraciones debi- 
das á un gran infortunio exasperado por nuestra repentina 
defección. 



IT 



A la llora en que M. Seivaid remitía al ministro de Fran- 
cia 8U larga uota diploniátioa, desembarcaba eii el jíuerto 
de VeraciTiz el barou Saillard enviado A México cou misión 
del gabinete francas. El mismo correo traia dos despachos 
de DroujTi de Llniys á M. Daño; uno con fecha del 14, y 
otro del 15 de Enero de 18CG. En el primero se decia "qne 
la situación en (jue nos encontrábamos en México no podía 
prolongarse, y que las circunstancias nos obligaban á tomar 
sobre esto una resolución definitÍTa, que el Emperador oi-de- 
naba se hiciese conocer á su representante." Nuestro mi- 
nistro de relaciones esteiiores se limitaba á asentar "que la 
corte de México, & pesar de la rectitud de sus intenciones, 
se encontraba en la imposibilidad reconocida de cumplir en 
lo sucesivo con las condiciones de Miramar." Así, puesta 
la cuestión en estos términos, era arrojar iigustamente so- 
bre Maximiliano toda la responsabilidad de nuestra evacua- 
ción, sin hacerle saber que el negocio mexicano se habla 
convertido en americano. Drouj-n de Lhuys terminalm su 
primer despacho así: 



115 



" Paiis, 14 de Enero de 1866. 
" J. M. DanOy ministro de Francia en México. 

" Es necesariOy pues, que nuestra ocupación tenga un tér- 
minoy y debemos preparamos á ello sin demora. El Empe- 
rador 08 encarga. Señor, que lo fijéis de concierto con su 
augusto aliado, después que una leal discusión, en la cual 
tomará parte naturalmente el mariscal Bazaine, haya deter- 
minado los medios de garantizar, tanto cuanto sea posible, 
los intereses del gobierno mexicano, la seguridad de nues- 
tros créditos y las reclamaciones de nuestros nacionales. 
S. M. desea que la evacuación pueda comenzar hacia el pró- 
ximo otoño 

"Deberéis, Señor, dar lectura de este despacho á S. E. el 
señor ministro do relaciones esteriores y dejarle copia de él. 
Encargo al Sr. barón Saillard que agregue verbalrnente las 
espHcaciones necesarias, y que me dé cuenta, en un plazo 
breve, con la respuesta, en Li cual me hagáis saber los aiTc- 
glos definitivos que se hayan hecho. 

Drouyn de LiruYS. " 

El segundo despacho, de un carácter mas íntimo, tenia 
por objeto establecer que nuestro gobierno creía despren- 
derse de las obligaciones contraidas por el tratado de Mh'a- 
mar, prevaliéndose de la ocultad que le concedía la fitlta 
de cumpHmiento por parte de México de la convención bi- 
lateral, puesto que su tesoro se había agotado y no podía 
pagar á nuestras tropas que ocupaban su territorio. El ga- 
binete fi:^ncés agregaba, que estos embarazos no eran nue- 
vos, y que en diversas ocasiones habíamos tratado de reme- 
diarlos, feciütando empréstitos que habían proporcionado á 



llft 

México sumas de consideración. Esto era olvidar enteiu- 
mente la verdad, puesto que esos enormes empréstitos no 
hablan producido á Maximiliano sino la corta suma de cua- 
renta millones apenas, sin contar los ocho millones que el 
soberano habia recibido personalmente al tomar posesión 
del trono. Por una amarga ironía, este estraño despacho 
eon sus contradicciones, al argüir con la impotencia de la 
corona mexicana para ciunplir sus compromisos, se compla-» 
cia en asentai* que las simpatías y las esperanzas de la po- 
blación eran en fovor de Maximiliano. Al terminar, nues- 
tro gobierno trataba aun de disfrazar la retirada de las tro- 
pas con el deseo de servir mejor los intereses de aquel trono, 
que iba á dejar hundirse, ó mas bien, cuya caida iba á pre- 
cipitar como veremos mas tarde. 
La nota segunda dice así: 

Paiis, 15 de Enero de 1866. 
*^-á M. Dayio, ministro de Frmicia en México. 

"Esta situación me obliga á preguntarme si el interés^ 
bien comprendido del empei^or Maximiliano, no est4 en 
esto de acuerdo con las necesidades que nos vemos obli- 
gados á obedecer. De todos los reproches que se escuchan 
entre los disidentes del interior y del esterior, el mas peli- 
groso para un gobierno que se establece, es sin duda el de 
no estar sostenido sino por tropas estraqjeras. Sin duda 
que el sufragio á &vor de Maximiliano ha contestado á esta 
imputación: sin embargo, subsiste semejante acusación, y 
se comprende ouán útil seria á la causa del imperio quitac 
esc^ arma á sus adversarios. 

"Al momento en que estas diversas consideraciones nos 
obligau á pencar en el término de nuestra ocupación mili- 



117 

tar, el gobierno del emperador, en m solicitud por la ohra 
gloriosa cuya iniciativa tomóy y en sus simpatías por el em- 
perador Maximiliano, debia darse una cuenta exacta de la 
situación financiera de México. Ssta sitttacion es grave^ 
pero no desesperada. Con energía y valor, con una volim- 
tad firme y sostenida, el imperio mexicano puede triunfar 
•de las dificultades que encuentie en su camino: pero el éxi- 
to solo puede obtenei'se & ese precio. Esta es la convicción 
que hemos adquirido con el examen atento y concienzudo 
de sus obligaciones y de sus recursos, y así os esforzareis en 
comunicarla al emperador Maximiliano y á su gobierno. 

Drouyn de Lhüys." 

¡Se pretenderá aún que M. Rouher ignoraba la verdad, 
cuando trazaba desde la tribuna esos risueños cuadros del 
paisage mexicano, tan brillantemente delineados j a por M. 
Corta en sus discursos en el cuerpo legislativo de los dias 
11 y 12 de Abril de 1865? El gobierno francés advertía 
muy tarde que "cZ reproche mas peligroso que puede hacerse 
á un gobierno que se funda j es el de estar sostenido iinica- 
mente por tropas estranjeras! ¿La historia de Francia no 
contenia sobre este punto las lecciones necesarias? 

La misión del barón de Saillard, completamente inespe- 
rada, \ino á producir una turbación indecible en el palacio 
imperial. Maximiliano, sin dai-se cuenta de donde partía el 
golpe, comprendió al punto las siniestras consecuencias de 
ese brusco abandono de la Francia. Cuando logió dominar 
8U justo resentimiento, que no se tomó la pena de disimu- 
lar, rechazó resueltamente las proposiciones que se le for- 
mularon en nombre del emperador Napoleón III. Apenas 
habia pasado un mes cuando se enviaron á M. Daño nuevas 
instrucciones, mas precisas aún y concebidas siempre bajo 
la presión americana. iSe suponia acaso en Paris que el 
emperador IVIaximiliano, cuya disposición ni aim se habia 



118 

tomado el ti*abajo de sondear^ consentiria £&eilinente en la- 
cerar el ti*atado de ÜVIiramar^ ó había la decisión de herir 
de frente todas las resistencias del príncipe? Esta última 
apreciación nos parece verosímil. Se tenia prisa en dese- 
char todos los arbitrios qne permitía una cuestión tan ardien- 
te. El despacho del 16 de Febrero demuestra bastante los 
sentimientos de la corte de las Tullerías, imi)acíente por 
cortar el nudo gordiano que la ataba al nuevo continente* 
Dice así: 

París, 16 de Febrero de 1866. 

^^ A M. Dano^ ministro de Francia en México. 

'* Señor, á la hora en que os escribo esta nota el Señor 
barón Saillard debe haber llegado á México. Por tanto co- 
nocéis ya las instrucciones del Gobierno del Emperador. 

" Como sabéis ya, S. M. desea que la evacuación pueda 
comenzar en el próximo otoño, y que termine tan pronto co- 
mo sen posible. Os entcudereis con el mariscal Bazaine pa- 
ra fijar los plazos sucesivos, de acuerdo con el emperador 
Maximiliano. 

"No podria desan*ollar aquí las diversas consideraciones 
que habrá que tener en cuenta al consiunar esta operación: 
unas, de un carácter enteramente militar y técnico, son en- 
teramente de la competencia del Sr. Mariscal comandante 
en gefe: otras, de un carácter mas político, se conflan á ^nies- 
tras comunes apreciaciones, ilustradas con el perfecto co- 
nocimiento que tenéis de las circunstancias locales y de las 
necesidades que imponen. 

" AiTcglados estos puntos y garantizados así los intereses 
l'ranceses, no por eso dejará el Gobierno del Emperador de 
atestiguar de una manera eficaz, toda la simpatía que inspi- 



119 

r^i á S. M. la pei^sooa del soberano de México y la genero- 
sa empresa á que se ba consagi*ado, y tendréis él cuidado,. 
Señor, de dar la seguridad de ello, en ncyinhre de S. M., reí 
emperador Maximiliano. 

Droüyn de Liiuys. " 

Como se vé, es iuteresaute consultar el Libro amarillo. 
Maximiliano estaba colocado en un verdadeix) atolladero. 
Becordemos que el ait? 29 del tratíido de Miramai* estaba 
concebido en estos téiininos: " las tropas fitincesas evacua- 
rán á México conforme S. M. el emperador de México pueda 
organizar tropas necesaiias i)ara reemplazarlas: " la Fmncia, 
según este artículo, tenia el derecbo estricto de disminuir 
su efectivo, tanto mas, cuanto que Maximiliano en diez y 
cebo meses babia tenido el tiempo y los medios precisos 
pai'a organizar una parte de su ejército, si no lo bubieran 
ener\'ado sus generales y sus funcionarios. Pero si era in- 
teresante, como prueba saludable, dejar entregada á la na- 
ción mexicana á sus proi)ias fuerzas, no por esto debia 
inferirse que comenzando la evacuación en otoño, se tenni- 
nase con una precipitación tan funesta. Lo que sobro todo 
hacüi y debia bacer ÜTitante el debate, era, que preten- 
diendo aplicar á su antojo el trataílo de Miramar, el gabi- 
nete de las Tullerías declaraba al mismo tiempo que se des- 
atendüi de las obligaciones que babia aceptado por la con- 
vención que ligaba á ambas partes. Al fin de Febrero el 
barón Saillard, antes de ver tenninada su misión, se bacia 
á la vela para Emopa. 

Al ver las nuevas insistencias de nuestra diplomacia, la 
corte de México no tardó en comprender que su causa esta- 
ba muy comprometida en Paris. Creyó (pie enviando un 
embajador adicto que pudiese esponer fi-ancamente á su 
augusto aliado sus temores y sus esperanzas, lograria, si 
no conjiu-ar, modificar al menos las resoluciones tomadas 



120 

ya. Almonte, el antiguo regente, recibió orden de partir, 
llevando una misiva imperial para el palacio de las Tulle- 
rías. En espera del resultado de esta negociación, el sobe- 
rano de México puso entre tanto toda su atención en la le- 
gión estranjera y en la brigada austro-belga, que eran los 
linicos elementos eiu-opeos destinados á apoyar el edificio 
imperial después de la evacuación. En efecto, la organi- 
zación de esas fuerzas interesaba en alto gi*ado al porvenir, 
y aim á la salvación de la corona. 

La convención de Míramar estipulaba en su artículo 39: 
" que la legión estraiyem que estaba al senicio de la Fran- 
cia, compuesta de 8.000 hombres, permanecería aim seis 
años en México, después que hubiesen partido todas las 
demás fiíerzas francesas, según lo prevenido en el artículo 
29 Y desde este momento, dicha legión quedaba al servi- 
cio y á sueldo del gobierno mexicano. Este último gobier- 
no se reseiTaba la feciütad de abreviar el tiempo de diu'a- 
cion de este cuerpo estranjero en México. " 

Previendo el porvenir, nuestro cuartel general desde 1865 
se habia ineocupado con la fonnacion paiticular de esta 
fuerza, y habia puesto un especial cuidado en la elección 
de los elementos militares (lue debian componerla. La le- 
gión no tardó en hacerse temible, y al principio del año de 
1866, contaba ya seis batallones, dos escuadrones, dos ba- 
terías y una compañía de ingenieros. En el ciu*so del mis- 
mo año aumentó en dos batallones. Esto em ya un nue- 
vo y sólido apoyo que poseía Maximiliano, ademas de su 
ejército, cuyo efectivo hemos visto que ascendía á 36.000 
hombres y 12.000 caballos casi. 

Paralelamente á la legión estraiyera funcionaba la bri- 
gada austro-belga, doble en número (lue el cuerpo ft'ancés. 
Sin embargo, como su existencia era capital, y Ucenciarla 
por falta de sueldo hubiem sido la señal del desbandamien- 
to general del e;jórcito mexicano, el gobierno francés creyó 



121 

que por esta vez debia consentir en que nuestro t<>soro sub- 
viniese & los gastos de los belgas y de los austiiacos. Por 
interés de la administración de estos contingentes, que nues- 
tro intendente debia sostener é inspeccionar, fué preciso 
proponer á Maximiliano que se reuniese en una sola divi- 
sión la legión estraiyei'a francesa y la brigada austro-bel- 
ga, puesto que estaban llamadas á correr la misma suelte 
y seguir la misma bandem. Esta división debia ser man- 
dada por un general francés. Semejante combinación era 
feliz; supñmia toda causa de conflicto, por competencias de 
mando, entre lo oficiales franceses y los oficiales indígenas; 
ademas, estos elementos europeos, haciéndose compactos 
al vivii- en comunidad, debían adquiíír una fiíerza de cohe- 
sión, que, en los momentos difíciles, habría servido para que 
Maximiliano atravesara como amo á México todo. La 
elección del general ñ-ancés estaba indicada; nuestros dere- 
chos adquiridos no permitían poner nuesti'a legión á las ór- 
denes de los austriaeos, cuando estos á su vez estaban obli- 
gados íi obedecer á los mexicanos. 

A esta doble proposición, favorable á los intereses de hi 
corona, Maximiliano contestó lo siguiente al general en gefe: 

" Méxicoj 3 de Ahril de 18GÜ. 
" Mi querido mariscal: 

" A Miestra amable caita del dia 3 del mes pasado con- 
testo lo siguiente: me es muy grato saber que en la dura- 
ción momenbínea del estado financiero actual del país, el 
tesoro finncés se encarga de cubrir las necesidiules de mi 
legión austro-belga. En esto veo una prueba de la simpa- 
tía de vuestro gobierno por la causa de México. 

'Tor lo que toca, á la reunión de la legión esti'anjera fi^an- 
cesa y de la brigada austro-belga en una sola división, ba- 
jo las ónlenes de un general fiímcés, comisnto en esta me- 

is 



122 

dida hasta donde lo permitan el terreno legal y las circuns- 
tancias nacionales^ propias d estos dos cuerpos^ y con la con- 
dición de que su efectivo total sea por lo menos de quince 
mil hombres. Deseo, pues, que se tengan conferencias sobre 
este objeto. 

"Mi intención es que este negocio sea discutido por ima 
comisión, y os suplico me indiquéis los miembros que por 
vuestra parte designareis para que la formen. 

"Vuestro adicto, Maximiliano." 

Esta respuesta del emperador, que dejaba aun esta vez 
desvanecerse un elemento de fuerza para su trono, no era 
sino una negativa disfrazada para no aceptar la combina- 
ción militar que se sometía á su alta aprobación. Estas es- 
presiones premeditadas, "el terreno legal, y las circunstan- 
cias nacionales, propias á estos dos cuerpos," abrían im cam- 
po infinito á las interpretaciones y a los equívocos. Sin 
embargo, se puso á disposición de la corte de México un 
general de nuestro ejército reputado por su energía. La 
comisión se reunió frecuentemente: no tardai'on en mani- 
festarse en su seno las influencias que hablan pesado ya so- 
bre la resolución imperial. Las comisiones belgíis y austría- 
cas reclamaron para sus soldados una discipUna indepen- 
diente, y el derecho de mando pam aquel de los gefes que 
tuviese á sus órdenes un efectivo mayor. En ima palabra, 
esto era independerse de toda dirección ft-ancesa, y esponer- 
se, como los acontecimientos lo probaron mas tarde, á gra- 
ves desastres. Al fin de todo, el general austríaco de Thun, 
que habia hecho dimisión del mando, disgustado de enten- 
derse con el ejército mexicano, fué llamado al frente de estas 
fuerzas esti'aiyeras, y Maximiliano suplicó á nuestro cuar- 
tel general, que tomase de nuevo la alta dirección de su ejér- 
cito. ¡Ouánto tiempo perdido en vacilaciones infructuosas! 



IX. 



El único concurso que el mariscal podia dar al gobierno 
imperial, era conducir bien las operaciones de la guerra; 
porque el artículo 69 del tratado de jMii^mar le prohibía 
formalmente intervenir en ninguno de los i*amos de la ad- 
ministración mexicana. Maximiliano reinaba con entera 
independencia, y cualquiera que fuese el estado de la situa- 
ción interior, la responsabilidad incumbía a los ministros de 
la corona, que en aquellos momentos tmta>ban ya, sin duda, 
de descargarse de ella. 

El cuartel general, cuyo deber era luchar contra estas 
tendencias, y encerrarse estiictamcnte en sus atribuciones, 
se apresuró al llamado de la familia imperial, á dar las ba- 
ses de una nueva creación militar, que pudiese duplicar las 
ñierzas de la legión estrai\jera y de la brigada austro-bel- 
ga. El general en gefe tomó á su cargo pedir á su gobier- 
no la autorización para formar nueve batallones de cazado- 
res de México, introduciendo esta vez mas en ellos cuadix)8 
fiaaceses, por ser los que ofrecían mas garantías á la corto 
de México. 

En pocos meses, nueve batallones de cazadores^ de diez 
compañías cada uno, y con im efectivo por término medio, 
de 400 hombres, quedaban instalados en los centros princi- 



124 
pales, de cuj-a liefeiisa estaban encargados, de uua manera 
permanente, y arreglados de modo que pacerán renovarse 
por un reclutamiento local. Vestidos, equipados y pagados 
por cuenta de nuestro tesoro, su misión era recorrer sus dis- 
tritos en patrullas á las guardias rurales. Instructores y 
pagadores tomados de nuestras filas quedaron adjuntos á 
estas nnevas fuerzas, adonde dominaba el elemento francés, 
puesto que estaba representado por 66 oficiales, 130 sargen- 
tos, y 1,502 soldados llauíados del cuerpo espedicionario. 
El resto del cuadro estaba formado por indios y mexicanos. 
Ademas, en México y en Guadalnjara, las dos ciudades ca- 
pitales del imperio, se organizaron dos legiones de gendar- 
mería. Estos gendarmes, que scbabian reclutado especial- 
mente entre los belgas y los austríacos, se situaron en bri- 
gailas en los caminos, abrigándose en enálteles fortificados. 
Estaban encargados de custodiar el camino principal de Ve- 
racruz á México. 

Al mismo tiempo el mariscal, conforme á las instniccio- 
nes de Napoleón UI, enviaba 6, París su plan de e\'acnacion 
sucesiva. Usando de la l^ititud que le babia concedido su 
gobierno, y preocupado con la idea de sah-ar hasta donde 
fuese posible los intereses de la nueva monarquía, habia pro- 
puesto escalonar la partida de las fuerzas ñ^ncesas en tres 
términos, realizables en un plazo determinado, de modo que 
la retirada, comenzada cu Norierabre de 1866, pudiese ter- 
minarse durante el otoüo de 1867. Esto eni asegurar al 
imperio mexicano la protecciou fi-ancesa dmunte veinte me- 
ses casi. Tuvo la felicidad de ver que esta luieva proposi- 
ción tan importante habia sido üivorablemente acogida en 
las TuUerías; pero las promesas hechas en Paris no debían 
ser respetada mucho tiempo por el gabinete francés. 

Sin dejarse abatir por las dificultades, Maximiliano, eu 
quieu el poeta soñador eclipsaba frecuentemente al sobera- 
no, se puso con valor á la obra. Alentado por la a-eacion 



125 

de los cazadai^esj el cmpeiiulor tomó al fin el partido de he- 
rir el fondo de la cuestión militar, eliminando á los oñciales 
peligrosos, y reducir el número de fiíerzas nacionales en 
aquellos lugares adonde gravitaban sobre el tesoro sin pres- 
tar servicio alguno al país. La carta que dirigió á su mi- 
nistro de la guerra indica el camino lleno de prudencia en 
que trató por un momento de empeñarse, ilusti'ado por la 
esperíencia y entregado á sus propias inspiraciones. Dice 
así: 

Ciiernavaca, 11 de Mayo de 1866. 
"Mi querido ministro García: 

" Os devolvemos el proyecto conceniiente á la nueva or- 
ganización del ejército que nos habéis enviado, y cuyas ba- 
ses en lo general nos parecen buenas. 

" Siempre tendi^eis cuidado de comunicar previamente ese 
proyecto al mariscal Bazaine, á fin de saber si no hace des- 
parecer los cuerpos que llenan un pai)el importante en el 
plan de sus operaciones militares. 

"En cuanto á la delicada operación de suprimn cierto nú- 
mero de fuerzas organizadas, tomareis todas las precaucio- 
nes necesarias ¡xu'a no desalentar desde luego á los oficiales, 
porque entonces iiian á engrosar las filas de los disidentes. 

"CJonvendria igualmente arreglar el modo de efectuar 
la reducción, fajando una fecha precisa en la cual cada co- 
mandante de cuerpo, de batería, de compañía etc., forinaria^ 
oon la intervención de la autoridad miUtar mas próxima, ua 
estado de fuerza, vestuario y armamento, indicando quién 
debe recibir todo lo que pertenece á las tropas incorporada» 
ó licenciadas. 

"Fijareis toda vuestra atención en la maneía de efectuar 
la disolución de las partidas pequeñas, las cuales, por su po- 
ca disciplina y por la ignorancia de sus gefes, podrían insm*- 
reodonarse en el momento de recibir la orden de disolverse. 



126 

"Antes de hacer conocer la disposición que reduce las 
ñierzas existentes, estudiareis con cuidado en qué puntos 
del territorio hay tropas cuya retirada dejaría los lugares 
que ocupan á disposición del enemigo, á fin de cubrirlos al 
instante con los nuevos cuerpos. 

"En fin, será objeto de vuestra atención todo lo que pue- 
da impedir los inconvenientes que traigan consigo medidas 
tan importantes. 

" Una vez que se haya terminado el licénciamiento 6 el 
desarme de las fuerzas escedentes, los oficiales superiores y 
demás que sobren pasarán provisionalmente al depósito, 
mientras se examinan sus títulos para concederse su retiro 
6 su licencia absoluta. 

Maximiliano.^ 

Al fin vohia á encontrarse, en estas circunstancias, el es- 
tilo enérgico y conciso, el sentido recto del antiguo almiran- 
te de la marina austríaca que habia preparado, para gloria 
de su patria, los laureles de Lissa. Si hubiera sido secim- 
dado por su propio partido, y sin la fittal defección de la 
Francia obedeciendo á los Estados-Unidos, Maximiliano ha- 
bría triunfado acaso de muchos obstáculos! Pero el cuar- 
tel general era casi su único apoyo; este se apresuraba has- 
ta á conceder á la corona el concurso de todos nuestros ofi- 
ciales capaces, á quienes deseaba emplear á su lado. M. 
Friant^ intendente militar, agradaba particularmente á la 
corte de México, que estimaba en mucho sus servicios. El 
emperador formó el proyecto de atraérselo. 

Cuernavacüj 16 de Mayo de 1866. 
"Mi querído maríscal: 

^* Puesto que habéis puesto tan generosamente á nuestra 
disposición todos los medios que están á vuestro alcance 



127 

para organizar el ejército nacional^ os pido agreguéis lui 
nuevo servicio á los que os debemos ya, autorizando íil in- 
tendente M. Eríant, á que nos preste la poderosa coopera- 
don de sus notables talentos administrativos, para fundar 
BolMre bases sólidas la administración del ejército mexicano. 
"El reglamento elaborado por este intendente parala di- 
viflion auxiliar, se distingue por tal sencillez imida á un re- 
^stro tan seguro, que me prometo los mas felices resultados 
de la cooperación de M. Friant. 

Maximiliano." 

El emperador obtuvo sin dificultad que este alto fimcio- 
narío fuese colocado cerca de su persona, aunque realmente 
era necerario en la administración del cuerpo espedicionario. 

Uno de los rasgos notables del reinado de Maximiliano es 
la confianza que tenia en su obra. Por otra parte, su valor no 
hizo mas que crecer en la adversidad. Una vez repuesto del 
^imer sacudimiento que le Labia causado la noticia de la 
evacuación, en el momento de conocer la misión del barón 
Saillard, Labia contemplado mas fi*iamente la situación que 
le quedaba, y aunque aguardaba que con los esfuerzos de Al- 
monte cambiasen las instrucciones de su aliado Napoleón 
ni, contaba á la vez con encontrar en su país adoptivo los 
recursos necesarios para llevar su empresa á un buen fin. Es- 
peraba mucLo del tiempo para aplacar las pasiones, persua- 
dido de que á la larga los disidentes cambiarían á su favor, 
yendo á colocarse b^o sus banderas. Como lo piiieba la car- 
ta siguiente, también aceptaba con mas &cilidad la idea de 
la partida sucesiva de nuestras tropas, y trabajaba con acti- 
vidad en organizar sus fuerzas nacionales: solo que se mecia 
en sus ilusiones, acariciando ideas que, como él mismo lo 
ocmfíesa, parecían d^ la edad media. Al organizar* su ejér- 
cito sobre el papel pensaba en los laiisquenets^ ohidando que 
México necesitaba, antes que todo, de mía mano de fíeiTO 



128 
que cuncentmac todos Iob hiloB de la trama, sin d<^iU' nada 
á la casualidad ni á la indisciplina, y no recoi-dando que ha- 
cia cincuenta años casi que el país sucumbía bí^o las gavi- 
llas de I(fi partidarios. Semejante proyecto era muy prac- 
ticable ea medio de los enérgicos yanitees, que frecaente- 
mente hablan oi>erado ast dtuíuite la guerra de segregación; 
pero en México, esto era aumentar el número de lo que el 
mismo emperador llamaba kordasy eae azote desolador de 
las Américas. 



Cuernavaca, 17 de Mayo de 1866. 

" Mi querido mariscal: 

" El eniiwjmdor Napoleón, después de haberse ■visto en 
la necesidad de fijar de una manera fonnal y pública la re- 
th'ada sucesiva de sus tropas, me escribe en su última car- 
ta que ha dado las órdenes mas precisas pai-a que se preste 
á mi gobierno el concurso indispensable para la terminación 
de la obra que él ha comenzado de una manera tan glorio- 
sa, y que se me dé toda la ayuda necesaria para formar de 
una manera sólida el ejército nacional, crear cuerpos mixtos 
y reformar los cuerpos voluntarios. A ñu de alcanzai' con 
seguridad este objeto, considero como una obligación y aun 
como un deber de conciencia, ponerme con vos, querido 
mariscal, que sola el gcfe de ambos Qjéreitos, en relaciones 
completas y continuas, para fijar de una manera definitiva 
los planes de organización, nsegiuar su cgecucion, marcar 
los gastos que hay que hacer y detenninar las personas que 
deban elejirse. El medio mas eficaz para no perder el po- 
co tiempo tan precioso que nos queda, me parece ser, en 
primer lugar, invitaros, mi querido mariscal, á que me ba- 
gáis saber por escrito vuestras ideas y vuestros deseos, so- 
bre los nuevos arreglos y sobre el plan detallado que hay 



129 

que seguir, pam pacificar rápidameute y de una niaueiti 
completa el país, basííndolo sobre los datos tan notables 
que han venido líltinianiente de todos los puntos del impe- 
rio; en segundo lugar debemos reunimos ambos cada sema- 
na, una vez ó mas si es necesario, con el ministro de la 
guerra y el intendente Friant, cuya ayuda será nuiy útil en 
las cuestiones administi*ativas. 

" A estas sesiones, en las cuales se tratarán UkIos los 
puntos capitales sobre organizainon, gastos y pei^sonal, tengo 
intención de llamar también al comandante Loysel, quien 
podra al mismo tiempo redactar, de una mancipa confiden- 
cial, las actas, sin las cuales no alcanzaríamos ni el orden 
ni la prontitud que son de? desearse. En el caso en que el 
mai'isc4il crea (jue seria igualmente útil hacer asistirá estas 
scíiiones á Uraga, como uno de los representantes de la par- 
te activa del ejército, tendrá la bondad de indicármelo. 

" En este momento nw. piufce <[uo debe verse la cuestión 
militar bajo tres puntos de vista e.s(*neial(*s: La organiza- 
ción urgente de 20,000 liouil>res de tropas nacionales; la 
fonnacion sólida de los cuerpos mixtos qu(^ habéis designa- 
do con el nombre de Cazadores^ ([iie* son para mí la base 
del futuro ejército, y la pacilíeacion sistemática del país. 

" Paiu el primer punto, nie par(M^(» ([ue seria precMSo apro- 
vechar los pocos ('Uerpos dignos que (\\:isten hoy, como los 
dcMejía, Méndez, (Jarcia, ete.; Ibnuar con ellos el núclea 
nacional, y despedir ininíMliatanicntií todo aquello que solo 
es una soldadesca sin valor. Pero esta es solo una medida 
preparatoria. 

" Para llegaren la situación actual, á formar pronto bue- 
nos batallones de infantería y buenos regimientos de caba- 
llería, no veo sino un medio que acaso os parecerá bastante 
singular, y que dl{io re.sjnra á la edad uiedxaj y consiste en 
escoger hombres seguros, que tengan mi confianza y la 
vuestra, de los cuales la mitad seria de oficiales europeos 

19 



130 

de una larga esperiencia: nombrarlos jefes de los batallones 
y regimientos; después de hacerlos venir á México y de 
darles instrucciones claras y precisas, decirles: " Sois los 
" responsables, escojed vuestros oficiales, obrad, y seréis 
" sostenidos. Pero debéis obtener por resultado, La forma- 
" cion rápida y eficaz de \^iestros cuerpos. " Vuestra ac- 
ción directa y la del ministro de la guenTi, que está com- 
pletamente á vuestra disposición, me parece que deben coa- 
tribuir mucho á la ejecución de este plan. 

" El segundo punto está completamente en vuestras ma- 
nos: vuestra sabiduría y vuestro profundo conocimiento del 
país, asegurarán sin duda su cscelente solución. 

" En cuanto al tercer punto, me parece muy útil conocer 
todas las relaciones é infonnes que los comisarios inij)eria- 
les y los generales que mandan las divisiones territoriales 
han dado últimamente, y cuyas copias obmn en mi secre- 
taría. Por este medio es íácil formarse una idea completa 
de la Ciintidad de tropas que seria necesario poner en mo- 
\imiento y preparar los fondos indispensables. 

" Si la ejecución es posible, se tendría la ventaja de com- 
l)rometer á los altos fandonnríos que han dado las relacio- 
nes, mostrándoles que se han obsequiado sus deseos, y que 
ellos serian así los responsables de la situación ulterior. 

" Si nos ponemos valerosamente á la obra, creo que de- 
bemos contar en pocos meses con un resultado brillante, 
que coronará los esfuerzos de valor y de energía que habéis 
desplegado en interés de este país. 

Maximiliano. ^ 

Como se vé, el ejército estaba siempre en estado de tras- 
formacion. Las comisiones absorvian, fi-ecuentemente en 
vano, las horas mas preciosas. Sin embargo, el tiempo ur- 
gía, y tan impoitíintes cambios no podian efectuarse en mi 
solo dia. '^Además, esto era mantener el estado de incerti- 



131 

dumbre en que vivían los regimientos mexicanos, muy in- 
clinados ya, por su carácter móvil y por las tradiciones de 
los pronunciamientos^ á pasar sin trabajo de un gefe á otro. 
Maximiliano también se engañaba mucho al creer que com- 
prometiendo á los altos funcionarios^ se criaba garantías de 
fidelidad para el porvenir. Además de que esta estratajema 
no era digna del soberano, debia este saber que los mexicanos 
jamás se creen ligados por sus compromisos. Tienen por cos- 
tumbre en cada movimiento revolucionario desaparecer, de- 
jar pasar la tempestad, y después unirse al partido vence- 
dor, mientras llega un momento propicio para un nuevo le- 
vantamiento. Este desprecio de la fé política, constituía la 
fuerza de Juárez, que estaba cierto siempre de ser bien 
acogido por sus conciudadanos, aun por aquellos que aca- 
basen de prestar juramento al imperio. Y si no, recuérde- 
se que nuestras tropas habían ido hasta la ciudíid de Chi- 
huahua, situada al último estremo del imperio, para arrojar 
de ella al presidente de la república. Después de algunos 
meses de ocupación y que habían afirmado la paz en aque 
lIoB lugares lejanos, nuestms fuerzas tuvieron que dejar la 
capital del Estado, entregándola á su propia guarnición, 
para correr á nuevos peligros. Al momento Chihuahua lia- 
iÑa abierto sus puertas á Juárez, que vohió de Paso del 
NartCj cuando Maximiliano creía que su enemigo habia atra- 
vesado la frontera americana sin esperanza de volver á su 
paSs. La presencia del Presidente en el territorio mexica- 
no^ afectó vivamente al emperador, el cual ereia que no te- 
nia otra causa la resistencia de los disidentes. Apesar de 
que la necesidad de tropas se hacia sentir en los Estados 
leí centro, la misma corte de México resolvió una segunda 
spedicion sobre Chihuahua, y espresó su voluntad al ge- 
oral en gefe en términos que prueban claramente que el 
aperador reinaba y gobernaba con plena independencia. 



132 



ChaindtepeCj 28 de Mayo de 1866^ 
"Mí querido mariscal. 

"Las noticias que recibo del interior y del esterior, me 
demuestran la imperiosa necesidad que hay de arrojar á 
Juárez de Chihuahua, y ocupar esta ciudad de una mane- 
ra definitiva, para quitar á los Estados-Unidos el único pro- 
testo plausible para acreditar cerca de él un embajador, y 
la ocasión de presentar cada dia nuevas exyencias. 

"Es evidente que tanto importa á los intereses de vues- 
tro glorioso sobemno, y mi augusto aliado d emperador 
Napoleón JJJ, como á los miosj poner término á las jpre- 
te)iciones del gaMnete de Washington^ aiTojaudo á Juárez 
de la última capital: aim en ello va también nuesti-o honor. 

"Lo repito, las noticias del esterior que acabo de recibir, 
hacen resaltar la lu-gencia de esta medida, y como gefe de 
mi ejército tendréis la bondad de atender inmediatamente 
de su ejecución. 

"Insisto de nuevo en la pronta formación de batallones 
franco-mexicanos, y en la necesidad de constituir al mo- 
mento sus cuadros franceses, porque urge mucho. 

"Sobi-e todos estos puntos escribo al emperador Jíapo- 
león, dándole parte de mi resolución. 

"Vuestro adicto, 

Maximellvno.'^ 

La corte de México ignoraba cuál era la conducta del 
gabinete francés, puesto que acariciaba aún la esperanza de 
acabar con las pretensiones del gabinete de Washington, y 
se alucinaba con arrastrar á su aliado en este camino. Dos 
razones poderosas combatían nuestra vuelta á Chihuahua. 
Primera: los gastos que iba á ocasionar esa lejana espedí- 



133 

«ion, debían gravar sin provecho el tesoro mexicano^ bas- 
tante agotado ya. Además^ nuestro cuaitel general tenia 
la orden de su gobierno de editar en todo caso las eventua- 
lidades que provocasen un conflicto en las fronteras del Nor- 
te, aquellas sobre todo adonde los americanos cjercian una 
acción directa. Segunda: que semejaqíc espedicion era una 
bita; porque fácilmente se podía preveer que á semejante 
distancia la ocupación no podía ser permanente. Era fati- 
gar sin objeto nuestras columnas de operaciones, cuando 
eran mas útiles en óticos puntos. 

Sin embargo, se ejecuta la orden imperial. El coman- 
dante Billot se dirigió rápidamente sobre Chihuahua, de 
donde salió Juárez seguido solamente de algunos compañe- 
f06 de camino, huyendo de nuevo hacia Paso del Norte. 
Los soldados y los funcionarios liberales se habían despar- 
ramado por todos lados. Durante seis semanas, las tropas 
fianeesas trabíyaron en fortificar la ciudad, de maneía que 
quedase al abrigo de una vuelta ofensiva, y después de ha- 
ber ejecutado e^tos trabajos, fueron relevados por mil dos- 
dentos imperiales casi, que no tanhu'on en ser atacados. 
Sus gefes, en lugar de concentrarse en la plaza fortificada, 
y defender sus entradas, emprendieron una salida con sus 
fuerzas á media legua de la dudad: en la noche su derrota 
«ra completa, y Chihuahua aclamaba definitivamente la re- 
púbhca. 

Este episodio mihtar se roproíliyo en muchos puntos del 
territorio, y Maximiliano, á quien la prensa francesa y es- 
ta:ai\jera han presentaílo frecuentado en desacuerdo con 
nuestro cuartel general, solo del auxilio de este aguardaba 
los medios de defender el imperio. Es que el príncipe no 
podía hacer responsable al mariscal de los ¿ictos de su go- 
bierno, y apesar de todo, le estaba agradecido por sus es- 
ftierzos. La carta que se va á leer, atestiguará un senti- 
míentri hostil de la corona descontenta con la dirección de 



134 

las operaciones militares, cuando por el contrario en ella se 
quiere concentrar la autoridad absoluta en manos del gene- 
ral en gefe ? 

"itfárioo, 3 de Junio de 1866. 
"Mi querido mariscal. 

"Para terminar prontamente la organización del €¡jéroito^ 
lo que se necesita, ante todo, es unidad de acdon. 

"Las ideas que con este motivo habéis emitido en el oon- 
S€|jo, están llenas de esactitud y de buen sentido práctica. 
Por otra paite, sois ya el general en gefe de todo el ejérci- 
to, y director esclusivo de todos los movimientos militares, 
es decir el mejor juez de lo que debe hacerse, estando ade- 
mas en posición de ejecutarlo. 

"Acabo, pues, de investiros hoy con una autoridad abso- 
luta para la organización de los batallones franco-mexica- 
nos, y la reforma del ejército nacional. 

"Todas las órdenes que deis y trasmitáis al ministerio de 
la guerra, dirán: "por orden del emperador.'' 

"Tal es el plan que he aceptado definitivamente, después 
de que me habéis ilustrado con Aiiestros consejos: se ha 
concebido únicamente con el objeto de concentrar en vues- 
tras manos ima organización que solo vos y \'uestros dignos 

oficiales pueden rexilizar. 

MAXonLixVyo.'' 

Para cualquier espíritu imparcial que se haya penetrado 
del sentimiento de cordialidad que hasta aquí reinaba en- 
tre la corte de México y el mariscal; para quien sin predis- 
posición haya apreciado la sinceridad de los esfuerzos he- 
chos por nuestro cuartel general á favor de la consolidación 



135 

del trono imperial, usando de los medios restringidos y de 
las facultades que le habia concedido el gobierno nances: en 
fin, cuando se haya leido esta correspondencia tan concilia- 
dora^ de la cual hemos reproducido muchos fragmentos, pa- 
recerá estraño que el emperador y la emperatriz de México 
hayan podido quejarse secretamente al emperador Napo- 
león del general en gefe, pidiendo fiíese llamado á Francia. 
Sin embargo, esto era lo que pasaba hacia muchos meses 
ya, sin saberlo el mariscal, el cual supo la verdad, del mis* 
mo París, mas tarde, durante la época del \iíy^ ^ Europa 
de la emperatriz Carlota. Y que todo exigia la franqueza: 
convenia á im soberano articular leal y directamente su& 
quejas, si las creia justas. Esto era tanto mas un deber 
para la corona, cuanto que en otra época habia manifesta- 
do al general en gefe, cuando fué elevado a mariscal, senti- 
mientos que no hablan contribuido poco á detenerlo en el 
suelo mexicano, adonde creia prestar un servicio á la mo- 
narquía: el mariscal tenia la conciencia de que no habia 
desmerecido de esos sentimientos. 



''Penjamilh, 7 de Octiibre de 18G4. 
"Mi querido mariscal y amigo. 

"Con el mayor placer acabo en este instante de recibir la 
noticia de vuesti^ elevación á mariscal. 

"Al distinguiros con tan alta muestra de favor, el empe- 
rador satisface los deseos de todos los buenos mexicanos, á 
los cuales, y en su nombre, habéis devuelto la Ubertad y la 
paz, de lo que siempre os estarán reconocidos. Una sola 
cosa iKxlria disminuir la alegría que nos causii este feliz 
acontecimiento, y seria el que por este motivo tuvieseis que 
abandonar nuestra i)atria. Espero que el emperador Na- 



ijgy^i**|wy^!yTfcy -Tj ' i. ^ 



136 

poleon no privará á México de vuestios servicios que le son 

tan necesarios. 

^^Al reiteiuros las felicitaciones )iias conliaJes 

*^Vuestro muy adicto, 

Maximiliano." 

jNo liabia en estas líneas ma^ (jue agua bendita de la 
cortef La carta de la emperatriz Carlota, apresurándose 
á participar este feliz acontecimiento al general en gefe, ad- 
juntándole los periódicos de Bélgica, respiraba la misma 
l)enevolencia. Algunos momentos tan solo de verdadero 
desacuerdo habían venido al principio de 1866, á turbar la 
armonía entre la corona y el cuaitel general. Por orden 
del emperador Napoleón, un oficial ft'ancés habia vuelto á 
México habiendo fenecido la licencia que se le concedió. 
Maximiliano, que entonces no estimaba ya los servicios de 
este oficial, dirigió al general en gefe la siguiente carta: 

"Mi querido mariscal. 

"Acabo de saber la repentina vuelta de M*** (jue acaba 
de desembarcar en Veraeniz. Tengo motivos para sorpren- 
derme de la vuelta de este oficial, y por tanto, me haréis 
saber por qué se han sepanulo de las instrucciones que ha- 
bían emanado de la reunión especial que con este objeto ha- 
bíamos tenido en México. 

Maximiliano." 

Como se vé, Maximiliano hablaba como amo: i>ero como 
puede preveerse, el mariscal no haí)ia podido prestarse á 
discutir los actos de su soberano, único juez de la elección 
de los oficiales destinados á hacer la cíimpaüa de México. 
En la misma noche, en los salones de palacio, en presencia 
del cuerpo diplomático, y después de la salida del general 
en gefe, Maximiliano creyó deber recriminar este hecho en 



137 

términos algo \ivos. La actitud del maríscíil, instruido de 
este penoso incidente, estaba enteramente marcada; pero el 
empei^ador de México, cuyo corazón ei*a tan grande, no tar- 
dó en procurar, el primero, borrar las huellas de este dis- 
gusto. Jamás este soberano ni la emperatriz habían hecho 
saber al general en gefe directa ni indirectamente las que- 
jas que diryian á la corte de las TuUerías, y sin las indis- 
creciones que se cometieron dmante la permanencia de la 
emperatriz Cárl#a en el Gran Hotel de París, el maríscal 
hubiera ignorado todo dmante mucho tiempo. 

Pero el mariscal, en quien el orgullo de los Hapsbourg no 
podia dejar de ver al soldatlo advenedizo, tenia un defecto 
muy grave á los ojos de Maximiliano y de su augusta com- 
pañera, y ei*a la de querer en todo continuar siendo fi^ncés. 
La« instrucciones del gabinete de las TuUerías, de fecha 6 
de Enero de 18C6, y desde entonces repetidas sin cesar, 
prescribían ya al cuartel general, ^^(¿ue no pusiese enjuego 
su influencia^ sino con inuclut reservaP "Apesar de las 
quejas de Maximiliano, escribían de allá, no queremos (Lir 
un solo solda<lo mas.'' Al fin del mismo mes, dccian aún 
de Paris al mariscal: ^'habéis procedido con prudencia con- 
centrando vuestras tropas entre San Luis, Aguascalientes 
y Matehuala. Que nuestro papel militar acabe gi^adual- 
mente.'' Desde los últimos dias de Mayo de 1866, el go- 
bierno francés "esperaba resoluciones estremas de parte de 
Maximiliano;'' agobiado por la penuria del erario, apelaba á 
la adhesión del general en gefe para (¡ue no vohlese todavía 
á Europa, adonde se preparaba á ir con las primeras tropas 
embarcadas, y para que aceptase las fatigas de la evacua- 
ción hasta el término final de la retüada. Maximiliano 
mismo habia atestiguado al gefe del cueipo espedicionario 
toda la satisfacción que le causaba semejante medida. Pe- 
ro, apesar de todo, la corte de México se habia dejado per- 
suadir de que debia recUimar el en\^o de mayor número de 



90 



| iw ^ yjg y <, 



138 

fuerzas francesas, y <iue le abrieran créditos importautesí 
tenia la cou\iccion, al ver la resistencia del cuartel general 
á sus proyectos, que el mariscal era el único obstáculo á que 
nuestro país hiciese nuevos saciificios que, 4 su juicio, de- 
bían asegiu'ar el triunfo de su causa. Esta corte alimentaba 
la idea de que la Francia estaba enteramente dispuesta á ve- 
nii* en su ayuda. Pero el mariscal, que estaba bien instruido 
de las intenciones del gabinete de las Tullerías desde fines 
de 18G5, así como también del estado de la opinión pública 
en Francia y en los Estados-Unidos, para nada queria pro- 
vocar un aumento de fuerzas, que ciertamente se le habría 
rehusado. Su oi>inion pei'sonal era, que hablamos gastado ya 
bastante oro, y hablamos perdido bastantes hombres: y co- 
mo no cesaba de hacérselo presente á Maximiliano, le sor- 
prendía la impotencia del elemento mexicano, i>or lo cual 
no podia consentir en esponer á su país á nuevos azares. 
El soberano de México tenia razón al desear para su patria 
recursos mas considerables: además, al mariscal le habria 
agradado mandar un ejército mas imponente: ¿pero no se 
hubiera condolido la Francia al ver que uno de sus genera- 
les aiTasti^aba á aquella tiena lejana algunos millares de 
hombres mas! ¿Qué cuentas tan sangrientas no reclama- 
ria hoyf Algimos han creído y aun podran creer hoy, que 
con aumentar el efectivo del ejército, habria bastado para 
decidir el triunfo de la monarquía. Estos no han asistido 
á las intiigas ni á Las defecciones de la corte, ni han pre- 
senciado el cuadro aflictivo de las dificultades financieras 
que renacían sin cesar. Ignoraban las instrucciones venidas 
de Francia, que prescribian evacuar las plazas desde los 
pruneros días de 18G6; no han podido tener en cuenta la 
inercia calculada de los altos funcionarios, lo cual pesaba 
sobre casi toílo el tenitorio del imperio. Debía compade- 
cerse á Maximiliano, i)ero no por esto podia acusai-se al 
general en gefe. 



139 

Para convencerse mas, bastará ver el despacho que en 
aquella misma época M. Bigelow^ ministro americano en 
París, dirigía á su gobierno, quien le habia prevenido que 
pidiese esplicaoiones al gabinete de las Tullerías sobre pre- 
tendidos movimientos de tropas que se decia estaban des- 
tinadas á México. 

"París, 4 (le Junio de 1866. 
"-á M. Seicardj sub-secretario de Estado en Wasliingtim. 

"Señor.! 

"El domingo último fui á la casa de Sk E. el ministro de 
negocios estraivjeros, para conferenciar con él sobre el olge- 
to indicado en vuestras instrucciones marcadas como cot^fi- 
deneiales. Nada nuevo he tenido que esponerle, porque ya 
le habia informado sobre el contenido de este despacho el 
ministro francés, residente en Washington. 

"Después he hecho presente que el objeto de vuestras 
instrucciones, como yo las comprendo, será sin duda obte- 
ner ima esphcacion que probablemente á vos niisnio os pe- 
dirán, con relación al embarque en Francia de tropas nume- 
rosas para México, después de haber proclamado oficial- 
mente la intención de retimr todo el ejército. 

"A esto me contestó S. E., que desde la última vez que 
nos vimos, no ha recibido de sus colegas, los ministros de 
GneiTa y el de Marina, la noticia de que se hubieran en\iado 
á México en este año, ningunas tropas pertenecientes al 
cuerpo espedicionario, sino el número preciso de reemplazos, 
pero sin aumentar en manera alguna el efectivo. El em- 
barque de tropas mencionado en los periódicos y en vuestro 
despacho es, probablemente, el que tuvo lugar en el Sháne 



140 

bácia principios del año. Este buque ba tocado la Martinica 
y no Saint-Tbomas como se ba dicbo. Llevaba á bordo no- 
vecientos diez y seis soldados, y no mil doscientos; pertene- 
eian á la legión estrai\jera y no al cuerpo espedicionario. 

^^Estos soldados babian esperado mucbo tiempo su tras- 
porte en Francia y en Argel, antes de ir á incorporarse á 
sus regimientos. Ningim nuevo engancbe se ba becbo para 
la legión estranjera, desde que el emperador ba anunciado 
su intención de retirar su bandera de México, y no se sabe 
que se trate de bacer nuevos engancbes. 

"En cuanto á lo que concierne al embarque de tropas re- 
clutadas en Austria, S. E. me ba dicbo que este es un ne- 
gocio entre el gobierno austriaco y los mexicanos, y que lA 
Francia nada tieuAiue ver en ello. Desde que le be sig- 
nificado el becbo, ba rectificado sus convicciones sobre este 
objeto, dírijiendo un despacbo á los ministros de la Guerra 
y de Marina, los cuales le ban espuesto (lue ninguna espede 
de liga bay ni para engancbar ni para trasportar tropas de 
Austria á México. 

"Después me ba declamdo que la intención del gobierno 
es retirar todo su ejército de México, lo mas tarde en el 
plazo marcado en la nota que osdiryió, y mas pronto aún, 
si la temperatimi y otras consideraciones lo peimiten, y que 
no tiene intención de reemplazar este ejército con nmguna 
otra tropa, cualquiera que sea su origen. 

" Al terminar esta larga conversación, cuyo importante 
resultado os lie hecho conocer ya^ be espresado al ministro 
la satisfiíccion que me causaban sus esplicacioues, y el pla- 
cer que tendria al comunicarlas á mi gobierno. 

" Esta nota ba sido presentada á M. Drouyn de Lbuys, 
quien ba aprobado el relato de nuestra conversación que 
ella contiene. 

John Bigelow. ^' 



141 

La lectui'a de esta nota podia dejar á Maximiliano algu- 
na esperanza de obtener tropas de refuerw. Así era como 
los Estatlos-Unidos seguían paso á paso los actos de la po- 
lítica francesa, contando hombre por hombre casi, los des- 
tacamentos que se necesitaban para reemplazar nuestro 
efectivo. Estaba prohibido el mismo reclutamiento de los 
austríacos. ¡Hacia mucho tiempo que el gobierno de la 
Francia no se habia visto sometido á una tutela tan tiráni- 
ca! El único recurso de reclutamiento milit¡ar que quedaba 
á Maximiliano, consistía, en lo de adelante, en enganchar á 
los soldados fmnceses cumplidos que, en lugar de embar- 
carse pam Europa, quisiesen servir en los Cazadwes. 



Como se ha vis^ Maximiliano daba mucho interés al 
aumento de los nire\'e batallones de Cazadores: tenia el de- 
recho de contar con la buena voluntad de los franceses que 
consentían en ingresar á ellos: porque los soberanos exita- 
ban la ardiente simpatía de nuestro ejército siempre- gene- 
roso. Pero los esftierzos del cuartel general, la abnegación 
de los oficiales ft*anceses que hablan aceptado la tarea difi- 
<íil de formar y mandar estos nueve batallones, debían ser 
estéiiles, si el mismo país, si los comisarios imperiales y si 
los grandes propietarios no ayudaban francamente á un 
buen reclutamiento. La leva^ especie de plagio mihtar, ha- 
bla sido abolida desde antes, por la regencia, obedeciendo 
una noble inspü^acion del mariscal Forey: el imperio había 
renovado la prohibición formal de reciurir á este sistema 
bnital é inhumano de aumentar las filas del ejército mexi- 
cano. Apesar de todo habla leva aún. Los indios toma- 
dos de leva por los Mcendadosj la escoria de la sociedad 
mexicana sacada de las cárceles, tales eran los mezquinos 
elementos que los prefectos políticos de las provincias se 
obstinaban en poner á la disposición de los comandantes 
franceses, y se puede comprender lo que sufrirían nuestros 
pobres voluntarios, que tenían la dignidad de sí mismos, al 



143 

codearse en las filas con unos compañeros de armas que 
habían cambiado la cadena del presidario por el fusil. Sin 
embargo, nuestros oficiales no se desalentaban. 

Apoyándose en las órdenes imperiales que hablan pres- 
crito el reclutamiento en los Estados de México, Querétaro 
y San Luis, trataban los jefes fi-anceses de sacudir la apatía 
de los prefectos políticos, 6 de contrarestar su hostilidad: 
recorrían ellos mismos las Mciendas; apelaban al patriotis- 
mo y á los intereses de los grandes propietarios, cuya sal- 
vaguardia estiibaba en la elección legal de los ti^bajadores 
que vi^ian en sus fincas, ó por la presentación de volunta- 
rios bajo su bandera. Toda la población, si los comisarios 
imperiales no traicionaban á la corona, (kbia dar su contin- 
gente al reclutamiento. Los acontecimientos exigian mas 
que nunca semejantes sacrificios. El general Mejía tenia 
fi-ente á sí á Escol)edo y á Cortina, que amenazaban des- 
truir su división, la mas disciplinada de las tropas mexica- 
nas, y compuesta de las viejas y aguemdas tropas de la 
Sierra. No por esto se desalentaba Maximiliano; también - 
es preciso decir que se sentia mas fuerte con la energía de 
una compañera adicta, que^rigia los asuntos de México, 
mientras que él recoma el país. A Cueniavaca fué á he- 
rirlo, sin abatirlo, la noticia de un gran desastre, y sin dila- 
ción pidió á nuestro cuartel general los medios de reparar 
el mal. 

" Cuernavaca, 24 de Junio de 1866. 

" Mi querido mariscal. 

" Con mucha satisfiíccion acabo de saber, por vuestra úl- 
tima carta, que se continúa sin descanso organizando los 
nueve batallones de Cazadores y el ejército nacional, y por 
ello os doy cordialmente las gracias. 



144 

" La noticia de la destiiiecion casi completiv de la divisicHi 
Mejia, ha veiiido á soqnendeniie y á afectarme dolorosa* 
mente. En estas valientes tropas fundaba una parte de mia 
esperanziis para el pon^enir. Por oti'a pail», era necesario 
pai*a aliviai- nuestro tesoro, volver á establecer las con^uni- 
caciones entre Matamoros y Monterey; pero tengo eoniSap- 
za en las medidas que os sugiera vuesti*a alta esperíencÍA^ 
y os suplico me enviéis el plan de campaña que hay qxie 
seguir para reparai^ la desgi-acia que a<»iba de heruiios, y 
haa>r volver al orden los departamentos rebeldes. 

Maximiliano. " 

Un ¡segundo golpe, mas sen^^ible aún, vino al fin de Ju- 
nio á cíicr sobre la corte de México: enx la respuesta del 
emperador Napoleón lí la embajada de Almonte, y en la 
cual tanto Maximiliano como la emperatriz Carlota, tenían 
tan fundadas esi>eranzas. Napoleón III esi)onia á su alia- 
do condiciones mas duras aún que las que se habian formu- 
lado hasta entonces. Si la forma del mensíye imperial, que 
contenia la exposición de ciertas quejas realmente funda- 
das, era insultant<i para el amor propio de Maximiliano, las 
resoluciones que contenia dictaban la sentencia de muerte 
de la monarquía mexicana. \M. Seward triunfaba! 

" Pañs, 31 de Mayo de 1866. 

" El general Almontc ha entregiwlo al emperador hvs car- 
tas de S. M. el emperador Maximiliano y las comunicacio- 
nes que se le habian encargado parg, el gobierno francés. 
S. M. tiene el pesar de vei'se obhgado á ospresar a^uí la 
sorpresa que le han causado dichas comunicaciones. Hace 
mas de un año que las instrucciones dirigidas á los agentes 
franceses en México, é inspiradas por el sentimiento de los 
deberes y de las obligaciones recíprocas que ambos hemos 



145 

eontraido, tenían i)or objeto hae^T llegar al gobierno hh^xí- 
tanoj algunos cons^os dietailoB por los intereses de ambas 
pafse» y tíimbien por la sincera aniistivd que S. M. profesa 
al emperador Maximiliano. 

" Pareee que no se lian (X)niprendido estos conscyos. Las 
groposieiones foimuladas i>or el Sr. general Almonte lo in- 
dloaa bastante, al mismo tiempo que reveLin el deseonoci- 
mieDto comx>leto de una situación que es preciso revelar sin 
demora á Li corte de México. 

*Wo hay i)orque reixn-dar el origen de la esi)edie¡on fran- 
eesa; su legitimidad procedía de nuestras níclamaciones; 
obligados á hacemos justicia i)or nosotros mismos, la es|)e- 
riencía del i)asado nos nuindaba que buscásemos para el 
porvenir garantías contra la repetición de actos que hablan 
atraído írecnent<»mente sobiv aquel país, á cOvSta de espedi- 
ciones onerosas, represiones severas, pero siempre ineflca- 
oes. Esíis garantías del)ian resultar sobre todo de la fun- 
dación de un gobierno regular, bastante fu(*rte para ronij)er 
cou las tnulíciones de desorden que había legado tanto go- 
bierno efímero. Por ai>i»tecible que íiu*se el establecimien- 
to de semejante gobierno, o^sotros, menos que cualquiera 
otro, no píMÜamos pensar (*n impon<*rlo, y siempre hemos 
desaprobado altamente s<MU4*jant<» d(»signio. Sin embargo, 
no hemos «luerido cieer (pie laltasi»n á la sociedad mexicana 
]o6 elementos d(» tan indispensable regeneración política, y 
y nos habiamas propuesto secundar to<los los esfuerzos que 
fse intentas(*n en el país mismo para arrancarlo de la anar- 
quía que lo devoraba. Ksta empresa era gi-íuidiosa y sedujo 
al emperador Maximiliano. Al llamado de la nación mexi- 
cana, sin dejai'se detener por las dificultades y los peligros 
de semejante tarea, se (Consagró á ella valerosamente. Pen- 
saba, como el empcínidor Napoleón, que grandes interesen 
de conciliación y de equilibrio, se miian á la independencia 
ie México y a la integridad de su teiritorio garantizadas 

91 



■ j! - ■ ■.■ ■ g>w.. 



146 

por mi «íí>bi<*iiio estable y níparador; y sabia que no le/al- 
taria nncMro ap<fyo ¡mra ayudarlo á realizar una obra útii 
al mundo entero. 

"L( 8 deberes que tieiu» el eiiii)enidor liácia la Francia, lo 
obligan siempre á medir, atendiendo á la importancia de loA 
intereses Imneeses comprometidos en esta empresa, la eé- 
t<mcion del coneni*8o (lue le em jiermitido ofrecer á México 
para asegm^ar el íxito. Con este objeto se hizo el tratado 
de Miramar. 

*'üe este tratado que estableció nuestros derechos y nues- 
tras obligaciones, la Francia cumplió ámidiamente las car- 
gas (jue había acei>tado, y no recibió sino de una manera 
nuiy iiH*()Uipleta las compensiU'iones equivalentes que Méxi- 
cíí le liabia prometido. Este es un hecho que debemos ha- 
cer eonstar, poniuíí no depende de nosotros suprimir suB 
consecuencias. E.stamos nnty lejos de desconocer los obs- 
táculos y las (Uficultades de todo genero 4?on que S. M. ha 
tenido que luchar. Si hemos deplorado fixícuentemente que 
sus leal(\s intenciones no fuesen mejor secundadas, siempre 
hemos aplaudido su activa solicitud y su generosa inicia- 
tiva. 

**Los resultados no conespondian á nuestras esperaiusaa, 
ajKísar de la hábil y enérgica dirección del mariscal, y de la 
abnegación de un ejército al cual nada cansaba. 

"El gobierno fiíuicés íacilitabala conclusión de emprésti- 
tos que venian en auxilio del tesoro mexic4mo, y sin embar- 
go, nuestros créditos no eran compensados sino con regla- 
mentos de liquidaciones ilusorias. Se han dado cons€¡ja6 
amistosos; i>cro la resistencia sistemática de los consejeros 
de S. M. se manifestaban en todo lo concerniente á los hi- 
tereses de la Francia. Debe reconlarse cuantos esfíienos 



147 

-costó á la legión francesa obtener al fin una insuficiente re- 
paración de los peijuicios que habian sufrido nuestros na- 
^dónales, á la vez que sin discusión se habian arreglado las 
redamaciones inglesas: entonces, cuando se encontraban re- 
euTBos para saldar siri dilación y al contado créditos dudo- 
sos y uo exigibles, hemos visto ponerse en duda hasta el 
cxíg&a de las reclamaciones finncesas, que sin embargo ha- 
Inan sido reconocidas por el tratado de Míramar, como la 
causa det^nninante de nuestra esiiedición, y que aun cuan- 
do &Itase toda estiimlacion, hahrian constituido una deuda 
de honor irremisible é indiscutible. 

"Después de haber señalado incesantemente al gobierno 
mexicano la necesidad de atender por sí mismo á su propia 
oonBervacion, y de haberle manifestado muchas veces que 
no se peri)etiiaria la eoopenicion (lue le prestábamos sino 
en tanto que se cumpliera estrictamente con las obligacio- 
nes re8i)ectivas c<mtraidiis con nosotros, habíamos hecho 
^ue se le espusieran las imperiosíis consideraciones que nos 
impedían j>eAiv & la Francia nuevos sacrificios, y que nos 
decidían á llamar nuestnis tropas. 

"Pero al tomar estíi resolución, hemos prescrito que se pu- 
siesen en su ejecución los pitusos y las precauciones neces^ 
lias para evitar los i>eligros dé una transición muy brusca. 
Al mismo tiempo debía preocupamos la urgencia de susti- 
tuir á las estipulaciones, sin valor ya, del tratado de Mira- 
mar, otros arreglos destinados á obtener la seguridad de 
nuestros créditos. En consecuencia, el ministro del empe- 
rador en México ha recibido instrucciones para concluir so- 
bre esto una nueva convención. 

"Estas instrucciones, como los demás actos del emperador 
Fapoleon, están inspiradtis por los sentimientos natmraleB 
qoe lo ligan al emperador de México, y por su deseo sincer 
10 de conciliar intereses que no quiere sepai^ar. Ha apre- 
ci^o las razones que han determinado á sus refresentantm 



148 

é $¥> aprcísurar la conchmon inmediata d^ loa arreglos que 
^ hs hahian indicado: pero ha sentido ver que el gabÍDetC" 
mexicano s«í aprovechaba de su condescendencia para tras- 
portar á París la residencia de luia negociación que no pue- 
de seguirse con provecho sino en México. 

^^ emperador Napoleón ha sentido, mhiv todo, encontrar 
formuladas en el proyecto de tratado sometido á su gobierno 
por el general Atmonte, las proposiciones hechas ya, y que 
cada vez que se han indicado ha sido forzoso declinarlas iK>r 
raeones muy poderosas. Debia prolongarse la presencia de 
las tropas mas allá del término pi^efijado, debíamos hacer 
nuevos préstamos previendo la insuficiencia de los recursos 
del te^soro mexicano, y el i>ag(» se aplazaba para épocas in- 
determinadas; ningima prendase nos ofrece^ ninguna garantía 
se estipula {)ara la segiuidad de nuestros créditos. Después 
de las esplicaciones francas, leales» y completas del gobierna 
francés, es difícil darse cuenta de la |)ersistencia de las ilu- 
siones que han presidido á la concepción de este proyecto. 

"Es imposible admitir las proposiciones traídas iK)r el ge- 
neral Almonte, ni autorizar su discusión. Era preciso con- 
sentir antes en una nueva convención. 

"Si H. M. el emperador Maximiliano acepta las combina- 
dones que le sean propuestas, se dejarán en pié los plazos 
que se han fijado para la partida sucesiva de las tropas fran- 
cesas, y el mariscíal Bazaine acordará, de acuenlo oou S. M^ 
las medidas necesarias para que la evacuación del territorio 
mexicano se efectúe en las condiciones maa &vorables para 
üonsen-ar el orden y consolidar el poder imperial. 

"Pero, si por el contrario, no se aceptan nuestras proposi- 
ciones, no debemos disimular, que considerándonos en lo de 
adelante como libres de todo compromiso, y firmemente 
sueltos á no prolongai- la ocupación de México, prescribíí 
moi al mariscal Bazaine que proceda, con toda la diligenda 
poolUei á retirar al qjército, no teniendo en tmenta sino las 



149 

«ouvonieiieías militares y las consideracioncM t^nicatí de las 
que él será el único juez. Atetuderá al mismo tiempo á 
procurar á los íntei-eses fiauceses las seguridades á (jue tie- 
neu derecho. 

"El emperador ííai)olcon tiene la eoncieucia de haber aya- 
dado á la obla eomun: á México toca ahora afirmaila. La 
tutela estnuvjera, si se prolonga, es una m¿iki escuela y una 
fuente de peligros; en líl interior, habitúa á no (!ontar con- 
sigo mismo y imniliza la acción nacional; en el est^ríor, sus- 
cit^i de^conñanzas y despierta susceptibilidades. Ha llega- 
dOy parsi México, el momento de elevar su patriotismo á la 
altura de las circunstancias difíciles por las que atraviesa. En 
el intciior, lo mismo (pie en el est<^rior, los at^iques dirigidos 
contnt las instituciones (pie t^se país se ha dado, se debili- 
tai'án sin duda graduahnente cuando se defienda salo^ y se- 
rón iini)otentes contia la unión del pueblo y de su soberano, 
cimentada en las i>ruebas que and)os ac^^pten y soporten con 
v:ilor. Así, S. M. el (imperador I^raximiliano y la njujion 
mexicana alcanzíirsin el honor de haber consumado Li obra 
civilizadora, que siempre tendremos el orgullo de hal)er ak^n- 
tado y protegido d(»sde su princijno.'' 

L:i corte de México (piedó herida de estupor, y aun ma- 
nifestó todo el dolor qu(í le causíibalaconductii del gabinete 
de las Tullerías, y esto con tanta mas fuerza, cuanto que el 
tesoro mexicano se había agotíulo por híM»er frente á los 
compromisos (pie habia contiaido (*on la Francia. Es evi- 
dente que al llegar este mensaje de Nai)oleon III, Maximi- 
liano nada debia, esceptuando aiMiiuis cuatrocientos mil fran- 
co*;: hacia algún tiempo que habia coiK^entrado todos sus 
cuidados y todos sus esfuerzos (»n satisfac(T las condiciones 
del tratado de Miraniar, que desde entonces quech^ba roto, 
y se exigia de él una nueva convención que debia quitarte 
sus últimos recursos mas seguros, los de las mluanas á% 



160 

Tampico y de Veracruz, puesto que la mitad de sus pixK 
ductos debia darlos á la Francia. Si no se aceptíilxi e«ta 
convención, el mariscal tenia orden de replegai*se inmedia- 
tamente y de abandonar á Maximiliano á sus propias fiíer- 
xas. El n?sentimlento de la familia imperial se exhaló en 
quejas muy amargas, y aun transpiró ftiera del píilacio. Lüa 
revelaciones del porvenir justificarán esta fijase que, lo afir- 
mamos, fíié pronunciada por Maximiliano delante de su cor- 
te: "He sido engañado: habia una convención formal úx^ 
reglada entro el emperador Napoleón y yo, sin la cual jamáis 
hubiera aceptado el trono, y i>or la cual se me garantizaba 
absolutamente el socono de las tit)pas fhmcesas hasta fines 
.de 1868.'' En (afecto, en Londres no se ignoiti que existia 
este tratado se<;reto. 

Maximiliano comprendió qu(* no le quedaba ya mas que 
un partido, la abdicación. El 7 de JnUo tomó la pluma 
para firmar la abdicación de Li monarquía: la soberana de 
México detuvo su mano. Entonces fué cuando monda por 
un sentimiento generoso, amique hrefiexivo, la emperatriz 
Carlota, íifiuntando las fatigas de una larga travesía, y las 
fiebres de la tien-a cíilicnt<í, atravesó los mare.^. Esperaba 
ganar su causa en Paris y en Koma, es decir, cortar favo* 
rablemente las tres cuestiones que debian decidü* de la suerte 
de la monarquía, la permanencia y aumento del cuerpo de 
ocupación, un auxilio financiero, y obtener un concordata 
edeeiástico. 8i su empresa no em coronada i)or el éxito, 
el emperador, después de haber devuelto el i)oder á la nadon^ 
debia ir á unirse á Europa con su valerosa y digna compa- 
ñera. La corte de México se cegaba ella misma sobre la 
situación; pero i>or su paite, los confidentes íntimos, que no 
podían habituarse a la idea de abandonar sus buenas x>08i* 
dones, impulsaron á la emi>eratriz á embarcai-se. El dia 8 
de Julio, el periódico oficial de México animciaba que la 
emperatriz partía para Europa, adonde iba á tratar de los 



151 

negocios do Móxíih) y a arreglar diversas materiiis iiitenm- 
donale^ Esto era haeer alimion al viage de Uonia paní 
tranquilizar al clero y á los detentadores de los bienes na- 
cionales. A íín de asegurar los gast4)s que iba á impender 
en 8u travesía la ilustre viagera, estando vacío v\ erario, l'u6 
preciso recurrir al fondo del desbague, y t4)niar de allí la 
suma de 60,000 i)esos. 

Un incidente, penoso b¿vJo todos aspectos, señaló el paso 
de la emperatriz por el puerto de Veracruz. Hl departa- 
mento de k% mai'íua niexieana, al cual se babia abieito es- 
pontáneamente por el marisc*.al, un (*rédito de quinientos 
mil francos, para crear un servicio de guarda-costas, aten- 
diendo al contrabando que privaba sí las aduanas de sus 
product4>s, no i)oseía una embaruunon sí<iuiera, y ni aun 
habia cuidado de preparar una paní su soberana. Al lle- 
gar al muelle la enipi?ratriz C^arlota, no encontró sino 
on bote francos á sus órdenes: decididanu'nte s(» rehusó á 
navegar Ixyo bi sombra de nu(\stro pabellón para ir al bu- 
que, líl desíH)ntento que manifestó 8. M. en (*1 nuu^lle, era 
ana señal inequíviHía de que se alejaba del suelo niexie4i- 
no con el corazón la<;enido |M)r la (íonducta <lel gobierno 



Esta psirtida, (lue se consideró e^>nio un suinvnio y ulti- 
mo esfuerzo del régimen monárquico, fue la señal de gran- 
des demostraciones de los jimristas. En c^l ej^'i'^*i^<> ^^^ '^ 
imperialistas se manitestaban abiertamente síntomas de 
diflolucion, y la legi<m belga, debilitada ya imr las d(»sereio- 
nes, comenzaba a amotinai-se, al mismo tienqio <iue se in- 
cendiaba la ti-onteni del Norte. El general Douay anuncia- 
ba que todo el país estaba inva<lido por la caballería repu- 
blicana. El general 01v(íra se dejaba «[uitar un convoy 
defendido por 250 austríacos y 1,000 nu»xieanos, de los cua- 
les una parte sí^ pasal)a a Esf!o1)edo nctoiioso. El general 
Mcgía iba á sucumbir in^rdiendo derinitivamente el puerto 



152 

de M¿it¿iiiion)s, vióiiclase obligado á retíranie casi dolo poi* 
mar, ilirigi^nidost* á Venieniz. En el 8iir defeocionabaii las 
troiKis (*n Parras. El geiu*nil Medina tnúcionaba al impe- 
rio levanlandt» la riudid ci»ntnil di* Tula, y las cjya8 vacias 
del Estado no ])oilian dar su<'Ido u las tix>|m8 ([ue se desbau- 
ilabnn. AdenuÍH, vi tesoro Ihuieés i'edbia la orden de no dar 
ya un solo ])eso Á los batallones de cazadoreSj que hasta 
eDtono4\s se habla eompronietido á pagsir el genend en gefe. 
Al anuncio de t<Mlos estos dosíistres, el niuriseal ereyó pru- 
dent<i ir á la Ironteni del XorU*, adonde se aglomeraba to- 
da esta t<*nipestad. Mizo Ibrioar al nionient^i umi columna 
ligera, la eual, d(r aeaenlo von la iH>ntni-gue.rrílIa francesa, 
recibió la misión de oiKT.ir a travís de liis zonas de 1» in- 
Hunverion. Antes dr salir de México, el genei-al en gefe «e 
presentó (»n pahuíio, eon la e.si)eninza de tomar óideues del 
e.miKírador; iH»ro no st> le n^ábió. 

¿(/ónio miraria en efe<»to Maximiliano al representante 
de la Pnmeia? Por otra parte, el empenulor de. México no 
había tonuulo decisión alguna ivspecto á la nueva conven- 
ción que si» Ir i>roponia, y pn^leriii encernii^se en su silencio. 
ApiMias llegó el maris<'4il :i San Luis, el dia 20 de Julio, 
cuando envió al palacit) do ]\Iexico un resumen de la situa- 
ción del país, y aniuició, "(pu; no podia dejarse sola a la le- 
gión belga en Monterey, porque no estaba allí segunw BI 
espíritu de indisciplina entrt* esta troi)a habia tcmiado tales 
proi)Oix.*iones, que el general Üoujiy no st» habia atrevido á 
ejecutar la orden que sv. Iv dio de licenciarla, por temor da 
provocar nna subleva(*ií>n a mano armada.^ Al terminar 
est^i carta, e] mariscal, eunqiliendo con las instrucciones 
formales del emperador XajKdc^on, decía Á Maximiliano: 
"Yo nada i>uedo empriMüler antes de (Mhuhmt la soludou 
que S. M. «luiera dar á la nota que la l^*ancia acal>a de eo- 
viarlt.^, y enya última partí* prescribe la concentración in- 
mediata de las tropas liane4»sas, (*n el cíuso de que el empe* 



rador uo luliniüi la siLstitucioii de una nuova oonv(*ndon ai 
tratado de Minimar." 

Quince d\su^ después Uegjiha un correo de Maximilhuio 
á Peotillo8, adonde se encontraba nuestro cuartel genenil, 
y entregaba al iniuiscal una cartel mas funestii aún que el 
triste decreta) «le ti de Octubre, curta quti habla sido arran- 
eadft sin ducb^ abusando de la debilidiul del sobc^nino, pc»r 
un uiini8tn> loco de teiror al estruendo de la iusuiTcccíon qne 
invadia el comzon mismo del impcirío. Debe asentiirse ade- 
más, que el empei*ador, cuando no S4' le insistiii vivamente, 
ni siquiera consulüiba al gt^neral en gefe, y aplicaba inme- 
diatamente el estado de sitio á tiKlo el teiTi torio. 

^^ México^ 7 (le Agosto de 1866. 
**Mi querido mariscíil. 

'* Por dos decretos feehados el 19 de Agosto he de- 
clarado en estado de sitio los deiíai'tiimeutos que me hiin 
parecido mas agitados en estos momentos. Tilles son, por 
una parte, los departamentos de IVüehoacau y de Tancíta- 
ío, y \H)V otra los dei>artamentos de Tuxiían, Tulancnigo, y 
^1 distrito de Zacatlan, en el departamento de Tlaxe^ila. 

"Con tal motivo delw) participaros <iue muchos miembros 
de mi ministerio me invitan á declarar el estado de sitio en 
iodo el imperio. Pretenden que el único medio de obU^ier 
la pacificación del país, y aun d<» obtener orden en laadmi- 
lüstiucion y en la hacienda, es entregar el poder en manos 
de los comandantes superiores militares, que se escojerán 
que sean en toiliis partes, si es i^osible, oficiales franc^'ses. 
Esta niedi(bi no puede tener un efecto h^gal si no es decla- 
rando á los dep¿irtamentos en estado de sitio. 

"Lsi cuestión es muy importante: afecta xl los inteit^tse» 
mas grav<»s; y no he querido d(*cidiniie antes de conocen 



K-. - w >.iM-' ■ J- ^t^^^'^rM ijQ r^ J" «"¿^^^^^P 



154 

vuestra opinión. Acabáis de recoiTor una gran parte del 
imperio, habéis visto de cerca la sitiuicion en que se encuen- 
tran diversos departamentos, y mejor que nadie estáis en 
posición de ilustrarme cím vuestras luces y con las obser* 
vacioiies que personalmente hayáis hecho. 

**Me seria, pues, muy grato saber si creéis neccjsario que 
todo el imperio se declare en estado de sitio, si conviene 
decretarlo especialmente en algunos departamentos, y cua- 
les sean e^tos; en ñn, sí estáis dispuesto á designarme lo6 
oficiales franceses que podrían ser nombrados comandantes 
superiores en los departamentos declarados en estado de 
sitio. No dudo en cnu'r que en esta vez vendréis de nuevo 
en auxilio de mi gobierno. 

'^Vuestro muy adicto, 

Maximiltaxo.*' 

Kl mariscíil, á quien tan grtituitamente se h» han supues* 
to sueños de ambición lu^i^ional, los cuales nada podia fevo- 
rccesr tanto como semejante dictadiua militar, en una épo- 
ca tan crítica píira la corou«n, contestó desde su vivac al 
emperador. 

" PeoHIhs, 10 (U Agost4) de I8títí. 

*' 8eíion 

** Tengo el honor de acus;ir rec¡I)o á S. M., de su cart» 
de dos d(;l presente, en la cuid 8. M. se digna i)edifme Bfl 
opinión sobre la oportunidad de declarar en estado de sitio 
todo ó pm'te del territorio del imperio mexicano, invitán- 
dome í\ hacerle saber los oficiales franceses que podían ser 
nombrados comandantes suixíriores en lt)s departamentos 6 
distritos puestos en estado de sitio. 

" Oomo lo ha hecho noUu* Y. 51., la cuestión es muy im- 
portante y afecta á los mas sirios intereses. 



155 

" Bl estado de sitio, en efecto, constituye un estado ti an- 
sitOTÍo, durante el cual todos los poderes se depositan en 
manos de la autoridad militar; estado que modifica singu- 
lannente el sistema de los ramos administrativos y judicia- 
les, y que coloca á los ciudadanos en mía situación anoimal 
y TÍolenta. 

^' Igualmente, por interés de una medida general y en un 
momento de crisis fuerte é imprevista, es por lo que la au- 
toridad soberana recurre á este estremo, para indicar que 
la fuerza es el único argumento que le qued¿i que emplear. 

** jHa llegado hoy el caso de aplicar esta medida al im- 
perio mexicano? No lo creo, y pido al emper«idor permiso 
de demostrarle que la medida es inútil. 

" El estado de guenti, que es, por decirlo así, el estado 
normal de este país desde hace cincuenta años, y ({ue no 
se modificará sino á hi larga, no da fácilmente los medios 
apetecibles para obtener por la fuerza lo que ni la peisua- 
cioD ni los esfuerzos de una administración normal han po- 
dido crear? 

" La sustitución de una autoridiul única á las demás, de 
un solo poder á todos los que rigen la sociedad, no i>odria 
dar mas unidad á la marcha del gobierno, sino en tanto 
que las autoridades momentáneamente suspensas (porque 
repito que el estado d(? sitio no puede S(»r sino transitorio) 
ptidie^n ser reemplazadas al mismo tiempo y por todas 
partes por otras con cuyo valor y buena fé pudiera con- 
tarse. 

" No es mas natural obrar que decretar, y en el esta4lo 
de guerra incontestable en que se encuentiu el país no es 
mas sencilla y fácil la transición para llegar al estado de 
ffitiof Tjob generales y los comandantes superiores existen 
ya en los puntos adonde su acción podria ser indisi)ensable 
ó en los Inmediatos. 

** Las cortes marciales funcionan en toda la estension del 



156 

iiuixTií». ¿Kl ostiido <!<• sitio (laria mus fucizii, nia> ucciou 
y uuw pri»stigio u lu autoridad militar? No, Stfiur, simple- 
ment4» suprímiria la acción directa Av las aiitoridiidcí? ci- 
viles. 

^' »Se puede llegar u igual objeto, siu espantar & nadie, 
permaneciendo en el estado de guerra sin salirse de la le- 
galidad y ivmoviendo v] jH^rsonal administrativo, judicial 7 
financien). 

" Como con>lario del sentimiento que me impuLsa á des- 
hechav el estado de sitio, wilvo en los caso» urgentes y en 
detenninadas kK'alidades, pt^ro siempre de una maneni muy 
transitiiría, dobo ahora agregar á las consideraciones gene- 
rales qui* aoalK) dt* t^'uer la honra de esponer á V. M., otras 
consideraeiouos síicadas de la situación propia del ejército 
francés vu México, en las ciivunstuucias actuales, cuando 
acaba, después de dos añas, de volvc^r a h\ autoridad mexi- 
cana los poíleres qur ejercía antes de la llegarla del sobe- 
rano. 

" Por vivo que sea mi deseo de poner á dis|K)SÍcion de V. 
M. í<h1os los oficiales ([ue se sirviese pedirme, hay ciertos 
límites que no puedo traspasar. 

" Xo podria yo en efecto, en los momeulos en que nna 
paite del ejército francés se dispoiK* á abandonar el suelo 
mexicano, desorganizar sus <*uadros, j vivándolos de sus ofi- 
ciales suiKTiores, los línieos <|ue pueden tener bastante .iu- 
toridiul para ejen-er las funciones de comandantes superio- 
res en los deparUimciitos declarados en estado de sitio. 

" Menos puedo pensar en íilejar de sus tmpas á los ofi- 
ciales 8ui)eriores que i>erteneeen a hus fuerzas destinadas á 
quedai*8<* en ^léxico. 

" Y en Un, ¿seria prudent<*, cuando dos ftmeionarios del 
ejército fiancés ocupan ya dos de los empleos mas impor- 
tan 1 tes (*n el gobierno mexicano, seria prudente, me atrere- 
ré {\ decir á V. ^í., aumentar Li dosis d(» n'spomiabUidad 



167 

quo nos incumbe, absolviendo todos^os iXKieres en A int<^ 
rior, y aniquilando todos los elementos nacionales sobre los 
oaales se ha apoyado S. M. basta hoy que pueden utilizar- 
se aún? 

** En una palabra, el estado de sitio seriíi la fuente de un 
vivo descontento, senií-ia de pretosto para que se i)erdieni 
el afecto al imperio y haata al soberano de México, que da- 
rla á entender con esto que desesperaba de su pueblo, y se 
estendería el de^safecto hasta contra la potencia aliada, cuya 
aodon no se haría sentir sino i)or las medidas de rigor onle- 
nadas únicamenti^ por los oficiales franceses; se imputaiía 
á vuestros aliados todo lo odioso de hui medidas exceiK'iona- 
lee. El estado d<' sitio, en cintas condiciones aumentaría el 
número de los enemigos del imi)erío, y con él ixKlría dai-sc» 
crédito á esa ealuumia empleada por los disidentes p;mi ex- 
citar el espírí tu nacional, u síiber, (jue la Francia ha vijiiido 
á MéxÍ4H> en son de C/Oiiquista. 

" Obligar á los prefectos y á los sul>-prefectos á dirigir á 
los geneniles y a los (íomaudantes superiores, cualquiera 
que sea su na(.'¡onalidail, n»laciones políticas sobre el editado 
del paLs y sus exigencias; retinóles la facultad de disponer 
de cual<iuiera tropa sin el conseutimiento de la autori<hid 
militar, A la cual dobemn, en caso de necesidad, dirigir uua 
requisición i>or escrito; cíi-ear en fin una eíipede de solidari- 
dad entre los dos iKKiereii en lugar de conservarlos (íonio 
antagonistas; impulsar activamente la organización de una 
buena gendarmería, tales son los medios «lue me parece 
qne deben ensayarse desde luego. 

" V. M. me i)erdonará esta larga exiK)sicion, que está dic- 
tada por el deseo sincero que tengo de serle útil en todo, y 
por el temor que abrigo de ver que la cuestión torno un ca- 
mino mas bien peligroso que útil. ^ 

*' Soy, con el mas proñmdo respeto. Señor, etc. 

Bazainb. ^ 



158 

Sin e-sto lengu«ijc, digno del pueblo francés, lo8 rigores 
del estado de sitio habrían desolado á México entero, y Iob 
amerícano.s prontos á atravesar por segunda vez * la fron- 
tera del Eio Bravo, venian u provocar la bandera IxícoIot, 
que nuestro ejército, menos paciente que nuestra política, 
no habria dejado insultar. 



* Loi americana Deicrot te hablan apoderado hacia alKoaos meiM de Bagdad, o< 
por los imperialista*, y lo hablan evacaado despnea de haberlo saqueado. Bagdad bahía akto 
recobrado por los franceses.— <N. del A.) 



XII. 



£q los momentos un ([ue el mariscal Bazaine operaba en 
el Norte de México para levantar la cauí^i imperialista, y 
contestaba al empemdor Maximiliano que no podia aprobar 
se pusiese todo el teiTitorio en estado de sitio, el vapor de 
la compañía trasatlántica Emperatriz Eugenia^ izando pa- 
bellón imperial, desembarcaba repentinamente á la sober.v 
na de México en el puerto de Saint-Nazaire el 8 de Agosto 
de 1866, en la mañana. La sorpresa de las autoridades lo- 
cales, que se apresuraron a avisar este acontecimiento á 
París, fué menor aiin í\\\m la de la corte de las TuUerías- 
Kaestro gobienio estaba muy k^jos de esi)erar una visita, 
euyo ammcio, como se reconlará, causó una grande emo- 
don en nuestra capital. Porque la opinión públicii presen- 
tía ya misteriosos incidentes en este drama mexicano, cuyas 
ñtaaciones se complicaban mas y mas. La víspera de este 
desembarco, el Memorial diplomático y ciertas publicacio- 
nes que se sabia que tomaban su inspiración en las regiones 
oficiales, acababan de protestar, diciendo "que estaban au- 
torizados para denunciar como una insigne calumnia la so- 
la suposición de que la emperatriz Oarlota pudiera estar en 
camino para Europa." 



-f"-' ■«■ 



160 

Cuando el pequtrm» vap<:»r aiR-xo de la cunipañía, el Bd- 
U-IU^ llevando á bonlo á laempcratiiz Carlota, atravesaba 
la rada, la estacada ><^ «abria de cmioc^of; y de empleados 
que habían acudido violentamente. La multitud era tanto 
ma^ eompacta, cnanto que en aquellos momentos se bada 
á la vela el pailebot nuevo El Xuero Mundo^ con destino á 
AqHDwall. La joven soberana era el otjeto de todas las 
miradas: parecía tríate, y su trage de duelo bada resaltar 
mas su actitud meditabunda. En tomo suyo ^ agolpaban 
el general Almonte, que babia ¡do á redbir á la bija del rey 
Leopoldo, Martin Castillo, su ministro de negocios estran- 
jerois algimas damas de honor, sus chambelanes, el conde 
de Bomballe^ v muchos oñciales de sn casa. No se habia 
hecht) preparativo alguno para recibirla. Un can-u^ge de 
alquiler la condujo al hotel Bely. Sus criados^ mexicanos 
í*on anchos sombi^eros con toquilku» de oro, y cou sus vesti- 
dos llenos de botonadui-as de plata, hjcien>n sensación en 
Saint-Nazaire al desemb:u'car. 

Apenas buho Ilegailo u tierra, cuando espresó la empe* 
ratriz su destM) de visyar de incógnito, y rehusó pedir hos- 
pitalidad a la coito de las Tidlerías. Mienti'as llegaba la 
hora de la partida, que tuvo lugar á las ciuitro de la tarde, 
la augusta vi^jera visitó el pueito. Sn mcireha era fírme: 
los saludos que dirijia á la multitud respetuosa eran perió- 
dicos. 8u rostro llevaba la impresión de crueles pitH)cupa^ 
clones duplicada iK)r una íatiga cstix^ma; sus ojos brillaban 
ya con el fuego de la fiebre. La travesía habia estropeado 
fiíortcmente á la joven emperatriz, porque habiéndose ins- 
talado en la poi)a del navio, por haberlo deseado así para 
estar mas aisUida, no había ¡xMlido encontrar reposo en su 
sueno por la trepidación continua de la máquina. Al dia 
siguiente llegaba á Pari« y descendia en el Gran HoteL 
A medida que se aproximaba el término del visaje, se des- 
arrollaba Hu exaltacioji. I^a familia imperial se encontraba 



161 

entonces eu el palacio de Saint-Cloiul; hi sobemna pidió 
que se pudiese á su disposición un carruaje de la corte, y 
reclamó de ]S'apoleon ITl una entrevista inmediatamente. 
En el intermedio recibió una ^isita de M. Drouyn de Lliuj'S, 
y pasó una parte del dia conversando con este ministro. 
Aunque el emperador contestó que estaba indisi)ucsto y 
que sentia no ptxler recibirla, la emperatriz Carlota no acep- 
tó aquella dilación, y al dia sigui(»nte se dirijió á palacio. 

Sus instancias fiuTon tan vivas, que al fin consintió Na- 
poleón en recibirla. Entonces espuso la emperatriz las pre- 
tensiones de Maximiliano, que reclamaba aún de la Fran- 
cia nuevos socorros financieros y militares. La conferencm 
filé larga y violenta, llena por ambas partes de recrimina- 
ciones que concluyeron por cambiar el carácter de acpiellapS 
esplicaciones. La emperatriz, viendo desplomarse poco á 
poco todo el cúmnlo de esperanzáis (jue su imaginación ar- 
diente se había complacido en levantar desde su salida de 
Chapultepec hasta ([Ue pisó el suelo de Saint-Cloud, sin- 
tiendo que su cetro se rompía en su mano, se dejó arreba- 
tar de su indignación. Desiíues de haber enumerado sus 
quejas, la hija del rey Leopoldo llegó á comprender, aun- 
que muy tarde, «lue había cometido una taita al olvidar, 
aceptando un trono di* la munificencia de un Napoleón, que 
habia salido de la sangre de Orleans. * De esta escena del 
palacio de Saint-Cloml puede datar realmente la locm'a de 
esta interesante princesa, cuya iiizon iba pronto á desvane- 
cerse juntamente con sils espi^ranzas. Apenas tuvo fuerza 
para arnistrarse desde París hasta el Vaticano, para caer 
deliitinte a los pies del Santo Padre, á (|uien venia á pedir 
apoyo y consuelos.*-^ 



1 Dectpui» de la eiitrevifeta de Smut-CIoud, la uilt»ma empeititriz Carlota diotó 
)a rdacion de mi entreviata con el emperador Napoleón. —-{N. del A.) 
3 El JíonUor del dia 8 de Setiembre, publico la 8Íguiente nota: 
••En un artículo ivlativo á México, publicado por la Jíeritta Conti^poránia deJ 



162 

Los Estados-Unidos no habían i)erdido por un momento 
de vista el viaje de la emperatriz Carlota ni los actos de la 
política fmncesa, a la cual Seward, sub-secretíirio de Esta- 
do americano, no cesaba de imprimir desde WasUington, 
una impulsión capaz á la vez de satisfacer la.s tendencias 
republicanas del congreso, y de desarmar á los enemigos 
del presidente Johnson, acusado de ser débil contra la Fran- 
cia. M. John Hay, encargado de negocios ad interím en 
París, escribia A M. Seward: 

"P«m, Agosto 10 de 186t>. 

'*Scfior: 
*^llecienteinente han aparecido en los periódicos de Pa- 
ris algunos pán^fos anunciando la salida de México de la 
mujer del archiduque Maximiliano. Estas noticias natu- 
ralmente han dado lugar á apreciaciones en general des&r 
vorables á la causa imperial en México. Para poner un 
término á estas reflexiones injuriosas, el Memorial y el Paü 
han desmentido estos rumores. 

"Ayer, con gran confusión de estos amigos tan empe- 
ñados en lo que afirmaban, y tan llenos de indignación, la 
señora en cuestión ha llegado á París y se ha alojíido en d 
Giim Hotiíl. 

"Se han deducido las mas fatales conclusiones de esta 
\isita, sobre todo por los que han tenido la desgracia de 
haber esiieculado fuertemente con el empréstito mexicano. 
Se considera generalmente como el supremo y i'iltímo es- 



'' 19 de Setieiiibre. M. de Kératry cuenta que en Haint-Cloud hubo convenaoiooai 
^' estreniadaniHute vivas entre la emperatriz Carlota y el emperador. 

'' Esta aseveraciou es aboolutamente contraría á la verdad." 

Véase la respuesta del autor en las Piezat justijicaíirtu, al fin de la obra. — (N. 
del A.) 



16'J 

fuí*rz4) para ()l>tt*ner con la iiilliicncia personal los socon'os 
iiidispnisiiblos al imperio mexicano, que se rehusaron á sus 
representantes diplomátieos acreditados. 

JouN Hay." 

Los términos de esta nota diplomática, dejaban mucho 
que desear bsyo el punto de ^isla de la cortesía. El 17 de 
Agosto, M. Haj' daba cuenta de la visita de la emperatriz 
Carlota A Saint-Cloud, en los t^^nninos siguientes: 

^'Parisj 17 de Agosto de 1866. 

•*Señor: 

"Por consejo de M. Bigelow, que ha ido a Ems por al- 
gunos dias con su familia, he ido ayer al ministerio de re- 
laciones. He hablado con S. E. sobre las noticias que ge- 
neralmente circulan con motivo de la presencia de la empe- 
ratriz Carlota en Francia. Estas noticias anunciaban ({ue 
la permanencia de Maximiliano en México, dependia de una 
modificación (>n las resoluciones adoptadas por el gobierno 
franc&^, y anunciadas en las comunicaciones recientes de 
S. E. al marqués de Montholon y á M. Bigelow. Algunos 
periódicos aún daban á entender que la princesa habia lle- 
gado á obtener algún cambio en este programa. Preguntó 
al ministro si se habia hecho ó debia hacerse alguna modi- 
flcacion de este género a la política imperial con respecto á 
México. M. Drouyn de Lhuys dijo "que no habia habido 
modificación alguna á nuestra política, ni la habria: que 
bañamos lo que hablamos dicho que era nuestra intención 
hacer." "Naturalmente, agregó, hc^.mos recibido A la em- 
peratriz con cortesía y conlialidad, pero el plan decidido 
anteriormente por el gobierno y el emperador, se ejecu- 

Joiní Hay.'' 



164 

A la hora en que la desespemcion y la locima de la em- 
peratriz Carlota eiitrlsteeiaii á la Europa entera, conmovida 
desde íiutes con el golpe (lue iba á herir á Maximiliano, en 
México se precipitaban los acontecimientos. El emi)crador, 
lleno de ceguedad, desencadenaba con sus propias manos la 
revolución, dando un verdadero golpe de Estado. Derriba- 
ba á su propio ministerio, y en lugar de tratar de reclutat 
los consejeros de la corona entre todos los partidos, con ob- 
jeto de apoyai^se hábilmente en el país y en la opinión pú- 
blica al aproximarse el tiempo de la evacuación fmnce^ 
se anHvjaba enteramente en brazos de la facción ultramon- 
tana que lo habia seducido con sus intrigas y sus promesas. 
Los reaccionarios Lares, Marin, Campos y Tavera, entraron^ 
al nuevo consejo. El padre Fischer llegó á ser gefe del ga- 
binete imi)erial, y los Sres. Osmont y Friant, uno gefe de 
Estado Mayor general, y otro intendente en gefe del ejérci- 
to espedicionario, tiuedaban enciu'gados definitivamente de 
las cartei'as de Guerra y Hacienda. El mariscal habia creído 
que del)ia prestar á Maximiliano el concurso pasajero de 
dichos Sres. Friant y Osmont, y les jx^mitió lo auxiliaiun 
con sus luces dm'ante un momento de crisis. La noticia 
de este golpe de Estudo, que tuvo lugar en México el dia 
26 de JuUo, llegó muy tarde al cuartel general, cuya admi- 
ración igualó al sentimiento. Porque la elección hecha por 
el empemdor de un partido tan exajerado, se trocaba en 
una declaración de gueira hecha á la gran mayoría de la 
nación. Además, la introducción solemne de dos ofíci¿úe& 
franceses en los negocios piíbUcos, estaba en contradicción 
con las órdenes formales de nuestro gobierno, que presai- 
bian no se interviniese en manera alguna en la dirección 
políticíi del país. Por otra parte, era difícil, i)or interés 
mismo de nuestro ejército, que esos dos altos funcionarios 
pudiesen acumular los negocios de sus caitei'as con los ©ar- 
gos de sus empleos de gefe de Estado Mayor é intendente^ 



165 

No era menos sensible que semejante (Iccision hubiera sido 
tomada y ejecutada en México sin la anuencia del general 
en gefe, sobre todo cuando el sobei'ano acababa de empu- 
ñar una nueva bandei-a. 

La confianza acordarla por Maximiliano al padie Fischer, 
4ine ba representado mas tarde un papel tan funesto, era 
-deplorable bíyo todos aspectos, y sin duda que la religiosi- 
•dad del soberano se habría soipi^ndido si hubiese cono- 
-ddo la biografía de este antiguo luterano hecho católico. 
Agustín Fischer, de origen alemán, se habia agregado en 
1845 á una partida de colonos que se dirígia á Tejas. No 
habiéndole producido esto resultado, se hizo pasante de no- 
tario, y fué á buscar oro á Oalifoniia. Pronto abjiu'ó el an- 
tiguo colono su fé de protestante, se ordenó en México, y 
obtuvo el puesto de secretario del obispo de Dunmgo. Des- 
pedido muy pronto del palacio episcopal por sus costumbres 
dbM)lutas, fué recojido en Parras, en la casa del Sr. Sánchez 
Navan'o, quien, seducido por las apariencias, lo presentó & 
MaximiUano. El p«'ulre Fischer, que está dotado d(» una 
rara inteligencia, no tardó en lograr que se le coníiara una 
misión diplomática cerca del Santo Padi'c: sin embargo, se 
estrelló en Eoma, y tuvo que volver á México. Apesarde 
-todo, se aumentaba su crédito, y en aquellos momentos, la 
ambición del secietario imperial no conocía límites, y codi- 
daba el obispado de Duningo, uno de los beneficios ecle- 
siás ticos mas opulentos de México. El favor directo del 
.soberano era un medio segiuo de llegar al resultado. Pero 
bk eWcion de este clérigo no era la niíis á propósito para 
aplacar los espíiitus y atraer á los disidentes. 

jE8i)eniba acaso Maximiliano dar así prendas al Papa, y 
concillarse su gnicia llamando un ministerio reaccionario, 
con solo el fin de facilitar la^s tenfcitivas de la empemtriz 
darlotaf Esto es creíble, sobre todo, si se evoca el recuerdo 
ide su reciente viaje á Roma, y las compromisos que conti-a- 



166 

jo alli con el Santo Padre, así como también las aspiracio- 
nes de su juventud, tal como están espresadas en los Cwtr 
dros (le mi rida^ que acaban de publicarse en Leipzig, por 
orden personal de su hermano el emperador Francisco Jo- 
sé. El archiduque era de un humor profiíndamente católico- 
por instinto y por educación. Las tendencias de su devo- 
ción de príncipe de la sangre, lo arrastraban al misticismo^ 
lo mismo que su orgullo por descender del gran Carlos V^ 
lo hacia dech- que nada era superior al derecho divino. So- 
lo delante de este derecho incUnaba la cabeza el príncipe 
niño, esperando el momento de aceptai' de un pretendido^ 
sufragio popular la corona entrevista sin cesar en sus sue- 
ños. Porque Maximiliano se creia predestinado; este es d 
secreto de haber emprendido esa aventura en México, que, 
como se verá mas tarde, no era en su pensamiento el tór- 
muio de sus esperanzas. Atendiendo á sus aspiraciones re- 
ligiosas, que se exaltaron sin duda durante su visita á la 
Santa Sede, era fácil comprender, aunque en nuesti^o jiücio^ 
esto hubiera sido impolítico, que desde que tomó posesión 
del trono, Maximiliano hubiese abrazado radicalmente la 
causa clerical, luchando francamente desde el principio con- 
tra el moAimiento Uberal. Siempre puede creciese que en-- 
tónces se hubiera seguido una guerra sai cuartel, tan desas- 
trosa para la dignidad del trono, como incompatible con 
nuestra propia bandera; porque si el clero francés es el pri- 
mero en dar grandes ejemplos á íimbos mimdos, el de Mé- 
xico, con pocas escei)cíones, está coiTompido por el abuso y 
el deseo de los goces, que no ha hecho sino crecer durante 
este tiempo de continuas revoluciones por la falta de disci- 
plina. No eni en su seno adonde el soberano podia sacar 
alguna fuerza: no era allí donde podia encontrar sinceridad 
ni desinterés. No hemos podido olvidar que la primera pa-- 
labra pronunciada por Monseñor Labastida, aizobispo de 
México, al volver á la capital de su patiia desolada que no- 



167 

babia vuelto á ver diiraiite muchos años, luibia sido pre- 
guntar si durante la guen^íi se habían respeta<lo los olivares 
de su casa episcopal de Tacubayá. La cuestión de la Igle 
8ia y de los fieles, se habia bontido delante de la de las ren- 
tas. Maximiliano acababa, pues, de cometer una segunda 
fiúta capital. Desde el principio habia cometido el gi^ve er- 
ror de apoyarse en personas hostiles al nombre francés, cuan- 
do pudo rodearae mejor. Aliora se dejaba anustrar por las 
olas de una reacción contra la cual debian luchar los verda- 
deros conservadores y la mayor parte de una generación edu- 
cada en los principios republicanos. Estos princii)ios, levan- 
tándose contra el nuevo programa del trono, no debian tar- 
dar en surgir en todas la« ciudades que el ejército francés 
entregaba militannente para su defensa á las tropas impe- 
rialistas, al ir efectuando su evacuación. 

Sin embargo, todo (*1 primer periodo de 18G6, se habia 
dedicado por nuestros soldados á mejorar lo mismo que á 
completar la foi-titicacion y el armamento de las plazas del 
interior, tales como Monterey, San Luis, Durango, Zaca- 
tecas, Guadalajara y Matehuala. Nuestros artilleros ha- 
bían llegado A montar sobre las fortificaciones de estas ciu- 
dades, mas de sciiscientas piezas en buen estado, y amplia- 
mente municionadas. Pero estos trabajos de defensa, con- 
fiados sucesivamente á las tropas mexicanas, debian en lo 
de adelante ser impotentes contm el levantamiento del país 
irritado por la elección de los nuevos ministros, que destruía 
toda esperanza de un renacimiento liberal. Después de este 
golpe de Estado, (d gobierno mexicano, desesperado, aceptó 
el 30 de Julio la nueva convención que reclamaba el gobier- 
no francés. Por este conti^ato, ejecutorio desde el 1 ^ de 
Diciembre de 186r>, y sustitutivo del tratado de Miramar, 
la mitad del producto de las aduanas de Veraeruz y Tam- 
plco se destinaba al pago de la deuda ft-ancesa. Maximi- 
liano había finnado en esto un compromiso ftmesto, que 



168 
«ibia quo iiu podiiii cuiuplir sin ir á ilar á la baneanijU 
nacional. Kiibi(.'ra «ido mas digno <lcl empemdoi' romper 
<;l mismo sn comna, y rutiiíii-se dq'aiulo al gobienio ñnocés 
la icsiwusabilidiul enonne dt la sitrnudon. l'ero este sobe- 
rano no sabia i'esitítir & las seducciones dti bi magestad. 
Acaso esperaba el resultado de la misión de la emperatriz 
cerca de las cortes de París y Koinu: esta era su i'niica es- 
cusa. 

Durante este tiempo, el cjén-ito IVanciís se replegaba 
según el plan de evacuación arreglado en íríS plazos su- 
cesivos. Paj-ii liicilitar su movimiento reti/igiulo, el uia- 
riseal uiaiiiobmba en los caminos del Norte, pronto á auxi- 
liav á aiiuel de los dos gruesos cueriKiii de oiwraeiones que 
se \iese ameiiazatlo. A la izquierda, la división de Cas- 
tagny abandonaba poco á poco los vastos desiertos de la 
Sonora, los llanos de Dnrango y Zacatecas, y st* ¡wsaba en 
León, que era su nuevo cuartel general. A la dereclia, el 
general Douay alxHidonaba sus iwsicioncs del Noite próxi- 
mas ú la frontera americana, 'y sus tropas, después de ha- 
berse concentrado en el Saltillo, venian « plantar sus tien- 
das Uyo los nuu'os de San Luis, baciendo frente á las tro- 
pas de íSepeda, l*edro Martinez y Aureliano Rivera. La 
contraguerrilla francesa, que operaba en los alrededores Je 
Matcbuala, se preparaba li descender á la tierra caliente 
del Estado de Yeracniz. Este vasto movimiento hacia atrás, 
descubria la zona de los Estados exéntricos, tales como Ta- 
mauUpas, ííuevo-Leon, Coaiiuila, Sinaloa y Sonora. Ade- 
mlis de que así csUvbii prevenida por las órdenes de Napo- 
león in, esta concentración bubiera sido prudente desde el 
principio. ]Maximiliano babia soñado un imposible querien- 
do conservar b^o su cetro inmensas soledades, y el cuartel 
general, á nuesü-u juicio, babia liecbo bien resistiendo de 
una manera mas completa ai'ín & los deseos de la corona. 
poi"que nuestras tropas sureabau & México como el navío 



i<;9 

quu hiiMiile \ííh aguas, dcjaiiflo iipeiias detrás de »i la liiu'lla 
de su paso. ílste movimiento coucc'iitrioo ora tanto mas 
urgentf, cuanto que segiin líis revíflacíones dirigidas ú Maxi- 
miliaDo misiQO pi>r el itrcfecto do Zacatewis, los liberales 
estaban por obtener la garantía de un pr<?Ktanio do 5<) ini- 
llones do pesos do los Estados-Uiñdos. Par.i «ditener este 
empi'éfitito, las juaristas ofreeiau í-eiiderles la llaja Califbi- 
aia. Gracias á estos sooontis amcri(;anois el general Ortega, 
con diez mil filibusteros, eien mil fusiles, euai-outa piezas do 
artillei-ía y municiones cx)nsiderables, debia entrar por Pie- 
dras Negnis liara dirigiiw! sobre Z;icatocas. (.'oitiua debia 
IH^pararsc & atacar á Montini-yy el Saltillo: Xoga'teliabia 
prometido desembarcar en Tamaulipas, ó intcmarBe en la 
Hoastecu, mientras quo Con>iia lunaria sobre Culiacan. Eu 
apoyo de esto plan tan bien combiuado, nuestro c(tnsul eu 
San Francisco, nos a\-is<xba <nic ol general Miller, oolectov 
de las aduanas de esta lúatlad, acababa do autorizar el trún- 
«tu y tlesembawiU(r de Iiis armas y nuuiicioucs onda<las á 
los disidentes mexicanos por los agentes olicialos de Juárez, 
mientras quo el geucml Vega enganebaba clandestinamen- 
te en una gran escala, ú los soldados ameiieaiios licencia- 
dos, pum enviarlos en peiiiieños destaeauíeutas sobre la 
SoDoni. Adeniíis, las pmviucias del iutoiior necositaban 
qne se los eoutuviose iiriuemontc on su deber. Casi todos 
loB regimientas nníXicano8 cstabiui minados por los libera- 
les: aun á suB mismos generales les bacía el enemigo pro- 
poeiciüues secretas. Algiuias de ellos las oííui: el general 
Qniroga, fnerzíi es decirlo en lionor suyo, denunciaba estas 
aiMitobras al comaudiuito franctís. También la deserción 
estaba & la orden del dia. Pt)r ejemplo, ol geneiiil López 
que mandaba eu Matebuala, contaba un efectivo de 500 
branbres: durante muebos diaí* faltó el sueldo; la eontra- 
goeirilla francesa, conmovida con la miseiia de aquellos sol- 
dados privados de rfveren y vestuario, les hizo préstamos 



170 

de 8U propia eaja. Apenas estuvieron vestidos y pagados, 
en ocho dias defeccionsiron trescientos de aquellos mexi- 
canos. 

Debía esperarse que se manifestara muy pronto la in- 
fluencia del nuevo ministerio, celaso p4>r vengarse de las 
medidas liberales inauguradas antes de la llegada de Maxi- 
miliano á México, cuando el general en gefe habia declara- 
do válidas las ventas de los bienes de manos muertas, salvo 
en los casos de adquisición fi-audulenta. Nuestro cuar- 
tel general, por su parte, no podía asociarse sino con disgusto 
á la política de una reacción tan marcada, y enteramente 
contraria á las aspií-aciones de la corte de lus Tullerías, 
que se había declanuio i)or el triunfo de las ideas libe- 
rales, y esto, desde que tomó el mando el mariscal Biizaine. 
Eucíontramos la prueba de esto eu una carta paiticular, di- 
rigida por el empemdor Xai)oleon al geneml Almonte, cuan- 
do este último presidía la regencia en México. Almonte 
habia sufrido por un instante la influencia reaccionaria de 
monseñor Labastida, el cual, i>or su paite, al reclamar los 
bienes del clero, habia pretendido hacer creer que estaba 
autorizado por la anuencia del mismo Nai>oleon III y de la 
emperatriz Eugenia: el emperador de los franceses se habia 
quejado confidencialmente {% Almonte de esta actitud. 

Al general Almonte^ presidente lU la regencia. 

" Compiégne, 16 de Diciembre de 1803, 

" Mi querido general: 

" Xo he c(mtestado hace mucho tiempo á las cartas que 
me habéis escrito, ponpie, lo confieso, no estaba muy sa- 
tisfecho de la marcha de los negocios de México, y prefería 
que mi disgusto no os llegase directamente. 

" En efecto, raientias que mi ejército esté en México, no 
p eimitiré que se establezca allí una reacción ciega que com- 



171 

prometería el porvenir de aquel bello país, y que, álos ojos 
de la Europa, deshonraría nuestra bandera. 

" Os escribo hoy pai-a daros las giacias por el magnífico 
álbum que me habéis enviado. Es un recuerdo precioso 
para mí, y el bello trab^'o de su relieve hace honor á la in- 
dnsfaía de vuestro país. 

" Os suplico deis las gracias, también, de mi pailc al Sr. 
D. José Salazar Ilarregui, ministro de fomento, por la dedi- 
catoria que acompañaba este álbum, y que me ha conmo- 
^o vivamente. 

" Espero que en este momento la Sra. iU monte esté ya 
á vuestro lado. Os niego me recordéis con ella. 

" Secibid, mi querido general, la seguridad de mi amistad. 

Napoleón. ^ 

Así fué como habia condenado el emperador la reacción 
derícal. El emperador de México por su paite habia con- 
traído en Eoma compromisos formales á favor de la Iglesia. 

La entrada de los nuevos mniistros debía ser la fuente 
segara de diferencias entre la Francia y México. No tar- 
daron en abrirse las hostilidades entre la corona sometida á 
influencias fatales y el representante militar del gobierno 
francés. En aquellos momentos fué cuando tuvo el maris- 
cal porque aplaudirse de haber ahorrado (i México los rigo- 
res de un estado de sitio que hubiem sido tenible bajo la 
acción del ñinatismo religioso! 

La toma de Tampico por los disidentes, tan importante 
'poT los productos de su aduana, filé el prctesto para los 
ataques del ministerio, que se habia alucinado por mi mo- 
mento con que nuestra bandera, comprometida en un brus- 
co conflicto con los Estados-Unidos, se encontrase de tal 
raerte empeñada, que la Fmncia, lejos de poder retu-aise, 
8e viese obligada á enviar nuevos refuerzos. MaximiUano 
8e habia apercibido de que la política de las TuUerías tenia 



172 

dos lenguajes: que los uiinisti'os contradecían las segurida- 
des que le daba su aliado, quien no dejaba de prometerle 
una aj^ida eficixz y un apoyo moral; que al lin de cuentas, 
el empei*ador Napoleón lo liabia colocado en una dura al- 
temativa, haciéndolo firmar la Convención de 30 de Julio. 

El empei*ador de México se habia aprovechado á su vez, 
de esfcis lecciones de una política tan honnula hoy en Bu- 
ropa. A su vez, no víu.»ilaba también en arrojar gérmenes 
de discordia en el campo francés, apelando á ciertas adhe- 
siones que, á causa de su completa ignoi-ancia de las ms- 
tmcciones de las Tullerías, deploraban el rigor de las me- 
didas de evaeuacion, aunque ftiesen atenuadas por nuestro 
cuartel general. Ohidando que la disciplina es la primera 
ley de im ejército, ti'ataba de crearse partidarios en nues- 
ti^as propias filas, con la esperanza de que su oposición ten- 
dría eco en Francia y seria bastante fuerte para suspender 
el movimiento de retü^ada. 

Las repetidas innovaciones ([ue sufria la casa militar de 
Maximiliano hablan causado, de paile del soberano, una fal- 
ta real de experiencia, á la vez que un ohido completo de 
la gerarquía. La carta siguiente, salida del gabinete hn- 
perial, había tenido, pues, por objeto, obligar á un mariscal 
de Francia, lo mismo que á todos los miuistios de la coro- 
na, á comunicarse con el emperador por el conducto de un 
simple capitán del cueipo espediciouario. 

Gabinete militar dal emperador. 

'' México, 7 de Marzo de 1866. 

" Señor mariscal: 
" Tengo el honor de informar á V. E. que el gabinete del 
emperador se ha suprimido, quedando reemplazado por una 
secretaría. 



m 



: ■ --■ r . L- j ] .i- -»-;. 



173 

" Su Magestad coloca al fi'ent<} de la sección militar de 
esto se<?retaría al Sr. capiton X 

" Por conducto de este último oficial desea el emperador 
comunicarse en lo sucesivo con V. E., con el gefe del Esto* 
do Mayor y con los diversos ministros. 

" Ami no puedo participaros el nombre del jefe de la sec- 
ción civil. 

El Gefe del gabinete. " 

En aquellos momeutas en que con i'azou se sentía des- 
prendido de todo reconocimiento hacia el gobierno francés, 
Maximiliano no tendia ya mas que á un objeto: el de 8a<}ar 
el mayor paitido posible y usar por el tiempo mas largo 
que se pudiera de nuestros soldados y de nuesti^o tesoro 
para salvar su corona. Estaba en su derecho. Así es que 
espresaba sin ce.sar el di^seo de ((ue los fiauceses guarnecie- 
sen especialmente las líneas del Norte y los puntos vecinos 
de los Flstados-Unidos. Sobre este terreno liabia posibili- 
dad de un ehoípie C'On los americanos: pero el cuartel gene- 
ral estaba alertii v obedecía á las instinicciones emanadas 
de París, pr(\stando siempre todo su apoyo á la corona de 
México, (j[ue tenia aún la misión de defender, puesto que se 
habia finnado la Convención de 3() de Julio. Bajo la im- 
presión de esta esperanza, defeccionada con haber abando- 
nado nosotros enteramente la frontera del Norte, escribió 
Maximiliano al general en gefe, lo siguiente: 

" Alcázar de Chapultepec, 4 de Agosto de 18G6. 

" Mi querido mariscal: 
" La toma de la ciudad de Tampico por los disidentes, y 
la evacuación de Monterey, me hacen saber que los resul- 
tados de la campaña en el Norte, tendrán para mi país las 
mas graves consecuencias. 



174 

" Deseo, pues, estar instruido del plan que os proponéis 
seguir eu vuestras operaciones, & fin de que intente salvar, 
si es posible, ú los que se han adbciido al imperio, y á los 
desgraciados funcionarios que se lian sacrificado por nues- 
tra causa. 

Maximiliaxo. " 

Esta carta demuestra una grande in'itaciou, muy justa de 
parte del príncipe que acababa de sufrii el golpe de la no- 
ta imperial espedida en Paris con fecha de 31 de Mayo, y 
con la cual se desvanecieron todas sus esperanzas. 81 el 
general en gefe hubiera sido recibido en palacio, adonde se 
presentó al partñ para esta espedicion del Norte, estas 
cuestiones hubieran podido tener una solución mas conci- 
liadora. A medida que se profundiza mas esta dolorosa his- 
toria, se veríV que en todas sus relaíiüiics personales con el 
mariscal, la coiTespondencia del soberano no deja de acusar 
sentimientos de ima coitUal benevolencia. Pero desde que 
reaparezcan los gi-andes intereses militares de la corona 
mexicana, puestos enjuego por la retii-ada anticipada de 
nuestras tropas, Maximiliano no vetó ya, y con razón, en 
el mariscal, sino el representante del gobierno contra el casi 
tiene numerosas qutsjas. Y eu lo sucesivo las relaciones ea- 
tre ambos serán tan tirantes como la misma situación, no 
pudiendo el cuartel general, después de las amonestaciones 
numerosas que había recibido de París, hacer mas que e<m- 
formarse 4 las instniccionea del gabinete fi-ancés. 

Bl general en gefe contentó desde su campo: 

" Peotülos, 12 d£ Agosto de 1866. 

" Señor: 
"lün este momento recibo la carta de V. M. con fédia 4 
del corriente. 



175 

"Asociado el hecho de hi toma de Tampico por los disi- 
dentes, con la evacuación de Monterey por orden raia, V^ 
M. pandee querer imputarme la responsabilidad de ambos 
hechos. Creo haber espuesto suficientemente á V. M. por 
mis dos cartas, números 7 y 46, fechadas el 11 y el 27 de 
Julio, la situación de Nuevo-Lcon y Coahuila, para (pie se 
reconozca la necesidad de la evacuación de Monterey, no 
solo bajo el punto de vista político, sino sobre todo, bajo el 
militar, después de la destruc(íion de las tropas del general 
Mejía, de la capitulación de Matamoros, y con las condicio- 
nes mondes en que se encontraba la legión belga. 

"La capituhK'ion de Matamoros y las consecuencias que 
han resultado, no son de mi incumbencia, y no he podido for- 
mular sobre ello apreciación alguna. Tenia que at<in<ler á 
las exigencias de una situación que euconti*aba hecha; y 
creo hal)er cumplido con mi deber para con el soberano, po- 
niendo íí su vista todos los documentos adjuntos á mis car- 
tas preecitadas, de las cuales he enviado también el dupli- 
cado á mi gobierno. 

"En cuanto á la toma de Tampico por los disidentes, 
tendré el honor de recordar respetuosamente al emperador, 
que antes de emprender lo que se empeña en llamar mi 
campaña del Norte, en el momento en que los restos de las 
tropas del general Mejía llegaban á Veracraz, he pedido el 
eayío del general Ólvera á Tampico, con lo que quedaba 
de su brigada. Las instancias del general Mejía habían 
probablemente modificado la primera decisión de V. M. que 
al principio fué favoi'able al Jno^^ miento proyectado; porque 
la brigada Olvera no fué á Tampico, sino que por el contra- 
rio se le hizo marchar después para IVIéxico, contrariUndo 
las ói-dencs que yo habia dejado, y que conespondian á una 
combinación militar, cuyo efecto abortado, tiene sus conse- 
cuencia.s actuales en el Estado de Querétaro. 

"Una &lta de cooperación igual, que rehusó prestarme el 



■^:3tr*-j^ 



176 

Señor general de Tliiim, ha contribuido mucho á los dcsas- 
tn»8 qu(5 desolaban á Tamaulipas. El general Mejia se que- 
jaba d<' que se espusiese á sus soldados á los peligi'os de la 
fiebre amarilla en Tampieo. 

"Entonces se embarcó en Veraciiiz un i>equeño destaca- 
mento de la conti*agueiTÍlla, el único de que i>odia yo dispo- 
ner iMira dar la guainieion de Tampieo, sin contar con los 
rigores de aquel clima (pu» el año pasado nos costó un ba- 
tallón entero. Yo no sé que aquel destacamento haya aban- 
donado su puesto, ni entregado al enemigo lo que se le ha- 
bla encargado que defendiem. 

"V. M. me espresa el deseo de que se le instruya del plan 
(pie me projunigo seguir en mis operaciones. 

"Si V. M. se hubiese dignado recibirme la víspera de mi 
sidida de México cuando solicité el honor de despedirme de 
S. M., yo le liabria espuesto mis proyectos, (pie consistían 
simpleiuente en recxmocer por mis propios ojos el efecto pro- 
ducido en el Xoite del inq>cr¡o, por los acontecimientos de 
Matamoros: aseguranne de la esactitud de las relaciones 
que sí^ me enviaban sobre hi poca confianza que debia te- 
nei'se en los principales luiicionarios, y sobre el esphitu ge- 
iieniliuente hostil de las poblaciones de estos lugares. 

"Después de habenne cerciorado de la verdad de estos 
datos, y apoyándome en las relaciones de los genei'ales 
Douay y Je^imingios, fué cuando reconocí la imposibilidad 
por el momento, de conservar los puestos avanzados, que 
podían ser la fuente de peligi^os y gastos continuos. Tomé, 
dando d(i ello (Mientii á V. M., el partido que persisto en 
creer prudente, <le ordenar la evacuación de Monterey y 
el Saltillo, á fin d(í establecer atrás una líneu fuerte, fi&cil 
de conservar, y separada de la primera por un verdadero 
desierto, adonde tanto aliados como enemigos, no podían 
c<mtar con recui^o alguno. Mi opinión era y es aiin, que 
es preferible desan ollar su influencia en el interior, concen- 



177 

tmntlo los medios de acción en una zona determinada, (lue 
gastarse en las estremidiúles sometidas á la influencia de la 
frontera. 

"V. M. provoca esplicaciones, y yo se las doy sinceras. 

"El abandono absoluto en que dcyaron al general Mejía 
en [Matamoros los antiguos ministros del imperio, fué lo que 
determinó la capitulación de esta plaza; la trist<3 situación 
en que se mantiene al general Montenegro en Acapulco, 
apesar de mis numerosas reclamaciones y apesar de las pro- 
mesas siempre hechas y nimca cumplidas, traerá tarde ó 
tempmno, estoy cierto de ello, ó la defección de esa tropa, 
que ha dado pniebas reales de abnegación y de lealtad, ó la 
capitulación de la plaza. 

"Frente á esta inercia, de esa flagrante mala voluntad, 
que no temo denunciar de nuevo á V. M., cumpliendo leal- 
mente hacia el emperador de México, con conciencia y ad- 
hesión, la misión que me lia coníiado mi soberano, debo 
preocuparme de los cuidados (lue me imponen, tanto mi de- 
ber, como mi derecho de comandante en gcic del (ejército 
francés. 

"Mi carta de 11 de Julio ha espuesto á V. M. mis debe- 
res ante las eventualidades de una próxima evacuación de 
una parte considerable del ejército coníiado á mi mando. 

"Como consecuencia natural de los acontecimientos y de 
las apreciaciones ([ue me es permitido concebir sobre el pa- 
pel que el elemento mexicano representa en este país, ten- 
go el honor de poner en conocimiento de V. M., (pie me se- 
rá imposible dejar mis tropas en Cínaymas y Mazatlan. 

"Hace nmcho tiempo ({ue el gobierno mexicano ha podi- 
do y debido ocuparse de asegurar el dominio del poder im- 
perial en estas dos plazas. Me veo obligado á entregar So- 
nora y Sinaloa á los solos recursos de que dispone el gobier- 
no de V. M., y no tardaré en llamar las tropas que ocupan 
aquellos lejanos países. 

S5 



178 

"Eli ciiantip á los ñuiciunanos que Lau piestado su coope- 
ración a] goljít'nio lio X. Sí,, los creo muy hábiles para 
comi)ioi«otor.st! iiiútiliiiontc, ó para no esponoi-se á cvcutua- 
litladoíí qnc ya tienen i)i'Cvistas. 

"TimIos han Silbido liasta aquí, y sabnín en lo futuro, !«>- 
ncreo solos ai abrigo de todo pcligio. 

"En ivsúnieii, Señor, yo no creo que la cvacuaciou de 
JIonterey y del Saltillo, pueda tcuer para el país de V. M. 
las oonsceneníias tan graves que iKiíece temer. 

"En Ijv giicniv es preciso contar con las c.veutiuilida<les y 
Baerifiear inouientáneainente una porción del territorio para 
asegurar la iinncipal, y mas tarde, cuando el enemigo se 
baya gastado ó <lebilitado por las defecciones, tomar la 
ofensiva y restablecer la preponderancia. 

"V. Jt, dispone ya y disinuidrá siempre, tengo la con\-ic- 
cion de ello, para llegar á este objeto, de elementos (Li le- 
gión oatranjera y la brigada austríaca), que no lo dejarán 
en embarazo alguno. 

"Con el mas profundo respeto, señor, etc. 

Bazaine. " 

Por esta- carta, que indica claramente la tensión ii que 
habían llegíulo las couuuiieacioues oficiales á causa do la 
actitud del gabinete fi'ancís, se puede ver qne nnesti'o ^ér- 
cito tenia siempre las posiciones mas peligiosas, que evita- 
ban ocupar las tropas mexicanas. Nuestros puertos de Fnui- 
cía (pie han asistido iVla niclta de los cuerpos de marina, 
pueden decir cnantos de sus hijos les ha arrebatado la tíer- 
ra-caliente, y Tampico sobre todo. La conti-aguerrilla 
francesa había sufrido á su vez fncites piniebas por el fiíego 
y La enfennedad. 

Sin cnd>argo, Tampico uo había caído en poder de los 
liberales, sino gracias á la traición de los soldados mexíca- 
noR, que dejaron degollar una parte de los nuestros ea el 



179' 

fuerte de Itm-bide. Siempre se recordará la heroica defensa 
del capitán Laüglois, quien, apesar del hambre y del vómito, 
resistió durante semanas enteras con sus doscientos contra- 
guerrilleros á los dos mil liberales del gefe Pavón, y que no 
entregó el ftierte de Oasa-Mata, sino desfilando libremente 
delante del enemigo, con las aimas cargadas y á bandera 
desplegada. 

En cuanto á la plaza de Monterey confiada al cuidado de 
la legión belga, la siguiente carta de Maximiliano indica 
bastante el auxilio que podia esperar del gabinete de Bruse- 
las y del cueipo belga que recientemente se habia amoti- 
nado. Este desgraciado príncipe ni aun sacaba ventajas 
de los estranjeros, después de haber cometido el eiror polí- 
tico de llamarlos en defensa del trono. 

"Mi querido general: 

"El estado de efervescencia en ([ue está actualmente el 
regimiento belga, demostrado por el último telegrama de 
sus oficiales, y producido por causas esteriores, la reorgani- 
zación á que es preciso sujetarlo, y en fin la necesidad que 
hay de que se embarquen los oficiales á mas tardar pai*a el 
día 13 de Serieml)re, puesto que 01 gobierno belga no con- 
cedió la próroga de su licencia, me hacen creer que seria 
prudente hacer venir por algún tiempo al regimiento belga 
á México, ó á algunas de las poblaciones inmediatas, y creo 
que seria bueno dar en consecuencia las órdenes relativas. 
Dignaos comunicarme vuestm opinión sobre esta cuestión 
tan grave como desagradable. 

**Eecibid, mi querido mariscal, la seguridad de los senti- 
mientos de la sincera amistad, etc. 

«Chapultepec, 30 de Agosto de 1866." 



180 

Es uecosaiio advcitir ;wiiií que basta mas taitle supo 
Maximiliano que d i'e.v do los belgas babia autoiizado á 
8U.S uliciales para prolongai" su penuauencia en !SIéxico bas- 
ta el mes de Abril de 1857. Pero por desgi-acia, l¡i comu- 
nicación espodida de Bruselas, con teeba 30 de Julio de 
18GC, y dirigitla al encargado de negocios de Bélgica raí 
México, se pstraviú diuante seis semauas, y no llegó liaat» 
el diii 20 de Octubie siguiente, cuandojj-a todos loa oñci^eB 
belgas, esccptnando ciuco, se babiau embarcado ya para 
volver á Euroim. 

A ejemplo de este eootiugeute estraujero, el ejército ua- 
cioiial estaba en plena descomposición. El editicio imperial 
aiyía por toilas partes á causa de la pcinu'Li del erano. 
Los mismos batallones de cazadores, esc supremo i'ecuiso 
paia los malos tUas, (¡ue basta aíjuí babian pi-estado iuipoi^ 
tantos senicios, y cuyos comandantes franceses no va<úlar 
ban en bacei-se matar, estaban próximos á perecer por fiü- 
ta de diuero y de reemplazos. Gnioias á la acción tyei-cida 
por el luievo ministerio, los funcionarios, los ¡«x-fectüs im- 
periales y los grandes propietarios, que recibían de México 
la consigna, se relius;iban á dar reclutas. El partido cleri- 
cal, Tpic quería qne jMaximilianu se le entregase atado de 
pies y manos, empleaba todos los medios i)os¡bles jíara sar 
cudir el yngo de la intenencion fiaueesa, ó iiidepeitdei'sede 
su dirección militir. También el disgusto y el cansancio 
se ai>oderaban di! nuesti'os oficiales, que peílian su separa- 
eion de totlas las pro^■inci;^s eu que fuucioual>an los casado- 
res. En Quciétaro, en Slazatlan, por todas partes se ete- 
vabau las mismas quejas, acompañadas de protestas de ha- 
cey su dimisión. Los dos documentos que se van á leer^ 
qne se lian escogido entre otros muchos concebidos con 
igual espíritu, retrataijín la situación con mas claridad que 
una simple nairaciou. 



.15 tJe SeHemhre (Je 186G. 



"Señor maiíscal: 
■"Coíinilo me habéis hecho el houor de confiaiiiie el man- 
'do del. . . . batallón de cazadores, he creído que poítia eui- 
■{ireadei' esa misiou difícil pero no imposible. Se ofi'ecian 
TCB^jas y garantías á les militares de estos batallones, y 
mnchos soldados franceses podían presentarse bí\jo la bne- 
•oa fé de esas promesas. El sistema de ese i-eelntamiento 
por enganches voluntarios, era nn elemento de fuerza; se 
tenia confianza en la certidumbre de que los cazadores se- 
tíod tratados como la legión cstraigera á la cus^ estaban 
anexos, dependiendo del uiando y de la aüministracion fi'au- 
cesa dd cuerpo espedicioiiario, recibiendo el sueldo de los 
jjagadoi'es franceses, los víveres de la adniinistmeion, el 
equipo de los almacenes del Estado y del campamento; en 
fin, que serian asitítidos en los hospitales dfl cuer¡>ü cspc- 
dicionaiio. Esta confianza se aumentaba con la certeza de 
permanecer aun jmr lo menos diez y ocho meses al lado del 
ejército francés, cuyo apoyo debía facilitar y favorecer la 
organisacioii, la inslruccion y la solidez d-e estos halaUones. 
"Hoy las ventnjas y las gamntías desaparecen de dia en 
dia. El sistema de reclutamiento tiende á cambiar comple- 
tamente; ya han recibido la orden los pagaih>res de no so- 
correr á los batallones de cazadores. La administi-aciou 
francesa hace muy ikwo ¡wr nosotros; uo nos queda sino 
mía perspectiva de miseria y privaciones de todo género, 
como sucede con las tropas mexicanas, poi-qne las cajas pú- 
blicas no podntn pagar mas. Los oficiales, hahitualmente 
pagados al último, se vcnín leducidos &, un estado deplora- 
ble, dei cual no podi-íín salir sin dejar allí su dignidad 6 su 
faooor. Apesar de las instniceiones del emperador, acaba 
de adoptarse el sistema de reclutamiento por leca. Así 



182 
aconteció rnie oí comisario impeiial Iribarren, pretendifl 
daruic á cuidar y niaatener seiscientos juaristas, los que 
estaban proutos, como nadie lo ignora aquí, á rolverse oMi- 
tiu nosotros á la primera ocasión, y esto en loa momentos 
en que debemos evitar aimar eu el interior im cierto núme- 
ro de enemigos. Los del esterior son numero$o8 y fuerte», y 
cada día se hacen mas. Por otra paite, no puedo aceptar 
el mando de soldados tomados <ie leva, prisioneros á quie- 
nes es preciso cuidar de dia y de noche, en el combate y eo 
las ciudades. Om un reclutamiento de esta especie, la mi- 
sion de organizar y de íasti'uir es imi)08ible, y solo se f<^' 
manan cueiijos cu los cuales el elemento ftimcés no enoon- 
traria sino un pon'enir lleno de sinsabores. 

"Me declaro, pues, incapaz de mandar un cuei^Ki some- 
tido á semíyante reclutamiento, y es de mi deber, señor 
mariscal, haceras esta confesión, para suplicaros rae relevéis 
del mando del. . . . batallón de cazadores. 

El comandante. . . ." 



23 de Diciembre de 1866. 

"Señor mariscal. 

"Todas las ci^jas están vacías. El comisario imperial aoi^ 
ba de establecer un impuesto de los mas inicuos, cuyo de- 
creto os envío. Muchas gentes están reducidas á la mise- 
ria: diferentes cónsules han protestado, peit) todo ha sido 
en vano. Lo peor que hay es que todos se imaginan aquí 
que esc famoso decreto se ha lauzado bnjo la protección de 
las bayonetas fi-aucesas, puesto que estaremos obligados á 
repiimir los desórdenejí que origine tan deplorable decisión 

"Se ha tomado hombres de leva para formar la guardia, 
cada habitante debia tomar las anuas, pei'o mediante alga- 



lilis pt'sos, iiuiehos han i)odido exceptuarse. Xo reeibinios 
idilio vagos, enemigos declaradlos que es preciso tener eucer- 
i-ados. Hé aquí con qué elementos euent^i el comisaiío im- 
perial para conservar esta ciudad al cmpei*ador Maximilia- 
no. Todos se pregimtan si es una abeiTacion de espíritu, ó 
proyecto que no se atreve á confesar. Si no vienen refuer- 
zos, será un crimen dejar aquí un i)ufiad<) de franceses, que 
seiian víctimas de su abnegación. Xo hay ([ue liacerse ilu- 
siones respecto á esto; aí^uí se espei'a á h)s Mbcmles, y se 
preparan ííostas para recibirlos. 

"El comandante " 

La deposición del general mexicano que mandaba en 
(hiadalíyai'a, primera ciudad del imperio después de Méxi- 
co, no es de líis menos curiosas. Este alto funcionario, co- 
locado á la cabeza de la cuarta división militar, una de las 
mas imiK)ii:ante8, escribe al enipciador (luojandose A su vez 
<le la falta de coopemcion de las autoridades civiles. 



' ' Cna rtel <j enera 1. — Guadalaja ra. 

"Los movimientos revolucionarios <iue S(? observan en 
distintos puntos de esta "demarcación militar, la infatigable 
actividad de los motores del desorden, la apatía y la indo- 
lencia que la mayor parte de las autoridades políticas de 
estos departamentos tienen para cumplir con su deber, ha- 
cen de dia en dia mi posición mas difícil. 

"Siempre insistiré en la obligación que tienen las auto- 
ridades civiles de ajiidar la acción militar por todos los me- 
dios posibles. Continuar como hasta hoy luchando conti'a 
la mala voluntad de algimos pníectos, es una obra conde- 
nada desde antes. 

"Creo que es indisi)ensable destituir a todas las autori- 



184 

dades, e^íeptuaudo las uií Zacatecivs y Colima, para siisti- 
tuírkis por hombres leales, de ideas sanas y partidaiios de 
la intciTencion y del imperio. 

GEyEK.Ui, L Gutiérrez." 

Tales eran los ñutos de la mieva pulitiea. Si se iM?dia el 
establecimiento de cortes marciales francesas, el mariscal 
contestaba oficialmente que no podia aprobar la convocación 
de semejantes tiíbunales franceses, porque em contraria á 
sus instnieciones y á sus intenciones. 

Por su parte, la administiticion trataba de hacer evailir á 
los culpables, por los cuales se interesaba el clero. De ello 
nos basta como piTieba el siguiente despacho t^jlegráfico, es- 
pedido en aquella época i>or un oficial del cuei^ espedido- 
nario. — " Un telegrama de la secretaria imperial manda que 
se sobresea en la causa de líosada. El obispo se interesa 
jwr 6\. Se desea hacerlo evadir. \ pesar de lo ([ue he es- 
crito, á i>esar de la primera negativa del emperador, Bosa- 
da va á escapar del castigo que merece. Estoy desalenta- 
do al ver fusilar pobres diablos y perdonar á los grandes 
culpables: esto es fatal para la causa imperial." Así se des- 
pbedecia al emperador en las provincias adonde hacia sentii* 
el padre Fischer su acción directamente. 



XIJ. 



El general en geíe liabia creído pnulente, por no contra- 
riar desde tal distancia los proyectos de Maximiliano, espe- 
rar su Tuelta á México, para tomar una resolución relativa 
á la elección de los Sres. Osmont y Friant para ministros. 
Cuando llegó, el nuevo gabinete no estaba aun enteramente 
constituido; pero cuando su organiza<?ion fue completa, el 
mariscal hizo comprender a estos altos funcionarios que la 
presencia de oficiales fmnceses en el concejo mexicano podia 
hacer nacer incidentes fatales bajo el punto de vista políti- 
co, y que era preferible, si deseaban adherirse á la suerte 
del imperio, renunciar á sus empleos, puesto que prolongán- 
doles la hcencia se perjudicaban los intereses del cueri)o es- 
pedicionario. Apesar de sus naturales simpatías por la corte 
de México, los oficiales franceses no podian consentir, sin 
autorización de su gobierno, en abandonar momentá- 
neamente su bandera. Esta cuestión importante dio lugar 
al cambio de la coirespondencia siguiente entre el palacio 
de México y el cuartel general. 

Palacio de MéxicOy 15 üe Setiemhre de IStíC. 

"3Ii querido mariscal. 
" Creo que han sorprendido vuestra buena fé al presentar 
la modificación ministerial como el principio de una era de 

26 



186 

reacción incouipatible con la presencia de dos generales fran- 
ceses entre sus nuevos colegas. 

"Mi pasado y mi tolerancia i)olítica son bien conocido6| 
y si no me engaño, prestan la gai*antía cierta de que la transi- 
ción será la que pidan los acontecimientos, y digna de mis 
gloriosos aliados y de mí. 

"Kecibid, mi querido mariscal, La seguridad etc., 



MéxicOj 10 de Setiemhre (U 1866. 

" Señor. 

**En respuesta á la carta que V. M. me ha dirigido ayer 
en la noclie, tengo el honor de decule que si he obligado á 
los Sres. Osmont y Friant á que opten entre el empleo que 
tienen C4?rca de V. M. y las funciones que desempeñan en 
el cuerpo expedicionario, es porque cada dia demuestm mas 
la espcriencia que ambos cargos son incompatibles y pro- 
duce dificultades tales que lo resientan mucho los diversos 
servicios del ejército. 

" No me toca apreciar el color político que representa el 
nuevo gabinete de V. M.; así es que no es este el motivo 
que me ha hecho tomar esta detenninacion. 

"Antes de mi \iielta á México concedí a los Si-es. Os- 
mont y Friant la facultad de permanecer cerca de V. M^ 
porque era corto el niimero de los ministros: hoy que el ga- 
binete está completamente constituido, he pensado que po- 
dían retiraisc de él sin nmgun inconveniente. 

" Sin embargo, tengo el honor de repetirlo á V. M.: estoy 
enteramente dispuesto á dejai* á su gobierno la cooi)eracion 
de estos oficiales superiores, si se deciden á renunciar los 
cargos que tienen en el cueiiK) espedicionaiio. 



i 



187 

"En este sentido he escrito á mi gobierno en el último 
coneo, y bajo este punto de vista es como debe considerar- 
se la situación de este negocio. 

" Con el mas profundo respeto, señor, etc. 

Bazaixe.'' 



" MéxkOy IG de Setienibre de 18GG. 

" Mi querido mariscal. 

" Siento que i>ongais á los señores generales Osmont y 
Friant en una alternativa que les impone la obligación de 
dejar sus carteras. Ambos llenan sus funciones á mi en- 
tera satisfacción. El primero lia sabido concillarse las sim- 
patías del ejército mexicano; el segundo acaba de elaborar 
una serie de decretos con los cuales aumentarán los recm^os, 
pero que solo él puede poner en práctica. Si es, 2>i«^^, cierto 
qiie la alianza entre mi gobierno y el gobierno francés debe 
t<miarse como tina realidad, como me comiüazco en creerlo, 
deseo que estos dos oficiales generales permanezcan eli sus 
puestos; porque, si no me engaño, no es imposible reempla- 
zarlos, provisionalmente íil menos, en los cargos que ocupan 
en el cuerpo espedicionario. 

" Vuestra respuesta me hará conocer á qué urden de ideas 
deberé íyarmc. 

"Vuestro adicto, 

M.VXIMILIAXO." 



" México, 17 de Setiembre de 186G. 

" Tomando seriamente en consideración el deseo que me 
ha espresado V. M. en su caita del IG de Setiembre, tengo 
el honor de infoimarle que los Sres. Osmont y Friant per- 



«■■«i' 



i *Hf B>.:3 i r » - . — -^. UL ■< '■ ^.» J^« I ! 



188 

manecerán ea su situación actual, mientras llegan nuevas 
instrucciones de mi gobierno. 

" Estos dos señores quedarán á disposición del gobierno 
do V. M., y las ftmciones que tienen asignadas en el cuer- 
po cspedicionarío serán desempeñadas hasta nueva orden 
por sus segundos respectivos. 

" Oon el mas profundo respeto, ete. 

Bazaine. " 

Por esta vez aún, el cuartel general habia cedido A los 
deseos de Maximiliano. No se hizo espenu* mucho la res- 
puesta del gabinet<í francés, fecha 31 de Agosto. Como lo 
habia previsto el mariscal, escribian de Paris diciendo que 
" era para nosotros de un alto interés permanecer estraños 
á la administración propiamente dicha del país. El empe- 
rador Napoleón debia emiar directamente sus instruccio- 
nes. En todo caso era inadmisible que mi jefe de Estado 
Mayor y un intendente del cuerpo cspedicionarío pudieran 
ser á la vez ministi'os del Imperio de México. " Entre tan- 
to llegaba á Paris, á principios de Setiembre, un despacho 
del marqués de Moiitholon, * comunicando al gabinete de 
las Tullerías una nota de Seward concebida así: 

M, Seward al imirqués de Montlwlon. 

" AYashington, 16 de Agosto de 1866. 

'' Señor: 

" Tengo el honor de llamar vuestm atención sobre dos 
órdenes ó decretos que se dice haber espedido el 26 de Ju- 



"* En aquella época como el nimoi* de que M. de Moiitbolon liabia aprovechado 
el hilo trasatlántico que acababíi do iii8tAlars»e, para trasmitir «m demora al empera- 
dor el teBto de e<*ta nota. De esta manera el gobierno franc-éA. advertido á tiempo, 
pudo tomar ima decisión, sin (¿ue apareciera que obedecía á las intimaciones dd la xk>- 
ta, que Uegaiía mas tarde. 



■^tTS^^Í^^i" ■^p ■ 



189 

lio último el príncipe Maximiliiiuo, el cual lyretmde ser 
emperador de México, En estas órdenes declara haber con- 
fiado la dirección del depaitamento de guena al general 
Osmont, jefe del Estado Mayor del cuerix> espedicionario 
francés, y la del depaitamento de hacienda á M. Friaut, 
intendente en jefe del mismo cueq)o. 

" El presidente cree necesario hacer saber al emperador 
de los franceses, que el nombramiento para mi cargo admi- 
nistrativo de dichos oficiales del cueri)o espedicionario fran- 
cés, i)or el príncipe Maximiliano, es de tal naturaleza^ que 
ataca l<is buenas relacionen entie los Estados-Unidos y 
Francia, porque el Congieso y el pueblo de los Estados- 
Unidos podrán ver en este hecho un indicio incomi)atible 
con el compromiso concluido de llamar de México al cuer- 
po espedicionario francés. 

WlLLLVM II. SewAKD. " 

A causa de esta comunicíiciou casi ameniízadora, el ilTo- 
n i to r dal día 13 de Setiembre anunciaba sui retardo ([ue 
los Sres. Osmont y Friant no estaban autorizados por el 
gobierno francés para aceptar sus carteras. Ademas, se 
escribia al general en jefe, aludiendo al nombramiento de 
estos dos funcionarios, que habria debido oponerse aun á 
los hechos cumplidos, y partia de las TuUerías una desa- 
probación formal de esta ingerencia en los negocios públi- 
cos de México. Si el papel de nuestro jefe militar se hacia 
ea<la vez nuas y mas difícil, ¿qué tocaba a su vez decir á 
Maximiliano que antes preguntaba " si era cierto que la 
alianza entre su gobierno y el gobierno francés era una rea- 
lidad, como se complacía en creerlo!! " 

La actitud de los Estados-Unidos llena de una lógica 
que no se desmentía, era por lo menos mas tianca. En 
aquella época se había lanzado mía proclama del presiden- 
te Johnson, declarando nulo y de mngun valor un decreto 



i^fc T ^g ff l 



190 

de Maximiliano que ordenaba el bloqueo de algunos puer- 
tos de México. 

Aquí vuelve uno á admii-arse de las ilusiones de un prín- 
cipe que quería establecer un serio bloqueo á las puertas 
mismas de los Estados-Unidos y que no contaba con un 
solo navio mexicano, con cuyos cañones se apoyase la vo- 
luntad del soberano. México, sin embargo, está tendido 
sobre dos mares, y posee vastas costas. jQué habia hecho, 
pues, en tres años su ministerio de marina? Sin lanzarse 
á tener navios de alto bordo, sin pensar en medirse con los 
monitores de la Union no hubiera i>odido hacer constmir 
cañoneras y buques ligeros, propios para remontar los rios 
y protejer las costas de los guenilleros y los contrabandis- 
tas? • Solo la Francia, á título de aliada de Maxbniliano, 
podia, ayudada de su escuadra, sostener eficazmente el blo- 
queo de Matamoros, y sobi*e todo el de Tampieo, adonde, 
por la Convención de 30 de Julio, iba á tener poilerosos in- 
tereses comprometidos. Pero prefino abstenerse y ceder 
de nuevo el paso á los americanos. 

Recuérdese que al exigir tan imperiosamente la Conven- 
ción de 30 de Julio, tan miñosa para la monarquía mexi- 
cana, el emperador napoleón habia prometido á Maximi- 
liano que, si aceptaba las condiciones impuestas, no se 
retiraria sino en tres plazos escalonados hasta el mes de 
NoAiembre de 1867. Pero las entrevistas de Saint Clond 
y del Gran Hotel, habían provocado resoluciones tan estre- 
mas, cuanto habia sido violenta la conferencia eníre los dos 
soberanos: la irritación habia sido igual de ambas partes. 
La corte de las Tullerías, cediendo entonces á La pasión que 
siempre debia escluirse de la política, tomó la resolución 
repentina de llamar sus ti'opas en breve plazo y en ima so- 
la vez, hollando de nuevo con los pies el último compromi- 



Ni aun utilizó el crédito que para eet« objeto se liabia abierto d marijCBl. 



191 

so coutraido. Sin embargo, se comprendía en París, que 
semejante olvido de la fe jiu^da, aunque aconsejado por 
una excesiva impaciencia por teiininar con esta funesta es- 
pediciou, era de una alta gravedad; gmvedad que podia mi- 
norarse si, arrancando á Maximiliano de grado ó por fuer- 
za de su empeño por intentar nuevas aventuius, se llegase 
á haecrlo abdicur. De esta manera se tenia la probabili- 
dad, aimque devolviendo á Europa un archiduque despres- 
tigiado es cierto, pero sano y salvo, de constituir una nueva 
república mexicana con la cual se podia contar. 

Tal debía ser el resultado de cinco anos de dolorosos sa- 
crificios! ¡Adonde estaban los tiempos en que el almirante 
Junen de la Gmviére podía negociar con ventaja sin tirar un 
tiro? En 18G1 se había conspirado por elevar á Maximiliano: 
en 1866 se conspiraba por denibarlo, y se preparaba á apresu- 
rar el desenlace haciendo que nuestra diplomacia, por inter- 
medio de los Erítados-Unidos, entablase negociaciones miste- 
nasas con los gefes liberales de ]\I(f\\ico, en caso de que el des- 
graciado soberano no consintiese en despojarse de su corona. 
Lo primero que iba á ensayarse era obtener por la persuacion 
que Maximiliano abdícase. Para esta misión secreta y de- 
licada, cuyo carácter era complexo, el gabinete francés se 
íyó en el general Oastelnau, ayudante de campo del empe- 
rador, actualmente en senicio cerca de la persona de su 
soberano. El enviado de S. M. filé investido de plenos po- 
deres para el caso de cualquiera eventualidad. Esta mi- 
sión confeiia, a un simple general, atribuciones superiores 
á la autoridad del general en gefe y el derecho de registrar 
sus actos, lo cual, aimque no se confesase, importaba un 
ataque indu*ecto á la dignidad de los mariscales de Francia. 
El gabinete fi:^ncés ciertamente se hubiera parado en esta 
vía tan contraiia á la gerarquííi, si no se hubiera aprove- 
chado de la ausencia del mariscal Kandon, ministro de la 
guerra, que había salido de Paris para ir á presidir el con- 



r^-" * . * ■ 



192 

sejo general de PIsére; nos satisface creer que la reconoci- 
da lealtad de este ministro, que conocía á fondo la cuestión 
de ^México, los compromisos contraidos, y las inmensas di- 
ficultades que tenia que vencer el gefe militar de la esi)edi- 
cion, no se habría prestado á ayudar á que se denibase tan 
bnitalmente á Maximiliano. 

El general Castclnau se hizo á la mar el dia 17 de Se- 
tiembre de 18GG. 



^ 



XIII. 



Entretanto, el horizonte se nublaba mas y mas en Mé- 
xico. Los disidentes penetraban hasta el coiuzon del im- 
perio. Solo los franceses liacian frente a la creciente iusm*- 
reccion. Los batallones de cazadores se destraian, y Jos mis- 
mos austríacos daban signos inequívocos de un desaliento 
fácil de comprender, si se atiende a (¡ue Maximiliano des- 
atendía, a su pesar, á sus compatríotas. Esta indolencia 
aparente del soberano, ejerció una influencia moral sóbrela 
lejion austríaca, cuyos herídos no hablan recibido aun del 
Estado mexicano ningún consuelo. Al lin de Setiembre de 
1866, los oficiales de estos cueii^os se vieron obligados ¿i ce- 
der generosamente una parte de sus sueldos para -socoiTcr 
á sus soldados mutilados. En descargo de la corte de Mé- 
xico, es preciso reconocer que aun la lista (presupuesto) ci- 
vüy que arpríucipio montaba á 27,500 francos diarios, sobre 
los ingresos de la capital, se habia visto disminuida por la 
crisis financien que se cebaba en todo el imperio; y. em 
frecuentemente impotente el gobierno, aimque animado de 
los mas generosos sentimientos. En cuanto al ejército me- 
xicano regular y auxUiai*, estaba en mi completo abandono. 

Entonces frié cuando supo Maximiliano, por la \'ia de los 
Estados-Unidos, el mal éxito de la entrevista de Saint- 



97 



194 

Oloud; consenso el secreto de estas notid^íi eqierando aún 
el resultado de las negociaciones de la emperatriz oon la 
Santa Sede, cuyo apoyo moral creía él que pedia equilibrar 
la partida sucesiva de nuestras tropas. Pero desde aquel 
momento hizo en silencio sus preparativos de marcha, y pa- 
ra asegurarse con anticipación una escolta en tiempo ojwr- 
tnnOy dhigió la siguiente carta al general en gefe, que aca- 
baba de llegar á Puel)la en auxilio de una columna austría- 
ca, gravemente comprometiila. 



''Palacio de México^ 16 de Sttiemlre de 1866. 

" lli íiuerido mariscal. 

"Os adjunto algunos documentos «acerca de la invasión 
de los Llanos de Apam por los ilisidentes, pai*a que tengáis 
la bondad de tomai* las medidas necesarias, con la urgencia 
que la situación exige, á fin de evitar que esos rebeldes se 
aiKxleren completamente de osos puntos tan ricos y tan im- 
portantes. 

"Tendréis igualmente la bondad de dar vuesti'as órdenes 
para que los tres escuadrones de húsares austríacos vengan 
á México, con objeto de reponer su caballada, y que descan- 
sen de la rada y larga campaña que acaban de hacer. 

"Eecibid, mi querído general, las segimdades de la bene- 
volencia y amistad de vuestro muy adicto. 

Maximiliano. " 

Después de haber ejecutado estas órdenes, el maiiscal 
precipitó su marcha para el camino de Jalapa. Apesar de 
los consejos y objeciones del general en gefe, el ministro de 
la Guerra, que obraba á su antojo, habia emprendido i)ad- 
ñcar la sierra de Tulancingo, y con tal objeto se habían 
puesto en mo\imiento hvs tropas austríacas. Esta guerra 



196 

4b montaña, dilícil y penosa, importuna sobre todo, visto el 
estado de insurrección general del pais, debia ser ñmesta á 
estos soldados estrai\jeros, que fueron denx)tados y que se 
tieron estrechamente sitiados en la ciudad de Ferote. Ape- 
nas se aproximaba á este punto el general en gefe para sal- 
varios, cuando llegaba á su vivac pn oficial francés que ve- 
nia corriendo la posta de México: era portador de este men- 
saje imperial: 

'^Chapultepecj 14 de Octubre de 1866. 

s v 
"Mi querido mariscal: ' 

**Debiendo llegar probablemente la emperatriz del dia 20 
al fin del presente mes, y deseando además recibirla perso- 
nalmente en el puerto, me propongo salir de la capital en 
los primeros dias de la semana próxima. En consecuencia, 
deseando dejar asegurada la tranquilidad de México, y al 
mismo tiempo hablaros sobre puntos muy importantes^ es 
indispensable que nos pongamos de acuerdo, y esto me lia- 
£B desear que tengamos una entrevista el domingo próximo. 

•**Bspero que tengáis la bondad de venir, sea cual fuere el 
-iibBtácuh que para ello se os pudiera presentar ^ d atusa del 
interés mayor de la conferencia que os indico. Siento no 
haber conocido esta necesidad antes de vuestra partida de 
Métxico; así. hubiera podido evitaros las fatigas del camino 
i que vais á esponeros; pero cuento con viiestm conocida 
amabilidad, para que no os ocupéis de esas molestias. 

*^uestro adicto, 

Apesar de la Éttíga y de la gran distancia á que se en* 
oontraba el general en gefe, subió violentamente hacia la 
oq^taly d^ando al general Aymard el encargo de libertar 
del asedio á las tropas estrai\jeras, quien lo hizo con buen 
éxito. Inmediatamente se hicieron comentarios acerca de 



kn i.'*«L .JP-' '.-■ 



196 

la marcha \1oleDta del cuartel general, y loB peiiódicos ame* 
ricanos repitieron con insistencia que se había dejado ase- 
sinar á los austiiacos. Mientras que el gen^rsd en gefe oor- 
ria pai-a México, recibió este segundo pliego de Maximi- 
liano. 

*^ Alcázar de ChapultepeCj 19 de Octubre de 1866^ 

"Mi querido mariscal: 

"Espero para el fin del presente mes la ^Tielta de la em- 
pemtiiz de su vi^ge á Europa. Tened la bondad, mi que- 
rido marii 1, de deciiiue si habéis tomado algunas medi- 
das para que se le escolte, y en el caso de que no se haya 
hecho esto, me haréis el placer de atender á la seguridad 
de la emperatriz, no perdiendo de vista él estado de insur- 
reccion en que se encnentran los departamentos vecinos id 
camino que tiene que cruzar. Veo con gran confianza que 
la segiu'idad de la emperatriz queda cu Miestras manos, y 
al enviaros por ello anticipadamente las gracias, mi querido 
mariscal, me es grato cnviaix)s las seguridades de mi bene- 
volencia y sincera amistad. 

"Vuestro muy adicto, 

MAXI^nLTANO." 

El emperador no ignoraba que la empemtiiz Carlota no- 
podia estar de vuelta, aun suponiendo que i-ápidamen- 
te hubiera obtenido lo que deseaba en el Vaticano; porque 
la succesion del rey Leoi)oldo debía necesitar la permanen- 
cia de la soberana de México en Bruselas. Pero esta 
carta tenia por objeto á la vez, no revelar sus proyectos 
á los disidentes en caso de que cayese por casualidad 
en sus manos, y hacer colocaí- sobre todo en el camino de 
México á Veraeruz, un cordón de tropas destinadas á cui- 
dar de la segmiilad de Maximiliano cuando bajase á la od»- 
ta. Todas las disposiciones indicadas se tomaron baista la 
tíeiTa caUente. 



197 

El general en gefe se encontró el domingo en la cita del 
'emperador. £1 gran chambelán^ que recibió al mariscal, le 
8iq[)Iioó de parte de Maximiliano que d^ase la enti'evista 
para el dia siguiente, y esperase un nuevo aviso de S. M. 

Bra tal la movilidad de espíritu del soberano, que no se 
atrevía aun á tomar un partido .decisivo, y ya no se trató 
mas de los intereses mayores que habla anunciado como 
muy urgentes. Al volver á México supo el maiiscal que 
habia desembarcado el general Gastelnau; además, recibia 
instrucciones apremiantes fechadas en París el 12 de Setiem- 
bre: — "Agravándose la cuestión cada dia mas, y privándo- 
DOB la toma de Tampico de los productos de su aduana, 
Kapoleon III se habia decidido á llamar en masa sus tro- 
paSy anticipando la evacuación completa para la próxima 
pnmavera." Sin embargo, era preciso detener á los regi- 
mientos que estaban próximos á embarcarse, y se agrega- 
ba: ^^Proteged nuestra haníUra contra todo insultOj y soste- 
n«Z, *í es necesariOj Ja preponderancia de nuestras armas.'^ 

Esta última orden dada en tales términos al cuartel ge- 
neral, no podia hacer relación mas que a los insultos de los 
jnaristas ó de los Estados-Unidos. Pues bien, cómo com- 
prenderla cuando á la misma hora el gobierno francés, se- 
gún lo demuestran los siguientes documentos, había pedido 
jsk al gabinete americano la libertad de retardar la evacúa- 
láon de nuestro ejército, á la vez que nuestra diplomacia, 
tanto en Washington como en París, presentía la restaura- 
éBion de una Bepública Me:x>i€anaf 

JDespacho de M. Seivard á M, Bigelou\ con motivo de la re- 
tirada de las tropas francesas de México^ fechado el 8 de 
Octtihre de 1866. 

"Señor. 
"La cuestión que me proponéis en Miestra última nota, 
ú saber, ¿qué pensaiia nuestro gobierno de la retirada en 



198 

masa de las tropas fiuncesas, en el curso dd año prdxioiOy. 
en lugar de que se efectué la evaouacion en lares deetaoa- 
mentos eu el espacio de diez y ocho mesesT nunca se me 
habia puesto directamente. 

"Lo que tengo que decir acerca de esto, es lo siguiente: 
el arreglo propuesto por el empei^or para i-etirar sus tro- 
pas en tres de^s^tacameutos, de los cuales el primero saldría 
en Noviembre, conia el i)eligro de ser olvidado en medio 
de la escitaciou política que ha acompañado todas las cues- 
tiones mexicanas, aun antes de que comenzara su ejecu- 
ción. 

"Incidentes fiecueutes y de distintos géuei'os, menciona- 
dos i>or la prensa de Francia y de México, y presentados 
como indicando de parte del emperador cierta disposición á 
no Uenai* este compromiso, han tenido por efecto inevitable 
crear y esparcir dudns sobre la sbiceridad del emperador al 
contraer e^e compromiso y acerca de su fidelidad en cum- 
plirlo. 

"Por lo mismo este departamento se ha vitíto continua- 
mente en la necesidad aparente de protestar contiti esos ac- 
tos, que eran de tal naturaleza, (pie debilitaban la (X)nflanza 
del pueblo en esperanzas tan justas ex)mo bien definidas. 

"El gobierno, \y>v el contrario, espera con entera confian- 
za, que el compromiso del emperador sera literalmente cum- 
plido, y aun ha esperado que, fueía de lo pactado, se Uena- 
rá con una sinceridad tal de intención, que anticipará en 
lugar de retardar la salida de las ti^opas fitmcesas de Méxi- 
co. Sin embargo, aguardamos hoy el principio de la evacua- 
ción. Cuando esta operación se haya efectuado^ él gobierno 
escuchará gustoso las sugestiones^ de donde quiera que ve)^ 
gaUj que tiendan á asegurar de nuevo el restablecimiento de 
la tranquiUdad, de la paz^ y dd gobierno constitucional íii- 
dígvna de México. 

"Pero hasta (lue nos sea permitido asegm-anios de este 



■*■. 



líM) 

priucípio de evacuaciou, toda tentativa de negociación no 
tendrá mas efecto que estragar la opinión pública en los 
Estados-Unidos, y a hacer la situación de México mas 
complicada. 

"Es iiuitil iufonnaros que las coigetm-as á que se entre- 
ga una parte de la prensa acerca de las pretendidas rela- 
dones que existían entie este departamento y el general 
Santa-Auna, no tienen fundamento alguno. 

W. H. SEW.utD;' 



Nota de M. Bigelmc á M. Seirard contando su primera en- 
trevista con el nuevo ministro de relaciones esteriores^ 
marqués de Moustier^ fecha 12 de Octubre de 18G6, en 
Paria. 

"Señor: 

"Ayer recibió el marqués de Moustier por i)riniera vez, 
al cueipo íliplomático. 

"Me ha preguntado si era cierto, como contaban los dia- 
rios, que pronto debiesen terminar nuestras relaciones ofi- 
daJes. Ha espresado el pesar que le causaba que esto suce- 
diese, y el deseo que tenia de cooperar conmigo á cultivar 
relaciones muy amistosas entre nuesti'os dos países respec- 
tivos. 

"En respuesta a una pregmita que le dirijí, me contestó 
que la política de su gobienio hacia los Estados-Unidos y 
México, no sufiíria cambio alguno con su entrada al minis- 
terio. 

"Agregó S. E., que consagiaba lag homs libres que le 
quedaban, a estudiar las divei'sas cuestiones americanas, 
con las cuales no había tenido aun la ocasión de familiari- 
zarse, y que tan luego como estu^iese apto, tendría la sa- 
tisfacción de hablar estensamente conmigo 6 con mi sucesor- 



200 

Deseiiba también animciaiine, y suplicaiine os lo comaui- 
case, que babia visto al emperador en Biarritz; que S. M. 
babia espresado el deseo y la intención de retirar sus trojUM 
de México, al momento que fuese posible, y m tener en 
cnenUí la convención conchiidn con Maximiliano. Agregó 
3. E., que según los últimos paites, los disidentes ganaban 
terreao, pero que no era la inteiicion del emperador empren-- 
der nuevas y distintas espedidon^ para reducirlos; que se 
trataba de recobrar á Tampico, pero que nada se babia tras- 
pirado en París sobre esto. 

"Dijo que la posición de la FrancLa era delicada, y que el 
empemdor nada deseaba tanto como desembarazarse ds Uh 
dos sus comi^romisos con México^ tan pronto como pudiera 
liacerlo con dignidad y con honor, y que con nuestra ayu- 
(bi, con la cual contaba, ese momento podia anticiparse 
considerablemente. 

"A esto contesté, de una manera general, que yo no te- 
nia motivo pam dudar que las fiíturas relaciones entre los 
Estados-Unidos y la Francia, fiíesen marcarlas por las mis- 
mas consideraciones amistosas (lue las babian caracteiízado 
hasta íuiuí. 

"Yo no pregunté de ([ué género de ayuda de los Estados- 
Unidos queria hablar, presumiendo que contaba con la to- 
lerancia (forhearance) mas bien que con una cooperación 
activa. 

"A propósito de esto, puedo mencionar también que he 
vuelto ayer de Bian itz, adonde me ha infonnado M. Peréi- 
re, el propietario de la línea franco-mexicana de paquetes, 
que su agente babia firmado, al fin, en el ministerio de la 
gueiTa, el contrato pai'a ti*asportar á Francia á todo el ejér- 
cito espedicionario en el próximo Marzo.* 



■ La uioilifioacioii do los iirinieroi» contnitos hechos con eata línea de vapore» 
para el embarque en tros poríodoi», fué bastante onerosa para el tesoro fraiicéa.^ 
(N. del A.) 



201 

"Según comprendí, la \i[spera había recibido la carta en 
que le participaban este hecho. Dijo que algunos destaca- 
mentos serian embarcados durante este otoño, y el resto á 
fines de Marzo. Yo sospecho que le han encargado que me 
participarse todo esto. 

JOHK BlGELOW." 

Por estos dos documentos es fiicil juzgar del caso que ha- 
cían de la política francesa mas allá del Océano. Esto era 
justo. Sea lo que fuere, el cuartel general ignoraba estas 
maniobras diplomáticas. En cuanto á la misión del general 
Gastelnau, no tardó en titispu-ar su carácter conminatorio. 
La emoción pública se propagó hasta México, y el Sr. La- 
res, presidente del consejo, se hizo el intérprete de ella cerca 
del cuartel geneml, cuya respuesta confirmó, como era su 
deber y su convicción, que el cuei^po espediciouario no te- 
nia mas misión que protejcr al imperio. Al mismo tiempo 
el mariscal demostraba lealmente al gabinete mexicano las 
faltas que se habían cometido, desvaneciendo siempre los 
pretendidos cargos que invocaba contm el ejército fi-anoés. 



México, G de Octubre de 1866. 

"Señor ministro de justicia. 

"En contestación á la carta de V. E., de 9 de Octubre, 
tengo el honor de informarle que á causa de la llegada del 
general Castelnau, ayiulante de campo de S. M. el empera- 
dor Napoleón, quien debe traer sin duda instrucciones de 
mi soberano, no me es posible decir á V. E. el papel que en 
lo sucesivo esté reservado á las tropas ft^ancesas. Entretan- 
to, i)ermanecerán en sus posiciones y continuarán prestando 
su ayuda, cada vez que sea necesario, tanto á las autorida- 
des como á las poblaciones del imperio. 



2S 



202 

" En cuanto á las tropas nacionales y á las auxiliai-es, co- 
mo V. E. lia pennanc*cido retirado del gobierao, ignora sin 
duda, ([ue desde la creación de las di\isiones militares, estas 
tropas lian quedado completamente á la disposición de los 
generales mexicanos cpie mandan dichas divisiones, y por 
consiguiente, á la del gobierao imperial, que les comimica 
sus órdenes, ya por conducto del ministerio de la Guerra, ya 
por el de los comisarios imperiales. 

'^ Desde esta época, mi papel se lia limitado á dai* conse- 
jos, que jamás se han seguido, ó á prestar el aiK)yo de mis 
tropas, li liacer reparar* el material de gueiTU y foitificar las 
ciudades mas importantes y las plazas fiíertes, y el de ayu- 
dar, en íin, con todos mis medios á la reorganización ded 
ejército nacional. Este ejército compi^^ude hoy veintidós 
l)atallüiies de infanteiía, inclusos los cazadores de México, 
diez regimientos de caballeiía, cuatro compañías de gendar- 
mería, la ailillería, y los ingenieros corresi)ondientes, for- 
mando el total un efectivo de 17,254 hombres. 

"Agregando á este efectivo los 6,811 hoinbres de la legi<m 
austro-belga, mas los aiLxiliaresó guaixlias estables que exis- 
ten aun, fácilmeiito se llega íi la cifta de 28,000 hombres. 
El 28 da Enero último^ este efectivo siihia d 43,520 soldadas. 
El senicio de la artillería y el de üigenieros se conñaron 
desde el año pasado á los oficiales mexicanos, y estos con- 
servan en su poder el inventario formado en aquella época. 

"ICn Puebla existe, gi-acias á los cuidados del Estado 
mayor austriaco, una fábrica de pólvora y de capsules, lo 
mismo (¿ue talleri's para obras de fieiTo, madera y cuero que 
pueden i>roveer á las necesidades del cyército nacional, y qufl 
dei)oiulen esclusivamí^nte del ministerio de la guen'a. • 

*' El gobierno imperial puede, pues, disponer de todos esos 
elementos, sobre los cuales, por oti^a parte, umica he t^^nido 
una acción directa, como tampoco en la aitillería, ni en los 
4(),000 fusiles y otras minas que en el período de tres años 



203 

se han distribuido al ejército mexicano y á las poblaciones. 
El papel del general en gefe, tal como se ha detenninado, 
no 68 el de mezclai*se en la disciplina, la mejora y la admi- 
oistraeion de las tropas, sino únicamente el de hacerlas 
obrar, sin lo cual no habria unidad de acción. 

" Tengo el pesar de decir que no ha sucedido así, apesar 
de mis reiteradas observaciones, y que en todas las divisio- 
nes tenltoriales, los generales que las mandan han proce- 
dido á su antojo, ó por órdenes emanadas directamente del 
ministerio de la guerra. 

" Nada impide, pues, que se continúe haeiendo lo mis- 
mo, y la cuestión que me proponéis, de que se pongan á 
disposición del gobierno las tropas nacionales, está resuelta 
6D el sentido que dese<ais. 

^* Tan solo seria preciso que los generales nombrados pa- 
ra esas comandancias di^'isionarias se fuesen á sus puestos^ 
tales, por ejemplo, como los generales Oliacon y wSevero 
Castillo; uno para la octava y el otro para la noveníi divi- 
flíon militar. 

" Otro error que comete V. E. sin duda involuntariamen- 
te á causa de su retraimiento de los negocios, pero que me 
importa rectificaí-, es el de atribuir la evacuación de las ciu- 
dades á las tropas francesas. No las h<in evacuado sino que 
fa» enire<iaron d las tropas mexicanas, las que no Zas han 
defendido, sen cuál fuere el motivo: lié aquí la verdad, y 
V, E. debe reconocerla. 

" Es preciso no buscaí', pues, en los últimos aconteci- 
mientos otilas causas que las verdadems, y estas causas son 
bien conocidas de S. M., puesto que nuestros infonnes las 
han definido bien. 

" V. E. debe conocorhis también, por lo que. me absten- 
dré de enumerarlas de nuevo. En resiimen, el gobierno im- 
perial puede disi)oner, como antes, de todos los elementos 
del ejército nacional; pero en mi lealtad me toca decir que 



204 

si la administracioD, y el redutamiento uo se aseguran me- 
jor que eu el pasado; si por otxa parte, no hay mas fídeli- 
áaAj energía y almegacion de parte de dichas tropas, el gnh 
hierno imperial obrará saümmente no contando de nna ma- 
nera absoluta con su apoyo. 

^^ El mariscal de Francia, 
Bazaine. " 

En el campo liberal de Porfirio Diaz, estaban mejor in- 
formados de los pasos de nuestro gobierno que en el cuar- 
tel general francés. El periódico republicano se espresaba 
así, en el momento mismo en que el enviado de Napoleón 
subia á la mesa del país: — ^^ El Paquete de Saint-Nazaire 
^^ acaba de conducir al general Castelnau y al marqués de 
^^ Galliffet, ambos ayudantes de campo de Napoleón m. . • . 
^^ Gastehiau no hace un misterio de su misión: dice que trae 
^^ la óitlen de hacer alxlicaí* á Maximiliano. 8e pretende 
^' que, al cíier el príncipe austríaco, surgirá una convencioQ 
" concluida desde antes entre los gabinetes de Washington 
" y de las TuUerías, sobre la deuda francesa. Se compren- 
'^ derá que la abdicación volimtaria ó forzada de Maximi- 
^^ llano es inevitable; las tendencias de la Francia son bien 
" conocidas, y el sol del nuevo año verá brillar las armafi 
" triunfiíntes de la Eepública por todo el tenitorio mexi- 
" cano. " 

Nuestmíi tropas continuaban replegándose sobre el cen- 
tro del país. Según las últimas órdenes re<5ibidas de Pa- 
rís, su movimiento reti^ógrado iba á cocentuai^se mas fuerte- 
mente aún, y el cuartel general puso en conocimiento de 
Maximiliano estas disposiciones militares, dejando al en- 
viado de Napoleón el cuidado de tratar la cuestión política 
conforme en el sentido do la misión que se le habia encai- 
gado, y cuyo alcance él solo conocía. ¡Qué drama tan com- 
plicado aquel cuyas diferentes escenas, realmente eonmo- 



205 

vedoras, so representaban en París, en Boma, en Washlng* 
ton y en México! Todo el peso gravitaba sobre Iob doi 
personajes principales, Maximiliano y el mariscal. Fronte 
sintió el emperador de México que su energía se liaoia pe- 
dazos, y al momento de renunciar á la lucha, lanzó esta úl- 
tima protesta contra los actos de nuestra política: 



" Méxicoy 18 de Octubre de 1860. 

" Mi querido mariscal: 

" Con el mayor pesar he sabido por vuestia estimable 
x^arta fecha de ayer, que estamos próximamente amenaza- 
dos de ver abandonar á Matehuala, que es uno de los pun- 
tos estratégicos de la mas alta importancia con respecto á 
los disidentes. 

" He dado inmediatamente las órdenes necesarias á fin 
de hacer llegar los fondos necesarios para socoirer íntegra- 
mente á las tropas. Tengo la Arme persuacion de que un 
solo ataque vigoroso bastarla para hacer huir las fuerzas 
mal discipUnadas de los disidentes; si por el contrario, se 
retiran las fuerzas fi-smco-mexicíiuas, no solamente aumen- 
tará el número de los enemigos, sino que se inteirumpirán 
Los comunicaciones entre Tamaulipas j San Luis, al mismo 
tiempo que se nos escaparán los recursos de este tcixi torio. 
Esto será dar artificialmente á la revolución proporciones 
que hasta hoy no ha tenido. 

" Sabéis bien, mi querido mariscal, que el gobierno wo 
puede reunir nn número suficiente de fuerzas en tan poco 
tiempo para hacer frente^ sola^y al enemigo^ y por consiguien- 
te, la proposición de apoyarse en los recm^sos locales es en- 
teramente ilusoria. Esi)ero, mi querido mariscal, que, de 
acuerdo con el artículo 49 del tratado de Miramar, en vir- 
tud del cual disponéis de todas las fuerzas del imperio, ten- 



206 

dreis la bondad de tomar todas las medidas propias para 
impedir mi desastre militar y político, mas considerable que 
los que hemos suMdo basta aquí. 

" Vuestro muy adicto, 

Maximiliano." 



Maximiliano pensaba aún en invocar el tratado de Mira- 
mar, desgarrado hacia tres meses, y cuando el emperador 
Napoleón habia declarado á M. Bigelow que no quería em- 
prender nuevas espediciones para reducir á los disidentes. 



XIV. 



Se habia auiiiicíado que el comisionado francés estaba á 
dos jornadas de la capital. Kesuelto á evitar su encuentro, 
hizo apresurar los preparativos para ii* á encontrar á la em- 
peratriz Carlota, segiui lo babia anunciada. Pero se babia 
erapoimlo ya la noticia del envío á Veracruz de los l>aga- 
ges de su casa y de su comitiva, y se sabia que tres escua- 
drones de húsares austiiacos, llamados á México, con pre- 
testo de que descansaran de sus fatigas, estaban listos para 
marchar. La noticia de la partida probable del soberano, 
prodigo una viva sensación entre la población de México. 

La historia eseluye el romance; sin embargo, aquí el his- 
toriador no puede relatar sin emoción esa escena de duelo 
que llenó de luto los últünos momentos qitfe pasó el empe- 
rador en el palacio de Chapultepec. 

Se aproximaba la hora de la partida: el soberano, agota- 
do por la fiebre y vencido por los acontecimientos, pensaba 
en sus esperanzas rotas, y soñaba en su país natal, que ha- 
bia estrafiado tantas veces, y se estremecia á los ecos leja- 
nos del cañón de Sadowa y de Lissa. Se le entregó un des- 
pacho telegráfico remitido de los Estados-Unidos. Amm- 
daba que la razón de la emperatriz Carlota habia sufiido 



'> - ." T JB. .f". ' _i 



208 

uu siiciulimieuto. Hay desgaiTamientos, hay protestas del 
alma herida contra el destino, y luchas de desesperación que 
la pluma no puede describir. 

La ciudad entera, adonde la emperntiiz era adorada, que- 
dó llena de desolación. Maximiliano dio la orden de partir 
durante la noche, y en la mañana del dia 20 de Octubre, 
anunció al mariscal que se alejaba de México. 

''Alcázar de Chaj)ultepeCj 20 de Octulre de 1866. 

"Mi querido mariscal: 

"Profundamente me han conmovido las palabi^as de cou- 
.suelo y de pésame que acabáis de enviarme á nombre vues- 
tro y de la mariscíila. Por ello os espreso aquí mi mas vivo 
y proftuido reconocimiento. El terrible golpe de estas últi- 
mas noticias, que han herido tan gravemente mi corazón, y 
el mal estado de mi salud causatlo por las calenturas inter- 
mitentes que tengo hace tanto tiempo, y que en castos últi- 
mos dias naturalmente han aumentado, me obUgan a bus- 
car por algún tiempo un clima mas suave, según la espresa 
volimtad de mis módicos. 

"Para encoutmr al correo estraordinario que me anuncian 
de 3Iiramar, y cuyo contenido agiuirdo con mía ansiedad 
ñícil de comprender, tengo intención de partir para Orizaba. 

"Con la mayor confianza encomiendo á \^iestro tacto la 
conservación de la ti-anquilidad de la capital y de los pun- 
tos mas importantes que ocupan hoy liis tropas de Miestro 
mando. 

"En estas cucunstancias dolorosas y diííciles, cuento mas 
(lUe nunca con la lealtad y la amistad que siempre me ha- 
béis demostrado. 

"Seguiré el itmei-ario adjunto, y llevaré conmigo los tres 
escuadrones de húsares del cueq>o de volimtarios austria- 
eos, y los hombres disponibles de la gendannería. 



209 

"Esta cartii os será enüegada por el consejero de Estado 
Herzfeld, mi autiguo compañero en la marina, á quien pon- 
go á vuestra disiK)sicion para que os ministre todos los da- 
tos nec£^arios. 

"Os i-eitero, lo mismo que á La maríscala, mi viva grati- 
tud por vuesh'os tiernos sentimientos, que tanto bien lian 
hecho á mi iK)bre corazón. 

"Ki^cibid, mi querido mariscal, tcxlas las seguridades de 
mi sincera amistad. 

Maximili.vjno." 

Eu aquel momento crítico en que la adhesión podia ser 
peligi*osa, el Sr. Lares se presentó en Palacio, y declaró eu 
nombre de sus colegas, (pie t<xlo el ministerio se retii*aria si 
el emperador salia de México. M. Herzfeld lo avisó Inuuv 
diatamente al cuartel general. 



((? 



México, 20 de Octubre de 1800. 

"Exelencia. 

"El Sr. Lares acaba de presentar la dimisión de todo el 
ministerio, y ha declarado que desde el momento en que el 
emperador saliera de la capital ya no luibria gobierno. Es- 
tando S. M. en un estado de debilidad estieroa, 6 insistien- 
do en partir, será preciso tomai* algunas medidas. Suplico 
á V. E. aconseje aún esta noche al emperador. 

"Soy, etc. 

Heiizfeld." 

Instruido de este grave incidente el mariscal Bazaine, es- 
cribió al momento al presidente del consejo, que era faltar 
á la lealtad y á la generosidad abandonar al empeitidor á 
aqneDa hora, después de haber solicitado su confianza en- 



'T un, ' j r*'- -fijí ' ■ — _ _ ■ .•"*'^**w 



210 

tera, y que toniaiia ciertas medidas contra los ministros 
si persistían en su resolución. 

Sin esta decisión enérgica y exigida por Lis circunstan- 
cias, todo el gobienio del pais quedaba repentinamente en 
manos del gefe fmncás, en los momentos en que datos pre- 
cisos, recibidos en el cuartel general, probaban que todos 
los paitidos estaban á punto de levantarse en masa contra 
los esti'aiijeros, y asesinar los pequeños destacamentos fran- 
ceses, que estaban muy diseminados en el tenitorio, en una 
nueva noche de las Vísperas Sicilianas. Al caer el dia, 
M. Herzfeld vino al cuartel general de Buenar- Vista, á pe- 
dir consejo sobre la situación, de parte de Maximiliano. 

Entre tanto los ministros intimidados (fontestaban que 
serian muy felices continuando en el desempeño de su en- 
cargo. El mariscal, á quien el enviado de Maximiliano i)ar- 
ticipó confidencialmente el proyecto definitivo del solxírauo, 
decidido íí abdicar, respondió que S. M. podia partir y via- 
jai' con seguridad, y que él se encargaba de todo. El gene- 
ral en gefe pensaba, en efecto, que las espemnzas de la 
monarquía se desvanecian, y no se sentía con valor de de- 
tener á Maximiliano, ji quien dejal>a en libertad para que 
siguiera sus propias inspiraciones. Sobre todo, era preciso 
ganar tiempo, á fin de que pudiesen los destacamentos fiíui- 
ceses, que á aquella fecha estaban aún á seiscientas leguas 
de IMéxico, reunirse en masa y^replegarse sobre ,el grueso 
del c\jército. Una abdicación brusca debía desencadenar la 
insuneccion de todo el pais; para evitarlo era preciso que 
Maximiliano pretestase una ausencia temporal, (pie permi- 
tiese instíilar una regencia, de modo que se pudiera condu- 
cir suavemente al pais á otra forma de gobierno. Solo ima 
abdicación fechada en Em*opa podia prevenir un gi'an sacu- 
dimiento y seiyir de salvaguardia á nuestro ejército. Tal 
era el plan que el mariscal deseaba que aceptase Maximi- 
liano, A las siete dé la noche, el príncipe esperaba con im- 



211 

paciencia en su palacio la respuesta del cuartel general. 
Cuando la recibió, se paseaba recorriendo la pieza, poseído 
de una giTinde agitación; después de la lectura pareció mas 
tranquilo. Las últimas palabra^j que pronunció, antes de 
salir de Chapultepec, revelaban todos sus i)ensamientos. 
— *^o puedo dudarlo, dijo, mi esposa está loca. Esas gen- 
tes me matan lentamente; estoy agotado: me voy. Dad al 
mariscal las guacias por esta nueva prueba de adhesión. Es- 
ta noche parto, y si deseare escribiime, lió aípií el itinerario 
que seguiré." 

A las dos de la mañana del dia 21 de Octubre, tres car- 
rmyes escoltados poi* tres escuadrones de húsares, y por los 
gendarmes húngaros, nxlaban por la calzada de la Piedad. 
El padre Fischer, el ministro Arroyo, el coronel de Kodo- 
lich y el doctor Bash, acompañaban al emperador á Ori- 
zaba, adonde debia tomar una resolución definitiva y so- 
lemne, presentida ya por la opinión pública. En la tar- 
de misma, Maximiliano, ({ue habia ido á pernoctar a la 
luicienda de Zoquiapa, escribía una carta enteramente con- 
fidencial, que un oficial austi*ia<íO llevaba en la noche al cuar- 
tel general francos. Esta carta no era sino el corolario de 
la entrevista del mariscal y de M. Ilerzfeld. 



HaciauUi de Zoquiapa, 21 de Octubre de 1866, (en In tarde.) 

"Mi querido mariscal: 

*^Iañana me propongo depositar en vuestras manos los 
«locumentos nece8;irios para poner un tóiinino a la situación 
violenta en que se encuentra, no solo mi persona, sino todo 
México. Estos documentos deherdn permanecer reservados 
hasta él dia que os indique por el telégrafo. 

**Tres cosas me preocupan, y quiero de una vez despren- 
der la responsabilidad que respecto á ellas me incumbe. 






212 

"La primeni es, que las cortes marciales dejen de inter- 
venir en los negocios i>olíticos; 

"La segunda, que de hecho sea revocada la ley de 3 de 
Octubre; 

"La tercera, que por ningún motivo haya persccucione» 
políticas, y que cese toda especie de hostilidad. 

"Deseo que llaméis a los ministros Lares, Maiin y Tave- 
ra^ á fin de convenh' las medidas uidispensables para ase- 
gurar estos ties puntos, sin necesidad d4$ que traspiren en 
algo mis intenciones espresadas en el primer párrafo. 

"No dudo que agreguéis esta nueva prueba de verdadera 
amistad á todas las que me habéis dado, y anticipadamente 
os doy ix)r ello las gracias, al mismo tiemiK) que os renuevo- 
las seguridades de la consideración y amistad que os pro^- 
feso. 

MAXi:sriLiANO." 

Como se vé, Míiximiliano recomendaba con empeño que 
no se dejase traspirar, ni aun á su mismo consejo, su pro- 
yecto de abdicíicion: en segundo lugar, suplicaba al maris- 
cal que reuniese á los ministros para comunicarles sus ór- 
denes, tanto mas importantes, cuanto que debia derogarse 
la ley de 3 de Octubre. En los momentos en que iba á de- 
jar el país, no queria que coniese mas sangre inútilmente- 
Al dia siguiente, el 22 en la mañana, el general en gefe, . 
aunque el gobierao fitmcés le hubiese re<?omendado que no 
se mezclase en la política, se apresuraba, por abnegación ál 
emperador MaximiUano, á reumi* á los Sres. Lares, presi- 
dente del consejo, Marin, ministro de Gobernación, y Ta- 
vera, ministro de la Guen^a. Les manifestó oficialmente 
las vohmtades de su soberano, y dio la orden de que se Cjíe- 
outasen. Es necesario agregar que los ministros Lares y 
Marin se decLiraron poco dispuestos á acceder á las idea» 
generosas de Maximiliano. El mariscal por su parte avi- 



213 

só al emperador que se liabian cumplido sus órdenes, pero 
que no podía hacer c^sar las hostilidades en los puntos 
adonde los disidentes y las partidas que no hablan recono- 
cido la intervención viniesen á atacar á las tropas íhuice* 
sas. En efecto, el cuartel general no tenia poder para firmar 
un armisticio con los liberales. ISo le tocaba modificar con 
sa autoridad privada el programa militar del cuerpo espe- 
didonarío, cuya misión era defender el imperio. La eva- 
eusudon, además, continuaba su curso, y el número de pla- 
zas ocupadas por nuestras armas, disminuía cada dia. 

Esta vez también cambió Maximiliano de proyecto: por- 
<pie no llegó á dirjjir al mariscal ni los graves documentos, 
ni el despacho telegráfico anunciados en su carta confiden- 
<áal del 21 de Octubre. Un incidente, importante de rela- 
tar, marcó el principio del viíye del joven soberano. Los 
relevos de la comitiva imi)erial estaban dispuestos inten- 
donalmente, de manera que el genenil Castelnau no pudie- 
se encontrar á Maximiliano. Sin embargo, los dos viajeros 
se encontraron por un instante en el pueblo de Ayotla, á la 
hora del almuerzo, y aunque el enviado de Napoleón lEE 
procuró tener acceso con el joven emperador, tuvo que re- 
signarse á partir sin haber obtenido una audiencia. 

El viivje del emperador terminó rápidamente sin ser mo- 
lestado por las guerrillas que, si no hubiem sido por el res- 
peto que les infundió haberse desplegado en el camino nues- 
tras tropas, habrian intentado un golpe de mano, pues te- 
Bian la intención de apoderarse de su pei*sona. 

Los contingentes juaristas hablan hecho movimientos de 
imiK)rtancia por el lado de Oaxaca que acababa de amena- 
zar Porfirio Diaz. Diurante el trayecto, Maximiliano se 
alojó solamente en la casa de los clérigos. El 24 de Octu- 
bre dormia ya en el curato de Acatzingo. El camino que 
0q>ara este pueblo de la Ganada, es fiíngoso durante las úl- 
ümas lluvias, y lleno de arena durante el tiempo de secas* 



.-?- -r--= -I *■■ ■. mj i i ■... 



214 

El país es inegular y cubierto de bosques, adonde era pre- 
ciso aumentar la vigilancia por las gavillas. Hubo un mo- 
mento en que la comitiva del soberano se llenó de confu- 
sión. 

En el camino, hacia adelante, se levantaba un graeso 
torbellino de polvo, entre el cual se distinguía una tropa nu- 
merosa vestida de rojo. Cuando se supo que era uno de 
los escuadrones de la contra-guerrilla francesa que habla 
flanqueado el camino que tenia que recorrer S. M., cesó la 
alarma. Maximiliano se informó de las diferentes postas 
que ocupaban las contraguerrillas en la tienu caliente; des- 
pués guardó ese silencio obstinado en que permaneció su- 
mido desde su partida de Ohapultepcc, Al llegar á la Ca- 
ñada pidió hospitalidad en el curato armiñado de ese pe- 
queño pueblo. Pasó la noche tristemente en un cuarto 
glacial, y en la mañana del dia siguiente, á las sictC!, conti- 
nuó el coitejo su marcha para Orizaba. Una fiíerte neblina 
se esteudia por los desfiladeros de las Cumbres y velaba á 
lo lejos el valle. Durante todo el camino, Maximiliano filé 
atacado de calenturas: descendió del carruaje para bajar á 
pié los numerosos zi-zags de la gran cadena de montañas 
que domina las tierras bajas de la costa. Envuelto en un 
largo sobretodo giis, y con un sombrero blanco de falda i)e- 
queña, el emperador marchaba rápidamente con la cabeza 
inclinada, seguido de su fiel compañero el doctor alemán 
Bash. Algunas veces se detenia en las vueltas del camino 
para esperar á su escolta, y para arrojar ima última mirada 
á aquellos horizontes que creía no volver á ver. A las on- 
ce de la mañana el cura de Acultzingo, miserable caserío 
situado al pié de las Cmnbres, ofreció ima mezquina comi- 
da á Maximiliano. Cuando quisieron volverse á poner en 
camino, notaron que las ocho muías tonlillas del tiro de Ios- 
carruajes de la corte, acababan de ser robadas, y hubo que 
aguardar dos horas largas para procurar otros animales que* 



215 

se embargaron. El sol desaparecia ya eu el horizonte cuan- 
do se llegó al gracioso pueblo del Ingenio hundido entre los 
árboles. A su entrada, á los la<los del camino, una multi- 
tud de gente á caballo y á pió, y de clérigos seguidos de 
indios y de habitantes de Orizaba, esperaban al emperador 
para victoreíirlo á su paso y escoltarlo hasta la ciudad, que 
distaba aún dos kilómetros. Al divisar las toires de Ori- 
jsába, el coronel Kodolich dio orden á la caballería francesa 
de que hiciem alto, porque sabiendo S. M. que lo esperaba 
la población, deseaba entrar solo á las calles. 

Una de las tendencias mas marcadas de Maximiliano, 
que se reveló claramente durante todo su reinado, fue la de 
no mostrarse á su pueblo con mucha frecuencia rodeado de 
¡06 firanceses, por las cuales sentía en general una profmida 
antipatía. Un sabio crítico, M. Dubois, que ha public¿ido 
en el periódico intitulado el Tkmpo^ un análisis de los Re- 
cuerdos de viaje escritos por el mismo archiduque durante 
su juventud, hace notar la espresion de estos sentimientos 
desfavorables hácüi la Francia. Aun concluye coníesando 
que el estudio del carácter del príncipe, ha hecho rebi\jar á 
sus ojos al descendiente de Carlos V. — "Es necesario reco- 
nocer, agrega este escritor, que cuando Maximiliano aceptó 
la corona mcxicíina, otros hablan blandido la espada por el, 
y sin embargo, no los amaba mucho. En efecto, en sus es- 
critos se muestiu lleno de prevención contra la Francia y 
los franceses. Solo el emperador Napoleón 1 11 quedó es- 
ceptuado de esa antipatía que contiasta nuicho con el fa- 
natismo del príncipe por los españoles. Desde 1852, algu- 
nos meses después del 2 de Diciembre, antes de la procla- 
mación del imperio, el fiíturo emperador de México recono- 
tía en el futuro emperador de los fianceses, "<?Z espíritu po- 
ieraso de un hombre de Estado que domina á su siglo^ Na- 
die duda que esta impresión no haya subsistido, y que has- 
ta el momento decisivo no haya justificado la coníianza que 



216 

tenia eu si mismo y eu su estrella, para lo eiial estaba natu^ 
ralniente dispuesto. Pero es necesario repetir que en lo ge- 
neral el príncipe nos rehusa sus simpatías: es que no somos 
bastante católicos, ni bastante románticos. Acaso también 
las prevenciones que manifiesta provienen de ese resenti- 
miento intimo y profundo contra la Francia, que algunas ve- 
ces pueden adormecer kis necesidades iK>liticas, peix) que, por 
buenas ó malas razones, debe ser hereditario en la casa de 
Hapsbourg. Sea lo que ftiere, al príncipe no le agrada nues- 
tro idioma, y felicita al emperador Francisco José, por ha- 
berlo desterrado de su corte; no le agradan nuestras modas, 
y felicita á las españoles por no haberlas adoptado; pero lo 
que detesta sobre todo, son nuestras ideas y nuestro espí- 
ritu." 

Muchas cuestiones habrian ixxlido ser resueltas por el 
mariscal, de una manera mas conciliadora, en conversacio- 
nes íntimas que j)ot medio de la corresi)ondencia; pero 
Maximiliano le habla recomendado frecuentemente que vi- 
niera pocas veces al palacio de México, porque pretendía el 
empera<lor, que las visitas del general en gefe podian ínter 
pretarse de una manei-a desñivorable á los mexícanoB 
Cuando residía en el retiro de su palacio de Chapultepec, 
le espresaba el deseo contrario. Esta misma regla de con- 
ducta se vuelve á encontrar en los últimos escritos de Maxi- 
miliano á su ministro de la Guerra, fechados en la dudad 
de Querétaro: en ellos espresa cuánto le impacienta el yu- 
go francés, y el placer que le causa la partida de la inter- 
vención, á la que, sin embargo, le debia su trono. Esta ac- 
titud que tomó desde el principio de su reinado, calvece de 
lógica. 



XV. 



Maximiliano Iiizo su entrada á la ciudad de Orizaba, lle- 
na de entusiasmo, en medio de una valla de infantería fran- 
cesa y guardias nacionales, tendida en las calles y al ruido 
de los cohetes y repiques. Al momento se retiró á la casa 
de la opulenta familia de Bringas. El salón de Bringas, el 
mayor contiabaudista de México, era el punto de reunión 
conocido de todos los enemigos de la intervención, y recien- 
temente habia habido allí muchas conferencias secretas que 
liabia presidido & su i)aso Uraga, cuando iba á embarcarse 
al puerto de Veracniz. Diminte la semana que el joven 
omperador permamecíó en Orizaba no se mostró en público 
0ino para ir á los baños. Desde que recibió el coitco de 
Europa, que le traia noticias conmovedoras de h, salud de 
la em]9eratriz, se retiró á la liaciemlu de Jalapilla^ inmedia- 
ta á la ciudad, y perdida entre los cafetales y las cañas de 
azdear. Vacilaba aun abdicar; el padi^e Fischer, aprove- 
chando su influencia sobre el joven emperador, bajo el pre- 
testo de que su espíritu y su cueq)o necesitaban mucho re- 
poso, lo arrastró á aquella soledad. Las intiigas del par- 
tido reaccionario, que comprendía que con la ruina de la 
monarquía vendrían la mina y el despojo definitivo del cle- 
TOy disfrazaban á los ojos del soberano hi importancia y la 



80 



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218 

rapidez de los triunfos de los liberales. Las visitas de los 
agentes clericales que trabíyabau por retener á Maximilia- 
no en México y solo bíyo su bandera, necesitaban la som- 
bra y el misterio: por eso se succedian sin inteixuixíion en la 
hacienda. 

Sin embargo, una parte de los equipajes de h\ corona se 
habia embarcado ya en la fi'agata austríaca el Dándolo^ 
anclada en el puerto de Veracruz, y el cortejo alemán del 
príncipe, aunque sentía amargamente ver desplomarse el 
trono á que estaba adherida su propia foitima, no podía 
desconocer que se habia i>erdido la partida. En efecto, 
acababa de llegar á Oiizaba la noticia de un grave desastre 
sufiido i)or las troi)as austríacas el dia 18 de Octubre. 
Una columna de 1.500 hombres casi, que iba en auxilio del 
geneml mexicano Oronoz y de los ci^zadoivs sitiados en 
Oaxaca, habia sido atfieada por las paititlas juaristas en las 
coUnas de la Carbonera y comiíletamente denotadií, des- 
puej3 de liaber sufrido fuertes i)érdidas de hombres y ma- 
teríal de guerra. La situación interior se anunciaba tanto 
mas mala cuanto que se aproximaba el momento en que 
debia ponerse en \igor la convención de 30 de Julio, y se- 
gún ella, entregar a los comisarios franceses la mitad de los 
productos diai'ios de la adiuma de Vei-aoruz. Toilos los 
recursos se des^iinecian á la vez. Sbi embargo, el maris- 
cal se veia obligado á i>oner el dedo sobix* aquella llaga tan 
sensible. 



México, 2o de Octubre de 1866. 

" Señor. 

''Se aproxima el momento de apUcar la convención so- 
bre las aduanas, como se ha convenido entre el gobierno de 
V. M. v el de la Francia, No habiendo aun recibido M. 






219 

Daño respuesta alguiia á la notificación que diilgió con tal 
oljjetOy me ha informado que eni su iuteiicion de conflanne 
á mí su ejecución. 

" Tengo el honor de dar cuenta de ello á V. M., suplicán- 
dole se sirva dar sus órdenes para la ejecución de dicha 
oonvencion. . 

" Sin duda conoce ya V. M. el desastre que sufrió la co- 
lumna que iba en auxilio de Oaxaca; tendré el honor de ha- 
cerle saber los detalles luego que me remitan los documen- 
tos oficiales respectivos. 

" El general Douay está en este momento mas allá de 
Matehuala, en pei-secucion de una partida bastante consi- 
derable de caballería. 

" Con el mas profiuido respeto etc. 

Bazaine. " 

Algimos dias después la ciudad de Oaxaca, cuya guarni- 
ción se \ió obligada á rendir las armas, apesar de la heroi- 
ca defensa del jefe de los cazadores, el bravo comandante 
Te45tard, que nuu-ió durante la acción, capituló y abrió sus 
puertas al vencedor Poi-flrio Diaz. Este doble triunfo de 
los liberales hizo una gi^an sensación en todo México. En 
la tierra caUente los jefes de las guerrillas se envalentona- 
ron, é hicieron demostraciones amenazadoras, agnipándose 
á los alrededores de Medellin, Tehuacan y Perotó. En 
aquella hora crítica, Maximiliano, asediado por el clero, no 
Be atrevía aun á tomar un partido decisivo, tales eran la 
rersatilidad de su carácter y la magnitud de sus pesares. 
Le costaba mucho renunciar á esa corona que habia soña- 
do desde su infancia. Sorprende esa ambición precoz que 
le habia inspirado " hs recuerdos de viaje ^ que escribió 
después de haber contemplado bajo las bóvedas de Granada 
las insignias reales de Femando el católico. 

— " Toqué, dice Maximiliano, el círculo de oro y la espa- 



■>p*^ *■ " " 



220 

da, antes tan poderosa, con un sentimiento mezdado de 
orgullo, de ambición y de melancolía. ¡Guán bello, cuan 
bríllante sueno para el nieto del Haspbourg de Espolto 
blandir la espada de Femando para conquistar la co- 
rona! " 

Estas pocas lineas esplican bien las doloix)sa8 inoerti- 
dumbres, las últimas angustias de que era presa la ambi- 
ción de Maximiliano en la hacienda de la JalapíOa. 

Hé aquí una carta del 31 de Octubre, escrita bago la imr 
presión de la derrota de los austríacos, cuyo valor ha sido 
tan desgraciado, y en la cual olvida generosamente sos 
sentimientos contra los belgas. Atestigua bastante que 
el momento solemne de una abdicación resuelta en sa 
pírítu, quiere tentar aun una última probabilidad antes de 
dejar caer un cetro que costiba ya tanto á su corazón y á 
su orgullo. 



" Mi querido mariscal. 

" En las circunstancias difíciles en que me encuentro, y 
que, ¡si loa negociaciones que acabo de entablar no áboemi á 
un restüiado félis^ me obligarán á entregiu: el poder que la 
nación me ha confiado, me preocupa sobre todo fl^ar la 
suerte de los cuerpos voluntarios aiLstiiaco y belga, y ga- 
rantizarles completamente las condi(^iones contraidas oon 
ellos. 

^^ Para lograr este objeto os envío á mi ayudante de oam- 
po, el coronel de Kodolich, al cual acabo de confiar el man- 
do del cuerpo de voluntarios austriacos, y á quien doy los 
plenos poderes necesarios para arreglar esta cuestión que 
me interesa mas que ningima otra. 

^^ Este oficial goza de mi entera confianza, y al poner en 
vuestras manos, en las de la Francia tan sensibles por toda 



«I..!.. 4* .'-.-s- .rL-Lm^.-:^ - 



221 

abnegación, la suerte de esos cuei-pos tan valientes y tan 
adictos, esi)ero con una seguridad plena el desenlace satis- 
fectorío de este aneglo. 

" Recibid, mi querido mariscal, la segmidad de los sen- 
timientos de mi sincera amistad, con la cual soy 

" Vuestro muy adicto 

Maximiliano." 

Orizaba, 31 de Octubre de 1866. '^ 

A la hora en que hacia partir al coronel Kodolich para 
el cuartel general de México, Maximiliano conocía exacta- 
jnente el objeto de la misión del general Castelnau. El 
enviado de Napoleón III venia á informarse por sus propios 
ojos, intenogando los hechos y la opinión pública, de si la 
monai'quía era capaz de mautenei^se sola. En el caso con- 
trario, lo (pie en las TuUerías se sabia desde antes, del)ia 
provocar hi abdicación inmediata del emperador, y si rehu- 
saba el joven sol^emno volver á Europa, tenia la orden de 
disponer la partida de todo el cuerpo espedicionario en una 
sola vez y en un breve plazo. Estas instrucciones de su 
aliado Napoleón III, cuya última palabra ignomba aun 
Maximiliano, no eran propias para alentarlo a anojíu-se so- 
lo á la empresa: por otra parte, no couseivaba ya grandes 
flnmones sobre la potencia de los resortes del elemento me- 
xicano. Su espíritu fluctuaba entre la humillación de vol- 
ver á Austria después de un ruidoso jaque que comprome- 
tía su por^'eni^ político, y entre el temor bien fundado de 
continuar una obra imposible, y el legítimo deseo de volver 
á ver á una compañera víctima de su abnegación y de su 
mala fortuna. 

Aquí es adonde interviene una perii)ecia dolorosa, igno- 
lada, y que ha tenido tanta influencia en los destinos del 
desgraciado principe, á quien condi^jo al cadalso de Queré- 
t«ro* Maximiliano se habia estrellado en sus negociacio- 



222 

nes con los jefes liberales y con los Estados-Unidos, adon- 
de en su ceguedad, había ensayado una segimda tentativa. 
La salud de la emperatriz Carlota, que se creia casi i>eTdi- 
da, lo llamaba mas que nunca al castillo de Miramar. Ya 
se alistaba para embarcarse para Europa, sin intención de 
volver, cuando le llegó ima carta de M. Eloin, el consejero 
belga, fechada en Bniselas, no süi haber sido leida al pasar 
por los Estados-Unidos, por el gabinete negro de Washing- 
ton. 

" Señor. 

" El artículo del Monitor fiancés desaprobando la entra- 
da a los ministerios de guerra y de hacienda de los genera- 
les fraueeses Osmont y Fiíant, pnieba que para lo de ade- 
lante y sin pudor se ha anojado ya la máscara. La misión 
del general Castelnau, ayudiinte de campo y hombre de 
confianza del Emperador, aunque secreta, no puede tener, 
en mi juicio, mas objeto que tratar de provocar una solu- 
ción lo mas pronto iK)3Íble. Para ti'íitar de espücar su con- 
ducta, que juzgara la historia, el gobienio fi anees desearla 
que precediese a la vuelta del ejército una abdicacioni y 
poder así proceder á organizar i>or sí solo un nuevo estado 
de cosas capaz de asegiuar sus intereses y los de sus nado- 
nales. Tengo la íntima convicción de que Y. M. no querrá 
dar esa satisfacción á una política que debe responder tar- 
de ó temprano de sus actos y de las consecuencias 

fatales que de ellos deriven. 

" El disciuso de M. Seward, el toast á Romero, la actir 

tud del presidente, resultado de del gabinete francési 

son hechos graves destinados á aumentar las dificultades y 
á desalentar á los mas bravos. Sin embargo, tengo la ín- 
üma coimccion de que abandonar la partida ante« de la 
\^ielta del ejército fi^ncés, seria interpretado como un ac- 
to de debilidad, y el emperador que tiene su poder por to- 



Wi^j^Bjj ^ j ' r:v; :r.^ -.« 



223 

to popular, al pueblo mexicano, libre de la presión de una 
intervención estranjera^ es a quien debe apelar de nuevo, y 
á él es preciso que pida el apoyo material y financiero in- 
dispensable para subsistir y prosperar. 

" Si esta apelación no es atendida, entonces habiendo 
cumplido V. M. hasta el ñn con su noble misión, volverá á 
Europa con todo el prestigio que lo acompañaba al partir 
de ella, y en medio de acontecimientos importantes que no 
dejarán de surgir j podrá S. M, hacer él papel que le corres- 
ponde por todos aspectos, 

" Habiendo salido de Miramar el dia 4 de este mes con la 
resolución de embarcanne en San Nazario, después de ha- 
ber recibido las órdenes de S. M. la emperatriz, me he visto 
obligado á aplazar mi partida. Em preciso esta alta influen- 
cia para cambiar ima detenninaeion que me aconsejaba mi 
adhesión como el cumplimiento de un deber. 

"He tenido un vivo pesar al saber que mis numerosas 
comunicaciones de Junio y Julio no han llegado lí Y. M. 
en tiempo oportuno. Puestas bajo otra cubierta rotulada 
á Bombelles y acompañadas de largas cartas escritas a este 
amigo fiel, para que las comunicase á V. M., no podia yo 
prever que antes de recibirlas partiese Bombelles de ]\I6xi- 
co. Hoy han perdido todo el interés que les comunicaban 
los acontecimientos tan imprevistos que se succedian enton- 
ces tan rápidamente. 

" Siento sobre todo este fatal incidente, si él ha podido 
despertar por vm histante en el áidmo de V. M. algunas 
dudas sobre mi incesante deseo de cumplir fielmente con 
mi deber. 

"Al atravesar el Austria he podido apreciar el desconten- 
to general que reina aUí. Nada se hace aun. El empe- 
rador está desalentado; el pueblo se impacienta, y pide pú- 
blicamente su abdicación. Las simpatías por Y. M. se 
comunican ostensiblemente á todo el territorio del imperio. 



224 

En Vcneeia un partido entero quiere adamar á su antiguo 
gobemadoi*; pero cuando un gobierno dispone de las éieo- 
clones bajo el i*égimen del sufttigio luii versal, es fiácil prÉ- 
veer el resultado. 

" Según las últimas órdenes de V. M., remití jwr este 
correo un telegrama cifrado á Boceas, para advertir á V. 
M. la llegada del geueixd Castelnau y la desaprobación de 
la enti-ada al consejo de Osmont y Friant. 

" He sabido por G*** que la actitud dudosa, tomada en 
París por 2,146, se hacia cada dia mas pública. Hace al- 
gún tiempo que colma de consideraciones y de dinero al 
joven Salvador (Iturbide) el cual nada comprende de este 
cambio. Creo necesario volver á tener al joven cerca de 
mí, mientras terminan sus vacaciones. El estado de la sa- 
lud del emperador preocupa vivamente á la Europa entera. 

Eloin'. 
Bruselas, 17 de Setiembre de 18G6." 

|Es creíble que un consejero del trono se haya atruendo 
á usar semejante lenguaje, si no estu>1ese autorizado á ello 
por las aspiraciones secretas y las confidencias de su sobe- 
rano? De suerte que Maximiliano soüaba nuevas aventu- 
ras, y su mÜTida ambiciosa se había desprendido ya de la 
corona de México, para fijarse en la de xVustria y en Vene- 
cía convertida en pro^1ncia itaUana: á menos que á imagen 
de Carlos V su abuelo, á quien llamaba el emperador poe- 
ta y á quien pretendía imitar, no hubiese pre\isto en el por- 
venir sus dos cetros confundidos en su mano. ♦ A cada 
paso que se dá á través del laberinto de esta lamentable 



* Aun Be iiabia tratado por un ínstaute ih reHtatirar la corona polaca {>ara Ifiuti- 
nüliano. En la última insurrección que desiiló á este desgraciado país, se hábn 
visto á M PouUly-Mensdorff, virey de Galicie, dar las gracias públicamente, deidtf 
el balcón de su palacio en Cracovia, al pueblo reunido bajo sus ventaoaB, y gritan- 
do: ''Viva Maximiliano, rey de Polonia." La Auáti-ia no era estraüa á esta maiA 
feitacion. 






historia, salida de una doble política, ¡so estrella el observa- 
dor en las intrigas y en la conspiración. 

En presencia de los sordos manejos (lue habia reaviva- 
do Sadowa, es preciso no adniii'ai'se de que hasta el título 
que llevaba el hermano de Francisco José hiciese sombra 
¿\ la corte de Austria, y que esta dirigiese al barón de Lago 
lina nota en la que se prohibía al archiduque Maximiliano 
que pisase el suelo austríaco si quería volver á Europa con 
«1 título de emperador. Ademas una Ciiita de la empera- 
triz-madre que tenia por su hyo menor una marcada pre- 
dilección (siendo la actitud de Francisco José tan reservada 
con ella), alentaba á Maximiliano á dejarse enterrar laja 
los muros de México^ mas hien que dejarse apocar por la 
política firan<íesa. 

Después de haber meditado la carta de M. Eloin, Maximi- 
liano, olvidando los peligí os para escuchar solo la voz de ima 
loca ambición, volvió á empuñar las riendas del poder, y re- 
suelto á entregarse al partido clerical que le prometía un 
tesoro y un cgército, preparal)a una apelación al pueblo mexi- 
cano. 



81 



XVI. 



Después de haberse enojado con el emiwi-íidor Maximi- 
liano en el pueblo de Ayotla, el general Oastelnan, que no 
había podido acerc^arse al sobemno que abandonaba la ca- 
pital, había entrado á México el día 21 de Octubre de 1866. 

Desde aquella hora tan grave para los destinos de Méxi- 
co, la responsabilidad de Bazaine cesaba entemment^. La 
opinión pública ha sido esti*a\iada intencionalmente cuando 
se ha pretendido ha<.*cr pesar sobre el general en gefe el pe- 
so de una resolución única tomada, de un solo acto come- 
tido en un país lejano, desde la partida del ayudante de 
campo de Napoleón III. Y, en efecto, las ínstniodones 
emanadas de las Tidlerías con fecha 12 de Setiembre de 
1866, limitaban al cuartel general á no tomar ni ejecutar 
medida alguna ni política ni militar, sin haberla sometido 
antes & la aprobación del geneml Oastelnau, unido á M. 
Daño, ministi'o de Francia, cuyo papel, borrado hasta en- 
tonces, adquiría una nueva autoridad. 

Por consiguiente, el mariscal no era ya sino un gefe mi- 
litar enteramente subordinado á los plenos poderes disore- 
cionales del enviado de Napoleón in, á la intervención de 
un simple general de brigada, investido por el soberano de 
una confianza ilimitada, previendo todas las eventoaUda- 



227 

des. El general en gefe continuaba hablando y obrando en 
aa propio nombre, pero no conservaba ya sino una libertad 
de acción ilusoria. Porque su iniciativa se borraba a la 
hora de la acción. Solamente (jue ya consumado un hecho, 
^1 mariscal forzosamente tenia que soportar la responsabi- 
lidad, puesto que el general Castclnau era el pensamiento 
secreto que impulsaba, mientras que él era el brazo aparen- 
te que ejecutaba. Pues bien, no vacilemos en decirlo, des- 
de el dia en que se anunció esa equívoca política del go- 
l>iemo francés, en virtud de la cual las instrucciones oficia- 
les se esti'ellaban contra las instnicciones oficiosas, por es- 
tar inspirada esa política con suposiciones tan solo: en una 
piúabra, desde la hom en que la plena confianza del empe- 
rador de los francíeses se habia retirado con estrépito de la 
persona del genend en gefe para depositarse en la del ayu- 
dante de campo imi>erial, el mariscal! Bazaine cometió una 
&lta enorme cuya pena reporta aún; porciuc de hecho se bi- 
so responsíible ante el tribunal de la lYancia y de la Euro- 
pa, de actos (jue no ha concebido, pero á los cuales ha pa- 
recido asociarse obedeciendo mihtaprmente. En nuestro 
Juicio, puesto que repugnaba al general en gefe derrumbar 
tan brutalmente el ti'ono que habia ayudado á levantar du- 
rante cuatro aüos, habia llegado para él el momento de 
romper su espada. 

Esta protesta de un carácter enteramente político, habría 
«ido una gran lección; comprendemos, sin embargo, (lue en 
aquellos momentos de crisis, prevaleció en el ánimo del ge- 
neral el sentimiento del deber. El ejército francés estíiba 
aún diseminado á grandes distancias. Una retira<la con- 
wrtada y operada á ti-avés de mil ochocientas leguas de 
teiritorío, cuyas jomadas habia marcado él mismo, necesi- 
taba, para su feliz termuiacíon, de la esperiencia de un hom- 
bte que conociese á fondo el pais, sus elementos y sus difi- 
«áltades. Pch* otra parte, nuestro gobierno habia apelado 



."^ t 1 1 ■. ■ 1 >■*' 



228 

á líi íibnegacion del mariscal para que preservase la baude- 
m francesa <le Uxlo insulto antes de salir del suelo mexica- 
no. Porque si sí; destniia Li monaniuía^ podía suceder que 
se levantasen eontm nosotros los dos grandes paitidos de 
la nación. Estando ausentes los dos generales de división 
Douay y Castagny, nniy distantes aún de México, y tan 
necesarios para la concentración de sus troi)a8, ¡á quién se 
podia conñar sin i>eligro el mando supremo? El geneiál 
Castelnau, desembarcado la víspera, ignorando la topogra- 
fía y el carácter mexicano, inferior en gibado á los gefes de 
división, era incapaz, á pesar de su alta autoridad, y de sn 
carácter de en\iado imperial, de tomar la dirección del 
cuerpo espedicionario. Dominado por estas preocupaciones 
el mariscal resolvió, apesar de la inferioridad á que lo mje- 
taban, pero por afecto al ejército, continuar hasta el fin 
la obra que habia emprendido. Así es como nos podemos 
esplicíir la conducta del mariscal. 

Una de las lazones que habia determinado á Maximiliar 
no á no recibir en Ayotla al ayudante de camjK) de Napo- 
león, y cuya misión habia traspirado, era que el general 
Castelnau no estaba acreditado cercii del joven soberano, 
sino solamente cerca de nuestro cuartel general, al cual ve- 
nia á dar la impulsión deseada y prevista por las Tullerfas, 
segim las diferentes fiíces que iban á sufrir los aconteci- 
mientos. 

En la primera línea de las instrucciones del gabinete firsu^ 
ees, se designaba un programa muy claro de la abdicación 
de Maximiliano. La actitud de nuestio gobierno, \ú. quitar 
todo apoyo á la causa imperialista, habia prepaiado de an- 
temano este proyecto y debia esperar un buen éxito. Si- 
hubiera suitido esc plan, es infalible que hubiera evitada 
esa larga agonía que ensangrentó á Querétaro. — "Si llega 
Maximiliano á abdicar, decian de Paris, se deberá reonfr 
un congreso, exitar la ambición de vaiios gefes de los disl- 



22Í) 

dentes que hacen la campaña, y hacer que se dé la presi- 
dencia de la Eepiiblica, esceptuaudo á Juárez, al que con- 
ceda ventajas mas fonnales á la intervención.^ Apesar de 
la mala recepción del joven emperador, el geneml Castel- 
nau debió alegi*arse mucho del giro impreso á las cosas por 
la voluutiul del mismo Maximiliano, el cual se alejaba es- 
pontáneamente del teiTitorio, con lo cual dLsminuian sensi- 
blemente las dificultades de su misión. La caida próxima 
del trono dejaba libre el puesto á todas las combinaciones 
gubernativas, y á la pronta vuelta á Fmncia del cuerpo es- 
pedicionano, el cual no tenia porque detenerse mas, garan- 
tizados j'a los intereses de mK\stros nacionales. Pam obte- 
ner esta garantía, se había creido en Paris que el mejor 
meilio, aconsejado por tan laiga lucha, y por los triunfos d(i 
los liberales, era ayuchir á la restauración de la presidencia 
republicana, cuyo ensayo de destrucción nos liabia costado 
tanto oro y tanta sangie imitilmente. 

Las autoridades fran<H.»sas esperaban, pues, con una viva 
impaciencia en México la noticia definitiva del embarque 
de jiL'vximiliano. Este acontecimiento era tanto mas da 
deseai^se, cuanto que el país eni presa de una sorda emoción 
que podia estallar de un momento á otro. El gobierno me- 
xicano, aunque el ministerio pennaneciese impasible en su 
puesto, no existia mas que de nombre, y liabia mucho pe- 
ligro en dejar prolongarse una crisis que podia deseidazarse 
^r mi movimiento insun^eccional de todas las facciones li- 
gadas contra el estranjero. Estos síntomas, desanx)llados 
por los mismos ministros á la hora en que Maximiliano, in- 
Háerto aún, habia dejado á Orizaba para retirarse a la ha- 
cienda de Ui JalapUlüy habían tomado un carácter tan ame- 
nazador en la capital misma, que el cuartel genenü tuvo 
que tomar medidas precautorias, como lo atestigua la si- 
guiente carta del mariscal al general fl*ancés encargado del 
mando de la plaza. 



i-é- ■ ■ «I .n^-fc— ^-1 



230 



^^MézicOj 2 A? Novieinbre de 1866. 

"Mi querido general. 

"Se me ha dado cuenta de los desórdenes que han teni- 
do lugar ayer en la noche en el teatro ambulante de la Pla- 
za de Armas. He escrito á S. E. el ministro presidente del 
consejo, imitándolo á que mande quede cen'ado hoy misma 
ese establecimiento público. 

"En el caso de que el gobierno mexicano no juzgue con- 
veniente hacer cerrar dicho teatro, como S. M. el empera- 
dor Napoleón ha sido insultado allí por el público, y que 
varios gritos de ¡muera! y de desprecio se han producido 
al presentarse su imagen, os señareis dar óitlen al capitán 
Oudriot y á la gendarmería, para que, en virtud del esta- 
do de gueiTa, ese teatro quede cerrado esta noche, y cesen 
sus representaciones. 

"Tomareis todas las medidas necesarias, a fin de que la 
tranquilidad pública no se altere, y dispondréis que todo 
perturbador sea aprehendido inmediatamente. 

JSl marisc/il comandante en gefcj 

Bazaine." 

Se insultaba ya al soberano de la Francia: los italiano» 
nos habían pagado con iguales muestras de gratitud des- 
pués de ViUafranca. 

El gabinete de las Tullerías habia con anticipación ad- 
quirido tal corteza del próximo derrumbamiento del trono 
mexicano, que sin perder tiemi)o, invitó secretamente á snft 
diplomáticos para que anudasen relaciones con Ortega, eí 
antiguo defensor de Puebla que se nos había fugado en 
1863, apesar de que nos había dado su palabm, y que des- 
de aquella época nos hacia una guerra encarnizada, solo 
por ambición i>eraonal. Este general mexicano parecia ser 



231 

el competidoi' ma*j respetable que podía oponerse á Juárez, 
tanto á causa de su influencia como por el derecho legal que 
tenia pai'a obtener provisionalmente la sucesión del anti- 
guo presidenta, cuyo período habría teiininado ya, según la 
Constitución republicana, en tiempo de paz. 

No era esta, y con razón, la manera de ver de los Esta- 
dos-Unidos, que no hablan reconocido, ni querian-recono- 
cer, hasta la pacificación del i)aís, sino al viejo Indio, como 
gefe real de la nación. Apenas supo la misión del general 
Castelnau, cuando organizó el gabinete de Washington la 
emb^gada del plenipotenciarío Campbell y del general Sher- 
juan. Esta diputación, concebida por el presidente John- 
aoB^ que habia pensailo en animar su posición, muy compro- 
metida en el interior i)or algunos actos de política estran- 
jera, halagando el orgullo americano, tenia por objeto ligai' 
ú Juárez á los principales gefes, y aniquilar los esfuerzos 
de Ortega. El hombre realmente importante de esta mi- 
ibíou ei-a el general Sherman, por su espíritu elevadlo y con- 
ciliador. Campbell no tenia sino un papel secmidario: se 
les había agregado un secretario de legación que habia vi- 
vido umcho tiemí)o en México, hombre de un carácter ar- 
diente y dispuesto á los partidos violentos. Bastara repro- 
ducir las instnicciones dadas por la Casii Blanca á estos 
^OB principales, pei*sonajes para comprender la actitud que 
tomaba entonces el gobierno americano tanto hacia Méxi- 
co como i'esi>ecto a la Francia. 

Jffota de M. Seward á Camphelly envUindoh sus instruccio- 
nes con fecha 22 de Octuhre de 1866. 

" Señor: 
** Sabéis ciue existe un aneglo amistoso y esplícito entre 
nuestro gobiemo y el emperador de los franceses, por el 
cual este se ha comprometido á retu^ar sus fuerzas milita- 



2»2 

res ílc Méxir») en tivs tle.stacaineutos, de lo^? cuales el pri- 
mero paitiui lie Mexieo en Xo\ienibre próxiiuOy el se^on- 
ilí) en el Tiies <le ifai'zo siguieute, y'el tercero en Xoviembre 
<le 1807, y que una vez tenuinada la evacuación, el gobier- 
no fmncés aduptai-jí inmeiliatamentc, ivspeeto á Méxicoy 
una iwlítiea de no intervención, semejante á ]a que se lia 
practicado i)or lo.s E^stados-Unidos. Se han concebido y 
espresado dudas en ciertos círeulos sobre la buena fé que 
empleara el gobienio francés al ejecutai* esta medida. Se- 
mejantes dudas no han sido admitidas por el presidente, 
quien lia recibido seguridades reiteratlasy aun recientes de 
<iue la completa evacuación de México por los franceses 
(piedaríí eousimiada en los plazos convenidos, y aun antes, 
soguu las conveniencias climatéricas, militares y otras. 

"Hay motivo para suponer que dos cuestiones incidentales 
se han presentado ahora al gobierno Irancés, á si\ben pri- 
mera, si la partida del príncipe Maximiliano para Austria 
deberia tener lugar ante-s de la retirada de la espcdicion 
francesiK s<»gunda, si no seria preferible, á causa de las con- 
veniencias climatéricas, militares y otms que acaban de 
mencionarse, retirar todas las fuerzas espedicionarias en 
una sola vez, en lugar de retinulas en tres destacamentos, 
y en diversos periodos. 

" Sin embargo, el emperador Napoleón no ha comnnioa- 
do esto foiTualmeute al gobierno de los Estados-Unidos. 
Cuando se ha provocado iucidentalmente la cuestión, el de- 
partamento de Estíulo ha respondido, por óixlendel Presi- 
dente, que los Estados-Unidos espemn la ejecución de la 
convención para la evacuación en los plazos ^'ados por el 
gobierno flanees, y que se alegrarían de ver efectuíirse esa 
evacuíicion con mas prontitud aun de la que se ha conveni- 
do. En estas circunstancias el Presidente espera que en el 
curso diH mes próximo {Noviemhre) una parte por lo menos 
(U las fuerzan francesa^i espedicionarias saldrá de México, 



i ^ ^^m-.w m.£..' 



233 

y piensa que no es improbable que el grueí;o de las fuerzas 
ospeilieionarias se retire al mismo tiempo ó poeo después. 

" Semejante aconteeimiento no puede dejar de produeir 
una crisis de un gi-an interés político para la repiibliea de 
México. Importa que os encontréis, ya en el territorio de 
la república, ya en un lugar inmediato, á fin de que podáis 
entitir en el ejercicio de \^iestras funciones como ministro 
plenipotenciario de los Estados-Unidos cerca de la repúbli- 
ca de México. No se puede saber de una manera positiva 
el partido que tome el príncipe Maximiliano, en caso d<^ 
una evacuación comjíleta ó parcial de México. Tampoco 
se puede <lefinir con anticipación el partido que tomará, en 
el mismo caso, el 8r. Juárez, presidente de la república. 

" Estamos prevenidos acerca de la existencia, en México, 
de varios partidos distintos de aquellos A cuj-a ca])eza están 
el presidente Juárez y el ])ríncipe Maximiliano; estos diver- 
sos partidos no están acordes sobre los medios mas eficaces 
y mas convenientes para restaurar la paz, el orden y el go- 
bierno civil de la república. 

"Ignoi^mos.lo que harán estos partidos después de la 
evacuación ftvmcesa. En fin, es imposible preever la con- 
ducta del pueblo mexicano cuando esto acontezca. 

'•Por este motivo es imposible daros instruccioues preci- 
sas sobre la línea de conducta que debéis seguir en cumpli- 
miento de la alta misión que os ha confiado el gobierno de 
los Estados-Unidos. Se debe dejar mucho á vuestra apre- 
dacion pei-soual, teniendo por base los movimientos políti- 
cos que acíU3scan en el porvenir. Hay, sin embargo, cier- 
tos principios que, á nuestro juicio, deberán regir la con- 
ducta política ([ue el gobierno de los Estados-Unidos espera 
de vos. El primero de estos principios es (lue, como repre- 
sentante de los Estados-Unidos, estáis acreditado cerca del 
gobierno republicano, de que es presidente el Sr. Juárez. 

" Vuestras oomunicaeioues, como representante, imn di- 

8S 



234 

rígidas á él, donde quiera que se encueutre; y en mnguu ca- 
so iKKlreis recouocer oficialmeute ui al pi-íncipe Maximilia- 
no, que pretende ser emperador de Méxieo, ni á cualquiera 
otra i)ersona, gefe ó comisión que ^erza el poder ejecutivo 
en México, sin lia1)er dado cuenta antes á mi departamento 
y haber recibido las instrucciones del presidente de los Es- 
tados-Unidos. 

^^ En segundo lugar, suponiendo que los comandantes del 
ejército y de la marími ñ*aucesa ejecuten de buena fé la con* 
vención de la evacuación de México antes del término fija- 
do, el encargo que os incumbe, en esta hipótesis, es que los 
Estados-Unidos ó su repi'esentaute no pongan timaba ui obs- 
táculo alguno á la paitída de los fi*anceses. 

" En tercer lugar, lo que el gabinete de los Estados-Uiü- 
<los desea paí*a el porvenir de México, no es la conquista de 
este país, ni el ensanchamiento de los Estados-Unidos por 
la compra de tieiras ó dominios; i>or el contrario, desea ver 
á Méxicx) libre de toda intervención militar extranjeiti, á 
fin de arreglar sus propios negocios con el gobierno repu- 
blicano existente, ó con otro gobierno, cuajquiei-a que sea 
la forma, que gozando de una libertaíl i)eifecta haya resuel- 
to iuloptíu iKir sí mismo, al abrigo de toda influencia de un 
país esti-aiyero, y aun de la de los Estados-Unidos. 

" De estos principios se deduce que no debéis hacer esti- 
pulaciones con los gefes franceses, ni con el príncii>e Maxi* 
mihano, ni con cualquier otio paitido que tienda á contiu- 
i-estar ó á oi^onerse a la achninisti'acion del presidente Juá- 
rez, ó á retardar y á aplazar la restauración de la autoridad 
lepublicana. Por otra parte, puede suceder que el presi- 
denta de la liepública de México reclame los buenos oficios 
de los Estados-Unidos, ó cuakiuier otio iicto efie*iz de nues- 
tra paite para favorecer y apresurar la pacificación de un 
país iX)Y tanto tiempo desgarrado por la gueri-a ci\il y es- 
traiyera, y activar así el restablecimiento de la autoridad 



235 

nacioiuil sobre principios acordes cou un sistema republica- 
no y con un gobierno interior. 

^^ Es posible también, que se hagan algunos movimientos 
por las tropas de tierra ó mar de los Estados-Unidos, sin 
intervenir en los límites de la jurisdiodon de México, ni 
violar las leyes de la neutralidad, sioo para &vorecer la res- 
tauración de la ley, del orden y del gobierno republicano de 
este país. 

" Estáis autorizado para eonferenciai* con este objeto con 
el gobierno republicano de México y con sus agentes, y aun 
ocHiferenciar, á título de pedir informes, si lo juzgáis nece- 
sario, con cualquier otro partido ó sus agentes, en el caso 
en que una conferencia escepcioual sea absolutamente ne- 
cesaria^ pero en este caso únicamente. 

'^ Podréis también obtener los informes que importe á 
nuestro gobierno conocer, y los trasmitii*eis á mi secretaría 
<xm vuestras indicaciones y opinión sobre las medidas (jue 
por nuestra parte pudieran adoptarse de confonnidad cou 
los principios antes espresados. Os limitaieis A dar cuenta 
también con cualquiera proposición importaute que pudiera 
dirigirse respecto á la reorganización y restauración del go- 
bierno republicano en México, trasmitiéndola á mi depar- 
tamento para conocimiento del Presidente. 

** El teniente general de los Estados-Unidos posee ya 
una autoridad discrecional tocante (i la disposición de las 
fuerzas de los Estados-Unidos cerca de México; su espe- 
rlencia militar lo hace apto para daros consejo sobre las 
materias de este género que puedan suscitai'se dui-aiite el 
período transitorio que bará pasar á México del estado de 
dtio militar deci-etado por un enemigo estranjero á la con- 
dieion iwlítica de gobemarec por sí mismo. {Sélfgoverne- 
meñt). 

" Al mismo tiempo tendrá el poder, estando cerca de la 
escena de acción, de expedir todas las órdenes que le i)a- 



~^- -~ -•- 



236 

rezean convenientes ó necesarias para mantener las obliga- 
ciones íle los Estados-Unidos, relativamente á lo que pue- 
da pasar en las frontems de México. Por estos motivos 
ha sido requerido y ha itícibido orden del Presidente de 
ac4jmpaQai'os a vuestro destino, y de. llenar, respecto á vos, 
el oficio de un consejeuo oficial reconocido por el departa- 
mento de Estado, en lo que toca á las materias (pie acaban 
de indicarse. 

" Después de haberos puesto de acueiilo con él, podréis 
dirigiros á Chihuahua ó á cualquier otro pimto de México, 
á donde pueda residir el pi-esidente Juárez, ó en cualquier 
otro lugar de México que elejáis, que "no esté ocupado, eu 
los momentos de vuesti'a llegada, por los euemigos de la 
Eepública 3Iexicaua: podréis deteneros también en cual- 
quier punto de los Es#ados-Uuidos próximo íí la fi'ontent 
ó á las costíis de México, para esi)erar allí el momento 
oi)oituno de entrar á tal punto de México que deba ser 
ocupado pronto por el gobierno republicano de México. 

WlLLTAM H. SewAÜD. *" 



Nota del ¡yresidí^nie Johnson á M. E. Stanton^ ministro dt 
la guerra^ para agregar al general Grant á M. Camp- 
6e7Z, ministro de los Estados-Unidos de México^ fechada 
en Washington el dia 26 de Octubre de 1866. 

" Señor: 

" Noticias recientes auuuciau la evacuación próxima de 
México por las tropas ft-ancesas, por lo cual es tiempo ya 
de que nuestro ministro en México se ponga en reladcm 
con esta república. Para ayudarle en su misión, y paca 
una pnieba del vivo deseo de los Estados-Unidos de arre- 
glar las cuestiones pendientes, creo importante hacer aoom- 



237 

pañar á nuestro iniinsti*o i)or el general Graiit. Os pido, 
pues, que imitéis al general Graut á dirigii*se á cualquier 
punto de nuestra ft-ontera mexicana, la mas conveniente 
para comunicaí* con nuesti-o ministro, ó si el general Grant 
lo oree preferible, que lo acompañe hasta su destino y le 
preste Li atilda de sus consejos para ejecutar las instnic- 
cioues del secretario de Estado, cuya copia os envío para 
uso del general. El general Grant daró al se<;retario de 
guerra el informe que, á su juicio, deba comunicai*se al de- 
partamento. 

A. JonxsoN. " 

No habiendo aceptado el general Gi-ant esta comisión, el 
teuiente general Slienuan, que la aceptó en su lugar, reci- 
bió la orden de paitír sin demora para su destino. Como 
se ha \isto por su lenguaje, lo mismo que por sus demos- 
traciones militares, los Estados-Unidos, separando desde 
luego á cualquier otro candidato para la presidencia, afir- 
maban mas alto que nunca la autoridad de Juárez; i^ero no 
exigian que el emperador Napoleón modificase su decisión 
ya conocida de evacuar a México en tres plazos. Esta vez 
aún, la corte de las Tullerías habia resuelto voluntariamente 
acelerar la caida de la monarquía mexicana, anticipando la 
época ^ada pcOra la s¿ilida de nuestiTUS tropai$ y modifican- 
do una retirada por destacamentos que hubiese dado tiem- 
po á Maximiliano para abrir los ojos y i*etirai*se honrosa- 
mente, lo que habria hecho sin duthi con el último destaca- 
mento de nuesti'a retaguardia. 

El 11 de Setiembre, los enviados americanos salieron á 
bordo de la fi'agata de gueira la Susqiiehannhy de Nue- 
va-York, dirigiéndose primoo al puerto de Matíimoros 
y después á Tampico, que habia caido ya en i)oder de los 
diÁdeutes. Desde este punto contaban poder entrar en re- 
laciones con Juárez. Tenían por objeto real, reclamar im 



238 

navio cargado de armas por los liberales, y captarado por 
los imperialistas. Pero el general Pavón que mandaba la 
plaza, se habia adherido recientemente con los suyos al par- 
tido de Ortega. Estos liberales, dueños á su vez del navio, 
lo declararon buena presa en provecho suyo. Sin embar- 
go, la fragata permaneció muchos días anclada en la barra 
de Tampico. 



y^ . ' ^ ' i ' m^ -JC -ií-: . - -.í^v ; ■-■•-■ ^ ^ • 



XVII. 



Eu los momentos eu que se organizaba en el giibinetxi de 
JSf. Sewanl la misión americana, los acontecimientos sepre- 
Cíipitabaa en la Imcwnda de lu Jalapilla, Eecuérdesc que 
inspirándose con la carta de M. Eloin, ]VIaximiliano se ha- 
\yisL fijado en el proyecto de reunir un congreso nacional, 
proyecto que acariciaba mucho tiempo hacia. Se haeia la 
ilusión de que la convocación de este congreso cortarla pa- 
cíficamente, luego que partiesen los franceses, la lucha em- 
X>eiiada entre la monarquía y la república. Entonces, si el 
principio que representaba llegaba á sucumbir ante un vo- 
to i)opular, desenlace que por otra parte presentía, quedarla 
en libertad de volver con la frente altiva á Europa, como 
xm príncipe que habla descendido con nobleza del trono, 
digno aún de representar im papel en su patria. Pero para 
mantenerse en el poder hasta, que tenninase la ocupación 
francesa, era preciso apoyarse eu un partido que contuviese 
b insurrección y le permitiese tratar por lo menos de igual 
á igual con los diversos gefes millitares, con el objeto de 
asegurar la ejecución de su plan, es decir, la libre reimion 
en México de todos los notables del territorio llamado á 
votar. Peio el padre Fischer tenia en su mano todos los 



240 

hiles lie hi traína eleiíeal, y no ees<^ba de hacer biillar á los 
r»jós (le Maxiuiilíano, que no se decidía aÚD, los pretendidos 
rc?ciiisos del partido del que se decía el gefe. Eii aiinel mo- 
mento íleeisivo, el contesor de la corte recibió un poderoso 
resfuerzo. Los generales ^Márquez y Miramou, á quienes 
la eoi-oua liacia dos años casi habia alejado á Eiu^opa, aca- 
balKiu de desembarcar en A'eraciiiz; algunas horas después 
su tránsito misterioso ei-a señalado en la Soledad. Al dia 
siguiente de aquel en ([ue habian desemlxircado, olvidando 
su desgracia, y no pudiendo permanecer sordos al llamado 
de su ñiccion, llegaban á JalapiUa, dispuestos á arrojar sos 
espadas en la balanza, y si Maximiliano consentía en entre- 
garse ú los clericales, y á abrir por segimda vez la campa* 
ña l>¿\jo la bandera imperial. Maximiliano no vaciló mas: 
(lió su palabra al partido clerical de que se comprometía á 
rcintegi'arlo en sus bienes y en sus dignidades. Miramon, 
fuerte con la promesa imperial (lue debia permanecer secre- 
ta i>or algunos dias aún, se encaminó rápidamente á Méxi- 
co pam llt^var esa gi-au noticia al ministerio y al consejo de 
Estado, para estinuilar el celo de toiloslos partidarios de la 
Iglesia, y para tf)mav todas las medidiis necesariiis para 
l)oner en pié un nuevo ejército, y reunir veinte millones de 
francos en la tesorería del imi)erio. 

Desde aquel instante, sintiéndose Maximiliano que ya 
no estaba aislado, emprendió una lucha abierta con las au- 
toridades fiaucesas. El rumor de las negociaciones enta- 
blailas por nuestm diplomacia con los gefes liberales y la 
misión Campbell destinada á Juárez, habia llegado á la Ja- 
lapilla. El soberano sabia poco después, por sus eriatmas 
de Washington, lo (pie ix)r otia parte era cierto, que muchos 
agentes habian sido enriados de Paris pai-a preparar su cal- 
da. Un segundo secretaiio de legación habia sido enviado 
por el marqués de Moustier al marquéis de Montholon, y á 
su vuelta de América obtenía un ascenso en su emplea 






241 

Cíeitos enviados seeretoh!, tales eoiuo el coronel Estévan, 
i-ecibido en aquella époira i)or el emperador en una audien- 
cia en Saint-Cloud, y un francés llamado 3Ioreau, habían 
sido vistos en Washington. En lin, M. Mareus Otterbourg, 
cónsul americano, precediendo ú la fragata la Susquchanah, 
acababa de desembarcar en Ver«icruz, y habia subido tran- 
quilamente á México. Convencido desde entonces- Maxi- 
miliano de que el genend Castelnau em el alma de la ac- 
cioiiy i-esohió desenmascarar de un solo golpe las intenciones 
^le la política ti-iincesíi para obligarla á declarai*se abier- 
tamente en un sentido ó en otro. Maximiliano tenia á su la- 
^lo, en la i>ei'Sona de su confesor el padre Fischer, un diplo- 
:iiiático de los mas ejercitados, versíulo en todiis las chicanas 
del oficio, y que dirijia tanto (4 pensamiento de su sobera- 
do como su pluma y su conciiíucia. Influido por él, el jó- 
'\ren monarca se anepentia ya de no haber recibido al gene- 
^U Castelnau, porque hubiera sido muy interesante habei 
^jído de su boca la ultima voluntad de las Tullerías. El 
Ijresidente del consejo, Lares, (juedó encargado de hivitar 
^Ú ayudante de campo de X:ipoleon, á esplicarse. Esta ten- 
tativa abortó: el general Castelnau, tiel á su papel, contes- 
tó que era necesiuia la presencia del mariscal que estaba 
íiiitorizado para tratar los negocios. Los Sres. Lauís y Ar- 
royo, tuvieron que dirigirse al cuartel general, adonde los 
aguardaban las trcís autoridades francesas. De resultas de 
esta entrevista, los dos ministros mexicanos redactaron una 
nota ({ue em el estracto íiel de las esplicaciones habidas, y 
la dirijieron al mariscal con fecha 4 de Noviembre de 1866. 
Desde luego creyeron hacer constar ([ue el general Cas- 
telnau habúi declai-ado no tener oti-a misión que la de con- 
finnar las cartas de 15 de Enero y siguientes, en las cuales 
el empcixulor Napoleón habia significado á Maximiliano que 
no podia continuar ayudando al imperio, ni con las tropas 
irancesas ni con dineix). Puesta así la cuestión, quedaba 



242 

Míixinnliauo eii plena libertad pai^a decidirse. Al niisnu) 
ticmix) reclamaban los ministros se entregasen á la coraua 
los ai*senales, la artillería, la« muDiciones de gueiTa, y que 
se dejase á su entera disposición ]as tro])a8 meidcanas para 
emprender las oiieraciones militares que el gobierno iiacio- 
dhI juzgase opoitimiis. Pedian que las plaz¿is fuertes se les 
euti*egasen en tiem])o hábil. Las dos últimas frases de es- 
te documento revelaban sobre todo el peiisamieuto que lo 
liabia dictado: se e8presal>a así: — "Desearíamos hacer saber 
á nuesti'o soberano cuál es la époc4i mas inmota designada 
para la partida del ejeixíto fr<incés, y qué socorros quiere 
pixístar aún al gobienio de S. ^f. paní la iKiciticacion del 
país. 

— '40n íin, (MI caso de (pie decida el em])erador no gober- 
nar mas, débanos hacerle conocer lo que el .señor mariscal y 
el Hcñor general VaMelnau hayan acordado luicer^ según laa 
¡natrucciones del emperador Napoleón^ para eritar la anar^ 
quía y los desórdenes que tendrían lagar faltando el go- 
bierno."* 

Catorce (lias antes, Lares y Arroyo se mostraban menos 
pesarosos del p<írvcnir de su pais, cuando declaraban, al 
llevar su dimisión al palacio de Chapultepcc, que si Maxi- 
miliano dejaba á México, no hahria mas gobierno! 

Las ti'cs autoridades fnincesas confirmaron, el dia 7 de 
Nonembre, las resoluci^mes del empenidor Napoleón. To- 
das las fuerzas mexicanas y su material de gueiTa, debían 
entregarse á los generales imperiales, dueños ya de todos 
los estalílecimientos militares. Como antes, todas las pla- 
7Ay\ se entregarían á las autoridades mexicanas, pi-e venidas 
en tiempo opoituno de que se retiraban luiestros destaca- 
mentos. Las tropas francesas continuarian protegiendo á 
los funcionaríos y á las poblaciones en las zonas ocupadas 
l)or nuestros soldados, pero sin emprender espediciones. 
'En cuanto al último artículo, se había contestado, que 



UX4\ 



243 

por decirlo así, era imposible hacer mención de las medidus 
que se tomarían en caso de que se retirara el emperador Maxi- 
miliano; peit) podemos asegurar que tendiün sobre todo por 
objeto, conservar el orden, el respeto al voto de las pobla- 
<ñones, lo mismo que el cuidado de los intereses franceses.'* 
Este lenguaje que no carecía de artificio, estaba muy le- 
jos de satisfacer al padi-e Fischer. Maximiliano redactó al 
ponto una carta, que aunque estaba dirigida al mariscal, 
ex^jia una i-espuestíi colectiva de paite de los representan- 
tes de la Francia. Con el pretcsto de arreglar ciertas cues- 
tioues, y enti-e otras, la vuelta a su patria de la legión aus- 
tro-belga, cuyos intereses habia confiado el trono enterar 
mente á la solicitud diíl comnel Kodolich, tnitó de provocar 
mía declaración mas esplícita. 



''Or izaba, 12 d^ Noviembre de 18GC. 

"Mi querido mariscal. 

"Antes de r<íSolver definitivamente lo (lue debo hiUícr, y 

^ara el caso en (jue mi resolución sea abandonar este país, 

-^ebo dejar asegurados ciíírtos puntos, que son á la vez de 

^ma estricta justicia, y que merecen de mi i)ai1:e una aten- 

<5Íon particular. Para este efecto no dudo de vuestra bon- 

-dad que me en\ieis una acta firmada colectivamente por 

vos, poT el ministro de Fnuicia y por el general Oastelnau, 

y en cuyo <locumento se encuentren estipulados los puntos 

siguientes: 

"I. Que el gobierno francés hará volver á sus paises 
respectivos á los individuos que forman la legión austro- 
belga, concediéndf)les el trasi>orte y los recui-sos necesarios 
para su viaje. Ia>h individuos de la legión aiLs tro-belga, 
deberán ser los primeros que salgan del territorio mexi- 



2U 

" 1 1, i^;:*: \i\s au:»»n<lafl»r> lranw>;i.Ñ eu 3Iex¡i*o tomaiéir 
tn< fl:-j>*isicii)íi»:s iiet-trsari;i.> jiara que sí cargo de México se 
«letenniíití la >uuia ¡ndi>i>eiiaable á la concesión de una pen- 
sión \itali<;ia á cada imo de l«>s mutiladas v de los inválidos 
de líjs cuerjKfS austiij-belga, en caso de que no baste i>ara 
t-<te donativo el pnxiucto de los cañones de la legión austro- 
Vielga, que son de mi propiedad particiüar. 

" Las peasiones de que habla este artículo deberán ser 
liquidadas por umi comisión que nombrareis, y de la cual 
íbimarán liarte los coroneles K<xlolich y Van der Smissen, 
quienes se encai'garan, ca<la uno por su paite, de enriar ca- 
tas sumas á los interesólos. 

"III. Las autoridades francesas en México tomarán 
todas las disposiciones precisas, á tín de que el tesoro me- 
xicano jiague 10.000 i)esos, que liaivis enviar á la princesa 
Itiubide por cuenta de su pensión. 

" Al mismo tiemix) oitlenareis que se envíe, á una ciudad 
de Fnnicia, 10.000 pesos al prínciiK? Don Salvador Iturbide, 
a cuenta de lo que se le debe, y se deberá estipular al mis- 
mo tiempo en las escritimis, que solo el joven príncii)e pue- 
bla disponer de los intereses de este capital, durante su mi- 
noría 

"IV. Las mismas autoridades fi-ancesas tomarán sus- 
disposiciones, para que, á cuenta del gobierno mexicano, se 
entregue á Don Carlos Sánchez NaraiTO la suma de 45.000* 
pesos, destinados á pagar las deudas de la lista ci^il. 

" Al mismo tiempo se darán al mismo Sánchez Navarro, 
las sumas necesarias pai*a liquidar las cuentas de la gran 
cancillería, entendido que estas cuentas, lo mismo que las 
de la lista civil, se pagarán con lo que el Estado adeuda de 
la lista civil. 

" V. Los pagos comprendidos en los artículos II, in y 
IV, deberán pagarse íntegramente el día que salga de Mé- 
xico la última fracción de tropas del cuerpo espedicionaiio.' 



s ^ t j^ acv -^'i - • ^ - jj 



245 

**Mi propiedad particulixr quedará couñada á vuestra 
propia salvaguardia, mi querido uiariscal, y os suplico (lue 
distribuyáis sus productos coufonne á las instmcciones que 
he dado al Sr. Saucliez Xavanx), con quieu podéis poneros 
de acuenlo. 

" Eecibid las seguridades de los sentimientos de mi sin- 
<»ra amista^d, etc. 

Maximiliaxo.'' 

El soberano, al dar una nueva pinieba de confianza al 
mariscal, colocando bajo su salvaguardia su propiedad par- 
ticular, parecía anunciar su abdicación. Los i^presentan- 
tes de Francia acojierou con gusto esta, tardía manifesta- 
ción que debia poner un pronto ténnino al desói-den siempre 
creciente del reino, y al pánico que reinaba en la capital. 
Se apresuraron á suscribir á todos los deseos del emperador, 
á quien convenia cumplii* al menos con los compromisos 
contraidos por la corona, y se enviaba á Oriza ba la acta co- 
lectiva destinada á bacer desaparecer los últimos eserúpulos 
. de Maximiliano. 



México^ IG de Xoviemhre de 1SG(>. 

" Habiendo manifestado S. M. el emperador Maximiliano 
-el deseo de obtener un documento colectivo, firmado por el 
mariscal de Francia general en gefe del cueipo espediciona- 
rio, por el en\iado estraordinario y ministro plenipotenciario 
de Francia, y por el general, ajeniante de campo del Empe- 
rador de los ÜTinceses, en comisión, conceniiente á la solu- 
•cion de varias cuestiones espuestas en una caita imperial 
fechada en Orizaba el dia 12 del coniente; 

" Los inft-ascritos, felices por enconti^ar ima ocasión de 
atestiguar, en cuanto dependa de ellos, su buena voluntad, 
;han acordado trasmitir á S. M. la declaración siguiente: 



246 

" El gobierno friiucés se comi)it)mete á espeditar la vuel- 
ta á su patria de la legión austix>-belga. Esta opeiucion 
se efectuará tan pronto como lo permitan las circunstan- 
cias, y en todo caso se hará de manera que los austro-bel- 
gas hayan evacuado á jVIéxico ánt€S de la partida de la úl- 
tima brigada fmncesa. 

" Las condiciones del detalle relativo á esta operación^ 
serán aneghulas enti-e das personas, de las cuales una será 
designada por (ú emperador jMaxhníliano y la otra por el 
míiriscal Bazaine. 

" Los infrascritos se compromet-en á hacer pagar una 
giatificaeion de lic<inciamiento á los mutilados é inválidos 
de la legión austic)-l)elga, y á hacer (pie se conceda á los 
olicialcs y soldados de esta legión una indemnización que 
se les entregará en los momentos de su embarque. 

" r>íi liquidación de las gratilicaciones de licénciamiento 
é indenmizaciones arriba espresadas, se confiaiá á una co- 
misión, de la cual fonnarán parte los coroneles Kodolich y 
Van der Smissen. 

" Los infrascritos se obligan ademas, á emplear toda su 
influencia para que se haga un anticipo á la princesa Doiía 
.Josefa y al joven príncipe Don Salvador de Iturbide á cuen- 
ta de la pensión ([\m se les adeuda. 

" En fin, conforme al deseo espresailo por S. M. el em- 
perador ]\Laximiliano, el Sr. D. Carlos Sánchez Navarro 
quedará encargado de pagar las deudas de la lista civil, y 
de la liquidación de las cuéntaos de la gran cancillería. Las 
sumas provenientes de la venta del moviliario pertenecien- 
te á la lista civil, se dedicarán á este objeto, y en caso de 
(jue no basten, los infi\iscritos se esforzarán en obtener que 
(i deficiente sea ministrado por el nuero gobierno de Méxi€0. 

*' Y pam testimonio han firmado la presente declara- 
ción. 

Baza ine. — Daño. — Castelxai'. " 



247 

Los represeiitantiís de la Francia cayeron en el lazo que 
les tendió Maximiliano. La última enunciación de la acta 
colectiva revelaba la aproximación de un nuevo gobierno 
próximo á succeder á la monaniuía. Los tres coosignata- 
rios calecieron de perspicacia: ciertamento no habrían co- 
metido esta falta diplomática, si se hubier.in ilustrado coni- 
pamudo los témiinos de las dos cartas imperiales que tra- 
taban del embarque de Ka legión austro-belga, ciirtas que 
apenas distaban una de otra un espacio de tiempo de doce 
dias. La primera, fechada el dia 31 de Octubre de 18G6, 
comenzaba así: 

— '' En las circuustíincius dilíciles en que me encuentro, 
jy que me obligar«4n á devolver á la nación el poder que me 
^•onfió, si liis negociiiciones que acabo de entablar no abo- 
ban á un resultado feliz ^ 

Se sabia que estas negociaciones habían fi-aca^sado, y en 
lugar de dejar el pmler, MaximiUauo decia ahora, en tér- 
Kiinos muy dubitativos, que indicaban bien una revolución 
^•n sus ideas: 

— "Antes de resolver deíinitivamente loque del)0 hacer, 
^' piíra el caso en que mi resolución sea abandonar e^te 

X)aís ^ 

El hecho fue que con la lectura del dociunento francas 
Maximiliano no tuvo ya duda alguna: acababa de adquirir 
la certidumbre de que la política fi^ancesa, después de sa- 
crificarlo completamente, sin pesiir alguno, y por bien de 
SUH propios intereses, habia sepanwlo su suerte deíinitiva- 
mente de la suya, y que se hablan tomado por la superio- 
ridad fi-ancesa todas las medidas necesarias para sustituir 
al imi)erio un nuevo orden de cosas! Las predicciones de 
M. Eloin se hablan, pues, realizado! Impaciente por ter- 
minar con la Francia, por otra parte, teniendo noticia poi 
Miramon del cambio favorable que se habia efectuado en 
los cueqyos del Est;ulo, i)uesto que se preparaban á obe- 



248 

(leceral llaniaiuieuti) del soberauo yeudo á Jalapillay Maxi- 
miliano envió un despacho al mariscal Bazaine invitándolo 
á nua entrevista particular. En una c^onfei'encia confiden- 
cial, esi)ei*aba sin duda que el general en gefc dejaría es- 
capar la última palabm de la política de las Tnllerías. 



" Orizaba, 18 de Noviembre de 18GÜ. 

" Muy confiíhndal y urgente, 

" Al mariscal: 

" Os doy las gracias, lo mismo que al genei-al Castelnau 
y á M. Daño, por hal)er an eglado los pimtos que me toca- 
ban tan de cerca. Pero (lucda por arreglar lo mas defini- 
tivo: un gobierno estable para protejcr los intereses com- 
prometidos. 

" Estos puntos no pueden tratarse sino en una entrevis- 
ta directa. Como me continúan las calentm\as no puedo 
subir a México. Os invito, pues, a venir acá por unos dias, 
y en i)ocas palabras podremos arreglarlo tcxlo de una ma- 
nera satisfactoria. He llamado á mi cous(Jo de Estado y 
á mi presidente del consejo de ministros, á íindeque estén 
aíiní el sábado próximo. 

Maximiliano. " 

Nunca estos funcionarios mexicanos, que hace poco te- 
mían comprometerse en México, hubieran consentido atra- 
vesar sesenta leguas en un país próximo a insurreccionar- 
se, paia venir a inesenc.iar una abdic4icion. Luego cono- 
cían el verdadero objeto con que se les reunía en Jalapilla. 
Cuando esta carta llegó al cuartel general, la presencia <ie 
Miramon y sus trabajos en la capital hacían presentir (pie 
iba á efectuarse una reacción en las resoluciones de 3Iaxi- 



^^. .k -,« r- 



249 

milüino; el indicio mas cierto de ello em la actitud casi pro- 
vocativa del ministerio. Sin embargo obedeciendo literal- 
mente el geneml en gefe las iusti'ucciones oficiales de su 
gobierno que le prescribían respetar la libertad de acción 
del joven emperador, ci-eyó que debia acudir á su llama- 
miento. El general Castelmiu y el ministro de Francia, 
reunidos en consejo, se opusieron á ello. Obligado á so- 
meterse á esta decisión, el mariscal envió á Jalapilla la si- 
guiente respuesta. 

"México, 18 de Noviembre de 18GG. 
A S, M. el emperador Maximiliano. 

"Me lie impuesto del despacho telegiáfico de V. M. fecha 
de hoy. Apesar de mi deseo de obsequiar su llamado, me 
parece muy difícil que pueda abandonar la capital, cuya 
guardia me ha confiado V. M., antes de que llegue el g(4ie- 
ral Douay, y antes de (¿ue esté yo Irauíiuilo acerca de los 
movimientos militares que s(í han ordenado. 

Bazaixk. " 

Hasta muchos dias después de haber escrito esta respues- 
ta, conoció el mariscal por inimcra vez las verdaderas in- 
tenciones del gabinete francés, al recibir una misiva del 
maniués de Montholon, la cual, sin embargo, le pareció al 
principio de un sentido muy enigmático; era que no estaba 
al tanto de la marcha política que se habla seguido en Was- 
hington. 

WaiihingtoUy í) de Noviembre de 180G. 

"Querido mariscal: 

"No puedo por hoy hacer mas que anunciaros hi partida 
de M. Campbell y del general Sherman para México, á 

84 



250 

bordo de la fragata la Susqnehanah^ y suplioamos que leáis 
el despacho en cura que dirijo por este correo á IL Daño. 
Dentro de algunos dias podré deciros mas. Aquí las dis- 
posiciones son buenas, y si habiia que temer algún inciden- 
te, seria solo respecto á los detalles. 

"Las noticias de Europa recibidas en la mañami de hoy 
no anuncian mejora alguna en el estado sanitario de la em- 
peratriz. ¡Qué fatalidad! La noticia de la partida del em- 
perador de México, ha sido acogida con alegría, y se consi- 
dera su separación, como la señal de una solución amistosa 
y definitiva de las diferencias que habia enti*e la Francia y 
los Estados- Unidos. 

"La cnQ^tion f en iaim del Canadá, va á ocupar esclusiva- 
mcnte en lo do adelante la política esterior. El resultado 
de las elecciones ha sido enteramente favorable á la oposi- 
(»ion, é importa una censura de la política presidencial para 
reconstruir la Union. Por otra parte, el paitido republicano 
y radical, en lo (lue nos toca, esta decididam(4ite en conti'a 
do todo conflicto exterior. 

MOTIÍOLON." 



^''WashingtoH, H (h Noviembre de 18G(i. 

"La fragata Susquehanah lleva á INIéxico á M. Campbell 
y al general Sherman paní encontrar a J uarez. Instruccio- 
nes: ayudar al establecimiento de un gobienio republicano 
regular, y evitar todo pretesto <le un conflicto con las auto* 
ridades francesas. Xo se mejora el estado de la emperatriz. 

MONT MOLÓN.'* 



"Washington, 12 de Noviembre de 1866. 

"^U ministro del emperador en México, 
"La comisión salió ayer. Instrucciones muy vagas. En- 






251 

'•se con otro (iiie no sea Juárez, solamente en cí\so de 

' necesidad; na<la de intervención ni de adquisición 

ío. Apoyo moral á Juárez. Las fuerzas de la 

'lar y tien*a á las órden<*s del general Sliennan. 

'iflicto con nosotros. 

MONTIIOLON. 

.iieral Ortega ha sido aprehendido en Betanzospor 
.jnericauos." 

Todo quedó esplicado para el mariscal con una visita (pie 
xecibió entretanto de M. Otterbourg. Este cónsul america- 
no que llegaba violentamente d(í los Estados-Unidos, adon- 
^3» 86 creia que Maximiliano se habia embalsado ya para 
Üuropa, estaba encargado para prepanir el terreno á los 
cloB plenipotenciarios acreditados cerca de »ruarez. En esta 
oonfereucia, M. Otterbomg anunció al general en gefe la 
prójima visita de sus dos compatiiotas, y el objeto do su 
vií^e, tratando de sorprender la impul^sion (|ue contaba dar 
& los acontecimientos. Mas tarde, en una conversación 
enteramente oficiosa, manifestó (pie estaba encargado por 
sa gobierno, que obraba de acuerdo con la corte de his Tu- 
Ilerfas, de restauí-ar juntamente con el general cu gefe, la 
Bepúbliea Mexicana. 

— "Ya era tiempo, agregaba, de íyai^se liu el general jua- 
liiBta á quien debía entregarse la ciudad de México, para 
evitar los desórdenes que podian estallar de un momento á 
olzo. A su juicio, Porfirio Diaz le j)arecla digno de la elec- 
ción francesa. Era, pues, prudente, i>reviendo los aconte- 
(dmientos, imitarlo á que se aproximase á la cai)ital; por 
otra porte, advertía al cuartel general, que ya habia obte- 
nido de los banquems de la ciudad, los fondos necesarios 
pora asegURU* el sueldo de un mes á las tropas de Poiürio 
Dia^" 



El ]iiari8c:il «lemoslió tixlii su admíraciou al ver las cosaa 
tan avniíztulaa, y decliiró tenninnnteinente á M. Otterboorg^ 
que "mientras que Maximiliano pisase el territorio meii- 
cauo y lio abdicase, ora á sus ojos el único gefe legal áeA 
país que tuviese derecho ll la protección francesa; que has- 
ta este momcuto supremo no tenia medida alguna que to- 
mar, y que consei-vando to<lo general disidente el carjictar 
de rebelde, so le debía perseguir ctirao tal. Mas tarde, agre- 
gó, si el ai'chiduquc se embarcara, no vena inconveniente 
en que se organizase un gobierno con el conciuí» de Porfi- 
rio Diftz, á quien confesaba tener mas estimación que d 
genenil Oitega, de quien no podia olvidar que habia alta- 
do á Ku líalabia, aunque fuese oí candidato recomendado de 
l'aris. Si se prescutaba esta eventualidad para hacer una 
restauración, continuó vi mariscal, nosotros no acfcptaremoB 
ni a]H)yarojnos como pretendiente al sillón presidencial, si- 
no al gefe repnblicauo que nos gniantieo el reconoeimiento 
de la deuda francesa., dándonos seguridades formales. Si 
nos ponemos de acuerdo, y en esto seguiré laf, instrucciones 
de mi sobemno, trataremos con toda regularídatl, cuando 
haya llegado el momento, y á esto título entregaremos ua- 
tumlmenttí al nuevo pi-esidente las plazas de la Itcpública, 
lo mismo que el armamento y la artillería mexieanx" 

Per una obsen-acion osi)ecial, relativa á la entrega de seis 
mil fusiles cuyo pedido liabia sillo hecho por Maximiliano, 
estas nvnuis quedaron comprendidas en el material que po- 
dia entregarse, pn';rin su pago, al futiuo gefe del Kstado 
Icgalmeiit^i reconocido. La propia declaración de M. Ot- 
tcrboiirg, bastará para atestiguar la .autenticidad de esta 
convei-SíK'ion, tautfj en su fondo como en su fonna, puesto 
que ella fué el origen de la famosa carta de Porfirio Dia^ 
dirigida al ministro de Juárez, líomero, y publ'cada recien- 
temente por el gabinete de Washington. La tercera per^ 
sona á que hace alusión Porñrio Diaz, es precisamente es- 



te cónsul anieri(«uio, (iiie de uiugnna suerte iiabja sido ¡iii- 
toriziido iKiRi liaceiiíe el iiitéri)rete ofieioso ú oficial ciifrecl 
cuartel geuenil j este getc disidente, eonio él mismo puedo 
atestiguarlo. La pioiiosicion que I'oiíirio dice haber re^lia- 
zado como poco honrosa, es la ii'latlva al reconociuiiento 
de la deuda y de los empréstitos fiíiuceses. En cuanto A la 
cesión eventual de cuñone» y fusiles, se esplicii por la ante- 
rior relación. Queda el designio ipie se supone al mariücal 
de halMír (luorido entregar secretamente A Portillo, las ai- 
maa, las placas del im^iorio, al empeimlor y á sus gcuei-a- 
le^ esta calumnia no taidará en caer sobre su autor, sea 
quien fuere. 

Jamás volvió á ver el niíulscal j'i Porlirio, desde el ilia 
en que lo hizo prisionero en üiixaciv cou totlo su cuerpo de 
«¡jéitiito; es bueno recordiir que ú este gefe lo Iiabian entre- 
gado los ft-auceses á lus austríacos por ónlen de Jlaximtlia- 
MO, y que se escapó de mauos de la legión austro~l)elga. El 
cnattel general, como lo probarán mas laiile lus ilucmncu- 
tos i'espeeti\os, negoció después cou este gele mexicano, 
cuya humanidad iguala á su lealtad, el cange de los prisio- 
neros; i)ero todo esto ha pasadlo á iileua luz y ú distancia, 
por conducto de los oliciales üimeeses que mandaban cu 
Tehuacan y en Puebla. Porfirio, en quien no es posible 
menos que honnir la i'e\"indicaciou de los dereelius de su 
país, había cedido, pues, ú uu consejo pérñdo, ó á uu st^uti- 
mieuto culpable, que no podía dejíw de desaprobar, euaudo 
ha escrito esa carta, que el mismo Sewai'd hizo que se pu- 
tiücara y pidió que se euviai'a pai-a ai>oyar su política este- 
rior. Este documento, inserto en el Libro Amarillo, tenia 
por objeto probar que habla hecho obi-ai' en Móxico al re- 
presentante americano en favor de la doetiina Mouroe, y 
calmar así el mal humor del congi-eso initado por el jaque 
qne aiüiió la misión de sus dos enviados Oampbell y Sher- 
mao. No hay que engañarse, la cuestión ntexlcaoa ha sí- 



254 

do diininte cinco años, para el gabinete de los Estados- 
Uiúdos, un medio calculado de popularidad, y un insfsti- 
nieuto que ba sabido emplear con tanta audacia como ha- 
bilida^l, pam imponer silencio á los gritos de los desconten- 
tos ó de los enemigos del sucesor de Lincoln. 

En efecto, la misión de los plenipotenciarios americancSy 
babia fracasado completamente. El cónsul de los Estados- 
Unidos en Veraeruz, babia beclio que se preguntara a Mé- 
xico el dia 25 de ÍToviembre por el telégrafo, si la fragata 
Susquehanah que estaba anclada aiin en Tampico, podia 
venir á Veracniz, y si seria allí bien recibida, porque el mi- 
nistro Campbell y el general Sherman, desealiau aperso- 
nai^se con las autoridades francesas. El cuartel general con- 
testó: "que la fragata americana seria recibida como todo 
navio de guen-a de una nación amiga, y que los persous^es 
en cuestión serian bien aeojidos en México si deseaban ve- 
nir á él." El cónsul se apresuró á enviar esta respuesta á 
Tampico por el paquete inglés. El 29 de Noviembre, enme- 
dio de un fuerte norte, el Susquehanah, enarbolando altiva- 
meiití* el pabellón de las estrellas, costeaba las isletas de 
arena, detrás de las (;uales se desprende tristemente la ciu- 
dad de Veracruz. Apenas estaba frente al muelle, cuando 
notó que un bote (jue se desprendía del puerto á fuerza de 
remos, se dirigía liácia ella; pronto ancló frente al fuerte 
de San Juan de Uliía para recibir á boixlo al persouíije que 
iba en la embarcación señalada: era el cónsul americano de 
Veracruz. La ciudaíl estaba llena de alborozo: comenzaban 
a vei^e los festones de luces con <iue se adoniaban los edifi- 
cios principales, y el viento llevaba la« detonaciones de los 
cobetes. Todo ese movimiento tenia por origen la resolu- 
ción de Maximiliano, que iba a dar á cimocer á México que 
el soberano renunciaba a su idea de partir para Europa, y 
que cediendo á las instancias de los grandes cuerpos del 
Estado, volvía á México á fortificar su soberanía en el su- 



25í> 
feígiu popiiI:ir. El ministro y el general americJino, que se 
habían prometido ver & su llegada flotar la baudera repu- 
blicana en la ¡vduana del puerto, dieron ónlen á la fmgata 
de \Trar, y fueron á anclar á la íbIji Venle, á algunas mi- 
llas de Veracruz, eu espera de los acontecimientos. Al dia 
siguiente en la mañana, un oficial de la marina fiancesa fué 
á cumplimentar al comandante de la fingata americana, se- 
gún el ceremonial ordinario. El teniente general Shcrman, 
avisado de México por M. Otterbourg «jue el mariscal lo re- 
cttírta con totla la distinción debida á su grado, y con la mas 
^franca cordialidad; que aim tendría placer en hacerlo asis- 
tir á una rerista de tropas francesas, contestó que no iría 
ék México Bino por una exijente invibicion del cuartel geue- 
Kal. Sin duda <iue el espeetiícnlo de una resista de nues- 
tras tropas, no erji el objeto de la misión americana. 

Esta, invitación no fué enviada á la Siisquehanah, y la fra- 
gata se liizo ú la mar, como lo hacia pitísentir el siguiente 
telegrama del cónsul americano en "S'ei-iiiruíi. 



"A M. Marius Olti-rhoiirg. — México, 

(Contidencial.) 
"Estimo hayáis llegado yendo todo bien. He pasatlo la 
ItDcbe ú bordo de la ÍÍHaquehanak esiMirando con i)acicncia 
notician vuestras. Bi estas no llegan luego, iremos á Tam- 
¡ico, no queriendo ir á México sin ser invitíwlos. Pero sa- 
béis todo lo que contii-rne al negocio, y escribid pronto." 



XVIII. 



•Que hul)i;i pa«\(lo en estos liltiinos tiempos eu la haden" 
(la de JalapUlaf El ministerio y el consejo de Estado que 
habían ido de Sléxico á Orizaba escoltados por fuerzas fran- 
cesas, y conducidos por llimmou, habían entrado eu confe- 
rencias declarándose en «esion permanente desde el sábado 
hasta el lunes, en la residencia imperial. El Sr. Lares, en- 
cargado de llevar la palal>ra por todos los miembros de la 
comisión, había suplicado al emperador que no se alejase 
del territorio, alirmando, en nond)re del clero de quien salía 
garante el padre Fischer, que S. M. podía contar inuiedia- 
tameute con cuatro millones de pesos y un ejército i)ronto 
á comenzar las oi)eracioues. INIárquez y Mimmon acepta- 
ban su mando. Mienti-as que el primero de estos generales 
ocuparía la capital y protejeria el valle de México, lo mis- 
mo que los llanos del Anáhuac contra las tentativas de 
Porfirio Díaz, el segmido debia coirer íil Norte á dar una 
batalla á las tropas de Escobedo. La victoria no podía ser 
dudosa, sobre todo con el coucmso en el Interior del ^'alien- 
te Mejía, cuyo crédito militar era aun omnipotente eu la 
Sierra y en el Estado de Querétaro, testigo de sus tiiuufiM 
anteriores. Después de la deiTota de las bandas del Norte, 
las fuerzas victoriosas de la monarquía se volverían contra 



■ 'I m I . -i^Ji-, ^ J-jy"^\; »i^ ■-: ^ -i. - w - 



los rebeldes de Oajaca y fócilmeiite coucluiriaii con ellos. 
En cuanto á los millones que se necesitaran, el presidente 
del consejo se liabia limitado á declai-av que los encontraría: 
ese era el secreto de su partido. 

Ese plan era seductor viéndolo escrito en el papel: Maxi- 
miliano lo habia adoptado completamente. Para terminar 
el estado de incertidumbre en que estaba el país hacia mas 
de un mes, el Emi)erador cambiaba enteramente de princi- 
pios, y lanzaba un despacho telegráfico que contradecía to- 
dos los hechos cumplidos y los acontecimientos pasados. 
El paso por Orizaba del diplomático inglés M. Scarlett, al 
volverse para Europa, no habia contribuido poco á que el 
Emperador tomase una medida tan violenta, por haberle 
aconsejado c<^n empeño (jue no abandonase el trono, con e 
objeto de contrarrestar la política francesa. 

El cuartel general recibía inmediatíimentcí por comunica- 
ción del gabinete imperial el siguiente despacho telegiáfieo 
salido de Orizaba el 20 do Xovicmbre de 1866. 



fiabinetc imperial. 

" Ninguno de los pasos que he dado autoriza á nadie pa- 
ra creer que tengo la intención de abdiciU' en favor de nin- 
gmi partido. El llamamiento del consejo de Estado y de 
los ministros se ha hecho precisamente para que unido á 
ellos, se deposite el poder interino en las manos de aquel á 
quien conesponda, cuando llegue la hora de abdicar, espe- 
rando que el voto de la nación arregle lo demás. El llama- 
miento hecho al mariscal Bazaine no tenia otro objeto que 
arreglar e«tos puntos, de acuerdo con el general en gefe de 

ejército. 

" La pretensión de que se reconocerá un gobierno pro- 
visorio por los Estados-Unidos es mas que aventurada. 

80 



258 

¡Voy qiicf ¡Quién ganintiza ese reconocimiento? ¿Quien 
irá á solicitarlo? (-reo ({ue debo entregar los poderes que 
he recibido á la misma nación ciue me los confió, y dejar 
las demás cuestióneos de origen y de elección de \m nuevo 
gobierno á la libre voluntad de la nación. 

" Mi único deber consistí» en nombrar una regencia pro- 
\isoria, mientras que se apele a la nación y se den los pa- 
sos necesarios para convocarla: en fin buscar una protección 
para los imperialistas, pero sin mezclanne en cosa algmia 
en cuanto al resto. 

Maximiliano." 

Tal eia la respuesta del emperador, apoyándose en la nota 
colectiva del 7 de Noviend>re, á la misión Campbell que sa- 
bia liabia llegado á Tami)ico. Al mismo tiempo se dirigía 
alas maniobras del gabinete de las Tullerías que, le consta- 
ba, tenían compromisos tanto en Washington como en el 
campo de los liberales. i\nte esta manifestación del nuevo 
golpe de Estado no habla yn (jue esperar por entóniíes la 
abdicación d(»l princiix'. A este desi)acho siguió luego un 
documento mas olicial y mas esplícito. El IV de Diciem- 
bre apareció el manifiesto imperial de Orizaba que anun- 
ciaba al país la reunión del Congreso nacional. 



Manifiesto del emperador. 

" Mexicanos: 

" Circunstancias de gran magnitud con relación al bien- 
estar de nuestra patria, las cuales tomaron mayor fuerza 
por Xut»stras desgracias domesticas, i)r(Hlujeron en nuestro 
ánimo la convicción de que debíamos devolveros el poder 
que nos habiais confiado. 

" Nuestros Consejos de ministros y de Estado, por Xos 



25Í) 

<X)nvocívdos, opiuarou que el bien de Méxieo exige íiiiii Nues- 
tra permaueucia en el poder, y liemos creido de nuestro 
deber acceder á sus instancias, anunciándoles a la vez nues- 
tra intención de reunir un Congreso nacional, bajo las ba- 
ses mas amplias j' liberal<ís, en el cual tendrán partieipa- 
-don todos los partidos, y este detenninará si el imperio aun 
debe continuar en lo futuro, y en cíiso afirmativo ayudar á 
Ja formación de las lejes vitales pai-a la consolidación de 
las instituciones públicas del país. Con este fin Nuestros 
Consejos se ocupan actualmente en proponernos las medidas 
oportunas, y se darán á la vez los pasos convenientes para 
que todos los partidos se presten á un an^eglo bajo esta 
base. 

" En el entre tanto, mexicíinos, contando con vosotros 
todos, sin esclusion d<^ ningiui color político, Nos esforzare- 
mos en seguir con valor y constancia la obra de rcííenera- 
-^on que habéis ('onliado á vuestro compatriota. 

MAXlMILrAN(>." 

Dos dias después, el presidente del Oons<*Jo, á nombní 
^el emperador, hacia sabin* á las autoridades thino(.*sas la 
^^•esolucion tomada por Maximiliano de aiíoyarse únicamen- 
'^jQ en sus propias fuerzas. Qu(Mlaba siempre estal)lecido 
^ue el cuerpo espedieionario dt^beria continuar su i)rot(?ccion 
^ la monaniuía durante su permanencia en Sléxico, hasta 
Isi primavera de 18(57, y en todos los i)untos qu(í ocupase, 
l^ero sin emprender espediciones lejanas. 

'" A S. E. él ministro da Francia en México, Alf. DanOj 
S. E. el mariscal Bazainv y el general Castclnau. 

" Orizaba, 3 de Dicíiembre <1ií J8G0. 

" Los infrascritos, nombrados por el empenulor Maximi- 
liano con objeto de decidií* las mcdidius que hace necesarias 



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StíO 
)a misión (lül general Oastelnau, misión que esU; nos ha de- 
clai-ado t43nei' que llenarla de acuerdo con los BE. 8S., el 
ministro pleiiiixiteuciario Daño y el maríscal Bazaine, t«* 
neinoK el honor de poner en su conocimiento que habiendo 
comunicado á 3. M. el emperador la nota del día 7 del mes 
pasado, nota linnada por el uiai'iscal Bazaine y et general 
Oastelnau en respuesta á la que hemos tenido el honor de 
dirigirles el dia 4 del mismo mes, S. M-, después de un piM>- 
fondo y detenido examen y de haber oído la opinión de sus 
ministros y de su Consejo de Estado, ha decidido prolongai-, 
apoyado cu el poder que le ha conferido la nación, y man- 
tener su gobierno solamente con los recmsos del país, por 
haber declarado el emijeradoi' de los fr.mceses que no le íí» 
posible sostener mas tiempo al imperio con sus tropas ni con 
Hii dinero, y que persevera en la decisión que lia tomado de 
retirar sus tuerzas en los primeros nicííes de 1867. 

" S. M. el KmpenuUir, llevando á ciibo la (yecuciou de suh 
designios, se ocupa de las medidas necesarias i'i la fonnaciou 
del ejército mexicano y ú la organizitcion de las fuerzas que 
deben sostener el imperio. Espera que el Sr. mariscal Ba- 
zaine se sirva dar sus ordenes, en lo (juc le concierna, á loi* 
comandantes superiores fmnceses, como lo amuicia en la 
nota antes citada, iiam que las troikis mexicanas, los esta- 
blecimientos y los almacenen militares queden desde aliora 
á la disiwsiciüu esclusií'a de S. 31.; pero contando siempre 
con que las tropas francesas, durante su permauencia en 
México, protejeráii las autoridades y las poblaciones en las 
zonas que ocupen, sin emprender espediciones lejanas. 

" Este concurso, cuyos téiininos están espcciücados en la 
uotii de 7 de Noviembre ya citada, ha sido aceptado con 
reconocimiento poi' su Majestad. 

" S. M. el Emperador nos ordena atlemas, deelai-ar que 
toda cuestión relativa á las materias que comprende esta 
nota, ó motivada por ta resolución que ha tomado, podrá. 



261 

tratai-se por el presideute del consejo do Editado, con cuyo 
'Carácter íinno el primero 

" El presidente del cousiyo de ininistroüi, 

"TEonosio Lares. 
" El núnistro de l:i vasa del Einpenidor, 

*'Li:i(* Dn Arroyo." 



Kl roiupimieutu con el gobierno ü-ancés qnedubii consa- 
mado de hecho: desde ese dia Maximiliano no volvió á co- 
municarle dii-ectaniente con ul cuartel general. El presi- 
dente di-1 cunse-jo teniii autorización pai-a tratar todas las 
ouestioiie» interiores y ustcñore^ y diiijú-se colectivamente 
á los tres n'ju'esentanteii de la Francia. Maximiliano ha- 
bía comprendido bien iiiie la peiíioiíalidad del general en 
gefc se había borrado con su autoridad, y que el trono me- 
xicano debia contar en lo de adelante con el ayudaiitr th- 
■'ampo de Napoleón III como con el swbenino mismo. 

El canilño reptoitíno <lel emperador de México, piv.-.v. ' 
un deM-onteiiM profundo en la capital, en el caiiii-;;:..-^- 
fraucís. KI plan de las Tullerías queilaba cnlcriiH:. ..-- -- 
fruido. íSin embargo, en Tatis se habían tbij;i'' 
grandes iltuinnott, si se atiende á Uh desparlj' - 

■I 31 de Noviembre, i|U'- 
monto Id^^^^^luropa^— "El uiitLÍsti<<:^ 
^ieiie )i^^^^^B4iett^^^ misil'!; 




- . *^-il»>" ■> 



262 

de los Hustiiíicos, apoyándose además en plazas bien fortifi- 
cadas, i\Iaxi]íiiliano tenia aún elementos de duración, que 
le permitirían retiraise im dia con mas honra y seguridad. 
Sin embargo, tuvo que conformarse con la opinión del gene- 
ral Castelnau y de M. Daño. 

El general Castelnau habia informado ya al emperador 
Napoleón de las irresoluciones de Maximiliano, y el 7 de 
Diciembre le dio parte del nuevo golpe de Estado, con el 
cual la monarquía, al empuñar la bandera clerical, hacia 
desvanecer toda esperanza de una solución amistosa. Sin 
embai'go, era preciso poner prontamente un término á esta 
situación (^ue tanto comprometia los intereses frímceses. 
El mismo dia, y al siguiente de haber recibido la comuni- 
cación de Lares, una nota redactada en común por los tres 
signatarios, fué dirigida al presidente del consejo. Esto era 
intentar un esfuerzo último contra el partido reaccionario. 



"México, 8 de Diciembre de 1866. 

"A S. E. el Hr, D. Teodosio Lares^ presidente dd consejo 

de ministros, etc. 

"Los infrascritos lian recibido la nota que los EE. SS. 
Teodosio Lares y Luis de AiToyo, les han hecho el honor de 
dirigirles con fecha 3 del corriente. 

"Estando encargado el Sr. Presidente del consejo, de tía- 
tar los negocios que son objeto de esta nota, los infi-ascritos 
tienen (pie darle á conocer cual es su opinión íicerca de la 
determiniU!Í<m tomada por S. M. el emperador Maximilia- 
no, de conservar el poder que la nacton mexicana le ha con- 
ferido, y de sostener su gobierno con los solos recursos del 
país. 

"No es necesario recordar los sacrificios del gobierno de 



263 

los iufi'ascritos, y sus esfuerzos i>ei*soiiaIes para establecer 
la fomia nionurquicíi en México. Los agentes de la Fran- 
cia sienten profundamente una crisis que habrían (luerido 
hacer imposible. Sin embargo, después de haber examina- 
do atentamente la situación, han llegado á esta convicción, 
que el gobierno imperial seria impotente para sostenerse 
solo con sus propios recursos. 

"Por penoso que esto sea, y sin pretender influir en nada 
sobre la decisión final, consideran como un deber declarar- 
lo, agregando que en el estado actual de las cosas, la reso- 
lución suprema y generosa en la cual parece que quería fi- 
jai*se el emperador Maximiliano hace un mes, era la única 
que hubiese permitido buscar una solución propia para sal- 
var todos los intereses. 

"Por lo que toca A la cuestión militar y a todo lo que á 
ella se relaciona, yu ha sido contestado por los agentes fran- 
ceses tan competentes. Si fiíera preciso, ellos darán inievas 
(^spllcaciones. 

BaZAIXE. — ALF. DaXO. — CA8TELKAÜ.'' 

La contestación del ministerio no se hizo esperar mucho: 
el 10 de Diciembre lanzó una estensa circulai', reasumiendo 
los esfiiei7:os que antes había hecho la monaniuía, espre- 
sando sus es})eranzas para el porvenir y revelando al mis- 
mo tiempo las defecciones del gobienio francés. 

Circular. — {Estracto.) 



ii 



"En medio de esta lamentable crisis, se esplotaba la 

actitud de los Estados-unidos tan contraria á la forma mo- 
nárquica y a una intervenci(m em^opea. Se hacia saber á 
S. M. el empei-ador, que entre el gobierno francés y el de los 
Estados-Unidos se hablan entablado negociaciones para 



264 

asegurar uua mediación flanco-mexicana, en \irtud de la 
cual se esperaba poner un término á la guerra civil que de- 
solaba este país, y para llegar á este objeto se consideraba 
como indispensable que el gobierno que se estableciese bígo 
esta mediación tomase la forma republicana y se compusie- 
se de liberales. Las esperanzas de nuestro gobierno, que 
estaban ftmdadas en parte sobre una leal y Arme alianza 
con la Francia para la consolidación del orden actual, se han 
^ visto así deñ^udadas.'' 

Esta circular está en una formal oposición con una ase- 
veración de M. Berthemy, nuestro ministro de Francia en 
Washington, quien, después de una entrevista con M. 8e- 
ward, consignada en la coiTCspondencia diplomática, habia 
afirmado, que "el emperador Maximiliano estaba pronto á 
aceptar todas las combinaciones que el gobierno ft-ancés pu- 
diese proponer de acueixlo con los Estados-Unidos." 



XIX. 



Pero aun no terminaba el gobierno fitiucés sus defecoio-. 
nes. La fragata americana, después de haber esperado inú- 
tilmente en el golfo por muchos dias, se habia hecho ala vela 
para volver á los Estados-Unidas, llevando á bordo á los 
dos plenipotenciarios, que n¡ siquiem hablan desembarcado^ 
Las noticias de México y de Orizaba habian venido a ar- 
ruinar las esperanzas de las Tullerías, que esto vez no te- 
mió ya desenmascarar toda su política hostil á Maximiliano, 
violando aun la palabra empeñada y consignada en los tra- 
tados. 

i?/ emperador á Cmtelnan, 

"Compiégne, 13 de Diciembre de J86ü. 

''Embarcad la legión estraiyera, y a todos los franceses, 
soldados ó paisanos que quieran liacerk>, y á las legiones 
austríaca y belga si lo piden." 

Las promesas solemnes del palacio de las Tullerías, no 
tenian ya valor alguno para la corona de México; porque 
este despacho, que nada lo hacia aguardar, pero que tene- 
mos ñmdamento para creer que estsiba inspimdo por la po- 

86 



t«A«. 



'i 7*. 



26U 

iipvri •>;; ¿K'] irabiütto .'iniericano, venía á arrancaí' u 

liliai;-» >u .\lt*:in'> aix\vo, con despR^cio del artículo 3? 

:. M.:vaT;,,ir. anículo formalmente i-esjKítado por 

7. .■- -v^ tío .lulio, y concebido así, como se re- 

./. »:^- .7. ', >:ra:v¡t*ra al i;erv¡cio de la Francia, compues- 

i\: -I. ?i. u...! !í mibres, permanecerá aún seis años en 

í VI.V i»:>c ut.'> lio que todas l;us demás fuerzas francesas 

Ui. izt rtcirado confonne al artículo 2V Desde este mo- 

ctiu'A ■.'.víi.t legión deberá <iuedar al sen-icio y sueldo del 

^¿:i!,c"o u exioano. Este último gobierno se reseña la 

K'i.: uui vle disminuir la duración y el empleo en México 

r x>:f i'iieipo estranjero." 

S^,» cíj dudoso que la disolución de la legión debia traer 
ivtiuula de la legión austro-belga <iue em incapaz de sos- 
icr ella sola a la monarquía, ni aun provisionalmente. 
kmás, debia seguir la iTeleccion de los voluntarios frau- 
vs enganchados en las lilas del ejército mexicano, ix>rque 
ss cv)ntaban sobre todo con la concuirencia de ese cíe- 
nlo casi francés. Este olvido de la fé jurada de i)arte de 
:siro gobierno, sorpr(;nde tanto mas, cuanto que, en una 
i\ersacion ([ue había tenido con M. liigeknv el 7 de No- 
mbre <le 18GG, d emperador Napoleón hahia declarado á 
ministro amcric<(nOy qtie si MaximiUano pretendía po- 
\sr sostener solOj la Francia no retiraria sus tropas antes 
lo qae hahia estipulado M, Drouyn de LhuySj si tal era 
hseo del joven soberano. Esto era decir clai*amente, que 
retirada del cuerpo espedicionario no tendría lugar sino 
tres Iracrioncs, y (pie por consiguiente la protección fran- 
gí (pUMlaba asegurada a México durante un año aún. El 
siiu) (lia (lUc ^[. Bigclow rt^cibia esa sc^guridad en Saint- 
»ud (li^ los labios imperiales, el gene ral Castelnau hacia 
México esactamcntc lo contrario. Ponpie se ha- visto 
e la nota colectiva de los tres signatarios íranireses amiu- 



267 

ciaba á Maximiliauo que el empemdor Napoleón se había 
resuelto á retirar sus tropas en una sola vez, en los prime- 
ros meses de 1867. iQué habia cambiado, pues, en la si- 
tuación admitida por nuestro gobienio? Absolutamente na- 
da. Pero mientras que Maximiliano declamba que podía 
sostenerse solo con sus i)ropios recmsos, se ensayaba con él 
el último medio de intimidación, que forzosamente se cam- 
biaba en realidad con su negativa deñnitíva á abandonai* el 
trono: porque el general Oastelnau no podía retractarse ya. 
El emperador Napoleón que había creído en la infalibilidad 
de esta estratajema, y que estaba convencido de que la ab- 
dicación de Maximiliano lo desenlazaría todo de mía mane- 
ra satisfactoria para él, habia sin duda encontrado preferi- 
ble callar una última medida conminatoria, sobre la cuál 
esperaba ver caer muy pronto el velo del olvido. Pronto 
veremos que lenguaje tan amenaziidor de parte de Seward 
provocó esto silencio. Lo cierto es (jue el general Oastel- 
nau retíiaba á Maximiliano las tropas que el emperíulor de 
los ft'anceses declaraba, él mismo, (jue le dejaba, si se atien- 
de á los términos de la entrevista de Saint-Cloud, contados 
por el ministro americano, de la cual conviene citarlos prin- 
cipales pasajes. 



Despecho de M. Bigeloiv á M. Seicard^ con motivo del em- 
barque en una sola vez de las tropas espedicionarias de 
MécicOy en la prima vera^ fechado en Paris, el dia 8 ífe 
Noviemhi^e. 

"Señor: 

^*E1 mhiistro de negocios estranjeros me ha informado el 
jueves último, en respuestix a una pregimta que me obhga- 
ron a dirigirle ciertos rumores de los iKíriodicos, que el em- 
perador tenía la intención de retii'ar sus tropas de México 



268 

en la priniavem, pero (lue antes de esta época, no llama- 
rla á uingiiu cuerpo. 

^^Espresé mi sorpi-esa y mi pesar por esta determinación 
tan notariamente contraria á las seguridades dadas por el 
predecesor de S. E., tanto á V. por conducto del marqués 
de Montboloii, como á mi personalmente. 

^^£1 ministro se ha í\jado en consideraciones de un carác- 
ter enteramente militar, no queriendo atender^ ó no apre- 
ciando en su valor j á lo que me parece, la importancia que 
este cambio podría tener en las relaciones de la Francia 
con los Estados-Unidos. 

'^Mi prímer impulso ha sido enviarle una nota al dia si- 
guiente, pidiendo una especíticacion formal de los motivos 
que tenga el enq)erador paní no cumplir con lo estipulado 
por su ministro de negocios estrai\jeros, relativamente á la 
salida de México de una paite de su ejército en el curso del 
mes de Noviembre. 

"Me lesolví al fin (¡ue seria mas satisfactorio para el 
presidiente, (jue yo mismo viese al empei-ador con este ob- 
jeto. 

"Ayer fui á Saint-Cloud á ver a S. M.; le i-epetí lo que 
ine liabia dicho el marqués de Moustier, y le espresé el de- 
seo de saber si p(Hlría hacer algo para prevenir é impedir 
el <leso(>ntento ([ue resentía el pueblo de mi país, si recibia 
esta noticia sin ninguna esplicaeion. 

"Hice alusión a la próxima reunión del congreso, momen- 
to en el cual todo cambio en nuestras relaciones, j^ con 
Francia, ya con México, seria probablemente objeto de dis- 
cusión: espíese también el temor de que 1í\s razones que 
tenga S. M. para aplazar la Síilida del primer destacamento 
de sus tropas, no se atribuyesen á algunos motivos que nues- 
tro pueblo estaría dispuesto a recibir mal. 

"El emperador me dijo ({ue era cierto (lue habia resuelto 
aplazar la vuelta total de las tropíis haski la primavera, pe- 



269 

ro que al obrar así, era movido únicai)iente por considera- 
eiones militares 

"Este despacho, agregó S. M., no se envió en cifras, á fin 
de íiue su tenor no fuese un secreto para los Estados-Uni- 
dos , 

"S. M. continuó diciendo, que casi al mismo tiempo ha- 
bía en\i{ido á México al geneml Castelnau, encargado de 
informar á Maximiliano que la Francia no podia darle ni un 
sueldo ni un hombre mas. Que si pensaba pod^r sostenerse 
solo^ la Francia no retiraria sus tropas antes de lo que luir 
bia estipulado M. Drouyn ds Lhuys, si tal era su deseo; 'pQ- 
ro que, si por otra parte, estaba dispuesto íi abdicar, que 
era lo que S. IM. le aconsejaba, el general Castehiau estaba 
encargado de encontrar un gobienio con (piien tratar sobre 
la protección de los intereses franceses, y de reembarcar to- 
do el ejército en la primavera. 

"Pregunté al emperador si se habia avisado de todo esto 
al presidente <le los Estados-Unieos, y si se había hecho 
algo para preparar su ánimo a este cambio político de S. M. 

"Contestó que nada sabia; ([ue M. de Moustier debia ha- 
berlo hecho 

"La determinación de la Francia no respira mas que el 
sentimiento de lavara ^ manos de todo lo que pertenez- 
ca á México lo mai$ pronto posible. Yo no dudo que el Em- 
perador proceda de buena fé hacia nosotros; pero no estoy 
seguro de que este cambio en sus planes, que he comenta-^ 
do, reciba una impresión tan favorable (^n los Estados- 
Unidos. 

"A causa de los últimos triunfos de los imperiaUstas en 
México, y de la situación algo revuelta de nuestros nego- 
cios políticos en el interior, temo que la conducta del em- 



270 

pemdor despierte acaso sospechas que puedan ser muy per- 
judiciales á las relaciones enti*e ambos paises. 

"Pai'a prevenir semejante calamidad, si fuese posible, lie 
creído de mi dehev tomar las precauciones con que os be 
dado cuenta. Como el emperador aseg uro en esta eiitre- 
\ista, que liabia aconsejado á Maximiliano que abdicase 
rae be preparado a í^guanlar todos los días la noticia de es- 
ta abdicación; i>orque semeíjante consejo en la sitiwcion de 
dependencia en que se encuentm Maximiliano, equivale 
casi á una orden. 

"El emperador ha dicho que aguaixlaba saber el resulta- 
do final de la misión de Castelnau hacia el fin de este mes. 

"Ha aparecido en el Star y en el Post de Londres, un 
t<ílégrama rei)roduciendo el rumor que circulaba en Nueva- 
York el (> dtíl presente, de que Maximiliano habia abdica- 
do. Como nosotros hemos recibido despaehos del dia 7, que 
no hacen alusión á e.sta noticia, presumo (pie, por lo menos, 
es prematni'a. 

John Bigelow." 

En resumen, el general Castelnau habia sido menos duro 
para ]Maxim¡liano (pie la misma corte de las TuUerías, 
puesto (pu», mientras que se limitaba íi significar que se 
retirarían las tropas en un corto plazo, Napoleón III redo- 
blando su rigor daba la (U'den de que la legión estranjera 
se embarcase también. Semejante actitud de his Tullerías 
no puede espliciU'se sino por la profunda irritiicion que ha- 
blan causado: primero, la noticia de que Maximiliano no 
abdicaba, lo cual dejaba comprometidas aun en México 
nuestra política, nuestra bandera y sobre todo nuestra res- 
ponsabilidad resi)ecto á él; segundo, el mal result^ulo de la 
misión Sherman, cuyo éxito habria debido sofocíir todos los 
géiinenes de difi^ivncias con los Est^idos-Unidos, por la res- 
tauración de la república mc^xicajia; y por último haberse 



271 

comunicado recíeutcnientc al cmperiulor Xiipolcon un des- 
pacho de M. Seward, desmentido por nuestro gobierno que 
hacia decir al Moniteur en su boletín del dia 24 de Diciem- 
bre de 1805: — " La prensa americana nos trae estractos 
" muy incompletos de la coiTCspoudencia diplomática que 
*^ acaba de comunicíU'se al congi^eso. Se v<5 figurar allí un 
" despacho fechado el dia 23 de Xonembre, dirigido por M. 
*' Seward á M. Bigelow. El gobierno francés nunca luí te- 
" nido conocimiento de este documento. Los periódicos délos 
" Estados-Unidos confirman, ademjis, las buenas relaciones 
" que existen entre. el gobierno imperial y el del empe- 
" rador." 

Causa pena á nuestro patriotismo comprender esa anno- 
nía cuya enunciación revelaba ciertamente mucha compla- 
cencia de parte del periódico oficial, en pres(»ncia de est^í 
nuevo documento coimiinatorio.* 



Despacho de M. St^ward d M. BUjelow^ sobre la salida d4ilas 
tropas francesas de México con fecha 2-1 de Noviembre 
de 1860. 

"Señor: 

"Se ha recibido el despaclio de 8 de Noviembre (núm. 
384,) relativo á México. Vuestra conducta en vu(\stra en- 
trevista con M. de Moustier, y vuestra cx)nducta también 
en vuestra entrevista con el emperador, han sido completa- 
ment<i ai>robadas. 

"Decid a M. de MoiLstier, ipie nuestro gobierno se ha íkI- 
mii-ado y afligido al saber por lo que se le ha anunciado, por 
la primera vez sin embargo, que el embarque prometido de 
una parte de las ti'opas francesas que debia efectuai*se en 



• Por esta dcDf?gacloD de un documenta oficial, se coraprciulerá lo que vale el 
Monitewr en tus desmentís. — (N. del A.) 



272 

México en este mes de Noviembre, ha sido diferido por el 
empci*ador. El embarazo que resulta lia crecido conside- 
rablemente con la circunstancia de que esta resolución del 
Emperador se ha tomado, sin ser consultada con los Esta- 
doft-Unidos, y aun sin haberles dado aviso. Nuestro go- 
bierno no ha dado en manera alguna refuerzos á los mexi- 
canos, como parece que lo presume el emperador, y nada 
ha sabido de la conti'aórden dada al mariscal Bazaine, de 
que habla el emperador. 

"Nosotros considtamos la« comunicaciones oficiales sola- 
mente cuando se trata de conocer el objeto y las resolucio- 
nes de la Francia, atendiendo á que por el mismo conducto 
hacemos sabor nuestitis resoluciones é intenciones cuando 
se trata de la Pi-ancia. Yo no estoy en el caso de decir, y 
aim por ahora seria inútil entablar esta cuestión, si el pre- 
sidente hubiera podido ó no dar *su aquiescencia al retardo 
. proyectado i>or el emperador en el caso en que se le hubie- 
ra consultado oportunamente, si esta proposición se hubiera 
apoyado, como se ai)oya ho}', en consideraciones pummente 
militares, y si hubií^a sido caracterizada por las manifesta- 
ciones comunes de deferencia hacia los intereses v senti- 
mientos de los Estados-Unidos. 

"Pero la decisión tomada por el emperador de modificar 
el arreglo actual sin la pré\ia aquiescencia de los Estados- 
Unidos, dejando por hoy el ejército ftancés entero en Mé- 
xico, en lugar de retíinr un destacamento en Noviembre, 
como se habia prometido, es de sentirse bajo todos aspectos. 

"No podemos confonnanios á ello: primero, porque el 
plazo de "la próxima primavera" que se Aja para la com- 
pleta evacuación, es indefinido y vago; segundo, porque na- 
da nos autoriza para declarar al congreso y al pueblo ame- 
ricano que hoy sí tenemos una garantía para la retirada en 
la primavera del cuerpo espedicionario entero, mejor que la 
que hemos tenido hasta hoy para la retirada de una pai1}e 



273 

en Noviembre: tei'cero, porque contando enteramente con 
la ejecución literal del acuerdo tomado entonces por el em- 
perador, hemos tomado medidas en \ista de la evacuación 
por las tropas francesas, para concurrir con el gobierno repu- 
blicano de México, á la pacificación de este país, como tam- 
bién al pronto y completo restablecimiento de la verdadera 
autoridad constitucional de este gobierno. 

^'Ck)mo una de estas medidas, M. Campbell, nuestro mi- 
nistro recientemente nombrado, acompañado del teniente 
general Sherman, ba sido enviado á México, á fin de con- 
ferenciar con el presidente Juárez sobre las cuestiones que 
interesan en tan alto grado á los Estados-Unidos, y son de 
una vital importancia para México. Nuestra política, y las 
medidas así adoptadas, en la fi^e convicción de que iba á 
comenzar la evacuación de México, se han puesto aquí en 
conocimiento de la legación francesa, y vos sin duda habéis 
cumplido con vuestras instrucciones, haciéndolas conocer al 
gobierno del emperador en Paris. 

"El emperador vei'á que ahora no podemos llamar á M. 
Campbell, ni modificar las instrucciones según las cuales 
puede tratar y babrá tratado ya con el gobierno repubUca- 
no de México: este gobierno, sin duda, desea vivamente, y 
espera con confianza que tcnnine pronta y definitivamente 
una ocupación estranjera. 

'^Diréis, pues, al gobierno del emperador, que el presi- 
dente desea y espera sinceramente que la evacuación de 
México se cumpla conforme al arreglo actual, tanto cuanto 
lo permita la complicación inoportuna que necesite este des- 
pacho. Sobre este punto, M. Campbell recibirá sus instruc- 
ciones. También se enviarán instrucciones á las ftierzas mi- 
litares de los Estados-Unidos, puestas en observación, y 
que aguardan órdenes especiales del presidente. Esto se 
hará en la confianza de que el telégrafo ó el correo nos trae- 
rán ima satisfiM^toiía resolución del emperador, en respues- 



tr 



274 

ta á esta nota. Asegurareis al gobierno francés, que des- 
pués de desear libertar & México, los Estados-Unidos nada 
desean tanto como consolidar la paz y amistad con la 
Francia. 

"El presidente no tiene la mas leve duda de que lo que 
se ha resuelto en Francia se ha decidido sin reflexionar 
atentamente en el embarazo que esto debía producir aquí, 
y sin ninguna intención ulterior de dejar en México las tro- 
pas de la espedicion francesa mas allá del período integral 
de diez y ocho meses, primitivamente estipulado para !a 
evacuación completa. 

W. H. Sewabd." 

Este documento prueba que M. Bigelow tenia la misión 
de espresar al gobierno dei emperador de los franceses los 
deseos del presidente Johnson. Los diplomáticos america- 
nos no tienen la costiinibre, que yo sepa al menos, de alte- 
rar, por una simple cortesía, el sentido de sus instruccio- 
nes: queda, pues, fuera de duda, que este documento se co- 
municó efectivamente al gobierno fií-ancés. El despacho 
telegráficoemanadodeCompiégneel 13 de Diciembre, des- 
pués de que las TuUerías se informaron del contenido del 
despacho americano, iudica que para lo de adelante se rom- 
pían todas las relaciones coq México, sin consideración al- 
guna. 

Por otra parte, se.compreude muy bienque en vista del ri- 
gor ^empre creciente de los franceses, el gobierno mexicano 
tomase una actitud de las mas hostiles. Después de haber 
saJido de Jalapilla, el joven emperador había subido á Pue- 
bla haciendo pequeñas jomadas: caminaba lentamente, 
porque á causa del mal régimen que seguía, su salud había 
padecido mucho. Las tristes noticias de Francia y de Mi- 
nunar, no traían alivio alguuo á su dolor. Por otra parte, 
deseaba no enoontrarse en Mésloo con las autoridades fran- 



276 

-cesas, hasta que la evacuación se hubiese declarado bien. 
En Puebla fué á alojarse á la casa de campo del arzobispo^ 
:ffltuada á la oriUa del valle que desciende de Amozoa El 
general Oastelnau y el ministro de Francia, sin prevenir al 
mariscal, salieron de México, y obtuvieron una entrevista 
del soberano. Esta entrevista que debe haber sido bastante 
curiosa para que el emperador de México haya escrito que 
«e" proponía publicar la relación de ella en Europa, no hizo 
«ino acentuar mas las resoluciones de la corona. Maximi- 
liano volvió á México, y renunciando á su palacio de Oha- 
pultepec, fué á albergarse á una modesta hacienda próxima 
á la capital, llamada la Teja, adonde hablan acampado nues- 
tros escuadrones de cazadores de África, el dia de la entra- 
^ de los franceses en México. 



Cómo es fácü de supouer, el gobierno mexicano se sentí» 
poco dispuesto á agotar su tesoro, tan pobre ya, para satis- 
feoer á las exigencias de la convención de 30 de Julio. La 
retirada de la legión liabia desgarrado deñnitivamente to- 
das las convenciones que ligaban á los dos partidos, y á 
nuestro juicio, Maximiliano tenia razón al querer despren- 
derse de las reclamaciones francesas. En la noche misma 
que llegó Maximiliano á Orizaba, el cuartel general le ha- 
bía suplicado que diese las órdenes respectivas á la admi- 
nistración de la aduana de Yeracruz, por haber dejado sin 
respuesta la corte de México una notificación, que antes de 
su partida, le dirigió M. Daño. El emperador contestó por 
el telégrafo, que sin demora se ocuparía del asunto. El dia 
1? de Noviembre, dia en que debia ejecutarse la conven- 
don, no se habia dado aún disposición alguna: el ministerio 
trataba de ganar tiempo, y exigió que se ratificase la con- 
vención aprobada ya. M. Daño prescribió á los empleados 
de hacienda que comenzasen á ejercer sus funciones en Ye- 
racruz, y que estudiasen la acta de intervención de las adua- 
nas. El 20 de Noviembre se empeoró la situación por ha- 
berse negado los funcionarios mexicanos á permitir que se 
ctjecatasen los convenios estipulados. El agente francés, eit 



277 

-virtud de las órdenes enviadas de París, amenazó con em 
plear la fiíerza para obtener una satisfi^ccion. El empera 
dor, qn6 Bxqfo esto en Jab^^illa, envió al marigoal Basaini 
^ gigoiente despacho^ para que suspendiera semcijantei 
medidas. 

'^ Orizaba, 21 de Noviembre de 1866. 

El emperador ai mariseal Bazaine. 

^^De ninguna manera puedo consentir en los procedí 

mientes de M. X contra la administración de la adua 

na de Yeracruz, para los cuales se ba servido de vnestn 

nombre, y menos aún, cuando se trata de unos fimdos d< 

une ba dispuesto ya el ministro de Hacienda, oon mi auto 

rizadon, desde los meses de Setiembre y Octubre. Os par 

ticipo que M. X amenaza con emplear la fuerza pa 

ra arrojar á los empleados de la aduana. Espero que impe 

diréis esta ilegalidad." 

Maximiliano. ^ 

iSo es triste ver á un soberano quejándose de que S4 
proteste su propia palabnf Según los términos de la con 
vención, estábamos rígorosamente en nuestro derecbo, se 
gun la información que inmediatamente se levantó por ui 
inspector de bacienda. Pero, sin tener en cuenta la eviden 
te predisposición del ministerio, era generoso arrancar as 
al monarca s^s últimos reciu*sos, cuando nuestro gobierna 
mismo babia olvidado sus compromisos formalesf Termi 
nada la información, el mariscal dirigió á Maximiliano h 
respuesta de M. Maintcnant, que se apoyaba textualment 
en las disposiciones de la convención de 30 de Julio. 

^^MéxkOy 29 de Naviembrc de 1866. 

"Señor, 
^^engo el bonor de trasmitir á Y. M. una copia de 1 



278 

leepnesta qne me ha dado el inspector general de hacien- 
da en comisión, á las esplicaciones que me apresaré á pe- 
dirle. Ko me toca discutir los argumentos que hace valer 
M. de Mainten^mt. No puede ignorar Y. M^ que mis &- 
coltades en las cuestiones que conciemen esdusivamente al 
ramo de hacienda, son muy 'limitadas. Las instrucciones 
que dirigen á la comisión respectiva, emanan directamente 
del ministro de hacienda de Frauda. 

"Oon el mas profimdo respeto, Señor, etc. 

Bazaeíb." 

El mismo escándalo que se habia cometido en Yeracruz, 
provocaba en México medidas de violencia. El gobierno 
mexicano rehusaba entregar á los comerciantes do la capi- 
tal, las mercancías que llegaban á la aduana de México, 
aunque estos objetos de importación hubiesen pagado sus 
derechos en el puerto donde hablan desembarcado. Este 
estado de cosas causaba un gran perjuicio al comercio, so- 
bre todo, para la víspera del 1? de Enero de 1867. En ima 
conferencia que habían tenido el mariscal, el ministro de 
Francia, el general Oastelnau, y el inspector general M. 
de Maintenant, se decidió que de grado ó por fuerza, his 
mercancías detenidas se devohieran á los interesados. 
Apesar de la resistencia de Pereda, sub-secretario de rela- 
ciones esteriores, se llevó adelante la determinación, y se 
insertó un a\iso ofigial en la JEra Nueva^ para dar á saber 
á los comerciantes las disposiciones tomadas. Pereda for- 
mulo una protesta contra estos actos.* 



* Paesto que uucetro gobierno Be mostraba tao nguroso en loa últimos mo- 
metíüM, caaxuio la percepción de sumaa tAD pequeñas, mejoraba tan poco el estado 
de Dueetro tesoro y la suerte de nuestros nacionales, ¿por qué se habia permitido 
qiM M entregasen doce millones solo al suizo Jecker, naturalizado francés la vispe- 
laT 4Por qué se dejaban postei^gar los intereses de nuestros verdaderos oompatno- 
tM por CM crédito de origen tan dudo6of--(N. ñiA A.) 



279 



^^Méxko^ 6 de Enero de 1867. 

^^Señor niinistro: 

"He tenido el honor de recibir la note de V. E. fecha de 
ayer, en respuesta á la mia de 2 del presente, relativa á la 
publicación de un aviso de M. de Maintenant, insertado en 
la Era Nueta^ y con ella la copia de una nueva comunica- 
ción convenida entre Y. E. y los señores mariscal Bazaine, 
general Castelnau y el inspector general de hacienda, in- 
sistiendo en la entrega de las mercancías detenidas en la 
aduana de esta capital, apesar de las órdenes contrarias del 
gobierno, hasta el punto de asegurar que en dicha aduana 
se colocará un agente para asegurar la ejecución de lo que 
se ha convenido. 

"De todo he dado cuenta al emperador, y S. M. me or- 
dena que diga á V. E., como respuesta, que vé cou un pro- 
fundo descontento y con aflixion, la conducta obsen-ada en 
este negocio, por las autoridades francesas en México; aun 
cuando reanímente la convención de 30 de Julio estmiese 
en \igor legal, ya se tome en su texto ó en su espíritu, ella 
no autoriza para ejercer actos de jurisdicción en el imperio, 
ni para atacar la soberanía de su gobierno. 

"En consecuencia, S. M. ha dispuesto que i)roteste una 
vez mas, como protesto solemne y fomialmente en su nom- 
bre, contra los procedimientos tan iiTegularcs C(mio atenta- 
torios á los derechos de la nación y á la dignidad del sobe- 
rano, haciendo resi)onsables desde el presente á los repre- 
sentantes de la Fnuicia en México, ante la Francia misma, 
ante su gobierno y ante todas las naciones civilizadíis, del 
conflicto producido por tales procedimientos, y de todas sus 
consecuencias. 

"La nueva disposición de los representantes de la Fran- 
cia, lia puesto al gobierno imperial en la necesidad de ha- 



280 

cer una nneva pablicadoa en justa defensa de los derechos 
del imperio, en los términos que verá S. E. en la copia ad- 
junta. 

El sub-secretario de Estado, 
DE Pereda.'' 

El aviso al comerdo publicado oficialmente, decia asi: 

" Aviso al comercio, 

^'Estamos autorizados para hacer saber á los comercian- 
tes que tíenen mercancías en la aduana de esta capital, pro- 
cedentes de Yeracruz, y enviadas con documentos que no 
estén conformes á las leyes del imperio, que los represen- 
tantes de la Francia no tienen autoridad para colocar agen- 
tes en dicha aduana, á fin de favorecer la salida de dichas 
mercancías; porque aim suponiendo que esté en todo \igOT 
la convención de 30 de Julio, la acción de dichos repsesen- 
tantes quedarla limitada á las administiuciones de los puer- 
tos, sin estenderse jamás á las aduanas interiores; por otra 
parte, si dichas mercancías se estny'esen sin un arreglo pre- 
vio con la respectiva administración mexicana de rentas, los 
comerciantes quedarán sujetos á lo que haya lugar en dere- 
dio, conforme á las leyes fiscales vigentes.'' 

lío hay que admirarse, pues, si decimos que no mnaba 
en el campo de las autoridades fi-ancesas, una completa ar- 
monía; y si damos crédito á las indiscreciones calculadas é 
involuntarias que se cometieron después de las conferencias 
secretas habidas en el cuartel genei'al de Buenavista, no se 
puede dudar del desacuerdo que sobre ciertos puntos divi- 
dió á nuestros representantes, y cuyo eco resonaba hasta 
Washington. Se sabia en esta ciudad de la Union, tan bien 
informada por Romero, el ministro de Juárez, que la per- 
manencia prolongada de Maximiliano irritaba al ayudante 



281 

de campo imperial, lo mismo qae á M. Daño. Ann se ha- 
blaba de medidas enérgicas dictadas por las circunstancias. 
Entonces fué cuando esperimentó el mariscal cuan dificil y 
penosa era la tarea que había admitido llevar á cabo. Ha 
debido sentir amargamente mas de una vez, lo desafiamos 
á que nos desmienta, no haber exigido que lo llamaran de 
México. ¿Con qué ojos podía <x)ntemplar la dislocación dia- 
ria de una monarquía que recordaba haber tomado en su 
cuna, y que hacia tres años trataba de hacerla yi\irf 

Sin duda que no se podia en verdad forzar & Maximilia- 
no, que hábia declarado que no quería volver á Europa enr 
tre los furgones de nuestro ejército^ á tomar un partido que el 
gabinete en una hora de franqueza, habia intentado censu- 
rar él mismo: ^^ No es fácil á Maximiliano, se escribía con 
" fecha 21 de Diciembre de 1866, hacer una retirada que 
^^ no fuera una mancha en su carrera política, y seria de 
" desear que pudiese seguir otro camino. ¿Pero tendrá la 
" energía suficiente para emprender la cami)aüaT " Maxi- 
miliano habia usado de su pleno derecho i)ersonal arroján- 
dose á la lucha con su propio riesgo. Pero ohidaba que 
su ambición era culpable, porque continuaba la guerra ci- 
\il. Cuando entró al camino abierto por Eloin, debió en- 
trever en el horizonte un campo de batalla á donde podia 
encontrar esa muerte tan merecida que reserva la suerte á 
los conquistadores vencidos por las armas. 

Lo cierto es que repugnaba al mariscal precipitar con sus 
manas la caida de Maximiliano negociando con los gefes li- 
berales, negociaciones inoportunas puesto que iba á retirar- 
se el cuerpo espedicíonario, dejando detrás de sí al sobera- 
no que no queria abdicar. Ademas, la conducta militar y 
política de los representantes franceses debia aparecer con 
razón sospechosa, porque se inspiraba con las instrucciones 
de las Tullerias, siempre i-agas y mal definidas, que daban 
lugar á muchos compromisos. EHiera del cuartel general 



282 

CCMitínuabaa las intrigas con los disiden tes. En cuanto al 
mariscal, fiel á su papel y á su misión por escrito, hacia 
prevenir á los gefes liberales que, si es cierto que le estaba 
prohibido por su gobierno emprender nuevas esi>edicione8, 
tenia por el contrario la orden de recibirlos á cañonazos si 
86. aproximaban á las plazas ocupadas por nuestras tropas, 
á una distancia menor de dos jomadas de camino. Tal era 
el lenguaje que se empleaba con Porfirio Diaz, Euiz y Bi- 
va Palacio. 

Después de un maduro examen de todas las piezas con- 
tradictorias, guardamos la comiecion de que el gobierno 
fiancés habla esperado sin razón encontrar en el general en 
gefe un instrumento dócil para su política, pronto para adi- 
vinar simples de^os para asegurar él después el éxito. El 
honor militar corría el peligro de comprometei'se en üsísl 
vía equívoca aceptada por la diplomacia moderna. Xo hay 
duda en que la situación era muy falsa: pero el mariscal se 
salvó precisamente por su lealtad de soldado, poniéndose 
siempre á cubierto con sus instrucciones por escrito; y si 
queremos convencernos mas, basta cousultai* el despacho 
de Napoleón III comunicado por la vía americana A Méxi- 
co, y düigido al general Castelnau. El emi)erador no se 
comunicaba ya directamente con el mariscal desde que ha- 
bla llegado á México su ayudante de campo; y el genenil 
en gefe por su paite, intemimpió momentáneamente la re- 
misión de los iuformes que dirigía directamente á su sobe- 
rano. 

''ParLs, 10 de Enero de ISGT. 

" -E7 emperador al general Casteinan, 

** Kecibí el despacho del 7 de Diciembre. Xo obUgueis 
al empera4lor á que abdique; pero no retardéis la salida de 
las tropas. Embarcad á todos los que no quieran quediu*se. ^ 



283 

¿Qué aoonteoimiento había podido proYOcar ese telegra- 
ma tan esplídto? Evidentemente que fué la negativa del 
general en gefe de asociarse á las medidas violentas que se 
querían tomar contra el soberano^ á quien siempre habla 
tenido la misión oficial de defender. Es cierto que el gope- 
xal Oastelnau estaba investido de plenos poderes: pero este 
despacho prueba que no debía ser portador de instrucciones 
escritas que podían comprometer mucho á la política firan- 
cesa. Se debía contar primero con la complacencia del ma- 
riscal en el momento dado. Pero á la hora en que Maximi- 
liano se negaba á abdicar^ el general Gastelnau se vio obliga- 
do á tomar una actitud hostíl, como se habia'previsto tácita- 
mente en París: el ayudante de campo del emperador había 
tenido que estrellarse, no pudiendo guiarse sino por instruc- 
ciones verbales, luchando con la resistencia del cuartel gene- 
ral, resuelto á no dejar desnaturalizar su misión sin órdenes 
formales de su gobierno. De este conflicto debió resultar evi- 
dentemente que se pidiesen órdenes al palacio de las Tulle- 
rías. De allí resultó el despacho imperial de 10 de Enero: 
á última hora habia retrocedido el gobierno francés. Si el 
mariscal hubiese sido bastantemente palaciego para procu- 
rar estar bien informado de París, y hubiera sabido así cuál 
era la verdadera política en que hacia un año se iuspimba 
la corte de las Tullerías respecto a México, de cuyo nego- 
cio quería lavarse las manos á toda costa, habría sabido 
desde antes cuál era la conducta que debían imponerle los 
acontecimientos, y se habría retirado á tiempo. A dos mil 
leguas de distancia no podía adivinar qué viento soplaba en 
las altíis regiones de una corte tan variable como la de Fran- 
cia; en su interós estaba, pues, oríentarse como el piloto 
que interroga el horizonte para no dejarse soi prender por la 
tempei^tad. 



Desde bu vuelta á México comenzó á comprender Maxi- 
miliano las insuperables dificultades en qne se habia hmi- 
dido, impulsado j>ot el padre Fischer. La esperanza de 
superarlas se desvanecía de dia en dia. La repentina reti- 
rada de la legión extraiyera, babia desorganizado los con- 
tingentes auxiliares del ejército mexicano, en cuyas filas no 
querian continuar los voluntarios fí'anceses después de la 
partida de los europeos. El emperador de México, á quien 
no se puede reprochar una &lta de generosidad, habia re- 
suelto definitivamente no asociar á sus compatriotas á las 
eventualidades de su fortuna, y los habia relevado de sus 
compromisos. Este acto honra la memoria del soberano. 
El mariscal habia aguardado esta espontánea resolución de 
la corona para pedirle una decisión relativa á nuestros com- 
patriotas. Maximiliano contestó, él mismo esta vez, que 
les devohia su libertad absoluta: esta fué la última carta 
que dirigió al cuartel general francés. 

Racieíida de Ja Teja, 7 de Enero de 1867. 

^' Mi querido mariscal. 

" He recibido la carta en la que me preguntáis si no pon- 
dré obstáculo alguno á fin de que los militares de origen 



285 

francéB que sirven actualmente en Nuestro ejército, puedan 
Tolyer á su i>atria (los que lo desean al menos,) según las 
instrucciones de Tuestro gobierno. Me apresuro á hacero» 
saber que Nuestro ministro de la guerra ha recibido la ór* 
den de conceder á los militares de nacionalidad francesa, que 
estén al servicio de México, las mismas yent^jas que á lo& 
austríacos y á los belgas. 
^^ Recibid las protestas de la amistad de vuestro adicto, 

Maximiliano." 

Maximiliano, engañado respecto á la opinión pública en^ 
Francia, -y fiándose sin cesar en las antiguas promesas que 
había recibido de París, y que no olvidaba, conservó por * 
mucho tiempo una secreta esperanza de que la corte de las- 
Tullerias disminuiría sus rigores. Una carta particular de 
la misma emperatriz Eugenia, por cuyo carácter él conser- 
vaba una simpática admiración, no había contribuido poco < 
á mantener estas ilusiones eu el ánimo del jóveu empera- 
dor. Se complacía en decir que esta misiva, que había te- 
nido p<»* objeto curar la herida abierta por las medidas del 
gobierno ñimcés, lo liábia canfor todo miicho. Pero el últi- 
mo despacho de Compiégne le había traído una decepción 
siq)rema. A todas estas causas de desaUeuto víuo á agre- - 
garse la cuestión interior. 

El dero cumplía mal sus promesas de dai* auxilios: es • 
cierto que Míramon se preparaba á hacer la campaña del. 
Norte, pero los vacíos que la defección había hecho en las- 
filas del gércíto mexicano, no se llenaban, como tampoco^ 
los huecos del tesoro. El espectro de la bancarrota estaba 
allí amenazador. Cada dia ganaban mas terreno los rebel- 
des. Conforme evacuaba las capitales de los Estados el 
cuerpo espedícionario, la entrega de cada plaza á los gene- 
rales imperialistas se hada tan regularmente como en Eu- 
nqpa^ gradas á los cuidados de nuestros artilleros é ingenie- 



286 

im. La remigíon recular de los espedientes, debidamente 
filmados atestigua que ni una ciudad mexicana fué entxe- 
gada por los franceses á los disidentes, y que las taropas de 
Maximiliano quedaron en posesión de todas las plazas fuer- 
tes puestas en el mcgor estado de defensa. Lo derto es 
que algunos dias después, aun al dia siguiente muchas ve- 
oeS| los comisarios imperiales, por escrito, mandaban que se 
abandonaran sin quemar un solo cartucho. 

El programa trazado por M. Eloin habia tenido, pues, por 
resultado inmediato colocar á Maximiliano en un nuevo 
atolladero de donde su dignidad le hacia mas difícil la sali- 
da. ¿Cómo habia podido alucinarse el sobenwo por un f o- 
lo instante de que reuniria ün congreso? La insurrección 
siempre creciente no era una barrera infranqueable para los 
notables de las provincias lejanas, que nunca hubieran con- 
sentido en esponerse por caminos interrumpidos por el ene- 
migo, para venir á deliberar á México? Estos inmensos 
preparativos hechos en vano, no anunciaban que la apela- 
don al pueblo estaba condenada desde antes á la esterili- 
dad? Porque los ciudadanos que se levantaban en masa 
bsgo la bandera republicana, ya por convicción, ya por ne- 
cesidad política, espresaban claramente su voto. Pues qué 
los mexicanos tomanan las armas para elegir presidente de 
la Eepáblica á un archiduque austríaco de preferencia á un 
liberal, h\jo del país? Esta idea de un congreso era una 
desgraciada utopía que Maximiliano perseguía tenazmente, 
rodeado como estaba por las pasiones de sus partidarios. 
Esta qmimera condigo al príncipe á la capilla ardiente de 
Querétaro. 

La realidad se revelaba muy dará para que pudiera es- 
caparse á los ojos de Maximiliano. Bi^o la influencia de 
sus sombríos i)enBamientos, hizo llamar al mariscal á la ha- 
cienda de la Teja. Esta entrevista íntima picó la curiosi- 
dad de muchos personages, y entre otros, la de los cortesa- 



287 

nos. Se deseaba (K)d ansia adivinar el sentido de las pala- 
bras cambiadas entre el soberano y el general en gefe^ quien 
hada mucho tiempo que no habia Mielto á ver á Maximi- 
liano. Entre la gente de á caballo que recorría el' camino 
al rededor de la hacienda de la Teja^ y que empinados so- 
bre los estribos trataban de mirar el jardin imperial á través 
de las cercas de arbustos, era fácil reconocer grandes perso- 
nages. Grande fué su admiración mezclada de inquietud, 
al ver al emperador paseándose en la calle principal, apoya- 
do fiímiliannente en el brazo del mariscal. Esta actitud 
amistosa nada tenia de tranquilizadora para la influencia 
de los consejeros de la corona, cuyos esfuerzos todos tendían 
á aislar al monarca para dominarlo mejor. La conferencia 
fué larga, como lo atestigua una carta de Maximiliano al 
digno general Mejía: se habló primero de la salud de la em- 
peratriz Cíirlota, después, de la carapaua de Miramon y al 
fin de la visita en Puebla de Oasteluau y Daño, cuyo re- 
cuerdo habia conservado el emperador. Interrogado el 
mariscal acerca de la situación y del porvenir de la monar- 
quía, respondió que después de la retirada de la legión es- 
traiyera que quitaba toda probabilidad de hacer una buena 
retirada en caso de un desastre, solo habia peligros sin glo- 
ria que correr, vista la retirada de nuestros soldados. — "Des- 
de el dia en que los Estados-Unidos, agregó él, han opues- 
to altivamente su veto al sistema imperial, el trono era efi- 
mero, aun cuando Yuesa Majestad hubiese obtenido cien 
mil franceses. Aun suponiendo la neutralidad americana 
durante la permanencia de la intervención, siempre la mo- 
narquía no era viable. La combinación federal hubiera si- 
do el único sistema que se podía ensayar frente á la Union, 
la cual sin duda habría accedido si la Francia hubiera reco- 
nocido á tiempo al Sur. Mi opinión hoy es que S. M. se 
retire espontáneamente. " 
Al momento de separarse, Maximiliano contesta al ma- 



288 

riflcal: — ^^engp la mayor confianza gi tos, pocqoe sois mi 
verdadero amigo, j os saplíco qne aostais á unskjmHim que 
voy á convocar para el lunes 14 de Enero, en el palacio de 
México: yo estaré alli presente, y en ella repetiréis lo qne 
pensáis. Si la mayoría se adhiere á vuestra opinión, partiré. 
Si quieren que permanezca aquí, no hay mas que dedn me 
quedaré, porque no quiero asemcgarme al soldado que arro- 
ja su fusil para huir mas pronto del csanpo de batalla.'' 

Este idioma varonil era realmente digno de la raza de 
Hapsbourg; {mto revelaba mas bien el valor del soldado que 
el sentido previsor del político. Al dia siguiente el maris* 
cal recíbia la siguiente invitación qne le dirigía el presiden- 
te del consejo de ministros. 



MézícOy 11 de Enero de 1867. 

^^ Mariscal. 

"S. M. el emperador, deseando oír confidencial y amis- 
tosamente la opinión de V. £. y la de otras personas sobre 
un negocio de grave importancia, me ordena dirigirme á 
V. E., como tengo el honor de hacerlo, suplicándole que se 
digne asistir á la reunión que tendrá lugar en el palacio del 
gobierno el ¡Máximo lunes 14 del corriente, á las dos de la 
tarde. 

^^El presidente del Consejo de ministros, 

Lares." 

Maximiliano no sabia llevar hasta el fin lo que había re- 
suelto. Cuando el mariscal ll^ó al palacio de México, á la 
hora de la cita, filé recibido por una asamblea de cuarenta 
personas. Pero le participaron que el emperador había de- 
cidido no asistir á la reunión. Sin duda alguna sus conse- 
jeros, asustados por la decisión que la declaración pública 



289 

del general en gefc, qne ya se adivinaba, podia arrancar á 
la corona, se habian opuesto á que el soberano estuviese 
presente á la junta. El mariscal, admirado, estuvo á pun- 
to de retirarse á su vez; pero reflexionó que era mas conve- 
niente espresar francamente su manera de juzgar la situa- 
ción, en aquellos momentos, sobre todo, en que el pabellón 
francés iba á retirarse de México. 

Declaración dd mariscal Bazaine d la junta. 

"México, 14 de Enero de 1867. 

"La evacuación de las guarniciones imperiales mexi- 
canas, sin timr un tiro, de las principales plazas fuertes y 
suficientemente armada8,^al amagarlas enemigos mas dóbi-^ 
les que estas mismas guarniciones, ha dejado ver la poca 
confianza que dcl)e inspirar la protección militar que el im- 
perio puede prometer á las poblaciones. A esta fecha es- 
tas últimas se han promuiciado ya. Oiula Estado ha re- 
cobrado su rango en la federación. Las elecciones, hechas 
según las bases de la Constitución de 1857, han revalidado 
á la mayor paite de las autoridades federales establecidas 
de hecho desde la retír.ula de los empleados imperiales. Tam- 
bién el sistema fcdeml se ha restablecido en la mayor parte 
del teiTitorio. 

"íQué se ganaría en hacer esfuerzos militiires y gi'andes 
gastos para volver á conquistar el territorio ]>erdido? Nada! 

" Con la esiKíriencia de estos dos últimos años las pobla- 
ciones tienen poca disposición por sostener el imperio; y es- 
tando solo iHKlni sostcnci-se enviando columnas al interior 
del pais, las cuales, recibiendo poco á poco esta influencia 
se pronunciar«4n, ademas de qne tienen que debilitarse por 
las guarniciones que habría (pie dejar en los grandes centros? 
El enemigo, como vemos que sucede hoy, las cercaría, las 
tendría bloqueadas y les cortaría toda relación con el go- 

89 



290 

biemo central. Como consecuencia inmediata, la paraliza- 
ción completa del comercio y de los ti^abajos agrícolas é in- 
dustilales, produciría un descontento profundo en los pue- 
blos, y una fiílta absoluta» de recursos para mantener á las 
tropas en su deber. 

"La organización federal parece que debe colocar al país 
al abrigo de toda tentativa de hostilidad de parte de los Es- 
tados-Unidos, y esta última consideración ejerce una giban- 
do influencia en el espíritu de las poblaciones, que, con ra- 
zón, temen que cualquiera otra forma de gobierno lance á 
los vecinos á presentarse como conquistadores. 

"19 Bajo el punto de vista militar, yo no creo que las 
fuerzas imperiales puedan mantener al país en un estado de 
pacificación tal que el gobierno del emperador pueda ejer- 
cerse en toda su plenitud. Las operaciones militares serán 
combates aisLidos, sin resultados definitivos, que manten- 
drán la guen^a civil por las medidas arbitrarias que traerán 
consigo estas operaciones forzosamente; y como consecuen- 
cia infidible vendrian la desmoralización y la ruina del país. 

"29 Bajo el punto de vista haoendario, no pudiendo ad- 
ministrarse el país regularmente, no producirá los medios 
necesarios para mantener al gobierno unitario imperial, y los 
agentes de este se verán obligados á imponer fuertes contri- 
buitíones, aumentando así el descontento de las poblaciones. 

"39 Bajo el punto de \ísta político, la opinión de la ma- 
yoría de la nación parece ser desde hoy mas republicana fe- 
deral que imperialista; es permitido dudar que una apelación 
á la nación sea favorable al sistema actual, y acaso ni aun 
obedecería á la convocatoria que se le dirijiera. 

"En resumen, me parece imposible que S. M. pueda con- 
tinuar gobernando el país en condiciones normales y hono- 
rables para su soberanía, sin descender al rango de un gefe 
de partidarios, y es preferible para su gloria y para su sal- 
vaguardia que S. M. devuelva el poder á la nación*'' 



I 



291 

Esta leal ilodar.iciou debía llegar á las giadas del trono. 
Inmediatamente enrió el mariscal una copia al emperador. 

^Tor GondiKsto del sefior presidente del consejo de minis- 
troBy Y. M. me lia Invitado á eaponerle mi opinión^ acerca 
*de la situación, de mía manera franca y amistosa. 

**Tengo el honor de dirigir á V. M. la esposicion que he 
leido en la reunión de hoy, y que es la espresion sincera de 
mi manera de ver. 

"Con el mas profundo respeto, señor, etc. 

Bazainb.'' 

Después de haber oido al general en gefe y á otros mu- 
chos oradores, ¡apunto procedió al escrutinio. El arzobispo 
de México declaró que su ministerio no le permitía emitir 
su juicio. Durante tres años, sin embargo, monseñor La- 
bastída habia dado al clero la señal de las mas violentas re- 
voluciones. Por unanimidad, menos cinco votos, se de- 
cidió que la monarquía Jebia luchar: la suerte estaba echa- 
da. Este voto, que censaba la puerta á todas las oombina- 
eiones de una restauración repubUcaua i*ealizada por los 
franceses, y que quitaba ÜTcmisiblemeute la garantía de 
los créditos y empréstitos que se hubiera podido estipular 
con un nuevo presidente de la Eepública, hacia completo el 
jaque de la misión Castelnau y de las tentativas ensayadas 
por nuestra diplomacia cerca de los gefes disidentes. La 
junta declaró ademas, "que toda convoc;itoria era inútil, 
apesar del deseo formal del emperador de reimir un congre- 
so nacional.^ Los ministros de la Guerra y de Hacienda 
declararon tener, uno 250,000 pesos en caja, y el segundo 
11.000,000 de pesos, de los cuales 8 millones estaban á sa 
inmediata disposición. 



xxn. 



La ocupaciou firance^a tocaba á c»u término. Después 
del último despacho del emperador Napoleón, que prescri- 
bía se dejase á Maximiliano toda su libertad de acción, no 
quedaba mas que una tarea al general en gefe, volver á la 
patria los veintiocho mil hombres del cuerpo espediciona- 
rio. El honor francés exigía ademas, que todas las plazas 
que conservábamos aún, se entalegasen á Maximiliano en 
buen estado de defensa, con promiones suficientes para las 
guarmcíones encargadas de ocuparlas. Un justo sentimien- 
to de delicadeza exigía también á nuestro gobierno que be- 
neficiase á su desgraciado aliado con todos los recursos en- 
viados de Europa para el cuerpo espedicionario, y que esta- 
ban almacenados por nuestra intendencia en México y en 
Veracruz. 

Todas estas cuestiones se habían previsto en Paiis. Es 
preciso reconocer que no se habían resuelto bajo ima ins- 
piración generosa á favor de Maximiliano; pero es justo 
decir que en aquella época el gabinete de las Tullerías na 
preveía las resistencias del joven emperadon pero hubiera 
podido, por lo menos, modificar sus primeras órdenes. Ood 
fecha 15 de Setiembre de 1866 se había prevenido al cuar- 



f-.i 



f 



293 

tel general " que no llevase á Francia sino los pocos caba- 
llos cuyo valor se calculase superior al precio tan conside- 
rable del flete. Todos los demás anímales debían vender- 
se, 710 importaba d predoj ya en México, ya en la Habana. 
Se recomendaba que los mejores se vendiesen en nuestras 
eolonias de la Martinica y la Guadalupe. No debéis, se 
agregaba en la ónlen al cuartel general, dejar en México 
vuestro material de artillería. " 

La orden concerniente á los cañones em justa y nece«a- 
lía, porque marcados con las anuas de la Francia son ver- 
daderas banderas que no se dejan en el estraiyero sino ven- 
didas muy caro. En cuanto á los animales, entre los cuales 
había, sin hablar de los viejos servidores de Orímea, de Argel 
é Italia, se contaban fiítigados por las campañas ó agotados 
por la edad, exelentes caballos árabes ó indígenas, que hu- 
biera sido conveniente cederlos al emperadon porque de 
oüu suerte se esponia á que con ellos engruesaran los es- 
cuadrones de la caballería lil)onil, con lo cual tendría esta 
una superíoiidad rciil, de la que nosotros mismos nos había- 
mos aprovechado frecuentemente en todos los encuentros, 
alcanzando al enemigo á fuerza de velocidad. Se sabía en 
París que el tesoro de la nionarciuía estaba pobre, y la ofer- 
ta que se le hizo de venderle los caballos al contado, debió 
rechazai'se como ilusoria. 

¡Qué debía, pues, suceder! Obligados nuestros regimien- 
tos á descender con sus monturas á Veracruz, y nuestras 
baterías llevadas por nuilas hasta el camino de fierro de la 
Soledad, iban forzosamente á dejar en la tieira-caliente una 
gran cantidad de animales que sería preciso vender á un 
precio muy luyo. La comisión de remontas imprimió y pu- 
blicó alisos i)artieipando que conforme fuemn pasando las 
diversas colunmas de Paso del Macho, principio del cami- 
no de fierro, y i>equeño pueblo que se encuentra entre la- 
Soledad y el Ohiquihuite, tendrían lugar ventas piiblícas j 



294 

sucesivas de caballos. También los prefectos mexicaDO& 
recibieron del cuartel general una circular que convocaba á 
las adjudicaciones á todos los habitantes de Orizaba, Cór- 
doba, Paso del Macho y Veracruz. 



"Señor prefecto. 

"Tengo el honor de suplicaros que hagáis saber á los pro- 
pietarios, lo mismo que á las poblaciones de vuestro depar- 
tamento, con la mayor publicidad posible, que el ejércíto^ 
fi:ancés, al momento de partir, vá á vender en Orizaba, 
Córdoba, etc., un número considerable de caballos, muías 
y guarniciones. 

"Los sub-intendentes militares podrán, si es necesario, 
dar en los lugares respectivos los datos mas completos sobre 
la naturaleza y cantidad de los objetos que hay que vender. 

"Al suplicaros que deis publicidad á los a\isos de estas^ 
ventas, no quiero imponer á las municipalidades gastos fue- 
ra de sus presupuestos. Haré, pues, que se les ministre lo 
que se necesita pai*a que se fijen y pregonen los avisos cu- 
yo número juzguéis sea necesario. 

Bazaike." 

Pero como los mexicanos sabian desde antes que era for- 
zoso que esos caballos se quedasen en el país, se apresura- 
ban poco á comprar caro, cuando sabian que por una onza 
de oro podian obtener caballos árabes. 

Los embarques hablan comenzado. Aquellos de nuestros 
regimientos que entraban por la mañana en la tierra calien- 
te, en la misma noche estaban ya replegados en el pueilo. 
Esta delicada operación de llevaí* á bordo un cuerpo de ejér- 
cito y un abundante material en la bahía de Veracruz, 
adonde siempre hay que temer en aquella época los \iento8 
del norte y los ataques de vómito, exigían imperiosamente 



295 

qae la coucentraeion de Jos navios en el puerto, se hiciese 
á la mayor brevedad posible. Las tropas no hicieron sino 
pasar de Córdoba al mar. Los hacendados y las guerrillas^ 
cuyo traje no revelaba el carácter,* espiaban la llegada de 
los destacamentos; los primeros para cnizar sus manadas 
con raza árabe, llevaron las posturas en los remates á cier- 
to precio que nunca pasó de cien francos; y los otros se iban 
orgnllosamente montados en nuestras cabalgaduras enjae- 
zadas y compradas á un precio vil; nuestros soldados sen- 
tían humedecerse sus ojos al oir los últimos relinchos de 
las pobres bestias. Hubieran sentido menos esta separación 
tan triste, si hubieran sabido que sus fieles corceles volvian 
á morir bí\jo la bandera de Maximiliano, por quien habian 
combatido durante cinco años. La política para nada en- 
traba en estos sentimientos; solo hablaba la simpatía hacia 
el príncipe abandonado. Mas bien que asistir á este espec- 
táculo desolador que se asemejaba á una den-ota, nuestros 
soldados habrían reembolsado con mucho gusto á nuestro 
tesoix), y en provecho de Maximiliano, las pequeñas sumas 
que podia producirle esta lamentable operación, ordenada 
por nuestro gobierno. 

Mejor era la inspiración que se habia tenido en París, 
cuando se habia pensado en nuestras pobres colonias de la 
Martinica y la Guadalupe, tan desheredadas hoy por la 
madre patria, -(lue languidecen apesar del bello sol de los 
trópicos, y que imra vivir piden ser nisas ó inglesas. El al- 
mirante La Konciére la Noury, hizo trasportar á nuestras 
posesiones de las Antillas, cuatrocientos de los mejores ca- 
ballos del cuerpo espedicionario. Estos al menos, fueron á 
morir al suelo de la patria. 

Sin embargo, estas ventas publicas, hechas á toda luz, 



* Xo ee cierto que se haya concedido á Icm libcralefl poRaporte alguno pai*a venir 
á comprar oiümales. — (N. del A.) 



296 

aprovccbaroii tau poco á los disidentes, qae provocaron in- 
mediatamente una proclama de Porfirio Diaz, que se Qjó 
públicamente en todas las ciudades adonde el ejército fían- 
ees babia dejado tras de si una parte de lo que le babia 
pertenecido. Los juaristas lucieron cáteos, apoderándose de 
todos los objetos que, con razón, debian considerar como 
contrabandos de guerra, importados en provecbo de un par- 
tido rebelde á la autoridad legal. 



^^Bepiíhlica Mexicana^ cuartel general de la línea de Oriente. 

"Habiendo tenido noticia este cuartel general de que al 
retirarse el ejército invasor, ba puesto en venta una gran 
parte de su convoy que no ba podido embarcar, bará vd . 
saber al público, que todos los bagajes, trasportes, material 
de guerra, animales, etc., que pertenezcan ó liayan perte- 
necido á dicbo ejército, serán ocupados por las autoridades 
constitucionales, ya sea su actual poseedor mexicano ó es- 
traujero, porque la nación no reconoce ni reconocerá su 
compra, ni su venta, y menos aún, cualquiera otra especie 
de contrato sobre dicbos objetos que son contrabandos de 
guerra, y que por este motivo pertenecen á la Eepública. 

"Independencia y E^forma. Acatlán, 14 de Febrero 
de 1867. 

Porfirio Díaz.'' 

Es necesario reconocer que basta la última hora de la 
ocupación agotaron las autoridades francesas el tesoro me- 
xicano, que cada día empobrecía mas y mas: esto era mar- 
char en un camino que era poco digno de la Francia, pero 
M. Daño se veía obligado á obedecer las instrucciones de 
nuestro ministro de negocios estranjeros, como resalta de 
los documentos que se van á leer. 



297 



^^MéxieOj 21 d^ Enero de 1867. 

"Señor mariscal. 

*'La resistencia opuesta por el gobierno del empei^or 
Maximiliano á la convención de 30 de Julio, siendo hoy 
mías fuerte que nmica, y debiendo producir esto nuevas di- 
ficultades, tengo el honor de aiy untar á V. E. la copia de 
las últimas instrucciones que se me han dado con motivo 
de este negocio por el ministerio de negocios esteriores del 
emperador. 

El ministro del emperador,* 
Daxo." 



"Parf.s, 15 de Diciembre de 186ü. 

"Señor: 

"Por vuestra carta de 9 de Noviembre, que lleva el nú- 
mero 99, me habéis hecho saber que sin deteneros en las 
objeciones que os ha hecho M. de Pereda, habéis procedido 
á ejecutar la convención relativa á las consigna<Mones desde 
el I? de Noviembre, y me en\iai8 al mismo tiempo el espe- 
diente de liquidación de las cuentas de la aduana de Vera- 
cniz, que se practicó por nuestros agentes desde que co- 
menzaron á funcionar. 

"Con razón habéis contestado al señor sub-secretario de 
relaciones de México, que fimdándose en las estipulaciones 
precisas del artículo 79 de la acta de 30 de JuUo, no se nece- 
sitaba formaUdad algima i)ara causar ejecutoria. ÍTo pue- 
do menos sino aprobar vuestros actos plenamente, y esti- 



* Sorprende ver que M. Daño « intitule miniatro del emperador, y no de la 
FVaDoia, á la que represeutaba aute todo. — (N. del A.) 

40 



El a(AS()rés de MocainrE." 

Se halú ecsnetído oca faha de preTÍsúMi raocdo por re- 
eobrar algunos Dulloiies en íavor de onestroé csckKzaks. se 
habian bniulido mas de 600 müIcKi^s en el abismo mesiea- 
Do. Pero á la última hora, halña poca generosidad al ar- 
rancar á 3Iaxini3tatio sos óltúcos recarsos fioasderoe.. 

Ann fjnedatja pto- n;;solver ana gran eneetioo tqjo el pun- 
to de mta militar. Xaestro ejército do podía retirarse de- 
jando tras de rí á los prisioneros franceses en ptjder del 
enemigo. El aiarte! ceucral, por el conducto odcíal de su 
galtinet*; militar, tuvo rjue entrar en pláticas en mncltos 
puntíM del tí;rritorio, am los gf;fes li1>erales, para obtener y 
j f;oncluir \m canjea de naeiftroá compatriotas por mexica- 
nos disidentes. El minLstro de la guerra, Mnrphy. á nom- 
bre de 3[axímiliano mismo, había saplicado al general en 
gefe, (jiie trataíte )a libertad de los imperialistas <]ne habían 
caído en poder de !(« jiiaristas. El encargado de negocios 
aiuftiiaco, había recmiido también á la solicitud francesa 
para librar á los Holdados de \a legión austro-belga, que 
hablan capitulado en lo» combates de Miahuatlan, la Car- 
bonera y Oaxaca. En su carta, el barón de Lago suplicaba 
al general en gefe, que interviniese directamente, lo que 
nunca había hecho, en latt negociaciones cou los principales 
gcfes de Juárez. 

".Vfxico, 29 de Enero de 1867. 

"Señor marifical; 
"Habiendo cesado de ser sokiados mexicanos los ¡udivi- 
duo8 del cneipo de voluntarioit. austríacos, por la disolndon 



299 

de este, me tomo la libertad de dirigirme á la benévola so- 
licitud de y. E.y suplicándole que se digne emplear toda su 
influencia y todos sus esñierzos, con objeto de obtener tan 
pronto como sea posible, que sean puestos en libertad los 
antiguos Yoluntarios austríacos que se encuentran en poder 
de los disidentes, sobre todo en Oaxaca. Suplicaré al mis- 
mo tiempo á V. JE.y que no deje por un instante de empren- 
der tan noble tarea por las objeciones y observaciones que 
puedan hacerse contra la intervención directa de V. JE.y en 
él negocio arriba mencionado. 

El encargado de negocios de Austria, 
Bakon de Lago.^ 

Esta última frase revelaba sobre todo el crédito de que 
gozaba en la corte de México el encargado de negocios de 
Austria, cuando por el contrario, el ministro de Pnisia ejer- 
cía allí una verdadera influencia, hasta la muerte de Maxi- 
miliano. 

Además, los generales de la Eepública hablan compren- 
dido perfectamente que era contra el interés de su propia 
causa retardar la evacuación de las tropas fi-ancesas por de- 
mostraciones amenazadoras, 6 por un solo tiro de ftisil. Al 
punto se manifestaron enteramente dispuestos á entregar 
los prisioneros, á quienes casi todos habian tratadlo con 
lealtad y humanidad, en virtud <le órdenes emanadas de 
Juárez, y que habrian hecho honor á un ejército euroi>eo. 

En Pachuca, Joaquiñ Martínez nos ofrecía entrar en re- 
laciones con este objeto. En el Norte, Escobedo nos en- 
tregaba á los austríacos capturados á la orilla del Eio Bra- 
vo; por el lado de Oaxaca, el secretario particular de Poi'fi- 
rio Diaz, llamado Thiele, se había presentado á nuestras 
avanzadas en Tehuacan, en el mes de Noviembre de 1866. 
Este personaje, de origen francés, primero habia sido agre- 
gado á la brigada dé seguridad enviada de Paris por M. 



300 

Hyrvoix, inqiecbv geneial de pedida, para resguardo de k» 
soberaDos de México: mas tarde, después de haberse sepa- 
nulo del senicio de Maximiliano, filé á Oaxaca como agen- 
te de colonizacioD. De allí, se había pasado al enemigo 
para huir de las persecaciones de nn alto fundonaiio mexi- 
cano. Ofreció sns servicios á Poifirio Díaz, de quien traía 
en Noviembre una respuesta á una nota del general Ay- 
mard. Esta nota francesa, que abria las negodacione^ con 
los líbemles, había tenido por objeto reclamar áaqudlos de 
nuestros conipatriota.s sorprendidos en Oaiaca después de 
lii uiuerte del comand:mte Testard. Setenta prisioneros, 
entie los cuales había diez y nueve oficiales de Cazadoresj 
contábamos en poder de Porfirio, quita nos los envió el 22 
de Panero, sanos y salvos, á la hacienda de Buena-Vista. 
Algún tiempo antes el joven emperador, esi)erando sin ra- 
zón atraer al partido del trono al general Porfirio, amigo 
adicto y compatriota de Juárez, habia hecho llamar secre- 
tauient<í á México al secretario Thiele, por conducto del 
cuaitel general, y le habia encargado para el gefe enemigo 
una misión confidencial que fracasó. Por otra parte tam- 
poco habia sido Maximiüano muy feliz con el general Orte- 
ga, eon íiuien habia anudado también relaciones confiden- 
ciales; de suerte que Ortega recibía á la vez proposiciones 
de los franceses y de los imperialistas. Un aviso emanado 
del gabinete militar de Maximiliano, se habia düigido tam- 
bién lí las autoridades que había friera de la influencia fran- 
cesa para hacer resiKitar los pasos que diera el negociador, 

" Palacio de México^ 20 de Marzo de 1866. 

" General. 
" El licenciado D. Miguel- Rucias, encargado de arreglar 
los negocios de Ortega, hace viages entre México y Zaca- 
..fecafi. 



301 

" El gobierno del emperador está prevenido de estos via- 
ges y tiene motivos para autorizarlos. Os suplico que os 
mrvais dar parte de esto muy confidencialmente al coman- 
dante superior de Zacatecas, á fin de que los pasos de este 
individuo que podrian parecerle sospechosos, no sean mo- 
tivo para que se aprehenda. En los mismos téimínos se ha 
dirigido una comunicación confidencial al prefecto político 
de Zacatecas. " 

Se cruzaban todas estas intrigas deg'ando una impresión 
muy dolorosa. Se comprende muy bien que el desgi-aeiado 
príncipe tratara de aumentar el número de sus partidario», 
y sobre todo que quisiera reclutar sus generales en el cam- 
po enemigo; esto era de buena ley. Pero estos pasos diwlos 
en vago é igualmente comprometedores, no podian traer una 
sinceridad perfecta, una confesión legitima de las faltas co- 
metidas, la reparación del pasado por una retractación co- 
mún; en fin, una franqueza recíproca entre las dos cortes dv, 
Paris y IVIéxico. ¿Podia resignarse á ser general tan solo Or- 
tega, que aspiraba al sillón presidencial alenta<lo por mies- 
tra política, que en su odio hacia Juárez ohidaba niu\ 
pronto que el antiguo general en gefe de Puebla había liii- 
tado á su palabra, escapándose de nuestras manos, y (luc 
nos hacia una guerra sin cuaitelf ¿Qué habia resulta<1o! 
Una doble afi*enta. Este competidor opuesto á Juárez Ini- 
cia sombra á los americanos. Los yankees simplenieulL' 
aprehendieron en Brazos á Ortega, quien esi)era hasta hoj- 
la clemencia del presidente de la liepúbüca, reelecto á esta 
hora por su país agitulecido, y con una inmensa mayoría. 
jEs esta la señal de la resiureccion del patriotism<:) niexi- 
canof 



xxin. 



La delicada operación de los canges con el general Por- 
firio Diaz, qne liabia durado mas de dos meses, se desenla- 
zó por la carta siguiente dirigida al gefe del gabinete militar 
del cuartel general, encargado de tratar todas estas cuestio- 
nes. 

" Oaxacay 12 de Enero de 1867. 

" Coronel. 

" M. Thiele me entregó la carta que me dirigisteis. Aprae- 
bo la convención propuesta para el cambio de los prisione- 
ros^ y hoy mismo se ponen estos en marcha para la ciudad 
de Tehuacan. 

" El coronel Miliena, gefe de mi estado mayor, y M. Thie- 
le, mi secretario, han sido designados para arreglar y termi- 
nar oficialmente el cange. Tienen plenos poderes para ven- 
cer las dificultades que se presenten hasta el fin de las ne- 
gociaciones. 

^^n cuanto á los soldados fi:anceses hechos prisioneros en 
Barranca Seca, quedarán á vuestra disposición. Ignoro á 
dónde se encuentran, y no puedo asegurar el dia ^o en que 



í 



303 

podrán ser devueltos; pero puedo iiíirniiiros que se han to- 
mado todas las medidas necesarias para llegar á un resul- 
tado próximo. Los soldados mexicanos que están prisio- 
neros en vuestras manos debei'án entregarse en Tlacotalpan 
al general Ba&el Benayides^ comandante militar de esa 
línea. 
" Recibid, etc. 

Porfirio Díaz. " 

En Micboacan, Vicente Eiva Palacio llevaba su lealtad 
hasta bacer que se respetase en toda la estension de su 
mando, á los pequeños destacamentos de soldados franceses 
heridos ó convalescientes que volvían á México desde las 
costas del Pacífico, y cuidaba de que no los inquietasen las 
guerrillas mdisciplinadas. 

^^ Ejército republicano del centro. 

" Al coronel, gefe del gabinete: 

" Recibí vuestra carta, fecha 14 de Enero, con los pliegos 
del servicio que inmediatamente trasmití á los oficiales 
franceses. Podéis asegurar en mi nombre al mariscal, que 
sus compatriotas que deben cruzar por el camino de More- 
lia á México, serán enteramente respetados en sus perso- 
nas y en sus intereses, en toda la línea de mi mando, y ya 
doy órdenes para prevenir cualquier contratiempo. 

" Patria. — Cuartel general en Tenancingo, 19 de Enero 
de 1867. 

Vicente Biva Palacio. 

Por otra paite, la actitud de estos gefes liberales, era 
un brillante y último homensge tributado á la humanidad 
del gefe francés que durante esa atroz campaña había sabi- 
do distinguir siempre á los soldados de los bandidos. Ape- 



304 

Bar de una guerra en virtud de la cual nos tenían poca sim- 
patía, habian tenido confianza en la bandera francesa, y 
nunca habian temido ser los primeros en pedirle protección 
contra los excesos de sus mismos compatriotas. 

^'Ejército repvhlicano ñsl Centro. 

El Salitre, 30 de Diciembre de 1866, 

"Mariscal: 

"Al momento de marchar con mis fuerzas sobre la ciu- 
dad de Toluca, con la convicción de que la plaza no podría 
resistirme, y deseando e\4tar á la ciudad las tristes conse- 
cuencias de un asalto, envié al coronel Jesús Lalanne como 
parlamentario para que procurara una eutre^ista con los 
gefes mexicanos de la plaza, proponiéndoles condiciones 
honrosas. 

*TVIi enviado ha sido hecho prisionero en el camino, y lle- 
vado á México. Esta es una \iolacion de los usos de la 
guerra, que no tiene, sin duda^ mas causa que el exceso de 
celo de los que la cometieron. 

"Como siempre he conocido vuestros sentimientos de ca- 
ballerosidad, cuento con ellos para reparar el mal. 

Vicente Eiva P^vlacio.'' 

Esta carta demuestra que los juaristas sabian desde an- 
tes que podian i>edir justicia al gefe firancés contra las vio- 
lencias de las leyes de la guen'a. Pero si nuestro cuartel 
general estaba pronto á obseivar el derecho de gentes, nun- 
ca perdía la ocasión de hacer respetar los derechos de la 
corona confiados á su salvaguardia. Fiel á su línea de con- 
ducta, habia opuesto siempre á Las demostraciones juaris- 
tas, un lenguaje cuya energía habia hecho impresión en el 
campo republicano. 



305 

México^ 3 de Enero de 1867. 
Al seiUyr general Riva Palacio. 

"S. E. el marisca], general en gefe del cuerpo espedicio- 
nario fiuneés, me encarga tenga el honor de contestar á 
vuestra carta, fechada en Tenancingo el 30 de Diciembre 
pasado. 

^^Las ocupaciones de S. E. no le permiten contestaros 
personalmente. Habréis visto ya que el teniente coronel D. 
Jesús Lalanne ha sido puesto en libertad por instancias del 
mariscal, quien lo envia á que se os presente. 

"Permitidme agregar, señor general, que sin dificultad 
comprendereis que, en las circunstancias actuales, no pue- 
den ser indiferentes al gefe del ejército francés, los movi- 
mientos que se ejecuten por el lado de Toluca, á veinte le- 
guas del valle de México. 

*^o me toca aconsejaros tal ó tal manera de obrar; pero 
me importa mucho que ninguna mala interpretación pueda 
tiaceros suponer que S. E. permanecerá impasible cuando 
vuestras tropas tomen la ofensiva y se aproximen á nues- 
tras líneas mas de lo que con\iene soportar al ejército 
fi'ancés. 

"Dignaos apreciar la situación bajo su verdadero punto 
de vista, y comprendereis que seréis responsíible de las me- 
didas que crea deber tomar el mariscal, para mantener, du- 
rante su permanencia en México, á los cuerpos de ejército 
republicano, a cierta distancia de la capital y de los puntos 
estratégicos que crea deber ocupar. 

El cokoxel de Est.vdo Mayor." 

Por otro lado, el coronel Miliena, gefe de Estado Mayor 
de! general Porfirio Diaz, anunciaba él mismo que volvían 

41 



30S 

á comenzar las hostilidades, al comandante firaocéB que ocn- 
paba la ciudad de Tehoacan. 

Ejébcito Bepubucaxo. — Estado Mayob gexrral. 

Goxcatían, 8 de Febrero de 1867. 
"Al comandante de las fuerzas francesas en Tehuacan. 

" Habiendo tenninado las operaciones relativas al cange 
de los prísionerosy voy á retirarme á Teotitiam desde el dia 
12 del presente mes de Febrero, en virtud de las instruccio- 
nes del general Porfirio Diaz, las tropas liberales que, por 
no inteiTumpir las operaciones del cange, habian recibido 
orden de no pasar de ciertos puntos, volverán á tomar su 
libertad de acción maniobrando contra vuestras fuerzas. 

El coronel, gefe de Estodo Mayor, 
Pérez Miliexa-'' 

Las autoridades imperialistas descononocian sin cesar el 
dereciio de gentes: esto em autorizar las represalias de parte 
de los republicanos, y á nuestro cuartel general incumbía 
intervenir entre ambos partidos. 



Apanij 27 de Enero de 1867. 

" Al cuartel general francés. 

" El joven Antonio Méndez ha sido aprehendido en la 
capital de una manera arbitraria. Sirve á mis órdenes. 
Habiendo muerto su padre, le he permitido que se separe 
de mí para arreglar sus negocios. Estando, pues, separado 
de las ñierzas republicanas, su prisión es tan iigusta como 
indigna. 



307 

^^o permitiréis que, bajo el nombre franoés, se cometan 
j^mcjantes abusos contra él derecho. He permitido á Men- 
•dez que volviese á México^ porque iba allá bsyo el pabellón 
lie la Francia. Si hubiera sabido que se debia encontrar 
allí al partido clerical, no le hubiera permitido que se ale- 
jase de mi. 

'^Becibid, etc. 

Flokbntiko Mebcabo." 

Gomo se vé, los generales republicanos no pronunciaban 
^siquiera el nombre de Maximiliano. Sus recriminaciones se 
dirigian solamente al partido clerical, al primer autor de la 
invasión estraivjera, y de todos sus males. Era porque no 
Ignoraban que los sentimientos de venganza y crueldad de 
ciei-tos impenalistas (Márquez ha dado pruebas muy tris- 
tes de ello duraute el sitio de México) habiau fomentado 
secretamente en el ánimo de Maximiliano la concepción del 
■decreto de 3 de Octubre, decreto que preveian los conser- 
vadores ciue debia servir un dia paní odios particulai-es, 
acumulados desde la guemi de independencia, y sobreexi- 
tados por la caida de Miramon, derrocado en 1860 por los 
liberales. Pero, no tememos repetirlo, si este decreto ha si- 
úo mas tarde una arma terrible en manos de los imperialis- 
tas, es insultíir la verdad querer hacer el único responsable 
á un príncipe lleno de ima clemencia que frecuentemente le 
filé funesta, y que no vaciló el gefe fi-ancés reprocharle mu- 
«has veces. De^le el momento en que se lanzó ese decre- 
to, era la intención del soberano que no alcanzase sino á 
esos falsos generales que á la cabeza de algunos bandidos 
asolaban al país, lo mismo bajo la bandera repubUcana que 
tl%}o la bandera monárquica. En Francia se han compade- 
ddo de la suerte del famoso Homero, fusilado justamente 
en víitud de la sentencia de una corte marcial. Hé aquí lo 



306 

que Juárez escribía desde Sao Luis á so general Pocfirio ' 
Díaz, desde el dia 2 de Agosto de 1863: 

^AJ ffemermi Pnjírw Dimz. 

^cfr el lado de Arrojozareo y Tepc¡ji, los gnemBeroe 
Fragoso, Bmneio y im cierto padre DcMimigiiez, cameteo 
esoesos escandalosos y estorcíonan á los pueblos. Est»- 
malhecbores cada dia nos desacreditan mas, y es faerza es- 
terminarlos. En coosecneneia^ dé vd. las órdenes neoess^ 
lias, porque no conviene qne estas gentes nos bagan per- 
der las simpatías de esas poUadanes. 

BByiTO JUABBZ.'' 

El presidente republicano no se habia mostrado, pues, 
menos severo que el emperador Maximiliano, cuando se 
habia tratado de la conservación del orden sociaL Por otra 
parte, en Setiembre de 1865, un mes antes de que se diera 
el decreto de 3 de Octubre, el partido liberal estaba pro- 
fundamente abatido. Se sabia oficialmente que Juárez en 
efecto habia atravesado la frontera del Norte; se podia 
creer que abadonaba el territorio mexicano sin esperanza 
de volver, porque no se conocía aun toda la tenacidad de su 
voluntad. En aquella misma época muchos gefes disiden- 
tes, cansados de la anarquía y de las revoluciones, se deja- 
ron llevar de la esperanza de una resurrección de su país, 
y, de buena fé, pensaron tentar el ensayo de la monarquía. 
El mismo general Uraga se adhirió francamente al trono. 
Es cierto que el descanso fué de corta duración, pero, Mé- 
xico puede atestiguarlo, reinó una hora de calma en el 
país, y la pacificación hubiera sido completa en aquellos 
momentos, sin las violencias de las gavillas, cuyo móvil y 
único recurso era el pUlage. 



\ 



300 
Para restituir á la historia su verdadero canícter, convie- 

rne reproducir una orden imperial, intimada al mariscal 
Bazaine. Este docamento parece probar, que el decreto de 

;3 de Octubre lo juagaba Maximiliano en su ánimo como 
una neoeddad, y que, lo afirmamos, buscaba solo el castigo 
de loB bandidos apesar de ser tan generoso por su natura- 
leza, 7 comunmente tan clemente. Y la prueba evidente es 
que, desde que el emperador supo que Biva Palacios habla 
levantado el estandarte republicano, inmediatamente pres- 

<^bió que se tratase según el derecho de gentes, á este ver- 
dadero general enemigo, quien se habia mostrado tan hu- 

.mano con los cautivos belgas. 



Cfábinete mUi$ar dd emperador. 

"México, 16 de Noviembre de 1866. 

"Señor mariscal: 

^^e encarga S. M. haga saber á V. E., que ei\ él oaso 
en que llegue á caer prisionero Vicente Eiva Palacios, quie- 
re que sea conducido á México. Es la única escepcum que^ 
por motivos especiales^ el emperador espera hacer del decreto 
de 3 de Octuhre, y S. M. espera que V. E. dé las instruccio- 
nes precisas, para que, en el caso preedicho, Eiva Palacios 
no sea pasado por las armas." 

El gefe del gabinete militar de S. M.** 

Las esacciones de los baudidos tomaron tal incremento, 
que filé imperiosamente necesario correr sobre las guerri- 
llas, que no se reclutaban sino con la hez de la población y 
del ejército mexicano, con indios vagamundos (vagos) y fi- 
libusteros americanos. Esas hordas harapientas ó medio 
desnudas marcaban su paso por horribles excesos. Los ban- 



SI* 




B»leifernaijfyMiffft CmaHIn 

rWoii^ fftfrfwiirahttn bi tMtaya j ti 
cnKÍa0HrfiL LaSáoopan 

ét tMMHfOtti l i ^ p tMA ■■■ifurfiÉi ée caá^Tue* rfñtff^fas 
d ftoly 7 adooáe mMüc» potee» 
^idMde hm aaoé át loé áabaitá^ odj» BB^^^aab de ios 
raatro mitatim», umodo el «noeo por á ñittfs^ ocras eos 
€:! ff^TáZffñ zmtíncai¿o j játpaaua&j úben éti pacbúL No»- 
ocrrjr;^ íkhka aaHÓdo á estos e^^peetáetzb»^ 
eerorjft á^ x^mx, peomido en bs aagcst 
ctSMioei, T también en d dneb de i!3s¿ £u&í2Éksw T^yíj ^A¡Jtik> 
tiene dereciio á odogéocüo denmexte. Qoe el hinz» ¿ei aixz&- 
late le sirra de sodam, porque moeie bien el q-jc mi^rre á 
la iliryDíbra de sa bandera; ciertamente no se qa^ el ^4ia- 
do p^jc perecer á mano de un enemigo^ p(^ro oo qiihefe qoe 
SQ.% rfirto» aeao {Mralanadrjs por la mano de un reniu;^ Hé 
aqnf, poes, la guerra qoe dorante cinco años no» haccaa 
eaoa indim semi-tfalvaje&y eml»iitecido6 por la orápola, tajst- 
zaidáM al combate eomo á la raka por gefes inviaibteBw que 
durante la acción se mantenían prodentemmte úeGlia> en- 
tre los ho^utsL Esta gnena, como otras mnehaB, la bemcs 
hecho en la tierra caliente, sin tregoa ni piedad, de dia y 
de noctie, con nn revolver cuidadosamente oculto en la cin- 
tora, resueltos á hacemos saltar los sesos, antes que caer 
príiRooerrjs en manos de on vencedor feroz. La palalva 
prísiooeni estaba borrada del código militar de k^s bandi- 
dos: pues Wen, sí, era preciso hacerse matar ó matar, ec^mo 
el hombre civilizado mata á la fiera para no ser devorado 
por ella. Sin duda que todas las armas son permitidas pa- 
ra el pueblo que quiere estermirar á sus invasores: y k» 



311 

mexicaoos tenian ciertamente el derecho de defender su 
patria hasta el último estremo. Pero el ejército firancés, 
qne no tenia que discutir la política de su gobierno, y á 
quien solo le tocaba obedecer, se encontraba por su parte, 
en el caso de legítima defensa. Aunque deseáramos la in- 
dependencia de otro, no podíamos olvidar que éramos fran- 
ceses, y ante todo hombres. 

Oiertos generales republicanos que hacian la cami)aiia ea 
las piovindas menos centrales nos tenian en poco; se pue- 
de uno convencer de ello consultando una carta del generaL 
Corona que hacia la guerra en Sinaloa. Este documento^ 
interceptado por nosotros, estaba dirigido al general Loza- 
da, quien mandaba á nombre del emperador en Tepio y en 
San Blas, en la costa del Pacífico. Ademas del tratamien- 
to reservado á los franceses antes del decreto de 3 de Oc- 
tubre, de luia idea de la traición que nos envohia á cada 
paso, y que esplica las derrotas que sufrimos eu aquellos 
lugares: traición fiicil de comprender, pero ante la cual na 
podíamos quedar desarmados. 



" Panuco, 12 de Marzo de 1865. 
" Al general Lozada. 

" Amigo mió: 

^^ Secibí vuestra carta de G del corriente, que contiene 
los datos é instrucciones que cumpliré con toda la esactitud 
necesaria. 

^^ En este momento, que son las tres de la tarde, os en- 
vío las últimas muías de la^ tieseieutas que quitamos á los 
franceses el dia 4 por la mañana en Ziqueros. También 
hicimos prisioneros veinticinco franceses, que be hecho fti- 
silar inmediatamente. Entre ellos había un gefe que se 



312 

decía principe; ademas nn capitán de ea1xlB»fa^ dos 
les subalternos, tm sargento, j el resto soldados rasos^ 
^^ Libertad j Befonna. 

Oesteral Coboxa.* 

Sin embargo, es necesario. reconocer que no todos los ge- 
nerales mexicanos recurrían á semejantes medios. Sabían 
muy bien que las ordenes emanadas de nuestro cuartel ge- 
ncfal^ durante las operacioDes militares que se ^>ctuaron 
antes de la llegada de Maximiliano, estaban conformes con 
la bumanidad y el derecho de gentes. 

" Circular núm. 331. 

" 10 de Abril de 18fr4. 

^ Los actos de odiosa barbarie cometidos recientemente 
en la hacienda de Mal Paso, por las be^ndag, que en nombre 
de la independencia, han asaltado una poMadon de traba- 
jadores pacíficos^ matando mujeres y niños, han proTocado 
una indignación generaL 

• " Los hombres que se entregan á semejantes excesos, y 
los gefes que capitanean semejantes hombres, se colocan 
ellos mismos fuera del derecho común, y no merecen ser tra- 
tados como soldados, sino como bandidos que repmeban 
todos los partidos. 

^* En lo de adelante, cualesquiera que sea el zf^do que 
hayan podido tener en el ejército, y sean las que fueren las 
funciones que hayan desempeñado en la administración los 
gefes que mandan gavillas de esta especie, se les aplicará 
la ley marcial en todo su vigor. 

" Los sentimientos del honor y del deber militar exigen 
el respeto para los oficíales y los soldador que, en una lu- 
cha honrosa entre tropas reguL-u^ puedan caer en núes- 



813 

tras mano^ no sucederá lo mismo con esos gefes que con- 
dneen al pillage y al asesinato bandidos de profesión. 

^^ Todo gefe que sea cogido con las annas en la mano^ y 
onya identificación pueda hacerse inmediatamente, será fh- 
silado en el mismo lugar. Los que no puedan ser recono- 
cidos al punto, ó que sean hechos prisioneros después del 
combate, ó que sean denunciados como formando parte de 
esas gacillas que atacan las haciendas, oprimen á las pobla- 
ciones y van sembrando i>or todas partes el desorden y el 
pillage, serán juzgados por una corte marcial. 

^^ Daréis, señor comandante superior, la mayor publici- 
dad posible á esta circular, á fin de que las poblaciones se- 
pan bien que estoy resuelto á vengar todo lo que ataque 
los derechos de la humanidad y de la propiedad. 

Bazaixe. ^ 

Después de la llegada de Maximiliano, á medida que los 
franceses se esparcían en aquel vasto imperio, los gefes de 
guerrillas se hicieron aún mas audaces y mas crueles. Los 
mismos hacendados reclamaban por todas partes la enérgi- 
ca aplicación de nuestro código militar que habia adoptado 
el imperio desde el principio de su reinado. Los oficiales 
franceses investidos del mando, compi-endiei-on muy pronto 
que era ima necesidad castigar sin conmiseración: era una 
cuestión de vida ó de muerte. Las cortes níarciales se reu- 
nieron y se disolvieron con la conciencia tranquila. El gene- 
ral qi:e hubiera permitido á sus tropas rendirse á enemigos 
implacables hubiera sido muy criminal; porque la esperien- 
da tan caramente adquirida nos enseñó muy bien que obrar 
asi era entregar desde antes á los nuestros á la tortura. 
Era preciso, pues, vencer ó morir en el campo de batalla. 

Esta guerra era censurable; acúsese á los autores de ella: 
pero hubiera sido un insulto sil buen sentido condenar á los 
firanceses, en nombre de la humanidad y de la clemencia, á 

41 



su 

qae se d^aran degollar solo porque sosteniaQ una mala cau- 
sa. El decreto de 3 de Octubre, que iba á despopularizar 
al príncipe, era tan impolítico como inútil, porque el códi- 
go militar bastaba á todas las vicisitudes de semejíuite lu- 
cha. En él se prohibe toda capitulación que no tenga por 
objeto salvar honrosamente á los soldados vencidos por el 
enemigo. Puesto que las gavillas mexicanas degollaban á 
sus prisioneros, habia que batirse hasta derramar la última 
gota de sangre. Comprendemos que estas escenas de vio- 
lencia deben conmover á los que nunca han salido de las 
delicias de Oapua. Pero á la vista de las minas que hacían 
esplosion bajo nuestros pies en los caminos públicos, al sen- 
tir el gusto del veneno que se encontraba measclado con los 
alimentos, al contacto de la traición que revestía mil for- 
mas sutiles, en medio de emboscadas en las cuales los gri- 
tos salv<ages doniin¿\bau el ruido de la fusilería, y á donde 
el soldado herido se veía odiosamente mutilado, el instinto 
de consenacion se despertaba inexorable; y el corazón se 
enternece poco con el recuerdo de esas punzantes emocio- 
nes cuando se recueixla que hemos dejado cerca de nueve 
mil cadáveres en ese lúgubre país, sin contar los enfermos, 
los moribundos, los heridos y mutilados, los locos y los do- 
gos que México ha devuelto á las costas de nuestra patria. 
Mas tarde, cuando la guerra regular vohió á tomar su 
curso en los altos valles, el decreto de 3 de Octubre, (lo que 
debió preever Maximiliano, y lo que tan craelmente ha 
expiado) se transformó en un instrumento de venganza en 
las manos de los jueces mexicanos que Cimdenaron á Ar- 
teaga, Salazar y tantos otros, á título de que eran liberales. 
Pero la justicia franeejsa, aunque no fuera infalible, dio sus 
veredictos fiiauíeute y con la tranquilidad de la fuerza que 
conviene á nuestro ejército, mas ilustimlo y mas independien- 
te de lo que se le supone. Mas tarde, la historia, despren- 
dida de las emociones públicas, pronunciará su último fallo. 



316 

Lo6 disidentes, cnyo buen derecho hemos tenido el honor 
de defender los primeros en Francia, de lo que nos congra-^ 
talamos, concediéndol€i3 el de la resistencia á la invasión; 
los disidentes jamás habian confundido nuestro c^jército con 
nuestra política, y la siguiente carta del gefe de Estado 
Mayor de Porfirio Diaz, prueba que, en el campo de los li^ 
beráles, se sabia honrar también el valor de los adver- 
sarios. 

Ejébcito Bepublicano. — General en gefe. 

Al gefe deJEsiado Mayor d^ cuerpo e^edicionario Jrancés^ 

" Tengo el honor de enviaros por conducto de M. Oh. 
Thiele el sable que llevaba el señor comandante Testard, 
muerto en el combate de Miahuatlan. 

^^ Tendría mucha satis&ccion, señor coronel, eu que esa 
arma fuese enviada á la &milia, y esto será para ella una 
prueba de la estimación que, aunque enemigos, teníamos 
por M. Testard, cuyo valor y abnegación hemos admirada 
en ese campo de batalla que le fué tan funesto. 
" Oaxaca, 29 de Diciembre de 1866. 

" El gefe de Estado mayor general de la línea de Oriente^ 

Espinosa. " 



Habia llegado la hora para los austríacos de abandonar 
el suelo que habian regado con su sangre. Creyeron que 
antes de retirarse debian dirígir un adiós á los compañeros 
de armas que no habian podido ohidar su heroica defensa 
en los llanos de Lombardia. También ellos habian pagado 
muy caro el honor de defender el trono de un príncipe sa- 
lido de su patria. 



316 



" Orizaba, 27 de Enero de 1867. 



'^ Señor mariscal de Francia: 

'^ En el momento en que vamos á dejar á México para 
tomar á la Anstria, tengo el honor de expresaros todo nues- 
tro reconocimiento por la benévola protección de V. B., sin 
la cual hubiera sido bien triste la suerte del cuerpo aus- 
tríaco. 

" Siempre será para nosotros im recuerdo glorioso haber 
combatido á las órdenes de V. E. y al lado del cuerpo espe- 
dicionarío francés. 

'^Dios quiera que llegue una época en la óual nos sea 
permitido dar pruebas de nuestra adhesión hacia V. E. y 
de nuestro reconocimiento hacia la Francia, que nos ha pro- 
tegido en México y nos ha colmado de bienes. 

" Por el cuerpo austríaco, 

" El Teniente coronel, 

POLAK. ^ 



XXIV. 



A ñnes del mes de Enero de 1867, el cgército firancéfl, en 
plena retirada, se estendia como mía cinta de acero en el 
camino arenoso de México á Yeracruz. Los cuerpos aus- 
tro-belgas descendían al mar flanqueados por nuestras tro-' 
pas, para que se embarcaran los primeros, en virtud de lo 
que se habia ofrecido á Maximiliano. En pocos dias solo 
debia quedar en México la retaguardia: también la insur- 
rección invadía ya los alrededores de la capital como las ola& 
de la marea. Habia pasado la hora del combate para nues- 
tros soldados. Los rebeldes tenian cuidado de mantenerse 
á larga distancia y fuera de la vista de nuestras avanzadas,^ 
las cuales siempre estaban dispuestas á rechazar vigorosa- 
mente cualquier ataque. ¿Se podia exigir mas de los jua- 
ristasT ¿Se emprenderla la campaña para arrancarles las 
ciudades que los imperialistas entregaban sin resistenciat 
Semegante conducta hubiera sido un acto de locura; porque 
ademas de que hubiera sido peligrosa, y sin objeto útil, ha- 
bría retardado la evacuación y habría provocado ademas re- 
presalias sangríentas contra los habitantes de estos centros, 
y mas tarde aun contra nuestros propios nacionales, cuya 
mala situación hubieiii sido un crimen empeorar; ademas, 
las órdenes del gabinete francés se oponían sabiamente á 



318 

«lio. Descontento con la actitud pasiva de nuestras tro- 
pas, el presidente del consejo redactó una carta lastimando 
nuestra buena fé, y que provocó una queja dirigida al mis- 
mo Maximiliano y un rompimiento con el ministerio. 

''Mezicoj 28 de Enero de 1867. 

" Señor. 

" Tengo el honor de dirigir á V. M. una copia del estrac- 
t o de la carta que me ha en^iado el Sr. presidente del con- 
sejo de ministros, con fecha 25 del presente mes. 

" Se dice en esta carta lo siguiente: 
— " El mariscal y el general Oastelnau, en comunicación fe- 
chada el 7 de Noviembre último, han declarado que mien- 
tras que las tropas fitineesas estén en México, protejerán 
oanu) antes á las autoridades y álns poblaciones^ á la causa 
• dd orden en tina palabra^ en las zonas qtie ocupen^ pero sin 
emprender espediciones lejanas. 

^^ Medenteinente acaia de sufrir Texcoco un ataque. • 

" Y. E. no h<i juzgado conveniente anxUiarhy según los 
informen del general de nuestra segunda división. El go- 
Iñerno desearia saber cual seria la aetitud de las tropas 
francesas en la capital^ si, antes de su salida, fuese sitiada 
por los disidentes, si el enemigo los ataoasepor algunos purir 
ioSj ó si cometiese una agresión cualquiera. " 

"No puede ólsconocer V. M. la inconveniencia de este 
lenguaje, puesto que jamás me ha hecho la iiyuria de su- 
poner por un instante que pueda ponerse en duda la lealtad 
del ejército francés. 

" Al señalai- á S. M. el empei-ador de México los proce- 
dimientos que conmigo usan sus ministros en su nombre. 



* £1 comandaiite fhuac^ La Havrle había hecho doB salidae sucesiy&s eobre el 
mamo Texcoco.— (N. del A.) 



319 

creo cometer el últímo y supremo acto de conflansa y de 
lealtad. 

^* Creo en efecto prestar un servicio al emperador tratan- 
do de ilustrarlo acerca de las tendencias y de las insinua- 
ciones pérfídxis de una facción que tiene en el país tan po- 
cas simpatías, y cuyos gefes abusan del ascendiente que 
creen tener ó de la confianza que han sabido inspirar, para 
preparar á If óxico y á Y. M. una era de represalias san- 
grientas, de dolorosos peripecias, de ruina, de anarquía y 
de humillaciones sin número. 

^^engo el honor de informar á Y. M<^ que deseoso mas 
que nunca de conservar su estimación, y la amistad con 
que se ha dignado honraime, he hecho saber al señor pre- 
sidente del conscgo, que en virtud de los términos de su 
carta precitada, no queria tener en lo de adelante relación 
alguna directa con la administración que dirige. 

"Agregaré, Señor, que los gefes de las tropas del Sr. ge- 
neral Márquez, diariamente están en relaciones con los co- 
mandantejs de ingenieros y de la artillería ñance^a, para 
ponei*se al corriente del estado de las fortiñcaciones, de los 
medios de defensa y de las provicioues en material, armas 
y municiones de la plaza. 

"Habiéndome espresado Y. M. el deseo de saber con an- 
ticipación cuando saldré de México, tengo el honor de in- 
formarle que mi partida, con los últimos contingentes del 
x^uerpo espedicionario, tendrá lugar en La primera quincena 
del mes de Febrero. 

"Hasta el último momento, señor, estaré siempre pronto 
á acudir al llamado que Y. M. se digne hacerme, y siempre 
^estaré dispuesto á hacer que concuerden mis esñiei-zos con 
vuestros deseos. B.vzadíb.'' 

Este despacho fué la última comunicación oficial dirigida 
poT el cuartel general á la corona. 



La Tíqias haba «crito y& tí miriacal ■! fresidoite dd 

■Oléxica. 27 de Eneio de 1867. 

"^He ledbido racscn cana de 25 del oocrieote: podra 
fimianne ánkameate á acBsanx redbo de ell&, pcvqne ya 
DO admito qoe T. £. iiie obiügae á Ie«r sos cutas cuando 
V. £. qmexa: ademáfi. pcvqne esa oata tnta cnesDOoefi que 
han ado resuellas ya. xaoto par estaiKX oíono en las oonfe- 
rmcias anierícxes. 

-S^ -aiis TespaeeoB anteñon^. santo á vd. cchdo á los di- 
yecsüs. «Qb-seiretañús de £»u»dix eiM\'«iTTará T. £. las ada- 
radoDeA que pueda desear. 

"'Parece que ñe acu^a de iuercü al t-jeavato á>iD<«s 

Has Iñcn yo tengo el deredio de nxiamai •.-ootra las vio- 
lencias txMoetidae ludas ku diasw desde han^ mm-bas sema- 
Dars y de 1^ onaleá pare«e ser cúmitlice ia bandera de la 
Fianua por iiut;*tra piesencu tii M«^xii>t. 

'■Por fcí-to ÉcDur tiimi^tro. y piir de94?ubnr la cana de V. 
£. an üeatimieulo de d«^x>ndacza, tusa<lo eo iq>reci3CÍ4.«ies 
ealiiaioi<Jüa<i que lastiman nnestia lealtad. panii-Ípo á vd. 
que «d lo tucc^ivo do quiero tener relaeion alguna con «^ 
miuiJ-tf;río. 

Bazaixe." 

Cii «/fieial franvétj llevó al emperador la carta del maris- 
cal Bazaírie. Lo reeibió el ¡tadiv Fist-her, qnieü se entaiig» 
de eiitregar al boberano el pIi<^go del ceuL-ral en gclV'. sin 
queit;r d<-jar qm: entrase el en\Tado dW ouanel gt-nci-íd. AI- 
gutioH iniuutoü deíjpues, el seci'etariú de MaximilUino vt>hió 
cun la carta cuya cubierta estaba rota, y la devolvió á aquel 






321 

oñcial: al mismo tíempo escribió el abate al mariscal, di- 
ciéndole que 8. M. do habia querido recibir mi doemnento 
tan severo é iiyusto oonti*a sus ministros. El general en ge^ 
fe no volvió ya á ver mas al emperador. El rompimiento 
era completo. El confesor imperial habia sido el autor de 
él, impulsando al ministerio á ofender la dignidad del gcfe 
francés, cuando s^ibia que este tenia que ser esclavo de las 
instrucciones precisas de su gobierno. Un último incidente 
vino á colmar la medida. En los momentos de partir, y por 
interés de los oficiales y sold.ulos franceses que habian me- 
recido la distinción de 3Iax¡miliano, y que pertenecian á 
regimientos que siempre babian combatido, el cuartel ge- 
neral, apesiir de sus recientes quejas, no temió recordar al 
emperador la proposición hecha mucho antes para hacer 
algunas concesion(*s de la cruz de Guadalupe. El padre 
Fischer interc(*ptó la carta y escribió al general Osniont, el 
antiguo ministro, lo siguiente: 

Confidencial y reservada, 

México, 19 de Febrero de 1867. 

"Mi qu(»rido gencnil: 

"Xo ignomis que la línea de con<lucta observada en es- 
tos últimos dias por el mariscal Bazaine, ha dado por últi- 
mo resultado que S. M. se haya decidido, aunque á su pe- 
sar, á cortar toda relación con el marisc;il. 

"A causa de este incidente lamentable, lie creído deber 
absteneime de someter á la aprobación de 8. M., la Usta 
de propuestas que me habéis dirigido antiiT, porque címsi- 
dero que solo sernrá píiixi aumentar el disgusto del empe- 
rador. 

"Por el rtsi)et4> que os debo, y mi alta estimación por 
vnestros méritos, me hacen hsibiaros con esta frsmqueza. 

48 



322 

^'Deseoso sin embargo, de no dejar sin la recompensa 
merecida i>or los buenos servicios de los dignos militares 
comprendidos en la citada lista, someto á vuestra elección 
dos medios que, á mi juicio, darán buenos resultados. Pe- 
did vos mismo esas condecoraciones al emperador, no á 
mmibre del mariscal, sino en el vuestro. 

'^O bien, dirigidme una carta {^articular en el mismo sen- 
tido, 7 en ese caso, tendré mucha satisfacción en alcanzar 
la alta aprobación de S. M. 

"El secretario del emperador, 
Agustín Fischeb.'' 

El clero representaba el último papel en la intervención 
francesa en 1867, como habia representado el primero en 
1861. El clero se babia vengado cruelmente de las tenden- 
das liberales que manifestó Maximiliano al principio de su 
reinado: le liacia ixigar muy caro el proyecto que habia con- 
cebido de refoiTuarlo y moralizarlo, queriendo poner en ple- 
na luz sus actos mas misteriosos. El desgraciado soberano 
habia sucunilndo en la lucha que quiso entablar, y que ha- 
bia dictado la circular confidencial de 21 de Xo^iemb^e de 
1864, dirigida entonces por el general Bazaine á todos los 
comandantes superiores. 

Circular. 

"S. M. el emperador Maximiliano desea recoger los he- 
chos y actos escandalosos que puedan comprobarse con 
pruebas ciertas. 

**La conducta privada de los miembros del clero, los abu- 
sos que cometen á título de congruas, las obligaciones que 
imponen á los particulares, en ciertos casos, para darles la 
absolución in artículo moriis^ las negativas de dar sepultu- 
ra, en fin, todos los actos que tengan im carácter de pre- 
sión, deben ser objeto de vuestras investigaciones. 



323 

'^o necesito recomeadaroB que uséis de mucha pruden- 

Hda en las investigaciones que tengáis que hacer con este 

objeto, lo mismo que las remisiones que me haréis de los 

documentos que comprueben los actos reprensibles de la ca- 

teoría enunciada. 

^Estas investigaciones deben tener un carácter entera- 
mente confidencial, lo mismo que vuestra correspondencia 
^ue debe ir diiígida á este gabinete. 

Bazainb.^ 

T'olvamos á uuesti-a narración. El gefe del gabinete mi- 
Jitar quedó encargado de contestar á las últimas proposicio- 
nes del secretario imperial, el padre Fischer. 

Mézicoj 2 de Febrero de 1867. 

"Señor abate: 

"S. E. el mariscal Bazaine, á quien el geneml Osmont ha 
cnseiíado vuestra Ciirta del 19 de Febrero, confidencial y 
reservada, me ha eucargíKlo que tenga el honor de contes- 
taros. 

"Vuestra ignorancia de los usos militares, os ha hecho 
dirigir al general Osmont una doble proposición que atesti- 
gua el deseo que tenéis de que queden privados de la re- 
compensa que merecen unos bravos soldarlos, y la que esti- 
man en tanto precio. 

"Agregáis que habéis creido que no debian someterse á 
la aprobación de S. M. el emperador de México las listas 
de propuestas, á causa del lamentable accidente que ha te- 
nido lugar en estos últimos dias. 

^^Eb de sentirse en efecto, que unas propuestas hechas 
hace tanto tiempo, se hayan reservado para resolverse du- 
rante unas circunstancias tan poco fiívorables; pero señor 
^bate, no puede admitirse que el deseo particular que ates- 



324 

t^gnais de ser agradable al general Osmont^ antorioe á este 
oficial general á separarse de las reglas de la gerarqnia, 
que, en el orden milita , como en el ^kden reUgioeo, consti- 
tuyen la base de la disciplina. 

^£n cnanto al incidente que invocaL^ no podéis ignorar 
qiriai lo ha provocado^ y poniendo en orden los hechos, 
apvedareis acaso qne desconocida la lealtad y «hendidos el 
s^itímiento y la dignidad, hao obligado al mariscal á pro- 
vocar el primer rompimiento que pesaní solamente sobre la 
ccmciencia de vuestros amigos. 

"Becibid, etc. 

£li COBONÜL, GEF£ DEJu GABINETE." 

El cuartel general debía felicitarse t;mto mas de no ha- 
berse separado una sola línea de las instrucL-iones escritas* 
apesar de las tendencias del general Castelnau, cuanto que 
nuestro gobierno le escribía con fecha 15 de Enero, que su 
movimiento de concentración y retirada debía terminarse 
ya; que era preciso reunirse en el puerto para proceder al 
embarque: puesto que U^s buques trasatlánticos Jtrbian an- 
dar en el puerto de Veracruz en los últimos dias de Febre- 
ro. Xo se pensaba en Paris mas que en una cosa, en dejar 
lo mas pronto posible esa tierra de engaños y sacrificios- — 
"Tenéis deberes qoe llenar, decían al mariscal; si se presen- 
ta cualquier incidente^ no por eso la responsabilidad pesx 
menos sobre vos: pero será menor, cuando marchéis, com«> 
floempre, recto hacía el i>bjeto que debéis obtener, y es la 
vuelta á Francia de vuestras tropos, sin pénlida de tiem- 
pot'' — ^Todo se hundia en ese gran naufragio; la Degeneración 
de la raza latina, la monan)uia, los intereses de nuestros 
mcionales que habían sido el pretesto de la guerra, y loe 
empréstitc^ franceses que haiñan servido para conducirtí á 
tan jfonesto resultado. Solamente había sobrenadado en Uv 



325 

; superficie el crédito de Jecker, que habia obtenido doce 
millones y medio, pagados con dinero francés. ' 

Los primeros dias de Febrero, mientras permaneció aún 
el cuartel general en México, se emplearon en entregar la 

. x^iudad á las autoridades mexicanas. IN'uestra intendenda 
ofi^ó al ministerio imperial todos nuestros carros, trenes, 
y el vestuario militar. Estando muy pobre para pagar todo, 
solo adquirió el vestuario para sus tropas que estaban ente- 
ramente desnudas. México, que era antes una ciudad ente- 
ramente abierta, estaba entonces protejida con una fortifi- 

. cacion continua armada con muchas piezas de sitio, y de 
batalla, surtidas con trescientos tiros cada una. La plaza 
encerraba tres maestranzas, conteniendo una masa conside- 
rable de parque de fusil. El arsenal estaba lleno de fiísiles 
en muy buen estado. Por«temor de que el enemigo cayese 
repentinamente sobre la ciudad, el mariscal, para ponerla 
al abrigo de cualquier sorpresa, hizo levantar en todas las 
calzadas que abocaban á las garitas, caballos de frisa. Go- 
mo es costumbre en toda plaza de guerra que se entrega^ 
las piezas de artillería, repaitidas en quince kilómetros de 
circunferencia, fueron llevadas á la cindadela, contadas, re- 
<x)nocidas y entregadas á la artillería imperial, la cual reci- 
bió las llaves de los almacenes adonde estaba encerrada to- 
da la herramienta. Los inventarios peifectamente hechos, 
se entregaron en cambio á nuestro estado mayor. Esta 
operación tenia por otra paite un doble objeto: en caso de 
una brusca tentativa de los liberales, hubiera sido fácil qui- 
tar las piezas de calibre pequeño, las cuales estaban segu- 
ras en la plaza de armas. En cuanto á las piezas de sitio 
que quedaban sobre las trincheras, se defendían á sí mis- 
mas por su peso tan considerable. 

Las instrucciones de nuestro ministro de la guerra, preve- 
nían que se llevase toda nuestra artillería. Los proyectiles 
buceos ó sólidos, cuyo trasporte á Francia hubiera sido muy 



326 

costoso se rompieron, porque eran enteramente inútiles áh* 
los mexicanos, cuyos cañones lisos de á 8, no podian car- 
garse con las balas de las piezas rayadas de á 4. En cuanto- 
á la pólvora del cuerpo espedicionario, el general Oastel- 
nau, con razón, dio orden de que se echase á la acequia. 
Porque México quedaba entonces en tan buen estado de- 
defensa, y tan bien surtido de municiones, que ha podido 
sostener después un largo sitio contra un ejército mas nu- 
meroso que su guarnición. La muerte de MaximUiano fué 
la verdadera causa de la capitulación de esta plaza. 

En los momentos en que se rompían nuestros proyectiles^^ 
dos mexicanos, en trage de paisanos, se presentaron en la 
puerta de la ciudadela ocupada aún por nuestros soldados^ . 
detenidos primero por el centinela que tenia su consigna 
de no dejar pasar á los desconocidos, pasaron al fin. Los 
dos estranjeros eran el emperador y Márquez. Durante su 
reinado, esta era la primera vez que Maximiliano visitaba 
la fortaleza, apesar de las repetidas ofertas del general en 
gefe. El mariscal se quejó de no haber sido avisado de esta 
visita misteriosa, que era un acto de desconfianza inmere- 
cida, porque su puesto, en una ciudadela que conservabait 
aún nuestras tropas, era al lado del soberano. 

El 6 de Febrero por la mañana se quitó la bandera fian- 
cesa que flotaba en el cuartel general de Buena Vista; Mé- 
xico quedaba libre de la ocupación fi^ancesa. El mariscal, 
que por esperiencia sabia que los mexicanos hacían mal el 
servicio de plaza, salió de México con sus tropas. Para 
dcjjarles tiempo de que se organizaran vino á acampar á la 
calzada de la Piedad, á tiro de cañón de la ciudad, adonde 
permaneció un dia y ima noche, interponiéndose así entre 
el enemigo, que no estaba cerca y la guarnición de Méxícow 
El mariscal aguardaba que Maximiliano se le uniría. Siem- 
pre estaba alerta, porque podiá suceder que el ministerio^ 
irritado aún, cometiese cualquier acto de hostilidad con Ia¿ 



mmm 



327 

esperanza de obligar á nuestras tropas á volver á entrar á 
México. Al día siguiente, los reflcijos de las bayonetas 
francesas se i>erdian en el horizonte. 

La misión del general Castelnau habia espirado. El ayu- 
dante de campo imperial tomó inmediatamente el camino 
de Veracruz, pai-a embarcarse en el steamer trasatlántico 
del 15 de Febrero. Salió do México en la diligencia basta 
la tierra-ealiente. Iba sin duda á dar cuenta á su sobera- 
no de los acontecimientos que habia presenciado y del es^ 
tado del país. Cuesta trab^o comprender que haya podi- 
do ilustrar con ñuto á la corte de las Tullerías sobre el 
verdadero espíritu de las poblaciones; porque, salvo su cor- 
to vifvje á Puebla, no habia dejado im solo instante la capi- 
tal. El general Castelnau es muy perspicaz para no haber 
conocido, en el momento de alejarse de México, las disposi- 
ciones hostiles de todos los partidos, y sobre todo del partido 
clerical, el cual, impulsado por el ministerio, intentaba ha- 
cer una demostración contra nuestra bandera; los conseje* 
ros de la corona esperaban así, ya hacer olvidar á sus com- 
patriotas su alianza con el invasor, ya detener nuestra 
retirada que, apesar de todo, veian con dolor. En aquella 
época Lares y Márquez excitaban ya á Maximiliano á que 
{partiese para Querétaro, ciertos como estaban de la impo- 
tencia del soberano una vez salido de la capital, esperando 
hacerse los únicos dueños de la situación, después del de- 
sastre probable del príncipe. 

Así es que sorprende, después de estos síntomas que se 
pronunciaban tanto desde el principio del mes de Febrero 
de 1867, ver la placidez que respira el despacho último di- 
rigido por el general Castelnau al emperador Napoleón, fe- 
chado en Veracruz el 14 de Febrero, y llevado al telégrafo 
de Nueva-Orleans por el aviso de nuestra escuadra el Boíi- 



92» 

m general Castehmu al emperador Napoleón III. 

" \j1\ evacuación de México tuvo lugar el 5, y no provocó 
sino manlfe$taeione$ de »mpatia. La retirada se efectúa 
en un orden perfecto^ nin tirar un tiro. El emperador queda 
en México^ adonde todo está tranquilo. Hoy vuelvo á Fran- 

A 0U vuelta á Europa el general Castelnau fué eleva- 
do al grado de general de división. La misión solemne del 
ayudante de campo impenal no habia resuelto todas las di- 
ficultades de la evacuación: el mariscal quedó encargado 
del resto. La retirada de todo el cuerpo espedicionarío, que 
durante el mes siguiente quedó concluida con felicidad sin 
haber sufrido ni un desastre parcial, será siempre una bella 
página militar. 

La última columna francesa descendia lentamente de 
Puebla, de manera que pudiese tender aún la mano á Maxi- 
miliano. Con est4i intención permaneció el mariscal cinco 
días en esta última ciudad. Para proteger la vuelta de los 
destiuvimentos mexicanos á la plaza, lanzó su caballería 
por el Uulo de Oaxaoii. El emperador de México no daba 
sefiales de Wda. En aquel momento llegó al vivac la no- 
tloÍA de la derix)ta de ]^tiramon. El general en gefe escri- 
bió imnedíutamente á Maximiliano suplicándole que par- 
tieso. Al mismo tiemi>o le iufonuaba que el general Cas- 
tagny queilaba atrás para protegerlo: M. Daño debía ha- 
oerse el intérprete de su decisión. Esta última tentativa 
ftueastV 

M. Daño at mariscaL 

** México, 16 de Febrero de 1S67- 

** Kl gi*m>nU Oaístolnau me ha escrito que pudiendo V. E. 
Auxiliar aún al emi^nulor Maximiliano si quiere retirai^ 



desearía conocer las intenciones de S. M. después de 1 
deiTOta Aiú general Miramon, puesto qne dentro de alguno 
dios le seria imposible partir. 

'^ LoB ministroB mexicanos pretenden que habéis eacrit 
en el mismo sentido á su soberano. 

'^ El joven emperador está menos dispuesto que nimca \ 
aceptar esta oferta. Siento vivamente que se haya decídi 
do á emprender aventurase Se ha preconizado mucho U3 
triunfo, en realidad imaginario, obtenido sobre Fragoso. Ei 
cambio corre el rumor de que los disidentes han entrado i 
QuerétarOy sin tirar un tiro, jíot haber tomado los imperia 
listas el partido de evacuar esta ciudad. Pero la noticL 
no es cierta. Se teme que el camino de México quede in 
terceptado para el emperador Maximiliano. ^ 

A medida que se retiraban los franceses fortificaban só 
lidamente todo el camino que debia ser\ii' de linea de retí 
rada al emperador en los momentos difíciles. La ciudad d< 
Puebla que un mes después caia en poder de Porfirio, es 
taba tan bien organizada para la defensa, que la orden de 
dia del 7 de Abril, dirigida i)or el vencedor á sus tropas 
termina así: 

MEXIC^VNOS. 

^' Con los fusiles tomados al enemigo, la plaza con luzoi 
denominada invencible, puesto que los primeros soldadof 
del mundo no h<an podido tomarla por asalto, ha cedido á 
primer impulso de vuestro valor impetuoso. Toda la guar- 
nición * y el inmenso material de guerra acopiado por él ene- 
migoj son los trofeos de vuestra \ictória. 

PoBFiRio Díaz." 

* La plan estaba mandada y fué eutregada por el general Noti^ga, amSgo d 
Hárquea que se había salido de Jalapa en 1863 al llegar el euenilgOt T qiXMO sepa 
ndo por Forej, había sido repuesto por el mlnisterío clerical. — (N. ém A.) 

44 



330 

Al llegar á Yeracraz, el mariscal hizo oonduir las fortí- 
ficaciones del puerto: él mismo pasó revista á los fuertes y 
á la muralla. Por un instante careyó que el emperador habia 
salido de México para ganar la mar. El mariscal que, á 
pesar del vómito, habia prolongado su permanencia en Ye- 
racruz, subió prontamente á la Soledad con algunos oficia- 
les, contando apoyarse en la retaguardia y en un batallón 
egipcio de la Tierra-caliente. Entre los guerriUeroa corrió 
el rumor de que volvia á abrir la campaña para despegar el 
camino. Tuvo que volver solo á Yeracruz porque Maxi- 
miliano habia partido para Querótaro. 

La siguiente nota de la dirección de artillería firancesa, 
da una idea esacta de los medios de defensa que se dcgaban 
á la moiiai*quía. 

" Los cartuchos y capsules fiíbrícados por la artillería 
francesa y con pólvora francesa para auxiliar al ejército me- 
xicano han continuado haciéndose hasta el presente mes de 
Enero de 1867, época en que cesó el gobierno mexicano de 
ministrar los fondos necesarios para ese trabajo, á pesar de 
que se le pidieron con mstancia. 

'^ A petición del mariscal comandante en gefe se habia 
enviado de Francia una considerable cantidad de cartuchos 
y 20.000 kilogramos de pólvora de fusil, para las necesida- 
des del ejército y de las poblaciones mexicanas. Besulta 
de los documentos oficiales, autorizados con las firmas de 
los que recibían, que se han entregado 3.228,226 cartuchos 
y 21.437 kilogramos de pólvora de ftisil. 

" En resumen, el ejército fi^ncés al dejar á México, ha 
dejado esta plaza municionada con 34.741 proyectiles de 
todos calibres, con las cargas necesarias, á razón de trescien- 
tos tilos por pieza; y un repuesto de 300.000 cartuchos, sin 
contar los que pertenecian á la legión austro-belga. No se 
ha destruido ninguna clase de mimiciones mexicanas, ni sa- 



3S1 

oado nada de los almacenes, y los ofidales mexicanos desig^ 
nados con este objeto, han hecho el reconocimiento y han 
antorízado la entrega. Las mismas formalidades se han 
observado en todas las plazas del interior ocupadas por el 
ejército, á medida que se ha ido haciendo la evacuación. 

^^ Hasta mediados de Enero de 1867, es decir, quince días 
antes de que saliera de México, la artillería francesa ha con- 
tribuido con su trab^o y con los recursos que ha sacado de 
fsa material, á aumentar los medios de acción que dejaba 
en las manos del gobierno mexicano. 

" El dibegtob del parque.^ 

Hasta el momento de embarcarse, el mariscal habia ago^ 
tado todos los medios de que podia disponer para asegurar 
la retirada de Maximiliano, sin perder de vista los intereses 
de nuestros nacionales, haciéndolos gozar el mayor tiempo 
posible de los beneficios de una nueva convención efímera, 
obtenida por los cuidados de M. Daño. Este último docu- 
miento lo atestigua. 

'^ Al Sr. Almirante comandante de la escuadra. 
" Veracruz, 7 de Marzo de 1867. 

^^ Señor almirante. 

^ He entregado á las autoridades mexicanas en la capi-^ 
tal. Puebla y Orizaba, todos los arsenales y establecimien- 
tos de guerra en perfecto estado de conservación, con pie^ 
zas de artillería, material en gran número, fortificaciones y 
obras avanzadas en el mejor estado de defensa i)osible, (de 
material mexicano se entiende.) 

^^ Hé aquí en cuanto á la capital y las plazas que se en- 
cuentran en mi línea de retirada. 

^ Era mi intención hacer lo mismo en Yeracruz, sin agre- 



gar nada á los recursos de la guariiiciou. Sin embargo, ba- 
'biemdo concluido S. E. el miuifitro de Francia un nuevo ar- 
reglo con el gobierno mexicano, que modifica la conveDoion 
46 30 de Julio de 1866, y en el cual el gobierno mexicano 
se compromete á pagar mensualmente ¿ la Francia la can- 
tidad de 50.000 pesos, (250.000 francos,) lie debido preocu- 
parme de cuidar que se asegurase durante el mayor tiempo 
posltde el pago de esta suma, que uo es insignificante para 
tH tesoro francés, y qoe representa el interés de una gran 
parte de las obligaciones de los empréstitos mexicanos. 

" Por esta razón he creido que debía dar al Sr. comisario 
imperial Burean todo lo que yo tenia & mi disposición, de 
armas, municiones, atal^es, olgetos de campamento, etc., 
etc. b:^o la promesa de ser reemlxñsado. Es, en efeeto, 
interés nuestro ayudar á este funcianario á que conserve 
la ciudad después de la partida del ejército espedicio- 
nario. 

" Otra razón ha dictado aim mi resolución: es la conve- 
niencia que hay, sin comprometer la política de nuestro go- 
bierno, en asegurar A S. M. el emperador Haxiiniliano un 
lugar de refugio si las circunstancias lo reducen á ese estre- 
mo, adonde pueda encontrar tm auxiUo y los medios de em- 
barcarse. A ñn de dar mas ñierza á la plaza, y para ins- 
pirar mas confianza á la guarnición, he pensado aumentar 
el depósito de municiones, principalmente la pólvoi-a. Creo 
también que seria bueno poner á disposición de la autori- 
dad mexicana, im pequeño navio de vapor que pueda ga- 
rantizar la ciudad de una tentativa de las guerrillas salidas 
de las inmediatas poblaciones disidentes. 

" En virtud de lo espuesto, os suplico, señor almirante, 
que me hagáis saber si no podriais disponer de cuarenta & 
4^cuenta quintales de pólvora, tomándolos de los depósitos 
de la escuadra, y si entre las cañoneras que actualmente 
hay en el puerto no hay alguna que se pudiera ceder al go- 



333 

biemo mexicano, empleando ciertaii formalidades que per- 
mitiesen rechazar cualquiera interpretación que comprome- 
tiera nuestra política. Esta cañonera podría, por ejemplo, 
desnacionalizai-se, y vcndcree por inútil ya para el servicio, y 
como material que no vale la pena de llevarlo de nuevo á 
Francia. 

" Me lian dicho que la Tormenta llena estos requisitos. 

" Os lo repito, veo en estas medidas un medio de asegu- 
rar á nuestio país el pago de una renta de importancia^ el 
de salvar por mas tiempo á nuestros nacionales, afirmar la 
posición y la influencia de nuestro cónsul, ademas de pennitir 
al joven einpenulor, que corre en este momento las even- 
tualidades de una lucha que puede serle conti*aría, que en* 
cuentre un punto bastante fuerte para cubrir su retiitida y 
su embarque. 

" Obrando así, tengo la conciencia de llenar las intencio- 
nes de mi soberano, y vería con satisfac<5Íon que os fuese 
posible secundarme en el límite de las instrucciones que, 

ante todo, deben guiar vuestra decisión. • 

Bazaine. " 

A última lioi-a, el mariscal confió al cuidado de M. Bu- 
rean ima carta última para el desgraciado príncipe. 

El 11 de Marzo de 1867, á his ocho de la mañana, el co- 
mandante superior de Yeracruz hachi la entrega de la plaza 
y del material de artillería mexicana al general Pérez Gó- 
mez, quien la recibió en nombre úe su emperador. Este 
general acababa de ordenar que se abandonasen las ciuda- 
des de Orizaki y Córdoba para reconcentrarse en Veracruz. 
Al dia siguiente, los últimos batallones franceses, aglome- 
rados en nuestros navios, decian adiós á liis costas de Mé- 
xico, y á sus valientes compañeros que quetUiban sepultados 
en aquella tieira estraña. 

* Lft mftríiui firmocaa ■olauMoto cedió treinte auíntales de pólvoraj y d almiran- 
te DO CTBjó que delña regalar la cañonera. — (N. od A.) 



Seis sumanaa después, el Soberano era. señaLido en el 
paerto de Tolón. Al momento el prefecto mailtimo, y el 
comandante de la subdirision se dirígieron á bordo del na- 
vio en que venia el mariscal Bazaitie. A nombre de sus 
ministros respectivos le nnunciaron que se habia dado orden 
para que no se le biciesen bonores. La población, preve- 
nida de estas disposiciones í>or la Gaceta del Mediodía, 
que no habían desmentido las autoridades, se agolpaba al 
maelle. El mariscal tuvo que atravesar por entre la mul- 
titud, con el corazón despedazado, pero con la frente altiva; 
tenia la conciencia, al pisar su suelo natal, de baber cum- 
plido enteramente con su deber de soldado francés. 

La Francia no habla celebrado, á su vuelta de México, 
á loB regimientos que no lo merecían menos que sus ante- 
cesores al tomar antes de Crimea y de Italia. El mismo 
sentimiento de reser^-a pudo inspmir á uuestro gobierno en 
au actitud oUcial respecto al general cu gefe del cuerpo es- 
pedicionario. Pero debemos creer que la recepción que se 
hizo al mariscal en el palacio de las Tullerías, adonde fué 
llamado luego que llegó á París, lo ha vengado de las de- 
cepciones que habla encontrado á su paso por Tolón. Esta 



335 

coi\jetura es natural si se atiende á una carta emanada del 
ministerio de la guerra, escrita de París en los mismos mo- 
mentos en que el general Oastelnau se despedía de Mé- 
xico. 

PariSj 15 de Febrero dfe 1867. 

'^El mariscal Niel escribe por este correo al Sr. Mariscal 
Bazaine, una carta que veréis. Se ba presentado al empe- 
rador, quien la aprobó. Espero que cicatiizará la berida 
del mariscal, y que la recepción que se le baga á su vuelta 
á Francia completará su curación." 

¿Cuál podia ser esa beridaf El becbo es que al terminar 
la intervención en México, según este documento, el gobier- 
no francés manifestó que el general en gefc babia desempe- 
fixvdo su tarea difícil basta que tenninó la época de su man- 
do. ¡Pero boy qué debemos peusart Nuestro gobienio, tan 
celoso por lo común del bonor basta de sus inferiores fiiucio- 
narios, 8al>e moderar la prensa y cciTar la frontera á las 
publicaciones estrangenis cuando se separan de ciertos prin- 
cipios. Tres meses antes de que volviera á Emopa el an- 
tiguo genei-al en gefe, mucbos impresos de origen ameri- 
cano y otros inimdaban libremente nuestro país, poniendo 
así en el pílori el nombre de un mariscal de Francia y es- 
traviando la opinión pública. Se olndó muy pronto que un 
mariscal está obligado á la disciplina del silencio militar, y 
que el gobierno, depositario del bonor de sus militares de 
alto grado, como del suyo propio, es el único que tiene el 
derecbo de bablar. Pero este derecbo es también un deber 
imprescriptible, que no íiutoriza reticencias y que ordena, 
después de una investigación ruidosa, ó á degradar al gene- 
ral que ba traicionado las órdenes que se le dieron, y que ba 
altado á la delicadeza y al bonor, ó bien declarar púbUca- 
mente, después de haber sido igualmente justo con todos, 



336 

qae ha merecido bien de au país. Ei ejército, 1n Francia y 
la Europa esperan con ansia este veredicto supremo! 

Aquí termina la ínterveacíon francesa en Méaco. Los 
acontecimientos qne ha habido dorante los tres últimos 
meses de Li vida de 3IaxÍmiliano perteüeeeu al dominio de 
la hlttoría mexicana. Bl elegido de la política francesa su- 
cumbió con toda la altivez que convenía al nieto de Carlos 
QoíDto. No puede, sin embargo, dejar de sentirse que no 
Be baya hecho mataren Querétaro con la espada eu la ma- 
no. Un conquistador, vencido por la fortuna, cae con mas 
dignidad entre el fuego de la batalla, que fusilado por una 
oort*! marcial. Xos vemos obligados íi pensar que ^laxirai- 
liano, arrastrado á la muerte por una facción culpable, siem- 
pre CTeyó eu un dpsenhice pacífico, y la pnieba infalible es 
qae siempre rehiisi't á sus seis generales salir de la plaza de 
Qnerétaro, con mil caballos, para eon'er á México á buscar 
las tropos de Mántueü que permanecía sonlu al llaiuado del 
soberano. También respondió con una negativa á esos mia- 
mos generales que le suplicaban que dejase intentar esa mis- 
ma eflpedicion al fiel Mejía, sin la cual profetizaban un de- 
sastre, que ^1no á confirmar el resultado. Eski acta colec- 
tíva, en la cual declaran los signatarios que cumplían con nn 
deber de conciencia y de lealtad, está fechada el 1 1 de Abril 
de 18G7. Desde entonces la idea ^a del príncipe era abdi- 
car pacíficamente los poderes, de que se creía investido, en- 
tre las manos de Jiian^z, á quien había invitado á fin de po- 
nerse ambos de acuerdo: esta es una prueba del poder de 
BiiB ilusiones. De otro modo no podia esplicarse ¡a conduc- 
ta del jóve» soberano. Si hubiese pensoilo marchar al com- 
bate y jugar la última partida de la monarquía, no habría 
ciertamente abandonado eu capíUil, en la cual podia recha- 
zar á los que la asaltamn, para correr á encerrarse en una 
ciudad abierta y dominada por fiíertes posiciones: no habría 
dejado lejos de sí, en México, quinientos húngaros fieles 



. 337 

que le habrian fonnado un escado con sns propios cuerpos 
en la pelea, y cuyos sables le balNriáti abierto el paso hasta 
la mar. Apesar de su abatimiento causado por el dolor y 
por la fiebre, habria empuñado con sus dos manos esa espada 
de los Hapsbourgs ^^que tenia en su juventud tanta impa- 
ciencia por blandir.^ Ha capitulado, porque su carácter 
caballeresco ba creido en la magnanimidad. En aquel mo- 
mento supremo, cuando sus fieles austríacos se preparaban 
á morír por él, olvidaba que tenia que responder con razón 
de la sangre vertida por su causa. La ambición es una co- 
sa noble cuando tiene por objeto la felicidad de un pueblo. 
Un príncipe puede engañarse por un instante acerca de la 
sincerídad de los sufragios de la n¿vcion que le ha confiado 
sus destinos, cediendo á un arranque pasagero ó á la com- 
presión; pero la prueba pronto (jueda hecha. Cuando des- 
pués de píisados dos años los partidos continúan desgarrán- 
dose en toilos los puntos del territorio, la ambición que per- 
siste es tan culpí^ble y condenable, como la mano que se ha 
levantado contra la lil)ertíid de un pueblo, y la responsabi- 
lidad de líis C(>n\'ulsiou(íS de un país sube híista los tronos 
que, si escíipan del juicio de los hombres, no pueden eludir 
la severidad de la historia. 

— "La escaleni mímumental del palacio de Caserta, es 
digna de la magestad. Na^la es mas bello que figurarse ser 
el soberano colo(*ad<> en lo mas alto de ella, y como resplan- 
deciendo con el brillo del mármol que lo rodea, y figurarse 
dejando llegar hasta sí ú los humanos. La turl>a asciende 
llena de contento: el r«'y les envía su mirada gniciosa, pero 
que cae de lo alto. íSl, el poderoso, el imperioso, avanza 
hacia la multitud con una sonrisa d(? augusta ]x>ndad. Que 
un Carlos Quinto, que una Jlaría "'"eresa aparezcan así de 
lo alto de esa lísealera, y yo (luísiera ver quién sería aquel 
que no doblase, la frente ante la magestad que Dios da al 
poder. Yo también, pobre efímero, sentí subir en mí el 

45 



338 
orgullo que ya había esperimentado en el palado dd dnx 



de Yenecia, y pensaba cuan agradable debia ser en ciertos 
momentos muy solemnes, pero firecuentes, estar arriba de 
esa escalera, poder dejar caer la mirada sobre los demás y 
sentirse el primero, como el sol en el firmamento." 

Tales eran los i)ensamientos, trazados con su mano, que 
agitaban en 1851 el espíritu del archiduque Maximiliano, 
durante su permanencia en Ñapóles* Ellos condujeron al 
monarca efímero sobre las alturas de Chapultepec, que 
ocultaban á sus ojos otra roca Tarpeya. Estando muy es- 
trecho en el mundo viejo, fiíé á pedir una corona al nuevo 
hemisferio: no tuvo fuerza para llevarla- Pensador, sabio 
como mi alemán, Maximiliano no tenia el cai"ácter propio 
para intentar semejante aventura: de una naturaleza tier- 
na, afectuosa hacia todos los seres que lo rodeaban, no es- 
taba armado pai-a la lucha, y como todos los seres débiles, 
recumó al disimulo. El maquiavelismo que condenaba en 
el ciudadano, como Carlos I, proclamaba altamente que era 
necesario al príncipe. Ambicioso, valiente, generoso como 
la raza de (^ue habia salido, no poseia la atrevida astucia 
que ha hecho tan glande á la casa de Saboya. Ulti-amon- 
tano por tradición á la vez que por instinto, hberal por ne- 
cesidad política y por el impulso del siglo, consumia su ac- 
tividad en borrar al dia siguiente lo que habia emprendido 
la víspera, vacilando siempre cuál seria el mejor camino 
que debería seguir. SaUdo del líorte, desconocía las pasio- 
nes que fermentaban b^o aquellas latitudes ardientes, y se 
quejaba de haberse engañado respecto á los hombres lo mis- 
mo que respecto á las cosas, no notando que él era quien 
jse engañaba á sí mismo. Porque, h\jo del derecho divino, 
habia pretendido reinar por el sufragio popular. Fácil de 
dominar, le fidtaba tenacidad. Toda su fuerza residía en 
la alma ardiente de la emperatriz Carlota. Boto sin com- 
pasión por la política amerícana, que estaba en su derecho, 



339 

y por la iKflítica francesa que se había estraviado cruelmen- 
te, vencido por los acontecimientoB á la vez que trmciona- 
do por sus propias fuerzas, Maximiliano pagó con su vida 
su pasión de poder. Sin embargo, debe reconocerse que de- 
seaba lealmente la felicidad del pueblo, por cuyos sufragios 
se creyó sinceramente llamado al principio. Si ba cometido 
la &Ita de servir de instrumento á un partido rebelde al mis- 
mo tiempo que al gobierno francés, debe decirse con fran- 
queza que él fué el menos culpable y el mas desgraciado 
Al concluir el estudio doloroso de este largo drama, te- 
nemos la conciencia de haber defendido solo la verdad, y no 
ocultamos que somos felices por haber ^i8to que los hechos 
consiunados han vengado la reputación de una gloria miü- 
tar, que ha podido cometer Éi,ltas políticas en un país tan 
tormentoso como la corte de México; pero que ha sabido 
conservarse pura. Si (no importa el origen) emanan nue- 
vos documentos que importe á la sinceridad de la crítica 
que se conozcan, estos podrán contradecir, pero no destruir 
los escritos auténticos en los cuales nos hemos apoyado sin 
pasión. Solo el porvenir se encargará de reconstruir el pa- 
sado con todos los materiales verdaderos que C€ada dia que 
pase traerá al monumento de la historia del segundo impe- 
rio francés. De todas maneras, de los acontecimientos ya 
conocidos brota ima gran lección: y es, que la política de 
los Estados, cuya divisa debe ser la honmdez, no puede en- 
tregarse impunemente á todos los azares, sin sacudü* el po- 
der y sin comprometer el prestigio de su dignidad, tanto en 
el interior como en el esterior. Los gobiernos que no pueden 
olvidar que las pasiones agitan á la humanidad lo mismo en 
las altas regiones de la sociedad que en sus mas ínfimos gra- 
dos, tienen la obligación de someter todos sus actos á la com- 
probación saludable y preventiva de sus gobernados, si no 
quieren esponerse á los rigores del juicio de la posteridad. 

15 de Octubre de ld07. 

FDí. 



NOTA DEL AUTOR. 



Méxieo está dividido en dos partidos ^iie $e Jfm 
denominado á sí mismos glebioales y uhiraurb 
jíace mas de medio siglo que esos partidos se dis- 
putan el poder bajo dos banderas polüieaé diferen- 
tes; pero es necesario no perder de vista que amhoz 
son esencialmente eaióÜcos, como el mismo presiden^ 
te Juárez, quien practica la devoción como los in- 
dios sus compatriotas. 



I 




- f 







PIEZAS JUSTIFICATIVAS, 



I. 



Uno de los en'ores mas acreditados es creer que el des- 
pojo de los tesoros de las iglesias y de las comunidades ha 
sido cometido en México por el partido liberal. He aquí 
la circular del gobierno clerical que reinaba en México en 
1860, mienti*as Juárez hacia la campaña. Kos parece dig- 
na de ser citada. 

Administración de rentas del distrito de México. 



" S. E. el Sr. ministro de hacienda D. Gabriel Sagaseta, 
en comunicación otícial de fecha de hoy, me ha trasmitido 
una orden suprema del Exmo. Sr. general de di\ision D. 
Miguel Miramon, relativa al establecimiento de una oficina 
especial encargada de recibir de las coqioraeiones y comu- 
nidades eclesiásticas, las alhajas y otros objetos preciosos 
que deben entregai-se al gobierno para subvenir á las ur- 
gentes necesidades del momento. Esta decisión ha sido 



344 

aprobada por S. Sima, el Sr. Arzobispo, y el gobierno ba 
designado la administradon principal de rentas del Distrito 
como el lugar adonde debe hacerse esta importante remi- 
sión. En consecuencia tiene V. que ejecutar inmediatamen- 
te las siguientes disposiciones: 

^^ La entrega de las alh^gas y piedras preciosas se hará 
directamente en esta administración principal de rentas del 
Distrito, según factura, en la cual se indique 1;^ calidad de 
los objetos entregados, el número de piedras preciosas, sus 
nombres, tales como brillantes, esmeraldas, perlas, rubís, 
etc., y, si es posible, el peso de cada ima de ellas; si son 

grandes ó pequeñas, etc 

Recomiendo á V. también que envié los obje- 
tos de oro y plata á la casa de moneda con él mayor secreto 
posiblCj y que con el mismo me envié las alhajas, á fin de 
impedir que los enemigos del supremo gobierno comenten 
esta medida á su manera, desnatiu^alizando la legalidad de 
este acto, que es perfecta puesto que ha recibido la autori- 
zación del Illmo. arzobispo de México 

" Lo que comunico á V. á fin de que tome sus disposi- 
ciones para que se ejecuten las órdenes contenidas en la 
presente circular, de la cual me acusará V. oecibo. 

" Dios y ley. México, 21 de Agosto de 1860. 

Firmado: Ignacio de la Barrera. ^ 



11. 
" El rey Leopoldo J, al general, en gefe en México. 

" Señor mariscal: 

" Mis muy caros hijos, el emperador Maximiliano y la 
emperatriz Cciilota me hablan fi-ecuentemente, y en térmi- 
nos muy acalorados, de los eminentes servicios que V. E. 



presta al imperio mexicano, y de las pruebas que les dá di 
su benevolencia. 

^^ Suplico á y. E. me penuita uninne á ellos en la espre- 
sion de sus sentimientog, y reciba el testimonio de mi alte 
estímacicm y del afecto que le oonsagro. 

" Leopoldo. 
'^Laedíen, 25 de Diciembre de 1864.'' 



ni. 



^^ BriiseUiSj 11 de Julio de 1865. 



^^ Señor mariscal: 



I 



^^ Nuestra i>obre legión belga está muy dismimiida. E 
XKds entero cuenta con vuestra solicitud para obtener e 
cange de los prisioneros. Es de esperar que el gobienu 
mexicano tendrá los reciu-sos necesarios para permitímoi 
continuar reclutando este cuerpo. 

^^La reacción que se ha operado en los ánimos, nos per 
mitírá reclutar £í€ilmente cinco ó seis mil soldados de in 
Putería, quinientos ó seiscientos de caballería, y tres ( 
cuatrocientos artilleros de entre nuestros hombres mas vi 
gorosos. 

'^y. E. juzgará mejor que nadie lo que convenga hace 
en interés de la legión, y para esto me pongo á su disposi 
cioo, si me hace saber sus intenciones. 

Babox OhazaIi.'' 

Estas dos cartas atestiguan los sentimientos monifesta 
dos en la corte de Bruselas, á &vor del nuevo imperio me 
xicano. 

4A 



CÍRwior. 

"En lo áocesÍTo, loa reí» cooileiuhlúé 4 p^na ti<^ mccrte 
por Í3A rxtfífis vaaiáales. no <irlj«^nm ^er ejet:ata>ilo6 uro por 
mu órdeD especial de S. 3L el emperador, á <imeD ie 'Luú 
coaita iniDiediaCamente de la stfott^ocia. 

"Laü cortes marciales qae ñmoiüoaa ea pantos ániadoe 
BoJ>re la línea telegr¿ú<;x f^ ^rvlrán de eáCe coadiuco para 
dar eneota al emperador de lad senteoctaé capitales i^iie 
ffDoancienr salvo enviar pooteriormente la causa rttspeetiva 
antea de que se les pida. £o cuanto a Iü6 pEmri^tí en i^ne no 
baja telégrafo, el parte de la sentenda irá juntamente coa 
la cania, y por el condocto maa rápido. 

*'EÍ g«ieial comandante en $e&, 
Bazadíe.** 



Mérieo, Marzo 2-> ié 1J^65, 

**Señor comandante superior: 

"Me he dirigido ya á los señores generales ijue man«ian 
las divisiones y sab-díTísioties mífiíares, á Lm L-oniandantes 
ínperiores y á loe gefes de cohimna, previniéndoles <ine no 
at mezílen en lofl negocios dviles de Méxio»}. 

"El papel del ej^rcíío fraoc^ debe ümítaise á conservar 
la tnmqaQidad en el pafg. 



347 

**E1 gobierno del emperador Maximiliano, por medio de 
los agentes que ha nombrado, debe eonsen^ar el derecho 
completo de iniciativa, y su entera libertad de acción en el 
manejo de los asuntos driles y políticos. 

"La intervención de los gefes militares firanceses en las 
cuestiones de esta naturaleza, solo traerá embaiazos y cau- 
sará disgustos siempre peijudiciales al servicio general. 

"Os suplico que no olvidéis estas recomendaciones, y que 
las toméis como la línea de conducta que debe seguirse en 
nuestras relaciones con las autoridades mexicanas. 

"El mariscal comandante en gefe, 
Bazadíe." 



VI. 

Ejército repiihUcano del Centro. — General e)x (jefe. 

Exmo. señor mariscal de Francia: 

"Anuncia con satisfacción el que suscribe, á S. E. el se- 
ñor mariscal, que hoy salen de este cuartel general los pri- 
sioneros que estaban en Zirándaro y Huetamo, con el ob- 
jeto de verificarse el cange pactado. 

"El señor mariscal se dignará Jar sus respetables órde- 
nes, para que sean remitidos á este cuartel general los se- 
ñores generales D. Santiago Tapia y D. Juan Eamirez, 
prisioneros en Puebla, con lo que quedará definitivamente 
tenniuada esta negociación que honrará siempre al señor 
mariscal, y al general en gefe del ^ército republicano del 
Centro. 

"Protesto al señor mariscal mi mayor consideración. 

"Patria é independencia. Cuartel general en Tacámbaro 
de CodalIoB, Diciembre 4 de 1865. 

Vicente Kiva Palacio.'' 



348 

Eflte cange oondnído do6 meaes apenas áaspoeé de espe- 
dido el decreto de 3 de Octabre, pniefaa que k» fiancesea 
flabiol respetar á los Terdadoos soldados que caiaa &i sus 
manos, y que los gefi» mOitares no estaban compppndkios 
'Cn el rigor de on decreto que solo debía berir á los ban- 
didos. 



vn. 



Gabotete Mn.TTAR 
del Emperador. 



a:i 



V 2 éU JSn^ro ie 1866. 



^K^omandante: 

'^e apresuro á eoTiaros la comnnicacioQ qne recibo en 
-estos momentos del ministerio de la Gaerra^ con motivo de 
los 300.000 francos que b^v qne embarcar en el Adonis. 

**S«ria muy conveniente que S. E. pudiese diferir por al- 
gunas boras la salida de este buque, porque M^ia tenia 
mucha necesidad de dinero. Urjo tanto cuanto es posible al 
ministro á fin de que el negocio se baga pronto. 

^Además de estos 300,000 francos, parece que se ban da- 
do órdenes á la aduana de Matamoros para que ponga á 
disposición de Mejía otros 500,000 francos. Guando este 
n^ocio quede arreglado entre las aduanas de Teracruz y 
de Matamoros, tendré el bonor de daros el aviso respectivo. 

El GEFE del GABOfETB.'^ 

El mariscal hizo que el tesoro de Veracruz anticipase es- 
tos fondos, porque el gobierno no pudo enviarlos. 



349 



vni. 

GABIKETB MlLlTAB 

del Emperador. 

^^Mézico^ 9 de Febrero de 1866. 

"Mi general: 

**Tengo el honor de poner en conocimiento de vd., que lar 
comunicación del general Lozada, y la carta de vd. á la cual 
venia adjunta, han sido presentadas ayer á S. M. en conse- 
jo de ministros. 

^^Interpelado con tal motivo Peza, el ministro de la Guer- 
ra, dgo ^^que nunca habia estorbado á Lozada que marcha- 
'^ se, sino que solamente le habia dado mstrucciones. Loza- 
^^ da no ha aceptado estas instrucciones, y entonces el mi- 
'^ nistro de la Guerra lo autorizó para que se separara de 
"ellas." 

"El general Lozada está, pues, en situación de ejecutar 
puntualmente las instrucciones de S. E. el mariscal coman- 
dante en gefe, según lo ha anunciado en sus últimas comu- 
nicaciones. 

"El ministro de la Guerra ha sufrido un estraíiamient(> 
por las instrucciones que dio á Lozada. 

El gefe del gabinete militab." 

Esta comunicación prueba las contrariedades á que es- 
taba si^eto el mando miUtan atestigua también, lo mismc 
que la siguiente, las diñcultades que oponia el ministro de 
la guerra mexicano, y la debilidad del cai'ácter del empera- 
dor MaximiUano, que deploraban los mismos que lo ro- 
deaban. 



S50 



Gabinete Militar 
del Emperador. 



" Palacio de México^ 23 de Felrero de 1866. 

" Comandante: 

^^ Acaba de informárseme que el ministro de la guerra ha 
dado orden á las guaiiiiciones de Pátzcuaro, Acámbaro y 
Maravatío de que se retiren á Morelia, y allí se defiendan 
hasta el último estremo!!! Me repugna escribiros oficial- 
mente sobre este asunto, porque, realmente, la persistencia 
del. ministro de la guerra en dai' órdenes á las tropas, rela- 
tivas á las operaciones de la guerra^ sin contar con el gencr 
ral en gefe del ejército fi:nnco-mexicano, y comunmente, de 
una manera contraria á sus instruccioues ó á sus proyectos, 
tiene algo de inaudito. 

^^ Doy cuenta al emperador de esta nueva acción del Sr. 
Peza. Se me contestará " De enterado! ^ 

"El gefe del gabinete militab del emperadob," 



" Venado^ 17 de Agosto de 1866. 

" Señor mariscal. 

^^ Después de haber dado la orden de que contramarchara 
^ cuerpo sobre Matehuala, todos los oficiales belgas de mi 



851 

regimiento, los que habiendo solicitado que se les prolon- 
gasen sus licencias no han recibido aun respuesta, sino que 
por el contrario, nuestro gobierno se las rehusaba, lo mis- 
mo que los que no quieren dejar pasar los dos años de la li- 
cencia, todos acaban de firmar y de entregarme la carta ad- 
junta. 

" He contestado á estos señores, que fueran las que fiíe- 
sen sus obligaciones hacia sus cuerpos en Bélgica, yo no 
podia ni suspender la cgecucion del movimiento ordenado 
por V. E., ni darles en conjunto una licencia provisional; 
que todo lo que podia yo hacer era someter su decisión al 
jitício de S. E. 

^' Si estos señores se separan del regimiento, suplico á 
V, E. se digne hacerme marchar con mi regimiento á Mé- 
xico, adonde, con los elementos que hay allí, podré reorga- 
nizarlo y formar una guardia de 900 hombres, que será para 
Sus Majestades un sosten de importancia en los aconteci- 
mientos tan graves que se preparan. 

" No debo ocultar á V. E. que la introducción de oficiales 
franceses en el cuerpo, traería inevitablemente su pronta 
desorganización. Las últimas noticias de Europa, y los ru- 
mores de anexión han calentado los ánimos, con razón ó sin 
ella; y al participar á Y. E. este estado de las cosas, tengo 
confianza en que el profundo juicio del general en gefe apre- 
ciará cuanto dpben conmover semejantes rumores el senti- 
miento de nacionalidad de nuestros soldados. 

^^ Los excelentes subtenientes y sargentos del cuerpo, con 
algunos capitanes austríacos, constituirán cuadros tan sóli- 
dos como los que concluirían. 
" Becibid, Señor, etc. 

" El coronel, 
Van Deb Smissbn. ^ 



352 



"Ffe>i«, 2 de AJyrü de 1867. 

"Señor mariscal: 

"La carta que V. E. me ha hecho el honor de dhígirme, 
con fecha 29 de Enero, me pone en la obligación de espre- 
saros, señor mariscal, el sincero agradecimiento que me ins- 
pira la benévola apreciación que V. E. se ha dignado hacer 
de los hechos de annas del cueipo austro-mexicano. 

"El ejército austríaco, del cual ha salido este cuerpo, se 
alegrará de la alta distinción conferida á sus camaradas, y 
recordará siempre con satisfacción que le ñié dada la de ser- 
vir á vuestras órdenes, y al lado de los valientes soldados 
de la Francia. 

"Dignaos, señor mariscal, recibir las seguridades de mi 
alta consideración. 

El ministro de la guerra." 



xn. 



NOTA RELATIVA A LA VENTA DE ARMAS. 

El Correo de México^ en su ntimero del dia 13 del cor- 
riente, publicó, tomándolo del periódico oficial, un comuni- 
cado, en el cual se asegiu^a que el cuerpo espedicionario ha 
vendido á los particulares, antes de su salida de México, 
las armas, municiones y proyectiles, oou cuyo motivo la au- 
toridad militar ha creido que debia tomar medidas de poli- 
cía y de segmidad. 



353 

"Los datos que han motivado estas medidas, sou entera- 
mente inesactos, y las cesiones hechas por el ejército fran- 
cés no son de tal naturaleza que necesiten de parte del go- 
bierno medida alguna de precaución. El ejército ha cedido 
á un honrado habitante de México, i)ara resguardo de sus 
propiedades, cuarenta fusiles d(^ un modelo particular, que 
no pueden considerarse como armas de munición, y ima 
cantidad pequeña de cartuchos para est^vs mismas armas. 
En la ciudad es notorio, y el gobierno tiene de ello conoci- 
miento, que todos los cartuchos, municiones de todo géne- 
ro, pólvora, y proyectiles que se han juzgado inútiles para 
que continúen las oi)eraciones el ejército,* se han destruido 
6 inutilizado ant^s de la evacuación de México. Se han ro- 
to los proyectiles, se han vuelto á fundir en galápagos, y en 
este estado se han entregado al comercio como materia bru- 
ta, incapaces de utilizarse iúmediatamente para el servicio 
militar. El ejército no ha vendido sin trasformacion, sino 
los objetos de un uso general, y cuyo comercio se ha hecho 
libremente en todos los lugares del imperio. En esto ha he- 
cho uso de un derecho geueral, evitando siempre ministrar 
todo lo que pudiera servir para trastornar el orden público. 
Nada motivada, pues, las medidas de rigor que se tomasen 
contra las personas interesadas en estas ventas. Nada se ha 
hecho que pueda privar íí estos individuos de la protección 
de las leyes, lo mismo que á los estranjeros de la de sus 
naciones respectivas." 

XIU. 

El siguiente impreso suelto es una muestra escogida en- 
tre las muchas manifestaciones que se fijaron en los lugares 
públicos al retirarse luiestro ejército. 

* 6e entiende el ejército fraucée, porque to<lo lo que pertenecU al gobier^io me- 
jdcino, pan el eervicio del ejército, ne 'e ha eiitn^ado en perfecio estado de couser- 
▼acioo en todas la» plazas, aegun inveutano. — (N. del A.) 

47 



354 



''4 de Enero de 1S«7. 

*'Los habitantes del distrito de Santiago Paltamilau (Ja- 
bpa) han decid¡d<:) en reunión popular, estender la presente 
manifestación, en la cual espresau sus verdaderos senti- 
mientos, que son manifestar desde ahora al emperador de 
la Francia, que su ejército espedíeionario en México ha 
cumplido enteramente con los de^os é intenciones de su 
monarca, sin detenerse por consideración alguna, como lo 
hizo la i)riiii»'ra vez rompiendo los preUminares de la Sole- 
dad, üespues del sitio de Puebla, se sirvió de los prisione- 
ros para dar á Márquez y á Miramon todos los medios y 
socónos niicesarios á fin de consumar la ruina de su patri^^ 
después, con su intluencia, y la de Saligny y Ahnonte, creó 
una asamblea do notables criminales, quienes, con palabras 
y hechos nos (bíclararon imperialistas, "levantando actas ó 
arrancándolas a las autoridades con las puntas de las ba- 
yonetas,'' como lo ha hecho ( ialves (el general) quien man- 
dó fusilar á cíu(M) individuos cu Tlacalalan, i>orque se resis- 
tiau ;í n^eonocer el imperio 

*'EI ejército francés, con su fábrica de imi)erios, ha ad- 
quirido la aduiimcion del mundo, como se verá dentro de 
poco tiempo. Nosotros, indios del suelo mexicano, no po- 
demos menos que demostrar nuestra gratitud por el impe- 
rio que tan generosíimente se nos ha regalado. 

Juan Mkjia, Félix Marín, Alejo Duran, 
Sánchez, Juan Pablo, Miguel Méndez. 

Signen la^ firmas. 



355 



XIV. 

Bespiusta al Monitor Oficial, ptíblicad<i por el periódi- 
co el TiKMPO, con motivo de la entrevista de Saint-Cloud. 

"Desde luego que el Monitor habla sin razón de las conr 
versacwnes de iSaint-Cloud^ yo no he indicado mas que una 
sola. Ha habido oti*a en efecto en el Gran Hotel, y tengo 
motivos para creer que no ha sido mas amistosa (jue la pri- 
mera. 

"Después ^dcl jaque ([ue sufrió Almonte, embajador ex- 
traordinario de ]M6xico, al cual sucedió la ruptura del tra- 
tado de Miramar, como lo atestigua nuestro gobierno mis- 
mo en su nota a Maximiliano, fechada el 31 de Mayo de 
1866, la emperatriz Carlota fué en\iada cerca d(^l empera- 
dor Xapoleon, a fin de obtemn* hombres, dinero y cpie se 
llamase de México al mariscal Bazaine. 

"Al embarcai-se en \'eracruz, la emperatriz rehusó nave- 
gar en un bote de nuestra marina, bajo el pabellón francés. 

"En Paris se hospedó en un hotel. 

"A su llegada recibió á M. Drouy de Lhuys, (luien, con 
toda su cortesía, le significó que el pl<nx decidido preceden- 
temente por el gobierno del emperador^ se ejecuta ria así; es- 
to lo atestigua la misma declaración de este ministro á M. 
John Hay, encargado de negocios de los Estados-Unidos, 
(16 de Agosto de 1866) cuya nota esta reproducida en el 
Libro Azul. 

"La audiencia de Saint-(Jloud, difícilmente obtenida del 
emperador Xapoleon por la emperatriz Carlota, en nacía 
modijicóy como lo afirma este mismo despacho diplomáticoi 
las resoluciones tomadas ya. 



356 

^^¿86 puede admitir por iin solo instante, que la empera- 
triz Carlota, exaltada por un doloroso vi:\je, ba salido sa- 
tisfecha de una entrevista tin testigos, y que á una negati* 
va tan claramente articulada, la desgraciada princesa, irri- 
tada ya por el abandono de las TuUerías, no baya contes- 
tado con recrimvHicwnes mas ó menos vivasf 

"A falta de otra prueba que no conviene boy dar á luz, 
dejo á la opinión pública que juzgue entre el desmentís del 
Monitor^ y la lógica inexorable de los becbos." 

El conde E. 0£ Kebatby. 



MÉXICO, FRANCIA 



MAXIMILIANO 



roB 



HILARIÓN frías Y SOTO. 



JUICIO SOBRK LA IMTBRVKNCION Y BL DIPKRIO, BSCRTTO CON OBJBTO 
DB BBCTU1CAR LOS EBBORBS DB UL OBRA 

nnrruLADA 
ELEVACIÓN Y CAÍDA DEL EMPERADOR MAXIMILIANO, 

* B8CBXTA 



POR £L CONDE ¿. DE KÍRATBT. 



AIj C. ]^ENIT(3 JUÁREZ, 



PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LA REPÚBLICA MEXICANA. 



-^llgun(7s recrs J)e tenido la honra de impugnar 
La pcliíica planteada en el paCs por Lx administración 
de 1 . .} como esto me aleja naturalmente de la 
órbita del poder, cuando dedico a ] . el presente bes- 
(juejo histórico, no podrá inculpárseme que adulo al 
pnmer maguirado de la nación. 

. z)oy de la raxa (jue solo ante los principios incli- 
na la frentt\ y jamás ante los hombres. 

\ mas (jue seré algunas veces muy severo al juz- 
gar algunos de los actos del gobierno de V. 

Pero hay un hecho gue habla muy alto, y es, gue 
cuantos han escrito sobre la intervención, aun los ex- 
tranjeros y hasta los franceses mismos, todos han con- 



360 

fesado á V. las alias dotes de un patriotismo sin man- 
cipa, y de una constancia ¡feróica en luc¡far por la in- 
dependencia de México durante aquellos años de an- 
gustia y de prueba. 

jEl aplauso del enemigo es la ovación mas hon- 
rosa que puede V. alcanzar. 

Yo no podia, yo no debia ser mas injusto. Y me- 
nos cuando esta en mi conciencia la convicción de <fu€ 
esa épica lucida de los mexicanos contra el invasor, 
esta identificada con todas sus glorias en el nombre 
de V. 

Xa inmortalidad es un templo adonde solo llegan 
los Jfombres por las puertas del sepulcro: a V. ^a 
tocado llegar a él, siendo el testigo vivo de su alto 
renombre. 

jEn el monumento que alzen nuestros hijos en con- 
memoracion del triunfo de México lucJfando por su 
independencia, grabarán un nombre como la personi- 
ficación perfecta de esa gloria nacional. JEse nom- 
bre será el de BENITO JUÁREZ. 

X ese nombre no podia yo escribirlo en la conciba 
de la ostra, arrojándolo fuera del suelo emancipado 
de la Patria, 



361 

Tengo, pues, que escribirlo en la portada de mi 
pequeño libro, como un homenaje de la gratitud qtu 
debe la T(epúhlica á los que la bicieron libre y grande. 

ífeciba V., pues, ese bomenaje, como las protestas 
de mi alta estimación y respeto. 

México, f^gosto de i 870. 




¿áiUon ^iioó y 6^, 



4a 



MÉXICO, 

FRANCIA Y MAXIMILIANO. 



I^E0TIFI0-A.0I01*T 



k LA OBRA DEL CONDE E. DE KERATRY, 



IKTITCLJkPi: 



ELEVACIÓN Y CAÍDA DE MAXIMILIANO. 




CABA de leerse la obra del conde bretón, del oficial 
Imneés agregado íx la secretaría del general en gete, y 
después comandante en la contitignerrilla de Dupin. 

De suerte que si comenzamos, como lo exige un buen 
análisis^ por hacer la crítica de esíi obni buscando los ante- 
cedentes de su autor, tenemos que confesar que este debe 
estair bien informado de los sucesos que narra: solo tenemos, 
pues, que reprocharle, la parte de apreciaciones y las omi- 
siones voluntarias que haya cometido, tanto en los docu- 
mentos que sirven de testimonio á sus asertos históricoB, 
como en los hechos de que no hac43 mención por lo que pu- 
dieran lastimar á los autores de ellos: si se ha de truncar la 
historiii, es mejor no escribirla. 



S64 

¿Pero es uaa historia la que ha escrito el conde E. de 
Kératryt 

Nosotros creemos que esa obra tan elegantemente escri- 
ta, mas bien puede denominarse la apología del mariscal 
Bazaine, ó sea defensa del general en gefe, que la historia 
de la elevación y caida de Maximiliano. 

Carecemos de un dato evidente, ó de un documento irre- 
prochable, para demostrar que el trabajo de que nos ocu- 
pamos ha sido inspirado por el mismo Bazaine: no pro- 
cedemos mas que por presunciones ó por inducciones que 
suelen tener á veces el carácter de plena prueba. 

En efecto, como acaba de verse, tal parece que la voz de 
Kératry se levantó haciendo hi esculpacion de Bazaine ar- 
rastrado ante el tribunal de la opinión pública. Pero ese 
descargo tan oficioso como apasionado, tiene el gran incon- 
veniente de no estar motivado por una acusación formal y 
fundada. 

Sofocada enteramente en Francia la espresion de la idea 
pública, apenas han podido cruzar la frontera algunos im- 
presos americanos, en los cuales se hacían graves cargos al 
mariscal Bazaine. ¿Qué era, pues, lo que motivaba esa pu- 
blicacionf 

Pero estando imposibilitados para encontrar la etiología 
de su concepción, continuemos haciendo su análisis. 

Arrastrado Kératry por el calor de su oficiosa defensa, 
pensó que el mejor pedestal que podia levantar á su héroe 
el general en gefe, era el que formara con los restos de las 
destniidas reputaciones de los demás cómplices de esa loca 
empresa que se llamó la intervención. 

Así es que, para Kératry, criminal fué la Francia en la 
realización de esa obra, criminal el partido que la procuró 
y se Ugó con la usurpación, y criminal Maximiliano que c<Mi 
sus vacilaciones arrastró á la empresa francesa á un abis- 
mo, pagando su heroica debilidad en el cadalso. 



365 

Acaso solo sea esacto ese juicio respecto al gobierno 
francés. 

Con los años trascumdos desde los fusilamientos de Que- 
rétaro basta el momento en que escribimos estas líneas, la 
mano del historiador puede trazar su nai ración con mas san- 
gre íria. 

La pasión de los contemporáneos no puede influir ya tan- 
to hoy sobre el juicio histórico de ese drama nacional, como 
cuando estaba afm fresca Li sangre mexicana vertida por 
los ejecutores del decreto de 3 de Octubre, y la sangre de 
la raza de Carlos V empapando el fortín del Cerro de las 
Campanas. 

Dos sentimientos opuestos y llenos de im antagonismo 
eterno se agitaban entonces. Uno era el del partido libe- 
ral, trayendo frescas aún hus heridas q\ie hiciei'an en sus 
mártires y en su bandera las balas del estrangero; otro era 
el del partido conservador, que veia perdidas para siempre 
las esperanzas de su ambición, á la vez que contemplaba el 
cadáver de su emperador tendido en la sala mortuoiia de 
Capuchinas. 

El primero, en medio de los himnos de su \ictoria, lan- 
zaba un grito de maldición contra los hermanos que se ha- 
bian filiado en las columnas del estrangero. 

El segundo, encaprichado en su derecho, en medio del 
despecho de la derrota, temblaba de indignación al contem- 
plar lo que era á sus ojos im increíble regicidio. 

Hoy ambos sentimientos se han aplacado; es que el cora- 
zón mexicano no da cabida á los odios eternos é irrecon- 
ciliables. 

Hoy el partido nacional solo piensa en reconstituir el país^ 
y pronuncia la palabra amnistía cuando se trata de los in- 
fidentes. 

Estos por su parte no conservan sino un recuerdo lleno 
de ternura por el recuerdo de ese príncipe tan generoso y 



366 

tan bueno, que pagó su errt>r y su ambición mnríendo cuskU" 
do e-t:ib.i tan jó%'on y tan lleno de \ida, al pié de li\ bandera 
que liabia empuñado. 

£1 rencor Iim desaparecido: la historia de aquelki época 
memorable pueble hacerse ya con imparcialidad, y sin herir 
afeccít>n«:S ni üil>ear el v«;-rd¡»<lero carácter de las cosas y dp 
las personaos. 

De esa imparcialidad cuidaremos sobre todo en est€ pe- 
qnefio trabajo. 

Damos á este opúsculo la forma que tiene, porque siem- 
pre hemos creido nmy cansado para el lector, cuando tiene 
que leer hxH notas puestas al ñn de un libro, obligarlo á 
que tenga que coiLSultar el testo á la vez que la rectifica- 
ción. 

Por eso rara vez se leen las anotacione^s. 

Y nosotros queremos que se lea nuestro trabajo, pues 
con ese iin lo hemos hecho. 

Sin pnítensiones, y solo obligadas por el delx*r de rectifi- 
car los cíTores que ha cometido Kératry, nos presentamos 
con nuestro íinalisis en la mano, creyendo con te en que si 
á nuestra vez se nos rectifica, también se nos concederá que 
nos ha inspiíiido el amor que tenemos á México, esa queri- 
4la ¡>redilecta de nuestm alma. 



PÍMMEKA PAIOT^l 



LA DíTBRVEyCTON, 



I. 



Eni el (lia 13 de Junio de 1867. 

El que escríbe estas líneas estaba sentado en un oscurc 
rincón del teatro de Iturbide de Querílaro, teniendo sobre 
sus rodillas un pedazo de papel blancío, y un lápiz en la ma- 
no, para tomar apuntes sobre el drama terrible que iba á 
representarse allí. 

En efecto, cu aquel lugar debia reunirse el consejo de 
guerra que debia juzgar á Maximiliano de Ilapsbourg, y á 
sus dos generales Mejía y 2\Iiramou. 

A las nueve de la mañana el coiLsejo estaba instalado á 
la derecha del espectíulor: á la izquierda estaban los ban- 
quillos en que debían sentarse los acusados, y tras este si- 
tio se enconti'aban los cinco abogados que iban á defender 
á los reos. 

Entre los miembros del consejo estaban el asesor y el 
fiscal de la causa. 



TiA^ X2r4iiiiia ' líí*Aiu Wi.^umWhaH* ecaaba enfeniKi, y los 
nifdi-i»- — r^ii':;i-.»L «jiir iit i*t it pctáúi estner de la pri- 

Li^ rr.>^ ijiit* úarnL át^toiidür j fmanáados pc»r una doble 
üiit^n. a* ;^LULiuaii!^ d:^inrt> ü¿ ]*árckx« dd «eaxrcc se les colo- 
'jiiTiiL u.«r ñlI;¿I^.llII^'. h ik -jteüfSTEk del ¿aúím. 

5j'.*iLjr.LJ!. iL JtfíTmrk d¿- }bí^ }ü£zaé^ dfil potieesa, y coando 
*itr^ :Mii'.'Ji7\i. iiií' rtiíir íoeríiL Lexuda^ al eBoeDaiioif piime- 

Zéi.::iii'.«t-f Mt es:^dharifL ¿^a2tíDa^ Tnagnififias defisnsas, 
<>: Lzi iiu^ü. ii>T ¿«r TTir^ran (icoi demasiada severidad, 
tii:v.cj>.> IjtiK-r.fL j& nLjiTt^vGi Dcieiesaria en aquella sitoa- 
civC -Li^i uis rr::»rr:¿r, taz: Lena de dific:Jtades v de e»- 

Li ^it :cM-:iD:í.* Veca. ¿^«^c^ iodo, en delensa de Mgfa, 

rae ::i:á j^jr-si ¿-í:zií -ür:! f.o> ivenano. 

Trrn: '.1^1 .1 el Shf.Z'.\, 'íki^ reoé^ foenm oíiDducidos á su pri- 

H<>IL 

.VlgunÁj- h^cj^ de¿pue* ¿e que ixHKJuyó sns debates el 
eoiLSrjo. •irrsj^aes de que hal*ian trasoomdo cuarenta y ocho 
homs íie >es:«'jn, es dtvir. el dia 1-L ¿^ snpo que se habia 
proDUiií.iiádM la pena de muerte. 

Toií^ a^niiirdaban e¿^ desenlace, y sin embargo, los áni- 
mofi se a;;dtarou con un sacudimiento terrible. 

•Se agotaron las influencias ceica de Juárez y de su mi- 
nii>t4,'rio para obtener el perdón de los ocmdenados á muerte, 
pcíro UmIo fué inútil. 

f^I goliiíTiJO iMíSÓ en su ánimo toda la responsabilidad 
quií ty()\ni', /•] I í|>oitaba cualesquiera que fiíese su resolución. 
y cKíogio l;i iiiuH tcrriWe, la responsabilidad de la sangre. 

Pero lio píüiKÓ en matar al emperador y á sus generales, 
sino en ronii>er la bandera de la guen-a civil. 

Y la sentencia de muerte quedó ratificada, no en nombre 



'¿tí9 

de la vindicta nacional, sino en pro de la conveniencia pú- 
blica. 



El dia 19 de Junio la mafiaua estaba serena, tibia, azu- 
lada. Los rayos del sol nacncnto apenas besaban las cimas 
de las montañas. Los troncos de los árboles desgajados 
por el cañón, arrojaban nuevos retoños que impregnaban 
el ambiente con sus finescas y i>orfuinadas emanaciones. 

Bn medio de aquel cuadro risueño como un idilio de 
amor, en medio de aquella naturaleza virgen, húmeda, lle- 
na de voluptuosos desfallecimientos y de vida y de luz, se 
destacaba una escena terrible y sombría. 

Sobre aquel florido valle se levantaba la pequeña mon- 
taña denominada el Cerro de las Campanas. 

En la fiUda de la montaña había un cuadro de acero for- 
mado por las tropas de la Itepúblioa. 

Tres cami^ges que ascendían ¡mr e.sa falda hicieron alto 
junto al cuadro: de ellos salieron los tres condenados á 
muerte, llevando ca4la uno de ellos un sacerdote á su lado. 

Pasaron unos minutos, cuando se escuchó una detona- 
ción poilerosíi, seca, terrible, sin luz, porque la suya se con- 
fundió con la del sol. 

Se alzó ima nia^a d(^ humo, y á través de él se vio en la 
tierra tres cadáveres llenos *lv saugrí'!. Eran los de Maxi- 
miliano, Miramon y Mejia. 

El imperio habia concluido. 



Yo presencié el consejo de gueira que los condenó. 
Yo escuché la fusilería que diísgarró el pecho del empe- 
rador coronado por la Francia. 
Kasdmiliano, antes de caer, ^ pai-arse en su puesto, lan- 



37»> 

zó cíu fiinrtLk min-Li d .i«i:iiel '.-ido i 

con L» >JÍ ilil'r 7 <!-H':irr^ .itr Uk üLlñaSIL 

V'i ■nirpr^ciií r*i niiraiLu 

azulea era U miraiia ávida, anhélame, 'itie ibitu. anies <ltf 
apagarle para -ienipn-. A lütimo attitM á !a vi<ia. 

De MineQa popüa tía nn azn[ inteos» i^hho el crúíc^ <le 
OH hupt, vi salir aqaeQa hiz p»tr>*rA 'ie la eñíXeiiL-ia. recnr- 
r^ coiiii> nn rdámpa^ el y¿üf' •hiaik w re-ünaba la cta- 
d:wl coa sn ttíiax liñ pit^in t]«s^arrM&> pi>r >t! •?añ»a, Ukisu 
á la ffíma át la moDíaña. iw«?eoiIer al e*¡>a*:i'X v va alli per- 
tlerw i^n Li íomeositlatL 

En "- «r -;;;'"-ii.o mixu"*!!:') •I*- Li vUIa «itri seatenf'iaili} á 
mn^rtí^ **- 'írhir vírir rm «iz!>>. 

MilXiíniiiUfi'í «itíWw pensar •rr.t'r'n'íír?. O'-n cs;i !z>rantÍE>^ 
coni,'*rpL'i'<:i íii>í ap>rüa- *^ M.[i<:í:_ir. t-n Lv I^ita -le llrramar: 
én yapiilMíii -i.iti»-R'Io- ;il .*:ih'«7r Al':*-! fa-jüiunitriiti'. tise el 
terpjT fe «urniüa «e-I mnizun y U oU r'_ija li-r la verjir^cza le 
tnvií'Iia trl pi^Trtí: f-n U Eñrnifti }■ Li InsfaLt-m Aí-liiinlién'io- 
■se lie :?u ■iliil'jrnán'-" raí-Uniix y rn tíoma iimpiantl-j toa m 
manto ¡iapai Li ipxu 'ie -iinaní «ine saltan .les«Í'-' el patíba- 
lo dé Qneréíaro ha^sra ¡a ti;ira iníiin'jltf t!e sa rey. 

Aqafrfli mintiia ein>rmib:i t'.'i--* mi tlruaia. cuy» hilo se- 
creto OfHnenzú á anürse eu la recámara de la Xoatya, y 
eayo il^sarmllii se fría^tsú en tni inmeostj teatrti. de^e Pa- 
TÍA baítta I>Hi>lreá cruzando el canal de la Mancha. tl«<tfe 
Eoropa ha.'ita .Vm^ríoa morcando el Océano y el GoUo. dea- 
de nne5<txa.4 obstas oneatak:^ ha.«ta las del Pacfik-o. y desde 
d mar de laA AntíIW ba^^ta el Rio Bcaro. 

El de*-alac-e tiivi> logar en ese [ttiiaeüo túmulo de t^ue- 
rítaro. el Cem* de (as C'airipana». 

La belta heroína de e^^e drama era la Kepúbik-a. £n 
metikt de *-si ifinien.«a mriltitnd de personages qm k) r«pre- 
lentaban, entre Uh dii4oDiácic<is e$pnrk)^ y Kki zitanM t 



371 

los argelinos, y los belgas, los húngaros, los austríacos, los 
obispos, las damas de hoDor, los caballeros y los chambela- 
nesy se destacaba la noble figura de la Patria, con su almo 
manto teñido con la sangre de sus hyos, delirante de dolor 
al sentirse violada por la mano impura del estrangero, j 
luchando hasta ceñirse el laurel de la victoria. 

Debía seducir el deseo de escribir ese drama. 

Desde entonces pensé en escribir esta historia. 

Pero como debe escribii^ calc/indola en los actos dite- 
ros de la intervención. 



El imperio se concibió en Europa: el convenio tripartito 
fué su base generadom. 

Aceptado el principio de inteiTencion europea en Méxi- 
co, la Francia, desprendiéndose de la molesta cooperación 
de sus dos aliadas, llevó adelante esa intervención, con ella 
levant<> un trono, y al retirarla dejó que ese trono se hicie- 
ra pedazos, hundiéndose en el luto y en la sangre y en las 
lágrimas. 

Hé aquí porque la intervención es la primera página que 
tenemos que hojear en este gran libro de nuestros desastres 
patrios. 

La Francia es el primer personage de la tragedia. 

Y entiéndase que cuando decimos de una manera gené- 
rica la Francia, queremos significar su gobierno. 

En nuestro juicio, y conforme á las reglas de una estric- 
ta justicia, las naciones deben ser solidarias de los actos de 
sus poderes, cuando no saben ni impedir las faltas de estos, 
ni derrocarlos cuando en sus actos no traducen las inspira- 
ciones del espíritu público. 

De suerte que para una alma apasionada la Francia de- 
bía reportar la nota de ese infando error de Napoleón m, 
«que se llamó la empresa de México. 



T"** 



reicsbt ikI 3iéo)«íi# lili oíML 'ibB^lñ i Oiu^r eira» 



t ^ 



rSfc ¿s ei Zitxnaii} mfiOVTKii* 



íC'iiál fue el origen verdadero de lii intervencioní jCuál la 
íuente ó (d punto de partida <le esa liga europea que trajo 
á nuestros mares las escuadras aliadas? 

Apesar de la luz que arrojan ya sobre este punto de 
nuestra historia los documentos publicados en la prensa pe- 
riodística de ambos mundos, en el Memorial diplomático, ea 
el Libro Aisul y en el Libro Amarillo, no e« posible hallar 
aúu la larva de donde salió esa monstruosidad. 

En el i>ensamieuto primordial de la intervención, hay la 
concurrencia de varias eau.<as genenulora^s, ¿Quién podrá 
apreciarlas todas y dar á cada una su prc»p¡a gemrquíat 

Las gnuides obras de los ¡íueblos, ya sean buenas ó ma- 
his, siempre son anónimas, v en las tonuentas sociales hay 
algo de nietcrcológico, como en las tempestades del globo. 

En las montañas cubiertas de nieve de la 8uiz¿i, á la me- 
nor vibración del suelo ó del viento, se desprende un tóm- 
Ip paño de liielo del vórtice, y baja, y nuevos témpanos se le 

van agregando hasta fonnar un inmenso alud que descien- 
de la pendiente con una rapidez vertiginosa, cayendo al fin 
en una terrible avalancha que todo lo arrasa y destruye á 
su paso. 



374 

Gota á gota se evapora la agua de los bg» játhm 
res: e»^ vapor asciende, j al ascender se enfiia y se cociere- 
ta, y torma pequeñas nabes qoe se a^omeran en la &Ida 
de hks montañas desgarrando en las pontas de las rocas sos 
blancos creíq)ODes. Pero vienen nuevas masas de vapor, y 
las nubes se funden unas en otras, y mezclan las curvas pk>- 
mizas de .sus eírus, y al ñn se levantan cubriendo el boñ- 
zonte con un n^ro velo. £1 relámpago rasga el seno de 
la nube, resuena el rayo, y la tempestad se desata, cubrieiK 
do el valle de sombras y duelo. 

Allá entre los juncos y cañaverales de la tíerra-caliente 
hay mi pequeño lago. Las ninfeas levantan sus blancas 
OMolas sobre sa manso cristal, y sus ondas pennanecen 
nmióvfles hasta que el ave las roza apenas con sn ala. Un 
9(A de fn^o entÜMa aquellas aguas muertas con sus rayos^ 
y las evapora convirtiéndolas en exhalaciones mortíferas 
que esparcidas por la costa diezman á aquellas pobladonesi. 

Y bien, ¿habrá quien pondere los átcmnos de nieve qne 
íbrmaron el aludt ¿Halná quien mida el vapor que fi>rmó 
la tromba? ¡Habrá quien calcule el volumen del vapor pa- 
Indiano que envenena el viento? 

Así sucede con la intervención. 



Las conferencias de Londres eran tan secretas que sedo 
las conocían los gobiernos inglés y francés: aun la misma 
E^aña que meditaba hacia mucho tiempo en trabajar por 
sn cuenta, ignoraba lo que se tramaba en el gabinete de 
Saint-James. 

Sin embargo habia un Tumor vago, sin cuerpo y sin con- 
tomo que anunciaba que algo muy grave pasaba en las oór- 
.tes europeas contra México: era ese ruido sordo y profonda 
qne precede á los grandes temblores de tierra» 



375 

En efecto eonieuzabau á coucretarse los dispersos ele 
inentos de la traiciou y de la invasión. 

Si hemos de creer á algunos historiadores contemporá- 
neos, desde la última dictadura del general Santa-Anna 
oomenzó el partido conser\'ador mexicano á trabíyar en 
Eoropa para traer á su país un gobierno y un ejército ex- 
tarangeros. 

Otros buscan la fuente mas atrás, y atribuyen á Alaman 
la inidatiya inter\'encionista, teniéndola como un síntoma 
de las últimas pretensiones de la metrópoU que habia per- 
dido con la reyolucion de 1810 el inmenso país que le con- 
quistara Hernán Ck)rtés. 

Los datos en que se apoyan estas aseveraciones son dé- 
biles, y los documentos en que se han ftmdado sus autores 
tan fugitivos que no autorizan para dar un sello histórico á 
los hechos respectivos, pudiéndose tener apenas como ten- 
tativas aisladas, que serían acaso el germen de los trab¿gos 
po8teríoi*es, pero sin darles un rasgo de perfecta continuidad. 

Para dejar completo el relato basta con hacer esta con- 
signación. 

Coetáneo nuestro es el proyecto de la intervención que se 
consumó al fin. 

El año de 1861 habia esparcidos por Europa vaiios emi- 
grados mexicanos, para quienes estaba vedado pisar el sue- 
lo patrio mientras imperara la repúbhca que tanto habian 
combatido. 

Eran los hombres eminentes de su partido. 

Entre ellos figuraba en primer término D. Juan N. Al- 
monte. Inmediatamente le seguían en categoría Gutiér- 
rez Estrada y José Hidalgo. 

De esta trinidad solo al primero conoció el que escribe 
estas lineas, y en una circunstancia que siempre será me- 
mocáble para éL 

Bra una noche del dia 15 de Setiembre. Ese dia ocu- 



376 

paba yo la tribuna en el salón de la Universidad de Méxi- 
co, adonde se celebraba el aniversario de nuestra primera 
independencia. Muy joven aún, daba el primer pa«o en la 
carrem política. 

Almonte presidia la junta patriótica y por consiguiente 
la solounidad de aquella noche. 

Era el Lijo natural de Morelos, pequeño, débil de cuer- 
po, y en su rostro se veia fuertemente pronunciado el tipo 
de la raza india, sin que pudieran privarle el atractivo que 
se notaba en su fisonomía, su color bronceado, sus pómuloB 
salientes y angulosos, y sus labios delgados y prolongados 
por la mejilla con un rictus cniel y estúpido, y dejando ver 
su magnífica dentadura. 

Vestia con refinado esmero, y apesar de los principios 
demagógicos que entonces afectaba tener, tenia pretensio- 
nes de poseer los modales aristocráticos del gran tono. 

Ese era casi el ser físico: en cuanto al ser moral, senti- 
mos que no pueda desaparecer de la historia, así como del 
cadáver de ese hombre solo queda un poco de polvo olvida- 
do en tierra estraña. Pero Almonte vi\ii'á siempre en los 
anales patrios, como una deformidad repulsiva. 

Ese hombre valia menos que su ambición, y este es d 
secreto de su vida entera. 

Eterno aspirante al supremo poder de la nación, y su- 
friendo constantes deiTotas siempre que intentaba apode- 
rarse del gobierno, gota á gota se fué deiK)SÍtando en su co- 
razón el virus conosivo de su despecho, al ver desvanecidos 
sus sueños dorados, que eran el único anhelo de su vida, 
pero (\\\o la abrazaban toda ella en su ardiente inmensidad. 

Almonte, preciso es confesarlo, era grande en su mons- 
tniosidad: si no alcanzaba á poseer las líneas del Satán de 
Milton, tan bellas aunque tan sombrías, sí llegaba á ign;i- 
lai-se al terrible Yago de Shakespeare. 

Almonte no em un hombre, sino una pasión, la del man- 



til i 

do, y ante ella hubiera saeilficado al héroe de Ciiautli, ; 
su padre mismo, bí lo hubiese encontrada en su camino es 
torbándole el paso. Gomo el hombre de Byron, sabia odiai 
y A su patria llegó á odiarla hasta el delirio, hasta entre 
garla al estrangero. 

En cuanto á ln evaluación de su inteligencia, es muy di 
ftcil hacorhi: pretendía ser enciclopédií?o, pero sus pequeña 
obras que vieron la luz pviblica, lo desmintieron de una ma 
ñera nuiy categórica. 

No conocimos & Gutiérrez Estrada y á Hidalgo: per 
basta decir que fueron los dignos socios de Almonte. 

A favor de Hidalgo milita sin embargo una di8culp^^ qu 
su traición era muy lógicíi y prematura. El pequeño dlplo 
mático renunció á tiempo su nacionalidad haciéndose nA\ 
dito español. Con e^^to basta para hacer su semblanza. 

Estos tres hombres plantearon en Europa lo que denc 
minó Lamartine la política del ostnicisnio. Durante algu 
nos años recorrieron las cortes europeas solicitando bu ii 
tervencion en los negocias de su país, sin que los cansaz 
ni los desanimara el fiasco continuo que hacian sus gestic 
nes. Es que el pensamiento no llegaba aún á su perfecb 
madiu*ez. 

TjOs demás reaccionarios desteirados, Haro y Tamaris 
Miranda, Labaíjtida y los obispos mexicanos, ayudaban á 1 
empresa haciendo en España, en Roma y en todas parteí 
una activa propaganda. 

A la vez, y obedeciendo á las órdenes de la compañía d 
Jesús, á la cual CvStaba afiliado, Gabriac, el ministro firanc^ 
i'n Móxico, ayudaba á los reaceionarios fomentando 1 
guerra civil, y detuipando en sus notas á México: entretar 
to comerciaba vendiendo en la Rivera de San OoBOie h 
legumbres que cultivaba en el jardin de su casa, y haci 
economías con los fondos de su legación que jamás aplicab 
II su objeto. 



378 

Un (lia la colonia ñ-iince^a dio una cencerrada á sa niir 
nidtroy y rKiC4> después el jei^iüta d^hábii'-courtj fué llamado 
á Francia, siiátituyéndolo el célebre Saligny. 

La situación comenzó entonces á ponerse propicia para 
los ¡nter\'encionístas, y el fruto del íirbol vedado comenzaba 
á sazonarse. 

La guena civil de los Estados-Unidos llegó ¿ su mayor 
grado de violencia, y ei Bur predominaba sobre el Xorte. 

A la vez, Hidalgo habia logrado deslizarse hasta la cáma- 
ra de la marquesa de Mont\jo. 

La historia pocas veces acepta á su lado la crónica escan- 
dalosa: por eso tenemos que limitamos á decir que varías 
influencias de sangre y de raza, llegaron á apoderarse de la 
emperatriz Eugenia, apasionándola contra la Bepública, y 
oonvírtiéndola á £ivor del partido reaccionario, al cual se 
convino en llamar el partido de la religión católica. 

Acaso la esposa de Napoleón III llegó á creerse la suce- 
8(mi de Isabel la Católica, y que debia por tanto ir á plan- 
tear el cstandart<^ de la fé en México la inftel, esa inculta 
Alhambra del Xuevo-Mundo. 

Afortunadamente la fascinación de la noble señora solo 
duró un momento; y aunque ese momento fué el decisivo, 
mas tarde la emperatriz volvió á su regia oscuridad, siu que 
figurase mas su nombre en la cuestión mexicana. 

Pero el impulso estaba dado. 

Napoleón III, el hombre de los planes incompletos, que 
siempre mezcla el delirio al programa político, y que go- 
Uema sofuindo, aceptó al fin la idea de intervenir en Mé- 
xico. 

¿Qué pretendía en ello! Es inútil perderse en el campo 
de las coiyeturas, cuando ni el mismo emperador de los fií^n- 
oeses sabia al principio lo que queria ni lo que debia hacer. 

Lo único cierto es que Napoleón III, lo mismo que otros 
muchos, se veía arrastrado por el torrente* 



879 

El alud de que hablamos antes se habla formado ya. 

Y estaban en él como partes componentes, la España 
con sus antiguos rencores contra México, y la Inglaterra 
con los bonos de su deuda en la mano, que quería salvar á 
toda costa, y por lo cual tomaba participio en primer tér- 
mino. 

Eí^aüa, sin traer á la empresa los recuerdos de sus der- 
rotas de once años en su colonia mexicana, sí soñaba en 
construir al menos un trono para la raza de Borbon en Mé- 
xico, lo cual era una manera de conquistar lo perdido. Ade- 
más, la nación española venia á la colidon con los rencores 
del tratado Mon-Almonte, rechazado por el país, y de lo» 
asesinatos de San Vicente y Ohiconcuaque, de los cuáles^ 
afectando solo á la justicia criminal, se hablan convertido en 
negocio diplomático é internacional. 

Últimamente su embajador Pacheco habia sido arrojado 
del país. 

En esa avalancha se mezclaba también el íango que 
encontraba á su paso. Lo formaban los pequeños intereses,, 
los miserables intereses que representaba Saligny. 

Hoy está probado con la darídad de la luz meridiana, 
que Saligny era el agente del negocio Jecker, el banquero 
suizo, y la corrupción parece que ascendió hasta muy cerca 
del trono francés. 

Esto esplica esa i)asion que resaltaba cu todas las notas 
que sallan de la pluma de SaUgny, calumniando á la Repú- 
blica, y suponiendo que las personas é intereses de la colo- 
nia francesa en México, sufrían vejaciones horribles del 
gobierno de Juárez. 

También Soma soplaba la hoguera; creia que con la in- 
tervención europea recobraría el clero las casas^ ci^italefl é 
influencias perdidas. 

Todos estos elementos se aglomeraron para producir el< 
oatadismo. 



La le; ««pedida por el congreso mezieaaoeo 17 de Jidio 
de 18G1, sospendieodú el pago de las conveacioneg eetnO' 
geiaa, (aé el pretesto para que la tormmta estaSaia. Ma» 
taide se derogó esa ley, pero el eüeeto de ella ae Qevó ade- 
lante por lort enemigos de México. 

En nn trdtx^o como el presente, en el cnal tratamoa la 
historia de esa época á grandes ra^ns, do podemoa deCe- 
nemoH en todos loa detulleü de Km prelimiDares de la ínter- 
reocioa: los pasamoa, paes, per alto. 

Espedido el decreto de 1.7 de Julio, los mioistnM estran- 
geros en Méxíoa dirigieron al gobierno de Joarea sa pro- 
testa colectiva contra aqnd acto 4 que se reia obligada 
ta Beplíblica^ impotente para cnmi^ir con Íoa compromi- 
sos que gravitaban flolK'e en tesoro, gracias á las dos oon- 
venciones inglesas, y al tratado que concluyó DuesHo ga- 
Unetc en Diciembre de 1868 con Dunk^ y Penaod. 

Héxim pagaba ríe los productos de aos aduanas de mar, 
nn 95 por 100 á la otHivencion frauccsa, y un 51 por 100 á 
la inglefia, (Con lo que le restaba pedia alrontíu- ]a& urgen- 
cias de la guerra ciiilT — Primero es \ivir que pagar. 

£1 cuerpo diplomático tomó un tono insolente, y el ga- 
Unete de Juárez que preítentia detrás de e.sa agresión io- 
tencional un prtjjecto ulterior, quiao evitar con tiu modet»- 
don nn conflicto que aoabaria con la poca \ida que queda- 
baal país. 

Esa iriotlecacion rayó algmias veocs en debilidad. 

BntrBtanto, los corredores de la intervención i-ecorriíai 
bu fi^taJe» europeas, y en lascortes respectivas llovian las 
nota^ de m\n rcpreiR-ntantes, aglomerando cargos coAtra 
México. 

Médico i)or todos sus conduotús oficiules pirociiró dar. to- 
das laH satisfiícciones debidas á los agrarios que se; le K^ 
clamaban. Pero fué en vanoe la empresa estaba ya deci- 
dida. 



38t 

Las conferencias abiertas en ij6iu£reB entre los represen- 
tantes de las tres i)0teucia8; Francia é Inglaterra {nrimero, 
j después la reüirdataría España, eran trabajosas y ifivtis 
gantes como el parto de Latoiía. .i 

Al fin el conde de Russell quedó esclusivaniente encara 
gado de formar el i)royecto de la convención. 

En Octubre de 61 se comunicó al gabinete español dicho 
ptt>yecto, y el 22 de ese mes el ministro de relaciones dé la 
reina Isabel, Calderón CoUantes, observó dicbc proyéotof . 
sos argomentos fueit>n atendidos, la minuta primitiva se 
modificó por oomun acuerdo, y elSl de Octubre del mismo 
año quedó firmada esa cÓtelnre convención de Londres, por 
Bnssell á nombre de la reina de Inglaterra, Istüritz á nom* 
bre de la reina de España, y Flahault por bl emperador 4e 
los firanceses. 

La minuta de esa convención era algo mas clara y preci- 
sa que la fórmula definitiva. Esta quedó de tal suerte va- 
ga^ por mas que se diga lo contrarío, que al plantearla te- 
nia que romperse forzosamente. 

En el artículo primeit) de dicha convención, las tres píox 
tencías se obligaban á enviar á laa costas de México las 
fuerzas suficientes para ocupar y apoderarse de las fortale^ 
m» y posiciones del litoral mexicano, á nombre de las altes 
partes contratantes. 

En el sesudo se oUigaban tas tres potencias á no apro- 
piarse ningún territorio ni obtener v€dit%|a particular, y á üo 
ejercer en los asuntos interiores de México, aii^gutia iüfluen- 
eia que contraviniera al derecho do la nación mexicana dé 
elegir y constituir libremente la forma de su gobierno. 

Por el tercero se erigia una comisicm de tres comisarios^ 
uno por cada nación, con plenos poderes para determinar 
sobre todas las cuestiones que ae suscitaran sobre la digti> 
bucion de las sumas de dinero que se recabaran de Mé- 
xioo. 



382 

En el cuarto se decía que se emiaria ana copia de esta 
^xmyencion á los Estad(>s-Unido8, invitando á su gobierno 
á que accediera á ella: pero que no por aguardar la res- 
puesta de este, dilatarían las operaciones de la guerra que 
iban á emprender. 

El quinto fijaba quince dias para la ratificación y caqje 
de la convención. 

Hé aquí en suma el feto abortado de esa generación ab- 
surda de la intervención. 

México se habia salvado de la liga al menos, porque esa 
convención era irrealizable, supuesto que por su vaguedad, 
y por la imprevisión con que se formó, iba á provocar cho- 
ques entre las tres potencias, en virtud del antagonismo 
que se levantaría entre los intereses respectivos que cada 
una representaba. 

I/a pasión que presidió á esta empresa, se desencadenó 
por todas partes, y los intereses identificados con ella, se 
agitaron con la esperanza del próximo tríunfo. 

Los altos personajes interesados en el negocio Jecker, se 
¿dentaron con este prímer éxito, y Saligny, que durante al- 
gún tiempo reservó la presentación de sus credenciales cer- 
ca del gobierno mexicano, tomó un tono mas insolente en 
sus comunicaciones oficiales, y se hizo mas agresivo en sus 
informes. 

Nb se perdonó medio ni intriga para llegar al resultado. 
Hasta el rumor se propagó entonces de que á la princesa 
Isabel se la habia &scinado con unas minas de Snltepec y 
Temascaltepec en México, en las cuales la plata nativa se 
enccmtraba á flor de tierra. 

México se convirtió en el Eldorado de todas las ambi- 
dones, y los tres gobiernos aliados apresuraron los prepa- 
rativos para enviar á nuestras costas sus ejéi*citos. 



III. 



La República languidecía cada dia mas, desangrada por 
la giierra ci\il. La fiebre de los partidos corría por sus ve- 
nas agotando su fuerza vital. 

Y con frecuencia volvía sus ojos al viejo continente por- 
que comi)rendia en su instinto que el principal peligro de 
allá le venía. 

A uu(»stro secretario de relaciones apenas habían llegado 
débiles indicios y noticias vagas de lo que se tmmaba. 

El Sr. D. Antonio de la Puente, ministro de México en 
París, Iiabia dado la voz de alarma con oportunidad, pero 
sin precisión, porque ignoraba á su vez la intensidad del 
amago que se intentaba contra México. 

Eu su despacho á nuestro gobierno, de 19 de Setiembre 
de 1861, hay sin embargo una noticia que debió alarmar á 
los hombres de Estado mexicanos. 

En esa nota participaba el Sr. de la Fuente que Thou- 
venel, el ministro de Napoleón III, le habia dicho en la úl- 
tima conferencia, que el gobierno francés estaba en perfecto 
acuerdo con el de la 6ran-Bi*etaña para tomar medidas 
fuertes que obligasen á México á aceptar las demandas de 
ambas. ' 

Esto era casi anunciar la convención futura de Londres. 



3»4 

fin 'ítra aots i** i! i«- t.'í-iabn? 'ieí ¡nismu año. A "ñ: üi 

güpaiúi nr^tétirtüi orsanizar -'ii la RtfpúhQi-a. on parddo'XQe 
pidífAt* nn D>v .le Ji ¿unilia 'fe Biirbaii. 

Al 'iía íi({uifnw ■*! niifono :*r. F'ieme j-isaha li ?>i>ier- 
so <vtiunicii'ÚHUü -inf K. .Xjiam» i<; hiibia ¡lanicipailu <[iu 
ios ErtCAiltw-Caiiíi)*) luihiun DÚrf^riilu jarann^'^ mi}ei%s lie 
!a deuiia nif^xli-aoa 'ioniDM inno» oñori: j •\aii mOTTi^mtia 
el míiano AiÍudh á LapÍ Bnssfil ^ •d envúi ile e^tas '^"-t^ 
Muía p*tr ohje&t U iiiterviiiiinüHi <mi l^xÍLf ). el mmistm tn~ 
^M le iToaCüabí fue ou. j «ine ki aimiriza&a ¡lan liat.'erto 
«Ivfr ai :;Dbienw> de Iim EUtadün-Caiduit. 

I A tBt«rvt*neMa oimen^n an. las «umíitag* roiteaá¿i de 
un utaKrii) afeToin, y I30 alcut portes iMintratonce» mi le- 
níao ttmhMvtti en >1íit¿'azar ■!nD ma nu^oíara iiiiid:^ lísík pi>- 
Iftica haHtarda r^oi; empíeahaii ''HDtnt on poeóiu liébiL '!tim- 

IrfhiWÍ''* ti <:niIUII¡U iiuCtMIUI •If. 3£iblUÍ:kVHli> 'TUO. a '■ ínií-a 

íwDOcalUad <ie TalIeTTaniI. 

\l fin «^ 'j^fvnbrió partri lie i:i incúfpiia. 

El M'tntéitif-P'iiit pubJiíió AÍ^i. rsTiíLmiiü iaif ne^ixiaiña- 
men áe, LÁoiin^: ^i¡:>>qi-i^ i:biueaaS la •£H4.'Qia*Hi periotiíiiCiL'a 

P«ro *n y-vnsnibce dt* I?6I * 'feaiocñú <.iwip¡tcun«3i£e 
d vebx Il^rt á U Itiz pÉbfiea «I c¿xtt> de ^ bVCviíGKñjo. 

«[ dük ■> «k ■Üírtiv Bu=ií íjr N'wTíecabct d Sr. Fatncc tuaiaiit- 
ró 3i CQínticri* iSarúi^:OCi^ U Oijülú <¿: ía c>jaTicm:Ñc. r«mi- 
ttéartriir rt bofi^tm ^1 Íí>tíkít»r ¿3Llir«r^ 

fiará añrj». <':a^L roacrqv 4°^ ^ Ei^poüi dk.^ oju-^iuzíiba. 

d bcqs^ d^ gTKrra espoD»! InM II. en cf!«er;»:ioo dr 



385 

Pero apegar de ese alarde de vigor, la península era im- 
potente para emprender algo grave por sí sola. 

La guerra de once años y la espedicion de Bancadas ha- 
bían demostrado a la España que México no em Mar- 
ruecos. 

Pero luego que el ministerio español se cercioró de que 
las dos naciones aliadas no podían retroceder, apresui'ó el 
envío de su escuadra. Esta, que hacia cuatro meses aguar- 
daba en la Habana, partió al fin de este puerto el día 29 
de Noviembre de 1861 y llegó á las aguas de Veracruz el 
día 8 de Diciembre. 

Para disculpar este apresuramiento tan contitirio al pac- 
to de la convención, la España dyo á las otras dos naciones 
que Serrano, al enviar la expedición española á Móxico, ha- 
bía obsequiado órdenes anteriores que no hubo tiempo de 
revocar, por lo cual no se aguardó á las flotas inglesa y 
francesa. 

Todo era dolo y mala fe en la empresa contra México. 

Thouvenel mentía en sus relaciones diplomáticas de ultra- 
mar resjKícto á las intenciones del gobierno francés. Lord 
Eussell habia mentido el día 24 de Octubre anterior á nues- 
tro ministro, asegurándole que aun no formulaba la con- 
vención que debia someter al examen de España y Fiancia, 
cuando dos días antes el ministro español Oollantes le acu- 
saba recibo de la minuta de la convención haciéndole obser- 
vaciones. Lord Eussell se burlaba de los Estados-Unidos 
ofi^eciéndoles enviar sus proposiciones á la Casa Blanca, 
cuando no era su intención aguardar lo que á ellas se con- 
testara pañi tomar mía resolución. 

Si se reflexiona en todo esto, es muy fácil esplicarse la 
rotura posterior de los preliminares de la Soledad. En 
aquella liga accidental de tres naciones que tenían en Méxi- 
co intereses no solamente disímbolos sino antagonistas, no 
podía haber mancomunidad i>erfecta: el día que chocaran 



386 

esoB intereses, esa colisión era ineTítaUe, y la cxHiTendoa 

debia disolverse. 

Los gabinetes de Francia, España é Inglaterra hadan 
con pleno conocimiento de causa el papel de falleros que 
llevaban cartas reprobadas en su juego. Sus paises respec- 
tivos les tomarán algim día cuenta por haber cuidado tan 
poco su honra que les habían encomendado. Afortunada- 
mente Espafia 6 Inglaterra retrocedieron á tiempo. 



Pero antes de pasar adelante, y para no dejar trunco este 
ligero bosquejo sobre los primeros actos de la intervención, 
detengámonos por un momento en los motivos de qu€ja 
que se pretestaban para venir con tmpas al litoral mexi- 
cano. 

Dos objetos tenia la inten-eucion de 3[éxico: imo, osten- 
sible y altamente proclamado, era venir á pedir cumpHda 
satisfacción por los agi^avios inferidos á los nacionales res- 
pectivos y el cumplimiento de los contratos estipulados 
acerca de la deuda. 

El otro objeto, latente y disfrazado, era derrocar el go- 
bierno de forma republicana que habia constitucionalmente 
en México, para sustituirlo con ima monarquía. En este 
punto estaban enteramente conformes Francia y España 
aunque diferían respecto al candidato. Inglaterra repug- 
naba este plan, pero le prestó su aquiescencia ofreciendo no 
oponerse á lo que resultara, con la condición tan solo de 
salvar su deuda. 

Poco, muy poco tengo que decir respecto á los pretestos 
invocados para traer la guerra: la suma de documentos pu- 
blicados hasta la fecha desvanece la mayor parte de los 
cargos que se hacían á la Eepública. 

La historia presente, aunque la lean los contemporáneos, 



387 

fie escribe sobre todo para la generación que viene detras 
de nosotros. Esta consideración me obligaria sin duda á 
esplayar la esculpacion del país á las recriminaciones que 
contra él se hacen en los considerandos de la convencíoii 
de Londres. Pero este opúsculo no tiene pretensiones de 
-ser una historia completa: reservo, pues, tan digna labor 
á otras plumas mas diestras, y me limitaré á lo mas esen- 
jcial. 



Gomo la queja inglesa se reduela á dinero, quédese para 
cuando haya que tratar esta materia. 

La quej^ francesa era ridicula y calumniosa. Interesado 
Saligny en derrocar al gobierno constitucional de Juárez, 
que rechazaba el crédito infame de Jecker, no escusó cuan* 
tas calummas pudo aglomerar contra el gobierno republi- 
cano. Las demás aseveraciones del gabinete fi'ancés tienen 
este origen y las noticias dadas por los emigrados reaccio- 
narios, muy poco dignas de crédito como puede suponei'se. 

Jamás hubiera podido probar el gobierno de Napoleón 
m que muchos siibditos franceses eran asesinados y roba- 
,dos por el gobierno liberal. Los raros casos que hablan 
ocurrido deben atribuirse á sus verdaderos autores, es decir, 
& los reaccionarios que protejian los ministros franceses. 
¿Qué responsabilidad resultaba de esto al gobierno de Méxi- 
co? Guando hubo á las manos á los que habían cometido 
esos crímenes, los castigó sin consideración. Cuando se le 
pidió reparación se apresuró á darla. En el caso desgracia- 
ndo del asesinato del vice-cónsul francés de Tepic, el gobierno 
.reparó el mal dando una indemnización á la familia, de veinti- 
iñnco mil pesos, según el método francés. 

El pretesto era, pues, fútil, inaceptable é injusto, puesto 
que, en los pocos sucesos de este género que acaecieron, el 
^biemo de México no tenia responsabilidad alguna. 



Pero esta vez, el gobierno del Sr. Joarez fué mny débiU 
Deseando evitar el conflicto europeo & toda costa, penuitló- 
que 6118 empleados 6 agentes recabasen de loa tranoesea 
residentes en México, unas certificacioneB de que eran bien 
trata<los por las autoridades, y que gozaban en el país todo- 
género de garantías. Estos certificados tan degradantes se 
Insertaron en los diarios de a(¡uella época. 

Si la inttíiTencion era inevitable, el gobierno de México 
no debió rebiyar la dignidad del país pidiendo á los extran- 
geros certificarlos de la buena conducta del poder púbUco. 
Mejor que descender tanto era aceptar los resultados de la 
guerra. 

También invocó en alguna parte el gobierno 3e las Tu- 
Uerias el pretesto de dar algún apoyo al elemento católico, 
perseguido, decían, por el gobierno republicano. Esta era 
otra nueva inconsecuencia del hombre del 2 de Diciemlire. 
Bia muy lógico sin embargo, que quien liabia hecho des- 
pués de Magenta y Solferino la paz de Villafranca, solo por 
s^var al rey de Homa, amparase al clero mexicano que 
hftbia fundido los vasos sagrados de sus templos para auxi- 
liar A los reaccionarios Márquez y Miramou. 

Xa queja española era de mas antigua data. A tres pue- 
den reducirse los motivos de diferencia que había entre ISs- 
paña y México. El tratado Mon-Almonte, la espulsíon de 
Pacheco el plenipotenciario de la reina Isabel y los atenta- 
dos cometidos contra los españoles residentes en la repú- 
blica. 

Oomo el tratado Mon-Ahuonte no es mas que una de' 
las fiíses de la deuda española la reservamos este punto pa- 
ra su vez. ■ 

Tampoco quiero detenerme muclio tratando de la espul- 
síon del plenipotenciario Pacheco. Ni este señor ni su go- 
bierno quisieran oir las esplicaciones que les daba el minis- 
terio Zarco. ¥ aunque el gabinete mexicano insistía en 



389 

que habia obrado no contra el representante de una naden 
amiga, sino contra el conspirador que se parapetaba en su 
inmunidad diplomática para fomentar la guerra interior, 
la corte de la Península no aceptó el descargo, porque no 
quería prescindir de aquel pretesto. 

En cuanto á la persona de Pacheco, muy poco tenemos 
que decir, porque está ya juzga<lo de ima manera definitira 
en la historia. A este diplomático no puede tomársele á lo 
serio: en las cortes antiguas casi siempre habia im bufón que 
siniese de solaz á los reyes: los bufones se han ido con la 
monarquía, y hoy solo quedan esas caricatmas •vivientes 
que hacen reir á loa pueblos. Pero en un trabajo formal 
como el presente, no caben esos tipos. 

Bespecto á las violencias cometidas contra los subditos 
españoles solo puede enanarse que su número se exagera- 
ba intencionalmente. Los crasos que pudo reprimir y cas- 
tigar el gobierno mexicano, como los asesinatos de Chi- 
ooncuac y San Vicente, no quedaron impunes: otros fue- 
ron cometidos por las gavillas reaccionarias que receptaban 
los ministros estrangeros; y otros eran producidos por ftiei^ 
za mayor iue\itable, y que por tanto no producía responsa- 
bilidad: y por último, algunas ejecuciones de que se hacia 
mérito, se habían hecho en algunos españoles que habían 
tomado participio en la gucn-a civil, asolando al país con 
sus depredaciones. Puede citarse, por cgemplo, á los her- 
manos Cobos, Lindero Cajiga y otros. El gobierno mexi- 
cano estuvo, pues, en su derecho al aplicarles la ley marcial. 

/Qué quedaba, pues, de los considerandos de la conven- 
ción de Londres? El tiempo trasciurido y los documentos 
pubUcados por todas partes han venido á presentar la ver- 
dad en todo su brillo. 

El buen nombre de México ha salido de esta prueba 
perfectamente aciisolado. 



r^ -. ■•- ■ i*aui iiJ'." ■t-'nu-riay^ns'. - «áo va -n tob- 

A i(c;»^ri. iiu-íai-Ji nnrtíarta a lumira «• ■->?ri* «uvsso. 
iatiiuuy TI -;!:• itii! u- 4fVt yum*.- Tiiii- mih-raDiirk. 

Íj4 (iTi.r^i inüif^i -rr-1 a luu* uirttinii - a -ñau 't*— ■«*? -m 
«KHin^ í ». iutntiita>l K «L \ns^ -?tí ^tuu i ^ irmi- Lul 

mtiO: '.vuittiiinuubi «i mniiuiiuu -jiiiik uür^tin t>n>suiiik. 

ti'i *■:*■ ••.'.-.'■.iVA ■.-■A ■:<*■..:* ir. -.:-^ ji-L.cjtí ii^ i^rtí ís- 
liát%::^. 'ir. *i ;^,.v, ü*. -^ -ir -' >x :•*>. í-iiLZfi-:. s_¿: ryi- 
)>ik V.*, u.y.yr.. 

¡tu» fAS/i */(v..*,A'.i'w/r 

^i$^VA •4í*-\flít.t !;■ Ai^itaatAA <ie fin 'mxfrth, yr<A¿^Aa par la 
#r/, «1/ ':íi*'/ 'I/; ')'jft 'jijÍAÍTta ziihlai á ese reciirsix 

KI ftHtHnxutjit uíf¡^ U'iZ// ^iurKjarrrfta, 7 el gobíenio me- 
xfrAfKf |i"í'li/i, 7u\t:Ui¡in <\i: J;t^ fiiertí-s saman que Labia pa- 
((*!'* \fit tú i\t:U: t\f\ uto y I;w írouiííionts, mas de «los toi- 
llí«i»'*t <!<: jKivM í|ii<: ínt ¡jinlilut iii figurar c-n el concareo an- 

A '-«laH <l<« pailidií» fie la demia, Iiay qne agregar los 



391 

intereses, j los saldos debidos á subditos ingleses por las 
dos últimas convenciones, por las conductas ocupadas en 
San Luis, Laguna Seca y Guadalajara. Dos de estos con- 
voyes de caudales habían sido tomados por los reacciona- 
riós. También figuran algunas indemnizaciones exaj eradas, 
como la que pedian Whitelread y Wonall, por haber sida 
espulsados del país por la reacción. 

En suma, y aceptando partidas que rechazaba im bueií 
derecho, la deuda con la Inglaterra ascendia á sesenta y 
nueve millones, novecientos noventa y cuatro mil, quinien- 
tos cuarenta y dos pesos. 

La deuda con Francia era insignificante. 

Aceptando casi sin examen cuanto se reclamaba, puesto 
que se hablan pagado hasta el saldo las dos primeras con- 
venciones, apenas montaba el ci'édito francés por particu- 
lares, y lo que podia reconocerse á Jecker (suponiéndolo 
francés) á dos millones y medio de pesos. 

La deuda española, con todo y los créditos espúreos, y 
malamente convertidos, apenas ascendia á quince millones 
de pesos y im poco mas. 

El total de toda la deuda estrangera de México, era de 
ochenta y dos millones. 

La EepúbUca, sin embargo, si hubiera tenido altas cifras 
de soldados y cañones que jomalizar en su haber, proba- 
blemente no aparecería tan gi-avada, porque ni era resi)on- 
sable de las reclamaciones é indemnizaciones absiu'das que 
se Ife hacian, ni habia percibido una tercera parte siquiera 
de las sumas que se le cobraban. 

Hé aquí lo que eran en último análisis los protestos apa- 
rentes de la iuteivencion. 

Veamos ahora cual era la verdadera intención que se 
disfrazaba tras de esos protocolos europeos. 



1^ .^ *■ ""i 



382 

Be las tres potencias signataiías de laoonveDeioQ tripar- 
tita, dos al menos, España y Franda^ teman decidido en sn 
ánimo, de una manera definitiva, la caída iirevocable del go- 
bierno constitucional de Juárez. La Inglaterra tomaba par- 
ticipio en La aventura 1)01^ salvar los bonos de su deuda, 
porque su único punto de vista era cobrar su cuenta: tal es 
su antigua i>o1ítiea de banqueros. 

España traia, ademas de sus rencores tradicionales, la 
profunda convicción de que mientras rigiese la fórmula 
constitucional, el gobierno republicano jamás reconocería 
como válido el tratado Mon-Almonte. Solo cayendo Juá- 
rez, podia hacerse pagar todos sus créditos ^Isificados, has- 
ta la indemnización por la captura de la barca Concepdonj 
aprehendida cuando llevaba material de guerra para las tro- 
pas de Zulonga que sitiaban á Veracniz. Y aun soñaba en 
que le seria posible, si triunfaban sus planes, plantear en 
México un trono para D. Jimu Borbon. 

Francia, la Francia oficial se entiende, odiaba á su vez 
al gobienio de Juárez. Su deuda no ei*a lo que mas la 
preocupaba; solo Saligny y otaos dos personages muy próxi- 
mos á las gradas del trono, tenían como idea fija sacar avan- 
te la especulación del negocio Jecker, de la cual obtendrían 
una fortuna regia. El representante de Francia compren- 
día que el gabinete constitucional no lo dejaría meter mano 
en el tesoro de la liepública. Pero Napoleón III, aunque 
arrastrado por his influencias tan íntimas que lo rodeaban, 
y por las utopias que siempre han fermentado en su cere- 
bro tan incompletamente formado, prohyó la idea de plan- 
tear im trono tal c^nio se lo sugerían las reales hembras de 
BU ñimilia y los emigrados mexicanos. 

Napoleón III, el preso i>or deudas en las Tumbas de 
Nueva-York, el héroe de Strasburgo y del 2 de Diciembre, 
el traductor de los Oomentíulos de César, tiene la mono- 
manía del renombre. Solamente que le acontece casi siem- 



■ 



393 

pre confuQdir la gloría con el escándalo ruidoso y sangrien- 
to. Esto esplica sus perpetuos fiascos: intenta una empre- 
sa, arrastra á ella á la Fi-ancia, triunfan sus zuavos y 

el emperador retrocede ante la victoria. ¿Qué será cuando 
tenga enfrente la derrota? 

De ese estrano conjunto de causas resultó que quedai*a 
decidida la espedicion á México. " Se iria, pensaba sin du- 
da cada i)otencia, se cobraria la deuda fuese ó no justa, se 
ocuparia la atención de los subditos descontentos, se cam- 
biaría la forma de gobierno actual, y después ya se 

vería quien tomaba la parte del León. " 

Para encerrar tan opuestas miras, se dictó la convención 
tripartita tan vaga como lo hemos dicho ya. Esa envoltu- 
ra tan tónue de la minuta de los plenipotenciarios podia 
romperse á la hora precisa por el mas fuerte ó por el mas 
audaz. 

Sigamos adelante. 



Pero antes de que nos ocupemos del candidato para el 
trono de México, fijémonos ya en Kératry, á quien hemos 
suprimido por un momento, sin olvidarlo sin embargo. 

El instruido escritor, en el capítulo primero de su obra, 
es excesivamente lacónico al hablar de los principios de la 
inten'encion. 

Pasa con tal rapidez sobre estos sucesos, que nos ha obli- 
gado á que nos detengamos en ellos pam llenar un hueco 
tan impoi-tante: su omisión nos ha obligado íi ser difusos, á 
fin de que la presente obra sea una pieza de alto valor en 
la recopilación de la historia de esta época. 

El erudito conde E. de Kératrj- vé el asunto de la con- 
vención de Londres con tal indiferencia, que aun ha equi- 
vocado la fecha en que se firmó ese ti*atado, asignándole la 

de 30 de Noviembre de 1861, cuando un mes antes ya es- 
es 



taha 3Í4EDada per lo» repret cno a f de ta> a 
trauntat. 

V ow ^nal ügHua poaa lofeR tt» i 
rozando ¡kpeaa» ena «a pierna b utupaú» de v ****™ la> 
tracadús de la .S<>léilail y d rompoBíano de bs pneBMÍ 
aans. 

En m Menudo eapftiik> es i^tEÜmente faR-t?. La iirva- 
iÍMi fraiu^ett, el deaaette de Poebb. la miatm át Forey, d 
4ttif> de PneUa y xa oempmáaa, b encnda de loe inTanKcs 
Ala«»pital jtadecKwadeUjimta de ootaUes, apaasle 
m^mxD Doa poca de aXamñoa. Kéntiy no «tza al detalle 
sino cnandA condenzao te ^oriaa del genetal Baxihie. 
JEmooces nf no dexpeidina ponoenar algnuo, sktnpre que 
impcMte cada boja de papel escrito ana baja mas de laurel 
pttfa la líente de sa héroe. Esto no importa ana cecTimi- 
nacúAi. Bazaíne es on hombre pátilico, Sgorú en ios asan- 
toa de Síéxko en ana escala moy aha, y cada ano es lítwe 
para ccnínirar Hm actos ó para defenderlos, segon le dicte 
ñu <jmv\eáon íntima. Todo escntrir es Hbre para consagrar 
■o inteligencia á qoien mas le ^rade. 

Dalla asf la razón última de mi trabajo anterítv rtdra- 
DMM la TÍffta á Miramar, •ponpie después nos jaremos pre- 
ferentemente en el soelo de México agitado por mi) ter- 
icmotoR. 



IV. 



Había por aquel tiempo una joven pareja encerrada en 
los torreones del castillo de Miramar. 

Eran Femando Maximiliano, archiduqu^í de Austria, y 
María Carlota Amalia, su esposa, la b^ja de Leopoldo I 
ley de los belgas. 

Bubio él, esbelto, garrido y de una belleza llena de viri- 
lidad, tenia una mirada tan inteligente y dulce que bastaba 
para borrar la mala impresión que dejaban la exajerada 
cuadratura de su mandíbula y sus labios tan camoteristicos 
de la raza austríaca. Era un real soñador. 

Heimosa ella, aunque contorneados su rostro y su talla 
por líneas algo duras y fuertes, poseía una alma apasionada 
y nn juicio admirable. 

Los do^ ilustres esposos pasaban las horas lentas y can- 
sadas de su vida contemplando las azules aguas del Adriá- 
tico, que azotaban la roca en que estaba asentado su castillo. 

Las miradas de ambos se perdían en aquella inmensidad 
soñando en un país remoto muy lejano, cuyo nombre ape- 
nas podían pronunciar, en el cual pensaban ir á pLantar un 
trono en que sentarse. 

Sus sueños de ambición diluían sus arranques de amor. 



&)t«ramente Io« aberaria la fanigen de un imperio en 
México q^e halúan ido á obteaieB. 

Veamos como halña surgido aqoella candidatora, haóea- 
do á nn lado todo lo qoe teoga el carieto' de coqjetani. 

Ii08 emigrados mexicanos, ó mas bien dicho, dos de los 
qae se decían representantes del partido monarquista, coa- 
gnltaron al rey de Aostriaá Maximiliano aceptaría ú no la 
ccm»ia de México en caso de qne ee le ofredera p<v inida- 
tiva de la Francia j coa la aprobación de Inglaterra. Esto 
pasaba cuatro meses antea de qoe se firmara la cooTeDCÍfliL 

En Octubre de 1861, es decir, cnando se estipnlaba d 
oonTCDÍo tripartito, confidencialmente hizo igoal interrogar 
cioD la corte de las Tnllerfas, j al pnnto se envió al conde 
de Becfaberg en comifflon á Miramar, cerca del prindpe 
MaximUtano. 

Ijob emigrados mexicancH j Xapoleon se halñan asocia- 
do para hacer el papel de tentadores se babiao sentado so- 
bre la roca aislada que levantaba su cresta sobre el lago de 
Trieste. Y desde allí habían mostrado al príncipe de Haps- 
1>nrgo, entre las luces de tin dorado espejismo, nn país prí- 
TÜegíado bañado por nn cielo de zafiro, vestido con im man- 
to de flores, y veteado en sos entrañas por filones de plata 
y oro. Esc país era México, y su imperio era el qne <^e- 
-cian á aquellas dos almas tortoradas por la ambición del 
mando, á aqnellos dos jóvenes, qne colocados junto á las gra- 
das de un trono qne anhelaban sin poder alcanzar, snfiiaa 
kMi tormentos de Tántalo entre h» esplendores «^ la corte 
de AostTía. 

La tentación era saprema, invencible, y no pudo la no- 
ble pareja resistir A ella 

Hé aquí en lo que pensaban los dos príndpes contem- 
plando el horizonte y las olas desde su castillo de Miramar. 



397 

La interveucion tenia ya un candidato que aceptaba,, 
aunque con ciertas restricciones é imponiendo condiciones, 
el trono con que se le brindaba. 

Pero ese candidato debia quedarse en la sombra y detras 
de bastidores, hasta que llegara la hora de presentar á un 
pueblo atónito al rey que le decían habia elegido sin cono- 
cerlo, sin haber oido jamás su nombre. 

Pero el secreto no se guardaba tan bien por los que lo po- 
fieian, que no se traspirase tanto entre la oposición de la 
cámara francesa como en el mismo México. 

T sin embargo, de las tres i)otencias complicadas en la 
intervención, Inglaterra y España ignoraban los planes ul- 
teriores de su otra aliada. España sobre todo, era comple- 
tamente engañada, y marchaba á la ventura creyendo que 
Iba á tener en México una sucursal monárquica encargada 
á D. Juan Borbon. 

Solo la Francia sabia adonde iba. Sospechó, sin embar- 
go, que el gobierno de S. M. B. estaba en el secreto del 
atentado fi-ancés, y que si no era cómpUce en él, lo tolera- 
ba aguardando sacar con su disimulo todas las ventajas po- 
sibles á favor de su deuda. Con motivo de haberse antici- 
pado á partir la escuadra española para las costas america- 
nas, lord Eussell aprobaba el aumento del efectivo francés, 
el avance del cuerpo espedicionario aJ interior del país, y 
otras operaciones que anunciaba hacer la Francia, y que 
im];)ortaban otras tantas violaciones del tratado de 31 de 
Octubre. 

El tiempo avanzaba enti'ctanto, y mientras se intrigaba ^ 
así en Emopa, México \ió al fin la primera nube de la tem- 
pestad desplegar su ala negra entoldando el trasparente - 
azul de su cielo. 

La España, como anuncié antes, habia hecho partir su. 
escuadra, faltando á lo estipulado y mintiendo después tor- 
pemente para disculpar esta infracción. 



El almirante D. Joaquín Gutiérrez de Subalcabaobcde- 
■ció fielmente las órdenes de Serrano el capitán general de 
Cuba, y el enemigo mas gratuito de México. 

El 8 de Diciembre de 1861, después de nueve diae de 
navegación, llegó la escuadra española á las aguas de Ve- 
racruz. 

La ciudad estaba muda, triste y sombría, pero en su ac- 
titud reservada se leía la profunda irritación que le causa- 
ba la presencia del enemigo. No podia arrojarse sobre él 
y despedazarlo; y esto le impacientaba. 

Pero el gobierno de México quena agotar todos los me- 
dios de pnidencia y solo aceptar la guerra en último estre- 
mo. Eu tal virtud babia dado órdenes para que se retira- 
se de la ciudad y de TJlúa todo el material de guerra, y ya 
desmanteladas la fortaleza y la plaza se entregasen al ene- 
migo. 

Kératry dice, con cate motivo, que Juai-ez procedia así 
por ser su ánimo mas inclinado á la intriga que al valor, 
Y esta apreciación del defensor de Ba^aine es ii^justa y 
&lsa. 

Na^^lie ba negado á Juárez, ni el valor personal ui el ci- 
vil, porque de ambos lia dado pruebas irrecusables. Juá- 
rez comete errores aunque él no lo crea así; i>ero siempre 
cumple con lo que juzga que es sn deber. 

En efecto, agotada la República por su gueri'a intestina, 
mal podia afrontar una guerra extrangera, y menos cuando 
tuviera que lucbar con las tres naciones poderosas que se 
habían ligado contra ella. 

El gabinete de México, y con razón, creia mas conve- 
niente & la salud pública tratar con bonra para evitar un 
conflicto, que apresurar este por una vanidad pueril que 
hubiera comprometido mas esa honra que la calma que se 
tuviera al principio de la lucha. 
El resultado confirmó la esaetitud de estas previsiones. 



3d9 

El almirante español creyó sin duda que la fortuna le 
preparaba la ocasión de hacer la segunda edición de Her 
nan Cortés. Y solo logró demostrar cuánto degenera una 
raza en el trascurso de tres siglos. 

Bubalcaba soñó que era el capitán de Carlos V, y to- 
mando el tono que creia conveniente para ese papel, dirigió 
una comunicación al gobernador de Veracruz, en la cual? 
respirando todo el orgullo de un conquistador, pedia se le 
entregasen la ciudad y el castillo. 

No procedió así Cortés cuando saltó al nuevo continen- 
te. Sus primeras palabras á las razas indígenas respira- 
ban conciliación y fraternidad, para mejor disimular los 
planes de conquista; pero Cortés era un hábil conquistador, 
y si hay mucha distancia del original á la copia, mayor la 
hay todavía del héroe á su caricatura. 

La contestación del general Llave, digna y mesurada, 
decía al almirante español que abandonaba la ciudad, por- 
que así se lo habia ordenado su gobierno, pero que sin esto 
sabria defender la inmunidad da su suelo patrio. 

La ciudad quedó casi desierta; inmensas caravanas pasa- 
ban cruzando aquellos médanos sombríos y tristes como 
sus ánimos. Los habitantes de Veracruz veian con dolor 
que su ciudad querida, que la ciudad heroica, iba á ser 
ocupada por los invasoi-es. 

Los soldados de la Kepíiblica se retiraban también llenos 
de despecho por no habérseles dejado cruzar sus armas con 
el enemigo. 

Al dia siguiente, el 16 de Diciembre, la plaza fué ocu- 
pada por las ti'opas españolas. 

Lo repetimos, todo quedó violado con ese hecho. El de- 
recho de gentes, el derecho internacional y la convención 
misma de Londres, merecieron muy poco respeto á la Es- 
paña, que se atrevía al fin, cuando estaba cierta de que ve- 
nían á su espalda otras dos potencias á apoyarla, á hacer 



400 

lo qne clarante cuatro año8 intentaba sin atreverse á rea- 
lizarlo. 



líl tiempo 80 nos estrecha, y no podemos encenegamos 
en esa multitud de proclamas y decretos que dio el otro ge- 
fe español Gasset, hablando en nombre de las tres poten- 
cias, y desarrollando los piíncipios intervencionistas. 

Todos esos documentos están perfectamente juzgados ya. 

Lo único notable que merece consignarse, fué, que en 
aquellos momentos de transición, tomó mayor consistencia 
el rumor de que se pensaba plantear en México la monar- 
quía. 

Al fin llegó á Yeracruz la espedicion anglo-fiuncesa, el 
dia 7 de Enero de 1862. 

Las tropas saltaron á tierra inmediatamente, formando 
el ejército intervencionista un total de nueve mil seiscientos 
diez hombres. 

El general Prim, que las mandaba en gefe, llegó el dia 8, 
y al punto destituyó á Gasset y lo emió á la Habana. 

A los dos días, es decir, el dia 10, los comisarios aliados 
dieron su célebre manifiesto. 

En ese precioso documento, enmedio de los caigos que 
se hacían á México, siempre calumniosos y apasionados, 
como síilidos de la misma fuente, se promulgaba de nuevo 
la protesta de que no venían los aliados con planes de con- 
quista, restauración ó inter\'encion en la política interior ni 
en la Oidmiinsti-acíon del país. 

Los comísanos manifestaban á los mexicanos en su pro- 
clama, que solo buscaban la satisfacción de los agraWos m- 
feridos, y la garantía de la deuda. 

Esta declai-acíon no era muy leal de parte de algunos de 
los signatarios. 




401 
Tras lie estii iH-otlaiua vino la preseutacion de las reola- 
tuacioucs ({ue l:is otras uiicioiies hacían á la ^República. 

El lolxi que estaba arriba ilc la corriente de un lio re- 
prochaba al eord(^ que le ciiturbialxi el agua, cuando es- 
te bebía en h\ parte lufciior del cui'so de ella. 
Las tres naciones reproducian la tabula de Esopo. 
Tampoco el carácter de e.'ita obra nos permito analizn]* el 
ultUnatum que las contcuia. Holo utencionaréinos que la 
reclamación fi-ancesa pareció tuTi iibyimia y exajerada á loa 
comJsarío.s cspaüolcK é tnglows, iiue no queriendo asumir la 
responsabilidad de aquella pretensión, ni hacer á sus res- 
pecti\'as naciones 8olidariii>s de aquella exigencia, determi- 
naron dirigirse cada uno al gobiurtio mexicano, violando 
por segunda vez el convenio de 31 de Octubre, en cuyo es- 
píritu estaba qtie los actos de las tres potencias aliadas íhe- 
laa colectivos en su espreBÍ4>ñ oficial. . 

La Francia reclaiii.iba scsenbi millones de francos, y en 
el articulo 39 du su titüntatum se exi;;ia t-1 pago dol contra- 
to Jecker! íSaligny no olvídalm ku negocio: por eso cuando 
lo interpelaron el conde de líeus y Wyke sobre la compro- 
bacioii de su crédito, contestó eí digno diplomático, que 
nadie tenía el derecho de examinar el valor de su reclama- 
ción. 

Aunque se deja entender, no ohideraos que los dos mi- 
Hísti-os habiau ido á uiiirsf! á la osp««iicion hada dias, sa- 
liendo de la capibil de la Gepi'i'.iUai. 

Volvamos pur lui luoiiieiitt» la vista á México. 

Bespuc!» de mil in(■id('nt<^■< |);irl:tntoiitnrio8, el mÍDisterfo 
Zamacona, que sucedió al Hr. Ziiroo, había tenido que reti- 
rarse aiiti' la derrota que sufriiS en el Oougreso el tratado 
Wyke-Zan lacona. 

La opinión pública llamó eiiforiceK al gvneral Doblado á 
Sarmai el nuevo gabinete. 

Em honilve era una de nneatnis ilnstradcmea páb&oas: 



402 

tengo, pues, que tocarlo delineando á grandes rasgos esa 
gran figura. 

Doblado era li\jo del Estado de Guanajuato. Allí, en 
aquel rincón de la república^ comenzó á demostrar sus al- 
tas dotes administrativas, llegando á hacerse el dictador, 
pero el único gobernante posible de aquellos pueblos en la 
crisis por la cual atravesaban. 

De una talla regular, grueso, su busto era ancho y her- 
cúleo. Su rostro cuadrado, sus megillas llenas y un poco 
colgantes, su barba enteramente rasurada, su boca vulgar, 
su color blanco y su píelo rubio oscuro tocado con el corte 
de la tonsura, le daban el aspecto de un jesuíta italiano. 
Pero sus ojos bañaban aquella fisonomía con una espresion 
de inteligencia y de atractivo insuperables: y sin embaído, 
eran pequeños. Mas habia en su mirada toda la penetran- 
te intensidad de la luz eléctriija, y revelaba esa profunda 
investigación que penetra el pensamiento ageno, en el hom- 
bre que se tiene enfirente, y que vá á buscar su idea hasta 
las últimas ondas de su cerebro, y sus sentimientos hasta 
los últimos pliegues de su corazón. A Doblado no se le en- 
gañaba jamás. 

Era una inteligencia privilegiada, y como diplomático, el 
primero de su época. Un dia, en Paris, Julio Favre y otros 
diputados de la oposición, pedian á un mexicano el retrato 
de Doblado, diciéndole: 

— "Queremos conocer á ese ministro que se ha burlado 
de todos los diplomáticos europeos.'^ 

El partido Uberal receló siempre del gobernador de Gua- 
n^'uato: es que ese hombre jamás quiso ser partidario, sino 
gefe de partido, por lo cual nunca se ligó con los diversos 
círculos políticos que habia en el país. 

Como las altas intehgencias, era profundamente escépti- 
co; tenia un fin, se proponía un objeto, é iba recto hacia él 
sin vacilar y sin preocupai-se de los obstáculos que encon- 



Mft 



403 

toaba á su paso. Por eso se esplica que alguna vez hubiera 
proclamado un plan de religión y ftieros, y que apesar de 
haber planteado á su vez en Guanajuato las leyes de refor- 
ma, se le viera asistir algunas veces á los actos públicos del 
coito cristiano, y al dia siguiente desterrar á un clérigo 
conspirador, 6 obtener un fuerte préstamo del partido con- 
servador de la ciudad. 

Si hubiera nacido en otra época y en otro siglo, hubiera 
trido un Luis XI, un Eichelieu 6 un Oromwell. 

Oon todas las prevenciones que pedia engendrar un ca- 
rácter semejante á un partido tan suspicaz como el partido 
liberal rojo, entró ese hombre al poder. 

Pero no consintió en ser gefe del gabinete, sino después 
de haberse presentado ante la cámara, y de arrancar &cul- 
tades amplísimas, como jamás se hablan concedido bajo la 
&rma constitucional, porque importaban una violación del 
código del país. Para espresarlo en una sola frase, diremos 
que sus &cultades se estendian no solo en lo relativo á la 
administración interior, sino hasta en hacer tratados con 
las naciones estrangeras, según lo juzgase conveniente. 

Desde el dia que el Congreso abdicó así ante el gabinete 
Doblado, su presencia era una fórmul£4 la dictadura quedó 
erigida. 

Como muy poco he de volver á hablar de Doblado, diré, 
que desde el momento en que se encargó de la dirección de 
loB negocios públicos, tomaron estos un giro muy distinto 
del anterior. 

Se sintió al punto que una mano firme dirigía todo. 

Ese gabinete apresuró la organización y el aumento de 
las ftierzas nacionales. 

Decretó que estando la patria en peligro, el erario públi- 
co estaba en la bolsa de los particulares, y que no había pro- 
piedad porque todo era de la nación. 

Sujetó á la prensa, á esa prensa mexicana tan digna y tan 



404 

entendida, pero que solia, con sü franqueza democrática, 
perjiídiear el senicíio del Estado, j'a haciendo imprudentes 
revelaciones que debian ignorar nuestros enemigos, ya hi- 
riendo en. sil entusiasmo intereses que era peligroso tocar. 

Doblado, en fin, fué el autor de la célebre ley de 25 de 
Enero de 1802 contra los traidores. Jamás, como en esta 
vez, ba sido tan verdad(»ro el axioma de que el estilo es el 
bombre. El alma de Doblado está vaciada en esa ley. Si 
nuestro paix*l de historiadoi-es imparciales nos obliga á com- 
pararla con la de 3 de Octubre, tememos que confesar que 
es mas cniel y mas sanguinaria la espedida por el gobierno 
liberal. En ella no babia gradacicm ni calificación en el de- 
lito, sino que la infidencia en todos sus grados, hasta la re- 
ceptación moral do ella y el contacto con clla^ estaban con- 
minadas con la misma pena. Según la ley de 25 de Enero, 
lo mismo debia fusilarse á Almonte, que á un sacristán que 
repicase celebrando la entrada de los fiunceses. 

Esa ley tioiie una disculpa^ qué ante todo estaba la sal- 
vación de nuestra nacionalidad. ' ' . 

Y tiene im título indisputable de superioridad sobre d 
decreto de ]Maximiliano de 3 de Octubre; que babia sido 
espedida legalmente por la autoridad legítima del país, 
mientras que el decreto lo daba un usiupador. 



Desesperada era la situación que se confiaba íú nuevo 
gabinete. 

Apesar de los frecuentes triunfos de la Eepública sobre 
los pequeños ejércitos de los reaccionarios, los restos de es- 
tOó pululaban por todo el territorio mexicano: todos los Es- 
tados estaban amagados, y todos los caminos interrumpidos. 

Mejía, desde la Sierra, invadia cuando se le antojaba la 
capital de Querétaro, el camino de México, y los Estados 
de San Luis y de Tamaulipas. 




405 

Lozada merodeaba desde Guadalajara basta Tepic; Vi- 
eario y otros mil eu el Sux. . . . Imposible nos seria fonnar, 
gin detenemos demasiado, la liütii de todos los gefes de gavi- 
Has que infestaban el pafs. 

Doblado se atrajo á mncbós. de ellos, y continuó sus eoii- 
ferenoios con otros, á ñn de ligarlos á la causa de la nación 
contra el invasor. 

Márquez, entretanto, mandando un ejértíto numeroso, 
reconia varios Ingares dt4 país, esquivando todo encuentro 
formal, pero dejando una estela de sangre y de lágrimaíi ' 
por donde pasaba. 

Después de la ^'uelta á la capital- de Iqs porta-pliegos, y 
de BU retomo al campo eucinigo: después de algunas comu- 
oicadones cambiiidas entre nuestro gobierno y los aliados, 
cuyo contenido conserva secreto el artbivo, Doblado partió 
para Veracruz. 

Entonces corrió timbicn el rumor de <iue habia ido al 
campo de Zuloaga, pa'csidcute trashumante de los couseiTa- 
dorea, un coniisijjuatlo, qi|e Aisaudo de las instrucciones del 
ministro de relaciones, habia logrado trastúriKvr los planes 
del directorio, y sembrar la di\'ieion entre los rebeldes. 

Doblado y los comisaiios exti-angeros se entendieron al 
momento, menos Saligny. Esto era preciso: si el liiinisu'o 
mexicano hnbieía. podido oü-ecer algo mas de lo que impor- 
taría la renmi^ensa que prometía al ministro francéi en su 
carta de 7 de NorieOibre de 1862 el hermano de Jecker 
habria sido pfjsible acaso evitar la guerra. 



Lleguemos á la Soledad, á ese pequeúo pueblo de núes* 
tra coBta oriental, cuyo nombre pesará en la historia de la 
Fnucia de nna manera mas doloroea que d de Wat^loo. 

A]gun díai oauído aea daédo al pueblo francés pedir caen- 



406 

tas á sn gobierno imperial de lo que han hecho de sn hoDr 
ra, será mas severo al recrimiiiar á Napoleón III por la 
raptara de los convenios de la Soledad qae por la denota 
del 5 de Mayo. 

Pero no anticipemos los sucesos. Gaeria yo entonces en 
ese mismo desorden cronológico y en la falta absoluta de 
método que se nota en toda la obra de Kératry. 

México conoce perfectamente la fórmula de los preKmi- 
nares de la Soledad* Ese fiíé el gran triunfo de Doblada 

Beconodmiento de nuestro gobierno, glorificación de 
nuestra bandera izada de nuevo en Yeracruz y en Ult^ y 
la protesta soleóme de que las tres naciones aliadas nada 
atentaban contra la independencia y la autonomía de Mé- 
xico: hé aquí las valiosas concesiones arrancadas por Do- 
blado á los comisarios extrangeros. 

Lo que daba en cambio honraba mas aún al país y á n 
representante. 

Se permitía en efecto que el ejército aliado saliese de b 
zona del vómito y ocupase puntos propios para la salud del 
soldado, mientras se abrian en Orizaba las conferencias de- 
finitivas. Esto era altamente humanitario. 

Pero se estipulaba que si se rompían las negociaciones^ 
las fíierzas de los aliados retrocederian á sus antiguas poo- 
ciones hasta Paso-Ancho. 

No se hubiera alcanzado mas después de una victoria^ 
aunque lo era el triunfo del buen derecho, ayudado de Ise 
altas dotes de nuestro representante. 

Saligny firmó esos preliminares de la Soledad, fechados 
el 19 de Febrero de 1862. 



La Eepública tuvo un momento de calma, porque todos 
los ánimos estaban agitados en espera de la crisis prometí- 



407 

da, V el anuncio de los tratados filé recibido con verdadero 
y público entusiasmo. 

Es que el país deseaba la paz para consolidar sus institu- 
ciones y afirmar su autonomía. 

Solo el partido conservador no pudo disimular el des- 
pecho que le causaron esos anuncios de un tratado que afir- 
maba mas la autoridad del gobierno constitucional. No era 
eso lo que aguardaba del ejército estrangero que á costa de 
su honra habían llamado á su patria. 

Doblado tomó á la capital y las cosas tomaron su estado 
normal. En cumplimiento de lo estipulado, las tropas alia- 
das ocuparon las localidades que se designaron ñiera de la 
zona de la fiebre de la costa. 

Pero en Europa no tuvo ni eco esa noticia. 

La Inglaterra aprobó los tratados de la Soledad, y lord 
Eussell fué enteramente lógico en su conducta posterior, has- 
ta que mas tarde, al saber las intenciones verdaderas de la 
Francia, dyo que no se opondria al establecimiento de la mo- 
narquía en México, siempre que no fuera impuesta por la 
fíierza, sino el resultado del sufiragio libre y universal. 

España, con Ugeras recriminaciones, también aprobó los 
actos de sus representantes. 

Pero Francia, solidaria ya y enteramente complicada en 
el plan revolucionario de Almonte y en el pequeño nego- 
cio de Saligny y Jecker, rechazó estos preliminares diciendo 
que eran contrarios á su dignidad. 

Y sin embargo Jurien de la Graviere no se había sepa- 
iado un punto de las instrucciones que recibió de Thouvenel 
al partir para la espedicion. 

Y sin embargo el juicio ulterior del mundo entero ha 
'vindicado la conducta del admirante condenando con una 
eterna reprobación los actos del gobierno imperial. 

Pero la Francia necesitaba que le desocupara Juárez el 
puesto para colocar á su candidato. 



diaii agiLdnLíiidu u A!:ii->:;:c ¡F.C i>nI«:L. esj<r>:3.i tic yápolt:^':! 

ni. 

Ei 1? li-; >Lir23 u<:.L^-j:t Á Vt-r^tniz A ir.. ..-irp. Hüu \ 
Tamaiiz, r Minunia. 

&■:•. prtXTiiiuiáihbjse cei't- .■>aprL-m>i dt.- Li ii^uri'jii. c iQZeUíú re- 
ducir á Imí g«:l'fñ Qivucaaús qcit: m:ia<ialiáii ¡^ v;in¿r;LUi£i* 

Pero el rjérci w de Ori-rat'- «--ra uiuy aiii;!... i-ara aax-iaise Á 
la tmpr->l Almoore. 7 t;l -.¡lü^uíe ijiírvia ri.-ve;ú á í;; íiKOi-r! - 

de AbrJ d*- l.%2. pi(lieDji> t[i¡.- ,\ii:i.jrii._- y -1 < ;.>> ¡.;--i-r¡ 
reeini«rfa*l'>.-i. y t-iiviüili»,- luuiii di: L\ líeitibüoa. 

A-ni-rÍLi ¡;.,i ■.-iir-'pe.i i>jimüd.i ^Ktr Li oit-ziiia de iii:tr:c>es 
tao opiíL-.i^.s, aíti¡i.-tl'i ro:ivi;ao!.:>a eii 'x:\ fu;ü se "uiíliúi:! u^!*"- 

»i.-riria dt- AIniMnt<--. 

Losc<>inÍ3.:irío$ÍD;j:k'syf«i>artM~L ofiiiiiir m pi>i i.i cspyi«:jL 
de -VliiioiKi:. Saiipjv iii'tiriii al traidor lOU el i>¿t!>ei;oii 
frantCs. 

Y lírilhiiilr, el op-jsii.Í'>:i!>::t vcmlido al iuxier. el ctt-ia|( 
calumniador d^; iléxii.-o, eu.iini.j liaUó ea la cáaj;im dtl lit- 
gixrio A!iiiijiite,e>p!ií«)t:l lieelioá la itpit-^-Qtaeiou thiDitja, 
díeieudo (¡ne la Francia iiu ¡xHÜa l.dtar á sils titiditít.'iie¿ de 
gra!l'i''za iif^aiidu nii ;iiitiiu:ii :í iiii pioícritu. y eyíregáiid'.'Io 
á su en..-!iiigí>. 

Jft; he priípuesto .-t-r ^.-llieIalll^-Ilte imjwrL-ial en eíta Ui?- 




tona y no qaiero levantar las cenitoB qde cubren los justos 
rencorea del pasado. Por eso no recuerdo que una vez el 
gobierno francés del primer Bonaparte invadió rfh territorio 
estraño y allí capturó á un proscrito de estirpe real, y á 
media noche lo fosUó en un sitio real, poniendo una linterna 
encendida en el pecho del prisionero para que pudiera ha- 
cer puntería el pelotón que lo ejecutaba. 

Tampoco quiero recordar que el ROgirado Bonaparte, e 
actual, exigió á la Suiza y á la Bélgica, que esi>ulsasen de 
BU suelo á los proscritos del 2 de Diciembre. 

Nunca olvido que los pueblos no son responsables siem- 
pre de los crímenes de sus gobiernos. 

Y me limito á rectificar la mentira que Billault osé 
vertir en el cueri» legislativo, cuando dijo que el gobierno 
mexicano pedia qne le entregasen á Almonte y cómplices. 
Lo qne se quería era que salieran del país. 



La situación que guardabau entre sí los comisarios era 
tan forzada y tan tirante, que comprendieron no podía pro- 
rogarse mas. 

El (lía 9 de Abril se reunieron en Oiizaba. 

Todo el país conoce la acta de esa reunión motivada apa- 
rentemente para discutir la nota de Doblado cu la (lue pe- 
dia la espuJsíou de Almonte. 

Peio el veiiladero móvil ¡lara nadie es ya nn secreto. 

No puedo, no debo pues, detenerme aquí mas. 

Prim, tan caballero y tan digno como siempre, defendió 
el buen derecho de México, y mantuvo ínuy alta la digni- 
dad de su nacimi. Con esta conducta, el general espaiíol 
cegó la laguna de odios que separaba antea nuestra patria 
de la suya: México siempre recordará, oon gndátud el nom- 
bre de Piim. 



410 

Los comisarios del gobierno británico también se coloca- 
ron al lado de la Bepública defendiendo la justicia con toda 
la lealtad ibglesa. 

Los comisarios franceses, por el contrario, apresuraron 
el rompimiento, siguiendo en esto las intenciones secretas 
de su gobierno. 

Saligny remató su obra de iniquidad diciendo que su fir- 
ma, puesta al calce de los tratados de la Soledad, valia me- 
nos que el papel en que estaba escrita. El hombre se juzgó 
á sí mismo 

Pasemos adelante, que el espacio se nos estrecha. 

Frim reembarcó sus tropas: los marinos ingleses también 
se hicieron á la mar. 

La triple alianza habia concluido, siendo este el primer 
triunfo moral obtenido por la Eepública. 

México y Francia quedaban frente á frente. 

Lorencez, que habia traido tres mil quinientos hombres 
de refuerzo, comenzó las operaciones inmediatamente. 

En los convenios de la Soledad se habia estipulado que 
en caso de que so rompieran los preliminares, el ejército 
retrocederia hasta Paso-Ancho, punto de su partida, repa. 
sando las posiciones del Chiquihuite. 

El ejército francés feltó á lo prometido, con un fiitU pro- 
testo que hoy está ya perfectamente desmentido. 

Pero acaso se me crea parcial. Para juzgar este hecho, 
repitamos las palabras de Kératry; el confidente de Bazaine, 
el digno oficial finnces, dice asi: 

— "Un pueblo civilizado (la Francia) que se jactaba de 
llevar á una nación casi bárbara el respeto del derecho y 
de los compromisos contraidos, comenzaba por hollar con 
los pies una promesa solemne. Esto ftié una doble falta. 
Además de que disminuyó el prestigio de nuestra fuerza, 
éramos los primeros que abriamos la puerta á la traición,** 

|E8 recusable este juicio? 



411 

El ejército ü'aiicéa avaiizabii, ráiiiJameute: entre sus ba 
g^eg iban Saligny , Almonte y demáa núsioneros de la me 
oarquía. 

La Ilepública lanzó uo grito de angustia. 

El ejército ñ'ancéa era coito respectivamente á la pot€a 
cía de sn nación; pero era snperior á lo que pedia opuued 
JUéxico. 

Además, no era el presento lo que ati^rraba á Juárez, d 
no el poiTenir. La Fi'ancía podia poner en México el a¿ 
mero de ftiei'zas que necesitara para realizar bu invasioiL . 

La Patria eu tanto, minada por la traición y debilitad 
por la guerra ct^il, no tenia fé eu la victoria: solo le qucdl 
ba morir con bonra. i 

Eso partido fué el que tomó. \ 

El primer eucueutro tuvo logar eu las Ounibrcs de AcuH 
zúigo. 

Zaragoza Tenia retirándose desde Orizaba. 

El ejército francés seguía adelante. 

Zaragoza quiso probar la moral de sus tropas, opon«!r a3 
gun obstáculo á los invasores y causarles pérdidas. Escq^ 
BU campo é hizo alto. 

La perspectiva era admirable, digna de la lucha éplú 
que se preparaba. 

AlH la alta mesa de la Bepública se corta rápidamenl 
á pico. Las rocas cefiid:i8 por su magestuosa curoua de ¡x 
nos y encinos están cubiertas de nubes. 

De alU desciende la moutaña hasta el abismo, vestid 
por la vegetación de todos los climas. 

A sus pies está tendido el vallo tapizado de flores, do al 
ña y de cafetales. Es la tierra-caliento con su suelo t^ 
fértil, con su aire Heno de luz, de perfumes y de mariposa 

Pero lo admiiTible son aquellas rocas titánicas que fof 
num las Oumbres. 4 

El camino sube en espiral sobre el costado de la mont< 



412 

fia, por una séríe do rampas tocándose en sus estreñios su- 
periores. 

Allí tuvo lugar el primer encuentro. 

Arteaga iba al frente de su pequeña columna. El ejérci- 
to de Oriente se habia fraccionado después de los prelimi- 
nares, y solo quedaban dos mil hombres frente á Orizaba- 

El choque fué espantoso, y la avanzada francesa tuvo 
que retirarse después de su primer impulso: Lorencez hizo 
avanzar sus batallones, y el combate se hizo general. 

El ejército francés tiaia el orgullo de su justa reputación 
militar: el ejército mexicano tenia la justa ü'a que le causa- 
ba mirar tan ipjustamente agredida su patria. 

Una nube de humo envolvió li los combatientes, rasgan- 
dose con los incesantes disparos del canon. 

Eepentinamente enmedio de aquel torbellino de friego y 
metralla, cayó herido el general Arteaga. 

Entonces comenzó la retirada de las ftierzas mexicanas, 
paso á paso, y sin ser molestadas por el enemigo. 

Zaragoza concjentró sus ñierzas en Puebla; los franceses 
casi inmediatamente se presentaron frente á esta ciudad. 

El dia 5 de Mayo de 1862, los primeros soldados del 
mundo fueron derrotados por los mexicanos, inferiores en 
número, en táctica y en estrategia^ en el fuerte de Guada- 
lupe y en todos los puntos de la ciudad que intentaion to- 
mar por asalto. ' 

Zaragoza se hizo inmortal en ese dia, vindicando á su 
patria de tanto insulto como se le habia inferido. El gobier- 
no imperial llevó ima lección muy dura. 

Habia yo ohidado inteuciouajmente al partido interven- 
cionista. 

Hasta la niptura de los convenios de La Soledad, los con- 
servadores que no veian claro en aquella situación tan anó- 
mala, temian ligarse en una empresa incierta. 

Esto hacia que solo los que poseían el secreto de la Fran- 



413 

' ola, se agruparan en torno de Almonte. La facción monar- 
quista era, pues, tan pequeña, que se perdia entre tanto 
acontecimiento tan grave, y que tanto agitaban el interés 
público. 

Eetrocedamos un poco. 

Loréncez no quería, al recibir el mando del cueiT[)0 espe- 
dlcionario, retroceder hasta Paso- Ancho en cumplimiento 
de lo estipulado en la Soledad. 

Y no retrocedió: al contrario, avanzó sobre Orizaba, pre- 
testando que los mexicanos intentaban asesinar á los fran- 
ceses enfermos que habia en el hospital de la ciudad. 

Documentos llenos de autenticidad, y pubUcados poste- 
riormente, desmienten esa calumnia: sobre todo, la nota de 
M. Oolson, ciiTgano en gefe del ejército espedicionario, di- 
rigida al geneml Zaragoza, desmiente el aserto de Lo- 
réncez. 

Sea lo que fuere, el general francés, violando lo pactado, 
asaltó á Orizaba, y la ocupó el dia 20 de Abril de 1862. 

Esa misma mañana, los intervencionistas improvisaron 
un pronunciamiento, levantando una acta, en la cual pro- 
clamaban á Almonte Oefe supreiiM de la nación. 

Como mas tarde el mismo general francés, por orden de 
su emperador, tomó á Almonte del cuello y lo arrojó del 
puesto imaginario en que soñaba estar, no tengo porque 
detenerme en detallar los episodios de ese gobierno efíme- 
ro, que mas parece el estiiivío de un loco, que el golpe de 
mano de un ambicioso audaz. 

Algunos años después, el mismo Almonte, cuando en una 
tertulia del ])aIacio hacia mension de este hecho, lo relata- 
ba de esta manera: — "Cuando me echaron á patadas los 

franceses " Y .al decir esto sonreía, y no se notaba 

que subiera por su rostro la ola de la vergüenza. 

Pero el pronunciamiento de Almonte produjo algún des- 
concieito en las filas de los reacciotiarios, porque heria las 



414 

ambiciones de los gefes, de Zuloaga sobre todo, que aun se 
denominaba presidente de la República. 

Doblado era muy hábil para no esplotar esta división: 
así es que la fomentó enviando al campo de Márquez un 
agente que poscia toda su confianza. Al mismo tiempo hi- 
zo que la caballeria nacional se aglomerase cerca del lugar 
que ocupaban las ñierzas reaccionarias. 

Gracias á este doble plan^ no se reunieron los traidores 
á los franceses, apesar de que Almonte llamaba con ansia á 
Márquez, y Miranda escribía con igual objeto á Oobos des- 
de San Diego de los Álamos el mismo dia 5 de Mayo. 

Becorrido así ese período histórico que habia suprimido, 
puesto que he llegado al punto de intersección, continuaré 
mi relato. 

Después de su derrota, Lorencez retrocedió hasta Ori- 
zaba. 



Antes de seguir adelante detengámonos un momento á 
contestar á Kératry, que al hablar del negocio ddSde Ma- 
yoj como deda el lengmge oficial, hace apreciaciones muy 
injustas acerca de México. 

Según el escritor fi^ancés, el cuerpo de ejército que man- 
daba Lorencez se cubrió de gloria en esa retirada. 

Cada quien entiende la gloría á su manera. 

Es notorio que con un orden y una disciplina admirables 
efectuó el cuerpo espedicibnario su movimiento retrógrado. 
Pero Kératry exagera el número de fiíerzas mexicanas que 
habían obtenido aquel glorioso triunfo. 

Aunque se sorprenda dolorosamente el autor, debemos 
asegurarle que las tropas que mandaba Zaiagoza eran in- 
feriores en número á las que atacaron en Puebla. 

Acaso el historiador de Bazaine tenga razón en atribuir 
aquella derrota á la imprevisión del gobierno imperial, que 



415 

creyó que operaba en Obina^ y á la supina ignorancia de Sa- 
ligny que dirigía casi la espedicion, infinido por los infor- 
mes de los emigrados mexicanos que venian entre los equi- 
pajes del ejército francés, y arrastrado por su interés y su 
odio. 

Sin duda' que también tiene justicia en reprochar á los 
suyos el que se hubieran ligado á Márquez, el que habia 
robado la c¿^a de la legación inglesa, el que habia ñisilado 
á los médicos en Tacubaya, y el que habia llamado á los 
estrangeros á su país, precediendo á la bandera francesa la 
bandera de ese hombre que tiene ^^apetito de verdugo^^ dice 
Kératry. Pero este historiador olvida que ep la derrota 
del 5 de Mayo aun no se habia efectuado la reunión de los 
traidores y el extrangero. 

Kératry es altamente injusto cuando dice que México es 
un país maldito, adonde la palabra patria no encuentra eco. 

Esa apasionada inculpación hecha junto á la conmemo- 
ración del glorioso triunfo de Puebla, cuando un puñado de 
mexicanos, mal armados y casi desnudos, hablan arrancado 
la victoria á los soldados de Magenta y Solferino, está res- 
pirando la pasión del despecho y es inadmisible. 

Allí mismo, dice el autor, que el mérito de los liberales 
fieles á la Constitución y del presidente Juárez, es el de no 
haber entregado su patria al estrangero. Esta confesión 
habla muy alto y es muy justa; pero incompleta. 

Kératry debe atender á que el país entero, menos un pu- 
ííado de hombres, se pusieron al lado de los liberales, pues 
sin esto, el gobierno de la Bepública hubiera sido impotente 
para contener la invasión de una nación poderosa, en con- 
sorcio con la traición que les abria las puertas de la patria. 

Si los pueblos fueran siempre responsables de las aberra- 
ciones de sus gobernantes, cuanta inculpación pudiera ha- 
cerse á la Francia al recorrer las páginas sangrientas de su 
historia! Y sin embargo, en México se estima altamente 



416 

á esa Francia tan generosa y tan inteligente, cuyo nombier 
se tomó para traemos una guenii de cinco años. Un escri- 
tor tan imparcial algunas veces y tan ilustrado como Kéra- 
try, dcbia suprimir frases como estas que mas bien lastiman 
el buen nombre de quien las vierte. 

liectitícado este insulto, que tanto heria la homti de la 
nación, seguiró tan penosa tarea. 



La intriga comenzó a agitarse en el campo ñuncés esti- 
mulada i>or Almonte y socios. 

Se creyó' que el oro i>odia hacer lo que no hablan alcan- 
zado las armas, y bajo fcm enóuea ci^eencia se invitó á Ne- 
gretc y á O'Horan. á que defecoionai-an. Taboada, que fué 
el órgano de esta intiiga, recibió una repulsa enérgica de 
los dos gefes del ejói-cito nacional.. 

Cuatro meses duró aquella situación. 

En su trascui*so pasaron hechos notables que ligeramente 
mencionaré, porque la uatm^aleza de este trabajo no me 
peiTuite estenderme demasiado. 

JMárquez, después de haber dominado con mucha fatiga 
la división que reinaba en su campo, pudo al fin obedecer 
la orden de Ahnonte, y so puso en marcha para ir á unirse 
al invasor. 

Pero en Barranca Seca encontró un obstáculo insupera- 
ble. Allí habia una fuerza mexic<ana que lo batió, y que lo 
hubiera derrotado completamente haciéndolo prisionero, si 
no hubiera ido á salvarlo el 99 de línea. 

Al fin los reaccionarios pudieron llegar á Orizaba á repo- 
nerse de tan larga y tan desgraciada campafia. 

Entretanto la Eepública se ponia en pió de guerra y todos 
los Estados enviaban sus contingentes al teatro de los su- 
cesos. 



417 

González Ortega condncia loB del Bstado de Zacatecas 
y algunos otros hasta completar seis mil hombres. 

Entonces comprendió Zaragoza que debia tomar la ini- 
cíativa, y avanzó sobre Orízaba intimando rendición á la 
plaza el dia 11 de Junio de 1862. 

El gefe francés contestó que solo el comisario francés, es 
decir, Saligny, tenia poderes para entrar en convenios. 
Zaragoza jamás se hubiera permitido tratar con ese hom- 
bre. 

Tenia el héroe mexicano su plan de campaña. 

Según la combinación, el ejército de Oriente debia apode- 
rarse del Ingenio, mientras el cuerpo de ejército de González 
Ortega se apoderaba del cerro del Bonrego, que era la llave 
de la ciudad. 

González Ortega, caminando sin cesar con su división por 
lugares adonde jamás se habia posado la planta del hombre, 
desmontando y haciendo marchar sus piezas á brazos de sus 
soldados, no pudo llegar al punto que se le habia designado 
sino muy tarde. 

El ataque se diñrió para el dia 14. 

Pero en la madrugada fué sorprendido González Ortega 
por el enemigo. Los soldados mexicanos dormían, rendidos 
después de una jomadla de muchos dias, durante la cual ca- 
minaban incesantemente. 

En medio de la oscuridad se trabó aquel combate horri- 
ble, espantoso, en el cual se ignoraba á quien se heria. La 
carnicería fué espantosa. 

Apenas lució el alba, pudo retirarse González Ortega con 
BUS fuerzas á Jesús María. Todos los gefes y oficiales que 
habían escapado de la muerte, estaban heridos: se hablan 
perdido tres piezas de montaña. Pero la mayor parte de 
división se salvó, j solo ñié de sentii'se que hubiera fiuca- 
zado un plan que hubiera concluido con los fi'anceses. 

Entonces creyeron estos que podían batir á Zaragoza^ 



60 



418 

pero ftienm rediandaB y hechas peduos 1m ortImniiM que 
avanzaban por el Ingenio. 

El cjlérdto nacional voMó á las Onmbfes de Acnlcingo, 
en un orden perfidcto. 

Almonte, entxetanto, l^pdaba al viento. 

De su efimera administración solo subsistió su célebre 
decreto de 24 de Octubre de 1862. 

Según él, todos los mexicanos estaban obligados á desem- 
peñar los cargos y comisiones que les confiriera Almonte, 
ó sus agentes. Los que se escusaran ó renunciaran serian 
jusgados como reos de áeMfeodonj y espulsados de la Be- 
pública por el término de seis meses á dos años. 

Este decreto sirvió también al imperio mas tarde, j)aia 
castigar ese nuevo delito inventado por Almonte, de desa- 
fección. Oon justicia decía Proudhom que el crimen está 
en la ley. 

En vano se intentó que varias poblaciones pequeñas de 
la costa secundaran el pronunciamiento en &vor de Almon- 
te: esa fiursa quedó limitada á representarse en un drculD 
mas pequeño: el desengaño fiíé completo. 

Y sin dinero, ún hombres y sin presfigio, el gobierno de 
Almonte cada dia era mas risible, hasta que la mano bru- 
tal de Forey vino á despertar de su dorado sonambulismo 
al que se creía gefe supremo de la nación. 



V, 



En lo6 últimoB días de Setiembre de 1862 llegó Forey á 
ATeracruz. 

La Francia se electrizó al saber que su bandera habla 
letrocedido ante los muros de Puebla: y el gobierno francés 
ai»*oTechando ese arranque de la opinión pública á su fit* 
vcTj nos enviaba treinta mil hombres para probamos el buen 
derecho del negocio Jecker. 

Forey era célebre, no tanto por sus campañas en Ai^l, 
ni por haber sido el gendarme que aprehendió á los diputa- 
dos en la cámara francesa el dia 2 de Diciembre, sino por 
ma asombrosa locuacidad, y por su numía de sazom^ fre- 
cuentemente su locución con los numerosos refranes que 

México es un país excepcional, y en el carácter de sus ha- 
bitantes entra algo de malignidad cáustica que lo hace bur- 
bise de todo, aun en las circunstancias mas dificiles de una 
mala situación. 

Pocas reputaciones europeas han pisado nuestro sudo, 
qae no hayan dejado en A como único recuerdo. • • . ¡su ca- 
ricatural 



420 

A los pocos días de llegado Forey, en todo el país se le • 
conocia con el apodo de Sancho Panza. 

Y sin embargo, su primer acto ñié muy aplaudido. 

El dia 24 de Setiembre dio un acuerdo destituyendo á 
Almonte del puesto que usurpaba, por haberse erigido ese 
gobierno fuera del concurso de la Naciqp, y sin la aproba- 
cion del gobierno imperial. 

Tal ñié el último fiasco del traidor. 

El dia 24 dio Forey su primera proclama, en la cual de- 
claraba, á nombre de su emperador, que venia á derrocar sú 
%obiemo constitucional del Sr. Juárez, y á que se eligiera 
otro por el pueblo manumitido por las armas francesas. 

Desde entonces comenzó Napoleón TU á ser sincero: ya 
se sabia á lo que venia: cuanto hablan dicho, pues, sus ór- 
ganos oficiales en la prensa y en la tribuna del cuerpo le- 
gislativo, era, pues, una mentira. 

Innumerables fiíeron las proclamas que siguieron á esta: 
conforme avanzaba Forey para Orizaba expedía algún ma- 
nifiesto en cada posada adonde pernoctaba despuea de la* 
jomada del dia. 

Al fin llegó á Orizaba. 

Alternativamente expedía Forey sus proclamas y sus 
decretos; porque legisló en el país! 

Oomenzó á nombrar ayuntamientos, valiéndose del siste- 
ma de notablesj como succedáneos del sufiragio populan era- 
el plan que traia de Francia para organizar el nuevo go- 
bierno; y á los mexicanos recalcitrantes que no aceptaran 
los cargos con que se les honraba eran desterrados á la 
Martinica. Igual pena se aplicó á los prisioneros de guerra. 



Durante ese período de transición había caido sobre Mé- 
xico una horrible desgracia. 




421 

Zaragoza, el héroe de Mayo había Bncmnbído de fiebre. 

Onantos esñierzos se hicieron para salvarlo fueron inúti- 
les, después de qae hubo un error de diagnóstico. 

La Bepública se cubrió de luto: y no del luto ofiolal, sino 
de ese luto que Uots el pueblo en su corazón comprimido 
■por una calamidad nacional. 

González Ortega le sucedió en el mando. 

Lleno este hueco de nuestra historia, y vuelvo á Forey. 



El gobierno de México dispuso que marohasen libres á 
su campo los prísioneros franceses hechos el dia 5 de Ma- 
'yo, que hablan quedado curándose en la dudad de Puebla. 

González Ortega los envió con una carta para Forey: es- 
te contestó con una descortesía. 

La Repíiblica saludaba á su enemigo con caballerosa ga- 
lantería antes de batirse. 

Pero aglomeraba sus medios de defensa, y las fortifica- 
.ciones de Puebla avanzaban rápidamente. 

El ejército francés, es decir, los 85,000 hombres, perma- 
necían en una inesplicablc inacción. 

Solo mas tarde se supo que por nni^ imprevisión indis- 
-culpable le follaban víveres, medios de trasporte, en fin, 
«uanto necesitaba para moverse una masa de hombres tan 
e«nsiderable. 

Los Estados-Unidos ministraron todo. 

Pero habían trascurrido cinco meses y medio, y durante 
-este tiempo, los me-ticanos hablan cuiílado de retirar al in- 
terior del país cuanto elemento podía servir al invasor. 

Este se encontró, pues, al país desolado. 

Laa flores que la tn^on había prometádo al ertrangero 
:ae trocaban en espinas. 

.£1 espíritu nacional se levanta^ entie tanto digno y se- 



4aa 

Tero, pero traaquilo ea m enojo. Se leqietann á loe ex- 
trangeroB de todaa las nadooftlidadefli y no ae peimitíó nns- 
sola represalia. 

Después de tan larga eq)ectati?a se movió al fin ooo 
grande aparato, el ^éráto invasor hada éL interiw del pafiL 

Los mexicanos se alistaron al eombate, y las fcrtificariáK 
nes de Puebla se cubrieron de soldados. 

El presidente de la fiepúblioa y su ministerio halñan vi- 
sitado la ciudad heroica y halñiui condecorado á los scdda* 
dos de Oriento con las medallas decsnetadas por el Oon greso 

Pasada esta solemnidad tan tierna y tan patética, la du* 
dad temió á ese silendo .tan magestuoso que|precede á loe* 
grandes suioesos. 

Los girondinos también brindaron y se ciñeron de flores- 
antes de ir á morir por la libertad. 



Por un momento tomaré á rectificar á Kératiy. 

Evidentemente que este escritor trabajó su obra b^jo ét 
plan que dá Lecmardo de Yind á los pintores de cuadros- 
históricos. 

AI héroe, á su Qgura principal, la colocan en primer tér- 
mino, y las demás figuras, dibigadas en menores dimensio- 
nes y tocadas con un cdorido mas débil, quedan en segim» 
do término para que resalte sobre todos el personige eie- 
jido. 

Por eso Kératry censura y atenúa los actos de cuantos 
intervinieron en esa espedidon. Solo el mariscal Bazaine^ 
está retratado con valentía. 

Conforme con este programa, Kératiy reprocha á Forey 
la inacción en que permanedó durante tanto tiempo, y la 
lentitud con que dirigió las operaciones militares. 

Sostiene el conde que si se hubiera procedido mas rápi^* 



43S 

damente, de un salto hiftiera ocnpado el ejérdto francés á 
México, sin haber tenido que pillar antes al pais, lo cnal es 
nna confesión muy grave. 

Pero olvida que tenia al frente un ejército inferior en 
número, en instrucción militar y en elementos de guerra^ 
pero que estaba decidido á morir por su suelo y por su ban- 
dera. 

Las grandes victorias las alcanzan los ejércitos pequeños. 

Y mas inesacto es aún Kératry, al atribuir esa lentitud 
de Forey á la poca previsión para aglomerar los medios de 
ataque. La causa mas probable es que él general en gefe 
buscaba el bastón de mariscal de Frauda^ y necesitaba 
una corona mural para súfrante. México debia dar el 
sangriento precio de ese laurel. 

El 22 de Marzo tronó al fin el cañón de alarma en los 
fuertes de Guadalupe: el sitío comenzó. 

¡Ojalá y no estuviera limitado á las pocas hojas que me 
he atrevido á escribir después del escritor francés! Oon 
placer haría la historia épica de ese espléndido sitio, que 
duró 56 dias y que Contó por cada dia una victoria alcan- 
zada por el ejército*^ üadoiiaL 

Diga Porey lo que guste en el parte que dio á su gobier- 
no de aquel sitio, hay una prueba viva y palpitante de que 
frieron vencidas frecuentemente las columnas de asalto: 
dentro de la plaza habia numerosos prisioneros franceses. 

San Javier, Pitiminí, la Penitenciarfav imposible 

es narrar cada punto ca los que se 6ubrió de gloria la ban- 
dera de lá Eépública,' desgarrada por lá metralla, pero al- 
zándose altiva entre el polvo que levantaban los escombros 
de la ciudad que se desplomaba b%j<) las bombas del invasor. 

De c^e á calle, de manzana á manzana, dé casa á casa, 
se combatía pecho á pecho, cruzándose las bayonetas, rom- 
piéndose las espadas, y haciéndose los tiros á quema ropa. 

Al fti se convenció Forey de que Jamás tomaría la ctu- 



424 

dad por asalto, y oomieiizó á levantar su campo Gnbierto en 
el cerro de San Juan para pasar la estación de las aguas. 
Kératry mismo lo atestigua. 

£1 ejército del centro colocado fuera de la ciudad y en 
espeetativa de los sucesos, molestaba sobremanera al sitia- 
don este intentó sorprenderlo. El 8 de Mayo, en efecto^ 
filé derrotado Oomonfort, apesar del valor con que este ge- 
neral quiso contrarestar su mala fortuna. 

Entonces se perdió dentro de la plaza toda esperanza de 
ser anxiliada la guarnición. 

Se hizo una tentativa mas de introducir á la plaza un 
couToy, porque en la ciudad ya no habia víveres. El Yxaanr 
bre eiu espantosa, entre los habitantes sobre todo, pero to- 
do fracasó. 

£1 general en gefe solicitó saber b^jo qué condiciones se 
haría ima capitulación honrosa, saliendo la heroica guarni- 
ción de la plaza con su arma al brazo y sus banderas des- 
plegadas al ^iento. 

Forey admitió, pero quería que ese ejército se retirara á 
Orizaba, y allí permaneciera neutral. 

González Ortega rechazó esa condición. 

En cambio meditó un sublime sacrificio: que aquel ejér- 
cito se suicidara en masa. 

González Ortega, después de oir un consejo de guerra, 
espidió el dia 17 de Mayo de 1863, la orden general previ- 
niendo que el ejército se disohiese rompiendo sus armas, 
clavando sus cañones, y que los gefes y oficiales se reunie- 
ran en el atrío de Oatedral y en el palacio para constituirse 
prisioneros. 

De las municiones de guerra no se hablaba, porque todas 
se hablan agotado. 

Y al mismo dia, á las cuatro de la mañana se participa- 
ba á Forey la determinación tomada, á fin de que ocupase 
la ciudad. 



425 

El viejo general francés tembló de dee^^eobo al ver que 
te arrebataban aquel triunfo á la bora de venoer. 

La ciudad fiíó ocupada, entrando Márquez con sus hor- 
das á la vanguardia: un destacamento de zuavos tuvo que 
reprimir los desórdenes que cometían aquellas bandas: los 
buitres llegan siempre después del combate. 

Forey no desmintió su reputación conquistada en Argel. 
Befundió en los cuerpos auxiliares de Márquez á los solda- 
dos del ejército de Oriente que pudo hacer prisioneros, y 
mas tarde condenó á muchos de ellos á trab^yar en el fer- 
rocarril bajo el dima mortífero de la costa. Bedi\jo á pri- 
sión á los gefes y oficiales mexicanos, enviándolos primero 
á Orizaba, y después deportándolos, porque no se prestaron 
á firmar una denigrante protesta de no tomar las armas por 
su patria: y por último, calumnió á los gefes que lograron 
fiígarse, diciendo que habían violado su palabra, cuando 
por el contrario, todos hablan formulado la protesta mas 
solemne de continuar luchando luego que recobraran su li- 
bertad de acción. 

Parece increíble que Forey encerrara una alma de este 
temple biqo aquella figura del Sileno griego con que lo ha- 
bía dotado la naturaleza. 



La Eepúbüca resintió aquel golpe en el corazón. 

El gobierno expidió el día 18 de Mayo de 1863 su céle- 
bre proclama participando á la Bepública el desastre de 
Puebla, y excitando el patriotismo para hacer nuevos es- 
fiíerzos contra el invasor; pero desde aquel momento todo 
filé en vano; la moral pública comenzaba á perderse. 

Comonfort renunció el mando y se encargó de él Oarza^ 
el cual qui^o dictar medidas de vigor, cuando el pánico de 
los indiferentes y las intrigas de los traidores debían ener- 
varlo todo. 

56 



426 

Se pensó defender la capital; pero á la acrogaate señora 
no agrada mirar su rica veste de seda manchada con san- 
gre, ni sus aristócratas manos se permiten ensuciarse coa la 
pólvora del fiísiL 

Fué preciso abandonarla, retirar de sus ojos él espectá- 
culo de un pueblo que agonizaba desgarrado el pecho por 
el marrazo del 2suavo, á fin de que pudiera' con el éiúfao 
tranquilo arreglar su tocado de flores y laeos azules para 
recibir á Almonte y Saligny. 

Debemos confesar sin embargo que casi todo el pueblo, y 
todos los empleados de la nadon y hasta mudios artesanos 
abandonaron sus hogares huyendo del estrangera 

En medio de la angustia pública, cuando el gobiensocon 
una precaución realmente cautelosa y culpable, era el pri- 
mero que lanssaba el grito de Awíbai adpartaSf tuvo lugar 
una ceremonia augusta^ solenme y llena de una triste» 
profunda que se estendió sobre el pueblo entero: hablo de 
la clausura del Ck>ngreso que tuvo lugar el dia 31 de Mayo. 

(Por qué no permanecían los representantes de la Naoioii 
aguardando como los Senadores jsentados en sus cumies la 
llegada de los bárbaros que arrojaba á nuestro suelo la 
civilización europea! 

El Presidente de la Bepública salió inmediatamente des- 
pués para el Interior, designando la ciudad de San Luis 
para que ñiera la capital de la Bepública. 

Su ministerio lo acompañaba. 

Las iTopas y los empleados salieron después. 

Pero desde aquel punto, aquella retirada tomó el aspec- 
to de una derrota. Archivos, material de guerra, caudales, 
batallones, todo se perdió en aquel desorden terrible. 

Yiolencias, fiísUamientos, todo ñié inútil para contener 
la desmondizadon. Hasta mas tarde, comenzó á organizar- 
se de nuevo el cjjército en Querétaro, y se restableció algo 
mas la confianza pública. 



4S^ 

M gobierno general llegó á Qneü^tafo, y sin detenerse 
allí mas que nn dia, oonttnuó su camino. 

Juárez y. los suyos iban taranquilos. 

Fuente, ese digno hombre de Estado cuya pérdida la- 
mentó la Bepública, al llegar á su alojamiento en Queréta- 
10) iñdió un B^eáreSj juego al cual era muy apasionado. 

Esos hombres sabian que era un deber morir en su pues- 
ta, y estaban tranquilos por tanto en su conciencia. 

Las poblaciones del tránsito que veian pasar aquel corte- 
jo, se descubrian con veneración ante aquél grupo que re- 
Iiresentaba la encamación de la .soberanía popular espulsa- 
da de su Boño por la mano brutal del estrangero: el pueblo 
saludaba con tristeza aquella desgracia pública. 

Nada iiinta mejor esta irituacion que las frases del mismo 
Eératry; repitámoslas: ^^n gefe atento y reflexivo, debió 
haber notado que Juárez no habia sido arrojado por la po- 
blación. El gefe del Estado cedia el puesto á la fiíerza, pe- 
ro sin compromiso. Lleva'ba en su retirada el poder repu- 
blicano, pero sin diario caer de sus manos. Estaba abati- 
do, pero no abdicaba." ^Será sospechoso este testimonio 
para los que discutían aún la legitimidad del poder consti- 
tucionalT 

Volvamos ahora la vista á la capital, puesto que tenemos 
que seguir á la intervención eü todas sus fiu^es. 

Los partidarios vergonzantes de la intervención, los tráns- 
fugas y los que solo veian en el cambio que iba á efectuar- 
se, la posibilidad de obtener un empleo, se altaron con en- 
tusiasmo, produciendo una excitadon formal en la ciudad. 

Yálor tardío que se producía cuando los liberales estaban 
lejos: valor prudente que se ostentaba después del triunfo, 
mientras antes permaneció recatado. 

Esta efervescenda pública alarmó á los j^pietarios y 
comerciantes, que tomaron á lo serio las l»avatas de aque- 
llos héroes de la víspera. Los cónsules estnmgeros fiíeron 



428 

en comisión cerca de Forey para esponerle la situación, y 
suplicarle que ocupase la plaza. 

Esta habia quedado encargada por el gobierno al ayun- 
tamiento liberal, y á las fuerzas de Aureliano Rivera y 
Cnellar. 

Forey, despechado de no poder ganar otro sitio que hu- 
biera aumentado sus condecoraciones, mandó ocupar la du- 
dad lentamente: jqué aguardaba? |una demostración hostil 
para simular im asalto? 

El dia 4 de Junio de 1863, ocuparon los cazadores de 
Vinceunes la garita de San Lázaro. 

El dia 5 tomó el mando de la plaza el teniente coronel 
Potier; la división del general Bazaine no entró hasta el 
dia 7. 

Forey hizo su entrada solemne el dia 11, llevando á áJ- 
monte á la dereclia, á Saligny á la izquierda, y á Márquez 
á su espalda. 

Solo así pudieron volver á pisar á México Almonte y 
Márquez. 

Aquella entrada tuvo lugar enmedio de un entusiasmo 
ficticio, dice Kératry. Yo no creo esta aseveración en toda 
su latitud: y me esplieo aquella festividad mejor que el es- 
critor francos, acaso porque me es mas familiar el carácter 
mexicano. La mayoría de la iwblacion es una masa fluc- 
tuante, que raras, muy raras veces, tiene el valor de sus 
propias opiniones, y que, aun cuando estas eran contrarias 
a la intervención, se agolpó á presenciar aquel aconteci- 
miento, con la rabia en el alma, pero á impulsos de mía in- 
suj^erable cimosidad. 

Pero los reíiceionarios, los enemigos del partido liberal 
por opinión política, por i>rincipio religioso ó por inteivs, sí 
tenían un venladero entusiasmo al ver derrocado un poder 
que tanto habian odiado. 

Los propietarios, los ricos que habian tenido que satisfii- 



429 

cer los fiíert^s impuestos de la guerra, veían con placer que 
iban á cesar sus exhibiciones. Y alguna gente de la que se 
llama aristocracia, también se electrizó, creyendo que iban 
á presenciar la erección del feudalismo, y á pertenecer al 
cuartel nobiliario europeo que siempre hablan soñado, go- 
zando de sus títulos y prerogativas. 

Toda esa gente se precipitó á las calles lanzando gritos 
de júbilo, quemando cohetes y arrojando flores, sobre las 
bayonetas francesas , un aiud de flores j como escri- 
bía Porey en su parte general del dia 10 de Junio do 1863. 
El general en gefe oMdó comunicar á su ministro de la 
guerra que esos cohetes y esas flores, y los gastos que hu- 
bo que hacer en su recepción fueron pagados por el tesoro 
francés. 

Solo el pueblo, el verdadero pueblo estaba mudo y som- 
brío al ver profanado su suelo y ondear cu el viento una 
bandera exti^angera. 



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VI. 



Habla llegado d arduo momento de desarrollar el plan 
napoleónioo, es decir, fundar un gobierno monárquioo y es- 
table, que diera garantías á la Francia ofidal, para el pago 
de su deuda y de entera sumisión á su influencia. Pero 
también era preciso que á ese gobierno se le diera el barniz 
que lo hiciera parecer como emanado del sufragio popular, 
libre de la coacción de la minoiía opresora: asi se llamaba 
á los liberales. 

Lab(HÍoso tenia que ser el génesis de aquel gobierno po- 
pular, pero que debia ser elaborado en el cuartel general 
francés. 

« El cinismo de Siúigny resolvió aquél problema. A su 
inidativa, Forey expidió el dia 11 de Junio, el dia mismo 
de su entrada, cuatro decretos, nombrando á Oarcia Aguir- 
re prefecto político de la capital, á Azcárate prefecto muni- 
dp^ el personal que habla de componer el Ayuntamiento 
y á los treinta y dnco que debían fonnar el llamado Oonde- 
jo de' gobierno. 

Estos cuerpos actuarían sin estatuto ni código político 
alguno, puesto que no lo tenían; pero su norma debía ser 
la direodoD fbuicesa. 



432 

El Consejo, traduciendo la voluntad de las autoridades 
francesas, dio á su vez tres decretos, erigiendo un triunvi- 
rato compuesto de Almonte, Labastida y Salas, y sustitu- 
tos de estos á Ormaecliea y Pavón. No economizaba el 
Consejo sus fórmulas decretales, aun cuando en una sola 
ley pudo haberlo hecho todo. 

Después expidió otro decreto mas, nombrando á los 231 
notables que debían pronunciar cuál era la forma de go- 
bierno que convenia á México. Esos notables serian con- 
siderados como los representantes del pueblo mexicano. 

Sin embargo, los comitentes eran estrafios á todo esto: 
la totalidad de los nombramientos habia recaído en los reac- 
cionarios mas remarcados. Uno que otro liberal, de los del 
partido tímido y meticuloso que fluctuaba entre los rojos y 
los moderados, hablan sido también nombrados jmra el 
cuerpo de notables; pero renunciaron 6 se negaron á con- 
currir á las juntas. 

Pero esUi so instaló! 

No hay quien no conozca la acta de la sesión del dia 10 
de JuUo de 1863, el dictamen de Aguilar y Marocho con- 
sultando la adoi>cion de la monarquía y la aprobación de 
los cuatro artículos que componían su parte resolutiva. 

La EepúbUca quedó convertida en monarquía católica y 
moderada, ó míis bien dicho en imperio. La corona se dio 
& Fernando Maximiüano, y se dispuso que en caso de qu# 
este no aceptase se supUcaria á Napoleón IH que designa- 
se otro candidato, católico se entendía. 

Otros partidos, en otros paisea y en otras épocas, habían 
cometido un crimen igual; pero se le habia dado algún dis- 
fraz, y nunca hasta entonces se siyetó á un país á una hu- 
millación semejante. 

En fin, la £ii*sa estaba consumada y solo se aguardaba 
que el príncipe viniera. 

Entonces se nombró la comisión que fuera á Miramar á 




433 

ofrecer el cetro y á activar la venida do Maximiliano, que 
oon tanta ansia aguardaba el partido imperialista. 

Tenemos, pues, que trasladamos también á Europa, adon- 
de llevaré á mis lectoi-es haeiéndolos penetrar hasta el trono 
de aquellos reyea, que tenían sus áñdas miradas fijas en el 
fértil suelo del Anábuac. 



Napoleón III estaba en Biairitz, y desde allá cn^'iaba sud 
agentes que dt;bian consolidar su obra proyectada en Mé- 
xico. 

Porque esa obra, como el Hérctdes de la fiibula, estaba 
oondenada & luchar desde la cuna. En la cámara francesa 
comenzaba á tomar mayor incremento la oposición quo con- 
denaba la empresa mexicana, apesar de la audacia con que 
mentía líillauJt, el abogado imperial, disfi-azandolos heclios, 
y hasta íalslficando las fechas. 

El resto de Eiuojia agiiiinlaba. 

España discutía si dcbia ó no provocar que se reanudaran 
las convenciones de Londres, y si habia 6 no obrado bien 
Prím al retiraitíe con sus trojtas: era oportuna esa labor. 

InglateiTa esiwraba, sumida en un silencio profundo, pe- 
ro teniendo fuertemente asidos en su mano los bonos me- 
xicanos: acaso ni atendía á lo que pasaba divagada en cal- 
cular el monto real del Ínteres do su deuda. 

Maxiinlliitnu, entre tanto, Itabia logrado, lo mismo que 
Carlota, liablar perfectamente el español, que hacia tiempo 
aprendían. 

De suerte que cuando la condsion llegó á Trieste el día 
1? de Octuljre de 1803 estaban ambos consortes aptos para 
recibirla. 

Componian la comisión Gutiérrez Estrada, el padre Mi- 
randa, José Hidalgo, Yelazquez de León, Agnilar y Maro- 



4U 

cha, Morphy, Woll, Antonio Eacaedon, y Ángel Tgi#fti#«^ 
como Secretario- 

Estsk comiáíon, al llegar á París el día 10 de Setiembre 
del mismo aüo de 1863, consultó al gobierno francés si pri- 
mero debía pasar á los baños á presentarse al emperador, 
ó si se dirigía á Miraman Napoleón le previno qne directa- 
mente fueran á cumplir su misión cerca de Maximiliana 

El príncipe recibió á los comisionados el día 3 de Octubre 
de 1863: dos años después, y en la misma techa, espedía el 
célebre decreto de 3 de Octubre de 1865, aniversario de la 
ceremonia en la cual se le ofrecía el cetro mexicano. 

En 1866 circuló en la Bepública una proclama de Maxi- 
miliano que recuerdo perfectamente haber visto en el Inte- 
rior, j que después no he podido encontrar en los impresos 
de la época. En ella decía que '^si la corona le habla de 
costar una gota de sangre mexicana, abdicaria antes que 
derramarla.^ ¡Cuánto se cambia en un año! 

Pero volvamos á Miramar. 

Minutos antes de las doce del illa llegaron los camines 
al pórtico del castillo, y allí frieron recibidos los mexicíuios 
por la ser\idumbre del archiduque, vestida de negro con 
bordados de plata luia parte de ella, y la otra de bkmco y 
azul. 

Los monarquistas mexicanos, que no estaban habituados 
á ese liyo teatral de las coites europeas, se quedaron esru- 
pe&ctos contemplando los dos gigantescos alabarderos que 
iban á la cal)eza de la comitiva. Y todos, en su coii*i^spon- 
dencia faniilüir de aquellos (lias, confiesan su admiración con 
un candor íut'autil. 

Llegaron por fin á un gabinete adonde los esperaba Ma- 
ximiliano, vestido de frac azul y llevando al cuello el toisón 
de oro y la gian cniz de San Esteban. 

El presidente de la comisión leyó su disciurso, en el cual 
ofiecia la corona de México en mi estilo humilde v eontiíto 




435 

que parecía imitado de un devocionario: faltaba á esos bom- 
bres basta el talento de hacer menos rastrera sü invocación. 

Maximiliano, por el contrario, breve y sencillo, manifestó 
qne aceptaría el trono cuando la nación ratifícase con sn 
voto el de la capital, y cuando las demás uaciones le diesen 
las garantías suüeientcs para voner su imperio al abrigo de 
los peligros que lo amenazaran. 

El arcbidnque leia en aquellos momentos el poivenin 
joómo tuvo, pues, la iniprudencia de accptart 

Espuso, ademas, que reinaría bfyo un régimen constitu- 
cional, lo cual no ba de haber sonado de una manera muy 
grata á los oidos de los conservadores presentes. 

Así terminó la ceremonia. 

Después siguió la presentación de la archiduquesa y de 
todas las personas de su 8er\idumbre. 

Kn la uoclie fué el convite, al cual se presentó la princesa 
Carlota irradiante en medio de las joyas que cubrían sn i>t- 
cho y su tíxrado. 

Era preciso que ohidaran los comisionados, que venían & 
ofiíícer un vasto imperio ríco y virgen, que aquel príncii» 
solitario de Miramar debia algnnos millones de francos. 

Dos dias duraron los festines, daudo el último el banque- 
ro líevolti-lla. 

El dia (í la comisión se disohió. Unos pennanecieron en 
Miramar y li>s otros partieron para Alemania. 

Cuando suiw KaiKíleon lo que había resuelto JVraximilía- 
no, ríú qne iba aiR-na-s á I;i inita^l ile su obra, y ordenó li 
su gabinete que dispusiera todos ]m medios ncci-saríos paiii 
que el cueriw espedicionarío ftancés fuera al interior de Mé- 
xico á reciijer la votación á favor del imperio. 



Pero no podemos omitú-, como ha hecho Eératr;, los 
anales de Forey durante sn mando superior en la capital. 



436 

Apenas 8e conoció el voto de kw notábies se ^spaao nn 
baile, en celi^brítiad no sohy de tan ñiosto suceso, sino de 

hábtrrÁ*: ÜLstalado la Regencia del imperia 

La Eatnfetay el periódico de Barres qoe tanto habiak adu- 
lado al gobierno liberal é insultado á los conservadores ha^ 
ta qae lo compró Saligny; la Estafeta se atrevió esta vez á 
decir en su e«litorial del dia siguiente al primer baQe de pa- 
lacio, que ^^ el piesonto rey había sido consagrado por labios 
seductores, xmgido con cbampafia y coronado de rosas. ^ 

Los periódicos conservadores no comprendieron cuánto 
tenia de ofensivo á la dignidad de su emperadc»' esas bur- 
lonas palabras y las reprodcgeron en sus colimmas, haciéii- 
dolas suyas: esto ya llega al cretinismo. 

Perdóneme el lector si le consigno aquí otro recuerdo; 
pero no puedo escusar nada de lo que retrate la espedicioii 
francesa. 

La Estafeta^ en ese mismo editorial decia lo siguiente, 
hablando de la república de México: 

— " Eróstrato, que incendió el templo de Efeso, entregó 
su nombre á la inmortalidad de la execración. £1 que pcm- 
ga fuego á tantas miserables repúblicas que se estienden 
desde el Bio Bravo hasta el calx> de Hornos, no habrá he- 
cho mas que desmontar la tierra. Xo gritamos ¡al ÍNc^fn- 
diario! cuando vemos al anochecer en el sitio de una labor 
que el campesino quema las yerbas inútíles y los abrojos de 
8U heredad. No por eso es menos pintoresco el paisí^e, ni 
dejará de ser mejor la cosecha próxima. {Qué es lo que 
pudiera inspiramas lástima? |Serian los reptiles y las oru- 
gas que se retuercen bajo la ceniza? — 'So tenemos, pues, un 
solo sentimiento de pesar por esa Bepúblíca que desaparece.^ 

Y sin embargo esa BepúbUca habia subvencionado á la 
Estafeta antes de que se coligara con Jecker, y los Ubera- 
les habian sentado en sus mesas á su redactor, y le habían 
tendido su mano y le habian llamado su amigo» 




437 

Al fin de la obm citaré también otro fincmento de ia Es- 
tafeta, á donde aconsejaba la abdicatñoQ á Maximiliano. 

Me be divagado un momento. 

Fprey y Saligny eran loa verdaderos regentes del futuro 
imperio. 

£1 primero habla decretado el dia 21 de Mayo de 1863, 
-es decir, á otro dia de haber ocupado á Puebla, la conñsca- 
oioD de bienes contra todos los que combatieran la inter- 
vención francesa. 

Esa era la prenda de conciliación que traía la Francia á 
México. 

£1 dia 15 de Junio de 18C3 dio el mismo Eorey un de- 
creto permitiendo la publicación de periódicos que habían 
estado suspensos hasta entonces por orden suya. En ese 
■decreto, redactado por el ministro francés, se prohibía que 
se discutiera sobre política, sobre la religión ni sobre los 
«mpleados de la administración. Muy ]K>ca materia que- 
daba, pues, á la prensa de que ocuparse; y sin embargo, 
sobre eso poco, quedaban aún los dos apercOñmientos de la 
autoridad y al tercero la suspensión deñnitiva. 

Era la libertad de la prensa que nos traia la civilización 



El dia 20 de Junio de 1863 decretó *'orey la organiza- 
ción de Lis cortes marciales. Lacónica era esa terrible ley. 
Según ella, todos los defensores del país quedaban fuera de 
ia ley, y las cortes pronunciarían contra ellos la sentencia 
de muerte, la cual seria ejecutada, sin apelación, veinticua- 
tro horas después de concluido el juicio. 

Era el lago de sangre que cavaba para siempre la Fran- 
ca entre ella y la Kepública. 

¿Por qué ha omitido todo esto Kératryf 

Mny pocos días después de haber sido ocupada la capi- 
tal, nn soldado francés encontró en la calle á nna joven: le 
agradó, la ñgoió, y penetró en sn casa detrás de ella; pero 



438 

esa joven era casada y resistió al soldado. El marido de 

la señora defendió á esta de aqneDa bmtal agresión; pero 
el francés tomó aires de invasor y quiso herir al joven: e&- 
te, entonces, agredió á sn vez con una arma al soldado, pero 
sin lograr tocar al que asi quería manchar su honor y aten- 
tar contra su vida. 

El marido que así habia defendido la honra de su esposa 
fué fusilado en la plazuela de Santo Domingo. Esto causó 
una impresión terrible en la ciudad. 

La picota fué otra institución francesa planteada por el 
ejército espedicionario. De Potier, comandante de la pla- 
za, e3t<ableció los azotes^ y este in&mante castigo se aplicó 
incesantemente á muchos desgraciados declarados culpables 
en la opinión del ge£e fi*ancés, sin mas forma de juicio. 

I/JSstafette aplaudía los azotes y las ejecuciones secretas, 
y decia con una espantosa ironía, que el látigo daba cnlos- 
frío en las espaldas de los malhechores, — ^Ya se sabe que en 
el lengmye de la intervención, malhechores era una palabra 
sinónima de liberales. 

El pueblo de México á su vez, con un terrible sarcasmo, 
denominó con el apodo de la casa de Pilatos el lugar adon- 
de se aplicaba la flagelación francesa. Era en el núm. 1 de 
la calle de la Monada. 

Nada de esto menciona Kéiatry en su apología del ejér- 
cito frunces. 

Pero todos estos actos salvages, encontraban una plena 
aprobación en los hombres de la intervención. 

El poder ejecutivo provisional, es decir, Almonte, ciHideco- 
ró á Forey y Saligny, con la gran cruz de la orden de Guada- 
lupe, por decretos espedidos los dias 6 y 10 de Juho de 1863. 

Mas aún, cuando quedó establecida la regencia, después 
de la reunión de los notables, aceptó como suyos todos los 
actos y decretos del general en gefe del ejército francés, es- 
pedidos hasta el dia 25 de Junio de 1863, y los declaraba 




vigeates, previniendo á Iob tribunales y funcionados públi- 
cos, los Secutaran é hicieran ejecutar. 

Todavía mas. 

Los desafectos á la intervención fueron deportados unos, 
y otros encerrados en la cárcel denominada la Martinica. 

Y los quinientos cuarenta j tres gefcs y oficiales mexi- 
canos, hedios prisioneroe por los franceses, y que no qui< 
sieroQ juramentarse ofreciendo pennasecer neutrales, fue- 
ron llevados á Francia. 

Apesar de todo, el paittdo reaccionario no estaba satis- 
fecho. Las leyes de reforma subsistían, en sus efectos al 
menos, y Fcocy no había consentido en tocarlas, sobre todo 
la relativa á los bienes nacionalizados. 

Su alarma cKáó mas en los últimos dias de Agosto, 
cuando recibió Saligny la orden de partir por haber sido re- 
lerado. 

Los coiiscr^'adorcs sintieron el golpe en el corazón, por- 
que su iustinto les decía que les iba á, faltar su principail 
apoyo, y la regencia dirigió una nobv pueril á Drouyn de 
Lhuys, pidiéndole que no se destituyese á Saligny. Todo 
fué inútil, y el ministro francés tuvo que partir, aunque 
trató de prorogar el dia de su salida con pretestos mas ó 
menos capciosos. Cuaudo se convenció al fin de que el go- 
bierno francés rompía su instrumento, porque ya no le era 
útil, iKulíó dejando recuerdos tristísimos en la Eepública. 

En el resentimiento que se profesaba á ese hombre, había 
algo de despreciativo. 

Nadie olñdaba su iujusta agresión contra México, los 
insultos que prodigó á los hüos del país, la manera incon- 
veniente como se atrevía á presentarse en los lugares pú- 
blicos: aun i^gunofl de sos cómplices eu la obra interven- 
ciooista, se quejaban de él. 

La Beüora de Muüoz Ledo, llegó hasta hacerlo reeponsa- 
ble de la falta de muchoB efectúa de ropa y otros objetos que 



410 

ñieron robados de los maebW en qne est^^KUi 

cavan llaves guardaba el mismu Saligny. 

El minÍBiro franca se esciuó coa solo sa inst^Deia de 
aquel aboso de oonñanza, y la casa de Muñoz Ledo quedó 
may arrepentida de baber dado hospedaje al represestuite 
de la Francia, lo cnal había hef ho &<rio p^v salvarse rie loa 
libélales, á quienes temía sin razón. So dieo on jzobienio, 
si noa gavilla se habieía albergado en la ca^ de Ver^ua, 
las cosas habieran pasado mejor pora sos dceiio^ 

Pero dejemos ya ase hombre qne &e<riia el camino de 
Verarrnz en Octubre de ISftS. llena el alma de despecho. 
Lo que ignoramos es sí a<inella destitacion lo hizo perder ú 
no la^i vent.'yas r^ae le ofrevL'i el neg<xío del suizo Jecker. 

También Forey fiíé Ilamíido á Fnincía, endulzándole es- 
te polpt? con eievario al ranío d«? mariscal: parece quí el 
gobitírao imperial no ■-¿tat>a moy contento con sos dos 
agentes que habían ido mas allá de lo neci^Siirio al iut^r^Te- 
tar el pensamiento mas gran-lioío ilel reinado de ya[">lei">n 
Ilf; su celo tan exajentilamente oficioso, Labia iw>rdido á 
los dos htroes ile la intervención. 

i^in dudií la irri[;U:ioD que dt.-W/i haber inspirado en el 
ánimo de Fortv ti desaire imperüil. pudrió sus enmuias 
hasta dictarle las horribles me<Iid;u que iiiarc;tron los lilú- 
mo3 actos de su i>oder con el sello de una crueldad muy 
poco digna de qnien tenia la honra de mandar un ejercito 
franca. 

En cl mismo mes de ^i^osto de IfiG^i. y raen los úlrimos 
días de la permanencia de Forey. huN:) en TLiIpam una dis- 
puta entre los vecinos y lijs zuavus: uno de estos quedo 
muerto en la refriega. 

Entonces Cousin. el coma&lante francas de aquel punto, 
con autorización del cnart»rl general francés, impuso una 
multa de seis mil pesos á la ciudad, pagaderos eo cuatro 
diaa: además, quedaban por orden del mismo gefe, sospen- 




441 

eas la adminietracioQ de justicia y la admínistracioQ pú- 
blica. 

Se aprehendió, además, á varios vecioos de Tlalpam, los 
que fueron conducidos & la, capi&U, á fin de que sirviesen 
de preuda pretoria, disponiendo las autoridades francesas 
que por cada soldado ó traidor que friera asesinado en Tlal- 
pam, seiia fusilado uno de los vecinos presos. Por último, 
si DO se obedecían estas órdenes, la ciudad sería incen- 
dLoda. 

Lai^ seria la lista de los actos de este género cometidos 
por los iranccses, si en este apéndice tuviera que consig- 
nados todos. Pero no se trata mas que de cubrir la &>lta 
de Kératry, llenando los huecos que ha dejado en su his- 
toria, y que pueden traducü^e por una omisión intencionaJ. 

Indispensable es, sin embargo, relatar que el entusiasmo 
de los afrancesados se enfrió muy rápidamente. 

Los alojamientos hablan disgustado á la población ente- 
ra: el carácter celoso de los mexicanos, que participa rau- 
elio (le la susceptibilidad española, no les permitía estaciar- 
se como un épicier (tendero) ó como una griseta delante de 
im kepí de cazador francés, 6 de una gorra de zuavo. Así 
es que lastimó profundamente la religión del hogar la pro- 
fanación que sufría con la forzosa aceptación en la fiuniha 
de un fcstraiyero armado, y uo muy respetuoso siempre de 
las conveniencias y deberes sociales. 

La contribuüiou con que se sustituyó el alojamiento, se 
hizo también muy ouerosa. 

Pero lo que no podían perdonar los conser\'adores á la 
intervención, era la subsistencia de las leyes de reforma, es- 
pecialmente que no se devolviesen á las comunidades y cor- 
poraciones eclesiásticas los bienes que habían poseído. 

Labastida esA el gafe de esa sorda predicación contra los 
fianoeses. 



jP'XO düUa durar ana obra que tenia en «i müma taa 
pcHltroso» elemento:} de destmccioo! 



£d Octabre de 1863, tomú el mando en ge& el general 
Bazaine. 

Deade esta fecha teoemoa qoe marchar en dos lineas po- 
ralelas, Kératry con sa poema encomiáijrico al general ñuo- 
cés, y JO con mí humilde relato rectificándolo. 

La misión de Bazaine era mar clara: debia abrir la cam- 
paúa electoral que foijando laü actas iuterreDciúoiáUiá que 
íaltaTjan, calmaran los cscrúpiüoci de ^laximitiaoo. 

V a<¡uí comienza lo que podíamos denominar Bazeiiuida 
de Kératry. Ente escritor escribe en la primer hoja de ser- 
vici'js de su hérof-, ha primeras campañaii contra las -pn^r- 
rillas que infestabaa los alrededores de México, 

To también á mi vez Tertiré cuanta luz me sea posible 
sobre esa primer batida del general fíancés. 

En el valle de México, en su lado Sur, hay ima bosa gi- 
■gantesca tendida de Oriente á Poniente, y formada por el 
enlace de tres sierras elevadas á una altura admirable, y 
restidaii en aus cimas de bosques de pinos envueltos siem- 
pre entre nubes. 

El monte de las Cruces al Oeste, Ajusco ea el centro, y 
al Este el monte de Hnicbilac, forman esa tricéfida cordi- 
llera. 

Allí se han abrigado mil rei'olnciones, y cada una de stu 
rocas se ha teñido de sangre, y en cada uno de sus árboles 
se ha mecido el cadáver de un condenado á muerte, y en 
cada una de sus veredas se ha despojado al ribero ú se ha 
deshom-ado á ima mujer. 

Allí está escrita una de las páginas mas sangrientas de 
la reacción clerical. 




443 

Pero también allí m han abrigado Iob defensores de la 
independencia y de la libertad, sin que jamás bubiera sido 
posible derrotarlos ni capturarlos. 

Bazaine comprendió el peligro de tener tan cerca fuerzaS' 
armadas, aunque inegulares, del ejército nacional. Y sa. 
alarma fué mayor al saber que el pueblo de Ajusco babia 
sido ocupado por los liberales. 

El cuartel general organizó al momento una espedicíon 
nocturna: la columna encargada de Iiacerla, tomó al dia 
8ig;uiente 8in haber logrado alcanzar, pero ni aim ver si- 
quier á los guerrilleros. 

Pero la obra francesa quedaba consumada; una inmensa 
nube de humo se cimió durante todo el dia sobre la cima' 
de Ajusco, y durante la noche esa nube se tiñó con los re- 
flejos rojos del incendio. 

Los ¿anccBes hablan quemado el pueblo de Ajusco y el 
monte. Los liabitantes que no tenian culpa alguna, queda- 
ron sumidos en la miseria. 

Desde la capital pudo contemplarse tal dcsasti'e, que 
aumentó mas la antipatía contra el ejército invasor. 



Por fin se emprendió la campaña del interior. 

El prcliíaioar de cUafué la separación de Labastida del 
consejo de la regencia. 

La avidez y las intrigas del prelado, provocaban conti- 
nuas divisiones en el ejecutivo, que entorpecían la marcha 
de la administración, y llenaban de dificultades los proyec- 
tos de la intervención. 

Almonte, que ni era consen'ador ni Uberal, sino el dúctil 
y complaciente instrumento de Napoleón, consintió en indi- 
car al arzobispo que se retirara. Labastida obedeció el 
mandato, y hasta la guardia de honor que habla á la puerta' 
del palado arzobispal, desapsffeáó por orden de Bazaine. 



4U 

En ]iA príniKrrM üiají ile ^^ovirmbre salierOB Lu o>Imima« 
tssffnlmi',Ti2xia¿i para el úitcri<v. 

E! ^J^rcito íraDc^ se bünr^, tomando iini> dií sOS á:LZ- 
menroA t^l camine» de Morelia 7 et otro el de Qoerétan?. 

A ta Tangnardia de la prímeni de la£ coIamuaB iba Már- 
^Ti«3 con ira ejército vertido á la fraocesa. Mejía marchaba 
á la Tangnarrlia de la áe^onda. 

El pafit f^nefli^ ocnpado desde 8an Lois hasta Morilla y 
áesvlíi México ba^fta Gaadalajaia. 

La."* aiitorírjades iibperiales ^ne se ibaa aombranilo para, 
fa'Ia lina de hkn [loblacioiief) ocnpadaA caidaron de levantar 
inmrtiüatárnente actaü de adhesión en &vor del imperio. 
*Cnant<'K4 eroritores ^ han ocnpado de la historia de la in- 
tenení:ií«i lian Jnz^do ya del valor de estw dooamentos: 
haAta Uf* fraiioe^ieH, v.otüo Kératn' y I^tevre, l>j¿ calincaa 
ríe íiiiTiricíentea para el objeto <|iie íte biL^-aba en tlios. y 
toueh^H de efJoa rírllculos, otruñ ^brjs y algunos coatrapro- 
dueenten. 

lfa.-i como lo qne impí»rtaha era enriar mac-h'>3 espetiien- 
teti » KiiiYj¡r;i, He hizo la remi^iion de los protocol<>s de reco- 
nfxñmiento de Maximiliano, á la comisión mexicana qae 
aguanliiba en I'arííi. 

Ahí mi it>a á obtener la aceptación del arciiidaque. 

Tengo que tnwiiortarme de nuevo ií Miramai; pero antes 
llenaré otro vacío cine nos d^a Kératrj' en su obra, viendo 
lo que hacia ea atiaella cris» el gobierDO repablicano. 




Ccpmenzó apenas & dividirse el ejército ihuicds para ocu- 
par el país, y cuando llegaba apenas á Querétaro, á su» 
coatadoH, á bu espalda y -poi todas partea se situaban 
ñierzas liberales molestando su atención 6 intciTiunpiendo 
sus relaciones. 

Portillo Díaz, el joven héroe que ba aabído adquirir un 
renombre europeo por su valor, su patriotismo y su modes- 
tia, se babia situado en O^aca cruzando doscientas leguas 
casi de uu país enemigo, y escapando de la persecución que 
se le bacía, con su pequeño ^ército, abriéndose paso con 
suü bayonetas. 

La Sierra de Puebla, la Tierra calieiMe, Michoacan, Ta- 
maulipas, por todas paites babia diseminadas fuerzas libent- 
les que Citigariau la atención del invasor. 

Solo loa gruesos cuerpos de ejército rctrocediau con- 
forme avanzaba la invasión, por haberlo dispuesto así el 
ministerio de la guerra. 

Es que también el gobierno estaba dispuesto á retirarse: 
los ánimos impacientes condenaban esta determinación y 
pedían qae se libraran batallas, que se opusieran obstáculos 
á I(w ínvasoreB, que se lea hicieran sufiir pérdidas que no 



44« 

fndríza repanv^ que se jt^ptra en dm el oeast de na eom- 
1»r>^ ^n^. araATi sie lograría an tríiXQ£>. 

Xo fü &kil decidir, aote an ñxmro eoatm^ente^ qué par* 
tbio haViria mtlo man prodente r^egnír: pero el pamotísmo 
slefTipre tíene ra^K». 

m gobierno del 8r. Juárez, qce pulsaba uiáa» las diñeol- 
taden de oponer á nn ejército ftap^or 7 al cnal abcndaban 
Ion tfífíonoéj faerzam inferíoireg 7 qoe comenzaban a peída 
la moral, opnWi por que se dejara esplender mas al enemigo 
á ñn de atacarlo eoando estuviese mas díbíL 

Ijsa tropaa mexicanas, aon cuando halúa en ellas moy 
haenfm cnerpoB, díivtaban mocho de ser aquel brillante ^'á- 
dto de (nífiite qne había socnmbido con tanta heroicidad. 
Solo qnedaban de él algunos gefes 7 oficiales que Henos de 
leatta^I venían á presentarse á su gobierno, después de ha- 
berse f;scaparlo del enemigo que los tenia priáioneros. 

i'ero la tropa era reclnta^Ia por la leva 7 esto le daba 
mny prx^ fnerxa rnoraL El gobierno, pues, no conñaba de- 
masiarlo en líis públicas demostraciones de entusiasmo cuan- 
^1 veía qnf; sonlamrmte cundía la desmoralización. 

Ademáis, la hora de angustia habia llegado para la Bepú- 
1>Iica, y dos de sus mejores generales, Llave y Comoníbrt, 
liabian sido íisf.*si nados. 

l'rcíírí/i el gobierno por tanto, ganar tiempo para utili- 
ísarlo en dis^^iplinarsns fuerzas y darles mas instrucción. 

Tüíiia, fidemás, que estar refrenando la discordia que co- 
fncn^'ilia A estallar entre las autoridades liberales, y que vi- 
gilar la traición íinc se infiltraba por algunos puntos, ener- 
vando los íMrtoH del gobíemo. 

OoImís, por ejemplo, enviado por su partido, sorprendió el 
día O (l<í Novlí-rnbrc de 18G3 el puerto de Matamoros, de 
acuerdo ron alginu» de los gefes de la guarnición: hizo pri- 
sionero al gobernador Iluiz y proclamó un plan intervencio- 
nista. 




447 

D. Jonn N. Cortina snlró afortunadamente la plaza, 
aprehendiendo á Cobos y fusilándolo juntamente con VUa, 
BU secretario, en el lugar llamado la Laguna, en la orilla de 
la población. 

El suelo de la Eepública vacüaba estremeciéndose con los 
pasos del (^éndto invasor, que avanzaba por todas paites; 
la tempestad se aproximaba. 

El gobierno tnvo al fin que abandonar & San Luis Potosí el 
dia 22 de Norieuibrc de 18G3, dirigiéndose para el Saltillo. 

Pero no quiso i-etíi-arsc sin ensayar un último esfiíerzo; 
se dio orden á los gefes de los cuerpos de ejército mexicano 
pam que atacaran las vanguardias de las columnas inter- 
vencionistas. 

El 17 de Noviembre cayó Uraífa sobre Márquez que ocu- 
paba á Morelia. El ataque filé vigoroso, pero desgraciado, 
y las fnerzas liberales fueron rechazadas apesar de qiic ha- 
bían penetrado liasta la plaza. Apesar de todo, Uniga ca- 
ñoneó las fortificaciones de la ciudad hasta el dia 11), que 
se retiró al fin, al saber que venían los fi-anceses en auxilio 
de la plaza. 

Pocos días después fracasaba el ataque de Negretc inten- 
tado contra Mejfa en la ciudad de San Luis. 

La República no podía luchar por entonces contra su mala 
fortuna que le vohia la espalda aiTancándole la victoria de 
entre las manos. 

Fraga se retiró A Sajiila y lícgi'cte filé en pos de! go- 
bierno. 

Pero nuevos trastornos venían á complicar la situación. 
En Matamoros tuvo lugar un movimiento local, en virtud 
del cual líniz tuvo que abandonar la ciudad, quedando en- 
cargado del mando de la plaza Cortina, quien continuaba 
protestando su adhesión á la República. 

Los firanoeses seguían avanzando: delante de ellos venia 
la traición preparándoles el terreno. 



448 

Vidaoni comenzaba á hacerse sospechoso. 

Apenas se anunció que e! gobierno federal se trasladaba 
á Coahnila espidió ana proclama contra lo que llamaba el 
desbordamiento de los pueblos del centro sobre sa Estado, 
llamando vándalos & las tropas nacionales. 

Ya esto había tenido el precedente del asesinato del go- 
bernador YiUanaera, consumado por fuerzas de Vidaoni. 
Este también echaba mano de los fondos páblicos^ negán- 
dose á devolverlos. 

Entonces el gobierno nacional avanzó sobre Monterrey 
escoltado por la división de Gnan^uato, que mandaba el 
general Doblado. Después de mil tropiezos, llegó á la8.ori- 
llas de la ciudad ei Sr. .Juárez y sus ministros. 

Vidaiirri, con el pretesto de hacer la salva de honor para 
recibir al goljíeruo, se había apoderado de la artiUería de la 
dimion de Guanajuato. 

Doblado comprendió que iba á estallar uu conüieto, y 
puso su tropa sobre las armas. Pero Juárez uo desmintió 
BU valor, y entró á la ciudad procurando en vano mi aveni- 
miento con Yidaurri. Este llamó á su lado á la brigada 
HíDojosa, y cuando llegó, se puso frente á frente del gobier- 
no, intimando á este que hiciera salir á la división de Gua- 
Di^nato, ó que la batiría. 

Kl gobierno tuvo que ceder á la fuerza, porque le &ltaba 
la artillería, y salió con sus fuerzas. Ya subía Juárez al 
coche de viiy'e, cuando se le presentó Vidauni, manifestón- 
dole no haberlo hecho antes por miedo, y suplicándote que 
permaneciese el gobierno, pero solo. 

iQn6 meditaba la alma siniestra de ose hombreí 

El Presidente sahó para el Saltillo. 

Vídaurri se pronunció el dia 1(5 de Febrero á favor de la 
intervención, 6 intentó ecbar & Quiroga sobre el gobierno, 
descando hacerlo prisionero. 

Pero las fuerzas nacionales se agruparon en tomo del 



449 

poder nacional^ y Yidaurri aterrado y no logrando que se 
aceptaran los arreglos que proponía^ se ftigó en la noche 
del 25 de Monterey. 

Libre ya el gobierno de este conflicto inmediato, proce- 
dió á organizar de nuevo sus tropas, formando tres nuevos 
cuerpos de ejército: pero ya veremos que la suerte seguia 
siéndole adversa. 

Ya que hemos seguido á la Bepública en ese camino de 
abrojos, sembrado de túmulos como las vías romanas, tome- 
mos la vista á Miraman el nuevo Oésar de México se apres- 
taba á ceñirse la corona foijada por la Francia: su manto 
imperial está teñido ya con la púrpura de la sangre hu- 
mana. 

Apresurémonos á llegar & la ceremonia de la coronación. 



Los archiduques habían decidido en su ánimo engol&rse 
en la aventura americana; pero antes de ir al N"uevo-Mun- 
do, tenian que romper los lazos que los ataban en Europa. 

Con tal objeto emprendieron su peregrinación para recor- 
rer las cortes del mundo viejo: ambos salieron de Miramar. 

El dia 12 de Febrero de 1864, llegó MaximiUano á Vie- 
na: Carlota había partido para Bélgica. 

jQuó pasó entre el archiduque y Francisco José el em- 
perador de Austriaf Nadie conoce los detalles de esa con- 
ferencia, y solo dos meses después pudieron saberse los re 
sultados. A su vez haré mención de ellos. 

El dia 22 se reunieron en Bélgica los dos esposos, y de 
allí partieron para Francia. 

A las tres de la tarde del dia 5 de Marzo de 1864, llega- 
b£ui á la estación del camino de hierro el archiduque y la 
princesa Carlota: allí los aguardaban el ayudante de campo 
de N^[K)leon y sus chambelanes, el príncipe de Mettemich 



450 

y 8U esposa, el barón y la baronesa de Beyens y el personal 
entero de las legaciones austiíaca y belga. 

A los mexicanos residentes en París, qne quisieron asis- 
tir á la recepción, se les prefino formalmente que se abs- 
tuvieran de concurrir. 

Al punto en que salieron Ips archiduques del tren, toma- 
ron los carruíues de la corte, y se dirigieron á las Tullerías. 

Los príncipes fiíeron introducidos por el pabellón del Re- 
lox, y>el emperador Napoleón y la emperatriz Eugenia sa- 
lieron á encontrarlos hasta el sesto escalón de la escalera. 

Allí se abrazaron estrechamente. 

Después de la ceremonia de la presentación, Maximilia- 
no y Napoleón tuvieron una conferencia secreto; al fin de 
ella llegó Carlota. Cuando concluyó la entrensta, hablan 
quedado sentadas las bases del convenio (lue después de 
formulado se denominó el tratado de Miramar. 

Siete dias permanecieron los archiduques en Paris visi- 
tando la ciudad y teniendo frecuentes saires. 

Napoleón estaba encantado con su hésped, cuyas altas 
prendas personales supo estimar. Estrechaba su mano con 
afecto cuando lo oia verth, en la brillante locución que po- 
seía, el plan de regeneración del país que iba a gobemaii y 
entusiasmado con el acento penetrado de convicción del ar- 
chiduque MaximiUano, esclamó al fin: 

— "¡Os he tallado im imperio en ima mina de oro!" 

¡Imbécil pretensión! lo que habia tallado era im sangrien- 
to sai'cófago sobre las rocas del cerro de las Campanas: lo 
que habia abierto era ima tumba ;idonde con su propia ma- 
no debia arrojar á su aliado para escapar meyor de la ame- 
naza yankee! 

El dLa 12 de Marzo partió la pareja archiducal para 
Londres, adonde permaneció dos dias, regresando á Bríse- 
las, y de allí á Viena, adonde llegó el dia 20 de Marzo, 




451 
-quedándose allí vaiios diaa. Hasta el Jueves Sauto salió 
para 'f riost^, adonde llegó at día siguiente. 

Por íin, el di» 10 de Abril de 1864 la diputación mexi- 
«lua filé recibida soleinuerueute en Miramai'j el castillo y 
su serñdumbre ostentaban un esplendor regio. 

Haxímiliano aceptó, después de escuchai* el disculpo del 
presidente de la comisión. 

El nuevo enii)erador jiuó entonces en manos del abad 
mitrado de Jliramar y Lacroma, procmar la i>rospí'ndad de 
la nación mexicana, defender su iudependencia y conservar 
la integiidad de su territorio. 

Ese liombre cumplió sn juramento con toda la lealtad de 
sa alma. Sí nada logró, ñié porque soñaba una empresa 
insensata, pero llenó su deber mmieudo en ella. Pudo sal- 
varse por la fiíga, pero ei'a muy digno para recurrir á ella. 
Al fin de su uiision comprendió que habia usiuiKidu el \m- 
der di* un pueblo; pero prefirió i>agar su falta con su sangre, 
antes qne retinirse foruiidado de la empreija, como babia 
lieebü Na])oleon III, su poderoso, su omnipotente aliado. 

Al momento en que ^Maximiliano lanzaba su terrible ju- 
lamento, se izaba en la ton'c del castillo de Miraniar la ban- 
dem mexicana. 

Todos los buques que estaban anclados en el pueito, sa- 
Judaruii aquel nuevo pabellón con sus bocas de fuego. 

El entusiasmo de los presentes llegó al delirio: bnbo vi- 
vas, abrazos, fclioitaciones, todo ese vértigo, en íln^ del pla- 
cer satisfecbo. 

Pero enmedio de todo aquel lujo imperial, enmcdio de 
aquellas seniles ovaciones se presentó severo é imponente, 
■un enviarlo de la Kepública, un ministro de Juárez que ve- 
nia á protestar á nombre de su nación y de su gobierno, 
■ooatTA aquella aceptación^ turbando la fiesta de la corona- 
tícfo, como la Bombni de Baoco que iba á h^lar los brindis 
de los festines de Maobetb. 



452 

Era el ministro Jesos Terán. El diploiii^oo lepablioa- 
Do ñié invitado á nna oonfeorencia con MaTimilianOy y al 
momento adquirió poderosas simpatías por el noble caxáo- 
ter del arehidaqoe* Qoiso disuadirlo de su empresa, y le 
retrató con los mordentes colores de la yerdad, la situadcm 
positiva del país y con voz pfrofética le auguró cuál sería el 
resultado de aquella empresa loca. 

Todo fué inútil. Maximiliano maidiaba ciego para so 
fittal destino. 



£1 nuevo emperador tenia prisa por serlo, y el mirnio dia 
10 repartió condecoraciones entre los presentes y ausentes, 
concediéndoles la cruz de la orden de Guadalupe que la re- 
gencia, antes de serlo, habia resucitado en México el dia 5 
de Setiembre de 1863. 

Con la misma fecha aparecieron firmados, el tratado de 
Miramar con sus artículos secretos que tienen la ratifica- 
ción de Napoleón UI signada el dia 11, y el pacto de fa- 
milia. 

Dado y aceptado como un hecho el imperio mexicano, 
preciso es reconocer que el tratado de Miramar era muy 
venügoso para México en su parte política, aunque no lo 
era tanto en la parte relativa al empréstito. 

No puedo analizar ese contrato, ilegal ó inicuo para la 
República, pero que demostraba que Maximiliano era un 
diplomático mas profundo y suspicaz que Napoleón m. 
No me refiero á los dos representantes qiíe lo fiürmaban, 
Carlos Herbet y Velazquez de León, ix)rque la apreciación 
de una obra nunca afecta á los firmones de ella. 

En suma, Napoleón firmó un pagaré de honor que lo cu- 
briría de infiíinia el dia que no lo saldara. 

El pacto de fiímilia, por el contrario, implicaba una con- 



463 

cesión de Maximiliano hecha al emperador de Austria en 
un momentx) de debilidad incalificable. 

Dos dias antes de la aceptación^ es decir, el Sábado, llegó 
violentamente á Miramar el emperador Francisco José 
acompañado de los cuatro archiduques, de dos de sus mi- 
nistros, y de los tres cancilleres del imperio. 

Inmediatamente tuvieron con Maximiliano una larga 
conferencia, en la cual parece que se ejerció alguna coacción 
sobre el ánimo del presunto emperador; esto lo revelan tres 
cartas secretas de la correspondencia de Carlota^ y una es- 
crita por Eloin tres anos después. 

Sea lo que fuere, el pacto se firmó tal como se ha dado á 
la prensa. 

En ese pacto Maximiliano renunciaba á sus derechos de 
primer agnado de la ñimilia imperial y á las dotaciones pro- 
venientes del fondo patrimonial. 

Es decir que Maximiliano renunciaba á su derecho even- 
tual á la sucesión de la corona de Austria y á las demás 
prerogativas apuntas, obsequiando una ley de Emilia que 
{urevenia esta dimisión para el caso en que una archiduque- 
sa se casara con un príncipe extrangero y no para el archi- 
duque que aceptara la corona de otro país. 

Todo era, pues, vicioso en el pacto, la esencia y la fór- 
mula, porque se usó de la minuta invariable que babia re- 
dactado la ley predicha. Pero todo se conciUó; se dio otra 
redacción, y el asunto se zai\jó con la intervención de los 
archiduques Carlos y Leopoldo. 

Solo el fondo quedó vicioso, y esto esplica que mas tai*de 
quisiera recobrar MaximiUano sus derechos de agnado. 

Pero por entonces tenia sumo anhelo de ser emperador 
de México y pasó por todo. 

Maximiliano nombró sus ministros á las cortes extrange- 
ras el dia 11, su ministro de Estado, su secretario y demás 
empleados de la cotbd. 



Cknaenzóy ademas, A prodigarte gttinte del 'taipdMto' 
que habia contratado en Pari8 éí dia 28 de Mano de 1864^ 
es decir, trece días antes de ser emperador. 



Pelrdóneme el lector, pero voy á detenerlo nn momento 
para qne presende lá salida de Miramar, y despnes le gn*- 
pilcaré qae'acompañe en surápidó vis^e á esa infortunada 
pareja que llevada en alas de su ambición, 6 impulsada por 
la villana inspiración de Napoleón III, vuela á otro contí^ 
nente para ir á hundirse en un precipicio de muerte. 

Me complace pintar las últimas horas de placer que se 
cimieron sobre las regias cabeza» de esos dos jóvenes, y 
tiemblo al llegar con ellos á una vía de sangre adonde iban 
á estraviarse, para encontrar al fin de ella un cadalso para 
el príncipe y al pió de él á la locura sentada, aguardando á 
la viuda imperial para envolver en su manto de nubes su 
bella cabeza y ocultarle asi su inmensa desgracia. 

Hoy son todavía los príncipes de Hapsbourg, de altas 
prendas y de simpáticas cualidades: mañana serán los usur- 
padores de la libertad de mi suelo: y tendré entonces que 
ser severo en mis apreciaciones. 

Pero no divago mas. 

El jueves 14 de Abril de 1864 era el dia l^ado para la* 
partida. 

Hasta el medio dia el mar estuvo agitado, como si las oIas= 
del Adriático quisieran estorbar la marcha del príncipeqne 
hospedaban, aprisionándolo en su arrecife. 

Al medio dia cayó el viento, el mar se puso azulado y 
terso, y el tíol vertía su luz de oro, dejando percibir á lo le- 
jos los picos de los Alpes Ilirios ceñidos con su diadema de 
nieve. 

El pueblo de Trieste se agrupaba en los muelles y cubri» 



á55 

el camino que va de la ciudad al castáUo: querian ver por 
última vez á su príncipe Max^ como le decian cariñosamente. 
Es que las masas en su instinto soberano tienen el presen- 
timiento de las desgracias del futuro; adivinaban que solo 
volverían á ver el cadáver del archiduque. 

A las dos de la tarde, Maximiliano y Carlota, con los 
brazos enlazados, atravesaron el terrado del castillo de Mi* 
ramar y descendieron la escalera de mármol que baja hasta 
la mar. Una inmensa aclamación saludó á los dos sobera- 
nos, como en el circo romano saludaba el pueblo á los gla- 
diadores que iban á morir. 

Los emperadores descendieron al bote cubierto con un 
dosel de oro y púrpura que los Devó á la ^^NovaráPi las em- 
barcaciones que estaban en la rada izaron sus pabellones y 
las salvas de artillería hicieron estremecei-se el espacio. El 
comandante del buque, Morier, pidió permiso á Maximilia- 
no y mandó levantar el aucLa. 

La Novara^ y la Theinis que la escoltaba, siguieron la cos- 
ta oriental del Adiiático á lo largo de Istria y Dalmacia, 
pasaron frente á Parenzo, Povigno y Pola, dejaron á su es- 
palda la isla Grosso, cortando al fin, oblicuamente, para lie- . 
gar á la costa occidental de Italia. 

Al fin el dia 18 anclaron en la rada de Oivita-Vecchia. 

A las tres de la tarde desembarcaron Maximiliano y Car- 
lota con su comitiva. Tuvieron un espléndido recibimien- 
to, haciéndoles los honores las tropas italianas y francesas. 

Los príncipes frieron á hospedarse en Soma en el palacio 
Marescotti. 

El Martes 19 el emperador y la emperatriz se dirigieron 
al Yatícano. Pió IX los recibió á solas: |qué pasó en aque- 
lla larga oonferenciaf La misión de Meglia vino mas tar- 
de á demostrar que el viage á Soma habla sido el cumpli- 
miento de una vana fórmula, ó que la diplomacia i)apal no 
olvida las tradiciones de su origen italiano. 



456 

El día 21, después de pasar las horas trascuiridas en 
conviteSi conferencias y ceremonias religiosas, yolvieron á 
embarcarse los viageros. El dia 25 llegaron frente á Ol- 
braltar. 

Después de detenerse allí algunas horas, continuaron su 
viage, tocaron la Martinica, y por fin el dia 28 en la madru- 
gada estaban frente á Yeracruz: á las dos de la tarde an- 
claron los buques frente al castillo de Ulúa, aunque la The- 
mis se habia anticipado un poco, con el pretesto de. condu- 
cir á Almonte, que habia sido llamado por el telégrafo, á 
bordo de la Novara. 

, ¿Quería Maximiliano llegar solo, y que la primera pobla- 
ción de México no lo viera arribar escoltado por los france- 
ses? ¿Oomeuzaba á comprender lo impolítico que era un 
imperio intervenido ]K)r extrangerosf 

AI dia siguiente desembarcaron los soberanos, enmedio 
del recibimiento frió y receloso de la población: las descrip- 
ciones oficiales han mentido, pintando un entusiasmo que 
no existia. 

Dejemos que el emperador y la emperatriz sigan su ca- 
mino pasando bsgo los arcos de flores que costeaban el era- 
rio y los fondos municipales de los pueblos y ciudades del 
tránsito. 

Pasemos en silencio también las festividades con que frié 
recibido en la capital. Las ovaciones públicas son tan efi- 
meras y tan poco espontáneas, que casi nunca merecen que 
se les consigne en el rango histórico. 

Según el programa oficial, Maximiliano debia detenerse 
un dia en la villa de Guadalupe: esta posa era una tradi- 
ción de la época de los vireyes que no debió haber imitado 
el archiduque: era muy fácil que el pueblo de México hi- 
ciera un recuerdo de mal agüero, y que comparara creyen- 
do que el nuevo emperador era solo un ^irey del emperador 
de los franceses. 



467 

En efeotx), el día 11 de Junio de 1864 hicieron su entra- 
da los jóvenes reyes á Guadálai)e enmedio de nna nume- 
rosa concurrencia, y con todo el aparato posible. 

Desde entonces comenzó á notarse que el principal papel 
en aquellas festividades lo hacian las clases acomodadas: el 
pueblo presenciaba todo, pero mudo y conservando un re- 
traimiento glacial. 

Pasada la ceremonia religiosa que tuvo lugar en la igle- 
sia de Guadalupe, los soberanos se alojaron en la misma 
colegiata. 

Al dia siguiente, 12 de Junio de 1864, llegaron Maximi- 
liano y Carlota á la capital de México. El imperio no era 
el triunfo de un derecho, pero era un hecho. Traia por le- 
ma: " La Equidad bk la Justicia. ^ 

El porvenir justificaria la esactítud de su aplicación. 



60 




SEGUi^DA PAKTE. 



EL IMPERIO. 



A mi pesar, he teniclo basta aquí que estenderme demor 
siado. Pero para que esta obra fuera un cuadro completo 
de la histwia de la intervención y del imperio, tenia que to- 
car los claros que en ella dejaba el autor francés, qne retocar 
sus personajes, y delinear los sucesos olvidados en el calor do 
su delensa del mariscal Bazaine. Esto me ha obligado á ser 
algo estenso en la primera parte de mi opúsculo, puesto que 
comprendía una época enteramente descuidada por Kératry. 

Mas al llegar á la segunda parte, es decir, al imperio, ten- 
go que ser mas breve, porque no voy á hacer la crónica de 
esos años, sino á rectificar los errores cometidos por el con- 
de bretón, narrando también algunas veces loa hechos qne 
DO mencionó su pluma, sin dada porque no afec^ban al plan 
que la h^to guiado. 



460 

Oomprendo que esas rectífioadoneBfloa muy cUfftciITciíiy por- 
que no sé siempre cuál es la verdadera opimcm de Kératry 
sobre los hechos que cuenta: por eso marcha en medio de 
<K>ntradiceiones increibles. 

Unas veces supone que Maximiliano gobernó con toda su 
libaiad de acdon, para atribuir á él solo los errores de su 
administración, y escnlpar asi de toda responsabilidad bI 
gefe de la intervención, á quien se ha acusado de gravitar 
con toda su influenda armada sobre los actos del soberano. 

Otras veces, cuando se ha acusado á Bazaine de su poca 
concurrencia para salvar el imperio, su defensor se empeña 
en probar que la buena direcdon del mariscal habia man- 
tenido d trono que él mismo levantó i>ara Maximiliano. 

iOuándo, por fin, tiene razón Kératryf 

Esa inconsecuencia tan notoria, es h\ja de la pasión que 
lo inspiraba. Si hubiera sido imparcisj debia haber dicho, 
y entonces hubiera sido justo, que la influencia firancesa ñté 
tan peijudidál al imperio, como lo ñié su abstención; por- 
que aquella se ejercía adonde no debiera, y porque esta se 
efectuó cuando tenia el carácter de una deslealtad. 

Por otra parte, cada lector, sin que necesite mi anotadon, 
irá rectiflcando á su vez, conforme á su manera de pensar 
ó de sentir, y yo habré cumplido con dar la poca luz que ha 
estado á mi alcance. 



Disipado d humo del cañón y de los fuegos artificiales 
con que se habia saludado el advenimiento al trono, mar* 
chitas las flores que se habian arrojado álos pies del empe- 
rador, reducidos á su prosaico armazón los arcos de triunfo 
que se levantaron en honor suyo, Maximiliano vio que es* 
taba solo en la escena, y aislado enmedio de aquella mul- 
titud. 

Y sin embargo, Kératry dice que á su llegada se habia 



461 

formado un partido imperialista^ sincero y Ueno de entu- 
siasmo. 

Kératry se equivo ca. 

Cuando este escritor pinta Ia*calma que por un momen* 
to reinó en México, creyendo que era su hora inesperada 
de salvación, comete un error de apreciación. 

« 

Esa calma era ficticia: los dos adversarios, los dos parti- 
dos que haoB medio siglo luchaban con la república, des- 
cansaban un momento para tomar aliento y continuar de 
nuevo el combate. 

Pero Maximiliano no tenia aun un partido suyo al lada 

Y esto es muy fácil de esplicarse. 

El partido conservador que habia comprendido por la ac^ 
títud del soberano y por las indiscreciones de sus conseje;^ 
ros, que el emperador no seria un Zuloaga segundo, el par- 
tido conservador que veia la influencia francesa sosteniendo 
las leyes de reforma de Juárez, comenzó á temer por el fu- 
turo y á retraerse en su adhesión al nuevo orden de josas: 
cada dia contaba Maximiliano menos con él. 

El partido Uberal, el verdadero partido liberal exaltado, 
era enteramente hostil al imperio, y jamás se ligaria á él, 
porque no podia ni debia abdicar de la legalidad del títu- 
lo republicano ni de sus esperanzas de que se restaurarla la 
Eepública. 

Solo quedaba el partido moderado. Allí fué á buscar sus 
hombres Maximiliano, y á muchos llevó á su lado. Este fué 
su error primero. 

Si el partido conservador le habia regalado un imperio, 
debia constituir su gobierno con los hombres que le perte- 
necian, y no creárselos enemigos por ir á buscar amigos 
dudosos en el bando que tanto lo atacaba. 

Además, que esa política ñisionista no era nueva en el 
país, ya habia producido la desgracia de los gobiernos que 
la habían ensayado: esa lección debió servkle. 



'•>^ 



402 

Si á la ilustración de Maximiliano pogiiaba la aoeptadoa 
de los prindpios retrógados, al momento en que se sentaba 
en el trono, debió comprender lo absurdo de su obra. 

Pero desgraciadamente los vastagos' de las dinastías no 
han llegado á oonyenoerse de ¡que la monarquía consüta- 
donal y progresista^ es un absurdo irrealizable, sobre todo 
én el suelo democrátioo de América* 

«Sea lo que fhere, Maximiliano siguió adelante su plan, 
forzoso por otra parte, fuerza es confesarlo, porque tenia á 
la vez que plegarse á la política fiaucesa. Pero esta es la 
consecuencia forzosa de quien se empeña en. un mal ca- 
mino. 

Durante los tres primeros meses, el emperador de Mé* 
^ico permaneció en una inercia sorprendente. Ninguna dis- 
posición, ninguna ley emanaba de su voluntad soberana, y 
esto sorpréndia á todos los que veiau aquella quietud, cuan- 
do todos los ramos de la administración exigían im remedio 
á los males de que adolecía. 

Maximiliano se limitaba á organizar su casa, á nombrar 
consejeros, cbambelanes, damas de honor, caballeros de 
Guadalupe, caballerizos, y lacayos de varías categorías. 

Y vela con los brazos cruzados que el país marchaba ba 
jo el impulso que le hablan dado los dos gefes fianceses. 

La administración política era muy sencilla, porque mar- 
chaba sin ley normal y según disponía el ministerio. 

La administración de justicia tenia por principal resorte 
las terribles cortes marciales tales como las habia organiza- 
do Porey, y las cuales daban su sentencia poniéndose sus 
vocales en pié, descubriéndose la (^beza y fallando en nom- 
bre de S. M. l^apoleon m, que deseaba salud á todos los 
presentes. 

La administración militar la tenia Bazaine á su cargo. 

Maximiliano comprendió entonces que era tm soberano 
inútil por entonces, y dispuso viajar por el interior del país. 




463 

La idea era buena. 

Así se creeiia en México que el emperador deseaba co- 
nocerlo y apreciar á sos liombres antes de proceder á la 
obra de su regeneración. 

Y en Europa, cuando se supiera que el soberano recorría 
BU reino tan fácilmente y sin hallar tropiezos, se furmaria 
la couñanza de que México estaba definitivamente pacifi- 
cado y esto facilitaría la consumación del empréstito íran- 
cís abierto en Parig, con cuya especulación contaba el trono 
para nutrir algo su arruinado t<^ro. . 

El dia 13 de Agosto de 1864 salió Maximiliano para Que- 
rétaro. 

¿Por qué no agu{irdó dos días maa para honrar con su 
presencia las fiestas que se hacian el dia 15 eu honor del 
santo de IN'apoleon lUt 

La división entre la Francia y el imperio era muy tcm- 
pmna. 

El 17 dil mismo mes llegó á Querétaro. 

Sin embargo, en ese viage comenzó el emperador á tomar 
medidas para cambiar el elemento conservador que había 
erigido la regencia en el país entero. 

Eu Querétaro, y lo mismo hizo en casi todas las ciuda- 
des que tocó, cambió todo el personal de la admiaisti-acion 
reemplazándola con liombres menos intolerantes y reaccio- 
narios. 

Allí tuvo también la primera coUcion con el clero mexi- 
cano. ■ 

Soipiendido de no encontrar en su diócesis al obispo Oá- 
rate, mandó que su secretario Iglesias lo incitase á venir, 
por conducto del ministro Velazquez de León, en un teló- 
. grama del 17 de Agosto de 1864. 

El mismo dia avisó el ministro de Estado que Qárate no 
quería ir porque el edificio que ae le señaló paia palacio 
episcopal no estaba habitable, y no era deeon^o que fuese 



464 

• 

á una casa como huésped: decia, ademas^ su nima., que la 
estación de aguas no era conveniente para ponerse en ca- 
mino con su numerosa Étmilia. 

Maximiliano no comprendió cómo el Cristo, el Hijo de 
Dios habia nacido en un pesebre, y su apóstol, el obispo, 
solo encontraba digno de alojar su persona y á su nimíiero- 
sa familia un palacio: se irritó el emperador; pero en ese 
primer ensayo de su regia impotencia tuvo que limitarse á 
amenazar al obispo con participar lo ocurrido al pai>a. 

Ademas Alé personalmente á algunos pueblos de la Sier- 
ra á hacer bautizar á personas de veinticinco años, 
que no habian recibido aún este y otros sacramentos. Pa- 
ra tener un emperador que se encargara de ser el vicario 
oficioso y lego de los obispos que no cumplían con sus de- 
beres, no valia la pena de que la Francia hubiera gastado 
su oro, y de que esta nación y México derramaran la san- 
gre de sus pueblos. 

Y sin embargo, el obispo era el que tenia razón: los pro- 
tectorados reales sobre la Iglesia, los recursos de fuerzas, 
la vigilancia á lo Florídablanca, todo habia concluido: solo 
queda de hecho, aunque Eoma lo niegue aún, la indepen- 
denda de la Iglesia y el Estado: aquella en su órbita, es, 
pues, soberana, y en su disciplina interior solo pueden de- 
cidir sus prelados. La república habia sido mas lógica en 
proclamai' esa segi'egacion. 

Pasado este negocio, y otras pequeñas contrariedades 
que tuvo Maximiliano con las autoridades reaccionarias 
que encontraba á su paso, continuó su viage para el Inte- 
rior del país. 

Durante ese viage fué cayendo poco á poco el velo con 
que los hombres de la intervención habian cegado al archi- 
duque, para obligarlo á aceptar la corona. El soberano 
cada día comprendía mas, que el imperio era enteramente 
impopular; que las actas de adhesión y la universalidad de 



465 

la proclamación eran una íkrsa muy torpemente urdida por 
la intervención y los intervencionistas. 

El menor ensayo le bastó para persuadirse de ello: por 
ejemplo, lo siguiente. 

Disgustado Maximiliano con las personas que la Regen- 
cia habia colocado en los puestos por sus opiniones reaccio- 
narias, en cada población llamó á los liberales que en ella 
habia para ofrecetles los empleos. 

Y en todos, con muy pequeñas escepciones, se encontró 
el ánimo finne de no íJervir al imperio. Convites, seduc- 
ciones, engaños, todo se puso en juego inútilmente. El 
mismo retraimiento observó en los habitantes mas estraños 
á las conmociones políticas: hasta los indiferentes le vol- 
vían la espalda. 

La desilucion de Maximiliano fué completa. 
T en esto no supongo sino que infiero, siguiendo los pre- 
ceptos mas severos de una buena lógica. 

Segim ella, no concibo que los hombres que rodeaban á 
Maximiliano hayan podido mantener á este en el engaño 
con que lo sorprendieron durante algim tiempo. La ver- 
dadera situación debió conocerla nmy pronto el archiduque, 
I)orque con su recto j uicio y con la üitehgencia tan rica de que 
estaba dotado, sabia apreciar perfectamente á los hombres 
y á Las cosas. Ademas, que esto esplica el apresuramiento 
con que alejó de su lado a los partidaiíos de la interven- 
ción, á los mismos que tanto habian cooperado á elevarlo. 
Las notas secretas que existen en el archivo de Maximilia- 
no, y en las cuales, por orden alfabético, están juzgados los 
intervencionistas, prueban que el imperio no podia esti- 
marlos al retratarlos con colores tan sombríos. 

Algunas de esas notas escritas por el mismo Eloin, son 
la biografía mas terrible y denigrante de algunos de los 
personajes del imperio. 



4C6 

Eq ose viagu acabú sin duda' MaxiiiiÜiauo de resolverse 
á adoptar uníi política liberal. 

Maximiliano tenia una alma, templada para los grandes 
hcToismos, pero no pai-a las grandes resoluciones. 

Sn primera impresión siempre era mala, y mas tanle, 
cuando la reflexión surgía, se vcia precisado á modificarla. 
Esto esplica los graves eiTores que cometió dm-ante su rei- 
naílo, y la ¡neontestalile acusación de inconsecuencia que 
han heclío á sn carácter. 

Voy á decir qu6 me lia inspirado esta semblanza. 

En Setiembre de 1864 estaba oí emperador eii el iieque- 
fio pueblo de Dolores, lugar adonde se proclamó por vez 
primera en ISIO la inilependencia de Mííxico. 

No sé si el recuerdo glorioso de qne está impregnado 
aquel sitio, ó el deseo de eonciliai-se las sim])ntínr( del pue- 
blo mexicano, inspiró á Maximiliano la desgraciada idea de 
proniuKriar un discurso patriótico á las once de la nocbe del 
dia 15 de Setiembre en cl balcón de la casa del cnra Hi- 
dalgo. 

En esa alocución liablaba el emperador de nuestra patria, 
de nuestra águila, de nuestra baudei-a, y de nuestra inde- 
pendencia. Líis primeras frases erau venales, la última era 
ten-iblemcnte inoportuna. No babia, al usar ese idioma, el 
valor de la situaeion; un emperador estraiigem, apoyado 
por biiyonetaj? estrangeras, no puede halilai' de independen- 
cia á la raza subyugada, sin caer en una sangrienta incon- 
■ secuencia. 

Y tan os esto cierto, que ose discurso liizo im eco fatal 
en la nación. Los conservadores, á quienes la revolución 
contra la metr<')poli nunca ba sido muy de su agi-ado, al ver 
proclauíiula esa independencia que liabian entregado & la 
Fran<ña, iuculparou á Maximiliano, eu su despoclio, qne de 
BU rango de solierauo doaceiidiese á hacer el papel de ora- 
dor de club popular. Los liberales uo aceptaron las pala- 




4*57 
bras del archi'hiqiic, sino como un insultante sarcasmo, y 
como ima farsa ridicula. 

Aml)OB eiun injustos en su aseveración. Lo cicito era 
que Maximiliano comctia un error político, arvastrarto, como 
siempre, i>ur el entusiasmo (jue debe haber levantado en su 
ánimo el recnenlo de la aecion heroica del anciano páiToco. 

En los dos afios siguientes de 05 y 06, repitió la misma 
&lta. 

Pasadas las ti'stividadi'S nacionales, Jlaxiniiliano dispuso 
tornar á México, trazando el doiTotero de su viage por 
Michoacau. * 

Apenas había vuírlto á México, cuando el maiiscal Ba- 
zalne le pintó, en un ¡nfoniie techado e! dia ."i de Noviembre 
de 18(i4, la angustiosa situación tpie guai-daba el país. 

Según el gencnil en gefe, el tesoro piiblico estaba an-ui- 
nado, el elei-o eni inmoial además de hostil al nuevo órdeu 
(ie cosas, y las autoridades imperiales Íi!epl;i,s y eurnuu- 
pidas. 

Maxiuiiliano sintió un nuevo de-salieiití» al ver sn impoten- 
cia, y llamó ¡i un ministerío enteramente Hl)eral. 

Pero antes de rec<in('r esa vía de d(;sengafio,s y defec(-io- 
ne» ([Ue cruzó Maximiliiino dnraute su rcinad<i efímero, voy 
á tomar lí la líepi'iliJiea: no ipiiero seguir rí ejemplo de los 
ingratos que olvidan á los <pie están en desgracia. 



El fuavtrl geni'ral fi-iuieós guardó siempre, enniD regla 
invariable de condnetn, la táetiía infame di' lalJai sieuipre 
las donotns ipie sufrieron aljíunas de sus eolumnas. <Jue- 
ria pwler d.'cir, cuando saliera del país, que la bandera fnin- 
cesajainís liabia n-ti-ocedído frente á sus enemigos. 

Y íiin embaído, el cuartel general francés mentía: aunque 
en virtud de su' ociiltat-ion ningún documento de los suyos 



468 

lo menciona, los franceses han sido vencidos en Zacnáltípam,. 
en Álamos y Mazatlán, y Douay tuvo que retirarse en Aten- 
quique. Para pasar la intervención al otro lado de las 
Barrancas, fué precisa la defección de uno de los gefes de la 
Eepúbliea. 

Pero esta también habla sufrido graves pérdidas. La 
den'ota de Matehuala, por ejemplo, habia sembrado un pro- 
fundo desaliento en todos los ánimos. 

Y sin embargo, en irnos cuantos meses habia suelto á tur- 
barse la calma que se sintiera por im momento. Los finn- 
ceses eran dueños tan solo del terrono que pisaban. 

En Veracniz, AlatoiTe, Parra y García mantenian la in- 
surrección. Juan Francisco permanecía intacto con sus- 
fuerzas en la sierra de Puebla. 

Oarbajal, Ouellar, Benavides y Tellez espedicionaban 
desde Huachiuango hasta las poblaciones mas centrales del 
Estado de Puebla. 

Michoacan y el Sur de México estaban completamente 
incendiados, menos cuati'o ó cinco ciudades. 

En San Luis Potosí solo la capital permanecía tranquila 
bajo la intervención: lo demás del Estado lo ocupaban las 
tropas nacionales. 

Zacatecas y Jalisco estaban casi todos ocupados por k» 
fuerzas republicanas. 

En todo Oaxaca imperaban los liberales. • 

En fin, pueden calcularse las fuerzas que sostenian aún al 
gobierno constitucional de Juárez, en cuarenta y tre« mil 
hombres, según los datos oficiales de aquella época. 

No era, pues, cuestión de gendarmería, según habia dicho 
la Estafeta^ sino de hacer muchas campañas y bien soste- 
nidas, porque algunas de ellas se habian perdido, y en poder 
de los libenxles habia muchos prisioneros, lo cual desmiente 
la reputación de invulnerables que ha querido dar Kératry 
al ejército nances. 




469 

Bazaine, atendiendo á esta sltoacion üin angustiosa, se 
dispuso seriamente á hacer la campaña de Oaxaca perso- 
-nalmente. 

Gastagny lejitamente avanzaba sobre Cbibualiua. 



jQué había acontecido al gobierno del Sr. Juarezí 

Desbaratada la rebelión de Vidanni, el gobierao se es- 
tableció en Monterey desde los primeros días de Abril de 
1864, adonde jicrmancció hasta Agosto del mismo año. 

Cada dia se me estrecha mas el espacio: no puedo seguir 
paso á paso á esc gobierno fugitivo, rodeado de asechanzas 
y pobre, pero que era ann la única esiwranza de salvación 
del país. Mientras existiera, la Francia no pedia estar 
tranquila, iwriiue no podia logalmentc erigir un imevo óiilen 
de cosas, cuando estaba aun en pié la fórmula legal de la 
Repúbiioa. 

El dia 15 de Agosto salió Juárez de Monterey & las ties 
de la tarde. 

Quü-oga, perdoniulo por el gobierno, estaba en la plaza. 
Y »1 ver la tenible situación en «ino ae encontraba el poder 
republicano, (¡luso intentar un golp); de mano que acabam 
con el gefc supremo de la naeiou, con lo cual creía ganar 
ima alta i)osicioii en el imptaio. 

En la miiñana del mismo dia l't tiroteó á la Inercia insig- 
nificante que liabia (juedado eit la cíndad. Y en la mañana 
del ilia IG se atrojó sobie el carruíye del presiibmte, que 
liabia iHírnoctado á euatio leguas de Monterey. La peque- 
ña escolta de -Juárez se batió con dewsion, con rabia, y re- 
■cbazó al traidor. 

Qniroga tomó á Monterey, se declaró golMírnador suati- 
±uto de 3fncvo-Leon: entonces Vidaiirri volvió á su lado. 
Pero Castaguy, que babia salido hada, días del Saltillo, 
ocupó á Monterey, remitió á México & Vidanrri y Qniroga, 



U, |,NÍ.,l,i„- .:.■„:,■ .!.■ .I.'.:.;,,.!!,.. jMii;.;-i i- 5L.ü::í¡ 

¡l'filiii- >íi- tiir;i'l'i-. i|i.>- ii;il.!i!<i- i/iíuu J¡i-t;t*I"jr.-it >n:íD- 
-.-;.., j/i.;ui<l<. I.. Mlrur,., ¡/¡...lie .1.1 -ii.-l.. lil.p- il.- Mísicti, 
l''iii:>ii:iii[i iiu.i iiiix;» ¡••II i|iii- l;iiii;:u':i lit 1i:inil<-niili> Iixiiala! 

•Miliit •itíiii'iili' ••'{•II ¡•■■•iTi •'ii lütiiiiii'i, |i4-niiii'liiii>licii la 
liiiíji^jiilii ili'l Siilci.'^i. 



471 

■ 

Era el 16 de Setiembre, dia también consagrado á im 
aniversario patriótico. 

El gobierno lo celebró también con una magestuosa sen- 
cillez, al aire libre, cerca de la puerta de la hacienda. Juá- 
rez, sus ministros, algunos liberales que lo acompañaban y 
los soldados del batallón de Guanajiuito y de la escolta del 
presidente: hó aíiuí toda la comitiva. 

¿Que liabia quedado de tanta protesta contra la inter- 
vención? ¿Adonde estaba tanto patriota, que habia jurado 
morir defendiendo la independencia de la patria! ¡Adonde 
se bailaban los (pie se babian enriquecido á la sombm de 
la Eepública? 

La defección habia aclai-ado las lilas republicanas, y mu- 
chos se •sentaban ya sin rubor a la mesa imperial. 

Solo a(iuel grupo permanecia fiel: y en aquel desierto 
invocaba los manes de nuestros héroes, como un grupo de 
diiüdas (luc entonamn su cántico de guerixi contra los ro- 
manos, al pie del dolmen erigido en el bosque síigiado. 

El campo adonde se celebraba aquel aniversario era un 
anfit<íatro fonnado por un semicírculo de montañas que lo 
limitaban i)or un Uulo: al otro corría el Nazas. La luna se 
levantaba en el horizonte, como si obsequiara la plegaria de 
La sacerdotiza, recortando fuertemente las líneas sombrías 
de la montaña, y rielando en las mótiles ondas del rio. 

Aquel cuadro ei*a grandioso. 

Los patricios tomaron asiento como en im Consejo de 
Natchets: solo uno de ellos ijennaneció en pió. 

Era Guilleimo Prieto, el trovador nacional, que seguía 
leal y lleno de patriotismo la estela de nuestra mala for- 
tuna. 

Era el orador nombrado para el discui-so alusivo. 4C0- 
noceu mis lectores á Prieto? 

De una talla regular, de un busto redondeado por la gra- 
sa, con unas bellísimas manos, que deforma el poco aseo que 



472 

con ella^ tieor, la tieiirade Prieto estáea pei^actA duixun- 
cia 001) fia alma de poeta. Aqael metro animado, pao eo- 
mnn, ps un j^uraaiDO en nn tn>va<Íor. Sus camilla gruesos 
j laxofl tK^an haata el cuello ri;bo«ando 5ot>re la corbata, 
t:t>Tfío ana mata blanda qnr- se apretara en el hnero la mano 
f Aaliera entre loa dedos. ííeu oj<m pef^aeño^ centellean de- 
trág de Ioh rTÚtaleit de ms anteojos de patillat> de oro. y sa 
hoea grande y mal cnMendo nna p^ima dentadnia. está 
friempre «lílatada por la man franti-a de laA aonrisas. 

Pero Prieto es toílo eorazon: ea el hombre nue sír-nte mas 
que pi<:n>ta, de iiíii»ri>i<if>ri*.íi rápidas*. pt;ro proñindas!, y qne 
n:<:iV»»: el líltirno giro (¡ni; se le imprime eon solo tocar su 
fwriitirriientí»: este le lia r(pona<lo la ímpiitaírion <le inconse- 
ftiieneia; \H:ri> es una mala aprf.-riíw.iofi, ctrmo Ujih\.< l:ií que 
liaí-eii los contení iioiiuiríH. Y m líltiuio análiüis. Prieto es 
■III (íiaii rKi«;ta, lUi buen oíatlor y un exe^knte ¡latriota. 

fJu la ;;ai'}raijta <le iKjiiel hombre ^tlia un lorreitte de 
eIfK:Ueiieia: el tribuno e.staba á la altura <1" la sitmioioQ en 
aqtieila tiemfsitna solemnidad. 

Aquel eiiadro era di;;no de la pluma de Liimartiue. del 
buril de iJoi/r. 

W dia sifjuiciite lleft»'» el {¡ubienio á ííazas, adomle se re- 
ííolviíj íi aguardiu' las oj»;raeioiies de la eampafia que iba á 
abrirse. 

Se pensó atacar á la liiesy^a frauces;! deípremlida de la 
guaniieioii de Jínmugo. 

ICI eneiicntro tuvo lugar cérea de la hacienda de la Es- 
tan^iuela. 

I'atoiii imipi'f el eemí de Majoma, Alcalde la llanura, y 
üarbajal «e arrojó, á la descubierta, sobre la tulumna frau- 
cewi. 

Los fiaueeses tomaron la iuieiativa coneeati-ando su ata- 
quü fiobi'b Miíjoma: asi nivelaron sus tuerzas, ponqué sol^ 
se batieron 800 hombres del ejército nacional. 




473 

El coronel Martin, que mandaba la colamna francesa, 
murió á los primeros disparos, di^idido por una bala de 
-cañón. 

El ataque fué impetuoso y terrible, y los zuavos ftieron 



La posición del cerro la defendía el general Gaspar Sán- 
chez Ocboa, ese joven soldado, el tipo del valor y de la ca- 
ballerosidad, tan demócrata, tan instruido, tan leal con su 
patria y su bandera. 

Ya millares de veces lo hablan encontrado á su fi'cnte los 
franceses, siempre victorioso, siempre desafiando la muerte 
con La sonrisa en los labios, y desde la paralela de Puebla 
que quitó al sitiador hasta los campos lejanos de Ohihua- 
Ima y iSonora, iba !i an'aucarles la victoria. 

Patoni, Ojinaga, reroandez, todos se batian brillante- 
mente. Castro y Aranda quedaixin gi-avementc licrldos. 

Al fin so pordió el cerro de Majoma, y el resto de las 
liu'izas niexicaiias tuvo que retirarse, después de haber 
combatido de una mauer.i heroica. 

Apesar de Uaberse. efectuado la iiítirada en un orden per- 
fecto y con tal Itrío que los fi-anccses no se atrtívieron á mo- 
lestar á Iiís liUirales en la noche de ese dia, 21 de Sctiem- 
bii' de 18(i4, se desbando una parte de la fuerza, quedando 
tlisuclti» así el eJí'Tcito de Occidente, 

El geiicral Saucbfz Ochoa ordenó aquella retirada, sal- 
vando baliTÍa y media, casi arrastnindo las piezas á brazos 
de sus soldados. 

El gobierno entonces se retir*'» hasta (Üiihualma, h!U?.ieu- 
do su entrada á la capital del Estado el dia 12 de Octubre 
de 18G4 á las ciuco de la tarde. 

lil ¡lut'blo se enii>efió en recibir al presidente Juárez al 
pié del monumento de Hidalgo, levantado cerca del sitio 
adonde fué fusilado por los españoles el anciano mártir de 
Dolores, 



474 

Con peiiíir refreno nü phima y me abstengo de entrar en 
todos los detalles • icha que desde entonces continuó 

en tfnlos los ámbitos de la Kepública* Pero un oscmo ano- 
tador no tiene pretensiones de escribir historia. 

tSolo tengo que t<K*ar ahora un incidente, el goli)e de Es- 
tado de Xo\1embre. 

El general González Ortega, presidente constitucional de 
la Corte de Justicia, se dirigió al ministerio de relaciones 
esteriores y gobernación, pretendiendo que el período cons- 
titucional de Juárez terminaba el 30 de Xo\iembre. En 
• tal \irtud pedia encargarse del mando supremo, protestan- 
do siempre, que solo cumplía con un delx*r de conciencia, 
exigiendo que se fijara la inteligencia de los preceptos cons- 
titucionales. 

Lenlo de Tejada, ministro de relaciones, contestó hábil- 
mente dicha nota, y lUó un perfecto disfiaz, (ó ropage, lo 
que se quiera) de legalidad á la prorogacion del períoilo 
presidencial, sosteniendo que este terminaba luista 30 de 
Noviembre de 1SG.3. 

Yo no quiero perder las páginas tan pocas de que dis- 
pongo para debatir este punto. El gabinete tendría acaso 
razón en aquel momento, pero no la tuvo prorogando su 
dictadura mas allá de 18G5, según su propio argumento. 

Pero si filó un error ó una violación constitucional, el he- 
cho es que con ella se salvó el país. Si Juárez abdica en 
aquellos momentos difíciles, se hubiera roto el lazo de imion 
entre los defensores de la nacionalidad mexicana, se pierde 
la bandera de la Eepiiblica, y se hubieran hecho á la vez 
imposibles las buenas relaciones de la Casa Blanca con el 
gobierno constitucional, con lo cual hubiera perdido nues- 
tra cíiusa el principal de sus apoyos. 

El gobierno mexicano se estableció en Chihuahua defini- 
tivamente, hasta el 5 de Agosto de 1865, dia en que salió 
para Paso del Norte, adonde llegó el 14 del mismo mes. 




Desde allí continuó organizando la defensa del país sin 
desmayar ante los desastres de sus fiieraas, ni con las ims- 
niirias de la situación. 

AHÍ tenemos qne abandonarlo paiu tomar la vista & 
Maximiliano. 

Estas bruscas transiciones ine obligarán á mi vez á co- 
meter las supivsiones do (|ue lie, acusado á Kératiy: pero 
siempre las lagunas que baya en esta bistoria serán me- 
noies. 



El ilustrado Kéintry ha ciitnulo en tales detalles acerca 
■ de las relaciones coDtiiiuas qnO existían eutre el gabinete 
impeiial y el cuartel general francés, que me reüeio en to- 
-do á su dicbo. 

Tan solo me limito íí rectificar sus inferencias. 

El conde asegnra, como consecuencia de los docunieutoa 
■que inserta en su obra, que los personajes que rodeaban á 
Maximiliano, precipitarou el imperio, por haberlo puesto en 
pugna con la política francesa, á la cual enin notonamcnte 
hostiles. 

To por el conti'ario deduzco que la Fmncia precipitó al 
imperio á uji abismo, aimientando la penuria de su tesoro, 
despopularizándolo con los actos de su ejército, llenándolo 
de desprestigio con usiupar ii los agentes de Maximiliano 
la autoridad que este les deleganí, y por último, quitándole 
su aiwyo natuml, el partido conservador, quien se vió desde 
el principio despreciado de sus aliados, lastimado cu sus 
creencias y en sus intereses, y defraudado eu sus espei-an- 
zas políticas. 

Tero sobre todo esto, lo que mas resalta es uua verdad 
clara y luciente como la luz meridiana: que Maximiliano y 




477 
loa eayos, y la Francia oficia) y Bazaine, estaban empeña' 
dos en levantar un absurdo, el impeño mexicano. 

Era el engendro de una concepción monstruosa, el feta 
abortado no viable. 

La presencia en México del ejército nances, no tenia ra- 
zón de ser. 

Algunas veces la civilización ba sido llevada á algimos 
países sobie los escudos de los soldados invasores: pero en- 
tonces la conquista ba ueeesitado hacerse colonizadora pa- 
ra lograr ol comercio del progreso y de las luces, y obtener 
la mcjoiu de la raza por el cruzamiento. 

Pero en el siglo diez y nueve la Francia no podia plagiar 
las' irrupciones do las razas del Norte en Europa, sino que 
apenas imitaría las bárbaras camicerfas de Jurgutba j 
Jura. 

Bazaine no x>odia ser el mejor colono con sus cortes mar- 
ciales y sus fusilamientos: el íusil no suple al arado. Tenia, 
pues, que limitarse A ser interventor; y si continuaba in- 
teniniendo en México, apesar del tratado de Miramar, te- 
nia forzosamente que intervenir los actos de su gobierno. 

De aquí la cúratela fi^ncesa sobre Maximiliano, de aquí 
que este se retorciera bíyo la mano del galo para escaparse' 
de esa suycccion. 

Y cuando Kératry dice que el emperador filó un verda- 
dero soberano, que procedía con absoluta libertad de acción, 
Kératry so eqmvoca. 

Ed igual error se deslizan los imperialistas que aun sos- 
tienen que el imperio gobernó por sí solo. 

Maximiliano jamás fué rey sino en el nombre. 

jGuál de los ramos de la administracioa pública estaba 
b^jo su direccionT 

La bacienda pública dependía de la intervención. Esta 
comenzaba á ^ercer su fiecalizadoD desde las primeras 
fuentes de los ingresos en las adoanas marítima^ en su 



478 

mecaDismo interior estaba impulsada, ó coartada mas bien 
dicho, por las clásicas nulicLades financieras que vinieron á 
hacer un solemne fiasco en nuestro suelo, desde Budin, 
Corta V Laníílais, hasta el célebre monomaniático Friant. 
T Montholon y Dañó, arreglando á su antojo la deuda es- 
terior y la convención fcincesa, y la comisión mixta recar- 
cando la bancarrota pública, y el crédito Jecker saldándose 
íntegro contra totla justicia, y Bazaine exigiendo como un 
acreedor importuno é intratable, el pago de la list;^ mili- 
tar, y - ¡era libre Maximiliíino para disponer de la ha- 

<áenda del imperio? 

En el ramo de guen*a el hecho es menos discutible aún. 
No podía armarse un hombre, ni comi^onei-se un fusil, ni 
moverse una patnüla sin la orden del cuartel general. 

Hasta t»l ministro de la guerra que se penuitió tener á 
3Iaximiliano, Peza, era una sombra cuya presencia en el 
gabinete era una lujosa superfluidad. Cuando íaltaban al 
emperador tan solo algunos meses para ser fusilado fué 
cuíuido se ht dejó disponer de sus fuerzas, y entonces ya no 
era tiempo. 

Quitados al soberano esos dos brazos indisi)ons;\bles á 
todo gobierno, el dinero y las nmias, ;qué le ijuedaba? 

La administración interior era una ilusión, i)u<\sto que 
quilines realmente la ejercian eran los comantlantes supt^rio- 
res. ingiriéndose en todo, y que solo concedian autoridad á 
los gefes políticos ó ¡)refeetos para que ministraran aloja- 
mientos A los oficiales franceses, y proporcionaran espías 
<iue les avisaran los movimientos de las fuerzas liberalt\s. 

Ni en la cuestión religiosa que tanto inteivsaba al par- 
tido int(*rvenci(mista, v cuva mala dirección intluvó tanto en 
la eaida del imperio, ni en la cuestión religiosa i)udo segiu'r 
Maximiliano las insi)iraciones de la conveniencia, (pie le 
aconsejaban no pugnase de frent<* con el clero. 

Lo mismo puede decii*se de la administi-íieion de la ley. 




479 
La jUBticia ciiil embrollada en su totalidad en el laberinto 
del código español, las derogaciones mexicanas y la mezcla 
de decretos reaccionarios y pi'ogi'CHistas, ei"a nn mito imiKÜ- 
pable; la situación de vagucdaíl en todas las materias afec- 
tas por las lej'cs de refoima que tenían los tribunales por 
la indecisión dpi soberano, beria también de muerte muchos 
y muy graves intereses contenciosos. La justicia crinjinal, 
eacepto de una cxjpia qne aun quedaba do los jueces de 
rara de la ípoca nreinal, ostalia en su mayor parte confiada 
á las cortes marciales y uonnada por el código francés que 
se liabia declarado \igente. 

¿Adonde estaba, pues, la soberanía del emperador! 

Así es que apenas llegó á México después de su paseo 
hasta Guanajuato, en Setiembre de 18fi4, cuando tiivo el 
primer choque con el cuartel general, con motivo de los co- 
misarios franceses de bacienda que la intervención Itabia 
repartido en tixlas las adininisti-acioncs de bacienda.-i .lo los 
departamentos, como se denominaba entonces á los Kstados. 

Maximiliano se decidió á organizar su ministerio COE 
los bonibres cpte siempre habían estado filiados entre los 
demócratas: ya antes be esplica^lo cIoHgen de esta deci- 
sión del archiduque. 

Por un momento voy íi deteuenuc en ese giupo que co- 
me el pan amargo del destieiro, ó bien (pie ^^ve llorando 
encima la excomunión política con qnc fiíé oastigadií su in- 
fidt'ucia. 

Dosjuicit»s pesan sobre esos hombres, que fueron los que 
realmente \inieroii á constituir el partido imperialista: uno 
el que hace la Pi-aneia, siendo su mejor eapresion la (pie ha 
dado la severa pluma de Kératry; otro, el que hacemos nos- 
otras;. Examinaré ambos. 

Kénitry, es decir, la autorizada voz del gefe de la cspe- 
<licíon, aeusa á las autoridades del imperio de haber sido 
profondameote torpes por bu ignonoicía en materias de ad- 



480 

ministracion pública, y de haber trafcionada al eiaperador 
por su odio á los íranceses, y por sus compromisos con los- 
juaristas. 

El mismo Bazaine lo dice así en uno de los documento» 
que obran en la obra anterior. 

Pero Bazaine se equivoca. 

Para rectificar lo que asienta, á la vez que lo que dice 
Kératry, recordaré un episodio. 

Pedia Maximiliano financieros que le arreglaran la ha- 
cienda, y Francia le enviaba sin duda lo mejor que tenia. 

Venian, trabajaban, formaban su plan hacendark), y ya 
terminado lo presentaban al consejo del emperador. Allí 
habia un empleado liejo en el ramo, el cual á cada proyec- 
to formulado por los estadistas franceses, contestaba mani- 
festándoles el mismo proyecto elevado en México al rango 
de ley algunos años antes, y que no habia dado resultados. 
Entre nosotros todo se ha ensayado inútilmente. 

Algunos de esos financier(»s fiíeron á acabar á una jaula 
de locos en Bicetre. 

Yo no pregono la excelencia de la administi^acion de 
Maximiliano, pero tampoco debo exagerar sus fiUtas; me- 
nos la presencia del estranjero fué torpe como todas, por- 
que principalmente se lucha aquí con la falta de elementos 
de todo género. 

En cuanto á la acusación de connivencia con los juaris- 
tas, esto es un absurdo. 

Kératry y Bazaine no conocen lo intransigentes que son 
entre nosotros los partidos. Y sobre todo entre los defenso- 
res de la independencia y los que se ligaron al estranjero, 
habia una laguna de sangre que solo podia cegar el tiem- 
po; pero no eran posibles esas transacciones entre enemigos 
mortales. 

T si no, recuérdese que al triunfar la Eepública todos 
los imperiales estuvieron cerca del cadalso, y que solo los 



■■ 



481 

salvó la clemencia de la nación. Si hnbiera habido traído- 
res, estos babrían ido á sentarse al festín de la yictorid. 

Hablo así, porque sé mantenerme imparcial. 

Los liberales que sinieron á Maximiliano, solo fueron in- 
fidentes con su patria, pero con el soberano fueron leales. 
Este es el juicio que formó de e«e partido la nación. 

Unos aceptaron el trono como ima tabla de salvación en- 
medio del naufragio de la nacionalidad y el progreso: otros 
como negocio mercantil. Los primeros no reportaron el 
anatema de la historia, sino el inflexible castigo de su er- 
ror: los segimdos no son perdonables. 

Imposible me seria seguir la crónica, de palacio durante 
el reinado del arehiduciue; me detendré tan solo en aque- 
llos hechos que debo mencionar. 

jQué sistema empleal)a Maximiliano para atraeree par- 
tidarios! 

Era la atmósfei-a incsistiblc de simpatía que se ecsalaba 
en tomo de él. 

Y sin embargo, algunas veces fracasaba en su seduc- 
ción. 

Uno de sus deseos mas vivos habia sido atraerse á D. 
Femando líamirez, porque lo consideraba una de las ilus- 
traciones del partido liberal: pero todo habia sido en vano, 
halagos, promesas, em})erios, toiio se habia estrellado en la 
firmeza del \1ejo i)atricio. 

Este se vio al fin un dia aiTastrado al gabinete imperial, 
adonde lo recibió el empinador. 

La conferencia fué larga. 

Maximiliano espuso á Eamirez el plan que habia conce- 
bido de regenerar completamente & la nación con los prin- 
cipios mas progresistas del siglo, consolidando la paz, la U^ 
bertad y el orden. Le hizo comprender que la restauración 
republicana era imposible, como lo era vencer al ejército 
irancés, y que siendo innegable que las tropas intervencio- 



482 
nietas habían de durar por muchos aüoü en México, era un 
crimen negar ei hecho consumado y no aprovecharlo en fií- 
vor de la causa del progreso y el adelanto, dejando que los 
conservadores se aprovecharan de lit situación. Que no 
siendo dable & Itamirez ni á los demás liberales derrocar al 
imperio, debian ayudarlo desde que daba garantías á sus 
principios. 

Kazones de alta conveniencia política, de patriotismo, to- 
do fué inútil; el antiguo demócrata, aimque se sentía con- 
movido y convencido, no quiso quebrantar su resolución ni 
dejar de ser fiel íl la causa republicana. 

Se negó, pues, de una manera perentoria á adlierirse al 
imperio. 

Entonces se desconió la cortina que cerraba la puertí 
del gabinete que conducía A las habitaciones interiores. 

Apareció la emperatriz Carlota, en el dintel de aquella 
puerta. 

Avanzó lentamente acercílndose á los ü»s iiitei-loeutores. 

T tendiendo la mano á Tianiirez, le d^o con su voz bre- 
ve y aimoniosa: 

— Todo lo he oído. Al negaros á seiTír á nuestro país, 
ayudando en su obra grandiosa al emperador, no demos- 
tráis mucho patriotismo. Pero lo cjue no habéis cedido en 
el debate, lo ccilereís á una mujer que os lo suplica, y yo, 
la empenitríz, os niego que ingi-esoís al cfmsejo de minis- 
tros, pues no creo que temáis correr nuestra buena ó mala 
suerte. 

líamú'ez inclinó aquella cabeziv pi-oomíiiente y nutiida 
en el estudio: su alma apasionada no pudo resistir aquel 
ataque, y cedió. 

Así ingresó al ministerio, y oun ól muchos de sus ami- 
gos, coitio (íse honrado AÍej«», D. Slanuel Ürozco y Üen-a, 
tan instruido, tan probo y tan lleno de lealtiul. 

Lii Kepública los mareó con el estigma de infidentes: es 




justo; iHiro la imparcialidad de la historía cxijc que se cod- 
signen las ^^^tudes privadas de esos hombres aiTastnuIos 
por üu enor de su coueiencia. 



La deBcrípcioD de este periodo de nuestra liistoria, cstil 
perfectamente seguido píir el ilustrado Kératry, salvo su 
apasionada afección ixtv el ojírcito fi-ancés, en cuyas filas 
militaba. 

Beasuniíi'é paní mayor claiidad, puesto que solo me que- 
da por hacer la sinopsis de la crónica imperial. 

Maximiliano tenia, en suma, los sigtiientes obstáculos en 
su admiuistraciun: 

La intervención firancesa iugeriéndose en los ramos po- 
líticos, cerceiiandii los recui-sos hacendarlos, multípUcando 
L-i deuda pública, y estoibando la a-eacion de un ejército 
mexicano, que mas tarde pudiera servir de sostén al impe- 
rio, cuando se i-etimni el cuerpo espedicionario. 

La cuestión religiosa que jamás se refeolvcria con los tér- 
minos medios que intentaba us¡ir el emperador, y que le 
enhenaron las simpatías de liorna, y lo privaron del apo- 
yo del clero y de los reaccionarios. 

La miseria del tesoro, que no pennitia cnbrii-se la lista 
civil y la militai-: sin dinero, no hay servidores, no hay, por 
tanto, gobierno. 

El espíritu público (pie no aceptaba la dominación es- 
tranjera, ni la formula monárquica. 

La lucha con los defensoi-es de la líepúhlica, que tenia 
que ser i>eri)etua y terrible. 

Y iM>r último, la política norte^araericana, que era la 
ameiuiza de muerte de la monarquía. 

Maximiliano se debatía enti'e esos imposibles, y ui su 
genio ni su vasta instrucción, ui su buena voluntad, podían 
Tuncerlo. 



484 

Entre tanto el tiempo avanzaba destrayendo dia á dia - 
cada uno de los pocos elementos con que contaba el nueva - 
orden de cosas. 

Brotando sin cesar nuevas discordáis entre las autorida- 
des locales y los comandantes superiores franceses, reper- - 
cutían estas diferencias hasta el cuartel general y el gabi- 
nete imperial, haciendo in^posible que hubiera unidad de 
acción entre los distintos componentes del gobierno. 

El palacio era un semillero de intrigas y de murmuracio- 
nes, enmedio de los festines y saraos, en los cuales se paro- 
diaba el ceremonial de las cortes europeas, con el forzoso 
acompañamiento de la rechifla del pueblo. 

El cuerpo de ejército que se habia mandado sobre Oaxa- 
ca habia tenido que hacer alto al principio de su marcha, 
sufriendo ftieites ataques que le impedían avanzar, y pér- 
didas de importaucLa en su efectivo. 

Al ñn tuvo Bazaine mismo que ir á encargarse de la es- 
pedición. 

En Altatii habían desembarcado 600 franceses, que fueron 
completamente derrotados el dia 22 de Diciembre de 18G4^ 
después de una espantosa carnicería, quedando el resto pri- 
sioneros, después de perder sus oficiales, sus armas y so» 
banderas. 

Eosales, Gkispar Sánchez Ochoa y García Granados, ob- 
tuvieron este brillante triunfo. 

Todo esto despechaba á los franceses, los cuales jamás 
han querido confesar sus derrotas. 

Ademas, tenían 6 afectaban tener un profimdo desprecfe 
por los mexicanos, á quienes llamaban bandidos si los veiaa 
bajo el lábaro repubUcano, y traidores é ineptos cuando 8& 
ligaban á Maximiliano. 

Era que heria su envidiosa susceptíbiUdad la supericvir 
dad que encontraban en muchos de los hijos del país^^ 




48S 
■ Esto eaplica el tema de saogre adoptado por tas cortes 
marciales. 

Kératrj' uos lia dicho en estos frasee: " las cortea mar- 
" ciales se reuiiierou y se separaron mas tarde con la con- 
^ ciencia tranquila. " 

Yo no comprendo esa conciencia. Alganas veces, sin du- 
da, que se Secutaron verdaderos bandidos; pero la mayoría 
de los que llevaron al cuadro terrible esos tribunales de 
«angre, fueron defensores tle la independencia de la patria. 

Y sobro todo, jqné derecho tenían los extrangeros para 
.ser nuestros juecesí 

El que dicta una sentencia de muerte sobre los reos que 
no están b^o su jurisdicción, es un asesino: esta calificación 
aera la que dé la posteridad á las cortes mai'ciales. 

Romero, ese guerrillero tan vahente y tan generoso, ha- 
.bía sucumbido sentenciado por uno de esos consejos de guer- 
ra: pero admiró á sus verdugos con su iuimitable valor y 
con el desden con que vio la muerte. 

Y después de líomero otros mil fueron arrastitidos por 
esa vía decorosa, quo los liberales llauíaban con un temblé 
saFcasmo, el jardín de aclimatación francesa. En efecto, en 
Mixcalco quería Bazame que se acUmataran los mexicanos 
con la dominíu;íon extmngera. 

l'or otra imrte, la comisión fiancesa suigia para el aiTe- 
glo de la deuda francesa, hasta obligai' á Maximiliano & 
que pasara por esa.s Horcas ('audinas. 

El suizo Jetker quedó «Idado, y Saligny pudo tocar el 
premio de su alta obra diplomática. 

■El clero á su vez, también trocaba en una coron» de es- 
"piuas la joya imperial que babian ayuílado á forjar. 

Labastidii era el gefe de la conspiración, no solo hurdicn- 
do protestas y excomuniones lanzadas contra el ejército 
dances, sino lanzando al partido conservador contra el so- 
beraoo. 



486 

Boma por bu paite, rohia la espalda á los jÓTeoes sobe- 
rao'fíi. 

Moneeíior Meglia, arzobispo de Damasco, vioo á formo- 
lar la burla apoütólka quf Antonelli bacia del imperio. 

Kl día 8 de Diciembre comimicú su arribo al ministro de 
negocios extrangeros. El dia 10 fué la audiencia, el 12 ta- 
ro lugar una ceremonia religiosa en la colegiata de Gnada- 
lape, después un conrite y ei dia 27 escribia Maxi- 
miliano á BU querido ministro Escudero, una carta llena de 
recriminaciones contra la corte papal, pidiendo > propu- 
Bíese las leyes de reforma y la remisión de las operaciones 
de deHamortizacion. 

Kl lazo entre el imperio y la masa creyente y fanática del 
paf» qucdal>a n^to pura siempre. 

Pof;o antes llegaba á Míxico la encíclica pronnilgaíLi i»r 
Pío IX cl dia 8 de Diciembre, en memoiia de la declaración 
dogmática de la inmaculada concepción de María. 

Eia iiniMJsible, ¡Hir tanto, ijue se reconciliaran las dos cor- 
téis d(j Míxico y liorna. 

Micutia» Maxiniiliiino declaraba vigentes la.s leyes Juá- 
rez, Lerdo í> Iglesias que Iicriaii de inueite to<lo el pa;sado, 
proclamando la alKjliciou del fucn), lii dosamoilizacion de 
los bienes eclesiásticos y la reforma de las obvenciones jiar- 
roqiiiales, Pió IX preconizaba las doctrinas del monge Hil- 
debrando, la supeiioridad del poder de la Iglesia sobre todo, 
aboliendo la nizou y anatematizando la libertad de cult^ 
la lilícrtad de conciencia y la libertad del pensamiento. 

Esa. encíclica la Labia trabajiído bacía mas de dos años 
el jesuíta I'enune, y se pretendía que ella fuera el único 
código del muudo, como si esturiéramos en los tiempos de 
Nicolás I, de Gregorio VII ó de looceucio lU. 

La Eim>pa cidta rechazó esa encíclica como atentatoria 
al derecho público, á la razón y a! progreso. 




487 

Meglia partió de México en pos de las instrucciones que 
no babia traído, porque ol\'idó lo tínico á que venia. 

El emperador, sin embargo, arrastrado por una do esas 
iuconaccuencias tan frecuentes en su carácter, envtó una 
comisión extraordinaria en misión cerca de Su Santidad. 

Esa comisión, compuesta del obispo Bamirez, de Velaz- 
quez de León y Degollado (Joaquín), se erabai"có el dia 13 
de Febrero de 18Ü5. 

Pero el elemento reaceíouario seguía desapareciendo del 
cuadro de la administración. 

Lacuiiza, Portillo, Ortigosa, Silíceo, Escudero y Bcliano- 
ve. Cortés Esparza, mucbos, en fin, de los que se decían li- 
berales, i-odeaban ya & Maximiliano. 

Los reaccionaiias se i'etimban á sus cuarteles de invierno. 

Sriramon y Jlárquez eran enriados al extrangero: el pri- 
men) á que estudiara la táctica de artillería á Berlín, y el 
segimdo á los Santos Lugares de Jerusaleu, como el lobo 
Isagi'in do la antigua fábula franeesa. Mas tarde fué en 
misión cerca del Sultán, á aprender sin duda el método de 
empalar y de apalear las plantas de los pi<^ de los enemi- 
gos del rey. 

Y sin embargo de que formaban el cortejo imperial todas 
las notabilidades mencionadas, el imperio tenia cada dia 
nuevos obstáculos. 

El gobierno era imposible enraedio de aquella triple le- 
gisLicion que babia adoptado, porque se cometió el indis- 
culpable error de poner vigentes las leyes conseiTadoras, 
liberales y las nuevamente emitidas. Ademas, el código 
criminal francés estaba en todo su vigor. ¿Era posible ad- 
ministrar con nna legislación tan contradictoria en sus par- 
tes componentesí 

Maximiliano á la vez trabiyaba como Penélope, destru- 
yendo diuante la noche lo que había elaborado en el dia. 

^^aba á Onemavaca y á JalapUla, intentaba organizar 



488 

8U hacienda y su ejército, inventaba condecoraciones, haóia 
limosnas, todo era inútil, su trono se desmoronaba. 

Solo logró acuñar moneda con su busto, aprovechando la 
ausencia de su ministro Eamirez, que constantemente se 
habia opuesto á esa medida: mientras acompañaba á la 
princesa Carlota en su viaje á Yucatán, Maximiliano logró 
ver los pesos nuevamejite acuñados con las armas del im- 
perio en el revei^so y su perfil en el anverso. 

Satisfiíccion pueril que le costó muy cara, porque el pue- 
blo mexicano, con su admirable penetración, habia sorpren- 
dido que en la eíyie acuñada del soberano se veía un doble 
efecto muy palpable cubriendo el rostro y dejando libre la 
barba sola. 

¡Cuánta humillación, cuánto insulto se aglomeraba sobre 
la cabeza tan noble de ese desgniciado príncipe, que solo 
era culpable de liaber cometido un error aceptando una 
corona exótica y usui^pando el poder de una nación estra- 
ña, engañado por la política fiímcesa! 

Hoy que ya satisfizo la falta virtiendo con tanto valor su 
sangre, es preciso confesar ([ue ese hombre amaba a México 
mas que muchos mexicanos, para mengua de ellos. 

Como jamás mendigué un favor del imperio, como al 
joven príncipe solo lo conocí y trató cuando estaba en la 
prisión que debia servirle de capilla, tengo y debo tener el 
valor de hacer estéis confesiones. Lo admiro siempre que 
lo recuerdo, aunque le niego tenazmente el derecho de venir 
á sentai^e á un trono en mi patria 

Pero estoy divagando. 



El año de 1865 tocaba á su último tercio y la situación 
no mejoraba. 
Los fi'anceses habian dilatado su zona de operaciones de 



489 

una manera admirable, estendiéndose en la circunferencia 
hasta nuestros Estados fi*onterizos, obligando al presidente 
Juárez á abandonar á Ohihuahua. 

Pero habian debilitado el centro, y la insurrección cada 
dia era mas poderosa: eiu todo el país, menos la linea, de 
tránsito, por donde estaba tendido el cuerpo espedicionario, 
cuya línea sufría con frecuencia espantosas interrupciones. 

Desde Sinaloa, adonde Corona hacia una guerra sin cuar- 
*tel, hasta las goteras de La capital; desde la frontera del 
Norte, adonde pululaban las fuerzas Uberales, hasta el Sur, 
adonde no podian penetmr los extrangeros, teniendo que 
desamparar & Aoapulco; y por último, desde Tamaulipas y 
Nuevo-Leon hastii Colima, y la tierra caliente de Veracruz 
y Michoacan, todo estaba invadido. 

El 5 de Agosto de 1865 salió el presidente de la Eepú- 
blica, de Chihuahua: solo dos mhiistros lo acompañaban, 
porque eran los únicos que le quedaban. 

Lerdo de Tejada tenia á su cargo la cartera de relaciones 
y gobernación; Don José María Iglesias la de justicia y 
hacienda. ^ 

Me detendré por un momento en delinear esas dos figu- 
ras clásicas do nuestra historia. 

Siento que ambos estén en el poder, porque se podia 
creer que los adulaba; pero todos aquellos de mis lectores 
que me favorezcan recordando que en la tribuna de la cá- 
mara y en la prensa he atacado casi todos los actos de su 
actual administiacion, comprenderán que habiendo roto 
con el presente, solo me ocupo del pasado, y en ello tengo 
la absoluta imparcialidad de quien ni teme, ni espera. 

Siempre he enndiado tener, mas que el estilo de fuego 
de Plutarco, la ti*anquila justificación de Tucidides: y prefe- 
riría haber escríto la "Guerra del Peloponeso" mas bien que 
los "Hombres ilustres." 

,gnfin, si adulo, adularé con la verdad. 



u 



490 

Lerdo es el primer iK)lítico de nuestros tiempos. Peque- 
ño de cueqx), ancho de espaldas, blanco, y algo grueso, hay 
en toda su figum algo simpático que atrae, y que recuerda 
la fascinación que cyerce la víbora de la India; pero es la 
ati'acci(m del afecto. En su rostro hregular, redondo en su 
mitad iz(iuierda y cuathíido en su mitad derecha, como si 
fuemn dos medios rostros distintos pegados pov su parte, 
media; en su fiente vastísima, en su cránex) cesái^eo casi 
desnudo de pelo, en su nariz delgada y corva, en su boca 
móvil y siempre dilatíula por la mas moixlente y cáustica de 
las sonrisas en toda su faciesj hay las líneas caiticterísticas 
de una animación admirable: sus ojos, sobre todo, son dos 
centellas que penetran hasta los últimos pliegues del cora- 
zón lumiano. 

Yo no conozco t<Hlavía al diplomático capaz de engañar 
á Lerdo: ponpie ese hombre tiene un sol por cerebro. Au- 
daz, provisto de un valor y de una audacia admirables, po- 
seyendo una lógica fria ó inrtecsible como la hoja de una 
espaíLi, es el hombre mas apto para el papel que desempe* 
ña. Tan hábil es en ol trakyo lento y reposado de uri gil- 
binete, como en medio de una cámara agitada por algima 
tonnenta parlamentaria; pero aquí es adonde debe verse á 
Lerdo. Protujidamente r.izonador unas veces, y oti*as pa- 
itulojal pero lleno do brillo y de imaginación, seduce á su au- 
ditorio, lo convence y lo arnisti-a hasta donde quiere. 

Su mayor defecto es ser altamente escéptico: aun dudo si 
cree en algo. Cuando se le vea colocado en una situación 
definida y precisa puede asegurarse que lo llevó allí un si- 
logismo, pero jamás ima creencia ni un afecto. 

Y sin embargo, en el corazón de ese hombre, siempre 
cerrado como un santuario hebreo, hay dos afectos otemos, 
siempre \'ivos y siempre puros: el íimor á su patria y el alec- 
to á sus amigos. La patria ha sido su querida, á la que 
halaga con toda« las riquez<is de su inteligencia y por la cual 



401 

lo ha sacriñcado todo, hasta su buen nombre, rei)ortando 
pov ella el estigma del inflecsible, del sanguinario, y del 
crueL Lerdo habrá errado, pero lo ha hecho en bien de 
su país. En cuanto á sus amigos, son muy pocos, pero muy 
caros para él. 

Bou José María Iglesias es un tipo enteramente opuesto 
al anterior. De mía talla mediana, excesivamente delgado, 
lento y acompasado en sus tínísimas maneras, mas bien pare- 
ce el prepósito de un beaterio, que el ministro \1ctorioso de 
una república revolucionaria y reformadora. 

Su rostro delgíido, encajado en el medio óbalo de una pa- 
tilla negra^ entre cana y coria, está cubierto del color ama- 
rillo pálido de la cera vieja, y se contrae frecuentemente 
por un tic nervioso que produce una leve convulsión en su 
mejilla: su mirada apagada, como la de un ca<láver, detrás 
de sus anteojos de patillas de oro, su boca de labios delga- 
dos y unos, nada revelan al observador. Pero sin embargo, 
Iglesias tiene una gran inteligencia, ima enidicion admira- 
ble y una memoria increíble: tranquilo, sereno como un so- 
riteSj tiene sin embargo un gran corazón: su patriotismo no 
tiene tacha. 

Llegó la vez de que describa á Juárez. 

Esa figura Instórica es un mito para el que quiera hacer 
su semblanza. 

Pequeño de cuei'po, cabeza redonda, frente chica y de- 
primida, pómulos salientes, mandibiüas cuadradas, boca 
grande y deformada por una leve cicatriz que divide per- 
pendicularmente su labio superior, es el tipo perfecto del 
indio, el ejemplar mas completo de la raza zapoteca, extin- 
guida hoy casi completamente por la conquista. 

En cuanto á su retrato moral, es imposible haeerlo, por- 
que el actual presidente de la Bepública es la encamación 
de la esfinge. 

Tenaz y constante como no se ha visto todavía otro hom- 



492 

bre público en la historia del mundo, sinceró demócrata 
antes, pero que ha solido deleitarse en ejercer la dictadura 
sm retroceder hasta la tiranía, clemente algunas veces con 
los vencidos y otras inflecsible para llevarlos al cadalso, en- 
cerrado siempre en la fórmula de la legalidad, impenetrable 
en sus intenciones, sin que jamás so le escape una espansion 
ni una confidencia, hé aquí los razgos visibles de Juárez: 
se entiende, descrito como hombre público, pues al hombre 
íntimo ni lo conozco ni me toca juzgíirlo. 

Juárez jamás dice lo que quiere, ni adonde va, ni lo que 
medita hacen su secreto ha consistido en gastar á su lado 
á todas las notabilidades que han descollado en Méxicoi 
haciendo con habilidad que salieran de los ministerios que 
les confiaba Henos de desprestigio é incapaces de hacerle 
sombra en la candidatura presidencial. 

Porque ese hombre, que indudablemente salvó al i)aís, 
ese hombre, el primero en el mundo que ha salvadp la in- 
dependencia de su vsuelo triunfando con ella, ha cometido, 
sin embargo, el increible error de enamorarse del puesto, 
esponiéndose á perder allí lo que habia ganado cu c^^lebri- 
dad y en el amor de sus conciudadanos. 

Juárez debe comprender una cosa: que al edificio de su 
gloria le falta la cúpula. Si quiere concluir su can^era sien- 
do un grande hombre, solo le queda un camino; retirarse 
al hogar domóstico como AVaí>hiiigton y Johnson. Pero si 
insiste en continuar siendo lo que es lioy, se suicidará mo- 
ralmente. 

Solo un timbre nadie puede quitarle, haber mantenido 
flameando siempre en el viento la bandera de la república. 
Juárez es un hóroe, que ocupará en la historia un lugar 
entre Hidalgo y Washington. 

H6 aquí en pocas líneas los hombres de Paso del Norte. 

En esta ciudad duró el gobierno dmante tres meses, si- 
guiendo en su residencia las eventualidades de la espedicion: 




493 
cuando el ejército invasor retrocedió un poco, Juárez voJ- 
vió á Ohilmaliiia, teoiendo que tomar al Paso, adonde en- 
tró el dia 18 de Diciembre de 1865. 

El 22 del mismo mes se encargó de la carteiu de guer- 
ra, el general D. Ignacio M^Ía. 

Pero entre tanto el imperio hacia uua estación espantosa 
en su camino. 

El 21 de Setiembre do 1865, el Estado Mayor general 
del cuerpo espedicioiiario, enrió una nota al gabinete del 
emperador, participándole que el mariscal Bazaine había 
recibido un telegrama de Brincourt, en el cual se decía que 
Juárez habría dejado el tenitorio mexicano, atravesando la 
fix»ntera en el paso del Norte, y dirigiéndose á Santa Pé. 

Nótese el tiempo en que pongo el verbo, y que lo tomo 
tal como lo contiene la nota oficial. 

Y sin embargo, cuando la fuga de Juárez uo se determi- 
naba, cuando ¿c anunciaba con un futiu'o contingente em- 
bozado capciosamente, esto bastó para que el imperio se 
diera los plácemes mas cumplidos. 

En ef(H>to, si hubiera desaparecido el gobierno del suelo 
de la Itepóblica, la causa imperial bahria ganado lo que le 
faltaba en legalidad. 

El imperio y Francia veian en ello la sanción de todos 
sus actos, notoriamente irregulares y deformes mientras 
existiese el gobierno legítimo y constitucional de México. 

El imperio creyó entonces que podía permitirse todo, y 
espidió el tristemente célebre decreto de 3 de Octubre de 
1865. 

En los considerandos de ese decreto, se üibutaba un ho- 
men^e á la constancia y al valor de Juárez. 

X en la formulación del decreto so condenaba á muerte 
á todos los que juntamente con Juárez hablan defendido 
hasta entonces la autonomía de la naáon. 

Aquí tengo de nuevo qae rectificar á Eératry. 



494 

Maximiliano estaba preso en Querétaro y lo juzgaba un 
consejo de guerra. Entre los cargos que el fiscal hacia al 
archiduque, habia el mas terrible de todos, la espedicion de 
ese decreto de sangre. 

Para hacer su esculpacion, los defensores sostu\ieron que 
la ley draconiana de Octubre habia sido una exigente ins- 
piración del cuartel general francés, y que apesar de su 
promulgación, no se habia puesto en %igor, sino que habia 
servido tan solo para inspirar un saludable terror á los di- 
sidentes. 

Kératry, el defensor de Bazaine ante el tribunal de la 
conciencia pública, no podia dejar que se lanzara por todos 
los ámbitos del globo la inculpación sin contestarla. 

Y asienta, en su defensa, que Bazaine no tuvo participio 
alguno en aquella obra, que no la conoció sino cuíindo esta- 
ba ya redactada, y que el mariscal se limitó á pedir, cuan- 
do se le manifestó, que se le agregara la conminación conti*a 
los hacendados que se hicieran cómplices de los liberales, lo 
cual constituye iú artículo 10 de dicho decreto. 

Mas dice Kéi-atiy: que la minuta original del decreto es- 
tá escrita de puño y letra del mismo Maximiliano; que es- 
te la meditó algún tiempo, y después la sometió á la apro- 
bación de su consejo. Y estraña que los ministros que han 
estado presentes en la sesión adonde se discutió ese decre- 
to, y que escucharon por tanto la verdad de la boca del 
mismo emperador, no la hayan dicho muy alto en vindica- 
ción del desgraciado archiduque. 

Pues bien, el elegante escritor se ha equivocado. 

Ignoro si Bazaine tuvo ó no el triste mérito de haber 
concebido esa ley, aunque no sea mas que el desarrollo de 
los principios que proclamó la intervención, desde el decre- 
to de Forey erigiendo las cortes marciales, hasta las pro- 
clamas de Dupin, y las circulares reservadas que düigia el 
cuartel general a los comandantes superiores ft-anceses. 




495 

£1 tono cou que boy rechaza la. voz oficial de la inten'eu- 
cioD la complicidad que se le atribuye en la formactoa de 
esa monstiiiosidad, indica que cuando compulsa á sangre 
fría el li^o de abieldad que iba á desplegarse, conoce que 
ese decreto de 3 de Octubre era anti-político y contrapro- 
ducente, y que jamás debió darse. 

jPor qué no evitó, pues, esa promulgación, cuando es 
notorio que el sic voló de Bazaine era mas poderoso en la 
administración imperial que la misma vohintad del sobe- 
rano! 

Pero lo que destruye sobre todo para mí la argumenta- 
ción dül bistoriador francés, es la evidencia que tengo de 
que está engañado cuando cree que la minuta del decreto 
está esciita de letra del emjferador. 

Sin duda Eénttry uo ha visto ese precioso documento: 
'le diré, para que lectifique su aserto, que la letra de esa 
minuta no es de Maximiliano. Está escrita en un pliego 
grande de papel florete, doblado por su paite media: en el 
margen derecbo está el decreto priuiitivo, y en el izquierdo 
están esci-itas las modificaciones que se le hicieron: algunas 
adiciones ó reformas están escritas con lápiz rojo en unas 
hojas sueltas. 

El principal argumento de Kératiy, viene, pues, á tieira. 

Sea lo que fuere, el decreto ^ dióá luz, y en realidad de 
verdad, poquísimo impoita hoy conocer su origen primiti- 
vo. PiomuJgailo, repartido por todos los ámbitos del país 
como un so¡»lo de muerte, la responsabilidad es común á 
cuantos lo sancionaron con su signatura. 

Después de la firma de Maximiliano estaban la de Ba- 
rairez, ministro de Negocios Extiangeros; Luis Eobles Pe- 
zuela, ministro de Fomento; Esteva, ministro de Goberna- 
ción; Peza, ministro de la Guerra; Escudero, ministro de 
Justicia; Silíceo, mioistro de Instrucción Pública; y Fran- 
cisco de P. César, sab-secretano de Hadenda. 



Con la pablicacion de ese decreto TÍnieroD los iiiíames 
asesinatos cometidoa en Michoacan el 21 de Octubre, en 
las personas de loa generales Arteaga y Salazar, loe coro- 
neles Díaz Paracho y Víllagomez, y el presbítero Mina. 

Todo fué irregular en aquella terrible c^ecndon: se apli- 
có im decreto no conocido aún en aquellas localidades, no- 
lando el eterno principio de que las leyes no obligan antes 
de BU promulgacíoD. Esto és tanto mas estraíío cuanto 
qne esc decreto fué llamado, con una sangrienta i^on^ el 
decix:to de amnistía. 

Pocos días después de publicado el decreto tantas veces 
mencionado, Maximiliano caminó su gabinete. 

Esto es inesplieable. 

Complicar á aquellos lionibses en aquella declai-acion de 
gutíiTa contra el derecho de gentes, contra los principios de 
la inriolabjlidad de la vida humana, de la civilización y de 
la humanidad, abrir cutre ellos y la rcpííblica \m lago de 
odios, manchar la frente de cada uno de ellos con un estig- 
ma de sangre, y separarlos después de su lado, es un mis- 
terio que jamás se ha descifrado. 

Entraron, en lugar de Ramírez, I). Maitiii Castillo, y IX. 
Manuel Silíceo fué sustituido por Artigas.. 




Terminó el a£o de 1863 y pasó el primer tercio de 66 sin 
que mejorara en nada la situación del nnevo imperio. 

El nuevo ministerio era tan impotente como el anterior 
para dar vida á aquel cadáver, galvanizado por mi momen- 
to b^jo el soplo de Najtoleon. 

Escepcional era en efecto la condición en qae se habla 
puesto Maximiliano: si coutinaaban los fianceses en Héxioo 
apoyando el trono, no podía gobernar en el pleno goce de 
su soberanía: si se retiraba el cuerpo espedidonario, suoum- 
biria aplastado por la Insurrección del país. 

Porque dos males incurables figuraban en primer ténnino 
entre los muchos de que adúlesela aquel cuerpo político. 

El primero era la guerra interior, tenaz, implacable, re- 
prodadéndose b¡uo mil fonuas distintas: ya espresada por 
la opinión pública en los escritos de la prensa pequeña y 
en los periódicos cooservadores, que se habían hecho de 
oposición desde la partida de !Bf eglia, j por la resistencia 
que se notaba en todas las clases para ayudar al goblemo 
imperial: ya sostenida por las fíierzas liberales, que unas 
Teces ae oifflnlzaban en gruesas masas pora amagar las 
dudadea fronterizas, y otras ss dispersaban en gnerriUas 



498 

impalpables^ que solo se dejaban ver para dar tm golpe de 
mano audaz y temblé. 

El segundo era el gobierno americano. Desde la ocupa- 
ción de Bichmondy cambió el tono del gabinete del Norte 
al ocuparse de la cuestión mexicana. Pero cuando se com- 
pletó la padficacion y comenzó á organizarse aquella pode- 
rosa república, la Gasa Blanca, con ioda su insolencia de 
yankee y sin guardar las fórmulas que ecsige la etiqueta 
diplomática, mandó al gobierno de las Tullerias que sacara 
su ^ército de México. 

La primera nota americana lanzada con tal objeto al 
rostro del emperador de los franceses, tiene la fecha de 6 
de Diciembre de 1864. En los primeros meses de 1865 
ya habia Napoleón inclinado la cabeza ante aquella ame- 
naza y ofrecido abandonar á su aliado. 

¿Podia Maximiliano salvar su obra ante ese doble con- 
flictof 

Sápidamente lo examinaré en sus dos &ces. 

Kétatry, aunque sin método alguno, sin guardar ningún 
orden cronológico, y exhibiendo los documentos que se le 
acuitaron para su obra, sin cuidar de ordenarlos guardando 
siquiera la antelación de sus fechas, describe sin embargo 
con bastante predsión las desgracias interiores que llovían 
sobre la cabeza del infortunado soberano. 

Pero aunque enarra las sucesivas derrotas que sufrían 
IOS imperiales, olvida las que á su vez tuvieron los fran- 
ceses: es que no advierte que esa omisión no bastará para 
borrar los desastres del ejército espedicionario que la histo- 
ria tendria cuidado de anotar en la hoja de servicios del 
mariscal Bazaine. I 

Brevemente liquidaré el haber y el debe de esa gloría 
militar. 

Hasta 1865 la espedicion á México costaba á la Francia 
11.000 hombres y 135.000,000 de pesos- 




Es decir que el coQtingeate de sangre, que es el mas do- 
loroso paia im pueblo, venia á importar poco mas ó menos 
á razón de 3.000 hombres mnertos por año, ó 250 cadáve- 
res al mea, lo qus da una suma de 8 hombres diarios sepul- 
tados en el suelo mexicano. Si es cierto que la carne hu- 
mana es OD buen abono para la tierra, no ha; duda que 
napoleón nos hacia el servicio de enviar & nuestros labra- 
dores una cantidad respetable: cyarenta arrobas diarias de 
abono fi-anc^-s. 

Pero ese abono salía de mi pueblo de hermanos, porque 
el pueblo francés no es responsable de la ínikune agresión 
qne nos hacia el Iiombre d*l 2 de Diciembre, y este repor- 
tará un anatema eterno por haber prodigado en un suelo 
estraüo la sangre de la raza cuyos destinos regia. Y 
cuando México y Francia vuelvan á tenderse^la, mano & 
través del Océano, maldeciráD la memoria del hombre que 
armó á la una de estas naciones contra la otra. 

Hech» esta terrible balanza, seguiré contando lo que per- 
dió aún la Francia en el año siguiente de 1866 y los dos 
primeros tercios de 07. £sa pérdida no íiié tanto eu oro y 
sangre cuanto en honra. 

Los ñ-anceses sentían qne el suelo de México temblaba 
b^jo sus pies como si fuera á estallar ima mina ó á reventar 
un volcan: respiraban un viento de muerte, y \irian en una 
perpetua alarma. 

Cada día en efecto les era mas hostil la actitud de los 
mesicanoB. Los conservadores uo les perdonaban que hu- 
bieran traicionado sus esperanzas y que loa trataran con 
un desprecio tan altivo. Los liberales no transigian con 
la presencia del esü^ngero, aunque reconoderan que este 
mas bien habla venido á &vorecer su cansa que á dañarla, 
pnesto que la intervendon no era mas que el apoteosis de 
la B^bKoa tan c^umniada. Los imperiaUstas, es deck, 
ese grupo mixto que rodeaba & Hazúnlliano, también In- 



50Q 

chaban dia á día con los altos fiíncionarios franoeses, cuya 
tutela DO toleraban y cuya mala fé veían. 

De aquí es que cada día eran mas solemnes y palpables 
las manifestaciones de odio á los estrangeros. 

Eí 5. de Mayo de 1^ se celebró con mas pompa que en 
los anteriores el aniversario del triunfo de Zaragoza. 

La calle que lleva él nombre de esa fecha memorable^ 
estaba, al amanecer ese diai tapizada de flores y cubiertos 
los frentes de las casas, y los balcones y las paredes, de co- 
ronas de laurel, de colgaduras y de inscripciones alusivas. 

El sepulcro del general Ignado Zaragoza, héroe de esa 
jomada, estaba lleno de coronas, de luces y de ramilletes. 
Millares de ciudadanos é infinitas señoras vestidas de ne- 
gro, fueron en comitiva llevando cruzada al pecho una ban- 
da tricolor.» 

El cuartel general no se atrevió á tomar medida alguna 
en contra de aquella demostración del sentimiento públicoc 
se limitó á enviar algunos gendarmes al panteón de San 
Femando, para que fueran los mudos testigos de la ovación 
que hacian los mexicanos á la memoria del vencedor de los 
franceses. 

Por aquella época casi, venia la Peralta á la Bepública^ 
y hada su debut en el Gran Teatro Nacional. Desde aquel 
momento el ruiseñor mexicano fué un nuevo pretesto para 
que los mexicanos hiciesen patente su odio á la Francia. 
La célebre cantatriz era anti-intervencionista, y en sus 
canciones alusivas, en sus trages y en sus conversadones 
públicas, demostraba siempre cuanto sentía ver á su patria 
hollada por el estrangero: además, un periódico francél» ha- 
bla intentado deturpar el mérito de la artista que habia re- 
dbido tanto aplauso en los teatros de Italia. 

Todo esto era bastante para que el público mexicano hi- 
.ciera su predilecta á la prima dona, recibiéndola siempre 



501 

<x>n nn inmenso y nutrido palmoteo, y bañándola con un 
torrente de ramilletes y ooronas. 

Bazaine, cada vez que se efectuaban tales triunfos, tenia 
que salirse del teatro oon todo su estado mayor. 

Iguales escenas tuvieron Ingar en todas las ciudades del 
interior que iba recorriendo la Peralta. 

La voluntad naciomú c^taDaba, pues, por todas partes, 
agobiando de &tiga á los estrangeros que querían luchar 
contra ella. 

Sobre todo, es preciso üo olvidar que el trono mismo era 
el principal enemigo de la intervención fireuicesa. 

Maximiliano tenia una inteligenoia bastante privilegia- 
da para comprender que no se consolida un trono con mi 
ejército estraño, y un gran corasson para resolverse á soste- 
nerlo con los elementos propios, desechiuado los estraños, 
que deshonran y perjudican mas de lo que sirven. 

ÁJá es que, como lo indiqué ya desde su- elevación, trató 
de organissar un ejárcito indígena que fuera suyo, á fin de 
apresurar la retirada del ejército firancés, cuando sus fuer- 
zas propias bastaran para contener á los liberales. 

Pero la Francia .traslució el proyecto del emperador, y 
trató de enervarlo: entonces, cuando aun no recibia la inti- 
mación americana^ queria cortar e& México, por salvar los 
intereses tan multiplicados y graves que habia empeñado 
en aquello obra. 

Sui embargo, Kératry, en la mayor parte de su obra, se 
empefia en sostener que en el gabinete imperial fíié adon- 
de naufragó el proyecto de organizar el ejército mexicano, 
ta&to por las vaialadiones del jM>beiano, oomo por la impe- 
xicia de su gabinete. 

Pero en esto, oomo en muchas otras cosas, Kératry es 
inesacto en lo que afirma. 

Los documentos respectivos que exhibe, solo défhuestran 
qojd Bazaine, ó algún otro elemento firaocés, entraba en las 



502 

combinadoim que hada el núiiiBterio.iinperial wcbn osga- 
nizacion militar, solo paia nidificar sos resoltadoB^ ^jensieift- 
do una tutela constaiite aolffe los nombramientoB de loa 
gefes, el reparto del armameiito, el moviniieiito de lasfoer- 
zas, la fiíbricacioii de las monieioiies de guerra, j sobre to- 
doy revelando nn desprecio profondo sotoe la importancia 
militar que temisai las tropas imperialistas. 

Bazaine no atendía á que si no le hnbieran abiertoel 
camino con sus operaciones de vanguardia las fuerzas me- 
xicanas de Mqia y Márquez, la ocupaci<« del interior no 
hubiera sido tan rápida y feliz como fué. 

Además de la pretensión de hacerse necesarios al impe- 
rio, tenian los firanceses una i»x>funda desconfianza de los 
mexicanos, y por eso estorbaban que se armaran. 

Y es un hecho, cuyo dociunento justificativo mejor es el 
testimoDÍo de todo el país, de que la artillería y los alma- 
cenes militares pertenecientes á México estaban en poder 
de los franceses, y el mismo Kératiy cuenta que solo á la 
hora de retirarse mandó el general en gefe que se entrega- 
ran á los comandantes imperiales. 

Para armar un pueblo ó una villa de las que pretendian 
defenderse del continuo amago de las guerrillas, era preci- 
so pedir el permiso al mariscal, quien muy pocas veces lo 
concedía. 

Inútilmente pretende, pues, Kératry, sostener que el 
mariscal cuidaba y pretendía que se organizara el ejérdto 
imperial: los hechos desmienten esa aseveración. 

Por otra parte, mal podía el emperador levantar tropas 
cuando no las mantenía á causa de que el tesoro púbUco 
era continuamente vaciado por los interventores extran- 
gcros. 

En vano llegaban á la capital los financieros firanceses 
fiícturadoB en París, y consignados al gabinete imperi al 
Seis vinieron sucesivamente; Budín, Oorta, Bounefonds 



503 

Langlais, Maintenant y Friant^ y todos tavieron tm fin 
trá^oo: los mató el dim% la demenoia y el lidiciilo. Pero 
ni lograron disminuir el egreso de la suntuosa lista dvil que 
oonsumian los extaungeros parásitos del trono^ ni aumentar 
las entradas, oeroenadas además pw la asignadon de laa 
conyenoioues. 

Hé aquí por qué Maximiliano no pudo poner en pié su 
ejército^ tal como lo requería la situación, que tanto se com- 
plicaba. 

No habia un Estado de la Bepública que no estuviera 
inyadido. 

Tamaulipas estaba incendiado, hasta arrqjar de allí al 
odioso Dupin, en cuya contra-guerrilla estaba, como segun- 
do gefe de ella, el misma Kératiy. Mcgía se veia obligado ^ 
á permanecer encerrado en la plaea, constantemente ama- 
gado por las fiíerzas del general Escobedo^ Bodia^ Hinojo- 
sa, Garza, Oortína y Gánales. Desde los últimos meses del 
año anterior de 1865 guardaban aquella angustiosa situa- 
don las fuerzas imperiales, sobre todo después del sitio de 
la plaza y los ataques que sufrió durante los días 22, 24 y 
25 de Noviembre, en virtud de los cuales la {daza ftié ocu- 
pada, viéndose obligado Mejía á encerrarse en el Obispado 
y en la Oiudadéla, á causa de haber sido ccHnpletamente 
derrotada la columna francesa, qué al mando de La Hay- 
rie marchaba en auxilio de la dudad, la cual pudo salvarse 
solo por la llegada de Jeanningros con fuerzas superiores. 

Bu Sinaloa, él cuerpo espedidonario dejaba también sus 
timbres de invendUe. Gerona, Bubí, Martínez y otros mil, 
batían constantemente á las columnaB francesas, y estas se 
ydan reduddas á permanecer solo en Mí^^ tJ ^n 

El Estado de Yeracruz estaba todo ocupado por la insur- 
lecdon sostenida por los genen^es Al€¡|andro Gkoda y Ala- 
torr^ Oaxaca se levimtaba de nuevo á la voz de Porfirio 
Diaz: en Michoacan combatían sin descanso Bégules y Bi- 



604 

va Palacioc en d Sor no quedaba ja un aolo fiaooéfli y las 
fiíerzas de Alvarez, Jiménez^ AltamiíanOi Eigueroay Ley- 
va, se desbordaban hasta el Estado de Mésioo: los Estados 
del centro estaban llenos de gaerrillas, y en soma^ los fran- 
<)eses s(do eran dueños del terreno que pisaban^ y cuando 
los imperiales se quedaban solos eran hechos pedasos. 

Hé aquí la sltuadqa interior agravada por las diferencias 
tan graves que surgían entre los gabinetes de México y las 
Tullerias. 

Veamos lo que habla en el esterior, muy brevemmte, 
porque el tiempo se me acorta. 



Desde el 6 de DidembrCí como ya lo he dicho, habia sa- 
lido de la secretaria de Estado de Washington una nota 
dirigida al marqués de Montholon, ministro de Francia, en 
la cual se exponía cuál sería la política que en lo sucesivo 
guardarian los Estados-Unidos respecto al continente ame- 
ricano. 

Al mes anunció el ministro francés que se retirarian las 
ñierzasála mayor brevedad posible. 

Esto no bastó á la Oasa Blanca, y el dia 12 de Febrero 
volvió á insistir en su demanda, pidiendo que precisara la 
época en que tendría lugar la desocupación de México. 

Napoleón IH, el altivo, el imperioso, el que tenia en sus 
manos el equilibrio europeo, el papado y el trono de Méxi- 
co, lleno de terror sacrificó al archiduque. 

Yo no puedo seguir dia por dia cada uno de los episodios 
de la lucha emprendida entre la diplomada americana y la 
europea: ademas, Kératry dá los suficientes pormenores pa- 
ra que el lector conozca perfectamente ese lastíjDoso episo- 
dio de la intervención. Me limito, pues, á apuntar los me- 
ses para no perder el orden cronológico. 




005 

Apenas supo la corte de Méxioo qm Napoleón había ce- 
dido ante el mandato de Sewaid, creyó qne debía tomar 
rnaa medida Bafffema. 

Almonte habia putido primero con el carácter de envia- 
do eztracH'dliiario de ISéxlay en Faris; pero aquella tenta- 
tiva habta flscasado. 

El dia SI de Majo el ministerio francés dirigió una nota 
«n la cnal se quitaba toda esperanza á Maximiliano, rea- 
gcaTEmdo esta meticulosa defección, con la in&mia de acu- 
sarlo de que habla fidtado á sus oompromisoa con la Fran- 
cia. 

Todo es miserable en la política de Napoleón, sobre to- 
do en México: afortonadameate loe mismos escrítoreB fran- 
ceses han sido los ptimlen» en condenar á su gobierno, con- 
fesando que el emperador de México haÚa satisfecho todas 
las obligaciones qne le imponía el tratado de Miraman Eé- 
ratry & su vez acusa & Napoleón de semqjante deslealtad- 
Al recibir el soberano el dia 7 de Julio de 1866 la nota 
francesa de 31 de Mayo, pensó abdicar; pero á sn lado es- 
taba la emperatriz que le ^uhtÓ esa acción indigna. 

Oorlota recordó á bd Max, qne la corona imperial node- 
bia caer de su frente, sino cuando la arrancaran de allí las 
balas repabhcanas. Pero despojarse de ella con terror para 
esoonderia entre loe bagajes del ^éroito francés, y huir con 
este, era indigno de un vastago do Oários V. 

La alÚvA, la inteligente emperatriz tomó entonces una 
resolofñon suprema, y id dia siguiente, 8 de Julio, píutló 
para Europa. 

Todos saben los ei^sodtos de ese doloroso vi^j^ nadie - 
conoce sin embargo, lo qne pasó en el secreto de las entre- 
vistas de Oartota oon Napoleón y Pió IX 

El emperador de los franceses no pudo ser genen^o con 
aquellos jóvenes soberanos á quienes haUa comprometido 
en una empresa absurda para abandonadoB en los momeo- 



I 

606 

tos del peligro: no pudo ser digno conservando su propia 
honra y la de la nadon que regia: ante todo estaba samie- 
áo, y aterrado por los monitores de los yankees, se des- 
honró negando á Carlota onanto esta le pecBa. 

Entonces la etnperatri^^ llena el áhna de despecho y de 
ira contra aquel viejo cobarde que tenia la pretensión de 
ser el primer hombre del mtindo, partió para Boma. 

AHÍ la defección ftié mayor. 

¡Qué pasó en el Vaticanof 

Quien sabe: pero sm duda que el menos culpable fhé 
Pió IX en su negativa de ceder á los arreglos que propcmia 
á la Iglesia la corte imperial de México^ respecto á un con- 
cordato para zai^jar las dificultades creadas por la espedi- 
cion de las leyes de reforma. iQué entendía ni qué sabia 
ese anciano de los intereses de la raza latina, ni de las in- 
vasiones en América de la raza anglo-sajona, ni del peli- 
gro que habia en que el protestantismo se infiltrara en Mé- 
xico, cuando el clero romano continuara luchando contra 
los intereses materiales de la civilización y el progresof 

Maximiliano no habia devuelto nada de lo que se habia 
quitado al dero mexicano, no podia, pues, el Papa tratar 
con él. 

En aquella lucha terrible que debió estallar entre la cla- 
ra y luminosa inteligencia de Carlota, y la senil razón 
del gefe de la Iglesia, debe haber pasado algo muy grave 
que no debió convenir á la corte romana que sé supiera en 
el orbe. 

Importaba que el secreto de lo que allí pasara, quedara 
sepultado para siempre; la casualidad salvó á la camarilla 
del Vaticano, y la princesa Oarlota salió de allí loca. 



607 

A las once de la mañana del día 18 de Octubre de 1866, 
estaba Maximiliano en el álcáear de Ohapnltepec Escude- 
ro, el ministro, se hallaba á sn lado conferenciando sobre 
los últimos artículos del código civil. 

En este momento se recibió nn parte telegráfico del con- 
de Bombélles, depositado en Miraman el telegrama estaba 
en inglés, y en la dflu adoptada en el gabinete. 

Al leerlo Maximiliano dio un grito y comenzó á lloran 
era que acababa de leer que la emperatriz estaba ataca- 
da de una fiebre cerebral. Pero poco después supo la ter- 
rible verdad. Entonces se encerró en el alcázar y no qui* 
so hablar con nadie. 

Casi al mismo tiempo se sabia en México la misión Oa^ 
telnau, y cosa rara, se habia trasparentado hasta el objeto- 
de la venida del ayudante de campo de Napoleón. Lo que 
se ocultaba á la suspicacia de los diplomáticos, lo habla 
adivinado el pueblo con su instinto, y en las calles y en los 
cafés de México, se contaba que Oastelnau traia las ins- 
trucciones de hacer abdicar á Maximiliano, poner un go- 
bierno que reconociera la deuda firancesa, y retirar el ejér- 
cito firancés. 

Y todo era enteramente cierto. 

Napoleón sellaba la obra mas grande de su reinado con 
una infamia. 

Era preciso que la empresa que habia comenzado con la 
violación de los tratados de la Soledad, terminara con la 
violación de los tratados de Miramar. 

Y no solamente la Francia misma derrocaba el trono que 
habia erigido en consorcio ccm la traidon, sino que busca- 
ba nuevos traidores para organiaetf el gobierno que suce- 
diera al imperio, á fin de garantizar los intereses de la 
Francia. 

Como un resto de dignidad, decia Napoleón que no tra- 
tarla con Juárez: gasconadi» ridicula, porque Juárez era 



508 

qotei lio entraña jamáf eii ooQTenk» ooa el exHaiigero^ y 
menos ciuuido este efiM^taába mía yergmiiOBa letínda ha- 
bía de entrar en nna tiansaodon que no aceptó coando 
tiinn&ba la intervendon. 

Yo no 0(Hnprendo4|mo se ha podido creer qne Kapolecxi 
es un verdadero hombre de Estado^ porqne ni talento ha 
habido en la eonsamadon de sa ffltima fiítta. |G6mo creyó 
qne podía fimdar en México al sacar de áOf sns Ispqpas, un 
gobierno suficientemente vigoroso para hacer subsistir la 
nneva convención firanco-mexicana^ onando no pndo hacer 
durable un imperio con sus cuarenta y ocho mfl hombres, 
y todos los recursos de la masa conserradora del paisf 

Maximiliano, apesar de su clausura, sintió el rumor pú- 
blico, ala vez que su correspondencia europea le revelaba 
la mayor parte de la política napoleónica. 

Entonces resolvió partir á Orizaba, y el día 21 de Octu- 
bre en la madrugada, salió de México deteniéndose en 
Ayotla. 

Kératiy también revela bastante todos los incidentes de 
aquella espedícion. Tan solo oculta que en aquella vez se 
marcó sin disfraz alguno la tendencia agresiva é invasora 
de las autoridades francesas. 

Apenas salió de la capital, la Estafeta^ órgano del cuar- 
tel general, anunció que Bazaine quedaba encargado del 
poder supremo, como lugarteniente del reino. Esto le causó 
tm apercibimiento de la secretaria de gobernación, que no 
tuvieron el valor de sostener las autoridades imperiales. 

La alarma era general en México, y en los departamen- 
tos los ánimos se altaban en tal conflicto, que era imposi- 
ble utilizar aqudlos últimos momentos para dar un^ solu- 
don venüyosa al problema del presente, mas d secreto del 
porvenir. 

Seis días tardó Maximiliano en llegar á Orizaba, y ya 
allí se encerró en su alcoba, adonde permaneció enteramente 




509 
aislado, siu atender á los negocios pdblioos: la postración 
de su ánimo era proñmda, inmensa, pero dlscolpable: él 
Cristo sndaba sangre en el monte de los Olivca y pedía al 
Padre que Beparara de él el cáliz del dolor. 

Solo el padre Fischer, el gambusino, el luterano conver- 
tido en ferviente católico, estaba á an lado, pero poseído 
ent^'amente del alma del emperador, abriendo su corres- 
pondencia, contestándola por él, dictándole sus determina- 
ciones propias y reproduciendo, en fin, aquellas escenas de 
la posesión iliabólica de los hebreos. 

Em Maximiliano el hediizado: el alma noble y generosa 
pero débil eotregada toda entera á bu ángel malo, á aquel 
terrible magnetizador de alta ioteligenoia y vasto genio de 
intriga, aunqne profimdamente desmoralizado. Apenas se 
esplica esa íatal inñaencia. 

El padre Fischer estaba enteramente vendido al partido 
eonaervador y t^ab^iaba de cuenta de este, aunqne loa cle- 
ricales no tenían mucha fé en su hombre, cuya biograña 
conocían tan perfectamente. 

Por una meditada casualidad Márquez y Miíamou esta- 
ban ya en México. 

Todos los elementos de un carlismo se aglomeraban 
sobre la cabeza del soberano. 

Los tres principales perscmagos de la intervención, Ba- 
zaine, Dañó y Castelnau, mgi^i en sus comunicaciones al 
emperador que abdicase: el partido conservador por su parte 
lo retenia en el país. 

Y sin embargo, ñierza es confesar que el partido conser- 
vador no era leal en estas Indicaciones, porque no estimaba 
á Maximiliano. Loa generales reaccionarios que supieron 
morir á su lado, af lo estimaron altamente, sobre todo, des- 
pués de haber combatido á ea lado. Pero los hombres de 
plnma y sotana no podían aceptar oooo su gefe á un prín- 
cipe ilustrado, imgredstat áeapneeapaAo y que tenia 



510 

oomo buenas todas las refonnas del siglo, tanto que poso 
en vigor las leyes que le habla dcgado por herenda la Be- 
pública al retirarse hasta Paso del STorte. La forma mo- 
nárquica poco les importaba, y hubieran aceptado una re- 
pública que adoptase el catolicismo como religión del Esta- 
do, mas bien que un rey que se independiera de la Iglesia, 
ó intentara reformarla conforme & las ecsigendas de la 
civilización. 

Pero fiútando Maximiliano, les Mtaba la bandera y un 
centro de unión adonde concretar los elementos con que 
creian contar para resistir á la Bepública vencedora: el em- 
perador era para los conservadores un gobierno transitorio, 
mientras se erigia uno enteramente suyo. 

Esto esplica muchos de los últimos actos de los conser- 
vadores durante los postreros dias del imperio, y la marcha 
tan disímbola que adoptaron los imperialistas que comba- 
tían en Querétaro al lado del emperador y los que lo repre- 
sentaban en la capitaL 

Pero al lado de Maximiliano habia otra fracción impe- 
rialista que solo cuidaba que el emperador saliera de aquella 
posición con honra. 

En medio de todas las intrigas que debian formarse natu- 
ralmente con el choque de intereses tan contrarios, Maxi- 
miliano no se decidla aún á tomar una resolución defini- 
tiva. 

Kératry ha pintado perfectamente esa vacilación del áni- 
mo del emperadon solo ha ocultado las diferencias suscita- 
das entre los tres representantes de la Francia, y la inteli- 
gencia en que quisieron ponerse con los que llama jua- 
ristas. 

Porque los franceses llegaron hasta solicitar la defección 
de los hombres mas prominentes del partido hberal, ofre- 
ciéndoles el cebo de la presidencia de la Bepública en cam- 
bio de hacer ima nueva convención fitmcesa. Los inten-en- 



511 

tores no oonocian á los hombres ni á las cosas de México, 
y esta ñié la fílente principal de todos sns errores. 

La Francia oficial lo único que anhelaba era salir de la 
&lsa situación en que se habia colocado, y no escusaba pa- 
ra lograr su oljeto, ni teger las intrigas mas impuras, ni 
cometer las defecciones mas insanas. 

Ya no tenia esperanza en el imperio, cuya próxima muer- 
te sabia, y con el cual habia roto enteramente, hasta el 
punto de que ni Oastelnau, ni Bazaine, ni Dañó, eran reci- 
bidos por Maximiliano. 

El ministro de Francia en México habia intentado cele- 
brar con anterioridad un último tratado con aquel gobier- 
no moribundo, que definiera con toda claridad los derechos 
y las obligaciones entre las partes contratantes; pero tres 
veces se rompieron las negociaciones sin llegar á una solu- 
ción definitiva. 

Bazaine, acusado por sus colegas de ser muy parcial con 
Maximiliano, y enteramente ligado á los intereses del tro- 
no, Bazaine mismo se estrelló en sus solicitaciones cerca 
del emperador. Es que á la puerta de la alcoba imperial 
estaba el padre Fischer, como el guardián de aquel tesoro 
que solo á él era dado ver y tocar. Y nada ni nadie llega- 
ba hasta el desgraciado príncipe, agobiado de dolor y tem- 
blando con los sacudimientos de la fiebre paludiana, sin la 
inspección del apóstata luterano. 

El cancerbero con sotana fué por el contrario, muy blan- 
do con Márquez, y le permitió acercarse á su Señor, el que 
lo habia enviado al Asia para alejar aquella personalidad 
tan contraria al plan de fusión de los partidos que intentó 
plantear al principio de su reinado. 

La vacilación del emperador iba, pues, á terminar, por- 
que predominaban ya los elementos conservadores, quienes 
debian mfluir en la permanencia del trono. 

B%{o estos .auspicios, y en medio de la imsiedad horrible 



512 

de los partidarios del imperio, se abriooo las cmfiereiiciaB 
de Orizaba. 

MaximilíanOy doUente, ccm sa euerpo postrado por el u- 
dor de la fiebre, oon sa afana enagenada por el lecaerdo 
tiemísimo de Cariota^ pensando en Miramar, y profiínda- 
mente herido por la traidkm de la Fcaoda oficial, tenia que 
resolver ana cnestíon de vida 6 moertepaiasahonor y sal- 
var á la vez los intereses del partido que lo había llamada 

La resoludon qne tmoara reqaeria nn carácter de aoero 
para llevarla á cabo. Veamos como sapo saUr oon suhon- 
ra limpia^ aunque jugando la cabe2sa hsQO la ley republicana. 

Porque aquel nieto de Garlos V no sabia gobernar, pero 
sabría morir. 




La suma de disgustos que pesabaa sobre Maximiliano, y 
y el anhelo de ir á Miiiimar á llevar algún consuelo á la 
desgraciada loca, lo ioclinaroQ de una manera decidida á 
abdicar y partir de México. • 

Ademas de la carta á Bazaine que publica Eóratry, es- 
cribió otras muchas á las personas que estimaba, despidién- 
dose de ellas. El padre Fischer retuvo estas cartas y no 
las áejó partir á su destino. 

Los tres dignatarios franceses, Bazaine, Dañó y Castel- 
oau, hablan propuesto á Maximiliano, viendo que ñ-acasa- 
ban ñas intrigas en el campo liberal, que al abdicar entre- 
gase el poder á un gobierno provisional, á un triunvirato 
compuesto de Lacunza, Linares y Méndez. 

Entonces la alarma fué espanbsa entre los cooscirado- 
res, é ignorando que las autoridades francesas ni siquiera 
hablan contado oon la voluntad de \m candidatos para for* 
mar la teína, creyeron que los liberales imperialistas cons- 
piraban con los franceses á fin de que Maximüiano partie- 
ra, y que entonces permanecerían las tropas espedicionarias 
para apoyar aquel gobierno trandtorio. 

Asi lohideFon comprender al emperador, saponiendo 



514 
ademas, que la coDspiracion iba basta entregar la nación á 
los Estados-Unidos. . 

Pero apesar de todo, el soberano adJTaba los preparati- 
vos de su viage: entonces los conservadores qne lo rodea- 
ban, le indicaron que renignase el poder en ia persona que 
eligieran los altos cuerpos del Estado. 

Maximiliano quiso oir la opinión de Scarllet, ministro 
plenipotenciario de la Gran Bretaña, que cruzaba por Ori- 
zaba. El diplomático Inglés esturo de acuerdo con el pa- 
recer de los &ToritoB, aunque repugnaba la abdicación co- 
mo contraría á la dignidad del emperador. 

Este entonces tomó un partido. 

El dia 19 de Noviembre puso un telegrama & Lares, pre- 
sidente del Cohsejo de ministrM, previniéndole que el mi- 
nisterio y el Consto de Estado se trasladaran inmediata- 
mente cerca de él, para resolver puntos de vital impor- 
tancia. 

Al dia siguiente, Maximiliano hizo partir el resto de su 
equipí^e para Paso del Macho. 

Luego qne se conoció en México el telegrama impeiial, 
se reunió el Consejo en la casa nilm. 9 de la calle del Se- 
minario, para organizar la partida, la cual se efectuó el dia 
22, Uegando á Orizaba en la noche del 23 los consejeros 
que obsequiaron el llamado del emperador. 

Al dia siguiente se participó al emperador la llegada de 
los dos cuerpos de Estado, y f I dia 25 se abrieron las con- 
ferencias, en el salón de la misma casa de Bringas, adonde 
estaba alojado Maximiliano. 

La sesión se abrió á las diez de la mañana. 

El soberano presidia la reimion. Estaba en pié, vestido 
con sencillez, y sin llevar condecoración alguna. 

Después de saludar á. los presentes, con su voz sonora y 
ligeramente nasal, temblando de emoción, pronunció las si- 
goieattis palabras, que debe recoger la historia 




515 

'• Señores: 

" Yo no soy el que era: la Procidencia ha querido eipe- 
rimentanne coa crueles dolores, tanto físicos como mora- 
les; por otra parte, el emperador de bs franceses, de acuerdo 
COD la Bepáblica del Norte, ha dispuesto retirar su ejército 
■del país y sa apoyo á mi gobierno, apesar de los solemnes 
tratados que existen. Ed tan críticas circunstaDcias, yo no 
he querido tomar resolución alguna, sin que antes deliberen 
mis cons^eros, que son tan ilustrados y que me han sido 
tan fieles. De esto tengo im ducto testimonio al yer la 
Búhcitud con que vdes. han ocnnido á mi llamamiento: yo 
me felicito de ver á ydes. á mí lado, j les doy las gracias 
por las molestias qne se han tomado al satis&cer mis indi- 
caciones. Bien habria querido Ir á México para tratar con 
vdes. de los puntos qne han motivado mi resolncion; mas 
por una parte mis enfeimedades me impiden hacer un ria- 
je por el momento, y por otra, deseo que la deUberacipn de 
vdes. sea enteramente indepencSente del iafii\¡o fi-ancés. " 

Yo he escusado hasta ahora insertar en mi pequeña obra, 
docomento alguno que rompiera la unidad del relato y la 
uniformidad del estilo. 

Pero esas cortas frases del emperador enteramente au- 
ténticas, aunque inéditas, retratan con tristes líneas el es- 
tado moral de Maximiliano. 

¿Era aquello el estilo de un emperador? 

'Aquel soberano, discolpándose de no haber ido á Méxi- 
co á hablar con sus confiteros, y de haber tenido que lla- 
marlos por el estado de su salud y por no encontrLirse con 
los franceses: aquel rey postrado y cortés como un palacie- 
go, distaba mucho del soñador de Caserta, del ambicioso 
joven, blandiendo la espada de ^n abuelo Carlos V, y del 
héroe, muriendo coa tanto valor en el cerro de las Cam- 



Foo Mguicé mi nanadim 



Mft 

X>eflpoes de sa pequeño diactiiio salaSólíasiiDiSaaü pa- 
fionalmeote & cada mío de los coos^ezos, y al hablar de la 
sitaacícaí de la emperatriz ans ojos le Henaroa de Ugrimas. 

£1 empetador le letiró £ b« babttadODR» ioterion^ j el 
CoDflfg'o qaedó inatalada 

JBo la tarde de ese día csotíiiiió ]a uwn, 

£a eDa, desvaes de DomlHane laa eantíHOnea leapectí- 
vaa, ae connmieó i loe eoDMgero* ana carta del empeíadoc 
dirigida al pnaideiite del Consgo de ministroa. 

De^iraciadamcnte DO tengo ei^aoo adonde ioBotar do- 
cnmeittos taa predows para la hiitoda de México^ j me 
conformo con osa ua ectracto de enos^ procimado na oni' 
tlr oada importante j lespoa^exiáa de sn antoitíddad. 

Marimíliano decia en esa carta á Larefi, qoe la gravedad 
fie )a sítaacion lo oUígaba á llamar á ew amscs'enw natos^ 
á fin de encontrar con sos Incea mía solncion á la crisis pre- 
sente. Qoe cnmpliendo coo nn penoso deber, creía el em- 
perador, qoe debía dcvirfver á la nación mexicana el pod^ 
qne de ella recibió, y qoe esa deternúbadon la cansaban la 
prolongación de la gnerra civil, la actrtod de los Estados- 
Unidos, y el becbo de qoe bus altados no solo no podían con- 
tinuar [Restando sns auxilios al imperio, sino qne loe repre- 
sentantes de la Francia le habían hecho saber qne napo- 
león negociaba coa los Estados-Untdos, asegnrar nna me- 
diación fianco-amerioana para consolidar la pa^ para la eoal 
se consideraba como Indispensable qne el gobierno qne se- 
estaUeciera eo México taviera la forma republicana. 

Para la reatizadon de ese proyecto, contínuaba Maximi- 
liano, y considerando qne la Providencia se había Eerrido 
quebrantar su felicidad doméstica, agovjando su vigor y sus 
rtu-rzas, no \-adlaba en hacer cnalquier sacrificio, á cuyo fin 
consultaba á los presentes. 

{Pobre reyt Esa alma tan noble pero tan débiV &o era 



617 

Ja mas apropósito para regir los destinos de nn pueblo tem- 
pestuoso como México. 

¡Y la Frauda, mas bien dicho sus representantes, tenian 
.el valor de hacer semcijante oonfesicm al emperador que ella 
habia elevado! 

Aquella tristísimcartapasóálaoomisiondegobemacion. 

Entonces manifestó el presidente del Consto de minis- 
tros, que la nota de los representantes de la Francia no te- 
nia el carácter oficial; y que los mismos le hab\an manifes 
tado que deseaban devolver al gobierno imperial los elemen 
tos mexicanos de guerra^ á fin de que pudiera sostenerse 
después de la retirada del gérdto francés. 

E interpelado el presidente del Oonscijo por el de la co- 
misión, d\jo que el soberano no habia tomado resolución al- 
guna irrevocable sobre abdicar ó no. 

El dia siguiente, 25 de No\1embre, volvieron á reunirse 
los consejeros, y la comisión dio cuenta con su dictamen. 
Esta pieza es notable por su laconismo y su vaciedad. Des- 

* 

pues de la fórmula introductiva, la comisión consultaba, que 
el remedio que proponía Maximiliano traeria consecuencias 
funestas: que la Kacion no le retiraba el poder que le habia 
confiado: que las causales que esponia el soberano no pare- 
cian suficientes á la comisión, la cual, por razón de decoro, 
no consideraba la que se reladoni^ á la actitud hostil de 
los Estados-Unidos, porque Méeioojamás omsentiria en que 
otras que no Jneran sus hijos^ estáUecieran y determinaran 
la forma de su gobierno. Deda ademas el dictamen, que 
se contaba con recursos sufidentes para defenderse, y que 
en tal virtud proponía que se suplicara al emperador que 
no abdicara por ahora. 

He subrayado una frase de ese dictamen, para que el 
Jector admire como yo, esa tranquilidad con que decían que 
repugnaban una intervención extrangera los que estaban 
.allí por la voluntad de la Francia. 



513 

Conriaáo mi labor. 

AI momeato ae tomó en coaádaaáaa aqp^ fictíóiEen, 
que era ímpíraelan del ndorfstmo caoaerva&ir. 

La opfHlcfcm Wxnl que Iiabla ea aquel emopo cide^aA» 
lo atacó Ttramente. Uao de los oaaa^TOB ptq¿iiu t & fi k» 
aátiíMttos 600 quínennos fiTnhJTfaii {rara tador cm d niF- 
meroso ctfénüR» RpoMcana 13 ptñiete fonteittf enU!»- 

f»i|t¡iMp«iJhrffay«i»w^d<ti|fih>*wiiiín<iTif^4pf<jtHM3mTia- 

les, con kH cuales w poAm loatEBer trónta raíl hontna, 
de los cnalM ba&ia ya Aez y odio nB latae las annas la 
comfñea agr^ ademas, qne no habla tadto pmentes es- 
tao cites jnra ftmdane, riño qneaolo baaeatn nn me^Bo 
para qde el cambio qne debía efeekiiane no tnrioa lagtr 
de una manera tan brnsca. 

i Siempre el egoísmo resattando en la obra oooservik- 
doral 

EflOR hombres aeona^ban la lacha j la contínnadm de 
la sangre, coando no tenían íé en el éxito. 

XataiahneDte qne tan paladfaia confesión debió ser mal 
recibida. Los consuetos qne con lealtad amaban al prín- 
cipe, reprocharon á la comilón qne intentara detener al 
Hoberano para qne Hirriera de salvagoardia de las personas 
comprometidas: y aconsejaban qne se le hablase con fran- 
queza, esponiéndole qne no haUa elementos snficientes pa- 
ra combatir, j sobre todo qne el emperador no consultaba 
sobre bI debía abdicar ó no, sino sobre el gobierno qne de- 
bía sustituirlo, recordando siempre que los franceses no re- 
tnnlarian por nada su partida, ni suministnoian sus recur- 
sos (Ic gnerra al Imperio. 

El ministerio y la comisión contestaron venalidades: que 
los franceses no se retirarian pronto, ni se üevariau los ele- 
mentos de gnerra; que con ellos el gobierno se liada respe- 
lar de sus enemigos, y qne era indispensable que Maximi- 
liano permaneciese en el puesto, por algún tiempo siquiera. 



519 

para que México fuera coiisiderado oomo parte en los trar 
tadofi que se anunciaban. 

Gomo alguno habla hecho presente que no convenia al 
decoro del emperador que b^o su nombre se cometieran las- 
esacciones que han tenido lugar en las guerras intesünas- 
del país, el ministerio protestó que aquello no acaecería, 
atendiendo ál oonoeido carácter de Maximiliano. 

La historia de las crueldades cometidas en Qnerétaro y 
en México sitiadoSi desmienten la confianza que los minis- 
tros tenían en su Sefior. 

En suma, la discusión entre los miembros de los conse- 
jos, se hizo violenta y poco persuasiva, sin que se llegara á 
un resultado satisfactorio. 

Pero aquello me parece muy natura], y comprendo ad- 
mirablemente que la cuestión propuesta no era íácil de re 
solverse. 

Yo juzgo á esos hombres sin espíritu de partido, y adivi- 
no la situación en que se hallaban colocados: por eso los 
disculpo. 

Los imperialistas ante la ley son traidores; pero ante la 
histoiia pueden demostrar con pruebas irrecusables, que 
jamás se ligaron al ejército intervencionista. Los conser- 
vadores vieron en los fianceses á los verdaderos restaura- 
dores de la reforma que tanto hablan atacado. Los libera- 
les, desde que ingresaron á los consejos de Maximiliano, 
hablan llevado una política anti-francesa, pugnando abier- 
tamente con los representantes de la Francia. 

Así es que al tener en sus manos la solución de aquel 
terrible problema, fiíerou perfectamente lógicos en sus opi- 
niones y en su voto. 

Si los reaccionarios por el egoísmo de no querer quedar- 
se sin bandera, detenían al emperador; si los liberales pre- 
tendían lo mismo por no quedar sin apoyo, puesto que ya 



520 

no cabian con la Bepública ni con el dero, esas scm las de- 
bilidades inevitables del corazón humana 

Pero yo que afortunadamente no pertenezpo á nno ni á 
otro bando, y que solo he crddo y creo en la legitimidad 
de la Bepública^ yo disculpo el voto que emitiermí ambas 
¿acciones, porque dada aquella crías, no habia mas que 
^exigir la pennaoencia de Maximiliano en^ MéxkxK las razo- 
nes son muy obvias. 

La abdicación de Maximiliano no cortaba la guerra civil, 
porque vivo el príndpe, podia pensar de nuevo alguna vez 
•en recobrar el trono perdido, y su nombre seria siempre 
ima bandera para los partidarioS| lo cual comprometería 
constantemente la paz de la nación. 

Pero sobre todo^ habia una razón suprema y que se des- 
tacaba pulverizando todas las que se le opusieran en contra: 
era Li razón de la honra. Maximiliano, huyendo entre los 
equipajes del ejército firancés, quedaba deshonrado para 
siempre: porque ya empeñado en esa insensata aventura, 
no le quedaba mas que una de tres salidas: ó morir comba- 
tiendo, ó tiiuníar, ó el cerro de las Campanas. 

Llegó al fin la hora de Li votación. 

El artículo único del dictamen que iba á votarse, estaba 
redactado en estos términos: 

— ^^o son bastantes las causas que se esponen para ab- 
dicar el poder, y en consecuencia, se suplica á S. M., se 
sirva prescindir por ahora del pensamiento que contiene su 
carta, sobit) renuncia del mando." 

Diez y nueve dignatarios estaban presentes: de ellos, 
diez votaron á &vor del dictamen, y nueve en contra. 

Hay que advertir, que los nueve oposicionistas pertene- 
cian á la fracción progresista; algunos de ellos opinaban por 
la abdicación, pero se reservaban este juicio temiendo que 
se les creyera complicados en la intriga francesa, puesto que 
sus nombres figuraban en la combinación hecha por los re- 




521 
presentaotes de la Francia, aunque no se habla contado 
para ello con bu aquiesoenda. 
Pero los nueve eqdiotfon an voto finmulándolo de esta 



" bono* votado en o(»itra del dictamen delaco- 

-** midon porque la redacdon de que en él se usa, no 

"espresa neta y franoamentenaesbo parecer, elomd sere- 
" duce á lo úguiente: — Suplicamos á 8. AL que no abdique, 
'" 7 que reviatiéudose de eneigfa, luche sin descanso en be- 
" neflcio de nuestra paljia, para lo cual enenta con nuestra 
" débil pero muy leal ooc^teracioi^ mai sí sus graves pesa- 
" res ú otnu causas que ignoramos, lo impulsaran á tomar 
" tan funesta resolución, no lo haga sin haber asegorado 
^* antes la independenda de México, la integridad del ter- 
" ritorío nadon^ y loe intereses mexicanos creados por el 
■" imperio." 

A este voto lo acompañaba uua carta suphcativa, la que 
también voy Á estractar, porque levanta el velo que cubrió 
aquella escena sombrfa, dtgando espuestas á la luz de la 
historia la división que reinaba entre los altos ftiucionaños 
del imperio, y las jtondades que se pronundaban en aque- 
lla lucha de afectos y de intereses. 

Los signatarios de dicho documento esponian á Maximi- 
liano que desde la primera sesfon en que se manifestó á los 
oons^os su carta, el {residente del de mbiistiw con su in- 
forme echó por tierra las causales que esponia el empera- 
dor para abdicar; pero los in&ascritos habían dado crédito 
solo á este. 

Y creían, como el soberano, que era impodble consolidar 
el trono, y que la lucha que se emprendiera seria contraria 
& los sentimientos humanitarios de la Magestad. En su- 
ma, disentían de la oomidon que con tan poca lealtad exi- 
gía de él que no abdicua por aban, basta que se fueran 
los franceses y se recobraran los elementos de guerra me- 



522 

jdcanos de que se hablan apoderado, stméndoee ad del 
imperio, como de un medio para satls&cer sns renoorea de 
partido: y pw tanto, habian emitido aii voto haio la ai- 
guíente fórmula: 
^^Subsistenda del imperio en sentido absotnto." 
^^Etesignaolon del poder si á este precio cieia Maximilia- 
no que podía afiansar la paa, la intependenda y los intere- 
ses mexlcanoB, creados con la ereodon del trono." 

Oomo se vé, aunque por distintos medios, todos iban á 
una conclusión idéntica^ la permanencia en México de 
Maximiliano* 



Al terminar la sesión del día 25, entraban á Orizaba los 
equipajes de Maximiliano que este había hecho que vol- 
vieran, cuando iban ya en camino para Yeracruz. 

iQué significaba aquellof Guando se dio la contraorden 
paa*a hacer retroceder el convoy, d emperador no podia co- 
nocer el resultado de la sesión, puesto que ni aun se tomaba 
resolución alguna. Y sin embargo, aquella medida revela- 
ba que tenia ya uua determinación tomada, y que esa era 
quedarse. 

Algunos, y entre ellos Eératry, atribuyen ese cambio en 
las intenciones del príncipe, á una carta de 17 de Setiembre 
de Eloin, y que existe inserta en la obra del escritor bretón: 
otros hablan de una carta de la archiduquesa Soña, madre 
de Maximiliano, en la cual le suplicaba no abdicase. 

Siempre las mismas vacilaciones, los mismos actos llenos 
de duda, de indecisión y de sombras. 

Porque aun después de conocer la oposición de sus mi- 
nistros y de sus consejeros, todavía dirigió una nueva car- 
ta á Lares, previniéndole que consultasen los consejos so- 
bre la solución práctica de las medidas que indicaba, antes 
de resolverse de conformidad con lo resuelto. 




Es dedr, que toda^'fa ae prononcñaba su carácter vaci- 
laat«. 

Quería que el ooqb^o de Esquióle propusieae tioa tey de 
convocatoria para reunir un congreso nacional, una ley 
hacendaría, otra de redutamlentó para el ejército, otra de 
oolontzadon, y qne le Indicase ade&áB las mecRdaa prácti 
caB mas oonveiiientes para terminar un arreglo oon la Fran- 
cia y asegunuBe la buena voluntad de loe Estadoa-ITnidos. 

Los ministros y los consejeros volvían á reunirse con tal 
motivo; pero ¿Ba jnnta también fbé inútil. La oomlsion dic- 
taminó que no era poeíble formular en un tiempo tan pe- 
rentorio, leyes tan importantes; pero que á su tiempo se 
tomarían en oonsideTacion. 

EntMioes habia veinte dignatarios en la junta: volvió la 
división entre ellos, y diez votaron en pro del dictamen y 
diez en contra: decidió el presidente con su voto de calidad, 
á iUvor de la comisión. 

Los que hablan opinado por la negativa tomaron á diri- 
girse & Maximiliano, manifestándole que en su juicio la 
comisión debió encargarse de proponer, aunque ihera eu 
tesis general, las medidas prácticas del programa del gobier- 
no, 6 indicar á este al menos el parecer de los constgeros 
sobre la posibilidad, oportunidad y eficacia de las medidas 
indicadas. 

Pero todo fué inútil: el Imperio perdía miserablemente 
las pocas horas que le quedaban de existencia. 

Tomó á reunirse el consejo otra vez, y á esta sesión con 
cnrríó Maximiliano para darles las gracias por sus trabi^os. 

El dia 2 de Diciembre ^^olvieron todos á México. 



Las confisTeücias de OrizaVa hablan conduido: qué habla 

resultado de ellasT 



524 

La Estafeta de aquellos dias lo dyo con aquel brillante 
•estilo que sabia emplear Barres aon para sostener las peo- 
rescaosas. Al saberse la detenninacion tomada p(»r Hazi- 
miliano de continuar en el poder, el periódico firanoési árga- 
no de la política francesa^ publicó un magnifico artículo 
•dirigido á Maxlmiliam^ en el cual se le enseñaba el abismo 
adonde iba á prodpitarsed — ^'SirCí deda BarieSy no arras- 
tréis vuestaro manto imperial en el fimgo y en la sangre." 

Y esto era una terrible profecía: el joven austriaco, tan 
.^generoso y humanitario, trocó su cetro por 1^ espada del 
aventurero, y se pusof á la cabeza de una £M»ion asumiendo 
la responsabilidad de cuantos delitos esta cometiera. 

Maximiliano tomó á México mas tarde. 

Allí, apesar de su aislamiento, pudo sorprender algo de 
la verdadera situación, sin el ropsye con que se la disfraza- 
ban los que lo rodeaban. 

Lo primero que pudo apreciar íué el desconcierto de los 
suyos. 

Los desastres militares hablan i'educido á un número 
muy corto las ciudades que le pertenecían, porque confor- 
me fueron concentrándose las fuerzas francesas, los libera- 
les ocuparon los lugares abandonados imas veces por los 
imperialistas y otras conquistados por la frierza de las 
armas. 

Después de la derrota de Mejía, quien hacia tiempo que 
habia llegado á la capital solo, las tropas imperiales perdie- 
ron la fé y la moral: solo Méndez sostenía en Michoacan la 
campaña con un poco de éxito. 

Las fuerzas del gobierno constitucional, por el contrario, 
cada dia aumentaban en número y en disciplina. Tenían 
la mejor de las escuelas, la de la guerra: á los franceses les 
tocó también sufrir la triste esperiencia de ello. 

En Sinaloa habia hecho Gerona una campaña tan larga 
^como brillante, batiendo siempre & Lozada, y sin que pu- 



525 

dieían vencerlo jamás los firanoeses, hostilizándolos dia á dia^ 
con éxito, y obligándolos al fin á encerrarse á Mazatlan. 

Lozada al fin se remontó á sus montañas de Alica^ y 
cuando pasaban los sucesos que acabo de enarrar ya se ha- 
bla declarado neutral. 

A la hora de la evacuación del puerto, los fi^nceses no 
pudieron efectuarla sino con el permiso del general Oorona. 
Kératry olvidó enarrar este hecho en la hoja de servicios 
del mariscal Bazaine, y en esa bella pá^^a militar de la 
retirada, como dice el correcto escritor, adonde no se lee 
un solo desastre. 

La insurrección era, pues, terrible, y los enemigos auna- 
dos del imperio pululaban por todas partes ahogando con 
su número á los imperiales. 

Esto y la poca fé que se tenia en el porvenir, hacia que 
la defección aclarara de tal suerte las filas de los imperiales 
de pluma y bufete, que muy pronto se notó que el paitido 
monarquista quedaba reducido á un décimo de su personal. 

Todos los comprometidos que tuvieron posibilidad de es- 
capar, se apresuraron á abandonar á su soberano, y mar- 
charon con las primeras colunmas fiancesas que se dirigie- 
ron á Veracruz. 

Lo mismo los que hablan firmado el decreto de 3 de 
Octubre que los que hablan cometido el pecado venial de 
poner un escudo de nobleza en la portezuela de su carrua- 
je ó que asistieron á un baile de palacio; todos los que se 
sentían con la conciencia muy manchada para presentarse 
á la república ó los muy pacatos, hicieron sus preparativos 
paiu irse á Europa. 

Estas deserciones que Maximiliano permitió souriéndose 
de compasión, lo hicieron meditar de nuevo. Esto y la 
carta de Eloin que le inspiró casi todo su programa de go- 
bierno para cuando se retirara la espedicion, lo hicieron 
volver á su idea fija de convocar un Congreso nacional. 



526 

El dia 10 de Enero de 1867 hizo llamar á Bazaine á la 
hacienda de la Teja, adonde estaba alojado el emperador. 

Kératry dá el estracto de lo que se habló en esa confe- 
rencia: de ella resaltó que el dia 14 se efectuase una junta 
en el palacio de México. A ella debieron concurrir Maxi- 
miliano y Bazaine: el primero &ltó por influenciaA de los 
conservadores, que temieron Tadlara el soberano y abdica- 
se, según tí ccmscijo de Baeaine. Este leyó un informe que 
ya conocen mis lectores, lo mismo que la acta de toda la 
sesión y la votación de los treinta y ocho person^es pre- 
sentes. 

Allí tuvo el sentimiento el mariscal de oir que le diryian 
las siguientes palabras, que en una situación anál(^ se 
hablan lanzado á otro genersü francés que intervenía con 
sus tropas en Italia: — ^^ Poco habéis hecho por la religión^ 
muy poco por la monarquía, y absolutamente nada por 
vuestra honra. ¡Idos! " 

— ^Esto no hace al caso, se limitó á contestar Bazaine, 
y continuó hablando de otras materias. 

La mayoría votó por la permanencia del imperio con diez 
y siete votos, siete votaron por la abdicación y nueve se abs- 
tuvieron de emitir su juicio. 

En un pueblo de siete millones de habitantes jqué impor- 
toba el parecer de diez y siete person^ges, por mas elevada 
que fuera su categoría sodalf Era esto el plebiscito que 
buscaba Maximiliano? 4Podia este escrutinio, sin mayoría 
absoluta, tranquilizar la conciencia política del emperador, 
que desconfiaba ya de la legitimidad de sus títulos? 

Esta inconsecuencia era lógica en un príncipe que imbuido 
en la religión del derecho divino andaba buscando para ins- 
tituirlo el sufragio del pueblo que mandaba. Esa abjuración 
de los principios dinásticos lo llevó á la sala de proíundis del 
convento de Capuchinas de Querétaro. 

Por fin el dia 5 de Febrero de 1867 salió Bazaine deMé 



527 

Tico con sos tropas, acampando en los alrededores; al día 
siguiente emprendieron todos su marcha para Puebla. 

Allí iban en el convoy infinitos emigrados mexicanos y 
franceses, empleados, ex^ministros, generales, propietarios, 
todos, en fin, los que temblaban ante la república vencedora. 

Maximiliaík) se quedaba solo á luchar. Algunos ]K)cos 
lo acompañaban á la hora de su mala fortuna, así como ha- 
bían participado de su prosp^dad. En esto habia parte de 
lealtad y parte de impotencia de espatriarse por £i.lta de re- 
cursos. 

La retirada de la última, columna se hizo muy lenta- 
mente. 

El dia 10 y 11 permaneció el mariscal en Puebla. 

El 14 supo la derrota de San Jacinto, y mandó á Castagny 
escribiera á Dañó, indicándole que insistiera en la abdicación 
de Maximiliano. 

El dia 18 llegó á Orizaba, y permaneció allí hasta termi- 
nar el mes de Febrero. 

El 2 de Marzo continuó en marcha para Veracruz, embar- 
cándose por fin el dia 8 de este mes. 

No olvide el lector que la legión extrangera y los belgas 
hablan partido con los primeros cuerpos del ejército fran- 
cés. 

La bandera francesa se alejaba definitivamente de Mé- 
xico. El €jjército intervencionista de Napoleón III se reti- 
raba precipitadamente por no empeñarse en un conflicto 
americano. 

(Qué habia obtenido? — Que se pagara el crédito del suizo 
Jecker. 

(Qué dejaba en México? — ^El recuerdo de la rutura de los 
tratados de la Soledad; la fecha del 5 de Mayo; el suelo re- 
gado de cadáveres, y la memoria de su violación del trata- 
do de Miramar. 

El trono que debia de servir de arca de salvación á la ra* 



528 
za latínoy iba á oonvertirse muy pronto en nn cadalsOí oomo 
jpoT una magia teatnú, pero terrible en su realidad. 

Maximiliano se sintió entonees soberano: ya no tenia en- 
cima ese Mefistófeles que se deda su aliado^ y creyéndose 
ya emperador de veras, se lanzó á la lucha con un puñado 
de hombres. 

Era la última flusion del rey caballera era su último sue- 
ño de gloria, del cual deUa despertado él tañido de la cam- 
pana de Capuchinas, tocando la rogativa de agonías, cuan- 
do marchara á ser fusilado. 

Entretanto, la pobre loca de Miramar buscaba en ]as tran- 
quilas aguas que rodeaban el castillo la imagen de su Max, 
cuyo nombre jamlto pronunciaba, pero á quien veia acaso 
entre la nube sombría que oñiscaba su razón. 

El ejército francés regresó á Francia sin recibir una ova- 
ción ni una corona á su llegada. Fué la única espresion del 
rubor oficial, que no quiso se volviera á mencionar siquiera 
la empresa de México. 

Habla concluido llena de mengua la obra mas grande del 
reinado de Napoleón III. 



TKKCEKA PAirPE. 



LA REPÚBLICA. 



1. 



El (lia 1 3 de Febrero de 18G7 siiUó Maximiliano de la 
capital de su imperio para la eiudad de Qucrétaro. 

£1 número trece era de mal agüero para el archiduque: 
esa ciña venia presidiendo con sus lineas de fuego su fittal 
destino y fechando los dias tristemente memombles de su 
dolorosa historia. 

A su lado, y con un alto carácter, iba Máiquez. Ambos 
llevaban las mejores tropas ([ue se ¡)udieron organizar. 
I Pero faltaba el dhiero, el nervio de la guerra como han 

dicho muchos, el alma del nmndo, como digo yo. 

¿Qué se hablan hecho los once millones que ofició el mi- 
nisterio en las sesiones de Oilzaba y México? 

{Adonde estaban los vemte y cinco millones que habia 
ofrecido el padre Fischer á nombre del partido clerícálT 
I Todo aquel espejismo qu* habia logrado producir el par- 



es 






530 

tido conservador con la bruma de sú pafiion, se habla des- 
vanecido á loa ojos del archiduque cuando vio la realidad. 

De aquellos tesoros que el confesor del rey ofreció á este, 
mintiéndole que poseia el sésamo árabe para penetrar á las 
cajas ocultas del clero, solo quedó tln préstamo ó conüibu- 
cion forzosa, que impuso el ministro de hacienda imperial, . 
siguiendo el' sistema ñnanciero tan conocido de los gobier- 
nos en conflicto, del imo y el dos por ciento, ad líMtiimj 
impuesto á los capitales. Oomo se vé, la idea no era nue- 
va en el país, y tan sencilla, que recordaba la fábula del 
huevo de Colon. Así hablan administrado ya los ministros 
de la reacción, é Higinio Núñe^. 

Bu cuanto á las ti'opas, no han de haber inspií^ado gran- 
de entusiasmo á Maximiliano aquellas bandas de partida- 
rios, vestidas de harapos de todos colores, y mandadas por 
cuadros de oficiala ; cuyos empleos habia hecho reti'ogradar 
el mismo imperio en la calificación, y de los cuales muchos 
de ellos se liabian envejecido sufriendo derrotas de los libe- 
rales. 

El elemento extrangero era tan corto y tan mal organi- 
zado, que mas bien sir\ió durante aquella campaña, tan rá- 
pida como desastrosa, como un elemento de división y dis- 
cordia entre las tropas imperiales. 

Los caza<Jor€.s, de que con tanto laudo habla Kératrj-, 
jsabe el lector, lo que eran los cazadores? 

Si me fuera posible pubUcar el reglamento que sinió pa- 
ra su organización, se admirarian los hombres ilustrados y de 
conciencia al ver cómo entendían el respeto á la propiedad 
y al individuo los gefes franceses. 

Encargados estos de organizar los cazadores^ sobre el cua- 
dro fitmeés hicieron ingi*esar soldados indígenas: estO£i tenían 
que darlos los hacendados, proporcionalmente al tamaño de 
su finca, y respondían de su honradez, y de su fidelidad á su 
bandera. Si desertaban, el propietario que habia ministra- 



631 

do el reemplazo tenia que dar otro, y ademas debía pagar 
uiia cai^tidad de dinero por el desertor y el valor del vestua- 
rio ó anua que hubiere estraviado. Y esto se realizó bajo 
la presión del ejército civilizador que venia á inten eniruos, 
y con la complicidad de un gobienio que traia por lema '^ l<i 
equidad en la justicia.^ 

Pues bien, el que conozca el país comprenderá que era im- 
posible llevar á cabo ese plan, y después de estorcionar á los 
propietarios, se permitió á estos escluirse de aquella obliga- 
ción pagando una cantidad fija de dinero por cada reemplazo 
que se les asignara. Y se recurrió al fócil sistema de la leva 
para fonnar los cuerpos de cazadores* 

Gomo es fácil comprender, no era i)osible obtener una 
buena disciplina en aquellos batallones formados con ele- 
mentos tan disímbolos. Los franceses que estaban ñliados 
en ellos, rotos los lazos de su nacionalidad en viitud de la 
declaración hecha por Bazaine al partir, sentían poca esti- 
mación hacia sus compañeros de armas. Los mexicanos 
no sufrian la nueva disciplina á que se les siyetaba, y hu- 
millaba su orgullo la ración que se les repartía en cambio 
del prest 

Y estos batallones eran los mejores del ejército imperial: 
sin embargo, á la hora del conflicto supieron batirse como 
leones acorralados. 

Hé aquí una evaluación delineada del poder material que 
quedaba al soberano al abrir aquella desespemda campaña. 



Poco emperador debe haberse sentído en aquellos mo- 
mentos el ardiiduque. 

El partido conservador se aliaba con él como un compa- 
ñero de armas, no como una masa de subditos- peleando por 
su Señor. Este y aquel iban á jugar en el mismo tablero, 
P«ro cada quien empeñaba su interés propio. 



332 

La potm-ion de MaTimíRano no exa msm FeqietaUe ante 

las otras nacíoDes de lo que lo era en la qne había adietado. 

Un cpiisodío mny poco ó cari nada conocido en d paSs, 
revela mny bien la actitud de las potencias enropeas res- 
pecto al imperio. 

Un día, antes de que partiera el emperador para Queré- 
taro, y con motivo rin dnda de haberse sabido la derrota de 
San Jacinto, Lares, preridente del consejo, reunió á los mi- 
nistros de las naciones de Europa para consultarles respec- 
to á la abdicación. 

jKecuenlan mis lectores á Lares? Era un hombre de una 
talla regular, excesivamente delgado, blanco, y de maneras 
muy pausadas y lentas. Su rostro, completamente razura- 
do, anguloso y aplastado en su diámetro perpendicular, daba 
la idea de un cráneo humano sobre el cual se hubiera resti- 
rarlo fuertemente una piel húmeda: allí apenas se veian dos 
ojos pequeño», redondos y sin espresion, que se ocultaban 
(letras de unos lentes que no necesitaban; lentes que apenas 
se sostenían en una nariz problemática, inasible, sin cartí- 
lagos, y que recordaba la prominencia huesosa de una ca- 
lavera. 

Velctudinario, siempre arrastrando penosamente su cuer- 
po enffrrniso y agotado por la consunción, tenia sin embar- 
go una fuerza de voluntad que admiraba, y que traía á la 
memoria la eteraa agonía del cardenal Montalto antes de 
ser Sixto V. 

Lares, exhalando siempre el alma, eia por su actividad 
y su energía una de las lumbreras del partido conservador. 
Si al comenzar su carrera, apareció filiado con los liberales, 
desde que ingresó al bando del clero, le fué leal hasta la 
nuieitc: también la reacción le abrió las puertas doradas de 
la ambición, brindándole con las dignidades mas altas que 
podia desear. 

Pero jamás abusó de su posición: era un hombre escesi 




533 
vainente hoiirado; yo que reapetaba su íutelígeDcia y su 
proñmda instrucción, he presenciado sus últimos momen- 
toa, y lo vi morir pobre, oscuro y casi olvidado; él, que ha- 
bla tenido en sus manos la suerte de un imperio, fué enter- 
rado humildemente y sin pompa en una fosa abierta en la 
tierra, respetando su postrera voluntad. Es que en aquel 
abogado que fué la honra del foro mexicano, había mucho 
del cartujo. 

Vuelvo 11 mi narración. 

Los ministros acreditados cerca de Maximiliano, obse- 
quiando h. in^ita£Íon de Lares, concunrieron á la cita. 

El funcionario imperial, con todo su artificioso candor, 
les espuso el objeto de aquella i-euuion, manifestándoles 
qne deseaba conocer su juicio respecto á la retirada del so- 
berano del poder. . 

Los diplomáticos se alaraiarou al escuchar aquella ini- 
pnidente iuteiTogacion. 

Cuando Lares me enarró este episodio, sonreía aún al 
recordar los semblantes de sus interlocutores, y me los com- 
paraba á un grupo de liebres que escucharan nna detona- 
ción de fusil. 

Pero era preciso contestar. 

El ministro inglés fué el primero que hizo uso de la pa- 
labra: era Mr. Middleton sucesor de Scarlett, no tan hábil, 
pero tan hostil como este á la política francesa. Con todo 
su desden inglés (;ontestó que desconocía el cai'ácter del 
Sr. Lares, y que solo debía comimicarse con el ministro de 
relaciones exteriores. 

Hoorickx, ministro belga, contestó á su vez que no le 
era iwsible emitir públicamente sn juicio, pero que en una 
conferencia reservada lo espondria al mismo emperador, sí 
este le hacia la honra de interpelarlo. 

El miDÍ8tTo de Francia, que era el mas embarazado en 



5W 

a<iT¡t-¡Li sitiiaríon, ¡w- limitó á decir qae el emperadur eono- 
ñ:% bastante »u moiIo <le penau*. 

í-ngo, el embajador de Aiutría. satisfizo b pregunta de 
Í^TCfi, didendo poiiipr>KrnteDte, qae ^endo aqneltii mía 
(■nfí^titm de dignidad, mln podía decidirla el interesado. 

LIeg<^ un vez al emhcgador eiipañol. 

lyHeñtsaút, qne tambíeo describe en aa 6t»a mhn el 
iinjierío eüta escena cayos detaDes no sé como baja podi- 
do aflr[nirír, dice de este ministro qae era nn liejo alegre 
rjiie conocia á 3I¿xÍco y á los mexicanos, como á las caen- 
tas de sil rosario: esa i^eteosíoo la bnn tenido todos tos es- 
traiigcrr>s, y este es el principal origen de sos (hitas y de 
m» errores, 

.Sea lo qiM! fuere, frHéricault pinta e! diálogo que pasó 
entre Lares y el fliplomático con entera inesactitiid, por- 
fjiie dií á anibí» un lenguaje muy indigno de su alto carác- 
ter, y (lo la situación en (jue se encontmban. 

l\(: aquí lo que realmente pasó. 

— Scñoj', dijo á Lares, seamos fraucos: ¡de cuantos hom- 
lires y de cuanto dinero dispone el imperio! 

— Te.iiemoH, coutestó el presideute del consejo, cuarenta 
mil soldados y veinte millones de pesos. 

— freo, insistió el ministro español, que el gobierno im- 
perial sufre cu estas cifras un error lamentable: si el cm- 
pei™ltir conoce sus intereses y los de este i>aís, debe reti- 

fílIUC. 

\/n reunión se disolvió. 

Xo rincdaba^ pues, csiici-anzn nlgmia á Maximiliimo. Su 
iKHinr empcriíMlo imprudentemente en aquella lucba, éralo 
i'inieo tpie lo mantenía en el puesto. 

Y aun cu esto era culpable la Francia oficial, porque sin 
su insistencia en airaucar del trono á su aliado, este pudo 
liaber lioebo dimisión del poder confesando que habla erra- 
do, y (jue no quería itsuriwr «n trono contra la voluntad 




533 
nacional. En esto no había desboni-a, siuo una lualtad que 
eleva. ¿Pero huii* ímiiuleado por los sucesores de Salignyt 
¿Arrojar el ceti-o y el manto imperial y desertar del puesto 
para diluir algo la mengua de la defección fiaacesal Esto 
ei-a indigno, y desde el momento en que ^N'apoleon lo exi- 
gía, era preciso empeñarse en la empresa para no aclarecer 
como el manequi de a(iuel capricho imperial. 

Días antes de pailir para Querétaro, Maximiliano virtiú 
una frase que revela el estado de iiTitaeion de su áuimo, y 
el i)riucipal moti\"o de su decisión. 

— Eá preciso, dijo á alguno, que yo luche, aunque tenga 
que sucumbir, siquiera para probar que be podido soste- 
nerme aquí dorante algtmas semanas mas que la Francia. 

Continuar eu efecto la lucha que habían eseusado los 
franceses, er^ halagador. 

Bajo estos auspicios se lanzaba el emperador á la pelea, 
solo, con partidarios que mas combatían por su causa pro- 
pia ((ue por la del imperio, sin apoyo en el esteñor, y ro- 
deado por el desabento y la defección. Recuérdese que en 
la última junta del día 14 de Enero de 1867, los obispos 
presentes habían declarado que su carácter sacerdotal iio 
les permitía emitir su juicio eu un negocio en el cual iba á 
deiramarse sangre.— Si no estuviera tan repetido el miíwi 
tenentii de Horacio, yo lo repetiría ahora cou toda oiwrtu- 
nidad. 

Pero ya lie disei'tado bastante: tomo, pues, á mi nan'a- 



A tres leguas y medía de la capital, en la Lechería, a[>eDa8 
encontró MaxlmiliaDO la primera guerrilla: apesar de sus 
cinco mil hombres mandados por el terrible Márquez, cien 
cabaltoa abtcaron la vanguardia del <g&cáto imperial 

Maximiliano no solo estuvo sereno enmedio del fuego, 



-<o /<-j>t>;t>-^ yvr üiapuiaf uwnH *i -^^m •ót- á ■»■■■■■■■■■— ^ 
«■■- yí*tt<fc* 1* ,mt)<vr"un«ífc. ; ■•a vam. •ieúü. 

'^'-■^. ikiEM>M'nk wt f^vaVMM. >»"í>m;ikJh> Áúm áflñCE iibiúit 
M'-'rV ^/>>/ M« UfftotK mi ip.^TfJüM M* pEfCaa 3aer !d jec- 

4 iU-^ítÜMitr. t^*/i h»iAíi2g» Ufiy »iüt Mima áf: hi z/AaMú 

l'/l 'lU 1 7 «1*! F«'fir(fr<j lU:i^rim km ftun^za» á San Jnan del 

iiio. ;i(ti <'«{«>'ll/> M''i):ífiiiíi:i»'>)iii < célebre loaDíÉesto, hadec- 
«líí wifí* I mI )>aíii, 't"" ''" *'í"t"'J 'I*; BU puñtKn determina- 
'Uiiif V iHiiiia mI i'rf.iiU: lU: mi KJiirtúUf. Ün dt^avo dos dias, 
y «I tu lilwf Mil i!fiti;fl;i mU:jnnt: & (¿tierétaro. 

( ^iiiifitiM lili- Imii \»fA'-AUiiit r^ri i-Mtí; camino cootando co- 
inn v«i ¡n |iIhU(IÍ(í d<-) liii|Htt1o, liíiii hablailo del CDtasiasmo 
('.<'ii (|iMt ('mi'- ici^Hililn MiixiiiiiliíUiii c!ii Querétaro. El hecho 
lili viilii lii iii'iia ilii ■'(«iiliflfUU'Hc. Me limitaré hoIo á. decir 
i|iii> iiti i<H rlcilo: cii nuil iioIiIímiÍdii tiiii corta como aquella, 
lii ii'i'i'jii'liiii dIIi'IhI i'i'ii liiiNlaiilo jKU'a Ilciiai- sus calles con 
i>l i'hl iinliiriiiii) lio ('ii-ili'ii Hiiint-iiiii, wibnt todo, cuaudo alH se 
huliliMNitrlltiiiirnido iiiH lri)|iiuiHitllrletit4.>.H]jara formar la va- 
lla > lit i'oliiiniiii lio honor, Kl ]iunl>Io sit-mprc concmTe cou 
i'iiiloalitiid il mtiH'lluH lU'liw, .viiitíiiKiiiiiiwicnstan que eche 
iil \iiolti lt(iti'itiu|tiiiiiit4,.vi>ii('loiid»t>laltnr]tarael Te-Dcitm, 
|iii| mtiH (|iii> rl i'lnii Hi\ iii'unliiv ú tomar parte en aquel 
(iHimlo i'ii i>l i\\w Umil hiilH»r wiiinro. ron» estonces elen- 
tnMiiNino Olí («hIk nu i>s|titi)lnnoÍdad. 

lív«>itt^i\liiít' üt>hr\> Um.\\\ t)t)o Ui m:iyür(ti de la piUtLicion 
di> ^^uivtviim^ r» t>nlon)mtnitt> eU<rÍi.>;il. v mt )K>dia pt.'^- tan- 
to i^vtMi tMU H{>liUiMt a\ tvy exvoiuulf!aili\ for baher pxteii^ 




537 
to en todo su vigor las leyes de reforma. Allí no se ohida- 
bacomo habia tratado al clero en sn primer vif^e, y como 
había conminado al obispo Gárate para que ñiera ú sn 
diócesis. 

Esto esplica por qué desde el principio tuvo en Queréta- 
Fo mny pocos partidarios el int|>erio, y estos estaban cu 
aquellos momentos bastante recelosos del resultado de 
la campaña: allí se podía ver ya con mas claridad que cn- 
medio de las pompas de la coi-tc. 

Lleguemos á Querétaro juntamente cou el archiduque. 



La alta mesa de la Bepúblíca va descendiendo lentamen- 
te conforme se avanza al Oeste. 

Desde la altura de Arroyozarco, el declive va siendo mas 
prouunciado, y violentamente la montaña se rompe casi á 
pico, levantando su flanco erizado de abismos sobre un va- 
lle fueitcmeate accidentado, rocalloso, vestido de una vege- 
tación tropical, y regado por aguas pm'fsimas que descien- 
den por su pendiente desde los cerros inmediatos. 

Eu el último plano inclinado de aquella serie de nioutn- 
üas, eñt& recostada la ciudad. 

Querétaro, con sus ioSuítos templos agnipados en pri- 
moroso desorden, con sus edificios y sus cúpulas bizanti- 
nas, destacándose entre sus árboles siempre verdes, parece 
una ciudad árabe al viajero que la contempla desde su Cues- 
ta China. 

Sn admirable acueducto romano, conforme se desciende 
el zig-zag del camino, parece unas veces que ciñe á la ciu- 
dad como un cinturon de enc^e, y otras se asemeja á una 
estola de punto .qne la indolente sultana hubiera dejado 
tendida en el suelo. 

La perspectiva es sorprendente. Sobre aquella arquería, 
sobre aquellos templos, unos góticos, otros con sus campa- 



538 

narios trozados, y otros- levantando sos esbeltas torres cas- 
tellanas con agigas de piedra; sobre aqnella ciudad calada 
como una lioja de marfil chino,, un délo diáfano, un cielo 
azul y tibio como el cielo de Ñapóles. 

Y por todas partes el agua corriendo con sus ondas color 
de acero sobre un suelo vestido, como la isla de Calipso, con 
ima eterna primavera. 

En aquel cuadro tan risueño iba á representarse un diu- 
ma terrible. 

Esto me obliga á llevar á mi IsKjtor por el circuito de la 
ciudad para que la conozca toda entera. 

Al Oriente de Querétaro desembocan dos caminos: imo 
tallado en la montaña, que se llama la Cuesta China: el otro 
encajonado en una cañada y que se ociüta enti-e las rocíis 
y los árboles. Sigamos el primero, que el segundo lo des- 
cribiremos después. 

Acabando de descender la rápida y vertiginosa pendien- 
te de la cuesta se cruza la garita, y se sigue después una ve- 
reda abierta al pié de un pedregal, adonde crece uu núme- 
ro prodigioso de cactus y de aloes como si ftiera aquella una 
tierra asiática. A la izquierda, el pedregal se levanta mas 
y mas en anfiteatro, formando al fin uu mamelón de rocas, 
aplastado ftiertemente en su vértice, que queda hecha una 
pequeña planicie: al borde de esta está el Camposanto pro- 
longado por una pared, hasta confiíndirse en los muros de 
un templo. Es la Cruz. 

Acabando de subir por aquel camino pediegoso ó inti'an- 
sitable como si jamás lo hubiera pisado planta humana, se 
llega á la plaza de la Cruz, pequeño anfiteatro lleno de tra - 
diciones de la época de la conquista. Entonces se llamó e^ 
ceiTO de Sangremalj y allí, sobre las minas del templo indio' 
levantaron los fi'ailes aquella austera y magnífida carti\ja 
adonde pasó sus últimas horas de libertad Maximiliano de 
Austria. 




539 

Frente á la puerta de la iglesia se levanta la Cruz de la 
Aparición, cruz gigantesca y monumental .qne la mano del 
monge rodeó con espléndidas palmas árabes, para que le 
dieran sombra con sus abanicos de esmeralda, y que el in- 
dio va á adornar en sn cnlto idolátrico con festones de tul 
y con guirnaldas de dalias silvestres. 

La gnerra lia borrado ese manuscrito tradieioíial de pie- 
dra levantando allí sus toscas trincheras de adobe, y desgar- 
rando los muros del claustro y los calados de la cúpula con 
las balas de sus cañones. 

Hacia el Poniente del templo se vé una cufia de cantería 
que se abre en dos calles divergentes: es la dudad que des- 
ciende en nna fiíerte ondulación para subir después siguien- 
do la elevación de la superflcie. 

AI costado Sur del convento, y perdidas entre los óiga- 
nos del pedregal, hay infinitas chozas, adonde se abrigan los 
futimos restos de la raza conquistada, la que conser\'a aún 
sus tradiciones religiosas, mezclándolas con la nueva secta, 
y el idioma y las costumbres de sus aborígenes. Entre esas 
chozas está la pequeña iglesia de San Francistiuito. 

Enfiente, un llano siempre cubierto con el verde tapiz de 
sos sembrados, y que sube en una inmensa rampa hasta la 
falda del cerro del Chnatario. 

La orilla de la ciudad va prolongándose con su Alameda 
estensa y bellísima, pero inculta y sombría como una selva 
del desierto; ya al Poniente, está la Casa Blanca, pequeña 
finca de cami» levantada sobix! una leve eminencia, y (jue 
forma el ángulo de aquel paralelógramo: su lado Occiden- 
tal se prolonga casi recto hasta ir á perderse en el Cerro de 
las Campanas. 

Si se signe el camtpo de la Cañada el palsíije es distinto: 
■ se creeria ver un cuadro flamenco de fuertes tintas azules, 
verdes y rejas. 

La senda ondulada como nna vivora de agua, está enca^ 



jonada eutre ]a montaña y el no, primero, después se pier- 
de en la profunda grieta del cerro, y de allí sale al fio á una 
ancba calzada bordada á. siís dos orillas por una espesa ar- 
boleda, y abierta entre mil jardines donde la yedra viste 
con sus flexibles guias las copas de los naraiyos, los limo- 
oeros y los manzanos, confundiendo sus campánulas azules 
con los dorados frutos qne penden de sus ramos. La cal- 
zada sube en una fuerte curva por una rampa que Uega á 
las calles de la ciudad. Dejemos esta á la izquierda, y re- 
corramos sus orillas. Estas, formadas por los barrios mas 
pobres de la ciudad, siguen la margen del lío, que corre al 
Norte, yendo á perderse al Poniente, mientras que aquel 
lado del paralelógramo va también ú morir nJ Genxt de las 
Campanas. 

Allí está ese ceiro memorable, como un túmido indio que 
el tiempo hubiera cubierto con su liquen y su musgo. Ais- 
lado y pcciueño, se comunica con la ciudad por una rampa 
muy suave, mientras que por el lado que ve al campo está 
cortado á pico, y es casi inaccesible con sus rocas unidas á 
la montaña por xma sola de sus caras, y que ciñen su cima 
como una almena destruida, ó como una íUadema rota. 

Frente al cerro de las Campanas, y solo separados por el 
lecbo del lio y una banda estrecha a^^londe se ha fundado el 
pueblo de San Sebastiau, se levantan Iqs ceños de la Cruz, 
San Gregorio, San Pablo y la Trinidad, que prolongándose 
al Oriente, van á unirse con la montaña de donde parte el 
acueducto, y con la Cuesta China. 

né aquí la decoración donde iba á representar el imperio 
su última ütigedia. 

En esa ciudad hizo .'dto Maximiliano. 

Allí comenzó á organizar su ejercite reimiendo las tropas 
de Márquez con las de J^Iejfa y Castillo. 

El día 23 de Febrero al medio día entraron á la ciudad 
las tropas de Méndez, que habían abandonado á Michoaoan 



541 

para reunirse con el emperadon su presencia causó profun- 
da amargura en la ciudad, porque recordó el fusilaiíientx) 
de Arteaga. 

Dejemos á Maximiliano pasando revistas y discutiendo 
planes de campaña con sus generales viejos, los que le pro- 
metían repetir por él aquellas fiiciles victorias de la gueiTa 
de reforma: olvidaban el gran desastre de Oalpulalpam. 

Dejemos á los imperialistas hacerse las últimas ilusiones 
al ver reunidas las mejoi'es espadas del ejército clerical, sin 
atender cuánto hablan cambiado los tiempos, y tomemos la 
\ista á la Eepiiblica. 






DcñDíti^'aiDeate babiao cesado las TacilacíODes de los Es- 
tados-Unidos, y aute la (az del rnuodo tendieron la mano 
á nuestro gobierno, i-etando á U Francia en iiombre de la 
ín\-iolabilidad del continente americano. 

Si en esta deteiminacion hablan influido las razones de 
Estado que tenia el gabinete de la Casa Blanca para res- 
taurar 8u popularidad, y el deseo de tomar la revancha por 
la protección que pretendió dar el gobíenio de las Tullerías 
á la causa separatista, es indudable que tuvo también un 
gran participio eu eoncíliar & México las simpatías del Xor- 
te la política de Romero, nuestro ministro en Washington. 

Homero pertenece Á los hombres de esa época: hoy es vi- 
vamente atacado, pero yo no hablo de la historia del pre- 
sente, y de los hechos pasados se puede ya formar im j uicio 
intachable. 

Don Matías fiomero es uno de esos hombres que saben 
elevarse solos, porque su fortuna política es hga de sus pro- 
pias obma. De b^a taUa, de cabeza voluminosa orlada de 
im pelo siempre flotando en desorden al derredor de la par- 
te alta del cráneo encalvecido prematm'ameiite, de luenga 
barba, de tez póhda, de ojos vivísimos, de labios delgados 
y contraídos en su comisura por ima sonrisa Uena de inge- 



543 

nuidad, el joven abogado no revela en su fisonomía ni en 
sus finas maneras toda la energía de que es capaz. 

Y sin embargo tíene una voluntad de acero y una resis- 
tencia para el trabajo que asombra, ximbicioso de gloria, 
consagrado á la política, no tiene mas negocio que ese en 
la vida, y marcha recto á su objeto, sin pararse en las difi- 
cultades y sin detenerse por la giita que se levanta á su 
paso. Los caracteres de este temple siempre llegan á su fin. 

Con estas dotes, y dedicado esclusivamente á obtener la 
parcialidad americana en favor de su patria, luchando sin 
cesar, con un tino y una prudencia admirables, Eomero lo- 
gró al fin insinuarse en la intimidad del gabinete de Was- 
hington, y hacer que este dispensara al gobienio de Méxi- 
co todas las atenciones de su rango y las simpatías que me- 
recía por su heroísmo. 

Komero será hoy y mas tarde lo que se quiera: pero es 
innegable que sus trabajos en la legación bastan para con- 
quistarle la gratitud de su país, y un lugar muy alto en la 
historia nacional. Porque admira que un solo hombre haya 
podido llevar acabo esa empresa y atendiera á los mil inci- 
dentes que entonces se presentaron: y no debe ohidarse 
que aquel principiante en la carrera diplomática no tuvo 
jannis un desliz,«m cometió \m solo error ó imprudencia, 
siendo todas sus notas perfectamente correctas y dictadas 
con suma habilidad: y recuérdese la situación en que nues- 
tro ministro funcionaba, situación durante la cual habían 
hecho fiasco los mejores hombres de Estado europeos. 

Con tan buen auxiliar en la Bepública vecina, pudo el 
gobierno constitucional atender mejor á organizar la lucha 
en el interior del país. 

Dejé á Juárez en el Paso: á la fecha en que llego ya en 
mi historia vuelvo á encontrarlo en Zacatecas. 

Si algunas horas tuvo que salir de esta ciudad por el ata- 
que de Miramon, derrotado este en San Jacinto, pudo Jua- 



■:^z ■■■ li'.-^r Á <-\\». para ir <i*t *UÍ á rtan Lo» P-wawL aiümdt; 
■■^t^ii.ffvt ({i>tlaítíTanuni£e la rsifiaí yKnvmaaal lie la Be- 

V;t ^ntótW!»! AXistúa el njúnúm del Softs: <ie una plmca- 
Aa roy í hoMt la hoja de .«iricitM <ie ese ücerpo >M ejé'- 
'ií''-) uacmoal. 

f-iinr^rrimcion había IleizailohaHta laa frooteíaa tie ones- 
trn TíTTitfítUK bk ln«lia pare«a íw^bcaíla. 

El día ' d« MarT» fie líí&t ernano el BSa Bravo el ge- 
neral KiKAhftH», tfw eoroiteleii naranjo j Gorosdetaf 7 dn- 
ly» "-(finalí* mexiran»»: iban á Iscbar coDtia la íntervencioa 
y i^.l ¡7np«^n. .\1n4l abflnrdo k reaIi2ÓT y tres aói» d«s- 
pit' '^ fiwní hombrea hadan pclsonero al empaador. 

fUv(ii>f-j]o «i nn hfimf'jre alto, delaado, de grantles pi^ y 
¡(TAutU-* rtíAtíf», cara lar^ ínrajada en nna espesa patilla. 
p/>iriiil'« aal¡í-ítte«, í/jos perineños siempre laerimoetu!. v ore- 
jaí! rn 1 ¡ y [.ron ti nf nada». ííans ha estado mny leliz al retra- 
türl't dinfrrulo fjiie fl^: asemeja li no mercader jadío (lela 
«líkl tiif-dia. , 

K,<u-olK'^If* <rH tamínen nna gran ñgnra ea nuestra Listo- 
lia: Hii [i»triott!imo no ttene'itna taclia, y fms servidos ú la 
W'jtfiitVu'íi til} (Í^Mien nfimf;ro. Hín instmccioD algnna; pero 
i\t: tiTia ]»UA\f(f:ti(^¡i ntny riara y de una jierspicacia admira- 
h]i; ))<;f{(f Á fw.ty^ de valor, de constanda y de genio mili- 
t^ir, fí Mrr lina de laH prímeraK espadas de la Bcpábtica: los 
('íiriWírvíMlureH no le penlonan que haya venado á hus me- 
Jfj|í-B nfwmhn »Knipad<ffi en tonio de la República. 

KnU: M: el nrtdco de aquel ejército. Dorante tres años, 
muu'Ain d(! In inlrntríamaH horrible, mn desalentarse perlas 
dcrnttJiK, iihk'iiUindo ú vece» triunfos de donde sacaba el ma- 
UtI»! d(i mwrm; iwf llegó EHCol)cdo & fotmar la división que 
di-niit/» íl los ImiicilaleB un Santa Gertrudis, qnitóudolea el 
WHivity (|tie (Hinduclan. 

UpBlparatmlo el ciiei-po de Qjéidto de Mejía, Escobed» 



545 

lanzó sus tropas sobre los franceses obligando á Jeaniugios 
á retirarse á Monterey. 

Entre tanto, y de resultas de la derrota de Santa Gertru- 
dis, Mejía había capitulado en Matamoros, entregando la 
plaza á Carb^'al: esta capitulación no filé aprobada por el 
gobierno constitucional, y este nombró á Tapia pam que 
fiíera á reducir al orden á Canales que se habia pronuncia- 
do en el puerto. 

Canales también desconoció al nuevo gobemadon esto 
ti'ajo un conflicto que enenó la consecución de la caraj^aña, 
tanto mas cuanto que Tapia murió frente á la ciudad que 
sitiaba, atacado del cólera. 

Allí estaba entonces León Guzman, pai-a completar el 
grupo de los republicanos que consiunaron la grande obra 
de la reforma y la independencia; tengo que detenerme 
en él. 

Guzman a])areció en primer téraiino entre nuestros polí- 
ticos, en los momentos solemnes del conflicto entre el Esta- 
do y la Iglesia. 

*Vlto, escesivamente delgado, cuidando con exageración 
el aseo de su iKíi^sona, con su piel tostada por la prolongada 
exposición á un sol ardiente y al \iento acre de nuestros 
campos; Guzman, con sus maneras llenas de finura y galan- 
tería, con su vasta iustniccion y con su juicio tan recto y tan 
severo, no parece el refoiinador audaz que mas trabajó por 
ix)mper las tradiciones del pasado. Y sin embargo filé el ini- 
ciador de todos los grandes principios que fonnuló la Cons- 
titución de 57. 

Después de las conmociones que trajo el golpe de Esta- 
do, restaurada la república, y cuando luchaba con las ten- 
dencias de la intervención, en los meses de Mayo y Junio 
de 1861, ocupaba Guzman el ministerio de relaciones y go- 
bernación. Allí, él filé el primero que sorprendió la mala 
fé de Salígny, denimciando en la cámara, cuando filé inter- 



Tl 



546 

pelado, la política agresiva del ministro francés, protestan- 
do que jamás reconoceria el crédito Jecker, que era ta eoDS- 
taate aspiraclou del representante de Napoleón m. Guz- 
man obtuvo, ademas, el asentimiento de los mioistros inglés, 
americano y francés, para suspender el pago de la deudas 
que no procediesen de convenciones diplomáticas, cuya sns- 
pension se decretó en Junio de 1861 sin oposición alguna_ 
Pero cuando se trató de suspender el pago de las conven- 
ciones Guzman se opuso, porque comprendió que esto se- 
ría el pretesto capcioso que buscarían las potencias euro- 
peas para el rompimiento que deseaban: el gobierno insis- 
tió sin enilKirgo en esa idea, y Guzman se separó del mi- 
nisterío. 

Entonces se retiro de la vida pública, y se dirigió á la 
flontera del Noite. Y él, tan honrado y tan íntegro, que 
por su rectitud catoiiiana janiíis ha salido de los altos pues- 
tos sino iKtbre como llegó á ellos, se hizo labrador. 

Allí, laborando su campo, lo encontró la gueixa de iuter- 
veueioii. Eran los duis de la inmensa calamidad nacional, 
ciundo se había iwrdido no solo el territorio entero, sino 
bastji la esperanza de recobrarlo. Entonces los patiiotas 
que tiuii deseaban combatir se dirigieron al retii^o de Guz- 
man, y allí se formó el cuartel general de la insurrección, 
y de allí salieron las fuerzas de Darío Garza, Ruperto Mai- 
tincz y Méndez, y todo el apoyo moral y la inducción que 
necesitaron Naj-anjo, Aguirre, Cortina y el valiente, el 
modesto Zepeda. 

Mas tarde, obsequiando la invitación de los generales 
Escobedo y Negrete, tomó un participio mas activo en la 
lucha, píusó ú Tainaiilipas, y puso i'i disposición del segundo 
las fuerzas con que contaba en el Estado, y con ellas con- 
ourríó al asedio de Matamoros. Esta operación se malo- 
gró, gracias á la actitud que tomaron las tropas confedera- 
das del Siu*, que ocupaban la orilla americana del rio. Ia 




547 
Tetírada de Negreta tr^o el fraccionaiQiento del ejército, 
del ciial se separó Guzman tornando á NneTo-Iíeon. 

Después de aquellos desastres vino la reacción, y con ella 
los tñniifos que antes he contado, itaeta arrojar los restos 
-del fgército imperial, hecho pedazoe, al centro de la Bepú- 
blica. ■ 

Y la 'victoria hubiera sido mas rápida sin el pronuncia- 
miento de Canales. La muerte de Tapia vino & complicar 
mas la situación. 

Los gefes y oficiales de aquel cuerpo de ejército procla- 
maron á León Guzman general en gefe, y el mismo Esco- 
bedo lo nombró como tal; pero él declinó este honor, ha- 
ciendo que se encargase del mando el general Vega, como 
mas caracterizado. 

Poco después llegó Escobedo coii nuevas fuerzas, y al 
fin, despnes de mil incidentes provocados por la intenon- 
cion del gefe americano Sedgwick, que ocupó la ciudad y 
se puso de parto de Canales, se obtuvo la sumisión de los 
rebeldes. 

Asi fué posible ya atender ú la perfecta organización del 
ejército republicano, el cual a^'anzó hasta San Luis, y des- 
pués de las jomadas de San Jacinto y la Quemada, pudie- 
ron marchar por el camino de Querétoro basta San Miguel 
y Santa Eosa. 

Lii situación de la Bepública había cambiado. La vic- 
toría se cciiiia sobre sus batallones, y estos avanzaban 
tiiuulautes desde las fionteras y las costas del país, báeia 
el interior, estrechando sos anillos de hierro, y ahogando 
en ellos á sus enemigos. 

Corona babia pasado ya de Jalisco, Guanajuato había 
sido reconquistado, Michoacan y el Sur estaban en poder 
de los Uberales, Oazaca había sido tomada por Porfirio Díaz, 
todo el Estado de Yeracraz, menos el poerto, lo re^pan las 
jHitoridades nacionales, j en suma, solo quedaban á Maxi- 



548 
miliauo las tres ciudades Paebla, MéxicoyQiierétaro,yim 
radio muy pequeño fiíeni de ellas. 

Marcados así estos hechos, aunque con la rapidez á que 
me obliga el tiempo, voy á Jlerar á mi lector á qne presen- 
cie el fonnidable choque de esos dos enemigos jurados, la 
Repi'iblica y el Imperio. 

Aquello iba á ser un combate homérico. 



Maximiliano había logrado i-eunir en tomo sn^'o cerca de 
doce mil hombres, y de organizarlos rápidamente. 

Los imperialistas, al rer reimido aquel ejército realmen- 
te impottante, y en el cual había divisiones como la de Mén- 
dez que babíau hecho una campaña feliz, sintieron renacer 
su esperanzo. 

Así es que, al auuuciai-se la llegada de los republicanos, 
se hicieron todos loa preparativos que indicaban la inten- 
ción de salir á batirlo?. 

En efecto, en la madnigada del día 6 de >Iai-zo, la ciu- 
dad se encontró sola: el fgY'retto impeiial había salido, y so- 
lo quedaban las guai-dias de servicio. 

Al punto se creyó que el emperador tomaba la iniciati- 
va oiieraudo sobre el cuerpo -de ejército del Norte, cuya 
fueraa era casi igual eu número, ti-atando ya de batir a! 
ejército nacional en detall, ya de impedir la reuniou de Es- 
cobedo con Corona, á quien se suponía en Oelaya. 

Sin duda que este plan era el mas hábil, y quizá sn rea- 
lización hubiem cambiado la faz de las cosas, si no hacien- 
do triuuGir al imi>erio, prolongando al menos sn caida. 

Pero SIárqucz se opuso á esa combinación, y se decidió 
á esperar al enemigo fuera de la ciudad, pero apoyando en 
ella su retaguardia. 

Lo que roas impacientaba, era aquel enemigo que no se 



549 

veia, tendido como estaba detrás de la cadena de monta- 
nas que amurallaban el costado Norte de la ciudad. 

El pueblo de Querótaro, agitado con la espectativa de 
un gran acontecimiento, apenas lució el dia, subió á las al- 
turas interrogando el horizonte. 

Pero entonces solo encontró, con gran sorpresa suya, al 
ejército imperial tendido en una gran línea de batalla del 
Poniente al Norte, línea doblada en su mitad, formando un 
ángulo cuyo vértice era el cerro de las Campanas, y cuya 
base estaba cerrada por la ciudad. 

Así permaneció todo el dia« 

El cerro de las Campanas se fortificaba rápidamente: de 
la ciudad se conducían adobes y madera, y los presos por 
delitos comunes servían de peones á los ingenieros. 

El cañón estaba mudo, y ni ima polvareda lejana anun- 
ciaba la presencia de los libei^ales. 

Al dia siguiente el ejército imperial había hecho un mo- 
vimiento, pero era retrógrado. Su ala derecha, que estaba 
tendida sobre el cerro de San Gregorio, se reconcentró á la 
orilla del rio, apoyándose en las casas de la ciudad. 

Escobedo era bastante hábil para aprovecharse de aque- 
lla inmensa falta, y mientras divertía á los imperiales pa- 
sando ima gran revista á su caballería en el campo de San 
Juanieo, y á su frente, ordenó á Corona reconociese el Sm* 
de la ciudad, pasando detrás de las colinas adonde termina 
el Cimatario, cubriéndose siempre, pero llegando hasta el 
camino de Amealco. Y á la vez volteó la posición por el 
Este, enviando en la noche por el camino de la Sierra, dos 
bateHas, lanzando á la vez las caballerías de Carbajal y 
Rivera al camino de México. 

Doria, con los cazadores de Galeana, el 29 de Guanajua- 
to, y el 39 de San Luis, quedó encargado de este movimien- 
to, mientras que una brigada que conducia Eocha, hacia 



550 

una maix^ha de flanco para proteger la artíDeriar y comen- 
2ar la operación! 

Al dia siguiente, la cresta de los montes del Oriente es- 
taba erizada de soldados y cañones, abocados sobre la cia^ 
dad. 

Márquez quedó aterrado, porque no comprendiendo el 
primer movimiento del enemigo, creyó que se retiraba, 
cuando lo vio aparecer sobre la Cuesta China. 

Así quedaron cerrados á Maximiliano los tres grandes 
caminos de la ciudad. 

Míramon entonces con una brigada ligera, quiso recono- 
cer el Oriente, y llegó hasta la fiíbrica de Hércules, de don- 
de volvió en la tarde: en la ciudad se contaba que habla 
hecho retroceder á los liberales barriéndolos de la monta- 
ña; sin embargo, no se había oído un solo tiro. 

A la hora del crepúsculo brilló un relámpago, y una gra- 
nada vino á reventar sobre la iglesia de la Cruz. Minutos 
después otra granada sucedió á la primera, pero describien- 
do una parábola mas esteusa, y otras dos ó tres estallaron 
después j'a en el centro de la ciudad. Era la artillería libe- 
ral que ensayaba sus punterías. 

Ya establecido este campo, volvió Doria aJ cuaitel gene- 
ral á encargarse del mando de la reserva que le confiai-a 
Escobedo. 

Pero también debo cons«igrar dos palabras á Doria. Si 
este pequeño trabajo mió ha de pasar á la posteridad, si- 
quiera por estar hgado á la notable obra de Kératry, quie- 
ro que con ella pase á la historia el nombre de ese joven que 
tantos servicios prestó á su país: en esto cumplo con un de- 
ber de corazón. 

Juan Doria era alto, de busto romano, de formas her- 
ci\lea.s, blanco, fi'ente despejada, las mejillas azuleando con 
la huella de su abundante barba siempre rasm-ada, los la- 
bios un poco gniesos cubiertos por un espeso bigote casta- 



ool 

ño, la nariz recta, uu poco grande, y algo encorbada, los 
ojos grandes, ^os, interrogativos, y lanzando esa mirada 
enervante que ha dado el triunfo á muchos duelistas/ En 
sus ojos hubiera leido un médico los preludios del mal que 
lo llevó al sepulcro. 

Tenia el tipo de im arrogante soldado: y sin embargo, era 
apenas un abogado de clara inteligencia, de una admirable 
memoria, de sumo juicio, y sobre todo de una alma de ni- 
ño por la sencillez, y de un convzon de miyer por el senti- 
miento. Aquel joven de 28 años que se batia como im león, 
no xx)dia ver una miseria sin tenderle la mano, ni un dolor 
ajeno, sin sentir que una lágrima humedecía sus párpados. 

Ei-a un perfecto ejemplo del patriota entusiasta, del ciu- 
dadano probo, y del leal caballero. 

Desde el principio de la guerra de intervención, abando- 
nó su bufete de abogado, y se presentó á Escobedo, á cuyo 
todo peiinaneció siempre sirviéndole de secretario de guer- 
ra, y combatiendo á la cabeza de sus tembles cazadores de 
Cialeana, que habia organizado él mismo. 

Y jamás desmayó enmedio de las derrotas, de las fati- 
gas y de la miseria horrible en que estaban hundidos todos 
los defensores de la independencia: resistió ^como bueno 
aquellos largos años de prueba. 

Como el torrente de los sucesos me va á arrebatar en sus 
rápidas ondas, y no podré detenerme mas en personalidad 
alguna, permítaseme que abra un paiéntesis, y dentro de 
él salte dos años mas allá para acompañar á Doria hasta 
su agonía. No se me dirá que adulo; jqué puede dame un 
muerto á quien muchos han ohidado ya? 

Después del triunfo, cuando se procuró mejorar la suer- 
te de los prisioneros de Querétáro, Doria cooperó mucho á 
ello. Yo tuve la honra de intentar que se concediera el per- 
don á los condenados á muerte, y nada habria podido lo- 
grar sin la filantrópica adhesión á aquella obra salvadora. 



i 
1 



Mas tarde, cuando quedó restaiinuto el orden constitu- 
ciooaj, \ino Doria & la oficialía mayor del ministerio de la 
goernt, y despnes ocupó un asiento en la cámara, desem- 
peñando las comisiones de confianza con qae lo honró el 
qecutivo. Cuando gobernó el nacieute Estado de Hidalgo, 
dejó allí sobre su nombre una espléndida aura de popula- 
ridad. 

Joven, lleno de vida y de pon-enir, vino á herirlo la 
muerte. Aquel corazón gigante, henchido de valor y de 
sentimiento, se dilató rápidamente, y Doria murió sofiwa- 
do por la nnenrisma. 

Yo presencié sus últimas horas: su alma sufiia el tor- 
mento del condenado á muerte, porque 1» veía venir á es- 
ta cuando llegaba al zenit de su juventud, y quería ^ivir, y 
se retorcía bíyo la gaiTa de! dolor, sin poder desprenderse y 
lanzarse al futuro que le sonreía con todos los encantos de 
la fortuna. 

Lo había yo llevado á Cueraavaca, á aquel encantado 
suelo doude las flores abren sus cálices ti'opicalcs eu un 
cielo ímpivgnado de aromas y de lida, donde hay bosques 
de árboles cuyos finitos solo gustan los reyes en Eiu-opa. 
Pero todo ftié en A-ano. La enfermedad se agra^^aba, y fué 
preciso couducír al joven héioe en una camilla. Al despe- 
dirse de mí me dio un abrazo auiinciándome que seria el 
postrero, y que me encargaba procurase que sn cadáver 
fuera embalsamado. 

Su tñste presentimiento no salió fallido, á los dos dias 
murió 

Concluido con este deber de amistad, prosigo mi relato. 

Por fin, el día 14 de Marzo, comenzaron los liberales sus 
principales operaciones de ataque. Los reconocimientos an- 
teriores, por mas que ambos contendientes los pregoneu 
como rictorias que cada uno de ellos dice haber ganado, no 
dieron mas resultado que haberse mantenido fhtne la línea 




553 
de circunvalaoion del ^ército republicauo, y de haber ^■uel- 
to á la plaza los imperiales después de cada salida. 

Maximiliano había situado su cuartel general en la Cruz, • 
adonde estaba también la brigada de reserva. 

En la mañana de ese dia los republicanos aparecieron eu 
las alturas de San Gregorio y San Pablo, y comenzaron & 
descender de ella? en gruesas columnas. 

El cañón tronó por todas partes; los proyectiles llo\1an 
sobre la ciudad, y cruzaban el espacio como meteoros de 
muerte, y una detonación inmensa, incesante, se escuchaba 
en todo el ámbito de la ciudad. 

El Norte y el Oriente de la ciudad fiíeron atacados con 
vigor: los liberales ocuparon hasta el Camposanto de la 
Cniz y San Francisquito, y las cuadras siguientes hacia el 
centro de la ciudad. 

Ocho horas duró el combate. A laa cinco de la tarde las 
campanas de la ciudad saludaban á Maximiliano vencedoi', 
y las músicas de los cuerpos recorrían las calles de la ciu- 
dad tocando dianas. 

¿Qué era lo que había pasado! 

Los imperiales creían haber rechazado un asalto, y los 
liberalea dicen haber arrojado á sus contraríos mas allá di^ 
su línea, practicando felizmente el reconocimiento proyec- 
tado. 

Sea lo que fuere, el efecto palpable de aquel ataque fué 
que el ejército liberal quedó deflnitiTamente establecido en 
la línea de San Sebastian, distando solo algunos metros de 
las fortificaciones enemigas. 

Laa fuerzas que habían llegado á penetrar hasta el con- 
vento de la Cruz, tuvieron que retirarse á su príniera posi- 
don: la pérdida en el campo de Escobedo, significaba dos 
mil hombres menos. 

Ed onaoto á la victoria del impeño, no me la egplico, co- 
mo todas las que obtuvo dunuite este sitio memorable, 



554 

puesto que después de ellas el enemigo siempre estaba len-^ 
frente cerrándole el paso, mientras que él tenia que. volver 
• á encerrarse en la ciudad. 

Las tres principales salidas de Querétait) quedaban to^ 
madas. 

En los dias que siguieron al 14 no hubo ningún ataque 
serio. 

El dia 17 hablan dispuesto los impelíales sorprender en 
la madrugada el campo republicano por el lado Norte, y 
recobrar las alturas que hablan perdido tres dias antes. 

Desde la media noche comenzaron los preparativos: los 
cueri)os se retiraban en silencio de los puntos que guame- 
ciau, cruzando la ciudad llena aún de sombras, y reunién- 
dose todos en la plaza de San Francisco, de donde se es- 
tendieron hasta el Carmen y la calle del Puente. 

Maximiliano y Márquez se dirigieron al ceiTo de Las Cam- 
panas para presenciar la batalla. 

Todo parecía dispuesto, y sin embargo, aimque comen- 
zaba á aclarar el día el ejército no salla de la plaza. 

En la trinchera del Puente habia tales obstáculos que no 
pudieron pasar las caballerísas: esto era inesplicable: escom- 
bros, caiTos rotos, todo parecía aglomerado allí intencional- 
mente para estorbar la marcha de las columnas, y lo nota- 
ble es que estas dificultades eran accidentales. 

En fin, salió el sol, y el ejército retrocedió á ocupai" sus 
puestos primitivos, porque Márquez personalmente habia 
dado la contra<5rden: se decía que se habia equivocado el 
gefe que mandaba en la Cruz creyendo que iba á ser ata- 
cado, y que el temor de que se perdiera aquel punto tan 
importante y que estaba desguarnecido, fué lo que obligó á 
Maximiliano á mandar que se suspendiera la salida prepa- 
rada. 

Después de cinco dias de espectativa, el dia 22 hicieron 
al fin su salida los imperiales, avanzando hasta la hacienda 



555 

de Sau Jiuuiico, de donde lograron traet algunas semillas. 
También esta espedicion fué honrada dentro de la plaza 
con los honores de la victoria, apesar de que costó á los 
cuerpos que la hicieron inmensas pérdidas, sobre todo á los 
fix)nterizos de Quiroga. Miramon qije fiíó^l gefe que iba 
á la cabeza de las columnas, tuvo que volver á la plaza per- 
seguido muy de cerca por los liberales, los cuales hicieron 
alto al fin, al ser recibidos por el vivísimo fuego de^ artille- 
ría con que las baterías del cerro de las Campanas prote- 
gían la retirada. 

En la madrugada del dia 23 salió Márquez por el cerro 
del Cimatario, único punto que no habia sido ocupado aún 
por los liberales, llevando consigo el 5? escuadrón de lanceros 
y los dos cuerpos de caballería de Quiroga. Este y Vidaurri 
lo acompañaban. 

Iban á México en pos de recursos y hombres para venir 
á auxiliar al soberano. 

La salida de Márquez calmó algo las rivalidades suscita-- 
das con su presencia en el campo imperial. 

Pero la situación de este empeoraba visiblemente, y eu^ 
la ciudad comenzaba á sentirse la carestía de víveres. 

En el campo republicano por el contrario, se aglomera- 
ban cada dia nuevos elementos de guerra. 

León Guzman, restablecido de la grave enfermedad que 
lo obligó separarse de las fuerzas que mandaba en San 
Luis, fué nombrado gobernador de Ouansguato. Y allí? 
aprovechando la riqueza de su Estado, y con una hábil ad- 
ministración ajTidada con su actividad y su honradez sin 
tacha, incesantemente estuvo enviando al ejército nacio- 
nal que sitiaba á Querétaro, dinero, víveres, municiones, 
ambulancias, botíq^iines y trabs^adored para las obras de 
zapa, reclutados entibe los mineros, lo cual los hacia muy 
útiles. 

El gobierno, adenias, habia ordenado á las fuerzas que 



536 

eMpcdicíouab^i eo Michoacan y en el Eatado de México 41^ 
ae dirígienuí á Qnerétaro. 

El día 24 en efecto aparecieron estas íherzas -por el Orien- 
te lie la cindad. A las S de la m ftñft n ftj degpaes de una 
marcha de cinco horas, crozaban las tropas perfectamente 
organizadas paj^ el ¿taque sobre las últimas colinas qne 
terminan la liase del Cimatario. Se estendieron por toda 
la línea del Siir hasta llegar frente á la Ca&a Blanca, é hi- 
cieron alto dando el frente á la ciudad. La colnnina del 
centro y la de la izquierda avanzaron sobre la Alameda y 
la Caaa Jilanca. 

Violentamente habían agrupado los generales impenalis- 
tas su i-eaerva y.todas las tropas de que pudierou disponer, 
en el llano de la Alameda y en la garita del Pueblito. 

Migía, dcHde laji 8 de la mañana, ú pié y acompaüado de 
un ayudante, se liabia situado en una ventana del convento 
de Han Jí'ranciscü que daba al Sor, y desde donde se domina 
períeotauítíiitíi toilo el campo que está enfrente y por donde 
marchaban las fuerzas liberales. Estaba vestido de paisano 
é iba abrigado con un cacbe-ncz rojo, porque eada dia es- 
taba mas enfermo. Apoyó eu La veija horizontal su ante- 
ojo, y iK'rmaneció duiaiite mucho tiempo observando los 
moviitiientofj del enemigo. Luego que comprendió bien 
su ])uslcion, descendió, montó á caballo y fué á tomar el 
niaado tlu su caballcriii. 

Em ya el medio dia cuando comenzó la batalla. Kíva 
Palacio, Vülcz, Méndez, Hartinez, Jiménez, Peña y fiami- 
i-ez, Merciulrt, toila la juventud en fin mas entusiasta de la 
líein'iblicii, los héroes que hablan sostenido aquella deses- 
¡Hn-iMbí lucha contra la intervención, esfciban allí serenos y 
tranquilos, pi ontos ú batirse como los. veteranos mas aguer- 
ridos. 

liiv colimiiia del centro avanzó sobre la ^Vlameda, y la 2? 
sobir. la Gasa Blanca. I-a primei-a llegó & medio tíro de 



567 

fusil, y entonces los imperiales rompieron sobre ella un fue- 
go vivísimo que la hizo pedazos. Habia avanzado dema- 
siado y no fué posible socorreria: la caballería imperial la 
envoinó, y la diezmó en nna carnicería horrible. Floren- 
tino Mercado, que marchaba á pié al frente de sus soldados, 
cayó cubierto de mil heridas. A la vez moria también 
Pena y Bamirez á unos cuantos pasos de la hacienda de 
Casa Blanca. 

La división quedó por im momento espuesta á un desas- 
tre; pero fué socorrida por la caballería de Ugalde, que se 
lanzó á proteger la retirada de las columnas que tanto se 
hablan emi>efiado, las cuales tomaron á su posición. 

También los imperiales victoriosos se retiraron á su línea. 
El camiK) intermedio quedó sembrado de cadáveres: los re- 
publicanos hablan perdido 2,000 hombres entre muertos y 
heridos, y trescientos prisioneros que íueron conducidos á 
Querétaro. 

En la tarde los liberales hablan concluido de establecer 
su campo, cerrando enteramente la línea de circnnvalacion. 
Ese dia comenzó realmente el sitio. 

Pero en el cuartel general del ejército republicano habia 
sin cesar el temor de que Márquez se lanzara sobre la reta- 
guanlia de la línea si lograba reunir un auxilio de impor- 
tancia. 

Ademá*^, se notaba la falta de pólvora. 

Escobedo dispuso entonces que Guadarrama marchase 
con 4,000 caballos sobre el camino de México, con orden 
que se aproximase á la capital hasta encontrar á Márquez. 
Con esa dinsion marchó también Doria. 

Y á todos los gobernadores que estaban mas cercanos se 
les pidieron las mtiniciones que faltaban. 

A las 5 de la mañana del dia 19 de Abril hicieron los 
imperialistas otra nueva salida: era la quinta que intenta- 
ban. Sorprendieron la línea del Norte, ocuparon San Se- 



SSé 

bcMtíao, 4em«an» A AntiOon y a 
tuMU la Craz del Centco. 
cftnaii aaufieroB Tía lgmam eatey rada 
ti-tjrfbntftn I» poMCMfK» aittigiieii £ bóderm "ft"^*-* de 
UiTMirtm j priñcnem» al enemigo. Ltu tratns imperiales 
entraros de nQeToálacindad¿iaa9deIainaDaBa,coada- 
efemlo también algunos priáoneics y dos obnses de moa- 
tafia. 

Lm gefeii nnperíaie» Bolemiiiían» aqoei tnimlo, aanqoe 
fea enatala tan caro, y apesar de qne so iomediato resnlta- 
«lo hatÁa frifl» que el qército lepabtícano avanzara sus po- 
tiñííTu» fñen metrM mas aOá de las que antes tenia. AM es 
qnt; fwtlo (liiMlaban separados de ka impeiiatwtas por el an- 
clio flr^ lina ca)li.>. 

JJeH|»iieft (!': ota tuingrífenU acción, habo muchos días de 
(Silifia, qiie Holo mtemunpieroD ligeros tiroteos sin resslta- 
<1», y qti(! He HiisjH-ndieron al ver cuanto escaseaban >'n las 
tiMini(;íoncH. 

Holo 1-1 caúoii n^piiblicauu troDuba con frecuencia, envian- 
do fí la cíuiIímI miH ttiiríbles proyectiles huecos que tanto 
daño liiu:iitu íi lus habitantes. 



t/i llNfjuoiiifii do la ciudad era huirible: tenia el aspecto 
du uti (»ttiieiit4'TÍo. 

liiiH ayiKhiUtcH y Iüh otíciaicsde semcioque antes cruza- 
lian rílplilaiuuutii las calles altivos, risueñc» y llecos de es- 
piiraiiKiiH, iiioiiliuluH eu sus maguíflcos caballos del país, 
piMaltan después lontaiuciite á comunicar órdenes, llenos 
di^ polvo, tiistcH y hiuiicudo caminar apenas sus cabalgaduras 
lliU'iM que Hu amuitrabaa con diñciütad estenuadas por la 
falla de iHiHiuias. 

Kl puehlü su deslizaba eu pequeños grupos en pos de los 



559 

víveres que tanto escaseaban. Los habitantes acomodados 
se escondían, porque cada día eran mayores las vejaciones 
á que los sigetaba la autoridad militar para arrancarles di- 
nero. 

La presencia del emperador, el lema que había adoptado 
para su gobierno, ^'la equidad en la justicia^^ nada bastó 
para evitar las horribles violencias que se cometieron, con 
un refinamiento inútil de crueldad, á fin de sacar cantida- 
des absurdas en aquella situación. 

¿Para qué queria el imperio dinero? No habla mercado, 
y los víveres que se encontraban, se tomaban á la ftierza, 
dando en cambio recibos de la proveduría: el sueldo de na- 
da servia al soldado, porque no había que comprar. {Se 
trataba acaso de que los gefes sui>eriores pudieran impro- 
visar una fortuna para salvarse á la* hora de la derrota, ó 
para pasar mas tarde la vida en el destierro ó en el retiro? 

El hecho fué que ancianos y enfermos fueron conducidos 
á las trincheras, adonde se les obligaba á permanecer has- 
ta que dieran el rescate que se les exigía: y las señoras fue- 
ion encerradas en prisiones horribles, y cuando no se en- 
contraba á la víctima, se reducía á prisión en su lugar al 
hijo, al padre, á la esposa, al amigo, al sirviente, á cual- 
quiera en fin que se encontrara en la casa del causante, 
hasta obligar á este que se presentara. Y todas estas cruel- 
dades se ejercían acompañándolas de una mquisicion horri- 
ble, y sujetando á las víctimas á un trato insolente y bru- 
tal. Ya se ha dado á luz la información rendida por los 
mismos conservadores sobre estos plagios, robos y tormen- 
tos imperiales, después de la ocupación de Querétaro. Asom- 
bra y conmueve esa espantosa relación: ni una horda de 
bandidos ó piratas que se hubiera apoderado de la plaza 
hubiera empleado un terror tan cínico para saquearla: infi- 
nitas Emilias quedaron arruinadas. ¡Con razón decía Bar- 
res al emperador cuando se supo que este no abdicaba: 



560 
"iS'ire, lio arrastréis vuestro manto imperial en tlfangoy en 
la sangre!! " ¡Hans olvidó baoer menaioQ de eatos hechos 

tle los rayos! 

¡Horrible ironíat El día 10 de Abril tina comi^OD presi- 
dida por García Agnirre, el miuistro de Justicia, se dirigió 
al ülojatmeoto del emperador á ielicibu-Io en aquel auiver- 
ttarío de la aceptacíoo del trono hedía en Sliramar. 

El paitido imperialista debía, por pudor, como decía Cl- 
cerou, haber guardado sileodo en aquella circunstancia: 
¿qué se hablan hecho las protestas de adhesión, las actas 
de la voluntad nacional, los inmensos recursos del país, los 
millares de bayonetas nacionales y extrangeras, el apoyo 
de las naciones aliadas, las flores y los arcos de trionfo 
con que se fascinó al joven príncipe para llevarlo á aquel 
abismoT 

- La Em'oim ateiTOda permanecía impasible coutcmpLindo 
aquel drama; los adictos, los partidarios mas entusiastas & 
la hora de la ovaciou habían ahaudouado á su rey en el pe- 
ligro, baciéndose ¿ la mar con los fíanceses. 

Y á Maximiliano le dejaban tan solo im campo de batar 
Ha adonde caer como héi-oe, ó un cadalso adonde morii- co- 
mo mártir de una mala causa. 

Con lazon cu el discurso de Maximiliauu al contestar la 
felicitación, se notaba ya el desaliento; y aunque lleno de 
dignidad podia verse en aquella pieza oratoria el prólogo 
de la defensa que debían mas tarde hacer por él ante un 
consejo de guenu republicano. 

Al día siguiente de este aniversano se ioteutó una nue- 
va salida por los sitiados, no como se siipuHo en el campo 
liboml para celebrar el recuei-do de la acepüicion, sino iiara 
hacer salir algunos coitcos paxa Márquez. 

La columna, que iba maudada por el principe de Salm, 
comeuzó su movimiento; al despuntar el día se empeüó el 
ataque fuertemente sobre la garita de México; jieit» pocos 



561 

momentos después los imperiales rolnerou á k plaza ba- 
biendo sufrido una gran pérdida. 

Y sobre todo no se logró que pasam ningún coitco. 

La ansiedad en la plaza era tenible: ¿qué habia pasado 
oon Márquez? 



7S 



¿Conocen mis lectores (i Máninozí 

Es un hombre pequeño, muy delgado, raquítico casi, y 
cuyo eueipo no revela la resistencia que ha demostrado pa- 
ra sufrir las mayores fatigas. Una barba larga, tordilla 
(inemada, orla su rosti-o flaco, hnesudo, teñido de bilis, y 
constantemente contraído en su mitiul derecha por una cou- 
Tulsiou continua, tic horrible que le dejó la herida de una 
bala qne le desfiguró el carrillo en el ataque de Morelia. 
Sus ojos redondos y su frente pequeña y deprimida se ase- 
mejan Illa fiera acoiTalada en una cueva. Sin los recuerdos 
de su historia, sin tener presentes las manchas de sangre que 
hay en su vida^ aquel rostro da horror. En cuanto al hom- 
bre moral no quiero, no debo retrat-arlo. Sus propios oom- 
pañeros, los hombres de su mismo partido, lo han juzgado 
con mas severidad de lo que lo harian los liberales. K^ratiy 
dice que Márquez era un general con instintos de verdugo. 

Arellano y Márquez han emprendido una polémica, en 
la cual cada uno de ellos intenta detiirpar al otro: ¡y ambos 
Be inculpan mutuamente haberse escondido en us sótano 
mientras el soberano marchaba al patíbulo! 



563 

En fin, nada nos importan esas miserias de la crónica 
contemporánea, la historia no debe descender á ese ter- 
reno. 

El 28 de Marzo se supo en la capital la llegada de Már- 
quez, quien desprendido de Querétaro tíabia eludido todo 
encuentro con las fuerzas liberales. 

El dia 29 salió Márquez de México llevando consigo las 
mejores tropas del imperio que habia en la ciudad, agre- 
gando á ellas las guarniciones de los pueblos inmediatos, 
los austríacos, los húsares rojos, los gendarmes y la contra- 
guerrilla francesa. 

Después de la derrota de Márquez se contó que solo lle- 
vaba cinco mil homl)res; pero antes dos periódicos de la 
capital al anunciar la espedicion daban á aquella división 
diez mil hombres, dos baterías rayadas y una de montaña. 

Sea lo que fuere, las tropas eran brillantes, y si con ellas 
se hubiera dirigido Márquez á Querétaro habria cambiado 
mucho la situación de Maximiliano. El plan de campaña 
pretestado por el lugar-teniente del reino de salvar á Pue- 
bla y á la capital es una escusa estúpidamente estratégica. 
Si las fíierzas del general Biaz eran superiores, Márquez 
no debió marchar á su encuentro porque era segura su der^ 
rota, mientras que unido en Querétaro con los sitiados se 
formaba un cuerpo de ejército respetable: si tal hubiera he- 
cho debió presentarse frente á la ciudad cuando obtenía 
Miramon el triunfo del dia 27 de Abril. 

¿Qué importaba ademas la capital? En los gobiernos 
personales el soberano es lo primero, y el lugar adonde él 
reside es la verdadera capital del imperio. Afortunada- 
mente Márquez no pensaba así y fué á estrellarse contra 
el ejército de Oriente. 

Al frente de este venia Porfirio Díaz. 

Hay fignrsk^ en la historia que no necesitan la ovación de 
los contemporáneos porque tienen por pedestal la admira- 



564 

cion de los pueblos y el renombre de la posteridad. Porfi- 
rio Díaz es una de esas personalidades brillaotes que se 
veneran pero que jamás se adalan. 

Porfirio es un ¿oven alto, de nn cuerpo de dandy, trigue- 
Qo, la nariz ligeramente roma, el pelo cortado á peÍne,.Io8 
ojos vivos, y sns labios dilatados por una franca y eterna 
sonrisa, d^an ver unos dientes blanquísimos. Apenas pue- 
de creerse al ver aquel joven tan fitinco y tan modesto que 
sea el terrible batallador de Puebla y la Carbonera. 

Su biografía se ha publicado mil veces: simpático y res- 
petado hasta por sus enemigos, los mismos fiuuceses admi- 
raban su valor yo me limitaré á trazar su historia en dos 
palabras. Porfirio Diaz ha d^ado una huella de luz y de 
gloria sobre el suelo del país: en su carrera pública no se 
registra una mancha. 

Hé aquí el hombre con quien iba & batirse el terrible ge- 
neral del ünperio: este olvidaba que en varios encuentros, 
Diaz le había puesto su marca en la espalda. 

Márquez se dirigió á Puebla con en ^érCíto tomando el 
camino mas largo de los Llanos de Apam. 

Todavía para llegar á la ciudad de Zaragoza el ^ército 
imperialista hizo un nuevo giro de costado, describiendo im 
semicírculo sobre Huamantla. Allí se supo que Puebla 
había sido tomada. 

Porfirio Diaz, en efecto, sitiando á Puebla sintió que Már- 
quez venia en auxilio de la plaza. Diario llegar era per- 
derse; retirarse equivalía á una deiTota. Entonces lanzó 
sus columnas hacia adelante, y en medio de un torbellino 
de niego y de metralla ocupó la plaza el día 2 de Abril. 
Puebla, que había resistido tanto sitio, y que había deteni- 
do setenta y cinco dias á loa franceses fiante á sus mtm», 
sucumbió en imas cuantas horas. 

Después de obtenido este triunfo se arrojó el ejército de 
Oriente sobre Márquez. Este, que había comenzado su 



565 

movimiento retrógrado, ñié alcanzado en el pueblo de San 
Diego. Allí filé el primer combate, en el cual se trataba tan 
solo de contener algunas horas á los imperiales á fin de po- 
der darles alcance: para esto ñié preciso sacrificar la caba- 
llería del coronel Lalane que se batió perfectamente hasta 
lograr su objeto, retirándose á la hacienda de San Lorenzo, 
la que ocupó después el enemigo. 

El dia 9 ya se hablan puesto en contacto las fiíerzas de 
Oriente con las del Norte, habiendo pasado el general Diaz 
al campo de Guadarrama. El dia 10 se emprendió el ataque. 

Entre los partid oficiales dados por los gefes liberales y las 
radiaciones de los imperialistas, hay diferencias inesplicables 
en las fechas y hasta en los nombres de los sitios adonde tu- 
vieron lugar aquellos encuentros. 

Y sin embargo, de una plumada puede describirse aquel 
hecho de armas, diciendo que fíié una derrota sufiída por 
Ifárquez en un trayecto de veintisiete leguas, y en \m com- 
bate que duró tres dias. Sobre todo, las jomadas del dia 
10 y el 11 fiíeron sensibles para las fuerzas de Maximiliano, 
porque en ellas quedaron hechas pedazos, apesar del valor 
qpn que se batían los austriacos, los húngaros y la contra- 
guerrilla firancesa. El viejo Márquez ya iba huyendo á esas 
horas con una pequeña escolta y un grupo de oficiales su- 
periores hacia la capital. Kodolich habia tomado el man- 
do de la división, la cual fué destruida en su carrera hasta 
San Cristóbal. Detrás de Márquez entraron los miserables 
restos de su florida división: los dispersos hablan tenido que 
arrojarse al lago para llegar á México. 

Un tal d'Hericault, que cuenta con mucho acaloramiento 
esta jomada, describe un triunfo en cada uno de los dias de 
ella obtenido por los imperiales, quienes, dice, alcanzaron 
cinoo victorias en tres dias. Puede sen pero de esos ven- 
cedores solo unos cuantos llegaron á la capital, sin armas 
casi, llenos de^&ngo y de polvo, y jadeando por su precipi-^ 



366 

taáa carrera: \oñ deiná.s habían qnedado ptisÚHKToe 6 
muertos. 

Hé aqiü por qné llánjuez do pi^ ir á socorrer á so so- 
(jerano: y etite ignoraba la saerte qoe había CMTido m higar- 
tCDíente, mientras qne el mismo día 11 se hatúa ctHaniuca- 
do ai general Eacobedo, por el telégrafo, el trínnfo obtenido 
en San Lorenzo. 



El día 12 de Abril se presentó á Maximiliano nn joven 
iuteligente, de ana familia acomodada y partidario entusias- 
ta del imperio: «ra Don Pedro Santo qne iba á ofrecerse pa- 
ra salir de la plaza, prometiendo pasar entre loa sitiadores y 
llevar á Márquez pliego» del emperador: este aceptó gustoso 
aijuel serncio porque le inspiraba conñauza tanta abnega- 
ción: cl comisionado en efecto jugaba la %ida. 

Sauto, después de recibir instnieciones, saltó el foso del 
pueute, y con un pañuelo blanco en la mano se dirigió á la 
línea de los liberales: estos lo recibieron y lo condujeron al 
cuartel general. Allí dijo que ostígado por las vejaciones y 
privaciones que se suñían en la plaza, había logrado salir 
de ella para íj' ¡i ofrecer sus servicios á los republicanos. 
Estos, r(;o;lo50H de que tanta protesta de adhesión A la cau- 
sa lil)era] imiMirtase un ardid, aunque los bacía TOCÍIarla se- 
renidad de Sauto, dejaron á este en libertad, pero filiándolo 
en unxiuerpo, como lo liabía pedido. Al dársele el unifor- 
me tuvo que desi)ojarse d»; su ropa, y uno de los oficiales 
recogió el sombrero de fieltro de Sauto: al tomarlo sintió 
cnigir en la cinta de su copa un papel: an-ancó el listón y 
se encontró un pliego pequeñísúno enrollado, dírijido ú Már- 
quez, lumediatamente le dio parte al general en gefe, y se 
mandó que Sauto fuese fiuilado. Frente á la trinchera de 
loa imperiales se hizo la ejecución, y aquel desgraciado, an- 



367 

tes de morir, suplicó á los centinelas avisasen á /*u familia 
que estaba denti'o de Querétaro, cuál habia sido mi suerte. 
¡Pobre joven! era una víctima mas sacriflcada por la cegué- 
dad de unos cuantos ilusos que intentaban prolongar una 
situación insostenible! 

Dentro de la plaza, en efecto, se Labia perdido toda es- 
peranza de salvación. La hambre se hacia sentir, las gra- 
nadas despedazaban los edificios, y las balas iban á herir a 
los habitantes que intentaban saHr en pos de víveres para 
sus familias: á esto habia (lue sufrir además, prisiones y 
t\sacciones de todo género. 

Entonces se decidió en un consejo de guen-a enviar á 
México al príncipe de Salm, al general Moret y al coronel 
Campos, con orden de destituir á Márquez. 

Con tal objeto se intentó una salida sobre la línea del 
Poniente, en la noche del 17 de Abril. Una fuerte colum- 
na de caballería se desprendió de la falda del Ceno de las 
Campanas sobre la paralela de los republicanos. El ataque 
estuvo rudo, y la artillería protegió ^'ivament<i aquel moli- 
miento. El estruendo era horrible, y el espacio se iluminó 
(?on el fuego de la fiLsilería. La columna fué rechazada, y 
solo Zarazua logi^ó pasar con 40 dragones: después de mu- 
chas pérdidas los imperiales vohieron á la plaza. 

La ciudad \'olvió á quedar inerte por varios dias, y su- 
mida en una muda desesperación. 

Por un momento se animó al ver al medio dia del 19 de 
Abril, cubrirse de tropas la Cuesta China. Se contó por los 
ilusos, que era Márquez que venia á socoirer la plaza; pero 
pronto ^ino el desengaño, al ver que no se disparaba un so- 
lo tiro. Aquellas fuerzas eran las de Guadarrama que vol- 
vían victoriosas de San Lorenzo. 

En la noche del 26 al 27, los sitiados concentraron en 
San Francisquito y en la Alameda su artillería y su reser- 
va, y casi todos sus batallones. Las gaardias de las trin- 



568 
cber.1» fiieroQ ti-Icrradaa por tropas de cataDeifa c 
tada. 

En la madrugada del día 27 de Abril, coaodo do 8e disi- 
paban aÚD taf) sombras de la noche, se rió repentinuneote 
chispear la fiudleTts pw las looias del Címatarto y sobre la 
garita de 'México. Era una nueva salida qne intentaban 
los^Bitiatloa. FMm sorprendieron la tínea del Gmataxio y 
ocuparon las paralelas y la posición entera: los Hberales 
huían en disponíon. Pero el ataqoe qne símnltáneamente 
d:)ba Castillo ítohre Callejas, fracasó. 8íd embargo, cnaodo 
f] Hül ihimíDÓ perfectamente la escena, se pado ver á las 
tropim de Maximiliano iicampadas en el Ingar donde la ví&- 
pim cijtaban los sitiadores. Y el pueblo recorría libremen- 
te aquellos sitios, conduciendo & la ciudad vívere^i, anima- 
les, y L'iM veinticuatro pieziis de que se habían apoderado los 
imperíalititiis. Aquello sí fué una victoria obtenida por 
sorpresa, i>ero que abrió las puertas de la dudad & SLixi- 
niilíano y á sus gefcH. Si estos hubieran querido escapar- 
se, pudieron cvacuíir la ciudad completamente, sacrificando 
solo 811 artillci'ía y sus trcuea, poiY]uc durante algunas ho- 
ra» conserraron la posición. 

Pero después de aquel inteiTalo de plácemes y felicita- 
ciones, y Ininaa con que se recibía á Maximiliano que re- 
corría la línea, volvió á escucliarse cl estruendo de la fusi- 
lería, y B<i vio deseeiidcr ii las tropas imperiales enmeltaa 
en una nube de hiinii». Era ijue Doria, al frente de sus ca- 
zadores de (Jaleana, rocobialia la posición: con trescientos 
hombres Irania í\ los cinco mil iinjterialcs que había en las 
alturas. Detrás de lii ciiballcría republicana apareció la re- 
serva que violeatainciitc había desprendido Escobcdo sobre 
el Cimatario al saber aquel desastre que pudo comprometer 
s<;riaincutc á todo cl t-jército sitiador. Los imperiales se 
retiraron hechos pedazos, el i-egimiento de la Emperatriz, 
sobre todo, qne redbin el terrible fuego de los rifles de 




Speocer de los cazadores de Oaleana. MaxiuiUiano per- 
maneció sereno en medio del fuego, pero sorprendido de 
ver aquella avalancha de enemigos que no aguardaba: re- 
trocedió al fin hasta las caites de la oindad, á tiempo que 
los sitiadores se iban á apoderar de la Casa Blanca; pero 
les Mtó artillería, mientras que la de la plaza hacia sobre 
ellos un fh^o terrible. 

En la tarde quedaron los republicanos ocupando de nue- 
vo y tranquilamente su antigua línea. Kl campo iuterinedio 
queilú sembrado de cadáveres. 

El dia 1? de Mayo volvieron los sitiados á intentar otra 
salida sobre el estremo izquierdo de la línea Sur. Después 
de cañonear fuertemente la hacienda de Callejas, lanzaron 
una coinmna sobre ella y ocuparon una parte de dicha fin- 
ca: de allí quisieron lanzarse al asalto de la garita, pero 
fueron rechazados con grandes pérdidas, teniendo que retl- 
larae hasta sn línea violentamente, temiendo qne tras ellos 
entraran los sitiadores á la ciudad; pero estos, después de 
liabcr recobrado lo perdido, hicieron alto en sus posiciones. 
Los de la plaza sutrieron una b^ja muy fuerte en los bata- 
llones que ejecutaron la salida. 

Aquella derrota no filé suficiente para estorbar que in- 
tcutiran los de la plaza otro ataque el dia 3 de Mayo. 

Desde en la noche se alistaron las fuerzas, disponiéndose 
dos columnas, una al mando de Castillo y otra al de Mira- 
mou. La primera habin de simular, en la madrugada, una 
eialida Stlsa sobre la hacienda de Calleja, y la segunda ata- 
caría la línea del Norte. 

Castillo, sin embaí^ permaneció inmóvil. Miramon por 
el contrarío, viendo que babia pasado la hora convenida y 
que no se oia el cañcm por el lado del Sor, intentó au sa- 
lida. 

ES ataque de kw imperiales íbé Tig(»twítíino. Se apode- 
raron de la línea avanzada, y sabieron ¿ las alturas del 



570 
cerro de Sao Gregorio, empefUndo un c(«nbate tan sérúiy 
que fué preciso concentrar ev¡ aquel punto las fuerzas de 
Ia8 líneaa ÍDmediataü. Eatóuces el triimfo obtenido pw la» 
fuerzas de la plaza, se comirtió eu una espantosa derrota, 
siendo acuchillados sus batallonee; la célebre guardia mu- 
nicipal sobre todo, que perdió sus dos coroneles, Sosa, qne 
iiacia tres días lialua recibido el mando del cuerpo, y Da- 
niel Franco, que en el campo de batalla fué puesto ú la ca- 
bcza de la gnanlía. 

Daniel Franco era un joven alto, blanco, de pelo <9Sta- 
ño, de ojos verdcü, de magnifica dentadtim, y de una son- 
risa franca y leal. Amigo de la iu&DC-ia del que escribe es- 
tan líneas, nu puede dejar de tributaria aquí un recnerdo. 

Daniel era de una talla gigantesca, y de una fuerza físi- 
ca Lercúlca: cuando cursábamo» las cútedra.s de medicina 
le llamábamos l'oribos, y esto le irritaba, {torqne en aquel 
cutirpu vigoroso se encerraba una alma de niño, extremada- 
mente HUsccptíble, pero muy franca y leal. Cuando recibi- 
mos el titulo de médicos, ambos nos lanzamos ú la )>olitica 
siguiendo un Ími)uli*o distinto. Desgitieiadaiuente Franco 
se Jilió en el ¡lartido conservador, ligado tanto jjor los alec- 
tos de liimilia, como por la amistad del general Castillo, 
que tenia por él una verdadera preferencia. 

V acjuel joven inteligente, rico, vigoroso y tau bueno y 
tan simpático, se batió como un bravo, y cajo al frente de 
su batallón gravemente bcrido. Pocas horas desiiues murió 
rmleado de toda su Üiniilia, y estrechando ctm serenidad la 
mano de sus amigos. 

Los imperialistas volvieron á la plaza diezmados, hechos 
pedazos, desesperados y en verdadera dÍiipei"8Íon. Pero al 
punto pusieron enjuego los couaen'adores ese genio pro- 
fíindo que siempre ha descollado entre ellus, el de la men- 
tira, y para paliar aquel terrible descalabro, dyeron que 
habían suspendido su victoria porque en los momentos de 




571 

completarla, habia penetrado A la plaaa el sargento Guada- 
lupe Victoria, trayendo comanicaciones oficiales, en las 
cuales fie participaba al emperador la llegada de Márquez. 
Era la décima vez que se anunciaba la proximidad de los 



Pero Borprendia que por tan ligera causa se desperdicia- 
se tan brillante triunfo como el que decían haber logrado 
los sitiados: mas lógico huh¡(^ra sido rematar & sus enemi- 
gos, y ahorrar así á Márquez cjue anduviera las legnns que 
aun le faltaban para llegar. 

Ed fin, se publioaFOQ aquellas noticias ai)ócrí£i3, dekülan- 
do en todos sob ponnenores el número de cuerpos que traía 
el lugar teniente del reino, su efectivo, y los nombres de 
los gefes qne mandaban las brigadas. Oreo qae hasta se 
echaron al meló las campanas, y se tocaron dianas para 
celebrar aquel suceso; pero la artillería sitiadora sofocó la 
espresion de aquel mentido júbilo, apagando el repique de 
las campanas con las balas de sus cañones, é inundando la 
ciudad de granadas. 

TamlÑen á los liberales les cost^ muy cara aquella jor- 
nada, porque en ella perdieron mas de 200 hombres, entre 
los cuales se contaban teew gefes y oficiales. 

Apenas habían pasado dos días, cuando hubo un nuevo 
combate. En la noche del día 5 de Mayo, violentamente 
se incendió toda la línea del Norte con un fiíego muy hH" 
trido de fusilería; el cañón trouó á su vez, yrepetidos co- 
hetes de luz alumbraban la escena. 

Los escritores del partido imperialista dicen al hablnr de 
este suceso, que los liberales atacaron las trincheras en ce- 
lebridad del aniversano del 6 de Mayo. Pero en la histo- 
ria del sitio de Querétaro, salida de la pluma de un escritor 
que tomó sos datos del cuMtel general del ejército rcpubh- 
cñno, ae asegura qne los sHiadoB proyeotaron una salida so- 
bre la línea que mandaba el geneial Alatrare. ¥o me inclino 



672 

i crear que los liberales oomenzaroo el ataque, no por la 
puerilidad de celebrar el recuerdo del tdunfb de Puebla, 
8ÍDo por &tigar á los sitiados, ; buscando la parte débil de 
su línea. Sea lo que fuere, después de ties horas de fuego 
todo quedó en silencio, BÍn que ni nnos ni otros obtuvieran 
ventea algana. 



Desde la fecha últimamente mencionada no volvió á ha- 
ber nada serio. Solo los proyectiles huecos de los sitiado- 
res reventaban ooDstantement« sobre la ciudad, destruyendo 
sus edifidos y matando á los habitantes paciñcos. 

La desesperación de estos era terrible. El hambre era 
inminente, el dinero había desaparecido, las esaccíones y 
las violencias de los gefes imperiales no tenían medida, co- 
mo inspiradas por el despecho, y sobre todo este cuadro la 
muerte cimiéndose constantemente b^jo mil formas, y por 
único porvenir todos los horrores de un asalto. 

Las tropas sitiadas habían perdido su moral: hasta donde 
era posible en una ciudad cerrarla, los soldados desertaban 
frecuentemente, y muchas veces se vio desprenderse un gi- 
nete de la linea de los imperiales y avanzar con rapidez 
hacía los liberales, perseguido por las balas de los suyos. 
Los oficiales estrangeros murmurabau sin reser^'a alguna, y 
algunos oficiales superiores ñieron destituidos y reducidos 
á prisión por desconfiarse de ellos. 

Solo Maximiliano estaba sereno en medio de aquel lúgu- 
bre cuadro: si muchos de sus generales afectaban la exita- 
cioD febril de un valor inútil, el archiduque, tranquilo y ^g- 
Do, veía con su altiva impasibilidad llegar el día terrible de 
su caída. 

En los nueve días siguientes al ataque del 5, los gefes ds 
los sitiados mediaban tan solo' encontrar im medí» de salir 



673 

de aquella situación. Oonsejos de guerra, informes, planes^ 
discusiones acaloradas, todo ftié inútil. 

La idea dominante era romx)er el sitio y salin con tal ob* 
jeto se construyeron siete puentes de madera para arrojar- 
los sobre las paralelas y atacar durante la noche la línea de 
circunvalación por distintos puntos. 

Para guarnecer previamente la plaza y asegurarse así 
una retirada en caso de un desastre, Mejía convocó al pue- 
blo de Querétaro llamándolo á las armas; pero apesar de la 
miseria y de la falta de trabajo, solo pudo reunir doscientos 
hombres. 

En fin, los dos generales de los cuerpos de ejército de 
in&ntería y dé caballería y el gefe de Estado Mayor, diri- 
gieron al soberano una exposición fechada el dia 14 de Ma- 
yo de 1867, en la cual, en medio de tm estilo pomposo y 
hueco, que traiciona la pluma que lo redactó, se revela la 
verdad que mas agoviaba á todos, que la plaza estaba per- 
dida. Y en medióle las graves acusaciones que allí se 
dirigían á Márquez, y apesar de la rimbombante enumera- 
ción de los triunfos de los sitiados, venían concluyendo los 
signatarios con proponer á Maximiliano que se atacase des- 
de luego al enemigo hasta derrotarlo completamente, ven- 
ciéndolo en todos los puntos de su línea; pero que si los 
imperiales eran rechazados se evacuase inmediatamente la 
plaza, inutilizando la artillería y los trenes, rompiendo des- 
pués el sitio á todo trance. 

En este documento sorprende que se haya intentado 
mentir con tal descaro al soberano: para un boletín impreso 
que levantara la moral de la tropa aquel informe no tenia 
precio; ppro como la respuesta franca y leal á la consulta 
que les pedia el emp^ador ese documento es incalificable. 
No puedo detenerme en rectiñcarlo línea á línea, pero para 
probar lo que valia me basta anotar que en él se aseguraba 
que el ataque del dia SdeMayo se suspendió, cuando se iba 



674 

ya á triu&r, por haberse tenido noticias de la llegada de 

Márquez con el ejército auxiliar ¡Oon razón sacnmbió 

el imperio de una manera tan lamentaUel 

Después de la junta de guerra quedó dispuesta definití- 
vamente la salida para la madrugada del dia 15. Los mis- 
mos preparativos que se hablan hecho los dias anterícM^s 
con igual objeto, tuvieron lugar en la noche del 14. La 
artillería se retiró de las trincheras y se concentró en la 
Plaza de armas y en la espalda del convento de San Fran- 
cisco. Después de una agitación inusitada en las primas 
horas de aquella noche terrible, todo quedó en silencio. 

He llegado á la época de esta historia mas dificil de des- 
mbir. Sobre esa noche luctuosa pesa una sombra densa 
en la cual se lee escrita la palabra ^^traicion" con signos de 
fuego. 

Si dejáis que guiara mi mano solo la pasión ó el senti- 
miento, mi pluma correría íacil é inspirada, y llenaría pá- 
ginas enteras palpitantes de interés, ^ue pasarían á la pos- 
terídad, no por su méríto intrínseco sino por los hechos que 
enanura. ¡Se me han hecho tan graves revelaciones! Pero 
no tengo fé en ellas, y no puedo elevarlas al rango de au- 
tenticidad que necesitan para ingresar á la historia. .Nos- 
otros los contemporáneos y testigos presenciales de aquellos 
sucesos, tenemos que limitamos á decir solo la verdad para 
no £^sear el juicio del ñituro. Narraré, pues, muy poco; 
I)ero lo que asiente será lo cierto. 

Al príncipio de esa noche, López salió de la plaza y tuvo 
oon Escobedo la entrevista que habia solicitado por inter- 
medio de im abogado Uberal de Querétaro, cuyo nombre no 
estoy autorizado á revelar. 

¿Qué pasó en esa conferencia? Las versiones son muchas 
y ninguna me satisfsM^e por el interés que revela su origen. 
Lo mas probable parece ser que el enviado d\jo ir con auto- 
rización del emperadon falta que se exhiba la credencial; 



575 

pero así lo aseguran todos los escritores que han tratado 
esta materia. Los demás detalles los omito porque todos 
han visto ya la luz pA>licay aunque son contradictorios en- 
tre sí los que han vertido los escritores adictos á Maximi- 
liano y los partidarios de la £epública. López volvió á la 
plaza acompañado de un oñcial de los liberales, disfi-azado, 
é inmediatamente se dirigió al alojamiento de Maximiliano. 
Al salir de allí, el oñcial republicano tomó al campo de los 
sitiadores. 

Luego se dio contra-órden para que no tuviera lugar la 
salida proyectada. 

A las dos y media de la mañana penetraron algunos ofi- 
ciales liberales al Panteón de la Cruz y con ellos el batallón 
de Supremos Poderes. El general Yelez mandaba aquellas 
fuerzas. Sin que se tirara un solo tiro fué ocupado todo el 
convento, y las ü'opas imperialistas que en él habia fueron 
desarmadas y hechas prisioneras. 

Alguno avisó á Maximiliano que el enemigo estaba den- 
tro del punto. Se vistió tranquilamente aimque con alguna 
rapidez, se aseó la boca, se peinó, y mandó que despertaran 
al gefe de su Estado Mayor y á su secretario. Guando to- 
dos estos estuvieron reunidos, salieron á la plaza. 

Maximiliano pasó con su comitiva enmedio de las fuer- 
zas liberales sin ser detenido. Atravesó á pié las calles al- 
tas de la ciudad, cruzó la plaza de San Francisco, las calles 
del Cinco de Mayo y San Felipe, y se dirigió al fin al cerro 
de las Campanas. 

Hasta entonces todo se habia ejecutado enmedio de un 
silencio profundo. Pero pronto comenzó el tiroteo dentro 
de la ciudad misma. La fuerza que ocupaba á San Fran- 
dsco victoreó á la libertad, y comenzó á descargar sus ñi- 
Biles contra cuantos transitabaQ por la plaza. 

Todo era oonfiísion y desorden. 

Ue oficial del piquete de húsares, acompañado de un 



576 

grupo <le liberales, á los cu^es acababa de onirae, hizo 
fdego sobre Mirunon que veoia á pié por la calle de la Al- 
bóndiga. Miramon hizo á sa vez tA> de su pistola, hasta 
que cayó herido de una bala de revólrer que le cruzó el 
carriUo. Pero casi inmediatamente se puso en pié, retrcoe- 
dió y se dirüió á la casa del médico Licea, para que este lo 
cnrara. 

Pero el fuego seguía en la tmi'e de San Francisco, hasta 
qne vino á sofocarlo el estampido de los cien cañones que 
rodeaban á la ciudad y que comenzaron á sostsner sus con- 
tinuos disparos sobre la plaza, apoyando las columnas de 
asalto que simultáneamente se desprendían de toda la 
línea. 

El espectáculo era maguífico. Se veía á los liberales avan- 
zar b^o una nube de humo y de metralla, estrechando el 
cfrciüo como sí fueran á abrazar á la ciudad dentro de un 
anillo de acero. 

Los disparos de los sitiadores se conccntraltan sobre el 
cerro de las Campanas. Allí estaba el emperador en pié 
rodeado de unos cuantos, y contemplando los restos de la 
tropa que aun le quedaba. La demás se había dispersado ú 
Iiabia sido heclia prisionera. 

Consultó con M^ía que estaba á su lado, y viendo que 
era imimsible luchar mas, mandó enarbolar una bandera 
blanca, tocó parlamento, y se entregó prisionero al general 
Corona. Momentos después llegó Escobedo, y Maximiliauo 
le entregó su espada. 

El imperio había concluido. 



Maximiliano, sus generales y loa gefes y oficiales que ha- 
bían sido hecho prisioneros, fueron conducidos á la Ci'uz; 
estos quedaron hacinados en la Iglesia, al emperador se le 
instaló provisionalmente en su antiguo alojamiento. 



577 

El dia 17 se le instaló en el ex-convento de las Tére- 
sitas. 

A Mirainon se le aprehendió en la casa donde se refugió 
herido, y hasta que se restableció fué conducido á la cárcel 
común. 

El dia 19 fué descubierto el general Méndez, dentro de 
una horadación perfectamente cubierta: era un refugio pre- 
parado con anterioridad. Fué preciso rodear todas las man- 
zanas centrales una á una, y catear minuciosamente las ca- 
sas para hallar al próñigo. 

León Ugalde era el encargado de hacer esta requisición, 
acompañado de oficiales nativos de la ciudad, por lo que co- 
nocían la localidad. 

Un sastre raquítico y jorobado fué quien lo denunció: 
muy pocos dias antes Méndez le habia cruzado la cara de 
un latigazo. El jorobado, en los momentos de la ocupación 
de la plaza, espió á Méndez y lo siguió hasta verlo entrar 
á su escondite. Este sin embargo, estaba tan bien practi- 
cado, que los oficiales que hacian el cateo se retirabau ya 
desesperados de encontrarlo, cuando se hundió un pedazo 
del suelo adonde estaba parado uno de ellos. De la fosa 
salió Méndez lleno de polvo: traia una blusa de dril blanco 
y un rifle en la mano: inmediatamente se entregó prisione- 
ro sin hacer resistencia. 

Algunas horas después fué fusilado: — ^^vais á la vanguar- 
dia de nosotros,'' le dgo Maximiliano al despedirse de él. 



El dia 21 de Mayo de 1867 previno el gobierno general 
á Escobedo que se procediese á josgar á Femando Maxi- 
miliano de Hapsborgo, á D. Miguel Miramon y á D. To- 
más Mcgía. 

Con tal motivo, los prisianeros ftieron conducidos al ex- 



578 
conreoto de Capuchinas, que senla de cuartel al batallan 
de Nuevo-Leon. 

Al estremo de nuo de los coiredoi'es iuteriores, al lado 
Sur del edifido, y en otro pequeño corredor qne está ten- 
dido sobre el primero, como la mma borízontal de una T, 
hay tres pequeñas celdas que sirrieron de prísioQ & loe tres 
reos. 

Las Oapucbinas, lo mismo que la mayor parte de las mon- 
jas de su orden, tenían la piadosa ctntnmbre de dar á cada 
una de sus celdas el nombre de algún santo 6 santa.— So- 
bre la pieza qne ocupaba Maximiliano estaba escrito: "San- 
ta Bita de Casia," sobre la de Hiramon: "Santa Úrsula," y 
sobre la de Mejfa: "Santa Teresa." 

La celda del emperador era pequeña, y estaba amuebla* 
da con las comodidades que eran posibles en una población 
como Querétaro, adonde el Injo no puede penetrar año. En 
el fondo de la pieza y en sa parte media estaba un catre de 
bronce, jnnto á él ima mesa tortuga, sobre la cual babia 
dos candelabros con hnjiaa de estearina. Algunas sillas, 
dos sillones de bejuco y nn tocador completaban el severo 
y triste meuívj*! de la prisión adonde estaba encerrado aquel 
emperador tan noble y tan altívo, que jamás creyó descen- 
der tanto al abismo de la desgracia humana. ¡Cnánta dis- 
tancia babia de la pequeña celda del convento de Capuchi- 
nas á la escalinata monumental del palacio de Caserta! 

Aqni pasó Maximiliano los i^ltimos Tcíotísiete días de su 
vida. 

Su aspecto siempre fué el mismo: digno, tranquilo, sere- 
no, como si no viera que se acercaba á la tumba. Si hu- 
biera sido posible haber ido á sondear al fondo de sa alma, 
sns dolores, sus pesares y sns mas íntimos pensamientos, 
hubiera aterrado contemplar el tormento horrible de aquel 



Solo, extrangero entre cuantos lo rodeaban, drcuido de 



579 

enemigos intransi^bles^ obligado á habl^ un idioma estxa- 
ño, sin escuchar las armónicas ondulaciones del lenguaje 
materno, sin que fueran á consolarlo en tan terrible angus- 
tia las palabras tiernas y trepidando de halagos de una ma- 
dre ó una esposa que lo denominaran ^^ su Maz^ " la ima- 
gen de la emperatriz con su arrogante belleza, vagando en 
los desiertos salones de Miramar loca de dolor y desespera- 
ción ¡pobre príncipe! Su error político lo pagó muy 

caro: el crimen que cometió contra la autonomía de un pue- 
blo quedó redimido cuando apuró gota á gota aquel lago 
de hiél. Por eso solo subsisten hoy recuerdos gratos de su 
memoria. 

Maximiliano tenia que permanecer en el lecho; pasada 
la reacción que siempre produce la agitación del peligro y 
el ardor de la batalla vino el postaramiento natural después 
de tanta &tiga: estaba ademas gravemente enfermo. Tan- 
to, que loB médicos de cabecera promovieron una consulta 
con los doctm^es que habia en la dudad. El que escribe es- 
tas líneas filé invitado á concurrir á eUa y á dar su pare- 
cen por eso tuve la ocasión de ver fi^uentemente al ar- 
chiduque en su prisión. 

T siempre me sorprendió con sus maneras finísimas lle- 
nas de dignidad y de nobleza: todo revelaba en él que habia 
nacido en las gradas de un trono, y que el descendiente de 
Garlos y no doblegaba su alma luite la desgracia ni ante 
la misma muerte. 

La agitación que vinieron á causarle los trámites del pro- 
ceso, lo mrancaron de la indolencia forzosa en que estaba 
' sumido. 

Ese proceso lo conocen México y la Europa entera. He 
llegado á un período de esta historia perfectamente sabido, 
y del cual nada tengo que revelar. Lo toco á grandes ras- 
gos porque no debo dcgar incompleto este pequeño boceto . 

Contemplé el vendábal que llegó del vicgc mundo á núes- 



tras costas, y levantó esa temitestad sombría qae envolvid 
á la Bepública sepoltándola como á Hercnlano y Pompe- 
ya en un torrente de lava y de cenizas. ¿Por qaé he de 
desmayar al fin de mi jomadaT 

Segairé adelante hasta saladar el sol de la libertad rea- 
pareciendo en el horizonte desgan-Emdo las nnbes de plomo 
que lo velaban. Sus rayos iban á alambrar ana tumba ré- 
dente y secar de sus bordes las úitímas gotas de sangre 
gne babian chorreado del r^o cad&ver que alU se depon- 
tara. 

También á ese cadáver debo tributar el último homenaje- 



IV. 



La pequeña y humilde celda del convento de Capuchi- 
nas era el sitio donde se representaba un drama terrible. 

Magnus, Lago, Hoorrickx, Gurtopassi y Forest habian 
libado á Querétaro llamados por Maximiliano. Con ellos 
habian venido Biva Palacio y Martínez de la Torre, defen- 
sores del archiduque, quienes habian partido para San Luis 
á sdidtar del gobierno la gracia del prisionero. Ortega y 
Vázquez, patronos también del archiduque, permanecieron 
A su lado para llerar su voz en la defensa frente al consejo 
de guerra. 

Cuando la sumaria estuvo en estado de verse en consejo, 
éste se reunió, apesar de la cuestión de competencia que 
promovían los defensores. 

Era el dia 13 de Junio de 1867 siempre el núme- 
ro trece proyectando su &tfdico reflqo sobre la vida de 
Maximiliano. 

En la mañana, á las ocho, quedó s(do el archiduque en su 
celda. Sus dos generales habian sido llevados ante el tri- 
huna], y los cuatro abogados los acompañaban. 

Aquellas horas de espectativa, durante las cuales se dis- 
.eutia una cuestión de vida, deben haber sido terribles para 



582 
Maximiliano. En aquella soledad que 8ok> intenumpisii 
los pasoB aoompaaadoB de los centiiielaB, tm frío de muerte 
sacndió do dada con sa rápida tr^idadcm agnel oonaoa 
de héroe. 

A las once del dia llegó el fiscal acompañado de sa se- 
cretario á certificar que el prisionero no podia asistir al oon- 
sfgo de gaena, como lo habíamos asegurado ya los médicos 
que lo Timos. Terminada esta formalidad se retiró. 

Tan terrible espectativa se prolongó durante muchas ho- 
ras, basta que el fiscal tomó á comnmcarle que halña mdo 
condenado á muerte. El emperador oyó con tranquila dig- 
nidad aquella sentencia. Dos soles habian pasado sobre 
su existencia sin que los sintiera, aguardando tan solemne 
desenlace. 

Con él debian morir sus dos generales, quienes hablan 
vuelto á su prisión, después del consego, tan serenos como 
hablan salido de alIL 

Apenas se conoció el resultado del jnicio, una inmensa 
súplica Be levantó de todas partes pidiendo á Juárez él per- 
don de los reo^ pero todo ñié ináüL 

La sentenda debió Secutarse el domingo 16 de Jomo á 
las ám de la tarde: pero el gobierno concedió una próroga 
de tres días, por haberlo impetrado así los defensores. 

Estos creyeron sin duda que así dispondrían de tiempo 
suficiente para obtener el indulto: si no, jamás habrían tal 
vez intentado prolongar por tanto tiempo la dolorosa ago- 
nía de los condenados. 

Pero Maximiliano, quien por mas que se haya dicho ja- 
más creyó en so salvación, empleó aqtlellos días en arreglar 
todos sus negocios de corazón; jamás tnvo otros. 

Sus amigos, sus recuerdos de fomilia, ñié lo único qne lo 
ocupó en los últimos momentos. Sin esa jactancia de valor 
que siempre oculta un resquicio de miedo, sino con serena 



583 

dulzura, escribió á todas las personas á quienes creia deber 
un afecto ó un servicio. 
Cuando concluyó con sus sentimientos terrestres pensó 

en el cielo y se postró de rodillas á los pies de su 

confesor. Aquel rey era mas grande haciendo su tocador 
de la mueite que soñándose lleno de magestad en el pala- 
cio monumental de Caseita. 



£1 día 18 de Junio estaba yo en el hospital militar situa- 
do ñiera de la ciudad, en la fabrica de Hércules, cuando 
i'ecibí una tiiste indicación. Uno de los defensores del ar- 
chiduque, me invitaba á que practicai*a jimtamente con 
el doctor Siroub, el embalsamamiento del emperador. Aun 
no se calculaba entonces que el gobierno se encargaiia de 
confiar esta operación á otros médicos; por eso no tuvo re- 
sultado la exitativa« 

En la noche de ese dia entré á la ciudad, y me düígi al 
cuartel general: allí encontré á Doria, ^uien me tendió un 
papel á fin de que lo leyera: el joven coronel estaba pálido, 
y sus ojos se hablan humedecido. 

Tomé la pequeña esquela dirigida á Escobedo, y leí lo 
siguiente: 

Querétaroj Junio 18 de 1867. 

"Señor general: » 

''Deseo, si me es posible, el que mi cueipo sea entrega- 
do al señor barón de Magnus y al señor doctor Samuel 
Basch, i)ara que sea conducido á Europa, y el señor Mag- 
nus se encargará de embalsamarlo, conducirlo y demás co- 
sas necesarias. 

Maximiliano.'' 



To roe estremecí, porqne aqneBo en bonfUe. Vn J6fcn 
Tatuante de javeotod, de vaUx y de tntóigencfa, dlqnBieii- 
ilo de ini cadárer que ai día siguiente estaría Hgido, fHo y 
mngfaaáo por las beridas de dnco balas, sin Indha y ño 
combate 

He reprodacido esta carta testiudmente y sin idterar su 
e.stílo ni SD ortografía: toda estaba escnta de pofio y letm 
de Maximilíaoo, sin qne se notara una seda Tadlacian en 
Rn mano al escribiría. El príncipe tenia nn gran corazón. 

I'or fin amaneció el 19^ y con esa tapídez coa qne pasa la 
aurora en aquellos dias de verano, muy pronto estoro el es- 
pacio innodado de luz, sin qne la saludaran esos tiemísimos 
gorgeos del ave, ni el impalpable y perfnmado uotna de la flor. 

En la celda de Maximiliano había nn sDencío fiinebre; 
solo 8C oía chisporrotear la cera de las velas qne u^ian en 
el altar que allf se improriiM), y cuyas llamas se opacaban 
con la luz matntina. 

Los leales y áltlmox araigos de Maximiliano estaban 
horriblemente pálidos, y en sus ojos se adivinaban las hue- 
llas del UanUr, pero nadie se atrevió á llorar delante del 
príncijie que mostraba un valor tan sereno. 

iSe oyó pI redoble de loa tambores que tocaron llamada; 
el tropc;! de la caballerfa que debía escoltar- á los reos de 
muerte; el ruido de los camuyes que debían conducirlos al 
suplicio, y a] fin, el paso acompasado de la escolta que ve- 
nia por ellos. 

Maximiliano rec-ibiú con una dulce sonrisa al oñcial que 
llegó & decirle <iue ya era. hora: ni encono demostró jamás 
& los que lo habían vencido. Juzgado y sentenciado. Pidió 
un pañuelo grande á fin de cubrir su hermosa barba para 
que no se Incendiara con la esplosion tan cercana de los 
fusiles: nada olvidó, y quería que su madre pudiera contem- 
plar Kii rosti'o no desflgiuado; por eso encargó á los solda- 
dos del pelotón, qne le apuntaran al pecho. 



585 

Se despidió de sus amigos, enü'cgó á su médico su auillo 
nupcial, dio á los presentes las gracias por los servicios que 
le habian hecho, y salió entre la hilera de soldados, admi- 
rando la belleza del cielo, y diciendo que en un dia como 
aquel habia querido morir. 

La fiinebre comitiva se alejó, y todo quedó sumido en 
religioso silencio. 

Pasada media hora, se escuchó una fuerte y triple deto- 
nación. 

Maximiliuio, Miramon y Mejía hablan dejado de existir. 

Poco después el cadáver del emperador fíié depositado 
en la iglesia de Oapuchinas. Llegaron los médicos nombra- 
dos para hacer el embalsamamiento, y al punto comenza- 
ron su operación. 

Los cuerpos de los dos generales del imperio habian sido 
entregados á sus £unilias. 

La ansiedad de los demás prisioneros que debiau ser 
juzgados á su vez por la teirible ley de 25 de Enero de 
1862 comenzó entonces con mas vigor, porque no creian 
salvar de una pena cuando la habian visto caer sobre cabe- 
zas tan altas. 

Olvidaban que el rayo descarga siempre sobre las al- 
turas. 



¿Qué pasaba entretanto en la capital de la BepúblicaT 

Porfirio Diaz llegó en seguimiento de los derrotados de 
San Lorenzo hasta las orillas de México, y estableció allí 
su campamento. 

Dentro estaba encerrada la hiena* 

Luego que fiíé ocupado Quei'étaro, Escobedo desprendió 
de su cuerpo de ejército el mayor número de fíierzas posi- 
bles, para que ajrudaran al sitio de México. 

El general Diaz pudo entonces establecer su linea de 



7C 



/^M /(i«A, ff/ /Mi(/ lAtiéliuUf, *!$tir*s tMtM J^vcMS Denos de 

rl(- 1 Oli'fili- h4im4/I'm ifTff I» Imíí (k mi gloría, veoU od pe^ 
iIIhIk ti-tiuUiU^iin nuil liMlrlM (mtfiirí'i'f fy^nicr el pan acre de 
lii i>iiiluiiH'l""f iMil'w i|ii« iiIhhi' (ti HiHtlu iirofiuwdo pCH* el 
i>hIiiiii|ii>iii Viin l'iiiilAlixni Tovnr, ni imniIa, ol noveUsta, cl 
ilMiiiiiiitlit U'iiiM i|iii> liiiM» wdiltto Hft^niUii' UmUib las amar- 
iliH ili>t>it|ti>liiii<N> t|(t<' x" (loMUti'Uiuiiii wilii'u UiH iirluitiroB sos- 
Ii-immIiiH'» iIi> Iii iitiiiN» iln lii ii'llinii». Doniuiiw ilu uuñiruua 

llllHO tit<M>tt)lllllt>lllll lltitllillti |Ki|lttt'lM,Y IIiImTÍIIH, VUIvÍ» á 811 

i'lihl'hl i|iii>ililii, itili'hilti liiilttu Hiilililo vU<v(U'Ki> isütlo, do su 

tStitttiit'tt \Mm lí'tHMtliti A IVivA tltmtuit, «luo linbia twgut- 
il\i ('(t UHttt \i\ swwvtsWii A ItM iviiultllfAihu do Mk-btük'uu. 

\t.i., i„.v« »v„,^(^i- ínvafi. tlt¡i;vNí' ^'ni -niiwm-c SIS- iwt> 
i •* I •■ »..v , V I .«^ \.<i» «Muii^AM ssi tatOwtu ir^nAtsjk • « Ja- 




que alcanzaron hnyendo durante veintí^ete leguas, según 
d*Hericaidt. Pero loe gefes qne las mandaban se indepen- 
dieron de los impeiialistas mexicanos. 

Los coroneles Kodolich, KerenhiíHer, Vickembourg,.- 
Haméretein, y los comMidantes Ohenet y Kllckziug deísla- 
raron que no se hnmtUarian sirviendo b^ las órdenes de un 
general que abandonaba sus tropas al priaeipio de la batalla, 
que en el nunnento del peligro se pondtian á las órdenes de 
Kodolich, y que si la ciudad se rendia ellos capitularían por 
su propia cuenta. 

Pero nada de esto importaba á M&rque^ solo quería ga- 
nar tiempo y hacerte de recnmos. Foreso se repitieron en 
Méxioo las exacciones y las violencias de Querétaro. La po- 
blación filé saqueada, bus habitantes plagiados, y las clases 
pobres quedaron somídas en la miseria. 

Y en medio de todo esto, Márquez, Arellano y sóáos, min- 
tiendo, fingiendo triunfos, publicando que Maximiliano Ue- 
gaba á Toluca rictoríoso: la táctica antigua reaccionaria. 

Pero al 6d se trasparente la verdad, y la población aupo 
la prisiou de Maximiliano. Bl mismo dia 19 de Junio eo la 
noche, se supo el fosilamiento del emperador y de sus tres 
generales. 

La desmoralización entre loa defensores de la plaza filé 
terrible. — Márqnez, que tanto inculpa á Arellano el que este 
m haya escondido en Querétaro, fugándose por las azoteas, 
mientras el soberano se entrogalm prisionero con tanta dig- 
nidad; Márquez, á su vez, se escondió empolvando los bor- 
dados de su unifoniie y sus cruces y medallas, mientras que 
los altos nnpleados del orden civil, los ministros, sub-seore- 
taríos 7 cons^eros, permanecían en sus puestos. 

También desaparederon Vidaurri, (yHoran, Galvez, Are- 
llano y otros. Entonces TavM3 y los gefes de los cuerpos 
entnuüu en conferencias con el ctmrfiel general republicano. 
Por fin, en la madrugada del dia VSí de Junio los liberales 



oenparm la rm^ixal ét I» Kepábiúar h<»*™«J«. na» de 4» 

Ta UHJiHwqtifa halÑa enociiiáfe poaa señare 

Alipia tiempo « few ya m et gaftieniini— iriniiiiMil ruriiibi 
i k» «aptCoJ poiaad» iHjo bS arras de triBBfe j ^ BoBa éí 
ma wamn súnigBaL 

Jaaffg^layaBiggMa.Jfc«atitrAhiiwnrii>«iM*inpiicáoea. 
«Urat» i kk eapEtal de la Bepúfafiea d fia 15 de Julia ét 
]M7. eni^Jaitopread«>qaeIeeiKKediaelpiiebl0nexi~ 
eaaopor la eoBtanwa y d vahw eoi^Khaíá» nhadsea 
iMffio de aquella tormenta, I» liaadcsa trieolor. 

i<taé babia tiaedado de tama ffja át iiS 

Vn «adárer rf||fdo j eoraetto es ni Tcodage tffpda, eo- 
UjnaAn txt va raja mortuoria y depontado ta Qoerétaro 
en an AntrMOKkj de la cana de Modos Letio que ae había 
deirif^nado para palacio del gobierna, Uaaloca vacado en 
sn caftUtloñD recM'dar ni inmeina desgracia; héaqm el epl- 
ki)$ode la obra ma« grande del reinado de N^^K^eoQ UL 

KI uñtíttKt dia del fantamiento del emperador, el ministro 
de Arntríaitapliró al gobierno mexicanoqoe se le entrega- 
fie el cadár^rr para coDdnctrlo á Eunqia. Al dia sgníente 
el tninfirtro de relaaooefi del Br. Juárez coatestó que tenia 
nuÁivm graren para no acceder á la demanda. 

Kn '<!0 dr Junio de 18tf7el ministro de Prusia insistió con 
igual Rlíplita, y i-J '¿1 de Jalio el Or. Samael Bascb hizo se- 
mejaiitfi gcntion, pero el gobierno negó á ambos su pedido. 

Por fin el dia 25 de Agosto del mismo ^o llegó á Vera- 
cnus cl Tl^n-almirante austríaco Tegetthc^ El 2 de Se- 
ttemíiFR entró & la capital, y el dia 3 se presenta al miuistro 
de rclacloncH participando que solo venia con el carácter de 
amigo de )a familia reinante, y qne sa miaion era porameute 
Oünñdflndal para pedir cl cadáver del archidnqne. El 3r. 
Jjerrlo contestó el dia 4, que solo podia acoederse á sa peti- 



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cion si ñiera precedida de un acto oñcial del gobierno de 
Austria, ó de un acto espreso de la familia del archiduque. 

El dia 26 de Setiembre de 1867 dirigió el ministro de la 
casa imperial, Beust, canciller del imperio, una nota al mi- 
nistro de la República mexicana, pidiéndole su benévola in- 
terposición á fin de que el presidente mandase entregar al 
vice-nalmirante los restos de Maximiliano. El ministro ha- 
blaba á nombre de su Magestad imperial y real aiK)8tólica. 

Entonces el Sr. Juárez mandó se entregase á Tegetthoff 
aquel cadáver. 

El dia 12 de Noviembre de 1867, á las cinco de la mima- 
na, dos carruages escoltados por una fuerza de trescientos 
caballos, hizo alto en la puerta del hospital de San An- 
drés de México. La mañana estaba fila, nebulosa y oscu- 
lisima. Después de algunos momentos de espera, salió del 
hospital una comitiva conduciendo un atahud: dentro de él 
yadan los restos del príncipe Maximiliano de Hapsburgo. 

Los oarroages escolados partieron con su preciosa cai^ 
salieron de la ciudad y tomaron el camino de Yeracruz. El 
dia 2