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Full text of "El hispanismo en Norte-America : exposicion y critica de su aspecto literario. --"

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EL HISPANISMO 

EN NORTE -AMERICA 



exposiciOn y crItica 
de su aspecto literario 



M. ROMERA-NAVARRO 



-H3E' LA UNIVERSIDAD DE PENSILVANIA 



EL HISPANISMO 

EN NORTE-AMERICA 



EXPOSicioN Y x:rItica 

DE SU ASPECtO LITERARIO 




RENACIMIENTO 

SAN MARCOS, 42 
MADRID 









n 



Imprenta de J. Poveda 

Principe, 24 - MADRID 

1917 



DEDICADO 

A LA MEMORIA BENDITA 

-DE MI PADRE 



I 



iNDlCE 

P&ginas. 



Al lector 1 

Introduccldn 3 

I. - LOS PRECURSORES 

Cap. I. - Wdshlngton Irving (1783-1859) 15 

Cronista de la Espafla romancesca. — Su exacta 
vision de la peninsula. — Obras hist6ricas. — La 
Alhambra. — Leyendas ardbigo-espaiiolas. 

n.-GuillermoHifc^ijJ.JngPrescott (1796-1859) ... 27 
Historiador de Espana. — Producciones. — Jui- 
cios sobre Cortes y Felipe II. — Origen de la le- 
yenda negra de este monarca, — Su vindicaci6n 
per los historiadores posteriores a Prescott. 

III.- Jorge Ticknor (1791-1871) 43 

Historiador de nuestra lileratura. — Visita a la 
peninsula, su correspondencia y opiniones acerca 
de la vida nacional. — Historia de la literatura 
espanola. — Tfcknor, Amador de los RIos y Fitz- 
maurice-Kelly. 

IV. - Enrique Wadsworth Longfellow (1807-1882). 54 
Maestro y traductor de la literatura peninsular. 
El poeta en Espana, cardcter y creencias de sus 



P 



VIII EL HISPANISMO EN NORTE -AM£r1CA 

Pigina*. 



habitantes. — Traducci6n de las Coplas de Man- 
rique. — El Estudiante espanol. — Sus versiones 
del castellano. — Ligera noticia sobre Guillermo 
C. Bryant. 

Cap. V. —Jaime Rtissell L6well (1819-1891) 69 

Observador y cn'tico de la vida piiblica nacional. 
Impresiones de Espana; espfritu democrdtico, hidal- 
guia, incapacidad mercantil y corrupci6n adminis- 
trativa. — Sus poesias de tema espanol. 

VI. — La Sociedad Hispdnica de America 81 

Museo, Biblioteca e Institucion cultural. — Fun- 
daci6n, fines y obra de esta sociedad. — Edificio; 
el museo y la biblioteca. — Sorolla y Zuloaga en el 
museo. — Influjo de los maestros espanoles en la 
pintura norteamericana. 

II. -LOS CONTEMPa'^ANEOS 

VII. — Erudites y poetas 89 

I. — Huntington: Su traducci6n, anotada del poc- 
ma del Cid. — Facsimiles. — Apuntcs del noroeste 
de Espaiia. — Causas de la decadencia nacional . 

II. — Rennert: Vida de Lope de Vega. — Calde- 
r6n y el Fenix de los Ingenios: La escena espanola 
en tiempos de Lope de Vega.— OiX2& producciones. 

III. — Fitz-Gerald: Estudios criticos sobre Gon- 
zalo de Berceo. — Opiniones acerca de Valera y 
Menendez y Pelayo. — Versidn inglesa de Vn 
drama nuevo. 

IV. — Clark (C. U.): Conferencias de tema espa- 
iiol. — Collectanea Hispdnica.— Impresiones de 
la peninsula. — Semejanzas entre espaiioles y 
norteamericanos. 



iNDICE IX 

Piginas. 

V. — Ford: Antiguas silbantes espanolas. — An- 
tologia de liricos castellanos. — Influcncia britd- 
nica en nuestro romanticismo literario. 

VI. — Walsh: Poemas de Espafia. — Traductor 
de las poesias originales de Fray Luis de Le6n, de 
Las coplas, etc. — Ensayos sobre el gran mistico, 
los Manriqucs y las artes popularcs. — Salamanca 
y Sevilla. 

Cap. VIII. — Expositores y criticos 228 

\. — Buchdnan: Estudios cervantistas. — Calde- 
r6n: La vida es sueno. 

II. — Schevill: Ovidio y el Renacimiento en 
Espaha. 

in. — Crawford: El drama pastoral en la penin- 
sula. — Biograffa de Cristobal de Figueroa y and- 
lisis de sus obras. 

IV. — B6urland (C.B.): Reminiscencias y plagios 
del Decamerdn en nuestra literatura cldsica. — I as 
paredes oyen, de Ruiz de Alarc6n. 

V. — Post: Origenes y caracteres de la alegoria 
espanola medioeval. — Influencias italianas y fran- 
cesas. 

VI. — Chandler: Nuestra novela picaresca, su 
desenvolvimiento y predominio en las literaturas 
extranjeras. — Su bosquejo historico, por Fonger 
de Haan. 

VII. — Churchman: Trabajos acerca de Espron- 
ceda. — Sus imitaciones de Byron.— Estudio com- 
parative entre el bardo britdnico y el espanoK 

VIII. — H6wells:,Juicios literarios: Valera, Qal- 
d6s, Palacio Valdes y Blasco Ibdfiez. 

IX. - Varios. 



X EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

Piginas. 

CAP. IX. — B16grafos e historiadores 278 

I. — Bourne: Vindicaci6n de U conquista cspa- 
fiola de America. — Legislaci6n filantr6pica y tra- 
tamiento humanitario y liberal de la poblacion 
India. — Verdadero alcancc de la labor cultural de 
los espafioles en tierra americana. 

II. — Lummis: Puramente espaflola es, por espa- 
cio de siglo y medio, la obra del descubrimiento, 
exploracion, conquista y civilizaci6n del Nuevo 
Mundo. — Los exploradores, conquistadores y 
misioneros. 

III. — Mac Nutt: Biografia del P. Las Casas. 
Vida tempestuosa, hechos e ideales del Protector 
de Us Indias. — La Brevisima relacion de la des- 
truccion de las Indias. 

IV. — Lea: Historia de la Inquisicidn espanola.. 
Organizacion, funciones y procedimientos de esta 

■» institucion. — Procesamientos, prisiones, confisca- 

ci6n y censura inquisitorial. — Lea restablece en 
parte s61o la verdad historica. 

V. — Caff in: Historiografo de nuestra pintura. 
Sus caracteres y desenvolvimiento. — Los grandes 
maestros del siglo xvii. — Goya, profeta del mo- 
demo impresionismo. — Los pintores contempo- 
rdneos. 

VI. — Bacon: Vida y obras dramdticas del doc- 
tor Juan Perez de Montalvdn. — Su personalidad 
literaria. 

VII. — Varios autores. 

X. — Colectores y comentaristas 332 

I. — Lang: Cancioneros esparioles, textos ano- 

tados. 

II. — Mardcn (C. C): Edici6n critica del poema 
de Ferndn Gonzdlez, 



iNDICE XI 

Piginas. 

III. — Knapp: Las obras poeticas de Boscdn. 

IV. — N6rthup: La selva oscura, de Calder6n, 
y Troya abrasada, del misrao y Juan de Zabaleta. 

V. — Espinosa: Canciones, baladas y otros gene- 
ros de la poesia popular. 

VI. — R6senberg: La espahola de Florencia, de 
Caldcr6n, y Las burlas veras, de Lope de Vega. 

VII. — Otros colectores. 

Cap. XI. — Traductores y prologuistas (Bishop, Undehill, 

Bell, Showerman, Smith, etc.) 357 

I. — Obras de Perez Gald6s. — Su primacia lite- 
raria. — Las dos versiones de Marianela. 

II. — Dramas traducidos y representados de 
Echegaray. ~ Significacion y alcance de su labor 
dramdtica. — La versi6n de Mariana, per Sarda 
y Wiipperman. 

III. — Palacio Valdes: Su puesto en el campo 
de las letras espanolas. — Traducci6n de sus no- 
velas y en particular La alegria delcapitdn Ribot, 
por M. C. Smith. 

IV. — Quimera: Tierra baja y Maria Rosa. 
Su version y opiniones emitidas acerca del drama- 
turgo cataUn. 

V. — Pardo Bazan (InsolaciSn, El cisne de Vi- 
' lamorta, etc.); Blasco Ibinez (La catedral, Sangre 

y Arena, etc.); Benavente (Los intergses creados, 
La sonrisa de Qioconda); y otros. 

V 

I XII. — Viajeros (Ldthrop, O'Reilly, Marden (F. S.), Bates, 

Clark (C), Chatfield-Taylor, etc.) 397 

I. — El paisaje iberico. 

II. — La raza viril, realista y conscrvadora. 

III. — El espafiol. — La perfecta casada. — Los 
ninos. 



XII EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

Pdginaf. 



IV. — Los campesinos, nervio de la raza. 

V. — Dignidad, cortesia y orgullo de los penin- 
sulares. 

VI. — iLaboriosidad o indolencia? 

VII. — Democracia. — Corrupci6n politica. 

VIII. — Renacimiento de Espana y $u porvenir . 

Tabla alfab6tica 435 



AL LECTOR 



La historia y exposlcidn del hispanismo literario en 
Norte- America estdn por escribir. Nt an solo estudio, 
comprensivo o superficial, popular o erudito, se le ha 
dedicado. Llevado de. fervido amor por las letras patrias, 
tanto como de una cordial estimacion literaria por estos 
espanolistas, he compuesto el presente ensayo. Y por bien 
empleado daria todo el trabajo, el tiempo, papel y tinta 
Ique consumen aun los mas humildes frutos del ingenio, 
.si lograra, amen de ilustrar al lector discreto, que ello 
va de suyo, prenderle en el alma ese tibio calorcillo de la 
humana gratitud, y avivar su interes, por la callada y 
proUfica labor de estos hispanistas. 
jt Im parte primera, de las tres en que divido mi traba- 
' JO, estd consagrada a los precur sores. Super fluo hubiera 
resultado entrar en la exposicidn y detallado examen de 
sus producciones, ya que, por lo general, son bien cono- 
cidas; bastard, pues, una ligera impresion crttica. Se re- 

1 



2 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

fiere la segunda parte a la nSociedad Hispdnica de 
American, que tan poderosa energia ha impreso a la co- 
rriente del hispanismo. Versa la tercera sobre los espa- 
nolista^contempordneos. Alii encontrar del lector un re- 
sumende sus principales producciones, acompahado de 
observaciones criticas, y general bibliograjia de sus de- 
mds libros, monografias e importantes articulos, la cual 
presento al lector con esa confianza de lo compuesto y 
cotejado de primera mano. Como no solo han de dlscu- 
tlrse obras de para erudicidn, slno tambien otras de- va- 
riados generos — poetlcas, poUticas, impresiones de via- 
je, etc. — , no sorprenderd al lector erudito que, abando- 
nando a veces la frase disciplinada y el tono frio de la 
critica, el autor ponga en algunas pdginas cierto calory 
vlveza. 

Duelese el autor, jlnalmente, de que circunstanclas 
ajenas a su voluntad le impldan corregir las pruebas 
del presente ensayo. 

Filadelfia, Abril de 1917. ♦ 



INTR0DUCCI6N 



Cuando parece haber descendido un poco la fiebre 
espanolista en Alemania, lejano ya el dia de los Dieze, 
Bouterwek, Schlegel, Grimm, Wolf y Schack, de tan 
grata memoria, surge el movimiento hispanista de Nor- 
te-America. Son sus precursores Irving, Prescott, Ti'ck- 
nor, Longfellow y Lowell. Existen en la actualidad nu- 
cleos de criticos e investigadores de nuestras letras en 
varios paises. Fresco aiin el recuerdo del pr6cer Fas- 
tenrath, cabe citar entre otros Horneffer y Mayer (A. L.), 
en la misma Alemania; Munthe y Staaff, en Escandina- 
via; Farinelli y Croce, en Italia. Respecto a la Gran Bre- 
tafia, no es posible pasar en silen'cio los nombres de 
cuatro hispanistas ilustres: Martin Hume, muerto en 
4Q10, Fitzmaurice-Kelly, Havellock Ellis y Calvert. Ni 
tampoco seria justo omitir el hecho de que continiia 
siendo aun poco menos que la fragua literaria de nues- 
tra historia, asi como el pais donde mas libros de viajes 
acerca de la peninsula se publican. Tan copiosay exce- 
'lentees en aquel ramo su produccion, que bien pudie- 



4 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

ramos repetir al cabo de un siglo la frase de Prescott, 
diciendo que sus escritores hacen mas por ilustrar la 
historia de Espana que la de cualquier otro pueblo, ex- 
cepto el suyo. Pero los grupos mas compactos y nutfi- 
dos del hispanismo se encuentran en los Estados Uni- 
dos y Francia, e hijos de esta ultima son dos de los mas 
devotos eruditosextranjeros que jamas pisaron el cam- 
p5 de las letras espanolas, los infatigables Foulche-Del- 
bosc y Morel-Fatio; valjosa tambien en la vecina Repu- 
blica, la labor de Enrique Merimee. 

Las visitas a Norte-Am6rica de nuestros pedago- 
gos, escritores y artistas, las conferencias de los sefio- 
res Altamira, Menendez Pidal y Bonilla y San Martin 
las exposiciones de Sorolla, Zuloaga, Villegas, Benedi- 
to, Anglada y otros artistas; los conciertos de nuestros 
primeros violinistas y pianistds; la representacion de los 
dramas de Echegaray y Guimera, y hasta el reciente es- 
treno de las Goyescas del malogrado compositor Gra- 
nados, que puso de moda en la gran Metropoli norte- 
americana todo lo espafiol, desde la musica hasta las 
peinetas de nuestra abuela, la maja goyesca, y el color y 
dibujo de las sedas; todo ello, el alma y la voz de la 
raza hablando aqui por boca de sus mas preclaros re- 
presentantes^ ha contribuido a estimular en los liltimos 
anos un interes siempre creciente por las cosas espano- 
las. Aparte la Sociedad Hispdnica de America, unica en 
su g6nero, existen algunas otras instituciones y socie- 
dades en los Estados Unidos que gozan de vida pros- 
pera y prestigio — como el Club Espafiol y el Circulo 
Castellano de Boston, por citar algunas — ; las cuales, 
formadas por yanquis amantes de Espana, tienen por 



introducci6n 5 

fines el estudio de nuestro lenguaje, literatura, historia, 
etcetera, asi como contribuir, con investigaciones y con- 
ferencias publicas, al mejor conocimiento de nuestro 
pais y de los pueblos hispano-americanos. 

En dos Claras y paralelas corrientes se manifiesta el 
hispanismo norteamericano: es la una de caracter pura- 
mente literario, y se encauza especialmente a Espafia; 
es la otra de orden economico, y se dirige a la America 
latina. La primera estd representada por un nutrido gru- 
po de catedraticos, escritores y artistas interesados en 
nuestras artes, historia y literatura, y que a su investi- 
gacion, difusion y critica consagran su laboriosidad. 
Esta representada la segunda por una muchedumbre de 
banqueros, exportadores, industriales, comerciantes de 
todo genero, que con miras economicas siguen de cerca 
el desenvolvimiento de los paises hispano-americanos 
y estudian su vida y nuestro comun idioma. Forman los 
primeros una aristocracia intelectual, a la cual deberan 
sumarse los politicos, que han de cultivar estrechas 
relaciones con los demas pueblos del continente y 
gobernar colonias donde todavia se conservan el idio- 
ma, las costumbres e instituciones espafiolas. En el pri- 
mer grupo hay que incluir, ademas, a los millares y 
millares de estudiantes que con fines mercantiles, la 
mayoria, estudian nuestra lengua y literatura en los 
centros docentes de la vasta federaci6n. 

La mas elemental manifestacion del movimiento 
hispanista de los Estados Unidos es el estudio del cas- 
tellano. El politico, el industrial, el comerciante, se dan 
clara cuent^ de que para fomentar sus relaciones con el 
Sur y Centro de America y conquistarse sus mercados. 



6 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

han de conocer primeramente el idioma. Y no s61o el 
idioma, sino las instituciones politicas y mercantiles, la 
historia de la raza, su psicologia, ambiente e ideales. La 
ensenanza del espanol en los Estados Unidos, inaugu- 
rada por los misioneros franciscanos en la Florida el 
ano de gracia 1528, la prosiguen en la actualidad mas 
de 200 Universidades y Centros de estudios superio- 
res (1) y 765 escuelas secundarias, de caracter tecnico o 
comercial la mayoria (2), sin contar las academias y co- 
legios privados. En la Escuela naval de Anapolis y en 
la militar de West Point, el estudio del castellano es 
obligatorio. 

Ahora empiezase tambien a hacer una poca justicia 
a los pueblos hispano-americanos. Ya no se les mira 
con desden, al menos con tanto desden como antes. Y 
es que, aparte los nuevos vinculos economicos y litera- 
rios entre la America sajona y la America latina, la 
importancia del estudio de un idioma extranjero es 
mucho mayor de lo que a primera vista pueda imagi- 
narse. Porque el aprender un idioma implica la adqui- 
sicion de ciertos conocimientos geograficos, historicos, 
politicos y literarios del pais donde se habla, y esto nos 
conduce, naturalTTiente, a juzgarle con mayor rectitud, 
benevolencia y simpatia. «El estudio de una lengua 
extranjera — escribe D. Federico Bliss Luquiens (3) — 
nos despierta cierta simpatia por la gente que la habla. 



(1) Vease en particular el Bulletin of United States Bureau of 
Education, num. 510. Washington, 1913. 

(2) Yale Review, July, 1915, pdg. 709. 

(3) Yale Review, Juiy, 1915, pag. 708. 



1NTR0DUCCI6N 7 

Sin duda, es debido en gran parte al mejor conoci- 
miento de ella que primero nos proporciona. Cuanto 
mejor se conoce a una persona, mas suele gustar — con 
tal, por supuesto, que merezca la pena de conocerse — , 
y lo mismo pasa tratandose de una nacion. . . Pero, 
aparte la superior inteligencia que el lenguaje nos faci- 
lita, este promueve la amistad per se, de un modo mis- 
terioso que no cabe explicar. Su poder de simpatia es 
dificil de analizar; pero, el poder en si mismo es inne- 
gable." 

Los norteamericanos no pueden olvidar que dos 
terceras partes de su madre patria ha sido tierra espa- 
fiola; que en el Sur, en el Oeste y en el Centro habitan 
nutridos grupos de poblacion que aun hablan el espa- 
nol y sienten y piensan en castellano; que (::omarcas, 
pueblos, montan.as y ri'os de la vasta y poderosa fede- 
raci6n fueron descubiertos o fmidados por el misionero 
o el guerrero espanol, conservando hoy sus castizos 
aombres de pila: California, Florida, Colorado, Nuevo 
Leon, San Pablo, San Francisco, Los Angeles, Sierra 
Nevada, Rio Sacramento, etc., etc. 

Pero claro esta que no todo es aqui tortas y pan 
pintado. Abundan tambien los mal prevenidos contra 
Espana y los espanoles, los que emiten juicios poco o 
nada lisonjeros para nuestro pais y nos desdenan, Pero 
los tales se encuentran en minoria; asi lo creo, y ojala 
no me dejen mentir. Y ni siquiera ha faltado el lamen- 
table espect^culo de una dama espafiola de elevada, 
elevadisima alcurnia — quien, antes de establecerse en 
Paris, tuvo su domicilio en la plaza de Oriente — , la 
cual publico no hace mucho en cierta revista neoyor- 



8 EL HISPANISMO EN NORTE -AMfiRICA 

quina una escaiidalosa autobiografia en la que del Rey 
abajo nos poni'a a los espanoles, y a Espana, de orp y 
azul. Aqui, como en otras partes, jcomo en todas par- 
tes! — ipor que no decirlo, aunque mucho nos due- 
la? — , quedan por combatir leyendas absurdas y ri- 
diculas que todavia corren acerca de Espana, como si 
viviesemos en tiempos de Troya, y el telegrafo y el 
ferrocarril estuviesen por inventar. Para muchos extran- 
jeros, Espana continua siendo la Esfinge. Y sabido es 
que, cuanto mas vecinos, mas ignorantes suelen ser en 
las cosas de Espana. Ahi estan para patentizarlo nues- 
tros vecinos del otro lado del Pirineo, aunque no falte 
entre ellos quien se pregunte: "iC6mo un pais que ha 
producido tan grandes genios. . . y creado tantas obras 
admirables, es tan desconocido? Se revuelve el suelo 
de Egipto, de la Caldea y de la Siria; se exhuman de 
tierras griegas vestigios de civilizaciones desaparecidas 
y detras del Pirineo existe una nacidn que durante el 
slglo de oro contribuyo con inmensa parte a la gloria 
•de las letras y al esplendor de las artes, y se ignoran 
sus artistas y se ponen en duda sus obras" (1). 

La opinion mas general que se tiene de Espaiia en 
el extranjero es aquella .que nos pirita como un pueblo 
moribundo. Esto pudo decirse — desde luego se dijo 
hasta atronarnos los oidos — en ^el ultimo tercio del 
siglo XIX, pero no hoy en dia. En presencia del actual y 
pujante renacimiento nacional, creo, por el contrario, 
que su sintomatologfa no es la de una raza que esta 



(1) Marcel Auguste Dieulafoy, La statuaire polycrome en Es- 
pagne, 1908. Paris. 



introducci6n * 9 

muriendose, sino la de un pueblo que se reconstituye. 
La perdida del ultimo vestigio de nuestro poderio co- 
lonial en 18Q8 cerro la historia de la Espana desorien- 
tada, indisciplinada y romantica. Los anos transcurridos 
desde entonces han sido anos de briosa resurreccion. 
Su rapido progreso de estos ultimos anos, en todos los 
6rdenes, en el economico, politico y cultural, parece 
prodigio venido de la mano de Dios. A la hora presente, 
en Espafia alienta la misma pujanza redentora que en la 
Italia del Risorgimento. Visiblemente se opera igual 
cambio en todas las esferas de la vida nacional. 

Al hablar del renacimiento de Espana no quiero dar 
por sobrentendida y aceptada la popular leyenda de 
nuestro atraso, con las mas sombrias pinceladas qvie ha 
solido trazarlo la mano poco piadosa de Europa. Mien- 
tras no traspasamos las fronteras de nuestra patria, 
hasta nosotros vivimos en la sincera creencia, con cierto 
ruborcillo patri6tico, de que estamos muy atrasaditos y 
muy a la cola de Europa, casi, casi en Africa. Pero mds 
tarde, cuando en nuestra peregrinacion educativa por 
el Continente, ojeamos otros pueblos y otras gentes, 
nos parece la diferencia mucho menor de lo que se nos 
habia dicho. Con una particularidad muy digna de ano- 
tarse: la de que en.pocas tierras seven hombres tan 
sobrios, tan hospitalarios, tan leales; hombres tan hom- 
' bres y tan caballeros como en aquellos patricios campos 
de Castilla y Aragon, donde hasta los labriegos parecen 
sefiores; con lo cual quiero decir que el tronco de la 
raza, de dura encina, esta vivo y sano. 

Y la verdad es que si en el extranjero se nos juzga 
mal, no es tanto porque lo merezcamos como por la 



10 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

ignorancia que de nosotros tienen. Tanto los que sue- 
len visitarnos sin mas bagaje que el que puede colo- 
carse sobre la redecilla del vagdn, sin conocimiento de 
nuestro lenguaje, costumbres, historia, geografia, etce- 
tera, como los autores desaprensivos que sin haber 
visitado a Espaiia escriben acerca de ella — y entre 
estos, entre los mas grandes e ignorantones de nues- 
tras cosas en el pasado siglo, pudiera contarse al mis- 
misimo Thiers, que apenas si llego a deshacer su equi- 
paje en Madrid, cuando ya partia de regreso a Fran- 
cia — ; tanto los unos como los otros, suelen hacernos 
mucho daiio con sus libros parciales y miopes, en los 
que llaman la alencion del lector sobre lo que por re- 
sultarles mas extrafio y pintoresco les parece lo mas 
importante. Y desde tiempo remoto viene pasando asi. 
Parece ser nuestro sirjo historico. . . Y sabido es que 
sanan cuchilladas, mas no malas palabras. Cosa de un 
siglo hara que un ilustre viajero ingles, Ricardo Ford, 
escribia a este proposito: "Pero es el destlno de Espana 
y de las cosas espafiolas que vengan a ser juzgadas por 
aquellos que jamas la ban visitado y que no se aver- 
giienzan ni de la indecente desnudez de su ignorancia 
geografica" (1). Y el profesor Guillermo R. Shepherd 
observa: «Tener la propia biografia escrita por enemi- 
gos ha sido el desgraciado sino de muchas nobles 
almas, y la nacion, asi como el individuo a quienes tal 
suerte cupo, han de aguardar a que la posteridad sumi- 
nistre los medios necesarios para su justificacion. Tal 



(1) Richard Ford, Gatherings from Spain. London, 1861, pa- 
gina 52. 



INTR0DUCCI6N 1 1 

ha sido el destino de Espana. Nacida efitre mayores 
adversidades que las que suelen rodear la genesis de 
otros Estados, habiendo intentado una empresa civili- 
zadora superior a sus fuerzas y obligada al fin a ren- 
dirse a rivales que regocijaronse con su cai'da tanto 
como se beneficiaron con su debilidad, Espana ha 
seguido viviendo para ver desacreditados sus desig- 
nios, tergiversadas sus acciones y negado su legitimo 
puesto entre las naciones»' (1). Ahora es cuando se 
empieza a hacer justicia a la obra colonizadora de 
Espaiia y apreciar su gigantesca labor civilizadora en 
tierras de. America. Espana tiene derecho a que los 
hijos de America, de toda America, la respeten y hon- 
ren. El finado profesor de Historia de la Universidad de 
Yale, E. G. Bourne, ha escrito las siguientes palabras: 
"Lo que los espaiioles llevaron a cabo en America en 
el siglo XVI... fue una de las grandes hazaiias de la 
historia humana. . . Ellos emprendieron la magnifica, 
aunque imposible, obra de levantar una raza entera que 
contaba millones al nivel del pensamiento, vida y reli- 
gion de Europa» (2). 

La Espafia contempordnea, de hoy en dia, es apenas 
conocida. En el extranjero se nos juzga con el criterio 
de antafio. En Belgica, por ejemplo, aun nos descali- 
fican por las crueldades y fanatismos de los tiempos de 
Felipe II. Y los que se modernizan, por la muerte de 



(1) William R. Shepherd, The Independent, de Nueva York. 
Noviembre, 1910, pdg. 1031. 

(2) E. G. Bourne, Spain in America (1450-1580). New-York and 
London, 1Q04, pags. 195 y 196. 



I 
12 EL HISPANISMO EN NORTE-AM^RICA 

Francisco Ferrer. . . Ignoran que Espana no es, ni jamas 
ha sido, un pais fanatico, ni siquiera devoto. Y^si hasta 
la terminaclon de la, Reconquista hubo de serlo, fue 
parallevar a cabo esa magnifica epopeya que termina 
en Oranada en 14Q2, el mismo afio precisamente en 
que se inaugura la segunda epopeya nacional con eJ 
descubrimiento y colonizaci6n de America. El fanatismo 
espanol, desde entonces a las primeras decadas del 
siglo XIX, fue fanatismo de gobernantes. Las victimas 
espafiolas de la Inquisicion son el mejor testimonio. En 
Inglaterra, que es nuestro socio comercial, el mejor 
mercado de nuestros productos — y no dire nuestra 
mejor amiga porque "hasta las piedras", hasta el pei16n 
de Gibraltar, me desmentirian — , solo muy coniadas 
personas saben que la industria de tejidos catalana es 
tan perfecta que los obreros britanicos no pueden dis- 
tinguirja de su propia perfecta fabricacion. En Francia, 
los que entre el vulgo se creen poco menos que al 
corriente de las cosas de Espaila, nos conocen por las 
obras publicadas en la primera mitad del siglo xix. En 
los Estados Unidos es donde eJ pueblo mejor opinion 
tiene de nosotros; al menos aqui se sabe la historia de 
Espafia, bien o mal interpretada, y se admira su pasado; 
aunque no falten a menudo quienes crean que Espana 
esta en el Sur de America. «Yo veo, en esta cultura de 
la America de origen y de idioma ingleses — escribi'a 
D. Juan Valera (1) — , cierta amplitud de miras, cierto 
cosmopolitismo y cierta comprension afectuosa de lo 



(1) Pr61ogo a la edici6n nbrteamericana de Pepita Jimenez. 
Nueva York, 1913, pdgs. 14 y 15. 



1NTR0DUCCI6N 



13 



extranjero, extensa como el continente que habitan los 
yankees, y que se contrapone a la estrechez exclusiva de 
los ingleses islenos. . . y en estas calidades fundo mi 
esperanza de que los frutos del ingenio espanol, en ge- 
neral, han de ser mejor conocidos y estudiados aqui 
que en la Gran Bretana." 



LOS PRECURSORES 



CAPlTULO PRIMERO 

Washington Irving (1783-1859) 

"Para los norteamericanos — escribe el profesor Wen- 
dell — , Espafia ha tenido a veces mas encanto roman- 
tico que todo el resto de Europa juntO" (1). En efecto, 
alii han buscado inspiracion y tema muchos literates, 
poetas, historiadores y criticos norteamericanos. En 
general, el viejo mundo parece haber poseido un he- 
chizo inefable para los autores de Norte-America. Ro- 
manticos como Irving, clasicos como L6well, todos, 
Prescott, Ticknor, Elnerson, Bryan, Longfellow, Taylor, 
Poe, trataron con amor y aun con predileccion los 
temas de la vieja Europa. Hijos de un pais nuevo, sin 
leyendas y con brevisima, aunque brillante, historia 
politica y literaria, los enamorados de la leyenda, de la 
investigacion y de la critica, alia habian de buscar un 
campo para sus actividades. Mas de t(3da Europa, es 

(\) Barrett Wendell, Literary History of America, New-York, 
1901, pig. 177. 



16 eL, HISPANISMO EN N0RTE-AM6RICA 

- I 

nuestra Espafia la que exclusivamente alimenta la fan- 
tasia de Irving, el primer literate de los Estados Uni- 
dos, y el mejor de la lengua inglesa en su tiempo; la 
que satisface el ansia investigadora de Prescott, su me- 
jor historiador; la que ocupa a Ticknor, su primer eru- 
dite en materias literarias. 

Las obras de Irving son un hermoso panegirico de 
la Espafia romancesca. De seguro, no hay escritor ex- 
tranjero que de modo tan perfecto llegara a identificar- 
se con el alma y ambiente espafioles. Los demas han 
solido pecar por carta de mas o de menos. Ricardo 
Ford (1) vio Espafia con ojos de turista ingles, y sus 
comentarios sobre lugares, tipos y costumbres, por de- 
masiado individuales, en vez de aclarar al lector la real 
vision de la peninsula, la desfiguran a menudo. Tiene 
evidentes aciertos, sobre todo en la descripcion pinto- 
resca de lugares, pero, en general, yerra por ser muy 
de su raza. Edmundo de Amicis (2) nos ha presentado 
una Espaiia demasiado poetica; su vision es magnifica, 
pero le falta justeza y debida ponderacion. Mauricio 
Barres (3) pinto una Espafia arabe; hizo de Andalucia 
compendio y sintesis de toda la peninsula, y, natural- 
mente, se equivoco. Los autores mas antiguos, tampo- 
co aciertan; solo una impresion, y muy ligera, llegan a 
darnos de la peninsula Chateaubriand (4), Dumas, pa- 
dre (5), y Victor Hugo (6) "Cl grande de Espafia" lite- 
rario, que tantas inexactitudes sobre nuestro pais escri- 
bi6. Jorge Borrow describe bien a Espafia; en su Biblia 



(1) Ob. cit. 

(2) La Spagna, 1873. 

(3) Du sang, de la volupU et de la morte, 18Q5. Oreco ou le se- 
cret de Tolede, \^\3. 

(4) CEuvres corApletes de Chateaubriand, Librairie Gamier Freres 
(sin fecha). Paris. Vease pags. 573 y 574 del vol. XII, y sus corres- 
pondientes referencias. 

(5) Orientales, '828. Hernani, 1830. Ruy Bias, 1838. 

(6) De Paris a Cadix, 1848. 



WASHINGTON IRVING 17 

en Espaha (1) hay clara observacion, perspicaces atis- 
bos, pero demasiado inveutiva, y, en conjunto, trazaun 
cuadro extremadamente patetico de la sociedad espa- 
fiola. Es tan dramatico como Ifrico Edmundo de Amicis. 
Solo Irving y Gautier (2) supieron pintarnosla con todo 
acierto y justeza. Gautier, la Espafia de su tiempo; 
Irving, la Espafia arabe y caballeresca. Y eso, no obs- 
tante pertenecer ambos a la escuela romantica, cuyos 
discipulos casi siempre erraron en los estudios de psi- 
cologia extranjera. 

Irving fue Ministro de los Estados Unidos en nues- 
tro pais de 1842 a 1846, y en todo tiempo sincero ami- 
go de Espafia; y aun hijo adoptivo de la peninsula, 
debio de parecerles a aquellos compatriotas suyos que, 
celosos de su ausencia, acusabanle de ingrato con 
America. Adoraba nuestra literatura e historia, gustaba 
de nuestro caracter, habitos y paisajes, hablandonos de 
todo ello efusivamente, aunque sin el menor asomo de 
adulacion, pues al hallar algo censurable pronto brota- 
ba de su pluma el reproche; Quienes lean su correspon- 
dencia desde la peninsula se persuadiran de que no le 
cegaba su amor a Espafia. Le sobraba humorismo y 
buen sentido. De nuestra literatura, escribia a su sobri- 
no, a principios de 1825, las siguientes lineas: «No co- 
nozco nada que me deleite mas que la anciana literatu- 
ra espafiola. Encontraras algunas novelas esplendidas 
en este idioma; y su poesia, ademas, esta llena de ani- 
macibn, ternura, ingenio, belleza, sublimidad. La anti- 
gua literatura de Espafia participa del caracter de su 
historia y su gente: posee un oriental esplendor. La 
mezcla del fervor, magnificencia y romance arabes con 
la anciana dignidad y orgullo castellanos; las ideas su- 
blimadas del honor y la cortesia, todo contrasta bella- 



(1) The Bible in Spain, 1842. 

(2) Tras los monies, 1843, Public6 ademds varias poesias de 
tema espanol. 

2 



18 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

mente con los amores sensuales, la indulgencia de si 
mismos y las astutas y poco escrupulosas intrigas, que 
tan a menudo forman los cimientos de la novela italia- 
na" (1). Antes de conoccr a Espana muestra vivos de- 
seos de visitarla, y una vez en ella' le parece imposible 
partir, y ksi escribe a un amigo o pariente: « Ya ves, aiin 
permanezco en Espafia; nte inspiran tanto interes este 
noble pais y estas nobles gentes que, cuantas veces he 
formado el proposito de abandonarlo, y he hecho los 
preparativos, otras tantas veces he apiazado mi parti- 
daw (2). Y cuando, al fin, nombrado Secretario de la 
Legacion de su pais en Londres, esta ya con el pie en 
el estribo, declara a su amigo Enrique Brevoor, en car- 
ta de 9 de Agosto de 1829, fechada en Valencia: "Una 
residencia de tres o cuatro aiios en este pa,is me ha re- 
conciliado con sus inconvenientes y defectos, y cada 
vez me agradan mas el pais y la gentc" (3), Irving, re- 
pito, fue amigo de Espafia y, en particular, de Grana- 
da. El pueblo granadino le ha correspondido liberal- 
mente. Seguro estoy de que, tras medio siglo de no 
contarse entre los vivos, el cantor de la Alhambra es 
tan popular, si no mas, en Granada como en Nueva 
York, su ciudad natal. Nunca fue pagada tan esplendi- 
damente una deuda como esta de gratitud contraida con 
su heraldo por el pueblo granadino. 

Aunque, en realidad, Irving parece a menudo mas 
amigo de los arabes que de los espailoles. Y asi, refi- 
riendose a que por todas partes ha hallado en Andalu- 
cia trazas del arte,*de las costumbres e invenciones de 
los moros, testimonios de su sagacidad, cortesia, esfor- 



(1) William Morton Payne, Leading American Essayists. New- 
York, JQIO, pag. 76. 

(2) The Life andletters of Washington Irving. By his nephew 
/ Pierre M. Irving. New-York, 1862-64, vol. II, pag. 348. 

(3) The letters of Washington Irving to Henry Brevoort. New- 
York, 19.15, vol. II, pag. 224. 



WASHINGTON IRVING 19 

zado animo, buen gusto y elevada poesi'a, afiade: «A 
veces casi estoy dispuesto a compartir los sentimientos 
de un digno amigo mio y compatriota que halle en Ma- 
laga, quien jura que los moros son las unicas gentes 
que merecieron este pais, y ruega al cielo que retornen 
de Africa y vuelvan a conquistarlo" (1). Al escribir esto, 
Irving olvidaba, sin duda, que la cultura andaluza du- 
rante la dominacion mahometana no fue puramente 
drabe, sino arabigo-espafiola. En esa Granada histdrica 
que tantos hechizos tenia para el, no habia mas de qui- 
nientas familias de pura sangre musulmana a mediados 
del siglo XV, cuando la ciudad alcanzaba el apogeo de 
su espiendor; y si tan mezclada anduvo la sangre his- 
pano-drabe, no poco fundida habia de estar, en la cul- 
tura granadina, la contribucion de ambas razas. 

La Hlstoria de la vida y viajes de Cristobal Colon, 
aparecida en 1828, es la primera obra de Washington 
Irving sobretema espanol. Habia pensado primero ha- 
cer una version al ingles de los documentos colombia- 
nos que D. Martin Fernandez de Navarrete acababa de 
coleccionar. Pero, luego, en vista del caracter fragmen- 
tario de estos documentos, opto por escribir una histo- 
ria del descubrimiento de America. En el aiio 1831 pu- 
blica Irving sus Viajes y descubrimientos de los compa- 
fieros de Colon, que vino a ser una obra complementa- 
ria de la primera. 

Hay en estos dos libros, como en casi todos los de 
erudici6n espailola de nuestro autor, algo de rapsodis- 
mo. Notables en cuanto al plan y al estilo, los materia- 
les suelen ser casi siempre de segunda mano. La docu- 
mentacion que contienen esta tomada del precitado 
Fernandez de Navarrete y de otros eruditos espaiioles 
mas antiguos. No son estas obras, como despu^s habian 



(1) The life and letters of Washington Irving, vol. II, pag. 323. 



20 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

de serlo las de Prescott, fruto de la investigacion per- 
sonal del autor. Su documentacion es tan pobre que a 
menudo se pasan varias paginas seguidas sin una sola 
cita ni referenda. Claro es que en su tiempo no cstaba 
aiin generalizado este afan erudito y detallista de loj 
modernos investigadores; y ha de tenerse en cuenta 
ademas, que asi como primer cuentista norteamerica- 
no, fue tambien Irving el primer bi6grafo historiadoi 
de su patria. Pero si no fueron obras de investigaci6r 
historica, si lo fueron y continiian siendolo en grade 
extremo, de difusi6n entre los pueblos de lengua in- 
glesa. 

La Historia de la vlday viajes de Cristobal Colon nc 
podia ser una labor seria si se considera que tema tar 
vasto no le ocupo mas alia de afio y medio — de Ene 
ro de 1826 a Agosto de 1827 — , y esto en una epoca er 
que la catalogacion de los archivos espanoles estabc 
en pesimas condiciones y aun el acceso a ellos era di- 
ficil. Cierto que Longfellow nos habla de su muchc 
laboriosidad en esta epoca: «. . . encontrabase el sefioi 
Irving en Madrid, ocupado en su Vida de Colon; y s 
esta obra no diese ya por si cumplido testimonio d( 
su celo y concienzuda labor, yo podria daflo por per 
sonal observacion. Parecia hallarse siempre trabajan- 
do»' (1). Mas, recuerdese que un aiio considero Pres 
cott necesario dedicar a estudios de caracter general 
en la ciencia historica, antes de empezar, no ya a escri 
bir, o preparar siquiera los materiales, sino a estudiai 
el tema particular del reinado de los Reyes Catolicos 
Cuya historia le ocupo despues mas de diez afios. D( 
otra parte, Irving no parece haber sido gran erudito, n 
trabajador tenaz, ni mucho menos lo que suele llamarst 
raton de bibliotecas. Jorge Ticknor, su compatriota, er 



(1) Correspondencia de Longfellow, en Life of Henry Wads- 
worth Longfillow, by Samuel Longfellow. Boston and New-York 
1891, vol. I, pig. 118. 



WASHINGTON IRVING 21 

una carta dirigida a D. Pascual Gayangos en 30 de 
Marzo de 1842, decia de nuestro autor: « Irving hara 
cuanto pueda por ayudarnos a Prescott y a mi, porque 
en su benevolencia puede confiarse enteramente; pero 
nunca fue muy active; ahora esta envejecido, y su co- 
nocimiento de libros y bibliografia no llega, ni muciio 
menos, al de Cogswell". Como obras historicas, repe- 
timos, las dos de Irving mencionadas carecen hoy de 
importancia. Ha habido de entonces aca nuevas inves- 
tigaciones y hallazgos de documentos sobre la vida y 
correspondencia de Colon, y especialmente acerca desu 
familia y patria, pues, segiin parece, no era de familia 
italiana, sino judeo-espafiola.ni nacio en Genova o cual- 
quiera de las otras villas italianas que se disputan el 
honor de su nacimiento, sino en Pontevedra (1). 

Mas, si en estas obras no se revela el historiadcr 
diligente y concienzudo que mas tarde habia de escri- 
bir la Vida de Washington, si se muestra el literato. 
Desde el punto de vista literario, la Historia de la vida 
y viajes de Cristobal Colon es una hermosa produccion, 
.aunque no tenga esa uniformidad de estilo que caracte- 
riza a las demas obras de Irving. El autor luce sus ga- 
las de pulido, ameno y brillante expositor. Tuviera poco 
mucho que enseiiar, lo que decia, en general, no pudo 
decirse mejor. Ya que no narraciones rigurosamente 
veridicas de los hechos, ni historias escrupulosamente 
documentadas, la Historia de la vida y viajes de Cristo- 
bal Colon y los Viajes y descubrimientos de los compa- 
fieros de Colon son dos poemas, dos magnificos poemas 
en prosa. Ambas producciones son modelos de gracia 
y estilo, aunque a la primera le falta mucho la lima que 



(1) Veanse La verdndera patria de Cristobal Colon, por F. An- 
ton del Olmet (en La Espana Moderna, Junio de 1910, Madrid); La 
verdadera cuna de Cristobal Colon, por el Dr. Constantino de 
Horta y Pardo, Nueva York, 1912; y Colon, espanol, su origen y 
patria, por Celso Garcia de la Riga, Madrid, 1914. 



22 EL HISPANISMO EN NORTE -AM6rICA. 

a sus demas obras soli'a aplicar. Tambien podria redu- 
cirse bastante el numero de sus paginas sin que nada 
perdiese la cultura historica, y aun ganase algo la so- 
briedad. Las repeticiones son copiosas; la difusi6n, con 
frecuencia, extremada. Irving narra sin entrarse jamas, 
o rarisimas veces, por los campos de la critica historica 
o de la filosoffa de la.Historia. 

Exc€lentes son los apendices de la historia de Co- 
16n, donde Irving ofrece al lector abundante copia de 
documentos sobre la familia del inmortal navegante — 
claro, esto hay que revisarlo a la luz de las nuevas in- 
vestigaciones — , y sobre los viajes y descubrimientos 
decartagineses, escandinavos, espanoles, Portugueses 
e italianbs. 

En el afio 182Q salio a la luz publica Una cronica de 
la conquista de Oranada, segiin los manascritos de Fray 
Antonio Agapida. Tampoco esta obra ocupo a Irving 
mas alia de ailo y medio. De su falta de veracidad his- 
torica nos da idea 'el hecho de no haberse atrevido Ir- 
ving a darla a luz con su nombre — sino bajo el seu- 
donimo de Fray Antonio Agapida — , y el disgusto que 
le produjo el que ^u editor, en vez de publicarla sola- 
mente con el seudonimo referido, como Irving de- 
seaba, la imprimiese con su propio nombre: «Las mix- 
tificaciones literarias — escribia el autor a su hermano, 
en carta fechada en Sevilla el 10 de Abril de 1829 — 
son excusables cuando se ofrecen anonimamente o 
bajo seudonimo, pero son descarados engafios cuando 
van sancionadas por el verdadero nombre del autor". 
En^alguna otra carta anterior/ dirjgida,desde Espafia, a 
su sobrino, habfa declarado que, aunque dandoles a es- 
tas cronicas un tinte romantico, procuro conservar el 
fondo hist6rico. 

Ma^, si desde el punto de vista historico deja mucho 
que desear, literariamente es de lo mas sobresaliente 
que se ha escrito en lengua inglesa. Chef d'oeuvre, 



WASHINGTON IRVING 23 

llamo Coleridge a Una cronlca de la conquista de Gra- 
nada, y ciertamente lo es. En general, todas las leyen- 
das de Irving son magistrales. Alabanle en su patria 
por insigne cuentista, y en Espana, donde aun le leen 
las gentes y adoran su ingenio, en particular en Grana- 
da, tienenle por un admirabilisimo romancista. Seis 
afios de residencia en aquella cludad andaluza me per- 
miten afirmar que Washington Irving, el cronista ro- 
mancesco de la Espana arabe y cristiana, comparte alii 
con Zorrilla, el ultimo trovador de Espafia, laureles y 
popularidad. 

La Alhambra e Irving son dos nombres que van na- 
turalmente asociados. Entre los cantores del insigne 
monumento islamita, acaso merezca Washington Irving 
el lugar de honor. La Alhambra, rotulo el cronista uno 
de sus libros mas lozanos y brillantes, con el subtitulo 
de Una serie de relates y bocetos de moras y espaholes, 
y el cual aparecio en el aiio 1832. Componese esta obra 
de escenas granadinas, descripciones de la Alhambra y 
breves y substanciosas leyendas. Las descripciones del 
paisaje son ,?xactas, no de una exactitud fotografica, 
sino con tanta animacion y vida como fidelidad hay en 
el dibujo y en el colorido. Contemplo Irving el paisaje 
espaiiol, andaluz o castellano, con mds clara mirada 
que cuantos viajeros extrafios visitaron a Espana. Ha 
percibido todas las cambiantes del paisaje; ha sentido 
la melancolica y agreste majestad de las llanuras de las 
dos Castillas que "poseen, en cierto grado, la solemne 
grandeza del Oceanow (1); y ha percibido yrecogido en 
sus libros y en su correspondencia, toda la poesia del 
paisaje de la vega granadina, que Irving parece recrear- 
se en describirnos una y otra vez, magistralmente. El 
grande amigo de Espafia se ha familiarizado con loslu- 



(1) The Alhambra. London and New- York, 1906, pag. 6. 



24 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

gares y con las personas, y ha simpatizado con unos y 
otros; se ha complacido en escuchar las leyendas de la- 
bios del vulgo, que tan peregrinamente sabe en todas 
partes narrarias, y, en particular, de labios de e'sos gi- 
tanicos de quienes con tanto afecto nos habla; y el fruto 
de sus investigaciones de hombre estudioso, de sus 
impresiones de viajero, y de su alta inspiracion de poe- 
ta, nos lo ofrece de un modo alado, ligero y gentil en 
La Alhambra. 

Abunda esta en repeticiones, segiin la critica ha 
apuntado ya, y con frecuencia suele extenderse en di- 
gresiones impertinentes y en frivolas consideraciones 
en los momentos en que mds poesia esperabamos de el. 
Pero la obra nos deslumbra antes de darnos, tiempo a 
entrar en el analisis critico; es brillante y posee una sor- 
prendente vividez y realismo; el autor nos hace ver el 
paisaje y las escenas y tipos, tan grande es su poder 
descriptivo y la firmeza de sus rasgos. Y en la narra- 
cion de las leyendas, que forman la segunda mitad del 
volumen, Irving acierta demodo definitivo. En ellas 
despliega sus brillantes facultades de estilista y narra- 
dor, y nos sorprende y nos deleita. 

Escribio tambien Washington Irving La leyenda de 
Don Rodrigo; La leyenda de la subyugacion de Espana; 
La leyenda del Conde Julian y su familia; La leyenda de 
Don Pelayo; La cronlca de Fernando el Santo y La crd- 
nica de Ferndn Gonzalez, Conde de Castilla, tn las cua- 
les, como en su Conquista de Granada, nos quedamos 
sin saber lo que extrae el autor de las antiguas cronicas 
y lo que el pone de su propia cosechi. Tambien en la 
de Fernan Gonzalez nos saca a relucir, para lavarse las 
manos como un Pilatos literario, el testimonio del ve- 
ridico o worthy Fray Antonio Agapida, de cuyos ficti- 
cios manuscritos supone sacada esta cronica. En su 
prefacio a Crayon Miscellany (Philadelphia, 1835), don- 
de se hallan las tres primeras leyendas, Irving escribe; 



WASHINGTON IRVING 25 

«En las siguientes paginas, por lo tanto, el autor sc ha 
aventurado a profundizar en el encantado manantial de 
las ancianas cronicas espanolas mas hondamente que la 
mayoria de los que en la epoca moderna se hah ocupa- 
do del memorable periodo de la Conquista; mas, al 
hacerlo asi confia en que podra ilustrar mas plenamen- 
te estas memorias sirviendose de la forma propia de la 
leyenda, no pretendiendo que posean la autenticidad 
de la historia rigurosa, aunque nada consignara que 
no tenga una base historica. Todos los hechos aquf re- 
feridos, por extranos que algunos de ellos puedan pa- 
recer, se hallaran en los trabajos de graves y prudentes 
cronistas de antano junto a verdades desde largo tiem- 
po reconocidas y que pueden apoyarse con doctas e 
imponentes acotaciones en el margcu". 

Escribio Irving, ademas, un breve articulo acercade 
Don Juan; una indagacion espectral, segun reza el sub- 
titulo, en la cual se ocupa superficialmente de la leyen- 
da sevillana. Carece de todo merito e interes despues 
de haber aparecido sobre la leyenda donjuanesca los 
estudios e investigaciones de Cotarelo, Men^ndez Pi- 
dal, Farinelli, Blanca de los Ri'os, etc. Tiene Irving otro 
articulo rotulado Abderramdn. Ambos, asi como una 
interesante misiva fechada en Granada, en la qu^ da 
noticia de las procesiones del Corpus Christi en aque- 
11a ciudad, se encuentran en The Spanish papers and 
others miscellanies {New York, 1866). 

De mano maestra estan tratados todos estos temas 
arabigo-espafioles, acerca de los cuales Irving escribia 
con gusto aunque fuese, conforme nos dice con frase 
pintoresca, "a mitad de preciow. Su estilo, que tiene 
para Prescott — y para cuantos leen las obras delrving, 
afiadiremos — un «encanto magico", su fantasia y ge- 
nio particular hallaron en la leyenda el genero literario 
que mas les cuadraba. En ellas, Irving se muestra sobre 
todo poeta, poeta del paisaje, en cuyas descripciones 
parece abandonar la pluma por el pincel, poeta de los 



26 EL HISPANISMO EN NORTE-AM^RICA 

hechos que adereza magnificamente al modo que re- 
quiere la leyenda, poeta y cantor de las viejas hazanas 
y glorias espanolas. Su fina sensibilidad artistica es su- 
ceptible a todas las impresiones. Y nos seduce muy 
particularmente por esa nota personal, impresionista, 
que en todos sus escritos campea. Pocos han poseido 
en grado tan eminente el magnifico don — que el atri- 
buye a Oliverio Goldsmith — (1) de identificarse con 
sus escritos. Su conocimiento de la literatura espaiiola 
clasica, habia de influir de modo decisivo en sus dotes 
de escritor, y ese mismoingenio, animacion, esplendor 
y humorismo que Washington Irving seiiala en aquella, 
vinieron a ser caracteristicas de su propio estilo. No 
se si es pasion de amigo — de amigo- espiritual — o 
costumbre de leerle desde antiguo'en castellano; pero 
cuando en su lengua maternal leo sus obfas, pareceme 
que leo versiones inglesas de un escritor tipicamente 
espafiol. Guillermo Dean Howells (2) atribuye el en- 
canto literario de Irving al influjo de Cervantes y otros 
humoristas espafioles, a los cuales debe tanto, a juicio 
suyo, como a Goldsmith. 



(1) The works of Oliver Goldsmith; Life by Washington Irving. 
Philadelphia, 1857, pag. 5. 

(2) William Dean Howells, My Literary Passions. New-York 
and London, 1891, pag. 23. 



/ 



CAPlTULO II 
Guillertiio Hickling Prescott (1796-1859). 



Casi merece Prescott el ti'tulo de historiador de Es- 
pana; escribe sobre los reinados de Fernando e Isabel, 
de Carlos V, de Felipe II y acerca de las conquistas de 
M6jico y Peru, trazando el completo panorama de los 
periodos mas brillantes de la historia nacional. Nadie 
hubiera imaginado que tal habia de ser su obra cuando 
en 1824, ano en que comenzara a estudiar el idioma 
espanol, escribia a ^u aniigo Bancroft en los siguientes 
terminos:'«Estoy lidiando con los espanoles este invier- 
no, pero no tengo los mismos brios que para los italia- 
nos tuve. Dudo que haya muchas cosas estimables que 
la Have de la sabiduria abra con ese idioma" (1). 

Inaugura Prescott su labor hispanista con la Histo- 
ria del reinado de los Reyes Catolicds Fernando e Isabel, 
publicada en 1837. Considerabala Ricardo Ford (2) 
como la mejor obra historica que produjo America y 
no inferior en merito a cualquiera de las aparecidas en 
Europa en la primera parte del siglo xix. No obstante 
su merito superior, nuestro historiador abrigaba dudas 



(1) George Ticknor, Life of William Hickling Prescott. Phila- 
delphia, 1875, p4g. 63. 

(2) Quarterly Review, 1839, vol. LXIV, pig. 58. 



28 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

acerca de la excelencia de su trabajo, y vacilo mucho 
antes de darlo a la imprenta. Refiere Ticknor (1) que, 
enestas dudas, consulto Prescott a su padre, conforme 
solia hacerlo siempre, el cual le aconsejo su pubjica- 
ci6n, agregando que ei hombre que escribe una obra y 
luego tiene miedo de publicarla es, si, senor, un co- 
barde. 

El autor habia vacilado mucho antes de elegir el 
tema de su primer ensayo historico. Finalmente duda- 
ba entre escoger la historia del reinado de los Reyes 
Catolicos o la historia de la revoluci6n que convirtio a 
Roma en monarquia. Con fecha 19 de Enero de 1828, 
escribe la siguiente nota en su memorandum: «Creo 
que el tema espafiol sera de mayor novedad que el 
italiano; mas interesante para la mayoria de los lecto- 
res; mas litil para mi, porque me iniciara en otro y mas 
practico ramo de estudio; y no mas arduo en cuanto a 
las autoridades que hayan de consultarse ni mas dificil 
de ser tratado, gracias a la luz que ya me han suminis- 
trado juiciosos opusculos sobre las partes mas intrin- 
cadas del tema, y al aiio de estudios preparatorios que, 
, como novicio en una nueva vocacion literaria, he de 
dedicarle. Las ventajas del asunto espaiiol, en conjunto, 
contrapesan lainconveniencia del consiguiente ano de 
estudio preliminar. Per tales razones, opto por la his- 
toria del reinado de Fernando e Isabel. IQ de Enero 
de 1826.M Y veintiiin afios mas tarde agregaba con lapiz 
la siguiente nota, al margen: «Una eleccion afortuna- 
da. Mayo de 1847." Efectivamente, fueun acierto de 
Prescott el escoger este reinado, el de mas pura gloria 
de toda la historia espanola y del cual, por inexplicable 
ceguedad, apenas si se habi'an ocupado los historiado- 
res extranjeros. Aunque, como consigna Prescott (2), 



(1) Ob. cit., pag. 96. 

(2) History of the rein of Ferdinand and Isabella the Catho- 
lic. Philadelphia, 1872, pag. Q. 



GUILLERMO HtCKLING PRESCOTT 29 

«los autores ingleses han hecho mas por ilustrar la his- 
toria de Espaiia que cualquiera otra, excepto la suya 
propia", y no obstante haber aquellos estudiado y es- 
crito sobre todos, o casi todos los reinados de la Espa- 
fia moderna, desde el de Carlos V (1500-1558) hasta el 
de Carlos III (1716-1788), nada dijeron acerca del rei- 
nado de los Reyes Catolicos, que es sin duda el mas 
trascendental de la historia moderna de nuestro pais, 
en el cual se lleva a cabo la unidad politica y religiosa 
de la peninsula, se descubre y principia la colonizaci6n 
de America, se conquista el reino de Napoles, florece 
la Nueva Atenas o Universidad de Salamanca, echanse 
en todos los ordenes los cimientos de la Espafia moder- 
na, y descuellan las figuras legendarias y magnificas, 
dignas de aquel periodo de epopeya, de Crist6bal Co- 
lon, Gonzalo de C6rdoba, Cardenal Cisneros, Vas- 
co Nunez de Balboa, que toma posesi6n de todo un 
Oceano en nombre de Espafia, Hernando del Pul- 
gar. . . 

Prescott pone manos a la obra tomando como fuen- 
tes principales la Historia critica de la Inqulslcldn, des- 
de Fernando V hasta Fernando VII, de Juan Antonio 
Llorente; la general de Mariana; la Guerra de Grana- 
da, de Hurtado de Mendoza; las cr6nicas de Zurita; los 
trabajos de Sempere, Capmany, Suris y Diego Clemen- 
cin; las cronicas hispano-arabes traducidas por Conde, 
las colecciones de Navarrete y las cronicas de los Re- 
yes Catolicos de Pulgar, las cuales, sin eiribargo de ser 
la fuente principal de cuanto sobre dicho reinado se ha 
escrito, Prescott omiti6 en el prefacio al consignar las 
mas importantes obras entre las precitadas. Asimismo 
pudo mencionar al Cura de los Palacios, quien tantas 
noticias nos da del reinado en cuestion, y la correspon- 
dencia de Pedro Martir. Puede decirse que Prescott 
fue el primer extranjero que se ocupo del reinado de 
los Reyes Cat61icos, pues las otras dos obras de auto- 
res extrafios que abarcan el reinado complete de los 



30 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

Reyes Catolicos (1) ofrecen escaso interes. Estaba re- 
servado a un hijo de America el pagar dignamente el 
primer tribute a la historia de este remaao en que se 
descubrio e inauguro la obra civilizadora de su con- 
tinente, «y seguramente — escribe nuestro historia- 
dor (2) — ningun asunto podria hallarse mas adecuado 
a la pluma de un americano que una historia de este 
reinado bajo cuyos auspicios fue revelada por vez pri- 
mera la existencia desu propio y favorecido pais". 

Se ha acusado a Prescott de mantenerse en la narra- 
cion historica fuera del terreno filosofico, o mejor di- 
cho, de no cultivar la filosofia de la historia. Pero, pro- 
testante y extranjero, su historia del reinado de los 
Reyes Catolicos no hubiera revestido acaso tanta im- 
parcialidad, ni.inspirara tanta confianza a los lectores, 
si en vez de limitarse a la narracion, el autor hubiera 
ahondado en la critica historica, dandonos a cada paso 
sus opiniones en materiasde religion, moral y politica. 
Por otra parte, es de lamentar que no filosofara un 
poeo, pues.la ocasion era propicia para estudiar, en 
este reinado, el origen de toda la Espafia moderna, el 
nacimiento de instituciones que luego'han venido a 
incorporarse a la vida nacional, y algunas de las cuales 
aun han traspasado las fronteras. Solo el dominio per- 
fecto que del tema tiene Prescott, podia permitirle des- 
cubrir tantas inexactitudes y errores de los escritores 
que en algun punto particular se habi'an ocupado del 
mismo reinado. Asi le vemos enmendar la plana a 
Hallam, Guizot, Bouterwek, Llorente. . . 

Aunque, como primera obra del autor, el estilo est^ 
algo repulido, tiene concision, claridad y poca o nin- 



(1) Abbe Mignot, Hlstoire des rois Catholiques Ferdinand et 
Isabelle, Paris, 1776; Rupert Becker, Geschichte der Regierung 
Ferdinand des Katholischen, Prag und Leipzig, 1790; ambas cita- 
das por Prescott. 

(2) Prefacio a la edici6n de Filadelfia de 1872, pig. 12. 



GUILLERMO HtCKLINO PRESCOTT 31 

guna broza literaria. La narracion es pintoresca, vividas 
las descripciones, amplia y liberal la critica. No obs- 
tante adoptar alguna que otra vez la actitud de juez que 
falia y sentencia, en general las obras de Prescott estan 
exentas de esos dogmatismos que afean tantos trabajos 
de su genero. Conforme ya ha anotado la critica, entre 
lo mejor del libro, por lo que al estilo concierne, figu- 
ra la descripcion del regreso de Colon despues de su 
primer viaje, y la pintura del cardenal Gimenez d*e Cis- 
neros. De lo mas .notable igualmente es su hermosa di- 
sertacion sobre los romances espanoles. 

Seis afios despues, es decir, en 1843, aparece la 
Historia de la conqidsta de Mejico, con una ojeada pre- 
liminar a la antigua civilizacion rnejicana, y la vida del 
conquistador Hernando Cortes. Habia ya tratado Solis el 
mismo asunto en su Conquista de Mejico (1684), obra 
maestra de,su autor y de su tiempo. Solis era un exce- 
lente historiador y literato; su plan esta siempre bien 
meditado y fielmente seguido. Por su poderosa imagi- 
naci6n y estilo nervioso y fuerte, sus descripciones 
son muy superiores a las de Prescott y mas impresio- 
nantes. Pero le falta la serenidad e imparcialidad de 
6ste. Tambien el ingles Robertson se habia ocupado 
brevemente en su Historia de America {Vlll) del mis- 
mo tema. Mas, anticuadas ambas obras, estaba haciendo 
falta un historiador moderno de altos vuelos que rehi- 
ciese la historia de la conquista, aprovechando los co- 
piosos materiales acumulados en diversas epocas, gra- 
cias particularmente a la diligencia del historiador de 
las Indias Juan Bautista Mufioz, de Vargas Ponce y 
Martin Fernandez de Navarrete. 

Washington Irving empezo a preparar en 1838 una 
historia de la conquista de Mejico. Tres meses llevaba 
ya coleccionando y revisando sus documentos de infor- 
maci6n y critica, cuando tuvo noticia de que Prescott 
se ocupaba en el mismo sujeto. En un arranque de ge- 



32 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

neroso desprendimiento, de esos que tan contados 
suelen ser en el mundo de las letras, ofreciole Irving 
los materiales que ya habia reunido. «Y cediendo el 
tema a usted — escribe a Prescott, en carta fechada en 
Nueva York el 18 de Enero de 1839 — , entiendo que 
no hago sino cumplir un deber, dejando que uno de los 
mas magnificos temas de la historia de America sea 
tratado por quien levantara con el un imperecedero 
monumento a la literatura de nuestro pais." Y, real- 
mente, el hijo de Boston estuvo a la altura de su come- 
tido, escribiendo una obra notable; aunque, en verdad, 
tal historia era para escrita por un Cesar o un Jenofon- 
te de la edad moderna. 

La historia va precedida de una introduccion sobre 
la antigua civilizacion azteca, que, si nos es permitido, 
nos atreveremos a declarar lo mejor de ia obra. Nos 
habla alii, no solo el historiador, sino tambien el filo- 
sofo. No en balde le costo al autor casi tanto tiempo el 
componer la introduccion como la parte narrativa. En 
1.° de Febrero de 1841 escribia a D. Pascual Gayangos: 
"Estoy precisamente concluyendo mi relacion del esta- 
do de la civilizacion azteca; la parte mas krdua e intrin- 
cada de mi asunto, la cual me ha costado dos afios de 
labor. Mas he querido hacerla tan concierizudamente 
como me fuera posible. . . » Prescott trabajaba con la 
paciencia de un benedictino; concedia a cada lema 
ci^anta atenci6n, labor y tiempo requiriese. Parece ha- 
bernos dado su lema en las siguientes palabras que 
estampara cuando examinaba la conveniencia entre es- 
cribir acerca de la historia espaiiola desde la invasion 
arabe hasta Carlos V, o la historia de la revolucion que 
convirtiO a Roma en monarquia, o una. biografia de los 
genios eminentes: «No me importa cuanto tiempo me 
ocupe el sujeto, con tal que sea diligente todo ese 
tiempo.'/ Claro estd — tornando a referirnos a la intro- 
ducciOn — que despu^s de las posteriores investiga- 
ciones, en particular las de Bandelier y Morgan, todo 



GUILLERMO HtCKLiNG PRESCOTT 33 

lo relative a antropologia y arqueologia mejicana de la 
obra de Prescott necesita una revision. Y esp aunque 
es mucho aun lo que queda por averiguar. 

Excelente es el plan seguido por nuestro historia- 
dor. La intercalacion de la parte descriptiva en la narra- 
ci6n, a medida que esta lo iba requiriendo, iu€ una 
plausible habilidad del autor y el origen de ese vivo 
in teres con que se lee la Historia de la conquista de 
Mejico. Su erudicion es copiosa, sin pesadez; erudicion 
que nos satisface sin fatiga-rnos. No es este historiador 
norteamericano, como ya hemos indicado, de los que 
se leen con prevencion o recelo. Apenas nos ha cogido 
de la mano por lo§ campos de la Historia, nos sentimos 
entregados a el con entera confianza. Vemps su patente 
amor a la verdad, su proposito constante de ser impar- 
cial. Y pocos tan concienzudos y escrupufbsos y que 
mas respeto muestren por la verdad historica. Sin ser 
pomposo como Gibbon, ni un estiiista a lo Irving, sin 
ser muy elocuente y brillante, Guillermo Hickling Pres- 
cott muestrase excelente escritor. Cinco afios antes de 
comenzar a escribir su primera producci6n de impor- 
tancia, habi'a declarado: "No he de seguir ningun mo- 
delo. Si una buena imitaci6n cs repugnante, ^que no 
sera una mala imitacion? . . . Conffo en mi para la cri- 
tica de mis propias composiciones. . . Ni estiidiar ni 
imitar ningun modelo de estilo, sino seguir mi propia 
y natural corriente de expresion-' (1) Su estilo es severe 
y noble, como cuadra a la importancia y gravedad de 
los temas que trata. Y unido esto a la sencillez, clari- 
. dad y vigor de sus descripciones, nos produce una 
honda impresi6n, sobremanera en los instantes pat^ti- 
cos, como aquel de tan incomparable fuerza descriptiva 
de "lanoche tristc", que es una de las paginas hist6ri- 
cas mejor escritas que conocemos. Nos conmueve sin 



(1) Z.//^, pags. 204-205. 



34 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

que el parezca conmovido. No es tampoco nuestro 
autor tan brillante como Motley (este historiador tan 
mal avenido con los espanoles) en su History of the 
Rise of the Duch Republic, pero es mas imparcial y 
sereno que Motley e Irving. Menos filosofo que Hume, 
narra con mas amenidad y viveza. Desde luego, no era 
filosofo. En todas sus obras falta la generalizacion de 
los hechos, falta la filosofia de la Historia. Representa 
el eslabon intermedio entre la vieja y la nueva concep- 
cion de la Historia; entre la anciana mera narraci6n de 
los hechos politicos, religiosos y militares, y la nueva 
concepcion de la Historia, hechos con critica y deduc- 
ciones generales. Aunque superado per otros historia- 
dores en ciertas cualidades, es acaso, entre los moder- 
nos, el que posee dotes mas variadas: amor a la verdad, 
ausencia de prejuicios, infatigable espiritu investigador, 
fidelidad en los relatos, imaginacion, sin lirismos, estiio 
sobrio y pintoresco, escrupulosidad; una escrupulosi-' 
dad que le lleva siempre a darnos a conocer los orfge- 
nes de su informaci6n, a fin de que, por nosotros mis- 
mos, podamos comprobar y juzgar. En uno de sus 
trabajos de critica literaria, tras hacer una larga enu- 
meracion de las cualidades que el historiador ha de 
reunir para merecer el titulo de tal, agrega: /<Debe 
ser. . .; en resumen, lo que un perfecto historiador debe 
ser y hacer no tiene fin. Apenas sera necesario afiadir 
que semejante monstruo nunca existio ni existira" (1). 
Y esto conviene no perderlo de vista al juzgar su propia 
labor. Su historia de la conquista de Mejico y biografia 
de Hernan Cortes no termina, como la de Solis y Riva- 
deneyra, con la caida de Mejico en poder de los con- 
quistadores, sino que se prolonga hasta la muerte de 
Cortes. Y para muchos, esta biografia es un panegirico 
del heroe extremefio, aunque no tan caluroso y franco 



(1) William Hickling Prescott, Biographical and Critical Mis- 
cellanies. Philadelphia, 1882, pdg. 83. 



QUILLERMO HiCKLING PRESCOTT 35 

como el de Solis. Entendemos nosotros que Prescott, 
con justas alabanzas y merecidos vituperios, conforme 
la ocasion lo demandaba, presento la figura del con- 
quistador de cuerpo entero y la obra de la conquista 
en sus justas luces. Cierto que al poner de manifiesto 
Ids excesos de los invasores, trata con discretas razones 
de atenuarlos, recordandonos de vez en cuando que no 
es posible juzgar con el criterio contemporaneo la obra 
conquistadora del siglo xvi. Reclamabalo asi la impar- 
cialidad. Consideraba que si la conquista de Mejico era 
un deber, cuanto hicieran los espafioles por asegurarla 
estaba justificado. Entre sus compatriotas se le ha acu- 
sado a menudo de que presente a Cortes como soidado 
de Cristo y no como "soldado del diablO", segiin fuerte 
expresion de un critico; hanle reprochado su «absurda 
y vituperabie defensa de las crueldades y tiranias de 
Cortes" (1). Vease a continuacion los teritiinos en que 
Prescott recoge estas censuras en una carta dirigida a 
su amigo J. C. Hamilton, de Boston, con fecha 10 de 
Febrero de 1844: «La inmoralidad del acto y del actor 
me parecen a mi dos cosas muy diferentes; y mientras 
juzgamos al uno por los -principios inmutables de lo 
justo y lo injusto, debemos considerar alotro confor- 
me la transitoria norma moral de la epoca. La cuesti6n 
verdaderamente estriba en si un hombre fue o' no sin- 
cero y obr6 de acuerdo con las luces de su tiempo. No 
podemos exigir a un individuo, justamente, que se ade- 
lante a su generacidn, y cuando toda una generaci6n 
va por sendero equivocado, hemos de estar seguros 
C\ut se trata de un error de la cabeza, no del coraz6n. 
Pues una comunidad entera, incluso los mas sabios y 
los mejores, no prestara deliberadamente su sancion a 
la perpetracion habitual del crimen. Esto seria una 



(1) F. L. Jeffrey, Letter to Nupier, 22 de Abril de 1845. (En 
Selections from the correspondance of Macwey Napier, London, 
1877, pig. 489.) 



36 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

anomalia en la historia humana." No pueden escribirse 
conceptos mas luminosos en defensa, o mejor dicho, 
en justicia suya y de Cortes. 



Escribe igualmente Prescott la Historia del reinado 
de Felipe II, Rey de Espana (1855-1858). Sepiilveda, 
Cabrera, Herrera y el napolitano Campana, cont'empo- 
raneos todos ellos de Carlos V y Felipe II, habian ya 
trazado la historia de estos reinados. Desde entonces 
hasta llegar a Prescott, ninguiia historia del reinado de 
Felipe II se habia publicado, pues las endebles produc- 
clones de Gregorio Leti, aparecidas en el siglo xviii y la 
de Watson, en el siguiente, estan calcadas en las de 
los precitados historiadores del siglo xvi. Por supuesto 
no habian dejado de menudear las monografias o las 
historias geflerales o de paises extranjeros en que se 
consagraban uno o varios capitulos a este reinado, 
copiandose, en general, unos autores a otros. Guillermo 
Hickling Prescott llega en el instante propicio cuando 
acababan de descubrirse abundantes documentos — 
hasta entonces perdidos e ignorados — en Espana, In- 
glaterra, Holanda, Belgica e Italia. Y sirviendose de 
ellos Prescott escribe su historia documentada e impar- 
cial. Parecera legitimo consignar en este punto la va- 
lipsa ayuda que en la composicion de esta y de sus 
demas obras le prestaron los eruditos y bibliofilos espa- 
noles, y en particular D. Pascual Gayangos. Ticknor, 
bi6grafo del historiador, como ya se ha visto, deci'a a 
este proposito: «... sin la asistencia de un eruditoque 
inspeccionase y dirigiera el conjunto [de la coieccion] 
como D. Pascual Gayangos, lleno de sabiduria en cuan- 
to a este su]eto particular, orgulloso de su patria, cuyo 
honor constabale que servia, y desinteresado como un 
hidalgo espaiiol de los de clasico temple y lealtad, el 
Sr. Prescott no habria podido nunca establecer sobre. 
tan sdlidos fundamentos su Historia de Felipe II, o 



GUILLERMO HICKILNG PRESCOTT 37 

llevar a cabo su empresa, tan lejos y tan bien" (1). Por 
cierto que, aunque fuera de lugar, sera curioso notar 
que lo mismo que Ticknor dice de PrescQtt, respecto a 
la ayuda de Gayangos, Fitzmaurice-Kelly repite del 
primero: «No sera exagerado afirmar que la Historia 
de Ticknor apenas podria haber sido escrita sin la 
asistencia de Oayangos" (2). 

En vez de seguir el riguroso orden cronologico, el 
historiador ha presentado los acontecimientos agrupa- 
dos parcialmente. La Historia del reinado de Felipe II 
ofrece un completo cuadro de la sociedad, vida y cos- 
tiimbres espailolas en las ultimas decadas del siglo xvi. 
Como espafloles hemos de sentir natural gratitud por 
el historiador norteamericano, que nos ha trazado la 
figura del monarca con cabal justeza, ^in recargar los 
tintes sombrios de su caracter y de sus acciones, y sin 
pretender tampoco descargarle de la justa responsabi- 
lidad que ante la Historia le corresponde por muchos 
de sus actos como gobernante, como catolico y como 
hombre. La personalidad de Felipe II estd perfilada con 
toda su majestad e indisputable grandeza, aunque tam- 
bien con sus pasajeras flaquezas y debilidades. Prescott 
era un espiritu sereno, incapaz de fanatismos de ningun 
genero. En carta fechada el 31 de Agosto de 1846 y diri- 
gida a, D. Pascual Gayangos, afirma que, aunque hijo 
de una democracia, no es "intolerante, sin embargo, se 
lo aseguro. No soy amigo de la intolerancia en politica 
o religi6n, y creo que los sistemas no son tan impor- 
tantes como la manera de llevarlos a la practica". Y lo 
mas peregrino del caso es que, personalmente, Prescott 
sentia una gran animosidad contra el monarca espaiiol, 
que desahogaba en privado, pero la cual no trasciende 
a sus escritos, donde siempre o casi siempre, le vemos 
sereno e imparcial. En su historia de Felipe II no se 



(1) Z.//V, pag. 270. 

(2) Revue Hispanique, 1897, vol. IV, pdg. 340. 



38 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

leerd nada por el estilo de las siguientes Ifneas, entre- 
sacadas de una carta que en 25 de Abril de 1855 escri- 
bia a Lady Lyell: «... Si fuere al cielo, despues de 
haber abandonado este cochino mundo, encontraria 
alii muchos conocidos. . .^No cree usted que Isabel [la 
Catolica] me dispensaria una benevola acogida? . . . 
Pero hay uno que estoy seguro me recibira con ojeri- 
za, y ese es precisamente el hombre a quien estoy de- 
dicando dos voluminosos tomos. Con todo mi buen 
corazon, no puedo lavarle y dejarle siquiera en pardo 

, muy obscuro. Es negro de pies a cabeza. Mi amiga, la 
seilora Calderon, no me perdonara jamas. ^No es cari- 

* tativo conceder a Felipe un lugar en el cielo?" Come 
espaiioles, repito, hemos de sentir gratitud hacia el his- 
toriador yanqui al reivindicar, en parte, la personalidad 
de Felipe II, tan implacablemente calumniada en todos 
los tiempos, porque Felipe II era la encarnacion del 
alma espanola de su epoca, porque Felipe II fue el 
rrionarca mas espanol que nos ban dado las casas ex- 
tranjeras de Habsburgo y Borbon, espafiol hasta los 
tu^tanos, con las virtudes y muchos de los defectos de 
la gen.te espanola de su epoca. Y condenar a este sobe- 
rano era poco menos que condenar a la Espafia inte- 
lectual y politica de la segunda mitad del siglo xvi. Se 
le ha reprochado a este monarca su crueldad, como si 
la clemencia hubiera sido patrimonio de los gobernan- 
tes de aquellos tiempos. Recuerdese a sus contempo- 
rdneos Isabel de Inglaterra y Enrique III de Francia. 
Fue gobernante cruel, pero no al modo ordinario, por 
instintos crueles, sino por fanatismo y extremado amor 
a su patria. Fue cruel con un fin claro y que a sus ojos 
todo lo justificaba: servir a su patria y a su Dios. Se le 
ha reprochado sobremanera su desconfianza y receloso 
espiritu; desconfiaba, dicen, de Francia,, de los Raises 
Bajos, de Inglaterra, de la Repiiblica veneciana. Pues 
todos ellos vinieron a justificar mas tarde sus recelos. 
Desconfiaba de sus ministros. Mas v6ase en los reina- 



GUILLERMO HtCKLING PRESCOTT 39 

dos posteriores si tal linaje de politicos podia merecer 
la confianza de un rey prudente. Volviendo a su histo- 
riador, diremos que este no nos pinta solo al Felipe II 
sombrio, duro, fanatico, belicoso, sino tambien al mo- 
narca liberal, prudente, perspicaz, laborioso, artista, 
frugal y humilde. 

La negra leyenda sobre Felipe II tiene su origen en 
el mismo siglo xvi, que Antonio Perez, para to.mar ven- 
ganza del monarca, da a la luz publica sus Cartas y 
Relaciones, y, algunos anos antes, el principe de Oran- 
ge publica su Apologie ou dejense du tres illustre Prince 
Guillaume, par la grace de Dleu, Principe d' Orange, 
contre le Ban et Edict publie par le Roi d'Espagne par 
lequel il proscrit le diet Seigneur Prince, dont aperra 
des calomnies et faulses acusations contenues dans la 
dicte Proscriptions, dirigida a los reyes, principes y po- 
tentados de Europa, en la que se defiende de las acusa- 
ciones de ingrato y traidor que contra el habia lanzado 
Felipe II, y, a su vez, delata al monarca espaiiol de in- 
cestuoso, bigamo, adultero y asesino, pintandole a el y 
a sus vasallos con los tintes mas sombrios. A medida 
que pasa el tiempo, la personalidad de Felipe II de 
Espafia se esclarece y recobra su humana apariencia, 
dejando de ser para los historiadores imparciales el 
demonio del Mediodia. Despues de Prescott, aunque 
haya alguno que otro historiador, como Motley, que 
vuelva a copiar de antiguos autores la leyenda negra, 
los mas y los mejores le juzgan con un criterio favora- 
■ ble: Gachard. en Correspondence de Philippe II sur les 
affaires des Pays-Bas (Bruxelles, 1848-79), La decheance 
de Philippe II (Bruxelles, 1863) y Don Carlos et Phi- 
lippe II (Paris, 1867); Nameche, en Le regne de Phi- 
lippe II et la luite religieuse dans les Pays-Bas au XVI 
siecfe {Prus, Louvain, 1885-87); Mou'y, en Don Carlos 
et Philippe II (Pan's, 1888); Hume, en Philippe II of 
Spain (London, 18QQ), y otros historiadores hasta lleg-ar 
a Clauzel, quien en su obra Etudes humaines; Eanati- 



40 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

ques: Philippe II dH Espagne (Pan's, 1Q13), retrata al sobe- 
rano espanol con mano reparadora y justiciera. 

No hay que decir que el rey es la figura central de 
la obra de Prescott. Ya lo habia el declarado: «£! carac- 
ter de Felipe sera el que domine y rija a todos los 
demas, y su politica sera el objeto de preferente aten- 
cidn, a la cual casi todos los acontecimientos de su 
reinado pueden, en cierto grado, asignarse. Se vera, 
sin duda, que su politica tiene por fin el establecimiento 
de la religion catolica y del poder absolute. Estos fue- 
ron los objetivos que siempre tuvo presentes, y asi ha, 
de tenerlos, por consiguiente, el historiador como norte 
de su complicada historia» (1). 

El historiador descubre una gran simpatia por don 
Juan de Austria; pero ^cbmo es posible seguir paso a 
paso la historia de este hombre extraordinario, sus 
hazaiias de guerrero, sus triunfos como politico, sus 
nobles hechos, ni contemplar su galiarda y apuesta 
figura, la virtud de sus acciones, su caballerosidad, su 
valor, su liberalidad, sin sentirse arrebatado por el en- 
tusiasmo, por muy historiador que se sea? Pues no 
estan en dos cuerpos la mente del historiador y el co- 
razon del hombre. ^Como seria posible sacar a la escena 
historica al prototipo del heroe caballeresco, sin poner 
en las palabras algo del fuego del sentimiento? Como 
el mismo Prescott ha dicho, «los caracteres nobles e 
interesantes, naturalmente suscitan una especie de par- 
cialidad, analoga a la amistad, en la mente del historia- 
dor, acostumbrado a su diaria contemplacion" (2). 
Mientras la Historia no vuelva a ser un mero y frfo re- 
lato de los hechos, y el historiador una suerte de fosil, 
imposible sera que aquella no Ileve en sus paginas ese 



(1) !//>, p%274. 

(2) History of the Reign of Ferdinand and Isabella The Ca- 
tholic. Philadelphia, 1872, pag. 14. 



QUILLERMO HtCKLING PRESCOTT 41 

tibio. sentimiento, ese calorcillo humano que en ellas 
pusiera el autor. 

La Historia del reinado de Felipe II, Rey de Espaha 
esta, por desgracia, incompleta. Cuando el autor se 
disponia a redactar el cuarto volumen, un ataque de 
apoplejia fulminante le arrebato la vida el dia 28 de^ 
Enero de 1859, dia de luto para las letras de Norte- 
America y de Castilla. Murio sin haber visto la penin- 
sula mas que con las pupilas del alma. 

Las dos restantes obras hispanistas de Guillermo 
Hickling Prescott — Historia de la conquista del Peru, 
con una ojeada preliminar a la civilizacion de los Incas 
(1847), y Relato de la vida del Emperador Carlos Vdes- 
de su abdicacion, como complemento de la Historia 
del reinado del Emperador Carlos V, del historia dor 
ingles Robertson, que, con una nueva edicion de esta 
obra, publica en 1856 — son, comparadas con las pro- 
ducciones precedentes, de secundaria importancia. Solo 
diremos que la primera nos recuerda a cada paso la 
Conquista de Mejico, en cuanto a las descrjpciones de 
lugares y hechos, que el estilo es brillante, aunque sin 
alcanzar el ^rado de esplendor de aquella; interesante, 
como una buena novela, la narraci6n, y notables mu- 
chos juicios sobre la obra de los conquistadoresppero 
muy inferior, desde luego, a la Conquista de Mejico. En 
cuanto a la parte arqueologica, reclama cpn mayor ur- 
gencia que aqu611a una revisi6n. El suplemento a la His- 
toria de R6bertson, sobre la vida del Emperador desde 
su abdicacion hasta su muerte, aunque brevisimo, es 
notable por los nuevos documentos de que se sirviera, 
y los cuales le permitieron rehacer enteramente la his- 
toria de los ultimos afios de Carlos V. Claro estd que 
en la actualidad es la obra de Armstrong (1) y la exce- 



N (1) The Emperor Charles V, by Edward Armstrong (2 vols.). 
London, 1902. 



42 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

lente Viday estanclas del Emperador Carlos V, de don 
Manuel de Foronda, las que han de consultarse. 

Tiene Prescott tambien un estudio acerca de Cer- 
vantes; una critica de la Conquista de Granada, de 
Washington Irving, en la cual habla en realidad de este 
acontecimiento por cuenta propia, sin apenas referirse 
al autor citado; y otra critica de la Historta de la litera- 
tura espafiola, de Ticknor, donde se extiende en perso- 
nates consideraciones y juicios criticos sobre las letras 
castellanas. Estos tres estudios se encuentran en su Bio- 
graphical and Critical Miscellanies, libro publicado 
en 1845. 



CAPITULO III 
Jorge Ticknot (1791-1871). 

Ticknor visit6 a Espafia en el ano 1818. En su co- 
rrespondencia de aquella 6poca hace una tristisima pin- 
tura de la' peninsula; sin duda, exacta, pues no es posi- 
ble imaginarla de otro modo en el aiio de desgracia 
1818, desangrada per la cruel y larga guerra de la Inde- 
pendencia, dividida, desgarrada en dos bandos que se 
combatian fieramente: la Espana negra y despotica que 
al grito de jvivan las cadenas! queria retroceder a las 
tinieblas de tiempos barbaros, y la Espafia ilustrada y 
liberal, que en la isia de San Fernando habia forjado 
una Constitucion a la luz de los nuevos principios. No 
pareci6 darse el viajero norteamericano cabal cuenta de 
este choque, uno de los mas trascendentales de la His- 
toria espafiola contemporanea. 

No obstante el pesimismo de Ticknor, al disertar 
sobre la vida espafiola y el porvenir del pais, hay en su 
correspondencia algunos pasajes calurosamente opti- 
mistas y laudatorios. Nada parece haberle sorprendido 
tan gratamente como el espiritu romantico de la pen- 
insula, al cual paga un cumplido tributo en los siguien- 
tes t^rminos: "Espafia y los espafioles me agradan mas 
que cuanto he visto en Europa. Existe aqui un caracter 
mds tipico, mas originalidad y poesia en los sentimien- 
tos y modo de ser del pueblo, mis fuerza sin barbaric 



44 EL HISPANISMQ EN NORTE -AMERICA 

y mas progreso sin corrupci6n que en parte alguna he 
hallado. c^Poclrian ustedes haberlo imaginado? No me 
refiero de ninguna manera a la clase mas elevada. Lo 
que parece pura ficcion y romance en otros paises, es 
aqui realidad que puede observarse; y en todo lo que a 
maneras se refiere, Cervantes y Le Sage son historiado- 
res. . . La vida pastoral — no dire a! estilo de la que 
Teocrito y Virgilio nos describen, ni mucho menos la 
que hallamos en Gerner [^Gessner?] o Galatea, sino una 
vida pastoral que posee ciertamente su lado poetico — 
se halla por todas partes en el pztis. . . « (1). 

Abunda su correspondenciaen minuciosos detalles; 
de todo quiere darnos cumplida cuenta con escrupulosa 
fidelidad: de las instituciones, paisajes, tipos, cpstum- 
bres, acontecimientos, sin perdonar fechas rli pormeno- 
res, Mas carece de una certera comprension del carac- 
ter espafiol. Lleva unas veces los juicios favorables a un 
extremo de estupenda inexactitud, como a) declarar que 
«casi todo el mundo sabe leer y escribir" (2). Y otras, 
acusa injustamente, diciendo, por ejemplo, que la clase 
media — que en Espafia di^tinguiose siempre entre 
todas por su cortesania — es mas bien ruda en sus mo- 
dales. En algunos lugares de su correspondencia tiene 
afirmaciones tan ligeras y caprichosas que nos dejan 
haciendo cruces. Ved una muestra. Habi'a pasado dos 
dias en Malaga, cuarenta y ocho horas solamente, y tras 
de manifestar que las pocas personas que conociera, en 
particular las mujeres, justificaban la fama de gentiles y 
regocijadas que tuvieran desde los tiempos de Marcial 
hasta Lord Byron, se atreye a asegurar terminantemente 
que "hay pocas personas aqui que puedan conquistarse 
una solida estimacidn por su cultura»' (3). Senalaremos, 



(1) Life, letters and journals of George Ticknor. Boston, 1876, 
vol. I, p^g. 188. 

(2) Ob. cit., vol. I, pig. 205. 

(3) Ob. cit., vol. I, pag. 236. 



JORGE TlCKNOR v 45 

en cambio, uno de los grandes aciertos que revela Tick- 
nor en su correspondencia;acierto en queverdaderamen- 
te pone el dedo sobre ia llaga, sobre la liaga de nuestra 
indisciplina social -y fiero individualismo. «Existe asi — 
escribe, — una suerte de tacito compromiso entre el 
Gobierno y sus ag^ntes, conforme el cual el Rey dictard 
decretos, y al pueblo se tolerara que los desobedezca; 
y en esta forma se evitan, por supuesto, los disturbios. 
Si, al contrario, el Monarca tratara de poner en vigor 
los decretos que nominalmente se hallan en fuerza, 
estoy seguro que provocaria una revolucion en quince 
dias" (1). Jiisto nos parece el elogio que del bajo pue- 
blo espafiol hace elvi^ijero norteamericano cuando es- 
cribe: "Pienso que la clase baja es el mejor material q{ie 
he hallado en Europa para hacer de el gente generosa 
y grandc" (2). Pues ciertamente la clase humilde, en 
particular la de los campos, es y siempre fue lo mejor 
de Espaiia, el nervio de la raza. Y aludiendo a las dife- 
rencias de caracter y costumbres entre las regiones 
espafiolas, sostiene la existencia de algunos rasgos co- 
munes en las siguientes li'neas: «Uno de los mas caracte- 
risticos — y uno en el cual me parece que se fundan 
muchas de sus virtudes nacionales — es esa suerte de 
nativa integridad que les impide incurrir en servilismo. 
He visto al Rey dirigir la palabra inesperadamente a 
individuoi de la clase humilde, comp jardineros, alba- 
fiiles, etc, que acaso no habian en su vida contemplado 
al Monarca; pero jamas note que uno de ellos vacilase 
o se turbara o parecies^ confundido por el sentimiento 
de la superioridad del soberano. Y en un pais donde el 
pernicioso lujo de tener gran numero de criados es tan 
vejatorio, resulta curioso notar con cuanta familiaridad 
tratan a sus amos,tomando parte, por ejemplo, en la 
conversacidn de la duquesa de Osuna mientras sirven la 



(1) Ob. cit., vol. I, pig. 192. 

(2) Ob. cit., vol. I, pig. 204. 



46 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

mesa, corrigiendo las inexactitudes de sus afirmacio- 
nes, etc., pero en todos los casos y circunstancias sin 
faltar ni por un instante al mas sincere y genuine res- 
petO" (1). 

Hablemos de la obra literaria de Jorge Ticknor. En 
cierto modo, viene a completar la labor de Prescott. 
Despues de los libros del ultimo sobre la historia es- 
panola, religiosa, politica y social, faltaba en lengua in- 
glesa una historia literaria de Espafia de autoc britanico 
o norteamericano. Ticknor, amigo intimo de aquel his- 
toriador, cuyo interes en las cosas espanolas compartia, 
y hasta fue el primero en estimular, profesor de iengua 
y literatura espanolas en la Universidad Harvard, y co- 
nocedor a fondo, por tanto, de la historia de nuestras 
letras, erudito eminente e infatigable rebuscador de 
archivos, era el mas indicado para llevar a feliz termino 
una empresa, que si faci!, relativamente, en nuestros 
dias, en los cuales tan abundantes materiales y lumino- 
sas disertaciones han acopiado la paciente investiga- 
cion, curiosidad intelectual y espiritu critico de las ulti- 
mas cinco decadas, era magna empresa en los tiempos 
de Jorge Ticknor. Y esto, no obstante estar abierta a la 
saz6n la senda critica de la literatura espafiola en el 
extranjero, por los alemanes, y aun haberse publicado 
algunas historias generales de nuestra literatura de su- 
bido merito, como las de Bouterwek (traducida al 
ingles por T. Ross, London, 1823) y la del conde de 
Schack (1845-46). Tambien A. Anaya habia publicado 
ya, en lengua inglesa, su An Essay on Spanish litera- 
ture, containing its History, from the commencement 
of the Twelp^ Century, to the present tune, Lon- 
don, 1818. 

Por largos afios, el profesor de Harvard estuvo la- 



(1) Ob.cit., vol. I, pdg. 205. 



JORGE TiCKNOB 47 

borando en su historia calladamente, infatigablemente, 
sin prisas, con el concentrado entusiasmo y paciente 
diligencia de quien escribe la obra capital de su vida. 
Hallabase resuelto a componer un libro linico y defini- 
tive, y consagrarle su existencia entera. Y asi consigui6 
darnos esa Historia de la literatura espanola, portento 
de erudicion en la fecha de su aparicion, notable aun. 
Aunque tiene otro trabajo no exento de merito — Life 
of William Mickling Prescott, 1864 — , aquella historia 
es su obra capital, Encariiiado con el sujeto, no experi- 
mentaba, repetimos, la menor impaciencia por darlo a 
la luz piiblica e ingresarlo en el comun acervo de la re- 
publica de las letras-, porque era, conforme escribiera 
en Abril de 1848, "una labor que el corazon no me per- 
mite apresurar, tan agradable es para mi". Y aun des- 
pues de aparecida la primera edicion de s\x Historia de 
la literatura espanola, en 1849, sigue trabajando en 
ella, revisandola, corrigi,endola, acrecentando el vasto 
caudal de su erudicion. «Tenia siempre en la mesa un 
ejemplar de su Historia — nos dice en el prefacio de la 
cuarta edicion su editor G. S. Hillard (1) — ; y conser- 
vando hasta el ultimo instante su actividad literaria y el 
interes en sus estudios favoritos, teniala constantemente 
a la mano, con el proposito de hacer cuantas revisiones 
le sugirieran sus propias investigaciones o las de los 
eruditos espanoles, en Europa. . . Cualquiera q^ue se 
tome la molestia de comparar las dos ediciones — la 
tercera y la cuarta — vera lo cuidadosa y concienzuda- 
mente que el Sr. Ticknor trabajo hasta el di'a de su 
muerte, a fin de perfeccionar lo mas posible la obra a 
la cual habia dedicado la mejor porcion de suvida con 
una devoci6n unica, rara en estos di'as de versatil acti- 
vidad y apresurada produccidn." Don Pascual Gayan- 
gos, que, aunque joven a la sazon, distinguiase ya en el 



(1) Edici6n de Bost6n, 18Q1. 



48 EL HISPANISMO ^N NORTE -AMERICA 

campo de las letras castellanas por su esclarecido ta- 
lento y laboriosidad, presto al ei'udito norteamericano, 
como venia prestando a Guillermo Hickling Prescott, 
segun hemos visto, excelentes servicios. Asi Ticknor 
escribiale: "Nada me anima y auxilia tanto en mi estu- 
dio de la literatura espaiiola como su cooperaciori" (1). 
En varias partes, en iispana, en Inglaterra, en Aiema- 
nia, tenia el profesor de Harvard colaboradores o 
agentes que se encargaban de proporcionarie cuantos 
materiales pudiesen acopiar sobre el sujeto de la litera- 
tura espanola, siendo enorme la cantidad de documen- 
tos literarios de que asi llego a servirse. Consiguio 
reunir, para escribir ^u historia, la mejor biblioteca 
privada de literatura espanola que, segun dicen, ha 
existido, y la cual dono despues generosamente a Bos- 
t6n, su ciudad natal. 

No s61o se propuso Jorge Ticknor escribir una his- 
toria de nuestra literatura, sino, en lo posible, la histo- 
ria de la cultura espafiola. Que consiguiera lo ultimo 
es cosa en la que no todos han convenido, aunque no 
faltara quien juzgase que su historia va aun mas alia y 
contribuye a darnos a conocer la historia del pensa- 
miento de Europa. Mas, en cualquier caso, aquei am- 
plio objetivo acrecienta de modo notable el interes de 
su obra. No habria resultado tan amena su lectura, 
conforme algun critico ha seiialado, si se hubiera limi- 
tado el autor a una enumeracion de escritores, produc- 
ciones, fechas y criticas de caracter puramente literario. 
El autor declaraba a su amigo Carlos Lyell: "En reali- 
dad, desde hace muchos afios estoy persuadido que la 
historia literaria no debe confinarse, como lo ha estado 
hasta aquf, a un circulo de escritores eruditos y de buen 
gusto literario, sino que, como la historia, en general, 
deben'a mostrar el car deter del pueblo al cual concierne. 



(1) Ob. cit., vol. II, pag. ^46. 



JORGE TiCKNOR 40 

He intentado, por consiguiente, escribir mi relate de 
la literatura espanola de tal modo que la misma litera- 
tura venga a ser un expositor de la particular cultura y 
civilizacion del pueblo espanol" (1). 

La obra esta hecha a conciencia. Su exactitud, rigor 
cientifico y escrupulosidad son notables. Caracteristica 
de la labor literaria de Ticknor es la minuciosidad. En 
todas las paginas se revela la excepcional cultura lite- 
raria del autor y su larga preparacion. Los trozos esco- 
gidos de cada escritor suelen ser casi siempre los que 
mejor pueden darnos una clara idea de su tendencia, 
estilo y personalidad literaria. Las versiones en lengua 
inglesa son fieles e inmejorables. La critica, juiciosa e 
imparcial. Tal vez no Uego el profesor de Harvard a 
percibir todos los matices del alma espanola; acaso fal- 
t61e cierta penetracion psicoldgica y no consiguiera 
ver claro, con esa segura y escrutadora mirada de Ir- 
ving, y aun Prescott, en el fondo de la raza; y de aqui 
que su critica resulte a menudo insegura y superficial. 
El estilo es elegante, y nada mas. Con todo, la historia 
de Ticknor es una de las mas extraordinarias produc- 
ciones del genio norteamericano. 

Acogi61a la critica con gran alborozo y entusiasmo. 
El critico inglds Shirley Brooks dijo que no creia hu- 
biera seis personas en toda Europa capaces de criticar 
la historia del erudito norteamericano (2). 

Gran servicio presto esta obra no s61o a la cultura 
espafiola, sino igualmente al prestigio literario de Es- 
paiia, porque, como Prescott escribia a su autor en 
carta de 19 de Mayo de 1848: "El lector extranjero ten- 
drd cumplida prueba de lo infundada que es la sitira 
de que los espanoles no tienen mas que un buen libro, 
cuyo objeto es burlarse de todos los demds. Aun los que. 



{\) Life, letters and journals of George Ticknor. Boston, 1876, 
vol. II, pdg. 253. 
(2) En London Morning Chronicle, May, 1850. 

4 



50 EL HISPANISMO EN NORTE -AMfiRiCA 

como yo, solo tengan un conocimiento superficial de 
la literatura castellana, deben quedarse pasmados al 
ver lo prolifico que los espanoles han sido en todos los 
generos literarios conocidos en la civilizada Europa, y 
en algunos exclusivamente suyos. Los otros pocos cri- 
ticos mas eruditos, en la peninsula y fuera de ella, ha- 
llaran que usted ha penetrado audazmente en los mas 
obscuros rincones de su literatura y ha sacado a la luz 
mucho que hasta ahora estuvo ignorado o imperfecta- 
mente conocido; al propio tiempo que no hay un solo 
punto turbio en todo el ciclo de la literatura nacional 
cuya discusion haya usted eludido, y, en lo posible, no 
haya resuelto." 

Aventajo despues a la produccion de Ticknor la 
Hlstoria critica de la literatura espanola, de D. Jose 
Amador de los Rios — en la parte que este abarca — , 
publicada en los afios que median entre 1861 y- 1865, 
obra que, aunque injustamente desdefiada, a juicio nues- 
tro, por algunos rabiosos antiamadorcistas — perdone- 
se el neologismo — , nos parece muy superior a la pro- 
duccion del escritor norteamericano en cuanto al espi- 
ritu filosdfico que la informa, y no inferior en la 
erudicidn; la critica es menos sobria y adolece de re- 
cargada hojarasca literaria, aunque hallemos a menudo 
certeros y profundos juicios. En la obra del erudite 
espafiol es donde, ademas de la historia de nuestra 
literatura, se encontrara el proceso y desenvolvimientc 
del pensamiento espaiiol. Por desgracia, sus siete vo- 
luminosos tomos solo alcanzan hasta la aparicidn del 
romance. 

Nos permitiremos citar aqui integro el interesante 
juicio que emite D. Jose Amador de los Rios acerca de 
la Historia del antiguo profesor de Harvard, en la in- 
troducci6n de su obra: «Ticknor es, sin duda, uno de 
los escritores extrafios que mas grandes esfuerzos han 
hecho para descubrir los olvidados tesoros de la litera- 
tura espanola, mereciendo bajo este punto de vista 



JORGE TiCKNOR 51 

toda consideraci6n y elogio. Consagrado por mucho 
tiempo a la adquisicion de los mas raros libros que 
produjeron nuestros celebrados ing^nios; auxiliado en 
tan penosas tareas por diferentes bibliofilos espanoles, 
no solo ha excedido en estas investigaciones a cuantos 
habian intentado trazar la historia de nuestra literatura, 
sino que ha logrado acopiar muchas y muy peregrinas 
noticias, aun para los que llevan el nombre de eruditos. 
Mas si respecto de la riqueza y abundancia de datos 
bibliograficos, y con relacion a ciertas epocas, es la 
Historia de la literatura espanola de Mr. Jorge Ticknor 
digna de verdadera alabanza; si ha obtenido en esta 
parte utiles y plausibles resultados, no puede en justi- 
cia concedersele igual lauro respecto del plan y metodo 
de su obra, donde ni resalta desde luego a la vista un 
pensamiento fecundo y trascendental que le sirva de 
norte, ni menos se descubren las huellas majestuosas 
de aquella civilizacion que se engendra al grito de pa- 
tria y religi6n en las montanas de Asturias, Aragon y 
Navarra, se desarrolla y crece alimentada por el santo 
fuego de la fe y de.la libertad, y sometiendo a su im- 
perio cuantos elementos de vida se le acercan, llega 
triunfante a los muros de Granada y se derrama des- 
pu6s por el Africa, el Asia y la America con verdadero 
asombro de Europa. Ticknor nada ha adelantado en 
este punto respecto de los autores que le precedieron 
en el Continente europeo, siguiendo el movimiento 
impreso a la ciencia critica por los alemanes" (1). 

Conforme es sabido, existe una hermosa versi6n 
castellana de la Historia de Ticknor, debida a Gayan- 
gos y Vedia (Madrid, 1851-54), profusamente anotada. 

Ambas obras, la de Jorge Ticknor y la del catedrdti- 
co de la Universidad de Madrid, estan naturalmente 



(1) Jos6 Amador de los Rfos, Historia crttica de la literatara 
espafLola. Madrid, 1861-65, vol. I, pdg. 89. 



52 EL HISPANISMO EN N0RTE-AM£RICA 

anticuadas, particularmente — respecto del primero — 
en los capitulos dedicados a Tirso, Lope y Cervantes, 
acerca de los cuales tanto se ha escrito, y tan excelen- 
temente,-en lo que va del presente siglo. Ha venido a 
reemplazarlas, mejor seria decir, a completarlas, la ex- 
celente Historia de la Liter atura espanoLa (1898) del 
profesor de la Universidad de Liverpool, Fitzmaiirice- 
Kelly, aunque en la critica de producciones y autores 
contemporaneos, donde mas falta hacia un estudio se- 
rio y concienzudo, la obra del hispanista ingles es bas- 
tante endeble. El temperamento agresivo de este admi- 
rable escritor y su excesivo y frecuente desd^n por pu- 
blicistas y extraiias opiniones, contrastan desfavorable- 
mente con la critica serena y mas razonadora de Jorge 
Ticknor. Tal vez no falten quienes atribuyan al cate- 
dratico de Liverpool cierto prurito de menospreciar las 
opiniones ajenas, sin llegar a reemplazarlas, como ha- 
bria derecho a esperar, con juicios propios mas con- 
vincentes; ni tampoco quienes piensen — y'estos, des- 
de luego, aciertan a juicio nuestro — que lo que he- 
mos de esperar de un critico no es tanto su personal 
opinion como la verdadera. En un libro buscamos la 
verdad, que vale mas que todas las originalidades, no ya 
los desplantes de un escritor, por eminente que sea. 
Abundan los criticos que nos dan la impresion de haber- 
se propuesto de antemano corregir las ajenas opiniones, 
aun antes de formar juicio propio. No cabe incluir entre 
ellos, ni siquiera con las mayores salvedades, a escritor 
tan serio y distinguido como el Sr. Fitzmaurice-Kelly. 
Pero si nos parece este maestro — dicho sea con todo 
respeto — un disentista empecatado, un verdadero pro- 
testante literario. Parece serle cosa de gusto el demoler 
unos pedestales y alzar otros nuevos. Jorge Ticknor se 
apresuraba a acoger las reputaciones hechas con una 
fe sacramental, prefiriendo seguir en muchos puntos el 
camino trillado. Fitzmaurice-Kelly, por el contrario, se 
propone, o al menos asi nos lo parece, ser duro y firme 



JORGE TiCKlNOR 53 

con los idolos y con las autoridades que los levantaron 
o sustentan. El primero es un tanto seco, frio y aca- 
demico; el segundo, incomparable estilista, esta muy 
encarifiado con el vigor de ciertos vocablos y giros 
pintorescos. Tienen de comun el darnos una propor- 
cionada vision de los autores que estudian, concedien- 
doles en el cuadro literario de cada epoca el lugar que, 
en general, les corresponde, y el ofrecernos una sor- 
prendente y copiosa bibliografia in^dita. 

Obra de mayores vuelos que ambas es la Historia de 
la lengua y literatura castellana que Julio Cejaclor y 
Frauca tiene en vias d.e publicacidn. 



capItulo IV 
Enrique Wadsworth Longfellow (1807-1882). 

Ocho meses paso Longfejlow en Espana, el afto 1827. 
En su obra literaria y en su correspondencia revela 
tanto entusiasmo por la peninsula como certera com- 
prensi6n del caracter y las costumbres de nuestro pue- 
plo. El poeta, en sus anos mas romanticos, ha visto con 
clarisima mirada muchos puntos capitales en que otros 
viajeros, sesudos y graves observadores, erraron. Con 
excepcion de Borrow y Gautier, todos o casi todos ase- 
guran, por ejemplo — tal vez por cuadrar mejor a la 
Espana pintore^ca y africana — , que somos un pueblo 
de creyentes, de fanaticos, que media Espaiia, con be- 
neplacito de la otra mitad, volveria a encender con 
gusto la hoguera para asar en ella a los impios de casa 
y a los extranjerotes que siguen a Lutero, Calvino y al 
zancarron de Mahoma, y que si algun Oobierno se 
atreviera a abrir las puertas de par en par a los judios, 
se armaria en la peninsula la de Dios es Cristo (1); que, 



(1) En 1882, con motivo de las persecuciones que sufrieron en 
Rusia los israelitas, el Gobierno de Espana hizo un llamamiento a 
los sefarditas o judios de origen hispano, para que fueran a estable- 
cerse en Espana. Cinco anos mds tarde, el Gobierno, presidido a la 
sazon por Sagasta, torn6 a brindarles hospitalidad en nuestro pais. 
Y no se armo, ni mucho menos, la de Dios es Cristo, 



ENRIQUE WADSWORTH LONQFfiLLOW 55 

en materias de religion, somos irreductibles, intransi- 
gentes, violentos; cada espanol un Torquemada. Tales 
cosas suelen decir, puestos ya en el disparador, que me 
figuro que mas de un extranjero ha de palidecer un 
poco al pisar.la frontera. Para Longfellow, la muy cat6- 
lica Espana, en el verdadero sentido religioso, es poco 
menos que un mito. "Los espanoles, en materias de 
fe — escribe a su padre en carta fechada en Madrid 
el 16 de Julio de 1827 — , son la gente mas obedien- 
te del mundo. Daran credito a cualquier cosa que el 
sacerdote les diga, sin preguntar el porque ni el como. 
Mas al propio tiempo, como de ello puede inferirse fa- 
cilmente, tienen tan poca religidn verdadera como 
puede tenerse sobre la faz de la tierra. En realidad, su 
religion puede compararse justamente con uno de esos 
tenduchos de comestibles de la calle Green, que tienen 
todo su surtido de azucar, sombreros e imagenes pin- 
tarrajeadas, en el escaparatc" (1). El simil, cuando me- 
nos, es algo duro. Gautier tambien vino a decir des- 
pues: "La devocion proverbial de los espanoles me 
parece bastante enfriada." Y, con ese dogmatismo ca- 
racteristico del pensamiento frances, anadfa: «La Espa- 
fia catolica no existe ya. . . Demoler los conventos les 
parece el colmodelacivilizaci6nM(2). Ya recogeremos, 
mas adelante, juicios mds maduros y prudentes, y de 
mayor actualidad, de otros viajeros. 

Si Jorge Ticknor encontr6 ruda a la clase media es- 
paflola — y no vamos a suponer que le pareciese mds 
cortes la clase baja — , Longfellow juzga a los espafio- 
les, en general, extremadamente corteses y afectuosos. 
«E1 exterior del caracter espaiiol — escribe a su herma- 
na, desde Madrid, el 15 de Mayo de 1827 — , es orgu- 



(1) Life of Henry Wadsworth Longfellow, by Samuel Longfe- 
llow. Boston and New-York. 1891, vol. I, pdg. IIQ. 

(2) Theophile Gautier, Voyage en Espagne. Paris, 1858, p5gi- 
na 178, 



56 EL HISPANISMO EN NORTE -AM£RICA 



1 



Uoso y, por este motivo, un poco retraido al principio. 
Mas, hay en el una cdlida corriente de noble senti- 
miento que mana derecha del corazdn. Los espanoles 
son, al mismo tiempo, la gente mas cortes acaso del 
mundo. No es posible imaginar cuan cumplidos son.»' 
De las mujeres, alaba el poeta su arte de conversar. 
«La gracia de la mujer espanola y la belleza de su len 
guaje hace su conversacion completamente fascinado- 
raw (1). Cosa parecida habia de decir al siguiente ano 
Washington Irving, en terminos expresivos. "Estoy 
persuadido — afirma el cantor de la Alhambra, en carta 
al principe Dolgorouki, fechada en Sevilla el 21 de Ju- 
lio de 1828— de que el gran hechizo de las mujeres 
espaiiolas proviene de su natural talento, de la vehe- 
mencia y espiritualidad que luce en sus ojos negros y 
fulgurantes, y trasciende a toda su persona en el curso 
de una conversacion interesante." 

En el capitulo El breviario del peregrino, de su vo- 
lumen Ultramar (2), tiene Longfellow un encendido 
elogio para Granada y la Alhambra. Y en su diario, con 
fecha 11 de Noviembre de 1827, consigna: "No pase en 
Granada sino cinco dias. Mas en estos cinco casi vivf 
una centuria. Ningiin periodo de mi vida se ha desliza- 
do tan semejante a un ensueiio. Fue una temporadilla 
de la mas singular emocion para mi.w En el capitulo 
titulado Espafla, del precitado libro, escribe en prosa 
elocuente los siguientes parrafos: «Mis recuerdos de 
Espaila son de los mas vivas y deliciosos. La indole del 
pais y de sus habitantes, las borrascosas montanas y los 
libres espiritus del Norte, la prodiga exuberancia y ufa- 
na voluptuosidad del Sur, la historia y tradiciones del 
pasado, mas semejantes a la fabula romancesca que a la 
austera cronica de los acontecfmientos, un idioma sua- 
ve y, no obstante, majestuoso, que resuena como musi- 



(1) Ob. cit., vol. T, pdg. 123. 

(2) Oatre-mer. Boston and New-York, 1891, pdgs. 221-227. 



ENRIQUE WADSWORTH LONGFELLOW 57 

ca marcial, y una literatura rica en los atrayentes g6ne- 
ros de la poesia y la novela; esas, pero no esas sola- 
mente, son mis remini^cencias de Espafia. . . Al escribir 
estas palabras, una sombra de tristeza invade mi espi- 
ritu. Cuando piensO lo que esa tierra gloriosa pudiera 
ser, y lo que en realidad es, lo que la Naturaleza quiso 
que fuera y lo que los hombres han hecho de ella, sien- 
to dolor en el coraz6n. Mi animo instintivamente retro- 
cede de la degradaci6n presentea las glorias del pasa- 
do, o, mirando hacia adelante, con vivos recelos, pero 
con mas vivas esperanzas aun, interroga el futuro. . . El 
polvo del Cid yace mezclado con el polvo de la Vieja 
Castilla; mas, su espiritu no estd sepultado con sus ce- 
nizas. Dormita, pero no ha muerto. . . Del caracter na- 
cional de Espafia, tengo la impresion de que sus rasgos 
prominentes son un noble orgullo, de nacimiento, una 
supersticiosa devocidn porlos dogmas de la Iglesia, y 
una nativa dignidad, que se muestra aun en las cosas 
molientes y corrientes de la vida. El orgullo castellano 
es proverbial. Un mendigo se envuelve en su capa an- 
drajosa con toda la dignidad de un senador romano, y 
el arriero cabalga en su bestia de carga con aire de 
gran sefior. Tambien me ha parecido que tiene el ca- 
racter espaiiol un dejo de melancolia. Su miisica nacio- 
nal es caracteristica por el tono triste; y en ocasiones, la 
voz de un campesino, que canta en el silencio y la sole- 
dad de las montailas, nos llega al oido como un canto 
funeral. Hasta los dias de fiesta espafloles tienen un sello 
de tristeza. . . Del mismo caracter grave, sombrio, es la 
favorita fiesta nacional: la corrida de toros. Es una di- 
versi6n birbara, pero, entre todas, la mis animada, la 
mis emocionante; y, en Espafia, ningfuna tan popu- 
lar" (1). Su bi6grafo, Samuel Longfellow, confirmacl 
hechizo que para el poeta tuvo Espaila. "Le atrafa con 
los encantos mas romanticos en los mas romanticos afios 



(1) Outre-mer, ed. cit., pdgs. 139-142. 



58 EL HISPANISMO EN NORTE -AMfiRICA 

de su vida. Siempre hablaba de ello con calurosa vehe- 
mencia e interes. Uno de sus ultimos poemas, Castillos 
en Espana, estd compuesto con las reminiscencias de 
esta visita. En anos posteriores, estuvo tres veces mas en 
Europa, pero jamas volvio a visitar a Espana. No queria 
romper el hechizo de aquella temprana 6poca» (1). 

- Raro es que al mencionar la labor de un hombre 
eminente, como Longfellow, erudito, profesor distin- 
guido y excelente poeta, se consigne a la par, como tf- 
tulo de honor, su calidad de traductor. Tal es, no obs- 
tante, el caso de nuestro poeta. Poseia Longfellow un 
talento poco comun para verter a su idioma materno la 
poesia extranjera, hasta el punto de parecer sus versio- 
nes escritas en ingles directamente; tanta es su lozania 
y flexibilidad. Y ello, sin embargo de respetar estricta- 
mente, casi literalmente, el sentido y el metro del ori- 
ginal. Critico hubo que juzgo su version en lengua in- 
glesa de la Divlna Comedia — precisamente una tra- 
duccion — , la mejor obra poetica de Longfellow. Su 
claridad de concepcion y maestria tecnica, el constante 
dominio de sus facultades, su facultad caracteristica de 
adaptarse al espiritu y la letra del original, un conoci- 
miento profundo de varies idiomas y literaturas, que le 
permiti6 verter un centenar de poesias de diez y ocho 
lenguas extranjeras, habian de hacer del inspirado vate 
norteamericano un excelente traductor. Era el mas in- 
dicado para dar a conocer en su patria el copioso fruto 
de los ingenios poeticos de Europa. 

En su novela K(ivana^h pone en labios de un per- 
sonaje los siguientes conceptos que, como visible doc- 
trina del autor, revelan la importancia que a sus ojos 
tenia esta labor de traducciones: «El nacionalismo es 
bueno hasta cierto punto, pero el universalismo es me- 



(1) Samuel Longfellow, Life of Henry Wadsworth Longfellow, 
cd, cit., vol. I, pag. 134, 



ENRIQUE WADSWORTH LONQFfiLLOW 59 

jor. Lo mejor de los grandes poetas de todos los paises 
no es lo que poseen de nacional, sino lo que poseen de 
universal. Sus raices estan en la tierra natal, pero sus 
ramas se mecen en esa atmosfera comun que tiene el 
mismo lenguaje para todos los hombres. . . Como la' 
sangre de todas las naciones esta mezclada con la nues- 
tra, asi sus ideas y sentimientos se incorporaran final- 
mente a nuestra literatura. Tomaremos de los alemanes 
ternura; del espafiol, pasion; del frances, vivacidad, para 
incorporarlos mas y mas a nuestro solido sentido in- 
gles. Y esto nos dara la tan deseada universalidad" (1). 
De aqui su labor. Sin embargo, Longfellow no es poeta 
extranjerizado, poeta exotico en su propia patria, por- 
que al cantar sujetos nacionales, temas de la America 
del Norte, como en Evangelina y Hiawatha, es cuando 
despliega sus grandes facultades, interpretando el alma 
de su pueblo con calor y viveza, con los firmes rasgos 
y colorido de las artes plasticas. 

Enrique Wadsworth Longfellow, sucesor de Ticknor 
en la catedra de lenguas romances de la Universidad 
Harvard, y miembro correspondiente de la Academia 
Espafiola, di6 a conocer la poesi'a hispana por los Esta- 
dos Unidos en una epoca que, aparte las versiones de 
Bowring y L6ckhart, poquisimo de nuestra lira se habia 
trasladado al ingles. 

Una de las primeras obras poeticas del autor yanqui 
fue su version de las Coplas de Jorge Manrique, que se 
imprimieron, en Boston, el afio 1833. Este libro, prime- 
ro que publicara el poeta, contenia ademas siete sone- 
tos, de Lope de Vega, Medrano y Aldana, y, por via de 
introduccion, un estudio sobre la poesia moral y misti- 
ca de Espaha. Dada la tendencia didactica y moralista 
C|ue desde edad temprana mostrara Longfellow, debi6 
de serle la traducci6n de las Coplas — el mas hermoso 



(.1) The prose works of Henry Wadsworth Longfellow, Chatto 
and Windus, publishers, London (sin fecha), paginas 548-586, 



60 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

poema moral, en lengua espanola, a juicio del poeta — 
labor muy de su gusto. 

La versi6n inglesa tiene esa pura y digna bencillez 
de loscantares biblicos, pero le falta la grave majestad, 
el tono solemne y profundo del original, su sobriedad 
y justeza. No se echa de ver en ella, tampoco, esa fide- 
lidad absoluta que, andando el tiempo, habia de carac- 
terizar sus versiones, y la cual lleva a un grado jamas 
superado en su traduccion magistral de la Divina Co- 
media. Ha vertido las Coplas con lamentable libertad, 
en cuanto a su espiritu y rima concierne. En algunos 
versos tambien se aparta del metro del original. Se 
nota, sobre todo, una abundancia de epitetos que esta 
bien lejana de la precision y sobriedai de este. En al- 
gunas estrofas ha querido, deliberadamente, mejorar el 
original, dandose cuenta de que en otras le era imposi- 
ble hacer plena justicia a su merito. Por supuesto, no 
es tan libre como Lockhart, par ejeraplo, en su traduc- 
ci6n de las baladas espanolas. Y aun si le comparamos 
con otros grandes poetas, como Chapman — quien en 
su version de la Odisea, libro XIII, lleg6 a convertir en 
veinte, dos versos del original -r nos parecera Longfe- 
llow, en las Coplas, traductor fidelisimo. Su version es 
mas fiel, y en todo superior a la que ya habia hecho de 
aquellas el poeta ingles Bowring. 

En el prefacio de las Coplas, Longfellow enuncia 
una teoria ingeniosa -^ y que mas tarde no habia el de 
seguir, afortunadamente — para justificar las liberta- 
des del traductor: «E1 gran arte de tradugir bien estriba 
en la facultad de verter literalmente las palabras de un 
autor extranjero, preservando al mismo tiempo el espi- 
ritu del original. Mas, hasta que punto uno de estos 
requisitos de la buena traducci6n puede sacrificarse al 
otro, y hasta qu6 punto el traductor queda en libertad 
de embellecer el original al presentarlo en nuevo idio- 
ma, son cuestiones que personas de diverso gusto han 
resuelto de mode diferente. Cuando el escultor pasa al 



ENRIQUE WADSWORTH LONGFELLOW 61 

marmol inanimado la forma y los rasgos de un ser vi- 
viente, pudiera decirse que no solo copia, sino interpre- 
ta. Mas, no siendole posible al escultor representar en 
el marmol la belleza y expresion del ojo hun\ano, vese 
forzado a infringir, para remediar en lo que cabe este 
defecto, el rigido verismo de la Naturaleza. Hundiendo 
algo mas el ojo y haciendo mas prominente la ceja, 
acentua luz y sombra, y pone asi en la estatua mas es- 
piritu y vida del original que si hubiera hecho una 
exacta copia. Lo mismo puede decirse del traductor. 
Como en un buen original hay ciertas bellezas de pen- 
samiento y de expresion que no pueden reproducirse 
enteramente en el material menos flexible de otro idio- 
ma, ha de permitirse al traductor que en ocasiones in- 
frinja la precisa exactitud del lenguaje, y remedie el 
defecto, en cuanto un defecto puede remediarse, con 
ligeros y juiciosos embellecimientos del original. Tal ha 
sido mi principio al hacer las siguientes traducciones. 
He vertido literalmente las palabras del original cuando 
ello era posible sin perjudicar su espiritu; y cuando no 
cabi'a hacerlo asi, he usado alguna vez que otra el em- 
bellecimiento de un adicional epiteto, o un giro mds 
expresivo.w Entre nosotros, esta teoria es vieja y nunca 
llevose a extremo tan lamentable como en el periodo 
del Renacimiento, acaso porque — conforme aseguraba 
Felipe Mey, en el prefacio de su traducci6n de Meta- 
morfoseos de Ovldio (Tarragona, 1586) — «es cosa cier- 
ta que la mayor parte de la gente no tiene cuenta con 
si esta fielmente traducido, sino en si le da gusto el li- 
bro por otras circunstancias". 

Hallabase enfrascado Longfellow en la lectura de 
nuestros autores dramatidos cuando concibi6 la idea de 
escribir El estudlante espanol (1). En el diario del poeta 



(1) The Spanish Student, 1842. 



62 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

encontramos la siguiente nota, fechada el 27 de Marzo 
de 1840: "Por la noche leo EL mejor alcalde el Rey, glo* 
riosa comedia del gran Lope. Es magnifica, plena de 
animacic^n y fuerza dramatica, y con lenguaje que re- 
suena e impresiona como la corriente de caudaloso rio. 
Leo, igualmente, La moza del cdntaro, que pertenece al 
genero de capay espada. Mas, estos son placeres pro- 
hibidos, ojeadas al paraiso dramatico, goces anticipa- 
dos. Mafiana debo retroceder." Y, al siguiente dia, es- 
cribe: «28. Terminada la lectura de La comedia aqutla- 
na, de Torres Naharro. De las ocho que escribiera, es 
la cuarta que yo he soportado. Contento de no tener 
que leer mas. Ahora, a la prosa del comediante Lope 
de Rueda, que, a juzgar por una ojeadilla aca y alia, 
esta Uena de gracia. . . jUna excelente idea! Si, escribi- ! 
re una comedia. . . /El estudiante espafiol!" A fines del 
mismo afio, el 20 de Diciembre de 1840, Longfellow 
comunica a su padre, tras referirse a su poema The 
Skeleton in Armor: «He escrito otro poema mucho mds 
largo y dificil, intitulado El estudiante espanol, un dra- 
ma en cinco (?) actos, en cuyo buen 6xito confio de an- 
temano con cierta satisfacci6n. . .« 

La obra vi6, al cabo, la luz publica en 1842. Antes 
de darla a la imprenta, Longfellow habia celebrado al- 
gunas consultas con su amigo Samuel Ward acerca de 
su representaci6n teatral. Y aunque no llegara a estre- 
narse, en ingles, nos parece evidente que Longfellow 
se propuso escribir un drama representable, y no, como 
se viene diciendo, un poema dramatico. Ya hemos leido 
en su diario: «Si, escribire una comedia. .. (El estu- 
diante espanol!" Sugierele esta ide^ la lectura de pro- 
ducciones exclusivamente teatrales. Y aun antes de 
pensar en su publicacion, aspira a verla representada. 
Unos dos afios transcurrieron desde que termin6 la 
obra hasta que la di6 a la imprenta. No seria del todo 
aventurado suponer — aunque ningun dato concreto 
hayamos encontrado en su correspondencia — que 



ENRIQUE WADSWORTH LONGFELLOW 63 

trato de estrenarla antes de decidirse a ponerla en ma- 
nos de un impresor. Vertida luego al aleman, por Car- 
los Bottger, se represento en el teatro de la Corte Du- 
cal, de Dessau, en 1855 (1). Fue la primera y unica vez 
que se puso en escena EL estudiante espanoL 

El tema escogido por el poeta era ya viejo en nues- 
tra dramatica. Perez de Montalvan, en La gitanilla, y 
Soil's y Rivadeneyra, en La gitanilla en Madrid^ habian 
Uevado a la escena temas parecidos; y aun en el teatro 
extranjero, Middleton, en The Spanish Gipsy, habia sa- 
cado partido de el. En 1822 estrenose en Dresden una 
6pera, extraida directamente de la novela cervantesca: 
titulabase Preciosa, 6pera en un acto, letra de Wolf y 
musica de Weber. Mas, es de justicia anadir, que entre 
la produccion de Longfellow y las dos comedias espa- 
nolas no existen sino casuales semejanzas, posibles aun 
entre autores que se desconocen totaimente. Ignoro si 
cabe afirmar lo mismo respecto de la comedia de 
Middleton. 

Nuestro poeta confiesa en el pr61ogo de El estu- 
diante espafiol, que el sujeto lo habia tornado en parte 
de La gitanilla de Cervantes, en cuanto a los amores 
entre un estudiante y una gitana, a la cual tambien bau- 
tiza aqudl con el nombre de Preciosa. Por cierto que 
califica esta novela ejemplar de «hermosa play», come- 
dia o pieza dramatica. Pero, indudablemente, el poeta 
debe a Cervantes algo mas que la idea capital de los 
amores entre un estudiante y una gitana; ledebe tambien 
los caracteres principales, y no pocas situaciones. En 
ambas obras, Preciosa, hija de una famiiia principal, 
siendo aun nifia es robada por los gitanos; en una y 
otra, los gitanos la adoptan y hacen de ella una famosa 
bailarina; en ambas surgen los rivales — tres en la de 
Longfellow, y dos, unicamente, en la de Cervantes — , 



(1) Der SpanischeStudente.Vherstizi Karl Bdttger, Dessau, 1854. 



64 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

disputdndose el amor de Preciosa; en ambas la misma 
situacion del amante disfrazadp; en El estudiante espa- 
nol, como.en La gUanilla, se acaba por descubrir la 
identidad de Preciosa. Y, precisamente, en lo mas dra- 
matico e interesante de la novela ejemplar, en el magis- 
tral desenlace, es donde Longfellow, que se aparta del 
original, mas flaquea. En cuanto a poesia, el discurso del 
gitano viejo, sobre las costumbres y yida de su raza, y 
los dialogos entre Preciosa y Andres, en la producci6n 
del Principe de los Ingenios, no estan por bajo del 
poema de Longfellow. Con todo, no cabe afirmar, ni 
mucho menos, que El estudiante sea una adaptacibn 
poetica de La gitanilla. 

Se ha acusado al poeta norteamericano de haber 
plagiado en algun pasaj^i de El estudiante espanol a 
Coleridge y Wordsworth y versificado mas de un pen- 
samiento de Carlyle. Edgardo Allen Poe le reprocha el 
haber copiado, o al menos, imitado demasiado estre- 
chamente, de su Scenes from Politian, la escena IV del 
acto II de la obra que nos ocupa (1). Y, en efecto, las 
semejanzas o coincidencias son verdaderamente sor- 
prendentes. Y si no plagio, revelan una deliberada imi- 
tacion. Otros criticos han salido en defensa de Long- 
fellow, negando de piano semejantes plagios. Y esto es 
lo mas triste del caso, que para acusarle o defenderle, 
al hablar de este noble poeta, siempre sacan a relucir 
la cuesti6n del plagio. Mas aunque Poe hubiera dicho 
de 61 lo que con mayor justicia dijera de Shakespeare 
el escritor Roberto Green, al llamarle «grajo que se 
pavonea con nuestras plumas", Longfellow no dejaria 
de ser uno de los mejores poetas de su patria, como no 
por 6sta y otras acusaciones ha dejado Shakespeare de 
ser el dios britinico. 



(1) 'Edgar Poe, Complete Works. New-York, 1Q02, vol. VIII. pa- 
ginas 207-214. Lo unico espanol que de Poe he podido hollar es una 
degoUada cita de Qu^ descansada vida, en nota al poema A araaf. 



ENRIQUE WADSWORTH LONGFELLOW 65 

Con imitaciones mas o menos directas, con plagio 
o sin el, tL estadiante espanoL nos parece un hermoso 
drama represeniabie y un magnifico poema. Hay en €[ 
digrcsiones iniitiles, escenas fuera de lugar, incidentes 
artiticiosos, caracteres desdibujados, aunque algunos, 
como el de Hipolito, estan perfilados de mano maestra; 
carece de ardor poetico, vivida vis anima, porque su 
autor era sobre todo un poeta placido, delicado; y falta 
alli pasidn y fuego que ponga en movimiento a los per- 
sonajes y de mayor vida e interes a la accion dramatica. 
Fero si como obra dramatica no es ninguna maravilla, 
aunque si muy hermosa, como produccion po6tica tiene 
alta mspiracion, particularmente en los dialogos amo- 
rosos trozos de incomparable belleza, dignos de'la 
reputaoion del bardo norteamericano en las escenas III 
y V del primer acto y en la I del acto final; excelente 
color local, sencillez en la exposicion, gracia, soltura, 
estilo atico y eleganiisimo, maestria en el ritmo. La lira 
de Longfellow no es dramatica e impetuosa, sino melo- 
diosa, Clara, sencilla y lirica. Sin embargo, no siempre 
es asi, pues este poeta que nos pinta como nadie, me- 
jor que nadie, el mar en calma, la pureza del cielo azul* 
la paz de los campos, el paisaje virgiliano, idilico, sabe 
describir con poderoso numen, originalidad y vigor 
el mar negro, tempestuoso, el huracan que ruge en el 
bosque, desgaja los arboles, azota y hace temblar el 
caserio y pone espanto en los animos. La critica semeja 
haberle vuelto la espalda con cierto desd^n. Mas, ^qu^ 
importa la critica profesional cuando al unisono con el 
coraz6n de este poeta late el alma de su pueblo? A 
Emerson, Poe, Whitman y Whittier, suelen ponerlos 
por las nubes; ipero cual de ellos es mas popular y 
mejor interpretado por el pueblo — quien a la postre 
suele dar el fallo para la posteridad — que este adora- 
,ble poeta "bueno como el oro y claro como el cristalPw 
Mas que un poeta para los criticos, es un poeta para 
las almas. Por eso, mi^ntras los graves aristarcos de la 

5 



66 EL HISPANISMO en NORTE -AMERICA 

critica literaria le someten a disecciones mas o menos 
piadosas, el pueblo se lo sabe de memoria y recita con 
amor sus poesias. Y es que el autor de Evangelina, esc 
idilio incomparable, nos comunica el calor de sus sen- 
timientos, la ternura, la simpatia que i\ mismo siente 
por las cosas nobles y senciilas de la vida. No es un 
poeta intelectual, o mejor dicho, supraintelectual y aca- 
demico como Emerson y Lowell, sino poeta del senti- 
miento, que nos conmueve hondamente. Longfellow 
debia de ser un angel. jQu^ paz, sinceridad y ternura 
animan en sus composiciones, y que lejos esta del tem- 
pestuoso Edgardo Allen Poe, su genial y agresivo com- 
patriota! Es el mas dulce poeta de America. Longfellow 
es siempre un corazdn amigo que nos serena y calma 
el espiritu. 

El autor que nos ocupa, en colaboraci6n con otro, 
es compilador de la mejor coleccion de poesias espa- 
fiolas vertidas al ingles que conozco. No contiene uni- 
camente versiones esparlolas, sino de otros idiomas 
tambien, incluyendo en total unos cuatrocientos poetas 
europeos. Titulase esta antologia: Los poetas y la poesia 
de Europa (1). El capitulo consagrado a la poesia his- 
pana es muy extenso y complete. Abrelo el compilador 
con elegante y erudita disertacion acerca de nuestro 
lenguaje y poesia. Figuran alli poemas, romances, odas, 
baladas, sonetos, etc.; gran numero de las composicio- 
nes traducidas por Longfellow, y las demas por varios 
autores ingleses de diferentes epocas, en especial por 
Bowring y L6ckhart. Tiene representacion toda la lira 
espafiola, desde el Poema del Cid, primer monumento 
poetico de Espafia del duodecimo siglo, hasta las com- 
posiciones de Jose Maria de Heredia, en la primera 
mitad del siglo xix. Las versiones van precedidas de 
una breve y substanciosa noticia biografica y critica de 



(1) The poets and poetry of Europe. Philadelphia, 1845. 



ENRIQUE WADSWORTH LONGFELLOW 67 

Longfellow sobre cada poeta espafiol comprendido en 
la antologia. En ellas revelase d compilador gran en- 
tusiasta de nuestras letras. Entre otras versiones hizo 
Longfellow la de fragmentos de la Vida de San Milldh 
y Los milagros de Nuestra Senora de Berceo. La mayo- 
ria de sus traducciones son sonetos, el genero que mas 
felizmente cultiva. Todas sus versiones son fieles y ele- 
gantes, mereciendo particular mencion entre los sone- 
tos, Mafiuna y El buen pastor, de Lope de Vega; El 
patrio cielo y La imagen de Dios, de Francisco de Al- 
dana, y El arte y la naturaleza y Las dos mieses, de 
Francisco Medrano. 

Escribi6 Enrique Wadsworth Longfellow, en fin, un 
libro de impresiones de viaje sobre Espafla, Francia, 
Italia, Alemania y Holanda, rotulado Ultramar, al cual 
ya hemos aludido; libro interesante, rico en poder des- 
criptivo, en cuyas paginas van gentilmente hermanados 
los ensuenos del poeta y las observaciones del viajero. 

De este noble poeta se ban traducido al castellano 
Evangelina (1), Salmos de vida (2) y otros poemas por 
Bartolome Mitre, Alvaro L. Nunez, Joaquin D. Casasus, 
Moria Vicuna, Baquero Almansa, Llorente, Izaguirre, 
Arana, Andrade, Suarez Capalle ja y otros. De Longfe- 
llow, asi como de Bryant, Whittier y varios poetas mds 
norteamericanos, encuentranse tambi^n versiones en el 
libro Ecos y Notas (Ponce, 1884), del portorriquefio 
F. J. Amy. 

Un contemporaneo de Longfellow y famoso vate 
que hizo algunas versiones del espafiol, fu6 Guillermo 



(1) Evangelina. Romance de la Arcadia. Traducido del ingles 
por Carlos MorIa Vicuna, New-York, 1871; Bogotd, 1888. — fvan- 
^^/ma.Traducci6n de D. Alvaro L. Nunez; Barcelona, 1895. — fva/z- 

, gelina. Traducida del ingles por Joaquin D. Casasus (segunda gdi- 
ci6n); Indianopolis, 1915. 

(2) Versi6n del poeta argentine Bartolom6 Mitre, de uso en las 
: escuelas piiblicas de la Argentina. 



68 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

Cullen Bryant (1794 1878). No mas de catorce breves 
composiciones traducidas por el hemos encontrado, 
pero excelentes, inmejorables sobre todo las descripti- 
vas o que tienen por tema la naturaleza. La vida del 
bendito y La Ascension del Senor, de Fray Luis, y Alaria 
Magdalena, de uno de los Argensolas, tambien se hallan 
vertidas al ingles de modo impecable. Aunque estuvo 
en Europa, Bryant no lleg6 a visitar Espana; por lo 
tanto, en su libro de impresiones de viaje intitulado 
Cartas de un viajero o Apuntes de cosas vistas en Euro- 
pay America (1), y en su correspondencia no se ocupa 
de nuestro pais aunque dedica algunos capitulos a nues- 
tras colonias. Dada su limitada labor en el campo de 
las letras espafiolas, no recordariamos ahora su nombre 
si no se tratara del primer gran poeta de los Estados 
Unidos. 



(I) William Cullen Bryant, Letters of a traveller; or Notes of 
things seen in Europe and America. New- York, 1850. 



GAPITULO V 

« 

Jaime Russell L6well (1819-1891). 

Comparada con la labor espanolista de los autores 
precitados, la de L6well ocupa un lugar muy secunda- 
rio. Su gran obra hispanista, por otra parte, no est^en 
el campo de la produccidn literaria, sino en la clase de 
lengua y literatura espanola de la Universidad Harvard 
— donde sucediera a Longfellow — , y acaso, ligera- 
mente, en la diplomacia. En la respetable catedra de 
Harvard dio a conocer nuestro idioma e historia litera- 
ria con gran celo y amor. Su erudicion en materias de 
filologia y literatura europeas, en general, parece haber 
sido extraordinaria. De su admiracidn por nuestros 
clasicos, en particular por Calderon, nos hablan todos. 
"Jamas dejaba de extenderse en este punto [cuan grande 
fu6 Calder6n] siempre que la conversaci6n recai'a sobre 
la literatura espanola" (1). Para Lowell, nuestra produc- 
cion dramatica y poesi'a popular eran las mas ricas de 
Europa. De los romanceros espanoles afirma que cons- 
tituyen, sin duda alguna, «la poesfa popular mas origi- 
nal y seductora de que tenemos noticiaw (2). Adora el 



(1) William Dean Howells, Familiar Spanish Travels. New- 
York and London. 1913, p^g., 118. 

(2) James Russell L6well, Literary and political addresses. Bos- 
ton and New- York, 1892, pag. 116. 



70 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

ingenio de Galderon y pone por las nubes de la fama a 
Cervantes, descubriendo por todas partes, en la litera- 
tura extranjera, el influjo del Principe de los Ingenios, 
como padre de la novela moderna y del moderno hu- 
morismo. «Vemos sus huellas — escribe — en Moliere, 
en Swift, y mas claramente aun en Sterne y Richter. 
Fielding se lo asimil6 y copiole Smollet (1). Scott fue 
su discfpulo en el Anticuario, la mas deliciosa de todas 
sus deliciosas novelas. Imitole Irving en su Knickerbo- 
cker y Dickens en Apuntes de Pickwick. No lo refiero en 
menoscabo de la originalidad de estos escritores, sino 
para mostrar la potente y maravillosa originalidad de 
aqu^lw (2). Claro esta que Lowell no se propuso hacer 
una lista de cuantos autores se inspiraron en Cervan- 
tes, porque entonces hubiera citado, entre los ingleses, 
los nombres de Samuel Butler, cuyo poema Hudi- 
bras (3) tiene por base a Don Quijote; Pope y Arbiith- 
not, autores de unas Memorias extraordinarias de la 
vida, obras y descubrimientos de Martin Scriblerus (4), 
que muestran clarisimas huellas del influjo cervantino; 
Mfddleton y Rowley, los cuales extraen su tragicome- 
dia La gitana espanola (5) de dos novelas de Cervantes 
(La gitanilla de Madrid y La fuerza de la sangre); de la 
coleccion de Novelas ejemplares vienen tambien al 
mundo britanico La reina de Corinto (6), Romeria de 



(1) Parece exacta la expresion que Lowell emplea respecto de 
Fielding. El autor britanico se lo asimilo, en efecto; antes de aban- 
donar las aulas universitarias ya le vemos planear una comedia titu- 
lada Don Quijote en Inglaterra, y anos despues, el titulo original 
con que bautiza su primera novela, es Historia de las aventuras de 
]osi Andrews y su amigo Don Abrahan Adams, escrita a la ma- 
nera de Cervantes. 

(2) Z-fV^m/'y, etc., pdgs. 135y 136. 

(3) Publicado en tres partes: 1636, 1664 y 1678, 

(4) Memoirs of the extraordinary life, works, and discoveries 
oj Martinus Scriblerus, 1741. 

(5) The Spanish Gipsie,A623. 

(6) The Queene of Corinth, 1618. 



JAIME RUSSELL L6WELL 71 

amor (1), y algunas mas de Fletcher y sus colabora- 
dores, y Una real hembra (2) de Massinger, asi como 
de Persiles y Segismunda, las Usanzas del campo (3) de 
aquel y este en coIaboraci6n; y finalmente, entre otros 
muchos insignes britanicos que imitaron o copiaron 
a Cervantes, o en i\ se inspiraron, cabria citar a G61d- 
smith, Thackeray y Bulwer. 

En su patria, fue Jaime Russell Lowell critico dis- 
tinguido, poeta, politico y celoso ciudadano. En 1877 
declino el nombramiento de Embajador de su pais en 
Viena y en alguna otra Corte europea; mas al despe- 
dirse del Sr. Howells, quien en nombre del Gobierno 
habiale ofrecido dichas Embajadas, le dijo intenciona- 
damente: "Me gustaria ver una comedia de Calde- 
r6n" (4). Conforme sus deseos, fue nombrado a poco 
Ministro de los Estados Unidos en Madrid, cuyo puesto 
desempefio desde 1877 hasta 1879. Las relaciones entre 
.ambos paises eran muy tirantes a la fecha de su desig- 
nacion, en consecuencia de ciertos incidentes relacio- 
nados con el fihbusterismo cubano; pero el tacto de 
L6weli, su conocimiento de nuestra literatura y admi- 
raci6n por ella, y su general simpatia por el pueblo 
espatiol, impresionaron tan favorablemente en la Corte 
de Espana, que los problemas pendientes entre los dos 
Gobiernos se fueron solucionando satisfactoriamente, 
hasta restablecerse la mas completa armonia. Jaime 
R. L6well fue amigo intimo de Silvela, con quien solia 
departir sobre temas literarios, y uno de los diplomd- 
ticos mejor acogidos por D. Alfonso XII. Elegido 
miembro honorario de la Real Academia Espaiiola, 
acostumbraba a concurrir a sus sesiones con gran asi- 
duidad, tomando parte en los debates. 



(1) Lovers Pilgrimage, posterior a 1647. 

(2) A Very Woman, or the Prince of Tarent, 1634. 

(3) The G us tome of the Country, 1619. 

(4) William Dean Howells, My literary friends and acquaitan- 
ces. New-York, 1895, pig. 238. 



72 EL HISPANISMO EN NORTE- AMfiRICA 

Sus cartas desde la peninsula acerca de los asuntos 
del pais rebosan chispeante ingenio y saladisima gracia. 
Son muy interesantes y divertidas; pero aun teniendo 
alguno que otro particular acierto, carecen en general 
de aquellos perspicaces atisbos, de aquella clara com- 
prension del alma y la vida espafiola que hallamos en 
Irving, Longfellow y aun en Ticknor. Recrease el autor, 
en esa correspondencia, con los juegos de palabras y 
las frases detonantes y pintorescas, mas s61o acd y alld 
se encuentran algunos aislados juicios solidos y certe- 
ros. Como diplomatico hubo de interesarse particular- 
mente por la politica del pais; y en esta materia si tiene 
muchas observaciones perspicaces y justas. Pero aun 
en la politica, llevando una vida oficial por exigencias 
de su cargo, lejos del pueblo y familiarizado s61o con 
los elementos directores de la opinion espafiola, no es- 
taba tampoco en las mejores condiciones para infor- 
marse de la vida nacional. Sin embargo, bien porque 
las ideas que nos expone en este punto fuesen y conti- 
nuen siendo en nuestros dfas lugares comunes, tratados 
por la prensa diariamente, o bien porque fueran los 
males muy generales y patentes en Espana,'es lo cierto 
que Lowell, que siempre suele errar al hablarnos de la 
vida y caracter espanoles, que desconoce casi del 
todo — no obstante hallarse tan familiarizado con 
nuestra literatura — , nunca falla en sus juicios sobre 
politicos o politiquerfas del pais. Nada importa que sus 
pron6sticos no llegaran a realizarse, o mejor dicho, que 
aun no se hayan realizado. En lo fundamental, en lo 
que constituye el fond,o — jese fondo tan cenagoso y 
obscuro de la politica espanola! — , nuestro autor ha 
adivinado la verdad. 

Veamos qu6 le parece Espana a «Jose Bighlow. que 
tal fue el nombre familiar — tomado, segun es sabido, 
de un personaje de sus Papeles de Biglow — con que le 
salud6 la prensa madrilena. «E1 clima — deci'a — supera 
a cuantos he conocido jam^s, . . Este aventaja al de Ita- 



JAIME R0SSELL LCWELL 73 

lia. iQue limpidez en el cielo!" (1). Le agradan los es- 
panoles. Cree tener en su propia naturaleza algo de 
comun con estas gentes. En los tiempos que corren, tan 
practices y mercantiles, suele hacerse, en opinion suya, 
gran injusticia a los espafioles. Son los orientales de 
Europa '<en un grado tal — escribe desde Madrid a 
Tomas Hughes, el 17 de Noviembre de 1878 — que es 
preciso vivir entre ellos para concebirlo". Pero ya estan 
despertandose. "La dificultad consiste en que les tienen 
sin cuidado una porcion de cosas, respecto de las cua- 
les somos nosotros bastante bobos para preocupar- 
nos. . .» En el libro intitulado Del Amor, de Enrique 
Beyle, se hallara un pensamiento id^ntico. Y el escritor 
frances si cbnocia en realidad al pueblo espanol: "Des- 
conoce (el espafiol) muchas pequefias verdades de las 
cuales estan infantilmente orgullosos sus vecinos; pero 
conoce a fondo las grandes verdades, y posee caracter 
e inteligencia para seguirlas hasta sus mds remotas con- 
clusiones" (2). 

A renglon seguido — en su carta a D. Tomas 
Hughes - , hace L6well una observaci6n de cuya in- 
exactitud podran juzgar cuantos hayan visitado la pen- 
insula. «Y en el libro Mayor, el balance de moralidad 
no les es tan enteramente satisfactorio como a algunas 
otras naciones mas avanzadas." Despu^s, manifiesta a 
su amigo que los espafioles se sirven de razas inferio- 
res para que laboren por ellos en el terreno intelectual 
y en la palestra politica. Ignoramos lo que ha querido 
decir. He aqufsu propia frase: "Emplean razas inferio- 
res, como los romanos hicieron, para que pasen por 
ellos las fatigas de las labores intelectuales, de su poli- 
tica, economi'a, ciencia y similares. Pero estdn avanzan- 
do, y uno de estos di'as. . . Mas no hare profecias. Baste 



(1) James Russell Lowell. A biography, by Horace Elisha 
Sender. Boston and New-York, 1901, vol. IT, pi5g. 2''8. 

(2) De Stendhel, De I'amour. Paris, 1876, pag. 146. 



74 EL HISPANISMO EN 'NORTE -AMERICA 

saber que tienen muchos sesos cuando quiera que su 
hidalgfuia «condesciende" en utilizarlos. Sacan buen 
partido de este mundo a poco precio, y no estan lejos 
de la sabiduria, si es que los ancianos filosofos griegos 
que suelen sernos presentados como ejemplo, sabian 
algo en la mat-eria." Lowell se complace en repetir en 
medio de sus censuras, una y otra vez, lo mucho que le 
agrada e! pueblo espaHol. Y esto, no obstante ponernos 
a menudo de oro y azul y decir, entre otras cosas, con 
maligna gracia: «Un apotegma he grabado ya en bron- 
ce: El espafiol ofrece a uno su casa, pero jamas una co- 
mida dentro" (1). Todos los viajeros en trenes espafio- 
les habran tenido ocasion de observar la espontaneidad 
e, insistencia con que los espaiioles suelen ofrecer, aun 
al compafiero de viaje desconocido, con quien acaso 
no hayan cambiado una palabra, la merienda. Y si tal 
ocurre entre gentes extraiias, no hemos de esperar 
menos de los amigos. Para el escritor norteamericano 
no es, sin embargo, como para tantos otros, mera le- 
yenda la vieja hidalgufa castellana, de la cual nos dice 
que, para ciertas cosas, aun queda mucha. 

A juicio suyo, Espafia es una nacion eminentemente 
republicana en los principios y las practicas sociales. 
"Aunque, comoya he expresado, los instintos (acaso de- 
biera decir los habitos) del absolutismo son todavia 
predominantes, en los ultimos cuarenta afios se ha ve- 
rificado un gran cambio en el pueblo espanol. La clase 
media se ha educado, se ha enriquecido y tiene con- 
ciencia de su valor, como clase social, y de su consi- 
guiente poder. Estarian contentos, o en cualquier caso 
tranquilos, bajo una monarquia constitucional, dentro 
de la cual las elecciones, la prensa, la educacidn y las 
creencias r.eligiosas fueran libres; pero en la teoria y en 



(1) Letters of fames Russell Lowell, edited by Charles Eliot 
Norton. New-York, 1894, vol. II, pag. 222. 



JAIME RtiSSELL L6WELL 75 

las costumbres sociales, son republicanos" (1). Algunas 
pdginas mas adelante, volviendo a recaer su atenci6n 
sobre el mismo asunto, insiste en que los espanoles, 
por sus habitos republicanos o liberales en el trato 
social, que considera universales en la peninsula desde 
larga fecha, estan mejor preparados de lo que a primera 
vista pueda parecer para un regimen republicano. 
«Cada espafiol es un caballero, y cada espafiol puede 
elevarse desde el puesto mas humilde a los mas alios e 
influyentes. Tal vez sea esto, en parte, una herencia de 
los arabes que ocuparon Espansi. Del rey abajo, nin- 
guno, es un anciano proverbio espafiol que da a enten- 
der la igualdad de todos los que estan por debajo del 
Rey (2). En lo que respecta al espiritu democratico de 
los espaiioies, casi todos los viajeros conciertan. Uno 
de esos peregrinos literarios y artistas que ha recorrido 
toda Espafia, y llego a convivir con gentes de toda clase 
y condici6n, en la ciudad y en los campos, L. Higgin, 
declara igualmente «que no hay nacion en el mundo 
mas intensamente democratica que Espana" (3). 

Nuestro sagaz "Jose Bighlowha sefialado con pulso 
firme los males de la corrompida y bochornosa politica 
de este pais, que, segun expresi6n suya, ha tenido de- 
masiada gloria y pobrisimo manejo caserojhablandonos 
de la centralizacion de la vida nacional, del persona- 
lismo en politica, de la inconsciencia y versatilidad de 
los satelites politicos, que no saben sino arrimarse al 
sol que mas calienta, y de la empleomania. «Existen 
partidos con principios u opiniones mas o menos defi- 
nidos; pero la voluntad, las ideas, las aspiraciones y 
casi puedo decir la propia existencia de todos ellos, me 



(1) Impressions of Spain, by James Russell Lowell. Compiled 
by J. B. Gilder. Boston and New- York, 1899, pdg. 34. 

(2) Idem, pags. 39 y 40. 

(3) )-. Higgin: Spanish life in town and country. New- York and 
London, 1902, pdg. 6. 



76 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

parece que en Espafia estdn mds completamente perso- 
nificados por ciertos jefes que en nacion alguna, y en 
los cuales las ambiciones egoistas son capaces, antes o 
despues, de usurpar el lugar de los principios y cuyos 
partidarios inconscientemente acaban por sobreponer 
el personal interes de aquellos a los intereses del 
paisw (1). Como se ve, L6v/ell ha puesto el dedo sobre 
la ulcera de nuestros males; males tan hondos y arrai- 
gados en la vida nacional que van ya pareciendo irre- 
mediables. Cuando en la politica espanola surge un 
hombre con el alma limpia, con fe robusta y robusto 
• brazo, ese hombre cae presa de la nacional conjuraci6n 
contra la honradez politica. Un hombre hay en la vida 
publica espanola que, desde las cumbres del Poder, 
ensayd de veras, con hechos, ennoblecer la politica y 
purificark de sus vicios y corruptelas tradicionales; y 
6se es precisamente el que mas hondo ha caido y el que 
mas se esforzaron en desprestigiar sus enemigos, en 
Espafia y fuera de ella, encontrandose en la actualidad 
poco menos que incapacitado, por el veto de los parti- 
dos radicales, para gobernar. 

Las siguientes lineas tambien son de una triste ac- 
tualidad. Parece una gacetilla de las que solemos leer 
a diario en la prensa. Habla L6well de la empleomania, 
y habla en estos terminos: «La empleomania, que es la 
carcoma de Espafia, como amenaza serlo de los Estados 
Unidos, suministra a cada jefe una banda de adictos, 
momentaneamente devotos, siempre dispuestos a pa- 
sarse a las filas de otro jefe que mas prometa, como 
una nube de mosquitos vaga indiferente de la cabeza 
de un transeunte a la de otro» (2). 

Los malos gobernantes, los gobernadores pesimis- 
tas, o indiferentes, o poltrones; los nada previsores y 
que s61o se acuerdan de Santa Barbara cuando truena; 



(1) Impressions, etc., pag. 25. 

(2) Impressions,' etc., pigs. 26 y 27. 



JAIME RtlSSELL L6WELL 77 

los que van a los altos y pequenos cargos para mante- 
ner funcionando la maquina politica, porque no seria 
cosa de pararla enteramente, pero que apenas si se es- 
fuerzan por mejorarla o activar la combusti6n; los* que 
iHiiran al porvenir con una mirada esceptica y pesimista, 
y quienes, no teniendo fe en el pueblo ni en ellos mis- 
'mos, mejor estarian en su casa; los que se meten por 
los terrenos de la politica para lucrarse o beneficiar al 
parentesco, y nada mas; tales son los politicos que des- 
de tiempo inmemorial venimos padeciendo los espafio- 
les, en culpa de nuestra negligencia, pesimismo y co- 
barde ecuanimidad. No creo que exista en la tierra otro 
pueblo mas severo y exigente que el nuestro en puntos 
de honor y personal mofalidad, ni tampoco mas bene- 
volo para transigir con la inmoralidad en la esfera po- 
litica, ni mas corrompido en sus costumbres politicas, 
ni mas debil y mansurron para someterse a caciques y 
rabadanes. \Y lo hacen tan mal los voceros y pericones 
de la politica espafiola! "Triste es reflexionar — escribe 
Larra — que entre los muchos hombres qiie han inmor- 
talizado su nombre en las paginas de nuestra historia, 
es contado el mimero de los que han influido en su 
prosperidad" (1). La incredulidad politica de los pro- 
vincianos, su indiferencia ante el sufragio, su manse- 
dumbre cobarde bajo las herraduras del cacique, nace, 
en parte, de esta fatalidad de los malos gobiernos. 
Acaso, tambien, pueda volverse la oracion por pasiva... 
Claro esta que los pueblos viriles e ilustrados se sacu- 
den — al menos en teoria — los malos gobiernos; mas 
en el mejoramiento y depuraci6n de los procedimientos 
y costumbres politicas aun nos queda mucho por hacer 
en Espana. 

Tornemos a Jaime Russell L6well. S61o cinco com- 
posiciones de tema espaflol hemos podido encontrar en 

(1) Obras completas de Figaro (xMariano Jos6 de Larra). Paris, 
1870, vol. II, pig. 16L 



78 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

su obra poetica. Una bellisima, intitulada Prls'wn de 
Cervantes; el inspirado soneto A la muerte de la Relna 
Mercedes; El Ruisenor en el estudlo, en la que quiso pa- 
gar un tribute al genio de Calderon; Casa sin alma, y 
Tres escenas en la vida de un retrato (!)• £"/ Ruisenor en 
el estudio, aunque composicion breve, es bastante ins- 
pirada y original. En una carta a uMrs'> — fechada en 
Elmwood el 21 de Septiembre de 1875, fijaba Lowell 
el origen de este poema en los siguientes terminos: 
"Cuando peor estaba no podia encontrar lectura alguna 
que me apartase el pensamiento de mi mismo, hasta 
que me acord6 de CalderOn. Cogi un volumen de sus 
comedias, y media hora despu6s estaba completamente 
absorto en su lectura. Es ciertamente uno de los mas 
maravillosos poetas. He pagado la deuda que por esto 
tengo con el contraida en un poema: El Ruisenor en el 
estudiO". La sextilla Casa sin alma, que Ueva por sub- 
titulo Recuerdos de Madrid, aunque trivialisima, ofrece 
el interes de ser la linica composicion — que yo sepa — 
escrita por autor norteamericano en lengua espafiola. 
Escuchadla: 

Silencioso por la puerta 
Voy de su casa desierta, 
Do siempre feliz entr6, 
Y la encuentro en vano abierta 
Cual la boca de una niuerta 
Despues que el alma se fue. 

El origen de esta sextilla, que tiene algo de balbu- 
ceo infantil, lo consigna el poeta en una carta que es- 
cribiera a su amiga Dofia Emilia Gayangos de Riano en 
18 de Septiembre de 1878: "Copio algunos versos (no 
los llamare espafioles) que me vinieron a la mente al 
pasar un di'a por su casa, cuando usted se hallaba au- 



(1) Poesia publicada per Dona Emilia Gayangos de Riafio en 
The Century Magazine, June, 1900, vol. LX, pdg. 293. 



JAIME rOssell l6well 79 

sente. Son los primeros que jamas intente escribir y 
deben de ser los ultimos" (1). 

El soneto A la muerte de la Reina Mercedes es uno 
de los mas lindos y pulidos que se deben a la pluma 
del distinguido vate norteamericano. Diremos de paso 
que era L6well un admirable satirico, en prosa y verso, 
humanista y critico sagaz. Fue uno de los primeros 
poetas eruditos de su patria, aunque mas que inspirado 
ipoeta, era elegante retorico. Por eso vemosle elevarse 
a mayor altura cuando canta lo objetivo, el mundo ex- 
terno, que en las efusiones de su reino interior. El refe- 
rido soneto es uno de los suyos mas justamente cele- 
brados. A la muerte de la primera esposa de D. Alfon- 
so XII, la precitada amiga del poeta, Dona Emilia Ga- 
yangos de Riafio, sugiriole la idea, que tanto habia de 
agradecer el Monarca, de dedicar unas lineas a la me- 
moria de la reina Mercedes. Con fecha 13 de Julio de 
1878, L6well escribia a Dofia Emilia en los siguientes 
terminos: "Anoche me orden6 usted un poema. Me 
aventuro a remitirle en la inmediata hoja, catorce [li- 
neas] que compuse la noche pasada mientras trataba de 
conciliar el sueno". Y en carta a su hija, escrita en Ma- 
drid el 26 del mismo mes y ano, dice, refiriendose a la 
reina Mercedes: «Dificll seria imaginarse nada mas tra- 
gico que las circunstancias de su muerte. Mientras los 
canones hacian salvas en honor del ddcimoctavo ani- 
versario de su nacimiento, ella estaba recibiendo la Ex- 
tremaunci6n, y cuatro dias despues vimos conducirla a 
su lugubre tumba del Escorial, seguida del coche y los 
ocho caballos blancos que la habian llevado en triunfo 
el di'a de su boda desde la iglesia al palacio. Los pobres 
brutos agitaban ahora sus penachos tan orguUosamente 
como antes. Su muerte es en realidad una perdida pu- 
blica. Era amable, inteligente y sencilla; si no hermosa, 



(1) The Century Magazine, June, 1900, vol. LX, pdg. 292. 



80 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

tenia buen parecido; y estaba haciendose ya popular." 
Y en su honor y memoria, habia cornpuesto el soneto 
•que va a continuaci6n: 

Hers all that Earth could promise or bestow, 
Youth, Beauty, Love, a crown, the beckoning years. 
Lids never wet, unless with joyous tears, 
A life remote from every sordid woe, 

And by a nation's swelled to lordlier flow. 
What lurking-place, thouht we, for doubts or fears, 
When, the day's swan, she swam along the cheers ♦ 
Of the Alcala, five happy months ago? 

The guns were shouting lo Hymen then 

That, on her birthday, now denounce her doom; 

The same white steeds that tossed their scorn of men 

To-day as proudly drag her to the tomb. 
Grim jest of fatt! Yet who dare call it blind. 
Knowing what life is, what our humankind? 

Jaime Russell Lowell emprendi6 la traducci6n al es- 
panol, acaso en colaboracion con su profesor, D. Her- 
menegildo Giner de los Rios — de cuyos talentos y no- 
ble caracter hace cumplido elogio — , de un opiisculo 
del naturalista Carlos Darwin, segun comunica, en car- 
ta de 1.° de Septiembre de 1878, a la-sefiora W. E. Dar- 
win, hija del sabio ingles. Suponemos que no llegaria 
a publicar la traduccion — si es que la termin6 — , pues 
ni en su correspondencia, ni en la bibliografia de sus 
obras hemos vuelto a encontrar ninguna otra referenda 
a dicha versi6n. i 



CAPlTULO VI 
La Sociedad Hisp^nica de America. 

Fund61a, el 18 de Mayo de 1904, el caballero Archer 
Milton Huntington, quien cedio ocho lotes de terre- 
no — aumentados luego a diez y seis — en el Parque 
Audubon, entre las calles 155 y 156, de la ciudad de 
Nueva York. Puso, ademas, el fundador a disposicion 
del Consejo administrativo de la Sociedad Hispanica, 
350.000 dolares como fondos de la institucion. En 17 de 
Noviembre del mismo afio aprobaronse sus Estatutos, 
los cuales seiiaian como principales fines de la Hispa- 
nic Society of America el establecimiento de una biblio- 
teca publica y un Museo e institucion cultural, destina- 
dos a difundir el estudio de los idiomas, literatura e 
historia de Espafla y Portugal; editar publicaciones y 
fomentar el conocimiento de los paises de origen 
ib^rico. 

Comp6nese la Sociedad Hispanica de cien socios 
ordinarios, elegidos entre aquellos norteamericanos o 
extranjeros que se hayan distinguido por sus servicios 
,a Espana o Portugal, en el campo de las letras, de las 
ciencias o de las artes. Cuenta, ademas, con un numero 
ilimitado de socios correspondientes y honorarios. 

Inaugur6se oficialmente el edificio de la Sociedad 
en Enero de 1908. En su construcci6n se han empleado 
terracota, acero y bronce, sin madera alguna, a fin de 

6 



82 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

hacer incombustible, en lo posible, este museo de tan- 
tas joyas literarias y artisticas. £1 exterior es de clasica 
y elegante arquitectura. La facliada principal, que mira 
al Norte, se halla decorada eon columnas j6nicas em- 
potradas, cornisa y parapeto, y en el centro un portico 
rematado con airoso fronton. El friso que corre a lo 
largo de esta fachada, Ueva inscripto, a la derecha del 
p6rtico, los nombres de Camoens, Loyola, Velazquez, 
Goya, Quevedo, Maimon, Ruiz y Berceo; y a la izquier- 
da, los de Colbn, Cervantes y Lope de Vega. La facha- 
da posterior, de severo estilo, tiene diez columnas y 
catorce entrepanos. En el friso de esta fachada estan 
grabados los nombres de Borrow, Dozy, Prescott, Tick- 
nor, Irving, Seneca, Trajano, Averroes, Almanzor, el 
Cid, Carlos V, Magallanes, San Martin y Calder6n. 

Penetremos en el interior. En el vestibulo, lo pri- 
mer© que nos llama la atencion es una plancha de 
bronce, con busto en relieve, a cuyo pie campea la 
siguiente inscripcion: This building is dedicated to the 
Memory of ColUs Potter Huntington. V el visitante no 
puede menos de preguntarse: iPor que en lugar de 
esos otros monumentos a la memoria de los idos, mo- 
numentos de marmol o bronce, frios, inertes, cuya glo- 
ria por entero pertenece al artista que los esculpiera, 
no se levantan monumentos como este — dedicado por 
el cariiio filial a la memoria de un hombre bueno — , 
en bien del arte y la general cultura? ^No seran asi los 
monumentos del porvenir, monumentos dotados de 
vida espiritual, destinados a difundir el saber o la bene- 
ficencia, en los cuales se perciba ese calorcillo senti- 
mental que pone en las cosas inanimadas lagratitud de 
los hombres? . . . El edificio es de planta baja, con 
s6tano; encuentranse instalados en este los dep6sitos 
de la biblioteca, catalogacion y taller fotografico. El 
sal6n principal, donde se halla el museo, es de estilo 
Renacimiento espafiol, y mide unos treinta metros de 
largo, por once de ancho y diez de alto, aproximada- 



LA SOCIEDAD HISPANICA DE AMERICA 83 

mente. La fabrica es de terracota, y la techumbre de 
cristal de roca. A lo largo de los muros corre una 
arcada que, alzandose hasta la mitad del cuerpo del 
edificio, sostiene la galeria alta. Junto a aquella, mesitas 
con vitrinas y bancos de caoba, y en el lado oeste, 
sobre caballetes, dos magnificos retratos, de medio 
cuerpo, de los Reyes de Espana, pintados por Sorolla. 
En la clave de los arcos, estan labrados los escudos de 
las regiones y algunas provincias, espafiolas. 

En los muros de la escalera que conduce a la galeria 
superior, y en el vestibulo de esta, hay incrustados 
gran numero de azulejos y mosaicos de los periodos de 
la dominacion romana y morisca en Espana. En la 
galeria alta y en la baja se exhiben esculturas, tapices, 
cuadros, y en las vitrinas, preciosos incunables, manus- 
critos y objetos de arte. Encierra el museo ricas colec- 
Clones de orfebreria, herraje, alfareria neolitica y talla- 
dos fenicios, romanos y arabigos; alfareria hispano-mo- 
risca de lustre metalico; vajillas del Buen Retiro, Alcora 
yTalavera; mosaicos, azuIejos,etc.Poseeigualmenteuna 
notable coleccion de ciento setenta y cinco incunables, 
con varios del primer impresor de Espafia, el valen- 
ciano Lamberto Palmart; algunos manuscritos hebreos 
y latinos; las mas antiguas ediciones, incluso la pdicion 
Principe, de las principales obras clasicas de nuestra 
literatura; facsimiles, maras antiguos, ejecutorias, y, en 
el lado oriental de la galeria baja, tumbas g6ticas, esta- 
tuas yacentes y esculturas religiosas del Renacimiento. 
Del arte pictorico hay en el museo una copiosa y exce- 
lente colecci6n de cuadros de Sorolla y Zuloaga; Re- 
trato de una muchacha, Retrato del Conde-Duque de 
Olivares y Busto de un Cardenal, de Velazquez; El buen 
pastor y San Francisco abrazado al Crucifijo, de Mu- 
rillo; Crista y los seis Apostates, a la mesa, y dos Sagrcu- 
das Familias, de El Greco; La Virgen y el Nino y Sa- 
grada Familia, de Luis Morales; La Ascensidn de Santa 
Maria Magdalena, de Ribtxdi', Retrato de un cartujo, 



84 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

sentado, de Zurbaran; Retrato de Felipe IV, La Concep- 
cion y Retrato de la Reina Maria de Hungria, de Ca- 
rreno; Via Crucis, de Juan Valdes Leal; La Duquesa de 
Alba y Los fusilados del 3 de Mayo, de Goya; y cua- 
dros de Pantoja de la Cruz, Juan de Pareja, Antonio 
Moro, Pedro Ribera, Lucas Fortuny, A. de la Gandara, 
Emilio Sala, y Beruete. Alii puede compararse, mejor 
que en parte alguna, la labor de los dos maestros de la 
pintura espafiola confemporanea: la de Zuloaga, el pin- 
tor de la Espaila vieja, negra, roiiosa, de las Brujas de 
San Milldn y El peregrino; y la labor de Sorolla, el 
clarisimo pintor de la Espafia contempordnea, de La 
playa dejaver y Sol de iarde. El visionario pintor vas- 
cuence, cuyos mejores cuadros tienen genialidad, pero 
les falta aire, sol, fresca brisa, lozania — y cuyo arte 
acaso pertenezca al pasado, tal vez al futuro, pero desde 
luego el presente no le pertenece, porque el presente es 
del arte de Sorolla —^ , esta representado alii por varios 
lienzos notables, como La familia del torero, Retrato de 
Mile. Lucienne Breval, en "Carnien» y el magistral Auto- 
retrato del pintor. En este museo tiene Sorolla tambien 
algunos de sus mas celebrados cuadros: Aldeanos leo- 
neses, La casa de El Greco en Toledo, entre otros, y la 
mejor coleccion de retratos pintados por el maestro 
valenciano, que existe. Alii esta Gald6s, mirandonos 
con sus ojos entornados, esos ojillos que nada parecen 
ver, y que en realidad ban escrutado el alma y la histo- 
ria de toda la Espana moderna; alii, el semblante escep- 
tico, sereno, ecuanime del viejo Echegaray, y el patriar- 
cal de Pidal y Mon. En esta galeria de retratos, debida 
al pincel de Sorolla, figuran, ademas de los precitados, 
los de la sefiora del artista, Blasco Ibafiez, Vega-Inclan, 
Madrazo, Cossio, y alguno otro, que no recuerdo. 
Todos los retratos son magistrales. En estas manchas 
negras y blancas, en estos tonos de la came se trasluce 
elcaracter, el espiritu de los modelos. En cuanto a los 
cuadros, todos muestran esa opulencia de colorido, 



LA SOCIEDAD HISPANICA DE AMERICA 85 

vigor y firmeza de rasgos que caracteriza la obra de 
Sorolla. El impresionista valenciano posee un certeri- 
simo golpe de vista, y dominio tecnico para trasladar al 
lienzo con fidelidad y animacion sus impresiones visua- 
les. Sus cuadros maritimos, que son los que mas me 
gustan, se encuentran en el Museo Metropolitano de 
Nueva York. En tonalidades, vigor y ejecucion no 
puede pedirse mas. Se diria que son chillones y exage- 
rados, por el colorido audacisimo, si no fuese por su 
maravillosa ejecucion. Sorolla no es fil6sofo trascen- 
dental, ni poeta, ni sociologo, ni humorista, sino pintor, 
pintor a secasj pero jque maestro de pintores! Artista 
sin escuela, que solo toma por modelos, como Velaz- 
quez, la naturaleza, el cielo, la tierra, el mar, no es, sin 
embargo, un mero fotografo de la naturaleza, porque 
al representarnosla, y fidelisimamente, nos da tambien 
el alma del paisaje. Pero volvamos a la Sociedad His- 
panica. 

Junto al museo, en el lado oeste, se encuentra el 
sal6n de lectura de la biblioteca, sencillo y vasto, con 
elegante mobiliario y estanterias de caoba. La biblioteca 
de la sociedad cuenta con unos setenta y cinco mil vo- 
lumenes; la mitad de ellos consagrada a la historia y 
literatura espanolas. Unas sesenta obras estdn impresas 
en facsimiles. 

La Sociedad Hispdnica publica a menudo docu- 
mentos historicos y ediciones criticas de las obras clasi- 
cas. Edita ademas Bibliographie Hispanique, publica- 
ci6n anual; Bibliptheca Hispdnlca, y Revue Hispanique, 
trimestral, la revista de critica e investigacion literaria 
mas importante de cuantas aparecen en el extranjero. 
Dirigela el sabio Foulche-Delbosc, laprimera autoridad 
entre los espafiolistas extranjeros. 

Entre las exposiciones que se han celebrado en el 
Museo de la Sociedad Hispanica figuran las de Joaquin 
Sorolla, de Febrero a Marzo de 1Q09, y la de Ignacio 
Zuloaga, de Marzo a Abril del mismo afio, que tanto 



86 EL HISPANISMO EN NORTE -AM£RICA 

contribuyeron a dar a conocer el arte moderno espaflol 
en los Estados Unidos, con no escaso provecho de 
ambos artistas. En la exposici6n de las obras del pinlor 
valenciano se exhibieron ciento cincuenta cuadros. Y 
entre estos y los de Zuloaga, desfilaron mas de ciento 
cincuenta mil personas. 

Ademas de Sorolla y Zuloaga, han estado en Nueva 
York otros muchos pintores espafioles; entre ellos don 
Raimundo Madrazo. A las exposiciones celebradas en 
diversas ciudades de los Estados Unidos han concu- 
rrido Rusifiol, Villegas, Anglada, Moreno Carbonero, 
Benedito, Gonzalo Bilbao, Alvarez Sotomayor, Eduardo 
Chicharro, los hermanos Zubiarre y algunos otros. 
Gran copia de lienzos espafioles se encontraran en casi 
todos los museos de los Estados Unidos, en muchos 
templos catolicos — sin excluir, naturalmente, la cate- 
dral de San Patricio, de Nueva York, donde, si la vista 
y la poca luz no me han engaiiado, hay junto a la prin- 
cipal entrada, en la nave central, un cuadro del grana- 
dino Pedro de Moya — y en no pocos edificios publicos 
y casas particulares, 

Digamos, entre parentesis, que la pintura norteame- 
ricana muestra una acentuada influencia de la escuela 
espafiola. Predomina en ella el realismo, el impresio- 
nismo de Velazquez y Goya, el arte austero, vigoroso y 
sutil de todos nuestros grandes maestros. Aqui ha tenido 
la pintura espafiola un discfpulo genial en Jaime McNeil 
Whistler, cuyo retrato de Pablo Sarasate, en particular, 
es de tipica factura velazqueiia. Quillermo M. Chase, 
uno de los mas ilustres artistas de la escuela yanqui, 
muy amante de la peninsula y de sus artes, tambien ha 
perfeccionado su tecnica en el estudio de los maestros 
espafioles. Lo mismo puede decirse de Juan Salvador 
Sargent, autor de numerosos lienzos de tema hispano, 
y cuyo cuadro Jaleo es de lo mejor que se debe al arte 
contemporaneo de los Estados Unidos. De el se ha 
dicho que es un norteamericano nacido en Italia, que 



LA SOCIEDAD HISPANICA DE AMERICA 87 

parece aleman, habla como ingles y pinta como espa- 
nol. Igual influencia iberica muestran Guillermo T. Dan- 
nat (cuyos cuadros Contrabandisia aragones y Cuarteto 
son dignos de especial mencion), Cecilia Beaux, Ro- 
berto Henri y Franck Duveneck. Entre los discipulos de 
Goya, ninguno aventaja a Jorge Bellows. 

Mas ya estamos pisando terreno ajeno al de la So- 
ciedad Hispanica de America, cuya visita rato ha dimos 
por terminada. Al salir, tornamos a fijar la vista en ta 
placa de la dedicatoria, para preguntarnos: ^Que mejpr 
monumento, tambidn, en honor y gloria de nuestra 
Espafia, que este, que con sus propias artes le ha levan- 
tado un caballero artista? 

Otro liberal patrono de nuestras letras, el beneme- 
rito espaiiol D. Juan C. Cebrian, se propone fundar una 
institucion por el estilo de la Hispanica en el Estado de 
California, donde desde hace medio siglo reside. 



II 
contemporAneos 



CAPITULO VII 
Eruditos y poetas. 

I 
I 

Del hispanista Archer Milton Huntington, ha hecho 
el director de nuestra Biblioteca Nacional un expresivo 
elogio. Para aquellos lectores curiosos que gustan de 
ver en la portada de los libros el retrato del autor, co- 
menzaremos por citar aqui — ya que per nuestra cuenta 
nada podriamos decir, no habiendo cruzado jamas la 
palabra con el caballero Huntington — dos lineas de 
Rodriguez Marin, en las que nos lo pinta: «archialto de 
estatura (un metro y noventa y nueve centimetros), 
acompafiado de carnes, de rostro expresivo y muy de 
su raza, corto el pelo y recortado el bigote a la usanza 
de alia, y vivos y chispeantes los ojos detrds de los 
grandes cristales de sus gafas. . . » Refiere Rodriguez 
Marin, con ese estilo clasico y saladisima gracia sevi- 
llana, tan suyos, una visita que en cdmpafiia del Mar- 
gues de los Caballeros hiciera afios ha, al ^r. Hun- 



90 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

tington, quien se encontraba a la sazon en Sevilla, ] 
anade: «Tanto el Marqu6s, peritisimo en materia d( 
libros espanoles, como yo, mero aficionado a ellos, po 
ser inexcusabies instrumentos de mi trabajo, nos admi 
rabamos de lo mucho que sabia y conocia de nuestra 
letras Mr. Huntington.. Enumeraba ediciones rarisima 
con entera precision y gentii familiaridad; ya notab; 
las leves diferencias que existen entre tal y tal otra; y; 
recordaba en que apartada biblioteca habia visto ui 
ejemplar de este o estotro libro; ahora advertia de golpi 
ser rehecha tal portada o tal hoja del fin; entr^basi 
luego como por casa propia por los impresos mas raro 
para hacer ver tal o cual particularidad curiosa de si 
estampa o de su texto. . . ; y yo, viendo tan especia 
noticia y tan notable habilidad en lo tocante a libro 
puramente espafioles, haciame cruces de asombrado, ; 
reparando veils noils en la nacionalidad de nuestro co 
lega, se me venia a las mientes aquel aparte del escu 
dero Nuno en el drama intitulado Guzman el bueno: 

/Ldstima que este moro no se salve!« (1). 

Archer Milton Huntington es arqueologo, erudit( 
y poeta. A el se deben algunas fructuosas exploracio 
nes en las ruinas de Italica. Como poeta, ahi esta si 
traducci6n del poemadel Cid, lamas atrevida empres 
literaria que pudiera acometer un extranjero. Com( 
erudito, sus comentarios a dicho poema y otros fruto 
de sus laboriosas investigaciones en el campo de nues 
tras letras. Es miembro correspondiente de las Reale 
Academias Espaiiola y de la Historia, y de la sevillan, 
de Buenas Letras. 

Hablemos de su produccion literaria, aunque avi' 
sando al lector que nuestro actual empeno se reduce 
una ligerisima resefla de la labor de este y los otro 
hispanistas. 



(1) Burla burlando. . . Madrid, 1914, pdgs. 79-81. 



ERUDITOS Y POETAS 91 

El Sr. Huntington ha vertido al ingles el Poema o 
Cantar de Mio Cid (1). Conforme es sabido, este poema 
es anterior a cuantas croqicas tratan de las hazanas de 
nuestro heroe legendario, y fue eompuesto en el si- 
glo XII, es decir, cuando aun estaban frescas en la me- 
moria de la gente espafiola las empresas de Rodrigo 
Ruy Diaz de Vivar, y su muerte, acaecida a fines del 
siglo anterior. Las cronicas aparecen mucho despues, 
pues la mas antigua data de 128Q. Por otra parte, estas 
cronicas se redactaron teniendo a la vista el poema, y 
aun siguiendole fielmente, hasta el punto de copiarse 
en algunas de ellas, como la Particular, frases enteras, 
sin enmendar siquiera las erratas. El codice unico que 
se conserva de este poema pertenece al siglo xiv. Vino 
a parar liltimamente a manos de D. Alejandro Pidal y 
Mon, en cuya casa estudiolo el traductor norteameri- 
cano. "El poema del Cid, cuyo texto va aqui incluido 
— advierte 6ste en su prefacio al volumen primero de 
la edicion de lujo — , ha sido extrafiamente descuidado 
en ingles. Mientras el valor de este documento litera- 
rio, el mas importante del idioma espafiol, ha sido re- 
conocido en Francia, Holanda, Alemania, Italia y Sue- 
cia, nada de mas empefio que las libres y parciales ver- 
siones de Southey, Frere y Ormsley se han publicado 
en Inglaterra; y en cuanto a Norte-America apenas si 
hay algo mas que su general mencion hecha por Tick- 
nor. Jamas se intento aquf dar una idea del original, y 
si exceptuamos el volumen de Carlos Vollmoller en el 
continente, ningun texto completo y definitivo se ha 
dado a luz fuera de Espafia. Las ediciones de Vollmo- 
ller y del espafiol Florencio Janer estan, sin embargo, 
limitadas al texto, aunque el primero prometia notas y 
vocabulario." 

La obra de Huntington, tanto en la edici6n corriente 



(1) Poem of the Cid. Translation and notes by Archer M. Hun- 
tington. 3 V. (The Hispanic Society of America, 1897-^908). 



92 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

como en la de lujo, se divide en tres volumenes: el 
primero, contiene el texto del poema; el segundo, 
la traducci6n; y el tercero, las variantes, notas y co- 
mentarios. La version es de las mas fieles que cono- 
ccmos. 

Por cualquier pagina que se abra el segundo volu- 
menhallaremos que corresponde exactamente con el ori- 
ginal, generalmente linea por li'nea. Tratandose de una 
obra como el Poema del Cid, escrita en lenguaje sencillo 
y estilo llano, donde apenas hay brillantes rasgos li'ri- 
cos, habi'a que esperar del traductor, mas que alta ins- 
piracion poetica, una labor paciente y concienzuda en 
la que, venciendo las dificultades metricas. nos ofreciese 
una precisa y justa version del original. Tiene el poema 
ese vigor, desalino y gran copia de dichos ingeniosos 
y refranes que caracteriza la musa popular y que tan 
dificiles son de verier en lengua extranjera. Su versi- 
ficacion es bastante irregular y confusa. Solo con ur 
perfecto dominio del espafiol antiguo y del latin vulgar 
clara noci6n paleografica, familiaridad con los prece 
dentes trabajos sobre el poema, y gran industria y la 
boriosidad, amen de flexible ingenio poetico, podia ur 
extranjero llevar a cabo traduccion tan fiel, tan esme 
rada como la de Huntington. Y dada la importancia de 
este monumento literario, la cualidad mas estimabh 
habia de ser, tratdndose de una version, la fidelidad. E 
traductor ha llevado a limites insuperables la identidac 
entre el poema original y su version inglesa. Claro tsii 
que al parafrasear casi el poema conserv6 su espiriti 
integramente. 

En cuanto al volumen de variantes y notas, no pued( 
pedirse mas. El Sr. Huntington esta familiarizado cor 
cuanto acerca de este poema se ha escrito, y corrige nc 
pocos errores de Janer, Restori y Damas Hinard parti 
cularmente, aportando al propio tiempo nuevos e inte 
resantes puntos de vista a la labor de sus predecesores 
{][ue vemps confirmados, en su mayoria, por Menende; 



Eruditos y poetas ^3 

Pidal (1). Tan amplia y minuciosa es la hermeneutica 
y el comentario que no hay en el texto voz dudosa, 
hecho historico o ficticio, institucion o lugar, al cual 
no haga el comentarlsta cumplida referenda. Por este 
laudable prurito de informacion acaso topamos de vez 
en cuando con digresiones que, en ningun caso imper- 
tinentes, pudiera Haber omitido el autor, teniendo en 
cuenta que no se trata de una obra de vulgarizaci6n, 
sino de erudici6n. Tales nos parecen las descripciones 
de algunas ciudades modernas, que en cualqiiier dic- 
cionario geografico o enciclopedico le seria facil al 
lector hallar. Su minuciosidad no perdona detalle algu- 
no de interes. Este volumen de variantes y notas es de 
lo mas completo y acabado que en erudicion espafiola 
se ha hecho en los ultimos afios; y desde luego, en lo 
que al tema particular concierne, aparte los trabajos de 
Men^ndez Pidal — mas originales desde el punto de 
vista de la critica — es lo mejor que conocemos. 

La edici6n de lujo, en riquisimo papel y empastada 
en pergamino, es un magnifico alarde del arte tipogri- 
fico. El papel, el tipo, la encuadernacion, todo eso que 
constituye el ropaje material del pensamiento escrito, 
es selecto. En general, las ediciones publicadas por la 
Sociedad Hispanica son primorosas, de sobria elegan- 
cia, con un no s€ que de arte fino y seiloril. Da grima 
coger entre las manos uno de esos tomazos de la Biblio- 
teca de Autores espanoles, que encerrando tesoros lite- 
rarios, el oro puro de nuestras letras, estan editados po- 
bremente, con malisimo papel, que parece de estraza, 
letrica menuda, para aprovechar bien el espacio, impre- 
si6n borrosa. Es como excelente tabaco fumado en mala 
pipa. El opio de las ideas embriaga siempre mis en pipa 
de ambar que en una de madera toscamente tallada. 
Aun esos pensamientos graves y solemnes de Los Norn- 



(1) Ram6n Menendez Pidal, Cantar de Mh Cid. Texto, gramd- 
tica y vocabulario, 3 vols. Madrid, 1908. 



94 EL HISPANISMO EN NORTE- AMERICA 

bres de Crista, requieren de cierta coqueteria tipogra- 
fica. Ojala que se multipliquen las finas ediciones de 
obras clasicas que vienen haciendo La Lectura, Biblio- 
teca Renaclmiento y la Sociedad Hispdhica. La edicion 
de lujo del Poema del Cld, del Sr. Huntington, va acom- 
panada de hermosas fotografias de los lugares impor- 
tantes que figuran en el poema. En el primer volumen 
aparece el retrato del Cid Campeador, tal como nos lo 
representan los Cuadros mas populares y las descrip- 
ciones de las cronicas. La edicion corriente de esta obra 
tambien es excelente. Un solo reparo hemos de poner- 
le: el tercer volumen, de variantes y notas, esta impreso 
en tipo tan diminuto que su lectura, de no auxiliarse 
con lentes, resulta fatigosa en extremo. 

El Sr. Huntington ha reunido en rico album los 
facsimiles de las iniciales y miniaturas de los manus- 
critos mozarabes procedentes del monasterio de Santo 
Domingo de Silos (1). Estos facsimiles, sacados de los 
c6dices visigoticos existentes en el Museo Britanico, se 
hallan iluminados. Contienen los codices, oficios del 
rito mozarabe, y como muestras de un arte primitivo, 
el Sr. Huntington considera esta coleccion la mas nota- 
ble que pi^ede hallarse. «La rareza de documentos que 
como estos, datan de los siglos ix al xi — nos dice en 
la introduccion — , les da ya el mayor interes; mas 
cuando, de otra parte, se encuentran en ellos detalles 
paleograficos y arqueologicos tan notables y tan singu- 
lar aplicacion del dibujo a la ornamentacion de libros, 
son dignos de un extenso estudio, al par que suminis- 
tran temas para la reproduccion. Particularmente son 
de notable originalidad estas ilustraciones, miniaturas e 



(1) Initials and Miniatures of IX^fi, X^h and Xl^h centuries 
from the Mozarabic manuscripts of Santo Domiengo de Sillos in 
the British Museum, with introduction by Archer M. Huntington. 
New- York, 1904. 



ERUDITOS Y POETAS 95 

iniciales; y me ha parecido que seria bueno publicarlas 
en detalle e iluminadas." 

Igualmente ha reproducido en facsimil el catalogo 
de la Biblioteca Coiombiana (1). Conforme declara en 
la nota preliminar, este manuscrito «con su diminuta 
quirografia, innumerables abreviaturas y frecuente y 
minuciosa relacion del arte, lugary fecha de la compra 
de los volumenes, es en realidad, uno de los preciados 
tesoros de la Coiombiana". Y, efectivamente, el senor 
Huntington ha prestado un importante scrvicio a los 
bibliofilos con la publicacion de su edicion en facsimil. 
Ademas de estas obras, el fundador de la Sociedad 
Hispanica ha hecho reimprimir en facsimil, bajo su 
personal direcci6n, mas de setenta producciones anti- 
guas y valiosas. 

El Sr. Huntington ha estado varias veces en Espafia. 
Fruto de una de estas visitas son sus Apuntes sobre el 
norte de Espafia (2), en cuya regi6n encuentra el autor 
fan gran copia de tradiciones y tanto interes local como 
en el mediodia. Parecele el paisaje de Espafia, en gene- 
ral, sombrio y risueno, severo y amable a la par. «Es- 
cruta hondamenfe en su corazon, y podras leer el cora- 
z6n espafiol" (3). Y tal es justamente la precisa nota de 
nuestro paisaje: junto a despenaderos y altas monta- 
flas, est^riles y abruptas, valles feraces y pintorescos, 
como en Andalucia; en medio de desiertas llanuras, pe- 
ladas de arboles y vegetacion, un oasis, como en tierras 
de Castilla. En el norte de la peninsula el campo es 
grave, solemne, con sus altas y frondosas montanas, las 
nieblas de su cielo triste, sus lluvias y tormentas. Y alii, 



(1) Catalogue of the Library of Ferdinand Columbus. Repro- 
duced in facsimile from the Unique Manuscript in tlie Columbine 
Library of Seville, by Archer M. Huntington, M. A., New York,, 1 905. 

(2) A Note- Book in Northern Spain, by Archer M. Hunting- 
ton. New-York and London, 1898. 

(3) Ob. cit., pdg. 1. 



^6 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

como en todas partes, la gente lleva en el alma el sello 
del terruno. En una regi6n como la del Cantabrico, han 
de ser los hombres graves, melanc61icos y religiosos. 
Aquella frase del autor: «Escruta hondamente en su 
coraz6n y podras leer el coraz6n espanol", nos recuer 
da otra de Baltasar Gracidn, en El Criticdn: «Participa 
el agua — escribe nuestro jesuita — de las cualidades 
buenas o malas de las venas por donde pasa, y el horn- 
bre las del clima donde nace«. Espana es, en su mayor 
extensidn, muy seca, y «de ahi les viene a los espanoles 
aquella su sequedad de condici6n y melancolica grave 
dad" (1). Y acaso esta sequedad y melanc61ica gravedad 
sea precisamente lo que han interpretado los extranje- 
ros por "orgullo espanol". Que los espanoles somos 
orgullosos es en el extranjero cosa proverbial y aur 
artlculo de fe. El caballero Huntington tambi^n lo sos 
tiene con una benevola atenuacion. "Pero pocos, me 
consta, cruzan el umbral de una casa espafiola para 
poder descubrir que hombre tan bueno es en el fondc 
su dueno. Es orgulloso, ciertamente, y no mira cor 
mucho favor al extranjero, pero es el orgullo de ur 
caracter reservado y no de uno d^bil. Debemos proce 
der con mucho tiento al juzgar semejante hombre 
Seamos entre ambos benevolos: lo que el piensa, come 
•lo que pensamos nosotros, es el producto de un millai 
de afiosw (2). Creo, efectivamente, que este proverbial 
orgullo espaiiol nos lo reprochan los extranjeros cor 
fundamento. El espafiol es orgulloso en el bueno y er 
el mal sentido de la palabra; es decir, tiene formado de 
si mismo, como hijo de Espana, una opinion demasiadc 
buena, y ademas, posee un sentimiento elevado de Ic 
que a la dignidad personal se debe. Mas el orgullo er 
el mal sentido, como opini6n demasiado buena de la 
propia raza, es universal. Cada hombre se cree perte 



(1) Obras de Lorenzo Gracidn. Amberes, 1669, vol. I. 

(2) Ob. cit., pig. 7. 



ERUDITOS Y POETAS 97 

necer a una comunidad privilegiada y superior. EI or- 
gullo como sentimiento de la dignidad personal, es 
tambien propio de la gente espanola. Un peninsular 
considera a los demas como sus iguales, y no otorga 
primacia ni al Preste Juan de las Indias; el que menos, 
conforme ha dicho un humorista, se cree primo her- 
mano del rey. Por eso, en vez de rogar, manda; y hasta 
el mendigo harapiento, miserable, ordena con cierto 
imperio cuando pide limosna o cuando se abre paso 
entre la apiiiada muchedumbre. Tenemos en la pen- 
insula un proverbio que reza asi: EL alemdn pide limos- 
na cantando, el f ranees llorandoy el espanol reganando. 
Teofilo Gautier, el anciano y adorable cronista, refiere 
la siguiente anecdota que tiene gracia, y aunque ven- 
gativa es muy espanola: «Uno de esos estimables insu- 
lares ingleses, que hacia el viaje de Sevilla a Jerez, envio 
su calesero a cenar en la cocina. Este, que en el fondo 
de su alma creia prestar gran honor a un heretico sen- 
tandose a la misma mesa que ^1, no hizo observacidn 
alguna,disimulando su colera tan cuidadosamente como 
un traidor de melodrama; pero en medio del camino, 
a tres o cuatro leguas de Jerez, en un desierto horroroso 
lleno de maleza y barrancos, nuestro hombre arroj6 del 
carruaje bastante cortesmente al ingles y le grit6, al par 
que azotaba el caballo: «Milord, usted no me ha encon- 
»trado digno de sentarme a su mesa; yo, don Jose Bal- 
»bino Bustamante y Orozco, le hallo demasiado mala 
wcompafifa para que ocupe esta banqueta en mi calesa. 
w|Buenas noches!" (1). Don Jose Balbino y etcetera, 
era uno de esos espailoles que desmienten ciertamen- 
te el buen juicio que, en puntp a nobleza, nuestros 
compatriotas merecen al viajero Higgin, en su libro 
Vida espanola en la ciudad y en el campo: «Los espa- 
fioles son gente generosa, y nadie olvida o perdona 

(1) Theophile Gautier, Voyage en Espagne. Paris, 1858, pagi- 
nas 247-248. 



98 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

como ellos mas facilmente o mas enteramentc" (1). 
Espana, nos dice Huntington, carece de espiritu 
mercantil, porque, convertida en campo de batalia du- 
rante siete siglos de incesante bataiiar contra los mu- 
sulmanes, no tuvo ocasion propicia para cultivario. 
Mientras por una parte se reafirmaba el derecho de 
conquista, por otra se abandonaba el cultivo de las tie- 
rras a la clase ignorante. La ausencia del trafico trajo 
consigo, naturalmente, un desconocimiento del mundo 
exterioi;, y los soldados conquistadores de Europa, en 
vez de aportar nuevas ideas y ensefianzas a la peninsu- 
la, y estimular a las clases productoras, encomiaban 
cuan facilmente podi'an obtenerse ganancias conforme 
los antiguos procedimientos (2). El poeta Jaime Russell 
Lowell seiiala igualmente esta ausencia de espiritu mer- 
cantil, en cuyo extremo, con raras excepciones, casi 
todos los escritores extranjeros coinciden. En una carta 
dirigida a Guillermo Dean Howeils, desde Madrid, es- 
cribe: "Usted no puede imaginarse que lejos del mundo 
estoy aqui, quiero decir, lejos del mundo moderno. Es- 
pafia es, en cierto sentido, tan vieja como los libros de 
Moises, e igualmente oriental. Me parece que los espa- 
noles tienen cuantas faltas pueden tenerse, y a pesar de 
ello |no puedo sino quererles! Se encuentran en medio 
de una era comercial — ipobres diablos! — , con tan 
escaso conocimiento de la teneduria de libros como el 
Gran Turco. Mas, hay algo bello en esta impenetrabi- 
lidad y en la noble manera con que se envuelven en la 
apolillada capa del pasado y hallan calor en su orgullo. 
La indiferencia hacia el provecho legitimo es para ellos 
una satisfaccion continua, y no son mas emprendedores 
que un individuo del Viejo Cambridge^ (3). Que la Es- 

(1) L. Higgin, Spanish life in Town and Country. New-York 
and London, 1902, pag. 6. 

(2) Ob. cit., pigs. 5 y 6. 

(3) Letters of James Russet Lowell. Edited by Charles Eliot 
Norton. New- York, 1894, vol. II, pdg. 241. 



ERUDITOS Y POETAS 99 

pana antigua careciese de espiritu comercial, me parece 
fuera de duda; pero hasta que punto pueda afirmarse 
lo mismo de la Espana contemporanea, es cosa que yo 
no se. Por supuesto, la sobriedad del temperamento 
espanol, esta "Sobriedad eremitica de los espanoles, 
que viven del airey del sol", conforme apunta Gautier, 
y su relativo despego por los bienes materiales, que 
ha hecho afirmar a Havelock Ellis que el espanol, por 
naturaleza, es "incapaz de aceptar la desilusion de que 
las mejores cosas del mundo pueden comprarse con di- 
nero, o que la riqueza de un hombre consiste en la 
abundancia de sus posesiones" (1); asi como cierto 
desprecio, latente aun, hacia los trabajos manuales y 
aquellos que no son de caracter profesional; este ligero 
desden con que se mira en Espana al comercio y los 
comerciantes; este lujo para malgastar el tiempo, porque 
el tiempo es una propiedad de los hombres libres y solo 
los esclavos ante el latigo del comitre, no pueden decir 
jmanana sera otro dial; todo ello parece denunciar la 
misma incapacidad mercantil de antafio; pero cuando 
al propio tiempo oimos decir a quienes tienen motive 
para saberlo, compatriotas nuestros o extranjeros, que 
en la mayoria de los centros comerciales de la America 
hispana, es la colonia espafiola el nervio de su activi- 
dad mercantil, no sabemos en realidad a que atenernos. 
Dejemos pasar un par de d^cadas mas, y la historia de 
Espaila y su progreso comercial, en el que tengo cabal 
fe, nos diran lo que haya de cierto en este punto. 

Para el Sr. Huntington, mas que el orgullo na- 
cional, la intolerancia religiosa y los malos monarcas, 
fue la falta de este espiritu mercantil, y consiguiente 
ignorancia del mundo exterior, la causa de la decaden- 
cia espafiola. Ademds, «la dignidaddel trabajo se habia 
perdido" (2). 



(1) Havelock Ellis, The Soul of Spain. London, 1909, pdg. U. 

(2) Ob. cit., pdg. 6. 



100 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

Saavedra Fajardo enuncia ya en la primera mitad 
del siglo xvii las causas de la decadencia de Espana. En 
sus Empresas poUticas (1) manifiesta que la conquista 
ycolonizaci6n.de America, las guerras en Europa, la 
aversidn a los trabajos manuales, la expulsi6n de los 
moriscos y judios, vinieron a ser los origenes de esta 
rapida descomposicion de la grandeza espafiola. Para 
Baitasar Gracian fueron las guerras, particularmente, el 
motive de la pobreza y de la decadencia nacionales. 
«Pues, si Espaiia no hubiera tenido — escribe en El 
Crittcon (2) — los desaguaderos de Flandes, las sangrias 
de Italia, los sumideros de Francia, las sanguijuelas de 
Genova, ^no estuvieran hoy sus ciudades enladrilladas 
de oro y muradas de plata?" El'oro de America y la 
sangre y las energias de la raza espafiola Se consumie- 
ron esterilmente, por falta de buenos gobernantes. 
Como decia Cadalso y Velazquez, hacia 1768, en sus 
Cartas marruecas (3), los monarcas de la casa de Aus- 
tria gastaron "los tesoros, talentos y sangre de los es- 
paiioles en cosas ajen.as de Espana". En el perfodo con- 
temporaneo, Mariano Jose de Larra, entre otros, sefiala 
tambien la intolerancia religiosa, como origen de esta 
decadencia. «Siete siglos de guerras y rencores religio- 
sos» y la represion y persecuci6n en Espaiia de la re- 
forma religiosa, «una causa, religiosa en su principio y 
politica en sus consecuencias», que produjo en otros 
paises un impulso investigador, "fijo enfre nosotros el 
nee plus ultra que habia de volvernos " estaciona- 
rios" (4). 

La colonizacion de America, empresa colosal e im- 
posible; las guerras incesantes en la Europa occidental 
y en pleno Oceano, en defensa de la fe catolica o en 



(1) Biblioteca de Autores espanoles, vol. XXV. 

(2) bidicion cit., vol. I. 

(3) Carta III. 

(4) Obras completas de Figaro. Paris, 1870, vol. Ill, pdg. 4. 



ERUDITOS Y POETAS 101 

beneficio de la monarquia, mas no en. . . de ideales ge- 

nuinamente politicos y nacionales, como hubiera sido, 

por ejemplo, la conquista del norte de Africa, ni en 

practice provecho de la nacion; la expulsion de moris- 

cos y judios, que constituian la potencia agricola y mer- 

cantil, respectivamente, de la nacion; el menosprecio 

de los trabajos manuales y, en particular, de la agricul- 

tura, que parecia relegada a los pobres de espiritu, ya 

que los otros, con un poco de animo y tortuna, podian 

conquistarse el oro de las tierras americanas; la falta de 

curiosidad intelectual, o sea, la pereza mental — fo- 

mentada por las cortapisas inquisitoriales — , propia 

de un pueblo cuya clase ilustrada se consagraba a la 

iglesia o al servicio de las armas: tales fueron, en resu- 

men, las complejas y multiples causas de nuestra deca- 

dencia politica y militar en las postrimerias del siglo xvi, 

y de la subsiguiente decadencia literaria y general un 

r siglo despues. Poniendo punto final a esta ya larga y 

i pesada digresion, digamos unas palabras, concreta- 

I mente, sobre el libro de Huntington. 

1 Contienen sus Apuntes sobre tl norte de Espana in- 

' teresantes juicios y felices atisbos psicoldgicos. Y bajo 

jj el ropaje ligero y ameno, propio de un libro de impre- 

1 siones de viaje, hay pensamientos solidos y graves. 

Excelente observador, el escritor norteamericano sabe 

1 dar la nota precisa en cuanto a las costumbres, caracter 

\ y panoramas del norte de la. peninsula. El dibujo del 

paisaje, la descripcion de lugares, es sobria y fiel. Ya 

que no opulencia de colorido, hay en la pintura tonos 

calidos que la animen. A veces discurre con sedUctora 

frivolidad sobre escenas y tipo&pintorescos; en ocasio- 

nes, fija la mirada cejijunta y grave en una ruina, en 

un monumento, y "tiene alguna seria evocaci6n de la 

Historia, algun hondo y jugoso comentario. Nos cuenta 

curiosas anecdotas, nos habla de sus conocidos, gente 

de toda clase y condici6n, teniendo una que otra chis- 

peante frase para sus buenos amigos, el mayoral, el za- 



102 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

gal o la posadera, y aun a punto le vemos de decirnos 
en secreto, al oido, los ternos y picardias de sus com- 
paneros de diligencia. Cuando afirma que el fumar y el 
jurar son los principales pasatiempos del viajero de 
diligencia, tiene gracia y razon. «En lo ultimo, en lan- 
zar votos, todos son artistas, y llevan la inventiva mas. 
alia de los limites imaginables". Hay lozania, frescura 
e ingenio en estas paginas. En la relacion de los dialo- 
gos y sucesos de la vida moliente y corriente, suele dar 
el autor con mucho donaire la nota humoristica. Por 
originales curiosos, pintorescos o caracteristicos, todos 
se leen con interes. Leyendas, tipos, costumbres, esce- 
nas, desfilan en vistosa y animada cabalgata por las pa- 
ginas de este tomo, en el que Espafia esta vista con ojos 
de artista y de amigo. 

El lenguaje es claro y preciso; los dialogos, fluidos 
y agiles; elegante y ameno el estilo. Hay alguno que 
otro parrafo brillante, aunque, en general, el tono es 
familiar y sencillo, como cuadra a un libro de este ge- 
nero. Las fotografias e ilustraciones son selectas. La 
edici6n, lujosa. 



II 

Profesor de la Universidad de Pensilvania, miembro 
correspondiente de la Real Academia Espanola, e indi- 
viduo de la Real Academia Gallega y de la Sociedad 
Hispanica de America, es D. Hugo' Alberto Rennert una 
de las figuras mas relevantes del hispanismo norteame- 
ricano y la primera autoridad de su pais en lo concer- 
niente a la personalidad, labor y critica de Lope de 
Vega y al teatro clasico espafiol. No sabemos de autor 
alguno de lengua inglesa que, desde los tiempos de 
Juan Rutter Chorley, se haya familiarizado a tal punto 
con el F6nix de los Ingenios, como hombre y como dra- 
maturgo. 



ERUDITOS Y POETAS 103 

Vida de Lope de Vega (1) y La escena espanola en 
tiempos de Lope de Vega (2), son las dos obras capita- 
les de nuestro iutor. hchemos una ojeada a la primera. 
«He de declarar desde el primer instante — advierte en 
el prefacio — que mi ensayo no esta destinado de nin- 
gun modo a reemplazar la Nueva Biografia de La Ba- 
rrera. Esa obra monumental tiene por si misma la mds 
permanente, precisa y positiva importancia. Sin ella, 
este libro jamas hubiera visto la luz publica; y al con- 
fesarlo asi, apenas exagero lo mucho que le debo". Es 
este un noble y liberal tributo, y nada mas. Si el sefior 
Rennert ha encontrado en Nueva Biografia de Lope de 
Vega (3) la fuente de casi toda la correspondencia de 
Lope y preciosa ayuda en la parte bibliografica, tambien 
aporta el nuevas noticias, fruto de su personal investi- 
gaci6n, examina muchas cuestiones desde un novel 
punto de vista y rectifica no pocos errores notados por 
el o por sus inmediatos predecesores en la obra de La 
Barrera y Leirado. 

Dibujar con la pluma la personalidad de Lope de 
Vega, tan compleja, desconcertante y extraordinaria; 
pintar con justo colorido los impulsos y sentimientos 
de su alma misteriosa; aquilatar su valor moral, la fuer- 
za de sus'convicciones; resefiar la perenne lucha que 
consigo mismo hubo de mantener este hombre, todo 
came y todo espiritu; y extraer, en resumen, de la ba- 
lumba de panegiricos y vituperios que varias decadas 
de febril investigacion han ido acumulando sobre 
Lope — como hombre, ciudadano y sacerdote — , las 
notas precisas, los rasgos definitivos, es empresa mu- 
cho mds embarazosa que la de perfilar su silueta litera- 



(1) The Life of Lope de Vega (1562-1635), by Hugo Albert 
Rennert. Glasgow, 1904. 

(2) The Spanish Stage in the Time of Lope de Vega, by Hugo 
Albert Rennert. New-York, 1909. 

(3) Madrid, 1890. 



104 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

ria, tan clara, patente y familiar en el cuadro de las le- 
tras castelianas. Lope de Vega, «este hombre maravi- 
Uoso, misterioso, del cual se nos ha dicho tanto, y, sin 
embargo, tan poco sabemos», era un enigma. Asi nos lo 
aseguran todos, desde su contemporaneo, Ruiz de Alar- 
c6n, hasta Rennert, el mas reciente de sus biografos. 
Creyente fervoroso, como solo los espanoles de antafio 
sabian serlo, al par que incorregible pecador; escritor 
orgulloso, con un desden olimpico porsus mas ilustres 
coetaneos, a un tiempo que humildisimo en su trato 
social; benevolo y generoso con unos, agresivo y difa- 
mador con otros; en amores, tierno e ingrato, idealista 
y lascivo, que parece morirse de mal de amores y casi 
al punto le vemos infiel y olvidadizo, sin que vaciie en 
abandonar a su esposa en plena luna de miel; hombre 
capaz de los mas nobles arranques y de las mas viles 
bajezas, tal era Lope de Vega. 

Libertino, difamador y libelista en su juventud, al 
consagrarse a la Iglesia, en la edad madura, no abando- 
no por ello sus antiguos habitos mujeriegos. Al cam- 
biar de estado, no m^ido de vida, afiadiendo a su des- 
prestigio moral el escandalo. La reputaci6n de Lope 
fue en todo tiempo pesima. Aquella alusion de Cervan- 
tes en el prefacio de la segunda parte de Don Quljote, 
al decir qiie, ademas de adorar el ingenio, admira «la 
ocupaci6n continua y virtuosaw del anonimo familiar 
del Santo Oficio, no puede ser — apunta Rennert — 
sino "incuestionable sarcasmo". En 1614, Lope de Vega 
realiza su "mudanza de vida", de la cual ^1 propio y 
algunos de sus ancianos biografos nos hablan. Asi, Pe- 
rez de Montalban escribia: "Retir6se de las ocasiones 
mas lev^s: trato s61o del remedio de su alma; solicito el 
habito de la Sagfada Orden Tercera, entro en la Con- 
gregacion del Caballero de Gracia, acudi6 al servicio 
de los hospitales, ejercit6se en muchas obras de miseri- 
cordia, visit6 el templo de Nuestra Seiiora de Atocha, 
de quien era muy apasionado, los sabados por voto y 



ERUDITOS Y POETAS 105 

todos los di'as por devocion; y ultimamente, resuelto a 
lo mejor se fue a Toledo y volvio sacerdote. . . Y sa- 
biendo que habian hecho los sacerdotes naturales de 
Madrid una venerable y santa Congregacion, cuyo fin 
es.enterrar los clerigos que mueren pobres, vestiralos 
desnudos, libertar a los presos y ayudar con dinero a 
los menesterosos, metio una petiqon para ser admiti- 
do, que al punto se decreto; y fue tan perfecto congre- 
gante que jamas falto a uo entierro ni a ejercicio de ca- 
ridad-ninguno. .. Con este concierto de vida paso mu- 
chos anos, viviendo siempre con tanta atencion a su 
conciencia, con tanto respeto a su estado, con tanto 
despego al siglo, con tanto afecto a la virtud, con tanto 
descuido de su yida y con tanto cuidado de su muerte, 
que parece que la deseaba o la suponia muy cerca- 
na. . ." (1). Pero su actual bi6grafo no da entero credi- 
to a semejante mudanza. La propia correspondencia de 
Lope fa desmiente. «Es de temer — escribe Rennert — 
que despues de ordenarse siguiera por varios afios una 
vida tan libre como antes. No hemos de poneren duda 
su sinceridad; pero jjque puede decirse de su discre- 
ci6n y firme proposito? Fue a Toledo para recibir las 
ordenes sagradas, y se aloja en casa de una actriz con 
quien pasaba las veladas" (2). Dada la incuestionable 
sinceridad de sus sentimientos religiosos y profunda 
devoci6n, su espfritu debio de luchar tenazmente por 
levantarse sobre las miserias y flaquezas de la carne. 
Pero en el curso de toda su existencia, la carne, la Inju- 
ria, acabaron siempre por veneer al espfritu. "Lope pa- 
rece haber sentido siempre una fatal debilidad por el 
sexo femenino, en especial por las actrices" (3). Aun- 
que, conforme nos asegura Ruiz de Alarcon, Lope era 



(1) Juan Perez de MontalMn, Fama postuma a la viday muerte 
del Doctor Fray Lope FHix de Vega Carpio. Madrid, 1636. 

(2) Vida de Lope de Vega, pdginas 213-214. 

(3) Rennert, loc. cit., pdg. 153. f 



106 EL HISPANISMO EN N0RTE-AM£r1CA 

un enigma en materias de amor y tan pronto le vemos 
subyugado por el ideal platonismo del Petrarca come 
por la lascivia de Quevedo; en general, puede afirmarse 
que el F6nix se inclinaba por el amor regocijado y pla- 
centero de las comicas, cuya asociaci6n resulto de todo 
punto desastrosa para su "impresionable naturaleza«. 
De otra parte, era un amante «terriblemente indiscre- 
to". Los favores que recibiera de una dama, o de una 
mozuela de rumbo, habian de correr de boca en boca, 
para su personal satisfaccion, y a falta de un indiscreto, 
el mismo se encargaba de difundirlos. Su vanidoso y 
pueril afan de notoriedad en empresas de amor, le im- 
pedian guardar un secreto. "Bien podemos creer que no 
perdia la ocasion de envanecerse de sus conquistas ante 
los amigos. . . El nos dice en La Dorotea que, con mo- 
tivo de sus baladas y otros versos que compusiera, su 
amor con Elena Osorio era la comidilla de toda la ciu- 
dad" (1). Y mas adelante, insistiendo sobre este carac- 
teristico rasgo de Lope, torna su biografo a manifestar- 
nos que mas bien procuraba fomentar semejante noto- 
riedad que esquivarla, habiendose complacido tanto en 
«sus conquistas galantes como en sus triunfos en el do- 
minio de las letras" (2). 

Biografos y criticos, tomando ejeftiplo y testimonio 
de los propios amigos de Lope de Vega, vienen denun- 
ciando mas o menos resueltamente su caracter suspicaz 
y envidioso y sus rivalidades literarias, en particular 
aquella nacida de la enconada agresividad que sintiera 
contra Cervantes, del cual no recibio, aparte la mencio- 
nada alusion dt\ Quijote, sino pruebas de la mas calu- 
rosa devoci6n literaria. Para el Sr. Rennert, Lope, ce- 
loso de su propia supremacia en el campo de las letras, 
recelaba de cuantos hicieran una seria tentativa por 
usurparle el puesto de honor, y en materias de amistad 



(1) Rennert, o6. «■/., pdg. 75. 

(2) Idem, 2(>3. 



ERUDITOS Y POETAS 107 

y companerismo tenia tambien sus flaquezas y prejui- 
cios. "En .tales cuestiones este genio, muy humano, se 
parece al resto del mundo» (1). No obstante, en la pa- 
gina siguiente, el biografo se apresura a salir en su de- 
fensa: "Cualquiera que sea lo que de Lope hayan dicho 
sus enemigos, y cualquiera que sea el matiz de veraci- 
dad que el mismo haya dado a tales versiones, con su 
enojadiza condicion, tan sensitiva alos insultos y vitu- 
perios, y su egotista impaciencia por romper con el 
enemigo en abierta hostilidad, no puede negarse que 
casi invariablemente trata a sus colegas con desusada 
magnanimidad" (2). Y algunas lineas despues, afiade 
que, por desgracia, los dechados de virtud no abundan 
mucho en la historia literaria. "Tratandose de los mas 
grandes escritores debemos de estar dispuestos a con- 
tentarnos con algo menos que la sublime perfecci6n 
moral". Enfermedades, desgracias de familia, pobreza, 
desvio del publico y todo genero de desventuras pesa- 
ron sobre el Fenix de los Ingenios en los postreros anos 
de su existencia. En la ancianidad habi'an de Hover so- 
bre el grandes calamidades; las flaquezas de su natura- 
leza y su libre vida, parecian haber ido fraguando dia 
tras di'a esta terrible tempestad que vino a desencade- 
narse en su vejez. Mas si cargado de males y de anos, 
entrego cristianamente su alma al Senor, este alma que 
habi'a sido todo fuego, llama y luz, en el ano 1635, a los 
setenta y tres de edad, "Sus obras restan como un impe- 
recedero munumento a quien, con todas sus faltas, figu- 
ra entre los mas grandes genios de la Humanidad" (3). 
Para el profesor de Pensilvania, es La Dorotea una 
evidente autobiografia del poeta. Que en esta comedia 
pastoral Lope se retrata a si mismo y hace la cr6nica de 
su vida, esta fuera de duda despues de los hallazgos, re- 



(1) R^nnert, ob. cit, pdg. 374. 

(2) Idem, 375 

(3) Idem, pag. 398. 



108 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

lativamente recientes, de Perez Pastor, los cuales, arro- 
jando Clara luz sobre la existencia del poeta, iluminan 
por vez primera lo concerniente a la prision y destierro 
de Lope de Vega, e identifican a la Dorotea, que no era 
otra que Elena Osorio, hija del empresario de teatros 
Jeronimo Velazquez. Es ya positiva certeza lo que hasta 
principios de la ultima decada no pasaba de mera pre- 
suncion. La cuestion queda ahora reducida a distinguir 
lo que contiene este poema de narracion veridica y au- 
tentica, y su elemento ficticio: averiguar hasta que pun- 
to la gala poetica ha desfigurado la exactitud de los 
caracteres y la realidad de los hechos. Nuestro critico 
examina minuciasamente la comedia, cotejando y con- 
firmando cbn su texto los nuevos datos sobre la vida 
del poeta. Al analizar La Dorotea y fijar lo que hay en 
ella de'real autobiografia, hizo el docto Rennert un con- 
sumado estudio; podria decirse que, en realidad, agoto 
€l tema, este pi'caro tema que ha venido espoleando, 
0esde larga fecha, la curiosidad y el interes de los eru- 
ditos. Haciendo gala de sus facultades de comentarista 
sagaz y sutil, rehace, a base de La Dorotea, uno de los 
mas obscuros periodos de la vida del Fenix. 

Desde el punto de vista literario, juzga esta comedia 
pastoral como una joya de nuestras letras. Vease su jui 
cio sintetico y expresivo: "He aqui unaproducci6n de 
los afios juveniles de Lope, pulida y embellecida en la 
ancianidad, cuando el gran poeta dominaba a la perfec- 
cion todos los recursos, todo el arte que una larga ex- 
periencia puede suministrar a los genios eminentes. 
Aqui es donde hallamos la sal de la tierra espaiiola — 
sus proverbios — derramada con prodigalidad en la 
conversacion de Oerardo y Teodora; y todo sazonado 
con aquel humor amable, con aquellafulgurante agude- 
za que jamas hiere, tan caracteristica de casi todos los 
escritos de Lope (1). 



(1) Rennert, ob. cit, pdg. 343. 



ERUDITOS Y POETAS 109 

Para este critico, jamas hubo poeta que estuviese 
. dotado de tan variadas aptitudes como Lope de Vega. 
Insuperable en ciertosgeneros literarios, como el ara- 
ma, las baladas y los romances; mediano en los sonetos; 
frontero del fracaso en lo epico, no hubo genero litera- 
rio en que no ejercitara su pluma. En las baladas — 
afirma Rennert — nadie ha superado ni igualado siquie- 
ra a Lope. Y, en terminos generales, en inspiracion, 
arte, brillantez, en bellezas del pensamiento y de la for- 
ma, nirigun poeta espanol puede compararsele. Solo 
G6ngora, en su primera epoca, antes de echarse por 
los falsos derroteros del culteranismo, se le acerca. 
«Mas solo cuando Lope abandona los metro's italianos 
y retorna a las viejas medidas del verso nacional, que 
parece exhalar la propia fragancia de la tierra espano- 
ia — los romances, letrillas y glosas — , es cuando brilla 
su genio con todo esplendor. En estas composiciones 
se revela siempre ui] maestro de la tecnica inspirado 
por cierto romantico embeleso de la vida y la natura- 
leza. Sus baladas y madrigales, de tan delicada y pe- 
netrante musica, y que de modo tan inimitable expresan 
la pomposa galanteria de antaiio, leense una y otra vez 
con constante, creciente delicia. . . Y en sus baladas 
pastoriles, muestra Lope con cuan incomparable des- 
treza es capaz de dar eco a las melodias del dios Pan. 
En estas cadencias de su pais nrtiyo jamas ha sido 
aventajado, si es que, en verdad, ha podido haber nun- 
ca quien le igualase^ (1). Con toda extension estudia el 
profesor de Filadelfia las baladas de Lope, no s6Io por 
haberlas levantado este a su mas alto grado de perfec- 
ci6n, sino tambien por la luz que arrojan sobre su vida. 

Mas si en losg^neros lirico y pastoril se conquisto 
el poeta laureles inmarcesibles, donde se eleva como un 
prodigio a las mas empinadas cumbres del genio y de 



(1) Rennert, ob. cit, pdgs. 377-378. 



110 EL HISPANISMO EI^ NORTE -AMERICA 

la fama, y es verdadero Fenix, donde nadie puede com- 
pararsele y «logr6 una grandeza quedurara tanto como 
la literatura espanola", es en el genero dramatico (1). 
Lope comenzo a escribir para el teatro a edad muy 
temprana. Segun el propio asegura, a los once o doce 
anos, es decir, hacia 1574, compuso su primera come- 
dia. Trece anos mas tarde, en el de gracia de 1587, se 
habia apoderado de la escena espanola y era ya aquel 
prodigio «principe de la poesi'a espanola, milagro de la 
naturaleza, pasmo del orbe« (2), que desde tierras 
extranjeras vinieran a contemplar los mas celebrados 
ingenios. En los albores del siglo xvii debia haber es- 
crito, conforme su actual biografo, unas ciento cin- 
cuenta'comedias, las cuales marcaron la definida orien- 
tacion del drama espanol, que habia de prevalecer por 
cerca de siglo y medio, hasta que la influencia de la 
drarnatica francesa, con todos sus lamentables artificios, 
vino a reemplazar la «comedia nueva" en la escena es- 
panola. Y no solo e"s Lope de Vega el creador de la 
comedia nueva, del verdadero teatro nacional, sino que 
a su genio se debe el extraordinario impulso que este 
alcanzara en los cinco primeros lustros del siglo xvii, 
asi como «el diluvio de comedias que inundo a Espana 
durante los cincuenta aifios siguientes" (3). Cierto que 
en la creacion del teatro nacional no estuvo solo; sus 
eminentes predecesores, algunos de los cuales eleva- 
ron el drama a un alto grado de perfeccion, habian 
echadb ya los cimientos. Pero fue Lope quien corono 
la obra y diole aquel genuino timbre espafiol. Hacia 
1587 1588 fija el Sr. Rennert los comienzos de este 
nuevo periodo de la literatura dramatica espanola, «en 
cuya epoca Lope de Vega era incuestionablemente el 



(2) 



Rennert/ oA. cit., pag. 177. 

Hartzenbusch, Comedias escogidas de Lope de- Vega, en la 
Biblioteca de Atitores espaholes, 1. 1, pdg. 5. 
(3) Rennert, loc. cit, 138. 



ERUDITOS Y POETAS 111 

mejor poeta dramatico de Madrid" (1). Su castiza huella 
habian de seguirla una muchedumbre de dramaturges 
que, dirigida por Tirso, Velez de Guevara, Alarcon y Cal- 
deron, "ha enriquecido la literatura dramatica de Espana 
con sus admirables producciones, haciendola, en locau- 
dalosa y variada, la primera de la Europa moderna» (2). 
Lope desdenaba las reglas del arte de hacer come- 
dias. Bien se lamenta de ello Miguel de Cervantes, en 
varios pasajes de sus obras. Mas nuestro critico celebra 
que Lope, al igual que su contemporaneo Shakespeare, 
no cinera su genio a las reglas convencionales ni respe- 
tase en su produccion las unidades dramaticas. «Hubie- 
ra sido pedir a dos gigantes que se rebajasen al nivel 
de las pedantes mediocridades que les siguieron en la 
centuria siguiente — los Shadwells y Masons, los Mo- 
ratines y Huertas — , quienes predicaban las sagradas 
reglas con uncion, sabian precisamente como habian de 
conquistarse el triunfo, y, no obstante, fracasaron com- 
pletamente al intentar lograrlo" (3). El catedratico de 
Filadelfia concede credito a las repetidas manifestacio- 
nes que Lope nos hace de haber escrito sus comedias 
para ganarse el pan de cada di'a; la gloria esperabala de 
sus poesias liricas y romancescas. Dada su pasmosa 
facilidad para componer comedias y el escaso o ningun 
trabajo que le costaban, parece casi natural que en tan 
poco las estimase; «brotaban de la pluma de este fertil 
genio tan rapidamente como su mano podia escribirlas. 
Eran, como €\ mismo nos dice, las flores silvestres de 
su jardin que crecian sin ningun cultivo" (4). Con sus 
comedias buscaba el pan y los aplausos, no la gloria: 
estaban, pues, destinadas al vulgo, y no al frfo andlisis 
del erudito. 



(2) 



Rennert, loc. cit. 
Idem, 139. 

(3) Idem, 186. 

(4) Idem, 3^2. 



112 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

Era imposible que, dada la fecundidad del Fenix de 
los Ingenios y su inmensa produccion, fuesen buenas 
todas sus comedias. Pero si podrian senalarse mas de 
una veintena que «nunca han sido superadas, y que 
probablemente jamas lo seran. Varian estas desde la 
tragedia sublime ill brillante sainete, del mas festive 
ingenio, y todas son positivas obras maestras en su 
genero. . . Mas entre todas sus comedias innumerables, 
me atrevere a afirmar que — juzgando por las muchas 
que yo he leido — no hay una sola enteramente mala, 
ni una sin aquellos frecuentes arranques de elevada 
poesia que solo un soberano genio podia concebiT" (1). 
Un juicio semejante, aunque algo mas severe, y tam- 
bien mas razonado, expone Gil y Zarate: «Si tuvo gran 
inventiva — dice de Lope en su.Manual de literatura 
espanola — , no fue tan afortunado en la composicion o 
disposicion de la fabula, que casi siempre es defectuosa, 
seiialadamente cuando se aproxima al desenlace. Su 
genio le inspiraba una buena idea; poniase a trabajar, 
y generalmente empezaba bien, porque entonces le 
animaba la imaginacion; pero caminando sin plan y 
siempre de prisa, se iba extraviando y se cansaba. 
Anadi'a escenas a escenas conforme se le ocurrian, aun- 
que no tuviesen entre si la conexion necesaria: salian 
Unas buenas, otras malas; ya se cansaba, y su composi- 
ci6n se resentfa de la fatiga ocasionada por el excesivo 
trabajo; ya por un nuevo impulso o recobradas sws 
fuerzas, volvfa la inspiracidn, y era otra vez el inimita- 
ble Lope. Cuando llegaba el desenlace, el cansancio, la 
-dificultad de atar tanto cabo suelto y de llevar a un fin 
comun tan varios incidentes, el ansia de acabar le haci'an 
echar mano de cualquier medio, y resultaba el final tan 
malo como buena habia sido la exppsicion. Asf, de 
todos los poetas dramaticos es el que tiene- mayor 



(1) R^nnert, loc. cit, pdgs. 393-394. 



ERUDITOS Y POETAS 113 

numero de escenas admirables y menoF de comedias 
buenas." 

En el ocaso de su vida, el poeta, ya cargado de 
aflos, de achaques y pesadumbres, vio palidecer su es- 
trella- "Aquel vulgo, del cual Lope habia sido el favo- 
rite por tantos anos, le iba desertando, en isu curiosa 
avidez por la ultima novedad, y tornaba su atencion 
hacia otras mis debiles luces que se elevaban entonces 
en el firmamento, mientras la metralla de nuestro poeta 
se ocultaba poco a poco, a punto ya de desvanecerse en 
la noche perpetua" (1). 

Al final de la yida de Lope de Vega van interesantes 
ap^ndices sobre el proceso de Lope, su testamento, vo- 
lumenes p6stumos de sus comedias y una extensa y 
notabilisima biografia general de sus obras. 

Don Hugo Alberto R6nnert es un ardiente panegi- 
rista de Lope de Vega. Sin duda, el Fenix de los Inge- 
nios merece cuanto bueno pueda decirse de un poeta 
dramatico. Y no es, por cierto, el profesor de Filadelfia 
su primer apologista; que Lope ha ejercido identica 
fascinacidn sobre todos sus bi6grafos. Pero en lo que 
nuestro crftico y bi6grafo si se diferencia de sus prede- 
cesores es en el exclusivismo absoluto de su admira- 
ci6n. Encarifiado con su poeta, en cuya compafiia es- 
piritual ha vivido tantos afios en la biblioteca, no hay 
para el en todo el teatro espafiol sino un nombre supre- 
mo; Lope de Vega. Algunos otros dramaturges fueron, 
si, excelentes poetas; mas, comparados con el Fenix, 
poetas de segundo orden. En la dramatica espaflola hay 
un sol: Lope. Los demas, serdn estrellas de primera 
magnitud, pero nada mas. V acontece que el autor de 
estas h'neas tiene una devoci6n resuelta,decidida por 
Calder6n y Tirso, sin mengua de su admiraci6n por 
Lope, y cree que con 61 pueden compartir aquellos dig- 



(1) R^nnert, loc. clt, pdg. 358. 



114 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

namente el puesto de honor en nuestra dramatica. Bien 
esta que se ensalce a Lope — que Fenix de los Ingenios 
nos parece a todos — , y nadie mas ufano que nosotros 
con la campana de su glorificacion. Ojala que asi vayan 
descubriendo los eruditos nacionales y los extranjeros, 
uno hoy, mafiana otVo, a todos los genios espanoies 
en la literatura, las ciencias, las artes. Pero rebajar el 
merito de Calderon y juzgar su labor con cierto desden, 
como el docto catedratico lo hace al comparar su obra 
con la de Lope, no nos parece plausible. 

La atencion de la critica, pasada la epoca en que los 
alemanes adoraban a Calderon como un dios de la dra- 
matica, tdrnase hoy hacia otros grandes ingenios de 
nuestro teatro clasico, que por cerca de dos siglos ya- 
cieron en la obscuridad, tales como Lope y Tirso, en 
primer termino. Pero lo que nos parece dudoso es que 
Lope pueda reconquistarse en la critica moderna aquel 
imperio absolute que ejerciera en la critica yen el teatro 
de sU tiempo. Por muy alto que los modernos aristar- 
cos proclamen su genio, nunca excederan en su entu- 
siasmo al elogio que de Calderon se ha hecho. Recuer- 
dese la admiracion que por el autor de La vlda es sueno 
sentian Goethe y Shelley. Y un distinguido compatriota 
del profesor de Filadelfia — quien tarnbien sabia mucho 
de estas cosas — , tras consignar que la poesia dramatica 
ha florecido en Espafia con gran copia e inventiva, afiade: 
«Ella ha suministrado argumentos a toda Europa y ha 
producido, al menos, un dramaturge que esta a la altura 
de los mas grandes en cualquier idioma, por su extra- 
ordinaria imaginacio.n y fertilidad de recursos. En estilo 
fascinador y profundidad de pensamiento seria dificil 
nombrar otro autor superior a Calderon, ni siquiera 
igual a el" (1). En su tiempo. Lope de Vega tuvo el cetro 
del teatro nacionai; mas hoy ha de compartir su sobe- 



(1) James Russell L6well, Literary and Political Addresses. Bos- 
ton and New-York, 1892, pdg. 116. 



ERUDITOS Y POETAS 115 

rani'a, en el terreno de la critica, con Calderon y Tirso. 
For grandes que fueran los esfuerzos de Grillparzer y 
Ormsby, y por grandes que sean los de Rennert, entre 
•los incondicionales de Lope en el extranjero, su gloria 
no puede amenguar la gloria de Calderon. Cierto que 
Lope fue el idolo de su epoca, pero el sol de su fama 
se puso a poco de su muerte, aunque todavia corriera 
por muchos anos de boca en boca, de corazon en cora- 
z6n, aquel panegirico de Perez de Montalban, tan estu- 
pendo en lo laudatorio como en su pesimo gusto gon- 
goriano, en que llama a su maestro «portento del orbe, 
' gloria de Ik nacion, lustre de la patria, oraculo de la 
lengua, centro de la fama, asunto de la envidia, cuidado 
de la fortuna, fenix de los siglos, prjncipe de los versos, 
Orfeo de las ciencias, Apolo de las musas, Horacio de 
los poetas, Virgilio'de los epicos, Homero de los he- 
roicos, Pindaro de los liricos, Sofocles de los tragicos 
y Terencio de los comicos; unico entre los mayoreS, 
mayor entre los grandes, y grande a todas luces y en 
todas materias" (1). En cambio, Calderon fu6 y sigue 
siendo un idolo del pueblo espafiol, y el unico de los 
clasicos cuyos dramas suelen representarse a menu- 
do, relativamente, y que todavia llena los teatros. El 
^utor de estas lineas ha tenido ocasion de ver numero- 
sas representaciones de las obras de Calder6n, pero ni 
una sola de Lope de Vega. Que este supere a Calder6n 
en la pintura de caracteres, en la naturalidad y vivaci- 
dad del dialogo; que sus heroinas tengan mds delica- 
deza y encanto y sean, en una palabra, mas femeninas; 
que su teatro, en general, posea mas frescura y natura- 
lidad: todo ello es indisputable. Mas, ^hallamos en las 
comedias de aquel la profundidad y, sobre todo, la 
sublimidad de las que escribiera Calderon? Evidente- 
mente, no. Y en el teatro, como en la vida, la sublimi- 



(1) Fama pdstuma, tic. 



116 EL HISPANISMO EN NORTE-AM^RICA 

dad vale por todas las dem^s cualidades juntas, y, en 
mayor o menor grado, entrana tambien todas ellas. Si 
Lope deleita, Calderon arrebata. Carece el ultimo de la 
vis CO mica de Lope, le falta sugran copia de caracteres, 
aunque no deje de ser rica tambien su variedad; pero 
es que el teatro de Calderon se basa sobre el honor y 
la galanteria, y sus caracteres han de ser siempre nobles 
y elevados. Afirma el Sr. Rennert que aquel muestra 
cierto amaneramiento en las comedias de capa y espada 
de su ultimo periodo. Sin duda era mas artificioso que 
Lope de Vega, pero sus situaciones dramaticas son 
tambien mas complejas. Ademas, tengase. en cuenta 
que Calderon florecio en una epoca en que dominaba 
por Europa, en todas las artes, el amaneramiento y el 
conceptismo, del que tampoco estuvo libre, por otra 
parte, el Fenix de los Ingenios espanoles. 

Que Lope escribiera para toda la naci6n y Calder6n 
solo para el rey y los cortesanos, y aquel fuera el poeta 
del pueblo y este el poeta de palacio, como afirma el 
doctisimo-Rennert, no nos parece exacto. Si Lope era 
el poeta del pueblo por excelencia, ^como perdieron 
pronto sus comedias la seducci6n que ejercian en el 
publico, y reciente aun ^u muerte ya las recibian con 
silbidos? Y si Calderon no era el poeta del pueblo, 
(jcomo ha de interpretarse entonces la popularidad que 
casi sin interrupcion — y a pesar del eclipse que en el 
favor de la critica padeciera el autor durante el si- 
glo xviii — , han venido gozando sus dramas desde el 
estreno hasta nuestros dias, en que con relativa fre^- 
cuencia figuran en los carteles EL alcalde de Zalamea, 
La vida es sueno y Amar despues de la muerte? Si Lope 
fue el fundador del teatro nacional con caracter propio, 
Calderon lo consolid6. El genio de Lope de Vega, abar- 
cando los dispersos elementos de nuestro teatro e in- 
troduciendo innovaciones, did a este un caracter nacio- 
nal; lo cual constituye, acaso — nos dice el Sr. Ren- 
nert — , la principal gloria de Lope de Vega. Mas Cal- 



ERUDITOS Y POETAS 117 

der6n es quien habia de llevar esta nacionalizaci6n del 
teatro a su grado culminante. Las palabras que el pro- 
fesor Rennert cita de un criticoespanol, segun el cual 
«nadie ha sabido tanto de Espana como Lope, por ins- 
tinto y por amor", aparte que podrian aplicarse a otros 
dramaturgos — y no pronunciaremos siempre el nom- 
bre de Cervantes — , a nadie sientan mejor que a Cal- 
deron. 

Ningun dramaturge espaflol ha sido mas combatido 
por unos y mas ponderado por otros, que D. Pedro 
Calderon de la Barca, conforme le hayan estudiado 
desde un punto de vista realista o romantico. Para los 
romanticos es el mas grande genio dramatico de Espa- 
na, y comparable solo, en Europa, al principe de la 
poesia britdnica. Para los del realismo escenico, su obra 
es muy inferior a la de Lope. Ahora bien, asi como no 
es posible mantener la superioridad de la escuela rea- 
lista sobre la romantica, ni viceversa, no cabe,tampoco 
decretar la superioridad de Lope sobre Calderon; cada 
uno de ellos, dentro de su respectiva tendencia drama- 
tica, fu6, a juicio nuestro, el mejor. 

Contemplemos ahora La escena espafiola en tlempos 
de Lope de Vega, tan animada y pintoresca, tan cabal 
y erudita. 

Merced a las investigaciones de Sanchez-Arjona, 
Restori, Cotarelo y, en particular, de P^rez Pastor, ha 
podido rehacerse en lo que va del presente siglo la his- 
toria del histrionismo espaiiol, al menos de su mas 
importante periodo. Todos estos escritores habian ido 
aportando la documentacion, pero sin emprender una 
obra de car^cter general e hist6rico, empresa que — en 
lo tocante al periodo de Lope — Ueva a feliz termino 
D. Hugo Alberto R6nnert, con la publicaci6n del pre- 
citado libro en 1909. Desde la publicacion del Trafado 
hlstdrico sobre el origen y progreso de la comedia y del 
histrionismo en Espana, de Casiano Pellicer, en 1804, 



118 EL HISPANISMO EN N0RTE-AM£r1CA 

apenas si habi'a visto la luz publica algun resumen his- 
t6rico verdaderamente novel e interesante sobre la ma- 
teria — aunque se publicasen varios libros notables 
sobre temas parciales del histrionismo, como los de 
Cotarelo y Sdnchez-Arjona — hasta la ajiaricidn de la 
obra de R^nnert. Particularisima mencion hemos de 
hacer, en tsie punto, de D. Cristobal Perez Pastor — el 
inolvidable investigador y erudito — ', quien en el aiio 
1901 publica sus Nuevos datos acerca del histrionismo 
espanolen los siglos XVI y XVII, libro de una estupen- 
dariqueza de documentos. Mas esta obra no es de ex- 
posicion y critica hist6rica, sino de indole meramente 
documehtal. 

En La escena espahola en tiempos de Lope de Vega, el 
Sr. Rennert se ha limitado a estudiar y presentarnos los 
teatros de Madrid y Sevilla, donde el arte dramatico flo- 
recio mas que en las otras ciudades espanolas. Del teatro 
de Valencia solo da una brevisima noticia en la intro- 
duccion de su libro. Parece, no obstante, que Valencia 
requeria especial consideracion, no ya por pertenecerle, 
como afirma el Sr. Lamarca, la gloria de haber sido la 
ciudad espanola en que primeramente se representaron 
los dramas en lengua vulgar, sino por el considerable 
desarrollo que alii adquirio el arte escenicp. Un abul- 
tado tomo de setecientas y pico de paginas dedic61e, 
en 1Q13, D. Enrique Merimee (1). 

En el libro del Sr. Rennert no s61o hallamos una 
informacion ordenada y rica sobre todo lo concerniente 
a los corrales, decorado, presentaci6n de las obras, co- 
mediantes, vestuario, autores y publico, sino que, en- 
trandose el autor felizmente por los campos de la lite- 



(1) Henri Merimee, Uart dramatique a Valencia depuis les 
origines Jusqu'au commencement du XVI/e sQcle. Toulouse, 1913. 
En el mismo ano y lugar, Merimee publica sobre el mismo tema 
otro libro que no conocemos: Spectacles et comidiens a Valencia 
(1580-1630). 



ERUDITOS Y POETAS 119 

ratura dramatica, diserta con mucho saber y juicio 
acerca del caracter y valor de las producciones. Co- 
mienza por asentar la importancia de nuestro teatro 
del siglo de oro, en los siguientes terminos: «Se ha 
dicho que la produccion dramatica de Espafi^ en los 
siglos XVI y XVII es mayor que la de todas las otras 
naciones de Europa juntas, y esto no es, sin duda, una 
exageracion. Lope de Vega, el gran fundador del drama 
nacional, que encabeza la lista con unas mil y quinien- 
tas obras, valdria, el solo, por una nacion entera» (1). 
Mas adelante traza un afortunado paralelo entre la ca- 
rrera dramatica de Lope y la de Shakespeare. Ambos 
principian a escribir para el teatro hacia la misma fecha; 
los dos pusieron su orgullo, no precisamente en lo que 
habia de constituir su principal gloria a juicio de la pos- 
teridad — el teatro — , sino en sus composiciones poe- 
ticas; ninguno de ellos escribe sus comedias con el fin 
de lograr fama y laureles, sino para ganarse el pan de 
cada dia, seguros de que la gloria habia de venirles por 
el camino de la poesia lirica; ni uno ni otro, se preocu- 
pan de revisar o corregir sus comedias. Entrambos 
tienen su Mecenas: Lope, el duque de Sesa; Shakespea- 
re, lord Southampton. Mas ninguno de los dos obtuvo 
el favor regio. Las coincidencias de «los dos masgran- 
des genios dramaticos de la escena moderna" terminan 
ahi. Sacerdote el uno, actor el otro, ocupaban los dos 
extremos de la escala social de su tiempo. Shakespeare, 
ademas, no goza entre sus contemporaneos de tanta 
fama como Lope, el «Le6n de Espafia". A los cuarenta 
y siete afios, en la plenitud de sus facultades, el drama- 
turgo ingl^? se retira del teatro para gozar serenamente 
de sus pingiies ganancias; Lope de Vega, empobrecido 
por su liberalidad sin tasa, aun batalla a los setenta y 
tres aiios de edad para subvenir las mis perentorias 



(1) The Spanish Stage in the Time of Lope de Vega, by Hugo 
Albert Rennert. New-York, 1909, pkg. 11. 



120 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

necesidades. Mas si la dura mano del destine le sepult6 
en la pobreza enJos ultimos anos de su vida, dej6Ie, en 
cambio, intacta y viva aquella centella genial que siem- 
pre habia lucido en su mente. "Cumplia sesenta y dos 
aflos — escribe Hartzenbusch — , y lejos de menguar su 
fecundidad po6tica, escribia mas comedias a) alio que 
nuncai no pasaban de mil y setenta las que tenia repar- 
tidas por los teatros del reino hasta entonces; mil y qui- 
nientas eran a los setenta» (1). En el curso de su obra 
va sefialando Rennert, aqui y alia, las numerosas coin- 
cidencias entre el histrionismo britdnico y el espaflol. 

Hace la historia de loscorrales de Madrid y Sevilla, 
y nos los describe minuciosamente, Hallabanse empla- 
zados aquellos en los patios o solares que mediaban 
entre varias casas contiguas, cuyos balcones Servian de 
palcos; a tales palcos se afiadian otros especialmente 
construidos para el corral. En el patio, y en forma de 
anfiteatro, estaban las gradas; delante de 6stas habfa un 
espacio libre para que, de pie, presenciara el vulgo las 
representaciones, y mas alia filas de asientos, pr6ximas 
al tablado del escenarip, que se levantaba al fondo del 
patio. Excepto las gradas y el escenario, hallabase el 
resto del corral descubierto, sin toldos que resguarda- 
ran a los espectadores de la lluvia o del sol, pues las 
funciones se celebraban, conforme es sabido, por las 
tardes. 

De las compafifas de c6micos nos da cabales noti- 
cias, asi como de la asendereada vida y milagros de 
6stos. El niimero de tales companfas parece haberse ido 
multiplicando de modo extraordinario. "A pesar de las 
penalidades que habi'an de sufrir las compafifas de co- 
mediantes de la legua, no parece que hubiera dificultad 
alguna en reclutar sus miembros. Mirados estos con re- 



(1) Juan E. Hartzenbusch, en su prefacio a Comedias escogidas 
de Lope de Vega, edici6n de \2i Biblioteca de Autores espaholes, 
. tomo I, pag. 6. 



ERUDITOS Y POETAS 121 

celo en todos los pueblos y aldeas, y, a menudo, amena- 
zados a las puertas del villorrio como corruptores de la 
moral publica y promovedores de la ociosidad, hubo, 
no obstante, en todos los tiempos, muchos a quienes 
atraia poderosamente semejante genero de vida. Aun- 
que sujetos a laexcomunion de la Iglesia y a la priva- 
cion de sus derechos civiles, durante siglos, los disci- 
pulos de Tespis continuaron floreciendo y multiplican- 
dose, tan potente ha sido siempre el hechizo de la es- 
cena y tan tentador el amor a la vida errabunda. Aun 
en medio de las pruebas y tribulaclones, descritas tan 
grdficamente por Agustin de Rojas, su numero multi- 
plic6se en Espana constantemente, y con ello fue acre- 
ciendo, en proporcion, la licencia" (1), El gran desen- 
volvimiento que el teatro espanol alcanzara en este pe- 
riodo, /<requeria, para su exposicion, un vasto numero 
de actores, y los nombres de cerca de dos mil come- 
diantes han llegado hasta nuestros dias, quienes, a par- 
tir de los rudos comienzos de Lope de Raieda, en un 
improvisado escenario en la plaza publica, hasta las 
suntuosas y magni'ficas funciones de Felipe IV en el 
Buen Retiro, representaron las incesantes producciones 
de la musa espafiola, desde los sencillospasos, ^glogas 
y farsas hasta las grandes obras maestras de Lope de 
Vega y su hueste de discipulos» (2). No obstante, aque- 
llas companias de excelentes comediantes, tan numero- 
sas, con obras admirables y lujosisimo vestuario, apenas 
si traspasaron la frontera, de no ser para dar funciones 
en nuestras antiguas posesiones italianas y los Raises 
Bajos. Aunque tal vez exagere un poco, en trescientas 
llega a fijar Sim6n L6pez el numero de las compafiias 
que habia en la penfnsula hacia 1636. 

En un Memorial que, bajo el nombre de Cristobal 
Santiago Ortiz, imprimi6se a mediados del siglo d6ci- 



(1) Rennert, ob. cit, piig. 207. 

(2) Idem, 339. 



122 EL HISPANISMG EN NORTE -AMERICA 

mosdptimo, se consignaba que las comedias y los co- 
mediantes produjeron «los mayores escandalos y males 
que han fatigado a Espana en nuestros dias«. Veianse 
"discurrir con desvergiienza grande" esias compafiias 
de «gente vagabunda, de vida licenciosa y casi toda de 
costumbres estragadas, con que se corrompieron o co- 
rrompen las de todo el puebloc, y a cuya «gente perdi- 
da suelen agregarse hombres facinerosos, clerigos y 
frailes apostatas y fugitivos que se acogen como asilo 
a estas compafiias, para poder andar libres y descono- 
cidos a la sombra de ellas. Maridos que s61o sirven de 
excusa a sus mujeres, y mujeres que solo sirven de ex- 
cusa a sus maridos, falsos o verdader.os, y que con sus 
desenvolturas y bufonerias encantan a! los viejos y a los 
mozos. . . Hallan valedores para todo, y nunca sus deli- 
tos pueden refrenarse con algunas penas» (1). El profe- 
sor de Filadelfia nos describe, tambien, la existencia 
vagabunda y pintoresca de los comicos, sus aventuras 
y penalidades, con tantas y tan sabrosas noticias de sus 
correrias y tratos con el pueblo, que los lectores podran 
obtener una clara vision de las costumbres y psicologia 
del pueblo espafiol de antailo. 

Respecto a las actrices,el autor se inclina a creer que 
las mujeres tomaron parte en las representaciones tea- 
trales, en Espaiia,desde temprana fecha. Justificada con- 
jetura si se considera que ya venian figurando en los 
bailes de los autos sacramentales y fiestas de Corpus 
Christi. En todo caso, han llegado hasta nosotros con- 
tratos extendidos entre empresarios y actrices a partir 
del afio 1583, aunque hasta 1587 no aparece la primera 
licencia autorizando oficialmente a ciertas actrices para 
dar publicas representaciones. 

En cuanto al vestuario, si bien lujoso, solia ser de 
una extremada impropiedad. Aunque los c6micos en- 



(1) Cit. por Cotarelo, en su Bib liografia de las controversias 
sobre la licitud del teatro en Espana. Madrid, 1904, pags. 241-244. 



ERUDITOS Y POETAS 123 

carnaron personajes de la antigiiedad mas remota, 
siempre aparecian con los trajes y aderezo de ultima 
moda. Su falta de propiedad era tal, que podia verse en 
escena un Cristo "peinado de ala de pithdn, con polvos 
y corbatirj". «iQuien dejara de -reirse a carcajadas — 
exclama Clavijo y Fajardo en El pensador matrltense, 
publicado en 1762-1763 — al ver que en la primera 
edad del hombre sale tin levita y que este levita tiene 
vestido de sacerdote con mitra a lo antiguo?. . . ^Y que 
parecera sobre las tablas un San Juan Bautista embara- 
zado? No puede menos de ser personaje devoto un san- 
to que se halla en visperas de dar a luz un hijo. Que se 
halle en esta situacion una actriz que esta haciendo pa- 
pel de doncella, pase, que, por fin, de esos ejemplos se 
ven bastantes; ipero un san,to!" Atribuye el Sr, Rennert 
aquella general impropiedad, en cierto grado, a la ten- 
dencia del drama espafiol de «trasladar lo que en este 
se representa al momento actual". Todo, costumbres, 
tipos, acciones, trajes, habian de ser a la espafiola. Uni- 
camente al tratarse de una obra hist6rica de caracter 
n'acional, procuraban reproducir el pasado. Por otra 
parte, lo mismo ocurria en los demas teatros de Euro- 
pa. Tocante al vestuario, si bien le faltaba propiedad, 
no carecia de lujo. «A1 contrario, puefle probarse con 
entera evidencia que los actores y actrices espanoles 
eran sumamente prodigos en materiade indumentaria, 
y las sumas que en ella gastaban muestran esa imprevi- 
sion y largueza caracteristica, en todos los tiempos, de 
laprofesion teatral" (1). Habia artistas de tanto rumbo 
que, como Pedro de la Rosa, llegaron a pagar por un 
calz6n de ropilla y ferreruelo con bordados de oro y 
las mangas del jub6n de canutillo de plata, la entonces 
fabulosa suma de 3.600 reales. 

La propiedad escenica progres6 rdpidamente y ya 



y 
(1) R6nnert, ob. cit., pdg. 106. 



124 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

en 1602 empleabanse bastidores, telones, apariencias, 
tramoyas, etc., y aun sacaban caballos a las tablas; poi 
lo que a los ultimos se refiere, Andres de Claramonte 
gozabase, sobremanera, "en aderezar muchas de sus 
comedias con desafios a caballo y en pasear sobre hi- 
pogrifos de carne y hueso [?] a las hermosuras de bas- 
tidores por en medio de lo mas turbulento y alegre de 
la concurrencia. . . Esto dio lugar a que Ana Mufioz 
obligada en uno de sus dramas a salir a caballo por e 
patio, alborotado el corcel con la algazara de los mos 
queteros, malpario un varon-/ (1). 

Desde los tiempos de Lope de Rueda venfan repre 
sentdndose las farsas y comedias con acompanamientc 
de musica, en los entreactos y antes y despues de la 
funcion. Tamhien, desde el nacimiento del teatro espa 
fiol, figuran en ^1 los cantares y las danzas, que aqu6! 
heredara de los autos y funciones religiosas. «La mayo 
ria de los comediantes de una compafiia sabian cantar > 
bailar, conforme ya se ha indicado, ademas de desem 
penarpapeles en la comedia; y en muchos de los con^ 
tratos entre empresarios y comicos se estipulaba que es 
tos habian de representar, cantar y bailar" (2). Segur 
parece, los bailes se caracterizaban muy particularmen- 
te por su deshonestidad, con gran escandalo de las au- 
toridades que en mas de una ocasion hubieron de in- 
tervenir. La principal de estas danzas, asi como la me- 
nos decorosa, era la zarabanda. Alonso Lopez, en st 
Filosofia antigua poetica, citada por Rennert, da la si 
guiente descripcion de la zarabanda, tal como v\6\'c 
bailar en casa de un su amigo. Habi'a alli "Una moza de 
buen talle, y una vieja de feo y pesimo. La moza se in- 
clin6 hacia un lado del suelo, y alzo una vihuela y co- 
menz6 a cantar, y cantando acab6 uno y otro romance 



(1) Luis Fernandez Guerra, Don Juan Ruiz de Alarcdn y Men- 
doza. Madrid, 1871, pig. 186. (Cit. por Rennert.) 

(2) R6nnert, ob. cit., pdg. 69. 



ERUDITOS Y POETAS 125 

viejo; tan bien, que el Pinciano qued6 a ella honesta- 
mente aficionado, que hasta entonces parecian las mu- 
jeres, la una, una Santa Monica, y la otra una Santa 
Atanasia; pero poco despues descubrieron la hilaza 
(como dicen) que la que parecia antes Atanasia se tre- 
ed en Satanas, y la Monica en Demonica' fue converti- 
da: porque se levanto la una, y la otra de la mesa, y la 
moza con su vihuela danzando y cantando, y la vieja 
con una guitarra cantando y danzando, dijeron de aque- 
Uas sucias bocas mil porquerias, esforzandolas con los 
instrumentos, y movimientos de sus cuerpos poco cas- 
tos. Tal fue la disolucion, que los tres hombres, que 
solos eran, estaban corridos y afrentados" (1). En las 
representaciones dramaticas figuraban los bailes de la. 
chacona, la escarraman, la turdion, pie de gibao, rey 
don Alonso el Bueno, canario y otros muchos de nom- 
bres no menos pintorescos y sitigulares. 

A tal punto llego la inmoralidad de semejantes dan- 
zas y cantares, y la vida licenciosa de los comediantes 
que — unido a la creciente y "perniciosaw multiplica- 
cion de los teatros y compaiiias en todo el reino — 
plante6se, en 1587, la cuestion de la supresion de este 
espectaculo. Por fortuna para las nutridas huestes de 
c6micos y empresarios, tras discutirse la cuestion aca- 
loradamente entre los padres de la patria y de la Igle- 
sia, quedaron las cosas como antes, salvo la expresa 
prohibici6n de los cantares, modalesy danzas indeco- 
rosas. En 1589, el P. Pedro Rivadeneira publicj3 su 
Iratado de la tribulacion, en cuyo capitulo XI, del li- 
bro I, intitulado «De los medios que toman los malos 
para salir de las tribulaciones", reprueba las represen- 
taciones teatrales de su tiempo, y, entre otras lindezas, 
dice que se gasta «mucha hacienda en sustentar una 
manada de hombres y mujercillas perdidas para si y 



(1) R6nnert, ob. cit, pdg. 71. 



126 EL HISI^ANISMO EN NORTE -AMfeRICA 

perniciosas para los que las ven ylas oyen. . . Pues las 
mujercillas que representan comunmente son hermosas, 
lascivas y que han vendido su honestidad, y con los 
meneos y gestos de todo su cuerpo y con la voz blanda 
y suave, con el vestido y gala, a manera de sirenas en- 
cantan y transforman a los hgrnbres en befetias". Y con- 
cluye que «interviniendo en las representaciones pala- 
brasjascivas, hechos torpes, meneos y gestos provoca- 
tivos a deshonestidad, de hombres infames y mujerci- 
llas perdidas, y habiendo exceso y demasia en las co- 
medias que cada di'a se representan, son ilicitas y per- 
judiciales". . . En el ano 1600 comiei]zan a aparecer mi- 
nuciosas regulaciones para poner coto a los excesos de 
bastidores adentro y de bastidores afuera. En el decreto 
de dicho ano se prohibe la representacion d€ obras li- 
cenciosas o en punto alguno malignas, las danzas, ma- 
neras y gestos indecorosos, asi como, en todo caso, se 
les veda a los sacerdotes la asistencia. En posteriores 
reglamentos no se permite a las actrices representar con 
faldellin solo, debiendo, cuando menos, Uevar baquero 
o basquina suelta enfaldada, ni hacer papeles masculi- 
nos; los hombres, por su parte, tampoco habian de sa- 
lir en los papeles de mujer; solo a los padres, herma- 
nos, etc., de las actrices, se permitiria la entrada en los 
vestuarios. Las espectadoras, igualmentej habian de es- 
tar separadas de los varones. Se prohibe a los caballe- 
ros, en fin, visitar mas de dos veces a la misma artista, 
en el teatro. Todo ello bajo severas penas. Tan lamen- 
table estadode cosas no debio de experimentar gran 
mejora, si bemos de juzgar por las enconsldas disputas 
literarias sobre ia licitud del teatro -que se suceden sin 
interrupcion durante todo el siglo xvii y primera parte 
del xviii. Quienes tengan particular interes en esta ma- 
teria, pueden consultar la ya mehcionada Bibliografia 
de las controversias, de D. Emilio Cotarelo y Mori, li- 
bro unico en su genero. 

En 1630, las cosas debian haber ido de mal en peor, 



ERUDITOS Y POETAS 127 

si hemos de juzgar desapasionada la critica del P. Pedro 
Hurtado de Mendoza, quien en la obra SchoLasticce, et 
Morales Disputations de tribus vitutibus theologicis, 
capitulo sobre "De comoedis quando sint scandalum" 
(Disp. 173, sec. XXVIII), escribe lo que vera el lector 
curioso. Acusa alos comicos de que "viven mezclados 
hombres y mujeres; ellos muchas veces jovenes desen- 
frenados; dia y noche meditando amores y encomen- 
dando a' la memoria versos amatorios. Mujeres casi 
siempre impiidicas, en libre contacto con ellos, pues 
las mujeres no estan en lugares distintos; a las que ven 
los hombres vestirse y desnudarse; ya en el lecho, ya 
semidesnudas y siempre provocativas. Maridos viles a 
quienes sus esposas ni respetan, ni temen. ^Que mas?; 
no solo en escena, pero junto al lecho de las mujeres se 
visten todos y ellos les ayudan a prenderse, segun me 
dijeron los mismos comicoS". En las posadas y ventas 
«se acomodaban todos revueltos, tanto que a veces 
solian trocar los frenos; esto es — explica el reveren- 
disimo jesuita, por si alguna duda quedara — , juntarse 
promiscuamente los matrimonios". 

A pesar de todo ello, las representaciones y las 
obras del teatro espanol eran, a juicio de su presente 
historiador, mas puras y de mayor elevacion moral que 
en los demas teatros del continente. «Un examen del 
teatro del periodo isabelino [en Inglaterra] o de las 
farsas y comedias de Francia y Alemania de aquella 
epoca, sin decir nada de Italia, cuyo teatro era el mas 
inmoral de Europa, convencera pronto a cualquiera de 
la exactitud de esta aseveraci6n. El espailol era dema- 
siado vivo y energico en la desaprobacion de una pieza, 
y hacia sus protestas bien inconfundibles, pero sin duda 
alguna resulta muy favorecido en una comparaci6n con 
sus coetaneos de otros paises" (1). 



(1) Rennert, ob. cit, pdgs. 120-121. 



128 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

Insuperable era el entusiasmo del pueblo en aquel 
periodo. No habia ciudad alguna de mediana impor- 
tancia que no poseyera teatros; y hasta en los pueblos 
y villorrios, las representaciones, por comicos de la 
legua, eran frecuentes. No se conocid feria ni fiestas 
publicas en que no jugasen papei principal las come- 
dias. Todas las clases sociales, del Rey abajo, mostra- 
ban por ellas verdadera pasion. Ni los nobles ni los 
principes se desdenaban de>tomar parte en las repre- 
sentaciones a puerta cerrada. Y asi vemos a Felipe IV, 
siendo Principe de Asturias, y a la saz6n de muy tem- 
prana edad, hacer un papel de Cupidillo, en cierta 
comedia, de cuya representacion nos da curiosa noticia 
Cabrero en sus Relaciones de las cosas sucedidas en la 
Corte de Espana desde el ano 1599 hasta 1614. «Y es 
porque en Espafia — escribe Cotarelo — no es el teatro 
una sencilla manifestaci6n literaria, mds o menos co- 
piosa e interesante, sino de sintesis y compendio de la 
vida mental de todo un pueblo. Alli se encuentran 
condensados sus creencias religiosas, sus pensamientos 
filos6ficos, sus ideales artisticos, sus costumbres, sus 
tradiciones y leyendas, su historia y, en suma, todo lo 
que de caracteristico y genial puede tener la raza habi- 
tadora de la Peninsula" (1). Soli'a ser el publico muy 
exigente y ruidoso, sobre todo el populacho, que per- 
manecia en el patio de pie, y el cual era «especialmente 
temido por autores y comediantes, pues de sus antojos 
generalmente dependia el triunfo o el fracaso de una 
comedia" (2). Los mosqueteros, que asi se llamaba a 
estos espectadores que asistian de pie a la representa- 
cion — , debian de ser en realidad unos terribles seno- 
res. Casi todos los autores de la ^poca que nos ocupa 
se lamentan de su injusticia, o les atacan con duras y 



(1) Emilio Cotarelo y Mori, Blbliografla de las controversias, 
etcetera, pdg. 7. 

(2) Rennert, 0*. r//., pdg. 117. 



ERUDITOS Y POETAS 129 

sangrientas satiras,o les piden,con toda humildad y res- 
peto, su perdon. Tambien nos enteramos de que las 
mujeres del pueblo — que ocupaban la cazuela, lugar 
para ellas reservado — competian con los mosqueteros 
en la viveza y energia de sus protestas; requeriase la 
coostante presencia de un alguacil en la cazuela, para 
que las benditas comadres guardaran la debida cora- 
postura. Sirvales de atenuante a nuestros ancianos y 
turbulentos antepasados la circunstancia de que desor- 
denados y ruidosos como ellos eran todos los piiblicos 
de Europa. 

Refiriendose al cardcter de nuestro teatro en tiempos 
de Lope de Vega, una vez que este le hubo impreso su 
definitiva orientacion, afirma nuestro historiador y cri- 
tico que era hispano por naturaleza, «un genuino pro- 
ducto del suelo espanol" (1). Las obras dramaticas, 
cualquiera que fuese su tema, epoca o lugar de la ac- 
ci6n, poseiansiempre un patente sello nacional. R^nnert 
ve en esta caracteristica de nuestro teatro — que con €\ 
solo compartia el teatro ingl6s — una de sus principa- 
les glorias. 

Con la decadencia de la producci6n dramatica, ya 
evidente en la segunda mitad del siglo xvii, coincide la 
decadencia del histrionismo. Si el teatro se levanta 
rdpida y esplendorosamente con la aparici6n de Lope 
de Vega, vemosle declinar a la muerte de ^ste con 
igual celeridad, como si aquel magnffico periodo hubie- 
ra sido obra de un solo hombre, de su fundador. De los 
grandes poetas dramaticos, nadie mas que Calder6n 
quedaba en la segunda mitad del siglo xvii. «Ninguna 
gran comedia espatlola es posterior a 1650. V en esto, 
una vez mas, a la concIusi6n como al principio, el 
drama nacional de Espafia muestra ]in sorprendente 
paralelo con el ingl6s, que tambi6n habia produci- 



(I) R6nnert, ob. cit., pdg. 338. 



130 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

do todo lo mejor antes de la clausura de los teatros 
en 1642" (I). L6gico parece que al declinar el drama de- 
cayese igualmente el histrionismo. Aparte el hecho de 
que la inferior producci6n dramatica habia de apagar 
naturalmente el entusiasmo del publico, con la muerte 
de aquellos celebrados ingenios, los comediantes per- 
dieron a sus mejores asociados y maestros. No pocas 
comedias famosas fueron escritas expresamente para 
algun actor, amigo del poeta, teniendo en cuenta sus 
aptitudes y genio particular. Estos autores solian pre- 
sentar y aun dirigir los ensayos de sus obras. «1 ara 
ellos el teatro era una cosa actual y viviente, no fria y 
muerta tradicion. Pero el sol se habia puesto, y aunque 
una grande estrella refulgiese todavia en las hacinadas 
tinieblas, poco despues habia de desaparecer tambien 
dejando todo envuelto en las sombras" (2). 

Al fin de La escena espanol'a en tiempos de Lope at 
Vesa hallamos una lista de los actores y actrices qu( 
florecieron entre 1560 y 1680, con biografias mas ( 
menos minuciosas y completas, segiin la significaciOi 
de cada uno de ellos en la historia del histrionismo 
Algunas de estas resefias biograficas, como las de An 
tonio y Lope de Rueda, Antonio de Villegas Olmedj 
V Torino, Roque de Figueroa, Antonio de Prado, Man 
de C6rdoba, Cristobal de Avedano y Nicolas de lo 
Rios, son bastante completas. 

La Vida de Lope de Vega, trabajo mitad biogrdfic( 
mitad critico, esta compuesta con un espiritu honrad 
y tolerante, celoso y sagaz. Los admiradores del 1-eni 
de los Ingenios hallar^n en esta obra del catedratico c 
Filadelfia una luminosa exposicion de la vida del poe 
V amplia y juiciosa critica de su labor. Sin duda nue 
tra mayor deuda con el Sr. Rennert proviene del cun 

(1) Rennert, ob. cit, pdg. 341. 

(2) Idem, 342. 



ERUDITOS Y POETAS 131 

plido analisis, tan prudente; perspicaz y detallado de 
La Dorotea. Ha interpretado esta comedia pastoral con 
toda la amplitud, toda la alteza y toda la profundidad 
con que puede analizarsejun sujeto literario. 

Como biografo, maestra Rennert cuanto entusiasmo, 
amor y simpatia el mas ardiente admirador de Lope 
pudiera pedir. A veces su pluma, guiada por el entu- 
siasmo, rasguea y vibra con tal vivacidad y energia que 
no solo nos sugiere ideas, sino tambien emociones. Tal 
reverente simpatia y entendimiento de Lope, le permi- 
ten al bibgrafo penetrar en los misterios de este alma y 
en los milagros de su genio. Si alguna vez yerra, sera 
porque es forzoso errar; no es la suya critica de una 
obra, ni de un centenar de obras, sino la critica de un 
autor, y autor de tan variadas facultades y de tan com- 
pleja y desconcertante personalidad' moral como el 
Fenix espanol. Tal vez se exceda — ya que no en el 
elogio de Lope, porque nada ha dicho que supere a las 
alabanzas que criticos y biografos al Fenix prodigaran 
unanimemente — , si, en su desden, como ya hemos 
apuntado, porotros preclaros ingenios de la dramatica 
espanola. Mas si peca sera por amOr — por amor y de- 
voci6n hacia el genio de Lope — , cuando son tantos 
los que en el dominio de la critica pecan por colera, 
por capricho o ignorancia. Ahi esta el pontifice maximo 
de la critica inglesa, el admirabilisimo Ruskin, que a 
menudo toma por norte el polo de su capricho. No 
obstante, aunque el Sr. Rennerfadore el genio de Lope 
y aun atenue ciertos morales extravios suyos — llevado 
de esa benevola condicidn que nuestro biografo mues- 
tra en sus escritos, y que tan curiosamente contrasta 
con el ardor con que estampa sus propias opiniones — , 
no ha dejado de pintarnoslo, en conjunto, con exactitud 
yfidelidad. 

Quien se familiarice con la primitiva labor literaria 
del Sr. Rennert, se dara cuenta de que estos dos libros 
son product© natural de sus previos estudios: le vemos 



132 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

encarinado, durante afios/con temas relatives siempre, 
o casi siempre, a Lope de Vega. No nos da la impresi6n 
de haberse propuesto estudiar la vida y la obra del 
Fenix a fin de escribir mas t^de su biografia y critica, 
sino que estas parecen brotar como natural cosecha en 
un terreno abonado, como espont^nea producci6n de 
sus vastos estudios. Y por ello, a pesar del escalpelo de 
ciertos colegas, ahi est^ en pie, Integra, su obra copiosa 
y excelente. 

En ambos libros revelase aquella sostenida propor- 
ci6n y orden de los buenos escritos. Modelos de m6to- 
do, de madura preparacidn, de escrupuloso analisis son 
entrambas. La exposicion es clara y habil; vasta la eru- 
dici6n, en la cual pocos autores, dentro de sus respec- 
tivos dominios literarios, podran aventajarle; sobria, 
vigorosa y disciplinada la critica. Erudicion y sistema 
parecen ser las notas sobresalientes de esta mentalidad, 
mas inclinada a la paciente y minuciosa investigacion, 
a la justa ponderacion de los hallazgos, a su neta y re- 
gular exposicion, que a las especulaciones filos6ficas o 
las generalizaciones de la critica. En punto a saber.no 
cabe pedir mas. El autor se recrea a todas luces en este 
compacto desfile de opiniones, nombres, titulos y fe- 
chas, que €1 sabe adcrezar diestramente. Esa copiosa 
lectura y sensatez que Jorge Saintsbury ha senalado 
como las vitales entranas del critico, las posee Rennert 
cabalmente. Tiene, ademas, de los buenos criticos, la 
urbanidad, clasica, de sus juicios sobre los'hombres y 
sus producciones. Le vemos juzgar siempre serena- 
mente, con gesto de hidalgo. 

Los dos libros estan escritos en estilo de elegante 
sencillez; alguna que otra vez, cuando el asunto a ello 
se presta, tiene conceptos brillantes y elocuentes perio- 
dos. Asi, su copiosa erudicion no es 6bice para que la 
lectura resulte amena y de genuino placer. Pero ni que 
decir tiene, que hay en estos libros mas solidez que 
musica. 



ERUDITOS Y POETAS 133 

En conjunto, Vida de Lope de Vega y La escena 
espanola entiempos de Lope de Vega son producciones 
muy superiores a cuanto sobre identica materia se ha 
publicado en lengua inglesa. 

Conforme me comunica mi distinguido colega, ama- 
blemente, su Vida de Lope de Vega saldra a luz en una 
version espanola — revisada y corregida — hecha por 
D. Americo de Castro. Igualmente, traducida por el se- 
ftor Gil Albacete, su segunda obra. 

Debense, tambien, al profesor de Filadelfia: Macias 
el enamorado; trovador gallego (1), y Romances pas- 
torales espanoles (2). Ha reimpreso y anotado: La isla 
Barbara y La guarda culdadosa, de Miguel Sanchez, el 
divino (3); Ingratitud por amor, de Guillen de Castro (4); 
Farsa a manera de tragedia (5); y tiene en preparaci6n 
las Novelas ejemplares, de Cerv.antes (trozos escogidos). 
Ha publicado, en fin, trabajos sueltos sobre Zi7S roman- 
ces pastorales de Espaha (6); Sin secreto no hay amor, de 
Lope de Vega (7); Varios poemas ineditos, de Fernan 
Perez de Guzman (8); Presentacion escenica de las co~ 
medias de Lope de Vega (9); Canciones de Juan Rodrl- 



(1) Macias, O Namorado; a Galician trobador. Philadelphia, 
1900. Vertida al castellano por Jos6 Carre Alvarellos (La Coru- 
na, 1904). 

(2) The Spanish Pastoral Romances, idem, 1912. 

(3) La Isla Bdrbara and La Guarda Cuidadosa, two comedies 
of Miguel Sanchez, el divino. Boston, 1891. 

(4) Philadelphia, 1899. 

(5) En Revue Hispanique, 1913, vol. XXV. Nueva edici6n revi- 
sada, en Valladolid, 1914. 

(6) The Spanish Pastoral Romances, en Publications of Mo- 
dern Languages Association of America, 1892, vol. VII. . 

(7) Lope de Vega's -Comediao. Sin Secreto No Ay Amor, 
idem, 1894, vol. IX. 

(8) Some Un published Poems of Fernan Pirez de Guzmdn, 
Idem, 1897, vol. XII. 

(9) The staging of Lope de Vega's Comedias, en Revue Hispa- 
nique, 1906, vol. XV. 



134 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

guez del Padroti (1); El castigo sin venganza, de Lope 
de Vega (2); El Cancionero espanol del Museo Britdnl- 
co (3); Notas sobre varlas comedias de Lope de Vega (4); 
Idem acerca de la cronologia del drama espanol (5); Ml- 
giiel Sanchez, el dlvlno (6); Santiago el verde, comedia 
de Lope de Vega (7); El poeta Cartagena del Cancio- 
nero General (8); Dos manuscritos espanoles: Cancio- 
neros (9); Oregorio Silvestre y Residencia de amor (10); 
La Lucinda de los sonetos de Lope de Vega {\\),y El con- 
denado por desconfiado, de Tirso de Molina (12). 



Ill 

Pudiera decirse que el hispanismo esta representado 
en cada pais por un grupo de especialistas, quienes, 
con preferente amor y mayor provecho, suelen laborar 
en un determinado ramo de las letras espanolas. Asf, 
en Alemania, la produccion de los espafioiistas versa 
casi invariablemente sobre nuestro teatro, clasico o mo- 
derno; en la Gran Bretana, parece consagrada de modo 



(1) L^eder desjuan Rodriguez del Padron, en Zeitschrift fiir 
Romanische Philologie, 189"^, vol. XVII. 

(2) Ueber Lope de Vegans uEl castigo sin venganza», fdem, 
1901, vol. XXV. 

(3) Der Spanische Cancionero des. Brit. Museums, en Roma- 
nische Forschungen, 1895, vol. X. 

(4) Notes on Some Comedias of Lope de Vega, en Modern 
Language Review, 1905, vol. I. 

(5) Notes on the Chronology of the Spanish Drama, idem, 
1906-1907, vols. II y III. 

(6) En Modern Languages Notes, 1893, vol. VIII. 

(7) Idem fdem. 

(8) Idem, 1894, vol. IX. 

(9) Idem, 1895, vol. X. 

(10) Idem, 1899, vol. XIV. 

(11) Idem, 1901, vol. XVI. 

(12) Idem, 1903, vol. XVIII. 



ERUDITOS Y POETAS 135 

I particular al estudio de nuestras artes e historia; en 
Francia, a temas de politica, sociologia y literatura en 
general; y en Norte-America, al restablecimiento y cri- 
tica de los viejos textos. Aqui es donde Juan Driscoll 
Fitz-Gerald, profesor de la Universidad de Illinois, in- 
dividuo de la Sociedad Hispanica j correspondiente de 
la Academic Espaiiola, ha realizado una labor sobresa- 
liente con la constitucion del texto del poema Vida de 
Santo Domingo de Silos, escrito por Oonzalo de Ber- 
ceo, y su estudio critico sobre la Versificacion de la 
cuaderna via. 

Antes de ocuparnos de estas obras, que constituyen 
el nucleo de la labor hispanista del profesor Fitz-Ge- 
rald, echaremos una ojeada a su Gonzalo de Berceo en 
la critica literaria espanola antes de 1780 (1), cuyo 
breve ensayo, aunque publicado con posterioridad a 
aquellos libros, puede servirles de adecuada intro- 
duccion. 

Gonzalo de Berceo, patriarca venerable de las letras 
espaiiolas, florecio en la primera mitad del siglo xiii. 
Hasta fines del xviii, afio 1780, no aparece — segun nos 
informa Fitz-Gerald — la primera edicidn completa 
de sus obras, hecha por el bibliotecario del rey D. To- 
mas Antonio Sanchez, en el segundo volumen de su 
Coleccion de poesias caste lianas ant er lores al siglo XV. 
Que fue de la Vida de Santo Domingo, y cual el juicio 
que mereciera a la critica en este largo periodo inter- 
medio, es lo que, en parte, ha logrado nuestro autor 
averiguar. 

En el libro de fray Martin Sarmiento intitulado 
Memorias para la historia de la poesia y poetas espaho- 
les, impreso en 1775, se encuentran curiosas referencias 
al poema de, Berceo, particularmente en la parte desti- 
nada al estudio de los versos alejandrinos — que a jui- 



( 1 ) Gonzalo de Berceo in Spanish literary criticism before 1870, 
en The Romanic Review, 1910, vol. I, 



136 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

cio del erudito fraile seria preferible denominar versos 
castellanos o de Berceo — , y al tratar de los poetas 
espanoles del siglo xviii. El Sr. Fitz- Gerald sefiala como 
principal el hecho de hallarse, en esta segunda par- 
te, un aneilisis de dos c6dices que a la sazon existian 
en los archivos de San Miilan. Llave de la vieja lengua 
y poesi'a castellana, son para Sarmiento las produccio- 
nes de Berceo, que es quien, en su opini6n, debiera 
llevar el titulo de Ennio espanol, en vez de Juan /tie. 
Mena, tanto por la mayor copia y misticismo de su la- 
bor po6tica, y haber precedido a Mena en mas de dos 
siglos, como por ser su estilo mas puro, llano y anti- 
cuado. 

Cuatro aiios antes que Sarmiento, en 1771, el felici- 
simo autor de la Espana Sagrada le dedica unas lineas 
con motivo de la consagracion de la Iglesia de Santo 
Domingo de Silos. En 1754 — fecha la mas probable — , 
Luis Jose Velazquez tambi^n se ocupa del poema de 
Berceo en los Origenes de la poesia castellana; ademas 
de darnos someras noticias del poeta, habia de su labor 
en estos rudos comienzos de la poesia, cuando el arte 
de la versificacion estaba en mantillas, y los poetas ni 
revelaron gran genio e invenci6n, a su parecer, ni po- 
seian el mas leve conocimiento de la poesia griega y 
latina, para imitarlas, ni siquiera llegaron a ser buenos 
rimadores. El mas importante dato que el profesor de 
Illinois descubre en los Origenes es que su autpr atri- 
buye el Libra de la vlday hechos de Alejandro Magna, 
no a Gonzalo de Berceo, sino a D. Alfonso el Sabio. 

En 1736, el benedictino Vergara edita la Vida de 
Santo Domingo de Silos, con noticias del autor y delos 
manuscritos que contenian dicho poema. Cuarenta afios 
antes habia aparecido, en Roma, la Bibliotheca Hispana 
Vetus, libro postumo de Nicolas Antonio, cuyo parrafo 
doce, capitulo primero del libro siete, esta consagrado a 
Gonzalo de Berceo. "Aunque lleno de errores — anota 
Fitz-Gerald — , que subsiguientes ediciones jamas eli- 



ERUDITOS Y POETAS 137 

minaron enteramente, el parrafo no estd desprovisto de 
interes". En La Her la de Cataluna: Historia de Nuestra 
Senora de Monserrate, que publicara fray Gregorio de 
Argaiz el ano 1677, en Madrid, se hallan referencias a 
Berceo, a quien el fraile diputa como primer poeta 
que escribiera en verso castellano, y cuya Vida de San- 
to Domingo celebra, tanto por su devoci6n como por 
su belleza literaria. 

Mis anciana aun que las precedentes obras es El 
Moysen Segundo, Nuevo Redentor de Espaha, etc., es- 
crito por fray Ambrosio Gomez e impreso el afio lO'SS, 
en Madrid. Este libro, en lo tocante a Berceo, es el mas 
interesante de todos los mencionados, aunque no esta 
limpio de errores. El autor trata del viejo poeta, de su 
Vlda de Santo Domingo, de su amistad con el santo y 
personal conocimiento'de sus milagros. Aunque adver- 
sa, la crftica de la versificacion del poema esta conce- 
bida en templados terminos. Unos cuarenta afios antes, 
en 1617, fray Antonio Yepes da a la estampa su Crdnl- 
ca General de la Orden de San Benito, donde juzga la 
produccion podtica de Gonzalo de Berceo con durisimo 
criterio. El reverendo fraile califica de bdrbaros los 
versos de Berceo (Megi'a le llama el)) cuya lectura pro- 
voca hilaridad, y declara ser su estilo poetico el menos 
pulido que se conociera jamas en Espafia. «Por fortu- 
na — de su parte, afiade Fitz-G6rald — no todos los 
criticos coinciden en este adverse veredicto tocante a 
la cualidad de su poesia". 

Prudencio de Sandoval, en su libro intitulado ///5- 
torlas de los clnco oblspos, etc. (1615), considera los 
versos de Berceo como los mds heroicos que se habian 
escrito en lengua castellana. Y, finalmente, el escritor 
mas antiguo que segiin las indagaciones de Fitz-G^rald, 
que venimos exponiendo, habla de nuestro poema, es 
fray Luis Ariz, en su Historia de las grandezas de la 
cludad de Avlla (1607), impresa en Alcala de Henares, 
y cuya nota de interns consiste en citar treinta y cinco 



138 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

versos de la Vida de Santo Domingo, que no coinciden 
con Ids versos .correspondientes de ninguno de los ma- 
nuscritos conocidos. 

Tal es, en sintesis, el ensayo del catedratico de la 
Universidad de Illinois sobre Gonzalo de Berceo en la 
critica ilteraria espahola antes de 1780, que nos servira 
de prefacio a otras mas Importantes producciones (1). 

En el aiio 1904, el Sr. Driscoll Fitz-Gerald publica 
su cdicion critica de La vida de Santo Domingo de 
Silos (2) en frances. El volumen se halla dividido en 
seis capitulos, y contiene, ademas, un apendice, el 
poema de Berceo, con notas y variantes, un glosario y 
los facsimiles de dos folios del poema. 

Esta destinado el capitulo primero a resenar ligera- 
mente las precedentes ediciones del poema, comenzan- 
do con la de Vergara (1736), en la cual aparecen los 
Mirdculos romanzados de Santo Domingo, escritos por 
Pero Marin; la Vita Beati Dominici Confessoris Chris- 
ti & Abbatis, en prosa latina, de Orimaldo, y la Vida 
del glorioso conjesor Santo Domingo de Silos, de Gon- 
zalo de Berceo. Al final, Vergara inserta un oficio que 
habia encontrado en el mismo libro gotico que contu- 
viera la Vita de Orimaldo, y al cual agrego, por su 
cuenta, algunos himnos. La segunda edicion se debe a 
D. Tomas Sanchez, quien publica, en 1780, todas las 
obras conocidas de Berceo. A juicio del profesor nor- 
teamericano, este segundo editor no hizo otra cosa que 
reproducir la edicion de Vergara, y aunque aquella 
fuera antafio de utilidad, no ha de conced^rsele valor 
cientifico. En la reconstituci6n del poema, Fitz-Gerald 
■hace caso omiso de dicha segunda edici6n. La tercera, 



(1) En su arti'culo A propos de Berceo (Revue hispanique, 
XXXV), Hjalmar Kling suple ciertas omisiones del escritor norte- 
americano en esta materia. 

(2) La vida de Santo Domingo de Silos, por Gonzalo de Berceo; 
Edition critique publiee par John D. Fitz-Gerald. Paris, 1904. 



ERUDITOS Y POETAS 139 

de D. Florencio Janer, apareci6 el ano 1864 en la Biblio- 
teca de Autores espanoLes. El escritornorteamericano 
no la considera fruto de una labor seria, pues Janer 
copio no pocos errores de Sanchez, corrigio a medias 
sus falsas lecciones de las variantes, reproduciendo mal 
algunas y empeorando otras. Por consiguiente, el senor 
Fitz-Oerald tampoco se auxilia de esta edicion al esta- 
blecer el texto del poema. 

En el capitulo segundo trata de los dos manuscritos 
que ban servido de fundament© a su labor (el de la 
Academia Espanola y el que esta en posesion de la 
Academia de la Historia), y de la edicion de Vergara, 
que re'presenta un tercero y desconocido manuscrito. 
Los dos primeros pertenecen, probablemente, a la se- 
gunda mitad del siglo xiv. El Sr. Fitz-Gerald sostiene 
que Vergara se sirvio en su edicion de dos diversas 
copias antiguas, pues descubre una clarisima diferencia 
entre la parte del texto anterior a la copla 686 y el resto. 
Del prologo de Vergara transcribe, en apoyo de su opi- 
nion, lo que sigue: "A instancias de un Amigo doi h. 
la Prensa estos tres Autores [Pero Marin, Gonzalo de 
Berceo y Grimaldo], con las mismas voces de sus ori- 
ginales, que se conser.van en el Archivo de Silos. . . 
Berceo se ha acabalado por una Copia antigua, y assi 
desde la Copla 166 [la 686 sefiala Fitz-Gerald] vafia 
algo el Castellano por no ser del original". De otro 
lado, opina nuestro autor que el manuscrito que Ver- 
gara llama «original", no es sino una antigua copia 
de este. 

Establece Fitz-G6rald en el capitulo tercero la cla- 
sificaci6n de los manuscritos, empezando por manifes- 
tar que, con arreglo a los origenes, el poema se divide 
en tres partes. Sefiala los mds importantes errores co- 
munes de los manuscritos, aquellos que no podian 
haber cometido independientemente los copistas, e in- 
clfnase a creer que el manuscrito que se conserva en la 
Academia Espanola y la «copia antigua" de que se sir- 



140 EL HISPANISMO en NORTE -AMERICA 

viera Vergara en la segunda parte de su edici6n del 
poema forman una misma familia, pues muestran ambos 
igual ortografia y dicci6n, asi como el primero y el de 
la Academia de la Historia pertenecen a dos familias 
diferentes. De las concordancias de lecciones falsas 
entre los manuscritos, por lo que se refiere a la ultima 
parte del poema (coplas 758 b a 777), deduce la existen- 
cia de tres manuscritos mas, dos completes, y uno in- 
completo. Al fin del capitulo cita algunos errores co- 
munes a entrambas familias de manuscritos. En vista 
de tales errores comunes, presume la existencia de un 
manuscrito, hoy perdido, que sirvio de fuente a todos 
ellos. Y pareciendole inadmisible que un autor como 
Berceo, que revela en su obra grandisimo esmero, de- 
jara pasar tantas faltas en el manuscrito original, se 
inclina a creer que aquella fuente comun no era el ori- 
ginal del poeta, sino una mera copia. 

Refierese el capitulo cuarto a la constituci6n del 
texto del poema. Para establecerlo se ha servido, con- 
forme queda ya indicado, de los manuscritos de las dos 
precitadas academias y de la edici6n de Vergara. Cuan- 
db los manuscritos (el que representa la edicion de Ver- 
gara inclusive) dan diferentes lecciones, nuestro autor 
elige la mas aceptable, y cuando ninguno de ellos ofrece 
una lecci6n satisfactoria, ni esta puede obtenerse me- 
diante la combinaci6n de las diversas lecciones, com- 
binalas lo mejor posible, pero en todo caso, sin afiadir 
nada a los manuscritos ni nada suprimirles. No hay en 
el texto del poema ni en las variantes cosa extraiia a 
ellos. Donde los textos difieren nos da las variantes de 
los tres manuscritos. 

En el texto ha usado las mayusculas, asi como la 
puntuaci6n, conforme al uso moderno, y ha reempla- 
zado con vocablos enteros las abreviaturas. Notaremos 
de paso, por lo tocante al uso de mayusculas, que en 
mas de una ocasion el corrector de pruebas se ha dis- 
traido, pues vocablos como cristiano (ya se emplee 



ERUDITOS Y POETAS 141 

como sustantivo, ya como adje'tivo) con minuscula han 
de escribirse; igualmente, con minuscula, el sustantivo 
sacristan (pues a nadie se le ocurrira considerar su oficio 
como un sagrado ministerio); y las voces que, como 
moro, designan nacionalidad. 

En la ortografia, ha seguido, en general, el manus- 
crito de la Academia Espanola, como mas completo y 
mas cuidadosamente escrito que el de la otra al:ade- 
mia. La ortografia de la edicion de Vergara, «aunque 
representando un bonisimo manuscrito perdido", estd 
mas o menos retocada. De no adoptar la ortografia del 
primer manuscrito, sigui6 la del segundo, y en defecto 
de ambos, la del texto de Vergara. 

Dado su prop6sito de no introducir en el texto que 
establece leccion alguna que no hubiese hallado en los 
manuscritos, el autor ha reunido en el capitulo quinto 
todas aquellas enmiendas que para mayor claridad de 
algunos pasajes, o bien (como lo son casi todas) por 
razones metricas, ha considerado pertinentes. 

A la discusi6n de las fuentes de que se sirviera 
Gonzalo de Berceo en la composici6n del poema est^ 
dedicado el capitulo sexto. Vergara y Sanchez se habia 
ya ocupado, al paso, del mismo sujeto pero sin consa- 
grarle, a juicio de Fitz-Gerald, toda la atencidn que 
requiere. Vergara limit6se a declarar en el pr61ogo de 
su edici6n que Gonzalo de Berceo "puso en verso cas- 
tellano lo que de Silos le enviaron en latirt", sin con- 
signar el titulo del supuesto libro original ni el nombre 
de su autor. V Sdnchez, citado igualmente por el se- 
ftor Fitz-Gerald, escribe en el prefacio a su edicidn del 
poema: "En el pr6logo a la Vtda de Vergara se lee que 
puso (Berceo) en verso castellano lo que de Silos le envia- 
ron en latin. jOjala que el que di6 esta noticia hubiera 
indicado la fuente de donde la bebi6! Porque si no la 
tom6 de otra que del mismo Berceo, ciertamente no 
pudo asegurarla con tanta confianza. No dudo que 6ste 
tom6 de libros latinos la mayor parte de las noticias 



142 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

que nos di6 de la vida y milagros de Santo Domingo 
de Silos; pero que solo fue traductor en verso castella- 
no, y no autor en el sentido en que se da este titulo 
al que compone una obra vali6ndose de lo que otros 
han escrito, no me parece pueda asegurarse, sin fun- 
darlo en documentos correspondientes. En la copla 351 
dice Berceo: 

Muchos son los miraglos que dest padre sabemoi: 
Los unos que oimos, los otros que leemos. 

"Esto indica que D. Oonzalo, a lo menos en cuanto 
a los milagros del Santo, no solo escribia los que ya 
estaban escritos, sino tambien los que se sabian per 
tradicion. En la copla 609, habiando de un ciego que 
por intercesion del Santo habia conseguido la vista, 
dice que no se sabe de donde era, porque el pergami- 
no no declaraba bien la villa, la letra era mala y el latin 
obscuro y malo de leer: 

No departe la villa muy bien el pergamino, 
Ca era mala letra, encerrado latino. 

"Acaso de este pasaje tom6 el autor' del dicho pr6- 
logo la noticia que le agradecemos". 

Berceo se refiere en otros numerosos pasajes del 
poema a una fuente escrita de donde habia extraido 
ciertas reseiias, pero ni la menciona por su nombre ni 
cita al autor. El Sr. Fitz-Gerald examina detallada- 
mente la presente cuestion, siendo en particular lumi- 
nosa su comparacidn entre la Vida del venerable poeta 
y la Vita Beati Dominici de Grimaldo. Apunta la cabal 
conformidad existente entre partes de ambos textos, 
asi como la particularidad que de las veintiseis, citas que 
hace Berceo, veinticinco se encuentran en la obra de Ori- 
maldo. Para nuestro autor, s610 en dos puntos se aparta 
Berceo de la Vita: en la comparacion entre un milagro 



ERUDITOS Y POETAS 143 

de Santo Domingo y otro de San Millan (copla 334), y 
en la anecdota de los ladrones (coplas 377-383). Ello es 
todo lo que Berceo ha tornado de la tradicion oral. El 
profesor de Illinois llega a la conclusion de que la Vida 
delglorioso conjesor Santo Domingo de Silos, de Gonza- 
lo de Berceo, tiene por exclusiva fuente escrita la Vita 
Beati Dominici Conjessoris Christi& Abbatis, del mon- 
je Grimaldo. Y esta cuestion de las fuentes del poema, 
que apenas si habian desflorado los precedentes inves- 
tigadores, nos la da el Sr. Fitz-Gerald enteramente re- 
suelta. 

Agfegaremos que, no s61o en Santo Domingo, sino 
en toda o casi toda su labor poetica, Gonzalo de Ber- 
ceo — este precursor de los grandes misticos del Siglo 
de oro, que el conde de Puymagre compara con Dan- 
te — tom6 no poco del cercado ajeno. Asi sus Mila- 
gros de Nuestra Senora son copia de los Miracles de 
la Sainte Vierge, de Gautier de Coince, aunque copia 
felicisima que, en inspiracion y sobriedad, esta muy 
por cima del modelo frances. De las veinticinco leyen- 
das marianas de Berceo, diez y ocho proceden de la 
produccion de Gautier de Coince. 

Como una segunda parte del precedente libro del 
profesor Fitz-Gerald puede considerarse su Versifica- 
cidn de la cuaderna via, tal como se encuentra en la Vida 
de Santo Domingo de Silos, de Berceo (1). Contiene las 
observaciones metricas que la preparacidn del texto 
del poema le habia sugerido. Limitase su estudio de la 
cuaderna via al poema de Berceo. "Con deliberado pro- 
p6sito — anuncia Fitz-Gerald, en la introducci6n — no 
me he ocupado de ningun otro poema escrito en cua- 
derna via, sino incidentalmente, ya que el de Santo Do- 
mingo, con sus 777 coplas, ofrece suficiente material 



(1) Versification of the-Cuaderna Via, as found in Berceo^ s 
Vida de Santo Domingo de Silos, by John D. Fitz-Q6rald. New- 
York, 1905. 



144 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

para que pueda tomarse como base de estudio y es, 
ademas, el unico poema de cuaderna via del cual po- 
seyamos una edici6n cn'tica apoyada en mas de un ma- 
nuscritow (i). 

Este genero portico apenas si ha sido estudiado mds 
que de paso, aunque algunos de sus aspectos como la 
influenciafrancesaensu formaci6n, esteexaminado con 
su habitual maestria por Men^ndez y Pelayo (2). Aun- 
que considerando que en cierto sentido la cuaderna via 
pudiera clasificarse entre los alejandrinos — sin embar- 
go de no permitir aquella la sinaiefa — , Fitz-Q6rald 
prefiere emplear. el termino cuaderna via, tanto por ha- 
ber estado muy en uso entre los poetas, como por in- 
dicar que es precisamente el alejandrino en coplas de 
cuatro versos. La cuaderna via se compone de cuatro 
versos monorrimos, cada uno de los cuales esta dividi- 
do en dos hemistiquios; estos constan, a su vez, de seis 
silabas si agudos, de siete si graves, y de ocho silabas 
si esdrujulos. 

El capitulo primero esta dedicado a la estructura de 
la cuaderna via. Estudia el autor la disposici6n general 
y silabica, los diversos tipos de versos perfectos y los 
versos imperfectos o cuyos hemistiquios son hiperme- 
tricos catalecticos. «Se vera que el tipo normal (7 + 7) 
representa entre 54 por 100 y 55 por 100 del poema 
entero; pero si se descuentan de este los versos inde- 
terminables (572 en numero) nos haliaremos con que el 
tipo normal representa entre 67 por 100 y 68 por 100 
de los versos determinables de la obraw (3). Bajo la 
categoria de versos indeterminables incluye en una 
larga lista todos aquellos del poema que, en su opinion, 
pueden asignarse a varios tipos, indicando al propio 
tiempo los diversos valores sil^bicos y la acentuaci6n 



(1) Versification, etc., \iiig: IX. 

(2) Antologia de poetas Uricos castellanos, vol. II, pr61ogo. 

(3) Idem, 10. 



ERUDITOS Y POETAS 145 

que le parecen admisibles; en esta lista de versos inde- 
terminables figuran los hipermetricos o catalecticos que, 
una vez corregidos, pertenecen a la misma categoria. 
"Tenemos asi un total de 572 versos indeterminables 
en nuestro poema, todos los cuales — excepto 24, que 
incluimos en la lista bajo la condici6n expresada en la 
pagina 11 [se refiere a los hipermetricos o catalecti- 
cos] — son, sin embargo, perfectamente metricos en 
cualquier forma que se lean" (1). Pasa luego a examinar 
la estructura de la acentuaci6n en la cuaderna via. El 
acento que recae sobre la sexta silaba de cada hemisti- 
quio es el linico fijo en esta clase de versificacidn, y 
consiguientemente el unico acento metrico; mas en 
vista de la monotonia de una composicion larga que no 
Uevase mas que dicho acento, se inclinaacreer que los 
poetas de la cuaderna via usaron con entera libertad el 
acento antirritmico o retorico. Estima que este genero 
de versificacion ha parecido siempre tan monotono 
porque los criticos no tuvieron en cuenta al juzgarlo la 
gran variedad fonetica que podia introducir el poeta 
mediante el empleo de dicho acento. A continuaci6n, 
por via de ejemplo, enumera veintisdis hemistiquios 
que, ademds del acento metrico en la sexta silaba, pue- 
den llevar uno, dos o tres acentos ret6ricos en las sila- 
bas precedentes. Y esto, sin negar la posibilidad del 
empleo de cuatro y aun cinco acentos ret6ricos en un 
hemistiquio. "Cuando se considera que cada hemisti- 
quio es independiente y que el primer hemistiquio, con 
• cualquiera de estas veintiseis variantes, puede combi- 
narse con un segundo hemistiquio que admita, a su 
vez, una de ellas, resulta evidente que las posibles va- 
riaciones del verso ascenderian al numero de 676. Esto 
quiere decir que el poeta estaba libre de embarazos, 
virtuaimente, en lo concerniente al ritmo retorico: que 



(1) Antolosla, pig. 28. 

10 



146 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

este gdnero de poesi'a depende, en cuanto a su ritmo 
mdtrico, de la regular repeticion del acento metrico en 
la sexta silaba de cada hemistiquio: y que salvabale de 
la monotonia, inevitable aun con estos pocos acentos 
metricos, el ilimitado numero de variaciones que el 
poeta tenia a su alcance en la disposicion de los Itema- 
dos acentos secundarios, inmetricales o ret6ricos" (1). 
Y a proposito de acentos, notaremos que el diacritico 
esta muy descuidado en las citas de castellano moderno 
en Versificacidn de la cuaderna via; abundan sobre- 
manera los adverbios que, debiendo llevar acento orto- 
grafico, no lo tienen, y raramente nos topamos con un 
imperfecto de indicativo de la segunda o tercera conju- 
gacion que lo lleve. 

En el capitulo segundo, el autor analiza el hiato y la 
sinalefa en la cuaderna via. Habiendo aplicado al poema 
de Santo Domingo, en la constitucion del t^xto, la teo- 
ria del hiato obligatorio — ya que ninguna otra le daba 
resultados satisfactorios — descubre que de los 6.220 
hemistiquios del poema solo los Q8 que cita son imper- 
fectos sobre la base del hiato forzoso. En vista de ello 
deriva la conclusion que los poetas de la cuaderna via 
se impusieron como includible el uso del hiato y la. 
consiguiente exclusion de la sinalefa. En consecuencia, 
los poetas hubieron de recurrir al empleo de la contrac- 
cion, sincope, apocope y aferesis. Distingue entre la 
sinalefa, donde una de las dos vocales pierde su valor 
silabico, pero sin quedar suprimida, y la contraccion, 
que elimina una vocal enteramente. Punto seguido nos 
da una lista de los casos de contraccion que ocurren 
en el poema de Berceo. Admite que, en principioj todos 
los casos de contraccion provienen c^el primitivo uso 
de la sinalefa, pudiendo considerarse aquella actual- 
mente como una especie de invariable sinalefa. Pasa 



(1) Antologia, pag. 39. 



ERUDITOS Y POETAS 147 

luego a tratar de la sincope y la apocope, enumerando 
los casos de apocope de vocales o de silabas finales 
compuestas de consonante y vocal neolatinas, pues en 
el poema de Santo Domingo apenas si se encuentran 
casos de supresidn de una tinal consonante de la forma 
neolatina. lin lo tocante a la aferesis, sostiene que los 
poetas de la cuaderna via quedaban en entera liber- 
tad — la cual aprovecho Berceo — de servirse o no de ' 
esta figura de diccion en ciertos vocablos; teniendo en 
cuenta su empleo, podran corregirse varios hemisti- 
quios imperfectos del poema. 

La amplitud con que nuestro autor examina, en el 
capitulo cuarto, la dieresis y la sineresis, daria a nuestro 
superficial resumen, si hubieramos de seiialar todos sus 
puntos, una desmesurada extension. Nos limitaremos, 
pues, a fijar sus conclusiones, a saber: que los poetas 
de la cuaderna via siguieron, en general, la misma liber- 
tad de sus predecesores latinos en el uso de la dieresis 
y de la sineresis; que en cuanto a la rima, no admitian 
traba alguna provinente de la vocal, semivocal, conso- 
nante o grupo de consonances que la vocal tpnica pre- 
cediese^ que tal libertad se extendia a la terminacion de 
los preteritos imperfectos de los verbos de la segunda 
y tercera conjugacion, asi como a la colocaci6n del 
acento; y que podfan, finalmente, servirse cuando a 
bien lo tuvieran, de la dieresis y sineresis en las formas 
ley, grey y rey. 

En el capitulo quinto, el autor rechaza la idea de 
que los poetas de la cuaderna via suprimiesen o no 
contaran la primera silaba de los hemistiquios, por pa- 
recerle incompatible con la indole de una poesia desti- 
nada al canto. En cuanto a los nominativos latinos 
acentuados, pocos se encuentran en los poemas espa- 
fioles de esta versificacion. En el de Santo Domingo'no 
hay exceso o superabundancia metrica, aunque si se 
hallara en la sintaxis y sentido de ciertos pasajes. Fitz- 
Gerald cita algunos de estos. Igualmente anota algunos 



148 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

casos de encadenamiento de coplas. Respecto a la rima, 
el poema de Gonzalo de Berceo la posee. En opini6n 
del critico norteameric^no, la asonancia no estaba per- 
mitida en la versificacion de la cuaderna via. Como en 
la edicion de Vergara no hay mas que cuatro coplas de 
cinco versos — que en su propia edicion Fitz-Gerald 
reduce a dos — , y como, de otra parte, la copla de 
cinco versos es contraria a la cuaderna via, nuestro 
autor concluye que Gonzalo de Berceo no debi6 escri- 
bir sino coplas de cuatro versos. 

Concluye la Versificacion de la cuaderna via con un 
apendice en que el autor examina las varias categorias 
y reglas establecidas por el profesor chileno Hassen, 
sobre el uso de la dieresis y sineresis. Tambien se en- 
cuentran alii reproducidos los dos facsimiles del poe- 
ma publicados anteriormente en Vida de Santo Domin- 
go de Silos. 

No solo revelan ambas producciones una conside- 
rable suma de tiempo y labor, sino acierto nada comun 
al examinar, interpretar y exponer sus resultados. En 
cada pagina, en cada linea, hay muestras de puntual 
exactitud y rigor cientifico. Son trabajos solidos donde 
no se encontrara nada injustificable ni ingeniosos argu- 
mentos o sutilezas, sino duras y firmes razones. El au- 
tor no elude problema alguno que le saiga al paso, 
aunque solo sea para reconocer lealmente que lo con- 
sidera insoluble. Respecto a la constitucion del texto 
del poema, en tanto que no aparezca algiin ignorado 
manuscrito, sera dificil componer una edici6n que su- 
pere a la de Fizt-Gerald. En vez de seguir la huella de 
los editores de antaflo, que no vacilaban en poner s.us 
manos pecadoras sobre los textos mas venerables y 
vestirlos y aderezarlos a su gusto, con sus propios tra- 
picos literarios — por cuyo motivo mas de una edicion 
de la Biblioteca de Autores espaholes esta pidiendo a 
voces auto de fe — , el profesor de Illinois ha mostrado 
un plausible respeto por el texto del poema. La expo- 



ERUDITOS Y POETAS 149 

sicion en ambas obras es lucida;'el estilo claro y preci- 
so, pero de una sequedad de esparto, de una aridez al- 
gebraica. 

Entre los modernos, es D. Juan Valera el autor es- 
pafiol mds conocido y mejor interpretado en Norte- 
America. La circunstancia de haber representado a 
nuestro pais en Washington (1885), asi como las nume- 
rosas y cordiales relaciones literarias que alii contraje- 
ra, quizas hayan contribuido en parte a extender su 
renombre. Aun los menos entendidos en achaques de 
literatura espafiola, entre el elemento intelectual, cono- 
cen a D. Juan Valera, siquiera sea de oidas, y — siquie- 
ra sea de oidas tambien — hablan con entusiasmo de 
los primores de su Pepita Jimenez. Sin duda, por su 
arte en el desarrollo del asunto, tan natural, 16gico y 
bien trabado siempre, por su maestria en el^ bosquejo 
de caracteres y sutileza en el analisis psicologico, por 
su tendencia social y filosofica, y sobremanera por el 
palpitante y humano interes de sus novelas, su casticis- 
mo, sal atica y las gallardias de su estilo elegantisimo, 
tiene bien merecido que, dentro y fuera de Espafia, se 
le trate como a gran sefior de las letras. Pero, ^como no 
lamentar que donde el es tan conocido, otros mas altos 
ingenios espaiioles, como el incomparable Gald6s, sean 
tan ignorados? Valera, buen novelista, lozanisimo in- 
g?nio, es inferior en la totalidad de su obra a la Pardo 
Bazan, y muy inferior a D. Benito P^rez Oaldos, prin- 
cipe — sin ditirambo — de la literatura espafiola en el 
periodo contemporaneo, maestro y revolucionador de 
la novela y del teatro. 

Algo parecido ocurre en el terreno de la poesia, 
donde, en tanto que Becquer, poeta desegundo orden, 
con s6lo media docena de r//raas.dignas de figurar en 
las antologfas, es traducido, conocido y alabado; don 
Ram6n de Campoamor, nuestro mejor poeta moderno, 
es poco menos que ignorado. 



150 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

Todo esto nos viene a la punta de la pluma al leer 
el articulo que el Sr. Driscoll Fizt-Oerald dedicaba al 
novelista, critico y poeta espanol en The Bookman (1). 
De los ingenios de la Espafia moderna, el que mas se- 
duccion semeja haber ejercido sobre el profcsor de Illi- 
nois, es D. Juan Varela. Fitz-Gerald describe su entre- 
vista con el literato egabrense en IQOl — es decir, cua- 
tro anos antes de su muerte — , cuyo relato no deja de 
poseer cierto interes. Desde la primera lectura de Pepi- 
ta Jimenez — declara el nortearnericano — habi'a abri- 
gado la esperanza de conocer algun dia a su autor. 
"Realizose esta esperanza a fines del otofio de 1901. 
Nos introdujeron en su biblioteca, un aposento amplio 
y bien iluminado, cuyos muros estaban enteramente 
cubiertos con anaqueles de caoba, combados por el 
peso de la sabiduria y cultura delasedades. En un rin- 
con, una alegre fogata crepitaba. El decorado de la ha- 
bitacion revelaba gusto refinado. Sentado en bajo sillon, 
junto'a un taburete morisco, en el cual se veia aun la 
taza de cafe de sobremesa, estaba Valera. Levantose 
cuando penetramos; jque esplendida figura! Seispieso 
mas de alto, cuadrado de hombros, erguido, con aire 
militar y perfecta cabeza de dios pagano, coronada de 
un gran halo de sedosos y nevados cabellos. . . Perma- 
necio con la mano alargada, aguardando que nos apro- 
ximasemos a el, al par que pronunciaba palabras de la 
mas cordial bienvenida.'^ En ^iquel delicioso ambiente 
sentiase uno a su gusto inmediatamente. Por cortesia y 
tambien, segun creo, por verdadero interns personal, 
hizo recaer la conversacion sobre los escritores nor- 
teamericanos.'Eramuy aficionado a Greenleaf Whittier 
y Russell Lowell. . . y sefialo con orgullo una serie 
de las obras completas del ultimo, a quien habia cono- 
cido cuando Lowell represent6 los Estados Unidos 



(1) Vol. XXI, ano 1905. 



ERUDITOS Y POETAS 151 

como ministro plenipotenciario en la corte de Madrid, 
en 1877. Indescriptibles eran mis sentimien'tos al con- 
templar tan noble figura, al escuchar la brillante conver- 
sacion de aquel hombre, perfecta encarnacion del genio 
de su raza, que habia agraciado tantas cortes y cir.culos 
diplomaticos y que, todavi'a con entero vigor mental, 
estaba confinado en su rinconcito, obligado a retirarse 
de la escena de sus triunfos, por encontrarse casi com- 
pletamente ciego. Fue una tarde que jamas oFvidarc- 
mos, y cuando le abandonamos senti como si hubiera 
estado a los pies de un moderno Homero». 

Para el Sr. Fitz-Gerald, la pureza del estilo y la fir- 
meza de los caracteres son los rasgos dominantes en las 
novelas del literato espanol. Por aquellas paginas, con 
ser los caracteres tal como deben de ser, dejase colum- 
brar siempre la personalidad sugestiva del autor, lo 
cual constituye uno de los mayores encantos de sus 
obras. Al establecer un parangon entre sus tres princi- 
pales novelas, opina que en Dona Luz el plan es mas 
s61ido, mas profundo y sutil el analisis psicologico y 
mas firmes los caracteres que en Pepita Jimenez. A su 
juicio, El Comendador Mendoza, por representar gran- 
diosas leyendas, con todas las caracteristicas de la no- 
vela historica, por su mayor tendencia artistica, ternu- 
ra, fuerza tragica y viril expresion, es la obra maestra 
de D. Juan Valera. Afirma el Sr. Fitz-Gerald que Pepita 
Jimenez abrio la era del renacimiento de la novela es- 
pafiola. «Esta novela no es la mejor obra de Valera, mas 
no deja por ello de tener principal importancia en la 
historia literaria, pues desde su aparicidn data el rena- 
cimiento de la novela espanola. . . Valera rompio con la 
influencia )rancesa y produjo una obra enteramente na- 
cional en espiritu y procedimiento artistico. . . » Y lo 
mas lamentable no es que tal cosa la sostenga un pro- 
fesor tan bien informado en materias literarias, sino 
que dicha opinion esta bastante generalizada en cste 
pais. Evidentemente, o mucho me engafio, o no hay en 



152 EL HISPANISMO EN NORTE -AMfiRICA 

la producci6n literaria espafiola del siglo xix, ni en los 
juicios que la alta critica ha emitido sobre ella, el mas 
fragil fundamento para semejante afirmacion. La hu- 
bieramos supuesto escrita a! correr de la pluma, y sin 
que en ella parase mientes el autor — ya que al fin y al 
cabo se trata de un breve articulo, y no de un estudio 
con pretensiones eruditas — , si no tornase a repetiria 
varios anos despues en su libro Vagando por Espa- 
ha (1), donde dice: "Aunque con las obras de Pereda 
Espana habia cesado de seguir los modelos franceses 
[ya corrige en parte el primitivo error], ni todo el mun- 
do, en general, ni la misma Espana lo sabian; y has- 
ta 1874, que aparece Pepita Jimenez, debida a la pluma 
del mas atico de todos los prosistas espafioles en todo 
tiempo, Juan Valera, Espana no se encauzo por supro- 
pia senda literaria, ni la gente diose cuenta, hasta enton- 
ces, de que la novela espafiola del siglo xix parecia iba 
a levantarse a la altura que alcanzara en el siglo xvii. 

Con prioridad a D. Juan Valera y a D. Jose Maria 
de Pereda, hay en el siglo xix una figura femenina, 
que — cosa singular — no obstante haber llevado a Es- 
pafia, los primeros soplos romanticos, fue la verdadera 
restauradora del realismo en la novela espafiola. Esa 
mujer, dechado de ingenios, de cerebro viril y ternisi- 
mo corazon femenino, no es otra que dona Cecilia Bohl 
de Faber, conocida en el mundo de las letras con el 
seudonimo de "Fernan Caballero", quien, con la pu- 
blicacion de La Gaviota, inaugur6 en 1849 el renaci- 
miento de nuestra novela. 

Antes de que Valera diese a la estampa su Pepita 
Jimenez (1874), habian aparecido a lo menos tres auto- 
res con una veintena de novelas de purisima cepa es- 
pafiola. Gald6s habia dado ya a luz La Fontana de oro, 
escrita desde 1867 y publicada en 1872, y casi toda la 



(1) Rambles in Spain, pdg. 28. 



ERUDITOS Y POETAS 153 

primera serie de los Episodios nacionales (1873-1875); 
Pereda, sus Escenas montahesas, publicadas en colec- 
cion en 1864; y Fernan Caballero, toda su magnifica 
serie de novelas espanolisimas: La Oaviota, Clemencia, 
La )amilia de Alvareda, etc. Conforme el maestro de 
todos, Menendez y Pelayo, semejante restauracion es 
obra de Perez Galdos. «No hay duda, pues — escri- 
be — , que Galdos, con ser el mas joven de los eminen- 
tes ingenios a quienes se debio hace aiios la restaura- 
ci6n de la novela espafiola, tuvo cronologicamente la 
prioridad del intento» (1). Aunque esta afirmacion del 
maestro esta condicionada por el juicio que mas ade- 
lante emite sobre Fernan Caballero, a quien reconoce 
«el merito supremo de habercreadola novela moderna 
de costumbres espafiolasw (2). Y en cuyas novelas, no 
obstante cierto idealismo sentimental, hay «paginas 
empapadas de sano realismo peninsular" (3). Y, ^que 
decir de Pereda, a quien D. Marcelino saludacomo «al 
mas espanol de nuestros escritores" (4), y no se cansa 
de llamarle realista, «realista a la buena de Dios", que 
«reduce toda su est^tica a la proposici6n de sentido 
comun de que el arte es la verdad» (5), con un realis- 
mo «vigoroso y crudo" (6): y quien, conforme Rio y 
Sainz, es un naturalista que esta al nivel del propio 
Zola, aunque para D. Jose Maria Asensio no pase de 
"realista en el buen sentido de la palabra"? Respecto 
de Fernan Caballero, la extraordinaria sensaci6n que 
produio en el mundo literario de Espaila la aparici6n 
de La Oaviota, ten^mosla bien reflejada en la critica de 
'aquel tiempo. Saludaron a este ignorado ingenio que 



(1) Menendez v Pelayo, Estudios de critica literaria (quinta 
serie). Madrid, 1908, pae. 102. 

(2) Ob. cit, ndg. 387. 

(3) Idem, 100. 

(4) Idem, 444. 

(5) Idem, 376. 

(6) La Ilustracidn EspaHola y Americana. Madrid, 1879, vol. I. 



154 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

se firmaba con el seudonimo de Ferndn Caballero — 
cuyo verdadero nombre parecia imposible averiguar— , 
como al restaurador genial de la novela espanola. Esto 
era en el afio 1849. Don Eugenio de Ochoa, mentor de 
la cn'tica a la sazon, senalaba como cualidad sobresa- 
liente su realismo. "El mayor merito de La Gaviota 
consiste seguramente en la gran verdad de los caracte- 
res y de las descripciones: en este punto recuerda a cada 
paso las obras de los grandes maestros del arte, Cer- 
vantes, Fielding, Walter Scott y Cooper; a veces com- 
pite con ellas" (1). Y algunas paginas despues agrega 
que "ciertamente La Gaviota sera en nuestra literatura 
lo que es Wdverley en la literatura inglesa, el primer 
albor de un hermoso dia, el primer floron de la gloriosa 
corona poetica que cenira las sienes de un Walter-Scott 
espafiol" (2). Este es el juicio unanime de la critica es- 
paiiola de antafio. De seguro, nadie prodiga a Fernan 
Caballero juicios tan laudatorios, al par que tan sesu- 
dos, como D. Jose Maria Asensio, el cual, en su estudio 
' Fernan Caballero y la novela contempordnea (3), sostiene 
que su labor senala "una epoca en el arte, su talento 
marco nuevo rumbo, y la novela verdaderamente espa- 
fiola, que no habia dado un solo paso desde que salio 
a luz la ultima obra de Miguel de Cervantes Saavedra, 
se puso, por la fuerza de observacion de aquella escri- 
tora singular, al igual de la de otros paises. . . » Su in- 
fluencia en la literatura contemporanea le parece capi- 
tal. "No puede desconocerse — escribe — la gloriosa 
carrera que ha recorrido la novela espanola desde la 
publicacion de las primeras producciones de Fernan 
Caballero. El ingenio original de esta escritora marco 



(1) Prologo a Obras completas de Fernan Caballero (novelas). 
Madrid, 1895, vol. H, pag. 25. 

(2) Idem, pag. 36. , ^ . „ 

(3) Estudio preliminar de Obras completas de Fernan. Caballero 
(novelas). Madrid, 1893, vol. I, pig. 159. 



ERUDITOS Y POETAS 155. 

nuevo camino y dio el ejemplo, mostrando los grandes 
efectos que se alcanzan con la observacion de la natu- 
raleza y el estudio de los caracteres" (1). Refiriendose 
a Cervantes, declara: «Desde queeste inmortal escritor 
trazo sus inimitables obras, la novela espanola no ha- 
bia vuelto a presentar ejemplares de caracter propio, 
hasta la aparicion de Fernan Caballero" (2). Y hablando 
de La Gaviota insiste: «La cadena interrumpida desde 
la publicacion de las Novelas ejemplares se reanudaba: 
sin eslabones intermedios se enlazaron, a traves de dcs 
siglos de distancia, los nombres de Miguel de Cervan- 
tes Saavedra y de Fernan Caballero" (3). No parece, 
pues, que queda duda acerca de quien fue el verdadero 
inspirador del renacimiento de la novela espafiola. 

En lo concerniente a aquella otra afirmacion del se- 
nor Fitz-Gerald sobre que imltodo el mundo, en gene- 
ral, ni la misma Espafia !o sabian", no sabriamos que 
partido tomar, pues una escritora que se halla tan al 
corriente de la literaiura contemporanea como de la 
clasica, doiia Blanca de los Rios de Lamperez, asegura 
que La Gaviota fue "la novela mas lei'da fuera de Es- 
pafia en el siglo xiX" (4). Por cierto^que la mas antigua 
versi6n norteamericana que se hizo de una obra espa- 
nola es la d^ Elia, o Espafia treinta anos ha, de Ferndn 
Caballero (5). 

Por lo demas, el Sr. Fitz-Gerald acierta al juzgar la 
labor de D. Juan Valera. Las opiniones que no podia 
^1 sino apuntar en su pequeno articulo, se hallaran re- 
forzadas — salvo la capital relativa al renacimiento de 
la novela — en juicios criticos que, sobre el autor de 



(1) Estudio preliminar de Obras completas, pig. 178. 

(2) fdem, 184. 

(3) Idem, 185. 

(4) Ferndn Caballero, en Blanco y Negro. Madrid, 7-XI-1Q15. 

(5) Elia, or Spain fifty years ago (traductor anonimo), Appleton 
and Co. New-York, 1868. 



156 EL HISPANISMO EN N0RTE-AM£RICA 

Pe pita Jimenez, habi'an ya emitido Canovas del Casti- 
llo (1) y Guillermo Dean Howells (2). Y ya que Fitz- 
Gerald aiude a la estimacion literaria que Valera pro- 
fesaba a varios poetas norteamericanos, hubiera sido 
oportuno consignar lo que sin duda no ignora el pro- 
fesor de Illinois, que Valera tradujo al espanol algunas 
poesias de Lowell, Whittier y Story, las cuales se ha- 
llaran en sus Canciones, romances y poemas, con notas 
de Menendez y Pelayo, en la Coleccion de escritores 
castellanos (Madrid, 1885). 

A la muerte de Menendez y Pelayo, nuestro autor 
publico una ligera y brillante impresion critica (3) so- 
bre el gran poligrafo, cuya ciencia y erildicion teni'an 
cimientos "tan amplios como la vida de la humanidad 
y tan profundos como el coraz6n de la humanidad". No 
le parece unicamente el mas grande humanista del si- 
glo XIX, sino digno companero de los mas ilustres hu- 
manistas de todos los tiempos, //pues a el como a nin- 
gun otro moderno, podn'an aplicarse»/ las palabras de 
Terencio: "Homo sum: humani nihil a me alienum puto». 
Le presenta como una figura nacional, porque no obs- 
tante su vida de confinado en archivos y bibliotecas, y 
su apartamiento del pueblo, era por toda la peninsula 
conocido y reverenciado. Su generosidadtomoamigo, 
critico y erudito no reconocfa li'mites. Cuanto era y 
cuanto valia — dice Fitz-Gerald — , su biblioteca, su 
tiempo, su saber, su ayuda, estaban siempre a la dispo- 
sici6n de sus colegas, para quienes era, con su porten- 
tosa sabiduria, un constante gufa espiritual. Aunque, 
comb critico, no era adulador ni mucho menos, mos- 
trabase siempre amable y generoso; no pasaba por alto 



(1) Pr6Ingo a la edicion titulada Novelas, de D. Juan Valera 
Madrid, 1888. 

(2) Editor's Studv, en Harper's New Monthly Magazine, No- 
viembre 1886, vol. LXXIII. 

C^) Obituary: Marcelino Menendez y Pelayo (1856-1912), by 
John D. Fitz-Gerald, en The Romanic Review, 1913, vol. IV. 



ERUDITOS Y'POETAS 157 

los errores, pero tampoco se ensanaba con el autor, 
siiio que tras senalar aquellos con suave firmeza, apre- 
surabase a entrar en la exposicion y analisis de cuanto 
bueno contuviera su trabajo. «Pues, despues de todo, 
lo que le interesaba — y esto pinta al hombre — no era 
el error, sino la verdad, que el busco siempre y en to- 
das partes". De su memoria sin par, cita elcaso de ha- 
ber escrito el admirable bosquejo de la novela de Gre- 
cia y Roma, que forma el primer capitulo de Origenes 
de la novela, «guiado linicamente — como apunta el 
propio D. Marcelino — por la impresion y recuerdo» 
de sus precedentes lecturas de los clasicos. "Lo leia 
todo, y libro que leyese constituia una permanente ad- 
quisicion mental, pues su memoria prodigiosa jam^s 
olvidaba nadav (1). Espafiol y catolico con todas las 
fibras de su alma, cuaiidades ambas que tanto le enor- 
gullecian, fue el campeon de la Espana tradicional y 
renovador de la historia literaria y de la critica espano- 
las. Y si como historiador literario, critico, fil6sofo y 
literato, llego a ser Menendez y Pelayo una eminencia; 
como hombre, por su religiosidad, patriotismo y amor 
de la verdad, fue ifiasgrande aiin. 

Ese es el encendido elogio que del mas ilustrehu- 
manista que Espana tuvo desde los tiempos de Luis 
Vives, hace el profesor de Illinois; sentida y hermosa 
apologia que resuena con dulce eco en el coraz6n de 
cuantos, por la lectura o la palabra, recibimos — con 
uncion, tal como los hijos de Atena,s escucharon un 
tiempo la voz de Socrates — aquellas ensenanzas bue- 
nas y sabias del maestro. 

En colaboracidn con el malogrado profesor Hdwland 
Guild, nuestro autor ha vertido al ingles Un drama nue- 



(1) ■. . . parece haber lefdo poco menos que todo, y no haber ol- 
vidado casi nada«, habia ya dicho Fitzmaurice-Kelly en 1907. (Mo- 
dern Languages Notes, vol. XXII, pag. 14.) 



158 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

vo, de Tamayo y Baus (1). En su introduccion, de corte 
elegantisimo, Fitz-Gerald declara haberle impresionado 
hondatnente esta produccidn dramdtica. Vn drama nue- 
vo es, no s6lo la obra maestra de Tamayo, sino "Una de 
las grandes piezas de todas las literaturas". Desde el 
punto de vista de la tecnica ie parece impecable; los 
personajes estan perfilados de modo magistral, y la 
forma y el estilo es de lo mejor que ha salido de la plu- 
madel dramaturgo Catalan. La sobriedad de expresion 
de Tamayo y Baus, su rico vocabulario y estilo clasico, 
unido a su fuego romantico, temptramento caballeresco 
y profunda religiosidad, son para Fitz-Gerald las cuali- 
dades que hicieron su labor «unica en la escena es- 
paiiola". 

Al final de la introduction, adyierte que Vn dra- 
ma nuevo habia sido ya vertido al ingles y represen- 
tado, con el titulo de Yorick's Love, hace algunos anos 
en el teatro Day de Nueva York. Cita el nombre de 
la compafifa y de los actores a cuyo cargo estuvieron 
los principales papeles, mas omite el de su preclaro 
traductor, quien no fue otro que D. Guillermo Dean 
Howells. 

La version de los Sres. Fitz-Gerald y Howland 
Guild esta limpiamente hecha, con justeza y ductilidad. 
La prosa, tersa, correctisima, conserva aquel sabor ati- 
co del original, ya que no la opulenta sonoridad y ga- 
llarda altivez tan propia del castellano. E! estilo es atil- 
dado y elegante (2). 



(1) A New Drama (Un drama nuevo). A Tragedy in Three acts 
from the Spanish of Pon Manuel Tamayo y Baus. Translated by John 
Driscoll Fitz-Gerald and Thacher Howland Guild, with an intro- 
duction by Jonh Driscoll Fitz-Gerald. New-York, 1Q15. 

(2) He aqui los restantes trabajos de Fitz-Gerald: en colabora- 
cion con Leora A. Fitz-Gerald, una edicidn anotada dc Novelas a la 
senora Mclrcia l eonarda, de Lope de Vega (en Romanische For- 
schungen, 1915, vol. XXXIV, pags. 278-467); Caballeros tiinojosas 
del slglo XII (en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1902, 



ERUDITOS Y POETAS * 159 



IV 



Cuando tantos son los que dentro de nuestro pro- 
pio solar parecen mudos y ciegos para las nobles cosas 
de la patria, Carlos Upson Clark, ex catedratico de la 
Universidad Yale y, desde fecha recientisima, director 
de la Escuela norteamericana de estudios clasicos, en 
Roma, levanta su vcz elocuente y autorizada en favor 
de Espaiia, y canta sus tradiciones gloriosas, sus haza- 
fias, lo que el mundo debe a sus artistas, descubrido- 
res, navegantes y conquistadores, las virtudes del pue- 
blo, su sobriedad e hidalguia, sus ansias de cultura y 
progreso, el recio temple del alma espanola y nuestro 
actual y brioso renacimiento. Y en sus conferencias y 
propagandas descubre el complete panorama de la vida 



volumen VI); Spanish Etymologies (en Revue Hispanique, 1899, vo- 
lumen VI); y un breve articiiloacerca de las Universidadesespanolas 
(en The Illinois Magazine, 191 1, vol. III). Ha publicado ligeras no- 
ticias bibliograficas sobre la edicion, hecha por Rennert, de La Isla 
Barbara y i a guarda cuidadosa (en Modern Languages Notes, 
1898, vol. XIII); la de Electro, debida a O. G. Burnell (idem, 1904, 
volumen XIX); / a poesia Urica en el teatro antiguo, de Mariano 
Catalina, y del Fernando Herrera, dc A. Coster (en The Romanic 
Review, 1912, vol. III). Es tambien ai.tor dc un libro deimpresiones 
de viaje sobre la Peninsula, intitulado Rambles in Spain (New-York, 
1910), que primero publico, bajo liiulo diferente, en una revista nor- 
teamericana (A Reading Journey Through Spain, en The Chautau- 
(fuan, 1909, vol. LV). Esta escrito en lerminos afectuosos y muestra 
esa precision de pormenores propia de libros compuestos sobre el 
terreno. 

En la asamblea de The Modern Language Association of Ameri- 
ca, celebrada en el mes de Diciembre de 1916, en Chicago, ley6 un 
trabajo, compuesto en colaboracion con LeoraA. Fitz-Qerald, so- 
bre The Legend of Judith and Holofernes in Spanish Literature. 
Ticnen en preparacion ediciones, para uso escolar, de El pdjaro 
verde, de Valera; La verdad sospechosa, de Ruiz de Alarc6n, y 
Electra, de Oaldos, y en colaboraci6n con Crawford y Umphrey, 
una A a to log fa de la literatura espanola. 



160 EL MISPANISMO EN NORTE- AMERICA 

hispana, con cabal conocimiento de ella, con vivo y ge- 
ncroso entusiasmo. 

Un tanto mudos andamos todos por casa para quie- 
nes, como el profesor de Yale, sin mas estimulo que su 
amor a Espana, sin mas objeto que daria a conocer, y 
ensalzarla, sin mas recompensa que la gratitud de unos 
cuantos espanoles que conocen su labor, rompe lanzas 
en defensa de nuestro pais. Nadie parece acordarse de 
el en Espana, ni la prensa, que, ya que este caballero da 
publicidad a las viitudes de la raza, parece llamada al 
menos a dar notoriedad a su nombre, ni nuestro go- 
bierno, cuyas condecoraciones lucirian con mas esplen- 
dor en el pecho de algunos extranjeros que en el de 
muchos de esos politicastros que andan por casa, por- 
que mas pruebas dan aquellos de su amor a Espafia, y 
mas desinteresadas y eficaces. Mas se debe a algunos 
de ellos que a muchos 

Personajes, personas 

y personillas 
que corren por las tierras 

de ambas Castillas. 

Ningun aliento le viene de la peninsula, y, sin em- 
bargo, el profesor Clark continua su hermosa labor de 
propaganda, que hace ocho anos iniciara, dejando escu- 
char su palabra autorizada en favor de nuestro pais por 
todos los Estados de la vasta federacion, desde Califor- 
nia hasta Nueva Inglaterra, en Universidades como las 
de Michigan y Wisconsin, en asociaciones populares y 
centros de cultura, dando que decir mucho y bueno a 
la prensa norteamericana. Lleva pronunciadas mas de 
doscientas conferencias sobre Espafia, y nadie se da 
todavia por enterado en nuestro pais. El brillante exito 
personal de sus conferencias, aunque grande de suyo, 
es el unico que ha alcanzado en su larga y fructifera 
campana de propaganda. 

El profesor Clark, que no s61o ha consagrado un 



ERUDITOS Y POETAS 161 

estudio particular a las cosas de Espana, sino que ha 
vivido entre nosotros por algiin tiempo, conoce todo lo 
que hay de venerable en la peninsula, sus monumentos, 
sus artes, sus tradiciones y hasta la vida pintoresca del 
hampa espafiola, hallandose familiarizado con nuestras 
costumbres, lenguaje, caractery desenvolvimiento inte- 
lectual, material y artistico. Y es sorprendente que, 
yanqui del mas puro origen anglo-sajon, haya sabido 
ITenetrar tan honda y certeramente en el alma espaiiola. 
De aqui su simpatia hacia Espana; de aqui que la admi- 
re, por lo mismo que todos admiramos la antigiiedad: 
no ya porque es vieja y gloriosa, sino por el fondo de 
sencillez y naturalidad que en ella alienta y por lo recio 
de su caracter. El catedratico de Yale simpatiza con los 
hijos de la peninsula porque los conoce a fondo, porque 
se identifica con el alma espafiola, y juzga, no de acuer- 
do con sus propias ideas y sentimientos, no desde el 
punto de vista norteamericano o Frances o ruso, sino 
desde el punto de vista espafiol. Ahi esta'la clave, el 
secreto de que tantos extranjeros de buen juicio y 
buena voluntad se engaiien al juzgar Espana, traicio- 
nando sus limpios prop6sitos de imparcialidad. Nadie 
puede emitir un fallo justo e imparcial sobre Espafia 
sin espaiiolizarse en cierto modo. No se puede conocer 
ni, consiguientemente, juzgar ningun pais a"menos que 
se sienta simpatia por el, y que sus cosas se vean con 
los ojos del cuerpo y tambien con las pupilas del alma. 
Recuerdo haber leido en alguna parte que es un hecho 
que sin amor no puede esperarse aprender, ni mucho 
menos ensenar a los otros, los secretos de Espana. Algo 
parecido dijo, en terminos generales, un pensador de 
altos vuelos: «Para conocer de veras una cosa es preciso 
amarla y simpatizar antes con ella" (1). Como el profe- 
sor aleman H6rneffer, como Hanotaux, Meynadier, 



(1) Carlyle, On heroes. 

11 



162 EL HISPANISMO EN NORTE-AMERlCA 

Havelock Ellis ytantos otros pensadores contempora- 
neos, el catedratico norteamericano tiene fe en los des- 
tinos de Espafia y en su porvenir. 

Hombre de severa disciplina mental, de pertecta es- 
crupulosidad cientifica, concienzudo y veraz, ha consa- 
grado muchos afios al estudio y labor preparatona que 
ahora le permite pintar de mano maestra la vida espa- 
nola. En sus conferencias presenta y anaUza la vida 
nacional en todos sus ordenes, dandonos sobre todo 
una visi6n magnifica de la Espana monumental de sus 
vieias ciudades, de sus catedrales y museos del paisaje 
austero y grave de los campos de Castilla, solar augusto 
de la raza Presenta todas las cuestiones con esa senci- 
llez claridad y precision que distingue a estos hombres 
del'norte. Describe las cosas de nuestro pais con tal 
iusteza, verdad y vigor que mas que oyentes^ a veces 
creemos ser espectadores. Su elocucion clara y elegante, 
su lenguaje puro y digno, su tone de perfecta smcen- 
dad su continente austero y noble, nos dan una impre- 
sion de veracidad absoluta, al par que su ingenio, que 
de vez en cuando rompe con una metafora pintoresca, 
reviste sus conferencias de la mayor amenidad Pocos 
conferenciantes he escuchado que atraigan tanto la 
atencion de su auditorio; y lo atribuyo a que en sus 
conferencias -platicas, mas que discursos - parece 
dirigirse individualmente a cada uno de sus oyentes. 
Acostumbrado a hablar ante un publico ilusradoe in- 
dependiente, reduce su critica personal a lo estncta- 
mente necesario para completar su exposicion, y deja 
a su auditorio que critique y juzgue P^r si mismo. Y si 
alfro censura — puesto que no hay medalla sin rever- 
se -ftiene el raro privilegio de hacerlo sm lastirnar 
Publicista, latinista distinguido, autorizado entice 
dearte D. Carlos Upson Clark ha publicado tambier 
varios trabajos acerca de Espafia. Su Collectanea His- 
pdnlca, en prensa y proxima a publicarse bajo los aus^ 
picios de la Academia de Ciencias de Connecticut, e: 



ERUDITOS Y POETAS 163 

un hcrmoso libro de paleografia hispano-visigotica, 
cuya copiosa insercion de manuscritos casi duplica en 
niimero e importancia a los mas completos tratados de 
su genero publicados hasta hoy, con excepcion de la 
notable obra de un compatriota suyo: Paleographia 
Iberica, por D. Juan M. Burnam, que tambien contiene 
grandes y hermosos facsimiles, y cuya primera parte 
fue publicada por la casa editorial Champidn, de Paris, 
en 1911. En Collectanea hallamos una noticia historica 
de los trabajos relativos a la escritura visigotica-espa- 
nola; detallada lista, con bibliografiay sucintas descrip- 
ciones, de todos los manuscritos de dicho genero (si- 
gios VI al xii) existentes en la actualidad; catalogo delos 
copistas y miniaturistas cuyas obras se conservan; idem 
de todos los facsimiles fotograficos <ie los manuscritos 
visigoticos anteriormente publicados; discusion de las 
particularidadesydesenvolvimiento historico del carac- 
ter de la letra, con especiales referencias a la ortografia 
abreviaturas, etc., y setenta facsimiles fotograficos de 
manuscritos hasta ahora no reproducidos. 

Este libro, escritd en frances, se halla dividido en 
tres extensos capitulos, cada uno de los cuales cpntie- 
ne numerosas divisiones y subdivisiones. Encontrara el 
lector en el primer capitulo una relacion sucinta de los 
pj-ecedentes trabajos sobre la escritura hispano-visigo- 
tica. Corresponde a Ange de M6dena el honor de ha- 
ber distmguido antes que nadie, en 1532, una escritura 
hispanica. En el afio 1606, nuestro compatriota. Bernar- 
do Aldrete da a la estampa el primer manuscrito visi- 
g6 tico en su libro Del origen y prlncipio de la lengua 
castellana, publicado en Madrid. Mabilldn, el funda- 
dor de la ciencia paleografica, no tuvo, al parecer, no- 
ticia de los c6dices,visig6ticos, pues el uriico documen- 
to que inserta en su obra De Re Dlplomdtica — un di- 
ploma de Alfonso IX — , no posee, a juicio del sefior 
J-lark, «nada de netamente visig6tico", aunque por tal 
10 da aquel. En 1738 aparece la excelente producci6n 



164 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

paleografica intitulada Biblioteca t;'^'''^ '«' .ff .'"p^f 
lraf& Espmwla, compuesta por D- Cristobal Rodri- 
fuezv que, de orden de Su Majestad, publico D. Bias 
intonio Nasarre y Firriz, su bibliotecar.o mayor. »Ete 
Ubro interesante, en folio, esplSndidamente .mpreso, 
debe su origen a la obra de Mabillon, de la cual Rodri- 
guez copia varias planchas. Segta el prefacio de Nasa- 
rre era aqud un archivero pleno de ambicion que h^a- 
blaya proyectado su libro antes de conocer el del gran 
bLnedictino; despu&, .valiindose de las escritu as y 
caracteres que este doctisimo varon copia en sus libros 
DeZoiX'n'itica, aumenl6 el volumen de las que 

^nirdesc^radas, de las cuales inte"'° h^"L,""ios no 
que copio muchas veces y que por falta de medios no 
nodia dar al piiblico. Pero esta misma imposibilidad le 
Fuf maestra de otra ensenanza: tan cierto es que la ne- 
cesidad es madre de las Artes. Dej6 la pluma y tom6 el 
bur il, y traslad6 con su mano al bronce.partede lo que 
habii Due'sto en el papel, digno, a su luicio, de grabar- 
se en mis precioso metal- (1). Y aunque, muerto a edad 
?empr?na, no le fu6 posible escribir la h.storia de la es- 
crltura hbpana, pertenteele a Rodriguez el lauro de 
figurar eX lo's primeros que en Espafla se preocupa- 
ran de la paleografia visigotica. El profesor de Yale nos 
da notii?as de Nasarre, de los benedictinos francese 
Tniistain V Tassin, que reimprimen en 1755 la obra at 
Mabi 16n revisaday amplificada, con el titulo de Nou- 
IZTaiUde Diplomatique- en la cual sostienen que 
la llamada escritura visigotica no es sino la misma ro- 
mana aunque mas nitida y ficil, .como de una mano 
menos anc?ana y mas exacta- Aparece hacia la misma 
?Doca el iesuita espanol Terreros, quien da a la publi- 
ddad uni serie de manuscritos visig6ticos que, en op- 

(1) Nopodemos citar las piginas correspondientes en nu«^ra! 
referencias a ColUctdnea Hispdmca. por haber leido esta obra am 
sin paginacion, en pruebas de imprenta. 



ERUDITOS Y POETAS 165 

nion suya, comprenden todas las formas de las mi- 
nusculas desde la invasion arabe ha'sta la reconquista de 
Toledo. Por entonces florece tambien el insigne agusti- 
110 Enrique Florez (1702-1773), autor de la Espana Sa- 
grada, celeberrimo anticuario y numismatico, que hizo 
igualmente felices incursiones por los dominios de la 
paleografia. El P. Andres Merino de Jesucristo es el ul- 
timo gran pale6grafo espaiiol, quien publica en 1780 su 
libro Escuela de leer letras curslvas antiguas y moder- 
nas, desde la entrada de los godos en Espana hasta 
nuestros tiempos. A juicio de Clark, aquel espafiol ilus- 
tre echo los verdaderos cimientos de la paleografia visi- 
gotica, y sorprendese de que tan poco se haya edificado 
desde entonces hasta fines de la pasada centuria. Ocii- 
pase nuestro autor, despues, de algunos eruditos ex- 
tranjeros que en la postrer decada del siglo xix, y en lo 
que va del corriente, llevan a feliz termino trabajos de 
gran importancia para el estudio y conocimiento de 
nuestra paleografia. Entre ellos figuran Julio Tailhan, 
el P. Cahier, Leopoldo Delisle, Edwald, Loewe, Beer, 
Scato de Vries y el precitado profesor norteamericano 
Burnam. Punto seguido, y con relativa extensi6n, expo- 
ne las conclusiones de la Paleografia Vlsigoda, de don 
Jesus Mufiozy Rivero, impresa en 1881. 

En el capitulo segundo presenta una lista de los 
manuscritos visigoticos de que tiene noticia,' cataloga- 
dos por orden topografico, es decir, segun los archivos 
en que se-encuentran. Cada uno de los codices va acom- 
pafiado de corta resena descriptiva, asi como de breves 
comentarios cuando por alguna peculiaridad los re- 
quieren. Sigue una lista de los manuscritos dispuestos 
por orden necrologico. Otra de los copistas y miniatu- 
ristas cuyos nombres aparecen estampados al pie de 
los codices existentes. A continuaci.6n, nueva lista de 
los lugares donde fueron escritos. Al fin, un catalogo 
de los facsimiles de manuscritos visigoticos. 

Trata, en el capitulo tercero, de las caracteristicas 



166 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

de esta escritura. Principia por exponer su concepto: 
escritura visigotica es la cursiva o minuscula usada en 
Espafia hasta los albores del siglo xii/en que los mon- 
jes de Cluny introducen en nuestro pais la minuscula 
francesa. Una tras otra, analiza todas las letras del alfa- 
beto, en sus trazos y ligaduras. Pasa luego a- las abre- 
viaturas. "En este sistema de abreviaturas — escribe — 
es donde la escritura visigotica se distingue netamente 
de las otras escrituras nacionales«. Puede decirse que 
en aquella se emplean todos los generos de abreviatu- 
ra conocidos, pero caracterfzase particularmente por 
conservar las consonantes o la mayoria de ellas, y su- 
primir las vocales o su mayor parte, como se observa 
efi la escritura semitica; de ahi que Traube califique 
esta particular suerte de abreviatura por contratcion 
"hebraica". "Diversos metodosse emplearon en Espa- 
fia para senalar la abreviatura, tanto la de supresion 
como la de contraccion. El trazo horizontal (colocado 
encima de una letra baja o atravesando el palo de una 
letra alta) es la mas sencilla: es el trazo derecho o lige- 
ramente curvado. Mas caracteristica es la combinac'ion 
de un trazo y de un pUnto o de dos trazos paralelos, o 
de punto y coma. Se hallaran tambien un ganchillo co- 
locado encima o debajo de la li'nea; una s o -f ; y otros 
signos, que se ban ido desenvolviendo en diversos sen- 
tidos". Estas minucias son de capital importancia, pues 
solo mediante ellas se llegara a establecer un metodo 
que perinita clasificary fijar la fecha de los codices vi- 
sigoticos. El autor pasa a discutir semejantes abreviatu- 
ras y su desenvolvimiento en los dlferentes manuscri- 
tos. Nos da, despues, una lista, por orden alfabetico, 
de las abreviaturas que, conforme el procedimiento in- 
dicado, le parecen caracteristicas de esta escritura. En- 
tre ellas hay algunas que indican, a primera vista, que 
los codices se escribieron en Espafia o se copiaron de 
un manuscrito visigotico; en particular las que van a 
continuacion: apstls o apsis (apostolorus), aum (autem). 



ERUDITOS Y POETAS 167 

epscps o epscs (episcopus), ihrslm (Hrerusalem), shrl o 
srl (Israel), nsr (noster) y usr, (vester), p (per), q (qui). 
Masadelante nos ofrece un resumen de los signos gra- 
ficosespanoles mas caracteristicos del periodovisigodo, 
segun orden alfabetico, sacando la conclusion de que 
los codices que contienen los signos graficos quum, 
quur, mici, nicil, summere, hunus, hut, trait, stius, spa- 
nia, storia, istare, iscribere, kcarus, volumtas, sumsi,, 
temto, pueden considerarse como de probable origen 
espaiiol. 

Tocante a los signos diacriticos y la puntuacion, 
promcte estudiarlos en una obra sobre la historia de la 
puntuacion antigua y medioeval que tiene en prepa- 
racion. 

Los ultimos parrafos de Collectanea Hlspdnica estan 
consagrados a la evolucion de la escritura visigotica, en 
cuya materia el autor comparte — con cierta reserva, 
por considerarlas algo atrevidas — las corfclusioqes de 
Loew, que la divide en tres peri'odos, a saber: "El pri- 
mero esta representado por los antiguos monumentos, 
pertenecientes a los siglos viii y ix. La escritura es muy 
cerrada. El trazo no es fino. Las letras sin palo son bas- 
tante grandes; las curvas de m, ny h, bajas; el ultimo 
palote esta vuelto hacia dentro. La separacidn de las 
palabras es imperfecta. El signo de interrogacion esta 
agregado por una mano mas reciente. Los signos de 
abreviatura por suspension en -bus y -que, estan gene- 
ralmente colocados encima de 6 y de ^ {b' q'). El segun- 
do periodo abarca desde fines del siglo ix hasta princi- 
pios del X. La escritura esta menos cerrada y es mas 
gruesa; los palos.de las letras altas tienen forma de 
mazas; las letras sin palos son mas altas que anchas; el 
•ultimo palote de m,nyh esta vuelto a menudo hacia 
fuera. La separacidn de las palabras, mas distinta. En- 
cuentrase en uso el signo de interrogacion. Las suspen- 
siones de -bus y -que estan marcadas ya por un punto 
y coma, ya por una especie de rubrica en forma de s. 



168 EL HISPANISMO EN NORTE-AM^RICA 

El tercer periodo comprende los manuscritos de los 
siglos X y XI. Las letras estan mejor espaciadas; el trazo 
suele ser fino. El cuerpo de la letra, bastante alto y dcl- 
gado. El palotc final dt m, n y h esta regularmente 
vuelto hacia afuera. Los palos de las letras altas son, en 
particular, caracteristicos; se terminan en un minusculo 
ganchillo o en cabeza de mazo. Las suspensiones de 
-bus y -que estan sefialadas por una riibrica en forma 
de s colocada encima de 6 y q; el punto y coma del 
primer periodo esta hecho aqui de un solo trazo con- 
vencional. El cuarto periodo se caracteriza por la deca- 
dencia y pesadez de las antiguas formas y el empleo de 
elementos nuevos" (1). 

Como habra podido verse, el autor de Collectanea 
Hispdnica no se propuso hacer la historia de la escri- 
tura visigotica; considera que son muchos los proble- 
mas que aun quedan por resolver, y que, en tanto no 
se publiquen los facsimiles de todos los manuscritos 
conocidos, es empresa de invencible dificultad. En 
efecto, pensamos que una historia de la paleografia 
visigotica en el presente estado de esta disciplina, no 
solo habia de carecer de aquellos solidos cimientos que 
hacen permanente, o durable siquiera, una labor seria, 
sino que resultaria imposible emprenderla con todo 
rigor cientifico. Quien en lo porvenir, tras nuevos des- 
cubrimientos de codices y su completa ordenacion, es- 
criba dicha historia podra, si grandes son sus fuerzas y 
grande su ambicion, alzar un estable monumento al 
saber; pero en la actualidad sen'a fragil y cuarteada 
fabrica que, desde el primer instante, amenazase ruina. 
Por eso nada mas plausible que haberse limitado, como 
hizo el Sr. Clark, al acopio de materiales y su perfecta 
ordenacion. En este particular aspecto, su obra es va- 
liosa, aunque naturalmente quienes vengan tras el y 



(1) M. E. A. Loew, Stadia Palaeographica, en Stzangsberchte, 
de la Academia de Munich, 1910, pags. 80-81. (Citado por Clark.) 



ERUDITOS Y POETAS 169 

aprove'chen su propia labor, podran pronto aventajarle. 
Si se considera el estado embrionario de la paleografia 
espanola, el caracter fragmentario de sus trabajos, se 
apreciara debidamente la sistematica produccion del 
profesor de Yale; con sus listas, su multiple y varia 
catalogacion de manuscritos, noticia de sus peculiarida- 
des y puntuales datos sobre la fecha y lugar en que se 
compusieron la mayoria de ellos y archivo donde al pre- 
sente se encuentran, ha lanzado un haz de rayos de luz 
en las tinieblas de la escritura medioeval que, a cuantos 
Ise internen por sus aridos terrenos, servir^ de norte. 

i Las exploraciones y correrias del Sr. Clark por los 
'archivos espanoles, por la Espaiia medioeval, a cazade 
manuscritos, miniaturistas y copistas visigoticos, des- 
pertaron su interes por la Espafia moderna. Pues aun- 
que dicen que los muertos mandan, no suelen inspirar- 
nos tanta curiosidad, simpatia e interes como los con- 
temporaneos. En sus Impresiones de Espafia (1) com- 
para el espiritu hospitalario de la region occidental de 
loS Estados Unidos, proverbial en toda la federacibn, 
con la hospitalidad espanola, cuya franca acogida y cor- 
tesanfa si en algo difiere, sera en mostrarse mas deli- 
cada que la cortesia, levemente brusca, de los anglo- 
sajones. Claros y constantes en todos los actos de la 
vida y en toda ocasion son la urbanidad del pueblo y 
ese anciano sentimiento de hospitalidad, propio de 
gentes que viven en contacto I'ntimo con la naturaleza 
y se apiadan del extranjero, que a merced de estaparece 
encontrarse; cuyo sentimiento hospitalario juzga parti- 
cularmente acentuado y manifiesto en la poblacion agri- 
cola. Y acaso en dicho contacto con la naturaleza tengan 
sus raices la sobriedad, la dignidad y originalidad del 
pueblo castellano en especial. Tocante a la originalidad, 



(1) Artfculo publicado en el peri6dico espanol Las Novedades, 
de New-York, lO-VI-1915. 



170 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA - 

afiade: u Nihil nlmis es el lema indulgente con que parece 
justificar sus audacias de pensamiento, por singulares 
que scan. Con el alma libre para desenvolverse en estas 
mesetas agrestes, sin trabas ni convencionalismos, sin 
la disciplina de los poblados, esos espaiioles han dado 
a la civilizacion universal algunos de sus rasgos, de sus 
instituciones, de sus monumentos mas singulares: San 
Ignacio de Loyola y los jesuitas, Santo Domingo y la 
Inquisicion, la colosal mole del Escorial, los muros de 
pintada^ vidrieras de la catedral de Le6n, la prodigiosa 
latitud de la nave en la de Gerona, la extravagancia de la 
arquitectura churrigueresca, los caprichos de Goyaw. Y 
no menos caracteristicas del espiritu ibero considera la 
mezquita de Cordoba y la Alhambra. Ya que el no se 
detuvo a explicarlo, ignoramos por que han de tenerse 
los dos ultimos como genuinas creacionesde la raza 
iberica. • ' 

En otro trabajo, sobre los monumentos arabes dte 
Andalucia (1), tras apuntar la circunstancia de haber 
preservado la fortuna los mejores monumentos de aqiie- 
ila raza artista en los dos extremos, oriental y occiden- 
tal, de los vastos territorios que rindieron tributo a 
Bagdad (el Taj-Mahal y la Alhambra, las grandes mez- 
quitas de Agra y Cordoba), dice que el turista norte- 
americano es raro efti Espafia. Mientras el Baedeker 
aleman para Espafia y Portugal solo alcanza a la cuarta 
edicion, el del norte -de -Italia llega a la decimaoctava. 
Consignalo el Sr. Clark sin muchas lamentaciones, por- 
que, al fin y al cabo, asi no esta echado aiin a perder 
el pais por los turistas. «Aquel que conoce y ama su 
Espafia, no querria que la cosafuera de distinto modo; 
desaz6n le entra a la sola idea de que Granada llegara 
a ser otra Fiesole, un paraiso de solteronas inglesas y 
advenedizos norteamericanos". 



(I) With the Moors in Andalusia, en Art and Archaeology, 
1915, vol. I, pdgs. 227-240. 



ERUDITOS Y POETAS 171 

Los moros — declara — imitaron los magnificos 
modelos de arquitectura romana, romano-cristiana o 
visig6tica; asi el puente de Cordoba y Iqs de Toledo 
fueron dignos ejemplos de aquellos de Merida y Alcan- 
tara. Los visigodos apenas si habian creado un estilo 
propio, limitandose a dar mayor elaboracion y riqueza 
a la arquitectura romana. Solo en el noroeste de la 
peninsula se conservan algunos pequenos templos y 
edificios de caracter visigotico. Los arabes, que no 
tenian un arte grandemente desarrollado ni civilizacion 
propia, adoptaron el arte romano-bizantino, aunque 
imprimiendole su sello particular. Describe a vuela 
pluma los tres grandes monumentos del arte arabigo- 
espafiol, la mezquita de C6rdoba, el Alcazar de Sevilla 
y la Alhambra, con grandes fotografias, nitidamente 
estampadas. "En verdad — concluye — , al contemplar 
desde el salon de Embajadores, en este resplandeciente 
colorido arabe, el Albaicin, que tantos recuerdos de 
matanzas cristianas y moras encierra, no puede menos 
de evocarse el espiritu de la Espafia medioeval, orgu- 
lloso y vengativo, estupendo en sus empresas y en sus 
errores, anhelante de sangre y belleza" (1). 

Opina que para interpretar la historia espaiiola y 
penetrar en el alma de la raza, tan llenas una y otra de 
contradicciones, es preciso echar una ojeada al paisaje 
vario y extrafio de la peninsula, con sus abruptas serra- 
nias, vastas planicies, aridas estepas y fragantes plan- 
tios. No cree que Espafia — a pesar de sus ricas minas 
de hierro y carbon — llegue a ser nunca un emporio in- 
dustrial como Inglaterra y Belgica. "No, Espafia jamds 
ha deindustrializarse. Continuara siendo siempre una 
tierra sobria y romancesca, madre austera de intr^pidos 
pastores y adustos labradores, de perspicaces y labo- 
riosos mercaderes, de hidalgos moriscos y sofiado- 



(1) With, the Moors in Spain, etc. 



172 EL HISPANISMO EN N0RTE-AM£RICA 

res" (1). Lo cual, dicho en terminos tan seguros y pro- 
feticos, es poco menos que condenarnos a perpetua 
pobreza, ya que algunas lineas precedentes habia dado 
por sentado que Espana no es pais agricola, al dccir 
que solo una pequena area de su territorio cuenta con 
suficiente lluvia o es cultivable. Me permitire responder 
al Sr. Clark con este refrancillo de nuestra tierra espa- 
ilola: pobre porfiado, saca mendriigo. Y si a Catalufia 
solo me refiriese, podria aun afiadir aquel otro de que 
los catalanes, de las piedras sacan panes. 

Mas como no es cuestion que quede esclarecida con 
refrancillo mas o menos, y es grande el interes que te- 
nemos en justificar aquella aseveraci6n de nuestro pro- 
logo sobre el renacimiento economico de la peninsula, 
curioso el tema y constante nuestro proposito de ir 
tejiendo en la armazon critica de estas pagrnas el con- 
cepto que Espafia y las cosas espafiolas nos merecen, 
habremos de extendernos por propia cuenta en una 
digresi6n, ya que estamos bien lejos de compartir el 
aparente pesimismo del profesor Clark. 

Los bosques cubren la decimatercera parte del terri- 
torio continental de Espafia, conforme puede leerse en 
cualquier Geografia elemental. Del resto de Espana, la 
mitad es esteril o de mediana produccion, y la d6cima 
p^rte de prodigiosa fertilidad. De los 4Q2.230kil6metros 
cuadrados que constituyen su superficie, considerase 
como productivo, merced en parte al riego artificial, el 
76 por 100. A fines del siglo xviii no habia en Espaiia 
mas que 6.000.000 de hectareas que fuesen laborables, 
y no mas de 2.000.000 propias para la horticultura. En 
las postrimerias del siglo xix, estas cifras habian subido 
a 14.000.000 y 6.000.000 de hectareas, respectivamen- 
te (2). En la segunda mitad de la misma centuria, las 



(1) Impresiones de Espana, tic. 

(2) M. Eugene Rochetin, L'avenir ^conomique de VEspagne et 



ERUDITOS Y POETAS 173 

tierras en cultivo pasaron de 5.137.000 a unos 8.000.000 
de hectareas (1). 

Espana es uno de los mas importantes paises pro- 
ductores de cereales en el mundo. Producelos hoy en 
cantidad suficiente para bastarse a si misma. Hace nada 
mas que diez anos los importaba por valor de pesetas 
350.000.000 (2). El dia en que se aproveche el agua de 
sus rios, no muy caudalosos, pero si en gran numero, 
la peninsula tornara a ser lo que fue en lo antiguo: el 
granero del mundo. En vinos y aceites es el primer 
productor de la tierra. Hace quince aflos aventajabanle 
Francia eltalia en lacosechavinicola.Cada unode ambos 
paises producia 31.000.000 de hectolitros, mientras Es- 
pana no pasaba de 30.000.000. En los liltimos afios, la 
cosecha espaiiola sobrepasa, en cantidad — en calidad, 
superoles siempre — , a la de entrambos paises. En 
1914salieron de Espafia cerca de 3.000.000 de hectolitros 
de aceite. Es el unico suelo de Europa donde crece la 
cana de aziicar, cuya industria se encuentra muy flore- 
ciente. Mientras la produccion forestal de las principa- 
les zonas europeas — Alemania, Austria, Noruega — se 
limita casi exclusivamente a la madera, en Espana se 
obtienen entre los productos mas caros el corcho, la 
resina y el pinon. En Francia, uno de los primeros 
paises pineros, cada pino rinde, como promedio, dos 
kilos y medio de resina: en Espafia, algo mas del doble. 
La enorme produccion anual de corcho oscila alrededor 
de 62.000.000 de kilogramos.Los montes de Baviera, Sa- 
jonia y los Vosgos, que figuran entre los mas producti- 
vos de Europa, reportan un beneficio de 2 6 3 por 100; 
en tanto que los montes espaiioles dedicados a produc- 



Portugal, tn Journal de la Sociite de Statistique de Paris, volumen 
de 1899, pag. 165. 

(1) Idem, 167. 

(2) Frederic Courtland Penfield, Spain's Commercial Awake- 
ning, en The North American Review, 1909,'vol. CXC 



174 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

ci6n secundaria rinden un 12 por 100. La industria 
algodonera esta llamada a alcanzar dentro de poco un 
gran desarrollo, por lo excelentemente que esta utilisi- 
sima materia textil puede cultivarse en la peninsula. 

En la produccion minera, Espafia esta a la cabeza de 
Europa. La variedad y riqueza de sus minerales es prin- 
cipal factor de su prosperidad; hierro, cobre, cine, es- 
tafio, plomo, mercuric se encuentran alii en abundan- 
cia, siendo muy renombradas las minas de hierro de 
Somorrostro, las de plomo argentifero de Linares, las 
de cobre de Rio Tinto, con sus 12.000 obreros, y las de 
azogue de Almaden. Mds de dos mil quinientos afios 
llevan las ultimas en explotacidn. El oro se halla en 
Caceres, Granada y'Toledo, y en los aluviones de Gali- 
cia y Leon. Huelva, con sus minas de Rio Tinto es, en 
este ramo, la provincia mas rica; en los uitimos afios 
vienense extrayendo de ellas minefales por valor de 
120.000.000 de pesetas, como promedio. Le siguen Viz- 
caya, con unos 80.000.000; Oviedo, con 62.000.000; 
Murcia, con 59.000.000; Cordoba, con 56.000.000; jaen, 
con 47.000 000, y las demas provincias, casi todas ellas 
ricas tambien en yacimientos mineros. En 1915, el inge- 
niero de minas D. Domingo Ortueta, bien conocido en 
los circulos de la Villa y Corte, descubrio en la serrania 
de Ronda, donde las provincias de Malaga y Cadiz con- 
finan, riquisimos yacimientos de platino, cuyo nucleo 
rocoso es mucho mayor que el de los Montes Urales. 
Mientras en los yacimientos rusos — que hasta el pre- 
sente constituian el mejor venero de este precioso 
metal — , por cada metro cubico de aluvion se extraen 
de 20 a 25 centigramos de platino, en los de Ronda 
pueden obtenerse 2 6 3 gramos por metro tubico. jMe- 
nuda polvareda que este descubrimiento levanto en los 
centros mercantiles de Europa y America! Nada menos 
que 23.000 empresas mineras funcionan actualmente en 
la peninsula. Con aquella enorme produccion minera, 
con abundante fuerza hidraulica y barata mano de obra, 



ERUDITOS Y POETAS 175 

para ser un pafs eminentemente industrial solo le faltan 
mas lineas de comunicacion. 

En muchas industrias hase duplicado el personal en 
los ultimos anos, como en las minas de Vizcaya, cuyo 
numero de obreros ha pasado en seis anos de 7.000 
a 13.000. La emigracion ha decrecido. Y si los naci- 
mientos han disminuido ligeramente (de 34,38, por 
cada 1.000 habitantes, a 33,27, en los diez y seis lilti- 
mos anos), tambien han decrecido de modo notable las 
defunciones, bajando de 28,68 a 25, por cada 1.000 ha- 
bitantes, en el mismo periodo. De 1Q07 a 1913 aumenl6 
"el comercio espafiol en 500.000.000 de pesetas, lo que 
representa una ganancia de 25 pesetas por cabeza. "To- 
cante a la prosperidad comercial, parece como si Es- 
pafia estuviese inaugurando ahora su edad de oro", 
escribia, en 190Q, unailustrada viajera(l).Yalsiguiente 
aiio, entre otros, el consul general de los Estados Uni- 
dos en Barcelona, afirmaba: "Positiva realidad es el flo- 
r6cimiento de este pais, gracias a la frugalidad y des- 
pliegue de energias de sus habitantes y explotacion de 
los recursos naturales; una Espafia de envidiable credi- 
to comercial se ha levantado sobre las ruinas de la na- 
ci6n que durante siglos se alimentara de ilusiones y del 
culto de sus pasadas grandezas. Vastas comarcas de 
Galicia y Extremadura, tierras desiertas hasta hace 
poco, producen ahora ricas cosechas. . . y donde el via- 
jero solo hallara antes esteriles soledades, ve ahora 
campos cultivados y pr6speras granjas" (2). El trabajo 
mas reciente que sobre el estado econ6mico de Espafia 
hemos leido se debe a la pluma de Harriet Chalmers 
Adams, miembro de la Real Sociedad Geografica de 
Londres, y principales sociedades similares de los Es- 
tados Unidos, Peru, Bolivia y Brasil. Public6se en The 



(1) Spain of the Spanish, by Mrs. Villiers-Wardell. New-York, 
1909, pdg. 191. r 

(2) Frederic Courtland Penfield, art. cit. 



176 EL HlSPANlSMO EN NORTE -AMERICA 

World's Work (1) bajo el titulo Espana pactficay pros- 
pera. "Viajando recientemente por Espana — escribe — 
quede admirada del progreso que se observa en todos 
respectos. En el sistema educative de las masas popu- 
lares, en la explotaci6n de los recursos largo tiempo 
descuidados, en sanidad, construccion y comercio, Es- 
paiia esta avanzando a ocupar un puesto en la primera 
fila. La virilidad y fino temple del pueblo espaiiol, ocul- 
to, pero no destruido por aiios de adversidad, lo ha 
levantado a una tarea mas noble que el poblar tierras 
lejanas. . . Algo del esplendido valor y tenacidad de los 
conquistadores del siglo xvi vive en la lozana juventud 
de hoy. . . « Y como indice tambien de este progreso 
economico de la peninsula, afiadiremos que el ano 1892 
se publicaban en Espaiia 20 periodicos de agricultura, 
industria y comercio, y mas de 203 en el ultimo aiio. 

Entre las obras recientemente publicadas — recien- 
tes si se tiene en cuenta la materia — , ningunas mejor 
documentadas ni de tan provechosa consulta como la 
del economista frances Angel Marvaud, intituladaL'fs- 
pagne au XlXsiecle; etude politique et economique; y los 
dos siguientes del vizconde de Eza: El problema eco- 
nomico de Espana y El problema agrario en Espana. 

Vea, pues, el Sr. Upson Clark, como el pobre- de 
ayer, hoy, porfiado, saca mendrugo. 

Reanudemos la revisi6n de sus opiniones. En la 
vida al aire libre que en la peninsula se hace, ve nues- 
tro autor uno de sus mayores encantos para el viajero 
norteamericano. Traza un feliz contraste entre el terri- 
torio de la federaci6n y el de Espana: Castilla y Colo- 
rado parecen tierras gemelas, asi como Andalucia y 
California. Al pisar la America del Norte, los conquis- 
tadores y misioneros espafioles pudieron creerse en 



(1) Edici6n espaiiola, Octubre de 1915. 



ERUDITOS Y POETAS 177 

tierra familiar, habiendo encontrado en algunas comar- 
cas igual clima, vegetacion y paisajequeel de la patria 
lejana. lira, en consecuencia, naiural que sm lenguajey 
Civiiizacion perdurase hasta la fecha en ciertas comar- 
cas, como Nueva Castilla y Nuevo Leon. "Muchos han 
sido — afiima, pasando a otra cuestion — los que en- 
tre nosoiros ecnaron de ver la analogia que existe entre 
el siglo de oro de la literatura espanola y el de las le- 
tras inglesas [ELzabethan's age]. Tanto como a cierto 
Lugar de La Mancka, de cuyo nombre ni acordarse qui- 
so el Prmcipe de los Ingenios espanoles, nos pertenece 
a nosotros Don Quijote>> (1). Contidera que Lope de 
Vega y Calderon han ejercido en la historia literaria de 
Inglaterra una influencia aiin mayor que sobre la fran- 
cesa. (En este punto me parece que se pone en contra- 
diccion, si mal no recuerdo, con Macaulay.) Tocante al 
lenguaje espanol, parecele no hubo otro que mas se 
asemejase, en sonora y grave majestad, al de la corte 
del rey Jaime II. Al aislamiento olimpico en que, dentro 
del terreno literario, viven sus c^mpatriotas culpa del 
desconocimiento que en su pais se tiene de las grandes 
producciones debidas a la escuela rea ista de la Espafia 
contempor^nea. "Ahi esta, por ejemplo, La barraca, de 
Blasco Ibanez, escrita antes de entregarse a los ajenos 
dioses de Zola; y Los majos de Cddiz, de Valera (2), 
con su chisica disertaci6n preiiminar sobre los requisi- 
tos de la grandeza literaria; y las novelas de Palacio 
Valdes, y las del maestro insigne D. Benito P^rez Gal- 
d6s, que no s61o nos seducen y Uenan de admiraci6n, 
sino que, ademas, son en su mayoria comparables a las 
mejores novelas inglesas contemporaneas" (3) Bastante 
superiores, amigo Clark, las de Gald6s, de no remon- 



(1 ) Impresiones, etc. 

(2) Lapsus calami, sin duda, porque la tal novela es de (Palacio) 
Valors. 

(3) Impresiones, etc. 

12 



178 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

tamos a aquella ^guila de las letras inglesas que tuvo 
por nombre Walterio Scott. 

Cree el Sr. Clark que hay mucho bueno en Espafia 
que ignoran los norteamericanos, no siendo pocas las 
lecciones que alli pueden aprender. En este particular 
estamos en Espana, por desgracia, a la reciproca. «La 
musica y los cantares espanoles, por ejemplo — escribe 
nuestro autor — , son casi desconocidos entre nosotros, 
y sin dudaun pais que produce un Eslava, un Sarasate 
y un Manuel Garcia, no tiene poco que enseiiarnos. 
Las canciones espaiioias merecen ser tambien conoci- 
das entre nosotros como lo son los bailes, Y precisa- 
mente en esto, en la combinacion del canto y del baile, 
en la zarzuela, en la musical comedy, de tan fresca y 
jugosa inspiracion, Espana esta a la cabeza del mundo 
musical contemporaneo« (I). Sostiene el renacimiento 
actual de Espana, de esta Espaiia liberal y progresiva 
hoy, que en el apogeo del Renacimiento realizo "Cl 
mas gigantesco esfuerzo hacia la unidad religiosa que 
registra la historia: la expulsion de judios y moriscos. . . 
Ya habia salido por entonces, camino del occidente, el 
aventurero fanatico que did un nuevo mundo a Casti- 
11a y Leon, nuevo mundo que habia de consumir la sa- 
via de la nacion, apartando del viejo solar a sus hijos 
mas activos y emprendedores. Luego la fatal union con 
la imperial casa de Austria, que ciertamente levanto 
Espafia al pinaculo de su gloria, pero que tambien gas- 
i6 pr6digamente su sarigre y su tesoro en el suefio de 
una monarquia universal. Y, finalmente, generacion 
tras generaci6n, la creciente decadencia, durante la cual 
va perdiendo florones la corona de Espafia, aunque no 
dejen sus hijos de emular en todo tiempo las viejas 
proezas; hasta llesfar a su pujante renacimiento con- 
tempordneow (2). Tiene para 61 la peninsula un encanto 



(1) Impresiones, etc. 

(2) Idem. 



ERUDITOS Y POETAS 1?9 

sombrio y melancolico, magica y constante evocacion 
del augusto papel que ha representado en la historia. 
AUi, la tragedia de la Historia es mas absorbente y ma- 
nifiesta que en pais alguno. Al extreme de que ni aun 
los atolondrados trota-mundos visitan a Espafiasin que 
su potencia evocadora sugierales en el animo graves 
•pensamientos (1). «En ninguna otra parte — torna a es- 
cribir en La Espaha romdntica (2) — , el pasado, con 
sus grandes escarmientos en materias de orguUo, into- 
lerancia y prodigalidad, impresiona tanto aun al viajero 
que va de paso". Separada de Europa por los Pirineos 
y el mar, la peninsula Ib6rica ha conservado a traves 
de los siglos innumerables rasgos caracteristicos. En su 
critica del libro Espaha en tiempos del Imperlo roma- 
no (3), el profesor de Yale recuerda que son muchos 
los escritores que flamaron la atencion en todo tiempo 
sobre las notables semejanzas que existen entre los es- 
paiioles de hoy en dia y los iberos, conforme las noti- 
cias que de estos primitivos pobladores de la peninsula 
nos dan los ancianos historiadores. Juzga que el indi- 
vidualismo ha sido siempre la caracteristica del espa- 
nol, su cualidad esencial y el origen de su fortaleza 
como individuo y el de su debilidad colectiva, como 
entidad nacional. Este individualismo que produjo 
aquellos grandes heroes de la anligiiedad y, en la epo- 
ca moderna, hombres como Cortes y Pizarro, ha impe- 
dido a Espafia ejercer en el mundo la preponderante 
influencia que, merced a otras sobresalientes cualidades 
de sus hijos, le corresponde por propio derecho. 

Parecele el caracter espafiol una rara combinacidn 
de lo practico y lo ideal, aunque lo ultimo suele pre- 



(1) With the Moors, etc. 

(2) Romantic Spain, by Charles Upson Clark, en The National 
Geography Magazine, 1910, vol. XXI. 

(3) Spain under the Roman Empire, by E. S. Bochier, en The 
Classical Weekly, 1915, vol. VIII. 



180 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

ponderar siempre y tal vez haya costado a Espana su 
puesto de primera potencia. hfectivamente, agregare 
yo, por puros ideales la calumniada Espana de helipe ii 
daba su sangre, oro y acero, mientras Europa enters 
parecia atenta solo a sus intereses materiales. Caballe- 
ros del ideal, soldados de Cristo, con la mirada alta, 
fija en el cielo, caminaban los espanoles de antano poi 
el mundo, con una cruz y una espada, guiados por la fe, 

Entre el pueblo espanol, el "mas democrata de Eu- 
ropa", y el pueblo norteamericano encuentra grandes 
analogias. «La boga que gozan entre nosotros SoroUa 
y Zuloaga no es mas sorprendente, en su esfera, que — 
tomando otro ejemplo bien diferente —el hecho de que 
los Estados Unidos compartan con Espana, y solo cor 
ella en Europa, el sistema de los kilometricos de ferro- 
carril. En cuanto la barrera del idioma desaparece y 
pueden entenderse, espanoles y norteamericanos con- 
genian, mas quizas que con los ciudadanos de cual- 
quiera otro pai's" (1). 

Tambien nos han sorprendido a nosotros ciertas 
cualidades y rasgos comunes entre espanoles y norte- 
americanos, y ya que el.Sr. Upson Clark no se detuvc 
a fijarlos en su trabajo, ensayemoslo nosotros, a vuela 
pluma. Si aspirasemos a establecer una ordenada y pre- 
cisa comparacion entre ambos, empezariamos por cla- 
sificarlos en tres grupos: el nortefto, o tipo americanc 
de Nueva Inglaterra, que en gravedad, energia, brus- 
quedad y espiritu industrial se parece mucho a vascon- 
gados, navarros y catalanes; el meridional, que en ha- 
bitos, genio y figura corresponde exactamente con an- 
daluces y levantinos; y el americano llamado del oeste, 
cuyo tipo posee la grave dignidad del nortefio, su la- 
boriosidad e industria, y la cortesanfa, viva imagina- 
cion y cordiales maneras del meridional, siendo, en 



(1) Impresiones, etc. 



ERUDITOS Y POETAS 181 

consecuencia, muy semejante al castellano. Tornados 
en conjanto, dos cualidades sustantivas parecen tener 
en cocnun espanoles y norteamericanos: la entereza del 
caracter y la sobriedad. Propiedades decisivamente 
caracteristicas de ambas razas. Asemejanse, igualmente, 
en la dignidad o total ausencia de servilismo. Natural 
es que tal rasgo distinga a los hijos de la democratica 
federacion, que no entienden ni jamas quisier.on enten- 
der de diferencias de ciase; mas senalada muestra de 
viril entereza tratandose de una raza vieja como la 
espafiola, que en mayor o menor grado ha de tener el 
forzoso y legendario sentimiento de la jerarquia social. 
Otra nota csencial es su comun espiritu de adaptacion. 
El norteamericano sabe avenirse a las circunstancias, 
se ajusta con peregrina ductilidad a cualquier ambiente 
nuevo y extrano, acomodandose pronto y bien a las 
mudanzas y veleidades de la fortuna. Tambien se nos 
figura el espanol diictil y acomodaticio por naturaleza, 
sobremanera lejos de su patria 

Son los norteamericanos, de otra parte, mas fri'os y 
reservados, y aun la gente del sur, que pasa en todo el 
pafs por romantica e impresibnable, pareceme mas re- 
servada y calculadora que nuestra gente espafiola. A 
diferencia de esta, no suelen ser los yanquis grandes 
apasionados de la ret6rica — sobre todo en el norte — 
ni entusiastas de la poetica, aunque, de preferir algun 
genero de ella, inclinanse como nosotros por el li'rico 
y sentimental. Su interns en los problemas concernien- 
tes a la educacion y la moral, es caracteristica de este 
pueblo. Sus costumbres, purisimas. Mas no creo que 
los vinculos familiares sean, en general, tan estrechos 
e indestructibles como en Espafla, ni tan universal y 
absoluta la obediencia filial. 

EI norteamericano es franco y leal, con un fondo de 
oro. Los que no se dedican al comercio. asi como los 
hombres de negocio en tiemoo de vacaciones, son hon- 
rados a carta cabal. No imagino, pues, que el estupendo 



182 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

desarrollo del cr^dito mercantil provenga desu probidad 
profesional, sino de la general riqueza del pais, enorme 
circulacion de metalico, abundancia de transacciones, 
y cierto animo y audacia para arrostrar ios riesgos. 

Dentro de su propio pais, parecenme Ios norteame- 
ricanos gente muy liberal, ecuanime y de abierto crite- 
rio. Fuera de el, severos, criticones y cargantes con su 
incorregible prurito de sacar a relucir lo bueno de casa 
y trazar paralelos y comparaciones, a menudo odiosas 
y siempre inhospitalarias. Recreanse, con cierto candor, 
en el uso del superlativo. Ponen su orgullo en tener 
— amen de otras cosas — las empresas mas ricas y po- 
derosas del mundo, Ios Irenes mas rapidos del mundo, 
Ios edificios mas altos del mundo, etc., etc. . . «del mun- 
do". Y hasta cuando ocurre una de esas catastrofes 
fenomenales en su tierra, figurome que hallan cierto 
alivio a su dolor si consideran que, en tremendas pro- 
porciones e importancia, ha batido el record del globo. 
Igualmente creen tener — y no andan muy descamina- 
dos — el mejor gobierno de la tierra, aunque la poli- 
tica de campanario suele ser aqui tan viciosa como en 
la peninsula. Y no contentos con romper su habitual 
laconismo para dj.sertar sobre lo mucho que su patria 
representa en el concierto — ^iconcierto? — internacio- 
nal, extiendense acerca de sus futuros y gloriosos des- 
tinos. En efecto, este gran pais ofrece base solida a las 
mas prometedoras esperanzas. Ellos hablan de lo que 
seran, y nosotros de lo que fuimos, aunque tambien 
tenemos Ios espaiioles buenas razones para respirar 
fuerte y confiar en nuestro destino, que bien risuefio 
nos alborea el porvenir. 

Fiero individualista es, y siempre fu6, el espanol. 
No cabe decir lo propio del norteamericano. Norte de 
su vida politica y economica parece ser el viejo princi- 
pio de que la union constituye la fuerza, y por ello 
tiende siempre. en todos Ios drdenes, a la asociaci6n. 
A pesar de su iniciativa y energica personalidad no 



ERUDITOS Y POETAS 183 

puede, por lo que se ve, dar un paso sin andaderas. En 
materias de legislacion, son los norteamericanos infati- 
gables como los espanoles, y como nosotros gustan de 
hacer leyes muy sabias que pronto, dadas al olvido, 
pasan a ser letra muerta. No obstante, muestranse muy 
disciplinados y acatan gustosos los deberes de la ciuda- 
dania. En la calle, en el teatro, en los restauranes y 
dem^s lugares donde halla un reglamento publico o 
privada regla que respetar, portanse en extremo disci- 
plinados y pacientes, perlnde ac cadaver, sobremanera 
• Ids hombres. 

En el terreno de las menudencias, distinguense de 
nuestra gente espafiola en que no fuman ni jamas escu- 
pen con este gentil desembarazo y tamaiia copia, reite- 
rada y sonora, de nuestros compatriotas. La higiene 
publica y las amas de casa, pulcras y econ6micas, se 
han conjurado contra los pocos y sufridos fumadores 
que quedan. En todas partes el consabido letrero: A^^ se 
juma, y el que no, una buena multa y al arresto, donde 
tampoco le dejaran fumar ni escupir en santa paz. 



V 



Jeremias Dionisio M. Ford, miembro de la Sociedad 
Hispanica, y c6rrespondiente de la Academia Espafiola. 
Ese es el maestro de la juventud, el sembrador de 
ideas en la catedra, cuya varia y asidua labor esta con- 
sagrada particularmente a los estudios de filologia es- 
pafiola y a la preparacion de obras didacticas que faci- 
liten el estudio de nuestro idioma y literatura a las 
j6venes generaciones de Norte-America. Es autor de 
Las antiguas silbantes espanolas (1), Antiguas etimolo- 



(1) The Old Spanish Sibilants, en Studies and Notes in Phi- 
lology and Literature, 1900, vol. VII, pags. 1-182. 



184 EL HISPANISMO EN NORTE -AMfiRICA 

gias espanolas (1), Antologta de Uricos espafloles (2), 
Ejercictos de construccldn gramatical espanola (3), An- 
tiguas lecturas espanolas (4), y, en colab* racion con el 
profesor E. C. Hills, de una Gramdfica espahola (5), de 
la cual se han vendido ya unos cien mil ejemplares. Ha 
publicado el profesor Ford breves ensayos acerca del 
Poema del Cid (6), Fray Luis de Leon (7), la novela 
picaresca (8), inflaencia de la literatura ing'esa en la 
espanola (9), y numt-rosos articulos sobre temas de 
lengua y literatura espanolas (o portupuesas) en la New 
Internatloni.1 Encyclopedia, en la Catholic Encyclopedia, 
t-Vi Johnson! s Encyclopedia, etc. Como colector, di6 a la 
estampa, ademas de la dicha antologfia, Trozos e'^cogi- 
dos de Don Quijote (10), El si de las ninas, de Mora- 
tin (11), El capitdn Veneno, de A1arc6n (12), con notas 
y comentarios. Y, finalmente, como director literario 
de la casa editorial de Hoi & C, de Nueva York, tiene 
a su cargo la revision de los textos espanoles que 6sta 



(1) Old Spanish Etymologies, en Modern Philology, 1901-1901, 
vol I. 

(2) A Spanish Anthology. A Collection of lyrics from the 
Thirteenth Century down to the Present Time. EditeH, with Intro- 
duction and Notes by J D. M. Ford, Ph. D. New-York, IQOl. 

(3) Exercises i" Spanish Com/^os/Y/o/z. New-York, 1900. 

(4) Ofd Spanish Readings. N>'w-YnTk. \912. 

(5) Spinish Grammar. New-York, 1Q04. 

(6) Sedere, Essere and ^tare in the a Poema del Cid», en Mo- 
dern Langanges Notes. 1899, vol. XIV. 

(7) Luis de Leon, the Spanish Poe*, Human'st and Mystic, en 
Publications of the Modern Languages Association of America, 
18^9, vol. XIV. 

(<5) A Possible Source of the Spanish Novel of Roguery, en 
Kittredge Volume, 1913. 

(9) English Influence Upon Spanish Literature in the Early 
Part of the. Nineteenth Century, en Publications of the Modern 
Languages Association of America, |001, vol. XVf. 

(10) Selections from Don Quijote. New- York, 1908. 

(11) New- York, 1899. 

(12) Idem, 1900. 



ERUDITOS Y POETAS 185 

ha de publicar. Al presente, el Sr. Ford prepara un 
compendio historico de la litcratura espafiola. 

Minuciosa e importante contribucion a los estudios 
de filologia espafiola, y obra principal de nuestro autor, 
son sus Anfiguas silbantes espaholas. Estas disquisicio- 
nes ortograficas y foneticas, tan precisas y ordenadas, 
sirvieronle de tesis doctoral en la Universidad Harvard, 
donde hace anos entrara como discipulo y hoy ensefia 
como maestro. Sobre el mismo tema se ha escrito co- 
piosamente desde los tiempos en que el gran huma- 
nista seviliano Eli'o Antonio de Nebrija, el Varron de 
Espana, dio a luz publica su Oramdtlca castellana (14Q2) 
y su Ortografia (1517), y abundantemente se sigue 
escribiendo, aunque no siempre con gran acierto y 
fortuna. El estudio del profesor de Harvard vino a luz 
a rafz de la aparici6n de tratados meritisimos sobre la 
materia (1). Y aprovechando tan rica y excelente copia 
de materiales, y poniendo de su parte gran industria y 
saber, compuso Las antiguas silbantes espaholas. 

Comienza por asentar en ella que el castellano mo- 
derno s61o tiene tres silbantes: ch, s, y la a; cuando se 
pronuncia como s. «En el lenguaje antiguo, esta par- 
ticular especie de consonantes era mucho mas extensa 
y comprendia sonidos que en la actualidad muestran 
pocas o ningunas trazas de su antigua propiedad. En 
junto, el espafiol antiguo poseia siete diferentes sonidos 



(') Diccionarh de en n<! truce ion y r/gimen de la lengua caste- 
llana, obra monumental He Riifinojosp Cuervo, Madrid, 1886-1893. 
Disquisiciones sobre antigua ortngrafia y pronunciacidn castella- 
nns, del mismo atitor, en Revue Hispanique, 1895, vol. II. (Jramd- 
tira del cnstellnno antiguo (narte primera: Fonetica), por P. de 
Mueica, Berlin, 1891 Bihiiotecn histnrica de la Filologia ca'ite- 
llana, C'^mpne<;ta por el Conde de la Vifiaza y premiada per la Real 
Acidemia Rspafiola (1*»Q3). Obra de inestimable iitilidad para cl 
estudio d** hs antiguas silbante*;. Fnn^tikn Kastellana, de F. Arau- 
jo, Sintiigo d» Chile. 1894. Estudios ortogrdficos sobre la A'^tro- 
nomla del relD. Alfonso X, de Hassen, Santiago de Chile, 1805. 



186 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

silbantes, representados por los signos que van a con- 
tinuacion: c o f delante de e, i; p delante de a, o, u; 
z; s; ss; x; g delante de e, v, j; ch" (1). Hallandose ates- 
tiguado por los gramaticos el valor silbante de estas 
consonantes, parecele apenas necesario entrar en su 
demostracion. Es su primer prop6sito estudiar el papel 
de cada una de las silbantes en el espafiol antiguo, his- 
toriando los cambios que han sufrido, pues con excep- 
cion de la g, antes de e, i, y de lay, las demas silbantes 
espanolas tienen diferentes origenes y valores foneti- 
cos. Afirma que la ch ha conservado en nuestro tiempo 
el mismo sonido del castellano antiguo. Claro estaque 
se refiere al sonido silbante, ya que la ch tenia, ademas 
de este, otro analogo a k, en vocablos procedentes de 
cier.tas lenguas extranjeras, en particular la hebrea y la 
griega. Aparte la ch, clasifica en cuatro categorias las 
silbantes, a saber: 1.^ Las silbantes dentales g y z que 
no eran equivalentes, sino que, en general, representa- 
ban las formas sonora y sorda de la misma voz. 2.^ Las 
silbantes s, sonora y sorda, y ss, siempre sorda. 3.^ La 
silbante paladial sorda x = s. 4.^ El sonido compuesto 
formado por una dental sonora + una silbante paladial 
sonora, /, ^ (e, i), = dz. De todas ellas, el castellano mo- 
derno s6lo conserva la segunda categoria, reducida a 
la s sorda. 

Enumera el autor las obras antiguas de que se ha 
servido para establecer distinciones entre las antiguas 
silbantes, y lamenta que — a causa de la comun ten- 
dencia a modernizar los textos ancianos en las nuevas 
reimpresiones — no scan muchos los textos que, desde 
el punto de vista lexicografico, merezcan entera con- 
fianza. Pasa a fijar los origenes de z, la cual en los textos 
que examina — correspondientes a los siglos xi, xii 
y xm — aparece algunas veces como procedente de 



(1) Pdginal. 



ERUDITOS Y POETAS 187 

la c intervocalica latina, pero siendo esta consonante 
original la que prevalece. Desde el siglo xiv en adelante 
la z prepondera de modo casi invariable, a juzgar por 
los textos que el Sr. Ford analiza y cuyos casos gene- 
rales y correspondientes excepciones sefiala, sacando 
la consecuencia de que una f latina, precedida de vocal 
y seguida de ^ o / que no formen hiato, daba origen a 
la z en el espafiol antiguo. Es tan reducido el numero 
de las excepciones de esta regla, que consideralas meros 
errores ortograficos o variantes dialectales de los ama- 
nuenses. Respecto a la z como proveniente de ty latina 
en medio de parte, declara que los casos de los textos 
que analiza — correspondientes a los siglos xi,xii y xiii — 
no son de voces del lenguaje corriente, sino del erudi- 
to. A partir del siglo xiv, la z como proveniente de la ty 
intervocalica aparece con menos excepciones aun que 
la c intervocalica. Da por seguro que la z es el solo 
derivado de la ty en medio de parte. 

El autor entra a discutir la teoria — mantenida con 
general beneplacito en otros tiempos — de que la c 
latina y los grupos ty, cy son sonoros antes del acento, 
y sordos despues de 6ste. A diferencia de Neumann y 
Horning, estima que la larga lista- de vocablos con z 
descendiente de la -ty- intervocalica que el ha pre- 
sentado al lector algunas paginas precedentes (13-17), 
muestra el desenvolvimiento regular de la z recia, tanto 
antes como despu6s del acento (1). Continua luego 
nuestro autor con el examen de los origenes de la <?, 
ofreciendonos un catalogo de las voces en que entra 
dicha consonante y las razones filologicas que abonan 
sus origenes y los de g, asi como la fuente de esta ulti- 
ma silbante en las voces eruditas. Resultando, en con- 
clusi6n, que la antigua z silbante recia tiene como fuen- 
tes ciertas: cy ty intervocalicas latinas, z latina, cuando 



(1) Pigina22, 



188 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

no es inicial, y zay drabe. Las siguientes son muy du- 
dosas: cy latina en medio de parte, cy y s latinas des- 
pues de r, g latina detras de n y r, ty latina siguiendo 
a ene. Y como fuentes que han de rechazarse resuelta- 
mente seiiala: gy dy intervocalicas latinas, s germana, 
y sy st latinas. Tocante a la p silbante muda, dale por 
fuentes ciertas las enumeradas a continuacion: c y z 
iniciales latinas, c, ty y cy latinas detras de consonante, 
cy intervocalica latina, sad y sin arabigas, cuando no 
esta al fin de vocablo ni es final de una silaba cuya 
siguiente silaba tiene consonante inicial, c, ty y cy in- 
tervocalicas latinas en las voces eruditas, y s latina 
detras de ene. La antigua z, usada con el vglor fonetico 
de f:, tiene los origenes siguientes: fs final latina, c final 
latina o detras de una consonante, sad y sin arabigas, 
cuando es letra final o va al fin de una silaba seguida 
de otra que empiece con consonante, y la f analogica 
de los verbos incoativos, que no podia escribirse de- 
lante de una consonante. Las fuentes de p que se han 
de rechazar, o mirarse como muy dudosas, son: s inicial 
latina, st latina, dy latina detras de consonante y s 
germana. 

Despues de haber establecido los origenes cicrtos, 
dudosos y falsos At z y gy sefialado su distinto uso, 
entra aexaminar su valor fonetico. Resefia las opinio- 
nes de lexicografos autorizados, que comenta con bre- 
vedad, y declara: «En conjunto, con prioridad a 
1623, los testimonios preponderantes sefialan la pro- 
nunciaci6n de pcomo silbante dental floja, sin que haya 
seguro indicio de la perdida del elemento dental, ya 
que los casos en que el sonido es semejante al de ss o 
( fr^ncesa son escasos y, probablemente, tentativas in- 
corjectas para graduar la silbante espanola". «En z, lo 
mismo que en q, la presencia de una propiedad dental 
es debida, de modo probable, a la absorcidn o diferen- 
ciaci6n de una dental etimologica en palabras por el 
estilo de plazo (de placltum). . . Si el elemento dental 



ERUDITOS Y POETAS 189 

no hubiera estado presente tn f y z, apenas hubierase 
podido cesar de escribir la dental etimol6gica. Las pro- 
piedades dental y silbante de z en lugar de f son indu- 
dables por su correspondencia con la ts latina en 
assaz==aflf satis. Como z tenia usualmente una raiz 
sonora o surgia en un medio favorable a la sonoridad, 
es de suponer que, en contraste con f que no naci'a en 
tales circunstancias, representaba el sonido recio co- 
1 respondiente al flojo de f. Esta correlacion entre z y f 
i esulta clara si se tiene en cuenta la costumbre de em- 
i)lear, en los documentos transcritos, la silbante recia 
"ara la una, y la silbante floja para la otra. Es esto 

ualmente evidente conforme las manifestaciones de 
; )s gramaticos y otros escritores, por profano y contra- 
dictorio que su lenguaje sea" (1). Sostiene el profesor 
cle Harvard que la z no se usaba siempre como dife- 
1 ente de f, ni tampoco se distingufa por poseer cons- 

ntemente una propiedad sonora. Y afirma que, como 
resultado de una general tendencia a pronunciar con 
sonido sordo las silbantes, z comenz6 a tener un valor 
constante de ts a mediados del siglo xvi, acabando por 
confundirse con la f. 

Al estudiar, a continuacion, el valor de'la s sencilla 
y doble, declara haber razon bastante para afirmar que 
no s61o existian la z sonora y la f sorda, sino igualmen- 
te pronunciaciones sonora y sorda de s, si bien la dis- 
tincion entre estas dos formas no es tan acentuada. A 
pesar de la tendencia de nuestro idioma a simpiificar 
las consonantes dobles — apunta Ford — encuentrase 
escrita a menudo la ese doble en aquellos lugares donde 
parece propio el sonido flojo, y nunca donde corres- 
ponde el sonido recio. Y como la ss vese frecuente- 
mente donde no .hay razon alguna etimol6gica que la 
abone, parecele apropiada para la funci6n floja o sorda, 



(1) Piginas 91-92. 



190 EL HISPANISMO EN N0RTE-AM6rICA 

que usualmente desempefia en la posici6n intervocdlica, 
y en ocasiones tambien a principio de vocablo y detras 
de ciertas consonantes. «La s juega doble papel en la 
escritura. Al principio de un vocablo, asi como detras 
de consonantes, naturalmente denota el sonido flojo de 
la silbante. Al fin de palabra y delante de consonantes 
en medio de parte, parece natural que tuviese el mismo 
valor, mas hay seguros indicios de que en el ultimo 
caso era recia delante de consonantes recias, y si bien 
mehos seguros, hallamos indicios gramaticales de que 
era recia en el caso primero. Entre vocales, parece 
haber tenido ambos sonidos, desde luego el flojo, ya 
que este representaba en semejante posicion, como en 
el moderno castellano, la ss latina simplificada" (1). 
Concluye, tras cotejar largamente los textos, que la S5 
aparece solo cuando debe indicar la silbante floja. En 
casos rarisimos, y desde luego erroneos, la ese doble 
no aparece como proveniente de la s intervocalica 
latina. 

Prueba evidente de la sonoridad de la antigua s in- 
tervocalica, descubre nuestro autor en la costumbre 
hispano-judaica de representarla con zayin y z, asi 
como en el consenso de los gramaticos. Creyendo con- 
trario al espiritu del antiguo castellano el sonido recio 
de consonante final, considera como inadmisible.o poco 
menos, que fuera siempre recia la s final. Inclinase 
igualmente a tener por cierto — aunque los antiguos 
gramaticos guarden silencio en este punto — que la s 
era recia o sonora delante de consonantes que lo fue- 
sen. Hacia mediados del siglo xvi fija la epoca en que 
la s intervocdlica comenzo a hacerse blanda. Recurre al 
testimonio de Cuervo, quien habia ya apuntado que 
ciertas palabras, como casa y passa, beso y huesso, no 
eran hasta aquella epoca rimadas juntas. Desde enton- 



(1) Pdginas 99-100. 



ERUDITOS Y POETAS 191 

ces vemos que la distincion entre la ese sencilla y la 
doble cesa gradualmente en poesia, hasta perderse en- 
teramente en el periodo de Cervantes, Gongora y Lope 
de Vega. Y, habiendo llegado a ser uniforme el sonido 
intervoQalico, desaparecio la necesidad de eniplear la 
ese doble. 

Corresponde luego su turno a la x, la cual entraba 
en muchos vocables que hoy llevan la gutural aspiran- 
te j. En lo antiguo tenia la x el valor de una silbante 
sorda paladial, excepto cuando fuera seguida de una 
consonante, en cuyo caso hemos de suponerla, en las 
voces populares, con el valor de s. Pasa a fijar el pro- 
fesor Ford los origenes de la x, que son a juicio suyo: 
X, ssy, s/fj latinas, sin arabiga, z final del provenzal,como 
fuentes ciertas. Las fuentes aparentes y posibles: sc, scy 
latinas, s inicial latina, con una probable influencia 
arabiga sobre el sonido. Y las que han de rechazarse: 
ps, sy, t'l, d'l, latinas. 

Ocupase luego nuestro autor en el examen de gyj, 
las cuales, si bien guturales hoy, eran silbantes en el 
antiguo idioma de Castilla. Como fuentes de g nos se- 
flala: g (e, i) latina, en las voces eruditas; ly (e, i) latina, 
g'lm arabiga, y dz provenzal. En cuanto a J, son sus 
fuentes: y, ly, c'l y g'l latinas, g'lm arabiga, yuy inicial 
arabiga, y dz provenzal. Tocante al valor s, paladial y 
sordo, de la x no admite, en su opinion, duda alguna. 
Hacia la mitad del siglo xvi empiezan a confundirse 
la X y lay (e, i). Tras examinar el testimonio de varios 
escritores, deriva la conclusi6n de que a principles del 
siglo xvn las modernas guturales habian sido ya esta- 
blecidas, aunque algunos rezagados acostumbraran a 
llamar aun J, g (e, i) y jc paladiales silbantes. 

El autor de Las vie/as silbantes espanolas dedica 
una secci6n a los textos aljamiados. A ju?cio suyo, la 
naturaleza silbante del espanol antiguo esta patentizada 
por el hecho de haberse empleado silbantes arabes para 
representar tales sonidos del habla castellana. Analiza 



192 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

el Poema de Jose y los m^todos generales de su trans- 
cripci6n, a proposito de todas y cada una de las anti- 
guas silbantes es'pafiolas. Consagra, despues, unas cuan- 
tas paginas a lo que 61 califica de testimonio judaico de 
tales silbantes, haciendo notar que los sefarditas o ju- 
dios espanoles retienen aun, en su vieja habla de Cas- 
tilla, la pronunciacion silbante de sonidos que en el 
espanol moderno hanse tornado en los interdentales ( 
y z y los guturales g y j; asimismo conservan la pro- 
nunciacion recia de la s intervocalica. 

Al final de Las antiguas silbantes espanolas se ha- 
llaran siete paginas de bibliografia. 

Recia es la armazon de esta obra, s61idos sus fun- 
damentos, amplia y honda la investigacion que revela, 
16gicas sus conclusiones. Para ser un excelente trabajo 
no le falta sino que el autor hubiese rellenado aquella 
fuerte estructura con una exposicion doctrinal y cri- 
tica. 

Es una sintesis demasiado seca y fria. Desde luego, no 
esun libro para profanos, 'porque, si bien instructivas, 
ninguna amenidad tienen sus paginas. En general, 
cuando producciones de este genero salen de la pluma 
de un mero filologo, suelen ser sabias pero fri'as, con- 
cienzudas pero aridas. Mas si el filologo es al par hu- 
manista, como el frances Miguel Breal, por ejemplo, 
seran concienzudasy sabias y, por afiadidura, calidasy 
amenas. Con verdadero recreo se leen los estudios de 
lingiiistica comparada de este, o la Histoire de la langue 
frangaise de Fernando Brunot, o las obras filol6gicas de 
nuestro Eduardo Benot, o el admirable Tesoro de la 
lengua castellana, de D. Julio Cejador, de tan caudaiosa 
erudicion, chispeante ingenio y amenidad. 

Desde el punto de vista puramente cientifico, Las vie- 
jas silbantes espanolas, del profesor de Harvard, por las 
razones indicadas, figuran dignamente junto a la abun- 
danti'sima y valiosa producci5n filologica de los ultimos 
cincuenta aflos. 



ERUDITOS Y POETAS 193 

Entre las publjcaciones del Sr. Ford, ya hemos se- 
senalado> una, antologia de pojsias liricas espanolas, 
dada a la estampa en 1901. Eiicuentranse en elia com- 
pobiciones de ciento cincuenta y ocho poetas, del 
siglo xin al xix, y diez y ocho anonimas, encabezadas 
por una introduccion donde el autor discurre sobre el 
desenvolvimiento de la poesia liricaen Espafia. A con- 
tinuaci6n aclara, en provecho del lector ingles, los 
conceptos elementales de la metrica espanola. Al fin del 
volumen van seis paginas de glosario, y cincuenta y 
tres de observaciones gramaticales y resefias biogra- 
fico-criticas de los poetas incluidos en la antologia. 

La escritura, en las composiciones de los siglos xin, 
XIV y XV, por falta de uniformidad y alguno que otro 
ligero descuido, deja algo que desear. El acento diacri- 
tico esta usado en algunos vocablos conforme el uso 
corriente, y en otros no. Su omisi6n ocurre casi en cada 
estrofa. A veces quiebra el ritmo, como en aquel Can- 
tar de Pero L6pez de Ayala (p^g. 14) que se lee asi: 

Tu sentengia contra mi 
Por merged te pido aqui, 

donde la ausencia del acento en la ultima silabadel se- 
gundo verso hace grave el adverbio, que ya no rimard 
con el pronombre personal En la pagina 45 omite el 
primer signo de la interrogacion indebidamente, como 
indebidamente lo omiti6 Menendez y Pelayo en la 
misma composici6n de su antologia. Ha conservado la 
/"original en varias voces, pero la ha reemplazado por 
la h moderna en otras, donde mas valiera conservar la f, 
como en el siguiente verso de las Coplas de Manrique, 
pdgina53: 

Despu^s que hechos famosos, 

dando ocasi6n a lamentable cacofonia. En la misma de- 
ficiencia incurri6 D. Marcelino. Pero salv6la diestra- 

13 



194 EL HISPANISMO EN NORTE-AM^RICA 

mente Fitzmaurice Kelly, con&ervando la /"original. Er 
este mismo poema leemos bivLr unas veces, y bevu 
otras. Mas pasemos a ocuparnos en cosas de mas subs 
tancia y gusto. 

Por excelcnte que sea una antologia, nunca llegarj 
a dar cumplida satisfaccion a criticos y lectores. Cadi 
uho tiene sus autores predilectos, sus poemas preferi- 
dos, y no tolera mansamente que el colector, por mu) 
colector que fuere, venga a defraudar sus ilusiones j 
sus amores desechando poesias que a nuestro lector c 
critico parecieronle magistrales, o incluyendo otras, i 
sujuicio inferiores. Aun cuando el autor del florilegic 
acierte con aquella nuestra composici6n predilecta 
siempre nos quedara el resentimiento de verla entrc 
otras comparativamente mediocres. Resbaladizo y difi- 
cil, por lo tanto, es el terreno del colector. Y si, come 
Ford, en su florilegio incluye autores del dia, a quienej 
aun el critico habitualmente sereno e imparcial no po- 
dra ju/gar sin ciertos prejuicios personales, tenga aque! 
por descontado que aun siendo grande su discerni- 
miento va camino del fracaso. Y si por aiiadidura de 
sus males, tratase de una breve coleccion de caractei 
popular, donde no puede comprenderse todo lo bueno, 
ni siquiera todo lo excelente, entonces de cada centenai 
de lectores y criticos, acaso haya media docena que no 
juzgue del todo mal su obra. Nadie m^s capacitado en 
Espafia, o fuera de ella, para una labor semejante que 
Menendez y Pelayo, y sin embargo, con todo su por- 
tentoso saber y juicio, no pocos hubieron de calificar 
de deficiente su antologia de Las cien mejores poesias 
castellanas. 

La antologia no ha de ser solo una coleccicn de los 
mejores poemas, sino, al propio tiempo, poemas carac- 
teristicos de la musa de cada poeta. Y el catedrdtico de 
Harvard ha escogido, por lo comun, aquellas composi- 
ciones que mds adecuada idea nos dan de las peculia- 
ridades, en cuanto a la tendencia, el estilo y tecnica, de 



ERUDITOS^Y POETAS 195 

su autor. Por lo comun, pero no siempre. Haber elegi- 
do del maravilloso epico de Los Lusiadas, por ejemplo, 
un villancico y una letrilla, lindos, pero nada mas, no 
nos parece justo. (^Quien podria columbrar, a traves de 
aquellas dos flojas e insignificantes composiciones, al 
cantor de-la sublime epopeya portuguesa, ni siquiera al 
elevado li'rico? De no encontrarse en espanol nada mas 
tipico y notable del bardo lusitano, mejor hubiera sido 
f)rescindir de el. Tal vez, alguno de los veinte sonetos 
que escribiera en castellano, habrian estado alii mas en 
su lugar. Por cierto, que el colector seiiala como fe- 
chas del nacimiento y muerte de Camoens 1524-1579. 
La primera es casi cierta, pero no siendo indubitable, 
procederia acompafiarla del convencional signo de in- 
terrogacion. Respecto a la fecha de su fallecimiento — 
como Milton, jen la miseria! — tienese por seguro la 
de 1580 y np 157Q. Tampoco pensamos que anduviese 
muy afortunado al escoger las composiciones de Cal- 
deron, pues a juicio nuestro, ni merecen figurar eintre 
sus mejores trozos poeticos los que el Sr. Ford colecta, 
ni nos dan clara idea de la musa de aquel altisimo poe- 
ta. La elegia de Zorrilla a la memoria de Larra — la 
cual hizo romper en tan vivas efusiones de admiracidn 
a cierto critico de renombre, Ochoa si no me engano — , 
tuvela siempre por lo menos bueno que sali6 de aque- 
lla lira tan rica en armonias, tersa, briosay exaltada, de 
tan galiarda y esplendorosa versificacion. Aunque en 
sus defectos es caracteristica de Zorrilla, faltale la ro- 
bustez e inspiraci6n de tantas otras de sus composicio- 
nes; mas aun, vulgar y anodina toda la elegia, la prime- 
ra estrofa es de pesimo gusto, detestable. Nada hubiera 
dado mejor y mas preci<ia idea de la musa de este poe- 
ta, como algun fragmento, casi pudiera decirse cual- 
quier fragmento de Oranada (1). De Selgas y Carrasco, 

(1) Oranada, poema oriental, precedido de la leyenda de Alha- 
ffiar. Pads, 1852. 



196 EL HISPANISMO EN N0RTE-AM6R1CA 

no es ciertame^ite lo mejor su poema intitulado La mo- 
, desUa Escnh^ el poeta y novelista n^urc.ano algunos ^ 
otros de merito muy superior; tales son El estio - que 
rnduy6 dTspu^s Menendez y Pelayo en su antologia 
popS (l)-o Laprlmavera. Si bien cortisima, superior 
Sien nos parece aquella otra int^ulada La .^^a va- 
ria que en su colcccion inserta Fitzmaurice-Keily (2 • 
Excelente es la antologia del profesor de Liverpool, 
moldeada en la popula^r de Menendez y Pelayo, aunque 
Tpartandose de Lt'a con gran acierto ""as veces s,n 
otras (3). Delicada y trabajosa, sin duda, es la tarea d^l 
rolector debatiendo porlograr un imposible: el impo- 
i^bfe'de darnos a con'ocer Ta labor de un ajto -gemo 
su produccion varia y rica, por medio de unos cuantos 
fra^mentos sin cofiexi6n. A menudo. Ford ha logrado 
rea^iTaTeste imposible. Vemos con placer que Gongora 
es?l repre entado en la antologia por dos composicio- 
nes muv tipicas de sua dos epocas, la primera del claro 
y 1 mp"o poeta de los villancicQS, las letrillas ingemosas 
y proverbiales, y los bellos romances, y la segunda del 

m Lascienmejorespoesias liricas de la lengua eastellana 
tin'u ciln o arantologias de la poesia ca*lU"a: Z-^s gg°«^„^« 

Sfoosw Sto?,w/%.(« hispano-americanos (Madru 

Iq?^ D0?M MenlndK y Petayo. Antologia Espanola, por C- M- ^ 
ISMJ), por m. mciic. uc r 'if J rmos modernas castella 

f^r(d^!-j?fnK»s^^ 



ERUDITOS Y POETAS 197 

«angel de las tinieblas" que compuso Soledades y Fd- 
bula de PoUfemo (1). Placemes merece el catedratico de 
Harvard por reunir en su coleccion algunas composi- 
ciones que no suelen figurar en las antologias de carac- 
ter popular, tales como la fragante y beliisirna silva in- 
titulada Acaecimiento amoroso del poeta y pintor sevi- 
llano, traductor del Aminta de Tasso, por mas senas, 
Juan Jauregui; o las tres deliciosas canciones de aquel 
D. Francisco de Borja, Principe de Esquilachey Virrey 
del Peru; o la lozana y perfumada letrilla de Jose Igle- 
sias de la Casa, que lieva por titulo La rosa de Abril. Y 
placemes, por insertaren su florilegio una muestra liri- 
ca del ingenioso hidalgo D. Miguel de Cervantes, tan 
injustamente postergado por lo comun en los dominios 
poeticos. 

Inexcusable pareceria no haber incluido entre los 
poetas de la segunda mitad del siglo xix a Rosalia de 
Castro, la espiritual y admirable poetisa gallega, auto- 
ra de En las orillas del Sar, en lengua castellana (2), si 
D. Juan Valera, y Menendez y Pelayo y todos los de- 
mas colectores que conocemos, con la sola y estimable 
excepcion de Fitmaurice-Kblly, no la hubiesen olvidado 
tambien en sus antologias. 

Una observacion final. sobre el volumen que nos 
ocupa. En la nota biografico-critica relativa a Gonzalo 
de Berceo, el profesor Ford afirma, sin reserva alguna, 
que el Libro o Poema de Alejandro Magno pertenece a 
aquel venerable patriarca de la poesia nacional. No se 
hasta que punto pueda atribuirsele su paternidad, cuan- 
do, si bien conforme uno de los manuscritos conocidos 
su autor es Berceo, segiin otro manuscrito fu6 Juan 



(I) Una rica colecci6n de las poesias de Gongora, vertidas al 
ingles, se encuentra en Gdngora, an historical and critical essay 
on the times of Philip III and IV of Spain, with translations, by 
Edward Churton. London, 1862 (dos voliimenes). 
. (2) Madrid, 1884. 



198 EL HISPANISMO EN N0RTE-AM£R1CA 

I orenzo cldrigo de Astorga. Por otra parte Luis Jose 
Suez en'sus Orlgenfs de la /^--VrArns^o'd 
recida hacia 1754) atribuye esta obra a D. Alfonso el 

^^^'nteresante esel ya mencionado ensayo de nuestro 
autor sob e la influencia inglesaen la hteratura espano- 
la en la primera parte del siglo xix. Empieza por citar 
^D Leandro Fer'nandez Mo^atin, quien pensionado 
nor el gobierno espanol, paso un ano en Londres. Fru 
?o de sus estudios del teatro ingles vino a ser a « me- 
diocre version- (no tan mediocre) dt fiamlet (1798) 
Snatas, en opinion de Ford, abundan en «erroneos 
Sos naturales en un escritor que consideraba Sha- 
keSea're claramente inferior a Racine^ Algo mucho 
neor que esto dijo Moratin, altrataren alguna parte de 
fas unidades dramaticas, afirmando que quienes se to- 
masen la Ucencia de quebrantarlas pronto caenan en 
«el caos dramatico de Shakespeare^ 

Sigaele Quintana, que muestra la mfluencia inglesa 
en su tragedU El duque de Viseo. donde imita The Cast- 

TefpJcfe, de Mate'o Lewis. 0P>-^" g^^^STz 

Fitzmaurice-Kelly, y que ya expuso en 1886 Menendez 

V Pelavo (1). Don Alberto Lista hizo - nos asegura 

Ford - uia traduccion libre de The Danciad reempla- 

zando los nombres de autores ingleses Que P«Re taca 

ra nor los de escritores espafiolcs que Lista juzgaba 

repfobables y cuya version poetica publico anonima- 

men?e Esto no es del todo exacto. Cicrto que e autor, 

nor alguna rareza. la llama traducci6n. mas El impeno 

TlafZidez (1798) no es en realidad srno imi acion 

de La Dunclada o La guerra de los tontos (1728 de 

noPta inp-les lose Fernandez-Guerra imita, en su Le 

l7nVHo'd7aldea, la famosa elegia de Gray^ ^l sev| la 

no Jos6 Maria Blanco, conocido por el nombre de Blan 

^\V Historia de las ideas esmicas en Espana, tomo III, volU' 
menll,pag. 214. Madrid, »886. 



ERUDITOS Y POETAS 199 

CO White, es para nuestro critico mas bien poeta brita- 
nico que espanol. Ford establece la usual distincion 
entre la primera epoca, espanola, de Blanco White y 
su segunda epoca, inglesa. Bien conocida es la historia 
y lucha espiritual de este lozano poeta que, asaltado 
por escrupulos religiosos, abandono su credo y su pa- 
tria — y maldijo esta— , para irse a vivir en Ingla- 
terra (1). 

Con la vuelta del romanticismo a Espaiia acentuose, 
en opini6n del Sr. Ford, la influencia britanica, que llego 
a revestir tanta importangia como la francesa y la ale- 
mana en nuestra literatura, merced particularmente a 
las obras de Scott, Byron y Macpherson. "Los elemen- 
tos constitutivos del romanticismo espafiol — escribe — 
eran identicos, en general, a los que formaban el de los 
paises que acabo de mencionar [Inglaterra, Alemania y 
Francia]. Existia, en Espafia, igual frrmeza en mantener 
el principio de la libertad en materias de arte, afirma- 
base con igual enfasis la importancia de la imaginaci6n 
y gusto individual en la produccion artistica, y habia, 
en fin, la misma pre'dileccion por los temas cristianosy 
los ideales caballerescos de la edad media". La influen- 
cia extranjera y el interes en la literatura nacional del 
siglo de oro, «uno de los pen'odos mds eminentemente 
romanticos en la historia de la literatura europea", hi- 
cieron florecer en la peninsula el romanticismo en los 
albores del siglo xiX". En dar el ejemplo y en estimu- 
lar el interes de los espanoles en su propia y anciana 
literatura romantica, Inglaterra jug6 un papel tan im- 
portante como Francia y AlemaViia, pues las produc- 
cioneS'de Scott y Byron y el Ossidn de Macpherson no 
hallaron menos favor, en Espafia, que las de Hugo, Du- 
mas (padre) y Goethe; y el ingles Hookham Frere, 
como los alemanes Schl^gel, Jacobo Grimm, Depping 



(') Sobre Blanco White puede consultarse la Historia de los he- 
tfrodoKos, de Menendez y Pelayo, vol. Ill, lib. VII, cap. IV. 



200 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

y Bohl von Faber, sefialo a los espanoles la rica inspira- 
cion de la vieja literatura de Casiilla". Pareceme que 
es Alcald Galiano quien nego rotundamente que los ex- 
tranjeros viniesen a «desctibrir" los grandes maestros 
de nuestro siglo de oro, afirmando que en todo el si- 
glo xviii no faltan escritores nacionales que levanten su 
voz para encomiarles. En efecto, si no deja de haber en 
Espafia quienes hasta la segunda decada del siglo xix 
les desdenara y atacase — como tambien atacaron a 
Shakespeare y Moliere — de modo particular en el pe- 
riodo de los ramplones y galicursis que acaudillaran los 
Moratines, tampoco faltaron e'ntre nosotros cnticos sa- 
gaces y espafiolisimos que, en todo tiempo, defendie- 
ran y ensalzaran a nuestros clasicos. Para ahorrar tiem- 
po, papel y tinta, remito a mis lectores a la Historia de 
las ideas esteticas en Espafia, de Menendez y Pelayo. 

Al recuperar el trono Fernando VII, en 1814 — pro- 
sigue Ford — , muchos liberales desterrados fueron a 
buscar refugio en Inglaterra. Entre ellos, los futuros 
jefes del romanticismo, Espronceda y Angel de Saave- 
dra. Otros muchos literatos que no pasaron su destierro 
en las islas britanicas, sino en Francia, sufrieron la in- 
fluencia inglesa por la boga que esta literatura gozaba 
en el pais vecino. No solo los emigrados espafioles — 
ailadiremos nosotros — ponense en contacto con el ro- 
manticismo europeo, que fueron tambien muchos los 
intelectuales extranjeros, en su mayoria fervorosos ro- 
manticos, que visitan Espafia y traban amistad con los 
nuestros, especialmente en el periodo que media entre 
1827 y 1847, cuando van a nuestro pais, entre otros, 
Dumas, Merimee, Gautier, Longfellow, Irving, Borrow, 
Cuvillier-Fleury, Girardel, Blanchard, Guinain, Roger 
de Beauvoir, Amadeo Achard y Luis Boulanger. 

La Dona Isabel de Soles, de Martinez de la Rosa, y 
El doncel de Don Enrique el Doliente, de Larra, reve- 
lan, a juicio de nuestro autor, un clarfsimo influjo de 
Walterio Scott. De Figaro, escribe: «En su tendencia 



ERUDITOS Y POETAS 201 

arqueologica, en su empefio por dominar los pormeno- 
res de los trajes y costumbres medioevales, Larra cla- 
ramente ha tornado por modelo a Scott». Sostienp el 
influjo que sobre EL tnoro exposito del duque de.Rivas 
ejerciera Lady of the Lake, Marmlon y otras obras del 
novelista britanico, asi como el de este, en general, 
sobre la producci6n de Zorrilia, Lopez Solery Escosu- 
ra. Concerniente a EX moro exposito, D. Juan Valera 
niega resueltamente que en aquel exista la mas ligera 
huella del influjo extranjero (1). 

Hablando de Espronceda, declara que en la lirica 
composicion Oscar y Malvina de ese «verdadero poe- 
ta", hay una inmediata y patente influencia de las le- 
yendas que Macpherson firmara con el seudonimo de 
Ossidn — quien era, diremoslo entre parentesis, un bar- 
do escocea del siglo in, hijo del rey de Morven — , asi 
como en el sqberbio HimnoalsoL (2) de nuestro poeta 
descubre una visible imitaci6n de los m^todos descrip- 
tivos de Macpherson, «y, en verdad, la profunda me- 
lancolia, el tragico fondo y los generalmente brumosos 
paisajes de los cantos de Ossidn, fue In que mas enca- 
recio su merito para los liricos, pesimistas y romanti- 
cos poetas jovenes de Espanaw. Pero aun hay mas, este 
sutil encanto Ileg6 a dominar espiritus nada romanti- 
cos, como Manuel de Cabanyes. Y no solo imprimio su 
fuerte huella en los poetas de la peninsula, sino que, 
atravesando los mares, su melancolica y romantica se- 
duccion hizose musa del gran poeta antillano Jose Maria 
de Heredia. 

El influjo de Byron no le parece menor que el de 
Scott y Macpherson. Cita los nombres — aunque no 
las obras — de Angel de Saavedra y Mariano Jose de 
Larra, asi como el de Jose de Espronceda, "el mas gran- 



(1) Introducci6n al Florifegio, etc., pigs. 97-101. 

(2) Sobre el origen de este poema, Felipe H. Churchman publi- 
co un breve articuloen Modern Languages Notes, 1908, vol. XXIH. 



202 EL HISPANISMO EN NORTE -AMfiRICA 

de poeta lirico de su siglo", quien, en estilo y amane- 
ramiento, imit6 felizmenie a Lord Byron. Mas, no fu6 
imitador servil. Sus doctrinas coincidieron, por pere- 
grina hermandad de espiritu, con las del bardo ingles, 
pero sin ser copia de ellas. Coincidencia — agrega 
Ford — que no resta un apice a la originalidad de 
nuestro poeta. Refiere aquella popular anecdota — chis- 
me literario, seria mejor llamarla — atribuida al conde de 
Toreno, quien, en respuesta a un amigo que le pregun- 
tara si habi'a leido a Espronccda, exclam6: "No, pero 
he leidoa Byron". Cuya implicita negacion de origina- 
lidad, lleno de colera a Espronceda. De esta y de otra 
anecdota por el estilo, que al mismo tonde se abona 
en cuenta, tomo ruda venganza el poeta en El diablo 
mundo, donde alude a 

EI necio audaz de corazon de cieno 
A quien llaman el conde de Toreno. . . 

« Afinidades de caracter y tendencias atrafanle hacia 
Byron, a quien, en la forma y metodo — o deliberado 
descuido de ellos — , muchb le debe; pero no puede 
negarse que la mas acentuada nota de Espronceda, la 
pesimista que resuena a traves de EL diablo mundo, El 
estudlante de Salamanca y mas cortos poemas liricos, 
como A Jarifa, no es mero eco de la nota byroniana, 
sino que arranca de la cuerda de su amarga experien- 
cia personal". Posteriormente, el P. Francisco Blanco 
Garcia ha emitido un juicio muy exacto, y que pudiera 
considerarse como definitivo, en este punto de las se- 
mejanzas entre Espronceda y Byron. "Solo falta ya vin- 
dicar a Espronceda de la imputacion de plagiario — es- 
cribe el religioso espafiol — , por confundir muchos 
esta oprobiosa cualidad con la muy semejante de imi- 
tador. Tal equivocacion concluiria de una vez con el 
m^rito de los mas insignes poetas, porque todos han 
§ido imitadores sin perjuicio de.la originalidad. Salva 



ERUDITOS Y POETAS 203 

la desemejanza de otras fuentes nacida, imitaron, como 
a Byron Espronceda, los ingenios de nuestro aureo si- 
glo XVI a los clasicos latinos y a los italianos de aquella 
misma 6poca, sin dejar de conseguir ventajas sobre 
ellos, segiin acontece en La profecia del Ta,o con res- 
pecto a la horaciana de Nereo. Si lo que hace insig- 
ne a un poeta es la asimilacion, digamoslo asi, de con- 
ceptos, aunque ajenos, vaciados en nueva turquesa, al 
encendido calor de su espiritu, cuando no cabe entera 
novedad, no hay raz6n para arrebatar esa gloria a Es- 
pronceda. Por su manera de sentir y de pensar se apar- 
ta, es cierto, de la corriente tradicional en la poesia 
espanola; pero ^que cosa no particip6 de esa universal 
degeneracion? Digase, en cambio, si una sola vez se 
confunden sus obras con las delos modelos; si una sola 
vez pierde aquel soplo de vitalidad, que no se trasfun- 
de ni se falsifica, y eso aun cuando mas de cerca sigfue 
ajenas huellas" (1) Este tema de las relaciones intelec- 
tuales entre Espronceda y el poeta britanico ha sido 
tratado con toda extension, posteriormente, por don 
Felipe H. Churchman (2). 

Vamos a permitirnos traer ahora a colacion unos 
cuantos datos, apuntes que por libros y revistas andan 
diseminados, los cuales corroboran esta doctrina de la 
influencia inglesa sobre nuestra literatura romantica, 
por el profesor de Harvard sustentada. 

Antes de 1798, afio que publica D. Leandro Ferndn- 
dez Moratin su traduccion de Hamlet (como Cadalso, 
Hamleto debi^ramos decir), y fecha en que se inaugu- 
ra, segiin Ford, la influencia inglesa sobre nuestra lite- 
ratura, habia ya varias obras vertidas del ingles. En la 



(1) Francisco Blanco Q^ltcxz, Historia de la literatura espano- 
la en el siglo XIX, vol, I, pags. 169-170, Madrid, 1899. (Segunda 
edici6n ) 

(2) Byron and Espronceda, en Revue Hispanique, 1909, voju- 
men XX, pags. 1-210, 



204 EL HISPANISMO EN NORTE -AMfiRICA 

decada anterior corrian composiciones puestas en cas- 
tellano, de Young, debidas a Cladera y Escoiquiz; de 
Milton, hechas por Alonso Dalda, Palazuelos, Jovella- 
nos, Hermida y Escoiz, de Macpherson, Pope y Tiiomp- 
son. Y a tal punto que, conforme Enrique Merimecy 
hacia 1790 el gusto espanol — la moda, dice el — se 
inclina.resueltamente hacia la poesia inglfesa (1). Claro 
es que tal orientacion requeria cierto conocimiento an- 
terior de la poesia britanica. La defensa que Bohl de 
Faber hizo de los romanticos espafioles del siglo de 
oro en aquella su famosa po.lemica mantenida en las co- 
lumnas del Diario Mercantil, de Cadiz, contra la Cro' 
nica Cientijica y Literaria, de Madrid (1814-1819), 
hubo de contribuir, naturalmente. a despertar un cu- 
rioso interns por los grandes romanticos extranjeros, a 
la sazon en la plenitud de su gloria, como Walterio 
Scott, Lord Byron, Goethe y Chateaubriand. A partir 
del aiio 1827, el librero valenciano Cabrerizo publica 
una serie de traducciones del genero romantico, que 
inaugura con Las aventuras del ultimo abencerraje, de 
Chateaubriand — de quien ya habian aparecido, pues- 
tas en espaiiol, Atala, en 1803, y Pablo y Virginia, 
en 1816 — , y a cuya novela siguieron otras de Walterio 
Scott, Ana Radcliffe, Victor Hugo, Alejandro Dumas, 
etcetera. En 1828, D. Agusti'n Duran da a la estampa 
su Discurso sob re el influjo de la critica moderna en la 
decadencia del teatro, donde defiende el romanticismo 
dramatico, que asimismo sostiene Donoso Cortes en su 
Discurso de apertura del Colegio de Humanidades de 
Cdceres, leido en 1829. Cuyas huellas habia de seguir. 
.cuatro aiios mas tarde Alcala Galiano en el prologo de 
Elmoro eXposito, donde vemosle romper lanzas en fa- 
vor de la escuela de Scott. Siguiendo el ejemplo de 
Cabrerizo, el editor madrilefio Jordan, empieza a dar a 



(1) Precis d^Histoire de la literature espagnole. Paris, 1908, 
pdgina389, ' 



ERUDITOS Y POETAS 205 

• 

la luz publica en 1831 la Nueva coleccion de novelas de 
diversos autores, iraducidas al castellano por una socle- 
dad de Uteratos, la cual, a partir del totno quinto, apa- 
rece con el titulo de Nueva coleccion de novelas de Sir 
Walter Scott, etc. En el ano 1832 se imprimen en 
nues'tra lengua una o dos novefas historicas del norte- 
americano Fenimore Cooper. En las Moras de invier- 
no, publicadas cuatro afios despues por D. Eugenic 
Ochoa, figuran traduccibnes de varies romanticos ex- 
tranjeros. 

Entre los romanticos espafioles, no citados por el 
sefior Ford, que en mayor o menor grado sufrieron la 
influencia inglesa, se cuentan los que van a continua- 
ci6n:Jose de Cadalso (1741-1782), verdadero precursor 
del neorromanticismo entre nosotros, es el primer imi- 
tador de Un autor ingles, del poeta Eduardo Young, en 
sus Noches Idgubres. Las Noches de Young tambi^n 
fueron'puestas en castellano, con el titulo de Lamento 
nocturne, por un escritor anonimo. Samaniego (1745- 
1801) toma el sujeto de algunas de sus Fdbulas, del 
ingles Juan Gray. Melendez Valdes (1754-1817) tra- 
dujo — del frances — e imit6 a Gesner, Young, Pope y 
Macpherson. Alvarez Cienfuegos (1764-1809) se inspi- 
ra en Young y Macpherson. Juan Maria Maury (1772- 
1845) sigue en algunas "de sus composiciones a Pope y 
Addison. Sufren, de modo leve, el influjo de Lord 
Byron: el valenciano Juan Arolas (1805-1849), poeta 
romantico de brillante fantasia y estilo animado y co- 
lorista, parti cularmente en sus Poestas caballerescas y 
orientales (1), cuya gentil musa nos evoca tambien, en 
ocasiones, la de Moore (2); los mejicanos Fernando Cal- 
deron (1809-1845) e Ignacio Rodriguez Galvdn (1816- 
(1842), cuyas Profecias de Guatimor pasa por ser su 



(1) Valencia, 1840. 

(2) Vease El P. Arolas. Su viday sus versos. Estudio crltico, 
por Jos^ R. Loraba y Pedraja. Madrid, 1898. 



208 EL HISPANISMO EN NORTE-AM£rICA 

obra maestra (1); el venezolano Jos6 H. Garcia de Que- 
vedo (1819-1871), discipulo de Zorrilla y traductor del 
bardo ingles; el mallorquino Tomas Aquilo, en cuyas 
Rimas varias (2) se hallaran algunas de corte byronia- 
no. En La liltima lamentacion de Lord Byron, Nunez de 
Arce le imita de modo felicisimo. De Espronceda ya 
hemos leido lo que escribe el Sr. Ford; agrcgaremos 
s61o que donde mas nos recuerda el influjo byroniano 
es en la Cancidn deipirata, fuerte evocaci6n de El cor- 
sario del lord y poeta ingles. 

En la dramatica espaiiola, si se exceptiia El duque 
de Viseo, de Quintana, mencionado por el profesor de 
Harvard, y por cuantos del mismo tema se han ocupa- 
do, s61o podemos citar El punal del godo (1842), de 
Zorrilla, basado en el Roderick de Roberto Southey. 
Tocante al duque de Rivas, aunque los grandes maestros 
ingleses, Shakespeare, Byron y Scott, «moldearon su per- 
sonalidad" — segun consigna Azorin — durante su lar- 
ga permanencia en Inglaterra, Gibraltar y Malta, la obra 
maestra de aquel esclarecidisimo poeta y la mejor acaso 
de todo nuestro teatro moderno, Don Alvaro, estrena- 
do dos anos despues de darse a la estampa El moro ex- 
posito Cordoba y Burgos en el s'glo decimo, no mues- 
tra la menor influencia inglesa. Don Alvaro es genuina 
producci6n espafiola, con aquel sello romantico y rea- 
iista al par de las grandes obras del siglo de oro, y tan 
notable que bien pudiera haberle firmado, para mayor 
gloria suya, cualquiera de los tres principes de la vieja 
dramdtica nacional. Allf esta todo lo que de ideal y de 
prdctico encierra el alma castellana; alii se ve "desde el 
caracter mas ideal — expresa D. Eugenio Ochoa (3) — , 
desde la creacion mas fantastica, hasta el rustico arriero 



(1) En Obras de Rodriguez Qalvdn. M6xico, 1851 (2 vols.). 

(2) Palma, 1846. 

(3) Apuntes para una Bibl'oteca de escritores espaholes con- 
tempordneos, en prosa y verso. Paris, 1840, vol. II, pdg. 694. 



ERUDITOS Y POETAS 207 

sevillano, hasta el fog6n y los cacharros de las posadas 
andaluzas". Obra de contextura inauditay excepcional, 
fecundacion del Quixote, parecele a Azorin este drama 
capital del duque de Rivas. Para el cronista madrileno, 
«el genio que crea el Quijote, crea el misticismo, crea 
el Don ALvaro. . .« (1). 

Respecto de Martinez de la Rosa, el influjo de Wal- 
terio Scott revelase tanto como en Dona Isabel de So- 
ils, que Ford cita, en Perez del Pulgar, donde se evoca. 
el pasado con los rasgos firmes y precisos, con la exac- 
titud de ambiente y epoca, con la verdad y grandeza, 
intensidad sentimental y dramatica de ese magistral 
modelo, Ivanhoe. Enrique Gil tambien nos recuerda, 
en su novela historica y romantica El sehor Bembibre 
(1844), otra de aquel autor ingl6s: The bride of Lam- 
mermoor. 

Mas, llamamos muy particularmente la atenci6n del 
lector sobre la circunstancia de que ninguno de aque- 
llos literatos espaiioJes llega a ser decidido e incondi- 
cional discfpulo de tal o cual autor britanico. Que si 
muestran e! influjo de Young, Macpherson, Scott, Byron 
o cualquier otro, en una obra determinada, tambien si- 
guen en las demds las huellas de ciertos escritores Fran- 
ceses alemanes, o — como ocurre con la mayoria de 
ellos — no siguen las de nadie. Pues no vamos a sefia- 
lar como imitadores o discipulos de Byron a todos los 
del romanticismo subjetivo y pesin^ista, o de Scott a 
todos los del hist6rico. El romantici^^mo, o romantismo 
como soli'a decirse a la aparicidn de este movimiento 
en Espafia, y mejor aun neorromanticismo, como de- 
bi^ramos los espafioles denominarlo, no tuvo en sus 
principios el mismo c?rdcter de idealizaci6n del murdo 
y de la vida con que hoy se nos presenta, sino que sus 
adeptos cimentaronlo sobre la base s61ida del realismo. 



(1) Leduras espanolas. Madrid, 1912, pdg. 22. 



208 EL HISPANISMO EN N0RTE-AM£RICA 

A mi ver, todos los elementos que caracterizan el ro- 
manticismo espanol en la primera mitad del siglo xix, 
de aquel modo entendido, son los mismos que integian 
la produccidn de nuestros grandes clasicos. Romanlica, 
en tal sentido, es la obra de Lope, Tirso y Caider6n; 
romantica la de Fray Luis de Leon, lierrera y G6ngo- 
ra; romantica la de un nutrido grupo de novelistas, con 
Cervantes a la cabeza, y romantica, en resoluci6n, casi 
toda la producci6n iiter^ria del siglo aureo, dohde ve- 
mos campear el lirismo, predominar la imaginaci6n, la 
delirante fantasia, y la sensibilidad sobre la razon, im- 
poner sus fueros el individualismo, o sea, la libertad 
en el arte, frente a los convencionalismos de la precep- 
tiva. No era ni podia resultar un movimiento extranje- 
ro en nuestra patria el romantico, puesto que, entendi- 
do a la espailola, posei'a como notas sustantivas las dos 
definitivas de nuestra raza: el individualismo y el rea- 
lismo. No iu€ en manera alguna una importaci6n, sino 
al contrario, castiza reacci6n contra el seudoclasicis- 
mo, esto es, contra la imitaci6n servil y galicana de 
nuestros resfriados ingenios del siglo xviii. Fue, mas 
que nada, una profesion de espanolismo e independen- 
cia literaria (l). 



(1), Sobre el romanticismo en nuestra patria pueden consultarse: 
Menendez y Pelayo, Historia de las ideas esteticas en Espana, Ma- 
drid, 1886, tomo III, vol. II. Marques de Valmar, Bo!^quejo histori- 
€0-critiCo de la poesia castellana en el siplo XVIII (que de hecho 
abarca la primera mitad del siglo xix). en Biblioteca de autores es- 
paholes, vol. LXI. Padre Francisco Blanco Garcia, Historia de la Hte- 
ratura espanola en el siglo XIX, Madri(^, 18Q1-94. Valera, en su 
introducci6n a Florilegio, etc. E. Pineiro, El romanticismo en Es- 
pana, Pan's, 1904. Entre los estudios breves, no carece de interes la 
Introduccion. del romanticismo en Espaha, por D. F. M. Turbino, 
en la Re\>ista contempordnea, Madrid, Enero de 1877. 



ERUDITOS Y POETAS 209 



VI 

Norte-Am^rica no es solo el pals de los fabricantes 
y mercaderes, de los Morgan y Rockefeller, ni s61o de 
los fisicos y naturalistas, como Sanders, Peirce, Leidy, 
Audobon, Morton, Fontaine, Maury, ni solo de los in- 
ventores, como Fulton, Franklin, Hughes, Graham Bell 
y Edispn; sino que, cuna — cuna forjada en duro bron- 
ce — de grandes cientificos, industriales y hombres de 
accion, es tambien patria de insignes cultivadores de 
las letras y las artes, de idealistas y sonadores; de fil6- 
sofos, de los Emerson y James; de juristas de la talla de 
Greenleaf, Kent, y Woolsey; de historiadores, como 
Prescott, Motley y Parkman; de novelistas, de los 
Hawthorne, Beecher Stowe, Fenimore C6oper;de criti- 
cos, como Warner, Thoreau, Howard Furness; y patria, 
en fin, de altos poetas, de los Bryant, Whittier, Poe y 
Whitman. No pocos de estos poetas fueron traducidos 
al castellano y algunos, como Edgardo Poe, por Goy de 
Silva y otros, excelentemente. 

Hablemos ahora de un poeta novel que, recogiendo 
la noble tradici6n literaria e hispanista de Longfellow, 
esta dando a conocer la poesi'a espafiola en los Estados 
Unidos. Don Tomas Walsh, que tal es el nombre de 
nuestro vate, paso algun tiempo en Espaiiay de alia se 
trajo con el un abundante caudal de impresjones po6- 
ticas, gran conocimiento de los hombres y de las cosas, 
gratos recuerdos y mucho amor por la tierra espafiola. 
Titulase su ultima producci6n Los reyes peregrinos (1), 
libro de poesias en que el autor canta con carifio e ins- 



(1) The Pilgrim Kings (Greco and Goya and other poems of 
Spain), by Thomas Walsh. Nueva York, 1915. Poesfas originales de 
asiinto espanol se hallaran tambien en otro libro suyo, interior: The 
Prison Ships and other poems. Boston, 1909. 



14 



210 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

pirado numen a nuestra Espana Al f«°"" J" P^f '"" 
de este volumen nos pareci6 refrescar el «Pimu con 
aires de la patria lejana. Pues aunque algunas composi- 
c ones cona^s son a enas de nuesiro pais - ya que los 
reyes magos y peregrmos no solo fcspanahab.an de 
visitar-, la mayorfa de ellas, y podria anadirse as 
meiores son de tema espaiiol. Vemos destilar por as 
hoTs de est" »bro de versos ruinas sagradas, como las 
Se'lofedo praderas y carmenes, como los granadmos, 
transportandonos el autor de las tierras pardas de Cas- 
tiUa al paisaie policromo de Andalucla; escuchamos co- 
p is g^itanas cfnciones moriscas, encend.das pleganas 

^ristilnas; y' vemos pasar en Pinf^ff^^y.^^'f"/, i^^^.'/'y 
pata orincipes y g tanos, prelados y emires, artistas y 
noe%s todos ellos con esas faces angulosas, oios ar- 
d°entes y noble porte de los espaiioles de antano Y 
este desme que presenciaran los reyes peregrmos, ve- 
moslo hoy nosotros iluminado tambite con rafagas del 
ro°de Espana, en verso ficil y estilo transparente. 

El autor hk tenido la feliz idea -que ya denuncia 
el Doeta - de trazar varios cuadros dialogados a pro- 

p6sito de Velazquez, el Greco y 0°^. .^el VoTma 
Lestro constituyen lo mejor de hbro^ En e^ poema 
Las datnas de honor, presentanos al ''"f'^f^. ^- .H^X 
Rodriguez de Silva y Velazquez en su " "^lo de Pala 
do Real de Madrid, rodeado de los reyes, de la mfanta 
dofla MargaVita, damas de honor y bufones, en el mo- 
mento de concebir su obra maestra, su cuadro estupen- 

do de La. Z'-""^- AP^"«" 1°! P^^^°".'l" '' mr* 
los contemplamos en el lienzo, del que este poema es 

una bel atecripcion. El poeta pinta la escenay el ms 
Unte en que debi6 de brotar la chispa gemal en U 
mente del maestro. Y despues de leer el Ppetna conce 
demos aue no podian ser de otro modo. En el cuadrc 
pXcoTntitulado Ooya en la ^/'t'lPfrre y amo 
con el prior F^lix Salcedo platicando de amo«s y amo 
do", de loreros y pintores, mientras suena la hora de s, 



ERUDITOS Y POETAS 2ll 

cita con cierta dama de la corte, acaso la propia reina, 
tal vez la duquesita de «carnes de blanca camelia y ojos 
de fuego", La maja vestida, no diremos la desnuda. . . 
Don Francisco el de los Toros esta alii retratado por el 
poeta en cuerpo y alma. La escena pasa en su estudio 
de San Antonio de la Florida, a las puertas de la Casa 
de Campo. Introducenos a El Greco en la ocasion en 
que este muestra su cuadro Entlerro del Conde de Orgaz 
al cura de Santo Tome, para cuya iglesia lo habia pin- 
tado. Estamos en casa del maestro Domingo Theotoco- 
puli, en el Cigarral de Buenavista, de Toledo. Tanto el 
reverendo presbitero como el artista tienen pensamien- 
tos lindisimos y dicen cosas del mayor gusto; pero su 
afan de informarnos de una porcion de pormenores 
que, sin contribuir a perfilar sus caracteres, recargan el 
dialogo, nos irrita un poco. Hay alii demasiado lastre 
de menuda y facil erudicion. Los dos se perecen por 
demostrarnos que un mister Walsh, de la Yanquilandia, 
esta al corriente de su vida y milagros. El otroapropo- 
sito poetico sobre el mismo pintor, denominado El 
ultimo j alio de El Greco, tiene por escenario el refecto- 
rio de Santa Maria de la Sisia, en las montanas de To- 
ledo. Es un poemita encantadbr. Luis Tristan, mozuelo 
imberbe y predilecto discipulo de Domingo Theotoco- 
puli, acaba de pintar para los jeronimos del monasterio 
su cuadro La vision de San Francisco. Pareci^ndoles 
exorbitante a los bueno$ frailes la suma de doscientos 
ducados que por su obra pide el adolescente, llaman al 
maestro para que sea el quien actue de arbitro y fije el 
justo precio. El Greco, al presentarse, increpa dura- 
mente a su discipulo por haber demandado doscientos 
ducados. "jTunante, doscientos ducados pides, it\i? 
jMi baston!. . . jMi muleta!. . . No le dejen escapar. jSu- 
j6tale, Pomponio! Traele aqui. Ahora dejadme ver el 
Irenzo otra vez. . . Pero, Luisillo, ^has pintado tu este 
deliquio celestial, este San Francisco con las propias 
Uagas del Senor en las manos y los pies, y la aligera 



212 EL HISPANISMO EN NORTE-AMemCA 

rr„rifivirtn en sus oios? Tii has pintado todo esto y 
Sora vas benacuelo a mancillar nuestro artery qmtar ; 
de°bocr honradas el pan;.. . . Y presa de l^^^^^^^^'^^^ - 
a ounto esta de apalear al pobre mOzo por haber peoi 
Hn doscienlos ducados. . . doscientos ducados solamen- 
r ?,?,nHnel lienzo ivive Dios! vale quinientos, ni un 
l^k^ dts menos"'. 'I^o^yen ustedes, benditos ier6m. , 

pinceladas se nos revela alii la indole "e os protego 
„ict!,» S11S ffustos genio y flaquezas, patemizanao ci 
noeta SaSaHdad con el hombre y su obra.con 
^usprocedimiTntos artisticos y el amb.en te de la epo- 
ra De no ser por su frescura y lozania, diriase que « 
toscoemas ueron extraidos de antiguos pergaminos, 
: e'sTaterza del color local, la '"aestna con que es- 
tan delineadas las figuras y la prec.s.6n y J ™eza de 
susraseos. Ignoramos si el poeta ^alsti na escriio para 
t? tJptro mas en vista de estos cuadros dialogados, no 
c eemos'a"enturado afirmar que.sefia un buen autor 
rir/m«ico Posee fina observacion, sobriedad, humo- 
dsro habilidad para intercalar los episodios.y hac.r- 

'° S^de Los reyes peregrines es poeta que sient, 

d cir, ratrndose de un poeta, de un verdadero a t.st, 
-que su erudicidn, en general, es amab e y ligera, s^ 
alardes academicos o la ingenua pedanteria de los ao 



ERUDITOS Y t>OETAS 213 

mines de aldea. Poeta de sanas tendencias y limpios 
procedimientos literarios, formado al calor de la lectu- 
ra de los clasicos, jamas deja escapar un detalle de mal 
gusto, una nota altisonante, un arranque modernista. 
Ama las lineas griegas, el perfil puro, el pensamiento 
solido, el estilp noble y elevado. Se echara de ver con 
todo ello que no ha de ser el Sr. Walsh uno de esos 
poetas de fejjril inspiracion, de loca fantasia; me figuro 
que es un poeta al estilo de Jovellanos o Lowell, que 
medita el asunto, bosqueja el cuadro, clige los colores, 
combina los tonos, y retoca mucho antes de dar por 
rematada su obra, la cual sale asi de sus manos pulida 
y armoniosa, aunque, por lo comun, sin preciosismos. 
Al final de Los reyes peregrinos hallamos su versi6n 
de las tres odas siguientes de Fray Luis de Leon: Alli- 
cenclado Juan de Grial, Morada del cielo, A Felipe Ruiz 
y A Nuestra Senora. Aunque se resientan de una ex- 
tremada preparacion — por el mismo empefio, sin duda, 
que el traductor pusiera en su labor — , estan bien 
vertidas al ingles y con bastante fidelidad. El Sr. Walsh 
ha traducido todas las poesias propias del maestro 
salmantino, las cuales, precedidas de una biografia y 
juicio critico, pronto dara a la luz piiblica. Merced a la 
amabilidad, tan fina como agradecida, del Sr. Walsh, 
hemos tenido ocasion de leer estos y otros manuscri- 
tos suyos de tema espailol. En particular las odas A Fe- 
lipe Ruiz, Vida retirada y A Francisco Salinas, aunque 
no posean ni puedan poseer la lozania del original, me 
parecen dignas de elogio. El traductor ha imitado a 
Fray Luis hasta en su laboriosidad,. esmero y retocar 
infatigable, pero con esta diferencia: que, a fuerza de 
preparaci6n y pulimento, las composiciones de Fray 
Luis resultan modelos de naturalidad y fluidez, y no 
las versiones de Walsh. Con todo, estaba haciendo falta 
que un poeta de lengua inglesa se encargara de dar a 
conocer en su mundo literario al sublime lirico. Aparte 
Unas cuantas versiones de poesias sueltas, de Fray Luis 



214 EL HISPANISMO EN N0RTE'AM£R1CA 

unicamente se ha publicado hasta ahora — que yo 
sepa — un pequeno tomo con seis poemas, traduccion 
de D. Enrique Phillips, de Filadelfia, que aparecio en 
1883 (1), y cuya edici6n se limitaba a una tirada de cien 

ejemplares. , , i . „„^ oi 

Esta labor afiadira no pocos laureles a los que el 
poeta Walsh se haya conquistado con sus obras origi- 
nales, y hacemos votos por que pronto de a la estampa 
aquellas traducciones, para fama y provecho suyo y 
recreo de cuantos por estas tierras americanas aman las 
letras de Castilla. , . 

Don Tomas Walsh ha traducido, ademas, composi- 
ciones de Sor Gregoria de Sevilla (2), cantigasde Jorge - 
Manrique (3) y Las Coplas de este a la muerte de su _ 
oadre. En prosa tiene una veintena de ensayos origina- ^ 
les, sobre temas espanoles, que han ido apareciendo en 
diversas revistas norteamericanas e inglesas. 

En uno de sus ensayos sobre Fray Luis intitulado 
Frav Luis de Leony la granja agustina (4), analiza e 
noble sentimiento de la naturaleza en los poemas del 
eran mfstico, identifica ciertas poesias descriptivas con 
los lugares que debieron inspirarlas, saca a colacion 
una gran suma de datos curiosos y hace en fin un es- 
tudio ameno y erudito. A juicio del escrrtor norteame- 
ricano, entusiasmados los criticos por la maestria con 
que supo Fray Luis naturalizar en las letras caste Ian as 
elespiritu de Horacio, no se ha concedido toda la im- 
portancia debida a la influencia que sobre el ejerciera 
Virgilio. Para Walsh, las traducciones que Fray Luis 

(1) Henrv Phi'lips, Poems from the Spanish of Fray Luis Pon- 
ce de Leon. Philadelphia, 1P83 (Privately printed). 

(2) En The Catholic World, Agosto de 1915. 

(3) Enr/z^B^//mart,EnerodelQ13. _ _ „„x^j^^„„rt 
4) Fray Luis de Leon and his AugustinianFarm, P^rte de cuyo 

ixlh\.\o St L^nhWcz^O^n The Ecclesiastical Review, 1913, volu- 

men XLIX, 



ERUDITOS Y POETAS 215 

hizo de las Eglogas y Georgicas poseen una gran tras- 
cendencia, no solo en la obra del divino maestro, sino 
en la del Renacimiento espafiol. Traza ligeramente las 
diversas influencias que habian de imprimir su sello en 
la labor poetica de aquel. 

Cabele a Fray Luis de Le6n la gloria de haber sido 
el primero en "descubrir en la naturaleza — en el paisa- 
je de Castilla — esta divina huella que, siglos mas tar- 
de, habia de hallar expresi6n en los Indicios de Inmor- 
talidad, de Wordsworth. . . En Fray Luis, sin embargo, 
la naturaleza es mas sublime; su hermosura es mtra 
huella de su Creador; a diferencia'de los otros poetas, 
no intenta convertir al angel en barro miserable; para 
el la belleza del mundo tiene por suprema mision \t- 
vantar a los mortales al cielo" (1). Y no s61o la gloria de 
haber sido el primero en percibir este armonioso e in- 
timo sentimiento de la naturaleza en los dominios de la 
poesia moderna, sino que pertenecele a Fray Luis igual- 
mente el honor de ser el primero que en Espaiia se 
pone en comunicacion espiritual con la tierra madre y 
se detiene a contemplar sus bellezas. Durante siete si- 
glos — copia de Unamuno, nuestro autor, en estos o pa- 
recidos tdrminos — los espanoles hubieron de refugiar- 
se en las ciudades, acostumbrandose a ver en el campo 
un lugar de labor y peligro, expuesto siempre a las in- 
cursiones de los sarracenos; apcnas si tuvieron ocasi6n 
de dedicarse a la serena contemplacion de la naturale- 
za. Los pintores tampoco fijaron su atenci6n en el has- 
ta mediados del siglo xvi. Poco, pues, se habia hecho 
para «preparar a Fray Luis en su rara mision de poeta 
mfstico de la naturaleza" (2). Segun Walsh, ninguno de 
los contemporaneos de Fray Luis — con haber cantado 
algunos de ellos la naturaleza, como el armonioso Ron- 
sard, como Dubellay y Remi Belleau, con un sentimien- 



(1) Tfie Ecclesiastical Review, 1913, vol. XLIX, pdg. 40. 

(2) Pdgina 40. 



216 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

to mas intimo y dulce que los antiguos — llega a la 
sublimidad del poeta salmantino. Y en cuanto a supe- 
rarle, ni aun el Tasso, en aquel maravilloso poema O 
pastorijelid, le aventaja. 

Fray Luis de Leon es el cantor e interprete sobera- 
no del cielo y de la tierra, de las plantas y de los astros. 
Su alma habia de ser igualmente sensible a las bellezas 
del agua, bellezas que han hecho de este elemento «uno 
de los principales simbolos del misticismo espanol". 
Nuestro critico, naturalmente, ha de ver asociado en 
casi todos los poemas de Fray Luis, en magnifico con- 
sorcio, la religion, el arte y la naturaleza. Entiende que 
para percibir toda la secreta belleza de sus composicio- 
nes y comprenderlas integramente, es precise visitar 
los lugares que fueron >familiares del poeta. "Sin una 
concreta vision de las montafias y lianuras de Salaman- 
ca, sin una visita a las riberas del Tormes y consiguien- 
te meditacion en la antigua granja agustina de La Fle- 
cha, se perdera siempre algo del sentido de los poemas 
sobre la naturaleza y vida retirada que Fray Luis escri- 
biera, asi como la significacion de la vida mfstica espa- 
iiola»' (1). Y el Sr. Walsh escribe su ensayo acerca de la 
granja-monasterio de La Flecha, donde el inmortal 
agustino.compuso sus mejores odas. Exacta y animada 
es su descripcion del monasterio y de sus alrededores. 
Hay en sus palabras algo mas que precision y brillan- 
tez: hay en ellas unci6n. Es el poeta peregrino que visi- 
ta los lugares sagrados y familiares del maestro, de 
aquel maestro que nacio en otros tiempos, en lejanas 
tierras y entre otros hombres, que habl6 un idioma 
extrafio al suyo, y que, no obstante, el reconoce como 
padre espiritual. Porque este Sr. Walsh neoyorquino, 
que Vive en el corazon de la gran metr6poli turbulenta, 
en el ambiente de mas estupendo y contagioso mercan- 



(1) , Pdgina 40. 



ERUDITOS Y POETAS 217 

tilismo que conoce la historia del mundo, es en sus 
poemas, no dire en el fondo del alma, un mistico. 

En sus romerias por los lugares donde viviera el 
poeta, nuestro viajero encamina sus pasos hacia la rei- 
na del Tormes, y en su ensayo sobre Salamanca, ayer 
y hoy {\) ensalza las glorias de su pasado y, con un 
dejo de amargura, su triste decadencla actual. Pero 
poeta, es decir, profesional del ensueno, no cierra su 
animo a la esperanza; acaso no este lejano el dia, a juz- 
gar por el brioso renacimiento de la Espafia contempo- 
ranea, en que la vieja ciudad castellana recobre su anti- 
guo rango como centro'del saber. La secularizaci6n — 
que este devoto escritor parece condenar como la peste 
del sigio — ha paralizado la vida de Salamanca. La que 
gan6se en buena lid el dictado de Nueva Atenas, es al 
presente una simple rama del Ministerio de Instrucci6n 
publica. Ya no es el tronco robusto y prolifico de la cien- 
ciaespanola. Ya no son sus colegios y su Universidad 
centros autonomos, con vida propia, sino organismos 
fiscalizados por la administracion central. EI alma de la 
ciudad, su anima intelectual, parece haberse desvaneci- 
do. Aunque la Universidad continue siendo la entrana 
de la villa, ni trazas quedan de las antiguas costumbres 
estudiantiles, que tanto caracter le daban. Ya no es la 
Meca de los escolares y de los sabios y los monjes, 
sino una poblaci6n como tantas'otras. No cs en nues- 
tros dias la 

Civ Has g^loriosa 

Gloria literarum 

Semper speciosa. . . 

con SUS treinta y dos colegios y monasterios de iglesias 
innumerables, como antano; ni buscan albergue entre 
sus muros los catorce mil estudiantes que a ella iban 



(1) Salamanca To-day and Yestarday, tnThe Catholic World, 
E"erode 1915, vol. C. 



218 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

* wdesde todos los puntos del horizonte y paises del glo- 
bo"; ya no se dan allf cita, como en sus tiempos de es- 
plendor, los eruditos y los artistas, los grandes capita- 
nes, los literatos y prclados. 

Mas, a pesar de su decadencia y aunque medio 
devastada, la Salamanca de hoy en di'a conserva aun la 
dignidad de unaantigua corte y es todavia "colina de 
maravillas". Si bien pobre, y despoblada delas muche- 
dumbres de estudiantes y de los varones insignes por 
su ciencia que en otros tiempos hicieran de ella la 
Madre de las virtudes, de las dencias y las artes, aun 
resuena alii la voz del saber, y se discuten en su Univer- 
sidad, en sus colegios y monasterios cuestiones de 
ciencia, de fe y de arte con el noble porte de antano». 
Los polvorientos 6mnibus de la estacion ferroviaria, el 
barrio popular y atrasado que se atraviesa hasta la 
Puerta de Zamora, casi desvanecen las ilusiones del re- 
cien llegado. Encuentrase con una pequena ciudad in- 
dustrial y mal cuidada, hasta que de repente descubre 
las esplendidas lineas de la pob1aci6n destacandose en 
el horizonte: esculturas de piedra, escudos de armas, 
festoneadas moiduras, antorchas y miradores con celo- 
si'as, todo de la piedra color pardo aureo, tan celebra- 
da, de Salamanca. Las mas humildes calles, pendientes 
y angostas, que se extienden alrededor de la soberbia 
Plaza Mayor, antes o despues desembocan en algun 
magnifico coleeio, convento o iglesiaw (1). 

iEs concebible que ciudad de tan nobles tradicio- 
nes, y esta Universidad que — no tanto por la bula de 
Alejandro IV, como por su saber — fue una de las cna- 
tro grandes Academias del mundo, sigan dejadas de la 
mano, hoy nada paternal, de los gobiernos? "Si se tie- 
nen en cuenta las soberbias reliquias arquitectonicas 
de Salamanca y su incomparable prestigio en tantas 



(1) The Catholic World, E^ero de 1915, vol. C, pig. 463. 



ERUDITOS Y POETAS 219 

centurias de primacia en las artes y las ciencias, pare 
cera imposible que Espana pueda continuar ignorando 
el hecho de que posee, con Salamanca, una de las mas 
venerables instituciones del mundo. Si Inglaterra, Fran- 
cia o Alemania tuviesen semejante ciudadela de admi- 
rables tradiciones, contemplariamos, en vez de esplen- 
didos despojos, otro Oxford o Heidelburgo, en Sala- 
manca. El que los escolares de Espana se vean forza- 
dos a congregarse en las ciudades grandes, tan poco 
propicias, si no hostiles, a los estudios, es s61o un ejem- 
plo mas de ese falso- espiritu que informa el llamado 
progreso moderno. Los gobiernos que, en realidad, 
nada hicieron por la fundacion de estas instituciones, 
han mutilado fatalmente a Salamanca, sin liquidar si- 
quiera ninguna de las cuestiones religiosas que su se- 
cularizacion envolvia. Si es cierto que la anciana Ma- 
dre de las vlrtudes, las ciencias y las artes ha caido en 
decadencia en los atribulados dias de Espaiia, ipor que 
no habia de incorporarse ahora el espiritu de la Nueva 
Espana, arrojar sus grilletes y atraer a ella las j6venes 
generaciones que al presente estan desdefiando los re- 
cuerdos y las tradiciones de su raza en las escuelas ex- 
tranjeras? Hay algunos pensadores que, al leer el futu- 
ro, contemplan la vision de estos viejos profesores tor- 
nando a abrir los polvorientos libros de texto con las 
palabras de Fray Luis de Le6n: «Deciamos ayer. . .« (1). 
Uno de los mejores trabajos que D. Tomas Walsh 
ha consagrado a Espafia — siquiera no nos parezca de 
los mas originales — es Los Manriques, batalladores y 
poetas (2), disertaci6n elegante, docta y bella. Esta fa- 
milia de cardenales y guerreros, de*eruditos y trovado- 
res, de Mecenas y estadistas, aliada «en el curso de los 
siglos con todo lo mas poderoso y distinguido de-cada 



(1) Rev. cit., p5g.472. 

(2) The Manriques Bnttle- Lords and Poets, en parte publicado 
en The Catholic American Quarterly Review, 1912, vol. XXXVII. 



220 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

6poca», tiene en el escritor norteamericano un cronista 
ilustrado y artista que celebra sus meritos y proezas en 
vibrantes paginas. Relata concisamente la historia de 
aquclla familia, que es "Una pagina de oro en el libro 
de la Espana heroica". Luego se ocupa de Lopez Man- 
rique y, finalmente, de Jorge Manrique, al cual esta 
consagrada la mayor parte del ensayo. Apunta la in- 
fluencia que sobre el primero ejerciera su ti'o, el noble 
marqu6sde Santillana, y le estudia, a vuela pluma, como 
poeta, orador, dramaturgo y guerrero. Cpnc^dele gran 
influencia en la primitiva poesia lirica y satirica de Es- 
pana, con lo cual no hace otra cosa que confirmar la 
opinion de los criticos espanoles contemporaneog, 
quienes vienen reconociendole en los ultimos anos una 
importancia cada vez mayor. Ve nuestro autor, en la 
obra de Gomez Manrique, el punto de convergencia de 
las tres capitales fuentes de la literatura espailola: ia 
florida elegancia de los hispano-latinos, de los dos Se- 
necas, de Marcial y Quintiliano; la didactica y moralista 
de los arabes y la cultura del Renacimiento italiano. 

Estudia, despues, la personalidad y la obra de Jorge 
Manrique, intercalando habilmente entre sus parrafos 
fragmentos de Las Coplas, que apoyan o aclaran sus co- 
mentarios. Y tras referirnos algunas de las mas me- 
morables empresas militares en que tomo parte, pasa a 
fijar el origen de este poema que ha inmortalizado el 
nombre de Jorge Manrique en las letras espaiiolas, y 
que califica el Sr. Walsh de "tremenda obra maestra". 
Y agrega en un periodo de hermosa elocuencia: «La vi- 
si6n de este catafalco cargado con todo lo que la fama, 
las proezas y el carifio podian deparar, impresiono el 
coraz6n del poeta con un vasto sentimiento de la futili- 
dad de las ilusiones terrenales, y prorrumpi6 en un 
canto de tan solemne grandeza, de tan sincere y viril 
sentimiento que con un solo paso se coloco a la cabeza 
de los'poetas de su centuria y entre los mas grandes 
cantores del mundo. No mas de treinta y seis afios te- 



ERUDITOS Y POETAS 22\ 

nia cuando abandono los pasatiempos literarios para 
escribir Las Coplas, las cuales, dice Amador de los 
Rios, «hallan eco en todos los corazones y ban sido 
apreciadas y populares en todos los tiempos", y que, 
segun Lope de Vega declara, «deberian -escribirse en 
letras de oro puro", el mas grande poema de angustia 
y consuelo que tiene el mundo. Abrese con esas uhi- 
versales lamentaciones y sabiduria de todas las edades, 
pasa por las pomposas exequias del antiguo rito, des- 
pliega el fausto inconcebible de los reyes, y revela el 
orgullo filial y los lloros del hogar solitario, hasta que 
la mano de la fe se posa en la inclinada frente, hacien- 
do brotar modulaciones de la pena,. una primavera de 
esperanzas, plenitud de paz, y al fin una sinfonia de 
arpas celestiales. . . De nuevo nos parece tener ante los 
ojos la vision de estandartes que se agitan al viento 
sobre el Castillo roqueiio de Ocana, escuchamos las 
voces de los siervos y hombres libres que llegan hasta 
nuestros oidos desde los frescos surCos de los proxi- 
mos coliados, al romper el alba, y en la iglesia del valle 
de Ucles el polvo' se acumula quedamente sobre la 
tumba del Gran Maestre Don Rodrigo y de Jorge Man- 
rique, su poeta" (1). 

De su version de Las Coplas repetir-emos lo que ya 
dijimos a proposito de la version del ilustre Longfellow. 
Aunque algo mas musical y lirica que la del ultimo, es 
la versi6n del Sr. Walsh igualmente libre — si no mas — 
en lo que concierne al espiritu y rima del original. En 
ambas se ha perdido, de otra parte, la grave y solemne 
cadencia, que suena a bronce de campanas, de Las Co- 
plas. Carecen tambien de su sobriedad — sobre todo la 
del poeta Walsh — , esa sobriedad que constituye el 
hervio del poema. Ninguna de las dos versiones es del 
todo satisfactoria. Empresa de alto m^rito.hubierasido 



(1) Rev. cit., pdg. 476. 



222 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

hacer una traduccion tersa, justa y fiel, sin violentar el 
idioma y sin sacrificar la espontaneidad del modelo. A 
menos que en una version no se respete con toda fide- 
lidad el sentido, tono y metro del original, no puede 
considerarse como perfecta. 

Abandonando los dominios de la lirica, veamos 
cuales son las impresiones de este viajero sobre la vida 
y costumbres espanolas. En su ensayo Las escuelas del 
paraiso (1) — principalmente dedicado a las que fun- 
dara el Padre Manjon en el Valle del Paraiso, en Gra- 
nada — , el Sr. Walsh flagela vigorosamente a los escri- 
torzuelos improvisados que tornan en libros sus apun- 
tes de viaje, y tratan de informar al publico extranjero 
acerca de la peninsula. Ellos son quienes suelen alimen- 
tar los prejuicios tradicionales que reinan sobre Espaiia. 
Por falta de simpatia con el pais y sus gentes, por fri- 
volidad y pereza mental, siguen comiinmente las huellas 
de sus predecesores y repiten los mismos viejos errores 
y datos de pacotilla, recurriendo invariablemente al 
metodo usual de comparar «las condiciones modernas 
del norte de Europa y America con las trasnochadas 
nociones que tienen de la Espafia de hace cincuenta o 
cien aiios. . . ignorando por completo los vivos esfuer- 
zos de-todo este noble pueblo por resarcirse de sus 
perdidas territoriales, politicas y mercantiles. . . Hay 
muchos adelantos recientes en la civilizacion, cultura y 
arte espanoles con que confundir a tales viajeros, in- 
dignos de la hospitalidad que alii reciben; muchas 
empresas de hoy en dia»/ en las cuales se encuentra 
«lo mejor de lo antiguo interpretado a la luz de lo 
nuevow. 

En este articulo se ocupa, conforme ya apuntaba- 
mos, de las Escuelas del Ave Maria, y de la personali- 



(1) The Schools of Paradise — capitulo in^dito de un librode 
Walsh, Grave and Gay Spain — , proximo a publicarse. 



ERUDITOS Y POETAS 223 

dad del fundador, el Padre Manjon, «uno de los gran- 
des hombres de la Espana moderna". Don Andres 
Manjon, canonigo de la Colegiata del Sacro-Monte y 
profesor de Derecho canonico en la Universidad de 
Granada, es efectivamente una de las glorias mas legi- 
timas de Espana. Su labor pedagogica en las Escuelas 
del Ave Maria, que el fundara en Granada y que en la 
actualidad se han ramificado por toda la peninsula, 
bajo su direccion, es notable, no s61o por los prin- 
cipios educativos que la informan, ultima palabra de 
la pedagogia infantil, sino por haber dado en la reali- 
dad con el gran secreto de la didactica: ensenar delei- 
tando. 

Lamentamos que no sea propicia la ocasion presente 
para rendir el mas caluroso tributo al maestro insigne y 
dar una ligera idea de sus metodos y de su opulenta co- 
secha cultural. El pedagogo que desee tener una vision 
de lo que sera la ensenanza primaria dentro de medio 
siglo en todo el mundo civilizado, y lo que no Utopia, 
sino realidad tangible es en la ciudad granadina, estu- 
die la labor del Padre Manjon. Seguramente conocera 
el pedagogo en cuesti6n los metodos de la escuela 
Montessori; pues aiin le falta mucho por averiguar, en 
la misma orientacion didactica, si ignora la obra del 
maestro andaluz. 

Para nuestro autor norteamericano, Sevilla es en 
verdad la tierra de Man'a Santisima. Su entusiasmo de 
amigo y de poeta, acaso le lleve alguna que otra vez a 
emitir juicios demasiado laudatorios y aun abusar de 
la hiperbole. En general, sus impresiones son exactas, 
y si no originals, son veridicas. Sin duda, es Sevilla la 
ciudad espafiola que tfienos desconoce. Varios de sus 
ensayos, a la capital andaluza, a sus moradores y cos- 
tumbres estan dedicados. 

Devocion y orgullo parecenle las notas dominantes 
en el caracter del pueblo sevillano. «En el coraz6n de 
los sevillanos de nacimiento es donde se hallara en toda 



224 EL HISPANlSMO EN NORTE -AMERICA 

su plenitud la devoci6n y el orguilo" (1). Ya hemos 
convenido, al hablar de-ias opiniones del Sr. Hunting- 
ton, en que el orguilo es universal nota del caracter 
espanol, no cabiendo por tanto considerarlo como cua- 
lidad distintiva de ninguna particular cpmarca. Llamar 
orguUosos a Jos sevillanos no nos parece mas preciso 
y especifico *que llamarles espanoles. En cuanlo a la 
piedad, no es Sevilia ciertamente la tierra de la verda- 
dera devoci6n, en Espatia, Siquiera sea la. tierra de 
Maria Santisima. El esplendor de las festividades reli- 
giosas, especialmente en Semana Santa, no indican 
nada, o acaso seria mejor decir, que lo indican todo: 
porque aquel ;nagnifico aparato, que tan de perlas des- 
cribe el poeta Walsh en una de sus cronicas, es eso y 
nada mds: aparato. Cuando en Sevilia no hay pottipa 
religiosa y cintajos y colorines e imagenes fastuosa- 
mente engalonadas, y lindas y sentidas saetas, me figuro 
que a pocos se le ocurrira pensar que es un pueblo 
esencialmente religioso. No quiero decir que sea, por 
el contrario, descreido y liberalote, que tampoco lo es, 
sino sencillamente pagano, con noble paganismo que 
tiene por base un concepto sencillo y amable de la 
vida. Acaso sea el unico pueblo pagano de los tiempos 
modernos. En Burgos, Bilbao o Pamplona, pudiera 
sefialarse la devocion como nota dominante del pueblo; 
en Andalucia, s51o Granada nos parece una ciudad hon- 
damente religiosa. Si bien no es Sevilia la tierra tipica 
de Don Juan y de Guzman de Alfarache — aunque, res- 
pectb al primero, se empefian en afirmar lo contra- 
rio — , porque hay moderacion, armonia y distincion 
en el alma de aquel pueblo, tampoco puede decirse, 
con puntualidad, que sea la tierra de los San Isidoros. 
A juicio nuestro, el pueblo sevillano se distingue por su 
sal, distinci6n, locuacidad y sentido placentero de la 



(1) Seville of the Poets, en The Bellman, 1." de Marzo de 1913, 
pag. 267. 



ERUDITOS Y POETAS 225 

vida, que apenas si se encuentran fuera de Sevilla. En 
toda la peninsula, son los hijos de Sevilla los unices 
que tienen chispeante ingenio y gozan de inalterable 
buen humor. 

En lo concerniente al ingenio sevillano, ya atina el 
Sr. Walsh, cuando dice que «la deidad que fud belleza 
en Grecia, poder en Roma, car^cter en Londres, estilo 
en Paris, es en Seyilla ingenio, bien patentizado porla 
sal de sus hijos, sin la cual aun la belleza y el propio 
Don Dinero son impotentesw (1). Cosa parecida habia 
ya dicho Havelock tllis, en El alma de Espana (2): «Los 
sevillanos, y en particular las sevillanas, poseen una 
cualidad que, como los antiguos romanos, los espafio- 
les denominan «sal", una gustosa y «antisepticaw cuali- 
dad de viva inteligencia que trasciende en cuanto ellos 
son y en cuanto haceu". 

Llamale particularmente la atencion al Sr. Walsh, el 
amor al canto y baile que posee nuestro pueblo. A-bun- 
dan en los ensayos que a ambos dedica, como en Co- 
pier os del punaly la guitar r a (3) y en Puntay tacon en 
Espana (4), las observaciones discretas, y en general, 
estan bien vistas y comentadas dichas artes populares, 
en especial el baile; pero contienen algunas inexactitu- 
des, como aquella, por ejemplo. de que el bolero — ese 
baile noble y senoril, verdadero baile clasico espa- 
ftol — tiene la voluptuosidad de las' danzas moriscas; 
que el tango es de procedencia cubana o argentina, 
ignorando que hay dos clases de tangos: el tango espa- 
nol, fino, decoroso y tipico, que se baila individual- 
mente, y el tango argentine, vulgar y bastardo, que 



(1) , Rev. cit., pdg. 269. 

(2) The Soul of Spain, by Havelock Ellis. London, 1Q08, pi- 
gin a 339. 

(3) Singer of the dagger and guitar, en The Bellman, 2Q de 
Julio de 1911. 

(4) Heels and toes in Spain, capitulo de Qrave and Gay Spain. 

15 



226 EL HISPANISMO EN N0RTE-AM£RICA 

bailan por parejas y el cual puede figurar, en punto a 
decoro y buenas formas, junto a la antigua zarabanda. 
A veces nos sorprende con afirmaciones por el estilo 
de aquella en Copleros del punaly la guitarra, de que 
el campo de las canciones populares esta en Espana sin 
explotar. Por el contrario, no solo se halla en explota-. 
ci6n. sino que cosecharonse ya optimos frutos con as 
laboriosas investigaciones, sobre romances y coplas 
nopulares de Mila y Fontanals, Menendez Pidal y Ko- 
driWz Marin, entre otros. Recuerdo en este momento • 
la Poesia popular y Los romances trddlcionales en Ame- 
rica del segundo: El romancerillo Catalan, de Mila y 
Fontanals; los Cantos populares espanolesM J°^"S"\^ 
Marin; los Romances populares de Castilla de fortes, 
las Poesiasy cuentos populares, de Fernan Caballero; la 
coleccion de unos ochenta mil versos y trescientas me- 
lodias, reunidas por Manuel Manrique de Lara, en 
Marruecos y los Balkanes; en America, pues todas sus 
colecciones importantes son genuinamente espanolas, 
las de Nuevo Mejico, Tejas, California y Colorado, 
recogidas por Aurelio M. Espinosa; las de C^ro Bayo, 
Carolina Poncet, Chacon y Calvo, Vicuna Cifuentes, 
por mencionar solo las que ahora acuden al conjuro de 
la memoria. En Madrid, dabase antes a la estampa (ig- 
no^o si tambien al presente) el Bolettn folklorico espa- 
nol En 1Q09, celebrose en el Ateneo de Madrid una 
..fiesta de la copla», donde se leyeron interesantes tra- 
baios acerca de las coplas andaluzas, aragonesas, caste- 
lianas, gallegas, etc., con gran copia de cantares hasta 
entonces, en su' mayor parte, relegados al olvido. Pu- 
blicaronse despiies estos trabajos, si la memoria no me 
es infiel, en numeros sucesivos de la Revista Ateneo, de 
la vilify corte, donde cosas de mucho mterds y gusto 
hallara el Sr. Walsh. Y si de los estudios criticos pasa- 
mos a las antojogias o compilaciones, se ejicontrarar 
dstas con profusion. Apenas ?i hay poeta espanol con 
temporaneo que no tenga su colecci6n de cantares 



ERUDITOS Y POETAS 227 

populares, mera compilacidn, o pura variante de los 
ya nacidos de la milsa popular. Palau, Salvador Rueda, 
Villaespesa, Manuel Machado, etc., casi todos han pu- 
blicado colecciones, grandes o pequenas, de cantares. 
Aparte estos, algunos otros reparos pudieran poner- 
se; pero el Sr. Walsh no tiene, desde luego, en sus estu- 
dios de caracter popular ninguna de esas pintorescas 
enormidades de otros viajeros, de quienes el tan doho- 
samente se burla. Sea suya la ultima palabra acerca de 
la copla espanola: «No hay comarca, desde Barcelona 
a Gibraltar, que no tenga su coplero favorito: en los 
teatros, cafes y calles, y en los campos, estos copleros 
dan expresi6n a las inenarrables angustias de la raza, a 
sus amores y odios, sus desdenes y protestas. . • La 
copla ha seguido todas las evoluciones de la vida'espa- 
flola, y todas ellas le han impreso su caracter: fue el 
canto de guerra durante la Conquista; acompano a 
Colon y a Pizarro; tuvo eco en la Armada. En los dias 
escolasticos mezcl6se a las disputas de los te61ogos de 
Salamanca; en los autos de fe, celebraba la ejctermina- 
ci6n de moros, judios y hereticos; reson6 en los regios 
claustrosdel Escorial, asi como en las intrigantes glo- 
rietas de La Granjaw (1). 



(1) Singers of the dagger and guitar, en The Bellman, 29 dc 
Julio de 1911, pigs. 138-139. 



CAPlTULO VIII 
, Expositores y criticos. 

I 

En punto a bibliografia y critica, pareceme Milton 
A. Buchanan una de las figuras mas sobresalientes del 
hispanismo norteamericano.Como bibliografo, son dig- 
nos de particular mencion sus resumenes en la seccion 
de literatura espafiola de Kritlscher Jahresbericht iiber 
die Fortschritte der Romanischen Philologie (IQl 1-19 1 3). 
Sin duda, no hay critico infalible, porque en el arte de 
juzgar las pbras literarias, como en el arte de vivir, aun 
el mas justo peca siete veces al di'a, pero pocos se en- 
gaiian menos que nuestro presente critico en materias 
de literatura espafiola. Lucido y sagaz, moderado y se- 
reno, suele ser su opinion razonada, segura, precisa. 
Es sobrio en el uso deladjetivo y, en general, no dice 
ni mas ni menos de lo que debe. Ni en el elogio se deja 
llevar del entusiasmo, ni en la censura, del desden. Esta 
igualmente distante de esos criticos histericos, aplau- 
dan o censuren, que lanzan, no palabras y juicios, sino 
bocanadas de fuego, como de los graves aristarcos que 
parecen t^mpanos de hielo; tanto dista de los violentos 
y crudos, que critican con pluma y agudezas de villano; 
como de los academicos y dogmaticos hec pluribus im- 
par. . . Discrete sin timidez, sabe guardar la compostu- 



EXPOSITORES Y CRITICOS 229 

ra y respeto hacia el autor que de tan de moda esta 
ahora perder entre la quisquillosa gente del cotarro li- 
terario, sin perjuicio de decirnos con toda libertad y 
bien a las claras su intima opinion. Esa cualidad esen- 
cial del arte de juzgar, y que revela juntamente en los 
hombres corazon e inteligencia, la ecuanimidad, la ben- 
dita tolerancia, poseela a carta cabal. For falta de tole- 
rancia, mas aun que por personal envidia, desden o 
enemistad, muevense a menudo los criticos en el fondo 
cenagoso y turbio de la insinuacion malevola, de las 
falsas acusaciones, de la diatriba, del lenguaje crudo, 
rufianesco y tabernario, que, por insensible que sea la 
.vietima, ha de penetrarle en el corazon como una hoja 
envenenada. Porque los grillos de la prision, aquellos 
«ruisefiores del diablo" de que nos habla Quevedo, son 
menos chirriantes y menos se clavan en las carnes que 
ciertas criticas. Solo en una ocasion, tan solo una, he- 
mos visto al Sr. Buchanan a punto de perder los estri- 
bos y aquella saludable y habitual tolerancia que le re- 
conocemos; faltandole, tal vez, la simpatia que un criti- 
co ha de sentir por el autor y obra que analiza, si ha de 
ser justo, se le escaparon unos signos de exclamaci6n 
insinuantes y de todo punto deplorabies, 

Entre los numerosos trabajos d€ este profesor de 1^ 
Universidad de Toronto, figura uno muy interesante 
sobvt Cervantes y los libros de caballeria (1). Empieza 
por citar aquellas palabras que Cervantes pone en boca 
de un amigo, en el prologo de la primera parte del 
Quijote (1605): «En efecto, llevad la mira puesta a de- 
rribar la maquina mal fundada de estos caballerescos 
libros, aborrecidos de tantos y alabados de muchos 
mas; que si esto alcanzadeses, no habriades alcanzado 
poco". En el capitulo final de la segunda parte (1615), 
Cervantes torna a manifestar el proposito que le indu- 

(1) Cervantes and Rooks of Chilvary, en Modfrn Languages 
t^otes, 1914, vol. XXIX. 



230 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

jera a escribir Don Quljote, y se jacta de su triunfo: 
"pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborreci- 
miento de los hombres las fingidas y disparatadas his- 
torias de los libros de caballena, que por las de mi ver- 
dadero Don Quijote van ya tropezando, y han de caer 
del todo, sin duda alguna». Y como todos los historia- 
dores de la literatura espafiola coinciden en afirmar que 
Cervantes cumplio su proposito, y Faria y Sousa sos- 
tiene, en 1637, que a consecuenciade la publicacion de 
Don Quijoie los libros de caballeria "no son tan leidos", 
y dos siglos mas tarde, en 1833, Clemencin asegura que 
despues de 1605 "no se publico de nuevo libro alguno 
de caballerias, y dejaron de reimprimirse los anterio- 
res", y Ticknor apunta solo dos excepciones: Genealo- 
gia de la toledana discreta, que se impnme en 1608, y 
El caballero del Febo, reimpreso en 1617 y 1023 — , y 
Fitzmaurice-Kelly sostiene, finalmente, que despues de 
aparecer Don Quijote no se reimprimio sino El espejo 
de principes y caballeros (1617-1623); el Sr. Buchanan, 
de quien copiamos las precedentes acotaciones, sefiala 
Unas cuantas reimpresiones de libros de caballeria que 
habian escapado al saber y diligencia de todos los his- 
toriadores de nuestra literatura, a saber: 
, Roberto el diablo, 1607, 1627 y 1628. 

La doncella Theodor, 1607, 1642 y 1676. 

Oliverosy Artiis, 1608 (?). 

Hermosura de Angelica, 1608. ' 

Noches de Invierno, 1609. 

La Cronica del Cid, 1610, 1616 (dos edi clones) y 
1627 (dos ediciones). 

Carlo magna, 1613, 1641 y 1650. 

lablante de Ricanionte, 1614 y 162Q. 

Selva de aventuras, 1615 (dos ediciones). 

El Bernardo, 1 624. 

Magalona, 1628, y hacia 1690. 
, Roselaura y Francelisa, \()30 {MS.). 

Frente a la opinion general de que los libros de ca- 



EXPOSITORES Y CRiTICOS 231 

balleria cesaron de publicarse tan pronto como salio 
Don Quijote. sostiene Buchanan que en los quince anos 
precedentes casi ninguna obra de este genero di6se a 
laestampa. Los libros de caballeria no tenian suficiente 
demanda para que se escribiesen otros nuevos o reim- 
primiesen los antiguos. Y aqui viene otro interesante 
punto de vista. «Al atacar los libros de caballeria — es- 
cribe el profesor de Toronto — Cervantes atacaba los 
gustos de una generacion anterior, losde supropiage- 
neraeion. Conviene recordar que en 1605 Cervantes 
cumplia cincuenta y ocho afios de edad. La nueva ge- 
neracion, aficionada a la comedia, no sentia ya el menor 
interes por los libros de caballeria ni, a la verdad, por 
los romances pastorales, que, como aquellos, habian 
muerto de muerte natural. Quedaban, claro esta, algu- 
nas excepciones. . ." 

De la labor dramatica del Principe de los Ingenios 
espaiioles^ de sus entremeses, ocupase tambien el pro- 
fesor Buchanan en otro trabajo intitulado Cervantes 
como dramaturgo (I). Tras fijar 1610-1612 como la fe- 
cha mas aproximada en que fueron escritos, a juicio 
suyo, los ocho entremeses que, con ocho comedias, sa- 
lieron a luz en la edicion de 1615, trafa de las relacio- 
nes V puntos de contacto entre aquellos y otras obras 
de Cervantes. Muchos de los personajes que vemos en 
los entremeses son los mismos que nos deleitan en 
Don Quijotey Novelasejemplares. Y aunque represen- 
tan una labor mas humilde, de menos pretensiones li- 
terarias, son las que, con estas y Don Quijote, mejor se 
adaptan a la especial indole de su genio, mucho menos 
propicio para la composici6n de poemas, novelas pas- 
toriles y comedias en verso. Cuanto m^s nacional era 
la obra que emprendia, mayor su triunfo. Llama la 
atenci6n nuestro critico sobre algunos episodios and- 



(1) Cervantes As a Dramatist; I. The Interludes, en Modern 
Languages Notes, 1908, vol. XXIII, 



232 EL HISPANISMO EN N0RTE-AM£RICA 

logos en los entremeses y las dos precitadas obras 
maestras de Cervantes. 

No cree que mostrase el Principe de los Ingenios 
originalidad alguna en la eleccion de los personajes de 
sus entremeses, porque todos ellos venian figurando en 
la novela y la escena espanolas. Y aun aquella vivaci- 
dad del dialogo que se tiene por tan caracteristica de 
Cervantes, lucia ya en las producciones de sus eminen- 
tes predecesores. A pesar de ello, y no otrstante perte- 
necer esencialmente al genero chico, estas composicio- 
nes merecen un puesto de honor. "Solo un aris>t6crata 
por el estilo de Ticknor seria capaz de relegarlas al area 
y perpetuo silencio, como el propio Cervantas, mal 
aconsejado, hiciera. Aqui, como en otras partes, Tick- 
nor aplico una norma arbitraria y valuo las obras lite- 
rarias que caian en sus manos como el Octavio de Gol- 
doni, con un anillo, media huevos: questo passd, questo 
non passa. Es ya tiempo de que, sacudiendo el hechizo 
de Ticknor y Schlegel, vayamos juzgando por nuestra 
propia cuenta. Los burlescos entremeses de Cervantes 
son su mas acertada produccion dramatica y, en verdad, 
dignas muestras de la fertil y facil inventiva que trajo 
al mufido las Novelas ejempLares y Don Quijote». Nota 
el hecho de que nuestro primer ingenio, tan afnigo de 
fijar reglas y teorizar sobre el modo de componer no- 
velas y comedias, nada dijese acerca de los entremeses. 
Cuantos cultivaron este genero, incluso Cervantes, no 
hicieron otra cosa que seguir las huellas del insigne 
Lope de Rueda. Ni se ocuparon en establecer regula- 
ciones, ni en su corte y caracter introdujeron innova- 
ci6n alguna. Del lozanoy felicisimo numen de Lope de 
Rueda, creador del genero, salio este con sus rasg^os 
definitivos. Pues ni habremos de ver novedad en que 
los personajes de Cervantes se expresen en un lenguaje 
natural y propio -r como el, con aires de innovador, 
quiso darnos a entender en el pr6!ogo a la edicion de 
Ocho comedias y ocho entremeses — , ya que los perso- 



EXPOSITORES Y CRITICOS 233 

najes de Rueda sabian tambidn hablar como mejor cua- 
drase a su estado y condicion; ni los bailes, aunque 
desempenasen papel mas importante en los entremeses 
de Cervantes, eran cosa nueva en la farsa, puesto que 
habian figurado al menos en una de las obras de Lope 
de Rueda, entre las que hasta nosotros llegaron. Por 
otra parte — prosigue Buchanan — , en prosa escribio 
aquel casi todos sus entremeses, y en prosa los compu- 
so Cervantes — excepto dos — , y cuantos le siguieron 
en el arte de componer estas regocijadas y sabrosas 
piececillas. 

En ReminlscenciasitaUanas en la obra de Cervan- 
tes (1) estima considerable el influjo que sobre este 
ejerciera la literatura ael cinquecento, aunque seria pre- 
cipit.ido afirmar categoricamente que le fuesen de igual 
modo famiiiares las producciones precedentes a dicho 
periodo. Recuerda que para fines del siglo xvi las ima- 
geries e ideas cap i tales de la Divina Comedia habian 
liegado a ser a tal punto lugares comunes en la litera- 
tura, «que resulta dificilisimo en ocasiones determinar 
la inmediata fuente de una alusion o expresion de traza 
dantescaw. Si bien admite que cierta frase del Canto de 
Caliope en que Cervantes alude al sublime florentino y 
la Divina Comedia no indica familiaridad con esta, ni 
siquiera conocerla, en La Qalatea ciertamente traslada 
el famoso lamento de Francisca de Rimini, en la siguien- 
te expresion: "puesto que fuera mejor no acordarme de 
cosas aleg^res en tiempo tan tristo. Vnuestro critico 
agrega: «Para confirmar la conjetura de que Cervantes 
tenia en la mente el canto V del Infierno, al escribir 
aquella versi6n, considerese la siguiente adaptaci6n 
aparente del deseo que Dante muestra de saber la pri- 
ma radiace del amor de Paolo y Francesca. Se recor- 
dara que Lisandro esta hablando a Elicio de su primera 



(1) Some Italian Reminiscences in Cervantes, en Modern Phi- 
lology, 1907-1908, vol. V. 



234 EL HISPAWISMO EN NORTE -AMERICA 

carta a Le6nida, en La Galatea, cuando pronuncia la 
expresion antedichaw. «No — interrumpe Elicio — , no 
es justo que me dejes de decir la carta que a Leonida 
enviaste, que por ser la primera, y por hallarte tan ena- 
morado en aquelia sazon, sin duda debe de ser discre- 
ta". Cervantes repite las palabras de Francesca en la 
misma obra: «mas, ay del alma desdichada, que se ve 
puesta en terminos de acordarse del bien perdido". En 
su comtdid, EL gallardo espanol hallamos el reverse del 
nessUn maggior dolore: 

Pasadas penas en presente gloria 
El contarlas la lengua no repugna. . . 

En El celoso extremeho tambien descubre Buchanan 
un pasaje con reminiscencias de Dante. «Quien ha visto 
banda de palomas estar comiendo en el campo sin 
miedo lo que ajenas manos sembraron, que al furioso es- 
trepito de disparada escopetase azora y levanta, y olvi- 
dada del pasto, confusa y atonita cruza por los aires; 
tal. . . » , cuyo correspondiente simil. en el segundo can- 
to del Purgatorio, menciona Buchanan seguidamente. 

Tales son las reminiscencias dahtescas en la obra de 
Cervantes que Kraus, Sanvisenti y Farinelli, en los es- 
tudios donde tratan del mismo tema, segun nos manl- 
fiesta Buchanan, omitieron consignar. 

En 1906 publico el profesor Buchanan una edici6n, 
con introduccion erudita, pero terriblemente indigesta, 
y comentarios, de EL esclavo del demonio, de Mira de 
Mezcua (1), y en 1Q09 otra edicion de La vida es sueno, 
de Calderon (2). El texto de ambas esta escrupulosa- 



(1) Co media famdsa del <> Esclavo deldemonio», compuesta por 
el Doctor Mira de Mescua (Barcelona, 1612). Edited, with an in- 
troduction and notes, by Milton A. Buchanan. Chicago, 1906. 

(2) II La vida es sueno». Coniedia famosa de D. Pedro Calderon 
de la Barca. 1836, Edited by Milton A. Buchanan. Vol. I. Toron- 
to, 1909. 



EXPOSITORES Y CRiTICOS 235 

mente presentado. El de la segunda lleva anejo un 
apendice con las variantes y breve noticia de la fecha 
en que apareci6 la comedia y de sus mas impprtantes 
ediciones. Los colectores anteriores al Sr. Buchanan 
reprodujeron el texto de La vida es sueno conforme la 
edicion impresa el ano 1685 en Madrid. El profesor de 
Toronto ha sido el primero en llamar la atenci6n sobre 
la superioridad del texto de 1636, y reimprimirlo. Des- 
viase de el en unos cuarenta casos unicamente, donde 
parecian indispensables ciertas enmiendas. Aparte algu- 
nas ligerisimas inconsecuencias tocante al uso del pa- 
rentesis, ya acotadas oportunamente por el profesor 
Lang, esta edicion es inmejorable. Buchanan prometia, 
en ella, un segundo volumen con notas y comentarios; 
pero, requerido despues por trabajos mas urgentes, 
segiin me comunica con su peculiar benevolencia, que- 
dose aquel en el tintero. 

Dos afios antes de dar a la estampa esta edicion, 
habia dedicado Buchanan un breve estudio a la de Vera 
Tassis y los primitivos textos de La vida es sueho (1), 
en el cual examinaba la dudosa fecha de la edicion de 
Vera Tassis y llamaba la atenci6n sobre los errores e 
incongruencias de los bibIi6grafos, aunque sin llegar 61, 
por su parte, a determinar la exacta fecha de su apari- 
ci6n. Burlabase alli donosamente de la imaginaria amis- 
tad con que Vera Tassis se adornab^, diciendose intimo 
de Calder6n, sin serlo; y analizaba y graduaba, final- 
mente, el valor comparativo de los tres primitivos-tex- 
tos de La vida ds sueno, juzgando como mas aceptable, 
contra la opini6n hasta entonces dominante, el de 1636, 
no obstante hallarse descuidadamente impreso. 

Entre algunos otros trabajos cortos a prop6sito 
tambien de Calder6n, tiene el profesor Buchanan un 



(1) Notes on Calderon: The Vera Tassis Edition; The Text of 
"La vida es sueno», en Modern Languages Notes, 1907, volu-^ 
nien "XXIL 



236 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

articulo en que comenta el soliloquio de Segismundo, 
concerniente a la libertad, en Lxi vida es sueno (1), del 
cual trasladaremos un parrafo Ueno de lucidez y preci- 
sion critica. Tras haber examinado ei monologo con 
toda atencion, concluye afirmando que jamas dio el 
poeta una nota mas intensa y perfecta que en el solilo- 
quio de Segismundo, donde nos hace sentir toda la 
tetrica desesperacion de un alma que ha perdido su 
unico preciaao bien: la libertad. «Cuan grande debia de 
ser el genio de este poeta — exclama — , que pudo pres- 
tar semejante dignidad de forma y bellisimo colorido a 
un tema ya comun y manoseado al componer La vida es 
sueno, en la tercera decada del siglo xvii. De los objetos 
que figuran en sus comparaciones — que eran las usua- 
les, en semejante asunto — , solo uno aiiadio de su pro- 
pia cosecha: el opusculo; y por demas justificada es la 
estrofa adicional en que emplea este simil. Las cualida- 
des distintivas del monologo, que le dan una fuerza 
poetica y retorica superior al encanto de otras versio- 
nes, parecen ser: lo apropiado de las majestuosas deci- 
mas, una exquisita sucesion de vivas imagenes labradas 
en vocablos pomposos, el repetido estnbillo que, por 
razon de las mudanzas de mas alma^ mejor instinto, mas 
albedrio, en mas vida, nunca se hace monotono, vigo- 
riza el soliloquio y, al par que enlaza las estrofas y 
forma con ella un conjunto armonico, prepara gradual- 
mente el triunfante arrebato de la conclusion. . . » (2). 



(1) Seglsmundo's Soliloquy on Liberty in Calderon's uLa vida 
es sueno'i, en Publications of the Modern Languages Association 
of America, 1Q08, vol. XXI 1 1. 

(2) Ademas de los trabajos citados, el profesor Buchanan ha pu- 
blicado los siguientes: A Neglected Edition of i>La Leyenda del 
Abad D.fuande Montentayorn, en Modern Philology, 19U4-1905, 
vol. II; Notes on the Spanish Drama (Lope Mira de Amescua and 
Moreto), en Modern Languages Notes, 1905, vol. XX; A Neglected 
Version of Quevedo's <>Romance» on Orpheus, idem, idem; »Pany 
1oros«. Bread and Bulls, idem, idem; Partinuplus de Bles. And 



EXPOSITORES Y CRtTICOS 237 



II 



Quien estudia el influjo de un autor eminente, ex- 
tranjero o nacional, en el campo de las letras y trata de 
ir senalando aquellos escritores que, mas o menos de 
cerca, siguieron sus huellas, y en sus dpctrinas este- 
ticas, principios morales o fibosoficos, temas literarios, 
tendencias, tecnicas o estilo se inspiraron, corre el ries- 
go inminente de ver por todas partes reminiscencias, 
imitaciones, copias o plagios de las obras del autor en 
cuesti6n. Familiarizado con la labor de este, el exposi- 
, tor suele conocerle al dedillo, y siempre ha de encontrar 
en otros escritores pantos de concordancia, o meras 
coincidencias literarias, que le inclinen a ver el influjo 
de su modelo. Bien dificil es que un expositor y critico, 
por sereno y juicioso que sea, pueda librarse de cierta 
fascinaci6n que le hara descubrir por todas partes se- 
mejantes influencias. No habiendo ademas, nada, o po- 
quisimo — sobremanera en literatura — , novl sub sole, 
y siendo el pensamiento como un eco que, con levisi- 



Episode in Tirso's "Amar por senas». Lop'''s uLa viuda valencla- 
naii, idem, 1906, vol. XXI; SebasUdn Mey's -Fabulnrio'i, (dem, 
idpm; Notes on the Spanish Drama. The Case of Calderdn's uLa 
vida es sueho». Tlie Cloack Episode in Lope's uEl honrado herma- 
no». Was Tirsb one of the Authors of «El caballero de OlmedoPo, 
Idem, 1907, vol. XXH; Chorley's Catalogue of Comedias and Autos 
of Frey Lope F^lix de Carpio (Re'edited in Rennerts uLife of Lope 
de K^^ar,, etc.), Idem, 1909, vol. XXIV; Mantua- Madrid, en Ro- 
manic Review, \^\^, vol. I; Spanish Literature, Exclusive of the 
Drama. General Histories, Studies and Collected Texts, 1891 1910, 
en Kritischer Jahresbericht iiber die Fortschritte der Romanischen 
Philologie, 1911-1913, vols. XI y XII; Short Stories and Anecdotes 
in Spanish Plays, en Modern Languap^e Review, 1908-1909, volu- 
men IV. En colaboraci6n con Franzen-Swedelieus, prepara nuestro 
autor una edici6n anotada de Amar sin saber a quidn, de Lope de 
Vega. 



238 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

mas diferencias de tono e intensidad, resuena en 
distintos cerebros dotados de analoga disposicion men- 
tal, autores que no tuvieron la menor noticia ni posibi- 
lidad siquiera de conocer los frutos de determinado 
ingenio, coinciden a veces con €\ en la idea fundamen- 
tal de su obra, y hasta en el procedimiento y modo de 
tratarla. Es cosa corriente hallar que ideas que tuvimos 
por hijas nuestras, novisimas y flamantes, fueron ya 
dichas y redichas en obras que jamas habiamos leido. 
Empresa facilisima para cualquier rat6n de bibliotecas, 
tan facil como ingrata, nos parece la de tacharal ingenio 
mas original y peregrine de plagiario, y probar hasta 
la saciedad que tal o eual anciano o moderno escritor 
dijo lo mismo y aun con las mismas o parecidas pala- 
bras. Por otra parte, como el expositor se limita a de- 
terminar las influencias del modelo que le ocupa, por 
secundarias que sean en la obra del supuesto imitador, 
y no sefiala, ni en general tiene para que senalar, las de 
otro u otros autores que igual o mayor influjo ejercieron 
sobre el, y lo que de original tenga su obra, resulta que, 
aun siendo tenue el hilillo de la irifluencia, como es el 
unico que salta a la vista y sobre el derrama el exposi- 
tor toda la luz de sus laboriosas investigaciones, facil- 
mente se excede al ponderer su importancia. 

Sugiereme estas consideraciones la lectura de Ovl' 
dlo y el Renacitniento en Espana (1), libro de D. Rodolfo 
Schevill, acogido por la critica favorablemente. Propo- 
nese este catedratico de la Universidad de California 
seguir las huellas de Oyidio en la literatura espaiiola, 
desde las prod.ucciones de aquel peregrine y jocundo. 
Arcipreste de Hita, hasta las debidas a los principals 
ingenios del siglo de oro, mostrando las ramificaciones 
de esta influencia en los diversos generos literarios. 
Pardcele el influjo de Ovidio menos directo y tangible 



(1) Ovid and the Renascence in Spain, by Rudolph Schevill, 
Berkeley, 1913. 



EXPOSITORES Y CRItICOS 239 

que el de Virgilio, y mas manifiesto en la continuidad 
de ciertas traUiciones literarias que en la directa imita- 
ci6n de obras determinadas. Dos modalidades reviste 
aquel fnflujo: es una sutil, generica, la cual entrana 
ciertos pnncipios esteticos y filosoficos — especial- 
mente en ars amatoria — que ilevan el timbre pagano 
de la literatura del Renacimiento; la segunda modali- 
dad, mas precisa y ostensible, consiste en referencias 
a Ovidio y en la imitacion o directa copia de ciertos 
rasgos literarios y episodjos de sus producciones, en 
particular de las mitologicas o legendarias. 

El Libro de buen a nor, del Arcipreste de Hita (1), 
representa para Schevill el punto culminante de la in- 
flbencia de Ovidio en la Edad Media. Habian puesto en 
duda el uno, y negado resueltamente el otro, semejante 
huella de Ovidio, dos escritores, Pujol y Alonso y Ce- 
jador, cuyas opiniones cita el Sr. Schevill. Habia escrito 
el primero, en EL Arcipreste de Hlta (Madrid, 1906): 
«Todo esto, en efecto, acusa una influencia mas o me- 
nos directa de Ovidio y una viva impresidn de sus lec- 
turas; pero es el caso que, a pesar de cuanto queda 
dicho, pudo muy bien el Arcipreste no haber leido a 
Ovidio en su vida, porque las ideas a que hemos hecl^o 
referenda fueron tomadas por el, casi al pie de la letra, 
como veremos en breve, de la comedia latina Pamphilus 
de amore'i. Y .D. Julio Cejador, en Juan Ruiz, Arcipreste 
de Hita: Libro de buen amor (Madrid, 1Q13), habia dicho 
del Arcipreste: '<Ni se formo en Ovidio, ni leyo siquiera 
un verso suyo, ni se le parece en nada mds que en ser 
Ovidio elegantisimo y social poeta, y el Arcipreste 
poeta insociable y primitivo, de lo mas primitivo, bron- 
co y estupendamente salvaje que resoll6 y ech6 a este 



(1) Una composici6n del Arcipreste, la intitulada De las propie- 
dades que las duenas chicas han, se hallard, traducida por Longfe- 
llow, en The North American Review, Abril, 1833, o en la edici6n 
Riverside de las Obras de Longfellow, 1886, vol. VI, pig. 414, 



240 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

mundo la diosa madre de la poesia universal, de la cual 
fueron hijas helenicas las elegantes Musas clasicas que 
conocemos". Pues contra la ultima opini6n, en particu- 
lar, y por afirmar tambien Cejador que Ovidio no fu6 
conocido en Espaila hasta la epoca de Santillana y don 
Enrique de Villena, el Sr. Schevill esgrime airadamente 
la pluma y flagela duramente porque, a su modo de 
ver, Juan Ruiz absorbi6 directamente los rasgos de 
Ovidio. Y las palabras de Cejador parecen haber e he- 
rido tan vivamente que exclama, como si fulminase una 
excomunion: «Declaraciones por el estilo destruyen el 
valor (the scholarly value) de esta obra" (1). En su so- 
berbio desden, en su c61era sagrada, al leer las palabras 
fatales de Cejador, el profesor de California se olvida 
de que en esta republica de las letras, por muy republi- 
ca que sea, todavia hay una jerarquia literaria, y que no 
ha de parecer propio ni plausible que sea el quien trate, 
con tan seco y rudo tono de autoridad, como a travieso 
chico de escuela, a este admirable Cejador quien, a 
pesar de ciertas evidentes travesuras en el terreno de la 
critica (pienso en aquel su prologo de El lazarillo de 
Tormes, sin pies ni cabeza), ha tenido alientos para com- 
poner su muy admirable Tesoro de la lengaa castellana. 
Por otra parte, si la afirmacion de Cejador, a prop6- 
sito del Arcipreste, es algo exagerada, no menos lo es 
la opuesta de Schevill. A mi ver, todo lo que este de- 
muestra es que el autor del Libro de buen amor se ha- 
llaba familiarizado con Ovidio, no solo porque asi se 
deduce de sus frecuentes referencias al poeta latino, 
sino tambien porque en algunos pasajes sus ideas evo- 
can las de aqu6l. Pero de aqui a que el Arcipreste de 
Hita absorviese, asi^ literalmente, los rasgos de Ovidio, 
figurome que media un abismo, y este abismo no lo ha 
salvado el Sr. Schevill con la demosti^acion. 



(1) Pigina29. 



EXPOSITORES Y CRtTICOS 241 

Tocante a nuestra poesia Ii'rica del siglo xv, el autor 
llega a probar la influencia que sobre ella ejerciera 
Ovidio, por las referencias frecuentes que entonces 
solian hacerse al poeta latino, y sus obras, y por el co- 
rriente uso de una tecnologia emotiva que, aun no vi- 
viendo ya asociada al nombre de Ovidio en el periodo 
del Renacimiento, por fuente tiene sus producciones. 
El genero literario donde encuentra mis firmes sus 
huellas, en el que destacanse con mas vigor los trazos 
de su estilo y tecnica y sus ideas amatorias, es en el 
cuento del Renacimiento espaflol. Opinaba Menendez 
y Pelayo que asi como Trotaconventos es una creacidn 
propia del Arcipreste, el caracte^r de la Celestina tuvo 
aquella por unico modelo. Para el catedratico de Cali- 
fornia, los creadores de estos personajes no s61o esta- 
ban familiarizados con Ovidio, sino que ademas acep- 
taban su autoridad en materia de amores ilicitos; y asi, 
sin corresponder aquellos personajes a ningun otro del 
poeta latino, fueron encarnacion de sus ensefianzas. En 
todas las obras del g6nero de La Celestina halla remi- 
niscencias de la influencia de Ovidio, en cuanto a la 
intriga y al vocabulario, aunque por falta de espacio y 
riesgo de incurrir en meras repeticiones — segun de- 
clara — , se limita a examinar la Tra^lcomedla de Ca- 
llxto y Mellbea y, muy ligeramente, Penltencla de amor 
y Iraglcomedla de Lysandro y Roselia. 

Respecto a Cervantes, el Sr. Schevill no llega a per- 
suadirnos, ni mucho menos, de que tambi^n sufriera la 
particular influencia de Ovidio. La que sefiala es tan 
ieve y subterr^nea que, siguiendo tal criterio, lo mismo 
que i\ ve sus huellas en ciertos pasajes, en otros podrian 
irse determinando las de todos y cada uno de los escri- 
tores que le precedieron en Espafia o fuera de ella. Y 
asi acaba por reconocerlo, implicitamente, el Sr. Sche- 
vill cuando cierra el capitulo correspondiente con estas 
palabras: «No obstante, quizi seamos con i\ injustos, 
pues es posible que, como tantos otros escritores de su 

16 



242 EL HISPANISMO EN NORTE- AMERICA 

6poca. s61o conociese a Ovidio de modo superficial «(l). 
En el siglo de oro, las citas de cldsicos menudean. Cer- 
vantes -- continua Sch^vill - no hizo mas queseguir 
la general corriente y gusto de su epoca en que los 
Lores ancianos se leian, segun palabras de Quevedo, 
«hasta en la caballeriza- (2). En cuanto a Lope de Vega, 
encu^ntrale influido igualmente Por el .poeta latino 
aunque no tanto en las comedias mitol6gicas, como en 
dpoema de Circe. Calderon es otro que a juicio de 
nuestro expositor, tambien evoca al autor de X^sMeta- 
2rSs en las producciones de caracter mitol6gico, 
ZtslomTcelosmn del aire matan y El mayor encanto 
amorms, como no se propuso estudiarlas, cmese a 
Xignar el hecho. Nota la circunstanca de que todos 
los dramaturgos contemporaneos <ie Lope y Calder6n, 
con la s^la excepcion de Tirso, aluden de vez en cuando 
a Ovidio o los personajes de sus obras. , 

Resumiendi, el autor de Ovidio y el Renacmientoen 
Espana, libro sobresaliente por su origmalidad, senala 
ir^itaciones indudables de autores espanoles que en 
una varias de sus producciones, tomaron por modelo 
al poeta atino, apropiaciones de algunas ideas funda- 
me^nta es de su ars amatoria, directas alusiones a Ovi- 
dio sus trabajos y personajes, leves reminiscencias, y 
ainque no siempre seah convincentes sus razones en 
ningun instante deja de lucir sus galas de erudito y de 
escritor original, sobrio y elegante. . , . 

Don Rodolfo Sch^vill dio a luz adema^s reimpresio- 
nes anotadas de El nino de la bola, de Alarc6n (3) £/ 
hazdeena!de Nunez de Arce, y El ComendadorMen- 
doza, de Valera, y trabajos cortos acerca de las Come- 

n\ Snbi-riL^ kcturas de Cervantes, puede consultarse un ar- 
notes and vocabulary by Rudolf Sch6vill. New-York. 1903. 



EXPOSITORES Y CrITICOS 243 

t 

dias de Diego Ximenez (1), Bibliograjia de la co media 
espanola (2), El curioso tmperiinente (3), El bueti aviso 
y portacuentos, de Juan de Timoneda (4), Tres siglos de 
Don Quijote (5), Estado de las bibliotecas hispano ame- 
ricanas (6), Estudios sobre Cervantes: Persiles y Segis- 
munda (7) y Cuatro palabras sobre uNadie» (8). 

En colaboracion con Bonilla y San Martin, pubJi- 
c6 en 1914 La Galatea y Persiles y Segismunda; 
en 1915, Comedias y entremeses de' Cervantes, como 
partes de la cdici6n de sus Obras completas, empren- 
dida por ambos eatedraticos. 



III 

Copiosa es la labor hispanista de J. P. Wickersham 
Crawford, profesor de la Universidad de Pensilvania, 
quien, infatigable en el trabajo, fecundo en la produc- 
ci6n, se ha metido con tal impetu y seiiorio por el campo 
de las letras espanolas, que apenas hay quien le gana 
por aca en actividad literaria, en descubrir composicio- 
nes antiguas e ineditas, anotar y publicar textos, sefialar 



(1) The fComedias" of Diego Ximinez de Enciso, en Publica- 
tions of the Modern Languages A$sociation of America, 1\)03, 
volumen XVIII. 

(2) On the Bibliography of the Spanish Comedia, en Romanis- 
che Forschungen, 1907, vol. XXIII. 

(3) A Note on uEl curioso impertinente«, en Revue Hispanique, 
1910, vol. XXII. 

(4) En Kevue Hispanique, 191 1, vol. XXIV. 

(5) Three Centuries of Don Quixote, en University of Califor- 
. nia Chronicle, 1913, vol. XV. 

(6) An Impression of the Condition of Spanish- American Li- 
. braries, tn Modern Languages Notes, 1905, vol. XX. 

(7) Studies in Cervantes, Persiles y Segismunda, en Publica- 
, tions of Yale University, 1908. 

(8) En Revista Critica /iispano- Americana, 1915, vol. I. 



244 EL HISPANISMO EN NORTE - AMERICA 

fnpntps V huellas en nuestras obras clasicas, y escribir 

gustia de Nuestra Senora, en /}''f^^'f,.^f'^^^^^^ 
Artfculos- Notes on "La Constante Amarilis«,OT ^"*'^^". i n-_^ 
^e%ueroa% Modern Languages Notes, l^O^' vol ,XX^M i^flg 
S,S« ./ Spanish ''^Entnmeses'.^6^^ra g07 '^^^^^^J/r 
Principe Don Carlos., of Xmenez de Enasoidtm, loern 

1914, vo . XXIX, //i^^^>^«^'e^^ Source of the Third bclogue of 
cadiu", idem, 1915, vol XXX //z^ ThlrnUan Mascaron and an 
Francisco de l^^orreAAtjc^M^^^^ 
Episode in Jacob van Maerlant s '^/'^^'■J"-"'.;^ \Zx vol. XXVI; 

Ferrera's "Castro., and ^^//^"^'"^^/f/^/l^tf 1914 XII; Som^ 
a«d "Nise Laureada.. tn ^'^^'/^^^^'^'^'g^^^^ 1908, 

^Ag Sa^^^/z^/i C^'^^wO', idem 1^^^' J®;;;''c,-"4«//z C/?«/«n;, idem, 
the Spanish «^^^f ^"^^f ^^.^f ,-f ^f ^Ws^D^ 
idem; J/r. Seven L^be^^\^r^' Z% 'V^on^^ pi^^eroa^s "Es- 
f'''~' ^ntLiI!:tlTos^^^^^^ Liberata^., idem 

K;^r|f/4^{^ 



EXPOSITORES Y CRlTIGOS 245 

principales trabajos, El drama pastoral en Espaha (1), y 
Vlday obras de Cristobal Sudrez de Figueroa (2), hemos 
de ocuparnos aqui. Considerando indispensable el es- 
tudio de los varios generos de la literatura dramatica 
del sigio XVI, para apreciar justamente la labor de 
Lope de Vega y sus coetaneos, el Sr. Crawford preparo 
su ensayo acerca del drama pastoral. Las cuatro quintas 
partes de esta monografia estan dedicadas a estudiar 
los precursores dramaticos de Juan del Encina, las eglo- 
gas de este y cuantas despues aparecieron hasta llegar 
al Fenix, cuyos dramas pastorales, con ligeras alusiones 
a Calderon, son objeto de las ultimas veinte p^ginas. 
Nuestro autor se limita a examinar las obras y escenas 
de caracter dramatico. 

Que el drama pastoril nunca fu6 muy celebrado y 
popular entre nosotros, ni siquiera cuando nuestro 
teatro encontrabase en mantillas y el publico no tenia 
Clara orientacidn ni definido gusto dramatico, es cosa 
bien manifiesta. Ya Juan del Encina, padre de las 6glo- 
gas — y de nuestro teatro, por anadidura — , tuvo nece- 
sidad de defenderse y abogar en favor del genero que 
principalmente cultivara, contra quienes le acusaban de 
escribir «cosas pastoriles de poca autoridad", respon- 
diendo el justamente que «no menos ingenio requieren 
las cosas pastoriles que las otras". No obstante, grande 
es el numero de estas producciones. El Sr. Crawford 
expone sus argumentos, emite con brevedad el juicio 
que le merece su significacidn y valor literario, y pasa 
a determinar la influencia que en cada una de ellas 



Figueroa, tn Modern Languages Review, 1907, vol.11; Notes on 
the Amphitrion and 'Los menecmos« ot Juan de Timoneda, idem, 
1914. vol. IX. 

(1) The Spanish Pastoral Drama. ^\{\\7i.dit\\i\(\2.,\^\b. 

(2) Life and Works of Cristobal Sudrez de Figueroa. Phila- 
delphia, 1907. Don Narciso Alonso Cortes tradujola al espanol: Vida 
y obras de Cristobal Sudrez de Figueroa. Valladolid, 191 1. Nuestras 
citas y referencias corresponden a la edici6n original inglesa. 



246 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

ejercio la literatura italiana. Acaso sea esta ultima parte 
la mds meritoria e importante de su trabajo, aunque el 
autor se esfuerza demasiado en descubrir la filiacidn 
del drama pastoral espanol en Italia, y llevado de su 
celo sutil, perspicacia y familiaridad con el asunto, cree 
ver por todas partes imitaciones,de los autores italia- 
nos, y de los espanoles entre si. Al tratar el tema de 
las influencias literarias, la agudeza de vista de los 
autores suele casi siempre degenerar en doble vista. Y 
desde luego, el presente autor peca, como los demas, 
por sii extremada sutileza. Si bien prueba ghasta la 
saciedad las huellas italianas en algunos casos — como 
al senalarlas en la Egloga de los tres pastores, por ejem- 
plo — , en otros afirma y no demuestra. Tal sucede con 
la Egloga de Pldclda y Vttoriano, que solo en parte 
admite el como deriVacion de La Celestina. «No cabe 
duda — expresa — que de composiciones pastoriles y 
mitologicas italianas apropiose Encina los principales 
episodios de esta pieza, aunque no se ha llegado a de- 
terminar la precisa fuente. . . » (1). Si se ignora la fuente, 
(icomo puede tenerse por cierto el origen italiano de 
aquella egloga o de sus principales episodios? Podra 
decirse que la teridencia, estilo y corte de una produc- 
cion revele su origen italiano o chinesco, pero que tales 
o cuales episodios, es decir, acontecimientos, hechos, 
sean copia cierta de otros cuya existencia se ignora, 
parece ilogico. Y me figuro que tambien se equivoca 
mi muy estimado colega cuando mas adelante sostiene 
que el espafiol, por su innato espiritu realista, habfa de 
epcontrar ridicula la exagerada expresion de sufrimien- 
to de un enamorado que, mal correspondido, se arranca 
la vida o muere de mal de amores (2). Cierto es el rea- 
lismo de la gente espaiiola — tan patente en el teatro 
de Lope, en las novelas del g6nero picaresco, en los 



(1) Pdgina 49. 

(2) Pigina72. 



EXPOSITORES Y CRITICOS 247 

cuadros de Velazquez — , pero realismoque no excluye 
ese poso idealista y sentimental, a menudo tragico, que 
nos muestran los dramas de Calderon, los lienzos del 
Greco y la poesia popular; realismo e idealismo que, en 
peregrino maridaje, conviven y alientan en el alma de 
la raza y vemos siempre juntos en sus tipos represen- 
tativos, sean hombres de accion, como Cortes; pensa- 
dores, como Lulio; misticos, como Teresa de Avila, y 
aun locos, como el sublime loco manchego. Y este 
fondo sentimental y tragico hace y siempre ha hecho 
que en Espafia los mayores extremos de la pasion no 
s6lo sean concebibles en el teatro, sino que palpiten y 
se produzcan en la viviente realidad espanola, donde 
aun en los prosaicos tiempos que corren quedan toda- 
vfa quienes mueran de amor y tambien por amor maten. 
Creyendolo asi, habiamos de leer con sorpresa, natu- 
ralmente, que sea o fuese en tiempo alguno fnotivo de 
ridiculo en el teatro espanol la tragedia amorosa, y la 
consiguiente conjetura del Sr. Crawford de que obra 
donde tal cosa ocurriera habia de ser copia de algiin 
modelo extranjero. Ese mismo pueblo espanol que se 
burla socarronamente de los amantes de Teruel — 
"tonta ella y tonto el" — , es el que luego vemos llorar 
a lagrima viva en el teatro por cualquier desgraciado 
suceso de amor. Si en otros tiempos ocurrian las cosas 
como las pinta el Sr. Crawford, bien ha debido progre- 
sar desde entonces aca la sensibilidad de nuestros pu- 
blicos. 

El drama pastoral desaparece en Espana — a juicio 
del autor — por su falta de originalidad y artificio, el 
cual no era del gusto del publico, y por la vena festiva 
de los poetas y su aficion al realismo. En la peninsula, 
s61o el portugues Gil Vicente, que tambien compuso 
obras en castellaho, y acaso sus.mejpres, como la Come- 
dia Rubena y la de Don Daardos, supo escribir ^glogas 
dignas de figurar por su sencillez, naturalidad y po^tica 
hermosura, junto a la Aminta o II pastor Fido. Aunque, 



248 EL HISPANISMO EN NORTE -AM£RICA 

conforme nuestro autor, los dramas pastoriles no ejer- 
cieron gran influencia en la formacion del drama nacio- 
nal, cabele el honor de haber inaugurado el genero iiri- 
co, contribuido en buena parte a la aparicion de la farsa 
y suministrado, en fin, las mejores obras primitivas que 
cuenta nuestro teatro. 

EL drama pastoral en Espana es una monografia 
interesante y completa. Su rica erudici6n y muchos 
nuevos e inieresantes puntos de vista, hara indispen- 
sable su consulta a cuantos, siguiendo el camino em- 
prendido por Crawford, se interesen por nuestro viejo 
teatro, y en el genero pastoril servira de s61ido punto 
de partida para quienes en lo sucesivo investiguen esta 
materia. 

Al Sr. Crdwford se debe, igualmente, segun deja- 
mos dicho, un estudio biogrdfico-critico del andariego 
y malaventurado escritor Cristobal Suarez de Figueroa. 
Claro estd que, siendo en todo tiempo bien conocidas 
y un tanto alabadas su Constante Amarilis, su Espaha 
defendida y, en especial, El pasajero, no habian de fal- 
tar en las historias de nuestra literatura noticias de su 
vida y obras; mas hasta la aparici6n del libro de Craw- 
ford, nadie se habfa ocupado en seguir los pasos y 
aventuras de aquel inquieto caballero. La pintura que 
de 61 nos hace su presente bi6grafo es clara e impar- 
cial; la narracion de su viday milagros, regular y su- 
cinta; la critica de sus producciones, a veces superficial 
y desdibujada, casi siempre precisa y suficiente. Afia- 
dase a todo esto que la lectura resulta muy amena, por- 
que azarosa e interesante fue la vida del persona je, y 
se tendrd que, en conjunto, el libro es ordenado, armo- 
nioso y atractivo. 

Men^ndez y Pelayo. en Historia de las ideas esteti- 
eas en Espana, pint6 a Suarez de Figueroa como un 
malvado, incapaz de sacramentos. Sin duda los hechos 
habian en favor del retrato menos sombrio que de su 
caracter nos hace el profesor de Pensilvania. Era el au- 



EXP0SIT0RE9 Y CRtTICOS 249 

tor de El pasajero, al decir de su presente bi6grafo, 
hombre descontentadizo e insociable, obstinado en sus 
prop6sitos, resuelto en sus empresas, de genio quisqui- 
lloso y vengativo, y, sobremanera en la edad madura — 
acibarado por sus fracasos — , censor de lengua y plu- 
ma tan expeditas que no habia chicos o grandes eontra 
quienes no arremetiese, lanza en ristre; y de sus ata- 
ques no salieron ciertamente bien librados colegas y 
pr6ceres, costumbres y acontecimientos. No todo era 
en ^I, sin embargo, aspera y vengativa condici6n, sino 
que en sus violentas y airadas criticas entraba por mu- 
cho un laudatorio propdsito moralizador. «No cabe 
duda — consigna textualmente su actual bidgrafo — 
que fu6 sincero en sus esfuerzos porcorregir los vicios 
de su 6poca, y que el papel de publico acusador que 
adoptara requeria abnegaci6n, pues tras atacar las re- 
probables costumbres y procedimientos de quienes 
ocupaban el poder, no era probable que Ilegase a ob- 
tener de ellos favor alguno" (1). 

De una de sus producciones, La Constante Amari- 
lis, dicenos que esta escrita en lenguaje puro, limpio de 
imdgfenes obscuras y barbarismos; que la versificaci6n 
es fdcil al par que pulida, y, si bien en ocasiones de 
inspiradisimo numen hasta el punto de descubrir en 
estaobra lo mejor de toda su labor podtica, en general 
la verdadera nota lirica es rara; en las descripciones del 
paisaje mas bien evoca el autor la Arcadia de Jacobo 
Sannazaro, que los contornos de Madrid. En la Espafla 
defendlda seilala bellfsimas estrofas y situaciones llenas 
de fueofo y vigor dramdtico. De El pasajero afirma que 
pocos libros hay en la literatura espanola tan persona- 
les, y acaso ningiin escritor peninsular nos ha dejado 
tan fidelisimo testimonio de sus gustos y caracter. No 
s61o suministra elementos para estudiar la vida e fndo- 



(1) Pagina 78. 



250 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

le de su autor, sino que, ademds, permitenos ver con 
los ojos de un contemporaneo la vida y costumbres de 
Espana en los albores del siglo xvii»' (1). Al examinar 
El pasajero, detienese particularmente en su discusi6n 
del teatro nacional, que constituye, a juicio de Craw- 
ford, la mas severa critica que por entonces se hizo, y 
cuyos argumentos admite como logicos y poderosos. 
Abundan en este libro las tiradas de versos, los cuales, 
correctos y cuidadosamente pulidos, son frios y artifi- 
ciosos; fdltales a sus poemas amorosos el calor del sen- 
timiento y la intensidad y viveza de las pasiones. Las 
descripciones de la naturaleza, al contrario, en los mo- 
mentos felices poseen cierto delicado y penetrante sen- 
tido de la belleza. Alaba sin rebozo la novela picaresca 
que figura en El pasajero, la cual juzga una de sus mas 
interesantes composiciones. Nota la fuerte tendencia 
religiosa que Suarez de Figueroa muestra en sus obras, 
el tinte de melancolia que, en la edad madura, bafia sus 
poemas y el mayor predominio del element© didactico 
y moralizador a medida que avanzaba en anos, acentua- 
do de modo singularisimo en Varias noticias, cuyas dis- 
cusiones, por provechosas que puedan parecer a los 
moralistas, son literariamente de lo mas pesado e indi- 
gesto que leerse puede, y solo interesantes en la pintu- 
ra de aquella sociedad. 

Y ahora, en el resumen, dejemos la palabra a Craw- 
ford: «Que era escritor de no escaso ingenio resulta 
indisputable — dice — , mas su constante y larga labor 
literaria no lleg6 a obtener el debido reconocimiento. 
Demasiado enteras sus convicciones para cortejar el 
favor popular, fue su existencia amargada por disputas 
con los contemporaneos. De su considerabilisima pro- 
ducci6n literaria, poco hay de permanente valor. Escri- 
bi6 la mayoria de sus libros para ganarse la vida, y s6lo 



(1) PdginaS?. 



EXPOSITORES Y CRITICOS , 251 

con su ayuda pudo ir pasando una miserable existen- 
cia. Casi sin excepcldn, yacen cubiertos de polvo en 
las bibliotecas de Espafta, sin otros lectores que los es- 
tudiantes de literatura espafiola (1). No obstante, su 
traduccion de El pastor Fido es obra de gran merito, 
su romance pastoral, uno de los mejores, y EL pasaje- 
ro, el mejor documento tal vez que poseemos para es- 
tudiar la sociedad espanola de principios del siglo xvii. 
Mas, aparte su produccion, la historia de su carrera li- 
teraria es de grandfsimo interns. Rara vez sonri61e la 
fortuna, pero mantuvose siempre firme e incorruptible 
en BUS esfuerzos, sin buscar por torcidos caminos el 
triunfo. Si no cabe clasificarle entre los grandes escri- 
tores, SI podemos seguramente honrarle como hombre 
de puros principios morales y resuelto campe6n de los 
mas altos ideales literarios y politicosw (2). 



IV 



Entre los eruditos espafiolistas de los Estados Uni- 
dos, figura, en primera fila, la ^eflorita Carolina B. B6ur- 
land, profesora de Smith College. A mas de algunos 
interesantes estudios sobre manuscritos que su activa y 
cuidadosa investigaci6n, arrancandolos del olvido, did 
a la estampa (3), ha fijado la influencia del Decamerdn 



(1) Posteriormente a la fecha en que escribiera esto cl senor 
Crdwford, ha aparecido una cdici6n a cargo de Rodrfguez Marin de 
El pasajero, en la Biblioteca Renacimiento, de Madrid (1913). 

(2) Paginas 94-95. 

(3) Comedia mvy exemplar de la Marquesa de Saluzia llamada 
Griselda, por Nauarro,tn Revue Hispanique, 1902, vol. W; An 
Unknown Manuscript of the »Caida de Frlncipes", Idem, 1908, 
vol u men XVIII; The Unprinted Poems of the Spanish Cdncioneros 
in the Bibliotheque Nationale (Paris), Idem, 1909, vol. XXI; La 
doctrina que dieron a Sarra. Poema de Ferndn Pirez de Ouzmdn, 
Idem, 1910, vol. XXII. 



252 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

en la literatura castellano-catalan (1). Va precedido su 
extenso trabajo de una introducci6n donde la autora 
diserta acerca de las relaciones de Espafia e Italia en la 
Edad Media, huelias de otras producciones de Bocacio, 
aparte el Decameron, y en general de Dante y Petrarca 
en las letras espanolas. Aunque anduviesen ya por ahi, 
en plena circulacion, numerosos analisis de este sujeto 
literario — por Amador de los Rios, Menendez y Pela- 
yo, Sanvisenti, Wolf y Farinelli — , llegandose hasta 
senalar no pocos vestigios del Decameron en nuestra 
literatura, el estudio de la seiiorita Bourland es el pri- 
mero — que nosotros sepamos — consagrado a exami- 
narlo detenidamente, y con tan gran copia de lecturas, 
con tanto orden y rigor cientifico, con tal tino y discer- 
nimiento, que no puede pedirse mas. 

Influye Bocacio en la literatura espanola, no s61o 
como cuentista, sino ademas, y aun en mayor escala, 
como humanista. Su importancia no es menor que. la 
de Dante y Petrarca. En la primera coleccion de cuen- 
tos espafioles de cardcter puramente literario, y no di- 
dactico, empieza a manifestarse la influencia del Deca- 
merdn. Tal obra es El patranuelo: Primera parte de las 
patranas de Juan Timoneda, etc. (1566). Algunas patra- 
flas, como las segunda y veintidos, • estan tomadas de 
diferentes cuentos del libro de Bocacio, mientras la 
patrafia quince tiene no pocas coincidencias con el 
cuento IX del segundo dfa. Al ejemplo del Decameron 
atribuye la sefiorita Bourland la aparicion en nuestra 
literatura de colecciones de cuentos cortos y recreati- 
vos, sin mds que un ligeri'simo lazo de conexi6n entre 
ellos. El cuento, como genero literario, vino de Italia, y 
la novella fu6 el modelo que los cuentistas espafioles 
procuraron imitar. Segtin nuestra autora, el cuento y la 



(1) Boccaccio and the »Decamer6n» in Castilian and Catalan 
Literature, by C. B. Bourland, en Revue Hispanique, 1Q05, volu- 
men XII, pigs. 1-232. 



EXPOSITORES Y CRiTlCOS 253 

novella, del siglo xvii, difieren en que mientras ^sta con- 
cede preferente atencion a los pequenos incidentes de 
la vida corriente del hogar, aquel tiene por tema aven- 
turas extraordinarias y romanticas. En el mismo siglo, 
hallanse tambien derivaciones del Decameron en las 
novelas y comedias. El primer acto y parte del segundo 
de la comedia de Lope de Vega titulada El llegar en 
ocasidn tiene su origen en el cuento II del segundo dia, 
conforme nos demuestra en un analisis comparativo la 
expositora. Desde luego, esta comedia es de escaso mi- 
rito literario y de ningun interes dramatico, resultando 
la segunda parte, Jibre de imitaciones, aiin inferior. Del 
cuento III del tercer di'a, tom6 Lope la idea capital de 
La discreta enamorada. Otra producci6n del mismo au- 
tor, El ruisenor de Sevilla, presenta id^nticos caracteres 
que el cuento IV del quinto dia, aunque contiene mu- 
chos cambios, el numero de personajes es mayor, algu- 
nos diferentes, y dos importantes de la comedia, Riselo 
y Pedro, genuinas creaciones del autor dramatico. En 
esta hermosa comedia, Lope ha sacado un partido ad- 
mirable del cuento de Bocacio. El anzuelo de Fenixa 
es fiel reproduccion de los episodios capitales del cuen- 
to X del octavo dia. Disti'nguese esta comedia por una 
gran vividez y animaci6n, asi como por su notable jus- 
teza de lenguaje. "Cualidad caracteristica de la novella 
es la vividez, y el modo admirable con que Lope la re- 
produjo muestra el aprecio en que tenia esta fuente de 
inspiraci6n" (1). Entre las comedias del Fenix de los 
Ingenios, la que m^s se cifie a un cuento de Bocacio es 
El servir con mala estrella, en la que apenas si el dra- 
maturgo se desvia del original, y conserva hasta el nom- 
bre del protagonista. Claro es, que aun en esta fidelisi- 
ma imitaci6n, Lope modifica los caracteres e introduce 
otros nuevos. El segundo acto le pertenece fntegro. 



(1) Pdgina 141. 



254 EL HISPANISMO EN NORTE-AM^RICA 

Nuestro autor drariiatico se ha inspirado en varies cuen- 
tos mas del Decameron al componer otras comedias de 
menos importancia; ocho cita, en conjunto, la profeso- 
ra Bourland. Matias de los Reyes, en su cuento El cu- 
rial del Parnaso se ha apropiado sin desperdicio algu- 
no el cuento VIII del decimo dia, ilegando a la traduc- 
ci6n literal de varios pasajes. Luis de Guevara, en La 
desdichada firmeza, copia el cuento I del cuarto dia, 
con ciertos cambios o adiciones de caracter secundario. 
Si se exceptua Lope de Vega, los escritores que mas 
inspiracion buscaron en el libro de Bocacio, son el cur- 
tidor y poeta Juan de Timoneda, para tres cuentos e 
igual numero de anecdotas, y Matias de los Reyes, para 
dos cuentos y otras tantas narraciones. Conforme la 
profesora norteamericana, el Decameron no solo sumi- 
nistra a cuarenta dramaturges y cuentistas esp^noles 
sugestiones, sino argumento, plan y vocabulario, sien- 
do bien poco lo que, en caso de imitaci6n, pusieron de 
su propia cosecha. 

Las paginas quiza mas interesantes del trabajo que 
nos ocupa, son aquellas dedicadas a Los amantes de 
Teruel. No por su novedad, pues, la verdad sea dicha, 
la autora ha puesto bien poco de su parte, sino por ser 
mas bien un complete resumen, a_unque sucinto, de 
cuantos argumentos se han presentado en pro o en 
contra de su origen espafiol. Aureliano Fernandez- 
Guerra, Gabarda y cuantos criticos trataron de aquella 
tragedia, con excepcion de Blasco de Lanuza, y Cotare- 
lo, derivanla de una leyenda historica, cuyos hechos 
tuvieron lugar el aiio 1217 en la vieja ciudad de Teruel. 
Fernandez-Guerra sostiene que todas las versiones de 
esta leyenda coinciden con la tradicion oral. La autora 
del presente estudio, apoyandose en el silencio que las 
cronicas guardan acerca de la leyenda, la poca fuerza 
de los argumentos que defienden la afirmativa y la 
existencia del cuento de Girolano y Salvestra del Deca- 
meron, declara este como verdadera fuente de la trage- 



EXPOSITORES Y CRiTlCOS 255 

dia espanola. Habia aparecido el libro de Bocacio en 
1353 y era muy popular en la peninsula, donde estaban 
publicadas ya cuatroediciones en castellano (1), cuando 
se descubrieron las supuestas momias de los amantes 
de Teruel, en 1555. Aun aceptando la fecha que senala 
Fernandez-Guerra, las primeras noticias que de dicha 
leyenda se tienen no son anteriores al siglo xv. Opinaba 
el literato granadino que la leyenda habia pasado a Ita- 
lia y, sirviendose de ella, escribio Bocacio su cuento. La 
profesora Bourland mantiene, por e.l contrario, que 
Los amantes de Teruel, en su forma escrita, se deriva del 
cuento de Girolano y Salvestr^, y que luego, al descu- 
brirse los supuestos cadaveres de los amantes, a quie- 
nes ciertos rumores sobre una tragedia de amor en las 
familias de los Masillas y Seguras suponian actores y 
victimas, se populariz6 con caracteres de leyenda histo- 
rica este cuento del literato italiano. Lamentariamos 
que esta hermosa leyenda de amor, de tan fecunda y 
gloriosa tradici6n literaria en Espafia (2), resultase fic- 
ticia, amen de extranjera. Por fortuna, si bien Fernan- 
dez-Guerra no logra probarnos de modo patente la 
filiaci6n historica y espafiola de Los amantes de Teruel, 
la profesora B6urland y el Sr. Cotarelo — que fu6 el 
primero en decir cuanto, desde su punto de vista, vi6- 
nese despues repitiendo por los demds (3) — , tampoco 
llegan a persuadirnos de su descehdencia italiana. Con 
conjeturas defiende el escritor granadino y los del mis- 



(1) En la Bibliotheca Hispdnica (1910, vol. XIX) hallardn quie- 
nes esten interesados en el asunto una traducci6n catalana del De- 
camerdn, hecha en 1429, 

(2) Ha servido de tema dramdtico a Pedro de Alventoso (1555), 
de Artieda (1581), Bartolome de Vilalba (1587), Juan Yagiie de Sa- 
las (1616), Tirso de Molina (1627), Perez de Montalbin (1638) y 
Hartzenbusch(1837). 

(3) Cotarelo y Mori: Sobre el origen v desarrollo de la leyenda 
de los amantes de Teruel (reimpreso de fa Revista de Archivos, Bi- 
bliotecasy Museos). Madrid, 1903. 



256 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

mo bando su tesis, y con no mas probables conjeturas 
la atacan aquellos. La cuestion sigue planteada casi en 
los mismos terminos turbios e imprecisos de antafio. 

En el ultimo tercio del siglo xvii empieza a declinar 
la influencia del Decameron en las letras espafiolas, 
acentuase su decadencia en el xviii, quedando a media- 
dos del XIX relegada al olvido, y ni Aribau ni Gallardo 
parecen familiarizados con la trascendental obra de 
Bocacio. 

Conforme ya hemos apuntado, la Influencia de Bo' 
cacio y el " Decanter dm> en la liter atura cataldn-castella- 
na es un modelo de orden en el plan, tan bien medi- 
tado, de escrupulosidad en la investigaci6n, hecha a 
conciencia, de precision en el cotejo de las obras, de 
seguridad en la critica; obra, en resoluci6n, de vigorosa 
dial6ctica, si bien de poca novedad en las ideas. 

Menos favorable juicio nos merece su edici6n, co- 
mentada y puntualizada, de Las paredes oyen, del origi- 
nalisimo poeta c6mico y moralista — original aun des- 
pu6s de haber desflorado el F6nix de los Ingenios, al 
parecer, todos los temas — Juan Ruiz de Alarc6n (1). El 
texto que la profesora Bourland reproduce es el de la 
edicion principe (1628), con la division de los actos en 
escenas, ligeros cambios en las acotaciones, y la orto- 
grafia corregida conforme el uso moderno. Segun ella, 
en la elecci6n del tema de esta comedia, muestra el 
poeta su tendencia realista. A juicio suyo, aunque Lm. 
verdad sospechosa es, sin duda, la comedia mas famosa 
de Alarcdn, Las paredes oyen no le es inferior en meri- 
to. Cabria hacer aqui una distincion, porque en parte 
nos parece que lleva razoij la sefiorita Bourland, y en 
parte no; tocante a la versificaci6n, no ya inferior ni 
igual, sino superior quizd sea Las paredes oyen, perO en 



(I) Las paredes oyen, por Juan Ruiz de Alarcon y Mendoza. Edi- 
ted with introduction and notes by Caroline B. Bourland. New- 
York, 1914. 



EXPOSITORES Y CRiTlCOS 25T 

cuanto a la invencidn y arte para desarrollar la acci6n 
es a todas luces muy inferior a La verdad sospechosa. 
Ahora bien, siendo esta producci6n notabilisima — que 
mas tarde habia de imitar Corneille en su Menteur — , 
queda margen para que Las paredes oyen parezca co- 
media excelente, aunque no hasta el punto de justificar 
aquel encarecimiento de Hartzenbusch, que la clasifica 
entre las mejores que se han escrito. Aparte el interns 
que ofrece por ser en gran parte una autobiografia de 
Alarcon, la profesora Bdurland nota entre sus meritos 
la naturalidad, verosimilitud y propiedad de los perso- 
najes, no obstante aparecer en general las mujeres del 
teatro de Alarc6n frias y egoistas, prosaicas y plebeyas. 
Rechaza resueltamente que Las paredes oyen este basa- 
da en El premlo del bien hablar, de Lope de Vega, por 
la diferencia de argumento, caracter de los personajes 
y tendencias que existen entre ambas comedias. En efec- 
to, la primera es una comedia de enrcdo, en tanto que 
la segunda lo es de caracter. El premlo del bien hablar 
no se imprimi6 hasta 1635, en tanto que la comedia de 
Alarc6n habiase ya estrenado a principios del afio 1622. 
La introduccion con que la seftorita Bourland enca- 
beza la edici6n esta bien hecha, dandonos una aproxi- 
mada idea de la personalidad y labor literaria de Ruiz 
de Alarc6n. La acentuacion diacritica del texto no es 
todo lo regular y sistematica que fuera de desear; lo 
mismo puede decirse de la puntuaci6n, que en algunos 
casos — muy pocos, en verdad — da un sentido err6neo 
a la frase. En lo que atafie a las notas, ni estan todas las 
que son (necesarias), ni son todas las que estdn. Con 
todo, es una de las mejores ediciones anotadas con 
fines diddcticos que aqui se han publicado. 



17 



258 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 



V 



Atinado anduvo el profesor C Rathfon Post de la 

Universidad Harvard, al escoger La alegonaen La lite- 

ratura espanola medioeval (1) como tetna de uno de 

sus libros, pues a pesar de la importancia que este ge- 

nero reviste en nuestra historia literaria, sin que pueda 

Sedrse que esta intacto, es en realidad de los menos 

estudiados. Examina el desenvolvimiento de la alego- 

ria - esto cs, encarnacion en personas, cosas o hechos, 

de una idea riias o menos abstracta - en las produccio- 

nes de los literatos espanoles, desde su aparici6n en 

el siglo xm hasta culminar en el siglo xv y albore 

del XVI. Hallase dividido el libro en dos partes; trata la 

primera de los aspectos generates del asunto, 5 influerv 

cias francesa e italiana en la alegoria espanola; est 

consagrada la segunda parte al examen particular de 

cada autor, por orden cronologico. 

A juicio suyo, la alegoria espanola no brota en e 
campo de nuestras letras como un producto nuevo 
sin precedentes, como espontanea y personal creaci6 
de algun escritor de poderoso genio, sino que vino for 
mandose en gradual y largo desenvolvimiento cuyo 
neriodos de transicion cabe discernir claramente. bi s 
atiende a la prioridad hist6rica, la alegoria posee raice 
mds hondas y anejas en la peninsula iberica que ei 
Sun otro pais; el hispano Prudencio, el masantigu^ 
3e los poetas cristianos, fu6 el primero en escrto un 
entera composici6n aleg6rica. El gusto por la alegor 
es innato en nuestra raza, los materiales de que se sii 

{\\ Mediaeval Spanish Allegory, by Chandler Rathfon Poj 
rambriXe London; 1915. Este profesor ha pubhcado, igualment 
JnTrabafokcerrd^^^ de Mena, en Roman 

/^mVw, 1912, vol. III. 



EXPOSITORES Y CRiTICOS 259 

vieron nuestros literates son, en gran parte, de origen 
netamente espafiol, y el modo que tuvieron de mane- 
jarlos lleva impreso las caracteristicas del espiritu na- 
cional. No obstante, la influencla francesa modifica 
grandemente la tradici6n espafiola y, en opini6n de 
Rdthfon Post, llega a combinarse con ella de modo 
intimo. Para el, la opini6n de Sanvisenti acerca de la 
preponderancia del elemento dantesco sobre el galaico, 
es insostenible. E inadmisible, en consecuencia,' la teo- 
ria de Amador de los Rios — que venfa prevaleciendo 
desde la segunda mitad del siglo pasado — , conforme la 
cualtodas las manifestaciones alegoricas del sigloxvpue- 
den atribuirse al influjode laDlvlnaComedia.Ei profesor 
norteamericario cree, por el c6ntrario, que semejante 
influencla en la llteratura castellana es inorganica, infi- 
nitesimal, casi inapreciable aun en las composiciones 
que muestran ciertas fragmentarias huellas. Y desde 
luego, las restantes obras del poeta italiano no afecta- 
ron en nada la producci6n peninsular. Explica esto por 
la preexistencia de una tradici6n aleg6rica, informada 
en sumo grado por la francesa, y con tal raigambre en 
la literatura nacional que no habia medio de alterarla. 
Por otra parte, la alegoria dantesca era tan complicada 
y dificil de interpretar, que no estimulaba a la imita- 
cion. La DlvinaComedla pudo aportar ciertos elementos 
decorativos y accesorios; pero en lo fundamental, en la 
estructura orgdnica de la alegoria, no era posible que 
ejerciese influjo apreciable. 

De los motivos, formas y m^todos de la alegoria 
castellana ocupase nuestro autor extensamente. El mo- 
tivo er6tico — las luchas del alma, entre la castidad y la 
lujuria, el triunfo del amor, las relaciones amorosas — 
habia de figurar entre los aleg6ricos, dado el tempera- 
mento amoroso de la raza y la influencla francesa. For- 
ma alegdrica y genuinamente espafiola de los tormentos 
amorosos era el viaje a un infierno o purgatorio de 
enamorados. La corte del amor, concepci6n francesa, 



260 



EL HISPANISMO EN NORTE-AM^RICA 



tambien se encuentra en la alegoria castellana. Otro 

asunto al que se daba particular expresi6n aleg6rica 

era el elogio o panegirico de algiin personaje ilustre, 

en el cual figuraban personificaciones de las Virtudes, 

de las Artes liberales, o de las Musas, segun se hubiera 

hecho famoso por su vida piadosa y ejemplar, o por 

sus talentos en el dominio de las letras, las artes o las 

ciencias. La forma mas tipica y corriente es la corona- 

ci6n a manos de aquellas figuras simbolicas. Empleaba- 

se esta alegoria en otras literaturas, aunque no de ma- 

nera tan freeuente y caracteristica. Otro motivo de 

alegoria fue la politica, bien para celebrar algun extra- 

ordinario y feliz acontecimiento publico, comocuando 

Ruy Paez de Ribera describe el establecimiento de la 

regencia, o bien, como Santillana en su Vision para 

hacer dura critica y sacar a la pUblica verguenza la co- 

rrupci6n politica. Dado el espiritu doctrmal y didactico 

de nuestra raza, natural habia de ser que entre los mo- 

tivos alegdricos se contara la personificaci6n de cuali- 

dades abstractas, como la Justicia, la Pobreza, la Fortu- 

na y. sobre todo, las Virtudes y los Vicios. Las visiones 

de espacios imaginarios o sobrenaturales, y el viaje a 

ellos era una de las formas alegoricas mas corriente. 

Las batallas entre la carne y el espiritu, el amor y la 

castidad, etc., gozaron de boga desde los tiempos er 

que nuestro compatriota Prudencio se sirvi6 de esta 

alegoria en una de sus obras. Igualmente, la armadura 

y asi vemos a Juan Ruiz acorazarse con las virtudes > 

sacramentos contra los pecados mortales, y a Imperial 

con los encantos y m6ritos de su dama contra sus ene- 

migos literarios. Tan usual como la batalla, es la alego 

ria del debate, en la cual, personificados el coraz6n y e 

cerebro, la vejez y la pobreza, la raz6n y la yoluntad 

etcetera, Se discuten tesis abstractas. Tres son los m^to 

dos que siguen los escritores al servirse de la alegoria 

en general: presentanla los unos en breve introducci6n 

de la cual viene a ser interpretaci6n el cuerpo pnncipa 



EXPOSITORES Y CRITICOS 261 

de la obra; otros desenvuelven la alegoria en el curso 
de la narracion, con poca o ninguna exegesis; el tercer 
m6todo, menos usual, consiste en definir el simbolo al 
sacarle a relucir. No solian seguir los literatos ninguno 
de los tres metodos de modo exclusivo, sino que, por 
lo comun, procedian con criterio ecl^ctico. 

Como el arte y la literatura corren por parejo curso, 
el Sr. Rathfon Post estudia sus relaciones alegoricas, a 
fin de esclarecer particularmente en cuanto a sus ori'ge- 
nes, el simbolismo literario. El influjo que sobre el arte 
espanol ejercieran la arquitectura francesa — que exa- 
mina a la ligera, de modo imperfecto — y el arte fran- 
cos, en general, le llevan a declarar que, aun en caso de 
no existir en nuestra literatura una huella inconfundible 
de la alegoria literaria francesa, «la poderosa corriente 
de su influencia artistica nos induciria a buscar aquella 
y aun, a falta de ejemplos, justift'carfa la presuncion de 
que sus hu^Ilas se habian perdido" (1). Y concluye 
afirmando que la influencia italiana, tanto en arte como 
en literatura, es inapreciable en el periodo que estudia. 

No s61o constitute el libro del Sr. Rathfon Post, por 
su exposicion y critica, un litil y agradable resumen de 
la alegoria en nuestra literatura medioeval, sino tam- 
bien de las otras dos grandes literaturas hermanas, la 
italiana y la francesa. Tocante a las influencias extran- 
jeras, punto capital, verdadera entrafia de su obra, el 
autor no se ha mantenido, a mi ver, dentro de los jus- 
tos limites. Llevado, con la mejor voluntad, de su cm- 
pefio en enmendar la opinidn corriente — que se venia 
inclinando por la preponderancia dantesca — , el pro- 
fesor Rathfon Post concede una absoluta y^desmesura- 
da importancia al influjo frances, y de aqui que muchas 
de sus conclusiones no nos parezcan justificadas. Ni 
Amador de jos Rfos ni el profesor de Harvard, con sus 



(I) Pdgina 280, 



262 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

opuestos y cerrados exclusivismos, logran persuadir- 
nos. Es Arturo Farinelli quien, a mi entender, ha pon- 
derado en su justa medida, prudente y discretamente, 
ambas influencias en la alegorfa espafiola y quien ha 
puesto, con pulso firme, los puntos sobre las its. Al 
menos, hasta la fecha. 



VI 



Que el Lazarillo de las frescas y verdes riberas del 
Tormes es padre e inaugurador de la novela picaresca, 
ya nos lo habi'an dicho entre otros, que yo ahora re- 
cuerde, Navarrete, Wolf y Morel-Fatio; padre legitimo 
y tinico de la regocijada y fecunda estirpe picaresca, 
dentro y fuera de la peninsula, y no s61o, como afirmaba 
Menendez y Pelayo, «principe y cabeza de lanovehi 
picaresca entre nosotros". El Sr. Wadleigh Chandler, 
catedratico de la Universidad de Cincinati, asi lo admite 
tambien en su libro Novelas picarescas (1), al declarar 
que Espafia es la verdadera cuna de este genero litera- 
rio y donde alcanz6 su mas caracteristico desarrollo; a 
lo cual agrega que desde los tiempos de Seneca y Mar- 
cial, Espafia ha despuntado en la satira, y que el jocun- 
do Arcipreste de Hita fue el primer antecesor espanol 
de U novela picaresca. Mas considera indispensable 
preliminar remontarse, de divagacion en divagacion, a 
las literaturas clasicas en busca de alguna filiaci6n o 
lazo de parentesco entre el picaro espailol y los picaros 
griegos y romanos. 

El estado social de la peninsula en los siglos xvi 
y XVII, sobremanera en su periodo de decadencia, habi'a 



(1) Romances of Roguery. An Episode in the History of the 
Novel. Part I: The Picaresque Novel in Spain, by Frank Wadleigh 
Chandler, New-York, 1899. 



EXPOSITORES Y CRlTICOS 263 

de inspirar una literatura reformista que tendiese a 
corregir las costumbres y vicios sociales, y entonces 
aparece Ellazarillo de Tormes (1), y, con el, la literatura 
picaresca que, mediante la satira, estaba llamada a cum- 
plir hasta cierto punto semejante mision. Si en la vida 
es el picaro un productp de la decadencia social, en la 
literatura es una forma, quiza la mas vigorosa, de pro- 
testa. Vino al mundo expresamente — dice Chandler — 
para ridiculizar los vicios sociales. Acaso tenga raz6n. 
Pero me figuro que el picaro y la novela picaresca no 
tuvieron otro fin que distraer y regocijar a la gente, 
siendo las tales novelas cosa de puro entretenimiento, 
sin tendencia alguna trascendental y moralizadora. Esta 
no se incorpora a nuestra literatura sino mucho mas 
tarde, cuando la novela de costumbres se refina y estd 
a punto de convertirse en novela de cardcter o psico- 
logica. Si Alemdn, en su Quzmdn de ALJarache, y Espi- 
nel, en Marcos de Obregdn, atribuyen a sus novelas 
picarescas cierta corriente subterranea y moralizadora, 
dandolas como escritas para el bien comun, nos parece 
que mas bien fu6 para apercibirse contra posibles cen- 
suras, que por haber sido aqu^l su prop6sito al escri- 
birlas. 

Conforme la pintura de Chdndler, mueven al picaro 
dos resortes: la codicia y el afan de que su nombre 
suene en el mundo. Para el picaro, es el amor negocio, 
granjeria, medio de conseguir los bienes ajenos con la 
voluntad de su duefio; la amistad, un nombre, sirvien- 
dose de los amigos y compadres para aprovechar sus 
servicios, y traicionarlos a las primeras de cambio. En 



(1) PubHcase El lazarillo de Tormes en 1854. David Rowland 
lo vierte al ingles en 1576, e imftanlo Tomds Nash, en The Unfor- 
tunate Traveller, or the Life of Jack Wilton (1594), y Enrique Chett- 
le, en Pierce Plainnes Seven Years Prentiship (1595). Imitaciones 
y huellas del Lazarillo se encuentran frecuentemente en la historic 
Uteraria inglesa, hasta Uegar a Fielding y Sm6llett, 



264 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

Espafia, y fuera de ella, el picaro va siempre por los 
mas sordidos vericuetos con la cabeza alta, con aire de 
gran senor, y si la ocasion se tercia, sabra codearse 
con la gente de fuste sin sacar a rejucir el pelo de la de- 
hesa. Lanza baladronadas y espeluznantes amenazas de 
muerte, pero lo que es matar, solo con el pensamiento. 
Ni roba a fuerza armada ni es salteador de caminos. 
S6brale tanto humor, como resolucion le falta, para las 
actitudes tragicas. Deciamos que es codicioso, mas no 
avaro. Paciente y habil para apoderarse de lo ajeno, no 
lo es para conservarlo, desconociendo otra suerte de 
frugalidad que la forzosa. Distingue a la perfeccion lo 
divino de lo humano, y ese bribon que acaba de besar 
el criicifijo con la mas profunda devocion, esta ya listo 
para robar la hostia consagrada y tragarsela bonita- 
mente. Rico hoy, manana pobre, su buen humor es 
inalterable. Del porvenir, ni desespera ni abriga espe- 
ranzas; solo el presente le importa. Problema que elu- 
dir, y no que resolver, eso es para el picaro la vida. 

En la novela picaresca, el picaro lo es todo y, al 
propio tiempo, no es nadaf todo, en cuanto vemosle 
bullir siempre en la escena y por sus claros y maliciosos 
ojuelos contemplamos el mundo, pero el picaro en si, 
por sus andanzas y picardias es un don Nadie; la socie- 
dad donde se agita lo es todo. Por ello, de la fiel des- 
cripcion de 6sta depende su triunfo o descalabro. Es la 
novela picaresca un estudio de costumbres, donde las 
aventuras ocurren, no para revelarnos estados de con- 
ciencia y sentimientos, sino para observar y describir 
el mundo exterior. Sin drden ni concierto, es semejante 
descripcion fragmentaria e inconexa, conforme las an- 
danzas del picaro van dando propicia ocasi6n para ella. 
Vemos alii al soldado, bravuc6n, pendenciero, cargado 
de trampas y diabluras, desordenado en la juventud y 
en todo tiempo indigente; los posaderos, siempre pu- 
blicanos, embusteros y rapaces; los muleteros — con 
quienes, siendo el picaro gran trota-mundos, ha de 



EXPOSITORES Y CRiTICOS 265 

estar en frecuente contacto ^ , insignificantes, tacitur- 
nos e indiferentes; los mendigos, en bellaquerias, her- 
manos gemelos del picaro, hipocritas, falsos y trapace- 
ros, mas amigos de pitanzas liquidas y no bautizadas 
que del pan; la gente de iglesia, bueno, aunque pobre- 
tona de espiritu, si rica de bienes, con esa no hay que 
meterse, que por ahi andan olfateando los sabuesos del 
Santo Oficio; los del gremio barberil, simplones, char- 
latanes, enamoradizos y amigos de jaranas, amen de 
algo cobardones. El linico que en esta universal y rego- 
cijada satira se libra de los dichos y hechos del picaro, 
es el noble; en cuanto al hidalgo, cuando no pobre y 
orgulloso, es un insipido maniqui al cual se sirve o 
engana segiin los casos. . 

Y tras haber estudiado la novela picaresca y sus 
origenes, el picaro y la sociedad en que se desenvuelve, 
las crudas y primitivas formas de este genero literario, 
sus posteriores progresos y modalidades, y, finalmente, 
su decadencia, el profesor Wadleigh Chandler escribe 
las siguientes palabras: «Era posible que, independien- 
temente de la influencia espafiola, entraran en el mundo 
literario los picaros, que siempre han existido en la 
realidad y siempre interesan; pero, con rarisimas ex- 
cepciones, aquellos que representan algo en la historia 
de la novela tienen un innegable parentesco con los 
picaros de Espana" (1). 

Creo recordar que el libro de Chandler esta tradu- 
cido al castellano por Gil y Robles. No estoy seguro. 
En otra obra suya, miiiulsiddi La literatura picaresca (2), 
el profesor norteamericano dedica unas cuantas pagi- 
nas, insignificante resumen de su primer libro, a la no- 
vela picaresca espafiola. 

No es grande la novedad con que nuestro autor ha 



(1) Pigina 397. 

(2) The Literature of Roguery, by Frank Wadleigh Chandler, 
dos volumcnes. Boston and New-York, 1907. 



266 EL HISPANISMO EN NORTE -AMfeRICA 

tratado el asunto, en parte estudiado de manera admi- 
rable por D. Rafael Salillas, en su antropologia pica- 
resca. Los escritores espanoles de los siglos xvi y xvii 
pintaron a menudo, y magistralmente, en la novela, el 
teatro y la narracion, el ambiente del hampa espanola 
y el vario y pintoresco mundo que en el bullia. El prin- 
cipal merito del Sr. Wadleigh Chandler consiste en 
haber reproducido una vez mas, con gran avidez, inte- 
res y apropiado y brillante colorido, el mismo cuadro. 
•Sus rasgos tienen en el libro de nuestro autor plastici- 
dad y fuerza. Sin ser orfebre que cincela y pule la frase, 
escribe con una brillantez y elegancia literaria poco 
usual en las obras de erudicion norteamericana. Su 
libro no es, como tantos otros, el esqueleto de un libro, 
indice de autores, libros, fechas y opiniones ajenas, sino 
que posee tejidos y musculatura mental, calor, anima- 
ci6n y vida. 

Oiro norteamericano, Fonger de Haan, catedratico 
de Bryn Mawr College, ha escrito un opusculo sobre 
el mismo tema: Bosquejo hlstorico de la novela picaresca 
en Espana (1). Su plan y modo de tratar el asunto di- 
fiere mucho del anterior. Apenas entra en generaliza- 
ciones, es mas sobrio y preciso. Tambien parece mas 
cauto y prudente al manifestar sus opiniones, cuando a 
ello timidamente se atreve. Su bibllografia es mds rica. 



(1) An Outline of the History of the uNovela picaresca» in 
Spain, by Fonger de Haan. The Hague, New- York, 1903. 

El profesor de Haan es autor, ademds, de un excelente articulo 
intitulado Picarosy ganapanes, en Homenaje a Menindez y Pela- 
yo, 1899; Caentos modernos, Nueva York, 1911; y [So ConcejaU, en 
Revue Hispanique, 1903, vol. X. Tiene en preparaci6n Bicquer. 
Selected Works, que dard a la estampa con notas y vocabulario, e 
Historietas escogidas, de A. Perez Nieva, 



EXPOSITORES Y CRITICOS 267 



VII 



Pocos poetas fueron mds imitados, y de tan feliz 
manera, entre sus contemporaneos, como lord Byron, 
gloria de la p'oesia britanica. Leopardi, Heine, Lermon- 
toff, Puschkin, en el se inspiraron, tomandole a menudo 
por modelo. En nuestra Espana, nadie llevo a tan alto 
grado de compenetracion y belleza esta imitacion como 
Espronceda. Un trabajo serio y documentado sobre las 
analogias literarias de ambos poetas eraempresa tenta- 
dora. Cierto que ya se venian senalando aqu^llas en 
nuestra historia literaria, y pocos tetnas tan manosea- 
dos, siquiera superficialmente, como el de las huellas 
del gran romantico ingles en la labor de Espronceda; 
pero estaba hafciendo falta un estudio que reuniera, 
ponderase y puntualizara todos los extremos de la 
cuestion. Semejante trabajo apareci6 en 1909 con el 
ti'tulo de Byron y Espronceda (1), debido a D. Felipe 
H. Churchman, profesor de la Universidad Harvard. 

Tras darnos breve notida biografica de Espronce- 
da — a la cual nada nuevo afiade — , pasa a estudiar las 
doctrinas filos6ficas y literarias de ambos poetas, sus 
analogias y diferencias, como hombres y escritores, 
aquellas sus semejanzas fruto de cierta hermandad es- 
piritual, reminiscencias de Byron en la obra de nuestro 
poeta, sus imitaciones posibles y las efectivas e indu- 
dables, estableciendo los casos concretos de cada imi- 



(1) Byron and Espronceda, by Philip H. Churchman, en Revue 
Hispanique, 1Q09, vol. XX, pdgs. 5-210. Dos anos antes habia publi- 
cado este profesor Espronceda^ s "Blanca de Borb6n'i,tn Revue His- 
panique, 1907, vol. XVII; en 1908, un articulo sobre el origen del 
fiimno al sol, de Espronceda, en Modern Languages Notes, volu- 
men XXIII; y en 1912, Beginings of Byronism in Spain, en Revue 
Hispanique, vol. XXIII; en colaboraci6n con Morrison, ha editado 
La Alegria del capitdn Ribot, de Palacio Valdes. 



268 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

taci6n, y la significacion e importancia, en fin, de su 
respectiva labor literaria. Pintanos a Byron como poeta 
mas filosdfico, y desde luego en este punto mis original 
y serio que el romantico espaiiol, y mas interesado que 
el en la cucstion religiosa. El tono humoristico con que 
Byron filosofa, a menudo frlvolo, en ocasiones blasfe- 
mo, hallamoslo mas acentuado aun en Espronceda, 
quien de aquel debio de tomarlo. En ambos el tono 
burlon colora casi todos los sentimientos, si bien la 
melancolia de Espronceda suele mostrarse con frecuen- 
cia en forma mas tierna y amable que la del poeta 
ingles. Era nuestro lirico sincero radical y ferviente 
patriota, y en ambas cosas nada veleidoso y si muy 
consecuente. Sentia Byron cierto plat6nico amor por 
los ideales republicanos, mas en el fondo era un aris- 
tocrata inconsecuente, versatil y con colerico desden 
hacia la nacion inglesa. Jose de Espronceda ama a su 
patria, tiene fe en el pueblo oprimido y detesta el go- 
bierno opresor. Lord Byron odia a su pueblo y gobier- 
no conjuntamente, viendolos unidos y triunfadores. 
Tienen en comiin los dos poetas su odio contra todas 
las tiranias y prejuicios sociales. Pero si se trata de pin- 
tar iipos antisociales, veremos que nunca desciende el 
poeta ingles a escoger, como Espronceda, criminales 
vulgares. 

A juicio de Churchman, el bardo britanico posee 
una mayor variedad y riquezas de^temas poeticos, y 
supera al espafiol en la creacion de caracteres. «Y esta 
mayor abundancia de asuntos — agrega — da a Byron 
ciertamente un encanto que no posee su imitador espa- 
fiol. Mas variado en la pintura de fondos historicos y 
nacionales, Byron es igualmente superior en la creacion 
de personajes, como era de esperar tratandose de un 
poeta que tan a menudo dejabase llevar de la vena 
narrativa. Por subjetivas que tales crcaciones parezcan, 
son cuando menos genuinas e interesantes. Espronceda 
no$ ha dado un tipo original con Addn, otro hermosa- 



EXPOSITORES Y CRlTICOS 269 

mente pat^tico con Elvira (si es original), y figuras tra- 
gicas con Blanca de Borb6n (que no fue entera creacion 
suya), Aben-Farax y la Maga; mas seria precipitaci6n 
afirmar que puede sacarse de sus obras una lista de 
personajes capaces de rivalizar con Warner, Cain, Sar- 
danapalo, Don Juan y Manfredo, por mencionar s61o 
los mas conocidos protagonistas de Byron (1). El lord 
britanico, familiarizado con las dos grandes literaturas 
clasicas, tiene reminiscencias de griegos y latinos. No 
puede decirse lo mismo de Espronceda. Enamorado 
aquel de la historia desde sus aiios infantiles, cuyas 
lecturas atesoraba en su prodigiosa memoria, posee 
una constante y visible tendencia a las evocaciones his- 
toricas. En ninguna de sus obras es tan manifiesta como 
en Child Harold, donde sirvi6se fructuosamente de su 
copioso y vario caudal hist6rico. En los poemas de 
Espronceda no hallamos el menor rasgo hist6rico, aun- 
que, con su Sancho de Saldana y Blanca de Borbdn, 
cultivase este g^nero en la novela y el teatro. Tampoco 
puede compararse en cultura literaria con el ingl6s, 
cuyos poemas contienen abundantes referencias y alu- 
siones a una muchedumbre de escritores nacionales y 
extranjeros, y claras reminiscencias de ellos. 

En la naturaleza, Byron prefiere lo selv^tico y subli- 
me; Espronceda, mas delicado, lo bello y portico. "El 
vate espanol pinta lo fantastico hermosamente en El 
estudiante y en El diablo mundo, y tocante a la real na- 
turaleza, en su suave y armonioso aspecto, sabe descri- 
birla de modo exquisito; pero en su aspecto grandiose 
no le inspira ni llega 61 a transmitir a sus p^ginas aque- 
11a vibraci6n de lo sublime que poseen algunas partes 
del peregrlnaje» (2). En la descripci6n del paisaje noc- 
turno, juzga superior a Espronceda. 

A pesar de que Goethe, Gerard y Mateo Alemdn, 



(1) Pdginas 107-108. 

(2) Pdgina 114. 



270 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

entre otros, habfan ya lanzado asp6rrimas censuras 
contra el estilo del poeta ingl6s, nuestro critico no se 
atreve a reconocer sin gran timidez y esfuerzo, al pare- 
cer, la superioridad del estilo de Espronceda. Y mds 
adelante escribe: «Piiieyro opina que la versificacidn 
de Espronceda (no la de Blanca, presume), es de pri- 
mera calidad y superior a la de Byron en su riqueza de 
efectos musicales. Agrega que su estilo es mas bien 
elocuente que poetico, a causa de la relativa pobreza de 
sus imagenes; pero quien hace tal aserto no debiera 
echar en olvido la riqueza de imagenes que ostenta la 
primera parte del Diablo mundo. Los efectos musicales 
del verso de Espronceda, especialmente en la ultima 
parte del Estudiante, pareceme que aventajan, en con- 
junto, a la mayoria de la obra byroniana. . .» (1). To- 
cante al estilo y la forma, nuestro romantico era, sin 
duda, mas grande artista que Byron: su versificaci6n es 
mas armoniosay rica; no desciende, como el lirico in- 
gles, al terreno de las discusiones y personalismos, ni 
ataca a personas (si se exceptiia el caso unico de Tore- 
no), ni emite juicios literarios sobre sus colegas. Tam- 
poco nos encaja los sendos prologos que Byron acos- 
tumbraba a poner a sus poemas, ni aquella intermina- 
ble sarta de acotaciones. «De todo ello esta completa- 
mente libre la obra de Espronceda; di6 al publico toda 
su labor poetica de modo impersonal y, por consi- 
guiente, mds artistico, si descontamos la breve nota en 
que explica la p6rdida de los manuscritos de Pelayo, y 
la otra en que medio ofrece al lector sus excusas por el 
Canto a Teresa. Esto nos lleva como de la mano a tra- 
tar de la segunda diferencia, tocante a la forma, entre 
los dos poetas:,el uso de las notas. jQu^ frecuentemen- 
te desciende Byron de la ppesia a la controversia y 
alusiones personales en sus notas al pie de la pdgina! 



(I) PiginaQS. 



EXPOSITORES Y CRlTlCOS 271 

El subjetivo poeta ingles ha de detenerse y manifestar 
a su lector lo que piensa de esto o aquello y explicar, 
como un domine de aldea, cada referencia. El poeta es- 
panol, mds verdadero artista, deja pasar sus alusiones 
sin entrar en explicaciones y se resefva sus propias 
opiniones" (1). 

Procede luego Churchman. a sefialar las analogias 
entre el Pelayo, de Espronceda, y el Sardandpalo, del 
vate ingles, viendo en el primer poema cierta influencia 
byrdnica. Considera probable que nuestro poeta se sir- 
viera en varias composiciones, que determina, de Cain, 
El vampiro (que no escribio Byron, pero que atribuyo- 
sele por mucho tiempo), y El sitlo de Corinto. Da por 
seguro que su poesia A una estrella, tomola Espronce- 
da del Sol de los desvelados; y de El corsario, la Cancidn 
delplrata. Establece las fuentes byronianas del poema 
A Jar if a en una orgia, y hasta que punto se inspird, al 
escribir Elestudiante de Salamanca y El diablo mundo, 
en el Don Juan del poeta britanico. Y concluye asen- 
tando que el influjo.de Byron fue tremendo, «pero, que 
el notable merito individual de Espronceda no queda 
grandemente disminuido por aquel hecho, tambien lo 
creo, no solo por la habil manera en que se sirvi6 del 
material byroniano, sino igualmente, y de modo prin- 
cipal, porque a pesar de la profunda influencia que en 
su genio ejerciera, sigue siendo aun poeta personal, 
diferente de lord Byron claramente en muchos senti- 
dos, con frecuencia su igual, y a veces superior al gran 
romantico ingles» (2). 

L6ese con genuino placer el trabajo del Sr. Church- 
man, por su hdbil exposicidn, serena critica y cierta 
plausible, discreta, reserva al emitir sus juicios. Si en al- 
gunos pasajes seiiala coincidencias que par^cenle a i\ 
significativas, y a nosotros puramente casuales, y a ve- 



(1) Pdgina 97. 

(2) Pdgina 210, 



212 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

ces sostiene la influencia byr6nica seflalando con gran 
trabajo una palabrilla aqui, solitaria e insignificante, y 
otra veinte versos mas abajo, que ni como indice de 
imitaci6n ni como probable reminiscencia admitimos, 
o afirma que la abundancia de incisos y digresiones le 
viene a nuestro lirico de Byron precisamente, o cosas 
por el estilo, y si, inclinandose a menudo contra su evi- 
dente prop6sito de imparcialidad, del lado de Byron, 
agiganta su personalidad literaria y la trae a primer 
termino, dejando a Espronceda alld en el fondo del 
cuadro, un tanto empequeiiecido; en general, demues- 
tra haber estudiado el tema a conciencia, sigue un m6- 
todo excelente, su prop6sito es a todas luces honrado 
y sus conclusiones casi siempre convincentes. Su and- 
lisis es tan amplio y hondo que si no ha agotado el 
tema, no parece ser mucho tampoco lo que ha dejado 
por descubrir a quienes le sigan los pasos. 



VIII 

He de hablar ahora de un ilustre viejecito norte- 
americano, bonachon, sencillo y genial, dulcemente sa- 
tfrico, cuyo genio y figura me trae siempre a la memo- 
ria a D. Ramon de Campoamor. Era aun chicuelo de 
pocos aflos cuando ya se sabia de memoria todo lo que 
hay de "mas deleitable y maravilloso en el mas mara- 
villoso y deleitable libro del mundo", y senti'a por 
aquel Cervantes de lejanas tierras un personal afecto 
«como si todavia viviera y pudiese corresponder a mi 
carifio. Su nombre y caracter hacianme grato el nom- 
bre y caracter de su pueblo, al cual siempre revestia yo 
de un aire romancesco, y aun hoy en dia no llego a en- 
contrarme con un espaflol a quien no confiera en cierto 
modo este honor y devoci6n que en la infancia prodi- 
gaba a Cervantes ". Este anciano, que en su niflez «se 



EXPOSITORES Y CRtTlCOS 273 

habria hecho eSpanol si hubiera podido«, que no se 
cansa de leer ni de e.ogiar Don Qaijote, a quien echose 
por companero en sus afios infantiies y Aiozos, al pun- 
to de no recordar ningun periodo en que no estuviese 
en mayor o menor grado entregado a su lectura; este 
anciano venerable que aprendio la lengua castellana 
«con el proposito, aiin no realizado, de escribir la vida 
de CervanteS", y que nos.habla de la pasion que le ins- 
piran todas las cosas espanolas y «aclama" al LazarUlo 
de Tormes como el picaro mas genial que vino al mun- 
do, a Velazquez como supremo pintor, a Gald6s como 
uno de los mas grandes novelistas de Europa, y Blasco 
Ibanez como inmediato sucesor de Tolstoi, y se perece 
como un novicio por leer las novelas espanolas, anti- 
guas o modernas; que si por ventura habla de aquella 
nuestra politica colonial, conquistadora y de hierro, y 
recuerda a Cortes, tampoco olvida a Las Casas; este 
viejecito, en fin, que sonaba con visitar a Espana, y lue- 
go de visitarla nos dio un jugoso libro de impresiones 
sobre la peninsula, es D. Guillermo Dean H6wells, no- 
velista, critico y poeta, jefe de la escuela realista de su 
pais, ex director de las mas importantes publicaciones 
peri6dicas de por aca, autor de veinticinco novelas, 
cuatro farsas o comedias, cinco libros de versos, cuatro 
de viajes y seis u ocho de critica literaria, y a la hora 
presente el mas eminence literato de los Estados 
Unidos. 

Menudea, en sus producciones, las preferencias^ la 
literatura espafiola, de la que parece poseer intimo co- 
nocimiento. De los escritores castellanos de nuestro 
tiempo celebra y pone por las nubes a Gald6s, Valera, 
Palacio Valdes, Blasco Ibaflez y la Pardo Bazan. Como 
este escritor norteamericano no distingue sino con.di- 
ficultad entre lo que es literatura y es vida, y no quiere 
4sta sin aqu^Ua ni la primera sin la ultima; como nece- 
sita de ambas y si no hallara vida en lo que se entiende 
por literatura, dejan'a en el ocio su pluma bien galana; 

18 



274 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

ft 

como en su obra literaria y en su vida necesita enlazar 
la viviente realidad y la poesi'a, segiin nos confiesa, na- 
tural es su predileccion por los autores mencionados. 
De D. Juan Valera, celebra con calor Pepita Jimenez, y 
tras calificar de magistral a Dona Luz deciara que ape- 
nas puede compararse con esta ninguna novela contem- 
poranea en lengua inglesa. Coloca a dona Emilia Pardo 
Bazan entre los mas grandes realistas de su pais y epo- 
ca. Siente admiracion por Palacio Valdes, cuya Marta 
y Maria juzga una de las novelas mas veridicas y pro- 
fundas que jamas ha leido, y Maximina una de las mas 
pateticas, y La hermana de San Sulpicio una de las 
mas divertidas. "Ignore — escribe — si los espafioles 
ponen a Valdes al nivel de Galdos. Por mi parte, no 
tengo el menor proposito de analizar sus meritos rela- 
tiyos y decidir la cyestion; por entrambos siento en la 
actualidad verdadera pasion, y quedame por decir de 
Dona Perfeda de Galdos que ningun libro, si excluyo 
aquellos de'los mas insignes novelistas rusos, me ha 
impresionado mas viva e intensamente; es infinitamen- 
te pat^tico y esta lleno de humorismo, de un humoris- 
mo que, si bien mas caustico que el de Valdes, no re- 
sulta menos delicioso" (1). El estudio que, por via de 
introduccion, precede a La hermana de San Sulpicio, 
"lamas encantadora novela", parecele magistral. "Es 
un ensayo — dice — con el cual debieran familiarizarse 
cuantos se proponen leer, y aun escribir, una novela, 
porque contiene algunas de las cosas mejores y mas 
Claras que se han dicho del arte de novelar en una epo- 
ca que apenas hay entre los que lo practican quien no 
tenga algo que decirw (2). Cree que, muerto Tolstoi, 
ninguno de los novelistas contemporaneos puede com- 
pararse con Blasco Ibaiiez. Encomia la natura^lidad, vi- 



(1) My Literary Passions, by William Dean Howells. New- York 
and London, 18Q1, pdg. 180. 

(2) Ob. cit, pig. 221. 



EXPOSITORES Y CRtTICOS 275 

videz, realismo y magistral arte del escritor valenciano. 
En Sangre y Arena vt un estudio intense y dramatico 
del caracter espanol, comprensivo e insuperable examen 
de una civilizacion, concepcion de dimensiones epicas, 
con detalles dramaticos de punzante vividez, y de una 
audacia en la presentacion de los hechos fisicos repug- 
nantes que excede a la de cuantos novelistas conoce. 
Califica de profundo analisis y sintesis del alma de Es- 
pafia La catedral de este insigne « maestro «. Declara el 
Sr. Dean Howells, finalmente, que la novela^ espafiola 
aventaja en mucho, a la hora presente, la de cualquier 
otro pais contemporaneo (1). 



IX 



Entre los restantes hispanofilos o autores que cabe 
incluir en este capitulo, mencionaremos a D. Carlos 
Pietsch, profesor de la Universidad de Chicago y co- 
rrespondiente de la Academia Espafiola, a quien se de- 
ben unos cuantos interesantes estudios de lingiiistica 
espafiola (2); Juan M. Burnam, catedratico de la Univer- 



(1) Todas estas referencias se hallan, diseminadas, en las siguien- 
tes producciones deDean H6wells: My Literary Passions, ed. cita- 
da, pdgs. 18, 19, 107, 180 y 221; Literature and Life, New-York and 
London, 1902, pag. iV; Familiar Spanish Travels, New-York and 
London, 1913, pags. 201-265; Editor's Easy Chair, en Harper's 
Monthly Magazine, Noviembre de 1915. Ya hemos. dicho, en otro 
lugar, que D. Guillermo Dean H6wells tradujo al ingles Un drama 
nuevo, de Tamayo y Baus, con el titulo de Yorick's love. 

(2) Autor de un opiisculo intitulado Preliminary Notes on Two 
Old Spanish Versions of the Disticha Catonis, Chicago, 1912(42 
pdginas); y de los articulos siguientes: The Spanish Particle "he», 
en Modern Philology, 1904-1905, vol. II; Notes on Spanish Folklo- 
re, idem, 1907-1908, vol. V; Spanish Etimologies, idem, 1909-1 910, 
volumen VII; "Duechox Once More, idem, 1911-1912, vol. IX; Zur 
spanischen Grammatik, idem, 1912-1913, vol. X; Concerning MS 



276 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

sidad de Cincinati y autor de una obra excelente sobre 
paleografiaiberica(l); Carlos P. Wagner, de la Uni- 
versidad de Michigan (2); H. Otto (: ), Rodolfo E. Hou- 
se (4) Alfredo Coaster (5), Donaldo C Stuart, de la Uni- 
versidad Princenton (6), H. M. Evers (7), David S. Blon- 
dheim, de la Universidad de Illinois (8), W. Holt Che- 
nery, de la Universidad Washington (9), E. H. Tutt- 
le (10), O. S. Williams- (11), Jorge B. Br6wnell (12), Oli- 



2-G-5 of the Palace Library at Madrid, Idem, 1913-1914, vol. XI; 
Spanish "cortesa", en Modern Languaies Notes, 1910, vol XXV. y 
On the Language of the Spanish Grhil Fragments, en Modern 
Philology, 1905-1916, vols. XXII-XXIII. 

( n Palaeographia Iberica, Facsimiles de manuscrits espagnols 
et portugais(IXe-XVe siecles), avec notices et transcriptions. 
Premier fascicule. Paris, 1912. Ha publicado ademds: Recipes from 
Codes Matritensis 'A ^/P^ Cincinnati, \^\2; Brief Catalonian Me- 
dical Text, en Romanic Review, 1913, vol. IV; Miscellanea Hispa- 
nica, tn Modern Philology, ]914, vol Xll. . 

(2) The Sources of "tl cavallero Cifar». en Revue Hispanique, 

(3) ^La Tradition d'Eginhard et Emma dans la poisie romanes- 
cade laPMnsule Hispanique, en Modern Languages Notes, 1892. 

(4) Sources of Bartolom^ Patau's «Farsa Samaltina», en Ro- 

""t)' ^'omprelsionJnthe "'Poema del Cid", try Revue Hispanique, 

1906, vol. XV. EI Sr. Coester tiene en preparacion una histona lite- 

raria de la America espafiola. . o • mm 

(6) Honor in the Spanish Drama, en Romanic Review, 1910, 

^""n^^Two Traces of the Cicleof Guillaume d' Orange in the Old 
Spanish .Romances'., en Romanic Review, 1910, vol. . 
(8) Judeo-espaiiol «abediguar«, en Romania, vol. XLl, Maimon, 

'"^(9)' ''%f jet-Pronouns in Dependent Clauses: A Study in Ola 
Spanish Word-Order, en Publications of Modern Languages /Is- 
sociation of America, \90b,vo\. XX. , 

(10) «Colligere» in Spanish, tn Romanic ^f»'/^»^'1912 .^^i' " 

(11) The Amadis Question, en Revue Hispdnique, 1909, volu- 

'^Tl'^^^he position of the attributive adfetive in the Don Quijote. 
en Revue Hispanique, 1908, vol. XIX. 



EXPOSITORES Y CRITICOS 277 

verio M. Johnston (1), Federico Bliss Luquiens, cate- 
dratico de la Universidad Yale (2), Jorge Santaya^ 
na (3), Mauricio F. Egan (4), J. B. Segall (5), Alberto 
Federico Kuersteiner, de la Universidad Indiana (6), 
Arturo L. Owen, de la Universidad de Kansas (7), An- 
gelo Lipari, de la Universidad de Toronto (8), R. M. 
Beach (Q), D. E. Martell (10), J. de Lancey Fergu- 
son (1 1), C. Bruerton (12) y Juan V. Home (13). 



I 



(1) Sources of the Spanish Ballad on Don Garcia, Idem, 1905, 
volumen XII. 

(2) The National Need of Spanish, en Yale Review, July, 1Q15. 

(3) Qervantes, en Warner's Library of the best Literature of 
the World. New-York, 1897, vol. VI. 

(4) Lope de Vega, idem, vol. XXVI. 

(5) Corneille and the Spanish drama. New- York, 1902. 

(6) The use of the relative pronoun in the Reinado de Palacio, 
en Revue Hispanique, 1911, vol. XXjV. Tiene en preparacion una 
edicion, anotada, de Elmdgico prodigioso, de Camer6n. 

(7) Sources of Rivas, El moro exposito, conferencia, Diciem- 
bre de 1916. Chicago. v , 

(8) The gracioso in the plays of Lope de Vega, conferencia, 
Diciembre de 1916. Princenton. < 

(9) Was Fernando de Herrera a Greek scholar? Philadel- 
phia, 1908. 

(10) Dramas of pon Antonio de Sails y Rivadeneyra. Phila- 
delphia, 1903. 

( 1 ' ) A merican Literature in Spain. NewfYork, Diciembre 1916. 
Llega a mis manos tan interesante libro, del cual me hubiera placido 
hablar largo y tendido, cuando el presente se encuentra ya en 
prensa. 

(12) Benavente's, El marido de la Tellez and its French proto- 
types, conferencia. Chicago, Diciembre, 1916. 

(13) The relations between the plays of Benavente and his 
dramatic criticism, conferencia. Chicago, Diciembre 1916. 



CAPITULO IX 
Bi6grafos e historiadores. 

I 

Aproximabanse antes los escritores extranjeros a la 
historia de Espafia con tantos recelos y prejuicios, que 
aun los mas cuerdos solian adoptar el papel de acusa- 
dores desde el primer instante, como si fuese inmacu- 
lada la historia de los demas pueblos de Europa, y 
triste patrimonio de la naci6n espanola en todos tiem- 
pos la barbarie, el fanatismo y la crueldad. En dos 
puntos capitales insistian todos porfiadamente, y alK 
veni'an a concentrarse con enconada colera y reproba- 
cion, la torcida intencion de los unos, latorpe ignoran- 
cia de los otros y la rutina, mas o.menos irreflexiva, de 
todos: la crueldad y el fanatismo espafiol. Ningun pue- 
blo registra en sus anales literarios una pleyade mas 
ilustre de hispanofilos que Inglaterra, pero ningun otro 
alz6 tan alto el grito de su estudiada indignacion ni 
lanzo tan airados apostrofes contra Espafia. Pues bien, 
los ingleses, con toda su flema y filosofica moderacion, 
eh crueldad e intolerancia dieron ciento y raya a los 
espanoles. En el periodo de poco mas de tres siglos 
que dura la Inquisicion espaiiola, contra las 23.112 
ejecuciones que le atribuye Llorente, tuvieron lugar en 
la Oran Bretafia nada menos que 264.000, por motivos 



BIOGRAFOS E HISTORIADORES 279 

religiosos (1). Durante el reinado de Jacobo I, las eje- 
cuciones por brujeria oscilaban alrededor de quinientas 
al ano. Y no hay que hablar de las matanzas de irlan- 
deses ordenadas por Cromwell y de los demas tragicos 
excesos perpetrados en Irlanda (2). «En la conducta de 
los catolicos espanoles o de los indios paganos, en Ame- 
rica — expresa Bancroft — , no puedo deseubrir actos 
mas atroces que algunos de los cometidos en India y 
China dentro de este mismo siglo (xix) por la protes- 
tante Inglaterra, ese modelo del mundo en piedad y 
moderacionw (3). Si tornamos la mirada haeia el Con- 
tinente, la sangrienta vision del fanatismo y la crueldad 
es aun mas horrenda. Recuerdese el degiiello de los 
hugonotes, que en la sola noche de San Bartolome y en 
la sola ciudad de Pan's causo la muerte a 4.000; recuer- 
dese al Parlamento frances de Tolosa, que quema en 
una sola ocasion a cuatrocientas brujas; o las matanzas 
de anabaptistas en los Paises Bajos, donde en Junio 
de 1535 se publica un bando que a todos condenaba a 
muerte, aun cuando abjurasen de su herejia. El conde 
de Schack sostenfa que es menor el numero de her^ti- 
cos ajusticiados por la Inquisicion espanola durante tres 
siglos que el de brujas quemadas en Alemania el si- 
glo xvH. Y, finalmente, leanse los anales de la guerra 
de los treinta anos, en la cual "se destrozaron con in- 
descriptible refinamiento casi todos los pueblos de 
Europa, de esa Europa qile por boca de sus economis- 
tas, de sus fil6sofos y de sus historiadores, se asombra 
de la intolerancia demostrada por Espafia, precisamente 



(1) La respetable Enciclopedla britdnica afirmaba aiin en su 
novena edici6n (1875-188Q)que la intolerancia y el fanatismo espa- 
nol habia causado ucentenares de miliar de victimas a manos de la 
Inquisiti6n«. 

(2) Vease Ireland under English Rule, por f 1 Dr. Thomas Addis 
Emmet. New- York, 1903. 

(3) H. H. Bancroft, History of Central America: San Francisco, 
1883, vol.1, pdg. 29. 



280 EL HISPANISMO EN NORTE - AM6RICA 

en aquellos tiempos" (1). En crueldad y fanatismo, no 
andaban todos ellos menos necesitados de redenci6n 
que jSu Satdnica Majestad el Espahol! No era la brutal 
intolerancia de este o aquel pueblo, sino la negra y 
barbara intolerancia que mancha los anales de toda 
Europa. 

La! otra fulminante acusaci6n que halla eco contra 
nuestra Espana en todo el curso de la historia moderna, 
tiene por motivo, la conquista y colonizacion de Ame- 
rica; acusacion que, en labios de los muchos, de los 
muchisimos renegados de nuestra sangre y de nuestra 
casta en el Nuevo Continente, suena a maldici6n. No 
quieren ver que este nuestro pueblo espanol, que tanto 
denigran y cargan de culpas, leyanto aquellas razas que 
vivi'an en la superstici6n, la idolatria- y el canibalismo, 
al nivel de sus propios hijos, y les di6 su Dios, su patria 
y su pensamiento (2). La nueva escuela historica de 
Norte-America es la que ha emprendido esta labor 
reparadora, valiente y justiciera. Si entre el elemento 
intelectual del extranjero empieza a notarse un cambio 
favorable al juzgar laacci6n espanola en America, a los 
mas preclaros historiadores contemporaneos de los Es- 
tados Unidos se lo debemos. Un pueblo como este muy 
grande, muy leal y admirado pueblo norfeamericanx), 
limpio de rencores tradicionales y de prejuicios hist6- 
ricos, amante como ninguno de la justicia y la verdad, 
y el mas directamente interesado en la materia, era el 
llamado a reconstituir la reall historia de la colonizaci6n 
espaflola. 

Escojamos sobre este punto dos historiadores yan- 



(1) Julidn Juderfas, La leyenda negra y la verdad histdrica, 
Madrid, 1914, pag. 189. De cuando y c6mo principiaron a formarse 
dsta y otras muchas leyendas antiespanolas da raz6n, en su por varies 
conceptos admirable monografia, el Sr. Juden'as. 

(2) Una obrilla tengo en la fragua donde dedico a la obra colo- 
nizadora de Espana, en el Nuevo Mundo, parte de la atenci6n que 
merece. 



BI6GRAF0S E HISTORIADORES 281 

quis, uno que se dirige al mundo cientifico, y el otro al 
pueblo: Bourne y Lummis. 

Genuino representante de la nueva orientaci6n e 
imparcial historiografo de la conquista y colonizaci6n 
espanolas fue el finado profesor de la Universidad Yale, 
D. Eduardo Qaylord Bourne (1860-1908). Su Espana en 
America, publicada en 1904, constituye la vindicacion 
mas Serena, documentada y cientifica de la acci6n espa- 
flola (1). Bourne no es fiscal, ni panegirista, ni escritor 
de los que van senalando con el I'ndice, en letra subra- 
yada. sus propias opiniones; es cronista frio, analitico 
y deja hablar a los hechos, en vez de atronarnos los 
oidos, como tantos otros, con lo que opina o deja de 
opinar. No toma al lector por sordo ni duro de molle- 
ra, le deja pensar por su propia cuenta, y aun cuando 
emite algun juicioso comentario, es en forma incidental, 
y no esencial, definitiva e inapelable. No es su historia 
una apologia de la conquista, ni cosa por el estilo; no 
se ha propuesto honrar a un pueblo, sino servir y 
honrar a la ciencia histdrica, con una sobriedad, una 
precision y un rigor cientifico poco comun aun entre 
los mas celebrados maestros de la nueva escuela. Por 
todo ello, considero su volumen de Espafla en Amirica 
como el mejor que, dentro del tema, puede leerse. 

Antes de presentar al lector sus juicios sobre la 
conquista y gobierno de la America espafiola, sefiala- 
remos una opini6n que, si bien nada original, es inte- 
resante y poco conocida. Traza Bourne un paralelo 
entre Col6n y Magallanes, y considera que 6ste, y no 
el primero, fue el mis grande navegante de todos los 



(1) Spain in America^ 1450-1580, by Edward Oaylord Bourne, 
New-York and London, 1904. Traducido al castellano, con el titulo 
Espaifa en Amirica, 1450-1580, por Rafael de Zayas Enrfquez 
(Habana, 1906). Como siempre que se trata de libros traducidos al 
castellano, nuestras citas corresponden a la edicion inglesa, de la 
cual hacemos tambi6n directamente nuestras propias versiones. 



282 EL HISPANISMO EN NORTE -AM£RICA 

tiempos, y su viaje de circunnavegaci6n empresa mds 
extraordinaria y memorable que el descubrimiento del 
Nuevo Mundo. Estima el primer viaje a traves del 
Atlantico como un sublime acto de fe, pero problema 
nautico mas dificil y arriesgado el paso porel estrecho 
de Magallanes; mas de la mitad de los navegantes in- 
gleses y holandeses que trataron de seguir la ruta de 
Magallanes, hacia fines del siglo xvi, hubieron de re- 
munciar a ello. Por otra parte, el primer viaje de Colon 
no duro mas que treinta y cinco dias, mientras que 
Magallanes llevaba ya un aiio de navegacion antes que 
comenzara su verdadera empresa: la travesia de una 
inmensa superficie maritima, tres veces mayor que la 
recorrida por Colon en su primer viaje. Algunas mas 
razones por el estilo habian dado, en apoyo de esta 
opinion, otros historiografos, predecesores de Bourne. 
Pero no logran persuadirnos. En los veintiocho anos 
que transcurren desde la primera travesia de Colon a 
la de Magallanes fue incalculable el progresa de los 
conocimientos geograficos y nauticoSj en todos los 6r- 
denes. Cuando Magallanes emprendio su viaje de cir- 
cunnavegacion se sabi'a ya, por Vespiicio, que America 
era un continente,. y habiase desvanecido entre los na- 
vegantes aquella general y aterradora creencia de que 
al llegar a un punto del espacio — al limite de la parte 
superior del globo, para los que admitian que la tierra 
era redonda, o al Jin de los mares, para los que la supo- 
nian plana — , se caeria en el espacio; temor que tan 
singular y risible pareceria hoy al mas ignorante pesca- 
dor, pero potente y universal en tiempos de Colon. 
Tengase tambien en cuenta que, merced a los servicios 
extraordinarios que presta a Colon, queda definitiva- 
mente comprobada toda la importancia y seguridad de 
la brujula. El descubridor de America trata de demos- 
trar que era posible llegar a aquel territorio descono- 
cido cuya existencia se venia conjeturando desde el 
segundo siglo; es el primero en romper el misterio 



bi6qrafos e historiadores 283 

absolute. Magallanes se propone dar la vuelta a un 
mundo en su mayor parte conocido. El primero rema- 
ta, ademas, su obra; la del segundo completola Alonso 
Elcano. 

A juicio de Bourne, la preservacion del eiemento 
indigena y su civilizacion, rasgos caracteristicos y no- 
tables de la colonizacion espanola, no han sido apre- 
ciados debidamente. Menos espacio suele* concederse 
en las historias de caracter popular a los tenaces y ejem- 
plares esfuerzos de la monarquia espanola y de los 
vicerreyes en provecho de la cultura y bienestar de los 
indios, que a las crueldades de los conquistadores des- 
critos por el P. Las Casas, a pesar de que estas, ademas 
de apasionadas e injustas, s61o se refjeren a los prime- 
ros cincuenta anos de la colonizacion, y aquellos es- 
fuerzos generosos no cesaron por tres siglos. En la 
America hispana, los indios fueron considerados desde 
el principio como ciudadanos libres, como vasallos del 
rey de Espaila. En vez de reducirles a la condici6n de 
esclavos, como hicieron los demas europeos, les civili- 
zaron,^ trataron de elevarles al nivel de la cultura eu- 
ropea, convirtiendolos a la religion cristiana* ensenan- 
doles las artes y las ciencias, y el ejercicio de las indus- 
trias y del comercio. «La legislacion espanola de las 
Indias es un insigne monumento, por sus nobles ten- 
dencias, y el cual puede compararse sin desdoro, en lo 
tocante a los estatutos de la clase trabajadora, con la le- 
gislaci6n contemporanea de cualquier pais europeo" (1). 
Con ello no hace el profesor norteamericano, en verdad, 
sino confirmar el juicio de todos los historiadores. Es, 
acaso, el linico pedestal de gloria de la colonizacion 
espafiola que no intentaron o no pudieron convertir en 
ruinas los mas demoledores cronistas de nuestra his- 
toria. 



(1) Loc. cit, pag. 256. 



284 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

A prop6sito de la lucha entre la raza colonizadora y 
la indigena, refiere el origen, bien conocido, de la negra 
leyenda de nuestras crueldades. El P. Las Casas, bene- 
merito defensor de los indigenas, Protector de las Indias 
— quien no era precisamente un extranjero, sino de la 
misma raza y sangre que Pedro de Alvarado — , escribe 
su Brevislma relacion de la destruccldn de las Indias, en 
que denuncia a los espanoles con lenguaje fulminante 
y pinta cuadros exagerados de su inhumanidad, con tan 
noble celo como apasionada imprudencia. El libro sale 
a luz en 1552, dandose buena prisa los extranjeros a 
traducirlo a todos los principales idiomas de Europa. 
En el hallaron los enemigos de la grandeza y el poderfo 
de Espafia, en aquella epoca de enconadas luchas reli- 
giosas y politicas, una caudalosa mina de diatribas, 
inexactitudes y exageraciones, que abultadas mas atin, 
convertidas en calumnias de tomo y lomo, se han veni- 
do lanzando contra la historia colonizadora de.Espaila 
hasta hace un par de decadas. «Echase en olvido — de- 
clara Bourne — que este libro fue concebido en un 
periodo de violenta agitacion, y que cuando se escribi6 
aiin no llevaban los espanoles cincuenta afios en el 
Nuevo Mundo, donde su imperio duro trescientos 
aflos. Dos.siglos de legislacion filantropica han sido 
relegados a ultimo termino por las apasionadas pala- 
bras que dieron a aquella misma legislacion su primer 
impulso" (1). En cuanto a los esclavos importados de 
Africa, eran mucho mejor tratados bajo el regimen espa- 
fiol que bajo el frances o el ingles, al menos en teori'a. 
«Un estudio comparativo del tr^tamiento y estado legal 
de los esclavos en las colonias espaiiolas, francesas e 
inglesas, revela el hecho de que las leyes espanolas eran 
muchisimo mas hurnanas que las francesas o inglesas 
en punto a esclavitud; hecho sorprendente hoy en dia 



(1) Loc. cit, pag. 257. 



bi6grafos e historiadores 285 

que tan extendida anda la creencia de que el sistema 
colonial espanol era extremadamente opresivo" (1). 
Acostumbrase a comparar nuestro regimen colonial 
con el de Inglaterra, deduciendo consecuencias poco 
favorables para el primero. Conforme Bourne, la justa 
relacion hay que establecerla con la colonizaci6n in- 
glesa de la India, y no de America. Alli, que es donde 
la Gran Bretafia hubo de afrontar los mismos proble- 
mas que Espaila en el Nuevo Mundo, el sistema colo- 
nial ingl6s di6 peores resultados que el espaiiol. El do- 
minia britanico revestia un cardcter mis imperial que 
el de Espana, y no llegaron a gozar los indios tampoco 
de una cultura comparable a la de los indigenas ameri- 
canos. En general, los defectos capitales de nuestro re- 
gimen son, a juicio suyo, las restricciones impuestas 
sobre el trafico y la falta de autonomia colonial. No 
cree, de otra parte, que pueda acusarse a la metropoli 
de haber oprimido a la poblaci6n de las colonias con 
excesivos impiiestos. La real opresi6n provenia de una 
torpe legislacion comercial, que a la politica proteccio- 
nista sacrific6 el verdadero desarroUo mercantil. 

Y no solo opina que la acci6n colonizadora fud 
mucho mas suave y benigna de lo que se venia dicien- 
do, sino que en punto a administraci6n, las colonias 
espaiiolas estaban tan bien gobernadas como la metro- 
poli y eran, en conjunto, mis pr6speras. 

Concede a la labor cultural de Espafia una impor- 
tancia mucho mayor que sus predecesores. Y sus datos 
y referencias son incuestionables. La solicitud del go- 
bierno y la Iglesia en la educacion de los indigenas es 
palmaria, habiendo logrado fomentarla en una escala 
muy superior de la que se intent6 siquiera en las pose- 
siones britanicas. Concerniente a Nueva Espafia, decla- 
ra: "No es posjble enumerar aqui todas las institucio- 



(I) loc. cit, pig. 2S0. 



286 El HlSPANISMO EN NORTE-AMERICA 

nes de cultura fundadas en M^jico durante el siglo xvi, 
mas no seria excesivo afirtnar que, en el numero y cali- 
dad de los estudios y en el alto nivel intelectual de los 
funcionarios, aventajaron a cuanto se conocio hasta el 
siglo XIX en la America sajonaw (1), afirmando mas ade- 
lante que la antropologia, la lingiiistica, la geografi'a y 
la historia tienen contrai'da una profunda deuda de gra- 
titud con los primeros intelectuales y misioneros de la 
America espanola (2). 



II 



No vacilare en mencionar aqui, a rengldn seguido 
de la produccion de Bourne, de alta erudici6n y critica 
historica, un libro de corte y estilo semipopular, Los 
exploradores espanoles, de D. Carlos Fletcher Lum- 
mis (3). Hay en este libro algunos conceptos y paginas 
sobresaJientes." De su exactitud y veracidad, dara al 
lector idea la siguiente declaracion que el autorizado 
maestro Bandelier hace en su prologo: "Solo he de 
decir que los asertos y apreciaciones englobados en 
este volumen son estrictamente verdaderos, y que me 



(1) Loe.cit, 3\0. 

(2) El catedratico Gaylord Bourne publico, ademas, la History 
and determination of the line of demarcation establislied by Pope 
Alexander VI, between the Spanish and Portuguese fields of dis- 
covery and colonization, en American Historical Association; An- 
nual Report, 1891, pags/ 101-130. Tambien edito The Spanish Co- 
lonial System, by Wilhelm Roscher (New- York, 1904); y Narratives 
of the career of Hernando de Soto in the Conquest of Florida as 
told by a Knight of Elvas and in a Relation by Lays Hernandez 
de Biedma, translated by Buckingham Smith, Together with an 
Account of De Soto's expedition based on the Diary of Rodrigo 
Ranjel, his private Secretary, translated from Oviedo's Historia 
general y natural de las Indias (New-York, 1Q04). 

(3) The Spanish Pioneers, by Charles F. Lummis. Chicago, 1899. 



BibGRAFOS E HISTORIADORES 287 

brindo a defenderlos en el terreno de la ciencia his- 
torica't. 

Lummis es un explorador de la America espanola, 
y de seguro conoce sus selvas cerradas e inmensas, 
donde apenas logran penetrar los rayos del sol y hay 
que abrirse paso con el hacha a traves de la apretada 
vegetacion; y los desiertos sin fin y calcinados por el 
sol ardiente, sin un refugio en que albergarse los dias 
de tormenta y vendaval, sin un arbol que rompa la 
monotonia del paisaje y sirva de sombra protectora y 
de guia, desiertos donde el animo se siente deprimido, 
angustiado, desesperado, en medio de su vasta soledad 
y silencio, de su interminable extension; ha de conocer 
Lummis las abruptas y grandiosas Cordilleras, donde 
los precipicios estan sesgados a nuestros pies y cada 
paso es un riesgo; y los rios infranqueables, de tan 
dilatado curso y latitud. Y si en tal escenario planta- 
mos con la imaginacion las tribus salvajes y belicosas, 
con su terrible nurhero, sus emboscadas y sus flechas 
venenosas, se comprendera que aquellos puilados de 
espanoles que ensancharonel coraz6n y el pensamiento 
de Castilla en tierras americanas y echaron los cimien- 
tos de veirite nacionalidades, tienen bien merecido el 
lenguaje de briosa exaltacion con que de ellos nos habla 
este peregrino y escritor de nuestro tiempo. S61o un 
explorador como Fletcher Lummis, que haseguido sus 
huellas, podia entreverles con todos los resplandores 
de su grandeza. Y porque sabe algo, por propia expe- 
riencia, de sus penalidades y de su arrojo, nos habla de 
ellos con tanto orgullo y verdad, y el hervor de la 
pasion caldea a menudo su lenguaje. Carlos ^letcher 
Lummis nos ha dado, si no en todas, en muchas de sus 
paginas, la impresion grafica, intensa y fulgurante de la 
labor de los exploradores espafioles. Ha sabido pintar 
con maestria la escena, la epoca, el ambiente, los perso- 
najes y sus empresas. Y cuente nuestro lector con que 
no solo describe al conquistador y al misionero aven- 



288 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

turandose en el misterio de las selvas, a traves de las 
ardientes llanuras, poniendo la planta en las altas Cor- 
dilleras; no s61o relata lo que lievaron a cabo, sino el 
c6mo y el porque, haci^ndonos ver centellear un alma 
en esas figuras historicas, tan caliday humana es a me- 
nudo su deScripci6n. 

Lummis dice muchas verdades de a puflo, verdades 
que con su estilo animado y nervioso clava en la me- 
moria del lector. Echemos, ahora, una ojeada a las pa- 
ginas de este extranjero donde vibra el poema epico de 
nuestra raza, de este extranjero que supo referir con 
robusta y bien entonada voz, con vibrante y gallardo 
acento, la exploracion espanola de America, "la mds 
grande, prolongada y maravillosa epopeya que regis- 
tra la historia». Obra eminentemente espaiiola — nos 
dice, en resumen — es la del descubrimiento, conquista 
y colonizaci6n del Nuevo Mundo; genovds dicen que 
fue el descubridor, pero realizo su descubrimiento en 
calidad de espanol, sostenido por lafe y el tesoro espa- 
fiol, con navios y tripulantes espafioles, y en nombre 
del rey de Espana toma posesi6n del Nuevo Continen- 
te; espafioles, quienes descubrieron los dos mas gran- 
des rios del mundo, y el mayor golfo, y el rhas vasto 
oceano; espanol, el primero que supo que habia dos 
continentes en America; espafioles, quienes la conquis- 
taron y la colonizaron, quienes levantaron las escuelas, 
las iglesias y los mercados, quienes escribieron los pri- 
meros diccionarios, geografias, historias e imprimieron 
los primeros libros. Parece increible que toda la obra 
del descubrimiento, conquista y colonizacion de Ame- 
rica fuera durante siglos obra de una sola nacion, de la 
naci(5n espanola. "Existfa un Viejo Mundo en plena 
civilizacion; de pronto, se descubre un Nuevo Mundo, 
el mas importante y asombroso descubrimiento en los 
anales de la humanidad. Cabria suponer, naturalmente, 
que la grandeza de tal descubrimiento hubo de aguijo- 
near el alma de todas las naciones civilizadas, y que 



BI6GRAF0S E HISTORIADORES 289 

estas se apresuraron a aprovechar con comun anhelo 
la cxcepcional ocasion que, para servir a la humanidad, 
ofrecia el descubrimiento. Pero, en realidad, no sucedi6 
asi. Pudiera decirse que toda la empresafue acometida 
por una sola nacion europea, y no justamente la mas 
rica y fuerte. Una sola naci6n tuvo, de hecho, la gloria 
de descubrir y explorar a America, de revolucionar y 
ella sola rehacer la g^ografia y todo el mundo de las 
ideas y de los negocios durante siglo y medjo. Y esa 
naci6n fu6 Espafiaw (1). 

En vez de aniquilar, como hicieron los sajones en 
el norte, las razas abori'genes, se fundieron con ellas. 
La poblacion indigena del Nuevo Continente, casi ex- 
tinguida en el norte, es en la America hispana mucho 
mayor hoy que en la epoca de la conquista. Si cruelda- 
des padecieron los indios opuestos al paso de los con- 
quistadores, mas crueldades cayeron sobre otras razas 
aborigenes que hubieron de entend^rselas con france- 
ses, ingleses y holandeses. La brutalidad fu6 nota uni- 
versal, pero menos acenjtuada en la conquista espanola 
de America que en la de otros pueblos europeos. «Hay 
tratados hist6ricos, como esos que de tanta boga goza- 
ron por largo tiempo, que pintan a esta naci6n de 
heroes como cruel con los indios; mas, en realidad, lo,s 
anales de Espafia en ese respecto nos hacen enrojecer. 
La legislaci6n espanola en interes de los indios fue en 
todas partes incomparablemente mas vasta, mds com- 
prensiva, mds sistematica y mds humana que las de la 
Gran Bretafia, sus colonias, y los Estados Unidos. todas 
juntas" (2). Todos sefialan con gesto iracundo a Cortes; 
el gran conquistador fu6 cruel, pero no precisamente 
con los indios, sino con sus propios hermanos de la 
conquista. Traicion6 a sus amigos y a punto estuvo de 
traicionar a su soberano y arrebatarle la colonia de 



(1) Ob. cit., pigs. 18-19. 

(2) Idem, 24. 

19 



290 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

Nueva Espafia, conspirando para declararse, por obra 
de su ambicion y de su fuerza, emperador. Por eso, y 
no por ingratitud, desposey61e el monarca de su supre- 
ma autoridad en la colonia, y afios despues murio en la 
desgracia. Considera nuestro autor a Pizarro, y no Cor- 
tes, como el mas insigne caudillo de America. Iletrado, 
hasta el punto de no saber leer ni escribir, y de tan 
humildisima cuna que vino a ser en su adolescencia 
porquerizo en los campos extremefios, conquisto con 
un ejercito dos veces menor que el de Cortes, y no 
obstante las mayores dificultades y penalidades que le 
salieron al paso, un pais tan grande como el conquista- 
dor de Mejico. Cada uno de los cuatro grandes capita- 
nes espaiioles — Pizarro, Cortes, Valdivia y Quesada — 
conquisto tanto territorio como Cesar; no llevo este a 
cabo empresa mayor ni mas valerosa que estos cuatro 
heroes, los cuales "Con unos pocos y harapientos espa- 
fioles, en lugar de las ferreas legiones de Roma, con- 
quistaron cada uno un inconcebible desierto tan salvaje 
como el que Cesar hallara, y cinco veces mayor" (1). 
Se trata — afirma — de empequeiiecer la importancia 
de sus empresas militares, sefialando la gran superio- 
ridad de sus armas de combate sobre las de los indi'ge- 
nas. Apenas si las armas de fuego eran mucho mas 
eficaces que las flechas; su alcance no excedia conside- 
rablemente al de estas, y eran tan lentas que, por cada 
disparo de arcabuz, podi'an los indios responder con 
diez flechazos. Las corazas no cabia considerarlas, de 
otra parte, como segura proteccion contra las flechas 
envenenadas. La eficacia de la artilleria no era muy 
superior a la de los toscos y rudimentarios arcabuces. 
Pareceme que en este punto extrema el Sr. Fletcher 
Lummis su defensa, porque si tan inapreciable era la 
superioridad del armamento espafiol, ^que 170 hom- 



(1) Ob. cit, pags. 51-52. 



BibGRAFOS E HISTORIADORES 291 

bres, aunque fuesen no ya aquellos espanolazos de anta- 
no, sino semidioses de la guerra, podrian veneer a otros 
30.000 hombres, como Pizarro y los suyos en Caja- 
marca? 

Tocante a la personalidad de Col6n, ni esta con los 
que hace un par de generaciones le ensalzaban como 
modelo de virtudes varoniles, ni con los que en nues- 
tro tiempo tienden a rebajarle desde el punto de vista 
moral. El descubridor fue uh hombre genial, pero hom- 
bre al fin, y con no pocos defectos. A la acusaci6n de 
ingratitud que generalmente se lanza contra los monar- 
cas espanoles, por el trato que dieron'a Colon, respon- 
de que suya fue la, culpa; no era el descubridor muy 
escrupuloso en puntos de honor e intereses, ni habil 
organizador, ni mucho menos buen administrador. 
Como navegante y descubridor fue una maravilla de fe, 
tenacidad y energia; pero como vicerrey, era tan poco 
practico, tan codicioso y terco que perjudicaba la obra 
de la colonizacion. 

Burlase nuestro autor con mucho donaire de quie- 
nes echan en cara a los espaiioles el haber padecido la 
fiebre o sed del oro, como si la tal fiebre no fuera un 
sarampion de todos los pueblos y epocas. «iQue habria 
sucedido — pregunta — si desde el principio hubieran 
los ingleses encontrado oro en America?" La historia 
prueba hoy cu^n falsa y ridicula era la leyenda de que 
los espaiioles buscaban oro y nada mas. (^Quienes, si 
no, dieron espiritual alimento al corazdn y la mente de 
las poblaciones indfgenas, fundando iglesias y misio- 
nes, escuela's y universidades? «Una de las cosas mas 
maravillosas de esta exploracion espailola — tanto casi 
como la misma exploraci6n — es el espiritu humanita- 
rio y progresivo que la sella desde el principio hasta 
el fin" (1). 



(1) Ob. cit.,pAg. 23. 

De la obra que nos ocupa se public6 no hace mucho una versi6n 



292 EL HISPANISMO EN NORTE-AMERICA 



III 



lunto a los mds insignes navegantes descubndores 
y clpUanes espanoles que pusieron sus plantas en Ame- 
rica fieura, por su valor, resoluci6n y genio el P. Bar- 
Somfde as Casas, por buen nombre llamado Protec- 
torTe las Indias. Oan61es a todos ellos en p.edad y cle- 
menda y no les fu6 inferior en ninguna de las otras 
S-andes virtudes y dotes varoniles. No evoca su rndo- 
mable figu a s61o al Crista de la paz, smo tambien al 
rrt eiecutivo y militante. Nacido en una edad de 
Serro ent'ndio rectamente que no bastaba con predi- 
car el divino mensaje de amor y dirig.rse a los esp.r.tus 
ntrsuasiva y dulcemente, sino que era preciso defender 
& evangetio social, el de los derechos humanos, e .m- 
nnnedo fieramente a los conquistadores y co onizado- 
?esTel NuevTMundo, en bien de la raza indigena. 

No haWan de faltar en nuestro tiempo bi6grafos que 
.acaran a luz y expusieran a la publica admiracion la 
Iwa exemplar Jas'^^uchas y final victoria de este am 
heroica Varias histarias de su vida existian ya y algu 
nas como la de D. Carlos Gutierrez cons.derablement. 
rinrnm^ntadas cuando el escritor norteamencano Fran 
cfscXgusto Mac Nutt da a la estampa su biograf.a de 
Se domWco en 1909 (1). Este biografo no se ha pro 

, Mono nup desconocemos: Z OS exploradores espanoles deist 

de Rafael Altamira. Barcelona 1916. Apostolate, an 

.i' Wr^:^"^afci?Au?^?^s J(rc ^^. L.-U and Lo. 

don, 1909. p^^„/T«///. Cnrtds. and his Conquest i 

■ M^efur(^Ts5&^-'o7^^^^:&'»-. y UtUrU Co. 



BI6GRAF0S E HISTORIADORES 293 

puesto evidentemente agotar la materia. De los copio- 
sos materiales y de las autorizadas biografjas preceden- 
tes, ha extraido aquella suma de datos suficiente para 
narrar la vida de fray Bartolome, su personalidad, su 
obra y su tiempo, de un modo claro, precise, ameno. 
Su libro, que no esta recargado con minuciosos deta- 
lles ni imponente erudicion, pero si inspirado en docu- 
mentos autenticos, es veraz, sobrio e interesante, tan 
interesante para el erudito como para la masa general 
de lectores. Es la historia de una vida tempestuosa y 
noble hermosamente relatada. 

Proponese nuestro autor, conforme manifiesta en su 
bien escrito proemio, estudiar la vida de fray Bartolom6 
de las Casas por la importante luz que sus aconteci- 
mientos arrojan sobre la historia del progreso humano. 
No tiene por unico objeto esta biografia establecer el 
lugar que corresponde al «mas noble espaiiol que pisara 
jamas el mundo occidental" entre los campeones de la 
libertad humana, sino describir igualmente las condi- 
ciones en que fue introducida la esclavitud en America. 
Si Las Casas no es el primero ni el unico espaiiol en de- 
fender la libertad de los indios, si fu6 el mas esforzado 
paladin de tal causa. En aquella epoca en que por do- 
quiera reinaba el mas tremendo despotismo politico y 
religioso, Las Casas alz6 su voz poderosa y elocuente en 
defensa de la libertad humana, y durante su larga vida 
no ceso de laborar en provecho de la poblacion abo- 
rigen del Nuevo Continente y en bien de la justicia 
social. 

Descendiente de una distinguida familia sevillana, 
Bartolom^ de las Casas, el futuro Protector de las In- 
dias, ve la luz primera en la ciudad de Sevilla el afio 



tis. The five Letters of Relacidn from Fernando Cortes to the Em- 
peror Charles V. Translated and Edited with a Biographical Intro- 
duction and Notes compiled from origir.ril sources by Francis Au- 
gustus Mac Nutt (2 vols.), New-York and London, 1908. 



294 EL HISPANISMO EN NORTE- AMERICA 

de 1474. Si escasas son las noticias que de su familia se 
tienen, no menos fragmentarias e incompletas resultan 
las del primer tercio de su vida. En todo caso, es cosa 
cierta que se educ6 en la Unlversidad de Salamanca, y 
que alii obtuvo el titulo de Licenciado en Derecho. A 
su regreso a la capital andaluza hallose en comunica- 
ci6n y frecuente trato con gente que habia visitado las 
Indias, navegantes y descubridores, con quienes sin 
duda estaria bien relacionada su familia, ya que el padre 
de Bartolome habia acompanado a Col6n en su segun- 
do viaje, y tenia en la Espafiola considerables intereses, 
y uno de sus tios era tambien navegante. En semejante 
circulo de amistades, en aquel ambiente romantico 
donde todos sofiaban con las maravillas y portentos 
del Nuevo Mundo, no era cosa extratia que nuestro 
mozo acabara por contagiarse de la fiebre aventu- 
rera, 

Opina su presente biografo que Bartolome no acom- 
pan6 a su padre en el segundo viaje de Colon, como 
sostiene Salucchi, ni en su tercera expedicidn, como, 
seguido por varios publicistas, mantuvo Llorente. Atra- 
veso por primera vez el Atlantico, en realidad, con la 
expedicion de Ovando que arriba a la Espaiiola el 15 de 
Abril de 1502. Tenia entonces el Licenciado Las Casas 
veintiocho anos de edad. Como tantos otros aventure- 
ros de distinguido rango, venia para hacer fortuna en 
esta tierra de promision y encargarse, probablemente, 
de administrar los bienes que en la isla habia adquirido 
aiios atras su padre. No parece que por lo pronto le. 
impresionara la aflictiva situacion de los indigenas. 
"Joven, entusiasta, de noble y recta condici6n, y con 
su nativa sensibilidad refinada y aguzada por la mas 
perfecta educacion de su tiempo, Las Casas semeja ha- 
ber desempefiado su parte como los dem^s, ni mejor 
ni peor que ellos, igualmente ciego ante la injusticiay 
tiranfa impuestas sobre los inofensivos e indefensos 
indios, y s61o dvido de participar en los provechos que 



BI6GRAF0S E HISTORIADORES 295 

de sus sufrimientos derivabanw (1). Sus negocios pros- 
peraron hasta alcanzar la renta, casi fabulosa en aquella 
epoca, de cien mil castellanos. 

En Septiembre de 1510 desembarcan los primeros 
religlosos de la Ordende Santo Domingo en la Espa- 
nola, y en ese mismo ano, como si percibiera la mision 
providencial que estaba llamado a cumplir, el Licencia- 
do Las Casas recibe las sagradas ordenes. Se consagra 
desde entonces con el mayor celo a la instruccion reli- 
giosa de los indigenas, y pronto le hicieron famoso sus 
virtudes y saber en toda la colonia, estableciendo «de 
unavez y para siemprc" su influjo sobre los naturales. 
A fines del 1515, el P. Las Casas se embarca para la 
metropoli a fin de exponer ante el rey la verdadera si- 
tuaci6n de la poblacion indigena, proponer algunas re- 
formas legislativas en su favor, y mejorar por cuantos 
medios estuviesen a su alcance la condicion de la raza 
conquistada. Su elocuencia y energia, la ardiente fe con 
que defendia su noble causa, su actividad, su distincion 
y personales simpatias, le conquistaron pronto laaten- 
cion y el respeto de los hombres de Estado e hizo 
grandemente provechoso su viaje. Concibe por enton- 
ces la fundaci6n de una colonia ideal. Habia de estar 
compuesta por cincuenta espanoles altruistas que tu- 
vieran por exclusiva mira el ensefiar a los indios de la 
colonia la religion, las letras y las industrias, darles 
constante ejemplo de todas las virtudes cristianas, y 
vivir, en fin, con ellos en amor fraternal y desinteresada 
industria, bajo el benigno gobierno de una docena de 
frailes. Y en cuya colonia no habian de penetrar mas 
espanoles que los cincuenta que Las Casas eligiera. 
Fue un sueilo, una Utopia, altruista y admirablfe. Y 
cuando, tras penosas luchas en la corte de Espafia y 
copiosa cosecha de sinsabores, la colonia fu6 estableci- 



(1) Loc.cit.,p&g. 35. 



296 EL HISPANISMO EN NORTE -AMfiRICA 

da, fracas6; desobedecido por unos, traicionado por 
otros, y con las autoridades coloniales hostiles, el pro- 
yecto, que no habia podido emprender tal como primi- 
tivamente lo concibiera, acabo miserablemente. 

Vemosle ingresar en la Orden de Santo Domingo 
el ano 1523. Recluido en el monasterio de Puerto Plata, 
dedicado por entero a las practicas de su austera regla 
y al estudio, paso los siete primeros afios. Despues en- 
tra de Ueno en su fertil labor misior^aria. Tenian en el 
los naturales una confianza ilimitada, crefanle omnipo- 
tente, le reverenciaban como aunacriaturasemidivina. 
Pero su gran obra no la realizo en calidad de misione- 
ro', sino como luchador, en ambos contmentes, por la 
libertad y el bienestar de los indios. Era, sotjre todo, 
un hombre de accion, y si su altruismo le llev6 a con- 
cebir como posible su colonia ideal, luego el fracaso, 
sirviendole de aspera y definitiva ensenanza, le hizo ver 
de una vez y para siempre hasta que punto era extre- 
mada e incorregible la fragilidad de la naturaleza hu- 
mana. Y, en lugar de quitarle el animo, le alent6 y en- 
camin6 por los positivos senderos de la realidad. Com- 
batio contra los enemigos de su justa causa, ya en las 
colonias, ya en la metr6poli, trasladandose a es^a cuan- 
do la^s circunstaqcias lo requerian, con un teson y un 
valor ejemplares. Su sabiduria en materias canonicas 
y filos6ficas — que le permiti6 discutir victoriosamente 
con algunos de los hombres mas sabios de Europa — , 
su soberano don de palabra, su verbo fogoso, en el que 
soli'a hacer fulgurar los mas fieros apostrofes, su activi- 
dad, sus entusiasmos, su pluma, de tan tremenda cru- 
deza al describir las brutalidades de la conquista, todo 
su poder intelectual, en una palabra, estuvieron cons- 
tantemente al servicio de la religion y de los mds altos 
principios de humanidad. Posefa una constitucion de 
hierro, y en los relatos de su vida jamas se m'enciona 
que tuviera que aplazar alguna diligencia o misi^n a 
causa de enfermedad. Insensible a los insultos, a las 



biOgrafos e historiadores 297 

calumnias y a los mas p^rfidos ataques de sus enemi- 
gos, s6lo el sufrimiento de los pobres indios le llegaba 
al alma. Defendia su causa sin dejarse Uevar de la cole- 
ra, mostrando con sus personales enemigos una ilimita- 
da caridad; sabia que no era tarea suya, sino de Dios, 
el castigar a los criminales. Tacharonle de soberbio, de 
envidioso, de turbulento; al decir de sus enemigos, ha- 
bianle expulsado de todas las colonias, y ni en los mo- 
nasterios podian aguantarle; le acusaban abiertamente 
de fomentar las discordias entre los colonos, y la rebel- 
dia de los indigenas, de desalentar la emigracion a las 
colonias yde arruinar el trafico, con su importuna y 
porfiada propaganda. Este hombre, tan frugal, viose 
calificado de glot6n; le ridiculizaron, pintandole como 
un desequilibrado cuya mania le diera por defender los 
indios y sus derechos. Los mas modjrados declaraban 
que aun concediendo que existieran los abusos que 
denunciaba, su metodo para remediarlos era mas per- 
nicioso que los propios males; que en lugar de sus pro- 
cedimientos precipitados y radicales, e^an medidas 
prudentes las que debian adoptarse, y ya el tiempo se 
encargaria de hacer el resto. Los dias de su obispado de 
Chiapa debieron de ser los mas angustiosos de su dura 
existencia. Aquella diocesis fue su calvario. Alii le des- 
obedecieron, le insultaron, le amenazaron de muerte, le 
persiguierbn, y en mas de una ocasi6n a punto estuvo 
de maltratarle la irritada muchedumbre cristiana y es- 
pafiola; alii le acusaron de heretico, de encubierto lute- 
rano, por haber negado los sacramentos de la peniten- 
cia y la eucaristia a quienes no liberasen los indios 
mantenidos — contra las leyes del Estadoy de la Fgle- 
sia— en servidumbre. Le llamaron diablo, anticristo, 
y hasta la chiquilleria de Chiapa, aleccionada por sus 
procaces mayores, le entonaban a su paso por, las calles 
canciones soeces. Amargaronle el coraz6n, pero jamis 
lograron en parte alguna abatir la firmeza de su tem- 
plado, de su indomable animo. 



298 EL HISPANISMO EN NORTE -AMfiRICA 

Era eldominico sevillano "tan esforzado luchador de 
nacimiento como el mas fiero conquistador que jamas 
pusiera su planta en la America espanola» (1). Luch6 
contra los cortesanos y prelados hostiies a sus planes y 
su persona, en Espafia, lucho frente a los administra- 
dores venales de las colonias, contra la poblacion colo- 
nizadora, combatio sin tregua contra todos ellos, y su 
triunfo moral fue completo. Aunque no siempre pudo 
cosechar el fruto de sus victorias, ni llego a Ver en vida 
el definitivo triunfo de su causa, "la figura de este de- 
voto campeon de la libertad descansa, no obstante, so- 
bre un pedestal de perdurable fama, que tiene por ci- 
mientos el eterno homenaje de todos los amantes de la 
justicia y de la libertad; su figura es la de un vencedor, 
que sirvio a Dios y am6 a sus semejantes" (2). Secun- 
daronle en su empresa los dominicos, que habian sido 
los primeros en mantener.la dignidad moral y la liber- 
tad de los indios. Aquellos mismos religiosos que en la 
peninSjUla fundaran y sostuvieran contra viento y marea 
la Inquisicion, fueron, por raro contraste del destino, 
los mas ardientes y constantes defensores de la libertad 
humana en el Nuevo Continente. «La historia no ha 
hecho sino rara e insuficiente mencion de estos prime- 
ros y obscuros heroes, que afrontaron el desvio, y aun 
se expusieron a perecer de hambre, entre los airados 
colonos cuya codicia y brutalidad reprendian intrepi- 
damente en nombre dela religion y la humanidad: tras 
inmolar su vida, cayeron obscuramente en anonimas 
tumbas, victimas a veces de aquellos mismos indios 
cuyas causas defendian, protomartires de la libertad en 
el Nuevo Mundo" (3). 

A comienzos del afio 1547 embarcose el P. Las Ca- 
sas para la metropoli, y ya no torn6 a ver mas aquella 



(1) Loc. cit., XII. 

(2) Idem, VI. 

(3) Idem, MM. 



BI6QRAF0S E HISTORIADORES 299 

tierra americana de sus amores. Tuvo por habitual re- 
sidencia desde su regreso el Colegio de San Gregorio, 
en Valladolid. Alii prosigue su prolifica labor literaria 
en favor de los indios. Entre sus numerosas produc- 
ciones se cuentan la Historia general de las Indias, la 
Hlstoria apologetica y la Brevisima relacidn de la des- 
truccion de las Indias. Como ya notabamos en otro lu- 
\gar, esta ultima fue pronto traducida a diversos idio- 
mas, y de ella hicieron en Inglaterra y los Raises Bajos, 
particularmente, un argumento contra la naci6n espa- 
nola y contra el catolicismo. Ilustradas con horripilan- 
tes grabados, algunas versiones tenian titulos tan ex- 
presivos como aquel de la edicion inglesa de 1689, que, 
traducido en buen romance, dice asi: Horribles matan- 
zas, degiiellos y crueldades, que solo el diablo y la mal- 
dad podian inventar, cometidos por los espaholes en las 
Indias occidentales (1). Cabria sintetizar la doctrina del 
Padre Las Casas — conforme su presente bi6grafo, cu- 
yas exclusivas opiniones voy exponiendo — en estos 
terminos: los indios son criaturas racionales, con todos 
los derechos inherentes a la naturaleza humana, y en 
nada inferiores a los espaiioles; conviertaseles primero 
a la religion cristiana, y luego ellos mismos se somete- 
ran voluntariamente a la soberania de Espafia. Mientras 
sus adversarios — con el mismo criterio que prevalece 
a la hora presente entre los mas flamantes estadistas de 
Europa — , querian conquistarles primero, y despues 
convertirles. Creemos haber dicho en otro lugar que 
no hubo historiador serio que no rechazara, por su 
evidente pasion e inexactitud, la Brevisima relacidn de 
la destruccidn de las Indias, verdadero libro de batalla 
con el cual queria nuestro dominico provocar el mayor 
posible extremo de indignaci6n, y en el que es mas lo 



(1) Casas's Horrid Massacres, Butcheries and Cruelties that 
Hell and Malice could invent, committed by the Spaniards in the 
West Indies. (Cit. por Mac Nutt.) 



300 ,EL HISPANISMO EN N0RTE-AM£RICA 

que refiere de oidas que de ciencia propia. Aludiendo 
a ^sta y a sus demas narraciones, el Sr. Mac Nutt es-r 
cribe: "No cabe duda que cuantos incidentes relata Las 
Casas por su propia cuenta, como fruto desu personal 
observacion, son ciertos, aunque Prescott describe 
"Como viniendo del corazon, mas bien que de la cdbeza, 
las' dritmeticas del buen obispoi>,y los historiadores se 
hayan inclinado generalmente a poiier en duda sus ci- 
fras. . . Debe tenerse en cuenta que Las Casas era un 
hombre en quienia filantropia eclipsaba cualquier otro 
sentimiento, que estaba dotado' de un temperamento 
ardiente, impresionable e imaginativo, y de delicadisi- 
ma sensibilidad; por otra parte, era un ap6stol, el de- 
fenisor de un pueblo oprimido, al que habia tornado 
bajo su proteccion y cuya causa era la mision de su 
vida sostener y defender" (1). En su proemio ya habi'a 
hecho constar Mac Nutt que si en ese agitado y primer 
periodo de la colonizacion sufrio la poblacion indige- 
na vejaciones y crueldades, fue contra las leyes y contra- 
la resuelta opinion publica de Espaiia, que condenaba 
tales actos «con tanta severidad como pudiera hacerlo 
el mds delicado sentimiento filantropico de nuestro 
propio tiempO" (2). 

Estaba ya muy cercan'o el fin de aquella noble exis- 
tencia, cuando en la primavera de 1566 se traslad6 el 
Padre Las Casas a Madrid. "Habia sobrevividopof mu- 
chos anos a todos los contemporaneos de su primera 
epota, habia disfrutado la confianza y el respeto de tres 
de lo-? mas notables soberanos, Fernando de Aragon, 
Carlos V y Felipe II, todos los cuales recibieron sus 
firmes amonestaciones no solo con docilidad, sino co- 
rrespondiendole con cordial admiracion. El Cardenal 
Cisneros, el Papa Adriano VI, los poderosos favorites 
flamencos, los descubridores y conquistadores, desde 



(1) Ob. cit, p^gs. 209-210, 

(2) ldem,Xl\, 



BI6QRAF0S E HISTORIADORES 301 

Colon hasta Cortes y Pizarro, estaban desde hacia tiepi- 
po muertos; y habia el visto a mulfitud de sus mas po- 
derosos enemigos caidos en desgracia, y en sus tum- 
bas. La Espafla en la cual cerrd los ojos este anciano 
era bien diferente de aquella en que los abriera por vez 
primera; el desenvolvimiento colonial de America, la 
Reforma en Alemania, el encumbramiento de Inglate- 
rra, todos estos y un centenar mAs de acontecimientos 
menores, pero de trascendental importancia tambi^n, 
habfan cambiado la faz del mundo» (1). A fines del mes 
de Julio del afio de gracia de 1566, aquel alma, que 
habi'a sido brasa de pasi6n en altruismo, templado ace- 
ro en el combate por la libertad y la justicia humana, 
portavoz y escudo de toda una raza ingrata, que hoy le 
olvida para acordarse s61o de las crueldades de Alvara- 
do, se extinguid serenamente en los brazos del Seflor 
en el madrilefio convento de Atocha. 



IV 



De la inagotable copia de materiales que encierran 
nuestros archivos, extrajt) el historiador Enrique Carlos 
Lea los documentos para su exposicion hist6rica y crf- 
tica de la Inquisici6n espanola (2). Comprende la es- 
tructura, organizaci6n y m^todos de esta trascendental 
y sombria institucion, sus relaciones con los demas 
organismos del.Estado y de la Iglesia, su significaci6n 

(1) 06. a7., pigs. 304-305. ^ . ^ ^ ^u i 

2) A History of the Inquisition of Spain, by Henry Charles . 
Lea (In four volumes) New-York, 1908. Autor igualmente de 
Chapters from the Religious History of Spain connected with the 
Inquisition, Philadelphia, 1890; de The Moriscos of Spain, their 
Conversion and Expulsion, Philadelphia, loOl. y de The Inquisition 
in the Spanish Dependencies, New-York, 1908. 



302 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

e importancia en la historia general de Espana y, mas 
o menos directamente, en la historia del mundo. 

Comienza por describir el estado de la naci6n en 
tiempos de los Reyes Cat61icos, la situaci6n anormal 
de moriscos y judios, el patriotismo y fervor religioso 
de los espaiioles y el estado politico y social de la pen- 
insula al establecerse, o mejor dicho, reorganizarse la 
Inquisici6n, cuyo tribunal se abre en Sevilla, y celebra 
su primer auto de fe el 6 de Febrero de 1481. Pinta con 
trazps irnparciales la hist6rica figura de Torquemada, 
primer inquisidor de Espaiia y alma de la naciente ins- 
tituci6n. Rigido, inconmovible y severo, infatigable y 
celoso en el cumplimiento de sus deberes, di6 al Santo 
Tribunal tal vigor y amplitud por toda Espafia, en la 
persecuci6n y castigo de los herejes, que a poco de 
establecerse era ya el organismo mas poderoso y temi- 
do de la naci6n. Los Pontifices no cesan de felicitarle 
calurosamente por su inmensa labor en provecho de la 
religion. Asombrosos eran su energia, su actividad y 
su poder. Este hombre, famoso ya por su ciencia y pie- 
dad antes de ocupar el puesto de inquisidor, que vestia 
el humilde habito de dominico y no usaba ropa blanca 
bajo el tosco sayal ni en el lecho, que observaba per- 
petuo ayuno y era un ejemplar asceta, aunque residiere 
en palacios y tuviera sequito digno de principes, dis- 
frutaba poder absoluto e ilimitado. La fortuna, la vida 
y el honor de los ciudadanos, cualquiera que fuera su 
rango y condicion social, estaban a merced del inqui- 
sidor. Jamas se ha visto en la^historia un hombre que 
Uegase a asumir tan tremendo poder, espiritual y tem- 
poral, y con tan liviana responsabilidad. «Si no pode- 
mos atribuirle enteramente el espiritu de despiadado 
fanatismo que anima a la Inquisicion, Torquemada fue 
al menos quien lo estimulo e hizo eficaz al organizar y 
dirigir 6sta con impdvida resolucion contra los sospe- 
chosos, por alta que fuera su categoria social, hasta que 
la sombra del Santo Oficio se extendi6 por todo el pais 



BIOGRAFOS E HISTORIADORES 303 

y no habia valiente que no temblara a su solo nom- 
brc" (1). La figura de este primer inquisidor es de una 
tetrica e imponente grandeza. . 

Entre las facultades concedidas a Torquemada con- 
tdbase, desde un principio, la de introducir en la insti- 
tucion aquellas reformas que mejor la adaptasen a las 
nefcesidades del pais. De aqui que, con el tiempo, lle- 
gara a revestir la Inquisicion espafiola un caracter dis- 
tintivo y unico. Era un organismo autonomo, con sus 
propias leyes, por el mismo dictadas, sus propios tribu- 
nales y funcionarios, sin mas autoridad superior que la 
nominal del Pontifice, que apenas la ejercia; indepen- 
diente, en realidad, de Roma y del Estado. Si a la per- 
fecta organizacion se ailade su autoridad espiritual y su 
poder secular, se comprendera cuan poderosa y eficaz 
institucion habia de ser. Mas si su potestad sobre el 
pueblo era efectiva y permanente, sus relaciones con la 
corona variaban segun el temperamento y caracter de 
los monarcas. Fue mero instrumento de unos-sobera- 
nos, y duefia y sefiora de otros. En su porfiada lucha 
por dominar todas las clases sociales y todos los depar- 
tamentos y organismos del Estado, lleg6 a salir victo- 
riosa temporalmente. Como la mas alta mision del poder 
civil consistia en mantener la fe y unidad religiosa, la 
Inquisicion, que era el organismo especialmente encar- 
gado de ello, habia de gozar de consecuen'te suprema- 
cia; supremacia tan absoluta y decisiva, que ni aun el 
derecho de critica dejaba a los demds. Los tribunales 
del pais, los funcionarios y autoridades seculares esta- 
ban, mas o menos directamente, al servicio del Santo 
Tribunal. 

De otra parte, todos sus miembros gozaban de plena 
inviolabilidad. De acuerdo con la peregrina teoria de 
que el escandalo era mas temible aun que el delito, 



(1) A History of the Inquisition of Spain, vol. I, pdgs. 174-175. 



304 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

procuraban evitar aqu6I a toda costa, y en particular 
los inquisidores estaban completamente exentos de res- 
ponsabilidad. Se trataba de asegurar asi su eficacia en 
el mantenimiento de la pureza de la fe. Estas y otras 
garantias le eran indispensables si habia de ejercer su 
supremacia sobre las jerarqui'as eclesiastica y secular, 
que le miraban con reprimida c61era y envidia, como 
se mira a un intruso que, adem^s de intruso, es tirano. 
La lucha permanente entre la Inquisicidn y los poderes 
eclesiasticos y civiles nada tenia que ver — a juicio del 
historiador norteamericano — con la verdadera reli- 
gi6n, pues la defensa de la fe era en este caso un pre- 
texto para extender su dominio, y reducir sus obliga- 
ciones, en el terreno secular. Con sus especiales exen- 
ciones y privilegios, con la exclusiva jurisdicci6n que 
trataba de ejercer sobre todos sus miembros, y sus 
. esfuerzos para imponerse a los demas organismos del 
Estado, la Inquisicidn era un elemento perturbador de 
la vida politica del pais. La jurisdiccion que pretendia 
arrogarse en todos los casos en que mediaran sus fun- 
cionarios, fueel motivo mas comiin y corriente de roza- 
mientos con las autoridades diocesanas y civiles. Era 
semejante rivalidad jurisdiccional, que durante dos 
siglos nilos mismos soberanos pudieron cortar, fuente 
de graves males para la administracion de justicia, 
lucha sorda a veces, en ocasiones descubierta.e impe- 
tuosa, y siempre fatal para los intereses publicos; las 
mas'triviales cuestiones de competencia encendian los 
^nimos, los celos y la c61era de uno y otro bando. 

Si, por una parte, contaba el Santo Tribunal con la- 
ayuda entusiastica del pueblo, en cuanto se limitabaal 
ejercicio de su verdadera mision, como defensor de la 
pureza de la fe; por otra, el poder sin limites y la inmu- j 
nidad que disfrutaban sus miembros, su comun arro- 
ganqia y extralimitaciones, provocaba contra ellos la 
hostilidad popular, hostilidad que les acompand hasta 
el ultimo instante. Les temian y detestaban, por sus 



biOqrafos e historiadores 305 

privilegios, abusos y opresiones, desde el noble hasta 
el mds infimo menestral, desde el cristiano de sangre 
impura hasta el sacerdote. Y esta misma sorda hostili- 
dad, serviales de fundamento a los inquisidor^s para 
solicitar aun mas privilegios con que defender a sus 
funQionarios. Es facil imaginarse cuan grande seria su 
impopularidad y cudn intolerable su arrogancia, segu- 
ros como estaban de que la Suprema habia de ampa- 
rarles en todo caso contra las autoridades extrafias, 
aunque en secreto les impusiera una correcci6n. 

Sinteticemos, ahora, la exposicidn y juicios del his- 
toriador Lea concernientes a los procedimientos pro- 
cesaies del Santo Oficio. Merced at sistema de delacio- 
nes, no ya los herejes, sino los catolicos de la naci6n 
entera estaban expuestos a ser perseguidos e infamados 
por la acusaci6n de cualquiera que, llevado de p6rfido 
prop6sito o de un celo mal entendido, les denunciara, 
pues el Edicto de la Fe ordenaba.a todos los ciudada- 
nos la delaci6n bajo pena de excomuni6n. Nunca se 
dict6 una disposici6n de mds terribles y calamitosos 
efectos que el tal edicto, estableciendo la delaci6n uni- 
versal y obligatoria, es decir, la vigilancia del pensa- 
miento y del coraz6n de deudos y amigos, el reino del 
terror y de la perpetua desconfianza en todos los hoga- 
res, ya que. el mejor amigo podia destruir, por precipi- 
taci6n y falsa idea del deber, nuestra reputaci6n, nues- 
tros bienes y nuestra vida. 

Sin embargo, como el mero procesamiento consti- 
tuia una nota infamante e indeleble, las instrucciones 
de los inquisidores recomendaban constantemente a los 
funcionarios la mds extremada prudencia en los arres- 
tos. Para detener o procesar a un acusado requerian 
los tribunales del Santo Oficio pruebas mas patentes y 
positivas que los jueces y tribunales ordinarios, y rara 
vez procedian con ligereza. Mas, una vez en prisi6n, 
todos los procedimientos judiciales tendfan a probar la 
culpabilidad del acusado, mds bien que a esclarecer la 

20 



306 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

verdad. «La culpabilidad era presuntapor el hecho del 
arresto, y la tarea del tribunal consist!^ en probarla" (1). 
AI emplear la tortura como medio de arrancar confe- 
siones al acusado, la Inquisici6n no hacia otra cosa que 
seguir el ejemplo de los tribunales ordinarios de toda 
Europa. Ahora bien, en honor de la Inquisicidn espa- 
nola ha de decirse que recurria al suplicio menos fre- 
cuentemente, y que sus metodos estaban limitados a 
unos pocos. Comparada con la Inquisicion romana, era 
tambien mucho mas benigna en este punto la espafiola. 
Aunque alguna que otra vez los tribunales del Santo 
Oficio abusaran de la tortura, «laimpresi6n popular de 
que la camara del tormento inquisitorial era la escena 
de un excepcional y cruel refinamiento, de medios espe- 
cialmente ingeniosos para infligir agonia, y de parti- 
cular persistencia en arrancar las confesiones, es un 
error difundido por escritores sensacionales que han 
explotado la credulidad del pueblo" (2). No podia apli- 
carse el suplicio sino tratandose de delitos gravisimos, 
y solo una vez. Habia de estar precedido, ademas, de 
considerables y rigorosas formalidades, para evitar su 
abuso, y era el ultimo recurso de los tribunales. Contra 
61 podia apelarse en determinados casos. Y, lo que es 
bien extrafio, la confesion arrancada con el suplicio no 
tenia validez alguna mientras el acusado, veinticuatro 
horas despues al menos, no la ratificase libremente. 

' Las prisiones inquisitoriales, que tan tragica evoca- 
cion inspiran en nuestro tiempo, eran menos viles y 
temibles, en realidad, que las del Estado y la Iglesia; 
los presos, mejor alojados, no se hallaban encadenados, 
como en las demas carceles, y su trato era por todos 
conceptos mas humanitario. Habia, no obstante, una 
terrible circunstancia: la rigida incomunicacion del pri- 
sionero. En caso de enfermedad se le atendia con toda 



(1) Ob. cit., vol. II, pig. 568. 

(2) Idem, vol. Ill, pdg. 2. 



Bi6grAF0S E HISTORIADORES 307 

humanidad y celo, y de ser necesario, lo trasladaban a 
un hospital, aunque se quebrantara el secrfeto. Las mu- 
jeres en cinta disfrutaban de todos los cuidados que su 
estado requeria, y durante el parto, proveiasele un con- 
veniente alojamiento tuera de la prisidn. Semejante celo 
por el bienestar de los prisioneros aparece reflejado 
constantemente en las instrucciones generales y espe- 
ciales dictadas para el regimen de las prisiones. El his- 
toriador Lea llega a calificarlas de admirables por el 
espiritu y tono en que estan concebidas. Dificil es deri- 
var una conclusion general y definitiva respecto al trato 
de los reclusos, ya que esto dependia de la indole mds 
o menos benigna de los carceleros; pero si estima indu- 
dable nuestro publicista que el regimen y la asistencia 
eran considerablemente superiores a los de todas las 
demds prisiones, y que si las terribles mazmorras y 
crueles tratos descritos por los fantaseadores llegaron 
a existir, fueron verdaderas excepciones. 

Descubre en los autos de fe una curiosa manifesta- 
ci6n del fanatismo. «Considerabalos el espanol como 
una solemnidad apropiada en dia de regocijo, o digno 
espectdculo que celebrar en honor de algun ilustre prin- 
cipe extranjero, huesped de la naci6n, persuadido aqu^l 
de que era la mds alta expresi6n de su piedad y un ser- 
vicio divino, glorioso para el pais que lo organizaba y 
propio para estimular la devoci6n de cuantos lo pre- 
senciaranw (i). 

Rasgo caracteristico de los procedimientos inquisi- 
toriales era el secfeto que los envolvia, secreto inviola- 
ble, misterio que llenaba de pavor el animo popular, y 
del cual se hacia depender la existencia misma de la 
instituci6n. Los jueces, funcionarios, testigos, acusado- 
res y procesados, habian de guardar silencio impene- 
trable bajo penas de excomuni6n, azotes, confiscaci6n 



(1) Ob. cit, vol. Ill, pdg. 227. 



308 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

y multas. Y hasta el acusado, absuelto o condenado, 
tenia que prestar juramento de nada decir sobre el pro- 
ceso. 

En secreto componian sus reglamentos y en se- 
crete los aplicaban. Asi, aunque fueran sabias y justas 
sus disposiciones, el secreto dejaba margen a los tribu- 
nales para aplicarlas a su gusto. Mas que de las regula- 
ciones procesales, la administraci6n de justicia depen- 
dia del cardcter y condici6n moral del magistrado, ya 
que no tenia la restriccion eficacisima del temor a la 
publicidad. 

Los casos y procedimientos confiscatorios de la In- 
quisici6n, tema muy descuidado por sus predecesores, 
los estudia Lea con extensi6n. No s61o era la confisca- 
ci6n principal ingreso del Santo Oficio, sino su arma 
mis poiente y temida, pues este ejercia su mayor actl- 
vidad entre las clases industriales. Al uso y tbuso de la 
confiscaci6n que, dando golpe mortal al cr6dito, vino a 
completar el efecto de las expulsiones de moriscos y 
judios, atribuye Lea en parte la ruina industrial de la 
peninsula. 

El comerciante mas acreditado y rico podia verse 
sumido en la indigencia, repentinamente, por la con- 
fiscaci6n del Santo Tribunal. «La Inquisici6n — es- 
cribe — vino en los albores de la 6poca industrial, 
cuando los descubrimientos geograficos estaban revo- 
lucionando el mundo del comercio y lo porvenir iba a 
ser patrimonio de las naciones que tuvieran mends 
trabas para adaptarse al nuevo orden de cosas. La po- 
sici6n de Espafia era tan privilegiada que bien pudo 
aprovechar ilimitadamente sus beneficios, pero arrojo 
todas sus ventajas ciegamente en manos de los her^ti- 
cos de Holanda e Inglaterra. Muchas otras concausas, 
que no es ahora la ocasion de discutir, contribuyeron 
a su decadencia econ6mica, pero no fu6 ciertamente la 
menor de ellas la sangria suelta que padecieron durante 
siglos las clases praductoras, mediante la confiscaci6n 



Bl6GRArOS E HISTORIADORES 309 

y la inseguridad que dsta lleva a todas las operacioncs 
mercantiles" (1). 

La censura de la Inquisicion espanola, aunque me- 
nos estricta que la romana, contribuy6 en no pequefia 
parte a la decadencia liter^ria de la peninsula, asi como 
tambi^n origino graves quebrantos en su vida econ6- 
, mica. No se introducia libro en Espafia que no pasara 
previamente por manos de sus censores. Los fardos y 
paquetes de mercancias habian de ser abiertos a fin de 
escudrifiarlos, por si entre ellas venia de contrabando 
algiin libro pernicioso. Sufrieron con ello grandemente 
el comercio de libros y el trafico general de la r\ac\6n. 
Parece increible que se Uegara al punto de no permitir 
la entrada de mercancia alguna, cualquiera que fuese su 
naturaleza, sin el visto bueno del censor. No hay que 
decir las dilaciones y los quebrantos de todo genero 
que esto ocasionaba al comercio de la naci6n. Aplici- 
base la censura inquisitorial a todas las manifestaciones 
de la actividad literaria, ya se tratara de libros religio- 
sos, ya de obras cientificas, sociales, politicas o de puro 
pasatiempo. Todo el poder del Santo Oficio estaba apli- 
cado a reprimirel pensamiento nacional y, cerrando a 
piedra y lodo las fronteras, cortar el paso a las ideas 
y libros extranjeros. No se hallaba seguro el autor de 
que su obra llegara a obtener la licencia de impresidn; 
el editor, aun despu^s de publicado el libro con licen- 
cia de la autoridad civil, quedaba bajo la permanente 
amenaza de que la Inquisici6n prohibiera su venta y 
recogiera y destruyese la edici6n. Regimen mds veja- 
torio y embarazoso para la producci6n intelectual no 
se ha conocido en el mundo. Y lo que parece imposi- 
ble es que a pesar de tantas trabas y cortapisas, llegase 
a florecer de modo tan robusto y genial la literatura es- 
pafiola en el siglo de oro. Nuestro historiador cierrasu 



(1) ' Ob. clt.,yo\. II, pig. 387. 



310 EL HISPANISMO EN NORTE -AMfiRiCA 

obra con este juicio general y, a su parecer, definitive: 
rtAsi, entre la Inquisici6n y el Estado, ya trabajasen 
de acuerdo, ya en sentido opuesto, el movimiento in- 
telectual que en el siglo xvi prometfa hacer la literatu- 
ra y erudicion espanola las mas ilustres de Europa, fu6 
restringido, casi suprimido, las artes y las ciencias fue- 
ron descuidadas, el progreso comercial e industrial se 
hizo imposible, y el caracter que Espana adquiri6 entre 
las naciones fue concisamente expresado en el corrien- 
te dicho de que Africa empezaba en los Pirineos" (1). 
' Pocas instituciones humanas ban tenido mas violen- 
tos detractores ni mas celosos apologistas que la In- 
quisicidn. Lo que jamas tuvo es un historiador impar- 
cial y justiciero. La Historia critica de la Inquisicidn, 
desde Fernando V hasta Fernando VII, de Llorente, 
aunque bien documentada, adolece de poca imparciali- 
dad, pues Llorente, mal religioso y mal espanol, no 
fue tampoco un historiador modelo. Orti Lara, por el 
contrario, se propuso defenderla a todo trance. La his- 
toria del Sr. Lea es mas imparcial y completa que las 
publicadas anteriormente, pero de ningun modo defi- 
nitiva. No cabe duda de que, aparte su familiaridad con 
el desarrollo de la institucion, posee el escritor norte- 
americano un hondo conocimiento de las materias 
eclesiasticas y de la historia general de Espafia. Al pa- 
recer, sus.testimonios provienen directamente, casi 
siempre, de las fuentes mas autdnticas. Las materias es- 
tan agrupadas habilmente, dando al lector una clara 
e independiente vista de cada sujeto; y el autor ha or- 
denado los multiples pormenores con arte y conexi6n, 
haciendo, en fin, de su vasto y complicado tema una 
exposicion clara, distinta y uniforme. Tiene Lea aquella 
sagacidad practica de los de su raza y gran templanza 
y moderacion; por ello, e^te asunto, que sirvio a los es- 



(1) Ob. cit, vol. Ill, pig. 54Q. 



BI6GRAF0S E HISTORIADORES 311 

critores mas series como manantial de emociones y de 
pintorescas o crudelisimas narraciones, lo ha tratado el 
sobria y dignamente. Al hacer la critica de los hechos 
tiene en cuenta, claro esta, los sentimientos, la epoca, 
el ambiente que los produjeron y, por lo comiin, pesa 
y discierne los testimonios friamente. Ahora bien, sus 
afirmaciones son a menudo demasiado rotundas e in- 
justificadamente desfavorables, y la importancia que 
concede a la Inquisicidn, como agente de la decadencia 
litcraria de Espana, a todas luces excesiva. En este pun- 
to no ha hecho otra cosa^que seguir el camino trillado 
y unir su voz con toda credulidad y confianza al coro 
de las invectivas. Ya no vemos en el al investigador 
que aporta pruebas, sino a un amparador mas de la 
vieja leyenda, que declama. La decadencia literaria del 
siglo XVIII fue una natural manifestacion y consecuen- 
cia de la general decadencia espafiola, de cuyas positi- 
vas causas — a nuestro modo de ver — ya nos ocupa- 
mos en uno de los capitulos precedentes. iComo habia- 
mos de atribuir semejante decadencia al Santo Oficio, 
si precisamente al encontrarse 6ste en el apogeo de su 
poder, es cuando florece con aquel incomparable brio 
el siglo de oro de las letras, las ciencias y las artes es- 
pafiolas? Quienes han tenido entre las manos un viejO' 
manuscrito con las correcciones de pufio y letra del 
censor eclesiastico saben hasta qu6 punto eran proce- 
dentes y discretas, y la literatura de la 6poca muestra 
bien a las claras cuan suave y liberal era, en realidad, 
la censura. Cosas dejaban pasar los censores que, por 
su picante malicia y visos de obscenidad, condenarian 
muchos liberalotes de nuestro tiempo. De la libertad 
para tratar las cuestiones religriosas nos dan patente 
prueba los libros doctrinales y filos6ficos del siglo xvii. 
En este asunto, elSr. Lea no ha hecho justicia ni mu- 
cho menos, al Santo Tribunal. Ha pintado los danos 
imaginarios que puede acarrear el abuso de semejante 
poder, pero no los que en realidad ocasionara. Lo que 



312 EL HISPANISMO EN NORTE -AMfeRICA 



^ 



procedia era hacer una expresa y minuciosa demostra- 
ci6n de sus abusos en la prdctica. Y esto, substantive, 
no lo hizo. 



V 



Asociada intimamente con la historia nacional, y 
siguiendo el mismo curso en sus periodos de esplen- 
dor y dccadencia, vemos la historia de la pintura espa- 
fioia. No obstante, las caracteristicas de nuestro pueblo, 
esas que habian de imprimir su claro y definitivo s^ello 
en el arte, estaban ya formadas mucho antes de apare- 
cer Riricdn, primer pintor espanol conocido, en el rei- 
nado feiicisimo de los Reyes Catolicos. Es indispensa- 
ble familiarizarse con el fondo historico de la naci6n 
espafiola, si se han de eritendery apreciar debidamente 
las cualidades de nuestra pintura y su desenvolvimien- 
to. Se trata de un genuino arte nacional, fiel expresi6n 
del caracter, vida e ideales de nuestro pueblo. Por estas 
y otras razones, el Sr. Caffin encabeza su Historia dela 
pintura espafiola con una resefia hist6rica general, desde 
los tiempos primitives hasta el reinado de Fernan- 
do VII (1). Como nadie tendra la pfcara intenci6n de 
ver en el Sr. Caffin un historiador de la nacion, sino de 
la pintura, nada hemos de decir sobre este descolorido 
e imperfecto cuadro, en el que lacomposicidn, el dibu- 
j6, perspectiva, atm6sfera, color y luz revelan cierto 
desconocimiento de la t^cnica hist6rica. Seilala Caffin a 
continuaci6n las caracteristicas de la pintura espafiola; 



(I) The Story of Spanish Painting, by Charles H. Caffin. New- 
York, 1910. 

Se le deben las notas histdricas de Old Spanish Masters, en- 
graved by Timothy Cole. N<*w-York, 1907. En otro libro suyo, 
How to Study the Old Masters (London, etc.. 1914). dedica tres 
capftulos a comparar las obras maestras de El Qrcco y Zurbardn, Ve- 
Uzquez y Rubens, y Murillo y Rembrandt. 



BI6GRAF0S E HISTORIADORES 313 

le echa una ojeada general hasta fines del siglo xvi, y 
narra luego su desenvolvimiento desde el siglo xvii 
hasta principios de la ^poca contemporanea. Pasa a es- 
tudiar, en capitulos sueltos, El Greco, Velazquez, Mazo, 
Carreflo, Ribera, Murillo, Cano, Zurbaran y Goya. 

Los espanoles, afirma, son individualistas, conserva- 
dores y realistas. Contribuyeron a formar estas cuali- 
dades, absorbiendo todo su interes en el ambiente y 
vida nacional, su constante guerrear contra los arabes 
durante siglos, y la apartada situaci6n gecgrafica de la 
peninsula. Cuando mas tarde, en sus grandes empresas 
militares, los espafioles se ponen en contacto con los 
pueblos de Europa, en vez de dcsvirtuarse, se acertuan 
mds aquellos rasgos del genio nacional; ^n su condici6n, 
artes e ideales, solo llega a ejercer el elemento extran- 
jero un influjo exterior y formal. Las luchas de la Re- 
conquista habi'an fortalecido, endurecido y exaltado la 
raza, haciendo del espanol el mas ardiente patriota y el 
mas esforzado campe6n de la fe. Sus continuas victo- 
rias sobre el invasor, con tanta bravura y fatigas alcan- 
zadas, les dignifican y exaltan a sus propios ojos, hasta 
sentirse cada espafiol un heroe, y como no necesitan de 
la ayuda extranjera para expulsar al enemigo de su pa- 
tria y religi6n, creen bastarse a si mismos y se encie- 
' rran mas aiin en su exclusivismo nacional. El senti- 
miento de la fe y de la patria les inflama el coraz6n y 
la mente, al par que les espolea en el terreno de la ac- 
ci6n. «Era al propio tiempo un hombre de acci6n, fuer- 
te y prdctico, y un mistico, fandtico y visionario" (1). 
Estas propiedades ae imprimen poderosamente en la 
pintura espaflola y le dan su cardcter tipico: piadosa en 
el tema, naturalista en la t^cnica. Escoge los asuntos 
biblicos y la vida de los santos, interpreta y pone al 
alcance del pueblo los misterios sagrados, s^ recrea en 



(1) The story Spanish Painting, pdg. 12, 



314 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

las imagenes, y toda su obra, inspirada por la fe, exhor- 
ta a la piedad. Habrian sin duda brillado en el cultivo 
de otros generos, de seguir los artistas espanoles su 
propia inspiraci6n, buscando libremente la expresi6n 
de la belleza. Mas la pintura estaba bajo el patronato 
de la Iglesia y de la Corona, unicos que en realidad 
encargaban las obras de arte. Descubre Caffin la ten- 
dencia dramatica de la raza espafiola en el hecho de 
haberse distinguido, dentro de la literatura, en la no- 
vela de costumbres y el teatro. Esta tendencia, favo- 
recida a menudo por la intervencion de la Iglesia, que 
deseaba complacer al publico de galen'as, no s61o di6 
la nota dramatica en la pintura, sino que la exagero, en 
ocasiones, hasta rayar en lo sensacional y melodramati- 
co. «La humilde resignaci6n del martir debe serrepre- 
sentada de tal manera que ni al mas est61ido espectador 
escape la provechosa lecci6n; el odio del verdugo con- 
tra la virtud, tan crudamente retratado que nadie deje 
de reconocerle como un miserable; el amor y la devo- 
cion han de ser pintados con sensibleria, y la sangre, el 
sufrimiento y la enfermedad con tal vividez que los 
mas insensibles se conmuevan (1). Habia que Uegar a 
sus entraiias del modo mas crudo, efectivo y directo. 

Al terminar la Reconquista, las artes de la paz entra- 
rpn en un periodo de esplendor. Bajo el patronato de 
la reina Isabel y de prelados cual Cisneros, se inaugu- 
ran grandes obras de arquitectura y comienzan a acu- 
dir a Espafia los artistas extranjeros. Ya habia surgido 
por entonces Antonio del Rincon (1446-1500), fundador 
de la escuela espafiola. Desenvuelvese esta en el si- 
glo XVI al calor de los grandes maestros italianos; de 
ellos aprendieron los artistas espafioles el secreto del 
dibujo, el escorzo y la perspectiva, y los principios de la 
composici6n, pero infundiendola a tal extremo el natu- 



(1) Ob.dt.,pig.27. 



BI6GRAF0S E HISTORIADORES 315 

ralismo de su propia inspiraci6n, que hicieron un arte 
genuinamente nacional. Siglo de oro de la pintura es- 
pafiola llama nuestro autor al xvii. En esta centuria se 
revela con todo su lustre el genio artistico de la raza, y 
florecen las tres grandes escuelas nacionales: la de Va- 
lencia, con su mas preclaro maestro, Ribera; la andalu- 
za, con Murillo; y la castellana, con Velazquez. 

Alcariza a ver las dos primeras decadas del siglo de 
oro El Greco. A una modestia extremada o curioso sin- 
toma de indiferencia atribuye el presente historiador 
que El Greco este incluido entre los artistas italianos en 
el catalogo del Museo del Prado. Aunque fuera disci- 
pulo del Ticiano y se inspirase en Tintoreto, su arte, 
unico, personali'simo, es bien diferente del italiano. El 
ambiente espafiol, el paisaje, la vida y tipos de Espafla, 
sus ideales, son los que arrancan a su cerebro la chispa 
genial. Las «ondiciones fisicas y espirituales de supai's 
de adopcion son las que formaron al artista. "Espafla 
nutrio su genio, y 61 expreso, en cambio, el genio, la 
espiritualidad de la espanola raza en mas alto grada 
que ningun otro artista de Espafia. Fue el vidente, el 
adivino, el que no s61o reflejo el caracter externo de su 
tiempo, sino penetro tambien en su alma" (1). El Greco 
no puede ni debe ser considerado mas que como pin- 
tor espafiol. Al igual que su contemporaneo' Cervantes, 
tomo sus tipos de la realidad, y los exagero, pero am- 
bos dieron como nadie expresi6n y vida al espiritu de 
la raza. 

Si EI Greco fu6 el int^rprete de su alma religiosa 
y caballeresca, Velazquez es el supremo representante 
de su tendencia naturalista. Ni dentro ni fuera de la 
peninsula hay quien le aventaje en la verdad de su ex- 
presidn. Huelga de todo punto reproducir aqui el jui- 
cio laudatorio y entusiasta que le merece a Caffin este 



(1) Ob. clt, pig. t6. 



316 EL HISPANISMO feN NORTE -AMERICA 

principe de pintores. Al declinar el arte espafiol, Ve- 
lazquez queda relegado al olvido. A fines del siglo xviii 
inspirase Ooya en sus cuadros, y una centuria despu6s, 
Whistler, Manet y otros descubren toda la grandeza de 
su obra. La influencia de Velazquez en la orientacidn y 
tdcnica del arte moderno es capital. Acaso decaiga su 
influjo — agrega Caffin — a medida que pase la boga 
del naturalismo en las bellas artes, pero lo que jamas 
decaera es su reputaci6n como insigne maestro. 

Del mas grande pasa a estudJar el mas popular 
maestro de la escuela espafiola: Murillo. Idolo de sus 
contemporaneos andaluces, muy admirado por los cri- 
ticos en el siglo xviii, postergado por ellos en elxix, el 
pintor sevillano ha disfrutado siempre del mas resuelto 
favor popular. La eterna juventud, la frescura, el risue- 
fio optimismo que trasciende en sus obras es, a juicio 
de Caffin, el secreto de su incomparable triunfo con el 
pueblo. 

De Zurbaran declara que fue en cierto sentido el 
mas conspicuo naturalista de la escuela espafiola, por 
una austeridad que le separa del «sentimiento de Mu- 
rillo, el impetuoso vigor de Ribera y la distincidn aris- 
tocrdtica de Velazquez» (1). 

Pasa el siglo xvii y con el se van las glorias espa- 
iiolas. Va no vuelve a sonar el nombre aureo de ningun 
grande maestro hasta la aparicion de Goya. El arte 
sigue la general decadencia de la nacion. Expone el 
proceso de la decadencia espafiola, y algunas de sus 
principales causas. Hacelo en los terminos corrientes, 
sin afiadir un solo concepto de interes. Curiosa, sf, es 
la pagina en que describe la creciente degeneracion de 
la rama espafiola de los Habsburgos, tomando por base 
sus retratos. «No hay mas que contemplar el retrato de 
Carlos II, pintado por Juan Carrefio, para darse cuenta 



(1) The Story of Spanish Painting, pag. 165. 



BlbORAFOS E HISTORIADORES 3l7 

de la degeneraci6n fisica y mental que se ha ido ope- 
rando en el tipo de esta familia. El tipo, tal como se ve 
en el retrato ecuestre de su antecesor Carlos I de Es- 
pana y V de Aiemania — pintado por Ticiano — , es ya 
anormal. Los ojos, grises, con toda su dureza y pe- 
netracjon, poseen una pat6tica expresi6n de melancolia; 
la mandibula inferior sobresale como la de un mono. 
Pero la barba es prominente, rasgo que lo mismo puede 
denotar fuerza que ferocidad. Felipe II, tal como apa- 
rece en el retrato del Ticiano que se conserva en el 
Prado, tiene el rostro alargado; los ojos han perdido la 
fnirada penetrante y, aunque no menos melanc6Iica, 
tienen una expresi6n de deliberada crueldad. Manifiesta 
es la grosera vulgaridad de la parte baja del semblante, 
por la exagerada sensualidad del labio inferior, cai'do, 
la barba afilada, claro indicio este ultimo de debilidad 
y terquedad mezquina. En el retrato ecuestre de Feli- 
pe III, que retocado desde luego por Velazquez, se 
atribuye a Bartolom6 Gonzalez, tiene el monarca algo 
echada hacia atras la cabeza, lo que ateniia con proba- 
ble intenci6n la protuberancia de la parte baja; la barba 
es tenuemente puntiaguda, caido el labio inferior, mien- 
tras los ojos poseen una vacua expresiori, acentuada 
por la ligera petulancia del mostacho de altas y retor- 
cidas guias. Es un semblante vano, estupido y no poco, 
vulgar. La ultima cualidad, al menos, esta ausente en 
los retratos de Felipe IV. Especialmente en la juventud, 
refleja su rostro el refinado espfritu del monarca; mas 
esta alargado hasta la exageracion, el labio y la mandi- 
bula inferiores son carnosos y fofos, ligeramente sen- 
suales, y prominente el primero, al par que los ojos son 
ip^ticos. La expresi6n del conjunto es de una naturaleza 
jastada, que s6Io puede animarse alguna que otra vez 
mediante triviales estimulos. Finalmente, en el retrato 
ie Carlos II, debido a Carrefio, se ve la total extincidn 
lie las facultades activas, blanda sensibilidad mds bien 
que sensualidad, innata expresion de apatia y la pro- 



318 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

funda depresi6n de un monomaniaco religiose » (1). 

En este periodo de tremenda decadencia, que dura 
todo el siglo xvni, no surge un pintor de merito, no 
obstante los esfuerzos de Fernando VI, fundador de la 
Academia de San Fernando, por levantar el arte nacio- 
nal. Habia transcurrido mas de una centuria desde la 
muerte de Velazquez cuando aparece, para gloria de la 
pintura espafiola, el insigne Goya, que brilla con toda 
la madurez de su genio en el reinado de Carlos IV. El 
pintor aragones, "el inesperado fenomeno de la escuela 
espanolaw, se anticip6 en un centenar de aiios al arte de 
nuestros propios dias. «Fue Goya el profeta del moder- 
no impresionismo, y entro en escena cuando el drama 
de la pintura espafiola parecia ya terminado« (2). Su 
arte tendia a la expresidn mas bien que a la represen- 
tacion. «Mediante su impresionismo sentimental, los 
artistas moder'nos han aprendido principles de expre- 
sion que no son discernibles en Velazquez" (3). El im- 
presionismo de Velazquez es de observaci6n; el del 
pintor aragones, de sentimientos. El arte moderno debe 
a aquel los principios del impresionismo como base de 
la tecnica, y a Goya el secreto del impresionismo como 
expresidn emotiva. 

Mientras Goya pintaba aquellos admirables cuadros 
de la guerra de la Independencia, el mariscal Soult, de 
tan proverbial rapacidad, enviaba delante de su ejercito 
emisarios que, provistos de la enciclopedia del arte 
espaiiol de Cean Bermudez, identifican las m^s cele- 
bres pinturas de la nacion y de ellas se apoderan, pa- 
gando lo que a bien tenian pagar. A la conclusion de la 
guerra, muchos de estos cuadros volvieron a Espafia, 
pero la mayori'a habian pasado ya a los museos y co- 
lecciones privadas de Europa. 



(1) The Story of Spanish Painting, pdgs. 19-20. 

(2) Idem, 171. 

(3) Idem, 189. 



BI6QRAF0S E HISTORIADORES 319 

Despues de Goya — afirma nuestro historiador — , 
florecieron otros pintores de nombradia, pero no en 
suficiente numero para formar una escuela o un impor- 
tante movimiento artistico. Esto no pasa de ser juicio 
personalisimo y un tantico aventurado del Sr. Caffin. 
Ningun otro critico, familiarizado con la pintura espa- 
nola contemporanea, diria otro tanto. Que el distingui- 
do critico de arte nos perdone, pero mas bien nos suena 
a excusa su afirmacion por liaber cerrado injustificada- 
mente su historia de la pintura espaiiola con Goya. 
Inconsecuente ademas la tal afirmacion ya que en las 
dos mi'seras paginas que se digna dedicar a los contem- 
poraneos, no se cansa de prodigar ei adjetivo maravi- 
lloso. Y asi, maraviilosa le parece La vicaria de Fortuny, 
por el tratamiento de la luz; milagros de luminosidad 
los cuadros de este pintor, en general; y maravilias de 
representaci6n naturalista sus acuarelas. No se expresa 
con tanto entusiasmo de Pradilla, si bien consigna que 
es el artista espafiol que mas felizmente ha unido el 
refinamiento con el naturalismo. De Sorolla, dice que 
se parece a Pradilla, mas sin su refinamiento, ni la va- 
riedad y sutileza de su colorido. Se olvida manifestar 
las cuaiidades que tantos ditirambos ha arrancado a 
sus compatriotas y que le hacen cl primer pintor de la 
Espafia actual. Zuloaga es, en opini6n de Caffin, el mis 
tipicamente espaiiol de nuestros pintores y el mas avan- 
zado en cuanto a su concepcidn y t^cnica del expre- 
sionismo. 

Muestra del vigor y persistencia del caracter espafiol 
es, a juicio suyo, el hecho de que no han llegado a bri- 
Uar notablemente en la epoca contemporanea mds que 
aquellos pintores fieles a las tradiciones de la escuela 
nacional. 

No se ha propuesto sin duda el Sr. Caffin estudiar 
a fondo la pintura espaflola y trazar un completo. cuadro 
:de su desenvolvimiento hist6rico. Le hemos visto em- 
pezar su historia de la pintura con la edad moderna. 



320 EL HISPANISMO En NORTE -AMERICA 

tras declarar que Antonio del Rinc6n es el primer pintor 
de la escuela espanola. Efectivamente, es el primero' 
conocido. Pero sus cuadros no son los mds antiguos de 
nuestra pintura. Aun se conservan pinturas del siglo xi 
y posteriores. Y mas de siglo y medio antes de aparec6r 
Rincon, florecia ya en Cataluna una importante escuela 
pict6rica bajo las influencias sianitica y francesa (1). 
Claro que se trata de un arte primitivo, pero que sin 
duda reclama la atenci6n del historiador, particular- 
mente cuando ya se muestra en aquel la caracteristica 
tendencia realista de la escuela espaiiola. Todo esto, 
asi como las miniaturas medioevales, tan admirables, 
demandaban un capitulo preliminar. Mas nuestro pre- 
sente histori6grafo lo pasa por alto, sin la mds leve 
alusidn. Hasta ciertotpunto su libro parece escrito a la 
ligera y, desde luego, sin una laboriosa preparaci6n. 
Ppr el estilo de esas obras de caracter fragmentario, 
escritas en diferentes 6pocas, sin una primitiva unidad 
de pensamiento o plan, es la de Caffin de irregular 
m^rito; en general, todo lo que al plan, orden y expo- 
sici6n concierne deja mucho que desear. No hay alii 
debida ponderaci6n; abunda'la critica acertada, pero 
falta la exposici6n histdrica. Son una coleccidn de tra- 
bajos de critica, pero no una verdadera historia. Mas si 
ai componer este libro le ha faltado al Sr. Caffin la 
paciencia del investigador y cierta unidad de concep- 
ci6n, indudablemente luce la sagacidad del critico de 
nacimiento. No importa que yerre, a nuestro parecer, 
en sus juicios sobre el arte espaiiol contemporaneo; en 
el resto de la obra son- grandes sus aciertos. De El 
Greco (2) y de Murillo ha dicho algo de lo mas origi- 



(1) Puede consultarse Los cuatrocentistas catalanes, ppr S. Sam 
pere y Miquel. Barcelona, 1906. 

(2) El estudio mis autorizado acerca del pintor toledano, es el 
de Cossio: El Greco (2 vols). Madrid, 1908. El Sr. "Caffin ignoraba 
su publicaci6n, o no tuvo ocasi6n de consultarlo. 



BlbGRAFOS E HIStORIADORES 321 

nal y mejor que sobre ellos hemos leido. Otros trabajos 
de arte excelente tiene Caffin, pero su Historia de la 
pintura espanola, aunque pase par una de las mejores 
historias generales en lengua inglesa, es para mi de lo 
menos bueno que ha salido de su pluma. Posterior- 
mente, Mayer ha dado a la estampa, en aleman, una 
historia general de nuestra pintura muy superior (1), y 
que viene a ocupar el puesto de la notable, pero anti- 
cuada, de Stirling-Maxwell (2). Estd haciendo falta, sin 
embargo, que algun otro maestro de la critica, de vasta 
y variada erudici6n, D. Aureliano de Beruete, por ejem- 
plo, emprenda la publicacion de una historia de nues- 
tra pintura, donde se establezcan sus raices, reminis- 
cencias, caracteres, influjos sobre las extranjeras; donde 
se nos cuente, siquiera de modo sucinto, la vida de los 
grandes maestros, sus doctrinas, procedimientos arti's- 
ticos, su tiempo, ambiente; se haga relacidn de las visi- 
tas a Espafia de los artistas extranos; etc. Y todo ello 
con vistas a esa trabaz6n, a esa unidad espiritual que 
constituye el verdadero hilo de la historia. 

Sobre el arte espaftol han publicado tambi^n algu- 
nos interesantes estudios los publicistas norteamerica- 
nos Ricketts (3), Collins (4) y Gade (5). 



(1) Oeschichte der Spanischen Malerei, von August L. Mayer 
(2 vols). Leipsic, 1913. 

(2) Annals of the Artists oj Spain, by Sir Wm. Stirling-Max- 
well. La ultima edicibn, en cuatro voliimcnes, se public6 en Londres 
en 1891. 

(3) The Art of the Prado, by C. S. Rickrtts. Boston, 1907. 

(4) Cathedral Cities of Spain, by W. W. Collins. New- York, 
1909. 

(5) Cathedrals of Spain, by J. A. Qade. Boston, 1911. 



21 



322 EL HISPANtSMO EN NORTE -AMERICA 



VI 



Pasemos de la.pintura al arte dramdtico, para dedi 
car Unas lineas a la Vida y obras dramdtlcas del Doctot 
Juan Perez de Montalvdn, biografia y critica debida j 
D. Jorge W. Bacon (1). Sorprende a este bidgrafo que 
tan poca atenci6n, relativamente, hdyase concedido a 
las producciones dramaticas del discipulo favorite de 
Lope de Vega. Aunque no merezcan los subidos elo- 
gios que de ellas hicieran sus contemporaneos, algunos 
de los cuales consideraban a Perez de Montalvan come 
sucesor legitimo del Fenix, prinwgenito del ingenio dt 
Lope de Vega, respiracion de su alienio, las obras de 
aqu^l, en particular las de enredo, pueden distraer a 
lector de nuestros dias por sus inesperadas situacionej 
y lozano ingenio. Pero son tan raros los ejemplares que 
de sus comedias se conservan, y a tal punto disemina' 
dos por diferentes bibliotecas, que quienes se sintierar 
tentados a conocer la obra de nuestro poeta dramaticc 
dificilmente podria conseguirlo. Conviene tener er 
cuenta esta declaraci6n del bidgrafo, porque es la soh 
explicacion que despu^s hallaremos a la predominante 
y decisiva importancia que concede a la exposici6n de 
los argumentos, y el secundario lugar que reserva a 1« 
vida y caracter del poeta, y a las notas criticas. • 

La parte biografica, que tiene por base el Catdlogc 
blbliogrdflco y biogrdfico del Teatro antiguo espahol 



(1) The Life and Dramatic Works of Doctor Juan Pirez dt 
Montalvdn (1602-1638), by George William Bacon, en Revue Mis 
panique, 1912, vol. XXVI, pags. 1-474. Public6, ademds, The Come 
dia iiEl Segundo Sineca de tspaha», of Dr. Juan Pirez de Mon- 
talvdn, con notas, en Romanic Review, 1910, vol. I, E igualmente 
Some poems of Dr. Juan Pirez de Montalvdn, anotados en Revut 
Hispanique, 1911, vol. XXV. 



bi6qrafos e historiadores 323 

de La Barrera; la Bibliografia madrilena, de Pdrez Pas- 
tor, y los propios escritos de Montalvan, es desigual y 
breve. En este volumen de 474 paginas, s61o llena aqu6- 
11a 52. Bien pudo ser el principal proposito del autor 
resefiar los argumentos, y entonces queda la cosa ex- 
plicada. Mas lo que de seguro si sorprendera al lector 
es que de estas 52 paginas, la vida y actividades del 
poeta se Ueven 24, y una cuestion accesoria, sin real 
trascendencia en la vida u obra de Montalvan, tal como 
sus disentimientos y rivalidades con Quevedo, cochi- 
nos comadreos de barrio, vcngan a llenar las 28 pagi- 
nas restantes. 

P^rez de Montalvan — nos dice, al juzgar su obra — 
:om6 a Lope de Vega por modelo, pero en lugar de 
"amiliarizarse con su estilo y t^cnica, y seguirle en el 
arte de componer, quiso rivalizar con su maestro en la 
ecundidad del ingenio. A este afan de producir a toda 
:arrera, atribuye, mas que a ninguna otra cosa, los luna- 
es de sus piezas dramdticas. Tras escribirlas de prisa 
yr corriendo, no se detenia tampoco despues a armonizar 
/ unificar las diferentes partes. Si en lugar de la canti- 
iad, hubiese tenido por objetivo la calidad, acaso figu- 
•ase algo mds que como dramaturgo de segundo orden. 
De las treinta comedias heroicas que analiza el sefior 
Bacon, al menos diez y siete no son originales creacio- 
les de Montalvan. Por ello, el crltico le califica de adap- 
ador mas bien que creador. Mida el Sr. Bacon por el 
Tiismo rasero a los mas eminentes genios dramaticos, 
I Shakespeare, a Moli^re, por ejemplo — eminentes por 
;u creadora facultad de caracteres, no por su invenci6n 
ie argumentos — , y con todos los dureos y fulgentes 
idjetivos que la critica les prodiga, tales genios emi- 
lentes vendran a quedar reducidos, en fin de cuentas, 
il papel humildi'simo y casi vergonzante de «adaptado- 
es". Desde luego, en este papel de adaptador, Mon- 
alvdn wmerece el mayor elogio, pues descubre con 
nucha perspicacia el valor de una historia popular, y 



324 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

muestra raro discernimiento al elegit de la histor 
aquellos acontecimientos verdaderamente teatrales" (1 
Elogia sus creaciones femeninas. "Aunque los tipos ( 
Lope — seres vivientes comparados con los de Caidi 
r6n — le brindasen los mas excelentes modelos, el c 
nocimiento que Montalvan revela del complejo caract 
femenino linicamente podia conseguirlo mediante 
observacidn y el estudio mds diligentes. En penetraci( 
solo el incomparable Ovidio le supera" (2). Las ren- 
niscencias que de Ovidio y Juvenal pretende sefialar ( 
sus producciones, nos parecen, dicho sea con perdo 
un milagro de sutileza y doble vista. 

Del estilo de Perez de Montalvdn pionsa que, si ( 
ocasiones es en^rgico y vigoroso, en otras decae, arti 
cioso, vacuo y sin el menor soplo de inspiraci6n. Aui 
que el poeta fuese deciarado enemigo del culteranism 
en el incurre a menudo. Con frecuencia parece guiac 
por su exclusiva inspiraci6n; pero de vez en cuand 
en su deseo de impresionar, tiene pasajes verbosos 
extravagantes. Con ello lo que en realidad hace es e 
tropear el efecto de muchas escenas que, escritas C( 
menos artificio retorico, serian de gran intensidad dr 
matica. 

La exposicidn del argument© de treinta comedi 
heroicas, once comedias de capa y espada, cuatro ( 
santos, y cinco devotas, de este poeta dramatico, cor 
tituye la entrafia del libro que nos ocupa, y cuyo clar 
exacto y completo resumen de los argumentos le haa 
muy valiosa para todos los eruditos y estudiantes ( 
nuestra dramdtica del siglo de oro. De las notas, las r 
lativas a Los amantes de Teruel, El segundo Seneca i 
Espaha y La monja alfirez, sobre las cuales tanto se 1 
escrito, nos parecen muy cabales y satisfactorias. Y u 
Iisima la lista de las bibliotecas piiblicas y coleccion 



(1) Life and Works, etc., pdg. 56, 

(2) Idem, pdg. 56. 



BI6QRAF0S E HISTORIADORES 325 

privadas en donde se guardan las producciones drama- 
ticas y genuinas del apacible, no arisco, Doctor Juan 
Perez de Montalvan. 



VII 

Nutrida y brillante es la lista de los historiadores 
norteamericanos que, directa o incidentalmente, ban 
tratado asuntos espanoles. Casi todos ellos aparecen 
interesados en el periodo de nuestra colonizaci6n del 
Nuevo Continente, con exclusion de los temas peninsu- 
lares. Huberto Howe Bancroft (1832-1910), miembro 
de una preclara familia de historiadpres, es, sin duda, 
el mds ilustre tratadista de la.colonizaci6n espafiola, si 
bien sus producciones, comparadas, por ejemplo, con 
la que de Bourne escogimos, resultan un tanto anticua- 
das. Siguen siendo, no obstante, la m^s rica fuente de 
documentaci6n en la materia. Es su critica la que, rom- 
piendo con la tradicional leyenda de nuestra torpe y 
ibarbara conquista y colonizaci6n de America, restable- 
ce, en parte, la verdad hist6rica e inicia la nueva orien- 
tacion tan favorable a la causa espafiola. Tambien fue 
uno de los primeros en ensalzar la raza conquistadora, 
lal pintarla como la mas valerosa, noble, leal, piadosa, 
entusiasta y quimerica del siglo xvi, "sincera en sus 
opiniones, honrada en sus esfuerzos" (1). Otros histo- 
riadores y bi6grafos que, en su mayoria, merecen nues- 
tra espafiola gratitud y recuerdo, son: Bandelier (2), 



■ (1) Mistory of Central America. Sin Francisco, 1883, pig. 56. 
A la prolifica pluma de Bancroft tambien se deben: History of Me- 
"xico, San Francisco, 1882; History of California, {Atvn, 1884; Histo- 
Yy of the Northern Mexican States, idem, idem; California Pasto- 
ral, Idem, 1888, y History of Arizona and New-Mexico, idem, 1889. 
* (2) A. F. Bandelier: Contributions to the History of the South- 
western Portion of the United States, Cambridge, 1890; y Th 
Qilded Man (El Dorado), New- York, 1893. 



326 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

Brehaut (1), Challice (2), Chadwick (3), Curry (4), Da 
vis (5), Elliot (6), Elder (7),.Fiske (8), H^seli (9) 
Hill (10), Harrison (U), Hale (12), Teodoro Irving (13) 
Kohl (14), L6wery (15), Ldtinier (16), Bernardo Moses 
profesor de la Universidad de California (17), Mi- 



(1) Erntts Brehaut: Encieiopedisi of the dark ages, Isidoro d 
Sevilla. New-York, 1912. 

(2) Rachel Challice: Secret History of the Court of Spain Du 
ring the last Lentury. New-York, 1909. 

(3) French Ensor Chandwick: The Relations of the United Sta 
tes and Spain. New-York, 1909. 

(4) J. L. M. Curry: Constitutional Government in Spain. New 
York, 1889. 

(5) W. H. Davis: The Spanish Conquest of New-Mexico. Doj 
lestown, Pa., 1869. 

(6) Frances Minto Elliot:- Old Court Life in Spain. Neve 
York, 1913. 

(7) David Paul Elder: Old Spanish Missions of California. Sa 
Francisco, 1913. 

(8) John Fiske: Discovery of America. Boston and New 
York, 1892. 

(9) E. J. Hasell: Calderon. Philadelphia, 1879. 

(10) Roscoe R. Hill: The Office of Adelantado, en Politict 
Science Quarterly, 1913, vol. XXVIII. Este profesor de la Universi 
dad de Nuevo Mejico tiene en preparaci6n: A Descriptive Guic 
to the Materials for United States History in the Papeles proci 
denies de Cuba, deposited in the Archives of Indies; y The Offii 
of Viceroy in Spanish America. 

(11) James Albert Harrison: History of Spain. Chicago, 1891 
Autor igualmente, de Spain in Profile, 1879. 

(12) Edward Everett Hale and Susan Hale: The History c 
Spain. New- York, 1899. 

(13) Theodore Irving: The Conquest of Florida.Ntw-York, 185 

(14) J, G. Kohl: A History of the Discovery of the East Coa. 
of North America, en Documentary History of the State of Main 
1869, vol. I. 

(15) Woodwury Lowery: The Spanish Settlements within ti 
present limits of the United States (1513-1561). New- York, 190 
y Florida (1562-1574), idem, 1905. 

(16) Elizabeth Wormeley Ldtimer: Spain in the Ninteenth Cei 
tury, Chicago, 1898. 

(17) Bernard Moses: The Stablishment of Spanish rule in Ami 
rica, New-York and London, 1907; South America in the Eve < 



BI6GRAF0S E HISTORIADORES 327 

ron (1), Nicolay (2), Ober (3), Smith (4), Str6bel (5), 
Stapley (6), Guillermo Roberto Shepherd, catedrati- 
co de la Universidad Columbia y miembro corres- 
pondiente de la Real Academia de la Historia (7), 
Shipp (8), Thacher (9), Trench (10), Bates (11), Wil- 
berforce (12), Winsor (13), Chase (14), Sannders (15), 



Emancipation, New-York, 1908; The Spanish, Dependencies of 
South America; an introduction to the history of their civilization, 
London, 1914. 

(1) E. L. Miron: The Queens of Aragon; their lives and times. 
New-York, 1913. 

(2) Clara Leonora Nicoly: The Life and Works of Christobal 
de Castillejo, the Las of the Nationalists in Castilian Poetry. Phi- 
ladelphia, 1910. 

(3) Frederick A. Ober: Ferdinand de Soto and the Invasion of 
Florida. New- York and London, 1906. 

(4) Donald Eugene Smith: Viceroy of New Spain. Berkeley, 
Univ. of California (Publ. in History, I, No. 2). 

(5) Edvv^rdHtnry Strohtl.The Spanish Revolution (1868-1875J. 
Boston, 1898. 

(6) Mildred Stapley: Christopher Columbus. Ntw-York, 1915. 

(7) William Robert Shepherd: The Spanish Archives and their 
importance for the History of the United States, en American His- 
torical Association. Annual report, 1913; y Guide to the materials 
for the History of the United States in Spanish Archives. Siman- 
can and Seville. Washington, 1907. 

(8) Barnard Shipp: History of Hernando de Soto and Florida; 
or Record of the events of fifty -six years, from 1512 to 1568. Phi- 
ladelphia, 1881. 

(9) John Boyd Thacher: Christopher Columbus. New-York and 
London, 1903-1904. 

(10) R. C. Trtnch: Calderdn, his lige and genius, with sped- 
ments his pays. New-York, 1856. 

(11) L. Wallace Bates: Path of the Conquistadores, Trinidad 
and Venezuelan Ouiana. Boston, 1912. 

(12) Archibald Wilberforce: Spain and her colonies: compiled 
from the best authorities. New-York, 1898. 

(13) I Justin Winsor: Narrative and Critical History of America, 
Boston and New- York, 1888-1889; y Christopher Columbus, 
idem, 1892. 

(14) The California Padres and their missions (con F. Sann- 
ders). Boston and New-York, 1915. 

• (15) Vease el anterior. 



228 EL HISPANISMO EN NORTE - AMERICA 

Stephens (1), Bolton (2), BUckmar (3), Hodge (4), Co- 
man (5), Dellenbaugh (6), Hitttll (7), Richman (8),Teg- 
gart (9), Chapman (10), Eldredge (11), Wright (12), 
Houck (13), Smith (14), Cunninghame Graham (15), 



(1) Mastering of Mexico, by Kate Stephens. New-York, 1916. 

(2) With the makers of Texas, by Herbert Eugene Bolion, 
Austin, 1904; Expedition to San Francisco Bay in 1770, diary of 
fedro Fages. Edited by H. E. Bolton, Berkelt-y, 1911; Texas in the 
middle eighteenth century. Studies in Spanish colonial h story and 
adminibtration, by H. E. Bolton, Berkeley, 191?^; y Spanish explora^i 
tion in the Southwest, 1542-1706. Edited by H. E. Bolton, New- 
York, 1916. : 

(3) Spanish colonization in the Southwest, by Franck W. Black- 
mar, Baltimore, 1890; y Spanish institutions of the Southwest. Bal- 
timore, '891. 

(4) Spanish explorers in the southern United States, 1528- 
1543; 7 he narrative of Alvar Nunez Cabeza de Vaca, y The na- 
rrative of the expedition of Coronado, by Peiro de Castaheda. Edi- 
ted by Frederick W. Hodge. New- York, 1907. 

(5) Economic beginnings of the Far West, by Katharine Co- 
man. New-Yoik, 1912 (2 volumenes). 

(6) Breaking the Wilderness, by Frederick S. Dellenbaugh. 
New-York, 1905. 

(7) History of California, by Theodore Henry Hittell. San 
Francisco, 1885-1897 (4. volumenes). 

(8) California under Spain and Mexico, 1535-1847, by Irving 
Berdine Richman, Boston, 1911; y San Francisco bay and Lalifor- 
nia en 1776, Providence, 1911. 

(9) The Official account of the Portola expedition of 1769- 
1770 Edited by Frederick]. Teggart. Berkeley, 1909. 

(10) The founding of Spanish Calif or nicu The northwestward 
expansion of New Spain 1687-1783, by Charles E. Chapman. New- 
York, 1916. 

(Jl) The beginnings of San Francisco, from the expedition of 
Anza 1774, to the citycharter of April 15, 1850, by Z. S. Eldredge. 
Shh Frflticisco 1Q12. 

(12) The early history of Cuba (1492-1586), by Irene A. Wright. 
New- York, 1916. 

(13) Spanish regime in Missouri, by Louis Houck. Chica- 
go, 1909. 

(14) Narratives of the Career of Hernando de Soto, etc, trans- 
lated by Buckingham Smith. 

(15) Hernando de Soto, to gether with an account of one of hi^ 



BI6QRAF0S E HISTORIADORES 329 

King (1), Wright (2), Byne y Stapley (3) y Hare (4). 



captains, Gonzalo Silvestre, by R. B. Cunninghame Graham, Lon- 
don, 1903; y Vanished Arcadia, being some account of the Jesuits 
in Paraguay, 1607 to 1767, del mismoautor, London, 1901. 

(1) De Soto and his men in the Land of Florida, by Grace 
King. New- York, 1898. 

(2) The tarly history 0} Cuba: 1492-1586, by L A. Wright. 
New-York, 1917. 

(3) Spanish Architecture of the Sixteenth Century, by Arthur 
Byne and Mildred Stapley. Ntw-York, 1917. 

(4) The Great Emperor Charles V: 1519-1558, by Christo- 
pher Hare. New-York, 1917. 



CAPiTULO X 
Colectores y comentaristas. 

I 

Apuntdbamos en uno de los capitulos precedente^s 
que la producci6n hispanista, si bien abarca todos los 
g^neros literarios, manifi^stase sobremanera en la re- 
constituci6n de los textos antiguos, puntualizados y 
comentados, y en nuevas ediciones, anotadas, de los 
modernos. Aqui es donde se ofrecia al erudito norte- 
americano — preciso, escrupuloso, sagaz y de fri'a ima- 
ginacidn, por lo comiin — , campo apropiado y f^rtil. 
De el ha cosechado, en menos de dos decadas, y apor- 
tado al comun acervo literario, copiosa y rica pro- 
duccidn. 

El profesor Enrique R6seman Lang, de la Universi- 
dad Yale, miembro de la Sociedad Hispanica y corres- 
pondiente de la Real Academia Gallega, priniera auto- 
ridad fuera de la peninsula en lo concerniente a la 11- 
teratura clasica de Galicia, di6 a la estampa, en 1Q02, 
un Cancionero gallego-castellano (1). Auxiliandose con 



(1) Cancioneiro GalUgo-Castelhano, collected and edited with 
a literary study, notes andglosary by Henry R. Lang. New-York 
arid London, 1902. 

El Sr. Lang ha publicado cstos trabajos dc tema espaflol; The 



COLECTORES Y COMENTARISTAS 331 

la lista de textos gallegos publicados por dona Carolina 
Michaelis de Vasconcellos, en 1893, ha reunido esta 
colecci6n de poesias pertenecientes al periodo de tran- 
sicion entre la escuela gailego-portuguesa (1200-1350) 
y la castellano-portuguesa (1449-1521). Digna de elogio 
es la eleccion del tema, ya que tan descuidado anda en 
la epoca moderna el estudio de la poesia clasica galle- 
ga, cuyas composiciones compone la parte principal del 
volumen que nos ocupa. Estas, asi como las demas del 
mismo periodo, se conservan en los cancioneros colec- 
cionados, en su mayoria, el siglo xv. Los poetas com- 
prendidos en la obra del Sr. Lang van por orden cronb- 
16gico, figurandoMos anonimos y aquellos de fecha in- 
cierta al fin de la antologia. A la cabeza de cada com- 
posicion, menci6nase el cancionero o colecci6n de don- 
de proviene. Al restaurar textos hibridos cuya forma 
original dificilmente se fija, por las libertades que poe- 
tas y copistas solian tomarse, nuestro colector ha pro- 
curado seguir las formas tipicas que se encuentran en 
los c6dices coetdneos o de fecha anterior, adoptando 
igualmente una ortografia uniforme. Al establecer el 



Face and its Parts in the^Spanish Proverb and Metaphor, en Pu- 
blications of Modern Languages Association of America, 1887, 
volumen III; Decort in Old Portuguese and Spanish Poetry, en 
Beitrdge zur Romanischen Philologie, 1899; Testamento delMaes- 
tre de Santiago, por Fernando de la Torre, en Revue Hispanique, 
1906, vol. XV; Versos de Cabo Roto, idem, idem; Apropos of Ca- 
cafdton in the Ry me- Dictionary of Pero Quillin, idem, 1907, vo- 
lumen XVI; The so-called -Cancionero de Pero Guillen de Sego- 
via", idem, 1908, vol. XIX; Comunications from Spanish Cancio- 
neros, en Transactions of the Connecticut Academy of Arts and 
Sciences, 1909, vol. XV; Spanish and Portuguese -orateo, en Ro- 
manic Review, 1912, vol. Ill; A Passage in the uDanza de la Muer- 
te», idem, idem. 

En The Romanic Review, esta publicando una serie de Notes 
on the Metre of the Poem of the Cid (1915-1916). Y tiene en prepa- 
raci6n el Prohemio of the Marqu^n de Santillana. Critical edition 
of the Castilian text, with Introduction, Translation into English 
and Commentary; y La vida es sueno, de Calder6n, 



332 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

texto, procedi6 el colector de modo escrupuloso. Las 
notas y comentarios, reunidos al fin, encierran vasto 
caudal de informaci6n y de- sana critica literaria e his- 
torica. Algunas como la nota XIV, verbigracia — sobre 
testamentos literarios, jocosos y amatorios — , son con- 
sumados estudios, dignos de figurar independientemen- 
te en cualquier publicacion. Tocante a la vida y obra 
de los poetas, y periodo en que florecieron, si son bien 
conocidos, limitase el Sr. Lang a citar las producciones 
donde de ellos se trata; de no serlo, nos da suficiente 
noticia biografica o historica. 

Previendo las asperas censuras que, usualmente 
lanzadas contra la poesia medioeval, puedancaer sobre 
estas composiciones, el profesor de Yale sale de ante- 
mano a su defensa, con justas y bien discretas razones. 
Que la poesia medioeval es de pobre inspiracion, arti- 
ficiosa y culterana, y que las composiciones amorosas 
nada tienen de comun con el amor real, son cosa cier- 
ta; mas no parece bien rechazar, en nombre del arte, 
composiciones que revisten el grandisimo interes de 
poner de manifiesto ante nuestros ojos, tras muchos si- 
glos, una 6poca, una sociedad «que buscaba en la poe- 
sia, preferentemente, el mundo ideal que les hiciese 
olvidar los cuidados y miserias de la vida. Y si los con- 
ceptos tan repetidos en sus versos nos parecen vulga- 
res y monotonos a nosotros, hombres modernos, here- 
deros de todas las edades, recuerdese que para los de 
aquella edad aun tenfan, en sumo grado, la lozania y el 
encanto de la novedad" (1). 

Este volumen es el primero del Cancionero gallego- 
castellano, pues prometenos el autor otro dedicado al. 
examen filologico y literario de tales composiciones, y 
en el cual entrard en un estudio comparativo — tocan- 
te al asunto, metrica y estilo — entre las poesias de la 



(1) Pdginas 15-10. 



COLECTORES Y COMENTARISTAS 333 

coIecci6n y las literaturas extrafias, con la gallego-cas- 
teilana relacionadas. Para este segundo volumen reser- 
va la exposicion de los principios que ha seguido en la 
seleccion y reconstitucion del texto, asl como un estu- 
dio del dialecto (idioma, le considera y llama ^1) de 
Galicia. Como, en realidad, el texto va ya anotado con 
profusi6n en el primer volumen, constituye este por si 
s61o una obra compieta. 

Si se tiene en cuenta siquiera que el artificio lirico 
de la escuela gallego-castellana juega un papel conside- 
rable en la genesis y desarrollo de la nueva li'rica pen- 
insular, y su influencia subsiste en toda nuestra histo- 
ria literaria hasta llegar al periodo contempordneo, se 
comprendera el interes de esta coleccidn y el impor- 
tante servicio que, formandola, ha prestado su autor a 
las letras espaiiolas. 

A otro trabajo del Sr. Lang hemos de referirnos, 
por ser en cierto modo complemento del anterior. En 
su Canctonero gallego-castellano nos ofrece los frutos 
de dos literaturas peninsulares, y en Comunicaciones 
sobre los cancioneros espanoles (1) recoge varios mode- 
los de la literatura catalana de la misma epoca (primera 
mitad del siiglo xv). Da a la publicidad, en este trabajo, 
las poesias catalanas in^ditas de Juan de Valtierra, que 
florecio en el periodo senalado, y de quien apenas se 
tienen noticias biograficas, de no ser su calidad de na- 
varro y su condici6n de escudero. Tambien inserta las 
castellanas del mismo poeta, pues aunque dadas ya a la 
estampa por Perez G6mez Nieva, a voces estaban pi- 
diendo una cuidadosa reimpresi6n. Consid^ralas dignas 
de ser conocidas, porque, a falta de un superior m^ri- 
to literario entre las de su ^poca, son claro testimonio 
de la unidad literaria de la peninsula ib^rica en el si- 
glo XV — pues ha de saberse que Juan de Valtierra es- 



(1) Comunications, etc. 



334 EL HISPANISMO EN N0RTE-AM6r1CA 

cribi6 versos en cataldn, castellano y gallego — ; unidad 
que, andando el tiempo, habi'a de traer la formacidn de 
un nuevo g^nero li'rico, verdaderamente nacional. 

Entre sus comunicaciones incluye el profesor Lang 
cierta composici6n inedita, en lengua catalana, de Pe- 
dro de Santa Fe, quien tambi^n puls6 la lira castellana 
(en treinta y seis poesias) y la gallega (en dos). Dicha 
poesia es una edntiga o canci6n amorosa, de dos estro- 
fas en octosilabos ydmbicos, la cual ofrece el interns 
particularisimo de ser, por su rima (aa; bbba), una de 
las mas antiguas formas de la cantiga. 

Figura en este trabajo la minuciosa descrlpci6n y 
andlisis del Cancionero de la Biblioteca Colombiana de 
courtly verse (siglo xv), de cuyo contenido, ni la copia 
que existe en la Biblioteca Nacional, ni las referencias 
de los bibli6grafos que de 61 se ban ocupado, dan pre- 
cisa idea. Estima el Sr. Lang que no se trata de un ma- 
nuscrito original, sino de alterada copia de alguna colec- 
ci6n mds antigua, cuya forma primordial y exacta 6po- 
ca, asi como la importancia de las alteraciones introdu- 
cidas, no ha sido posible averiguar. 

Agregaremos, antes de terminar, que este profesor 
de la Universidad Yale ha llevado a caob valiosas in- 
vestigaciones en la literatura portuguesa, siendo su 
Cancionero del Rey D. Denis (1892) particularmente 
celebrado. 



II 



. Aquel vibrante, marcial poema que narra la vida y 
hazanas del buen conde de Fernan Gonzdlez, libertador 
de Castilla y padre de grandes reyes — segun reza la 
inscripci6n latina del arco de su nombre, en Burgos — 
tiene en los Estados Unidos un docto colector y comen- 
tarista, D. C. Carroll Marden, profesor de la Universi- 
dad Johns Hopkins, tan estimado entre nuestros erudi 



COLECTORES Y COMENTARISTAS 335 

tos espafSoles, ha dedicado desde larga fecha preferente 
atenci6n al estudio y critica del Poema de Ferndn Goti- 
zdlez. Su obra capital es una edici6n critica de este 
monumento literario e historico de la Espafia de bron- 
ce (1). El Sr. Carroll Marden ha restablecido el texto 
sirvi6ndose de los manuscritos y cr6nicas que lo pu- 
sieron en prosa, fuentes, lenguaje de las obras coetd- 
neas, ediciones previas del poema y sus estudios criti- 
cos. Declara haber copiado o cotejado personalmente 
los manuscritos que tomara por base de su texto. For 
otros documentos, ajenos de este, comprueba la impor- 
tancia hist6rica de Ferniin Gonzalez y la popularidad 
literaria de que gozara su poema en tiempos antiguos. 
Debatidisima es la fecha en que debi6 de escribirse. 
Hacia 1240 la fija Mendndez Pidal, y tal es la menos 
descaminada a juicio de nuestro autor, quien, preci- 
sando mds, la seflala entre 1250 y 1271. Piensa que, por 
las formas y giros del lenguaje, asi como por ciertas 
referencias de los codices, anda mds cercana del aiio 
1250 que del 1271. Sus datos son ptecisos, y 16gica ha 
de parecer su conclusi6n. Veniase admitiendo, por lo 
comun, que el autor del poema estaba familiarizado 



(1) Poema de Ferndn Gonzalez, texto critico con introduccidn, 
notas y glosario por C.Carroll Marden. Baltimore, 1904. 

Ha publicado tambi6n: The Ferrara Bible, en Modern Langua- 
ges Notes, 189ft, vol. XI; Cronica de los Rimos Antiguos, idem, 
1897, vol. XII; An Episode in the Poema de Ferndn Gongalez, en 
Revue Hispanique, 1900, vol. VII; Phonology of the Spanish Dia- 
led of Mexico City, Baltimore, 1895; y Notes for a Bibliography of 
American Spanish, en Studies in Honor of A Marshall Elliott, 
vol. II, Baltimore, 1911. 

A prop6sito de bibliografias hispano-americanas, llamar^ la aten- 
ci6n sobre otras dos, recomendables: A Bibliography of Spanish- 
American Literature, by Alfred Coester, en The Romanic Review, 
1912, vol. Ill, pdgs. 68-101, completada en su The literary history 
of Spanish America, New- York, 1916; y A Brief Bibliography of 
Books in English, Spanish and Portuguese, Relating to the Re- 
publics Commonly Called Latin America, with Comments, by 
Peter H. Goldsmith, New- York, 1915. 



336 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

con las obras de Berceo y que de ellas se sirvi6; mas cl 
profesor Marden, no satisfecho con la vaga aserci6n, 
establece concretamente los pasajes donde se ven las 
huellas del monje benedictino. Difiere de Menendez 
Pidal respecto de las coplas 145-155 (acerca de los 
bienes de Espafia), que segiin este tienen por sola base 
el Tudense; el erudito norteamericano dcscubre varios 
detalles que se encuentran en De Lande Hispanice, y no 
en aqu61. 

Al restablecer el texto del poema, Marden ha se- 
guido un criterio conservador. En su restauraci6n de 
Unas cuantas coplas y versos sueltos, y al supiir el sen- 
tido dudoso de ciertos pasajes, sirvese de la Crdnica 
general, de Alfonso el Sabio, donde se hallan restos de 
la versificaci6n del poema. Tocante al lenguaje, ha adop- 
tado el de mediados del siglo xiii, respetando en todo lo 
posible la ortografia del manuscrito ecurialense IV B-21, 
que toma por fundamento del texto. Transcribe,y ofrece 
en compafiia del poema, aquella parte de la Crdnica ge- 
neral que resefia la vida y hechos del bravo conde cas- 
tellano, asi como la version de las veintiseis coplas del 
poema que figuran en la Crdnica de Arredondo. 

Aunque algunos de sus comentarios y notas versan 
sobre puntos literarios e hist6ricos, la mayoria van con- 
sagrados al examen lingiii'stico del poema. En el glosa- 
rio, no le vemos incurrir en el general exceso de inser- 
tar voces superfluas, siendo las antiguas de clara y cierta 
significaci6n, sino limitase a aquellos vocablos que, en 
su estructura o sentido, no coinciden con los moder- 
nos (1). 



(1) Para estudiar esta edici6n conviene tencr a la vista el examen 
que de ella hiciera Menendez Pidal en Herri^s Archiv, Marzo, 1905, 
pdgs. 248-257. 



COLECTORES Y COMENTARISTAS 337 



III 



Entre los colectores y comentaristas que m^s justo 
renumbre han aicanzado en los dominios de ]a ertdi- 
ci6n hispanista, hemos de recordar aJ antiguo profesor 
de Fa Uriiversidad de Chicago, D. GuiJlermo Ireland 
Knapp {1835-1W08), de grata memoria. 

A pesar de aquellas festivas satiras de Gregorio 
Silvestre, Fernando de Herrera, Lope de Vega y Oon- 
gora, entre otros ingenios, Boscan no s61o ocupa hoy 
puesto de honor en nuestra historia literaria', sjiio que 
>a en su tiempo el editor Mariin Nuncio, en la edicion 
de Ambtres (1556). manifestaba «que tantas vcces ha- 
bian sido impresas [sus obras] que a gran pena se halla 
autor vulgar que le iguale, ni tan acepto sea a todos" (1). 
El insigne imitador del Petrarca, que, mds afortunado 
que el Marques de Santiljana, consiguio introducir en 
la lit.eratura patria riquisimo caudal italiano de formas 
metricas, como el soneto, el terceto endecasilabo o dan- 
tesco, la octava real, la canci6n de estancias largas y el 
verso suelto, que es el que mas punzantes y mordaces 
satiras le valid al poeta Catalan, fu^ estudiado y comen- 
tado por el prcfesor Ireland Knapp en un periodo que 
nad;e parecfa acordarse de el. Hasta la aparrcion del 
magistral E^fucJio sobrejuan Boscan (2), de Menerdez 
y Pelayo, en IQOQ, apenas si habia donde estudiar la 
labor y personalidad literaria de! viejo poeta, de no ser 
en la edici6n de Las obras de Juan de Boscdn, reparti- 
das en tres Ubros, que el profe-^or K' app dio a la estam- 
pa, en Madrid, el alio 1875. Inexplicable pariece, con- 
forme el diligente colector expresa en la, advertencia 
preliminar, que no obstante las frecuentes exhUmacio- 



I 



(1) Cit. por Knapp. 

(2) Evi Antologia de poetas liricos castellanos, vol.* XIII. 

22 



338 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

nes literarias que por aquella ^poca se venian hacicndo 
continuaran sin reimpnmir desde 1597 las oDras ae 
Boscrn dc este verdadero poeta que di6 .un nueyo im- 
nulso a la rima tan prof undamente caida bajo el plectro 
de los pesados cancioneros y del verso cortesano«. 

Contiene aquella completa colecci6n de las poesias 
de Mosen Juan Boscan, veinticuatro composiciones ai- 
gunas de las cualcs no venian figurando, a pesar de su 
m^rito singular, en las ediciones de an ano sm excto 
la edici6n principe. Knapp escudnno los archives hasta 
dar con las veintiuna ediciones priores, desde la prin- 
cioe (Barcelona, 1543) hasta la vig^simaprimera (Am- 
beres 1597 de'cuya portadas y colofones acompafia 
Siles'liel cote'jo e'ntre todas ellas, nacj6 esta ed, 

cion ejemplar. El pr6logo, as ^^^'^'^\^'^\\^,%^^^^^ 

los comentarios, estan escritos en espanol pulido y cas- 

t?zo No sabemos de ningun erudito norteamencano 

aue'haya lucido mayor desenfado, soltura y elegancia 

en sus escritos en lengua castellana Tal vez se encuen- 

tre algun ligero lunar? alguno que otro barbarismo por 

e emplo?este anglicismo de la pagina 21 del prefaco 

Thablarnos dtcatorce hombres franceses, o aquella 

lamentable cacofonia, amen de galicana, hace'conocer 

V algunas contadisimas omisiones del articu o A mi 

ver lo mas valioso de este volumen, aparte claro esta 

U constitucion del texto, son las noticias bibhograficas 

nor ser en su mayoria ineditas y porque el autor h. 

Fenido entre sus manos todas estas ediciones rarisima 

y nos habla de ellas con esa confianza Y conocinnentc 

«que inspira la inspeccion personal de los volumenei 

""'"otTa" edicion de merito que al profesor Irelam 
Knapp se debe es la de Obras ppeticas deDieg'Har 
tadode Mendoza, dada a luz publica el ano 1877, ei 
Madrid (1). 
(1) Obr*s suyas, tambiSn, las siguientes: A Grammar of th 



COLECTORES Y COMENTARISTAS 339 



IV 



Varias son las comedias de Calderdn relegadas a 
injusto olvido, ya que si no de merito sobresaliente, 
dignas son de salir a la luz piiblica en nuestro tiempo 
para provecho de los estudiosos y mejor conocimiento 
de aquel grande ingenio de nuestro siglo de oro. Rari- 
simas son las ediciones de tales comedias, y tan anti- 
guas y empolvadas en los viejos archivos, que apenas 
si hay quien de ellas sepa otra cosa que la somera noti- 
cia bibliografica de los catalogos e historias literarias. 
Tal es el caso de La seLva oscura, comedia palaciega de 
enredo, y Troya abrasada, tragicomediahistorica, cuya 
edici6n critica por tales razones emprende y lleva a feliz 
remate Jorge Tyler Northup, catedratico de la Univer- 
sidad de Toronto. 

De la paternidad literaria de La selva oscura no cabe 
la menor duda (1). Se trata de una comedia aut6grafa 
desde ei primer verso hasta el ultimo. Contra la opinion 
corriente, estimala el Sr. Northup como obra entera- 
mente original, y no arreglo o derivacion de otra come- 
dia del mismo nombre atribuida a Lope de Vega. A 
juicio suyo, no existen indicios de que el Fenix, ni autor 
alguno, escribiera una comedia con tal nombre. Que es 
aut^ntica lo dice sobradamente su caracter, estilo, ten- 
dencias, sus bellezas literarias y sus defectos; tan tipica, 
que aun cuando no estuviese escrita de puflo y letra de 



Modern Spanish Language, etc., Boston, 1882; Modern Spanish 
Readings, etc., Boston, 1883; y Concise Bibliography of Spanish 
Orammars and Dictionaries , from the Earliest Period to the 
Definitive Edition of the Academy's Dictionary (1490-1780), 
Boston, 1884. 

(1) La selva confusa, de Don Pedro CalderSn de la Barca, con 
introducci6n y notasde Ndrthup, en Revue Hispanique, 1909, volu- 
men XXI, pigs. 168-338. 



I 



340 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

Calder6n. a nadie sino a 61 pudiera atribuirsele. Consi- 
dera N6rthup que fu6 una de las primeras produccio- 
nes del maestro, prior al 21 de Julio de 1623,No des- 
cubre en ella la menor reminiscencia italiana m influen- 
cia alguna de Lope, aunque si bien marcadas huellas de 
Tirso de Molina. Apunta sus particulares semejanzas 
con dos obras del mercedario madrilefio: Quien habld, 
oa^o V La fingida Arcadia. Ahora bien, son pormeno- 
res de leve importancia; en conjunto, el argumento es 
de lo mas caracteristicamente calderoniano que puede 
hallarse. A otro escritor evoca esta comedia, a Cervan- 
tes. Conocido es el considerable inttujo que en la obra 
general de nuestro dramaturgo ejerciera. Grande era la 
Idmiracion que le profesaba Calder6n, y frecuentes las 
alusiones que a su persona u obra hace. En el tipo de 
imaginaria locura de esta comedia, Northup ve las 
huellas del Principe de los Ingenios espanoles. Los 
caracteres son ficticios, y bien manoseados en nuestra 
dramatiea los incidentes e ideas que Calder6n tejiera 
en el argumento, pero de ellos supo sacar partido de 
modo habil y original. .^. 

La selva oscura, juzgada por nuestro critico, es una 
producci6n mediocre que no cabe mcluir de manera 
alguna entre las obras maestras de Calder6n; mas «si e 
falta el brio y vigor de las piezas de capa y espada, y la 
elevaci6n de los autos, en merito aventaja, sin embargo, 
a docenas de comedias insertas en las ediciones clasi- 
cas de Calder6n. Puede compararse muy favorable- 
mente con otras comedias palaciegas de enredo, y er 
interns sobrepasa a cualquiera de los numerosos dra- 
mas mito16gicos» (1). Esta nianchada con OS mismoj 
lunares que suelen verse en la mayoria de sus produc 
ciones. En el argumento, ingenioso con exceso, la vero 
similitud aparece sacrificada en provecho de la comple 



(1) Pagina 179. 



COLECTORES Y COMENTARISTAS 341 

jidad. El estilo es culterano, abundan los conceptos 
absurdos y las metaforas poco felices. Mas tambidn es 
mucho lo que de bueno contiene. Aunque inverosimil, 
la trama es curibsa y atractiva, y a faita 4e un personaje 
bien dibujado, posee la accidn tal rapidez, animacidn e 
interes, que pronto perdemos de vista los otros defec- 
tos. Si en ciertos pasajes campea el mal gusto gongo- 
riano, en muchos hemos de admirar potentes arranques 
liricos llenos de hermosura. Y si, en resolucidn, carece 
de realismo, grande es su hechizo lirico y su rico am- 
biente poetico, en los cuales ninguno de nuestros dra- 
maturgos pudo superar a Calder6n. 

Entra luego el colector en el examen del manuscrito 
que reproduce, unico conocido de La selva oscura. 
Luego viene el texto anotado. N6rthup se ha cefiido a 
la ortografi'a del original, aunque corrige la puntuaci6n 
y la acentuaci6n, emplea las mayusculas conforme el 
uso moderno y uniforma la ortografi'a de los notnbres 
de personajes, que siempre escribe, ademds, por entero 
y no, como en el original, abreviadamente. 

Veamos su edicion dtTroyaabrasada (1). Calderdn 
compuso este drama en colaboraci6n con Juan de Za- 
baleta De los tres actos que forman la obra, los dos 
ultimos apar^cen, en el manuscrito original, de pufioy 
letra de Calder6n. Despu6s de haber dilucidado la 
cuestidn de su autenticidad, dando por seguro que el 
primer acto pertenece integro a Zabaleta — quien ya 
habia coiaborado con aquel en otra comedia, al menos, 
La marfrarita preciosa — , analiza N6rthup'el manus- 
crito aut6grafo, que es el copiado en su edicion, y nos 
suministra muy curiosas noticias sobre las correcciones 
que en aquel estamparan los censores. A falta de claros 
indicios para conjeturar la fecha en que hubo de escri- 



(1) Troya abrasada, de Pedro Calderon de la Barcayjuan de 
Zabaleta. Publfcala con introducd6n y notas N6rthup, en Revue 
Hispanique, 1913, vol. XXIX, pdgi. 195-346. 



342 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

birse, seflala la de su estreno en el segundo semestre 
de 1639, antes del mes de Noviembre. Consagra varies 
parrafos a puntualizar la conexidn que pueda haber 
entre Troya abrasada y la comedia hom6nima a que 
alude Velez de Guevara satiricamente en El diablo 
cojuelo. De las posibles fuentes de Troya abrasada, 
s61o con La manzana de la dlscordia y robo de Elena, 
de Guillen de Castro y Mira de Amescua, le encuentra 
algun parecido, pero tan ligero y superficial que no jus- 
tifica la presuncion de que en ella se inspiraran Calde- 
r6n y Zabaleta. Lo mas probable, a su ver, es que toma- 
ran por base alguna otra producci6n dramdtica hoy 
perdida. 

Desde el punto de vista literario, Troya abrasada 
resulta de merito desigual, por no ser el genero hist6- 
rico de los que mas felizmente cultivara Calder6n. 
Juzga esta comedia, con sobrada raz6n, inverosimil, 
declamatoria y melodramatica. No faltan, claro es, si- 
tuaciones intensamente dramaticas, y si en vez de con- 
siderarlo como drama hist6rico, se ve en el un drama 
de c.elos, habremos de celebrarlo calurosamente por la 
magistral pintura de esta pasi6n, que en ninguna otra 
obra super6 el maestro. Admirable en ciertos pasajes, 
floja en otros, pesima en muchos, conviene aplicarle la 
consideracion que respecto de la labor general de nues- 
tro ingenio hace Tyler N6rthup: "Ha de leerse a Cal- 
der6n — escribe — con mayor discernimiento que a la 
mayoria de los autores. Hay que separar la cizafla del 
buen granow (1). 

El profesor de Toronto ha seguido el mismo plan 
adoptado en su edici6n de La selva oscura, y reproduce 
el manuscrito fielmente. Entrambas ediciones, profusa- 
mente anotadas, son dentro del plan del colector inme- 
jorables, y sobresalientes los estudios preliminares que 



(1) Pdgina 237. 



COLECTORES Y COMENTARISTAS 343 

encabezan una y otra. N6rthup es un erudito de raro 
discernimiento. Jamas ingenioso, entusiasta, elocuente 
o ret6rico, y siempre solido, mesurado, frio, grave, si 
bien le acompafla un desagradable tono magisterial y 
dogmdtico. De su restante labor, puede verse una lista 
bibliografica al pie de esta pagina (1). 



V 



De toda la obra literaria hispanista de Aurelio 
M. Espinosa, nacido de padres espafioles en Norte- 
Am^rica, nada nos parece tan interesante y meritorio 
como sus colecciones de poemas, leyendas, tradiciones 
y romances espafioles en Nuevo Mejico (2). Su Folklore 



(1) Libro de los gatos. A text with Introduction and Notes by 
George Tyler N6rthup, Chicago, 1908; «tl Ddmine Lucas- of Lope 
de Vega and some related Plays, en Modern Languages Review, 
1908- 190Q, vol. IV; Los Yerros de la Naturaleza y Aciertos de la 
Fortuna by D. Antonio Coello and D. Pedro Calderdn de la Barca, 
en Romanic Review, 1910, vol. I; The Italian Origen of the Prose 
-Tristram- Versions, idem, 1912, vol. Ill; Notes to the »Don Qui- 
joteo, en Modern Languages Notes, 1910, vol. XXV; A Bibliogra- 
phical Myth (Text Aragonais of uTristram»), idem, 1913, volu- 
men XXVIII; The Spanish Prose -Tristram'', Source Question, en 
Modern Philology, 1913, vol. XI; Mesonero Romanos: Selections. 
Edited with Introduction, Notes and Vocabulary, New-York, 1913, 
y Panorama Matritense, de Mesonero Romanos, en prensa. 

(2) Ha dado a la cstampa las siguientes ediciones criticas: El 
Qran Galeoto, de Echcgaray, Boston, 1903; El Poder de la Impo- 
tencia, (dem. Id., 1906, y Consuelo, de L6pez de Ayala, New-York, 
1911. Ytiene publicados los siguientes tralaajos: Elementary Spa- 
nish Grammar {m\.\\ C. Q. Allen), New-York, 1915; -Los Coman- 
ches', a Spanish Heroic Play of 1780, en Bulletin of the Univer- 
sity of New Mexico, December, 1907; Studies in New Mexican 
Spanish, Part I: Phonology, en Revue de Dialectologie Romane, 
1910; Part II: Morpholoe^y, Idem, 1911 y 1912; Part III: The En- 
glish Elements, idem, 1914; Cuentitos populares Nuevomejicanos 
y su Transcripcidn FonMca, Idem, 1912; Nombres de Bautismo 



344 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

nuevomejicano espanol y Cancionero nuevomejicano, son 
ongiiiales e importantes contribuciones algran cancio- 
nero espanol que, como insig.ne monumento literario 
de nuesiro tiempo, como cupula de oro del romancero 
nacional, esla llamado a formar en edicion ci itica de- 
finitiva D. Ramon Mcnendez Pidal. El ^f- Espinosa, 
catedratico de la Universidad Leland Stanford Junior, 
ha recorndo los hermosos carpos de Nuevo Mejico, 
Colorado y California para escuchar directamente de 
labios de las familias esp^ifiolas, estjiblecidas aliadesde 
hace siglos, o emigradas en fecha reciente, sus cancio- 
nes, leycndas y romances. 

Recogio los materiales que componen el Romancero 
nuevomejicano en los anos de 1902 a IQIO, en Nucvo 
Mejico y Colorado. Contiene s6lo la flor y nata de la 
abundante coleccion que en sus excursiones logro re- 
unir. «Se trata — escribe, en castellano — de una poesia 
popular en su mayor parte tradicional, quese relaciqna 
directamente con la poesia popular de la Espafia del 
siglo xvi, y es sangre y hueso del romancero espa- 
nol" (1). En una breVe introduccion historica, Espinosa 



Nuevomejicanos, idem, 1913; New Mexican Spanish Folklore. 
I, Myths; II, Supei-sticions and Beliefs, en Journal of American 
Folklore, 1910; ///, Folktales iden, 1911; IV, Proverbs; V. fo/>u- 
lar Comparisons, VI, iclfm^ 1913; t os i rovos del Viejo Vilmas, 
{\tn\, 1914; VII, More Folktales, idem, idem; VIII, Short Anecdo- 
tes, idem, idem; IX, Ridnles. idem, 1915; Comparative Notes on 
Mexican and New Mexican Spanish Folktales, iden, 1914; The 
Spanish Languages i(i New Mexico and Southern Colorado, en 
Bulletin of New Mexico H'sioriral ^ociety, 19 il; Melep imus in 
Spanish and French, en Publications of Modern Langaag^es A^so- 
ciation, 1911; Old Spanish aFueras», en Romanic Review, 1913; 
Notes on the Versification of «£■/ Mis'erio de Ins Reys Magos*, 
idem, 1915: Romancero Naevome'dcano, en Revue Hispanique, 
1915, vol. XXXfH, y Traditional Ballads from Andalucia, en The 
Fliigel Memorial Volume, Si^nivtxd University. 1916 

(!) Romancero Nuevomejicano, en Revue. Hispanique, 1915, 
vol. XXXIII, pag. 446. 



COLECTORES Y COMENTARISTAS 345 

nos suministra varies datos curiosos acerca de Nuevo 
Mejico. '<£! elemento ingles que entro en 1846 y que 
yase comienza a sentir — afirma — , no ha cambiado 
todavia ei ienguaje de ios descendientes de raza espa- 
noia, y ia trauicidn espaiiola vive en Nuevo Mejico 
como en cuaiquier otro pals espanol. iin la nueva ge- 
neracion, sin embargo, ya se puede observar un nuevo 
dcsarrollo. El idioma ingles, absolulamente necesario 
para el comercio, las escuelas piibiicas, donde se en- 
sefia solamenie el ingles, en fin, la vida americana con 
todas sus insiituciones inglesas, va haciendo desapare- 
cer poco a poco el elemento tradicional espafiol" (1). Y 
al pie de la pagina, nos informa de que la poblacion de 
habla espariola que acluaimente reside en Ios Estados de 
Nuevo Mejico, Colorado y Arizona, alcanza a 250.000. 
Solo diez romances trauicionales, en veintisiete versio- 
nes, ha podido recoger, y aun para tan pequeno nu- 
mero hubo de interrogar a centenares de personas. 
«Ya s61o algunos viejos lo saben y s6lo el de Delga- 
dlna puede considerarse conio popular. . . Todo lo que 
me sonaba a romance tradicional lo apuntaba, en mis 
viajcs por las aldeas y ranchos de Nuevo Mejico, aun- 
que fuesen versos que en nada sediferenciaban de Ios 
de una version bastante completa y ya antes recogi- 
da" (2). Limitascj no obstante, a publicar en esta colec- 
cion Ios romances que ofrecen alguna diferencia. En la 
primera mitad del siglo xix, Ios romances tradicionalcs 
gozaban de univer^-al boga entre todas las clases socia- 
les del pais. Pero en la actualidad, contadisimas per- 
sonas Ios cantan. Como desde la fecha de la coloniza- 
ci6n de Nuevo Mi jico, en 1598, estuvo esta comarca en 
abandon© y olvido, aislada de toda influencia exterior, 
y tanto de la cultura peninsular como de la mejicana, 
opina que Ios romances tradicionalcs que se conservan 



(1) Romancer cit., pag.'450. 
(J) Idem, 450-451. 



346 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

en aquel Estado norteamericano son romances espafio- 
les del siglo xvi. 

Manifiesta, en otro trabajo, que las comarcas central 
y meridional de California han sido, por mas de dos 
siglos, nucleos de la tradici6n espaiiola, fortalecida en 
los liltimos afios por una nueva corriente emigratoria. 
«Los emigrantes espafioles, pertenecientes a la clase 
humilde, estan viniendo a California en gran niimero, 
especialmente de Andaluci'a" (1). El principal objeto de 
sus expediciones folkloristas por California, durante los 
cinco afios pasados, fud reunir los viejos materiales in- 
troducidos en los siglos xvii y xviii en esta regi6n, pero 
sin descuidar al propio tiempo la colecci6n de los ro- 
mances de fecha mas reciente. "Mi presente colecci6n 
de romances tradicionales recogidos entre los antiguos 
espafioles de California no es mas abundante que la 
coleccionada entre los recientes emigrantes del sur de 
Espafia. Es aqu^lla, por supuesto, mas importante en 
todos sentidos, ya que representa una tradicidn mds 
antigua y una mayor difusion, y, como la coleccion 
nuevomejicana, revela el poder y la vitalidad del ro- 
mance tradicional espaiiol tal como se conserva en las 
mas distantes y apartadas regiones del antiguo imperio 
ultramarino de Espafia" (2). Nota la circunstancia de 
que la elision y contracci6n parece mucho mas corriente 
en el habla andaluza que en lenguaje de California y 
Nuevo Mejico, donde la sinalefa es regla general, cam- 
biando a tal extremo la mas debil de las vocales yuxta- 
puestas que a menudo se transforma en consonante. 

La coleccion de Adtvinanzas formada por Espinosa 
es tal vez el capitulo mas curioso de su rica serie folk- 
lorista nuevomejicana (3). Aunque no la supone inte- 



(1) Traditional Ballads from Andalucla, en The Fliigel Me- 
morial Volume, 1916, pag. 93. 

(2) Idem, idem. 

(3) New-Mexican Spanish Folk-Lore. IX. Riddles, en The Jour- 
nal of American Folk-Lore, 1915, vol. XXVIII. 



COLECTORES Y COMENTARISTAS 347 

gra ni mucho menos, considdrala lo bastante completa 
para dar fe de su vitalidad en Nuevo M6jico. Datan la 
mayoria de la epoca en que los primitives conquista- 
.dores espanoles pusieron sus plantas en el pais, y desde 
entonces conservalas la tradicion oral. "Vemos en esta 
interesantisima rama de la sabiduria popular, el vigor 
y vitalidad insuperables de la tradicion espanola. Las 
adivinanzas son ciertamente el mas popular de todos 
los productos populares" (1). Generalizando, sostiene 
que tres cuartas partes de los acertijos espafioles mo- 
dernos proceden del siglo xiii al xvi, y aun los nuevos 
no son en realidad sino variantes de los antiguos. Igual- 
mente expresa que las adivinanzas comunes, en len- 
guaje y estructura, a todos los paises hispano-america- 
nos, tienen su origen muy probablemente en la pen- 
insula, y se inclina a creer que mas del setenta y cinco 
por ciento es de directo origen peninsular. Nota que el 
caudal de adivinanzas es bien limitado si se compara 
con otras manifestaciones de la musa popular, aunque 
abundante en proporcion con el niimero de objetos 
visibles y tangibles. De esta relativa limitaci6n de las 
adivinanzas procede el que un mismo acertijo se apli- 
que a diferentes objetos. Frecuentes son tales repeticio- 
nes en los demas gdneros, pero a tal punto Uegan en 
las adivinanzas, y tan exacto suele ser el paralelismo, 
que no puede menos de echarse de ver su pobreza. El 
poder descriptive, indispensable para inventar acerti- 
jos, es precisamente el mas debil entre las clases igno- 
rantes que suelen componerlos. De aqui que sus des- 
cripciones revistan una vaguedad que hace posible nu- 
merosas variantes y soluciones. 

Consigna el hecho de que las adivinanzas espaflo- 
las, en su mayoria, tienen como objetos de compara- 
cion descripcion, las caracteristicas y funciones fisi- 



(1) Ob. cit, pig. 320. 



348 EL HISPANISMO EN NORTE -AM£RICA 

cas, mentales y sociales de hombres y animales. Tan 
numerosos como populares son los acertijos que cabe 
clasificar cntre los vulgares y aun indecentes, por sus 
expresiones indecorosas o de doble sentido, aunque 
suela ser ingenua y sencilla su soluci6n. Tambien son 
la mayor parte tradicionales y comunes a Espana y 
America. "Desde el punto de vista de la m^trica, los 
acertijos representan la mas imperfecta clase de poesi'a 
popular espaiioia. Tanto en Espafia como en todos los 
pueblos de origen hispano, se halla compuesta en octo- 
silabos pie de romance. Es este el metro comun de 
los antiguos y modernos romances, coplas populares, 
etcetera. Lo es asimismo en las adivinanzas, pero ofre- 
cen ellas, ademas, una variedad metrica que merece la 
especial atenci6n de los estudiosos en la materia. Y no 
ya gran variedad mdtrica, sino que muestran tambien 
seiiales evidentes de una primitiva poesia espafiola sin 
metro, en la que asonancia y ritmo son los factores 
esenciales. Los acertijos espanoles provienen, segun 
todas las apariencias, de la epoca en que esta poesia no 
metrificada, con solo ritmo y asonancia, estaba en uso 
en Espan^ junto a la versificacion metrica regular. En 
Nuevo Mejico, muchos acertijos son cantados o recita- 
dos con cierto tonillo de romance, y el ritmo es un im- 
portante factor" (1). Estima que las adivinanzas escritas 
en octosilabos no deben de ser las mas viejas, puesto 
que su rima revela una versificacion relativamente avan- 
zada. No son raros los acertijos en versos hexasilabos, 
heptasilabos y octosilabos, combinados, y dispuestos a 
veces al modo de los versos hexasilabos y heptasilabos 
de las redondillas. 



(1) New-Mexican Spanish Folk Lore. IX. Riddles, en The four- 
nal of American Folk-Lore, pags. 348-349. 



COLECTORES Y COMENTARISTAS 349 



VI 



El Sr. Millard R6senberg, de Gi'rard College, ha 
dado a luz una esmerada edicibn critica de La espanola 
de Florencia, de Calder6n (1). Reproduce el texto de la 
primera edici6n conocida (2), y nos da puntuales noti- 
cias de 6sta y subsiguientes ediciones. En todas ellas 
venia apareciendo Calder6n como autor de tal comedia, 
cuyo corte y estilo son caracteristicos de aquel felicisi- 
mo ingenio. Jamas se habria planteado siquiera la cues- 
ti6n de su autenticidad, si el propio autor no la hubiera 
incluido en una lista de cuarenta comedias a el atribui- 
das falsamente, y omitido mas tarde en el catalogo de 
sus obras genuinas. De aqui que el editor Vera Tassis 
insertara La espanola de Florencia entre las Comedias 
supuestas que andan bajo el nombre de Don Pedro Cal- 
deron (1682). Ahora bien, Calder6n, que siempre mostr6 
escaso interns por sus obras seculares, omitio varias de 
sus comedias en la lista de las aut^nticas. V cuanto al 
catalogo de las espurias, no merece entera confianza. 
En €\ no habia solo mencionado las obras verdadera- 
mente ajenas, sino aquellas fruto de su propio ingenio 
y mutiladas o retocadas a manos de editores poco con- 
cienzudos. Tal es, para Millard R6senberg, el caso de 
La espanola de Florencia. Considera evidente, desde 
luego, que el texto de Comedias nuevas escogidas no 
representa el manuscrito original con entera fidelidad. 
Abundan los errores tipograficos, las interpolaciones y 
omisiones. Mas si ciertos pasajes no son de Calder6n, 



(1) La Espanola de Florencia (o Burlas Veras y Amor Inven- 
cionero). Comedia famosa de Don Pedro Calderon de la Barca. 
Edited, with Introduction and Notes by S. L. Millard Rosenberg. 

(2) Comedias nuevas escogidas de los mejores ingenios de Es- 
pana. Madrid, 1658, vol. XII. 



350 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

en conjunto, la comedia a todas luces le pertenece; cal- 
deronianos son la complejidad y desarroUo del argu- 
mento, su larga exposici6n narrativa al comienzo de 
algunas escenas, sus digresiones sobre la naturaleza del 
amor, diccion y estilo, modismos, giros de lenguaje, 
metaforas e imagenes po^ticas, la espontaneidad y me- 
lodia de su versificaci6n, su culteranismo y hasta cier- 
tos errores geograficos. Unicamente el caracter de la 
protagonista puede sugerir alguna duda acerca de la 
paternidad literaria de esta comedia. «En toda la gale- 
rfa de sus mujeres — escribe, aludiendo al teatro de 
Calderon — , no existe otra figura como Lucrecia. Nin- 
guna de sus restantes heroinas posee tan robusta per- 
sonalidad, ni es tan traviesa y fertil en recursos como 
la heroina de nuestra comedia. Mas, <;prueba ello otra 
cosa que el hecho de haber creado Calderon estos carac- 
teres en una epoca en que sufria el influjo de Tirso de 
Molina? La urdimbre de La espanola de Florencia, con 
su falsa identidad e historia de una hembra fiel que se 
disfraza de paje para servir al novio tunante, cuyo amor 
al fin recobra, esta concebida al modo de Tirso. Fue 
particularmente en la juventud cuando Calder6n sufrio 
el influjo de Tirso, conforme se ve en los caracteres, 
tan acentuadamente tirsianos, de dona Angela, en La 
dama duende, y Marcela, en Casa con dos puertas mala 
es de guardar, compuestas entrambas el ano 162Q. Las 
seductoras heroinas de estas dos comedias brillantes 
nos inducen a pensar que nuestro poeta, una vez puesto 
a escribir un argumento al estilo caracteristico de Tirso, 
era capaz de crear figuras femeninas de tan complejay 
robusta personalidad como Lucreciaw (1). No ve, pues, 
en este tipo de mujer un argumento contra la paterni- 
dad literaria de La espanola de Florencia, sino prueba 
irrecusable de que escribi6la su autor* bajo la poderosa 
influencia de Tirso de Molina, hacia 1630. 



(1) Piginas xvi-XVii. 



COLECTORES Y COMENTARISTAS 351 

La espanola de Florencia ha sido atribuida frecuen- 
temente a Lope de Vega, pero sin que los editores o 
criticos diesen raz6n alguna de peso. Stiefel emite la 
conjetura de que aquella comedia tal vez sea identica a 
LxLS burlas veras y Las burlas de amor, del Fenix de los 
Ingenios. El Sr. Millard Rosenberg sefiala las diferen- 
cias que existen entre la comedia de Calderon y Las 
burlas veras. Respecto de esta ultima y Las burlas de 
amor, cree que se trata de una misma y unica comedia, 
a la cual variole su autor el titulo — al referirse a ella 
en el prologo a El Peregrino (1604) — , a fin de distin- 
guirla de Las burlas veras de su aborrecido rival Julian 
de Armendarez. 

Al reproducir el texto, conserva elprofesor Millard 
R6senberg en todo lo posible la antigua ortografia. Un 
solo reparo sera justo ponerle: la acentuaci6n del texto 
nos ha parecido en extremo arbitraria. Acaso el y las 
autoridades que dice seguir lleven raz6n, acaso no. 
Cabe, al reimprimir un texto antiguo, uno de estos 
criterios: seguirlo fielmente, o anadirle el acento en las 
voces homonimas, o suprimir o modernizar entera- 
mente la acentuacion. Ninguno de ellos nos parece 
que ha respetado de modo uniforme. Pero no se trata 
de un pecado capital, sino venial y de los mas corrien- 
tes entre colectores. En la introduccion hay algunas 
conjeturas, y claro esta que solo los hechos nos intere- 
san; pero son conjeturas tan bien razonadas que, a falta 
de hechos, no cabria reemplazarlas con otras mejores. 
Ademas de la introducci6n, preceden al texto un resu- 
men del argumento y tabla metrica de la comedia. La 
edici6n va anotada con saber y discernimiento. 

Millard Rosenberg ha dado a la estampa una edicidn 
critica de Las burlas veras, de Lope de Vega (1), en cuyo 



(1) Las Burlas Veras. Comedia famosa de Lope de Vega Car- 
pio. Edited, with Introduction and Notes by S. L. Millard Rosen- 
berg. Philadelphia, 1912. 



352 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

estudio preliminar vuelve a examinar, desde otro punto 
de vista, las mismas cuestiones planteadas en La espa- 
nola de Florencla. Tiene en preparacidn una edicidn de 
Las burlas veras de Julidn de Armendarez, y otra de 
Las burlas veras y enredos de Benito, de autor an6nimo. 



VII 



Alto es el numero de las ediciones de textos espa- 
fioles,.clasicos y modernos, anotados con fines did^cti- 
cos, y algunos de considerable merito y de tan prove- 
chosa lectura para el estudiante de lengua y literatura 
espaiiolas como para el erudito. Si no todos, la mayo- 
ria de estos volumenes han pasado por nuestras ma- 
nos, mas seria imposible, dentro del sucinto plan que 
seguimos, incluirles entre las ediciones meramente eru- 
ditas que preceden, y entrar en su analisis. Lamenta- 
mos tener que pasar poco menos que en silencio, entre 
otras ediciones, la de Modernos lirlcos espanoles, anto- 
logia de los profesores E. C. Hills y S Griswold Mor- 
ley, cuyo estudio preliminar y acotaciones son dignos 
de particular alabanza, y cuya exposici6n y examen de 
la m^trica espaflola es de lo mas claro y preciso que 
conozco (1). Sobresalientes tambien, la edici6n erudita 



(1) En colaboracion, han publicado ambos catedr^ticos: /Worf^rn 
Spanish Lirycs, New-York, 1913, con su correspondiente edicion 
castellana. 

E. C. Hills tiene, ademis: Spanish Grammar (with Prof Ford), 
New-York, 1904; New-Mexican Spanish, en Modern Languages 
Association of America, 1906; Spanish Tales ford Beginners, New- 
York, 1909; y Spanish Short Stories (with Louise Reinhardt), New- 
York, 1913. 

S. Griswold Morley ha publicado: Notes on Spanish Sources of 
Moliere, en Publications of Modern languages Association of 
America, 1904; Spanish Ballads, Ntw-York, 1911; Doha Clarines 



COLECTORES Y COMENTARISTAS 353 

de El cantar de Rodrigo, publicada por Benjamin 
B. Bourland, de Adalberto College (1), y la diddctica 
de La vida es sueho, preparada por Guillermo Wistar 
C6mfort, de la Universidad Cornell (2); numerosas las 
de Jaime Geddes (hijo) y F. M. J6sselyn, catedraticos 
de la Universidad Boston (3). Los restantes colecto- 
res y comentaristas que he podido encontrar, y ten- 
go motivos para considerar la lista poco menos que 
completa, son Carlos Bransby, de la Universidad de 
California (4), Alicia H. Bushee (5), Bloom (6), Brdw- 
nell (7), O. Bunnell (8); Carter (9), H. Butler Clark (10), 



and Manana de Sol, de los Quinteros, y fragmentaria traducci6n 
intitulada. 

(1) The Rimed Chronicle of the Cid, en Revue Hispanique, 
191 1, vol. XXIV. Tambi^n ha impreso: Los Moriscos de Hornachos, 
en Modern Philology, 1904, vol. I; Don Gil de las Calzas Verdes, 
de Tirso de Molina, i\ew-York, 1901; El Sombrero de Tres Picas, 
de A!arc6n, New- York, 1907; y tiene en preparacidn El Alcalde de 
Zalamea, At Calder6n. 

(2) La vida es sueno, by D. Pedro Calderdn de la Barca. With 
Notes and Vocabulary, Ntw-York, 1914. Otrostrab^-jos de C6mfort: 
Notes on the «Poema del Cid>> in father Proof of his Spanish Na- 
tionality, en Modern Philology, 1903-1904; y The Moors in Spa- 
nish Popular Poetry, en Haver ford Essays, Haverford, 1909. 

(3) Entrambos, en colaboracion: O Lorura o Santidad, de Eche- 
garay, New- York, 1901; yWanfl«^/a, de Perez Galdds, New- York, 
1902; El SI de las Ninas, de Moratfn, New-York, 1903; y Gil Bias 
(version espanola del P. Isia), Bo«ton, etc., 1901. 

Oeddes, solo: La Coja y el Encogido, de Hartzenbusch. New- 
York, 1911. 

]o%%c\^x\: Etudes de Phonetique Espagnole (sin lugar ni fecha, 
pero, a juzgar por las citas, posterior a IQC^). 

(4) Baltasar, A Biblical Drama, by Q. Gdmez de Avellaneda, 
Nrw-York, 1908; Spanish Reader, New York; y Un Servilony un 
Liberalote, de Caballero, Ntw-York. 

(s) The "Sucesosn of Mateo Alemdn (edici6n erudita), en Revue 
Hispanique, 1911, vol. XXV. 

(6) Cuentos Castellanos (with Carter). Boston, 1902. 

(7) El Capitdn Veneno, de Aiarc6n. New- York. 

(8) Eiectra. de Perez Oild6s. New-York, etc., 1902. 

(9) V6ase Bloom. 

(10) El Lazarillo de Tormes (edici6n erudita). Oxford, 1897. 

23 



354 EL HISPANISMO EN NORTE -AM£RICA 

C Q Allen, de la Universidad Ldland Stdnford Ju- 
nior (1) Cusach (2), Carlos A. D6wner (3), Div>dson 
Se la UnVversidaV de Toronto (4), Alfredo Ehas (5 , 
P. B. Burnet (6), Garner (7), Eduardo Gray (8), Gu - 
llermo F. Giese, de la Universidad de Wisconsin (9), 
G. Gill, de Trinity C611ege (10) Jorge C H6wland 
de la UniVersidad de Chicago (U), Felipe Harry (12) 
Cool (13) Egardo S. Ingraham, de la Universidad de 
S State (14), H. Keniston (15). E. S. Lewis 16) 
G L. Uncofn (17), Luis A. Loiseaux, de la Universidad 
Columbia (18), Luis Imbert, de la misma Universi- 

(1) ~Vmcienne Versidn Espagnole de Kalila et Digna. Ma- 
con, 1906. vT %r 1 mm 

(3) Lectaras Modernas (with Elias). Boston etc., 1914. 

(4) Jos^, de Palacio Valdds. Boston, etc., 1900. 

S ItPa^Sade Alvareda, de Caballero. New-York, 1901 . 
? %uiTesella?, de Bret6n de los Herreros, New-York; y 
Essencialsof Spanish Grammar ^^w-York 1901. 
tK\ Af«r/fl«^/fl de Per«z Qados. New-York, 1902. 
9 nrs Cnish Book and Reader, New York, 1^02; N.v./as 
CorL by D Pedro A. de Alarcdn, Boston, 1906, y Spanish Anec- 

'%tLa''HS'^n7dl%ak '^picio, de Palacio Vald.s. New- 

^°(\\\ 7ara^ueta de Carri6n y Vital Aza. New-York, 1901. . 
[I2J frS/vMe TamayoyBaus (with Alfonso de Salvio). 

Boston, 1908. 

ll'i ltror^7otros Cuentos, de J. de Asensi Boston, 1905; y 
BrihpanishGramnier (with Edgren) Boston, 19 3 

(15) La Barraca, de Blascp ^ba^ez New->A)rk 1910 

MM nnna Pertecta, de Perez Qald6s. New-York, etc., »yu3. 
7 PeDUrfimTnez, de Valera, Boston, 1908; Los Alcaldes 
EncLradTi^^^^^^^ Publications of Modern Languages 

AssocttnofAn^ericJ: 1910 vol. XXV; yAn inipub^.h^d XVltH 
Century entremis, en Revue ^^/J^^^''^"^. 1910 vol. XXII. 

(18) Marianela, de Perez Gald6s, New-York 1903^« i^te 

' "^liL^i^LTliiS^tXkct^^^ Bret6n le lo's Herreros, Idem. 



COLECTORES Y COMENTARISTAS 355 

dad (1), H. A. Kenyon, de la Universidad de Michi- 
gan ,2), A. B. Johnson (3), A. R. Marsh (4), F. W. M6- 
rnson, de la Academia Naval (5), Juan E. Matzke (6), 
Nichols (7), Potter, de la Universidad Harvard (8). 
Turreil (9), H. H. Vaughan, de la Universidad de Pen- 
silyania (10), Alfredo Remy (11), Luisa Reinhardt (12), 
Madison Stathers, de la Universidad West Virginia (13) 
Isabel Wallace, de la Universidad de Chicago (14) 

^••'^^/?S^^LP^)' ^' ^- Umphrey (16), Aaron Witt- 
stein (17), W. T. Faulkner (18), E. Ward Olmsted (19), 

„• ^^^ imJ^"^/^n'^ Hombre (auto sacramental), en Romanic He- 
view, 1915, vol. VI. 

(2) La Mariposa Blanca, de Seigas. New-York 1910 

(3) Cuentos Modernos. New- York, 1908. ' 

Galdk ho^ilnXm?^' ^°^^^°' ^^P^^°^^ contempordnea, de P6rcz 
(5) Tres Comedias Modemas (La Muela deljuicio, de Carri6n- 
Las Solteronas,^tQoc^i^ Qnzd^o-^i Los Pantalones, de Barran- 
co), New-York, 1909; Cuentos Modernos (with De Han)- y La Ale- 
YoTk ^^P^^'^^ ^^^°^' ^^ P^'acio Valdes (with Churchman), Ncw- 

T.tl J^u'''^^3^'''^(f' ,^'ew-York, 1897; Un drama nuevo, de 
1 amayo y Baus, New- York. 

(7) Partir a tiempo, de Larra. New- York. 

(8) Cuentos alegres, de Taboada. Boston, 1907 

(9) Spanish Reader. New- York, 1908. 

!!?! ?/ Trovador, de Garcia Gutierrez. Boston, 1908. 

siUon ^'"'^'^^ Escogidas, de Alarc6n; y Spanish Compo- 

(12)' Vease Hills. 

JJ?J f " ^°\°- delCdntaro, de Lope de Vega. New- York, 1913. 

hV. 1:°- P'''t^^t(^ fasada, de Fray Luis de Le6n. Chicago, 1903. 

JJ Iv^ffr"'^"^"^ S^ri/a/tts, en Revue Hispanique, 1914, volu- 
men aaaii. 

(16) Aragonese Texts, now edited for the first time, idem, 1907. 
volumen XVL » ""•> 

ill! ^'^ «/i<frfiV/rrf Spanish Cancionero, idem, (dem. 

\,^ fK.k'i^ P'^''^^^'^"^ y °^''°^ cuentos, de Palacio Vald6s New- 
York, 1904. 

* ^^^1 V;Sfi'^*' ^'^'^^ and poems, de Gustavo A. B6cquer. Bos- 
ton, etc., 1907. 



356 EL HISPANISMO EN N0RTE-AM£RICA 

Silvestre Primer (1), C Fontaine (2), Alejandro W. 
Herdler (3), Marcon, de la Universidad Harvard (4), 
Todd, de la Universidad Columbia (5), R. E. Hou- 
se (6), Stathers (7), Burnet (8), Hendrix (9), R. 5el- 
den Rose, de la Universidad de California (10), y B. H. 
Clark (11). 



(\) Gttzmdn el Bueno, de Oil y Zirate. Boston, 1901. 

(2) Doce cuentos escogidos. New- York. 

(3) El desdin con el desdin, de Moreto, New- York; y Partlr a 
tiempo, de Mariano Larra, Ntw-York. 

(4) El Alcalde de Zalamea, de Calder6n (en preparaci6n). 

(5) Don Quijote: Selections (en preparaci6n). 

(6i The Comedia Radiana, de Agustin Ortiz. Chicago, 1910. 

(7) La Moza del Cdntaro, de Lope de Vega. New- York, 1913. 

(8) El capitdn Veneno, de Alarc6n (en preparacion). 

(9) Articulos escogldos, de Larra (en preparaci6n). 

f 10) El Passagero, de Sudrez de Figueroa. Madrid, 1914. 

(11) Masterpieces of Modern Spanish Drama. New-York, 1917. 



CAPlTULO XI 
Traductores y prologuistas. 

I 

Entramos en un capi'tulo que bien cabn'a denomiriar 
capitulo de culpas. Este de los traductores y prologuis- 
tas. Con muy contadas excepciones, las versiones nor- 
teamericanas de nuestras obras son impropias y desali- 
fiadas, hechas al parecer con exclusivos fines editoria- 
les y mercenarios. Por lo general, no les acompana el 
prop6sito de dar a conocer bellamente, con la debida 
fidelidad y arte, una literatura extranjera. Ni mas ni 
menos que entre nosotros, ocurre aqui que los autores 
miran las traducciones de reojo, como arte inferior. 
Mientras uno tenga cosas que decir, sacadas del propio 
meollo, piensan muchos, no vale la pena de ocuparse 
en difundir los frutos del ingenio ajeno. Consecuencia, 
que ese importante y delicado arte suele venir a menos 
en las pecadoras manos de aficionados. Y la verdad es, 
que s61o un maestro puede verier a su idioma las obras 
maestras. Considerando muy valioso, dificil y meritorio 
el arte de traducir, no veo razon alguna que justifique 
semejante desden. Poseer el conocimiento intimo de 
dos idiomas, de los matices y cambiantes de sus voca- 
blos, de su preciso valor y gradacion; conocer a fondo 
el tema que se traduce, y'las doctrinas, tendencias, es- 



358 EL HISPANISMO EN NORTE -AMfiRICA 

tilo y entera personalidad literaria del autor original; 
verter las ideas en el molde de otro lenguaje y vestir- 
las de nuevo con tal soltura y gentileza, con tal fluidez 
y propiedad que nadie las tenga por bastardas y extran- 
jeras: todo ello no es empresa literaria que pida sino 
mucho aliento, gran iaboriosidad, buen gusto y discer- 
nimiento. Eso de producir al lector extranjero la misma 
impresion que al nativo el escritor original, pocos tra- 
ductores lo logran. Y, sin embargo, nada menos de- 
manda una perfecta version. 

Dicho sea en honor de la verdad, la mayoria de los 
traductores que hemos de citar no conocen como Dios 
manda, cuando menos el castellano, ni atienden ni 
pueden atender al espiritu del autor, ni respetan su es- 
tilo, ni el orden y trabazon de pensamientos y frases, 
ni las mas crudas caracteristicas de su arte de escribir. 
iCuantos se cifien a la manera peculiar del escritor que 
trasladan,»y le siguen fielmente en lo solemne o fami- 
liar, lo llano florido, lo conciso o difuso, y perciben 
en sus puntuales terminos, sj^n irxurrir en exageracio- 
nes, lo patetico, lo humoristico, lo sublime de los es- 
critos que vierten? iCuantos los que se preocupan en 
distribuir el parrafo en igual o semejante numero de 
oraciones que el autor, en acoplar el preciso substanti- 
vo, el adjetivo especifico, y cuidando que no entren en 
numero mayor? Y todo ello lo impone, no obstante, el 
mas elemental concepto del arte de traducir. Sin duda, 
es el presente el ramo literario mas abandonado entre 
los diligentes espanolistas de por aca. Mucho sera que 
suban a media docena las traducciones de positivo m€- 
rito. La mayoria ni a mdtafrasis siquiera. 

Cuanto a los prologuistas, duele tambien decirlo, 
pero con los dados de una sola mano es posible contar 
los que han buceado un poco siquiera en la critica y di- 
cho algo concreto e interesante. No llegan, desde luego, 
al extremo de parecernos que de oidas nada mas cono- 
cen al escritorde que hablan, porque no somos nosotro$ 



TRADUCTORES Y PROLOGUISTAS 359 

quienes a tal extremo de severidad seamos capaces de 
llegar; mas es lo cierto que la mayaria semejan haber 
escrito su prologo para salir del paso, en ocasiones a 
todas luces de un mal paso, casi de un traspies literario. 
Dicen unos, de este o aquel autor, lo mismo que cual- 
quier voluminoso diccionario suele decir. Los respeta- 
bles senores que vaciaron su saber en el Diccionario 
Hlspano- Americano, en particular, bebieron el pensa- 
miento con milagrosa presciencia a muchos farfulleros 
prologuistas de hoy. Claro esta que no siempre aconte- 
ce asi, y buen testimonio de ello daran las siguientes 
paginas. Mas, en conjunto, despues de la solida labor 
que en los otros departamentos literarios hemos revisa- 
do, 6sta de los prologuistas y traductores resulta bas- 
tante floja. 

Sin ser cosa- corriente, no es tampoco raro ver a 
nuestros prologuistas poner, como fichas de domino, 
a unos escritores espafioles contemporaneos por encima 
de otros. Confieso que esto ha acabado por atraer mi 
atencidn. No me creo liamado ahora a corregir tales 
errores de perspectiva, y de no estar razonados prefie- 
ro pasarlos en silencio. Los autores en cuesti6n viven 
aun y es, cuando menos, prematuro establecer ese cri- 
terio cerrado y definitivo que tanto place a ciertos pro- 
loguistas. Mientras un escritor anda por el mundo en 
cuerpo y alma, no cabe asegurar que tenga ya escrita 
su mejor o su peor obra. S6lo la posteridad es capaz 
de establecer de modo casi definitivo, y no sin muchas 
alzas y bajas preliminares, la plaza que a cada escritor 
corresponde entre sus coetaneos. ^Quien sabe si ella 
dara todavia la raz6n a ciertos de nuestros prologuis- 
tas que colocan a Palacio Valdes, por ejemplo, sobre 
Perez Oald6s? Y vaya un ejemplo, para satisfacer la 
tal vez picada curiosidad de algunos lectores y seflores 
mios. 

Y tan preclaros nombres me llevan como de la mano 
a entrar en materia. Perez Oald6s, Echegaray y Pala- 



360 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

cio Vald^s son los linicos escritores espafioles digna- 
mente representados en la lengua inglesa, no tanto por 
la calidad de las versiones que les dan a conocer comp 
por su numero y variedad. Los demas, pertenezcan a la 
pasada generacion, como Pereda, Alarc6n, Valera, 
Campoamor, o la presente, apenas si tienen traducidas 
mds alia de un par de obras. 

Aqui, como en todas partes, el maestro Oaldos en- 
cabeza la lista de nuestros novelistas contemporineos. 
Bien o medianamente traducidas, por ahi circulan ver- 
siones de su Marianela, Dona Perjecta, Gloria, Leon 
Roch, Trafalgar, La corte de Carlos IV, Zaragoza, El 
abuelo y Electra (1). 

La novela espaiiola contemporanea — declaran Mo- 
rrison y Churchman, a la cabeza de su bien anotada 
edicion de La alegria del capitdn Ribot — , por su libe- 
ral amplitud y originalidad, por su acentuado naciona- 
lismo, al abarcar vida y costumbres espafiolas y los 
ideales patrioticos, es patente muestra de que el genio 
de la raza subsiste en todo su vigor. Y esta novela, 
Sana, limpia y patridtica, por su interes en los mds ge- 
nerales y hondos problemas humanos, posee igualmen- 
te la importancia aneja a las grandes literaturas (2). Y 
Guillermo Enrique Bishop agregara aun que esas cuali- 



(1) Marianela, a story of Spanish love, translated by Helen 
W. Lester, Cliicago, 1907; Marianela, translated by Clara Bell, 
New-York, 1883; aesta traiu:tora debense igualmente las versiones 
de O/^r/a (New-York, 18S2), Trafalgar (Ncw-York, 1884), Leon 
/?or/i (New-York. 1886), y Court of Charles IV (Ncw-York, 1888); 
Dona P^r/Vc/a, translated by Mary J. Serrano, with an introduction 
by William Dean Howells, New- York, 189 ; Saragassa, a story of 
Spanish valor, translated by Mina Caroline Smith, Boston. 1900; The 
Grandfather, drama in five acts, translated by Elizabeth Wallace, 
en Poet Lore, 1910. vol. XXF; Electra, a drama in five acts (tr^duc- 
tor anonimo), en The Drama, 1911, num.*?; y Pirez Galdos, ex- 
tracts from his writings, translated, en Warner's Library of the 
World's best Literature, New York, 18961898. vol. XI. 

(2) La alegria del capitdn R,ibot. Boston, 1906, pag. v. 



TRADUCTORES Y PROLOGUISTAS 361 

dades caracteristicas en todo tiempo de las letras espa- 
fiolas, su realismo, fina satira, buen sentido practice y 
viva fantasia, se hallan en las producciones de los no- 
velistas de este periodo en mayor grado que nunca. Y 
entre ellos, es Galdos quien mas atencion concede a 
Josgrandes problemas de la vida y del humano desti- 
no, lo cual no es obice para que en sus libros campee 
un sano yjugoso humorismo (1). Reflejase en ellos la 
palpitante tragedia de la vida moderna, que Galdos 
presenta con profundo sentido moral, con vivas ansias 
por las irremediables contradicciones que llevan apare- 
jadas por doquier la ignorancia y la intolerancia, con 
clasica serenidad, sin entrar en disputas ni ponercate- 
dra, y trazando, en fin, el panorama de la existencia 
espailola, en todos sus variados aspectos, tal como 61 lo 
ve, sin pesimismos ni optimismos, sino con tal varonil 
manera, con Ian amable y sano humorismo, que la co- 
rriente impresion de sus novelas no viene a ser, ni mu- 
cho menos, sombria o amarga (2). 

De muy admirable califica su arte de novelar el ac- 
tual decano de las letras norteamericanas. Llamale a 
H6^x'ells la atenci6n cuan triunfalmente logra Perez 
Galdos guardarse para si sus personates opiniones, y 
cuanta es su maestria al desenvolver la acci6n sin pro- 
feti/ar su curso, sin anunciar el tiempo; de modo gra- 
dual, con sus alternativas alzas y bajas, la atm6sfera se 
va haciendo tan densa e irrespirable que siente uno 
cada vez m^s cerca la tempestac} pasional que se aveci- 
na, hasta que al fin estalla, y el lector se queda sorpren- 



(1) William H. Bishop, Warner's Library, etc., vol. XI, p^gi- 
nas 6154 y 6155. Hillanse en csta colecci6n varias versicne^ frag- 
mentarias de novelas espanolas, debi^as a Bishop y otros traducto- 
res, asi como juicios criiicos de aqn^l sobre Perez (jalr6s (vol. XI), 
Pereda (vol. XIX), Valera (vol. XXVI) y Palacio Valdes (idem). 
Puede verse tambien su articulo intitulado A Day in Literary Ma- 
drid, en Scribner's Magazine. February, 1890. 

(2) Dona Perfecta. Edited by A. R. Marsh. Boston, 1897, pig. Xiil, 



362 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

dido de no haberla previsto desde el primer instante. 
Celebra luego el distinguido critico, a prop6sito de 
Dona Perfecta, la magistral concepcion de sus perso- 
najes, los cuales aun encarnando ciertos humanos de- 
fectos virtudes, son siempre complejos y sinteticos, 
verdaderas criaturas humanas que piensan, sienten y 
alientan lo mismisimo que si anduviesen, no por las 
paginas del libro, sino por esos mundos de Dios. Lo 
que alii se lee no es ficci6n, sueno, quimera. "Desde el 
principio hasta el fin, son como acontecimientos de la 
vida real en cuya presencia el lector no puede reprimir 
su compasi6n, su aborrecimiento, su admiraci6n, como 
si todo aquello fuera acaeciendo en el circulo de sus 
personales amistades». La Rosarito de Dona Perfecta 
es «una de las mas gentiles y puras imagenes de la don- 
cellez" que conoce en literatura. De la protagonista, de 
la tal Dofia Perfecta, que es «la figura mds trascenden- 
tal, la mas poderosa creaci6n del Jibrow, P6rez Gald6s 
ha sacado muy admirable partido. Compartiendo el cri- 
terio de la Pardo Bazan, no con^sidera Dona Perfecta 
novela resueltamente realista, sino como representativa 
mds bien de un momento de transici6n en la gradual 
evoluci6n del autor hacia el realismo. No es realista, 
por ser tendenciosa. El verdadero realismo nunca es 
tendencioso, ya que, sin aferrarse a los problemas hu- 
manos, se contenta con describir las humanas realida- 
des. Y quddale por advertir al critico que si de la nove- 
la hace tan subido elogio, no es porque carezca de 
faltas, que como tales han de considerarse ciertos anti- 
cuados artificios y resabios romanticos aca y alia, sino 
porque a pesar de ellos precisamente es tan hermosa y 
magnifica novela (1). 



(1) Prefacio a la mencionada versi6n de Dona Perfecta, pigi- 
nas Viii-xi. Anotemos de paso que la traductora de esta novela, Maria 
J. Serrano, ha puesto asimismo en lengua inglesa Dona Luz (New- 
York, 1891), de Valera, y, en Warner's Library, etc. (vol. X), la 



TRADUCTORES Y PROLOQUISTAS 363 

A todo ello — vendrd a decir el profesor Marsh — , 
unase como final e irresistible ti'tulo a nuestra admira- 
cion literaria, su estilo, singuiarmente rico y viril, capaz 
de irse acoplando a todos los matices y modalidades 
de la naturaieza humana, «capaz de elocuencia, de agu- 
deza y humorismo, de colera y desden, ya simple y 
llano, ya saturado con reflexiones y grandes recuerdos 
tradicionales, literarios u otros, de su raza" (1). 

Tocante a la labor dramatica del maestro, un prolo- 
guista anonimo, juzgandola a vuela pluma y por via de 
prefacio a la version de Electra, escribia: "Profesa ad- 
mi rar a Ibsen en Casa de muneca, y Los aparecidos, 
pero no entenderle ni mucho ni poco, en La senora del 
mar, tn EL constructor, o El pequeno Eyolf. Es decir, 
cuando Ibsen era mas convencional y teatralmente inte- 
ligible, Gald6s le comprendia, mas ahora era 6ste de- 
masiado irreductible y apegado a sus propios habitos 
mentales, para sentarse humildemente a los pies de su 
maestro y aprender los misterios del simbolismo". 
Podra servirse Perez Galdos del simbolismo para ex- 
presar sus pensamientos, mas la sutil fusi6n de la sig- 
nificacion intima con la palabra y accidn externas del 
maestro noruego, lograda a costa de tanto estudio, esc 
no ha de aprenderlo Galdos. Merced a su intuicion 
poetica, quizas aventaje a Sudermann, pero lo que no 
ha conseguido es dominar la tecnica ibseniana y con 
ella elevarse a nuevas regiones de la expresi6n artistica, 
como Hauptmann y Gabriel de Anunzio. Mas adelante 
agrega que ese mismo genio que, a semejanza de Har- 
dy, revela Gald6s en la vigorosa reproduccion de los 
caracteres secundarios, que respiran y viven y tienen 
sangre en las venas, perjudica hasta cierto punto su 



Elegta a Espana y Cancidn del pirata, dc Espronceda. Acerca de 
Nunez de Arce public6 brevisimo cnsayo en The Critic, 1903, vo- 
lumcn XUII. 
(1) Loc.cit.,^ig.yi\\\. 



364 EL HISPANISMO EN NORTE- AMERICA 

producci6n esc6nica; pues la personalidad, objetivos y 
acciones de aqu^llos nos distraen mds de la cuenta del 
hilo principal y de los importantes personajes de la 
acci6n dramatica. Por otra parte, estos ultimos adoptan 
con excesiva frecuencia actitudes mas o menos roman- 
ticas y extremadas y, pareciendonos demasiado te6ri- 
cos, no alcanzan nuestra completa simpatia y sostenido 
interns en sus personas y hechos. Ahora bien, la maes- 
Iria con que Galdos maneja el dialogo despista al lector 
o al espectador, quienes no llegan a caer en la cuenta 
de las wimprobabilidades psicol6gicaS". El dialogo, con 
su inspiracion, luminosidad, pasion e ingenio, con su 
verbo elocuente, fascina y no nos deja tiempo para re- 
parar en las deficiencias de su fuerza 16gica. Mas todo 
ello es puro embozo, ambiente, encantamiento, «no el 
hechizo caracteristico de un vital genio dramatico que, 
por su intrinseco poder y fuerza, arrastra la audiencia 
hacia la inevitable y convincente conclusion" (1). 

Cotejemos las dos versiones de Marianela, unica 
novela de Galdos mas de una vez traducida al ingl6s. 
En su ya aludido prefacio, Howells, declarado enemigo 
del romanticism© literario, recuerda que el escritor es- 
pafiol, antes de derivar su arte con rumbo al realismo, 
habia compuesto novelas romanticas, una de las cuales, 
por cierto, fatigole mucho al critico leer: Marianela. 
Howells tuvo en las manos evidentemente una de las 
versiones inglesas, y no el original espanol. Porque, de 
no ser asi, no habria pasado en silencio su lozania, su 
gracia gentilisima y sutil delicadeza, perdidas lamenta- 
blemente en su nuevo ropaje literario. Sobremanera, de 
aquel primor y limpidez del dialogo, ni idea siquiera 
da ninguna de ambas versiones. Asi como trabajillo le 
doy al que aspire conocer a trav^s de ellas el estilo gal- 
dosiano, que ni por asomo trasciende. De todas las 



(1) Electra, a drama in five acts (traductor an6nimo), en The 
Drama, 1911, num. 2, 



TRADUCTORES T PROLOQUISTAS 365 

producciones del novelista, no hay otra de tan dificil 
traducci6n como Marianela, porque la ternura exquisi- 
ta, el justo matiz, el tono sentimental, la mas cabal ar- 
monia entre el pensamiento sutil y la delicada forma 
son, en los principales pasajes, sus cualidades capitales. 

Cuyo delicado romanticismo no es 6bice para que 
las cuestiones esten tratadas, como expresa el catedr^- 
tico Geddes, con el vigor tan propio del novelista. Con 
exactitud agrega aquel que el cardcter de Marianela 
«requiere ser retratado por la mano de un maestro« y 
que "la importancia del sentimiento como factor esen- 
cial de nuestro ser apenas pudiera representarse de 
modo mas efectivo que por conducto de Pablo y 
Nela« (I). 

Reproducird a continuaci6n uno de los pasajes de 
Marianela que, por su indole narrativa, no ofrece espe- 
cial dificultad que no pueda salvar un traductor escru- 
puloso y regularmente familiarizado con la lengua cas- 
tellana. Pertenece el que copio al primer capitulo de la 
novela: 

«Se puso el sol. Tras.el breve crepusculo vino tran- 
quila y obscura la noche, en cuyo negro seno murieron 
poco a poco los liltimos rumores de la tierra sofiolienta, 
y el viajero siguio adelante en su camino, apresurando 
su paso a medida que avanzaba el de la noche. Iba por 
angosta vereda, de esas que sobre el cesped traza el 
constante pisar de hombres y brutos, y subia sin can- 
sancio por un cerro, en cuyas vertientes se alzaban pin- 
torescos grupos de guindos, hayas y robles. (Ya se ve 
que estamos en el Norte de Espafia.) 

»'Era un hombre de mediana edad, de complexi6n 
recia, buena talla, ancho de espaldas, resuelto de ade- 
manes, firme de andadura, basto de facciones, de mirar 
osado y vivo, ligero a pesar de su regular obesidad, y 



(1) Marianela. Edited by J. Qeddes (jr.) and Freeman M. Jos- 
selyn. Boston, etc., 1903, pdgs. ix y X. 



366 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

(dfgase de una vez, aunque sea prematuro) excelente 
persona por doquiera que se le mirara. Vestia el traje 
propio de los senores acomodados que viajan en vera- 
no, con el redondo sombrerete, que debe a su fealdad 
el nombre de hongo; gemelos de campo pendientes de 
una correa, y grueso bast6n que, entre paso y paso, le 
servia para apalear las zarzas cuando extendian sus ra- 
mas Uenas de afiladas ufias para atraparle la ropa. 

"Detuvose y, mirando a todo el circulo del horizon- 
te, parecia impaciente y desasosegado. Sin duda no 
tenia gran confianza en la exactitud de su itinerario, y 
aguafdaba el paso de algiin aldeano que le diese bue- 
nos informes topograficos para llegar pronto y derecha- 
mente a su destino. 

w — No puedo equivocarme — murmur6 — . Me di- 
jeron que atravesara el rio por la pasadera. . . asi lo 
hice. Despues que marchara adelante, siempre adelante. 
En efecto: alia, detras de mf, queda esa apreciable villa, 
a quien [1] yo Ilamaria Villafangosa por el buen surtido 
de lodos que hay en sus calles y caminos. . . De modo 
que, por aqui, adelante, siempre adelante. . . (me gusta 
esta frase, y si yo tuviera escudo no le pondria otra di- 
visa) he de llegar a las famosas minas de Socartes." 

Y ahora vea el lector c6mo han vertido en lengua 
inglesa semejante pasaje sus traductores. Subrayo todas 
las palabras y frases que ya varian el concepto del ori- 
ginal, ya son impropias o, cuando menos, poco felices. 
Entre parentesis, y tambien en letra bastardilla, cuan- 
tas omisiones han hecho los traductores. He aqui la 
version de Clara Bell: 

«The sun had set. After the brief interval of twi- 
light the night fell calm and dark, and. in its gloomy 



[1] iC6mo es — se nos ocurre preguntar de paso — qut ningiin 
anotador sefiala estc lamentable arcaismo de Perez Gald6s, quien a 
menudo emplea semejante pronombre relative sin antecedente de 
persona? 



TRADUCTORES Y PROLOOUISTAS 367 

bosom the last sounds of a sleepy world died gently 
away. The traveller went forward on his way, hastening 
his step as night came on; the path he followed was [de 
esas que sobre el cesped] narrow and worn by the con- 
stant tread of men and beasts, and [sin cansancio] led 
gently up a hill on whose verdant slopes grew pictures- 
que clumps of wild cherry trees, beeches and oaks. — 
The reader perceives that we are in the north of Spain. 

"Our traveller was a man of middle age, strongly 
built, tall and broad-shouldered; his movements were 
brisk and resolute, his step firm, his manner somewhat 
rugged, his eye bold and bright; his pace was nimble, 
considering that he was decidedly stout, and he was — 
the reader may at once be told, though somewhat pre- 
maturely — as good a soul as you may meet with any- 
where. He was dressed as a man in easy circumstances 
should be dressed for a journey in spring weather, with 
one of those round shady hats, which, from their ugly 
shape, have been nicknamed mushrooms (<'hongosw), a 
pair of field-glasses hanging to a strap, and a knotted 
stick which, when he did not use it to support his steps, 
served to push aside the brambles when they flung 
their thorny branches across so as to catch his dress. 

"He presently stopped, and gazing round the dim 
horizon, he seemed vexed and puzzled. He evidently 
was not sure of his way and was looking round for 
some passing native of the district "v/ho might give such 
topographical information as might enable him to reach 
[pronto y derechamente] his destination. 

w«I cannot be mistaken", he said to himself. «They 
told me to cross the river by the steppingstones — and 
I did so — then to walk on, [siempre] straight on. And 
there, to my right, I do in fact, see that detestable town 
which I should call «Villafangosa" by reason of the 
enormous amount of mud that chokes the streets [y ca- 
minos]. — Well then, I can but go «on, [siempre] straight 
on" — I rather like the phrase, and if I bore arms, I 



368 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

would adopt it for my motto — in order to find mysel 
at last at the famous mines of Socartes" (1). 

Comparese con la anterior, y con el original, la si- 
guiente traducci6n de Lester: 

«The sun had set. After the short twilight came th( 
tranquiie and shadow night, in whose [negro] boson 
gradually died the last sounds of a drowsy world. Th( 
traveller pressed forward on his way, hastening hi; 
steps as the night advanced. He followed on of th( 
narrow paths traced in the grass by the constant tramp 
ling of men and beasts. Unwearily he climbed a hill, or 
whose sides picturesque groups of "guinderos", bee- 
ches, and oaks lifted their heads. [Ya se ve que estamot 
en el Norte de Espana.] 

"He was a man of middle age, of fresh complexion 
of good height, broad of shoulder, resolute of mien 
[firme de andadura] with rugged features, and ar 
acute and penetrating glance [tiger o a pesar de su regu 
lar obesidad, y (dtgase de una vez aunque sea prematw 
ro) excelente persona por doquier que se le mirara]. He 
wore the dress adopted by wealthy men who travel ir 
the summer, whit the little round hat which owes to its 
ugliness the name of "mushroomw. A field-glass hung 
from a leathern strap, and a stout cane [que, entre past 
y paso, le servia para apalear las zarzas cuando exten- 
dian sus ramas llenas de afiladas unas para atraparle 
la ropa] was in his hand. 

wHe paused, and, looking at the circle of the hori- 
zon, appeared impatient and disturbed. It was evident 
that he had little confidence in the correctness of his 
route, and that he was listening for the step of some 
villager who might direct him [le diese buenos informes 
topog^dficos para llegar pronto y derechamente] to his 
destination. 



(1) Ed. clt., pdgs. 1 y 2. 



TRADUCTORES Y PROLOGUISTAS 369 

» «I cannot be mistaken", he murmured; «they told 
'me to cross the river by the stepping-stones. I did so. 
[Despues que marchara adelante, siempre adelante. En 
efecto: alia, detrds de mi, queda esa apreciable villa, a 
quienyo Uamaria Villajangosa por el buen surtido de 
lodos que hay en sus calles y caminos. . . De modo que, 
por aqui, adelante, siempre adelante. . . (me gusta esta 
/rase, y siyo tuviera escudo no le pondria otra divisa), 
he de llegar a las famosas minas de Socartes.] By this 
route, they said I should reach the mines of Socartes by 
keeping straight ahead" {\). 

No necesitan estas versiones comentario alguno. Si 
acaso, en italiano y con la consabida frasecilla: /Tra- 
duttori, traditori! 

En otros pasajes, en cambio, la versi6n de Lester 
me parece algo mas fiel que la de Bell. Vease, verbi- 
gracia, el dialogo de las flores, en el capitulo VI. Entre 
otras ligeras deficiencias, hay aUi una frase cuyo senti- 
do Bell trastorna enteramente; a proposito de las flores, 
el ciego dice que interiormente, con el alma, cree el ver 
algo del mundo exterior, Y en la traduccion de Bell no 
cs el ciego, sino las flores las que pueden ver interior- 
mente: 

"Pareceme que teniendolas en mi mano me dan 
a entender. . . no puedo decirte c6mo. . . que son boni- 
tas. Dentro de mi hay una cosa, no puedo decirte qu6, 
una cosa que responde a ellas. iAyi, Nela, se me figura 
que por dentro yo veo algo". 

Parrafo que Lester traduce asi: 

" "It seems to me that when holding them in my 
hand, they make me understand — I cannot tell you 
how— that they are beutiful. There is something within 
me — I cannot tell you what — that respond to them. 
Ah, Nela, fancy that within myself I see something." 



(1) Ed. cit, pdgs. 7 y 8. 

24 



370 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

Y en estos t^rminos Clara Bell: 

" « As I hold them in my hand I fancy that they make 
me feel and understand — I cannot tell you how — that 
they are pretty and gay. There is something inside me, 
that they seem to belong to, and that answer to them. 
Dow know, Nela, I fancy that they can really see, inside, 
as it were". 

En conjunto, la version de Bell es menos deficien- 
te (1). Lester se engulle bonitamente Iineas enteras, 
como, ademas de las anotadas, las diez ultimas del epi- 
logo; muestr^ particular dcsatino al acentuar las voces 
castellanas, y, contra lo que me parece el espiritu de la 
lengua inglesa, traslada a menudo las corrientes inver- 
siones de la nuestra. Ambos traductores emplean abun- 
dante niimero de palabras espafiolas, para dar a la no- 
vela seguramente « color local". Lester sobre todo, ha 
Uevado este abuso a un extremo irritante. Su versi6n 
esta plagada de vocablos que nadie se explicard por qu6 
no tradujo: fiQuien sabe?; sehor; sehora; sehorito mio; 
pobrecita; madre de Dios; cuartos; reales; pesetas; duros; 
hacienda; re-preciosa; monita; adios; por Dios; y, para 
mayor claridad sin duda, hasta /cdrcholis/. . . Recuer- 
danme tales traductores la fabulita de Iriarte intitulada 
Los dos loros y la cotorra. En cambio, en la postrer pa- 
gina de la novela, donde Galdos hace como que tras- 
lada del ingles el supuesto apunte de un turista brita- 
nico, y burlon subraya ciertas palabras para dar a en- 
tender que el turista las escribio, a fin de darse pisto, 
en castellano, nuestros traductores las han vertido al 
ingles. Verdad es que ciertos glosadores de esta novela, 
los seiiores Geddes y Josselyn, en su citada edici6n de 
Marianela, tan precipitada e insuficientemente anotada, 
no han percibido tampoco el humorismo de aquella 



(1) Esta traductora, cuyas versiones hemos visto bastante elogia- 
das, ha puesto tambien en lengua inglesa Don Braulio (New-York, 
1892), de Valera, asl como numerosas novelas delitalianoy aleman. 



TRADUCTORES Y PROLOGUISTAS 371 

pdgina. Y asi, refiri^ndose al substantive romance- 
ros{\), dicen: «Gald6s ha subrayado esta palabra evi- 
dentemente para darle enfasis, indicando que los poctas 
compusieron '-series enteras« de baladas, asi como so-. 
netos y madrigales. Por supuesto, Gald6s podia em- 
piear la palabra colectiva en vez de la especifica, si tal 
era su gustO" (2). Sorprende que los anotadores no 
hayan caido en la cuenta de que el autor subrayo ese 
vocablo, y todos los demas, para suponerlos escritos 
por el turista en castellano. Es claro el scntido satirico 
que campea en todo el pasaje, asi como la gracia y 
acierto de las palabras encajadas en letra bastardilla. 
No vale reparar en el errorcillo de takeajancy, por 
took a Jancy, con el cual D. Benito, yendo por lana 

(1) Como es sabido, el epflogo de la novela contiene estos pdrra- 
fos: «. . . fueron viajando por aquellos pai'ses unos extranjero^ de 
esos que Daman turistas, y luego que vieron el sarc6f3go de mar- 
mol erigido en el ccmenterio per la piedad rellgiosa y el afecto su- 
blime dc una ejeniplar mujer, se quedaron embobados de admira- 
ciOn, y sin mas averiguaciones escribieron en su cartera estos apun- 
tes, que con el titulo de Sketches from Cantabria public6 mds tardc 
un pcnddico ingles: «Lo que mis sorprende en Aldeacorba es cl 
esplendido scpulcro que guarda las cenizas de una ilustre joven ce- 
lebrc en aquel pais por su hermosura. Dona Mariquita Manuela 
imezptrtentcio a una de las familias mas nobles y acaudaladas de 
Cantabria: la familia dc Tellez Qir6n y de Trastamara. De un ca- 
Tictcr espintual, poetico y algo caprichoso, tuvo el antojo (take a 
tancy) de andar por los caminos tocando la guitarra y cantando 
odas a Calderon, y se vestia de andrajos para confundirse con la 
turba de mendigos, buscones, trovadores, toreros, frailes, hidalgos 
gitanos y muleteros, que en las kermesas forman csa abigarrada 
plebe espanola que subsiste y subsistira siemprc, independien^e y 
pintoresca, a pesar de los rails y de los peri6dicos que han empe- 
zado a introducirse en la Peninsula Occidental. El abaddt Villamo- 
jada lloraba habldndonos de los caprichos, dc las virtudes y de la 
belleza de la aristocrdtica ricahembra, la cual sabia prcsentarse en 
los saraos, fiestas y canas de Madrid con el porte (deportment) mas 
anstocrdtico. Es incalculable cl niimero de bellos roman(;eros,sox\t- 
tos y madrigales compuestos en honor dc esta gcntil doncella per 
todos los poetas cspanoIes.» 

(2) Ed. cit., pig. 210. 



372 EL HISPANISMO EN NORTE 'AMERICA 

sali6 trasquilado, al incurrir en el mismo defecto de 
que tan donosamente se burla. En resumen, no cabe 
duda de que al escribir romanceros, quiso reirse una 
vez mas a costa del turista y, probablemente, de sus 
futures glosadores. 

n 

Varias son las producciones dramaticas de Echega- 
rav vertidas, por autores norteamencanos, al ingles: t.1 
Zngaleoto.O locura o santidad Mariana, EL loco 
i^los,m hijode Don Juan y U ^^^tatUe callejera^^^^^ 
orimer drama existen dos versiones, la de N rdlmger, 
en Drosa y sin el prologo del original, y la mas recicn- 
e, Smbi/n en pro'sa, dl Lynch. O locura o sanUdady 

Mariana han sido traducidas ^^]'^'lf'l^ll';\ll2 
ces (n En su prefacio a la version de El grangaieoto, 
E R Hunt se extiende sobre la tdcnica significacion 
y m6rko de esta particular obra maestra de Echegaray 
a S diputa con razon por el mas famoso dramatur- 
go^de Espafla en los dos ultimos siglos. Declara esa «re- 
da y notable produccion" su «mas adusta y potente 
tragedL-s al par que la senala como unica tragedia de 

(1) The World and His Wife, a drama after the verse oi El gran 

Sn°19nrh?sfr«<Wr.^^^^^ by J. OarreU Underh.l., 

en The Drama (Noviembre de 1910). 



TRADUCTORES Y PROLOQUISTAS 373 

ociosa murmuracion en toda la literatura. No es "una 
comedia de hablillas de sociedad, como El misdntropo 
[de Molierc],ni una tragedia,de calumnias, como Otelo, 
sino obra unica, intermedia entre ambas, tragedia de 
murmuracion ociosa, no ruin, que es la sola tentativa 
de su genero en la literatura dramatical. Llama la aten- 
cion acerca de las particulares dificultades del asunto, 
que solo una voluntad resuelta a luchar contra fuerzas 
superiores se atreveria a afrontar, asi como nadie mas 
que un matematico pudiera haberlo planeado de modo 
tan simetrico, desarrollarlo con tal regularidad y pre- 
cision, y mantener en tan perfect© equilibrio los seis 
personajes de la tragedia. El curso de los aconteci- 
mientos, la gradacion de los efectos dramaticos, reve- 
lan el mas fino arte y un consumado dominio de la 
t^cnica. Inaugurase la acci6n con una situacion de com- 
pleta armonia domestica, los hechos se suceden con 
cabal naturalidad y logica, hasta culminar en la tragica 
ruina del hogar y la subsiguiente catastrofe de «mara- 
viiloso vigor y sentimiento". Y concluye Hunt que la 
obra es, en conjunto, «un senalado ejemplo del casi 
completo triunfo sobre intangibles e insuperables difi- 
cultades" (1). Aquella definitiva cualidad del m^s rigu- 
roso orden, trabaz6n y 16gica en las producciones de 
nuestro autor, no escapa tampoco a Carolina A. Grd- 
ham. Vemos al dramaturgo — dice — plantear su pro- 
blema en un pr61ogo o en las primeras escenas, e irlo 
despu<^s desenvolviendo hasta llegar a la final soluci6n 
con matematica regularidad y Idgica. Claro est^, que 
en lo de aplicar reglas y seguirlas, no hace ni mis ni 
menos que los demds dramaturges; diferenciase por- 
que, en lugar de mantener la ilusi6n de la realidad y, 
con ello, en suspenso el dnimo de los espectadores hasta 
el desenlace, Echegaray se dirige al publico y desde el 



(1) The Great Galeoto, etc., p^gs. v, ix y xii. 



374 EL HISPANISMO EN N0RTE-AM6RICA 

primer instante le pone al corriente del argumento (1). 

Asegura Hunt que no es El gran galeoto drama 
donde se encuentre el s6rdido y negro realismo, que 
deprime y roba vitalidad, de la tragedia ibseniana y 
moderna. «He aqui, para nuestro consuelo, una trage- 
dia a lo grande, conmovedora, estimulante, que entre- 
laza el destino y la responsabilidad moral a fin de pro- 
ducir, como final efecto, la verdadera reacci6n y es- 
ti'mulo tragicos. Al caer el teidn, la piedad y el temor 
aristot^licos embargan todos los corazones". El teatro 
de Echegaray interesa, mas no divierte — afirman Jos- 
selyn y Oeddes, en su edicion anotada de O locura o 
santidad — , porque su prop6sito siempre a la vista es 
darle una alta significacion moral. Limpia de ironias 
sangrientas y tendencias antisociales, su labor dramati- 
ca, tan diferente en esto de las de Ibsen y sus discipu- 
los, posee un positive valor etico, en su constante exal- 
tacion de los mas absolutos y puros ideales. En punto 
de honra, no cabe compararlo por su austeridad y fie- 
reza mds que con Calder6n. Merece, en verdad, el ca- 
lificativo de tragico «por temperamento y sentjdo mo- 
ral". Pintar las bellezas que el mundo encierra y com- 
batir denodadamente el vicio en todas sus formas, tal 
parece ser su misi6n artistica (2). 

No obstante, con tino observa Grdham que si el 
dramaturgo pinta y ensalza la viva fortaleza de carac- 
ter, la integridad moral, los altos y nobles fines, es para 
encarnarlos unicamente en individuos aislados que lu- 
chan en medio de un ambiente villano y perfido. 

Para Geddes y Josselyn es en las obras tragicas 



(1) Some Aspects of Echegaray, by Katherine A. Graham, en 
Poet Lore, 1910, vol. XXI. 

(2) O locura o santidad. Edited by J. Geddes (jr.) and F. M. 
Josselyn, Boston, 1901, pdgs. vi y vii. Una de las versiones norte- 
americanas de este drama se represento en el Teatro Trem6n, de 
Boston, en el afiq 1900, en una serie de media docena de representa- 
ciones de las mds grandes obras dramdticas del siglo XIX. 



TRADUCTORES Y PROLOGUISTAS 375 

donde brillan con todo esplendor la originalidad e in- 
ventiva del dramaturge. Por sus romanticas ideas, som- 
brio colorido, ingeniosos efectos escenicos y sorpren- 
dentes situaciones, ha sido su dramatica justamente 
comparada con la de Victor Hugo. Mas, a diferencia de 
Shakespeare, Calderon y Moliere, los grandes maestros 
que tom6 por modelos, Echegaray apenas si ha logrado 
darnos un tipo, un personaje, definitivo. De otra parte, 
a su puro exceso de imaginacion, a su libre genio y 
extraordinaria facilidad para componer, mas que otra 
cosa, atribuyen los amaneramientos del dramaturge 
madrileno. «Es su principal titulo el de creador, pues 
en una 6poca en que casi toda Espaiia andaba en plena 
decadencia, llego el a concertar atractivamente el ro- 
manticismo de Angel de Saavedra, Hugo y Dumas 
(padre), con el clasicismo de Lope, Calderon y Rojas, 
asi como tambien, hasta cierto punto, con el drama 
shakespearianow (1). 

De las versiones de sus obras me han llamado la 
atenci6n, en particular, la de Elgrangaleoto, de Lynch, 
y la de Mariana — produccion dramatica de «tremenda 
importancia", al decir de Smith — (2), de Sarda y 
Wuppermann. Aquella, por haber conservado el traduc- 
tor la fuerza dramatica del original, en sus menores 
detalles, y 6sta por ser, ademds, bastante esmerada. Si 
bien, ninguna, version modelo. En la de Lynch vemos 
puesto en prosa el verso de Echegaray, y en la de Sar- 
da y Wuppermann arbitrariedades menores, como eli- 
minaci6n de la divisi6n por escenas y correccion a 
gusto de los traductores de algunas acotaciones del 
libreto. V6ase uno de los mejores fragmentos de esta 
versi6n, donde se traslada con fidelidad, no ya el sen- 
tido, sino el estilo entrecortado, vivo, anhelante del 



(1) Prdl. cit., pdgs. VI y Vill. 

(2) JosS Eches;aray, by Nora Archibald Smith, en Poet Lore, 
1909, vol. XX, pig. 224. 



376 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

parlamento de Mariana, en la escena VI del segundo 
acto. Vaya por delante el original. 

"Mariana. — Escuche usted. Yo tenia ocho aiios. . . 
debieron ser las dos o las tres de la maflana. . . estaba 
durmiendo en mi camita y softe que le daba muchos 
besos a mi mufieca, porque me habiaUamado «mama". 
La mufieca de pronto me beso tambien, pero con tanta 
fuerza, que me hizo dafio, y la muneca se hizo muy 
grande: y era mi madre que me tenia en sus brazos: y 
yo. . . ya no dormia: no era sueno: estaba despierta. 
Detras de mi madre estaba un hombre en pie: era Al- 
varado que decfa: «jVen!" Y mi madre deci'a: «|No; 
sin ella, no!" Y el dijo: "jQue diablo, pues con ella!" 
Despues, aquello parecia otro sueno; una pesadilla; 
algo que gira y oprime. Mi madre, vistiendome como 
puede vestir una loca a una muneca, a sacudidas, a ti- 
rones, a golpes casi. Y Alvarado, en voz baja, acosdn- 
dola: "Pronto, pronto, de prisaw. jYo no he sentido 
nunca sensaci6n semejante! jAquello era trivial, era 
grotesco, pero horrible! Las mediecitas sin acabar de 
subirlas; las botitas sin acabar de abrocharlas; los pan- 
taloncillos al reves; las enaguillas con la abertura a un 
lado; el vestido medio suelto, por mas que yo decfa: 
wjFaltan corchetes, faltan corchetes!" Pero es que Alva- 
rado repetia: "Pronto, pronto; aprisa, aprisa!» Luego, 
un abrigo de mi madre liado al cuerpo; luego, una to- 
quilla, que me ahogaba, liada a la cabeza; luego, co- 
germe mi madre en sus brazos; luego, entrar en un 
coche que corre mucho, y luego oi un beso y pens6: 
«Pero, Dios mio, a quien ha sido: a mf no me ha besa- 
do nadiew. jAy, madre mfa, madre mia! ...» 

Cuyo parlamento, Sarda y Wuppermann vierten 
como sigue: 

"Mariana. — Listen to me I was eight years old. 
One morning — it must have been about two or three 
o'clock — I was sleeping in my little bed and dreaming 
that I was kissing my doll because she had called me 



TRADUCTORES Y PROLOQUISTAS 377 

«Mania". Suddenly the doll kissed me, too, but so vio- 
lently that she hurt me, and the doll grew very big, 
and no>x' it was my mother holding me in her arms — 
and — I wasn't asleep any more. It wasn't a dream. I 
was awake Behind my mt)ther stood a man. It was Al- 
varado saying to my mother, «Come on", and my mo- 
ther replied, «No, not without her!», and he said, "All 
right; take her along then». Then followed what see- 
med like another dream — this time a nightmare [algo 
que gira y oprime]. My mother was dressing me as a 
mad woman might dress a mariOfimette, shaking and 
pulling: me, almost kicking me, and Alvarado incessant- 
ly [en voz baja] urging her on, «Quick! [/pronto/] Hu- 
rry up!" I have never experienced anything like that. 
It was grotesque, absurd an yet awful! My little stock- 
ings half down, my little shoes unbottened [los pan- 
taloncillos alreves], my undershirt across my shoulders, 
my dress half loose, and I continually crying to her, 
"There are hooks undone still! There are hooks still 
undone!" But Alvarado was repeating, "Quick! [/pron- 
to/] Hurry up!" Then they tied a coat of my mother 
around my body and a shawl that nearly suffocated 
me. [Luego] My mother took me in her arms. T/ie next 
moment we were being whirled along in a carriage at a 
breakneck pace, [y luego] I remember hearing a kiss 
and thinking . [Pero, Dios mto,] Worn has she kissed? I 
didn't get a kiss». Oh, my mother, my mother!* 

Aparte las frases que, por debilitar la idea, subra- 
yamos, y las omisiones que en castellano hemos inter- 
calado, triviales algunas, aunque menos de lo que a 
simple vista puedan parecerlo, importantes otras, como 
la exclamacidn «iQue diablo!...", cuya entera frase 
hubiera conservado toda la energia del original, asf 
vertida: uThe devil/ Take her along then!»; la traduc- 
ci6n de Sarda y Wuppermann, en este pasaje, como en 
todos los demas, es muy aceptable. 



378 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 



III 



Afirmfiba Guillermo H. Bishop que de los cuatro 
prdceres de la novela espafiola contemporanea — Va- 
lera, Galdos, Pereda y Palacio Valdes — , es el ultimo 
tal vez quien traza m^s delicadamente el rasgo sen- 
timental, pinta con mas vcrdad y justeza la ternura 
humana, y revela mas sano humorismo, soleado humo- 
rismo que arranca limpias sonrisas sin dejos de amar- 
gura (1). Y a ese realismo sentimental, con pinceladas 
de amable satira, atribuyo la cordial acogida que las 
novelas del escritor asturiano obtienen* entre lectores 
y literatos de Norte- America. Quizas sea el unico de 
nuestros novelistas que ha llegado a vender de la sola 
version inglesa de una obra mas de doscientos mil 
ejemplares, que tal es el caso de Maximina. 

Ademas de esta, hallanse en lengua inglesa Marta y 
Maria, La alegria del capitdn Ribot (dos versiones), El 
origen del pensamiento, La fe, La espuma, Jose (tradu- 
cido ya en ocho idiomas), El maestrante, La hermana 
de San Sulpicio, El cuarto poder, El purltano y varios 
fragmentos de Papeles del Doctor Angelica (2). El fino 



(1) Warner's Library, etc., vol. XI, pig. 6155. 

(2) The Marquis of Penalta (Marta y Marta), a realistic social 
novel, translated by Nathan Haskell Dole, Kcw-York, 1886: a este 
traductor debese tambien la version de La hermana de San Sulpi- 
cio; The joy of Captain Ribot, translated by Mina Caroline Smith, 
New-York, 1900: traducida igualmente por M. C. White; The Ori- 
gen of Thought, a novel translated by Isabel F. Hapgood, New- 
York, 18Q4: Hapgood hizo asimismo la version de Lafe: Clara Bell, 
la de La espuma: Raquel Chalice, la de El cuarto poder y El maes- 
trante (Londres, 1894); Josd, translated by Mina Caroline Smith, 
New-York, 1901; Maximina, translated by Nathan Haskell Dole, 
New- York, 1888; / Puritani, by A. Palacio Valdes, translated by 
S. Qriswold Morley, en Poet Lore, 1905, vol. XVI; en esta misma re- 
vista, y niimero, tiene el traductor un trticulo intitulado The novels 



TRADUCTORES Y PROLOGUISTAS 379 

humorismo que fue siempre atributo esencial de las le- 
tras espanolas — manifiesta Silvestre Baxter — , mane- 
jalo el novelista asturiano con toda maestria; es tal 
humorismo peninsular, que satura los libros de Palacio 
Valdes, de jugosa, amable y encantadora especie y el 
que, entre todos los extranjeros, sin excluir el britani- 
co, mas se asemeja al humorismo norteamericano (1). 
Y "Con flechas de amable ironia traspasa aquel las hu- 
manas flaquezas, ironia suavizada por el delicado hu- 
morismo que constituye uno de los mas penetrantes 
hechizos de su producciou" (2). «En la clara percepcion 
de lo que es pintoresco y propio de su raza, y en su 
deseo de dar artistica expresion a sus peculiaridades, 
al par que estudia con vena satirica, humoristica, el 
fondo humano y universal, Valdes perpetua el espiritu 
satirico de Quevedo, prosigue los ensayos costumbris- 
tas espanolcs de Juan de Zabaleta y los de igual g^ne- 
ro debidos, en el periodo moderno, a Mesonero Roma- 
nos, Larra y Estebanez Calder6n. El sentimiento de lo 
pintoresco, la conciencia de las caracteristicas y cos- 
tumbres nacionales, aparecen estampadas desde tem- 
prana fecha en la prosa espafiola, y quizas sea ahora 
Valdes quien responde mas fielmente que cualquicra 
de sus colegas a esta tradici6n literaria» (3). 

Palacio Valdes es sin duda realista, mas no a la ma- 
nera de aquellos que se limitan a enfocar el lado gro- 



of A. Palacio Valdes; Selections from < Doctor Angelica's Manu- 
scriptsu, translated by S. Griswold Morley, en Poet Lore, 1913. vo- 
lumen XXIV. 

(1) A Great Modern Spaniard, by Syhtsicr Baxter, en Atlantic 
Monthly, 1900, vol. LXXXV. Este articulista puso pr61ogo a la ver- 
si6n de La alegrla del capitdn Ribot, hecha por Smith. 

(2) Jos^. Edited by F. J. A. Davidson. Boston, etc., 1900, pd- 
gina IX. 

(3) La alegrla del capitdn Ribot. Edited by Morrison y Church- 
man, Boston, 1906, pdg. xii. Vease la critica de Marta y Maria, 
debida a Howells, en Harper's New Monthly Magazine, Apri. 
1886, vol. LXXII. 



380 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

sero o desagradable de la naturaleza humana y de la 
humana experiencia; rcalista en sus m^todos de obser- 
vacion y en sus procedimientos artisticos, realista por- 
que estudia la vida y con exactitud la describe, mas 
idealista por su fe en las virtudes del hombre (1). Es el 
novelista asturiano, al entender de Davidson, poeta que 
sin idealizar sabe extraer y presentar a sus lectores con 
todo amory verdad la idealidad y belleza que encierra 
el vivir cotidiano (2). Realista — vendra a explicar 
Sh6werman en su brillante estudio, el mejor publica- 
do hasta la fecha sobre Palacio Valdes — , porque su 
escenario y ambiente son reales, y sus hombres y mu- 
jeres de carne y hueso; realista, si, pero no de los que 
se ensanan en la pintura de las cosas inmundas o inno- 
bles de la existencia. Su realismo es idealista. Y a mas 
de poeta realista, es artista, artista por temperamento, 
en la teoria y en la practica. Mas aiin, gran artista. «La 
cualidad que hace de este poeta realista gran artista es 
una de las menos corrientes, y cuya ausencia es mas 
de lamentar: la sencillisima cualidad de la justa medi- 
da«. Y Showerman insiste con acierto en este substan- 
tive atributo de su genio, en esta moderacion y armo- 
niosa perspectiva que en todo muestra,en el argumento, 
el fondo y los personajes. No ya verosimiles, sino sim- 
ples y humanos son sus asuntos. Criaturas, y no tipos 
meiodramaticos, sus caracteres. Sencillez, equilibrio, 
buen gusto y armonia distinguen su produccion. «En 
una palabra, el arte de Valdes, en sus mementos afor- 
tunados, posee las cualidades que Enrique Lechat atri- 
buye al arte heleno: proporcion, sencillez, distincion 
sin esfuerzo, precision sin obduracionw. Sabia ponde- 
raci6n que igualmente revela en el fondo que sirve de 
escenario a la acci6n y los personajes. Mesura en su 
apropiada dicci6n, que le impide poner en labios de 



(1) La alegria del capitdn Ribot, pdgs. VI y Vll. 

(2) Jos^, etc., pdg. IX. 



TRADUCTORES Y PROLOQUISTAS 381 

todos sus personajes, por baja que sea su condici6n so- 
cial, el mismo lenguaje atildado y elegante de Valera; 
ni emplea los provincialismos de Pereda, ni es su es- 
tilo exquisite, como el de Valle-Inclan, ni desalifiado, 
como el de Blasco Ibanez, ni es, en fin, verbose o ret6- 
rico, si bien, teniendo la palabra por medio artistico, 
su lenguaje corre suave y fluente. Y Showerman — que 
es quien, en parecidos t^rminos, esta diciendo cuanto 
antecede — aftade que para Palacio Valdes, como para 
los clasicos de la antigiiedad, el elemento humano lo es 
todo, y mero accesorio lo demas. En punto a distinti- 
vas clasicas, atribiiyele asimismo la de no discutir los 
pensamientos ni las conclusiones de sus personajes. 
Raramente se le escapa una opini6n personal, y ya pue- 
de el lector perderse en conjeturas acerca de si el nove- 
lista es catolico o librepensador, esto o aquello o lo de 
mas alia. Tal es su serenidad, y tan vivos e indepen- 
dientes sus personajes. «Valdes crea criaturas anima- 
das, y les pone a obrar^ por su propia cuenta y ra- 
zon (1). Davidson, profesor de la Universidad de To- 
ronto, tambien habla de su estilo simple y energico, 
de su justeza en las descripciones, de su equilibrio en 
la composici6n, de la proporcion £xquisita que entre 
si guardan (en el relato) personajes y episodios, de su 
sobriedad en los pormenores (2). 

Empero, a tal punto les parece desigual su genio a 
Churchman y M6rrison, y tan senalados ciertos defec- 
tos de estilo y la general falta de sutileza y complejidad 
en el proceso mental de sus personajes, que vacilan, 
se consultan, se afligen, meditan y sudan los dos cate- 
drlticos, los dos colectores, los dos prologuistas— pien- 
se el lector que el caso es grave — sobre si debe Ua- 
marsele o no gran novelista, a pesar de su talento en 



(1) Palacio ValdSs, a Spanish novelist, by Q. Showerman, en 
Sewance Review, 1914, vol. XXII, pdgs. 398-403. 

(2) Loc. cit., pig. XI. 



382 EL HISPANISMO EN NORTE -AM£RICA 

la creaci6n de caracteres y del vigor 6tico de sus pro- 
ducciones. Ahora bien, lo que le falta a Palacio Valdes 
de filosofo, siiplelo felizmente una intuicion de poeta 
que, elev^ndole a gran altura, le permite descubrir las 
verdades de la experiencia humana (1). Si, confirmar^ 
Sh6werman, el asturiano no es en todo infalible. Tal 
cual vez da una nota falsa, o describe una falsa situa- 
ci6n. Como psicologo, se le considera inferior a Perez 
Gald6s, en virtud de cierta superficial ligereza que al- 
gunos lleguen a calificar de falta de intensidad. Y aqui, 
en medio de otras prudentes consideraciones, Sh6wer- 
man declara que la justa medida y ponderacion, y su 
consiguiente calma y serenidad, no son atributos litera- 
rios que sepa apreciar como es debido nuestro febril y 
apresurado siglo, y mucho menos los lectores del norte 
de Europa y de los Estados Unidos, acostumbrados a 
exageraciones, a verdaderas torsiones jiterarias; no 
siendo tampoco extraiio que la claridad se confunda con 
la superficialidad y lamera turbiedad con lo profundo. 
No por ser la de Palacio Valdes obra serena, deja de ser 
honda; en sus paginas alientan con poderoso vigor to- 
das las pasiones humanas, y es frecuente el desfile de 
escenas que, por su intensa emocion, perduran larga- 
mente en la memoria de los lectores. Aunque no se le 
ponga al nivel de los mas grandes genios de la novela, 
de un Thackeray o de un Balzac, posee el escritor de 
Asturias cualidades que difi'cilmente habra quien las 
iguale. «Por su agudeza en la observacion, por su ins- 
tinto de artista en la selecci6n, por su realismo y ver- 
dad, y su alejamiento sistematico de lo improbable, 
por su justa mesura en todos y cada uno de los aspec- 
tos literarios, no sera mucho' decir que ningun nove- 
lista espanol ni extranjero compuso media docena de 
novelas que aventajen a las seis mejores que han salido 



(1) La alegrla del capitdn Ribot, etc., pigs, yi y X. 



TRADUCTORES Y PROLOQUISTAS 383 

de su pluma" (1). Ni el elogio, ni el adverse criticismo, 
ni las seducciones de esta o aquella escuela literaria, 
han logrado amenguar su originalidad (2). Novelista en 
el mds noble y alto sentido de la palabra — concluira 
Baxter — , no se contenta con solazar, sine que quiere 
ser y es «interprete de la vida". 

Entre las versiones mas plausibles de las novelas de 
Palacio Valdes, figura la que Minna Carolina Smith ha 
hecho de Lm. alegria del capitdn Ribot. Como en casi to- 
das las traducciones, un entero caudal de bellezas lite- 
rarias del original se ha perdido. Esto va de suyo. Hay 
giros de palabra o de sentido, matices verbales que 
afectan intimamente el sentimiento o la idea, que se 
disipan como humo al intentar trasladarlos a otro idio- 
ma, y que en la mayoria de los casos ni el propio tra- 
ductor, por su calidad de extranjero, es capaz de per- 
cibir. Mas, en conjunto, la citada versi6n de la seiiora 
Smith esta hecha con cuidado. Rara vez ha interpretado 
torcidamente el sentido del original, o de el se ha apar- 
tado deliberadamente. De ambas cosas, sin embargo, 
pueden extraerse ejemplos. He aqui un parrafo donde 
vemos juntamente una idea mal entendida y otra reem- 
plazada adrede. En el capitulo VIII, se expresa el capi- 
tdn Ribot como sigue: 

«Si la suerte caprichosa me arrastra alguna vez, 
como Larra, a enamorarme de una mujer que pertenez- 
ca a otro (aqui mi voz no pudo menos de alterarse), no 
tratare perfidamente de arrancaria el carino de su ma- 
rido para conquistar el placer, no la alegria. Tampoco 
me abrasare el cerebro aterrando sin piedad a los 
mios. . . " 

Y Smith lo traduce asi: 

«. . . If caprichous fortune should ever drag me, like 
Larra, into being enamored of a woman who belonged 



(1) Showerman, rev. cit., pigs. 403 y 404. 

(2) Davidson, prol. cit, pdg. viil. 



384 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

to another" (here my voice did not change in the least), 
«I should not perfidiously attempt to gain her affection 
away from her husband, to win pleasure or joy. At 
least, I should not hesitate to strike down my own joy 
pitilessly. . .» (1). 

Copiemos de la novela un fragmento del epilogo, a 
continuaci6n, y su correspondiente versi6n, cuyo trozo, 
no obstante mas de un error que subrayamos y que cla- 
ramente saltan a la vista, es de lo mejor traducido del 
libro. Habla, de nuevo, el capitan Ribot: 

«Nada mas apetezco. Seguro del afecto de los seres 
que amo y de mi propia estimacion, contemplo con 
calma el curso de las hor^s divinas. La nieve cae lenta- 
mente sobre mi cabeza, pero no llega al corazon. Ni la 
pilida envidia ni el negro tedio penetran tampoco en 
^1. Y si, como he oido repetidas veces a Castell, la vida 
no tiene scntido, yo estoy persuadido de que he sabido 
darselo. Para mi tiene un sabor delicado, exquisito. 
Soy el artista de mi dicha: este pensamiento aumenta 
mi gozo. 

wY cuando la muerte inexorable llame a mi puerta 
no tendra que llamar dos veces. Con pie firme y cora- 
z6n tranquilo saldre a su encuentro y le dire entregan- 
dole mi mano: «He cumplido con mi deber y he vivido 
feliz. A nadie he hecho daiio. Ora me invites a un suefio 
dulce y eterno, ora a una nueva encarnaci6n de la fuerza 
impalpable que me anima, nada temo. Aqui me tienes«. 

"jPero no, no es la muerte quien llama en este mo- 
mento a mi puerta! Es la vida esplendorosa, inmortal, 
divina. Desde mi balcon abierto la siento y la veo. El 
sol nada en el firmamento y desparrama sus rayos por 
la huerta. Las flores brillan y exhalan su perfume. Esta 
luz y estos aromas me embriagan. Todo rie, todo se 
agita, todo canta en el mundo que diviso desde mi 



(I) Ed. cit, pig. 140. 



TRADUCTORES Y PROLOGUISTAS 385 

balcdn. Todo rie, todo se agita, todo canta en el mundo 
magico que he creado en mi pecho. Hermosa es la vida. 
Su soplo fecundo acaricia mis sienes. |Qu6 alegria en 
esta fresca manana de primavera! Los pajaros entrc el 
loilaje cantan con voz melodiosa un gozoso concierto 
a los rayos del sol. 

"Pero yo no cambiaria por todas sus voces melo- 
diosas la que ahora me llama impaciente desde la es- 
calera. 

"— jTio Ribot, que te espero! 
>> — Alia voy, hija mia, all^ voy!" 
Y acompafiemos la versibn de Smith: 
"There is nothing more that I long for. Secure in 
the affection of these beings that I love, and in my own 
self-respect, I watch calmly the fleeting of the [divinas] 
hours. Snow has begun to show slowly about my tem- 
ples, but it does not touch my heart. Neither [pdlida] 
envy nor [negro] boredom enters it. And if, as I have 
heard Castell say many times, life has not flavor, I am 
persuaded that he does not knov what it can give. For 
me it has a delicate, exquisite savor. / am an artist in 
happiness. This thought increases my pleasures. 

"And when inexorable death knotcks at my door 
I shall not wait for him to call twice. With firm step 
and tranquil heart, I will go to meet him, and giving 
him my hand say: 

" «I have done my duty, and I have lived happily. 
Nobody has suffered because of me. Whether I am led 
to a sweet eternal sleep, or to a new incarnation of 
this impalpable force that fills me, I have no fear. Hear 
I am!w 

"But, no! it is not death that will in that moment 
knock at my door. It is life, radiant, immortal, divine! 
From my opened window I feel it and see it. The sun 
rises in the firmament and sheds its rays upon the gar- 
den. The flowers, shining, exhale their perfume. This 
light and these odors intoxicate me. Everything is riant, 

25 



386 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

Stirring, singing, in the world that I behold from my 
balcony. [Todo rie, todo se agita, todo canta en el mun- 
do mdgico que he creado en ml pecho.] Beautiful is mei 
Her fruitful breath meets my own softly. What joy in the 
freshness of this springtime morningl The birds among 
the boughs sing joyfully with melodious voices in con- 
cert with the sunbeams. „ ^, . , a- ... 
«But I would not exchange all their me odious 
voices for one that is now calling me impaciently from 

the stairway: . . r i 

V «Uncle Ribot, I am waiting for you!" 
« u\ am coming, my girlie; I am coming". 

IV 

En mds de veinte idiomas pueden lecrse los dramas 
de Guimera. Escritores de esta tierra vertieron al ing 6j 
Maria Rosa, Tierra bajayLa pecadora (Damela), y las 
tres se han representado aqui, si no con el merecidc 
entusiasmo que despiertan en los publicos espanoles 
con general aplauso (1). Girret Underhill en su prefa 
cio a la versi6n de Tierra baja, describe al dramaturge 
Catalan como uno de los mas vigorosos e insignei 
maestros del teatro contemporaneo. Posee Ouimeri 
— escribia — una loca imaginaci6n, potente, fiera, que 
«llameando de siibito ilumina escenas enteras, como s 
fuera la directa luz de la verdad", con un arte que, po 

m Maria Rosa, traducida por Wallace Gillpatricky estrenad 
el 1913 en Boston; yWarte^/. the Rowlands (Tierra baixa, irzns]^ 
ted by Wallace Gillpatrick, with an introduction by J. Garret Un 
derhill Garden City, 1914. Tierra baja se puso en escena, en ingle 
por la compaiiia de^Hirrison Grey Fiske, el 1903, en el teatro Man 
hattan de Nueva York. Posteriormente se ha representado van. 
Seces en otros coliseos de los^Estados Unidos^ '^K^^t''' ^ 
niela), translated by William GiUpatnck. New-York, 1916. 



TRADUCTORES T PROLOQUISTAS 387 

parecer ajeno a todos los artificios teatrales, impresiona 
con su eficaz y patente veracidad. Supremo maestro en 
presentar las situaciones dramaticas con toda su liana 
intensidad, fuerza y realismo, vase al fondo de cllas 
derechamente, sin que jamas aparezcan calculaditas y 
dispuestas con excesivo esmero y preparaci6n. Tal es 
la caractcristica de su genio, la cual no hay escritor de 
nuestro tiempo que posea en tan alto grado. Tuvo a 
Shakespeare por primer modelo, y discipulo suyo ha 
permanecido siempre, tanto en el drama psicol6gico 
como en el romantico. Insuperable es igualmente en el 
arte de presentar el adecuado ambiente escenico, con 
pintoresco y propio colorido. Conforme este prolo- 
guista, es Tierra baja la obra en que mejor combina y 
revela Guimera los variados aspectos de su genio. Aun- 
que en t^cnica teatral, algunas otras de sus produccio- 
nes posteriores la superen, ninguna es tan ti'pica de 
Guimera. Campean alii ese vigor en la acci6n, vivida 
imaginaci6n, humana simpatia y realismo distintivos 
del dramaturgo Catalan. «Cuando llegue a escribirsela 
historia de la comedia aldeana, habrdn de colocarle 
entre sus primeros maestros. Ningun otro escritor ha 
logrado, ni con mucho, manejarla con tal maestria (1). 
Y el propio traductor, Gillpatrick, a la cabeza de su 
facil y elegante versi6n, agrega que si en vez de com- 
poner en Catalan, hubiera escrito Guimera en castella- 
no, ya le habrian reconocido tiempo ha como uno de 
los mas grandes dramaturgos de la moderna Europa. 
Cualquiera de sus producciones arranca en los escena- 
rios extranjeros el caluroso tributo que su genio me- 
rece. Y tiene buen cuidado de anotar el traductor que, 
no obstante haber escogido aqu61 como expresi6n de 
&u prodigiosa labor un lenguaje regional, distinguese 
su obra por la nota de universalidad, la universalidad 



(1) Marta on the Lowlands, etc., pigs, v, xi, xii, XV, XVI y XVIIL 



388 EL HISPANISMO ?N NORTE -AMERICA 

que abarca «las pasiones, las angustias, los fracases y 
triunfos de la entera raza humana« (1). 



De los demds literates actuales escasean las traduc- 
ciones. y apenas si es posible dar con alguna referenda 
crUka per trivial que sea, a ellos consagrada. Excep- 
tdese la Pardo Bazan, Benavente, que ahora comienza 
aserconocido aqui por las versiones de Garret Un- 
derbill y Blasco Ibanez, y poquisimos sabran dar razon 
de los restantes novelistas, poetas y dramaturgos de la 
ultima generaci6n, de los Quinteros, Linares Riva^, 
Ignacio Iglesias, Martinez Sierra, Valle-lnclan, Azorin, 
Rusinol, Marquina, Rueda, Villaespesa etc. 

Sh6werman, en su precitado articulo acerca de Pa- 
lacio Valdes, es el unico que tornando su atencion a la 
que el considera como ultima hornada de novelistas, 
les dedica una docena de lineas para llamar a La volun- 
tad de Azorin obra profunda que apenas P^fde ca hh^ 
carse de novela; 4ot6grafo realista^ ante todo analista 
y pensador, y en segundo lugar novelista, a Pio Baroja, 
Igallego de exquisito estilo poetico» a Valle^nclan 
q?ien a veces se asemeja desagradablemente a Gabriel 
de Anunzio; y estilista-y nada mas, asi, friamente 
inmerecidamente-a Ricardo Leon. Opina que todos 
ellos conceden excesiva atencion al analisis o al estilo, 
faltales a su arte de novelar la saludable energia de los 
novelistas mds antiguos (2). 

Norteamericanos son los traductores que ban puestc 
en lengua inglesa El clsne de Vilamorta Una cristmna 
La revoluciony la novela en Rusia, e Insolaadn, de h 

(1) Marta on the Lowlands, e/c. P^g- xxi. 

(2) Sewanee Review, 1914, vol. XXII, pdg. 388. 



TRADUCTORES Y PROLOQUISTAS 389 

condesa Pardo Bazan (1). Cierto anonimo escritor, al 
frente de los trozos literarios con que dona Emilia esta 
representada en la Biblioteca selecta de literatura -uni- 
versal, editada por Warner, celebra El cisne de Vila- 
morta como la mas perfecta expresion acaso de su 
credo artistico. Por su crudo realismo y despiadada 16- 
gica, por su concienzudo dibujo de tipos antipaticos, 
nadie creeria que la novela en cuesti6n hubiera salido 
de la mente de una mujer. Y como aquella, en realismo 
y fidelidad a la naturaleza y la vida, todas sus demas 
novelas. Vemosla refrenar de continuo su poesia y la- 
tente romanticismo. «Constantemente sacrifica su sexo 
a su arte. El resultado vale el sacrificio". Critico lumi- 
noso le llama, critico con raro equipo literario, con 
filosofica amplitud de pensamiento, con singular capa- 
cidad para percibir los acordes entre la vida y la lite- 
ratura nacionales, asi como las pulsaciones del tiempo 
en las producciones que se apartan del trillado carril 
literario. Le reconoce ademas, como critico, un gentil 
y apacible encanto que, por excesivo derrcche de vigor, 
falta a veces en sus novelas (2). 

Acerca de Blasco Ibafiez, aparte la valiosa opini6n 
de H6wells, ya transcrita, los contados escritores que 
han emitido la suya en unos cuantos parrafos insubstan- 
ciales, no le han hecho la justicia que merece. Echan de 
ver, por ejemplo, su palpitante naturalismo, y ni cuenta 
parecen darse de su simbolismo ibscniano. En la in- 
troduccidn a su edici6n anotada de La barraca, Hay- 
ward Keniston senala la agudeza de su vision en las 
novelas de costumbres, su dominio de las escenas dra- 



(1) The Swan of Vilamorta, translated by Mary J. Serrano, Ncw- 
Yorlc, 1801; A Christian Woman, translated by Mary Springer, 
New- York, 1891; Russia, its People and its Literature, translated 
by F, H. Gardiner, Chicago, 1890; y Midsumer Madness, \rzn%\z.{tdL 
by Amparo Loring, Boston, 1907. 

(2) Warner's Library, etc., vol. XIX, pags. 1 1026 y 1 1027. 



390 EL HISPANISMO EN NORTE- AMERICA 

mdticas y su consumado manejo de las pasiones «que 
le hacen, no ya mero interprete de nuestro tiempo y de 
su raza, sino pintor del hombrc". Cierto que a menudo 
se deja llevar de su exuberante imaginaci6n, y pinta a 
brochazos, mas aun entonces nos dan sus cuadros la 
viva impresion de la realidad, soleada o sombria, risue- 
na o trists, siempre animada y humana, porque el autor 
posee el secreto del corazon de los hombres y sabe 
poner en juego sus fibras (1). Y otro Sr. Keniston in- 
sistira asimismo en que el novelista valenciano se deja 
arrastrar por la fantasia, pero que sus argumentos se 
desenvuelven con culminante interes y sus personajes 
obran como personas, y no mufiecos, y que la maravi- 
llosa penetracion del autor en cuanto a la existencia y 
al corazon atanen no puede menos de impresionar. A 
precipitada producci6n, en parte, atribuye el articulista 
las senales no corregidas de su desenfrenada imagina- 
cion y la poca elegancia de su estilo. Estima La maja 
desnuda como la obra mas artistica de Blasco Ibafiez, y 
la que mas de lleno cae dentro de sus facultades y ten- 
dencias, por ser «al propio tiempo un perspicaz estudio 
psicol6gico del conflicto entre el temperamento arti's- 
tico y el amor, y una critica del arte espanol encami- 
nada a ensalzar el realismo de Ooya" (2). Un tercer y 
an6nimo articulista, al dar cuenta en cierta revista de la 
version de Sangrey arena, descubre en esta novela a 
mas del poderoso naturalismo que en varios pasajes 
nos impresiona tanto como la realidad misma, el fondo 
simbolico que hace de ella, mas bien que analisis de 
costumbres nacionales, un documento humano, «otro 
de esos estudios de psicologfa de las muchedumbres 
que representan lo mejor de la literatura del corriente 



(1) La barraca. Edited by Hayward Keniston. New-York, 1910, 
pigs. XII y XV. 

(2) An Apostle of New Spain, by R. H. Keniston, en The Na- 
tion, 1908, vol. LXXXVII. 



TRADUCTORES Y PROLOGUISTAS 391 

periodoM. Y nota de paso el hondo sentimiento artistico 
que parece distinguir a la escuela espanola moderna (1). 
Han aparecido aqui en lengua \ng\tssi La catedral, San- 
gra y arena y Sonnica la cortesana (2). 

La hermosa introducci6n de Julio Brouta, redactor 
del DLario de Barcelona, que campea al frente de la 
traduccion de Los intereses creados, es lo unico que 
acerca de Jacinto Benavente ha aparecido en la prensa 
norteamericana. Herman, traductor de La sonrisa de 
Qloconda, le dedica un par de paginas donde alaba su 
rica y brillante fantasia, su espiritu satirico a veces, y a 
veces grave, su amor a la belleza, devocion por el arte, 
perfecto estilo, con varias generalidades mas que lo 
mismo pueden decirse de Benavente que de cualquiera 
otro literato de primer orden. De lo que seguramente 
nos informa es de que muchos poemas cortos del cele- 
brado dramaturgo son de una belleza suprema, y que 
el libro que lleva por titulo Mis musas esta considerado 
por los criticos como uno de los mds admirables volii- 
menes de la lirica espafiola (3). Don Juan Garret Un- 
derbill, representante en Norte-Am^rica de la Sociedad 
de autores espanoles, y el cual ya di6 afios ha buena 
prueba de su interes por las letras hispanas, escribiendo 
un galano y erudito libro sobre La llteratura espanola 
en Inglaterra durante la sober ania de los Tudor es (4), es 



(1) Blasco Ibdhez, a Spanish Zola, eti Current Literature, 1912, 
volutnen LII. 

(2) The Shadow of the Cathedral, translated by Mrs. W. A. Gi- 
llespie, New York, 190Q; The Blood of the Arena, translated by 
Frances Douglas; and illustrated in color by Troy and Margarit West 
Kinney, Chicago, 1911 (sobresalientes en su arte y en su carino por 
las cosas de Espana son los artistas Kinney), y Sonica, translated 
by Frances Douglas, New-York, 1912. 

(3) The Smile o} Mona Lisa, translated by John Armstrong 
Herman. Boston, 1915. 

(4) Spanish Literature in the England of the Tudors, New- 
York, 1899. El capitulo X estd puesto en castellano, por Bonilla San 
Martin, en la revista Ateneo, de Madrid, 1906, vol. I. 



392 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

el traductor de Los intereses creados, esa regocijada y 
admirable farsa, joya de nuestro novisimo teatro (1). La 
version es fiel, atildada, elegante. Al parecer, el traduc- 
tor ha ido lenta y cuidadosamente en su labor, sin 
ahorrar tiempo o esfuerzo, y el resultado es a todas 
luces satisfactorio. Ahora bien, al cotejarla con el texto 
original me confirmo en mi idea de que un texto cas- 
tellano escrito en lenguaje preciso, en estilo lucido, sin 
ambigiiedades de palabra o de sentido, es posible tras- 
ladarlo al inglds literalmente, salvo, claro esta, las elip- 
sis e inversiones, menos admisibles en aquel idioma 
que en el nuestro. En apoyo de mi aserto, voy a copiar 
los primeros parrafos del pr61ogo de Los intereses crea- 
dos, y su correspondiente version. Veran los lectores, 
aquellos familiarizados con la lengua inglesa, que el 
traductor pudo seguir fielmente el texto sin perjuicio 
de la soltura y elegancia de su version. Subrayadas irdn 
las voces y frases que no corresponden a la letra del 
original. No soy yo, mero estudiante de la lengua in- 
glesa, quien pueda enmendar la plana al Sr. Under- 
bill; mi objeto es senalar lo que el pudo, y no quiso 
hacer. 

Dice asi el texto espanol: 

«He aqui el tinglado de la antigua farsa, la que ali- 



(1) The Bonds of Interest, translated by John Garret Under- 
bill; with an introduction by Julius Brouta, en The Drama, 1915, vo- 
lumen V. El Sr. Underbill ha vertido al ingles igualmente No/uma- 
dores, de Benavente, piececilla estrenada, con el titulo de No Smo- 
king, el 1915 en el teatro Astor, de Nueva York, y publicada en 
The Drama (Noviembre de 1916), en cuya revista tambiin han 
aparecido, en el numero correspondiente a Noviembre de 1916, las 
siguientes versiones debidas a Garret Underbill, y Love magic (He- 
chizo de Amor), de Martinez Sierra; The prodigal Doll (La muheca 
prddiga), de Rusinol; By these Words ye shall know them (Hablan- 
do se entiende lagente),At los Quinteros De la Malvaloca de estos 
estd imprimiendose una traducci6n, hecha por Jacobo S. Farrett, 
con prefacio de Undcrhill, 



TRADUCTORES Y PROLOGUISTAS 393 

vi6 en posadas aldeanas el cansancio de los trajinantes, 
la que embobo en las plazas de humildes lugares a los 
simples villanos, la que junto en ciudades populosas a 
los mas variados concursos, como en Paris sobre el 
PuenteNuevo,cuando Tabarin desde su tablado de feria 
solicitaba la atencion de todo transeunte, desde el es- 
petado doctor que detiene un momento su docta cabal- 
gadura para desarrugar por un instante la frente, siem- 
pre cargada de graves pensamientos, al escuchar algun 
donaire de la alegre farsa, hasta el picaro hamp6n, que 
alii divierte sus ocios horas y horas, engaiiando al ham- 
bre con la risa, y el prelado y la dama de calidad y el 
gran seiior desde sus carrozas, como la moza alegre y 
el soldado y el mercader y el estudiante. Gente de toda 
condicion, que en ningun otro lugar se hubiera reuni- 
do, comunicabase alii su regocijo, que muchas veces, 
mas que de la farsa, reia el grave de ver reir al risueno, 
y el sabio al bobo, y los pobretes de ver reir a los gran- 
des sefiores, cenudos de ordinario, y los grandes de ver 
reir a los pobretes, tranquilizada su conciencia con 
pensar: jtambien los pobres rien! Que nada prende tan 
pronto de unas almas en otras como esta simpatia de 
la risa. ." 

Trasladalo Underbill como sigue: 

"Here you have the tumbler of the antique farce — 
him who enlivened in the country inns the hard-earned 
leisure of the carter, who made the simple rustics gape 
with wonder in the squares of every rural town and 
village, who in the populous cities drew about him 
great bewildering assamblages, as in Paris where Taba- 
rin set up his scaffold on the «Pont Neuf» and challen- 
ged the attention of the passers-by, from the learned 
doctor pausing a moment on his solemn errand to 
smooth out the wrinkle on his brow [siempre carga- 
da de graves pensamientos] at some merry quip of old- 
time farce, to the light-hearted cutpurse who there 
whilcd away his hours of ease as he cheated his hunger 



394 EL HISPANISMO EN N0RTE-AM6RICA 

with a smile, to prelate and noble dame and great gran- 
dee in stately carriages, soldier and merchant and stu- 
dent and maid. Men of every rank and condition shared 
in the rejoicing, — men who were never brought to- 
gether in any other way, — the grave laughing to see 
the laughter of the gay rather than at the wit of the 
farce, the wise with the foolish, the poor wit the rich, so 
staid and formal in their ordinary aspect, and the rich 
to see the poor laugh, their consciences a little easier 
at the thought: «Even the poor can smile." For nothing 
is so contagious as the sympathy of a smile. . . » 

Hemos leido: 

wdesde el espetado doctor que detiene un momento 
su docta cabalgadura para desarrugar por un instante 
la frente. . . " ; 

Y en su versi6n, Underhill elimina enteramente la 
subsiguiente oraci6n incidental: «siempre cargada de 
graves pensamientos". 

Mds adelante, ha traducido la palabra «risaw por 
smile (sonrisa). Hubiera sido mejor seguir el original, y 
dejarlo en risa, ya que parece esta mas propia de los 
hampones. La sonrisa queda para los espetados docto- 
res, damas de calidad, prelados, y para los mefist6feles 
y judas. Los hampones y villanos rien a mandibula ba- 
tiente. 

Escribe el autor: «reia el grave de ver reir al risue- 
flo, y el sabio al bobo, y los pobretes de ver reir a los 
grandes sefiores. . . » 

En la traduccion, el sabio se rie con el bobo, y el 
pobre (que en el original no es pobre, sino pobrete) 
con el rico (que tampoco es alii rico, sino gran senor). 

Vemos en el original: «Que nada prende tan pronto 
de Unas almas en otras como esta simpatia de la risa». 

Esta frase, bella y sefioril, que bien cupo trasladar 
literalmente, queda poco menos que oliendo a ajos con 
la traducci6n de que «nada es tan contagiosa como la 
simpatia de una sonrisaw. 



TRADUCTORES Y PROLOGUISTAS 395 

Pero minucias y nada mds son estas. Insisto que, en 
conjunto, la version de Garret Underbill figura, para 
mi, entre las cuatro o cinco mejores que aqui se ban 
hecho. 

Los Intereses creados estan a punto de reimprimirse 
en un volumen, y, con esta comedia, otras tres repre- 
sentativas de Benayente — Im malqueHda, Los malhe- 
chores del bien y El marido de su viuda — , tambien tra- 
ducidas por Underbill. Ira al frente de la edicidn un 
ensayo critico del traductor. Es aquel quien estd ponien- 
do asimismo en lengua inglesa Platero y yo, de Juan 
Ramon Jimenez. 

Quedannos, en fin, por mencionar los siguientes 
traductores: Alfonso de Salvio, de la Universidad 
Nortbwestern (!)» Elena Huntington (2), Arturo Ar- 
nold (3), Enrique A. Reed, de la Academia Naval de 
Anapolis (4), G. P. Winship (5), G. Casement (6), Fran- 
cisca J. A. Darr (7), Enrique Phillips (8), Sofia J6wet (Q), 



(1) Modern Theories of Criminology, de Bernaldo de Quir6s, 
New- York, 1911; y Old Spanish Manuscripts in uThe Philippines 
Islands-, de Blair y Robertson, Cleveland, 1903-1909. 

(2) Folks Songs from the Spanish. New-York and London, 1900. 

(3) Old Rome and New-Italy (Recuerdos de Italia), de Castelar, 
New- York, 1873; y Life of Lord Byron and other Sketches, de Cas- 
telar, New-York, 1876. Acerca del eminente tribune se hallard los 
dos trabajos criticos siguientes: Emilio Castelar, by Theodoro Stan- 
ton, en The Independant, 1899, vol. LI; y Emilio Castelar, en Me^ 
norah Monthly, 1899, vol. XXVII. 

^4) Spanish L egends and Traditions. Boston, 1914. 

(5) Journey of Coronado.Ntw-York, 1904. 

(6) Captain i^^/zom, de Pedro Antonio Alarcon, Cleveland, 1914. 

(7) The Strange Friend of Tito Gil, del mismo autor, New- 
York, 1890. En Modern Ghosts, libro editado por Harper & Bro- 
thers, se hallardn tambien, cntre versiones de Guy de Maupassant y 
otros, varias d^ Alarcdn. 

(8) Poems from the Spanish of Fray Luis de Ledn. Philadel- 
phia, 1883. (Privately printed.) 

(9) Folk Ballads of Southern Europe (traducciones del caste- 
llano, cataldn, etc.). New- York, 1913. 



396 EL HISPANISMO EN NORTE -AM£RICA 

Julio R6nard (1), Cornelia F. Bates (2), Guillermo T. 
Brewster (3), C. C. Castillo y E. L. Overnan (4). 



(1) The iiRimaS' of Gustavo A. Becquer, Boston, 1Q08. Marfa 
A. Humphrey Ward, en su articnlo A Spanish Romanticist: Gus- 
tavo A. Becquer (Macmillan's Magazine, Feb. 1883), tambien tra- 
duce algunos poemas. En Terrible Tales: Spanish, del escritor bri- 
tdnico W. W. Gibbings, apareccn en ingles siete cuentos de Becquer: 
The Golden Bracelet, The Green Eyes, The Passion Flower, The 
Mountain, of Spirits, The White Doe, Maese Pdrez the Organist, 
y The Moonbeam. Y, finalmente, Lorenzo C. Woodman ha publi- 
cado Mna critica del poeta (Gustavo A. Becquer: Spanish Roman- 
ticist) en Poet Lore, 1915, vol. XXVI. 

(2) Romantic Legendes of Spain, de B6cquer (traducidas en 
colaboracion con Lee Bates), New- York, 1909. 

(3) The New Art of Writing Plays, by Lope de Vega, trans- 
lated by William T. Brewster, with an introduction by Brander 
Matheus. New-York, 1914. 

(4) A bright morning, comedy in one ac by Quintero, en Poet 
Lore, 1916, vol. XXVII. 



CAPfTULO XII 
Viajeros. 

I 

Aunque alguna que otra vez nuestro viajero suele 
penetrar en la peninsula por la puerta de bronce brita- 
nica, por ese pefiasco de Gibraltar coronado de aves de 
rapifia, es lo general que descienda por el norte, atrave- 
sando la ancha y empinada barrera de los Pirineos. 
Apenas ha puesto su planta en tierra espaflola, cuando 
ya echa de ver las diferencias del paisaje. El escenario 
cambia. El lado espafiol de los Pirineos es mas abrupto; 
los suaves declives de la vertiente francesa, se ban con- 
vertido aqui en tajos y precipicios. Luego, en vez de los 
risueiios y fertiles campos, que quedaron atras, el solar 
espafiol se ofrece desnudo y solemne, hasta que m^s 
alia de Miranda, dentro ya de la tierra castellana, «la 
escena aparece en toda su tremenda desolaci6n" (1). 
Mas no es nuestro prop6sito acompaiiarle durante el 
viaje, que si el viajero es hombre juicioso y de buen 
natural, resultara apacible y placentero; poetizado, y en 
su mayor parte consagrado a Andalucia y Galicia, si es 
poeta; si erudito, documentado y rico en relaciones de 



(1) Heroic Spain, by E. Boyle O'Reilly. New- York, 1910, pdgi- 
nas 33 y 383. 



398 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

nuestras catedrales y museos, en alusiones hist6ricas, 
artisticas y literarias; si de grave y melancolica condi- 
ci6n, su viaje sera triste; si humorista o de.alegre genio, 
ameno y divertido; si optimista, risuefio; si pesimista, 
amargo; y cada viajero ira poniendo en los hombres y 
en las cosas algo de su propia alma, y no siempre los 
vera tales como son, sino como su gusto, inclinaci6n e 
ideales se los hacen ver. Lo atinado y veridico hemos 
de buscarlo, no en el tono de luz o de voz, ni en los 
pormenores o palabras sueltas, sino en lo substantive, 
permanente y fijo de su criterio. Hemos de sintetizar 
lo mas clara, ordenada y lealmente posible aquclios 
juicios relativos al paisaje, los pobladores y las costum- 
bres de Espafia, que parecen ser definitives, y no los 
circunstanciales y a menudo contradictorios juicios 
que nuestros viajeros iran consignando por el camino. 
Espafioles hasta la medula, mucho han de dolernos al- 
gunas de sus censuras, que en todo caso, fundadas o 
infundadas, no hemos de cercenar, atenuar o escamo - 
tear al lector, sino mas bien llamarle la atenci6n sobre 
ellas, ya para ejemplo y posible enmienda de nues- 
tros males, ya para correccion de turistas desaprensivos 
y miopes. Ni aun los ditirambos del viajero hemos de 
callar, no tanto por ser testimonies de su generosidad y 
segura prenda de amistad, como por conservar el pa- 
norama social por ellos visto, en sus primitivas propor- 
ciones, y que el lector juzgue por su propia cuenta, sin 
que yo vaya ahora a rasar colinas, secar pantanos y re- 
tocar el cuadro a mi gusto. A Dios gracias, no menu- 
dean los ultrajes, y si, con exceso en ocasiones, las ala- 
banzas. Se vera que a nuestra patria se la calumnia mds 
dentro de casa, que fuera. Y ya que la opini6n extran- 
jera comienza a corregirse de las cosas perversas y 
barbaras que antafio nos atribuia, sera tiempo de que 
los espafioles vayamos modificando nuestro negro pesi- 
mismo y pongamos mds fe y calor en la patria, y mas 
confianza en su porvenir. 



VIAJEROS 399 

Por lo comun, veremos disertar al viajero con fina 
observaci6n, juicio prudente y certera critica sobre 
quienes somos, como pensamos, sentimos y vivimos 
los espanoles, y cuales son la tierra y el cielo ibericos. 
Si el turista visit6 la peninsula en las postrimerias del 
sigloxix — pues en cualquier caso no me he alejado 
mucho del presente — , observ61e trist6n, inc6modo, 
descontento y pesimista, renegando a cada paso de Es- 
pafia y los espafioles. Si nos visit6 en lo que va de la 
presente centuria, hele visto acrecentar cada lustro, casi 
cada ailo, su simpatia, su entusiasmo y placer y su re- 
suelto optimismo por el porvenir de la nacion espafio- 
la. Convendriate, lector, por consiguiente, que fueses 
notando la fecha de cada libro de impresiones de viaje 
citado. En cuanto a mi, su lectura, que segui por orden 
cronol6gico, me ha dado una clarisima visi6n del pro- 
greso de Espana en las dos ultimas decadas. 

Al sintetizar y ordenar las opiniones de nuestros 
viajeros, he procurado pasar por alto cuanto hacia re- 
ferenda a la historia de la peninsula, a sus artes y lite- 
ratura, ya que al tratar de algo que no fuese impresio- 
nes acerca del paisaje, los tipos y las costumbres, que 
es lo unico que un viajero puede conocer en el curso 
de una visita de pocos meses, salianse nuestros obser- 
vadores de su propio y competente tema, para atinar 
una vez y desbarrar ciento, para emitir juicios pueriles 
o traer a colaci6n fechas, datos o acontecimientos in- 
exactos o a todas luces mal interpretados. Con todo, un 
defecto comun advertira el lector avisado, y es que 
nuestro viajero suele medir tbdo por el mismo rasero, 
abusa de los terminos absolutos y hace las mismas ge- 
neralizaciones que los fabulistas al atribuir a cada ani- 
mal una sola virtud o un solo vicio. Y asi hablara de 
un prototipo espafiol, de un caracter espafiol, de un 
paisaje y clima espafiol, como si no existieran, o fuesen 
inapreciables, las diferencias entre Andalucfa y las Vas- 
congadas, Castilla y Catalufla. Por supuesto, nadie 



400 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

espera que el viajero vaya a catalogar cientificamente 
la peninsula. Y basta de preambulos. 

Nota nuestro viajero estrecha semejanza, en compo- 
sicidn y colorido, entre el paisaje heldnico y el espaftoU 
No es Espaiia el lozano y riente paraiso de Italia. "Su 
paisaje — afirma Marden, que es, a mi parecer, quien 
mejor ha visto la tierra ib^rica — es una sucesi6n de 
fertiles praderas, pardas Cordilleras, vastos desiertos, 
arboledas desparramadas, suaves colinas de leonado 
matiz, cauces de rios casi secos". Escarpadas y grises, 
con tremendos desfiladeros y estrechos pasos, como las 
montafias hel6nicas, son las espafiolas. Vense la misma 
abundancia de flores silvestres, igual carencia de arbo- 
lado. Y hasta lo que pusieron los hombres en el csce- 
nario de la naturaleza, contribuye a hacer mas patente 
sus semejanzas: si en las montafias griegas se ofrecen a 
la vista del caminante estatuas de dioses y semidioses 
paganos, en las canadas espanolas se alzan piadosas 
imagenes de virgenes y santos. Otro viajero notara 
tambien aquella casi completa ausencia de bosques y 
arboledas, asi como que la corriente de los rios es tan 
r^pida que en la primavera hay inundaciones, y el resto 
del afio sequia. Tres cuartas partes del area peninsular 
forman esa "tragica meseta central" de ambas Castillas, 
Le6n y Extremadura, donde se encuentran la mayorit 
de las ciudades historicas, helada y vasta planicie barri- 
da por el viento y cruzada de oriente a occidente por 
nevadas cordilleras. La atmosfera es, en la mayor por- 
cion de la peninsula, seca y clara, y, sobre todo en 
Granada, no puede ser mas azul el cielo ni mds blanca 
la nieve (1). 



(1) Travels in Spain, by Philip S^nford Marden, Boston and 
New- York, 1910, pags. 25, 26, 57, 60 y 80; Across the country on the 
little King, by William Bemerit Lent, New- York, 1897, pig. 145; 
O'Reilly, ob. cit, pags. 34 y 384; Spanish cities, with glimpses on 
Oibraltar and Tangier, by Charles Augustus Stoddard, New- 
York, 1892, pdg. 69. ' 



VIAJEROS 401 



II 



Refiriendose a Castilla, en particular, Lathrop escri- 
be: «Si del barro de esta comarca hubiera de crearse 
ahora el primer hombre, resultaria sin duda el mismi- 
simo tipo del hidalgo. El producto humano de seme- 
jante suelo tiene que ser por fuerza flaco y melancolico. 
La tristeza que vemos en el semblante de la mayoria de 
los espaiioles parece un reflejo del paisaje que les ro- 
dea»'. Mas extranas razas vinieron a imprimir §u sello 
en el tipo y el caracter nacional, aunque otra cosa crea 
Unamuno. El espiritu de Roma, pasando a Hispania, le 
infundid esas puras caracteristicas de la civilizacion la- 
tina, que son la fortaleza y la austeridad. Y, aunque 
s61o inmaterial, perdurable ha sido tambien el legado 
de los visigodos. Sus dos grandes ideales sobreviven 
aun en la peninsula: la igualdad de todos los hombres 
y la honestidad de la mujer. De los arabes, que tanto 
influyeron en el tipo y en el alma de la raza, han reci- 
bido los hijos de la peninsula esa digna gravedad que 
les distingue de los demls pueblos latinos, gravedad 
que no se encuentra mds que en aquellas razas que ha- 
bitaron en el desierto. Y virtudes orientales son tam- 
bien la generosidad y hospitalidad espafiolas, asf como 
defectos orientales la apatia y cierta noci6n fatalista de 
los andaluces. Que la hospitalidad espafiola es herencia 
de la liberalidad de los hijos del desierto, parecele 
igualmente claro a Juan Hay, pero afladiendo que de 
la tal hospitalidad no quedan ya sino "graves y corte- 
ses palabras". La casi totalidad de los viajeros norte- 
americanos disienten, no obstante, del festivo y sagaz 
autor de Dlas casfellanos. Esta espafiola raza, «orgullo- 
sa, sensitiva, indolente, a veces cruel, pero mas frecuen- 
temente caballeresca", nos dira otro, es la m^s propen- 
sa y facil a la exaltaci6n espiritual, al propio tiempo 

26 



402 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

que la mas realista del continente, raza que no es mer- 
cantil ni jamas pudo serlo, raza que, mostrando una 
infantil curiosidad e interes en todas las cosas de la 
vida, es digna y seria, raza, en fin, liberal en el terreno 
de las ideas, pero no al punto de haber perdido la fe 
en Dios" (1). 

Tan singularisima es la personalidad de esta raza y 
de este pueblo, que no se asemejan gran cosa a los de- 
mds europcos. Espafia parece separada de Europa; no 
es una peninsula, debe de ser un continente, "acaso el 
septimo continente"; pais tipico, individual, con clarisi- 
ma y propia personalidad por sus extremos contrastes, 
por su tosquedad y grandeza, por su rica vcgetaci6n y 
su atrasada maquinaria agricola, por ser tierra del hi- 
dalgo al propio tiempo que la mas democrata del mun- 
do en sus relaciones sociales, con una poblacion agri- 
cola infatigable y laboriosfsima, y una ciase media en 
las ciudades y en los villorrios que es la mas holgazana 
del planeta; pais de misticos y de pintores realistas, 
fanatico y torero, devoto y disoluto, vil y magnifico, 
«pero siempre e inevitablemente Espana". ParaMarden, 
la caracteristica de Espafia es no tener ninguna. No 
obstante, todos ellos iran aclarando despues y fijando 
con casi unanime parecer las notas distintivas de la 
raza espafiola. Todos, sin excepcion, reconoceran que 
es raza sobria y frugal. Como los arabes, no necesitan 
los espanoles de mucho alimento para vivir saludables 
y fuertes; la gente del pueblo puede dormir en cualquier 
lugar y muestra en todo una suprema indiferencia por 
la comodidad. Universal es la frugalidad, y entre todas 



(1) Castilian Days, by John Hay, 'Boston, 1884, pig. 41; The 
land of the castanet, by H. C. Chatfield-Taylor, Chicago, 1896, pd- 
gina 1; O'Reilly, ob. cit., pags. 54 y 260; Spanish highways and by- 
ways, by Katharine Lee Bates, New- York, 1901, pag. 184; Sun and 
shadow in Spain, by Maud Howe, Boston, 1908, pag. 330; Spanish 
vistas, by George Parsons Lathrop, New- York, 1883, pags. vii y 19. 



VIAJEROS 403 

las clases sociales y en toda la peninsula tenida en gran 
honor. Esta raza apenas si conoce otra disipacion que 
la del sol y el aire libre. El vino casi no lo prueban es- 
tos hombres. Mucho menos la cerveza. Rara falta es en- 
tre ellos la embriaguez. Y no hay autor que en este 
punto disienta. Marden, por ejemplo, no recuerda ha- 
ber visto un solo borracho en su viaje por todo el rei- 
no, y St6ddard jamds vi6 un espafiol embriagado. Y 
aun en la coronada villa y corte, donde parece natural 
que algo mas sueltos anden los diablejos de la gula, y 
todos los demas, Hale considera digno de particular 
menci6n la extremada sobriedad de la poblacion. Tam- 
bi^n estan casi todos de acuerdo en consideraria como 
una raza de creyentes. Para algunos, los menos, fanati- 
ca; para los mas, religiosa en la justa medida. Asi, 
O'Reilly nos dira que la religion esta entrelazada con 
todos los actos de la vida espanola, que el espaiiol es 
mistico por naturaleza — «lo mistico, ha dicho tambien 
Ganivet, es siempre lo permanente en Espafiaw (1) — , 
mistico, perono fanatico, agregando O'Reilly que, no 
privilegio de unos pocos, sino don universal parece ser 
en la peninsula la facultad de entender lo espiritual, y 
que amante de la tradici6n, en fin, caracterizase el espa- 
fiol por la reverencia con que mira todos los vinculos 
tradicionales y muy especialmente los religiosos. Y 
Franck, con el lenguaje energico que tendremos ocasi6n 
de escuchar repetidas veces, declara que tantos siglos 
de batallar contra los infieles y tantos de tostar herejes, 
han hecho al cristiano espaiiol «f6rvido, salvaje y san- 
guinario" (2). Cosa parecida debe pensar cierto ilus- 



(1) Elporvenir de Espana (cartas dc Ganivfit y Unamuno). Ma- 
drid, 1Q12, pdg. 70. 

(2) In Seville and three To ledan days, by Willis Steell, New- 
York, 1894, p^g. 170; Seven Spanish cities and the way to them, 
by Edward E. Hale, Boston, 1899, pig. 232; Four months afoot in 
Spain, by Harry A. Franck, New-York, 1911, pdgs. 168, 169 y 209; 
With a pessimist in Spain, by Mary F. Nixon Roulet, pdg. 22T; The 



404 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

trado catedrdtico alemin, quien en su critica a una 
obrilla socioI6gica del autor de estas li'neas se sorpren- 
de con toda ingenuidad de que un espafiol, a pesar de 
ser espafiol, pueda discernir con sereno juicio en ma- 
terias religiosas (1). 

Asi como en su aspecto fisico — dice, en estos o 
parecidos terminos Lathrop (2) — , Espana es mas an- 
cha y de mas escarpados y agudos perfiles que Italia, 
sus montafias mas altas, su suelo mas esteril, sus aguas 
mas frias, su clima mas riguroso, asi son los habitantes 
mas fuertes, varoniles y tenaces, mas austeros y graves; 
tienen la voz mas estridente, y el lenguaje, en que las 
guturales arabes se entremezclan con melodiosas lin- 
guales y vocales, es menos musical y mis viril que el 
italiano. Por eso, sin duda, aun pareciendose ambos 
paises en lo pintoresco del paisaje, en sus tesoros de 
arte, en su historia y caracter romancesco, y no obstan- 
te poseer en comun los pobladores de las dos peninsu- 
las una condicion excitable y apasionada, la mayoria 
de los viajeros notan, al par que las grandes semejan- 
zas entre anglosajones y espanoles, las diferencias que 
separan a entrambos peninsulares. De lo que ningun 
viajero nos habla, y hubiera sido cosa interesantc escu- 
char, es de las analogias o desemejanzas de los dos 
vecinos del Pirineo. Por mi parte, no veo entre ellos 
esa conformidad de sentimientos, gustos, tendencias e 
ideales que sociologos de tres al cuarto, embobados 
con la fraternidad latina, nos revelan. La raza francesa 
es sensual y alegre, socialista y progresiva. La espafiola. 



spell of Spain, by Keit Klark. Boston, 1914, p&g. 378; A corner of 
Spain, by Miriam Coles Harris. Boston and New- York, 1898, p^gi- 
nas 29 y 30; Bates, ob. cit, pag. 184; Marden, eb. cit, pdgs. 21, 22 
y 77; O'Reilly, ob. cit., pags. 22 y 37; Lathrop, ob. cit., paga. 160 y 
161; Howe, ob. cit, pdg. 37; Stoddard, ob. cit., pig. 95. 

(1) Prof. P. Nacke, en Archiv fUr kriminal -anthropologic and 
kriminalistik, 1910, vol. XXX VIL 

(2) Loc. cit., pig. VH. 



VIAJEROS 405 

sobria y triste, individualista y conservadora. En el 
fondo, me figure, espanoles y franceses tampoco se mi- 
ran con buenos ojos y en cuanto se hallan frente a 
frente, y aunque no sea mas que de refildn, disputan y 
se tiran los trastos a la cabeza. Y a pesar de su vecin- 
dad y del tan cacareado parentesco de raza, el pueblo 
espanol y el noble pueblo frances jamas anduvieron 
muy cordiales en su contribucidn a la historia de 
Europa. 

O'Reilly considera como rasgjos comunes de espa- 
fioles y anglosajones, su sinceridad e independencia, y 
la lealtad por su religion e ideales patrioticos. Concluye 
afirmando que en muchos puntos capitales, el espanol 
Se asemeja mas al anglosajon que a sus hermanos lati- 
nos. Para Matilde Howe, es aquel, de cuantos extranje- 
ros ha conocido, el que mas se parece a su raza. Tiene 
la espanola raza «las virtudes del norte, asi como sus 
ideales: es veraz, honrada, ingenua y, sobre todo, inde- 
pendiente". A Hale recuerdanle lo.s espanoles la se- 
rena dignidad de los norteamericanos de Nueva Ingla- 
terra, y hasta su cocina se asemeja mas en muchas co- 
sas a la de semejante Estado norteamericano que a la 
cocina francesa. Y a veces, costumbres y paisajes, le 
haran sentirse a Catalina Clark en tierra yanki, no en la 
opulenta costa del este, que lleva aun el sello colonial, 
sino en la genuina Norte-America, la del extremo oeste. 
Chatfield-Taylor dara por seguro que en toda Europa 
no hay quien se parezca tanto a las norteamer,icanas, en 
su modo de bailar, como las madrilefiitas, pero dira 
tambi^n que lo mismo que Hispania era la mas romana 
de todas las provincias del Imperio, el espafiol de hoy 
en dia es el mds latino de todos los europeos. Y, final- 
mente, Coles Harris hallard muchas diferencias en las 
costumbres de uno y otro pais (1). 



(1) Mirden, ob. cit, pig. 22; Chatfield-Taylor, ob. cit, pdgs. 67 
y 115; O'Reilly, ob. cit, pig. 170; Coles Harris, ob. cit, pig. 149; 



406 EL HISPANISMO EN NORTE AMERICA 



III 



Para esta casta de hombretones que nos visitan, es 
el espafiol de mediana estatura y no muy robusto. Sus 
manos y pies suelen ser diminutos y aristocraticos. 
"jLos usan en realidad tan poco!", expHcara Coles Ha- 
rris, escritor, que, como se ira viendo, tiene un formi- 
dable aguij6n de mosca. Los ojos son negros, grandes 
y de profundo mirar; la nariz aquiiina; el semblante, 
"triste en reposo, o no esespanol". Alandar— iprimer 
misterio! — el espaiiol tiene un elegante balanceo de 
hombros, que le distingue — ^cuantos habran cafdo en 



Howe, ob. cit., pdgs. 331 y 409; E. E. Hale, ob. cit, pags. 34 y 111; 
Stoddard, ob. cit, pag. 14; Clark, ob. cit., pag. 313. 

La referencia a estas analogias entre anglosajones y espanoles 
encuentrase tambien a menudo en los libros de los viajcros brita- 
nicos. Sobrc este y otros muchos puntos en que unos y otros viajc- 
ros estdn de acuerdo, pueden consultarse las siguientes obras de 
autores ingleses, entre las mas recientes: The soul of Spain, by Ha- 
velock Ellis, London, 1908 (el mejor libro publicado sobre Espana 
en la ultima d^cada); Unexplored Spain, by Abel Chapman and 
W. J. Buck, New-York, 1910; A littlejourney in Spain, byj. E.Craw- 
ford Flitch, London, 1914; Quit days in Spain, by C. Bogue Luff- 
mann, New-York, 19\0; Corner of Spain, by Walter Wood, New- 
York, 1910; Spain (a study of her life and arts), by Royal Tiler, 
London, 1Q09; A Spanish holiday, by Charles Marriot. New- York, 
1908; Spain revisited {& summer holiday in Galicia), by C. G. Hart- 
ley Gallichan, London, 1911; Things seen in Spain, idem. New- 
York, 1911; Spain from within, by Rafael Shaw, London, 1910; The 
Spanish cities, by Edward Huntton, London, 1906; A tramp in 
Spain, by Bart Kennedy, London, 1912; Galicia (the Switzerland of 
Spain), by Annette M B. Meakin, London, 1909; The truth about 
Spain, by G. H. B. Ward, London, 1911; In Spain, by John Lomas. 
London, 1908; Northern Spain, by Edgar T. A. Wigram, London, 
'1906; Spain of the Spanish, by L. Williers-Wardell, New- York, 
1909; The magic of Spain, by Aubrey Bell, London, 1912; y los 
numerosos volumenes, magnificamente ilustrados, de Alberto f^edc- 
rico Calvert. 



. VIAJEROS 407 

la cuenta? — de los demas europeos. Este raro sujeto 
no ha sabido aclimatarse aiin a su propio pais; el cam- 
bio de dias calurosos a noches frias, de calles ardientes 
a frigidos templos y casas desabrigadas, humedas y mal 
ventiladas, lo paga la poblacion con resfriados y cata- 
rros. La entera poblacion del reino, la del sur como la 
del norte, sufre calamitosos resfriados, estornudos, ac- 
cesos de tos, gargajeos — con perdon sea dicho — , y 
lanza esputos a diestro y siniestro. Segun Steell, rara 
vez es el espanol gran conversador; pero, menos mal 
que Nixon-Roulet le declara el mas delicioso oyente 
del mundo. Todos apuntan su gran aficion a los pro- 
verbios, no habiendo situacion en la vida «desde la 
cuna al sepulcro en que el espailol no encaje su refranw. 
Vengamos a lo moral, para hallarle apasionado y cons- 
tante en sus afectos, con grande amor a los ninos y 
particular inclinacion por los pajaros. Este amigo de los 
pequeiluelos y de las aves, hombre de gustos sencillos, 
de buen corazon y de noble y hospitalaria condici6n, 
tiene fama de cruel. ^De donde les vendra a los espafio- 
les esta fama de crueles? Ya hemos dicho nosotros 
algo, sobre tan espeluznante asunto, en iino de los ca- 
pitulos anteriores; pero ahora va a explicarnos la cosa 
uno de estos turistas diciendo que la crueldad espafio- 
la — aqui pondra el lector ruido de cadenas, crepitaci(5n 
de hogueras, chisporroteo de carnes, tajos, mandobles, 
mordiscos y demonios coronados — procede de la bra- 
vura y gran resistencia de los espafioles para el sufri- 
miento fisico, que soportan sin un gemido. Durante 
siglos se ha endurecido la raza en su incesante guerrear. 
«La proverbial crueldad de la raza espafiola seguird 
siendo siempre un misterio para quienes, conociendo 
personalmente a los espafioles, perciba el calor de su 
amistad, el encanto de su cortesia, su armoniosa vida 
de familia y su genuina bondad de coraz6n para aque- 
llos alos cuales ama. Parece como si semejante cruel- 
dad fuera una cualidad inherente de'la que ni siquiera 



408 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

se diesen cucnta, una especie de furia bersekeriana 
[jdiantre!] impremeditada e involuntaria» (1). 

No todos conciertan en la ponderada belleza de la 
mujer espafiola. For lo regular, nuestros viajeros la en- 
cuentran belia, y extremadamente bella a menudo entre 
la clase baja, donde se ven los tipos de perfecta hermo- 
sura espanola. Son mas bien altas que bajas, conforme 
Catalina Clark, aunque tal vez sea esto purt ilusi6n 6p- 
tica, ya que la mujer espanola sugiere en todo eleva- 
cion, alteza, cumbre, a fucrza de dignidad. El matiz de 
sii cutis va del rosa atezado al bianco de mortal pali- 
dez, la cual es imitada o acentuada a menudo y por 
desgracia con los polvos. El cabello de color'castano o 
rubio se ve mucho en las comarcas orientales, pero en 
general prevalece el cabello de una negrura azabache; 
peinanlo con ese primor y esmero tan caracteristico en 
la peninsula desde los tiempos de la mujer ibera. Y los 
ojos, joh, caballeros, qu6 hermosura! «Es imposible — 
asegura Lathrop — dar mas que una ligera idea de lo 
luminosos, sonadores, grandes, negros y expresivos 
que sonw. Y, resuelto a ser fino galan, proseguira: «Por 
cierta ingenua franqueza, y por la libertad, vigor y ra- 
pida movilidad, tan bellamente combinadas en las li- 
neas de su semblante, solo a la mujer norteamericana 
puede compararse la espaiiola. A todo ello habra que 
afiadir cejas pobladas, arqueadas, y una penetrante ex- 
presividad y natural fuego en las facciones, al que ya 
sf que seria difi'cil encontrarle comparacion alguna, en 
especial cuando este conjunto aparece enmarcado en 
los seductores pliegues de la negra mantilla, como una 
noche de cerraz6n encareciendo el rutilar de una estre- 



(t) Familiar' Spanish travels, by W. D. Howells. New York and 
London, 1913, pdg, 327; Nix6n-Roulet, ob. cit, pigs. 98, 126, 205, 
308, 309 y 350; Clark, ob. cit., pigs. 204 y 280; Coles Harris, obra 
citada, pigs. 62, 104 y 152; Marden, ob. cit., pigs. 26 y 164; Stecll, 
ob. cit., pig. 134. 



VIAJEROS 409 

Haw. Cierto viajero cree haber descubierto el mds puro 
ejemplar de la hermosura espafiola entre las granadi- 
nas, de tez maravillosa — por su delicadeza y rico co- 
lor — , de lustrosa cabellera, y negros ojos que lanzan 
intensas miradas. No faltara quien declare que las fac- 
ciones de la espanola no son perfectas, y su cuerpo rara 
vez juncal, mas aun esos mismos pecadores se cncahdi- 
lan con el fuego de sus ojos, enfocado por largas pesta- 
fias. Consideran algunos que mas .que hermosura, es 
una singular fascinacion lo que posee la espanola. En 
particular las muchachas, son de todo punto hechice- 
ras, tan hechiceras como el enamorado galan sabra mur- 
murarles al pie de la reja. Proviene este hechizo de sus 
modales, de su feminidad, del calor de sus sentimien- 
tos y de sus miradas, de su ingenua franqueza y nativa 
dignidad, de su gentil naturalidad y desenvoltura. A 
los ojos del cefiudo Chatfield-Taylor, son gruesotas y, 
mas bien que andar, jlas pobres!, van dando saltitos 
como los patos. Lathrop celebra, sin embargo, su paso 
eldstico y natural y la gentileza con que caminan, Ue- 
gando a estimarla como principal ventaja de la belleza 
espafiola sobre las de otros paises. Catalina Clark llama 
la atencion igualmente acerca de la "incomparable ele- 
gancia y desenvoltura" de su marcha y su digno 
porte (1). 

Advierte Marden que el crudo clima de la mayor 
parte de la peninsula no ha mejorado la calidad de la 
voz de los nativos. Bates s6lo apunta que sea desagra- 
dable la voz de las mujeres. Las espanolas, lindisimas, 
si senor, «ipero que voz! En curioso contraste con el 
tono de los hombres, suave, acariciador y mimoso [ha- 
bla una dama], la voz de las mujeres es con demasiada 



(1) At the Court of His Catholic Majesty, by William Miller 
Collier, Chicago, 1Q12, pig. 87; Chatfield-Taylor, ob. cit., pags. 6Q, 
177 y 224; Clark, ob. cii., p^gs. IQl y 247; Bates, ob. cit, pig. 343; 
Nix6n-Roulet, ob. cit., pig. 98; Lathrop, ob. cit., pigs. 40 y 121. 



410 EL HISPANISMO EN NORTE-AM£rICA 

frecuencia fuerte y bronca". Chatfield-Taylor reduce la 
voz bronca a las mujeres del pueblo. Coles Harris, vi- 
rando casi en redondo, declara que su voz es menos 
chillona y aguda que la de norteamericanas y france- 
sas, ya que no tan suave como la voz de las mujeres 
inglesas; por otra parte, el lenguaje parece dulcificar 
mas aun la voz de las espanolas. Y, finalmente, Steell 
nos dira que las andaluzas tienen la voz mas rica y 
poetica del mundo. Sobremanera al cantar estas coplas 
populares, genuino producto de la tierra espanola, que 
semejan participar de las cualidades de su sol brillan- 
te, de su tierra rojiza, del espeso y aromatico vino de 
la peninsula, de sus noches consteladas, de sus dias 
claros, luminosos y ardientes. Son cantadas con tan 
sonora y afinada voz, con tal sentimiento, con tanta 
alma, que se olvida uno de la sencillez de la letra, a 
menudo insignificante y de escasa inspiracion. Entre 
todos, los andaluces, de exquisita y armoniosa voz, se 
llevan la palma en aquel arte popular. «E1 andaluz es 
una de las criaturas mas verdaderamente musicales de 
la tierra, en el sentido de que su musica expresa su real 
emociou". El canto es su natural modo de expresion. 
Canta siempre, en cualquier ocasion, en todo lugar, y 
aunque en su libre cantar no se someta a las reglas de 
la tecnica musical, canta bien. Y suyos, de su tierra 
precisamente, son esos cantares populares, esas pete- 
neras y malaguefias, que recorren triunfalmente todo 
el reino, y cuyos crudos y barbaricos aires suenan gra- 
tamente en todos los oidos, scan senores o labriegos, 
cultos ignorantes, nobles o zagales. Y si la buena 
hembra deja el canto por el baile, jMaria Santisima! . . . 
En Andalucfa, sobre todo, las mocitas danzan con gra- 
cia tal que viendolas "semeja vano cualquier otro goce 
de la vida". Y lo que tampoco se les escapara a ningu- 
no de estos tenaces observadores es U habilidad de 
nuestras hembras en el manejo del abanico. Cosa admi- 
rable y del mayor gusto es verles servirse del sutilisi- 



VIAJEROS 411 

mo, infatigable y parlanchin instrumento, merced al 
cual .una mujer "proseguira larga platica sin que de sus 
labios saiga una palabra-'. Con elocuencia, que da en- 
vidia al mas'elocuente, "se agita, ondula ociosamente, 
se abre y cierra en un santiamen, cae hacia un lado, 
como en pausa, torna a alzarse y toma, en fin, parte en 
la conversacion casi como una tercera persona. Todo 
ello sin el menor esfuerzo, con un leve movimiento de 
los agiles dedos o la mufieca, y afiadiendo un encanto 
mas a su duefia". jY c6mo charlan estas buenas sefio- 
ras espanolas con el abanico, y con todo, cuando se 
reunen de tertulia!; |que animacion y expresivjdad, que 
derroche de energia, que accionar con las manos y el 
abanico, y con los brazos, los hombros, las cejas y has- 
ta las rodillasl Lanza una contertulia sus frases «con 
inarticulados zumbidos, silbidos e incontables interjec- 
ciones piadosas, tales como jgracias a Dios!, /Santa 
Maria! , joh, Dios miol Las otras, sobrepujadas en ade- 
manes y gritos, se arrojan sobre ella, le sacuden, le Chi- 
lian, y, a pesar de todo, por algun don misterioso, no 
pierden un instante su cortesia, gracia y dignidad" (1). 
En todo aquello, en el tipo, en los modales, en el 
caracter, las mujeres — concederd Chatfield-Taylor — 
son del todo femeninas y seductoras, pero si se entra 
en el terreno intelectual se vera que leen poquisimo y 
apenas son capaces de entablar una conversaci6n sobre 
cualquier tema de interes general. Ni su educaci6n tien- 
de a desarrollar las facultades mentales, ni sus estudios 
pasan de ser rudimentarios; se las educa para esposas 
y madres, y nada mas. El amor, del cual tienen las ideas 
mas sentimentales, y la religion, son los dos unicos te- 



(1) Bates, ob. cit., p^gs. 343, 344 y 345; Franck, ob. cit., pagi- 
nas 116 y 121; Lathrop, ob. cit., pags. 40, 123, 125 y 126; Coles Ha- 
rris, ob. cit., pag. 149; Mardcn, ob. cit, pdgs. 7 y 145; Stoddard, 
ob. cit, pdg. 176; Chatfield-Taylor, ob. cit, pdg. 224; Steel!, ob. ci- 
tada, pdg. 96. 



412 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

mas que deben interesarlcs. Bates se fija en las mucha- 
chitas de la clase media, sensitivas, bien nacidas, nobles, 
finas, listas como la que mas, pero ignorantes. «En mis 
correrias por Espana halle en todas partes a estas mis- 
mas jovencitas hechiceras, vivaces, desvalidas, versadas 
en labores de aguja y en las finuras y gentilezas de so- 
ciedad, mas sin saber casi nada de historia, literatura, 
ciencia, cuanto forma en fin la cultura intelectual". Se 
impone, por lo tanto, una instruccidn femenina mas 
concienzuda y liberal. Con mayor motivo siendo estas 
mujeres espanolas de clara y despierta inteligencia. 
Conforme Catalina Clark, es imposible formarse siquie- 
ra una idea del pais, sin ver lo admirablemente equili- 
bradas que son las. mujeres. "El sentido comiin de las 
mujeres del pueblo — dice — es tan sorprendente en 
Espaila como en Francia". Por ello lamentaba el viaje- 
ro Hay que estuviesen mantenidas en tal ignorancia: 
en su opinion, la inteligencia femenina es en la penin- 
sula mas rapida y activa que la del hombre. "Entre la 
gente de sociedad — escribia — , nos llama la atencion 
desde el primer instante la superioridad que, en clari- 
dad de juicio y en sensibilidad, poseen las mujeres so- 
bre sus esposos y hermanos. Entre los pequenos fabri- 
cantes, la mujer sale siempre al quite cuando ve a su 
tardo marido confuso en cualquier trato. En el campo, 
hagase a cualquier labrador una de esas preguntas co- 
rrientes a proposito del viaje. Se le vera titubear, bal- 
bucear, acabando con un iquien sabe!, pero su mujer 
respondera con desparpajo y de modo completo a 
cuanto se quiera saber «. Nuestro viajero consigna el 
hecho; razones, las ignora, de no ser — dira, con una 
sonrisita cdustica — , que los hombres tengan nubladas 
las entendederas con humo, a fuerza de tanto fumar 
todo el santo dia. Cosa que no sucede a las mujeres (1). 



(1) Hay, ob. cit, pdgs. 38 y 39; Clark, ob. cit, pig. 310; Bates, 
ob. cit., pags. 342, 359 y 361; Chatfield-Taylor, ob. cit, pdgs. 70 y 71. 



VIAJEI\0S 413 

Mas, ^cual no seria, a este prop6sito, el asombro del 
mordaz y bien informado escritor si hubiese podido 
leer en la pagina 4 de Ciudades espanolas, de Stoddard, 
su compatriota, la estupenda declaracion de que las 
mujeres espanolas, iquien lo creyera!, fuman? Y el 
hombre ha visitado a Espana. iS)\ se habra mareado en 
ei viaje? jQue confesi6n, caballeros, decirnos asi, clarito 
y en cristiano, que se ha expuesto a atrapar alguna le- 
si6n libre, porque en Espana, dondequiera que las mu- 
jeres fuman, los hombres sueleri atraparlal 

La seflorita Lee Bates, profesora del , Colegio We- 
llesley y autora de numerosos trabajos acerca de nuestro 
pais (1), es quien mas atenci6n y espacio ha concedido 
en su relato de viaje a los ninos espanoles. Desde que 
puso el pie en la peninsula pudo apreciar el carifio que 
se les profesa alii, y la precocidad y salero de la gente 
menuda. Por ello, Cupidillo, y no Santiago, es el ver- 
dadero patr6n de Espaiia. Los padres son por nuestra 
tierra carifiosos en extremo, pero imperiosos y severos 
cuando la ocasi6n se tercia; a menudo, impacientes en 
su disciplina. Aun aqui se muestra cudn «extraiio, ro- 
mantico y desmedidamente inconsistente" es el cora- 
z6n de Espafia: estos hombres que tratan con bdrbara 
crueldad a las caballerias (2), dulcifican la voz y los 



(1) Ha publicado: Romantic legends of Spain, de Becquer (tra- 
ducidas en ,colaboraci6n con Cornelia Frances Bates), New-York, 
1909; In sunny Spain with Rafael and Pilar ica, New- York, 1913; 
Spanish girls and women, en American Motherhood, November, 
1903; The gardens of the Alcazar at Seville, tu House and Gar- 
den, July, 1904; Spanish women of letters: Teresa de Jesus, the 
Mystic; Ferndn Caballero, the Pioneer novelist; Emilia Pardo Ba- 
zdn, the New Woman, en The Churchman, June, August and Oc- 
tober, 1904; Choral games of Spanish children, en The Churchman, 
October and November, 1904; Holy Night. Translated from Fernan 
Caballero, en The Churchman, December, 1904; y Folk Lore of the 
Spanish people, en Boston Transcript, January, 1910. 

(2) O'Reilly, en la pdgina 127 de su mencionado libro, afirma que 
durante los ocho meses de su viaje por el reino, s61o un caso de 
crueldad presencid, notando, por el contrario, que los «rollizos y 



414 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

modales al acercarse a un nifio, no habiendo visto en 
los seis meses que dur6 su viaje nada de esa brutalidad 
callejera con que se le trata en las calles de Liverpool 
y Londres. Y dentro del hogar se le prodiga un carino 
casi siempre apasionado y portico. ^Seria, en verdad, 
extrano que los ninos no fuesen amados en la patria de 
MurillO". Clark y Marden, entre otros, tambien aluden 
a esta universal querencia espafiola por los nifios, cual- 
quiera que sea su rango social. No obstante verse ado- 
rados, acariciados por todo el mundo, los pequeflos sue- 
len ser humildes y, con la gente desconocida, timidos. 
Como se ve, nuestra viajera no deja de notarnada, hasta 
la peregrina rareza de su timidez ante los extranos. Lo 
unico quese olvido afladir es si las criaturas se ponen 
no, como en todas partes, los deditos en remojo. Su 
precocidad es un hecho reconocido; durante los doce 
primeros afios alcanzan un mayor desarrollo mental 
que los demas nifios europeos. En cortesia, es preciso 
verles para comprender hasta que extremo son punti- 
llosos en observar todas las formas de la etiqueta, y 
cuan respetuosos se muestran con los mayores. A este 
proposito, refiere la sefiorita Bates su dialogo con una 
menuda personilla de nueve o diez abriles. Sin la mas 
remota idea de que la criaturita, que, sonrojada, ocul- 
taba el rostro en brazos de su tia, pudiera entender ni 
jota, exclam6: 

" — iQue linda criatura! 

"Y punto seguido, su rolliza seiioria, irguiendose y 
tornando el semblante hacia mf, dijo con la mayor gra- 
vedad: 

w — Es favor que usted me hace. 

wApenas si pude salir de mi sorpresa para respon- 
der a tiempo con la formula de rigor: 



felices jumentos" eran tratados ncomo miembros de la familia». 
Igual suave trato de los animales han advertido otros viajeros, entre 
ellos Havelock Ellis. 



VIAJEROS 415 

II — No es favor, es justicia. 

"A lo cual don Querubin contesto dulcemente: 

« — Mil gracias. 

"Y yo cerre el incidente con la consabida respue&ta: 

" -T- No las merece. 

"Todos, criados, vecinos, transeuntes, mendigos, 
educan al nino en estas. formulas de rigor y buena 
crianza, adornando el precepto con e! ejemplo"* Ob- 
serva a los nifios en una escuela y advierte con cuanta 
vehemencia agitan las morenas manecillas en el aire, al 
responder al maestro, la movilidad y expresi6n de sus 
ojos y del rostro entcro, su animacidn y bullicio, su 
exuberante energia, como corren cual potrillos retozo- 
nes a la pizarra, y lo toman todo a risa, pero sin olvi- 
darse nunca, en sus travesuras, de ser respetuosos y 
urbanos. Si nuestra viajera, que tan bicn los quiere, les 
observa en el parque, es para caer en la cuenta de su 
incapacidad, verdaderamente espafiola, en cosechar las 
lecciones de la experjencia. Ve recibir a uno de sus 
querubines, pdlido, agraciado, persistente como casi 
todos los espanolitos, una buena azotaina por haberse 
manchado de barro de pies a cabeza. «Temblabale la 
orgullosa boquita, pestaileaba a mas no poder, pero ni 
una Idgrima ni un grito, y apenas habi'a escapado de 
las garras de su nodriza, vuelta a enfangarse las mane- 
cillas en el arroyo". En estas picaras y apasionadas per- 
sonillas despunta ya, en sus juegos infantiles y en su 
devota aficion por el teatro, el instinto dramatico y la 
fina ironfa de la raza. Es de ver, ya en el coliseo, la 
suma atencion con que meras criaturitas de tres anos 
siguen todos los incidentes de la representacion (1). 



■ (I) Bates, ob. cit, pigs. 5, 162, 164, 166, 170, 176, 177, 179, 180 
181 y 299; Clark, ob. cit, pdg. 297; Marden, ob. cit., pig. 22. 



41fi EL HISPANISMO EN NORTE-AM£rICA 



IV 



No, Espafia no es una raza agotada — afirma O'Rei- 
lly — , sine joven, fuerte y limpia de muchos vicios y 
pecados capitales que padecen otros pueblos. En el 
ancho campo del reino es donde mejor puede compro- 
barse su vigor y pureza; los energicos montafieses del 
norte, los sobrios, pacientes e hidalgos labradores de 
Castilla son, con los industriosos catalanes, los genui- 
nos representantes del poder de esta raza, y quienes 
con sus grandes cualidades aseguran el brillante por- 
venir de la peninsula. Libre del nocivo influjo de los 
venales gobernantes y caciques y de las atm6sferas de 
las ciudades, es nuestro campesino el mas sano y digno 
ejemplar de toda la raza. Chatfield-Taylor, que al poner 
su dura mano en la burguesia espafiola, le restalla en el 
rostro el Idtigo de su colera y soberano desden, y la 
deja de puro molida oliendo a fenicado; este lucido in- 
geniOjCualesquieraque sean susexcesos delenguaje,que 
la pinta repulsiva, sin la cortesania del noble ni la gen- 
til naturalidad del labriego, y, lanzando como pelotas 
una serie de adjetivos que a Dios me encomiendo, la 
llama ignorante, holgazana y fanatica, glotona, grosera 
y rustica, astrosa y — arcabuzazo final — puerca; este 
respetable senor que, como se ve, no tiene pelillos en 
la lengua ni mesura en el hablar, y quien acaso abunde 
en razones para expresarse asi, pues sabido es que 
cada uno habla segun le va en la feria; Chdtfield-Taylor, 
repito, se descubre ante los campesinos y ante la gente 
del pueblo, considerandolos como unicas clases socia- 
les que, a sus ojos, redimen a la naci6n espanola. Todos 
los viajeros que visitaron nuestros campos han ensal- 
zado a coro los buenos modales, la hospitalidad y claro 
ingenio del labriego, quien, orgulloso de su limpio 
nombre y pura descendencia, hace gala de una instin- 



VIAJEROS 41 f 

tiva urbanidad y es, «por naturaleza, un getlman, un 
caballero". Iletrado, mas, gentil y discrete. Si no sabe 
leer ni escribir, no es tampoco lo que se dice un igno- 
rante. De padres a hijos se han ido transmitiendo un 
tesoro de sabiduria popular que les dan a meniido «una 
mas ampiia visi6n de la vida y una mayor fortaleza es- 
piritual que las del hombre letrado que con frivolidad 
les critica". Son ellas, las hembras, muy femeninas, y 
ellos muy hombres y en extremo varoniles. Pocos po- 
seen tan claras luces, en las cosas molientes y corrien- 
tes de la vida, como el labrador, el jornalero, el arriero 
espanol. No solo pasma oirles platicar en aquel len- 
guaje fliiido, de rico vocabulario, de vigorosa simplici- 
dad de dicci6n — cosa cierta, por lo menos en ambas 
Castillas — , sino con aquel maduro raciocinio que 
ponen en cada frase. Representan, en verdad, el sentido 
comun y la.m6dula de la nacion espanola. Y quien es- 
tos liltimos conceptos expresa, el andariego profesor 
Franck, dandose la mano con Chatfield-Taylor, agrega 
que la llamada clase elevada es, no obstante sus letras, 
una de las mas ignorantes e ineducadas del planeta. Ni 
el neoyorquino ni el chicaguense dicen nunca las cosas 
a medias, ni nada parecen dejarse en el tintero. Ambos 
son los dos linicos viajeros — es de justicia hacerlo 
notar — que tales pestes dicen de la clase media y de 
la alta, y quienes aun al acariciar acarician a contrapelo. 
Tornando a la gente del campo, la cual suele ser por 
cierto mas ecuanime que estos escritores de la ciudad, 
nada mas grato que escuchar de sus labios las antiguas 
leyendas. Cu^ntalas con ingenua reverencia y rendido 
amor. Bien merecen ser llamados vivientes antologias, 
«vivientes antologias de viejas baladas, de jugosas re- 
dondillas, de adivinanzas, proverbios, fdbulas y epigra- 
mas. El labrador cita a Don Quijote sin haberlo leido, 
el zagal es tan li'rico como Romeo, el piadoso pastor 
refiere leyendas que son, a medias, suefios de sus soli- 
taries di'as en los oteros. Alli precisamente donde la 

27 



418 EL HISPANISMO EN N0RTE-AM6RICA 

vida espanola esta mas desnuda. de prosperidad mate- 
rial, es donde parecen abundar mas las evocaciones de 
la poesiaw. Asi sucede, verbigracia, en la tierra gallega. 
De su rico caudal de leyendas, de su medioambiente 
ingenuamente romantico, tanto como de su variedad y 
contrastes, proviene el sutil e indefinible hechizo de 
Espana. Y Bates, encarandose con ella gentilmente, le 
dird: "iPoesia eres tu!" Pasari'a nuestra espanolfsima y 
sufrida clase agricola por las paginas de este libro con 
todos los prestjgios habidos y por haber, incolume y 
sin tacha, si a un condenado viajero de buen olfato, no 
se le hubiera ocurrido sacar a colacion el pestifero 
aliento del labriego iberico, aliento que, "cxhalado con 
mortal eficacia", huele a "ajos, tabaco vil y carcomida 
dentaduraw (1). 



V 



En tierras de Espana, nada llama tanto la curiosa 
atencion del viajero como la dignidad, cortesia y el. 
desmedido orgullo de sus naturales. De creer a Catali- 
na Clark y Nixon-Roulet, no hay 'espanol descortes, 
cualquiera que sea su rango social, aristocrata, artesano, 
jornalero o mendigo, y donde quiera que se le en- 
cuen'tre. La segunda agrega que no obstante haber 
viajado sola por todo el reino, jamas sufrio descortesia 
alguna ni escucho palabra desagradable. Los del sexo 
fuerte corroboran, si bien mds moderadamente, la opi- 
nion de tales damas. Conforme Chatfield-Taylor, y no 



(1) On the trail of Don Quixote, by August F. Jaccaci (con ilus- 
traciones de nuestro genial Vierge), New-York, 1896, pig. 103; 
Steel), ob. cit., pag. 105; O'Reilly, ob. cit, pags. 99 y 100; Chatfield- 
Taylor, ob. cit, pdgs. 211, 234 y 235; Franck, ob. cit, pag. 168; Ba- 
tes, ob. cit, pdg. 443; Nix6n-Roulet, ob. cit, pdg. 204; Marden, obra 
cit., pag. 26; Lent, ob. cit, pag. 237. 



VIAJEROS 419 

obstante lo que oimosle decir sobre la clase media, no 
hay gente mas cortds y hospitalaria que los espanoles. 
Y asegura, igualmente, con el mas benevolo y resuelto 
optimismo, que del mas alto al mas bajo son invaria- 
blemente finos. (iPor que escribiria entonces tan mal- 
humorado aquellas lindezas sobre la burguesia? Coles 
Harris, un bienaventurado y respetable senor mi'o, que 
suele escribir, no con pluma, con bayoneta, hace una 
excepcion para encomiar la «encantadora y grave cor- 
tesia espafiola". A juicio de Hale, son «singularmente 
finos y obsequiosos". Lathrop, concretando mas los 
t6rminos, dira que la cortesia espafiola es, si sefior, 
grave y digna, pero anadiendo el muy guason con su 
habitual amenidad, que cada espanol semeja sentirse 
sobre un pedestal, y que sys reverencias nos dan una 
exacta idea de c6mo recibiria a sus huespedes Apolo 
Belvedere, o de como saludaria amistosamente Jupiter 
Tonante. . . Algun otro viajero la califica de admirable, 
pero excesiva. Por cosas proverbiales pasan en el ex- 
tranjero la dignidad y gravedad de los espanoles, y no 
hay turista que en ellas deje de reparar. En Norte- 
America, la "gravedad espafiola" es frase comun y co- 
rriente, tanto como entre nosotros el «esplin ingles" o 
la «frivolidad francesa". Y tan extremada, y mucho 
mds aun que su cortesia y gravedad, es su orgullo. 
«Cuatro siglos de fracasos y desventuras — martillea 
Franck — no han podido arrancarle aquella firme con- 
vicci6n implantada en su animo por Fernando e Isabel, 
en los dias triunfales, de que el es la flor y nata de la 
tierra, superior en todas las cosas al resto de la raza 
humana". De aqui que considere indigno de su calidad 
de caballero y de cristiano viejo, mostrar curiosidad 
aiguna, en especial tratandose de paises extranjeros, 
que no pueden ser^ino muy inferiores al suyo. Y si el 
espanol, en general, hace gala de un supremo orgullo 
e indiferencia, el castellano aun le gana al resto de la 
poblacidn. Conforme Chatfield-Taylor, el espanol mo- 



420 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

derno es un natural producto de su historia nacional: 
orgulloso, sentimental y aun fanatico, pero no progre- 
sivo; fiel a su religion, a su familia y a su patria, y en 
esto muy sincero, pero - jfiense ustedes de los espafio- 
les! — falso tal vez en su trato con los extranos. Esto de 
noner piel de zorra al leon no me parece del todo veri- 
dico Somos tambien indolentes, a su parecer, amen de 
crueles. Nix6n-R6ulet defiende, por el contrario y con 
grande empeno, la lealtad e hidalguia espanola, y Hale 
declara a los hijos de la peninsula benevolos, bien na- 
cidos y honrados a carta cabal. Coles Harris que ya se 
vtri c6mo las gasta, pintales sencillos, bondadosos y 
sinceros, y no se expjica por que suelen andar ciertos 
companeros de viaje recelosos y escamados de la buena 
fe de los espafioles, siendo estos, como a el le ban pa- 
recido tan dignos de confianza, y aun acaso mas, que 
otras gentes. Eso si, nuestros metodos son «estupi- 
dos"— dSi necesitara el buen senor un filtro en la 
boca? - , nuestras personas «fogosas y tercas" - sm 
cumplidos — pero a el le parecemos, joh, podria ju- 
rarlo!, gente honrada (1). 



VI 

Lathrop, quien entre los viajeros de fines del pasado 
siglo es el mas ilustrado y sagaz observador, el mas 
original y festivo, diputa nuestros relojes como los 



(1) The tourist's Spain and Portugal, by Ruth Kedzie Wood, 
New-York, 1913, pag. xiii; Jaccaci, ob. cit., pag. 96; Lathrop, ob. cit, 
ndVs 195 V 196- Clark, ob. cit., pags. 95, 254 y 335; Franck, o6. r/^, 
K 167; Nix6n-Roulet. ob. r//., pags- UA 217 227y 321; Chatf.e d- 
Taylor, ob. cit., pags. 23. 46, 64, 79, 8?, 98 y 211; Stoddard, ob.cit., 
pal. 52; E. E. Hale, ob. cit., pigs. 34 y 39? B^ttsob.cct, pags 39 Y 
237; Mkrden, ob. cit., pag. 6; Coles Harris, ob. cit., pags. 42, 58 
y 167. 



VIAJEROS 421 

mas acomodaticios mecanismos que jamas tuvo la for- 
tuna de conocer. Articulos de lujo, mas que de uso, 
tienen un valor puramente decorative. «Dan la hora y 
lo que habia de realizarse no tiene lugar. Uno principia 
a dudar si efectivamente ha llegado la hora. (iSi serd 
una ilusion vulgar asi suponerlo? Ciertamente lo es 
para nuestro espafiol. Sabe que la medida del tiempo 
es arbitraria, y prefiere adoptar la escala de la eterni- 
dad". Habran de excluirse, por supuesto, las corridas 
de toros, donde la puntualidad se lieva al extremo de 
principiar la funcion auii antes de la hora senalada. 
Que los espafioles nunca estan de prisa, que andan re- 
posadamente, despacito, en vez del galopar de otras 
partes, a paso de entierro como quien dice, que dispo- 
nen siempre de tiempo para charlar con los amigos y 
tomar el sol, que no hay gente mas dispuesta a apro- 
vechar un dia de descanso, siendo pocos los que gus- 
tan de trabajar, que el espanol es, en fin, por regla ge- 
neral indolente, semeja ser opinion muy extendida. 
Oyendo a ciertos viajeros, se echa uno a imaginar que 
la peninsula es una especie de tarima, colchon, catre o 
dormitorio, donde los espafioles nos tumbamos a dor- 
mir la, gran siesta. Sin embargo, no todos lanzan pulli- 
tas en la rpateria, esas puUitas que le hacen a uno re- 
cordar la consabida frase de Larra: «Suponte que eres 
espanol, y no te aflijas." Bates, por ejemplo, reconoce 
a los hijos de la peninsula un natural vigor y determi- 
nada diligencia. Chatfield-Taylor encuentra tan activos, 
industriosos y energicos a los barceloneses como a los 
habitantes de Chicago, que es el prototipo norteameri- 
cano de la ciudad condal. Hale muestra gran confianza 
en el porvenir de Espaiia, porque no es posible sino 
confiar en el destino de un pueblo tan sobrio e indus- 
trioso. Del labrador, piensa otro viajero que si no tra- 
baja tampoco come, y nuestro Sr. Coles Harris, de 
palabras gruesas como garrotes, no sabria decir si el 
montanes malagueno es haragan por hallarse medio 



422 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

muerto de hambre, o si su indigencia proviene de su 
holgazaneria. Bien sutilmente ha analizado Salillas esta 
cuestion de si somos pobres por holgazanes, o vicever- 
sa, en El hampa y en su teoria basica del picarismo es- 
panol; y lea y se entere el Sr. Coles Harris, y de prove- 
cho le sirva estas lecturas. Un tercer viajero en discor- 
dia — ique modo, senores, de enredarse la madeja! — , 
protesta de que llamen indolente al campesino, ya que 
trabaja animosa y largamente. Y Jaccaci y Hale sostie- 
nen con toda firmeza ser tan laborioso como es posible 
serlo, y de los campesinos afirma el primero que en 
parte alguna vio hombres mas industriosos y capaces 
de ejecutar un trabajo tan duro y sostenido (1). 

Los andaluces, la gente mas chispeante, graciosa y 
cordial del mundo, conforme Chatfield-Taylor, son para 
Franck sinceros, francos hasta la pared de enfrente, 
incapaces de encubrirse con la mascara del puritano. 
Sobrio y saludable^ el andaluz vive con la mayor senci- 
llez y sin perder el contacto con la madre naturaleza. 
Para el, primero vivir, despues trabajar cuanto tiempo 
e! vivir le deje libre. En su sano y hondo sentido de la 
realidad, aprecia la vida en todo su valor. Y por eso, 
vivir primero, antes que nada. Manifestaci6n de esta 
indolencia espanola es la mendicidad. Artotemos pri- 
mero que desde el turista que ha creido advertir una 
frecuente privacion de vista, hasta quien afirma catego- 
ricamente que no hay pais en el universo donde se 
vean tantos ciegos y miopes, todos o casi todos sefialan 
este mal fisico de la naci6n. Tal vez, de ello provenga 
en parte, asi como de la caridad espafiola, la pintoresca 
plaga de nuestra mendicidad. Lo que es esta no la. pa- 



(1) Hay, ob. cit, pdg. 98; Jaccaci, ob. cit., pag. 33; Bates, obra 
citada, pag. 11; Lathrop, ob. cit., pdg. 162; E. E. Hale, ob. cit, pd- 
ginas 72, 304 y 321; Stoddard, ob. cit., pdg. 54; Nixon-Roulet, obra 
citada, pag. 161; Chatfield-Taylor, ob. cit., pigs. 4, 30, 90, 98 y 219, 
Coles Harris, ob. cit, pags. 89 y 98. 



VJAJEROS 423 

san tampoco en silcncio, ni mucho menos, nuestros 
viajeros. Se quejan todos, ivalgame Dios!, de los mu- 
chos mendigos que pululan en las calles; pero, (iqu6 
querran que hagan los mendigos en casa? Y dicen que 
son tantos, tantos. . . ique crujir de muletas en la pen- 
insula, que gotear de lagrimas, que sordo rumor de vo- 
ces plaiiideras deben de parecerle a los lectores! El 
gran dormitorio peninsular de ciertos turistas se ha 
convertido, por obra y gracia de otros, en patio de 
asilados. Aunque nuestros mendigos son capaces, si el 
viajero esta en Cordoba, "de hacerle olvidar las glorias 
del Califato", sin embargo, pasada la colera de momen- 
to, recibiran del turista una menci6n honorifica en sus 
libros y sendo tributo de consideracion, ^no por su su- 
ciedad, ni su persistencia, sino por su cumplida corte- 
sani'a, pues cada uno de ellos, lavado de pies a cabeza, 
vestido de sedas y raso, y con su correspondiente in- 
signia, podria d^sempeilar el papel de gentilhombre de 
camara". Suelen ser por lo comun bastante viejos para 
pres^ntarse dignamente en calidad de tales mendigos, 
y si jovenes, muy sociables y, para cierta viajerita, sin 
duda linda, loh, vagabundos contumaces y afortuna- 
dos!, hasta adorables (1). 



VII 



Todos estos hijos de la libre America, de la grande 
y ejemplar democracia, convienen en que nuestro pais 



(1) Royal Spain of today, by Tryphosa Bates Batchellcr, New- 
York, 1913, pdg. 614; /! f^fnily tligM through Spain, by Susan Hale, 
Boston, 1883, pag. 146; Stoddard, ob. cit., pig. 4; Franck, ob. cit., pd- 
gina 122; Ch_itfield-Taylor, ob. cit., pigs. 101 y 139; Clark, obra 
citada, p:igs. "153, 254 y 333; Bates, ob. cit , pig. 189; Marden, obra 
citada, pags. 5 y 8; Nixon-Roulct, ob. cit., pdg. 227; Lathrop, obra 
citad^, pag. 167. 



424 EL HISPANISMO EN' NORTE -AMERICA 

es eminentemente democratico. Para Howe, Finck, 
O'Reilly y Franck, el mas democrata del mundo, en 
su vida social. Democracia que solo ha tenido un 
ejemplo, tan s6lo uno, en toda la historfa del viejo 
mundo: el de la Roma republicana. Todas las clases 
y rangos sociales se tratan con el mismo respeto, y 
en terminos de una grave, nunca familiar, igualdad. 
Singular es su independencia de caracter, en lo cual 
aventaja a todos los earopeos. «Se ha dich6 que un 
vecino de Amsterdan no se diferencia mas de un napo- 
litano, que el vascongado del andaluz; no obstante, en 
cste rasgo de firme independencia todos los espanoles 
son iguales". Entre los artesanos, labriegos y jornale- 
ros rarisima vez se descubre t\ nativo espiritu de ser- 
vidumbre que semejan llevar en la sangre todas las 
clases trabajadoras del resto del continente. No solo se 
considera cada hombre igual a los demas, sino que, 
siendo la igualdad cosa sobrentendida y universal, el 
humilde artesano no necesita recurrir a la insolencia 
para imponer aquella en la vida practica. El mismo 
pordiosero posee este hondo sentimiento de igualdad. 
V los mendigos, como hace notar Catalina Clark, no 
suelen ser democratas en parte alguna, sino mas bien 
retraidos, recelosos, desdenosos, ante el tem.or de que 
se les humille. Aqucl amistoso trato entre amos y cria- 
dos que ya senalaron cuantos' turistas recorrieron la 
peninsula, cualquiera que fuese su origen y nacionali- 
dad, habia de llamar la atencion de nuestros presentes 
viajeros. «Fue en Burgos — escribe O'Reilly — donde 
nos dimos cuenta por vez primera de lo que mas tarde 
habiamos de presenciar frecuentemente: el labrador, 
que conduce el carruaje de su amo, entrando en la fon- 
da con el y sentandose a la misma mesa, amo y sirviente 
iguales en dignidad». Sin embargo, aunque sobre un 
mismo pie de igualdad, los criados no pueden ser mds 
respetuosos en sus modales; jamas se ve degenerar en 
impertinencia su simpatico desenfado. Quizas por este 



VIAJEROS 425 

espiritu dcmocratico, que constituye la entrafia de la 
raza, no ha existido nunca en Espafia la reciproca ani- 
mosidad entre el pueblo y los nobles que se observa 
en otras partes. «Registrando nuestra patria histbrica — 
recordaremos en este punto las palabras de Caste- 
lar — , echase de ver que somos por tradicion demo- 
cratas. . . La democracia vive como sentimiento en 
nuestra historia". Pueblo y nobles aparecen unidos 
constantemente de modo fraternal en sus luchas por la 
libertad y los ideales patri6ticos(l}. 

iComo seria posible — pregiintase O'Reilly — que 
un pais que ha padecido durante siglos malos y vena- 
les gobiernos pueda estar limpio de corrupcion politi- 
ca? Interesados por varias centurias en sus conquistas 
y empresas exteriores — explicara Franck — , dejaronse 
gobernar los espanoles, dentro de casa, por una "parti- 
da de bandoleros", cuyo ejemplo acabo por inficionar 
el pais entero, que vio en los puestos oficiales un medio 
de lucrar y apoderarse de lo ajeno. Para que Espafia 
escape con vida de las garras de buitre que la oprimen, 
sera preciso que surja un hombre, un partido, un mo- 
vimiento purificador que, desterrando los malos prece- 
dentes, obligue a sus funcionarios a "hacer con todas 
sus fuerzas honradamente lo que ahora hacen con todas 
sus fuerzas afrentosamentc". Consecuencia ineludible 
de esta venal administraci6n publica es que los ciuda- 
danos vean en el gobierno una legitima presa. Como el 
gobierno les defraud^ — afiade Chatfieid-Taylor — , no 
vacilaran ellos en defraudar al gobierno en cuanto se 
les presente ocasion. De aqui que el espanol sea por 
naturaleza — |asi como suena! — un contrabandista. Y 



(1) Howe, ob. cit., pig. 134; Finck, ob. cit., pag. 14; Lathrop, obra 
citada, p5gs. 49, 158 y 1^)5; Franck, ob. cit., pdg. 168; Clatk, obra 
citada, pag. 254; O'Reilly, ob. cit, pags. 37, 69 y 175; Coles Ha- 
rris, ob. cit., pag. 105; Bates, ob. cit., pig. 219; Chatfieid-Taylor, obra 
citada, pig. 211. 



426 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

como de contrabandista a bandolero y salteador de 
caminos no hay mas que un paso, otro turista lo da, 
para decirnos con todo aplomo que desde tiertpo in- 
memorial ha sido costumbre de los espaiioles, de todos, 
sin exceptuar a reyes ni prelados ni al mismfsimo luce- 
ro del alba, a «despojar y timar a los subordinados, 
quienes a su vez dificilmente podfan hacer otra cosa 
que seguir su ejemplo". Y este don Prudencio, sin 
pararse en barras, concluye que «la cosa ha ido asi de 
una punta a otra de la cadena" (1). 



VIII 

Del presente renacimiento de la naci6n dan todos o 
casi todos los viajeros luminosa cuenta. Espafia esta 
hcrida, pero no mortalmente, oimos decir a O'Reilly. 
Disciplinada por las duras ensenanzas de su historia 
contemporanea, purifiqada de sus errores en el fuego 
del sacrificio y del sufrimiento, libre de la pesada carga 
de las colonias, que absorbian la vitalidad de la metro- 
poli, rota la cadena de los motines, revolucionesy gue- 
rras civiles, que ensangrentaron la peninsula en el pa- 
sado siglo, unificada, con todas sus provincias, y en 
particular catalanes y castellanos, viviendo en armoni'a: 
Espafia no solo esta en camino de restablecerse, sino de 
recobrar su antiguo poder y brio. Manifiesto le parece 
a este y a los demas observadores su renacimiento lite- 
rario y artistico, al que otros aiiaden, con calido entu- 
siasmo, su engrandecimiento industrial y mercantil. La 
mayoria muestra confianza en su porvenir, y aunque 
por lo comun se abstienen de extender fdrmulas para 
su total restablecimiento, algunos dan su recetita con la 

r^\- ri"-r^^',^*" f'"^-' P^^- '^'^'' ^'■^"*^'^' °^' ^'^•' Pags. 319 y 320; 
Cbatfield-Taylor, ob. cit, pag. 215: O'Reilly, ob. cit., pdg. 101, 



VIAJEROS 427 

mejor voluntad del mundo, la cual receta vari'a segun 
el espfritu, disposicion y tendencias de cada uno. Asi, 
el Sr. Franck, que ha recorrido a pie la peninsula, co- 
deandose casi exclusivamente con las clases trabajado- 
ras, sefiala como unico camino para la redencion nacio- 
nal que Espafia «fusile a los curas y ponga a trabajar a 
los soldados". Bien se ve que le ha bebido los pensa- 
mientos y aun las palabras al bajo pueblo. En Toledo 
bastole echar una ojeada a la pobiacion para persua- 
dirse de que toda la enjundia, mollas y mantecas de la 
ciudad van a parar a los eclesiasticos. Todos ellos, aial- 
quiera que sea su jerarquia, estan gordos y lucientes, 
con un aire de satisfaccion en sus «s6rdidos y cinicos 
semblantes". Aqui, alguien comienza a oler a azufre. . . 
Los otros, los infelizotes que no pertenecen a la curia, 
los que componen la pobiacion civil, tienen cara de 
hambre, si no de hambre fisica, de sed espiritual al 
menos. El joven turista les tiene a la gente de sotana 
y solideo una repugnancia mortal, porque a su ver son 
wpestiferos", "haraganes", etc., etc, causa primera, raiz 
y origen de todos los males que la nacion padece. Se 
traslada a Burgos y alii, contemplando el panorama de 
la ciudad desde el cerro de San Miguel, declara: "No 
s6lo ofrece una amplia y sobcrbia vista de media des- 
nuda y pedregosa faz de Castilla la Vieja, sino comp un 
general panorama de Espafia y de su historia. tres 
buenas cuartas partes del area de esa ciudad que queda 
a nuestros pies estan ocupadas por la catedral, los tem- 
plos, conventos, monasterios, casas'de misericordia, la 
vasta mole del Castillo, los cuarteles, la plaza de toros, 
todos los innumerables edificios de las clases impro- 
ductivas. . . Ah' esta a plena vista la enfermedad .de 
Espafia. Es un pais de parasitos". Si Franck representa 
hasta cierto punto el criterio de la farmacopea popular 
espafiola, y habia casi por boca del pueblo, otro viaje- 
ro, el pulido e ilustrado O'Reilly representa el elemento 
intelectual, Se ha leido a Ganivet y Unamuno y barrena 



428 EL HISPANISMO EN NORTE -AM£RICA 

mas en las ideas. Su doctrina es, en substancia, la misma 
que expusiera en su Jdearium el inolvidable granadino. 
Lo que Espana ha de hacer es conservar su espiritu 
nacional y sus tradiciones, su amor a las glorias del 
pasado, su confianza en el porvenir, su fe cristiana, 
«que ha arraigado aqui mas hondamente que en nin- 
gtin otro rincon del mundo", la viril independencia de 
caracter que lanto distingue a sus hijos, el estoicismo, 
la dignidad y cortesia, lo que constituye en fin su esen- 
cia inniortal y su propio cardcier». Mas recogiendo al 
par, y armonizandolos con todo ello, las ideas y los 
progresos modernos (ij. 

Eso era lo que Angel Ganivet pedia, nacionalizar al 
pueblo^ espafiol, adaptar los elementos intelectuales, 
religios'os, sociales y politicos que recibimos del extran- 
jero al caracter y las tradiciones de la raza. «Todo 
cuanto viene de fuera a un pais — escribia desde Gan- 
te — ha de acomodarse al espiritu del territorio si quiere 
ejercer una influencia real*'. En filosofia, pues, formar 
una filosofia espanola con los elementos de nuestros 
grandes escritores misticos, en vez de scguir el movi- 
miento de rehabilitacion del escolasticismo, mas propia- 
mente del tomismo, que comenzo en Italia y de alia ha 
pasado a Espafia, «como si Espafia no tuviera su propia 
filosofia". En religion, "adaptar el catolicisnio a nues- 
tro propio territorio, para ser cristianos espaiioles". En 
socialism©, «ino hay acaso en Espana una tradicion 
socialista?, ^no es posible tener un socialismo espanol?" 
«En Espaiia solo hay dos soluciones racionales para el 
porvenir: someternos en absoluto a las exigencias de la 
vida europea, o retirarnos en absoluto tambien y tra- 
bajar para que se fornie en nuestro suelo una concep- 



(1) Ramblas in Spain, by John D. Fitz-Oerald, New- York, 1910, 
pag. 14; O'Reilly, ob. cit., pags. 429 y 430; Franck, ob. cit., pags. 213, 
318 y 319; Howe, ob. cit, pag. 159; Clark, ob. cit, pags. 294 y 297; 
Mi^rden, ob. cit., pdg. 24; Chatfield-Taylor, ob. cit., pdg. 25. 



VIAJEROS 429 

ci6n original, capaz de sostener la lucha conlra las ideas 
corrientes, ya que naestras actuaies ideas sirven s61o 
para hundirnos a pesar de nuestra inutil resistencia. Yo 
rechazo todo lo que sea sumision y tengo fe en la virtud 
creadora de nuestra tierra». Busquemos «ia concicncia 
clara de nuestra vida y perfecta comprension de nues- 
tros destines dentro de nosotros, en nuestro suelo" (1). 
Acomodemos «la adaptaci6n a la herencia", dira Una- 
muno; "busquemos nuestro espiritu a traves de los cld- 
sicos, intctpretados en un sentido moderno", agregar^ 
Azorin (2). 

Durante cerca de siglo y medio hemos estado volun- 
tariamente sometidos, en todos los 6rdenes, a la tutela 
francesa. Tanto que pareciamos haber perdido para 
siempre el sentimiento de nuestra propia personalidad 
y el timbre de la raza. Nuestra politica seguia de cerca 
el derrotero de la politica francesa; nuestra literatura 
semejaba una rama de la literatura francesa, desvalijan- 
doles a los vecinos el idioma y el estilo, como antano, 
pero con mayor fruto, lo habi'an hecho ellos con la 
lengua y literatura espafiolas; nuestros estadistas eran 
afrancesados, y afrancesados tambien eran y siguen 
sidndolo nuestros socialistas. Pero a fines del siglo xix 
comenz6se a caer en la cuenta, en el campo de la poli- 
tica, aunque vanamente, de que nuestra amistad con 
Francia nos habia sido siempref funesta. La literatura 
pareci6 emanciparse con un retorno al clasicismo espa- 
flol. Y nuestra juventud, que sentia al fin ansias de pa- 
searse por Europa, y aprender el remedio a los males 
de la patria, tuvo ocasi6n de conocer, al propio tiempo, 
la ignorancia que de las cosas de Espana habfa en el 
pais vecino y la injusticia con que nos trataban. De otra 
parte, los mentores de la juventud espafiota mostraban 



(1) Elporvenir de Espana, pig. 59, 60, 61, 62, 76 y 169. 

(2) Cldsicosy modernos. Madrid, 1913, pdg. 5. 



430 EL HISPANISMO EN NORTE-AMfiRICA 

sus preferencias.por la pedagogia y cienciagermanas, 
y alia, a Alemania, se fueror. nuestras juventudes estu- 
diosas. 

En los 6rdenes de la economi'a y la politica nacio- 
nal, no de las ciudades, de los campos espafioles veo 
yo venir la savia y vitalidad que ha de mudar la estruc- 
tura y los destines de la nacion. No es el Estado espa- 
fiol, que padece todos los males y vicios de antano, ni 
los hombres de la ciudad siquiera, sino la. poblacion 
rural, la clase mas numerosa y la mas sana, quien estd 
llamada a redimir a nuestra Espana. Empez6 a hundirse 
en el horizonte el sol de Espana porque en la abundan- 
cia de riquezas que trajo a la peninsula el descubri- 
miento de America, nadie se ocupo de. cultivar los 
campos, de sembrar y coSechar los frutos de la tierra. 
Si el crecimiento del comercio, de las artes y de las 
letras fue poco mas que un relampago de gloria, es por- 
que descuidaron asentar toda aquella grandeza sobre 
el unico cimiento que hace duradera y s61ida, a pesar 
de todos los reveses, la prosperidad de un pais. Cuando 
se perdio el amor a la tierra, cuando se desdefio su 
cultivo, cuando la agricultura, conforme expresion de 
Saavedra Fajardo, se "vistio de seda", la prosperidad 
artificial de la nacion, gracias a un conjunto de circuns- 
tancias felices e insolitas, crecio como por encanto, y 
luego, como por encanto, se desvanecio. Despues, los 
espafioles hemos estado por varios siglos discutiendo 
la regeneracion del pais por medio de las leyes, cuando 
lo que haci'a y esta haciendo falta es hablar menos de 
, regeneraci6n, de politica y de leyes, y sembrar mas 
trigo. 

Los sindicatos agrarios son, a mi ver, el factor mds 
importante en la obra de la regeneracion espafiola. Ex- 
ti^ndanse por toda la peninsula las asociaciones agri- 
colas, con sus cooperativas, sus seguros,sus cajas de 
ahorro, que extirpen la usura rural; adquieran en comiin 
tales asociaciones las maquinas agricolas, los abonos, 



VIAJEROS 431 

las semillas, pongan en cultivo los terrenos baldios por 
su propia cuenta; confederense estas sociedades, en 
todo caso autonomas, para influir en la politica nacio- 
nal, en un sentido fundamentalmente economico, cele- 
bren sus asambleas y tengan su organismo central, pero 
organismo meramente consultivo, y tendremos el gran 
movimiento, el gran resorte que transforme hasta sus 
raices la econorai'a y la politica nacional. En una pala- 

I bra, que ese admirable ensayo que la Iglesia espanola 
ha hecho con la creaeion de los sindicatos catolicos 

! agrarios — que en la actualidad pasan de dos mil — , 
sirva de ejemplo y de estimulo a toda la poblacion 
rural espafiola, y se habran echado los cimientos mas 
s61idos y perdurables de la nueva Espafla. 

En el exterior, lograda la costa de Marruecos que 
mira a nuestra patria, recuperar Gibraltar, llegar a la 
federacion ib^rica y a la uni6n espiritual y mercantil 
con nuestros hermanos de America. (^Principal obs- 
taculo, en el pasado y en el presente, para estos tres 
puntos de nuestra politica exterior? Algunos, los pocos 
familiarizados con nuestra historia, se van a sonreir. 
Ese principal obstaculo — hay que decirlo en toda oca- 
si6n, oportuna o inoportunamente, y a los cuatro vien- 
tos — no es otro que Inglaterra, nuestro enemigo tra- 
dicional: el que en los siglos xiv, xvi y xvii se opuso a 
la unidad iberica; el que nos usurpa Gibraltar, mediante 
una perfidia; el que tras firmar con nosotros una a.lianza 
ofensivo defensiva, joh, ilusos espanolesi, funda ia Logia 
de America, de triste memoria, y suministra hombres y 
oro para destruir el imperio espanol ultramarino; el que 
en 1817 nos impone el tratado de simultanea visita de 
barcos y sume en la ruina nuestra flota mercante; el que 
nos obliga en 1880 a evacuar Tetuan y nos prohibe 
llegar a Tanger, arrebatandonos el fruto de nuestras 
victorias; el que usurpa nuestra soberania nacional im- 
pidiendo que se realicen obras de defensa en un radio 
de trece kilometros alrededor de Gibraltar; el que se 



432 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

ha negado sistematicamente a cedernos esta plaza, en 
cambio de otras posesiones, casi a peso de oro... Ingla- 
terra, nuestra rival robusta y valerosa, pero perfida, que 
pudo poner y puso su zarpa de leopardo en nuestro 
territerio, en nuestra soberania, en nuestra historia. 

Mas tornemos a nuestros viajeros, y que sea uno de 
ellos quien, con el pie ya en el estribo, a punto de partir 
diga la ultima palabra sobre Espana. Confiesa O'Reilly 
que entro en la peninsula con prejuicios y de mala gana, 
juzgando que mejor empleo hubiera dado a su tiempo 
y dinero viajando por otro pais. Poquito a poco, sus 
prevenciones fueron desvaneci6ndose y cuando al cabo, 
tras recorrerla de punta a punta y convivir con los es- 
panoles por ocho meses, tiene que abandonarla, lo hace 
«con un intenso afecto personal". Alejase convencido 
de que con todas sus «magnificas faltas", a pesar de sus 
corridas de toros, de sus venal-es gobiernos y de los 
muchos holgazanes que toman el sol en sus plazas pu- 
blicas matan el tiempo en los cafes, puede dar a otros 
pueblos lecciones de espiritualidad, de verdadera cari- 
dad cristiana, de heroica resignaci6n a la hora del sufri- 
miento, y de real y efectiva democracia. Y al abando- 
nar la tierra espanola, nuestro viajero, ese preclaro in- 
genio de Espana la heroica, a quien cosas de tanto 
gusto y limpia intencion hemos escuchado decir, se 
despide con nobles palabras de esta Espana «generosa, 
paciente, indomable, llena de faltas, pero de faltas viri- 
les, libre del lujo y la codicia, con sangre en las venas 
e idealidad en el alma»; da su adios «a esta gran demo- 
cracia cristiana, donde el simple titulo de aon lo llevan 
igual que el rey los ciudadanos, a la nacion menos ma- 
teriallsta de Europa, a esta grave y contenta raza, cuyos 
mentores dejaron tras si nobles hechos, tan nobles 
como sus vidas, cuyos escritores fueron soldados y 
heroes, cuyos artistas se preparaban c6n ayunos y ple- 
garias al pintar escenas sagradas, cuyos misticos no 
fueron negativos e inertes, sino que de su comunion 



VIAJEROS 433 

con Dios salieron dotados de mayor poder para la vida 
practica, cuyas mujeres poseen de nacimiento la digni- 
dad y respeto que a su sexo son debidos", y por case- 
ras, fuertes y sumisas realizan el ideal de la perfecta 
casada. 



FIN 



28 



1 N D I C E 



P^nas 



Achard (Amadeo) 200 

Adams (H. Chalmers) 175 

Adisson (Jos6) . 205 

Agapida (F. Antonio) .... 22 y -24 

Alarcon (Pedro Antonio de) . . . . Ill, 184, 242, 256, 257 y 360 

Alcala Galiano (Antonio) 200 y 204 

Aldama (Francisco de) . 59 y 67 

Aldrete (Bernardo) 163 

Aleman (Mateo) 263 y 269 

Alfonso el Sabio 198 y 336 

Altamira (Rafael) . , 4 

Alvarez de Cienfuegos (Nicasio) 205 

Alventosa (Pedro de) . . 255 

Allen (Clifford G.) 354 

Amicis (Edmundo de) 16 y 17 

Amy (P. J.) 67 

Anaya (A.) 46 

Andrade , 67 

Anunzio (Gabriel de) 363 y 388 

Antonio (Nicolas) . 136 

Aquilo (Tom^s) 206 

Arana (M.) 67 

Araujo(F.) 185 

Arbiithnot (Juan) 70 

Argaiz (P. Gregorio) 137 

Aribau (Buenaventura Carlos) . . ; 256 

Ariz (P. Luis) 137 

Armendares 351 y 352 

Armstrong (Eduardo) 41 

Arolas (Juan) 205 

Arredondo . 336 

Asensio y Toledo (Jos6 Maria) .... 153 y 154 

Averroes 82 

Avila (Teresa de) 247 



436 EL HIS^ANISMO EN NORTE -AMERICA 

P^nas 

Bacon (Jorge W.) . . . 322 y 323 

Balzac (Honorato de) 382 

Bancroft (H. H.) 27, 279 y 325 

Bandelier (A. F.) 32, 286 y 325 

Baquero Almansa (D.) 67 

Baroja (Pio) 388 

Barrera y Leirado (Cayetano A. de la) 103 y 323 

Barr6s (Mauricio) 16 

Batcheller (T. Bates) 423 

Bates (Cornelia F.) 413 

Bates (Catnlina Lee) 409. 411,413,414,418 y 421 

Bates (L. Wallace) . 327 

Baxter (Silvestre) 379 y 383 

Bayo(Ciro) 226 

Beach (R.M.) 277 

Beauvoy (Roger de) . 200 

Becker (Ruperto) '. . 149 

Beer(R.) 165 

Bell (Clara) 366, 369 y 370 

Benavente (Jacinto) 388 

Benot (Eduardo) 192 

Berceo (Gonzalo de) . . . . 82, 135, 136, 137, 138, .139, 140, 141, 

142,1 43, 146, 147, 148 y 197 

Berruete (Aureliano de) 67 y 321 

Beyle (Enrique) 73 

Bishop (Guillermo E.) 360 y 378 

Blackmar (F. W.) . 328 

Blanco Garcia (Francisco) 202 

Blanco Wite (Jos6 Maria) 199 

Blanchard 200 

Blasco Ibanez (Vicente)- . . 84, 177, 273, 274, 381, 388 y 389 

Blondheim (David S.) 276 

Bloom (L.). 353 

Bocacio (Juan) 252, 253, 254, 255 y 256 

Bochier (E. S.) 179 

Bolh (von Faber) ... - 200 

Bolton (Heriberto E.) 328 

Bonilla y San Martin (Alfonso) 4 y 243 

Borja (Francisco de) 197 

Borrow (Jorge) 16, 54, 82 y 200 

Bosc^n (Juan) . 338 

Bottger (Carlos) 63 

Bourland (Carolina B.) . . . 251, 252, 254, 255, 256, 257 y 353 
Bourne (Eduardo Gaylord) . 11, 281, 282, 283, 284, 285, 286 y 239 



INDICE 437 



Pdginas 



Bunnell (0. G.) 159 

Burnel (M.) 353 

Bulwer (Eduardo L. E.) 71 

Boulanger 200 

Boutezwek (Federico) 3, 30 y 46 

B6wring (Juan) 59, 60 y 66 

Bransby (Carlos) 353 

Breal (Miguel) 192 

Brehaust (Ernesto) 326 

Brocks (Shirdeley) 49 

Bronta (Julio) 392 

Brownell (Jorge B.) 276 y 353 

Bruerton (C.) 277 

Brunot (Fernando) 192 

Bryant (Guillermo Cullen) 15, 67, 68 y 209 

Burnam (Juan M.) 163, 165 y 275 

Burnet (P. B.) 354 y 356 

Bush6e (Alicia H.) .... 353 

Butler (Samuel) 70 

Byne (Arturo) 329 

Byron (Lord) 44^ J.99, 201,202, 203,204,205,206,207, 

267, 268, 269, 270, 271 y 272 

Cabanyes (Manuel) ^ 2Cil 

Cabrera (Luis de) 36 y 128 

Cadalso (Jose de) 100, 203 y 205 

Caffin (Carlos H.) 312,314,315,316,319, 320 y 321 

Cahier(P.) 165 

Calderon (Fernando) . . 205, 339, 340, 341, 342, 349, 350 y 351 

Calder6n de la Barco (Pedro) . . 69, 70, 71, 78, 82, 111, 113, 114, 

.115, 116, 117, 129, 177, 195, 208, 234, 235, 242, 245, 247, 

324, 374, 375 y 379 

Calvert (Alberto Federico) 3 

Camo6ns 82 y 195 

Campoamor (Ram6n de) . 149, 272 y 360 

Camprana 36 

Canovas del Castillo (Antonio) 156 

Capmany (Suris) 29 

Carlyle (Tomas) 64 

Carter (C.) 353 

Casas (Bartolom6 de las) . . . 273, 283, 284, 292, 293, 294, 295, 

298, 299 y 300 

Casasus (Joaquin D.) 67 

Castel&r ' 425 ■ 



438 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

P^ginas 

Castro (Guill6n de) ..... 133 y 342 

Castro (Rosalia de) 197 

Catalina (Mariano) • . 159 

Cean Bermudez 318 

Cejador y Frauca (Julio) 53, 192, 239 y 230 

Cervantes ... 42, 44, 52, 63, 70, 71, 82, 104, 106, 111, 117, 133, 
154, 155, 191, 197, 208, 229, 230, 231, 232, 233, 234, 241, 

242, 272, 273 y 340 

Cladera 204 

Clark (Carlos U.) . . . 159,-160, 162, 163, 165, 168, 169, 170, 172, 

176, 177, 178 y 180 

Clark (H. Butler) 353 y 356 

Clark (C.) 405, 408, 409, 412, 414, 418 y 424 

Clauzel 39 

Clavijo y Fajardo (Jos6) 123 

Clemencin (Diego) 29 y 230 

Coaster (Alfredo) 276 

Cogswell 21 

Coince (Gautier de) 143 

Coleridge (Samuel Taylor) 23 y 64 

Collings (G. W.) 321 

Coman (Catalina) 328 

Comfort (Guillermo W.) • . 353 

Conde (Jos6 Antonio) 29 

Cool (Carlos D.) . 354 

Cooper (Fenimore) 205 y 209 

Corneille . 257 

Cortes (Narciso Alonso) 34, 226 y 247 

Cossio 84 

Cotarelo y Mori (Emilio) ... 25, 117, 118, 125, 128, 254 y 255 

Crawford (Jaime P.) 243, 245, 247, 248 y 250 

Croce 3 

Cuervo (Jos6 Rufino) 190 

Cunninghame Graham (R. B.) 328 

Curry (J. L. M.) - ' 326 

Cusachs (P.) 354 

Cuvillier (Fleyri) . . • 200 

Chacon y Calvo 226 

Chadwick (F. Ensor) . 326 

Challice (Raquel) 326 

Chandler (F. Wadleigh) 262, 263, 265 y 266 

Chapman (Carlos E.) . . . 60 y 328 

Chase (F.) 327 



iNDiCE 439 



Pdginas 

Chateaubriand (Francisco Renato de) 16 y 204 

Chatfield-Taylor (H. C.) . • • . 405,409,410,411,416,417,418, 

419, 421, 422 y 425 

Chenery (W. Holt) 276 

Chorley (Juan Rutter) 102 

Churchman (Felipe Hudson) . . . 203, 267, 268, 281, 360 y 381 

Dalda(Alonso). v 204 

Damas-Hinard (Alberto de) 92 

Darwin (Carlos) 80 

Davidson (F. J. A.) 354, 380 y 381 

Davis (E. Bell) , 326 

Delisle (Leopoldo) 165 

Dellenbaugh (Federico S.) 328 

Dipping 199 

Dickens 70 

Dieze (Juan Andreas) 3 

Dole (N. H.) 378 

Donoso Cort6s (Juan Francisco) 204 

Douglas (Francisco) 391 

Downer (Carlos Alfredo) 354 

Dozy 82 

Dumas (padre) (Alejandro) 16, 199, 200, 204 y 375 

Dur^n (Agustin) 204 

Echegaray (Jos6) 4, 359, 372, 373, 374, 375 

Edwald(R.) 165 

Egan (Mauricio F.) 277 

Elder (David P.) 326 

Eldredge 328 

Elias (Alfredo) 354 

Elliot (Francisco M.) 326 

Ellis (Hdvellock) 3, 99, 162 y 225 

Emerson (R. Waldo) 15, 65, 66 y 209 

Encina (Juan del) . 246 

Esc6iquiz 204 

Escosura (Patricio de la) 201 

Espinel .' 263 

Espinosa (Aurelio M.) 226, 343, 344 y 346 

Espronceda (Jos6 de) . . . 200, 201, 202, 203, 206, 267, 268, 269, 

270, 271 y 272 

Esc6iz 204 

Est6banez 379 

Evers(H. M.) 276 



440 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 



P&ginas 



Faria y Sousa (Manuel de) 230 

Farinelli (Arturo) 3, 25, 234, 252 y 262 

Fastenrath (Juan) 3 

Faulkner (W. T.) . . . . . . . '. 355 

Ferguson (Juan de L.) '. 277 

Fernan Caballero 152, 153, 154, 155, 204 y 226 

Fernan Gonzalez 24 y 334 

Fern^n P6rez de Guzman . 133 

Fernandez de Navarrete (Martin) ... 19 y 31 

Fern^ndez-Guerra ( Aureliano) 254 y 255 

Ferndndez-Guerra (Jos6) 198 

Fielding (Enrique) 70 y 154 

Finck 424 

Fiske(Juan) 326 

Fitz-G6rald (Juan D.) 135, 136, 137, 138, 139, 141, 142, 

143, 144, 147, 148, 150, 151, 155, 156 y 158 
Fitzmaurice-Kelly (Jaime) .... 3, 37, 52, 194, 197, 198 y 230 

Fletcher (Juan) 71 

Florez (Enrique) 165 

Fontaine (Camilo) 356 

Ford(J. D. M.) ..'... . . 27 y 183 

Ford (Ricardo) ... 10, 16, 27, 184, 185, 187, 189, 191, 193, 194, 
195, 196, 197, 198, 199, 200, 202, 203, 205, 206 y 207 

Foronda, (Manuel) 42 

Foulch6-Delbosc (R.) 4y85 

Frank (H. A.) 403, 419, 424, 425 y 427 

Frere (Hookam) 91 y 199 

Gabarda (L.) 254 

Gachard (Pr6spero Luis) 39 

Gade(J. A.) 321 

Gallardo (Bartolom6 Jos6) ... 256 

Ganivet (Angel) 403, 427 y 428 

Garcia de Quevedo (Jos6 H.) . .' t 206 

Gardiner (F. H.) 389 

Garner 44 y 354 

Gautier (Te6filo) 17, 54, 55, 97, 99 y 200 

Gayangos (Pascual de) .' 21, 32, 36, 37, 47 y 51 

Geddes (Jaime) 353, 363, 370 y 374 

Gerard .... 269 

Gesner • 205 

Giese (Guillermo F.) 354 

Gil (Enrique) 207 

GilyRobles 265 



iNDICE 441 

I Paginas 

Gil y Zarate (Antonio) 112 

Gill {J. G.) 354 

Gillbon (Eduardo) 33 

Gillespie (W. A.) 391 

Gillpatrick (Guillermo) . . .' 387 

Giner de los Rios (Hermenegildo) 80 

Girardel 200 

Girolano y Salvestra 254 y 255 

Goethe 114, 199, 204 y 269 

G61dsmith (Oliverio) 26 y 71 

Gomez (P. Ambrosio) 137 

G6mez Manrique 220 

G6ngora (Luis de) 109, 191, 196, 208 y 337 

GoydeSilva 209 

Gracian (Baltasar) 96 y 100 

Graham (Carolina A.) 373 y 374 

Gray (Eduardo) 354 

Gray (Juan) 198 y 205 

Gray (Tomas) 198 

Green (Roberto) 64 

Grillp^rzer (Francisco) 115 

Grimaldo 138, 139, 142 y 143 

Grimm (Jacobo Luis) ' 3y 199 

Guevara (Luis de) 254 

Guimera (Angel) 4. 386 y 387 

Guinain 200 

Guizot (Francisco) 30 

Gutierrez (Carlos) 292 

Haan(F. de) 266 

Hag (Juan) 401 

Hale (Eduardo H.) 326 

Hale (Susana) 405; 419, 420, 421 y 422 

Hallam (Enrique) 30 

Hamilton (J. C.) 35 

Hanotaux 161 

Hapgood (Isabel F.) 378 

Hardy 363 

Hare (Crist6bal) 329 

Harris (M. Coles) 405, 406, 410, 419, 420, 421 y 422 

Harrison (Jaime A.) 326 

Harry (Felipe) 354 

Hartzenbusch (Juan Eugenio) 120 y 257 

Hasell(E. J.) 326 



442 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

P&^nas 

Hassen (Federico) 148 

. Hauptmann (G.) 363 

Hawthorne 209 

Heine (Enrique) 267 

Hendrix (W. S.) 356 

Herdler (Alejandro W.) . 356 

Heredia (Jos6 Maria de) 66 y 201 

Herman (Juan A.) . 391 

Hermida 204 

Herrera (Fernando de) 36, 208 y 337 

Higgin (L.) • 75 y 97 

Hill (Roscoe R.) 326 

Hillard (G. S.) 47 

Hills (E. Clarence) 184, 326 y 352 

Hita (Arcipreste de) 238, 239, 241 y 262 

Hittel (Teodoro H.) 328 

Hodge (Federico W.) 328 

Horme (Juan V.) 277 

Honck (Luis) .328 

Honneffer 3 y 161 

House (R. Emerson) 275 y 356 

Howe (M.) 405 y 424 

Howells (Guillermo D.) 26, 71, 98, 156, 158, 273. 275, 361, 364 y 389 

H6wland (Jorge C.) 354 

Howland (Guild T.) 157 y 158 

Hugo (Victor) 16, 199, 204 y 375 

Hume (Martin) 3, 33, 34 y 39 

Hunt (E. R.) 372, 373 y 374 

Huntington (A. Milton) .... 81, 89, 90, 91, 92, 94, 95, 96, 98, 

99, 101 y 224 

Hurtado de Mendoza (Diego) 29 

Hurtado de Mendoza (Pedro) 29 y 127 

Ibsen (Enrique) . . ' 374 

Iglesias (Ignacio) . 389 

Iglesias (Jos6) 197 

Imbert (Luis) 354 

Imperial 260 

Ingraham (Edgardo S.) 354 

Iriarte 370 

Irving (Teodoro) 3, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 

25, 32, 33, 34, 49, 70, 72, 82, 200 y 326 

Irving (Washington) 19, 23, 24, 26, 31, 42 y 56 

Izaguirre . . . . ' ' 67 



INDICE 443 



Pdginas 



Jaccaci (Augusto F.) 422 

James (G.) 209 

Janer (Florencio) 91, 92 y 139 

J^uregui (Juan) 197 

Jeffrey (F. L.) 35 

Johnson (A. B.) . 355 

Johnston (Oliverio M.) 277 

Josselyn (F. M.) 353;370 y 374 

Jovellanos (Melchor) 204 y 213 

Juderias (Julian) 280 

K6niston (Hayward) ,. . . . 354 y 389 

Kenyon (H. A.) 355 

King(Graco) 329 

Knapp (Guillermo I.) 337 y 338 

Knersteiner (Alberto F.) 277 

Kohl (J. K.) 326 

Kraus 234 

Lamarca 118 

Lang (Enrique R.) . 235, 330,331,332,333 y 334 

Lansing (R.) 372 

Lanuza (Blasco de) 254 

Larra (Mariano Jos6 de) . 77, 100, 195,200, 201, 203, 379, 383 y 421 

Lathrop 401,404,408,409, 419 y 420 

Latimer (Isabel W.) 326 

Lea (Enrique Carlos) 301,305,307,308, 310 y 311 

Lechat 380 

Leon (Fray Luis de) . . . 68, 184, 208, 213, 214, 215, 216 y 219 

Leon (Ricardo) 388 

Leopardi 267 

Lermontoff 267 

Le Sage 44 

L6ster (Elena W.) 369 y 370 

Leti (Gregorio) 36 

Lewis (E.S.) 354 

Lewis (Mateo) 198 

Linares Rivas (Manuel) 388 

Lincoln (Jorge L.) 354 

Lipari (Angelo) 277 

Lista (Alberto) 198 

L6ckhart (Juan G.) 59, 60 y 66 

Loewe (M. E. A.) 165 y 167 

Loiseaux (Luis A.) . 354 



444 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

PAginas 

Lomba ( Jos6 R.) ^^ 

Lonef611ow (Enrique Wodsworth) . . 20, 54, 55, 56, 57, 58, 59, 60, 
^ I 4 ^^^ g^^ g^^ ^^ /gg^ gg^ g^^ gg^ ^2, 200, 209 y 221 

Longfellow (Samuel) 3, 15 y 57 

Lopez (Alonso) J^ 

L6pez de Ayala (Pero) l^^ 

Lopez Manrique . • ^ 

Lopez Soler ^^1 

Lorenzo (Juan) * 1^° 

Lowervi(W.) ^^^ 

Lummis (Carlos F.). ■ 281,286,287,288 y 290 

Luquiens (Federico Bliss) • • ^ oaj 

Lulio (Raimundo) • • _ ■ ^^7 

Lynch (H.) : • •. 372 y 375 

Llorente (Juan Antonio) 29, 30, 67, 278 y 310 

MabiUon ^^^ y 165 

Macaulay (Tomas) . ■ . oqo\. iAA 

Mac-Nutt (Francisco A.) •• ^^'^ V "^^ 

Epherson (Jaime) 199, 201, 204, 205 y 207 

Machado (Manuel) _ • 227 

Manjon (Andres) _ ■ ■ %i^^\fr.\ 

Manrique (Jorge) 59, 214, 220 y 221 

Manrique de Lara (Manuel) ' • • ;. Aol^ ^ o«o 

Marcial (Valerio) 44, 220 y 262 

Marcon . •• ■ . . ■ • 35b 

K^nSaSsi: :;::::::: m.m,m!&V^', 

Mariana (Juan de) •„ • 29 

Marin (Pero) ^ tqq 

Marquina (Eduardo) • • 3»» 

Marsh (A. R.) ^^ y 363 

Martell (D. E.) ^■- 277 

Martinez de la Rosa (Francisco) orx-r ooo ^ f^n 

Martinez Ruiz (Jose), Azorin 207, 388 y 4^9 

Martinez Sierra (Gregorio) "^^ ^ '^^o 

Martir (Pedro) 29 

Masons • ^^| 

Massinger (Felipe) ^^ 

Matzke^Juan E.) 3t)5 



iNDiCE 445 



Pdginas 



Maury (Juan Maria) 205 

Mayer (A. L.) 3 y 321 

Medrano (Francisco de) 59 y 67 

Melendez Vald6s (Juan) ... 205 

Mena (Juan de) 136 

Men^ndez Pelayo (Marcelino) • 144, 153, 156, 157, 193, 194, 196, 

197, 198, 200, 240, 248, 252, 262 y 337 

Men6ndez Pidal (Ram6n) 4,25,93,226,335,336 y 344 

Merim6e (Enrique) . . . . • 4,118 y 204 

Merim6e (Pr6spero) 200 

Merino (P. Andr6s) 165 

Mesa y Lopez (Rafael) 196 

Mesonero Romanos 379 

Mey (Felipe) 61 

Meynadier 161 

Michaelis de Vasconcellos (Carolina) 331 

Middleton (C) 63 y 70 

Mignot (Abate) 30 

Mild y Fontanals (Manuel) - ' . . . . 226 

Milton Buchanan (A.) . 195, 204, 228, 229, 230, 231, 233, 234 y 235 

Mira de Mescua (Antonio) 234 y 342 

Mir6n(E. L.) 326 

Mitre (Bartolom6) 67 

Modena (Angel de) 163 

Moliere 70, 200, 323, 373 y 375 

Moore (Tomas) 205 

Moratin (Leandro Fernandez de) 184, 198 y 203 

Morel-Fatio (Alfredo) 4 y 262 

Morgan ...... 32 

Morla Vicufla (Carlos) 67 

Morley (S. Griswold) 352 

M6rrison (F. W.) 355, 360 y 381 

Mos6s (Bernardo) 326 

Motley (Juan L.) 34, 39 y 209 

Mouy 39 

Mugica (P. de) . . 185 

Munthe 3 

Mufloz (Juan Bautista) . 31 

Mufloz y Rivero (Jesiis) 165 

Nameche 39 

Nasarre (Bias Antonio) 161 y 164" 

Navarrete (V6ase Fernandez de Navarrete) ... 19, 29 y 262 
Nebrija (Elio Antonio de) 185 



446 EL HISPANISMO EN N0RTE-AM£RICA 



P^nas 



Neumann y Horning 187 

Nicolas (Antonio) 136 

Nicolay (Clara L.) 327 

Nichols 355 

Nirdlinger (Carlos F.) 372 

Nix6n-R6ulet (Maria F.) 407, 418 y 420 

Northup (Jorge T.) 339,340,341,342 y 343 

Niiflez de Arce (Caspar) . 206 y 242 

Nuflez (Alvaro L.) 67 

Ober (Federico A.) 327 

Ochoa (Eugenio de) 154, 195, 205 y 206 

Olmsted (E. Ward) 355 

O'Reilly (E. Boyle) ... 403, 405, 416, 424, 425, 426, 427 y 432 

Ormsby (Juan) 91 y 115 

Orti Lara 310 

Otto(H.) 276 

Ovidio 238, 239, 240, 241, Z42 y 324 

Owen (Arturo L.) 277 

P^ez de Ribera (Ruy) 260 

Palacio Vald6s (Armando) . 177, 273, 274, 359, 378, 379, 380, 381, 

382, 383 y 388 

Palau (Melchor de) 227 

Palazuelos 204 

PardoBazan (Emilia). . .... 149, 273, 274, 362, 388 y 389 

Parkman (Francisco) 209 

Payne (G. Morton) 18 

Pellicer (Casiano) 117 

Penfield (Federico Courtland) 173 y 175 

Pereda (Jos6 Maria de) 152, 153, 360, 378 y 381 

P6rez (Antonio) 39 

P6rez de Guzman (Fernan) 251 

P6rez de Montalvan (Juan) . . 63, 104, 115, 322, 323, 324 y 325 
P6rez Galdos (Benito). 149, 152, 153, 177, 273, 274, 359, 360, 361. 

362, 363, 364, 370, 371, 378 y 382 

P6rez Nieva (Alfonso) 266 

P6rez Pastor (Cristobal). 108, 117, 118 y 323 

Phillips (Enrique) 214 

•Pidal y Mon (Alejandro) 91 

Pietsch (Carlos) 275 

Pifleyro (Enrique) 270 

Poe (Egardo Allen) 15, 64, 65, 66 y 209 

Poncet (Carolina) , •• • 226 



INDICE 447 



Paginas 



Pope (Alejandro) • . . 70, 198, 204 y 205 

Post (C. Rathfon) 258, 259 y 261 

Potter (J.) 355 

Prescott (Guillermo H.) . 3, 4, 15, 20, 21, 25, 27, 28, 29, 30, 31, 32, 
33, 35, 36, 37, 39, 40, 41, 42, 46, 47, 48, 49, 82, 209 y 300 

Primer (Silvestre) 356 

Pujol yAlonso. 239 

Pulgar (Hernando del) 29 

Puymagre (Conde de) 143 

Prudencio 258 y 260 

Puschkin 267 

Quevedo (Francisco G. de) • . . . 82, 106, 229, 242, 323 y 379 

Quintana (Manuel Jos6) 198 y 206 

Quintero (Joaquin y Serafin A.) 388 

Quintiliano 220 

Radeliffe (Ana) 204 

Reinhardt (Luisa) 355 

Remy (Alfredo) 355 

R6nnert (Hugo A.) . . 102, 103, 104, 105, 106, 108, 109, 110, 113, 
116, 117, 118, 120, 123, 124, 129, 130, 131 y 132 

Restori (Antonio) • . 92 y 117 

Reyes (Matias de los) 254 

Ricketts (C. S.) • . . . 321 

Richman (I. B.) 328 

Richter (Juan Pablo) 70 

Rio y Sainz 153 

Rios (Jos6 Amador de los) ^50, 221, 252, 259 y 261 

Rios de Lamp6rez (Blanca de los) . . .* 25 y 155 

Rivadeneira (P. Pedro) 125 

Rivas (Duque de) 201, 206 y 207 

Robertson (Guillermo) 31 y 41 

Rochetin (Eugenio M.) . . . 172 

Rodriguez (Cristobal) 164 

Rodriguez del Padron (Juan) 134 

Rodriguez Galvdn (Ignacio) 205 

Rodriguez Marin (Francisco) 89 y 226 

Rojas 375 

Rose (R. Selden) 356. 

Rosenberg (S. L. Millard) 349 y 351 

Ross (T.) 46 

Rowley 70 

Rueda (Lope de) 62, 121, 130, 232 y 233 



448 EL HISPANISMO EN NORTE-AM^RiCA 

Rueda (Salvador) , ^^^ ^ ??^ 

Rueda (Antonio) .A/,/^-■r,in■oc«■ o«n 

Ruiz de Alarc6n (Juan) 104, lOo. 240. 256 y 260 

Rusinol (Santiago) ^ V f°7 

Ruskin (Juan) ' * ' ■ 

Saavedra (Angel) ^^'?^^?S 

Saavedra Fajardo (Diego) ^^ V J:g 

Sainsbury (Jorge) ofifi'v iol 

SaliUas (Rafael) ^^ ^ iH 

Salucchi ^^t 

Samaniego fi^ 

Sanchez (Miguel) • • {:f^ 

Sanchez (Tomas Alonso) !y? ^ iVq 

Sanchez Arjona (Jos6) ■ • • ^^' Y \l^ 

Sand6val (Prudencio) JL^' 

Sannazaro (Jacobo) ^^^ 

Sannders i"'. 

Santaf6 (Pedro de) -^^ 

Santayana (Jorge) . ooa 0A(\\r9m 

Santillana (Marqu6s de) IfAfollfc^ 

Sanvisenti ?^ J S« ^ S7 

Sarda(G.F.) ^^^' ?^^ ^ ?^« 

Sarmiento (P. Martin) • • • ■ ^ ir^ 

Scot?(Walterio) ! ! . 70, 154, 178, 199, 200, 201, 204. 206 y 207 

Schack (Adolfo Federico) ooo'oon'o^'o^i ^9^9 

Sch6vill(Rodolio) • 238,239,240,241 y 242 

Schlegel (Federico) -^'i^yy.^^^ 

Segall(J.B.) : 277 

Selgas(Jos6) ^^J 

sSr.^^."'""°' ^.'"'"^ :::::::.■■:■ 82,-22o'y 262 

Sepulveda (Juan Gin6s de) Qfin'-v^^'v^Q 

Serrano (Maria J.) . . • • • • 360, 362 y 36fJ 

Sevilla (Sor Gregoria de) . ■ |j4 

ihSrpeirl°'".''^ : : ■64,lll,h9.'l98.200,206,-323.-375y387 

Shelley (P. B.) • • • }},t 

Shepherd (Guillermo R.) • ^ q97 

Shipp (Bernardo) -ion r^a^' -Vio'^r ^k 

Showerman (G.) 380,381,382 y 3o8 

Silvela y Mendibil (M.) \^ 

Silvestre (Gregorio) ^' 



tNDlCE 449 

PSglnas 

Smith (Buckinghan) 327 y 328 

Smith (Donaldo E.) .375 

Smith (M. Carolina) 383y385 

Smdllet (Tobias Jorge) 70 

Soils y Rivadeneyra (Antonio) 31, 34, 35 y 63 

Southey (Roberto) 91 y 206 

Springer (Maria) 389 

Staaff .... 3 

Stapley (M.) 327 

Stathers (Madison) 355 y 356 

Steell(W.) 407 y 410 

Stephens 328 

Sterne (Laurencio) 70 

Stiefel 351 

Stirling (Maxwell) 321 

Stoddard (Carlos A.) 403 y 413 

Story ' 156 

Stowe (B6echer) 209 

Strobel (Eduardo E.) 327 

Stuard (Donaldo C.) 276 

Suarez Capalleja (D.) 67 

Suarez de Figueroa (Crist6bal) 248 y 250 

Sudermann 363 

Surift (Jonatan) . . 29 y 70 

Suris 29 

Taylor 15 

Tailhan (Julio) -.165 

Tamayo y Bans (Manuel) 158 

Tass (Torcuato) 197 y 216 

Tassin(P.) 164 

Teggart (Federico J.) 328 

Terreros 164 

Thackeray (Guillermo) 71 y 382 

Thacher (Juan B.) 327 

Thomas (H.) 355 

Thompson., 204 

Ticknor (Jorge) . 3, 15, 16, 20, 28, 36, 37, 42, 43, 45, 46, 47, 48, 49, 

50, 51, 52, 55, 59, 72, 82, 91, 230 y 232 

Tiers (Adolfo) 10 

Timoneda (Juan de) 43 y 254 

Tirso de Molina . 52, 111, 113, 114, 115, 134, 208, 242, 340 y 350 

Todo (Enrique A.) 356 

Tolstoy (Leon) 273 y Z74 

29 



450 EL HISPANISMO EN NORTE -AMERICA 

P&ginas 

Toreno (Conde de) . . . 270 

Torres Naharro (Bartolom6 de) 62 

Toustain(P.) 164 

Traube (Luis) 166 

Trench (R. C.) 327 

Turbino (D. M. F.) 208 

Turrell (Carlos A.) 355 

Tuttle(E.A.). . 276 

Umprey (Jorge W.) 355 

Unamuno (Miguel de) 215,401,427 y 429 

Underbill (Juan G.) 386 y 388 

Valera (Juan) . 11, 12, 149, 150, 151, 152, 155, 156, 177. 197, 242, 

273, 274, 360 y 381 

Valle-Inclan (Ram6n) 384y388 

Valmar (Marqu6s de) '. 208 

Valtierra (Juan de) 333 

Vargas Ponce (Jos6 de) 31 

Varron 185 

Vaughan (Heriberto H.) 355 

Vega (Lope de) . 52,59,62,67,82, 102, 103, 104, 105, 106, 107, 108, 

109, 110, 111, 112, 113, 114, 115, 116, 117, 119, 121, 124, 

129, 131, 132, 133, 134, 177, 191, 208, 221, 242, 245, 246, 

253, 254, 257, 322, 323, 324, 337, 339, 351 y 375 

Veldzquez (Luis Jose) 100, 136 y 198 

V61ez de Guevara (Luis) . Ill y 342 

Vera(Tassio) 235 

Vergara 138, 139, 140, 141 y 148 

Vicente (Gil) . 247 

Vicuna (^ifuentes 226 

Villaespesa (Francisco) 227 y 388 

Villena (Enrique de) 240 

Villiers-Wardell 175 

Vinaza (Conde de) -185 

Wagner (Carlos P.) 276 

Walsh (Tomas) . 209, 211, 212, 213, 214; 215, 216, 219, 220, 221, 

222, 224, 225, 226 y 227 

Wallace (Isabel) 355 

Watson (Roberto) : 36 

Wendell (Barret) 15 

West (Isabel H.) 372 

White (M. C.) 179 y 378 



iNDICE 451 



Pdginas 



Whittier (Juan) 65, 67, 150, 156 y 209 

Witman (Walt) 65 y 209 

Wilberforce (Archibaldo) 327 

Williams (Gracia S.) 276 

Winsor (Justin) 327 

Wittstein (A.) 355 

Wolf (Fernando) 3, 63, 252 y 262 

Wollmoller (Carlos) 91 

Wood(R. K.) 420 

Wordsworth (Guillermo) 64 y 215 

Wright (LA.) 328 y 329 

Wuppermann (C. D. S.) 375,376 y 377 

Yepes (Antonio) . 137 

Young (Eduardo) 204, 205 y 207 

Zabaleta (Juan de) 341, 342 y 379 

Zayas Enriquez (Rafael) 281 

Zola (Emilio) 153 y 177 

Zorrilla (Jos6> 23, 195, 201 y 206 

Zurita (Jer6nimo de) 29 



9 71, 





Date Due 




































































































































C**j CAT. NO. 23 233 PRINTED IN U.S.A. 



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