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Full text of "El Palacio de los crímenes: Ó, el pueblo y zus opresores. Tercera y"ultima época de María la ..."

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EL PALACIO DE LOS CRÍl 



EL PUEBLO Y SUS OPRESORES 



TERCERA T ULTIMA ÉPOCA DE VARIA U BOA DE CN I( 



Don Wsncsslao Ayguals de Is 



TOMO II. 



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¿ CAPITULO PRIMERO, 



EL REGICIDA MERINO. 



A la gran festividad de la Purificación de Nuestra Señora ^ 
nníase el 2 de febrero de 1852 una solemoidad regia qne ya las 
músicas marciales » el clamoreo de las campanas y el estrépito del 
canon habian anunciado á la coronada villa de Madrid. 

El alcázar de cien reyes qae se levanta magnífico y gigantesco 
orillas del Manzanares , cobijaba todo lo mas elevado de la gran- 
deza de Castilla. 

La reina Isabel II , radiante de alegría y ornada de la regia co- 
rona f postrada ante los altares del rey de los reyes , en la real ca- 
pilla del mismo palacio» entre la pomposa comitiva de magnates y 
custodiada por sns valientes cnanto leales alabarderos, dirigia al 
cielo con el fervor de una madre , sinceros votos de gratitud por 
haber llegado á término feliz su reciente alumbramiento. 

Todo era júbilo y esperanzas en aquel suntuoso recinto ; y ter- 



i: 



4 EL PALACIO DK LOS GRÍHKNBS 

minada ya la solemne ceremonia de la real capilla, salió de 
Isabel por una de las marmóreas galerías , acompañada del vi 
séqnito con el propósito de presentar la princesa recien nacida ¡ 
Madre del Todopoderoso en el santuario de la Virgen de Atoch 
De repente lanzóse á su encuentro un venerable anciano, 
eclesiástico vestido con traje talar , é inclinándose reverentem< 
en ademan de entregar un memorial á S. M., la dirigió una pu 
lada que hubiera sido mortal, á no aminorar la gravedad d< 
herida en el lado derecho del hipocondrio, el choque con el c< 
j los recamados de oro del trage que vestia. 

Al dar el golpe, creyendo el regicida que habia lograd 
objeto, esclamó con júbilo: «¡Toma!... ya tienes bastante I» 
Sucedia esto á la una y cuarto. 

A las once el regicida habia celebrado el Santo Sacrificio d 
Misa en San Justo , y almorzado con todo el apetito que dai 
alma tranquila y una conciencia satiafecha. 

La reina se apoyó en la marquesa de Povar, aplicándc 
mano al costado derecho , y ensenándole después el guante 
chado de sangre. 

Fué conducida á sus habitaciones donde quedó desmayada 
de un cuarto de hora. 

Se hizo el primer reconocimiento de la herida, y no resul 
gravedad. 

Capturado el agresor en el acto , y recogida su arma moi 
ra , que se halló ser un puñal de los de Albacete , de palmo 7 
dio de largo y sumamente angosto, fué conducido al ooei 
guardia de los alabarderos , donde se le tomó la primera é» 
cion , y de cuyo punto fué trasladado después á la cárcel dftl 
dero. 



k 







I 



EL PUEBLO T Sü6 OPlBSOBBg. 

Aqui permaneció incomunicado mientras se sustanció la caí 
y luego se le puso en capilla para sufrir la última peoa á que hi 
sido sentenciado. 

Empero^ antes de acompañarle al fatal suplicio, referiremof 
gunas anécdotas ocurridas con Merino en sus dos pristoneSv que 
lo que tienen de curiosas y lo bien que manifiestan el carácter 
cura regicida, bajo ningún pretesto debieran omitirse. 

En primer lugar , hay que advertir que Merino declaró li 
llanamente que su objeto, al darle la puñalada, habia sido mal 
la reina; que esto lo tenia pensado de mucho tiempo atrás, y 
en sus cálculos habia entrado también matar á la reina madre 
general Narvaez. Luego, preguntado si tenia cómplices , dio 
arrogante respuesta : 

«¿Creéis que haya dos hombres como yo en España?» 

Y otra veB : 

«¿Qué habéis visto en mí, para suponerme tan cobarde 
▼aya á revelarlos ? » 

Y otra vez : 

<c Si hubiera doce hombres como yo , no quedaría un sobe 
en Europa.» 

Merino no temia al parecer^ el fin que le aguardaba; i 
bien , afectó sorprenderle el no haberle ya sufrido. 

Pocas horas después de haber sido preso , dijo : 

(i Siempre he creido que en España nd habia justicia: ahor 
convenzo de ello, al ver que todavía vivo.» 

A un personaje de la nobleza, que, no pudiendo contener si 
dignación al ver á Merino, le apostrofó, jurándole qae si él hu 
estado junto á la reina le habría hecho pedazos en el acto de 
sumar su crimen , contestóle aquel : 



6 Bli PALACIO DE LOS CftíXBNES 

«I Entonces no hubiera usted hecho mas que lo que hará dentro 
de poco el verdugo. » 

Con no menos firmeza contestó el regicida á un gefe militar 
qoe le apostrofó en los mismos términos : 

«Siento, le dijo este, no haher presenciado su crimen para ha- 
berle castigado con mi espada.» 

«Todavía está usted á tiempo de ocupar el puesto del ver- 
dugo» contestó Merino. 

En cnanto á las ideas religiosas » ya puede suponerse que Me- 
rino era incapaz de abrigar creencias sólidas. 

Aa( es que , en este punto respondia á los que le preguntaban, 
con la siguiente frase vaga é indecisa : 

«Mi religión es la Biblia.» 

Otra vez dijo : 

«¿Y quién me asegura á mí que dentro de algunos siglos la 
historia sagrada, no será una pura mitología?» 

También se refiere del ex- fraile regicida, que al entrar en la 
cárcel del Saladero , el alcaide procedió á cortar con unas tigeras 
loa botones de la chaqueta que llevaba. 

Una autoridad que presenciaba esto , preguntó si era costum- 
bre f 7 antes que pudiese replicar el alcaide , el reo dijo : 

«Esto lo hace, porque teme que tragándome los botones me 
pueda suicidar.x^ 

Al ponerle los grillos , exigió , según parece, que los examina- 
sen bien de una vez para que luego no tuviesen que molestarlo con 
reconocimientos. 

Merino no concurrió al acto de la vista de causa , por no estar 
eji el caso, dijo, de satisfacer la curiosidad pública : iria á defen- 
derse si quien le hubiera de juzgar fuera un gran jurado. 



EL PDBBLO T SUS OPMSORIS. 



DICTAMEN FISCAL. 



«El fiscal de S. M. dice : Qae á la ana y media de la tarde del 
dia 2 de este mes se perpetró en el real palacio de esta corte ua 
crimen horrendo, espantoso, el mas grave de los crímenes. 

Retirábase S. H. la reina acompañada de su servidumbre á so 
real cámara , saliendo de la capilla real para trasladarse al santua-^ 
rio de Atocha» y al paso por nna galería acércase un malvado in- 
clinándose como si fuese á besar su real mano , ó á entregar un 
memorial, pero en realidad para atentar contra su preciosa vida, 
acometiéndola con un puñal asesino y cansándola una herida que 
llegaba á la parte anterior y superior al hipocondrio derecho , ro- 
zando al mismo tiempo el antebrazo del mismo lado , que S. M. 
adelantó sin duda para evitar el golpe. 

El ministerio público faltarla á su deber en esta ocasión , si se 
detuviera á referir pormenores acerca de tan horrible atentado. 

El crimen está en el proceso completo y perfectamente com- 
probado. 

El criminal fué preso en el acto con el arma aleve ensangren- 
tada en su mano. 

Está convicto por las declaraciones contestes y uniformes de 
gran número de testigos presenciales , mayores de toda escepcion; 
y para que su criminalidad conste de la manera mas cumplida y 
acabada que puede desearse, está confeso. 

Llámase este monstruo Marlin Merino, y según su declaración 
es sacerdote , y religioso secularizado de la estinguida Orden de 
San Francisco. 

La calificación del crimen no ofrece duda ni dificultad de nin- 
gún género: trátase de un verdadero delito de lesa magestad, y 



r. 



-fi Mk BAUCIO WC LOS GlillBNES 

meaos si cabe puede ofrecerse sobre la deiermÍDacion de la pena. 

El Código en su articulo 160 impone la pena de muerte á los 

mutores de lentaüya eootea la tida ó la persona del rey , y por 

4esgracia en el presente caso hubo mas qtie tentativa » si bien pné- 

■» 

de esperarse ya con confianza ^n la Divina Providencia, que lia 
"velado siempre por U vida de S. M. y por los destinos de la na- 
ción española, que dispondrá qnede frnstrado el delito, y qne la 
reina adorada de los españoles se restablezca pronto de las berídas 
«que recibió, y recobre 6nt9rdmente su interesante salud. 

Por manera que el atentado mereteria un castigo mas severo, 
ai mas severo lo bnbiera , que la última pena á que ba sido conde- 
nado el reo portel juez inferior. 

Convencido de eUo el procesado , solamente en una de sus de- 
claraciones trató de inspirar compasión enumerando desgracias y 
disgustos que dice baber sufrido, y que le lucieron concebir odio al 
género bnmaiio. 

Su defensor , considerando la enormidad del crimen y la jnsticia 
de la pena , no ha hallado medio alguno de salvarle , y ha recurri- 
do para decir algo al lugar común de suponer demente al proce- 
sado. 

Mas levántase el proceso contra semejante suposición , y en él 
resulta que los facultativos qne por dos veces han reconocido á 
Merino , han declarado en la prueba que le han hallado en su rec- 
to y cabal juicio y sin padecimiento alguno que menoscabe sus ía- 
cnltades intelectuales. 

El fiscal considera escusado llamar la atención de la Sala acer- 
ca de las circunstancias agravantes con que el reo premeditó y lle- 
vó á cabo su feroz propósito , puesto qne no es preciso tenerlo en 
cuenta^ y condujte pidiendo se confirme en todas sus parles la 



BL PUEBLO T SUS OPBBSOBBS. 9 

sentencia consultada por el juez de primera instancia del distrito 
de Palacio de esta corte con arreglo á los artículos del Código 
qne en ella se citan y se mande ejecutar. Madrid 4 de febrera 
de 1852.=Villar y Salcedo.» — 

nSFENSA OBAL DBL SBÑOB UBQUIOLA. 

r 

« Al presentarme , Excmo. Sr. , en este honroso puesto , no se 
me oculta la difícil posición en que me encuentro y que conocen 
todos. 

Yo vengo á defender un cadáver ; porque un cadáver será den** 
tro de poco el acusado don Martin Merino, pero la suerte me ha de* 
signado para defenderle, y en cumplimiento del imperioso deber 
que me impone , vengo á hacer presentes algunas consideraciones 
que en mi humilde opinión no carecen de importancia, y bien 
merecen ocupar la alta atención de V. E. 

Inútil es , como he dicho en mis escritos , detenerme en refle- 
xiones sobre el hecho y su completa prueba. 

De la causa resulta plenamente justificado. 

En ella encontramos todos los antecedentes para deducir que 
en el regio alcázar se ha cometido un crimen horrendo , crimen 
contra el cual se sublevan la razón y la conciencia públicas , cri- 
men que rechazan la imaginación y el sentimiento de todos los es- 



Probado el hecho, y comprendida su enormidad, no queda 

otra averiguación que hacer que la de apreciar el estado moral del 

acusado, para deducir si el hecho puede serle imputable, ó si ha 

obrado en un estravio de su razón , impulsado por móviles maa 

poderosos, que le hayan impedido el libre ejercicio de su voluntad. 
T. u. 2 



tO n iPUAGio m IOS ^nfiiBms 

. Para hacer esta apreciación , preciso es oonstder ar al acosado 
ea fires épocas : antes de ooneter el ateatado , en el momento de 
comterle y después de comiAerle , sin olvidar tampo(^ los ante^ 
cedentes que acerca de su vida nos presenta él proceso. 

Se trata , Excmo Sr., de un hombre que ha estado casi siem- 
pre envuelto en nuestras contiendas políticas ; le "vemos en las di- 
versas fases de su vida , fraile , guerrillero , exclaustrado ; le ve- 
BM>s alimentar sn espf ritn con la lectora de obras polftioas , j de 
dio haj una prueba en el proceso; pues resalta del reconocimien- 
to hecho en su casa, que se ha encontrado un libro del cual se 
hace mencioat y que demuestra qoe alimentaba su imaginación con 
esa clase de lectura ; consta por so confesión que en las altas horas 
de la noche se dedicaba á leer ; le Temos asimismo alejado de todo 
trato social , viviendo aislado, sin trato ni comunicación con nadie. 

Su criada nos revela que la única persona que solia presentar- 
se en su casa, y no con frecuencia^ era el cura de SaA Justo , qaef 
es uno de ios testigos que declaran en la causa . 

Vemos en este hombre nn hastio marcado á la vida , un odio á 
la sociedad , manifestándonos en sus declaraciones , qoe este odio 
no tiene un objeto determinado , que tan pronto se dirige contra el 
general Narvaez, como contra S. M. la reina madre, como con-- 
tra S. M. la reina doña Isabel II. 

En una de sus declaraciones nos dice que habia comprado el 
puñal con ánimo de atentar á la vida de cualquiera de estas tres 
personas. 

Hallamos una verdadera aberración, ateniéndonos á sus decla- 
raciones, puesto que dice que suspendió el atentar á la vida de 
S. M. , porque, aunque declarada mayor de edad , no era tal en so 
concepto / presentando como único obstáculo para cometer este 




SL PUX9L0 T SOS OFftISORU. II 

crimeD horrendo , y que en este mofliento ocopa la aleación dd 
tribanal » nna razón qae no poede conaderarse. sino como nn dato 
del estado de su cerebro. 

Considerado esta hombre en los momentos inmediatos al de la 
perpetración del delito , notamos que se entrega i sos ooopaciones 
ordinarias , que asiste á la parroquia de San Justo » donde celebca 
el Santo Sacrificio de la Misa» que en seguida regresa á su casa# 
entrega á su criada una vela , y se despide diciendo que vá á asis- 
tir á la ceremonia del dia. 

Eo todos estos actos no ha manifestado ni en su ademan ni eo 
sus palabras la menor alteración. 

Si pasamos á considerarle en el momento de la qecuoion , va?- 
mos que nada le arredra; ni lo sagrado del sitio » ni lo solemne del 
acto , ni la seguridad de una muerte instantánea. 

£a la perpetración de crímenes de esta espacie » EscMo» Señor, 
hay siempre un momento que desvanecida la primera impresioSt 
el ánimo decae, fallan las fuerzas físicas y morales* y llega el aba* 
timiento y la postración , ya por efecto del remordimiento, ya por 
miedo al castigo cierto é inevitable. 

Nada de esto acontece en el procesado don Martin Merino. 

Lejos do presentarse á nuestros ojos de esta manera^ se mués-- 
tra ufano de su obra esclamando , según pno de Los testigos: 
«i Muerta es Id 

Y en el momento en que pugnan por cojerle, se le vé , según 
otro de los testigos, volverse y preguntar: «¿Qué hace usted?» 

Don Martin Merino no dá la menor señal de arrepentimiento , 
se muestra impasible, y cuando, pasadas algunas horas, conoce lo 
terriUe de la situación en que se encuentra, lejos de temer la 
muerte^ la desprecia, la invoca, y hasta desecha la idea de indulto^ 






f t IL PALAaO n tos CBfMBlfM 

como si en so posicioD desgraciada le fuera posible obtenerlo. 

¿Puede deducirse , en firlud de estos hecbos, que haya en esté 
hombre algún resto de sentido común 7 

En caso de que le concedamos algún sentimiento racional , ¿po- 
drá ser otro que el hastío de la vida y la consumación de un wai^ 
cidio que, no atreviéndose á intentar por su propia mano, quiere 
que venga á consumarlo la de la justicia? 

Bien se le considere en un caso , bien en otro , podré deducir-^ 
se que se presenta con todos los caracteres y circunstancias de un 
insensato. 

Y esta deducción no la hace solo et letrado que tiene el honor 
de hablar al tribunal : consta en las espresiones del fiscal , y en su 
acusación ; y por eso , penetrado el defensor del convencimiento 
de que don Martin Merino está muy lejos de hallarse en su cabal 
juicio « {lidió por via de prueba que dos facultativos de conocida 
reputación y de los mas earacteriíados de esta corte , k quienes se 
suministrasen cuantos datos arroja el proceso , examinasen al acn-» 
sado y certificasen de su estado moral, porque esta era toda lá 
averiguación de la responsabilidad del hecho , toda vez que esté 
resultaba plenamente probado. 

El juzgado acordó que la causa se recibiese á prueba por tér- 
mino de media hora , y que en vez de verificar el examen y reco-^ 
nocimiento del acusado , las dos personas que se indicaban en f 
escrito de defensa , lo verificasen los facultativos de la cárcel , pe 
sonas á quienes no es mi ánimo lastimar , pero que no son las n 
competentes para el caso. 

Estos dos facultativos examinaron al procesado , y declarr 
que por él examen ^ue de él habían hecho , por la coherenci 
virtieron en sus respuestas á las preguntas que le dirigieron , 



BL niBBLO T SUS 0PRBS0BB8. 43 

qae don Martia Merino se encontraba en so estado normal, sin 
presentar síntoma alguno de demencia. 

Este es el dictamen de los facullativos ; pero yo pregunto , Ex- 
celentísimo Señor, ¿es este un dato bastante fuerte, es una prue- 
ba bastante eficaz , puede deducirse de este examen que no padece 
el acusado de enagenacion mental ? 

¿Cuál es el dato que presentan? 

Que ha habido coherencia en sus ideas , que ha contestado en 
analogía ¿ lo que se le preguntaba. 

¿Y es este un dato suficiente para semejante deducción? 

Sabido es que no solo tratándose de una manía , sino de un 
grado mas intenso de locura , todos los dementes tíenen sus luci- 
dos intervalos , en los cuales el ojo mas perspicaz , no acertaría á 
comprender su estado , porque hay analogía en sus contestaciones 
y lucidez en sus ideas. 

¿Y esta consideración no resalta mas en el caso presente, 
cuando se trata de un hombre cuyos antecedentes no conocen los 
facultativos, los cuales no tienen ningún dato del proceso? 

Si , pues , la apreciación del estado moral del acusado no se ha 
hecho con las circunstrncias que puedan hacerla eficaz y solemne, 
dicho se está que resta por decidir el punto principal del proceso, 
la apreciación del estado moral del individuo, único que puede 
resolver la cuestión. 

En el momento en que V. E. ha negado la admisión de la 
prueba , sin duda porque ha considerado bastante eficaz en la que 
se ha hecho en primera instancia , se deduce que el dictamen de 
los facultativos resuelve la cuestión , que don Martin Merino está 
en el uso de todas sus potencias y es responsable del delito de que 
se le acusa. 



H BI* PAJUUUO M U)S CBÍIIBNW 

Si ^U> resultara jasüficada, sia objeción algaaa iiue faaíCar 
coutra ese dictamen, mi iosistencia seria ÍDÚtfl« 

Pero hay , Excoio* Sr. , laas altas coAsidera<»OBes eo el caso 
preseate* 

Se trata <le ua crimen de que por primera vez se oye kablar w 
los tribunales , se trata del primer ejemplo da esta especie que hay. 
en los anales de la historia española » se traU de an hecho , que i. 
nuestro pesar arroja una mancha sobre la hidalguía y conocida 
lealtad de nuestro pueblo. 

Al decidir V« E. esta causa j al fallar que don Harlia Merino 
ha cometido el delito con el uso coaapleto de sus potencias # V. E. 
vá á sancionar que en España ha habido un regicida ; que ha ha«* 
bido -un español capaz de atentar oontra h vida de la reina, 4e 
esa augusta señora que no ha hecho mas que derramar beneficíof 
sobre esla nación. 

Y i¥> se olvide la impre8ik>n desgarradora que esta misma 
sanción puede causar en el ánimo de esa augusta señora, por 
quien todos nos interesamos. 

Calcúlese el terrible efecto que deberá producirle cuando en el 
dia^en que recobre su preciosa salud , se le diga : «Señora , ha ha-» 
bido un español que ha alentado contra V. M., que ha olvidado 
vuestros heoeíicios, que esta nación no es aquella tan distinguida 
por sus sentimientos monárquicos en que na<Ue, ^Polutamente 
nadie t conocía el regicidio.)» 

De hoy mas en España hay regicidas. 

Yo desearia que esta consideración importaatísana se tuvi( 
muy présente. 

Que se tenga moy en cuenta que de hoy mas , si se deol 
^ue el acusado es responsable de este delito , no podremos i 



EL WEmJO T SUS OniBSORCf. 16 

á las naciones estranjeras (fue en el diccionario de nuestra lengaa 
no se conoce la palabra regicida , como lo hemos dicho hasta 
ahora. 

Para etilar este baldón en otras naciones , se ha apelado á nna 
cosa que podrá llamarse invención de derecho , y qae tiende á ha* 
cer cfeer, qne solo por un acto de locara puede atentarse contra 
la Tida de los reyes. 

Esto debemos decir nosotros , y yo apelaría para ello á los sen^ 
limientos de este mismo pueblo indignado , de ese mismo pueblo 
que anhela con avidez el restablecimiento de su reina , y en quiew 
ha producido tan honda sensación este atentado. 

A este pueblo le diria yo : ¿Qué responderás en el momento en 
que S. M. te pregunte: «Pueblo^ ¿qué has hecho de tu hidalguía 
y de tu lealtad? ¿Eres t& el pueblo amante de sus reyes? ¿Son es^ 
tos tus sentimientos de monarquismo? No, no eres tú el poeUo 
que yo creia. En tu seno ha habido un individuo, que olvidando 
mis beneficios y que soy la persona mas inofensiva de la nación, 
ha atentado contra mi vida.» 

El tribunal tendrá noticia , como la tenemos todos , de que las 
primeras palabras que ha pronunciado S. M. después de consuma^ 
do el crimen , han sido espresando la duda de que haya un espa- 
ñol capaz de atentar contra su vida , porque no creia que nadie 
pudiese concebir semejante pensamiento. 

Y vuelvo á preguntar: ¿Se ha calculado la impresión terríMts 
que debe esperimentar esa misma señora*, cuando se la diga: «Ta 
presunción es cierta ; á pesar de tu magnanimidad , de tu deseo de 
derramar beneficios , has encontrado un ingrato , un hombre que 
sin resentimientos personales ni ofensa de ningún género , ha ateil^ 
talo contra tu vida.» 



46 IL PALACIO M LOS GRÍMSNBS 

Poeft bien, dando toda la imporUacia que se merece i estas 
observaciones, me atreveré á pregimUr al tribaaalf si es conve- 
Diente , si es acertado falle este proceso sin nn reconocimiento pré* 
¥10, sin que se decida nada acerca del estado moral de ese 
bombre. 

Porqne no se trata solo de castigar nn delito , delito horrendo 
qne la imaginación no concibe , se trata de consignar on hecho en 
la historia , y nn hedió qne afecta á todos los españoles. 

Por eso debia yo haber dicho qne no venía á defender i don 
Martín Merino , sino la honra de los españoles ^ á evitar qne cai- 
ga en nnestra historia un borrón de qne hasta ahora no ha habido 
ejemplo. 

De aquí mi insistencia en que el reconocimiento fuera mas 
amplio y en qne dos facultativos, verdaderas especialidades en la 
materia , y de los mas caracterizados , hubiesen hecho un eximen 
4^prec¡ado del estado moral del individuo. 

En un hecho de esta naturaleza no está demás el detenimiento. 
Hay una diferencia inmensa entre detener la acción de los tribu- 
nales y procurar que recaiga sobre hechos fijos , bien determina- 
dos y debidamente apreciados. 

Comprendiendo esto mismo y no por un alarde de defensa, 
no por apelar á recursos gastados , no por decir algo , sino por- 
que la cuestión merece examinarse antes de emitir el fallo , por 
eso he pedido que se practicasen reconocimientos en una forma so- 
lemne para que el resultado fuese mas autorizado , como debido á 
personas mas competentes. 

Tenga presente el tribunal , que de esta apreciación nace su 
fallo. 

Tenga presente el dilema que se va á establecer, si á la vez que 



BL PUEBLO T SUS OPRESORES. 17 

se castiga an delito horrendo , se consigna una cosa que nos lasti- 
ma á todos porque ofende el carácter español • 

Hechas estas observaciones, qne be creido qne estaba en el ca- 
so de presentar en cnmpliroiento del deber qne la suerte me ha im- 
puesto , no precisamente por defender al acusado , porque ya he di- 
cho que no quiere defensa y qne le es indiferente morir , que solo 
quiere purgar su delito, porque dice que no hay razón que pueda 
disculparle, yo ruego al tribunal que al fallar prescinda del acusado. 

Un hombre supone muy poco ante consideraciones mas altas; 
que juzgue la estension de este fallo , lo que la historia dirá de él. 

Yo deseo vivamente que conste , que solo be venido aquí para 
hacerme eco de estos sentimientos y de las ideas de indignación del 
pueblo que rebosan todos los corazones. 

Sírvase V. E. tener presente cuanto acabo de decir, y convén- 
zase de que solo he venido á cumplir con un deber á qne me ha 
obligado la honrosa profesión que ejerzo , tenga por hecha la de- 
fensa , y falle con arreglo á justicia. 

ACUSACIÓN ORAL DEL SEÑOR VILLAR Y SALCEDO, FISCAL DE S. M. 

«El fiscal de S. M. quisiera en esta ocasión grave y solemne ser 
tan severo como lo exigen la impaciencia pública y la importancia 
del proceso. 

Empezaré pues examinando este y dando en parte la razón al 
defensor del reo, el cual ha demostrado, primero, que hay motivos 
para sospechar qne el presbítero don Martin Merino está loco ; se- 
gundo, para dudar del estado de su razón, y tercero para hacer en- 
tender á la Sala la conveniencia de suspender el fallo hasta tanto 
que conste de una manera indudable el estado de razón en que 
se encuentra. El fiscal de S. M. está por fortuna de acuerdo en 

T. II. 3 



cierto moio y hasta cierto pnato eoo el 4efeiisor del neo. 

Es verdad qae el orimea del 4ia 2 Aq Cehiero^ de eae idía de 
oprobio :para la oacáon eapanoU, día qae eeha por tieria la primera 
de h% tradíoioiiest como dice la l«y de Partida; q«e eee criaien .que 
ba llenado de constemaoioe á todos los leales subditos de S. M. es 
i0iposiUe que le pwda coiMter hb hcnobre aio que en el leoiMale 
de oometerlo le íalte ^1 jnicáo. 

No se MDcibe que uu opioistro de Jeaveristo, sexifl^enario ya» sar 
liera de so casa á las nueve de la maueQa» q«e celebrase el jBaato 
Sacrificio de la Miba ea la parroquia 4e San Susto , ^ue después 
aeofupftBMe la proimiou ¿e las Caadlas y que volviera á su casa 
sin que ai sus companenos ni $a x^riada advirtieran alteración algu- 
na; que luego marchase á palacio tranquilo y seveno, que se cdlo- 
cara en un sitio i propósito paca su ulijeto» meditan Aolo coa sangre 
fna, y que alU enrase á que S. AL :saliese de la real capilla i dona- 
da habia ido á dar grjtcias al Todopoderoao por el grande beneficio 
que acababa de dispensarla y á la nación , hacióndoJía jnadre de una 
augusta princesa. 

No se concibe, repito, que fuese á esperarla álli con sangre fria 
y Qoraxon sereno un ministro de Jesucristo^ y que .al acercarse 
S. M. se inclinase hacia ella con humildad fingida é hipocresía, no 
para pedir gracia á la reina bondadosa , sino para clavarla un pu*- 
nal asesino haciéndola dos heridas de ungolpe^ y menos que al ver 
caerá 5. AI« sdbre el aya 4e la princesa intentara segundar el golpe 
como lo intentó, aunque no pudo reaUzaido, porque dos leales ser- 
vidores lo impidieron y lo arrostaroa. 

Es cierto que este crfaneo, que por sus cireunstaneíaa pusde de« 
oirse que es el piámero de que han conocido los tribunales españo-* 
les^ esleciinm no ba pcidido comttenis sm ane.se annonira .one el 



predl)ftera dov H«rtín Hmiiov em el momMto de eomtnnaiAo y Ik^ 
tarlo' á cÉkar dbrafta cmio mi booribe* fiíHo' ié jvício. 

Para atentar contra I» títe de muí téíumf de mía reiaar amgeKí^ 
cal, de mía nadre tienM ybondadoM, de«M seAora joven j llena 
de gracia, sin motÍTo de qveja ni dé resentiniíeoto » en mMi> ocañen 
tan solemne y enia fégk morada, {fara eato se neeefíta qoe ese hom- 
bre obrase con falta de jaicio, y^en este eoieepto et¿ iaeal eslfc con- 
forme co* d abogado defrasor^ en la acepción lata , en la acepción 
nM>rftI de la palabra locmra. 

El fiscal no tiene reparo ea eoDfesarle, Merino es os loce^ pero 
loco como la soi» todos los crimiiiales , loco por tdinitad , loee por 
pervenndad^ 

i Ee posible por testara cometer mu. erfanen, perpetrar on deli^ 
to, obrar mal simplemente sino con falta de jmcieT 

No ; esí preciso para» eomeler aaa aeoioa mala: oxidarse de la 
raaoD, éesenleaderse de sns oonsejoe , desoír loe grites de le con-^ 
ciencia, obrar, en una palabra; coa faüa de jnídío; 

Asi obró el presbitevo Aiermo; ea ese eoncepto faé leeo como la 
soB todos los eriminales « y faé- loco porqae para cometer na crimen 
tan espantoso como d qoe ha perpetrada es precisa ser no móae^ 
Irao. 

¿Loco el presbitero Merina? Na; ¿en qoó motivo? ¿qoé dalo 
hay en el proceso para saponaria , no ya para asegararloT 

Sos antecedentes , se ha dicho. 

¿Cuáles son los antecedentes ea que faada esa soposícion? 

Metióse de joven en una casa de San Francisco y Sas Francisco 
b adoptó por bijo y se edueó^ y apenas podo gobernarse por sí, 
abandonó la casa y resegó de sa padre y da sa religioai^ 

Después ha dicho ^e toaió parte eo la acción del 7 de julio 



tO EL FAUyCIO W LOi GBÍmf KS 

de 1828, pero no tomó parte en ese acontecimiento como un hom- 
bre lil>eral, no. No einn liberal don llarlin Merino; ba dicho qne 
no tiene apego á ninguna forma de gobierno. 

Tomó parte en este acontecimiento como un hombre sangoina- 
rio» sediento de sangre y por el gusto de derramarla. 

Estos son los antecedentes de don Martin Merino. 

La entamidad dd crimen » se dice. 

La enormidad del crímen prueba una grande maldad , prueba 
que el procesado es capaz de cometer el mas grave , el mas espan*- 
toso de todos los crímenes conocidos. 

Ese hombre , se ha dicho, es hombre de malas ideas. 

¿Y quién es el responsable de que su mente se baya pertur- 
bado con esas ideas Tenenosas qne han alimentado su carácter y 
estragado su alma? ¿quién? 

El hombre que por satisfacer sus pasiones ó por lisonjearlas ha 
ido á beber á las fuentes mas impuras , esas doctrinas de que están 
llenos los libros que se le han encontrado. 

Si él ha perturbado su mente á sabiendas , él es el responsable. 

No muestra arrepentimiento , y de aqu( debe inferirse , dice el 
defensor, que ese hombre ha perdido la cabeza. 

No; no muestra arrepentimiento, porque ha premeditado el 
crimen muchos años hace, porque ha premeditado su fin y su suer- 
te , porque ha ambicionado la fama del mas alto criminal que ha 
habido en España. 

Que estaba hastiado de la vida. 

¿Y qué le habia sucedido ? 

Que habia sufrido algunas desgracias , le habían ocasionado al- 
gunos disgustos , habia tenido algunos desengaños. 

Esto es todo lo que dice el presbítero 



EL PUKBLO T SUS OFBBSORBS. SI 

¡Y qaé ! Uo sacerdote « un ministro del Crucificado ¿se hastia 
de la vida con tan pequeño motivo? ¿se hastia de la vida por lo 
que á todos los hombres sucede ? 

¿Ignora acaso ese religioso que todos los humanos han venido 
á este valle de ligrimas para llorar? 

Que le sucedieron desgracias, que no constan en el proceso, 
pero dándolas por supuestas , ¿ era este un motivo para sublevarse 
contra todo el género humano? ¿era una razón para concebir, co- 
mo dice que concibió, odio y aversión al linage humano? 

Que le robaron , añade , que le estafaron y no halló protección 
en las autoridades , y sin otra razón , concibió odio i toda forma 
de gobierno , á toda autoridad. 

Le robaron y le estafaron, perdió algunos bienes de fortuna, y 
en lugar de decir ese ministro de un Dios que nació y murió en la 
pobreza , en lugar de decir con Job , Deu$ dedil , Deu$ abittdit , se 
revela contra Dios, y contra el principio de autoridad, olvidándose 
de que en este mundo , como Abraham en la tierra de Canaan , no 
tenia derecho mas que á la sepultura. 

¿Dónde están los antecedentes, los datos, los motivos, el mas 
leve indicio de que don Martin Merino estuviera loco en la acep- 
ción legal ? ¿ dónde están ? 

El cura de San Justo , único que al parecer le trataba , ha de* 
clarado que es un hombre de razón completa. 

Su criada le supone con juicio cabal, dos facultativos de crédi- 
to, designados por el juzgado del inferior, después de haber reco- 
nocido dos veces y de haber conferenciado con el procesado , no 
han vacilado un momento en decir que le han hallado en su recto 
y cabal juicio , que no tiene sintomas de ningún padecimiento que 
pueda menoscabar sus facultades intelectuales. 



SI Hu nytGia M LO» dÉmris 

¿Diiiide ettám , pmss » 1m túnáamesútM, 1m datos, la raa3n le- 
fa) para nrp#Éarie kíeo^y denteataf j pvedm apUeártala «I arL %]f 
del Código ? ¿ dónde están 7 

Hay granea liatgo» se £ce , en Uerar al patíbulo á un hombre 
sin qae la Sala esté bien segura^ de* sm ealado' moral. 

¿Y no lo está? ¿Se snipenderá el procedimiento,, se suspénde- 
le kiMoaa^ dqará de easligarse et crimen indeBnidamente » hasla 
^e el abofado ckfensor á mío ó^ do» aiédmos digan ^e no pueden 
asegurar si está en su.' cabal juicio ó no 16 está 7 

La Sala ha^ precedido ooa acierto y ha hecho perfeetameate en 
ámmtímar el mm f u ptoeadmüaoto qae se kia solicitado ett este ia8«- 
tante , porque no tenia objeto, porqdo á nada pedi a conducir, poiw 
que no se fundalMu ma» que en un soposiclM, y «na suposición 
gMuilav destilaida de todo ünag» de fundamento, no p^ede ser? ir 
para praelicar tina Hueva, y exigir un reconocimiento. 

No htfy, pues, inagmit anditr do escolpacion pam d proosaadoi; 
so causa no tiene dafeasa, y hiSala sí» temor ninguno, y sin ne- 
cesidad de detenerse , puede desda luego dictar su fallo. 

Las inrasligaaioDeahan sido completase taa acabadas como pue- 
dan desearse y como lo eiige el mterés de la sociedad. 

Las formas del procedimiento se han abreviado, es verdad, pe«- 
wo üm perjudicar al. reo f y acordándole toda la protección que la 
compasión y la humaddaé exigáan.. 

El crimen está comprobado perfectamente en los autos ; el cri- 
mñaal esCá identificadot, preso infraganti delito con d arma aleve y 
ensangrentada^ ea 1» mano , ha confesado su delito. 

Por otra parte está convicto por las declaraciones de diez tes- 
tigos presenciales mayores de toda escepcion. 

La calificación del detite no puede ofrecer ninguna duda- 



BL PUEBLO Y SOS QPABSOBBB^ 21 

Felizmente el regicidio puede asegtirarae ya que no se ooDsa* 
mará. La Divina Providencia que aiempre y tan oonocidameiite lia 
dispensado su protección á S. M. la reina , no ha permitido qjae ae 
consume^ y puede asegurarse que ya queda frustrado, así como el 
fiscal tiene una satisfacción en poder anunciar ea este memento 
que S. M. recobrará su buena salud tan bien y ^^umpUdaoiente co- 
mo lo desean todos los leales españoles , todos. 

Don Martin Merino no es un español , y si es .un espafiol op es 
un hombre , es un tigre con formas bamanas« aa tíjpre con hábitos 
clericales , es una furia » y uaa furia enemiga d^ la España , ^e «e 
ba escapado del averno. 

El regicidio ha quedado frustrado , pero el arl. 16Q del Cóáig^ 
impone la pena de muerte á los autora de tentativa de este delito. 

Por manera que si hubiera mayor pena que la impuesta por el 
juez de primera instancia , deberla aafrirla mayor y mas severa* y. 
mas aun por la circunstancia atroz con que perpetró el crimen, por 
las circunstancias del dia, del sitio, de la ocasión , por la debilidad 
del sexo de S. M.., por su bellísimo carácter, por las conseoaenciaa 
que hubiera tenido el atentado horrible si se hubiera coasamado y 
por todas las condiciones del culpable. 

Pero ¿ á qué fin ocuparse de las circanstaocias que jodierán 
agravar el atentado ? 

Seria perder un tiempo precioso , y ei fiscal va á concluir , y 
en cumplimiento de su deber, pide que la Sala confirme ain altera-* 
cion la sentencia consultada por el juez de primera instancia de 
Palacio y la mande ejecutar inmediatamente. 

A la lealtad española ultrajada, al honor del clero español 
manchado , á la tranquilidad pública interesa é importa que caiga 
la cabeza de ese sacerdote indigno ^ que tan alia ha levantado la 



ü K. PALACIO DE LOS CRÍMENES 

cátedra del crimen , para predicarle con so ejemplo , y que con él 
desaparezca de la faz de la tierra esta torre de escándalo y de 
oprobio. » — 

El Sr. Regente previno á los concurrentes qne se sirvieran 
despejar la sala, porque el tribunal iba á proceder á dictar su fallo. 

Se despeja la sala. 

Eran las doce. 

Un gentio inmenso ocupaba todas las cercanías de la Audien- 
cia f que aguardaba con ansiedad el fallo del superior. 

Este fué confirmatorio en todas sus partes de la sentencia con* 
sultada. 

Cuando se le leyó por primera vez su sentencia de muerte y se 
le presentó para que la firmase, manifestó Merino la serenidad mas 
completa, tanto que admirándose el escribano de la firmeza del pul- 
so, y haciéndole su reparo sobre esto, le contestó el cura : 

« No Teo motivos para otra cosa , » y añadió : « solo tengo que 
encargar á ustedes que el tablado en que me maten sea muy alto.» 

Después modificó el testamento que tenia hecho desde el mismo 
dia que cometió su crimen, dejando quince onzas de oro á los pre- 
sos de la cárcel y otras quince á los establecimientos de benefi- 
cencia. 

También manifestó entonces que tenia setenta de aquellas mo- 
nedas dentro de un bote de hoja de lata , el cual habia enterrado 
en un tiesto del balcón , por temor á los ladrones. 

Cuando hubo de procederse á la ceremonia de la degradación. 
Merino permaneció durante todo el acto con mas tranquilidad de 
ánimo y firmeza de espíritu que los mismos qne le degradaban. 

A estos les advirtió y corrigió su equivocación de ponerle el 



manípulo en la mano derecha , en ves de hacerlo en la izquierda, 
así como otras varias faltas contra d ceremonial. 

La última noche que estuvo en la ca¡»iUA tomó chocolate, elo- 
giando mucho la calidad de este , dando las gracias á los hermanos 
de la Paz y Caridad , porque se le habían servido bueno , bien he- 
cho y caliente, mucho mejor que ei que él tomaba de nueve reales, 
y del que dejó en su despensa una tarea casi entera. 

Al oficial de la guardia, don Cirios Poussat^ le dijo que era 
muy parecido al. difunto duque de Orleans, de qaiea hizo los mayo- 
res elogios , asegurando que le tenia muy visto, y aun algo tratado. 

Poco después entraron los hermanos de la Paz y Caridad , di- 
ciéndole que, según costumbre de esta Hermandad, venían á pre- 
guntarle su nombre, edad, patria, estado, deudas, á lo cual con- 
testó : 

(( Pues pónganlo ustedes todo , menos las deudas , que no las 
tengo, ni las he tenido nunca.» 

Dijéronle los hermanos que podía disponer de la cuarta parte 
de las limosnas recogidas , á lo que contestó agradecido que no ne- 
cesitando de ellas, las cedía para la Hermandad* 

A las once y medí a tomó un vaso de agua con esponjado , y á 
esa hora le dejó en tal estado el cura de Chamberí , reemplazándole 
el presbítero don Carlos Cordero, teniente cura de Santa Cruz. 

Continuó hablando sin querer dormirse ni que le dqasen solo, 
hasta las dos de la madrugada. 

¿ Habría acaso leído bl iNSomcio dbl bbo de muebtb escrito por 
el c^bre asesino Laoenaire poco antes de subir al cadalso ? 



Sonó la hora 

En que el perverso se arrepiente y llora... 

T. II. 



M JB. PALACIO J» ios CXfmBNM 

Desfallece sa orgullo. . . 

Y el pecho desgarrado 
De mil remordimientos , 

De sos Yíctimts mira horrorizado 
Espectros macilentos 
Salir del pavimento ensangrentado ! 
Cierra los ojos , y una mano yerta 
Le toca y se los abre!... Al lado suyo. 
De un cadáver horrible 
Vé el descamado aspecto I... Á sus oidos 
Retumban infernales alaridos!... 
Mira al verdugo... La cuchilla advierte... 

Y oye el fúnebre cántico de muerte !... 
Entonces reflexiona 

sobre la eternidad... Entonces piensa 
En el ser quexastíga y que perdona 
La criminal ofensa... 



Merino, mas impávido que Lacenaire, no desmintió un mo« 
mentó su asombrosa serenidad. 

Soltó la carcajada al contemplar la figura que haría montado 
en el burro con la kopa amarilla, y dijo que al llegar al cadalso iba 
á pedir por favor al verdugo, que después de darle garrote i él, 
ahorcase al burro. 

A las dos se le dejó descansar durmiéndose profundamente has- 
ta las seis de la mañana. Poco después tomó chocolate que es el úni- 
co alimento que quiso en la capilla , y en seguida principió á dis- 
ponerse para el último viaje. 

AX vestirse la hopa amarilla con manchas de sangre, dijo: 

« ¡Vaya un dominó corto 1 no le cambiarla por el manto de los 
Césares.» 

Para despedirse de los que le rodeaban, esclamó: «Agur , se« 

• • • • • • 

ñores, agur, señores» con la serenidad mas completa. 



BL punto Y sus OPBBSOEES. 27 

Después que se eoconlró fuera del edificio, fijó su ateacioa ea el 
ejecutor y el pregonero y les dijo : 

«Buen par de acólitos me he echado.)» 

Como le instasen los clérigos que le auxiliaban á que repitiese 
los salmos, contestó: 

«No me molesten ustedes, yo lo diré,» y decia entre dientes al- 
gunas palabras. 

Cuando le instaban á que mirase la santa efigie que llevaba en 
la mano , respondía : 

«Ya la he mirado: quiero ver al pueblo y que el pueblo me 
vea á mi.» 

Renia á cada paso al conductor del burro diciéndole: 

«Torpe, malo eras tú para criado mió; [con mi genio 1 Creo 
al ver tu torpeza que no has de saberme ahorcar.» 

Al llegar á la mitad del camino , dijo : 

ce i Cuánto tiempo hace que no doy un paseo tan largo I... |Y de 
balde !••• i Qué buena borrica es esta ! » 

Habiéndole instado varias veces los sacerdotes á que recogiera 
su espíritu y repitiera las oraciones propias del caso , les dijo : 

«¿Saben ustedes i lo que vienen aquí? á auxiliarme. Pues to- 
da vez que yo no necesito auxilio de ninguna clase, ni espiritual ni 
corporal, no me molesten, yo me basto i mí mismo con la ayuda 
de Dios. Cuando los necesite los llamaré , pero por ahora , repito 
no me molesten.» 

A uno que le ofreció agua y vino , le dijo : 
«¿Conoce usted que yo necesito algo, ni que me falten di va- 
lor y la serenidad? No quiero nada, si lo quisiera lo pediria.» 

Al pasar por Chamberí, miró con atención á la iglesia, escla- 
mando : 






«Bn efector «stá muy desDÍtelada y se dmÍMbarl á ao lo re- 
median.» 

Cada vez qae se detenían á leerla la sentencia , Tolria el rostro 
pera eseneiwrk aMJor , y casi al espirar la última palabra en boca 
del pregonero , pronunciaba tf adelante , » acompasando la palabra 
oaala aocían* 

Después continuaba : 

«Nada mt gusta a^iacifie lo de las manchas de sangre.» 

No se sabe por qué hizo la siguiente consideración algooos hkh 
mantoa daqpués : 

a i Cuántos morirán hoy antes que yo y quizá de los misisos qneT 
me están mioMiáo I » 

Mññ ad^Bte mm-mnnl: 

«Esto va tan despacia oorao la procesión del Corpus; pero* 
ahora no molesta tanto el sol como cuando se celebra aquella 
iesla.» 

Habiéndole exhortado de ooero á que «airase la estampa , con-^ 
teild i loi sacerdotes : 

<xDe|adaie contemplar también la nieve del puerto. { Qué her<- 
moso espectáculo I » 

Frecuenlemeiite se «levaba sobre su caballería para distinguir 
sin duda el cadalso» y al divisarle por primera vez , esclamó : 

«¡Hé aW mi asiento! ¡andadl [andad! » 

Cuando observaba que algunas personas le miraban eon geme- 
los desde los tejados y azoteas, fijaba en ellas su vista, animándose 
coo ana ligera sonrisa. 

Al pié dtl patíbulo preguntó al ejeentor : 

«¿Por qué lado me apeo?» 

Y como le contestase aquel que por el derecho , repuso: 



EL PUEBLO T SUS OPRBSOEBS. 29 

« Paes sajélame la pierna para ^Bajar y do me lastimes como áT 
sabir. » 

Ya en el saelo, miró á todos los circanstantes y se arrodilló á 
los pies del confesor, qae tomó asiento en la primera grada del su- 
plicio. 

En esta postara se reconcilió par, «^cio de dos ó tres mi- 
natos. 

Después subió hasta el segando escalón , y como se dispusiera á 
hacer tiempo á que llegara la hora designada , el señor gobernador 
le dijo que podia sentarse , pero Merino , permaneciendo en pié le 
respondió : 

«Esta actitud es mas digas.» 

Tales fueron sus últimas palabras , si se esceptúan otras imper- 
ceptibles que pronunció al sentarse en el fatal banquillo , y las cla- 
ras y terminantes de << he dicho , i» coa que acabó su peroración , y 
luego exhaló su espíritu el 7 de febrero de 1852. 

Hechos cargo del e$Mftr tos k<Mimofrde la Plsi j Caridad,- hu- 
bieron de entregarle, sttt embarga, luego que llegaroo al cénente^ 
rio , al señor gobernador civil de la provincia , quien hizo insertar 
nn bando en kt Gaeeia de Madnd , al dfa argvieate , dieiendo que 
al cura Meríne se le habm quemados y esparsldose sus ceniías al 
viento. í 




'MI .: .'• 



CAPITULO n, 



1 . ■■ • ■ ' 



FERRO-CABRIiES. 



# ' 



La condocU de los goberaaiitet sapediUdot é la influeocia del 
PAUkQo DB LOS caüiBMBS, era de dU en dia mas imiioral y escan- 
dalosa. 

Eq 2 de abril espidió el mÍQÍsterio ua largo decreto circulado 
por don Manuel Beltran de Lis» aumentando las trabas de la im- 
prenta en general » sin esceptuar las litografías y los grabados. 

Creyeron los ministros que con la mordaza que acababan de po- 
ner á los escritores públicos, hablan de permanecer ignorados sus 
actos de inmoralidad , pero se equivocaban solemnemente » porque 
si el invento de Gutlemberg estaba aherrojado en España , prensas 
habia en el estraojero para que no quedase oculta la verdad. 

La imprenta de Schulze y compañía de Londres dio á luz 
cierto Apunte contemporáneo para la historia politica de España^ 



SL PUnLO T 963 OMtHOEti. 31 

qae sin responder nosotros dalos asertos del antor* creemos dá 
bastante luz para formar una idea del medió inicuo qae empleaban 
los instrumentos del poder seergio^ para esquilmar al pueblo es- 
pañol. ' 

El autor del citado Apunte , que por las señas debia estar ini-- 
ciado en los mas recónditos secretos del club de la calle de las 
Rejas , después de censurar los doa decretos firmados por don Ma- 
riano Miguel Reinoso* ministro d« Fomento^ creando 140,000 ac- 
ciones de caminos de i 2»000 reales para llevar á efecto el camino 
de Almansa , en cuyos decretos, que aumentan la deuda pública en 
14.000,000 de pesos fuertes, ni siquiera se hizo uso de la acostum- 
brada fórmula : « Se dará oportonanettle onenta á las Cortes » se 
espresa en los términos siguientes: 

«En 28 de marzo se concedió á dop A. Alvarez , por otro de- 
creto , la construcción de un ferro-carril de Alcázar de San Juan 
á Ciudad-Real, i razón de 3.800,000 reales por legua, disponien- 
do como para el de Almansa que después de 6 meses se baria una 
subasta, y que entre tanto empezase don A. Alvarez la obra; en el 
concepto de que si algún otro que no fuese él mismo se quedaba 
con la empresa , en virtud de la pública licitación , deberla abonar 
en metálico y en el término de un mes , todos los gastos hechos 
por el primitivo concesionario. 

Es de advertir que como el gobierno habia de pagar en ac- 
ciones de ferro-carriles que corrían en la plaza con un 20 ó 25 
por ciento de descuento y el rematante tenia que abonar en meti« 
lico las obras hechas por don A. Alvarez, había solo por esto una 
pérdida inmensa para el nuevo constructor. 

Mas tarde se alteró el trazado del camino haciéndolo arrancar 
de Socuellanos con lo cual se alargaba, contra toda razón de con- 



TwieMii t eo alyBnM legUM «1 cémioo ; j por ülámo te prorogó 
á 8 mam em i^eaé^S iMéfo6% de ln auba^U; jtnadieado que di 
ramatante ^adríft (|iif jabofifti; & )doft A, ALraMi en^etáüoo y en 
el lérmino de ua mes, no solo todos los trabajos hechos y el mate«- 
rial oaaiipradOf liai» taalbMSf á^qvte estavicae adqoicido ó em- 
iiaroado ea I«glaleri)aHÍ i i .ü . . 

. Par# así f ladft;iepaj4a»>iiacMbUiK>saBMate alto el precio da 
3.900^000 nedlM^Ml^aaiéiattadídas las dreanabaaciaa del terre- 
no « qoe antes de la.^pM^a dar 1a iUcitaaioa se ofraaé.Mia respeta- 
ble casa. á oc^aaivuír hki9ÍmuitÑ9M sama da ^&00,4)00 nales por 

No ioé (ornada : aai .ooaiidavaoifvi; pero da rasnl taa da ello» don 
A. Alvarez se presentó volnntariameDle lebajaaido en 1.200,000 
nales por lagjaa.al p^cíft qnb il gobierno le took ooocedido. 

. Y aia embargo tedwikii ai tiempo de verificarse la aobasta pú- 
Uica se hizo «m nai|va>lMli0Jarda SSO.OOO reales por legna. 

Por manera qué dfe mlm Aeaaitfoa ofidalei datoa resolta qna 
«1 gobiamo , al oooaediir nürtatorialmeata á don A. Alvareí la 
aoBStmocion de laa Vaialidds lagMa y media de ferro-carril desde 
Socnellanos á Cindad-^Aidal (ikibre tuya conveniencia y urgencia 
DO queremos ahora díaeurrir) W.baóía gcatoitamente y á costa áA 
pobre pueblo español, nn regalo de oerca de coAasiiTa muádjxbb de 
reales qne hablan de dehrengar un indefinido aUo míeréB anual ! 

No entraremos , como podriamos , en algunos indecentes deta- 
lles da la parte secreta de estas negociaciones ; preferimos concre- 
tamos i las reales disposicíoiies publicadas ea k Gaceía del go- 
bierno, acerca de las cuales fio pueden suscitarse dudas ni cabe 
atribuirlas á espirito de oposicdon. 

EUas nos bastan para deek que jamás , ni aam en los tionpos 



SL VOnLO t sos OFilSOlBS. 33 

del valido omnipotente Godoj se htbiao visto ni safrido tales co- 
sas en la nación espalóla. 

Llegamos ya al ferro-carril del Norte qne ha sido la cnestíon 
de las cuestiones entre el gobierno y la oposición , y la que ya ha 
derribado á tres ministerios. 

En 1845 se concedió á la Dipntacion y Jnnta de Comercio de 
Bilbao antorizacion interina para construir y esplotar por sa cuen- 
ta un ferro-carril de Madrid á Irun. , 

Siendo mayores los deseos que las fuerzas de aquella corpora-» 
cion , hizo varios esfuerzos para reunir capitales. 

En 1851 solicitó que este camino de hierro fuese comprendi- 
do en el número de los que habian de disfrutar el beneficio de la 
garantía del 6 por ciento anual y uno de amortización de los capi- 
tales que se invirtiesen en su construcción. 

En junio de 1852 hizo un convenio con don José de Salaman- 
ca cediéndole la parte de Miranda hasta Madrid con la condición 
de que él obtuviese para el trozo que se reservaba la Diputación 
de Bilbao la mitad mas de la ventaja que para el de Miranda á 
Madrid ; «de modo que si por cada una de estas leguas abonase el 
gobierno el interés correspondiente á 4.000,000 de reales , lo que 
habría de abonar por las restantes desde el Bbro á Bilbao é Irun 
sería el interés correspondiente á 6.000,000 , y mas en igual pro- 
porción , según las ventajas que el Excmo. Sr. don José de Sa- 
lamanca pueda obtener en su negociación con el gobierno, pero 
en ningún caso será para los primitivos concesionarios menor el 
abono por legua que el correspondiente á los 6.000,000 como mí- 
nimum.» 

En consecuencia de este convenio presentó en 12 de junio de 

1852 don José de Salamanca una solicitud al gobierno compuesta 
T. u. 5 



de saii «crtoft «tlealot pidieado U codmúoil por otwtraU de la 
consIraccioQ por caeota del Estado del camáw de Uadrid á Hinu^ 
da, al precio de 4.000,000 d» realeft desde Madrid á Burgos y 
BjOOO.OOO de Bargoa á Miranda; ; qae se garanliiMog ú ínUréi 
de 6 por ciento y uno de amortización al troto de Miranda i boa 
i jaaoB da 6.000,000 por legaa. 

¿Cámo íaé recibida e«t« Rolicitad del señor SaUmapca? 

Copiaremos aquí las palabras da ta menoría oficial pnblicadi 
por la reepetabilfeima comiaioH presidida por el dnqae de Sotoma- 
jor, á la caal el Senado eBConnendó al existm del eapedienle de br- 
r«-cuTÍle8. 

<N» 6i¿ preciso qm sn sf^oitnd', para conceaioQ tan gravosa i 
lo» intereses público», pasase á inEomea de la JDota ooosnltiva , ni 
de la dirección de obra» pública», ni ano para qae de ella se hi- 
ciese cargo el oícial del segooiado , sagon asi ccHista dd espe- 
dioUe qne hemos examinado ; y qqe ao boUera mas planos aproba- 
dos qoe los de Bnrgos i Bilbao para que á los oeho dia» de presen- 
tada aqodla solicitad ae pasase por d núnisterío de Fomento de 
acnerdo del Consejo de Ministros nna eomanicacion al señor Sa- 
lamanca , acompañándole on proyecto de decreto como resaltado 
d« ea solicitad, para qae nuaifestase « se confonaaba orai él, á 
lo qae en d mismo día contestaba , dándose por satirfecho de las 
modificaciones que se hacian á sos propoiicionefl.»-~No es estreno 
qoe tan pronto se conformase, paes las modificaciones es logar de 
perjadioar favoreciaa al señor Salamanca. 

Asi , por ejemplo , en logar de los 4.000,000 por legaa qae 
pedia desde Madrid á Valladolid se le concedían 3.800,000; pero 
no se compreodiao ea este preoio ti Ténel ó les tiinüe$ que fuese 
wceíano conilrmr. 



iL mno T sus cvmpoaBS. 85 

En coBsecueneia de €Bla inliaia y precipitada negooiacioii se es- 
pidió d decreto de 4 de jalio de 1862 (que la citada cemiñoii éA 
Sanado llama tékhn y triiUj haciendo concesión iefiniíif>a é don 
José de Salamanca y á la diputación de Bilbao en los términos qne 
arriba dqamos indicados. 

En este decr^o ya se veía al gobierno ir perdiendo sn oorte^ 
dad de genio y su poquito de rubor. 

Desdeñó la contemplación que hasta entonces había tenido con 
la opinión ^blica haciendo concesiones en el nombre interinas ¿ 
eon autoriíacioa de empezar «desde luego las fibras, y anundanés 
pública licitación para después de eds meses de empezadas. • 

En este 4ecrelo ya se arrojó, estando cerradas las Górt0B y sin 
autorización aignna de ellas, á hacer «na ooncesion definitina sin 
subasta alguna real ó ilusoria de am camino de hierro que hi^ia 
de anmenlar inmensaanate nuestra deuda pública. 

Dejemoft en este punto la Weleria del camino del Norte , que ' 
es muy larga, y^ie «oWereoios á neanodar hiega.* 

Atendiendo k las faelns debemos dar cuenta ahora de la com- 
pra hecha por el^gobíemodelicamíne de JUanjuQZ «n 13 de age»-* 
to de 1852. 

Habia sido construidoteste por don losé de SalamMioa, y ^ha- 
da tiempo que tenia empefto en que se ie comprase »el Estado^ . ^ 

El proyecto de compra habia sido presentado por el gabinule 
alas Corles, habiendo logrado hacerle pasar en el Congreso de 1^ 
diputados, pero fué desechado en el Senado. 

Posteriormente, estando cerradas las Cortes, pasó el gobienm 
el espediente al Consejo real } y aunque los miembros todos qui 
le componen dependen , como es público , de un simple real ñr-^ 
man , fué de dictamen quo no confuuia al Estado la tal compra** 



86 BL PALAao m ím cmímehu 

A pesar de lodo esto se Ue?ó i efecto por medio de no decrelo 
dado en 13 de agosto de 1862, habiendo antes sido tasado « por 
las personaa qne el gobierno nombró, en la snma de 60.000,000 
de reales. 

G)piaremos aquí algunas lineas de la ya varias veces citada me- 
moria oGcial de la comisión del Senado encargada de examinar los 
espedientes de ferro-carriles. 

«No nos detendremos sobre d valor que á ese camino se dio 
para la venta por efecto de una real orden ; no indicaremos tam- 
p0Go que antes de esto , y para el solo efecto de la garantía del in-- 
teres , cuyas consecuencias eran infinitamente menores para el Es- 
tado , no se pasó por la cantidad de cuarenta y cinco millones que 
se figuró al camino , recordaremos únicamente lo que en este pun- 
to manifestó en el Senado un individuo del gabinete mismo que hi«- 
zo la compra , el sefior marqués de Hiraflores , cuyas palabras : no 
podemos dejar de transcribir , p<Nrqne honran su franqneía y tam - 
bien ilustran el punto con an irrecnsaUe manifestación.» 

Dijo el se&or marqnéa : «Parto desde Inego del supuesto de que 
la laaacion de sesenta millones era un escándalo, pero yo no la ha* 
bia hecho.» 

En 26 de agosto se concedió á don José Campos la construc- 
ción por su cuenta del ferro^carril de Játiva i Almansa , abonan-* 
dasde el seis por ciento á los capitales empleados solo durante la 
época que duren las obras. 

Es de notar que habiéndose concedido un interés alto é indefi- 
nido al troio de Valencia á Játiva y construídose por cuenta del 
Estado el de Almansa á Madrid , solo se concedió al que media en- 
tre Almansa y Játiva , que es cabalmente el único dificil y costoso, 
el üeis por ciento durante el tUmfo de la comimeeion. 



BL PUEBLO T SUS OFEKSOBBS. 37 

Esto prueba el ningún sistema que se ha tenido presente en el 
infausto asunto de ferro-carriles « los cuales han sido considerados 
tan solo como una mina que se ha descubierto para protejer á fa* 
vorecidos « y hacer negocios los gobernantes. 

Detengámonos un instante para consignar ' una convicción en 
que estamos y que algo debe consolarnos. 

No todos los ministros de la época cuya historia vamos bos- 
quejando aceptaron y han desempeñado sus puestos por motivos 
innobles. 

La existencia de ellos (tales como el marqués de Molina» el de 
Gerona /el conde de Mirasol, don Anselmo Blaser y otros) en las 
regiones ministeriales se esplica solo por él irresistible alicienta 
que tiene para muchos el poder; por esa debilidad tan común en el 
hombre que se llama vanidad. 

En 28 del mismo mes de agosto se hizo otra concesión á don 
Rafael Sánchez Mendoza para construir un camino por cuenta del 
Estado desde Sevilla á Jerez y también desde Jerez i Cidiz,. si el 
que habia adquirido anteriormente la de este último 'trozo quería 
cederla. . . *. 

En esta concesión hubo la cláusula de otras anteriores , autorU 
zando á Mendoza i comenzar las obras, y que luego se celebrarla 
subasta , y que si alguno hacia mejor postura le abonaría en meta-» 
líco dentro de un mes las obras hechas y el material comprado; 
mas un diez por ciento por razón de administración y un seis por 
ciento anual por interés del capital. 

Aunque no ha sido ni es en modo alguno nuestro propósito 
manifestar los vicios y errores de las concesiones de los ferro-*car- 
riles respecto á las lineas ó trazados , no podemos sin embargo me-> 
nos de llamar la atención sobre la circunstancia de haber el gobier- 



W ML FALáCiO H LOS GiÍMBnS 

Bo mandado ooastrnir por cuenta del Eitaio un ferro^carril á orí- 
Vm de un rio nayegable y erniado díariaoieiite por vapores , Buen- 
tías qne hay iafiíütoa distritoaisportanles del paii que si una imk 
la carretera poseen para poder esportar sos finitos ¿ los pantos de 
aansamo 6 comercio. 

En 14 de setiembre se Iubo otra concesión análoga á don Mar-» 
tía Larioa para constmir nn camino de hierro desde Milaga hasta 
ü pimlp tíos coiioenimte de la UiMa de Cárdoba á SniUa. 

No estando todavía construido este camino de Córdoba, á Sevi- 
Bn ni Mn heckos ks estadios para constmirle , no se podía desig- 
nar el ponto á donde A ramal de Milaga liabia de dirigirse 7 asi 
d .gobierno tavo qae hacer ana conceeíon en el aire. 

Las ccmdiciones eran idénticas á las de la concesión anterior. 

En ningnn decreto habia sido la redacción tan esplicita ó des-'* 
cafada. 

Decía así el artkndo 4.*: «Ssts m9ie$ dmpu¿$ d$ eammuadoi los 
iiras 9. se adjudicará, este oanuno, jd mejor postor en púMica Koíta«i 
don «|ue ee vertfoará bajo el tipo de 4.000,000 de reales por le«? 
gaa de á 20,000 pies, pagaderos en obligaciones de ferro-oarw 
riles. 

En i3 de noYÍembre se otorgó una concesión interina pana el 
camino de hierro de Barcdona á Zaragosa , con promesa .de ha— 
ceria definitiva.» «— 

Esto no fué mas qne ana especie de inanguracion del sistema 
de escándalos 7 dilapidaciones qoe habian de seguir otros ministon 
rioe en mayor escala y mas crapulosa desfachatea y que mas tarde 
eensoró A marqués del Doero , pronunciando en el Senado (el 6 de 
diril de 1853 ) el siguiente discurso : 

«El Senado ha oído los ataques que d sraor Reinoso á dirigida 



á la oposición , y 70 me proponga» tratar mejor á so sefibria , £ 
pesar de qae pudiera oosteitarle eon liec&oe. 

TambifiD ak gahienie ha dicho cpé afteetibamod 4 la prerofat¡«* 
ita de la eorona » y lo deeia an doda ponjne faiere qae el Senda 
aea un cuerpo mado. 

La corona es para nosotros un sacado; mi sabe lastimar i mh 
die m petjndicar al crédito nacional , ni ecbar por tierra la prensa 
y la tribuna. 

Se queja el seior Reinóse , y se alarma por mis palabras^ sieii-^ 
to decirlas; pero esto es lo que se ha repetido por todas partes. 

Hago justicia á los señores Reinoso > marqués de Mmiotes y 
Ezpeleta: todos son mis amigos: creo que como particulares son ei«' 
celeates ; pero como ministros se han portado muy inal, y han sido 
muy débiles, no sabiendo resistir las exigencias de un cepitalisla 
poderoso » por lo que se ven envueltos en esas cuestiones de moria-f* 
lidad. SaUdo es de todos que las construcciones de los caminos de 
hierro en España no dd>en ser tan costosas como en otros paisee, 
en atención á que di terreno vale poco , y los jornales son baratos; 
si se eseeptúa la Bélgica , donde por tenor á mano los elementoa 
mas indispensables , como son el hierro y el carbón , su construc- 
ción es mas económica, no obstante lo cual apenas producen un 
dos ó dos y medio por ciento. 

He pedido la palabra en contra de la comisión , porque aun 
enlodo apruebo el proyecto de ley, no estoy conforme con el con- 
siderando; puea deseaba que hubiese sido mas esplícita. 

El Senado me permitirá que sea algo estenso. 

He tenido que estudiar esta cuestión , y no podré menos de 
ocuparme de ella detenidamente. 

Antes de que se publicara la ley de 1850 sobre ferro-carriles 



M JH. PALACIO JU U>8 CüfaRHH 

ftieron taotas las concesiones qoe se hicieron, qne se llamó la. aten-* 
cion del Congreso, el cnal nombró nna comisión compuesta de las 
personas mas inteligentes en la materia para qoe formulasen un 
nstema general para la constmccion de las Kneas mas útiles para 
nuestro pais , declarando cuáles eran las de menos coste y de mas 
beneficiosos resultados. 

Se hicieron i pesar de esto concesiones de Kneas , particular- 
mente al señor Salamanca; y qué ! ¿no habla en Espa&a capitalis- 
tas que. ofrecieran, que diesen mas garantías que el sefior Sata- 
manca T 

Que me lo diga el sefior Reinoso , pues aqui se debe decir la 
verdad. 

Al señor Salamanca se le compró d camino de hierro de Aran* 
juez en la cantidad de sesenta millones , porque tenia que pagar 
quince i sus acreedores , concediéndosele la construcción del ca- 
mino de hierro de Almansa, en el cual iba i ganar un cuatro- 
cientos por ciento para salir de sus apuros como banquero. 

Señores, he dicho ya que una de las cláusulas del informe dado 
por la comisión del Congreso fué clasificar las líneas , dándose la 
preferencia á las que ofrecían mayores ventajas. 

Esta clasificación fué : 1 .® la línea de Cádix con Madrid para 
ponernos en comunicación con América : 2.® la de Irun: 3.® la de 
Portugal ; y 4.^ la del Mediterráneo. 

Sin embargo , esta es la línea que se ha empezado á construir, 
y para ello el gobierno ha comprado el camino de Aranjuez desa- 
tendiendo otras empresas que serian muy beneficiosas , particular- 
mente la del camino de hierro de Valeocia á Jáiiva, que en igualdad 
de circunstancias tenia mas probabilidades de éxito, y á cuya cabe- 
za se hallaban personas muy acreditadas. 



por ciento, y esto dartatti iiií <Aüh>» á f em 4^ q— mÜ»w . yj» 
airavMir->iiitr€0i4íHem« V'^^^.í ". .-it^ * í:\ ... n ;...»/ 

No comprendo cómo este empn)Mti»» qsfi Ufá mNmQ^eYftlw^ 
CMI9 M lH|fa fioapfoniaüda^lklMR l«>Qiri«iipa.i . i 

Pero si el gobierno, ciüif «stoto» impovliuito IfOi faéAPfOOiHi 
cédM>jáfeÉifÉpdi!iri»¿eJAli<a4Akiana»la&mií^ 

:■■ ■ Ságu6; despvéa^ «1 de áLkDiAua 4 Ajm^MS, j «411Í ^aUvi (d.fieSnr 

£■€•!» coÉcoMft al. gabkir«Q m 9BieiOiD^(eiplé«did« y, com- 
pra este camino á razón di eualra míUoDta f pioofcur Ingüíaf 
Peto ki l|iaftaria de aslli dumioo « mfji Hifriifc > . / 
fit aaiof AaiiMia , MÍlMtt^MliNiO€B d#^<^ .piíJUÍMs^ 4WM 
Ué la propatíaioB éá umot &9Íamuk(M ^ jfátík obmáhit^^ con 
veBtaja , 7 ait fenfido del paia,. m k eaolidai ^»2S*.A0<Iii0MI^ 
y se aprobó sin oir á la dirección de caminos ni á la junta OflpMiW 

He dicho , señorea , tom qué degiguaUad é iejoatíicie aé hacíur 
coDcesioiies eaMaÜeea del MedítenriMO» .; . 

Kiei 91 paMOMa á la de Andahraia teneinoi» q«e á ia. empresa 
que propone hacer el camino de Andújar á Sevilla n»; se k da 
qpe el perMse de haoerio* 

Se ha haUado de oómo ae ¿aeea loe irimiiyoa eo Inglaterra: 
he tomado el trabajo de hacer algunos estractos tomados de; ha üi** 
formadoBei y decomeolM ^blioadoa en aqnd peía. . 

Un Caaioao ingeniero hablaba aobre la neeeaídad <|ue teaJa d 
gobierno de hacer los trabajos , y luego deeia de esta Bumera: 
(Leyó.) 

T. II. 6 



Eito needia alH, ¿qué no podreoMM decir a^i? (Leyó.) «Las 
dificoltadef que se ponen ti los ingenieros etc.» 

Vea el señor Reinoso una de las razones por qné en Inglaterra 
son mncho mas caros que en España. 

Porque alH se respeta la propiedad y se indemniza; aqni se to- 
ma la propiedad y las mas veces no se paga. 

El mismo ingeniero dice : (Leyó. ) Este consejo deIÑó tomar el 
señor Reinoso y haber determinado que se empezara d camino de 
Almansa por la costa, porque, como dice ese ingeniero , el carbón 
cuesta mucho , y si este encarece tiene que ser gravoso d camino* 

En la costa vale á 7 ú 8 rs., y á la empresa del camino de 
Aranjuez le cuesta, según creo, á 14 ó 15. 

Véase la diferencia que hay y el ahorro de trasporte que se 
hubiera conseguido habiendo empezado el camino por la costa. 

Aun hay mas; en 1844 se determinó que las vias tuviesen seis 
pies de anchura que es lo que se ha reconocido en Inglaterra como 
la mejor. 

Pues bien , el señor Reinoso , sin mas razón que su omnímoda 
voluntad , y porque así se hace en Francia , dijo : 

«Pues yo quiero que tengan cinco pies y tres pulgadas.» 

De modo que vamos á tener unas vias de seis pies y otru de 
cinco y tres pulgadas. 

Decia también su señoria que el gobierno había preferido la 
via tercera ó cuarta, porque nos pone en comunicación con el Me- 
diterráneo. 

Pues qué , señores , ¿no son mas importantes nuestros puertos 
de Cádiz , Vigo, Santander y Bilbao , que hacen él comercio coa 
América é Inglaterra? 

¿ Qué comercio vamos á buscar dentro del Mediterráneo ? 



n. finBLO T sos 0PII80BI1. 41 

Se ha preseindtdo de la ley t y por eso ha resaltado coafasion 
en las conceñoBes , qae oo se haoiaa sino por el oapridM^ de los 
míoistros. 

De Aranjuez á AlmaBsa , de Madrid á Irun , de Málaga i Cór- 
doba y de Madrid á Araojaei. 

Este se compró por sesenta millones cuando se g^roaba sin 
Cortes, cttando no teniaiBos mas qae el Consejo real que respon- 
diese á la ansiedad pública. 

Sus dignos individuos cuaoda estaban ameaaxados en sos em^ 
pieos , cuando se hablaba de un golpe de Estado» casi todos vo^taron 
contra lo qoe proponía el señor Salamanca. 

Tengo la esperania de que no saldrán muy faiea parados de es«- 
ta Cámara los autores de aquella medida , á quienes el Consejo 
real les daba leoeion tan elocuente. 

El sefior Beinoso se rie : tendré mucho gusto en oir k oontes- 
Ucion de su sdk>ria, y de todas suertes creo que b# es asunto para 
reírse. 

Nos ha dicho su seioria que para hacer k oposición nos valla- 
mos de un disCras. 

Por mi parte puedo decir que jamás he aeostuudirado á usarlo, 
y que si algún defecto tengo es el decir siempre lo que siento. 

El de Langreo. Habiendo faltado el concesionario varias ve- 
ces al contrato, se le ha señalado d seis por ciento de interés y el 
uno por cíenlo de amortización, á cuya gracia no tenía derecho ai- 
gono. 

De Santander á Alar. ( Leyó.) Esta garantfa es una garantia le- 
gal , y por lo tanto no tengo nada que decir sobre este camino. 

De Játiva á Aksansa. Se concede el seis por ciento de interés 

mientras duren las obras. 

l 



U t& fiUOM) N KM otemB 

Sm los traMM i&M difioíles de la Un«t, 7 sos prodaetoB eteasa- 
mente eébrirán loe gaitoe si di gobierno no oencede mayores wem^ 
tajas. 

De Barcelona i Zaragom» A «ata linea solo se ha ooneedilo el 
seis por ciento , mientras duren las obras , y uno for ciento do 
nmortiiaemi. 

Es nná Knea qno también será granosa ^ Bvario ,aonqiie tal 
Tez el gran movimiento industrial que babri en rila será bastante 
para qne rinda afganos prodocüos. 

Lo qoees ahora «eoesitaba de otros anxtlios. 

De Barcelona á Mataré , de Baroelona i Sabadell, de Bapoelo» 
na á Granotlers, de Barcelona á Tarragona, y de Sevilla á Jerez. 

Estas líneas «o tienen mas subreneion del Brtado qne la Ubre 
entrada de los materiales y carbón, y por eso no adquiero el oami-* 
no la nación sino i los 99 afees. 

¥ no ei joslo qno el Estado adqoiera la propiedad de esos ca-«- 
minos, no dando, como á otros, el interés del siete por ciento. 

9.^ dase. De Andájar á Sevilla, de Aleánar i Ciudad-Real; 
ferro-carril de Langreo. £1 primero lo hacen las provincias ; el ses- 
gando , parte ks p ro vi n ci a s y parto el gobierno. 

Ferro-carril de Langreo. Larga es la historia de este camina. 

Bn el año 47 80 cetebró un contrato, por el cual ol gobierno 
daba á la empresa el terreno y las maderas de los bosqaes del Es« 
tado ; pero se comprometía la empresa ¿ concluir el camino on 
cuatro años, y á tener á los dos concluida mas de la mitad de las 
oliras , perdiendo el derecho al camino, sino cnmplia con la prime- 
ra parto ; sacándole á pública subasta anoqne solo faese por dos 
teroeras partes , por las qne podia el gobierno qoedarse con él. 

Llegó el año de 1849, y como el internado en ese camino te- 



Bia graode iaiseaeia, no se iiabia cuidado 46 oampUr U cootrata^ 
y pidíé el eeíf par ciento iatarin se hacian las obras. 

Se presentó nn proyecto de ley y fué muy debatido, tanlo qaa 
fahó pota para que sa desaprobase , y ya se sabe qpe cuando en 
estos cuerpos está tan dividida la opinión , suele estar -aieiipre la 
raaon de parle da la nuMoria. 

D^«a acpMlkt ooasíoa cd. gobierno (pronetiando nraoka cooip 
sieaspre), que el carboa se Tendería á doa reales an di puert»^ >f 
que esto baria que la industria prosperase , proporeionindola bmi* 
chas ventajas. 

Entooees el aeior narqnós da YilaaM presentó ma fninienda 
reducida á que ese donativo, porque no se podía llamar de otM 
modo, no tav iese lagar amo caando eata?íeseB oabiertaa todas las 
alencioBes M f esDfo , y con esto motivo hablé de las. TÍadaa.y^i 
los hijos haérianos 4e aailiUres. 

Dijo tamhéan al seior coade da Yelia , ean aabla admagaeioaB 
«yo tengo interés en ese camino, pero no puedo eomvaáir an ap» 
se proponga una ley aopooiid pasa favpreoar los il arases de . una 
panoaa.» 

El seOor ^xxide de^Q^to onaMiatiii al proyecto^ dneado qna 
aquello no era mas qae un regsd^. 

Pregunto yo ahora, ¿qmén era el qae tenia tanto isMr para 
que todo se le eanee^Ntera al seftar Salamanca ? 

Verdad es que se decía en el proyecto de 1^ que SMpieHo era 
coa la condidon precisa de que se babian de continuar las abras 
con la mayor actividad , y que no se habia de faltar en nada al 
contrato. 

Pnes, aaSores, se Mtó al^^mlrato 7 sooedió la qna preveía. d 
seior niar9iéa4e ViaoMi > y eei dié al siete por x^ieifto msentru sa 



411 m wáumo m im eatmaxm 

La admuMstraoMm del goUerna et sieoliNPa cari ^ y di púbÜM 
cilá mejor terfido por 1m enproMs pMrtieolaces : prnoba do oUo to 
que apenas adquirió el gobierno el camino de Aranjnea, lo oediédl 
se&or Salamanoa. 

¿Y odttololiíio? 

Faltando á la ley, sin abrir licitación pública. 

¿Y porqué lo hiao? 

No adelanto nada en deoirk) , porque sMúo es que si lo kd>íe- 
ca adquirido otra persona , se babria tiste que d referidD camiaoi 
no vale mas de treinta y tantos Hiillonea de reides » y que hubo muí 
notable diferencia ventajosa al se&or de Salamanca en la ^aleraoíanr 
jde cada legua. 

léngase presente i sraoree» que solo se ba ialtado i la ley e« 
las oamiiioi concedidos al seftor Salamanca» y k rana de esto e» 
porque £cbo sefior está asociado á miA FEnsonA poderosa que tien» 
dnsasiada y fatal influencia sobre este ministerio , como la tuvo 
sobre el anterior; á una pebsona á quien se debe la caida del duque 
-de Valmcia, porque este babia diobo: quiero ser gobierno , y por 
'eso cayó. 

En la subasta del ferro-*carril de Almansa ocurrió una cosa no- 
table , i saber : que se alteraron sus bases , momentos antes de rea* 
lazarse , por lo cual tuvo que protester el señor Bertodano á nom*- 
bre de respetabilisimas casas de Inglaterra. 

Dice el señor Reinoso que el gobierno estaba facultado para 
hacer la oompra del camino de Aranjnez : ¿dónde estoban esas fa«* 
cuitadas? 

Se concedió la construcción del camino de Almansa para verse 
en la necesidad de comprar el camiiK> de Aranjues. 

Su señoría no podía ignorar que si este camino se hubiese em-^ 



WL imM.0 i: m onuBOiii. 49 

petado desde U coeU, te habría ahorrado mi Mseiita y tres por 
ciento, teniendo en su favor la baratara del carbón que es lo prin« 
oipal. 

Ese trozo se concedió al señor Salamanca , cnando se había ne- 
gado al sAor Galvet la constmoeion del camino de Yaleocía á Mar- 
Tíedro , porque no proponía mas qoe aquel troio. 

£1 gobierno era tan generoso con el señor Salamanca que hasta 
le regaló un pico de 19,000 duros. 

Las acciones de este camino no valían ni un cincuenta por cien- 
to, porque la capitalización no estaba legitimada por las Córtese 
era transitoria. 

El disgusto con que la opinión pública , con que todos los par- 
tidos sin escepcion vieron la concesión de ese camino y la compra 
del de Aranjnez , llevó al gobierno á hacer multitud de cmicesío- 
nes, aumentando el mal y creando esperanzas que se terin frus- 
tradas. 

En cuanto al camino del Norte , la historia que ofrece es muy 
larga. 

Creo que la comisión se va á ocupar de este asunto, y yo lo 
dejo por esa y otras consideraciones. 

Los caminos de hierro en otros países son elementos de prospe- 
ridad ; en el nuestro lo han sido de disgusto y servido para que los 
gobiernos se lancen en cuestiones políticas. 

El señor Bravo Morillo , en su programa , no nos habló nada de 
caminos de hierro; nos habló si de economías, y de tal modo no 
quería caminos de hierro , que dijo que los sobrantes del Tesoro se 
emplearían en enjugar la deuda. 

£1 señor Bravo Morillo tenia amigos que lo perjudicaban , obli- 
gándole á separarse de su sistema para lanaane en los malhadados 
T. o. 7 



n WL wMMJím wm UM oáviiiv 

proyeGtos de- ferra-canriks » y de ahá á lot mdkadidoi proyactas 
dai lafama. 

Ha dicho el señor Reinóse (pie esta es una cuestión de opo«- 



lyaria da esta enarpa ha dad0 aos ¥oIm á loa das 
la oposición, porqna en cnastionas de moralidad ana ifldividMii 
akrarán siempre oomom hoanhre aolo, y {ojalál ifoaen todasallas 
no seamos mas que un hombre. (Biao , bien.) 

He dicho antes qaa del trono no pande aalb nanea; al pensaaaien- 
to de acabar ean lá tribuna y oon la pranaa. 

Los sentimientos que animan al trono son liberalea; lea fna mm 
lea tienen um aqaeUaa que se ioterpoiien entra el kiono y el parla- 
mento* 

No ae quiere pnnaa ni tribuna, porque con preoM y aen trifaíi*» 
na Jio se puedra defender oiertoa aetoa, oierlaa iieydidedea^ 

Los que hablan contra el parlamentarismo no recuerdan lo> qu0 
baaídoEapafiaeBlfli». 

¿Hubo Cortes? 

No. 

Un dia nos reunimos sin que pudiéramoa constiluirnea. 

¿A qué condujeron aquettos decretos ? 
. A nada : á fraoeionar el partido liberal. 

La división desaparecerá el dia en que desapareican loa hom- 
bres que se hallan en el gobierno. 

Yo no he yisto i España amenazada como otroa paisea pcnr 
partidos disolventes , y por eso he crdtdo que se podia gobernai 
ella sin faltar á la legalidad. 

£1 Parlamento español no morirá como otros por atacar las 
anUadea del noder eíeootiTO.. 



Naeilra «tvuioo e» lr«Ka« 

VotiiBCli €QB nvcBtraeoMÍeacia; JBgwmM^á los BnistfOi por 
ns asfeeaeintitai^ y « kayjdgoao ée'olkM qm fake á la ley, qw 
voMpa lis págípat éa b ondeimiia* quedestroee los ragiameiiloií 
qae tome «1 nombro^de la teÍMi fiera ooiaeler > iejoslicitti , éémodie 
«I Tolo de ceoeve. 

Señorea, eomdo la^^píaíoo piUiea feha üMiifBStadotaO'iiiiA^ 
nime contra el modo de hacer esaa coocesíones de ferro-carriles} 
cmodo todi8 ae kan «danmdo al ver el decreto AetoMnalrofle la 
Gébenmmm, "qaiéa «anifeatafaa m haee a«oÍMS ' düm lEpw ao <«í¿ 
tendía ertt eoertídn yorfae em aoem «a eete OBÍBiateria, y enaaá* 
el día M deeta^itla^eoÍDiatoa meeateraré, aíaiido^Mf que en aqoá 
momeato fcabia «firmada^ asa eoatoesiiHi -éai eainiaD del 'Norle , tíí^ 
tando á la ley, ¿es ycaiUe ^ae nos aalleaiost 

Eale kaee va tainistMi de la aorona, {y áatamasaqot ^nosotros? 

Yo regaría d miaisterto qaé aíhade segak g a fc cr a a ndo de es* 
modo, cernua ci íPartaaieaio é Meieselo qae qmria elnMiislerlo 
Bravo Murillo, que era gobernar sin Cortes , porque entoaoesno 
habría respoasabtlídad para nosatres. 

Pero «stffiosda aUei^tas las'CórCes, par^aaesÉíodacoray^igDidad 
debemos ^rígir^á los ministros ior cargos severos qae aaeréoéa, ' 

GaandaalXonsejo raid desechó por tegnoda y Savcem tex la 
proposición idelamprasarii» da Afaajiies; «uaada tío ee quisa ni oít 
á la janta faeoltatifva dJB eamíaosscbve la coneesioD del fsrro^aritl 
de Almansa ; cuando todos sabemos los perjaieias qae isa kan ooa^ 
síoaado á naeatro Tesara, á los 'pueUos y al onfedito^ oaaado por 
esta hayan * da^ fiqpa&a' las capítaüstas estraníara» ; /«aanda par todas 



5f JB. P41AC10 M IOS ofanmi 

estas cosas se dice faera de España qae esta nación ea una nación 
degenerada , ¡ la España del año ocho nación degenerada I es pre- 
ciso» señores, que se vea que hay nobles y caballeros en Castilla- 
Por estas raiones , tiempo es ya de poner un correctivo á esos 
actos ilegales , á esos contratos onerosos, á esos contratos en qna 
se ha faltado á la ley, y el correctivo no es otro que el de anular 
esas concesiones , y que sepan los capitalistas estranjeros y nacíona«* 
les , que el Parlamento español no cree que la voluntad de un minia- 
tro vale mas que la dd Parlamento y la de la justicia.» — 

La posición dictatorial que tan impunemente ocupaba Bravo 
Morillo haciale cada vei mas atrevido é insolente, y alentado po^ 
la influencia stcreia y el ejemplo del golpe de Estado que dio en 
Francia Napoleón el pigmeo , creyó que no debia retardar una imi-* 
tacion que derribara la Constitncion vigente y colocara en la dies- 
tra de Isabel II el cetro de hierro del absolutismo. 

So cínica osadía deseaba cómplices que legalizaran la reforma 
por medio de una votación de las Cortes, Cortes viciosamente ele- 
gidas, bajo los resortes de que pueden disponer los gobiernos in- 
morales. 

Convocólas para el 10 de diciembre, y á pesar de los crimi- 
nales esfuerzos que hizo el gobierno para obtener mayoría , quedó 
burlado ; pero no se dio por vencido , é hizo firmar á la reina el 
decreto de una nueva disolución convocando otras Cortes para el 
1** de marzo de 1853; publicando simultáneamente en la Gacela 
el proyecto de reforma, y prohibiendo á los periódicos entablar 
discusión sobre el mismo. 

El espresado proyecto era üna solemne NBGAaoE del siste- 
ma lEFEESENTATlVO , BEA UN ATENTADO Á LA CONSTITUCIÓN, EEA EL 



IL FUDLO T 808 OTftlSOftlS. 53 

BBSTABLBaMIBlfTO DBL MAS ABOMINABLB DESPOTISMO. 

No es estraño qae contra él se sublevaran todos los partidos mas 
ó menos liberales de la nación. 

El mismo Narvaez qae con su dictadura habia hollado la Cons- 
titución é inau^rado la serie de iniquidades con que se avasallaba 
al pueblo, declaróse abiertamente contra el gobierno retrógrado, 
impulsado acaso por espíritu de venganza mas bien que por el de- 
seo de conservar unas instituciones que nadie como él habia piso- 
teado con inaudito atrevimiento; pero la Providencia, que tarde ó 
temprano castiga á los opresores , quiso á no dudarlo , que el de- 
portador del año 1848, sintiera á su vez los sinsabores de una es- 
patriacion violenta, acompañada de cuantas circunstancias pudie- 
ran exacerbarla , y abatir la orgullosa altanería de que quiso hacer 
alarde aun en aquellos momentos en que la fortuna acababa de 
volverle las espaldas. 

Probaremos la verdad de nuestros asertos en el capítulo inme-* 
diato. 



^^^ ^^t^SSm^^i^*^^^^ 



» ♦ 



CAPITULO m. 



LA PENA DEL TALION. 



. Cesa 4i objeto de cootrareater los líbepücidai esfaerzos del go- 
bierno , los partidos progresista y moderado nombraron su respeo* 
ti¥0 comité para la dirección de los trabajos electorales. 

El comité moderado dirigió á los electores la alocución si- 
guiente : 

«Los que suscriben, nombrados por una reunión numerosa de 

■ 

senadores, ex-diputados y electores del partido monárquico-cons- 
titucional, celebrada el dia 6 del corriente mes, para ponerse de 
acuerdo sobre la conducta que han de observar en las próximas 
elecciones generales , siguiendo la práctica establecida en casos se- 
mejantes , creen uno de sus primeros deberes dirigirse á los electo- 
res de sus opiniones políticas , esponiendo los principios y el espíri- 
tu con que deben concurrir á las urnas electorales. 



NvMA 1m cMMiltiioiw kflir •ido' maf frarer; jamáü m voto 
dasicertaio j^ uákira air ms fttMSli» á if estaUMaé >dil>tMM, lA 
porvenir de la nación » al sosiego y felicidad de los pnellNir •''' 

B« ka ppóiifliav CórtM Bo aa^mi A debatir' puaAM^ücnnidarios 
de pditka «i di» togiilMiotti: m mk deeldHr aQeMMi:d« te uulfll a i» » 
cia ó derogación de la Constitución actual , y del establednisfllM 
de mi MMfo y- érn t cmo d éo fégiae» , jaaAt enaayadn^Mttcr Beso- 
tros ni émviñgmm otra naeim , f esencialiieiite cMtrario é todii 
las^ ídeaa'rainUdaB hasta- ahom sébrv ta ísdofo de una moMi^aía 
ifenpMa' y Mfl8líUioímii¿ 

Lo prianero^ ^ve en esto amnfvrado ialeiKo salte déale VMigo 4 
la Tisti , ea lo iMf ovtUM f la ahsclu lame a ft e ínmcmuío' dW seiiMM 
jante trastorno en la ley poUtiea qm rige aoiegadaiMsto fll Ba^ 
fido^ 

N& sia iet, do* m desenlire , w^ m i^isIiMibra si^iárar atMa- ti 
pretesto par»' «aaie|iinla9 aotwiadeai 

La sitMcioi kiteriar de la aMnatqnfa es, rdatnramnto i éfv^ 
c» n^fimnm, próapava, 8ag«m y tran^fla ; el Ueiifalar^f la HN 
fpieía péUia» han entrado con el afianeaniienta del <Maii> en nM 
ancha via de progreso y desarrollo, las dSaawBiooeB poHtioas mí 
habían oalnada; loa partido» todos ae movían dentro de la órbita 
tratada por la ley fimdaatiental después de las diseordiaa que ha» 
conmovido y ensangrentado nnestra patria diarante medio siglo, y| 
todos dirigían ya sni miradas a} fomento déla públtoa- prosperi- 
dad y háeia objetos útüea y benefieiosoa á loa pueblos. 

¿Porqué, pnea, se pregimtan los hombres senaaüM, venir á ín-t* 
terrumpír esta marcha pausada. y traaqvílaT 

¿Por qué suscitar de nuevo laa mal apagadas oomtiend&s^ poU-* 
ticaaT 



56 IL FAUGIO DB lAI CBÍMIfllS 

iVmr qué abrir otra ves la iatermÍDable serie ile reaccioaes qu< 
en BCDlidos contrarios bao agitado alterualivamente á la mo- 
narquía? 

¿Qué iaterés reclama este nuevo cambio que tan profundamea' 
le agita tos ánimos, que tan hondamente conmueve todas las exis- 
teocÍBS? 

Las institDüioDes actuales no bao puesto el menor obstáculo i 
\oé consejeros de la corona para gobernar legalmeote el país. 

Hasta en los muchos casos en que , bajo so responsabilidad j 
con la protesta de someterse á la decisión de las Cortes, se bal 
arrogado los actuales ministros facultades legislativas, la Constitu- 
ción del Estado les ha dejado frauca la paerla para obtener en el 
Parlamento la absolución de su conduela. 

Bajo el régimen constitucional existente, y bajo los anterioret 
análogos á él, se terminó felizmente la guerra civil ; se han resuel- 
lo las cuestiones mas arduas de la gobernación de un Estado; se ba 
Biantenido el orden público en tiempos calamitosos y turbulentot 
para la Enropa entera ; y se han veriGcadOj en fin , cuantos adelan- 
tos se han hecho eu el desarrollo del general bienestar y en lodo; 
los ramos de la administración. 

Por otra parte, la situación general de Europa está aconsejan- 
do una política circunspecta, especiante, neutral, y sobretodo am 
política profua. una politict eipafiola. 

Bajo el régimen de los principios cooalitiicioDales, la Espaíi 
se ha elevado baila tener esla política propia , 7 seria grave mai 
que se diese siquiera prelesto para scMpecfaar que habiamot aban- 
donado una posición tan decorosa y digna , j tan necesaria al tro- 
no 7 al país en las circaoatanciaa. presentes de la Enrc^. 

¿Por qué, pues, repelimos, venir á alterar esta liloacion? 



t. ¿FoRi|Bé dtttmitT d réfÍBaÉ ooÉititiMMOiA;^ #m »í|áftla par^fsé 
O MMi y a ki Jwimhnt.y ki.4íg|DÍdttAdfel;pMlilai «ifttiol^Iutiji^ 
éemfñ lmm\Mw^fm$TÍÍBL jr d eBcudoi M taona de ImesInmira.MiM 
tra la usurpación y contra la anarqnia ? 1 -^ i ' { 

Bajof 0Éte régiiiiaBí Hié?8#lfeMHiÉáiH»n ^ xiMijIpatiia ifm| há Gifrtes 
la «aarpaoipi» yivttoidBi o» «mSoriía. d» aabí a|asi| j faaítn^tth 
oéf^Hien ¡lerfláaBeaié ¡■iwintgirtuMt al igomonéá} \m BifAiíÉs «■ \m 
gHoEL tacoieiiteidé 48M«r ai jniioM ú&mfm 4» jq U yi h— oa» 4M1 W 
mpnaifiD dtiladpiidgBtaatfahfriiiajF itmatar* wÍMRaréi^eiiBé al 

¥ BD* ^ <vw ipe ál hal^ de éata maMTí^ 
flHcribeü » mpÉ Hü q^e^ffiolnaniana Éiiataa^éfMfnas^énfWiari 
ÍBlradiic<aB|> enJdsIqrea poUtkáa édü Eitdb laaíBijeñá^i^fáifff 
jas la fiemau ;f ekei|d)aÉdelr dbliraiio» qsa acoáaife jft/eiperi^ckté 
ndama.' ki ceoiÉeiiiaÉiabí f^falicau v ' i - ;>[ ^ -'. -4 

Al oDotearío, dii^«aaie| estína 1 «P^^ ^^ aii aiiBiíaiiqBto^ 
las niqorwdeijesllbaiapftcpmáe' pfliqpmi9aii« opieiiiiiiaiDaBlÉ f'mm 
la aoleMBÍdad qaa mu mmmn íaqpoPtaMat vefaeáei, dmmfwé qvé aé 
le opoBgaa á loa>dtMraBfa«|i dé la* Meioti y ai máBleiiiaiiento éd^ 
érdén y de una j<]gta> libeplad , 7 ao toqoeB á la* eaenci» ^l v^nieB 
eoastitaoioiial ai á ka bases priécipaleB en qpie ¿eacnsacmaideí no 
es un vao» síeáikicírow ' ; . - ^ i 

Pepo h .Tefoma/ qsM sé va i aeneles' ú falbde^ \&» fróiáiBas 
GórteSvBo^ etreCarma, no* ear mejorav aa la sdiolaDioa 4^1 róg^oMfi 
eoaslUaeiiMial qae taatoy sacrifieioa ka .castado eatáblecer^ anti^ 
nosotros r deádüqiievBfi laiyi y dastimosa esperiBncki.p aÉ s atia á te 
uwafl o i S B te Jst ségMes^ aptaiioy^ y k «eoesidad 4»^ rast aamr <iaiki 

T. II. 8 



S8 n. FALACIO M LOS CftÍHtN» 

forma posible el que desde los tiempos mas remotos había gober- 
nado la monarquía; desde que la corona misma. Ubre y delibera- 
demente , le proclamó como la bandera que habia de conducir á la 
ifictoría i los defensores del trono legitimo de nuestra reina contra 
d representante de la usurpación, contra la personificación del 
poder 'absoluto. 

En los proyectos que el gobierno ha publicado se destruye lodo 
el contesto y disposiciones de la Constitución actual , y por conse«» 
cuencía forzosa las demás leyes importantísimas que de ella penden 
y enunan ; se despoja á la nación de la garantía poHtica y económi* 
ea del Toto anual del presupuesto de gastos y de impuestos , impo-* 
síbilitando, ó á lo menos dificultando en gran manera , la necesaria 
hiterTendon de las Cortes en el manejo de la hacienda pública , y 
In reforma ó supresión de los abusos que en tan importante ramo 
de la administración se hayan introducido ; se establece que se pue-* 
dan dictar leyes sin la concurrencia de las Cortes en los casos ur- 
gentes á juicio del gobierno mismo: se prescribe, desnaturaKxando 
completamente la índole del gobierno representativo , que las sesio- 
nes del Senado y del Congreso se celebren á puerta cerrada, privan- 
do de este modo á la moralidad pública de una poderosa y saludable 
garantía, á los electores del medio de apreciar la conducta de los 
diputados que han elegido, y á la nación entera del importante é 
indispensable derecho que le asiste de saber cómo se gestionan sus 
intereses , y de conocer las dotes y el valor de los hombres públi- 
cos á quienes está confiada la dirección de sus destinos : se dispone 
qne en las gravísimas cuestiones relativas á las relaciones entre la 
Iglesia y el Estado, tan trascendentales y estensas en una nación 
eiBcIusivamente católica como la nuestra , pueden dictarse disposi- 
ciones con carácter y fuerza de ley sin la concurrencia é interven- 



IL MJI1L0 T fiS flWLMWW. Si 

cion de las Cortes: se mpide á las Buisnas, por medida geaeral» 
que puedan rafiMundar las deniás proyectos de ley pccaeiUadoa por 
^ gobierno , pues de. las emmeadas 4110 loa seaaidorés 4 djpctadap 
preseotaren , oí oueota se daria si<|aiena, al ouecpo re^pectivot ij^ 
los ministros no lo tnviereki. por oonreaiente ; y iper. álláqaiO^/con 
«na muhítnd de dispostcaones artificicMaméiite combinadas,. se. re^ 
idnce á la nnii«faid la ioterYeneionjde loa efierpoa.eol^|tsiadoieSf ana 
en las escasas atribuciones que todavi^ se Jes conservan. | 

Inútil sería detenerse, despoéa de lo faidíoado, en no eximet 
mas prolongado del régimen i que se qiiiera someter, á la pondono* 
rosa nación espaiola. > 

Pero como si la introducción de tan graves novedades no foase 
bastante, todavía se pretende que las Cértes del reino hayan de 
aprobar semejantes proyectos sin eiLimen y k ciegas^ pues padt 
menos sigmGea el modo con que se iniMila.' someterlos i an deliber 
ración. • ^ . ^ 

Bn un solo articulo , en una sola disensión. geoi»*al • en una ao? 
la y única votación , se quiere qoe el Googreáo y el Senado dero*: 
gnen por completo la Goostitiicion del Estado qoe lodos jMmol jiir 
rado sostener; que se apruebe otra diferiBiAe^ basada sobre prinoir 
pies enteramente nuevos y desconocidos; y ademis que se voten 
otras ocho leyes sobre los puntos mas árdeos y graves que se pne-r 
den presentar jamás á un cuerpo deliberimte ; y todo con la decidi- 
da resolución de no admitir enmienda ni variación de ningún gár 
ñero , y de que 00 haya libertad^ de qoe cada senador 6 diputado, 
con arreglo á lo que su conciencia le dictare , adopte lo que esti^T 
me conveniente , y rechace lo qnd conceptúe contrario á. la estabír 
lidad del trono de su reina , á la coniieniencia ú i Ift dignidad 4f 
la nación. 



W .ttt fffiíiao H IOS *mbunM 

. . .9adO'i8ÍlMdeJipnilMr teimnod»«ÍMol«to7 ea la úniea te-** 
at fM 4l «MBitañd 'Id frapaoety tai al inditpeMaUa aftémaOf 
fMi«dniiÍ8 da mo áabar mm «aa Macastop g6MQil ima&BmÉm 
for 4o:pfQpia agtoMleta , iiaita le bM ptohiUdo i la tprania f^ 
aíádioa^ a a im áé a ya caá i la solidad, In diaóoñoaes qae -ddiíena 
daitrar la aoMíeiioía fébliea jmwf MJilidanwnte la dalas elaa-* 
lapes» é oaya jaíoía se apsla, y á los^ades^ sin aaJiargo, sa ka 
prohibido naaine pira <i€Qparsa de las eleociaB«i en la feriaa la* 
igal y ^aa tados tíeaqpca praoüeáda. 

liOi «Dcoafenieatoa y peligros que 4e tan anúesgado intento y 
de oondacta semejante se originan » son de suyo aaídentei y maní^ 

• íLos anaougos del trano da noaitra ním se aUeataa y esfaai^ 
aa», y «o pueden repriaússe.; laseaisleBcias pdlticas y sociales aa 
tmitaabaa y faeilaa^ la eonfianaa féUíca desaparece; lasml or sssi 
creados dorante un largo período de tiempo se alarman , cooio al 
gabiemo aoistto ha laoanocido ya adelamándiMa á dar esplicaciones 
pana *calBsar aus recelas; no se da ni seguridad ni fianza á los nrua^ 
TOS nielases ifue se pretende crear ; ae suscitan de nuevo las ya 
apagadas disensiones |MMicai y se inaugura otra yes al período^ 
aerrado ya, de las reacciones en que Tiene aniqoilindose en lochas 
estériles y funestas eeta nacion desTcolurada. 

Una esperanza queda , con todo, en medio de tan peligrosa si» 
tuacion. 

El gobierno, c^mo no podia menos sin faltar á sus mas sagra* 
dos debwes, sin hollar y quebrantar las leyes juradas , ha sometida 
-este graTisimo asunto i la dedsion de las Cortes -del reíno^ cone^ 
deado, ffín duda, que según el derecho constante, espreso y tradi« 
cional de nuestra patria desde la fundación misma de la monar-» 



MiiMBiáiiitBto<flek<BÉ6i«ii iqncioilt ada ^eo ^«if Cfertoi»« dloMir 

frMÍMiH (DóeMnÉ «atígoAi iégreí^ j jámi» jy^ JtJMd^tofcqi íhadte 
BMS'gnmiky árdii»l|ae4li^ttaj« «a á ídbiMcc á »8V Bemíkmomuí 

iMBÍMbuh (fm»H lian ádiddir; ^ toiiwtft aa fm&«Éleg«riii 
ümacioBi él^cámib «da^diialaa .^m la aanauaaD^ ^ Jos aUoWtaii 
depoeaiB toAa Biiaa ipMÜcvlar ^ di^aaalo 4o4# Jdtariis Mdukiaiiati ift 
cntíenden^jr eeoeiertaft ipaia áaf eftdar laa í^rtilnohiiay par Joat—»» 
^tioa UigaUüi <|iBW f HiiB afiaaiaai poaaaoa»4a> ^Baana; i< á|oa úsi^wmmíir 
iada^ogaía^^feii dílMilojde tia j^einay an Ina ^oMeboa gr ik ügitidaf 
daia naaíattt^aaBdaíi i laamuÉ «dealaialaÉ aniaMflaatdfi «h «íiv* 
SM «ápáüln f MM UidadaiOQ jcfinncsa ipiei 4eba: ^üapitap Ailédtai 
la noble causa que defienden ; y en nna palabra, sí se nnaa^Mtabii 
todos los amantes y defensores de la monarquía constitucional , sbi 
dlMiiMioE ia'frfttfcion^s iá paftiAasv y oMlosquiera^pie éémá sna 
opioioMétf M'pfuitos'^ipié ÉB^áékKMxmáátím 4ioy miy MbdlcMélt 
pues totf ai ^ íímAd kfgílmM, xaiiiii en; «I aMho MÍia* 

po de las#Éstil«ci(iiie9^a^¿«iifeai4iMfóB ^nArteidor á ftiiidar, t|Éé 
lódés4eflÉM|urid» éafeafésri'^ 

Madrid i a dét di (a fai i *iii5 é»' tSfUk^^^tfEX dv^M é» VúUñékí.^ 
El marqués del Duero.=Francisco Martines de la ItosaF.<>^lifíli 
(i0iizaIeg^&ato;^e:^Manttrii* As Seíjaa Cx>Mna.2«»]DaqtlÍB Bmícisco 
PaeheM;:±^Aiiftoiiio^ losRioi y Bosasittft^SlMtodede í9mi íJri»i^ 
Slduqun deRh^as.ni^El nuorquéa de KM.ta^Eiois Mlryaiia«^«É4l 
duque do Sotomayor.=s Alejandro Moii.<>*««S^eofide As kiacétiálitéÉ: 
Satamf«o''C«MePoa CcálMlBft.^¿±lX^tnMl|tt6B^é Sun- 9eHae9i¿sEi 
«arquea 4e^Vmirtes delHiorik^^XoBé éé\á Üoii^,^¿iga rtrfa> Wli 
FemMdes de Ck)rdoba:>^Aiitcmi« RM de Olana.iMüCándido^ll^ 



ceda1.««Mannel Llórente. «sMamiel Bemrades de Cittro.^SalTat* 
dor Bermiidei de CasIro.seEI docjae de Medina de las Torrea.-aí» 
Die^ Lopeí BaHesteros.^sEl marqnés de Gorbera«3=sEl cmd^ Ai 
Gata Bayona. soLeopoMo Angualo de Caeto.s» José Gonialeí Ser» 
rano.asB Fermín Gonzalo Morón. e«Glaadio Moyano.assJaan Gas^ 
tflIo.ébiNÍGoniedei Pastor Diaz.s* Andrés Borrego.^» El conde de 
la Romera. s= Félix María Messiaa.^-sCelastino Has y Abad.esLnia 
Fastor.asJosé de Zaragoza. => Agustín Esteban CoUantes.saEl 
marqués de Glaranionte.=«ManQel López Santaelia.=aEl conde de 
Torr6-Marin.=Francisco Serraao.=»EI doqne de Abrantea.as AUm* 
jañdro Gaatro. :=» Femando Alyarez.3=:Manael García BarzanaHa*^ 
«a. A»* Joaquín López Vazqnez.siB Antonio Guillermo Moreno. =ai>JnK 
ai Maria de Mora.»» Diego Goelb j Qoesada.»» Mauricio Lopeí 
Roberta.» 

Esti^ alocución fué denunciada, y i Narvaez» que fué el priaM^ 
ra tm ittseribirla, se le pasó «m real orden i las cinco de la tarde dd 
mismo dia en que babia estampado su firma, parar que partiese eom 
direceion i Vieoa para observar el estado del ejército austríaco. 

Para este pequeño cambio de damieiHo , se le preguntó la bora 
de aquella misma noche en que quería marchar para tenerle pron* 
ta una ulla de posta. 

No podía el duque de Valenda ser ingrato i tanta amabilidad, 
él que estaba acostumbrado i mandar deportar i los demis ciu'^ 
dadanos en cuerdas i guisa de galeotes , y salió efectivamente wt^ 
gun el gobierno lo disponía. 

Goaso todo es transitorio en este valle de lágrimas , i pesar da 
que k reina había declarado en el decreto del 2 de diciembre de 
18S2 publicando el estupendo proyecto de reforma constitucio-*» 



n. raULO T SD8 OfilSOBIS. 13 

oal , qae el miiiisterio Bravo Harillo merecia 8a omnímoda con* 
fiaiíza , d 13 del misino mes cajró el gabinete y faé sosUlnido poc 
el que presidió el conde de Alcoy. 

Este hombre nulo subió al poder sin plan alguno y el héroe de 
la nueva situación fué el ministro de la Gobernación, don Alejao** 
dro Llórente, quien pasó á los gobernadores políticos una circnhs 
programa en que declaraba á gobierno mqorar en sentido liberal 
el proyecto de reforma. . t 

Creyó el duque de Valencia que se le presentaba una ocaskm 
favorable para vengar su honor ultrajado , en vista de que en vez 
de mandarle á obs^var el estado del iqército austríaco, se le ófre- 
eia la embajada de París , y dirigió una esposicion á la reina desr 
de Bayona en que se quejaba de una manera altiva de que se I9 
hubiese humillado, confiriéndole una comisión propia de ub geb 
subalterno cuando él era capitán general , cuyo uniforme , decia^ 
visten ¡ú$ mwmos rej/ee de Eepaña. 

Este nuevo arranque de orgullo puso ea ebullición el palacio 
de la calle de las Rejas, y é impulsos sin duda de la influencia bH 
visible, mandó el gobierno al duque de Valencia que continuase sa 

viaje á Viena , espresándose en estos términos : 

* 

Ministerio de la Guerra. ==/{eaI (ird€n.=Eicmo. Señor: En- 
terada con sorpresa la reina nuestra señora (Q. D. G. ) de la espo- 
sicion que V. E. elevó i S. M. con fecha 15 de diciembre último, 
repartida clandestinamente en hoja volante; y afectado su real 
ánimo con la lectura de un documento en que no solo hay falta de 
respeto á su augusta persona por esceso de propias alábanlas y de 
comparaciones improcedentes , sino contravenciones manifiestas i 
los artículos i."" , 5/ , 6/ y le.^" del tratado i."" , Ululo 17 de las 



RMk» OrdenanzM, y i 1« dispodcioiies^ Tigestes sobrt impre»-^ 
tft ft w ha áignado mmdar, como de sa real érdaí 1» «jecuto « 1m^ 
ga entender á V. E. qae ha incurrido^ ea sai aiii alto d ea agra ^^ 

Ea tamhien la "vohmtad de ft. M. faa en jwta ehadÍMada i 
ioaaiaadatos , eité V. E« á lo resaaHo ea peal óeden da ft da dí«» 
aiaaifara prtf ximo pasado. 

Díba guarde i V« E.. maohoa aftoft. Madrid Ift da añero á^ 
1853.=Juan de Lara.=Sr. capitán general da ejéreito don ftar« 
■mi Harta Narvaei, daqiie de Vafeneta. 

Ahriéronse laaCártes el i.^ de marzo , y conatanta al dnfna éá 
Valencia , ^e so preteato da fáka da salud habia dodido ú oam»-* 
pl¡añeat# de las anteriores órdenes, aa Tangar loa altnjaa reeib»** 
AMt védame sa deredu» á preseatarse es al Senado , oon oojmí 
asalrw.se levantó una torasentosa discnsk» ea asta Gáaiara , qm 
dio nn resultado favorable al gohierao ; pero^ para ipas sai vea !• 
ganarosidad del partido progresista , d general San Migad proaun* 
eié en favor del deportador de loa patriotas del año 48, d signisai» 
•s di scavso : ^ 

«Señores, se ha dicho que es grave la cuestíoa que acnpa al 
Senado en la actualidad : yo digo que no solamente es grave , sino 
gravísima , porque es cuestión de ser ó no ser , de si el Senado ha 
da ser ó no nna verdad. Esta cuestión , señores , además de aetf 
grave, es hasta irritante para todos los que aman los príndpioa 
aonstitnoiondes. ¿ Qué dirian aquellos grandes personajes que tan^ 
10 trabajaron por plantear los principios constitutivos de la libat-» 
tadj aquellos varones ilustres que tantas heridas recibieroa ponfoa 
Bosatros pudiéramos sentamos en estos bancos, si presenciaran 
ahora semejante di^susioaT- 



Ealrañarka segwanieiite qne etta ooMÍe» ae hihiMo preMib« - 
tado. < . ■ 

/ Trátane ide saber ü el i^eriio tiene ó b»í derecho de cerrar la 
puerta del Senado á oa aenador qve pide y llama á ella: de a pné- ^ 
de ó ao dbepojar i en eiudadane espaoel del éKédbo mas fredoiOf r 
de la prerogaliva inaa grande qne puede cd>erle, ia de formar j^er^t 
te do k» cuerpee* oolegitladDrés. 

El Senado eslranará^ señores» que después de haber sido eeto) 
cwation tan magbtroimente tratada, meiefanle yo.i toaMu: parte 
en ^a ooo mí diy>il voa: pero ano cuando hiciera aído A vijg^í-^T 
mo en.el órdee de la palabra, la hid>iera usado Jparfc hacer la pm^^ 
feeíon de mié. ^rinctpioe en BMleria tauigcavew^ - ' ^^ 

lioes.tanÉo eaefoclo^ qne haeta tiohenn eaiéeter eecepeié-««t 
naU puesto qae la proscáripcioÉ ó anateola con que eali enlatada/- - 
no aloania ú presenta eiao á los senadores mflifanrefe o-r 

rlíefaolnr amenté tfiéñorea» no se tratan aquC de saber preeisaiM 
meóle si el gobierno puede cerrar laspaertaada eate recíáto i aÉ( 
senador, magistrado, obispo, grande de España d propietario^ sino 
de si puede cerrarlaa ¿un militar cuando lo orea oonTenioita. * 
Para 'dorar 'esta pildora^ el snor iomislro de Id Gohemáéion 
Doa dáha íel ako titulo de sacerdotes ; p^abra impropia que yo n*»\ 
pudio, porque no aspiro sino á ser un militar honrado, siampoa. 
diépoesto á servir á nú patria cuando lá necesidad lo exija. 

Nb Bstranaría yo tanlio la doctrina que ea esta punto se trata da* 
establecer, si los señores senadores que piensan de ese modo per«*. 
teneoiesen á otras carreras del Estado; pero cuando veo que la los-- 
tienen d tenor general Peznela^ el señor conde de Alcoy y otros 
señores generales, creo, ó que está mi mente turbada, ó que esos 
señores padecen una aberración mental, no obstante que para ápo- 

T. II. 9 



66 BL rAtACIO M LOS GftfUNBS 

yar tn opinioo digan que de hacerse otra cosa «jaedan comprooMti- 
das la disciplina y la subordinación. 

Yo, señores , comprendo bien la necesidad de esa subordinación 
y de que no se altere esa disciplina , porque sin ellas irían por tier* 
ratodas las inslitedones militares ; pero no hay principios tan éter* 
nos é invariables que no tengan alguna escepcion « y esa especie de 
sumisión de la raion á la ordenanza , la tiene y no puede menos de 
t«erla. 

.' . .En todos los movimientos que exigen prontitud en la ejecución 
no cabe observación alguna de parte del inferior al superior, sino 
obediencia y solo obediencia ; pero cuando ha de mediar algos 
tiempo entre una y otra cosa , hay hasta nn deber en hacer presen* 
te las diOcultades que pueden presentarse .en la ejecucio« , porque 
la orden puede haberse dado partiendo de datos inexactos d equi-» 
vocados , creyéndose por ejemplo que el enemigo se encuentra en 
OBA poiicioB t cuando se halla en parte muy distinta : de estos ejem- 
plos puede presentar muchos la guerra. 

. Apliquemos estas consideraciones i la cuestión presente • enes- 
tion.qne yo considero como esclnsivamente de principios. 

El general Narvaei recibió una orden para ir i Viena para es- 
tudiar las innovaciones que hubieran tenido lugar en el ejército 
austríaco. 

No se trata aqui de ventilar si la comisión era ó no i propósi- 
to , si convenia ó no con la alta dignidad de que está revestido d 
gmeral Narvaez: no es esa la cuestión. 

La cuestión está en que la comisión dada al duque de Valen- 
cia era una orden poco franca , una orden que llevaba el sello de 
la insinceridad. 

Lo que el gobierno deseaba no era que el general Narvaez fuese 



. IL túuLe T M8 orauouBi. •? 

á Vieoa , sido que saliese de España ; j prtaci^ íbcodcuso es qae 
sí es un deber en los ioferlores obedecer á los superiores, éstos tia- 
neo también la obligacioa de dar i sus ordénes un caráoter leal de 
legalidad f de conveniencia. 

El general Narvaex obedeció la órdM del gobternio y Uegé á 
Bayona; ¿y qué biio? 

Lo ^06 estaba en su deber y en su hoaor. ^ra 

Sintiéndose agraviado , bizo uoa representación manílsslaoáo 
que aquella comisiOtt na le corre^K>oiiia, y al aanifestarlo sai es- 
taba em su derecha. 

No leo el docuiÉénto tüoiero 3/ por Mt aK>tastar al SeiMido; 
pero el dolor que debieron causar al general Nar^áes loé térfninos 
en que está escrito , debió seir jgraiide ; per éomfgliiente » las quejas 
que aaotivó fueron gnutdes tamUepti r 

Se diée ^u^ el Chique de Valencia falté id taapMo á su sobfarana 
espresándoae ett términos poco meanradoa ; y i ¡Miar de n» oríriMn 
tan grande , se le dijo: . :* 

« Siga usted A donde se la ba daslinédo.» 

Esa órdea Uevéba en sí ausma el gérmanda la desobediencia, 
porque nadie cample una órdén toando asIá agraviado tm m kú- 
nor, cuaado por ella se bace aparecer €Omo UHo de reapeto iaa 
soberana, 

iCdmo presentarse en Viena, en ada eérte tan grave « tai for- 
aial y tan. pundonorosa , na bombre de la eategoria del daqM 4e 
Valencia , bajo el peso de incalpacioa tao grave ?• •• -> 

Paso ahora i bacermé cargí» de lo espoerto ifúr d seBor atar- 
qués de la Peínela. 

X^ doctrinas de so sefioría no soa las miaa; pero yo las respe- 
4o todas. 



68 n. »ALicio M 106 dimns 

Algants de días hay, síd embargo, qae so deben emitirse en 
eite aílio. 

Sn señoría ha dicho qoe el rey reina y gobierna. 

No llamaré yo frase á esto como lo hiso el señor BesaTides, 
siso doctrina qoe no debe emitirse en el Senado. 

En toda especie de teorías de gobierno no tetemos nosotros 
mas principios, mas pauta, mas libros qne la ConstitoeioB ; lo que 
no esti eo ella podri ser en buen hora, objeto de discusión en una 
academia ; pero no puede discutirse en este sitio. 

La Constitución me dá el hilo para salir de este laberinto. 

La Gonstitocion diee: «el rey es inviolable.» 

iQoé signiica eso? 

Qae la moralidad de los actos dd rey no {»esa sobre sn perso- 
na; que el rey no puede errar , no pnede faltar , no puede ofender. 

Decir que el rey gobierna mal , que es injusto , ts siempre una 
ftUa , en algunas ocasiones un crimen , y en otras puede ser una 
traición. 

Esto dice la Constitución en términos bien claros. 

Decia el seior marqnés de la Peínela que la responsabilidad de 
los ministros no comienza sino en ciertos casos ; yo creo que prin- 
eipia desde que firman los actos del poder , desde que firman una 
orden. 

Fara nosotros , para el Senado , los reyes no gobiernan : desde 
el momento en qne lo hicieran serian responsables » y la ley no 
quiere que lo sean : desde el momento en que los reyes gobemiran 
serían blanco de las censuras del público , y la ley no quiere ni 
puede querer eso. 

Ha dicho también el seSor de la Pezuela que el señor duque de 
Valencia , aun cargado con el peso de una acusación tan grave, po-. 



I; 



dia presenlarse en la corle de Yiena ; y ha adacMo en apoyo de sa 
opinión el ejemplo del duque de Alba« • i - 

ImpoBiUa es , seflores , citar la historia con menos exactitud. 

El doqw de Alba se hallaba desterrado , no pof oamas' poHti- 
cas, sino por causas de familia, y habiendo pedido licencia para 
besar la mano al rey y asislir á la jora del infoote doD' Diego, le 
filé negado el permiso. 

Eso no obstante se le confió el mando en jefe dd >e]éitcil#v y 
marchó, no bajo el peso de la indignación del rey, aino con <edo 
su aprecio y confiansa^ : ^ i^: i 

Al du^pie de Valracia se le mandapresenlar en Viena, ^te^VIe- 
na , adores t oon la nota afrentosa de haber fahado al respeto^ép- 
bido á su soberana. ' • ' -íí 

• Por MO precisamente , porque ¡se ha aupuealo ^9 hat delinqui- 
do, ha pedido él general Narfaes quo se le forme cama, 7 ka ite- 
tado en lu derecho a) liacerki,por inas qué el gobiemef le liaya 
contestado- que ^raya^ áViena, tío mostramdo hacia éliií «justMa^kii 
compasión. • » í ♦ j.» j ífi> i^'o*; 

Bl duque ésValenoiav aunque luetimados ob edece ysiale para 
Vien»f y de'équi ^elat^ haber por eu parle iulla ningui|a'dt>4isM- 
plina ; si la hay es por parle del gobierno , porque qoieb^iiif|*¡ng%|la 
ley ee el que la hace ímposiMe, quien infringe la 4ilmpU|iá es el 
ipie la hace iMOflHpalíble con el honor. 

No es honroso para un militar ir á deaemprilar uMÑ'eoflJisíon 
catgadoeOB d- desagrado de stt reinan .;!>•;<, «i.; / 

Sse>-miBiar*eii tal caso Teclamfa respeluosamende., y ai>iiO'^ (db- 
tiene justicia, apela á su conciencia. > • <.^:^^ ' ^^'^ »i 1^ 

Se ha^diado^e» este asunto la ordeaansa, y nada*tien<e qhe ver 



70 .EL FALACIO M LOS GlÍMIlflS 

El gobierno que Iteoe la impradeocia de poner eM ordenania 
en pugna con la Constitución , no gobierna. 

El tino del que manda consiste en no berír el honor de nadie» 
conciliando la obediencia militar con otras obligaciones : la espre- 
iíon de «pega, pero escucha» no es ya de estos tiempos» porqae 
son otras nuestras costumbres. 

En el caso presente no hay mas, sino que el gobierno ha que* 
rido tener á un senador en pais estrangero , obligándole á ello sin 
mas raion que la de tic voio^ $i€ judeo. 

Entretanto , por lo que concierne á nosotros , en la pugna de 
dos deberes , lo primero es el carácter de senador : á ¿1 deben pos- 
ponerte las fajas y distinciones : la primera función que desempe- 
ñamos es la confección de las leyes. 

Se ha querido decir también , se&ores » que el minislarío no 
tiene medios de gobernar si no le damos un privilegio para dispon 
Qer á su arbitrio de los senadores ; pero esto no es mas que un eó* 
üima ; es querer convertir en cuestiones de Estado las que lo son 
solo de capricho. 

A un gobierno no pueden faltarle nunca personas de quienes 
disponer para el servicio « porque en las mayorías las tiene sieift- 
pre , j en las minorias no las ha de ir á buscar. 

Aquí están, señores, todos los capitanes generales* gobernado • 
res , directores , obispos ; roas no por eso debe decirse que estén en- 
cadenados como Prometeo á su roca. 

Y por lo mismo de tener siempre el gobierno personas de quie- 
nes disponer , pueden estas renunciar sus cargos cuando otras obU«- 
gaciones sagradas lo exijan. 

El señor general Sauz se halla hoy desempeñando k dirección 
del Estado Mayor del ejército ; pero esto no es un acto de obedinn-* 



BL PCIBLO T SUS OPIBSOtIS. . 7f . 

cia, pori|iie sa señoría podria renandar ese cargo, y di gdnemo 
tiene ciento cincoeota generales á qnienes nomiurar en aa logara . . 

Solamente en an caso podria caber ese sistema; eaaiid(y bnháese. . 
que combatir á los enemigos; pero entonces oiogan general ^ aniH \ 
qne fuera de la oposición, se desdeñaría de aceptar un punto de pe- 
ligro. 

Se ba citado la jurisprudencia del Senado ; pero los precedratet < 
que ha sentado el señor general Sanz no justiBcan lo que se fvor^ i 
pone. 

Guando el gobierno echó mano del general Serrano para en-^ 
cargarle el desempeño de una comisión y con el fin de separarle Aa* > 
aqui , creyó aquel que el cargo qQe se le coiiferif era incomptlHile 
eon sus deberes de senador , y negándose á obedecer , pidió di gorr. 
bierno que se le formara causa , y ése misoio gobierno > dtspvte de í 
haberle autorizado, el Senado para . ello » maivló jobreseer en los . 
procedimientos , y d general Serrano fué aba«dto. 

Otro caso fué el dd señor marqués de NoYaliobes , á quieii se. 
hnbiera impedido tomar parte en las deliberaciones dd Senado; f» . 
espacio de un mes si se le hubiera obligado á verificar su yis je k 
Canarias. 
• ¿Y qué hizo el Senado al racibir las comunicaciones de sn 
señoría? 

Manifestar qne quedaba enterado. 

He querido, señores, colocar la cuestión en sn tenreno profio, 
donde resalten los errores y los sofismas. 
- El gobierno puede emplear los generdes que necesite para d 
servicio público ; pero para ese servicio i pretesto de subordtna«r 
cion no se debe arrancar de aqui á ningún senador por mero ca- 
pricho. 



• ■- t 



t. 



79 * BL f AiJüGIO »B LOS GftílOniBS 

GaflUBanda asi , señores , hoy soq los senadores militares i': i 
quienes se separa ; mañana io serán los magistrados, los grandes* 
de Bs^a« los obisqpos, etc. , y el Senado y la Constitución queda- 
rá» reducidos á la nulidad. 

Yo, que deaeo que la Constitución sea una verdad, cfue los:* 
principios liberales sean eternos , quiero que el Senado consider^^ ' 
que esta coeslion no es de subordinación ni de disciplina , sino de 
inmunidad senatorial. p 

AI votar los señores senadores tengan presente que con su vot^'j 
vaniaoaso á cerrar las puertas de este sitio, hoy á unos , maSaiia i 
olifosJ 

' Ufo inmto mas porque no me lo permiten los 68 años que pe^ 
san sobre mi cabeza ; y así concluyo rogando al Senado qué no tCK ' 
UNÍ en consideración d voto de la ipinoría.» '>< 

. : . . • . . . w?í 

A pesar de todo, el orgullo de Narvaes quedó completamente : 
hmnilladp , y al béroe dé Im euirdoá no le quedó mas remedio que 
resignarle á una emigración afrentosa y sufrir con paciencia biii 
Puna úbl Tauom. 

El 6 de abril pronunció el marqués del Daero el veheoMiÉé^ 
discurso en el Senado, del cual hemos dado conocimiento á nues- 
tros lectores en el anterior capitulo, censurando severamente Ja 
conducta de los últimos ministerios acerca de la cuestión de ferro-» 
carriles I y haciendo clarísimas alusiones á la influencia secretiu 

Preparábanse otros discursos en igual sentido, vaticinábaoso 
revelaciones de inmensa importancia , y esto no convenia á un go- 
bierno fabricado en el taller de la calle de las Rejas. 

Cerráronse el 8 las Cortes, y el 10 se declaró terminada k 
legislatura. 



KL PUEBLO T SOS OPRESOKBS. 73 

Caalro días después, el 14 de abril de 1853 cayó cl ministe- 
rio , y se confeccioDÓ otro en el mismo taller , presidido por el 
g;eneral Lersundi. 

Bastante hemos escandalizado por ahora á nuestros lectores 
con el inmoral desenfreno de nuestros gobernantes. 

Mas adelante relataremos las hazañas de Lersundi , Sartorios j 
demás chusma polaca. 

Volvamos á Zaragoza. 

Aun está allí la marquesa de Bellaflor. 

¿Porqué no habrá ido á Parfs donde la aguarda con impacien- 
cia su idolatrado esposo ? 

¿Qué nuevos contratiempos habrán suspendido su anhelado 
viaje? 

Lo vais á saber en breve , amados lectores. 




Y. II. 10 



ci^iTULO nr. 



LA ESPIACION. 



Mas de dos años se han deslizado desde qae la marquesa de Be* 
llaflor se alarmó por los primeros pasos qae vio dar á sa hijo en la 
senda horrible del libertinage ; pero avasallada por el ciego amor 
maternal , como sabe ya el lector, dejóse fascinar por las disculpas 
de su hijo , y dio crédito á shs promesas de qae ya no volvería i 
darle el mas leve disgusto. 

Sabe también el lector cuan deleznable fué el arrepentimiento 
del joven Enrique , y cuan falaces sus promesas ; pues no solo fal«- 
tó á ellas el siguiente dia pasando luengas horas en asquerosa ba- 
canal 9 sino que auxiliado por el cinismo de su inseparable compa- 
ñero y amigo el hipócrita don Julián de Linares , logró hacer creer 
á su madre » que el oro derramado en la orgía , habia servido para 
enjugar el lloro de una familia indigente. 

Quien tan sin freno se lanzaba á la carrera de los vicios , lie- 



BL FraBLO 7 SUS OMUMOMS. 75 

yando por guia y maestro i nn ente desmoralizado como el joven 
Linares , que hacia alarde de no haber hallado jamás competidor 
6B travesmras de mal género, no podía menos de hacer progresos 
notables en la vida licenciosa qae desgraciadamente machos j6^e^ 
nes 9 ó por mejor decir mochos nifios que sienten ann el escozor de 
la palmeta, alentados por la criminal indulgencia de sns padres, 
abrazan con osadía , guiados por el afán de htmíhrear. 

Como si para aparentar ser hombre fuera preciso frecuentar las 
casas de mujeres perdidas , llevar siempre un veguero en la boca^ 
apurar copas de reo en los cafés , jugar entre tahúres , acosar con 
atrevidas frases á las inocentes ninas, mofarse de sus mamas j 
prorumpir en palabras obscenas y risotadas insultantes como para 
llamar la atención general y obtener plaza de hambre de mundaf 

I Imbéciles I ¿sabéis lo que lográis con vuestras inso- 

teneias ? 

Acreditaros de mas nifios de lo que sois ; de niños tontos que 
no conocéis la senda que pisáis , senda que os conduce á vuestra 
inevitable perdición. 

¿Queréis saber la impresión que causan vuestras tnsipidas gra- 
cias en los que os ven y os oyen ? 

Desengañaos ; no os califican de hombres traviesos que tienen 
la osadía de ser mas libres y saber gozar mas que los otros, como 
vosotros os figuráis ; sucede precisamente lo contrario : os califican 
de necios , de niños sin educación , y os compadecen si no os des- 
precian como á los pilluelos de playa... todos vais por el mismo 
camino... no hay mas diferencia entre los pillnelos andrajosos y los 
libertinos degantes , sino que aquellos son disculpables por la clase 
menesterosa á que pertenecen , j que vosotros os reveíais contra la 
buena educación , sin la cual jamás llegareis á ser hombres apre«- 



76 IL FAUGIO m LOS CifüBNBS 

ciables, y siempre se os mirará con repugnaDcia eo la culia so- 
ciedad , á pesar de vaestras ridicaleces por distinguiros en ella. 

Enrique , el marquesíio de Bellaflor, tiene apenas quince años; 
no ha conocido jamás privaciones ni escaseces ; el oro pasa en 
abundancia por sus manos « como un metal insignificante. 

Derrochábale á manos llenas sin que pudiera agotarlo. 

Y como en este miserable mundo no hay deseo ni capricho qoe 
no pueda satisfacer el que nace rico, arrojado Enrique al procdoso 
mar de todo linaje de pasiones, dos a&os solamente habían bastado 
para rendir su físico, que aun la edad no habia llevado á su com- 
pleto desarrollo. 

No tardó su desgraciada madre en conocer los estravios de sa 
hijo ; pero ya era tarde. 

Cada vez que la marquesa trataba de dar á Enrique algún con- 
sejo, no lograba mas que verle ce&udo por mucho tiempo , cuando 
no se alejaba de casa y estaba largos dias sin regresar á ella « ha- 
ciendo sentir á so pobre madre las mas horribles angustias. 

Sufría sin embargo con resignación los sinsabores qoe Enrique 
le proporcionaba ; y aquel peligro incesante á que le veía espaesto 
por la vida relajada que seguía , despertaba en ella el temor de per* 
derle , y este recelo que desgarraba su corazón , avivaba el ciego 
amor maternal. 

¡ Desventurada madre ! 

Cuanto mas se desviaba de ella su hijo, cuantos mas dbgns- 
tos la causaba ^ mas le queria... le idolatraba con verdadero fre- 
nesí. 

En vano el honrado Tomás indicaba la causa de cuanto suce- 
día , en vano se esforzaba para hacer comprender á la marquesa 
qoe aun el rigor, y únicamente el rigor podía salvar á un hijo que 



XL PUEBLO T SDS OPBBSOBBS.' 77 

se mostraba sordo á la suavidad de afectuosos consejos. 

La angelical María no podia determinarse á contrariar impe-* 
riosamente las inclinaciones de su hijo, y no pasaba un Mo diá 
sin que este hijo le diera un acerbo que sentir. 

Estas continuas desazones iban debilitando mas y mas la salud 
de la marquesa « y alejando la esperanza de emprender su \iaje á 
Paris ; ocultando á su esposo el verdadero motivo de semejante en- 
torpecimiento, por no afligirle mas de lo que debia estarlo separa- 
do de su familia. 

Por otro lado el marqués de BellaQor sabia de un modo positi- 
vo que en el momento de presentarse en España seria encarcelado 
y tal vez llevado al patíbulo por los muchos enemigos que tenia en 
el palacio del poder oculto; ansioso siempre de sacar á su país de 
las garras de sus opresores , estaba en relaciones con otros • buenos 
patricios que le juzgaban mas útil donde se hallaba , y le habían 
prometido avisarle cuando se tratara de dar un golpe decisivo para 
salvar la libertad espa&ola. 

V<dvíettdo á Enrique , fácilmente se concibe el efecto que en 
su delicada naturaleza habia de producir una aglomeración conti- 
nua de imprudentes escesos. 

Cayó por 6n enfermo, y se agravó de tal modo su dolencia, qne 
á los pocos días de haberse visto obligado á guardar cama, comen- 
zó á sentir agudísimos dolores en todo su cuerpo. 

Duróle este estado de horrible padecimiento semanas enteras, i 
pesar del empeño con que los mejores médicos de Zaragoza trata- 
ban de hacer desaparecer el mal. 

Llegó este á un periodo alarmante que daba pocas esperanzas 
de salvar al paciente , y fué preciso administrarle ya los auxilios de 
la religión. 



78 B. FALAaO DI LOS GlílfUflS 

Pueda el lector figurarse caá! sería el estado angustioso de la 
marquesa de Bellaflor en la desesperada situación de sa aderado 
Eujque. 

No tenia un momento de sosiego. 

Dia j noche sentada á la cabecera del lecho del dolor, parecía 
animada por una fuerza sobrenatural para cuidar por sí misma dd 
enfermo. 

Dormía breyes momentos en un sofá de la alcoba de Enrique, 
cuando Teia á este tranquilo ; pero su sueBo era tan lijero, que la 
menor queja» el mas leve suspiro del doliente joven» despertaba i la 
tsorada madre, y acudía presurosa á consolarle con palabras llenas 
de acendrado cariño. 

Un sabio rdigioso á quien el enfermo babia confiado cristiana- 
mente todos los actos de su vida , todos sus pensamientos y hasta 
los mas recónditos secretos de su corazón , mostrando sincero arre* 
pentinriento por sus estrarfos, habíale hecho ver con divina ele- 
cuencia toda la fealdad de su conducta , logrando trocar en odio la 
inclinacion que el incauto adolescente habia sentido hasta entonces 
hacia los torpes ddeites del libertinage. 

Desde aquel momento» y como si la Providencia» que tan 
amargamente habia hecho espiar á Enrique su criminal conducta , 
se hallira ya satisfecha con su firme propósito de la enmienda, co- 
menzó á sentir el enfermo un alivio consolador . 

Desapareció el peligro de muerte , y llegó en breve el dia en 
que pudo Enrique abandonar el lecho. 

¡Mas ay! aquel joven que con indomable aliento desafiaba todo 
Enage de riesgos cuando estaba sano, veíase abatido en un sillón 
sin poder moverse de él mas que con el auxilio de su madre que le 
ponía en pié» y entonces apoyado en dos muletas daba con mu* 



BI. FDIliO T SUS OMffifiOUS*^ tt 

oha pena y gran trabajo bre?feiaio9 paaeo» por la sala. 

Eoriqoe siguió inllido algunos meses. «^ ¡ tullido i la flor 4e mí 
anos I pero co mo el arte no dejaba de a^car todos sos reonm»* 
llegó por fin la hora de su mejoría, y en breves semanas Sáé 4an 
completa, que recobrando enteramente la salud» aunque no del 
todo su anti guo buen color, estaba Enrique mas interesante que 
nunca á los ojos de su madre. 

Tenia ya 1 5 años ; pero su avanzada estatura y aun los traba-* 
jos que le habia acarreado su relajada vida , le daban el aspecto de 
UD joven de diez y ocho ó veinte años. 

Maria creyó que esta vez era sincero el arrepeatimienta de aa 
Enrique , y al paso que esto le era muy satisfactorio , observaba oon 
disgusto que Isabelita iba adquiriendo cierto aire de presunción por 
su belleza que podria tener malos resultados , si oportunamente no 
se le corregia este naciente defecto. 

Sabe ya el lector que desde que María se casó con don Luis de 
Mendoza, marqués de BellaQor, recibió una esmeradísima educa- 
ción. 

Se aficionó á la buena lectura , y aun se le pegó algo de la pa- 
sión que por la poesía tenia su marido. 

María se habia ensayado en algunas ligeras composiciones, que 
rasgaba después , temerosa de que su Luis se hurlase de ellas. 

También habia escrito durante la ausencia de su esposo, algunas 
leyendas en las que destilaba toda la ternura de su corazón; pero 
que nadie mas que ella habia leido, y las guardaba para su Luis» 
porque de estos cuentos morales estaba mas satisfecha que de sus 
versos. 

£1 deseo de corregir á Isabelita de su creciente vanidad , y de 
hacer ver á Enrique las fatales consecuencias del libertinage, pusíe- 



M KL PALAQO DE LOS ClíXINEfl 

roD la plama en m mano , y aprovechando los ratos de ocio qae 
sus quehaceres domésticos le dejaban , compuso una novelita, en 
cuya lectura la presuntuosa niña y el precoz libertino recibieron 
una lección muy provechosa. 

Creemos que nuestros lectores serán galantes con su simpática y 
antigua amiga , á quien han conocido pobre , como hija de un des- 
valido albaBil, y á quien hoy admiran en la aristocracia, modelo de 
finura y de generosidad. 

Recomendamos pues á su indulgencia la siguiente novelita, ó 
mas bien cuento moral , que la tierna madre escribió, sin mas pre- 
tensiones que, como ya llevamos dicho , dar una lección de moral 
á sus hijos. 




•I 



CAPITULO V. 



LA BELLEZA DEL ALMA. 



PARTE PRIMERA. 



IL CVliGiO. 



1. 



Valencia 11 db SBraMBEE db 1841. 

Mi querida Laura : hace quince dias que partiste de aquí y no 
(engo noticias tuyas. 

Sin duda te has vuelto ya una verdadera cortesana y no te 
acuerdas de las pobres amigas condenadas á vivir en una capital 
de provincia. 

Ilabíasme prometido una minuciosa descripción de tu viaje^ y 
ni siquiera me has dirigido algunas h'neas que me saquen de an- 
siedad. 

¿Crees acaso que porque como verdadera hija del Turia peco de 

T. II. 11 



8S EL PALACIO DE LOS GRÍMBNRS 

algo ligera y veleidosa en mis aventuras de amor , he de ser frivo» 
la también en mis relaciones de amistad ? 

Es verdad que te quiero á mi modo ; pero no dudes que te quie- 
ro mucho y deseo saber cómo te vá en la emigración. 

Tu posición es verdaderamaiita crflica y azarosa , amiga mia. 

Eso de constituirse en lazarillo de un pobre ciego , que á parte 
de esta sensible falta es un joven gallardo y muy amable , es em* 
presa arriesgada para una mujer de tu esquisita sensibilidad. 

Créeme, Laura , estoy temblando por ti ; y eso que conozco tu 
prudencia y recto juicio. 

Fernando es un arrogante mozo , es un cumplido caballero; pe- 
ro es el caso que no vé, el pobrecito, y cuando una mujer ha de ha- 
cer las veces del hombre , es cosa muy difícil , particularmente en 
viaje, donde nunca escasean los testigos. 

Preciso es confesar que eres una heroína. 

Ya ves , querida mia, como valgo yo mucho menos que tú. 

Te aseguro que me seria absolutamente imposible imitar tu 
conducta. 

He Mtaria la paciencia para tener im amante ciego , á quien 
no pudiera abandonar ni un solo instante , y hubiese de esplicarle 
cada objeto de curiosidad. •• ¡ Dios me libre ! 

Seria un tormento que ni aun me dejaría un momento para aer 
coqueta , ó tendría que serlo sin resaltado. 

¿ De qué me servirla sei^ linda y estar ataviada con donosura j 
elegancia j si no lo habia de ver mi amante, ni me lo había de de- 
cir? 

¿Cómo se puede amar á un hombre que no repita mil veces á 
su querida que es hermosa y está elegante ? 

Semejante amor seria un amor de luto continuo. 



IL 111.0 T WBB OtUnUR €B 

Lft mvjer harmoea p^iienMe i ubm raía efíoiera eomo las 
flores. 

Nuestra jofMtad dora na día y es preciso aproveolMirla. 

BaiLLAE , GUSTAR T AMAR , á esto debe radttcífsa nuestra aiisieii 
en la sociedad, y para cumplirla debidamente no tenemos mas que 
nn solo poder, poder irresistible afortunadamente, la belleza. 

Usemos poei de este poder soberano antes de que nos le arre* 
bate la vejez. 

Noperdames un minuto, porque di tíempo Tuek y los hom- 
bres solo se enamoran de la belleza flsiea. 

Créeme, Laura, si Femando no fuese ciego ¿te alnsriaeoiild 
ahora? 

¿Te hubiera amado nunca? 

Y sin embargo , eres una joven perfecta , atesora» todas las be- 
llezas del alma; pero el físico... 

Te bable asi porque te conezce bton , y sé que m franqueza le 
hace gracia en vez de incomodarte. 

Eres una joven sin pretensiones y vives resignada i tu suerte. 

De otro moio me guardaría muy bien de darte un disgusto; 
pero yo esley convencida de que para veneer d hombre no tiene la 
mujer otras armas que la hermosura y la ooquf ter(a. 

A Dios , amiga mía. 

No seas perezosa, y eontéstame sin la menov dilacton» 

Dame noticias de Femando. •• 

Díme si vuestros asuntos de intereses qnedan arreglados... • 

Si te gusta Madrid... Si Fernando está contento, ú le parece 
bien la corte. 

No creo decir ningún disparale , pues sé que el pobrecilio lo vé 
todo por tus ojos. 



' M EL falagio m los gííhuiis 

Contéstame pronto > aguardo aun aqiii to respuesta; pejto no 
tardaré en ir á abraiar te... 

También qaiero yo hacerme cortesana ; ás< harás mas caso de 
ta mejor amiga ssGáilota. 

II. 

ÜADniD 



Haces maj mal en acosarme de olvido* mi qnerida Cariota « 
pues si en cualquiera seria semejante falta reprensible, en mí subí- 
ria de punto , toda vez que carezco absolutamente de motivos de 
presunción. 

I Yo presunción de cortesana ! 

¿Estás en tu juicio? 

Yo, mujer de tan impertinentes y extemporáneas faceionai 
que cuando me veo en el espejo me espanto á mi misma.. • 

¡ Dios mió I 

¿ Lo creyeras , Cariota? 

Algunas veces lloro cuando me contemplo tan poco favorecida 
por la naturalesa ; pero no lloro de vanidad » le lo aseguro ; no lio* 
ro por mi , lloro por Fernando. 

Él es tan agraciado, tan perfecto, tan encantador. ... 

¡ Y cree que mí belleza es digna de la suya ! i Pobre Fernsndo ! 

Mil veces ha ponderado los hechizos que me supone, y siempre 
que trata de halagarme coq sus requiebros, lacera mi corazón. 

Yo no quiero oir de su boca sino que me ama , pero él quiere 
probármelo llamándome hermosa. 

Ya lo vés , Carlota , hasta en los momentos en que todas las 
mujeres se consideran muy felices, soy yo desgraciada. 



No teogo valor para desvaoecer las ilusiones de mi anaata , no 
le tengo para desvanecer nn engaño que eonverliria m pasión en 
un aeniinñanlb de listima. 

Tú lo conoces como yo , Carlota; en este mondo no hay mas 
que vanidad. 

Ningún hombre ae atreveria á decir que soy su qnerida. 

Mas diré , un hermano acaso no se aireveria á decir dé mí : esa 
es mi hermana. 

Solo hallo buen afecto en otras mujeres ya ves ^ no [iood» 

eclipsar su hermosura; de todos modos tengo sobrada filoséfiá'pii^ 
ra mostrarme a^^radecida á sn amistad. 

Algunos tti£os me han dicho : no , no le quiero , porqiitt eres 
fea. 

Solo mi madre, mi tierna madre, con las lágriínas' en Josi^fos 
me llamaba querida hija. 

I A pesar de todo « Dios me ha dado vina ahna... uñ áhaá sen» 
sible al amor ! 

Fajábame un mundo que pudilera soportarme ¿ un snuido al 
cual no causira horror mi fealdad. •• 

Pies bien , Dios bondadoso me ha creado este mundo. 

Sí , Carlota » el mundo en que yo vivo... es él , es Femando. • 

Él lo sabe muy bien, y cuando asido de mi mano* escucha aM 
voz que le encanta , exclama cariñosamente : ¡ qué herama ereal 

I Ay ! entonóse me avergneaso de mi 'misma; téfho que los es« 
pejos queí nos rodean hablen y me acusen de engafiadóra. 

Tengo mil coaas que referirte acerca dé mi vikje. 

En cuanto á los asuntos de interés me veo ya desembarazada de 
ellos á Dios gracias ; pero hablemos de Femando. 

I Pobre Fernando! ignoré que la vida es pesada. 



fl6 n. FALAOo n los ckíbnbi 

Cree qoe es desgraciado solo porque Dios le ha privado de la 
vista. I Cniotas veces envidio sa suerte I 

Para él es la tierra un cielo paro sobre nubes de oro, porque 
«et se lo he dado á entender. 

Mí mano le guia siempre por las sendas que él se figura seni^ 
bradas de flores , y siente no ver el mundo porque está ea la inteli- 
:geoda de que el mundo es perfecto. 

Le juzga por su bello corazón , y desde que nació vive reeloM 
«n él como en u palacio encantado , como en un templo de la Di* 
viaidad. 

Los rayos del sol no atenúan la luz de su mágico paraiso. 

Procaro no hacerle sentir la densa niebla de la vida positiva. 

Hablamos de amor, existimos para amarnos, poseo su coraaoa 
HmtorOf todos los secretos de su alma. 

¡ Es tan bueno y generoso mi Fernando ! 
- Jamás ha conocido el odio , ama á los hombres , les oree á to- 
dos perfectos. 

I Gnán feliz es en su error 1... Por lo mismo le dejo en él. 

Con todo , amiga mia , algunas veces llora , y coando le pre- 
gunto la causa de su aflicción, me responde: «estoy ciego, Laura, 
no te veo , no conozco las luces de tus bellos ojos ; los demás leen 
/m ellos antes que yo , quiero decir, antes que tu voz me esplique 
le que sientes. 

Esto me dá celos... hé aquí A tormento de mi vida I 

Yo quisiera ser siempre el primero en saber todas tus sensn^ 
clones, porque he nacido para sentir lo que tú sientes. 

No puedo pagarte de otro modo tus cariñosos afanes. 

¡ Cuántas amarguras te causo I 

Siempre esdava de mis deseos, siempre tierna y oficiosa.. ., y 



yo... pobre ciego... siempre impertinente , úa servirte mae qve dtfi 
molestia. ^ 

Amiga nia , qoerídía Laura , tú eres mi ángel , eres la hernosa 
flor i qoien be prirado del aire libre , de los briagos de los céfirot' 
para encerrarte entre cristales. *> 

{Dios nrio ! si alguna vez llegara i ver... ¡ob! te lo aseguro» 
dedicaria todas las horas de mi existencia á cuidarte con el mi§Éi& 
oari&o qoe tá me cuidas ahora. 

¡ Con qaé placer te rodearía del sol de mis ojos I 

Coando tw pasos , qne oonozee de lejos , j me eoBameven al 
sentirlos , me anunciasen tu aproximación , voy á verla , esclama**' 
ria lleno de gozo , voy á verla , se ha adornado para agradarme, 
y debo recompensar dignamente tantos afanes.»— > 

Ya ves, Carica, si tengo motivos para e^r temblando q«e en 
los paseos , ea las calles , á cada paso baste ana sola palabra paM^ 
sacar á Femando de su error y desvanecer todas las itmiofies ha^ 
ciéndole saber que soy fea. ■-* 

Temo también que lo adivine, y esta zoaobra, esta ooatfnoa an- 
siedad destruye el deleite que me hacen sentir sus palabras. 

Verdad es que Femando es generoso. 

Estoy segura de que en tal caso me ocultarla su pesar y proen-*^' 
rana mostrarme el mismo amor ; pero esto no seria suficiente para 
quien ama como yo. 

Durante ú viaje iba yo describiéndole minuciosamente d pano- 
rama que se me presentaba á la vista. 

El eielo^ la tierra, los bosques, las casas^ loa babítanlet, las 
flores , las magnificas alfombras de toda suerte de colores que ca- 
brían los campos, las aves, los arroyos, los corpuleatos árboles, 
todas las maravillas del real sitio de Aranjuez que anuaician Ut 



88 El, PALACIO DI LOS GlílllNIS 

proximidad de Madrid ¡Obi estoy cierta de qae conocería el 

camioo por donde hemos pasado como el mas dacho viajero. 

Mi voi le encanta, le conmoeve, y me parece ver en so sem- 
blante los destellos del amor que me profesa, del amor que bace 
mi felicidad y que voy á perder en breve. 

Dentro de algunos dias se le hará la operación , le darán la 
vifta... 

¡ Dios mió ! si á lo menos dejara yo de existir el dia que vea mi 
amante los rayos del solí . . . 

¡ Fatal viaje 1 i Fatal herencia la que nos ha conducido á Ma- 
drid 1 

Voy á relatarte la escena de mayor interés que nos ocurrid en 
el viaje. 

Hicimos alto en Ocana para comer; dejé á Fernando en la sala 
donde estaba la mesa redonda, y al dirigirme á dar algnpas órde- 
nes á los dueños de la posada , observé que varios jóvenes se enca- 
minaban al comedor. 

Supe que estaban muy alegres porque babian hallado asientos 
en nuestra diligencia para ir á Madrid. 

Esta noticia me estremeció ; eran jóvenes, nada menos que es- 
tudiantes, iban á pasar largas horas en nuestra compañia... 

¿ Serán tan prudentes que no saquen partido de mi fealdad para 
divertirse? 

I Dejará Fernando de comprender sus ironías , ó las burlas que 
hagan de mi? 

Estos pensamientos me martirizaron de modo que no me atre* 
via á presentarme en la sala de comer donde reinaba una algazara 
estrepitosa. Estaba allí Fernando con ellos y empezaba yo á temer 
que notase mi ausencia. 



Ya sÜNt^lM kt fM éVitiewMi Mtioía d«. fM EenHiBio está 
ciegd, n» yédiHi « ■ •c iri o ^ poéqÍM^8M>eji(»8oa kmesosíji pitrif': 
como si f aeran de cristal. 

Tranquilo en medio de'lMesladiiateiflB preMar la wmmof aten- 
ción á sus locuras, oia con absoluta indifereDcia ^ .stgtti ál iBÍamo 
me contó después, las relaciones de sus cooqowteslaaiMSHHi. 

Hablaron de sus queridas, de niujeres catedEM.y aotteoaa^ de «a* 
rtdos paeiralWi de <riieias wuiái, de coqueta» lifidas y kasta de 
muchachas feas; pero cuando su alegria rayó en freoofi ftié al útíL4 
zar la wíiaimamhtvmMtí.jó^máátqfáem UtaMoaia piropos^. Calien- 
do las pakns y salndiiiiok oim kf grito» éa | vita la beHa^Diofeáffí 
sial * ; /.I . .. t .. ., . ■!.. :t:., . ,, . , ... ^ - •,.. 

Era en efeo|o uaa jAveír enoaatadora á pesar de aa . pvosáiotti 
nombre. 

I Y á Bii maiHaiUB Laosa eoiao á^ heroica del laiial 

Fernando que tiene una idea tan fresca y fora de caaolo^ exí$^ 
te, que juzga de los corazones agenaa por laa 6aK>CMinea dtal aayo, 
DO esidM á sa goüo, eraíaae en «n paiadaeslraagaros cayo laagua- 
ja ao eonpmiéMiw / 

Por regla general, el qoa liabta aroebo taele arirar eooio aa ia* 
sulto el silencio del que no habla ; ast as qaa la reaerfa da Feraan- 
do empeló por chocarles y aoabó por irritaries hasta ú poale de 
querer hacerle hablar i todo traiioo. 

AproxiflióSQie uno de eMos» apoyé aaa mano en el respaldo da 
la silla que Fernando ocupaba , y cruzándote da piéi, le pragaoté ; 

-«¿Coma oslad con toasofaraat cabaUero? 

El pohra ciego ao vaspoodió. 

—¿Es usted iagiésX 

El aúsma süaacio» 

T. u. 12 



90 IL VALACIO M LOS CftfwifU 

Todos los demás esladiaDtes prorain|MeroD eD carcajadas ere- 
yeado qoe en la imperlarbabílidad de Fernando había inlencioB do 
desprecio. 

Aproximcisele otro estndíanle y le dijo : 

—¿Es nsted sordo? 

La misma indiferencia. 

-—¿Es nsted mndo? 

En vei de contestar, volvió Fernando maquinalmente la espal- 
da á sn interpeknte. 

A esta inesperada evolución estalló on aplauso general de pal- 
madas qoe escitó la cólera del qne habia dirigido i Fernando laa 
últimas preguntas , porque aquel aplauso era una burla que los dor 
ASÍS estudiantes hacian de su compañero , por el desprecio que aca- 
baba de recibir. 

Ruborizóse de esta ocurrencia , y dando un golpe á la espalda 
del pobre ciego , le dijo : 

—Hablo con usted * caballero. 

Levantóse Femando aiorado en el instante que yo entré* y al 
ver qoe mi pobre amante era el blanco de las burlas de aqueUoa 
atolondrados jóvenes , grité desesperada : 

"—¿Qué es esto , Dios mió? 

-—Me has dejado solo cuando mas te necesito— respondió Fer* 
nando. — Me hallo en una sociedad estrena.. .. no nos comprende-*^ 
mos... Yo creo que todos somos inválidos, porque yo estoy ciego, 
y estos pobres hombres están locos. 

— Caballeros — añadí yo tartamudeando— aquí debe haber al- 
guna mala inleligeDcia. No sé lo que acaba de ocurrir; pero han de 
saber ustedes que este joven es ciego de nacimiento. 

Religioso y profundo silencio acogió esta solemne declaración. 



El jÓTen qQehtbiá dado la fNdmaéa ál hombro de FerMndo» a# 
adebirtó Mttino yYiiborind^t A ioel íiái doi o delaof dtl ciego co- 
mo si este pudiera Ttr su res peH io i o adMica , dijo en yoi codbio^ 
vida : 

-^ Perdone usted, cabaHerOi y le mego eDcartcidamcfite fw 
no me juigue por lo que acaba de ocurrir t pues merecería qtie te 
me confundiese entre d tulgo para no salir íranca de k oscuridad. 
He terminado mía ealudioS'de cirugfn,' jr ansio el momento de ejecu» 
tar mi primera operación como se desea el si del objeto auMido en 
un primer amor. Unpreeentimieolo féli» me asegura et buen éxito, 
y 81 el pHiincr paso que voy á dar en la senda de la gloria me pro^ 
porciona el placer de darle á wled ie vista , será completa mi ai^^ 
tisfaccion. ñi, caballero, quiero darle á usted la vista, y después me 
dirá usted qué desagravio debo darle por un insulto del que estoy 
tan avergomado como arrepentido. 

— >¡Babt niKeHa «— repuso Femando sonriéndose.— -DeuM 

usted la vista , y en cambio le ofiresco una > franca y leal amistaA, 
que puede empelar desde abora por la intercesión de es|a bella cria- 
tura que nos ha reconciliado. EHa también os ofrece la mas sincera 
amistad. 

Femando pronunció las precedentes palabras presentándome al 
desconocido. Hablaba de mi al decir esto hdla criatura / 

Delante de aquellos jóvenes atolondrados me llamó b$tta ; y n|i 
rostro se cubrió de rubor. 

Les miré temblando; pero ni una leve sonrisa noté en ellos; to- 
dos estaban conmovidos por el aspecto imponente de mi Femando. 

Comimos en agradable eocíedad, y terminamos nuestro viaje 
sin que ocurriera otra cosa digne de referirte. 

Si hubieras visto que obsequioso estovo el se&or de Ramirexl... 



Vk wuáOú M Lts i^teur» 

(el jéf«i GÍrajaBo se Ualáaha doo Jotó: Baaiirei.) 

Nt un MPrneata^ahiitoMln á Femanda, y 4 ni UnUea^qiifH 
ride Gerlatt , Be yodigifca los JAte fiaos e amp U m i e nlofc 

Estaba tan avergonzado de su anterior condacta » de esa cqa^ 
dbcta ligera tan comna entre los jóvenes del día, y que suele á ve- 
ees tener desastrosas conseenencias. 

Una palahn» una mirada^ ana sonrisa ,: hasta «1 nüsoio sUeoeáe 
es eansa á veoes aaieienta para frovoosr lo qn* tan n eo i am e nto §• 
Uama nn lance de iysner. 

Desde f«e Uegaodoe á Madrid vivínM uk la hermsa ealle 4e 
Aléala en la misma fmda »b uks muenncus ^asMWLkWBS t hasta 
qne La casa qne forma parte de aul heieneia, situada en la Camn 
da San Gerónimo, qne es uno de los mu helios pantos de la eártet 
nsté cemente. 

He dispuesto hacer en ella algnnas obras y trato de amneblaEla 
Idiosamente, porque FemandD.verá en ella. por primera tez. la luz 
del dia, y quiero que todo lo que le rodee sea magnífico. 

AUf empezará á conocer la belleza*. •• amari á las majerest^*» 
tendrá muchas apasionadas. »• y yo no podré quejarme I... 

Ni siquiera tendré derecho á estar celosa! y sin emhar^ 

alimentaré los celos mas horribles ; pero m silencio , sin que nada 
comprenda Femando, sin que la sociedad se aperciba de ello , por- 
que me tendría por una pobre loca. 

El buen Ramírez le dará la vista I 

Si yo pudiera decirle que me le deje ciego porque ya te lo 

he dicho » Carlota , Fernando es el mundo que Dios me ha creado, 
ws ojos son los míos... ] y quieren darlos á otras mujeres 1 

Yo no puedo decir al iacultativo todo esto.., seria preciso que 
lo adivinaae y le dejara ciego... 



EL PUBBLO T SUS OPRESORES. 93 

4 

Yo no debo hacerte cómplice de mi crimen». • iiD~]piiedo decírter 
inmoladme ese hombre I 

Ya ves , Carlota, todo se acabó para mí. 

Fernando verá el cielo , y no le hallará tan hermoso como yo 
se lo he descrito . . i / uj J 'i í ^ A \i 

Verá la tierra y la encontrará sembrada de espinas que yo he 
separado siempre de sus pasos. 

Verá estra&aii flKViJM gpif #o fp^ncq.^^^^ la faliedad , la hipo* 
cresia... 

Verá deformidades que no ha visto nunca. 

Mas ¡ ay ! conocerá también la belleza , la belleza de las muje- 
res, de la cual jamás k'W&daespHctótoli alguna. 

Es la única pintura que mi pincel no ha osado trazarle. 

Verá esas mujeres tan lindas , tan donosas. . • 

\ Dios mió !..•• y me verá á m{ también. ... á mí que me llama 
su ángel porque también me cree hermosa... 

Yo seré la primera mentira qpe aparecerá ante sus ojos I... 

Yo le Haré beber la amargura del primer desengaño I 

JNo puedo ^psfigiiiCttCacloMu íADioal . j , ,,.. 

No me retardes el plaiper d^-^braxarte, p»ey^ ^es (me J^ gfHfW 
de veras tu desgraciada amiga ^^«'L^ii^. .,, m ,í 



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• ' ' ' > i *' ' » . i"* :.. 






CAPITULO VL 



LA BELLEZA DEL ALHA< 



PARTE SEGUNDA. 



EL Gllk^ ¥L\^^DO. 



L 



Cuando todo lo que respira en la natoralexa parece segatr sq 
cnrso regular , cnando amanece el dia de igaal manera que apa- 
reció el anterior , cuando cada individno acode al desempeño de sus 
ordinarias labores y la vida parece deslizarse monótona á la manera 
que corre el agua de un manso arroyo* es seguro que en algún rin- 
cón del mundo hay un ser ignorado de la muchedumbre que pue- 
bla el universOt un ser que resume en s( solo todos los placeres ó 
todos los sinsabores de la vida. 

En el gabinete de una casa de la Carrera de San Gerónimo exis- 
tia la prueba de esta incuestionable verdad. 

Era un gabinete de estudio , no un albergue de la voluptuosidad 



IL VWmfi T sos QtlMtfOm<! Sft 

y el capricho , tto la maoftioo de la coquetería ornada por ob attior 
voluble de lualroBos rasos y gasas traospareotes. 

El amor había dirigido la decoracioo de aqwlia moradft ; pero^^ 
era üd amor casto y virtuoso , y su obra representaba una pe<|adlá 
galería de retratos de algaaos 4^ los maa célebres literatos espa- 
ñoles. 

Los poetas de todas las escuelas sooreianse eatre ellos. 

Góogora junto i Meleudtfi # Cadalso al lado de Ouevedo , Lope 
de Vega, Uoratio padre é hijo, Tirso de Molina» GienfuegoSt Gafp* 
cilaso. Quintana» Calderón, Iriarte y otros estaban allí autigrtoairf 
modernos confundidos como las piedras preciosas en el lahoratorio 
de un diamantista. 

Una escogida biblioteca ocupaba su lugar predilecta. 

Selectas flores acariciábanse muellemente en sus jarros de por- 
celana exhalando suaves perfumes » cuyas discordes émaM^uelB 
formaban cierta armonía deliciosa , y entendíanse mejor entre ellas 
que una reunión de mujeres bellas y odoríferas. : 

El estudio y la poesía semejaban sonar allí dia y noche. 

Profunda calma reinaba en este gabinete , ocupado tan solo por 
dos mujeres jóvenes. 

Las demás habitaciones de la casa respiraban sobrada anima- 
ción. 

Abríanse y cerrábanse las puertas frecuentemente , como para 
anunciar un acontecimiento eslraordinario. 

Una joven de veinte años» de mediana estatura , de formas re- 
dondeadas y graciosas, parecía mas bien envuelta que vestida con 
una bata de seda á listas de varios colores ceñida á una cintura fle- 
xible y sumamente angosta» de lá cual se levantaba á guisa de 
ebúrneo trono un pecho bien torneado. 



M. U WLM» M tOB (aÉOOlli- 

Mun éon honbros de nraiMatads blammnt pafteáfcase It «OBklñne. 
de ona cabellera de -tiMno , qoe deseesdia ea buoles á la ingleí»,- 
de ma fireuto pora llferamaDle cratada portel aial apenas^ perdep- 
tiUe de algVMi ^nas. 

• ^ Dos gmidto ejoa negros semejaban guarecerse en un Teijel' doi^ 
largafsimas pestañas, cuyo sedoso brillo podia solo compararse" e<Ml* 
el de las pabladas oejas que loa aoentnaban. 

Un» boea de grana abriese á impulsos de encantadora sonrisa y 
osisntabn dea hileras de periss blanqnisimas de una igoaldad sor- 
pNndento. 

Parecían el roofo de la anrora en la corola de nn davel»- ^ -> 

Diminutos pies cubiertos de raso negro , cruiábanse y te aso-» 
maban con Üaiidei por entre los pKegaes de la bate, como para ha- 
cer ner ífÉ» eran geaielos de dos manecillas neiradaa, qoe oon ne- 
gigcBcía seductora asían aa tomito de las églogas de Garctlaso. * 

La Iñada lectora proaancíó con indefinible donosura ka sígoíaii^ 
tes tersos: 

Caal suele el rnisefíor con triste canto 
Qnejarae , entre las hojas escondido. 
Del duro labrador, que cautamente 
Le despojó su dulce y caro nido 
De los tiernos hijuelos , entretanto 
Que del amado ramo estaba ausente; 

Y aquel dolor que siente , 
Con diferencia tanta 
Por la dulce garganta 

Despide , y á su canto el aire snena; 

Y la callada noche no refrena 

Su lamentable oficio y sus querellas, 
Trayendo de su pena 
Al cielo por testigo y las estrellas; 
De esta manera suelto yo la rienda 
A mi dolor 



—Esto es muy intercsaate-^contimióla bella lectora ; -«pero 
demasiado tristte. Me Urba la ímaginacioD como el homo aromátiea 
de üQ cigarro muy bueno. 

£q la majer que acababa de pronanciar estas palabras , parecía 
iodo Datural ; y sin embargo , tanto en el abaBdono de los pUegMi 
de su ropa , en los lazos de sas cintas , en las ondulaciones de §m§ 
cabellos* como en sus miradas, en su sonrisa, y hasta en la mas in- 
significante de sus espresioneSy reinaba una coquetería sin límites. 

£n uno de los ángnloB del ^binete iestaba la otra mujer , que 
hubiera podido tomarse indistintamente por la tía ó )a maestra di 
la coqueta, tal diferencia habia entre las dos I 

Con todo , eran de una misma edad ; pero la lUtima era tan n^ 
pugnante como hermosa la primera. 

No haremos la descripción de sus estranas facciones por respe- 
to á las virtudes que atesoraba mt cambio sa generoso coraaon. 

Copioso llanto manaba de sus ojos, y este llanto acrecentaba si 
fealdad. 

Las lágrimas que son el adorno mas sednctor de una joven lin- 
da , la hacian mas horríUe. 

I Cuántas emociones agitaban su alma y enardecían su fantasfot 
Todo espresaba en ella el mas profundo dolor ; aquel dolor in^ 
quieto que desea y teme saber, que pregunta á la esperanza , la ha- 
laga, la oprime, la di tortura p«ra que no se aleje. 

Fijos sus ojos en el reloj , parecía que se hubieran clavado en él 
para activar ó parar sus resortes. 

Cada minuto que alcanzaba la aguja atravesábale el corazón 
como el hierro candente que estigmatiza al criminal con una marea 
indeleble. ¡ Pobre joven I La máuraleza hablase burlado de ella do- 
tándola de una alma de poesía y de amm* I 

T- II 13 



98 n. PALACIO DI LOS GiÍMBNES 

En está aloii , desconocida y oculta como la flor qae nace j 
muere entre escombros , cobijábase todo el fausto de la belleía, ate* 
sorábase todo el lujo de las lágrimas y de los placeres» 

Acerbos suspiros solazaban su pecho; pero no estinguian la 
amargura que arrancaba de sus labios esta desesperada esclama-* 
don: 

-— \ Dios mió I ¡ Dios mió 1 quitadme la rida. 

Suena de improviso una campanilla. 

— { Es él I... ¡ es él !... Carlota , es Ramírez •— esclamó con zo- 
zobra la destenturada Laura. 

—Me has despertado.. • Empezaba á dormir... «-respondió Car- 
lota.— ¿Quién es él? 

En este momento se presentó un criado. 

—¿Qué hay» Leandro?— le preguntó Laura. 

r— El señor facultativo-— respondió el criado con acento que 
revelaba dolorosa emoción. 

—Lo sabia por las palpitaciones que siento. 

Ramírez se presentó descolorido como el jazmin. 

Después de la escena de Ocaña , tributaba á Femando tan asi- 
duos coidados como si los dos hubieran nacido de las entrañas de 
una misma madre. 

-—Anímese usted, amiga mia— dijo á Laura el joven facultati- 
vo. — Es preciso que todos tengamos valor en un momento acaso 
el mas solemne de nuestra vida. Yo le tengo» Laara, le tengo por- 
que me siento impulsado por un poder divino. ¡Oh! Dios estaría 
8Ín duda muy orgulloso de su creación ! Yo trato solo de abrir unos 
ojos á su magníGco sol y siento elevarme en mi alma , y los demás 
hombres me inspiran piedad. Les miro desde muy elevada altu- 
ra. Y usted» Carlota — añadió sonríéndose— es preciso que á lo 



IL FCBiLO T Sü8 OPRESORES. 99 

méDOS hoy dé nsted uq aspecto grave á su lindo rostro. 

— Estoy desazooada — reposo Carlota; — pero afortaDadamente 
he oido decir que la operación de la vista es breve y poco dolorosa 
cuando el facultativo es hábil. 

— Ya es hora de que aparezca nuestro joven Milton-— esclamó 
Ramirez aparentando serenidad.— -Y ustedes* señoritas, no me 
han de estar muy cerca... • uno de mis amigos sostendrá la cabeza 
de Fernando; pero él está aqoi. 

Abrióse de repente una puerta* y presentóse Fernando con paso 
firme , el corazón tranquilo y la cabeza erguida , asido de la manó 
del amigo de Ramirez. 

Parecía que se hubiera animado el grupo sublime del cuadro 
de Ingres que representa á Sinforiano yendo á morir mártir de 
8U fé. 

— Todos estáis aqui — amigos mios-rdijo con la sonrisa de on 
ángel el interesante ciego; — pero me parece que estáis mas agita- 
dos que yo. Tranquilizaos , nosotros no deseamos mal á nadie j 
Dios nos ama. Él guiará la mano de nuestro buen amigo Ramirez. 
Dentro de algunos instantes os conoceré á todos* os veré como vo- 
sotros á mí, y quedaré indemnizado de los sinsabores que mil veces 
me ha causado la falta de la vista. 

— Fernando mió — esclamó Laura con dulzura-— no agites tu 
corazón. Siéntate aquí. 

— Dejadme estrechar las manos de mi querida Laura , de esta 
alma de mis ojos, en los cuales va á encontrar un nuevo sentido. 

Laura se adelantó y besó con todo el entusiasmo del amor las 
manos de su amante. 

Obedeciendo á un signo del facultativo , apartóse Laura y se 
arrodilló delante de una imágen« 



100 EL FlUdO DI LOB ClfaUHU 

EmpeiÓBfl la operación en medio de un religioso j proCando si 
leneio. Doró diex mioalos. 
' £1 ílaciihatiTO radiante de goio esdimd: 

— 1 Albricias I 

Y rendó los ojos de Fernando , BatÍBfeeho de oaa destreza qt 
BO era de esperar en la primera operación ; pero lo cierto es qt 
fbé an prodigio capaz de acreditar por sí solo al mas diestro ooi 
lista. 

Trascurrido el tiempo necesario, qaitd Ramírez la venda del pt 
dente, y le pregnntó con afán : 

— ¿Ves lalaz, amigo mío? 

— ¡ Oh I BÍ, son loa rayos ddsol, no es Eieil desconocer so he 
mosnra — respondió Femando lleno de goio. 

Levantóse sostenido por su bienhechor, sa corazón palpital 
ooD ▼iolencia... 

Miró ávidamente en tono snyo y se lanió de improviso al en 
Uo de Carlota , esclamando oomo fbera de sí : 

—Tú eres mi Laura... i Qné hermosa eres t... Me habías ei 
ganado... no me hablas hablado nnnca de tn belleza. 

— Se equivoca aated— dijo Carlota, y llevándole hacia la pobi 
joven qne permanecía aun arrodillada ante la sagrada imagen, a&i 
dio:— Laora es esa. 

Levaotóse la ioFortaDada temblando , y al verla sn amante 
estremeció como si despertara de ana pesadilla. 

Retrocedió algnnos pasos y cayó sin sentidos. 

II. 

Condacido Fernando á sa lecho , habíanle agitado tantas emi 



n Finco T svs opftttoiBS. 101 

ciones dwMite loengas horas , que una fiebre yioleiila j pertinaz 
le devordia. 

Habia perdido enteramente la memoria y no quedaban en sv 
imaginación ni siquiera huellas de lo pasado. 

Habia tomado tal giro so natoreteEa , que senefalia á un loco 
que hubiese recobrado el juicio, y no consert ase el menor recuera 
do de lo que le habia sueedido en los accesos de su locura. 

Ramírez y cuya TÍgilancia activa no descansaba un momento, 
sentía por Fernando cierto egoísmo, consparaUe solo a) de una 
madre que dá al mundo un nuevo ser y desea verle hermoso, per-^ 
fecto. 

El joven oculista daba también un hije á la sociedad; un hom- 
bre lleno de gratitud , que iba i pregonar por todas partes quien 
habia hecho d prodigio de so curación. 

La virtuosa Laura resignóse á su desgracia , y dejó que la he^ 
Ha Carlota la reemplazara junto á la cabecera del lecho de Fer- 
nando , no sin envidiar los cuidados que le prodígab» , como en^ 
vidia la tierra una gota de rocío después de sufrir los efectos de un 
sol abrasador. 

Laura , su lazarillo en mas felices dias , Laura , la aurora que 
le despertaba todas las mañanas en otro tiempo , se oculta hoy pa- 
ra no ser apercibida de él , para no espantar sus mirada» k mane- 
ra de espectro. 

Desviábase de Fernando porque le amaba mas que nunca. 

Huía de él para que no la aborreciera , y este desvio favore* 
ció los proyectos de la joven coqueta. 

La primera belleza que habia visto Fernando era Carlota. 

Vn imagen encantadora habia hecho palpitar su corazón cuan- 
do creyó que era Laura. 



403 BL FALAQO DB LOS GBÜCKNEa 

Aquella impresión dejó en su pecho una herida profunda. 

No podia olvidar los encantos de la una ni la deformidad de 
la otra. 

Laura observaba todo esto. 

Contemplábale triste y pensativo ; pero no era ya aquella dul- 
ce melancolía que solia solazarse en una confianza amorosa , era una 
tristeza compañera inseparable de artificial disimulo. 

Carlota , como hábil coqueta , escaseaba sus visitas al enfermo, 
y dejó enteramente de visitarle tan pronto como quedó del todo 
restablecido. 

Habíanse deslizado algunas semanas. 

Fernando no necesitaba ya de lazarillo. 

Ya Laura le era absolutamente inútil. 

La pobre joven lo conocía muy bien , y nunca manifestaba el 
menor deseo de acompañarle. 

Esta resolución la tomó un día fatal , en que pasando los dos 
por la Puerta del Sol , oyeron que en acento burlón decía un mo- 
zalvete : 

— (Vaya un gusto delicado el de ese caballero! 

La vanidad de Fernando recibió una honda herida. 

Acusándose de cobardía y debilidad , le era imposible soportar 
las miradas de una sociedad que empezaba ya á conocer. 

Si hubiera dicho á los que se mofaban de él : aesa mujer ha 
consagrado su juventud á cuidarme; ha sido mi ángel custodio 
mientras iba yo errante entre tinieblas. 

Mientras vosotros desdeñabais al pobre ciego , ella me sostenía 
en su brazo , me asía de la mano para servirme de guia. 

Vosotros no la amaríais , porque no es hermosa ni viste con 
elegancia ; pero yo la adoro , es mi ídolo | mi gloria , esa mu; ^ 



KL PÜDLO T SUS OPUSOaM. 40t 

qae merece vaestro escarnio , porque habéis de saber qae existe 
solo para amarme. 

Contempladla bien, es mi querida.» 

Si esto hubiera dicho , repetimos , hubiera subido , á no dudar- 
lo 9 de todo punto la mofa de los espectadores , y i la mofa hubie- 
ra seguido el escándalo. 

Fernando amaba aun á Laura ; pero se avergonzaba de ello , y 
notando que ella no le queria como antes , según todas las apa- 
riencias, resolvióse á obsequiar á Carlota para vengar el agravio 
de los que le hablan tildado de mal gusto. 

Ansioso de instruirse en lo que no se lo habia permitido la 
falla de la vista , pasaba el dia estudiando y salia por la noche á 
dar cuenta de sus progresos á la hermosa Carlota. 

Deslizóse así algún tiempo. 

Cada dia se retiraba Fernando mas á deshora. 

Laura le aguardaba vertiendo lágrimas acerbas , hasta que vio 
rayar el dia fatal en que el infortunio de esta desventurada jóvett 
tocó á su colmo. 

Fernando no volvió á su casa. 

La abandonó, al parecer, para siempre ! 

Este golpe laceró de nuevo el corazón de Laura ; pero no le 
causó la mas leve sorpresa : le tenia previsto. 

—•¡Dichosa Carlota!— -esclamaba llorando.— No debo repren- 
derla, no lo merece. Fernando la ama , porque el amor de un jo- 
ven solo puede conquistarle una beldad. Con los afanes y desvelos^ 
con la asiduidad, con los cuidados, con todo linage de benefi- 
cios , puede conquistarse la gratitud , pero no el amor. De nada 
sirven largos años de esmero, y una sola mirada, una sonrisa, 
una palabra ^ un leve signo es lo que basta á veces para vencerle. 



404 II. PILAGIO DI LDS CtílONli 

Estas son las redes de las hermosas. Hace bien Carlota en valer- 
se de ellas. Tampoco debo culpar á Fernando. En otro tiempo 
obedecía á su corazón ; ahora signe la avidei de sus ojos. Quien 
sabe si empanados por los mismos rayos del sol « cansados de dis- 
frutar de unos goces de que se han visto privados tanto tiempo « 
dejarán otra vez su imperio al alma ! ¡ Vana ilusión ! Vivan dios 
felices, toda vez que para mis males no hay mas término que la 
muerte. Afortunadamente viviré poco... Sufro demasiado para que 
mi dolor pueda prolongarse. .. Dios se apiadará de mi. 

Unidos en amorosos lazos Fernando y Carlota lanzáronse im - 
prudentes al proceloso mar de los goces materiales. 

Confundiéronse juntos en la ebuUicion del gran mundo^ per* 
«diéronse en los torbellinos de polvo que levanta el libertinage sin 
freno. 

Colocado Fernando en una posición brillante , no le faltaron 
numerosos amigos. 

Llovíanle de todas partes aduladores que le conocían desde so 
Tnas tierna edad , y de quienes jamás habia oido los nombres. 

Era rico y tenia una linda compañera ¿cómo no hablan de ro- 
dearle ciertos moscones que tanto abundan en los salones del buen 
tono? 

Sensible á los placeres « dejóse llevar de los impulsos de una 
avidez frenética. 

Nada le saciaba ya. . • 

Madrid le parecia monótono. 

¡ Siempre los mismos paseos ! 

I Siempre igual sociedad ! 

Carlota le hablaba con entusiasmo de las costumbres de París. 



BL FOSBLO T SUS OPIBSOVIS. 4 06 

¿Qaé degante no ha estado en París? 

Fernando se fastidiaba ya en la capital de España. 

No conocia que era porque le fiíltaba sa ángel tutelar. 

Sentia un vacio en su corazón t y el insensato buscaba llenar- 
lo con el esceso de los goces ; pero en todas partes se aburría ca- 
da vez mas. 

— ; A París! — gritó desesperado un dia.— Es preciso huir de 
esta monotonía insoportable. 

— ¡Bendito seas! — esclamó á su vez Carlota. — Ya verás, 
amigo mió » cuan dichosos vamos á ser en París. 



III. 



Habíanse deslizado seis meses , desde que Fernando y Carlota 
abandonaron los placeres de la corte de España para disfrutarlos 
mayores junto al Sena. 

Eran las dos de la madrugada. 

Una lujosa berlina se para á la puerta de un palacio de la calle 
de Richelieu de París. 

Dos personas se apean , una joven cubierta de un largo albor- 
noz de raso color de rosa, cuya capucha caida sobre la espal- 
da permitia ver un elegante tocado de perlas y flores, y un caba- 
llero envuelto en su finísima capa á la e$pañola. 

Ambos se internaron en una habitación espléndida y fria sin 
que el caballero diera la mano ni el brazo á la dama • 

Un criado grave tomó la capa del caballero y una doncella 
alegre y vivaracha el albornoz de la dama. 

Dirigiéronse juntos á un gabinete suntuoso. 



T. n. 



14 



406 KL TAUGIO m LOS CBÍMÜflS 

Esta vez nada campeaba aBí qae indicase amor al estudio. 

Preciosos espejos , riquísimos cortinages , relojes dorados » si* 
Hería magnífica» bellas alfombras, y cuadros que representaban 
escenas sobrado libres , todo respiraba amorosa molicie y delezna- 
ble voluptuosidad. 

Abundante fuego ardia en la chimenea , y nuestros dos per- 
sonajes , después de haber cambiado sus trajes de soirée por su 
negligé de nuit » sentáronse junto á la lumbre sin dirigirse una so- 
la palabra. El caballero estaba pálido , triste y flaco. 

Sus grandes ojos parecían lánguidos y como si sufrieran. 

Suspiraba á menudo ; pero no era el pesar de un pobre ago- 
viado por la escasez y las privaciones el que se pintaba en su 
semblante , era el tedio del rico á quien ahoga la indigestión de to- 
do linage de saciedades. 

El semblante de la dama formaba contraste con el de su com^ 
panero. 

Agradablemente sonrosado, destellaba frescura y jovialidad. 

Sus negros ojos giraban inquietos como en busca de algún ob-> 
jeto perdido. 

Una sonrisa de satisfacción siguió á las escudriñadoras mira- 
das, y levantándose repentinamente, cogió un billete que estaba co- 
mo olvidado en una silla , y lo escondió precipitadamente en ra 
seno. 

Volvió á sentarse y preguntó al joven que tenia á su lado. 

— ¿No te acuestas esta noche, Fernando? 

— ¿Te incomoda mi presencia?— preguntó el joven á su vez. 

— ¿Por qué dices eso? 

— Podria suceder... Quién sabe si tendrás que leer algún billa- 
te amoroso. 



Et.BlWM) T, SOS OPBKSftBRS^ l'QX 

'•' • j . ■ • 'I' 

— ¡AlgoD billete 1 

-^Sif Carlota^ añadió bruaeameBte Fernando— • el hittete qo^, 
acabaa de ocnUar: en este institote^ . ,» 

-¡Yo! 

— ^No mientas. ••• He visto qne acabas de esconder en ti pecho 
una carta¿ Quiero verla. 

—¡No mientasl ¡Quiero yerlal i,i}u¿ lengp^gp es ese ^ ¿Sabe^ 
^e estás insoportable? , 

— La carta. 

— Te vas volviendo adusto como.|in.mmda. ....... 

— No soy tu marido , tieoes razan* 

-—I Vaya si latengolY ningún copt^ato nos^liga..« ambotf so^l 
mos libres» y toda vez que, deseas gue no mimtu, voy áidecírt^^ 
francamente que no hemoa nacida el uno para: eí otro.^ • 

— Yo no he nacido para nadie, es cierto... ni debia haber na^ 
cido. La vida me es odiosa. Na había vista el mnnda. Abríerop.mis 
ojos y me hicieron infeliz. He vivido ya demasiado , me fatiga la 
existencia» y no me siento eoa fuerzas para sopc^tarla.. 

— Porque te has vuelto rega&an insufrí^de. La vida es igual 
para todos los que tienen reci^^sos; ppro á tí te molesta lo qn^ 
agrada á los demás. 

—Es cierto, me fastidian los placeres*». Ayer herí á un hom^* 
bre en desafío por una leve disputa. Tal vez morirá de la herida. 
Para ser hombres de honor es preciso aprender á ser asesinos* Esta 
noche he jugado solo por vanidad*. • para hacer ostentación de quai 
aun soy rico... para que me admirasen cuantos me rodeaban. He 
perdido como siempre». . Se empieza á murmurar que estog^ jarrui- 
nado... Solo faltaba ahora que vinieran á atormentarme las celoi^ 

-^Puea.^odo esa es magnifico, ami^ mió. (Un duela 1 lUn re- 



lio n PAUMUO DI L0& CaÍMUIlf 

8e maere porque me ama y oree que yo aioo á otfal No, Garlote,i 
yo no puedo amarte , porque mi amor et todo para Laura». Teuia 
▼aoidad de tenerte á mi lado porque eres hemoia ; pero ljl vbed a- 
BEiA BELLEZA ES LA DEL AuiA , j esto inapreciaU(i tesoro nadie le 
poiaeoomo Laura... ¡Y se muerel...* Dioa mío, perdón, perdón 
por haberme avergonzado de amar á un iiigel« (A Dios para tiimm^ 
|M, Carlota 1 

—¿Estás loco71I 

— Ouiero yerla«.. quiero su perdón»., quiero morir oon etta. 

— -Viento en popa , amigo mió. Ya he dicho antes que no ha** 
biamos nacido el uno para el otro. Apuradamente no me ha de fal^ 
tar á quien degir entre la escolta de galanteadores que de continuo 
me sigue en todas partes, y para hallar uno mas amable que mi 
señor don Famando , no se necesita k buen seguro la linterna d^ 
Diógenes. 

Pocos dias después, Fernando , trémulo como el criminal que 
ya á comparecer ante su juez , pisaba la casa donde habia abando- 
nado á su bienhechora. 

Un criado le salió al encuentro y ambos se estremecieron al 
reconocerse. 

— - 1 Leandro 1 ¿tú aqni ? 

— Sí, señor... Yo no abandono á mi buena señorita. ¿Qué me 
importa que no sea linda ni elegante ? Es muy buena y la amo de 
todo coraxon. 

—Quiero verla ¿ dónde est¿ ? 

—Ya usted á matarla si entra. Toda la noche ha estado ddi^ 
nado. No hacia mas que repetir el nombre de usted. 

— I Y quieres impedirme que la vea I 



-—Avisaré id Mtor doetor. 

«— Süe^e no la hadilafé^ qM^me ocdtaré pira que m i^ 
vea ; pero quiero recoger su último inspiro. { 

Leandro entró en oiro aposento y saliendo en breve hiio^sefial 
á Fernando qne podia pasar adelante. 

Grande MrpriSi^ toé li^snya al reeonocer en el faonltattvo al 
generoso amigo Ramirez, á qnien iMiWa olvidado. 

•^Tn boena amiga va á morir si Dios no hace on mitogro ¡di 
jo* conmovido el doctor .—Afiroximate á su lecbo. 

— Mi presencia... 

— Poede matirti ó salvarla. Va á sentir nna faerte emoción, 
cuyas conseeneneias es imposible adivinar. Probablemente no po- 
drá resistirla 7 morirá* mas pronto. ¿Pero vienes á bacer alarde de 
tu ingratitud? 

— Vengo á pedirle perdón y decirle que la adoro. 

—Eso pudiera tal vez aliviarla. Una sensación agradd>le 

Con todo, lo mas natural es qne no pueda resistirla ; pero ya que 
ha de morir , que sepa que tú la amas y bajará contenta «al ae^ 
pulcro. 

Fernando se aproximó al lecho de la moribunda. 

Esta que había estado aletargada hasta entonces después de un 
fatigoso y prolongado delirio « abrió los ojos como impelida por un 
instinto sobrenatural , y esdamó : 

— ¿Eres tú , Fernando ? i Dios mió I 

Y la infeliz ocultó su rostro. 

—•Laura, mi buena Lavra-^dijo Fernando con amorosa dnl<* 
zura — mirame , te lo svplico , tn amante quiere verte» 

— No, no, te repugnaria... te volverías ¿ desmayar. 

Fernando premmpió en abundante lloro. 



Mt .iL PÁLAao DI LOi caimas 

-^ ] Dios mió I— esclamó— he yuelto á encontrar mi alma... ya 
poedo llorar. Macho he padecido lejos de ti, Laura mia» y no he 
podido verter una sola lágrima. 

—-¿No me habías olvidado?— preguntó la enferma mirando 
tiernamente á su amante. 

—Puedes creerme, Laura mia— -dijo Femando mirándola ood 
complacencia »— -te aseguro que no he conocido el amor sino á tu 
Jado. Desde que dejaste de amarme le he buscado inútilmente. 

— Yo no he dejado nunca de amarte. Creia que mi compafite 
te era enfadosa y te dejaba con Carlota. ¿La amas mucho? 

*— Te repito que nunca he amado á nadie mas que á t(. 

—Siendo así , aun moriré dichosa, i A Dios, Femando 1 

— I Oh I no, Laura mia , no quiero que te mueras. 

— Hi fin se acerca. 

—Quiero que vivas conmigo, ó te he de seguir á la tumba. 

— No^ amigo mió, vive tú... y sé dichoso. 

— ^Yo no puedo serlo sin ti.... sin tu amor sin tu generosa 

perdón. 

— ¡ Femando 1 

—¡Laura mia! Vive, vive para hacerme feliz. 

— ¿ Lo serias á mi lado ? 

—Solo á tu lado puedo serlo, bien mió... solo en tu compaftia, 
de la cual no me he de separar ya nunca. 

— ¡ A Dios , Fernando I 

El arrepentido joven cayó de rodillas ante el lecho de su ama- 
da, y después de besar sus manos é inundarlas de lágrimas , alzóse 
de improviso y besó con entusiasmo los labios de Laura. 

La enferma sintió una violenta convulsión. 

El médico mandó salir del cuarto de la enferma á su amigo , é 



MI PUIBLO T SUS 0PUS0U8. 143 

hizo llamar á un ministro de Dios, que aguardaba eD nna sala con* 
tígaa. 

—Si resiste estas últimas ímpresioDes— marmaró el facoltati- 
YO Heno de esperanza — se ba sal vado« 
••••••••'•••••••••• •« 

Un ano después de la precedente escena, dos esposos felices via- 
jaban con su facultativo. 

Fernando y Laura se hallaban precisamente en París , cuando 
se bautizó el primer fruto de sus amores. 

Fué padrino el médico Ramirez , y distribuyó grandes limosnas 
entre los pobres. - 

Al ir á entregar una moneda á una joven, lanzó esta un grito 
desgarrador y huyó despayórida. 

No lo hubiera éstránado el facultativo si hubiera podido cono- 
cerla. . 

Era Carlota, en cuyo lindó costro habían hecho estragos las 
viruelas ; y como le faltaba la verdadera hermosura , que es la dbc 
ALMA, abandonada de todos y sin foerzas para trabajar, no le que^ 
daba mas arbitrio que mendigar de puerta en puerta el alimento. 




T. II. 15 



CAFiTiiLa vn. 



EL SECRETO. 



La parte moral de la precedente oovela , produjo todo el hwto 
qjie dageaba s&atttova.. 

Isabel DO se mostraba ya tan eugréá&íooik sa bermosonii. y aii 
cuanto ií Boiñiyaa taa escarmentado qpedó de las fonestas O0iise- 
cnencias de sus desvíos » que sa primera disposición fué impedir la 
entrada ea sa eaaa á. doa Juliao de Linares , coyas relacianes t% ins- 
jicaban bororor , mayormente desda qae á foerza de repetir k laá» 
tura da la novela de sa querida mamá , la sabia }« de mamorio^ ' 

Na tenia mas afán- qa& pasar el dia jpnle 4 aa adorada madbo^ 
recibir sus caricias , oir sns saludables consejos y pedirle perdón 
por los sinsabores que le babia cansado. 

La tierna madre se consideraba también la mas feliz de las mu- 
jeres al ver á su bijo sano de cnerpo y de conciencia , y no había 
para ella momentos mas díelieiosos qne tos qne pasaba en su adora- 
ble compañía. 

¡Y era forzosa una separación I 

Los facultalivos babian ordenado qne para que la curación de 
Enrique fuese completa , radical , y desapareciese el riesgo de qne 
se le reprodujeran los dolores que le babian puesto al borde del sa- 



•u 

p«ltfa^ MiMjiwcMtt, i¿Niii^iilBélf nli AiáigpeBidib..i¡ua Hnfdaift de 
Mmá.áí^miimHmJtL fn&m»á^ ñresf á»iagib8.:iiHneiiidBftiriÉ 
las provincias vascongadas , como unáemiHi íÉbülfab i- j'-mi 
: ÍMmfmifitiB.d9^JÍríkiáái'á^ 3üíoí%qu¿, no 

•alf^fKffiíkBirateids idMhadigiÉbénMDla^ioepáliilAi mmt^ pMfMapM 
rabardeiiiifl^mHitd áUi^ÓJel rfgrepofdetfttinMid^^ .vrmÍT tyj 
i¡ jQuoMso^nr^ imdadb fdé n 'faijo á ié OMMiaa idáiáiMtida 
horaradoi yifiddiidaá .dil néiej» TMdtt^ffon» {BDoiipie ma/fmSBatié 
que abandonaaD^risaouniá^^ufiniBarciiéai^ . s/-^- 

Quedóse la marquesa jM Í jfíi aéi taa Jawfot?; ■ fníém\ $r. pwque 
le quedaban HatiOañti» jáe itiiiqm inbfl^^ifaiícipfnnBiá.dkí ¥er en 
hvwp áia« láMÍi., j. kn gratis: ánaqpfBñMMi ftttiarcanpnaDidis cE»4> 
rique y el arrepentimíenlo de sus pasadas locuraa^/haUam éifuié 

ei^- su. laklOL; * ; -.:*■ ■»;::. ' ^-^ f * u.'* , ■ . r. .: : i . /' \ í f -- 

JBl'BegreBDdaLmavquéi/de BailaioriifaaiwitnriiMJ^aipargitoiir 

vos políticos. .ilñj 

La icoByinliQÍOn im^qoe eslafaa iniíQiadbf mé Jrfrikmnhá latti su 
presencia en España y la hacia mas ventajosa en Paris ; por {ikft^ 
ñera que antes regresó su hijo k ZákñgtifM ^ J^^Mítf\t^Mmp^U res- 
tablecido de sus dolencias. . . 



- r 



• 4» •.* • '• • • • «• ••'«■«----€ 



Despnéi^jde,taál>§ iDéaDMtfloimieritos que acahaosM ¿•referir» 
sUegamos al piáflieróde juttíode 18fi3. 

:La mañosa estaW'eMtmtísiaMu • 

Su bijo» JA onleraiMnle vestableciAa, no le idejaba nada qm 
deseM* ; observaba una coñdadta «irroprensiUe y era an iasaparable 
4x>mpafieM. 

Queria mucho á su hermanita, y ambos hacian q^m^^m ^f^^ 
greaM^oifrai eabdUat. 



116 SL FAUUaO K LOS CMÍMUm 

Lo qae úoicamente oonseñraba Eoriíjoe de sof anteriores coa- 
tombres era la de atayiarse con primorota elegancia, lo cual daba 
realce á m gallarda preiencia. 

Los midicos desaprobaron qaehdbien regresado tp» pronto de 
so escnraíon ; pero él alegó qne se hallaba ya del todo boeno y q«e 
en ninguna parte se seniia mejor qae al lado de sa qnerida mamá. 

—Además,— dijo á esta con timides ,— tengo que confiarte un 
secreto, y si como espero apmebas mis ideas, te dejaré otra vea. ! 

—Un secreto , bijo mió ,— respondió la marqnesa. 

— iSí, nn secreto qne te sorprenderá. 
' - —Habíanse con* franqueza ; ya sabes que además de madra soy 
tu mejor amiga , y en in corazón no debe haber secretos para quien 
to ama coaso yo. 

—Ya lo sé, mamá, y también yo te quiero mas qne á mí ▼¡•^ 
da y me propnngo no hacer nunca nada sin merecer tn aproba- 
ción. 

Enrique guardaba silencio como ruborizado de lo que iba á re- 
ndar. 

-*iQué te detiene, bijo mió? 

—El temor de disgustarte. 

—Pues qué ¿se trata de alguna acción vituperable? 

—No lo sé , be seguido los impulsos del alma , guiado por la 

mejor intención; pero como tantas veces he sido malo tal vei 

creerás que he vuelto á mis antiguos desvarios , y bien sabe Dios 
que aspiro á labrar mi dicha por medio de una acción generosa. 

—Tus frases son enigmáticas, Enrique; y sino me hablas con 
franqueza , es imposible que pueda yo auxiliarte con mis afectaos 
sos consejos. 

— ¡ Ay mamá mial— esclamó Enrique besando la mano de sa 



mtdre eoft los ojos arrasad eo lágrimas,— si mi conducta. llegara 
4 eseitar ta enojo, me moriría de dolor. De la aprobación depende 
mifelicidÉd. i 

—Creo, Enricjue, Iraslacir algo del afán <{ne te agita. iTá no 
amas solo á ta madre; otra majer me lia robado gran parte de ta 
cariño. 

—Madre mia, te amo con mas ardor qne nanea, el amor qne 
té profeso es el qae tú me has inspirado bácia Dios , te amo sobra 
todo lo de este mando , porqne ahora empieía á formarse mi razón 
y conozco lo qae rales, conozco lo que te debo y nonca serékigra- 
to á la tenmra de la qae me ha Nevado en sa seno ; pero. . . es rel^ 
dad... amo á otra mnjer... y la amo frenética mente... la aoio por 
qne se parece á ti... la amo por qae es nn ángel como tú, riíaiAá... 
an ángel qae atesora mil ▼irlil4es. 

— Hijo mió— esclamó la marquesa , alarmada por el apasio- 
nado lenguaje de su hijo— considera que tienes aun mby pocos 
aAos para conocer lo qne es el mundo , lo qoe es la sociedad. 

— Tengo pocos anos , es cierto ; pero merced á los malos con- 
sejos de un amigo que logró perVertirme, conozco muy bien lo 
que es el mundo, he vivido entre esa sociedad prostituida, y no 
se me oculta ninguno de los vicios de que adolece. 

— ¡ Cómo te equivocas , Enrique ! Yo misma he sido mfl veces 
víctima de los hipócritas , tengo ya larga esperíencia de sus artifi- 
cios, parece que no debieran fascinar mi corazón escarmentado; y 
con todo, me engañan todos los días. 

—Porque eres demasiado buena , mamá , y porqne siempre lo 
has sido; pero yo he udo muy malo.... peor de lo que te figuras, 
mamá... 

— No me aflijas con esos recoerdos. 



¡ •- rriObt Ao^ iMdrejüia^QO itralo Mía afligirte, qaiaro «Iomi^ 



kario^'liMecte ver ;qiiB 4000100 rá loado toda b fealdad del ifiaio!^ 
7 qne por esta raion es sincero mi arrepentimiento » cráala, mmaki 
0d fdTea^iá dea«iariBa:aoMa(dcA oamma fdel lioaar. 
4 : w—.Hiqr biw-» JKanque^'mugr ibiea., asi me iMndcáa «sjeifas ¡mmh 
tenta. 

'.' ; "T-;l»&i '^rienas cuánto lieiito losisíniabores'qiie ée ke caaiadol 
iRrtr asormaaque f or otra oosa.me aflige aabrarnaaera el •raeaardn 
^.BMidesvaráM. Si iá.ao hubieras -lído víctima de ellas «iiae cqb^ 
4plaiHi^ii9aB Ja idea de ! babor .aprendido A oonoaer á las gBnteA.iBne» 
Jai^estar tjcaai|uUa aobre «ste pontos -estoj »suiy ipnevemdo soboe 
4Bá aaeohanzas da la ¿sapostora., 7 na ae me puede eagaoar áan Sk** 
.cikvMvnte. Al aMgurarte fue la jéiven .i «quien amo está -dotada dU 
escelentes prendas , estoy cierto de %bb ido sm ^equivoco. 

: '--tf V no «pudiera ofuscarte el amor? 
» TnSfciamor que k profeso .es grande^ mamá ; peito no ofuaoa 
mi Kaaon. Ya te lo Jie .dicho , es un amor uaoido praoisaaiaale 4a 
Jas virta4as que .atesora el ángel que le ha inspiradou 

.•^¿¥ es hesmosa esajáven? 

rnE^^ancantadora; pero no creas que ee pareaca á la Carlota 
de tu novela ; es hermosa como Cadola » j atesora da heUexa M 
labiia que. la interesante Lanra poseía. 

1^— Bareoe que te 'acnevdaa de mi novela'-* dijo con vanidad >de 
«utar Ja enarqúese. 

— I Es tan linda I 

«—Tía voto es parcial, hijo mió; pero celebro «mucho que te 
Httsto^ parque .así oonocerás el objeto «moral qne /me .la ha.iupí-- 
rado. 

—Guando la lei, aborreoia da todas veras eHiheptiaage, {lero 



m- mmL9% mb amifliuMi DW 

am ovando b» aoeriÍ4i» dnengaBot ^oe-- ha reoibÜD^i,; aabse- toéf^i 
los santos consejos con qae nn venerable religioso roció íak'étf^FÍtM> 
it eoDBvelé en; el Ifaoho'éeldokasidfienwsid^ialppotaami^ ^oy 
cierto deqne tu nowléatt knUevaLoerxegMoi. -^^i 

*^Sifcii¿a*aiat».ffija imosJMndigDciBiipabni tniejov f^éAoj-mu 
orguUosa de haberle escrito, que lord Byron, Cooper y MmtPOf nup 
CerTtDtetpsáíiifan imiiiiln de sasiaDUiaMH omaoioiiea* i S» dieras» 
hijo mió, cnán feliz me hace tu arrepentimiento!»;^. i . i 

— ¿ Cor cpe «MB Miar ,. mamáff 

— MuaboyiBnriipev asiba ^ síatrariinabaDéraia^tii llnien- 
da de la ipirlnd. !> 

•-—'EnlMaflfi leseéis fliinqBie; -'i 

— Graciai ». Knripe; mb>, gnadisu : < f > 
— Y aeiido^ki felie flenévifi vidor- paM* openertéi á-mí feKci- 

dad? - * ) 

— »I.Yo oponorme á ti» felicidsil ¿Noi gabett^pM ho p^ed^ha- 
iMr diolMkparartuimamh,.flrtú.miieslásiooa(0Dt0f' ..!> 

--*I^Qmerndeeirooir:e«>.«^q«itapnMibe6 wattor? : < 

~-Deaeeítii'bieft, hijoide mi ailMu^ y por le» mísroiG' qaniera' 
que ta eléecÍDifc finie eqwlada.' . .: I 

-«-Le^estt.HBtiBi, le es». u*! 

-^¿ Cdan» peedes saberio ? Ble tratedb diiiy foco^ á- esa ji^Téii^ 
á: qoien amaa; '^ 

-— Sin- eiiüisrgo*.^ 

---GeoBider» tamUen qnt set CS' mny^prodeote* contraer matti^ 
moeio^fetoedai» 

— Esa opetieieB me^fsenira, mamál 

— •Ifo*eB epe sio íoB, lije' mid<*-*ae apresurt) á decir Dai ttérna 
Maeia^ angoMSide perfoe tffteeer eevilfigrima drfior ojos áé Ün- 



ISO HL PAUGIO DI LOS GRÍMENBS 

riquer-no et oposicioD..., es hacerte las reflexiones qae me pare- 
cen justas. 

— Todo lo que tú paedas decirme • lo he reflexionado ya ; y ti 
no logro tu consentimiento... me moriré de dolor. 

-•iDios me libre de semejante desgracia 1 Has olvidado' Enri- 
que nna cosa. 

—Ya sé lo que quieres decir ; que también necesito el consen- 
timiento de papá. 

—¿No crees tú que es lo primero que nos hace falta? 

—Lo que yo sé» mamá, es que si tu apruebas mi amor, pue- 
do contar de seguro con la aprobación de papá , que siempre se es- 
mera por hacer tu gusto. Si yo soy tan dichoso como él , también 
cifraré mi delicia en dar gusto en un todo á mi esposa. 

—¿Y dónde i^ive esa mujer ? ¿Qué condición es la suya? ¿Qué 
edad tiene? ¿Quiénes son sus padres? 

Enrique respondió francamente á todas estas preguntas, y su ma- 
dre le reprendió con la dulzura que le era, natural por lo que de las 
respuestas resultaba verdaderamente punible , escitóle á enmendar 
los desaciertos que babia cometido , y penetrada por cuanto se tras- 
lucia de las palabras de Enrique , que aunque habia habido cierta 
ligereza censurable en su proceder , era solo bija de la inesperien- 
cia , su última contestación , después de hacer presente á su hijo 
su corta edad y dirigirle todas aquellas reflexiones propias de nna 
buena madre, fué favorable á los deseos de Enrique, pues le pro- 
metió que no le negaría su consentimiento , si obtenia el de la ma- 
dre de la joven á quien amaba (que no tenia padre) y que se em- 
peñarla en alcanzar igualmente el beneplácito de papá. 

Habíale ocurrido á la marquesa que el matrimonio seria proba- 
blemente un saludable freno para Enrique, y que resultando la niSa 




(Aypiil* it Un biniinoi, eililor».) 



BL nwm/> T sus opBiaonaw 4M • 

en cuestión dotada, de bellas prendas y digna por sos yirtndes de la 
mano de su hijo , no era regular qoe voWiera este á engoi&rse en 
la yida licenciosa qne tantos sinsabores le babía proporcionada. 

Loco de contento salió Enrique en busca de su pasaporte para 
cumplir religiosamente los mandatos de su madre , y esta no se 
quedó menos satisfecba en casa al Ter en la pundonorosa condoda 
de su bijo un porvenir balagüefto para todos. 

Púsose á dar lección de canto y piano i su bija babd , mien«* 
tras el negro Tomás andaba por allí ocupado en colocar preciosos 
ramos de flores en los jarros de porcelana. 

EstuTO la marquesa tan joTial dando lección i Isabel» cpie para 
ensenarla el buen estilo , cantó ella misma , después de largos años 
que no lo babia becfao, una linda romanza de Verdi ; pero ooa tan» 
ta afinación, con tanta maestría» con tanta gracia, con voz taa 
dulce , tan fresca y sonora , que. aunqne poco inteligente d negro 
Tomás , suspendió sus tareas para escucharla con la boca abierta, 
y batiendo palmas como un loco al final , esclamó con todo el en^ 
tusiasmo de un entendido fiburmónico: 

— ¡ Bravo ! ¡ bravísimo 1 Eso es cantar. 

— ¿Estabas ahí , Tomás?-— ^dijo la marquesa riendo* 
— Aquí estaba alelado ,— respondió el negro ; y dos raudales de 
lágrimas saltaron de sus ojos. 

— ¿ Por qué lloras ? 

—Lloro de alegría, señorita... Ya era bora de que estuviera 
usted contenta. 

— Si , amigo mió , sí , estoy muy contenta. Todos los dias re- 
cibo cartas satisfactorias de Luis , á quien tendré pronto el gusto 
de estrechar en mis brazos. Nunca se olvida de darme espresiones 
para tí. 

T. II. 16 



4S2 KL PALACIO DK LOS GIÍMRNBS 

— También tengo yo muchos deseos de abrazarle. 

— -Igoalmenie he recibido carta de mi padre y de mis herma- 
nos. Sé que todos están buenos ; Manuel se ha casado con Carolina, 
y... ya yes , aquí Isabelíta con su aplicación ,— y dio un apasiona- 
do beso á la nina ,— Enrique con su pundonoroso modo de pensar, 

y todos disfrutando de la mejor salud ¡Obi se acabaron para 

siempre mispe3ares. Mi alegría es inmensa, Tomás.. • ¡hacia tanto 
tiempo que no disfrutaba un momento de placer! La suerte ha 
cambiado , amigo mío , y espero que cuando llegue mi Luis no ha- 
llará en esta casa mas que júbilo y felicidad. 

Sonó en este instante una confusa gritería en la escalera. 

Abrióse de repente la puerta de la sala de par en par , como 
impulsada bruscamente , y en medio de una muchedumbre azorada 
apareció una camilla en la cual y acia un jó?en cadavérico, cubier- 
to de sangre que brotaba de una herida junto al corazón. 

— { Mi hijo muerto I —gritó la marquesa , y cayó en el suelo 
sin sentidos. 

Enrique habia sido gravemente herido en desafío por don Ju- 
lian de Linares. 

Mas adelante sabrá el lector la causa de este funesto lance. 



CAPITULO vm. 



EL MURCIÉLAGO Y LOS POLACOS. 



No sabemos con qué objeto se ha dado el simpático nombre de 
polacoi á los gobernantes de estos últimos años , que con mayor 
desfachatez han conculcado las leyes cometiendo todo linage de crí- 
menes , esclavizando al trono y esquilmando al pueblo para amon- 
tonar el oro en sus fastuosos palacios , centros de prostitución , de 
hurto y de escándalos , de repugnante inmoralidad. 

Y no solo se aplica el nombre de polacoi á los que tan villana- 
mente desgarraron el seno de la madre patria , sino á sus viles pa- 
niaguados y á sus torpes aduladores , y á cuantos militaban bajo la 
afrentosa bandera de unos aventureros que la indignación y vin- 
dicta pública lanzaron de las doradas poltronas para hacerles sentar 
en el banquillo de los acusados. 

Hemos oído en algún periódico la definición de la palabra po- 
laco aplicada á todo sectario de la situación derribada en julio 



4S4 KL PALAaO DK LOS GRÍMBMBS 

de 1854, 7 lejos de satisfacernos, la hemos encontrado inadmi- 
sible. 

En el Cansiitucianal de Barcelona del 21 de mayo de 1856» 
leimos lo siguiente : 

«Varias derivaciones se han atribuido á la palabra con que son 
designados los partidarios de la última administración moderada. 

Entre esas derivaciones hemos aceptado la que mejor les cua- 
dra. Entre los vagabundos que formaban la Corte de loi milagroi 
de París, se distinguia una sección escogida compuesta de los rate- 
ros mas hábiles y mas audaces. 

Esa sección fué bautizada con el nombre de Polonia , y los in- 
dividuos que la componían con el nombre de polacoi. 

La horca y la rueda fué disminuyendo aquella pillería ; al fin 
desapareció , y con ella la Corte de los milagros. 

Los polacos de Sartorius , como no han purgado en la horca ni 
en la rueda sus crímenes , porque hoy no se usa la rueda ni la hor- 
ca sino el garrote en el cual se estrangula solo á los criminales de 
baja esfera , siguen sin novedad en París , formando al rededor de 
la duquesa de Riánsares una nueva corte de los milagros que nada 
tiene que envidiar á la descrita por Víctor Hugo en su inmortal 
Nuestra Señora.^» 

Sí se quería aplicar á tan desnaturalizada pandilla un apodo 
que espresase sus salvages instintos , creemos que el de beduinos^ 
genizaroB ó cafres , les hubiera cuadrado á las mil maravillas ; pero 
el de las víctimas de la usurpación y tiranía , el de los valientes hi- 
jos de Varsovia que tantos títulos tienen adquiridos á las simpatías 
de todo corazón liberal, es demasiado glorioso para calificar á 
liombres que llevan en su frente A sello de la execración uni- 
versal. 



n. PUBiá) T sos úBvnauB. It5 

Sea lo que fuere, polacos se ks Uama, y nos es imposible dar- 
les otro nombre sí queremos que seau nuestras alusiones compren-* 
didas. 

Desde que en 14 de abril de 1853 fueron cerradas las Cortes 
porque se resistían á las exigencias del i^abinete Alcoy-Llorente, 
entró á reemplazarle el que formó y presidió el general Lersundi. 

Dio comienzo á sus tareas blasonando, como sus antecesores» 
de liberal y tolerante , y por medio de los inmensos recursos de que 
puede un ministerio sin delicadeza disponer, echó lazos parciales i 
los individuos de la oposición para conquistarse prosélitos y dismi- 
nuir los soldados de las falanges enemigas; y cuando mas envalen- 
tonado se sentia , cuando contando con el apoyo del palaqo db los 
CRÍMENES , á cuyos insaciables señores habia prestado grandes be-» 
neficios en lo poco que llev aba de existencia , cuando creia que no 
habia poder humano capaz de hacerle saltar del mullido cogin mi- 
nisterial , acontecióle lo que con tanta gracia nos cuenta Fr . Diego 
González que aconteció á la bella Mírta : 

Estaba Mirta bella 
cierta noche formando en su aposento 
con gracioso talento 
ana tierna canción , y porque en ella 
satisfacer á Delio meditaba, 
qae de su fé dudaba, 
con vehemente espresion le encarecía 
el fuego que en su casto pecho ardia. 

Y estando divertida^ 
un murciélago fiero ¡ suerte insana I 
entró por la ventana. 
Mírta despavorida, 
temió, gimió, dio voces, vino gente; 
y al querer diligente 
ocultar la canción, los versos bellos 
de borrones Uoió por recogellos I 



416 . IL FALAGIO BB LOS CftflIIllM 

Veujiog ahora lo que acoateció al señor ministro. 

Estaba el baen Lersandi 
cierta noche formando en sa poltrona 
con mil gestos de mona 
nna especie de inmenso mapa-mundi , 
plan de un ferro-carril qne meditaba 
para limpiar la baba 
de una señora que exhalaba quejas 
desde el club de la calle de las Rejas. 

T estando divertido, 
un murciélago fiero ¡ suerte insana I 
entró por la ventana. 
£1 ministro aturdido, 
temió, gimió, díó voces , vino gente ; 
y al querer diligente 
salvar del gran peligro la persona , 
tropezó y se cayó de la poltrona. 

Si 9 lectores de mi alma ; Lersundi creía que no habla poder 
humano que le derribase , y un miserable murciélago le hizo rodar 
por tierra. 

Como estaba prohibido á la prensa periódica decir la verdad, 
y habia muchos interesados en que llegara á oidos de la reina, 
aparecia todas las noches en el mismo despacho del señor Lersun- 
di , en el palacio de Cristina y en el tocador de la reina un fatídico 
Murciélago que parece seguia aquella sabida máxima de Quevedo: 

Pues amarga la verdad , 
quiero echarla de la boca , 
y sí al alma su hiél toca , 
esconderla es necedad. 

Además del periódico clandestino titulado el Murciélago f qne 
por arte de brujería, al parecer, penetraba por todos los sitios don- 
de mayor vigilancia se ejercía , y las amargas verdades que deste- 
llaba, eran leidas por cuantos no están acostumbrados á oirías y 



t ■ < , ■ ■ I > ■ ■ , I ■ . ■ . _ I 



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CAPITULO IX. 



;QUÉ MINISTROS! 



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• . ' I 



Entró á reemflnar «1 gabinete Lfirsuadí ei ifmi yr«aidÁé 4I 
IraTiewLnís SarloriiiB, ^ nanch bien poiidecad§ iptúner 0(Mft4# 
4e Saft LqU, y se proposo fiteBÍear á led«i eoMciaiide greete 
mejor» adminiítnifi viB ■<, oomo por €|eMplo el ^ttcstlmca de k sal 
y del tabaoo, la :MifreiioB de pasaportes, ele ; pero sí iieiMe idé 
creer al autor de lafiitforia de la rerolocioii de jttUoi eites de ceer 
Lersoadi «la pandUla de Sartoriiu eetalia ceeoa^ ooft las faitei 
afiladas 9 con las fauces abiertas , famélica^ dispuesta á oaer eott 
toda sa Tonndad sobre lai iii$iitacieMs y eobfte el Teeoro na- 
ciooal. 

El foder 9culto babia gastado ya todos los iioeibres de la reae^ 
cioQ , y había llegado ya á las IieeeB mas iomaedaa. 

El «élebre iabae $1 Bñrimdo no presidirá el oainisterio qne su- 
cede al de LersQodi , porqae laime el jSar&tido ya no eaúste; peto 
lo presidiri don Lais ieeé Sartodus, prímer conde de San Lnia.» 

T. II. 17 



130 EL PÁLAQO DK LOS CBÍMBNKS 

Sin embargo de los precedentes asertos , y de la convicción con 
qne sn autor los escribe, confesamos qne los primeros actos del 
nnevo gabinete nos bacian esperar otra marcha de la que después 
escandalizó i todo el mundo. 

El levantamiento del exilio de Narvaez nos pareció justo , no 
solo porque babia sido escandalosamente arbitrario semejante des- 
tierro, sino porque todos saben lo que debia Sartorins al duque de 
Valencia , y la gratitud es uno de los deberes mas sagrados que 
nosotros aplaudiremos siempre basta en nuestros adversarios po- 
líticos. 

Pero lo que mas parecía indicar una nueva era de legalidad, 
fué el decreto que el 31 de octubre espidió el ministro del ramo, 
declarando nulas y de ningún valor todas las concesiones otorga- 
das anteriormente desde la obtenida por la diputación de Bilbao, 
liaata las últimas en fiívor dd seüor de Salaoumca , y tacando á pú- 
Mica licitación para d primero de marzo de 1854 la construcción 
de un ferro-carril desde Madrid á Imn , dividido en cuatro trozos. 

Lo mas singular de este decreto es qne le firmaba el señor Co- 
llantes , el mismo ministro que habia espedido hacia muy pocos me- 
ses otro sobre igual ferro-carril, diametralmente opuesto en doc- 
trinas, contradiccioD demasiado ostensible para que dejase de lla- 
mar la atención general. 

Creído el gobierno de que era ya objeto de universales alaban- 
zas, reunió las Cortes el 19 de noviembre, aquellas mismas Cor- 
tes que el gabinete anterior por decreto de 10 de abril habia cer- 
rado declarando terminada la legislatura de 1853. 

Para acabar de atraerse una mayoría que aoiiliase su marcha, 
ammció el gobierno que retiraba el proyecto de reforma constitu- 
9 y coando se lisonjeaba de un triunfo seguro^ presentó un 



BL finnLO.uT MS 0?ll86UBb 434 

proyecto de ley sobre ferro-carriles pidiendo facultades para ka-^ 
oer coDcesiones definitivas/ 

I Después de la no inlermoipida serie de escandalosas dilapidar; 
Clones , se pedia autorización para repartirse entre media docena 
de magnates los millones del pneUoI 

¡Se pedia un ?oto de confianza para robar 1 i 

Esto lo conoció todo el mundo , y habiendo quedado derro- 
tado el gabinete en la sesión del Senado ri 9 de diciembre, sé 
pendieron las Cortes, y con esta atrevida cuanto escandaloia 
pensión dio comienzo la pandilla polaca á las mas inauditas viorf 
lencias. Este golpe inesperado y tan foiieato piara el palaiíio tm LOb 
catHBNBS cegó dé ira i sus habitantes, y sedientos dé vedgénia 
los ministros, sus viles instrumentos, quitáronlos destinos á todm 
los senadoras individuos del Consejo real , del Trifanaal Sapifemo 
de Justicia y del út Guerra y Marina que habían votado contra él 
gobierno. ! 

Hablábasa otra vez con mas fundamento qoe lUiDca del 9élp$ 
d$ Ettd^, y la indignación contra el ministerio kervsa en todof 
los corazones honrados. 

Una nueva mordaza selló los libios de la opinión pública , qm 
tiene su órgano en loé periódicos iaétpeodKenles , y no pndiéndo 
estos corresponder dignamente á las esperanzas de sus suscritorea^ 
tuvieron el valor de manifestarlo en una hoja volante qtie circu- 
ló con profusión , y estaba concebida en estos términos : 

tLos escritores de la prensa periódica independiente, á sus sna* 
critores y al público : 

Los directores y redactores de los periódicos independientae 
de la capital no corresponderían á las obligaciones que tienen ooá^ 



tmdas ooD sus soserítores, ni llenaFian los debcms c^e los impo- 
ne para con el público la misión que kui tomado» sobre si , de 
efisreer el dereebo consignado en el artíenlo sagmndo dk k Consti- 
tacvNi y si e» las circnnstaacías artinles no* tnivieran el valor de 
declarar bajo sa firma la verdad aoepea del esUA» de la prensa pe* 
riódica. 

Í4i TMaekm de loa oontratoa i|ne tíenen odebradoe oen sus 
swtritorea las empresas periodblicaa, idolacioQ i «pMi se los ea/k^ 
deM fnnoaasiente r j la apnrienoiat tattbiea imf^esln da qne la 
prensa falta á> sos ddieres ea ocasión, tas oiritioft ooMa la presente^ 
deienlendiéndnM de las grwies coesiioBes ^k se:^tan en el c«4ar 
p^ de la polftiea , iMsIarian en lodn caeor para jnstifioar esia. mattír<^ 
^aBsacvan^ 

Vero a d emds da asloa poderosos Bnalivoa sttfioientea ya para 
deleñMiar 4 los esortleres jodapnÉdieote)» á jaUr endefirnaa de sn 
honor y de sns intereses comprometidos por la arbitrariedad á qne 
se knlla sometida la prenaat hay otaras nansa» mas graToa». y que 
per moy grande ^e fiínse sa resignaoionfiara.isoalleyaf el estado 
á que se la tiene condenada, les obligarían. 4 romper «a silencio» 
f^s obseniado por maatiampo aeria no solo criminaJlJMfe el pun- 
té de Ttsta polUieo , sino deshonroso .4 indigno» baja: el ponto de 
iPÍslaperaonaL 

Efectivamente, no es posttde llevao la modeffacioa;y la pru- 
dencia, mas allá, desde el moaanito eft^ue-Jos jtegianas^ qne de- 
fienden en la prensa la conducta del gabinete, faltando á todo gé- 
nero de consideraciones^ y con la aqaieaeeacia». al parecer, del 
gobierno , que teniendo en sn mano la censura noi lo ha impedido, 
«anqne debía hacerio por nn pfiooipto de jnsticia» ae han atrevido 
4 sostener que al sUsmío da. las> periddieoa tndependieillias es b 



H ümiO' f . sis cvustng». I8S 

praelNi irreeuMUtt de qoe \m sttvaoioa actaal no' ofrece motivos 
par» suaeiCar oontr» sí reolaoMoion a^ana n» aan áe parte de 8M 
adversarios y ese silencio es imposible desde el momento en qvatei 
periódico» nmiialtrialeí' se bam atref ido mm encooCrav obstáculos 
ée oiDgOD géoero'é celmar de injuriaé á ka oposioioD y á deaig««* 
rar los móviles de su cotidiiete, abnaaiido de las oeidiemMa é «joi 
estte aqetos^lo» perióAioea qve desde sm pmitos de lista aetpec- 
ta%oa l«i» aesteoidO' y pvgnaa a«if|9e eo Tano aliara^ per soatenat 
soi oevsa ; eae síleaoio es^ imposible desde ^pna desemboaadanráli 
lo6> diarios que apesta al gahÑMte han tenildD' k oaadia da dpiagíff 
SM tíroB eontra elyaloi'da' un cverpe^ polilíeo legaUaoáia €OdsIíh> 
totfor, y wt a t 'ia aM]For(a^a>télia diclado^ eaa8ÍlaBaío,;aiiiiii^ 
es kftptwbl» d e sda el^nioaiettt<r.fn.qoe la preasa astMBfarataa^la 
pernMkido^ataesír et pMcipip^ fandaoMoial da masslraft insÉstarab^ 
«es, eeii?idaado>al*pfopiek táeispaiánQeatro gobieroa ( cpi» pe» sa 
parte no ha impedido ni desaprobado las maeslrarde a^kaaíoa'raof 
q«e ban* aeogidó^ a^iielloe t aitaqoea y esto íimtaeioD «soS; árganos 
m U preasaespailolayá'lkinaarse e» la^poKtpsa db toa ya^saids Ar- 
fado , y seria tanto menos posible callar aate eata« élAlmsi ooMub^ 
imcio» , caaalo fpa ofenda aaasi direoCa- y laatimosaonníta fiaa nin- 
gtmaalratfiíieslro j«ato«rgiiUaiiacioiiak. :. ,.! 

Ea, paes; iadíspansaUé «. ea> obUg^oríoi y i^reaÑaale |m» ios 
escritores de la prensa independioittidbcir oaáleasoa las^oailasa^ae 
han qbligado^ á calUur , caí pra8attcia;d|B eaaa beokoa, áloapeñódi- 
coa que redactan, y rer^sr loa aiotivoa que ea'lá eafem da otees 
dsberea:^ avÉsqua de aseoor imforlaiicta ]|o por eso pnsfloa finroiar 
lea, Imns deleraiiíador y deterasioaD la irrag uüuridad cod cpie 8a::«Mi 
obMgaéaa; las saif tecas áaatiffaoer los camproasisos que tianeq con 
aoa smoritosas. >^' 



434 KL PALACIO BK LOS GAÍI1KNB8 

Este 68 el deber de honra qae cumplen boy esponiendo senci- 
llamente y en los términos mas templados posibles la i^erdad de los 
heclios. 

Lo primero sobre qae importa llamar la atención es el abuso 
que se hace del derecho de secuestrar loe periódicos , atribuido al 
gobierno por el decreto vigente de imprenta. 

Según ese decreto, procede el derecho de secuestro cuando la 
ekoolaGion de loe periódicos pueda comprometer la tranqmlidad 
fMieüp 6 cuando ofenda gravemente la moral; cuando en ellos 
sé deprima la dignidad de la penona del re^i á de $u real fami^ 
lia; .cuando ataquen la religian ó el eagraáo earáder de sue mí- 
titürof ; coando ofendan la moral ó la» buenas eosíum^ee; y por 
úbimo cuando aun stn designar penonae y m eotnHer injuria ni 
ealuminia den á fcu, á no conceder $u permieo el iniereeadOf hechos 
relativos á la vida privada y de todo punto estraños á los intereus 
y negocias públicos. 

Fuera de estos casos consignados en loe artículos octavo y dé- 
íAmo del decreto de imprenta, no existe la fM^oltad de impedir la 
orculacicm de los periódicos. 

Ahora bien , los que suscriben aseguran bajo su palabra de 
honor y á mayor abundamiento atestiguan con los ejemplares de 
loe números secuestrados , que jamás han incurrido en los casos 
selkabdos en el decreto de imprenta. 

Y átt embargo , apenas pasa día sin que el fiscal de imprenta 
deje de detener bajo los mas fútiles pretestos una , dos ó mas edi- 
ciones de los periódicos que redactan , habiendo en este particular 
Uegndo las cosas hasta el punto de prohibirse terminantemente el 
eimple anuncio de la recogida de un periódico» anuncio con ú cual 
acostumbraban las empresas justificar á los ojos de. ene suscrítores 



BL VÜIBLe T SOS OFIISORKS. 4SS 

el retraso con qae los ejemplares llegaban á sos fiíaDos. 

Por este medio habrá sido acaso posible sorprender la creduli- 
dad de las personas qoe Tiven Iqos de Madrid , persnadiélidolas de 
qne el silencio de la prensa independiente no tenia otra interpre- 
Mcion que la qne le han atribuido los diarios qne apoyan al mi- 
nisterio. 

Pero la censura ha ido mas allá todavía, puesto que se ha ne- 
pdo en mas de un caso á cumplir la obligación que le impone el 
decreto de imprenta , de denunciar á petición del interesado los 
periódicos recogidos. 

Y no solo se ha negado este derecho , sino qne se ha impedido 
que el público tenga conocimiento de semqante desafuero, toda 
Tez que es imposible darle publicidad, habiendo de pasar fimrzosa- 
mente por mano del funcionario que lo perpetra , el periódico que 
tal intente. 

Al mismo tiempo se han multiplicado hasta un punto tal los 
motivos por los cuales se cree autoríxado el fiscal dé innprenta á 
impedir la circulación de un periódico , que la simple alteración 
en el orden de las secciones en que habitualmente se dividen basta 
á dar lugar á ello. 

Se ha hecho mas aun : se ha tenido , j se tiene , la pretensión 
de variar ri sentido y la significación de los artículos editoriales de 
los periódicos, suprimiendo palabras ó frases enteras, introdu- 
ciendo nuevos términos , truncando períodos , por todos los medios 
en fin, porque es posible obtener aquel resultado. 

Por último, se ha llegado hasta el estremo inconcebible de in- 
dicar esprcsamente á las redacciones de los periódicos que se abs- 
tuviesen, so pena de recogida^ de tratar ni esencial ni inciden- 
talmente estos asuntos : 



* ' * ; 



Cuestión áe lirr#-c«rríksi» 
IHikim irotadnii M 'Senado* 
' BrtlMÜiHca y claaMoadon ¿de M eeHáreB .je na Aor et qnn emitía^ 
fOB sn *iioto oonlra d gaiiinato^ 

i DafaMaéa ia,€and«ciadedoa«nlnot aeasrca tenádaves j 4t 
la oposición en genera) contra los ataques inj ariosos de ciertos diart 
rkn naeÍDnafes )r «traijcréa* 
' ' IMonsa de noestras ieyesr foDdMneDtalea oonÉra lesataqoeide 

loi ■MBOS i|Mribdíoo6« . ' - 

Noticias sobre destituciones y dimisiones .dá JjMWJtnariamn-» 
nados* 

' GoBlraüi Mo la caía ^a Clavé, Gamm gr «fti^Ua> para la 
«aamnaadoii 4d pvertó 4a Baródofíii. : ' -^ ' ' ' 

i Y >ai ieatoé úllimaB 4ía8 sadia wnnJeataflé ¡al oatilogo ^ los 
asuntos vedados al examen de los periódicos independientes, 

téiáí las Gueationas y iii^idas ^be f róminia^ ó rainatáaiente 
4en^n ««ládOD can la adbiiáíisfracíon aotaalJ 

' V dan al peasamtento de la miion da -Espafta y fiorlugal , ann 
bago el yanto 4e ^ista desda que 4^ In aonsídarado insta al dk ia 
prensa española. 

' Estos son los hechos; este 4s ú estado de éa (pransaíínéepen- 
^diente ; asta la esplicacion dis la manera oon que sú oondaeta apa-* 
race ahora á los ojos del público j da la irregularidad con que 
atiende al servicia <de eos suscrtCoras. 

Al hacer esta rerelacion henos •cumplido "oon un deber ide 
histira que ninguna persona "qne abrigue seatimieniaB de rectitud 
y dignidad puede desconooer. 

Si al mtsflso tiempo heaMs contribuido á qne*se ponga en daro 
la verdadera situación política de nuestra palfia , habremos onm- 



Kb MMÉ0 T mm omsoftBs. . m 

plido coD otra obKgtteioo igualaeiite derada j apremiante. 

En uno y otro caso nuestra conciencia queda sattafedia , por- 
qoe al resplvernos á dar al piUico esta manifestación , hemos ce- 
dido á stts mas imperiosas indicaciones. 

Madrid 39 de diciembre de 1853. 

Gomo redactores de El Clamor Públieo , Femando Gorradi, Jo-*. 
sé de Gal vez Caüero, Joan Antonio Rascón, Felipe Picón , Ángel 
Barrneta. 

Por La Bpoea, Diego GoeHo y Qoesada. 

Como redactores de La Nación , José Roa y Figneroa » Antonio 
Romero Ortiz , Francisco de Paula Montemar. 

Gomo redactores de Las Novedades , Ángel Fernandez de los 
Ríos , Vicente Barrantes , León Valentio de Bustamante. 

Como redactores éel Diario Español, Joan de Lorenzana , Ma- 
nuel Ranees y VillanaeTa. 

Gomo redactores de El Tribuno, Alejo Galilea , Augusto CUoa, 
Luis de Arévalo y Gener , Vicente Guimerá. 

Gomo redactores de El Oriente^ V. M. GociSa, Luis de Trelles.» 

Trataba el gobierno de encarcelar á todos los Armantes , y se 
contentó por último con imponer una multa á cada periódico. 

El afán de sacar dinero solia prevalecer siempre entre las au- 
toridades polacas. 

Apresuráronse muchos capitalistas á ofrecer recursos á las em- 
presas periodísticas , y la mayor parte de los qoe habian sido es- 
critores públicos « dirigieron á los periódicos la comunicación si- 
guiente : 



«Señores redactores de El Diario Español i El Clamor Público, 

T. II. 18 



La$ JYot?whJ>ti £a i\fedbii> la £^a, £/ rri t Mg y JSl a 

May gjiftrii nniiitrii j ée toda naesta ooosiéiBaoioii:: 

Eaeñtarea w diiliBUi' épocas db 
de la independencia y el deooro de k impcenta , no hemot podíáo 
menos de aplaudir la noble cmdocta de wtades » defendítnAi las 
inafíUicioMS dal paia en las presentaa circnnstaneiaa. 

Y por si ocasiona esa ooadoota, qae aa piradan nsledaa seguir 
escribiendo con la misma decbion que hasta ahora , ofreaemoa á¿ 
ustedes el concurso de noestraa foeraas, i fia de que oiientfaa haya 
perklifieos independientes ao deje de sonar en ellos ^ eome suena 
ahora , la i^oz de la verdad;. 

Madrid 12 de enero de 18&4é» 

FiraMban esta masifestaoion casi todos loa Uterataa de Madrid, 
siendo el primero el Excmo. Sr. D. Manuel Jeeó Quintana., sena- 
dar t honrado patricio de mas de ochenta aios da edad , patriarca 
de la literatura española. 

ILos petacas no tenian ya la menor sknpatüi aa ua solo ccv'a- 
zon honrado. 




CAPITULO X 



• f 



EL BANQUERO. 



A principios del año 1854iPffia-ea Mairid «ft faoorado 
quero á quieo «ii68tVM ledores Taeandomi por hit laneMot ¡bene- 
fiotot q«e haliii prodigado ^ la fainlia del nanioéa de BeUador, 
después de haber salvado á este la vida acogiéndole oí aa eaaa 
eniido fracasó «1 prooanciaiiiieDto del 26 da auiráo de 1848, pro- 
porcionándole wñ líasaporte para el eitranjeró coa oartaa de rcoO'^ 
mendacion y crédito iliaiifaAo. 

Tampoco habráa ohridaéa uneslros lectores los pasos qoe dio 
para salvar al padre de Mñtia cuando estaba en eapüla para ser fe» 
silado, 7 las atenciones que tuvo con la misma marquesa de BdUi^ 
fknt aooaspaftiiidóla á ver á so padre tmmáo «rte faé deportado. 

Vero io qae no saben Mieslros ieolores es qm el ijeaiplo .del 
citado marqués en elegir una esposa de humilde condición , los ala- 
MB por eaceotnar aaa «Biijer rirtoosa como la aagelioal Haría, 
alarüeote deseo 4[ue tenía de aalír de la horriUa aobdadqa» I9 



440 BL PALACIO DB LOS CRÍMBNBS 

N 

aislaba y ver á su lado ana persona que cnidára de so Tejez y á 
quien poder pagar sus esmeros legándole su inmensa fortuna , in- 
dujéronle á casarse con una mujer pobre. 

Se acordarán sin duda nuestros lectores, que en sus conferen- 
cias con el marqués, le manifestó el banquero su odio á las viejas, 
y aunque él babia cumplido ya. sus sesenta navidades, babia elegi- 
do una mucbacha de quince abriles para esposa. 

¿No traerá funestas consecuencias esta desigualdad de edades? 

Hacia solo medio ano que don Fermín del Valle babia cometi- 
do esta imprudencia , ó mas bien que la casualidad se la babia he- 
cho cometer. 

El semblante de la joven casada estaba ya velado por la espre- 
sion de la melancolia. 

Sus mejillas babian perdido , con e| sonrosado matiz de la ado- 
leieeboia , la frescura 4e la juventud. 

Sai o}ot de nfiro destellaban dulzura y amenidad. 
. Guando loa elevaba til cielo « semejaba la ímájen de uoa santa 
Mí oraeiaa. 

El GOQloriio de aa cara era un dibujo perfecto , lleno de gracias 
y airaclivoe , sombreado por undulantes bucles de oro. 

Esta candorosa joven se llamaba Matilde. 

Las ocupaciones de su vida reduoíaiise i bardal* d coser trak los 
cristales ó persianas de un balcón que daba 4 la anchurosa calle de 
Álcali. 

El banquero había modado de domicilio desdé so eaaaoiienlo, 
con el objeto de proporcionar i su esposa dao habitocioo cómoda 
y alegre. 

El último verano y lo que iba de invierna soUao salir á dar on 
poseo^ por la nociko: onJosdias dé oakir , y mas adobiUe ol iMdio 



ÉL PUBBM) T S08 OPRXSORVS. 141 

dia, por la Fuente castellana , por el Prado , por el Retiro , ó por 
las Delicias, siempre de bracero marido y mujer. 

La palabra marido parecía disonante á cuántos les Teian juntos. 

Ella tan joven , tan lista , con sus rubios cabellos que el viento 
agitaba en torno de su graciosa capota de terciopelo negro ornada 
de anchos y luengos lazos azules , y él , noble y venerable ancia- 
no cuya calva majestuosa velase rodeada de escasos rizos blancos 
como la nieve. 

Pero la joven esposa sonreía de tan buen corazón al viejoVle 
colmaba de cuidados tan sinceros y tiernos, tenia siempre para él 
tan dulces y consoladoras palabras, y él correspondía á este ainor 
con tan inmensas bondades , que olvidando todos la designafdiíd de 
años, admiraban la armonía de sus corazones , respetaban sus vir* 
ludes, y envidiaban la imponderable felicidad que les acariciaba. 

Lo que la sociedad no conocía de la existencia doméstica de 
estos afortunados esposos era aun mas tranquilo y deleitable. 

La vida del anciano declinaba i su término suavemente , sin 
que un solo pensamiento angustioso acibarase tan apacible veo*- 
tura. 

Un ángel cuidaba de su presente , y el cielo se abría i su por-> 
venir. 

Frecuentemente la miraba conmovido , ó la escuchaba con re^* 
ligiosa atención cuando por la noche dirigía sus oraciones al To-^ 
dopoderoso. 

Levantábase después de orar , inspirada aun y radiante como 
una beldad celeste, y su buen esposo recibiéndola en sus brazos é 
imprimiendo en sn frente el ósculo de paternal bendición, le decía: 

— I Cuan rápidamente , Matilde , se desliza el tiempo contem- 
plándote y oyendo tu deliciosa Toz 1 Cada dia máa feHz á tu kdo^ 



ifratezw á la PrpvideBeia al baberiM ia4o al fia da ni irida arte 
daloa cooraalo. 

Artmeai la tienaaipoM ^saAia €9m ns deUcadas rttaoM al cae- 
]Id dal boftdadMa aaouüía i apoyando BMvameata «a eaWM en 
ano da a» hoadirai^ «agalaada tus rabiaa qí^m^qs eoo las iief a«- 
daaattiaa da WibieiiliMhoi:. 

-«^gof maj díoboBa-— la Miilaslaka aoMM^ida^-'-da apodar aoa* 
Mgrar mi vida entera al hombre i quien respeto j ^mo maa aa al 
«qodo , al cpw- ma ha taqdid» una nano ganarota» al qaa víéado- 
Ma tieiate j 9oU« ha venida á ooaaolarBiía , á dirifiíma palabraa da 
didmraifaa haa aaaada las liyrimaa da mis -ajoa jr han dado al 90^ 
4fBfa:ám aarawn. 

. . Da alta tflMBara pasabaa daUdosamaatalas horas aaupp 4>adra ¿ 
bijaíal marido y lamiyart KÍ¥¡afld0 ¡parai allos aolaa; aia qoa «a 
ifda dfitaUo da soa^anoropas aoafiaattá transpirase fuera de aqnel 
recinto* ■•.,• 1 ..■••(. . 

. Doa flaraÚA dtf Valla pasaba al 4» coa saa ociipaaioaes mer- 
^Wi^ilait 

A las cinco de la tarde, después de comer, encerrábase ano aaa 
hará aa m das^aoho^ y al resto da la aoche le ooniagisaha ^ la 
adorable compañía de su joven esposa» 

.-: : Qaa tarda hahiaa dado ya laír sais, y aoatra; so aastniahra , el 
havrado haaqpiaro po sa retiraba á «n despacho para tarasí oar las 
cuentas del dia. 
. Doranta i^ ooqsída hahia parmaaacidD tríate y. laadltaboado. 
Jlatilde babia notado la agitación, da su maridau : 
Sra estjraordioaiiia aa demaaia y hallábaas psc^- daiaudado'aa 
T(trtfa antaijkiempre; tom^oilo j^ ¿«vial, para foa la saasible. jdven 

pa «atiera. |i.aii VM 4l)4«WK «W^^ . » * N^^-.-.t 




{Ajguilt d* lico hcrminot , rdiioiPt.) 



Sin embargo , respetó el silencio de su esposo f íAúmM isir de- 
sasosiego , y aunque deseaba mas ^¡m mmest Ipibvlarie ecMoMo- 
ras caricias , solamente de vez en vez apartaba los* 0)ói d# m la* 
bor , y contemplaba mas ann con él cmaze» qt»* cMi foiF éjoi la 
desgarradora tristeza que empañaba \á frente M' boadadüiícr an- 
ciano. 

Una hora trascurrió así , cuando de repmCV' 0jó la atigidir es- 
posa la ¥Oc de su marido, que ewemieoiM prononcñó- eale solo 
nemibre: (Matilde! 

Levantóse precipitadamente lanzando al suelo su líber-, forfm 
aquel nombre encerraba para ella un pensaofiente entero* 

f arecftaie qee et fteníbre Jléttüde qeerte decir en aqwl mo- 
mento: Ven, espose tfiHt, mpro muchái, 9 fe ttema pMW fw me. 
consueles. 

En medio^ del profunde siieneie que kacte tan largo líeafo rei- 
naba, soné el nombre de Matilde como el Allimo aceeto de una 
plegaria que solo Dios habia oido. 

Sentóse al lado de su marido , asióle una maeo j le estrechó 
eetre las seyas. 

£1 viejo la eoetonplé alguno» instaiiles , y a^onmándoiek 
aun mas á su corazón , le dijo : 

—Soy muy feliz cuaedo te veo junto á mí. Mi coraxon recibe 
un consuelo inefable. 

— I Un consuelo I ^repitió con tristexa la joven esposa miran- 
do al banquero con ternura.— Solo el que sufre necesita consuelos. 

El afligido viejo no respondió ; temia afligir también á su 
posa. 

— Tú padeces, esposo — le dijo con solícito afán su mujer, 

— Es verdad , Matilde mia , padezco mucho. 



—- ¡ Dios mió ! 

•— Safro vn tonaento horrible. 

—¡Y callas! 

r-*Callo porque temo afligirte. 

—Mas me aflije ese sileacio. 

—No lo creas, hija mia... Coando sepas lo que ocurre. •• 

•—¿Pues qué ocurre ? 

—No , no me atrevo i desgarrar tu inocente corazón. 

—¡Qué ansiedad I... La incertidnmbre me mata, esposo mió, 
haUa por Dios. 

-—No « Matilde , no. 

•—Está bien... respetaré tu silencio, toda t^z que no me juz- 
gas digna de tu confianza. ¡Y dices que me amas! 

—¡Site amo, hijamia! ¿Puedes dudarlo? 

•—Si me amases, no guardarías conmigo esa reserva... 

—Lo he dicho ya , Matilde , solo el temor de hacerte desgra- 
ciada sella mis labios. 

—¿Y crees tú evitar esa desgracia con el silencio? 

— No, Matilde mia, de ningún modo puedo evitarla ya; pero 
¿i qué anticiparte sus rigores ? Demasiado pronto atormentarán tu 
alma candorosa. 

—¿Crees acaso que no tendré valor para soportar el golpe por 
violento que sea ? 

—No sé, hija de mi vida, se trata de la pérdida de todas mis 
ilusiooes. 

— No te comprendo, esposo mió. ¿Qué ilusiones pueden ser las 
tuyas, que no veas realizadas? 

— Mis ilusiones han sido en todos tiempos hacerte la mas di* 
chosa de las mujeres. 



— ¿Y paedo dejar de serlo á ta lado? ¡Eres tan baeoo, amigo 
mió I I Te debo taetos beaeCoios I ¡ Oh ! sería la mas negra iograti- 
lad no amarle cual mereces. Seria una locera no estar contenta 
junto á un mortal tan bondadoso. 

— Para que vivieras siempre contenta y feliz , me afanaba yo 
noche y dia... y deseaba aglomerar riquezas, y proporcionarte con 
ellas una brillante posición social , rodeada de goces y de comodi- 
dades. 

— ¡Y qué! ¿no se han realizado tus ilusiones? ¿No tengo ri- 
quezas suficientes para socorrer con mano pródiga á los menestero- 
sos? ¿Qué me falta i mi? ¿Cuándo podia esta pobre huérfana am- 
bicionar semejante suerte? Y no creas, amigo mió, que sea el 
fausto de la opulencia » no creas que sea el lujo fascinador , ni la 
aglomeración de riquezas lo que hace mi felicidad , no> mi queri- 
do esposo ; tu amor y el verte contento es todo lo que me basta 
para ser feliz. 

— I Ángel de bondad t ¿Es posible? Después de haber disfruta- 
do todo linage de goces ¿pudieras avezarte á los azares de la po-> 
breza? 

— * ¡ De la pobreza I. .. 

— Sí, hija mia, de la pobreza. .. y... lo que es peor de todo... 
de la deshonra. 

— I Ay ! esplícale por piedad. Tus misteriosas palabras me lle« 
nao de amargura. ¿Qué sucede, Fermín? ¿Qué sucede? 

— No hay mas recurso que la muerte. 

— (La muerte! — gritó desconsolada la pobre joven. 
— ^Verte en la indigencia... y verme yo sin honra... 

•^I Tá sin honra ! Tú, modelo de generosidad y de virtud 

¿es posible que digas eso? De rodillas» esposo mió, te ruego qoa 

T. II. 19 



me dfescifires^ es6p enigna c^mf nO' pa^a OMOpteadcr. 

Y^HatiNfeise «nrdjd^ it lo» piéa del aociane , «fa» de^pvés dé be«^ 
saifá en la frente , la i^eeAié en ms brazos , y sentándela m m ro^^' 
dilla, exhaló nn profundo suspiro f prosiguió: 

-^Ffr terrible infortunio nos amenaza muy de cérea . 

— '^A nosotrosl 

«^Sf , MatíMe^-^contMiiié^ el banquero pasándose por k A-ente 
su trémula mano — una desgracia irreparable para nosotros los que 
con Areeneneía tenemos lar fortuna , lia dtoba y hasta la ?ida á dis- 
creciott de la suerte. Tiemblas al oirme hablar de osle modo, y no 
entiendes mí Cengua^s, candorosa siBa. Perdóname; pero me pa* 
rece que no soy tan desgraciado al lado tuyo eonfiáiidote la causa 
ée mi sufrimiento. Escucha: tú, jé veo sin esperteneia de lo que son 
tas cosas de esfe m«m4o , no sabes que el afán de enriquecerse hnn* 
¿B i veces en Ja pobreeay en el deshonor á las mas^ distiogoidas 
familias. 

— ^f Deshonor t — esd'amó Matilde ooo angustiosa zozobra. —No 
hables as(, esposo mió, me hoces temMar. ¿Cabe acaso e» la con- 
ducta semejante mancilla ? 

— No, Matilde, porque no sobreviviria á tao^aftt desgracia. 

-— ¿Plero de qué desgracia me hablas, esposo mió? 

— Estos dias ha habido varias quiebras en Madrid, y la mia 
aumentará el escándalo. 

— ¡ Qué me dices ! 

— Contaba con el importe de Tartos cobros para atender al 
plazo de una jugada de botsa. Dentro de breres días he de hacer 
un pago para el coat no alcanza apenas á la mitad ét su importe 
coanlo poseo. He han fallado á obligaciones sagradas. ... yo tendré 
qoe fhleír á mi fwl «Dfm FersMi del Vallo ha qoehtodos so 



«I. MOLO Y SD6 ^SMmOBmk ?Ufí 

dentro A% pooo, ^La respetable firma «dal JMiimaero del Valle ja^ 
es admitida 4a k BoImu» Eeto asesina á uneoiMroiaate delKMiQi;^ 

--^¡niesnial 

—^Despaés de Untes afayea«.. .f 

«^Qaeiido-e4pos(w«. . . 

— De tantos desvelos para mejorar ta saerte... .7 
— ■'¡Yálgime Dieal i CnArtoa siiftahares te 4)aoso 1 

— Tú no, hija mia, tú no tienes oulpa talg ooa «a inis infbr^^^ 

JMOS. 

— ¿ Y qué jnporta eer |)ebres2 :,.- 

*^£s liorroreeo deapaés dto iiaber sida xioMSipero.lo feor de 

ftedone ésJa pobfMa. . t ;, 

•^Puesi4«é;!|¿bay otradtemracia? / : ',^ 

^ — Telo «he diobo yw.^ ao 9aip pierdo «ub eifitulas» «aBa>4^ 

honor. - f . ,,» 

— I'El-hoDeri 

«-^Xú DO sabes lo .qae es «una <q«íehra f ara el hombre quetín^ 
estimación. ' . ,:u 

— Guando no es frandalenta... 

— Siempre deja que sospechar y esta idea atormentaría de 

un modo horrible el alma mia. 

— Por Dios, esposo mió, no te aflijas de ese modo. ¿Hay des- 
gracia alguna capaz de empañar el brillo de tu reputación? ¿No es 
tu nombre uno de los mas qofirídbs y respetados en Madrid ? Es 
regular que todo el mundo sepa esas quiebras de que me has ha- 
blado. 

— Nadie las ignora en el comercio. 

— Pues bien ¿podias tú preverlas? ¿Qué culpa tienes en que 
otros hayan faltado á sus compromisos y te hayan arruinado? Cree- 



448 BL I^AIJkOfO BU IM GlfnifBS 

tté , esposo mió , respetarán ta infortmiio ; y si una sola toz osara 
leraotarse para laherirte, otras ciento acadirian á ta defensa, otras 
ciento de cuantos«desdichados han recibido tas benefieios. Si boj 
te es adversa la fortana, mañana podrá sonreirte. Para vencer al 
presente, bastan las virtades del pasado y las esperanzas del por- 
Teñir. 

La joven esposa estaba hechicera 7 como inspirada caando 
pronanció sol últimas frases. 

Sa voz tenia nn no $i qué tan penetrante, qae á gaisa de be^ 
néfico bálsamo bafió el herido corazón del pobre viejo. 

•— Si , es verdad — repaso este abrazando á sa esposa con emo- 
ción -«es imposible qae sesenta años de probidad se pierdan en nn 
solo dia. No te separes de mi, Matilde, hija de mi alma... había- 
me aiempre como ahora... { Es tan elocaente la inocencia I .. . Solo 
ta candor es capaz de darme resignación j aliento. 

Prolongóse esta conversación entre reciprocas j cordiales cari- 
cias qoe reanimaron el corazón abatido del banqaero , j pasó aquel 
dia con menos amargara de la qae era de temer. 



^:;.m 




CAPITULO XI. 



> i 



LA BUENA NOTICIA 



El dia sigaiente ^ poco detpvét de haber recibido la correspo»» 
deacia , salió el honrado banquero de sa despacho ea busca de üi 
esposa. 

El rostro del banquero estaba radiante de alegria. 

Habia en sus facciones tal espresion de felicidad , qoe semejaba 
haber vuelto A loa verdes alkos de su juventud. 

No parecia aquel hombre abatido bajo el peso de un infortuaio 
horrible. 

Al ver á Matilde corrió hacia ella sin que se lo estorbara «a 
avanzada edad , y con voz sonora le dijo : 

—Gracias, hija mia, gracias. Bien sabia yo que tua palabras 
de cottsudo eran el preludio de mi felicidad. Me he salvado. 

•—¿Han pagado tus deudores?— preguntó Matilde llena do 
gozo. 

—No f pero es de esperar que en la junta de acreedores fM 



450 ML PALACIO DB LOS GRÍmNSS 

Boy ha de celebrarse, se haga un arreglo razonable. No es esto lo 
qae me saca del apuro. 

—¿Pues qué ocurre? 

— Una señora generosa pone á mi disposición la cantidad que 
necesite para cubrir todos mis compromisos. Su hijo llegará dentro 
de dos dias^n mi socorroy 

—-¡Bendita sea tanta generosidad I 

-»Se trata solo de un préstamo, y ya tenia yo alguna espe- 
ranza de que esto sucederia , porque en otro tiempo salvé yo tam- 
bién la vida del esposo de esa señora , del padre de ese joven que 
Tá á llegar. Con todo , como en el dia abundan tanto los ingratos 
y olvidadizos, no me atreví ayer á indicarte que habia participado 
mi desgracia á estas personas. Fué sin duda una inspiración del 
cielo el escribirles. Me contesta la señora en cuestión en los tér- 
4Mifis.«M8 ÉklélMboñoéf^ ftm^ aüegoiia ^que oit>rá >eli Médfcsíd su 
ihjjiíiptsiíáé Mañáiuk 

— ¿Será preciso darle hospedaje en casa, no es verdad 7t 

— Por supt » c it »> c. 
i.íi: -fQiMda dí^'ÉÁ «oáTgí* el<l«>re|^i4ela<bftbkadÍMcaa hilMii» es- 
quisita elegancia. PoDdré<en eUa los mi^MS iB«iebfes^ iMo/l^idie^ 
«feMlkftfraioa.qtte 4e ha d^ 

— Sí, hija mia, esmérate mucho en obsequiarle. Cuadtti ha-f- 
§9iS:tm*híWt de ese •amigo ^ te lo ia^mdeceré oduo los tlanteft que 
á mí propio me prodigas.. No^oltides q«e es miestro bíMhebhor. 
t . i^^i^Akknaoioble y gtoerosall 

—Cáiiñm dé blenbeíAior 4 ase í¿veQi> Iporquefetiel inensagerb 
A¡Diierifra ifélidllád; rpero iquíen verdalecameote lu sidé nuestro 
ingel de salvación es su madre. ¡Qué señora tan buena I Y^iMf 
ÍMiMsalal<míiQib líeMpo* iludo lo reuac^ ^isAreoíon, lielleMb^ma- 



\ ¡Obi DO ha5r littidí ipe otipQMiv ' 

«^ I Oigtt !'*^e6Glaaiói SQoriéadoM MfttiUQ-^«-miy' a|Wf|ÍQ«iii^ 
te muestras de esa señora.. Ii 

-^PeiHlésaiiifti, hi¡m nña , si te aiDlestt)' Qoa. eU>9ÍP% díligidos á 
otra majer. ¡j 

*^ Habrás tMiéoi iatáns» rellMioniMi cooroMa^.MM^^e^ tanto 
ardorbí alabaa. I 

— Si natefliiera pMejraie e« rúKcqlo pw to^po^Oiqo^fVJiigo, te 
pr«guntam ú tíenea celos. r] 

~*Qiiié^aabft-r^ repasa, con doooBo camkNr la yS^en e^posn. -fin 
Para un faror tao grande, coma el %ntí es$ s^awa, tu d^sfwia^ eci 
prtetise ipie baya habido astre t¿ jt ella imi astP«hA aw4tad% 

. ^Esi oiertov qnesída miá , ha habido wa eatreoba amstad mri 
tre los dos. 'I 

-^\éo fne ec es firanoa ; peroi acaaa no }o sarái» 4a ' igMk modo 
en contestación á la pregunta que voy á dirigirte. y^ 

—¿Qué pt^uata es esa , oaalÚBÁoMUa? 

-^ ¿ Y ao pasaron auBca de aaaistad voe&traa relaciona»? iHor 
bobo jamás en eUaa algjnn dast^Ua da aaH)r?r 

— i Oh 1 jaoaáa^ janaás , Matilde--* reap(mdii(i aa toao may for- 
mal don Fermin. 

« 

—¿De varM? 

-^Tala^ro. , 

*-^lia; basta qoa seaciUaaaanta lo a&roies para qiaat lo craa. Par« 
¿ cómo nunca me has hablado de esas relaciones ? 

-^Sa verdadaraoawte sÍAgidar qae no te haya hablado Ae ellas 
alguna vez. ¿Qué quieres? todo lo olvido á tu hulo» No aia aiDwarj^ 
do de nada^ ahaolatanieQla de aiada mas qne <te amarta j hacerte 
dichosa. .' 3 



4¡5S BL PALACIO DK LOI dfnif Bf 

—Es Terdadt todas tos acciones me lo acreditáD, y soy tan in- 
grata , q^e en Tei de mostrarme reconocida i tns inmensas bonda- 
des, te molesto con sospechas infundadas. 

«—¿Pero de Teras pudiste sospechar un momento que tenia este 
pobre viejo otros amores? 

• — «NOt Fermin ; estoy segura de que tn amor es para mí sola; 
pero sospechaba si habrías querido i esa señora antes de conocerme. 

—Te he dicho mil veces, Matilde mia, que ninguna mujer me 
ha inspirado amor hasta que conoci tus virtudes. Te confieso que 
en mi juventud era , como todos los jóvenes, aficionado i galan- 
teos; pero jamás en ellos se interesó el corazón. Así' llegué soltero 
á una edad avanzada , y hubiera muerto en el celibato, i no ahur- 
ríme el estado de aislamiento en que últimamente me veia. Tenia 
formado un concepto muy desventajoso de las mujeres. 

—Mil gracias por la parte que me toca —dijo con donosura 
Matilde. 

— - Y precisamente á la señora de quien venimos hablan^ , de- 
bí la completa metamorfosis de mi opinión acerca del bello sexo. 
I Oh ! si tú la conocieras, barias justicia i su mérito. 

-~Las mujeres rara vez reconocemos el mérito de las demás* 
¡ Somos tan egoístas 1 

— Estoy seguro que las virtudes de nuestra bienhechora te en- 
cantarían. Y.... como iba diciendo, á ella debí la dicha de casar- 
me contigo , como le debo ahora la salvación de mi fortuna y de 
mi honor. 

—*¿ Sabes que se van haciendo interesantes tus misteriosas pa- 
hbras , amigo mió 7 

—•Escucha: te he dicho ya que salvé la vida al ei^so de esa 
señora. 



— Sí ; pero no ve bM.diofao de qué oíoda. 
— No tiene mérito alguno; cualquiera hubiera hecho otro tm*- 
to. Fa¿ une de los cooipromelidos ok «1 f«oiHinoiaiKÍeQtD que fra- 
Mió el 26 de nurzo de 1848 , J hajende de sos perBtgmdoreí , la 
otsttalidad le trajo á mi casa. Era un cabaUer# oíay noble y muj 
rico : yo .no lo sabias enloiices , y le di bot pitalUbdiOoaiA ae la Ihh- 
Uara dado al maa infeliz fíigtlivo* 
— I Siempre generoao^l 

«—Vamos al caso: antes de proporcionarle pasaporte y cartas 
de recomendación y crédito para m» corresponsales de Paris , tuvi- 
mos ocasión de conocernos y de simpatizar de una manera, qne mi 
una sola noche que estuvinu» jimios se ioaogoró entre nosotros la 
mas franca y verdadera amistad. Entonces fué cnando le mantfesAé 
yo mi opifláon sobre ú matrimonio^ y él me omito la IiiMorie de 
sus amores. Buscó para esposa á una niña de humHdé condición ,. y 
es tan fdiz con eUa , y me ponderó tanto -el acierto de su elección, 
que hizo nneer en mí el deseo de imitarle. Tal vez este deseo no 
se hubiera realizado; pero tú sabes por qué casualidad te coneei.i. 
y en qué estado » bija mía. • . 

-^ I Ob ! no lo olvidaré nunca—* esclamó Matilde enjugándose 
nna lágrima. 

—Pues bieot hallé en ti la joven que bnscaba. 
— ¿Con que esa señora qne te proporciona ahora tantas ríqno- 
tas I ha sido pobre como yo ? 

— Si , Matilde , ha sido pobre como tú ; y sien^re agradecida 
á su esposo que la sacó de la indigencia, se ha esmerado y se es- 
mera en hacerle feliz. Era pobre como tú « era hermosa como tú, 
tenia discreción como tú, bija mía, y ama con delirio á sn bienhe- 
chor. Bendigo la hora en que seguí d ejemplo de nú bnen amigpi 
T. n. 20 



154 n i^ALACio M íM cahmiBS 

porque no dudo que tú eres j serás siempre Un virtuosa como su 
mujer. 

*-No lo dudes, esposo mío, siempre te seré fiel y agradeoidi) 
y solo por lo que acabas de referirme, simpatizo ya con esa seBo-» 
ra que hace poco me inspiraba celos, y la quiero como á una her- 
maua, como un modelo de virtudes A quien sabré imitar. 

•—Ya ves pues, Matilde, cuántos motivos de reconocimiento 
nos asisten para recibir dignamente al hijo de nuestra protectora. 
Debe ser ya un gallardo joven. Le conoci muy niño , y se iba pa- 
reciendo mucho á su padre , que ha sido de los mejores mozos de 
Madrid. 

—Tienes razón, es preciso dar una prueba de nuestra gratitud 
á esa generosa familia. Recibiré á ese joven como se merece, por-- 
que, efectivamente, tú lo has dicho hace poco, es el mensajero de 
nuestra felicidad. 

*— Sí, lo es, Matilde, lo es. ¿Qué hubiera sido de mí sin su 
venida? El dolor y la vergüenza hubieran acabado con este pobre 
viejo. 

— Pues ahora ya no eres pobre, y no hay motivo para recor- 
dar tus apuros toda vez que han cesado desde la generosa acción 
de nuestros amigos. Y también haces muy mal en llamarte viejo, 
que no son los años los que envejecen, sino la falta de salud. Tran- 
quiliza pues tu ánimo y procura estar siempre jovial como sueles 
para vivir mucho y cuidar de esta pobre huérfana, que no tiene 
mas amparo que tu amor en este mundo. 

—Mi situación era tan critica. . . 

—Ya lo sé; pero... 

—No me hubiera sido posible sobrevivir á tamaña afrenta. 
Primero la muerte que la deshonra I ic 



i 



KL romo T sus ofusous. 465. 

—No me hables de tn maerte-— «dijo eDternecida la joven es- 
posa-^Do me hables onnca de ta maerte... me horroriza semejan- 
te idea. 

—La muerte-— respondió tranquilamente el anciano— es d 

recurso de nn comerciante arruinado es sn rehabilitación, ñor 

hay para él mas esperanza qoe el respeto debido A una tumba. 

Quedóse un instante pensativo , y observando luego que Matil-» 
de estaba anegada en llanto, la abrazó con ternura y le preguntó 
conmovido : 

—¿Por qué lloras de ese modo, hija mia? TranqniUzate... na- 
da tienes ya que temer supuesto que soy dichoso. La adversidad ha 
huido de esta casa... Es preciso dar gracias i Dios ! 

Matilde cayó de rodillas , y juntando las manos , comenzó á 
orar. 

El viejo á su lado inclinó su canosa y venerable cabeza. 

Ambos formaban nn grupo tierno y solemne. 

La religión , la piedad y la gratitud brillaban en aquellas doe 
plegarias enlazadas entre si. 

Levantóse Matilde. 

Su rostro conservaba cierta espresion de tristeza que daba á su 
sonrisa el sello del dolor. 

La palabra muerte que acababa de oir, habíala llenado de in- 
decible terror. 

Parecíale que i su pesar la oia repetir, y era que resonaba 
acerbamente en su alma. 

La idea de la muerte no habia jamás ocupado su fantasía. 

¡ Era tan joven ! . . . 

Sus ojos estaban ya secos; pero su corazón lloraba aun. 

—Te lo suplico encarecidamente , Fermín — dijo con dulzura 



ft §a marido-— abanéoiift esft nátt adim; y asarett qne taataa in- 
^pMtodaí fméo catiiart^, ISa <b tiampo db «pe logies algwi énh»- 
caDso. Huyamos de Bladrid. En cualquier puebieciUo TivitaaMa^ 
aoBogadaflHBte lin zaMiu» alfSMii mk mm afaaea qfm iMMrnos 

itdjohnaaa. 
-^Ls neramoa f lialflda. Ys-aay üdmo flK¿todM:.partflk, oow 

•~¥<| vo paado air díobaaa ea MaibidL 

— ¿Por qué? 

«— Tcogo aMaéo. 

Slibanquer» ciáé eoaaii^aMaioalaa aienea de as esposa^ in»** 
primió un beso oa^in fraaite,. y fairalíraba 4 su daipaaluis cnaado 
la ansé-ui criada que iraffÍM;aabaMei;aa ddsatbaa verle. 

—Que entreu en mi despacho — dijo el banquero, y dirigia»-^ 
do otra mmdaafeelVBaaá^aii Matilde, aaauaeató» 

Matilde se encaaiaé tiístaoNate i aa loeaéor peamida eo 
aqaellasliojrriUea palabras «de sa^ marido: la «ubetü aa^sL «aoca- 

80 DE UN COMERCIANTE ARRUINADO. 







"*"^"* 



I I 



CAPITULO XIL 



ODIO AL fiOBieBlIO GBUilNAU 



Los oaMIeros i <imeiM aeáAÁIm ée recflfir én sv despadiedoD 
Femini del Vafle, eran unos amfgos qné deseaban firmase «na es-^ 
posición á la reina, qae eonlfa ta conducta dei ministerio dirigiatt 
las personas mas notables de MaüIMd: 

~Seaores^-*aleg6 el báttqTiero--^ami(ine me he retraído siem-*' 
pre de mezclarme en asnMos poNticos , ^no tengo reparo en firmar 
cualquiera esposicion qu^ juzguen ustedes conreniente al pais-, y 

« 

mes Tiendo en ella tantas .firaikii' dé personas honradas j notaUesi 
por su alta posición sotíaL 

— Interesa á todos los buenos e^áfibles -*- dijo ovo de aquellos 
oabellems— aclararse conlra hi inmoralidad del actual gabinete 
qne no puede Merecer las simpatiais dé ningún partido. Por eso to-> 
dos le odian , moderados f prdgresiatas'; pero es tal su cinismo, que 



458 U. PALACIO DK LOS CRÍÚIIBS 

se ha propuesto cansar la raina de España entera, primero qoe ale- 
jarse de un poder que con tanta tirania ejerce. Voy A leer la espo- 
sicion para que se convenza usted de la justicia que asiste i los 
firmantes. 

Y leyó lo siguiente : 

« El partido liberal de España á la reina constitucional doña 
Isabel IL 

Señora : En la ardua crisis que hace largo tiempo trabaja á la 
nación « es ya un deber imperioso para vuestros fieles subditos usar 
de un derecho que la Constitución les concede, llegando respetuo- 
samente á los pies del trono de V. II. con la sencilla esposicion de 
sus legitimas quejas , ahora que muda la tribuna y sofocada la voz 
de la imprenta , no les queda otro medio legal de someter á la siem- 
pre recta y magnánima apreciación de V. M. la opinión de sus 
pueblos. 

Van corridos ya tres años , aeñora , desde que los ministros de 
V. H. inauguraron y están ejecutando con una triste perseveran- 
cia y una pavorosa uniformidad , en todas circunstancias y situa- 
ciones, el funesto sistema de no discutir en los cuerpos legislado- 
res los presupuestos del Estado : de no alcanzar siquiera para plan- 
tearlos la subsidiaria é indispensable autorización del Parlamento; 
de no mantener abiertas las Cortes en cada legislatura el tiempo 
preciso para desempeñar este sagrado objeto y para atender á las 
demás necesidades , nunca satisfechas y siempre renacientes , de la 
legislación y la gobernación del reino. 

Consecuencia es prevista , solicitada y forzosa de tal sistema el 
que destituido el gobierno de V. M« del apoyo legal y moral de las 
Cortes y se sucedan unos A otroa sin causa ostensible y con asom- 



n mwtnk r m cmuBota; 489 

brosa rapidez los galHoeteí; que se iütrodacea y crexca diariaineote 
una movilidad inaudita y una ^^dadera aoarqufa , as( en el per- 
sonal , como en el organismo de la administración ; que no puedan 
hacerse en los servicios do sus respectivos departamentos las pru- 
dentes economías que de una parte rechinan con razón los contri- 
buyentes , y que de otra exige con manifiesta urgencia el enorme 
déficit de la hacienda pública ; que votados por las mismas Cortes, 
6 no votados por días los presupuestos , aun después de procederse 
A su planteamiento y ejecución , se altere su cifra é infrinja su le- 
tra, y se viole en su espíritu y hasta en sus mas menudos detalles 
la legislación rentística vigente, ordenando y realizando cuantiosos 
créditos estraordinarios , para gastos también estraordinarios , sin 
mas autoridad , sin mas examen de la posibilidad , y de la utilidad 
que la autoridad y el examen del ministro de Hacienda ; que en la 
tristemente famosa cuestión de ferro-carriles, no se haya dictado 
una ley orgánica que impida la renovación de los pasados escánda- 
los y agiotages , ni menos leyes parciales que sacándonos de nuestro 
lamentable atraso en este orden de trabajos, faciliten y aceleren 
nuestras comunicaciones con ambos mares y con Europa ; que se 
haya improvisado por el actual ministerio , apenas posesionado de 
sus funciones, y sin audiencia de ningún cuerpo consultivo, una 
reforma fundamental en el antiguo y delicado régimen de nuestras 
provincias ultramarinas, y otra no menos trascendental é impor- 
tante en las leyes civiles, penales y de procedimientos de la Penín- 
sula ; y por último que en esta situación , tan complicada ya y pe- 
ligrosa^ la imprenta, lejos de estar regida por una ley como lo 
manda la Constitución, y como lo pide la suma importancia de este 
saludable y necesario vehículo del espíritu público , viva por mer- 
ced y al arbitrio de los gabinetes , sometida cada ano á un régimen 



MO m 

«M» ÍDSop^rlAkte» em f«ft*iA «ÉlrettMfC94a4í*lRce0MM de:b 
pittiion y la» ireleidaiM é9Í!,€Bf&mkOé ^ 

Natoral m qwfal.pir áelÍDrtado«flíleBoia de lai iiapreaia op^ 
HMfte y dftla UiiboiiaffArlaAiéoilariav kayasdMda^apanio^ opirteiiir 
¡jadióla iadpaiible y ún imáé aprobándola al gobiarn» » k aadaeit 
4a algttoas diaríos.qae ▼íartaB sa hiaL fiobre la fliayorfa y fobra,la 
inalílilcio» áA Senado , parqne este altoiofüfpo, Jiaaiido- da i a áé^ 
moho y defendioBdo so prerogaliira' as «a- caaflicto* grataitamanta 
.Mipaaado , ha procedida sagMi loa pribcípUMi caedioalaa dal réfi<- 
maa constilQeíoBal fomiorm^ék las ioapíirMioMStde 8« eoBcienda. 
Mm iqaé oioeho*(piaal; fohíoraa^ dejando ociosa «i este solo 
oaso la dncisima repnsMon cpie iiena en soa-maiMS, y da qne tan 
pi^ígainenleabQsat atienta y estimiila la saia da esos periódiooa, 
eoaodo el wm» gpbwimi eat la. alenda; asfasa da >aas»doo mas 
paopia é inaiediatat ya amaga , ;ya dteeasga los golpe» da . sn ira 
eonira los. tiodtiKidooS' deraqneUsk mayoría j>de aifial anarpo, aín rea- 
pelo i las caiMS, ni á loaseriuciea^ ni 4 la inamovilidaA jodieiaU ñi 
á la inviolabilidad pariamentaria L 

Y si se ügfkdk V. IL volver kn ojím á- considerar al aGseto fne 
este fatal coojaato de ilegalidades^ abereacbnns y denMisiaaprodnoe 
en el seno de los pueblos, ¿qné bailará V. M. que no tarbo y conr 
triste so magnátumo coranao, al ver al través da la ya anligoa j 
cada dia mas exacerbada corrapoíon electora^ k. oomipción adflOki- 
nistrativa en sa aspecto mas odioso . y en sos mMiilestaciones bmí 
dañosas , y U corrapcian soeiid ^ frnto y oompaiam da ambaa» ^ 
sintoma y levadura inCslibk da k indisciplina^ da k subversión j 
de la aoarqaia? 

iSsrá acaso pacto á conjurar loa peligroa: ¡noHnentM da aaU 
crfeia prafiada d^ daswatenta, ei;iaBaidíci^nadasdaJaGÍmade 



■L TCMLO V MIS OntMMi. 4M 

poéer se e0lá ammeiaiido «n afio kace coo jacteaétosa' soleníidad 
á la naomi , ^mero aténiia , y abisnada después <eii una espeeCá- 
oion aBfWtiosa T 

¿ Será la rcforaa de la Ceostitiicioii 7 i Será el gelpe de Estado? 

Mas ¿qué golpe de Estado, ni qué refdroDa coostitueioMtl, 
eomo «o destruyese la razoo y la médula del mismo trono de S, M., 
manleDÍdo por la Kbertad poUtica , é idoBtificado con ella , no im- 
pondría Hmites á la acción del poder ejecutivo? ¿no otorgaría á h 
nación congregada en Cortes el dereclio l|istórico, perenne, in^ 
mortal , de conceder ó negar , «egun sn patriotismo j su prnéenr- 
cia , los subsidios á la Corona? 

¿Y con cuál Constitución que moderase de algún modo la au- 
toridad real , y que atribuyese á la nación aquella sagrada prero- 
gatÍTa , sería ni podría ser compatible d sistema que antes hemos 
bosquejado A V. M. y en que persisten y se aforran vuestros mi- 
nistros con la ominosa superstición de aquellos que corren á per- 
derse , arrastrados por la fatalidad y abandonados por la PrOTí- 
dencia ? 

No 9 seiora ; el remedio á las tiolencias del poder , á la arbi- 
trariedad del gobierno , á la gangrena electoral , i la corrupción 
administrativa» está y se cifra ésclusivamente en una mudanza 
sincera , franca » leal , fundamental de conducta , está y se cifra en 
el mantenimiento de las instituciones , en la integridad y en el li- 
bre y pleno ejercicio de las facultades y prerogalivas de las Cor- 
tes, en el acatamiento á la legalidad, en el respeto á los derechos 
que la nación poseyó y revindicó siempre , y que ha reconquistado 
y restablecido A la par del trono de V. M. , de entre los escombros 
de la revolución y de la guerra civfl , con torrentes de su sangre, 
en los cimpas 4e batalla. 

T. u. 21 



'IM U FALáaO M 1.08 CMÜnaoM 

Foera de e^te sendero , abierto y llanos no ha j mas que ^- 
dipicios 7 abismos ; no haj salvación fuera de este sistema. 

No la hay, contemplando el estado evidente de la opinión pú- 
blica de Espaika ; no la hay , considerada en sns lóbregas profun- 
didades la crisis europea. 

Resuélvanse , pues , los ministros de V. M. á entrar por ese 
camino ; den el ejemplo á la nación ; cumplan el primero , el mas 
sagrado , el mas perentorio de sus deberes ; respeten con sinceri- 
dad , observen con religiosidad y con franqueza la Constitución del 
Estado , y en demostración y en fianza de este su buen propósito, 
reúnan inmediatamente las Cortes, á fin de que estas voten los 
impuestos para el presente año. 

Entonces la crisis se desatará natural y suavemente ; entonces 
se calmará la opinión , justamente recelosa y hondamente conmo- 
vida; entonces, y solo entonces, esta nación desventurada, heroi- 
ca por sus sacrificios , sublime por su paciencia , abrirá su cora- 
zón á la esperanza , se prometerá dias serenos y augurará prospe- 
ridades bajo el blando cetro de V. M. 

Señora , respirando apenas la Europa de la mas súbita , y aca- 
so la mas grande catástrofe que ha padecido en este siglo , en una 
nación agitada por la reforma política , desgarrada por la discordia 
doméstica , herida y azotada por el estrangero , consternada por un 
infortunio público y por un inesperado interregno , se levantó el 
nuevo monarca en su trono , y ante sus pueblos en torno congre- 
gados pronunció estas notables palabras : 

«La estabilidad no se logra en nuestros dias , sino con la bue- 
na fé de los poderes y con la probidad de los gobiernos.)» 

Estas palabras , señora , la Europa las escuchó con respeto ; los 
subditos de aquel monarca las acogieron con amor y con aplauso; 



IL ?U«LO T SUS OPBBSOMS. 46i 

la paz , el orden , la libertad , la prosperidad las han consagrado en 
el éxito. 

y. M. en so maternal solicitud por el bien y el sosiego de sns 
pueblos, podrá dignarse meditar con sa sabiduría sobre el profun- 
do sentido que en su regia sencillez encierran estas palabras. 

Nosotros t fieles subditos de V. M. , y vivamente interesados en 
la firmeza y en el esplendor de su trono : 

A V. M. respetuosamente pedimos tenga á bien , en uso de s» 
prerogativa, mandar que se abran inmediatamente, conforme á lá 
Constitución y alas leyes, las Cortes actualmente suspendidas. 

£1 Todopoderoso conserve la importante vida de V. M. dila- 
tados años para bien de esta monarquía. 

Madrid 13 de enero de 1854. 

Señora, A. L. R. P. de V. M. 

Siguen las firmas de gran número de senadores , diputados, 
grandes de España, títulos del reino, capitalistas, propietarios, 
hombres, políticos, escritores eto.» * 

Además de la precedente esposicion , circularon profusión de 
hojas volantes que contenían un manifiesto al pais que por difuso 
en demasía no copiaremos íntegro ; pero para dar una idea do su 
espíritu citaremos el último párrafo que decia : 

«Estamos seguros de que el dia de la gran crisis , todos sin es- 
cepcion estarán en su puesto , si se trata de una solución pacífica y 
legal para facilitarla , aunque sea á costa de algún sacrificio ; si se 
quiere cortar el nudo con la espada, para oponer á la fuerza del' 
acero la fuerza de la ley , y con ella en la mano combatir mientras^ 
baya un solo español que quiera defender sus derechos.» 

Otros papeles circularon clandestinamente. 



Mil BL.Muffit »B I4NI Giínnm 

Uso d» tUos: Mpeíaka áe este modo : 

«¡ Españoles 1 basta ya de sofrimiento. 

La aiqreidoft del foder hm llegado á M témiio#e 
. Las leyes eetia rota*. 

La fioutkuciott no emisle ete. ,» y termioaba eon estas paki^ 
hras ; «preteade poser aa pié sobre el cobHo de esta sacioft he- 
roica y madre inmortal de las victiasas del dos de OMtyo^ de bt 
héroe* de Zaragosa y Geroaat de las gMrras de Ariabao, de 
Mendigorria y de Lodiaiia:. 

¿Será q«e agnaoljeauíe impmemtttte tanta igaomiasa? 

|No hay jm espadas ea la tierra AA Gid? 

¿No hay chuzos? 

¿No hay piedras? 

¡ Arriba I ¡ arriba , españoles L*. 

t A ke armas! (á las arasaa todo eL.muadol.*. 

iViv* la LiberlaAU 

£1 grito de sublevación estaba dado. 

Aproximé base el momento de que las obras sigaieseo 4 las pa- 
labcaa. 

La ref oluGÍoii fermentaba^ y el gobierno la h^o estallar eon sn 
frenética osadía. 

El 17 de enero se dio drden á los generales marqués del Due- 
ro , iom José de U Concha , don Francisco Armero , don Facon^ 
do Infante , y do» Leopoldo O'Donnell para que salisaea aqiieUn 
misma tarde en les asientos que se les preparare» en las sUias-eor-' 



El uno deUn marckor á León, dos á Ganariaf r y loa ntans don 
á Mallorca é Ibiza. O'AewMtt sn oenlió. 



BL PÜBBLO T SUS OPRBSORIS. 465 

Los demás marcharon; pero Concha se fogó á Francia» 

Todas las medidas del gabinete polaco , vil instrumento de la 
bastarda influencia que se ocultaba en el palacio de los crimen es f 
respiraban ira y venganza. 

Es el frenes! que preceda á la if[ooia dt los déspotas. 

La muerte del ministerio conculcador de las leyes se aproxima- 
ba por momentos. 

Mordido por la rabiosa desesperación, moria de hidrofobia. 

Esta agonfa desastrosa se prolongó algunos meses. 

Mas adelante relataremos los estragos que produjo. 
• •.•....•.•*.•••• ••% 

Volvamos á la habitación del honrado banquero para verle re-^ 
cibir la visita que ertaba aguardando con la ansiedad del námfraga 
á quien presta auxilio una mano aalvadora» 




CAPITULO xm. 



LA REVELACIÓN. 



DesKcároDse dos dias, j aqael dolor tan vivo y profundo qae 
habia desgarrado el corazón del viejo comerciante habiase trocado 
en purísimo gozo , porque aguardaba que de un momento á otro 
llegara el generoso mortal que le habia salvado la fortuna , el honor 
7 la vida. 

Matilde permanecía aun triste. 

El recuerdo de una pena , deja huellas mas profondas en el co- 
razón de la mujer que en el del hombre , y sentada en su acos- 
tumbrado sitio junto á los cristales del balcón que daba á la calle 
de Alcalá , ocultaba á su marido las lágrimas que involuntariamen- 
te derramaba. 

A pesar suyo sentíase turbada y distraída por melancólicos pen- 
samientos , y fijaba maquinalmente su vista en el bullicioso pano- 
rama que presenta la mas hermosa calle de Madrid. 

De repente cayósele la labor de las manos, y por un movimien- 
to involontario que no podo reprimir, inclinóse hacia adelante; 
pero al momento se lanzó atrás con presteza , ocultando el rostro 




(Ayguali de Itco bermiDOi, cdilorn.) 



SL foulo t sus opeisoris. 497 

entre laá manos como avergonzada de lo qae había hecho y teme-» 
rosa de que la hubieran visto. 

— ¡Es él!... ¡es éll...— dijo para si, — no me han engañado 
la vista ñi el corazón. 

El banquero , que estaba en el fondo del salón arrq^ando al- 
gunos legajos de papeles , no reparó en la turbación de su esposa. 

Esta infeliz temblaba convulsivamente como si la inesperada 
aparición hubiera despertado en su memoria dolorosos recuerdos 
que dormían en ella ya casi enteramente olvidados. 

Levantase poco á poco ; dirigió una última mirada á la calle , y 
fué á sentarse al lado de su marido. 

El viejo comerciante ni siquiera volvió la cabeza. 

Matilde le contempló algunos instantes sin hablar. 

En este silencio habia destellos de respeto y gratitud y uno de 
esos vagos sentimientos de temor que no se pueden esplicar. 

Parecía que algunas palabras prontas á escaparse de sus labios 
eran retenidas con su respiración que agitaba descompasadamente 
sú pecho. 

Notólo por Gn el banquero , y dijo : 

— ¿Eres tú, Matilde? Me tenian estos papeles tan avasallado, 
que no habia reparado en t{. 

— Sí, esposo mió,— respondió Matilde sobremanera afecta- 
da, — yo soy: he venido á sentarme á tu lado, y mientras arregla- 
bas esos papeles , te contemplaba respetuosamente y lloraba. 

— -¡Querida hija mia!— *esclamó el anciano asiendo las dos 
manos de su joven esposa y poniéndolas sobre sus rodillas. 

Habia tanta dulzura y bondad en su acento, en sus miradas, 
en toda su persona , que Matilde sintió reanimarse , y los recios la- 
tidos de su corazón ya no la hacian sufrir. 



— lle«c6rdaÍMi,«— continaé enteraecMa la seotiUe jéveo^-— 
me acordaba de la pobre huérfana » abandoaada, datñralida y iola 
€B el iMiidOt J i ^ten tendiste la mano diciendo : «jo te prote- 
jeré , yo te amaré.» Gracias» señor, gracias... | Soy tan dichosal 

'Ma^e calló. 

Al pronunciar sns últimas palabras , rodaron dos lágrimas por 
sos pálidas mejillas. 

Su acento conmovido y tembloroso qaedó abogado por la vio- 
lencia de sa emoción. 

Pasóse entrambas manos por las sienes , eiijagó sns ligrimas y 
como si apelase á toda la resignación necesaria para acabar de es- 
plicarse» añadid: 

—Antes de aceptar d inmenso beneficio <ine tu generosa bon- 
dad ofrecia á la huérfana , creí de mi deber hacerte nna franca re- 
velación de todos los secretos de mi vida , qae aunque mny corta 
aun , estaba ya llena de amarguras. Tú pusiste to mano en mis la- 
bios cuando iban á confesarte ••« 

—No quiero saber nada, te dije entonces,— * repuso el ancia- 
no llevando también la palma de su mano á la boca de Matilde.^- 
¿Qué me importa la confesión de lo que has hecho en tu infencia? 
Si necesitas consuelos , mi corazón está dispuesto á darte euantps 
quieras. Si reclamas un perdón... ] Silencio, nifiat... le has obteni- 
do antes de pedirle. 

—Por eso callé , y bendiciendo á Dios , acepté el protector , el 
amigo , el padre , el esposo que me enviaba ; pero cada dia , cada 
momento que pasa siento mayor necesidad de confiarle todas mis 
penas. Si no por tí , hombre generoso » acepta por mí la confesión 
que te debo. En la vida de la pobre niña á quien has salvado de la 
orfandad , no debe haber un solo dia que tú no conozcas como ella. 



EL PDULO T 8DS OPBB80BI8. 469 

Lo que tengo que revelarte me martiriza porque no te lo he dicho 
aun. ¿Puede haber secretos entre nosotros? No, esposo mió, y 
hoy... hoy mas que nunca es preciso que lo sepas todo. 

—Te escucho , Matilde ,*— respondió el viejo , asombrado á pe- 
sar suyo de la estraña emoción con que su mujer habia pronun- 
ciado las últimas palabras. 

Matilde bajó los ojos y guardó silencio por un instante como si 
recogiese todas sus ideas y recuerdos. 

En seguida dio comienzo de esta manera á su historia : 

— Viviamos en Vitoria y era yo muy niña cuando murió mi 
padre , y perdí con él los momentos felices de mi vida. Desde en- 
tonces siempre he padecido, siempre he llorado. Mi madre osten- 
taba la mas austera virtud , la mas rígida piedad , Ya severidad mas 
inflexible. La respetaban todos ; pero mas bien la temian que la 
amaban. ¡Pobre madre mia! Aun me parece ver su aventajada 
estatura , sus regulares facciones , su frente erguida , sobre la cual 
nunca se pintaba la mas leve agitación. Una calma imponente era 
la conUnua espresion de su rostro. Su voz era grave , su modo de 
hablar lento y lacónico. En el gobierno de la casa guardaba un or- 
den escesivo. No tenia mas que una criada , pero mi madre misma 
lo disponia y vigilaba todo. Cada mueble parecía clavado en su si- 
tio, sin que jamás se permitiese á mis juegos infantiles alterar en 
lo mas mínimo semejante regularidad. Todos los dias á las misnias 
horas se hacian iguales faenas. Después de las mas fatigosas que 
exigian el aseo y limpieza , sentábase para descansar junto á una 
ventana y hacia calceta ó leia libros devotos. Ocupaba siempre el 
mismo sitio , en la misma posición , y á no ser por el movimiento 
de las agujas , ó el de las páginas que volvía , hubiera parecido 

una estatua. Jamás, en muchos anos, me acosté un minuto mu 
T. II. 22 



179 B FA&AGID Si 

tarde de Iti naeve. Caaado d fiejo reloj he daiM, ievutebe ni 
madre los ojoe qoe teoia fijes ee so labor, j oon d dedo ne señala- 
ba la poerta. Hm yo i besarle la naiio, ^a nw besaba Im frente 
oon frialdad, y yo me retirdMi dietendo «baeeaa noches» palabras 
q«e repetía nd madre , y toWia i sa hbor. Annqoe niSa » pareek 
que me atormentaba tan rígida sujeción , y etuuido podía bnir dd 
silencioso coarto de mi madre sin ser apercibida, corria al jardín, 
y allí cantaba á pesar de mi tristesa , tal vea sin mas deseo que 
hacerme mido á mí misma. No me atrevía á coger ninguna flor. 
Sbs corolas estaban ^cuidadosamente contadas. Arrancaba algunas 
hojas de las ramas de los árboles que podia alcanzar, y las esparcía 
en derredor. Un viejo mastín solía acariciarme, y sus caricias Ue^ 
naban de consuelo mi corazón. Corria con él y me complacía en 
hacerle ladrar , sin prever que á sus ladridos aparecía mi asadrCt 
y con voz fuerte que me aterraba en medio de mis juegos, decía: 
«{Matilde!» A esta sola palabra se agachaba miedoso el viejo 
mastín , y yo con la cabeza baja volvía al coarto de ni madre y 
me sentaba en un taburete á su lado. Todos los domingos y días de 
fiesta me llevaba i misa. Las dos vestidas de negro , yo iba detrás 
de mi madre , con so devocionario y el mió en la mano. Sentába- 
me en un banco junto á ella y me arrodillaba y levantaba imitan-* 
do su ejemplo. Así se pasaron mis días basta la edad de la adoles* 
cencía , sin que un solo acontecimiento viniese á turbar la mooo-> 
lonía de mi vida. Mi agitación moral no tardó en dejar sentir su 
ínflueocia sobre mí salud. Perdía el color, enflaquecía, pasaba las 
noches sin dormir , ó atormentada por diferentes enraeSos hijos de 
las preocupaciones de mi fantasía. El mundo me era enteramente 
desconocido, y me lo figuraba á medida de mis deseos. Creí que 
seria un paraíso habitado por seres hermosos é inocentes enlaza^ 



MLnaUM 1 fus «PUMKBk 471 

ím por los víhcdIos del amor. £1 cambio qae sofrió mi natoralesa 
era demasiado visible para qoe mi madre dejase de oolar en él. Sin 
embargo Y ni uaa sola prq;oDta me dirigió; solo observé que sepa-* 
raba eon írecvenoia la vista de sos labores para fijada en mi. Una 
Hiaüana, qoe aon estaba jo ea mi leeho , abrióse la poerta de mi 
coarto y j entró eo mi alcoba mi madre en compañía de on bom« 
bre de avanzada edad. Era un médico. Dirigióme algonas pregona- 
tas acerca del estado de mi salod , examioó mi leogoa, me tentó 
el polso, j dijo á mi madre qoe mi langoidei era estremada » y qoe 
tendría malas consecoencias si pronto no se acodia al remedio. 
Gonsbtia este en baoerme mndar de aires y tomar los baños de 
Gastona. «¿Es indispensable , doctor?» le preguntó mi madre. «De 
abaolota necesidad» respondió el facoltativOt y me dejaron otra 
vez sola. Dorante aqoel dia observé algnna alteración en el corso 
de las ocopaciones de mi madre. También la sorprendí algonas 
veces medttabonda. El dia sigoieote al entrar en so coarto vi qoe 
estaba escribiendo. Eran aqoellos acontecimientos estraordinarioa 
para mi, y no podían menos de escitar mi curiosidad. La visita del 
médico... una carta... nanea habían sooedido cosas tan estrañas* 
Cerró la carta mi madre, y ^espoés de ponerle oblea y sobre, la en- 
tregó á la criada qoe se foé con ella , y nada mas pode saber. Eran 
ks coatro de la tarde coando oimos recios aldabazos á la puerta. 
Hice on movimiento de sobresalto en mi taborete , donde estaba 
sentada junto á mi madre. El tal taburete era estremadamente pe« 
queño para mi. Empecé á sentarme en él i los cinco años , y por 
consecuencia de la impertorbable regularidad de nuestras costum- 
bres, habia continuado todos los dias baciendo lo mismo basta 
entonces qoe eontaba ya catorce aSos. Presentóse una mujer á 
quien yo conocía de vista porqna mi madre la saludaba en la igle- 



4)) EL »ALA€ÍO »l ÍM CBÍlllinS 

sia. « Amiga mia , dijo la recien llegada , estoy moy contenta de 
poder prestar i usted este servicio. Cuidaré de Matilde como si fue- 
ra mi segunda hija. ¡Y qné linda es! ¡Qaé hermoso pelo rabio! 
I Qoé ojuelos I Cuando haya recobrado su salud y su buen color» 
estará encantadora.» Mi madre frunció las cejas y cambió de con- 
Tersacion. Te relato « esposo mió, estos detalles insignificantes ai 
parecer , porque ejercieron un grande influjo sobre mi. Ellos des- 
pertaron en mi imaginación cierlas ideas que basta entonces habia 
ignorado. Mi* madre no volvió á hablarme en todo el dia, juzgan-, 
do inútil esplicarme el movimiento estraordinario que habia en mi 
derredor. Salió de casa sin ser domingo , y á su regreso , en lugar 
de hacer calceta , se entretuvo en componer mis vestidos. La cria- 
da le presentó una vieja maleta de cuero, colocaron en ella mi ro- 
pa. Entonces comprendí que iba yo á partir para los ba&os , con- 
fiada á doña Gertrudis, la amiga de mi madre. Yo deseaba este, 
viaje en compañía de la buena señora que me Üabia acariciado con 
elogios que nadie hasta entonces me habia dirigido. Una mañana^ 
entró mi madre en mi alcoba vestida como los domingos para ir i 
misa, y mi corazón palpitó. No me equivoqué ; iba á partir. Seguí 
á madre hasta el coche donde me aguardaba doña Gertrudis con su 
hija. Iba i subir, cuando oí la voz de mi madre que decia: « ¡ i Dios, 
Matilde ! no dejes de escribirme i tu llegada.» Estas palabras tan 
sencillas me causaron una sensación profunda, porque fueron pro- 
nunciadas con amabilidad , y al volverme para abrazarla, noté que 
sus ojos estaban arrasados de lágrimas. Alejóse el coche, y mi ma-* 
dre permaneció en la esquina sin quitarnos ojo. \ Ay I desde enton- 
ces no la he vuelto á ver. 

Matilde suspendió aqui su relato para eii jugar ana Jágrima 
que tributaba á la memoria de su madre. 



BL FUIBLO T SOS OFBBSOEiS. 47? 

Sa marido la contempló en silencio por no torbar el religioso 
dolor de este triste recuerdo. 

Contentóse con asir una de las manos que Hatilde habia dejado 
caer sobre su rodilla , y la estrechó afectuosamente. 

Después de esta breve pausa , continuó la joven el relato de su 
vida ; pero con voz mas pausada j como recelosa de afligir i su 
bienhechor: 

•^Llegamos á Gestona. Era el mes de mayo del aSo pasado. ••. 
habia mucha gente , y el primer sentimiento que se • destacó del 
eaos de impresiones que á la sazón me asaltaron , fué que. habia dh 
versas categorías en la sociedad , que no todas las clases estabap jsl 
mismo niv«l, y que ocupaba yo una de las gradas inferiores de la. 
gerarqufa social. Mí orgullo padeció al hacer este descubrimiento.; 
Envidiaba la suerte de otras jóvenes que pertenecian á la aristocrá-^ 
cia y se juptaban en el gran salón del primer piso, donde se toca-, 
ba el piano , se cantaba y bailaba en medio de la mas alegre ebuUi-, 
cien. La segunda advertencia que impresionó mi alma fué mas conr 
soladora y me indemnizó con usura dd daño que me habia causa-» 
do la primera. Noté que todos me contemplaban con agrado. Tra(6; 
de averiguar la causa ; pero no tardaron en hacérmela conocer loa 
jóvenes y hasta algunos viejos que á pesar de hallarse en aquel si- 
tio para curar sus dolencias, olvidaban su reuma y. su gojta pjsra. 
dirigirme requiebros. Descubrí pues que era yo la joven mas bella, 
de aquel recinto. .. * » 

Matilde pronunció estas palabras sonriéndose de satisfacción;, 
pero en voz muy baja, y el rubor imprimió una rosa en .cada una. 
de sus mejillas que acababa de inclinar sobre su pecho, . . » 

Esforzó de nuevo la voz, y continuó: 

— Considerábame yo muy feliz al Terme en. libertad i y en 4 



471 «r YUAOD n lof aÉBNK 

Motra de mil placeres. Doia Grertrndis coráiuM poco de mi. Su 
hija 7 yo gozábamos de una libertad 8Ío hflñtet , liberUd de laciul 
ibeiaba jo sin dada , paes en mi absoluta ioesperieieía ignoraba el 
bien y el mal. Entretanle restabledase mi salad de ana manera 
sorprendente. Recobré la alegría» el boen •color» toda la frescura 
de la jovealnd. Hucbos eran mis galanteadores ; pero imbía en-* 
tre ellos un joven de mi edad , de arrogante figura , de ana ele* 
gandía sedoctora. Perdóname , esposo mió , ddio ser iraiioa en es- 
te sdemne momento. Le vi con placer, le escndié con eoiocion... 
sos palabras eran ooevas para mí , y en brere , sin apercibirme de 
dio , re^ndi á las apasionadas frases de sn amor , con la sencilla 
espNcacion de las dolees sensaciones que por primera vez seatia. 
Segaiame i todas partes , y de&a Gertrodis ao podía dejar de ver 
tan obsequiosa ásidoidad. Así es que na dia que estábamos selast 
me éí^o sonméndose : «Matiide , teago entera confiansa "ea los prin*- 
cipioe que te lia inspirado ta Tirtaosa madre. Un poco de coquete- 
ría es reoomendable en aaa joven liada como tú» y sobre toda 
coaado no se posee gran fortaaa. Ss propio de mucbachas bábiles 
d atiaer i un joven rico y hacerle adelantar hasta qoe no pueda 
ntrooeder ; pero todo esto sin esponer la reputación á lea sarcas- 
mos de la maledicencia.» Estelmgaaje era completamente ininteli- 
gfiíle i la pebre joven que como yo jamás se habia separado del 
lado de ana madre virtuosa , dgida y severa. Penetré sin embargo» 
que en las palabras de doña Gertrudis habia algo que ofendía mi 
deücadesa. Era inocente , y sin saherlo era ya el blanco de la mur- 
maracion. Parecíame imposible que con tanta focílidad se jugase 
con la dicha y luista ooa la honra de una tnooante» sin mas guia qoe 
su propio candor , que en vea de protegerla , la entregaba á mer- 
<ed 4enn sed o et or inftie ! 



-*[P*bre niial^iiterfvii^pid «1 ganaioM aACJanor dUrigiwdo 
á su espott ma de esas preciosas «oradas Uenas de perdón é íiin 
dolgeacia. 

— ¡Polire niña! es verdad— -repitió trisleneiile Matilde i»9W 
al oir la toz de sv marido recobré alíeBto y reaigoacioa paca pro^ 
seguir su relato.— *Si, | pobre moa I que no fovo una itoaque la 
contuviese ni una mano qv» la gmase. Si al principio de mi fiel 
relación, esposo mió, te he molestado con minuciosos detaUeSf 
inútiles en la apariencia , si te he llevado conmigo ¿ recorrer los 
años de mí mkez^ dia por dia, bora por hora, que pasé baja la 
vigilancia de una madre rigida á quien ne mereci jamás caricia 
alguna , ha sido para que comprendieses ahora el efecto que dabia 
causarme la ebullición social que me rodeaba, la libertad da que 
disponía, y sobre todo las tcrneaas de uu jóv«n que se me pre*- 
sentaba como un ángd protector. Ni un' solo instante puda ocur<- 
rírseme que (iiera capaz de engañarme ; hnbiérama avergonzado 
de creerlo así. Ignorante de lo que era el mundo , abandóneme á él 
solo porque él me llamaba , y su voz era dulce y se filtraba delicio- 
samente en mi corazón como un bálsamo celestial, a Mi madre re- 
husará, á no dudarlo, su consentimiento á nuestra unión, le dije 
un dia, porque eres demasiado joven y alegre.»— -«También temo 
que mí familia se oponga á nuestro suspirado enlace, me respondió, 
pero al cabo cederán á mis ruegos.» — «¿Y qué hemos de hacer en- 
tretanto?» le pregunté yo candorosamente.— a Huir de aquí... te he 
preparado una habitación en Bilbao. .. de allí volaré en busca del 
consentimiento maternal, y nos casaremos. Después do casados, tu 
madre y mi familia nos perdonarán y bendecirán nuestros vínculos.» 
¡ Ilusa ! mi inesperiencia rayaba hasta el punto de ignorar si una 
joven de catorce años necesitaba para casarse el consentimiento de 



476 IL FALátiO M IOS CtfniVB 

n madre I Deoiame mi amaote qac no era meoester, y no me ocar- 
ría el menor obslicalo qae oponer i los deseos de mi seductor. Par-» 
tí con él... 7 empecé i temblar. Un secreto instinto despertó de re- 
pente en mi fantasía la idea de que faltaba á mi obligación. Todo 
él Tiaje fué para mí una continua lacha de amor j remordimien- 
tos... Mi corazón ardia, mi cabeza deliraba... Llegamos á Bilbao, 
j me alojó en una habitación magnífica , con varios criados á mis 
órdenes. «No haría esto si no fuesen puras sus intenciones, me de- 
cía i mí misma. Tiene razón « nos casaremos , y mi madre y su fa- 
milia aprobarán nuestro enlace. ¡Qué felices seremos entonces!» 
Pasó una semana sin que viera yo ningún preparativo para nuestra 
boda. Lo sentía ; pero aun no había perdido mí confianza. Un sen- 
timiento penoso, que era sin duda el presentimiento de mi destino, 

hacíame ya desdichada á pesar mío. Por último una noche 

¡ qué vergüenza !... Tiemblo al acordarme de lo que pasó. 

—¡Matilde!— esclamó Heno de amargura el bondadoso viejo. 




"»•««« aS9€SCrZ9ff}rao o «o^ 



mmmmm 



CAPITULO XIV. 



EL ARBEPENTIMIENTO. 



— Uo pensamiento horrible,*— contiDUÓ agitada la jóYen espo- 
sa , —reemplazó en mí corazón á mi candorosa credalidad. Dios sin 
dada rasgó la venda qne me cegaba , y de repente conocí qne me 
hallaba al borde de un abismo sin fondo. Pasé nna noche crnel por- 
que amaba mas que nunca á mi seductor. La mafiana siguiente pa- 
róse muy temprano un coche á la puerta de mi casa. Corrí á recibir 
á mi amante... ¡No era él!... era otro joven de alguna mas edad; 
pero también muy elegante. <cVo se asuste usted, señorita» me 
dijo con amabilidad , « vengo á sacarla de un error que causa la 
deshonra y hará también la infelicidad de usted. El joven con quien 
piensa usted casarse , no trata mas que de seducirla , pues se va á 
casar con otra. Tal vez no se acuerda ya de usted ; pero si vuelve, 
crea usted que su intención es impura. Nada pierde usted en no 
casarse con un libertino , y si desea usted el amor de un hombre 
de bien que la haga feliz... este , señorita, no está lejos de usted.» 

Por las palabras que añadió el recien llegado, conocí en breve, £ 
T. II. 23 



478 EL PALACIO DB LOS GBÍMBIfES 

p698r' d&'11lt"lD0C6DClA y ' tjfl^ tTñ OlTO SCQQCtor. f EjIOfl BltO'! 69Ci811l¿, 

y tuve bastante aliento para manifestar la indignación qne me cau- 
saba la presencia de mi nuevo pretendiente. Se rió de mí entereza 
y ausentóse prometiéndome otras visitas hasta que llegase á ablan- 
dar mi corazón. Esta escena acabó de hacerme conocer mi funesta 
debilidad, y persuadida de que el^óyen . gue tantos beneficios me 
había prodigado , alentaba una sínfestra intención , que era un im- 
postor que me había seducido para labrar mí deshonra y hacerme 
juguete de un capricho impuro , y que no habia pensado un solo 
momento en mí dicha , estremecíme de las consecuencias de mí ere- 
dulidad. Pasé otra noche horrorosa. Temía estar rodeada de los 
cómplices de mis seductores. Me lancé del lecho , y después de ase- 
gurarme si estaba bien cerrada la puerta de mi aposento , caí de 
rodillas anit on» iaiágea , j &a vista tranquilixd mi concieiicia „ pu- 
ra aun. por fortuna. Acabé de pasar la noche orando y acordándo- 
me de. mí polira madre* Resuelta el dia siguiente á abaadonac aqvel 
asilo , me propuse huir del joven, que me habia hablado de nueslca' 
próxima unión. •» del que me habia prodigado jurameotos de cari- 
no del qye me decía qpe ooie amaba con frenesí..^ é iba á csk- 

SM*se con otra! 

La pobre Matilde no pudo conlinuar. 

El llanto ahogó su voz y ocultando el rostro entre sus manos 
prorumpió en amargos sollozoa* 

— MaLílde— le dijo su viejo esposo con amable dignidad — lio^ 
ras por un recuerdo. •«.. por un triste recuerdo..... Te perdono ese 
llanto, hiía mia^ pero sea el último que consagres á semejante me- 
moria. 

— Ahora que todo lo sabes ^ puedo olvidarlo. Me faltaba tu, 
perdoa« 



baba de tenderle su marido como signo de indulgencia. '''^^ * - .''' 

-*-flíhnileflie'éM6lmr.<r«f ^d^érme feca rf tédibirtttf aflM^ 
go desengaño. Junté lo que poseia^ losffdirés féitíéM >qwe éié '(ÍM 
dri «MdMy tBM litriati doiide «n lernwi ^kdbia 4e|^a!)tkl¿' el^frutó 
ée loa akbnrbft , y fCftáéoábmie'^l mmM traje iqfue llwvbn^ e o a w áa 
pA*U át ViltMrta , vdié ni roslf# ncmAdí ¡ÉBatíliHa y «e hnidé iá ll 
calle. Iba "erranle/rin saber 4[iié hMarme, Mando ^\amé 'dií atéfr^ 
eioB «el iklMfo ^noa posada. "EiAré en «Ka ^ pcM 4Mi -euaito y «16 
eooenpé •■ él pana iorár de tideTOi Babia caiMkMiile 'papel j fin^ 
i0PO én Ma «ieaa\, éegí «ara pierna j eaimbí lo sigutoele *. « Nó mb 
wtrá usled ttiás. . . iie haido 4e la aasa ^ottdefaerie «^ed M<ÉipleU 
tar mi desbonraf. Sé ^a^e oasti ested con oCra... «^Iie aído tle¿- 
ttim de hd kítaz eef Ao. . . . Bra 7^ dakiawado pdbra «para gkmioi^ 
el abeso de 1é$ riquezas, demaatado' para fwa aoapedliár «fea meti^ 
iit*a. . . «o ae ee? aneaca usted, |Mies, de Mier afvasiifcide «li vcredú^^ 
lidad. Voy á escribir á eii flMidre, á Saiplorar se perdón , y dentro 
de poces diaBTivffé'á salado, bajo el tecbo deia modesta morada 
que jamás debí abandonar. Ella será el albergue de mi amangarat; 
pero no de mi déabanra... Dios «le ha sainado!» Tooié las precau- 
cSoees oportunas para ocifltar mí paradero , el 4ia sigaaaete «sctibí 
4 wí madre, y dos dias déspoés eapreedf' él viaje-sola y á fié. 
¡ Ay 1 mi arrepentimiento fué tardío I tle(geé á mí oáeay no tí más 
qee ttftay soledad for todas partes. La oárta qaé yó Üabia escrito 
estaba cerrada en una mesa sfti qea eadie ia iiubieae leído. Mi mal- 
dre. . . había leuerte 1 . . • lnÍHa muerte eio «braiar á su Iwja 1.1 . sin 
perdonaba liB Wea 1 . . . . da ^qoe esta In ja íarrppeutída fiuriíara éstre- 
char contra sus labios la mano «odlbuada ifue MaMa lia dafc^le la 



(4jBp IfcifiÉMaO W LOtGifHllliS 

]N|Qdio¡Ml«..«. 810 que le foera y» posible recoger d últiaio aliento 
maternal! 

Al pronanciar estas palabras» habíase arrodillado U ^mk es- 
pp^a, juntó sos nanos y las elevó en piadosa ademao, dirigiendo 
.at cielo k sigoiente súpUca : 

: . — I Madre mia ! . . • perdóname ; fni una insensata cuando aban** 
499é á la qne me tuvo en su seno , á la que me alimentó de su pro* 
fía 'sangre, á la que guiaba tnís pasos con amor y esperiencia. Yo 
4eso( t^ voi... te enga&é! i Madre querida 1 tu bija ha sido ya se* 
v^amente castigada lejos de tí. AjQbicionó un porvenir brillante, y 
solo ha encontrado ligrimas y abandono. \ Perdóname I Tu bija ba 
iF.ueUo en busca de tu bendición, y ha vuelto adolorida, infortuna* 
4a, desgarrado el coraxoo por la angusti* y las penalidades I.... ha 
YHelto arrepentida i recibir I* bendición de su madre.* «. y su ma« 
ike no está aquí!... su madre que la hubiera perdonado !«..• (Obv 
madre mia I desde el i»elo donde moras entre los ángeles , no has 
4>lvidad0 á tu hija, no. (Gracias, madre adorada, tú has intercedi- 
do en favor mío, y Dios me ha enviado un protector, que ha ten- 
dido una mano generosa á la pobre huérfana y la colma de bene- 
ficios I... 

El anciano acababa de levantarse ; so venerable presencia des- 
tellaba una espresion divina de calma y de bondad ; y tendiendo la 
palma de su mano sobre la cabeza inclinada de su joven esposa^ 
dijo con acento solemne y paternal: 

— Sí , Matilde , tus lágrimas y tus padecimientos han espiado 
la primera... la única falta de tu vida. 

Levantóla aCsctnosamente y la recibió en sus bracos. 

La afligida joven quedóse sentada en la rodilla del anciano apo- 
Vanda sobre sá hombro la eabeit. 



BL PUIBLO T SUS OPIBSOBBS. 484 

El banqaero enjogaba las lágrimas de sn majer , como el bon- 
dadoso padre que consuela i su hija. 

Cuando las emociones de los dos esposos se calmaron , Matilde 
se&aló el balcón con el dedo , y dijo : 

— - Ahora mismo , estando yo sentada allí , he visto á ese jÓTen 
y por eso he venido á tu lado, esposo mió.,, por eso he querido re- 
velarte mi secreto , acabar ante ti la triste confesión de toda mi vi-* 
da. Ahora que todo lo sabes , yo lo tengo ya olvidado. Si vuelvo i 
ver á ese joven no me causará la menor impresión. Estoy segura 
que ya ni siquiera le reconoceré. 

— ¡ Niña encantadora ! —-esclamó el banquero abrazando á su 
mujer. 

— ¡Estoy tan contenta ahora que (e lo he dicho todo!... 

— Todo no , hija mia— repuso el anciano sonriéndose. 

—I Cómo I 

~Como que no me has dicho el nombre del consabido joven; 

— ¿De veras? ¿No le he nombrado nunca en una relación tan 
larga ? 

—No por cierto. 

—Pues se llama... 

Abrióse de repente la puerta y un criado anunció al marqaesíto 
de Beliaflor. 

El banquero exhaló una esclamacion de alegria , y Matilde pa- 
do afortunadamente reprimir na grito de miedo que iba á escapar- 
se de sus labios. 



• •0»0 ><£ ^ » C"0-O»^ 



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-•1. 



CAPITULO XV. 



I V 



• 



AliOR SIN ESPERANZA. 



. ,.,í 



Don Fermín del Valle , que había salido á redbir i ra bienhe- 
oitor , ileso im iaefcble jAWle presentóle á en liersa Mprna. 

' M ttttMrqnetiio de Bellaftor era un jÓYHk ele^Me, 4e 'figura 
esbelta y graciosa , como sabe ya el lector , de rostro descolorido ^á 
la sazón ; pero siempre simpático. 

Al notar su melancolía bubiérase dicbo que Mftes deí pasar los 
«■Énalet'que le separaban de la estaiMa -del banqvero y su 'espo- 
sa» habia tenido que detenerse para dominar alguna violenta 'en#- 
-éhin iqpM pretendía ecottar á ledas las mradts; pero qué mas 
-ftMrte que su volantad , dejálbasa tradaeír «1 tnr^ de derfa os- 
presión indefinible de tristeza. 

Si don Fermín se hubiera sentido menos preocupado por los 
graves sucesos del día , hubiera á buen seguro notado la turbación 
que se revelaba en el disimulo del marquesito ; pero la satisfaccioa 
de tener en su presencia al hombre generoso que debía salvarle , no 



le. f «itiUid v«r Mda fur yvdtera tMdiftr 9m¡9itfftl9n¿y a^mÚDÚLn-^ 
doie 4fta Iw^ ,^ atendía il iMrcpiesita dto^ la mana , fo átcia.t n^ 

— Permítame usted>i«í'^a9ÍdottMtipie9Íip^ ellMMrtle fmh 
sentarJla^ á mí aapaMu Si ,, mi ^poaa; lé farécaí 4 ilsted ais éadtf es- 
traño que lo sea de un hombre ya viejo nna mujer taa }éííéiif|l 
tan linda; pero ella está contenta porqa» tiene 'eai wU^ aosélo an 
espoao* cMttplatfaiate , aiao má. padM oariftoio. ¿No^cs TsMád ^-^ija 
mia? • ' ilh 

-~£a akt*t0— -respMdiót Ift! jy^ii dtdgieadi al< nHynpimita^ -una 
mirada llena de nobleza; pero tan signíficatbia^ ifH htbiera oM%»i» 
do 9l coraaon maa peciealido á ostiar e^ k $eniá ám kvpWd. 

Enríqo0 da íneKiitf respetiwmaMiBahí "^ .:r-.l :■ 

— Este generosa anigo^~d¡í|i el baaq[tMÍw**^lM! Temd«f ara 
salvar nti^itmi hiQMr/ 

Bslas iMoíQaftlprialMraa^ llasaMn de vérgaciza'áBHrifaa', f^ihii 
siblemente conmovido y turbado, reqpoDÜó»: 

— El» ad deW aigrado..». siga ti ejaáfAo da/ vitoi , quatiacó 
á mi fAdca d» «B afttnMQi jor* ^^ 

-^VaiMB , vamoa» MallUde,i eagaga esaa lágriaaM^diía eli ímm 
quero viendo que su esposa lloraba hnmga Moolradot la pai ib^ 
méstica , maread 4 les iieUe$ aastMiiítiliM de miastao am^cK Solo 
se trata de un préstamo del que mas tarde indemniáaré i maeüvQ 
bifiíriNaboir. Bptsekaala aoarcifiépdimMfl i an geBaroaíiad kadén- 
dola participe da anastea dkka* No> BMa Uomrr Uj^ miai.,^ lai Um 
grimas son coaáagíoaaa, y "Hrn fM las astia comuinBmdh» 4 mnaiao 
amig». Hoy todo ddie leqwrar tdegria a» esta caas. 

DicieMb a>to>» crimáat baaiqiaia a» biasá aan al éa>ED»|iia, 
y se dirífUM» aariíaa al daaj^eh*» da^aéa Ar haber aaoibiadé un 
saludo con la infortunada joven. «' 



IM u fALAcm ME LOS Gftfanmii 

Ya esMi sola U pobre Matilde, yacUanie, inquieta » agitada, 
síd ud peMamiefito consolador , queriendo y no pudiendo ser df-* 
ehosa , queriendo y no atreviéndose á llorar. 

Un nomento habia bastado para destruir todas sus ilusiones de 
felicidad. 

I Aun amaba á Enrique I . 

Si babia sido en otro tiempo libertino, pérfido, seductor, 
ahora se presentaba generoso y reconocido. * 

Lia incauta joven se regocijaba de que Dios le hubiera dotado 
de hermosos sentimientos. 

. Inigábase fdií , porque ya su corasen no tenia que aborrecer 
i nadie, mucho menos á su bienhechor... ¡ Aborrecerle t.... 

Su inmensa bondad merecia gratitud eterna. 

Un gozo purísimo brilló en el rostro de Matilde ; pero brilló á 
gvisa de llamarada fosfórica , y en pos de su radiante luí , miste- 
riosa nube oscureció su frente. 

En vano reflexionaba que su marido se habia salvado, que 
estaba seguro su halagüeño porvenir... la infelis temblaba convul- 
sivamente á la nueva aparición de horribles fantasmas que se cru- 
saban en su acal(M*ada fantasía. 

-«I Si me hubiera amado siempre ¡—murmuró en un momen*^ 
to de alucinación. 

Estas palabras que involuntariamente salieron de sus labios, 
produjeron en la honrada e^sa un estremecimiento , y avergon- 
zóae de ellas como si acabara de consumar un crimen. 

Quedóse largo rato meditabunda , la diestra apoyada sobre su 
corazón como si quisiera contener sus violentas palpitaciones. 

Su vida estaba mejor arreglada tal como la Providencia lo ha- 
bia dispuesto. 



Bl marqiieiito ^ VeUaflór -la kaliia engafiado.. • . ^oerift aeda- 
oirta..,. 

£1 amor d& ttn wraccm 'jó^eo melé des?aiMcefse y deja i 1m 
poiires nwjeres á 'ineroed de elervos aíneabores. 

ÜDa pasión Tieleata es siwp g e de corta daraoieiii ; <esto lo ha 
eido iril vetes, j ella arisina ba esperimentado qae es la para 

▼erdad. 

No bay ^«es tranqnílilad ni diícba atoo lejos de fmiticoa aaw* 
fes; y en este case es envidiable sn suerte. 

Con estas reflexiones sonrióse al recuerdo de sn viejo maride^ 
y la jdven esposa recobró U^n tasto la perdida calma. 

Mientraa estaba Matilde eaíibdbída en semejantes peBsamienloa« 
Mirióse lentamente la puerta del despadio del banqoero, sía qne lo 
notase la preooopada jdwn. 

Apareció Enrique , y aproximándose pooo á poco at sillón en 
que estaba sentada Matilde , detúvose detrás de día & breve dis- 
tancia , y cooteoiplábala en respetuoso ailenoio. 

Matilde^ ya enteramente voelta en ai por las pradeotes refle»* 
xiones que sn raaon aeababa de «ogerirle , volvió el rastro y riá al 
marqoesilo qae fijaba en etta ana mirada triste y penetrante qaa 
bizo temMar á la pdbve jávan. 

Procuró sin embargo conservar sn serenidad. 

Las mojares rara vez pierden el valor en los momeatos de 
pmeba ; lo critico de las círcanstancias suele enaltecerlas en vez de 
amilanarlas^ 

Esto le sucedió á la joven casada, y comprendió perfectamenr 

te qne si lo inaiperta liatiMe bobíera podido temblar delante del 

marquesilo da Séllaflor^ ia seftora del Valle debia mostrarse con* 

fiada ytm|oil)i. 

T. II. 24 



486 Kl. FAUMIO M LOS Glfllilill0 

— ¡ Por fin be voelto á ?er á mted ! -• esclaiiió el marqoetilo* 

—-Caballero — respondió Matilde con amable dignidad — 0[lvid6 
vsted nuestras pasadas relaciones » como las he olvidado yo ente- 
ramente. Relaciones qne Dios y mi madre me han perdonado , €10-» 
mo yo perdono á usted en este momento. Olvide usted para siem- 
pre que hubo una joven i quien quiso usted seducir y perder » j 
á quien el cielo ha salvado. Permítame usted recibirle únicameste 
cual merece el marquesito de Bellaflor^ el amigo , el bienhechor de 
mi querido esposo. Bajo este concepto , caballero , tiendo i usted 
una mano amiga. 

— No, señora, no... de ningún modo — esclamó el marquesito 
desechando la mano que Matilde le of recia. — Sea usted por un 
momento la sensible Matilde, y óigame por piedad. Ya que una 
dichosa casualidad nos ha reunido , es absolutamente indispensable 
que usted me escuche. 

Matilde iba i retirarse. 

— No se aleje usted, por Dios •— continuó profundamente afeo* 
tado el marquesito— no se aleje usted sin oirme. Matilde, soy ino- 
cente. Cuando recibí la fatal carta en que me acusa usted de se* 
ductor, creí volverme loco. 'No era culpable, no.... El casamiento 

á que usted se referia fué una ficción de un enemigo mió, 

porque yo no amaba mas que á usted... y solo con usted podía ser 
feliz. Aquel fiogido enlace no se verificó, Matilde... estoy soltero I 

Matilde lanzó un grito desgarrador, é inmóvil, respirando ape- 
nas, escuchó al marquesito, que con el entusiasmo de un amor ve- 
hemente continuaba de este modo : 

—Sépalo usted, Matilde, quise sorprender á usted con el con- 
sentimiento de mi madre. A este efecto volé á Zaragoza y pocos 
esfuerzos tuve que emplear para granjearme la. proteodon de la 



» ron» T sus omubmnm;- nt 

mejor de las madrea. Me di^onia á partir para qee recibiera usted 
de mis propios labios la aolieia qoe aseguraba naestra felicidad; 
Acababa de sacar el pasaporte^ euaado se me preseotó uq tal don 
JFülian de LiDares , jóvea libertioo , á quien habia yo arrojado de 
mi casa por sus malos aolécedentes. Quiso feogarse de aqud 
agravio j me participó que tenía entre manos una conquista. •• en 
una palabra, me habló de usted en términos que yo no debía to- 
lerar. Le llamé villano, me desaGó. Salimos al campo.... y fál 
gravemente herido. 

— ¡Herido! — repitió Matilde sollozando.— ¡Dios miol herido 
por mi cansa ! . . . 

— Estuve largo tiempo , moy largo tiempo enfermo de peligro; 
pero en Gn, á pesar de los tormentos de mi corazón^ coré, y en— 
tonces no tuve mas que un pensamiento , ana voluntad , un deseo, 
hallar á mi Matilde. Partí para Vitoria á consecuencia de lo que 
usted me decía en su fatal carta... llegué á la casa donde aguarda- 
ba inaugurar mi dicha , y mi corazón se oprimió! [Tuve miedo!... 
Todas las ventanas estaban cerradas.... Sepulcral silencio indicaba 
que nadie vivía allí. Llamé , pregunté á una anciana de la vecio^ 
dad , y supe que su madre de usted habia muerto , y que usted es* 
taba ausente... y casada 1 

A estas palabras siguió una pansa desgarradora. 

Dos corazones generosos sufrían y callaban. 

En Gn , Matilde juntó entrambas manos , y elevándolas hacia el 
cielo balbuceó entre sollozos : 

— ¡ Casada 1 ¡ Dios mió ! dame resistencia. 

¡ Desventurada joven ! ella misma habia roto su destino , des- 
trnido su didia , desgarrado su corazón , despojado su juventud de 
las delicias del amor. 






fioÉmoM^ y tilii«M«toMrtDiicfi*MMyiÉilii1^lli<iMitétfcii 

mm^k mñwáo^hmB k ñdm étikiomif fciiifc. 

SidáflNBte entaMM MBocáó. onintai hdbia «OMMfe al ninr^Mlír^. 
tow pues que » había snkidado aof atienta i» geaéyto, tal ms sm 
eampreadcrki. Había, paráid»laa bdlas aiperaiiaaii de ao pocmoMr» 
y feoBMÍó á aUaa, dasda al priaiei iafortumo» ooa que la abrooié 
al daBtino* 

¡Pobre niña! la felicidad habia pasado juDlO' á alia., y ella Be 
la vio, no la aoaoGÍá ; no aupa adiiviiiarla^ 

Una amargara cruel laceró su corazón. 

I Débil; maQer 1 «n aaoaieatQ antas , && razoa sa apoyaba^ en la 
iniialMUdad de laa cosas huaiaaas^ en la brava daraoion de las yior^ 
lantaa saosacíoiias del alfna> aa la ioconstanoia de los seDli«iiani4Mi 
apasionados. 

So dolor habia hallado un refugio an la f esigaacion. 

Blas I ayl este refogio se quebró da improviso. 

Una palabra , una sola palabra la dejó sia armas para defaa-* 
dtaae. 

«¡ Te amo y soy libre I» ha diobo su amante , y la contempla aa 
silencio ! y la deja anegada en lágrimas y pesares I 

— ¡Ayl — murmuró dolorosamente la infeliz. — ^Dios.ha sido 
muy cruel conmigo ! Debía haberme ahorrado esta última tortu- 
ra... la de ver á usted otra vez. 

— Dios es JQstOy ha querido darme esta úUimo consuelo...» el 
de ver á usted otra vez. 

— No — difo Matilda— *Díos reprueba nuaslro amor... ea amor 
ctiaunaL.» amor sin esperanza... olvidemos para siampr'e nuestras 
relaciones anteriores. 



KL PUIBLO T SUS OPaBSOBES. 



489 



En eSle inoittenró se abriS^ uiia puerta y aparech^ et respetable 
banquero. 

Con la calma de la honradez y la sonrisa de la felicidad , se 
colocó entre los dos corazones que padecían. 

— Hijos mios— dijo con paternal acento — fatigado con el ar- 
reglo de mis negocios , neeeakora»^ ratode 4escanso. Al lado de mi 
joven bienhechor y de mi tierna esposa no puedo menos de hallar 
el mas dulce consuelo. ¿Qué es esto, Matilde? ¡Siempre triste 1 
ReQeidona que nuestro honor se ha salvado , gracias á la genero- 
sidad del marquesito. Cesen de una vez las lágrimas , y vamos i 
comer. Vamos, hijos míos. 

Suspendamos por breves momentos la historia de los desgra- 
ciados amores de Matilde , para decir algo del padre de su amante 
el simpático marqués de Bell^fllor. . .' i 



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CAPITULO XVI. 



INDIGNACIÓN GENERAL. 



Don Luis de Mendoza, marqués de Bellaflor, emigrado en 
Francia desde los acontecimientos de 1848» habia escrito á su dig- 
na esposa Haría , que en breve tendría el gusto de abrazarla ; pero 
que no le aguardase en Zaragoza, sino que se dirigiese á Madrid 
con sus hijos, pues él se propouia entrar en España de incógnito 
sin poder asegurar el dia ni el itinerario de su regreso , espuesto á 
mil eventualidades. 

Sin embargo, tenia una seguridad completa acerca del triunfo 
de la revolución que iba á estallar , y esperaba entrar en Madrid 
cuanto antes^ sin esposicion ni peligro de ningún género. 

En vista de tan gratas nuevas, disponíase la marquesa á tras- 
ladarse á la corte , cuando recibió la carta de don Fermin del Valle 
en que imploraba el auxilio de la amistad para evitar una quiebra 
á la cual le sería imposible sobrevivir. 

La bondadosa María no vaciló un momento en socorrer al 



n. foulo t sus opiisokbs. 4 ti 

generoso mortal que había salvado la vida de su esposo; pero oo te« 
níendo auo los asuntos domésticos enteramente arreglados en Za- 
ragoia , dispuso que su hijo Enrique , ya restablecido de la grave 
herida que habia recibido en un lance de honor, partiese sin dila*- 
cion para salvar la honra del banquero don Fermin del Valle. 

Nuestros lectores han visto ya á este joven en casa del infortu- 
nado banquero , donde le hemos dejado con la terrible novedad de 
que la esposa del generoso viejo , era una joven de quien estaba 
ciegamente enamorado , y para mayor desdicha , también aquella 
desventurada esposa amaba con delirio al marquesito de Bellaflor. 

En esta angustiosa situación hemos dejado á los dos amantes, y 
hemos dejado también lleno de júbilo al viejo banquero porque te- 
nia en su casa al generoso joven que acababa de llegar para $al-^ 
varíe el honor. 

En este critico cuanto azaroso estado, hemos suspendido la nar* 
ración de aquellos sucesos para continuarla mas adelante , pues 
cumple ahora á nuestro propósito demostrar los fundamentos que 
tenia el marqués de Bellaflor para regresar á su patria contando 
con el triunfo de una revolución salvadora. 

Es achaque de ambiciosos palaciegos atribuir al espíritu indócil 
y turbulento de las masas populares todo lioage de revueltas polí- 
ticas , y tanto se ha propagado esta calumnia atroz entre ciertas 
gentes pusilánimes , que á ella es seguramente debida la aversión 
que i muchos inspira todo sistema de gobierno que no reprima vi- 
gorosamente esa inclinación á la anarquía que se supone en las ciar 
ses ártesanas. 

¡ Qué error t ¡ qué ceguedad I 

No, esas virtuosas clases ártesanas no pueden nunca ser aman- 
tes de la anarquía , porque la anarquía asesina al trabajo, y sin tra- 



4M n Hsjkmo ib lot mkoMMS 

barjo €8 «feokrtameflte imposible la fnibauteiicia úb ens TÍrtí 
ciudadanos ^|w «o omntem imb fna ^eoa d fruto ¿e •sov afiaiies.'f 
sudores para maofteMne oUos j dar do oomr á sos Jodana» fsn 
dre» , A sús honradas iMgeres , A ana inoeenUa iiqos« 

Los pobres artesanos «o «onoeen noiaa eodida ñi mas amhiemm 
qne ganar lo "suficiente para so propio ^ostento y -el de sos CaoiSias. 
ün loero módico, cm hiero sv&oiente para el cumplimienlo ds 
sos modestas ateneionea, Jes basta para TÍrir contentos y firiices^ • 
El honrado pnéblo traíbajador desc^Mioce la holganza, esa fMH 
semillero de Victos é iniquidades ; pero como el eatipendio oon ipm 
se premia su laboriosidad , apenas aloania á cubrir soa preeiaas ur- 
gencias, es preciso que los hombres del poder ooid«a mvefao deina 
cercenarles tan escaso galardón eon exi|g«rados ñnpuestos. 

En resumen : protejed las artes y las ciencias, hoasbres del pi>* 
dér; estimulad. él comercio, proporcionad trabajo á4as obscs me- 
nesterosas , y dormid tranquilos en iruestros muUidQB ledhoa, oda 
ht completa seguridad de que no ha de ser la anarquía del pwhlo 
la que os derrumbe de tuestra aKura. 

Veamos ahora , si esa misma anarquía , que atnbuis siempre á 
las clases Ínfimas de la sociedad , cabe^n mas elevada esfinv. 

Hemos dicho que la holganza es un fértil semillero de >f íetos j 
de iniquidades , axioma que por reconocido é irre¥ocable estamoa 
exentos de probar. 

¿T no es mucho mas fácil hallar esta holgania en los maroMS- 
reos palacios, donde todo respira abundancia y prodigalidad , que 
en el taller del artesano donde no reina mas que el afán de sattsCa*» 
cer precisas necesidades ? 

Y si los"TÍcio8 y las iniquidades tienen su origen en la faKa de 
oenpacbnt ¿no deben ser mas. temibles ais resultadw , *cMwl04 



Mta falla se reone la sobra é% medios para satisfaeer deseoa erími- 

Hé aqvi por qmé Melé» desarrollarse em los palacios esas gnuH 
des pasiones cpie janás gerninaii eñ los hmiildes albergues^ 

Hombres enaltecidos por la fiortana , boaibres Ueaoi de condo^ 
Curaciones bombres qae no se dan á la pébKea \n sio^ealn^* 



nizadoaen sos magnificas carretas.. •• desckndett Toloatariameote 
de aqnella elevación , y se arrastran por el fango de la adulación 
para merecer la mirada de otro hombre qae está un grado asas ele- 
vado que ellos... para alcanzar la sonrisa ée na mtnktro ! 

Y no se erea que eslaa pruebas de adhesión sean hijas de afec- 
tuosa simpalfa. Nada menos. 

Adula» á quien puede encumbrarles, y le odian porque envi- 
dian so puesto. 

Le mendigan furores y fraguan intrigas para derrocarle^ 

Y esta conducta villana suele llamarse ñUa foUtka. 

Los que mayores progresos hacen en aenaejante escuela no tar- 
dan en adquirir el título de grandes hombres de Estado. 

La buena fé , la constancia en principios , la coosecuencia po« 
litica , la moralidad , todo esto son monedas falsas que no tienen 
curso entre semejantes camaleones. 

El matiz de sus doctrinas unida según d sol que le hiere, y to- 
do su afán se reduce á amontonar oro, á conquistar grandeza, á ob- 
tener mando. 

Ávidos de estos tres alicientes, emplean los mas viles y crimina- 
les medios para poseerlos, y en vez de saciar la sed que les devora, 
cuanto mas beben en las impuras fuentes, mas hidrópicos cada toi, 
sienten laayorea necesidades, y se abandonan á todo género de es- 

ceses para satisfacerlas. 

T. II. 25 



494 SL PALACIO DB L06 CftÍMENIS 

Guando semejante inmoralidad avasalla á una nación , todo lo 
atropella , conculca todas la^ leyes , empobrece al comercio , á la 
agricultura y á la industria, apoderándose de sus productos. 

Y sus millones, sus alardes de suntuosidad, su escandalosa pom« 

pa, sus orgías, insultan la miseria pública esa miseria bija de 

inauditas dila^daciones. 

Y el pueblo sufre y sufre hasta que el sufrimiento se agota. 

Y la revolución va á estallar. 

I Quién produce esta revolución , la anarquía del pueblo ó la 
anarquía de los magnates? 

«Las revoluciones no nacen por sí mismas , ( ha dicho hace po- 
co un entendido escritor) tienen su razón de ser, y se ve, si esta 
razón se eramina , que es siempre la tiranía quien las engendra. 

Suprimir á los tiranos seria suprimir á los revolucionarios ; el 
abuso del principio de autóridíid es quien forma esa lava destruc- 
tora que se llama descontento público. 

Los revolucionarios no se producen sino en terrenos prepara- 
dos para la revolución por las semillas de descontento que han 
sembrado en dios los. gobiernos. 

¿ Qué hará Sartorius , qué hará el poder oculto para conjurar 
el peligro de un cataclismo revolucionario? 

Quo$ Deu$ vuU perderé dementat. 

Harán lo que han hecho los hombres de la resistencia en todas 
las épocas y en todos los paises ; volverán mas inminente el peli- 
gro con los medios mismos de compresión que emplearán para 
conjurarlo. Están desatentados , están ciegos : no les pongáis de- 
lante para que aprendan en ella la historia de los grandes sacudi- 
mientos sociales, políticos y religiosos que han alterado alguna vez 
la faz del mundo. 



SL PUEBLO T 808 0PBK801BS. 495 

No le8 digai8 que do hay efectos sin causas, no les digáis que 
examinen filosóficamente las que han producido las revoluciones» 
para que vean que el origen de estas ha residido constantemente 
en la desacertada marcha del poder. 

No os empeñéis en que busquen la mucha analogía , la mucha 
identidad tal vez , que se encuentra entre todas las situaciones que 
han solido preceder á las erupciones del volcan revolucionario ; no 
os empeñéis en que busquen la mucha analogía , la mucha identi- 
dad tal vez» que se encuentra entre los hombres que se han hallado 
al frente de los negocios en todas las épocas que han sido precur** 
soras inmediatas de terribles trastornos. 

En vano, momentos antes de recurrir el pueblo á su última ra- 
zón , hubierais recordado á doña Haría Cristina que bajo el nom- 
bre de Alejandro VI ocupó la silla de San Pedro el tristemente cé- 
lebre Rodríguez Borja , el digno padre de la famosa Lucrecia , el 
cual por sus actos de simonía y escesos de todo género se hizo acree- 
dor al siguiente pasquín en que se le retrata perfectamente : 

Yendit Alexander claves , altaría , Christum ; 

Venderé jura potest, emerat ílle prías; 

De vi tío in vitium, de ilamma transil in ígoem, 

Roma sab hispano deperit imperio. 

Sextas Tarquinius, Sextos Ñero, sextos et iste: 

Semper sub sextis Roma perdila fuit. 

En vano» algunos dias antes de la revolución» hubierais dicho á 
doña María Cristina que quitando de la historia de la Iglesia á aquel 
papa indigno» á cuyos funerales no quiso asistir ningún sacerdote, 
cuyo cadáver no quiso besar nadie» y que fué violentamente em- 
butido en el átaud » demasiado pequeño para contenerle, entre las 
estrepitosas risotadas de los mozos de cordel y de los carpinteros 
encargados de esta operación ; en vano , repetimos » hubierais dicho 



496 tt BáUKsm m xas atámoim 

i dofia María Críatioa , qae quitando de h historia de la Igleua á 
AlqaBdro VI , de eHa le qoitaña á Sa?oiierola j á Lulero , evfat 
téflíe «oBtra el papado enpeiaron á conmover él oatolictnao cataron 
años después de la muerte de aqtsral poatffice repugnante. 

No sabenoi, m sabe nadie, si con el tiempo caerá d no en Es- 
paila elrégiaKB monárquico , pero si tal peripecia sobreTiniese, ae 
deberia á los escándalos de la corte , como ee debe el protestantia* 
mo á los de Roma. 

Para Mprknir el eíema protestante, no suprimáis á Lulero, por* 
qie esla supresión no es necesaria, ni seria tampoco suficiente: su-* 
primid á su precursor Alejandro VI. 

Para supriadir la fran revolución francesa, no supriauis á Ro- 
bespíerre ni á Mírabean: acaso os baste suprimir á CandoUe, cuya 
permaneBcia en el mimsterto , que tan gravemente comprometió d 
trono, deberia ser muy meditada. 

Mas { ay 1 los que ocupan el poder , sin escarmentar jamás en 
ageno daño , se legan sucesivamente sus errores ; los que son , oo* 
pian á los que fueron , y todos por el mismo camino se condocen y 
conducen á los pueblos al mismo precipicio.» 

Destella tanta lógica de las precedentes lineas , atesoran tanta 
erudición y tanta verdad , que no bemos podido resistir á la tenta- 
ción de consignarlas en auxilio de nuestras convicciones. 

La anarquía del gobierno polaco , la anarquia del palacio de la 
calle de las Rejas babian becbo inevitable la revolución en Espalka. 

Esta revolución era justa, esta revolución era santa. 

Ya el vaUente coronel del regimiento de Córdoba quiso ini- 
ciarla en la inasortal ciudad de Zaragoza, y víctima de su airojot 
ó mas bien de haberle faltado otros traidoramente á palabras 4a 
boBor empegadas « sacumbió en la lucba, y «1 gobierno y la i»« 



ML 1Q0KO T ¿S» QRMSOBBS. Wl 

fivencia ilegiiifluí batieron palmas 4egoio; pero no se cesteataron 
con la sangre de aquel denodado caudillo. 

Los ¥aUemtes éA cateto regioiieiilo, abandoaados ée los i[ae de- 
bían haber apoyado el monmieiilo , no poáieodo vengar la mnenle 
de su biaarro coronel , antes qoe «niregarae á loe ir.aidores quisie- 
ron TeagMT su salr«aeion en tiara ertraña sigoieodo las hvellas 4il 
Teteraoo La Torre. 

Este pundonoroso militar , reunió los brios que an ATaacada 
edad le permitía para dirigir la salvaciocí de a«s soldados. 

Quedóse d áMmo sio qoerer ganar la firovlera hasta yet ya 
fuera de peligro á sos camaradas , y el infertinoado cayé en poáer 
de sns persegoidopes. 

Envalentonado el goiiíerQD oon osle triunfo, man^é f^Uar ai 
beMB)érílo La Torre y quiso oaleaiar gala de so energía bncienda 
estensiva la persecución á los generales Serrano^ Jkos ée Obnio y 
otros senadores y diputados respetables que le babian hecho la 
oposición en el Senado, así ooiao tampoco escaseó su Teogativa 
saiaoootra ios periodistas cpie babian firmado la esposieion q«e on 
otro capitulo hemos dado á conocer á naeslros lectores. 

Hasta Bermudez de Castro que habia formado parte del gabi-- 
nete Lersandi fué persegnido de «na manera inaudita. 

Presentáronse ios comisionados del gobierno en casa 4el ex^ 
ministro i las alias horas de la noche para prenderle ; pero él se 
opuso á salir de casa pretestando falta de salud. Un amigo soyo vi- 
sitó al coode de San Luis, y este ofreció al señor Bermudez pasa- 
porte para el estrangero , que el diputado de la oposición no qui- 
so admitir , alegando que scAo cederia á la Tiolencia. 

Esto asegnra el periódico La Eparo, y anaxle los siguientes por- 
menores: 



198 IL PALACIO M LOS CRÍ1BNI8 

« El 24 fué invitado á presentarse en el gobierno civil » mani- 
festándosele que citase hora. 

El señor Bermndez declaró que el gobernador era quien debia 
citarla, pnesto qae solo iria por su mandato. 

Fijada por aqnel la bora de las dos , trató el señor Quinto en la 
entrevista de interponer los sentimientos de sociedad , pero el señor 
Bermudei no dejó de darle el tratamiento oficial, y la conversación 
fué muy sería. 

El señor Quinto en la sala de arresto, le declaró delante del se- 
ñor Calvo Rubio que eligiese el punto i donde quisiese ir, á lo que 
contestó el señor Bermudei de Castro que no elegia ninguno , que 
solo la fuerza material le baria salir , entendiendo por fuerza mate- 
rial la de los soldados y agentes de policía. 

A las cinco envió el señor Bermndez de Castro á Sartorius la 
comunicación siguiente : 

Excmo. Sr. : A las dos y media de la madrugada de ayer se pre- 
sentaron en mi casa varios agentes de policía con orden verbal áA 
señor gobernador civil de conducirme i su presencia en calidad de 
detenido. 

Una grave indisposición me impidió levantarme de la cama en 
aquel momento, y desde entonces estuvo ocupada mi casa por la 
policía basta las dos de la tarde, en que se me comunicó la orden 
de quedar en libertad. 

En el dia de boy se presentó nuevamente un comisario inti- 
mándome también verbalmente me presentase al señor gobernador, 
el cual me ba comunicado la resolución del gobierno de S. M., re- 
ducida á que salga de España en el dia de boy ó de mañana , y 
añadiendo que permanecía arrestado si no me prestaba á presen-» 



BL FOBBLO T SC8 OPRnOftlf. 199 

tarme eo el correo á la hora de sa salida » en cayo caso ee em- 
plearía la fuerza material para hacerme partir. 

He hecho presente al seilor gobernador que no reconocía en el 
gobierno el derecho de hacerme abandonar ni mi casa ni mis inte- 
reses, y qae solo la fuerza de que el gobierno dispone podia ha- 
cerme salir , habiendo convenido d señor gobernador en que sos 
órdenes eran las de emplear todos los medios que están á sa alcan- 
ce para hacer cumplir las disposiciones del gobierno con respecto á 
mi persona. 

Guando sin ninguna consideración á mi calidad de diputado á 
Cortes, ni á la de estar aun abierta la legislatura de 1864; caando 
sin ninguna clase de miramiento i mi categoría como ministro que 
he sido de la corona; cuando sin ningún respeto á ninguna de es- 
tas circunstancias se atrepella mi habitación á las altas horas de la 
noche como si fuera un malhechor , y se me intima después la or- 
den terminante de dejar mi casa y la capital , donde tengo fijada 
mi residencia , debo suponer que sobre mí pesan acusaciones que 
es de mi interés aclarar y desvanecer. 

Sin estas acusaciones seria inconcebible la conducta que con* 
migo se ha observado y se observa todavía. 

Yo pido» pues, á V. E. en vista de las observaciones que he he« 
cho 9 que desde luego se proceda á formarme causa , en la cual se 
formulen los cargos que sobre mí pesan , seguro , como estoy , de 
que muy pronto se verán desvanecidos ante cualquier tribunal , ya 
sea civil , ya sea ante la comisión militar , que para ello pueda for* 
marse en vista del estado escepcional en que se encuentra el reino. 

Pero si contra mí no pesan cargos , si no ha recaido sentencia 
alguna, yo no puedo, sin declararme tácitamente culpable, obe- 
decer la orden de destierro. 



fN n f^kLÉGIO n LOS ciímkvis 

Si el golÑeriM^ ie S. Já. decide q«e debo partir, j si, segoa 
ha declarado el señor goberaador ci?U , está diipoeslo á eMplüif 
para dio la (mm malerial, e» este caso no Me queda otro recur* 
90 síoo eeder ante «lia , pratestando , coaro pretesta, contra la vio»** 
lencia de que soy ▼{ctima, é iosistiendo, como insisto, en mi d ero* 
obo de qoe se me forme )a correspoBdieele cansa antes do iüpo* 
nérseme una pena. 

Espera de V. E. y del alto cargo que ejerce , que tomando as 
cuenta las observaciones que preceden , se sirva elevarlas al sol»*» 
rano eonocimiento de S. M. para k resolución mas justa. 

Dios guarde á V. B. muekos anos. Madrid 24 de feWefé 
de i8M. s: Manuel Beromdei de Castro. =>Excmo. Sr. presido» ■ 
te del GeMejo de nrinístros. 



La respuesta que recibió el seSor Bermodez de Castro fué 
«Hanada su casa á laa dos de la madrugada por el gefe de )a polÑ- 
cfa secreta, el comisario, el celador y mas de veinte bembres, oMh- 
nifestándosele irónicamente por aquel , que la única contestación 
que el presidente del Consejo daba á so comunicación era consti— 
tuirle preso. 

Pésesele incomunicado , sin permitirle siquiera que llevase li- 
bros. 

El 27 se le hizo salir en un carruaje, acompafiado por un aar«- 
gento de la guardia civil. 

Al llegar á Sevilla le manifestó el gobernador do aqueHa pro- 
vincia, señor Perales, qoe saliese inmediatamente; pero sin pera»*- 
tirle pasar por Jerez , aun cuando habia mostrado deseos de ver á 
su anciana madre y á un hermano moribundo en dicho punto. 

£1 señor Perales le hizo presente que tenia orden espresa del 



n. FonLO T sus onuMORBS. 104 

gobierno para no permitirle ir á su casa ni un momento. 

AI llegar el señor Bermudez de Castro á Cádiz fué encerrado 
en el castillo de Santa Catalina , y el 4 de marzo se entregó de su 
persona» bajo recibo, el capitán del buqne Rián$are$ para traspor- 
tarle i Canarias. 

Parece que el gobernador civil, señor Cano, decia que un pasa- 
je sobre cubierta era bastante para los deportados, en vista do lo 
cual tuvo que pagar el de popa . 

¿ Cuál fué la causa de tan brutales rigores que han arruinado á 
una familia y acelerado la muerte de su hermano ? 

¿El ser del comité constitucional formado en casa de Soto- 
mayor ? 

¿ El que en su casa nos reuniamos los pocos que quedábamos 
después del destierro de 0*Donnell y Concha que eran del comité? 

i Ó es que ha pagado su conducta en la cuestión de caminos de 
hierro , tanto por Salamanca , á quien negó la introducción de los 
efectos libres de derechos , como por otras personasonas altas ? 

¿Ó es la venganza de ciertas personas por los bienes que no 
quiso devolver de Godoy , ó la de Llórente por la conducción de 
efectos estancados ? 

Probablemente habrá sido todo esto.» 

¿Creia acaso el iluso gobierno que no tenia mas enemigos que 
los de la oposición, de la tribuna y de la prensa? 

¡ Qué obcecación t 

; Qué ciego estaba en su rabiosa agonía 1 

El pueblo todo de Madrid fermentaba en deseos de vengar los 
ultrajes que le oprimían y escandalizaban. 

El marqués de Bellaflor habia recibido en París una carta de 

sus amigos que empezaba de este modo : 

r. II. 26 



BL noác» n xts joáma^m 

PbHPÍMBSB ÜSOriD i BBemSSAR A bu V4THIA* 

La Lucha sb anokbía..»«. lucha ihbbbistibus paba lm hba- 

Wb* • • • • 

Estamos <8B6imos bb haixab i ubteb bn su fubbto bh los mo- 
mentos DEL PELIGRO Y DEL TRIUNFO. •• ETC. 

Ed efecto , se aproximaba el momento solemne de la jasticut 
popular. 

La iodígDaeioQ 7 ^1 deseo de salvar la libertad española hacia 
hervir la sangre en todo pecho generoso , y esta santa efervescen-«> 
cía se propagaba por teda la península. 

Y no se caliBqne de motin asqueroso semejante iosurreceíoBt 
pnes desde los personajes mas elevados hasta el infelis obrero « to- 
das las dases de la sociedad se aprestaban para derrocar la demí-» 
nadon polaca. 

Bemos dado á oonooer los sentimientos de lisarros genenies, 
de dipittados ilustres , de venerables senadores » de escritores acre- 
ditados , de probos capitalistas y otros personajes de alta cate- 
goría asi del partido moderado como de los sffiliados bajo la in- 
signia del progreso , que han acusado ante el trono al ministerio 
Sartorius como conculcador de todas las leyes , como vil instra- 
mentó de bastardas influencias , como dilapidador de los caudales 
públicos , como verdugo de las patrias libertades. 

Falta demostrar ahora que este clamor de la alta sociedad se 
armonizaba perfectamente con los deseos de las clases mas Ínfimas 
del pueblo , y que todas las simpatías del poder oculto y del go- 
bierno inmoral que recibía sus inspiraciones , iban redociéndose á 
la Boenor espresion. 

Permitasenos pues describir una de esas escenas que los pe- 



IL PUEBLO T SUS OPRESORES. S03 

dantes edifican de brocha gorda » y son sin embargo en las qae mas 
han Incido su envidiable ingenio el antor de la Virgen de París , y 
otros insignes novelistas. 

¿ Qué quisieran los perfumados críticos ? 

¿Que les presentáramos un cuadro de pobres jornaleros y ha- 
raposas lavanderas » dotados unos y otras de fiaos modales , ocu- 
pándose de los negocios públicos con Ik finura que exigen las 
convenieDcias diplomáticas? 

Esto si que seria escarnecer las reglas del arte ; pero ¿ á qué 
esta prevención ? 

Llevemos la verdadf per norfe... eopiemos al hombre tal como 
es para enseñarle como debe ser , y despreciemos estúpidas imper- 
tinencias. 

La grotesca escena que nos proponemos bosquejar en el si- 
guíenle capkuki» probará, sin embargo, que desdt la sociedad mas 
elevada de la cérte, hasta la mas plebeya » todos indicaban una 
tola persona como la causa principal de los males de España , y 
todos afisiaban el momento de una revolución salvadora. 



^Kkw- 



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CAPITULO XVU. 



HORAUDAD Y POBREZA. 



Uno de esos hermosos dias de invierno en qae los rayos del sol 
templan la crudeza del frío y hacen agradable el paseo por las ar- 
boledas que circuyen la coronada villa » cuando ya la naturaleza 
fertiliza los gérmenes de animación , de vida , de riqueza, que han 
de desarrollar en breve las frondosas galas de la primavera encan--* 
tadora , un respetable anciano caminaba meditabundo por las már- 
genes del Manzanares. 

Al pasar por frente de una de las miserables casuchas donde 
suelen mitigar el hambre las pobres lavanderas con alimentos mal 
sanos » vio que cierta mujer de avanzada edad repartia unas cebo- 
llas y mendrugos de pan á multitud de hombres andrajosos » que 
recibían aquel socorro con avidez verdaderamente canina. 

Rodeaban á la vieja con inaudita algazara , á la manera que 
aullan los perros en torno del cazador cuando este les reparte el 
alimento. 



KL PÜBBLO T SD8 OPlBSCNffiS. 905 

— Para lodos hay, machachos— decia la tia Colasa á los qoe 
acababan de recibirla con diabólica gritería. 

Esta gríleria« auoqae prodncida^por el hambre « era á la sazón 
hija del boen hnmor. 

— Tia Golasa « la cebolla mas gorda para mi ya sabe nsted 

que yo la requiero... y que siempre me ha hecho tilin ese aire de 
taco. 

-«Toma, camastrón... no dirás que no te sirvo á gusto-— con« 
testó la tia Colasa al que la camelaba de tal gnisa « tirándole efec- 
tivamente una cebolla monstruosa que el otro cogió en el aire con 
destreza , y empezó á dar saltos de alegría. 

— Eso no es lo rignlar, sena Colasa — gritó un joven muy al- 
to , cuyos brazos á guisa de aspas de molino estaban siempre en 
continuo movimiento.— ¿ Por qué ha de ser Manolo el perferío? 

—Cállate esa boca« J?s(arlaIao— dijo la vieja— y toma to ra- 
ción. 

— ¡ Misté qae cebolla me dá I 

— ¿Qué tiene esa cebolla? En tu vida la has comido mas fres- 
ca ni mas rica. 

— Pero no es tan gorda como la de Manolo, y todo eso no su- 
cedería sino fuera tan bragazas el tio Blas. 

— ¡ Bragazas mi pariente I 

— Ya se vé que s(... que á todo hace la vista gorda... y entre- 
tanto no se duerme en las pajas ManoHllo. 

— Cállate , mala lengua — repuso la vieja haciendo una mueca 
espantosa al esforzarse por sonreír con coquetería. 

—¿Esas tenemos « tia Colasa? — preguntó otro entre generales 
risotadas. 

— Sí , señores — dijo Manolo abrazando á la vieja que había ya 



repartida toda la provisión — la tia Colasa es la reina de mis pen- 
samientos. 

Aqaf subió de ponto la hilaridad j fueron tan estrepttosai las 
carcajadas, que saliendo de su basto establecimieiiio el 6^ Blat^ 
pvegunUS con el imperio del señor de aquellos dominios : 

-*¿ Qué alboroto es esVe , caballeros ? 

Y los caballeros de á pié no se atrevían á responder ; pero t<^ 
doa se mordían los labios de risa. 

-— Dimelo tú , Colasa , ; qué significa esa risa ? 
---Qoe son unos locos. 

Y sonriéndose la vieja , se biio crngir una tías otra las coyuíi^ 
tmras de los cinco dedos de su mano dereeba. 

•—Es» ya lo> veo ¿pero por qué tanta gritería? 

-—Pbr^e Ifanolb me ha echado un requiebro. 

-^¡ Ave: Maria Purísima I ¿A tí? 

—¿Y porqué no? — repuso la vieja como agraviada por d 
desprecio de su marido , haciéndose crujir los dedos de la mano iz- 
^«erdft. 

— Porque eres una vieja tarasca — respondió el tío Blas con to- 
davía espresio» del convencimiento. 

La franqueza del marido faé acogida con: los mismos bravoa, 
palmadas y gritos de entusiasmo que se prodigan á un gorgorito de 
!• prima donna en el teatro de Oriente, llamado por mal nombre 
real. 

-—Pues no decías eso la otra noche — esclamó la tia Celasa. 

— ¡ Hola I ¡ hola ! —gritaron todos. — Con que la otra noche. •« 

—¿Y qué hizo esa noche? — preguntona curioso impertinente. 

— ¿Qué hizo?... Lo que quería hacer Manolo. — respondió Ift 
tia Colasa Meciendo las caderas. 



---¿Y qué *qnema éaeer Mavdo ? -~pregfsiitó A «ü iw ÍA fi¿ 

BbB. 

«—Yo se lo fé«— -raspondíé la WMja— ^pere^el eéMttieBM....^ 
—Y otra vez ae *bi«o 'Orajir let dados. ' 

•~¿Y qaé'anooflBieiiao ha aido e9ef...--«a6claaDi<t «pameiite el 
wjo. 

— Me ha 4ado un abraao — dijo la vieja ToWiaado los ojoafas 
blanco, y meciéndose otra vez. 

-«-¿ fia *v«ras?-^gYÍIó coibo fóera de sí lel laarído. 

— Como lo oyai. 

— ^¡ Cn jdiraio I ¡ no abFSZoI..«—pap«tiaá gritos d lio filas. 

—^Ui. abraco. 

Y santiguándose «1 ^marido « aüafió con 'desdeiosa flama: 

^-cPnaaia digo q«e ae naceaíta estdmago. 

La risa 7 la cbaeota Uegaron en este «BEMmeDto á nn difcro B M) 
isdefinibia, y noaabemos cali hubiera sido el término de tan ea- 
Irepilosa algasara, si la aproximación del hombre meditabundo da 
qaien hemos hablado al principiar este capitulo, nohnbiera eseS- 
lado cierta emoción de respeto en aquellas pobres gentes , qae de 
repente guardaron profundo silencio , y volviendo la cara con <d 
sombrero en la mano recibieron agradablemente al recien-Uegado. 

— ^Parece que hay buen humor, muchachos — les dijo él res- 
petable viejo con fraternal amabilidad. 

— Lo que es buen humar -^reflpondió nno de los oirconstan- 
tes— nunca falta gracias á Dios.... es lo único bueno qne tenemos 
de sobra. Ya se vé , cuando la conciencia está tranquila... 

— ¿Y oa parece poca ventaja esa? 

— Dd mal él menos, como suele decirse; pero la procerion 
anda por dentro de la iglesia , señor don Anselmo^ y al fin y al ca- 



tM UL PALACIO M LOS Clíllll» 

bo» después de lo ano vieoe lo otro... me eotiende so merced? Y 
si ahora. .. vamos al decir.. • se echa uno los trabajos á la espalda» 
y come un mal pedazo de pao en buena compana y alegría , luego 
Tienen las angustias en casa... que todos son apuros. 

— Ya» si venis á gastaros el jornal en francachelas. ..—repu- 
so en tono festivo el arquitecto Godinez , que era la persona rec¡eB«> 
llegada « y conocía i todos aquellos infelices por haberles propor* 
cionado ocupación muchas veces. 

—i A gastarnos el jornal en francachelas t dice su merced ? 

— Como os veo comiendo con tanta algazara..* 

—Una mala cebolla y unos mendrugos de pan seco que la tía 
Colase nos da... en cambio de algunos cuartos, se entiende. 

—-Pues bien , i y de dónde sacáis esos cuartos? 

— Mire usted , señor don Anselmo , algunos de nosotros tene- 
mos aqu{ á nuestras parientes lavando en el rio. Quien tiene una 

hermana, qnien su mujer, quien su bija y nos venimos acoDi* 

penándolas con los lios de la ropa , y si babian de dar un par de 
cuartos á un gallego, nos los ganamos nosotros... y tan campan* 
tes. Con una cebolla y un pedazo de pan tenemos para pasar 
el dia. 

•—¿Luego su correspondiente trago de vino ó aguardienlep 
verdad? 

—Como no sea aguardiente de ranas... 

—¿Con que tampoco hay para echar un trago? 

— Nada, señor, están los tiempos muy malos, y si Dios no lo 
remedia^, . . 

—¿Qué mas Dios que el señor don Anselmo? — alegó otro de 
aquellos infelices. — Si so merced quisiera, fácil le seña darnos 
ocupación. 



KL PDKBLO T SOS OPRBSOBBS. S09 

— Amigos mios, ahora no se acuerda nadie de mí, esceptuan- 
do alguno que otro particular ; pero en las pocas obras que dirijo 
hay jornaleros de sobra. En cuanto al gobierno « como ya sabéis 
vosotros que soy muy liberal « solo se acuerda de m{ para meterme 
en la cárcel ó mandarme á Manila. 

—-Bien dice mi mujer — esclamó otro que habia guardado si- 
lencio hasta entonces. 

— ¿Qué dice tu mujer? — preguntó Godinez. 

— Que todos los que mandan son una chusma de ladrones. 

— No anda muy desacertada en eso. 

— ¿Verdad que si, señor don Anselmo? 

—Pero vosotros sois los que menos debierais quejaros... al fin 
y al cabo se hacen ferro-carriles... luego los derribos de la Puerta 
del Sol... Todo eso ocupa muchos brazos, y estoy aturdido de ver 
que el trabajo os falte. ¿Por qué no os presentáis todos juntos al 
conde de San Luis ? 

—Si fuera para darle un trancazo... 

— ¡Pobre mozo! — replicó riendo el viejo Godinez — ¿pues qué 
mal os ha hecho? 

—Él tiene la culpa de todas las desgracias de España. 

— Otros hay tan malos ó peores que él — dijo Manolo. 

— Todos los que gobiernan en el dia — añadió otro— -son lobos 
de una misma camada. 

— ^Y la loba es peor que los lobos— repuso Manolo. 

— I La loba ! — dijo Godinez. 

— ¿Pues no es peor que una loba María Cristina? 

— ¡Esal ¡esa! — gritaron todos con indignación.— [ Esa es la 
causa de todos los males de España. 

— Por ella ha subido el pan. 

T. II. 27 



Si o KL PiUdO PE LOS ttÍMBrilS 

— -Y el i^ioo. 

—-¿Cómo así?— pregoDtó doo Anselmo. 

— I Toma I como qoe ba comprado todo el trigo y todo el vino 
que ba podido para mandarlo allá donde se pelean los franchutes 
con los rasos. Y lo peor de todo es qne hace sns negocios con los 
millones robados al pueblo español. De todo tiene la culpa nari- 
zotas. 

—¿Quién es ese narizotas? — preguntó Godinez. 

—<- Fernando séptimo, que se fué á casar con una italiana « co- 
mo si no hubiera mujeres en España! Así salió ello... que no llevó 
malos pitones... i Siempre han de venir los estranjeros á quitarnos 
el pan y la honra I No « pues como se tocase i degollina, no habia 
de quedarse en zaga el nieto de mi abuela. 

— Pues dicen que está para reventar la mina. Parece que la 
tropa tampoco está contenta. 

— Entre tanto signen los que mandan recogiendo millones, y 
emborrachándose en sus palacios... ¡Yaya una ley la que rige 1 

— ¡ Toma t la del embudo I 

—Ya se vé que si. Anda tú , y roba una sardina á la tia Co«- 
lasa. 

— ¡ Dios me libre ! primero me caeré muerto de hambre. 
-—Es un suponer... verás que pronto te mandan á presidio, si 

no te aprietan la nuca. Y esos señores que mandan roban millones 
sobre millones y el pueblo tiene que sufrirlo y callar. ¿Y para qué 
querrán tanto dinero? 

— Claro está, para tener muchos coches y caballos, y lacayos, 
y dar muchos bailes , y vestir eon lujo á sus queridas , y beber 
buenos vinos y comer ricos manjares en platos de oro.«. 

— ¡Bah, bahl... ¿A que no comen ellos sus perdices en pía- 



El miLO T Si8 OFftlSOlEi. IH 

tos de oro con tanto gasto como nosotros estas cebollas? 

—«A buen seguro,— respondieron todos. 

-— ¿Y sabek porqvé, bijos míos?—* objetó don Anselino.*— 
Porque vosotros tenéis la conciencia tranquila, y ellos, en raedio 
de sos placereá , Tiven agitados no solo por )os remordimientos, si-* 
no por mil pasiones bastardas que les hacen infelices. Nunca vea 
saciada su ambición ni sn codicia ; y un deseo ardiente de poseer 
mas y de verse á mayor altura , consume de continuo su corazcm. 
Ellos son desdichados en medio de cuanto ha inventado el orguUa 
para fascinar al hombre y rodearle de materiales goces , y vosotros 
en la indigencia os consoláis con vuestro buen humor, como esta— 
bais haciendo cuando yo he llegado. Seguid, hijos mios , albergan* 
do en vuestros corazones loe nusmos sentimientos de moralidad , j 
nunca os faltará Dios. 

— Nosotros queremos trabajar... damos todos los pasos imagi- 
nables en busca de trabajo , pero no se nos proporciona ... ¿y si es- 
to sigue así , hemos de ver morir de hambre á nuestros hijos? 

—-Debéis resignaros á todo, antes que cometer una mala acción 
para remediar vuestra pobreza. Hijos mios, Dios me envia para 
socorreros. . . Mañana i las nueve de ella os presentareis en mi casa 
y aunque mas bien me sobra gente para las obras que dirijo , como 
os he dicho antes, veré de colocaros de cualquier modo que sea. 

•— jViva nuestro protector! 

— j Viva nuestro padre! 

Estos gritos fueron repetidos con entusiasmo por aquellos hon- 
rados menesterosos. 

— Ahora reunís aqui á vuestras familias , y la señora Colasa os 
dará una buena comida.— -Y dirigiéndose á la vieja, anadió : *-¿ Sa- 
be usted donde vivo? 




91 i n FALAGIO DK LOS CftÍMIlfU 

-—Lo sabemos nosolros— respondieron algunos. 

— Pues bien « da usted ana boena camela de callos á estos ami- 
gos de la manera que saben ustedes condimentarlos por aqn( , sin 
escasear nada para qne salgan sabrosos. Completa osted la comida 
con huevos ó bacalao etc., lo que mas les guste, y un vaso de vino 
y un pan á cada uno. Sus mujeres , bijas ó hermanas que están la-* 
f ando , entran también en este convite que yo pago , y mañana ó 
esta tarde me trae usted á mi casa la cuenta. ¿Necesita usted algo 
anticipado? 

— ¡Quiere usted callar!— dijo la tia Colasa en ademan com«- 
placiente. 

— Todo lo que hay en nuestro establecimiento está á la disposi» 
cion de usted , señorito— añadió d tio Blas. 

Es muy común en Madrid entre la honrada gente del pueblo, 
llamar uñoritoi á los viejos cuando tratan de halagarles. 

Renunciamos á describir el júbilo que las palabras consoladoras 
de don Anselmo causaron en aquella reunión de pobres jornaleros. 

Despidieron á su protector victoreándole con lágrimas en los 
ojos, y apenas le perdieron de vista, comenzaron á dar gritos para 
llamar á sus parientes, que sabido el objeto de semejante alboroto 
no tardaron en presentarse y aumentarlo con sus estrepitosas de- 
mostraciones de alegría. 

Acababan de dar las doce del dia cuando el tio Blas y su cara 
consorte sacaron de su establecimiento una mesa en cuyo centro bu* 
meaba la apetecida cazuela de los callos , cazuela que por su es- 
traordinario volumen tenia honores de barreno , y destellaba por 
todos lados cierta fragancia agradable, capaz de escitar el apetito al 
convidado de piedra. 

Colocado aquel alimenticio objeto de la general ansiedad, deba- 



n. PUSML0 T $m OFlCSOftBB. tlS 

jo de vn emparrado doode había varios bancos y sillas, agitó el tio 
Blas un cacharon que llevaba en la diestra á gaisa de tambor ma- 
yor, y con sn característica gravedad, esclamó: 

— Sentarse todo el mando. 

— ¿Para qaé quiere asted que nos sentemos?— dijo ana joven 
bastante agraciada á no haber tenido el defecto de ser bizca , por 
cay a circanstancia se la conocia por el apodo de la del gfutno.— Es- 
tamos bien de pié. 

— Tiene razón la del guiño «--> añadió ana mujercilla de anos 
treinta y cinco años , á quien por su corta estatara y genio vivo y 
bullicioso, apellidaban la Rata. — De pié, de pié que cabe masco- 
mida en el cuerpo. 

— Pues para llenar el tuyo , Rata , poca provisión se necesita — 
objetó Manolo.— Nada, nada, lo mejor es que cada cual coma del 
modo que se le antoje. 

— Tú siempre has de meterte en camisa de once varas— repli- 
có el tio Blas con enojo. — Mira que no soy tan zanguango como te 

figuras, y si se me atufan las narices me las vas á pagar todas 

de una vez. 

— No sea usted atroz, mi amo — replicó Manolo — y eche as- 
ted buenas porciones á cada prógiroo. Yo no sé por qué se ha de 
tomar usted esa molestia ; ¿no valdría mas que repartiera eso la tia 
Colasa ? Vamos, tia Colasilla, empuñe usted el cucharon... siquiera 
para llenar mi plato. 

— Gomo no te calles, te bautizo con la salsa de los callos — re** 
plicó el viejo entre generales carcajadas. — ¡ Ea ! sentarse todo el 
mundo , y Colasa irá dando á cada cual su parte conforme yo vaya 
llenando los platos. Después hace cada uno de su capa un sayo y se 
lo come de pié , sentado ó tendido si bien le parece. 



i 



lié iUi WJOMIO M (08 CüíIflUIW 

— -Seotane , senUrae todo»—- dijeroo algabas TOces. 

Y todos tomaroD asíeoto. 

£1 grave dueño de la casa fué llenando platos, y sa digna oom^ 
sorte los iba repartiendo , dando un panecillo á cada drcnnstante. 

Cnando llegó d tamo á Manolo, dijo este con socarroneria : 

—»l Jesús! y que tufillo tan delicioso arroja el condimento. ¿A 
qoe adivino las manos que han andado en ello ? ¿Verdad que es co* 
sa de usted este guiso , tia Golasa ? 

—Ya se vé que sí— respondió la vieja meciéndose de caderas 
como tenia de costumbre » y haciendo crujir los dedos de la mano 
derecha. 

— ¡Si tiene usted gracia para todo ! 

•—¿De veras » eh?— y los dedos de su aurda sonaron como unas 
castañuelas. 

— Tengamos la Gesta en paz— -gritó el marido dirigiendo nna 
grave mirada á Manolo. 

-— i kj, tio Blas I ¡qué dichoso es usted I —y al enguUiraa 

un trozo de callo , lo arrojó de la boca gritando : — ¡ Que me he 
quemado, cogollo 1 

—Me alegro — dijo el tio Blas entre las risas de todos , y aña- 
dió en tono de sentencia:— Eso le sucede á todo gato goloso. 

£1 chiste del viejo fué comprendido y aplaudido con estrépito 
por toda aquella brillanU concurrencia. 

Así que todos tuvieron su correspondiente ración, hubo alga- 
nos momentos de sepulcral silencio^ que solo era interrumpido por 
-el rumor de los resoplidos y sorbos que acompañaban la general 
masticación. 

Solo de vez en cnando se oia alguna palabra que llenaba de or«- 
guUo á la dueña del ya ocreJ^tadQ eiUMecimienio. 



-— I Qué buenos estáfi ! 

«^ t Y como pican los nidiiioi ! 

•^ ] Vaya irnos caitos sabrosos I 

— - iQaé ricos! 

Estas palabras , bijas del entusiasma estomacai , eran laureles 
inmarcesibles que coronaban las arrugadas sienes ée la tia Colasa, 
en galardón de n envidiaUe habilidad cidinaria. 

<-— Si no flfte di nsted tino, prenda mia-*^dijo el atrerido Ma- 
nolo á la afortunada vieja — no puedo proseguir, porque entra él 
esoozor de la guindilla y la quemadora de enantes, tengo la lengua 
descolada. 

—Así fuera cíerto«^fjo el tío Blas. 

— *No sea usted atroz , y mande queme den vino. 

—Saca la jarra^^dijo á la lia Colasa m marido. 

Sacóla en efecto y la entregó & MaaMo ^ quien después de ha- 
berse echado un buen trago al coleto , dijo con formalidad : 

—Señoree f dejando ahora las chanzas á un lado, declaro aquí 
como si estuviera delante del confesor en mi él tima hora , que s<do 
siento ser pobre cuando acabo de beber un buen trago. Si yo fuese 
de esos ministros que roban , no lendria coches, ni caballos» ni 09^ 
cheros, ni gastaría en bailes, ni en relojes, ni en espejos, ni en 
cornucopias; nada de eso. En rea de palacios tendría grandes bo- 
degas sin otros muebles que barriles y toneles de todos los vinos 
naa «aqmsitos éA mimdo» 

«—¿Y erees tú que te harían buen provecho?*-- preguntó la M 
guiño. 

— ¿ Por qué no ? 

-—Porque lo que se disfruta con el dinero robado tarde ó tem- 
prano ha de hacer mal eHógamo* 



Sf6 IL FAkAOO PE LOS CEÍMBIIIS 

Entablada otra vez la conversación sobre la conducta de los go- 
bernantes , se dijeron verdades estupendas , que por sabidas no qne- 
remos reproducir ; pero que probaban á la sazón que basta la dase 
mas ínfima del pueblo , conocía el origen de los males de la patria 
y el remedio qne reclamaban con urgencia. 

Todos , hombres y mujeres, censuraban la inmoralidad que rei- 
naba en las altas regiones, y las miserables lavanderas, esas po- 
bres mujeres cubiertas de andrajos , hablaban con desprecio de la 
duquesa de Biánsares. 

Y no se diga que el calor con que afeaban la conducta de tan 
alta señora fuese hijo de la envidia, porque es un absurdo evidenle 
en demasía pretender que una mujer avezada á la indigencia, pueda 
envidiar una posición social que tan lejos se halla de sus aspiracio- 
nes. Las pobres gentes que habían aceptado el obsequio del genero- 
so Godinez , terminaron alegremente su comida bendiciendo mil ve- 
ces á su protector , particularmente los hombres á quienes propor- 
cionaba el trabajo que ellos buscaban con ansiedad ; y si maldecian 
de los gobernantes , era precisamente porque la inmoralidad pala- 
ciega les escandalizaba, al paso que la virtud , solo la virtud les da-» 
ba aliento para vivir tranquilos en medio de las mas horribles pri- 
vaciones. 

¿ Quereb mas pruebas de virtud , que ver á esas infelices mu* 
jeres correr por millares bajo un sol abrasador en verano, y pisaa* 
do nieves en el rigor del invierno y pasar el dia en la hume- 
dad.... con los pies mojados.... ligeras de abrigos.... las manos j 

brazos siempre en el agua y repetir estos afanes todos los dias 

del año para ganar su escaso alimento ? 

Y es de advertir que hay centenares de jóvenes lindísimas- que 
ejercen este penoso oficio.. • ¡y en Madrid I 



¿N« teí sábelo fibtM fue «§> en IbdrM á toda jdfei d» iMiea pa- 
recer proporcionarse comodidades cuando se presciade^dt! koaerf-* 

Faé»lHeo, por ooBéertar«'hoDor ileso «n^^ 1m jiiMDes 
de cpiieMS haUaaite penriidades s« ooeita y penalidades taii'anMr' 
gat^neparece iapoábfe paed&fMstirks'ier naturaleza kametts^! u\ 

¿y Does^stooBa virUidqaa rayaes beroieBMit 

¿¥ aaofreoeesta firtad on eootraste'^e asombra eosaparáda' 
cea la eÍNMÜáeta de los ipw:ea oiedioi do todojaea da omaodtdadaí^ 
d hen i s db^ iaaiaaisas mtaaxas, se abandoaan á los aiaa degradaoiea 
vicios y ejercen el harto domo la única profesioBí á qae lea loclüao . 
d siampre orociáato anhelo de^adqnirif t 

No se crea que al hablar de este aM>do traieaios de esdtee el 
ódiór eattest pobáesy ricos. 

Heaass consagrado ottro libtov l4S Bruja de Jfiadridi, á leeoOf^ 
ciliar estas doa eknea* do la soeiedai > igoriaieatii; respetables pava 



TaaspsNxr ea amesfero- áaioio ^pidrraar loa esceaos qtto poedaai 
lao dase» desYdidia^ 

¥a lo heasos dídlat otra test eaeaiigoa> noaatroa , irroeoBsif 
liahles del fanatismo , no por «so ddha ensérsenoa abobados de la 
incredulidad. Apóstoles del buen sentido, jamás predicaremos el 
crimen y la impostara , y al tomar la defensa del artesano y del 
pobre contra los magnates que le roban el fruto de sos sudores y le 
oprimen , haremos resonar con toda la energía de que somos ca- 
paces , las verdades sublimes que nuestra conciencia nos inspira en 
favor del pueblo; pero nunca introduciremos en sus talleres las 
máximas disolventes de los serviles instrumentos de la reacción que 
cobijan su deformidad con la máscara de una escuela basada en la 

mentira. 

T. n. 28 



SIS IL FALiU») M LM CtíONIl 

Lo MISMO ABOmRBCBMOS KL DESPOTISMO DI LOS BRTM QVU WL HE- 
SEHFBEHO DEL TÜLOO. 

Impelidos por ana generosa emoción de horoanidad , nos hemos 
lanzado espontáneamente á la arena para apadrinar á las dases' 
menesterosas ; pero si bien reclamaremos siempre con ardor cnan* 
tas medidas alcancen á mejorar la snerte del artesano laborioso , del 
iafelis jornalero , j de toda criatura desralida , jamás nos erigiré-- 
mos en patronos de la iragancia y del crimen , oonfnndiendo á loe 
hombres del trabajo con esos miserables encharcados en el lodazal 
de la pereza y de los victos. 

Quédese para los dementes ó malvados el afán de abogar por la 
inmoralidad y la prostitución. 

Nada mas respetable y digno de amor y protección que la vir-^ 
tod desvalida : nada mas repognante , si bien no menos digno de 
lástiipa 9 qne la indigencia germinada entre los vicios. 

Hay una distancia inmensa entre el pobre y el vago » entre el 
desgraciado y el perezoso ; y al paso que hallamos justo y morali- 
zador el infortunio del que no quiere trabajar , como consecoenGÍa 
de su envilecimiento , deseamos que la sociedad no abandone nuQ- 
ca al honrado jornalero que ama al trabajo. 



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MNli^ 



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CA^ItiJLO XVIiL 



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OPULENCIA ¥ PBOSTITCaON. 



No todos los hooriiret q«e tiveii eo k op«kBOia ioo acrWor^i 
á iiM tevecÉ «otMoni* 

Loi bay moy dignos for sus alUs virtudes del aprecio geoeral, 
y de lá gratitud de los pobres. 

No todos los rióos son bolgaiaoes y .disipadores ; los hay útiles i 
so patria y amantes del trabajo; porque no hemos de ooueretarnos 
al trabajo material de las manos. 

Verdad es que los que no necesitan el froto de su trabajo para 
vivir son los que menos se afanan por el engrandecimiento de las 
diéneias y las artes ; pero como no todos nacen ricos , los que de- 
ben sus riquezas á un trabajo asiduo , los que adquieren una posi- 
ción brillante por medio del ejercicio de su honrada profesión, 
conservan siempre un amor inestinguible á ese trabajp que tanto 
bien les ba proporcionado , y basta en la opulencia aman y prolejen 
¿ las clases trabajadoras , de donde ellos han salido* 



S90 BL PALACIO m LOS caifnNis 

Del froto del trabajo nace la propiedad , esa propiedad sagrada 
qae nadie poede arrebatar al qae ha sabido adquirirla por medios 
honrados , esa propiedad que todo gobierno ciyilizado debe garan* 
tir rigorosamente como el manantial de la prosperidad de las na- 
ciones. 

Esta garantía es indiipensable jpara escitar el amor al trabajo» 
7 de ella resultan esa desigualdad en las acumulaciones de riquezas 
procedente no solo de la mayor ó menor capacidad de los que hon- 
radamente se afanan por adquirirlas , sino de la mayor ó menor 
afición al trabajo ; por manera que la riqueza de este modo adqui- 
rida, lejos de ser un estímulo al odio déla sociedad , es un dere- 
cho á su amor y reconocimiento , porque es el galardón del talen- 
to, de la aplicación y de la laboriosidad. 

Es pues una necesidad imperiosa , no solo sufrir ese resultado 
ée la daaigoaUad da tai facidtadcs haoiaaaft ooa resignación , sino 
con gratitud » porque los que se hacen ricos Irabqando , no ^aítáa 
mda á nsÜie, al eontramut dan -á muchos , povqoe ocvpaii otros 
brazos» y estimulan á los que desean hasense ricos ^porigoakS'fli^ 
•dios , 7 de esta rmdidad , de «ita emoiacion citilindora ''Surge 
igashnenle la prosperidad de los pueblos. 

El amor al trabajo ha elevado i suchos desde «na oana luh- 
oiUde 7 olvidada , hasta una posición brillante 7 honorifica á la 
par. 

Franklin era nn pobre cajista, Sforce un activo labrador» 
Peel fué hilador de algodón , Joan de Mediéis nn laborioso ooomtw 
oíante. Estos nombres por sí solos son la 'OMJor apología del amor 
al trabajo. 

¿ Y hamos de criticar y odiar al epakrnto solo povque posee 
mas riquezas que nosotros? 



mítir el fecNi 4e «am ibMMt td^pñriéos por «• ilafeatok' y pír»- 

Fio 9 «tvniíos iioftradof , ao^, át<Hpgm»«aoBni^: p igip i e/t— h 
tiÍ6P y ow d rt s pqi¿ei>nfcJyirirte<yie Mo§ iBiqmiéfon. i | 

Trflbajaé , lrtliaj«á m dm i l ámí» j no tardMnb M «MÜvfd 
premio de vuestros afanes. %V <wil será* este fVMiiof . .1 

'Será propefriMade áiTMetras fatigas, á imeátra lÉMUid, á 
TUestrtff faenas , á ▼«estros merecímieÉtoik 

TTiliafÉ4'ei8fÉf rfé , 7 05 dudáis ipie «njarará 4» día «1 dsa rM»- 
tra condición , y que muchos de los que comenzáis por gana^iÉD 
wcaso joniri, ipMreir«afo iM}oraa diaa ea^^aesta eáidl vdtfíL 

Ufla 'Wt Aldo #1 i«»pgkki á4af rvedasde la fei4uw itpüém'd^ 
be si llegareis tambÍM á^er^opoleintof f . i 

¿No seria Ufla satisfaoeiott ioipoéderairto para woootms |pasar 
TMia ▼qeg g rtw i gaJa «««edio 4a <loéo géoero ée eomodidadaa ? 

¿No'SOiilmais eierlo pkeer iaésfiaiUaaí pódisaeís lagar á #Ma- 
tros bfjosuBa gnm fortima? 

¿No os llenaría 4t jAbilo el pensar que voestros hqos Jndiitaáan 
auntoosos palaeies , adomadae de> selectas lÜMrariaiiy de.caadknoé pre- 
ciosos y otros riqaísíaios tanobtes-? 

¿ No oa gmiaria verlas presidir ie^M opíparas mesas y pasearían 
fogosos coréelas , 4 eo carrosas nulifica»? f 

¿¥ qué dinaiis onlonees si hdbiese qntea atenlara á an p ra pi» 
dad? 

« I Bh 1 .^ . dateaeos ! » daaMriab cod raaon. «Toda asa opulen- 
cia de mis liljoa la lia gaaado hoanidaiiieiite su padre , y Midielia- 
ne derecho á despojamos de ella. Es una fortuna legittmamaata ad- 
quirida. •• es *el premio de la tirtod y ddi trabajo.» 



:ltS KL fáLáJOO hE LOS CftiWNIf 

Y YUcsIrM palabras seriáo atendidas , y muestras justas raiooes 
-respetadas, como respetar debemés las propiedades ageuas. 

Respetemos pues á los ricos koorados, qoe si los hay holfaia^ 
- Bes y disipadores , ellos espiarán sns vicios en la miseria acosados 
por tardíos y desgarradores remordimientos; pero también hiy 
opulentos bienbecbores • no lo dudéis, y estos , además de respeto, 
merecen vuestro amor y vuestra gratitud. 

Seguid sus budlas y les veréis abandonar sus palacios para vi- 
sitar la humilde morada del desvalido , y aliviar sus necesidades 
con generosa mano sin temor al contagio de asquerosas enferme- 
dades. 

. El bello sexo es aun mas indinado á este verdadero goce, y mm 
Madrid abundan las sefioras de alta categoría que ejercen esta ca- 
ridad evangélica de una manera verdaderamente beróica. 

La honrosa conducta de los ricos que de este modo se granjean 
la admiración , los aplausos y el amor de todas las clases de la so- 
ciedad , hace subir de punto lo horrible de los crímenes que perpe- 
tran ciertos magnates , que no contentos con la posesión de inmen^ 
sos tesoros , se desvelan y agitan por multiplicarlos. 

Volved los ojos á la calle de las Rejas , allí veréis un suntuosa 
edificio donde germinan todos los males que abruman á la nacicia 

española allí existe un monumento de baldón y afrenta... es el 

PALACIO DB LOS CBÍMBKBS , el scmillcro dc las iniquidades , el taller 
donde se fraguan todas esas persecuciones, deportaciones, contra- 
tas leoninas , coDcesiones escandalosas y agios inmorales que ani<- 
quilan á la nación entera para enriquecer á los aventureros que eri* 
gidos en gobierno esplotan la paciencia y la sangre del mas genor* 
roso de los pueblos. 

Los derribos de la Puerta del Sol y la contrata para la condua- 



i 



WL ¥üM¡u^ T SUS omsous. m^ 

cion de la correspondencia á Ultramar, fueron, según espresiob pro* 
pia del cinismo polaco , negocios muy lucrativos para la duquesa d#> 
Riánsares y el conde de Quinto. 

Hé aquf lo que decia El Mmreiélago sobre la segunda especula-^- 
cion : > 

«Cierto comerciante de Canarias indicó á dofiá María Crístjná- 
que seria una especulación lucrativa el estaUecimieoto del referido 
correo , y al momento se sacó á subasta bajo el tipo de 250,000 
reales. 

Pero sin que nadie hiciera postura , sin que hubiese acto alguno ' 
legal y sin que el público tuviese el menor conocimiento de lo que 
pasaba , suponiéndose todo por la autoridad , apareció aprobado tm 
remate á 600,000 reales, de los cuales tomó la mitad la duquesa^ 
de Riánsares y la otra mitad el proponente, obligándose ambos á^ 
hacer el servicio con un buque cada uno.» 

Siendo operación interminable enumerar uno por uno todos los- 
esccsosy hurtos cometidos por la cuadrilla polaca, nos limitaremos 
á indicar la manera alevosa con que llevó á cima el empréstito 
forzoso para saciar su avaricia. 

Anuncióse en la ministerial Carre$ponieneia autógrafa, prima 
hermana del Heraldo, como un vago rumor de Bolsa. 

Ocupóse inmediatamente la prensa de tan grave noticia , y esto 
era precisamente lo que quería el gobierno para que el público se 
familiarizase con tan peregrina idea. 

Asi que se creyó bastante en sazón , habló el grave Heraldo di^ 
ciendo que no se trataba de un empréstito, sino simpleinente dé 
una negocíadott qno ofrecía mvehas ventajas á los contribuyentes, 
pues se redocia al adelanto de un semestre en cambio de billetes: 
del Tesoro con seis por ciento de premio. 



sil BL. fium* im LQB citenrtt 

Salid por £q el deoreto- en k Gm$U y á pestr de» la qoe kabúi 
dieho £1 jBhroIcfe eff a nada iiieiioi.qiie no eflipcésüto fianoie, ¿una 
orden á todos los gobernadores cívílea para qne eseiUsMi á los^con-*^ 
trHinyeftUs á tcMnar parte en una snaericion abierta por treinta dias, 
comprometiéndose á hacer el indicado anticipo » por mitades en jn- 
ni» 7 júKo, reintegrables en coalee años por.octatvas partea con el 
inlerétf enool de seis por ciento» pagadero por seiMstrea veecidoe» 
j otro seis por ciento cook) premio del anticipo. 

Si no se hubiese cubierto el cupo total del semestre espiradoe . 
lea treinta díaa dei plazo , ae repartiría y cobraría en cooceplo de 
aalicipo fDraoio reintegrable, pero sin el deacnenlo del seis por 
ciento, sino soiamente dd canje de loa reeiboa profiaionales por 
hilletea del Tesoro con interés, billetes admisibles can pago de toda 
4aae de cootribeeioaes » fiaoxaa, etc. 

A este acto de inmoralidad , á este afán de arrebatar el dinero 
k los pobres pueblos^ ae unió el deicrédito del Banco de San Fer- 
nando een el nombraaaiento de Llórente para direetor» 

Al llegar aquí nos parece oir 4 los hombrea del noderaatiaaMi 
tildando de exajeradas las inculpaciones qee venimoa haciendo ea 
laa páginaa de la presente Uatoria á todas lea pandillaa en qoe ae 
divide su desacreditada partido , tachando la fránqneía de mieatn» 
lenguaje de mooaenit«nlé y qoiaás de indecoroBO^ todo porqne se 
dice la verdad que tan mal parados deja á sus prohombres. 

¿Y será posible que los admiradores de La Patdaia y de loa 
ehocarreroa dilates del Padra Coboi^ pretendan darnos lecotones 

dafinwa? 

Nosotros no hemos faltado nunca ni faltaremos al decoro que, 
ae ddie al públioo; qne de pronunciarla verdad, déla manera digr»- 
na que á nuestra educación cample , á prodigar calsmniaa«de iiiliéü^. 



BL PUEBLO T SüS OPBBSOBBS. 225 

Dá estofa como soNa hacer Et 'Wtraldo contra ihistreí personages á 
quienes les era vedado defenderse de sos deletéreos tiros , medía la 
misma distancia que de la benéfica luz del sol al fatidico resplan* 
dor de las hogueras inquisitoriales. 

¡ Y qué ! ¿hemos llegado nunca nosotros á denostar á los po- 
lacos , (que en resumidas cuentas no eran mas que otra de las frac- 
dones moderadas) en lo^4iíf6iiikyr ératAr^' tontundentes que lo han 
hecho sus mismos correligionarios ? 

El capitulo que sigue responderá á esta cuestión. 







T. n. 29 



*l 11 >l 



CAPITULO XOL 



LOS MODERADOS PINTADOS POR SÍ MISMOS. 



Hemos hablado ja de El Murciélago , periódico misterioso qoe 
salía fartivamente de Tez en cuando á dar tortora á los ministros , i 
sembrar el terror entre los moradores del palacio db los CBívEras, 
y el desasosiego en el regio aldixar. 

Qae este periódico era escrito por insignes persooages del parti- 
do moderado , lo sabe todo el mundo. 

Que su principal redactor ha ocupado una silla ministerial en 
galardón de una escandalosa apostasía » lo pregonaba á voz en grito 
la pública fama. 

Pues bien » en este papel , del cual solo como documento perte- 
neciente á la historia , citaremos algunos trozos » sin emitir sobre 
dios comentario alguno , ni menos cargar con la responsabilidad de 
su contenido » los moderados de abajo » trataban á los moderados de 
AiBiBA 9 en los términos que verá el curioso lector. 



WL nwno T sus opusoim. W 

En la seccioQ de anoiicios dd primer núiiiéro, qae apareció 
el 26 de abril , se leia lo sigoiente : 



DESTINOS. 



«El que desee coDsegair nn destino» acuda al ministerio de Fo- 
mento y en el despacho de don Juan Pérez Calvo darán razón* 

Se advierte que la cantidad que por él se estipule se dará anti- 
cipadamente.» 



NEGOCIO. 

«El que quiera hacer algún negocio de importancia puede acu* 
dir al ministerio de la Gobernación y en el despacho de don Rafael 
Pérez Vento se informará. 

No se tratará con corredores.» 

GEáCIAS FOA GUEUA. 

ff Empleos , grados , cruces j honores. 

El que desee conseguir alguna de estas gracias se avistará cop 
don Saturnino Parra , comisionado áú subsecretario de la Guerra 
para tratar del valor de ellas. 

Pasando este valor de 20,000 reales se hará directamente d 
negocio con el mismo subsecretario sdtor Fernandez San Boomb.» 

Este número concluia con una poesia dedicada al pueblo espa- 
ñol y en la cual hacíase el retrato de todos los núnislros : la óltíon 
octava estaba dedicada al conde de Quinto y deeia asi: 

t Otro polaco de asqueresa historia 
y de adnrisio» reeienfe en la cuadrilla. 



3B K'MUflia'M tm «Émts 

hasta sabir á la dotada fiUU. ^ ^ 

I Famoso robador ! Dejó memoria , 

primero en Aragoa^ loi^o en Castilla : 

conocerás por el qae asi te pinto 

al oiismo don Javier-, conde de Qointo.» 

La üSCiúia línea Ael periódico era esta : ^ 

«Editor responsable y don José Salamanca. Imprearla M iMsiíor 
conde de Vilches.» 

* 

Hé «qní les yi to rip ates yftrwifes del segfuwlo nénero, 

■ 

MADRID 8 DE MATO DB 14M. 

<cHa llegado á noticia de El Murciélago que don Agustin Alfa* 
ro, fiscal de la Deuda oon «1 •sutído de M,000 reales , anda por la 
coronada Tilla exhalando ajes y lamentos , porque incluimos sa 
nombre en nuestro número «nlerior y entre los de otm kweméri— 
«tespdlaeoB; 

POr polaco le henos tenido -Mempré , pero akom -pWMe i|tte 
Tiendo á sus amigos próximos á caer para no volt er & figurar «en la 
«KMM 'polftiea , diee que liá roto eon ellos , «n lo «mal , A («er de 
fcmwbfw impareíaleB^ Temos una mareada deiAerfltad. 

¿Cuándo hubiera llegado don Agustin Alfaro al importante 
dettmo de fiscal de la Deuda sin el amHio de los henibres de quie* 
jm koy qaiepe di<fDreiarteT 

Pero su ambieioii lo eMAa wtislseba porque mpirába á la fím^ 
tera de ministro , j nada menos que á la de Gracia y Justicia. 

En nuestra api«io»ie»U y i lfia f^p^-el joondesillo ha dado 



iQuefltrtiiík «Igm /pudor., tto qeenmnd» étlftrék f«ügÍBlfatii«a 
>tM ImüiaDle sembouto , iMigéDi|ok á rar dirigMa fUr *d JU- 
faro, 

'Softt Mé iriDor f 4eB0a fiaeiüiitta. 

CoQttetese con k fMrtaiia ^ad^iírida tu tali.fOoos aods y oone I 
producto de los «Mundaklioa «ntgcoÍM foe iha keoboeii «I dioitiao 
íptt hoyéesemfufau 

No preüiidaí iftMra haceme. ateptaUe paca la« ^iie Jm^ ^tilMb- 
ten á kMifacl«daB fobernailea. 

Los hombres de la oposición dcbte vÍTir muy aleMa y wganie 
á recibir ea sus filas á estos merodeadores que llevan en sn frente, 
ia wMrnfi deihierM^. jaiidaiora^dhid^ 

TttMÉlasii tanagfaiaa 4e aestener tornea nadie catwwnMmsiife^ 
que basta ahora hemos dicho está en la conciencia de lédaié : . r 

Haea «Mabpa' «toa ^pie «o ip o m os la '▼et^ád an letvatf éa df olde » . 
yncmlrba »hea90 ^atraalf ada el paligrb i^ue Ihva oeaeigo elééai— 
plimiento de^ wgn eáe éelier^ 

Por la deMÍ8^00ittQBdlaaiaia«teMÍ0B <el üiqe el aeior Mfiairo y 
a^fonés élroi ili<{Wtm t^^ ha- 

cerse utia*g«erra á wwrte« 

Bato 'Meeé(«i>i la Folooía ^ ^qne etto miamo «ocede imi fre- 
cuencia entre los bandidos, que aunque muy conformea nlilar •! 
golpe , suelen destruirse á puñaladas cuando tratan de repartir la 
pveaéi/»- 



4tl¿a «pevióim Íel MmMItf^^) , mímelo en ele¥Édaa #egie|Mi, 
^qiie nadie lia'p^lidolitfpedlríyidédio que IbspiMfei adiniiialteiH 
:^n a<^al^ lMiiitt)liH^pii# tfl'tbtde'^ «oaspftttM á loueí' am w<iAi^ 

das ; y tanto el gefe oeUflCMIiilMh l »e «tt ff l ¿h 'y{d c i a é l > l tl l lgl<l M 



IL VALACSO M UM CÜmBOB 

86 apresaran i daapachar ciertos y determinados espedientes qae 
han de ofrecerles recursos mny sobrados para Yivir en la opuleDcit 
luego que abandonen el poder. 

Entre estos se encuentra el de redamación de 80,000 duros» 
promovido por el brigadier don Santiago Rotalde , el cual pide esta 
cantidad por sus fechorías en el teatro de Oriente. 

£1 espediente está en el Consejo real , y el gobierno ha manda^ 
do á los consejeros que lo resuelvan á favor de Rotalde. 

Veremos lo que hacen los consejeros , y á su tiempo publicaré^ 
' mos su resolución y sus nombres.» 

• Corren estos dias , y parece que están próximos á imprimirae, 
algunos versos contra la reina , y en los que se habla hasta de su 
vida privada. 

Sabemos , á no dudarlo , que estos versos están escritos y serán 
jNiblicados por cuenta de los polacos t con el objeto de hacer ver 
á S. M. que la oposición la trata de una manare violenta. 

I Ay , señores polacos * este es un recurso muy gastado I 

De él os servisteis para derribar al ministerio Lersundi-Egafi^ 
y de él queréis serviros ahora para conservaros en el mando. 

Sois ya muy conocidos, y todo el mundo comprende vuestras 
maniobras.» 

« Parece que el señor conde de Quinto , reconvenido en conae- 
jo de ministros por no haber impedido la publicación de nuestra 
hoja, ha ofrecido apoderarse de muchos Uwrciélagoi vivos 6 
muertos. Vaya con tiento el conde y no se precipite ; pues aunque 
consiga echar d guante á algunos murciélagos , no el prudente que 
piquea justos , por los que él cree pecadores. 



Los BMirciéUgos que pndieraA caer ett iuf manos, no tieacsi re- 
lación alguna con El MureUlago presente , que Unto le incomoda 

Esle MureUlago no podri ser habido ; esti en parte mas segura 
de lo que partee y entra hasta donde S. E. no podrá entrar siempre 
que quiera.» 

« El corrompido y corruptor Salamanca se ha manifestado en 
estos dias muy gozoso de que en nuestro número anterior solo le 
tocase Bgurar como editor responsable , y esto ha dado motiyo i 
que se crea que á él nos liga una estrecha amistad. 

Amistad hemos tenido y aun tenemos con él : ¿ por qué herao» 
de negarlo? Pero nos hemos propuesto ser tan estremadamente jus- 
tos , que hoy diremos lo que antes callamos. 

El hombre que engata á unos , Tende i otros y comercia con 
todos V escitándolos á disponer de la fortuna pública por distintos 
medios, merece que se 6je en él la atención. 

A Salamanca se han unido cuantos ministros ladrones hemos te- 
nido , y por último , se ha unido también el duque de Riánsares, 
tomándole por representante para los ruidosos negocios de ferro- 
carriles > que han de ser causa todavía de grandes desgracias. 

Salamanca es el prototipo de la inmoralidad. 

No estamos conformes con los que sostienen que es preciso ha- 
cer grandes castigos. 

Somos .enemigos del derramamiento de sapgre , y creemos que 
un solo ejemplar puede servir de correctivo y evitar qiPie la gangre- 
na se propague. 

Salamanca colgado del balcón principal de la casa de Correos» 
seria una gran lección de moralidad.» . 



' «Hnce qu» ^ ¥«• á kaoev a» eoipnéfllíUi fmnmor. im cteiito 

Lo único que en esto nos ha sorprendido, es qae los selorosi 
BtoUii> Bhiteery CüMtroD que baste ahara^lwhiw ipiiirtii¿»Bias 
deoentw ipw so» oMRpaieMft ^ w aiooíéa ái kt vespoanliilídad' eaJ» 
que va á incurrir la nueva compañía de tomadores del dosjt^' ' ;- 

' '. ■ ■ . * 

' cBH'nuasiro'DÚfliero animor digúnos qii»lo8iiioflaKnB que oqda- 
pan el poder , conoeieDdo que sa oaida as iaaif ilaUav te apresara^ 
á áiespaollar ciailos espedicolaa qoetlMuí de dajaiiaa grandea uÉili- 
dinlaB* 

Entre estos espedieni^M ailaréaMaiel d«. rackaMoien da 801,006* 
dUros'éaéMi' S^ittg» Rolalda pea lasfobvaadal toatro da^ Oriente, 
]^asaAi al Gansejo raiJ eoa la pre^enoioni hacha á Ita oeaaajecoa de! 
despacharlo á favor de a^at bueat hijoi de b Foiofía. 

Hoy téaeuMM que hablar de: otra oagsecier: d da !& concasioD 
del pñvUégie* á la casa da< Ztagronia henaaaos. jdomnpaiia de.lit 
Habanas par» estaUacer eeDsunicacioaaft regolareB par madioi ém 
ocho baqaes de vapev entre la m¡«ia Habana ^ el Hayne y. Lvres^ 
pool ú otros puntos de Francia y delngbÉenraiy ioeeodo^eii V^aerto- 
Rioe y Vigo. 

El encargado de dicha casa tenia orden de.efaecar 5O,^0AO'dtt«^ 
roa pov'la^eeocesie», y eat» cantidad; ka. sidb# eaitregada al conde 
de- Sai^ Luí»,, facilitándola, nae. de ka. coaaeioiaDtaa da: cata curto 
que tiene giro en aquella isla. 

Yéuise ooaio nueatnas noticíaa sobre oicrtM j drlarmiaadm ne- 
gocios van saliendo exactas. 



WL HMLO T SOS OMBSOtn* fSS 

Iremos publicando otraá mochas tan pronto como recaiga reso- 
loción en los espedientes.» 

« Las acciones de caminos de hierro principian á dar sns fra« 
tos. 

No aprohado este papel por las Cortes , los especnladores se r6«« 
traen de tomarlo. 

Solo el célebre Salamanca sigue adelante en sus agios irergon- 
zosos , porque con el apoyo de su padrino el duque de Riinsarest 
ha conseguido que el ministerio cuadrilla le cangee las acciones por 
pagarés del Tesoro que se negocian con mas facilidad » aunque con 
mayor gravamen para el Estado. 

Esto no importa: el pobre pais paga y la Polonia chupa. 

¡ Lo que vale un buen padrino I » 

« Corren noticias acerca de los dictadores que el gobierno ha 
enviado últimamente á las provincias de Ultramar. 

Todos obran como sultanes ; pero ninguno llega á lo que se di- 
ce del general Ortega. 

No contento con haberse apoderado sin inventario y con es- 
cándalo de todos los fondos de las oficinas de Hacienda de la pro^ 
vincía de Canarias, y haber prohibido por medio de una orden 
firmada por el comandante general señor Huet , que se reúnan los 
ayuntamientos de los pueblos á no ser con objeto de felicitarle por 
haber sido nombrado gobernador interino » se ha entregado á todo 
género de escesos y violencias , que con ser tan grandes que des- 
honrarian la nación en que suceden, tal es el general Ortega , que 
DO habrán de maravillar á nadie, ni añadir ni quitar nada á la me-^ 

recida fama y reputación de S. E. 

T. II. 30 



tM B. ^icuiCM 1HI u» iabnnm 

DicM qu meüaote rigonos pesos, ht pasito em la eaüe á unos 
reos de crímenes atroces , y porque se opuso ^ a«4itor de guerra, 
le ha destituido de su destioo y le ha hecho conducir y encerrar en 
un calaboco en la ista <de Hierro. 

A un abogado que nombró después auditor interino , y qm 
también se aegó á autoriaar con sn firsoa tan horrible maldad » le 
amenazó con fusilarle , llevando tan allá las cosas , que biso for— 
mar parte é^ la guamicien para conveneerle •que estaba dispuesto 
á todo si ae tmpebaba en cumplir con su deber. 

Ahora no falta mas sino qoe el gobierno 4e baga teniente gene«» 
ral en reoompenia. 

En una carta que el señor Ortega ha enseBndo á Torias peno— 
ñas de aquella isla , le £ce el se&or minktro de la Guerra que es el 
mejor capitán general que tiene el gobierno* en ks provincias : por 
nuestra parte creemos que no podrían tenerlo peor los canarios á 
no mandarlos en persona el señor Biasser.» 

«Parece que el conde de Quinto ha sidcí nombrado gentil- 
hombre. 

De seguro hace de la llave una ganzúa. 

Siempre se habian hecho los conventos para las comunidades; 
ahora se ha hecho nna comunidad para un convento. 

¿Si pensará aer todavía fraile el señor Domeaech? 

¡ Quién se lo habia de decir cuando aplaudía^ y algo mas, laa 
qnemas y los asesinatos de 1836 1 » 

« Cuando los hombres políticos que ocupan el poder barrenan 
las leyes y se propcmen perpetuarse en el mando para acrecentar 
su fortuna , procuran ante todo asegurarse la obediencia de la fuer- 



r\ 



za militar» con el objeta de qoe ks »▼« 4e eseado^ 
Est« sucede preciiaraente con hm eotiUíks gobeniaiifaa. 
£a todas las <kdeiief. fue asfMea ,. j) hasta aa les artíeolóii dsl 
perjódícp qiie loa defitode, sa leen mil lisooja» dirigidas al ejército^ 
poniéodole por delante el noaibre de la reina ]^ra esciiarle k bi üm* 
ciplína , míentraa ^ne ellos llevan adelsnte sos planea da saqueo»» 

«No parecesino que loanulitafes, por estar sojeios ála orde- 
nanza » estén, privados de tener sentido coman y qoe no compren-^ 
den el verdidnro ^áU» de esaa lisos^asi. 

Y después de esto, ¿quiénes son losgefiea militares que está» 
aliado del gobierno' y^pe. dirigen su voa al eji^cito reoomendin^ 
dolé la soboffdína<»M2 

Un Blasser, qae en seis años se ha hecho brigadier > aMrisoal 
de campo y teniente general , y que luego en el mando ha perse- 
guido de niuecte al que la teadi4 «na mano protectora. 

Un h^mtf qua por prenancisiDianias é ininigaa Uegó también á 
ser teniente .geoerid;, qae como comandante del Gampo de Gibral- 
tar se hizo ú gefer del contrabanda, y como ministifa vendié ce» al 
mayor esotedala los galones ly aniorchadaa. 

Un conde de Vista- berattosan que sin haber oida jamia- sítbar 
una bala, se encneotra allreiita del cdevpo de Estado ma^or. 

Un Fernandez San Román , enfermo con frecuencia duranla la 
guerra , y no de eofermedlid oeasionada por las penalidadta^' de la 
campana ; que ayer paseaba lita talles de. Madrid con. dos gabpes, 
y que eeina|irAado ivaaa yeoes laoiitm Nariracat apoyándole tíUsm^ 
escribiendo artículos contrarios á la disciplina 4 ialrigandosíesapreiu 
ha pasado par lo« gradas .mu díft^ilas de la miUoia baata; cefiirse 
una faja. 



• I 



ÍS6 ML FALAGIO DB L06 CftfUlIBfl 

Estos soD los modelos de sabordínacion y de probidad que pre— * 
secta el gobierno i la oficialidad del ejército al recomendarla la 
disciplina. Estos son los gefes i quienes tienen qne respetar j obe- 
decer ciegamente» mientras qae otros beneméritos generales qne ban 
ganado sns fajas en el campo de batalla , son perseguidos sin tre-*. 
gua ni descanso porque cometieron el enorme delito de alzar su voz 
en el Parlamento y pedir moralidad para este desgraciado pais. 

El ejército calla avergonzado de que se le obligue á obedecer 
tales gefes ; conoce que las lisonjas que se le dirigen tienen por 
único objeto vendarle los ojos para que no vea el inmundo cuadro 
de desmoralización que tiene delante ; pero confia en que su reina 
oirá por último las quejas de sus leales servidores , y arrojará de- 
su lado á los que trafican con su augusto nombre y la engafian in-' 
famemente.» 

« Después de escrito lo que antecede , hemos visto en la Gaee^ 
ta el decreto mandando hacer un empréstito de 180.000,000. 

Confiábamos en que la reina no cedería á las sugestiones de lo» 
asinistros , ni á los consejos que en daño suyo y á impulsos de unit 
sórdida avaricia se la dan con frecuencia ; pero hemos sido defrau- 
dados una vez mas en nuestras esperanzas. 

El nuevo impuesto está decretado y no tardará en comenzar su 



¿ Saben los ministros lo que han hecho ? 

¿Saben que esta nueva contribución va á aniquilar al pais, ya 
miserable , porque sobre él pesa desde hace mucho tiempo una car- 
ga superior á sns fuerzas ? 

I Saben lo que es e&igtr de una sola vez la mitad de la con|ri<« 
bucion de un aik> al industrial y al labrador ? 



Es imposible desconocer la gravedad de esta medida. 

¿Y van siquiera á emplearse con atíUdad del país esos ciento 
ochenta millones? 

Una parle « no peqoeüa « se invertirá en esos agios que con el 
nombre de giros, descuentos » etc., enriquecen á los que comerciaa 
con la fortuna pública. 

Después 40.000,000 servirán para pagar el camino de hierro 
de Langreo , porque hay una familia que desde hace mucho tiempo 
es la calamidad de España , que no vé jamás satisfecha su sed de 
oro , y que habiendo perdido por completo todo sentimiento de mo-^ 
ralidad, presenciará impasible la ruina general con tal de que le 
valga unas cuantas monedas, una familia que, como las prostitu- 
tas, vende hasta su honra por dinero. 

Habíamos hecho propósito de callar en todo lo que á las perso- 
nas allegadas á la reina se refiriese ; pero á la idea de los males que 
este pobre pais va á sufrir , se enciende de ira nuestro rostro y de 
hoy en adelante no reconoceremos ninguna prescripción , y la ver-- 
dad , por amarga que sea , tendrá su sitio en las oolumnas de nues- 
tro periódico. 

Concluye el decreto con la frase «se dará cuenta alas Cortes.». 
¡ Después del robo el insulto! » 

Los párrafos mas interesantes del número 4 que salió á luz el 4 
de junio, son los siguientes : 

« Irritados los actuales mandarines al ver que los hombres hon- 
rados de todos los partidos les negaban su apoyo, se lanzaron abier- 
tamente en la senda de la arbitrariedad. 

Cerraron la tribuna. 



SS8 BL WAUéBStí m ixm ciimuM 

Suprimíeroa la prenia. 

Declararon á toda Espa&a en estado da sitio* 

Violaron el domicilio de los ciudadanos. 

PersigttieroD á los senadores ijise denunciaron al paía sua alen- 
tados y mas tarde los despojaron de sus insigniaa núUtarea , gana«* 
das en el campo de batalla á costa de su sangre. 

Todas estas medidas satisfaoian sus inathrtoa da fengansa: pe- 
10 esto no bastaba: era preciso pensar en el porvenir y asegurarse 
«lia posición libre de cuidados para el dia en que dejasen sm 
puestos. 

Entonces rebuscaron en las secretarias todos aqueUoa espedien-* 
tea que podian ofrecerles grandes utilidades , f endiendo á buen pro* 
cío su resolución. 

Entonces bicieron escandalosas concesiones sin aabastaa, y per- 
mitieron á la prensa que alzase su débil voz contra este ruinoso sia^ 
tama , para tener el placer de mofarse de ella y contestar con dea-* 
precio y burla » no á los ataques , sino á las tímidas observacionef 
de los diarios de la oposición. 

Temblaron los capitalistas al considerar lo grave de la silnacioD^ 
y temiendo con fondado motivo comprometer sus fcmdos^ huyeron 
del gobierno. 

El Heraldo contestó al momento á los capitalistas con amenaz- 
as , didoido « que d gobierno lo tomaria donde lo hubiese ,» lo 
cual era lo mismo que decir que se les arrancaria el dinero á viva 
fuerza. A esta amenaza ha seguido muy pronto el decreto mandan- 
do anticipar un semestre de contribución. 

Los ministros necesitaban para si« pero no contaban con qoai 
habia de exigírseles el pago de los derechos que podremos llamar 
«de asiento y protección.» 



La casa de U calle de Its Acjaa reclamaba estoa ¿arechoa» pe^ 
dia su parte en el botin, y los vecinos de esta eaaa noiaecontMiaB 
coB naoeimatfteíB iDlIloaea ; üectaitan Macho oro para aatMfacér aa 
ambicioo. Era yreciao bvacarto ij no hallándolo ha aido ferzoso nH> 
bario á los contribayentes. 

Robarlo, si, porque ¿cuándo volverán á ver los contribuyentes 
el droero ifum hoy se les erigfeT 

Si este dinero fuese indispensable para sahrar id paia Áe na gnám 
conflicto y sí 68 necesitara este costoso aa«iificio fara aaegurár la 
felicidad de maestra patria « loa eonUrihoj^ntas deberían entoinpaa 
apresurarse á IWar an cuota á laa arcas dd Tesoro; pero ao as áai«. 

Esas cuotas servirán para pagar el ferro-carril de Laagroo; fa«» 
ra satisfacer i iSalamanca fruesas samas por esas conversiones y 
agios que no tienen fin : servirán para enriquecer mocho mas á loa 
ministros, y sobre todo para tejer una red impenetrable al rededor 
de la reina , comprando á los que se ccmsagraQ á impedir qae llegue 
la verdad é aas oídos. 

Este es el destino que se dará al dinero de los contribuyentea. 

¿Querrán estos hacerse cómpRces de tanta infamia , anticipaD**» 
do sus fondos al gobierno y armando así el brazo qae loa ha de 
herir? 

El gobierno caerá el dia en que tenga que arrancar por fnerza 
la cuota pedida. 

Adopten loe contribuyentes d ánico camino q«e les queda , aa 
nao de su derecho. 

¡ Resistencia pasiva ! 

La vida del gobierno eatá en sos manos.» 

«Falta «n caadro ea «I Mfiseo 6 en el Escorial : es que la do* 



940 n PALAfflO M 1M cmímwku 

ifaesA de RiiDsariBS lo hizo llevar i palacio para copiarlo, y se que- 
dóicon él ó lo vendió» 

Eo su galería ó en sd libro de caja se encoenlran todos los cua- 
dros 7 todas las aliiajas qoe se ban perdido en Espa&a desde hace 
veinte años.» 

«Decfamos en nuestro número anterior que los cuarteles eratt 
vigilados por la policía. 

Después bemos sabido qoe el espionaje vá mas lejos ; que m 
vigilan los cuerpos de guardia , qoe se vigilan las reuniones de loa 
soldados en los sitios qoe estos frecuentan mas « que se vigila á Ion 
gafes 7 á los oficiales. 

No se tomarían precauciones mas degradantes para asegurarse 
de la obediencia de un presidio.» 

«Como El Murciélago es pájaro que revoloteando revoloteando 
se mete por todas partes» 7 además tiene un oido mu7 fino ret-^ 
guardado por unas orejas muy grandes» está enterado de cosas qoo 
no todos saben » 7 que algunos darían la mitad de lo que tienen 
porque tampoco el nocturno avecbucbo las supiera. 

Una de ellas es la no subasta del servicio del correo entre Cádia 
7 las islas Canarias. 

Cierto comerciante de este último punto , indicó á doña María 
Cristina qoe seria una especulación lucrativa el establecimiento del 
referido correo » y al momento se sacó á subasta bajo el tipo de 
250,000 reales. 

Pero sin que nadie biciera postura» sin que bubiese acto ñinga-- 
no legal » 7 sin que el público tuviese el menor conocimiento de lo 
que pasaba 9 suponiéndose todo por la autoridad » apareció aproba- 



SL F0IBLO T SOS OFltSOtBi» Sil 

do UD reoiate en 500,000 reales, de los coales tomó la mitad la du- 
quesa de Riánsares y la otra mitad el proponerte, obligándose am^ 
bos á hacer el servicio con un buque cada uno.» 

« Después de escrito nuestro primer artículo hemos sabido que 
el presidente del Consejo ha tenido una conferencia con la reina , y 
manirestando S, M. el temor de que el anticipo forzoso de un se« 
mestre de contribuciou cause en el pais una profunda alarma» con- 
testó el conde de San Luis , que en otras circunstancias no hubiera 
dudado un momento en presentar so dimisión al oir esta adverten- 
cia de los labios de S. M., pero que en estos momentos la suplica- 
ba que desechara todo temor , y que muy pronto vería que lejos de 
obligar á los contribuyentes al pago , habia la seguridad de que es- 
tos se prestarían á hacer el anticipo voluntariamente y sin el menor 
disgusto. 

Ya lo oyen los contribuyentes. 

El gobierno espera que han de dejarse alucinar por el interés 
que se les ofrece j que ellos mismos han de presentar el cuello para 
ser pisoteados por los ministros. 

El gobierno lo espera todo de sus mismas víctimas para soste- 
nerse en el mando y continuar impunemente en su camino » ha- 
ciendo mas adelante nuevas exacciones. 

Ya lo hemos dicho: esperen los contribuyentes á que se les 
exija por fuerza el anticipo, y la caida de los ministros vendrá en 
seguida. 

Esperamos con algún fundamento que no han de tener el pla- 
cer de huir á tierra estranjera á gozar del fruto de sus rapiñas. 

No queremos que el pueblo tome la venganza por su mano en 

un momento de cólera. 

T. u. 31 



248 Hi f auoo m ím ctímuES 

Habrá jaeces qoe los condeneD » no solameiite por haber ia«* 
fringido las leyes, sino por haberse enriquecido por medio éA 
robo. 

Entonces pediremos » dando nuestros nombres , que los seis mi- 
serables sucumban en un patíbnio « y que este se levante en frente 
del mismo palacio donde entraron por puertas eseosadas y por don- 
de sob entran los ladrones : delante de ese mismo atcizar donde 
pusieron su inmunda planta , sirviéndoles de juguete el cetro de m 
soberana. 

Este terrible castigo es necesario « y en ese dia terminará ea 
EspaSa el catálogo de los ministros ladrones.» 

«Nuestro último número llegó á manos de S. H. la reina mo<*- 
mentos antes de circnlar por Madrid. 

En él hacíamos un llamamiento á las personas que rodean «I 
trono, las cuales han correspondido, en parte, á nsestra eseita-* 



Esperamos, sin embargo, de días un servicio oms seSalado: 
esperamos , no solo que S. M. lea lo que mochos han podido leer, 
sino que S. M. oiga lo que algunos no quieren que sepa. 

Deseamos que S. M. comprenda lo grave de la situación que 
atravesamos y los peligros que amenazan al trono. 

Los que sean fieles servidores de sa reina , deben sentir , eomo 
sentimos nosotros , que la prensa estranjera pronuncie eon de sp w- 
cío su augusto nombre. 

Deben lamentarse de que por calles y plasuelas se hable en tér- 
minos nada decorosos de la vida privada de S. M. 

Deben sentó* qoe todo d édio qne inspiran los aetoales minis- 
tros , venga á recaer sobre la reina , que no les retira so eonfinonu 



mL wvmm t sos ovbhmb. 4f3 

.Eati odiasiéaá se va estoDáieiid# eada dia nías, y stoclios en 
•a dtsaapcnoioB í» ? aoiariaa «a darrikar d ttonat ca <pia i tdes 
hombres soatiena. 

Obsenren las hoaibras inpairoíalai y da noblaa sentimieiitos qae 
eslán al lado de so reina» k agilaoíoa qae se advierta «n todas lafe 
clases j el camlHO «pie iiaa safrklo las ideas mofuirquieas en la ma^ 
yoría del padMo. 

Recaerdeo ijae el día ea qae el regioida Merino asestó na pu* 
nal contra la reina » el pueblo en el primer aiomeato de indigna-» 
cioa hubiera despedazado al asesino : á los psreos días ese mismo 
pueblo hablaba de Merino eon asombro y le acompaiió mas tarde al 
suplicio casi con veneración. 

*-— ¿ Y por qué ese cambio tan repentino? 

Porqoe el pueblo , fuera del primer impulso de indignación y 
pensando friameate en su interés, y en tt situación reaccionaria qae 
entonces atravesábamos , veia en Merino i un hombre may sape-^ 
rior á todos los demás, y esle hombre estuvo á ponto de trastornar 
los proyectos reaccionarios de los que mandaban. 

Desde el dia en que fué arrojado á las Mamas el cadáver de Me-*> 
riño , se ha disminuido mocho en Espaia el respeto al anmarca » y 
hoy el pueblo viendo que ha asaltado el poder una cuadrilla de 
hombres perdidos, y que la reina se obstina en sostenerlos, busca 
su salvación^ no deseando que se presente otro regicida, nno ad- 
añtiendo la idea de un cambio de dinastía. 

De aquí es que algunos hayan pensado en don Pedro V, otroi 
en el duque de Montpensier.)» 

En el número 5 y último, que salid á luz el 11 de junio se de^ 
cia lo siguiente : 






su .SL PALACIO m LQ8 GI&1I1II8 

«El Consejo real, que en so mayoría es digno de la considera- 
ción del país, ha fallado contra el señor Rotalde el negocio de la 
indemnización de 80,000 duros por el teatro de Oriente. 

Solo cinco consejeros se declararon partidarios del robo en es- 
te inicuo negodo; hé aqui sns nombres: Martines Almagro, Ga* 
llardo. Puche y Bautista, Velnti y el vice-presidente del Consejo 
señor Martínez de la Rosa , caballero del Toisón de oro. 

El Murciélago les tenia ofrecido sacarlos á la vergüenza y cum- 
ple fielmente cuanto promete. 

En el próximo número dará los nombres de los dignos conseje- 
ros que han votado en pro de la moralidad.» 

« Doña María Cristina de Borbon de Muñoz , trae un nuevo 
negocio entre manos , por lo que pueda tronar ; la capitalización de 
la pensión que saca á los pueblos : parece que esta vez la cosa no 
pasa de unos 70.000,000 : para tales operaciones hacen falta loa 
•impuestos estraordinarios. 

A esta señora la ciega la codicia : ni vé que ha robado tanto 
que nada queda ya que robar , ni vé que ha jugado con el pais de 
tal manera , que no es imposible que haga en ella un escarmiento sa- 
ludable , que deje memoria para siempre.» 

« Mientras que los oficiales que mas servicios han prestado i au 
patria sufren postergaciones que les hacen encanecer para recibir 
por viejos su retiro sin haber pasado de las primeras clases de la 
milicia , hay mozos como Pepito Arana que llegan en pocos añoa 
desde cadete á teniente coronel , sin haber hecho mas que alguna 
«spedicion á los 5iltos reala. 

Como el duque de San Carlos , á quien un dtfi causó todo el 



n. f OULO T sos OPEBSOiKjk iU 

sonrojo de qaé S. E. es capas, la imprudente pregunta de un prín- 
cipe , que al verle ostentar tan bizarros bigotes » tuvo curiosidad df 
saber cuántas acciones babia mandado , obligando al duque á hacer 
la triste confesión de que ignoraba teórica y prácticamente lo que ei 
pna acdon de guerra. 

No diremos nada de la faja de Riánsares « porque este al fin ei 
príncipe de la casa de Muñoz.» 

«Hay quien teme que á estos ministros sucedan en el poder 
otros peores. ¡Imposible , si ya murió Candelas! » 

«Guando se le dice al conde de San Luis que corren rumorei( 
de crisis « contesta fingiendo tranquilidad : -*• « que su caida ba da 
costar mucba sangre.» 

Después de baber gastado mucbos millones en colocar al lado 
de la reina algunos espías encargados de sostenerle , cree el conde 
de San Luis que esto basta y que puede desafiar desde su puesto á. 
los hombres bonrados de todos los partidos. En su ceguedad no du« 
daria un momento en derramar sangre ; así lo creemos. 

Es un miserable aventurero y nada pierde en probar fortuna. ; 

¿Qué le importa al conde de San Luis que mueran defendién^, 
dolé algunos pobres torpemente engañados? 

Si saliera vencido , una silla de posta y algunos millones en el 
estranjero le asegurarían una buena retirada. 

A los desgraciados que pudieran morir por culpa suya» que los. 
entierren; y el padre* la viuda ó el bijo, que derramen abundantes, 
lágrimas, mientras él se rieen tierra estraña de sus enemigos y de^ 
sus defensores.)» 



tM BL MUMM n US admvis 

ÍSÍarta «qui JSI JAireM(a9o, dd oqaI ai nu iok Uma aot j^t 
]pfOiii|Ar» 

ReftpOBdenoB út imetlras atererMioMs; peto va de kui cgtMft» 
y úvieáflieiiCe las dejamos aq«( coimgiiadas para qoe taaii meelroe 
lectores lo bien que los coDservadores saben piolarse i ai miamoa» 
y el concepto qoe los moderadea qoe aspiraban al poder tenían 
formado de los moderados que le ejerdan ; y qne cuando á loa ae-* 
ñores de las conveniencias parlamentarias les conviene ^ también 
aatben faablaf con cierto desenfado, que ¡vive Dios ! no la va en za- 
ga á la mas republicana franqueza. 

Lo cierto es que la indignación general arreciaba por momen- 
tos 9 j uno de aquellos dias hallóse en el tocador de la reina el si- 
guiente papel sin fecha ni firma alguna : 

«Señora: Vuestros fieles subditos , amantes de vuestra real per- 
lona y dinastía , han sabido con pena qoe por parte de algunas per- 
sonas siniestramente interesadas , se trata de estraviar el recto juicio 
de V. M. y los maternales sentimientos que abriga en su alma. 

Ellas se atreven á suponer que la oposición casi unánime de 
vuestros grandes y vuestros altos dignatarios y de todo el pais al 
achual ministerio, es oposición y hostilidad á vuestra real persona, 
sagrada para los españoles. 

Y si esas personas , señora « amaran y respetaran verdadera- 
mente á V. M., no osarían hacer suposición tan irreverente como 
absurda. Pero es lo cierto, señora, que en los que combaten al mi- 
nisterio San Luis está el amor del trono y de la dinastía , y qoe loa 
qne i aquel defienden y por defenderlo calumnian vilmente á km 
mas calificados y leales subditos de V. M., ni son á Y. M. leales, 
ni aman vuestro trono y dinastía. ... 



El conde ¿e Stn Lnis finé qniett por ootabre de lft4ft caUfiod en 
un penódioa sayo de empicha fiMto j i^tleidaé im$en904m » la Ubie^ 
eleocton ^iie hizo V. M. 4e ue «MÍstarío bajo ht ftmienou ded 
conde 4e £le(maf d : palabras^ aenora, ifue lleaaroii de doler i tadw 
vuestros aúbdiios leales» ponqoe en ellas vieron ataos^ irnestrniSK 
viciable persona , y por primera vez quebrantado el IrediPfteiiali 
respeto do esta nación á son reyes. 

Has t«rde, cuando V. M. noeibróel minialterio Bmvo^liiiriUQi, 
dio el conde de San Luis con sus amigos aquel grosero escándaloieii^ 
el Congreso qne hizo la dia^aciofi de eale inevitable ; y 4nRante el 
largo período en qne V. M. distíignió oon en eonfiana^ al miaíatev*^ 
rio Brayo-Mnrimo , no cesó nn aonente de bostílJMrk) el nnemo 
conde de San Lois , ya en sn peñádioo con desiempbiKii inaiiditai^ 
ya coligándose con ios progresistas en las eleQcJKMies i ya consj^ 
rando páUíeainente y pretendieodei eo sn despecho qne- el paía aie«- 
gase á V. H. la debida obediencia y resjpeto^precipilándoae'tvas é^ 
por la fttsesla senda de las revelaeiones. 

A no hoesbre que iiabia ysa irendido ia cemCanaa y el respoMi 
de V. M. t seBalándose por «na tendencias anárquicas en ks fiiaade 
la oposición , ni le qnedabe nns ^e vender á la of^osícion misma» 
y lo hizo con efecto , pasándose al ministerio Roncali en enanta ea«* 
te ofreció satisfacciones á sn ¥antdad insólenle y empleos é ana co- 
diciosos amigos» 

Pero ni siqniera sopo aer en esta nnera Iraicien finsie y censes^ 
cuente. 

Fingiéndose amigo del ministerio Roncali , y del que V« U^ 
llamó Inego i sns comasgoe « catniro acecbendo le ocasión de der- 
ribarlos, sorprendiendo j estiaviando vnsairo benévolo y í«fto 
ánimo. 



M8 IL FAUCIO DI L08 CfeíWRfU 

Asombro os ha de causar, señora, el saber qae por parte del 
¿onde de San Luis y sos parciales se escribieron y publicaron tér- 
miñóte de horrible y sacrilega injoria contra V. M. , atribayéndo- 
lós luego i la oposición , y acusando pérfidamente al ministerio Ler- 
sundi de poco eficaz en defender muestra honra , que es la honra de 
los espa&oles. 

Nada mas cierto sin embargo ; y cuantas personas de honor y 
de verdad y de desinterés consulte V. M. confirmarán los hechos 
i}ue Tan anotados. 

£1 conde de San Luis ni ama ni respeta á V. II. ; aspira solo i 
mandar y á enriquecerse á vuestra augusta sombra. 

Pobre , ignorante y de baja cuna , ha debido en pocos años i 
sd inmoralidad el ser mas que ninguno de vuestros grandes en opu« 
lencia, y tanto en títulos y honores, como los que han sacrificado 
la propia sangre y la hacienda de sus mayores por salvar al trono 
y á la nación en los dias difíciles. 

Nada era , nada tenia , y el pais le contempla hoy ocupando 
una posición que no justifica ninguna cualidad suya, y vuestros 
subditos le ven dueño de cuantiosos bienes de dia en dia acrecen- 
tados con nuevas adquisiciones, que no por hacerlas de ordinario i 
nombre de sus cómplices son menos notorias. 

Solo el conde de San Luis podia por su ineptitud sufrir una der- 
rota como la que ha sufrido en el Senado; solo él por su inmorali-^ 
dad y soberbia puede tener en oposición á todos los hombres respe- 
tables del pais , y descontentos y pesarosos á cuantos de veras os 
aman. 

Parapetando su pequenez detrás del trono, preferiría, si fuera 
posible tamaño infortunio, que V. H. descendiera de su trono á re- 
tirarse él de los negocios. 



¿ Y «s aM P e §an te' hQailh*e quien esa ofceeer la proteooido al tro - 
DO y acusar á los grandes» á los altos dignatarios » á la kel naeion 
espaiobt ^ da oenbaiir tm- m abyoda pcrseoa la aagrada per«>na 
de V. M. ? 

Vuestros subditos , seilora, déseos moraKdad y JMtkeiá: pot no 
hidlarlaa « losaateríerai ministerios kn kaa coadMlido: no fe- 
rian que burlasen la maternal solicitud de Y. M. las especaaladocea 
y- agiolisáes interandes en los eaminee de bierro. 

PesOiSi el baber eombalUo á les ministerios aaderieres faera uml 
falta, ¿no Les kaeoflalatido>leffihíenieV oande ée Saa Lub^ 

Bastaír seoera^^de reAestióoes^ 

Y. M. ama tiernamente á sus bijos, y no quersé qr» yendo á 
nacer acaso el beredero de la monarquía estén tan afligidos sus sub- 
ditos bajo la vergonzosa férula del director del Heraldo y de sus 
cómplices. 

No desea otra cosa el pais entero que la ocasión de ofrecer á 
Y. M. un testimonio del tierno y respetuoso cariño que guarda 
siempre para su bondadosa y noble reina. 

Elija Y. M. nuevos consejeros entre los bombres que quedan de 
independencia^ de moralidad j da íasticia, y todo será júbilo en el 
pais, y el alumbramiento de su adorada reina será señal para él de 
una nueva época que le baga olvidar la tristísima que vá atrave- 
sando. 

Señora: A. L. R. P. de Y. H.=Yues(ros subditos mas leales.» 

La precedente esposicion bizo una sensación profunda en el áni- 
mo de la reina. 

Se aglomeraban tantos combustibles , que los polacos no podian 

dejar de temer las consecuencias de un general incendio. 

T. II. 32 



\ 



350 BL PALACIO DI LOS GlfaONES 

Por todas partes se notaban síntomas de próximos sucesos es- 
traordinarios. 

Y estos SQccsos no podían ser favorables á la execrable pandi- 
lla de aventureros que ejercía el poder. 

Todos los ministros temblaban de miedo. 
Sus resoluciones adolecían de esa imprudencia que surge del 
desasosiego del alma. 

Y cuando mayores eran sus temores , una nueva ocurrencia de- 
bía escitar la alarma y el sobresalto en el palacio de los cbímbres; 
y en efecto , puso en la mayor confusión á los polacos. 

Nos referimos á la ocultación de 0*Donnell que será objeto del 
próximo capitulo. 







i«^lMM*l 



CAPITULO xm. 



VÍCTOR EL CAZADOR. 



Retorna á tus hogares , 
retorna , cazador , 
y premie tas fatigas 
el lauro vencedor. 

Tu valor, 

cazador , 
premie el lauro vencedor. ( 1 ) 

Una de las Bguras qae mas descuellan entre el grupo de Ta- 
llen tes que inauguraron el glorioso alzamiento de 1854 « es á no 
dudarlo el general O'Donnell. 

I Ojalá hubiera correspondido posteriormente á las esperanias 
^el pueblo I 

El 17 de enero sopo que estaba firmada la orden de su desliar- 
ro, y viendo que eran ya infructuosos los medios l^les para der^ 

( f ) Estos versos y cuantos alternao coo U prosi de este capítulo , están tomados de la 
•lariaela El F«</t dé Andtrm^ 



23S EL PALACIO DB LOS GftíWNBS 

rocar la inmoralidad , puesto que los hombres que por ella avasa- 
llaban y escandalizaban al pais , de dia en dia mas ciegos y desa- 
tentados, se entregaban i todo linage de inauditas violencias para 
afianzar con el terror una situación tiránica que de ninguna ma- 
nera podia legalmente consolidarse, resolvió el vencedor de Lucena 
salvar al pais de tan abMaínaUe eiolafitiid. 

Para llevar á cima su arriesgada y noble empresa, ocultóse 
primero en una casa de la plazuela de Bilbao, pasó después á la del 
marqués de la Vega de Armijo, y por fin á otra habitación de la 
Corredera de San Pabld, idoade se creía aias seguro. 

Esta conducta de un general de los antecedentes de O'Donnell, 
cuya firmeza de carácter y pundonorosos sentimientos como rígido 
observador de la disciplina militar, daba mayor significación al 
acto de desobediencia con que inauguraba la realización de su pen^ 
samiento , aterró al gabinete. 

El odiado ministerio cooocii toda la importancia y gravedad 
de semejante paso ; tampoco se le ocultaba el prestigio de que go- 
zaba el conde de Lucena en el ejercito, y las simpatías y esperanzas 
que su ocultación habia despertado en el oprimido pueblo ; así es 
que todas las disposiciones ministeriales para apoderarse de tan sa- 

gac como temible enemigo, respiraban aquel aire de ridicula^ jac- 

■-• ■ 

tancia que es siempre la espresion ¿t un miedo cerval. 

Hay cosas á las cuales no se adapta el estilo aerio , y este et él 
motivo por el que nos es absolutamente imposible conservar la de- 
cantada gravedad española , al tener que tratar de los TÍsiblei es^ 
faenes que hacia el aterrado minislerio para dbtmular la zozobra 
eo qie le Icaia la CALAVEaiOA de O'DooneH. 

La consternación y el espanto hablan también invadido en bas- 
tante dosis el palacio de la calle de las Rejas , y oomo aopoofiBiaa 



K «WBLo ' Y giB «mmuMii atñ 

IIM hs puflimiieias ig^aslan omñsas, estamos seguros qM nti le lleg«v 
ka al cwrpo la "del f^der ^imáéo. 

Sitt «ofcargo^ tanhMi en üte Moairtaio fecmto se Irataíbia de 
disimiitar la paTura qpore doanSoailMi á mis miiica hmk ^pMrAeradéls 
moradores ; pero en medio de todo esto , apfffentabM cierto 4ea>- 
den heroico , y se reian á carcajadas de la f$i$a foíkim en qae se 
^iMbia cdbeado O^DmiaeH * aobre la e«ai se bs ooorriaM ehistes mnjr 
donosos , -porque \mj que %ener en cnenta qne parr •eso de imoer 
burla y escarnio de sus enemigos, tienen los señores cortesanos qm 
gracia psriituhnr... les dá «el naipe i las má\ owra^rfllas para inven- 
tar apodos , y para que nuestros leetornt se eon^enzan de esta Yer^ 
^bd , bnrtmi que ^aeptn to «goiente : 

Om nlH»b}clo ée eUidtr el general don Leopoldo O'Bonnell tal 
lórden de eo nftnam iewto ó destinnro que contra ól iud>ia Marinado 
d gobierno , no «qaiso meíbirla , y al efecln preteSló su familia al 
.portad«r , ^ue «4 'gemral h AaAnbo ée cava. 

Esta oonrreneia bien ^neir ti los palaoiefios hastn la díslecacton 
de las ternillas , si hemos de guiarnos por las apariencias, y no fal- 
tó un ingenio de sobresaliente chispa que «scitase la hilaridad ge* 
neral , aplicando á O'DonneH él epíteto de Viclor el cazador^ nom- 
bre del protagonista de la zarzuela F{ Valle de Andorra , y hay 
quien dice que dona María Cristioa cantó con graciosa coquetería 
la siguiente copla : 

Hijo fiel de la montaña, 
mas qne pompa y Taaidad» 
él prefiere su cabana 
y su santa libertad. 

Figúrense nuestros lectores los aplausos con que acogerían los 
palaciegos este destello de la dMSpa dnoal, si es que sea cierto que 



854 V. PALACIO 91 iOS GBÍVBim 

.feméjaúte copla pudiese cantar la esposa de don Fernando Mu&oe 
en tan peliagudas circunstancias , porque á pesar de las aparentes 
risitas , de los violentos ohistes y de las chanzonetas con que aque- 
llos buenos señores distraian el miedo, la caceria en euation no era 
para caida en saco roto. 

¿Qué hacer en tal conflicto? 

No le quedaba al gobierno mas recurso que apelar á la verdad 
• de los refranes » como solía hacer Sancho Pama en sus mayores 
apuros. 

Un clavo $aea otro clavo dijo el primer conde de San Luis » j 
se decidió por casar oí cazador, 

A este efecto, vistióse el primer conde de botin y samarra, co- 
gió su mejor escopeta de dos ca&ones y lanzando tras la pista de la 
liebre los galgos y podencos de toda la policía , echóse á andar por 
esos cerros de Dios, dias, semanas y meses sin hallar la madrigae«> 
ra que buscaba á pesar del buen olfato de sus lebreles de triéoroio, 
y eso que i todos momentos cantaban con entusiasmo: 

De noche y de día , 
por valle y altura 
la liebre maldita 
persigo tenaz : 
ni breñas , ni rocas , 
ni negra espesura 
mí activa carrera 
detienen jamás. 

Y los perros gniodillas aullaban en alabanza de su amo lo si- 
guiente : 

Valor y destreza 
fortuna le dan , 
ni Cera le baria 
ni liebre fagaz. 



IL PÜBMLO T SUS OPEBSOftBS. 25S 

Alentado Luisito por el coro de sns perros, proseguía de este- 
modo : 

Del bosque en et seno 
la indómita fiera 
con sordo rugido 
revuélvese audaz ; 
Mas pronto en su pecho 
mí bala certera 
la vida le quita 
y el triunfo me dá. 

Aquí se oyó un eco terrible que dijo : ¡ QoiÁ ! 

Era la voz del pueblo de Madrid que se mofaba del primer con- 
de.. . era el pueblo de Madrid que conocía la impotencia de un go-- 
bierno agonizante, que en sus últimos delirios lanzaba de vez en^ 
cuando destellos de energía, á la manera que dan recias sacudidas 
en su lecho, ciertos enfermos sin esperanza cuando mas se lea- 
aproxima la hora de bajar al sepulcro. 

Para demostrar que las pesquisas contra O'Donnell eran nna^ 
verdadera cacería, copiaremos lo que sobre ellas dijo La Iluslraciont 
pues como figuró su director en estas circunstancias , es de presa- 
mir que sean sus datos los mas verídicos. 

«Habiendo recaído alguna sospecha sobre el asilo que ocupaba, 
fué preciso buscar un nuevo domicilio , que reuniendo ciertas con- 
diciones de seguridad no participase de los inconvenientes que ofre*^ 
cian los enteramente impenetrables , con que le brindaban persona» 
que tenían muy alta representación , pero á cuyo lado se hubiera 
visto imposibilitado de dirigir negocios como el de que se trataba. 

Don Antonio Cánovas del Castillo^ el señor marqués de la Vega 
de Armijo y don Ángel Fernandez de los Ríos con algqn otro ami- 
go del generar, acordaron la traslación i casa del seikor Fernandesi 



de los ríos j coacertaroa la aianera de llevarla á cabo,, ao aia que 
la primera vez se interpusiese la policía á iDlentarlo; era esto el 23. 
de enero , y desde aquella Cecha , en medio de que arreciaba tanto 
la persecución y se hacian esiraordiDArías pesquisas » algunas con 
ciertos tísos de fundamento , el general vivió seguro, aunque en 
habitaciones separadas por un solo tabique de las oGcinas de JLas 
Novedades f que lindan con el coarto dsl seior Bios, y á las cuales 
concurrian tantas y tan diversas personas diariamente , sin olvidar 
la policía, que por maravilla dejaba de visitarlas todas las mañanas 
para las recogidas , qpe no porque pasaron en silencio eran menos 
efectivas; j para que no fallase ningún medio de averiguación, 
Iiatta el fuego prendido en una chimenea biio que se llnnácan de 
gente las habitaciones qua comuinnente. ocupaba el general. 

SI movimiento anticipado qjue el desgraciado brigadier Hore 
hiio en Zaragoza el 1& de Cubrero» vino á desconcertar loa taahaJQik 
que habia preparado para el alzamienta,, y sirvid do pretesta al ga- 
híerno para nuevas é inesperadas persecucionea. 

Una de las personas, destinadas á la deportación fué el seftcMr 
Eernandez^ de los Rios en nnion con los demás periodistas indapea- 
dientes , que habian firmado el célebre manifiesto de la: preaaa : el 
dia 23 de febrero é las tres de la mañana ocupó la policía la calle 
del Carbón , en que vivia el se&oír Fernandez de los Bm)&, y la día. 
lacométréio en cayo número 26 está U redacción de La$^ iViwedn- 
ia^ y logrando abrir silenciosamente la puerta de la calle del Gar^ 
hon, se aminoid á oaespanUlaaos en la de entrada á la hdbitecioik 
dd cuarto segnndo ; diez minutot después registraban núnncioanr^ 
monte toda la cata sin el menor resultado; la persona 4 qoien hus- 
oahan y la q^e tanto habieran celerado encontrar sin hniaarl&, a% 
VdMa poesteio» sd«a y osan franqniiamonle laa convenanionea d^ 



«. tnna t wb opuboíki, 

U peUck» qae «e abandonó m poetto ibtsla !« «íete 4b k «aiÉMi 
El Aa pasó tranquilo, pero por la «oohe imenasaroD oiiévoa ra^ 
gialroa; yO'ItofiBalU aMUDpimado del Hafior ftioa» selraaladit i «n 
caía de la oalledel Horno de la Mata« qoe tuvieron «pie abandonar 
á los eincodin, para piísar á cAra de la Travasia de la BaUesla, wá*- 
mero 3, ea ia caal , salvo algunos días en ^iie imbo anolivDa para 
adspechar^alguB gdlpe de nanot permaneció O* DoanellJbaalaqttfe 
ttcgó la feeba gloríoea del 28 dé junio. 

Si alguna proeba be necesitase de la intttflidad de la f^Uoáa eat- 
paüola, dariala enmplida la.aola reseña de los trabagoa qne pitece- 
dieron al.naoyiastento; mas de noa noche atrafreaé las oaUee elfene»- 
-ral O'DoüBeUacehQpsnado del señor Feínandea de loe Ríos « y paaó 
por medio de la policía encargada de apresarle» á. pesar de qnen 
marcadísima figura favoreoia las pesqii&as y aumentaba el riesgo; 
tres meses pasaron así» siempre amenazado por las bravatas de 
Sarlorius y de Quinto, que para disculpar lo mal servidos que esta- 
ban, no cesaban de hacer alarde de hallarse bien informados, anun- 
ciando la próxima captura de O'Donnell. 

Durante los cuatro primeros meses , fueron oontadísimas las 
personas que vieron alguna vez al general O'Donnell ; el señor Fer- 
nandez de los Ríos , en unión con el señor Cánovas , oculto también 
á la sazón, y el señor marqués de la Vega de Armijo, le ponian en 
relación con sus amigos.» 

O'Donnell y el geneial Concha , qoe se evadió de las persecu- 
clones del gobierno pasando á Francia, como hemos dicho en otro 
capítulo, fueron el blanco fle las iras del Heraldo ^ digno órgano 
del aborrecido gabinete* 

Desatáronse los organistas en denoestos contra la reputación 

de aqneHos j^endnajesi y «na verdaderamenle xqpognante el IVfer se- 
T. II. 33 



85S . n. PALACIO DK LOS Clfalllfll 

nejantes injarias cootra acreditados militares , en nn periódioo 
conocido por el eco de Sartorios y Esteban Collantes, hombres 

• 

qne salieron de la oscnridad para enaltecerse de improviso , ad« 
qnirír riqoexas y condecoraciones en premio de inauditos desafue-* 
ros ; pero como los emponzoñados dardos de tan débiles enemigos 
no podian empaliar la hoja de servicios de aquellos generales* pu- 
blicáronse en la Gacela los decretos exonerándoles de sus grados 
títulos y honores , y dándoles de baja en el ejército , decretos qne 
mu adelante daremos á conocer á nuestros lectores. 

Entonces si que don Leopoldo 0*Donnell, transformado en 
paisano por la soberana voluntad del primer conde « hallábase en 
- d mismo caso que Vietor el cazador del Folie de Andorra , y ooh» 
Bo él podia cantar: 

Milagro es sin duda 
sefior capitao 
el verme yo libre 
de ser militar. 

Pero como 0*Donnell no parecía haber quedado muy gustoso 
con la suerte de paisano , y habia jurado no presentarse en pú- 
blico sino con la espada desenvainada , preCrió otro de los bellos 
trozos que canta Yiclor el cazador, y haciendo en la letra algunas 
alteraciones i cantó de esta manera : 

El fiero horrible conde 
seensafta contra mí, 
mas no será , que aun puedo 
luchar y resistir. 
Me voy hacia Vicálvaro, 
y osado espero allí. 
¡ Ay de ellos si atrevidos 
me osaren perseguir ! 

Y salió en efecto al campo*. •• y todos los liberales de Espalte 



BL PUEBLO T SUS 0PBBS0BB8. S59 

batieron palmas y prorumpieron en fervorosos vítores que termi- 
naron con el sigaiente 

COBO. 

Retorna á tus hogares , 
retorna , cazador , 
y premie tus fatigas 
el lauro vencedor. 

Tu valor , 

cazador , 
premie el lauro vencedor. 

Mientras se aprestan los valientes defensores de la libertad i 
la gloriosa Incha , volvamos á los desgraciados amores del bijo de 
Blaría, y de la infortunada esposa del bonrado banquero don 
Fermin del Valle. 



^M 







CAPITULO 



LOS CELOS DESVANECIDOS. 



La vida empezaba de nuevo para dou Fermín del Valle , su yida 
de siempre , regular, monótona y agradable con toda su realidad. 

Sentóse á la mesa entre los dos jóvenes. 

Matilde no se atrevía á levantar los ojos por el miedo de que 
sus lágrimas hicieran traición- á sus emociones. 

El marquesito bajaba también la vista receloso de que destellase 
de ella la alegría que suele sentir un amante que se cree correspon- 
dido. 

— Este vino, marquesito, — dijo con jovialidad el banquero 
llenando las tres copas — es Valdepeñas legítimo y de toda conGan- 
za« Matilde, es preciso beber á la salud del salvador de mi honra. 

Matilde libó su copa inclinándose cortesmente hacia el marque- 
sito ; este se esforzó por sonreír chocando la suya con la del ban- 
quero , y después de haber bebido , esclamó el honrado viejo : 

— Es escelente este vino, amigo Bellaflor. Espero que en breve 



hará desaparecer k rnthoMláa de entre ooioIrDS* { Goie riMS rara I 
Estoy ohMmndo , amigo, nio « qM al prodigaff ' usted má beiwficios 
lo hace coa hi misma emóciM qae siente el'^e loe reeibe*.¥ lú%t 
MatiUfe, parece q«e so qeierae reeohñerte á ser diohoea. 

Loe- dos jóvenes procuraroii sonreírse; peno eslaeonrísa' era. Ka 
espresion de uoa pena reprimida. 

Si noeslras anmrgnrae lieneo peecísiett <de' hallar, algon: partíci- 
pe para mitigarse > lá alegria necestla eomoniearse para ier dnrem 
dera. 

La profeeia del banqnero do se cnmplióvpnet lejos éeqne el 
sabroso Valdepeñas engeodrára buen homor , don. Fermín bié pone 
á poo9 contaffiándoee dn Im tristeza de los jévenén, y por úUimo 
permaneció silencioso y reflexivo como ellos. 

Matilde y Enrique estaban sobradamente absorléeien sns^ pen- 
samientos para notar que el que poco* aniasrespinalm iodo ek jébilo 
de un hombre Mil r permanecáa triste-nenie eHoa, qoe ianiei su- 
fHan% ' ' ■ 

Contemplábales el banquero de nua mañera sembrib,. y má 
ideas ooníoeae at^nnaAnn 9 inaa^ineeion. . . 

Repasaba los- snciseés^ del üa « 'adondóse. da la< historia fdn* A 
contó sn joven ,espnsn, y; un pBssepti íü it stb ; fatel le> Hizo esirn^i- 

mecer. . • ■ ■ . ■ ^ « " 

Greia adivinar un terrible misterio qneéeürnia lodasets« ilu- 
siones. ' '• • * . ' '. í ... * - 

No era una fogosa fiebre , no eran frenéticos celos los qnri áriá- 
aiHalnn su ainraverá el pesó db noé iiaidicUa oiertn loqon^leiator- 
mentaba , era el abatimientei ^fié signe á \m esparauaa desvannoi>- 
das, y qnbíee fderaa soporlñr» eon éotnroen resignaoies: sin dejar 
eMaparnnnqoejn:, nn'fofonmnnMdkn; '^ 



'* ■ II 



981 BL PALAQO 1» LOS dÜORn 

Cd Telo looílbrio enlutaba de nuefo sa porvenir. 

Mirábales i los dos con piedad para ellos » con amargura para 
si mismo « y no acertaba á comprender el martirio que sufría. 

Terminada la comida se aproximó á su esposa y asiéndola ca^ 
riñosamente de una mano , la atrajo á sí « y le dijo aparentando 
serenidad : 

—Matilde, cuando esta ma&ana se nos ha presentado el mar- 
quesito , te faltaba decir algo para concluir tu historia. 

— I Algo! — dijo con acerba inquietud la joven. 

—Una sola palabra. •• un nombre. •• Me es indispensable saber 
ese nombre , Matilde. 

—Ese nombre— balbuceó Matilde trémula, pálida como la 
muerte. 

~E1 nombre de tu seductor. 

Este momento fué solemne. 

De un nombre solo dependía el ponrenir de tres personas. 

Este nombre iba á disponer de la paz interior , de la dicha , del 
honor , de la vida del banquero. 

Este nombre iba á disipar las esperanias que Enrique bahía 
fondado en las lágrimas de Matilde» pues impelido por un ÍMtinto 
tímestro, hahia escuchado la pregunta que el banquero acababa ám 
dirigir por lo bajo á su esposa. 

¿Qué esperaba ú insensato? 

£l mismo lo ignoraba , su cabesa estaba turbada , su cora»» 
herido. 

Amaba con frenesí , y hobiera dado so vida para no abandoásff 
aquella casa , para no alejarse de Matilde. 

En cuanto á la joven esposa no hahia ningún recoerdo cnlpnbk 
de un amor que rechazaba: su alma pura dvMóse á sí misma ; pcm 



n PUEBLO T SÜ8 0PBB80IBi« 16S 

Tió el dolor de m marido « sa reposo destruido para sienpre , tío 
sa raioa , vio sa deshonor, y oprimió. vivamente sa coraron con las 
dos manos temblorosas. 

iPobreJdven ! ¿Qué iba i responder? 

Si decía la verdad asesinaba á sa marido. • . 

Era preciso mentir para salvarle. 

Esto la decidió á pronunciar en voz baja una impostara. 

—Ese nombre ^dijo«— te es desconocido. 

«—No importa, quiero saberlo. 

—Don Jnan Espinosa. 

El respetable anciano exhaló un suspiro como si se sintiera ali- 
viado de un peso que oprímia su corazón , y apretando la mano de 
su esposa , dijo para si : 

—Me habia equivocado. 

—Ha ocultado mi nombre— pensó el marquesito lleno de go- 
zo—me ama todavfa. 

La fiebre de su corazón no le dejaba comprender la pureza de 
semejante impostara. 

— ¡Perdóname, Dios mió 1— esclamaba para s( la infortunada 
esposa dirigiendo al cielo sus ojos preñados de lágrimas. 

El marquesito de Bdlaflor dirigió ala infeliz una mirada de ter- 
nura y reconocimiento , que ella acogió sin rubor , porque no com- 
prendía que habia alentado las criminales esperanzas de Enrique. 

Admitiendo con benevolencia aquella atrevida mirada , figurá- 
base que decía á su amante : 

«Unámonos para. salvar á mi digno esposo, unámonos para 
conservarie una vida honrosa y tranquila.» 

De este modo y sin sospechario siquiera , estraviábase por una 
senda peligrosa» 



Fflka de etpencncit, oneia qoe elooraMn édEíssiqwt era poro 
/OTO» el soy» ; m equivocaba. 

¡Pobre crialural mientras hablaba el idiuui de loa iogeles, ge 
le contestaba con el lenguaje lim laa patíoDea del mondo. 

Al banquero no le quedaba yti una eola nube en ao mageshiosa 
frente. Sa lealtad tenia completa eooGansa eu íouautos m balbiban 
en tomo suyo. 

No era capaz de ofender á nadie per otto duda « por una sola 
sospecha. 

Hacia oso del derecho de las almas geoeooiaa , 4e los eoraaones 
probos; dejábase engañar ftcUmentesin amenguar so dignidad per- 
aonal. 

Mientras Matilde trabajaba , inclinada la cabeía liicia su Ubm.f 
su crédulo marido hablaba de mil proyectos para «1 pbnreoir. 

Se re6rió sin trístcsá á los temoras paaados^ y prodigando á 
Matilde afectuosas palabras , contribuyó también con au ilimitada 
eonfiauíii á fomieitar los torpes deseos del marquesito. 

Entrada ya la noche , anunció un criado al banquero q«e cierta 
persona le aguardaba en so despachó. 

— Está Inen-^^dljo.—- Que tenga la bondad de aguardar vn 
momeólo , y entrégale un legajo que hay en mi mesa. 

El criado se. retiró y solviéndose el banquero báoia su.espoan y 
Enrifse, les dijo: 

•—Es «na persona entendida á quien lie confiado el arreglo de 
mis papeles relativos á las casas que últimamenle quebraron» Voy'á 
darle mis ioslrueciooes y ayudarle un rato. \k Dios, Ujoj miosl 
Mañana es el gran dia para usted y para mí i señor nuirqucaito; 
para i»í porque salta usted asi honor, para vted por la satísilccion 
que deja una acción generosa. 



n. FOIBLO T SOS OPlBSOtBS. S65 

El joven bajó la cabeza . 

ATergonzábale á pesar suyo la ooble confianza del respetable 
anciano , pues aunque los labios de Enrique no habian pronunciado 
palabras culpables , su corazón avasallado por un amor frenético, 
mas fuerte que su voluntad , mas poderoso que su conciencia « alen* 
taba un deseo criminal. 

El banquero estaba ya en pié. 

— No creo preciso decir á usted — afiadió apretando la mano de 

Enrique — que mi esposa y yo bemos resuelto alojarle en casa. 

Matilde dejó caer en el suelo su labor, y encendida por la san<- 

« 

gre que se le aglomeró en el rostro , dijo llena de confusión : 
.—Esperamos nos hará usted el honor. .. 

Y sin acabar la frase lanzó una mirada al marquesito que evi* 
denciaba su reprobación. 

«—Yo.,.— tartamudeó Enrique. 

—No hay que replicar — dijo don Fermín. 

—Sin embargo... 

— Está resuelto. 

—Permítame usted decirle que... 
•—Matilde, por Dios, ayúdame á convencerle. 

—-Ya sabe usted mis deseos— dijo «Matilde con intención al 
marquesito. 

— > Tendria una satisfacción en complacer á ustedes si no fuese 
por... 

— ¿Por qué?— interrumpió impaciente el banquero. 

—Porque he dado palabra al fondista de quedarme alli. 

— ¡ Gran dificultad ! 

—Ya vé usted.. • el compromiso... 

—No hay que venimos con obstáculos. Las fondas son detes« 
T. II. 34 



tables eo Madrid... Además, aquf do hay fiunilia , j lejos 4o cauar 
BBtoi la menor molestia , nos es samameole grato ver ea nuestra 
compañia el amigo á quien tanto debemos. No kay qoe darle vnel* 
tas, es usted indiyidao de la casa... á lo menos durante su perma- 
nencia en Madrid. 

— Pero... — replicó el joven iDclioándose. 

-—Nada , nada — codüduó jovialmente el banquero. -«-Siini fa- 
^n conK) dicen los franceses. Ya ve usted como yo tampoco hago 
cumplimientos... le hospedo á usted eo el cuarto segundo; con qne 
no hay mas que aceptar sin ceremonia la sincera y cordial hospita- 
lidad que tanto mi esposa como yo ofrecemos á usted. Largo tiem- 
po le seré á usted deudor de sos beneficios ; y entre tanto admita 
usted esta pequeña muestra de mí reconocimiento. 

Después de haber estrechado la mano del marqnesíto, aceroóao 
á Matilde , que pensativa y apesadumbrada , hacia vanos esfoerzos 
por continuar su labor , y apoyando la diestra en la frente de la 
afligida esposa , le dijo : 

— Tú , Matilde » no tardes en acostarte. . . yo he de pasar la no- 
che en vela. Sabes que estoy acostumbrado á ello cuando los nego- 
cios lo exigen. Esto no perjudica mi salud» porque cuando no es- 
toy i tn lado , en ninguna parte me hallo mejor que entre mis li- 
bros y papeles. Retírate temprano, hija mia, este dia de emociones 
te ha dejado abatida. £1 señor marquesito disimulará por esta noche 
esta falta de cortesía. 

Enrique no pudo responder una sola palabra. 

Su voz trémula hubiera revelado el sentimiento que le agitaba. 

Levantóse de repente como sí temiera que las fuenas le aban- 
donasen f y como si se lanzara á una desesperada resoluciDn* 

AproximAse al banquero , le apretó entrambas manoi con las 



\ 



EL FÜOftO T SÜ8 Of BSiUS^ flVI 

sojM , é iMÜnándose respetuosamente delante de la señora del Va- 
He , salid después de promaeiar estas solas palabras : 

— Buenas noches. 

Bl banquero le siguió para enseñarle la habitación j ver si se le 
ofrecía algo antes de retirarse. 

Bl marqoesito , protestando d cansancio M ^viiaje, rehusó la ce- 
na , y el banquero yolvíó en brete al lado de su mujer. 

— ¿Me prometes, hija mía, — le dijo cariñosamente — no tar- 
dar en acostarte? La palidea de tu rostro es mayor que do costum- 
bre y me hace temer que caigas enferma. 

— -Me&lta pooo para terminar esta labor— «respondió Matil-^ 
de — y en seguida me retiraré á mí cuarto. 

-—Muy bien ; yo Toy á poner en orden mis cuentas. 

Bl banquero besó la frente de su esposa y entró en su despacha. 

Apenas vio Matilde que se cerraba la puerta que la separó de m 
marido, las lágrimas tan largo tiempo contenidas, inundaron su ros«' 
tro. 

~ ; Dios mió ! ¡ Dios mió ! «-^^e^lanió en vea ahogada por loe so^ 
Uoios. — ^i Que desgraciada soy I 

Y quedó sumergida en silenciosa meditación. 

Procuraba recobrar toda su fverza , todo su Talor, toda su resig «- 
nación , y para mitigar su amargura apelaba al recuerdo do los i/h» 
mensos beneficios que dabia á ev viejo marido. 

Deslizábanse las horas, é inmóTÜ la infelir y sumergida en stti 
dolorosas reflexiones no so acordaba siquiera de ir á tomar des- 
canso. 

El marquesito no se hallaba menos agitado en au estancia. 

Bl áugel del bien ludmlNi en so coraioo contra el genio del 
mal. .' • . t. 



t68 EL FALáCIO.DI i08 GlílUUIKS 

El eDamorado joven había temido quedar á solas cod Matilde,. 
y habia Laido » porque una mera palabra escapada de su corazoa no. 
le hiciera indigno de la noble conGanza del banquero. 

Babia en su fantasía una cruel ebullición; su alma estaba in- 
quieta 9 zozobrante. 

Hubiera querido no yer mas á Matilde , y sin embargo hubiera 
sacriGcado la mitad de su vida al placer de hablar con ella un solo 
instante. 

Paseábase como un loco sin poder fijarse en una sola idea con-* 
soladora. 

El sueno y el descanso estaban muy lejos de sus ojos y de su 
corazón . 

— No, no t— esclamó en fin— «es imposible que me quede 
aqui, tan cerca y tan lejos de ella... en la misma casa que ella ha* 
bita... donde me parece oir á cada momento el rumor de sus pisa- 
das y el sonido de su voz no, es imposible. Ahora ya no soy 

aquí útil á nadie mi presencia solo sirve para hacer padecer y 

turbar la dicha de los deniis. Es preciso partir. Sí — añadió des- 
pués de un instante de silencio — debo partir; pero no mañana. •• 
esta noche. .. ahora mismo. Dejaré una carta para ese virtuoso an- 
ciano.... le diré que un urgente negocio me atormenta y me llama 
imperiosamente. Sí , esto es lo mas acertado. 

Buscó en su cuarto papel y tintero ; desgraciadamente nada ha- 
bia para efectuar allí su resolución. 

Tomó el sombrero , púsose su elegante sobretodo , que por su 
hechura participaba de gabán y de albornoz, encima del trage ne- 
gro que Uevabat y se dirigió á la escalera. 

—Nadie habrá ahora en el salón donde he visto una mesa con 
escribanía... allí satisfaré mi deseo. •• es un deber sagrado. 



EL FUKBLO T SUS OFRBSOIKS. S69 

Detúvose bajo el dintel de la puerta. 

Un cabo de bajía ardía ano en la mesa, y Matilde, acodada en 
ella con el rostro oculto entre las palmas , parecía abismada en su 
dolor. 

— ¡Buen Dios!— murmuró el marquesito para si—; piedad I... 
¡piedad de mí y de ella !... ¿Por qué me vuelves otra vez delante 
de esa desgraciada?... Ella también ha Telado atosigada por el do- 
lor y la meditación. ¡Pobre niña! Mi presencia y mí nombre son 
siempre para ella gérmenes de amargura; 

De repente volvió Matilde la cabeza , como si algo le hubiese 
revelado la aparición de su amante. 

Al verle se levantó temblando , y lanzándole una mirada de re - 
probación esclamó: 

— ¡ Caballero ! 




ki 



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ti 



CAPITULO xxn. 



LUCHA DE HONOR Y AMOR. 



—No me culpe usted, señora — alegó el marquesito respetuo- 
samente. 

—I Que no le culpe á usted I — replicó llena de confusión h 
desdichada Matilde. 

— Soy inocente. 

—¿Qué objeto le trae i mi pres^ocia? 

— La fatalidad. 

—¿Ignora usted que estoy casada? 

— No, señora... ni lo olvidaré jamás. 

— Siendo así.... 

-Permítame usted una esplicacion. 

—No debo. 

— Bien sabe Dios que al venir á esta sala estaba creido que nc 
encontraria á usted en ella. No parece sino que el destino se empe- 




""^. 



IL ffmLd< T SIS OMIMBII. 171 

ñe en resniroos. Perdóneme «sted, señora... ¡ Soy tan desgracia- 
do !... Mi cabeza se turba.... mía ideas se pierden.... creo que m6 
ToelTO loco. Sépalo asted, señora, yo le respeto.... yo le amo co- 
mo usted misma á ese hombre generoso... No sé qne Catalidad iM 
ba conducido á so casa. 

i^— Señor de Bellaflor— dijo en yoz baja y esforzándose por 
aparentar serenidad la pobre Matilde— partirá usted al amaneoeri 
¿no es verdad? 

-«-«Sí, partiré es preciso-*- y repitió entre dientes de una 

manera casi ininteligible : -^partiré ... 

Algunos minutos de silencio siguieron á estas palabras; pero de 
repente y como fuera de sí , esclamó : 

---No, no... me es imposible. Queria alejarme de esta oas»; 
pero no puedo. — Y diciendo esto se sentó en ona bttaca jonto A 
Matilde. 

Matilde nada replicó; pero bizo ademan de retirarse, después db 
haber dirigido á Enrique un gesto de desagrado. 

—Matilde , no merezco esa mirada severa con que reprueba oa- 
ted mi conducta. Cnanto mas firme la veo á usted en la línea de 
una esposa honrada , mas indifei ente debe serle que un desdichado 
permanezca algunas horas mas al lado de asted. Yo no quiere mas 
que contemplar i Matilde. •• ¿qué teme usted? 

Matilde Uevó las dos manos á su corazón como si no pudiera 
sufrir la violencia de sus pal^tacionaa. 

— Nada-«-oontestó haciendo un heróioo esfuerzo. 

Pero apenas hubo pronunciado esta espresioo, un torrente da li- 
grimas corrió por sus megiUas... Su fuerza la abandonó; le fué im- 
posible sostener por mas tiMipo el disimulo qne la virtud le aconse- 
jaba. Su corazón se desgarró y escapáronse á pesar suyo los sollozos 



fit IL FALACIO DI LOS GtflIENB 

que en él reprímia. Lloró delante del joven á qaien qnerit alejar» 
Su dolor fné mas elocuente que sos palabras. 

£1 marquesito sintióse conmovido al contemplar la desolacioB 
de SH amada 9 j arrojándose á sos pies, esclamó: 

— Matilde , mi querida Matilde « por piedad no llores así delan- 
te de quien te adora* Enjuga tus ojos» ídolo mió, demasiadas lá- 
grimas les he arrancado ya. Estoy pronto á obedecerte Yo no 

tengo mas voluntad que la tuya... ¿Quieres que parta?... Partiré, 
bien mió... Me ausentaré de tí para siempre... y vivirás felial 

Matilde asió las manos del marquesito , las estrechó convubi - 
▼amenté entre las suyas » y anegada en lloró 

^— I Cruel!— dijo con pasión— ¡yo feliz lejos de tí!— -Y con 
acento de indefinible angustia anadió:-— ¡ Dios mió! no hay perdón 
para mí... | A Dios ! ¡ A Dios para siempre ! 

—¡Matilde!— repuso Enrique besando con frenesí las manos 
de sa amada. 

—¡A Dios !— repitió Matilde fijando en su amante los ojos 
animados por el fuego de la fiebre.— Separándome de tí, j*enasc¡o á 
* toda esperanza, á toda felicidad en este mundo... porque te amaba 
con delirio... porque... te amo aun! 

— ¡ Me amas , Matilde 1 . • . ¿Tú , que por mi causa eres tan infe- 
liz... tú me amas? ¿Qué importa el dolor de toda la vida á qoien 
oye de tus labios tan consoladoras palabras ? ¡ Pobre Matilde ! El 
destino se nos ha mostrado implacable... ¡Cuan rápidamente huye- 
ron aquellos dichosos instantes , que creíamos precursores de una 
felicidad duradera I 

—Es verdad... huyó la dicha, y... ¡solo ha quedado el amor! 
—Y anadió sobresaltada: — ¿no has oido? 

-iOué? 



SL PUEBLO T SUS OFRBSOIBS. S73 

— Como nimor de pisadas... 

— Es el víeBto , traaquilízate^ 

— Tengo miedo... Soy tan culpable... ¡A Dios! 

— ¿Y he de ausentarme? 

—-Para siempre. Llévate el recuerdo de mis lágrimas... Ten el 
valor que i mí me falta... Haz que no te vuelva á ver... Déjame 
cumplir silenciosamente y resignada el destino que me ba deparado 
la Providencia , y ocultaré mi angustia para que i lo menos sea 
dichoso ese noble anciano , á quien ambos deberiamos amar y le 
estamos ofendiendo. 

— ¡Matilde! (Matilde!— esclamó con frenesia el marquesito-* 
yo no puedo separarme de tí.... no puedo abandonarte... estoy re- 
suelto... no partiré. 

— Usted partirá ahora mismo» señor deBelIaflor — dijo en tono 
solemne el banquero » que se presentó de improviso pálido como 
un cadáver ; pero lleno de prudencia y aun de serenidad. 

Un grito de angustia escapóse del pecho de la joven espoea. 
Cayó casi exánime en un sillón. 

£1 honrado banquero se adelantó á paso lento hada el mar-r 
quesilo de Bellaflor. 



•»» »>»■ i^f.^f3S B ^^l%* <»»#4^ 



T. u. 35 



CAPITULO xxm. 



LA VÍCTIMA DE SD HONRA. 



Jamás «I noble semUute it\ btoqvero hablase osteataáo tan 
üapoBeDte. 

Jamás la dignidad de aquella ma^eslooM cabeza babia sido tau 
TiBÍble coao en aquel crítico momento en qae el venerable anciano 
paseaba su mirada imperiosa de Matilde á Enrypie y de Bnriqae i 
Matilde. 

Los dos jóvenes, respetuosos é inmóviles, no se atrevian á 
romper aquel silencio solemne. 

Con la cabeza inclinada sobre el pecho , y la vista fija en la 
tierra, aguardaban trémulos el fallo del juez que se habia colocado 
entre ellosi y les dominaba con toda la superioridad de su leal con* 
ciencia. 

-—Señor de Bellaflor — dijo el banquero en tono grave y pan* 
5ado— señor de Bellaflor, lo que usted hace no es propio de un ca- 



BL. nóu) T sn oMfiMtBS. m 

ballero. A liii sombra de oa hme&cios trae usted á esU casa la tor** 
baoioaf, la meatíra, hs ligñosaSf 7 ipubia s»be si maa tarde;... d 
crimen I Pretendia usted arrastrar hasta la deshonra á la smíec dci 
qae la Hamaba aa bieriierhor ! Tendía usted una mana al. marido 
para prcatarle apojrv , y ciní la otra empojaba á so. auijer bám m 
precipicio donde se deja algo mas ^e la YÍda.^. el honor I 

— -Bii vespatabla amigo ««-^esdamó Ekuri^a-— jm o á oslad qQe««« 

— I Silencio 1 —repaso con imperio el doeoM> de la casa -~iio ha 
concloido. No es ese por cierto A moda de hacerse digno de la mas 
sublime misión del hombre , de la mas beUa que puede t^ercer ea 
el muadoy la de socorrer á sus seasejantes. Para qaa aea geoeroea 
la mano, eaprecisor que aea grande j paro el corazón. Señor de 
Bellaflort no es usted bastante noble para dar* 

Y en ademan de soberano desprecio, alargé el banqneroona 
cartera al marquesilo dkiéadole : 

-—Recoja usted sus billetea. 

Matilde deja escapar un floUozo desgarrador. 

El marquesito rebasó la cartera que el banquero le entregaba, 

-—Recoja usted sus billetes, caballero »<— anadié el aaciane 

con energía. — Ne necesíloya de elloe se me ha proporcionado 

otro medio de atender ¿ mis compromisos. 

— Señor del Valle. ...— repuso Enrique aproximándose al ban- 
quero. 

£1 respetable anciano le detuvo con una sola mirada , é insi^ 
tiendo en presentarle la cartera, anadié: 

— Repito á usted que para nada necesito yo sus riquezas. 

Y arrojó la cartera i los pies del marquesito. 

— I Caballero 1 —esclamó Enrique sumamente conmovido— an- 
tes de castigarme tan cruelmente , antes de retirarme su estima^ 



976 n, PALAOO BB LOS ckímuiks 

don, permftame mted esplicar algunas palabras verdaderamente 
culpables; pero que usted interpreta s^furamente muy mal. Permf-» 
lame usted. .. 

—Nada quiero oir— interrumpió el lianquero con un tono de 
autoridad que imponia respeto y obediencia.— Ni una palabra mas 
sobre este asunto; pero antes de separarnos, yo soy el que tiene 
aquí que hablar. •• el que ha de pronunciar algunas palabras que 
dejaré á usted por despedida. Apenas hace seis años... habitaba yo 
otra casa... era el año 1848; cuando un gobierno sanguinario der- 
ramaba el luto y la consternación por todo Madrid , oi una noche 
llamar á la puerta de mi casa. Abrí, y un hombre aiorado, embo- 
zado en su capa, se arrojó á mis brazos diciendo: «(Sálveme us- 
ted!... Me persiguen... el patíbulo me aguarda.» Rste hombre, en- 
teramente desconocido para mí, se me presentaba con otro compa- 
ñero á quien tampoco yo conocía. Este último se llamaba Godí- 
nez... era padre de la marquesa de Bellaflor.... el otro era el mis- 
mo marqués de Bellaflor. •• su padre de usted* Diies hospitalidad en 
mi casa proporcioné un pasaporte á su padre de usted para li- 
brarse del furor de sus perseguidores , y habiendo caido en las gar- 
ras de la policía el señor de Godinez.... iba á ser fusilado. ... estaba 

ya en capilla y logré salvarle. Esta acción me daba derecho á 

implorar en mi desgracia la generosidad de su hija. Por eso escribí 
á su madre de usted... por eso le dije que si no me tendía una ma- 
no generosa iba á perecer como hubieran perecido su padre y aa 
marido. Tenia orgullo en reclamar este servicio. 

—Y yo le tengo en prestarlo al mas virtuoso de los hombres ^ 
dijo Enrique llorando. 

El banquero volvió su rostro pálido hacia el joven, y con acen- 
to tranquilo añadió : 



IL HmLO T SUS OPBBSOUS. f77 

— -Recibi el préstamo del hijo cod verdadero júbilo. Le ofrecí 
hospitalidad en mi casa, le df mas aun, el afecto de vn viejo amigo 
de stt padre... Medio dia se ha deslizado apenas» y le he devuelto la 
soma qae me ha prestado. Recoja usted esos billetes» señor de Be- 
llaflor» y salga usted de esta casa. Estamos en paz. 

"—¿Tendrá usted la crueldad de rechazar lo que habia admiti- 
do esta mafiana?— -dijo entre sollozos el marquesito. 

-—Nada necesito. 

— No soy yo— dijo Enrique arrodillándose á los pies del ban- 
quero—es mi madre quien dá á usted este socorro... es mi padre 
que paga á usted una deuda de gratitud. 

-—Señor don Enrique— replicó el anciano con orgullo-^ no 
quiero socorros de nadie... ni los necesito. 

Ei semblante del banquero destelló en este solemne instante una 
espresion de gravedad tan severa» que Enrique no se atrevió á in-^ 
sistir » y bajando la frente recogió la cartera y miró respetuosa- 
mente al honrado viejo. 

Este le dijo con dignidad : 

— ¡ A' Dios , señor de Bellaflor ! . . . 

Y con el brazo tendido le señaló con el dedo la puerta de la 
sala. El marquesito hizo un movimiento de acerba desesperación. 

—Volveré... le salvaré á pesar suyo— murmuró, y se fué pre- 
cipitadamente. 

Entonces el banquero volvió los ojo^ hacia su joven esposa* 

La infeliz , oprimida bajo el peso de su dolor , yacía pálida y 
llorosa en una silla , como si estuviera próxima á perder el sentido. 

El banquero se le aproximó, y ella cayó arrodillada á sus pies 
anegada en un mar de lágrimas. 

El anciano la levantó, la recibió en sus brazos, y sin hablar 



iacaoie alguM iniUntea» cod la palma de aa diestra pnaila «n la 
megilla de la desfealarada , dejó que llorase eafareehaiidD wcabeía 
contra ^ corazón* Ea afoel aonento , solo en aqael nraaMoto i# 
alteró la caUna del pobre YÍejo. 

La espresion del dolor asomó de aa mod^ korriUe á sos fiM- 
cionea , y mientras coa la mano derecha estreciiaba la cabeza de sa 
esposa , pasóse con la iaqiiierda d pañuelo para enjagar el oopkMO- 
y glacial sador qae manaba de su calva magestuosa, 

—Matilde — dijo en fia con inefable dalzara-— ¡ me has enga- 
ñado! ¿Y por qué, hija mia? ¿No sabes, niña, que jamás 
drás á tu lado un corazón mas lleno de indolgeBcia y de afecten 
el mió? ¡ Pobre Matilde 1 Tu destino ha sido marcado maa biea por 
el infortunio que por la culpa, i Cuánto has padecido hoy ! ¿Por qmk 
no has abierlo tu oorazon al aasigo que solo le pregamlaba por un 
nombre? Este amigo te hubiera hablado como bahía un padre áao. 
hija. 

— ¡ Perdón I ¡ perdón I — balbuceó la joven esposa. -—Solo Dioa. 
es tan bueno como usted , señor. Mañana lo hubiera dicho tado. 

— ¡Señor! ¿Por qué me hablas asi? ¿Por qué me niegas ta 
confianza? Yo no te culpo, no te reprendo nada , hija mia« ni tengo 
motivos de queja • Soy ua triste anciano*. • lú eres joven , linda», 
empieza tu existencia cuando la mia acaba... Seria una locara de 
mi parte ambicionar tu amor. El corazón de este pobre anciano ae 
contentaba con tu gratitud. Por eso quise protegerte , salvarte de 
la orfandad , de la indigencia , dejarte el fruto de una larga Tida 
de afanes , hacerte feliz , y yo consolar mis últimos dias con el pla- 
cer de verte á mi lado , y amarte no podia merecer otra casa, 

verte y amarte... 

—No me hables así., esposo mió... -—esclamó Matilde besando 



T "SOS amunm^^ í!f§ 

las maoús del fmtrmo viqo¿ Wiiüe meraee tiurto autor «orno 
tú..,. Por aso qvierú i(ue *fiiaif.^.. ^m» ao me «bcndme». . . . '^flfíifi 
sería de esta pobre huérfana síq'M ppotaetort t BMoy tan inquie- 
ta I... ¡ teogo un miedk)} 

— ¿ Es cierto que Imes «afñlaies para atender á tto^ compro-^ 
misos? 

— *Si» Malikie. 

— ¿Quién te los ÍHi |iaaitado? 

—Un amigo. 

-— ¿ No me «ngañ^s ? 

— '¿ Ha «eniido «Ignaa tise ? 

-«-NmicBa^ es verdai^ paro».. 

-^Tr^MqwUiitte , Upi mía ; Dina' Ha arirará om mÍBeñoordia 7 
te hari faKi. 

— I Oh ! sí, !• aatél in lado. Ya naia mAará nueatfo aosiego. 

Boy he coMcido lo que maracas, y nú gralítad úki amor no 

teadrá Uaaitaa* ¿lia peráomaf 

—Sí , Uja asia^^d^o al «nobao l^eaando la frente de su aspen* 
sa— y Dios te perdonará también. Ahora qoa estás tfaHqoda, per*-' 
mílema ir á oondoir el armólo de mía papeka. Aoiéstate y duer- 
me feliz. 

~-N0 qoisicva sapararma da ti. 

—Necesitas dascaaso» BlaliMa. 

— Naoesito estar á tu kidau»* flieaspce , akaoipiie á t« lado. 

— Bsla noche ne pueda ser. | A Dios, Matilde t 

£i haoquer# abrazé á aa esposa^ y se Tetird fmoípitadaBmrte.. 

MatíUa quiso aeguiria, y al llegar ala puesta, ^ceflrdse éala, y 
se oyó flliaudí^ dft un aeasisp. 



aso II. PALACIO DI LQ8 CMÍMtMtB 

Matílde se arrodilló alli mismo, y elevando las manos al eielo y 
derramando torrentes de lágrimas, permaneció largo rato orando. 

Todo era osonridad y silencio. 

Todos dormian menos el banquero y so esposa. 

Levantóse Matilde» enjugóse los ojos, y nuevas ligrimas vol* 
vieron k surcar por sus cadavéricas mégillas. 

Pensaba en su esposo , en las tiernas palabras que la había di- 
rigido, en so indulgencia sublime, en los nobles sentimientos de 
que babia hecho alarde durante aquel dia fatal. 

Matilde estaba llena de asombro. 

Si el amor en el corazón de una mujer , puede ser victoriosa- 
mente vencido , es por la emoción que le hace levantar loa ojos 
para mirar mas alto y escita en ella la admiración que conmueve 
su alma y la inspira sentimientos de nobleza y de virtud. En este 
momento aceptaba Matilde con orgullo su destino de resignación, 
de abnegación de si misma; aceptaba los sacrificios. 

Ya no era la dicha lo que le parecia el supremo bien ; era la 
virtud , la estimación justamente merecida ; estaba en uno de esos 
momentos de entusiasmo por la benevolencia , de que son suscep- 
tibles los corazones puros. 

— ^Sí, si, mi noble esposo— esclamó en un instante de anao- 
rosa exaltación — vuelvo á ti para siempre. No mas ni un solo pen- 
samiento culpable de locas esperanzas y desgarradoras angustias. 
Yo te consagro la vida , la vida entera , esta vida que tú has sal- 
vado. Si como tú dices , prosperan de nuevo tus negocios , viviré 
i tu lado tranquila y dichosa. Si la fortuna te niega sus favores» 
procuraré hacerte llevaderas tus desgracias á fuerza de afanes. 
Cuidaré de tu. vejez , te ahorraré mil fatigas , mil penalidadea ; y 
mis afectuosos cuidados te harán olvidar nuestra pobreza. i.For» 



m wvmLOr T mm wmusoutí W 

qué te Las separado de mí esta noche? Qoiero Tnrirñempreá tu 

ladb... No te he dicho mm todo* Id qoe siente mi ^titnd... 

En este momento retembló toda In.oasa 4 iflipalso» de nna de* 

tonacion de arma defaego. 

Matilde quedóse inmóvil , estupefacta , trémula toda ella. 

No se atrevía i respirar. .• • no se atrevía; á* mirará ninguna 

parte. 

HidÑera qnerido* gritar , y le fiíltaha la voz. 

Hubiera querido huir , y las fuerana la habtan: abandonado^ 

No lloraba , y jamás habia sufrido tan cruel tortura. 

Por último 9 le parece que oye pisadas en tomo snyo....«. cree 

qne In llaman. ..^ que las puerta» se ainren... qve la casa se llana db 

geale qne todos voranaran horrorízndoa las palabraa ¡nmuttti 

¡suicidio!... 

Le presentan una carta... nnn- onrt» ürigida i: eUak.« 

Reconoce la letra».. •• ers de soi marido...... ¡y no» la. abre 1 Ih 

guardia en smsk' manos abismada em frbrü astnpor. 

Tbéoa gritaa qne km aqnel papel. .<. 

Le abre maqninalmnnte y anmantnn el general estupor las sí- 

gniantes.Uneasr 

«{•A Bios, Ifntildel yo te be engañado tansbien. 

.No tange la> cantidnd necesaria para evitaF mi mina ; mafiana 

i ftabrá qnebmde mi casa de comercio. 

No me siento con fuerzas para sobrevirur á nñ deshonra. 

¡ A Dios ! perdóname en esta instante anpremo , como perdono 

yoé cnantoa me han heíAo algún mal. 

Ttt vida empien ahora cuando la mía acaba*;: desde las lágii- 

nas que decramadíst pon este pebre viejo» Dma fuera que aeadí 

choso tu porvenir. 

T. u. 36 



S82 IL PALACIO DI LOS CBÍMINIS 

Yo te estrecho en mi corazón y te bendigo » hija mia. 

Sí... hija mia , es el nombre que espresa mejor el inmenso afec- 
to que te he profesado siempre , y es el último que quiero pronua- 
ciar como el único consuelo en este instante de tu desventurado 

espOSO=FBBllIN DBL VaLLB.» 

Matilde lanzó un chillido agudo; la carta se le cayó dé las 
manos. 

— ¡Madre mia!... • ¡madre mia!-* esclamó con desesperacioa 
— sin duda no me has perdonado ! 

El dia siguiente la casa de don don Fermin del Valle no que- 
bró. El marquesito de Bellaflor habia entregado al cajero del córner^ 
ciante « en billetes y oro « una cantidad mucho mayor que la que se 
necesitaba para atender á todas las obligaciones. 

Pocos dias después » hizo la viuda donación de cuanto poseía á 
las casas de Beneficencia, y entró en una santa reclusión. 

En todos los circuios de Madrid , y particularmente en la bol- 
sa, el dia siguiente al de la muerte del banquero , hablaban los ca- 
riosos con admiración del desastroso fin de aquel anciano. 

A todos les parecía imposible que se hubiese suicidado un vie- 
jo respetable por sus virtudes » exento de pasiones por su edad , sin 
enemigos , con una esposa joven y linda que le adoraba « y sus ne- 
gocios en un estado floreciente « según lo bien provista que estaba 
la caja de su despacho. 

¡ Cuántas veces engañan las apariencias I 

¡ Cuántas veces envidia el que vive feliz en humilde condición 
i los que vé rodeados de fausto y de riquezas » porque se figara 
que aun son mas dichosos que él , y sin embargo gimen bajo el 
peso de la adversidad 1 



BL ?UBBLO T SUS OPRESORES. S83 

¡ Coán acerba no seria la desventara de don Fermín del Yalle* 
cuando le impelió á cometer on crimen ! 

Y con todo , este crimen « con toda su enormidad « era hijo de 
la virtud. 

Don Fermin no apeló al suicidio estimulado por los celos ; se 
suicidó porque ya no podia recibir favores del hombre á quien juz- 
gaba su rival. 

Le habia devuelto el dinero « y no pudiendo sobrevivir al es- 
cándalo de su quiebra , prefirió matarse. 

Frisaba con la edad en que los hombre no suelen matarse por 
una mujer infiel ; pero si por la pérdida de su reputación y de su 
fortuna. 

¿Qué será ahora de Enrique? 

¿Qué será ahora de la pobre reclusa? 

No tardará el lector en saberlo. 

Entretanto reanudemos la marcha de los sucesos politioos. 




CAPITULO XXIV. 



CAMPO DE GUARDIAS. 



El gabinete polaco tenia fundados motivos para recelar del ma- 
riscal de campo don Domingo Dulce , segundo cabo de Zaragoza ; 
y para relevarle del mando que ejercia en el suelo aragonés* donde 
hacia poco se había malogrado una revolución que aquel bizarro 
militar no habia mirado de mal ojo , conGóle la inspección de ca- 
ballería. 

Dulce se resistió á aceptarla , seguramente para mejor disimu- 
lar sus proyectos, y fueron tan reiteradas las súplicas que se le 
hicieron , que salió al Gn de Zaragoza con dirección á la corte. 

Hemos llegado ya al día 28 de junio de 1854. 

La situación no puede ser mas crítica y azarosa para los po- 
lacos , y sin embargo se esfuerzan por aparentar la calma y alegría 
del que está seguro del triunfo. 

La reina habia salido para el Escorial , y los ministros se pro- 
metían pasar en el real sitio un delicioso verano ; mas apenas ha- 



EL wmmo T «is omioftis. i SÜ: 

bian emprendiáo la marcha para jolciarse éd loa grafea taraat<ad« 
ministFa&ivaa, habieran de ralrweder á Madrid jnas que de pnisa^: 
coD las anjpMlias de an fliiedo hornikle en «1 ceraaoou 

Sí se lubiera pregwrtado en -aq^uel momento al primer eonie: . 
¿Tiemblas, Luis? estamos seguros que su respuesta hubiera sido, 
igual á la qae>dió Otélo el africano A su aiaig^, €tyo temblard... 
estoy muy sosegado» y la ira fermeniába en aufeobo. 

¿Qué te ha aobreveaído » infortunado Saptorius? 

¿Te ha retirado aa confianza la . influencia secreta? 

¿No necesita ya de ta cinismo el poder «oculto? 

¿ Se te ha espnlsado del palacio de da oi^ de las Ac|ías ? 

I Estraño contraste I la angustia que se vé pintada en todos los 
rostros de la legión polaca, kace resaltar sobre manepa la alegría 
qne destellan los seaafalailtes de todos los madrileños* 

No parece kdo que haya asooMidO'en el horizonle poUtico el mt^, 
00 iris de la esperanza para todos las Uberides. 

¿De qmi procede este fbaómono? 

¿Qué ha sucedido? > 

Lo esplicaitemos ea brevísimas palabras. 

Dulce, el honrado cuanto valiente general Didce^.so pretesto 
de pasar revista i las fnerzaade caballeria, de qoe es inspector t 
ha salido de Madrid antes de rayar di alba. 

El bizarro corcmel Echagüe se ha unido al frente de su regi- 
miento , con la caballería de Dulce , y parece que no volverán á^ 
Madrid sino para derrocar la tiranía , y dar un abrazo de frater*^ 
nidad al pueblo , ¿ este pueblo que solo aguarda ver la bandera 
que enarbolan los sublevados para secundar el glorioso alzamiento» 

La deserción de Dulce fué tan amarga para los señores corte-i»< 
sanos , que al sab^ en al Escorial que O'Oonaell anompañado de 



SM SL' PALACIO DI IOS CftíUlflS 

los generales Ros de Olano y Mesina , se había colocado i la cabe-^ 
za de las tropas qae babian salido de Madrid con su denodado cáa- 
dillo , fué tan heroico y éuhlime el miedo de aquellos polacos, qoe 
bobo ataques de nervios , pataletas » soponcios t J hasta una muer- 
te repentina. 

El anciano don Bonifacio Gutiérrez , médico de cámara ; cajó 
en un letargo que puso término á sus dias. 

La alarma de los polacos y ^1 entusiasmo del pueblo se infla*- 
marón á un mismo tiempo en Madrid ; y el terror de los menos j 
la alegría de los mas subió de punto coando comenzaron i circo- 
lar con profusión las siguientes alocuciones : 

«Españoles: Después de los comunes errores y catástrofes de 
1848« natural era que todas las naciones de Europa se entregase» 
al reposo fructifero que, escepto en especiales, singularísimas cir- 
cunstancias, proporciona el orden público. 

Y la España mas que otra alguna , afligida por cincuenta años 
de rcYolacion y de guerras sangrientas, fatigada de tantas desdi- 
chas como han traido sobre ella la inesperiencia de los bandos po- 
líticos y la fatalidad misma de los sucesos, forzoso era que anhelase 
por dedicar al aprovechamiento de sus riquezas desperdiciadas la 
actividad á tanta costa adquirida. 

Ya el tiempo y los desengaños habian dado lugar á la disóla- 
cion de los viejos partidos ; ya era muerto el espíritu de exacerba- 
ción y de turbulencia que promueve el principio, y señala el desen- 
volvimiento de todas las revoluciones; acercábanse unos á otros lór 
antiguos enemigos dinásticos y políticos; olvidábanse recíprocos 
odios • confrontábanse mutuas esperiencias, abríanse por si propios 
los cimientos de una organización definitiva « que siendo la últioaa 



IL FUBBLO T SOS OPBBSORIS. 997 

palabra y la fórmula postrera de la revolacion que moria, recc^íe.'r: 
ra y cifrara eo sí lo pasado y lo presente « tas instituciones vene?- 
randas de la monarquía y los caros derechos con^nados em la, 
Constitución del Estado. 

¿Cómo surgió de repente el recelo que hoy devora Tuestroft 
ánimos? 

¿Dónde nació la lucha , dónde el escándalo, dónde el infortur- 
nio , que ora os perturban y contristan y atergüenzan ? 

¿Por qué hace anos que camináis entre dos precipicios, el uno 
de los cuales es la anarquía , el otro , no menos aborrecible , la de- 
generación y el envilecimiento? ) 

Un destino aciago trajo á la esfera del poder la ponzoña mor- 
tífera del agiotaje y de la inmoralidad administrativa. 

Para dar por alimento al lucro, no bastó la hacienda én ruinosas 
operaciones devorada , no los intereses actuales, una y otra vez sa- 
crificados, hubo que echar manó de la hacienda, de los intereses 
futuros. 

Y asi vinieron los arreglos inconsiderados de la deuda ; así las 
compensaciones; así la grande , la inaudita inmoralidad de los ferro- 
carriles. 

Para acallar la justísima reprobación de la imprenta , un de- 
creto ministerial restableció la previa censura , suprimiendo la li- 
bertad de escribir, que concede á los españoles el artículo segundo 
de la Constitución del Estado. 

Para que las Cortes no pudiesen defender la fortuna pública, se 
interrumpieron sus funciones esenciales y augustas , haciéndose sin 
su participación compras y concesiones injustas, onerosas, absur- 
das de ferro-carriles ; cobrándose los impuestos sin ser votados por 
ellas; legblándose por decretos sobre materias de hacienda, de ad- 



nS WL PALAOiO MI fiOS (BtelOB 

amiistracioD y de poUtica; reasumiendo en simia el poder ejeciiti¥0 
entntos derechos j deberes señala al legislalivo la misaM Gonstitm* 
cioB áA Estado. 

Y exasperados todavía los concusionarios coa laa dUiciitadeB 
qae ofrecien á sus propáBitos las instítocíones y garantías do la li- 
bertad política , imaginaron despojar de ellas á la nación que taato 
lutbia hecho por conquistarlas» y al trono cuyo cimiento enuí y son, 
y cuyo única amparo habían sido en las tormentaa de una larga 
Minoría y de una guerra de sucesión encamisada. 

De esta suerte, españoles, visteis sungir de nueyo la somfam dU 
despotismo (que grande, tradicional , Ustórica , haUais ahuyentado 
años antes) primeoo hipócrita y rastrera en: la discusión eélefire de 
la inviolabilidad, después siniestra y Tergonsosa en la amnaaaa- éd 
golpe de Estado* 

Desde entonces esté planteada la cuestiona presente.. 

Un golpe de.Estado nacido en las carteras de, los agiotistas^ fian- 
mulado en una conjuración del poder, cuyo móvil era la codicia, 
cuyo fin era el despoja, no traía á la; nación u» problema político 
que resohrep, sino un delito común que castigar. 

La iniquidad del principio hacia forzosa la iniquidad de las oaa- 
secuencias, y era natural que puestas aparte las opiniones poIBicas, 
recelasen todos los intereses legítimos, que las nociones de* la 
no y de lo justo se creyesen por todos ameoasadas , que se 
sen todos los espíritus , y todos los españoles se aprestasen á la lu- 
cha palpitando á un tiempo de dolor y de ira. 

I Lucha infeliz en que los hombres de la inmoralidad osan ooai- 
prometer al trono y á la reina ; al trono , la primera* do naestsas 
instituciones, la mas firme, la mas venerada ; á^la reina , qbe taone 
de sus sAbdttos las mayofss nmstras de^ amor qae^haya skaanio 



H. ioiBLo T SOS anMsonoh 9Mf 

moiarca alguno, en cvya cuna depositó tantas esipcranzas la iioarm-^ 
da nación de Isabel la Católica y Bereagaela 1 

I Lucha basta aqui estérU, españolas, porque «1 poder ha toma- 
do i esoarnio vuestro patriotismo , ha dado al desprecio vuestra 
eopstancia^ y el suGrimieiito lo ha tenido por aplauso , y la lealtad 
por vileza , y el respeto por cobardía, poniéndoos hoy en trance de 
empuñar Us armas , ó prescindir de vuestras propiedades amenaza^ 
das , de vuestros derechos políticos desconocidos , da vuestra mis-7 
ma dignidad y el nombre honroso de vuestros padres , con triste 
perseverancia afrentados. ^ 

A nosotroi que damos la señal., á nosotros que empuiamoe los 
priineros la# armas, nos toca decir y demostrar amanta virtud ha«; 
beis cjeroitado hasta aqpi en la obediencia i cuánta iniquidad j 
cuánto cinismo habéis hallado «ntre tanto en el poder, á fin de que 
se satisfagan vuestras conciencias , 4 fin de que se fortifiquen. vues<^ 
^os ánimos^ á fin de que hoy la Europa engañada, mañana el mun- 
do, y la historia imparcial y severa , os hagan justicia. 

No bien sonó la amenaza del golpe de Estado , se estremeció la 
nación asombrada ; y cuando el ministro Bravo Murillo qubo darle 
hipócritas formas de legalidad , las Cortes reunidas le condenaron 
sin decirlo , siendo la primera votación del Congreso un anatema 
anticipado y solemne. 

Pero aqud Congreso fué disuelto. 

Y acudisteis á las urnas y os apartaron de ellas la fuerza y la 
corrupción ; y si el poder cambió de agentes responsables , no re- 
nunció á sus malévolas tendencias y propósitos ; y cuando d Sena- 
do , recordando sus altos deberes , acudió á defender la legalidad y 
la fortuna pública, fueron cerradas de nuevo las Cortes, y olvida- 
das en la venganza la inviolabilidad constitucional de los represen- 
T. II. 37 



Í90 n. PALAao BE íM CñtmmwÉ 

taiites de la nacioo , la ioamovilidad eseoeial de los magistradotv 
las canas y los merecimientos. 

Nada se habia logado con la condición estrecha de los hombres 
qae habian pertenecido á diversos bandos políticos « así en las ímms 
electorales como «n la imprenta y en la tribuna ; nada se logré es 
adelante con retraerse volantaríamente de los públicos empleos Ion 
hombres mas caracterizados ; nada con la baja tremenda de los efec- 
tos públicos , hija del descrédito , de la desconBanza t del pinico 
qne engendraban necesariamente en los ánimos atentados tan peli- 
grosos. 

Ni faltaron hombres de conciencia qne qnisieran detener al po* 
der en la pendiente del precipicio* tomando en él partieípack» y 
aceptando carteras ministeriales ; pero penosos desengaBos dieroa 
por ¡nútn sn tentativa , y forzoso foé qoe lo recogiesen entonoei 
hombres como los qne componen el actual ministerio. 

No es fácil qoe esté olvidada sn historia , porqne es la historia 
de pocos meses todavía. 

Comenzó engafiando y traicionando á sn antecesor; procoró 
consolidarse con aleves promesas de moralidad y de justicia , tmtó 
de destruir la oposición política de las Cortes, ganando á precio 
de destinos públicos á sos mas importantes campeones ; quiso luego 
arrancar insidiosamente del Senado la cuestión fundamental de loe 
ferro-carriles ; y cuando vio descubiertos cus amaños , desoídas sos 
ofertas, despreciadas sus amenazas, quitóse de repente el mentiro* 
so manto que le cubría , y apareció tal como era en la repugnante 
desnudez de su inmoralidad. 

Ciento cinco Yotos contra sesenta y nueve , ciento cinco Tolos 
donde se contaban los de los mas ilustres grandes de Espafta y tí«- 
tulos del reino , los de los generales en gefe de los ejércitos d»» 



IL FiriBI.0 T SUS OriBSOiBS*. IM 

ranle la locha dinástica» los de los feoerables veteranos de Tra- 
falgar y de Cádix , los primeros de los magistrados , los primeros 
de los capitalistas , los mas venerables de nuestros sabios ; ciento 
cinco votos I en fin» la flor de la nación y la gloria de la patria, 
contra sesenta y nueve empleados ó dependientes del gobierno fa- 
llaron que la gran cuestión de moralidad que simbolizaban los fer« 
ro-carr¡!es« no debia salir del Senado ^ no debia ser resuelta á gustq 
del poder. 

Y este respondió al nuevo y solemnísimo anatema cerrando 
otra vez las Cortes» destituyendo á los veteranos y magistrados» in- 
soltando y difamando al Senado mismo» amenazando al pais coa 
el golpe de Estado» dándole en fin* sí no en el nombre en el hecho» 
si no en la forma, en la realidad de las determinaciones. 

Ya habia osado poner la mano en nuestras leyes civiles, destru- 
yendo la sustancia de nuestros ftniiqoisimos códigos , sin autoriza- 
ción de las Cortes ; no hay derecho oi facultad judicial ó legislati- 
va que haya respetado desde entonces. 

Asi el principio social de la legalidad ba desaparecido de entre 
nosotros» siendo la voluntad de los ministros ley única. 

Así la seguridad individual ha desaparecido , siendo deportados 
sin forma de juicio los ciudadanos mas respetables ; otros desterra- 
dos á paises estranjeros ; muchos obligados á ocultarse » abando- 
nando sos intereses y hogares. 

De este número son los generales » los senadores» los diputados 
que intentaron ejercitar el derecho de petición concedido por la ley 
fundamental á todos los ciudadanos ; los escritores que osaron guar- 
dar silencio » á tiempo que la esclavitud hacia vil el aplauso, 

Y entre tanto se cobran los impuestos sin autorización siquiera 
de las Cortes ; y para remediar las consecuencias necesarias del des* 



Í9f ñ rALAGio ra ios cifninB 

crédito y la alarma, qae tan odiosa política ha producido; paríi 
atender á esa denda flotante con que por tanto tiempo se ha bvria*^ 
do la fé pública; para encubrir los desfalcos pasados j llevar á cabo 
nuevas compras de ferro-carriles , j para nuevos agios j negocios 
bursátiles , se acaba de imponer nn semestre mas de contribucicm 
forzosa á los pueblos , buscando la ocasión en que mas fácil aerní 
recaudarlo , pero mas funesta también su recaudación, que inunda- 
ría para siempre en lágrimas nuestros lugares y nuestros campos. 

¿Hay modo de negar el pagoT 

¿Hay medio de impedir tanta funesta iniquidad, muerta la im* 
prenta , muertas las Cortes , la nación entera en estado de sitio, 
desterrados , ocultos , fugitivos los hombres mas importantes, aisla- 
dos , abandonados , entregados á sf propios los pueblos? 

Lo hay, pero es en la fuerza , en las armas. 

Y si quedan en España espaSoies, si vive la nación de 1808 to- 
davía 9 si la moralidad y el interés mismo tienen algún influjo som- 
bre vosotros , todos os levantareis á esta voz , soldados y ciudada- 
nos , confundiendo en un instante á los opresores miserables de la 
patria. 

No son, no, nuestros nombres los que han de facilitar este gran 
propósito ; es la moralidad , la razón , el derecho c[ñe defendemos. 

Soldados son los que han derramado su sangre por la libertad 
y por la reina ; hombres políticos que han procurado en diferentes 
partidos la gloría y la fortuna de la patría. 

Si hoy , unidos en pensamiento común, acudimos á las armas, 
no es porque seamos revolucionarios , sino porque lo es el gobier- 
no ; no es poniéndonos fuera de la ley , que el gobierno está fuera 
de ella: no es para atacar el orden público, es para defenderlo , im- 
pidiendo que se destruya en sus bases permanentes, esenciales, éter- 



nas ; DO es en 60 , por traer la anarquía ; es por estorbar qne desde 
la cima éet poder de^rre \» ééiraSas de la nadan y empontone 
ans Tenas generosas, 7 amfBile ss naciente actividad 7 sw fnerza§« 

Todos losespafioles caben^d^ajo de esta bandera nacional, so«* 
cial ; para etios todos la gratitud de la patria , la eetimacíon de la 
Enropa j del mundo, la justicia eonstante de la historia. 

De nosotros será el honor de haber dado la sdla), de haber co* 
menzado la empresa. =a>LBOPOLiK> ODoMmtir.srDonnieo I>cc.ce.= 
Antoüiio Ros ns OLAifo.=>iFBLnc Maeía nn Hbssira.» 



«CruDABANos: El gobierno ;cerronipido y corraptor qne ftn n^ 
trajado la magestad de las leyes y humillado el honor del país, esti 
i ponto de hundirse bajo el peso ée la execración naoional . 

Los hombres honrados de todos los partidos le condenan : él 
pueblo indignado de sus iniquidades , le resenFa un ejemplar cas- 
tigo. 

Los dias de su dominación vergonaosa no bastan para contar 
por ellos sos crímenes. 

Ha barrenado la Constitución del Estado , atropellnndo los de- 
rechos de los ciudadanos , faltando á todos los sentimientos^ de de- 
coro , escarnecido la representación nacional , cefrada la tribuna, 
encadenado la prensa , saqueado el Tesoro, corrompido las con- 
ciencias, y sembrado en el pais una perturbación profunda. 

Los generales que han dado i la reina un trono para que re>- 
'nira eonstitucionahnente , los hombres amaestrados eo las luchas 
"poHticas , y los escritores independientes están perseguidos , exone*- 
Tados ó proscritos. 

Una chusma de adrenedizos se ha propuesto' convertir la Espa- 
ña en patrimonio suyo , y destruir en un dia la conquista de cha- 



S9i KL PALACIO M LOS GIÜHNU 

caenta años de acciones heroicas y de sacrificios geDerosos. 

Despaés de haber arrancado al pueblo cootribucioDes enormes» 
DO autorizadas por las Cortes , ha inventado un nuevo impuesto 
que ha esparcido la miseria y el hambre en las provincias. 

Su conducta no tiene ejemplo ni escusa : la revolución no bro- 
ta en las masas, no sale del pueblo ; parte del poder, que se ha co« 
locado fuera de la ley. 

No se trata de un cambio mas de personas , ni de una revola-^ 
cion de partido ; se trata de la unión fraternal de todos los libera^ 
les , de todos los hombres de probidad que quieran poner un dique 
al saqueo escandaloso que hemos presenciado hasta ahora impa— 
sibles. 

Patriotismo « unión y confianza : con estos tres elementos , la 
nación, la libertad y el trono se salvarán^ y alejareis para sieoipre 
el triste legado de humillación que de otro modo dejariais á Vues- 
tros hijos. 

Solo un acto de energía puede poner fin al reinado de las arbi- 
trariedades y de la inmoralidad. 

l^ patria lo espera todo de vosotros. 

¡ A las armas , ciudadanos ! t ! 

ó ahora ^ ó nunca.» 

«Soldados : En medio del dolor que causa á los ciudadanos el 
ver rasgado hoja por hoja el libro de la Constitución que todos he- 
mos jurado ; en medio de los torpes abusos y reprobados manejos 
que emplean los actuales ministros en ia gestión de los negocios 
públicos , enriqueciéndose ellos y desmoralizando la nación , preci- 
so es que os dirijamos nuestra voz y os recordemos vuestros de- 
beres. 



Las armas depositadas en taeslras manos no son para sostener 
)a innoble pandilla qne ba escalado el poder , y qne abusando dd 
eseelso nombre de la reina, eondnce el pais al precipicio. 

Saltar al trono y i la nación es vnestro deber , y para com- 
plirlo tenéis qne acudir á este bonroso llamamiento. 

El pneblo nos espera , y á nuestro lado peleará , si necesario 
fuese, basta concluir con los enemigos del trono y de la reina doña 
Isabel II , i cuyo augusto nombre se os rebajan dos años de ser- 
vido. 

I Soldados , tiva la Constitución , viva la rrina , viva la líber^ 
tadl» 

«SoLnADos: La patria está sirviendo de vil juguete á un go- 
bierno inmoral , unánimemente maldecido de la opinión pública. 

Debiendo ser ejemplo de respeto á las leyes» las ba bollado to- 
das, rasgando con mano osada , desde las mas antiguas y veneran- 
das , basta la Constitución del Estado , que conquistó con su sangre 
el ejército. 

Escarneciendo la representación nacional , obra á su caprícbo 
sin intervención de las Cortes , para robar á mansalva á los pne- 
blos , olvidando los derecbos mas sagrados ; tiene puesta una mor- 
daza á la prensa , desprecia los servicios , negocia con los empleos 
y los grados, y dispone á su antojo de las personas y baciendas de 
los ciudadanos. 

La facción que rodea al trono y se sirve del ejército como de un 
instrumento pasivo de opresión , se ba puesto fuera de la ley : es 
preciso libertar de ella á la nación antes que acabe con todos los 
liombres eminentes del pais, que son sus enemigos naturales ; antes 
que desaparezcan de vuestras filas los gefes que han ganado su 



puesto en ellas oonssft servicÍM^ paca.dar logir A les ÍAtrígoites 
q«e, síft valor ni íoteligeBcia » se valea 4el' fisvor ¿pan: obtener ipn^ 
dos que desfaonraa ; aoies* en £o t fae vaestiKis padres^ abronadfif 
JA de coatribaoíoaea monstroosas^ tengan que prív«r de pan 4 bus 
familias para cubrir nuevo» impuestos estraordinariofr, qne acabu 
¿e exigirse ilegalmente para servir de pasto- i la codicia y al pitlaje. 

Soldadoa: lo 4|ae exigen de vosotros los pueblos, lo que oa pí^ 
útíL vuestros padres, lo que os dicen todos los generales fpie hav 
derramado su sangre bajo vuestras banderas para echar los ciniieípr 
loa al trtioa Gonstitucional, no es que os sublevéis á la vm -de un 
partido; no es que falléis á la subordinación « seducidos para eftCr 
vir de apoyo á planes revolucionarios : es que sostengáis la causa 
.de la justiciar de la moralidad y de la libertad contra an gobierno 
que tiene por divisa la iniquidad , el robo y la tiranía* > 

Responded luego i los clamores de los pueblos, á las súpUcas de 
.vuestrox padres, cuyo trabajo no baata para cubrir las malvenatr 
ciones del poder ; a la voa degeCes en quienes confiáis justamente^ 
y que os llaman á las armas» como el único medio de salvar al p^Ja; 
no desoigáis su voz , porque la sangre que vertierais caeria sobre 
vuestras cabezas. 

Acudid pronto» j mereceréis bien de la patria , que desde luego 
os rebajará dos anos de vuestro penoso servicio* 

Union , confianza en los que os hablan : el triunfo es aegurou» 



Al notar el entusiasmo que las precedentes proclamas » 
con avidez , producían en el pueblo , emprendióla con él el insen*^ 
sato conde de Quinto , bizmando las esquinas de terroríficos banrr 
dos, que solo servian para escitar la befa de los ciudadanos; j 
mientras en el palacio de la calle de las Rejas aglomeraban en co^ 



IL FUIBLO T SOS OFBBSOBKS. S97 

fres los tesoros para trasladarlos al regio alcázar , sucedíanse los 
consejos de ministros , entre los qoe habia en Madrid , y los demás, 
prófugos y vergonzantes , regresaron con la reina aquella misma 
noche, que como de verbena de San Pedro, tenia la calle de Al« 
cala inundada de gentes. 

El silencio del pueblo dio á S. H. cierta lección elocuente que 
recomienda eficazmente i los reyes el publicista Hontesquíeu. 




T. II. 38 



CAPITULO XXV. 



LOS POLACOS EN LA AGONÍA. 



Desorientado y lleno de miedo el gabinete polaco , ostentaba 
cierta osadía ridicula muy parecida á la del héroe de un conocido 
saínete que lleva por titulo El soldado fanfarrón. 

La autoridad superior militar » que en este nuevo entremés re- 
presentaba el papel de protagonista , dirigió al pueblo la sigaíenta 
alocución : 

«El director general de caballería don Domingo Dulce, poniendo 
por obra los planes de conspiración con que hace tiempo se estaba 
conmoviendo sordamente la tranquilidad pública » y formando bajo 
pretesto de maniobras tres regimientos del arma , cuya dirección le 
estaba confiada» ha salido de la capital en la madrugada de hoy, 
junto con un batallón de infantería que debia marchar á relevar 
destacamentos. 



WL ranto T so» wnmm». ÍM 

AI Doticiar ú gobierno oficialmente al público* esta eeeandalosa 
sedición « á la que parece se ha nnido algún otro gto«ral, la alica- 
ta la confianza no solo en la lealtad de las tropas de la guarnición 
qne han pemaiiecido fieles , sino tn la sensatez del pueblo da Ma- 
drid , estraüo á tMi Tergoozoso erfmeD. 

En estos momentos y por doloroso que sea presentar en se des- 
nndez á los ojos del pais y de la Europa tan negra ajempio de ídh 
gratitud y deslealtad , no Tacita el gobierno en apelar con noUe 
confianza al buen sentido y pundonor del pueblo de Madrid : que 
cada cual como hombre honrado ponga la wtmno en su pecho y 
smtirá el horror que inspira la conducta de una autoridad, que cu^ 
bierta con la coofiawa misma que en ella se deposita, y abasando 
del influjo que su posición le da , mina cautelosamente y penrierte 
el espirita de sus soboréinados para arrastrarloe con los ojos Ten- 
dados por la subordinación al último atentado contra las kyes^ mas 
sagradas. 

El pueblo espaftól esti bastante experimentado en retoloeiones 
para no conootr que un morimtento inaugurado por semejantes 
hombres y con semejantes mfidibs, msíl puede conducirlo al* desar- 
rollo progresivo y al completo afianzamiento ée so libertad y bie-* 
nestar. 

El gobierno , apoyado en la fidelidad, de las tropas y en la leal- 
tad del pueblo , tiene completa confianza , en que esta obra de ini- 
quidad no preTaleoeri y será prontamente castigada , sin que el ve- 
cindario de Madrid tenga motivos mas que para felicitarse de su 
juiciosa eonducta , pero si algún desgraciado intenta para su perdi- 
ción alterar la pública tranquitidad en estos momentos , tenga en- 
tendido que el gobierno será inexorable en este punto. 

Madrid 28 de junio de 1854.=Jüan db Lara.» 



300 U FAUCiO DI LOS GftÜIBHW 

A la precedente tlococion siguieron los decretos qne i conli^ 
noacion insertamos : 

«MiNiSTBiio DE LA GUBaaA.=iteaI decreio.s^La, inaudita desleal-, 
tad del general don Domingo Dulce , que abusando ingratamente 
no solo de su autoridad sino de la confianza que me habia dignado 
dispensarle . ha conducido á la insurrección á una parte de las fuer- 
zas cuya dirección le estaba conferida , debe ser tratada con todo 
el rigor de las lejres ; vengo pues en resolver sea exonerado el ge- 
neral Dulce desde ahora de todos sus empleos « honores y conde- 
coraciones y borrado de la lista de los de su clase, sin perjuicio de. 
ser juzgado con arreglo á ordenanza si fuere habido. 

Dado en palacio á veintiocho de junio de mil ochocientos cua- 
cuenta y cuatro.=Esti rubricado de la real mano.=El minialro 
de la Guerra ANsauío Blaseb. y^ 

«Real ÓRDEM.=«Excmo. Sr. : Desde el 22 de febrero últinoo , el 
tomar medidas escepcionales con motivo de lo ocurrido en Zarago- 
za , tiene dicho el gobierno de S. H. que se halla decidido á soste- 
ner á toda costa el orden y las leyes. 

Esto mismo repite ahora que estalla otra rebelión militar; j 
para sofocarla , evitando que nadie la secunde ni auxilie á los qoe 
la han comenzado ó á los que en ella se mantienen » ha resuelto U 
reina , de acuerdo con el parecer del Consejo de ministros t lo si- 
guiente: 

1 •'' Manteniéndose en estado de sitio toda la península é islas 
adyacentes, la autoridad militar reasumirá el mando de todo, y 
por consiguiente lo tendrá sobre los demás gefes de los diferentes 
ramos del Estado. 



IL PUKBLO T SUS OPBBSOEIS. 304 

2.^ Se establecerán comisiones militares permanentes en las 
provincias donde no existieren ja. 

S."* Dichos tribunales juzgarán á toda clase de personas que 
atentaren, de cualquier manera que sea, contra el orden público, 
ó que habliasen mal de las autoridades constituidas , ó del gobier- 
no, ó de la sagrada persona de la reina (Q. D. G.) 

De real orden lo digo á V. E. para su cumplimiento. =» Dios 
guarde á V* E. muchos años. =:Madrid 28 de junio de 1854-.= 
BLASER.=:Sr. capitán general de » 

«REALES DECRETOS. = La descrciou cometida en febrero último 
por el teniente general don Leopoldo 0*Donnell , conde de Lucena, 
produjo mí real resolución de 14 del mismo, dándole de baja en la 
lista y nómina de los generales del ejército español. Los indicios 
entonces vehementes de su crimen de conspiración contra el Esta- 
do son ya un hecho consumado , y el general 0*Donnell , al levan- 
tarse ayer en abierta rebelión ha probado su deslealtad y alevosía. 

Doloroso es á mi real ánimo ver una y otra vez repetidos tris-: 
tes ejemplos y castigos de generales que mi magnanimidad engran- 
deció para que guiaran al ejército por la senda del honor y no de 
las sediciones militares ; mas por lo repetidos que son , y por el es- 
cándalo que producen, debe ser tanto mas inexorable la justicia; 
vengo pues en mandar que don Leopoldo O'Donnell , conde de Lu- 
cena, sea exonerado de todos sus empleos, honores^ títulos y con-, 
decoraciones , sin perjuicio de ser juzgado con arreglo á ordenanza 
si fuere habido. 

Dado en palacio á veintinueve de junio de mil ochocientos cin* 
cuenta y cuatro. =sEstá rubricado de la real mano.=El ministro 
de la Guerra Anselmo Blasbr.» 



M> KL PALACIO ra LOS CtílOIflS 

«HaWendo dispuesto por mi resolución de 1 5 del presente mes 
que el mariscal de campo don Félix María de Messina pasara á 
la ciudad de la Gorufia en situación de cuartel, y este general 
eludido por la fuga la obediencia á mis mandatos para tomar parte 
criminal en el dia de ajer con los sublerados ; Tengo en resolver 
sea exonerado de todos sus empleos , honores y condecoracionei j 
korrado de la lista de los de su clase , sin perjuicio de ser juzgado 
con arreglo i ordenanza si fuere habido. 

Dado en palacio á veintinueve de junio de mil ochocientos €in* 
cuenta y cuatro.=Está rubricado de la real mano.=BEI ministro 
de la Guerra Anselmo Blasbk.» 

«Vengo en exonerar al teniente general don Antonio Ros de 
Olano de todos sus empleos , honores y oondecoraeiones , y on dis- 
poner sea borrado de la lista de los de su clase , sin perjuicio de ser 
juzgado con arregló á ordenanza , si fuere habido , como reo del 
erfmen que ha cometido al abandonar sus banderas , uniéndose á 
los sublevados* 

Bado en palacio á veinte y nueve de junio de m9 ochocienloi 
cincuenta y cuatro. =Está rubricado de la real mano. = El minia- 
tro de la Guerra Anselmo Blaser. » 

oEEALES ÓRDENES. =Excmo. Sr.: Por la comunicación de V. E. 
de esta fecha se ha enterado S. M. con mucha satisfacción del leal 
comportamiento del capitán gradaado teniente de caballería de la 
Guardia civil don José Palomino, gefe de la linea de Aragón « si* 
fuado en Torrejon de Ardoz, que ha resistido las enérgicas sugest- 
iones que le han hecho los gefes de las tropas de caballería que sa-*> 
lieron sublevados de esta corte, y que ha tenido la Grmeza, sagaci-> 




EL PDBBLO T SUS OPRESORES. 303 

dad «y sangre fria soGeientes desde la prisioB en que le oonstitoye^ 
ron , DO solo para resistir el seguir la bandera de la revuelta , sino 
avisar á los puntos inmediatos para dar á V. E. conocimiento de 
lo ocurrido; y S. M., al mismo tiempo que ha tenido á bien pro- 
mover á este oGcial al empleo de capitán de caballería » y que se le 
inscriba en el turno de elección del cuerpo en recompensa de su 
lealtad , se ha servido Afpóaér se haga^piAttco este proceder en la 
Gaceta oficial. 

De real orden lo digo á V. E. para su conocimiento y efectos 
consiguientes. 

Dios guarde á V. E. muchos anos. = Madrid 29 de junio de 
1854.=BLAS£R.= Sri inspector general de la Guardia civil.» 

((La reina (Q. D. G.) se ha servido también conceder el empleo 
de segundo comandante de infantería al capitán del regimiento de 
Estiremaduru do» Miguel Ferjaandes y -Sancha €ia lecpmpeMa de su 
lealtad y del ^rvicío pseslado eo la mañana del 4ia de, ^er , ha*? 
liándose de geC^dela gaardia de prevendoQ» al evitar une .t^opai 
del indicado regiipienlo fueran sacadas éi la fuerza para unirse á 
los sublevados , servicio del coal ha resultado herido.» 




CAPITULO XXVL 



BATALLA DE VICÁLVARO. 



El 29 de janio formó toda la goarnicion de Madrid en el Pra- 
do en orden de batalla , j no tardaron en presentarse en carretela 
descubierta la reina , el rey y la princesa de Asturias. 

Mientras doña Isabel II revistaba las tropas , varios agentes del 
ministerio repartían con profusión entre la multitud una proclama 
calumniosa » llena de insultos contra los generales sublevados^ para 
probar que su principal objeto se dirigía á derribar el trono ^ y de 
esta falsedad evidenciada por todas las alocuciones de ios insurrec- 
tos t trataron los señores ministros de eludir la responsabilidad ha- 
ciendo aparecer al pié de semejante calumnia la firma sola de la 
reina, como para dar á entender, que el pensamiento dominante 
de la proclama en cuestión era esclusivo de S. M. 

El trono fué siempre un parapeto á cuya sombra cometían los 
polacos todo género de tropelías y desafueros. 



U PÜIBLO T 8D8 OPftISOftM. 306 

Para comprobacioo de nuestro aserto bastará pooer ante los 
ojos de nuestros lectores la esposicion sigaíente : 

«SeioEA: Los ^aérales, brigadieres, coroneles y demás gefes 
qae suscriben , fieles subditos de V. M. , llegan á los pies del tronó 
y con profonda veneración exponen : Qae defendieron siempre el 
angosto trono de V. M. á costa de $a sangre, y ven hoy con dolor 
que vuestros ministros responsables , exentos de moralidad y de es- 
pirita de justicia , huellan las leyes y aniquilan una nación harto 
empobrecida , creando al propio tiempo con el ejemplo de sus ac- 
tos una fnnesta escuela de corrupción para todas las clases dd Es- 
tado. 

Tiempo ha , señora , que los pueblos gimen bajo la mas dura 
administración, sin que se respete por los consejeros responsables 
de V. M. un wAo articulo de la Constitución : lejos de esto se les 
vé persiguiendo con crueldad á los hombres que mayores servicios 
bm prestado á la causa de V. M. y las leyes , solo por haber emi- 
tido su voto con lealtad y franqueza en los cuerpos colegisladores. 

La prensa , esa institueion encargada de discutir los actos admi- 
nistrativos y de derramar luz en todas las clases , se halla encade- 
nada^ y sus mas ilustres representantes ahogan su voz en el des- 
tierro los unos, y los otros, protegidos por dguna mano amiga^ 
viven ocnltos y llenos de privaciones, para librarse de la bárbara 
persecución que esos hombres improvisados han resuelto contra 
todos. 

Los gaálos públicos , que tantas lágrimas y tanto sudor cuestan 
al infeliz cootribuyiente , se aumratan cada dia y á cada hora , sin 
que nada baste para saciar la sed de Oro que á esos hombres do- 
mina; asi, mientras ellos lasegnran su porvenir con tantas y tan 
T. II. 39 



306 KL- PABAom M w9 atSmansí 

repetídM exacciones , los contribvyentes veír desaparecer el' resto 
de sus modestas fortunas. 

Mas no para aquí , señora , la rapacidad y desbordamiento de 
los ministros responsables ; Uevan ann mas allá la Teaaliáad j am- 
bición. 

Na ban concedido ninguna linea de ferro-carril alfo impo9- 
tante sio que bayan percibido antes alguna crecido sobvenoiett^: bqí 
han despachado ningún espediente, sea este de interés general é 
prirado , sin que hayan tomado para sí algnna suma ; j hasta los. 
destinos péblicos se han vendido de la manera ñas vergiimo»^ 

No ha sido tampoco el ejército el que menos humillaoionet ha 
recibido ; generales de todas graduaciones > hombres encanecidos 
ea la honrosa carrera de las armas , que tantas Teces haa pelando 
en favor de su reina, tí ven en destierros ínjustifícsbles; ha cié odiü 
les apurar allí hasta el último resto del suftimienCo , y presentan-^ 
doles ár loa ojos és V. M . como enemigos de su trono. 

Tantos desnanes, seSora, tanta arbitrariedad, ta» innndiloni 
abusos y tanta dilapidación , era imposible que á leales espafioles se' 
hiciera soportable por mas tiempo ; y por eso hemos saltado á de- 
fender incolomes el trono de V. M. , la Constitución de la meaar^ 
quía que hemos jurado guardar , y los intereses de la naeion en Aa, 

Esa es nuestra bandera , por ella Tcrteremos nuestra sangra» 
oomo otras veces lo hemos hecho , si el actual ministerio se empen 
3a en sostener una locha en que toda la ilegalidad , todo> el erfneH. 
y hasta toda la sangre que pueda verterse serán suyos y por caos» 
de ellos : y de lo cual en su dia el pais les exigirá estreeha eoenta. 

Por eso, señora, acudimos al excelso trono de V. M. suplteán*^ 
dola se digne tomar en consideración cuanto dejamos r es p e tu o s a ■>' 
mente espiiesto> y qae eñ' sa virtud se digae V. M. relevar i esoa 



JMinbreh dd «devad^ ^oar^ darCOMejanos ^de Ja ^MiroBt i fUatUvyéor 
dMe» isMiilroi que Henea Ub neeesidadeB dd peki gr atvaa .1«$ Car- 
ies » á la par que suspeüdip Aa «obraua «dal aiHio^ f^mw que 

. tdHf aaii» aeifirat ios desaM^áala aackn^'qae ao dudamos 

ialea4opá Y» M. ooBio raioa j cmso Kiadae,'i|ie laAtas pcnebas 4it>- 

i^e drfan i# m aagMta ikMidaA aa Sntt de «aa |ttlría f da «a 

ejército que defendió á V. M. desde la cuná>QoaSaa *viAas4a 4iS 

Jagos y da 4M oompaftaros de araiai. 

(¡«anda Diaa dilatados »oas la íÉsportaate «vidli ^ V. M.^^ At- 
óala de Henares 28 de junio de 1854.=sLeopoldoO'DonDelL3»Do- 
laiago Abloe^svBsAntonia fios de Olansue^^Falk Jülaria de Meisina. 
«:9Ba£aal de Bchagüe^sarlaaquÍB f itoc.»rBageaia MQaoa.»9ABl»- 
nio Garrigó.=sIgnacio Plana.=Juan GaUardon.= Ventura EoBlaa. 
tiihap Moríasly.=v=3José Sevraaa.^s^losé Marta de ]laralk)«=«=Ra- 
fo de Rnada> niFelifn^Gkiofiér de £8piaBré=JMqmB Mai«ii.*=Ba- 
SBon Figaerea.c^Vioenle Seraale».9«Jo8é de CiiiaohUla.ff^alDmo 
de Yesty.«»filAiií}ae SaiuL:=9jiUMa Caenca daLasHanfid .Alaría 
Gómez. =Domingo Verdugo y ltfaiaíea.:»9Eaniqíie del fioaeu^^^AQ- 
tonio Sagues.s:^raacÍBDo *de Uataris*aK:Fcíniaiide María Biimo.= 
Blas de Veíate.» 

Pero volviendo á la revista ^ae habia pasado la reina á la goar- 
■iciaQ de Madrid , tenia por objeto iuiia gran sofemaidad* 

Tratábase de premiar la fideUdadá las desmanes de .la polonia, 
y como sucediese que ua lofioíal y rin 'Oabo «estarbaseft qae sa regi- 
imientOt qae era el ide SiirmBadaraf lMd>ie8e aearchade con los que 
ÉigÉiaoaa al «saUeaie Colee , condecoré la retaa oon aa^prapia mano 
álosdosibifrosi préoiládoi^ deada cayo acto. .. craecáai Odis lectores 



808 WL PALAao »i LOi aámatu 

que 86 mI? ó la siloacioD ; pero do fué asi , porqae todo el nraado 
86 reia de aquella regia pompa , y el desarrollo de la ÍD8iirreocioD 
tomó desde entonoes proporcioDes colosales. 

El ejército libertador ocupaba el 30 las llaaoras de Vieálfaio j 
aunque estaba escaso de infanteria y carecía completamente de ar* 
tülería , era acaudillado por ilustres y denodados generales , y los 
soldados sentíanse animados por el entusiasmo de los qoe pelean en 
defensa de la libertad. 

Alentado el gobierno por la superioridad de sus foersas numé- 
ricas , trató de hacer un alarde de su firmeza y de los medios de 
que aun podia disponer. 

Contaba , en efecto « con mucha mas tropa y de todas araiaa; 
pero tropa sin deseos ni noluntad de batirse contra sus henuanos de 



La Guardia civil era la que inspiraba mas confiania al gobi 
no , y siete generales , entre los cuales se distinguia el ministro de 
la Guerra , andaban y venian y se cruzaban en todas direccionw 
con cierto aire de insolencia, como si trataran de imponer y avasa- 
llar á un pais recien conquistado. 

El pueblo les miraba con ira , y bastó su actitud sombría y 
amenazante para qoe desplegasen por do quiera ese lujo de apara- 
tos guerreros que suelen ser las mas veces el emblema del espanto 
de que se hallan poseídos los opresores. 

Arrastraron cañones por las calles varios pelotones de artille- 
ros con la mecha encendida , y se colocaron en todas las avenidas 
de la morada de la duquesa de Riánsares. 

£1 gobierno conocia perfectamente que el principal objeto de 
la ira popular era aquel palacio donde la codicia cortesana haUa 
cometido toda especie de iniquidades^ aquel taller horrible de veja- 



k 



B nnBLo Y n» ot anoa»* 3f9 

HieDes coBtra el paeUo , aquel templo de la inmoralidad » donde el 
Becerro de oro era el úoico idoIo que merecía los imparo» iaciéB- 
tos del crimen. 

Situado O'DomieU eo Vicáharo, poeblo q^ di^ta «na legua de 
Hadrid , paaó re? ista á los brillantes escaadrooes que eofl|ponian tn 
principal faena, y eslavo aguardando á la guamioion de Madrid 
sufriendo los rigores del sol en uno de los dias mas sofocantes de la 
canícula. 

Con el objeto de ver si las tropas de Hadrid hacían, algún mo- 
vimiento que revelase hostilidad ó deseos de unirse á. los. pronun- 
ciados, confió 0*Donnell á Pozo, segundo gefe de Estado Major de 
infanteria , la comisión de hacer una descubierta con nna sección 
del escnadrdB de cazadores de Granada mandada por el capitán 
Poyales y otra de Almansa bajo las órdenes del subteniente don Ra- 
món Colcbero. 

A poco rato recíbi<^ seguramente aviso di general en gefe de 
que se divisaba algunafnerza, pues dispuso que avanzasen otras 
dos secciones de AtoMÜisa con las miras de cubrir los flancos. 

A las once de la araiana mandó que don Fernando Suarez de 
Villapadiema, capitán de Almansa, saliera al frente de las dossec-* 
clones restantes del escuadrón con el objeto de observar los movi* 
mientes del enemigo , y prestar iifíoy o á los punios que pudieran 
necesitarlo. Emprendieron estas secciones su marcha en dirección 
al arroyo Abrofiigal , y alU encontraron á los cazadores y lanceros 
que anteriormente hablan salido á lás órdenes del coronel Pozo. 

A medio dia eran ya bastantes las fuerzas enemigas que sobre 
la linea se hallaban , u bien no babian avanzado aun mas que las 
guerrillas que llegaron á colocarse á corta distancia de sus con- 
trarios sin romper el fuego. 



'Mío jmmaáMKO^m 

iMirúfU del ^\mmo^ MtndUUAas ftr «1 f «levaL Bliiir» 
MiúÉro jda la duna, te compoaiaa da 4600 iafantat, 4»00 «ab«- 
Uofl y 20 piezas de artillería. 

Ahroamn for ia m ■mrimiflila dií avainiv «i Iwa coon Iraü-* 
tai, ia i|M la fasádpé al fflnerai lea yefie, y álaacnaloo da láliÉ^ 
ida-atanrié aoa'gnenrilla fle aarakkiame.coa áuao da.aivoíar da «|i 
poMwmáiaeioaBadaMe da Granadla. .v 

Entonces mandó el coronel Pozo qae la sección de AAnflaaaa 
mandada par Goicheaa ffieM ana^oarga i dicha gnerrilla, y aa eje- 
«Irte apn ian impeaaoea deanado, ^qoe la abUgaroo i «tirana pna- 
bipkadáoiailia; nuis aaaao la <i«ardía aiail fnotegia á Aoa aanáir- 
nerae y4Ma eoetenida par na aecoadroá da ViUaaiobaa,,atD9á 4ii 
Moeiontde Alnmaia, ^e luó defendida á lo im por eljaapitaB 9aik« 
rea 4a ¥ÍHapadierna al Araate de otra aeacion del «aítma cnan^ qlie 
hizo retroceder á la Guardia civiL > .' 

Replagé sos idereas el capilaa Snarai por ditpoiioiaa dal 4Doro- 
oel Paao, y váidas á «trasqne-habia ooadneido al sitio da la ladia 
el capitán de Alosaasadon Bbrkao Elazaga, formaroo dns f oaá 
draaai «scatae y emprendieron la retirada ^MurosoaloDee, con As io- 
teaóoa de atraerte i -otro terrena al •eaeniign y dar ing^ar á «gun la 
dit isioB se aprestase al oombate. 

Coloed el enemigo en posición eos baterías y rompió na Mon- 
dísima faego de fnsil y de artíUeria contra las gnerrillas y aecdn- 
oes, coa lo eoal ni siquiera consígaió hacerles acelerar la rnaacha. 

El ooninri Planas, gefe de Estado Mayor de caballería, qae 
acababa de llagar acompañado del •comandante don Raman f igue- 
'Toa y el lanienle ooronel de Almansa don Jnan lioriarty , .poeñrUo 
al capitán Suareí de Vülapadieraa se arnejira da flanee aotma ia 
artillería con un escuadrón á fin de rebasarlas y aarlnr la aalimAi, 



KS^ífiano FiiJií:o»intiis.i 311 : 

lo-qéeM egteutó co0la|nrOTflíttid.T hiiarrtef<|Ét íina^ {HÜgimefolo- 
TÍfliMiito HNfriéM, jemSm á< hi diÉna loé citadidto gtfeoy eanihnKéúM 
ti% i« dil«r?i» deproyoclfles mortifeiM^ 

MMwe*«erácf«t eoMignaádci-qiie á petat á^tfmeot far BMrcfaal 
por MooioMt iMbüÉii Mido €0lre líft cokiiBM^ ▼•»!§ graoMd»» noi 
esferinwnlá fty «v^ipciaB na allcfasianea que ba* cpaa oataiAiktieiitB t 
prodoeiaiv laa bajai sío que nn solo soMadoi a» aoparaMidekaiiiD qm ' 
en lO' bífera á foriaaaoai kr Gomipeadía. 

Solo* €Ott esta aeraaidad é kopavMéa rehiagafoa aqtteHoa vsl-^* 
tientes al enemi^ f lagrafwi' ooioearae á sa retaguaaiiaí. . 

Creyendo» al geatnrf Dakie que aata faoraai calalm aoai pÉ — ¿ ti- 
da, poeitoá la oabaia doK paiOMr escuadro» deir PrfiNÍpó i qneaeiM''^'^ 
dtÜaba'aif biaarvoea{iilan:doii MaiiMt Aejot, dkS uaai carga. oRte 
caal fué herido este caliente capitán^ y le mgmó el seg up J b eactuN*! 
drott á biaérdÍBMs de doaBfalckor la.SiarravlIegaodo haiÉa.l8t mis- 
iMB piasaa de arlüksvia y Idodda perdió^ el cabaHo mU úÜnDo* ett-*« 

DispDso innadiátaiiioBte el iatrépido g eaeral Daloe: q«a ka ea-^ 
cnadronea de Ahmiisa; OModadoa por los capiflaiiés Eleaa^a f Cihin** 
cbiDa eargaien k hi' aaliHaria de fraote el ano' 7 al otri» jpor el flan^ 
co , con obj«flo dka arrafarsa aabre la caballevfa enenégi » lo f«e 
oonsígmó arrailattd» la db h fitnrdia eivil qovaDsteoialaiafiíate- 
ría ; pero «a mm a dr oo: de Vfllavioiosa , y euando mea se líaaajaabic 
de alcanzar una completa victoria, ^ióaa oortado y aaroHado pori 
otro escuadrón del Príncipe que mandaim el aapítaB« don laderico 
Soria da* Sania Caos, y «taudíllando la carga el tenienta dnraaiel don 
Blas de Vilhl0, hiio ooaviMla ptisíaiienM , enlfe elloi Iraaoicialeií 
incluso el porta-estandarto^ y^todoadijenon: qoe se paiaban';< per» 
loa treí oSeiatoüe fc i gt gop hH|gO' deado Vioálram». 



SIS iL FAuuao M iof ainom 

Los TalieDtes de Farnesío eon sa digno oorooel d<m AnUmio 
ría Garrigó al frente, dieron la segunda carga á la artillería oon 
to arrojo qae la rebaMron al momento , pereciendo en eata onrga 
el dmodado capitán Letamendi , el dd regimienU> de carabiaoron 
del Rey, Povil, y gravemente heridos el capitán Castañeda, el sab— 
teniente Mercadal y d mismo coronel Garrigó, que cayó dentro da 
los mismos cuadros enemigos con sn caballo acribillado de balaxoa» 

Dieron igaalmeote sos cargas con inaudita intrepidez el tenían^ 
te coronel don Joan Cuero Diaz y los capitanes don Fernando Frai- 
re , don Salvador Casanova y don Domingo Busquet. 

También cargaron con denuedo el regimiento de Borbon » el da 
Santiago y Escuela , y con una serenidad heroica , siempre bajo el 
fuego de las baterías, sostuvieron los movimientos de Famesio» Al- 
mansa y Principe de caballería. 

El regimiento del Príncipe de infantería, cuya ansiedad por bas- 
tirse en vano trataba el general en gefe de refrenar , receloso da 
que la metralla diezmase la poca fuerza de á pié con que contabat 
desplegó entusiasmado sus guerrillas al frente del enemigo, y avan- 
zando el brigadier Echagüe agitando un pañuelo blanco en la ma— 
no, foé recibido con una descarga de que resultaron heridos el eo« 
mandante Morcillo y el gefe de Estado Mayor Caballero. 

Emprendieron por fin su retirada las tropas del gobierno y el 
general en gefe del ejército libertador dejó únicamente en el cam- 
po dos secciones para reconocerlo. 

Estaba cubierto de caballos. 

La pérdida no foé , sin embargo , de tanta consideración como 
debia temerse de las atrevidas cargas practicadas contra las bateriaa 
qoe vomitaban la muerte por veinte bocas. 

Cien hombres escasos fueron los que quedaron fuera de comba» 



itf ooatáadQie entre loBqoe perecienon., el «api^o^de. oir^l^iperos 
del regioúentoidel Rey, BotíU. y .ri.lMiarro Lftonigiidi, ¿4 ^pieaJta-r 
llaroD en el campo del honor completamente d^strasa4^JH>^i# me-' 
trtUa. 

Eotre lo6 beiidos ae cootabap el coroael Garríi^, eL^comandaiir 
te HovcíUq, el gefe de Estada, Mayor' G^ller^, los. capitanes J&e;e$ 
y CaitaSeda y el aubtemeote Mercadal ^»e nurúi ea Mf^rid desr- 
pues delidber sufrido coa serena i^esignacion. la. amp^tacipn ide uea 
pierna. 

El triunfo del ejército libertadar .pii4o.« sin embai^go^ ler tan 
completo, qae si O'DonQeU.hQbieraaeipaídoá Bl^^r cumAo preci- 
pitadamente emprendió la retirada, babióraaeiáQilmeDte apoderado 
de Madrid ; pero el temor de que esta prodiqera m ef^pect^cole 
sangriento, que siempre trató de evitar, le contuvo mdada.j.r|^ 
nuncio á unos laureles que hubieran sido empapados en sangre es-> 
pañola. 

No hubo pues verdadero triunfo para ninguno de los bandos 
beligerantes , y ambos se proclamaban vencedores. 

Demasiada se habia vertido por la frenética ceguedad de un mi- 
nisterio que moría rabioso y estaba á la sazón sediento de sangre 
como lo habia estado de oro hasta entonces. 

¡Con cuánto desprecio miran los magnates ambiciosos la san- 
gre del infeliz soldado ! 

¿ Qué le importaba á Cristina (y decimos Cristina , porque á 
sus mandatos y caprichos estaban sujetos los hombres que á la sa- 
zón ocupaban el poder] qué le importaba á esta señora italiana, que 
los soldados españoles se matasen unos á otros , si de este modo lo- 
graba prolongar una situación agonizante? 

Pero se equivocaba solemnemente. 
T. II. 40 



344 A TMLMOO M iOf aÍMMKEB 

Aqodloi alaitles de poder, lejos de lofocir la ¡Morreocioa, 
exesperakan loe imnioe, y aliadian combntübles i loa anagoa da 
general eoDÜagracioii. 

Ambof ejércitos beligerantes babian emprendido su retirada, 
cuando creyendo la división polaca ser acometida por sos Ta- 
lientes adversarios, entró en Madrid en el bus desordenado y ver- 
gonzoso tropel; pero apenas los siete generales se vieron dentro de 
Madrid , procuraron disimular una faga que el pueblo babia pre- 
senciado, que los soldados mismos confesaban ponderando y elo- 
giando A valor de sus intrépidos enemigos. 

El gobierno tuvo no obstante la inaudita avilantez de anunciar- 
se vencedor, según se desprende de los cbavacanos partes que para 
vergüenza soya vamos á poner en cotejo de la verídica y digna 
de O'Donnell. 






^■^*" 



CAPITULO XX¥IL 



TODOS VENCEDORES. 



La relacioÉi de O'Donnell estaba concebida en loe decorosos 
términos signienles : 

«Poesta en marcha la división desde Alcalá á las tres y media 
de la mañana, y despaés de an peque&o descanso en Torrejon de 
Ardoz , se dirigió por el puente de Viveros sobre Costada y Vicái- 
varo á la vista de la capital. 

Las tropas se alojaron ea este último pnnto basta mediodía , 
hora en que habiendo avisado los pnestos avanzados la aproxima-- 
cion de fuerzas de Madrid , se formó la división en actitud de espe- 
rarlas. 

Aviso sucesivo de la retirada de dichas fuerzas y su nueva apro- 
ximación , repetido por tres veces , impulsó al general en gefe á 
avanzar en columnas hasta darles vista para obrar según aconse«- 
jasen las circunstancias. 



346 EL PALACIO DE LOS GRÍlIlim 

La gaarDicion de Madrid habia salido , en efecto , casi en sa to- 
talidad , presentado su línea sobre la carretera de Alcalá desde el 
convento de Atocha , donde apoyaba su derecha cubierta su espal- 
da por las tapias y alturas del Retiro. 

Partiendo de esta base fué adelantándose hasta las posiciones 
que ocupaban nuestras grandes guardias de caballería , á cuya pro- 
ximidad hizo avanzar algunos ginetes j una batería sostenida por 
infantería , con objeto de arrollar la fuerza del escuadrón de caza- 
dores de Granada que constituía nuestra primera observación. 

Los cazadores de Granada estendidos en guerrillas , y con una 
sección del regimiento de Alnmnsa en reserva , se batieron en reti- 
rada según las órdenes del Excmo. Sr. general en gefe , cargando 
con oportunidad y bravura para no dejarse envolver. 

£1 movimiento de retirada duró sin embargo muy poco tiempo. 

Dos escuadrones amnerosoi del regimieato de Almanaa, ade- 
lantándose á sostener la posición, amagaron una caiga loberel 
flanco izquierdo enemigo , con objeto de obligarle á cambiar su 
frente, retirando á avanzando esta ala presentando la oportunidad 
de cargarle á fondo. 

Entre tanto, loa demás cnerpos de caballerea de la diviaias 
desplegaron nuestra línea , avanzando en columnas cerradas 4 kt 
vista del enemigo ^ qae ocupaba ya las altaras al frente de la ven- 
ta del Espíritu Santo y arroyo Abro&igal , y desde donde empesa-* 
ron á disparar sus baterías protegidas por los cuadros de su infaa-* 
tería. La caballería contraria se situó en ambas alas de su linea* 

La acción se empeñó sobre noestra isquierda por una carga que 
la caballería enemiga amagó á los escuadrones de Almansa » qoe 
faé rechazada por otra mas vigorosa con que estos repelieron é U» 
ciei^on retirar desordenadamente al enemigo. 



Eo üte mooitoto^ y tratando de apro?ediar el éxito da las 
cargas de AhttaMa> el regimiente dd Príooipe oargó suoeiívaiaeMo 
0011 sus dos fríoiMoa esonaároMS á b ariUerla j masaa de ínfa»» 
teria del ala iziptierda de los eaemtgoa» Hegaado i las bocas da loa 
cañones , que después de haber dirigido sos balas rasas y graii4daa 
Qoneertada so ponteria foinre aMsIras coluasoas» reeibier4Mi sutme- 
tralla á pocos pasos la aodmotida do nuestros carabineros, 

. El Prínoífo bnUeca toamdo sin oasbargo la ariiUerta é cuy^ 
pieías no b iospidid lUgor al doalroso do la netraUat ñ bs nasal 
de infiínterfa' qm ba apoyabe» ioiactas y aknUdas con b fiíeraa 
de so posicioBf y aabniras fsItaB de foego no bobiesea opoesto i 
las aobradat fbs de noortroa escnadrooes no dilovio do babs^ 

La retirada naUsral do los dos esooadrooea del Prineipe part 
rehacerse ^ tmé aprorechada oporlonaapoaie por otros dos enemi- 
gos r de VUbviciosa y b Goardia úvú^ que se bnsaron en ao se-r 
gnimieoio. Bsto babalbrb, sin embargo » fué leebaaada en b mi- 
tad de su carrera por los dos oscoadrones del Príncipe 3.^ y A:"" %iie 
b arrollaro|i acuchillando á su mayor parb y admitiendo en sos 
filas gran número de soldados de Yibmiosa eoo el estandartOi 
que Tolvíerou sqs bnzaa Ibmándose amigos. 

Una carga repetida por estos misflone esouadrones dio Iqgar á 
que el porla-estandarlo do Vübficiosa y algooos individuos mas 
de su cuerpo 9 que solo se habbn «nido al considerarse prisiones- 
ros , volviesen á marcharse ínoorpor¿ndose á los enemigos. 

El sangriento efecto de bartillerb» que con b seguridad de 
no ser ofendida por nuestra Cslb de esta arma habb estudbdo y 
aprovechado impunemente eomo blanco los pechos de nuesti^os 
sedados 9 acabrando la acción, Uso bniar nuevamente á b carga 
al regimiento de Farnesio. 



Sf S H. PAuao DI LOS afiniuBi 

Sa coronel herido y prisionero , un oficial moerto y varios ofi- 
ciales y soldados heridos á la boca misma de los ca&ones , atesti-* 
goan el arrojo desplegado en estas cargas donde nuestros grito» 
de vita la reina y la Constitución han sido sofocados por las deto- 
naciones y la metralla enemiga. 

Repetidas cargas de este mismo cnerpo, de los de BorboBf 
Santiago y Escuela de Caballería , han debido convencer á nnes-' 
tros enemigos en la acción de VicAl? aro de que el sentimiento qaa 
inspiraban aquellos vivas no se apagaba sino con la muerte en él 
coraton de nuestros bravos. La infantería , aunque en menor nú- 
mero que la caballería, el dia de la acdon , y entrando en eUa eo^ 
mo parte accesoria por las condiciones especiales dA combate » ao 
ha rayado mas bajo en biiarría que nuestra caballería. 

El regimiento del Príncipe , con su bravo brigadier puesto i ki 
cabeca , debe estar satisfecho de la honra que ha conquistado. 

Los soldados visoftos , los oficiales recien salidos del colegio ém 
una y otra arma « han recibido al lado de los veteranos su bauti»* 
Ino de sangre , no dejando lugar á hacer distinción especial en lé 
parte de gloria que á todos ha cabido. 

Los generales, los gefes y oficiales sin cuerpos, los mismoi 
que tenían plaza y colocación determinada en los de la división, no 
contentándose con dispotar la primacía en lanzarse al enemigo , ae 
han reproducido en todas partes presentándose siempre á la cabeá 
de los escuadrones en sus cargas sucesivas. 

El teatro de la acción ha sido digno como la causa es noble. 

La capital de la monarquía que ha oido nuestras aclamaciones^ 
ha presenciado cómo se bateo por la reina y la Constitución los 
soldados , á cuyo frente consideraré siempre como un honor haber^ 
me encontrado.=LBOPOLDo O'Donivell.» 



ML HnOLO T SUl OFBKSOftBS, 849 

El parte de Lara estaba redactado como sigae : 

CM1KI8TBA10 DB LA GUBERA.asCapitaDfa general de Castilla U 
Naeva.caEstado Mayor. ==^Exciiio. Sr.: Segan las órdenes que to?o 
V. E. á bien comanicarme para practicar no recoDOcimieo^o sobre 
los sublevados, lo veriGqoé en la mañana de hoy con tres batallo- 
nes y algnna caballería, estendiéndome hasta la venta del EspfritE 
Santo, pero sin observar mas que algunas avanzadas. 

Las nuevas instrucciones que V. E. me mandó y avisos llegados 
después me hicieron reunir una división compuesta de siete batallor 
nes á las órdenes del general director del cuerpo de Estado Mayor 
conde de Vistahermosa , dos baterías rodadas , dos de montaba , el 
regimiento de caballería de VíUaviciosa, el tercio de la misma arma 
de Guardia civil de este distrito , y algunos carabineros , con cuyas 
fuerzas me adelanté á nuevos reconocimientos hasta las alturas que 
median entre el pueblo de Yicálvaro y el arroyo Abroñigal don- 
de se presentaron bastantes fuerzas encubiertas, aunque retirándose 
constantemente. 

En estos momentos fué cuando V. E., como sabe muy bien, se 
presentó en el campo. 

Escalonadas mis fuerzas y marchando siempre de frente hasta 
las indicadas alturas , mandé romper el fuego sobre las masas ene- 
migas, las cuales siguieron en retirada hasta las posiciones que do- 
minan el mismo pueblo. 

El combate estaba presentado y al parecer aceptado , por lo 
que dispuse la formación en una línea de masas por batallones de 
los regimientos de Valencia y Reina Gobernadora , con una batería 
rodada y dos de montaüa. seis compañías de cazadores mandadas 
por el brigadier Santiago, con tres mitades de caballería de la Guar- 



CM iL VAucio M íMs MJmwm 

día civil, componian la vaiíguardia sobra al eamioo de Vícált aro: la 
izquierda se apoyaba en el de Alcalá, mandada por el teniente ge- 
neral don José Luciano Campnaanoy director general de artillería , 
eompueata de on batallón de ingenieros y ana hateria rodada ; lA 
reserva» mandada por el mismo ^neral , eonstaha de tres hataUcM> 
nes de los regimientos de Gnenca, Valencia y Estremadam, con ma 
katería de mentaBa. 

Dorante los mo? imtenlos preparatorios, trató el enemigo de eB*^ 
ircílver varias veces nuestra icqaierda destacando algmMa escua- 
drones, y por último se presentó en dos fuertes oolvmnas de ciacb 
i seis escuadrones cada una, con el frente de escuadrón y amagmi» 
do toda la estension de la Unea; pero dirigiendo mas principahMB'^ 
te su ataque al centro donde se hallaba una batería rodada. 

Inmediatamente se rompió el fuego por las compañías de caza«* 
dores, lo cual no impidió el qne una coluasna de las dos enemigal 
cargase á fondo á la referida bateria, llegando á cincuenta pasos de 
sus bocas, donde fué recibida con una descarga á metralla y por él 
fuego compacto de una compañía de cazadores de la Retna Gobar» 
iiadora, mandada por el sereno capitán Pino, y de los batidlones de 
Valencia y Reina Gobernadora; ios escuadrones fueron deshecboay 
dispersados, siendo á su vez cargados en seguida por un esoaadron 
de Villaviciosa , qne adelantándose demasiado y viéndose envuelto 
por la segunda columna de caballería enemiga , logró replegarse 
variando de dirección y colocarse detrás de nuestra izquierda; acto 
continuo mandé adelantar compañías de oasadores para descompo- 
ner la reorganización qne empezaban á verificar los escuadrones 
dispersos , baciendo entrar en línea al regimiento de Cuenca á in 
de que apoyase con mas vigor esta operación. 

Esto no obstanile, los escuadrones se rehicieron y dieron difia- 



n MrnM t sos omsoosw 3lt 

Fenles cargas en toda la linea , da la qoe ftienpre faercm recbaza- 
do6, y ear^m después por las tres mitades de la Guardia cWil. 

Desesperados los soblevados por la iaspoDeute y terrible actitud 
de los cuadros de nuestra vigorosa iofaoterfa , 7 por la seguridad 
7 sangre fría de nuestros bravos artilleros, mandados por el distin- 
gnído capitán Berrueta» se vinieron con todas sus fuerzas sobre d 
centro, donde se bailaba su codiciada batería , 7 cargando con ri- 
gor, dejándolos llegar basta veinle pasos de las piezas, como todas 
las tropas de la línea , foeron entonces metrallados 7 rotos , pasan- 
do segmdameote por los flancos de la batería , donde se hallaron 
con el nutrido fuego de los cuadros , que no pudieron romper , 7 
ante sus bayonetas quedaron completamente deshecbos , dejando el 
campo cubierta de cadáveres , armas 7 caballos , para huir en la 
mas pronunciada derrota. 

Emprendieron después su retirada hasta mas allá de Vicálvaro, 
lomando algunos escuadrones la dirección de Torrejon, y aun cuan- 
do fueron nuevamente retados por el fuego de los cazadores , que 
hizo retirar á sus primeros tiros á dos compañías del batallón su- 
blevado del Príncipe, con su ex-brigadíer á la cabeza, no quisieron 
aceptar el combate, 7 entonces dispuse replegar todas mis fuerzas 
sobre la capital , caando 7a tenia d enemigo á bastante distancia, 
como lo veriGqné , retirándome por escalones hasta la puerta de Al- 
calá. 

La pérdida de los sublevados ha debido ser ma7 grande , 7 sus 
escuadrones han quedado desorganizados : sobre el campo he visto 
algunos oicides muertos entre los de tropa; 7 el ex-coronel de Far- 
nesio , Garrigó , con otros oficiales , algunos heridos , 7 bastantes 
soldados 7 caballos han sido hechos prisioneros. 

La nuestra no puedo en este ■K>mento decirla con seguridad á 
T. u. 41 



3i9 EL PALAaO DE LOS GAÍlONU 

V. E.; pero la creo insigDÍGcante, y quizá no Ilegae á 30 beridoi. 

Qaedo en dar á V. E. parte detallado , lo mas pronto posible, 
para que S. M. pueda apreciar mejor los servicios de cada uno; 
pero sin perjuicio de que así suceda , es mi deber nombrar con la 
mayor distinción y elogio á los generales don José Luciano Gam- 
puzano y conde de Vistahermosa , á los brigadieres don José San- 
tiago , don Francisco Garrido , don José Herrera Garcia ; al coro- 
nel del regimiento infantería de Cuenca don Antonio Márquez , al 
de caballería de Villaviciosa don José Rubio Guillen « y al Ezce* 
lentísimo señor duque de Gor, teniente coronel del regimiento Reti- 
na Gobernadora, que mandaba el batallón de su cuerpo en la Unea^ 
del mérito de todos los cuales en general y de cada uno en partica» 
lar» nadie puede ser mejor juez que V. E., que tan inmediatamente 
presenció esta función de gnerra. 

Dios guarde á V. E. muchos años. Madrid 30 de junio de 18&4. 
ssExcmo. Sr.sBsJuan de Lara.=sEzcmo. Sr. ministro de la 
Guerra.» 

Pero la relación verdaderamente estrambótica tanto por su cho* 
carrero lenguaje , como por la avilantez con que en ella se mentía, 
fué la que el insigne conde de Quinto mandó Gjar en las esquinas. 

Decia asi : 

«Al pueblo.^- Los sublevados, con el sangriento desengaño 
que recibieron ayer en los campos de Vícálvaro , siguen retirán- 
dose desconcertados y sin plan ni pensamiento fijo : Alcalá de He- 
nares se encuentra completamente abandonado por ellos : todos los 
puntos que ocuparon ayer en todas las cercanías de esta corte , se 
hallan en las mismas circunstancias; esta mañana han cortado el 



BL FUSILO T SCS 0PBB80EI8. ftfS 

camino de hierro de Aranjaez y so telégrafo : han hecho alto en 
Valdemoro : Tiven en una continua alarma , y so fatigada tropa se 
emplea únicamente en descobiertas y esploraciones. 

No son estos los únicos síntomas de la triste posición en qoe 
por momentos se Ten somidos. 

Los soldados y gefes » qoe sorprendidos por las órdenes del ex*- 
director de caballería , marcharon obedeciendo á la disciplina mili- 
tar y se afiíresurarán á restituirse i las banderas de su reina y de so 
patria , qoe solo engañados y sin conocimiento podieron abandonar 
algonas boras : hoy se han presentado on comandante y un tenien^ 
te de Santiago : mas tarde el capitán cajero del cuerpo con fondos 
del mismo , que fiel y honradamente ha entregado en las cajas del 
Estado : otro subalterno y varios soldados han venido después. 

Todos ellos contestes reclaman el perdón de la reina por un er^ 
ror en qoe no ha tomado parte ni so corazón ni so entendimiento* 

Ayer se negaron estos bizarros y fieles soldados i entrar en ona 
acción qoe no podian menos de mirar como un crimen y una ale^ 
vosía; todos sus compañeros de regimiento, según aseguran, es- 
tán animados de los mismos deseos , y van siguiendo unos tras 
otros su noble ejemplo. 

Todas las provincias continúan en la mas profunda calma, es* 
citando al gobierno para que disponga de las fuerzas que las guar- 
necen; segaras las autoridades, asi civiles como militares, déla 
lealtad y espíritu pacifico de los pueblos de sus respectivos dis- 
tritos. 

Estas son las únicas y positivas noticias del dia. 

Creo de mi deber comunicároslas para que no logren desasose- 
garos con invenciones y patrañas los que , nuevos ojalateros , y sin 
contemplar á lo que se esponen , siguen empeñados en propalar es- 



9U WL FALACaO 91 LOS ClílBlVBS 

pecies , ensueño solo de so impotencia y de sus malas pasiones. 

Sí otra fuese la situación de Madrid y de sus cereanias , 
tras autoridades, que no consienten se os engaae inicaaoMnte , ■• 
os lo ocoharian , porque la cavsa del trono j de la iomensa ma- 
yoría de los españoles no necesita para prevalecer de las vedadiB 
é innobles armas de la falsedad ni del disimulo. 

Bladríd i*** de julio de 1854.=Bl coimE de Oointo. 

Después de haber leido el precedente y Teridico relato del eK— 
celeatisiffio seíor conde de Quinto « estamos tan coavenoidos de 
^•e la ¥Íetoría estuvo de parte del gobiereo ee los campos de Yi- 
«cÜTaro* que nos proponemos entonar un himno de alabanza el 
inmortal Longioos , principal héroe en aquellos momentos ^ de lii 
Henea Uen ponderada poiaquería ; pero este homenaje de nuestra 
admiración , requiere otro estilo mas risueño , y proceraremoa em- 
plearlo nmbrero y divertido para solaz de nuestros lectores » en la 
descripción de algunas faeañas que oscurecen las mas renombradas 
del CsoÉoso hidalgo manchego. 

¡ Inmortal Cervantes ! préstanos tu elocuencia para cantar condD 
es debido el sin par dennedo de tantos gigantes y Qeijotes oooio 
germinan en la nueva Polonia. 

Concédenos un destello de tu festivo numen , para escribir ai* 
quiera un capítulo que sea digno de los héroes cuyas proezas desea- 
mos consignar en la presente historia , para que llenen de asombro 
y esciten el entusiasmo de las gentes coetáneas y de las generacíe^ 
nes venideras. 



• t§y Q w <§^>»»^^^>»D^^»*- 



\r '» 



CAPITULO xximi. 



LA LANZA DE LONGINOS. 



¿Quién vos mete , dijo el Cid, 
en el Consejo de guerra , 
fraile Pairado , á vos agora 
la vuestra cogulla puesta? 

— ¿T agora en vct ide oogidk , 
cuando la ocasión se ofrezca p 
ae «alai^ la odada 
y pondré al caballo espuelas. 

— Para fügir , dijo el Ofl, 
podrá ser , padre., c|ae sea , 
que ñas ét aceite que aatagre 
manchado el hábito muestra. 

ROVAKCERO DEL CB>. 



Et magnifico «spectácD lo «p» ofrecian lasUaHinras de Vioálwre 
ocupadas por los valientes del ejército libertador, donde lodo tc^ 
piraba d sagrado «atimafiaio ^ne h noUe «ana de fai libertad 
despierta -y rma en Jos coraaMcs f enereaos , íanaiAm na ieoiitra^ 
le «ngalar ooi «et rtdicalo y apayasado panorama (fae leak á la 
\ista el pueblo de Madrid en su recinto. 

Sa^a el inpeitémta Oaiato pabikande aipidiaB baadoa tan 



3S6 ML PALACIO DB LOS GRÍMINBS 

célebres por lo bien escritos como por lo decoroso de so lenguaje. 

Entre Quinto , el Heraldo y la Gaceta habíase abierto al parecer 
ana solemne competencia , y cada cual ambicionaba el lauro de es- 
cederse en su dignísimo afán de infamar á los generales suble- 
Tados. 

Cada palabra de estos tres órganos de la situación , era uoa 
lindeza que podia arder en un candil. 

Los epítetos de cobardes, rufianes, bandidos y otros de este 
jaez eran los continuos piropos que se prodigaban á los ilustres 
caudillos del ejército libertador. 

Aquí vienen de perilla otros versitos del Romancero del Cid: 

Non es de sesudos homes , 
ni de infanzones de pro, 
facer denuesto á un íidalgo 
que es tenudo mas que vos. 

. Pero ¿ no babia periódicos independientes , objetarán sio duda 
mis lectores, que se lanzaran también á la liza en defensa de la 
verdad? 

La verdad , amados lectores mios , era género de contrabando 
en aquellos aciagos tiempos , y no contentos los polacos con haber 
puesto mordazas á la prensa periódica , quisieron hacer una nueva 
alcaldada prohibiendo terminantemente la publicación de todos los 
periódicos , esceptuando los que entonaban himnos de alabanza al 
ínclito ministerio. 

Este golpe de la alta escuela política, fué la primera haziAa 
del capitán general de Madrid don Juan de Lara , que reasnmia en 
su omnímoda autoridad todos los poderes, por hallarse la coronada 
villa en estado de sitio. 

Entre otras de las chocheces de la vetusta Güe$ta , los eslnpen- 



IL PUEBLO T SUS OPEBSOEBS. 3S7 

dos decretos qae nuestros lectores han saboreado ya » de la exone- 
racioQ de los generales sublevados , causaron en el público una pro- 
funda sensación... de risa, que no habia mas que ver. 

Entremos en la cuestión principal. 

Desde el amanecer anunció el estrépito marcial de las bandas 
militares que habia una gran novedad. 

Siga nuestro buen Romancero : 

Al arma , al arma sonaban 
los pifaros y alambores ; 
guerra , fuego , sangre dicen 
sus espantosos clamores. 

No tardó el pueblo en saber que el ministro de la Guerra , el 
conde de Vistahermosa y otros caudillos salian de la corte para 
esterminar i los foragidos. 

(cNo vi á quedar títere con cabeza» decian las gentes en tono 
de chunga ; pero bien considerada la cosa no habia motivos para 
reir , porque al fin y al cabo se trataba de una espedicioo diabóli'" 
ca , y se habia conferido el mando de ella á los siete pecados capi- 
tales. 

Siete 9 nada menos que siete « como hemos dicho ya en el an- 
terior capitulo , eran los generales que mandaban las fuerzas espe- 
dicionarias. 

¡ Lo que puede el entusiasmo ! 

Siete eran, siete , los hijos del trueno. 
Siete eran, siete, y ninguno era bueno. 

La vigilancia interior de Madrid quedó encomendada á gran 
parte de la Guardia civil , á la Guardia municipal y algunos pelo- 
tones de los regimientos que iban á dar la descomunal batalla. 

Quedó una fuerza de reserva en el Prado , se cerró la puerta de 



aS8 U- PALACIO DB LOS GRÍJUENIS 

Alcalá , U» pronto como hubo salido el ejéreito diabólico con los 
siete pecados al frente , y todas las altaras de las imaediaciaMi 
quedaron coronadas de centinelas. 

Todo este aparato militar , con el cnal parecía se ^jpuiíera im- 
foner al vecindario , no biio mas que cscitar so cnriosidarf ; por 
manera que la inmensa multitud que afluyó sobre la hetmoMi calb 
ya citada y sobre todas sus avenidas , solo puede tener iinn exacta 
comparación con la que acorre al mismo sitio en una siesta de 
toros. 

No tardó en oirse el nutrido fuego de la fratricida lucba ^ y 
aquella espresion burlona que hasta entonces se había observado 
en todos los semblantes de los espectadores , cambió de repente ci 
destellos de ira comprimida , en ansiedad que agitaba acerbamente 
los ánimos de los patriotas. 

Serian las cinco de la tarde, cuando un gacetín estraoi^inario 
del gobierno anunció que las tropas de la reina habían dcanali 
una completa victoria sobre los rebeldes. 

Los pobres ciegos , como gentes que nunca ven las cosas brii 
su verdadero punto de vista , suelen entusiasmarse en favor del m 
vence , sin que deje de haber algunos con vista de Hnce que baca 
otro tanto.... los ciegos, como digo, iban desga&itándoae porte 
calles de Madrid, pregonando la gran batalla qüb AcanA mtt* 

NAR EL GOBIERNO. 

También vienen aquí de molde otros versos de igual procedes- 
cia que cantan \o siguiente : 

Cuando los reyes se pagan 
de falsías TalagUeñas, 
mal parados van los suyos, 
liiQñ^o mal les viene cerca. 



U PDIBLO T SUS OPRKSOKKS. 3S9 

Sobre el de$caro coa qoe mentian los polacos , hace el aatbr de 
la Revolwion de julio ciertas reflexiones tan identificadas con naes* 
tras creencias » que no queremos privar de ellas i nuestros lectores. 

«Si Sartorius y sus cómplices tuviesen conciencia , dice, sobre 
ella pesariá toda la sangre que se derramó en la batalla de Vicálva- 
ro , no precisamente por lo mucho que contribuyó su reprobada y 
desastrosa política i provocar la sublevación , sino por lo innecesa- 
rio y completamente inútil que era para ahogarla aquel memorable 
hecho de armas » que , atendidas las fuerzas con que contaban las 
dos partes beligerantes, no podia tener un resultado definitivo. 

Las enormes masas de caballería que formaban principal y casi 
elclusivamente el ejército de O'Donnell , si bien careciendo de ar- 
tillería y casi de infantería volvian muy difícil so victoria , estaban 
i cubierto de una derrota decisiva. 

Por esta razón, y para evitar catástrofes que á nada conduelan, 
puesto que no modificaban en lo mas mínimo la posición respecti* 
va de los dos ejércitos , 0*Donnell , siempre magnánimo , no qui- 
so empeñar la acción , y no hubiera habido choque alguno si los 
valientes que se hallaban á sus órdenes hubiesen sido como él 
dueños de sí mismos y reprimido su deseo de batirse. 

Dícese que este deseo fué mas bien un arranque de ira, propio 
de corazones honrados, producido por la presencia al frente de 
los batallones del gobierno, de algunos gefes que habian empeñado 
su palabra á favor de la insurrección. 

Pero ya hemos dicho que el gobierno necesitaba dar un punto 

de partida á las mentiras que tenia de antemano dispuestas para 

desalentar á las provincias ; quería que sus mentiras fuesen , como 

suele decirse, hijas de algo, y otra esplicacion no tiene el partido 

que tomó de hostilizar á los sublevados. 

T. if. 42 



330 EL PALACIO » ÍM Oltalf» 

El medio , como se vé » teaia casi tao poco dé ingeirioso como 
de decente , si bien no negamos qae los resultados inmediatos fae-- 
ron para él satisfactorios. 

Goosignió en realidad ahogar momentáneamente el entusiasmo 
general bajo d peso de sus embustes , y ocultando la rerdad de los 
hechos hasta á las mismas autoridades á quienes comnnicaba sus 
partes, dio origen i que algunas de estas mismas antoridádes, 
que esperaban para manifestarse propicias á O'Donnell ó al go- 
bierno» haber consultado las probabilidades de victoria que tente 
cada uno , tomasen imprudentemente j antes de tiempo una restv-* 
kicion definitiva que las comprometia para lo sucesivo. 

No era este segnramenle el objeto del ministerio ; no trataba ila 
hacer soltar ¿ sus dependientes prenda alguna que les compróme*» 
tiese , pero desconfiaba de ellos ^ porque demasiado sabia él de que 
especie de gente se había valido para organizar su administración, 
y por otra parte se haUaba en una de aquellaa situaciones afaro- 
sas en que los que ocupan el poder recelan hasta de si mismoi« 

Cuando los gefes de las provincias , engaitados por los partee j 
comunicaciones del gobierno , creyeron que la empresa del gene* 
roso O'Donnell se habia frustrado, la anatematizaron de mil omh* 
dos, sintieron redoblarse su ministeríalismo , y se permitieron adi- 
cionar con nuevas mentiras las que hablan recibido. 

Desgraciadamente , oomo el uno no habia previsto las adicio- 
nes del otro , se notaron muy pronto contradicciones tan irreoen-» 
ciliables» que el pueblo empeió á comprender la fiírsa con que se 
trataba de ocultarle la verdad. 

Mientras decían unos que los sublevados se dirigían á Portugal 
fugitivos y en desorden , otros aseguraban que todos habían vuel- 
to á la obediencia y y hasta hubo en un pueblo de Catalufia uñ co^ 



B. FmLO T SÜ8 OPWSOftBS; S84 

mandaste de armas que bizo fijar eo las esquinas una alocvóon en 
qae decia que 0*DoooeII y Dulce habían sido pasados por las arroas 
en el campo de Guardias , y daba todos los pormencn^es relativos á 
ftufl últimos momentos. 

Nunca se ha riieotido tatíto. 

£1 efecto inmediato de Un indigna táctica fnó, como he dicho 
y fácilmente se concibe , satisfacloria para el gobierno. 

Pero los hechos no podían quedar eternamente ocultos ; la ^er-r 
dad tenia tarde ó temprano que abrirse paso por entre tantas fal'^ 
sedadas, y producir naturalmente ana reacción en los espiritus 
abatidos. 

Así sucedió em efeeto » á pesar de que el gobierno tomó para 
evitar que la realidad se diese á conocer, precauciones iftanditaa. 

En la imposibilidad de conseguir, como tuvo la audacia de 
pretenderlo , que los periódicos de la opoaidon se hiciesen cómpli^ 
ees de su farsa , prohibió iu publicación , y de este modo sus ór-*- 
ganos, añicos que quedaron, se despacharon á su gusto y mintie- 
ron cuanto les dio la gasa* 

Hasta eo la misma corte, donde por la proximidad de los suce- 
sos y la mayor aíloeacia de noticias particulares era mas fácil q«e 
la realidad asomase su cabeza para decir al gobierno que mealiai, 
loa caciques de la España oficial {altaban á la verdad con el mas 
inaudito cinismo. . . 

No se cansaban de repetir* que el ejército libertador sufria de- 
ser4)iüQes continuas / que el desaliento se babia apoderado de sus 
gefes , que boian cobardemente delante de las tropas que ellos lla- 
maban léale&i.y que o n grito de ñprobacioo universal se babia le«- 
vitttado eneL país eóntra loa rebeldes.» 

Volviendo ¿ la batalla en cuestión, poco antes de anochecer 



33S ML PALACIO DK LOS CatÍMINIl 

llegaban los vencedores á la puerta de Alcalá , y entraron iríiin/afi- 
tes en Madrid. 

¿Perodeqné modo? 

Gira de repente sobre sos goznes la puerta de Alcalá, j un tro- 
pel de ginetes y de infantes y de soldados y de caballos y de oficia- 
les y de generales y de muías de la artillería» todos revueltos y dán- 
dose empellones y coces según la raza á que pertenecian, sin respe- 
to á la superioridad ni á los grados , no paraban de correr » unoe sia 
morrión, sin fusil otros y todos al parecer dominados por un mie- 
do atroz , efecto sin duda del gran triunfo que acababan de al- 
canzar. 

En las puertas de Fuencarral , Bilbao y Recoletos se estaba re- 
presentando la misma escena , y en medio de aquella confusión 
Yergonzosa que presenció el pueblo de Madrid , los ciegos , que no 
veian nada de lo que allí estaba pasando, seguían anunciando á 
Toz en grito la gran batalla que acababa de ganar el gobierno!! í 

I Y quién se atrevería á negar que era vencedor el gobierno ? 

Para desconocer toda la importancia del triunfo que obtuvo la 
Polonia , era preciso que los que presenciaron la entrada triunfal 
de los vencedores por la puerta de Alcalá, tuvieran cataratas en los 
ojos. 

De otro modo ¿podra pasar desapercibida la gban figuba qné 
representaba á la sazón el incuestionable triunfo? 

El excelentísimo señor conde de Vistabermosa , presentaba en 
efecto una hermosa vista cuando penetró en Madrid lanza en ristre 
y aire marcial que nada tenia que envidiar al del caballero de la 
triste figura , habiéndoselas con las aspas de los molinos de viento. 

El don Quijote de los polacos entró en efecto en Madrid , ha*- 
ciendo alarde y blandiendo en su diestra una lanza enemiga... una 



KL PÜIILO T SUS OPKXSMKS. 883 

lanza qae ud soldado quitó á uno de los heridos, y el de la vista 
hermosa juzgó i propósito para hacer una magniGca entrada en la 
corte. 

Nos parecia oirle decir, como al Cid Campeador : 

Yo soy aqael qae mis armas 
toda la semana entera 
non se quita dos vegadas 
del cuerpo que las sustenta ; 
y el que en las batallas crudas 
con mi lanza y mi ballesta 
soy el primero de todos, 
y que non duermo en las tiendas. 

¡ Mas ay I no bien le divisó el pueblo. • . « ¡allá vá Lomguios ! » 
gritó uo chusco, y pasando de boca en boca, entre solemnes riso- 
tadas la palabra Longinos , pnede agradecer el excelentísimo señor 
conde de Vistahermosa á la justicia del pueblo , el nuevo üpellido 
que desde aquel momento di mayor lustre i sus blasones. 

En celebridad de la gran haialla qw acababa de ganar el go^ 
hierno , mandó Quinto que hubiese alegría y entusiasmo en Bfadrid, 
y que todos los vecinos iluminasen sus casas. 

En la del conde de Vistahermosa ardian hachas de cera, y 
mientras el héroe reposaba sobre sus laureles , dicen malas lengnaf 
^nosotros no lo vimos) que los curiosos leian una redondilla puesta 
en marco dorado bajo un ric^ dosel damasquino que babia en un 
balcón , concebida en estos términos : 

Por la Polonia peleo , 
é ilustro mis pergaminos 
con la Unía de Longinos 
adquirida por trofeo. 



S84 U PALACIO Bl LOS GtÍMBMIía 

JLt polaqoería IriuDraDle i ileoa de regocijo , á k> menos en la 
•parieoGÍa, eegaia cantando el hosana en lodos los tonos. 

Ahí vá ese aluvión de atrocidades , mentiras y calumnias, mo-* 
délo de lenguaje caito , conveniente y decoroso con arreglo á la 
alta escuela del moderantismo : 

«GOBIERNO DE LA PROTIHGIA. «» AL FÓBLICO.=LoS SublevadoS 

llegaron anoche á Aranjuez : hoy han enviado con trenes del ferro- 
carril una parte de su fuerza » los quintos y La escasa infantería que 
les acompaña, á Viliaseqnilla. 

Los demás seguían allí esta tarde disponiendo su retirada y 
destacando descubiertas en todaa direcciones por el temor de que se 
liaUaa poseídos. 

£1 {gobierno ha dispuesto qneana fuerte división de todas ar-» 
auB saJlga á perseguirlos aGitivajneate , sin 4Arlea treguas ni dea- 
canso. 

Uno die los cuatro exr generales que todavía se hallaban reani- 
dos en PÍAto en la tarde de ayer , no esislia ya entre los sublevadoi 
i su llegada á Yaldemoro* 

La deserción continúa en sus filas , y afluyen tropas de varios 
puntos para reforaar .la capital y cortar en su íuga á lok facciosos» 

Todos loa capitanes generales de los distritos militares de la Per 
ínsula han contestado al gobierno haciéndole presente la indigna* 
cion que la deslealtad de que hemos sido desgraciadamente testigoa 
en Madrid , ha producido en todas las fuerzas de su mando , y el 
ardoroso entusiasmo de las tropas por acudir á la defensa del tro- 
no y del orden público , donde y por quien quiera que pudieran 
verse amenazados. 

Los gobernadores civiles hají respondido también de la tran- 



BL PDIBLO T SUS OPBISDUSl 388 

qnilidad ididterable que en todos los pueblos de sus respdctiVaB pro* 
vincias reina, y maníBestan la sorpreisa prodaotda en ellos por la fo-» 
pujante ingratitud y alevosía de los gefes de h conspiraeion» y la 
profunda irritaeion que contra los agitadores públicos se promnoiai' 
en todas partes. ! 

El alcalde constitucional del Escorial , por despacho telegráfico 
que he recibido i las tres y treinta y siete minutos de esta larde, 
me dice lo siguiente : 

Excmo. Sr.: Ahora que son las dos de esta tarde recibo del 
señor alcaide de Guadarrama la comunicación siguiente que mé pa- 
sa con esta fecha : 

Pernoctando por esta villa ea e) dia de hoy los regimientos in^ 
fantería de la Prineesa y caballería del Rey, núm . 1 , se me reclama 
un crecido némero de raciones y bagajes: en su consecuencia es- 
pero me remita Y. los auxilios de 30 fanegas de cebada y 10 baga^' 
jes mayores que estarán á las tres de la tarde á mi disposición. 

Lo qiid comunico á V. E. para su superior conocímimlo y el 
del gobierno deS. Hv, manifestándole que por mi parte se han da-^ 
do las disposidones convenientes para cumplir este importante ser-* 
vicio. 

Dios guarde á V. E. muchos años. San Lorenzo 2 de julio dé 
1854. = Excmo. Sr. = Lucnno García dé Castro.)» 

<(Por el ministerio de Fomento se me ha comunicado la reaf 
órdén siguiente : 

Excmo. Sr. : Ckín esta fecha digo al Director general de Obras 
públicas lo siguiente : 

S. M. la reina (Q. D. G.) se ha dignado mandar que todos los 
trabajadores que quieran emplearse en la recomposición del cami- 



336 SL PALACIO DI LOS GRÍmNIS 

BO que de la corte se dirige á Francia , sean admitidos al trabajo j 
se les abooe seis realM diarios de jornal. 

Al efecto dispondrá V. S. I. que el ingeniero gefe del distrito se 
wcnentre mañana lunes en la puerta de Bilbao y admita y distri- 
buya á todos los trabajadores que se presenten , empezando las 
obras de reparación en la legua de Madrid i Fuencarral. 

De real orden lo digo i V. S. I. para que boy mismo y con to- 
da urgencia adopte las disposiciones convenieutes para que tenga 
cumplido efecto esta soberana resolución. 

De la propia orden lo traslado á V. E. para su inteligencia y á 
fin de que publicándola inmediatamente por bando, llegue á noticia 
de cuantos quieran presentarse en demanda de trabajo. 

Dios guarde á V. E. mucbos años. Madrid 2 de julio de 18fi4. 
=bEstbban CoLLANTB8.=»Excme. Sr. gobernador de esta pro— 
▼incia.i» 

«GOBIBBNO CIVIL DE LA PB0VIIICIA.==AL PÚBLICO. »*L08 SUble- 

vados asi que ban tenido noticia de que iba en su busca la divisioD 
de operaciones que está pronta á destruirlos , ban volado la mayor 
parte de las alcantarillas del camino de bierro, levantando los car- 
riles y baciendo los mas violentos esfuerzos para retardar la llegada 
de las decididas y leales tropas de S. M. 

A las tres y media de la madrugada de boy ba salido toda su ca- 
ballería y tomado el camino real de Tembleque. 

A las cuatro de la tarde han montado su infantería en los tre- 
nes con la misma dirección , dejando á Aranjuez completamente 
evacuado. 

El paso de esta facción va dejando por todas partes hondas y 
dolorosas huellas. 



n. PUEBLO T SUS 0PBKS0BB8. 837 

Después de haber arrebatado los foodos de las remontas y las 
cajas de los regimientos : después de apoderarse en Alcalá de He- 
nares de todos los caudales públicos : después de afligir á los pue- 
blos que han tenido la desgracia de sufrir su azote con todo género 
de exacciones, no abonando i nadie un solo real por los servicios 
de raciones y bagajes que han impuesto ; llegó á Aranjuez donde 
comenzó su dura dominación, encarcelando , á pretesto de rehenes 
y horribles represalias, con la pena de ser pasados por las armas , á 
inocentes y pacíficos padres de familia ; donde ha continuado por 
breves dias relajando la disciplina del soldado hasta d estremo de 
sucederse á cada momenlo encarnizadas reyertas entre los mismos 
sediciosos, produciendo heridas y desgracias; donde por último ha 
terminado arrebatando al huir todos los fondos existentes en las ad- 
ministraciones de salinas , rentas estancadas , loterías y correos » é 
imponiendo al consternado pueblo , y realizando su cobro con la 
mas repugnante tiranía , un trimestre de las contribuciones territo- 
rial y de subsidio. 

Estos hechos no necesitan de comentarios. 

Los perpetradores sin embargo se han atrevido á escribir en 
sus proclamas los santos nombres de la moralidad y la justicia I ! 

Madrid 4 de julio de 1854. = El conde db Quinto.» 

«ministerio de la guerra. = La división de operaciones al 
mando del teniente general conde de Vistahermosa estaba reunida 
ayer 7 en Tembleque, y en el dia de hoy sigue la pista á los rebel- 
des que caminan en diferentes grupos por el campo de Galatrava 
con dirección á la cuenca del Guadiana. 

£1 Excmo. Sr. ministro de la Guerra marchó ayer á ponerse al 

frente déla división. 

t. II. 43 



S88 ML .tAicwo aa ikmí cateíov 

Los capitanes generaleftile Io6 distcitos Je laCeñinsnla das liar- 
te siü Do?edad., 7^ qae laa tropaa sigoea jAtoiadaft AA mejor 'eapf— 
rita y en el mas .f erfeoto estado de discípUna. 

£1 capitán ^aeral de Estremadara coo Cecha Shabia Balido de 
Badajos para Marchar oooTeoienteineiile al eDcoantro de los aoUes»- 
vados. El de Aadaluciaaalia:taoihíeD.fid>Fei^e8eoD fuerzas del db«- 
Irito ide sa Bando.» 

. «SI aeftor ministro de la Gnema ha dirigido A los subleradoa la 
sigaiente frMlama : 

Soldados :íBa bs eampos de Vicálvaro se rompió d laso eon 
fue la tnaicion Umi rendado nuestros ojos. 

AllíidesperdiiMásteis vnestro «wlor, oabriaado de lato i la ipa^ 
tria y de baldan á «^Miestras banderas': ihoy ya anarchais á ndiiendbB 
káoía «1 fin • desastroso que tiene toda ^oaaaa inncida ide Ja idesleahaá 
y* anooÉate sdo for el despecho y al rencor . de Jos qne fnecon Tsas^ 

tros gefes. 

La hora de la expiación ae acerca, y ain embargo: la reinayí co- 
jo trono habéis combatido^ onyo maternal ooraaon fhabeis^fidiran- 
tado 9 no qoiere qae ^ae borre la afrenta coa al joalo naatigo^iuno 
que se olvide con- el perdón. 

Oficiales y soldados : Desoid la voz de quien os pide firmeza en 
la infidelidad , perseverancia en el crimen , y yalor para ana em- 
preaa agonizante, porque solo quieren que les acompañáis iuusla 
ponerse en saWo. 

Reconocer el error no es cobardía : acoged pues las palabras da 
perdón que la reina os dirige. 

Hadrid 7 de jolio de 1854. ^s El miniatro de la Gnersa Ambl- 
Mo Blases.» 



EL PUEBLO T SUS OPRESORES. 339 

¿Qué aSadiremos nosotros á estos cánticos de triunFó? 

Qoe sois muy ingratos , soldados , en no reconocer el error y 
acoger el perdón que os ofrece Blaser , mayormente sabiendo que 
Longinos se halla en Tembleque con su lanza en ristre para no de- 
jar títere con cabeza. 

TíssfkVn ú flinü»i40iri«i0aaza , 

tiemble de miedo el que peque I 
Tiemble el que á la lid se lanza; 
que el héroe que está en Tembleque 
hace temblar con su lanza. 







CAPITULO XXK. 



VINDICACIÓN DEL PUEBLO DE MADRID. 



A pesar de los ridículos alardes de victoria con que se enva- 
lentonaba el gobierno , todo el mundo sabia que estaba muy lejof 
de haberla alcanzado sobre las tropas pronunciadas. 

Esto supuesto , parece Idgico que el triunfo correspondía á loa 
sublevados; mas tampoco le alcanzaron. 

No hay mas diferencia entre los dos bandos beligerantes que la 
siguiente : 

Los gefes de las tropas que defendían al gobierno de la inmo- 
ralidad y de los escándalos, parecian sedientos de sangre españo- 
la , y se lanzaron á la lucha no solo con ánimo de verter eo ella 
la de sus compatriotas y llevar á los valientes soldados á que se 
cebasen en la matanza de sus camaradas, de sus hermanos , que 
habian nacido en el mismo suelo , que hablaban igual idioma , qae 
vestían 'idéntico uniforme, que hablan descansado bajo un solo te- 
cho y que habian comido juntos el rancho , sino que ansiaban un 




|I8) 

(Afguili tt lico bcrniancH . cdílorcs,} 



WL nmno t sus oPBisoiif.' 344 

completo tríanfo para solemniíarlo conprigioDeat paUbalos y tüár- 
lamientos. 

Los caudillos de las fuerzas iabletadas obserráron otra cods 
docta que les honra mucho ; paes al yer que aun permaoeciaii ob* 
cecados los cuerpos que gnarDecian la corte » j que el pueblo de 
Madrid no tomaba parte en la insurrección, preGrieron una reti- 
rada prudente , á una lucha entre españoles , en que bi sangre de 
los valientes hubiera corrido á raudales. 

Sobrada fué la que se vertió en aquellas llanuras. 

En tanto que los pronunciados cantaban victoria en Yicilva- 
ro, disponiéndose á una honrosa retirada, los héroes que habían 
entrado de tropel en Madrid, acosados por el miedo, entonaban 
también himnos de triunfo , y mandaron á todos los vecinos de la 
coronada villa , iluminar sus casas en celebridad de tan fausto acon- 
tecimiento. 

Mas ¡ ay 1 que mientras unos y otros se atribuían laureles que 
nadie alcanzó , mientras las marciales músicas aparentaban solem- 
nizar el soñado triunfo , cien valientes gemian en los hospitales de 
Madrid , heridos por sus camaradas , y otros cien quedaron en- 
charcados en su propia sangre , y en el mismo campo de batalla, 
donde algunos moribundos , á la pálida luz de la creciente luna, 
fueron recogidos por los agentes de la municipalidad de Vjcálvaro, 
recibiendo otros los últimos auxilios de la religión , á la inclemen- 
cia de aquel ensangrentado suelo, completamente separados de to- 
dos los objetos de sus mas dulces afecciones. 

¡ Cuánta sangre inocente ha de caer gota á gota sobre la ca- 
beza de los verdugos de la humanidad ! 

Amargo fué el desengaño que recibió O'Donnell á la sazón, 
desengaño del cual surgió en breve el programa dado posterior- 



3lt ni.i*iMio wiusiímimum 

■wtoAlB» etti MaBxaoMM, y m» qte d(tMDgano<,.elQ6i«otéil«o>-) 
cioD que por desgracia olvidó posteriormente en el poder- . < 

l£LpiieU0idfity«drid:|permaoeciót tfWkqiiUo 1. 

¿íSeEÓiJaoaMiisigDO deenmlfacioiieoto jcobardia4(jiuiUa.aotiUiA 
eapeotMlB dal reciodado do la metrópoli ? 

¡Ohil.saUadilofrlábios'los que tal soifieoba Budíataía concebir di 
loa dnséadbs' ondrileioa*. 

No ultrajéis á an puebla gaueroso j vaiieate que en maa difiU 
ciles ocasiones. 88 ha lansado á la liza eontra ücanoa maa tanúblea 
qse Um . avanliireroa míiiístroi, miseros lacayos de on» coimiDal 
daquesav 

Volved Ja» vista á ese obeliaaa que cimentado jomo á tba.ré* 
gioavergeles del Bumi Retiro, semeja elevarse «1 cielo como p^ca 
«ñp las almas coa laa oesísas de loa héroes de Míidrid> y oonoce-- 
reis que el pueblo que no tembló ante las aguerridas hiieatea éd 
G«AN VBnDC4o>,. mal podia dejarse amilanar por las ameoaaas de 
loa pigmeos siervos de una codiciosa hembra napolitana. 

¿Pero es posible, diréis sin duda, que un pueblo tan celoaerj 
amante de su libertad, gimiera en vergonzosa y apática abyecciolr, 
cuando pocas veces podria presentársele coyuntura mas propíoia 
para romper sus cadenas? 

¿Pero es posible^ añadiréis, que mirase con indiferencia loa 

.justos» grandes y fundados motivos que le impelian á rebelarae 

contra los opresores que por espacio de once años le aherrojaban? 

¡ Oh I no cabe la menor dada que el valiente pueblo de Madrid 
ansiaba el momento de hacer espiar á sus tiranos los inauditos 
crímenes con que de continuo le insultaban» 

Y no solo el denodado vecindario de Madrid , sino todo el pue- 
Uo español se aprestaba á la lucha , ó maa biea al severo castigo 



dé los cMbifeadorM de m «incTCfrionablé «obemiifai ; {tororhctisor* 
reeoion de^O^DanneU , «n tez- de 'dariinpulei» ai fewmlfliie«toip»r 
pdlar , qM 4 guisa de' terrible- fcovmta w apMéitfai fmr • ti isovdo 
^tnnor de .general iodigoacwn , eofaleéiaMa 'csflosioií *lvémeaéá« 
agoardaiide "ver la luiaderá *qée tremelaban loa gmtttéros'^fnt 'ée 
apropiaron el glorioso iióasWei de -BiiiifiíTetinBttRnAiiM. 

{Se «bQSa eon ' taita fréoioimia de >la íer eáoUdad «dtt pnebtol 

'I<Se le-1ia*oag a a ra ée latttas yoees'! 

ir m hmtam de' protnnieíar la (fenáad^enalta ^ozícomo ieaeAes 
de costumbre; ¿qué garantías de «Mjovsmáenlaí '4ifMdia lá fb «ilfrn 
cion nMt saMevactott ¡«ilitarqiie'Do^hidiia aoliadoatias frenéaíqne 
la*<ie»Sd<Mlio á fo'mnovÉlidari dM ^gabmeto^e á la jaioB:D|»riaml 
Él paitf? 

¿Qtrt féém <sperarie «denlos gisneaiAesáviinTeetos, etaaséo^to^ 
á«s «Nos pertOBMian alpartido^m o J wi id o ? 

<}ii(oatiibío<de'fliitfislierioiy MMla oiáal 

Tal Tez un mero cambio de concusionarios, porque eldógniá 
de la Téüjgion *polMea fle ¡ios «loderados , '«a Aawfdü >saÉi31er6 de 
arbitraríedadea, y ^ losqoe Alai dogwa afasaüanéaiioraeiioiaa; 
ao puede *B|iica-«spentrse la prosperídal {de «O'pMbbs. 

¡Y queríais que el pueblo séooodaae aquella nbeiion*! 

lQ»é obeeeados estáis i ^pésar de esa demuteda^eopreaiada de 
TVestfa vspaoiaao 1 

¿Podia el-pMUo «oQtentarae eon la eaída^elatímsterio po-- 
laeo? 

El pueblo Bo ae eenleotaln íood aeasejaate eaida; lo qoe -tí 
pueblo qneria era librarse de las farras de los BMiderados. Lo qse el 
pueblo ifoeria era el eetérflDBÍo ét eaos ladnoaes condecorados <|Be 
alternaban en las sillas ministeriales para dejugar el tesorofféblico. 



344 EL PALAUO DE LOS CEÍMUCKl 

Lo qae el pueblo qoeria no era la caída de no gabinete, sino de 
la sitaaeion ; no era una variación de personas , sino de princi- 
pios. Lo que el pueblo quería era el ejemplar castigo de cuantos mi- 
nistros habian conculcado las leyes , de cuantos palaciegos habieii 
ejercido el hurto para satisfacer sus lúbricas aspiraciones y aiecerse 
en el perfumado columpio de goces materiales. 

Lo que el pueblo queria era que , toda vei que se aplica la de- 
gradante pena capital i los pobres que delinquen i hubiera también 
cadalsos para los cortesanos que han convertido en cuevas de ban- 
didos hasta los palacios ducales. 

En una palabra, el pueblo quería un cambio radical de hom- 
bres y de cosas y que asegurase todas sus libertades» que entroai- 
zara su soberania, que aGanzára para siempre la igualdad ante la 
ley I que le proporcionara un gobierno protector y sobre todo ba- 
RATO ; esto es lo que principalmente queria el pueblo » y nada de 
esto esperaba de una rebelión que no había aun desarrollado so 
bandera. 

Y sí la elocuente lección que recibió 0*Donnell el dia de la 
fratricida lucha en los campos de Vícálvaro , no le hubiera impe- 
lido á ostentar en su estandarte la palabra progbbso ¿qué hubiera 
sido de su división ya en retirada ? 

Ya no podéis negarlo, vosotros, los generales que proclamasteis 
el programa de Manzanares , vuestro grito fué el lema del paoGanso, 
y por eso halló eco en todas partes , y el pueblo en masa se alzó y 
obtuvo el hermoso triunfo que debió de haber asegurado su pros- 
peridad , y sin embargo ha sido efímero é infructuoso por haberse 
interpretado viciosamente la voluntad nactoncUf y haber sido ingra- 
tos i la revolución los hombres que á ella debieron su advenimien- 
to al poder. 



¿Qaé ae ofreció á 1» nacton en á programa de Manzanares? 
Mas adelante y en el lagar que. le oorresposáa le ¿aremos á 
aonoeer &tfgro á nneMros lecteras:; pero entretanto cumple k nnes- 
tro propósUo consignar aquí soa principales dogmas , para atcsti-^ 
gnar que son precisamente los dogmas del partido progresista. 

En él se fulminaron: anatema» contra tas camarillas ^oe afloen** 
guan la dignidad, del troné ^ y esta espolsiott de íofluencíaa bastar-*- 
das es un paso de progreso que se ha quedado en preasesar. . 

Que las leyes fundamentales del pais se oi»serfen coa loda ri- 
gor es también el anhelo de los verdadaros; progresistas, mientras 
los moderados se han goaado siempre en conculcarlas , con sus es- 
tados de sitio, sus prisiones , sus deportaciones r sos tiránica» dic* 
tadnras y crimindea folpea da Estado. 

Que la ley electoral y de imprenta sean mejoradas ea sentido U- 
beraL.* 

Si cen esta e»gencia no se declaraba O-Donnell y cuantos acla^ 
marón el programa de Manzananes pregresísliis: puros , digaio bi 
conducta de los moderados que han restringido eoanto les ha sido 
posible el derecho de los electores , y jamás han sabido goberoar 
sin ahogar la voz de los periódicos. 

Pero la prueba mas convincenle de que los hombres del pro- 
grama en cuestión renegaron de sus doctrinas para aOiiarse bajo las 
banderas del progreso, fué el llamamiento á la Milicia nacional que 
los moderados han mirado siempre con iracunda ojeriza despoé» de 
baberta disuelto de una manera tan criminal como cobarde. 

¿Cabe pues la menor duda de que los generales de la insnrree-- 
cion de junto, ya próxima á un naufragio, no hallaron mas áncora 
de salvación qim el apoyo de los hombres del progrese? 

¿Cabe la menor duda, que solo después del prognaosa de Man- 
T. II. 44 



3i6 B&.PÁLACIO Bl LOS ClflUDflS 

zaoares halló eco en toda España aquella iosarreccioa militar? 

¿Y no significa esto nada? 

Esto significa de nna manera clara , terminante* que la nación 
entera aguarda su dicha de una marcha franca y leal por la senda: 
que el dedo de la Providencia señala al hombre , como la única 
destinada á conducirle á ese grado de cultura y perfeccionamiento 
que hermanará la gloria y la libertad con la imperturbable pai y 
eterna ventura de los pueblos. 

¿Y cuál es esta senda? 

La del progreso indefinido. 

Dedúcese pues de cuanto llevamos dicho , que en el programa 
de Manzanares leyó todo el pueblo español bl cbbdo dbl partido 
PBOGBESisTA , y uo pudo sospechsr entonces que sus autores reza- 
ran en lo sucesivo un acto de contrición. 

No pudo sospechar que semejante alarde y ostentación de pr¡n«¿ 
cipios á todas luces liberales» se proclamasen meramente como o o 
ardid para granjearse protectoras simpatías. 

Creyó en lo que se le prometía solemnemente , y se lanzó á la 
lucha. 

Vacilaba con fundamento. 

¿Recibirá un nuevo desengaño? 

¡ Ha visto tantas veces defraudadas sus esperanzas ! 

Estas y no otras eran las causas de que el heroico pueblo da 
Madrid permaneciera inactivo durante la lucha en los campos de 
Vicálvaro , si bien agitado en parte y ansiando el triunfo de los io~ 
surrectos. 

El arrojo de un solo valiente que hubiera dado el grito de li- 
bertad en Madrid , hubiera bastado para derribar el poder. 

Y no se dio este grito porque las manifestaciones de los suble- 



EL PVtBLO T SUS OPftBSOUS» S47 

▼ados no faeron espHcitas en los primeros momentos de so insor-* 
reccion ; porque aan cuando en ellas se rituperaba el criminal com- 
portamiento del gabinete polaco , el pueblo no se contentaba con 
el cambio del ministerio , ni los nombres de O'Donnell , Ros de 
Olano 9 Messina j Dulce le alentaron i tomar parte en una lucha 
en cuyas fuerzas beligerantes ? eia solo caudillos que todos pertene- 
cian á la desacreditada escuela del moderantismo. 

Y no solo cuantos presenciamos desde Madrid aquellos sucesos 
opinamos de igual manera , sino entre los mismos que se unieron 
Á las filas de los pronunciados no han faltado historiadores que han 
escrito en el sentido que nosotros. 

El aventajado joven don Cristino Martos , en la narración de 
aquellos sucesos ha dicho ; 

« La situación no podia ser mas á propósito, y pocas veces bu* 
bo motivos mas grandes y fundados para un levantamiento popular: 
por espacio de muchos años, y singularmente desde el ministerio 
presidido por Bravo Hnríllo , se hablan venido sucediendo en el 
mando hombres funestos ó insignificantes todos en su sentido poli* 
tico, despreciables la mayor parte en su sentido moral , que divor*- 
ciados completamente de todos los verdaderos partidos á quienes ha- 
bia ido cerrando las puertas de la tribuna y de la prensa, eran una 
amenaza constante para las instituciones , como representantes de 
la política del golpe de E$tado y un insulto vivo á la moralidad, 
como encarnación del sistema de los empréstitos, de las concesiones 
y de los égios. 

Sin apoyo en el pais , combatidos por los partidos que de muy 
Pintiguo eran sus enemigos naturales , despreciados por el partido 
conservador , que los rechazaba de su seno como á hijos prostitui- 
dos y malditos , sin otro sosten que el favor que sus malos medios 



918 wL'muutm Muoe 

f el ayoáa de la atanMi canasdara 4e noeslrof mdm lotliidiHi «U 
6anade:«a {HilÉeio, y.en;iBeriíe de lodo esla^ m haiier .ioteotaio 
DÍ nne reforma saludabln «a el ^irdea eeoedMco f ad muMiae lrpe^ 
sino «tttes:bíen irdlaedo cada día «oq nuevas -caiigas al pocUe^ dtt 
snjo abrumado faejo el ftn de los aatíguos iaapaestes.y'aatiinal'Ogn 
paiseta que una \ea que se bobíeien levaatado fes -peadoaesidedsL 
iosurreccioD , se agilaaen enardecidos los gérmenes ooullos dd «ai* 
versal descontento , y estallasen en toda so violenoía al asaf aro da 
ia primera ocasión favorable* 

¥ ^iie la presente lo -era, no 'hay motivo para ;punerlo ^en dadas 
la división libertadora á dos leguas de las puertea* las tropas de isi 
f^arnioion harto ocupadas en hacer frenle i los proaniMados, ipara 
pensar en la defensa de la ciudad que quedaba >así á oseroed del paB* 
blo , todas las circuoataneias , en fin , incitaban i un SMviaaiento 
enérgico y poderoso. 

Y sin embargo no hubo esle movimiento, y la población , qus 
simpatizaba con los sublevados y deseaba su triunfo , se maalnvo 
en sa actitud silenciosa aunque agitada , cuando es lo cierto qme 
cien hombres resueltos que se bebiesen arrojado i las calles habríim 
podido hacerse dueños de Madrid y aun por ventura resolver la 
cuestión en los primeros momentos: los motivos de que tal cosa mm 
aconteciese son lógicos y bien conocidos de todo el mundo. 

El manifiesto y alocuciones que se repartieron é la salida de lia 
tropas no eran bastante espKcitos, pues si bien en ellos se censuraba 
enérgicamente la situación y se condenaba la conducta de los mí^ 
oistrosy no se fijaba del todo una nueva marcha de gobierno » ni se 
baeian tales promesas y tan explícitas, que satisfaciesen las exige»^ 
cias de la opinión y hi alentasen i tonuur parte en aquella lucha tam 
ardorosamente eomcaxada. 



^úblioiiiiMte «e*deoía, «oopor aqsdlos que ibiB loeliiMiAM^é 
BK>ftlraÍNMi «B fiuror 40I 9M6iiai*Om>o»Dttll , que no 'leint «i|u«l«»-^ 
nipinnln JaaapariaiiciM éenna'iiefóliunott políiiea * «no )mwm 
de ma ioBonreceioa néütar, eam teiideDcies á prodacir oaa'ligert 
Mioma-: naebos, jingaado «as arazquinameolé , llegaban haiM 
decár.qoe loa geverálea d 'Salir «I ouapo lo 'liabiaii liecba iodnoidea 
de sus intereses privados y de sus odios persónate», y con el^bjelB; 
00 de oeatioDar noa miidaiiaBa en las ooaaade la gobernacíom del 
Sstedo , '«no de llerar «ii<oambío de {lenonas á laa sillas iDÍDÍ6le««> 



fistaa tooest ramoves y ceiBeiitaríos, que de buena ft inicíalMn 
«Micfaof, y nlroa nalmoaameille eaparcian por todas partes , ee in^ 
filtraran de>aioflo en el énimo de tas masas, qoe en la duda del fim 
é que se endertxaba aquel alzamiento « no queria el pueblo tomar 
cari» -en un guego en qne de cierto -aventoraba mocbo , sin 'iener 
■aguridad ée ganar nada. 

Él estaba necesitado de una administración decente y moraitxa-^ 
dora y de muchas mejoras materiales , y algo de eso se te ofreoiat 
furo engaüábanse grandemente los que imaginaban qne solo Iteva- 
do de estos impulsos habia de lefantarse, y que no era menester re^ 
cordarle ideas de libertad y de igualdad polUtcas, que sin duda por 
TÍejas y deansadas debia tener en olvido : solo á TÍrtud de la idea 
política se hacen los movimientos grandes y generosos, y desdicha^ 
éo del pu^o á quien no levanta sino el grito de interés, y perma-*- 
neoe tranquilo ante la V02 de la razón y del derecho 1 

Ponpie Inen puede decirse entonces que ha muerto para todas 
las nobles aspiraciones y lodos 4os pensamientos levantados que en^ 
grandeeen él alma humanal |Bien se puede llorar por él^ porque 
7a no vive con'la Tida del seitimtento y de la idea^ porque ha sa<* 



3(0 KL FALACIO DI LOS GlílfUflt 

crificado la dignidad eo los altares del egoismo, porque se ha mar- 
eado i si mismo coo el sello de la degradacioo , y ha maDchado em 
el fango de los deleites la frente qne debia levantarse al cíelo po- 
risimo de la inteligencia, j ha querido dormir en pai el soefio 
tranqnilo del envilecimiento* mejor que fatigarse en seguir la sen* 
da por donde progresa la humanidad , arrastrada por la lej inexo- 
rable de su destino ! 

Por dicha suya, aun no se hallaba sujeto el pueblo espahol á ta* 
les y tan miserables condiciones ; ann no habia perdido la idea de 
su razón de ser, y conservaba casi vivas las emociones de su con- 
ciencia : muchos y muy grandes esfuerzos habían hecho para matar 
en él los gérmenes de la actividad y los- elementos de la vida , esoe 
altos políticos que se decoran con el nombre de moderados; pero no 
habían llegado i alcanzar un éxito completo, porque no fueron po- 
derosas sus malas artes á apagar la llama de la fé que alienta el 
corazón de las sociedades, ni la luz divina de la esperanza que ea 
las noches de lobreguez y de tristeza divisan los pueblos oprimidos 
como la aurora del día de su libertad y su ventura ! 

Y por esto fué por lo que le parecieron pocas las promesas que 
se le hacían , y por lo que dio fácil crédito á los que atribuían mex* 
quinas intenciones á los gefes del alzamiento de junio: estos, por 
mas que en los últimos meses hubiesen hecho una oposición esfor- 
zada y constante á la política reaccionaría, eran hombres todos que 
habían militado siempre en las Glas del partido conservador y que 
no podían ganarse por un acto atrevido de iniciativa , la confianie 
.del partido liberal , ni hacer olvidar , con los hechos laudables de 
un momento , sus antecedentes de muchos años. 

El pueblo había sufrido tanto , que tenía un derecho innegable 
A ser desconfiado: sí en vez de ser O'Donnell, Ros de Olano y Mea- 



n'FonLo T'sirs opBKSOÉBs; 351- 

sioa (porque Dulce no tenia gran significación política] los que le- 
vantaron la bandera de la insurrección , hubiera sido el duque déla 
Yicloria, habrían estado demás los programas, porque eran bastan- 
tes el prestigio y la confianza de su nombre ; pero ya que en aque-^ 
Uos no concurría tal circunstancia, estaban en et caso de decir es-^ 
plícita y públicamente su pensamiento, sin que bastase que privada** 
mente se lo manifestasen á algunos , y menos con la fórmula vaga 
de que se llegaría tan lejos como fuera preciso , porque si esta es- 
plicacion podia satisfacer á quien la oyese, ni se le dio en un mani- 
fiesto al pais, ni creemos que este se hubiera contentado tampoco. 

Como quiera , aquel silencio sobre los puntos mas importantes 
del derecho político , la falsa noticia que se tuvo de que ni aun s0 
admitían paisanos en las filas de la división libertadora , la natural 
desconfianza del partido avanzado hacia hombres á quienes no po- 
dían acostumbrarse tan pronto á considerar como amigos , el deseo 
de no moverse sino para derrocar todo el sistema de los once años, y 
la convicción de que en los momentos aquellos solo se pretendía dar 
en tierra con la fracción mas reaccionaría del partido moderado; 
dieron á aquel suceso el aspecto de una lucha entre diferentes frac- 
ciones del partido conservador, en la que nada tenia que ver el pue^ 
blo^ puesto que no había de ventilarse en ella ninguno de sus mas 
altos intereses. 

La actitud del pueblo está , pues , justificada : si O^Doonell hu- 
biera dado en Alcalá la proclama que publicó en Manzanares , se 
habría arrojado en Madrid el 30 de junio el grito formidable que 
resonó en la noche del 17 de julio.» 

Y no solo queda justificada la actitud del pueblo de Madrid en 
aquel día por la reserva que en los primeros momentos de la insur- 
rección guardaron sus caudillos; sino que la conducta que estos 



m 91. f ALACIO M LOS ttkUNW 

ban observada después del triuoCo ha dejado inucbo qw: 4esear ár 
los que se adhirieroa al programa de HaBianares. 

Las promesas que en él se hadao lisonjearoo al paeUo de qiur 
el gobierno marcharia francamente por la senda del progreso; pera 
en vei de las reformas salvadoras. qoe se le aminoiaban , se ve ago- 
biado de GOBtribnciones , de quintas, de trabas i la eoástoa deH 
pensamiento y de la mas horrible miseria » y envndto en el torbar- 
Uino de las pasiones agitadas por los qne cayecoo en julio de lft54v 
cuya impunidad les ha hecho osados hasta la insolencia, cuyaa éter* 
ñas conspiraciones acarrearán mil confiiotos , si pronto , muy proa«» 
io no se resuelve el gobierno á emprender una marcha mas^ liberal 
y enérgioa al mismo tiempo, y que esté en armonto con laa exigenfy 
oías de la moderna civilíaacion y las necesidades del pais» 

Escribimos estas lineas en noviembre de 1855. 

£1 descontento es general en España. 

En la Asamblea hay diputados que acusan al ministro de Ik 
Guerra el general 0*Donnell del malestar y amenazante agitación 
.qoe fermenta en el pais. 

La Milicia nacional de Zaragoza acaba de elevar á las CáSrlM 
la siguiente esposicion : 

« La Milicia nacional de Zaragoza , representada por todos ioti 
4>ficiales que suscriben , se acerca á las Cortes con el dolor mas 
profundo á esponer la situación angustiosa y los deseos de la ci^dAd 
siempre heroica. 

Preocupados sus habitantes con la reciente subida de los artí-> 
eulos de primera necesidad , consideran enlazada esa cuestión . eco- 
nómica con la política. 

Se agitan todas las clases viendo sin cumplir el lem* de laj !•* 



riosa w^oboKNi ée juKo: mquella Inuariera que co«d«jo al 4rJunfo 
pareoe-plegiiria , y ^om esto baili fara ^fMsva 0iteaiig>O8 te aprestcé 
á derrocarla. t 

< La oaotoa observa qve ae kilenta reAableeer una coiUríbiicion 
desigaal, 'vejaloria é mmoral josUmeiile abolida por aquí óélebré 
mofíoMQlo : ZtragoM se eaoaa da espennr jtm Código palkioe , al 
Mal volver ios oyea, como anca taala da lat libertades Aaeipaaiei^ 
ai pais todo Té con sorpresa eaeooModado por lo naa^u rágñnta.á 
bombóes de íngrMo recuerdo : la tnposible «otav liberal ea «mi favti 
taana que paralisa las nobles aapiraeioDes de los qae, ó par iastiftti 
to ó por presentimiento, creen ver cobijados sas enemigos bajó ítm 
Mmidáble parapeto. 

Be aqui les coollioios; de aquí loa desastres que ameoaian i Ik 
patria; d^ oqnf los diegos arranques de indignación, qne paedes 
smnirta en la mas horrible de las anarqvlas: la ^narqaia social. 

. Aneehe ,• per desgracia , estu^ eata poblacipn al berde 4e uri 
precipicio: el ayuntamiento oonstUneioaal j la aensatez de la Mili*- 
da eindadana han obviado, pero no disipado lotalpiente im peligro 
análogo. 

Las daees niebesterosas han oído el UaoMÍmiento de los oeace- 
jales , y los milicianos han escachado la patriólica voe de aas gefes 
7 o6ciaIes. 

Pero pretenden algo mas que an alivio dependiente de la gene- 
rosidad de algnnos individoós ; j cifran sos esperanzas ea la eficaz 
jproleoeion 'del gobierno y de las Cortes. 

Promover las obras públicas, fiuñlitar el trabajo, disminuir los 

impoesÉos , orgéaíaar de «n modo seguro para la libertad ceantas 

instituciones contribuyan al progreso nacional : tales son las aspira* 

ciones de los Ubres. 

T. II. 45 



S6i BL FALAGIO M LOA GBÍlIBNIf 

Al coDcarso que están dispaestos á prestar , y segairio prestan*- 
io , corresponde , en sn sentir , nn resaltado mas perceptible y be« 
neGcioso qae el obtenido hasta aquí. 

La nación se arrastra hoy , lo mismo qne antes del mofimiento 
de julio, tíctima de las necesidades del Erario : ahora como entoa— 
ees solo entrega contenta' sus caudales y sos hijos cuando se fe 
piden para defender su independencia : un personal enorme agola 
sus recursos en nombre del presupuesto tan estérilmente como ea 
otras épocas , sin que tantos dignos patricios elegidos para reme- 
diar este inveterado abuso , hayan acertado con los medios de coa- 



Los sacriGcios pasados , el eficaz y constante apoyo de 
S. H. ciudad : el no hablar en interés propio esclusivo , sino en d 
de todos los espaftoles , autoriza á Zaragoza á pedir que atienda á 
su ruego y se cumpla la Toluotad nacional, tal cual se creyd so- 
breentendida en el programa de Manzanares : Zaragoza quiere qoe 
el presupuesto del Estado no esceda de los medios con qne coeala 
para Uenarlot y que el conocimiento de estos preceda al estübieot- 
miento de gastos compatibles con su pobreza. 

Quiere una administración sencilla que proteja y no veje. 

Quiere, en fin , el orden y la libertad bien hermanados , sin que 
el primero degenere en opresión ni la segunda en licencia. 

Espera instituciones libres , progreso y economías. 

Para obtener tan sagrados fines se hallan dispuestos los firman- 
tes á toda clase de sacrificios : y coando recuerdan que nunca el 
pais puso vanamente la confianza en el poder legislativo , se con- 
gratulan de antemano en que los representantes de la nación atea'- 
derin benévolos su reverente súplica. 

Zaragoza 12 de noviembre de 1855.36 Siguen las firmas.» 



Bt FOULO T mi onuoiis» MI 

Tambiea Um liberales de Valeoda se han espresado en igual 
sentido , segoo se desprende de las sigaieotes líiieas : 

«Los f oe soscrílMi , Teetnos de la cMtd de Valeoeía , acoden 
con la mayor coofiania á las Cortes constituyentes , en oso dd de^ 
recho de petición t esperando qne los diputados del pueblo espa&ol 
ntilisarán las grandes facultades de que se bailan reTestidos , para 
alejar de esta nación desgraciada los graves males que la ame-> 
nasan. 

Once alos del mas ominoso despotismo, de las mas atroces per^ 
secttciooes , de las exacciones mas tíolentas , de la mas inaudita di- 
lapidación , obligaron al pueblo espafiol i recurrir al derecbo de 
insurrección , salvando al pais por el beróico esfoerio de julio de 
1854 , bundiendo en el mas abyecto descrédito á los bombres in- 
morales y corrompidos que , sin méritos ni servicios , hablan esca- 
lado el poder para satisfacer sus odios y vénganlas y su estremada 
codicia, causando la ruina del pais. 

De las Cortes constituyentes esperaba coqfiadamiente la nación 
española el remedio de tan graves males t y todavía abriga la mis* 
ma espérenla, en la firme creencia de que recbatarán enérgica-- 
mente los proyectos de ley que se les ban presentado. 

Las Cortes no pueden desconocer que en el orden físico asi 
como en el moral y político , las mismas causas producen los mis- 
mos efectos. 

Reformas, economías, moralidad, fueron los principios pro- 
clamados por la nación en el pronunciamiento de julio, y desgta- 
eiadamente vemos que no solo subsiste la misma organización po- 
lítica , civil , económica y administrativa que existia antes del pro- 
nunciamiento , sin beberse bedio reforma alguna, sino que con 



dftlor S9i acl«ieffl«« %ua en kfi ergánkaa qa» i«' propMlBft í.Im Cor- 
tes se establecen k« liiíinMpríiMJtpÍÉ6 t^ttoicü^oa qM jegiteflü 
los últimos once años. 
: Kíngfida; Hiijvra' hta ^^oimaotado^ lo» piaMna a» k^ faaU «co- 

B^a^íte. . • * : ' ti I 

U miimo- esaanéaki» 4 JQMcaaario! aá«aM d* emfk^&io^^ db 
ausmo piMapnasto» laa BÚsmas aoBlribnoíones, y k Aiica fln|M«Hf 
siiui qua. 000 tanta apkaao^ redbkraft ka pnoUoa^ U 4a kioa at a i i 
sa , vejatoria y degradante contribución de puertas y consnniont.%aii 
pratanikqia qwda sin abato , haaíando racaar sobra ka Gdatas U 
inaomaonanck 4e raMabkoar aquaUn aontrUiucion qoe aUaa aai»^ 
nns abollaron intarpralandc^ fidinanla al aspirkn y k vokAtnd ^ 
knneíoiK 

Loa aaponentea abmidnnda an ka prínaij^a prtelamadaa aa.nl 
ttUÍBM> ptoannokmianta » ruapn i ka Cortas a&eaffeaidaadaiitaí 
itchaiaiidQ loa proyectos da ky da ayantaaiieiitos y diputaoii 
provinciales , adopten las reformas qua ks addantaa da k eMU«^ 
laokm exigan : que amplieo al ejereick de loa derecthói pbKÜcos, 
concediendo i todoa los cindadanoa el derecho de elecckn : qnn 
concedan á loa paeblos y á ks. provincias k legitima adminiatrant 
cion de sus intereses destruyendo k opresofa centralkaoioii adkaif*' 
nistrativá i que castiguen el presnpueato soprimiendo tantas ofici- 
nas kútíles y aon perjudiciales para la buena administración : 
disminuyan sueldos exorbitantes: que introduzcan todas ks 
nomias posibles, reduciendo los gastoa del Estado con k anal po- 
drian rebajarse ks contribuciones que al tipo que hoy se halkn aoia 
insoportabka para el contribuyenU , y será innecesaria, la de puer^ 
tas y consumos» 

Haciéndelo aai , ks Cortea consütayeiites aereeeriai el 



SL PUBBLO T SUS OPBXSOIIS. 357 

7 h grfltitifd de 1á nacioo ^e represeiftatt.=Ta1éiicía fióVíem-^ 
bre 1855.» 

¿ Qué hará el gobierno en vista de tan sentidas manifestaciones? 

¿ Qué hará O'Donnell después de los tremendos cargos que se 
le han enderezado en las Cortes ? 

No anticipemos los 'ádbdle<ABÍektfüt? ^Áticos, y volvamos al 
curso regular de nuestra historia. 



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CAPITULO 



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MARÍA EN MADRID. 



La marquesa de Bellaflor había regresado á Madrid pocos dia» 
después de la desastrosa muerte de don Fermio del Valle * coya 
catástrofe la afectó sobremanera t y eso que estaba muy lejos de 
sospechar que la verdadera causa de este infortunio había sido aa 
hijo Enrique ; pues aunque el desgraciado banquero no se matd por 
los celos que los amores de su esposa con el hijo de María hobie— 
ten podido despertar en su corazón , como hombre estremadamen* 
te pundonoroso, creyóse en el caso de no poder admitir de la mano 
de su rival los auxilios pecuniarios que habian de salvar su honra ^ 
evitándole una quiebra que sin ellos era inminente. 

El principal motivo del suicidio del banquero, fué sin duda 
alguna la falta de valor para sobrevivir á su quiebra t aunque el 
fatal descubrimiento de que su esposa amaba al marquesito , no de- 
jaría de exacerbar su mal humor y tener alguna parte en la desea* 



ML FnMLO 1 SUS ofusons* 

perada raiolacion de dar fin á una ^ida qne ya bajo sÍDgaB aspeO'» 
to podía serle soportable. 

Para hacer mas sensible aqnella desgrada » han de saber naesU 
tros lectores que si d honrado banqnero hnbiese vivido nn dia maÉy 
no hubiera necesitado auxilios de nadie, porque pocos momeslot 
después de su muerta , una de las casas que habian suspendido sus 
pagos, y era precisamente la qne debía una cantidad enorme al 
banquero, halló medios de salir de apuros, y pagó i todos mm 
acreedores. 

A consecuencia de este suceso, antes de que la viuda de don 
Fermin del Valle hiciese donación de su herencia i los estabieci- 
mienlos piadosos , fné devuelta i la marquesa de Bellaflor la can- 
tidad que su hijo habia depositado en la caja del banquero. 

El desastroso fin del marido de Matilde hizo una impresión la» 
desgarradora en el alma del joven Enrique , que al saber la vdon«« 
tana clausura de su amada , la respetó profundamente , y ni si- 
quiera quiso averiguar el sitio de su morada ; pero tenia el cora-* 
zon tan adolorido que no gozaba un solo momento de felicidad» 

Siempre triste y pensativo , sin atreverse i revelar á su madre 
la causa de su dolor , desmejorábase de dia en dia su salud , y 1^ 
marquesa no sabia qué hacerse para consolar á su querido hijo. 

—¿Qué te aqueja, Enrique?— le preguntaba una tarde vién« 
dele abatido en un sofá , después de haberse sentado al lado suyo, 
y asidole la mano con maternal ternura. 

— Nada, mamá— respondió melancólicamente Enrique. 

—¡Nada... y acabo de ver deslizarse una lágrima por tu me-^ 
jilla!.... ¿Será posible que haya perdido tu confianza? ¿Qué mo- 
tivos tienes, hijo mió, para no revelarme tus penas? ¿De cuándo 
acá tanta reserva ? Tá , que siempre has confiado i mi amor los 



BMf raoáttdita «eerfek» 4i||i aláia...^ lú qM sabes <pé «dMiIsde 
madre cariñosa que no tiene otro deseo .que el de ver feHÉ é ni 
lú/o^ he iUo ñamare ka mejor ámigp.«..« (por qaé oe ne Ares 
eliora io ooraaont ;Ne tíeoei ya en mi la oonfianza que Ima teoidkl 
áempre ? . i 

-«t ''■dre miaI.*«Meiclamó eoteriiecído . Enríqee. 

«^Atttmatev Jñjo mió... cualqmera que sea la cansa detni pe-i 
aeres eonfiala á ta mamá* ¿Bn quién puedes depoñiar mejor M 
confianza ? Habla , Enrique... Habíame francamente.. • y busosré el 
medio de aliviar toa penas. 

-*^No hay alivio pera mi.a 

«-^Qnite sabe...«. len oonfiania en Dios y ^en te mami , iii|0 
mió. Todos loa males tienen remedio en este mundo. La ímagÍBÓr 
eíoD aiempre nos pinte noestras propias desgracias mayores de lo 
qnesooy y después.. • ht Proridencía suele fadütamos el remedio.*, 
j entonces esclamamos ¿quién lo había de decir? Y quiero sapoiietf 
qne tus pesares no teofan remedio^., (por qué no ha de pertieipar 
de ellos ie mamáT Ahora loa snfres solo, bfjo mió... Ealrelos doe 
^remos conlterarles mas fácilmente. Coando se deposita una pe- 
M en el .amor de une madre.... en el eariio de una tierna emign* 
se alivia el coraton de la mitad de su peso... se mitiga la aoNrgfv^ 
ra... ¿Por qué no has de buscar t& este consuelo? 

•^iMadre de mi rídal... 

— ¿Lloras, Enrique? 

—Sí, mami... lloro porque me colmas ^ bondades... y... 

ioy un ingrato. 

^Lo serías, si persistieses en ocultarme la causa de ta triste^ 

sa; pero confio que me darás el consuele de verte mas raaonabln. 
-• —«Temo aligitle demesíado. 



tt NIIM T 801 onoMu. 361 

-—Mu me aflige lo retenra , pero si tú me joigas iiMUfMi de 

iu confianza Si es capaz tu pecho de encerrar secretos para ta 

numiá... DO quiero insistir mas... no quiero arrancarte con mi au- 
toridad maleraal • reifelacioMa que me hubiera holgado merecer i 
tu carillo. 

Después de una pausa continuó la marquesa : 

— Dime la verdad, hijo mió... ¿amas por desgracia aun i la in- 
grata joven que despreció tu amor para casarse con otro ? 

—He sabido que era inocente. 

— Esplicate sin reserva. 

—Nunca , mami , be tenido la menor repugnancia en decirle 
cnanto pasa en mi corazón ; al contrario , tú has sido siempre la 
depositaría de todos mis secretos, bien lo sabes... mas si ves aho^ 
ra alguna resistencia de mi parte. . . es porque temo darte un pesar. 

—Mayor pesar me daría tu silencio, Enrique ya te lo he 

dicho antes. 

—Matilde era inocente*. • Julián... aquel hipócrita que á todos 
nos engafiaba, quiso seducirla.... inventó mil fábulas vergonzosas 
para dar i entender i la pobre joven que yo solo trataba de des- 
honrarla por eso tuve con él aquel desaflo en que salí herído 

gravemente, y mi larga ausencia fiívoreció los intentos de mi per- 
verso y falso amigo. Matilde se horrorizó cuando el inicuo le ha- 
bló de amor ; pero se convenció de que también mis inlencionei 
eran impuras. Sería largo contarte lodos los pormenores ; baste sa- 
ber que se casó con un hombre honrado. 

—¿Y conoces á ese hombre? ¿Sabes si es feliz con él? 

— ^No podia haber hallado un mortal mas digno de sus vir- 
tudes. 

—¿Y amas todavia 'á esa joven? 

T. II. M 



— lias 4[iM'aonoa, iiiaai&..« I,p qno áeslo ea ni togmna^no 
es anrar... €• va deUrío indefinible, . • 

-r^iinsensatol— esolamó en tono gr«fe la marqnean.— DíoMi 
bien, es «a dfeUrio; pera «a ^delirio oríaiiaal, aa delirio qae -ddbea ? 
alejar de ta mente y de tu corazón si deseas merecer el taar ida : 
to madre. 

-?-Ya J» dicho nales ^ae iba i afligirla demasiada. 

—¡Si, Enrique, baa desgarrada ou ooraaoal....^ ¿Gkaa li:. 
atreves á ponderar delante de ta aiadre an amor criminal? ^Cámo 
te atreves á decir que amas á nna jóvea virioosa qaa.lieaa un 
marida digoo'da naviotodea} 

— (lladrei 

•*-CaUa, aiiaerable... ¿qné pnedes alegar en defisnaa da laa áa^:. 
faflM prooeder ? ... . ^. 

-rMatUde está viuda*. 

— ¡Ah I... I viudal.... 

— -Sá señora... ba .perdido á sa honrado -esposa ; pcao a» 4abo 
aspirar isa maaa. 

—iV sabe ella que lú la amas? 

~SL, mamá. 

—¿Y sabe que en otro tiempo eran puras tos ínteociaiMa? . 

— Tajodúea le siba... 

— ^Entaacea... 

—No debe adasitir mí mano ai yo su corazón. 

— ¿Por qué? 

—¿Quisiera callarle , madre mia. 

*-Si no merezco saberlo lodo... 

— No mereces la aQiccion que voy á causarte. 

— Tu misterioso lenguaje me tieae en la aus .crael aqaaadad. 



^ai3 

^^Yb -qdií'lie de^dtelMela lisa».... haidksdberqM^^^nlpa 
Dingana de mi parte , he sido yo la cansa de la maerte de stíivmi- 

— Sít mamá... yo quería daría» ki'hraNi¿.«!9'4i?i»táiiéw ^- «f 

— ¡Tú! <' Y - 
•¿^, «ÍM#«m... fd noBi'ée^pisci íttM» aa «MÜMe. 

—El marído de Matilde... era... émWBimmiéá %íIb. ' > 

— ¡Dios mió I ¡qué escacho 1 "^ • V - 

V Itf'WiaffqmM^ettrÉflHnciéa ledoniMjekrailrsKeHl^iM palmas. 

«— figúrate ^ iaami'^-*»calUraéBiniyif anp cooBMtMio ^**icáál 
sería mi sorpresa cuando me presenté ea .tes^^dÉl inaiqiiaMf jr<«i 
qM M áttMa ím «á esfoaaft 

~I Daaiíehadb r i V M sribas^qw él rttÉl^ b ▼iia é» floi aa^ 
siK.ila'tiBadiB'liaiwídi^.. hfida'é^ini^^ 

^S/ k» aáUa, namá, y por aa» Tiae á Hadlríd 4aaaosai4e 
AMstrArte*' tfii* gratiltfé y éa* aaFrar i ait rm m Imara;.^. Y ona^D 
f f ^qa# HMillie ara at aipOM, topaét db e«bregmrleU aairiidad file 
necesitaba, traté de huir para que mi presencia no turbase la-pÉE 
de tan dignos esposos; pero quiso mi saavle adireaa presentar- 
me á MatiUe lA^ a iw w ié op ar aqMHa paeifeiv morada. ••••• T»vimos 
«sjplicaeioaea. • . las éRimas «spUcaeiones, porrqna aaiboa eatábamis 
TCSoelioa á raipelaral booor; pero desf^raieíadameale nos sorprMa- 
^ el marído en asta aonvaraadiMi... oyó mía díacalpai».. oyálas 
palabras- desalmar qoa sw aspaaa: paominoiaba^.^ y praaanldndosa de 
repente, aoilaiiaaolraa^ arrojé á wms piéa la oartara de loa billatas 
que habian-do adtarkr'ma obKgó á lamorios^..*. y om arF<^ de 
au' oaaa. 



• 



SM H. FALACiO ME LOS GBbulf If 

—*l Dios de bondad l....—esdainó María llorando eoa amar* 
gora. 

— Pero yo oie empeüé en salvar sa honra t y entregando á ia 
cajero la cartera qne él rebosaba , salí dirigiendo votos al cido por 
la dicba de aquellos dos esposos. 

— tY luego? 

—Luego...— afiadió sollozando Enrique— creyendo el pundo- 
noroso banquero que era inevitable su quiebra... Ya sabes, aumá« 
de qué modo murió el infeliz. 

— ¿Y su esposa? 

—Supe que se babia retirado á un santo asilo... no quise ave- 
riguar cuál era... su resolución es digna de su virtud*. • y no qoie* 
ro turbar la paz de su alma. 

— Bien, hijo mió...— repuso la marquesa enjugándose lae lá- 
grimas.— En medio de tan lamentable desgracia, me queda el con- 
suelo de ver que te has portado en ella como hombre de honor. Si- 
gue respetando la santa vocación de esa virtuosa joven , y toda vei 
que no puede dejar de ser feliz habiéndose confiado á los brazos del 
divino Salvador, tú, hijo mió, debes esforzarte por olvidarla para 
siempre. 

—No puedo, mamá. 

—Tú podrás , Enrique , si llegas á convencerte de que es el 
mejor medio de darle una prueba de lo mucho que la amas. Has 
por so felicidad el sacrificio de tu amor. Procura distraerte.*. ¿Qué 
alcanzas pensando en quien no puede ser para t{?.... Animo, hijo 
mió. . . Tu melancolía no sirve mas que para quebrantar tu salud y 
mortificar á tu mamá. Siquiera por mí debieras hacerte cargo de la 
razón ; de otro modo llegaré á creer que no me quieres. 

— ¡ Que no te quiero I... Si no te quisiera... hubiera seguido el 



m' mmá^ t wn onoms. MI 

ejemplo del honrado aociano... La mnerfe di' fia i todos loa isfor- 
taaiot. 

— lEariqíiel 

-— NOf Bo temai, w querida maná Meoftras tA eiiatas, 

tengo deberes qne cumplir en el mando , deberes qoe haoea la di^ 
cha de los buenos hijos. 

En este momento se anmentó el náamro de interiocotores coa 
la presencia de Godinez é Isabel, que aparecieron asidos de la 
mano. 

Enrique se apresaré á besar k mano del venerable Tiejo , que 
le recibió afectuosamente en sus braios. 

La nüa Isabel lle?aba «n caeomoho en la nmno, y entregán- 
dolo á so madre « dijo con alegria: 

—-Mira, mamá... son merengues que am ha traído el aboelilo. 

—Tu abuelíto siempre te hace regalos por ese estilo, y luego te 
pones mala... ¿No sabes que los dulces crían lombrices? 

—No los comeré todos ahora, mamá— respondió la nifia*—* 
TA me los guardarás , porque si me los comiera todos seria una go« 
losa... y es pecado ser golosa... Tardad? 

— Ya se vé que sí —respondió la marquesa— y además, el co- 
mer dulces hace caer los dientes. 

— t Si?... I ay que miedol... pero no comiendo mas que un me- 
rengue no se me caerán tos dientes/ verdad?.... ni tendré lombri- 
ces... i verdad que no? 

— Si no te comes mas de uno , no , hija mia« 

—Pues dame uno... y otro para Enrique. ... y lA y el abmlito 
que sois mas grandes , os comeréis dos cada uno. 

—Yo no quiero , hija mia. 

—i Temes que te hagan lombrices ? 



. — Preluroi guasdiotatefta 

— Y los mios tambieo — dijo rieodo Godíoez— do qnicMili 
me hagan caer los dientes. 

'tutoDCtt kví gagifaráa ftítaf mí f para. Ewmpti. 

-—¿Cómo has dicho? — replicó la marqiAM. 

-^Baoft Snófae y pan wd p qwmi éa c i g w É it ó r rtiwi i ada 
ia iaariila aiiak 

— Eso es olra cosa... Toma el merengue , y un beso. 

-^Y oUóihaaaaBlBdv'abmlila^-'d^a toiaüa. 

— Sí 9 hermosa mia , coa aiiicho gaitaL 

¥ dcapaés ^¡Bacibir laa oanaiaa: éa au madra j dei aÉi ahaelo, 
llevó Isabel otro merengue á Eanfoa* y pannaBaonnoa ka» im 
hanuMMsalgoiaaparadaa da^aa «Baára y da su aboda' mieüraa-da* 
tÓ4e) aigai0»la> aulai|oioi; 

—Y tú {ctea esláa, Marlal^^paegoMUi Godinezá b «mp^ 
qaeaa. 

— «Yaiasay hiany padre «. ai ao fiBera^ la aosíadad en qaa ma úa* 
ne el peligro que corre mi Lnia» 

— TuLm BO^oorra petigro algnno. 

El lector ignora aan que ya teoemoa al marqués da-BellÉflon aa 
caaspaia. Relacionado eon los direclot>aa del giorioso aliaaniaBlo , 
laé de los primeíaosL que se laozaroiii al peligro , y formri)a partaida 
los pocos paisanos que acompañaban al ejército libertador. 

<— He leido un impreso , en que dice el gobierno que ha con- 
aagnsdo una lúetoria sobra los sublevados , y estoy ta& deaaaona- 
da 

— Ríete de eso... Los que han obtenido unavictocia caoaifileta, 
han sido los valientes que salieron de aqoi oos el geaerat Dalae. 



— ¿Luego es verdad qoe han llegado á hwánmS • ^ ' 

••^Essiivlo ; pero ntéa lienet «qv^ieioer. 

— ¡ Válgame Diwl.^%. a i mp w p ea oMiliiw^goiotfÉ^^ . '. i ! 

^«Te refalo «que .Liiif'«» ím podido eorrer el meiler Tte»go. 
Pev Ie»p0epanifiwi'ip»'des4e^ wpepeeerfcetaqtatle » B>w>tia y#i 
que el gobierno trataba de lnoer'wlir<iBm4Bpedici«if OMirá (VAonhi 
nell, y deseoso de vj^xfotTam-fm^km^í^m^ q«e .psedbe, Cfe-^ri- 
gido mi paseo hacia el Prado , he fisgoneado por Htt^'Oii ifcfce -y* me 
he subido al Retiro para tomar posesión de una aliKS**ND<fodfen- 
d» «aürfaeer 4 f uito JM : auiítiiiJíad , me neli«fai*y»^á ik tMide- de 
la tarde por la parte inmediata á la puerta de Alcalá , cuando um^ 
ÍDi&eii0agnitiarifthalflÉiiác>fDÍateMio«; T(M«BpMi4e«Aof tío ver- 
gonzoso para el gobiet»é4^ÍMitffopM qm iMrbíiMi uiUmi m'^-popsé-^ 
cucion de O'Donnell* entraban desbaeAaáttyt^aiéesBtdeíaAáfiíga. 
Esto b-imea presencilid»lmíUa9efrée toMígoe:, beMR>e3ábM(t'eon 
los derrotados, le» iienwi joJéyfOüétmr mk nk%t éot' i^ dibéliA 
loe laUemdee s«e carfai» sefare da ertílleiii , j 9fl fredUeii ^ mt -que- 
se han visto las tropas de Madrid de replegarse junta ^iee mismáeb 
tapias , donde ha eoteedtf repe n l i i uu n M letd Jeeóeáesiá twnMonen- 
cia de una alarma que les ha puesto en precipitaleAigm^'ry 4es- 
paée de í6fto ee atMHH el gebíecMi i aumoíer qee ha aottetgmdo 
una victoria sobre los sublevados 1 Guando iMeédoá kv^eiegoeique'' 
así lo pregonaban , me he figurado que estarías MfnUt» per- la 
suelte de tu iMCÜe t j fpr esa eeagó álranquflkarÉeyá deetrte 
que no «ees oade^,, ebsdvtaoieale seda éd ettMÉo idí^m • bs^partee. 
del gobierno* porque al pobre no le quede ya mee cepcraBEa jfde 
la mentira. No se pasa una semana sin «pie lee Ire^s de 'OIDoMiell 
hagan sn eniMudh tnanbleiiile cáFl^, y oitoicet vehrenie á -ver á 
tu Leía pera <Mel|»e0aite fMede ^ 



n PALACIO M lOt GEÍmillf 

— ¡ Dios lo quiera 1 

—Y lo querrá... pues ¿qué ha de querer Dios sino que trÍMife 
la jutlicia? Ahora que confio ettarát mas tranquila... 

—(Oh! ti se&or... eitoy muy contenta... ¿Cómo no he de es« 
larlo después de oirle decir i usted, que estrecharé pronto en mía 
breaos i Luis para no separarme ya de él ? 

—Pues hien, me permitirás que me retire... 

—¿Tan pronto? 

—Es preciso. 

— Siento un consuelo tan dulce cuando tengo á usted á mi la«- 
dol 

— - En casa mt esperan ; y aunque les he dicho que regnlarmeo- 
le Toheria tarde , estarán con alguna ansiedad. 

— ¿Y no ha comido ustedT 

— -Sf» hija mia, yo siempre como á las doce... á lo aUuAil..., 
¿Te ruborixas de tener un padre que ha sido albaftil? 

—Mi padre siendo albaSilt valia mas que todos los magantoa 
del orbe juntos. 

— Td no tienes voto en esta cuestión , María. 

«^¿Por qoét 

—Porque eres parte interesada. {Ea! á Dios, hija miav que 
en casa estarán con cuidado. 

—¿Y Manuel? 

—Tan contento con su Carolina.... que ha entrado ya en los 

•cinco meses de su embaraio. Ya ves, luego tendré otro nieto 

mo tenéis compasión de mi. 

—¿Por qué dice usted eso? 

—Porque todos os dais tal prisa en hacerme abuelo , que no 
sé dónde iremos á parar. El primer dia se casa tu Enrique y apare- 



BL FORLO T SUS OPIBSOIIS, S69 

ce otro vastago á hoorarme con el oombramíeDto de bisabuelo. ¡ A 
Dios ! ¡ i Dios ! 

— Uq abrazo de mí parte á Carolina y otro á Manuel. 

— Mal podré dárselo sino lo recibo antes de tí— dijo abriendo 
los brazos el amable anciano. 

— Con mucho gnsto« padre mió — repuso María arrojándose á 
los brazos de sn padre , y después de recibir el beso que imprimió 
en su frente el venerable viejo, añadió:— Y mil gracias por la vi- 
sita ¡Venirse de tan lejosl.... Ahora se volverá usted en mi 

carretela. Voy á llamar á Tomás... 

—Tengo la mia á la puerta de la calle. 

— ¿La de usted? —preguntó riendo la marquesa. 

— La mia * mientras dure el ajuste. 

— Pues pague usted al cochero, y voy á llamar á Tomás para 
que enganchen en la mia los caballos... Irá usted mejor... 
—De ningún modo. •• ¡ADiosl... ¡áDios! 

— ¿Se vá usted ya?— preguntó Enrique aproximándose con su 
hermanita hacia sn abuelo. 

— S( , hijo mió...— y dirigiéndose á la marquesa , añadió:— es- 
tá hecho todo un hombre... es un arrogante mozo... un retrato de 
su padre. 

Y le abrazó y besó con afectuosa espresíon. 

— ¡ A Dios , abnelito t —dijo Isabel. 

— ¡A Dios, envidiosilla!... tá quieres también otro abrazo. 

Y después de colmar de caricias á Isabel , le acompañaron to- 
dos hasta la escalera , repitiéndose iguales demostraciones de cap- 
rino. 



T. II. 47 



CAPITULO ZXZL 



PROGRAMA DE MANZANARES. 



La eferyescenda erecia en d pueblo de Madrid por momentoe 
7 nadie dejaba de conocer ya qae se aproximaba el día de la Ten* 
ganza, ó mejor dicho, el dia de la juslioiav porque la indígnacioii 
que escitaban las arbitrariedadea y demás desafueros del gobíerao 
polaco era justa, era santa, era una indignación bienhechorat 
poes estaba predestinado que á ella debería España la salvacioB de 
su bonor y de su libertad. 

Y si el pueblo de Madrid no se pronunció el mismo dia en qae 
Dulce al frente de la caballería abandonó la guarnición de la plaza 
para ponerse bajo las órdenes de ODonnell; sino se aproveclió de 
una ocasión que le era tan favorable puesto que aquel aconteci- 
miento amilanó al gobierno criminal , digno instrumento del poder 
oculto ; si no se movió tampoco al presenciar el triunfo de los va- 
lientes de Vicálvaro, fué á no dudarlo, como hemos patentizado ya 



en otro capítulo, porque agaardaba saber deftmtifaoeiile'caálem' 
la divisa qae oDarbolaba éí vencedor de Lacena* i * 

O'Donnell, annqae habia hecho al gobierno potoea «na enérgi^'^ 
oa oposioÍQfi en ia dta cámara, «onqse se babia graojeado las sim- 
patías de> todos kn Uberalee honrados al abogar en ella en pra da )» 
moralidad, no dejaba de formar en las filas de he huestes íMiera-^ 
das 9 7 esto inspiraba reeelosá losipie tanlosnosales deploraimn, ifue- 
habian germinado en los onoe años de la aciaga 4oaiianoion . aon^^- 
servadoro. 

Pero 11^ á Madrid el segando núasera del Béleiin del ejéraif» 
sublevado, y no le quedó ya al pueblo dada alguna de qne si ca»^/ 
diUo qoe le mandaba habia abrazado la noble cansa ilél progreso, 7^ 
simpatizó aon él, y aplandiócon atftysiasmo y se aprestó i sacan«* 
dar el pensamieoto de O^Donnell tan esplícitaméMte Isnmdadéi ^^ 
el programa de Mansanares. 

Decia así : 

«EWAÑOLBS : La aMVd«iA9rA acooida -qué va nacoaMArod^ 
BU LOS ^utBLns iL ciia(a?0' iiasaiMí; «l aspoEaao -on los sOLnáaos 

QUE LB COMPONEN , TAN HBRÓlCAllaftra laOSnAHO «I LOS CAUtéS VB 
YtGÁLVAaO ; BL ÁMAVSO QON QÜE BU TODAS l^ARTBS «A SmO BBCfBIDA 
LA NOTICIA BB BüBfflBO BAVRlÓVtOO ALZAMBinrt), ASBOITBAír BBSM* 
AHORA EL TRIUNFO DE LA LIBERTAD T DE LAS LEYES, QUE HEMOS JÜ-^ 
BABO DBPBHDBB» 

Dentro BB yogos bias , la mat^ob pabtb de CAe provincias sa- 
brán SACUDIDO EL tugo DE LOS TIRANOS; EL BiÉRCfrO BNTBBO- HA- 
BRÁ TENIDO Á PONERSE BAJO NUESTRAS BANDERAS , QUE SON LAS LEA- 
LBS; LA NACIÓN mSPaUTABÁ LOS BBNBFIOIOS DBL «tolIRN BBPBBSBN- 
TAnVO, POB'BLCrAL HA BVaBAMABé HASTA AHOBA TANTA SANaHB 



S7t IL FALACiO W LOS dfHBf IS 

niÚTIL T HA 80P01TAD0 TAN COSTOSOS 8AGBIF1CI0S. 

Día bs , pubs , db dbc» lo qob bítamos «bsubltos i hagbe ek 

BL DB LA YICTOBIA. 

Nosotros qubbemos la coHSBHVAaoB dbl tiono , pbio sa ca«* 

MARILLA QUB LO DBSHOHBB ; QUBBBMOS LA PRÁCTICA miGUlOSA DB LAB 
LBTBS FUM DAMBNTALBS * MBJOBÁNDOLAS 9 SOBRB TODO LA BLECTORAL T 
LA DB IMPRBKTA ; QÜBRBIIOS LA RBBAJA DB LOS IM PUBSTOS , FUNDADA 
BB UNA BSTRICTA BCONOMÍA ; QUBRBMOS QUB SB RBSPRTBN BN LOS BM- 
PLBOS MILITARES T CIVILES LA ANTIGÜEDAD T LOS MERBCimBNTOS, 
QOBRBIIOS ARRANCAR LOS PUEBLOS 1 LA CENTRALIZACIÓN QUB LOS BB-* 
TORA , dJINDOLBS LA INDEPENDENCIA LOCAL NECBffARlA PARA QUB COK^ 
SERVEN T AUMENTEN SUS INTERESES PROPIOS , T COMO OARANTÉA AS 
TODO ESTO QUBRBMOS T PLANTEAREMOS BAJO SÓLIDAS BASES LA BU-- 

LICIA NACIONAL. 

Tales son nuestros intentos » que espresamos prancambhtb, 
sin imponerlos por eso 1 la nación. 

Las Juntas de gobierno que dbbbn irse constituyendo bn las 
PROviHcus ubres; las Cortes generales que luego se rbunam^ 
la misma nación* en fin, fu ara las bases definitivas db la mb- 
generacion liberal i qub aspiramos. 

Nosotros tenemos consagbadas 1 la voluntad nacional nojbb*' 

TRAS ESPADAS , T NO LAS ENVAINAREMOS HASTA QUE ELLA BST6 GUM-- 
PUDA. 

Cuartel general de Manzanares á 6 de juuo pe 1854.=bEl 
general en gefe del ejército constitucional , leopoldo 0*don- 

NELLv CONDE DE LuCENA.» 

Diez días después al de la fecha del precedente docaodeQto , no 
podo ya coQteoerse el hervor de los liberales madrileños» y goao* 



H. njULO T S08 OFAUOMiv 313 

ció por fio Isabel II U verdadera síCuacioQ del pab « y cjne bo ha- 
bía mas remedio qae someterse á la lej imperiosa de la neceddad. 
Parece qoe le hiio una sensación profanda la lectora de non 
esposicion , qoe á pesar de la yigUancia de los polacos para qoe lo 
Tardad no penetrara en el regio recinto , acababa de llegar á soa 
manos» y estaba concebida en estos términos : 

«Sbñoba : En las crisis diffcUes qae las naciones atrayiesan» ea 
nn deber de los cindadanos honrados elcTar so voz al depositario 
del poder supremo para ilustrar sn razón y afirmar sn eoncieneia^ 
á fin de qne» identificándose con la opinión pública qoe él personi^ 
fica» satisfaga las exigencias de esta, qoe nnnca se prononcia nni^ 
forme y compacta , sin qoe la verdad y la josticia la inspiren y 
conmuevan. 

Impulsados de tan noble deseo , los que suscriben se proponen 
mostrar á V. M. el cuadro que ofrece la situación actual de Espa*^ 
fia, ansiosos de que V. M. lo observe drtenidamente , y eontein-^ 
plándolo , fortalecca su ánimo y dé á su corazón el temple necesa- 
rio para tener uno de esos arranques magnánimos que bastan por 
sí solos á conjorar una catástrofe , y á salvar nn pais entero de la 
disolución que le amenaza. El trono de V. M, y la sociedad espn-* 
iola se encuentran , sdtora , en uno de esos momentos sdemoéa 
en que pueden servir de ejemplo y de modelo, ó desaparecer déla 
lista délos demás tronos y sociedades europeas. 

Sí V. M., penetrada de la necesidad del pueblo, escucha sus la- 
mentos y acoge sus ruegos , veri renacer la alegría eñ: todos los 
semblantes , esparcirse de gozo todos los corazones , y abrazarse 
como hermanos los que se hallan hoy desunidos y en campos en-? 
contrados. . / 



8T4 M. JTALáCUO M U>S CttílfIlfW 

Tero sí; V. lUL aparU el roairo y esquiva loa oidoa al clamor ga^ 
Dérál; ai guiada maa bien por sÍDÍeslroa eonsejoa qae por impalao' 
propio, se empeña á todo tranoe eo cubrir con au manto laa pasio- 
nes meaqoinaa de un pequeño número para sobreponerlas á la oob-^ 
eieDcia pública; si seducida j fascinada «e propone haeer buena 1» 
temeridad de vuestros ministros, entonoea, señora, aera el aanfe 
de España el teatro donde la discordia representará al mundo el 
mas sangriento drama que ofrezcan sus anales. 

Ea íneomprensiUe, señora, que ua persona que deba á ka n»- 
taraleaa dotes morales tan escalentes y de tan idto aprecio nomo loa 
que adornan á V. M. , que tanto afán ba manifestado siempre por 
d bien 4e ana aúbdiloa y por la gloria de su reinado, y en quien kt 
aenlimientos del corazón marchan á la par oon la daridad 4b >ln 
inteligencia , haya acordado su confianza de algún tiempo á aala 
parte á bombres que la ban ido alejando cada vez maa dd camino 
que V. M. babria seguido ciertamente por ai aola , harta babeiin 
traiéo al borde del preeipieio donde ae baila hay. 

Eae contraste qne ae nota entre las coalidadea de V. M% y feí 
diyeecioo de los qne la rodean é influyen en su ánimo, parece qna 
BO pnede aer sino providencial , para que V. M. al mirar á-sna píéto 
eae abismo ae detenga, y por uno de esos actos instintivos del m^ 
pirita en los grandes peligros , comprenda la perfidia de loe qua la 
aandueen, y sepa en adelante distinguir las malea arica del venda» 
dero mérito. 

fil paehlo ama á V. H., aeAora. 

El pueUo, qne al quedar bu¿r£ina V. M. en aus prímeroa 
la adopté como bija; que derramó luego tesoros de sangre y de 
raismo por defender an trono ; que ha deplorado conatanÉament» 
verla víctima de ambiciones privadas ; el pueblo , en la jaotitnd f 



MQSfliter oM qoe procede giempre , no baoe á V. tt. , ráspoDMMe át 
oolpas qurson 4e otros y no soyaci. 

Pero las vcjucionei , las Uégaiídadea, loa faüoHpade qoe lo hmk 
akntaade» los miiiialroa da V. M», ban agolado ya sn sqfríaAiaiilOt 
y no será estralía qoe d descargar aobre ellos d paso de «i eaojo^ 
se yiese V. -St. envuelta por al torbelRno, si Heva so bondad basto 
pennilirlqs qoe se escoden con el ikombre y oon el treno de V. II» 
El pueblo éapaiolf paciente y >rerfgnaéo mas- que aíngnn otesp^ 
es por lo mismo mas temible en el desbordaaaienlode tas iras; y si 
la- pasión llagase i 4a niinarlo, tal- vea atrepdlarim ciegp en Y.ll. al 
objeto qne^ ama. Ci- 

lios qoe^etendam qne k aatoridad y el paikigio' del trono exi^ 
gen qaeV. Mé sostenga á ana miaislrea baatiK|réneer esa fébélion 
que ha producido el ^eacootento general eontra los mismos^, tergí'^* 
Tersan y trunpan el sentido de las eapraáiones, y eomprometeñ aé 
todos conceptos á V. M. * < 

La antorfdady el preHígío les conserva el treno éonsnllando y 
satisfaciendo iásJQStas aspiraciones de la opinión pébKéa. 

Cuando esta w manifiesta de nn modo irrecusable por todea 
sus órganos , eo la prensa como en el parlamento, en les placea plih 
blioas como en el interior de cada familia , el obkibarse en 'con- 
trastarla y enseñorearse de ella es lo mismo que émpeBarse en £si^ 
par el airetooniprimiéndolo en un vaso cerrado: él lo desbartá e&k 
estrépito , arrojando los pedazos al rostro del indiscreto operador'. 
Los royes , seBora , principalmente los qué por sé cóHa edad 
no han tenido tiempo de adquiriir la proffmda esperiencia que dá 
nn largo rnintado , como sucede áV.M., pueden ser alucinadcifs püMr 
suÉ consejeros y conducidos é«' dirección opuesta á lá 4pít demálí-^' 
dan los intefeaes generales ; pero enando esta conducta equivocada 



376 KL YAuao n los cifimiii 

oeasioiía en el país ana perlorbacioo ; coando se lanza nn anateoM 
universal contra nn ministro prevaricador; coando se ve una 
gnerra civil en perspectiva* y el suelo, apenas enjuto todavfa de 
la sangre que lo enrojeciera en una lucha , espuesto á anegarse dm 
nuevo en mas sangre y mas lágrimas, la dignidad del trono reda- 
ma que el monarca, en vez de seguir deslumhrado por la errada 
senda , se vuelva hacia su pueblo y le tienda su mano para apa- 
ciguarle , y para marchar al frente de él , por donde aconsejan la 
razón y el bienestar público. 

El principio de autoridad es santo : nada que sea injusto , ar- 
bitrario , apasionado , puede obrarse en su nombre , ni nadie cuya 
individualidad esté dMaulorizada es idóneo para representarlo. 

¿Qué autoridad piede invocar el primer ministro de V. M. » el 
conde de San Luis, cuando sus antecedentes públicos y privados le 
desabonan y le relegan á la hez como funcionario y como hom* 
bre? 

Ni militar , ni magistrado , ni diplomático , ni jurisoonsaUo, 
ni nada de lo que requiere algún saber y algún estudio , carece dt 
títulos i la consideración del pais por no haberle prestado ningoo 
servicio positivo. 

Hábil en disfrazar la lisonja con la máscara del sentinaieato, 
ha ido gradualmente obteniendo la protección de varias personas 
que lo han encumbrado , para venderlas y traicionarlas luego cttaa- 
do ha dejado de necesitarlas. 

El falal talento y la única aureola política que le pertenecen, 
consbte en haber empleado la seducción y los malos manejos para 
falsear las elecciones que dirigió en su primer ministerio y para 
traer al Congreso una porción de adeptos personales , lo cual le hi- 
zo erigirse en gefe de partido ; pero así adulteró el sistema repre- 



WL wn.0 w WBS iMnw. S37 

senlatifo 9 7 semivó en el pati mi germen de deanoraKiaeíoD que 
ba 4aAo trillos <éeplorableft 7 qiM be de eoitar nacbo estenniner. 

¿Qaé antoridad puede ejercer este bombpe fottesto«n ^ei:i« 
alevosta 7 la mala fé se 4ispatan la prioridad con la soberbia 7 la 
osadía 9 y á qaien sobra de«Dbicion 7 Ivnaodad de onras le qM 
fislta de bonradec y de capacidad! 

No : la autoridad represeirtada por el «onde de San Lais , «a, 
señora , un sarcasmo , y jamás conseguirá isponérseb á la grao** 
deza de Espada » á la raagutraUíra, ¿ la níKeia, á bombret, en 
fin , que'ban eooaneeido en «na carrera meritoria , que están on«* 
biertos de cicalriees recibidas en defensa de V. M. , que son las 
ilostracioiies de so patria y la personificación de todas las glorias 
nacionaka. 

Aparte V. H. de su lado á ese procaz núnistro , que procura 
ofoscarla persuadiéndola de que tiene enemigos que conspiran con- 
tra 8U persona , contra su trono y dinastía. 

El quiere por este medio amalgamar sa suerte con la de V. N., 
para que si no paede salvarse juntamente con V. M. , se pierda al 
menos V. M. á la par con él mismo. 

Desoiga también Y. M. los consejos artificiosos 7 parciales 4e 
la reina madre. 

Esta señora parece que llevó á V. M. en su seno y la dio i 
luz para complacerse luego en inmolarla á su caprícbo y á la insa- 
ciable sed de oro de que está devorada. 

Fuera de la vida nada debe V. H. á la reina Cristina , ni ella 
ha otorgado á España beneficio alguno para que V. H. le tribu- 
te sumisión y obediencia en su conducta regia. 

Apenas descendido á la tumba el padre de V. M., su -viuda, 

gobernadora del reino « daba á V. M. el pernicioso ejemplo de un 
T. II. 48 



378 BL fÁLÁOÚ DB LOS coiÍMims 

amor imparo « qae príocipió por el escándalo , qae concluyó diei 
años después por un casamiento morgáuico , y que ha traído al 
país males incalculables* 

Poco severa ella misma en los principios de sana moral que de^ 
ben ser la base y fundamento de la educación de los príncipes « ni 
supo inculcarlos en el ánimo de V. M. mientras fué nifta » ni se 
cuidó mas que de acumular oro y de preparar desde temprano un 
peculio crecido á su futura prole. 

El desprendimiento * el desinterés , los sentimientos generosos 
que atesora el corazón de V. M. t las tendencias elevadas que á 
veces han brillado en su espíritu , y que solo sofoca la pequeftes 
de cuantos la rodean , son esclusivamente un don del cielo , que 
cualquier circunstancia favorable podrá desarrollar , preparando á 
V. M. un porvenir fecundo en hazañas y en glorias. . 

Llegada la época del matrimonio de V. M. * suceso que tanto 
debia contribuir á la fijación de su destino, V. M. sabe muy bien 
las sugestiones que empleó U reina madre para que V. M. acep- 
tase un esposo que no tenia otro mérito á los ojos de aquella , sino 
el de creerlo inhábil para menoscabar la omnímoda influencia qae 
ella queria ejercer en los negocios del Estado. 

Jamás madre alguna obró con mas capciosidad ni con meaos 
solicitud para asegurar la felicidad doméstica de su hija. 

Por este medio continuó siendo, como lo era antes, el alma 
del gobierno, dando siempre á V. M. consejos encaminados á am 
propio provecho , sin importársele que la realización de ellos fue- 
se mal recibida por el pueblo , ni amenguase el amor que él pro* 
fesaba á V. M. 

Apenas ha habido contratas lucrosas de buena ó maU ley, 
especulaciones onerosas, privilegios monopolizadores á que ao 



IL FOSBLO T SUS OPRKSOBBS. 379 

se haya visto asociado el nombre de la reina madre. 

El resorte para qne un ministro ó nn hombre público hayan 
obtenido la protección y apoyo de esa señora, ó provocado so. 
animadversión , ha sido pactar ó no con ella el servicio de sus in-. 
tereses. 

Esto lo sabe el pueblo » y aun cuando ha callado tanto tiempo, 
es muy posible que en un momento estalle « siendo la erupción de 
la cólera tanto mas violenta , cuanto mas comprimida estuviera 
basta aqui. 

y. M. está es^ el caso , señora, de emanciparse de esas influen*- 
cias que la han tenido como prisionera, y que al verse ya justa- 
mente exoneradas del aprecio público, pugnan en su despecho por. 
arrastrar á V. M* y precipitarla en su caida. 

Si algunos creen que V. M. no está del todo exenta de culpa,, 
no negarán al menos que es muy escusable por las circunstancias en 
que la han colocado , y que á muy poca costa puede rehabilitarse 
con su pueblo, y recobrar multiplicada la adhesión y carino que le 
ha inspirado siempre. 

V. M. ha recordado alguna vez con entusiasmo y con anhelo de 
imitarlos los hechos memorables de la augusta predecesora de V. M«, 
primera de su nombre. 

Un ancho campo se presenta á Y. M. para reproducirlos con 
ventaja. 

El pueblo español, noble, caballeroso, monárquico por escelea-^ 
cia, responderá con ardimiento á la voz de su reina si se dirige á él 
con confianza. 

Él conoce muy bien que V. M., joven, bondadosa y de aliento 
esforzado, es el único centro de donde puede emanar su prosperidad 
y su engrandecimiento; y aun cuando considera natural que V» M«í 



380' BL FALACIO Bl IM 

como todas las gentes * tei>ga tas preferencias en la esfera de las 
simpatías j de las afecciones íntimas, la mira con dolor saeríficada 
á esa tnrba logrera qne la asedia, j cayo solo afán es bascar ms^* 
dro á expensas de V. Bf . y de los intereses nacionales. 

A la menor sefial de V. M. , él correrá presuroso á levantar aa 
nombre y sa reinado á las mas altas zonas , y á hacerlos brillar con 
el lustre que les- corresponde. 

Esas disidencias que se bao suscitado en el ejercite y en algu- 
nas provincias , y qae están sostenidas mas bien que por las aram:. 
por el disgusto público, Y. M. puede disiparlas isstaiHinea ocien te 
en cuanto se muestre decidida á restaurar los fueros de la ley , qoe* 
ban bollado impudentes esos falsos amigos y criminales oomejeras». 

Hable, sefiora, Y. M\; dirija á su pueblo una sola palabra da 
oaion y de ooacordia, una mirada que revele su amor, jeomo por 
encanto cesarán todas las excisiones, se confuodiráa todas los par^ 
tidos, y la EspaBa, en logar de desastres, ofrecerá entoneet uno d» 
esos espectáculos soblimes que el mando contempla adañrado y ab^ 
sorto, y que son patrimonio de esta tierra clásica del heroisflio j ém 
la magnanimidad ; pero |ay de Y. M., señora , sí desoya tan leales 
megos I 

El suelo de España arderá pronto en la guerra etvU mas asóla»-* 
dora y cruenta, y en él se levantarán, por desgraeía, toda claoe de 
banderas, menos la de Y. M., enseña profanada y envilecida por 
on ministerio tan inhusto. » 

Alcira, Yailadolid, Barcelona, Zaragoza y en breve todiüla na»- 
oion se altó en masa, porque no podía menos és esoitarel eotmías-» 
mo de* los buenos españoles, el conciso, pero eloenenta' progranHi 
de* Ihniaoaresi 



KL PUEBLO T SUS OPRBSORBS. 381 

Ea este célebre manifiesto se viadicaba el honor de la Milicia 
nacional, tan villanamente calumniado por los hombres de la mode- 
ración^ se fulminaba un justo anatema contra la camarilla que des- 
honraba al trono, se exigia la observancia de las leyes fundamen- 
tales del pais, se reclamaban mejoras para la electoral y la de im- 
prenta, rebaja en los impuestos, justicia en la distribución de em- 
pleos , descentralización ¿ independencia IbcaT, Juntas de gobierno, 
y por fin Cortes generales para que la nación , ejerciendo el dere- 
cho de su soberana voluntad, fijara en bases definitivas la regenera- 
ción española. 

¿Cómo no habm de bailar eco en todas parle» eBl0 grito de sal- 
vación ? 

Enarbolada ya la gloriosa insignia , no podia retardarse el al- 
zamiento. 

La hora había sonada V y los va^ieDleí tpadrileoos se lanzaron 

á la liza. 



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l< t . I t > 



CAPITULO xxxn. 



caída del ministerio polaco. 



La manifestación de O' Donnell en Manzanares habia prodacido 
en toda España el mism« efecto que en Madrid. 

A mediados de julio iban recibiéndose en la metrópoli noticias 
de todas partes á cual mas satisfactorias , y la efervescencia de los 
liberales no podia ya contenerse en los límites que hasta entonces 
habia aconsejado la prudencia. 

Asegurábase que la vanguardia del ejército que á las órdenes 
del ministro de la guerra habia salido en persecución de los sable* 
vados se habia pasado á la división de O' Donnell, que Buceta ha- 
bia penetrado en Cuenca , ( 1 ) que se habian pronunciado varias 

(1) Hé aqui como relata este suceso don Cristino Martos: 
«Vengamos ahora á dar cuenta á nuestros lectores del suceso mas notable qae 
aconteció por entonces, y que esciló justamente la admiración y el entusiasmo de 
cuantos le supieron , así como puso el mayor espanto en el ánimo de nuestros men- 
guados gobernantes, que mas que nunca conocieron entonces, que si para dejar ve- 
cías las arcas del tesoro les bastaba tener á su frente al monaguillo de SeTilU, para 
combatir ana Insurrección armada habian menester del terrible espadón de Loje, el 
cotí» sí por sa toKt edacaciooy sus modales de soldado y su cortedad de eniendi- 



BL PUIBLO T SUS OPRBSOtlt. 888 

partidas en el reino de Valencia, qae en Alcira se había secmidado 
el alzamiento , qae la caballería de Hontesa , con cuyo aaxilio con^ 
taba el gobierno para dominar la sobleyacion , habíase declarado eA 
favor de los insurrectos , y qne por fin Valladolid » Barcelona ^ Gra- 
nada , Zaragoza y otros punios habían hecho inclinar el fiel de lá 
balanza en favor del grito regenerador que con la velocidad del 
rayo se propagaba por todos los ángulos de la peninsular 

miento no era apropósito para el gobierno, por soa liaia&aa de la Mancha y sas proa« 
zas del 48 eataba acreditado de muy hábil para la matanza. 

Queremos hablar de la toma de Cuenca , y aunque ya en so lugar dejamos apunta- 
do el suceso, él dá indicios tan claros del Talor de los que le llevaron á cabo, y lot 
pormenores de laespedicion son de tal modo interesantes, qne uo creemos importu- 
no el referirlos, y mas cuando el haberlos recibido de testigos presenciales^ nos dé 
tigun derecho á presentarlos como eiactos. 

Determinado el valiente don Manuel Buceta á emprender cosa en que pudiera ejer- 
citar la actividad de su espíritu y dar muestrts de los alientos de su ánimo , tuvo 
una entrevista con el general en jefe, y de acuerdo con él, separóse de la columna 
con sesenta voluntarios, llevando de segundo jefe al bizarro patriota don Felipe 
Abascal, y de oBciales á don Ramón Garea y á un bravo mozo riojano, del cual nov 
olvidamos hacer mención al referir el suceso de Vicálvaro. 

Era su objeto dirigirse á la ciudad de Cuenca, llegar en dos días delante de siil 
muros, entrar por sorpresa en ella, apoderarse de laa autoridadea, y si encontraba 
en buena disposición al recindario , formar alli un centro desde el cual pudieae lie- 
Tar la agitación á la provincia, y que, en caso de apuro , le ofrecía pronta y segura 
retirada para el Aragón. 

cuáles fuesen los InconTenientes de esta empresa, cuan grandes sus dificultades 
y peligros y cuánta resolución necesitaaen loa que hablan de ejecutarla , no hay para 
qué decirlo: lo escaso del numero de aquellos valientes espuestos cada Instante á en- 
contrarse en su camino con fuerzas Infinitamente superiores, la facilidad de que fue* 
sen avisadas las autoridades de Cuenca, la ventajoaa posición de este pueblo , que le 
hace poco menos que inespugnable; y aun vencidas por la mafia tales dificultades, el 
riesgo á que se esponian aquellos intrépidos aventureros de tener que sostener en 
las calles una lucha desventajosa con las fuerzas que hubiera y cuyo número no era 
posible que supiesen, no teniendo, como no tenían, inteligencias secretas en la ciu- 
dad ; todos estos tan ciertos y tan inminentes peligros hubieran sido bastantes á 
poner miedo y vacilación en ánimos menos arrestados y firmes que los de Buceta y 
sus compañeros , los cuales estaban resueltos á no ceder un punto en aquel empeñoi 
que aun después de realizado, mird todo el mundo como imposible. 

Antes de referir cómo entraron aquellos valientes en la ciudad de Cuenca , diga- 
mos algo üe lo que pasaba en ella, pues en verdad que en este suceso no sabemos si 
debe causar mayor admiración que el valor de los conquistadores la flojedad y torpe- 
za de las autoridades. 

El dia 9 de julio recibieron el gobernador Balsalobre T el comandante general 
Moreno de las Penas, aviso de haber pernoctado el 8 en Sisante una partida de v(h 
luntarios, que al parecer se dirigía sobre aquella capital: no cuidándose mucho las 
autoridades de tal avi9o, ni tratando de utilizar los infinitos medios de defensa con 
que cuenta aquel pueblo, pensaron que lo único que convenia en aquel trance era 
hacer acopio de municlonea. y con tal idea, emplearon en la fabricación de cart«* 
chos á los peones camineros, que á causa de las circunstancias politices^ se hablan 



8n a viAUkcio DI LOS ciiiiiNn 

SaUete.qae«n todas partes simpatiiaba el ejército cod el 
blo, yoDÍdos deslrotahasi las cadenas con que el despotUmo polaco 
liebia .esdavizado á la nación española. 

El astro de la libertad difondía por 6a sn radiante loz por to- 
das partes , y nn destello de esta bermosa luz bizo penetrar la ver- 
dad en d regio palacio , donde todo snelen inGcionarlo la mentira y 
la torpe adulación. 

juoUdo MI la eiitdadv preparándote así con tan formidables aprestos, á reeibir al 
Taleroso Baceta. 

Y€oU téU íBuj traaqailo (que do parece sino qne estaba bien penetrado de le In- 
signe terptta de wie^neailgos) por el camino de la Jüancba , y llegando «I Mebie de 
Beimooie biio subir á sas sesenu volnnlarios, en diei carros, que presto hcbian én 
Mf otros lentes Patladiones de aquella nuera Troya, en &a cnaí si íaltaimn bra^tne 
Héctores t avisados Friamos , había débiles Morenos, j tiesos, faÍDcbadosé Incip» 
ees Baissiobres, Prosiguieron asá sa camino, basta que al llegar al otro lado da on 
pueblo que llaman Áreas, dejaron el camino de la Mancba j ñíeron á tomar la cañe* 
laie de Valenria, para entrar en la ciudad por aquel lado. 

Baceta , que conocía aquellos terrenos como quien los babla recorrido meehnt 
veeea, ditpeso eata maniobra, porque elerándose de aqoel lado delante da la d^ 
dad una pequeña colina , podían A su «ropero llegar sin ser tiatos basta las pvartaa 
j ajeentar felismente la aorpreaa qne meditaban. 

Llegaron asi á la puerta qne llaman de Valencia, y entraron por ella aln inapirer 
aoapechaa«á pesar de qne sí bien loa foluntarios iban metidos en los cama, Bneete, 
Abascal, Garea y Marcos csoiinaban A caballo dando indicios de quienes eran en lo 
«ada pacifico de sus arreos y apostura. 

Llegados que fueron al arrabal llamado Campo de San Francisco, bajóse de loa 
Tarros la mitad de U foersa, y conducida por el intrépido Abascal , se encamisé ¡Mr 
el Arrabal de los Tiradore$n dando |ns primeros gritos de ¡tivo la libertad 1 |abo)a 
al gobierno I al pasar por delante del cuartel de San Francisco : no habla en él Ibana 
ninguna de tropa de linea, porque una compaúia que guarnecía la ciudad bebía aalida 
el día antea pnra Guadalajara; pero sí estsbso encerrados allí los guardas munldpalai 
de la proYíncia reuiiidüs en numero de doscientos, los cuales, sin duda por aatnr, 
aegun dcjamoa dicbo, empleados en la fabricación de cartuchos, no pusieron Imp^ 
dimento elgnno ai paso de lus t merarios aventureros. 

Siguié Abascal con su gente por el puente de San Pablo y fué á desembocar an la 
plata, ocupando sus avenidas, y haciéndone asi dueño de una posición importanie, 
por domiaar este sitio tods Is ciudad, y ofrecer é la pequeña columna nna aagnsa 
retirada para Aragón, caso de sufrir algún notable descalabro. 

Bucéis entre tanto había seguido con el resto de la fuerza por la calle anehnda la 
Carretería, sin dejar los carros hatta la plaza del mismo nombre, donde apeAnduaa 
los voluntarios, sccundarun el grito arrojado por lus de Abascal en el Campo de San 
Francisco. 

Ocurrid en aquel sitio un incidente, que aunque de ninguna Importancia, paré- 
cemis digno de men€Íonar<^e, por ser un rasgo de valor, que, aun allí donde todos 
lo eran, acredité al que le tuvo de temerario: Marros, aquel brjvo riojano é qnlan 
nombramos mas arriba , apartóse de la dirección que pensaba seguir Buceta, y acaaa* 
panado de un voluntario armado de un trabuco, se encaminé por toda la calla do la 
Carretería, subió por el sitiu llamado Puente de la Trinidad^ y pasó por delante de 
la casa del Comandante general , donde habla nna guardia qne ni aiqniera la dié al 



-IL JmOLO Y IOS ONtlMRIf . 'SK 

Era el 17 de julio 4e 1854. 

El reloj 'del alcácar de éiee reyes mareaba las once de h. ma- 
jiaiía., osando con todo el eumno de wi hombre sin TergSeM» <M6 
preseniarse ante dcma Isabel H don Luis Saitorios , prínser conde 
4e&in Luis y presideole del mimsterio polaco -por -obra ¡r graeia 
-déla eatñarilia que presidia el poder ooolto «elableeido en el pala* 

'010 DI LOS CafMBNBS. 



qaiéti vite , y fMr la üoMt «Ha , 'A«a4e Inlita «Ua , que te m ww é wt^tr&tmtwnH A 
.TAtlc^ sprcaUodoae sin da^á la d«feoM, «4eiitraa*él llegaba traaqvílo al »lii« i» - 
«lo oiril , donde ja «Konlró^ 'Bmata-y loa a«yea, qoaae biabiMí •••eavniflaeo Él wf»- 
jDO poDio.'por.la cslladel Afaa,-y tonado las bacas-calles , hasta panerae tm camv- 
fiiflaciM aofl Abaseal yaufeoie, qaa iaraaie 0Stia>lie«po , se ln%ia«potfei«de'ée*li 
plaza. 

Pejan w s álliieeta tomando las «v««id«B'<dehG«bvenie -eifüf á Maaedl eeopan- 
^ Ja-, plaxa, y 4 lapaWaeloo coiite«i|i4«iido el eelraSo eapee«áe«lo entre aaombradü 
y contenta, y Tengamos á referir lo que hacían entre tanto las autoridades. 

Balando en Bisa el Gobernador , llegó apresuradamente j eon «Miestms de sor- 
|iranay'di»ea8lonn4MMflbre,'q«e aeeeoéoáose d^él^le^omuiHcé taWN^ deque Bn^ 
cala Y eon nna ccdonana de vohinturlas , se dirigia'á'la ciudad: afeénHo el cenBadd*Oe- 
IwrfiadorT'sIn qoeter dar «rédito á laque óia, üirfdtHi jMrrteqiieSe'eoiregd d-tttm- 
nagerov en «I «nal el alcalde de Arcas oottftrmai»a la Terdad de tan estrena y |»eeo 
nigradnbie noilola.'Aiurdiéa, temeroso y eofrfaso'ailléaeell poeiloee laiflaala-y ae 
«noaminó énU'Caaa, acompañado «de «arlos eetis^eros proriocldles. 

ConftiteDeiande-naMbna'anerea delas^medítfastfneliabian'tte tomar mi tanvpvnh- 
lio trance f cuando la ngitaoion del pocrblo, los gritos y el movimiento que «n itodas 
partes «e>8eniian ten ndfirtieron'de'meiftmda 'de sus enemigos y deiqucera ya*tarSe 
|Ntra preoafer,y nmi por Teotura no- muy temprano para Tcsistir. Gonuban, pnra 
npanewe á'Bnceta, con lea donaientos gomas 'de^qnlenes-yn Mtimos referemüa, ly 
«demás'enD cien pennee «amiaeros, fnerta bastante «i watienée álonneaBa ddl ira-- 
mero de los valientes aventureros, pero insuficiente en este 'mao ,'f ar igncfrar fas 
•nutoridades el fnrdadero* número de «os eontrarios, y mas por el desaliento j el mie- 
do que en ellas habia pueatalontrafModela accian'ylobienM^eeiitado'de la «or-> 
presa. 

Bncaminóae, ■p«cn,*B«1salobffe='al €k%Íemo ,'donlle iietardó'en 'Terse renirtilo £on 
el Comandante general , llamado por Baceta , y con el alcalde que también habia aco- 
dado d aquel -aitla , ^bedeorende -las tf rdenea'de Aíbaactl. 

Juoldseles á poco el propio don ttaouel Baceta, que 'estando en el sitio llamado 
lasZapater<aa, bajé «bacía lo Interior dfH poeblo, atraído por unos tiros, qne loen 
ne'aferiguó )baber «Mo disparadoa per adm peooes camineros, míe subiendo oeste 
Ban 'Francisco, «qoislenon llegar «I GmMemo, y al desembocar en la calle Beal dieran 
con loe centinelas de Boceta , hicieron fnegosobre etivs , aunque sin resultado , y so- 
frtetoná.sn Teaona desearga , con la cual , mas certeros ó masdicbososlos sobtera- 
éés, legraron cansarles la pérdida de on'herído. Con estoiinyeron cuatro de los peo- 
nes, y el cabo Martin que los mandaba, diciendo que iba de paz, pasé con los* otros, 
j llegó al*Gebiarno cItIL 

lonlias ya -las ootorMades, •dIrigféM Bueeta nmbrere dhcorso-en qín fas mani«- 
ffesló qne bebía ecopado la chidad á nombre del 'general en jefe del ejércHo constito<- 
cional don Leopoldo O' Donnell; que deseaba conocer el espirita *y los aemC i mi ente s 
tqoe animaban á aosimbilanles/y qoe abrigaba la esperanza de que por parte de los 

T. II. 49 



386 BL FALADO DB LOS GBÍIIBNIS 

Apenas invadió la regia cámara, preguntóle S. M. coál era el 
estado de la tranquilidad pública en las provincias , y el hombre 
obcecado que se habia propuesto arrastrar al trono en su caída, 
respondió con sin igual desenvoltura , que el estado de las provin- 
cias no podia ser mas satisfactorio ; pero como la reina habia reci- 
bido una comunicación de Valladolid , en que se hacia una descrip- 
ción exacta de los males del pais para justiGcar el alzamiento que 

repreMDtaoles del gobierno de Midrid no se opondría ana ¡nátil reaislencia. A eslas 
palabraa contestaron lai autoridades haciendo entrega formal y solemne de la ciadad» 
y después de firmar an acta espretif a de todo , saliéronse de Cuenca y se encamiiin» 
ron á Tarancon los dos compañeros de infortunio Moreno y Balsalobre , los cvaleí^ 
ya que carecieron de fortaleía para defenderse , tuviéronla al menos para no ndbe- 
rirse al alxamiento y para permanecer fieles al gobierno que servían. 

En cuanto á loa guardas y peones camineros, aquel mismo día se adhirieron nlga- 
Doa á Buceta, y losdemAs fueron enviados á sus pueblos, dejándose las armas y nai* 
formes. 

El siguiente dia convocó Bucetai vos de pregón á los individuos del ayuntamien- 
to y á igual número de mayores contribuyentes, los cuales « afectos á los polacos nnoa^ 
cobardes é indecisos otros • determinaron no pronunciarse. Buceta , que padieoda 
mandar como conquistador, habia preferido consultar la voluntad del pueblo, andaba 
dudoso en el partido que hubiese de tomar, visto que aquella se le manifestaba coa- 
Irarla; pero unos cuantos animosos liberales, que no eran por cierto ni concejales wá 
mayores contribuyentes, Urgaron á poner término á su justa incertidnmbre, UMinU 
íesténdole que por el miedo de alcunos hombres de esos que jamás arrostran el peli- 
gro, pero que obedecen siempre al que manda , no habia de jusgarse del espirita da la 
ciudad entera; que antes bien, alli como en todas partes estaban indignados conlia 
los saqueadores públicos que se decoraban con el nombre de miniatros de la corona: 
que todos los hombres honrados hablan acogido el grito de 0*Donnell como una aa- 
peranxa, y que en cuanto á los habitantes de Cuenca, podia estar seguro que no da» 
seabau sino pronunciarse. 

Alentado con tales diicursosel valeroso Buceta, biso imprimir y mandó fijar an Uh 
dos los sitios públicos de la ciudad , la siguiente proclama i 



l^ército monárqnico-constitucíonaU— Columna de operaciones del norte da 
pana.— E. M. 

HABiTANTBS DI LA PEOTiifciA DI CDBiccA. El ssgrado estandarte de la 
ondea victorioso entre vosotros. La reforma inaugurada con sangre de valientes an la 
capital de la monarquía el 30 de junio anterior, ha encontrado un poderoso eco en 
las principales ciudades de España, y ayer, vosotros contemplasteis con admiración 
cuánto pueden la fé y el ardimiento en los coraiones libres, i Hombres honradoa da 
todos los partidos! empuñad las armas, y venid llenos de entusiasmo á contribuirá 
tan grande y noble causa. Unios, formemos nuevos lasos de fraternidad, y rascna* 
mos ese infame sudario que ha tenido escondido en las tinieblas el santo y subiiaia 
nombre de libutad. 

No seamos por mas tiempo víctimas de vergonzosos agios ^ no permanescamoa 
impasibles á la vista de tanto vilipendio, de tantos erimenes eiviles y polUieos par^ 
petrados á la sombra del poder, y que querian hundir insensiblemente los sagrados 
derechos del Pueblo. 

Aliaos» sacudid de una Tes el ominoso y degradante yogo, que, un panado da 




BL FUULO T SUS OPIBSO&BS. 387 

en aquel punto habían dirigido las personas mas influyentes y hon- 
radas del partido liberal, acobardóse Sartorius, conociendo que 
habia llegado al término de sns escándalos , y que habia sonado ya 
la hora de la espiacion. 

Sin embargo , tuvo aun bastante avilantez para esclamar : 

— Señora... tratan de perderme. 

— Tú me pierdes á mi»— parece que le contestó la reina. 

hombres sin fé, pero ávidos de la sangre de este generoso paeblo , ha querido impo* 
neraos, j formemos todos de eonsano con naestros pechos esa faerte muralla de pa- 
triotismo , destinada á reconstruir el templo de la Libiktaii j de la Lit. 

Desapareican los anticipos^ la odiosa eontribueion de eonsumoM^ el eiianeode Im 
sal, ds tabacos^ y tantos moiiopoltof como aniquilan la tiqusta fúbliea^ sin mas 
objeto quo si sn§rand6eimisnie del pandiUa§s , si favoritismo y la inmoralidad. 

Liberales, á las armas, aprestémonos á la lucha, que nuestra es la victoria. De- 
mos cima á nuestra empresa y no olvidemos que el pueblo anido es invencible. 

Viva la Runa constitucional, viva la Constitocion , viva la LiBsaTAD. 

Cuenca 10 de Julio de ISSi. — Bl C. G. M. y Oobernaoor civil interino de esta pro- 
vincia.— Makijbl BocsTA DiL Villar. 

Reunió en seguida el ayuntamiento , convocó á voz de |>regon al vecindario en la 
pYaia páblica» y luego que se hubo allegado uoa gran mulliiud, presentóse á caballa 
delante de ella y la espresó su determinación de permanecer en la ciudad , ai como 
pensaba y no le era hostil al espíritu de sus habitantes: inmensas aclamacionea res- 
pondieron á estas palabras, quedando así pronunciada la ciudad, y haciendo en un 
instante el entusiasmo del pueblo lo que nunca hubiera ejecutado el miedo de los con* 
cójales. 

' Eligióse allí mismo ana jonta , compuesta en su mayor parte de personas conoci- 
das por sus ideas liberales, la cual, según anduvo de tímida, indecisa y vacilante^ 
no parece sino que aceptó por compromiso su encargo, ó que desesperantada de uno 
aquella sublevación alcansase buen suceso, no quería mostrarse enérgica y resuelta, 
temerosa de las consecuencias de su derrota. A tal sospecha á lo menos dá nacimiento 
en nuestro ánimo la proclama que publicó al dia siguiente, que para todo podía serf ir 
menos para infundir aliento en los corazones , según era de tibia en su espíritu y de 
ambigua en sus palabras. T no parezca severo el juicio que formamos de aquel docu- 
mento; que harto mas duro le harían nuestros lectores si cayéramos en la mala ten- 
tación de publicarlo. 

Siguieron asi las cosas, hasta que al cabo, persuadida la junta de que 0*Donnell 
no venia por aquel lado, influida de las noticias oficiales, que masque nunca ponde- 
raban entonces la derrota y fuga hacia fortagal de la división libertadora, y no que- 
riendo, en situación tan dudosa , esponer la ciudad á los riesgos y penalidades de na 
sitio, se lo manifestó así á Buceta el dia catorce, y este que no quería permane- 
cer en Cuenca á disgusto de sus habitantes, contestó que al día siguiente evacuarla 
la ciudad. 

Salió en efecto de ella el dia qitince, por el sitio llamado la Ho% ds Cusnta, y si- 
guiendo la infantería el camino de Aragón, salieron Buceta, Abascal y algunos otros 
a caballo á esperar á algunos voluntarios que habían ido de espedicion á Carrascosa 
y tenido un encuentro desgraciado C4»n fuerzas muy superiores del gobierno; y ya in- 
corporados con ellos, volvieron á entrar por el arrabal de Cuenca y se juntaron al 
resto de la füerzaa» 



-—Protesto» señora 9 que mi fidelidad... •• 

—-No cjníero oír tus discolpas. 

— Un plaxo^ seiora » concédame V. H. nn plazo de solo oako' 
días y hago formal promesa de tranquilizar el pais^.... deoonjarar- 
todos los peligros..... que por cierto no soa tan graves- como quie- 
ren mis enemigos hacer creer á V. M. 

El desprecio con que acogía la reina las reiteradas súplieas del 
procaz ministro , le puso en la angustiosa necesidad de presentar su 
dimisión , q/aa fuá desde, luego admitida como las de los demia mi* • 
nistros. 

Estas dimisiones fueron exigidast por S. M. de na modo^ qaa. 
bien podían calificarse de duras deslibicionesi y asi hubiera qaerídii' 
el. país que se hubiese espresado en la Gacetas estraordituuia. 

El pueblo de Madrid particularmente, confiado en que el de- 
creto de exoneración saldría acompañado de la censura que necev- 
ciá el infame gabinete caido , abandonóse á un júbilo impondera^ 
ble ; pero este júbilo fué momentáneo» 

Cundió la noticia que la reina había encargado formar y^ presi- 
dir el nuevo gabinete á don Fernando Fernandei de Córdova^ j. 
esto bastó para que se aprestase á la lucha , que no tardó en esta- 
llar. 

Madrid no olvidará nunca el asesinato dd infortunado UanoeL 
Gil perpetrado el 21 de agosto de 1845. 

La sangre de un pobre artesano vale tanto ó mas que la de an 
palaciego. 

Manuel Gil murió inocente , y la sangre de la inocencia forna 
un rio invadeable que separa al pueblo de sus asesinos por mas 4|M' 
estos vistan bordados de oro y ostenten condecoraciones qoe las mas- 
de las veces se prodigan á los verdugos de la humanidad. 



BB vano T iO» (MBH«B18^ 3M^ 

GaaDdk Cdrdova merecidlaxcnGanza i&hk eamariüat eocseodió 
im cigarro habano , y con tod» b* pretaiidóa f énfasis da «mr én 
efoi soMados; fanfarrones íp% tanto abondao en nnesbros anlignoa 
saínetes, esclamó: 

—-Antea dh ooneliiir este cigam quedará vencMa esa asquero- 
sa rdbeKo». 

Ignoramos lb« qii# baria el- bnett geaerrteoa sncigarm; pero ú.. 
alienta ana ea p era ngaa da «nrnallar id-pneMb^^ de Madrid antea de 
ceaaimip el td pom , no seri» estraio qoe lo- hubiese apagado k la ' 
mitiid ,jmífnám tirada cottO' hacen loS' caballeros , le* hiibiem' 
colocado detras de ia oreja » áh guisa también de ftinfarrefB d!a sai-^ 
nela«,ppraiMilvarlaá diopar^despudade su«trimifo; pero como no 
hay aparieneiasp db qva esta Hegue fan pranle oomo desearía su e»** 
celenoia > nosr lonMttoa k' Kberlad de aoensejarie que ali We sn oreja 
de semejante carga, sí no quiere que tu. pveseuG«a apeste jhastU'eH^ 
los aristDcráiíeoi'saknef. 

Bl hedor á cifarfo apagado^ ea tan repugnante para las éaulaa* 
del' \meai tooo^ eomo el hedor á póhrora para los pneWos or? ilmi^- 
dos. Mas adelante veremos sí fueron fundado» k)s recelos* del pueMó' 
de Madrid t cuyo en tu s iasm o' arreeiiba cuanto mayores eran los 
obstáculos que se oponía» áL^ noble' dbseo de nsconqoistar su Itber^ ' 
tad perdida. 

Súpose en la Plaza de tonea 1» caída del ministerio polaeOf y 
estalló un grito de general entusiasmo que obligó á la música á que 
tocase ethioroo de Riego , y apenas sonaron las primeras notas de 
esle arrebatador recuerdb del^ héroe de )aa Cabezas de San Juan^ - 
doce ih1 almas enardecidas» por el* amor dé l^rtad, batieron pal^' 
mas larfo rato prodoeiendo'UB»aalTa estrepitosa quo se repitió "en» 
todos los intermedios- dé la lidia . 



390 1^ Páuao m los cififVNBS 

Terminado el espectáculo poco antes de anochecer 9 juntóse la 
inmensa multitud que salia de la Plaza con los grupos de la ancha 
calle de Alcalá , y se dirigieron á la Puerta del Sol prorumpiendo en 
vivas á la Libertad. 

Vino la noche y las anchas calles del centro de Madrid iluoai- 
nadas espontáneamente con asombrosa profusión, hallábanse cua- 
jadas de un gentío exaltado por una alegría indefinible. 

MU músicas , precedidas de grandes faroles y banderas coa los 
colores nacionales « cruzábanse en todas direcciones , sin que el et- 
truendo marcial de los himnos patrióticos ahogase los vítores qoe 
daba el pueblo á los ídolos de su corazón. 

Cuando la ebullición de júbilo estaba en su mayor apogeo^ 
vino una iniausta noticia á turbar aquella alegría inmensa. 

Otro crimen de los muchos>que surgian del taller de la calle de 
las Rejas provocaba la ira popular. 

Cundió la voz de que la camarilla no queria ceder * y en efec-* 
to publicó mas tarde una gaceta estraordinaria « que fué el últiaio 
combustible que arrojó para que el fuego patrio acabase de con- 
vertirse en incendio voraz. 

Los decretos de la caida de los ministros eran una sart< de 
ofensas y de insultos que la influencia bastarda arrojaba al rostro 

del PUBBLO SOBERANO. 

Estaban concebidos en estos términos : 

« Atendiendo á las razones que me ha espuesto don Luis José 
Sartorius , conde de San Luis , vengo en admitirle la dimisión qoe 
de los cargos de presidente del consejo de ministros y ministro de 
la Gobernación me ha hecho « quedando allamenle Mlisfecha de ¡a 
lealtad t celo é inteligencia con que. lo$ ha deeempeñadot y de fes 



IL ?UIBLO T sus OmSORM. S#1 

emintnUi y espectakt tervicios que ha prestado á mi trono y ala 
ilación. 

Dado en Palacio á diei j liete ét julio de mil ochocientos cin^ 
cuenta y cuatro.= Está rubricado déla real mano.==El ministro de 
Estado, Ángel Calderón de la Barca.» 

«Atendiendo á los méritos j servicios del teniente general dotí 
Fernando Fernandei de Córdova , senador del reino y director ge- 
neral de infantería , vengo en nombrarle presidente del consejo de 
ministros y ministro de la Guerra. 

Dado en Palacio á diez y siete de julio de mil ochocientos cin^ 
cuenta y cuatro.=»Está rubricado de la real mano.=EI ministro de 
Estado , Ángel Calderón de la Barca.» ' 

«PRESIDENCIA DEL CONSEJO BB MiNisnos. saltéales decrelos.^:^ 
Atendiendo á las razones que me ha espuesto don Ángel Calderón 
de la Barca , vengo en admitirle la dimisión que me ha hecho del 
cargo de ministro de Estado, quedando muy ialüfeeha del celo , in^ 
teligencia y lealtad con que lo ha desempeñado. 

Dado en Palacio á diez y siete de julio de mil ochocientos cin- 
<;uenta y cua tro. s» Está rubricado de la real mano. =« Refrenda^ 
do.=»EI presidente del consejo de ministros , Fernando Fernandez 
de Córdova.» 

«Vengo en admitir la dimisión que en nombre del teniente ge- 
neral don Anselmo Blaser me ha hecho del cargo de ministro de la 
Guerra, el presidente del consejo de ministros, quedando muy sar- 
tisfecha del celo, lealtad i inteligencia con que los ha desempe^ 
ñadoé 



Dado eo Palacio á diez j siete de 30U0 de sui odiociefilM'ieii 
cuenta y caatro.=Está rubricado de la real maDo.= El preiídevle 
Ael consejo de ministros.» Semando FeroaadeE de Curdo va.» 

«Atendiendo á las razones que aie iba espuesto don Jacinto FéliK 

Domenecby vengo en admitirle la dimisión qoe me ha hecho de los 

íMTgos de núaistro de Hacienda é interino de Graaia *y Jtfaticia, 

quedando muy aatUfedia del cüo, le(álad'¿iíauligt»e%a ícm ^qm Im 

^ia disemfHadQ. 

Dado en Palacio á diez y siete de jalio de nuü odhocíentai cíb*- 
isnenta y cuatro. o» Está rubricado de la real mano.nvRlifirenda- 
«do.^^El presidente del conseje de aiiiiistro&, Fernando FerMMics 
de Córdova.)» 

« 

«Atendiendo á las raseiMS que me lia espuesto doa Mariano 
Jk>ca de Togores, marqués de Molina • Tengo ¡en admitir la diaá- 
(sioB qoe me ha hecho del oargo demíablro de Marina, qmdmná» 
muy $aii$fecka del ^0» hcdlad é míeligmHtatúnfueiohadeMmm^ 
feñado. 

Dado en Palacio á diez y siete de julio ide mil ochocientas icin«* 
•üuenta y coatro.»=Esti rubricado de áa <Bal fluano.aoRefiisaéa* 
.'do.e^El presidente del consejo de ministros., Fenrando Femaoda 
de Córdova.» 

«Atendiendo ¿ las razones qoe me ha espaesto don AfvstÍB Este- 
9ian CoUantes , vengo en admitirle la dimsioB fue me ha heciio 
•dd cargo de ministro de Fomento , quedando muy satiifeohm M 
^esle , ienltúd i sttfel^eneia 00» ffue lo ha desemfeñaio. 

Dado en Palacio á diez y siete de julio de mil ochocientos ' ¿ui '" 



WL nnau^ t sos onusoiis. 

cuenta y coatro.=Está rubricado de la real Boano.saEl pretideDte 
del coDsejo de ministros , Fernando Femandei de Cdrdova.» 

Renunciamos á describir la indignación qoe escitó en todos los 
ánimos la redacción de los precedentes decretos» indignación que 
daba impnlso á los deseos de ifenganza « que ya se babian manifes- 
tado anticipadamente » porque bacia algunas horas que el pueblo 
babia adivinado el pensamiento de sus opresores. 

En este estado se publicaron bajas volantes que acabaron de 
entusiasmar mas al pueblo , no siendo la que menos efecto produjo 
una que estaba concebida en estos términos : 

«MADaiLBÑos: Yalladolid» Barcelona, Granada, ban respondi- 
do al grito nacional de 28 de junio. 

La eamariüa no cede. 

El inmundo ministerio del conde de San Luis ha sido sacrifica- 
do para reemplazarlo con otro que empastele la situación. 

No hay transacción posible. 

Ni el ejército conslitucionalja admite» ni el pueblo debe admi-* 
tirla. 

¡ A las armas» nacionales de Madrid ! 

4 A las armas » ciudadanos 1 

¡ Caigan á nuestros pies todos los tiranos ! 

Destruyamos de una vez á todos los ladrones y consolidemos el 
triunfo de la libertad. 

No mas espera. 

No mas perdón. 

El sol de ma&ana debe alumbrar nuestra gloria y la eterna hu- 
millación de nuestros enemigos. =El gomité Libbbal.» 

T. u. 50 

«V 



rf * 



El ^Btiwjümo tiohié Ai punto» 
Y tan alto como el entusiasmo frisaba la ira popnlar. 
liMfcqprcMiiM dflNtfiabttrd ipoeUo, 
El ipuaU» «o podia.^JAT 4e .adaptar ten ánaoUmU jeta, 
Snlie-fiárááiva y ioB.madsifeBoa^ kay 4Ui>l4g(^4a M^tfro, 
.Hadñd.aboEBaek i Céfdeva ome^ Sartoriía jA Nann<r> 
¡ A las armas 1 «ana 4l,giáto.gaiieral. 
¥a éatán -en abiivU iucba ÍEL VXJKBLO Y SOS OPRBBO 







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CARTÜtO XXXSBL 



VENGANZA POPULAR, 



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Asálqm «ligoaUoi faaUift Uepadá k-eaúfWímmUB^ da-qoe^ter \eí en- 
gaSalNrv pwBtO'^'ipnrv, t farit ^ légkit aUiíaDv- dolidas ssr bdricw 
^MbandMientetrefiigidkU» cmauoakd^qiialHriHiiisl^pietdo aLpai»^ 
la influencia secreta jfraia- céoi^lMatrarrasaUalnR» al( tron#{> ji le* %m^ 
l8fta8oto)dB;afmdgMÉ*Í0S^iiúiBOSi«aBi«o neBi^-caaibiof á«|perso- 
■aa ; ^pirc nei é$*mk&mBií.. » aaiiifiie di adáeníaMenlar del iwadaga' dé 
Maimel Qíii darnaatrá duraiieaÉa) i-rlea aaadiiknót ki soenle qna ka 
Mj^nab» simpar dngnaaUlhgiiMí la^oamarü/cKá.Tacoiiqiiitlar mu p»- 
der..... asi que no quedó ya duda alguna de que una Bttra tna»^ 
eiJDir anMigaba; resa^rar, aMSé eovaíaatfaaia , Ua; iDÍqoidádaa qpe se 
oomeÉíenwtaii<tMA«onU« ciiUanradbi ireaiodbciOrdB Madrídi, ta« 
mú» aP p«al&oiviiiaip«ctoi8ibaraiK>f uv aspaeto. vaniáderameale aoMh 
nazador. 

I bdUnas opfieaMraal ¿Oteo podíaía pranmiir iptorse* báhifei de 
eontoÉtaa, a» aqnUa alaria imMBiai qne aasoiniba pnr loen ki 



396 BL PALACIO DR LOS CftÍMlin 

ángolos de la metrópoli al saberse la caida del gabinete Sartorios? 

El paeblo reclamaba un acto de justicia; exigía una espiacion 
qae dejase plenamente satisfecha la vindicta pública, un escar- 
miento que sirviera de lección á los ladrones palaciegos , y sobre 
todo » quería el pueblo que se realizara el programa de Manzana- 
res , que la moralidad sirviese de base á la regeneración política , y 
la fuerza ciudadana armada , de inexpugnable baluarte de la liber- 
tad española. 

Esto queria el pueblo ; pero vosotros « bandidos condecorados» 
ministros prevaricadores » magnates que debíais vuestra opulencia 
al hurto , al asesinato y á la prostitución , pretendíais que el saqueo 
siguiese empobreciendo al pais y enalteciendo vuestras fortunas. 

¡ Miserables 1 bé aqui porqué á los vítores de júbilo sucedieron 
en breve los tremendos clamores del ansia de justicia. 

Y vosotros , concalcadures de todos los principios de la tana 
moral » vosotros tan valientes en vuestra prosperidad , vosotros qae 
con tanta avilantes arrojasteis el guante al pdebio* (por qné no oe' 
presentabais i contener personalmente sos iras ? 

El peso de vuestros crímenes os abromaba , y envueltos en los 
deosas nieblas de una cobardía villana » os cobijasteis en ri régie 
alcázar para que el trono os sirviera de parapeto » y poder á sn 
sombra hacer los últimos esfuerzos que el delirio de vuestra agonüi 
os iospíraba. . . . 

Queríais, sin duda, que rodara el trono en pos de vuestra cai^ 
da como si voestra perversidad hallara el último consuela en 
que solo con el hundimiento de la monarquía podia hundirse vnt 
tro criminal predominio. 

E iracundos y amilanados á la par , dejasteis que se desUjeirao 
luengas horas para que la efervescencia popular llegara ai 



WL fVULO T SUS «nuoBOiis^ S97 

freno; desenfreno qae creasteis con rnestra vergOMOsa oenltaeion; 
desenfreno qoe fomentasteis con mestro sileneio; desenfreno qoe 
lograsteis hacer llegar á so cobno , con la . perseverancia de vaesira 
reaccionaría eondocta. 

Y ovando sopísteiique todo Madrid «e había lanxado á la liía; 
cuando snpiateis que todas las oalles y platas lestaban pobladas 4t 
nn gentío inmenso, aun os atrevisteis desde la regia huronera qne 
ocultaba vuestro miedo, á dar órdenes de sangre y fuego» ¡contra 
todo un vecindario 1 1 ! 

¿Goal podía ser á la saaon vuestro objeto, sabiendo qnedefe»-* 
dtais una causa desesperada ? •' 

¿fodiais imaginaros aun posible vnestro triunfo? 

De,ningnn modo. 

Estabais enterados de que el glorioso alzaasieolo se había hecho 
naoionaL 
• i Qoé. esperabais pues , de vuestra tenacidad T 

No podía ser mas que el consaelo que encuentran los malvados 
en la agena desgracia cuando ellos no se consideran ftdícea* 

Y solo este forot instinto de beduinos había de alentaros á 
provocar una lucha fratricida , que no podía menos de dar el resol* 
tado que ofreció , después de haba* sacrificado mil víctimas á vues- 
tra impotente rabia. 

Los vivas f cada vez mas nutridos » de la muchedumbre que 
ocupaba la Puerta del Sol ^ alternaban con ardientes mueras á loa 
ladrones i que con este epíteto designaba el pui^lo á los prohom*- 
bres de la aitoacion derrocada. 

Los mas de los clamores de venganza revelaban que.la ;eapoea 
de Muñoz y Sartorius erae^ Ips principales blancos á que asestaba 
sus tiros el rencor de la nuiltítud. 



aWí mMMtti nioa 

CUMD0CÜUI ki^aMkdfliGiirfeMUBft fatnat impOBeiiteéi fl wig¿ 
QIMkrM itor4»(EonQm<]^ de Aoandta GWüs y oomo oao» j otro»- mp 
liabMiBiíAlídor mnlnir hMiprDsonciaéai', los pitmerov' eai 2anigmi 
cuando sucumbió el malogrado brigadier HoM y k» sugmdíwMi 
l>i%Ua»ta0tda¥fcál<aiP> reitiJan*<|ro dipoeMb-M ellos 

sil)sedld0ikrepgttiilMí;:peMí geperososiles.snhtfcf doreiforiápe nw ' fwp 
dÍMfiaritiksfMoÑnw prooMliendlüé los ■•Idadoy^loéitilá» segBii^ 
d üá^i ppaiMes, 

Viendo que permanecian las puertas cerradatv- inioÍDaMD(|«rt 
mAg« «UMridQi»ida^k nwHiidoBibngf, Itblas^y madeM» junto á la 
puerta principal, y aplicándoles hachasenaenéiAit^ prendióla ñan^ 
go y creció rápíéMoeota bnate ^fu^ tomé la» fonoHi' d» eqiáaritosa 
hoguera, cuyos rojizos resplandores , de conÜaMOiaHnrentadaii por 
itíá^. dspaMi da naaihaalihlnii» dakao' cimíot aapaalor ImláatiDa., no 
solo al edificio , en cuyos balcones y rejas permanecian los üatdadtti 
inmóviles como estjibMav.flíaibutf.uM de flmfoailfarvaoDimiliiaii- 
diQi laa inmen»ai>liaiaa quetamamaaban deiniraiife todoy 8ÍD#á to- 
dos suat ateadedoMi^ 

SíaiaaahaF|0'liupaeffiaiBO<ia ahriai^.ylos taiaentea qua^noidioa- 
tiliiar. al poablb ratpetabaní toa. pgescripcwaiee ■ de ladiioipKiia»^ w&^ 
goiatviaipáfidMQB.siis ptMslM» So . iinpevIuffbaHe oalm» 
singular contraste con la diabólica ebullición ám \o% paíaaoaam 
laawa tÉttantaa^qoe aqaallos ttilitares<, puesto «faecaredenda ab- 
aatatameataide armaasa arrojaiioo:á' la temenaría aMpreBaida' ia^ 
¥J^m aqoaL rocinlov éík saber de: qoéOMido les r6eibina> la 
que le custodiaba , siendo lo mas probable qaa la* líalieaa de 
aBBHia'para>rachaiiU0 latintaBioD; 

ÜMtomdanHDtB no* anoedíó: asá-,, ponqué k paear da< I»: óv^ 
denanza militar que prohibia á loaisoldadot r tomar parta^at lai ai»» 



^mmcáom., noifitiBainn >dn «Adía «^nm (liiB«^p«Í5Ctt^ • « 

Vw* fte'W Arió'ifi pMrtt ooaDAo^lw HiroiiiB cMpranriPoft á <Aé^ 
Torarla , y la mnltitnd inerme inandó el edificio con la impetMlllM> 
dad M torréate <iiae;TOiiM4#i 4iqoes<yi»<fmr«de(|ii}d». > 

Los paisanos aparecieron en *liBi5 <Mt>wii6B y «n ui t Mrt rt to íii» ■ wnr ik 
4n9pa, áluMÍMnon <la Colinda , «qve 'haüa '«dCoiiees «» 4iMB«fobibi- 
é» OMB IwqMladeilatesfanlosfttkogmni, <ooii mlMaMicattéi^ 
Wbiros<del defMPtamento ¡éel 4ninisUnotdela)€M>«rD8eíitt>3qMit«irfá 
allí su despacho. 

iReoqgiésalUeltpmU» onUtaa anmatifvdo, j tdtMRMila* f ae- 
rammcmm fura »kBDoaiaisada>kidÍMi 'que aiMlHi ppétitaaá «mfei- 



.f 



(Uan de4as;paitaoo8,iqi» k«bift>p«AmiediAan&'tiMi^ 
diB lie ik miMÍa wiotonaA , 4o^ ¡ap^dérarae deivtta «coraeti t 7 '64 
jvopk iiispiriBMM , '«i pavioer , 1^ 

rSmóA.'pooo rutena tiro , y las- paisanas i|M4Mbiaii saSMo'Qt*^ 
madiiB'fla la (Casa >de «prrMs , fle'dmdiirM>«» gvnpM, 4N(biéa^ 
dose retirado precipitadaveitte km qvmimmmlíébmsí^'mní^éñúm^ 
baedin ana ob)eto<f|aa al és ^oarioaear. 

iBaro m éimm -énicMimici Jot ummilm qébmm «é 'apnütarak 
á'lalmdia; la Jttayor paree astaban iwmng^y 7'«e qotaiaroa <riHift^ 
donar e\ icampo , en 4a oa aü aaaa de «que 'haÜanaa ^m talgama'^rte 
aoalqoiar imárwmBmUo á^pMpdakopara 4ioalttiaar i loe qftteifiteii-^ 
tifian oponarae i ia wkmtad idel fuablo. 

Partieron los grupos en diáintas Jínsocionea , ile tfla idie j yafr 'Stt 
propia giileaku, y <por loa ipMrkttioos «acta 'de laa «nMcfts ; pero 
aquella ¿gvitaria ana ya- aaMOOiaikm , me era na *8e0Mlk> 4e ^ire(B^ 
ee alboroaa^'iflBBn laa anHidoaéa ia fiera ^pe^aada ¡MbttrseiM ' tm 
YÍclimas. 



400 Bi. FAUCH) m LOS GIÍMBNBS 

El grupo mas fonmdaU» se dirigió á lu oGciiuf id Gobierno 
citil , j oosMgvió apoderarse de las armas qae allí había deposi- 
tadas. 

De aiooMnCo en momeólo se hacia mas imponeote el upecto de 
lu desenfrenadas masas populares. 

Las SQtttnosas moradas de los prohombres de la sitoaoion Ten«- 
eidat fueron atacadas é iof adidas casi á un mismo tiempo por di- 
íerenles grupos • j todo el lujoso ajuar que las ornaba con regio 
oropel , fué devorado por las llamas. 

Las magnificas sillerías « los costosos espejos, los relojes, jar- 
rones, eómodu, mesas j otros elegantes muebles de un priuMir 
admirable, caian de los balcones, y el estrépito que producía stt 
choque contra el suelo , escitaba los aplausos y la gritería del pue* 
blo , que en su ciega cólera no respetaba las preciosidades artb-» 
ticas. Aquellas molduras admirables, aquellos cortinages riquisimoa» 
aquellas galas deslumbradoras, recordaban al pueblo que no solo 
era todo obra de hábiles artesanos, sino que se habían adquirido 
con el oro robado á las masas trabajadoras. 

Al siniestro resplandor de las terribles hogueras , veía el pne- 
blo que toda aquella magnificencia que las llamas couTcrtian en 
xeniía, hablan absorbido millones... y como pruebas evidentes de 
ias depredaciones ministeriales , acrecentaban su ira , y se notaba 
cierta alegría , al parecer salvaje, en aquellos rostros animados por 
el hervor de la venganza , y i los cuales el rojiío resplandor del 
incendio daba una espresion infernal. 

Cada preciosidad que se derrumbaba de los balcones , era on 
recuerdo provocador , era un insoportable insulto á la miseria de 
las clases proletarias , era una escitacion á la vengania , era nn 
estimulo de cólera. 



BL FUmO T SUS OPIBSOABS. 40( 

Pero eslB cólera era justa como la cólera de la Divinidad, y asi 
lo declara también un escritor contemporáneo en estas elocuentes 
palabras : 

«Cuando el Eterno desencadena en el mar los vientos de las 
tempestades para sumergir la nave del negrero , ó del pirata car- 
gada de inmensos tesoros , cuhndo rompe las cataratas del cielo pa- 
ra producir un cataclismo , cuando descarga sobre Gomorra y So- 
doma nubes preñadas de fuego, no esceptúa de sus iras ninguna 
riqueza • ningún objeto de arte , ninguna magniBcencia aunque sea 
monumental , y tal vea el mismo pueblo es también en manos de 
Dios I en circunstancias dadas, una especie de dilutio con que 
castiga la corrupción y abate la vanidad humana. ¡Oh! s(, las re- 
voluciones justas, lo mismo qne la saña que derribó la torre de 
Nemrod , vienen del cielo.» 

Y que la indignación del heroico pueblo de Madrid era santa» 
que era hija de la misma virtud , lo prueban no solo los horribles 
desafueros que la provocaron , sino la pundonorosa conducta que 
hasta en los actos de mayor desenfreno mostraron siempre todas 
las categorías del valiente recindario. 

I Cuánta virtud entre los harapos de muchos de aquellos hé- 
roes que pertenecian á la clase indigente! 

¡ Qué contraste entre su honrada conducta y la de los magna- 
tes maldecidos ! 

Estos eran lanudos de sus palacios como ladrones del pueblo, 
y los mas indigentes hijos de este pueblo magnánimo , en medio 
de sus inauditas privaciones , tal vez acosados por el hambre , tu- 
vieron en sus manos preciosas joyas cuyo valor podía hacer la fe- 
licidad de toda su vida; pero aunque pobres, no eran ladrones. •. 
DO querian salir de su miseria por el hurto y las ricas galas 

T. II. 51 



409 EL PALAfilO m LOS tíAOHlff 

qae pasaba» por sus nanos, estaban impregnadas del báKto'^e los 
escándalos y de los crímenes.. • no pedian pertenecer* ya á BiHffiíflt 

hombre de honor debían ser propiedad esclasiva de las HaauÍÉji 

y ¿ las llamas las arrojaron, y solo las Mames hicieron presar de 
ellas haste convertirlas en ceniza* 

¡ Qné lección pare los cñminalés dé la aristocrácie t 

El espectácolo mas imponente de aqoella memorable imefte, 
ere el dé la plazueto de los minisleFios , como qoe allí tenie so ew* 
tlrade principal el falacio b« los- grímbües, la snotnoia oien*-»- 
skm de los doqnes de Riánsares , eslendiéndose por teda H loogi* 
tnd de le eaHé de las Rejas. 

Aquel edificio, imitación ebeTacana de alonaos qne oampeaft 
en la soberbia Albien, tiene nn vestibnfo grotesco adornado eov 
profusión de cristales de colores á guisa de traje de arlequiii-| eon 
eseelinatas lateral^ y nna grandiosa verja qne ofreee tres entradas, 
siendo el pórtico del centro mejor qne los de los lados. 

Estaba abierto cuando llegó la maltitod ; pero habia nna gner- 
día respetable, y sn actitud de defensa contuvo A los amotinedes á 
pesar de sus deseos de penetrar ear el interior del edificio. 

Un grito atronador de { mnera Cristina I resonaba incesante-- 
mente ; pero la esposa de Muñoz se habia refugiado ya en ú regio 
alcázar. 

Al lado de la reina creíase en completa seguridad, porque la 
mayor parte de las tropas de la guarnición habíanse concentrado 
en sus alrededores , é infinidad de piezas de artillería habíanle con- 
vertido en inexpugnable fortaleza. 

La vista sola del palacio de la duquesa de Riánsares, de aquel 
recinto funesto donde según la voz universal , según el espíritu y 
letra de todas las alocuciones de las Juntas salvadoras , según los 



ML fniLO .f sos 'OHaiSOUB. MS 

discursofi proauDciados ea el Senado , segon las proclamas de los 
que ioangiicaroa el glorioso proaanciamieoto para derrilMtr la ia^ 
moralidad , se CragOabaB todos los crkneaes ^pie asolaban á h aa-^ 
don española» la vista sola, «repelimos, de agoel palacio lonerto; 
acrecentaba la indignación popular* 

Los generales don Leopoldo O'Donnell , don Domingo .DolcOf 
don Anlonio Ros 'de 01a<ie« don Félix, ttar/ía de Messioa« en su 
primer manifiesto á. los eapaioleSt dijeron entre oVras cosa^ : 

«Cn destino aciago trajo á la esfera del poder la poazo&a movr 
tífera del agiotí^ y. de la inmoralidad admínístitativa. 

Para dar alimento al lacro no bastó la Hacienda en jruiodaa^ 
x^ieraeiones devomda^ ae loa «jntereses aolMles, una y otra vipz sa- 
mficadoa ; .babo ^qe echar mano déla Hacienda, de los iaterese^ 
Üatoros» 

¥ así vinieroii los aereglos saeonsiderados de la denda ; aú^ lus 
compensaciones; asi la grande, la inaudita inmoralidad de loa for 
ifCHcafrilies» .' .. 

Para aoallar ki JM^Uiima iTeprobacitHi de la impvettta, im^deeri^ 
Xo ministerial resiaUelMÓ la pn^ia censara, Bnprimiéodo la^liberitd 
de oscribir , qpo 0onoedd áloe -españoles el ariieulo ^ae^ndo de la 
Constitución dej Bstaido. 

Para qne las Cortes no pudiesen defisnder la Tartana .p4U¡ea se 
interrumpieron sus funciones esenciales y aagosias, baciéndose sin 
su participación compras y conoesiones injustas, onerosas, absur- 
das de ferrocarriles ; cobriadose loe impuestas, sin ser votados por 
ellas ; legislándose por decretos sobre materias de baeienda, de ad- 
jninistracion y. de.politieil; veaaumeaéo en soma el pader ejecutivo, 
cuantos derecbos y deberes señala al Jegislattvo la oasma Conslilai- 
cion del Estado. 



404 ML PALACIO DB LOS CftÍKINBS 

Y exasperados todavía los concosíonaríos con las dificoUades 
que ofrecían á sus propósitos las instituciones y garantías de ia li- 
bertad política, imaginaron despojar de ellas á la nación que tanto 
babia becbo por conquistarlas, al trono cuyo cimiento eran y son^ 
cayo único amparo habían sido en las tormentas de una larga mi«^ 
noria y de una guerra de sucesión encarnizada. 

De esta suerte, españoles, visteis surgir de nuevo la sombra del 
despotismo (que grande, tradicional, histórica, habíais ahuyentado 
a&os antes) primero hipócrita y rastrera en la discusión célebre de 
la inviolabilidad, después siniestra y vergonsosa en la amenaia del 
'golpe de Estado.» 

Y si todos estos crímenes , aunque perpetrados por los mioii^ 
iros , sabia el pueblo que tenían su origen en el palacio de Cristi^ 
na, ¿cómo era posible contener en aquellos momentos solemnes^ ol 
Ímpetu de una venganza provocada por ana luenga serie de iniqui- 
dades 7 

A los gritos de i muera Cristina ! sucedió una lluvia de piedfM 
que rompia los cristales del vestíbulo y de los balcones , produ- 
ciendo nn estrépito indefinible que avivaba el entusiasmo de la in- 
mensa muchedumbre, y aplaudía con frenético júbilo el destroao 
de una magnificencia creada con el oro robado A la nación. 

Esto no era ya suficiente para satisfacer la general ansiedad; 
era preciso penetrar en el palacio. • • 

Los hombres eran valientes, pero ¿cómo luchar sin armas, por- 
que no las tenia aun aquel grupo , contra las tropas que se apres- 
taban i la defensa ? 

Los hombres, pues, vacilaron; pero de repente avanzó un cre^ 
ddo número de mujeres hacia el pórtico, é invadiendo el interior 
del edificio, reanimaron á los indecisos , y en breve se vieron todos 



ML FOBBLO T SüS 0PBBS0RB8. IOS 

los balcones coronados de paisanos , y el incendio, que empezó por 
las colgaderas de los magníficos salones , iba lomando proporciones 
tan colosales, qae amagaba devorar el ediOcio entero. 

La guardia se retiró á las oficinas del ministerio de Marina , j 
formó en batalla casi enfrente del palacio. 

La venganza popular tomaba formas cada vez mas tremenda^. 
Las voraces llamas salían ya entre negros penachos de bumo 
-que se perdian en el cielo , por varios puntos del edificio , enroje- 
ciendo todo el ámbito , como si los elegantes salones donde tanta 
alegría reinaba mientras gemía el pueblo , se hubieran convertido 
en las pavorosas fraguas de Valcano, y hasta las figuras que se cm- 
aaban azoradas , bañadas por el siniestro resplandor, tenían el feroz 
«aspecto de los cíclopes, cuyos rostros feroces se retrataban en las 
^hermosas lunas venecianas donde la coquetería aristocrática se ba^ 
bia holgado tantas veces en la contemplación de su belleza. 

Ya no cabía en la plaza el inmenso gentío que se había aglo^ 
Qierado para presenciar tan imponente escena. 

La mayor parte de los espectadores eran curiosos ¿e todas las 

clases de la sociedad , no siendo escaso el número de sefioras que 

, contemplaban aquel espectáculo, digno verdaderamente de ser visto; 

y aunque todos aplaudían el acto de venganza , había millares de 

personas que no tomaban en él parte activa. 

En otras circunstancias, el incendio de tantas preciosidades hu- 
biera escitado general senlimiento de lástima ; pero la emoción que 
.predominaba en todos los corazones, era muy distinta , y no paro- 
cía sino que era unánime , universal el deseo de que desapareciese 
de Madrid un monumento erigido á la inmoralidad, que tantas an- 
tipatías despertaba, que tantos odios enardecía, que recordaba tan- 
tas depredaciones , y que en la pila bautismal de aquel glorioso al- 



406 EL PAItiCiO Bl LOS GlÜONn 

zamiento acababa de recibir el nombre de palacio de los caíiiBinifl. 

Esto esplica perfectamente que todo un público civilitado te 
gozara ea contemplar aquel espectáculo devastador , y cuando nuf 
general era la alegría , porque se fundaba en la esperanza de que 
los conculcadores de las leyes espiasen sus desafueros* y renaciese 
una era de justicia y de prosperidad » cuando esta alegría destella- 
ba de todos los semblantes , oyóse de repente la voz de un asesino 
que gritó iracundo ¡ fubgo I y una terrible descarga contra la inde* 
fensa multitud » una descarga de la que ni una bala sola podia des- 
perdiciarse « vino á regar el suelo de sangre inocente, de sangre 
española vertida por españoles 1 1 1 

Los ayes de los heridos y moribundos se confundieron momen- 
táneamente con los gritos de horror, de ira y de venganza qae hiao 
eshalar aquel ataque alevoso, aquel ataque traidor, que no podia 
tener ya mas objeto que ofrecer á la aborrecida italiana sangre e^ 
paüola y como el cordial único apropósito para mitigar el dolor que 
habia de causarle la humillación que estaba sufriendo sa orgnUo. 

Aquella negra traición fué la verdadera señal del combate. 

Aprestóse el pueblo de Hadrid á la sangrienta lucha. 

Las proezas que hizo en ella, relatadas con todos sus detalles 
ocuparían largos tomos ; nos contentaremos con presentar en les 
próximos capítulos el estracto de los sucesos mas notables, para que 
sepa el mundo que los hijos de los héroes del 2 de mayo de 1808, 
heredaron de sus padres, con su amor á la libertad é independenoia 
de la patria, aquel denuedo indomable que germina en los corneo- 
nes de los dignos descendientes de Velarde y Daoiz. 




(AjB ■ de Tiro brrminot cd lorcí } 



lili ■ t 



M*i 



* \ 



CAPITULO XXXIV. 



fiL MINISTERIO METRALLA. 



I • 



Maehc sangre espaAola yartída por españoles , salpicó las calle»* 
de Madríé en hm tres> diae de crisis de U mas jasta j de la mas san**- 
la de la» revólociene». 

En esta horrible matanza habian tomado la iniciativa los emi** 
serios de Córdova , general ya célebre por sns instintos salrages. 

No es de estrenar qae semejante hombre se gozara en ametra- 
llar al pueblo de Madrid; pero Ip raro , lo sorprendente y que no 
es fácil pueda concebirse , es que no solo personas de honrosos an- 
tecedentes quisieran asociarse á' él , sino que después de formar 
mayoría en el nuero ministerio , pndieran doblegarse á las exigen- 
cias de infonos palaciegos. 

Desde las primeras horas de la mañana del 18 hallábase for- 
mado un ministerio de los individuos siguientes : 



i08 BL PALACIO DB LOS GBÍXBNB8 

DoD Ángel de Saavedra , daque de Rivas , presidente del Con- 
sejo coD la Garlera de Marina ; 

Don Luis Mayans , ministro de Estado ; 

El teniente general don Fernando Fernandez de Córdova» de 
la Guerra; 

Don Pedro Gómez de la Serna , de Gracia y Justicia ; 

Don Manuel Cantero, de Hacienda; 

Don Antonio de los Rios y Rosas , de la Gobernación ; 

Don Miguel de la Roda , de Fomento. 

Hemos dicho ya que la duquesa de Riáosares se habia refu-» 
giado en el regio alcázar, y según todas las apariencias predomi- 
naba aun su opinión sobre todas las demás en aquel recinto « y no 
concebimos como sus vengativos deseos fueron no solo respetados, 
sino plenamente satisfechos en las terribles órdenes de fusilar al 
pueblo. 

Y si estas órdenes sangrientas, que estuvieron llevándose Í 
efecto durante el transcurso de sesenta horas , no procedían del 
gabinete en cuestión ¿ qué hacian los seBores ministros mientras la 
metralla inundaba de luto y consternación al vecindario de Ma- 
drid? 

¿ Sobre quién debe pesar la responsabilidad entera de la pro- 
longación de tan encarnizada lucha? 

¿Quién fué la causa de tanta y tan preciosa sangre infructuo- 
samente vertida? 

La opinión pública, formada á la vista de los sucesos, acusó 
inmediatamense á los que constituían el gabinete presidido por el 
duque de Rivas, gabinete que desde aquellos momentos ha sido 
generalmente conocido por el infamante epiteto de ministbeio mb- 
TRALLA, con quc le designó la justicia popular; pero lo que 



«• 1 HB OtlIMBHL AM 

ertoev it poMié el a8oad)ro' j la iodigueióa del puieUat faé:d ver 
que* daraote las sangriantaa escenai pcmumeeieroi^ en ka iilkÉ 
mÍBÍ8teria]as:f bo solo el general de qnien dadat debia estraoarta 
por sus paco eovidiaUes aai^cedeaftes , no solo olraa peraoaaa fU 
aunque de nunca desmentida probidad, pertenecian al paitidoiaMK 
derado, scao ios que btbieodo blasonado sreoipDe de puograifétas, 
cenagabaa ét sos pcineipios eoB inaudita avilaalei., précisameata 
para soflÉtaat á ka tiraaas que se bailaban ea^k agaaáa. 

Y coa todo.... iqni vargüeoiat ka hombres Iqaianeael país 
acusaba de los desastres que sufrió la metrópoli , fueron elagidail 
pira represan taria en la Asaablea coastitoffentai 

Hay cosaS' qaet no ee^ canapreaden , f ikaaní el ooraaan de amar* 
gura y desconfianza. 

Loí caerlo ea^ qoe loe dama» rejpttseBtaMtee creferoa tmf duda 
qae.se flMnoíUaki iii hoaov con eb nevo roqe de'Ulesi eowpaberosy 
y esteJ fóé el erigen de qae se kyara en k sesíom del C^ da 
btc^ da Í85u| la proposición^ aígiñeole : 



• 1 • * 



'i 



ccPediaMM á ki Asamblea! eobslilisjeDte se rifva «eordat qoe bi 
aaSores diputados qíie fberoo mínistroa de la aoMaa desdb d 18«di 
julio del ¡ireeeole afto basta el dk 20 del mismo , dan. at Coagve-» 
so las correspondientes esplieaeioaes sobre la eondnata q«e obseiw 
faroo e» loa mofliente» aiM< erlticos de la ravolncioiir, sostenida tan 
bevóicaaMnte por el pueblo de Madrid ení las joraadas de JqUoí 

Palacio de las^ Cortes 2 da diciembre de i854v=t::Pedro tlal? o 
AsensiOi^ístJ. Gooralez de la Vega.^srFernando Gorradi.» 



Al bwser tiso de la pakbra el señor Cairo Aseasia» dijo qo9 

creía complir coa en deber de conciencia j moralidad. 

T. II. 52 



410 XL PALACIO DI LOS Ca^KBNIS 

£a su concepto era iodispensable que dentro j faera de Espa-* 
fia se conociesen las espHcaciones á que la proposición se reBere« 
para que recayese toda la responsabilidad sobre los que habían sido 
causantes de las desgracias y catástrofes ocurridas en aquellos días 
en Madrid. 

Manifestó el orador la estrañeza que le había causado el amal- 
gama de algunas personas progresistas y de intachable conducta» 
con el general Córdova ^ enemigo declarado del pronunciamiento de 
junio, y persona en estremo impopular por sus actos y antece- 
dentes. 

Recordó que las calles de Madrid habian sido regadas coft 
sangre derramada por soldados infelices y por esforzados y virtuo- 
sos paisanos. 

«Uña reyolucion inaugurada pacificamente , añadía, degeneró 
en sangrienta: ¿Por qué? Por no aceptarla aquel ministerio » fi 
cual pudo en mi concepto evitar los estragos que sobreviaieroo. 
¿Qué representaba en aquellos instantes el nombre de GórdoTa? 
Este general había estado asociado en cuerpo y alma á todas las 
administraciones pasadas; y como si esto no fuera bastante, el mía** 
mo día del levantamiento en el Campo de Guardias hízose mai 
compacto el núcleo de las personas decididas á apoyar al míniste» 
río entonces existente , siendo ese general el que mandaba las fuer- 
zas de aquel gabinete, y una délas personas de mas confianza para 
el conde de San Luis. Pues bien: el día 17 de julio, cuando se 
anunció la caída de aquel desgraciado ministerio (no quiero darle 
otro nombre , porque sus individuos están ausentes} , la poblacíoa 
de Madrid empezó á respirar , cesando el tiránico imperio que la 
policía había ejercido sobre todos los ciudadanos. Súpose que la 
heroica Valladolid había levantado muy alto el pendón de la liber«- 



II. PÜULO T SUS OniSOBKS. 111 

tad, y que ol bizarro general Nogueras se disponía á yeair coa uoa 
columna para apoyar á los que en Madrid deseaban pronunciarse. ' 
Esta nolicia corrió como una chispa eléctrica, circulando á las tres 
de la tarde, llenando de agitación y de contento á todos los habi-» 
tan tes de la corte. 

No hubo entonces voz ninguna imprudente; no hubo un des* 
man que lamentar ; nadie pensaba sino en complacerse con la cai-. 
da de aquel ministerio ; pero desde el momento en que se publicó 
una Gaceta eitraordinaria f la indignación pública se apoderó* de 
todos los corazones: aquella Gacela decia lo que voy á leer al Coo-^ 
greso. (S. S. leyó un real decreto, contenido en la Gaceta eitraof^ 
dinaria de Madrid del lunes 17 de julio de 1854, en el cual se de- 
cia, que S. M. admitia al conde de San Luis su dimisión de los car- 
gos de presidente del Consejo de ministros y ministro de la Gober-* 
nación, quedando aUamente satisfecha de la lealtad f celo é inteligen* 
da con que los había desempeñado, y de los eminentes y especiales 
servicios que habia prestado al trono y á la nación.) 

Esto escandalizó, seftores ; esta fué la tea que encendió los áni* 
mos, preparando también la hoguera de las casas de determinad^ 
ministros, á quienes el dedo de la Providencia seüalaba como fau- 
tores de la situación pasada. Sin esto es muy posible que no se hu- 
bieran verificado aquellos lamentables incendios : estoy seguro de 
que el pueblo de Madrid hubiera estado tranquilo esperando cob 
impaciencia el desenlace de aquella situación , en la confianza de 
que se castigarían los crímenes , de que se remediarían los males 
que todos veníamos deplorando , y de que el astro de la libertad no 
volvería á eclipsarse. 

Lo que en esa Gaceta se decía era un insulto á la opinión públi- 
ca, era un ataque á la pación, era un sarcasmo al trono; era enai- 



MS SL TJXACID Mi LtS OÉOHfli 

teeer á los imsinos que sos hsbian fomi4o eo la «sokvilad, ^e bi- 
ImD agotado infoiaiiieote las arcas del Tesoro , qvie babiaB ooai«* 
prometido al trose froearafiido ponerle delatie de ellos , para aw- 
gurarte á iii sonbra. ¿Y «qaé sucedió, señores? Que .ese toAmno 
pueblo irritado tavo un instinto de venganza , pero iasfiflrlo MWf^ 
8Ígni6catif o : no fueron las masas indignadas á tas casas ée todos 
los ministros , por mas i(ne todos (deran respoosaUes de ios mohi- 
qoe el país esperimentaba : determinaron algunas 7 fieapetanmotmf.- 
EI poeblo idistíngnitf -entre los hoosbres ligados oon ma eftancimí 
dada , y be qne hacían impúdieo alarde •de sos hazaftas é^ prove-^ 
dioaa eapldtaciiim. 

Fué esa fraceta^ pues, lo que en mi conoeplo di6 logar áies^á»*' 
cendios de Madrid; incendios, que nadie puede aceptar nipredicar, 
pero que las rerolnoieiies llevan consigo^ pegando sin fórmula bib-*^ 
gona, boscanlo el cuerpo del ^elíCo y castigando á los criminnloi.^ 
Los estrago^ 'dé las revoluciones son ocasionados sieoipre pisr la» 
que con su conducta dan kigar á ellos. Los 'pneblos na levanlaB' 
nunea su braio vengador , sin haber antes agotado la -copa 4tA «a- 
frímienfo: si después se estralimitaa, es porque nadie puede seia*^ 
lar el limite de In justicia popular. 

INies bien, stores; admitida por S. M. la dimisión del ttaera* 
conde, individuo del nuevo ministerio el señor Córdova: ¿qué ea—' 
peranza podia tener el pueblo en una persona que habia venido 
apoyando al gabinete que cesaba? ¿y cuál no fué la sorpresa do la* 
dos al ver que componían el gabinete algunas personas que habiao* 
combatido los desarfneros ocasionados por la administración caidafT* 
Esa sorpresa fué el prólogo y acaso el origen de las escenas sangrieiH' 
tasque tuvieron logar en las calles de Madrid. Los nombres de los 
sellores Hios Rosas, Cantero, Laserna y Hoda, asociados al éei' 



11. MilbO I STC OTMKB&UMm M3 

general Ciórdova , ¿^ué q«eid«i deolr ? Eso es le qfie la wéciíaú ei*- 
paiola MoeMla que se espUqae. 

Al idia sigoieaie de p w M i cad a la Gaceta egíTMráiMxia Jej^ape** 
cieroD eo la ordioaria las dimisioDes de los adteníopes aitiiÍBtroft.9 j. 
el referesteal coodede Saín Luís venia «oncebido^o diiÜBUi medo, 
sin lúngana esplicaoion , sin designar sifíiiera la persona cfne fan-^. 
hk oometido ian punible «leatado. Des deoretod sobre un misiaio 
asunta pnblicadee en dos dtferenies Gactím eral disiiotosi >la MÁnn 
ne podo firmar 4os dos t jr por lo .tanto » jiguno babia Caisífioado ii^ 
firma de &. M. filipii^ble ae ompó de ese JMcfcn, cayó AaAibion'i^aH 
jo la jurisdicción de la prensa , j eso«xig« ^una 43aU&góríca. y Icrm^ 
ñanAe esplkaoien : eaplioaoion ¿alíspeiisabk pnra los tfue <<pierttnos 
una Aionarqvía qnis resplandenea sin nenosealbe al^nno^ y cu Kn 
senia «oa ks inslitneiinee Uberalea. 

Vneko, señores, A phegnniár : ¿qué babiesi de peeaar lolipirn 
Udoa liberaks al 'ver «sDcbdos noosbres respetables . beata entaneea 
oon el del gnneral Cócidoiia, de quien ae eaperaba^xKMi.fnkidMnintiiip'. 
que ooniinuase la ¡mareba fle sus predeecsorea? ¿HJ^ué eoperimeiUa*^ 
ría el pueblo de Madrid al ver á ese mismo hnadbro unido «ora et sen 
ñor Lasema, progresista «ienipre ? .¿Qué representaba este nnevo 
ministerio ? Pferesidido foc ^el teftor duque de Rrvas , se hallabaa im 
él tres individuos qne k bdiian combalido AiertemeuAe en la ones^ 
tion de las vincnlaoiones» íCóom» le comprendía reAa mMoIa? La. 
opinión pública adivionba qne ese ministerio no era el que estnbaí 
Hamado á satisfiícer los deseos del paos ; deseos qne solo se hubieran 
satisfedio ndWríéndose completaoieBle al maniieato é^ l[aBaana«»i 
res: asi se bohieran llenado ios deseos del pueble de Madrid 7 Mili**, 
cipado el triunfo de k r^veilnoioniin salpicarla oen tantas nuanchas; 
de sangre. Í4ejoe4e >e9lo^ ario ee «apo que se restabkeia ia wstt*ic- 



iU U PALACIO DK LOS GlfMBNBS 

tiva ley de imprenta del señor Pidal y que no se pagaría el antici- 
po. ¿Y qué fuerza humana, señores, impidió el que hombres alia» 
mente liberales se anticipasen á la opinión manifestada de antema* 
no por el pueblo de Madrid ? 

La noche del 17 de julio, al resplandor de las hogueras « que 
desgraciadamente vimos como lección elocuente de que no se aba- 
sa impunemente del sufrimiento de los pueblos, se formó una joata 
popular en la casa de la Villa , de cuyo seno salió una comisión de 
que formaron parte los señores Corradi^ Rúa Figueroa y Gomei de 
la Mata, la cual elevó respetuosamente á S. M. una esposicioa pi« 
diéndole se anticipase á los deseos de la opinión pública. 

Esa comisión presentada á S. M. después de ser recibida por el 
ministerio , por medio de los individuos que tiene en estoa banoot 
dará esplicaciones acerca de lo que díjo^ y de la manera en qae foft 
recibida. Entonces , señores , no se habia disparado un solo tiro « y 
era la ocasión de evitar las desgracias que después vinieron : poet 
solo después de estar ya en palacio y de hallarse los ministros ea 
el pleno goce de sus funciones , fué cuando se rompió el fuego en«- 
tre la tropa y el pueblo. 

Siguiendo mi papel de intérprete de la opinión pública « hallo 
aqui dos cargos que resultan contra esos señores ministros y qee 
deseo ver esplicados satisfactoriamente. Primero : una falta oaoral 
á un partido político en su asociación anómala al nombre del gege*. 
ral Córdova ; asociación que debian rechazar. Segundo : una falta 
legal por el ametrallamiento del pueblo de Madrid. ¿Y cómo se 
comprende que cuando personas, que no estaban en primera Uaea« y 
se hallaban ausentes de España , han creido de su deber dar nian¡«- 
fiestos , no lo hayan hecho los ministros de julio? 

El señor Gándara dice en su manifiesto , que obró por mandiito 



BL F9IBL0 T SUS OPRBSOBBS« il5 

de la soperíoridad, refiriéndose al señor Mata y AIós; y estOt' esplín- 
cando los pontos que no bailaba claros y precisos en el manifiesto 
de Gándara, dice entre otras cosas lo sigaieote: «Recibí del seikor 
ministro de la Guerra...,» (Leyó.) Esto sucedia en la nocbe del 17 
de julio cuando no se babia disparado un tiro , y cuando , si no es* 
toy equivocado, sufrieron los primeros disparos los individuos dé 
esa comisión de homenaje á S. H., á quienes se babia dado segu-» 
ridad de que no se harian armas contra el pueblo. 

Esto prueba , señores , que había gran oposición á transigir 
con la opinión pública, y que si aquellos tres ministros éstátbáá 
acordes con el levantamiento iniciado en los campos de Vícálvaro, 
no lo estaban en aceptar de lleno el manifiesto de Manzanares, cuya 
publicación y aceptación hubiera cambiado la escena prodociendo 
raptos de júbilo en lugar del sangriento cuadro que ofrecieron las 
calles de Madrid. 

Se ha dicho que aquellos señores ministros aceptaron sus car* 
gos para hacer un servicio á S. M. y al pais. Sin duda deben ser 
muy grandes las razones que S. S. se reservan esponer para justifi- 
carse de haber aceptado aquella combinación, siendo así, que si 
querian ser leales á la reina podían hacerlo como caballeros, sin ser 
necesario que estuvieran investidos con el título de ministros obe- 
decidos solo por la tropa. En los tiempos de revolución tienen los 
ministros deberes muy altos que cumplir. Cuando et 28 de agosto, 
después de trascurrida la marcha de doña María Cristina , se agita- 
ron tanto los ánimos , los señores duque de la Victoria y conde de 
Lucena espusieron su vida para tranquilizar aquellas turbas, redor- 
riendo los puntos insurreccionados , y haciendo ver á todos el ca- 
mino que debian seguir. Sin esa loable conducta, el dia 28 de agos- 
to hubiera podido ser otro 17 de julio. Esto es lo que cumple ha- 



lU Kié tMAOi» n^ LOB «atoiKi»- 

ttf i losi ifaií M battaii tncargadoé de tos^ aliM podereí M Sitiídiw 
Mewriv é 1^ fM-soaaioD» á las noone», e«aiid# 88 iokati una nm^^ 
hmaii^ antw dé apelar á laer arnaa. 

Bferead á^ eaa cordura, á> la senaatei y prodaneia del pa oM » ám 
Madvidiy alaipeclo ivipoaaiila y digvo de ki MiKeía naeioDri, m9«* 
ftle de^palríotieDio , des fidelidad y de* valur , leaealM ette- aagvndto 
krranlamítttlo > y- M a^ apa díftreacia ^tar ttainar la aleiimoB r ia 
que existe entre )ai coDdnaffl de «se» seiores mintsAros y b de 
einópy ftende ael ipia oeenray fK)cas,GOiioeBU>M8.ea la neeke del 
ÉTr'dé-julíettoéai se- hubiera acallado, .no halldodose tS' el atisoBe 
caso el 38 dé agoile. 

Sepile dioho taaibien qae aqaeltoa sefeorea OMniatrea' ao' eoin*» 
preBdierao ia^átaacieo. Si esloes>a9l, ea praalMiqae oeieatabiÉ» 4 
■o qqetiaBi estar de acuerdo* coeellevanlaaiieiite, al ouid» debiaa 
prestar apoyo, varios miembros de aquel ministerio, atenáidoaáM 
aa4ecedeDte9« ¡Qoér raaeaea padieren tenev para.obsenrar lairtor* 
tida« aumshft? Esi» escandáliaó iuito aies , cuando fbé nomllreéa 
aaloft dad ipiKtar ana persena come el brigadier Pona, per otra 
BorntircPüp dil (Ni, gefe que habia sido de laa filas carlistaa y hw^ 
te^ iaipopalav por lo misino. El aonahre que era popular eatoMes 
tm el del amrqués de Perales , quien preseotáadose en diferaafea 
punios dondei había ua fuego nalrido, recomendc^ la pradeneíar á los 
paisafles y reclamó obediencia de los militares^ haciendo caaalO'pa^ 
do porTolverla calaia á la población : si' no hiio mas por nO' haber 
sido llamado antes-, y per no haber habido otras autoridades de sa 
opinión y popalarídad , no hay cargo ninguno que hacerle. 

Gomo la indigiiaeioo había estallado y se había tertido ya tanta 
sangre , S« 9. no pudo ser ma» afortunado ; pero cumplié- con sa 
deber; y a» splo ao ordenó qae se hiciesen descarge» contra el 



ILD r fiJS OMHDUi. iM7 

fv^kit lino Qoe por oiMrtQ6«MdM«eitiivien(Ni:iüa ákurna., aqd- 
qat ya eran pooot, traló 4e mitígar Jab kas popiilafeft. Bl (pooibM 
^e .aviaba indieado faca aor al faoüeador , era al ilel yata l Saa 
liígBeU La ¿mita «obnó^hmtiiístafiio d nmobraoMeiito ét eapí-* 
tan general fHona tan naapatable palñoío; aus oío aé ,1a «Boa qM 
hubo para retardar ese nombraenaaÉo haata las léllkiioe ÍMlaiitea. 
Xtede el jaooMota ao ipie didka «liíor «ae «aaeargó 'da la antañdad 
Bifiílar 9 los foegos ja apagaroa : ks «uMoa qm retistiaa f -ao qae^ 
riaa paooBOceffe^ ftaaroa ^Igoaoa aaltlares. 

fiatoi fon los haobos faiaoípsdaa :q«a la opiotaa qpáUka fiarai»* 
k/aonlra aqudi «iiDietaaia. ^fil aeior BacaUata ipide im ipalafcea^ 
Celebro qae e\ eéilor fiaqplaflte fída la palabra « iporqua iambíao 
fné «iadividoa 4e la )aata , y «tao da das >qttB sa aproaiaiaiDn i pa-* 
baioaBaqoriloaiastaetai,7ipodrá eaa «aus etplicafiiooeB ílaati 
mucho esta cuestión. En cuanto á mí, concluyo protestando 
dpriaoipM^ qoa ao ma preaaato cooio acueadoc, >8Ídd oonaa-parso- 
aa que aspira i acr áal í alérprete de la opiaian fáUuMU, i la ooal 
debe darse asáidaeoioa ida uaa asaaara alara y laBoáaanla jpar las 
saftores qae aoiaposíeraa «1 auaiilena dei IMét «jolía. » 

Los ae&oias 'Gómez 4a la Seraa y iUos JUeas^ aatofitieraa des-> 
paciadiaíaias aa «i paapia difeasa« 

No as ealraio ; abogaban fiar «aa «nala -eaosa. 

^Qaiaa 'cao mas etflor babbS^ glosuBo las JGaaanes alegadas por 
sas eompaftarast aa daCaasa dpi aMdpacado aúaialerio de lasrcoa^ 
nata y oeba hovaa I fué el aa&or Jfada. 

«Se aas baooQ tres >carfas, díja, «qaa son ios aígaieates : 1.^ 

¿iPor qaé adaiiliateis #1 aiiaíiteríaf i."" (Por tpaft os asoaiaiteis á 

•etevaií nadas 4paraoaast Y Su^ifiar qaé abrastass dfe aa modo y 

aa díatiola aaaüdof 

T. II. 53 



i48 ML f ALACIO m LOS CIÍMBHIS 

Respecto al primero , sí he de defeodernue tengo que decir algo 
de lo que eo España sucedía , y especialmeote el día 17 de julio, 
án reconvenir á nadie , y mucho menos acusar á ninguno. Entoo* 
ees la nación estaba en alarma^ y por las noticias recibidas, el go- 
bierno hixo dimisión ; quedando la capital sin autoridades y el pae« 
blo dueño enteramente de sí mismo. 

En este estado creciendo el tumulto y cuando este llegó A ma- 
yor intensidad ^ se nos llamó y se nos dijo : «Aquí se os llama para 
que bagáis el mayor de los sacrificios , para que si es preciso per- 
dais vuestra cabeía , y arriesguéis vuestra reputación , sois llama- 
dos á deímder la sociedad y la monarquía.» Y nosotros monár- 
quicos por convicción , patriotas por temperamento , y hombrea de 
honor, tuvimos que aceptar para evitar mayores males que todo el 
mundo previa « y de los cuales después podria reconvenírsenos con 
raaon. 

Respecto al segundo cargo , se nos dice : ¿Y por qué os aso- 
ciasteis con otros hombres que no eran de vuestros principios ? Pa*> 
ra contestar es preciso tener presentes las circunstancias , y entre 
ellas, que pocos momentos antes de los sucesos de aquellos dias, to- 
da la nación se hubiese dado por contenta con solo el nombra- 
miento de un ministerio compuesto de conservadores y progresis- 
tas, especialmente siendo hombres honrados, cualidad que creo 
que nadie podrá negarnos. Pero si bien admitimos el nombramien- 
to del general Córdova , designamos por presidente al duque de Ri- 
yas , cuyos antiguos servicios, cuyo carácter y patriotismo, y cuyo 
amor á la libertad nadie podia poner en duda. Y hablando del ge- 
neral Córdova, aunque siento tener que hacerlo, pero lo exige sa 
defensa , y mucho mas estando ausente y proscripto , este general 
en vez de llamar al poder á sus amigos políticos de otras épocas. 



SL rawno r sus omsoiis. i41^ 

se rodeó de nosotros qne sabia éramos de la óposicioQ , lo cual 
prueba que babía desistido de sus anteriores opiniones , y que en d 
fondo estaba decidido por la eansa liberal de lo que ya habia dado 
pruebas en algunas Totaciones del Senado. 

Respecto al cargo tercero , se dice : Ya que aceptasteis , ¿ por 
qué obrasteis asi y por qué dejasteis de obrar? En cuestión tan di- 
fícil y espinosa no basta tener franqueza y gran corazón , pues e§ 
preciso no herir susceptibilidades , y el decir mas de lo debido , se- 
ría causar males sin cuento. Aquel gobierno entró haciendo el 
mayor sacrificio , y ¿para qué entró? Para defender la sociedad, 
para ser escudo de la monarquía , para evitar que se fomentaran y 
cundieran los males que se prevían. 

Si al entrar nosotros en el ministerio á las seis de la mañann 
del dia 18 no hubiésemos opuesto resistencia al movimiento qua 
iba tomando fuerzas colosales, ¿qué se hubiera dicho de nosotros? 
iQué habria sido de la sociedad ? Entramos en el poder para de- 
fenderla f para salvar el principio de autoridad « para conservar el 
orden , para ser escodo de la monarquía. Si en vez de hacer algo 
para defender estos santos objetos no hubiéramos hecho nada ; si 
hubiéramos huido ¿habríamos sido leales? No; hubiéramos sido 
traidores. Mi digno amigo el señor marqués de Perales , cuya no- 
bleza es bien 'conocida, lo acaba de decir en dos palabras: salió 
con instrucciones del gobierno ; salió en medio de los grupos en lo 
mas recio de la pelea , fué á esponer su vida , y sus consejos no 
fueron oidos, y sus esfuerzos fueron inútiles. También los minis- 
tros , ministros civiles, señores, que no tenian mas obligación que 
mandar desde su gabinete en circunstancias tranquilas , que no te- 
nian obligación de ser valientes ni de arrostrar los peligros, tam- 
bién salieron á las calles á ver lo que pasaba , ¿ predicar la paz. 



dwjrendb «pu* unfirmaii cad uMn a» ]f ña tmbaitgO'MdAí alüMMi 

ohiáhcierMí las érdMtf, de fneivaM acomelMlitt^. y oUM-fottaHR 
aoometidos? Nadie se conteaui)» sitñan^f^ ea. aquaUai cineiiarfuh»- 
ciait,. ni habí* éfdes, m ralim.U Iraeiub yolaotad:, ni las lafaeiioa 
mm MflBaiQ»; di pueblo- daaconfialML de^ \at tnopa y la tropa del paa^ 
ht0r f erm ioqpoeiUa- avilar loa malea qoe da esto;8ii«gíenHi. 

¿,Y oda> qoióa se halMa de entendéo pana baeeda ú día; 19^?! ¥é 
Aér ]m rendad na injoriar á* nadia^ 

El día 18 bdúa vaa;bafaliarparo no había ni bandímt , ni gri-< 
te,.aicaiidiUb» ¿Goa qaiéo- se babia da entender el gobíarao? ¿Goat 
quién le fué posible bacerlo 7 Con^ nadie : aqodloa bombreay afaa»-' 
Iloa» bisarroa, no qoerianoir veflesionea , estd^n embaBgadoa*con 
lapeka» 

' La pelea coatíaniK Coando ya» el dia^ 19' looMron otnagÍM y 
oim aapeeto laaicasasy coando- ya el pueblo* de Madlrid qna bd' 
bía salido el di» 18 sb laaaé' i la calle, el dia 19v caaada ya 
bía hoasbrea coaocidos ó da importancia , qoe se acarcaroa al go- 
láemov ¿se negó este á oíd esaa peraoaas^? ¿Se negó éb repetir bw 
órdenes que teaia dadas para que se suspendieran laa hoctittdadeaif 
¿ Este gobierno rehuyó en algún momento su constanüa deseoy aw 
único anhelo de que el fuego no continuara? No, sefiores, ni uní 
solo instante : ú habia entrado en el poder con ese fiuy su mísioBr 
noera.otra^ For eso el dia 19' cuando cariaron laa cosas, pasó d 
poder de unas manos á otras; por eso el 20 cesó* completaaMOte* 
el fuego;, y por eso*aquel gobierno que con ánima sereno y resualw 
to* habia- aceptado^ el poder, cuando ya se couTeaeió de quef tm- 
nombres no bastaban para calmar loa ánimos, que 9us*anteeedeii« 
tea no serrian par» tranquilizar al pueblo, que este 000= raao» 4^ 



sia eUa cU9MBfiaba> deély r«igaé el podler f » letirdé wm caMU- 

I Cosa singular 1 era tal el coavenciniieoto qae el gobiefMiüi»^ 
nia de qfu» había obrado e%m bailad & coa boaiia fifi , qae detde'pa- 
lacio se faé á su casa , ó desde su casa al día siguiente militó' lar 
barriadaay do vié^ en ella» al señor Sahneras ; na sopa dbnde es- 
taba ,. 7 ni un sola giito , ni «na sola recoavenoiom eneontrt ei»el' 
puebla de Madrid* Se retiré* 

El Congreso después de estas esplicaciones podrá J e dJK si eift 
gobierno obró bien: sn acuerda amk aoateáo por nosolrof ;■ pero 
cualquiera que él sea^^ yo responda da mí nñaao con la mana m^* 
bre mi oonoíenoia, qpiedo oompletanienle tranqniio, y espera >^mp 
la historia me hará justicia.» 

Encargáronse da deamenlir A seior Boia los señores. Gómez 
de la Mata y Sodrígnea^ y lo hicieran' cnnipHdnnienile refi ri e n Ay 
con el fuciga del entnaiaame y dd pataiotiamp las haiafias de- lei^ 
madrüenoa en aqndlas tnsa* joroadan da* lata y de glavia. 

Aaodioar pusieran de mamfiesla la biaarria y generosoa tenlí^ 
mientoa del ^fceoindaria da Dfadridv (pw saltó k oansn de la %^ 
bertad... 

«Ya» smores , díja enira oirás cosas el señor Ooniet de ta Ha* 
ta, fui el priaMro que me pusa al fipeata de la remlncioa' ea aqne-*^* 
líos dks ; y lo digo aqui en alta vox, porque elsaBor Gómez de La« 
sema dijo qne se pres^taron en hd^oevohieíon algunos» que hoy 
oeukarian aus nombres; yo na: yo nanat^oculta mi mombre; ya 
desde el afo 34 he sido gefa de la bencfinériln Milicia nacional día 
Madrid, y siempre he estada al frente de ella para combatir eonlrv 
los enemigoa de la libertad* En los once años de triste recuerdo esa' 
misma Milicia nacional ha tenido loa mismos gefeSy los ha reoooo**^* 
cido como ana geisa natcMpales, y^ harta de sufrir el« yogo de la tira*» 



4ÍS BL PALACIO DB LOS CBÍMBlfES 

nift » ansiaba el onomento de lanzarse á la pelea contra sos ene- 
mifos.» 

El sefior Rodrigoez terminó sn peroración con los sentidos pár-^ 
rafos siguientes : 

<x El Congreso ba oido diferentes defensas : se ba defendido al 
tfono, al general Córdota^ y á los demás ministros á costa de la. 
honra del pueblo: ¿bay por ventura nada mas grande que ese pue- 
blo de Madrid? 

Ha diclio el señor ministro de Fomento que el ministerio ante- 
rior no era revolucionario. Yo me alegrara que lo bubiera sido , y 
que bubiera consumado la revolución moral, ya que el pueblo con- 
sumó la material. 

Acogidas mis palabras con benevolencia por aquel mintsleriov 
y dándonos la promesa de que no se romperia el fuego , volvimos á 
Im barricadas, y arengando al pueblo , le digimos que tuviera con- 
fianza en los hombres que estaban en el poder , cuyas ideas eran las 
nuestras* Mas tarde desgraciadamente se rompieron las hoistilídades» 
y al ver el cuerpo de algunos hijos dd pueblo atravesado á bala- 
zos, nos costó trabajo creer lo que velamos y estuvimos en peligro* 

Dice el ministerio que no sabia lo que queria el pueblo; que to- 
do era desorden. El desorden, señores, fué romper los cajones de 
la policia, y unos cuantos muebles de los ministros verdaderamente 
criminales. ¿ Y qué bubiera sido de ese pueblo si bubiera sucooi- 
bjdo? El cadalso, las prisiones ; ese era el porvenir que le reserva- 
bais. Cuando el dia 20 la reina llamó al duque de la Victoria , lo- 
do cambió, y los músicos tocando el bimno de Riego y los retratos 
de S. M. , de Espartero y de los generales que se hablan pronuD<- 
ciado , reemplazaron á la actitud hostil que basta entonces habia 
tenido. Si yo hubiese podido antes hablar á los ministrost les ha- 



BL PDSBLO T SUS OPIUBSORKB. 4SS 

btera dicho : « A la manera que el virtuoso ariobispo de París cuao* 
do se presentó con un Santo Cristo en las barricadas « presentaos 
vosotros con el programa de Manzanares en la lucha y todo ce^ 
sará. » 

Pues dicen los ministros que ellos estaban en palacio para escu« 
dar al trono. El trono estaba defendido por el pueblo que había 
mecido la cuna de su reina, que se había batido mil veces por ella. 
Yo he levantado mi voz para espresar la estrañeza que causó á toa- 
dos el ver á hombres de los antecedentes de esos señores unidos al 
general Córdova, identificado con la situación anterior, y que era 
uno de los que han ayudado á destruir el régimen represent¿i«ivo. 

¿Ignoráis que el general Córdova fué uno de los que fueron 
causa del fusilamiento de un pobre artesano? Pues esos eran los an- 
tecedentes de ese sogeto con quien os habíais unido. 

Quede sentado que el pueblo de Madrid es valiente, generoso y 
libre; y que desea al mandarnos aquí que le demos una libertad ra«^ 
cional , y le proporcionemos moralidad , justicia y economías. Al 
hablar de ellas yo no puedo ofrecer al pueblo lo que no se le puede 
dar : lo que deseo es que entremos en la senda del porvenir que el 
pais esperará sin recelo.» 

Las esplicaciones dadas por el ministerio metralla , ya que no 
fueron satisfactorias , no dejaron de ser muy útiles y significativas^ 
toda vez que aclararon ^ctos de suma importancia, como por ejem- 
plo, la coalición entre ciertos progresistas y ciertos moderados 
comprometidos i mantener en toda su fuerza y vigor el código sor 
brado raquítico de 1845, al paso que la inmensa mayoría de loa 
liberales se afanaba por derrumbar el sistema bajo el cual tantos 
crímenes se habían perpetrado, sustituyéndole con los pripcipios 
avanzados , que á la sazón parecía hubiesen alcanzado el triunfo. 



fieade aqiid momemio se n^a^iie el partido progpemte ^estadía 
¿vridido en .dos leseoiones lOMijr 4Í6ÜQtas de nepraseiitarlos ausmos 
fñneípios t J íapetacer igailes xastfladas. 

Hallábase la nna resaelta á sostener las leyes que regian evan- 
4o eitaHó:M:úUMio«liMÉieBlo, míeBlras la oli^a «fhelaba destruir 
asÉBplolafDenle «f uel 4i4ea de sosas «laipiiavóliGaflieole fundado 
yor la hipooreak y la faem farola daspaés de 1843 , «para «que til 
sistema aeprsstptatwio va eaistiefa pnat qois «ra k «parienéia , oon- 
ISBftiio vealsMoie en Iseunda aaaiUero 4e ascáadsdeSt de «loaopo-* 
lÍQB f 4e iníoaoi Assafseroa. 

Por doi g r a ria estaiikis fraodonss «un «iitea. 

La detloi Müfloviss se oonleirta ooa «na Carla pavecvda élaaque 
hasta ¿hora ban sida InaofioieDles'paii labrar la fslMdad ddl -pefa, 
7 si bien se ba "viüopreeisada á adoiiiir >oonlra sm deseo la IMicta 
SaeioDal , no as adista á akigifiia «de 4as f randin j radieados «for-- 
aaas ^[oe k taadema okHizaoíoa Keelama, «sía ks oiüies es vuii ssre- 
io ereer «a kpiosperidad dsl psüs. 

La otra fracoipn le oompoae4e los progresistas afanzados, es- 
to es, dalos que soa ooMeooeales aoa sa tikdo, y aaibioi^nao to« 
dos aquellos progresos que forman el credo poUlioo da ktaai loca-» 
aa jui^ntad. 

Se las ideas de ks verdaderos progresistas á las de 4as deoié- 
eiatas bay «na distamia essi inperceplíble, toda ^ea iqqe anos y 
•Iros ansian -proporcíoaar al pueUo un ^sAiierao barato oon k 
tÍBcioa de onerosos tribatos , eoa k reduceioa de «aaj^aadas « 
eonsiguiente eastigo deksiusapisrtabkBf vesapaestos. 

En «na palabra , los ^«e deseaban -que ia r a vo isieioB de 
da iSM fcobkse sida k élUoia por haber aMkfseba 4odas ki 
geaeks del paabk, faedaaoa yaaaaai«oi<a4esda 



EL PUEBLO T SUS OPRESORES. 425 

de los señores ministros de las cuarenta y ocho horas, y esto esplica 
suGcíentemente el giro que ha ido tomando la cosa pública , y cada 
dia que se ha deslizado desde la gloriosa revolución de jnlio, ha vis- 
to el pueblo desparecer una de sus bellas esperanzas. 

¿Merecía este resultado el heroísmo del pueblo? 

Seguiremos narrando los altos hechos de aquellas gloriosas jor- 
nadas y para que se vea cuan ingratos han sido los que debieron su 
advenimiento al poder , á la generosidad y bizarría de esas masas 
populares» siempre virtuosas y siempre despreciadas, calumniadas 
y oprimidas. 







T. II. 54 



CAPITULO XXXV. 



LOS BRÍNDIS 



Luengas horas hacia que abandonado el pueblo á sus instintos» 
sin que hubiera en Madrid autoridad alguna que diese señales de 
yida , ni hombres de prestigio que se erigieran en centro de direc- 
ción para organizar el alasamiento , daba espansion á su entusiasmo 
contentándose con seguir las músicas que recorrian las calles y 
acrecian su júbilo con esos himnos patrióticos que nunca envejecen, 
y despiertan siempre el amor de patria y de libertad en los corazo- 
nes generosos que tanto abundan en las masas populares. 

Lejos de nosotros la idea de aplaudir las escenas de horrible 
devastación , hijas del furioso frenesí del pueblo , frenesí provoca- 
do por once anos de insultos é inauditos desmanes , lejos de apa- 
drinar aquellas hogueras que devoraron tantas preciosidades* artís- 
ticas y el solo recuerdo de ellas nos conmueve y llena el alma de 
amargura. 



tt PiniLO T sus •tUMUMi 4X1 

Qaiaiéramos <}iie no babieraa acontecido , y eso que vimos en 
ellas una gran lecdoQ para los magnates. 

Si los opresores del pueblo autoriiavon con sos erímeñes «emé^ 
jantes demasías , ellos soloa son responsables de los actos de ester- 
minio, de desolación y de venganza qne llevó á cima el vencedor* 

Y el vencedor era entonces el pueblo. 

No resonaba en parte alguna la voz de la autoridad. 

Los desafueros de los tiranos babian sido terribles; teruble bt^ 
bia de ser el escarmiento. 

Los escándalos babian sido públicos ; pública y solemne debía 
ser la justicia. 

Así pensaban generabnente los qne mas se distinguían por su 
ardor entre los grupos ; pero no faltaron valientes que se atrevie-*- 
ron á contrarrestar toda idea de sangrienta venganza , en medio 
del peligro á que les esponia la efervescencia de las masas. 

Godinez el Arrojado ^ que acaudillaba una de las mucbedum- 
bres mas resueltas , pues se componia en su mayor pacte de pobres 
jornaleros, desaprobó con energia los indignos escesos, á qne se 
mostraron algunos inclinados. 

Por todas partes resonaban los gritos de «¡muera Cristina ! 
¡ muera Sartorius I | mueran los polacos !» 

Y á cada grito de estos, respondía Godinez: «¡Viva la líber** 
tad ! ¡ viva el pueblo soberano I» como para abogar aquellos mué-* 
ras que producían mal efecto en sn corazón de verdadero liberal. 

Para distraer á sus compañeros , bízoles entrar en un café , á 
que descansaran un rato, bebiesen algo, y desabogáran su patrio^ 
tismo en alegres brindis. 

—Es preciso buscar á los ministros, y arrastrarlos— gritó 
uno. 



496 IL PALACIO m LOS GBflíENn 

— »Sí..« ¡á buscarlos!... ¡Mueran los ladrones 1-— añadió otro. 

— I A buscarlos!... ¡Mueran! — gritaron muchas voces alenia» 
^as por los primeros sorbos del ponche. 

—-Todo eso es inútil,— dijo don Anselmo Godinez. — ¿Greda 
que serán tan necios que aguarden á que les saquéis vosotros de 
sus casas? 

—Si no están ellos, incendiaremos sus muebles... todo lo qae 
lian robado á la nación. 

— Calmaos, hijos mios— repuso Godinez. — Si han puesto en 
salvo sus personas , también habrán procurado hacer lo mismo con 
sus riquezas. 

—Vamos á sus casas y lo veremos. Si les encontramos, les fu- 
silamos en el acto ; sino , pegamos fuego á sus palacios. 

— S(, sí, ¡mueran los polacos! — gritaron la mayor parte y se 
aprestaban á emprender su marcha , cuando el honrado Godinex 
subiéndose en una mesa gritó en tono solemne : 

— I Ciudadanos ! 

A esta voz se pararon todos de repente , y guardando el mas 
profundo silencio, escucharon á su gefe con respetuosa atención. 

Don Anselmo prosiguió : 

—Hemos empuñado las armas para llevar á cima una revolu- 
ción gloriosa, y no debemos soltarlas hasta ver cumplidos nues- 
tros deseos, que son los deseos de la nación entera. (Grandes 
aplausos). Nos hemos lanzado á la lucha para recobrar todas nues- 
tras libertades , todos nuestros derechos tan inicuamente escarne- 
cidos y pisoteados por los hombres de la moderación. fAplausasJ. 
Se nos asegura que el ministerio concalcador ha caido ya bajo el 
peso de la execración universal. (Frenéticos aplausos y vitares á la 
libertad). ¿Qué nos falla ahora? Un buen gobierno que consulte la 



BL PUEBLO T SUS OPBESOBES. 4S9 

voluntad nacional j rija con arreglo á ella. La Tolantad nacional 
reclamará sin dada que se reúnan Cortes autorizadas para consti- 
tuir al pais con arreglo á los adelantamientos del siglo. Que no sea 
una ridicula farsa la responsabilidad ministerial. (Bien^ bienj. 
Que no se ussurpe la justicia divina cercenando la existencia del 
hombre en el cadalso por criminal que sea. La aplicación de la 
pena capital debe abolirse. 

— Sí señor — interrumpió uno de los mas entusiasmados joma-* 
leros ; — pero eso ha de ser cuando hayamos visto fusilados á los 
gefes de la polaquería. 

Esta observación fué acogida por generales aplausos y risas de 
aprobación. 

-^ Y toda vez que están probados sus crímenes— añadió el mis- 
mo jornalero —corramos en su busca para darles el castigo que 
merecen . ¡ Mueran los polacos ! 

— Sí, sí, — gritaron muchos disponiéndose á partir— ¡ mueran 
los polacos 1 

— ¡Deteneos! — continuó Godinez. —Para reclamar la sobe- 
ranía del pueblo , para reconquistar nuestras holladas libertades, 
para pedir la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley , para 
tremolar el estandarte de la regeneración, es preciso que estén 
limpias nuestras manos de toda mancha de sangre. Seamos los sal- 
vadores de la patria; pero jamás asesinos, jamás verdugos, mas 
que sea de abominables tiranos. (Profunda sensación J. Si quere- 
mos que reine en lo sucesivo recta justicia en los tribunales , no 
empecemos por usurparles sus derechos. Si ha de estallar una lucha 
entre españoles, entre hermanos, no seamos nosotros los que to- 
memos la iniciativa. Basta que conservemos nuestro imponente as- 
pecto , para anonadar á los tiranos. (Aplausos). No derramemos 



48d KL PALACIO M L*S OifaHF» 

SMigre espafiola ; no cometamos el menor esceso cpie peeda 
cílbr la mas santa de las revolndones. {Bien! biinS) Sí ae 
hostiliza y ai se nos ataca , ae nos encontrará en noestroa pitstoa» 
fSi! 9i!.é.. FrenéHee en^usiaimo). Entonces ya no serft naertrala 
responsabilidad si corre sangre á raudales. No lo dadeia, dada- 
danos. Haya ó no haya lucha el trionfo de la libertad es wifmro. 
f Prolongados aplausos). ¡Brindo por la libertad de Espafia, por la 
libertad del miiverso entero I 

Inmenso faé el efecto qne produjo la sentida improvlsacioa del 
honrado y respetable arquitecto. 

Renuncióse al deseo de allanar las casas de los ministros pola- 
cos y macho mas á la idea de noa sangrienta venganza. 

Mas lay ! qne no todas las masas dei poeMo habiaa podido oir 
la sencilla y convincente elocuencia del digno padre de liaría , y 
mientras este virtuoso ciudadaoo conduela á su gente por la ver** 
dadora senda de la gloria y del honor « otros grupos desenfrenadoa, 
sin mas guia que el deseo de castigar á sus opresores, y el insiinto 
de una venganza provocada por tantos años de humiliaeionea , di- 
rigiéronse , como hemos empezado ya á relatar en ano de los an-^ 
tenores capítulos, á las suntuosas moradas de los ministros caidoi, 
para perpetrar en ellas los espantosos actos de feroz justicia cpM 
con dolor de nuestro corazón hemos descrito. 

Estos actos , por severos que fuesen , eran dictados por an ca- 
piritu de alta moralidad y de odio á los grandes criminales. 

Los ejercía el pueblo soberano cuando todas las aotoridadea §9 
escondieron y permanecieron mudas de espanto muchas horas , pa-» 
ra levantar luego la voz con nuevos insultos en los decretos da 
exoneración de los estigmatizados ministros, de consiguiente , aiuH 
que tremendos, no eran actos que autorizasen á )a agoninala 



EL Püm.0 T sus OFBBSQUB, 434 . 

chusma de aveDtareros , á cebarse en la sangre del veaiadario de 
Madrid. 

£1 grupo que acaudillaba don Anselmo el Arrojado , ignoraba 
lo que estaba aconteciendo en la plazuela de los ministerios y oíros 
puntos » y aguardaba pact/ioameti(€ , merced i los nobles consejos 
del respetable Godinez, el completo triunfo dé la moralidad. 

Este hermoso triunfo se daha ya por positivo , y esto esplica 
la indeCoible alegría que respirabao los honrados vecinos de Ma- 
drid. El entusiasmo que reinaba en el café, donde se servia á los 
concurrentes cuanto pedian , con arreglo á las disposiciones y bajo 
la garantía de don Anselmo, era superior á toda ponderación. 

Al aplaudido brindis de Godínez siguieron mil improvisaciones 
en prosa y verso que todas respiraban ese amor de liheriaé qua el 
hombre de bien siente hervir en su generoso corazón , y se trans- 
forma en gigantesca hoguera cuando llega la hora del peligro. 

Hubo peroratas de humildes jornaleros, que llenaron de admi- 
ración á los oyentes , prueba irrecusable de (que eo ningún pais, 
en ninguna de las naciones mas eivílizadas, hay en las clases ínfi- 
mas esa perspicacia natural de que están dotadas nuestras masas 
populares, que aventajan de alto punto á las de Francia y Gran 
Bretaña , faltándoles solo instrucción , con cuyo requisito se eleva- 
ría España en breves anos á la altura que entre los pueblos civi- 
lizados le corresponde. 

Además de los muchos obreros que no abandonaban á su que- 
rido protector, seguian también á las órdenes de Godinez varios 
jóvenes de distinguidas familias , y entre ellos algunos estudiantes, 
por lo que es mútil añadir qoe entre los muchos versos qne se im- 
provisaron , merecieron algunos con justicia los ardientes aplaosof 
con que fueron necíbídot. 



439 BL PALACIO DE LOS GBÍMINKS 

Citaremos los sigaientes ejemplos. 
Uno de los estudiantes dijo: 

Abajo el vil , el insano 
coDcalca Jor de la ley t 
Caiga el que prefiera un rey 
sobre el pueblo soberano! 
Ta no surre el pueblo hispano 
la inicua arbitrariedad. 
Amigos, á la igualdad 
homenage de amor rindo; 
y con entusiasmo brindo 
por la santa Libertad. 

El iimpático Manuel , hermano de Maria , declamó con enérgi- 
ca espresion el siguiente 

SONETO. 

Luengos aftos opreso... ¡qué mancilla! 
Lamió el león de España su cadena ! 
Has ya rujel... Ya eriza la melena I... 
Ta el rayo vengador en su ojo brilla!... 

Pueblo del dos de mavo, tú en Castilla 
Cortaste el vuelo al águila del Sena. 
Lánzate en julio á la sangrienta arena! 
Salva á la heroica patria de Padilla ! 

Al huracán de popular encono 
Sucumba el conde, que alcanzó villano 
De la moderna Bórgia impuro abono! 

De hoy mas si empuña el cetro algún tirano , 
Verá trocársele en cadalso el trono, 
T en juez supremo el pueblo soberano. 

Con grande alboroto fueron recibidas las precedentes composi- 
ciones ; pero la que escitó generales risotadas y mereció los hono- 
res de la repetición, por haberlo asi solicitado el concncso en medio 



SL FonLO T SUS OFissoftia. 483 

de estrepitosos aplausos » fué la que cod amcho despejo y naturali- 
dad pronunció un sastre , en estos términos : 

Salten por 6q los ladrones 
del poder que han usurpado , 
cual de un chaleco apretado 
suelen saltar los botones ! 
Después de tantos millones 
como han juntado en la sisa , 
se irán á Paris deprisa 
por temor á las bullaogas , 
y haciendo un corte de mangas 
nos dejarán sin camisa. 

Con los dedos sin dedal 
han descosido la Hacienda 
cual si Tuera vieja prenda, 
para estraer su caudal ; 
han hecho en ella un hojal 
tan atroz y tan tremendo , 
que según yo lo comprendo 
producirá mil desastres , 
y han de ser muy bnenos sastres 
los que la echen un remiendo. 

La duquesa nos estruja 
con furor napolitano , 
y por robar , mete roano 
por el ojo de una aguja. 
En ser sastre de esa bruja 
cifro yo todo mi empeño ; 
veré mi dorado ensueño , 
toda mi ambición cumplida 
al tomarle la medida 
con recio y ñudoso leño. 

I Abajo ya esas lumbreras, 

figurines moderados , 
T. II. 55 



qoe todoB eslM oortadoi 
por unas mismas tijeras I 
Sus doctrinas embusteras 
son pespuntes de imposturas. 
I Abajo» €D« SH beeharis I 
N<^q«6d8 de «IUniiií et Ibrr»; 
y si en huxx mjB eom ^ 
les sentaré iae edBttir»v 

A preiréas de ft«eo tamafié, 
señores , no hay qae heeer dengues, 
pues tieen sin perendengues 
ni afiadide alguno estriafte. 
Cuandor es finíñmo el pefío 
y lo pregonan mil ecos 
¿pava qué afta^rle ffeom- 
que destmya» su bonésMl? 
¡ Brinde por ti likcviad , 
pero limpia é& emiieleees t 

La hilaridad de loa concorrentes había llegado á su colmo» 
cuando de repente fué ÍAlerran|»ida por lo% gritos de un nuevo 
grupo que invadió preeipit»daniente A caft. 

— ¡ Traición ! ¡ traición 1 — resonaba por todas partes. 

— ¡ Venganza 1— griubaa iracoadoa loe recien llegados. 

— ¿Qué es esto, ciudadMH»?«-^pregi]nUi don Anselmo Go- 
dinez. 

— La tropa acaba 4e romper el fiegacoDtra una multitud de 
paisanos indefensos. 

Y el que esto dijo , continuó reatando el trágico suceso de que 
ya hemos dado conocimiento á nuestros kctares. 

— Pues ellos lo quieren — gritó Godinez temblando de ira— 
haya lucha ; pero lucha tremenda en que hemos de reconquistar 
nuestros derechos , ó morir en ]m demanidA*. Sá , ciudadanos libres: 



BL PUBBLO T SUS OPfiBSOUSS. 435 

p rim er o morir qae ydver á ser el ladíbrio de los tiranos. ] A las 
armas I 

— ¡ A las armas 1 — gritaron todos. 

Unos cargaron sns fusiles , otros sns escopetas ó carabinas» 
otros desenvainaron los sables , otros blandían sns lanzas » y todos 
arrojaban de los iracondos rostros destellos del fuego patrio que ar* 
dia en sus corazones. 

— ¡Viva la libertad I ¡Viva el pueblo soberano! — gritó Godi- 
nez » y repitiendo todos estos sacrosantos gritos con fervoroso en- 
tusiasmo» se lanzaron precipitadamente á la calle. 




CAPITULO XXXVI. 



COMBATE FRATRICIDA. 



Cuando el grupo de amotinados , casi todos sin armas , se pre- 
sentó ante el palacio de Cristina ; cuando osó invadirle » en cuya 
atrevida empresa, como ya bemos dicho, tomaron la iniciativa 
las célebres manolai, arrojadas como en el glorioso dos de mayOf 
siempre que se trata de vindicar el honor nacional ; coando todos 
vieron que la tropa , lejos de imitar el denuedo de aquellos valien* 
tes veteranos que en defensa del emperador de los franceses , es-* 
clamaban : la garde meurt ; elle ne se rend pas ; lejos de tomar por 
modelo á los bizarros alabarderos que en el aBo 1841 salvaron el 
trono de la brusca acometida con que los hombres de la modera- 
ción intentaron á sangre y fuego invadir la regia estancia ; lejos de 
aparentar la mas leve resistencia, abandonaron el puesto como 
respetando y aun aprobando el furor popular , entre los aplausos y 
vítores de la inmensa multitud, multitud inerme, que en su mayor 
parte se componía de curiosos de todas las clases de la sociedad ma-* 



EL POBBLO T SD8 OPRKSOfeÉS; I3t 

drileBa, y qae aunque inofensiva simpatizaba con los que reducían 
á cenizas el rico mobiliario del palacio ducal, tenia fundamento so- 
brado para creerse á cubierto de toda hostilidad de parte de la fuer* 
za armada, que acababa de dejar el paso libre á los invasores del 
palacio de MuBoz. 

Pero cuando mas distraída estaba esta inocente muchedumbre; 
sin previa intimación alguna , vino una fatal descarga , como he- 
mos dicho en otro capítulo , á sacarla de su error ; y los qtfe no ca- 
yeron víctimas de tan negra traición , apelaron á la fnga por la 
encrucijada de calles que desembocan en la plaza, de los Ministe-^ 
rios. 

Muchos de los fugitivos , que acaso no habian albergado hasta 
entonces intenciones de lanzarse á la liza, propusiéronse á impulsor 
de tan inhumana provocación , no dejar impune aquel cobarde aten- 
tado , y mientras el que habia dado la voz de fuego recreaba sd 
vista con la sangre madrileña que habia hecho derramar , apresu- 
ráronse á levantar barricadas en las muchas calles que van á parar 
á la plaza de Santo Domingo , por si el héroe de tan memorable 
hazaña trataba de reproducirla en otras partes. 

No era otra su intención , pues reforzando su columna formada 
de cazadores de Baza , con las fuerzas que se hablan separado del 
palacio de Cristina, avanzd h&cia la indicada plazuela de Santo Do- 
mingo , donde ya no fusiló al pueblo impunemente. 

Comenzada la sangrienta lucha de la manera villana y traido^ 
ra que acabamos de narrar , á consecuencia sin duda alguna de ór- 
. denes emanadas de la infame camarilla , convirtióse en breve tod^ 
Madrid en campo de batalla. 

La pelea era entre españoles , entre hermanos. <^ 

Corrió sangre en abundancia, sangre preciosa , sangre deva- 



lientes , y los ^e eran oasmi de qoe esta saogre ae verüera » eata-* 
han oeuUoa eo el regio alcázar esperaado el tríoafo H'^a i^nj^ar 
m yaDgaaza* 

¡ Ay del pueblo sí luikieraft trioafado ios c^eiorei'l 

¡ Cuántos ciudadanos beneméritos hubieran perecido en el ca« 

dalaol 

El brigadier Pona » nombrado por Córdova^ er4^ gobernador de 
Madrid en tan aciagoa momentoa. 

Eito e9 niay elocnoite , si se r€f>araa log principios y antooe ^ 
deetes de Poos , que babia aervido en las filas carlistas • conocidD 
por el apodo de Bep ó Pep del Oli. 

Hé aqni el retrato que hace de este digno pemonage don Auto 
nioRibot y Fontaer¿, que 490010 escritor baiceloaóst estaba per-** 
fectameote enterado da los espantosos aacesos qoe hacen la 4i§mm 
Q^jfologia del hombre i quien se babia ooofiado el gobierno de Ma^ 
drid» 

«Pep del Olí, dice i» era uno de aquellos cabecillas desalabsydoi 
que acandillaban bocdaa de facinerosos i y que acoatumbradoa á ma 
-vida beduina, se dieron sometidos por el lamoso Cárloa Eapa&sb 
evando este tomó en Cataluña el mando del e)¿roita carlista ^.4^ las 
leyes de. la disciplina y á las ordenanzas de las trofaa regulares. 

Aguardó Pep del OU largo tiempo la ocasión de sacodif d y«go 
de una obediencia k. que no podía babitnarsa an espirita diso^ y 
tarbnlttito. 

Nombrado por la junta gobernador de Berga« Cirios Espaia le 
quitó este cargo y la dio el mando de una dimisión» jpero 41 pr«ftH 
ría á la agitación y zozobras del campamento la vida cómoda y ra^ 
gatada de la ciudadL 

El orden que Cárloa España babia iatroduoido, nofuatahatem- 



pofo á la junto carlista» coj^a iiifltteoda Itegd á BMtralfaar , reda- 
oiendo á mis iodmdms, ^M eran así t<idbt cura», y da waá^ 
guíente ambiciados de mando, á intrigar contra él de ana maMm 
indirecta» que fué sin embargir, BufcienCe' para minar la confianta 
que inspiraba en genetal á lo» snyov. 

Gonocia Carlos España estos medios cabalfiittcoa, pero los des^ 
preciaba y no debia haberlo^ hecho. 

En 18S9 el Prefendienfe se Tié obligado á abandonar éí 1erri«- 
torio espaftol, y cnanda llegó á Catafnna esta noticia^ EápaBa» te^ 
miendo la impresiona qne pedia producir » biso fodo lo porible paMf 
qne no decayese el entosiasmo de su gente. 

Creyd que eonsegwria los mimm resultados que se dbtntieroír 
en la gnerra de la Independeneia , aceniando el poder y la antorÑ* 
dad real á las jantes prerviociales dnraille el cantlTerio iét monar-* 
ca, por lo que declaró soberana la junta de gobierno de que él ef a 
VI' csroeH *e« 

Esta resohieion le ícesfó 1» vida. 

Sabido es- qfue hallándose fuera el preaidente, puede legalmeu*^ 
te reunirse una justa bajo la preñdencia de un Tice-»presidente » y 
que la mayoria absokrta tiene fuerza ie Isy. 

El prisaer acfo decretado eli una sesión secreta fué d a! €ja^ 
miento y destitución de Carlos España ; pero temiendo los de ht 
junta la opoaiciou de las tropas adictas i su gefe , no se atrevieron 
á dar publicidad^ á semiente decreto^ por lo que idearon un medio 
inicuo y traidor , que por maSi que baya servido para librar á la 
humanidad de uv monstruo que se alimentó con su sangre» no pue** 
de merecer la aprobación de ningún hombre honrado. 

En dia determinado se reunieron en Avia muchos cabecillaa 
descontentos. 



Después de haberse procurado los iustrumeotus de su veogao- 
xa, los miembros de la jauta, presididos por el vice-presidenle don 
Jacinto Orteu, mandaron á su secretario Narciso Ferrer , que es- 
cribiese á Carlos España « que se bailaba á la sazón en Berga , que 
asuntos de la mayor importancia exigian su presencia » por lo que 
se le suplicaba presidiese la sesión. 

Acompañado de algunos caballos, de unos cuantos mozos de la 
escuadra y del ayudante de campo Luis de Adcll , Carlos España 
pasó inmediatamente á Avia, donde fué recibido por algunos ipiem* 
tiroa de la junta con las acostumbradas muestras de respeto. 

Apenas entró en la sala de Us sesiones, uno de los vocales y el 
^tendente del ejército, don Gaspar de Labandero , hijo del ex-^mi- 
nistro de Hacienda, salieron al encuentro del ayudante de campo» 
y le enviaron i Berga de parte del general para el desempeña de 
9n$ comisión. 

En seguida comprometieron al cabo de mozos de la escuadra á 
que fuese á comer con su gente en una casa veciaa^ pues el gene- 
ral habia determinado comer con los señores de la junta. 

Uno de los privilegios de los cabos de mozos t consistía en no 
recibir órdenes mas que del general en persona , por lo que el que 
mandaba la escolta que alli habia, rehusó obedecer las ordena de 
Labandero. 

Pero á la observación que este hizo con hipócrita sencillez , di- 
ciendo que era muy bochornoso para el primer empleado de Ha- 
cienda de la provincia, inspirar tan poca confianza, y que si algu- 
no dudaba de la legitimidad de la urden, podía subir y tomarla del 
mismo general, se tranquilizaron todos los mozos , y el cabo se re- 
tiró con ellos. 

Cuando se hubo alejado esta parte de la pequeña escolta, los gen« 



darmes At 1» jmM^ qée «labM á dísfosieiM d(B MI» Mmlíd¿d de 
mensa jeras, m am^arotí Miifr» las caatM erdanaiBRnn dé teMIé^ 
ria del g everal , y tas aoianrraMii ftctameBrto. 

Mientras esto pasaba con sama rapidez, d generaA ettlr«lNi méf 
ímnfpSIó ea la saín de sesones* 

LkTaffea aqmrf dia un sobrefode militar anl , sm mab iMrpaias 
que tma em bordada e» el peeho, el sonAí^eM de geneferü , el s»- 
'Me y el baüon de eMrndo. 

Aporfadi» contra el besfon^, que lo teoia bablanfte inélitiáA» hUíi 
atrás, permaneció en pié delante de la chimenea , solo en medio A 
-eMor^e iBÍnijoradoa, qoo He^nba» todoo pMolo» y [NiBafcs ocultos 

WMPaVO CM^ IOS' ▼VSwMQWt 

Machos minatos trascnrrieron sin qae nadie eo Min t ie se á po^ 
ver ea él bi^ttMo, hMla qve f^ del Oli ee odidatlé, ÜéWí empa- 
joval iMisloDefi^qaoBBfaftaeoapoTobii» y eoa oiro qoe dio ól ge^ 
seral ol mhdo fmmfo ; oovsigoió derrüMrto» • 

Entonces iodimio affOjoroo costra Bapafio, eomoa^ea dé fd^ 
pna, le «nrebaMroo el mUo, 7 lo njeÍMnm eóaw á im fkeine- 

Ttmo. EoosleoaiUido eehalhilNrooaiidoleyóPérréreldecrMoqoofc 
frivaba 4e fodoe 100 «argoOi 

Eiq)arla qiriso ver to ^^tdeo ide Am Carlos , Aiiio(> & qóiott qoeria 
someterse , j )ikré qoe ai 00 so: k mostraban , les baria aftoveor A 
todos. 

Im paoi é i o nle sitencio, j Perrer le sigmifiod qoo él y 9éf del 
Oli ibao á Irastadarle á lo fronlera de Francia. 

Luego, amarrado como estaba, le encerraron en un eOarto of- 
coro, donde so revolcaba, labaando ragidos de impotente faror. 

A sa ayudante de campo le prendieron y encarcelaron lambiei 
-cuando toWió de Berga. 



T. u. 56 



Iktft Ui PALACIO n LO0 €iílini«8 

A b ftigaieote noche sacaron á España de su encierro, le cokn* 
carón en nn asno, y Ferrar y Pep del OH con ona escolia de vein- 
te hombres , le condujeron por sendas casi impracticables hacia I09 
desiertos de la Sierra. 

Se les unieron en el camino muy alejes muchos individuos de 
la junta, y á mas, según dice Goben, escritor estranjero, que se 
hallaba i la sazón en Cataluña y que ha escrito las memorias de 
cuatro años de guerra civil en España , se hallaban allí presenlM 
Porredon y Mariano Orten , uno de los ayudantes de campo del ge- 
neral* 

Se asegura que Orteu le disparó un pistoletaio, coando él eaCSH 
ba persuadido de que se le acercaba para aa&iliarU » y le llamalit 
con voz moribunda. 

Después de tres dias de una marcha forzada en qne á Eapafta 
solo le dieron los alimentos indispensables para conservar sn exis- 
tencia , que querían hcoérsela perder entre horrores inauditos , ae 
detuvieron sus asesino^ en el Paio de lo$ fres pnenfei. 

Para aumentar sus padecimientos no le alimentafon mas que de 
sustancias saladas, que le acarrearon una sed abrasadora; el. des- 
graciado no pudiéndola resistir y viendo i sus pies las crislaliiias 
linfas del Segre , pedia por piedad que le diesen un poco de agoa, y 
la negativa de sus verdugos le hizo prorrumpir en gritos de deses- 
peración. 

Mayor escarmiento no podía reservar el cielo al midnstmo cu- 
yas únicas delicias hablan sido durante toda sn vida los decores de 
la humanidad. 

El Segre es el rio sobre el cual destruyó Aníbal el primer 
puente. 

Encajado entre enormes masas de granito qne forman en oío* 



El ráKBtO T SUS OPBESMKS. iÜ 

chos pvDtos arcos encima de él , presenta nna senda interminable y 
tiMTtnosa, qife tan pronto deja el rio á la derecha como le deja á la 
izquierda. 

Algnnas veces pasa por encima de arcadas atrevidas , cuyas co - 
lósales piedras revelan su origen romano. 

La tortuosidad de sus caprichosas orillas engáfia con frecuencia 
al viajero, que á menudo tarda mucho en alcanzar los objetos que 
vé mas cercanos. 

La eomitiva de Cáribs Espafia anunció á este , á mas del género 
de muerte que le estaba reservado^ el punto de ejecución « qne si 
bien parecia muy inmediato, no se llegaba á él silDo después de una 
marcha bastante larga , por lo qne fué muj prolongada su agonía. 

El Segre tiene tres puentes: del primero , según una antigua 
leyenda , los condes de Barcelona » estando en guerra con los de 
Castilla 9 arrojaron al abismo algunos espías que intentaron pene-* * 
trar en el pais, -por éuya razón le llaman Puente de los Btpiai. 

Dista nna legua del segundo, conocido con el nombre de Puen* 
te del Diablo^ el cual se compone de dos puentes sobrepuestos. 

El inferior es peligroso y mal construido; el de encima es es - 
pacioso y sólido, per lo que se dice que el diablo construyó el pri- 
mero para precipitar á Ids cristianos que se atreven á pasarlo, y 
que un santo ermilafio alcanzó de la Virgen de Monserrate que ' 
construyese el segundo inaccesible al poder de los siglos. 

£1 tercer puente no es mas que un montón de ruinas ; fué des- 
truido cuando la guerra de Sucesión junto con el castillo que lo 
defendía. 

Todos estos puentes fueron indicados á Cirios España uno tras 
otro como puntos en que debía sufrir la muerle. 

I Qué otro castigo le hubiera dado , si hubiese podido resucitar 



4M EL fAUtíQ DB I.Og GBÍMBKIS • 

el dcBvertUMa¿9 Cktoga, ¿ quien Gárlo6 Espan Uia «oradiUar \tm , 
TeecB ea dittiatoA {nu(m antes de dar ai pipíete que le ímiá ]fK. 
Yozde faego? 

En ftq«eUe$ lUtínos mooieatog 4eUó parecede al sai^^aiirio 
conde qae el infortunado ex-gobernador de Urajai dirigía el fem^ 
saaMato j el bren de eea verdugos. 

Ál ll^ptT m\ Pmmás ie Im E$jfiM^ qoe ea «Láltimo q^M iiaaerans.; 
Pep del OH hizo apear á Carlos España de sn asno , le.lMHidíó ipa ' 
paiel ea el peoho« y mtíliadele barciblaDieate el rastra ^a fue 
nadie le padíeie Mcoaocer, le cogió par la edbese eiieatras fanrer . 
le aaía <le lea fflé$, j aanhoa le toirieroa saspendido aabeeal ahielaftti.; 

Isl wietíem fMangreateda yedia yendaai y eía eaeaalrar aa awi: 
verdades uNie ooBs^sioa de la que aa él iMbíaa kalladolee infei- 
toi mártieea que bahía laaaado ¿ la ateeaida^» lei ^e6Í|»itaAQ «Ai' 
elebiüna. 

La brew Malaria 4fgñ eaabamas 4e jeGerír ea aufieíeete fpaaa: 
dar á corioeer el earáoter del luNabre igaienoaoGáal geaeíaliOór- 
dova el ie^portaale cargo de gcfcemador milíter <le If adiid».4arettla 
las acurreaeías que enseagmteroa la eap¡iri.« 

Eatremeoe la idea de loe borrorea qae bnUeraa aatgída 4e.«aa. 
inphQaUe aapMtn de wa^ganEa qee aUeatan las oriaiiBaka da ré^ 
gia estirpe y aas íaícnoa adnladonas, tí habieraa alcaaiado al 
triaafo les tiniBQi. 

Desanaade al pueblo atan eseeaoa los aoaabetíanlea. 

La calle Ancha de San Bernardo, la de Silva , la de Prec&eáea 
na eoatabaa apeaee, idétiAs da los débiles peiapelfla qaeae imftíh' 
visaron , mas qae dos 4 tres defeasores eaa araaas; peno dfíledas 
de td ealfisíuaea, y laa oertenaa ea eaaáin»a« qae oaeakNMRMí i 



Bi» NltU» Y SI» OMOMIIS. ■■ 4M 

loB ooatnfkis Muduia Jnjas «a oi^rifBMtar (dios «ia$ que muf 
pocat* biJM á DD dadark» idersi temerario affDJOk. 

Ha» m los €«ttfaatíMte6 eran «seaioa por falta ée airma&»:|wai 
to fM CB k «lie Aofiba «tqfláoa á la dd U latta» «o haUft Bian 
qne un solo fusil qae se disputaban cinco valientes , j ie diaparaliaii 
por rífaraa» tiira»^ oo te enea por eso ipeel poeUnde Madné ^es- 
tvriera joailanado y «iralla ao sas hogaoes ; haala b» mojcoea y Ifxii 
niioe improviaakafi iHmcadaa entre «ot ■mUilsd de e^pacÉadorei' 
indefaMM qoe «e kolgaban ea oír el sílfaado de latfaalaa, y oto má 
seroeidady cott m eatawMio^ y iiaata coa jos rhMtn'iai «eunrea** 
cias j losfiralHan aiiaslo á ka ooiÉbatMDtes. 

Un hombre solo » colocada «aire Aa carik de k Sttrten y k pla-« 
zaek de Saele fkaainge, hne peadigioa de lydar á oeerpo daaeu- 
bierle ^ aeiUiíiairfg por eipack de larp» heeaa^ £»go.« «anieelo 
ea trag e s ea lea f e eri a t t i laiger 

Otm t desde fie 4qedn , haria — ü e ego taei eaorüfem y ^earteni 
á k trepe ^ ^i|Be «e eficial i£apBtto ae k deielqára desde «loabel^ 
coaes iaaaedkÉep ífti ietron oob eale efcjeie kyadkke yoc ktra|A« 

Lejea de aauiaoane.d^k vkta de ka qee áee de eensa k hoé^ 
tHkafcraDy yito imcer jlerde de en inapavidea» f oraaaiieckedD ina* 
perténrito, heaia ^seiel daagraokde cayé iMrida, y redaedo par 
la pendiente de las tejas fué á estrellarse eantra el eao^edrade de 
lapkee. - * 

No fei eiaaoa eeeerokada kkdba eo la pleaa Heyer y caike 
iaeiedklaa , pees eoofiie la krfeiiínidad eeeaérica de ka defesao^ 
raadek iiJUtlad aneadoa , «m ee ledas partai deaaasiado eaMi-*- 
dereUe^ af ika arte lalte'el^Btoaiaaflao y el ra^ qpe rayakaa ea, 
herokaMu 

Solo asi podia concebirse que un puñado de valienlea Ikveraii 



446 IL PALACIO DI LOS GRÍMINBS 

CD derrota á los civiles ; pero auxiliados estos por las fuerxas qae 
tenia el gobierno ea Sao Blartio » ea el teatro de Oriente t en d 
Gobierno civil y en la casa de Correos , consigoieron salvarse ea la 
plaza Mayor « engrosando el número de los qoe alli lachaban con* 
tra el paisanage. 

Ignoramos con qué objeto , aunque no suponemos fuese por nn 
impulso de buena f¿ , se confirió el mando de toda la caballeiim 
de Madrid , por parte del gobierno , al coronel Garrigó » al deao* 
dado insurrecto de Vicálvaro , á quien hacia poco se le había in- 
dultado de la pena capital, y en aquel momento se le ascendió á 
brigadier , premiando así el acto de haberse unido á los subleva- 
dos para derrocar la inmoralidad sartoriana. 

Este nombramiento formaba singular contraste con la condnc* 
la hostil de las fuerzas que hasta entonces se hablan ensañado con* 
tra el pueblo : y aunque las repetidas traiciones de los que aoste- 
nian el poder agonizante , eran suficientes motivos para que se des- 
confiase de todo 9 la presencia de Garrigó , recorriendo suceaiva- 
mente los puntos en qoe el combate se hallaba mas empeSado , no 
pudo menos de producir » aunque momentáneamente, un armisti- 
cio , viendo que el bizarro qoe habia luchado y sido herido en loa 
campos de Vicálvaro defendiendo la causa popular agitaba un pa- 
ñoelo blanco en señal de paz. 

Aceptóse la tregua , y el fuego cesó ; pero aprovechándose la 
tropa de esta suspensión de hostilidades , apoderóse de algunas ca- 
sas de la calle de Preciados , los Guardias civiles se parapetaron en 
su coarlel y rompióse de nuevo el fuego con mas encarnizamienlo . 
que antes ; mas la presencia de Garrigó á caballo sin mas séqoilo 
que su insigLÍ&canle escolta, bastó para contener otra vez la fra<*. 
Irícida lucha. 



BL FOBiLO T SUS OPBBSOEM, 117 

El bravo militar mandó ¿ la tropa qoe abandonase aquellas po- 
siciones , y fué obedecido sin la menor resistencia entre los aplau- 
sos y vítores de la muchedombre que ya lo daba todo por termi- 
nado á gasto y satisfacción del pueblo triunfante. 

No era asi ; los mismos qne acababan de romper traidoramente 
las hostilidades 9 quisieron añadir otro baldón á su criminal con- 
dacta , y cuando se retiraban por la Costanilla de Santo Domingo, 
volviéronse todos de improviso , obedeciendo á la voz de mando 
de alguno de sus gefes , é hicieron una descarga contra el indefenr 
so paisanaje que se creia ¿ la sazón exento de correr el menor pe- 
ligro. 

Villanía fué esta que no se concibe en pechos nobles y genero- 
sos como suelen ser los de los militares españoles ; villanía horri- 
ble que regó de sangre inocente el pavimento , y exacerbó la ira 
de los ánimos hasta el punto de encender el mas enconado anhelo 
de venganza ; y rompióse otra Tez el fuego entre el paisanaje y la 
tropa con mas furor que nunca. 

Mas afortunado Garrigó en la plaza Mayor , fué recibido por la 
tropa y los paisanos con nitores de un entusiasmo verdaderamen- 
te frenético. 

Estaba ya tan marcado el completo triunfo del pueblo , que la 
Guardia civil se dejó desarmar sin resistencia , y sus fusiles pasa- 
ron á las manos del paisanaje. 

Al ver el noble comportamiento de Garrigó, su conducta 
conciliadora ó mas bien favorable á los defensores del pueblo ; al 
considerar que se le habia conferido el mando de la caballería , y 
se le había ascendido á brigadier ¿ no debia suponerse que lo que 
este militar hacia estaba arreglado á órdenes superiores, y que es- 
tas órdenes emanaban del regio alcázar 7 



«16 -m nudMuo m íM etínms 

¥ w o i $ 4 lá m m «rap» poe^ los nrolifw qwe luíhít para fte se 
tv & f € M qvm «I ¿MI 16 (íe I» G«ardüi cff*il, y él penniiír ^m «1 
pMMo leapo^rftMr^e sm armas ctaa clan» indicio é^m trioefia 
y de que se tooabia ya eo el felír deaenfaieo da tao saogrianto 
drasM* 

Maa layt qoe cMardo los pafñelaa q^ oevfaba» la plaas !MhH- 
fo/t eMibaa tfias ooatMeidos , á icoasiseoenofa da lo fae acabaaMM 
de referir en hs^ precedentea Ifüeas*» dec^afta tropa estaba dfapoaai^ 
la á frateroíiar coa el pereblo, vitfse ea^ broseanimta aaMaalíd», 
y adMAraMado por lá artítteria , de la cual hasta ontotcaí «o se hs^ 
bia echado mano. 

¿CSéiAa eondliar estos erremos? 

¿De dóode enanahsa órdenes tao etioonfradasT 

zQtnéñ dirigía laa traeslei de laaM II ?* 

;;Qtlé eonfeñioft era ta del regia palacio qáia latea asomaliaa 
^esteMka? 

¿Cuántos mandaban en aquel reftigvo dd) poder ^d#, que arif 
^ pnesestaba ante el poesía «do dé loa aoblevadoa da Vicál^aro, 
ascendido ea preano de haber lachado al 'lado dé <yOo«iell^ «oft 
el objeto de reconciliar los ánimos , como se movian toa f^Momü 
«para ametrallar á la lapopchedambre? 

¿Ifo hábia hombrea de la suprema iatcJKgeMia ao derredor dd 
trono? 

¿De qué cabera surgían tan eoÉfradietorvaa , tan eriminales 
disposiciones? 

¿Eran hijas de la inleKgencia ó del miedo? 

Nada mas horroroso que el combate que se eiarpeió en la ealie 
de Platerías. 

La tropa se habia apoderado de Tartas casas , y el prisanage 



U PÜBILO T SUS OPBBSOBBS. 449 

tuvo que resistir el incesante y nutrido fuego de fusilería » al mis- 
mo tiempo que el de los artilleros que barrían la calle con la me- 
tralla. 

Eq la de Cindad-Rodrígo , cuyos balcones y tejados estaban 
invadidos en su mayor parte por los municipales , procararon los 
paisanos apoderarse de los que quedaban libres y de muchas buhar- 
dillas , por manera que hostilizándose con inaudito ardor , veían- 
se cruzar mortíferos proyectiles en todas direcciones todas las 

ventanas, todas las aberturas vomitaban fuego y humo..... y 

muerte... Los desgraciados que de uno y otro bando eran heridos 
en los tejados , caian y se estrellaban contra las piedras de la calle. 

Repetidas cargas de caballería fueron rechazadas por los de- 
nodados madrileños. 

Tres veces tuvieron que abandonar los artilleros sus cañones, 
á pesar de las pocas armas de fuego que posdan los paisanos y la 
no menor escasez de sus municiones. 

Una escena igualmente horrorosa ocurrió en la calle de Plate- 
rías 9 donde la lucha estaba mas animada que en parte alguna. 

Mientras la artillería ametrallaba al pueblo, hostilizábale la 
fusilería desde los balcones y tejados que ocupaba la tropa ; pero 
nada era capaz de arredrar al entusiasta vecindario de Madrid. 

Sin miedo á los mortíferos proyectiles que llovían sobre la 
multitud, esta crecia por momentos en vez de menguar; y hom- 
bres, mujeres y niños desarmados los mas, ostentaban ese valor 
heroico que enardece todos los corazones , cuando un pueblo lucha 
por su libertad. 

El casi inerme paisanage obligó también varias veces en esla 

calle , aunque momentáneamente , á los artilleros , á retroceder y 

abandonar los cañones. 

T. II. 57 



.4ftO KL lUUUUBU) III LOSiClÍKUflS 

Mas lay I que k úlUma vez^ tído oa aneeso trágioo, fOO 
ao que parece fiíboloso, á eacoaar mas y mas los ÍQÍmoa«y*iiacMr 
prorumpir á todos los paisanos en espantosos gritos de venganza. 

Eotusiasauído un tierno niño al ver que U tropa dcgaba aban- 
.donadaa laa piezas de artillería, gritó coa exaltaoioii : 

—Ya ion Baeitros lo»;c4&ones, 

Y el héroe que contaba poco mas de un liiairo.» corrió y lae 
i.abnaó i uno do^elloa. 

Embriagado coa 8Q triunfó, oo quiso retroceder, y mientras los 
paisaaos se retiraban -y avanzaba la tropa » permanecia impeatérti— 
to, siempre abrazado al .canon , dando vivas á la libertad. 

—¿Ven 9 hijo mió, vea— le gritaba su madre tíráodole 4e la 
ropa. ^ 

El niño no hizo ;oaso de los ruegos maternales, y vieodo qae 
ae le aproximaba un soldado con la bayoneta calada, idzó suiínnle 
con orgullo y esclamó en tono imperioso : 

-— ¡ Atrás , que este canon es mió I 

Y.fué tan^bárbaro el militar, qne atravesaado al liüko de «n 
bayonetazo , íle arrancó del ca&on y le arrojó, ya cadáver attsan*- 
grentado , en los brazos de- su madre III 

¿ Dónde estamos? ¿ Qué siglo es este ? 




CAPITULO xxxva. 



ESPEDIGION SANGRIENTA. 



"Ve\. 



Dorante la locha del 18,. la hermosa^y dilatada' calle de Atocha 
habiaaido el campo de. parciales eaoaramiuuia y alguno que otro 
encuentro mas grave;. pero siempre hahia quedado el. pueblo. yenr- 
cedor. 

£1 coronel Gándara » ( 1 ) que era quien acaudillaba la columna 
encargada de restablecer el orden fusilando y ametrallando las ma- 
sas populares» consideró un duda de mucha importancia. estrat¿gi-* 



(1) ün deber de imparcialidtd nos impele á dar á conocer sin comentarios el ma- 
nifiesto qoe poblieó en Bayona don Joaqoin de la Gáodane. Dice asi : 

«Por primera tez, y ausente de mi patria , tengo necesidad de dirigirme á mis 
conciodadamMi mi lionor y la segoridad de on reeto proceder lo exijen ; la eoncienein 
pública tal Tei lo demanda ^ y mi propia tranqniüdad no puede prescindir por mas 
tiempo de sn fallo. Si nna tida sin mancba*, consagrada desde los- primeros año» al 
serrido de la libertad , si las emigraciones, si los destierros , si una condena á muer- 
te, si los sacrificios pecaniarios y de todo género en defensa de Ifr causa del pueblo* 
son títulos suficientes para que mi toi se escuche, reclamo el dia mismo en que la 
fatalidad pretende eondenstr en un instante las limpias páginas de mi pasado, toda lá 
atención de mis eompaitríotas, y espero que no desatiendan mi demanda, ni califiquen; 
mi conducta .sin ooimcerlaá fondo, después de bebería yo espileado. Para los que 
corrieron conmigo todo género de azares y peligros, mi tarea raerá por demás breve 
7 sencilla^ pero los que no me conocen, los que han yirido ausentes de la política: 
militante en estos últimos aSos^ necesiten formarse idea de lo que yo he trabajado 



458 KL PALACIO DE LOS CRÍMBIIBS 

ca aquella hermosa calle, y quiso ahayeatar de ella á la pUhe revo^ 
lucionaria ; pero esta plebe se compoaia de ciudadanos taa honra- 
dos como valientes, y una docena de ellos, guarecidos por el pilón 
de la fuente de Antón Martin fué suQciente para contrareiitar las 
cargas de caballería y hacerla varías veces retroceder. 

Los pequeños grupos de paisanos que se habian apostado en las 
boca-calles que median entre ia de Cañizares y la de la Concepción 

en defensa de la libertad para contencerse de qae si en mis actos hay algo de re- 
prensible, no han de ser los mis exigentes liberales los qae se quejen. No preteado 
nacer la apología del conspirador. Siempre me vi forzado por la condacta de naesiros 
enemigos, y al considerar el estado á qae nos habian traído, tenia un gran con8>iela 
en haberlos adivinado. 

Hijo de un buen español , siempre liberal , debí á la cuní y á mi organiíacion el 
serlo como el qae mis. El primer gefe que murió en la guerra civil fué mi padre: 
yo er^ .>cniente y estaba á su lado. La dolorosa impresión que su muerte me cao- 
sar .^.^doblando mi ardimiento en los combites, me dio á conocer en el ejército co* 
r .Tía oficial entusiasta y exagerado liberal. La primera calificación era merecida; 
respecto á la segunda , me tuve siempre por patriota ardiente y decidido. Acabé la 
guerra de primer comandante en el regimiento de Luchana, después de haber man- 
dado largo tiempo la escolta que aquel cuerpo daba al general Espartero, pero esta 
puesto en nada influyó en mis ideas. Antes de ir á él ya lu tenia fijas. 

Concluida la guerra, el primer suceso politice en que tomé parte faé el del 7 da 
octubre de 1841. Llamado por el general Linije á su casa, me enteró de lo qae se 
tramaba: conocíame y esperaba que hiciera mas de lo que el deber exigia. Rfectiva- 
mente, así fué, porque no perdoné medio ni fatiga para contrariar á nuestros ene- 
migos; y mi vigilancia fué tal, que casi al mismo tiempo que en la noche del 7 en- 
traba en palacio el general don Manuel de la Concha con el regimiento sublevado da 
la Princesa , llegaba yo sobre la derecha del Teatro Real con las compañías de prefe- 
rencia de Luchsna, j rompía el fuego sobre los que estaban todavía fuera de la puer- 
ta del Príncipe. 

Un incidente de aquella conspiración, que no estará por demás indicar brere- 
mente, me hizo pedir el reemplazo. Después de la sublevación de octubre ftil desiU 
nado de comandante al primer regimiento de la Guardia, üaltándome de guarnición 
en Vitoria recibí un interrogatorio del general Minuisir, fiscal de la comisión militar 
en la corte, en que me pedia esplicaciones acerca de una conversación qae mve coa 
varios amigos del Regente en su secretaría, sobre la conducta de un gefe que en la 
noche del 7 de octubre cogió la cartera del general León. Altamente aorpreodido de 
que hubiera un compañero capaz de hsber abusado de lo que yo referí en el seno de 
la amistad , y prohibiéndome el honor poder contestar , corrí en posta á Madrid. El 
Regente me hizo justicia respecto al motivo principal del interrogatorio. Permane- 
ciendo sin embargo, en su puesto la persona de quien jo tenia queja, creí prndenie 
separarme del servicio. 

Llegó el 43, y aunque mi resentimiento era siempre vivo , no hay español que mas 
fervientes votos hiciera por el triunfo de la causa del Regente, ni que mas sufriese 
por el modo con que se defendió«No miraba en él sino el principio que representaba, 
y desde el primer momento distinguí en el triunfo de la coalición la pérdida de la 
libertad. Lo que entonces se hizo porque yo me pronunciase es indecible; y la pers- 
pectiva de ser general á los 20 años no dejaba de ser halagüeña, mas no solo me re- 
sentí, sino que desde el momento en que vi á los generales moderados acudir 4 Va* 



EL FUBBLO T 8Ü8 0PRB80RBS. i53 

Gerónima » en combinacioa coa el corlo paisanage armado i la es- 
palda del Banco , doade los que no tenían armas , inclusos víejoSt 
niños y mujeres , levantaban una barricada, lograron impedir que 
avanzara por aquel lado la tropa de la Puerta del Sol y de la plaza 
Mayor. 

Cuando Gándara con su columna osó invadir la calle de Ato- 
cha 9 fué recibido por los paisanos con una descarga , que derribó 

]eoci«,yano pade menos de •atoriiar á mis amigos, los lyadanies del Esgente, 
para qae este dispusiera de mi. 

El general Espartero me llamó en el acto, y como se preparaba á salir de Madrid, 
rae dijo qae le siguiera, previniéndome que en Aranjuei ú Ocaña organisaria la bri- 
gada de vanguardia, cuyo mando me condarin; yo era entonces coronel icoiente co- 
ronel mayur do infantería: corri á comprar caballos y preparar mi viaje: dos horas 
antes de mi salida, y ya dispuesto á la marcha, me presenté en su casa, cuando lla- 
mándome aparte don Ignacio Gurrea, me dijo: «Gándara, se ha dicho ai general 
Linaje que Vd. se ha prestado á acompañarnos por pronunciar el regimiento de La- 
cbana en el camino; oose ha creido, y la prueba es que puede Vd. seguirnos, pero 
me ha parecido que debia decírselo á Vd.» La fatalidad perseguía aquella cansa. Valgo 
poco, pero de seguro era uno de los gefes de mas decisión por ella. Mí honor y mi 
decoro no me permitían tener ya mando alguno, y mequedé en Madrid. El hombre 
que tan cruelmente acababa de ser ofendido, no se fué á pronunciar caindo tan fácil 
le hubiera sido. Emigrado dos años después en París , tuve la satisfacción de que el 
general Linaje se disculpara conmigo por aquella ofensa , que pudo precipitarme á 
DO haber sido un hombre de tan firmes y profundas convicciones. 

Subió al poder el partido moderado, que no podía dar otros resultados la funesta 
coalición, y la marcha política que inauguró debía agitar, como agitó fuertemente, 
mis ideas y mí temperamento. Pedí, pues, mi separación absoluta del servicio, y 
desde aquella época hasta el momento actual en que lejos de mi pstria escribo estss 
lineas, ni quise jamás rehabilitación, ni cobré un real del Tesoro, circunstancia que 
pudiera pasar desapercibida, si en estos últimos años no se me hubiera ofrecido una 
y mil veces, con insistencia , por los generales moderados que se han sucedido en el 
poder. 

Por aquella época, y cuando se iba cayendo la venda que cubría los ojos de ma- 
chos ilusos que entraron de buena fé en la coalición, empelaron los pronunciamien- 
tos centralistas, y el general Narvaez me prendió , suponiendo que conspiraba. No 
era verdad ; pero, á fuer de ingenuo , confieso que me faltaba ya poco. 

Llegó el verano de 1844, en cuya época se conspiraba en Madrid, y se conspiraba 
con razón, por ser ya conocidos los planes reaccionarios que han venido practicándo- 
se después, y que se planteaban entonces con el cortejo de violencias que distinguió 
siempre á los moderados en el poder. Los hombres de mas valía del partido {irogre- 
sista, que no htbian entrado en la coalición, conspiraban resueltamente; tenían in- 
teligencias en los cuerpos de la guarnición , cuyos oficiales debian entenderse con el 
Í [enera I Lemerich ó conmigo. La circunstancia de encontrarse el general en Vallado- 
id sin poder venir á la corte, hizo preciso que se entendieran especialmente conmi- 
f^o , prestándome gustoso á lo que de mí se ciígia, después de haberlos oído en una 
lunta celebrada en casa del señor Alonso Cordero. Ün coronel llamado Rengifo fué 
la causa de que aquel intento nu produjese resultados. Cuantos me habían comprome- 
tido se salvaron: solo yo tuve que emigrar después de correr mil riesgos y sentencia- 
do á muerte. Sin embargo, con la orden de fusilarme donde se me cojiera , entré dos 



4S4 BL VALáGIO'DI L09 OBÍWDlEft 

maerto á on capitán- de artillerfa al frente de nna hermosa casa* 
cíenr censtmida. 

Fignróse sin dnda el digno candillo, qae loe. tiros que acababan: 
de matar á este capitán hablan salido de la magníGoa casa , donde; 
por so aprovechada é inmensa capacidad > vivian multítad defafm^ 

Allino podía, hacerse daño alguno á los re¥olooionaríot> pero 



Tetes ta los onartelef «Hsfraiedo de soldado , f paedo asegortrqae Ittiéndomv el 
raion con fuerza debajo del capote , solo abandoné la partida caando vf decaída- Ia 
moral de aquellos oadales. 

Oaró mi emÍp;racion baata Anea de 1846, 7 cono no hubiese darante aquel pcHodo 
otro suceso de importaneia que el pronunciamiento de G«ticia, corrió deside París ea. 
el primer momento que se supo, llegando á sos costas cuando ya era tarde. 

Desde el 46 al 48 permanecí completamente tranquilo* y en esta actitud babiata 
pcvmanacldo^ no obstante la rerolucion de febrero en Francia, sí el fabíBSiaqva 
presidia d genaral Narvaex no hubiera presentado la ley de autoríEacion para ana*- 
paiiéer las garantías- constitucionales. Presencié aquella discusión , y creí qoe loa 
nombres de coraion debían recojer el guante que con imprudencia se les arrojaba 
por un suceso eslraño , y sin qne todaría el partido progresista hubiera proeadido de 
manera que justificase situación tan humillante. 

Desdo el'Googreso corrí á reunir mis amigos, y á organiíarun plan deinsarree*- 
clon contra el gobierno: que esta conducta tenia algún mérito entonces, no hay na«- 
cesldad de acreditarlo; baste decir que 00 había cuartel que esperar. Ayudada aa 
esta empresa por el coronel Serrano, por el malogrado ClarijOy por mi amigo Mli*» 
Sil y por los señores Guijarro, y«lo, Rascón, Noñfi, Fernandei, Asúa y otros, lo- 
gramos ea pocos dias reunir una fuerte como nunca la tuvieron cuantos han corrida 
riesgos- j stares en politice: las armas de que disponíamos eran de constderacioa , y 
el de las municiones , principal elemento de éiito, tan crecido, qne pasaban da dos- 
cientos mil cariuchos. No lo alego como mérito : pero tampoco creo deber pasar aa 
silencio que aquellas eompras se hicieron de mi bolsillo, y que en ellas consumí la 
mitad de la pequeña fortuna que tenia. 

Faltábanos ya poco para salir á la calle, cuando se nos presentó el comandanta 
Bueeta en nombre, me dijo, del señor msrqnésde Albaida , que presidia otro centro 
de conspiración , con el objeto de que apoyásemos un movimiento qne debia eatallar 
dentro de aquella semana. Resistí por mí parte 'cnanto me fué posiblo, y san ma 
negué á ocuparme de nada; pero en el estado á que habían llegado las cosas no era* 
fácil engañarle; cedí con repugnancia, asistiendo á una jnnla Teríflcada en la pla- 
zuela del Progreso, en la cual, además del señor Orense, encontré otras personas da 
consideración de nuestro partido. Autorizado por mis compañeros para todo génaro 
de compromiso , tomé el de apoyar su movimiento del 26 de marzo, después deaabcr 
que contaban con el regimiento de España y de responderme que con el elemento 
popular se apoderarían además de dos de los tres puntos, de Buens -Vista, Correos d 
el teatro de Oriente. Para defender estos puestos, después de sorprendidos, nacasl«^ 
tsban cartuchos: me pidieron diei mil , y se los entregué á Bueeta, no obstaota da* 
que dudaba que pudieran realizar su plan por falta de sigilo. 

Para estar en posición de cumplir mi palabra, no era pequeña obra la qne aoa 
quedaba; era preciso escoger una posición escéntrica en que reunir las armas-y ma** 
niciones estendidas por teda la población , alquilar casas donde deposilarlaa, y itara- 
toda esto no podíamos disponer sino da Us noohas-del 24 y 25. Por onrailafrofrovl»' 



EL tnuo or sos omvobbb* 415 

podia hacérselo, y de muGha'knporUociay al propietefionMitilífif- 
cío ea sos inlereaes, podía hacérselo <y «imiy f nanda, itlas ip^rsonas 
pacificas que le háUlabaa, á ksiseñoras á qoiaaes el fotoiaspeoto 
de Uui brusca. agrefioD lenia ^aterradas , áilaa 'floadres 'que leoiaQ 
abrasados á sus iiijos aflieg<ados en Uanlo y temblando lOOBVokiva- 
iBieDie. 

¿Qué importa ítodo 'esto i qnien ¡la.aeyara ordeDama míKtar jio 

.4«iicial , todo M b¡io«ia ptroaneoy «iiaque jo oentia ito ol alaio • babor Unido me 
emplear mas do treinkaliombres'on oondoeír las armas, poco: hasta •enloDoaa-aolcUa a 
doa-pofsooao enoar^adao detoomprarias sabéaoide oUas. 

Ala «oa^de la tarde del 86 vi á Bucela situado confeoieatemeate á la oapalda de 
.Baena-Vlsta « <|ue era el jninto ^oe debia rsorprender, y- en!^oieD parüoolameatett»- 
■nia coaflaoxa. Le dijeque obrase con dedaion (lo babia tenido á miadnienes enlja- 
•cbaDa), y qnO' coatara -en aegnida eonni apoyo. Corrí á la eaaa deaignada , ^<loiide 
debía esperar á todos misamiipos (sitnada -á la inmediación de la plesnela tdel ■ ^r»- 
i^aao)t'7 aaeesivameate fneron llegando aiO' faltar ano «4ándon(ie porte que ana acá* 
«iones estaban eompletas y esperanao el mortmiento.- Rodeado dotodos ellos >daade 
jMitea demias dos do^la larde « bora!<on que los otroa doblan tomper , esperé bastar las 
cinco áqoe se verificara el movimiento, k esta bora-se me>preseotó d<m' Miguel lOr-* 
.tís dicléndomo qnek' autoridad, prevenida , les babia 'isapedido obrar ; «deméSf-fne 
el regimiento de -Bopaña babia> ido á reforsar á Palacio, -eoyo mando teniael baofii 
doMtftr.y y ;f«e.nopodia*pronanciarse. AlkMpocoaminotoa'llegó-Bnceaaf'partlaí- 
.páodome qne lambion> él babia recibido la orden de deteooase estando 'ya dentroMitl 
(pa&ado>do;Biieiia-Vlsln:«oa irainle oieialea'diairaxaáoa. Uso .y o4ro me Uaian<la 
orden de retirarme : mis amigos que estaban présenlas, fneron en- el •acto •aledas 
laa.caUes insMdiaias aa «pie leaíanaM las fneraas- para eomnniearla s á las iseis no 
quedaba ya nadie , y yo .reeibi el parte de beberse veriQoado todo- sin 'novedad. €0-- 
rloaeea, mnerto de;fattea.yide inquietud por los activos taabsjos dotan toa días,- fii 
•á descansar á la ealie de Hernán Cortés, «I otro estremo de la pobUeion. Allí um 
encontraba profandamentetdormldo, i enando á las oebo y media delaioacbe aaodea- 
pertó don HicardoMuñia diciéndome: «Uno de- los hombres qne bá'tenidO'Vd. «een- 
.-aidad de -empleaitipara'aoneentrar las amas, deoaaperado de no babor * beebo nada, 
ba denunciado ma dépdaito, ae han apoderado de eilaa, y baa venido baciendo fnefo 
.baata.laa Guatro^Gallea, donde ae eaau an tmnji Doade aquel"momento-todo4e>pea- 
dió, y yo no bo perdonado todavía á loa que sin respeto ni disciplina- ae apoderaroQ 
de lo que tanto nos. babia 'costado reunir, «y á mi partioolarmento el dinero. <Aai-al 
■dia ^ de nució , poco conocido do muoboa, fué, militarmente bebiendo, un fo^ona- 
no. iQaé no babiera sido y «i aorprendiendo- á las autoridades- hubiese empeando-él 
•movimiento. revolncionorio cuando ealasae bailaban en el Prado y nosotroa reunidos 
joon tanloa anediatt .\i ' 

Pocos dias antea del'7 de «ayo tuve que dejar á Bspaña por aegunda Tez, vol- 
viendo ri -ella en 1819; desde esta fecha -hasta los últimos sucesos, el ponido pro- 
S resista ba peisnanecido quieto^ y yo muy particularmente, pues profundamente 
isgustado de lo acaecido el'Mde mareo , me propuse no volver por entonce* á cons- 
pirar^ como lo he cumpádo, pasando cuatsu años como el hombre mas pacífico, pero 
siendo liberal-oonio el primero en el fondo de mi corazón, no aolo ¿e la causa de 
España, sino de todas las causas UlMrales del mundo. Unrante tan largo periodo be 
resistido mil¿o€trlas, que casi lados ios- que han aido ministros de U'Onerra ne 
kmn hecho» ¿5 a— andar-mi carrasa;e8 decir» sergeueval al poco tiempo; y tengo 



466 IL PALACIO M IM G1ÍMI1IB8 

le permite oír la voz dolorida de la naturaleza? 

¿Qué importa la destmccion de dd hermoso edificio, á qaien no 
le contiene la certeza de terter sangre inocente T 

El caso era aterrar á los revoltosos sin reparar en los medios* 
y esta homicida y devastadora idea hizo sin duda que dispusiera 
Gándara colocar una batería en la plazuela del Ángel , enfilada á la 
iglesia de San Sebastian, frontera á la calle de Cañizares , y desde 

omllo en manifestar, que si seesceplúi á Gnrrea , soy el solo que nooca lit qas- 
rlM rehabiliueíon, y al que mejores ofertas hayan hecho sos enemigos, de las can» 
les sin dejar de ser progresista me hubiera podido apro?echar como tantos otros. 

Ciando el señor Bravo Murillo inauguró la cuestión de reforma, comprendí que 
vn paso tan atrevido podria acelerar la muerte del viejo partido moderado y el trina- 
fo oe la libertad : esta esperansa que yo abrigaba se la comuniqué á mi amigo Gar- 
rea; creía yo en la posibilidad de <iue los generales moderados de la oposición apoln- 
ten á las insorrecciones, y no dejaba como progresista de acariciar esta idea, por- 
que jusgaba que era lo que habíamos menester; Gnrrea dudaba de qne apelaran á 
este estremo, pero yo lo vela venir á paaos agigantados; y no podía menos de soo»» 
der asi cuando los trataban tan mal y no les quedaba maa que dos caminos qns se- 
guir, ó el de insurreccionarse 6 el de vivir en la mas denigrante humillación. Gra- 
cias sean dadas á los ministerios desde el que presidid don Juan Bravo Murillo. lio 
Salero, por vergüenia, decir lo que yo he hecho en esta linea como hombre de par- 
do y los pasos que en su provecho he dado; baste indicar que en diversas ocasiones, 
Íf por conducto del general Ros de Oiano, quien siempre se mostró muy dlspaeslo» 
ncitó á que se lanzaran á la insurrección , como énico medio de salvar la afrenloSA 
situación en que se encontraban. 

Hallábame en París cuando el pronunciamiento del general O'Donnell, y no debo 
ocultar que me sorprendió; después de las favorables coyunturas que hablan dea^ 
provecbado y de la derrota de Hore , habia llegado á creer que nunca tendria logar; 
me puse Inmediatamente en camino; en Burdeos encontré al general don Joaé de le 
Concha , quien haciendo justicia á mi carácter me encargó hiciera aaber á los genera- 
les O'Donnell y Dulce su rápida marcha á Portugal para unirse con ellos, y á fio de 
que lo hicieren saber á la caballería , en cuya arma no podia menoa de prodncir oo 
buen efecto la noticia ; mi primer paso al llegar á Madrid fué el de buscar á doa Mi- 
guel Roda, pues tomando el general O'Donnell el camino de Granada en aquellos 
momentos, creia oue nadie podria llenar mejor tan importante encargo , y el eacargo 
quedó desempeñido, según el mismo señor Roda me manifestó. 

El 13 de julio llegué á Madrid , y los amigos que me vieron en aquellos dies, soo 
testigos de la inquietud en que vivía y de los temores que me ssaltaban. En ninguno 
parte se habia secundado el pronunciamiento del general O'Donnell , por cuya sacrie 
yo temia, y todo mi anhelo era que se sostuviese algunos días mas, comprendiendo 
que después del manifiesto de Msnzanares, el partido progresista daría en elgone 
parte muestras de vida ; por esta razón , coando en la tarde del 14 se pronunció Món- 
tese, corrí en busca del señor merques de la Isla, y le incité á que llevase al gene- 
ral O'Donnell tan importante noticia, qne tanto podia influir en la moral de sos 
tropas para sostenerlas algunos días mas. 

Esta era mi conducta en aquellos momentos; esto hscia yo oficiosamente el día 14, 
dia en que contraje el compromiso con varios amigos políticos de unirme á Gorrea, 
cuando participándome hallarse este dentro de Zaragoza para pronunciarla, les dije: 
«No lo creo; pero si sucede, hacerle saber qne cuente conmigo media hora despees 



■L nmmjD r sus «prksorbs. M7 

allí roflifí4 d faego de aiéiraila y bala rasa cootra la casa que sia 
dada ooom) al calNdiero <de Ut triste figora le pareció uo casüUo en* 
cantaAo t habíiado por gigantes^ follones y malaadriaes. 

La ka dd ^eblo ñMái de panlo, y coaado la tropa avaazó de 
mievo héicÍ0i la calle de Aloeha se luco la locha taa general^ qae de 
todas las casas , de todos los iMikéiies y tejados estalló «o diluvio 
lé tejas y fíedras que aterró á los aoldados ; y doade se carecía de 



qm Uaa«e U «oUcl» é Iteérié.» A esto «m iMbta eooipronetido-, firne ea ini propó- 
iHo de oMiiiieMriBe pacifiM Míeslrts no alMse 1« Jbaodera progreiisia, úoico aámtoo- 
lo de triunfo, an hombre aaiorízado, paes no creo habrá qakMi dude ja^ qae sin al 
Miiüie del partida profreaíBia, ei geoeml O'DoaneU no se hubiera salvado de la 
deBffou y -de la «aiísracioa. 

Amanecidal 17 de juUo, para mí de eterna memoria: mi vida polUica babia cor- 
lado oía mttiriUa al través de riesgos sia coeoio y de lodo fónaro'de sacrificios por la 
caiiss de ka libertad; no ase ligaba la mas iasigaificante prenda á niagun moderado. 
iMi edmo «ta posIMa foera yo á compromatoroiey cnaado al eacoairar al geaeral 
Gdrdova, dsapaéade saber el proauneiamiefito de Barcelona , le aconscijé dimitiera 
salea. M. al eaearge de üoroiar el gahioelet Bl triuofo de la libertad paresia ase- 
anfado t ova de «oponer la victoria de la causa :progresista , ei edificio Isvaaiado coa 
m saogre y la fertoaa de lo* puebloa , amenasaba dasplooiarse á los oace anas de 
oaastf uida; los qae iasoianles y aialvados jorabaa bandirse coa el trono , le abaado- 
aaban cahaúrdas., eaanda «ieraa el peligvo iamiaeDle que eorstaa ; pocos erao las 
enemigos qae había qaa«oaBÍMUr« pocos los riesgos oue correr, pocas las dificulta- 
dos qae oitasr. Psva<el qae la había saoiificado lodo a la causa ¿»l pueblo, era Úe* 
gado «I meawaU soproaio de tier reaUsadas stia oaperansas; ni le asaltaba el menor 
fooeloy ni laoMs^remou idas prnaba par sa meóle de qae Isa ilosiooes de Aoda sa 
▼ida, prétioMS á raslisarsa > pudieraa desaparecer ea un momeaio íatal y desgra- 
ciado. ¿Ni cómo imaginario? El que sacrificó su vida y sa fórlmia» el qae deedeid 
gmdos y vecooHistMSS en días de on porvenir incierto y basta desesperado para la 
eaosa del fvogreaa,al qoa -vela casi eooonoiada la obra, |iara la caai , aanqua tn- 
íractaeaaaasalfi habla haoioado materiales de lodo género daranie iaotos años, ¿eia 
peeible qae caai ra el iriaafo segaso de sa propia eaosa se jugara eo aquel momeou 
la cabeía? fióla leaiéadola perdida pedia darse semejaote caso, y yo confiesa qoa 
anoqoe mi aullaeion y mi goao om «leoiaa embargado al conlemplar el triunfo de U 
libertad ,4ii me Csiló loTasoa ea la aooha del 17, oi di el meaor paso que no ma 
dictara la eoodeoela, oi me eoipañé eo seeioo algaoa qoa jodierá calificatse de lo- 
cara ó de oslra vio. 

^Oómo, pues, se ospltea asi oaodaetaeo la ooche del ITt ¿Cómo se ioslifican mis 
solos eola anoaaa y tarde deMS? Voy á dar eumplida eaplicaolon á todo. 

Sioi eorsaon hoauoo llena debilidades t confieao que la-^oa me domina es lo 
amiaud oms «streoha, mas aobie, aaiigaa y desialereaada bicia la persona de daa 
3osé Sslaamaes ; omisUd de haramoo,qoeae aviene perfeotamanto coo el diversa 
modo de pensar, que se maaUeaa y esUecha en la adversidad como en Uíortona, 
qae le ^e posar ipar el adaiaterlo y oo ae acoerda de proponerme ona rehabilitación 
qoe sabe -mt habría de ofeader y que oooca podría consentir, amistad que ve en 
riesgo d ou aapasa y á sosMias y aaode -salicila A salvarlos, qoe ve desapareoer so 
forlBoa aotva laa llamas, y que baoa Ireota con rieago de su vida á los que eo nooh- 
bia de I» Ubeniad la «HnQohao ooo sasassesas. Hé aqoi la priasipal eaosa 4b má 



T. II. 58 



458 BL PALACIO DB LOS CBfUBNBS 

semejantes recursos, no tuvieron reparo los dueños de aquellas ha« 
bitaciones , en arrojar sobre sus contraríos sillas , mesas y baste 
cómodas ; por manera que el pavimento se vio en breve sembrado 
de despojos « entre los cuales se arrastraban los heridos y hviaii 
precipitadamente los demás arrojando sus fusiles^ para cubrirse la 
cabeza con las manos , ademan verdaderamente inútil para preca- 
ver el golpe; pero muy natural en los que se bailan poseidos del 

Detallaré los sucesos con la verdad severa que inspira ana conciencia tranquila y 
an recto proceder, 7 después de que se juignen imparcialmente, no temo someter- 
me al fallo de mis mayores adversarios. 

Contento 7 satisfecho del aspecto que presentaban los negocios « paseaba por el 
Prado á las nueve de la noche del f^, cuando se me anuncié que había grupos 7 gri~« 
tos por las calles; no me h i 10 efecto la noticia, ni hube de darla tampoco la mas 
pequeña Importancia ; veinte 7 cuatro horas antes comprendía una revolución contra 
el gabinete Sartorius, 7 los que me conocen saben que no aventuro nada si aseguro - 
que al menor carácter serio que tuviese hubiera corrido á participar de los riesgos 
del pueblo que ha sido el anhelo de toda mi vida; sobi por la Carrera de San Geróni- 
mo, 7 entré en el Gasino sin que advirtiera otro síntoma de inquietud que la modis 
gente que transitaba por las calles; á los pocos momentos se dijo en el Casino que Is 
casa del conde San Luis estaba ardiendo, 7 en unión de varios individuos de aquella 
sociedad fu( á verlo. Parado en la esquina de la calle del Baño , contemplaba aquel 
desastre reflexionando que la justicia del pueblo era casi siempre el suplemento ter- 
rible del silencio de las le7es, 7 era indudable que las Ie7es hablan callado en Bapaua* 
por espacio de once años. Abismado en mis reflexiones , noté que en medio 7 á la - 
sombra de la destrucción, se cometian^utros escesos ágenos de la vengaoia popular» 
Confleso que esto produjo en mi una impreaion desagradable, 7 aunque me pereda 
imposible se repitiese esta escena en casa de Salamanca , fui no obstante, á advertir 
á sus hijos 7 virtuosísima señora. 

Serian las diei de la noche, cuando entrando en la calle de Alcalá por la de Ceda* 
ceros, 7 viendo que se reunían tropas en Buena» Vista, me dirigi hacia aquel punto, - 
en el que estaba el capitán general Lara. Al poco tiempo se presenté el goberaador 
militar, general Quesada, 7 le dló parte de que en la Puerta del Sol tomaba aquello un 
aspecto grave que solo la fuerza podria contener; que 7a habia hecho una descarga la- 
fiructuosa al aire, 7 que las turbas hacinaban materiales para quemar la puerta y 
entrar en el Principal. El general Lara le contestó en estos términos : « Pues ai ao 
ha7 otro remedio, haga usted uso de las armas, 7. hasta de la artillería si ea neeesa- 
rio.» To ol esta orden, me acerqué al gobernador, 7 apo7ándome en su caballo, lo 
dije: «¡Por Dios Quesada I Tenga usted calma 7 prudencia, que 70 no creo esto lo<* 
davía grave.» «Se equivoca usted. Gándara, me respondió; he hecho cuanto es po- 
sible porque se retiren , 7 no hacen caso; al contrario, me prometen un fin igual al 
demij>adre.» Partió el gobernador, 7 encontrándome con el duque de Sesto, bija 
del señor marqués de Alcañices, entré en su portería, donde estuve sentado largo 
rato conferenciando con él acerca de los acontecimientos. 

A las doce de la nocbe me des|iedí del duque 7 saii á la calle, en donde of á unos 
paisanos que ardía la casa de Salamanca. Corrí, 7 cui^ndu casi sin aliento, llegué á 
la casa , se presentó á mi vista el espectáculo mas desolador 7 repugnante á la Tes; 
hice todos ios esfuerzos imaginables para contener á los que arrojaban mueblea j 
efectos por los balcones; apele á su patriotismo, á su generosidad; procuraba hacer- 
les ver que aquellos escesos manchaban la mejor causa 7 desacreditabao al qaa los 



KL PUULO T SOS OPEBSOBIS. 4S9 

terror. El mismo Gándara fué herido ea un brazo al levantarle co- 
mo para guarecerse de aquella mortífera lluvia. 

Y no se crea que tratemos de probar que eran cobardes los sol- 
dados ¡oh! no, de ninguna manera; el soldado español, cual-. 

quiera que sea la causa porque lidie , es siempre valiente ; pero 
¿quién resiste á un pueblo que se bate por la libertad? ¿quién re-* 
siste á no pueblo que defiende sus hogares? ¿quién no retrocede 

ejecntabs. Hobo vn insUnte en qae abrigué la esperanza de aer eacncbado y aten- 
dido; algunos honbrea del pueblo, los que por su irage refelaban mayores necesi- 
dades , comenzaren á rodearme y á dar oído á mis razones; pero iodo fué en Taño, 
pues algunos que con ropa decente ocultaban sus crímenes, los distrajeron con 
amenazas y gritos ezajerados , continuando las escenas de devastación. Yo vi alli 
borobres, que conocería si se me presentasen , dirigirse á cómodas y armarios de- 
terminados, bacer pedazos cajones y estucbes y eslraer su contenido, dejando á los 
bombres del pueblo que se entretuviesen luego únicamente en arrojarlos por ioa^ 
balcones. To me lanzaba sobre aquellos miserables, los denunciaba á voces; pero 
los golpes, los puñales y pistolas asestados contra mi pecbo me rechazaban, y ya 
vendido, maltratado, despedazado mi trage, en la mayor eiasperacion y en un fre- 
nesí completo, sal! de aquella casa corriendo apresuradamente al ministerio de la 
Guerra. 

Pedí ai general Lara una eompaiíia que me negó, diciéndome: «Usted no puede 
bacer nada sin empleer el uso de las armas, y yo acabo de recibir orden de contem- 
porizar.» Yo entendía que aquella orden en nada se oponía á mi petición , aunque 
seguramente no había otro medio que la fuerza para salvar la casa y familia de Sa- 
lamanca , pues todavía era tiempo. Le pedi fuerza para defender también su palacio, 
adonde habla oído decir, debían ir después, y entonces me dijo que daba orden á 
los municipales situados en el Pósito para que me facilitasen veinte hombres; pero 
sugefe, qI coronel Aldanesi, se nrgó, diciéndome, que para salvar el palacio era 
preciso hacer fuego , y él tenia orden de lo contrario. 

Los que me conocen , comprenderán cuál era en aquellos momentos mi situa- 
ción ; rechazado de todas partes, y sin que mi razou pudiera dominar pasiones tan 
fuertemente escitaJas. curri á palacio á reclamar del general Córdova, quien igno- 
raba aquellos desmanes, la fuerza necesaria para poderlos contener ¿ sin esta cir- 
cunstancia , seguramente que yo no hubiera visto á Córdova, pues nada me ligaba 4 
él, ni tenia en aquellos momentos otro móvil que los arranques del corazón, que 
rebosaba indignado con las escenas que acababa de presenciar. 

Las dos serian de la niadrui^ada cuando entré en la IMaza de Armas de Palacio, y 
en ella encontré al general Górdova que despedía una comisión , en la que Gguraban 
los señores Corradi, Rivero, creo que Coello, y otro que no conocí. 

Según hube de comprender, esta comisión había conferenciado ya con S. M., y 
yo llegaba en el momento en que el señor Corradi decia al general que hablaba ei^ 
nombre del pueblo y de seis mil hombres armados. Juro por mi honor, que ignoraba 
absolutamente se hubiese formado ninguna junta en la casa de ayuntamiento, pues 
lo que yo había visto estaba muy lejos de parecerse á ningún movimiento político. 
No había oído grito alguno que simbolizase un principio ; no había presenciado acto 
alguno de organización popular , v sí solo hechos reprensibles que no hablan sido 
corregidos, quD no había orden de corregir, y que ignoraba hasta dónde podrían 
llegar sí prontamente no se reprimían. Dominado por el influjo de estas ideas, aca- 
bando de ser objeto de los tratamientos mas bruscos , de los insultos mas procaces. 



íM n FAUAio M iot cdmvM 

ante el foror de los qae ven deslrm ras baciendae , j «nenaiat 
las vidas de sus propios biJOT? 

Aquel coflíibate foé tan heroico y suUine cchbo horroroio y la- 
menCable. 

Y DO faeroa solo la metralla y la bria rasa , los proyectilea q«a 
se emplearon en tan encareiíada refiriega costra b>i tectnos da Ifft^ 
dríd; también fueron bombardeadas sos casas, y ti que esto eserí- 

Tiolvnto 70 por nttaralen 7 de l»prMio«es vivas., ¿liabfá qvtea tstraüt el que re* 
flojera mt palabra aata aqoella eamitloa , tai caargia j ardhDioiK» qoa wb aaafci -mm 
mi altnaT ¿Sorprtnderé e4 que en aqaellee solamnca oMaienteft m% a a pMcaaa mtm 
emalUteUm y en loa iénninaa análogos al eatado en q«e nm bailaba T Hiea al gaiMaal 
CÓrdova delanuí de la eoBMsion naa resefia de lo que había ▼iaio; le maniMié ■• 
haber preaeneiado aéniomae terdaderoa de «na rerotoclon, y le pedt doa cowp a ii— 
con que diaolTer á los qne hicta cíneo boraa destroian é ineendleba* , aia qwrev 
Tíese an término á tamos escesos, y qoe pndiendo dirigirse á otraa peraanaa 
á la poHtiea, nadie hasta entonces traiaba de impedir. 

El general Cdrdof a no pedia negarme como gobierno las faenaa qne le 
ba, y me envsneeta de qne cuando tantoa faltaban á an deber, yo rae sacrifieaba 
el mayor desinterés al noble sentimiento de la amistad , á la cansa del éfdao, y 
leoiaroente agitado, coa el mayor desinterés, lo repito, ¿qué podría ofrecaroM «I 
gobierno saliendo vencedor? ¿por tentara rehabilitarme T Lo intenté el nrialalario 
paritano y no lo acepté ¿hscerme brigadier T Cuatro é cinco veces se me ba ofrea id » 
y lo he recbszado: ¿oro tol ves como ban dicho algunas hojas? No hay ura baataottt 
en la tierra qne produjese en mi la indignación de qne estaba poseído. 

Sali con las dos compañías qne se me facilitaron, y no fni á diaolver la jant» ém 
la Tillo, como se ha dicho por algunos periódicos, pnes fué el general Mata 7 AMa^ 
ni menos entré en la Plaza á las dos de la mañana : marché sobra los qne Inaañdi»- 
bsn , y solo encontré verdadera resistencia cuando volvía á Palacio despnéa da aas»* 
necido, en la plazuela de Santo Domingo. Todo concluido en mi concento, bm rativa 
á mi habitación, situada en el cuarto segundo de Is misma cssa de Salamanca. Fara 
entonces ya estaba constituido el ministerio y nombrados los señorea marqués éo 
Peroles y Garrigé por autoridades civil y militar. 

Tranquila mi conciencia en la mañana del IS, me entregué al descanaoqaa habis 
menester , logrsndo quedar profundamente dormido hasta que se me avisó hallarae^ 
en Is calle un grupo de hombres armados que venían en mí busca psra asaiaraM; 
yo había dejado en la devastada casa de Salamanca ocho soldados con objeto da éa* 
fender los efectos que perdonó el Incendio, y es bien seguro que sin este ataeíaoto 
que utilicé para rechazar la fuena con la fuerza, hubiera perecido en aquel tcuBca. 

Viendo lo crítico de mi situación, conociendo que ya solo debía tratar da aalrar 
mi vida, corrí al ministerio de la Guerra, como á un asilo, como á un refugio, cie- 
rno i la tabla de salvación del náufrago. 

Al poco tiempo se presentó el general Mata y Alós en nombre del gobierno, coa 
la orden de sujetsr la rebelión por medio de las srmas , obrando con toda enargfi^ 
En consecuencis se formaron dos pequeñas columnas que operasen simultánearaaaCe 
en los dos distritos de Norte y del Sor : el general Mata y Alós tomó el mando da le 

Erímers, y me entregaba la del Sor, porque, segna me dijo^ tenia el encargo éa 
nscarme donde quiera que estnviese. 
Aunque todo mi ser se hsllaba profundamente conmovido , aonqva aeababo ie 
buscar oa asilo en el ministerio para evitar una muerte cierta , porqeo ara uataiil 



4tl 

be , tavo«B la maao Tirios mícos de granada, de las que Ucíerüs 
eslragoa ee «la cata enfirealo de la píamela de lialote. 

Todo Madrid p«dp Tarlaa ; poea por aracboa díaa visitó la §tmí 
te aquella BMMrada » atraída por d deseo de €Oote»plar loa esbragw 
que causó el ciego frenesí de un militar ofcceeado: j deeiou» obtBm 
eaio porqoa a st a m w s segaros que sí G&odafa es, oooso sisoaranen- 
teereaiMs» «b militar pondoaatoso» la pouiUe eonduda qoeokM 



qm Im mpMiP^IvStstu ca hmnm wmjm á biifwti, A petar át Im S«UrotiatflN 
pietioM» de le lia fa te ^ no ««tereMeele borfeSae át mk lflMgiaioieM> anlee kkm 
rfooTidee sen el «oer* peMgfe qee eeebebe de eerter, eia eeibierge de ledo, dadi 
9m unmwr el neade de It oolMMie de etaqae qaeee peíiU á míe érdeoee. 

leterHi se diapewea lee eeeeeee ft w ri ea de foe se bebk de eoeipeBer, dtepués 
de dejer e u bé e t i ee loe pmitoe eeireléfieoe, ee O e ai se é eeeree de mi posicieii |MMrll« 
evler, y e a e a aee qie per «Ifeeee »mmMos logié ^eeerme sepeiíoré les eoieeteaes 
del coraion, quedándome eislado con mi «eeeleecáe. Ifls reaeileaes ee eqaellos wm» 
presMS faelsaees serlea eepeeee de eteaslrer á oheerrer le eoodeele €|«e je obeer» 
▼éy emi á IwmbreedelempeiemeBle eompIdeaieBie epaestoel alio. Hebie üegsdo 
de Perfie el IS; e» lee «ioee diee Ireecwrldos heete el i7, bebie beblede y eeaC er e u i 
eíedo eoB mnebes bembree de aeeiea del eeriido preeresisle j eon elgmee de ale 
enligaos compañeros de conspiraciones; toaos ellos ne esenirareo que no bebielee* 
be}M ntnraiee de iasomeeion, q«e le conspiredee eee lede siederede, y esto es- 
pitee mi eoselul» retiro de le pelftiee 'en estos diss^ sí se esceptten eolameete él 
eneerfe qie reeibl del f eoerel Goncbe y mié gestioeea pare sostener el senenl 
O'DodmIL 

lae este reaooemíeftle dedaeie ye lógieementeqae el aMñrimiesto qoe feíBebees 
Medríd no deMe leaer se earáeter osercederoente pro^tesiste, paeste que n! tmm es 
Iss primeras tKwse del die ealerior les gafes de mes eeeioe do este partido le ea» 
bien, ó al nMaee epereeieben connaigo ignorarlo, y yo jamás podía 4)reer deemerecer 
de le coefiense de mis eempeñeros. ASrmábame cede vez mas en eqeella idee al ?er 
que se combatís á ae miaiaterle en qae figureben los neaabres de progresistse le» 
acrediiedos come loe señores Laserae, Eoda y Cantero, y tede dada dessperecia 
eate nne órdeo en qoe se meadaba obrar «ea eaergia y sujeter le tnsarreocion. T» 
debis sapoaer qee casado eoa aa miníslerie compnesle ea sa mayor parte de perao* 
nee intecbebles de anestro pertldo ee epelaba á la violencia, aada debía iatentarse 
contra el partido prograsisls, y por el coatrerlo, debía ser may difereate el objeto, 
la cansa y el fin de la rebelión. ¿Se deberé, pues, estrenar qae yo no considerase el 
movtmienle cempletameate progresista , é per meior decir , qae lo considerase como 
on rootin shi bandera al principio politice? 

Aestosrezonsmieatosdel bombredepertido,se egregaban los del bonor mili- 
tpr. Eslss reflexiones me daeidieroa; acepté resaeltamenle el mande de la colnmaa 
del Sur. 

Dado el primer peso ea falso, lo demás perteaece al órdea fatal. 

Gomo á les tres de la tarde me paae en marcha y me dirigí á le calle de Atoeba 
en donde, eegon aelicias, se organizaba obetínada resistencia. Al desembocer en 
ests calle por le píemela de Metate, mi poalcten se biso estremadaoMnle criiicet 
porqae á escepciea de anee cuentee bombres del pueblo, qae desde las esquiase do 
Is plazuele de Antea Mertín me beelen aa faego cartero y sosteaido, todos los demSe 
estsbsa dentro de lee cesas, desde les qae ao soismente ceasabaa bajas numerosea 
oen sus dispsros, siae cea tejeei ladrütee j adequiaee qae Uofiaa eobre nosotros 



463 IL PALACIO DI LOS CBÍMBl» 

lenró ea la revolución de julio es y será su eterna pesadilla. 

En cuanto al resultado que dio la heroica haxaña de ametrallar 
la magnifica casa que hace frente á San Sebastian , le ha presenta- 
do un escritor con taota exactitud , que no podemos resbtir al de-r 
seo de copiar su breve relato. 

«Muchos días después del triunfo de la revolución nadie pasa- 
ba por la calle de Atocha sin detenerse delante de una magnífica 

sin que TíéMoios siquiera á los qae los lanzaban. Desde la casa del señor EÍYero , de 
qnien soy amigo , se nos hacia un fuego mortífero, que era necesario acallar ni a» 
kabia de salvar sin la deshonra do una retirada la pequeiía columna de que era res- 
ponsable. Me vi, pues, obligado á hacer jugar la artillería para apagar los fucgoa 
de aquella bien defendida casa, causando los destrosos consiguientes á la obsiinncioQ 
del ataque y la defensa. Nada adelanté, sin embargo; desalojada la casa de Eidero,, 
el fuego partia de otras y de las esquinss inmediatas, continuando las bajas y vién- 
dome obligado á tomar una actitud defensiva. 

Ya entonces comprendí mi error. Conocí que aquellos hombres eran progresistes» 
y mi corazón sintió no hallarse á su lado defendiendo los mismos principios, y cree* 
seme, mas me habria envanecido combatir con ellos que no en contra, pues dureote- 
once años nunca he perdido la ocasión de hacerles comprender las ventajas naturales 
del pueblo cuando se lanza al combate. 

En este estado saqué mi cartera, y en una cuartilla de papel, á caballo y sobre 
el sombrero de un guardia civil, puse á la autoridad superior militar un parte es- 
crito con lápiz en los siguientes ó parecidos términos: a Estamos al frente de mm 
Terdadera revolución: sostengo este punto por no faltar al honor militar, pero es 
anocheciendo recogeré mis heridos, eqnipo y tropa, y marcharé al Prado á tomar 
ana posición enteramente defensiva.» A»i lo hice en efecto , emprandiendo mi reti- 
rada á las diez de la noche sin abandonar mis heridos ni perder un fusil. 

En el dia 19 no he corobatídn, pues ya rra inútil, limitándome á montar el ser- 
vicio que dieron las tropas de Buena-Vista ; pero todos los puestos y casas ocupsdss 
tenían instrucciones defensivas, y yo en este día no he oído una bala. 

Esta es la verdad franca y sincera de la p<irtc que me ha cabido en los sucesos de 
las altas horas de la noche del 17 y de la madrugada y tarde del 18. Téngase presen- 
te al juzgarme, no ya mi vida política quedeju trazada á grandes rasgos, pues no 
creo baya ni uno solo que ponga en duda mis servicios á la causa de la libertad , nai 
abnegación , mi desinterés, mi patriotismo: el juicio público que yo demando debe 
abrirse después de las palabras que dirigí al general Qoesada la noche del 17, es 
que mandándole el general Lara hacer uso de la artillería, le recomendé la ealmm y 
la prudencia; debe abrirse desde el instante en que contemplando yo las llamas y 
los escesos en casa de Salamanca me llevó mi eialiacioo á defender la familia y ios 
intereses del amigo. Ni yo defendía entonces al ministerio , que tampoco existía , ni 
sin ultrajar mi conciencia, ni lastimar mi pasado, ni marcar mi frente con el sello 
de la mas afrentosa ignominia, hubiera podido defender al anterior. Se engañan, 
pues, los que creen que al defender yo la casa de Salamanca podia defender la ceusa 
política á que se encontraba ligado: ¡jamás! y lo juro por el nombre que llevo. La 
amistad de don José Salamanca no ha inQuido en mis actos como hombre poUtieo; 
amigos éramos como hoy en 1814 en que se encontraba íntimamente ligado al gene- 
ral Narvaez, y yo acomeií contra este una lucha desigual y de muerte; amigos era* 
mos en 26 de marzo de 18l8, y Salamanca no sabia una palabra de lo que se prept- 
Kshai y á tal ponto , que habiendo ido á esconder unos papeles á su casa en la hora 



SL PÜIBLO 1 SUS OPBBSOiBS. i68 

casa qne hace frente á San Sebastian para contemplar los deslro«f 
zos ocasionados en ella por lais fnerzas de Gándara. > 

Estaban las pnert«is acribilladas por la metralla , rotas las per«- 
sianas, taladradas las paredes , destruidas las molduras. '^ 

En dicha casa no habia mas qne nueve ó diez combatientes de» 
los cuales no pereció ninguno , pero murió nn pobre escarolero que 
se habia guarecido en la escalera, y cupo la misma suerte á un bra- 

• 

crítica, dejé salir sus hijos al Prado sin siquiera prevenirle del riesgo que corriao. 
En cuanto á sus negocios, juro por mi honor j por el nombre que llevo, qae ja-^^ 
más he tenido la menor participación ni conocimiento de ellos, j su amistad no me 
ha valido nanea un solo maravedí, ni directa ni indirectamente. Si tiene grandes 
defectos, si es perjudicial, como muchos creen, no es el amigo querido de su cora- 
zón el que así debe considerarlo: algunas veces he comprendido que podría vers^^ 
acusado ; pero confieso que nunca imaginé que el pueblo de Madrid incendiara su 
casa , 7 todavía pienso con algún fundamento que aquel desastre fué hijo de una vén- 
ganla personal. Las escenas de so casa fueron , pues, las que me precipitaron , y hoy , 
que las considero con frialdad hallo que habia motivo; por lo demás, tanto él cono' 
yo huíamos de hablar de política por evitarnos disgustos. Una vez tan solo tuvo lugar 
después de mi vuelta, y presentándole la situación como yo la Tela, me dijo: «Bn 
España no hay un corazón mas pronunciado que el de usted.» — Es verdad, contes« 
té, pero no aflijo al amigo.-^ctSn puesto de usted, repitió, es el campo progresista 
y no 0*Donnell.»-r Es verdad, le dije, y eso es lo que haré en el momento que so 
pronuncie cualquiera. 

He terminado la tarea que me habia impuesto, relatando fielmente los sucesos 
en que me he visto envuelto j que con pena me mantienen alejado de mis coropa« ' 
triotas y de los numerosos amigos con quienes compartí tantos trabajos por el triun* 
fo de la libertad. To no sé adular; be sabido, sí, servir siempre al pueblo, y si la 
revolución se hubiera iniciado de otra manera, nadie se hubiera puesto delante de 
mí, y nadie hubiera osado detenerla, sin ser completa ó sin que yo hubiera per- ' 
dido la vida en la demanda. Si por algo he sufrido en mi retiro, ha sido por haberla 
visto estéril, sin carácter^ sin valor cívico ni revolucionario; los que de ella se apo- 
deraron, enemigos unos, serviles otros, cobardes los mis, el miedo fué el lazo qne 
los unió, el miedo su consejero, y un triste legado sus insignificantes y raquíticas 
disposiciones para los que vinieran después á gobernar. 

Que no se tomen estas refleiiones por hacerme valer; pero es lo cierto que así las ' 
hacia, cuando por todas partes se me buscaba para matarme. 

Si yo no me hubiera comprometido en julio, tal vez los enemigos de la revolu- 
ción no se hubieran apoderado de la palabra orden, con lo que tanto mal la hocen ; el 
orden mas Inflezible la hubiera distinguido ; pero si era necesario castigar sin con- . 
miseración á los que á su sombra cometieron escesos, también hubiera habido jus- 
ticia, y justicia ejemvlar para los que la habían hecho la roas justificada de cuanta» : 
ha habido en el mundo. 

Concluyo entregando al juicio de mis compatriotas todos los actos de mi vida po- 
lítica. Si su juicio me es favorable, quedaré satisfecho, formando pirte activa de la 
comunión progresista, á que siempre he pertenecido, y á la que, á pesar de su triuiH 
fo. veo en mal estado. En otro caso, tranquilo en mi conciencia, habré hecho por 
volver á ella lo que mis sentimientos y mi deber exijen , y eo donde quiera que esté ' 
seré siempre liberal, honrado y buen español. 

Bayona 16 de setiembre de 1854.-^oaquin ok la Gákdaba.» 



Mi BL FALAQM M liOfl QiÍMtNKI 

To dndaiaoo que tifia eo el euarlo entresuelo y que se hallaba 
sentado tranquilamente en su butaca tomaado café. 

El deagraciado se había balido en aquel misoso dia á cuerpo 
descubierto ea k Flan Mayor, y se volvié á su casa para rehacerle 
de sos fatigas. 

Halló k muerte donde no craía correr aiegoii peligro. 

Ea general k>s cronistas coande recorrea los campos de hatalla 
no hacen mas que contar el número de muertos , y este cuadro es 
por si solo muy espantoso. 

¡Cuánto mas lo sería si les fuese posible presentar á las vicCi- 
mas, no aisladas, sino en sos relaciones de sociedad y de familia I 

Entonces cada cadáver que se encuentra en el campo saounia-» 
traria tal tez el argumento de un drama horripilante. 

Porque el que muere tiene hermanos que le quieren , hijos tal 
tea coya suerte dependía de él « una esposa ó una amante que no 
puede vivir sin su amor , una madre cariñosa que le adora como 
adoran las madrea á los hijos. 

Sugiérenos estas tristes reflexiones la posición especial eo que 
se hallaba el individuo de cuyo desastroso fin acabamos de dar 
cueata. 

Siendo muy joven , tomó el hábito religioso sin tener la coa- 
ciencia de los deberes que le imponía su auet o estado. 

Hizo rechinar mas de una tez la cadena de votos que le tenia 
amarrado d dáostro ^ hasta que por fin la revolución k ayudó á 
reoiiperla. 

Secularizado ya , se prendó perdidamente de una majar apa- 
léate que correspondió i su amor, y practicó inútiles gestiones fM;- 
ra quedar rektado de los totes que le impediaa unirse cea eUa ea 
matrimonio. 



KL POIHLO T SUS OPRESORES* 465 

Hizo por fin un viaje á Roma, y obtavo del Saato Padre la dis- 
pensa que solicitaba. 

Regresó á España , tomó en ir revolución nna parlo activa * y 
mnrió precisamente dos días antes del que tenia señalado para dar 
el nombre de esposa i la que habia sido constante objeto de so 
predilección.» 

Debemos dejar consignado el arrojo de un joven delantero de 
diligencias, de muy tierna edad» que durante la malhadada y de* 
sastrosa espedicion de la tropa la fué siguiendo y hostilizando á 
cuerpo descubierto , de un modo tan certero , que raro era el tiro 
que no aprovechase. Has ¡ ay ! después de mil hazañas , cayó mor» 
talmente herido el dia siguiente á corta distancia de la guardia del 
Principal , á la cual estuvo luengo rato hostilizando sin parapetarse 
ni siquiera para cargar el fusil. 

Una mujer hizo también prodigios de valor, con el arma de 
fuego que con sus propias manos arrancó i un guardia civil ^ y no 
quiso ceder i ninguno de los muchos hombres que la solicitaban. 

Iba el pueblp ganando terreno en todas partes , y hubiera sido 
breve, decisivo y completo su triunfo á no faltarle armas y muni- 
ciones, pues tal era la escasez de pistones, que para suplirlos se 
valieron algunos de cerillas fosfóricas. 

La camarilla y sus instrumentos , debieron comprender que era 
ya imposible sobreponerse i la decisión , al heroísmo del pueblo de 
Madrid, puesto que después de reforzar con crecidas fuerzas las in- 
mediaciones del regio palacio , hicieron retirar i las tropas que se 
hallaban diseminadas por la población. 

Desde entonces quedó el paisanage dueño de todo Madrid; 

pues los soldados concentrados en sus respectivos cuarteles , perma- 

necian en ellos como sitiados. 

T. II. 59 



4M EL FILACM DI LOS OlílIBUS 

El miedo que antilaiaba i la camwriüa hacia gcrmiiiar an pa- 
lacio tal desorden , que los Dombramieotos de avloiüadeB y miaia-» 
tros 8c socedia» por iostanlea. 

La oapitaiiia general ftié conferida á Nanraex (doA FraBeiaGo)>y 
¿ quien sucedió 4 laa pocas horas Gampozaoo , que á sa ¥ez finé 
muy en breve reemplazado por Mata y Alós. 

El principa) deseo de la camarilla era eritar qae la revolocioa 
trinnfante peaetrira en la morada regia , donde se habian giunrwi» 
do todos loa criminales de alta gerarqnía , y fué Verdaderanaente 
formidable el aparato que se desarrolló para la defensa étA real pih> 
lacio. Imponentes parapetos con piezas de artilleria cnstodiahan el 
pórtico llamado del Principe ; pero babia además doce cañonea es 
la placa de Armas y patio principal , y enantes escuadronea de eik 
ballería existían en Madrid » con el pié en el estribo loa qse no ea- 
taban mentados y lanía en ristre para obedecer á k prima re atóal 
de ataque. 

La sangre espaSola qee en aqud aciago dia habia regado lee 
calles de Madrid come en el dea de mayo de 1808 , eo era sangre 
vertida por hnestea estranjeras , era sangre de hermaeos que hi* 
chaban contra hermanos, y bé aqui por qné suponemos que los se- 
ñores ministros se hallaban supeditados por una eanMurilla sedíeote 
de venganza. 

Los víveres escaseaban en palacio , y era cada vez mas cri ticet 
mas apurada y aflictiva la situación de los que se cobijaban bajo 
sus marmdreas techumbres. 

Tendió la noche su negro crespón sobre la oorenada villa. 

llwBinóse espontáneamente la población. 

Semejaba un cementerio con hachas encendidas en derredor de 
las tumbas. 



^L FüBBLO T SUS OPRBSORBS. 467 

TTn silencio sepulcral hacia mas pavoroso su aspecto. 

Este silencio era interrumpido por el quién vive y la voz de 
alerta del valiente pueblo que velaba por su libertad. 

Un grupo de paisanos se situó en la Plaza Mayor y otros se po- 
sesionaron de las del Ángel , Santa Ana y Progreso. 

Ya que estamos ea la platuda del Progret o, entraremos en casa 
de don Nicomedes y dona Úrsula , para dar un pequeño solaz á 
nuestros lectores. 




»»> »M » E Ejg<MIMga g»Ii< •«« • 






CAPITULO xxxvm. 



LAS BARRICADAS. 



— Gila... Gila.... 

—i Señor ? 

—Parece que do os acordáis de in(« 

—Esto es una Babilonia, señor. 

— ¿ Qoé hacéis que oo me dais una tacita de caldo ? 

— ¿ La quiere usted ahora ? 

—Sí , que me siento muy desfallecido. 

Y don Nicomedes , que no era otro quien de tal guisa hablaba 
con su doncella , se incorporó en la cama , disponiéndose á tomar 
el caldo que Gila le presentó pocos momentos después. 

—Temo que este caldo me pondrá peor ^ dijo don Nicomedes 
después de algunos sorbos; — pero me encuentro tan débil... 

— ¿ Y por qué le ha de poner á usted peor el caldo ? 

—Porqué me revolverá de nuevo las tripas y Mira, ¿está 

limpio el don Pedro? 

—¿Y quién es ese caballero? 



BL miBLO T SUS OPRBSOftBSé 46ft 

— £!••. el.... ¡válgame Dios I me harás decir palabras incon- 
nientes con tu torpeza. 

— ¡ Ah!... ya entiendo... Si señor « limpito está. 

*-*Paes ponme las chandas junto á la cama, porque me pare- 
ce que no tardaré en... Me siento unos retortijones... 

—¡Bendito sea Diosl... ¿y qné es eso?... ¿tiene usted el có-^ 
lera-morbo? 

—Lo que yo tengo , Gila , es el cólera-miedo. 

— ¿Y no le dá á usted vergúenza decir esas cosas? > 

— No lo puedo remediar ; cada tiro que oigo , esperimento una 
sensación tan desagradable como sí la bala que despide atravesa- 
ra mi cuerpo. ¿Qué hace tu seüora? 

— ¡Tan valiente y campechana I... Está en el balcón alentando 
á los revolucionarios... 

— Esa quiere que alguna bala estraviada le dé pasaporte para 
el otro mundo. :.' 

—No hay cuidado , señor todo el fuego está por allá por la 

Plaza Mayor y la Cuesta de Santo Domingo; Dicen que hubo ano-^ 
che tantos muertos... 

—Calla, calla... Tornan no quiero mas. ^ 

Y entregó á la doncella la táia. 

— Aun qneda media taza de caldo, señor. ¿Por qué no la apu- 
ra usted ? El caldo es muy bueno para la destemplanza de vientre. 

—¿Y no dicen quién gana? 

— ¡Toma! ¿quién ha de ganar? Los nuestros. 

— ¿Y quiénes son los vuestros? 

— Los liberales... Si viera usted que contenta está mi señora... 
Ha pasado un grupo de revolucionarios con una bandera , jr mi se- 
ñora ha salido al balcón... 



470 íl WÉáMao M u>9 aimvm 

—Para «triofléar, nn dli4a. 
— Qné , no señor , para decirles cosas. 
— ¿Y qué lea ha dydio ? 

—No «e aeaerdo ainoasí... de alguna fua otra palabra. •• Hi- 
jos mios... ánino,.. pon|«e loa tíranoa... y laa cadaias... j laa tt* 
bertadel patriaa... y por fio ha gritedo: ]VÍTa «I pMbki sobera- 
no! Y todos han respondido ¡Viva! ¡Viva! ¡Qué gasto, a^tor!... 
Y nsted metido aU «i Ja ctma ais var aada 4a aato^*.. {Ea tan 
difertidol... 

--^Idte, eafla , fanbéetU.* no aabea lo 4p» te dUeea. 

■ ft i e a ú todoaeatán tan alegras y taaL»- 

— ¿Y habéis pasado ]a noohe ea vela? 

•«-Ya aa vé qae ü^.... y i fé que no la be fasaio aaano aobre 
nano. Tres cazuelas de arroz llevo hechas. 

— iParaqntén? 

—-¡Toma! para los de las barricadas. 

— *Erti visto qne os empatáis todoa ea compriMBetaraae. Si 
trinnfa el gobien» me fasUan* 

*-Baenas trazas lleva de triunfar el gobierno. De asta hecfta 
dicen todos que el gobiarao se fastidia.*. { Qaé bien vauMM á es- 
tar sin gobierno!... ¿verdá usted? 

-*No digas barbaridades. ¿Y qoé hace alMMra ta ama? 

—Signe <Uetaada disposiciones. 

— ¿ Qué disposiciones ? 

— Las que le pareoan contenieates por si k tropa nos ataca. 

— ¡ Ayl... ¡ay !... ¡ay él fientrel 

— iVi nsted á saltar d% la eauM? 

—Todavía no ; pero día», ¿ae teme ^jne sa dirija hioia 
lado la tropa? 



— Qoíá , seftor , si ya el gobíerao ha perMo y ioAf^ «sti acá** 
bado ; pero dice mi señora que baeno es estar prevenido para le- 
que paedhi Iroaar. 

— ¿Y qué hace? 

— Ha mandado desempedrar la «caUe. 

-— ; Desempedrar la ealle t 

— ¡No que no! 

— ¿Está loca esa mujer? 

— Cuerda y muy cuerda « y ka mm^aáo también Henar todoi' 
los balcones de piedras , y de las mas gardas.... y si se atreven á 
pasar los soldados. •• no tendrán mal pedríseo... y cuando fe aoa— 
be la lluvia de los guijarros... irán tras ellos lae sUlae, y las có-* 
modas y... 

— ¡Ay!... ¡ayl... ¡ay mi vientrel... ¡mivientrel 

—¿Quiere usted las chanelas ? 

•—Lo que qviero es que me dejet solo. 

—I Vaya na gusto! estarse ahí metido « la cama, cuand0 
todo el orando. . . 

—Vete. 

-—Ya me voy; pero es una lástima ^m... 

—Vele. 

Gila iba á obedecer, y llamándola don Nicomedes, a&adi^: 

— Ciérrame bien todas esas puertas, no sea que alguna hákk 
estraviada.... 

— S( y de la Plan Mayor vendrá una bala á la plaiuela del 
Progreso, únicamente para darle á usted en el ombligo* 

— Cierra. • . • — gritó enojado don Nicomedes. 

En este momento sonó una descarga. 

— ¡ Ay ¡—esclamó el pobre viejo , y con la rapidea del rayo. 



t(l% EjL PALACIO Pl LOS GAÍlUNIi 

se zambulló eotre sábanas , acurrocándose y tapándose cabeza y 
todo. 

Gila cerró la puerta de la alcoba después de haber salido rién* 
dose á carcajadas. 

Aunque la revolución parecía reconcentrada en el barrio del 
Norte, el cuartel del Sur, que comprende los de Lavapiés y To- 
ledo, comenzó ya desde la misma noche del 17 á tomar una par- 
te muy actif a en la ebullición popular. 

Los primeros grupos armados que acudieron á la Plaza Mayor 
y á la de la Villa , procedian de la calle de Toledo y de la pía* 
zuda de la Cebada. 

En uno de ellos se distinguía por su frenético entusiasmo á 
ilegro Tomás. 

Pocos serán los habitantes de Uadrid que no recuerden haber 
visto entre los grupos de los defensores de la libertad la decisión 
de un negro que alentaba coa su arrojo á los demás valientes » ai 
es que no á todos les sobraba el invencible denuedo de los libres. 

El grupo en que militaba el negro Tomás era acaudillado por 
un bizarro joven casi imberbe , rubio como el oro , de hermosa 
presencia y simpáticas facciones. 

Era el joven don Enrique de Mendoza , hijo de María y del 
marqués de Bellaflor, que aborrecía la existencia desde que ocasio- 
nó la muerte del generoso banquero que habia salvado á su padre. 

No podia olvidar tampoco á su adorada Matilde ni sabia si 
existia , ni pretendía averiguarlo ; solo conocía que arrastraba una 
vida insoportable, y aprovechaba la ocasión de perderla sin come- 
ter un crimen. .. 

En resumen , quería morir , y allí donde el peligro era mas io- 



Y 8V MwaM»^ 471 

■BTCDte ^ «Ai Morfb ^dateoióf éft perecer €011 -gtoriá* - ' 

Esta idea le proporcionaba el consuelo im qae mí úd atfbi' 1a^ 
•ennU^ra muerte áflHÜiolalmdofipttdres. ' 

£1 jóféalSoviqM aose Inñlé, pttce^ á ia 4éfeiiea de tt bat^^ 
rio¿ sino qoe de barricada tm &arrkaíia> iba tiaa Jet piíeikis dd 
mayor peligro^ sin que al Mgio Teeiás k. «baüdobára wm!m om e É 
la, ao aAii^far el'oariia fue le prefeadla ^ .fliiBe por ka repetidas 
edenes fea hahk tecibiéo de «eaMievaa aiaá»ei^ áffaké babk 
abandonado anegada en llanto acerbo;. * « ' i • . r 

Desde el amanecer del 18 el movimiento de la calle de Toledo 
y pkzuela de k Cebada era eckraardiiiano i.wam daaeaipedmbaa la 
calle , otros reunian armas , hriaa qaien organizaba la gente, y to- 
do se ejecutaba con tanta prontitud , con tanta precisión y orden, 
que at anochecer era ya imponente el aspecto de la indicada pla- 
zuela. 

Todos los vecinos á porfía ansiaban ser útiles de un modo ú 
iftro á khlieea baotai , y loe mas áoaadaledée pt^ércioiiaron ataan- 
ias onlidedeé fiíeM* aienefller para tA %mfío dé ka pnmáooás 
necesarias, y aun para el socorro de los que faltos de su acostoal- 
brado jornal no podian ateeder á k aumutencion de sus familias. 

Los regimientos de Estremadura y Cuenca se hallaban acuarte- 
lados en el espaeioeír oria^eelo -de Sea FVaaieaoo el Gimude; pero 
no habian dejado en él mas que una escasa fuerza de quietos^ yoiw 
que la denás fttaraeek óteos puillos, y los palslttos legranoe ha- 
cer con ellos una especie de aUaaca , ea virlad 4e la cual peraiane- 
cieron los quintos armados en su puesto; pero sin hostilizar al pai- 
sanage. 

La escasa fuerza que en la calle de Segovia estaba de guardia 

en la tasa de'k Moheda, tuvo que rendirse i las masas populares. 
T. n. 60 



474 tt WÁLMOO 1» L08 CiÜBXai 

Las tendencias políticas de los defensores de este barrio eran 
poramente democráUcas. 

AIH fué donde tuvieron comienzo las barricadas que laego se 
estendieron por diversos pontos conK> la Red de San Lnis , la calle 
Ancha de San Bernardo , dando frente i la plaiuela de Santo Do* 
mingo , la calle de Gravina j otras mochas. 

Las primeras barricadas qoe se construyeron con tntdigencia y 
<}rden fueron las de la calle de San Juan al Prado ^ cmoo lo de« 
muestra la relación siguiente : 

MSTMTO DI DERIISA VE LOS BABBIOS M SAN lUAN T M LAS 

HOBETAS* 

Clasificación de Uu barricadas comprendidM en esta xona. 

FBIMEIA LfNBA. 

Núm. 1.* . ¿iberia^. •— Situada en la plazuda de la Hatería do 
Martínez j edificio dd mismo nombre y tapias del conveoto dn 
Jesús. 

SBGUIIDA LÍSIA. 

Núm. 2.^ Paeblo Sofrerono. <>— Calle de San Joan, al lado de 
la tahona. 

Núm. 3.^ JtfUicia iVaeional.—- Calle de las Hoertas. 

Núm. 4.® O'DotifieU.— ídem, idem. 

TBEGBEA LÍNEA. 

Núm. 5.® £ipar(ero.— Calle de San Joan, cerca de la Alenté. 



iL ramo T soi fnnamMM^ ATSl 

CVAWA LÍNBA. 

Núni. 7."^ /MMii.**«CaUedeSratliH«Ha; 

QvnrrA lIxea. 



•I* 



Nún. 8.^ Ind^peñdiheiu. —«Galle del Leoo » cob tegilo' á bi 
de Lope de Vega. > iK 

Núm. 9.® I/num.— Galle de las Haertaa, con las del Leos y»i 
edificio del NdetD Réaadó. h iiif; 

Además conleDia otras carias en líneas laterales» deiloiniíiadass » 
Luehanap 7 ds JUio, ft«^ dé Séfiemére, Aiffwtítff , Jlfaff/la« etd 



'i 



El sefiuido eestro dd compUI d»l Bar era la planiza dél Pro*M! 
gresOf dfode lodo perauNHieió Irattqaild dorante la retolneton; pe«M{ 
ro no por esto estaban sos habitantes menos dispuestos á la dtIen<-¿! 
sa como Iwoioa indicado ya» aonqoe flestivameiitey al ditevÚr i 
nuestros lectores eon ét miedo «erTal de don Niconledes , y la ttiá^ ' 
tacion de su esposa doña Úrsula. 

No habrá olvidado el lector que estos dos personajes son los 
padres de la bella Carolina , á quien no hablamos vuelto á ver en 
nuestra escena , desde que su amante el bizarro joven Manuel, her- 
mano de la marquesa de Bellaflor fué desterrado á Ultramar. 

Este , como digno hijo del simpático Anselmo el Arrojado , á 
quien hace luengos años conoce íntimamente el lector , habíase lan- 
zado de los primeros á la liza , no solo á impulsos de su amor á la 
libertad , sino en cumplimiento también del juramento prestado en 
el momento solemne en que so hermana María le participó la muer- 



179 A MUH» IK WB 

te de su madre , víctima de \o% desafoeros de nn tirano. 

El amor y las lágrimas de Carolina , no fueron capaces de re- 
traer á su pundonoroso mmMm^ 'f <}nerfapAo eil»i|lie eatarioMilne- 
nos afligida durante MfAnriaagftdA aiiieMia ^ tuA» tenidtf ¡iMfltion 
de dejarla en compañía de sus padres. 

Doña Úrsula, poseida áana ifneoélko entusiasmo, rodeada de 
mil urgencias , que , como ella decia , exigía la patria en peligro, 
iMMidhifara dar ooniuelos i o» «flígvte lH|t>t y el . fohrá /Hon 
Nicomedes , encerrado en su cuarto , acurrucado ente'rfiliÉnMK éatk 
loB Miil¡Mi MI les oídos fMi m mw hs Jmtfgis , y sofimÉido 
agudos dolores de vientre, tampoco se háüahri «idíi^éaki 



» 



Eifr tas wfanim^ InMie hnkhmtkí oAnrrUo 4fla*Ml » i|wi 
ninguna parte estaría mejor Carolina que en compañía de su her- 
maA; Mea ^ Mepl6*ioen Hielrii gJ—y Ifc toüi eda^ y i ffai se 
iMhtaB dfaigU» á la tttt» dy TpMe éMdbffMfc lariihofÉeM'éeu 

Betblir» "•* n» ([.(•.;' *■■■ '^ •* *■ • - /-i • i f n oí 

• Ibiiálíl adfMiir ifie Ma ai i ^Hevafar a» MÉnNpeaáMiil» «ftnílf f 
saWt* •lirtuQhwi.^.y.fcuMUí pconrifiM de ««rtncjjl^.. .. .t ^ -.w ua 

'. f ■ • ' ' ■ • , • t -•,,;.!;■»/•'' .'I/;.¡ I / 



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- CAPÍTULO'' XXXIX;' ' "'■••'"'^ ••'' 

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: ■ ■•■.;.■■ . ■ . ," . ' í.t' " :i I'. ; ■ . '• • ii *Mi 

EL 19 DE JUUQ. , 

I 

. '-.* f» i>' ''»í 'i • 'i' »i?Í«l> 

, ,.l ... / 



en Burf itdk MfkM^mi tl ém B tL eiJfM fü^imíi» os^euMM^ntoi 

cargar con la responsabilidad de referir aolot átnoaer-ép» MckMit:i 
Mwatra g o» M irfa » <riAt¿i r tawi> á mtMnmhctafmmüsa 4fiiéUos 
tal oono M nlata ea4wa rütfiÉ^eioi JwitioM Woboa íM pnefeb • 
de Madrid oi ha jaÉoadaa |i& jnUoi for-m lÉJd msívomlé^ caá » 
los juiciosos comentarios que Wéfum. Dia^wái ./ • 

« Ai Movocer Jiabia oeMdo a>tiPiMiale ti f «agfiu pero «la/ tro- 
pa y el paeblo ocupaban respertilfiMwnle'iMiyMÍoi#fceÍ4,,i»ap0.g|g^ 
nifiealM: qw kdkclai eitebt itMphiHida ^Anvile íes iímekbi$ f ipero 



no MtiamMa. ir 



;, '■ I 



I^opttíitBfáblífta^oriaHÉáAoadBfiMMonBi dhá |Mdrit , 7 fura 



478 BL PALACIO DI LOS CtfKIHtt 

que estos no pudiesen ser sorprendidos , los balcones se ilominaroa 
espontáneamente. 

¡ Terrible iluminación , destinada esclasivamente á alambrar un 
combate fratricida de españoles contra españoles , de libres contra 
esclavos I 

Era también de notar que á pesar de ser general la ilamina-* 
cíon las calles ocupadas por la tropa estaban completamente osea* 
ras , como si el vecindario no hubiera querido ser cómplice ni en 
la mas pequeña parte de los asesinatos que se practicaban i pesar 
de la oscuridad sobre transeúntes desarmados y descuidados » alum- 
brando á las víctimas para que los asesinos pudiesen hacer cómo- 
damente la puntería. 

Y no se nos diga que exageramos : durante aquella noche de 
horror* en medio de cuyo silencio no se oia otra cosa que los aler- 
tas de les cmitíneUs del pueblo y el raido de los picos de loe qne 
desempedraban para emstruir barricadas , preparindose A la locha 
del dia sigoiente ; eo medio de aquel lúgubre sileoeie, repetimos^ 
se esonchaba de tíeoipo ea tiempo la detooacioa de algoaos dispa^ 
ros de fbsU, después de los coales soiiaa oarse eyes y deiesperadoi 
gritos de socorro y de agooía. 

Dorante mocho tiempo los vecinos de la calle de Saotiago qne 
era una de las mas tenebrosas estovieron oyendo los gritos de eo-* 
corro de na ioEsKi y las imprecaciones que la desesperacioa la ar«» 
raneaba al ver que ao era socorrido* 

¿Y cómo bahía de socorrérsele « cuando ir i sa socorro era 
ir ¿ la oiaerte de una manera inútil 7 

. Los qne aín pdigro podieran haberle socorrido^ esto es, loe an« 
tores del asesinato, se gozaban sin duda en su agonía, aamenlaado 
so íi^i borraehera de seagré eoa libaciooes de aguardiefite. ! 



IL MULO 1 8Q6 I^BISORIfti 199 

La odie íb Saoliago «sUlia fofiUda por la amainada 4e Pa)$^ 
situada €n la casa del duque de Ahumada , 7 eo aquella casi^ a^ 
habia mas que poUzootai j guardias civiles. 

El desdichada herido no.|ipdia, pues, esperar socorro: segin 
báselo de una parte la iomineiicja del peligro piM*^ los yedaos , 4e 
otra la ferocidad de la canalla m^ceoaria que ocupaba la caaa del 
duque de Ahumada* 

La vox que pedia socorro, que lloraba , que maldecía y que «^ 
dirigia á Dios á un tiempo mismo , fué apagándose leAtao|e«te bair 
ta que cesó del todo. 

Los vecinos de la calle hablan apurado d horror de una ho^ 
ra de agooia. 

Al dia siguiente loa vecina vieron un pedaio de cráneo hama* 
no junto á una esquina t 7 al medio de la calle un lago de sangre 
coagulada. 

¿Quién bahía recogida los cadáferes, dejando como testimo- 
nio de ellos aquellos mismos despeaos? 

Cada vez que recordamos estos lúgubres detaUeSt nos conven*- 
cemos de que, por mas que queramos ser indulgentes ^ no tiene 
disculpa el ministerio de las cuarenta y ocho horas. 

El mismo Gándara en su manifiesto publicado mucho después 
de aquellos acontecimientos , confiesa que ya en la calle de Atocha 
comprendió que los que se batian con tanto valor no eran hombres 
pagados para un motin : confiesa que vio ante si U revolución sos- 
tenida por el pueblo. 

Gándara lo conoció , á pesar 4e su corage , y lo mismo debió 
conocerlo el ministerio: lo repetimos , aquellos hombres no tienen 
disculpa ni en la tierra ni en el cielo ; ellos aceptaron mucha parte 
de aquella sangre que ha caído sobre sus cabezas, porque una 4c 



4m, •0tMiiÉ filAéf pirff ffetiMf é'la'l^^ 

Diéndose de parte de IO0 eÉettijprtétf^k t>álMi, fio* ttiMtorér «i 
el Htíffiíééó \ tttf i0fMJiiieAi>! lio MpíérM lÉKf áelMMUpfMMM, sin 

energia: hubieran evitado con todas sus ínenM^ik-dk^éféM/éi-f 
Hfan 9t%m& 'él HMM'de qtielii «pMon'pjMiea' let hAbiese péMbna- 

Claro estaba para todo el mundo el objeta lAcrtáfif' IMMa M9i#^ 
tmoiff pdi^ {MMI^'de 'ln eM«t se-^eriá téiñtáré 9Mm IMiee lá si- 
tuación: todos los que hablan medrado ó satisfecho sM'fifetoS'^f M 
iíñfWátá hÉJ& *^ «iÉ|iito'4elf6bibrm> «ri>i(rkribrTj^íM 4t los 
iPOtaiMs^ 'sftMttb'dfediiifiáde ^ne mle^entoa pddiiM tdleftif MiirfeMk 
y su ambición , y que jamis volverían los polacos si eran itírr íi j l rfe^ t , 
-•B^áe§p&limM,Úp^ él A» he Mmi^ioii , 

luchaba brazo á brazo con la fAMtttd, eoft lá'dl{gfkldad mcioiliffV 

y todto lo tMMá ^ m triotifo. ' ' 

Nmca la Mlit te eSladoiMt nédMia étirlMorétff éb «Maí>- 
nos : nunca el ítúM ^BáftíkA se 'bk tfstey mÜs eombatNb ni niM vt^ 
«nmtér: gracias A la «rasatet y i i* g«Mrosidad tMl pneUb; j de 
tm niiinlÉedóf ttifliagfo de Dios, «é baD libraéb «t trono y el pub és 
'Wt MiClidnilteirto oofroroso. 

La ofi^fM pbMica, como hemos dieho ye , se dechrraba ioedÉ 
momento mas en favor de la insurrección: sabfase qtie^i los polt^ 
eos tritMfkrban ^el peebb de BiAdrM , ese triunfo les biArtefa dado 
Htt ||i*att prert^ iftef poder en laAproviñdas: acaso les asegarabeen 
ü «émAo; m^ffi tthe tft e con faonror las t^Oñseoiieneías de la derrota 
AelfAel^r téngttftatmemtreosas, reprMJiaa itiifettes, edm> el 



^gol^ de Eitado 411B 4iuila« veoes se babia meditado j que wo ae ha- 
iMaiatoevido i dar : ceaade se pensaba ea qiie podíao IriBofar por 
«B mmúmto de deUlidad <S 4e deseeido del pueb)o los baadidos pá^ 
IdtceB » ee 'Oervabeo los ojos i las consecoeiioiaa para bo aiedír sb 
horror : el gaante estaba aceptado , ya babia corrido SBBgre , era 
aeeestario morir é tríBüfar» bo babia medio : é ellos ó aosotros : esto 
lo 'COBtpiroBdtt la opÍBÍOB pública^ lo creía irremediable, j el veciv- 
¿arie OB mase* )per aímpatía y porioterés se apresBrabaá prestar A 
los consbatienVes del poeblo cuantos recursos sob iausigíoables : aU<* 
mentó, dinero, licores» pólvora, ploono: las «manos mas bellas j 
itas deücBdas se oeopaban en hacer hilas y cart4ichos«» 

Con el fcorriUe sUeooio de la Bocbe desapareció por fia aqneUa 
íatídica y sqpnkral írattqíMidúd ^ Mprodacióodose el fuego de ana 
manera ya general y nutrida , porqae «b kidaa la^ oalles de Madrid 
se habiaa coastraido barricadas y en (sl vecindario enlerp el ipie sí 
BK) laobaba pbp CaUa 4e jm'bmUs , alealaba á les valieates dfsfensorep 
de SQ libertad , y todos se afanaban por contribau* en lo posible 
lal tfianfo de la üevolaeion. 

Bl Blofftífene plemo se wmEaba de nuevo entre la Carrera de San 
GerOÚBO y lea banritíadas de las Cuatro Calles y la de Sevilla , asi 
eomo eMre las de las calles de Adcalá y Montera y el Principal de 
la tropa. 

Las barricadas de la Carrera de San Gerónimo y de la calle de 
la Griu habian empeñado anta terrible lacha con los guardias civi- 
les qae ae habian pose^onado del Casino, y en este mortífero fue- 
go , ^istÍB^iéronse por su íntrepidee y la serenidad é inieligenda 
coa que supieron tomar acertadísimas precaucioBes, los dueños de 
los oafts de las Cuatro Naciones y de las Cuatro Calles , Fornos y 
García. 

T. II. 61 



« 

488 WL PALACIO OS LOS GifinnfBS 

Conforme avanzaba el dia iba generalitándose el faego ya 
tendido á la calle del Prado , donde algunas compaBfas de sapa- 
dores hablan tomado posesión de varias casas, j desde sos baleonat 
hostilizaban á los defensores de otra barricada eonslniida en la ca* 
lie del Príncipe. 

En este parapeto hicieron prodigios de valor tres hijos del piifi<* 
blo, 7 queriendo el señor Fomos auxiliar á estos valientes, loé he- 
rido por ona bala en el costado derecho , y tuvo que retirarse ; 
ro hecha la primera cura , presentóse de nuevo en su puesto y 
tinuó batiéndose con mas aliento que nunca. 

La lucha en aquel punto llegó á ser tan imponente y tan nalri- 
do el fiíego , que apenas sonaba el estallido de una descarga aio que 
cayesen dos ó tres combatientes á la vez. Entrambas partes e^e* 
rímentaron sensibles pérdidas.- 

No tardó en romperse el fuego en la calle del Prado , donde á 
los primeros tiros cayó herido un dependiente de la empresa la 
Eleetrieidad t llamado José Cortequera. 

A las once de la mañana habíase generalizado ya el fuego ea 
aquel distrito prolongándose hasta la calle del León y de las Huer- 
tas , donde los denodados madrileños improvisaron una Dueva bar- 
ricada con los escombros de un derribo , y como los trabajos ae 
hacia n á pecho descubierto , esperimentaron muchas bajas loa in- 
trépidos defensores de la libertad. 

Esta barricada construida bajo el fuego enemigo por la coa- 
drilla de toreros del célebre y simpático Francisco Arjona y Gid* 
lien , mas conocido por Curro Cuchares, fué esclusivamente defen- 
dida por ellos , y tanto Curro , como todos sus compañeros se por- 
taron con notable bizarría , sosteniendo un fuego nutridiamo con- 
tra el enemigo hasta obligarle á abandonar su posición. 



IL PUEBLO T SUS OPBBSOEBS. 483 

EDumerar cada una de las defcasas , cada acto de heroísmo de 
los que se ooasamaroa en tan gloriosa jornada , sería empresa di-, 
ficíl en demasía ; baste decir que fué la mas sangrienta de las tres 
de la memorable revolución de julio. 

¿Y por qué sucedia esto cuando ya el sosiego de la noche an-» 
terior y las proezas del pueblo durante el dia 18 hablan hecho 
creer que todo estaba terminado , y que no le quedaba á la cama-- 
rilla la mas leve esperanza de triunfo? 

Precisamente porque no les halagaba ya esperanza alguna , eran 
desesperados los esfuerzos que baciao los opresores, quienes no po- 
dían conformarse con la idea de renunciar á una sangrienta ven-» 
ganza; y toda vez que les era imposible el triunfo* se gozaban en 
el derramaoiiento de sangre; querían que su caida costase lágri- 
mas al pais , como las babia costado su advenimienlo al poder y 
su detestable dominación. 

Ya hemos manifestado nuestra opinión acerca del general Gor- 
do va , principal héroe de estas hazañas , y hemos tenido la fortu- 
na de estar de acuerdo con todos los historiadores de aquellos la- 
mentables sucesos. 

Para probar la verdad de este aserto, cumplirla á nuestro pro«> 
pósito consignar en estas páginas la opinión de cuantos han escri- 
to sobre este punto ; pero toda vez que hay entera homogeneidad 
en las apreciaciones que se han hecho de su conducta, nos limita- 
remos á copiar los siguientes comentarios que de ella ha hecho el 
autor de Las jornada$ de julio. Dice asi : 

«Por mas que hizo Córdova no pudo asociar á sí ningún ge- 
neral , ninguna persona de significación política , ( 1 ) y sin que esto 
le sirviese de saludable desengaño se empeñó en el lance mas y mas 

( 1 ) I Qaé Terguenia, qaé baldón pira el míDisterío de las eaarenta y ocho horasl 



484 KL FAfiMTO DI £09 GRfaOElllS 

resuelto á bo ceder, srno camdo no le qvedMe Mngm mMÜo de 
resistencia. 

Conoe&ilo est» el pneMo, y firme tamMen por m pcrle en sa 
propósito de no dejar las armaa hasta qne estoriese Me(f«r«éo m 
triunfe, estrechó naas y mas su cfrenlo de harricaéas soiive los 
poestos enemigo», y redobló sos ataqnea con bmk valentía y %M 
roismo qne sos mismos enemi^s no han podido menos de 
Docer. 

Córdova esperaba que la faha de dinero y de manioionea reda- 
jera al poeblo : pero el vecindario atendió con suma solieítaid á )m 
necesidades de tos ccmihatientes , y en cnanto á mnnieionea, algv-» 
DOS Yalientes paisanos habían tenido la fortnna de encoalrar m^ el 
caoyno de Fteencarral nn carro de ellaa y la brararra snficietttft- 
para apoderarse de él á pesar de sn escolta. 

Este contratiempo hizo mas comprometida y diRoil la sitnaokNi 
de la tropa, á qnien faltaban además snbsiatencias^ 
Górdora rompió por todo para dar pan al soldado. 
El general Mata y Aló», director del cnerpo de AdminisCraoios 
militar y comandante en gefe del coartel general de Boena-^Viala y 
Prado, había hecho amasar pan en las tahonas del Pósito y deata- 
cado nn escuadrón provisional formado con los rezagado» qae ba^ 
btan qnedado en Madrid despees de la salida de k oaballerfa cott 
el general Dulce en el mes de junio , á buscar pan por los paeble» 
inmediatos y conduchrle á la corte. 

Estas provisiones se pagaban en el momento y á buen precia 
por las cajas de la pagaduría militar; además se ocuparon lodos los 
comestibles de las tiendas inmediatas á las posiotones de la tropa, 
y de esta manera costosa y abusiva pudo salir €órdova á nediaa 
del aparo dú nMmteanaieato del soldado. 



Otra d«ilas éMeotlade» insnperaUe» que eDooatré Gdf^ia iMi 
la áe eottoealrar las tropa» «a pnaioe estratégieoB, poMlo ^Miáqae- 
11» em «eotsaiáa» efr Im omiHKbs düSmlsr tebcÉ , Si& Fvéimdíbm^ 
Sao HarlHi, el Saldado^ Sa» Mateo, Soardiai é» Corpa f el Miile,^ 
porque ea lodoa ealoe onarlelea babia fauces f annae hadta fí húm 
laere de 4(M&, j era üeeetarío caetodfeNrlat para qaa de «Ilaa «o aet 
apoderase d^ piteklo. 

lavertfaae además considerable aúmero de aeMadoa e» la easN 
todia de las eárceles, det Baoc» j de olroa eslaUeeiaiiefitoe en ipia 
era necesaria la presencia de la fuerza. 

Parada qo» la frMÍdeaoia ialerrenia , ealableeieiido diftaalta- 
dea para qae la kieka na se proloagaf e , f con ella la efasion cka 
aaagrcu 

Otro gaaend, airo honbra qaa Górdora, y aa qnlveaiee citar 
de aaavaá lea hombrea qoe can aqael eooatitaíaa el gobieraN»^ por^ 
qne eran aaloe eoma pader , hobieraa at fia cedida y apelada ai 
üaio» Biedio'qae la ^faedaba para siMpeadcr el foega, dejar el paaa«« 
lo y aeoBsejar á S. M. cdoio leid y oaéeHero, el nombraaaienta para 
presideaCe éA Ceaceja de atínistros, coa eaeargo da feraiar aia 
nuevo gabinete á una persona qae ftiese á propésilo por aa popBla«> 
rídad, para iaepírar eoaiania al paeblo araiada. 

Cerdosa « por el coalntrio , se prepuse aprovechar el lieaipo 
basta donde le faeae posible , aleatando la dudosa csperanaa de qae 
Hegasen á tiempa para asesinar ri pueblo las tropas qae de ladea 
partes babía aiaadada se eooocMIrasea sobre la capital. 

El temor de qae esto aconteciese , aoensejaba al paeblo aparta 
los medios de ataque de una manera enérgica , con una actividad 
iooaaeable , eon^ an valora toda prueba. 

I Caáala sanara derraaiáih por la teaaeidad de un scrfahom»* 



486 KL PALACIO DB L06 CiÍMINIS 

bre, Ó mejor dicho por la impura ambición de opa mujer 1 

El ministerio polaco derribado, la reina Cristina» toda la gente 
non ioneta , en fin , que tenian sobrados motivos para temer las 
iras del pueblo, estaban encerrados en palacio; el pueblo lo sabia» y 
su propósito era, ya que no atacar al palacio por respeto á la reina, 
circumbalarle, estrecharle , rendirle, apoderarse de las eabeías sen» 
tenciadas por la opinión pública, y dar al mundo, y á la historia ano 
de esos terribles ejemplos que no debian dejar de tener presentes 
siempre en la memoria, aquellos que son llamados á gobernar nn 
pueblo que sabe serlo. 

Por lo tanto el principal cuidado de Córdova era, no solo ca- 
brir las avenidas de aquel refugio de traidores, sino de impedir que 
sus avanzadas fuesen atacadas por el pueblo : los combates que en 
distintos puntos de Madrid se sostenían de una manera encarnizada 

• 

no tenian otro objeto que entretener al pueblo en combates inúlt-^. 
les , lejos del punto que se tenia mas interés en guardar ; por lo 
mismo se acosaba á los patriotas en sus posiciones , se lanzaba al 
soldado delante de ellas i la muerte , y todo era sangre del pueblo 
que se vertia para impedir que el castigo de sus crímenes cayese 
sobre la cabeza de algunos infames.» 

Córdova , en su Memoria sobre loi $uee$o$ polüieos oeurridog 
<n Madrid en loí dia$ Í7 , 18 y 19 de jtilío de 1854, confiesa que 

LA BRVOLUGION BSTABA HECHA BN LOS ÁNIMOS 1>B TODOS , QDB LA Ori-» 
BION BBA UNIVBBSAL CONTBA EL 60BIEBN0 DIMISIONABIO , y siu embaiW 

go hace alarde de su resistencia al movimiento popular y se vana- 
gloria de haber hecho armas contra el pueblo. 

Oigamos sus propias palabras : 

«La verdad es, que la revolución estaba hecha en los ánimos 
de todos, que la opinión era universal contra el gobierno dimisio- 



KL FOOLO T SUS OPBBSOUI. tgj 

nario , y que desde los príoneros momentos en que falté la compre- 
sión , con la desaparición de las autoridades y agentes de las mis- 
mas 9 que corrieron á ocultarse del furor y de la Tengania populav, 
todo el mundo miró con indiferencia aquella nocke los actos que 
después condenan , cuando vueltos en s( , Ten con asombro que ti 
mal hecho alcanza á todos, y que á bita de otro á quien condenar, 
porque yo estaba solo , se pretende hacerme responsable de cosas 
que son debidas á la maldad de algunos , á la tácita aprobación de 
otros y á la indiferencia del mayor número , que no corren , como 
se hace en todos los países , á la defensa de la sodedad , poniéndote 
al lado del gobierno, siquiera se llame este el duque de la Victoria 
ó el general Górdova. 

En medio de la agitación de aquella noche se publicó sin auto- 
rización ni conocimiento mió una Gaceta estraordinariaf en la cual 
aparecía la dimisión del ministerio , insertándose los reales decretos 
de su admisión. 

Estaban estos redactados de una manera tan honorífica para los 
ministros dimisionarios , y eran tan exagerados los términos en que 
80 realzaban los méritos y ios servicios de los ministros , que esta 
Gaceta , que publicada en otra forma hubiera podido quizás tran- 
quilizar un tanto los ánimos , no hizo mas que exacerbarlos , atri- 
buyéndoseme su contenido. 

Sin embargo , nada es mas cierto que el que yo no intervine 
para nada en aquel último acto del ministerío San Luis , que no 
puse mi firma en aquellos decretos , que todavía no he visto, y que 
nunca hubiera publicado sin el acuerdo de mis compañeros , que á 
aquella hora no habían jurado todavía. 

A las tres y media de la madrugada el ministerio , formado de 
las personas que todo el mundo conoce , juró en manos de la reina 



y fnéá'ooai^arasiéetks wi< jüat k|m ládwa ¿ar á Miioocr /al frái» 
pina iiafr>ÉBpaiwahie«te*i¿ agiliéa ii«cíttdaríD;d# fe «tórle » la aw*- 
■<^ faa aa fnapania aegvir. 

fiajo á lasiádnádiiÉa 4a élfqaa bao marecido «al ^onor *ée lev 
praiapitailotaaiaa GdvtaB C«iiatíUi3FcaÉa5 la taraa da 'dar >oi»ate ée 
.taéaálea acÉbafoMáoM^ y ma Bnilaré úneaaoaoteáaapKcariáqaK^ 
4laaqae útímm whdap coo la parta aii)ilHr en iasjaoflOiieokmattaa^ 
'áienippa qna; aeaaí nacatarioa á ni jaiüSoacio». 

KoM aslraie jqoe, raapalanáo k poiiaaon de toloa f deseada 
«lO^déious Ai|(u&MBaa oanpaitaas, y U libeoiad a ifiieeada «inl 
fertá da ciMáderar kMhachas^'démplkarlQi y o«iiatítarliia^lo:ha^ 
ga yo con absoluta independencia por mi parta 9 y wgam ania |MÍo«- 
^eipioat toaamido i im-aaiigoitoda.la raaimiiáiiílidad de los ihachos 
«úlílHra» aB»8«>óao]«Bto y yorÉseBODet » paafné da attos fea daaafe 
«liañatTOi di iMadba di daba» éespoBéar» 

Seria como la una y media de la madrugada, yfor feteako A 
^Uttvo «a -aalaba aun oanstitiiido^ ^ciiaiidoL« i paaar de ^e la 
guardia del-pafeofe de'fe tama madro había aído raforsada oan M 
da 40» 970 aiHÜbraa ipie leaía ea palaeio , alguaatt grupafc^aanira- 
roa én laadialHlaoMias, eaapeando á ^amar aa mowiUaido y 4fe^ 
ceüdiar él edífida , poaíeado ea peligro las «asas de partfeafenM u 
pacíficos ciudadanos de la misma manzana. 

EaTissjikaB bstb iíubvo mirrAflia, no takiA bn avifiuft Lá. 
aVBaaiL KacBsauA vamjl aaaamiaLo atis imiM qob el iaDnaBa&k«- 
aa^ váMA oastGHABLA Y iraHaRAa al «bp£ om xa naaiÁ aurasaa, 
»i«aoLi óaaaa TsaiavANTE as aaupsa el fdboo aiN mu aiLacioa 

QUE LA PRIMERA INTIMACIÓN ; LO CUAL SB TBaiFfCSÓ , SALTÍJIDOSB AlRÍ 

AQUBL aanriGio. 

Esta faena , después de halwr despefado la placa dd Seaado, 



IL POULO T SOS 0FBE80tRi« i89 

el palacio déla calle de lai Rejas j las calles inmediatas, marchó 
rápidamente por la plaza de Santo Domingo, Costanilla de los Anr 
geles, calle del Arenal á la Puerta del Sol , que despejó á los pri- 
meros tiros , y continuando su marcha por la Carrera de San Ge-* 
rónimo , llegó ó la calle de Cedaceros dispersando con una descar- 
ga á los que se ocupaban todavía en robar los efectos del señor Sa- 
lamanca. 

Dejando en la casa de este una pequeña fuerza , volvió á pala- 
cio, no sin haber despejado ¿ fusilazos algunos grupos que se reu- 
nian hostilmente en lo alto de la calle de Alcalá. 

Se vé pues por este sencillo , pero verídico y exacto relato , que 
se comprueba por diferentes documentos que tengo en mi poder, 
que con la corta fuerza de que yo podia disponer en palacio , des * 
pues de aumentar su servicio y cubrir sus avenidas , de reforzar la 
casa de la calle de las Rejas, de hacer evacuar las del Gobierno po- 
lítico y Villa, de penetrar en la plaza liayor á viva fuerza y evitar 
el incendio del palacio de la reina madre , en donde ya rompió el 
fuego , llegaron las tropas primero á la casa del conde de San Luis, 
aunque no á tiempo de evitar el mal , y despejaron con su actitud 
imponente y hostil la Puerta del Sol , la calle de Cedaceros y la de 
Alcalá» 

¿En dónde está , pues, la flojedad para reprimir los escesos una 
vez que me fueron conocidos? 

¿ En dónde , en qué acto mió , en qué orden se puede presen- 
tar la prueba de que yo permitiera los escandalosos desmanes á que 
algunos se entregaban ? 

De la misma manera hubiera obrado contra los que fueron á in- 
cendiar los muebles y efectos de algunos de los demás ministros, 

los del señor conde de Quinto y los de mi antiguo amigo el conde 
T. u. 62 



<M wL 9á¿LMem wm lo» mimoam 

de yisCakef ttosa, ñ dm Inibieraa skfo coaocMts oportaisaiiMto te-* 
le» ÍDlenlos, algvom de loe cMles ■• llegaraft á mi boIíc» beeteri 
sigmieBle dk ]por la manaBa , j por la larde olrei ; pero no fakará 
qvieii esdamer 

•iQf^ goUenM era eee , que ao saina lo qae oevrria, ai atr^ 
canzaba i colmiibrar tos atentados ipe se ¡Nreparaban , á fia de re- 
mediarlos oportanamente? 

{ Cóaio BO censarar tanta imprevtsion j ta» puaible akaodeno?» 

Los que tal digan oUídaa las coodiciooes de exietencia del mi— 
nisterio; no se hacen cargo de que no tenia apenas: mi empleada da 
qm disponer, qae no era gebtemo todaria caando habían empe- 
ziftdo las agresiones, y que le faU6 tiempo pava organtuur, «aoqna 
rápidamente , los eteeaeotos tnáíspeosaWea para crear la resistencia 
é impedir qae la revoioeion tatnira eoerpo» 

¿Qméft se ha encentrado en sitoacion igual? 

Dm*ara(e las heras mas erílicaa me tí aoto» completamente aofet 
flin asforídodes, sin agente» qne me trajeran notíciaa» porque ioéa 
el mondo había hoide. 

ün ministerio , atendiendo 4 sn formación « siempre díficü y 
laboriosa, y entonces como nnncay sia tropaa sofideoiee^ al paao 
qae se engrosaban las filas del motin , sin medios para hacerme ea- 
tender de la población : hé aqi»i mi posición en aqneUoa momentos. 

Si yo no hice, al romper el fuego, cuanda cate estaba aMs que 
suficientemente justificado, mas que proteger la sociedad, cum- 
pliendo un deber que la misma impone á toda aotoridad ; si la mi»- 
ma Junta de Madrid y el general San Miguel dieron después órde- 
nes terminantes á los paisanos armados para recbaaar con las fuer- 
las á los que intentaban nuefamenle incendiar d palacio de la rei- 
na madre, el Teatro Reíd y otros edificioa, iaclnso el pdacio del 



\ 



sdíor Sahnanca ; sí •después ea Berros y ea otros pantos se kft 
condenado con universal reprobación á los^pie nojicadieimiücas^ 
tigarios y reprimirlos en «1 ael», ¿qaé jwticta hmbri nasca para 
baceroie oargo de «qae hice fne^o al pueblo ? 

¿\ q&é resprnisaiiíUdad ao «e habiera sajelado U opinión pá*-- 
blica si aquellos incendios y los que ameBazaroa á OMjor aánero 
de casas no inbierca sido contenidos por la aditiid hoAU ^pe desde 
qoe me fueron conocidos «oslró la trapa coatra sus adiaras T 

Ealonoes aie hubieran acusado i^on sobrada razón de defaílaiad, 
como en 1834 se acusó á la autoridad oaaado las turbas, dueaas aa» 
terameate de la dudad , asaltaban los ooaveatos para asesinar á fa» 
inocentes é inofeasivos raiigfiosos. 

Pero aa ftieron eslos ios éaicos desaiaaeo «pse sa eometitron 
aquella aocke y qaa eiigiaB la represión que , repito , les Jmbiura 
aplicado aates, si oportunameale aie irabieraa sido conocidas, 

Sfjkre las ocho y laedia aa faerte grupo da ^aisaaos desaraié la 
guardia del Gobierno Civil, que con IB hombres no puso resíston- 
cia alguna, apoderándose y repartiéndose sobre 400 armas queaa 
él estaban depositaéas; i esta misma bora ias aficinas y dependen- 
das de la Admiaíatracion Milftar hukierao sido forzadas y ifuízli 
saqueados sus efectos y cándales, sin la resistencia y precauciones 
improvisadas en aquellos primeros momeatos por algunos soldadaa 
y empleados , por el general Mata , director general de la misanu 

A las Buerre gr«u multitud da pueblo aovpó el ministerio de la 
GoberoacioB, desarmando la guardia del friocipal , cpie tampoco se 
resistió lé «as mioimo ; y no se repita con icsnGada iasistencia que 
yo habia dispuesto ae se bioiese faego al pueblo , porque ya he laa- 
BÜestado que la autoridad time y debe teaer siempre sas debeles y 
sa pespoBsabiMiad eapraial , de la ^pw aa pandea aaamirle ^idnei 



f 9S XL PALACIO DI LOS GEÍIIBNI8 

dadas ea circaostancias diversas de aqaellas en que el cumplirlas 
literalmente es un absurdo. 

La guardia del Principal no debió permitir que se forzase sa 
puesto, ni mucho menos dejarse desarmar por una gente que al 
menor movimiento hostil de los soldados hubieran despejado la 
Puerta del Sol en pocos instantes. 

También la puerta del cuartel de San Martin « ocupado por la 
Guardia civil , fué forzada , pidiéndose las armas de la tropa , y 
aunque no se hizo uso de ellas, la sola actitud de algunos guardias 
contuvo los desmanes; conducta prudente á la par que enérgica j 
noble, que si la hubiese seguido igualmente la fuerza del Principal 
no hubiera pasado por el deshonor de ser desarmada. 

El general gobernador fué objeto de insultos y amenazas eo 
la Puerta del Sol, y no habiendo dado lugar á ellos acto alguno de 
hostilidad por su parte, significaban suficientemente que la re- 
presión era indispensable si no se quería renunciar á sostener 
el principio de autoridad , sin lo cual la sociedad estaba en pe* 
ligro* 

Dos oficiales de Estado Mayor fueron detenidos y maltratados 
inhumanamente cuando marchaban solos á comunicar órdenes , el 
uno en la Puerta del Sol y el otro en la calle de Hortaleza , ea 
donde le dispararon algunos tiros , que mataron el caballo qoe 
montaba. 

El parque de artillería fué blanco también de los amotinados» 
que se presentaron en sus puertas, pidiendo á grandes gritos y 
con terribles amenazas las armas que contenian sus almacenes , y 
que libraron del pueblo la actitud respetable de la tropa y la fir-> 
meza del gefe , al cual se debe que en los primeros momentos ao 
se hubiesen apoderado los paisanos de 5,000 ó mas armas « qae 



BL füOLO T SUS OPBBSOBBIk t93 

con Otros pertrechos se castodiaban ea el cuartel de San Gil . 

En vista de estos sucesos* ¿qué otro partido me quedaba que 
la resistencia? 

¿ Dudé nn momento en seguir este camino , á pesar de que con- 
taba con tan escasas fuerzas? 

Ya lo hemos visto : yo no tenia en palacio mas que 270 artille-^ 
ros, 309 hombres de Baza, 250 de EiLtremadura y 114 quintos» 
apenas instruidos y sin foguear , del regimiento de Cuenca , íor^*^ 
mando un total de 943 hombres , sin contar la parada ordinaria j» 
el cuerpo de Guardias de la Reina , de una y otra arma , que con«^ 
venia no emplear fuera del interior del palacio , para evitar que la 
lucha tuviera una significación que no debia tener , y que le hiK 
hiera prestado la participación en ella de la fuerza dedicada excla- 
sivamente á la custodia de la reina. 

Reforzado el servicio de la guardia esterior con 50 hombres en 
cada uno de los arcos principales de la plaza de Armas del palacio» 
con 90 artilleros la casa de la reina madre, 30 las Caballerizas 
reales y unos 100 hombres cubriendo las avenidas de la plaza de 
Oriente , por el Teatro Real , calle de Santiago , el Campo de Mo- 
ros y otros punios no meiioi úqpoiiaales, con el resto , ^ m apMas 
llegarla á 600 hombres , se dirigieron sobre la una y media para 
despejar el palacio de la reina madre 120 soldados, los cuales lle- 
garon , como he dicho antes , hasta la calle de Cedaceros y la de 
Alcalá; «deoiás 250 hombres con el general Mata , que por la cav- 
ile Mayor penetraros á viva fuerza en la plaza Mayor , no sin es- 
perimentar pérdidas sensibles , consiguieron disolver la reunión ar- 
mada que á las órdenes de la Junta acababa de llegar. 

Téngase presente que estos dos ataques simultáneos , en el que 
las tropas destacadas de palacio vencieron toda la resistencia que 



enconlrarOD, se ejeootó «a onrto ie hora ¿etyéi «pie d seior 
Gorradí saiiera 4e paiaeio» porque hasta pooo aalea no aa üe babia 
reunido la fuerza de Estremad ora y Cuenca. 

G<Mi ia ttUéa de estas dos columnai^ j dedaoída vmm ooMpañia 
que había hecho salir á las diez de la noche á prolafer la easa 4A 
Meée de San Luis, qie te reuaíó á his ire^s qve se pofiieraa i las 
órdeses dd general Mala*, apenas qoedaroa en palacio 200 hona- 
InnBS, oéonro bien insignificanle por oiertoi sí se considera el pre* 
doso depósito que encerraba el «Icáiar de aneslros reyes , y las oe- 
ecsidadac eventuales , qaa reoUmabaa una pe(|ii«Ka reserva. 

Eitas dos cohmius tenían la orden de regresar á palacio dea- 
pnés que verificasen eos respeetÍTas operaotOBes, porqne eos el ea- 
Mso WiMero de tropas que tema i ai dtapcaiciosi , eoaso qneda 
demostrado bien detalladamente , ao debía dejar á la reina ski da* 
fnsa en los sucesos qne podían taiier lagar despaés^ tú espoaer á 
t ro p as tan reducidas , en «ma diaensínaciosi por el centro de la ca- 
pMi , i ifoe faeseo soltadas de sn base si se intemahan por Um 
karríasttias sepandoa. 

¿Adonde eslti paes la fisha de acción centra los ansotinados T 

Ea cierlo que las «asas de algunos nsiniatros y de otros Cneroa 
Itaeadas y ifuenados sos efectos ; pero ¿pude ovitario T 

¿Acaso lo supe anles qoe se verificasen ios sneendios? 

A las primeras noticias, ¿no salió de palacio» y por <Srden mia, 
k feerza necesaria para protegerias, en medio de la escasee de laa 
foe tenia á mi diaposidon i 

¿VaoiLÉ UN KoifBinro n nosna el rasoo laego qne sepe loa 
desmanes , y ^ue por otro lado conoci los actos revdactonarioa 

dienMi motivo á la comisión tpie llevó al palacio d aenor Cor- 

li? 



I SM onMMmEMm AM 

tu capitán gtneral había htcho duniaba^ y ya por la tarda , al 
hablar á loa fcfea ile la gvamícíoB» ks dtjo qaa esperaba prffttmaa 
al aueva gobierno bu eooporaGiaB, no para opooeiM á un aMfi-r 
mknlo qne ya era general, sino para mantener el drden de la fa»« 
blaoioa. Sn faha da cooperación aqndla noche para hostilizar la ra- 
Tokoeion era una consecuencia de lo (|ae pocas horas antea había 
dicbo á los gefes , y de su diasiaion ai sa quiere. 

Aquellos cuerpos qne estaban á sos árdenea permanecieron sia 
hacer nada hostil , muy á mi pesar ; porqa» » sí bi^n algunas horas 
antes babia mandado no hacer fuego , ya á la uoa y media se rom^ 
pi6 en diferentes puntos > pero en especial en la Puerta del Sol, en 
las callea de Cedaceros y de Álcali , bien cerca por cierto al pala<^ 
ció de Boena-Vista , «n donde el capitán general contaba desda los 
primeros momentos con 450 hoasbres de ingenieros , 17& de gra- 
naderos, 150 de Zaragoza, 248 de Mallorca, 140 de la Constttn* 
cion, 100 guardiaa municipales y 80 caballos de la Guardia crvil, 
formando pn total de 1,263 hombres, 80 caballos y dos bateriaat 
de las cuales yo no dispose , y quedaron á su disposición oomo au- 
toridad militar de Madrid. 

En este número se comprende la fuerza que ocupó el Princi- 
pal , que seria de unos 250 hombres. 

Yo , que ignoraba esta inacmon de las tropas que se hallaban 
por parte de Buena- Vista, no podía separarme de palacio, y sien- 
do el único ministro que había )Qrado , tenía la no menos intere* 
sante oUigacioD de constituir un gobierno. 

Ahora, sin embargo , celebro que las hostilidades no se hubie- 
ran roto en la Puerta del Sol ni por las (ropas qne tuvo á sus órde- 
nes aqudUa noche el general Lara , que á la manan/i del siguiente 
día se retiró enfermo á su casa, pues se ha evitado la efusión de 



196 BL FALAaO DB LOS GBÍMBNBS 

mucha sangre sin resaltado algnao ; porque es indudable que la 
resistencia que ya encontramoi en la larde del siguiente dia no la 
hubieran evitado las mayores hostilidades que fiodieran haber te- 
nido lugar en la noche del 17; pero al menos q«e no se me aeuM 
de no haber tenido la suBciento resolución , cuando fui el Aoico 
que opuso un dique al torrente con la poca fuerza de que disponía» 
ya que he de sufrir con resignación el cargo que por otros se me 
hace de haber hecho armas contra el pueblo.» 

Acerca del nombramiento de Pons > se espresa Córdova de este 
modo: 

c Los puestos avanzados en la plaza de Oriente por el lado de 
las calles de Vergara , sabida de Santo Domingo » de las Rejas y las 
inmediatas á estas , sostenian un fuerte tiroteo. 

En estas circunstancias fué cuando recib{ por un oficial de Es* 
lado Mayor , que corrió grandes peligros para llegar al arco de pab- 
lado , en donde me encontraba , desde Buena- Vista » la dimisión 
del general Macrohoo del gobierno militar de Madrid, que allí mis- 
mo acepté , nombrando para reemplazarlo al brigadier Pons , aaii* 
go mió , y en el cual no debí considerar sus opiniones carlistas de 
otra época , sino los distinguidos servicios que en Cataluña había 
prestado á la causa de la reina y de la libertad bajo las órdenes del 
marqués del Duero , y primeramente á las mias. 

A los que me acusan de este nombramiento , que recala en un 
oficial que había servido en las filas carlistas^ yo les respondería, 
si fuese necesario , con otros nombres de oficiales de igual procer* 
dencia y no menos dignos qoe han servido á la revolución en las 
filas de los sublevados en el Campo de Guardias, y que hoy se en«- 
euentran mandando cuerpos ó al frente de otras provincias. 

Ignora sin duda el señor San Miguel, y los que con él han 



BL PDBBLO T SUS OPRBSOBBS. 497 

censurado este nombramiento , qae el brigadier Pons estaba mas 
unido á la causa liberal que :i aquella en cuyas filas habia servido 
años antes , ya por el fusilamiento de su hermano en Cataluña » ya 
por haber estado á la cabeza de doce batallones en la alta montaña 
en los últimos momentos de la guerra del Principado. 

£1 brigadier Pons era uno de los que habian sido espulsados de 
Cataluña por la autoridad militar por sus íntimas relaciones con los 
liberales de mas nota del antiguo Principado , y sus opiniones eran 
tan contrarias al ministerio del conde de San Luis, que siempre se 
hizo sospechoso á las autoridades de Madrid , que veian con enojo 
las relaciones que Pons sostenia siempre con las personas mas co- 
nocidas por sus ideas avanzadas. 

Yo no me admiro de que este nombramiento sea censurado por 
los que, llamándose liberales, se muestran siempre intolerantes 
y van á examinar ios antecedentes y la vida toda de los hombres, 
para rechazar á aquellos que tengan un solo hecho contrario á sus 
opiniones, sin considerar que si llevásemos al terreno de las per- 
sonalidades esta clase de cuestiones, podriamos señalar muchos 
nombres de los que parecen mas puros patriotas, ya recibiendo 
premios y distinciones de los gobiernos moderados, ya prestán- 
doles servicios muy importantes, que pudieran ser condenados. 

Por mi parte puedo asegurar que en aquel momento , en que 
me faltaba un jefe inteligente y decidido para la guarnición de Ma- 
drid , consideré mas estas circunstancias y las que anteriormen- 
te dejo espuestas, que los antecedentes realistas que de muchos 
años atrás tenia el brigadier Pons , que fué nombrado sin que los 
demás señores ministros tuvieran de ello conocimiento , pues no 
eran aquellos instantes supremos muy propios para consultarlo en 

Consejo.» 

T. II. 63 



i9^ EL PALAaO DB LOS CBÍlIIlfKS 

Con rdacion i Yomory y Macrohon , dice Córdova : 

«Deseoso mas y mas de demostrar las tendencias del gobíemo, 
se nombró al general Macrohon gobernador de la plaza de Madrid. 

Si este nombramiento recaía en persona liberal , bien reputada 
y digna por todos conceptos de la confianza pública , lo acredita el 
puesto que desempeña y debe á la confianza del actual ministro de 
la Guerra. 

Al comunicarle mis órdenes , fueron terminantes y precisas las 
instrucciones qne le di , previniéndole que , mientras no hubiese 
capitán general , se encargase del mando de todas las fueraas qae 
se hallaban en Buena-Vista y Puerta del Sol , apurase todos los 
medios posibles para tranquilizar los ánimos , y si se veia hostiliza- 
do , que obrase con vigor sobre el centro , y siempre en la direc- 
ción de la Unea que ocupábamos , sobre la cual yo operaria por bií 
parte desde Palacio. 

Este general trabajó cuanto le fué posible para tranquilizar los 
ánimos , y no lográndolo , me dirigió después á palacio su dimí- 
sioo, sin duda porque no juzgó debía combatir al pueblo, y yo 
hube de aceptarla inmediatamente, si bien con el sentimiento de 
verme privado de la cooperación de sus importantes servicios , y de 
encontrarme nuevamente sin una autoridad qne mandase la plaza 
e» momentos en que era mas necesaria. 

Nombróse poco después al conde de Yumury para la capitanía 
general de Madrid , y aqui debo confirmar con la lealtad de mi ca- 
rácter que de este nombramiento no tuvo conocimiento el Consejo 
de ministros , porque en aquellos momentos se hacia preciso un ge-- 
neral al frente de las tropas , y los demás señores estaban ocupados 
en otros so— to s. 

Ya he dicho antes que varios otros generales rehusaron t cada 



> 



.0 T sos OPlBflOBflB!. t99 

ano por disliotas rizones^ encargarse de este puesto tn intere- 
sanfte, cakahnente caando mas habia menefrler ia eficaz «oaoiier»- 
cion de nn goDeral, porque mis atenoíooes eran infinitas , y tenk 
que dividir mi tiempo entre las medidas de gobierno, que recla- 
maban mi presencia en el €oosejo , entre las órdenes qne era pre- 
ciso dictar, el cuidado de las tropas que estaban cerca de S. H., y 
la dirección de las operaciones que estas desde su base podian em- 
prender, para sostener por un lado su posición, constantemen- 
te hostilizada , y para hostilizar á su vez en la línea de nuestras 
comunicaciones , que era al mismo tiempo la de nuestras opera- 
ciones. 

El conde de Ynmnry , á quien di iguales instrocciones qoe al 
general Macrofaon, salió de palacio con una escolta de 70 artille- 
ros para tomar el mando en Buena-Yista. 

Se ha dicho que este nombramiento exasperó mas los ánimos, 
y que fué generalmente mal recibido. 

Pero ¿habia producido acaso mejor efecto d dd general Ma- 
crohon, el del marqués de Perales, y tantas otras medidas que se 
dictaron por el gobierno como medios que significasen el pensa- 
miento del gabinete? 

Yo habia apelado á otros nombres , aunque inútilmente , y si 
bien en cualquiera otra ocasión , recorriendo la lista de ellos^ podía 
acudir á muchos otros dignísimos generales , en aquellas circuns- 
tancias no era posible sin dar al nombramiento una significacann 
que debia evitar ¿ toda costa , para no proporcionar pretesto algu- 
no á los que nos combatían sin alegar una razón , cerno si nosotms 
fuésemos los mismos hombres que el dia antes habían dejado el 
poder. 

La elección dd conde de Yomury fué pues par.a mi , qne esta- 



500 BL PALACIO DB LOS CBÍMBNBS 

ba tristemente obligado á resistir, la única posible, si no había 
de renunciar á la imprescindible necesidad de nn capitán general, 
j mncbo mas cuando yo no tenia motivo ninguno , ni la población 
tampoco 9 para dejar de apreciar en lo que valia al conde de Yu— 
mury 9 de ideas y principios liberales, aunque templados» que ha* 
bia militado en las filas del progreso en otra época , que no ha-- 
bia ejercido cargo alguno desde muchos años antes , y por lo tan- 
to, no solo estrano ala responsabilidad que se venia exigiendo 
á todos los que habian gobernado desde 43 , ó ejercido bajo es- 
tas administraciones cargos importantes, sino que había sido coo— 
siderado como un hombre de ideas y principios liberales. 

Muy de mañana en aquel dia se habia presentado la cuestión 
del nombramiento para la capitanía general de Madrid en favor de 
don Evaristo San Miguel , renovada al dia siguiente por la presen- 
cia de este general , quien con algunos otros señores se presentó en 
palacio , y me cumple , con el respeto y la verdad que debo á mis 
conciudadanos, con la sinceridad con que escribo los sucesos, con- 
fesar mi oposición decidida á este nombramiento, que demandaban 
los mismos que nos combatían. 

Yo hacia la merecida justicia á las virtudes, al patriotismo j 
al crédito, tan justamente merecido, que de antiguo goza este ilus- 
tre personaje de nuestra revolución ; es posible que el nombra- 
miento hubiera ahorrado muchas víctimas, pero yo estaba lejos 
entonces de creer en sus favorables consecuencias. 

La edad de este respetable veterano de la libertad y de la mili- 
cia por una parte ; la exigencia , por otra , que se mostraba con 
mas empeño por los que nos combatían á mano armada con tan 
obstinado tesón , y las opiniones políticas que ha sustentado toda 
su vida , contrarias á las mías , me hicieron temer se enervase en 




BL PUEBLO T SUS 0PBBS0BB8. 501 

SUS manos la fuerza pública , que necesitaba conservar con vigor 
para resistir á exigencias incompatibles con mis convicciones , con 
mis antecedentes y con mis propios deberes » que me impulsaban á 
resistir todo cambio en la ley fundamental del Estado, y toda no- 
vedad que no estuviese ajustada á los principios conservadores» 
á cuyo partido he pertenecido toda mi vida , del que por nada en 
este mundo estaba dispuesto á separarme » y al cual tenia yo en su 
dia, como hoy lo hago, que dar cuenta de mis actos; que me la 
hubiera exigido muy estrecha y severamente , castigándome con su 
reprobación si por una debilidad , que ninguna razón hubiera he- 
cho valedera, aqoel nombramiento que se me exigia por la revolu- 
ción hubiese sido autorizado por mi firma, y de él resultase la anu- 
lación del partido moderado. 

Tal es la ley á qae se ligan los hombres con los de su roínma 
comunión política , y á la cual no faltaré nunca , para poder espe- 
rar su consideración • 

No obstante de ser de mi responsabilidad cuantas apreciaciones 
haga de los hombres, de las ideas y de las cosas en todo el curso 
de esta Memoria , debo declarar que en lo relativo á la elección del 
general San Miguel , á todos mis compañeros les ocurrió la idea de 
que un mando tan importante no podia estar bien garantido en ma- 
nos de un personaje que habia sido lanzado de la casa de Villa, 
donde su nombre , tan popalar , llegó á cargar con una impopulari- 
dad inmensa entre los individuos de la primera junta que se consti- 
tuyó la noche del 17. 

Yo comprendo que el general San Miguel , que estaba dispuesto 
á variar la ley fundamental del Estado , á dar armas á todo el que 
las pidiese , y á que se convocasen unas Cortes Constituyentes , de- 
sease el mando de la fuerza pública , y me creyera tan poco llama- 



BOS K nOMSiO M LOS 0IÜBMI8 

do por la opÍDÍon para el ninislerio de la Guerra, oomo él «dísmo 
para ser papa en s$áe vacante ; pero yo , qse ^eia q«e nada podía 
eer inas fonesto para mi pais que el hacerlo pasar por ima lan^ 
época re?oliM>ioDaria , aio ley fundamental , sin leyes orj^ánicaa , su 
organiKacion alguna polítíca ni adminisIratiTa ; ijiie «aponía, en fi&, 
•oon rason que el remedio de los desaciertos pasados , Xaí como se 
«pretendía aplicarlo revolocionariameote , en Tez de procurarlo -ét 
«otra «nerte, podría traer la anarquía, el caos y la perturbación 4e 
4odos los intereses sociales, qne es mas importante conservar y de* 
fender , oreia á nri vez que el general San Miguel era mas propio 
para la presidencia de una joota revolucnoaaria qne para el aando 
de unas tropas que tenían grandes deberes que cumplir , y qoe, 
sin sus opiniones políticas, ninguno hubiera desempeñado oon 
mas inteligencia y resolución militar que el general de qnien me 
ticnpo. 

En efecto , el mando del señor San Miguel itubiera abierto el 
parque de artillería al pueblo para armarse, los cuarteles para 
fraternizar este con la tropa con esa sinceridad con que ya lo iie«- 
eian para desarmarla, como en el Principal , y no bebiera tardado 
esucho tiempo hasta qne , de concesión en concesión , hnbíéraeMB 
llegado á la dominación popular , á que se llegó después , qne yo 
dcJbia resistir , y que resistí en cuanto mis fuerzas me lo peroñ* 
tieren. 

No recuerdo que en nuestra conferencia le hablase en el tenti- 
do de tomar venganzas , porque jamás ha sido este mi carácter eí 
eii cenducíta ; lo que sí recuerdo es , que le aseguré , sin duda con 
'Vivesa , ^ue no cedería mientras me quedasen oiedios para defen- 
der la Mtoridad de que legalmente estorba revestido. 

Es verdad que el general San Miguel mandó después, y que qq 



EL PüraLO» Y sus OFBBSOaiS.. SOíft 

afganos cuarteles j otres puntos íaé recibido » aiiiM|tte bo ea todos 
obedecido , por los débiles destacameolos que los guacoeciaa ; pero< 
téogase preseBte pira cuando se escriba la historia ^ J e^ lo de- 
jaré yo probado en su día , si no lo está ya por el testúnonÍQ ddl 
pueblo y de la guarnición , qoo no foé recoaofiido por un solo sol- 
dado basto que S. M. se dignó llamar i su eoosejo al Duque de. la 
Victoria , con cayo acto , de la exclaaif a Tobiotad de la reina ,. lae 
tropas empezaron á conocer dónde estaba ya el deber de la disci- 
plina. 

No usurpe el general Saa Miguel ai nadie á aq/aellas benemérír-^ 
tas , leales y Talientes tropas , ya que tuvieron el triste deber de 
combatir contra sus valerosos herttanos, la única gjloria qise aU4 
en su conciencia y en el retiro de sus bogares les qMede de haber 
cun^ltdO' como buenos soldados. 

Así cumplió* también el general de quien me oeupe ^ eooio^ ciu- 
dadano consecuente y según viene obrando en todas las cuestio^ 
nes políticas t desde el año 20 , en que tomó parte en aquella ce-^ 
volucion que hizo el ejército espedicionario que debía recoaquistar 
el Nuevo Mundo , descubierto por Colon y conquistado para la co^ 
roña de España por Hernán Cortés» por Pizairro y otros grandes^ 
militares. 

Muy escasa gloria pudo alcanzar en esto el general que todo lo- 
sacrificó á las libertades púUicas, gloria digna del que ambiciona 
popularidad.» 

Serian poco mas de las dos de la tarde cuando la frairidda lu- 
cha estaba en su mayor apogeo, habiendo aumentado su bélico es- 
truendo los. disparos de algunos obuses que situados en> el eerrillab 
de San Blas , comenzaron á vomtar granadas contra los paraj^toa 



504 n PALáCIO DB LOS CftÍMBNES 

del paisanage, que sio poder causar daño alguno á la tropa , sufrió 
pérdidas irreparables. 

La hermosa capital de España habíase convertido en teatro de 
guerra j desolación. 

Sucedíase al estampido del cañón , el estrépito de las descargas 
y con frecuencia retumbaban á la vez estas detonaciones mortíferas 
entre el nutrido fuego graneado que no cesaba un solo segundo. 

El espectáculo era magnífico ; pero la liza era salvage y mas 
propia de los tiempos bárbaros que no de un siglo en que tanto se 
pondera la cultura de las naciones. 

Roma ardiendo era también un espectáculo magnífico para el 
feroz hijo y matador de Agripina. 

Y todo lo brutal, todo lo sacrilego de esta lucha, estaba de par- 
te de los traidores que se parapetaban detrás del trono ; porque el 
pueblo cumplia el mas santo de sus deberes , defendía sus hogares, 
defendía la moralidad y la justicia, defendía sus derechos sobera- 
nos, y no debía humillarse á la avilantez de sus verdugos. 

Todo el crimen, repetimos , estaba de parte de los tiranos, que 
poniendo en juego el gran recurso de la ordenanza militar hacían 
que el mejor soldado del mundo , el soldado español saliese á batir- 
se contra sus compatricios , tal vez contra sus propios hermanos, 
contra su mismo padre I 

Modelo de disciplina, el soldado español arrostra todo linaje de 
peligros y sufre toda suerte de privaciones y penalidades con he- 
roica resignación. 

Ni las fatigas, ni la desnudez, ni la intemperie le arredran » y 
en pos del cansancio , estenuado por el hambre, la sed y las penali- 
dades de prolongadas marchas se bate en mil ocasiones contra for*» 
midables huestes enemigas y las vence. 



«^ fiBLO T lis onuRMum MS 

Y si tan temible es el soldado español for sa serenidad, '^r su 
fortaleza y bravura » i qué dírea^s del hijo dd jiMblo qoe Iticba 
contra aem^anle soldado y no «cede en la demanda ? 

Sok) hay una respoetta eonclnyente: este hijo del pneblo I» 
laminen español. 

La tropa qae en las jomadas de julio de 1854 w batió costra 
d teoindario de Madrid» era lo ams selecto y brillante dd ^ército 
sacionaL 

El desoanso, interrampido úaioamenle por los actos de un ser-» 
vicio cómodo y las horas de un prudente ejercicio' habían dado roi- 
bustez i los soldados, que unida á una perfecta snbordioacion & sus 
gefes, á un alimento sano y abundaaAe, á un eqotpo basta lujoso y 
al aliciente del oro que en aquellos dias se les prodigaba , y de las 
recompensas y ascensos que con profbsioo se ks prometia, hacian 
de cada uno de ellos un adversario temible. 

Unidos y á las órdenes de bizarros oficiales , con una organiza- 
ción modelo, alentados porgefes de gran valía hubieran arrollado 
quiotaplicadas fuerzas enemigas , si el combale se hubiera enta^ 
blado contra estrañas huestes invasores ; pero tenían que habérselas 
con el gran pueblo que tantos laureles tiene conquistados^ y no 
era posible domeñarle. 

Y eso que el pueblo se hallaba inerme en su inmensa mayoria; 
pues solo unos cuantos centenares de valientes mal armados y poco 
provistos de municiones sosteniao el pabellón liberal ^ contra las 
bien parapetadas fuerzas de los opresores; y en este desventajoso 
estado, lo suplia todo el amor de patria y de libertad, y arrostran- 
do el nutrido fuego de la fusilería, y la mortifera metralla de los 
cañones , entregihase el paisanage impertérrito á la construcción de 

sus barricadas, y al sosten de sus sacrosantos derechos. 

T. II. 64 



806 BL FALAGIO M LOS Glfllllfll 

¿Y quiénes eran aquellos héroes? 

La maligaidad podría acaso sospechar que eran soeces tnrbai 
que se agitaban á impulsos del oro corruptor , ó con el deshonroso 
aliciente del robo ; pero todo Madríd sabe que no babia una sola 
barricada donde el burto no estuviese prohibido con la pena da 
muerte » y que lejos de recibir recompensa alguna pecuniaria * mi- 
serables jornaleros « artesanos honradísimos que acaso carecían de 
lo suficiente para la manutención de sus familias , abandonaban á 
sus padres , á sus mujeres é hijos, sin mas afán que el de salvar la 
libertad de su patria. 

Y ellos fueron los que principalmente vencieron en julio. 

Y i ellos deben los altos dignataríos y gobernantes del día la 
brillante posición en que se encuentran. 

¿ Y qué galardón han recibido en premio de sus hazañas ? 

t Ser escluidos de las listas electorales I 

Ser considerados como indignos de pertenecer á la Milicia na- 
cional que ellos regeneraron con su sangre en los momentos del pe- 
ligro I 

Y los que á la sazón se mantuvieron quietos en sus casas » los 
que antes eran amigos de los polacos ^ y no se declararon patrioías 
hasta después del triunfo popular , han engrosado las filas de la Mi- 
licia nacional, y se pavonean con su honroso uniforme» retorcién- 
dose el mostacho i todas horas ; y si hallándose de centinela se les 
acerca alguno de los pobres jornaleros que se batieron en las bar- 
ricadas» le gritarán con imperio: atrás ^ paisano. 

Para escribir este capítulo con la debida imparcialidad , hemos 
procurado adquirir no sin dificultad suma, la Memoria del general 
Córdova » que varias veces hemos citado » y cumpliendo con el de- 



n. nmMüo i sos opicsonsu 807 

ber de historiadores leales , nos apresáramos á consigoar las dis- 
culpas qae emite acerca del cargo mas grave qae la opinión públi*» 
ca dirige al espresado generaL 

«De todas las acusaciones que se me han dirigido , y que tanto 
han lastimado mi corazón , ninguna ha sido mayor que la que debf 
en los primeros dias de agosto al periódico La Europa , que leí en 
El Clamor Público del 8 del mismo mes. 

Bajo el epígrafe de Tri$le recuerdo , se decia : 

«En 1845 un humilde artesano , joven , patriota , lleno de vi- 
da » recien casado y padre de una ni&a que acababa de venir al 
mundo » fué asesinado cobar^ é infamemente por un general, que, 
bajo un pretexto frivolo , lo hizo fusilar en pocas b^ras. 

El patriota se llamaba Manuel Gil y era bijo del pueblo. 

El general se llama don Fernando Fernandez de Córdova.» 

Semejante acusación es altamente injusta y calumniosa , y lo 
declaro una y mil veces. 

En aquella época era yo gobernador militar de Madrid, y hu« 
bo de tocarme, como en muchas otras ocasiones, el restablecer el 
orden en la capital, gravemente alterado por el establecimiento 
del sistema tributario. 

El desgraciado Gil habia hostilizado desde su casa al jefe poli* 
tico entonces , don Fermín Arteta , que recorria las calles de la ca- 
pital , arrojándole un tiesto , que vino á caer á los pies de aquella 
autoridad. 

Arrestado inmediatamente por la fuerza que escoltaba al sefior 
Arteta, fué entregado á la comisión militar, que constituida desde 
los primeros momentos del motin, lo condenó á muerte, y ejecn-- 
tado creo dentro de las primeras veinte y cuatro horas ; pero nada 
es mas cierto ni mas fácil de probar que el que yo no inter^iiie pa- 



ra mada absoiatameDle ^ ni ea sa priiíoDt lii ea su froceao, mi 
sa sentencia, oí en en ejecncíon. 

La comisión militar qae juzgó eotoooat á aquel deigraciado im> 
loó nombrada por mi ; sn presideate lo foé por el eapilaa general^ 
j loe caerpof nombraron los vocales por snerie» 

El nombramiento de loa Gscales fué de la Capilaaia Geneml , j 
la aprobación de la seotencia, todo el mundo sabe que Qorrespondn 
al capitán general , con el parecer ó informe de su auditor. 

Yo no tuve , por lo tanto , en mis funciones ^ mas ipCeriores» 
de gobernador de la plaza , nada que ver en este triste suceso , j 
vuelvo i rechasar aeme)anAe acnsaoion. 

Si los señores que escriben La Europa « 6 los que seo redaeUK- 
res de cualquiera de los diarios que reprodujeron aquel eer^ oon- 
tra mí, desean bnoer justicia á la verAad, yo les escito á ^m- re- 
gistren la causa ^ qne debe estar archivada eo el estado: mayor de 
la Gapitania General , y veráu que no tuve la menor parte ea aq«cl 
lamentable becha« 

Lo qne yo hice entonces, cuando tuve conocimiento de la aen- 
iencia, estando ya el desgraciado Gil eo capilla, f«é escribir al 40^ 
bierno ó al capitán general , que 00 lo recuerdo eiactameale, pofe 
medio del coronel don Lorenzo Milans del Bosch , que foé el qne 
me trajo la noticia al Principal , en doode estaba establecido ooia 
alguna fuerza , pidiendo que aquella ejecncion 00 tuviera logar , y 
lo pedia con taola aaloridad y derecho > cuanto que toda la hosli«r 
lidad del pieblo se habia dirigido contra mi en la Puerta del Sol, 
en doode tuve ocasión de salvar la vida á mochos otros qne íoeron 
cogidos con las armas eo la mano , algunos de los cuales las eon- 
fftearoo eonira asi persona. 

Después de esta e spl icacioo » qne puede aer «aetaoienta cooa- 



WL rilBLO T SOS OPWiOftIf ii Mt 

probada, los seSores Calvo Aaeosío y don Vkéiite Rodriguen, qué 
me han acoBaUo por este suceaOt están en ti deber de apurar loa 
hechos hasta encontrar la verdad, y eoionces se har¿A jnslieia 
i sí misflioa si ne la hacen con k absolución de tan inoiolívado 
cargo. 

Yo no puedo esperar oirá cosa. de adversarios leales « que eistiü 
revestidos oon el respetable oarieler de legisWores.» 

Las precedentes disculpas^ soa el mas fefaacienle oomprobanlo 
de los fondaoMnlos eos que henos calificado los instintos del general 
Gordo va. 

Guando periódicos tan autorizados como La Europa y El da-* 
mor , periódicos de distintas opiniones , le dirigieron el gravísimo 
cargo en cuestión , cuando en la Asamblea constituyente se le ha 
acusado con igual severidad por varios señores diputados, debe 
quedar convencido el señor Górdova que el pais entero le hace la 
misma acusación. 

Nosotros, quede ninguna manera blasonamos de acusadores, 
como digimos en el prólogo de la presente historia , si no de histo- 
riadores imparciales de las acusaciones que el pueblo dirije á loe 
que le han oprimido , hemos cumplido lealmente con nuestra eno- 
josa misión, y creemos dar una prueba de espontánea hidalguía 
al propagar las disculpas del general Górdova. 

Nuestro deseo seria , que así dicho señor , como todos los que 
por sus actos han merecido nuestra censura , llegasen á sincerarse 
de modo que su inocencia quedase de todo punto acrisolada ; en 
cuyo caso seriamos los primeros en declararlo así. 

A lo que dice el señor Górdova, solo objetaremos, que la hor*- 
rorosa muerte de Gil , fué el fruto de una situación tan violenta co- 
mo injustificable , de una situación escepcional á que tan aficiona- 



510 ML PALACIO M LOS GifalBlllS 

dos se maestrao los hombres de la moderaeian » particalarmente lo6 
se&ores generales avezados i restablecer el imperio de la ley ame- 
trallando á las masas populares. 

Aqd dos falta mucho qoe relatar de los tristes sucesos del 19 de 
julio; pero antes de volver á la sangrienta lucha, veamos lo que 
pasa durante estos críticos y azarosos momentos en el palacio de la 
marquesa de Bellaflor » á donde el hermano de María , el simpitico 
joven Manuel había conducido su lindísima esposa , para poder él 
i :udir á donde la libertad en peligro reclamaba la presencia de los 
valientes madrileños. 




CAPITULO XL. 



MARÍA Y CAROLINA. 



Carolina 9 la bella j joven esposa de Manuel Godinez » bendecía 
el momento en qae habia tomado la resolución de pasar aquellas 
azarosas horas de fratricida lucha , en compania de la marquesa de 
Bellaflor » y esta mujer celestial sentia también dulce consuelo en 
tener á su lado á la única persona capaz de suplir la falta de su 
hermana Rosa , que no habia querido separarse de su esposo don 
Antonio de Aguilar, d cual como facultativo prestaba grandes ser- 
vicios á la humanidad doliente en uno de los hospitales de sangre 
que á la sazón se establecieron en Madrid. 

Rosa y una linda joven hermana db la caridad se ocupaban 
sin descanso en las muchas faenas propias del bello sexo que la ur- 
gencia reclamaba para la curación de los heridos » y cuando otra 
cosa no lo impedia, hacian hilas y preparaban vendajes en abun- 
dancia , por manera que ni un solo momento les quedaba libre , y 
ambas se afanaban con tan buena voluntad en aquellas labores, co- 



518 BL PALACIO DB LOS GEÍMBMB8 

mo si fuesen dos ángeles qne hubiese enviado el cielo para restriñir 
la sangre qne la obstinación de los déspotas se holgaba en dejar 
correr á raudales. 

Rosa y la hermana de la caridad habían simpatizado de tal mo- 
do y que hacia pocas horas que se conocían y se amaban ya con fra- 
ternal ternura. 

Su cariño recíproco solo puede compararse con el que se pro- 
fesaban María y Carolina. 

— Vamos , Carolina , alégrate un poco — decia á su cañada la 
marquesa de Bellaflor con su natural dulzura ;— ya ves que la Pro- 
videncia no ha despreciado nuestras fervorosas plegarias... pode- 
mos decir que nuestros votos están cumplidos. 

—Verdad es que la Providencia no nos abandona ; pero mis 
totos no estarán cumplidos hasta que estreche á Manuel en mis 
iiraBoSt 

-*Poco á poco , hija mia , no se hizo Zamora en una bora ; y 
ambas debemos estar muy satisfechas del estado en qve se ballaA 
las cosas. ¿Qué mas podríamos apetecer? Parece qoe las hostilida- 
des han cesado , que el triunfo del pueblo es indudable , y que por 
oonngaiente ha desaparecido el peligro que lo mismo ameoaiaba á 
Manuel que á mi padre, á mi querido Enrique y á Tomás. 

—¿De veras no hay peligro alguno ? 

— ¿Puedes dudarlo? Sabemos que no tenemos qoe lamentar 
desgracia alguna en ninguno de nuestros parientes. Además tengo 
esperanzas de abrazar en breve á mí Luis , porque también 0*Doii- 
Bell regresa triunfante á Madrid , y con él vendrá mi esposo. 

—Muchos deseos tendrás de verle. 

—Ya puedes figurártelo por lo que pasa en tu corazón. Si tk% 
^e no hace mas que veiotiouatro horas que estás separada de ta 



' AL noMUt gr mis oMwsom. 4113 

JMfido teMlaa taa aogiMlíoM ,< ¿téeio eaUré yo ¡kmeai^ét^ua es- 
ptso á'qiiÍMt'UbUtro»rde€i>)M»'OaiÍQÍa5 luio6,}ra:aaU4inaft.iiMi ^eo 
{Mrivada por la. aboninable UraAiii que 'te ¡arnaAcó de nU biaioSé 
£1 (ríiiofo 40 te Ubeotad te Toaliveá dUos, M\ dioiía ¥i aíonpre uair 
da ¿ te saUaoioD de fui palria y/estonaniMiita ni júbüo y ¡duptícá 
mi satisfacción. Solo teago «oa peaá.qoe haoa ineompletOiM .goiQu 

•^i Tu. oaa peaaM» querida miar? 

*-*Uo tríate raooeRdo» que^me aflige oaacbe» . . 

-nLY por qué ka de afligirle , nada 7 » 

—Porque ea eoaüeioA precisa de Baeai«a.frágjil<niitucálem*^(Uh> 
i?oliiia# ea teste aniuidD oo puede haber manea *ua ptecer-eompleto. 
Nvstraináaenibte vtda ea el preludio de te.aiueifte;tpero aa.pre-» 
tedio brevísiiao y taa .despreoiábte é • qne Doeatraa oiajrorea dichas 
\ieaea siempre á rociavae coa el Hoto de .te aoiangara.: 
._ . — 'i Válgame DÁos.l^¿Y..p<ir qué aae iiablas abofa de ete modo? 

QaoelUQ fl^aaeota que me ponderabas, tu. teUcUa^ 
yo no puedo ser feliz ai tu no lo evea. 

-^Siy Gafoliaa«^di}o la Marquesa abrasándola» tu onlíada— - 
%^ telte;. iperoiloaería macho ¡mastirviTieraJiií. madre» ní; 

*-^No debo deiaprobar aanecaerdotan.pcopiotde una alma ge- 
nerosa ; pero ya que teaouerdas da.lu bueaamadf e ¿por qué no 
ha de -ser palta eonsidpvar qae ea<mas feUi qae^nosotraa? ¿Por qué 
no ha de llenar tu coradob de oonsuelo el penaar que este mismo 
triunfo de los liberales deja enteramente satiafedioa loe fervientes 
votos que , aegao me has referida varías veces, biao á Dios en los 
solemnes momentos de su agonía? 

«^Tieaes aáioa, todo su áteq erarpedir á Dios «el castigo de los 
<f«rdug(is de'sa espose, y inesieaoareeia á todos iteobligacioa ea 
que estábamos de salvarle; - • , ' • i 



T. II. 



65 



:5i4 KL PALACIO Iffi LOS GEÍmifBS 

-«>Pae8 bien, tu padre se salvó eotonees, y báa trioDfádo aho« 
ra sus priucipios políticos... Tú misma acabas de decírmelo.»., ha 
triunfado la causa del pueblo , que es la nuestra , sin que tengamos 
que lamentar desgracia alguna en nuestros mas queridos objetos;.. 
Los votos de tu madre se han cumplido , de coasigniente bajo dhh 
gun aspecto veo motivos de aflicción para ti. 

— Dices bien, Carolina.... yo que be empezado censurando tu 
aflicción , debia darte ejemplo de cordura mostrándome satbfecha 
de la protección que Dios nos ha dispensado en las azarosas cir- 
tMinstancias que acabamos de atravesar. No hace muchas horas que 
oiamos resonar el estampido del ca&on y las descargas que habria 
llevado el luto y la consternación á muchas familias de Madrid. Pe« 
ro ese peligro ha cesado , gracias i Dios , y un silencio consolador 
ha sucedido al bélico estruendo de las armas. 

Era al amanecer del 19 cuando la marquesa de Bellaflor diri- 
gía liis precedentes palabras á Carolina^ poco antes de que la fra* 
trícida lucha volviese á empeñarse de nuevo. 

-^Efectivamente --«respondió Carolina —- parece estraoo el so- 
siego que reina en Madrid ; pero ¿ creerás , hermana mia , ^e eale 
sosiego , no interrumpido en toda la noche , me ha causado el mis- 
mo pavor que el incesante fuego de las descargas ? 

-^Buena diferencia vá-— esclamó la marquesa sonriéndose«— d 
silencio no mata como las balas que exbalan tales detonaciones. 

-~;Pero suelen fraguarse tan horribles tramas en el silencio de 
la noche!... Me parecia un silencio fatídico, precursor de graves 
acontecimientos. 

-—Desecha vanos temores; el poder caido no está ya en dispo- 
sición de fraguar mas planes que los de su fuga i y no sé yo como 
podrá librarse de la justa ira del pueblo. 



^ 



IL Punteo T fUl OPUMIIS.: S(S'- 

—¿Y estás conveaoida de ^é es iododable el triUBfe de los 
pronaDoiados? 

^--I Qué desconfiada eres 9 hija mía 1 

— ¿Poes por qué no se reünm los oombaüenlesT HaUendo gá^- 
n^do ¿qué tieaeo que haeer ya fuera de so» casas? 

—Estarán ahora arreglando la capiialacion , y es probable qae 
nikdíe soelte las armas basla qpe se estaUesca un nueve gobierno. 

—-Pero ya no debe ser tan urgente la presencia de todos en lat ' 
biurricadaí, que no puedan los qué las defienden hacer alguna visi- 
ta á sus familias. 

—Tranquilízate, boy verás á tu ManiMl. . 

—¿De veras? ¿Cómo lo sabes? 
. —Lo ptesamOf y también confio abrasar i mí padre y á mi 
travieso Enrique. ..i 

-r-iTe lo .han dicho de au parte? 
. —Todas las jDotipias que de ellos he recibido , las sabes . lú lo 
mismo que yo. 

— Es verdad, las hemos recibido juntas ; pero se reducen á que 
eftán buenos y que cuentan coa un triunfo segurísimo* 

— ¿ Y te parece eso poco ? 

— Ya se vé que si. ¿Por qué no hablan de traernos ellos mis- 
mos esas noticias? 

— No habrán podido abandonar sus puestos. 

— Pero hubieran podido mandarnos i decir que vendrán á ver- 
nos tan pronto como les sea dable. 

^¿Y para qué habían de decir una cosa que ya debemos su- 
poner? 

—Pues mira» toda vez que ha cesado el peligro, iremos noso- 
tras á buscarles ¿Qo te parece bien? 



-^Hisobfidadot 4001 DOS lo tmes •prohiWdof 

—Por eso he dicho ahora que el peligro ha cesado^ pmft> ya^vS*' 
que se enojariao si nos aveatanásmos acorrer «Igiui tiesfoi Ade- 
más» ouaaSb* éltofr se esponeB sin gnaardarao» coosíéeractoá rigo- 
na, no tienen dereeho&'eKiyír do aoeotrw fewgattlo preowciiMK 
Eftproojfd que vayamotá.iiDoonUsariee* 

«-^SioBl» moohov gnarMai mm^ q^e «e te lMya>*ooonridb> ahom 
eae peBiUHtntÉi.^ 

«^¿Serias capta ét daaaprobafio? ¿Nó le paraee joalo oh 
deseo? 

— -May justo, mayaataÉaL i 

—¿Pues por qué te opones á él* - » .= 

•^¿OponeniM yaáiona íirel6MÍ0Dilaa< bidagiiaitff 9t wíngun 
modo. i\ ' ! 

— Entonces ¿por qué siente8»qiM{88'mreíha]Faoc«mdiieA»ideaT 
-"♦Ponqué antea ü no hatti» oeonñdo' A ml^yqoeri» ooipproD- 

derte de nn modo agradable. *' 

—¿De TerasT ■ 

— Quería dfedH(s<ñ>atidottteDOft lo pen^arras: GáMina» ponte Ik 
mantilla y vamos á ver á Manuel. ' ' 

— [ Qoé buena eres ! — «^esdamó radiante de jdWIó Gftrolhia , 7 
echó á correr. 

— ¿A dónde vas, bijamia? 

—Voy á ponerme la mantillía. 

—Despacio, hija mia, despacio; todavía es muy temprano. 

•^—¿ Y q«é importa ? 

— Es preciso que aguardemos á que esté mas adelantado el 
día... Qué sépamo» de un modo positivo el verdadero értádó dis Ma- 
drid... Yo te prometo que como no baya algún inoonvenieiit^ft po- 



^ 



deraso, ireao» á ver á la Itiimsii^ étúai psáre , y á Eüfi^tie y To-- 
mis. .'• 

— Mucha es mi impacieocia; pero nunca me separaré y<l'4t>*Má'' 
deseos*. 

—¿V eftáf'XontonlttiiiUora? 

— ¡Ohl si, muy contenta... La idea d(B^qMya'iio he^ürdlf*^ 
en- yn" á mi Mamiel , bice- pdj^lir' mv eoMMn. é# ülegriai 

~€éiii|ireBdo esai dake •nMicfoii..r Ya \m be stfitMO'nil recééf - 
y el día que vuelva á estrechar en mis brazos^á^mi «dony4o< Lüli^ • ■ 
rmirohf%fé leca de goto. 

~*¡CuiBto*d0soo eoacpceiie-l ToéM* poiMteMí» s« ármgaÉta fr^ 
g«ra, sttf Ittos^liodalM, m eingaMi», siramabilidMl... Qu^tejm^l 
rece i tf, Mlrrfti, ¿hiif eiageraoíoD en lo» elogios qii9 lü pradigM^?*^ 

— Dime tú antes — repuso María sonriéiidlM*^ñ' se ffodlgi^ - 
sen todos esos mismos elogios á tu Manuel , ¿ te paféeeritti eáage- 
rados? • -i- :»' -- '»' • . ■' • -' ' - 

•~No<p«réMrlD~Teipw>iHKá Ctrolita fáñ Ütalnmr'^foTq/m no 
hay en el mundo otro hombre que valga tanto como mi Manueí; 

-«V ya«8toyeBi)a'iiileIig9neM de qoe* Be bay en ni' mundo 
otro hombre qée talgai iMrto ooino- mi Luis. ¥• ves» ^s preciso qu» 
una ée laa dos se eqqívoqoe. 

•*«¿ Gem que tanto merece ta Luis ? : ^ 

•~En esa íiltelig^ncia he esHado yo siemprsw 

— ¿Y tiene bonitas facciones? 

— Tú misma lo decidirán. 

Y «bríendo el medalloo que llevaba pendiente de) coelhy, ense- 
nó* la narqnesa el retrato de sa espiMo i su eefiada. 

— ¡ Ay qué joven I — esclaoM) cen agradable asombro Gfli^oltm/ 
esoe^riBaDdo eoa avideitedosies detalles de lia minratora. 



5f8 IL. f ALACIO M LOfll GtilfSim 

—-Es en lo úqico en que está ahora algo defectuoso el retrato^ 
porque le pintaron cuando se hallaba mi marido en la aurora de tu^ 
juventud. 

—¡Y qué cabellos tan rubios!.... Los ojos son somamente es- 
presivos á pesar de ser tan azules.... los labios muy agraoiadoa.... 
Hl^ en eUos cierta sonrisa tan... 

— Vamos, vamos, nina—- objetó liaría lleba de otgallo^n-aio^ 
d^ra e^os eitremos.... Si tu marido se ballira presente, no.tte4ria 
mjicba placer en oirte. 

—Y él que es tan celoso.... ¡Dios me libre I. «. Cierra, oierr» 
el retrato; pero ahora que Manuel no lo oye, bien podré darle el 
parabién. Veo. que no ae equivocan en loa elogios ^ue hacen de le 
bell^ni de tu Luis. ¡Y cómo se parece i Enrique! Deberia qae-^ 
rerle mu^dio ¿no es verdad? 
. —Le idolatro. 

—Y supongo que él corresponderá dignamente á tu amor. 

—De una manera que me llena 4e. (orgullo y colma mi feli- 
cidad* 

-f-Sieado asi no concibo cómo podéis vivir el uao lejos dd 
otro* Si me separasen de mi Manuel, me m<H*iria de dolor. 

— Si matara el dolor, hace largos afios que yo no existirie.. 
Verdad es que el dolor emponzoña la existencia ; pero es olí veoe- 
no que obra lentamente, y aunque no mate de pronto, nos enve- 
jece antes de tiempo. 

— ¡Qué me dices, María I ¿tan desdichada has sido"^ 

—Contempla mis facciones ajadas , mis ojos sin espresioo , mi 
cabeza encanecida antes de ¿tiempo, y comprenderás fáciimenle loa 
sinsabores que han amargado mis dias. 

—¿Es posible? En medio de la opulencia » rodeada de pariea-» 



WL rODtO T sus OPRBSOBtt. 519 

tes que se «smeraa i porfía por darte pruebas de acendrado carino, 
bendecida sin cesar de los desvalidos á quienes socorre tu mano be- 
néfica, objeto predilecto dei amor de tu padre y de tu marido, dé 
continuo halagada por las tiernas caricias de tus hijos ^ con la eon^ 
ciencia tranquila por el cumplimiento de tus deberes, envidiada 
por tu hermosura , aplaudida por tus talentos , respetada por ttls 
YÍrtudes... ¿qué mas se puede' desear en este mundo para ser feliz? 
—Eres muy nifia aun, Carolina, para conocer el mundo. La 
opulencia que me ha rodeado desde el momento en que un mortal 
generoso, hijo de una de las familias mas nobles de Madrid, tuvo 
orgullo en elegirme por esposa... á mí , bija de un pobre jornale- 
ro... de no infeliz albañil qoe se hallaba sin trabajo, y de una ma- 
dre ciega... á mi que oia sin cesar el lloro que arrancaba el bam« 
bre á mis inocentes hermanilos.... esa opulencia por la que todos 
se afanan y que tan deslumbradora habia de serme en pos de to- 
do linage de privaciones esa opulencia en la qoe jntga él 

vulgo que está la suprema dicha , no ha podido evitar los infortu- 
nios que han lacerado continuamente mi alma. El bien mas grato 
que me ha proporcionado la riqueza, ha sido el placer de socorrer 
á los menesterosos, placer verdaderamente consolador ; pero me hn 
descubierto tantas iniquidades , me ha hecho ver tantas ingratitu- 
des y desenga&os!..,. Y sobre todo, es tan ineficiBiz para cicatrizar 
las heridas del corazón , que solo entes corrompidos, avezados á ci- 
frar su dicha en el materialismo de ciertos goces inmorales, goces 
engañosos que ellos califican die positivos , son capaces de afanarse 
por amontonar tesoros que jamás satisfacen la ardiente sed de su co- 
dicia. Me has dicho también que he sido envidiada por mi belleza. 
Tú que aun eres muy joven y también hermosa, Carolina, es pre- 
ciso que vivas muy alerta contra todo género de seducción. 



, IHO « lAUGIO »K Lia 

•^ ¡ liaría ! *-<esdMró riiWriaada la :eé«4itf a eifoia. 

-p*Na Irato 4e poner «o duda toi wirtad» qvarkb nk ; eatojr 
4^erU qu^ n^fhaa de laUar nuoca #a lia. maa minino i Sa B tfm 
.40te los cuitare» de la Dtvuiidad jocaito á %il mirido. Ba eloaraaoft 
¡de wa oiDJer boiarada y discreta no^ calie «aa qae «A amar.; per» 
4111 oMimaJeaUad > esa nusnia virhid , «cm hoMades ¿Mranoikle ei»*- 
<e#r4ia á vaces paaíoiies iBBobiea, j CfMado la torpe ae^ucciottlie wmth 
«ra deMÍr4ida^ convierte sn cinioo acnor en édio f mde íoforoales 
ántrígas paca dap tortora 4 la bellaca que es e\ Manco de ant'vos** 

<— ¿Y te ba pasado i tí eso , herasana lua? . 
--^Sí, Carolina » oa bonbre exeeraUe onapiínf finé toon **is a»-p 
xirtlegos amores los prioaeros noos4e mi jnvenliid; ya ves^oonio a6 
ju^mppo la beUeaa hace la feUeidad 4e mam aüiíer^ 

. «T'iPoibroMaríal ¿Y te libraste ¡poir fin de las asechanuia do 
'«se^ JHmbro? 

^lt\ cielo «le libertó de él. 

• -->I El eíelo I ' 

*---Sf , bija mia.... marió eomq mueren loe críminales... aron* 

fbuceado. 

•^ I Arcabnoeado ! • . . Seria muy mal hofiíbre. ¿ . .' 'Sin «Alda nlgín 
90 de cfsos libertinos que tanto abundan en la pervértiíAa aociedaA 
de abora... alguno de esos jóvenes insolentes que bacen galo de mi 
irreb'gion... que jamás entran en el templo de ©los... ni oyen nun- 
ca )a consoladora palabra de sus ministros. . . 

—Horrorfeate, Carolina... 

— (Dtos miol ¿qué vas á decirme? 

-«-¿Tienes onriosidad de saber quién era oH'sednótoi^T * 



EL PUEBLO T SDS OFBBSOBSS. 521 

-»Pues era an mioístro del altar. 

— ¡ Un mioistro del altar! 

— Si, querida mía, qd fraile de San Francisco. 

— Por eso dice mamá que los frailes eran moy malos. ¿Y 
por qué le arcabucearon ? 

—-Se descubrió cierta conspiración en sentido carlista , y fué 
fusilado, según supe después, el mismo dia que me casé con Luis. 

— ¡ Qué casualidad 1 Y desde entonces habrás sido muy di- 
chosa. 

—No siempre, Carolina. 

— ¡ Válgame Dios ! ¿Por qué causa? 

—-Es muy larga de contar mi historia. 

— Sin embargo , tiene para mí tanto interés todo lo que te con- 
cierne, que desearía me la relatases, si no lo impide algona cir- 
cvDttaocía secreta. 

—Yo no tengo secretos para tí, bija mia, y te reataré con 
mucho gusto los principales sucesos que han labrado altematiya-- 
mente mis dichas y mis ínfortuniost Acaso podrán senrirte de sa- 
ludable lección. Vamos al comedor á tomar el té , y satisfaré cum- 
plidamente tus deseos. 




T. n. 66 



CAPITULO XU. 



•i 



EL NEGRO ENSANGRENTADO. 



Medía horaitfkbiaie deslizada desde que refic ki María á 9a ¡6^ 
veo cuñada los sucesos mas interesantes de su rocMAlicft frriittti 
fm 9 J aunque laeópioa ea ím dotalks » fué iaa dooiiente ea lodo el 
relato , que no j^fiKxas ifeoes fué iaterriKBpído por eL Uoro da GaM^ 
lina , al awtf oieidaiNi; tambieo la. narqnesa 9as lágfiaia&, qae cmv^ 
tQft dokNrQeaa reeqaidofi m» podiao menos de lucer brotar d# asf 
ojos. 

— Te he proporcionado un mal rato — dijo la marquesa TÍeu- 
do que Carolina permanecia llorosa. 

—No lo niego — respondió Carolina en acento conmoTido— - 
has lastimado profundameoie ni camón con la historia de tus des- 
gracias, pero me consuela el ver que han terminado ya para siempre. 

—Sí, Carolina, si, se han terminado ya — anadió la marquesa 
ansiosa de consolar á la afligida joven— y ahora voy á ser muy 
feliz. 

—Sí, María y Dios es justo y querrá premiar tus virtudes y el 



iMToiinio (BOU ipt% Im9 90fiiria4^ tus pideeiMmkMi» VtS' á iJbrazar 
á Id Luis muy pronto. ' > 

— Ilkiei1rf60<-*^ve^« MiHa rédUtiite 4d>|^lMer«^f4iy "á wr la 
niBj>er nm Mis éri nmido. ..' Ai lado ^ añ Lm. •* fác» 4o «pa- 
rarme ya mas de él... recibiendo entrambos la9<Éri|^MB 4«Í4ilMttM 
hijos... Solo el pensar en este momento inunda «el üflNI nía ^jú- 
bilo... Soy mny dichosa, amig»ma% 

— ¡ Cuánto me alegro ! — esclamó CaroliM abnmiié»^ besan- 
do á la marquesa con los ojos arrasados M láfrimai ésr ^acer. 

— Hay en la vida momettttys«MioM ^a?» 0cm p mk f l iw i ^ dé gran- 
des consuelos. Este es uno de esos momentos prós p e f t n , y no de- 
bemos desperdiciarle. 

La marquesa fírtt 4é tn «orjon , M prMeilfi VM doneellaf y la 
hizo traer su mantilla y la de Carolina. ' '• *•' V . 

— ¿Nos vamos ya á ver á Manuel? » • ' -- 

— Si , querida; pero eres tan (égollta qaé Wü^ f4eM0B áoas que 
en tu Manuel. ^^•^^^ 

«^TioMS ratoiv.' Insmos faoibien i ter A la fepi, i Airique» y 
al pobre Tomás. ¿Sabes que desee que me lias contado (lirhífloi4á 
qtriero «mcfao A osle Immnado mgroT 

«^TéBgo en él taata confianaa, qve una do iao cosao tqat en 
estos dtaismo train^oHivaban «tas ora el 9abor ^ Enrice esleía 
con él. Me parece ^ae á m kido na oorroini Ujo IMlígro alguno; 
porque Tomás... ¡oh! ^esloy mry segara deolkiw.. caiáa dt él co- 
mo yo misma. Ha satraét) lari iFida , ha salvado la éo mi Lnisg*.*» 
También Imbiera Balvadó ia >do Enrique si so hubiera hallado on 
grave peligro. 

En esto ttomonto el inesperado estruendo Ae ^raa éeioarga vino 
á turbar el sosiego y la esperanza de las dos cniadas. ' 



Hk Ui PÁUKUO M IOS GftiüBNIi 

A la nacLVfi d«mirga siguieron otras q«e alteraabaa con fttego 
graneado bastante natrido. 

— I Otra ves eaipieza la locba ! — esclainé azorada María» 

:— lAy bermaBa inia!-r-afiadtó Carólioa temUándo-^rtotri^ 
vai empieza el peligro I 
! -~iEa posible? 

-—Si... si... demasiado cierto es. 

~* ¡ Mas sangre ann I 

*^ ¿Qoé será de Manuel ? 

—Y taiftbíeo Enrique esti en peligro. 
• —Es verdad, 

— ¡ Oh ! . . . si , en gran peligro. 

Y al decir esto María tembló convulsivamente. 

«— i Qué tienes , Marta ? 

—Nada. 

—¿Y qué bemos de bacer abora ? 

— lEsto es borroroso. 

•—-¡Dios de bondad I ten compasión de tantos desgraciados. 
María , HaHa , ¿qué seirá de nosotras ? 

— No sé... — repuso en tono fatídico la marquesa;— mi cora- 
zón empieza á desmayar. .. Una nube de sangre ofusca mi vista... 
¿Qué es esto?... ¿Qué terrible presentimiento lacera mi aloia? 

— I Tiemblas» hermana mía!... ( tu rostro palidece 1... 

De repente se abrieron las dos hojas de una puerta como si ba- 
bieran sido impelidas por la violencia de furioso huracán» y se pre- 
sentó azorado y descompuesto el negro Tomás» con su blusa man- 
chada de sangre. 

— I Tomás 1 —gritó asustada la marquesa— ¿qué sucede?. .. Esa 
sangre. ... ¿Y mi hijo? 



N 



BL POSnO T sus OPBB80U8. 525 

Tomás , agitado por el cansancio y oprimido por nn dolor pro- 
fondo , no pudo responder ; pero sds ademanes de angustia y deses^ 
peracion ananciaban una gran desgracia. 

—¿Ha muerto mi hijo? — gritó la marquesa con la desgarrado- 
ra espresion de madre. 

Y después de grandes esfuerzos pudo Tomás balbucear estas 
terribles palabras : 

— Aun no, 

María exhaló un prolongado chillido de dolor, y apoyada en el 
brazo de Tomás , salió precipitadamente. 

Carolina, trémula y acongojada con tan inesperado accidente 
siguió los pasos de la infortunada marquesa de Bellaflor. 







mmmi 



CAPITULO XLD. 



LA JUNTA DE SALVACIÓN. 



( contisuácioü del 19 de julio.} 



El pueblo , ya triunfante y dueño de todo Madrid , tenia acor- 
ralados á sus enemigos , en el real palacio , en el principal de la 
Puerta del Sol , y en los reipectivos cvartdes que solia ocupar la 
tropa I donde se construian á toda prisa nuevas fortificacioDes pa- 
ra su defensa ; y era tan imponente el aspecto que presentaban es- 
tos puntos , particularmente las inmediaciones del citado real pala- 
cio y el parque de artillería establecido en el cuartel de Sao Gil, 
que todo presagiaba que la lucha estaba aun en su comienzo , y 
que habia de correr mucha sangre antes de que el pueblo acabase 
de ceñir á sus sienes el inmarcesible laurel de la victoria. 

El aspecto de la población no era menos terrible que el de los 
puntos ocupados por las huestes enemigas ; desempedradas las ca- 



Has y proTÍ6tM todos 1m bal^oMS da piedras t em de teáo> punto 
knposíbU que oalra U trompa iaTadírlaa; pero n ianaii rafiateotte 
y la aciUud cadanez maalioatU dft que Imucíi alanda» waa ohvoa 
iodieioa da quc^ sí por deigrMM llagara á ser d pnaUo Tencido, 
loa horroreadcl 2 da laaya da 180ft nada hnbíeraa sido^cB cotejo 
da loa qua anrgíaraA de la. aad da tanganza aft qua ardían, laf íkm^ 
Doa qua kaeiaa dal regio trofto so barricada. 

Había aoaado la kora crítica, y todo Madrid aa lanaó- al pa- 
lenqua. 

Las filas de los defensoras déla libarlad se aagrosaiicm de uea 
manara asombrosa» y recibió la refoloeía«i \al ampoja qaa. sb hizo 
ya imposible cantenar aes rápidos progresos. 

Lfoa peciódÁeoa libaralea, y multikad de bajaa Yolanias asorilas 
por ciudadanos de ideas afvaozadaa , alentaban al aatasíasmo pon* 
pular ; y oom^ si basia la Providencia qniúiera dar k la sanea mía 
prueba de su justicia, proveyó á una de las naaa. imparioaaa nrgen*^ 
cias^ 

Varías majares que al amanecer se bailabas i la parle esleríor 
de la puerta de Fuencarral , observaron que en dirección á la mísN- 
ma > bajaba nn carro sigilesamante cubierto y cuslodíndo» por algu- 
nos hombres armadas qae salea antojaron miliAaraa vestidos depat* 
sanos ; y comenzaron á gritar y prorrumpir en denuestoa oooira 
los mismoa. 

A tales voces se agrupó una inmensa mucheduoikre en tora» 
del carro y no tardó ao averiguar qae condacia mameioaes da 
gpierra* 

Los misasoa aoUadaa que aa. traje da paisanos las onstediaban 
se apresuraron á ofrecerlas al pueblo , deseosos sai duda da aalimr 
saa vidaa^ 



6S8 EL PALACIO M LOS GBflIKNU 

Gooteotóse el paisanagé cod desarmarles y apoderarse de la co- 
diciada presa , suficiente para proveer de cartacbos j pñlones á 
todos los combatientes qoe defendían la buena causa. 

El carro entró en Madrid en medio de los vítores del paisana- 
ge , cuando toda la población en masa estaba ya resuelta á no de- 
jarse esclaviaar de nuevo por sus insolentes opresores ; y este au<- 
xilio tan oportuno redobló el bervor de los denodados madrileños. 

•Esta feliz casualidad , agregada á un acto de valor ejercido 
por el torero José Muñoz, vulgarmente conocido por Pucheta^ sa- 
có al pueblo de su mas apremiante apuro. 

Al frente de unos doscientos paisanos , dirigióse el mencionado 
torero á la Puerta de Toledo , intimó la rendición i los carabine- 
ros que la custodiaban , los cuales entregaron las armas sin resis- 
tencia t y el mismo Pucheta con los suyos * encaminóse al polvo- 
rín t situado á la otra parte del puente , y se apoderó de toda la 
pólvora que en él existia. 

Avanzaron las masas populares en todas direcciones , y en todas 
partes rompió el fuego á un tiempo mismo ; pero mas nutrido qoe 
nunca... 

Las descargas cerradas, el fuego graneado, el estampido dd 
cañón , resonaban por todos los ingulos de Madrid , sin cesar un 
solo instante. 

Levantábanse por todas partes nuevos parapetos entre el silbi- 
do de las balas. 

Las barricadas de la Carrera de San Grerónimo , de la calle del 
Carmen , de la de Preciados , Montera y otras llegaron i sitiar las 
fuerzas del Principal , que no tardaron en esperimentar la falta de 
víveres y de agua. 

Debemos bacer mención del ya citado parapeto constraido 




lAvgoal* de lira bermanoi, rdilotr*.) 



ML f irniu) T sos omsoMS. SS9 

la calle de la Montera : solo trea Talientes resisüeron los faegos de 
las faenas del Priocipal y contestaban i ellos , guarecidos por la 
empalizada de una obra, en tanto qae otros ciudadanos, no menos 
atrevidos, con los maderos, mesas y cajones que sacaban de sos 
tiendas formaban el parapeto, que después del triunfo popular os- 
tentó hasta que se deshizo , la inscripción siguiente : 

Esta bauicaba , aunocb fba t dbsagbadablb , rui constbijida 

BN LA MADBOeADA DEL 19 , BAJO EL FOBGO DB LOS SOLDADOS DBL 
PbiKQPAL , MB CUTA BAZON BS LA VOLUBrAD DB SUS DBPBlf SOBBS QUB 
SBA LA ÚLTIMA QDB SB DBSHAGA. 

En Otra calle llamaba también la atención del público, en lo 
mas encarniíado del combate , una inscripción ; pero esta inscrip- 
ción era deagarradora , despertaba el despecho.. • escitaba á la ven- 
gama. 

Estaba en otra barricada , junto al ensangrentado cadáver de 
un gallardo joven. •• y decía : 

Hijo dbl fubblo, bl fubblo tb tbkgabá. 

En aquellos terribles momentos de lucha, estaba el pueblo 
efectivamente ansioso de vengar la muerte de sus hijos , pero este 
justo furor , este ardiente anhelo de castigar severa y ejemplar- 
mente á sos opresores, no le impidió ejercer esa generosa confianza 
que tan funesta le ha sido siempre. 

Los que al ver la inusitada franqueza con que decimos la ver- 
dad que tanto amarga á los reyes y á sus viles aduladores, no ha- 
llan medio mejor de zaherirnos que calificarnos de aduladorei del 

pueblo , nos calumnian yillanamente. 

i. 11. 67 



590 EL FÜACto SV LOB ClÍRKEff 

Amamofl al pneMo con Molatrfa si se quiere^ porque en 
graodeB masas de los hombres indnslríosos , en cfsos artistas que 
das vida á lo inanimado , en esos pobres campesinos qne hacen fio» 
recer la agricoUura , en esos virtuosos artesanos qne nos calan, 
qne nos visten , qne fabrican nuestras moradas y hasta esos mar- 
móreos palacios y cuantos objetos de lujo atesora en eUos la opa>» 
lencia , admiramos en todo su esplendor el astro radiante de la hu- 
mana inteligencia ; en ellos , por mas pobres que sean , Temos i 
nuestros hermanos predilectos, j al tenderles una mano amigar, 
sentimos grata emoción cuando roza con su cutis encallecido por d 
trabajo. 

Orgullosos cortesanos, guardad las vuestras en perfumados 
guantes para no darlas á luz sino en esos momentos que en vues- 
tra pequenei llamáis solemnes^ en que os arrodHItis como ñegnr- 
dados siervos delante de otro hombre , j k guisa del tímido can 
que lame la mano del dueño qne acaba de apalearle, besáis voao»- 
tros la del tirano que humilla vuestra dignidad. 

Nosotros que solo nos arrodillamos delante de Dios; pero nmi* 
ca delante de ningún hombre, preferimos estrechar la mano de 
un pobre jornalero mas que esté manchada de los ingredientes que 
en su honroso trabajo emplea ; porque esta mancha no deshonra 
como las que el hurto j el asesinato han dejado indelebles en las 
manos de muchos poderosos. 

Y porque hacemos justicia al pueblo ¿ decís que somos sas adu- 
ladores? 

Os equivocáis. 

Hemos presentado al vicio en todas las clases de la sociedad , j 
en todas ellas le hemos censurado con la energía de que somos ca-- 
paces ^ y si el pueblo en masa, á pesar de reconocerle como sobe- 



rano á quien debe ac^ytaiWt.JW íd^iria de la j^eU seoda,.á cíBtá 
mU mo pi9^bk> por ciiy« fe^cíA^L MfíribUooA , te díreaios la verdad 
úü anheles, se la dir^^apüjMS i«. iiit9Qa,,fii?auf|BeiA que álosTet* 
yes , porque en el hervor de nuestra independencia » bo. sabeaMS 
adular á Aadiie* 

£1 pueblo» lepiífiado en deiva&ía, é iocatip conao siempre^ 
cuando ya tiocaba el triunfa mo^ la loaiio , d^Uigó au incoesiiooable 
.soberanía en «na Junta , creaia por los ottsmos individooe que la 
formaban « que si bien eran todps personas de honroaos aaiecede»» 
tea, carecian de l^itifloudadi ea su orígeu epoao cprporacion po^ 
pular.. . 

Sí , heroico pueblo , cometiste una grave imprudencia con db^ 
dicar tu aoberaua vQlujiUad ea niua ionta/fue. tú ao.babiaft ejcjgido 
de entre loa primeras vidientefk.qMie laiaarou: ik)ntigo al.pdigKiT, 
fiorqne deede el momento ^.ada^tMr^ sin desagrado., de prestar 
pbedienoía áeuá.dfsficsiícieii^, renuaciaate A' la pifión vevoiócio^ 
naris que Gou tanta glecia.QOmenaa^te^ . . .\l 

JSa dieboiuuipr6iciftbUi«4Ccíiioc, que como oo pedían ¿ibandonár 
sus puestos en las barricadaa.Jea oombatienUes del^puebifi, .gr lol 
mucbos ^twii <eMüe jSiigiegagf g iínifido el tfiunfo/era ya indispu- 
table , como por otra parte el tránsito por eiertaa aallea era aun 
peligroso, pues lea spldadoe dtidp:aeaeuarlelea.haúi«i^£eego á to- 
do paisano :qtie asomaba Jabeaba» «;ni> pedia ia, Junta .formarse ai^ 

no del modo que ae forfQé> i., > . 

Débilea s^oa ealAs iMrgoffmitoa ^ pues ninguna, di Ocultad ofre-r 
da que los defauaeres der'Ofdft- bar/icada ihubieaen uembcado no 
representante entre sus compañeros, por manera que los que hu*- 
biesen merecíala D^off;4pufiMm eabre loa friesarel qiie.se lan- 
zaron á la liza formasen la mayoría de una corporaciiNiL que taca- 



S3S IL FALACIO DI lOB CftflBNIS 

baba de apoderarse de la iDioiativa del pueblo. 

En coanlo al peligro qae habia por el iráoaílo de ciertaf oalleSt 
no podia ser obsiácalo para los que habían arrostrado otros peligros 
mncbo mayores. 

Cara pagó el pueblo sn ciega cooGanza ; á pesar de qae las 
personas que cuando ya era incuestionable el triunfo de la revolu- 
ción 9 se reunieron para erigirse en Junta suprema, eran todas libe-* 
rales y» como hemos dicho antes , de honrosos antecedentes , corres- 
pondieron muy mal á lo que de su liberalismo se esperaba ; nada 
hicieron , absolutamente nada para enaltecer aquel glorioso alza- 
miento popular ; antes bien le dejaron estéril en sus mas legüiaias 
consecuencias. 

¡Qué lección! estudíala detenidamente, generoso pueblo de 
Madrid » y no te dejes nunca alucinar por las apariencias. 

Derramando tu sangre preciosa habías alcaotado una poaickm 
tan imponente, que las huestes enemigas se te hubieran rendido i 
discreción por falta de víveres, y te hubieran entregado á María 
Cristina , á Sartorius y á cuantos conculcadores de tu soberanía se 
habían guarecido i la sombra del trono. 

No se hallarían ahora impunes tus enemígoe haciendo mofa y 
escarnio de ta candidez. 

No conspirarían en el estranjero, ni emplearían los millones 
que te han robado para ganar prosélitos y tramar planes de ven- 
ganza con el deseo de volver i oprimirte, de volver i saquearte, y 
levantar otra vez so trono sobre las ruinas de Espala, sobre los ca- 
dáveres de cuantos contribuyeron en julio de 1854 al triunfo de la 
libertad. 

¿Hiciste la revcducioD para obtener estes resultados? 

Imposible. 



H. POIMO T SI» 0PBIS0B19Í SSS 

¡ Oh paeblol ... ¡ pneblo!... mocha sangre derramaste para re- 
cobrar la libertad perdida. 

Mucho lloro tienes que derramar aun.... mucha sangre tal vez 
para afianzarla. 

No olvides nunca tan terrible lección. 

Si tú hubieras llevado á cima tu obra , todos tus enemigos hu- 
bieran caido en ta poder , y no hubiera habido entonces mas ley ni 
mas gobierno que el que hubiera surgido de tu voluntad soberana. 

¿Y qué mejor Junta para la dirección de tu marcha regenera- 
dora , que la reunión de aquellos mismos ciudadanos á quienes es- 
pontáneamente elegiste por gefes durante la lucha? 

Si la Junta suprema se hubiera organizado bajo esta sólida y 
legítima base , mas opimos hubieran sido los frutos del alzamiento; 
pero la Junta que apareció en aquellos momentos de victoria, con- 
fesó en su primera alocución que se habia reunido poa bl MBto 

IMPULSO DB SALVAB BL ÓEDBN PÚBLICO. 

Esto era poco i la sazón, pues tú , puéblOt no solo querías ór- 
-den , sino Kbertad y garantías que asegurasen para siempre tu in- 
dependencia t tu honor, tu bienestar y tu soberanía. 

¿Te ofreeió todo eato la Junta t 

Oigamos su voz : 



eo Junta patriótica por el mero impulso de salvar 
•el orden pública tan comprometido ayer y hoy, faltaríamos i nues- 
tros sagrados deberes si nuestra primera operación no se contrajese 
al objeto de impedir la efusión de sangre por una y otra parte. 

La Junta ka dado órdenes i todos los puestos donde hay ciud»- 
lianoi armados para que no disparen un solo tiro no mediando pro^ 
vocación ó via de fuerza. 



Esperamos for lo^mi^ino: %iii^ todo^ foi^efes wUitveii de los 
cuarteles y otros puntos donde haya fuerug mUt«r6#t dei^lMOlift- 
Hias órdenes á los sayos para 4|iie bo bosiitiGaa-4.4UBgtiiM>r%«P^ P^m 
por sus inmediaciones tranquilo y sin demostracioa de hiWUUdAíi 
alguna^ haciéndoles respoAnables en todo l^q/m foaa iiopoBla al 
honor del hombre, da cuj^qoit r iofraceioa de «na moiUda la» ^ital 
en las aptuales oúrcuusUDeias. 

Evaristo San Miguel , presidente. » loaa &eviUaM. :^Aitímm 
.Escalante . » Manuel Crespo. :« Francisco Vsidés. »« Martm José 
Inane, » Gregorio MoUinedo. «Marqués ie i:aboérniga.»i:= A^gal 
Fernandez de loslUos.<»Ma«|aé8 de la Vega da Ar«üjo.?v«ioa* 
qukiAgnirre. 9» Antonio Conde Gona«dea« ^mi Joa6 Ordax Aveaílla.B 

Mas esplicita en saacta de ínslaleoion wwmíó «ita JonÉa «i>|ieQ- 

aamienio aa los liéAaiinos aíguientea: 

'. ■ ' 

«En la M* H^villa de íHaAriá , á laaaitta de la naonnaiátl dia 
diez y nneve de ¡ia\i^4% mil áM^ho<}ientoaotnoueatai|r Matno, .na«^ 
nidos los señorea del maceen en. el aaloa b^o da la casa éA musá^ 
lentísimo señor don Juan Se?iUaQO • marqnés de f^neatea 4a Pue- 
rOt en los momentos de mas peligro, cuando. el pueblo» ngába con 
su sangre las calles de la capital , combatiendo con heroico denue- 
do á loa eneni^^ de la Kbertad » /deterttinaffoaoMislítBÍrae 4a Jun- 
ta de salvación I armamento y dtCansa daMadfid , oon a) ob|flÉa 4e 
. dar ana aeertada dtreacioa «1 amviasiealo popaiar , «conoiaiMr 
sangra y Mlvar lai imtítiioionea boUadbs por la nsaa hartura ¿ 
.iaandiVa ticaaía: despees .4a faiiber elegidb nnáBÍmattwtef^á pre« 
. fídent» al iBKCoia. Sr. don JBramio Saa Jttigael* aolainfldo por las 
fnerxas populares para que se pusiera á su.iaaalev y:far oaii 



so paeMo q«e léf ágnió á'ltf Mffidí^ ^ sti oá^á^; f pái^sr mnrtiirié^ ál 
primer vocal don José Antonio Miguel Romero, prMonfe étt^U^ 
to , se hiciéfbR srn intertiiislé» \m aomritos ijué ^ ci^pt^sártin : 
firman todo^ hé scfiófetf conetlfteBte» , dief ^ueye el^ vo^at se«réUW 
río cei1}fi<$o. ^^ffi^pEren ]aB finm ^qpí^ áM las ttisina» de» la atocm-^ 

CÍOtt.tí=íJ> 






Y no se crea qae al desaprobar ]a aparición de la JuBláf-«fflb§' 
térmittw ifcrv N> (dzo f -rf aemarto 4e háffcer «slteriNkdb la réi^Au- 
cioft y safraéti^ |9b grattd«0 erínrfhsks dé'oter ev pódur d4l ptaéN^ 
blo, tratemos de kevéar indiVidMliDente á Ibs pafrMog qbarla llM^T 
marón. ' < ' ' • , 

Sus intenciones fueron ségmnwéñte )attAlAlelil "^ i 

Restablecer el orden públíoi» y 'etifbf la éfíisieD ée'ttfáa satigre 
española, eran verdadéfftaaente 4o^ fjtmiám emfmsnm^'f ma^^^sto 
mismo podia haberse logrado sin entorpecer la magestuosa mar- 
cha de una revolución que debió ser la última en España , con so- 
lo dejar al pueblo que consumara su obra ; pero entró el temor eo 
las almas pusilánimes , se creyó que el pueblo iria mas allá de lo 
que le convenia , y se quiso poner un dique al popular alzamien- 
to; olvidando que cüán4o «Mt/^Éfólaeioil se hace á medias, la 
sangre de sus víctimas es un germen fructífero que tarde ó tempra- 
no se desarrolla y produce otra revolución. 

Esto es lo que debia haberse evitado , porque lo que verdade- 
ramente aniquila á los pueblos es ese eterno malestar que produce 
continuas revueltas y seca todas las fuentes de la prosperidad. 

El anciano y venerable general San Miguel , con un valor ver- 
daderamente heroico , habia atravesado por los sitios de mayor pe- 
ligro , entre el nutrido fuego de las huestes beligerantes , con el fi- 



536 BL PAUGIO M ÍM OÍMVE^ 

Itntrópico objeto de interponer toda bq inflaencía para que Madrid 
recobrara la paz. 

Su proverbial honradez, sus gloriosos antecedentes, y maa 
qne todo la vista de sns respetables canas en el peligro , escitaron 
d entusiasmo del pneblo , que le aclamó por caudillo de la revoln* 
cion ; pero el anciano general dirigió todo su conato i la salvación 
del trono de Isabel II , y fué la primera remora de la revolución 
triunfante. 

Instalóse la Junta , como hemos consignado , bajo la presiden- 
cia del Excmo. Sr. don Evaristo San Miguel , y apagindoae el 
piritu revolucionario , obró el espíritu de autoridad. 

¿Qué importaba esto? 

I No habia una Junta de salvación 7 

De salvación... ¡Ustimosa verdad! 

¡ Los opEBSoaas dbl fusblo sb salvabox ! I ! 







CAPITULO XLm, 



< * 



LAS ESPAÑOLAS, 



Varios fueron los bospitales dé sangre, que amufae ittprof isa- 
dos en aqodUos terribles momentos de hicha , bailábanse no solo 
bien pnrrislDs de lo necesario para la crnietcion de los heridos , sino 
qne reinaba en m asistencia nn orden admirable , bajo la direccioÉ 
deescelen(esfacnliativos,qne impelidos por el noble deseo de ser 
útiles á la humanidad^liente ', le tributaban con desinteresado celo 
todos tos recursos dd arte. 

Además de estos dignos profesores , prestaban también impor- 
tantísimos servicios á los desgradados cuyo estado lastimero le re- 
clamaba , esas criaturas qne son siempre el consuelo j la delicia 
del hombre. 

I Loor eterno á las hermosas madrileñas I 

Los que admiráis sus gracias en las sociedades de buen tono; sus 

talentos en las reuniones científicas , su elegancia en los paseos , la 
T. II. 68 



538 BL PAUGIO DB LOS CBÍMKNB8 

esbeltez y flexibilidad de sa breve cintara eo los bailes , la nalaral 
donosura de las hijas del pueblo , sn amor al trabajo » su resigna- 
cion en las privaciones , los chistes con que saben animar sus amo- 
rosas pláticas, el gracejo de su encantadora sonrisa, la Iravesurt 
de sus irresistibles miradas , sus alias virtudes en el hogar domés- 
tico, no estraBareis que en lo único tal vez en que los mas céle- 
bres escritores estranjeros han hecho justicia i nuestro pais, ha ai- 
do en confesar que los atractivos de nuestras españolas superan de 
un modo inmenso ¿ los que atesoran las beldades de las demis 
naciones. 

Mas no juzguéis que estas sÜfides seductoras son espíritus aéreos 
que se evaporan como el perfume de sus tocadores; las bellas es- 
pañolas tienen otra ventaja sobre las hermosas de otros países. 

Apenas hay en España un solo acontecimiento glorioso^ en que 
no haya tenido una parte activa el bello sexo. 

También los estranjeros saben esta verdad. 

¿Podrán olvidar los franceses el alto denuedo con que la heroí- 
na de Zaragoza doña Haria de la Consolación Azlor, barooosa de 
Valdeolivas, condesa viuda de Bureta , rechazó las aguerridas boas- 
tes del vencedor de Austerliz 7 

Hé aqui los actos mas gloriosos de esta heroina , tales como los 
hemos dejado también consignados en El Panteón ünwer$ál: 

«Cuando dado en Madrid el grito de independencia, el 2 de ma- 
yo de 1808, se levantó España toda como un solo hombre, para 
sacudir el yugo con que trató de sujetarla el coloso del siglo Napo- 
león Bonaparte; la antigua Salduba, la inmortal Zaragoza, se pre* 
paró, á pesar de sus débiles muros, á dar el ejemplo á los pueblos 
libres de que no hay muro mas fuerte para defenderse de los tira- 
nos, que la decidida voluntad de los leales y valientes ciudadanos; j 



IL PUKUO T SÜS 0PU80BBS. 539 

poniendo á sn frente el inmortal general español don José Palafox y 
MelG, elevado por sus compatricios desde subalterno i tan alta dig*« 
nidad, desafió á las águilas francesas, siempre vencedoras hasta en- 
tonces , como si la Providencia las hubiera engrandecido de expro- 
feso, para que fueran mas humilladas ante el patriotismo aragonés. 

La condesa de Bureta , cuyo carácter amable y bondadoso la 
hizo muy popular, se indignó al ver la perfidia con que el arrogan-^ 
te coloso trataba de encadenarnos al carro de su fortuna^ y juró en 
las aras de la patria, poner en juego todo cuanto pudiese para ayu- 
dar á vencer á sus paisanos ó morir en la demanda. 

Contra el grande ejército francés que se dirigió á Zaragoza» 
solo 220 soldados mandaba el general Palafox , á cuya disposición 
puso la Bureta cuantos bienes poseía , según dicho consignado del 
mismo señor , pero el ejemplo de la condesa y el de oíros no menos 
generosos , entusiasmó de tal modo el patriotismo de los aragone- 
ses, que Zaragoza toda se levantó en masa , proporcionando brazos 
y dinero suficiente para la defensa. 

El general Lefebre se acercó á Zaragoza el 15 de junio; y reu- 
nidos con la condesa los gefes del pueblo , Tio Jorge , el presbítero 
Sas, el labrador Cerezo, el carpintero Hena, el fabricante Salame- 
ro, y el comerciante San Clemente y Romeo, juraron morir ó ven- 
cer, y al grito de viva la Virgen del Pilar , se arrojaron , seguidos 
del pueblo, sobre los enemigos , y pocos franceses de los que osaron 
acercarse á la capital de Aragón pudieron salvar la vida. 

Entusiasmando con su ejemplo á las masas la condesa , hom- 
bres , mujeres y niños corrieron á la defensa , llevando á rastra los 
cañones á los pontos que les designaba el corregidor don Lorenzo 
Calvo de Rozas , que mandaba por ausencia de Palafox que había 
salido á batir al campo i loa franceses, los que tuvieron que desistir 



M9 IV. ?iL4Gi» n IOS oáaonm 

aqoel dia de ux ettprao después de dejar en les jpierfU'del Carmen 
y del Portillo mas de SOO mnertoi. 

'Al paso ^oe los ara^^oaeses cortaban aqneUa aoche laa callea j 
poniaa parapetos, la condesa reanió i sa alrededor porcioo doma— 
jeres de todas clases, j estaUedó una especie de eoerpo da aaMio^ 
ñas , entre las qae se inmortalizaron en los sitios €om k Buietat 
Agostina Aragón, Casta Alvares, y María Agustín. 

La multitud de bombas que arrojaron el 17 bs francesas soWa 
Zaragoza, vigorizó mas el empeño de la defensa, y la Barata q«a 
«corría todos los puestos alentando i los zaragozanos , tuvo la satía* 
facción de ver i Agostina Aragón , sirviendo sola la baterta de la 
puerta del Portillo después de muertos todos sus deCinsorea» y da 
que al reparar la «lortandad que les causaba se retirasen di ella loa 
invasores, costra los que la Bureta mandaba sus valientes aragoa»> 
ses, ^pBie entusiasmados par el becbode la espresada Iwróica artilln 
ra, bicicron prodigios de valor, y laato que el generel Verdier 
suspendió el ataque. 

Renovóse este con dobles faerzas y empeño la nocbe dd 17 de 
junio , y al 'primer cañonazo se presentó la Bureta en caaa del 9a- 
neral Palafox, que se hallaba ya en la ciudad, armada y sngqida da 
sus criados del propio modo, pidiéndole punto que defender* 

No es posible pintar en este corto articulo lo heroico da la de- 
fensa de Zaragoza en esta terrible noche y en d dia que la socadiói 
en el que los franceses hicieron cnanto puede hacerse para vnnoar;. 
baste solo decir, que Zarsgoza se igualó en el valor de aus hijos, i 
Sagunto y á Nnmancia, si bien so denuedo les deparó por aala vea 
d vencimiealo* 

Multitud da casas cayeron ya voladas por los defenapraa pan 
bkrtrair al paso 4 lea invasores, ya al. peso da la ll«f ia d« boaribia 



Bli HWUia T Süi OFUSQUS,^ S4t 

qne estos «nra|al)ftii ,, j millares de cadávete» d^ imps. f^ de aüros«, 
mezclados coa los escombros, haciatt iatra,oftitable& las Q9^9a oscur 
recídas por el homo de los edifieÍM eo que se prepdúi i^^^ü^ t J por 
el polvo que levaataban los belígeraates^ y las ruinas que se ibaa 
SDcedieBdo j j «sido esio k la gaitería del csombate » 4 W ayea da 
los moribaudos , y al continiiíado jesUmpido del cano», mido de la 
fusilería y tañido lúgubre de las campaaas , tamboipeS'' y clacioes dft. 
guerra , se podrá pintar, á la imagioacioo ud dóbU bosquejiQi del mag- 
nifico cuadro que obreció la invicta Zaragoza ea aquel tesribla 
ataijue. 

Desde el principio de él se vi6 á la condesa con, la caaaiia oe<T* 
nida ¿ su delicada eintura y coa el fasil ea )a maiK^, cubrisodo sii¡ 
bella cabellera con un ligero sombrerillo que anaaeotaba , sus gra^r 
cías » y de este modo recorría laa trincberaa y los pimtoa mus» peli- 
grosos , seguida de sna ai»af.oaaft y criados armados, .á fia de ideum 
tar y entuaiasmaF i saa compatriotas á quianea pvwiii el ángel dai 
la guerra, destructor de loa enemigos.. 

El siguiente día £ii6,ea el que Zaragoza sobrepiijó á todos :1qa. 
pueblos en heroismoi» poea empeñándose los fniaeesciSfeg apodcMffrr. 
se á toda.eosla de la ciudad^ lograron á fuerza de pérdidas P«4%*?. 
trar ea susprímeras-ealleSj perio.lps aarago?bai»os,tode9 sa arrojare^ 
á una muerte cierta por dieEender su libertad ,. y. volando l^ia easaf* 
sobre sos onamigos, y con los esfuerzos sobreuatuprale^ que prta^: 
el. verdadiero patríotiamo» lograron fema^ít haciendo retroceder borr 
k los vencedores t en oúl batallaa , de mucbosf pueblas. , 
ler la condesa .ea este día que adelantaban k^ÜRimeeseahá^ 
eia su casa, covriú á ella , y ttegando á tienpo de qua ^ ii^caba, 
su morada para aet tomada por a* buena posición , biaa Brradlnr 4i 
brazo ante su puerta dos cañones^ y formando instantáienm^ate. dM* 



54) BL PALACIO DI LOÉ GEÍHINni 

baterías» aguardó impávida al enemigo, qae retrocedió al Terse cor- 
tado con tal heroísmo por una mnjer. 

Reforzada Zaragoza con las tropas españolas qae mandaba el 
marqués de Liazan , los franceses levantaron el sitio y tuvieron lo« 
gar los premios y alegrías de los heroicos zaragozanos , siendo la 
condesa , Uarfa Agustín y Gasta Alvarez victoreadas con entusias- 
mo por el pueblo y por las tropas. 

Deseosos los franceses de lavar la afrenta que habian sufrido eo 
Zaragoza por un puñado de hombres, enviaron contra ella un for-^ 
midable ejército mandado por sus bravos generales Moncey » Mor- 
tier y Lannes, que atacaron la ciudad el 21 de diciembre con no- 
table desesperación , pero sus esfuerzos por los términos ordinarios 
se estrellaron en el heroismo aragonés. 

La Bureta que se habia ya casado con don Pedro María Rio, ba* 
ron de Valdeolivas « regente de la audiencia 'y después presidente de 
la Junta de gobierno de Zaragoza, se dedicó en este segundo sitio d 
socorro de los heridos y de los necesitados , convirtiendo su* casa ea 
un hospital de sangre y en un hospicio para los menesterosos y los 
nifios, pero sin dejar de alentar á los combatientes ; y cuando ya re* 
ducída á escombros la ciudad , exánimes sus defensores por el can* 
sancio f por el poco número , por la multitud de cadáveres qne ia-* 
festaban las calles , por el hambre y por la peste , y mas qne lodo 
por la enfermedad que atacó al inmortal Palafox , se acordó la capi* 
tulacion , por la que entraron los franceses en 21 de febrero de 
1809; la condesa desprebió públicamente á los generales enemigos, 
que admirados de su valor, solicitaron su amistad, y salió de Zara- 
goza con su esposo y familia para Cádiz , desde donde volvió loego 
que fueron lanzados los franceses de la Península por el valor de sut 
denodados hijos. 



IL PUIILO T SUS OPRISOUS. 543 

So entrada en Zaragoza fué un verdadero triunfo, y hasta Fer- 
nando VII, de vuelta de su cautiverio en Valencey, se hizo un de-» 
ber en visitar ala heroina á su paso por la ciudad en 1814. 

Dedicada la Bureta á la educación de sus hijos, vivió amada de 
sus compatriotas hasta 23 de diciembre del mismo a&o de 1814, 
en que falleció á los 39 años de edad , dejando un nombre inmor- 
tal que venerar á Aragón , mientras se tenga por algo entre sus 
hijos el valor y la virtud: sus cenizas están depositadas en la par- 
roquia de San Felipe. » 

La cansa de la monarquía ha tenido también en Espafta valien- 
tes defensoras , que han llevado su intrepidez hasta el heroismo. 

Citaremos un solo rasgo de una ilustre madrile&a i quien seña- 
la la historia como la mas insigne de so época. 

Doña María de Lago , esposa de don Francisco de Vargas , re- 
gidor y alcaide del regio alcázar es la heroína á que hacemos re- 
ferencia. 

Erase el tiempo del levantamiento de Castilla , contra los des- 
manes de los consejeros de Carlos I. 

Madrid, ciudad abierta, no podia ofrecer gran resistencia á los 
comuneros de Padilla , Bravo y Maldonado , que se apoderaron de 
la villa , pero el alcázar estaba por el rey. 

Sin embargo , los comuneros tenian grande empeño en tomarle 
y los víveres, empezaban á escasear. 

Francisco de Vargas , que en mucho estimaba su honor, y que- 
ría á toda costa salvar el puesto que se habia confiado á su defen- 
sa , habia marchado á Alcalá en busca de refuerzos. 

Los de Castilla , sin embargo , al saber que Vargas volvia con 
alguna gente, le salieron al encuentro, y le derrotaron de suerte, 
que tuvo que regresar á Alcalá mas que de prisa. 



54f u MiACio m EOS «rtnmto 

VMrierOD entonces tos enrmee contra el áIcSsar 4e Bfmdríd, 
resneltos á apoderarse de él á toda costa» «micIio mas > sabiendo 
que denlno &aMa nmy pocos soldados que pudieran liaeertes firente. 
Empero , m haUalm entre los sitiados la impertérrita doftá Ma- 
ría 9 que animando á los defensores con sns palabras » j diaparai»- 
do ella misma los arcabuces contra tos sitiadores , cansaba grandes 
bajas en sns Slas. 

Por tres mortales dias sostnto un horroroso fuego , nrrqjin- 
doles, además, desde las murallas, gran cantidad de piedme y 
otros proyectSes de mmo , qne oUigaban á los comuneros á per- 
manecer él una distancia respetuosa de la fortaleía. 

Los sitiadores, tiendo que les seria imposible apoderarse por 
la fuerza de las armas, quisieron entrar en tratos, asegurando la 
rida salva k dofia Marta , y á cuantos tenia á sns órdenes , si se 
-entregaban, 6 de lo contrario serian muertos cuantos intenta^ 
sen entrar ó salir en el alcázar; pero á todas las intintrncioiiei 
y proposiciones que se la dirigieron , respondió la denodada ma- 
trona: cíQoe trabajaban en valde los que pensaban qoe por ns- 
tar ausente el alcaide , ella ni los que oon ella estaban , baríaii eo- 
lia alguna que manchase su lealtad ni la de sus antepasados , ni 
que fuese en deservicio del rej ; que estuviesen ciertos que todos 
ataban resueltos á morir defendiéndose , antes que cometer aeme- 
janie traición ^ y que donde ella estaba , no bacia falta alguna el 
alcaide su marido.» 

Tanta constancia y decisión fue premiada con la mas completa 
yictoria. 

Los sitiadores viendo que les era imposible vencer la constan- 
cia de aquella mujer singular , y que á la fuerza les seria imposi-^ 
ble penetrar en el castillo , levantaron el sitio y se retiraron , coa* 



ff su tniwM SB 

fm^ñff HfMgomidM' de kAw^ sifeutnriiÉi j^p «k ¡UoÉibfak} 
valor de una mujer, que tan á pechos hihia towdie' la MBéerM 

Ciffli» I f temió ^ valor la b hbnmia madriMh. itoii ahoKi 
daniea dotiet, mmétméo q^ émfkéá da ln Moaila db ai eajpoaB^¡ 
9e la tasarvaie elhoBor, miaDlraa títiaaa, dajgvardatf al álcáiaff 
por el rey. :■ . . , . f 

BcAa Maiia^ qie á as prafvaabUk raputeiiiMí da Ykftidl; kfcbia 
asido coai aqari moliTO h hMva dé vattaole^ M dada.ahlQBcaá» 
ú'iikim da loa. madrikaioa , qM la aoÉBiteabaia oadié - in « bmU 
jar pnolaclera , fUiaoíeado rodeada de Iv ;oaHÍéacaebBí genavak 
aélUft;. . • 

- Wvo -Dn aa ia* cae» de iea vej*» k ^fm táaá áaqiatifei ñé 
éftminAnm da k» hellaa eapafta la» ; la Ubaatad^ Ik ínflifíiiaJiBiiB^ 
la soberaoáa) dak pMblo>> ha» aacílado aieaifra aii aobníáiaio éá 
Ma^ttaa líiliaoliBa eoñpatriataa , ese aotniatmo aaUnDe qám en 
t^i eonqaialé la gloriaaa di a de ma éá marlirior para la daiodadv 
gta«á4ka<i iasi oéMira por aa ^or ooasa par* aoí liennaaiÉra. 

' HaUamoi de k kíokédaUa (kd|a Markna dé imeda^ qw á>te 
flbrida edad de 15 a&aa eoalvaj^ matrimonio aoñ dbn Ibwiel Wmí 
ralla y Valté, qnianl fiBécié al pacaí tiempo, paiaada ñ. trntsm^ 
eattock k Pineda, muy jéred «édh^rk, al estada da mdei. 

Baitáronk , úm embarga , loe hrevea días que esCavo eaaada; 
para qaa adoptase en eHoa ka ideaa altamente liberaks qae pro^ 
IssaiNi sa eapoea; ak ea qae, ea k época de 1820 al 1823, doia 
Mariana se distinguió mucho por aa patriotiaiae y exaltada aesop 
i la CoBStitadk». Abolido el cédigo de Cádiz, por elsoto de la in- 
vasión francesa, la Pineda fué perseguida como todos los quesefa»^ 
liaban en su oaso, y habq da sajatarae á la ^igiknck de los agien- 



T. u. 69 



5M U FALAGIO m LM GlímNIS 

tes del gobierno absoluto, qae b ejeroieron aetiva y ooulanle 
bre los ne§roi y fracnutionei (1). 

Llegó luego el aBo de 1830 , y las desgraciadas eSpcdidoiM d» 
Torríjos y de Mioa « anidas á la revolución francesa , avivaroai mas 
au ú celo de los ministros de Fernando, quienes ejeentaros por 
orden de esta , terribles castigos contra todos los que en alg«B no*-» 
do se pronunciaban por el sistema constitucional. 

Entonces, pues, fué cuando la policía de Grranada se upoéeré 
de una bandera que se estaba bordando , y debia servir para pro* 
damar la libertad en las Andalucías ; y como á fuersa de iadaga-* 
oiones y de düigenoias por parte del juez que entendía en esta ea«« 
sa , se descubriese que la tal bandera se bordaba por enonfgo do 
doika Mariana de Pineda, de aquí que esta se&ora fuese innaedia* 
tamenla conducida i la cárcel y sentenciada á muerte , no Qintamím 
las gestiones que para impedirlo practicaron sus amigos. ' 

«Ni su bermosura, ni su juventud, ni la circunstancia de aer 
un delito político y recaer la acusación en una persona dd bello 
sexo , dice nn biógrafo , fueron bastantes motivos para templar la 
cruenta severidad del gobierno que confirmó la bárbara senAancia: 
doña Mariana de Pineda , cuando apenas contaba 27 años de .edad» 
fué llevada al patíbulo el 16 de mayo de 1831.» 

S( ,.los babitanles de la ciudad de Granada j inclusos los Yoloa- 
tarios realistas que formaban el cuadro , presenciaron coonarntridos 
y con lágrimas en los ojos esta bárbara ejecución , que no bastó» 
sin embargo, á libertar de una estrepitosa é inmediata caída al 
despotismo mas brutal y sanguinario. 

Pero 4 quién ha olvidado las bazañas de las heroínas dd dos i^% 

MAYO? 

( 1 ) A9i UamalMiD los realisUs , isdislinUaieDie , á io4o| liberiles» 



BL PUDLO T SUS OPBBSOEKS. 547 

¿ Quién ignora las proezas de las encantadoras hijas del Man- 
zanares en las gloriosas jornadas de julio? 

Pues bien» esas españolas proclamadas por nacionales y esiran je- 
ros reinas de las gracias y de la hermosura, esas beldades que á sus 
inagotables encantos unen el arrojo de las indomables amazonas, 
tienen otro mérito aun , que hace aubir de punto su realce. 

Son mujeres fascinadoras en sociedad , son mujeres invencibles 
en la lucha; pero hay ocasiones en que ya no son mujeres, sino 
ángeles. . . ángeles que se encuentran en todas partes donde se pa- 
dece , en todas partes donde hay miserias que socorrer , donde hay 
lágrimas que enjugar , ángeles inseparables de las mansiones de la 
amargura. 

Esta es la misión predilecta del bello sexo, y las hermosas ma- 
drileñas saben ejercerla con toda la bondad que da el cielo á las al- 
mas generosas , como se yerá en el capitulo siguiente. 



CAPITULO XUV. 



EL HOSPITAL DE SANGRE. 



Entre las.mojeras de todas categorias que ejercían aetoa de 
neficencia en los hospitales de sangre establecidos en Madrid para 
la coracion de los heridos , hemos dicho ya que Rosa , la digna 
hermana de María y esposa del médico don Antonio de Agnilar, 
prestaba grandes servicios á la humanidad doliente , en compafifa 
de una hermana de la Caridad, tan joven como linda , tan linda co- 
mo dispuesta i prodigar sus afanes y desvelos á cuantos inrdices se 
hallaban postrados en el lecho del dolor. 

Ocupadas estas dos angelicales criaturas en prestar saa esme- 
ros á los heridos durante la fratricida lucha de julio ^ mientras la 
hermana de la Caridad se esmeraba en vendar el brazo de un heri- 
do , Rosa habia sido sorprendida por un espectáculo tan inesperado 
cómo desgarrador. 

Salpicado de sangre , con la vista azorada , exhalando alaridos 
como el león del desierto que siente una aguda flecha en el cora- 




(Ay^uats ir lico (irrinanos . cdilom.) 






!■ 






■ • » 



í 



iw^ luMüé «presettllaia 44 ñegm T^Mtás^ ItofMáo ti mmÍKm¡ms4á 
jóf€D BiirHpie ntrttkiidBlte ImtíAo. -i\ íía 

DesfRiés «de oodfiairie al eelé4a 4oti Aitanie f éelltiat iMifatti 
¿esapavecMo f itMxpHaianiMte ; feM> «a attSMon* «o fué larga. 

Ta Mbm -Bveatrui lecAores, «^aéiarte 6ci y núfftim comféimi 
de la marquesa de Bellaior, aeaMía4a praBattl|0iO'0B<M caá «bm 
8ÍOSO da^ae la Marlaaada María |ni4ieaa a«i ver á m iaía láori- 
kmdOy 4uipoiiiMJ*d6 él para aiatnpre^ y 4arf6-6a4MBia MBdífJssi 

GMDdo Tomás ragtBsó al %cNif üal «da saagra «o aoaipaMa «d^te 
dea? oBturada iiia««fiaM , y de mi caftada O ar a K^ a ^ momr$ttu^.4m^ 
aesperada la «üaaeiM'dcil herida. 

9oa Aaltmiola-lMlmastraidó ecmaiogalarideMreBa^la'i^ 
fusil, que aunque iatomó hastante ea al MSlaáo deradh»^ fáméá 
ao4MlMMr>apMídp «ia Iwrida «lortal , ai bieif aapreaaatalMi éilhdLS- 
taaAa^fftvodai;-*'' .:.....?... -y.-.-.i-ií 

■ BcÉaadaaaas'ét iaawMi tr jl afecto ^ta% te^freÉeiaia dai4tol<iÁ 
biEo aoaa AMepásblada «ladrai,^» «qveHa liaraWnia^ f- tíamp i /i 
afioiaisa flMrire ' i^xÉt ' idalMi^ha i *8a 'b^a 09$ fftWBnHi* fotifÉB'htff 
aaBtÍBM|it«a ifM' 4a- plMia vo paada t a pi>iaai 'l»si y i» <l»'«yié'^i 
pa d aaia ff ^aságatanr aav V^ Mada aa mmtifé m^ «M|i>éMl|ÉPÍ>aiia 
sioD de prueba , mas fi a a dy , mú aiiUiaiía^ii «uaaii«^'(^i : '^> ^ f^ ^ 

A pesar del profundísimo dolor que desgarraba su corazón en tan 
crueles momentos , dolor inmenso cuya tortura solo pueden com- 
prender las madres que en tan borrible trance bayan abrazado á 
un bijo, la beráica Maria iiiuigjjplH.á.itoda m amargura en el al- 
ma , para alentar á su Enrique con aquella sonrisa de ángel que 
embellecia su rostro siempre que trataba de prodigar consuelos al 
que sufria. 

Enrique babia derramado copiosísima sangre, y se bailaba en 



550 It PAUGIO W IOS GlkUfW 

un catado tal de detbllecimiento , que á pesaír de U ioflaiMcioQ da 
su herida, juzgó don Antonio conveniente qne.se le diese mi poco 
de eddo intercalado con la medicina que él míspoo le arregló^ 

No tardó en presentarse con una taza la jóren hermana de la 
Caridad. .« maa ( ay 1 otro funesto incidente vino i dar an cohmdo 
mas horroroso á aquel cuadro desgarrador. 

Apenas la hermosa joven vio al herido, eihaló un grito in^ 
comprensible, soltó la taza de sus manos, y acometida de dorrible^ 
convulsiones, cayó en los brazos de Rosa, que no sin gran dificul- 
tad., pero con «1 auxilio de Carolina y algunos mas, la Uevó á otra 
estancia para asistirla , mientras María quedaba á la cabecera del 
lecho del herido , que en su estado de postración no dio el menor 
indicio de haber reparado en tan estraño suceso. 

Mas addante sabrá el lector , si no lo adivinó ya , quién era la 
hermosa hermaAa de la Caridad á quien tanto afeólo la piweBcia 
de Enrique mal herido , mas adelante veremos si serán aafieieDles 
loa afanes de ana madre cariñosa para salvar al hijo de asa enlra-^ 
ias ; ahora tenemos que suspender la narración de astoa aoceaes 
particulares» para proseguir la de la gloriosa revelación que» oo- 
mo impelida por un impulso eléctrico , fué rápidamente aec«adada 
en varios puntos importantes de la Peninsula. 




■ ■ II 11 II ^ 111 ^1 > ■■■ I ■ i m ■ ■ 



« i ■ * • nt'f ^ m> .. 



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CAIPITÜLÓ XLV. 



PRONUNCIAMIENTO EN ALqiRA. 



Aloira, la liberal líiUa éé Alcira, pnéle blasonar i» baber ftida 
la primera pdilaeMii qÉe reepoodid al grito de» Vieilf Aro.^ 

Puesto al frente de los palrióCaa de éste pnebto el eiiidadano dott 
Pedro Aeebedo, al anooheeer del 5 de jaiío , di6 el grito de i Aba- 
ja LOS MLAGOS 1 I Abuo CsBSTniA. ! I Aeajo los otkssonis nfti» fiti^ 
BLO I t Abajo los LAbAoiiBs nn TBSóao públko I ¡Viva la jiftaiu-» 
BAD ! I Viva la iovali^aii I ] Viva la iiBBaTAB ! {Viva & rosBLO li^ 
bbb ! I Viva bl ktbblo sombamo I 

Todos los moradores de Alcira repitieron con entosiasmo estas 
voces de salvación^ y armándose del BKJor modo qae pudierooi ju- 
raron romper el yogo que aherrojaba á k nación española ó pere- 
cer con gloría en el combate. 

Los sucesos de Alcira foeron de tal guisa desGgnrados por las 
autoridades de Valencia , y posteriormente por las de Madrid , que 
los periódicos mercenarios, los que recibían degradante salario pa.^ 



552 SL PALACIO DS LOS CftÍMBlflS 

r& enaítecer la dominación sartoríana , convirtieron eo imporUoU- 
8ima victoria para la polaqueria , lo qne habia sido ana derrota 
completa de sus huestes. 

Desganitábanse los ciegos pregonando por las calles y plazas de 
la corte los partes que publicó la Gaceta , y en ellos se decía oon 
audaí impostura que las irqpas d^U^íoa liabian invadido la villa 
de Alcira entrando á viva fuerza en ella , arrollando á los insurrec- 
tos, dispersándoles» y persiguiéndoles después de haberse apoderado 
de los principales motores de la sublevación. 

Los polacos seguían la cínica costumbre de mentir descarada-* 
mente y convertir eif'trfanfod todbt ñár éeseriabre» ^ conducta diff- 
na de los que bajo todos conceptos hablan perdido todo sentimieato 
de decoro, de pudor y de vergüenza. 

La noche del 5 se pasó en Alcira con una tranquilidad comple- 
«I, ^ilieÍMiedbe «torrÉmpMa perla áaléral esjWMilnni del entáaias-- 
mo, por lae^MiMtéailoaat'deftnérd.degiifyif^ki^'V^^ 
MMHad; f ki» eiaticM'delhiBno ét Rr^^ 
' Ho habei na tob desmán , io Uako vm sala inaoilW áiikw paiti 
dários M weeraUt pader qiaé esólmiaha á U gacib»; t» bMM ai 
verdud qa% era ulay escMo el aéoMro 4e loa talca eaAkífai y hyoa 
de opanerfe al Vevaataníenla , parecióles íúm prndaote^ posarse 
salvo tomando la dirección de Valencia , aeoltano ea algim 
erijo , é permanecer inofensivoe en soa gnaridaa^ 

Tan tofos eMAia de la méate de loa j^riotas dé Alcira iaco- 
modür cé lo wis leve á sa» oootrarioe polálíaoat que do babíando 
querido tomar parte en la sublevación ^ akalde primero dea fidnar* 
éo Sdanioh , rnaaifestó deseca de abandonar la villa » y loa mismos 
direetcrea del alzamieolo crdanaroa qae fuese easoltado- haala: qaa 
no corriera el menor peligra* 



KL pumo T sos OnUMMIS..: 55S 

Esta generosa oondiicta hQpra nacho á los gefes de aquella sa • 
Uevacion, y es lao digna de loa qae defienden lá josla cansa » co«* 
mo pnoíble y bochcrnosa faé la que observó en Valencia el ingrato 
Soiaoich , que ana tez en salto qoiso merecer sin dada ana sonrisa 
de benevolencia ai gobierno , y le dio parte de los sucesos , pintan^ 
dolos con repugnantes colores y alribnyéndolos á los mas deseami^ 
HLdos » á la gente mas rnin , á la canalla mas despreciable de la po« 
blacion « brindándose á servir personalmente de^uia á la colnuna 
qne fuese destinada para restablecer el orden en Alcira. 

De esta manera agradeció el alcalde polaco la generosidad con 
que los gefes de la insurrección t le habían probado que eran ndkles 
caballeros los que él calificaba de canalla despreciable. 

£1 dia 6 fué nombrado por aclamación el sefior Acebedo gober- 
nador de Alcira y su partido; y sopo corresponder á la confianza 
de los sublevados dictando sabias providencias que reclamaba im^^ 
penosamente. lo critico de las circunstancias « como el bando para 
que se le presentasen toda clase de armas, y el reclutamiento de gen«^ 
te. dando odio reales ,por pkza. 

Organizáronse en breves horas cinco compañías t y se dio el 
mando de ellas á don Bianuel Sanchiz , á don Francisco y don An« 
tonio Just , á don Manuel Rocamora y á don José Soiaoich. 

Contábase además con tres partidas destinadas á recorrer los 
pueblos inmediatos bajo el mando de don N. Lledó y don Salvador 
y don Juan Bort. 

i)c todas estas fuerzas era comandante don José Plaza , y aya«<- 
dante don Juan Bautista Gallard. 

No tardaron los insurrectos en saber que salia de Valencia una 

división para atacarles , y lejos de intimidarles semejante noticia 

enardeció su deseo de batirse por la santa cai)sa de la libertad» 
T. u. 70 



Ui- BL FáMáM DI &0f «ÉiMWlg 

El dia 7 áiiMcoatro de k Utdfr «e rraMtni» todu* las fingías 
délos nNrrectoi. al tofaa da geaendt , y fiuraai áiftribaidaa for- 
toa paaloa ñas- iai|Portaatei , á «abcr : 

La príaieFa compaAia ocapé ak poente . de Saa Ag«|tíii' áeaUH' 
cando la mMad de la geole á lat órdenes dd teaieBla doa Franeb» 
co Nejar hieía el Saqoe da U: Madera de Alcoa. 
• Im segaada j larcara átaároatei ea jA fieqiMro del Molíjio éa 
laVíUa. • . 

La cuartaea al paeala deSan GragarkK . 
' La ipiata en la lorre j maralla del en-coai eolat^aCapochiaas. 

Las tres pariidas reslaolaa gaaraeaieroo la Uiiaa de ia iiiaraHa« 

La hora de prad». aa afaoaímaku 

£1 brigadier fiarique Ediagtr » á la oAatu de- uaa col— me de 
carabiaeros , guardias cifiles , alguaas> oahaltoi y variaa piesaa da 
artíBerk acababa de pr ow a ta rsa á m tiro da oaaon d» la "villa» y 
esta fué la causa dd ioqae da geaerala , y de la dislribaoioo de lai 
faerzaa sablavadas en los téroiiaoe qae acabamos da referir ; pero 
mientras esta distribución se llevaba. 4 eféola » ÍM goerdiaa cifi* 
les ini^adieroa repeotinameate el arrabal acaudillados por al eapi* 
laa do» looceacáa Raouis » qaa ae babía propuesto earprender la 
guardia dd puente. 

Los ceolioelas de la plaza de San Agusiin, despuéa de oponer 
á los inrasores una resistencia beréica, ae reliraroa al cuerpo dt 
guardia y cerraron las puertas del puente , burlando así loa 
del enemigo ^ y baeiendo fracasar sos planes. 

Con todo y los guardias civiles pudieron ocupar las caaas i 
dialas y estaban asi ea posición veatajosísiaia para boslUiíar i los 
inanrreclos y abrirse paso. 

A Biedida que el peligro arneciabei se agigantaba el eafauíuMa 



^ leaUbrai, á Quienes dtficilMMte fra4a cealeoer toda h «nnegit 
qne desplegaron sus gefes para que no •«•«pienm «I focuHi» hasti 
BiAer las frateimoDes éA brigadier (fm nandilha lasfuemfriobtia*- 
duras; faro «ategéfei^iín (foe «adiase 4pAria«iieDtoalgaM,iiiifli6ia8 
hostilidades coq üd disparo de cafion , creyejMla MaBH ^m da este 
nodo lograría amilaoír á los imirrtotos. > 

Eiilgaaóse actonnaoMite, fwta lA Mico estif^ia Cié la seftal 
da la locha q«te tos sitiados «osiabaa , y fAorpaospieiido ca ?fétor«i 
á la Uhartad y al (mAIo aoberaoo, rompianNi el foe^a jtfax Diitn«* 
éb, qoa oaaakMMS graodes pérdidas á toa ^soBlrariasw 

También los sitiados las tuvieron muy sensibles , y una de tal 
primeras vidtaiaa loé lui afreoíable.ltberiiU é> qnien wm bala de 
catea ceneaaó la oabata t*qiie al astnsllarse ' coékk la hipia da «h 
tooUoo salfíeó de JaDgre^al hv^ de doD'Pedffv» Aa^ 

Otros muchos fueroía IMS «ó üm^os graveiueate iberidoé; pare 
estof .4»«y iafíM da afag^rw rmfttsiaBaia le ' acoeoeslaba en ' iér- 
■uoM, qoat ikNij que recibí a^ laves lierfdaa; w f or-allas aJbaddoMT 
baii{so.|pi}aitpt¿ jr a^nello^j i>qníaaas'6ui.'CQaijMAer«Nifmatidabaiiira4 
tirar ^ daban prisa á los encargados d0 so. ourMÍpaic^» al ardíanla 
dfaeo da vctoer^-Mi^f atnwte lal {pooihtte jpwi. #^par ^an: íÉlvaAilues- 
kf de.hoiMNí jT/de paligrQf; -# ij'-.-j.. .•."•« if » í 1 1' j ■ . . ' . 

. .< £1 patrá»la. Anabado^i oooia gobafaadqrnwibr^ido (ipri.los isiH 
bjavados , nacMrin f^a xos^fMÁa 4q rW i^fudaa^ {Irallaisd f * üiroik áah 
dividjHoa ftOimaoDs iatrépid€|S9^tQda..l|^.Uooa de U,mmranii ü idafcarr 
nléndpsf^ eiiilos puntos f de mA^rw pfJ^r^e y aDÍiiiiMMk>< cm^ sa yra^ 
satioíft jrrseaiaeatidas arafisaAé é^9m- Yalíw^aaoagMar^^a^ ..r: 
. , £fa.taQ.<Bai>lere 0l.4Mfge de )e&#f;ia4os , que^p^oai hor^a bcata^r 
ron paaaoans^rifcjM ^itwdqr^ v.#cio#.nu]eflo#;j.mBa,ida Uraiüla 
heridos, pat jMnaca ^e «iHlv^faB'allai 4*de4aU#«Ji%».,y.dfiaiNi¿Sjdíá 



6S6 ML PALACIO n KOS cifniínR 

haberse disfmrtdo udcm sesenta caBooazos contra la yilla^ disputo 
el brigadier Edinger retirarse. ;> 

Aquello^ sin embargo, no fué nna retirada, faé nna vergoa«^ 
zosa fuga en la qae se abandonó á la Guardia civil comprometida 
en las casas del puente. 

Tal fué el terror pánico qne se habia apoderado de los sitiado^ 
res, qne abandonaban las municiones en su precipitada huida , re- 
presentando una escena ridicula muy semejante i la que tanta ce- 
lebridad dio posteriormente en la puerta de Alcalá de Madrid al 
conde de aquella famosa lanza , á la cual debe el sobrenombre de 
Longinos. 

Bl puente de San Agustín no contaba mas que con nueve oia<^ 
dadanos para su defensa bajo las órdenes del intrépido cabo Ramón 
Bru , por haber sido preciso que se trasladase á otro punto coo el 
resto de la fuerza el capitán que la mandaba. 

Ignorando los civiles la retirada del brigadier, que se kabia m^ 
rificado á las siete j media de Itf tarde , siguieron basta las nuew% 
haciendo vivfsimo fuego, que después se prolongó á intervalos has* 
ta poco antes de media noche. 

Entretanto no cesaba Acebedo de tomar las necesarias preoav* 
clones para lo sucesivo y dictar aquellas medidas salvadoras q«e lo 
crítico de las circunstancias exigia ; pero conociendo que no secun- 
dando el resto de Espaha instantáneamente el alzamiento inaugu- 
rado en Vicálvaro , la permanencia de los sublevados en Alcira era 
de todo punto imposible , porque la victoria que acababan de al* 
canzar no era para repetida atendiendo á las escasas fuerzas de leí 
sublevados , á so pésimo armamento y absoluta carencia de provi- 
•ioBes , flMiyormente si , como era probable , salian de Valencia oo* 
Inanias mas numerosas qne la que acababa de ser vencida. 



BL PUBBLO r SUS OPEBSOBBS. 557 

Aconsejado, además, por nna comisioD de los vecinos, qne 
pintó al arrojado Acebedo los conflictos que amenazaban á la po- 
blación en el caso de ser invadida á viva fuerza, accedió dócilmen- 
te á los deseos de la comisión evacuando la villa con las fuerzas su- 
blevadas. 

La misma comisión de los vecinos se apresuró á participar á los 
civiles la salida de los rebeldes; y aun así no se atrevían á entrar 
en la villa temerosos de algún engaño. 

A las dos de la madrugada entró por fin la Guardia civil en Al- 
cira , y su comandante se apresuró á dar parte de este suceso á 
Edioger que á la sazón estaba en Algamasi. 

Entonces fué cuando la columna vencida tomó el aire de ven- 
cedora é hizo una solemne entrada triunfal en Alcira. 

Hé aquí la gran victoria que alcanzó la polaquería , y qne la 
4raeeia, el Heraldo y otros papeles mereenarios relataron con am- 
pulosos artículos , y celebraron oon himios de admiración » Ueno6 
de poéticas alabanzas á sus patronos. 

Vale mas ser mozo de café qoe poeta ridículo y ha dicho Mo« 
ratin ; nosotros a&adiremos : vale mas ser pordiosero , que escritor 
asalariado para adular i cuatro aventureros miserables. 




•f- 



^MaMi«B 



^■■i"i» 



CAPITULO XLYI. 



SUCESOS DE BARCELONA, 



La eafital iM Piimnptdo » esa uiiastnaia pekUokui «que fomi 
'M primera itaea por su niiaetat sos «dblaaUímenlMy -att libera-» 
lísmo, siempre vejada y opresa fiar loa salélifcei éa la tiraofai » em 
•de'todo fttiilo iaipoBft3e qoe :parinaíiee¡eca aorda al gñloder, Li- 
kartaál «que .sobó eH: ¥íoáWaro:, ouyos eooa 'raliiaifaabaft ya leoa 
amenazador astrneado por lodos los áag^los da .lá fiaiiiasala« . 

Barcelona , que ansiaba el momento de sacudir el yugo de sos 
opresores^ hallábase en la mayor efervescencia desde que O'Don- 
nell se lanzó á la liza « y aprovechándose de esta favorable disposi- 
ción de los ánimos , que no solo se hacia ostensible en el paisana- 
ge, sino también entre las filai-det ejéreíto ; thm Migael Manso de 
Zúñiga, coronel del regimiento de Navarra^ quiso tener la gloria 
de iniciar el alzamiento salvador. 

A la caida de la tarde del 14 de julio, cuando el entosiasnao 
del pueblo barcelonés estaba en su colmo , llegó á noticia del capi- 



T sui onaMfíam^ < SM! 

tai geMr«l;d<m RBinoa La; Bociui <|iia lá agLUcion dd fviebto se 
propagaba á los coárteles, y manéá al aagÉnáa iMÚxl- qae se^ffiem 
seolase e» el d» San Pablo paflt oeccioMrse de la:Terdad.. í 

Ed él se gnarecia el legfifluianter delNatárni, y h flhá e ^ da éMc» 
interrogido au digD0 eotomtl, cespaadíé amitJMÜikp 4U0 \m salda- 
dos aatakan en el oie^. sentida»: ({üé lodns dlb^^bisdeceitan ÜAofl 
snperioras; pero qnlii kn gefisa.iqne tantasi Teoei ks i^habÍM cniífn 
ducido por la senda de la victoria , do se hallaban iocUMdoft á StfVf 
vir de insIrÉiiientos para c¿ Uñnofo dn lot tiraoos» : \ 

TrasBHtida este mb testación el eapíttfi^geDeisal» es|pidin^nniÉ:dtff! 
deo para ipie el «nroiiel Man^a de Záüga sí- iraaladase éon su; re- 
gkiienla^ fnerlo de Atarasanaa*. 

Eran las nueve de la noche cuando recibió Zúñiga esta éa do Pir- 

Formó sa regMnéttIo » 1» ámgó en loi térnúnoa» foé las cir- 
cnostanoia» éocigian » halló en. todos sna anbordinndoa las más entÉn 
siastas simpatias , y no vaciló un momento en arrostrar los reanlH 
todos da-'sope^grosa empresa^ declarándose «biertainénte en: re- 
bdiion. ■ ■ ■ 

■ 

La inmensa moltítad de paisanos qno poblaba ya aiBpKllM airé ^ 
dedorea, prarampió en vítores jd bravo coiíonei. 

La tropa y el paisanago se abraaaroa con fraternal efosionji 
dando vivas á la Uberlad, al eíército libre» y al pueblo ^beranot^ 

El inmenso grupo de loa sublevados crecía por instantes , y pá^ 
ra completar su triunfo , emprendió Zúniga un paseo marcial poc 
los principales callea de Barcelona hasta la plaia de la Constitución, 
á la cnal dan loa balcones del palacio que han habitado siempre los 
capitanes generales. 

Lejos do hostiliaarle en parlo alguna^ era salodado por do quio« 
ra con frenéticas aclamaciones. 



gin BL PALACIO DI 101 OilODflS: 

Al llegar á la plan de la ComüIocíoo , recibió t»trm orden pe*- 
ra fae le trasladara á Ataraianas. 

Lo sopo el pneblo , y pidió i gritos que te preseotüra ¡A miam^. 
capitán general á dar la orden verbálmente. 

No tardó La Rocba en presentarse en efeclo » y por cierto sfi/t 
\o biso en el mismo balcón de donde aftot pasados había siéo arro^ 
jado otro capitán general , qne no habia querido acceéer á loa dd«: 
seos del pneblo. 

La Rocha fuá mas prudente , y se presentó en el balcón para 
manifestar á la multitud, qcb sb AonsaiA al ranaoHCiAiUBirro. 

El pueblo se contentó con hacerle prorompir en algunos vilons 
que el general pronunció maquinalmente » sin que le salieran dd 
coraion. 

Las demás tropas de la guarnición se adhirieron al voto gene- 
ral > y el movimiento se estendió por todo el Principado coa eléo» 
trica rapidez. 

En medio del alboroto que iodispensablemente habia de cansar 
el triunfo del pueblo , habia para los barceloneses cierta caoaa de 
disgusto que progresaba por momentos. 

El general La Rocha , que habia opuesto su autoridad á los 
primeros siutomas de la revolución , solo se adhirió á ella coaado 
no le quedaba otro recurso ; pero es bien seguro qne la hnbiara 
ahogado si hubiese contado con fuerzas para ello y hubiera man- 
dado fusilar á sos directores. 

Y este militar cuyas ideas eran incompatibles con los princi- 
pios que los sublevados acababan de proclamar, este enemigo de la 
causa del pueblo , se puso al frente de ella , y formó una Junta do 
su agrado, quedando por consiguiente las cosas en el mismo ser y 
estado que antes del pronunciamiento. 



BL PDBBLO T SUS OPRBSOBBS. ^ S6I 

La Rocha seguía ejerciendo una antorídad sin límites ; los bar* 
celoneses comprendieroa ei engaño , y empezó á germinar por do 
quiera el descontento y la indignación » propagándose i las inmen- 
sas masas de obreros , que ofrecían ya un aspecto amenazador. 

Y por si algo faltaba al general desasosiego de los espíritus, > 
cundió de improviso por todas partes otra fatal noticia : el cólera 
acababa de invadir á la infortunada Barcelona. 

Esto exacerbó los ánimos. 

En vista de la general efervescencia y de los alardes hostiles 
que comenzaban á ostentar las masas populares t erigióse La Ro^ 
cha en dictador , y el despotismo militar quedó instantáneamente 
entronizado. 

En presencia de tantas calamidades , huyeron los capitalutast 
cerráronse las fábricas , quedaron sin trabajo y sin pan millares de 
fismilias , y el hambre vino á aumentar las plagas que con inmen- 
sa pesadumbre agoviaban á la industriosa capital. 

Hambre , peste , revolución , anarquía » dictadura militar , ¿ sin- 
tieron mas calamidades los egipcios? 

Este cúmulo de febriles escitaciones, esta aglomeración de sen- 
saciones violentas, impelió el desarrollo del cólera-morbo de una 
manera tan espantosa, que el azoramiento fué general, y general 
hubiera sido la emigración ó mas bien la fuga , sin la carencia de 
facultades en los pobres para abandonar aquel asilo, donde pa- 
recía haber caido la maldición del Eterno. 

Huyeron pues las personas acomodadas escitando la envidia de 
los menesterosos. 

Paralizados lo» negocios , abandonados los talleres , el hambre 
y el cólera auxiliados por el general espanto , diezmaban á los po- 
bres obreros ; y los que no eran víctimas de la cruel enfermedad, 

T. II. 71 



an IL tALAaO DB LOf GIÍMINBS 

yeiaa morir á sos hijos ea sos propios brazos su poderies prestar 
asxilio. Ofoscada su raxoa con tantos padecimientos , empesaroft 
por maldecir á los eaosanles de sn infortnnio , cpe atríbuiaD á la 
falta de trabajo , y por eonsigoiente no Teian mas enemigos qne loa 
qae babian cerrado su talleres. 

Laniáronse como frenéticos á la calle , y como frenéticos desa*» 
bogaron su atrabilis agitando la tea inoendiaria , que fednjo tariaa 
fábricas á escombros y ceniza. 

Loa objetos qoe mas despertaron la ira de aqnellos infelices 
fcieron las miqoinas que no requieren gran námero im braios pa- 
ñi foneioMur. 

(cEs verdad que hay máquinas que requieren para ponene ea 
metimiento un número menor de brazos (ha dicho nn escritor bar- 
celonés) pero la baratura qoe proporciona esta disminooioa de finr-* 
za ym , permite mnltiplicar el número de máquinas » y snaaadae 
todas estas , ocupan un número mayor de brazos de loa qoe se oca<- 
parían si obligasen al capital á prescindir de ellas. 

Lo que en definitiva se mulliplioa es el género elaborada ; lo 
que en último resultado disminuye es el precio de esta géaera. 

Aumenta de consiguiente sn consumo. 

¿Creéis^ pobres trabajadores , que sin las máquinas ^eiaoí— 
litan el trabajo , aumentarla en un pais el número de brazos ooa« 
pados en él? 

No ; lo único que con eso consegoiríais seria disminuir la Ca— 
bricacíon* 

No lo dudéis , á medida que se perfeccionen los proeedimiea- 
tos , á medida que el progreso de la mecánica vaya reemplaxando 
con otra fuerza la fuerza viva , vuestro trabajo será menea peno- 
so , pero no por eso menoa segnro. 



BL imoBja r sus ovihmbm. 

Deade ^e el vapor ha sastkaido como moiria á la faena ani- 
mada , se han mullípUcado iafiuítameale loi brazos ooneagradoe á 
la índoftiria por el prodigioso desarrollo qae esta ha adqairido. 

¿Qaé importa que con veiote houdbres, por ^emplo» oeupat 
dos eo UQ estableeimieoto tipográfico que haya adoptado máquinas 
para imprimir ea logar de prensas^ se tíre diariamente on núme-* 
ro de pliegos qoe de otra suerte reqoiriria oteo honhres al meooe í 

¿Acaso sin esas máquinas el que tiene invertido en el estable** 
cimiento so capital ocoparia esos cien hombres? 

No : imprimiría cinco veces menos , y aon así no le saldría la 
cuenta. 

Lo que decimos de la tipografía puede aplicarse á todas las de^ 
más iudustrias.» 

La aotoffidad íné activa y severa contra los incendiarios y no- 
sotros aplaudimos de todo corazón su energía. 

Fueron pasados por las armas los que perpetraron tan enorme 
atentado, impropio seguramente de la cuitara de Barcelona* 

¿No conocen los obreros que de las fábricas es precisamente ds 
donde ha de surgir el alimento de sus familias? 

¿ No conocen que si las fábrícas desaparecen, perderán ellos el 
trabajo que les proporciona pan para ellos , para sus mujores y son 
hijos ? 

£1 incendio de las fábricas era , pues, un suicidio; y lo qoe á 
ellos les convenia entonces y les convendrá en todos tiempos 9: es 
guardar toda la armonía posible con los fabricantes , y puesto q«e 
fabricantes y obreros se necesitan mutuamente , á todos les interesa 
entenderse como hermanos para que la industria prospere , y la- 
brando su felicidad contribuya al engrandecimiento y gloria dil 
pais. 



£64 EL PALACIO DB LOS GBflBIfBS 

Nuestros consejos no os pueden ser sospechosos , hombres del 
trabajo , paes ya sabéis qae sois los predilectos en nnestras simpa- 
tías; y porque deseamos ardientemente vuestra dicha » os exhorta* 
mos á ser cautos y prudentes. 

Esas venganzas desastrosas á que tal vez vuestros solapados 

enemigos os escitan, á nadie perjudican mas inmediatamente qae á 

vosotros; y vosotros que en medio de todo linage de privaciones» 

penalidades y escaseces sois tan honrados, tal vez porque do habéis 

«I 
aspirado nunca la emponzoñada atmósfera de los palacios, vosotros 

que blasonáis de liberales y que verdaderamente habéis dado repe- 
tidísimas pruebas de serlo , habéis de saber que el espíritu de de- 
vastación y las malas pasiones no son propias de un pecho genero- 
so que profesa las doctrinas de la santa democracia. 

Y no creáis que nuestros consejos se encaminan i haceros es- 
clavos de los fabricantes. 

De ningún modo. 

El mas infeliz de vosotros , es hombre , hombre libre por ley 
de Dios y de naturaleza , y vale tanto como otro hombre , siquiera 
esté entronizado bajo regios doseles. 

De ser prudentes , sufridos y generosos , á ser esclavos serviles 
de los dueños de las fábricas va una diferencia enorme, incoomen- 
surable. 

Sed razonables con dignidad, y los fabricantes lo serán también, 
porque les interesa como á vosotros mismos la fraternidad entre 
unos y otros; pues asi como sin ellos perdéis vosotros el trabajo, 
también ellos sin vosotros deben renunciar á su lucrativa industria. 

A unos y á otros os aconsejamos que reQexioneis bien acerca 
de vuestras recíprocas conveniencias, y no dudamos que si sois 
cuerdos, si sois verdaderamente liberales , si amáis los progresos del 



BL PDBBLO T SUS OPIESOU». SM 

país , 8i ambicionáis Túestra propia prosperidad , eo una palabra; 
si obráis con verdadera sabidaría, hallareis en los vincolos de una 
estrecha y sincera fraternidad no manantial fructífero qoe abastez- 
ca vuestras necesidades, que mejore vuestra condición, y os propor- 
cione un porvenir de día en dia mas halagüeño. 



Don Manuel de la Concha sucedió en el mando al general La 
Rocha ; pero si bien fué recibido con el amor debido á los titulos 
adquiridos por su buen comportamiento en días no lejanos en que 
habia ejercido igual autoridad como capitán general del Principado 
de Cataluña , sus bellas dotes fueron desgraciadamente ineficaces 
para domeñar circunstancias tan azarosas. 

Reemplazóle el general don Domingo Dulce , que con la her** 
mosa celebridad que le precedia por haber sido uno de los caudi- 
llos de Vicálvaro , calmó la pública ansiedad. 

Pero sin que tratemos de oscurecer aquí los méritos de nadie, 
el verdadero héroe de Barcelona , fué á la sazón don Pascual Ma«> 
doz , á cuya prudencia , á cuya actividad , á cuya abnegación é in- 
fatigable celo debió Barcelona el término de todos sus males. 

Tenemos un placer en tributar este homenage de justicia á quien 
esponiendo mil veces su vida por el bien de sus subordinados, dio 
un nuevo ejemplo al mundo de que lo que no logra el rigor de los 
tiranos , lo alcanza una autoridad paternal que sabe inspirar amor 
y confianza al pueblo. 

¿Cuáles fueron los resultados de la despótica dictadora del con- 
de de España en el Principado? 

La desastrosa muerte del dictador, que hemos relatado en otro 
capitulo. 



» 



C%6 BL PALACIO M LOS GBÍlflNIS 

; Qué obtuvo el puodonoroeo y valiente Basa al ponerte en pug-- 
M con el pueblo barcelonés? 

Bien sabe Dioa cuánto desearíamos que sn trágico fia no hubie- 
ra mancillado las páginas de nuestra moderna biStoria« 

¿Qué hizo el barón de Meer con sus tiránicas demasías? 

Arrojar combustibles al yolcau de iracundas pasiones. 

Madoz , solo Madoz ha comprendido que para los catalanes no 
kay mas gobierno posible que un gobierno paternal. 

Es el gobierno que apetecen todos los paises cultos. 

I Qnó eloenente lección para d poder I 

Desgraciadamente parece que esta importante lección , esta le&* 
cion tan elocuente , no quiere el gobierno aprovecharla» dattdo In* 
gar á que sea censurada su conducta en el mismo seno de la re- 
presentación nacional. 

«¿Qué significa « señores , ha dicho el diputado Rivero en la ae- 
sion del 19 de enero de 1856, esa perturbación contdina de todas 
las provincias , ese régimen militar que pesa sobre algunas ? 

¿ Para esto se ha hecho una revolución 7 

¿ Queréis saber un hecho contemporáneo que ha pasado , no ea 
un rincón oscuro de la Península , sino en Barcelona? 

Pues sabed que en un bárbaro consejo de guerra , aplicando 
an bando bárbaro dictedo por un general , se ha condenado á diei 
años de presidio , contra las prescripciones ddi Código penal» á in- 
dividuos que acaso no tienen culpa , y que si la tienen , deben aer 
juzgados por los tribunales de justicia.» 

¿ Es posible 7 

¡ Siempre Barcelona I . .. ¡ Siempre esa joya de España » esa be«- 
Uísima y populosa capital del Principado, que marcha al frente de 
la cultura del pais, reina de la industria española, émula de Ja 



EL FDBtO T 8ü9 OFlUOllS* M7 

soberbia AUmod , ha de verse condenada á gemir de oontiniio Imjo éfc 
peso de tiránicas le jes escepeiooales ! . t 

¿Es esta la protección que merecen el espíritu comercial jrloé' 
adelastamieDtos fabriles de loe honrados cnanto Talieaítes' y laborio- 
sos catalanes? 

¿Es la tiránica dictadura el medio de establecer ci órdenf en nna 
capital culta como Barcelona , en una provincia tadntrioia como» 
Cataluña entera? 

Y no se diga que es indispensable semejante rigor contra un 
pais en cuyo seno brotan sin cesar revueltas y trastornos; pues pre- 
cisamente estas perturbaciones surgen de la degradante esclavitud 
en que se quiere encadenar á hombres de corazón y de inteligencia, 
á ciudadanos pundonorosos que saben hacer una justa apreciación 
de sus derechos. 

Desde los desastrosos tiempos del inolvidable conde de España, 
Cataluña ha gemido casi siempre bajo la abominable dictadura mi- 
litar. 

Se ha creído que solo así podría domarse el altivo carácter ca- 
talán ; pero el luengo período en que se está ensayando tan despó- 
tico régimen, debia haber convencido al gobierno, que el terror 
exaspera en lugar de tranquilizar, y si en vez de esas sangrientas 
persecuciones con que se lleva el luto y la consternación al seno de 
mil familias tan pobres como honradas , mientras nada se ha he- 
cho, nada se hace contra los que cayeron en julio de 1854, tan ri- 
cos como criminales ; si en vez de^aterradoras medidas escepciona- 
les, dictara el gobierno sabias providencias de legalidad, de pro- 
tección al trabajo y á la fraternal asociación de obreros y fabrican- 
tes , en una palabra , si la autoridad local ejerciera actos de pater- 
nal solicitud en vez de severidad opresora , no dudamos que se 



568 EL PALACIO DI LOS GRÍMUfES 

afianzaría en Barcelona esa estabilidad de orden que tan necesaria 
es para su propia dicha* para el mayor perfeccionamiento de su in* 
dastria. 

Imposible parece que se olvide el mas conocido y lógico de los 
axiomas. 

Un poeblo libre y feliz no se subleva nunca contra, el gobierno 
que labra su prosperidad. 




TN 



CAPITULO XLVn. 



SUCESOS DE VALLADQUD. 



No cabe la menor éiida que el prioier eco del grito de Vicálra- 
ro resonó en Aleira ; nadie pnede arreft^taHe este tltnlo de gloria 
qne oficialmente se confirió á la ciudad de Yaüadolid y qne Barce- 
lona se lo ha disputado* 

Las fechas deciden esta cnestion . 

El pronnnciamiento de Akins se verificó el S de julio , el de 
Barcelona el 14, y el de Valladdiid el IH. 

Sin embargo de esto, un periódico de hi oórte, el 14 de jalio 
de 188S 9 primer aniversario de aquellos gloriosos sucesos, dedioó 
al pueblo vallisoletano las siguientes Kneas : 

«Hay pueblos que tienen el raro privilegio de dar vida á los 
héroes , nombre á los siglos , envidia á las nacioMS , honor á la 
historia , alimento á la fama y teatro á los grandes sucesos. 

Así en la antigüedad fueron : lerusalen , la ciudad de los pro- 



fetas; Tyro , el imperio de la industria; Troya , la victima de loa 
T. II. 72 



570 EL PALACIO DB LOS CEÍMBNBS 

amores; Atenas , la cuna de los sabios; Roma , el rayo de la goer- 
ra; Cartago » el centro del comercio ; Numancia y Sagunto , el ba- 
luarte de la independencia. 

Asi España en la edad media parece haber concentrado sa es* 
pirita en Toledo, Bnrgos, Yalladolid, Salamanca, Barcelona y 
Medina; asi también en los tiempos, modernos han sido Cádiz y 
Madrid , Zaragoza y Gerona ejemplo de los libres y terror de los 
tiranos. 

¡Pueblos ilustres! El cronista fatiga en vano su pluma por re- 
latar sus hazañas; el poeta pulsa inútilmente su lira para cantar sos 
virtudes; y la mente de las generaciones se abruma bajo el peso de 
tantos recuerdos sublimes. 

Mas ¿cómo pasar en silencio los grandes títulos que esos poe- 
blos han adquirido á la inmortalidad , los hechos que honran y 
enaltecen sn memoria? También el águila se atreve á tender sus 
alas al cielo » por mas que do pueda remontarse á su altura; tam- 
bién el hombre osa alguna vez mirar al sol cara á cara , por mas 
que le deslumhren y cieguen sus rayos. 

Permítasenos , pues , á nosotros depositar siquiera la ofrenda 
de nuestra admiración en las aras de un pueblo benemérito á quien 
la patria aclama por uno de sus mas predilectos hijos, y á quien 
nunca se mostrará la posteridad bastante agradecida; ese pueblo es 
Valladolid , la ciudad de los comuneros, la corte de la antigua mo- 
narquía de Castilla. 

Porque mafiana hace un año que partió de allí , antes que de 
ningún otro ángulo de la Península , el grito de guerra contra la 
inmoralidad y el despotismo; mañana hace un año que se alzó Va- 
Uadolid para restaurar los fueros populares indignamente hollados 
por una pandilla audaí y corrompida; mañana hace un año que rea- 



IL PITÓLO T SUS OPSESOBIi. S74 

pareció tras las nieves del Guadarrama la lü2 de la libertad tanto 
tiempo velada por las nubes del oscurantismo. f 

Una mañana , el qüircb db julio db iol ochogibntos cingubutá 
Y CUATRO — grabad bien este dia en vuestra memoria,— -se levan*- 
ta el pueblo de ValladoUd indignado; los ciudadanos se reúnen pre- 
surosos en la plaza pública: invocan en su auxilio al ejército y laf 
autoridades; gefes y soldados acuden á este llamamiento: bizarros 
generales desenvainan su espada , nunca esgrimida sino en defensa 
de la libertad , y se ponen al frente de ellos; todo está pronto para 
el gran acto que se va á consumar; llega por fin el instante señala-^ 
do de antemano; y á un esfuerzo de todas las voluntades, i un im- 
pulso unánime del pueblo y el ejército , quedan rotas para siempre 
las cadenas de la patria. 

¡Oh rasgo magnánimo de valor y liberalismo 1 ¡ Oh aconteci- 
miento glorioso é inolvidable 1 i Oh ciudad mil veces digna de ben^ 
dicíon y alabanza ! « 

Ella infundió en España aliento bastante para recobrar su ener- 
gía; ella mostró á Madrid la senda que tan animosamente siguió el 
DIEZ Y OCHO DE JULIO; ella dio el primer golpe de la piqueta revoln* 
cionaria en el alcázar de la tiranía. 

Porque— aun no puede haberse borrado de la memoria de los 
liberales — al solo anuncio del pronunciamiento de Valiadolid , los 
mandarines de entonces abandonaron las riendas del Estado; el ga-^ 
binete Sartorius desapareció de la escena política» y á no haber sido 
por la ceguedad de su sucesor , á no haberse empeñado los hombres 
que le formaban en desconocer completamente las aspiraciones de 
los pueblos, los hijos de la heroica villa no hubieran tenido que re* 
verdecer los sangrientos laureles del nos de mato. 



83S K Muuna M LQt cadmu 

¿Qué fliágico efecto cansó, pMSt el ftaee» qve hof reoorda-» 

w 

mos, en las almas de Serioriw y sm seonaces ? 

¿Y cómo él solo J>asló para hundir en el lodazal que los había 
abortado ¿ losmisaK» qw aeababan de desafiar impaieatei el ím- 
peto de taalai bayonetas coa juradas eD su diAo? 

¡ Okl Bs que basta entonces no babiaa tísIo al poeUo toaiar 
parte ea la contienda empeñada ; es que basta eotoaoss ao hahisa 
oído rugir amenazadoras en torno suyo las iras populares* 

Hé aquí d secreto de la arrogancia del gabinete Sarloríoa^ aa» 
tes del 1 & de julio ; bé aquí la causa de su d^lidad desees ds 
aquel dia memorable. 

No bay para los tiranos enemigo mas terrible que A poabio; el 
ejército mismo con toda su intrefudez , con toda su disoiplina » ooa 
todos sus generosos arranques , les inspira menos espanto. 

Y es que el cuadro mejor formado se rompe cuando no ae apo- 
ya en el pueblo j y es que la batalla mejor combinada se piords 
cuando no se tiene el pueblo á retaguardia. 

£1 ejército no es otra cosa que el pueblo armado ; divorciarse 
de los ciudadanos es privarse de su primer demento de triaoCo , es 
abandonar su fortaleza mas inespugnaUe. 

Caminen siempre unidos el pueblo y el ejército, ¿y qaiéa podrá 
entonces oponerse á su causa? 

¿ Quién podrá robar á la patria su independencia y su liborladt 
cuya defensa les ha encomendado? 

No de otro modo yenció en Valladolid la revolución de julio ; 
de otro modo pudo, bace un afto» aquella ciudad desde eatoncaa 
róica, abrimos las puertas de un porvenir que pareda baberse casa- 
recido para España. 

I Honor , pues » á Valladolid 1 



f SIS WUMUBk en 

iHooor «1 pueblo y al éjéroito que ae unieroo en M reemto pi^ 
ra sal varaos I - <^ 

De hoy olas el pueblo valliiolelaiio podrá añadir á mm daros 
timbres, ú 4e iniciador de ana «aera. era de moralidad y jmtícii} 
de boy mas el quingb db julio será uno de los días mas grandes ¿fl 
siglo XIX; de boy mas esa fecha te escribirá en la bistoria con le- 
tras de diamante.» 

« • . • * • *i 

Nosotros creemos qat todos los pueblos que se pronunciaron 
contra la inmoralidad que á la sazón escandaUíaba al pais, tienen 
igual derecho á la gratitud naciond , porque estnhan inapiradop por 
los mismos sentimientos, y soló aguardaban una ocasión fiíToraUe 
que no á todos se les presenté en el mismo din. 

£1 benemérito general Nogueras se puso en Valladolid al frtnl^ 
del movimiento , y halló tan generales sia^tias en el ^eeindariny 
y tanta sunusion en les partidarios de la dominación pdnca f que 
no hubo que lamentar una sola desgracia , ni derramar una gola 
de sangre. 

Formóse nna Junta presidida por dicho general , en la qne ñ» 
guraba don losé Goell y Renté , esposo de doña Joseb de Borbonv 
infanta de España como hija del inEsnte don Francisco y prima de 
la reina. 

Esta circunstancia hizo que se criticase con justa severidad uno 
de los primeros actos de la Junta , dedicado á la devolución de los 
títulos y consideraciones que se debían á dicha doña Josefa como 
infanta de España ; y de los cuales se vio privada por haber con- 
traído un matrimonio desigual ; pues aunque era una medida repa- 
radora , tocaba al ciudadana Güell y Renté hacer ver á la Junta k 
inconveniencia de atender al desagravio de una persotta , cuando 



674 BL PALACIO DB LOS GlflDDIBS 

«ra caesUoD de salvar al país entero. Hay peqnefleces que amen- 
gaan los grandes acontecimientos. 

Estamos enteramente de acuerdo con el autor de La Revolueion 
de julio , que al tocar este incidente » se espresa en los térmioos 
que siguen : 

«Ei acto nos parece justísimo j la persona sobre quien recayó 
es sin duda acreedora á las mayores muestras de aprecio de parte 
del j)uebIo , pero cuando se trata de la salvación de la libertad , ac* 
tos que se refieren esclusivamente á personas , nos parecen indig- 
nos de una Junta revolucionaría. 

Una Junta debe formular las necesidades del pais « hacerse car- 
go de sus exigencias mas perentorias , ser la síntesis de la opinión 
pública ; y abusa de la iniciativa popular de que se apodera , em* 
pkándola en cuestiones que no se rozan en manera alguna con los 
intereses de la revolución.» 

Repetimos que el desagravio que se pedia era muy justo , y 
mas habiendo visto el país escandalizado , que se privaba á ana hi- 
ja del infante don Francisco de sus títulos y consideraciones por ha- 
ber contraído un matrimonio desigual, en tanto que se creaban 
nuevos títulos y se colmaba de honores y de riquezas á la prole de 
Cristina , que había contraído matrimonio con el hijo de la tia Eu-^ 
sebia , la del estanco. 

¡ Por un lado se humillaba al marido de la infanta , que era un 
honrado liberal , y por otro se enaltecía al hijo do la estanquera 
hasta el título inmediato al de príncipe 1 

] Cuánta farsa ! ¡ Cuánto escándalo 1 ¡ Cuánta inmoralidad I 

Basta ya de digresiones y pasemos á Zaragoza para presenciar 
ios acontecimientos de la siempre heroica capital de Aragón. 

El pronunciamiento de Zaragoza es de una gran importancia i 



EL PUEBLO T SUS OPRBSOBKSt 575 

todas luces; pero particularmente por haber Ggurado en él como 
presidente de la Junta revolucionaria don Baldomcro Espartero y 
como individuo de ella don Juan Bruil. 

Consignaremos , pues , en el próximo capítulo todos los actos de 
la Junta , y el pueblo español decidirá lo que le parezca , acerca de 
la consecuencia política entre Espartero y Brail revolucionarios , y 
Espartero y Bruil consejeros de la corona. 







» >>»M -»sBg^BKaaB a g a38< »»^<44 



CAPITULO XLVm. 



SUCESOS DE ZARAGOZA. 



Desde la desgraciada tentativa del 20 de febrero de 1854 , que 
costó la vida á sa valiente é infortunado caudillo el brigadier Ho- 
re, la siempre beróica ciudad de Zaragoza bullia en sorda, pero 
creciente agitación , y el ansia de salvar la libertad de la patria, 
veíase comprimida por el cúmulo de tropas que habia reunido d 
gobierno en aquel recinto , con el objeto de evitar nuevas iosur- 
recciones. 

Mas á pesar del aspecto amenazante de la guarnición y de las 
facultades omnímodas de que se hallaban revestidas aquellas auto- 
rídades , el intrépido militar don Ignacio Gurrea , oculto en la quin- 
ta de don Juan Bruil , estaba en activas relaciones con las perso- 
nas mas inQuyentes del partido liberal , conspirando activamente en 
favor de la causa del pueblo. 

Arriesgada era la empresa en atención á los elementos de re- 
tutencia con que el capitán general don Felipe Ribero contaba á la 



rita quiB reíp^tw ^Ue U lrop;i,, j.m^ 4^i^Mi'4^'júg^lAQ(¿fl>4^ 

policía á consecuencia de las últimas tentativas y de la reqi^i)^ 

< 

insurr^pipu dei Yicálvaro» « ,;,, . :;v,. . , i 

Goo todQ^ ja,; fip deUa dilatarse. ^(.pe^ar de} fieUff^ají pa^ ^filoi^ 
pueblos qyoa.ea todas é|^9dSi kap ^«do |aQl|0»diaAdeigtofíW4Ja.qi^ 
cioo , abandonabaA eataa crit(c^. Q^qUsOíkaociaft i,.l99,qfi^ babiaa^ 
enarbolado ea AbozapiireJiiQl iovfia9Ábl^. estiULdar|^,46} progreaotí 
debieran ^Wgir mil ^apaidades par^ ,Espam 4^ 1^ pnolpngacion 
en el poder de los insaciables aventureros que lebabiaof^soabí^^ 
para escandalizar al mundo con su crapulosa y cínica inmoralidad. 
La hora d^ ¡^ueba habia aon^ Jf^ M Xl^ ^^ jalio» j cuando 
Gurrea j Amé» patt^íota» $e. apreatabat ¿ .finaJucha ^qtt^;MMMi Uaa 
d^bia condae&rles. aJL saorifií^iQ que.ii. Jí^ yidofi^ » .llagó «ifar^ttMbiaiT 
mei^ta l^aragq?^,^ C9rr9^ á/d PaU|^unit;.á^ ^ateodd la maltón 
dd lT,J9pn laf^usla «puf.» 4^ ^zamia9tQ.0a 9ai;fifil(waK . ,; -^ .;» 
Aj^ftU ¡noAicia no .ppd« yi^j^opt^n^il^.deatoHVsiAQ 4fi loa in- 
dios zai?agfuwos,'y :parji, ayí^r- ^i«; dui^el g^imf4 JUbfura.^^ 

se le tratase como enemigo de la libertad , pareciénd(ile;ja que to-; 
da resistencia seria inútil , propuso él mismo á don Ignacio Gurrea 
y al ayuntamieoXo la.formsiciQíi ;dB una jAiata« cuyo primer acto 
había de ser el nombramiento de un nuevp eapilan generial, poc 
no permitirle sus severos principios militares tomar parte en la in- 
surrección. La ca)le del Coso /i|i4ser ia^tután^amenle invadida por 
un gentío inmenso que projrufppia ^ fervorosas aclamaciones á I4 
libertad, al po^U> i^qber^op y ^«Eapartero. 

Eran las nueve de la mañana cuando partió una invitación al 
duque de ja, Vi^oríp con f\ ^¡títíiO, de q^e presidiara el alzamiantQ 

de Zaragwa.. ... • • . ... 

T. lí. 73 



S7S A FAUaO Bl LOS dfnUftt 

Las masas populares afloian hacia la plaia da la Seo , donde la 
Guardia eiTÜ se habia posesionado de la Lonja j d palacio ano- 
bispal. 

El pueblo pedia el desarme de esta fuerza , y reclamaba sos ar- 
mas para consolidar el moTimiento ; pero esta exigencia cesó re- 
pentinamente al Ter á uno de los patriotas mas influyentes abraza- 
do con un oficial de la Guardia cítíI , y ambos Tictoreando á la li- 
bertad y á Espartero desde una de las rejas de la Lonja. 

No tardó el ayuntamiento en dirigir á sus subordinados la si« 
guíente alocución : 

«Zaragozanos : Vuestro ayuntamiento constitucional , deseando 
corresponder dignamente á la confianza que en él depositasteis al 
nombrarle Tuestro representante , no puede menos de ponerse al 
frente de vosotros en las difíciles y criticas circunstancias á que 
desgraciadamente nos ba traído la sórdida avaricia de unos pocos. 

Desde este momento queda constituido en sesión permanente, y 
dirigiéndoos á él seri calmada vuestra ansiedad y satisfechas 
tras necesidades.» 



La segunda alocución que dirigió el ayuntamiento al poeblo 
taba concebida de este modo : 



«Zabagozanos : Reunido hoy este ayuntamiento constitucional 
en sesión estraordinaria con el objeto de resolver sobre las cir- 
cunstancias á que han conducido á la nación española unos nainis«- 
tros que , por haberse separado enteramente de la senda constito- 
cional , han perdido la confianza pública , no ha dudado un mo** 
mentó en decidirse á esponer al escelentísimo señor cajHtaii gene* 



ral > que ao padieodo menos este pueblo * qoe ha sabido derramar 
á torreóles sa sangre por las libertades patrias, de tomar parte pa^ 
ra poner término á tan critica situación , esperaba contriboiria á 
tan traen fin con so autoridad, y eon las tropas de su mando. 

El capitán general acaba de contestar en los términos mas sa^ 
tisfaotorios » y conforme á lo acordado con S. E., el ayuntamiento 
ha dispuesto reunir en el momento las personas de la población que 
ba coniíderado mas influymiteB con el objeto de preceder a) nom-* 
bramíento de una Junta de gobiemo.» 

• « 

r • 

Reunidos en la casa capitular por el ayuntamiento los ciudada- 
nos don Manuel de Persino , don Celestino Ortis , don. Antonio San 
Miguel , don Matias Galbe , don Miguel Magallon , don José Osta^ 
lé« don Mariano Cabello, Marqués de Nibbíano, don Bartolomé 
Calvete, don Juan Francisco VUlnrroya , don Manuel Francés, don 
José MguoA, don Francisco Sagriatau, don José Palomar, don Jué«* 
to Alicante, don Prudencio Romeo, don Mariano Almenara, don 
Mariano Lezca no y don Pascual Unceta; por la diputación provincial 
los seiíores don Francisco Ramírez , don Manuel Peres Jaime y don 
Enrique Almech ; y por el pueblo los sefiores don José Lacruz , dou 
Manuel Lasala, don Joaquín Marín, don Juan Broil, don Joan Rp^ 
meo y Toron , don Benito Ferrandez , don Pablo Ortubia , don Ma- 
nuel Diego Madrazo , don Valero Ortubia , don Manuel Lobez , don 
Felipe Almech, don Victor Maríñosa, don Gerónimo Borao, don 
Jorge Martínez, don Manuel Garríga, don Mañano Higuera, don 
Miguel del Cacho, don Domingo Marracó , don Juan Auger, don 
Alejandro Sagristan y don Ignacio Paño, asistiendo también e} 
brigadier don Ignacio Garrea y el coronel don Francisco Serrano 
nombraron la Junta en los términos siguientes : Duque de la Vic«* 






SM li fttMM iTLés OlfHÉMI 

tona, presidente. «i^Dte fgmtíeé Crorrea, tieeH^deiife. «t^Bos 
loaD Brair.'=»])Ofi Berftd FeiTfiiider.=DoD Uamici UmM. tr^Dos 
Mariano Santa Mariaw^Don Benito Bernardin'.^^Don losé Lag«H 
na.=Don losé Marraoo.^^fitov Franeisco Sagrislan.^^Dbii Máliai 
Galbo.t^DoB Andrés Padolos.«=Don GeróniaM Borao t'Mcfelárío. 
Todos los Kberálet aeogieratr con aptanso kf» nonlHrM Mk* 
ilnstres eindÉdanof qne componian !a Jonta* que fné^salttflariá coa 
aelflfflaGÍonesr dnrante sir tránsito desdé fa €asa GáfpiCriar ilMU é 
Gobierno civil , donde quedó defi niüra mente mstahrda al nkfSübSá; 
j dirigió al pueblo su voz de esta manera : 

««AtiAMiimn: Gonstit«iidos €nr Junta intente de -gcttiemo de 
hr ptrovineía de Zaragata , os dii4gfttios nuestra tdir|»ar« aiitiinw» 
vm el 'triunfo de hi Hbei^tád , qoo tan 'cara hadhinK^s cóbqirislSÉda;' 
y que tan rilmente se nos haüia' ahtincado poi^ lina ftnrBa'de anaU^ 
CFMtos, fiara quienes niida era el pudor « nada ¿us prestidos joft-^ 
Bieotoft. ' ■ ' 

Va vuestra noMis aspiraóiott de libertad- éfmpiaza bcrf k aer 8«« 
fisfecfaa ; yv comienza la época de prosperidad que taif ardiente- 
mente habéis deseado ; ya tenéis vuestras fortunas al 'abrigo de Is 
himoraKdad 7 ya la nación va á darse un gobierno' jnSto, ecotfAmf- 
co'y amante de nuestras renerandas instituciones. 

Pero ef logro de estos beneficios* exige de vosotros* toda la cor«» 
dura que produce la edncacion polftit^a , todlai la generosidad que 
eavsa el infortunio , todas las virtudes que tan alto ban fmesls él 
nombre de Aragón , triunfsnte desde hoy de sus bastardea eBeK 
migos. 

Fiedlo todo á la Arota dé gobierno en quien se halla lioy de» 
positado , por vuestras mlÉmas manos , todo el poder que fta nie- 



nestev frairs concluir la ói>f « 4e I* Miniiii sálVacioti. ^ 

Si en otros desgraciados tiempos ha ^9ú ^écisó éteiVár Vééi-* 
tros instiflrtos talerosos, hoy Mtftíge ée Yosotvóá ta cS^gá. «oA&aa- 
za que debem iüspinnró^ otRMfM Midkm , y \á éémstlet «^ ha ¿1^ 
hacer maM kiAHÉM /tuM irfctorié^ «HÉe^cy áliaái^efltb. ' ^ 

Y ftrera táñVtyttias iaitít m tttttmH&iiríd «iffrdr de* j^el^ , i^títl'^ 
to la taUcM^ "y. tirttiogá gttairmdéff d« Mtá eápitttl -, MMHfieAdo ISeM 
masradó hkfñ M^JuMttietitofr^ ^'V<^ dé la pAlriü-y I« libef^;^'ái( 
adkier^'á nmstiM^ftfrVimtes d«fteo», y bí^ dééhóttfafá jatHás éúihíf^ 
mas, volviéndolas contra el pecho de ^"^ñMdi nw pmr M Iditétt 
se les habia con&ado. 

Mtty preño se o» éstré eduocittietttO' derl' pfi^háiítf tiofr^qne 
piensa gobernar vuestra Junta : descansad en tanto en la justii^W 
vuestra causa, y probad con vuestra pacífica actitud que sois dig- 
nos de- há Kberfád^ «fM- os kttbW nr rebacádd ^ar« t t tfg efeiP^ íkój á 
vntstfó^érttd.*'^ ..: ■,^. ■..-... /:. .i ^^ .. ■ .;; ■ ■'•■ ^o-rt 

:• i! ! •■■ ■' ■ ií ::■ ^-í- ■ ; ■ . > " • ■ • ;■ ■ •■• «-íí- 

TamUen dirigid 9ü iot k ln |^anii«ion es^^ábdbla-á l^afeí^ ( 
zar cmr eV poebfe. '•'*■■'' .•■'....:-.. í. .'J.f/i 

Ré arqnf Ms paliibrÉis : 



« j 



.>■■••• . . . . , 



«Soldados: La patria á qüieii áervÍÉf| eomi> noMtros , gt há^' 
Haba oprimida por un gobienro execrado' de toda la tiaciott, J^ al- 
grmos itosilre? generáles^ btfn d^tttUiiMída )a espada píM'ytA^éé^il 
Espaflá isn esplendor osctireddf>. * 

EHos batf dompréndido qtie uó bsfy honor én' lici^tí¿vitaá, 'i(M 
no hay deberes mas imperiosos que los de seirtir al ptiis; y^ ^artf 
esto se han puesto k la oabittar de tin movimi^nttr, qtré líuestra de- 

■ » ■ * 

cisión va á hacer deídérhoyunitersad. i 



188 ML fJJMÁO M LOS GiilURtf 

Ya no se dirá de vosotros qae empuDais las armas de U patria 
para proteger la alevosía. 

. Tiempo era de qae , coof andidos en uno » confirmaran el pue- 
blo y el ejército el grito dado en defensa de la libertad» 

La patria os dá gracias ppr vuestro leal comportamíeoto : la 
ciudad de Zaragoza os saloda como amigos , y comparte coa voso- 
tros su entusiasmo. Felizmente la cordura, el espafiolismo j U 
bonradez que distinguen al general Ribero , ban impedido nm con- 
flicto de voluntades entre patriotas en donde no bay sino ana « qoe 
es )a salvación de la libertad.» 

La Junta recomendó al pueblo la Guardia civil, en estos tér- 
minos: 

* 

cZAftAGozANos: La Junta de gobierno que vela fiel por ¥aea* 
tros intereses tiene el deber de advertiros que la benemérita Gaar«» 
dia civil , que en tiempos normales ba sido un modelo de hoaradez 
y de lealtad, merece boy completamente su confianza, y qae sepa- 
rada del impropio destino á que la babia distraído perniciosamente 
el gobierno , no será desde este dia sino lo que ba debido ser en to- 
das ocasiones, á saber, la tutela natural de los bombres pacíficos, 
contra los malbecbores que infestan la sociedad. 

Nadie debe conocer tan bien como vosotros la bondad de esa 
institución, y la Junta os asegura que, lejos de ver en los goardias 
civiles unos enemigos de nuestra causa , bemos de considerar en 
ellos unos bermanos que combaten con nosotros, y que protegerán, 
si es preciso , nuestras resoluciones. 

Asi lo espera de vosotros la Junta de gobierno , en cambio de 
los desvelos que os está consagrando sin descanso.» 



IL TÜIBLO T SUS OtBI8Oft0« 

Inmediatamente participó su instalación al capitán general del 
modo que sigue : 

«Excmo. Sr. ss Constituida la Junta de gobierno, que segon los 
loables deseos de V* E. debe dedicarse á sostener el orden público» 
tan hermanado con el uso de las legitimas libertades, tiene el ho- 
nor de participar á V. E. que se halla ya funcionando j que , res- 
petando en V. E. todo escrúpulo de lealtad, aspira i que reconoz-* 
ca este hecho consumado, efecto ineyitable del espiritu público, 
nunca tan unánime, tan fuerte y tan santo como en estos stipremoir 
instantes. 

Pone asi mismo en conocimiento de V. E. que responde por 
completo de la pública tranquilidad , y que este pueblo á quiea' 
V. E. ha hecho hoy mismo la justicia que merece , no manchará 
un dia glorioso con el mas ligero borrón que lo desluzca.» 

Hé aquí la contestación del capitán general : 

«Excmo. Sr.ssPor el oficio de V. E. de hoy quedo enterado 
de haberse constituido la Junta de gobierno de este distrito. 

En tal concepto espero que el primero de sus actos sea nom- 
brar un capitán general que me reemplace ; y al hacerle esta indi- 
cación , deber mió es manifestarle que solo motivos de delicadeza y 
de severidad en mis principios militares , me hacen abrigar esté 
deseo. 

Dios guarde i V. E. muchos aBos. Zaragoza 17 de julio de 1884. 
Felipe Ribero. = A la Excma. Jonta de gobierno de Zaragoza.» 

La Junta admitió la dimisión de Ribero, y nombró para suce- 



49rl« al,]tftweot,« genoral doa Jo«qiiiii Ayerv«», y. f«gwk4«t «iJ»o de 

* 

Aragón , gobernador de la plaza, al brigadier don JBrifiriiflft <3w«^ 
rano. 

. Ajobos 4(;ep^cQ^ , e3j^Q84i)4o^ t^fffímir^eiii l^t WurwMmt si- 

t J « 

pesar 4^ mi^ ^oha^» aceito el carg^ i^ h «apitaiiía g«m%iml dt 
«fte di/$lri(Q9 qufl 1110 h^ cooferido Y« £. por diiiúiyk>ii tMb^.pr^ 
leoMQ 4 Y« £u «I S^woQt Sr. oapiUu g^^r^ji^ don fil^Uj^fRibeco.» 

Il^ta a()u{ marcliabii todo perfocUqiepte.caa Wfiegla i.}op de- 
11906 de los Ub^^^, m F^n^ ^ iQen/Q^r; 4Ífito|iia ^^Ui^mMU» 
]^r<> d^ repeqte» el aspeQt(]( paicificO; y coi^sí^dwi 4» k si^aojoii^ 
cambióse eA a^ustiosa cjci^$^ &cm^ dq peU^grx)^. . ,t 

El venerable Ayerve, presentóse de grande uniforme eo el pala- 
cio del capitán genev^U poo el objeto d^ tomiur fiQ^^piik i^ wn des- 
tino , cuando en presencia de varios individuos de la Junta le dijo 
9Í general JUbeiicOjí que^jio piidiead,9 desoír \o^ repetídq^ r«|^os de 
los coroneles de los ciy^rpos» demá3 geC^f y oficUtes da U gnnnii"^ 
cion» no podia abandoaar el mando, á pesar de m dímiÚQ^nqoe 
desde aquel moinenlo consideraba como no presentada. 

Figúrele el lector la sorpresa qne este iaesperad/o leogoaj^ can* 
laria á los ciudadanos de la Junta que se liallabaa presoQles > y al 
ilustre veterano, á quien habia depositado la misma su confianza* 

Lia sospechosa conducta de Ribero , no solo era uo dqsaire al 
anciana que babía de su(?ederle , no solo era^ un desprecio de la an* 
toridad suprema , que á la sazón lo era incueslionablemente la Jun- 
to, de gobiei:!!^, Moo qu^^ r^v^lai^a ^arcadaa teadi9ApV9^^ A ufist neac- 




BL FOBBLO T SÜ8 OFMISOMI. SM 

cion militar , de la caal no podian sargir mas ([ae horribles con- 
flictos. 

Si otra hubiera sido la posición de la Janta , es indudable qne 
el general Ribero hubiera recibido la contestación, y acaso el cas- 
tigo que su imprudencia merecía ; pero la Junta no contaba mas 
que con el entusiasmo de un pueblo sin armas , en tanto que la 
guarnición era en aquellos momentos numerosísima en Zaragoza. 

Oponerse abiertamente á los deseos de Ribero, hobiera sido se- 
pultar á Zaragoza en un abismo de sangre. 

¿ Y en qué ocasión brotaron estos elementos de sangrienta la^ 
cha? 

Cuando se aproximaba Espartero que habia sido llamado por 
los pronunciados para que se pusiera i su frente. 

Si se le hubiera tendido un lazo para llevarle al sacrificio , no 
podia habérsele llamado en mejor ocasión. 

Era , pues , absolutamente indispensable vencer i Ribero ; pero 
vencerle con toda la diplomacia que lo azaroso de las circunstan- 
cias exigia. 

Empezóse i conspirar con mas actividad que nunca , y consi- 
derando que era preciso atraerse i la guarnición , se le dirigid la 
alocución siguiente : 

«La Junta de gobierno , agradecida al servicio que habéis pres- 
tado al pais secundando el alzamiento nacional , ha determinado 
conceder el grado ó empleo inmediato á todas las clases , y dos años 
de rebaja en el servicio ala tropa. 

Los soldados á quienes falte ese ó menos tiempo de servicio, re- 
cibirán sus licencias absolutas en el momento en que terminen las 

actuales circunstancias. » 

T. II. 74 



Xa.Joata de gobieroo ^ iposo de aciurdo.Qoa si ayoBlaaiiwtD 
coDstitucioDal en la marcha que habia de seguirse para asegurar -.él 
deseado 'tfiuafio9<y eldiaílS se< dirigió .á.&íbaroJatMmmikaiQian si- 
gaieote : 

<k£q «virlud ^deilaescítacioa de .Y./£. j de las ^gnavefi Doliciai 
qqa.DOs ba revelado aeeroa.de. los. au^osos de rBaroelaoi^, «al %fNboe- 
lflBtisiaiO;ay.iiataoiieQto«eiha.reoDÍdo .en aeMoo 'eslraordioaria ; y 
asociándose de las personas Que á sa ¿«icio podían ÍMpÍPaniaaa oo»- 
¿aoza,, 'é V. £.>por .ao iprobidad y rseosatez, >y al )pMblo ip#r sos 
honrosos antecedentes , ha nombrado con ellas una Junta de \^f^ 
Uerup, ceioltado, gooio V. E.aonoceri ea^.w iliiüteaeioAt «ddl irolo 
mas caliGcado y meaos ttamalUioso ^posible. 

Estaduata, nobíen coastiluida, se ba dirigido. raipeljaoaaaMnte 
á V. E., y solo después decoaacer oficial y cfHífidencialaiifiite-liV 
Ea2ones*f|iieJe asistían para dimitir el mando» lia-.sido¿e«aadaf en 
amqpUmitatO'del'termioafite de«eo de Y.íE,» le ba«QOiothrado >aa«» 
cesor en la muy respetable persona del teniente general tAu Jioa- 
4QÍQ.Ayerve, á. quien por la :Ocdeoanaa» yiB0;pariqDakr4e,de po- 
der deiparte.de laJunta» pareoia. corresponder itl mando ^a idi^fro*» 
to de V. E. . 

Ahora que hemos sabido > no sin cierta estrañeza, que Y. E* 
laiipaba aui dimisión .lanemíQS: el :faoaar deíaiaiiifestarleLqiieile reco- 
anieemos cerno, á tal oapitaii general del distrito» «sí: como* eiparamoi 
de Y..E. que eumplirá susnueyos ]f muy sagrados deberes para.con 
la Junta directiva, marchando de .completo aenerdo eonelAa^jr Pras^ 
iáfidole iedo'el a^o que le reclameipara elcufnplimkuto^de sos 
Msekicíoaes. 

Tomado el acuerdo de esta comunicación faottesioa ide 



ta dd güMeraD* unida' al' Bketvo. ay«iiitlitti«Dto; esperaap wAkm 
cnerpos^qaeV. E: se dignart' difigifi^s 9Q contestación .v 



*: \ 



GOlVTBftVáGIOH DV BIBEKO'. 

«Excmo. Sr. = Tengo á la yista la comunicación de V. E. de 
eatá* feolia eu qtie tm mamSesta ha sabido oon« ciértli^esAHifiéza que 
yo retiraba la dimisión que babia becbo dM'oat^dé'oapiltm gcM^ 
neral de este distrito , y no la comprendo después de las esplicacio- 
niKS'que dlge* veriMnent^ ai presidente* y^ déi»' iudiiidiieii' As ese 
cowpov lás'^emlér creía se' le butHeseo' tnasmitiHcri 

BsMBo 'por'faatér entrar ermas'lalarespficaeiiNiiS' que lar di^ 
qoe'ei^fntlBrés^péUieoi ePde* consert^r* d'dnAstr A^hm trcxpas^ y« 
eovtHÜaircoii'mi ilottibiñer^ mi iñflajo'aVp^nsaiiáefrlo que^ se^ dest- 
cobre en los pronunciamientos de los señores generaler^O^DMuétt^ 
Mée'y>«aipíla«'gmeral<^d(^CátiBiltiftáí', ine-to cbligad^ áirstirar mi 
díHiitioa^ cwléVrando «que 'la JuMa me reéonoteu'por láü^ capitán^ ge^ 
neral".. 

Hésptiés dfrliaocr á'^y . E: esta^aclanieión^ yapara oolboarmeénr 
tnra posleioii ftmica qtté' no adüttita* iáterpnetlioioaes^, deho déoír á^ 
T^. B. qae«stoypronid á* coadyuvar las miras de^la* Jtintá ayud&u^^ 
déla emtodo laque' dependadé mi auioríáádl siempue qui» se bailé 
dé^cuerdót^n^l pemamiento dé Ibsaatédicbo» seSbres generales*/ 
esto es , que desconociendo la autoridad del actual gobieracr, se é^ 
pere i que* Si K, couoeieodi^ el' vol^ déla naeioo', nombre otro 
que satisfaga 'SUS' esperanzar, porque entonces* y siendo reconoeido 
por lórgefea quep^mandUtr la» fropar 'pronunciadas en Mhdrid y G*^ 
taloBav dél]tereiDOS'm>9otfos segnir'sa mismoqempioi 

y. E; coioc«r£ que erivdispmsablé colócaimirien ' está Hoeav 



«a> 



8M K. FALAaO M LOS GliinifV 

porqae ftioo hubiese anidad eo el pensamieoto j si ctda ano se ere-» 
yese en libertad de ser mas ó meaos exigente , se crearía ana ai-* 
toacion que mas tarde podria ocasionar nn conflicto i la nación, la 
cual tendrá reonion de Cortes y formará las leyes qne deben re- 
girla.» 

La Junta manifestó su adhesión á las ideas del general Ribero, 
en la respuesta siguiente : 

Excmo. Sr. =» Esta Junta ha leído con mucha satisfaceíoa el 
oficio que V. E. la ha dirigido , en el cual se contiene espWciUh- 
mente el programa de los generales 0*l)onneU y Dulce, de coyas 
ideas participa completamente esta Junta , resultando el «cnerdo 
mas perfecto entre ella y V. E. , que ha sido lo que aqudla epeleeta 
con estremo. 

Y puede V. E. hallarse tanto mas persuadido de esa identidad 
de miras entre la Junta y lo que se ha dignado manifestarle, ciMui« 
to el programa que hemos tenido el honor de remitirle , y que ha 
ftdo redactado antes de recibir sQ comunicación, habrá yísIo qae es 
el mismo de los generales O'Donnell y Dulce en todos y cada meo 
de los puntos que comprende , resultando de esta suerte que no hay 
divergencia alguna entre los dos poderes que representan y deben 
llevar á cabo, estrechamente unidos, el aliamiento universal de es- 
ta provincia. 

Son muy recomendables los deseos que V. E. manifiesta de que 
el movimiento sea uniforme y no contrario ni debilitado por la 
esclusiva de encontradas opiniones ; y ahora que V. E, sabe ya 
oficialmente nuestro programa, de todo punto conforme al snyo^ y 
en que habrá podido observar que desde nuestros primeros actos 



KL FOIBLO T SUS OPUSOUS» 5M 

siempre hemos proclamado el drdeo, la tranquilidad jr la conGwu 
en las autoridades , no deberá caberle doda de la cordial armoftáa 
con que V. E. debe apoyar nuestras determinaciones , para qoe U 
Junta, engendrada en cierto modo por V. E., tenga todo el prestí-* 
gio 7 la fuerza que le corresponden « y para que el alxamiento, glo-r 
riosamente inaugurado asimismo por V. E.» sea ejemplo á laEspa-. 
ña de patriotismo y confraternidad.» 

Sería demasiado prolijo insertar integras otras varias contesta- 
ciones que ocurrieron entre la Junta de gobierno y el capitán ge- 
neral , que aunque adherido en la apariencia al pronunciamie«to«r 
se presentaba como una remora que no solo cercenaba la autoridad 
de la Junta, sino que la impedia marchar francamente por la senda 
de sus liberales aspiraciones. 

El honor de la Junta estaba , además , interesado en ostentarse 
única y soberana en el mando; ya era bochornoso para ella la me-* 
ñor dependencia á otra autoridad , y escitado sin duda por esta re- 
flexión uno de sus dignos individuos , el ciudadano don Manuel La^ 
sala , presentóse con ánimo resuelto eu la capitanía general y haU4 
á Ribero con tanta energía, que convencido este de su. falsa posi- 
ción, dimitió el mando, haciendo cesar lo angustioso de las cir^^ 
cunstancias , que desde entonces tomaron ya un giro de todo punto 
satisfactorio, mayormente desde que leyó el publico la siguiente 

ORDEN GBNERAL. 

«Hallándose próximo á esta capital el Excmo. Sr. duque de ía 
Victoria don Baldomcro Espartero, capitán general de los ejércitos 
nacionales y presidente de la Junta de gobierno establecida en esta 



w MUMao ymiM aámaam 

etfákV; y |iara>qM S.' E« al entrar aquí determiiie Uwanbutdrb 

0Ít%MKBÍM, dbtl^a el mando ri'tmieDte generid átm*ibmpaMt*Ajfep^ 

Te , á^qmeAi la^ Juntar ém gobierno nombró oafkaw generar 

yobioemrdtmñioo, qoe, sr retiré de9paéa> fteépop* 

nes átmanitaef'ladttidiad'y A órdes pdblieo: en* sir eoaaeoDi 

se'feoonoeerár.poncapHao- general al Esomo. Sf; tinieDt*'' 

don Joaqain Ayerve. =De ordenado Si B. =«El* o e p emst §étk dk 

E. M* A. = José de Moreau. 

Umbíen k Junto annnoi¿ al publico la prteimaf llégate db'Bi^* 
partaro'con' la' sentida aloeocion siguiente t 

cZ'AiiAo>eiíAifo»: Máftana llamará ádas poe«tiii<dé ^üü^oivdni 
el duqne de la Victoria : mañana le recibiráo* voeélrM: B ^ud e it 
mestH»' lágrimas , nuestros ' coraaones: maMna el'praaeriptk de 
Landres' dará on abrazo á sn qnerida Zaragoza. 

Nam^estaeradad, nunca' ningnn paeblo babrá- preavntaéo' el 
eepectáentoquo -el nuestro: ese-diayentnroso nosotros mi» le^h^ 
ttMMT conqnistado > saregozanos-. 

El premio de nuestra grande obra no pnedo ser' mas giairfu 
nuestros prolongados* infortunios , nuestra* esclavitud pensDne-tle*oii^ 
oe'sAas parecían no* tener compensación posible; y la Piy>TÍdéBe¡ar 
nos ba reservado que cora de golpe nuestras continuas- beridaa« ja^ 
más cicatrizadas , y ese bálsamo es la vuelta de Espartero á la ciu- 
dad valiente, que le ha considerado en la fortuna y la desgracia 
como su misma alma política. 

Er hambre' queden* su vida* militar ba fbndado* d ' n oml w iy ■ mas 
glbriosa^déia-milída espaSolk de nuestros días'; el bomMre* que* al 
llrente'del^gobiemo ¡él', dueño de* la fortuna! se constituya es* 



«I.HNHHNU>4T:Sf8 AMÜKSMB8» MI 

clavo sumiso.^ Ja ley; elhoiriirefqiie i«'elia|t9MÍfliff>t;y ffeni-- 
pre, ha sido un modelo de abnegación y de pureza ; el hombre qne 
ha sabido ser, despné»/de • «sto, «nfeMvra- ciudadano en Logroño, 
si oscuro puede serlo nunca en la misma oscuridad , ese hombre 
que Pwanie^M íB«fMilüitla)gtoria,ik»Ub0rUd^y U^ efpwNWM Ae to« 
dos, ese hombre, zaragozanos , mira en torno doinírá Ulda^Ia riU^ 
ci»n i|iiei6.iissta, 'y^el)pii0(o<dera(^eacÍQii.,;to,etteeUA^dMa<JK)rte 
eSiZamgoia. 

ZtncigowBQa I honor (Al daque deJa Yí^tovial» 

iLa'preseooia'4el ^kiqBede la nVíetoria earZarag<iaa^,*i0ola9óf4 
entDiiasoio/deltpuAlo.ar^gonés. 
La ovaoion foéi completa. 

.iVmkk obvidavU'ieLduqjae? 

.'AJosN^ftorea con que la iniaeBsa muehedumbí^ ite,4wla4ab4^ 
•ODtaaló Eapenrlcvo loon Jaa aignifioativas palabrua t sjgnienbds.! 



tf&AiAooaMoa: Ue hábeisUamado parai^ ps^^yudciátUiícoi^ 
brar la libertad perdida, y mi corazón rebosa de alegría «l'mvfM 
de nMfro:0DtBeiV!CMOIr«6. 

tCiúMPiáAflB iMk YOhísmáD NAcmiAi. ; y para cdbjeto «tw vsugjpado» 
DQBtad ueApre ocm.la (vida y. con :1a r«pala<Hoa<4e'iiiieatro campa* 
triotam iBuf^OMBao EsPABmo «» 

tSaaibíen'difigíó alas tropas cu voz en la alacMcioa <iigmc9Ül^.; 

€aiiFAM«aos : :La nación cuenta con vosotros tparii<r6Cobqar la 
libertad opendida : todos caaq^Mnemoa con nuestro 4íeb«r > J hj^^ 
tria no se olvidará del suyQi«PiEsvaafBa/0. 



59S BL FAUCIO m LOS CBimNIl 

El día 23 publicó la Junta de gobierno el siguiente 

MAIfinBSTO A LA HAClOlf. 

«La Junta de Zaragoza levanta su voz poderosa para qae re- 
suene en la nación* 

Centro del movimiento nacional ; baluarte de las libertades pú- 
blicas; trípode en donde se alza con todo el lleno de so prestigio 
el oráculo del pueblo , el duque de la Victoria ; rueda malris en 
donde han engranado Aragón, Valencia, Cataluña, Castilla la 
Vieja , Navarra , Asturias y las provincias Vascongadas , por medio 
de muy dignos comisionados que han ofrecido á esta asamblea m 
adhesión, y que han partido á sus leales y fuertes provincias con 
la bandera que esta Junta ha puesto en sus manos; la Junta síeo- 
te en medio de su gloria el deber sagrado de hacer un llama- 
miento al pais , para que la revolución sea una verdad , para que 
la reforma sea cuanto debe ser , para que el alzamiento no presea- 
te parcialidades, sino un solo pensamiento, un solo ejército ca 
-tuimpaBa. 

La libertad e$ anligua y moderno el de$poli$fno se ha dicho ca 
Francia con mas ingenio que solidez, con mas poesía que verdad; 
pero es lo cierto que para España no ha habido libertad estable 
que no haya acechado , sorprendido y abogado el despotismo. 

La edad media ha sido libre eo las ideas , pero esclava en las 
costumbres : el imperio militar no es en efecto elemento de liber- 
tad , ni la ignorancia germen de prosperidad. 

La libertad moderna no es la de ningún tiempo , es superior á 
todas : en las repúblicas antiguas habia esclavos , en la edad 
día vasallos, en la nuestra ciudadanos. 



SL POBBIO T SUS OPKSOAV^ 593 

Pero eo esta época » diohosa por sos priocipíos , si desgracia- 
da por la coDcalcacioD que de ellos se ha hecho , humillemos núes- 
Ira cabeza y digamos que no hemos sabido sostener lo que tanto 
esfuerzo nos ha costado de crear. 

Hemos visto la libertad asomarse i nuestro pueblo , pero no 
residir en él ; la hemos visto tomar su trono por delegación , y de- 
saparecer ai primer aviso del despotismo. 

Se nos dio un tanto de ella para combatir contra un gran pue- 
blo en defensa de su profanado trono , y se nos arrebató al punto» 
ó mas bien tuvimos la insensatez de abdicarla » en provecho de an 
. rey por quien nuestros padres habían vertido tan preciosa sangre: 
aLuise el pueblo de nuevo , y aquel monarca trajo de la misma 
Francia \ caso horrible 1 las armas mercenarias con que arrancar- 
nos la libertad: vino en fin su triunfo , que parecia ya definitivo , y 
á pesar de nacer á un mismo tiempo , como providencialmente 9 la 
libertad y el trono de Isabel^ para que fuesen gemelos, para que se 
amasen como hermanos , tampoco no arraigamos esta vez el don 
precioso, objeto de las esperanzas de nuestro siglo, y muy pronto 
fué espulsado el caudillo que le simbolizaba. 

Antes se había dado muerte á la libertad: hoy se ha hecho 
mas, se la ha deshonrado, para presentarla como una prostituta, 
para matarla en la opinión , para quitarle el don de la resurrec- 
ción. Puesta ante el pueblo, como Jesucristo, con una frágil caña en 
escarnecimiento de su cetro , se ha dicho Ecce , y la miserable co- 
horte de sus jurados enemigos ha reido de la estenuada matrona al 
eco de sus bacanales. 

Pues bien , españoles : el cielo , cuna de la libertad , ha vuelto 

por ella : hoy celebramos su ascensión. 

Queremos , no sn victoria efimera , sino su encarnación en la 
T. u. 75 



fidt del país: no el tiiniifo de las peraooaB, ñno el de los prioci- 
píos : Bo an desahogo de la opresión de noeatros peekos , sino «u 
obra duradera ; no un dia de Tenganuit .sino una perpetaidad de 
lienestar: no un sistema político, sino una eoBdieioB preoiM de 
Buestna existencia. 

Qoeremos, que » derrocadas las sapersticiones de todo género, 
los rencores de todo partido , los microseópicos intereses de peno- 
naKdad , aclame la mitad de España á la libertad y j la conocca la 
otra media; que la libertad rinda sns fnitos , agostados hasta hoy 
|K)r el báKto del abuso , ó segados por la bol de la tiranta ; qae to- 
dos comprendan que no es enemiga de nadie, que i fodon 
que á todos perdona, qve protege todos los intereses, qae 
todas las calegorfas , j qne es el estado natoral del InNabre; qwB k 
foé en las apocas patriarcales y qoe lo vnel?e A ser^n la^pooa de 
progreso qoe ateanramos. 

Has como sea importante preeisar ya nnesiro pensaáHenlo, 
como la libertad no vive sin libertades , como todo príacipio per 
angosto que. sea, puede convertirse en ana iniquidad, y da asto 
bayan dado tan insignes ejemplos las reKgioaes, el Ironoy la libem 
tad y enantas grandes TBStitnciones han reinada sobre loa pndilos, 
de aU el qoe espongamos , viaieado ya á la prictiea de naMlro 
matrii pensamiento , ks bases qne sustentan nuestra revoHieioD. 

La Jonla de gobierno de Zaragoza propone como progiwiia g^ 
neral de la nación, un gobierno constitaido qae se ñmde en la 
responsabilidad , la moralidad y las eooaomfas compaCiUea cea d 
decoro y las atenciones que hacen precisas nuestras necesidades y 
adelantos ; ana Gonstitocioa nuera ampliamente liberal , j elabo- 
rada en vista de los resultados qae se ban observado ca laa Coas- 
titacioaas anteriores ; naa coieecioD de layes orgiaicas sobra atri- 



El» SOm^ I sus- OMASOUB. / 59i^ 

bocioaeft y eleccioaes de las CApies^ lás di^utacionas j left.ajr«Qtft-- 
míeotofl eo MaUdo desceatralizador , sobre ¡idfiveataM.{iirévÍA etík^: 
sora , iobre el derecho de peiieloQ ,, ^bre la iastrucdoA pública y 
sobre las relaeíoQea de los fode0lA<}oostiti]«de6;'eitabIeotaúaDt# de 
la Milicia nacioaal eoaio fierte iate|^aaie de la or^gaoiaacioa peUcí- 
ca ; ana ley de seguridad personal ; carreras abiertas al mérito y 
no al favor « esealafoir riguroao ea loa empleos , y ea £ii progreso 
indefiaido, pero ptoducido por k opiaioa pábUaa Ubreowtor ea* 
presada por el pftisb 

Este programa '«{«ieive elevarae i verdad, y wüwwlras. el podeir. 
conslitnyeate lo oioieiiiat el pueblo debe deeUrarse - en: perpüsa 
cenüiielav y no abandonar eos posieioBea. Zaragoaa est ti ouartel 
geMrid del ejército de la Libertad:. loa aiiitigiioa.i«íoM»deJür^go0 
Cataluña, Valencia, Castilla la Vieja, Navarra, Askiriaa y.lat: 
provindas iraacMui^idas* babkaados da;afllígMk>aA nMde;feo0rjm- 
das libertades, no se sepasarán del cnevpe cioMniqBeíhaD Sotmátr- 
áo, no se retirarán á sus tiendas á impulao de; tma oefarmain- 
coÉipleta , y per cénaígiMeiite pasajera , no acatarán ii»0:á Ja re- 
voliicioa orgamaadá de lái ideas* 

^ga£sdecata<«rtiiadaM, por decreto* de este Jan ta^ deacaen* 
do oon los nuflieroeoa oomisionadoa á qoieaes. be oído , .el exeeléo^ 
tísimo Sr. duque de la Victoria. 

Bl aera la espada de k rei^locioni» 

£1 24 dirigió al pueblo de Madrid la siguiente 

• • • í ' 

FBLiaTAClON. 



«AriroÉotroti» béroes délaáJkarricadás de^lfkdrld ,4^ 



* t 



5d6 IL PALACIO DI LOS Gftf VKKBS 

cando Yoestro reposo , poniendo á peligro yuestras vidas, pero ani- 
mados en vuestro sacrificio por el numen de la Libertad , habéis 
dado á la Espa&a tan raro ejemplo de valor , tan insigne mnestra 
de patriotismo , á vosotros , admiradora de vuestras virtudes» envia 
nn laurel que refresque vuestras sienes la Junta de gobierno de Za- 
ragoza. 

¿ Qué importara vuestro glorioso Dos de Mayo , como nuestros 
memorables Sitios , en que ambos pueblos elevamos tan alta la ban- 
dera de la independencia española, si al cabo de esos y tantos otros 
esfuerzos, no hubiéramos conquistado sino un pedazo de tierra, si- 
no una roca de Prometeo en donde nos devoraran incesantemente 
las entrañas los déspotas que se han alzado de nuestro mismo seno 
para oprobio del nombre español , y para verdugos y vergñenta de 
nuestra patria? 

Santa ha sido vuestra lucha , santo es el triunfo arrebatado por 
el valor á la fuerza, por la libertad á sus tiranos. 

Alabanza os sea dada. 

Si, como el oido parece decretarlo, celebra España la Tietoria 
de la libertad , vosotros paseareis en triunfo su imagen como sos 
defensores : si , lo que no puede pensarse , está llamada á mas prue- 
bas de dolor , la nación os aclamará en el martirologio de los li- 
bres. 

La historia ha recogido vuestras páginas de jolio para admira- 
ción del universo.» 

Los valientes defensores de las barricadas de Madrid contesta- 
ron en estos términos : 

«El pueblo del Dos ie Mayo y del Diez y oekú de Julio no enía 



IL PDBBLO r SaS OFBBSOBIS. 597 

merecer una corona , pero cuando una raza de valientes se la envía 
ne puede dejar de aceptarla. 

Nadie como vosotros que habéis llenado el mundo con vuestra 
fama puede calificar la hidalguía y la bravura , por eso nos en va-* 
nece vuestra alabanza. 

Siempre que un pueblo se levanta por recobrar sus perdidos 
fueros, recuerda vuestra gloria y procura imitar vuestro ardimiento. 

También nosotros os hemos tomado por modelo. 

El tirano sncumbíó, zaragozanos: el rayo del pueblo le ha he- 
rido en el corazón « pero aun nos falta esterminar la tiranía , aun 
es preciso sobreponernos á la flaqueza y preparamos contra las in-» ' 
trigas. 

Cuidemos de*no recaer en nuestra habitual desidia y abandono: 
no deportemos como otras veces nuestros triunfos en manos de las 
mismas personas, de reconocida y probada ineptitud. 

Entre vosotros está el hombre justo y esforzado destinado por 
la Providencia á hacer nuestra ventura y á ser para consolidarla la 
espada de la revolución. 

No le abandonéis , os pedimos , héroes de los inmortales SUioSt 
y del Cinco de Marzo : ayudadle con vuestros consejos , rodeadle 
con vuestra lealtad y tened presente que aquí no hicimos mas que 
vencer al enemigo armado , y que este triunfo pudiera ser estéril si 
la sagaz intriga nos adormece como siempre. 

Aun queda mucho por hacer para estar satisfechos de nuestro 
vencimiento: que no nos aletarguen los laureles , levantemos la vis- 
ta y el ánimo á la altura inmensa de esta revolución , y no depon- 
caraos ni nuestro enojo ni nuestras armas hasta que de una vez pa**' 
ra siempre brille con luz 6j9l y radiante el hermoso astro de la Li- 
bertad* 



598 EL hkUdM Tmiw oUmusM' 

Decid al béroe de Luchasa ea aueiiro nombre ^pe el pneUo 
armado de las barricadas, y el del Cinco, ie Mwrxo » fianvia oeaio 
once anos antes un aolo pueblo , y que con tal eaadílle á la cafceía 
llegará á su termina la mas santa y íwtí&cada de ha revoIaaioDeit 
si por esta vez siquiera no nos detieoe en el camino el (orptt niedo 
de algunos ó el ruin y criminal egoismo de muofaoa. 

£1 pueblo aimado de Madrid os bendioe y oa «alnlt ., raza et«- 
cogida de valientes. 

C recias mil por vuestro recuerdo, dignísiau Jaata zaragozana; 
loa nombres de los individuos qne la eompoaea no aa bmnracáA ja«*^ 
más de nuestra memocia. 

¡Viva la libertad! 

¡Viva el vencedor ilustre .de Laokana I 

Bladrid 27 de julio de 1954» »= Miguel Oriii (anlar) yeincMa- 
ta gefes de las barrínadas.» 

Haa adelante t el 10 de agosie, la benemérita Jontájéa ría ía-» 
mortal Zaragoza , felicitó al gobierno por lá 
TI2U V en Ipa términoa qae aigocaí : 



aLa Junta de Zarag<«a, recibida de un modo anléntío» ai 
que no oficial , la noticia: de haber asentido el gobierno de :S. M. á 
la petición elevada por la Junta de armameala y defensa 4e la car* 
te 9 rdativa á la detención de doia María Cristina de Barboa de 
Muñoz , no puede menos de cumplir con un deber i mpai ci aü éa 
conciencia , cual es el de elevarse haala V« E. oomo A eoa dal cla<« 
mar general ^ esta provinoia. 

XoffMvtídoi, EiaaMi. Sr.^. pueden ImmareB di padfer-; yaiía 
encerrar principios sanos y deletéreos de gobierno; pueden di^o» 



farse ti manáot hMta ▼eseerae «mas á otrM , 6 basta ttrm» tná* 
qaier género de capitulaciofitth; pueden por cooñgníeiite Ttespefairáe 
en aus índividiios, perdkmarde^eo «m estravios, abrazarse en ob- 
aequío al bien ooomni; ñas h TÍrtwi nuca puede entrar á 'plátHa 
con el vicio ^ la moralidad no poede contratar e<m la c O iTiip CK Wly 
el bonor no puede ser di oaballena< 4e la iniqBidaJ. 

Si la revolottOB eapaioda ba de aer feetiada , si lía de serltott- 
.rada^ ain«.ba.de decirae de elk eono* de otras qne lleva trasr Sñ %{ 
uaa fiiial ooborie de eseeaes y mngmKas , faenea es qtíe se osCtiite 
josiiaieni, y apie ipeaga á >praibar á la finroj^ que ^ no él abn de 
trastornos , ni la relajación de los grandes pt'iticípios sociales , siao 
el pensamiento regenerador de la moralidad , es quien le ba inspi- 
rado para levantarse atrevida en nombre 'de bi libert&d. 

La.safeííoa t«da ta la acosadorar de doia Marfa Cristim de Bor- 
/boA )de Ifaiiec : las^órtes ^leráa* 8« tribienail r él gebiemo de 9; H. 
ba cumplido por su parte un sagrado, aunque penoso dcfter, hñ- 
trayesdalu primer» diligencias de ese sublime proceso, en que 
bao de jogar lode «d pueUo de una piarte , 7 de otra un personaje 
.que ba pesado aabre el troeo y el pueblo de !a manera mas ia- 
fausta. 

En la antigua Grecia se lanzaban acusaciones públicas contra 
los mas elevados personajes: en Roma se babia regularizado la 
responsabilidad de los depositarios infieles del poder: en la mo- 
narquía pura los reyes^ baciao justicia de sos privados cuando ve- 
nian acusados por la opinión imperfectamente declarada: en las re- 
voluciones francesa é inglesa los reyes eran llamados á la barra: 
lioy se ba guarecido en el palacio real una alta persona á quien la 
cqpínieii púUiaa^'deaigBa oooo reo de lesa magestad y de lesa na- 
4»i«, Qfnt tíoDe sobre si el anateaia nacional, y que procara en va- 



600 Bi. PALACIO M %xm grímbmis 

no sustraerse i la mirada severa de ud país, por ella engafiadot por 
ella empobrecido ^ por ella esclavizado. 

Ya el gobierno de la nación le ha cerrado las puertas , y la bn 
pnesto i disposición del pueblo español : i este toca fallar cuando 
las Cortes se reúnan. 

En tanto la provincia de Zaragoza, representada por sa JanUt 
tributa un voto de agradecimiento á los severos custodios de la ley, 
los declara t como la nación entera , beneméritos de la {MiUria , y 
espera de ellos que eleven á formal y solemne deoreto la deleocion 
de dofia Marta Cristina , de cuya persona respondan hasta entre- 
garla al jurado de la representación nacional.» 

¿Lo creyerais, lectores? 

I A LA HOBA EN QUB BSGBIBIMOS ESTAS LÍHBAS, DOÑA llAnlA CbIS* 
TINA ESTÁ EN PaBÍS DANDO SUNTUOSOS FESTINES EN BV PALACIO BB LA 

Malmaison i ! 1 

Esto nos recuerda la veracidad de aquel ingenioso aforíamo que 
unos atribuyen i Goethe y otros le dan mas antiguo origen ; pero 
que de todas maneras puede aplicarse i España en estos términos: 

Recta justicia en España 
diz que lo gobierna todo; 
mas ¡ ay ! que es justicia á modo 
de frágil tela de araña. 

La mosca, que es débil bicho, 
quédase prendida en ella ; 
c impune el moscón la huella 
y la rompe á su capricho. 

Después de los gloriosos acontecimientos que acabamos de re- 
latar , y que tanto enaltecen el proverbial heroismo de Zaragosa, 



EL PUEBLO T SUS OPRESORES. 601 

ea los cuales figuraron en primera líoea el duque de la Victoria y 
el patriota don Juan Bruil , ¿ cómo habian de presumir los liberales 
de la siempre heroica ciudad , que al cabo de un ano y pocos me- 
ses habian de verse en ei doloroso trance de tener que hacer uso 
del sagrado derecho de petición para elevar su voz á las cortes en 
queja de la tortuosa marcha de un gabinete presidido' por el ge- 
neral Espartero , y en «1 cual dosenpena el ministerio de Hacienda 
el señor Bruil? 

¿ Hubo motivo para esta legal y respetuosa esposicion ? 

Permítasenos dedicar un capítulo á cuestión de tan elevada 
importancia. 




T. II. 76 



CAPITULO XUX. 



LA UNION LIBERAL. 



Toda vez que dos hallamos ea Zaragoza , sería uaa ingratilod 
abandonar esta heroica ciodad sia hacer cumplida justicia al libe- 
ralismo de sus honrados habitantes. 

A este propósito suspendemos por breves instantes la hilaeíoB 
de los sucesos de julio de 1854, para relatar lo que en enero de 
1856, en que escribimos estas líneas, acontece contra las barmo* 
sas esperanzas que el espíritu del pronunciamiento de Zaragoza 
hizo concebir á la nación entera. 

Y citamos solo á Zaragoza, porque fué donde Espartero hizo la 
solemne promesa de consagrar su vida t su reputación al sahto 

OBJETO DE QUE LA VOLUNTAD NACIONAL SE CUMPLA. 

Se ha deslizado afio y medio desde aquel momento solemne, 
tiempo sobrado sin duda para haber constituido al pais y dotidole 
de las sabias reformas que tenia derecho á esperar de los hombres 



tíL PUEBLO T SUS OPBBSOBXS. 603 

á qaieaes la revolucioa había eocumbrado al poder ; pero lejos de 
haber obteoido el pueblo los beDeficios qoe coa su sangre creía ha- 
ber conquistado, se vé abrumado por un malestar espantoso que le 
conduce á un abismo. 

Un gobierno débil , temeroso y vacilante no se atreve á em- 
prender con resolución y franqueza el único rumbo capaz de salvar 
la nave del Estado antes de que arrecie la tormenta en el borrasco- 
so mar de las pasiones > de día en día mas enconadas por la con- 
ducta incomprensible y anómala de los que tan bellas esperanzas 
hicieron concebir al partido liberal. 

Espartero » acaso con la mejor fé del mundo , parece que nada 
ha aprendido en la adversidad, y los desacreditados santones que le 
perdieron en 1843 , tan desatentados como entonces , tratan ahora 
de hacerle incurrir en los mismos errores que dieron el triunfo á 
los moderados. 

¿ No significa algo para el duque de la Victoria la separación 
de sus toas entusiastas partidarios , de sus amigos mas íntimos , de 
los hombres dispuestos siempre á sacrificarse en su defensa ? 

¿Cree Espartero que hay muchos corazones tan generosos y 
leales como el del valiente Garrea y otros de sus amigos» i quienes 
uno en pos de otro hemos visto desaparecer de la escena política ? 

¿Y esto no le dice algo? 

¿Ha consentido de buen grado en el alejamiento de sus mas ar* 
dientes partidarios ? 

I Qué contraste ofrece esta conducta con la del general O'Don- 
nelll 

Firme en su propósito , el señor ministro de la Guerra , propó- 
sito que el pais desconoce enteramente porque hasta ahora es un 
misterio incomprensible » conserva en sus destinos contra el clamor 



GM EL PALAma dk ios cüíhbiibs 

geoeral » á ciertos amigos suyos á qoienes la •opioion pública ndra 
con jnsla «prevención. 

Que la revolución de julio dio la situación al partido ^progre- 
sista, no cabe la menor duda. 

Que O-Donneil i%ké admitido en esta grao, comunión -liberal , des- 
de que en el programa de Manzanares hizo al paeblo aoienmeB pvo- 
mesas arregladas á ios dogmas del progreso , laminen es «eaeilioD 
ya resudta. 

¿Qué táctica es pues la suya al confiar los mas altos emplees i 
hombres que nunca han formado en las filas del partido prtigreaislaf 

£8 la táctica del gefe de ese nuevo partido en bora meagiiidi 
proyectado con el hipócrita lema de unión liber4tl. 

No hay que dudarlo ; la descabellada idea de esta onioa , ¡tan 
desgraciadamente concebida como la que «n antaño proyecló el an- 
tor del Estatuto con el nombre de fusión , es la disculpa del ffeoe- 
TÚ 0*I>oiineIl para enaltecer á hombres que no sen eéauniMea en 
una sitnaoiott eschisivamenie progresista , en tanto ^lue se posterga 

á los verdaderos liberales. 

« 

¥ «ientras Espartero permite el alejamiento de la escena polí- 
tica á liberales tan probados , á compañeros tan leales , á «iffiitnres 
tan valientes y pundonorosos como Garrea , Garrea cuyo amor á 
Espartero solo puede compararse con el que profesa un buen hijo á 
sn padre, y que ni en la dicha ni en el infortunio le habia abando- 
nado un solo momento basta ahora , O'Donnell declara ea -pleno 
Parlamento que el dia en que ee separase á alguna de mm hechuras 
políticas, principalmente á los generales de VicálvarOy verdadera 
eneamacion y iimholo del tercer partido j se ereeria en la obHgaoion 
de retirarwe del poder. 

lY no dice nada todo esto al duqoe de la Victoria T 



EL PÜSSLO T SUS OPIIBSQUi. 66S 

¿No compreade Esparlevo qoe el general O'Ooimell «pareoe 
aquí en primera línea y trata de hacer suya ona situación qae la 
revolución entregó al duqne de la Victoria, porque le tecoaocta por 
gefe del gran partido liberal , qoe es el partido del progreso , no 
tal como lo entienden los ^vetustos y egoístas santones » sino como 
le comprenden los hombres de recto coraion y esa lozana javentad 
destinada á completar el trianfo 4Íe la (libertad y la ventora dd 
país? 

Si Espartero persiste en qae se cumpla la voluntad HAcnoBrAL, 
como ha declarado en repetidas y solemnes ocasiones, es preciso 
qne «nérgicameote se decida , no solo á sostener las conquistas de la 
última revolución» si no á que se desarrollen todaslas befteBciosas 
conseonencnas que de ella esperaba el pais. 

La voluntad nacional está en que sea una verdad lo que se pro« 
metió al pueblo en julio de 1834, porque solo en julio triunfó la 
revolución^ y es preciso que no se confunda coa la tnsurreecioa 
militar de Vicálvaro; pues si bien es Verdad que esta inició el mo^ 
vimíento , bo fué en sentido progresista y fracasó. 

Desesperados los insurrectos apelaron á los dogmas del progre-^ 
so en Manzanares , donde enarbolaron nneva bandera , y solo á la 
vista de esta gloriosa ínsigDia en que se daba un completo desa-» 
gravio á la Milicia nacional, llamándola á los armas como el maa 
firme apoyo de la libertad y del orden , se alzó el pueblo en }iilio^ 
y el pueblo y solo el pueblo triunfó de sus inicuos opresores, y sal-^ 
vó id general 0*Donnell del inminente peligro en que se hallaba. 

El general O' Donnell no debiera olvidar nunca esta circms- 
tancia , ni ser ingrato con los que cambiaron su desesperada posi* 
cion en briüante victoria» 

¿Pudo desconocer O* Donnell que desde en tonceS perlenecia la 



606 BL PALACIO DE LOS CBÍMINIS 

siCuacion esclusivamente al verdadero partido progresista? 

¿Pudo desconocer O^Donoell que él y los doce 6 catorce hom* 
bres de corazón que se lanzaron á la liza en jnnio , debieron su 
salvación y so triunfo al partido liberal roas avanzado? 

Es preciso no olvidar lo qne dijo un diputado en la Asamblea: 
ha habido dos revoluciones , la de junio y la de julio , la primera 
de los moderados descootenlos presidida por el general 0*DoDnell, 
la segunda, veriQcada por el parlido progresista que puso á su 
frente al general Espartero. 

cEs un grande error histórico, decia con suma razón el dipu- 
tado Bivero, creer que la revolución de jnnio empezó en el Campo 
de Guardias; el movimiento del Campo de Guardias fué el término 
de una gran crisis que fermentaba en el seno del partido mode- 
rado. 

El general Narvaez , con mayoría en el Parlamento y coa toa- 
das los elementos de poder, vio sin embargo la gran tormenta que 
los militares del partido moderado preparaban contra aquella admi- 
nistración , y tuvo la previsión de salir del ministerio antes que es- 
tallase. 

Desde entonces la dominación moderada no fué mas que ooa 
conspiración militar permanente , que vino reproduciéndose bajo di- 
versas formas hasta el Campo de Guardias. 

Vino la revolución de Madrid , y ya no se contentó con el circo- 
lo trazado por el levantamiento del Campo de Guardias ; el paeblo 
quiso destruir , aniquilar hasta los últimos fragmentos del edificio 
político, administrativo y financiero que hablan levantado los mo- 
derados durante once anos. 

Ese pueblo no formuló ningún programa ; invocó un Dombre, 
el del duque de la Victoria. 



EL PUKBLO T SUS OPUSOUB. 607 

¿ Y qniéa era el daqoe de la Victoria? 

Era la negación , la protesta contra la dominación moderada 
durante oncéanos. 

Entre tanto» mientras el pneblo de Madrid » invocando ese nom- 
bre» trazaba un gran programa de reformas» se verificaba una gran 
revolución en Zaragoza » ciudad que tiene un nombre inmortal en 
la historia » no solo de España. 

¿ Y cuál .era el programa que el duque de la Victoria » invoca*^ 
do también por aquel pueblo» formulaba para espresar sus de- 
seos? 

QüB SE CUMPLA LA VOLUNTAD NACIONAL.» 

Refiexiónelo bien el general Espartero: ¿puede halagará la vo- 
luntad nacional que sus mejores amigos » sus mas fieles compañe- 
ros » los mas ardientes defensores de la libertad sean separados de 
sus destinos? 

¿ Puede halagar á la voluntad nacional que se forme un tercer 
partido compuesto de progresistas reaccionarios y moderados disi- 
dentes para que pongan al gobierno en un equilibrio insostenible ? 

¿Puede halagar ala voluntad nacional que haya dictaduras mi- 
litares como en los aciagos tiempos de Narvaez , y eamhiot de do^ 
micilio como en la escandalosa época de Sartorius? 

¿Puede halagar á la voluntad nacional que no se castiguen los 
presupuestos y que haya nuevas quintas » y que no se vean grandes 
reformas » ni se toquen economías verdaderas , ni se aminoren en 
grande escala las contribuciones que aumentan la miseria popular? 

¿Puede halagar á la nación el proyectado restablecimiento del 
derecho de puertas y consumos? 

¿Puede halagar á la nación que se postergue el mérito de hon* 
rados liberales » á la intriga é insolencia de los muchos moderados* 



y aun polacos , que continúan en sos desiiooe mofibodose de liLcaii- 
didea dfi* lo» progresbtaa? 

Responda el mismo duque de la Victoria á las ppeeedenlM pre- 
guntas 9 y si coo 88 proverbial honradez bos^ asegura que de este 
modo se cusrple perfectamente la voluntad del país, sellareno» ka 
lábioe con la dolorosa convicción de que la capacidad inteleet«ial de 
Espartero no está al nivel de sus buenos deseos, ni de sa probidad, 
ni del prestigio que le granjearon sus antiguos laureles. 

a Nadie desconfia del duque de Victoria , ha dicho uo peritfdke 
independiente, no; nadie desconoce sus altas cualidades de patrio- 
tismo , de lealtad , de abnegación y de honradev; peno pocos con- 
fian , digámoslo francamente , pocos confian en ciertos liombres, 
que esplotando antigoas afecciones y una bondad , tal vea eseceivi» 
4e asedian een: sus indicaciones , le influyen co» sus ideas* , le «eo* 
san con sus consejos. 

Estos «hombres , menguados de entendimiento la mayor parte, 
llenos de vaaidad ridicnla mnchoa de ellos , que fundan so orgolla 
en la fecha de su nacianiento, comosi la arqueología fuerst aplicabk 
á la política ; en la honradez de que blasonan , cenio n la probidad 
no fuera un deber y en la fijeza de su sistema , como si los siste- 
mas^ por ser invariables, fueran buenos; estos hombres que gonn 
de reputaciones usurpadas , en tiempos en que los nombres se ad- 
qnirian casi sin competencia, son lo&que trajeron las eatáatrofcs 
del 23 y del 43; los qae no han aprendido nada en las lecciones da 
la cspericncia ; los que no se separarían- uo ápice de su aatigua 
marcha, por mas que condnaea á tanto» desastres como los que ha 
producido al pais cuantas veces ha tenido la desgracia de que m 
ensaye. 

Poa sistema y por hábito , nunca se apercü>en de lo que viene 



n mno T sit opmmíeí. fM 

letras , nvDcm )ian grande imp^rtancsi á \m enemigM que se eM^ 
ligan para que retroceda el pm ; «n peaadiMa es el noelo de STaih- 
zar una Ifiea ; su inqaielud , loa liberales á qaiene» llama exage^ 
rados , porque do están á sh lado : fijos en ese punto inmutable, 
de donde iradie loa mm^ kaoe 40 aiee , orna» ne aea para rnie- 
gar de ana aaisnioa priocípioB, y baAtoado del progreso par aar^ 
esHno. 

Parapelaéos en laa deve Aos que alegaai , para que el pais lea 
proponñoae^fanlgvras toda ta vida y en todas laa épooas , Imala en 
las mas calamitosas, cuando isspera la tiran i a se están en sn rin^ 
eon s si es qm na aalen de él para saindarla , é eanibio de 'nuevas 
«ereedea? si se ¡atenía «la reoanqaista de los fneros bdHadte, se 
enoerran en aa •egoísmo , prdBcan la prudencia y w» se aprestan rf 
menor aerfieío ; n Jlega el din en que el pacMo powga «oto á loa 
gulíimiintos de mncbos afeos , eatonees aparecen i un m díal amegte 
en la esemia , hablan alto de sus inmemoriales haaaíBas , y vnelvtm 
á esplotar el triunfo y á dirigir los negocios , con d aaismo sístenm» 
la torpeza , que es la s nal i da fl que mas Mlla en estos eonfeccio- 
nadores de minislerieB por oficia y por afición. 

Rodeados boy de la atmósfera quetiabia en Cftdtz'bace medio 
siglo, pero degenerada ya , jamás se ecapan de la que se respira 
en la opinión púUica , como no sea pava impedir que Kegne doan 
de no confenga á sn egoísmo^; se suceden los tiempos , eanibia la 
faz de Buropa, fwfe la situación del pais, la misma recela» las 
mismas apreciaciones y hasta las mismas frases para todas las épo- 
cas, para todos los acontecimientos, para todos tos casos: su mi- 
sión es k de perpetuarse , siquiera espoogan el porreoir del pais. 
I Tríale idea la die la anaiaaidad , si para oonsuelo nuestro «n 

viéramos con orgullo descollar antre tantas uariidadea, tal oaal 
T. n. 77 



640 BL PALACIO DB LOS GEÍMINIS 

veoerable cabeza, en quien la ju ventad tiene que estudiar modelos 
de los buenos patricios y de ios hombres elevados.» 



Si bochornosa fuera la posición de Espartero al pasar á aeganda 
Hnea , no seria menos lastimosa la de O'Donnell si hemos de dar 
crédito , no solo á nuestras propias convicciones, sino á las del país 
entero , manifestadas por medio de sus órganos mas autorizados. 

La prensa liberal condena la conducta de! general O'DoQoell j 
se lamenta de la humillación del vencedor de Luchana* 

cEl país, esclama, (1) ha dejado pasar desapercibido el enape- 
ño declarado del actual ministro de la Guerra por consertar ea 
los puestos que en la actualidad ocupan , á personas que do oblie* 
nen ni han obtenido nunca la conGanza pública, ha sospechado de 
sus intenciones, ha recelado de él y cree que abriga pensamieÉ* 
tos hostiles contra la misma situación que él en laa gran parle 
contribuyó á crear. 

I Triste posición la del general O'Donnell ! 1 

Por un lado amenazado por la reacción , que si llegase á trioa* 
far no se olvidaría fácilmente del insurrecto de 1854, y por otro 
mirado con recelo por el partido progresista , á causa de la coo- 
ducta anómala é incierta que desde que subió al poder obaerta ; 
por un lado comprometido y por otro próximo á desprestigiarse j 
á perder del todo la popularidad que supo alcanzarse hace dos 
anos. 

Y todo ¿por qué? 

Por no arrojarse decididamente en los brazos del partido pro-* 
gresista, que si viera en él decisión en favor de la causa liberal , le 

(I) U n$rim del 80 de «atrs dt 1800. 



IL HíDLO T SUS OPBBMNM. SH 

recibiría coo entusiasmo : todo por no haber sabido aproyeehar la 
ocasión que le ofreció el leTanlamienlo de junio para romper eom<r 
pletamente los lazos que le unian con un partido muerto á sua 
mismos golpes. 

Esta es la Terdad* 

¿Qué debe significar el bando moderado para el conde de Lu- 
cena 7 

Debe significar la perversión de toda idea de gobierno , la in-* 
moralidad, la corrupción, la muerte, en fin, de las públicas liber- 
tades. 

Si esto no significa para S. S. el bando moderado , no com«* 
prendemos, francamente lo decimos, la insurrección militar que 
en contra de él acaudilló el general O'Donnell en junio de 1854. 

Nos cuesta trabajo creer que solo el deseo mezquino de reem- 
plazar á los desatendidos gobernantes que pusieron la nación al 
borde del abbmo * le impulsase i levantar la bandera de la rebelión 
y á comprometer en una lucha fratricida la existencia de tantos es* 
pañoles. 

Vamos i hablarle como hombres de partido , sí , pero también 
con la franqueza y ruda claridad que prestan las profundas con- 
vicciones , j el deseo de hacer justicia á los títulos de agradeci<* 
miento que á la memoria de sus últimos hechos conserva el parti** 
do liberal. 

Antes de hablarle como enemigo debemos dirigirle nuestra úl- 
tima voz como progresistas leales y agradecidos. 

Sepárese de una vez S. S. de la unión liberal , lazo tendi4o á 
la buena fé del partido progresista ; únase resuelta y firmemente, 
no con palabras , sino con obras y doctrinas, al ilustre duque de la 
Victoria que es el verdadero representante de aquel partido y d 



f4S nU ffMiMBO M WMI> 

jÉmhrfo io toda ídteUlMnl ; ooMÍder» «n pnnooBfMiaa de 
géMio de qué pMrte están sui eMflu^os. 7 lei emigM Ai; 
que aim ¡^«ede aooleaer j oesqiMilac, deje de aer «na réoMN» pam 
todo pensamieato de progreso y reforma , conozca día ana iros aa 
posición , y todavía puede aspirar al aprecio ^ i la cenfiaBam y al 
respeto de los inerdadeMS Uberalea, de foaqne noheaBí» todn ais- 
tema de política hipócrita y capciosa , de los qoe qoieren , ea fia, 
haeer de to4» pealo imposible la voelta 4le la reaoeÍMU 

Selo así eoa ana. coadaeta fRanea qoa revele rendadera dest* 
sion en pro de nuestra cansa , podrá conseguir que el partido, fn* 
gresista olvifc las impradencias que ha. censetido y lea gravfmmas 
fiiülas qae poe aaa coasMieracioa makaieate ealaadida, hacia préo** 
ticaa j hombees de airas ^épocas» el pais paeie: echatle ea owa. 

Recientes están todatía en la ansmerta de. enanloa ea «oapaa 
en la marcha de la política, Us palabras qae el scftor 0*Daaadi 
frenanció defendiendo la pea entonces annaatada; dastitamoa da 
fancioaaríofl tea notables por sos anlcoedentas UbaralaSv «oana los 
señores Moriarty , Bautista Alonso y Bulnes y Solera. 

Y tampoco se ha olvidado la espeeie de aenaasia que dirigió á 
la sUaaoionr maaifeslaada que el día en que se separase á aágaaa 
de sns hacharas paUticas , principalmente á los generales da Vi*» 
cilvaro, verdadera enearnacaoo j ámbolo^ dd tercer panuda « aa 
creería en la obligación de retirarse del poder. 

Lo cael qeiere decir qae el conde de Lneena respeta amaos á 
los amigos del dnqaa de la Vicloria, qneá los suyas propioa^tf 
lo que es lo misma, que considera la situación coma esrlaaiva- 
mente anya, pneslo que no tiene inconvaaieale ea deatabiir i 
hoaJirea decididamente afectos al régimen aolaai f sd feoend Es- 
^rlefo^ y sin embargo, hace oaeation de gabineta la* sepa» 



de foscom^eroi^ooBocidoiy {MmaguadiM» 

Estas cosas y otras paredUü sm, úooio Mtet lievcNi. MiücyiHi 
éOf \mb <[U6 has afliea|»iiad» U muSaam nm al paia ImU m €l 
conde de Lacena. 

Sí anhela recobrarla; ai paado librarse ¿al «al coaa^ero que 
hasta ahora pareQahdber dirígido aaa pasos, que eiilm de ana Tes 
en el buen lerreno , que entre con visera descubierta en Us tien-- 
das del partido progresista , y este viéndole cordialmente unido 4 
¿t, eWídafá laa ofcasaa y desaires qpe ía reoÜMid»» y aaogiáiido- 
le oes la kaitad que aeostnaihra , le awurará no ooiao el aatano*-» 
Bista det ducpie de la Victoria y so partido» sino oaaio^ al 9MÍffk 
leal qaa Iliga.á robustecer mm sus faercaa al poder y la aignifica*Tí 
cion da un fran parüdo, y el prestigio y elevada, popoleridad dd 
su Isgiiiaio geCe. 

Enloiioea lat desoonfianaas. desapareaeráji^ la sitaaemí se «mm 
gurará , los «BeaMgos da la idea liberal protiaráa si^ impotoneiaii 
y se Terá qoe «n colorido polftieo mareado^ detáea fia d fotí 
pe de gracia á las lafuaidadat eeperaaaae» qae meroed i la vaoi^ 
lacioo del gobierno»» alimeafaia loe ratooioaaríee » loa que e» al 
caso de qoo Uagáraa auev amanta al poder , ao perdoaariaa al coait 
de de Lucena, ni su conducta en 1853 y 1854, ni sus disoacsaa 
dd ParlaaiaiitOi. 

Hay eelá mm el general O'Doondl 4 tiempo de evitar el ám^ 
prestigio «pie le espera: aceao deatro da poeo ao pueda» aoiMiaa 
qniata* coojnrar la tempestad qae aeuiga n poeioion polttioa$ 
tempestad que él mismo ha provocado y q^ paeda dítiaanade i 
narse de «b moaseato á otro. 

El tiene por eaemigoi á les dMolotíetas , por renooroiQi ad-» 
Teesaviea á loa aMdavados ^ por iaipetueeos oombaliantoa á los de^ 



6ii IL FALACtO M LOS CftíUNIS 

mócratas , y por recelosos y desconfiados amigos i los progresis-- 
tas. En esta situación , ¿qué le queda? 

El fantasma del tercer partido , del cual es gefe y acidado á 
la vez. 

Con tales elementos ¿admitirá el combate? 

Si lo hiciera , no es dudoso prever el resultado.» 



Con tales elementos en el gobierno, no es estraño que sarja de 
ellos la inquietud de los ánimos , que los peligros arrecien y qae en 
Tez de las hermosas esperanzas que abrieron á los deseos del pue- 
blo un horizonte radioso y feliz , se nuble la situación y desapareí* 
can una tras otra las ilusiones del pueblo que triunfó en julio. 

¡ Pobre pueblo ! Creiste haber hecho una gran conquista , y gi- 
mes sin libertad entera, y sientes aun en algunas provincias los san- 
grientos fallos de las despóticas comisiones militares , conao ea 
tiempo de los folaeoSf y careces del derecho de asociación y del su* 
fragio universal... y en medio de la general miseria, que hasta los 
elementos se conjuran para hacértela mas espantosa, las quiotas ro* 
ban hijos á sus madres y las contribuciones agotan tus escaaos re^ 
cursos. 

Hasta la que mas directamente grayita sobre las clases pobres, 
que es la de puertas y consumos^ abolida primero por las juntas re- 
Tolucionarias y después por la Asamblea constituyente, se trata de 
restablecer por el mismo pateiota que mas contribuyó al gloriosa 
levantamiento de Zaragoza. 

¿Y queréis que guarde silencio la siempre heroica ciudad? 

Zaragoza no podia permanecer muda ante los males de España, 
7 sus autoridades dirigieron á las Cortes respetuosas esposicioncs 



EL PUftBLO T SOS OPWCSOiKS« 615 

acerca del tortooso rombo ád gobierno , acompañando otra GriM- 
da por millares de ciudadanos. ./ 

Leido en la sesión de Cortes del 5 de enero de 1856 el dictamen 
de la comisión sobre ella , reducido á no ha lugar á deliberar » prú^ 
nonció el señor García López un notable discurso , que como infere- 
santísima prueba justificativa, no podemos dejar de consignarlo en 
este libro, como lo hemos hecho de todos los comprobantes de grail 
interés , y de algunos párrafos de periódicos que auxilian nuestro 

• 

propósito como documentos históricos irrecusables, porque nuei^o 
Ubro es una verdadera historia escrita con toda conciencia por Ip 
qué concierne á la parte política, donde mas que nuestra propia opír 
nion , cumple á nuestro pensamiento historiar acusaciones agenast 
como venimos diciendo desde el prólogo , para probar que los mar 
les porque ha pasado y desgraciadamente pasa aun el pais , no son 
invenciones aisladas áe un escritor descontentadizo ó apasionado» 
sino tristes verdades proclamadas en todos los tonos por autorizadü 
inteligencias , asi en la tribuna del parlamento como en la prespii 
periódica. 

Dijo el señor García López : 

«El Congreso habrá oidó con asombro lo dicho por el seSor 
López lofantes, gobernador in parlibus^ menoscabando el derecho 
de petición , poniendo en duda el que corresponde á los que han 
firmado la esposicion que ha oido el Congreso. Coando por moti-^ 
vos mas insignificantes que en los que se funda la esposicion de Za-» 
ragoza se ha alterado la tranquilidad pública en algún punto , se ha 
dicho : ¿Cómo se han de aclimatar las instituciones representativas? 
¿cómo hemos de marchar si los motines y la anarquía vienen á 
entorpecer nuestra marcha política y legal ? Cuando la población 
de Zaragoza acode en términos tan respetuosos, ¿es justo , es ra«- 



dMal proponer que BO ka l«gar á didiberart fSa ^wm qoenm 
Iiaya discusión sobre documento tan importanCaT Ptaa la kabrái. 
Woy á oeapanne de cada uno ie loa pontos qoe ih a aa «il Mpo- 
wion. 

La eaposMan da que «oa ooopamna abran attreána ée 
teportaacia, uno da éltoa eqpreaa la agitaoioa aa qaa aa 
hai ehaea todas ideado sin eaiapUr d lama 4a la fra?oknlan ia 
falie. ¿Qné estrsao qae Zaragaaa, que tanto o oat fifay tt á croar la 
iünaeioa actml , baga notar eaa felfa inaompransiUa 4e MMfB* 
idento? T «o aa crea, salioraa, que «oalaa soa IhaioaasAa yitijiv 
iqvf no se te mas qva al pAiunQ y á ana ajéfoíto úb ampiaadoag 
paro al deseonlaato candé aa las protiaeias , ysial ga baa a uo 
linAa en él sistama qoa sigva, no podrá ofiíaraala aaaa^prfar 
qpR «os amanaza. Si kw ciadaianoa boaaaranr e» la raiwiimoBol 
ttadiodaMs maleayv^mqao'aosabaa remediado; ai lo'ban 
9o al goMamo y el g^erao ae ba aaastrado sordb á aoa 
^vieaea é lá Asamblea, y la Asamblea las dice qaa no bA 
¿qné pueden hacer? ¿Qué otro camino legal les quedaT 
quién recaerá la responsabilidad da loa canfliotos qaa 
brarenir? Si yo creyera que eon Totár el didaman da la momíob 
ia habían de traaquiliiar los ániaios y habían 4a 4eaiqparaoar loa 
peligros , guardaría silencio ; pero no quiero dar pretesto élaaia* 
varreccioaes , y lo daramoa si cerramos los oidos i eala alaaa 4b 
peticiones. 

Dice también la aspoaícion qae la aaoioa obsema oon laiitaadi 
dárma el intento de restablecer los derechos de paertaa y 
IMS. El poeUo, en el momento del altamíaaloi declaré 
esa contribadon , y el mismo sefior ministro de Raoíeiidia 
camo ^ios-prasidaata da ka laata da gobiarnoda ZaragMa» =Íaé4 



KL Fumo T SOt OPAHOitS. 647 

que saneíoiió esta medida. Yo do comprendo » seftores , eómo eo él 
tíempo que llevamos no se ha podido encontrar otro sistema eco« 
nómico; para continoar con el de don Alejandro Mon * d sefior rnii^ 
nistro de Hacienda deberia haber llamado á este personaje para que 
ocupase sa puesto. Ahora bien: sí el mismo que representó conlra 
las paertas y consumos en Zaragoia ?iene ahora á proponer su res- 
tablecimiento como ministro , ¿ qué estraño que Zaragoia y las de-^ 
más proYÍDcias de la nación se sientan profundamente alarmadas? - 

Dice también el pueblo de Zaragoia que ve encomendado el ré« 
gimen poUtico y administrativo á hombres de ingrato recuerdo; y 
esta, sefiores, es una verdad innegable. Yo creo que los destinos^ 
son de todos los hombres dignos , cualesquiera que sean sus opinio-^ 
nes ; pero hay ciertos cargos que exijen que las personas á quieneS' 
están encomendados estén intimamente unidas con el régimen poli*- 
tico dominante. ¿Y podrá nadie 4aoir que ha habido en esta parte 
reforma Tardadora? Pero hay mas; las pocas reformas que se ha» 
hecho han sido desacertadísimas: ¿qué gobernadores tiene la nacioft' 
española? Con pocas y honrosas escepciones » la mayor parte no sir- 
ven ni para oficiales de los gobiernos que administran. Unos se po- 
nen en contradicción con la marcha política del gobierno ; otros se 
entregan á camarillas que la administración del conde de San Luis 
dejó creadas en las provincias ; otros establecen un sistema de re- 
sistencia y opresión á toda tendencia liberal. £n materia de gober- 
nadores hay tanta ineptitud como anarquía. 

Otro de los puntos importantes de la esposicion es aquel en que 
se habla de la unión liberal que paraliza las nobles aspiraciones á^ 
los que ven acogidos detrás de tan terrible parapeto á los enemi- 
gos de la situación. 

Yo no entraré de lleno en esta parte de la esposicion ; el señor ' 
T. lu 78 



(KM Et. fUMái^ m i.06 gbíhbvi» 

los de OUnp AMftció. el oIik> 4ísl la farmaekiB 4t Me tMOW.^rtí** 
do, y nieolnisdiD veof «¡aquL átoplegpar m JMioAaiMtr tdargodoioB 
deeír« Yo Ae.fpflenialo ptti6<qiie -el seaor RoatAe^OUn» leca^vá- 
|MreseiitariM»>la iifttalU;>d golMecDo eainHuceB dita áiMoeñMto á tm 
tercer paiüde j^adoptaMi doetriaat&t y enloDees.caaéatiiesiM. • 

fielaneotam UotbioB loe nieokiQe de2aBagQM40>ti«e^ maeioi 
searraelra» •m«k> aaáos, fvácAMoa delaaiMonídadef'delififtaiw, f 
eflta ei Qira 9rerdad> aeieeea , íjae ao podenea Mgar..jMiieBibMr9ii^: 
cuando jd£raai(>eapa¿ol aoudea mMdittea de ore ' oen ioe y itejtotos 
de la deiaaM>viiiaQÍeD ; icoando los ^pilaUataa odlcae jeooB lomuaíee* 
UAitaoonfiaDMiifDeiíeiiea en d wéditoieBpaftol ie i i eD do'i4teicc>ai 
losc oapildles* «> icoaipneado oómo ae peeaesla oL preanpuosfco m 
d&fieH« y ^énio «pata ^NihnMrlo ise IraAa «de realaUooor fm IkrttNolp im 
eipantoao ;eQaiio el ^de Jaa rfMertaa y ooaaiiiiiaír 

Dioeol ateor JjQfiex lirfaiiiefl fae ios ^eciiioB de Zam^wa fiám 
fae secamplaia mlnaAadde nadifiaBtau Bntux nntiiinnii mama 
ae&aria j; el dtfuato «a .k.rev(AMioa^ no i$, raMbicioo. auaatifiaiL y 
politica , qae aada yoede 'dcAeoer , »ioo la Mveluoioo fofiemLíj od* 
niftlerialt it qoedébiérainoa. hacer aquí, y la ^lao «miem ^qme m 
abandooaj» 

A peBar «de ^a sdUdafi raaenes alegadas en al preoedenlte dwan^ 
so , Ciié apretado ipor las Córies el .dictamen de Ja .eomíakm. . 

El dia siguJBote se \afé eata ppoposicioii ; 

«PedíaMiS'á UfliCórtes se sirvan declarar que necooooca kiS:kne- 
^ deseos que 'han |^iado á Jos firmantes de la eapoaicbn deque as 
tpata al ofM'oer el sagrado derecho de peticíem » y qneiíaB oido^coa 
desagrado que se calificara de faccioso el cootenido 4e;aiqttel doco^ 
meólo. 



, t 




M/'WfnMi9n aro tnnoftai fV9 

do Rfii«<fbii#;ts^J. Ordáx. «ttsCsgeoiet fiaroia ^&klÉr4is=«OnMBl9ei.Ml 

Garlos Godinez de Paz. =Garda Lopes^ : ' ' - ♦u 



, ,.i , f »y ' ■ '» i . • • . ••' •• ' 



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¡ ; ! ' ; , ■' .■■■*;..'* 



Y «i» «pbyiy de ta miimaifveiiiiDdié d s cípp - fiiftérM'' >i»s «eloM 

«Señores: de •iliNillMMMiof'flhlMi'aaaii^oa adlopiwid« y pi dtM 
n» eiiél^< M«É0 É t i i rfaiitiii que habi» taaido^ ldggrt«ifIarargoi&fe de 
eslM béíiMMAi»dMria Batir ia deCMBa^éá!lo»*veiHS(M deb^cthdtidaMBH 
pro hiéréieii y4ttM(ral>y qoe^eotraiidoteD la via>de ltt^faJiilld?lla ym* 
irido á selaUíri «|í (McoHot en^qhevan á ■aufhBgyrJá» Uierládei- fú^^ 

blicas* .;••/.■ '/.'I . r*; •',/ tí" n-" ;■"".••• " *.: *. • 

' Of ^if *aMltiiritDCo'detiiflaip6«aio«a»« dh;c|BaBriiadBeF ip«ede ^du- 
dar; ifóMcam^éa^iiÍBCMt» éatar »ap6iiiim)«. Gfteiigié aalaé áa -wm 
labios la espresíoD en un momento deíaaloe^jriÉttCdaifldaoo^aivdak 
kigar «eóá «aUi frépoéioi«bJi qi»as9 eníneÉIaffataiéia' eapKqta esa 
^lál|i«/ft»él«dbÍate«polilíca\qiia 9e<iiÍ6Í6 eii laiúUmuü'aeBioti/faif 

4 

demor dedTM TnUaé qoeeleampü quedó ^póraatóaihaÉieoi^. t 
^ BnifilMé^'M rigiébadnliBoadeBspMéf^ 
bia«D«riid¿ MUf^^Mlelaüte «a la aeitda de- h tinaparalidaii 7 ¡éa b 
reac0iim.i áigaúM ^atridioa' ilaatias ^ TÍMdD> camaba laa «ias< tegtb* 
las y iateniáta» demaealrb eéo lalnéaaa de laa aaoMM ; aaí Ja'&íáaN. 
f oa jr ttvknai» qaa ir aaaa allá <da lo que *sa» hi í t í aft yüpaaata. 

¿ Qoé Doi quadhif áe loa prinaipniapraKilamaÉlQam Zaragoza? Ne* 
da, absolutamente nada. 

¿Qwfr fí» hedmelpiiébip deiJUragliHi ^4 iamafc fa «apoaicion 
que tab dotas (f»lffioaéiaiM< ha 'Dafeoida' aq&fit Na ka bccho^ laaa 
tf» ejcvoerim <Í0rache qoalaceDbtdelaCdaatítaisiaii^KxIniftecho 
mas que avisar á los representantes del pueblo; db-oMnava qae aa 



6M BL FALACM M LOS GEhOlOf 

esposicion es no faro que nos ensefia la entrada áú paerlo : otros 
dirán qne es noa luz engañosa ; pero sí lo creéis , indadnbleoMala 
naufragareis en sos escollos.» 

Culpó, además * la inercia del gobierno ; dijo que su condacta 
nos llevaba á la reacción ó á la revolución mas eocadmiaída « que 
el movimiento de julio se había bastardeado » que se aamealabaa 
los iospuestos f etc. La proposición fué desechada. 

Pocos momentos después, cuando mas ágenos eslabao loa te&o- 
res diputados de que este resultado pudiese crear cooftictoa de nin* 
gun género , varios milicianos nacionales de los que estaban dando 
la guardia en el sagrado recinto de las leyes « acaudillados por el 
sargento , prorumpíeron en voces subversivas. 

Con este motivo se pronunciaron breves y enérgicos diaeorsos 
por algunos diputados , y entre ellos el sefior Figoeras » oft naedío 
del mas profundo silencio dijo : 

«Como se ha tomado por pretesto para este desorden lo q«e ha 
pasado respecto de la cuestión de Zaragoza , debo decir «qnt á 
nombre de mi partido , que nosotros condenamos enérgicamoiite y 
tenemos por los enemigos mas encarnizados de la liberlad á los que 
intenten de cualquier modo sobreponerse á la voluntad de lea Cdr* 
tes. Nosotros estamos resueltos * en unión de todos los seikores di-* 
potados , á sostener la dignidad de la Asamblea nacional , j k me* 
rir , como Marco«»Papirio , en la silla cnrol , antes que permitir 
que nadie se atreva á atentar contra la magestad de la representa- 
cion nacional. » 

Estas sentidas palabras del digno orador demócrata faeron aco- 
gidas con aplausos en todos los bancos del salón y en laa tribunal. 

El día siguiente publicó el gobernador civil un bando coocehi- 
do en estos términos: 



n mno t sn omioiif* MI 

<x Mamilbjíos : E« la tanie del dia de ayer unos cuantoe indivif» 
daos de los qae formabaa el piquele del Congreso (ebrios ííq doda 
paes de otro modo no se compreade d grave atentado que eoMe^ 
tieroo), torbaron el reposo del Santuario de las leyes, insabordi- 
nindose en el cuerpo de guardia , y llevando su ceguedad hasta 
disparar algunos tiros al aire. 

Pocos momentos bastaron para restablecer el orden alterado 
solamente en los alrededores del palacio de las Cortes. 

Los diputados comandantes de la benemérita Milicia se apre^ 
safaron i pronunciar sentidos discursos manifestando , en nomtee 
de sus batallones * cuan ajena era toda la fueraa ciudadana i taa 
criminal atentado , qae reprobaría llena de indignación en cuanto 
llegase á su noticia. 

En aqud momento se presentó el ilustre duque de la Victoria á 
asegurar á los se&ores diputados que podían continnar tranqnilM, 
pues que dentro de breves instantes el irim f uedaria rtslaMtcido 
ó él habría d^ado de exiitir. 

Su promesa no tardó en cumplirse ; apenas apareció delante de 
los nacionales y les dirigió las primeras palabras , cuando todos 
prorumpieron en entusiastas vivas y en protésicas contra los ilusos 
que acababan de turbar la tranquilidad. ¿ Y quién que tenga la 
honra de pertenecer á las filas de la Milicia es capaz de desoír la 
voz del ilustre caudillo que ha sido y será siempre su mas fuerte y 
glorioso sostenedor ? 

Pero en la ocasión presente no basta* nacionales, que con vaes« 
tra actitud y sensatez hayáis mostrado la indignación y el desprecio 
qae en vuestros ánimos ha producido el atentado de ayer : es me- 
nester que os asociéis á la decisión inOexible qae ha formado el go- 
bierno de castigar con todo el rigor de la disciplina á los que cíe- 



en tt iBAUüMo 1» L#si JdMJmmm 

fWfjr dütflMiladAii kan querido iitt^i*ir md terrMH idiva te> alta 
ÍMlkvoiDB. d« Jhi liíima>r llaaiada A fiec el «Mt f