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Full text of "El país de Cuyo; relación histórica hasta 1872"

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EL PAÍS DE r-UYO 



RELACIÓN HISTÓRICA HASTA 1872, 
PUBLICADA BAJO LOS AUSPICIOS DEL GOBIERNO DE SAN JUAN 

POR EL 

Dr. NICANOR LARRAIN 

i 



Si no sabéis aplaudir X los enemiqos v 

CENSURAR A L08 AMIGOS, CUANDO LO MEREZCAN, 
NO ESCRIBÁIS. — POLIBIO. 



REVISADA Y ANOTADA 

POR 

PEDRO P. CALDERÓN 



BUENOS AIRES 
Impeenta de Juan A. Alsina, calle de México, 1422 

190f> 



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ANTECEDENTES. 



San Juan, Agosto 10 de 1905. 

Al Exmo. Sr. Gobernador de la Provincia, Don Manuel 
José Godoy. 

S. D. 

Me dirijo á V. E. y por su intermedio á la H. Legislatura 
de la Provincia, en solicitud de recursos pecuniarios para la 
publicación, en Buenos Aires, de El País de Cuyo, obra his- 
tórica del ilustrado sanjuanino Dr. Nicanor Larrain, revisada 
y anotada por el que suscribe. 

Me permito acompañar la «Advertencia del Editor», la 
«Introducción del Autor» y el «índice» y entrar en algunos 
detalles para dar una idea de la magnitud é importancia de 
la obra que, desde luego, someto á la consideración de la Ho- 
norable Legislatura de la Provincia. 

Estos estudios están divididos en tres partes: 1. a Sociabi- 
lidad, administración é historia política desde los primeros 
tiempos hasta el año 1872. 2. a Estudios geográficos, irriga- 
ción, minería y educación, materias á que el autor ha consa- 
grado una atención preferente, por ser éstas de vital impor- 
tancia para la Provincia, y que han constituido la especiali- 
dad de este pueblo. 3. a El Apéndice, que no solo contiene la 
parte documentada, sino también observaciones, planos y 
cuadros estadísticos. 



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VI ANTECEDENTES 

Ademas, van al fin de la obra un antiguo plano topo- 
gráfico de la fundación de la ciudad de San Juan en la 
Cordillera Nevad a, en 13 de Junio de 1562, copia fiel y au- 
torizada del que existe en Sevilla en el Archivo de Indias; 
otro de la ciudad y Departamentos agrícolas anexos, cons- 
truido en 1863 bajo la dirección de Don Gustavo Grothe y 
dibujado por el entonces Oficia] 1.° Don Enrique Schade, du- 
rante la administración de Don Domingo Faustino Sarmiento. 

Creo, Exmo. Señor, que sería acto de patriotismo y de buen 
gobierno votar la suma necesaria, indispensable, esto es, cua- 
tro mil pesos , moneda nacional, para un tiraje de cinco mil 
ejemplares de dicha obra en cuarto mayor, tipo cuerpo diez, 
de mas de quinientas páginas cada uno, de los cuales el Go- 
bierno recibiría un mil en resarcimiento de los fondos sumi- 
nistrados. 

Al presentarme á los Poderes Públicos de mi Provincia con 
semejantes pretensiones, no me anima un espíritu de lucro, 
porque jamas tuve nociones del tiempo ni del dinero, sino la 
idea de hacer un bien á mis comprovincianos y al país, utili- 
zando de esta suerte los últimos esfuerzos progresistas del 
Dr. Nicanor Larrain, que tantos y buenos servicios prestó en 
el periodismo y magistratura de San Juan. 

Con este propósito, pido á V. E. se sirva admitir esta soli- 
citud, darle el trámite correspondiente y elevarla al conoci- 
miento de la H. Legislatura. 

Dios guarde á V. E. 

Firmado: — Pedro P. Calderón. 



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ANTECEDENTES VII 



San Juan, Agosto 21 de 1905. 
Como se pide, previa reposición de sellos. 

Firmado: — A. Eckegaray. 



San Juan, Agosto 21 de 1905. 

A la H. Legislatura de la Provincia. 

El Señor Pedro P. Calderón se ha presentado á este Go- 
bierno solicitando los recursos necesarios para la impresión y 
publicación de la obra El País de Cuyo, escrita por el Doctor 
Don Nicanor Larrain, revisada y anotada por el primero. 

Según los antecedentes que posee este gobierno, la obra es 
de gran importancia. Ella se ocupa de la historia de las Pro- 
vincias de Cuyo desde sus primitivos tiempos hasta el año 
1872; de los factores de la riqueza pública, sociabilidad, ad- 
ministración, agricultura, minería, irrigación y educación 
común. 

El P. E., cree que esta importante documentación históri- 
ca debe consignarse en una obra pública de la naturaleza de 
la que propone el Sr. Calderón para que sea conocida y es- 
tudiada por la presente y futuras generaciones. 

Por estas razones, el gobierno tiene el honor de someter á 
vuestra ilustrada consideración, la solicitud presentada, 
acompañando, también, el resumen de la obra. 

Firmado: — Manuel José Godoy. — A. Echegaray. 



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VIII ANTECEDENTES 



Cámara de Senadores. 

Presidencia de Don Ramón Hoy ano, Vice Gobernador de la 
Provincia. 

Senadores que sancionaron por unanimidad el proyecto de 
ley: Eleodoro Sánchez, Juan L. Sarmiento, Diego P. Young, 
Luis Jorge Fontana, Juan R. Cok, Manuel María Moreno, 
Ignacio E. Quiroga, Juan Yidela, Luis H. Flores, Saturnino 
Araoz. 



Informe del Senador Luis Jorge Fontana 

Señor Presidente: 
Honorable Senado: 

Vuestra comisión de Peticiones y Poderes ha estudiado 
detenidamente la nota y documentos que la acompañan, pre- 
sentada por el Señor Pedro P. Calderón, en la que solicita 
los auxilios necesarios ó indispensables del Exmo. Gobierno 
de la Provincia para la impresión y publicación de una obra 
histórica, titulada El País de Cuyo, escrita por nuestro ilus- 
trado comprovinciano, Doctor Don Nicanor Larrain. 

Fortuna ha sido para mí que los honorables colegas me 
hayan nombrado miembro informante en este asunto, que no 
solo se armoniza con mis aficiones y estudios especiales, 
sino que interesa directamente á San Juan, á los demás Es- 
tados Federales, que aun no han hecho un esfuerzo semejan- 
te, á la misma República, cuya historia no está definitiva- 



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ANTECEDENTES IX 



mente escrita, porque está incompleta, falta la parte que co- 
rresponde á las provincias de Cuyo y es deber patriótico de 
gobernantes y gobernados, completarla, empezando por pu- 
blicaciones como la que nos ocupa; haciendo sacrificios, es 
verdad, pero sacrificios bien remunerados por su influencia 
en la vida civil y política, en el porvenir de San Juan. 

San Juan tiene historia que nadie conoce, porque el único 
que la ha escrito, el Dr. Larrain, murió sin terminarla para 
su publicación definitiva. Los que posteriormente han prac- 
ticado investigaciones para escribirla, nada han conseguido ; 
los hombres que eran historia viva han desaparecido ya, 
como también los documentos oficiales y particulares que 
existían, por la incuria de muchos gobernantes y ciudadanos 
en general en el vaivén de la guerra civil, de los terremotos 
é incendios, que han destruido los archivos y las bibliotecas. 
Yo he querido tomar datos sobre la fundación de esta 
Ciudad y no he podido encontrarlos. Pero en los años que 
van corridos de 1860 á 1870, todavía existían elementos que 
el Doctor Larrain tuvo la suerte y la previsión de salvar, 
arrancándolos al polvo del olvido: por eso su obra es histo- 
ria verdadera, pues está fundada sobre hechos y documentos 
exactos y originales que han sido comentados y depurados 
juiciosamente por un contemporáneo, á quien tocó actuar en 
algunos de esos acontecimientos. 

De sentir es que su autor no exista para tributarle el ho- 
menaje que por su labor asidua y patriótica merece. 

Sus compatriotas y en especial el Gobierno de San Juan, 
-como nosotros, estamos en el deber de rendir semejante tri- 
buto, aun cuando mas no sea haciendo conocer el último es- 
fuerzo del Dr. Larrain en pro de los intereses generales, de 
Ja historia de esta tierra que tanto amó. El manuscrito, feliz- 
mente presentado hoy por nuestro compatriota y exclarecido 



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ANTECEDENTES 



publicista Sr. D. Pedro P. Calderón, <iue jamas la olvidara 
en sus peregrinaciones por el país, prestando así un reco- 
nocido servicio á la República y en especial á esta Provin- 
cia, es de un mérito histórico y literario de mucha importan- 
cia y comprende la historia civil, política y social de San 
Juan, Mendoza y San Luis, la que se halla dividida en las 
tres partes siguientes: 

1. a Sociabilidad, administración é historia política, desde 
los primeros tiempos hasta 1872. 

2. a Estudios geográficos de irrigación, minería y educación 
pública, materias á que el autor ha consagrado una atención 
preferente por ser éstas de vital importancia y haber llegado 
á constituir la especialidad de este pueblo. 

3. a El Apéndice, que contiene la parte documentada,, base 
de la obra, planos, cuadros de estadística y atinadas obser- 
vaciones. 

Señor Presidente: Antes de terminar este informe, debo 
hacer una observación de importancia capital. El señor Cal- 
derón solicita cuatro mil pesos m/n para la impresión de la 
obra. Creo que esta suma es demasiada exigua, si se tiene 
presente el volumen de aquélla, los materiales de primera 
clase que deben emplearse, reducción de planos, cuadros, y 
por último gastos de embalaje, fletes, viajes, todo lo que cues- 
ta dinero. Fuera de estos argumentos se me ocurre otro que 
me parece incuestionable y que nada habrá que pueda des- 
truirlo: él justifica el aumento del auxilio que se propone. 
El honorable Senador D. Manuel M. Moreno, presente á esta 
sesión, así que tuvo conocimiento de la solicitud presentada, 
se apresuró á poner en manos del Sr. Calderón el resultado 
de su importante investigación histórica que desde hace al- 
gunos años viene haciendo en el archivo de la casa de Go- 
bierno, dando copias de documentos oficiales y anotaciones 



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ANTECEDENTES XI 



que han resultado ser el complemento de la historia política 
y administrativa de este Estado argentino; esa documenta- 
ción que parece no conoció el Dr. Larrain, completa en to- 
das sus partes el desarrollo de los capítulos XI, XVI, XIX, 
XXV de la Primera y IV de la Segunda Parte de la obra. 

Me complace advertir que con este hecho el senador Mo- 
reno ha prestado al país y á la historia un remarcable ser- 
vicio. 

También el Sr. Dr. Javier Grarramuño favoreció patrióti- 
camente al peticionante con otros datos referentes á la indus- 
tria minera de estas comarcas auríferas, informaciones indis- 
pensables y sumamente importantes, pues es sabido que el 
Dr. G-arramuño, en su viaje á Europa, llevó apuntes y mués* 
tras de minerales que las sociedades científicas y comerciales 
de minería admiraron, habiendo merecido el Doctor G-arramu- 
ño calurosas felicitaciones, especialmente de parte de los 
sabios mineralogistas y geólogos alemanes, con algunos de 
los que mantiene correspondencia al respecto. 

Así mismo, el Comandante Juan R. Cambas, con sus 
«Apuntes de Viaje» y el Sr. D. Desiderio S. Aguiar, autor de 
una Monografía, cuya primera parte mereció la distinción de 
ser publicada por cuenta del Congreso Científico Americano, 
han concurrido con datos valiosos al estudio de ciertas co- 
marcas de la Provincia y de las razas primitivas que habita- 
ron el País de Cuyo. 

También nosotros hemos arrimado un grano de arena, 
ofreciendo al Señor Calderón algunas noticias de carácter 
científico que hemos creído pueden ser útiles y complemen- 
tarias al mejor resultado de su loable propósito de informa- 
ciones. 

Con este nuevo bagaje, que indudablemente hubiese com- 
placido al Doctor Larrain, la obra se ha enaltecido en el con- 



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XII ANTECEDENTES 



cepto histórico, aumentándose á la vez de un volumen mate- 
rial no previsto por el Editor al calcular en 4,000 mil pesos 
el costo de la impresión. 

La comisión ha creído que todo ello importa no menos de 
cinco mil pesos, que debe acordarse al Señor Calderón, á fin 
de que sus patrióticos esfuerzos no se estrellen contra incon- 
venientes propios de tan iugrata empresa. 

Es á mérito de estas consideraciones y de otras no menos 
fundamentales que me reservo parala discusión de este asun- 
to, que la comisión, en cuyo nombre tengo el honor de infor- 
mar, piensa que la Honorable Cámara debe acordar el auxilio 
propuesto para la publicación de una obra de tal magnitud 
y de tan remarcable importancia con relación á los intereses 
generales de la nación y en particular para la provincia de 
San Juan; y al mismo tiempo como hermosa realidad de be- 
nevolencia y estímulo hacia los que, sin pretensiones de nin- 
gún género, se desvelan por el honor y la grandeza de la Pa- 
tria, escribiendo libros y propagando el conocimiento de su 
origen y de los variados productos que colocan ala Repúbli- 
ca Argentina en la categoría de país próspero, rico y labo- 
rioso l . 



1 Al terminar, agregó: «Si es verdad que hay algo mas allá de la tum- 
ba, yo creo que el Doctor Larrain está escuchándonos en estos momentos. 
Señor Presidente: pido que nos pongamos de pie en homenaje al ilustra- 
do sanjuanino. 



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ANTECEDENTES XIII 



Cámara de Diputados 
Presidencia del Doctor Sohar Ruiz. 

Diputados que sancionaron sobre tablas el proyecto de ley: 
Doctores Victorino Ortega, Carlos Conforti, Señores Carlos 
Keller, Juan Barrera Cordón, Sergio W. Bates, Roberto Sar- 
miento, Carlos Tacheret, Saturnino de Oro, Juan de Dios 
Quiroga, Domingo Rodríguez, Faustino Palma, Mardonio 
Leiva, Eduardo Quiroga, José A. Castro 1 . 



San Juan, Setiembre 19 de 1905. 

Por cuanto: El Senado y Cámara de Diputados de la Provin- 
cia, sancionan con fuerza de 

ley: 

Artículo 1.° — Autorízase al Poder Ejecutivo para concu- 
rrir con la cantidad de cinco mil pesos, moneda nacional, á la 
impresión de la obra histórica El País de Cuyo, escrita por 
el Doctor Nicanor Larrain, debiendo el Editor Don Pedro P. 
Calderón entregar al Gobierno de la Provincia mil ejempla- 
res de conformidad con su solicitud de fecha diez de Agosto 
próximo pasado. 



1 El Dr. Victorino Ortega, al finalizar su discurso, hizo la misma insi- 
nuación en la Cámara de Diputados, poniéndose todos de pié.- -A". E. 



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X i V ANTECEDENTES 



Art. 2.°— Este gasto se hará de rentas generales con impu- 
tación á la presente ley. 

Art. 3.* — Comuniqúese al Poder Ejecutivo. Sala de sesio- 
nes de la Legislatura de San Juan, Setiembre 16 de 1905. — 
Ramón Moyano. — R. Ferrer Oro, Secretario del Senado. — 
Sohar Ruiz. — Elíseo Guardiola, Secretario de la Cámara de 
Diputados. 

Por tanto: Téngase por ley déla Provincia, cúmplase, co- 
muniqúese, publíquese ó insértese en el B. Oficial. — Godoy. 
— A. Echegaray. — Es conforme: F. C. Brihuega. 



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ADVERTENCIA DEL EDITOR. 



La historia de las Provincias de Cuyo, puede de- 
cirse que está escrita á retazos en diarios, folletos, 
efemérides y monografías, especie de ligeras exposi- 
ciones en que mas ha intervenido la pasión política 
interesada que el juicio reposado y severo del cro- 
nista independiente. 

Ya era tiempo de sacudir los archivos é interrogar 
el pasado; estudiar los acontecimientos y alumbrar 
las escenas con la antorcha de la razón y la verdad, 
trazando con mano firme las fisonomías de los perso- 
najes que en ellos intervinieron. 

Describir la vida tranquila ó accidentada de esas 
agrupaciones embrionarias, siguiendo el proceso de 
su desarrollo y mezcla de su población etílica — es en- 
señarnos cómo se han constituido en ciudades orga- 
nizadas, con elementos de riqueza pública y privada, 
con progresos morales é intelectuales, incorporados 
por el comercio de las ideas y doctrinas políticas 
liberales mas avanzadas de la civilización moderna. 

El futuro historiador que reúna esos detalles dis- 
persos y aun los desconocidos ó ignorados de la vida 



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XVI ADVERTENCIA DEL EDITOR 



política, social y económica de estos pueblos, remon- 
tándose hasta sus origines, podrá apreciar el conjun- 
to en todos sus aspectos, á través de juicios maduros, 
de críticas imparciales y provechosas, encaminadas 
al bien; y encontrando la verdad histórica y leyes á 
que han obedecido en su transformación evolutiva, 
apreciar también la actuación de jefes y caudillos 
conductores de muchedumbi % es; el pensamiento y 
acción de los hombres de guerra, de Estado y de Go- 
bierno, divididos por sistemas, aspiraciones y odios 
políticos perdurables, que muchas veces detuvieron 
las reacciones morales y evolución del progreso hu- 
mano. 

lié ahí el propósito que ha guiado y dominado al 
autor de esta obra. Exteriorizado aquél, como noble 
ideal en sus páginas nutridas de probidad y buen 
sentido, podemos afirmar que en gran parte lo ha 
realizado, dada su ilustración y experiencia de la 
vida pública; sus servicios prestados á la educación 
común ; sus altos puestos en la magistratura; su alis- 
tamiento en la Guardia Nacional y en el Ejército en 
dias de tribulación para la República; su dirección 
y colaboración en diarios, periódicos y revistas; sus 
folletos, biografías, novelas, historia Argentina y es- 
critos de diversa índole, que le han dado autoridad 
moral y el calificativo de «incansable trabajador*. 

El Dr. Nicanor Larrain, hijo de San Juan, no es, 
pues, un desconocido en el foro, en la naciente lite- 



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ADVERTENCIA DEL EDITOR XVII 



ratura y vida pública del país. Hasta el 11 de Agosto 
de 1902, fecha de su fallecimiento en Mercedes de 
Buenos Aires, dio cuanto podía su fecunda y clara 
inteligencia, dejando dos obras inéditas y casi termi- 
nada la ultima: *El País de Cuyo». 

En cuanto d nuestra intervención, rale decir que 
se reduce á muy poca cosa: solicitar los originales dr 
la señora viuda, cedidos generosamente en virtud dr 
la amistad íntima que en vida nos ligara con su di- 
funto esposo; organizar algunos capítulos y modifi- 
car, en la parte política, aquellas apreciaciones que 
pudieran proceder de un criterio apasionado. Ade- 
mas, hemos completado con numerosas anotaciones 
en el texto, cuanto creímos oscuro y deficiente, respe- 
tando siempre el plan trazado y juicio del autor, que 
no tuvo tiempo de revisar su trabajo para la publi- 
cación definitiva. 

Y al acometer una empresa tan superior d nues- 
tras fuerzas, nos sentimos estimulados por el bien 
que pudiéramos hacer d nuestros comprovincianos, 
al pueblo de Mendoza y de San Luis; y en este con- 
cepto, hemos puesto la obra en condiciones de ser 
publicada, bajo los auspicios del ilustrado y laborioso 
Gobierno de S(tn Juan. 

El Editor. 



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INTRODUCCIÓN. 



Sin otro mérito que la verdad histórica, hemos 
dado cima á la presente obra, después de haber con- 
sultado los archivos de San Juan, Mendoza y cuan- 
to se ha escrito y publicado sobre el País de Cuyo. 

No faltarán personas que, habiendo sido actoras 
en los acontecimientos que constituyen el fondo de 
estos estudios, sientan herida una falsa susceptibi- 
lidad; pero hemos debido renunciar al tema antes 
que ver tergiversados los sucesos por cronistas apa- 
sionados, ó mal apreciados por los recuerdos con- 
fusos, oscuros, que dan forma y cuerpo á la tradi- 
ción. 

Sobre todo, la Provincia de San Juan ha sido la 
generadora de acontecimientos, que, habiendo sal- 
vado los límites del interés propio, han tenido re- 
percusión é influencia política en la vida nacional, 
entre muchos otros, los que se han desarrollado en 
los años 1816, 1826, 1861 y 1867. 

Entre nuestros comprovincianos han figurado 
hombres de representación política y social; de cla- 



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XX INTRODUCCIÓN 



ra inteligencia y vasta ilustración; capaces de todo 
sacrificio por el respeto de las instituciones y amor 
á la Patria, que debemos presentar á nuestros hijos, 
á las futuras generaciones como modelos dignos de 
imitación. 

No han faltado hombres extraviados por las pa- 
siones desenfrenadas ó victimas de la ignorancia, 
que forman contraste con los primeros; pero éstos 
sirven también de útil enseñanza, porque señalan, 
á lo largo de los años, los escollos en que los indi- 
viduos como los pueblos han zozobrado por no ser 
previsores ó carecer del conocimiento necesario 
para evitarlos. 

Ante la severidad del criterio histórico, no sere- 
mos ciegos apologistas de los buenos ni vitupera- 
remos intencionalmente á los malos, aunque sea 
necesaria la sanción conminatoria ó penal sobre los 
hechos para unos y otros, la que aplicaremos sin pa- 
sión alguna que pudiera acusarnos de parcialidad. 

Estudiando el conjunto, vienen, muchas veces, 
estas preguntas á la mente: 

¿Por qué la vida intelectual de San Juan es mas 
activa que en los demás pueblos de la República? 

¿Por qué ese pequeño Estado Federal, enclavado 
entre las serranías de los Andes y como separado 
del resto del país, lia sido tan rico en hombres de 
valía y en acontecimientos políticos? 

Desde luego podría contestarse que, siendo el 



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INTRODUCCIÓN XXI 



suelo sanjuanino pobre y estéril por naturaleza, sus 
habitantes se encuentran ó viven en familia, for- 
mando aldeas, villas y pueblos, donde la escuela es 
su primera preocupación, no presentándose en la 
extensión territorial esas poblaciones dispersas, tan 
comunes en las demás Provincias, única causa de 
su carencia de trato social y comercio de ideas, que 
es propio de las agrupaciones humanas. 

Así, la escuela no ha sido una necesidad social 
solamente desde los primeros tiempos, sino también 
una necesidad geográfica é imperiosa, donde las 
poblaciones, de vida rudimentaria, son verdaderos 
oasis. 

La esterilidad del suelo, la pobreza del comercio 
y escasez de industrias, ha obligado á los sanjuani- 
nos á ensanchar la esfera de su actividad y á bus- 
car un mas vasto teatro que el fijado por los límites 
interprovinciales, no habiendo uno solo que, á la 
edad de veinte años, no haya franqueado las fronte- 
ras políticas de su Provincia. 

En el orden intelectual, el espíritu redobla tam- 
bién sus esfuerzos; necesita campo para su desa- 
rrollo y aplicación á los fines de la vida individual 
y colectiva, oprimida entre los estrechos límites de 
su suelo pobre, de su vida mezquina. Sarmiento, 
Rawson, Laprida, Aberastain, del Carril, Vera, los 
Oros, Quirogas, Salinas, Donceles, Laspiury muchos 
otros, son testimonios que confirman esta verdad. 



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XXII INTRODUCCIÓN 



Por estas razones, liemos tomado como centro de 
esta relación histórica, la Provincia de San Juan 
para irradiar nuestros estudios y observaciones á 
todo el País de Cuyo, en cuanto así lo exijan los 
acontecimientos y contingencias del asunto. 

El Autor. 



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EL PAÍS DE CUYO. 



PRIMERA PARTE. 



CAPÍTULO PRIMERO. 

Origen de los huarpes. — 2. El País de Cuyo. — 3. Primeras 
poblaciones. — El Rastreador. — 4. Usos y costumbres. — 
La piedra bezaar. 



1. — Buscar el origen de la población de América para co- 
nocer y estudiar los abolengos de los huarpes que habitaban 
el País de Cuyo, sería entrar en una cuestión que la etno- 
grafía no ha podido resolver hasta hoy. Sin embargo, men- 
cionaremos de paso, por via de curiosidad, las varias opinio- 
nes conocidas sobre los aborígenes dol Nuevo-Mundo para 
adoptar aquélla que, á nuestro juicio, sea menos hipotética y 
mas conforme con las ideas que su estudio ha despertado al 
escribir la presente obra. 

Es opinión generalmente admitida que los mogoles pasa- 
ron á la América por la parte Norte del Continente, ya por- 
que el estrecho de Berhing no existiese en los primeros tiem- 
pos, habiéndose éste formado por convulsiones posteriores 
del Globo, ya porque los grandes hielos, tan propios de las 
regiones polares, diesen paso por sobre las aguas á los atre- 
vidos compatriotas de Gengis-khan, que en el siglo XII ha- 
bían formado, por la conquista, uno de los imperios mas 
grandes y poderosos de la tierra. 

Se habla también de los fenicios, esos señores del mar, que 
llevaron sus exploraciones á muchas partes desconocidas 

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EL PAÍS DE CUYO 



hasta entonces por el resto de los hombres; y puesto que la 
navegación acorta las distancias y establece comunicacio- 
nes á través de los mares, podemos remontarnos á tiempos 
mas lejanos y suponer que la bíblica embarcación de Noé 
pudo servir de modelo á embarcaciones análogas. 

La filología constata, por otra parte, la íntima semejanza 
de pronunciación entre el idioma hebreo y el quechua (Apa, 
Apani, Apanqui), que era el mas importante entre las lenguas 
americanas, pudiendo decirse otro tanto del griego, hecho 
que se acredita por la existencia de las letras pi y omega, etc., 
que se han encontrado en geroglíficos descubiertos en las 
huacas ó enterratorios indios. 

Tampoco ha faltado quien, modificando la autoridad del 
Génesis, supusiese que la pareja del Edén no fué el único 
ejemplar en el mundo, y que cada una de las razas típicas 
tuvo sus progenitores, como los tuvo el Asia en Adán y Eva, 
sin que esto importe destruir la unidad fisiológica de la es- 
pecie humana, pues que las razas, sin sustraerse á esta igual- 
dad que no admite contestación alguna, presentan, sin em- 
bargo, diferencias de conformación y color que no pueden 
atribuirse á la influencia del clima y de los alimentos, como 
que un habitante de Guinea en Iuglaterra y vice- versa, no 
cambiarían jamas el carácter fisonómico que les es propio. 

De esta observación á la antigua teoría de los griegos sobre 
las razas autóctonas, no hay mas que un paso, ó mejor di- 
chb, es la misma; sostener el autoctonismo de razas no es 
destruir la unidad humana, es apenas modificar la teoría de 
Aristóteles. 

Efectivamente, la teoría que acuerda al Asia los honores 
de cuna de la humanidad, es una hipótesis como cualquiera 
otra, porque si admitimos el pasage por el Estrecho de Be- 
rhing ó la comunicación de los fenicios ó griegos á través del 
océano, no podemos esplicarnos la existencia de tribus ame- 
ricanas que no conserven ni la mas lejana afinidad con sus 
progenitores, de tal modo, que un indio araucano podría sin 
dificultad ser admitido como un tipo especial en la familia 
de las razas humanas. 



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EL PAÍS DE CUYO 



Admitamos por un esfuerzo de bueua voluntad que todas 
«esas modificaciones tan decantadas, que opera el clima y la 
alimentación, hayan dado por resultado no dejar la menor 
huella de los caracteres primitivos de raza, de modo que el 
araucano ó el patagón no sean mas que modificaciones del 
tipo originario y admitamos, así mismo que los asiáticos pa- 
sasen por el Norte de América, ¿cómo nos explicaremos que 
á través de inmensas distancias, dejando en las regiones tem- 
pladas un clima delicioso; en los trópicos, una riqueza sin 
igual en producciones de toda especie, las poblaciones del 
Norte buscasen al Sud un ensanche que no necesitaban para 
recalar al clima frígido de la Patagonia, donde se carece de 
todo y donde la naturaleza del suelo no ofrece mas que riscos 
y peñascos á la costa y desiertos inconmensurables al interior? 
Y esa conformación que les es especial y que ha influido has- 
ta sobre el nombre de raza (patagón) ¿será necesario atri- 
buirlo también al clima y método de vida? 

Se objetará que las afinidades filológicas establecen una 
presunción muy fuerte en favor de la unidad de la especie; 
pero eso lo único que probaría es que existió una comunica- 
ción ó comercio entre los americanos y los mogoles ó fenicios 
ó griegos, pero no se deduce de allí que las poblaciones del 
Asia y de la America no existiesen desde sus primeros mo- 
mentos. 

Según el historiador Cantú, parece demostrado hasta la 
-evidencia que los antiguos americanos eran f parientes del 
Egipto y de la India, y que el sello que conservan los monu- 
mentos de los Incas del Perú, sus pirámides etc.; la cerámica 
de sus huacas, en sus formas y relieves, es una copia del arte 
egipcio». 

Parece igualmente demostrado que casi todas las lenguas 
del Nuevo Mundo conservaban la mas perfecta analogía de 
infinidad de palabras con otras de las lenguas asiáticas; y 
que no solo hay semejanza de muchos vocablos con varias 
palabras hebreas, «sino identidad de la frase en su construc- 
ción y rodeo en muchos casos»; sin embargo, todo esto solo 
sirve para abonar la idea de un posible comercio entre pue- 



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EL PAÍS DE CUYO 



blos vecinos qne han podido y debido estar al habla en tiem- 
pos de que la Historia no conserva recuerdo algund. 

Admitir que el Asia pobló la América y que como por 
encanto llegó un momento en que se pierde hasta la memoria 
de un mundo entero que después de muchos siglos saca por 
casualidad de entre las ondas del océano Cristóbal Colon, es 
admitir que las poblaciones asiáticas, es decir, la humanidad, 
careciese aun de esos anales primitivos llamados la tradición. 

Por otra parte, cuando la América fué descubierta por los 
europeos, existían en ella imperios poderosos, cuya civiliza- 
ción asombró á los mismos descubridores, de donde se dedu- 
ce que el raro y estupendo milagro de perder como por en- 
canto la memoria del pasado, fué un hecho producido en 
América como en Asia, aunque las dos conservaban sus ana- 
les que se remontaban á muchos siglos de anterioridad á la 
fecha del descubrimiento. 

No podemos admitir que las leyendas de la Atlántida, la 
Especería, etc., etc., fueran otra cosa que el Cathay, el Dora- 
do, el encantado Valle de Jauja. 

Tampoco nos hace fuerza la autoridad de la Biblia con su 
Génesis de la Creación en la parte relativa al hombre, por- 
que esta obra admirable que sin duda es la primera produc- 
ción del ingenio humano, no carece de inexactitudes que la 
ciencia viene corrigiendo á cada paso, tales como al sistema 
planetario, el diluvio universal, etc. 

Nuestra opinión es que la raza primitiva de América ó sea 
la cobriza, es autóctona del Nuevo Mundo; que las afinidades 
filológicas que antes hemos mencionado, no atestiguan otra 
cosa que el comercio ó comunicaciones establecidas ó por la 
navegación ó por el pasaje de los mogoles por el Norte, y 
que las diferencias observadas en las grandes tribus ó fami- 
lias, como los guaraníes, quechuas, pehuenches, etc., etc., no 
son diferencias sustanciales, pudiendo y debiendo mirarse á 
cada una de éstas como diversas ramas de un mismo tronco. 

Pasemos ahora á estudiar los indios haarpes que poblaban 
el País de Cuyo, ante la conquista de los españoles. 

Las noticias llegadas hasta nosotros á este respecto, son 



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EL PAÍS DE Cü\'0 



las siguientes: El Inca Yupanque, que según el historiador 
Molina reinaba en el Perú el año 1454, informado de las ven- 
tajosas cualidades de Chile, resolvió su conquista, á cuyo fin 
mandó á un príncipe de la sangre real, Sinchisuca, para que 
verificase aquella espedicion. Este general llegó con 10.000 
hombres á Copayapú (Copiapó), donde después de ligeros 
combates capitularon, reconociendo el dominio del conquis- 
tador. 

Reforzado el ejército peruano, llevó sus armas triunfantes 
hasta el rio Maullí (Maule), habiendo impuesto sus leyes á 
todas las naciones indias que habitaban al Sud hasta los 
34° 30*, (coquimbanos, quillotanos y mapuchinos). Esta gue- 
rra de conquistas concluyó por tratados celebrados entre el 
general peruano y los indios promaucaes que hicieron sufrir 
un serio contraste á los ejércitos del Inca. 

Posteriormente, el Inca Viracocha 8 o extendió sus domi- 
nios al Este de los Andes por sometimiento voluntario de los 
calchaquíes y demás tribus del vasto país del Tucuman. 

En la Biblioteca de la Provincia de Buenos Aires hemos 
consultado una obra inédita que lleva por título : «Historia 
Militar, civil y sagrada del Reino de Chile », escrita en 1788 
por Don José Pérez García, y de ella tomamos los párra- 
fos siguientes, relativos el País de Cuyo. Su población pri- 
mitiva fué de los mismos indios Moluches de que se pobló 
Chile. « No cabiendo ya en el Perú sus habitadores, los Anti- 
suyos de hacia el Norte, verosímilmente declararon guerra á 
los Cochasuyos que estaban hacia Chile, los cuales, como eran 
menos, huyeron de los mas y entraron á Chile y lo poblaron 
con el nombre de Moluches, cuya voz acredita esta narración, 
pues molun es declarar guerra y ches gente; y Moluches, gen- 
tes á quienes se les declara la guerra, como lo vierte Don 
Tomás Falkener que habitó aproximativamente cuarenta 
años entre los indios; los que corren mas abajo de Men- 
doza son llamados por los indios de Chile, Puelches, dedu- 
ciéndole el nombre del viento del Este, á cuyo lado caen, y 
aplicándoles el nombre de enfadosos que les dan á ellos y á 
este viento, como también significa esta voz. De los referi- 



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EL PAÍS DE CUYO 



dos Moluches tomaron los nombres por los sitios que ocupa- 
ron los Toluchets que ocupan el Oeste del primer Desagua- 
dero hasta las Lagunas de G-uanacachi, jurisdicción de San 
Juan y San Luis de la Punta». 

En el c Arte y vocabulario de la lengua general del Reino 
de Chile», obra escrita por el padre misionero Andrés Febrés 
(Lima 1765), hallamos que la etimología de la palabra Cuyo, 
país que habitaban los huarpes, significa en el idioma 
araucano cuyum-puulli, tierra arenisca, naturaleza de que 
participa este suelo; pero de aquí no se desprende que los 
huarpes traigan su origen de los araucanos, pues en el idioma 
quechua, la palabra Cuyo significa « vasallos de los monar- 
cas del Cuzco », etimología que está conforme con las noticias 
que dejamos ya apuntadas. Adviértase, sobre todo, que el 
nombre dado al país no siempre obedece á la idea de un orí- 
gen histórico, y que mas bien puede considerarse como un ac- 
cidente de circunstancias propias de la localidad, como vere- 
mos mas adelante. 

Sobre todo, como cuestión etimológica del idioma huarpe r 
según las noticias llegadas hasta nosotros, remitimos al lee* 
tor á las palabras que aun se conservan y usan los habitantes 
de San Juan (Ap., nota 1), de acuerdo con el vocabula- 
rio citado del padre Febrés, y los que hicieron de la lengua 
huarpe, el padre Luis de Valdivia (Lima 1606) y posterior- 
mente el padre Juan Pastor, que en 1616 fué nombrado Rec- 
tor del Colegio de la Compañía de Jesús en Mendoza. 

El padre Luis de Valdivia, uno de los ocho primeros jesui- 
tas que penetraron en el Reino de Chile, que escribió una 
gramática, un vocabulario y un catecismo de la doctrina 
cristiana en el idioma del país, se dedicó especialmente á 
aprender las lenguas comarcanas para extender, por este me- 
dio, su propaganda evangélica y facilitar el camino á los que 
viniesen detrás de él. 

Dice una antigua crónica, respecto del padre Valdivia, lo 
siguiente 1 : «Con el fin de evangelizaren la lejana comarca 



Los idiomas de la América Latina. Félix C. y Sobron. 



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EL PAÍS DE CUYO 



de los huarpes que habitaban la Provincia de Cuyo, vióse 
forzado este misionero á estudiar la lengua de ellos, muy di- 
versa de la de Chüe». Compuso así mismo Gramática de la 
lengua Cuya y vocabulario de la misma y española, libro que 
tunbien hizo imprimir en Lima. Así allanó el camino á otros 
misioneros para emplearse fácilmente en la enseñanza. 

«De uno y otro idioma daba frecuentes lecciones á sus com- 
pañeros, y el erudito Ovalle, no obstante ser nacido en Chile, 
confiesa haber sido en dicho idioma discípulo de Valdivia. 

«A la vuelta de España, donde había ido en comisión para 
tratar la mejor manera de pacificar varias comarcas, fundó las 
célebres misiones de Arauco y de Cuyo ». 

2. — El País de Cuyo abrazaba toda la zona comprendida 
desde los 29° latitud Sud hasta el Estrecho de Magallanes. 
Hoy se le marca como límite: al Sud el rio Salado, que tiene 
su origen en los nevados de la Cordillera del Planchón en los 
35°, considerando el territorio indio del Sud como territorio 
nacional por no haberse aun fijado los límites interprovin- 
ciales; y su longitud, occidental sobre el meridiano de París 
desde los 64° á 65° hasta los 72° 30'. 

La gran superficie encerrada dentro los límites que deja- 
mos señalados, ofrece una figura irregular que mide á la parte 
del Norte como veinte y cinco leguas, ensanchándose gradual- 
mente hasta la Sierra de Huayaguaz y dilatándose al Sud 
desde este punto casi paralela á la Cordillera de los Andes. 

Este país tiene una altitud variable entre 500 y 700 metros 
sobre el nivel del mar; un clima extremoso que varía entre 
2 o bajo cero y 40° sobre la escala del termómetro centígrado, 
con una temperatura media de 31°. 

La parte del Oeste, que limita en toda su extensión con la 
República de Chile, está ocupada por numerosas ramificacio- 
nes de los Andes que alcanzan á muy pocas leguas de las ciu- 
dades de San Juan y Mendoza, y ofrecen en los planos del 
naciente varios reventones que á la simple vista aparecen 
como serranías independientes del maciso andino, tales son 
en San Juan las sierras de Pismanta, Valle Fértil, Pié-Palo, 
etc., y en San Luis, las del Gigante, San Luis y otras. 



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EL PAlS DE CUYO 



Estas serranías ofrecen á la industria minera un venero 
inagotable de ricos metales, no solo por su calidad como por 
su variedad, abundancia y fácil explotación, como lo veremos 
"después. 

Los rios que riegan este suelo y pro tejen su feraz produc- 
ción, de modo que no es raro cosechar 160 sobre 1 de se- 
milla, son el de los Patos, Castaño, Jáchal, Agua Negra. 
Bermejo y otros eu San Juan; en Mendoza, el del mismo nom- 
bre, Tunuyan, Diamante, Atuel y otros, y en San Luis, el rio 
Seco, del Zanjón y Quinto que son los principales, los que en 
su curso, casi uniforme al Este, se agotan en el regadío de los 
terrenos cultivados. 

La parte boscosa, muy abundante en San Juan y San Luis, 
si no lo es tanto como en Tucuman, ofrece sin embargo una 
gran variedad de maderas de construcción como el quebracho, 
algarrobo, siendo de notarse la famosa chica de preciosos 
colores en transición violenta del amarillo al negro, madera 
la mas fuerte y de mayor peso específico conocida hasta 
hoy. 

El suelo de Cuyo, arenizco en su mayor parte y lleno de 
montes y salitrales, especialmente en San Juan, cuya ciudad 
circunda, teniéndola enclavada entre travesías y desiertos que 
miden su extensión por decenas de leguas, ofrece no obstante 
en las tierras de regadío, verdaderos oasis de agricultura y 
lujosa vegetación. 

En la parte de San Luis se hallan grandes salinas con una 
extensión de quince á veinte leguas de Este á Oeste, y mas de 
ciento de Sud á Norte desde San Luis hasta Catamarca. 
Estas grandes salinas, que parecen un extenso desierto neva- 
do, proveen de sal á todas las provincias limítrofes y forman 
el comercio de las que pueblan sus cercanías. 

El nombre dado á estas regiones, ya hemos dicho, que fué 
el de Cuyo que en el idioma araucano significa arena y en el 
quechua, vasallos del Cuzco. 

Sus pobladores tomaban el nombre de cuyunches, picun- 
ches, puelches, etc., según se hacía relación al lugar que ocu- 
paban respecto de las otras poblaciones. Así : 



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EL PAÍS DE CUYO 



Cuyum, arena; ches, gente; — gente de los arenales. 

Puel, Este; ches, gente; — gente del Este. 

Picum, Norte; ches, gente; — gente del Norte. 

Gruilli, Oeste; ches, gente; — gente del Oeste. 

Esta formación de palabras compuestas era muy general 
entre los indios y aun se conservan nombres que acreditan 
este hecho; así, pehuenches, significa gente de los pinares; 
ranqueches ó ranqueles, gente de los cardales. 

También se dio á Cuyo el nombre de Ghocuito y especial- 
mente el de Chile Oriental ó trasmontano, como que este país 
fué dependiente del Reino de Chile desde la conquista de 
estas regiones hasta 1776 en que se creó el Vireynato de Bue- 
nos Ayres, al que quedó incorporado. 

3. — Las noticias especiales que tenemos sobre los indios de 
Cuyo se remontan hasta 1606, y las debemos á los historiado- 
res de Chile: Ovalle, Olivares, Suárez de Figueroa, Molina, 
Car bailo y G-oyeneohe, Lovera y otros, cuya autoridad invo- 
caremos mas adelante. 

Según Ovalle, que estuvo en Cuyo varias veces, los huarpea 
eran de alta estatura, mas velludos y barbados que los de 
Chile; suaves de trato y muy industriosos, especialmente en 
los tejidos de paja de que hacían vasos que podían contener 
el agua 1 . Se pintaban los rostros con un color verde 2 inse- 
parable de su tez por estar penetrado en ella; lo ordinario era 
pintarse solamente las narices, otros las barbas y labios, y 
otros, en fin, toda la cara; vestían decentemente así los hom- 
bres como las mugeres, y era general el uso del cabello largo. 

Son muy ligeros y constantes en la marcha, andando gran- 
des distancias por escarpadas serranías. € Helos visto, dice 



1 Eran mineros y orfebres delicadísimos; agricultores y algo pastores. 
Kefractarios al comercio hasta la época incásica, estaban diseminados en 
la actual provincia de San Juan. — N. E. 

1 Los colores mas usados entre estos indios y los pehuenches, eran: el 
negro que lo sacaban de una piedra que nombran y ama, cuyo polvo mez- 
claban con grasa de cordero; el azul, sacado del codin (piedra): el blanco 
del pedan (piedra), y el colorado, del cinabrio. 



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10 KL PAÍ8 DE CUYO 



valle, sabir y bajar los aspersímos montes de las Cordille- 
ras como si fueran gamos, y no solo los hombres sino también 
las mugeres con sus hijos en las cunas, las cuales asidas á una 
ancha correa que atraviesan por la frente, las dejan caer por 
la espalda y con todo aquel peso que viene colgando de la ca- 
beza sobre el cuerpo, que para esto y mayor comodidad del 
niño llevan corbado, caminan y siguen al paso de los maridos 
con tanto desembarazo y agilidad que admira. Prueba bien 
esta ligereza y tezon que tienen esta gente en el andar, lo 
que me contó un Correjidor y Capitán General de aquella 
Provincia, acerca del modo singular y raro que tienen de 
cazar los venados; dice, que luego que lo reconocen, se les 
acercan y van en su seguimiento á pie, á un medio trote, lle- 
vándolos siempre á una vista sin dejarles parar ni comer, 
hasta que dentro de uno ó dos días se vienen á cansar y rendir, 
de manera que con facilidad llegan y los cojen y vuelven 
cargados con la presa á su casa, donde hacen fiestas con sus 
familias». 

Admira Ovalle la singularísima gracia que Dios ha dado á 
estos indios para rastrear lo perdido ó hurtado, refiriendo los 
dos casos siguientes : 

« Tenía nuestro colegio convictorio una carreta á la puerta 
de una huerta donde van á recrearse los seminaristas; hurtá- 
ronla una noche, y echándola menos un hermano de los 
nuestros, á la mañana fué en busca de un huarpe para que se 
la rastrease: tomó el rastro y fuéla siguiendo llevando al mis- 
mo hermano en su compañía hasta llegar á un rio donde lo 
perdió, pero no la confianza de dar con la presa: pasa el rio 
y vuélvelo á pasar una y otra vez por este y aquel vado (ha- 
bíale pasado otras tantas la carreta para desmentir mejor al 
que siguiese el rastro, como lo confesó después el que habia 
hurtádola) y prosigue su camino, y á 4 leguas dio con la 
presa, cuando el que la llevaba estaba mas seguro de no ser 
descubierto. » 

«Otra vez vi que habiendo faltado á cierta persona unos na- 
ranjos de su huerta, llamó á otro huarpe, el cual le llevó de 
una parte á otra por esta y la otra calle, torciendo esta esqui- 



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EL PAÍS DE CUYO 11 



na y volviendo á pasar por aquélla hasta que últimamente 
dio con él en una casa y hallando la puerta cerrada, le 
dijo : « toca y entra que ahí están los naranjos : hízolo así y 
hallólos. » 

Este arte admirable del rastreador indio, que ha pasado á 
sus descendientes y que el Sr. Sarmiento ha memoralizado, 
narrando las hazañas del famoso Calíbar, encuentra imitado- 
res á cada paso en la Provincia de San Juan, y como un ejem- 
plo de ello, vamos á referir un episodio ocurrido en 1866 y 
de que da cuenta un periódico de aquella localidad. 

El viernes, durante el viento zonda que corrió, regresaba 
al Pocito el Sr. Barboza, acompañado de un peón que es ras- 
treador. Este, como es la práctica en los de su ciencia, miraba 
los rastros medio borrados por el viento y que cubren los ca- 
minos. 

— Aquí llevan, observó el peón, un ganado robado. 

— ¿Qué fuerza que ha de ser robado? observó el patrón. 

—Robado, señor, ¿no ve que en lugar de arrearlo de atrás 
lo arrean de lado, haciéndolo salir del camino trillado? 

A poco andar, el ganado ó su rastro se apartaba del camino 
con dirección á la ciénaga. Siguiéronlo por entre potreros y 
llegaron á donde habían carneado una vaca, también robada, 
pero que el rastreador declaró no pertenecer á las que iban 
siguiendo, pues la muerta había comido pasto de ciénaga y 
el otro ganado salía de alfalfa. 

Después de haber mudado caballo Barboza en su finca y 
reunídosele varios vecinos, cruzando calles y deshaciendo ca- 
minos, llegaron á un potrero donde pacían tranquilamente 
siete vacas puestas allí por un abastecedor que había llevado 
dos consigo. El rastro del caballo los condujo á la matanza 
donde ya estaban carneadas. Con efecto, eran robadas y fué 
aprehendido el ladrón que al parecer ejercía la profesión 
mucho tiempo ha, efectuando sus robos cuando soplaba vien- 
to zonda para que el rastro no quedase visible. 

Como contra prueba de la certeza del rastreador, el Juez 
del Crimen había hecho esconder en el corralón de la Poli- 
cía el caballo que sirviera para arrear el ganado, pidiendo al 



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12 EL PAlS DE CUYO 



rastreador buscase algtin rastro conocido. Después de algunas 
vacilaciones, á causa de la dureza del suelo, descubrió el ras- 
tro é indicó sus señales especiales, que eran una pequeña que- 
bradura en la uña é indicios de haber estado herrado. Exa- 
minando el caballo, encontróse verificado uno y otro hecho. 

4. — Según el mismo O valle, el idioma de los huarpes difería 
totalmente de la lengua chilena y asemejábase mucho á la 
que hablaban en el Tucuman, llegando después de estas y 
otras observaciones, á deducir que estos indios se originaban 
de la raza quechua 1 . 

Los huarpes si no eran tan guerreros como los indios de 
Chile, no dejaban absolutamente de serlo, según lo veremos 
después. Usaban el arco y la flecha, que eran sus armas mas 
comunes y los libes que manejaban con suma destreza. Esta 
arma se componía de dos bolas del tamaño de una naranja, 
una de piedra bien redondeada y otra de cuero en forma de 
pelota llena de una materia menos pesada que la piedra y am- 
bas unidas por una cuerda trenzada de nervios de toro. 

Puesto el indio en un alto, tomando en la mano la bola 
mas liviana, comienza á cimbrar la otra sobre su cabeza, y to- 
mada la puntería, la arroja con la certidumbre de maniatar 
las piernas del enemigo ó de la presa que se ha propuesto to- 
mar; en seguida baja de la altura con suma ligereza antes 
que la víctima haya podido desembarazarse de sus ligaduras 
y concluye con ella. 

También usaban los huarpes la bola perdida de que se ser- 
vían con una destreza sin igual ; esta consistía en una bola 
atada á una cuerda, la que arrojaban lejos después de aji- 
tarla en el aire, llevando la dirección fija que se le daba y 
produciendo, aunque en menos escala, el mismo efecto que 
una bala de cañón en sus últimos rebotes, destrozando ó con- 



1 El profesor Desiderio Aguiar, exhumador de los huarpes, dice que era 
una raza aborigen, anti -incásica, con idioma ó lengua propia aglutina- 
da, sistema numeral completo en el que solo se conoce la voz pataca (cien) 
del quechua. — N. E. 



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EL PAÍS DE CUYO 13 



t cisionando fuertemente al enemigo que recibía su choque y 
quedaba tendido en el suelo. 

Examinada una de estas bolas, nos da el resultado siguien- 
te: pesa una libra, su figura geométrica es un cubo (de 0,06 
m. de diámetro), cuyos ángulos, diedros y triedros están des- 
truidos por canaletas, de modo á formar cuatro puntas cóni- 
cas sobre cada plano del cubo primitivo, los que tienen por 
centro el del plano mismo, presentando así á la vista un cuer- 
po de forma esférica, cuya superficie está cubierta por 24 
puntas cónicas; la naturaleza de esta piedra, de una densidad 
de 2,36, es semejante á la obsidiana y contiene sílice, óxido 
de hierro y demás simples propios de las rocas volcánicas. De 
esta misma piedra fabricaban los indios sus flechas y cuchillos. 
(Ap., núm. 2). 

El historiador Suárez de Figueroa, hablando de estos mis- 
mos indios, dice: «Pobló Pedro del Castillo una ciudad á 
que llamó Mendoza, encomendando y repartiendo los in- 
dios de aquella tierra entre los soldados pobladores que le 
acompañaron. 

«Han servido siempre estos indios con fidelidad, aunque son 
de poco trabajo. Son amigos de estarse en casa ; siembran 
escasamente, contentándose casi todos con cierto pan á que 
llaman de algarroba, cogido de árboles». Estaparte tiene 
por propiedad adelgazar en breve á los gordos que van allí. 
Caúsalo, según dicen, las aguas y calidad del clima. Admira 
la franqueza de sus moradores, siendo en lo demás gente de 
buena disposición. Adoran el Sol, y son, como los otros sus 
conterráneos, grandes hechiceros. Es sutilísimo el metal de 
su voz, y así usan mas de las señas que de la lengua, enten- 
diéndose solo con los meneos y con mirarse. » 

El uso que hacían de la piedra bezoar como de un sanalo- 
todo, mereció del historiador Olivares las siguientes observa- 
ciones : La piedra bezoar, llamada también bezaar por los es- 
pañoles, es una concreción calculosa que se encuentra en los 
intestinos, en el estómago y en las vias urinarias de ciertos 
animales, y sobre todo de los rumiantes (huanacos, vicu- 
ñas, etc.). 



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14 EL PAlS DE CUTO 



Su nombre, según antiguos escritores, proviene del hebreo, 
de las palabras bel, señor y zaar veneno, esto es, señor de 
los venenos ó contravenenos. 

Se atribuía á esa piedra virtudes medicinales verdadera- 
mente maravillosas; se le creía un antídoto contra todo ve- 
neno y contra todo contagio* 

El Doctor Nicolás Monardes, de Sevilla, que publicó allí en 
1574, reunidas en un volumen, las tres partes de su « Historia 
medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occi- 
dentales que sirven en medicina », ha destinado un extenso 
capítulo á la piedra bezaar, explicando sus virtudes y refi- 
riendo las historias prodigiosas de las curaciones efectuadas 
por ella. No es la mas singular, la que sigue: «Aprovecha 
mucho esta piedra en tristezas y melancolías. Su Magestad 
el Emperador Garlos Y, que sea en gloria, la tomaba muchas 
veces para este efecto, y así la han tomado y la toman mu- 
chas personas atacadas de tristeza sin causa alguna, porque 
la quita y hace al que la usa, alegre y de buen continente. 

«A muchos he visto harto apretados de congoja y desmayo 
y con melancolías, que en tomando peso de tres granos de 
esta piedra en agua de lengua de buey (yerba) han fácilmen- 
te sanado 1 .» 

«Es cosa averiguada que en tiempo de la conquista habia 
en el País de Cuyo 20,000 indios repartidos en encomien- 
das y 100,000 almas hasta el rio Tunuyan, sin contarlos puel- 
ches, pehuenches, siguillanes, tunuyanes, chosmes, cudillanes, 
goscos y zoquillanes que habitaban las tierras al Sud f .» 

Los huarpes se vestían de pieles de huanaco que traían 
atadas al hombro y ceñidas por la cintura. Su alimento prin- 
cipal era la carne de huanaco, de vicuña y el paitay, especie 
de pan que elaboraban de la algarroba ( la vainilla del árbol 
prosapis cilisq-uastrum de De Candolle). Vivían en casas de 
cueros, paja y material, lo que prueba que no eran nómades, 
aunque mudaban de localidad según las estaciones y en el 
mismo territorio, prefiriendo la orilla de los rios y lagunas. 



• Historia de los Jesuítas en Chile, pág. 509. 

* Historia de la Compañía de Jesús en Chile, Cap. III, pág. 140 ó intro- 
ducción, pág. XIV. 



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CAPITULO II. 

La conquista, Villagran, Aguirre, Castillo. — 2. Acta de fun- 
dación de la ciudad de Mendoza. — 3. Jufró remueve la po- 
blación á otro lugar y le dá el nombre de «Ciudad de la 
Resurrección.» — 4. El Cabildo fija los égidos de la ciudad. 



La conquista de Cuyo, aunque no se verificó hasta el año 
de 1560, ofrece algunos antecedentes que creemos oportuno 
consignar. 

Cuando Don Pedro de Valdivia echó los cimientos de la 
ciudad destinada á ser la capital de Chile (Santiago de Nue- 
vo Estremo, 12 de Febrero de 1541), le señaló jurisdicción 
de cien leguas al oriente de su asiento sin pararse en el obs- 
táculo que le oponían los Andes, y esta singular idea no solo 
fué realizada por la Conquista bajo el gobierno de Hurtado 
de Mendoza, sino confirmada mas tarde por los soberanos 
españoles. (Ap. núm. 3.) 

El primer jefe español que estuvo en el País de Cuyo, 
fué Don Francisco de Villagran que, con 200 hombres, venía 
del Perú de paso para Chile. 

Villagran, Teniente General de Valdivia, debió llevar no- 
ticias muy favorables de Cuyo, pues el mismo año se trató 
de realizar su conquista, mandándose á Francisco de Aguirre 
que, al mando de 200 hombres, debía ocupar esta provincia 
y la del Tucuman, 1552 1 . 

Aunque la conquista no se verificó hasta diez años después, 
como veremos más adelante, el territorio de Cuyo fue acor- 



1 Don Pedro de Córdoba y Figueroa asevera en su Historia de Chile, 
que Aguirre solo llevó consigo 100 hombres, limitándose su cometido á 
solo la conquista de Cuyo. 



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16 EL PAlS DE CUYO 



dado en encomienda á Villagran, y después aparece forman- 
do parte del Correjimiento asignado al capitán Jnan de Ocam- 
po San Migue], en premio de sus servicios militares, que tanto 
lo habían distinguido en la guerra de Arauco. 

En ambos casos no se hacía de dichos nombramientos sino 
un especie de obispado in partibus in fidelium, porque la es- 
pedicion de Aguirre no produjo resultado alguno por haber- 
se vuelto á Chile con su gente, quien se creyó con derecho á 
suceder en el gobierno á Valdivia, que murió en ese año 
(3 Diciembre 1553). 

Ya hemos dicho que la conquista de Cuyo no se verificó 
hasta 1560. 

El Marqués de Cañete, Virey del Perú, encontrando en su 
hijo D. García Hurtado de Mendoza las dotes y aptitudes 
necesarios para encargarlo del gobierno de Chile, nombró á 
éste en la ciudad de Lima, á 9 de Enero de 1557, habiendo 
Don García tomado posesión del Gobierno en Febrero del 
mismo año. 

Este activo y enérgico gobernante continuó la conquista 
de Arauco, que tan caro había costado á su antecesor Valdi- 
via, después de una guerra cruda sostenida contra los indó- 
mitos araucanos. El desastre sufrido por Caupolican en el 
asalto á la ciudad de Cañete, ó mejor dicho, en la trama ur- 
dida contra este bravo Toqui ó General de los araucanos, y 
en seguida su prisión y bárbara muerte que se le hizo sufrir 
(empalado), dejó á Don García en condiciones de continuar 
las fundaciones que se había propuesto, y de las que ya tenía 
verificadas las siguientes: 1657, Cañete de la Frontera; 1668, 
Marzo 27, Osorno; 1560, Enero 6, Concepción; 1660, Arauco; 
1560, Ciudad de los Infantes. Valdivia la fundó con el nom- 
bre de Ángel ó de los Confines, y fué reedificada por Men- 
doza con el nombre que le damos. 

En el año citado comisionó Don García al Capitán Pedro 
del Castillo, natural de Villalba del Rey, en la Rioja, dándole 
100 hombres de caballería, para que trasmontando la Cordi- 
llera por el camino de los Hornillos (otros dicen el Paso de 
la Cumbre), entrase en la Provincia de Cuyo y la sujetara á 



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EL PAÍS DE CUYO 17 



la obediencia del Rey y muy especialmente para que fundase 
una ciudad en la situación oportuna en el camino real sobre 
las provincias del Eio de la Plata y el Tucuman. 

Por el mismo tiempo envió á Juan Pedro de Zurita 1 de 
Gobernador á la Provincia del Tucuman á verificar algunas 
poblaciones, lo que éste hizo fundando á Mérida y Londres, 
que fué conocida después con el nombre de Villagran y des- 
truida más tarde por los indios calchaquíes 2 . 

Partió Castillo desde la ciudad de Santiago y «llegando á 
la Provincia de los huarpes, fué recibido por el cacique Ooo- 
yunta y otro llamado Allalme, con algunos que concurrieron 
de aquellos valles, cuyos nombres eran Gueyanaré, Anato, 
Tabaleste y otros obedecidos de todos los indios del con- 
torno». 

«Todos estos indios son de pocos bríos y consiguientemente 
muy quitados de cosas de guerra, y así recibieron á los es- 
pañoles sin resistencia, permitiéndoles no solamente hacer 
asiento y edificar pueblos á su gusto, sino también se dejaron 
sujetar de ellos, así en el servicio personal como en los tri- 
butos que luego les impusieron». 

«Viendo el capitán Castillo esta comodidad tan apacible, 
buscó luego el sitio mas oportuno para fundar la ciudad, se- 
gún le era mandado, y habiendo considerado atentamente, la 
edificó en la Provincia de Cuyo, en un valle llamado Güen- 
tota, por ser lugar fértil y abastecido, no menos sano en sus 
aires que apacible en su contorno; y habiendo comenzado 
la fábrica de esta ciudad, le puso por nombre la Ciudad de 
Mendoza por respeto de Don García de Mendoza que había 
reservado este titulo para echar el sello á las fundaciones de 
las ciudades que edificó en Chile, queriendo primero cumplir 



1 El Padre Miguel de Olivares, historiador de Chile, le llama Juan Gó- 
mez de Zurita. 

a En 1607 la reedificó D. Alonso de Rivera, dándole el nombre de *Sau 
Juan de la Rivera >. Asolada por los calchaquíes en 1627, volvió a fon- 
darla D. Gerónimo Luis de Cabrera (hijo) en el valle de Palripa con el 
nombre de «San Juan Bautista de la Frontera », según encargo del Gober- 
nador de Tucuman D. Felipe Albornoz. 

1 



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18 EL PAÍS DE CUYO 



con los dictados de sus padres y abuelos que con su propio 
renombre por el cual era conocido 1 ». 

Castillo verificó la fundación que se había encargado, el 
dia 2 de Marzo 1561, poniéndole por nombre «La ciudad de 
Mendoza» 5 , procediendo á la traza de la ciudad y reparti- 
miento de solares que hizo á los pobladores. 

A los siete meses y siete dias de fundada Mendoza, el mis- 
mo Castillo repartió las tierras en suertes de chacras con- 
tando ya la nueva fundación con treinta vecinos encomen- 
deros y dos mil y quinientos indios tributarios. 

Los documentos que acreditan los hechos anteriores, son 
los que publicamos en seguida. 

Acta de la fundación de la Ciudad de Mendoza por 
Don Pedro del Castillo. 

2. — En el nombre de Dios, en el asiento y Valle de Güen- 
tota, provincia de Cuyo, desta otra parte de la gran Cordi- 
llera Nevada, en dos dias del mes de Marzo, año del naci- 
miento de nuestro Salvador Jesús Cristo, de mil y quinien- 
tos sesenta y uno años, el muy magnífico señor Pedro del 
Castillo, Capitán Teniente General en las dichas provincias y 
sus comarcanas, por el ilustrísimo señor Don García Hurtado 
de Mendoza, Gobernador y Capitán General en las provin- 
cias de Chile, por S. M., é ante mi Francisco de Horbina, es- 
cribano de Juzgado en las dichas provincias, dijo : que por 
cuanto él ha venido á estas dichas provincias á las poblar y 
reducir al servicio de Dios nuestro Señor, y de S. M., como 
por las provisiones que de ello tiene, consta y le es mandado, 



1 Don Pedro Marino de Lovera. Crónica del Reino de Chile, página 
250. 

1 Recientes estudios antropológicos aseguran que el territorio mendo- 
cino lo ocupaban los indios malcaj/ak, acaso con lengua propia, y no hay 
duda que era diferente de la huarpe. Valdivia, cuyo vocabulario no ha 
llegado hasta nosotros, pero que lo compuso y se ha extraviado, confir- 
ma esta opinión. Los mal cay a le era raza fusionada con la de los huiiiches 
del Sud y de la Pampa. - X. E. 



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EL PAÍS DE CUYO 19 



y tiene de ellas tomada posesión en nombre de la magestad 
del Rey de Castillo D. Felipe, nuestro señor, y mucha parte 
de los naturales de ella, han dado la obediencia y están de 
paz; y por que el tiempo que ha que está en ellas ha sido 
breve, en el cual no ha podido hallar asiento ni lugar para 
donde fundar una ciudad con mero imperio, y porque de no 
fundarla y alzar rollo y nombrar cabildo y regimiento, po- 
drían resultar inconvenientes y daños, ansi en lo que toca al 
servicio de Dios y de S. M. como contra los naturales y es- 
pañoles que en esta provincia están; y para que cesen los di- 
chos inconvenientes, y esta tierra se perpetúe y pueble, y 
puedan encomendar los indios en los españoles vasallos de 
S. M. que en su servicio en este dicho asiento están, para que 
los puedan doctrinar y enseñar en las cosas de nuestra Santa 
fé, y mostrarles á vivir políticamente gurdándoles y hacién- 
doles en todo justicia, me pareció convenia en este dicho 
asiento y valle alzar rollo y nombrar alcaldes y regidores y 
procuradores de la ciudad y oficiales de S. M., é demás ofi- 
cios que son anexos para el mejor servicio de ella, y ante 
todas cosas, señalando la advocación de la Iglesia Mayor de 
la dicha ciudad, la cual se ha de llamar y nombrar Señor San 
Pedro, á quien tomo por patrón y abogado en esta dicha ciu- 
dad, y por mayordomo de ella á Juan de Maturana, la cual 
dicha ciudad se ha de llamar y nombrar la Ciudad de Mendo- 
za, nuevo valle de Rioja, en todas las escrituras y demás co- 
sas que fuere necesario nombrarse; á la cual doy por término 
y jurisdicción con mero mixto imperio, desde la gran Cordi- 
llera Nevada, aguas vertientes á la Mar del Norte, y de todos 
los repartimientos de los vecinos que á ella se repartieren; el 
cual dicho asiento y nombramientos de alcaldes y regidores 
oficiales de S. M. y vecinos y moradores de ella, hago, dán- 
doles y señalándoles solares en esta tierra de la dicha ciudad 
como van señalados y nombrados y ciertos; los cuales dichos 
solares han de ser de grandor de cuadra de frente de 225 
pies de doce puntos y las calles de 35 pies de ancho. 

Y yo, por virtudes de los poderes que para ello tengo, y en 
nombre de S. M. y como mejor convenga para el derecho de 



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20 EL PAÍS DE CUYO 



los conquistadores y pobladores y vecinos y moradores de 
estas dichas provincias y de esta dicha ciudad, hago el dicho 
nombramiento y les doy, señalo y nombro, en nombre de 
S. M. por propios suyos y de sus herederos y sucesores, los 
dichos solares que arriba están declarados, para agora y para 
siempre jamás, para que los puedan vender, trocar y enage- 
nar y hacer dellos á su voluntad, como cosa habida y tenida 
por derecho y justo título como esta lo es, guardando en ello 
y en cada cosa dellos las ordenanzas de S. M.; y porque como 
he dicho, conviene nombrar la dicha ciudad y alzar rollo y 
hacer alcaldes y regidores y demás oficios en este dicho 
asiento para su mejor sustentación, por estar, de lo que hasta 
hoy se ha visto, más en comarca de todos los naturales y 
donde hay más comidas para que menos en vejación de los 
dichos naturales se puedan sustentar los españoles y de don- 
de se pueda mejor ver y visitar la tierra, y buscar si hubiere 
otro sitio y lugar que sea mejor para poblar la dicha ciudad 
y para lo que tocare al servicio de Dios y de S. M. y bien de 
los naturales y conservación de los españoles, concurriendo 
en el sitio y lugar mas calidades que en el sitio y lugar deste, 
y asi mudándose esta ciudad, el nombre desta y alcaldes y 
regidores y demás oficios, tenga donde se mudare que tiene 
en esta, guardándoles los solares á los vecinos y moradores en 
la parte que en la traza desta los tiene, hacia los vientos que 
están señalados en la margen de la dicha traza; que es fecha 
ut supra. Y el dicho señor Capitán y Teniente General lo fir- 
mó de su nombre. — Pedro del Castillo, — Por mandado de su 
merced, Francisco de Horbina, escribano.» 

«En la ciudad de Mendoza, nuevo valle de Rioja, provincia 
de Cuyo, á 9 dias del mes de Octubre de mil y quinientos y 
sesenta y un años, el muy magnífico señor Capitán Pedro del 
Castillo, Capitán ó Teniente General de esta provincia de 
Cuyo, por el muy ilustre señor don García Hurtado de Men- 
doza, Gobernador é Capitán General de las provincias de 
Chile, etc., dijo: que por cuanto él vino á estas dichas provin- 
cias, como es notorio, á las poblar en nombre de S. M. é por 



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EL PAÍ8 DE CUYO 21 



virtud de los reales poderes que para ello trajo, él ha pobla- 
do esta dicha ciudad y dado y encomendado á los pobladores 
della en nombre de S. M. los naturales que en ella había; é 
para la perpetuidad de los dichos vecinos como se ha usado 
y usa en las demás partes que en nombre de S. M, se han po- 
blado otras semejantes ciudades como esta, hay necesidad de 
dalles tierras y heredamientos para que puedan sembrar y 
plantar las cosas necesarias para su sustento de sus casas y 
familias, y por S. M., habiendo visto y mirado toda la tierra 
y buscado el menos perjuicio y daño de los dichos naturales 
para dar las dichas tierras, y habiéndose informado de los se- 
ñores y caciques des te valle, si en la parte que quiere dar y 
dá las dichas tierras á los dichos vecinos y moradores que en 
ella están, reciben daño y agravio en dar las dichas tierras 
que ansi se da y quiere dar, y ha dado estas desiertas é vacas 
y ellos no se aprovechan ni aprovecharán dellas; é para que 
los dichos vecinos é moradores tengan tierras para lo que 
dicho es. 

Por tanto, usando de los poderes é comisiones que para 
ello tiene y como mejor puede y ha lugar de derecho y con- 
viene á los dichos vecinos como á primeros pobladores y des- 
cubridores de estas dichas provincias y vasallos de S É M. les 
daba y señalaba, les dio y señaló en nombre de S, M. 
como dicho es, á cada vecino y morador desta dicha ciudad, 
ansi como, en la parte y lugar que en esta traza van señala- 
das y nombradas, corriendo y tomando las dichas tierras 
por las partes y lugares que aquí están señaladas ó con los lin- 
deros que tienen, dejando una calle en medio de cada 
suerte de heredad por la parte del égido de veinte píes, para 
que puedan andar carretas y otro servicio y ganados 
guardando en todo ello las ordenanzas de S. M. que sobre ello 
disponen; las cuales dichas tierras que así les daba y se- 
ñalaba, y les dio y señaló, y nombró en nombre de S, M,; y 
por virtud de la dicha comisión, se las daba y dio por 
propias suyas y de sus herederos y sucesores, para agora y 
y para siempre jamás, para que las puedan vender y enajenar 
trocar, dar, donar y hacer dellas á su voluntad como cosa 



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22 EL PAÍS DE CUYO 



suya, habida y tenida por derecho real, justo, siendo como 
este lo es, é mandaba é mandó á las justicias de esta dicha 
ciudad que estando medidas é amojonadas las dichas tierras 
por el alarife de esta ciudad, los metan é amparen en la pose- 
sión de las dichas tierras, so pena de quinientos pesos para la 
cámara de S. M. é firmólo aquí de su nombre. — Pedro del 
Castillo, — Por mandado de S. M., Juan de Contreras, escriba- 
no público y de cabildo.» 

3. — Como se vé de la acta arriba inserta, Castillo f uudó á 
Mendoza sin haber encontrado un asiento ni lugar oportuno, 
y solo por evitar los inconvenientes y daños que podrían re- 
sultar en lo referente al servicio de Dios y de S. M. de no 
verificar la fundación, sin perjuicio de «buscar si hubiere otro 
sitio y lugar que sea mejor para poblar la dicha ciudad». 

El Capitán Don Juan Jufré, mandado desde Chile por el 
Gobernador y Capitán General de aquel Reino, Don Francis- 
co de Villagra ', llegó á Mendoza y trasladó la fundación de 
Castillo al sitio que indican los documentos que van en 
seguida, habiendo esto tenido lugar el dia 28 de Marzo de 
1562 y dando á la nueva población el nombre de tCiudad 
de la Resurrección». 

Publicamos el acta de la nueva fundación con las atesta- 
ciones y testimonios recogidos en la Ciudad de Lima. 

Fundación de la ciudad de la Resumeccion (a) Mendoza, 
por el General Juan Jufré. 

cEn el nombre de Dios. En este asiento del Valle de Cuyo 
provincias de los Guarpes, que es de esta otra parte de la 
Gran Cordillera Nevada, en veinte é ocho dias del mes de 
Marzo, año del Señor de mil é quinientos é sesenta é dos años, 
ante mi Juan de Contreras, escribano público y del cabildo de 
esta dicha provincia, el muy magnífico señor Capitán Juan 



1 Es mas conocido con el nombre de Villagran, y éste será el que usa- 
remos en este trabajo. 



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EL PAÍS DE CUYO 23 



Jufré, Teniente General en estas provincias de Cuyo, Caria, 
Famatina, Tucuman é Nocongasta, desde las vertientes de la 
gran Cordillera Nevada hasta la Mar del Norte, por el muy 
ilustre Señor Mariscal Don Francisco de Villagra, Goberna- 
dor é Capitán General de los Reynos de Chile é de estas pro- 
vincias, por Su Magestad; el cual dijo que él viene á estas 
dichas provincias con poderes muy bastantes de los cuales 
ha hecho demostración á la justicia y regimiento de este di- 
cho asiento y sitio, que Pedro del Castillo tenia señalado en 
este dicho valle, el cual está apartado de este asiento é sitio; 
é por cuanto el dicho asiento no estaba en parte competente, 
y para el bien é aumento ó conservación de los vecinos y 
moradores que en ella han de estar y residir, convenia, por 
estar metido en una hoya é non dalle los vientos que son ne- 
cesarios y convenibles para la sanidad de los que en ella vi- 
ven, ó an de vivir é perpetuarse en ella, é andando á buscar 
otro mejor sitio, que sea y tenga las calidades arribas dichas, 
halló estar otro mejor asiento y mas apropósito que el que el 
dicho Pedro del Castillo habia nombrado, dos tiros de arca- 
bus poco mas ó menos, en este dicho valle; y el dicho señor 
general por virtud de los poderes que de Su Majestad el rey 
Don Felipe, nuestro señor, ó del dicho señor gobernador en 
su real nombre, alzaba é alzó con sus manos un árbol gordo 
por rollo y picota y árbol de justicia, para que en él se eje- 
cute la real justicia, para agora y siempre jamás, y dando á 
entender á todos los caballeros, soldados y pobladores que 
presentes estaban lo arriba dicho, juraron de sostener y de- 
fender todo lo dicho por el dicho señor general; siendo este 
dicho dia que el dicho rollo y picota alzó víspera de Pascua 
de Resurrección, dijo: que en nombre de Dios y del Rey de 
Castilla, Don Felipe, nuestro señor, y del dicho señor gober- 
nador, le daba y dio por nombre la ciudad de la Resurrec- 
ción, provincia de los Guarpes; el cual dicho nombre manda- 
ba y mandó que en todos los autos y escrituras públicas y 
testamentos, y en todos aquellos que se acostumbra y suelen 
poner con dia, mes y año, se ponga su nombre como dicho 
tiene, y no de otra manera, so pena de la pena en que caen 



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24 EL PAÍS DE CUYO 



é incurren los que ponen en escrituras públicas nombres de 
ciudad que no está poblada en nombre de Su Majestad, é su- 
jeta á su dominio real; á la cual dicha ciudad de la Resurrec- 
ción, daba y dio por término de norte á sur, por la banda 
del norte hasta el valle que se dice de Huanacache, y por 
aquella comarca del dicho valle, hacia abajo, y por la banda 
del sur hasta el Valle de Diamante, y por la banda del este 
hasta el cerro que está junto á la tierra de Cayo Canta, y por 
la banda del ueste hasta la Cordillera Nevada; los cuales di- 
chos términos le señalaba y señaló con mero y misto impe- 
rio, como dicho tiene, para agora y siempre jamás; la cual 
dicha ciudad arriba declarada, dijo que la asentaba y asentó, 
fundaba y fundó en nombre de la magestad real del rey Don 
Felipe nuestro señor y del dicho señor gobernador Don Fran- 
cisco de Villagra. — Pasó ante mí este traslado: Ambrosio de 
Moscoso, Escribano de Su Magestad. 

c Otrosí, dijo el Señor general que ha visto las tierras vacas 
que en junto á esta ciudad hay, que antes y que para pro de 
la dicha ciudad dijo que daba y dio de la parte del este y de 
la parte del sur y á la parte del ueste y á la parte del norte, 
le daba y dio todo á la redonda 6 leguas para términos de 
esta ciudad y valdíos, y pueda dar y señalar el cabildo de esta 
ciudad asientos y estancias para ganados y otras cosas, con 
tal que no sea en perjuicio de los naturales á quienes perte- 
necieren, y no teniéndolos y poseyéndolos los dichos indios y 
naturales á quiene pertenecieren y fueren suyas; y ansi lo 
mandaba y mandó. Que fué fecho á 5 dias del mes de Junio 
de 1562 años, siendo testigos el teniente gobernador Juan 
Jufré, vecino de esta ciudad y Hernando de Robles, vecino 
de esta ciudad ; y el dicho señor Juan Jufré, lo firmó aquí. — 
Juan Jufré. — Juan de Coria Bohorquez, Escribano Público y 
de Cabildo. — Pasó ante mí. » 

cEl dicho señor general en su nombre y como aditamento, 
dijo: que si otro mejor sitio convenible oviese en esta comar- 
ca, é la voluntad del dicho señor gobernador fuere de la mu- 



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EL PAÍS DE CUYO 25 



dar é fundar en él con este dicho asiento, dijo: que la 

fundaba ó fundó, ó nombraba y nombró con todas las dili- 
gencias y autos que como tal ciudad se debe hacer válido para 
agora é para siempre jamás; hecho lo que dicho es, el mismo 
día mes y año arriba dicho, el señor general tomó en sus 
manos una cruz é la puso en el sitio en que la fundación de 
la Iglesia de esta ciudad ha de ser, é le daba é señaló por pa- 
trón de la dicha Iglesia al Sor San Pedro, patrón y vicario 
de la Cristiandad, al cual tomaba é tomó por abogado, é 
le señalaba é señaló por mayordomo de la dicha Iglesia 
á Francisco Rubio por el presente año, y señalaba y seña- 
ló á los vecinos que son en esta dicha ciudad los sobares 
por la orden que aquí va declarado y sentado, segmi la traza 
de la ciudad, los cuales solares han de ser de grandor, en fren* 
te de 225 pies de doce puntos, y las calles de treinta y cinco 
pies en ancho de la misma medida, y si se mudare la dicha 
ciudad, tendrá la misma orden y traza que tiene esta l guar- 
dando los solares á los vecinos ó moradores en la parte que 
en esta dicha traza está é tiene hacia los vientos que están 
señalados en el margen de la dicha traza, que fué fecha ut 
supra; y el señor general lo firmó de su nombre, siendo tes- 
tigos, el reverendo padre Hernando de la Cueva, cura y vica- 
rio de esta dicha Santa Iglesia, y Diego Jufré y García He- 
rrera, alcaldes por Su Majestad, ó Juan de Villalobos, é An- 
tonio Chacón, é Martin de Santander, y Hernando Arias, y 
Diego Lucero, regidores, y Alonzo de Videla, procurador y 
mayordomo de esta dicha ciudad, y Francisco Peña y Cristó- 
bal, y Cristóbal Hos , y Cristóbal de Terijaís, y Tomás 

Nuñez y otros muchos que presente estaban á todo lo que 
dicho es. 

«Fecho y sacado fué el dicho traslado de la dicha traza y 
asiento de la dicha ciudad del original que parecía estar fe 
cho á nombre é firma que decia Juan Jufré, é de nn nombre 
é firma que decia Juan de Contreras, escribano público, y 
daba fóe haber pasado ante él, y corregido por mi Ambrosio 
de Moscoso, escribano de Su Majestad en esta ciudad de los 
Reyes, á 14 dias del mes de Febrero de 1572 años, é doy f ée 



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26 EL PAÍS DE CUYO 



que va cierto y verdadero testigo que fueron presentes á lo 
ver sacar y correjir, Alonzo Márquez y Pedro Ángulo, es- 
tantes en esta ciudad. 

En fée de lo cual fice aquí este mió signo atal, en testimo- 
nio de verdad. — Ambrosio de Moscoso y escribano de S. M. > 

« Nos los escribanos públicos que aquí firmamos nuestros 
nombres, damos fé á los que la presente vieren, como Am- 
brosio de Moscoso, escribano de cuya mano va firmado y sig- 
nando este testimonio de esta otra parte, es tal escribano de 
Su Magestad, como en él se nombra, y á sus escrituras y otros 
autos que ante él pasan, se les ha dado entera fée y crédito, 
en juicio y fuerza de él, como á escrituras signadas y firma- 
das de tal escribano, y de ello damos la presente, que es fecha 
en los Reyes á 14 dias del mes de Febrero de 1572 años. — 
Francisco de la Vega, Alonzo Sirres, Juan Gutiérrez y Es- 
teban Pérez, Escribanos públicos. > 

4. — En 1566, la ciudad de Mendoza, que había conservado 
su nombre, no obstante las providencias de Jufró en contra- 
rio, contaba con una población muy regular, con terrenos 
cultivados mediante la irrigación por canales y con la nece- 
sidad de recibir ensanche para desahogo y comodidad de 
aquélla. 

El Cabildo y Ayuntamiento de la ciudad, proveyendo á ésto, 
y para fijar los égidos de la población, celebró en 8 de Enero 
de 1566 el acta que va á continuación. 

« En la ciudad de Mendoza, Nuevo Valle de Rioxa, Pro- 
vincia de los Huarpes, á ocho dias del mes de Enero, año de 
mil quinientos sesenta y seis, se juntaron en su Cabildo y 
Ayuntamiento, como lo han de uso y costumbre; conviene á 
saber: los muy magníficos señores Juan de Villegas y San- 
cho de Medrano, Alcaldes Ordinarios de esta dicha ciudad, 
por su Magestad; é Gabriel de Zepeda, y Lope de la Peña, y 
Juan Gómez de Yeberes, y Diego de Velazco, Rejidores; y 
Albano Ortiz, Aguacil Mayor, con voz y voto en Cabildo: 
entre cosas que trataron tocantes al servicio de Dios y el 



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EL PAÍS DE CUYO 27 



bien de la República, acordaron y dijeron, todos de unánimes 
y conformes; que esta ciudad estaba poblada, y en la pobla- 
ción della, no se le habían señalado valdios alrededor, para 
que pudiesen apacentar los ganados de la dicha ciudad y ve- 
cinos della, y pues que no se habían señalado, que era justo 
que se diese tierra y términos para ello, y pues habia tierras 
vacias para ello, y así propuesto por sus mercedes, visto ser 
cosa conveniente y bien y pro de la dicha ciudad y Repúbli- 
ca, y tener poder y comisión para ello, el dicho Cabildo, de 
los gobernadores que en estas provincias eran y habían sido, 
usando de dicho poder y comisión, asi como de los Goberna- 
dores lo tienen, hacían y hicieron merced á la dicha ciudad, 
para égidos de ella, desde la dicha ciudad, hacia la parte del 
Norte hasta chacra de Pedro de Rivas, vecino de esta dicha 
ciudad; que asi mismo, le daban de la parte del Oeste, hasta 
una acequia principal de Tabaque, cacique encomendado en 
Lope de la Peña ; y asi mismo, daban á la parte del Sud, 
hacia el rio, desde la ciudad diez cuadras mas; y hacia el Este» 
do sale el Sol, le daban y le dieron, largor de seis cuadras. 

«Todas las dichas tierras y sitios dellas, se dan y hacían 
merced, toda la ciudad en redondo, para égido, asi como está 
dicho y aclarado arriba, las cuales le dieron y daban, y seña- 
laban y hacian la dicha merced para agora y para siempre 
jamás; y asi lo proveyeron y mandaron y lo firmaron todos 
aquí de sus nombres. — Juan de Villegas. — Sancho de Medra- 
no. — Lope de la Peña. — Juan Gómez de Yeberes. — Diego de 
Velazco. — Ante mí: Juan de Coria Bohorques, Escribano 
público. » 



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CAPITULO III. 

Fundación de la ciudad de San Juan. — Repartimiento de tierras. 
— Nombres de la Ciudad. — 2. iSan Luis de Loyola. — 3. Re- 
ligión. — Misioneros mercedarios. — Misiones jesuíticas. — 
Doctrinas desde el Diamante hasta Valle Fértil. — Colegios 
incoados en Mendoza y San Juan. 



1. — Mientras Castillo realizaba la fundación de Men- 
doza, no descuidó en mandar exploradores al Norte para que 
verificasen las riquezas metalúrgicas que había anuncios exis- 
tían entre los moradores del Valle de Tucuma, lugar á treinta 
leguas al Norte de Mendoza. A este fin, se asegura fué comi- 
sionado Martin Euiz de Gamba 1 , quien llevó á cabo la fun- 
dación de la ciudad de San Juan de la Frontera, á la costa de 
un rio que desde entonces llevó el nombre de la población. 

Al año siguiente, Villagran, sucesor de Hurtado de Men- 
doza, comisionó al capitán Don Juan Jufré, Teniente General 
en Cuyo, para que pasase á descubrir las tierras al Norte, y 
asegurase las fundaciones hechas en el año anterior. 

Jufré llegó al fuerte establecido por Gamboa, y hallándole 
en ruinas por las inundaciones del rio y malones de los indios, 
determinó cambiarlo de local y establecer algunas ligeras 
fortificaciones que pusiese la población al abrigo de las ame- 
nezas de los naturales. De estos fuertes existían, no hace 
cuarenta años, los de Las Tapiecitas, que formaban el cordón 
militar del Norte contra los indios Chimbas y demás tribus de 
Mogna y Huachi, siendo el límite de frontera de el País de 
Cuyo por este rumbo. 

Trasladada la población veinte y cinco cuadras al Sud, se 



• Historia de la Compañía de Jesús en Chile. 



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EL PAÍS DE CUYO 2*J 



hizo la nueva fundación en el sitio que hoy ocupa la ciudad 
de San Juan, en 13 de Junio de 1562, conservando el lugar 
la población de Gamboa, aun en nuestros dias, el nombre de 
Pueblo Viejo, que hoy forma la cabeza del distrito departa- 
mental sub-urbano de La Concepción. 

No hemos podido conseguir el acta de la primera funda- 
ción de San Juan, pero sí la de la fundación de Jufré, que 
publicamos á continuación: 

Fundación de la ciudad de San Juan de la Frontera 
por el capitán Juan Jufré. 

« En este asiento y valle de Tucuma, provincia de los Guar- 
pes, que es de esta otra parte de la gran Cordillera Nevada, á 
trece dias del mes de Junio de mil y quinientos y sesenta y 
dos años, ante mi Tomás Nuñez, escribano de Juzgado en es- 
tas dichas provincias, el muy magnífico señor Juan Jufré, 
teniente de gobernador y capitán general en estas dichas 
provincias é las demás comarcanas hasta la mar del Norte, 
por el muy ilustre señor don Francisco de Villagra, mariscal, 
gobernador y capitán general en los reynos de Chile y destas 
provincias por S. M. é dijo : que él viene á estas provincias 
con poderes muy bastantes de S. M. y del dicho señor gober- 
nador á las poblar y reducir al servicio de Dios nuestro Se- 
ñor y de la magestad real del rey de Castilla D. Felipe, nues- 
tro señor, como por las provisiones que de ello tiene consta 
y es mandado; y de las dichas provincias tiene tomada pose- 
sión en nombre de S. M. y mucha parte de los naturales de 
ella han dado la ovediencia y están de paz, y porque el tiem- 
po que ha que está en ellas ha sido breve, en el cual no ha 
podido hallar asiento ni lugar para donde fundar una ciudad 
con mero imperio; é porque de no fundarla é alzar rollo e 
nombrar cabildo é Tejimiento, podría redundar inconvenien- 
tes y daños, asi por lo que toca al servicio de Dios y de S. M. 
como contra los naturales y españoles que en estas provin- 
cias están, y para que cesen los dichos inconvenientes y esta 
tierra se perpetúe y pueble, y se puedan encomendar los in- 



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30 EL PAÍS DE CUYO 

dios en los españoles vasallos de S. M. que en su servicio en 
este dicho asiento están, para que las puedan doctrinar y en- 
señar en las cosas de nuestra santa fe Católica, y mostrarles 
á vivir políticamente, guardándoles, é haciéndoles en todo 
justicia, me pareció convenia en este dicho asiento y valle, 
alzar rollo y nombrar alcaldes y rejidores y oficiales de S. M., 
y los demás oficios que son anexos al mejor gobierno de ella, 
y ante todas cosas señalado la advocación de la Iglesia Ma- 
yor de la dicha ciudad, la cual se ha de nombrar y llamar 
Señor San Pedro, á quien tomo por patrón y abogado y esta 
dicha ciudad se ha de llamar y nombrar la ciudad de San 
Juan de la Frontera, provincia de los Guarpes en todas las 
escrituras y demás cosas que fueren necesarias nombrarse, á 
la cual doy por término y jurisdicción, con mero y misto im- 
perio, treinta leguas hasta hacia la banda de Lampa, que es 
ó la banda del Oeste, y hacia la banda del Ueste hasta el va- 
lle de Catalve, y hacíala banda del Sur hasta el valle de Gua- 
nacache, y por aquel distrito hacia la banda del Norte otras 
treinta leguas (aquí se halla el plano cuyo facsímile se agrega 
al final de este libro) y el dicho señor general habiendo visto y 
andado por este dicho valle, halló un sitio donde le pareció es- 
taría bien poblar y fundar asiento la dicha ciudad, ó por vir- 
tud de los poderes que S. M. y del dicho señor gobernador 
tiene, tomó en sus manos un árbol el cual dijo que alzaba y 
alzó por rollo y árbol de justicia, para que en él se ejecute la 
justicia real, para ahora y para siempre jamás; y dando á en- 
tender á todos los caballeros, soldados y pobladores que pre- 
sentes estaban, que si habia alguno que fuese de otro rey 
que lo quisiese defender el dicho asiento, dijere noto poder 
hacer ni fundar; todos los cuales dijeron que no, y todos ju- 
raron y prometieron de sustentar y defender todo lo arriba 
dicho, y el dicho señor general, este dicho dia que el dicho 
rollo y picota alzó, tomó en sus manos una cruz y la puso en 
el sitio en que la fundación de la dicha Iglesia que de esta 
dicha ciudad ha de ser, y la puso con sus manos en el dicho 
sitio, la cual dicha ciudad dijo que fundaba y fundó, con tal 
aditamento la fundaba y fundó llevando si se mudare la 



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EL PAÍS DE CUYO 31 



misma orden arriba dicha, guardando los solares á loa veci- 
nos y moradores en la parte que en esta dicha traza están y 
tienen, hacia los vientos que están señalados en el margen de 
la dicha traza ut supra y firmólo de su nombre, siendo testigos 
Pedro Márquez y Diego Lucero y Hernando Arias y Cristó- 
val Sánchez y Juan de Malla y Luis Iverú y Gaspar Ifciiiz y 
Cristóval de Buica y Martin Delvira, á todo lo dicho es, é 
firmólo de su nombre.» 

«Fecho y sacado fué el dicho traslado del original que pa- 
recía estar firmado de una firma que decia Juan Jnfré, y 
otra que decia: Ante mí Tomás Nuñez, escribano del Juzga- 
do, y correjidor, por mi Ambrosio de Moscoso, escribano de 
S. M., en esta ciudad de los Reyes, á 15 dias del mes, dia (rota) 
de mil é quinientos y setenta y dos años; é doy fé que va 
cierto y verdadero, y fueron testigos á lo ver correjir Gómez 
de Aviles y Lorenzo Herse, estantes en esta ciudad. En fé de 
lo cual fice aquí este mió signo atal — en testimonio de ver- 
dad, Ambrosio de Moscoso, Escribano de S. M 

Hay un signo y una rúbrica.» 

La ciudad contaba en la nueva fundación con veinte y tres 
vecinos encomenderos y mil quinientos indios de servicio. 

La traza del pueblo, como se vé en el plano, constaba de 
veinte y cinco manzanas, destinada la del centro para servir 
de Plaza Mayor. En los ángulos del cuadrado del pueblo 
se fundaron las iglesias de Santo Domingo, San Francisco, 
Nuestra Señora de las Mercedes y los hospitales de natu- 
rales y españoles. 

Las manzanas que daban frente á la plaza, fueron repar- 
tidas así : 

La del Este, dividida en cuatro solares, dos para el fundador 
Jufré y los otros para Tomas Núñez y Diego Ronquillos, 

La del Sud, en cuatro solares, dos que ocupaba h Iglesia 
Mayor, uno la Hermita de Santa Ana y el otro la Casa de 
Ayuntamiento. 

La del Norte, repartida entre Pedro Márquez, Diego Luce- 
ro, Flores y un solar vacante. 



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32 EL PAÍS DE CUYO 



La del Oeste, entre García Hernández, Cardoso y dos sola- 
res vacantes. 

Lo demás del vecindario, repartido en el resto de la pobla- 
ción, eran : Anze, Contreras, Hernando Arias, Lemos, Juan 
de Lagama, Cristóbal Sánchez, Lorenzo Payo, Gaspar Ruiz, 
Juan Gómez Isleño, Juan Gil, Martin Delvira, Francisco 
Hernández, Juan de Malla, Luis Generio y Cristóbal de 
Buica. 

Hemos correjido los rumbos que marca el plano, por que 
están equivocados: la iglesia de Santa Ana existió en el cos- 
tado Sud de la plaza de San Juan hasta 1834 en que fué 
demolida, y las propiedades de Jufré y otros aun se conser- 
van desde la fundación de este pueblo. 

La ciudad de San Juan se llamó de la Frontera, ya por 
constar en la acta de fundación, como porque se hallaba en 
la frontera Norte de el País de Cuyo y límite fronterizo del 
Reino de Chile en la parte oriental de los Andes. 

Llamósele San Juan del Pico* y este nombre lo atribuimos 
á que cerca de la ciudad en rumbo Norte corre la sierra de 
Villicum, que ofrece á la vista un verdadero pico de mediana 
elevación. 

Finalmente, llamóse San Juan de Cuyo, nombre que le re- 
servamos por ser mas lógico con el pasado de esta ciudad. El 
país se llamó Cuyo desde los primeros tiempos; este nombre 
consta en muchos documentos de grande importancia; con el 
mismo es conocida en el orden eclesiástico, como se verá en 
la bula ereccional del Obispado, y el nombre de Cuyo fué el 
de la famosa Intendencia que tanto se ilustró con la forma- 
ción del Ejército de los Andes. 

2. — La tercera fundación en el País de Cuyo fué la de 
San Luis de Loyola en el lugar denominado Punta de los Ve- 
nados, por lo que hasta hoy es conocida con el nombre de 
«San Luis de la Punta»; á sus hijos se les llama puníanos 1 . 



1 Otra región de Cuyum que habitó una raza fuerte y enteramente dis- 
tinta de la milcayak y de Ja huarpe. — Era rama lule ó tonocoté, fuera de 
toda duda.— X. E. 



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EL PAÍS DE CCYO 33 



Don Martin García Oñez de Loyola, que, según el historia- 
dor Molina era sobrino de San Ignacio de Loyola, y que 
había adquirido la gracia del Virey Toledo por la captura de 
Tupac-Amarú, último vastago de los Incas, acababa de suce- 
der en el Gobierno de Chile á Don Alonzo de Sotomayor. El 
nuevo gobernador se propuso completar la conquista y po- 
blación de Cuyo, fundando un pueblo en los límites orienta- 
les del país, que se extendía mas de cien leguas al oriente 
sobre el camino á Buenos Aires. Al efecto, mandó un oficial 
con alguna gente para verificar la nueva fundación, lo que el 
comisionado realizó en 1696, dando al nuevo pueblo el ape- 
llido de su comitente. 

De este modo, el País de Cuyo, que comprendía la in- 
mensa área entre los Andes hasta 200 leguas al Este y desde 
los confines del Tucuman hasta el Estrecho de Magallanes, 
contaba con tres ciudades que ejercían jurisdicción sobre 
mas de veinte naciones indias. 

3. — Las creencias de los huarpes en materia religiosa era 
la muy común á todas las tribus americanas l adoradoras del 
Sol, practicaban el culto que les había impuesto la domina- 
ción peruana *. Sin dejar de creer en su Dios Creador que los 
protegía y favorecía en sus desgracias, reconocían una duali- 
dad de poderes que se disputaban el dominio de las almas: 
Soychú como potestad del bien y Valichú, del mal. Su alma 
inmortal debía gozar en una vida mejor según los beneficios 
y ventajas á que en la vida terrena se hubiese hecho acreedor 
cada uno, conforme á las proezas guerreras y bienes conse- 
guidos para la comunidad. La vida era un tiempo de espia- 
cion ó purificación mas ó menos largo, mas fácil ó mas difí- 
cil, conforme á la tarea que á cada uno hubiese tocado en 



1 Su religión era la de los primitivos naturcde*, con creencias metafísicas, 
simbólicas. Profesaban culto al Dios de las Tempestades, al Fálico ó de 
la reproducción.— N. E. 

* En comprobación del origen de los habitantes del Nuevo Mundo, dice 
fray Blas Valera, misionero en el Peni: «Los Incas no adoraban sino al 
Sol y á los planetas, en lo cual imitaron 4 los Caldeos.» 

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34 EL PAÍS DE CUYO 



suerte, y la que podía declararse terminada según la volun- 
tad y valor de cada uno, aunque era preferible y moral 
morir en la guerra. 

Estas eran las creencias dominantes en los indios de Cuyo, 
cuando dio principio la conquista material por el arcabuz, á 
la que se siguió la de la creencia por la persuacion y manse- 
dumbre de los misioneros. 

Los padres mercedarios, que fueron los primeros en empren- 
der la tarea de las reducciones religiosas, contaban en 1600 
con iglesias de la orden fundadas en San Juan, Mendoza y 
San Luis, bajo el Provincial fray Rodrigo González de Car- 
vajal. 

En 1608, según el padre Lozano ó en 1611, según el pa- 
dre Olivares, los jesuitas habían ya erigido un colegio de su 
orden en la ciudad de Mendoza, habiendo sido mandado des- 
de Chile á ese fin el padre Fabián Martínez. 

En seguida se despacharon misiones á las Lagunas de 
Huanacache, donde se erigió una iglesia en San Juan, Sai; 
Luis, Valle de Ucos y Diamante. 

El padre Luis de Valdivia aprendió la lengua de los huar- 
pes para facilitar la enseñanza religiosa y compuso á ese ob- 
jeto una gramática y vocabulario que imprimió con otra de 
la lengua de Chile. 

El padre Juan Pastor, que en 1616 fué electo primer Rec- 
tor de la casa de Mendoza, hizo á su vez un arte de la lengua 
huarpe, rigiéndose por la de Valdivia y haciéndose así mas 
fácil la propaganda de la fé católica. 

Igual empeño pusieron los sucesores de Pastor fen el recto- 
rado de la casa y colegio incoado de la ciudad de Mendoza, 
siendo de notarse los padres Juan Humanes y Domingo Gon- 
zález, que multiplicaron las misiones, llevando la palabra del 
Evangelio hasta Valle Fértil, que se halla á mas de 80 leguas 
al Norte de Mendoza. 

Los párrafos que transcribimos á continuación, tomados de 
la «Histórica relación del Reino de Chile y de las Misio- 
nes, etc. », por el padre Alonso de Ovalle, jesuíta que residió 
algunos años en el País de Cuyo, nos dan una idea muy com- 



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EL PAÍS DE CUYO 35 



pleta de los trabajos de la Compañía y estado de las misiones 
en San Jnan de Cuyo en los primeros años del siglo XVII. 

«La ciudad de San Juan, reconociendo el bien que la Com- 
pañía hacia en todos sus moradores, pobres y ricos, en gran- 
des y pequeños, deseosa de tener en ella á los jesuítas, hizo 
instancias por mas de 40 años pidiendo padres de la Compa- 
ñía, ofreciendo el dar con que sustentarlos. Aunque era ciu- 
dad tan populosa como la de Mendoza, y allí había mucho 
que hacer por ser grande la falta que habia do obreros, nun- 
ca se les habían cumplido sus deseos. 

c Hasta que el año de 1655, habiendo ido el padre Cristóbal 
Diosdado con el padre José María Adamo, á hacer misión, 
como solían, á esta ciudad de San Juan, se llevaron de tal 
suerte los corazones de todos y se les aficionaron, de modo 
que aunque quisieron volverse al colegio de Mendoza, aca- 
bada la misión, no los dejó volver el Correjidor y el Cabildo. 
Y juntándose la ciudad, ofrecieron todos su limosna, deseo- 
sos todos de tener allí á los jesuítas y un colegio en su repú- 
blica, independiente dol colegio de Mendoza. 

«Juntáronse en cabildo, ó hicieron cómputo de las limos- 
nas que todos habían ofrecido. 

«Envió el padre vice-provincial, por primer rector al pa- 
dre Cristóbal Diosdado, misionero antiguo, de grande espíri- 
tu y fervor; y los vecinos de la ciudad de San Juan enviaron 
todo el avío necesario para los padres, á quienes salió acom- 
pañando el general de aquella provincia, y llegados á la ciu- 
dad, fueron recibidos con grandísimo gusto de toda ella. 
Hízoles donación el capitán Gabriel de Malla de una estancia 
y una viña, y diéronles una casa en lo mejor de la ciudad, 
que fué en la pla^a, donde acomodaron su iglesia, é hicieron 
viviendas y comenzaron desde luego á ejercitar sus ministe- 
rios enfervorizando al pueblo, avivando la frecuencia de los 
sacramentos; y lo que mas bien pareció de su fervoroso celo, 
fueron las exposiciones que hacían de la doctrina cristiana 
Jos días de fiesta, á que concurría todo el lugar. » 



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36 EL PAls DE CUYO 



c Pasaron á hacer misión á Valle Fértil, donde estaban unos 
indios desamparados, que si no les fuera á buscar el celo de 
la Compañía y solicitar su salvación, todos estuvieran en su 
gentilidad. Hicieron alli muchas conversiones y recibieron 
los indios la palabra divina con gusto y afición. > 

« Esta fundación del colegio incoado de la ciudad de San 
Juan no pudo subsistir mucho tiempo, porque la Compañía 
socorre de cuanto necesitan sus sugetos en el alimento y ves- 
tuario, iglesia, sacristía y otras muchas cosas que se necesi- 
tan en una casa. Y esto sin ovenciones de misas ni entierros, 
ni mas pié de altar que lo que dan sus haciendas. Las que se 
ofrecieron en esta fundación no fueron suficientes á poderse 
mantener con la decencia que lleva la regla de la Compañía. 
Porque si se permitiera que cada jesuíta buscase para sí lo 
que necesitaba, cuántas indecencias, faltas de regla y relaja- 
ción era preciso que los superiores tolerasen! Por lo cual, 
después de diez ó doce años que la Compañía habia existido 
en San Juan, se retiraron los padres al colegio de la ciudad 
de Mendoza, dejando iglesia y casa, que todo era pequeño 
como se habia edificado. Lo cual todo se mantuvo sin ruina 
alguna hasta que volvieron á fundar los padres, porque pa- 
rece que Dios quería que los jesuítas volviesen á habitar eu 
aquella ciudad, y les conservó su morada á beneficio de los 
curas de aquel pueblo, los cuales, luego que la evacuaron los 
jesuítas, la cojieron por su habitación y cuidaron de reparar 
los techos. » 

« Aunque la Compañía se retiró de la ciudad de San Juan, 
no se olvidó de los sanjuaninos, porque como antes acudían 
de dos en dos años á hacerles misión, á confesarles y conso- 
larles, lo cual ellos agradecían y estimaban á la Compañía, 
sin que les faltase aquel buen afecto que antes les habían te- 
nido, sintiendo siempre su ausencia. Asi se fueron pasando y 
continuando algunos años, sin que los jesuítas desampararan 
del todo á los sanjuaninos, ni en ellas faltase el amor á la 
Compañía hasta el año de 1712. cuarenta y cinco años des- 
pués que los padres salieron de la ciudad de San-Juan, que 



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EL PAÍS DE CUYO 37 



con la ocasión de haber llegado la misión que trajo el pan 
procurador Domingo Martin, siendo provincial de esta pro- 
vincia el padre Antonio Covarrubias, volvieron con nuevas 
y mas apretadas instancias los vecinos de San Juan á clamar 
al padre provincial los consolase, enviándoles padres que vol- 
viesen á poblar aquella casa que todavía se conserva, espe- 
rando á sus lejí timos dueños. » 

« Movido el padre provincial Antonio Covarrubias de tan 
repetidas y eficaces súplicas, determinó que fuesen dos pa- 
dres á misión, y reconociesen los ánimos de aquellos vecinos 
para con su informe determinar. Lo que ejecutaron, dando 
noticia cómo un noble vizcaíno, que estaba acimentado en la 
ciudad de San Juan, ofrecía para la nueva fundación, una 
estancia que poseía á orillas del rio de San Juan y junto á la 
laguna de Gruanacache, que era la mejor que había en aquella 
comarca. Con cuya noticia se determinó á ordenar que fue- 
sen á poblar aquella casa de San Juan, al padre Manuel BU 
jus con el padre Arnaldo Lasperj, quienes volvieron á fundar 
la casa ó residencia de San Juan. La cual hasta ahora no tie- 
ne título de colegio incoado, que se está solicitando, asi del 
Bey para poder fundar el colegio, como de nuestro padre Ge- 
neral para que le admita por colegio.» 

« El noble vizcaíno, que nos hizo la donación de la estan- 
cia, se llamaba don Francisco Marigota. Casóse alli en San 
Juan, donde fué estimado por su persona y nobleza. No tuvo 
hijos, le hizo esta donación á la Compañía, á quien después i 
porque los padres tuviesen mas capacidad donde extender su 
habitación, nos compró media cuadra de tierra contigua á la 
otra media que tuvimos cuando entramos la primera vez, y 
quedó toda la cuadra en contorno para el colegio, sin otra al- 
guna vecindad, pared por medio, como la tenían antes; y le 
quedó mucha capacidad para una buena huerta. Fueron los 
padres á cojer posesión de la casa, que la hallaron como los 
primeros jesuítas la habían dejado, en pié y vacia. Recibié- 
ronlos los vecinos con grandes extremos de alegría y gusto 
de ver que ya habían conseguido el tener en su ciudad se- 
gunda vez á los padres de la Compañía de Jesús, en quienes 



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38 EL PAÍS DE CUYO 



esperaban tener el consuelo para sos almas. Empezaron los 
nuestros á ejercer los ministerios de la Compañía con fruto y 
aplauso. Mas como lo que les habían dado eran solas tierras, 
porque las primeras posesiones que les dieron al retirarse los 
padres se volvieron á sus dueños, pasaron con harto trabajo 
aquellos primeros años, porque no tuvieron forma de poblar 
la estancia de ganados, ni gente que los cuidase. Solo tenian 
una viña pequeña que de arrendamiento daba 30 arrobas 
de mosto y una chacarilla en que se sembraba algunas le- 
gumbres. Hasta que se fueron mejorando los tiempos, pu- 
dieron adquirir algún ganado y se plantó una viña. Una se- 
ñora de Mendoza les dio unas piezas de esclavos y un pe- 
dazo de viña, con que se fueron manteniendo hasta el año 
presente, que ya se mira con alguna conveniencia. » 

«Porque don Rodrigo Quiroga, clérigo presbítero (fué 
antes de la Compañía), fomentó mucho aquella pobre casa. 
Dio á los padres de San Juan un pedazo de viña ó hizo que 
una hermana suya, llamada doña Agustina Quiroga que tenia 
alli junto otro pedazo, se lo cediese á los padres, y en cuanto 
pudo los ayudó. Por lo cual alcanzó de nuestro padre general 
carta de hermandad y bienhechor, y que pudiese ser recibido 
en la Compañía á la hora de la muerte, como se recibió y 
murió, y se enterró con la sotana de la Compañía en nuestra 
casa. Cuando murió, dejó á la casa de la Compañía de San 
Juan la plata labrada que tenia. Mediante el fomento que 
tenia de este ejemplar sacerdote, pudo aquella casa mante- 
nerse con algún descanso y la actividad del padre Timoteo 
Vinales, que estuvo seis años de Superior.» 

«Compró negros, que con los que se habían procreado, se 
hallaba ya con 22 piezas de esclavos. De suerte que ya se 
pudo representar á nuestro padre general, como la residencia 
y casa de San Juan se puede mantener y tiene lo suficiente 
para que constituya colegio por ser las viñas fincas seguras, 
porque trasportado el vino ó aguardiente á Buenos Aires ó 
á Santa-Fé, se alcanza lo sufiente para la mantención de una 
casa, en plata ó géneros. » 



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CAPITULO IV. 

Despotismo ejercido con los huarpes y su completo sometimien- 
to. — 2. Fundación de Jáchal y Valle Fértil. — 3. Tentativas 
del País de Cuyo para separarse de Chile. — 4. Creación del 
Vireynato del Rio de la Plata. — Intendencias. 



1. — La conscripción civil á que los indios fueron sujeta- 
dos por los conquistadores bajo el nombre de mita, encomien- 
das y yanaconas, forma la página mas negra de la historia de 
la conquista de América. 

El descubrimiento del mineral de Potosí por Huallpa en 
1545, y la necesidad de su explotación que saciase la sed de 
oro de los conquistadores, hizo lugar á los penosos trabajos 
forzados que pesaron hasta sobre 12.000 mitayos ocupados 
en el laboreo de minas. 

La institución de las encomiendas hacía que los indios de 
Cuyo, donde quiera que se hallasen, presentes ó ausentes de 
sus tierras, debían pagar un tributo de ocho pesos de á ocho 
reales, de los cuales, cinco y medio eran para el encomendero, 
peso y medio para la doctrina, medio para el Correjidor y 
medio peso para el Protector 1 . 

Cada indio para pagar el tributo, debía servir ciento sesen- 
ta y ocho dias. 

Se les hacía abandonar sus tierras y familias, cruzando los 
Andes á pié para ir á Santiago y demás ciudades de Chile á 
servir á amos desconocidos por mandato de sus opresores. 

El trato bestial que se les daba, forzándolos á penosísimos 
trabajos, y la expatriación que se les imponía con abandono 
de sus familias, llegó por fin á conmover á los mismos opre- 



Ley 14, título 16, lib. 6, Rec. de Indias. 



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40 EL PAl8 DE CUYO 



sores de tal modo, que la misma ley que autorizaba semejan- 
te despotismo, se modificó, prohibiendo que el tercio de in- 
dios de Cuyo pasase en adelante á servir de mita en la otra 
parte de las Cordilleras 1 . 

El servicio personal de los indios, que había sido prohibido 
por cédulas de 20 de Junio de 1523 y 24 de Noviembre de 
1601, había perdido su fuerza por la distancia y oposición de 
los encomenderos, siendo de notarse que el carácter prohi- 
bitivo de esta última era : t porque son causa de que los in- 
dios se vayan consumiendo y acabando con las opresiones y 
malos tratamientos que reciben». 

Estos verdaderos atentados contra la humanidad que los 
conquistadores cousumaban en todas partes, provocaron la 
indignación de las potestades civiles y religiosas, y hallaron 
un verdadero apóstol de caridad en el padre Bartolomé de 
las Casas, obispo de Chiapa en Méjico, quien protestó enérgi- 
camente contra las crueldades de que eran objeto los indios, 
hallando sus quejas eco simpático ante el soberano de España 
Carlos V, quien dictó algunas medidas represivas. 

Las Casas no cesó en su obra de caridad en favor de los 
americanos, durante los 60 años que vivió en América, y en 
prosecusion de tan nobles propósitos, publicó una relación de 
la destrucción de los indios, obra que ha merecido la repro- 
ducción en varios idiomas. 

En 26 de Mayo de 1626, Don Francisco Salcedo, obispo de 
Santiago de Chile, en su visita hecha á San Juan, Mendoza, 
Valle Fértil y Capayanes, «viendo el excesivo rigor con que 
los huarpes eran tratados, llevándolos en mita á Chile, con 
abandono de sus mugeres, etc., etc.», violando así lo dispues- 
to por las reales cédulas, se vio en el caso de condenar con 
excomunión mayor y cien pesos de oro por cada pieza que se 
sacase de Cuyo; y facultando á los vicarios, curas y doctrine- 
ros para que aplicasen estas penas á todos los encomenderos 
y demás personas de cualquiera clase, así naturales como 
españoles, si en Enero del año siguiente no estuviesen en sus 



Ley 85, tít. 16, lib. 6. Rec. de Indias. 



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EL PAlS DE CUYO 41 



tierras los indios que se hallaban fuera de su naturaleza, 
por alquiler ó cualquiera otro modo con que se pudo compe- 
lerlos al abandono de sus hogares. 

Estos rigores, que no eran de extrañarse, dada la clase 
de aventureros que la España mandaba en gran parte á la 
conquista, hallaron su excusa, si se recuerda que la Iglesia 
misma tuvo sus escrúpulos para admitir á los habitantes de 
América en el rango de seres racionales, que el bautismo, 
aun como medio civilizador y de propaganda fide, se les es- 
catimó á los indios, y que en fin, recien en 2 de Junio de 1537, 
Paulo III, fundador de la Inquisición, expidió su bula que 
declaró á los americanos seres racionales y que los indios eran 
realmente hombres. 

El funesto consorcio del trono y del altar, que aunaba el 
terror del arcabuz con la remora del fanatismo religioso, 
hacía desesperar á los indios, que no llegaron á ver en el cris- 
tianismo y las misiones mas que medios para reducirlos á la 
mas amarga esclavitud. 

— Déjate bautizar, decía un franciscano á un indio, ó irás 
al Cielo. 

— ¿Van también allí los españoles? preguntó el indio. 

— Sí, pero solamente los que son virtuosos y buenos. 

— Entonces, yo no quiero ir al Cielo. 

A través de los siglos, el monarca Fernando VII se da la 
mano con el papado para condenar el sentimiento mas natu- 
ral y noble de los pueblos que, sintiéndose capaces de la liber- 
tad, quieren ser libres. 

Los buques de la Península, que traían un ejército para 
ahogar nuestra revolución y matar nuestra independen cia, 
eran los conductores de las encíclicas de Pió VII (1816) y de 
León XII ( 1824), dirigidas á los obispos de América, conde- 
nando nuestra emancipación política. 

Es que el derecho divino de la Monarquía sentía tan honda- 
mente, como el de las bulas, diezmos y primicias. 

El horroroso despotismo de que eran víctimas los huarpes, 
produjo el gran movimiento de 1632, en que éstos, en combi- 



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42 EL PAlS DE CUYO 



nación con todas las tribus del Norte hasta los calchaquíes, 
atacaron las poblaciones españolas. 

En 1661, los hnarpesen anión con los puelches, pehuenches 
y araucanos verifican un gran levantamiento que se manifies- 
ta por ataques aislados, y seis años después destruyen los 
pueblos del Valle de Ucos, Corocorto y otras nacientes po- 
blaciones, amenazando aun hasta la ciudad de Mendoza que 
tuvo que fortificarse para repeler cualquier agresión que se 
intentase contra ella. 

En 1712, un nuevo alzamiento de los huarpes en combina- 
ción con los pehuenches, llevan la consternación á los pue- 
blos, que vieron la ciudad de San Luis entregada al incendio 
y desolación en poder de los indios que la tomaron por sor- 
presa. 

La última tentativa de este género, verificada por los in- 
dios, fué la que encabezó José Gabriel Tupac-Amarú, cacique 
del pueblo de Tungasuca, Provincia de Tinta en el Perú, en 
4 de Noviembre de 1780, la que repercutió entre los calcha- 
quíes y huarpes, y concluyó por la bárbara muerte á que se 
le sugetó * en la plaza del Cuzco, con ocho mas de sus compa- 
ñeros, en 18 de Mayo del año siguiente. Este bárbaro y atroz 
castigo contuvo á los indios de aquende los Andes, y dio por 
resultado la completa sumisión de todos los que no pudieron 
emigrar á las pampas. Desde entonces, el elemento indígena 
en Cuyo comienza á desaparecer, confundido por la fusión 
operada entre la raza india y la de sus dominadores. La ser- 
vidumbre les alejó de sus montañas, donde vivían formando 
miserables tamberías (caseríos), en Calingas ta, Mogna, La- 
gunas de Huanacache y otros parajes de Cuyo. 

2. — Ademas de las tres ciudades con que contaba este 
país, había varias doctrinas y encomiendas que existían des- 
de el Diamante hasta el Valle Fértil. No obstante esto, la ex- 
tensión tan dilatada de este vasto territorio exigía que hacia 



1 Atado á cuatro potros por los cuatro miembros, tiraron, sin poderlo 
dividir, hasta que se ordenó cortarle la cabeza. 



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EL PAfS DE CUYO 43 



la parte del Norte se verificasen algunas fundaciones que sir- 
viesen de escala para el comercio con las provincias del Norte, 
y que diesen forma regular á las doctrinas que en dispersas 
poblaciones existían en los distritos de Jáchal y demás tie- 
rras hécia el Tucuman. 

Para proveer á estas necesidades, fué que Don Domingo 
Ortiz de Rosas, Gobernador de Chile, ordenó en 1752 la fun- 
dación de un pueblo en la doctrina de San José de Jáchal. 
El pueblo tomó el nombre de la doctrina, que desde años 
atrás tenía erigida una iglesia bajo la advocación de San 
José. 

En 18 de Abril de 1776, Don Agustín de Jáuregui, que des- 
pués fué Virey del Perú, expide un auto en la ciudad de San- 
tiago de Chile, ordenando la fundación de una villa en la 
doctrina del Valle Fértil y de un pueblo de indios en sus al- 
rededores, fundaciones que se verificaron el mismo año, reci- 
biendo la primera el nombre de San Agustín de Jáuregui en 
honor de su fundador. 

3. — El País de Cuyo, que, como hemos dicho en otro 
lugar, se llamaba Chile Oriental ó Trasmontano, formaba 
uno de los once corregimientos en que estaba dividido el Rei- 
no de Chile, reconociendo por capital la ciudad de Mendoza, 
donde residían las autoridades de provincia. 

La importancia de este país, adquirida especialmente en 
su comercio de vinos y aguardientes, hizo sentir la necesi- 
dad de algunas disposiciones que facilitasen y diesen garan- 
tías á la exportación de frutos del país que en retorno traían 
las mercancías de procedencia europea para las necesidades 
del consumo. 

El asiento de las autoridades que podían proveer á estas 
necesidades con providencias y reglamentos para el ensan- 
che del naciente comercio de Cuyo, se hallaban á mas de 
cien leguas, cordilleras de por medio. 

El servicio de la mita que hacía mas sensible la carencia 
de brazos para el cultivo de la tierra, y el monopolio que las 
ciudades del otro lado de los Andes ejercían respecto del tra- 



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44 KL PAl8 DE CCYO 



bajo material de los indios, dio lagar á que el Cabildo de 
Mendoza reclamase una medida que remediase este mal ó in- 
dicase la de segregar el País de Cuyo del Reino de Chile para 
su incorporación al Tucuman. 

Una real cédula de 21 de Mayo de 1684 había ordenado 
que «la Cordillera dividiera el Reino de Chile de la provincia 
del Rio de la Plata y Tucuman.» 

Todas estas causas provocaron algunas medidas de que ins- 
truye la siguiente real cédula: 

tEl Rey. — Presidente y Oidores de mi Audiencia de la 
Ciudad de la Plata, Provincia de los Charcas. 

«El Cabildo, Justicia y Regimiento de la ciudad de Mendo- 
za en la Provincia de Cuyo, me representó en carta de 19 de 
Setiembre del año pasado de 1709, los grandes trabajos y 
molestias que padecían sus naturales, originados de la falta 
de indios que tenia aquella Provincia, por pasarlos á la ciu- 
dad de Santiago en las de Chile (contra lo que disponen las 
leyes), encomendándolos á los vecinos de ella, sin que los 
Gobernadores atendiesen á los de Mendoza, ni á sus méritos, 
sino solo al interés suyo en el que mas ofrecía, y que no te- 
niendo la referida ciudad y Provincia para su manutención 
mas frutos que algunas viñas, es tan excesiva la contribución 
que pagaban en el trasporte del vino y aguardiente que con- 
ducían en carretas y bueyes y muías á Buenos Aires, Santa 
Fé de la Vera-Cruz y Tucuman, suplicándome, que para re- 
medio de estos males concediese á la dicha ciudad de Mendo- 
za y Proviucia de Cuyo, el que se viniesen á Tucuman, se- 
gregándose de la jurisdicción del Reino de Chile, en vista de 
cuya instancia (que vino desnuda de documento con que ca- 
lificase las quejas que espresa dicha ciudad), mandó por cé- 
dula dé 18 de Febrero de 1706, al obispo de dicha ciudad de 
Santiago, que mediante el conocimiento práctico que tenia 
de la de Mendoza y Provincia de Cuyo, de su situación y trá- 
fico, me informase con individualidad » 

«Y habiendo visto este informe en mi Consejo de las Indias, 
con lo que dijo mi Fiscal de él, he resuelto (entre otras cosas) 



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EL PAÍS DE CUYO 45 



mandaros como lo hago, que sobre la separación que preten- 
de la ciudad de Mendoza, me informéis con la mayor indivi- 
dualidad, á fin de que en su vista, asegure la mas acertada 

providencia » 

«Fecho en Madrid, á 14 de Enero de 1710. — Yo, el Rey.» 

En 8 de Octubre de 1773, se dictó una real cédula en el 
mismo sentido, y en su consecuencia y antecedentes de que 
venimos haciendo mérito, el Virey del Perú, Don Manuel 
Amat, expidió su informe en Lima á 22 de Enero de 1776, di- 
ciendo: «juzgo que no se presenta otro (medio) mas conve- 
niente y eficaz, que el que se agregue al nuevo Vireynato, no 
solo la Provincia de Cuyo sino todo el Reino de Chile.» 

Después de esto llegaron noticias de la Corte de España» 
por las que se sabía que el extenso Vireynato del Perú debía 
sufrir alguna desmembración, como también la Capitanía 
General de Chile para la formación del nuevo Vireynato que 
tendría por capital la ciudad de Buenos Aires. 

Las provincias de Buenos Aires, Paraguay, Tucuman, la 
Presidencia de Charcas, el Territorio de Cuyo y la Costa Pa* 
tagónica, se decía estar ya destinadas á ese objeto l . 

El Cabildo, Justicia y Regimiento de la ciudad de Santia- 
go se alarmó con tal noticia, y elevó en 21 de Julio del mis- 
mo año 75, una súplica al monarca español, exponiendo lo 
perjudicial que era á los reales intereses y aun á los vasallos 
de Cuyo, la segregación proyectada de aquel territorio para 
unirlo á los demás que debían formar el Vireynato por crear. 
Que por razón de la distancia se privaba á Cuyo de los auxi- 
lios necesarios en tiempo de guerra, los que no podrían llegar 
oportunamente de Buenos Aires. Se hacía valer la constante 
vigilancia que los Presidentes de Chile habían ejercitado 
sobre estos territorios, propendiendo por todos los medios 



1 Sus limites se extendieron desde los diez y medio grados de latitud 
Sud, hasta la Tierra del Fuego, y desde la Cordillera de los Andes hasta 
las serranías por donde corren los mas altos afluentes del Paraná, Para- 
guay y Uruguay, terminando esta inmensa linea en la boca por donde el 
Rio Grande de San Pedro desagua en el mar.— L. Domínguez. 



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46 EL PAl8 DE CUYO 



posibles é su engrandecimiento. Que esos territorios, carecien- 
do casi en su totalidad de elementos propios, quedarían ex- 
puestos á las depredaciones de los bárbaros en perjuicio de 
Cuyo y de la Corona, y finalmente, por quedar Chile ceñido 
á unos territorios los mas estrechos. 

Parece que estas consideraciones no hicieron tanta fuerza 
en el ánimo de Su Magestad, como los límites que la naturale- 
za había puesto con los Andes de por medio y que parecían 
marcar la línea divisoria entre ambos países. 

La solicitud fué desatendida, y en 1.° de Agosto de 1776 
se expidió la real cédula que creaba el Vireynato del Rio de 
la Plata, ordenando la incorporación á éste del territorio de 
Cuyo. 

4. — Concluida la campaña iniciada por Ceballos contra 
los portugueses en 1762, y alcanzados sus triunfos hasta la 
toma de la ciudad del Rio Grande y suspensión sub-siguien- 
te en virtud del tratado de París (Marzo 10, 1763), hubo ne- 
cesidad de crear una autoridad que respondiese á todas las 
eventualidades de que ya había ejemplo en los hechos antes 
citados. 

Don Pedro de Ceballos fué nombrado por la cédula refe- 
rida, Virey Gobernador y Capitán General del Nuevo Virey- 
nato, creación que tuvo el carácter de provisoria, como que 
fué provocada por las vidriosas relaciones de España y 
Portugal y que pronto se convirtió en estado casi permanente 
de guerra por derechos recíprocos que se alegaban respecto 
al dominio colonial en América. 

La guerra entre España y Portugal se había encendido 
nuevamente, por lo que Ceballos venía á tomar posesión del 
mando, trayendo en su compañía un ejército de 9.000 hombres 
con el que debía nuevamente abrir sus operaciones contra 
los dominios de Portugal en América, lo que verificó el 
mismo año. 

Todos estos sucesos hablaban muy alto por la necesidad 
de crear una autoridad permanente en el Rio de la Plata, inde- 
pendiente de la autoridad del Perú; asi fué que el dia 27 de 



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EL PAÍS DE CUYO 47 



Octubre de 1777 se dictó nueva cédula fechada en San Lo- 
renzo el Real, ordenando la continuación de la autoridad del 
Virey, lo que importaba la confirmación del Vireynato crea- 
do, y nombrando para suceder á Ceballos en aquel alto car- 
go á D. Juan José de Vértiz. 

El Vireynato quedó formado por las provincias de Bue- 
nos Aires, Paraguay, Tucuman, Potosí, Santa Cruz de la 
Sierra, Charcas y todos los corregimientos, pueblos y terri- 
torios á que se extendía la jurisdicción de esta Audiencia, y 
el País de Cuyo que hasta entonces formaba parte de la 
Gobernación de Chile. 

La división administrativa del Vireynato en Intendencias, 
colocó el País de Cuyo bajo la inmediata jurisdicción de la 
del Tucuman. 

Las autoridades de la Intendencia, cuyo asiento estaba á 
mas de trescientas leguas de Mendoza, hallaban en la distan- 
cia una valla casi insuperable para poder dispensar á Cuyo 
toda la atención que bien merecía para su mayor incremento 
y desarrollo. Añádase las dificultades que ofrecía la implan- 
tación de un nuevo régimen, y la falta de hombres capaces 
de llenar regularmente las funciones del nuevo orden esta- 
blecido, y se vendrá en conocimiento de que el extenso terri- 
torio de Cuyo y sus importantes poblaciones quedaban li- 
bradas á su propia suerte, estado que no podía continuar por 
mucho tiempo sin el riesgo de perder totalmente las venta- 
jas alcanzadas en una labor constante de mas de doscientos 
años. 

Efectivamente, la vasta Intendencia del Tucuman fué di- 
vidida en dos por resoluciones de 28 de Enero de 1782, acor- 
dándose que los pueblos de Córdoba, Rioja, San Juan, Men- 
doza y San Luis de Loyola, formasen una Intendencia aparte 
con su capital eti la primera de estas ciudades, quedando la 
antigua Intendencia circunscrita á los pueblos de Catamar- 
ca, Salta, Tucuman, Jujuy y Santiago del Estero, teniendo 
por capital la ciudad de Salta. 

Nombradas las autoridades de las nuevas jurisdicciones, 
tocó á la de Salta como Gobernador Intendente el Brigadier 



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48 EL PAÍS DE CCYO 



Don Andrés Mestre, y á la de Córdoba el Teniente Coronel 
Marqués de Sobre-Monte, que tan triste celebridad debía ad- 
quirir posteriormente (1806 y 1807). 

Las ciudades de San Juan, Mendoza y San Luis continua- 
ron teniendo como autoridad local inmediata un Lugarte- 
niente de Justicia Mayor. 



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CAPITULO V. 

1. — Las invasiones inglesas. — 2. La Revolución de Mayo. — 
Junta de Gobierno. — Expediciones al Interior. — Otras me- 
didas. — Marcha triunfante de la Revolución. — 3. Creación 
de la Intendencia de Cuyo. 



1. — La tarea iniciada por los conquistadores bajo la in- 
fluencia del arcabuz, no hubiera sido completa, si el misio- 
nero no la hubiera continuado llevando á los pueblos en la 
dulzura del Evangelio la fuerza de la convicción religiosa, 
destinada á destruir la influencia de la fuerza bruta con que 
los españoles se habían insinuado en estas poblaciones. 

El medio en que vivían las autoridades de la Intendencia 
no solo hacía nacer estas ideas, sino que las daba pábulo y 
hacía de ellas una imperiosa necesidad. La religión se susti- 
tuía al poder armado, el misionero sucedía al militar. 

Bajo estos propósitos, cuidados y labor, corrieron los años 
hasta mil ochocientos seis en que graves acontecimientos tie- 
nen lugar en Buenos Aires, los mismos que debían ejercer su 
influencia en Cuyo, haciendo concebir á estos pueblos hala- 
güeñas esperanzas en su porvenir social y aun político. 

La España había celebrado con el Emperador Napoleón 
un tratado de alianza armada contra la Inglaterra, y los ejér- 
citos de ésta, como un acto de hostilidad, trataron de apode- 
rarse de las colonias españolas en América. 

En prosecusion de esta mira, el Comodoro Home Popham 
había entrado al Rio de la Plata en 6 de Junio de 1806, des- 
embarcando en las playas de los Quilmes 1,700 hombres al 
mando del General William Carr Berresford, el que tomó po- 
sesión de la ciudad y fortaleza de Bnenos Aires el dia 27 del 
mismo mes. 



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5<> EL PAlS DE CCYO 



Este hecho, que cubrió de vergüenza á la ciudad, no pare- 
ció afectar en lo mas mínimo al Virey Marqués de Sobre- 
monte, pues de lo único que se ocupó fué en salvar su persona 
y cerca de un millón de pesos que había en arcas fiscales, te- 
soros de que consiguió apoderarse el jefe de la invasión, los 
que remitió á Inglaterra junto con un millón de pesos recogi- 
dos de la Aduana, compañía de Filipinas y de otras proce- 
dencias, donde fueron recibidos en triunfo el 6 de Setiembre. 

De la vergüenza siempre hay algo que esperar, porque 
este sentimiento ó es la reacción de la dignidad ajada ú ofen- 
dida, ó es la protesta que ésta levanta para volver por su in- 
tegridad y pureza. 

El pueblo de Buenos Aires, tristemente convencido de que 
nada debía esperar de las autoridades del Vireynato, y en 
presencia de la cobarde fuga de Sobremonte, trató de pre- 
parar elementos para castigar al osado invasor. 

El capitán de navio Don Santiago Liniers y Bremont, mar- 
chó furtivamente á Montevideo para sacar de aquella plaza 
el auxilio de algunas milicias, lo que efectivamente consiguió, 
alcanzando éstas al número de 900 hombres. 

Mientras Liniers buscaba estos auxilios, el Comandante 
Pueyrredon y ciudadano Alzaga reunían algunas milicias en 
los pueblos de Lujan y las Conchas, consiguiendo una fuerza 
de mas de mil milicianos, con cuyos elementos se considera- 
ron capaces de tentar la reconquista de la ciudad. 

A la aproximación de estas fuerzas, el general de la plaza 
desprendió una columna de quinientos hombres, con la que 
consiguió dispersar en la chacra de Perdriel á las milicias co- 
mandadas por Pueyrredon. 

Sin embargo, la reacción seguía en aumento, y después de 
una resistencia tenaz por parte de Berresford, rendióse éste 
á discreción el dia 21 de Agosto, habiéndose antes batido 
con un empeño digno de mejor causa. 

Berresford perdió en esta acción cerca de 300 hombres, 
quedando prisioneros el resto de los 1700, que fueron remi- 
tidos al interior del país. 

A la ciudad de San Juan llegaron confinados ciento noven- 



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EL PAÍS DE CUYO 51 



ta y ocho prisioneros, en 23 de Octubre, y cien mas el 26 de Di- 
ciembre, lo que hacía un total de doscientos noventa y ocho L , 

Berresford, que durante la ocupación de Buenos Aires ha- 
bía tomado el peso á la obra magna emprendida con sus po- 
cas tropas, y ante una población de mas de 60,000 habitantes, 
pidió auxilios de fuerzas á Inglaterra para sostenerse en la 
posición que se había creado con su arrojo y osadía» 

Los auxilios no se hicieron esperar, y en Enero del año si- 
guiente, tres expediciones sucesivas llegaban al Rio de la 
Plata á las órdenes de Auchmuty con 4,350 hombres; Craw- 
ford, 4,391 hombres, y Whitelocke, 1,630 hombres, forman- 
do un total aproximado de diez mil soldados de línea y una 
escuadra de diez y ocho navios. 

El Cabildo, por su parte, única autoridad que existía en 
Buenos Aires por la fuga del Virey, había organizado las mi- 
licias de la ciudad, llegando éstas á un total de 6,309 hombres, 
No se limitaron á estas solas medidas las disposiciones que 
tomó el Cabildo, pues se pidió contingentes al interior, que 
mas tarde constituyeron los cuerpos de arribeños y cazadores 
correntinos. 

Fué con motivo de estas medidas que el pueblo de San 
Juan remitió á la capital dinero, armas y hombres á requi- 
sición del Cabildo de Buenos Aires, Febrero 26. 

La plaza de Montevideo fué tomada por asalto el dia 3 de 
Febrero, y su jefe, D. Pascual Kuiz Huidobro, mandado á In- 
glaterra con los demás prisioneros de la defensa. 

El 29 de Junio, el general inglés Whitelocke apareció fren- 
te á Buenos Aires con 130 buques y tropas de desembarco, 
tomando tierra á los dos dias en la Ensenada de Barragan y 
poniéndose luego en marcha sobre la capital con — 
La l. ft división al mando del General Crawford. 
La 2. a » » » Auchmuty 

La 3. a * » > Lumle^ 

La 4. ft > » Coronel Mahon. 



' Con motivo de la capitulación firmada en Julio 7 de 1807, í'on %7oae 
ilf Navarro condujo á Buenos Aires estos pri>ioueros en número de 281 . 
<on fecha 7 de Agosto. 



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52 EL PAÍS DE CUYO 



El dia 3, la bandera inglesa flameaba en los Corrales de 
Miserere, Plaza del Retiro y lugar de la Residencia. 

Después de ligeras escaramuzas en que las tropas de la de- 
fensa tuvieron algunas pérdidas, se intimó la rendición á la 
plaza, la que fué desechada incontinenti. En su consecuencia, 
el dia B se llevó el ataque general, dando por resultado la pér- 
dida de las dos columnas mandadas por los coroneles Dnff y 
Pack. 

El 6 fué igualmente dia de contrastes para las tropas bri- 
tánicas, y el siguiente, á requisición del General Whitelocke, 
el ejército inglés capituló, comprometiéndose á evacuar el Rio 
de la Plata en el término de dos meses. 

El reembarco del ejército se verificó en los dias 8 al 13. 
Los ingleses habían perdido mas de 1,200 hombres entre jefes, 
oficiales y tropa, y mayor número de prisioneros. De la gente 
de que constaban las dos invasiones, solo se reembarcaron 
7,800 hombres. 

La gloria de esta famosa jornada era exclusiva de los crio- 
llos: los tres batallones de Patricios al mando de los jefes 
Saavedra, Romero y Urien, los arribeños comandados por 
Gana y los granaderos de Terrada, eran los batallones que 
mas glorias habían cosechado por su valor y patriotismo. 

Mas aun, el pueblo todo había sido el héroe de la fiesta; á 
él se debió la reconquista, defensa é instalación del Cabildo 
como suprema autoridad; la deposición del Virey y el nom- 
bramiento de Liniers para desempeñar las funciones de aquél, 
fueron igualmente la obra del pueblo. 

La España había triunfado en Buenos Aires sobre el ejér- 
cito inglés, pero no sobre las ideas de libertad que éste había 
insinuado en las poblaciones; masque esto, el pueblo de Bue- 
nos Aires alegaba los honores del triunfo, y éste no podía 
arrancárselo bajo ningún pretexto. 

Buenos Aires tenía ya su autonomía que pronto había de 
invocar en alta voz, porque el pupilo de España quería ser 
mayor de edad, porque de pigmeo se había reconocido gi- 
gante. 



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EL PAÍS DE CUYO 53 



2. — La falta de tino de la Corte de España, vino á dar 
pábulo al gran descontento que el sistema colonial había des- 
pertado en estas poblaciones. Sabido es el completo atraso 
en que vivían las colonias por las trabas puestas al comercio 
libre, y el escandaloso monopolio ejercido por los comercian- 
tes de Cádiz, la exclusión que se hacía de los americanos 
para el desempeño de los puestos públicos, la avaricia y tro- 
pelías de los jefes que España mandaba á la América, inves- 
tidos de alguna autoridad; el abandono en que quedó el Rio 
de la Plata cuando las invasiones inglesas, y como si esto no 
fuese bastante, los celos que despertó en la Corte la conducta 
heroica de estos pueblos en los años 1806 y 1807, dieron por 
resultado, que en lo que menos se pensase fuera en retribuir si- 
quiera con algunos honores á los jefes de la reconquista y de- 
fensa de las ciudades del Plata, habiendo la munificencia y jus- 
ticia españolas limitádose á nombrar jefe de escuadra de la 
marina real á Liniers, confirmando el nombramiento de Virey 
con que había sido investido por el voto popular. 

Las rivalidades entre españoles europeos y criollos, se en- 
cendían cada dia mas. 

Mientras esto ocurría en el Rio de la Plata, veamos lo que 
pasaba en España. 

La incapacidad de Carlos IV se había elevado á la centési- 
ma potencia en la persona de Fernando VII; la España en 
poder de los ejércitos de Napoleón, no tenía libres mas que á 
Sevilla y la Isla de León; Fernando, preso en Bayona y en 
fin, el desquicio en todo. 

Las juntas de Gobierno que reemplazasen la autoridad del 
monarca preso, comenzaron á crearse donde era posible ha- 
cerlo; y la de Sevilla, que parecía haber reasumido la autori- 
dad real, nombró como Virey en el Rio de la Plata á Don 
Baltasar Hidalgo de Cisneros, quedando así revocado el nom- 
bramiento de Liniers. 

El pueblo, mientras tanto, que desde tiempo atrás venía 
tomando una parte muy directa en la cosa pública, bajo la 
inspiración de Saavedra, Moreno y otros prohombres de la 
Revolución de Mayo, fué convocado á cabildo abierto para 



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54 EL PAlS DE CUYO 



resolver, si dado el precario estado de España debía cesar 
la autoridad del Virey, siendo reemplazada por una Junta de 
Gobierno (Mayo 20). 

La resolución fué declarar que había caducado la autori- 
dad del Virey y quedar ésta reasumida en el Excelentísimo 
Cabildo. 

Al dia siguiente se formó una Junta de Gobierno, en que 
aparecía triunfante el elemento español; pero el pueblo que 
de exigencia en exigencia había llegado hasta imponerse á 
las autoridades, consiguió que el dia 24 fuese aquélla disuelta 
y reemplazada por la que era de su agrado, y que venía sos- 
teniendo desde el dia 20. 

Con efecto, la Junta quedó definitivamente compuesta 
de Don Cornelio Saavedra, como Presidente, y en calidad de 
vocales los Sres. Miguel Azcuénaga, Manuel Belgrano, Juan 
José Castelli, Manuel Alberti, Juan Larrea y Domingo Ma- 
theu. 

Al dia siguiente, 25 de Mayo, la Junta nombró secreta- 
rios á Don Juan José Passo y á Don Mariano Moreno, pres- 
tando juramento en la Sala Capitular, y quedando desde luego 
instalada la Primera Junta Gubernativa del Rio de la Plata, 

La revolución de la Independencia estaba consumada, 
aunque las nuevas autoridades siguieran invocando en todos 
sus actos el nombre de Fernando VII, pretexto de que era 
necesario servirse en los primeros momentos para dar un 
desarrollo completo al plan que estaba en la cabeza de los 
jefes de la revolución y en el corazón de todo el pueblo. 

La noticia de este suceso llegó á los pueblos de Cuyo, 
los que inmediatamente se plegaron al movimiento, como 
lo hicieron después la Rioja, Catamarca, Santa Fé, y suce- 
sivamente los demás pueblos á donde la Junta mandó sus 
comisionados. 

El partido español comenzó desde luego á conspirar, co- 
mo en Córdoba, Potosí y Charcas; á organizar medios de 
resistencia como en el Paraguay y Montevideo, que recono- 
cieron el Consejo de Regencia de la Monarquía. 

La Junta de Buenos Aires trató desde luego de ahogar 



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EL PAÍS DE CUYO 55 



aquellos trabajos subversivos y reaccionarios, mandando ex- 
pediciones á Córdoba, Montevideo y Paraguay. 

Los jefes de la reacción en Córdoba fueron fusilados el 
26 de Agosto y los de Charcas y Potosí, el 15 de Diciembre 
en esta última ciudad. 

Quedaba en pie la reacción y con carácter alarmante en 
el Paraguay y Montevideo; y para contrarrestarla y ven- 
cerla, fué necesario movilizar tropas en todos los pueblos, 
llamado al que todo Cuyo -respondió desde el primer momen- 
to, maudando sus contingentes de hombres, armas y dinero. 

Puede decirse que desde aquel instante quedó este país 
militarizado, aprendizaje necesario al que mas tarde debía 
formar el famoso Ejército de los Andes. 

Organizadas las Juntas de Gobierno en las capitales de 
provincia, según orden superior (10 de Enero de 1811), co- 
menzaron éstas á ser los celosos agentes de la Junta de Bue- 
nos Aires. 

Las autoridades inmediatas de cada distrito eran la Junta 
subalterna de Gobierno, la Sub- delegación y Comandancia 
de Armas. 

El incfemento que había tomado la ciudad de San Juan y 
su dilatada jurisdicción desde Huanacache hasta Valle Fértil, 
la colocaba en condiciones de servir eficazmente á la gran 
causa en que estaba empeñada Buenos Aires; así es que 
pronto veremos todos los sacrificios de que fué capaz en bien 
de la revolución, sin que esto la distrajese de los trabajos de 
organización y régimen interno para el desarrollo de su 
industria y comercio. 

Los indios de Huanacache, que habían solicitado permiso 
de la Junta Subalterna de la ciudad para establecer el comer- 
cio de pesquería y tejidos con la ciudad de San Juan, obtuvie- 
ron dicho permiso, concedido el 20 de Octubre (1810), por 
el Gobernador Intendente Pueyrredon, recomendando culti- 
var estas relaciones como una medida civilizadora en favor 
de los antiguos dueños de Cuyo. 

La exportación de los caldos al litoral y provincias del 
Norte, dieron mayor incremento á su industria vinícola y 
á sus tejidos de lana tan apreciados en el litoral. 



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EL PAÍS DE CUYO 



La primera Jtmta Subalterna de Gobierno que la formaron 
los ciudadanos Don José Javier Jofré, Don Pedro del Carril y 
Don Isidro Mariano de Zavalla, realizó el primer censo le- 
vantado en San Juan y su comprehension, y fue la encarga- 
da de cumplir la orden de la Junta de Buenos Aires, que 
abolía el uso de la bandera roja, sustituyéndola por la esca- 
rapela nacional, que acababa de enarbolar el General Bel- 
grano en el Rosario de Santa Fé (13 Febrero 1811). 

Los sucesos que se desarrollaban en el exterior de Cuyo, 
obraban sobre los espíritus de estas poblaciones con toda la 
intensidad que les daba el interés y la ansiedad de una situa- 
ción que se presentaba con una perspectiva velada y miste- 
riosa. 

El Gobierno de las Provincias Unidas había recaído en un 
triunvirato formado por Chiclana, Passo y Sarratea, y como 
secretarios los Sres. Pérez, López y Rivadavia (23 Septiem 
bre 1811 ). 

El nuevo gobierno no cesaba en dictar medidas que, levan- 
tando el espíritu público, habían de conducir al sentimiento 
de una nacionalidad propia que aun no se presentaba á cara 
descubierta. 

El Intendente de Córdoba comunicaba un oficio del Su- 
perior Gobierno al Obispo de la Diócesis, de 16 de Febrero 
(1812), por el que se ordenaba que los sermones de cuares- 
ma y del año, doctrinales, morales ó panegíricos, termina- 
sen con una breve instrucción al pueblo sobre los derechos 
del hombre y de la Patria. 

El 4 de Marzo, el Gobierno de San Juan recibía un oficio 
de la Junta Gubernativa de Buenos Aires (18 Febrero 1812), 
ordenando que «en adelante se haga, reconozca y use por 
las tropas de la Patria, la escarapela de las Provincias Uni- 
das del Rio de la Plata, declarándose por tal la de dos co- 
lores blanco y azul celeste, quedando abolida la roja con que 
antiguamente se distinguían ». 

El 14 de Setiembre del mismo año, el pueblo celebraba el 
triunfo de Las Piedras en el Alto Perú (3 de Setiembre), 
nombre ya célebre por el ya obtenido por Artigas el año ante- 



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EL PAÍS DE OÜYO 57 



rior, en los alrededores de Montevideo; y aun estaba fresco 
este recuerdo, cuando el día 22 de Octubre se tenía noticia de 
la victoria alcanzada por Belgrano enTucuman (24 de Setiem- 
bre), y cuyos trofeos de guerra sobrepasaban á cuanto podía 
esperarse. 

Al año siguiente de 1813, el ángel de la buena nueva lle- 
vaba á Cuyo las faustas noticias de las victorias del 3 de Fe- 
brero en San Lorenzo y del 20 del mismo mes en la Tablada 
de Salta, hechos que garantían á los pueblos del litoral con- 
tra las piraterías de las naves españolas en el Rio de la Pla- 
ta, y abrían nuevos horizontes á la guerra del Alto Perú, á 
la que los pueblos de Cuyo habían mandado sus contigentes 
de hombres y artículos de guerra. 

Estas noticias fueron celebradas en San Juan con regoci- 
jos públicos que enardecían mas el ardor de los sanjuaninos, 
experimentando la tristeza de no haber tomado parte en los 
sacrificios y en la gloria de sus valerosos hermanos. 

La coronación á esta serie de noticias que llevaban el en- 
tusiasmo á los pueblos y tenían como electrizados á los cu- 
yanos, fué el decreto de la Asamblea General (3 de Marzo), 
que declaraba dia de fiesta cívica el 25 de Mayo con el nom- 
bre de Fiestas Mayas. 

Los combates dados por Brown en los dias 14 á 17 de 
Mayo en las aguas de Montevideo, con los que consiguió ani- 
quilar el poder marítimo de España en el Rio de la Plata, 
trajeron como una consecuencia necesaria la rendición de 
aquella plaza, que se entregó al ejército de la Patria, co- 
mandado por el General Don Carlos María de Alvear, hechos 
de armas igualmente festejados en los pueblos de Cuyo con 
embanderamiento é iluminaciones públicas. 

3. — Sin embargo, en el horizonte de estos regocijos se 
aparecía una pequeña nube que amenazaba convertirse en 
un denso nublado. Cordillera de por medio existía el Estado 
de Chile dominado por los españoles, que, según las noticias 
de cada dia, acumulaban elementos bélicos en grandes pro- 
porciones 



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58 EL PAÍS DE CCYO 



Los patriotas chilenos venían luchando por su indepen- 
dencia desde 1813 y habían obtenido triunfos varios en Yer- 
bas Buenas (31 de Marzo, 1813), en Chillan y Membrillar (19 
y 20 de Marzo de 1814), y en otros puntos, hasta el desastre 
de Rancagua, en el que se cubrieron de gloria O'Higgins y 
sus denodados compañeros, no obstante la derrota que expe- 
rimentaron. 

Los alistamientos de las milicias, los contingentes armados 
que se anunciaban del Perú, la esterilidad de los esfuerzos 
hechos por los patriotas chilenos para coadyuvar por su par- 
te al aniquilamiento del poder español en América, todas es- 
tas causas atraían las miradas de los pueblos de las Provin- 
cias-Unidas y especialmente hacia el Oeste del país. 

La Junta de Buenos Aires trató de preparar los pueblos 
del antiguo Cuyo, no solo con el objeto de aprestarlos á la 
lucha que recien comenzaba contra España, sino para pre- 
caverlos de un golpe de mano de parte de las autoridades de 
Chile, que veían en la actitud de los pueblos de aquende los 
Andes un peligro que amenazaba atravesar sus fronteras. 

Hasta la mas simple previsión aconsejaba crear en un go- 
bierno propio en Cuyo, un centro de acción capaz de respon- 
der á las vicisitudes de una guerra que debía ser cruenta y 
duradera. 

A este fin, la Junta de Buenos Aires dictó la providencia 
que sigue: 

«Creación de la Intendencia de Cuyo. 

«Buenos Aires, 29 de Noviembre de 1813. — Siendo uno de 
los puntos mas importantes para la prosperidad de los pue- 
blos, el fijar con arreglo á los límites de sus jurisdicciones, 
que si no están determinadas con concepto á la importancia 
de sus poblaciones, á la extensión de su territorio y á la dis- 
tancia en que se encuentran de aquel centro de acción que 
consiste en las autoridades que lo gobiernan, y dan impulso 
á sus negocios interiores; producen males de graves conse- 
cuencias, haciendo padecer al Estado los perniciosos efectos 



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EL PAÍS DE CUYO 59 



que precisamente deben resultar de la deformidad ó despro- 
porción del Cuerpo Político, y habiendo ya acreditado la 
experiencia, los inconvenientes que provienen de que los 
pueblos de Mendoza, San Juan y San Luis sigan unidos al 
Gobierno Intendencia de Córdoba, mucho mas cuando des- 
pués de la formación de un Estado diverso al otro lado de 
los Andes, amenazado actualmente de invasión enemiga T es 
necesario dar impulso y vigor á estas poblaciones; ha venido 
el Gobierno en mandar que de aquí en adelante, los referi- 
dos pueblos de Mendoza, San Juau y San Luis, con sus res- 
pectivas jurisdicciones, formen un Gobierno Intendencia, 
aparte, con la denominación antigua de Provincia de Ctt¡jo } 
siendo su capital y residencia del Gobernador^ la ciudad de 
Mendoza, bajo el mismo pié y forma de los deinas Gobiernos 
de su clase existentes en la comprehension de Las Provincias 
Unidas del Hio de la Plata. — Y comuniqúese esta resolución 
á quienes corresponda. — Hay tres rúbricas de los señores del 
gobierno 1 . — Moreno, Secretario Interino. 



1 El triunvirato lo formaban entonces Don Nicolás Rodríguez Peña, 
Don Antonio Alvarez Jonte y Don José Julián Pérez.— Secretarios: Don 
Manuel J. Garcia y Don Tomás Allende. 



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CAPITULO VI. 

La Intendencia de Cuyo. — Gobiernos locales. — 2. El Doctor 
Don José Ignacio de la Roza. — Milicias. — 3. El ejército 
de los Andes. — Temores de invasión de Chile. — 4. Paso de 
los Andes. — Hechos de armas. — Batalla de Chacabuco y sus 
resultados. — 5. Trofeos de guerra. — Notas importantes del 
General Han Martin. — 6. Actitud de los frailes agustinos 
de San Juan. 



1. — La Intendencia de Cuyo, que acababa de crearse por 
los trabajos y exigencias del General Don José de San Mar- 
tin, tuvo por primer gobernante al Coronel Don Juan Flo- 
rencio Terrada, que se recibió del mando en 19 de Enero de 
1814, publicando su bando de buen gobierno en 29 del mis- 
mo mes. Este nombramiento tuvo su origen en el Supremo 
Poder Ejecutivo, y su carácter de interino indicaba que 
aquel Gobierno Intendencia carecía aun de su verdadero 
mandatario, según la mente que presidió á la creación de 
la nueva Intendencia. 

El coronel Don Marcos González Balcarce sucedió á Terra- 
da en Junio 2, y desempeñó el gobierno interino hasta la ve- 
nida del propietario, que se hallaba ausente al mando del 
Ejército del Alto Perú, lo cual se verificó en Julio del mismo 
año (Ap., nota núm. 6). 

El Intendente de Cuyo, San Martin, que ademas de la no- 
table foja de servicios que había llenado en España, luchan- 
do contra los franceses y la muy reciente gloria de la victo- 
ria alcanzada en San Lorenzo, llegó á Cuyo cubierto con 
el prestigio que le daba su fama militar. 

La rigidez de principios que acreditaban al viejo veterano, 
su alta penetración de los hombres y las cosas, que hacían de 



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EL PAÍS DE CUYO 61 



él una fuerte columna en que descansaba la política del Rio 
de la Plata y el misterio que encerraba su aceptación del go- 
bierno en los pobres pueblos de Cuyo, contribuían á rodear 
del respeto necesario á un hombre nacido para el poder y las 
grandes empresas. 

Su idea de reconquistará Chile, aunque era del dominio de 
los hombres que dirigían la política de estos países, era un 
secreto sospechado y conocido por el pueblo, cuando él creyó 
llegada la hora de que así sucediese. 

Su gobierno se redujo, en los primero* momentos, á estudiar 
aquellos pueblos, sus recursos, sus hombres y su topografía; 
pero el objetivo de todas sus miras y afanes, estaba en esos 
Andes que habían de servir de pedestal eterno de su gloria, 
de esa inmensidad de granito que solo podía sondar su mira- 
da de águila. 

Los hombres que debían ayudarle en su gobierno y secun- 
darle en la realización de sus planes, supo encontrarlos con 
el tino y prudencia que formaban la lógica matemática de 
sus actos. 

El Coronel Don Toribio de Luzuriaga fué desde luego su 
segundo en la ciudad de Mendoza; el Doctor Don José Igna- 
cio de la Boza, en San Juan y el Teniente Coronel Don Vi- 
cente Dupuy, en San Luis. 

Contando con tan buenos auxiliares, el Gobernador Inten- 
dente comenzó por organizarías milicias, so pretexto de pre- 
caver aquellos pueblos de una posible invasión de parte de 
los españoles que dominaban en Chile, posibilidad que la lle- 
gada de los emigrados chilenos, salvados del desastre de Ran- 
cagua, convirtió pronto en probabilidad. 

El País de Cuyo comenzó luego á militarizarse y sobre la 
base de algunos contingentes llegados de Buenos Aires, se 
dio principio á la formación del ejército que debía escalar 
los Andes. 

La Tenencia del Gobierno de San Juan, que en 1810 había 
sido desempeñada por el Cabildo, Justicia y Regimiento de 
Ciudad, tuvo sucesivamente los gobernantes que siguen: 

1811. — Una Junta subalterna de Gobierno, formada por 



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62 EL PAÍS DE CUYO 



Don José Javier Juf ró, como Presidente, y vocales Don Pedro 
Carril y Don Isidro Mariano de Zavalla. Los actos principa- 
les de esta administración fueron: el primer censo levantado 
en su jurisdicción, y el cumplimiento de la orden superior 
que mandaba sustituir el uso de la bandera roja por la esca- 
rapela nacional de blanco y azul celeste. 

1812.— El Teniente Coronel Don Saturnino Zaraza, que fué 
nombrado por la Junta de Buenos Aires para el desempeño 
de su cargo, publicó su bando de buen gobierno en el mes de 
Abril, y siguió al frente de la administración hasta el 19 de 
Diciembre. El acto mas importante de su gobierno fué un 
decreto de 16 de Diciembre, creando una administración de 
rentas 1 . 

1813. — El Doctor Don Francisco Pantaleon de Luna, Te- 
niente Gobernador de la Rioja, fué promovido á la Tenencia 
del Gobierno de San Juan por decreto del Supremo Poder 
Ejecutivo; pero este decreto fué revocado por solicitud que 
á ese fin elevó el pueblo riojano á la autoridad superior, la 
que nombró, en carácter de interino, al Cabildo de ciudad 
que llenó las funciones gubernativas hasta mediados del año 
siguiente. 

1814. — El Supremo Director de las Provincias Unidas nom- 
bró con fecha 6 de Junio al Teniente Coronel Don Manuel 
Corbalan para el desempeño del gobierno; recibiéndose éste 
de su cargo el dia 2 de Julio y permaneciendo en ejercicio 
del gobierno hasta el 13 de Mayo del año siguiente en que 
fué llamado á la capital de la Intendencia. 

Hemos leído una acta de 2 de Mayo, levantada por el Ca- 
bildo y vecindario de San Juan suscripta por 66 firmantes, 
prestando su acatamiento á los nombramientos hechos en las 
personas de los Generales Hondean y Alvarez y Thomas, en 
la que se hace referencia á una acta de 26 de Abril, remitida 
á la capital, de la que se desprende haber sido depuesto Cor- 



1 Al costado derecho del frontis de la ca*a de Gohierno hay una placa 
de mármol extraído del Pié-Palo con n>ra inscripción en letras de or«: 
• Coronel Saturnino Zaraza, primer Teniente y Gobernador de San Juan 
1812-1814».— X. E. 



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EL PAÍS DE CUYO 63 



balan y elegido por el pueblo para reemplazarle en sus fun- 
ciones gubernativas, el Dr. José Ignacio de la Roza, nombra- 
miento que fué confirmado por las autoridades de la Inten- 
dencia. 

1815. — El Dr. Don José Ignacio de la Roza gobernó con 
interrupciones varias hasta el 9 de Enero de 1820, en que fué 
depuesto por un motín militar. 

2. — Este ilustre ciudadano merece ocupar un lugar es- 
pecial en nuestro estudio, por la parte muy importante que 
le cupo en los acontecimientos que dieron por resultado la 
independencia de Chile y el Perú, alcanzada por las valero- 
sas legiones argentinas al mando de San Martin. 

El Doctor de la Roza, natural de la ciudad de San Juan, 
era uno de sus hijos mas ilustrados. Dedicado á la carrera del 
foro, hizo sus estudios en la Universidad de Córdoba, reci- 
biendo mas tarde el grado de doctor en la Facultad de Chile. 
Concluida su carrera, regresó á San Juan, donde ejerció la 
magistratura con inteligencia y suma integridad. Su carácter 
independiente y enérgico, su ilustración y sus hábitos de es- 
tudio y meditación le hacían muy apto para dispensador de 
lá Justicia, y así, pronto fué llamado á desempeñar el alto 
puesto de Alcalde de primer Voto, en cuyas funciones dejó 
bien sentada su reputación de letrado. 

Llamado al Gobierno por el voto popular, operó muchas 
reformas de gran importancia, dando una marcha regular, 
desconocida hasta entonces á la administración pública. 

Ciudadano exclarecido, consagró sus esfuerzos y sus bienes 
á la independencia de su país, llegando hasta comprometer 
su persona en la prosecución de tan patrióticos fines. 

Su actividad en llenar las órdenes de la Intendencia y su 
energía en secundar las miras de San Martin para la forma- 
ción del Ejército de los Andes, le dieron un lugar de prefe- 
rente distinción ante aquél y sus conciudadanos. 

La división, que al mando del Teniente Coronel Don Juan 
Manuel Cabot abrió la campaña sobre Coquimbo, fué obra 
exclusivamente suya, como también la creación de las nume- 



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64 EL PAÍS DE CUYO 



rosas partidas volantes que cubrieron todos los boquetes de 
las cordilleras de Coquimbo y de Atacama. 

A la salida de Cabot, que había llenado las funciones de 
Comandante General de Arman, el Teniente Gobernador asu- 
mió estas funciones militares, consagrándose así exclusiva- 
mente á la obra de afianzar nuestra regeneración política por 
medio de las armas, funciones que le valieron el grado de 
Capitán de Ejército. 

Durante su gobierno, se subrogó en San Juan, por orden 
superior, las armas del Estado al escudo de los reyes en el 
papel sellado (decreto del Supremo Director de 10 de Se- 
tiembre 1816), y mandó erigir una pirámide conmemorativa 
de la Revolución de Mayo, la que se construyó en el paseo 
público al Oeste de la ciudad; y fué finalmente el fiel intér- 
prete de las ideas de libertad é igualdad que formaban el 
credo político de los prohombres de la Revolución. 

En 1816, delegó dos veces el gobierno en el Cabildo, por 
llamado urgente de San Martin desde la capital de la Inten- 
dencia, y en 1818 por marchar en comisión á Buenos Aires. 

En 1819 le fué acordado el titulo de Miembro Diplomático 
de la « Legión de Mérito » del Estado de Chile. 

No faltaron émulos y profundas enemistades á este hombre 
público, ya por las contribuciones de toda especie, imposición 
de empréstitos voluntarios y forzosos, y muchas otras exac- 
ciones muy pesadas al vecindario, que solo la necesidad po- 
día disculpar, ó ya por miras de un carácter mezquino en 
que tenían mucha parte las banderías ó divisiones de parti- 
dos locales, tan comunes en las pequeñas poblaciones. Así 
fué, que mientras llenaba su comisión en Buenos Aires, en 
1818, la que le tuvo ausente de su gobierno durante tres me- 
ses, el pueblo pidió su deposición, y el Cabildo que no era in- 
diferente á aquella manifestación, nombró al Doctor Don 
Francisco Narciso de Laprida para desempeñar el gobierno 
interino mientras se hacían las gestiones del caso ante la 
Intendencia y Gobierno General. No obstante, de la Roza, 
volvió á San Juan y tomó posesiou del mando, en cuyo 
desempeño permaneció hasta 1820. 



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EL PAÍS DE CUYO tío 



Bajo la enérgica dirección de la Roza, San Juan prose- 
guía sus aprestos militares, convertida, puede decirse, en la 
maestranza de Cuyo. 

Los tres pueblos de Cuyo se hallaban completamente mi- 
litarizados y sus habitantes habían casi olvidado los hábitos 
del estado de paz para no pensar ni hacer otra cosa que 
armarse y disciplinarse bajo la dirección de jefes exigentes, 
con la mira común de batir al enemigo ultramontano que se 
enseñoreaba sobre Chile. 

Las milicias sanjuaninas estaban organizadas en la Ciudad, 
Jáchal *, Valle Fértil y demás departamentos del Norte, como 
igualmente los del Sud hasta el Acequión y Berros, formando 
todas un total de 2,653 hombres, sin contar con las altas que 
diariamente recibían los tres cuerpos veteranos de guarni- 
ción en San Juan. 

Los pueblos de Cuyo, preocupados por la probable inva- 
sión de los españoles por la parte de Chile, y en virtud de las 
órdenes superiores impartidas á la Intendencia, hacían sus 
preparativos bélicos para estar listos a toda eventualidad. 

No se crea por esto que el origen de las milicias no pueda 
encontrarse en tiempos muy anteriores. 

Se ha observado que las tribus americanas se hallaron en 
un estado continuo de armas, sin que por esto pueda asegu- 
rarse que la guerra formara su estado natural. El espíritu 
de conquista que dominó á estas tribus, está comprobado por 
la existencia de poderosos imperios que, como los del Cuzco 
y México, pasearon sus huestes por todo el continente. 

Aunque ese espíritu guerrero, que ha distinguido y dado 
forma á los indios de Arauco y Bogotá forma la especialidad 
en las naciones indias, no es menos cierto que los pueblos 
todos que reconocían el Imperio de los Incas vivieron siem- 
pre bajo un régimen militar. 

No pretendemos buscar el embrión de nuestras milicias en 
las tribus primitivas que poblaron estas regiones, -porque en- 
tre los indios guerreros, hasta llegar á los huarpes, no encon- 



1 La Comandancia Militar de Jáchal fué creada en Mayo de 1815L 



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00 EL PAÍS DE CUYO 



tramos la menor organización militar ni la consiguiente dis- 
ciplina, tan necesaria á los cuerpos medianamente regulares; 
pero al ocuparnos de la milicia ó sea del arte de la guerra su- 
jeto á reglas y principios, debemos referimos, no al quechua 
ó al huarpe sino al criollo de Cuyo, mezclado ya con el es- 
pañol y heredero de una rudimentaria educación militar. 

A este respecto, nuestras noticias alcanzan hasta la penúl- 
tima década del siglo pasado, en que las milicias de San Juan 
aparecen ya con alguna organización. 

De las listas de revista del año 1781 (Ap., nota núm. 7), re- 
sulta que el distrito de San Juan contaba entonces con 1.051 
milicianos regularmente organizados; que en 1784 esas mili- 
cias, comandadas por el Teniente Coronel Don José Fran- 
cisco de Amigorena, habían verificado sus famosas campañas 
á Tierra Adentro, llegando hasta mas al Sud del Rio Colorado 
en la Patagonia. 

Ya en 1810, estos pueblos prestaban su contingente de san- 
gre, mandando á Buenos Aires y Ejército Auxiliar del Perú 
varios reclutas de hombres, que, sucediéndose hasta 1814, mo- 
mento en que Cuyo se preparaba á la lucha, ascendía de solo 
el distrito de San Juan á 817 hombres libres, sin contar los 
esclavos donados, que lo fueron en gran número. 

Estas cifras las veremos pronto decuplicarse, á medida que 
la necesidad lo exija, bajo la enérgica mano del Teniente Go- 
bernador de la Roza que en tan gran parte contribuyó al 
éxito de la memorable campaña de los Andes. 

3. — Los Gobiernos de Cuyo continuaban disciplinando sus 
milicias, y como si aun quedase algo por militarizar, el dia 12 
de Julio (1815), la Tenencia de San Juan publicó un bando 
en seis artículos, ordenando el alistamiento de todo ciudada- 
no desde la edad de quince hasta cuarenta y cinco años. Los 
ciudadanos comprendidos en los doce cuarteles de la ciudad 
debían formar un batallón de infantería cívica y una compa- 
ñía de artillería de la misma clase, destinándose á la arma de 
caballería los habitantes de campaña. 

Realizada esta nueva recluta, que hizo ascender las fuerzas 



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EL PAÍS DE CUYO 67 



en armas en San Juan al número de 3,522 hombres, ofrecía 
este distrito de Cuyo el aspecto de un verdadero campamen- 
to militar, distribuido como sigue: 

Estado Mayor. 

Comandante de Armas — Tte. Cnel. D. Juan Manuel Cabot. 
Instructor — Mayor Gdo., D. Juan Bermúdez. 

» — Capitán, D. José Montes de Oca. 

» de reclutas — Teniente I o , D. Lucio Salvadores. 

Comisionado en Jáchal — Capitán, D. Lucio Mansilla. 

Artillería. 

Compañía de artillería cívica, Comandante, el capitán Don 
Francisco Díaz, con 80 hombres. 

Infantería. 

hombrea 

Milicias activas de ciudad y suburbios , 822 

Piquete de milicias de ciudad, movilizadas 81 

Batallón Núm. 11 de los Andes; Comandante, Don 

Juan Gregorio Las Heras ****,,, 234 

Batallón I o de Cazadores de los Andes, al mundo del 

Teniente Coronel Don Rudecindo Alvarado 252 

Piquete del Regimiento Núm. 8 103 

Compañía de infantería de Jáchal 130 

Caballería, 

Regimiento de caballería miliciana, al mando del 

Coronel D. Mateo Cano y Ramírez ; 226 

Escuadrón de caballería patriótica de San Juan t al 

mando del Comandante D. Buenaventura Carril, 428 
Escuadrón id. id., Comandante D. Antonio Blanco. 239 
Tres compañías de Jáchal y Rodeo, Comandantes 

D. Luis Laciar, D. José A. Quiroga y D. Juan B. 

Caballero 200 



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68 EL PAÍS DE CUYO 



hombre* 



Partidas volantes para la policía de caminos 57 

Nueve destacamentos en las Cordilleras, apostados 
en Pismanta, Las Leñas, Agua Negra, Agua 
Blanca, Mondaca, Conconta, Colanquil, Los Puen- 
tes y San Guillermo 270 



Lo que formaba un total de 3,622 

Los estados de donde hemos tomado estos datos no men- 
cionan las fuertes avanzadas de observaciou existentes en Ca- 
lingasta y Leoncito. 

Los rumores de invasión de los españoles en Chile, que ve- 
nían repitiéndose desde 1814, tomaron al año siguiente pro- 
porciones tan alarmantes, que el Gobernador Intendente or- 
denó al gobierno de San Juan, por nota reservada de fecha 
4 de Enero, centuplicar la vigilancia de las cordilleras y se 
le remitiese la mitad de las tropas de muías aparejadas que 
hubiera en San Juan. 

Esta orden fué revocada el dia 19, no obstante saberse de 
un modo positivo que partidas ligeras de los españoles se ha- 
bían hecho sentir en la cordillera en los pasos de Las Vacas 
y de Los Patos. 

El Teniente Gobernador, que según se le había ordenado 
pensaba poner en seguridad los caudales públicos, limitó sus 
providencias á mandar al Mayor de Plaza, Don José de Na- 
varro, para ejercer la vigilancia sobre las avanzadas de las 
cordilleras, medidas que dieron por resultado que el enemi- 
go nada intentase sin que al punto fuese descubierto por las 
avanzadas. 

Los comandantes de Guandacol, Don Luis Dulon; de Pis- 
manta, Don Francisco Toranzos, y de Leoncito, Don José de 
Navarro, anunciaban desde los primeros dias de Enero la 
probable invasión sobre Cuyo. 

En 8 de Febrero, la Intendencia ordena que, reuniendo la 
mejor gente de los puntos militares de la cordillera con las 
mejores armas de fuego y blancas y con tres ó cuatro caba- 



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EL PAÍS DE CUYO ti 4 J 



líos por cada hombre, se les tenga listos para marchar á la 
primera orden. 

La aparición de partidas españolas en las Flechas y en el 
Portillo parecían indicios ciertos de la invasión anunciada. 

En la Ladera de Las Vacas, camino de Uspallata, habíase 
presentado á la vista una fuerza enemiga como de 200 hom- 
bres, según anuncios de la Intendencia (18 de Febrero), y la 
avanzada de Los Patos acababa de tomar al enemigo seis 
prisioneros y una caballada de invernada (14 de Marzo). El 
temor de una agresión de los enemigos en Chile, tomó pronto 
tan serias proporciones, que se llegó á pensar en la guerra 
defensiva, mandando el General San Martin, con fecha 30 de 
Setiembre, al capitán Don Francisco Diaz 1 para fortificar la 
ciudad de San Juan, lo que se efectuó por la construcción de 
trincheras y fosos que se demolieron recien el año 1817. 

Los conventos de San Agustín y Santo Domingo fueron 
desalojados por sus comunidades, sirviendo luego de cuarteles 
fortificados á la tropa veterana que se alojó en sus claustros. 

La Intendencia no cesaba de adoptar y ejecutar medidas 
adecuadas á las circunstancias, desplegando una actividad 
sin igual y poniendo en todo su vigor la ley marcial, que en 
casos tan extremos es la única tabla de salvación para la vida 
de un pueblo. 

El General San Martin, para consagrarse exclusivamente ¿ 
su ejército, que debía recorrer triunfante todo el continente, 
delegó el mando político de la Intendencia en el Cabildo 
(Enero), reservándose el mando militar. 

Desde este momento, todo Cuyo fué un campo militar, sin 
excluir ni á las mujeres, que patrióticamente estaban siem- 
pre ocupadas en coser vestuario para el ejército. 

El 12 dé Enero se publicaba por bando la orden de formar 
dos compañías cívicas de infantería de los esclavos de 14 á 
45 años de edad, bajo pena de confiscación en favor del Es- 



1 Este oficial figura en 1818 como Sargento Mayor, coma mían da un 
buque de la escuadrilla chilena, que a las órdenes del Coronel BJaw-o En- 
«•alada, tomó en Talcahuano la fragata española de guerra «Maria Luisa-* 



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70 EL PAÍS DE CUYO 



tado de los que no concurriesen á sus cuarteles respectivos 
en los dias designados. 

En 24 de Febrero se ordenó la creación de un nuevo bata- 
llón de infantería cívica, de seis compañías, formado de la 
gente libre de color, encargándose de su organización, disci- 
plina y mando al jefe Don Juan Agustín Cano. 

Este cuerpo y las demás milicias que se habían organizado 
en los departamentos del Norte, estaban destinados á formar 
la expedición que debía operar sobre Coquimbo al mando de 
Cabot, idea que, como era consiguiente, ignoraban todos» 
hasta que la Intendencia, en nota de 7 de Noviembre, fijó el 
dia de su marcha para el 15 de Diciembre. 

Los secuestros verificados por el Presidente de Chile Don 
Casimiro Marcó del Pont de los bienes de argentinos, provo- 
có la medida de represalia, que fué comunicada ala Tenencia 
de San Juan por nota de 8 de Febrero. 

En 18 de Junio, San Martin avisa al Teniente Goberna- 
dor que en prosecución de los preparativos del Ejército ex- 
pedicionario, ordena se pida al vecindario de San Juan dos 
mil muías, ochocientos caballos, trescientos cueros de novi- 
llo y todo el estaño que se encuentre. 

El General San Martin ya no hallaba recursos en San 
Juan, como que no había hombre de armas llevar que no 
estuviera en los cuarteles, ni dineros públicos ó particulares 
que no estuviesen guardados en las arcas del ejército; pero 
el General era hombre de recursos y siempre encontraba 
algo donde nadie veía nada. 

Con fecha 16 de Octubre, San Martin dirige una exhor- 
tación á los chilenos emigrados para que formen en San 
Juan un cuerpo denominado «Legión Patriótica de Chile», 
para coadyuvar á la reconquista de su país. Esta vez, la 
exhortación no tenía el carácter ejecutivo de todas las provi- 
dencias suyas, ni la fuerza coactiva para hacerla cumplir; 
así es que el proyecto no llegó á realizarse. 

Las fuerzas existentes en San Juan recibieron orden de 
reconcentrarse á Mendoza, donde se hallaba el Cuartel Ge- 
neral, y en Octubre no quedaban mas fuerzas que las mili- 



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EL PAÍS DE CUYO 71 



cias destinadas á operar sobre la provincia chilena de Co- 
quimbo. 

Los contingentes sanjuaninos que se incorporaron al 
Ejército de los Andes, fueron los siguientes: el batallón I o 
de Cazadores de los Andes; un batallón de milicias movili- 
zadas de la ciudad; un piquete de nueva creación destinado 
al regimiento núm. 8, que había sido remontado en San Juan, 
y del que luego se formó la brigada de los batallones nú- 
meros 7 y 8 y las importantes remontas para el batallón nú- 
mero 11, que ya había marchado á Mendoza con anterio- 
ridad. 

Estas fuerzas en unión con los Granaderos á Caballo, los 
batallones números 7, 8 y 11, que estaban en Mendoza, la 
artillería y las milicias de Mendoza y San Luis formaron un 
total aproximado de 4,000 hombres, que tomó recien el nom- 
bre de « Ejército de los Andes», prestando el juramento de 
ordenanza. 

El nombramiento oficial de General en Jefe de este ejér- 
cito, le fué acordado á San Martin por el Supremo Director 
en I o de Agosto, y cinco dias mas tarde, el título de Capitán 
General de Provincia, con tratamiento de Excelencia. 

La división de Cabot, que ya estaba lista para marchar á 
primera orden, la componían dos compañías del batallón 
número 11, un batallón de cívicos de San Juan y cuatro es- 
cuadrones de milicias de caballería. 

4. — Tomadas todas las precauciones consiguientes para 
ocultar el dia de la marcha del ejército y punto de paraje 
de las cordilleras, sigilo difícil de guardar por los espías que 
los españoles tenían en Mendoza, y á quienes se atribuyó la 
tentativa de incendiar el parque y maestranza, la noche del 
29 de Agosto 1816, el Ejército se movió de Mendoza el dia 
19 de Enero de 1817, tomando el rumbo hacia el camino 
de Uspallata. (Ap., núm. 8). 

El 12 de Enero la división Cabot había emprendido su 
marcha sobre Coquimbo, y simultáneamente las fuerzas con 
que el Comandante Don Ramón Froire debía operar sobre 



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72 EL PAÍS DE CUYO 



la Provincia de Talca, y Tompson sobre el paso del Portillo. 

El genio militar de San Martin iba á probarse en el ma- 
gestuoso teatro, que trae á la memoria el paso de los Alpes 
por Aníbal. 

Quien no conozca las fragosidades de los caminos en los 
Andes, y los refiera ademas á aquellos tiempos de atraso; 
quien ignore que las piezas de artillería era necesario llevar- 
las á lomo de muía, á través de las insuperables dificultades 
que ofrecían ochenta leguas de serranías llenas de laderas 
y hondos precipicios, no puede siquiera imaginarse la mag- 
nitud de la empresa que San Martin acababa de acometer. 

La terrible alternativa en que se había puesto era: la 
muerte ó la victoria. 

Los ejércitos españoles aguardaban el ataque de Cuyo, pero 
no atinaban á saber el punto preciso donde debía esperar al 
enemigo, así es que se vieron en la necesidad de fraccionar- 
se para atender con éxito probable de triunfo á todos los 
boquetes de la Cordillera. 

San Martin tuvo la habilidad de engañar con partes falsos 
al enemigo; y aun suponiendo que la suspicacia de éste le 
pusiera al abrigo de cometer errores engendrados por du- 
dosas noticias, la aparición de fuerzas por Talca, Aconcagua, 
Coquimbo y Atacama, le ponían en el caso de precaverse de 
ataques que podía cualquiera de ellos ser el principal. 

Llegado el ejército al lugar de los Manantiales en el ca- 
mino de Los Patos, fué dividido en dos columnas para que 
operasen y se reuniesen en el valle de Aconcagua en un mo- 
mento dado. El plan era como para ejecutarlo sobre un 
tablero de ajedrez y no á través de los Andes, á cuyo término 
eran esperados por tropas ya aguerridas; sin embargo, San 
Martin había estudiado bien la topografía del terreno, perso- 
nalmente en el sud (13 de Enero de 1810), y por medio de 
personas hábiles y de su confianza en los demás puntos por 
donde debía operar; sobro todo, su genio dominaría las mil 
circunstancias posibles en aquel atrevido pasaje, y hasta los 
acontecimientos aun imprevistos debían coadyuvar á hacer 
mas completa su victoria. 



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EL PAÍS DE CUYO 73 



La división que seguía por el camino del Sud, obtuvo en 
la Guardia Vieja un fácil triunfo al mando del oficial Don 
Enrique Martínez, y luego á las órdenes de Las Heras ocu- 
paba el pueblo de Santa Rosa de los Andes. 

La división del camino del Norte obtenía, al mando del 
Mayor Don Antonio Arcos, un triunfo en la embocadura del 
valle de Putaendo, y el Comandante Necochea otro en el 
mismo valle (Las Coimas), que costó al enemigo bastantes 
muertos y prisioneros, ocupando, en consecuencia, la ciudad 
de San Felipe de Aconcagua. 

El pánico se apodera de los realistas, y en su marcha de 
retroceso sobre la Capital de Chile, son alcanzados en la 
Cuesta de Chacabuco, batidos y derrotados, dejando en el 
campo 400 muertos, 600 prisioneros, 60 oficiales, 1,000 fusi- 
les, 2 cañones, municiones y bagajes (12 de Febrero)* 

El jefe de las fuerzas españolas en Chacabuco, Don Rafael 
Maroto, lleva á Santiago la noticia del desastre, sucediendose 
á este hecho la ocupación de Santiago (19 de Febrero) y la 
captura del Presidente de Chile en el pueblo de San Antonio. 

La división del sud era igualmente feliz en su invasión so- 
bre Talca, posesionándose de su ciudad y pueblo de Curieó, 

En cuanto á las fuerzas que comandaba Cabot, veamos 
cómo llenaron su cometido. 

Salidas de San Juan el dia 12 de Enero, después de cator- 
ce jornadas hechas por un terreno fragoso y atravesado de 
altas montañas, llegaron á la Cañada de Los Patos, el dia 6 
de Febrero; y en el lugar denominado el Portezuelo fue he- 
cha prisionera una partida de observación que los españoles 
tenían en dicho punto. A los dos dias, corría igual suerte uu 
piquete de relevo que venía á reemplazar la avanzada de Los 
Patos, siendo aprisionado por el Capitán Don Patricio Ce- 
ballos. 

Llegada la división á las primeras poblaciones al Norte de 
Valdivia (9 de Febrero), las partidas volantes tomaron en 
Monterey una correspondencia de Santiago, y que puso 
en descubierto la precaria situación de los enemigos, como 
las medidas defensivas que debían tomarse para rechazar la 



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74 EL PAÍS DE CUYO 



invasión de Cuyo. Al dia siguiente, cayó en poder de las 
avanzadas de Cabot una nueva correspondencia dirigida á 
Don Francisco Casimiro Marcó del Pont, comunicándole re- 
cién la alarmante nueva de que las tropas argentinas inva- 
díau aquella parte de Chile y los medios de defensa con que 
se contaba. 

Inmediatamente de adquiridas estas noticias, el ayudante 
Don Eugenio Hidalgo marchó con 100 hombres á incorpo- 
rarse á la avanzada de Ceballos, que con igual número de 
tropas marchaba á cortar la retirada á la guarnición de Co- 
quimbo, constante de ciento y tantos hombres, con dos piezas 
de artillería, y que se replegaba sobre Santiago. 

El dia 10, los españoles eran batidos en Barraza, siendo 
obligados á retroceder sobre Coquimbo, después de experi- 
mentar pérdidas de consideración. Perseguidos por Ceballos é 
Hidalgo, fueron alcanzados en el valle de Zotaqué, á tres le- 
guas de Barraza, matándoles 3 oficiales y 43 soldados, tomán- 
doles cuarenta y tantos prisioneros, entre los que se hallaba 
el Gobernador de Coquimbo, Teniente Coronel Don Manuel 
Santa María, un hijo de éste y dos oficiales, dos cañones de á 
cuatro, cantidad de fusiles y espadas, 16 cajones de municio- 
nes, varios cuñetes de pólvora, fardos de vestuario y 30 car- 
gas de equipajes con todos los papeles del enemigo. 

El dia 13 fué ocupada la plaza de Coquimbo, que contaba 
con gran cantidad de pertrechos de guerra y diez y ocho pie- 
zas de artillería con un calibre vario de 4 á 24. 

Simultáneamente era ocupado el Huasco, siendo prisione- 
ro su Gobernador Don Ramón María de Moxo, y ocupado el 
pueblo de Copiapó por la partida que mandaba el Teniente 
Coronel Don Francisco Zelada. La ciudad de la Serena había 
corrido igual suerte, é investídose con las facultades guber- 
nativas al Capitán de Artillería Don Manuel A. de Iribarren. 
(Ap., nota núm. 9). 

La bandera de Mayo, flameando sobre las nevadas crestas 
de los Andes, acababa de ser la enseña de la victoria en la 
extensa región comprendida entre los pasos del Planchón y 
Olivares, y zahumada por el humo del sangriento combate 
de Chacabuco. 



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EL PAÍS DE CUYO 75 



Una campaña de veinte y cuatro dias á través de las mon- 
tañas mas altas del mundo, había dado por resultado la in- 
dependencia de Chile. 

5. — Los pueblos de Cuyo, llevando á costa de inmensos 
sacrificios la victoria y la libertad á Chile, acababan de cu- 
brirse de imperecedera gloria. 

El pueblo de San Juan, que había descollado en esfuer- 
zos de todo género para equipar las legiones de los Andes, 
y cuyos títulos justificativos publicamos en el Ap,, nota 
núm. 10, merecía del libertador de Chile una palabra de 
gratitud á tanto heroísmo. Un sentimiento de justicia así lo 
exijía, y el General San Martin, uno de los pocos que podían 
apreciar los sacrificios de este pueblo, fué el primero en dar 
de ello el mas elocuente testimonio. 

Las tres notas que publicamos á continuación , dicen mas 
de cuanto pudiéramos nosotros en honor del pueblo de San 
Juan. 

«El Señor Secretario de la Guerra en nota del 10, me co- 
munica lo siguiente : 

«Con esta fecha ha tenido á bien el Exmo. Supremo Direc- 
tor del Estado, expedir el decreto del tenor siguiente; 

«Entre los despojos que se deben á la bizarría de las legiones 
de la Patria en Chile, se halla una bandera del Regimiento de 
Talavera y un estandarte del de Dragones de aquel Reino, 
remitidos últimamente por el benemérito Capitán Gene- 
ral D. José de San Martin; y siendo justo que los dignos hi- 
jos de la Provincia de Cuyo, tan interesados en el buen su- 
ceso de las demostraciones que empeñaron para la organiza- 
ción y sosten de aquéllas, tengan la satisfacción de recibir 
los inequívocos trofeos de sus heroicos esfuerzos por la li- 
bertad, he venido en acordar sean remitidas dicha bandera á 
la ciudad de San Juan, y el estandarte á la de San Luis, pre- 
viniéndose á ambos Cabildos que después de exponerlos al 
público en sus Casas Consistoriales, dispongan su colocación 



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EL PAÍS DE CUYO 



en uno de los templos principales 1 como un tributo al 3ór 
Supremo, como un monumento á las virtudes patrias con que 
se han distinguido los hijos beneméritos de ambos, y como 
una prueba de la gratitud con que les considera el Gobierno. 
Al ef ecto, comuniqúese por la Secretaría de Guerra á quienes 
corresponde, y publíquese. De orden superior lo transcribo 
á V. E. para su inteligencia y satisfacción. » 

«Lo trascribo á V. E. para que en la parte que le toca, 
coopere á que el recibimiento de la bandera se haga con toda 
la solemnidad posible, como igualmente su traslación desde 
las Casas Consistoriales y su colocación en el templo en donde 
deberá permanecer como perpetuo monumento de la felici- 
dad y heroísmo de ese virtuoso pueblo. 

«Dios guarde á V. E. muchos años. — Toribio de Luzuriaga. 
— Mendoza, 21 de Mayo de 1817. — Sr. Teniente Gobernador 
de San Juan». 

«Tengo la satisfacción de anunciar á V. E. que las armas 
victoriosas del Ejército de la Patria ocupan ya el Reyno de 
Chile, rompiendo la fatal barrera que antes lo separaba de 
sus hermanos y vecinos los habitantes de Cuyo. Yo me apre- 
suro á felicitar á V. E. y á ese benemérito pueblo, manifes- 
tándole la expresión mas tierna de mi gratitud á su patriotis- 
mo y constantes esfuerzos, que sin duda fueron el móvil mas 
poderoso que contribuyó á la formación del Ejército de los 
Anden y preparó las glorias con que este suceso importante 
ha cubierto las armas de la Patria. 



f En INijH nos propusimos averiguar el paradero de esta bandera y de 
otras que en nuestra niilez habíamos visto en la Catedral y templo de San 
Agustín en San Juan; solo fué encontrada la primera, arrumbada entre 
los trastos viejos de un cuarto que servia de depósito en la Catedral. 
Reclamamos al Gobernador Don José Maria del Carril la colocación que 

correspondía al hermoso trofeo y éste acordó Lo cierto es que dicha 

bandera esta hoy (187*2) en poder del Mayor Don Agustín Gómez que lle- 
na las funciones de Jefe de Policía. 

—Dos banderas déla escuadrilla brasilera, rendida en Patagones en 1828, 
h*s hemos visto en un cajón en la sacristía de la iglesia del Carmen de 
Patagones «[lie está á cargo de dos sacerdotes italianos. 



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EL PAÍS DE CUYO 



«Dios guarde á V. E. muchos años. — José de San Martin.— 
Santiago, Febrero 24 de 1817». 

«Señores del muy ilustre Cabildo, Justicia y Regimiento de 
la Ciudad de San Juan. 

«En la campaña que ha dado la independencia al Perú, ha 
tomado el Ejército Libertador, entre otros varios trofeos , dos 
banderas que se hallaban en poder de los enemigos de Ja 
América, recobradas ahora por el valor del Ejército-Unido. 
Es muy justo ofrecer este monumento de su gloria á aquellos 
pueblos que han contribuido á los progresos de la cosa públi- 
ca con su energía, decisión y constancia; y ocupando entre 
ellos un lugar tan distinguido la benemérita ciudad de San 
Juan, tengo la satisfacción de remitir á V. E. las menciona- 
das dos banderas, que espero se servirá aceptar como un tri- 
buto de consideración que le presentan las tropas de mi man- 
do y disponer que sean depositadas en donde V. E. tenga por 
conveniente. 1 

«Dios guarde á V. E. muchos años. — José de San Martin.* - 
Lima, Noviembre 7 de 1821. — Sr. Gobernador de la ciudad de 
San Juan». 

Según queda demostrado por los anteriores documentos, 
la Tenencia del Gobierno de San Juan, bajo la dirección del 
esforzado patriota Dr. José Ignacio de la Roza, adquirió en- 
vidiables títulos ala gratitud de Chile, Perú y Union Argén* 



1 Estas banderas fueron recibidas por el Gobernador Urdininea y des- 
tinadas con fecha 9 de Febrero de 1822, una al templo de San Agustín y 
otra á la Iglesia Matriz. 

El Director Supremo del Rio de la Plata, General Pueyrredon, destino 
dos trofeos de los conquistados á la ciudad de Mendoza, los que fueron 
guardados en la Iglesia de San Francisco. Ignórase el paradero de los trtM 
que ostentaba la Matriz. 

Salvados los primeros de la catástrofe de 1861, vinieron a parar a una 
cajita de madera y por muchos años hicieron compañía á los viejos in- 
folios del Archivo Administrativo, a cargo de Don José Aguirre* Allí loa 
vimos amarillentos, arrugados, con un gran agujero al centro, hecho A 
tijera, donde estuvieron los escudos y armas españolas recama do* <U j orí >. 
Se hallan hoy depositadas en el Museo de la Capital. — N. E. 



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78 EL PAÍS DE CUYO 



tina, á cuyo afianzamiento había contribuido de un modo 
tan decidido como eficaz. 

El pueblo de San Juan no economizó sus contribuciones 
voluntarias de sangre; y si las madres no decían á sus hijos: 
tcon el escudo ó sobre el escudo», era porque el entusiasmo 
patrio, que también ardía en sus corazones y la santidad de la 
cansa porque iban á luchar esos hijos, les daba la sublime 
intuición de la victoria. 

Aquellas patriotas matronas, dignas de Cochabamba, pos- 
pusieron el amor filial y de esposas ante el divino altar de la 
Patria. Solo así ¡se explica que el pueblo de San Juan, dando 
tantos voluntarios para los ejércitos, contribuyese desde 
1810 hasta 1817 con mas de cinco mil reclutas 1 sobre una 
población que no pasaba de 30,000 habitantes. 

Así, San Juan de Cuyo contaba en 1818 con militares dis- 
tinguidos como Eojo, héroes como Vasconcellos, el célebre 
sargento de Maipú (Ap., nota núm. 11) y ciudadanos esfor- 
zados como Blanco, Cano, Jufré, los Navarros, Toranzos, Váz- 
quez, del Carril y muchos otros. 

6- — En aquellos famosos tiempos en que la Patria érala 
divinidad á que todos rendían un culto puro y desinteresado; 
en los que cada corazón era un altar inmaculado, en cuyas 
aras se ofrecía el tributo de la abnegación y el sacrificio por 
la libertad, no era extraño ver á los hombres, antes entrega- 
dos á la vida contemplativa, salir de sus silenciosos claustros 
y mezclarse con las gentes del mundo, con el pueblo para su- 
bir á la tribuna, arengarlo y hablar del Dios de la Justicia 
y la Libertad, 

De acuerdo con los principios inmutables de la Moral, de- 
bemos convenir en que los deberes del hombre están en ra- 
zón directa de su saber y de los derechos que puede ejercitar. 



: Uno de esos reclutas fué José Domingo Vega. El Mayor Juan R. 
Cambas dice en bus * Apuntes de Viage», que en 1897 Vega tenia 188 años 
de edad y vivía &£&€ dablemente en el puesto «La Lata», Estancia de las 
Turnan as, ~ -A\ E. 



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EL PAÍS DE CUYO 



Nuestros frailes, especialmente los de la Comunidad de 
agustinos, no solo estaban convencidos de esta verdad, sino 
que servían ardientemente á la causa santa de nuestra eman- 
cipación, porque saboreaban ya la alborada de una naciona- 
lidad que los prohombres de la Revolución habían hecho 
nacer en 1810. 

Por desgracia, estas ideas no hallaron eco en el clero secu- 
lar de San Juan; y desde el momento de la Revolución, se 
nos presentan éstos en alianza con algunos frailes dominicos, 
como una verdadera fuerza retardatriz contra la propaganda 
revolucionaria. 

El espíritu rutinero de los unos les hacía ver en los Sobe- 
ranos la autoridad de origen divino, en contraposición de los 
otros que hacían del Cristo el primer republicano de todos 
los tiempos; aquéllos eran el atraso en lucha con el progreso; 
la pretenciosa ignorancia disfrazada con la sotana, contra la 
modesta sabiduría de las gentes de sayal que veían la voz de 
Dios en la voz del pueblo; era en fin, la lucha de los princi- 
pios, el fanatismo retrógrado de los que viendo en los Reyes 
de España á los ungidos del Señor, no podían tolerar que los 
insurgentes de las Provincias Unidas pretendieran romper el 
sagrado vínculo creado por las donaciones de los Papas y la 
matanza de los conquistadores, en contra de los que acataban 
y reconocían la soberanía de estos pueblos como la única, le- 
gítima y verdadera. 

Los famosos agustinos, que se distinguían por sus luces y 
patriotismo, daban incremento á las ideas de nacionalidad, 
despertando y encendiendo en el pueblo el santo amor de la 
libertad. 

Cada uno de sus miembros era un propagandista ardoroso 
de la Revolución, su convento una tribuna viva, que ostenta- 
ba en sus puertas, á guisa de pastorales ó anuncios religiosos, 
proclamas entusiastas en favor de la Patria, en las que el 
ingenio de sus frailes se esforzaba en derramar en el cora- 
zón del pueblo las ideas de independencia á que las potesta- 
des políticas habían erigido un altar público. 

La comunidad agustina, puede decirse, que cantaba el liím- 



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80 EL PAÍS DE CUYO 



no de la Libertad á la Independencia Argentina, como Ló- 
pez había cantado el suyo á la Revolución de Mayo 1 . 

La inteligencia é ilustración de sus miembros, entre los 
que sobresalían los Vera, Perdriel, Centeno, Lozada, Riveros 
y otros tantos que dieron un justo renombre el convento de 
estos ilustres hermitaños, se probó en aquellos momentos, en 
la pasión del odio, que fué la arma que sus enemigos comen- 
zaron a esgrimir contra ellos; y es muy sabido, cuántos ma- 
les hay que esperar del odio concentrado de esos hombres que 
no dejan medio, por reprobado que sea, de que no hagan uso, 
porque su intolerancia parece proporcionales un bilí de in- 
demnidad á todo lo que hacen. Entre el fanatismo político y 
el fanatismo religioso, creemos que éste es mas de temer. 

La Asamblea General había dictado en 16 de Junio 1813, 
las declaraciones que prohibían al Nuncio Apostólico, residen- 
te en España, ejercer acto alguno de jurisdicción en las Pro- 
vincias Unidas, que sustraía de toda obediencia á las comuni- 
dades religiosas para con sus prelados generales existentes 
fuera del territorio del Estado ; y la mayor de todas que de- 
claraba á los obispos de las Provincias Unidas revestidos de 
las facultades originarias propias como á tales obispos de 
América, no obstante la incomunicación con la Santa Sede. 

Si á todo esto se añade la abolición de privilegios y rega- 
lías de que estaban rodeadas las gentes de sotana y manteo, 
se comprenderá que la Revolución no podía serles simpática. 

Así sucedió, y en San Juan fué esto el principio de una 
especie de cruzada santa, en que no faltó su Pedro el Hermi- 
taño en el presbítero Don José María de Castro, que en 1814 
rezaba todavía la oración pro -rege, individualizándola con el 
« ut f amulus Ferdinando VII, Rex noster » como lujo de 
realismo. 

La terquedad de estos partidarios del antiguo régimen no 
cedió ni un ápice, así es que la autoridad comenzó á perse- 



1 La Asamblea Nacional decretó en 11 de Mayo de 1818 que se tuviese 
por única Marcha Nacional la presentada por el diputado Dr. Don Vicen- 
te López, que para ello habla sido comisionado en 6 de Marzo. 



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EL PAÍS DE CUYO 81 



guirlos, confinando á Mendoza á ocho padres de Santo Do- 
mingo y cinco presbíteros, entre los que sobresalían como 
caudillos Don José M. de Castro, Don José M. Godoy y Don 
José M. Astorga, tres homónimos de nombre, de realismo y 
de fanatismo religioso. 

Hemos entrado en estos detalles, porque tales sucesos, na- 
rrados á la ligera, son la simiente funesta de la guerra religiosa 
de que trataremos mas tarde, en la que han de figurar intri- 
gas, revoluciones y combates llevados á cabo por estos mi- 
nistros del altar. A estas gentes se les puede vencer, pero 
jamas convencer. 



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CAPITULO VII. 

El General San Martin. — 2. Don Cornelio Saavedra. — 3. 
Año 1815. — 4. Congreso de Tucuman. — Declaración de nues- 
tra Independencia. — Primeras naciones que la reconocen. — 
5. El Dr. Narciso Laprida. — 6. El Padre Fray Justo Santa 
María de Oro.-— El Obispado de Cuyo. 



1. — Es la miserable condición de nuestra naturaleza, que 
cuando ésta no ha sido retocada por la educación, haciendo 
al hombre apto para el desempeño de los deberes sociales, 
se apodera de nosotros esa tristeza del bien ageno que llama- 
mos envidia; yes cosa que confirman los hechos en todos 
los tiempos y lugares, que esa mezquina pasión nunca trabaja 
mas el espíritu, que cuando vemos en el pináculo de la gloria 
á nuestros semejantes, aun cuando aquel predicamento de que 
tan rara vez se llega á gozar en el concepto de los pueblos, 
sea debido á sacrificios y méritos bien adquiridos. 

¡ Cuántos héroes en medio de su gloria han carecido del pan 
del espirita en la paz, de tranquilidad y alimento del cuerpo, 
el pan que matase el hambre de cada dia! 

¿ Por qué la gloria cuesta tan caro á los que supieron con- 
seguirla legítimamente por medio del genio y del sacrificio, 
etc.? Indudablemente, porque son pocos los que la alcanzan 
y muchos los que la desean. 

De aquí que los grandes hombres se vean siempre en me- 
dio de su grandeza, víctimas de la envidia de los mas, siendo 
el blanco de la calumnia y de la diatriba de los díscolos y 
aun de los pequeños. 

El General San Martin, que acababa de verificar la atre- 
vida empresa de reconquistar á Chile, idea que nació é incubó 
en su genial cabeza, y que acababa de realizar su gigante 



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EL PAÍS DE CUYO 83 



brazo, quedó desde luego sometido á la ingrata ley de la en- 
vidia y mordacidad de sus enemigos. 

San Martin, durante su gobierno en Cuyo, habíase acarrea- 
do la enemistad de los carrerinos que pretendieron, con sus 
jefes á la cabeza, hacerle un instrumento pasivo de sus 
miras. 

San Martin había tenido que imponerles silencio, sirvién- 
dose á ese fin de medios tan violentos como necesarios; y aun- 
que sus turbulentos huéspedes fueron vencidos por la fuerza, 
teniendo en consecuencia que abandonar á Cuyo, no renuncia- 
ron á la idea de vengarse del que tomaron desde luego por 
-enemigo y al que con un encarnizamiento exagerado debían 
combatir en todos los momentos. 

La gloria de la campaña de los Andes robó el sosiego á los 
-émulos del Libertador de Chile, y encendió en sus pechos la 
rabia que venían concentrando desde 1814. 

Desde luego, comenzaron contra él la guerra de la diatri- 
ba, de la calumnia, y mas tarde la de los mas soeces insultos. 
Por lo pronto se le quiso despojar de la paternidad que 
nadie había contestado aun, sobre la idea del pasaje de los 
Andes; pero ante la elocuencia de los hechos, aquella arma se 
-quebró en las manos de sus mismos enemigos. 

El segundo ataque se^ reducía a sostener que en 1813 
habían cruzado fuerzas á Chile al mando del Comandante 
Don Santiago Carreras, y que en consecuencia, el pasaje 
de los Andes en 1817 carecía de la importancia atribuida, 
•como que él se había verificado sobre un camino y estudios 
hechos. 

Efectivamente, Don Santiago Carreras salió de Mendoza 
con una ligera división de 244 hombres, en 16 de Setiembre 
<lel año 13, llegando á la villa de Santa Rosa de los Andes el 
día 30 del mismo mes; pero del pasaje de un cuerpo ligero 
que encuentra su camino expedito, no se deduce que pudiera 
hacerlo en las mismas condiciones un ejército que era espe- 
rado en todas partes para ser batido por fuerzas superiores. 
Si el paso de Carreras hubiera de tomarse como un argumen- 
to serio que pudiera minorar el mérito del de San Martin, 



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84 EL PAlS DE CCYO 



¿por qué no habría también de hacerse mención de los pasa- 
jes sucesivos anteriores, de tantos particulares, y llegar así,, 
por una cadena sin fin hasta los indios huarpes, que pasaban 
y repasaban continuamente dichas cordilleras? Una argu- 
mentación semejante, en vez de rebajar la gloria de San 
Martin, solo sirve para cubrir de ridículo á los mismos que 
lo hacen. 

Pero sus mezquinos émulos no retroceden por eso, que el 
arsenal de la envidia aun tiene las armas de la mentira con 
que combate. 

Una nueva arma sale á lucir, pero ya no va dirigida solo 
contra el héroe, sino contra el Gobierno Argentino. Se dice 
que, contrariando órdenes expresas, emprende su campaña de 
Chile; que es alcanzado en las cordilleras para que desista de 
su temerario empeño, y que el hombre, por toda contesta- 
ción, manda el parte de la victoria de Chacabuco. 

Pero este argumento es peor que los anteriores: 1.° por- 
que es cuestión documentada el acuerdo entre el Director 
Pueyrredon y San Martin para la creación del Ejército en 
Cuyo y su expedición á Chile; 2.° porque el cargo no está 
abonado por documento alguno, y 3.° porque, aun dado 
como cierto el hecho de la desobediencia, eso vendría á pro- 
bar que fué exclusivamente el libertador de Chile, lo que en- 
cierra la dañina intención de negar al pueblo argentino- 
el mérito de los sacrificios hechos para librar aquel Estado. 
Pero esto tampoco hay que extrañarlo, porque con monedas 
mas falsas aun se ha querido después pagar aquella deuda de 
gratitud. 

San Martin siguió siendo el blanco de los odios y diatribas 
de sus enemigos, y ya veremos mas tarde enfilar á Cockrane, 
Riva- Agüero y algunos escritores de Chile, haciendo fuego 
contra el hombre, cuya memoria bendice toda la América. 

La justicia triunfa al fin. 

El que mas violento se ha mostrado contra el patriota aus- 
tero y desprendido, que renunció por dos veces el honor de 
desempeñar el alto puesto de Supremo Director de Chile, 
país que había conseguido su independencia debido á los es- 



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EL PAÍS DE CUYO 85 



fuerzos de aquél, es el Sr. Miguel Luis Amunátegui, hijo de 
Chile, quien dice del héroe de los Andes lo siguiente: 

«Parala política no tenía ni conciencia, ni moralidad. 
Para él todos los medios, sin excepción, eran lícitos; no re- 
trocedía ni delante de la perfidia, ni delante del asesinato. » 
{La dictadura de O'Higgins, pág. 85). 

En la pág. 90 de aquel libelo famoso, al mencionar la con- 
ferencia que el General del Ejército de los Andes tuvo con el 
Director Pueyrredon en Córdoba, de quien dice que era hos- 
til á la campaña para reconquistar á Chile, vierte este juicio 
tan ligero como apasionado: 

c Nunca se ha sabido de un modo positivo, cuál fué el 
irreplicable argumento que empleó San Martin para con- 
vencerle; pero entonces se susurró por lo bajo, que entre 
otras razones, le había indicado que si no se convenían, 
corría riesgo de ser asesinado antes de alcanzar á la posta 
vecina.» 

¡Esto indigna! Vale mas relegarlo' al olvido, máxime cuan- 
do en estos momentos el acuerdo entre San Martin y la auto- 
ridad nacional argentina en aquella época, es el abecé de los 
niños que estudian historia. Es muy posible que el señor 
Amunátegui, que escribió su «Dictadura» en 1853, haya mo- 
dificado su juicio ante la verdad histórica, que entonces igno- 
raba, al parecer, en la parte que nos ocupa. 

Sobre todo, hoy con ideas mas claras y exactas formadas 
por el estudio, se habrá convencido que el insulto y la gro- 
sería no son los mejores medios para hacer historia. 

El señor Amunátegui, en la obra á que nos referimos, no se 
ocupa sino de la apología del General O'Higgins y en su tarea 
muy justa y legítima por otra parte, le sucedió lo que á todos 
los que escriben panegíricos, como dice Horacio, que á fuerza 
de rebuscar bellezas en su héroe, acaban por no ver á nadie 
mas sobre el teatro de la humanidad. 

Mas que esto, no se contentaba con que su héroe apare- 
ciese solo en ese vasto escenario, sino que necesitó rebajar la 
gloria de aquéllos que podían hacerle sombra. 

Chile protestó contra esa miseria humana, erigiendo una 



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86 EL PAlS DE CUYO 

estatua en 



bronce al héroe de los Andes, reparación noble y 
3 torpezas que su hijo había gratuitamente inferido 

i/nif.ím Ha A im Ári o.a. * . 



justa de las torpezas que su h 
al Gran Capitán de América 1 



2. — Continuaremos la relación de los acontecimientos en 
Cuyo, retrocediendo hasta 1814 para estudiar los hechos age- 
nos á la guerra, y anillarlos con la política nacional que en- 
gendra la necesidad de crear el primer Congreso argentino. 

En 1814, el Coronel D. Cornelio Saavedra, residente en San 
Juan, es requerido por orden del Supremo Poder Ejecutivo 
(19 de Febrero), para que en el término de ocho días, después 
de ser notificado, se presente á la villa de Lujan para con- 
testar al juicio de residencia que se le seguía. 

El famoso jefe de Patricios y Presidente de la Primera 
Junta Gubernativa del Rio de la Plata, se veía perseguido 
por sus enemigos, y andaba errante, como Milciades, después 
de la batalla de Maratón. 

La Asamblea General* del año 13 había ordenado el juicio 
de residencia á los que habían gobernado desde 1810, pero el 
carácter general que revestía esta disposición en el orden pú- 
blico, respondía á miras privadas de los enemigos de Saave- 
dra que le perseguían, so pretexto de inteligencias con Doña 
Carlota Joaquina de Borbon, Infanta de España y esposa de 
Don Juan VI, Rey de Portugal. Se le acusaba igualmente de 
miras ambiciosas de perpetuarse en el poder, proclamándose 
Rey; de ser el autor de los sucesos de 5 y 6 de Abril de 181 l r 
tentativa de asonada manifestada por las exigencias del pue- 
blo reunido en la plaza mayor de Buenos Aires para separar 
á varios miembros de la Primera Junta, y por muchas otras 



1 Con fecha 8 de Agosto de 1902, el Poder Ejecutivo de la Provincia de> 
Mendoza, siendo Gobernador Don Elias Villanueva y Ministro de Gobier- 
no el Dr. Carlos Ponse, nombró una Comisión presidida por el Dr. Meliton 
Arroyo para que corriese con los trabajos de creación de un monumento 
al General San Martin, cuya inauguración tuvo lugar el 5 de Junio de 
1904 en la plaza de su nombre. La estatua fué fundida en bronce por el 
escultor Garzia en el molde que sirvió para la que existe en Santa Fé. El 
pedestal lo forman dos grandes bloques de granito de la Cordillera de lo» 
Andes. Es la primera estatua que se levanta en la capital mendocina. — X. E* 



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EL PAÍS DE CUYO 87 



cansas pretextadas, que dieron por resultado su separación del 
Gobierno y el decreto de proscripción perpetua del territorio 
de las Provincias Unidas (8 de Febrero 1814). 

Saavedra acababa de llegar furtivamente de su emigración 
en Coquimbo, y después de andar escondido en las Cordille- 
ras, estancia de Coiangüí, consiguió del Intendente de Cuyo 
el favor del asilo que le había sido negado por la Tenencia 
de Gobierno de San Juan. 

En 1815, á requisición de Alvear, se presentó en Buenos 
Aires, dejando en San Juan una fianza de cinco vecinos que 
garantían la presentación de Saavedra en el lugar del juicio. 

Saavedra estaba sujeto á la horrible ley de la ingratitud, 
y en sus persecuciones purgaba el delito de haber sido grande, 
hiriendo con su alta personalidad y glorias conquistadas en 
1807 á 1810, á los envidiosos y mezquinos émulos que lo com- 
batían. 

Este gran hombre murió en Buenos Aires el 20 de Marzo 
de 1820, á los 68 años de su edad. 

3. — La suprema autoridad del país había recaído en la 
persona del General Don Carlos María de Alvear, por renun- 
cia del Director Posadas; y este nombramiento, que estaba 
muy lejos de ser del agrado de todos, produjo pronto serias 
dificultades que hicieron muy difícil la situación del país. 

El Coronel Don Ignacio Alvarez y Thómas, que marchaba 
con un cuerpo de ejército sobre Santa Fé, desconoce desde 
su cuartel general en Fontezuelas, partido de Arrecifes, al 
nuevo Directorio (11 de Abril 1815); y este movimiento que 
arrancaba el mando de manos de Alvear, halló un eco simpá- 
tico en todos los pueblos y aun en el ejército, que se formaba 
en Cuyo, el cual adhirió al movimiento por acta de 21 de 
Abril. 

Este hecho, que en sí mismo no tenía mas alcance que un 
cambio de autoridad, era el principio de una anarquía que ya 
venía eleborándose desde mas atrás, y que debía presentarse 
cinco años mas tarde con un carácter verdaderamente ate- 
rrante. 



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88 EL PAÍS DE CUYO 



El General Rondeau, que se hallaba al frente del Ejército 
del Alto Perú, y en serias disidencias con el Gobernador In- 
tendente de Salta, nos ofrecía el inminente peligro de una 
ruptura con las tropas de Güemes. 

El General San Martin, en desacuerdo también con las 
autoridades de la Nación, se veía quizá en vísperas de ser 
relevado del mando del ejército que formaba á costa de em- 
peños y sacrificios, y lo que es mas, frustrados sus planes de 
gloria que cifraba en la reconquista de Chile. 

Elevó su renuncia del mando que investía, pero el cambio 
de Directorio hizo desaparecer como por encanto las causales 
en que aquélla se fundaba, que era el mal estado de su salud. 
El mismo San Martin no era garantía suficiente de afianza- 
miento á la autoridad nacional, ni el Director Alvarez, inte- 
rino por ausencia de Rondeau, podía ofrecer otra cosa que 
los viciados títulos de su transitoria autoridad. 

La guerra civil en que ardía Santa Fé, las exigencias de 
Artigas y sus aliados que subían de punto á cada momento ; 
las persecuciones al pequeño partido Alvearista que se lle- 
vaban contra militares y ciudadanos, etc., etc., eran causas 
de continua alarma contra la actualidad política de las Pro- 
vincias Unidas. 

4. — En tan lamentables extremos, se pensó en dar for- 
mas reales á la idea que bullía en las cabezas de todos: la 
creación de un cuerpo constituyente que, invistiendo las fa- 
cultades de una suprema autoridad, supliese las deficiencias 
del Estatuto que regía á los pueblos, y diese una organización 
política mas sólida y estable á la Union. 

Notificada á Cuyo la orden de la elección de diputados, 
conforme al Estatuto Provisional que fijaba un representan- 
te por cada 15,000 habitantes ó fracción de mas de 5,000, 
la Tenencia de San Juan la verificó el dia 13 de Junio, eli- 
giendo al Doctor Don Francisco Narciso Laprida y al Prior 
de la Comunidad Dominica Fray Justo de Santa María de 
Oro. 

Reunidos los representantes de las secciones electorales de 



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EL PAÍS DE CUYO 89 



la Nación en número de 28 1 y con excepción de algunas pro- 
vincias del litoral, hizo el Congreso su instalación solemne 
en la ciudad do San Miguel de Tucuman el dia 24 de Marzo 
de 1816. 

Esta noticia, que llegó á San Juan el dia 7 de Abril, fué 
solemnizada con Te-Deum, iluminaciones públicas por tres 
dias, y juramento solemne de fidelidad á todas sus delibera- 
ciones, el cual se prestó en las Casas Consistoriales por todas 
las corporaciones y vecindario. 

El Congreso comenzó desde el primer momento á ser tra- 
bajado interiormente por las divisiones locales, combatido 
por la anarquía, amenazado por la guerra civil en que ardían 
las provincias que se habían sustraído á la autoridad del go- 
bierno general; desobedecido por los pueblos mismos que re- 
presentaba, marchando al acaso, llegó á faltarle la fé en la 
grande obra que se le había encomendado. 

El centralismo de Buenos Aires, en contraposición con las 
fuertes tendencias descentralizadoras de las provincias, ha- 
cían que el Congreso, falto de una brújula que le marcase un 
rumbo definido, no pudiera sustraerse á las pasiones que lo 
trabajaban, y que en sus primeros pasos manifestase mil va- 
cilaciones que daban por resultado el mayor desaliento en 
los que veían en él á la única autoridad moral y única espe- 
ranza para el porvenir feliz de estos pueblos. 

Las importantes provincias de Entre Rios, Corrientes, 
Santa Fe y Banda Oriental del Uruguay, que no se hallaban 
representadas en aquella asamblea, le privaban del influjo 
mayor que su representación le hubiera dado. 

En esta desesperante situación, abrió sus tareas el Congre- 
so, y desde su apertura (Marzo 24) hasta los últimos dias de 
Mayo, no se ocupó mas que de los negocios puramente admi- 
nistrativos sin dictar una sola ley práctica. El dia 29, á pro- 
puesta del Dr. Don Esteban A. Gazcon, diputado por Buenos 



1 Estos representantes fueron: 7 por Buenos Aires, por Córdoba 8, Tu- 
cuman 2, Gatamarca 2, Salta 2, Mendoza 2, Santiago del Estero 2, San 
Juan 2, Charcas 2, Chichas 1, Mizque 1, Jujuy 1, y Rio ja 1. 



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90 EL PAlS DE CCYO 



Aires, se nombró una comisión que fijase los puntos capitales 
que debían preferentemente ocupar la atención del Congreso. 

La comisión se expidió, señalando como cuestiones de ma- 
yor importancia, entre otras, la de declarar la independencia 
de estos pueblos, y la de tratar la forma de gobierno mas 
adaptable al país. 

La primera cuestión quedó resuelta el 9 de Julio, como es 
sabido, pero no sin serias dificultades, y sin que las influen- 
cias de San Martin y Belgrano tuvieran que vencer las gran- 
des resistencias que el mismo Congreso oponía, considerando 
muy prematura la declaración de la independencia, y sobre 
todo, algo ridicula desde que en aquellas circunstancias no 
había para la revolución ni para los pueblos bases de garantía 
alguna. 

Aquella autoridad, esencialmente revolucionaria y formada 
por los mas esclarecidos ciudadanos de los pueblos que repre- 
sentaba, vacilaba en esos solemnes instantes, y de seguro 
que sin la decidida protección que la Providencia pareció 
dispensar á la causa de América, aquel acto supremo y deci- 
sivo no hubiera tenido lugar en aquellos momentos; lo cierto 
es que acababa de ponerse el sello á la independencia de la 
Patria, y que este acto vino recien á definir oficialmente las 
tendencias de la Revolución del año 10, haciendo desaparecer 
todos los pretextos de que se había rodeado en sus primeros 
dias. 

La segunda cuestión, que era la forma de gobierno que 
debía darse á la nueva nación, presentaba mayores dificulta- 
des aun. 

Desde 1812 había trabajos hechos por cimentar la forma 
monárquica de Gobierno, y ora se trataba de llamar á la prin- 
cesa Doña Carlota Joaquina de Borbon para investirla con 
las insignias de una proyectada monarquía, ora se trataba de 
igual investidura para Don Francisco de Paula, Príncipe de 
Luca, debiendo crearse el Reino de las Provincias Unidas, 
pensamiento que abrigaron Belgrano, Rivadavia y Sarratea, 
y en fin, hasta se hizo moción, que fué apoyada (Julio 12), 
para restaurar el Imperio de los Incas, proyecto que suscri- 



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EL PAlS DE CUYO 91 



bieron los Diputados del Alto Perú, de Córdoba y de Salta, 
teniendo como campeones de esta idea en el recinto del Con- 
greso al Diputado por la Rioja Don Pedro Ignacio de Cas- 
tro Barros y al General Belgrano que había sido llamado al 
seno del Congreso en sesión secreta de Julio 6. 

Los Diputados de Cuyo Dr. Don Francisco Narciso La- 
prida, Fray Justo de Santa María de Oro, Don Tomás Go- 
doy Cruz y Dr. Don Juan Agustín Maza, que habían sido 
electos á influencia de San Martin y que podían ser mirados 
como el eco de las opiniones de aquél en la cuestión que se 
debatía, no eran partidarios de la monarquía constitucional 
que parecía el sistema de organización política acordado ya 
por casi todos los miembros del Congreso. 

En la sesión del dia 15, cuando la discusión creíase ago- 
tada ó cuando se hacía casi imposible por la idea preconcebi- 
da dominante en todo el Congreso, fué cuando el Diputado 
Oro, por San Juan, alma angélica, en quien las dotes del co- 
razón y la cabeza estaban armónicamente equilibradas *, tomó 
la palabra y manifestó : « que para proceder á declarar la for- 
ma de gobierno, era preciso consultar previamente á los pue- 
blos, limitándose por el momento á dar un reglamento provi- 
sional; y que en caso de procederse sin aquel requisito á 
adoptar el sistema monárquico constitucional, á que veía 
inclinados los votos de los representantes, pedía permiso 
para retirarse del Congreso». 

El padre Santa María de Oro era el único que protesta- 
taba contra la adopción inmediata de la forma monárquica 
de gobierno. La discusión fué obstinada, y por fin las ideas 
del representante de Cuyo triunfaron, primero por el aplaza- 
miento y después por el rechazo de la monarquía. 

La Provincia de Cuyo, la única que manifestaba su dispo- 
sición general á contribuir para los apuros de la guerra 2 y 
triunfo de la revolución, mientras las demás oponían su po- 
breza para sustraerse al cumplimiento de aquel sagrado y su- 



1 Historia de Belgrano. 

5 Informe del Congreso, Febrero I o de 1816. 



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92 EL PAÍS DE CUYO 



premo deber, acababa, en nuestro concepto, de rendir á la 
Patria, por medio de uno de sus representantes, un servicio 
mayor, cual era el rechazo de la monarquía, institución que 
difícilmente pudo aclimatarse en estos pueblos, dado el ca- 
rácter de sus habitantes, no menos que la crueldad y absolu- 
tismo como la monarquía europea se había insinuado con 
nosotros desde el tiempo de la conquista hasta el año 1816. 

No se crea por lo que dejamos expuesto, que pretendamos 
impugnar á aquellos grandes patriotas que formaron el Con- 
greso de Tucuman por sus ideas monárquicas. 

Su educación, su época, y sobre todo sus buenas intencio- 
nes, pudo hacerles ver candorosamente en la forma monár- 
quica de gobierno, el mejor sistema político para la organi- 
zación del país. 

Sobre todo, el sistema republicano estaba en aquellos tiem- 
pos muy lejos de ser el ideal del buen gobierno, y la Repú- 
blica Francesa de 1793, ofrecía un ejemplo aterrador de anar- 
quía, desgobierno y demás escándalos de que ninguna monar- 
quía en el mundo había dado tan tristes y dolorosos ejemplos. 

El objeto primordial que se tuvo en vista al formar aquel 
primer Congreso, quedó plenamente llenado con la solemne 
acta de 9 de Julio que declaró libres estos pueblos de la Es- 
paña y de todo otro poder extraño, pasando éstos á ocupar 
desde luego un puesto honroso entre las naciones libres de 
la tierra y prometiéndose con aquel paso de tan grande tras- 
cendencia, nuevos esfuerzos para asegurar definitivamente su 
existencia política. 

Las primeras naciones que reconocieron nuestra indepen- 
dencia fueron los Estados-Unidos de la América del Norte, 
que en 8 de Marzo de 1821 así lo declaró por intermedio de su 
Presidente Jacobo Monroe, en nota dirigida por éste al Con- 
greso de la Nación. 

Dos años después (21 de Marzo de 1823), Jorge Canning, 
Ministro de Jorge TV de Inglaterra, declaraba que el tiempo y 
el curso de los sucesos habían sancionado de un modo defini- 
tivo la emancipación de las provincias sudamericanas, y así 
fué oficialmente resuelto el mismo año. 



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EL PAÍS DE CUYO 93 



¡Gratitud eterna á estas dos naciones que hoy son las de- 
positarías de la libertad y de las instituciones libres en el 
Nuevo y Viejo Mundo ! 

5. — Los representantes por San Juan ante el congreso 
de Tucuman, que funcionó desde el 24 de Marzo de 1816 hasta 
su clausura en 17 de Enero del año siguiente, fueron, como 
ya se ha dicho, Laprida y Oro. 

Aunque mas adelante nos ocuparemos de estos dos grandes 
hombres que llenaron un papel muy importante en la historia 
de su Provincia, ha de permitírsenos una noticia biográfica 
de cada uno de ellos, que los haga couocer mas á fondo. 

El Dr. Don Francisco Narciso Laprida, á quien cupo el alto 
honor de presidir el Congreso de Tucuman, era hijo de la 
ciudad de San Juan, y el vasto caudal de sus conocimientos 
profesionales le distinguieron en el foro por la rectitud y 
madurez de sus juicios. 

Como miembro del Cabildo de su pueblo, corporación que 
llenó las múltiples funciones administrativas, como cuerpo 
deliberante, teniendo en sus deliberaciones asociado al Te- 
niente Gobernador, Laprida se distinguió por el acierto de 
sus juicios y la rectitud de sus miras, haciéndose notar igual- 
mente en las funciones comunes de administrar justicia, que 
era facultad ordinaria de aquel cuerpo. 

En 1818, cuando los émulos del Teniente Gobernador de 
la Boza se confabularon en su ausencia para hacerle una 
oposición abierta, el Intendente de la Provincia Don Toribio 
de Luzuriaga, que se hallaba en San Juan, llamó al desempe- 
ño de las funciones gubernativas á Laprida que, contando con 
el respeto y cariño de los bandos locales, era el único que po- 
día servir como prenda de paz y garantía, de afianzamiento 
político y social para todos, en medio de las pasiones desbor- 
dadas que trabajaban aquel pueblo. 

Laprida desempeñó el gobierno interino desde el 19 de Se- 
tiembre hasta 17 de Diciembre del mismo año. 

En 1819 desempeñó el cargo de Asesor de Gobierno, y en 
1820, durante la administración de Sánchez, se hizo nombrar 



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94 EL PAÍS DE CUYO 



comisionado ante el Gobierno de Chile para tratar asuntos 
de comercio y acordar algo sobre la montonera de Carrera, 
que ya comenzaba á agitar estos pueblos. 

Desde este momento, se nos pierde de vista este honrado ó 
inteligente hombre público, porque las tinieblas que envolvie- 
ron á la República en 1820, proyectaron sus mas negras som- 
bras sobre Cuyo, haciéndolas durar por algunos años. 

El levantamiento del núm. 1 de los Andes, que puso en ar- 
mas á San Juan y Mendoza; la montonera de Carrera que co- 
menzó á sentirse por las violencias y estragos cometidos por 
sus infernales bandas, ocupan el año 21 y 22. A estos hechos 
siguieron la revolución de un Garramuño; el motin de un 
Flandes; los trabajos de resistencia que al gobierno de Carril 
hacía el partido clerical de San Juan y que concluyó con el 
combate de Las Leñas, etc., etc. 

Estos tristes sucesos, absorbiendo las fuerzas vivas de la 
sociedad, no dejaban lugar alguno para que los hombres de 
paz y labor como Laprida, se manifestasen en el medio para 
que habían nacido : la lucha de las ideas y el progreso en la 
paz y el orden, y no la guerra civil, la montonera y los moti- 
nes de cuartel. 

Sin embargo, esta avalancha de desgracias que arrasaba á 
San Juan y amenazaba á todos los pueblos de Cuyo, arras- 
tró al fin á Laprida, que en 1829 aparece en Mendoza entre 
el ruido de las armas y vocerío de los campamentos. 

El combate del Pilar, en que un fraile apóstata consolida 
su poder por medio de la traición y el perjurio, no solo im- 
porta el aniquilamiento de las libertades públicas y privadas, 
sino que hasta la vida de los pacíficos ciudadanos se ve ame- 
nazada de muerte, y enseguida sacrificada en holocausto á la 
sed de sangre que los caudillos de la barbarie han manifesta- 
do en todas nuestras guerras. 

El 29 de Setiembre, Aldao triunfaba de sus contrarios por 

medio de la traición, y durante la persecución y la matanza 

de los vencidos, el Dr. Laprida era degollado en el cuartel 

de Auxiliares (después Colegio de la Santísima Trinidad). 

Tal fué el trágico fin del ilustre sanjuanino, tan digno de 



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EL PAÍS DE CUYO 95 



mejor suerte por sus virtudes cívicas, patriotismo é impor- 
tantes servicios prestados á la independencia de su país l . 

6. — Fray Justo de Santa María de Oro, que como se ha 
visto fué el compañero de Laprida en el Congreso de Tucu- 
man, era nacido en la ciudad de San Juan en 4 de Setiembre 
de 1769. Principió sus estudios de latinidad y teología ele- 
mental en el convento de Santo Domingo á los 15 años, mar- 
chando después á Chile á continuar sus estudios, donde se dis- 
tinguió por su "rápida comprensión, lucidez de sus ideas y 
después por su expedición fácil y elocuente. 

Recibió las órdenes sagradas en 1790, habiendo antes des- 
empeñado el lectorado de artes, y sacado en oposición la cá- 
tedra de teología que desempeñó durante cuatro años, siendo 
pronto elevado á la categoría de Prior de la Recoleta Domi- 
nica. 

Refieren las crónicas de aquellos tiempos, que el cuyano, 
renombre con que Oro era conocido y que en Chile se aplica 
hoy á todos los argentinos, tenía un continente que no abo- 
naba mucho en favor de sus dotes oratorias. 

Debía tener lugar en el convento de su orden un concurso 
de oposición, en el que se trataba de proteger una mediocri- 
dad con muchos empeños y alta privanza con sus superiores. 
A este objeto, fueron eliminados los estudiantes de reconocida 
inteligencia, y se trajo al concurso á los coristas mas porros, 
y entre ellos, al padre Oro que aun no era conocido, para que 
el triunfo del agraciado con la cátedra fuera mas fácil y re- 
vistiese las apariencias de un concurso formal. 

Consultado Oro sin tiempo para prepararse al certamen, 
aceptó la participación que se le daba, sabiendo que su supe- 
rior se había expresado así: t Pongamos entre los opositores al 



1 El 9 de Julio de 1888 fué colocada en calle General Acha una placa de 
bronce, fundida en el Arsenal de Guerra, con esta inscripción: «Casa donde 
nació el Dr. Narciso Laprida, el 28 de Octubre de 1786. Presidente del 
Congreso que declaró en 1816 la Independencia Nacional».— N. E. 

Su estatua fué inaugurada el 25 de Setiembre de 1ÍXM, en la plaza de 
su nombre, en San Juan. 



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96 EL PAÍS DE CUYO 



cuyano, á fin de que nuestro candidato obtenga el triunfo con 
algunos visos de lucha». 

Llegado el momento del certamen, el padre Oro, con esa 
humildad soberbia que le fué característica, tomó á su turno 
la palabra, destruyendo el edificio levantado á tanto costo 
y anonadando á sus coopositores que le habían precedido; 
pasó en seguida á refutar á sus examinadores, presentando 
un nuevo plan de ideas y desarrollándolas con tanta sensatez 
ó ilustración, que redujo á todos á un mutismo completo, y 
concluyó con esta frase que importaba un reproche á sus su- 
periores: «Así diserta el cuyano». 

En 1809 hizo un viaje á Roma, donde negoció un Breve 
para la anexión á Buenos Aires de los conventos de su orden 
en Cuyo, que reconocían la dependencia del Convento Gran- 
de de la Orden que existe en Santiago de Chile, bajo la advo- 
cación de San Lorenzo. 

Vuelto á Chile, donde permaneció por algunos años, pensó 
en volver á su país natal. 

Admirador entusiasta de la Revolución Argentina, ó me- 
jor dicho, revolucionario de corazón y de ideas, no solo era 
una viva protesta contra el estado político de Chile, donde 
por esta causa contrajo algunos compromisos, sino que trató 
de regresar á su patria para prestarle su concurso en la gran- 
de obra de regeneración en que se hallaba comprometida. 
Tal vez sus aspiraciones no se limitaban á solo entonar en el 
suelo que lo vio nacer el salvum fac populum tuum. 

El pueblo de San Juan, haciendo justicia á su capacidad, 
le eligió en 1815 su representante ante el Congreso de la Na- 
ción 

Dotado de una poderosa inteligencia y en la plenitud de su 
desarrollo, no solo correspondió á las esperanzas que su p'ue- 
blo tenía en él fundadas, sino que su ilustración fué un con- 
tingente poderoso llevado á aquella asamblea de patriotas 
exclarecidos para el estudio y decisión de las arduas tareas 
que debían tratarse. 

Los congresales de 1816 eran dignos de la grandiosa idea 
que los reunía y de la gloriosa acta que declaró la indepen- 
dencia política de estos pueblos. 



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EL PAÍS DE CUYO 97 



El padre Oro, que reunía á su vigorosa inteligencia, cuali- 
dades de carácter que lo hacían tan idóneo para la vida po- 
lítica como para el estado religioso, supo llenar su cometido 
como hemos visto antes. 

En 1817, nombrado Provincial de su orden, proclamó la 
independencia de los conventos dominicos, que formaban la 
Provincia Eclesiástica de San Lorenzo Mártir, dependiente 
hasta entonces del General de la Orden en España. 

Por este tiempo, el Padre Oro hace un paréntesis á los de- 
beres de su profesión para entregarse de lleno á la política 
agitada de Cuyo, y especialmente á la de San Juan, que tenía 
profundamente dividida aquella sociedad. Este fué su mayor 
pecado, y luego veremos la penitencia que tuvo que sufrir. 

El rigorismo excesivo, aunque necesario, que desplegaba 
el Teniente Gobernador la Boza, y que, como se ha dicho an- 
tes, le enagenaron las voluntades de muchos, fué causa para 
que el padre Oro militase en las filas de los desafectos y opo- 
sitores al Gobierno. 

La política local había producido una grande excisión en 
el pueblo de San Juan, y el Cabildo que estaba unido á la 
oposición, trabajaba por la deposición de la Boza, á quien se 
miraba como un tirano y mandón voluntarioso. 

El padre Oro llegó á comprometerse por su conducta 
abiertamente hostil á la autoridad, haciéndose sospechoso ante 
el Gobierno de la Intendencia que seguía en todos sus deta- 
lles los sucesos de San Juan, y que pronto pensó en alejarle 
de la Provincia. 

En nota reservada del Intendente Luzuriaga, de 24 de 
Abril (1818), encargaba vigilar al Provincial délos Conven- 
tos Dominicos de Chile, «de quien hay fundados antecedentes 
que aspira á introducir el desorden», y á los catorce días (8 de 
Mayo ) venía la orden de hacerlo marchar á Chile, lo que se 
efectuó inmediatamente. 

Fray Justo, que había acreditado ser un verdadero patrio- 
ta, dio, sin embargo, un paso en falso en la política interna de 
su provincia, y su abierta oposición á la autoridad vino á 
abrirle las puertas del destierro. 

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98 EL PAÍS DE CUYO 



Nada tiene esto de extraño, si como veremos luego, la ca- 
pital de la Intendencia estaba con el enemigo en casa, y en 
tales condiciones, una simple sospecha bastaba para empañar 
la reputación de los mejores patriotas. 

Sin embargo, debemos decir en honor de la verdad, que el 
opositor á la Boza nunca desmintió al congresal de Tucuman. 

En 1828 reaparece en San Juan el Padre Oro, revestido 
con la alta dignidad de Vicario Apostólico de Cuyo por 
nombramiento hecho por Su Santidad León XII. 

En 1830, el obispo Cienfuegos le consagra en San Juan 
como obispo Thaumacense 1 , in partibus in ftdelium, de con- 
formidad á la bula expedida por León XII. 

Fray Justo comenzó desde entonces, con todo el ahinco de 
que era capaz un hombre de su carácter, á trabajar por la 
erección de un Obispado en Cuyo, para lo que tenía que abrir 
una formal campaña. 

Los gobiernos de Mendoza y de San Luis aplaudían la 
idea, pero alegaban la preeminencia para la catedralidad de 
su iglesia matriz, particularmente el primero por haber sido 
la ciudad de Mendoza la capital de la Intendencia de Cuyo. 

La Curia de Córdoba resistía, por su parte, la desmembra- 
ción de su vasta diócesis. 

El localismo por una parte y un falso celo religioso por la 
otra, eran dificultades que solo podía vencer un hombre de 
las luces y temple del Padre Oro. 

Hubo polémica razonada; en seguida exigencias, y después 
dicterios que solo sirvieron para dificultar la pronta solución 
del asunto. 

La Vicaría de Cuyo tuvo sus defensores, se publicaron 
artículos de periódico, folletos, etc., y la Curia de Córdo- 
ba no fué remisa en contestaciones del mismo género. 

Hasta el Gobierno de San Juan tomó parte en la cuestión, 



1 ThanmacO) antiguo Thaumaci, pueblo de la Turquía Europea en la 
Provincia de Thesalia, á 85 millas S. S. O. de Larissa, situado en un 
gran despeñadero, cuya cima se encuentra coronada por un antiguo cas- 
tillo. 



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EL PAÍS DE CUYO 99 



y como veremos en lugar oportuno, celebró una especie de 
concordato con la autoridad eclesiástica. 

En 1834, pendiente la cuestión de preeminencia por parte 
de Mendoza y de resistencia por la del Provisor Sede Vacan- 
te de Córdoba, se expidió la bula ereccional del Obispado de 
Cuyo, nombrándose á Oro como Obispo de la nueva diócesis. 

Su Santidad Gregorio XVI acababa de fallar una causa 
de seis años de duración, accediendo á las gestiones del Padre 
Oro, y prometiendo á la ciudad de Mendoza la creación opor- 
tuna de iglesia sufragánea en su jurisdicción. 

Hemos necesitado entrar en estos detalles, que trataremos 
<;on detención en la debida oportunidad, para dar una mues- 
tra del tesón y empeño con que el Obispo Oro encaraba las 
cuestiones que se proponía hacer triunfar. 

El Obispo Oro se ocupó desde entonces, exclusivamente, 
■en la organización de su diócesis, en cuya tarea muy poco 
pudo hacer por su fallecimiento ocurrido el 19 de Octubre 
de 1836. 

Su cadáver fué inhumado en la Catedral de San Juan el 
23, y sus honores fúnebres celebrados por cuenta del Estado 
en los dias 29 y 30 de Noviembre 1 . 



1 En el frontis del Monasterio de Santa Rosa de Lima, en San Juan, 
-calle General Acha, existe ana placa de bronce, fundida en el Arsenal de 
Guerra, año 1886, con esta inscripción: «Casa donde nació Don Justo 
Santa María de Oro, el 80 de Julio de 1772. Diputado al Congreso que de- 
claró en 18161a Independencia de la Nación». 

Su estatua, inaugurada el 9 de Julio de 1897, se levanta al costado Oeste 
de la Plaza 25 de Mayo, en San Juan. — X. E. 



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CAPÍTULO VIH. 

1. Año 1818.— Fusilamiento de los hermanos Carrera en Mendoza» 
— Manifiesto del Intendente. — 2. Año 1819. — Levantamiento 
de los prisioneros españoles en San Luis — 3. Año 1820. — 
Sublevación del 1.° de Cazadores de los Andes en San Juan. 
— Asesinato de Zequeira y compañeros de infortunio. — 4. 
Disolución de Cuyo. — 5. Los sublevados se dirigen á Men- 
doza; son batidos, dispersándose luego en su marcha hacia el 
Norte. 



1. — Verificado el pasaje de la Cordillera por el Ejército 
de los Andes, y la ocupación de la Capital de Chile, después 
de la batalla de Chacabuco, el sostenimiento del Ejército pa- 
triota pasó á ser de cuenta del Estado que acababa de libertar- 

El País de Cuyo cambió entonces la naturaleza de sus ta- 
reas para atender la vida material de sus habitantes y reparar 
las pérdidas y necesidades engendradas por la militarización 
de tres años, con abandono de su comercio y pequeño número 
de industrias. 

El Cabildo de San Juan se ocupó, desde luego, en cambiar 
el cauce del Rio, que á la sazón amenazaba con sus crecientes 
á la ciudad y departamentos del Norte, amenazas que eran de 
esperarse en este mes, pues en los primeros años del sigla 
había ocasionado grandes inundaciones, como sucedió mas 
tarde (1833), destruyendo gran parte de la ciudad. 

La irrigación comenzó á sujetarse á reglas estables, dando 
vida á la labranza por medio de canales desconocidos aun 
en los departamentos. Se hicieron trabajos serios para dar 
agua á Angaco y pedregales del Pocito, y el intendente de 
la Provincia presidía personalmente estos trabajos que, una 
vez realizados, debían producir muy benéficos resultados 
para la riqueza de la Provincia. 



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EL PAÍS DE CUYO 101 



El comercio adquirió alguna vitalidad, y la administración 
pública pudo contar con algunas rentas necesarias para lle- 
nar las primeras necesidades del presupuesto. 

San Luis, enclavada en la pampa, seguía con lentitud su 
marcha de reparación y de escaso progreso. 

Mendoza se rehacía igualmente de los sacrificios que había 
hecho desde 1814, concurriendo á la formación y sosten del 
ejército de San Martin y creación de su renta pública; y la 
resurrección de su comercio é industria la daban nueva vida. 

Sin embargo, los principios de la desorganización nacional 
que mas tarde debía aparecer en su horrible fealdad, ejercían 
su influencia moral sobre los pueblos de Cuyo que, exhaus- 
tos de recursos y cansados de tantos sacrificios, miraban con 
ojos tímidos los sucesos que se desarrollaban en los pueblos 
del litoral argentino. 

Los numerosos prisioneros españoles que había en San 
Luis, y la necesidad de su guarda, mientras el Estado de 
Chile no estuviese completamente libre de tropas españolas, 
era otro motivo de temor que desazonaba la situación de 
aquel pueblo. 

En la provincia oriental del Uruguay, las fuerzas portu- 
guesas se enseñoreaban del territorio oriental, habiendo ob- 
tenido dos triunfos sucesivos en el Arroyo del Catalán. 

El General Olañeta entraba triunfante á Jujuy, y no era 
fácil disputarle el terreno en aquellos momentos. 

En 24 de Noviembre de 1817, el Ministro de la Guerra cir- 
culaba, en nota reservada, que el rey Fernando había conde- 
corado á Don José Artigas con la cruz pensionada de San 
Hermenegildo, y que éste aparecía como Brigadier General 
en los ejércitos reales. 

Cada hecho que en la vida ordinaria hubiera sido indife- 
rente, era en tales circunstancias lo que un objeto colocado 
detras de un poderoso vidrio de aumento. 

Desde luego, se temían desastres, traiciones, etc., que se 
hacían mas posibles cuanto mas sospechosa era la conducta 
de los caudillos, como López, Ramírez y el mismo Artigas, 
que no tuvo inconveniente en hostilizar al Directorio y con- 



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102 EL PAÍS DE CUYO 



cluiría por invadir el Entre Rios, sumergiéndonos en la gue- 
rra civil. 

En este estado de temor y alarma, fué descubierto Don 
Luis Carrera, que se había introducido á Mendoza con uu 
nombre falso, y á quien se acusaba de haber violado la co- 
rrespondencia pública, abusando del correo que la conducía. 

Al poco tiempo, Don Juan José Carrera era aprisionado 
en la Tenencia de San Luis y conducido á Mendoza, donde 
fué encerrado con su hermano en la cárcel pública. 

Los hermanos Carrera, conocidos en Mendoza desde 1814, 
por sus precedentes como díscolos y revoltosos, unidos al 
nombre falso con que viajaban (Leandro Barra el uno, y 
Narciso Méndez, el otro ), trajeron la alarma á la Intenden- 
cia, que desde luego los sujetó á una completa clausura y vi- 
gilancia. 

Conspiradores de oficio, comenzaron desde luego por so- 
bornar las guardias y tramar un levantamiento contra las 
autoridades, ayudados por los díscolos y descontentos que 
hacíanlos mismos trabajos de zapa en las tres * ciudades de 
Cuyo. 

En este estado de cosas, llegó á Mendoza la terrible noti- 
cia de que el Ejército de San Martin había sido sorprendido 
y deshecho á inmediaciones de la ciudad de Talca (Cancha- 
Rayada) en la noche del 19 de Marzo, y que el enemigo mar- 
chaba sobre la ciudad de Santiago. 

En situación tan extrema para la tranquilidad de Chile y 
de Cuyo, se abreviaron los trámites de la causa seguida á los 
Carrera en Mendoza, y convictos y confesos de los crímenes 
de que se les acusaba y previo asesoramiento de tres letra- 
dos primero, y de dos después, el Intendente Don Toribio de 
Luzuriaga los hizo fusilar en la tarde del dia 8 de Abril de 
1818. 

La parte legal de este jucio fué llenada en todas sus par- 
tes, aunque por la gravedad de las circunstancias no se es- 
perase la consulta mandada á Buenos Aires, que en último 
caso no era mas que una cuestión de simple trámite judicia- 
rio. (Ap., núm. 12). 



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EL PAlS DE CCYO 103 



2. — El año 19 se presentaba, si no con los mismos temo- 
res y sobresaltos que el anterior, porque la batalla de Maipú 
(5 de Abril 1818) había concluido con la dominación espa- 
ñola en Chile, ofrecía, sin embargo, el desquicio producido 
por las intrigas de Alvear, López, Ramírez y Carrera, y las 
montoneras de Santa Fé que amenazaban á Buenos Aires, y 
que habían caído sobre Bustos en Córdoba. 

En tal situación, el Supremo Director ordenó á San Mar- 
tin que hiciese pasar una de sus divisiones sobre Cuyo para 
estar á la espectativa, y ocurrir donde las circunstancias lo 
exigiesen. Igual orden se había dado al General Belgrano. 

Los prisioneros españoles de Chacabuco y Maipú, que en 
número como de trescientos hombres se hallaban en el depó- 
sito de San Luis, tenían concertado un levantamiento que 
debían verificar de acuerdo con López y Ramírez. 

Efectivamente, López se pronunció en Santa Fé contra el 
Gobierno General, y sabida la noticia por los confabulados 
de San Luis, hicieron su movimiento el día 8 de Febrero 
(1819). asaltando los cuarteles y depósitos, logrando sorpren- 
der las fuerzas de guardia y apoderándose de las armas. Sin 
embargo, la acción del vecindario fué tan rápida y eficaz, 
que al momento retomaron los cuarteles y dominaron la re- 
belión, después de una matanza en que murieron el Brigadier 
Don José Ordoñez, los Coroneles Primo de Rivera, Morgado, 
Mocla y muchos otros, entre los que se contaban dos Tenien- 
tes Coroneles y 21 oficiales. 

Gobernaba á la sazón en San Luis el Teniente Goberna- 
dor Don Vicente Dupuy, que se portó con valentía y arrojo 
en el sofocamiento de los prisioneros alzados. 

El proceso seguido á los que sobrevivieron al alzamiento 
del dia8, fué instaurado y concluido por el Dr. Don Bernardo 
Monteagudo, confinado en aquella ciudad y nombrado por 
Dupuy juez de la causa. 

3. — La situación nacional no podía ser mas angustiosa. 

La montonera de López de Santa Fé, auxiliada por una di- 
visión del Entre Rios, era una amenaza formal ala tranquili- 
dad pública. 



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104 EL PAÍS DE CUYO 



Los portugueses, que ocupaban la Banda Oriental, y Ar- 
tigas, que asechaba el momento para caer sobre Entre Rios» 
una vez repuesto de la derrota que le hizo experimentar Ra- 
mírez en el Saucecito, mientras las tropas de esta provincia 
tenían su mirada fija en Buenos Aires, eran otras causas muy 
poderosas de malestar general. 

Fué en tales condiciones que el Director de Buenos Aires 
urgía al General San Martin para que hiciese repasar los An- 
des á su ejército, lo que daría por resultado la cesación de 
aquel terrible estado de cosas. 

San Martin, que en sus sueños de gloria no pensaba en 
otra cosa que en su deseada expedición al Perú, para lo cual 
contaba con el auxilio y decidida protección de su íntimo 
amigo el Presidente de Chile D. Bernardo O'Higgins, se sen- 
tía altamente contrariado con aquellas exigencias que des- 
barataban todos sus planes. 

El General San Martin esperaba mucho de su influencia 
en Buenos Aires. Se presentó en esta ciudad para conferen- 
ciar con el Director, y expuso no estar concluida la pacifi- 
cación de Chile; la necesidad de abrir una nueva campaña al 
sud de este Estado; y en fin, el compromiso ya contraído con 
el Gobierno chileno y los preparativos hechos para alistar la 
expedición que debía operar sobre el Perú. 

Con esto, no solo conseguía demorar el regreso del ejército 
de su mando, sino ponerse en condiciones de exigir los re- 
cursos necesarios para gastos de la expedición. 

Pueyrredon consideraba dichas pretensiones fuera de opor- 
tunidad, no tanto por la exigüidad de las rentas generales, 
como por la falta de garantía con que debía contar el Go- 
bierno ante un estado de descomposición social que amena- 
zaba envolver en un caos á toda la nación. 

Por otra parte, las Provincias-Unidas no estaban en con* 
diciones de pensar en el Perú, ni en los enemigos que ocupa- 
ban aquel país, cuando el enemigo lo tenía en casa por la 
Banda Oriental, Entre Rios y Santa Fe. 

Ante una negativa tan terminante, y por mas que los ami- 
gos del General San Martin hubiesen puesto de su parte 



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EL PAlS DE CUYO 105 



todos los medios posibles para evitar un rompimiento entre 
el General y el Director, la separación de éstos fué fría, y San 
Martin se retiró sin despedirse de Pueyrredon, aunque sí 
con el propósito formado de dar un golpe decisivo á la cues- 
tión, esperando como resultado el logro completo de sus 
miras. 

San Martin elevó su renuncia al Directorio, y aunque en 
ella exponía el mal estado de su salud, por segunda mano 
manifestaba las causas verdaderas que lo impulsaban á tomar 
aquélla extrema resolución. 

No se equivocó San Martin, aunque tampoco consiguió 
todo el objeto que se proponía, pues la expedición al Perú 
quedó convenida con algunas restricciones, y entre éstas, con 
la de hacer pasar á Cuyo una parte del Ejército para respon- 
der á las necesidades de la política general, antes de que 
aquélla se llevase á cabo. 

En definitiva, la renuncia no fué aceptada y la expedición 
postergada para mejor oportunidad. 

Hemos necesitado entrar en este detalle para dar á cono- 
cer la causa que motivó la venida de una división del ejército 
argentino de Chile, la que fué necesario realizar sin demora, 
en vista del alzamiento de los prisioneros en San Luis. 

Una división constante de 1,200 plazas llegó á Cuyo, com- 
puesta del Batallón 1.° de Cazadores de los Andes, que se 
destinó á San Juan, cuatro escuadrones de granaderos y ca- 
zadores á caballo, que fueron distribuidos en las tres ciudades 
de Cuyo, y algunas piezas de artillería con las que se com- 
pletaba la segunda división del Ejército de los Andes. 

Estas fuerzas debían ser remontadas en Cuyo para dejar 
á su regreso á Chile una base de ejército á disposición del 
Directorio de Buenos Aires y mando inmediato del General 
Balcarce. 

El año 1820, que debía figurar entre las fechas aciagas de 
nuestro calendario, había llegado, encontrando á la Repú- 
blica toda dividida hondamente, trabajada por la anarquía 
y el caudillaje, en vísperas de alzarse contra todo lo que ofre- 
ciese visos siquiera de organización y paz. 



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106 EL PAÍS DE CUYO 



Los portugueses seguían en posesión de la Banda Oriental; 
Artigas acababa de invadir el Entre Rios; las montoneras de 
Santa Fé y Córdoba habían tomado grandes proporciones, y 
el movimiento anárquico de Bernabé Araoz 1 en Tucuman 
(12 de Noviembre 1819), que se había hecho proclamar Pre- 
sidente de la República independiente en que había erigido 
su provincia, indicaban de un modo muy elocuente el estado 
de anarquía y desquicio en que se hallaba toda la República. 

El Supremo Director General Don José Rondeau, que había 
reemplazado á Pueyrredon por renuncia de éste, ordenó que 
el cuerpo de ejército que á las órdenes del General Don Fran- 
cisco de la Cruz se hallaba acampado cerca de la ciudad de 
Córdoba, avanzase sobre Santa Fé. El 7 de Enero llegaba 
Cruz á la posta de Arequito, y en la noche se pronunció un 
motin encabezado por el General Don Juan Bautista Bustos, 
que luego se hizo proclamar Gobernador de Córdoba. 

San Martin, que también había recibido aviso de mar- 
char sobre el centro de las montoneras, pero que tenía sus 
formales propósitos de no mezclarse en la guerra civil, elu- 
dió su cumplimiento, pasándose á Chile y dejando al Gene- 
ral Alvarado la orden de seguirlo con la división existente 
en Cuyo. 

San Martin, que con su mirada de águila había visto la 
anarquía en todo su horror, y presentido la conflagración 
general de que no era fácil escapase la importante división 
de Cuyo, tan necesaria para sus ulteriores empresas, trató de 
prevenir el mal, pero no fué tan feliz que no perdiese uno de 
los mejores batallones del Ejército de los Andes. 

El dia 9 de Enero, al amanecer, la población de la ciudad 
de San Juan se despertaba aterrada por las descargas de fu- 
silería y sostenido tiroteo que duró por mas de media hora. 

Era el número 1 que, secundado por un cuerpo de dragones 
de reciente creación, acababa de sublevarse y se batía con 



1 Este individuo fué bajado del poder por revolución popular de 28 de 
Agosto de 1821, y en 1828, fusilado en el pueblo de Trancas en Tucuman, 
por el Gobernador de la Provincia Don Javier López, 



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EL PAÍS DE CUYO 107 



un piquete de cívicos, mandados por el Teniente Don José 
Bernardo Navarro 1 , siendo esta pequeña fuerza de resistencia 
deshecha y dispersada, al momento. 

El partido local, contrario al Teniente Gobernador de la 
Boza, veía por fin conseguido su objeto, aunque á costa de 
un crimen estupendo de que pronto se arrepintió. 

Se había explotado la desavenencia del General San Martin 
con el Directorio de Buenos Aires, haciendo aparecer á aquél 
como un mandón alzado y por consecuencia á sus tenientes 
Luzuriaga, la Roza y Dupuy. 

Habían llegado hasta aprovechar la chismografía de cuar- 
tel, y se hablaba á la tropa de los castigos que Zequeira, jefe 
del núm. 1, imponía á los soldados; de los ejercicios violentos 
y fatigas de todo género con que se les mortificaba, so pre- 
texto de disciplina y educación militar. 

Hasta se decía y consta en un acta de los sublevados, que 
la Roza y demás gobernantes de Cuyo eran ciegos instru- 
mentos de San Martin y estaban empeñados en desobedecer 
á la Suprema autoridad de la Nación. 

A estos trabajos locales hay que añadir que el levanta- 
miento en San Juan era uno de los resortes tocados para pro- 
ducir la disolución del país, según los trabajos de zapa y 
desquicio que se hacían en el litoral. 

El desgraciado y funesto levantamiento del núm. 1 fué 
encabezado por los capitanes Mariano Mendizábal, Fran- 
cisco Solano del Corro y teniente Pablo Morcillo 2 ; los dos 
primeros se pusieron inmediatamente las presillas blancas y 
el último las de Sargento Mayor, procediendo á la prisión 
del Teniente Gobernador de la Roza, puesto en capilla para 
ser fusilado al dia siguiente; pero fuéle conmutada la pena 



1 Este valiente oficial es el mismo que mas tarde peleó en Chacón; hizo 
la campaña del Brasil; que en Tilo, lugar de las cordilleras, mató en 

duelo al General Villafañe. Murió en Rio IV en 1831 asesinado por 

los gauchos de Facundo Quiroga. 

3 Mendizábal fué fusilado en Lima en 1822; Corro, asesinado en Salta, y 
Morcillo, fusilado en el cuartel general de la Guayra en el mismo año. 



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108 EL PAlS DE CUYO 



por destierro á LaRioja 1 ; fueron presos también los jefes 
y oficiales que no estaban en el movimiento, es decir, el 
Teniente Coronel Don Severo García Zequeira, Sargento 
Mayor Don Lucio Salvadores, Capitanes Don Camilo Bena- 
vente, Juan Bautista Bozo, N. Zorrilla y Oficiales inferiores 
Moyano, Maure, Vega, Echegaray, Zuluaga, Zelaya, Velasco, 
Blanco, Ramiro y otros. 

Igualmente fueron presos un Comandante de milicia de 
apellido Quiroga y el valiente Oficial Navarro, que les había 
puesto alguna resistencia con sus bisónos milicianos. 

El mismo dia de la sublevación convocaron al pueblo á Ca- 
bildo abierto, levantándose un acta que suscribieron ciento 
nueve ciudadanos, por la que Mendizábal era nombrado Te- 
niente Gobernador. 



1 El Sr. Ignacio de la Hoza, nieto del ilustre procer, nos ha proporciona- 
do copia fiel del original del testamento que hizo en tales circunstancias. 
« En Ja ciudad de San Juan, 4 14 del mes de Enero de 1820, yo, José Ignacio 
de la Roza, casado con Doña Tránsito de Oro, estando condenado á morir 
por los jefes que hicieron la revolución el dia nueve del presente rnes, sin 
causa alguna y solo por los efectos de las pasiones irritadas de la revolu- 
ción, sepan cuanto la presente vieran que esta es mi única voluntad, en 
todo lo que en las siguientes declaraciones se contiene: 

«1. a Que de mi legítima mujer Doña Tránsito de Oro, tengo un hijo de 
edad como de un mes, llamado Rosauro, que éste es mi único heredero, y 
mi dicha mujer sola y única albacea con todas las mismas facultades que 
si yo vivo estuviera. 

«2. a Que á dicha mi mujer le acompaño unos apuntes en la cajita de 
mi retrato de lo que debo y me deben. 

« 8. a Que en todos los casos que se le presenten de resolver, se aconseje 
de mis amigos Don Narciso Laprida y Don Rudecindo Rojo. 

« 4. a A todos mis amigos de las provincias les recomiendo á mi mujer 
para que me la atiendan y la asistan. A Don Narciso Laprida encargo les 
explique esto á mis amigos. 

«5. a Recomiendo mucho á mi mujer que inspire á mi hijo los senti- 
mientos mas ardientes para la Patria, que jamas les inspire venganza 
contra otros enemigos que los de mi país. 

• Es hecho en mi prisión en el dia y año ya citado. — José Ignacio de la 
Boza. » 

— Al costado izquierdo del frontis de la Casa de Gobierno hay una placa 
de marmol, del cerro Pió -Palo, con esta inscripción en letras de oro: 
«Doctor José Ignacio de la Roza, Alcalde de 1 er . voto, 1815-1816. Teniente 
Gobernador, 1818-1820. Auditor de Guerra del Ejército. Libertador del 
Perú, 1821». — N. E. 



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EL PAÍS DE CUYO 109 



Los jefes y oficiales presos, no pndiendo avenirse con su 
suerte, y desesperados de la vida licenciosa de sus antiguos 
subordinados, que en aquellos críticos momentos eran dueños 
de sus vidas, comenzaron á fraguar un plan de contra -revo- 
lución, para lo que se prestaba muy bien el Cuartel de Dra- 
gones en que estaban presos. Este Cuartel era la antigua Ca- 
sa de Ejercicios (boy San Clemente); tiene un espacioso patio 
cuadrado, rodeado de corredores con arcadas de material 
sobre gruesas pilastras que podían prestar el servicio de ga- 
biones para luchar contra los sublevados, cuando éstos re- 
gresaran al Cuartel después del ejercicio. 

En el momento en que debían poner por obra su plan, 
fueron descubiertos por la imprudencia de sus mismos auto- 
res, lo que dio por resultado el engrillamiento de los que aun 
estaban sin prisiones y la clausura individual de cada uno en 
calabozo separado y con centinela de vista. 

El Coronel Alvarado, que tuvo noticia en Mendoza de los 
sucesos de San Juan, se puso en marcha el dia 11 sobre esta 
ciudad, sin mas que su escolta, ordenando que dos escuadro- 
nes de Cazadores á Caballo y dos piezas de artillería lo si- 
guiesen á la mayor brevedad. Alvarado esperaba producir con 
su prestigio una reacción en los sublevados que con él habían 
compartido tantas glorias en la reconquista de Chile; pero 
éstos, al saber su llegada al Pocito, no solo salieron con el 
propósito de batir á su antiguo jefe, sino que le hicieron 
saber por una diputación del Cabildo, que al primer amago 
de su parte, los presos serían pasados por las armas. 

Alvarado volvió á Mendoza, temiendo las consecuencias de 
la obstinación de los revoltosos, esperando así salvar las vi- 
das de sus amigos, evitar los horrores de un asalto á la ciu- 
dad, y sobre todo, en presencia de las pocas fuerzas de que 
podía disponer contra el gran número délos sublevados, pues 
solo el núm. 1 de Cazadores constaba de ocho compañías 
con un total de mas de 600 hombres. 

A su vuelta, encontró en Jocolí (18 de Enero) á los Caza- 
dores á Caballo, que hizo contramarchar á Mendoza, ocu- 
pándose desde luego de salvar el resto de su división de aquel 



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110 KL PAÍS DE CUYO 



horrible contagio, que ya había producido sus terribles efec- 
tos en Córdoba y San Juan. 

£1 mismo mes emprendió su marcha para Chile, á unirse al 
General San Martin que tenía su cuartel general en las pri- 
meras poblaciones de Aconcagua (San Francisco de Curimon). 

Los presos que estaban en el Cuartel de Dragones en San 
Juan, se hacían cada vez mas peligrosos para sus guardianes; 
entre los mismos sublevados se manifestaban tendencias para 
ponerles en libertad. Sin embargo, el pueblo temía por la 
suerte de aquellos desgraciados. 

El dia 15 se les propuso si querían marchar á Chile para 
incorporarse al Ejército ó hacer de su libertad el uso que 
quisieran. Esta proposición era una infame celada contra la 
vida de aquellos valientes, que, no suponiendo tanta maldad 
en sus subordinados de la víspera, la aceptaron llenos de es- 
peranza y satisfacción y quizá con propósitos de un justo y 
severo castigo contra Mendizábal y sus cómplices, que habían 
privado á la causa de América de una de sus mejores legiones. 

El mismo dia salían de San Juan, escoltados por una fuerte 
partida, los presos Zequeira, Salvadores, Benavente, Bozo y 
Zorrilla, con destino á Chile, y según siniestros rumores, para 
ser asesinados en el camino. 

El dia 16 iban en marcha por Los Colorados, lugar á doce 
leguas de la ciudad de San Juan, cuando fueron alcanzados 
por una partida capitaneada por un sargento español de los 
sublevados llamado Catalino Biendicho 1 , quien procedió in- 
continenti á consumar el bárbaro asesinato de los presos. 



1 En 26 de Agosto de 1818, llegaba á Buenos Aires un buque español con 
doscientos hombres del Regimiento de Cantabria, al servicio de España. 
Esta embarcación era la fragata Trinidad, que el dia 21 de Julio en la 
noche, se habia sublevado en alta mar, dirigiéndose á este puerto para 
tomar servicio 'en los ejércitos de las Provincias Unidas. Biendicho era 
sargento segundo en estas fuerzas, y habia sido uno de los caudillos de 
la sublevación. 

El General Rondeau, como un medio de guerra contra la España, acordó 
á los traidores un escudo de paño con el lema: «La Patria á sus nuevo» 
hijos» (28 de Setiembre). 

Con este solo hecho quedan averiguados los infames precedentes del 
asesino de Zequeira y sus compañeros. 



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EL PAlS DE CUTO 111 



La partida de guardia, que no hizo resistencia alguna en 
favor de los presos confiados á su custodia, demostraba con 
este hecho que el rumor público en San Juan era una reali- 
dad, y que el trágico fin de aquellos desgraciados estaba ya 
decretado por los malvados que se habían apoderado de la 
situación de aquel pueblo. 

La mas espantosa anarquía se produjo desde luego, el pue- 
blo sufría horrores de todo género por la crápula y desenfre- 
no de aquélla soldadesca, que había roto todo vínculo de 
orden y respeto. Los amotinados se pusieron en abierta lucha 
con el Cabildo que no les daba recursos para pagar la tropa, 
y aun entre los mismos rebeldes comenzó la desconfianza y 
la intriga, pretendiendo los cabecillas del movimiento una su- 
premacía que cada uno alegaba para sí. 

Mendizábal, que pretendía ser solo en el Gobierno y en el 
mando de la tropa, comenzó á incomodarse de su segundo, 
Corro, que, habiendo compartido con aquél la responsabili- 
dad del movimiento del 9 de Enero, tenía tantos derechos 
como su cómplice en aquella obra de disolución. 

Corro contaba ademas con el afecto de la tropa y de mucha 
parte del vecindario, que miraba en Mendizábal la causa úni- 
ca de los males que envolvían á aquel pueblo, y en el que, 
dicho sea de paso, habían tomado una parte muy principal 
los opositores al Gobierno de la Boza. 

So pretexto de una comisión á la Rioja, Corro fué separado 
de San Juan, hecho que no pasó desapercibido de la tropa 
que miró en la partida de su caudillo predilecto, un destierro 
disimulado. Los soldados se amotinaron luego, pidiendo la 
vuelta de Corro, y Mendizábal tuvo que ceder, mandando un 
chasqui para que aquél regresase, como remedio único para 
calmar á sus descontentos subalternos, que ya comenzaban á 
inspirarle muy serios temores. 

4. — Mientras el pueblo de San Juan sufría los horrores 
de una soldadesca desenfrenada, veamos lo que ocurría en las 
otras ciudades de Cuyo. 

Don Toribio de Luzuriaga, que desde el 31 de Agosto de 



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112 EL PAÍS DE CUYO 



1816 desempeñaba el Gobierno Intendencia de Cuyo, había 
sido compelido á dimitir su autoridad el dia 17 dq Enero, 
reemplazándole en sus funciones gubernativas el Cabildo de 
la ciudad. Una fracción política en armas llamó luego al Go- 
bierno á Don Pedro José Campos, quien ásu vez fué derro- 
cado y reducido á prisión, sucediéndole en el mando Don 
Tomás Godoy Cruz. 

Luzuriaga, que deseaba incorporarse al ejército expedicio- 
nario al Perú, solo pudo conseguirlo haciendo una donación 
de todos sus bienes en favor del Estado, buscando así la ga- 
rantía que faltaba á su persona por el juicio de residencia 
que se le seguía y podía ser el principio de mayores males. 
Llegado á Chile, protestó contra la cesión violenta que había 
hecho, pero ésta no tuvo consecuencias inmediatas por su 
marcha al Perú con San Martin. 

Don Vicente Dupuy, Teniente Gobernador de San Luis, 
fué separado del mando por idénticos medios, que lo había 
sido el Doctor de la Roza en San Juan. 

Los tres puntos de apoyo en que San Martin afirmó la 
palanca de su genio para levantar el Ejército de los Andes, 
desaparecieron de la escena, arrastrados por la terrible ava- 
lancha del desorden y la anarquía que envolvían á la heroica 
Intendencia de Cuyo. 

El caudillo que dominaba en San Juan desplegaba mien- 
tras tanto sus dotes desorganizadoras, y convocaba al pueblo 
á las Casas Consistoriales para tratar de la autonomía de 
aquél, de las ventajas del gobierno propio y de la grande 
entidad política que los acontecimientos daban á San Juan. 

Tan extravagantes ideas se vertieron en aquella reunión 
popular, como se la llamaba, que poco faltó para que Men- 
dizábal se hiciese proclamar Director de la República Inde- 
pendiente de San Juan, como lo había hecho Araoz en Tucu- 
man y lo pretendía Ramírez en el Entre Rios. 

El buen sentido del poco pueblo concurrente á aquellas 
reuniones, pudo mas que las pretensiones de Mendizábal, 
pues solo se arribó á celebrar el acta trascrita á continuación, 
por la cual San Juan se declaraba libre de los vínculos que 
la unían á la Intendencia. 



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EL PAlS DE CUYO 113 



cEn la ciudad de San Juan, el primer dia del mes de Mar- 
zo de mil ochocientos veinte años, reunido el pueblo por di- 
versas ocasiones, y habiendo discutido con un maduro y pro- 
lijo examen sobre si podrá ó no unirse á las demás provin- 
cias federadas, sin consultar la voluntad de la capital de 
Mendoza, respecto á que se hallaba ya el pueblo indepen- 
diente de ella, de hecho, y que había sido invitado por al- 
gunas de las provincias unidas, por última deliberación, 
acordó : 

Que quedaba unido en el modo mas solemne á las demás 
provincias federadas; que se obligaba á obedecer y sostener 
todos los pactos y establecimientos que sancionase la auto- 
ridad legislativa que constituían las provincias federadas; 
que, reasumida su soberanía, se declaraba el pueblo, indepen- 
diente de la que hasta aqui habia sido capital de la Provincia, 
y que al actual señor Teniente Gobernador lo elevaba el 
pueblo á la clase de Gobernador, con todas las facultades y 
prerrogativas anexas á esta clase; que este hecho y la inde- 
pendencia que acababa de declarar, con respecto á la capital 
de Mendoza, se entendiese estable hasta la reunión y decla- 
ración de la autoridad legislativa que hayan de constituir las 
provincias federadas, á cuya deliberación queda únicamente 
sujeto el pueblo. 

Con lo que se dio por concluido este acto, firmando por 
ante mi de que doy fé.— Mariano Mendizdbal. — Hilarión 
Furque, (y ciento cuarenta y cuatro firmantes mas) .... acto 
que pasó por ante el Escribano Público y de Cabildo Don 
Estanislao Tello.» 

Esta declaración, á la que no puso óbice alguno la autori- 
dad de Mendoza, ni la de San Luis, era uno de los primeros 
asomos del sistema federal, forma violenta de gobierno á que 
nos habían de conducir los acontecimientos, y cuya mala se- 
milla derramaban los caudillos en los hondos surcos abiertos 
por las revoluciones. 

¿Qué diferencia hay entre la farsáica República de Tncu- 
man en 1820, y el Estado Federal de la Eioja en 1872? 

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114 EL PAÍS DE CUYO 



Mendoza anarquizada por los Aldao; San Luis enclavada 
en la silenciosa pampa, y San Juan en poder de una solda- 
desca alzada: hé aquí lo que quedaba del glorioso y viril 
pueblo de Cuyo que. sintiéndose exhuberante de vida, man- 
daba á sus hijos que la dieran por los que aun gemían por la 
suspirada libertad. 

El pueblo de 1817 era un cadáver, y sobre su tumba debía 
pronto derramarse mas sangre: el Ejército Restaurador de 
Carrera: el Pilar 

¡Cuánta transformación en tan poco tiempo! 

Los pueblos de Cuyo habían llegado á la mas extrema 
decadencia; y si unidos dieron tantas glorias á la Patria, des- 
unidos eran en aquel momento un escándalo que comple- 
taría la disolución nacional. 

El documento siguiente cerrará la breve reseña que deja- 
mos hecha de estos sucesos: 

« Don José Ignacio Fernández Maradona, Gobernador electo 
por la soberanía del pueblo, de esta ciudad de San Juan, 
sus términos y compr¿nsion, etc., etc. 

« Por cuanto el dia de ayer ha recibido este Gobierno é 
Ilustre Cabildo, comunicaciones de la ciudad de Mendoza por 
el conducto de los Sres. Diputados Don Melchor Molina y 
Don Valeriano García, dirigidas á consolidar y hacer per- 
manente la unión de ambos pueblos y la independencia san- 
cionada por éste, viniendo facultados suficientemente por el 
Gobierno é Ilustre Cabildo do aquella Ciudad, y guiadas estas 
autoridades de aquellos principios que adoptaron para decla- 
rarse unidos á las provincias federadas, han acordado de 
uniformidad con los Sres. Diputados, hacer la mas solemne 
ratificación, en virtud de las instrucciones que se les dieron 
por su pueblo, celebrando para ello una acta capitular con 
este Gobierno, Ilustre Cabildo y Comandantes Militares, en 
que se obligan ambos pueblos á vivir unidos, auxiliarse para el 
mejor acierto de sus deliberaciones, y quedando independien- 
te uno de otro, en cuanto á su gobierno económico, según se 
halla lo que hoy han ratificado. 



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EL PAÍS DE CUYO 115 



« Por tanto, ordeno y mando que en demostración y júbilo 
de esta unión, se iluminen las calles de esta ciudad, plaza y 
Sala Capitular, con las demás demostraciones públicas que 
manifiesten la complacencia y agrado con que se halla esta- 
blecida la amistad y unión de unos pueblos limítrofes por na- 
turaleza. Y para que llegue á noticia de todos, publíquese en 
forma de bando, saqúense copias, y fijadas que sean, devuél- 
vanse originales en Secretaría. 

« Dado en San Juan, en Marzo 23 de mil ochocientos y veinte 
años. José Ignacio Fernández Maradona. — Ante mí: Agustín 
Vallejo, Escribano Público de Hacienda y Gobierno Interino.» 

Dijimos antes que la emulación ó la idea de preponderan- 
cia personal, había agriado profundamente las relaciones 
entre Mendizábal y Corro; añadiremos ahora que cada uno 
espiaba la ocasión oportuna para deshacerse de su rival. 

El primero, aunque mas fuerte en posición social por los 
vínculos de la familia á que se hallaba ligado por su matri- 
monio, y por el papel protagonista que había desempeñado 
en la sublevación del 9 de Enero, era sin embargo muy infe- 
rior al segundo, que contaba con la influencia de la tropa, y 
con las simpatías de gran parte del vecindario que odiaba 
á Mendizábal; asi fué, que sin mucho esfuerzo, Corro dio en 
tierra con su contrario, destituyéndolo del Gobierno (21 de 
Marzo), y sin mas que el aparato de la fuerza armada, le 
aprisionó y desterró enseguida, haciendo nombrar de Gober- 
nador Interino á Don José Ignacio Fernández Maradona. 

Añadiremos para concluir con la odiosa página dejada por 
Mendizábal en la historia borrascosa de San Juan, que se le 
siguió una causa por distracción de rentas públicas, habién- 
dose descubierto en su casa diez barriles con doble fondo, de 
que se extrajeron diez mil pesos, cuyo hecho pretendió justi- 
ficar, afirmando que esos fondos fueron ocultados cuando el 
Coronel Alvarado amenazó á aquel pueblo llegando hasta el 
Pocito. 

No creemos deber traer á colación sus vicios privados que 
le hicieron detestable de todos, aun de su misma familia. 



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116 EL PAlS DE CUYO 



La situación de San Juan empeoraba cada dia mas, y la 
estancia de aquellas tropas indisciplinadas que comenzaban 
por no respetar ni á sus jefes, compañeros del crimen de re- 
belión y solidarios mancomunados de aquella situación es- 
pantosa, tenía alarmado á todo el vecindario, tanto mas, cuan- 
to que por el acta de primero de Marzo y ratificación del dia 
23 del mismo, quedaba el pueblo librado á su propia suerte 
en medio del estado de completa disolución nacional. 

Estos males que afligían á San Juan, pesaban igualmente 
sobre los otros pueblos de Cuyo, y la larga estadía de los su- 
blevados dejaba comprender fácilmente que, agotados los re- 
cursos locales, aquéllos concluirían por hacer sus irrupciones 
á los pueblos vecinos. 

Estos temores no eran infundados, por lo que pronto se 
trató de reconstruir la unión cuyana para conjurar un mal 
en perspectiva. 

El Gobierno de Mendoza pasó con el objeto dicho una in- 
vitación al de San Juan y San Luis, á la que estos contesta- 
ron presurosos y favorablemente. 

La situación de San Juan era desesperante; el gobierno po- 
lítico una farsa, bajo la presión de la fuerza armada. 

El Gobierno tuvo que residenciarse en un departamento 
del Oeste (Zonda), y desde allí pedir auxilio á los demás pue- 
blos vecinos para dominar aquel tremendo estado de des- 
quicio. 

Una conspiración que se descubrió el 22 de Abril, en la que 
aparecían como jefes el Comandante Don Ventura Quiroga, 
teniente Don Pedro Eegalado Cortínez y ciudadano Don 
Teodoro Lozada, vino á empeorar el malestar general por 
las prisiones y persecuciones que se siguieron. 

La única tabla de salvación prevista, capaz de librarles de 
aquella horrible borrasca que había hecho naufragar las li- 
bertades públicas y privadas, era la ansiada liga ó recons- 
trucción de Cuyo. 

El Gobierno de San Juan nombró su representante á Don 
Javier Godoy, dándole instrucciones, que después sirvieron 
de base á las relaciones y pactos interprovinciales. 



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EL PAlS DE CUYO 117 



En éstas se estimulaba la reserva de la soberanía de cada 
uno de los pueblos contratantes, conforme á su estado autonó- 
mico actual; prohibición absoluta de impuestos interprovin- 
ciales; compromiso de unión ofensiva y defensiva; supresión 
de contribuciones forzosas; reforma del diezmo, arbitrando 
los medios de que su erogación se hiciese en favor de los ero- 
gantes; creación de una Corte de Distrito formada por un 
letrado de cada provincia contratante para el conocimiento 
de asuntos especiales; y en fin, la administración gratuita de 
los sacramentos y entierros, fijando á los párrocos una renta 
determinada de la masa de diezmos y primicias. (Ap. nota 
núm. 13). 

Este convenio de unión produjo los buenos resultados que 
pronto se palparon con los auxilios ó intervenciones armadas, 
que vinieron á reconquistar el orden turbado por los sucesos 
que dejamos referidos. 

5. — La Provincia de San Juan habia quedado exhausta 
de todo recurso, y ya faltaban los bastimentos para alimen- 
tar la gran masa de hombres que hacía seis meses la tenían 
en completa alarma, cuando Corro pensó en desalojar aquel 
pueblo con sus cuerpos de dragones y cazadores. 

La Provincia de Mendoza contaba con bastante gente 
sobre las armas, y el General Don Francisco de la Cruz, que 
las organizaba y disciplinaba, podía de un momento á otro 
invadir á San Juan en virtud de los pactos interprovinciales 
existentes. 

Cualquiera de las causas indicadas ó las dos conjuntamen- 
te, debieron obrar en el ánimo de Corro, porque luego se 
habló de la marcha de éste á Tucuman con la mira de unirse 
á algunos contingentes que levantaban las provincias del 
Norte, y formar con éstos un cuerpo de ejército que debía 
operar sobre el Perú como auxiliar del que preparaba San 
Martin en Chile. 

La marcha anunciada para el 26 de Julio se verificó efec- 
tivamente este dia; pero con sorpresa de todos, Corro tomó 
al Sud, camino de Mendoza. 



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118 EL PAlS DE CUYO 



Sus fuerzas ascendían á 550 hombres, y las marchas for- 
zadas que emprendió desde el primer día, indicaban el propó- 
sito de dar una sorpresa á la ciudad de Mendoza ; pero como 
se ha dicho antes, la antigua capital de Cuyo estaba lista para 
rechazar el ataque, así fué que el dia 29, una partida de 
avanzada que llegaba á los médanos de Jocolí al mando de 
un sargento Araya, se encontró con fuerzas de Mendoza que 
al mando del Comandante Barcala comenzaron á hostilizarla. 

Replegada la partida de Araya al grueso de la columna, y 
frustrado el plan de sorpresa con que contaban los invaso- 
res, se aprestaron para librar un combate contra las fuerzas 
que se supo existían en la hacienda de Jocolí. 

Efectivamente, el Comandante Don Miguel Cajaravilla, 
jefe muy acreditado, que se había encontrado en los comba- 
tes de Sipe-Sipey Chacabuco, en cuyos hechos de armas salió 
herido; que había peleado en Cancha -Rayada, Maipú y Bio- 
bío (campaña sobre Arauco en 1819), estaba apostado en 
aquel punto al frente de algunas milicias. 

Corro llegó á Jocolí y arrolló á los milicianos que le opu- 
sieron una débil resistencia, continuando en seguida su mar- 
cha sobre la ciudad de Mendoza. Llegados al Algarrobal, 
punto á tres leguas de la ciudad, supo que una gruesa divi- 
sión al mando del General Cruz salía á su encuentro, y fué 
sin duda por esta única causa que contramarchó á San Juan, 
retirándose á la vista del enemigo que le perseguía. 

En los primeros dias de Agosto, Corro era alcanzado y 
batido por uno de los Aldao, jefe de las fuerzas mendocinas, 
en la margen izquierda del rio de San Juan, viéndose obliga- 
do á huir con los pocos hombres que le quedaban, pues la 
deserción mas que los hechos de armas le habían reducido á 
la mayor impotencia. Sin embargo, se apoderó de la peque- 
ña ciudad de la Rioja, permaneciendo en ella 21 dias; y des- 
pués de agotarle sus pocos recursos, siguió hacia los pueblos 
del Norte donde desapareció con su pobre individualidad, 
que tan tristes recuerdos dejaba en los pueblos de Cuyo. 

El Comandante Aldao volvió en Octubre á Mendoza, pero 
sin la gente que trajo, porque toda se le había desbandado 



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EL PAÍS DE CUYO 119 



en los tres meses de permanencia en San Juan; y esta ciudad 
al fin, libre de los soldados licenciosos que la ocuparan por 
mas de nueve meses, vio funcionar una Junta de Guerra 
que en sustancia solo sirvió para hacer odiosa la reacción pro- 
ducida por las venganzas y persecuciones, que se sucedieron 
contra los complicados en la sublevación del 9 de Enero. 



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CAPITULO IX. 

1. La montonera de Carrera. — 2. Gobierno de Sánchez y Urdi- 
ninea. — Pacto de unión en San Miguel de las Lagunas. — 
3. Don Salvador María del Carril. — Su gobierno. — Poderes 
judiciales y electorales. — La Carta de Mayo. — Primera pu- 
blicación en la Provincia. — Año 1825. — Guerra religiosa. — 
Combate de Las Leñas (Primera Rinconada). 



1. — La terrible anarquía del año 21 había concluido, de- 
jando lampos de sangre por todas partes. 

Artigas había desaparecido de la escena y asiládose en el 
Paraguay, donde el Dictador Francia le retuvo en clausura, 
confinándole al interior del país (Curuguaty). 

Ramírez, batido en el Rio Seco, fué muerto después de la 
acción, su cabeza remitida á Santa Fé y puesta en exhibición 
dentro de una jaula. 

López había concluido por tratar con el Gobierno de 
Buenos Aires, después de la acción de Cepeda (1.° de Febrero 
1820), y ya hemos visto cómo terminó la sublevación del nú- 
mero 1 de los Andes. 

Solo quedaba en escena un asilado chileno que dejaría 
un lúgubre recuerdo en el país que le hospedara, y debía 
morir en las provincias de Cuyo, en el mismo lugar en que 
sus hermanos fueron fusilados en 1818. 

Don José Miguel Carrera, que por su ineptitud y am- 
bición había sido la causa única del desastre de Rancagua 
en 1814, fué desde entonces un conspirador tenaz, que por 
odio á O'Higgins, á San Martin, á la República Argentina 
y á todo lo que no era su personalidad y su interés, no des- 
perdició medio, por criminal que fuera, de que no hiciese 
uso para saciar sus miras de ambición y marchar sobre Chile 



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EL PAÍS DE CUYO 121 



para encender la guerra civil, castigando á los que sin su 
ayuda independizaron aquel país del dominio de la España, 
entronizádose en el poder público. 

Su ambición aumentada y corregida por su falta de tino 
político, por su « fatuidad y ligereza en las situaciones mas 
solemnes de la vida », habían cubierto su sentido moral de 
esas cataratas de pasiones indisciplinadas, que no le deja- 
ban ver mas que su personalidad y concentrado odio á sus 
enemigos. 

Persiguiendo aquel objeto especial, había desde 1819, in- 
trigado con Alvear, aliádose á las montoneras de Entre Rios 
y Santa Fó; tenido inteligencias subversivas con Mendizábal; 
unídose á los bárbaros del desierto para saltear, incendiar y 
asesinar en los pueblos indefensos de la frontera (Villa del 
Salto, Noviembre 1820), y en fin, asimiládcse todos los ban- 
didos que merodeaban al abrigo del desquicio general. 

En el Chajá, Provincia de San Luis (5 de Marzo 1821), bate 
al inepto Bustos; y después lleva sus hordas sobre la capital 
de esta Provincia sin atreverse á tomar parte en el asalto, 
porque en medio de sus correrías carece del valor personal 
para jugar el primer papel, donde la empresa puede ofrecer 
algunos peligros. 

A su salida del desierto, sorprende en unión con los indios, 
el Fuerte de las Pulgas en San Luis (hoy Mercedes), y des- 
pués de los degollamientos y horrores de todo género que 
consuman sus hordas, consigue, por un capricho de la fortuna, 
un triunfo inesperado sobre una división de milicias que en 
el Rio IV se hallaba al mando del Coronel Don Bruno Mo- 
rón (8 de Julio de 1821), triunfo debido á la muerte de este 
jefe en los primeros momentos, y al pánico que este hecho 
produce entre los bisónos milicianos recien movilizados, que 
arrojan sus chuzas y se entregan á la fuga. 

El resultado de este casual accidente fué la ocupación de 
la pequeña población de San Luis, donde Carrera imperaba 
con su brutal capricho. 

Carrera y sus bandas, á que llamaba «Ejército Restaura- 
dor» y cuyo lema era «Federación ó Muerte», palabras si- 



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122 EL PAlS DB CUYO 



niestras que debían tener una alta significación en 1840, es- 
taba posesionado de San Luis, donde había nombrado un 
gobernador de su amaño y aumentado el número de sus fo- 
ragidos hasta casi mil hombres, todos dignos de la horca 
por sus crímenes horrendos. 

El 21 de Agosto, Carrera desalojó San Luis, á la noticia de 
fuerzas que de todas direcciones marchaban sobre este pue- 
blo, resolviendo entonces dirigirse é Mendoza ó San Juan 
para abrirse paso sobre Chile, pues en la República Argen- 
tina nada podía esperar desde que le faltaban los aliados 
que dieron alguna consistencia á sus bandas. 

La Provincia de Mendoza tiene sus milicias sobre las ar- 
mas. En el Retamo está una fuerte división al mando del Co- 
ronel de cívicos Don José Albino Gutiérrez, y en Las Catüas, 
una fuerza avanzada de doscientos hombres que espían sus 
movimientos. 

San Juan aguarda con sus milicias preparadas en el cam- 
pamento de la Majadita al mando del Coronel Don José Ma- 
ría Pérez de Urdininea l . 

Las fuerzas del litoral ocupan ya las Achiras y siguen en 
persecusion de la montonera. 

Carrera emprende una precipitada marcha sobre Mendoza; 
pero informado de las fuerzas que esta Provincia ha puesto 
sobre las armas, simula un ataque al campo de las Catitas, 
donde perdió algunos hombres; y creyendo llamar la aten- 
ción de las fuerzas de Mendoza para que se concentren en 
aquel punto, emprende una marcha rápida sobre las fuer- 
zas sanjuaninas que espera sorprender. 

El dia 30 de Agosto llega á la Punta del Médano, lugar 



1 Este jefe gozaba de alto crédito por su reconocido valor probado en 
la Campaña del Perú, donde había obtenido el grado de Mayor del JRe- 
gimiento de Húsares del Ejército Auxiliar. Fué llamado desde Córdoba, 
donde se hallaba, por el Gobernador de San Juan Don José Antonio 
Sánchez para organizar algunas fuerzas en previsión de los hechos que 
tratamos; llegó á San Juan con algunos oficiales. En 1822 á 1828, fué 
Gobernador de esta Provincia por algunos meses, como se verá mas 
adelante. 



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EL PAlS DE CUYO 123 



situado al Norte de las Lagunas de Huanacache, en. las últi- 
mas ramificaciones de la Sierra Pié -Palo, y se halla con la 
noticia de que las fuerzas de San Juan se han reconcentrado 
á Ja ciudad ; y la mas alarmante aun, de que las fuerzas de 
Mendoza, desbaratando sus planes de engaño y falso amago 
sobre el Retamo, le habían seguido y se hallaban á su reta- 
guardia. 

No quedó al gefe de la montonera otro recurso que batir- 
se y según es de varia la suerte de las armas, siempre podía 
esperar algún triunfo, aunque fuese muy inferior á su con- 
trario en fuerzas y estrategia militar. 

Al amanecer del 31 de Agosto, comenzó un combate deses- 
perado por parte de los montoneros, el cual se manifestó fa- 
vorable á Gutiérrez desde el primer momento por la ventaja 
de la infantería, arma de que aquéllos carecían. 

Los restauradores, como ellos se llamaban, perdieron terre- 
no, y por fin, se entregaron á la fuga, siendo el mayor grupo 
de dispersos como de cincuenta hombres (entre los que iba 
Carrera), que tomaron al Sud con la intención de internarse 
al desierto. 1 

Los grupos menores fueron tomados en su mayor parte por 
las partidas de San Juan que les hicieron una tenaz persecu- 
ción; murieron en la batalla gran número de los montoneros, 
especialmente en el lugar de la Carpintería, donde se reunie- 
ron muchos y libraron un ligero combate. 

El grupo en que iba Carrera y sus mas íntimos parciales, 
nos ofrece un episodio que pinta á las mil maravillas la cla- 
se de gente que constituía la montonera. 



1 Gutiérrez, dando cuenta al Gobierno de Mendoza de la victoria que 
habla alcanzado sobre la montonera, decía: «Lo he destruido del todo; he 
hecho muchos prisioneros y prisioneras ; muchos muertos, y aun estamos 
en el campo de batalla persiguiendo al enemigo. El ya huyendo y en te- 
tramente á pie; no tiene por donde escapar; si no cae en mis manos, cae- 
«rá en las de San Juan; tengo toda su caballada y cargas; nada le queda 
«si no lleva una soga para ahorcarse». 

(De la «Revista del Rio de la Plata», tomo 11. Estudios sobre el año 
XX, por el Doctor Don Vicente Fidel López.) 



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124 EL PAÍS DE CUYO 



Los jefes y oficiales Arias, Sierra, Moya, Fuentes y Ju- 
chausti, que eran los mas decididos por su jefe, fraguaron el 
plan de traicionar á Carrera para conseguir así el indulto de 
sus fechorías, lo que verificaron en la noche, entregándolo á 
las fuerzas de Mendoza en Jocolí. 

El Gobernador de Mendoza, Don Tomás Godoy Cruz, le 
hizo formar un Consejo de Guerra por la circunstancia de es- 
tar en todo su vigor la ley marcial, estado que el mismo Ca- 
rrera había producido, y juzgado que fué por dicho Consejo 
como salteador en cuadrilla, fueron fusilados el 4 de Setiem- 
bre Carrera y un coronel de milicias, Felipe Alvarez. 

Don José Miguel Carrera moría en el mismo sitio en que 
sus hermanos Juan José y Luis habían sido fusilados tres 
años antes, pero con la diferencia, que si éstos habían desper- 
tado en el pueblo un sentimiento de conmiseración por su 
trágico fin, aquél moría maldecido de todos los pueblos vícti- 
mas de los bandidos aliados y odiado hasta por su mismo país, 
que para celebrar la victoria de la Punta del Médano, mandó 
por una ley acuñar medallas conmemorativas con la siguien- 
te inscripción: « Chile agradecido — Campaña de Mendoza ». 

2. — Al inepto gobierno de Maradona sucedió el de Don 
José Antonio Sánchez, hombre patriota, de mediana instruc- 
ción y sobre todo, bien intencionado, condición indispensa- 
ble para hacer un buen gobierno. 

Su administración comienza en B de Junio, y con ella la 
marcha de la Provincia por un sendero mas ancho de paz y 
de progreso. El mismo dia de su exaltación al gobierno, el 
pueblo fué convocado á Cabildo abierto, y allí se acordó, se- 
gún las palabras del acta celebrada, « se crease y erigiese una 
Corporación Representativa del Pueblo que, invistiendo el 
carácter de Soberana, Legislativa y Constituyente (de once 
individuos, nueve por la capital y dos por Jáchal y Valle 
Fértil) 1 , dictase una Constitución para la Provincia», á cuya 



Estos representantes por la ciudad, fueron: los Sres. Pedro del Ca- 
rril, Borja de la Roza, Valentin Ruiz, José María Moyano, Hilarión Fur- 
que, Dr. Francisco de Ocariz, Dr. José Suarez, Pedro José Za valla y Juan 
José Cano. 



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EL PAÍS DE CUYO 125 



falta se atribuían con justicia las irregularidades en la mar- 
cha de la administración pública y la serie de males que aque- 
jaban á aquel pueblo, como la privación de garantías á las 
libertades individuales por la carencia de magistrados y tri- 
bunales que debían subvenir á las necesidades en el orden 
judicial, conforme á una regla permanente de justicia y 
equidad. 

Hasta 21 de Enero de 1821, en que por primera vez se 
había creado una Sala de Representantes, San Juan como 
los otros pueblos de Cuyo, solo se regía por los decretos de 
buen gobierno y ligeras ordenanzas policiales que proveían 
al orden puramente municipal; en seguida vinieron las Orde- 
nanzas de Intendentes y después, con las Tenencias de Go- 
bierno, la formación de los Cabildos con facultades mixtas 
de legislar y juzgar. 

Ademas, la elección de los capitulares ó cabildantes, aun- 
que era directa, no tenía mas alcance que poner al electo en 
condiciones de ser propuesto á la Intendencia, la que apro- 
baba ó rechazaba dichas elecciones, estado de cosas muy lejos 
de ser ni siquiera el embrión de los cuerpos legisladores de 
nuestros dias. 

Aunque el sistema unitario de gobierno, bajo el cual nos 
regíamos, autorizaba aquella centralización de facultades, la 
Revolución de Mayo, en el orden político, debía importar una 
revolución social que, tenieudo su influencia en el modo de 
formación de los Poderes Públicos, dejase á los pueblos si- 
quiera el libre ejercicio de los derechos municipales, ya que 
no las facultades inherentes al gobierno propio. 

Para justificar aquel estado, había que ocurrir á la necesi- 
dad de los gobiernos armados, primero, para garantir nues- 
tra independencia respecto de la España, y después para lu- 
char contra los caudillos y la anarquía que amenazaba de- 
vorarnos. 

Era Roma creando la dictadura; era Tito Larcio con fa- 
cultades extraordinarias ante la coalición de los Latinos. 

Solo así se explica que el pueblo de San Juan siguiese 
hasta en sus mas simples detalles la marcha é inspiraciones 



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126 KL PAÍS DE CUYO 



de la Intendencia, y que ni pensase en una autonomía que no 
hubiera tenido razón de ser, mientras le faltaran los medios 
de existencia propia. 

Bajo propósitos de paciente labor para formar la renta y 
dar un mediano incremento á la industria que casi toda se 
reducía al cultivo de los viñedos y elaboración de los caldos, 
alboreaba el año de 1822, cuando las ambiciones personales 
y los trabajos subrepticios de los partidos locales comenza- 
ron á producir un marcado malestar. 

El 19 de Enero tenía lugar un movimiento revolucionario 
ó pueblada, patrocinada por la influencia militar de los jefes 
llamados por Sánchez el año anterior, el que dio por resulta- 
do su deposición y reemplazo por Urdininea en las funcio- 
nes gubernativas. 

El gobierno de este jefe, que no era la expresión de la ma- 
yoría popular, encontró oposición tenaz desde los primeros 
momentos, y los trabajos de resistencia comenzaron con el 
mayor ahínco y empeño, que después han caracterizado al 
pueblo sanjuanino, siempre que se ha visto en la necesidad de 
luchar por sus derechos arrebatados por los malos goberna- 
dores ó bajo la presión de los gobiernos impuestos. En su 
consecuencia, el dia 26 de Junio el cuartel de «Cazadores del 
Orden» era atacado por el pueblo, y aunque la tentativa no 
correspondió al objeto del movimiento, el lenguaje de los he- 
chos tuvo una significación y elocuencia que no pudieron 
pasar desapercibidas del Gobierno. 

Urdininea, impulsado por su espíritu de conciliación que 
en mucho minoraba su falta en haberse impuesto como go- 
bernante al pueblo de San Juan, trató de calmar los ánimos, 
ya siguiendo y desarrollando el plan de adelantos iniciado 
por Sánchez en el orden local y en la política interprovincial 
ó ya ocurriendo á las delegaciones del gobierno para buscar 
en sus miembros el concurso de opinión y simpatía de que 
él carecía. Con este fin, desempeñaron el gobierno interino, 
sucesivamente, el Teniente Coronel Don José Ignacio Meñ- 
dieta, uno de los jefes que acompañaron desde Córdoba y 
después, Don Timoteo Maradona y Dr. Don Salvador María 
del Carril. 



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EL PAÍS DE CUYO 127 



El 22 de Agosto tuvo una entrevista en San Miguel de las 
Lagunas con los representantes de los otros pueblos de Cuyo 
para estrechar mas los vínculos de unión entre las tres pro- 
vincias. 

Los representantes de San Juan eran Urdininea y Carril; 
por Mendoza, Molina y Ortiz y por San Luis, Delgado. 

El objeto principal de esta Junta era echar las bases de un 
compromiso de arreglo para la formación de una autoridad 
central representativa de la Nación, y una especial á los pue- 
blos de Cuyo, que debían regirse bajo una común forma cons- 
titucional. Esto era la repetición de la tentativa hecha en 5 
de Mayo del año 20 para reconstruir la unión cuyana, pero 
con vistas mas amplias, como que se trataba de llegar, por 
este medio, á la organización nacional. 

El resultado á que se arrivó fué á la celebración de un pac- 
to provisorio que firmaron las partes contratantes, y que ra- 
tificaron las autoridades de Mendoza y San Luis. (Ap., nota 
núm. 14). 

Este arreglo frustrado fué la base del Tratado de Huana- 
cache, que se celebró en 1827, y del que nos ocuparemos mas 
adelante. 

Urdininea hizo cuanto humanamente fué posible para cap- 
tarse la voluntad de los sanjuaninos; pero los títulos viciados 
de su autoridad dificultaron toda transacción con sus intran- 
sigentes gobernados. 

Otro hecho que vino á empeorar la situación de Urdini- 
nea, fué la formación ó recluta de 600 hombres que por or- 
den de San Martin levantaba en San Juan para ser incorpo- 
rada al Ejército del Perú, la que en definitiva no se efectuó 
pero que descontentó á las masas ya cansadas del servicio 
militar. 

Urdininea fué al fin vencido por la opinión, viéndose obli- 
gado á renunciar el gobierno en 10 de Enero de 1823. 

La renuncia del Coronel Urdininea trajo al Gobierno de 
San Juan al Dr. Don Salvador M. del Carril, con quien se 
inicia una era de organización y progreso en esta Provincia 
que conquistó un puesto muy distinguido entre los pueblos 
de la República. 



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128 KL país de cuyo 



Corresponde ahora que nos ocupemos especialmente de este 
benemérito ciudadano que ejerció tan decisiva influencia en 
los destinos de su Provincia, y mas tarde en los de la Nación. 

Carril recibió el título de Doctor en 1820 en la Universi- 
dad de Córdoba y el mismo año volvió á San Juan, donde 
por su inteligencia y dotes de carácter estaba llamado á fi- 
gurar en primera categoría en los acontecimientos que so- 
brevinieron. 

Representante de San Juan en la Junta Interprovincial 
de San Miguel de las Lagunas, fué el alma de aquella Confe- 
rencia. 

Sustituto de Urdininea en el Gobierno, en Enero de 1823, 
fué llamado á desempeñar este cargo en propiedad en 12 de 
Marzo del año siguiente, siendo reelecto en Enero 18 del año 
25 y renunciando el 12 de Setiembre del mismo año. 

Durante su administración, inició la idea del primer censo 
agrícola eu la provincia, fundó la sociedad de Beneficencia 
(18 de Febrero de 1823); estableció y reglamentó el maes- 
trazgo de los artesanos; fundó la primera imprenta y creó 
la primera publicación periódica en San Juan; arregló y 
publicó el Registro Oficial; instauró la Reforma religiosa 
sobre casas monásticas, secularización de regulares, desvin- 
culacion de bienes de manos muertas, abolición de derechos 
bautismales, y ejecutó muchas obras de importancia para el 
ornato de la población, tales como construcción de puentes, 
rectificación de calles, etc., etc. 

En el orden judicial, dio á este poder una organización 
conveniente, reglamentando sus funciones de manera á ha- 
cer la justicia rápida y barata, garantiendo los derechos de 
los litigantes; hizo otro tanto con el poder legislativo, para 
cuya formación creó y reglamentó los Tribunales electorales, 
dictando una ley de eleccioues y restringiendo el sufragio á 
una edad y estado que ponía al votante á cubierto de la coac- 
ción y del cohecho; y como resumen á tanta reforma de im- 
portancia, dictó la célebre Carta de Mayo, que puede consi- 
derarse la primera Constitución de la Provincia. 

Fue electo Diputado Nacional en 1.° de Febrero de 1826, 



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EL PAÍS DE CUYO 129 



y en 10 de Diciembre de 1852, al Congreso Constituyente en 
Santa Fé que dictó la Constitución Nacional. 

En la famosa administración de Rivadavia, desempeñó el 
Ministerio d9 Hacienda (Abril de 1826 á Julio de 1827), y en 
el transitorio Gobierno del General Lavalle en 1828, del cual 
era íntimo confidente, tuvo á su cargo la misma cartera. 

Proscrito después hasta 1852, es uno de los hombres mas 
ilustrados y liberales que figuran en el destierro entre los 
ciudadanos dignos y honrados que no quisieron transigir con 
la tiranía de Rosas. 

Vuelto de la emigración, comenzó la nueva tarea de servir 
al país como Ministro Nacional en el Departamento del In- 
terior (1853), y como Vice-Presidente de la Confederación 
(20 de Febrero de 1854), habiendo estado varias veces en 
ejercicio del Ejecutivo Nacional. 

Reconstruida la nacionalidad argentina después de Pavón, 
fué llamado á desempeñar las importantes funciones de Pre- 
sidente de la Corte de Justicia Federal (11 de Julio de 1870), 
puesto que aun desempeña é ilustra con su reconocida com- 
petencia (1872). 

La primera reforma que Carril se propuso implantar, 
fué la de cortar los abusos que tanto desacreditaban enton- 
ces la religión católica, y que trató de estirpar en su Pro- 
vincia. 

Por decreto de Junio 26 de 1823, declaró abolido el de- 
recho de un peso que se cobraba sobre los óleos, y relevados 
los fieles de llevar capilla y vela, amplificando así el art. 20 
del Reglamento del año 13, que solamente lo refería á los 
niños de castas. 

Una ley de Junio 25, disponía lo siguiente: 

« San Juan, Junio 25 de 1823. — La Honorable Junta de 
Representantes de la Provincia de San Juan, usando de la 
soberanía ordinaria y extraordinaria que el pueblo le ha 
delegado, ha sancionado y decreta con el valor y fuerza de ley 
los artículos siguientes : 



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130 EL PAÍS DE CUYO 



1.° Las casas monásticas quedan sujetas á la inmediata 
jurisdicción del Ordinario 1 . 

2.° Los conventos de regulares, que tengan el número de 
religiosos sacerdotes designados en los artículos siguientes, 
subsistirán bajo la precisa condición de observar escrupulo- 
samente sus institutos, haciendo vida claustral y común, de 
cuyo cumplimiento queda encargado el Gobierno. 

3.° Ningún sacerdote regular de los conventos existentes 
en vida común, podrá habitar fuera del claustro ni poseer 
bienes particulares fuera de él por ningún pretexto, modo, 
ni motivo. 

4.° Las temporalidades de los conventos serán en adelante 
administrados por síndicos seculares, que el Gobierno nom- 
brará de una lista de tres que le propondrá cada comunidad 
por su prelado local, debiendo los síndicos prestar las corres- 
pondientes fianzas, y dar cuenta anualmente de su adminis- 
tración al Gobierno con el visto bueno del respectivo prelado. 

5.° Los conventos que mantengan dentro de sus claustros 
un cierto y determinado número de regulares, que para lo 
sucesivo no pasará de catorce ni bajará de diez, ó que no ten- 
gan fondos suficientes para observar la vida común, se cerra- 
rán inmediatamente, quedando sus temporalidades á cargo 
del Gobierno para que la Honorable Junta las destine á los 
objetos públicos que estime conveniente. 

6.° Los regulares que por falta de convento ó por cual- 
quier otra causa justa no les fuese posible observar la vida 
común, harán de ello una declaración formal ante su prelado 
local, y el Gobierno en tal caso, solo les admitirá, á condición 
de ajustarse exactamente en lo civil á la ley existente del 
Clero*, y sin prerrogativas, reconociendo la obligación de 
servir los destinos á que sean llamados por el Gobierno. 

7.° Ningún prelado regular podrá dar el hábito de su or- 
den á ciudadano alguno que no sea mayor de edad, y sin 
previo conocimiento del Gobierno.» 



1 Conforme con el artículo 17 de la Ley Nacional de 21 de Diciembre 
de 1822, sobre reforma del clero. 

2 Ley Nacional de 21 de Diciembre de 1822. 



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EL PAÍ8 DE CUYO 131 



La reforma religiosa contenida en estas dos disposiciones, 
y las demás de que luego haremos mérito, era para la Pro- 
vincia de San Juan algo mas que una revolución producida 
en el terreno de las instituciones, y en presencia de una po- 
derosa fuerza de resistencia que venía desde años atrás pre- 
parándose contra ella; era mas que la idea y la tendencia 
exagerada del espíritu liberal que echaba por tierra las 
creencias populares que los hombres de iglesia habían sabido 
explotar y disciplinar en las masas ; la reforma era propia- 
mente la transición violenta del estado social, político y re- 
ligioso, que heredado de los españoles y conservado por mu- 
chos años, había formado la creencia, la convicción íntima, 
la identificación del pueblo y de la idea, si es posible decirlo, 
de que ese mismo estado era el único conveniente á la feli- 
cidad de aquel pueblo. 

La educación, eminentemente católica de aquella sociedad, 
que por cientos de años se había revuelto en el atraso de sus 
ideas exclusivistas y de sus instituciones defectuosas; el fa- 
natismo que supieron explotar los frailes, únicos depositarios, 
aunque presuntivos del saber; el consorcio de éstos con un 
partido político que desde 1818 venía luchando por apode- 
rarse del gobierno: todas estas fuerzas concurrían á formar 
la poderosa resultante de creencias y convicciones arraigadas 
y heridas de muerte por las nuevas instituciones. 

La reforma, introduciéndose en las casas monásticas, re- 
vestía, en el concepto de los fanáticos, todos los caracteres 
de un sacrilego atentado contra « las inmunidades de la igle- 
sia y santidad de aquellos piadosos asilos». 

Las secularizaciop es ordenadas, las desvinculaciones de las 
fundaciones piadosas á perpetuidad, las restricciones impues- 
tas á la vida claustral, eran hechos mirados como violatorios 
á las leyes del instituto de las casas monásticas y aun de las 
leyes civiles, que habiendo garantido su fundación y ejerci- 
cio, ip?o fado constituían un derecho indisputable en favor 
de aquéllas. 

La abolición de los derechos bautismales se miraba como 
un ataque á los derechos de la Iglesia, y un menoscabo á sus 



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132 EL PAlS DE CUYO 



rentas creadas y robustecidas por las disposiciones de la au- 
toridad eclesiástica y por el derecho positivo. 

Por fin, el artículo 17 de la Carta de Mayo que establecía 
la libertad del culto, era un ataque al dogma católico que el 
partido de sotana en San Juan no estaba dispuesto á tolerar, 
porque su ciencia y conciencia le prescribía abrir una santa 
cruzada contra la impiedad, según ellos, mal disfrazada por 
un espíritu de libertad que solo se diferenciaba de aquélla 
en el nombre. 

Indudablemente que la sociedad sanjuanina, como todas 
las de origen español, era en aquella época la depositaría de 
una creencia religiosa, que hasta en nuestros dias se ha hecho 
notable por su intolerancia y esclusivismo. 

La porción ilustrada del pueblo, que en su mayor parte 
moraba ó tenía estrechos vínculos con los conventos, no se 
resentía menos de aquella falsa creencia excluyente de toda 
religión que no fuera la católica romana, senda única, decían, 
para llegar á la bienaventuranza. 

Dados el atraso, fanatismo y superstición del pueblo de 
San Juan en 1825, y los hábiles medios empleados por el par- 
tido religioso para oponerse á toda innovación que menosca- 
base sus privilegios y regalías, era de proveerse que la refor- 
ma de Carril iba á encontrar muy serias resistencias. 

Buenos Aires se preocupaba con anterioridad de la refor- 
ma religiosa, y maduraba un plan sobre mas sólidas bases, 
esperando el tiempo mas oportuno para su implantación y 
desarrollo; pero el Gobierno de San Juan, creyendo sin duda 
que ningún momento es prematuro para hacer triunfar la 
verdad, se anticipó imprudentemente en su obra de regene- 
ración social y religiosa. 

No se crea, por lo que llevamos dicho, que Carril fuera un 
ariete destinado únicamente á combatir los abusos religiosos, 
porque su espíritu organizador se hizo sentir en todas las ra- 
mas del poder público. 

La verdadera organización del sistema judiciario en San 
Juan, solo data de Junio de 1824. Antes de este año, nada 
hay que pueda darnos una idea siquiera aproximada de la 



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EL PAÍS DE CUYO 133 



ciencia de Justiniano, aplicada á las controversias entre 
partes. 

Al dominio de la fuerza bruta de los tiempos bárbaros, su- 
cedieron las decisiones arbitrales, y á éstas, esa mezcla for- 
mada por las reglamentaciones de los Corregidores y no- 
ciones imperfectas del derecho natural. 

Ni el misionero con su moral de mansedumbre y perdón, 
ni el militar con el rigorismo de una justicia vengadora, ni 
los Corregidores con la letra servil de las ordenanzas de In- 
tendentes, pudieron darnos otra cosa que lo que nos ofrecen 
las sociedades primitivas — los fallos por equidad. 

Hasta 1810, las funciones judiciales estaban reasumidas en 
los Cabildos, y es desde esta fecha en adelante que comien- 
zan á crearse las magistraturas con encargo especial, como 
los tribunales de Concordia, alcaldes de voto, jueces alcaldes, 
pedáneos, territoriales, de vigilancia y de minas. 

Por decreto de 11 de Mayo (1811), se habían creado ocho 
jueces de cuartel para la ciudad; jueces pedáneos para Jáchal 
y Valle Fértil; jueces alcaldes para Mogna y otros distritos 
de campaña. 

En 1812 (decreto de 4 de Setiembre), el Teniente Goberna- 
dor Zaraza, crea los jueces comisionados, gerarquía judicial 
que tiene por cabeza el Cabildo y completa el cuadro que 
á grandes rasgos acabamos de trazar. 

El constante estado de armas que se siguió en San Juan 
-después de la fecha citada, fué la muerte de toda institución 
que no fuera la de la milicia. 

Por esto, repetimos, recien en 1824 es cuando se dictan 
leyes reglamentarias, se organiza un cuerpo de curiales y se 
hace de la magistratura una verdadera rama del poder pábli- 
co. Los juicios de equidad desaparecen, y los hombres de de- 
recho comienzan á llenar su cometido de dar á cada uno lo 
que es suyo, según las palabras del gran jurisconsulto. 

Se crearon los tribunales de excepción, de acuerdo con los 
respectivos fueros, tales eran los de comercio, militar, hacien- 
da, policía, eclesiástico y de minería. 

Para la justicia superior común se organizó una Suprema 



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134 EL PAÍS DE CUYO 



Corte de Justicia, compuesta de cinco Jueces y un relator 1 , 
dictándose en seguida una ley para reglar el trámite en jui- 
cio (23 de Marzo 1824). 

La ciudad fué dividida en dos grandes distritos, bajo la ju- 
risdicción de un Juez de Orden y su asesor correspondiente; 
cada distrito se dividió en seis barrios, con su Juez de Paz 
cada uno, nombramiento que se hacía á elección popular; y 
cada barrio formado por cuatro secciones, estando cada una 
de éstas bajo la jurisdicción de un Notable, elegido en las 
mismas condiciones que un Juez de Paz. La misma organi- 
zación se dio á la campaña. 

Por fin, en 22 de Octubre, la Legislatura dictó un regla- 
mento para la dirección económica y trámites ante la Supre- 
ma Corte, el que vino á ser completamentado por ley adi- 
cional de 24 del mes siguiente. 

Mientras en el orden judicial se realizaban las reformas 
apuntadas, el Gobierno no descuidaba provocar y aun iniciar 
otras de igual importancia ante la Sala de Representantes, 
dictando una buena ley de elecciones y creando los tribunales 
electorales. 

Los hombres mas competentes del país fueron llamados al 
seno de la Legislatura, y desde luego se trató de dar una 
constitución á la Provincia. 

El proyecto era indudablemente muy prematuro, el pue- 
blo de San Juan no estaba preparado para manejar los resor- 
tes de un organismo tan complicado como el de una consti- 
tución política, institución que recien iba á ensayarse. 

La ley es impotente para encaminar un pueblo por la 
senda constitucional, si ese pueblo no ha llegado por la edu- 
cación al pleno conocimiento de los derechos que debe ejerci- 
tar y de los deberes que debe llenar. 

La ley no puede hacer abstracción del pueblo para quien 
legisla, so pena de ver frustrados sus designios, por mas no- 



1 El personal de esta Corte se organizó así: Presidente Don Francisco 
de Oscariz, y vocales los Sres. José Suáres, José Antonio Sánchez, Javier 
Godoy y Jerónimo de la Roza. 



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EL PAlS DE CUYO 135 



bles y convenientes que puedan ser. Se ha dicho con entera 
justicia, como axioma ó verdad inmutable, que «no se violan 
impunemente las leyes del tiempo.» 

Carril se anticipó á su tiempo, y su famosa Carta de Mayo 
dirá lo suficiente para corroborar nuestro juicio; y las resis- 
tencias que aquélla encontró nos probarán una vez mas que 
esa fuerza de cohesión que vincula á la sociedad, nunca pue- 
de ser la obra sola del legislador x . (Ap., nota, núm. 17). 

La Carta de Mayo, por la elevación de sus miras, por la 
liberalidad de los principios en ella consignados, por la ver- 
dad profunda de sus afirmaciones y el vasto plan que en ella 
se desarrollaba, era digna de un pueblo mas avanzado en ci- 
vilización, de una época de mayor ilustración y cultura. 

Su primera declaración de que toda autoridad emana del 
pueblo, estaba muy lejos de ser en San Juan, en 1825, una 
verdad política y social. 

La amplia libertad del hombre, y en éste la del pueblo, no 
tenía sentido ante la vieja costumbre de mirar en la autori- 
dad gubernativa al tutor público, ni menos se explicaba esa 
libertad solo limitada por el derecho ageno, ni la de trabajar, 
y sobre todo, de pensar sin las restricciones impuestas por 
una educación de atraso y superstición. 

La inviolabilidad de la persona, de la propiedad, del domi- 
cilio (cuya violación aun no tiene pena aparejada por nues- 
tras leyes), tampoco tenía explicación posible aute la creen- 
cia general de que la sociedad era el todo, sin recordar que 
sus partes constitutivas son esos mismos individuos con sus 
derechos y garantías, que surgen del derecho natural, esa 
primera ley del hombre. 

La igualdad proclamada por la Carta era inaceptable 
para los que, á falta de mérito propio, no tenían mas que los 
viejos pergaminos que les habían constituido en seres privi- 
legiados en la noche del coloniaje. Era un crimen contra la 



1 El mayor de los errores cometidos por Locke fué su constitución 
para el Estado de la Carolina. Ni el pueblo era apto para aquella cons- 
titución, ni ésta para aquél. 



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136 el paIs de ouro 



naturaleza nivelar las diferencias de sangre, y San Juan tenia 
en aquellos tiempos de atraso un fuerte partido pelucon ó 
de sangre azul, que alzaba su grito al cielo contra aquel nive- 
lamiento criminal. 

Todo lo expuesto, y especialmente la libertad de cultos que 
proclamaba la nueva constitución, era mas que suficiente 
para que aquella sociedad fanatizada por la política yla reli- 
gión católica, mirase en el Gobernador Carril á un reprobo 
que con su monstruosa ley atentaba hasta contra «la religión 
única y santa, fuera de la cual no hay salvación». 

Ya veremos en funesto consorcio al fraile y al noble, rela- 
jando todos los resortes sociales, azuzando al pueblo y em- 
prendiendo una cruzada tremenda contra aquel ateo alzado 
contra el poder público. 

Carril no ignora que su ley da un golpe de muerte á las 
creencias religiosas y á las preocupaciones de sangre; pero el 
temple de su alma, la fuerza de sus convicciones y la bondad 
de su causa, le dan mayor aliento para llevar adelante su 
obra de regeneración; y antes de dejarse intimidar, se prepa- 
ra á la lucha que mira venir revestida de todos los aprestos 
de un combate á muerte. 

Pero ¿qué es la Carta de Mayo? 

La Carta de Mayo es una constitución política que viene 
elaborándose desde 1820, y hace mucho tiempo está para su 
estudio ante la Legislatura, cuyos miembros no se reúnen 
para deliberar sobre ella, «por las intrigas puestas en juego 
para que no se discuta,» según nota oficial del Presidente, 
de 23 de Junio; sin embargo, es ya conocida de todos los san- 
juaninos, y los enemigos del Gobernador, que es el autor de 
la Carta, trabajan por todos los medios posibles para que 
aquélla no llegue á tener fuerza de ley. 

Los decretos de 25 y 26 de Junio sobre secularizaciones y 
diminución de rentas eclesiásticas, hirieron los derechos que 
invocaban las comunidades religiosas, y que, dicho sea de 
paso, aunque no tenían otra razón de ser que las concesiones 
indebidas, tenían el título colorado que pudo constituirles 
una culpable tolerancia. Asi fué que al mes siguiente embau- 



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EL PAÍ8 DE CUYO 137 



carón á un pobre sargento, Borja Flandes, que pensó en pro- 
ducir un motin; pero descubierto antes de estallar, fué juz- 
gado y fusilado, sin que este hecho alcanzase á conjurar el 
mal que ya había tomado muy alarmantes proporciones. 

Hasta aquel momento, Carril hacía su prédica de viva voz, 
la que casi siempre era ahogada por la vocinglería de sus 
enemigos; y trató de crear un órgano de publicidad para 
combatir con mayor eficacia los trabajos de la oposición que 
cada dia tomaban mayor consistencia, bajo la santa direc- 
ción de las gentes de iglesia. 

Debido á su iniciativa, la Legislatura acordó en sesión de 
15 de Marzo (1824), autorizar al Gobierno para invertir de 
los dineros reservados de temporalidades, hasta la cantidad 
de tres mil pesos, en el establecimiento de una imprenta, 
destinando su producido al fondo de la educación pública. El 
Gobierno dictó, en consecuencia, el decreto que registramos 
en seguida, creando el Registro Oficial, que fué la primera 
publicación en la Provincia. (Ap. nota núm. 15). 

«Siendo de la primera importancia al buen orden de una 
sociedad, que todos los miembros que la componen tengan un 
conocimiento pleno de las leyes, decretos y órdenes que deben 
obedecer, y conociendo el Gobierno que el método observa- 
do hasta el presente, de publicación por bandos y circulares, 
no es bastante á facilitar este conocimiento tan importante, 
ha creído preferible la publicación por la prensa, como mas 
propia á proporcionar á los ciudadanos, magistrados y fun- 
cionarios públicos, una noticia permanente de cuanto intere- 
se á sus deberes, su conducta y sus derechos, logrando tam- 
bién el Gobierno, por este medio, dar á su marcha toda la pu- 
blicidad que desea, á fin de que todos los ciudadanos y cada 
uno de ellos pueda juzgar de sus operaciones. 

«A estos fines, ha acordado y decreta: 

1.° El Ministro de Gobierno hará organizar y publicar un 
Registro Oficial. 

2.° El Registro contendrá todas las leyes, decretos y órde- 
nes que deban tener un efecto general, ó que requieran una 
comunicación circular. 



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138 EL PAÍS DE CUYO 



3.° Todo lo inserto en el Registro se tendrá por oficial- 
mente publicado y comunicado. 

4.° A todas las corporaciones y funcionarios públicos se 
asará un ejemplar del Registro Oficial. 

5.* Todas las leyes, decretos y órdenes publicadas desde el 
año 1822 hasta la fecha del presente decreto, formarán el 
primer libro del Registro Oficial, y en adelante, formará res- 
pectivamente otro lo que se publique cada año hasta el últi- 
mo de Diciembre. 

6.° Queda suprimida la publicación por medio de bandos y 
circulares. 

San Juan, Mayo 31 de 1825. — Carril. — J. Rudecindo Rojo, 
Secretario.» 

Con este medio de propaganda para llevar al pueblo el 
on vencimiento de la bondad y necesidad de las reformas 
iniciadas é instituciones creadas, Carril pudo esperar que ce- 
sase la indigna explotación que se hacía de las creencias po- 
pulares, y que las masas instruidas por la palabra escrita y la 
meditación á que aquélla se prestaba, dejase de ser el jugue- 
te de las argucias y mala fé de sus enemigos. 

La Carta de Mayo fué al fin discutida, y después de la 
muy larga cuarentena á que había estado sujeta, la Sala de 
Representantes le acordó su sanción en 13 de Julio, y el G-o- 
Werno le puso el cúmplase, mandándola publicar por medio 
del presente decreto. 

«San Juan, Julio 15 de 1825. — Cúmplase, dése al Registro 
Oficial y circúlese. — La Santa Guarda del Supremo modera- 
dor del Universo, Dios, infinitamente justo, á quien osamos in- 
vocar, proteja la estabilidad de la Carta de Mayo y castigue 
la iniquidad de los que se atrevieran á quebrantarla, y de 
nosotros mismos si renegásemos de los beneficios de su divi- 
na providencia que en ella reconocemos y firmamos. — Sal- 
rador M. del Carril. — J. Rudecindo Rojo, Secretario. * 

La promulgación de la Carta de Mayo, que reproducimos 
Integra (Ap., Nota núm. 16) con los considerandos que le 



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EL PAÍS DE CUYO 139 

precedieron, fué el toque de arrebato que se dio la oposición. 
El mayor de los sacrilegios acababa de consumarse con la 
publicación de ese documento, según la propaganda de aque- 
llos cruzados. Ya no bastaban los términos medios, la reli- 
gión de nuestros padres estaba mancillada y ya no quedaba 
otro recurso que arrojar del gobierno al demonio que regía 
los destinos de la Provincia. 

Carril baja á la prensa para llevar á sus obcecados adver- 
sarios el convencimiento de sus sanas intenciones y de los 
grandes beneficios que debían esperarse de la Constitución. 

El Defensor de la Carta de Mayo se afana por calmar los 
espíritus, y hace cuanto es posible para quitar la venda con 
que el fanatismo cubre los ojos de la inteligencia de todo un 
pueblo. — ¡ Inútiles esfuerzos ! — Las masas fanatizadas van 
á luchar por la religión de Jesucristo. El martirio no les ame- 
drenta. El Cielo les espera. ¡ Cómo se ha explotado el nom- 
bre de Cristo ! 

El 26 de Julio estalló un motín de la guardia de la cár- 
cel, encabezado por un Joaquín Paredes (alias «Carita»), 
y un sargento Moy ano (alias «Chacuaco»), secundados por 
los presos de la cárcel. Los intransigentes dirigen el movi- 
miento que una hora después de producirse, asumió todos los 
caracteres de una vasta revolución. 

Carril se ve amenazado por todas partes. Los jefes que 
mandan algunas fuerzas y cuyo número asciende á doscien- 
tos cuarenta y cuatro hombres 1 , nada pueden contra las ma- 
sas fanatizadas que todo lo invaden. Carril huye para salvar 
del pueblo enfurecido. 

Carril asilado en Mendoza, requiere la intervención arma- 
da en virtud de los pactos existentes entre los pueblos del 
antiguo Cuyo, y el Gobierno de Mendoza (Correa), comienza 
desde luego á preparar una expedición sobre San Juan, que 
reponga en sus funciones al Gobernador derrocado. (Decreto 
de 24 de Agosto). 



1 Las fuerzas en afmas, eran : 72 individuos del Comandante Don Fran- 
cisco Javier Ángulo; 79 infantes del Comandante Don Tristan Echegaray, 
y 93 milicianos que mandaba el Mayor Don Nicolás Vega. 



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140 EL PAlS DE CDYO 



El dia 5 de Setiembre salía de Mendoza una división de 
mil hombres de las tres armas, al mando del General Don 
José Aldao, y según noticias de San Juan, era cosa cierta 
que los revolucionarios opondrían una tenaz resistencia. 

La revolución había organizado su ejército bajo el mando 
del Comandante Don Manuel Olazábal, antiguo oficial de 
Granaderos á Caballo, que había hecho la campaña de Chile, 
y combatido bizarramente en la Punta del Médano contra la 
montonera de Carrera. 

Los sanjuaninos salieron con sus fuerzas á la entrada de 
la travesía, y ocuparon el lugar de «Las Leñas» (hoy Rin- 
conada del Pocito), punto tres veces funesto para las armas 
de la Provincia. Elegidas las posiciones en este lugar, los 
revolucionarios esperaron á los invasores de Mendoza. 

La Rinconada del Pocito es un punto aparentemente es- 
tratégico para desarrollar una operación militar, pero verda- 
deramente inadecuado para desplegar un plan medianamente 
ajustado á las reglas del arte de la guerra. 

A la parte Sud de la Ciudad de San Juan se halla el rico 
Departamento del Pocito, con sus abundantes viñedos y 
grandes praderías de pastos artificiales. La extremidad Sud 
de este Departamento es lo que se llama la Rinconada, cuya 
topografía es como sigue: A su derecha se extienden escarpa- 
das lomadas y bajas ramificaciones de las Sierras de Zonda; á 
la izquierda está todo sembrado de ciénagos formados por los 
desagües de las fincas del Pocito é infiltraciones del Rio de 
San Juan que revientan en el Alto de la Compañía, forman- 
do el Arroyo del Agua Negra, encenagando las tierras de la 
Majadita hasta Cochagual y terrenos circunvecinos, formando 
así una especie de valle estrecho entre aquellos dificultosos 
accidentes del terreno. 

Mirando al Sud, hacia el lado de Mendoza, hay un extenso 
desierto que recibe el nombre de travesía, el cual principia 
en Jocolí (Mendoza) y concluye en la Rinconada, aunque en 
este trayecto tiene como un oasis, la pobre población de la 
Cañada Honda, que apenas basta á las necesidades de agua- 
da y escasos pastos. Todo este camino está sembrado de mé- 



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EL PAlS DE OüYO 141 



danos llamados guadales y de caminos ásperos por la pedra- 
zon y cortes del terreno que forman las avenidas y crecientes 
de las sierras del Poniente. A la espalda de la Rinconada 
quedan las ricas poblaciones del Pocito. 

Si las dificultades á vencer un ejército que invade á San 
Juan, dejan suponer que á la entrada de la Rinconada se 
llega sediento, fatigado por el hambre y cansado después de 
una larga marcha, eso mismo prueba que esas necesidades 
deben compeler á alcanzar el triunfo, por caro que cueste, 
porque á la espalda está el desierto y adelante la fuente de 
todo recurso. 

A la inversa, la estadía en la Rinconada es tentadora, des- 
de que á un paso se tienen las comodidades y la familia, 
siendo éste preferible á la muerte que se teme y espera en la 
lucha contra el que necesita vencer para satisfacer su hambre 
y su sed. 

El 9 de Setiembre, las fuerzas sanjuaninas, situadas en la 
Rinconada, avistaron el pequeño ejército de Aldao, que ve- 
nía avanzando en son decisivo de pelea. Olazábal abandonó 
á los suyos, ya sea por la superioridad numérica del enemigo, 
ó por otras causas que ignoramos. El segundo jefe, que era 
el presbítero Don Manuel Astorga, se hizo cargo del mando 
de las fuerzas, y se preparó á recibir á sus huéspedes; pero 
como era de suponerse, le faltaban las aptitudes de los hom- 
bres de armas, y su gente no pudo confiaren el tino de aquel 
general improvisado; así fué, que á las primeras escaramu- 
zas, los revolucionarios se disolvieron, entregándose á la fuga, 
dejando á Aldao dueño del campo y de los prisioneros que se 
tomaron con las armas en la mano. 

El resultado final de esta guerra, con honores de sagrada 
y religiosa, fué que el pueblo de San Juan pagó el gasto 
de la intervención armada de Mendoza, que ascendió á diez 
y nueve mil ciento cuatro pesos, siete y medio real plata bo- 
liviana, suma demasiado fuerte para aquella época. 

Repuesto Carril en el Gobierno de San Juan, se presentó 
á la Legislatura el dia 12 del mismo mes para deponer su 
autoridad, haciéndolo en los términos siguientes: 



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142 EL PAlS DE CUYO 



«El que tiene el honor de dirigiros la palabra en nombre 
del Gobierno que ejerce, os pediría el encargo extraordinario 
de reconstituir la Provincia que las mismas furias del infier- 
no parece que han despedazado; pero él ha deshecho la ba- 
rrera y no puede mas. Medidas que imperiosamente reclaman 
las circunstancias, se atribuirían á la venganza personal del 
que las dictase. Menester es quitar los pretextos y las des- 
confianzas á los criminosos y los inocentes: hablando por los 
primeros, menester es no hacerles temer sino lo que la ley les 
amenaza; hablando del país en general, menester es dar el 
gobierno á una espada, cortar con ella la cabeza del fanatis- 
mo y la melena de la licencia. Hacedlo, pero no dejéis equi- 
vocar la necesidad con la venganza 1 . 

La palabra de Carril era la voz del desaliento de tres anos 
de lucha constante, y cuarenta dias de anarquía y desquicio, 
producidos por el motín de 26 de Julio. 

Equivocadamente llegó é creer que su persona era un es- 
torbo para el juego libre de las instituciones, y renunció el 
mando. 

Nó ! sus ideas y las ricas instituciones de que dotó á la 
provincia de su nacimiento, nunca pudieron ser un estorbo 
al orden, á la justicia y al progreso, sino á la ignorancia y al 
fanatismo que se desbordaron de los claustros para hundir á 
San Juan en el atraso, ignorancia ó incuria de treinta años. 

La historia contemporánea, demasiado severa casi siem- 
pre en juzgar á los hombres, ha dicho de su gobierno: «San 
Juan, bajo la administración del Dr. Carril, fué de las Provin- 
cias del Interior, la que mas se distinguió en la época de Ri- 
vadavia.»* 

Falleció en Buenos Aires en 1881 á la avanzada edad de 
8-t años 3 . 



1 Mensaje á la Legislatura del 12 de Setiembre. 

s Woodbine Parish. 

3 El 25 de Mayo de 189U se le erigió un monumento en la calle Bartolomé 
Mitre por iniciativa del pueblo de San Juan. 

La estatua es de bronce, fundida en el taller de la calle Artes en Bue- 
nos-Aires; el pedestal es de granito rojo lustrado y el zócalo, de granito 
gris natural. — N. E. 



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CAPITULO X. 

Gobiernos de Navarro, Sánchez y Quiroga. — 2. Tratado de 
Huanacache. — 3. Años 1828 á 1833. — Sublevación en las 
Quijadas. — Revolución del negro Panta. — 4. El Pilar. — 
Otros hechos de armas. — 5. Liga del Litoral. — Régimen In- 
terno. — 6. Expedición a los indios del Sud. — Inundaciones. 



1. — Aceptada la renuncia del Gobernador Carril, la Jun- 
ta de Representantes de la Provincia nombró á Don José de 
Navarro, como sucesor de aquél en las funciones gubernati- 
vas por el término de seis meses, según el acta de su nom- 
bramiento (12 de Setiembre 1826). 

Navarro, siguiendo el movimiento inicial de Carril en la 
administración pública, como que á propuesta de éste tuvo 
lugar su elección, no solo afirmó las instituciones y reformas 
existentes, sino que creó otras nuevas bajo la inspiración de 
su ilustrado antecesor. 

Navarro era un hombre enérgico é intransigente, como que 
mucho tenía de la vida de los campamentos, y sin duda fué 
por estas circunstancias que comenzó por dictar medidas muy 
enérgicas contra los comprometidos en el movimiento del 26 
de Julio, las que si no demostraban en toda su desnudez un 
espíritu prevenido, era por que la necesidad de rodear al Go- 
bierno del respeto de que carecía, les daba alguna tintura de 
legalidad, ya que no de entera justicia. 

Sin embargo, en su transitoria administración, hizo por su 
pueblo muchos adelantos que le dieron un lugar entre los 
buenos gobernantes de la Provincia. 

Ordenó la formación de un censo agrícola por denuncia de 
los terrenos cultivados para hacer mas equitativa la distri- 
bución de las aguas; y amplificando esta disposición, creó 



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144 EL PAÍS DE CUYO 



una oficina geográfica bajo la inteligente dirección del inge- 
niero Don Víctor Barran, la que recibió orden de levantar 
un plano topográfico de la ciudad y suburbios, y una carta 
hidrográfica para estudiar la mejor dirección de las aguas, 
aumentando su caudal por la disecación de los ciénagos. Fué 
también del exclusivo conocimiento de esta oficina, la parte 
que se refería á la delineacion de los edificios, apertura de 
calles, etc., etc. 

Luego se procedió á la reapertura de las escuelas, cerradas 
á causa de los últimos acontecimientos y destierro de los her- 
manos Rodríguez, que tan grande impulso dieron á la instruc- 
ción primaria en la Provincia, y que aparecían muy compli- 
cados en la revolución de Julio. En la sección especial sobre 
educación pública, nos ocuparemos de estos notables educa- 
cionistas. 

El 14 de Octubre (182B), se creó por decreto gubernativo, 
una Junta Protectora de la Enseñanza Pública, enterrando 
con esta medida la semilla de la descentralización de las 
escuelas, que hasta entonces estaban bajo la inmediata ins- 
pección del Gobierno. 

En el mismo mes citado, se ordenó la formación de estadís- 
ticas trimestrales de las causas civiles y eclesiásticas, falladas 
ó en trámite, y la estadística anual de los nacimientos y de- 
funciones en las parroquias y doctrinas existentes en la Pro- 
vincia. 

Estas mejoras, que pudieron hacer simpático el gobierno de 
Navarro, hallaron, sin embargo, descontentos y opositores 
que murmuraban, sin mas causa, que considerar á aquél como 
continuador de la política de Carril y de sus resentimientos 
que le constituían en vengador de su antecesor. 

El Gobierno se cuidó poco de tales juicios, y llevó adelan- 
te las medidas necesarias á la conservación y respeto de 
su autoridad; dictó, como paso previo, una ordenanza de 
policía para la seguridad de la población, é inició el sumario, 
juicio y castigo de los comprometidos en la última revo- 
lución. Fueron desterrados los presbíteros Oro, Robledo, 
Torres, Rodríguez, Astorga, muchos frailes y particulares 



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EL PAÍS DE CUYO 145 



que habían jugado un papel importante en los últimos acon- 
tecimientos. 

A estas medidas represivas, que, como era de esperarse, 
agriaron mucho los ánimos, siguió un decreto de 6 de Marzo 
(1826), en cuyos considerandos se hacía especial mención del 
fanatismo y superstición religiosos, causa única de los tras- 
tornos que envolvían al país, ordenando en su parte pre- 
ceptiva la prohibición al ingreso de la Provincia de todo 
eclesiástico secular ó regular sin previa licencia del Gobier- 
no, debiendo solicitarse al menos á seis leguas de distancia 
de la población por conducto del cura vicario. (Ap., nota 
núm. 17). 

Un nuevo decreto vino á herir mas hondamente las sus- 
ceptibilidades de los que, estando vencidos, pero no conven- 
cidos, hallaban en todo motivos de resistencia contra los at> 
tos del Gobierno. 

Este, so pretexto de consultar la mas pronta administración 
de justicia y evitar la gran pérdida de tiempo por los nume- 
rosos dias feriados, ordenó que solo los dias de ambos pre- 
ceptos y los cívicos de 25 de Mayo, 9 de Julio y 9 de Setiem- 
bre (combate de Las Leñas), fueran exceptuados en laa 
causas civiles para el despacho de los tribunales y respectivas 
oficinas. 

Un hecho mas vendrá á probarnos cuánta era la tenacidad 
con que el Gobierno y la oposición se hacían la guerra. 

Un presbítero, Don Lorenzo Lozada, había sido electo re- 
presentante y llamado á prestar juramento, de acuerdo con 
la ley fundamental de la Provincia (Carta de Mayo). Lozadn 
se negó á jurar sobre aquel aborto del infierno; y por no ha- 
bérsele recibido en la forma antigua, sobre los Santos Evan- 
gelios, no tuvo entrada al cuerpo legislativo. 

Por insignificante que esto parezca, debe tenerse presente, 
porque hemos de ver mas tarde encarnada esa terquedad de 
creencias y propósitos en los bandos políticos en lucha, que 
á impulsos de aquella abominable pasión se ha derramado 
tanta sangre en San Juan. 

El acto mas transcendental de la administración de Nava- 

10 



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146 EL PAÍS DE CUYO 



rro, es el relativo al documento inserto á continuación, por- 
que él es el asomo, en formas legales, del federalismo, que 
tantas angustias costara á las Provincias. 

« San Juan, Diciembre 24 de 1825 — La Honorable Junta 
de Representantes de la Provincia, en sesión del 22 del co- 
rriente, ha sancionado el siguiente decreto: 

« La H. J. de R. R. de la Provincia de San Juan, en cum- 
plimiento del Soberano Decreto del Congreso Nacional de 
21 de Junio del presente año, por el cual se exige á las Pro- 
vincias, se pronuncien por medio de sus respectivas Juntas, 
sobre la Forma de Gobierno que juzguen mas conducente 
á la prosperidad Nacional y particular de cada una, declara 
que: El Gobierno Representativo Republicano Federal 
es por su opinión el que debe adoptarse en la Nación. — Co- 
muniqúese al P. E. para que por su medio se eleve al Sobe- 
rano Congreso Nacional, y de orden de la misma H. J. lo 
transcribo á V. E. para los fines que se indican. 

c El infrascripto saluda al Exmo. Sr. Gobernador con sus 
mas distinguidas consideraciones de respeto y aprecio. 

«Exmo. Señor. — Joaquín Godoy, Presidente. — José Teo- 
doro del Corro, Secretario. 

«Exmo. Sr. Gobernador Capitán General de la Provincia.» 
«San Juan, 24 de Diciembre 1825. — Recibido, é insértese 
en el Registro Oficial. — Navarro. — F. de Oscariz.» 

El sucesor de Navarro en el Gobierno fué Don José Anto- 
nio Sánchez que había ocupado el mismo puesto seis años 
antes, y que, como ya dijimos, fué depuesto por un movi- 
miento popular y reemplazado por Urdininea. 

Electo en 10 de Marzo del año 26, gobernó hasta 16 de Enero 
del año siguiente en que dejó acéfala la Provincia por su 
fuga á Mendoza, á causa de la aproximación del General 
Juan Facundo Quiroga, que luego ocupó á San Juan con sus 
tropas riojanas. 

Nada hizo Sánchez en su administración de diez meses, 
digno de perpetuar su memoria, porque la fuerza de inercia 
parece que formaba su sistema de gobierno. 



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EL PAÍS DE CUYO 147 



Los hechos que tuvieron lugar en ese tiempo, ágenos ¿i la 
política unos y otros producidos en consecuencia de dispo- 
siciones del Gobierno General, merecen, sin embargo, que 
los mencionemos. 

De acuerdo con el decreto nacional de 9 de Marzo, que na- 
cionalizó todas las oficinas de correos de la República, U de 
San Juan comenzó á organizarse sobre bases mejores, y su 
marcha fué mas regular y conveniente. 

La muerte del diputado por San Juan al Congreso Gene- 
ral Constituyente, Fray Bonifacio Vera, dio lugar á un de- 
creto de la H. J. de R. R., autorizando el gasto de los fune- 
rales oficiales que se hicieron por dos dias seguidos á la 
memoria de aquel inteligente y patriota sanjuanino, y á los 
que todas las corporaciones concurrieron en traje de duelo. 

El Soberano Congreso dictó una ley de 28 de Enero sobre 
creación de un Banco Nacional con sucursales en las pro- 
vincias. 

El Gobierno, autorizado por la Junta de Representantes, 
nombró una comisión que levantase suscriciones en la Pro- 
vincia para aumentar el capital acordado por el Directorio Ge* 
neral y en 18 de Noviembre quedó definitivamente instalada 
en San Juan la Caja Subalterna del Banco Nacional, siendo 
sus billetes declarados única moneda legal en la Provincia, 
y su curso de carácter forzoso, bajo penas discrecionales á 
juicio del Gobierno, considerándose ademas perturbador al 
orden público toda persona que resistiese el recibo de ese 
papel por su valor escrito. 

No obstante estas medidas conminatorias, la emisión cir- 
culante encontró resistencia por parte del pueblo, y aquélla 
desapareció á los pocos años (1835). En 1830 había en circu- 
lación en toda la República 282,215 $ en billetes de o á 
1,000 $, y 455,646 $ en billetes de 1 á 10 $; desde este año 
comenzó el Directorio de Buenos Aires á retirar la emisión 
por las dificultades que su curso había encontrado en todas 
partes. 

La institución ban caria aparecía por primera vez en San 
Juan, y su fuerza obligatoria, que venía de un modo tan vio- 



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148 EL PAÍS DE CUYO 



lento á echar por tierra los derechos acordados por la ley 
fundamental de 13 de Julio, debía dejar hondas raíces contra 
este medio de circulación monetaria, privando al comercio de 
los grandes beneficios de la representación de las monedas 
metálicas. Recien en 1869, quedó instalado en San Juan el 
primer Banco de emisión con cargo de convertibilidad á la 
vista, so pena de ser considerado en liquidación y bajo la 
garantía de un capital de 320.000 pesos bolivianos, y la de 
las rentas provinciales, que también respondían á las emisio- 
nes por arreglos convenidos. 

El crédito no se impone ni hay medio de crearlo, si no re- 
posa en la confianza de una buena garantía, llámese ésta di- 
nero ú honradez. 

Con motivo de la fuga de Sánchez y sus ministros, desem- 
peñó el Gobierno intorino el Teniente Coronel Don Manuel 
Gregorio Quiroga, nombrado en propiedad por acta popular 
de 17 de Enero por el término legal en 12 del siguiente mes 
(1827). 

El Gobernador Quiroga fué el instrumento servil de su ho- 
mónimo el General Quiroga, que le impuso la tarea del gobier- 
no durante su permanencia en San Juan, hasta que con sus 
hordas marchó al Norte para llevar la guerra y el desquicio 
á Catamarca y Tucuman. 

El Gobernador Quiroga renunció el 24 de Octubre del si- 
guiente año, sin dejar otro recuerdo que la abyecta docilidad 
para hacer cuanto le exigiera el terrible Facundo Quiroga, 
que para desgracia de San Juan hemos de verle otras veces 
en este pueblo. 

La Provincia quedaba exhausta de todo recurso por las 
erogaciones que el vecindario había hecho durante la perma- 
nencia de Quiroga, aumento y equipo de las fuerzas con que 
éste marchaba sobre las provincias del Norte. 

Aliado con José Gil Domínguez y Felipe Ibarra, esta triste 
celebridad escribía al Gobierno de San Juan en 26 de Junio, 
desde Santiago del Estero, que, provocados á una guerra la 
mas injusta y horrorosa por los Gobiernos de Tucuman y 
Catamarca, autorizados escandalosamente y sostenidos por 



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EL PAlS DE CUYO 149 



«el titulado Presidente de la República, marchaban sobre am- 
bos territorios. 

Esto significaba el alzamiento de los caudillos contra, la au- 
toridad constituida y el orden establecido, hechos que debían 
conducir á la mas espantosa anarquía y disolución de los po- 
deres públicos nacionales. 

Mientras las armas nacionales se batían en el Juncal y en 
los Pozos, en la guerra tenaz que se sostenían contra el Brasil; 
mientras la Banda Oriental convertida en un vasto campo de 
batalla, luchaba por verse libre de las armas brasilera&j el li- 
toral argentino sufría un bloqueo de parte del Imperio; Entre 
Ríos y Corrientes estaban amenazados, y la anarquía y el 
desquicio eran el estado permanente del interior. 

El inmortal Rivadavia, á quien tanto debe la República y 
puede decirse era la única fuerza de resistencia contra este 
malestar general y desenfrenadas ambiciones de los caudillos, 
se hizo pronto el blanco de los odios de aquella canalla arma- 
da, que comenzó por desconocer su autoridad. 

La Provincia de San Juan, que en 18 de Julio 182G había 
hecho sus manifestaciones de adhesión y declaraciones para 
-el sosten y reconocimiento de la autoridad de Rivadavia, 
ahora, bajo la presión de Facundo, declaraba (B de Abril 1827) 
derogada su ley del año anterior y desconocida la autoridad 
de la Nación, retirando en consecuencia los poderes á sus re- 
presentantes en el Congreso, imitando con esta bochornosa 
declaración la criminal conducta de las demás provincias 
que gemían bajo la presión de los caudillos. 

2. — El dia 1.° del mismo mes, los pueblos del antiguo 
Cuyo habían celebrado en Huanacache un pacto de unión, 
que, ratificado mas tarde, y dada la solidaridad é intereses 
comunes establecidos por aquél, hizo que la protesta de des- 
conocimiento á la autoridad nacional fuera secundada por 
Mendoza y San Luis. 

Este lamentable estado de descomposición política, dio por 
resultado que los pueblos entregados á su propia suerte for- 
masen pequeñas republiquetas con todos los vicios y horro- 
res de una completa anarquía. 



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A 



150 EL PAÍS DE CUYO 



Tal estado de cosas, que aumentaba la inminencia de los 
peligros creados por la guerra exterior y civil, y amenazaba 
relajar hasta los últimos vínculos sociales, alarmó sobre ma- 
nera al Gobierno de Buenos Aires, el único que, haciéndose 
cargo de aquella terrible situación, era también el único ca- 
paz de pensar en la reconstrucción política del país. 

En 20 de Agosto dirijió una circular á todas las provincias, 
en el sentido de provocar la unión, de constituir una autori- 
dad nacional y crear elementos para continuar la guerra 
contra el Brasil, y sobre todo, de formar un Congreso ó 
Convención Constituyente que diese rumbos certeros á la des- 
trozada nave de la nacionalidad argentina. 

En seguida mandó comisionados á las provincias, y el 8 de 
Octubre se presentaba en San Juan Don Juan de la Cruz 
Vargas, como encargado del de Buenos Aires para continuar 
la obra de reconstrucción iniciada con la circular del 20 de 
Agosto. 

La negociación dio por resultado que la Legislatura de 
San Juan dictase dos leyes con fecha 20 de Octubre. La pri- 
mera autorizaba al Gobernador de Buenos Aires para los ne- 
gocios de guerra y relaciones exteriores hasta la reunión de 
un Congreso Nacional, y celebrar con las otras repúblicas, 
alianzas ofensivas y defensivas contra el Emperador del 
Brasil, empeñando el crédito de la Provincia para la remisión 
de un contingente de hombres y demás auxilios que ésta pu- 
diese prestar. La segunda declaraba que no era la voluntad 
ele la Provincia que la Nación continuase inconstituida, y 
que en consecuencia, se procediese á la formación de un Con- 
greso que la organizase bajo el sistema representativo repu- 
blicano federal. 

La ratificación del Tratado de Huanacache (Ap., nota 
núm. 18), tuvo desde luego toda su fuerza obligatoria para 
los tres pueblos» contratantes, que por él se comprometían á 
tener una alianza ofensiva y defensiva; á empeñar su media- 
ción para hacer cesar la guerra civil que asolaba á las Provin- 
cias del Norte y del Litoral; á unificar sus creencias religiosas, 
echando así los fundamentos al Obispado de Cuyo, de que 



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EL PAlS DE CUYO 151 



pronto nos ocuparemos; á concurrir con sus auxilios y soli- 
citarlos de otras provincias para la guerra contra el Brasil, 
ahogando con este pacto los odios de un partidismo local y 
los celos interprovinciales, que tanto habían distanciado á 
los pueblos del antiguo Cuyo. 

Por fortuna, la guerra contra el Brasil concluyó por los 
tratados de 27 de Agosto (1828), en lo que no solo influyeron 
los triunfos obtenidos en Sarandí, Rincón, Ombú, Pozos, 
Colonia, Juncal, Patagones, Montevideo é Ituzaingo, sino 
también la actitud decidida que todos los pueblos manifesta- 
ron para el sostenimiento de esta guerra 1 . 

Los tratados de Agosto fueron ratificados en 29 de Se- 
tiembre, y desde entonces la Provincia de la Banda Oriental, 
que durante la dominación extranjera había llevado el nom- 
bre de Estado Cisplatino, pasó á ocupar el rango de nación 
con el nombre de República Oriental del Uruguay. 

En el orden puramente interno, San Juan solo nos ofrece 
tina ley de 19 de Marzo ( 1827), suprimiendo la Suprema Cor- 
te de Justicia y creando en su lugar un Jury formado por dos 
jueces de paz, uno de segundo orden y cuatro ciudadanos 
elegidos por sorteo. Esta ley, constante de diez y seis artí- 
culos, reglamentaba también las funciones de dicho tribunal: 
fué nombrado presidente Don Martin Gómez. Este tribunal 
fué suprimido por ley de 12 de Febrero de 1830, creándose 
en su lugar un Tribunal de Alzadas, compuesto de tres jue- 
ces, de los que uno por lo menos debía ser letrado : la dura- 
ción de estos empleos se fijó en dos años. 

Como se vé, tales reformas judiciales carecían de toda im- 
portancia, desde que aun faltaba la inamovilidad de los jue- 
ces garantida por la buena renta y competencia de aquéllos. 

3. — Desde 1828 al 33, no hallamos en el escenario polí- 
tico de San Juan, mas que una sucesión tumultuosa de diez y 



1 Rincón, 22 de Setiembre y Sarandí, 12 de Octubre de 1825. Montevi- 
deo, 26 de Abril; Colonia, 12 de Marzo, y Pozos, 27 de Febrero, 25 de 
Mayo, 11 de Junio y 80 de Julio de 1826. Juncal, 8 y 9 de Febrero; Ombú, 
15 de Febrero; Ituzaingo 20 de Febrero y Patagones 6 de Marzo de 1827. 



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152 EL PAÍS DE CUYO 



ocho gobernantes, entre propietarios, interinos y delegados, 
que nos demuestran cómo la nave del Estado marchaba sin 
brújula en un mar de encrespadas pasiones, y bajo la direc- 
ción del primer grumete político que escalaba el poder por 
medio de una revolución ó de un simple motin de cuartel. 

Al comenzar la narración de los sucesos de estos tiempos, 
podrían aplicárselas palabras del Génesis antes de la creación 
del Mundo. «Era el caos.» 

Aceptada la renuncia de Quiroga, fué llamado á desempe- 
ñar el Gobierno interino Don José María Echegaray en 24 
de Octubre, hasta la elección del propietario que recayó en la 
persona de Don Timoteo Maradona (30 de Noviembre). 

A estas nulidades políticas, que nada hicieron en favor de 

su pueblo, solo puede recordárseles por seguir la cronología 

de los ciento y tantos gobernantes que ha tenido San Juan. 

En 1828 no encontramos mas sucesos dignos de referir, que 

los pertenecientes al dominio de la crónica: 

1.° Ley de 12 de Enero, aboliendo el remate á perpetui- 
dad de los oficios públicos de los escribanos, limitándolo á 
diez años, y restringiendo su ejercicio á determinadas perso- 
nas con pruebas de idoneidad. 

2.° La salida de un contingente de ciento y cincuenta hom- 
bres, que, incorporados alas milicias delaRioja y traídos por 
el General Don Benito Villafañe, ascendían á ochocientos 
hombres con que éste contribuyó á la desgraciada acción del 
Pilar en Mendoza. 

3.° La institución de la Vicaría Apostólica de Cuyoi 
creada por breve de 22 de Diciembre, expedida por S. S. 
León XII. 

En 1829, el inepto gobierno de Maradona solo nos ofrece 
interinidades y delegaciones sucesivamente desempeñadas 
por Echegaray, Bustamante, Albarracin (José Tomás), Bustos» 
Quiroga, Aguilar, de la Roza (Gerónimo) y Albarracin 
(Santiago). 

El único que merece recordarse es el Doctor Don Francisco 
Ignacio Bustos, que se distinguió por la inteligente y acertada 
dirección de los negocios públicos en que logró hacer preva- 
lecer sus ideas. 



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EL PAÍS DE OÜYO 163 



En los momentos de su interinidad (11 de Setiembre), el 
Rio de San Juan amenazaba con sus crecientes inundar la 
Ciudad, y con tal motivo, Bustos practicó estudios serios en 
el Rio é hizo trabajar los planos del dique de San Emilia- 
no, obra magna puesta en ejecución en 1834 durante la admi- 
nistración de Yanzon, y concluida durante la del General 
Benavidez. 

Se asegura que Bustos, después de dos meses de prisión 
sufrida por causas políticas, fué asesinado en 1830 á ins- 
tigaciones de la Madrid. El hecho de la muerte es exacto. 

San Juan, que por aquel momento estaba libre de la gue- 
rra civil en que ardían Córdoba, Rioja, Mendoza y San Luis, 
que, como una faja de fuego parecía envolver á la provincia, 
limitó sus medidas precaucionales á la movilización de cua- 
trocientos milicianos de caballería. 

Don José María Echegaray, gobernante que se decía he- 
chura de Facundo Quiroga, fué requerido por éste para auxi- 
liarle con un contingente de tropas de San Juan para engrosar 
las divisiones reunidas en Renca (San Luis), y con las que 
pensaba echarse sobre Córdoba. 

Echegaray aumentó la movilización y equipó un contin- 
gente de mas de setecientos hombres, que el 27 de Mayo salió 
de San Juan al mando del Comandante Don Manuel Grego- 
rio Quiroga. 

Desde los primeros momentos de la marcha, se manifestó 
un fuerte desagrado en la oficialidad, al que no pudo ser 
indiferente la tropa. El dia 30 llegaba el contingente sanjua- 
nino al lugar denominado «Las Quijadas» en la costa de las 
Lagunas, donde se sublevó, resolviendo cambiar la dirección 
de su marcha y tomando al Norte, vio en su tránsito engro- 
sar sus filas. 

Don Nicolás Vega, que ostentaba un lucida foja de serví- 
cios militares, alcanzando mas tarde los entorchados de Ge- 
neral (14 de Setiembre de 1855), se puso á la cabeza del movi- 
miento y marchó al Norte con la mira de organizar una 
fuerte división de tropas, y poder así secundar la reacción 
producida contra los Aldao y Quiroga. 



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164 EL PAÍS DE CUYO 



Las fuerzas de Mendoza que, bajo el Gobierno de Aldao 
estaban listas para apoyar y sostener la bandera de la rebelión 
alzada por los caudillos, y especialmente el General Qui- 
roga, con quien se hallaba en inteligencias, salieron de Men- 
doza en persecución de los sublevados en «Las Quijadas»; y 
la vanguardia de las tropas mendocinas al mando del Mayor 
Don Casimiro Recuero, dio alcance á Vega en Itiquivü, 
donde después de un ligero combate, fué derrotado el jefe 
de Mendoza. 

A los pocos dias se repitió otro hecho de armas en Tafi, 
favorable á las tropas de Vega, que, contramarchando rápi- 
damente sobre San Juan, ocuparon esta ciudad. Aldao siguió 
el camino de su contrario, y sin disparar un tiro dispersó las 
milicias de Vega á favor de la sorpresa, tomando presos á 
Vega y cabecillas de la sublevación del 30 de Mayo. 

Un consejo de guerra se formó en el momento, iniciando 
á estos últimos un proceso, cuyo resultado fué el fusilamiento 
de seis oficiales que eran el alma de la sublevación (26 de 
Julio). 

El 16 de Abril (1830), Don Juan Aguilar era llamado á 
ejercer las funciones gubernativas en carácter de interino, 
siendo el gobernante décimo-nono que ocupaba el poder en 
poco mas de un año. 

En San Juan parece aun hoy, que no hubiera mas aspira- 
ción que ocupar la primera magistratura de la Provincia, y 
luchar por alcanzarla, aun con peligro de la vida: hé aquí el 
colmo de la gloria ambicionada por todos. 

No se crea que esta verdadera pasión tenga siquiera la me- 
nor tintura de deseos por el bien general, ni que ella nazca y 
se alimente de la noble aspiración de dejar, por las buenas 
obras, una grata memoria en la historia de este pueblo ¡no! 
por desgracia, es el egoísmo erijido en principio, el gobier- 
no elevado á una profesión lucrativa, y la vanidad de usar 
un Excelencia que nada tiene de excelente. 

Si la inclinación de mando que pronto degenera en pa- 
sión de dominio, no tuviera su contrapeso en el espíritu de 
resistencia que siempre se manifiesta en los gobernados, y que 



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EL PAÍS DE CUYO 155 



por cierto no es un sentimiento adquirido por la sola educa- 
ción política, el estado de tiranía sería constante en San Juan, 
y quizá en todos los pueblos por esa funesta tendencia de 
centralizar todas las facultades, casi innata en el hombre 
constituido en autoridad. 

Pero dejemos á un lado estas reflexiones y sigamos en 
nuestra fatigosa tarea. 

El Coronel Don Gregorio Araoz de la Madrid, que desde el 
15 de Abril se hallaba en San Juan, reemplazó interinamente 
á Aguilar por ocho dias, hasta que éste fué electo Goberna- 
dor propietario (3 de Julio). 

Aguilar no contaba con las simpatías del pueblo; su carác- 
ter asaz duro, le creaba desafectos, y los rumores de trabajos 
hechos para derrocarle del poder, exaltaban mas su ánimo, 
haciéndole cometer imprudencias en las persecuciones á sus 
enemigos. 

Don Buenaventura Quiroga, Don José Maria Echegaray, 
el Dr. Bustos (ex-gobernadores), y muchos otros ciudadanos 
fueron reducidos á prisión para ahogar el sentimiento del 
pueblo; pero estas medidas, en vez de conjurar el error po- 
lítico, le dieron mayor desarrollo ó intensidad. 

El 7 de Noviembre estalló en el cuartel de San Clemente 
una sublevación de la guardia, encabezada por Pantaleon N, 
(alias «negro Panta»), movimiento que se decía producido á 
instigaciones de los presos. Hirieron gravemente al jefe Don 
Nicomedes Castro y mataron al oficial de guardia Don Car- 
men Gutiérrez. 

Los sublevados atacaron en seguida el Principal (Cabildo), 
y después de reducirlo y poner en libertad á los presos, sa- 
quearon la Aduana y ejecutaron muchas prisiones, produ- 
ciendo en pocas horas el mas completo desquicio. 

Ante un movimiento que aparecía sin garantía de orden, 
sin una cabeza visible capaz de imprimirle un objeto ó ten- 
dencia determinada, y que había comenzado por robos, 
persecuciones y encarcelamientos, nadie se atrevió á asu- 
mir la responsabilidad del hecho, por lo que el negro Pan- 



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156 EL PAÍS DB CDYO 



ta 1 se encontró dueño de la situación de San Juan, comen- 
zando pronto por espantarse de su misma obra. 

La población, alarmada con lo ocurrido, y temiendo por 
instantes el saqueo por parte de los amotinados, comenzó á 
buscar modo de salir de tan grave conflicto. 

El Sargento Mayor de Coraceros de la Guardia, Don An- 
selmo Rojo, que se hallaba en San Juan, y cuya bravura era 
reconocida, fué buscado sigilosamente para ponerle al fren- 
te de una reacción. 

Este asoció á tan arriesgada empresa al comandante de 
milicias Don Javier Ángulo, á los ciudadanos Juan Quintana. 
Antonio Marcó, Pedro Duran é Hilario Labal, y á los solda- 
dos Silvestre Cabrera, Juan M. Salinas, Juan J. Morales y 
Rafael Rivera. 

Estos diez hombres arrojados ejecutaron una hazaña, que 
recuerda las del General Miller en sus campañas del Perú. 

Aquella diminuta columna se propuso á fuerza de arrojo 
dominar el movimiento: bien armados y vestidos los particu- 
lares con algunas piezas de uniforme de los soldados asisten- 
tes de Rojo, y provistos de algunas cornetas, cayeron de im- 
proviso sobre el cuartel de San Clemente, atronando los aires 
con sus gritos, disparos y toques de á degüello ; este atrevido 
ataque fué coronado del éxito mas completo, pues á favor de 
la sorpresa se tomó el cuartel, rindiendo á discreción á los 
pocos milicianos de la guardia que no pudieron escapar. 

Mientras tanto, la fuerza mayor de los amotinados se ha- 
llaba formada en la plaza, indecisa sobre las medidas que de- 
bía tomar en presencia de un ataque tan inesperado y de una 
fuerza que parecía bajada del cielo. 

Pronto se oyeron toques de corneta, anuncios de ataque 
y degüellos por varias calles que desembocaban á la plaza. 
Rojo, que ya contaba con gran número de paisanos, cargó á 



1 Fué ajusticiado en la Rioja el año 1839, después de estar largo tiempo 
su cabeza á talla por horrorosos salteos de caminos. — «Recuerdos de Pro- 
vincia.» 



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EL PAÍS DE CUYO 157 



los amotinados, que arrojaron sus fusiles y se entregaron á la 
fuga en medio de la confusión y el desorden producidos por 
aquella avalancha humana, sin darles tiempo de organizar 
defensa alguna; los amotinados dejaron algunos muertos y 
heridos, siendo tomados dos cabecillas que al dia siguiente 
fueron fusilados después de un juicio sumarísimo. 

Así, el arrojo de diez hombres acababa de salvar á la Pro- 
vincia de los horrores de aquel movimiento sin cabeza. 

Aguilar ocupó nuevamente el gobierno el dia 6, pero con 
el triste convencimiento de las pocas simpatías con que con- 
taba, viéndose al fin compelido á presentar su renuncia que 
le fué aceptada al momento, nombrándose en su lugar á Don 
Hipólito Pastoriza (15 de Diciembre). 

Mientras que estos sucesos tenían lugar en San Juan, vea- 
mos lo que pasaba en el resto de la República. 

4. — La revolución del 1.° de Diciembre en Buenos Aires 
(1828), dio por resultado la caída del Gobernador Dorrego, y 
su fusilamiento el dia 13 del mismo mes en el pueblo de Na- 
varro. Este hecho, que después se ha tratado de excusar en 
el General La val le, como un error político, fué de tan funes- 
tas consecuencias que, puede decirse, dio origen á los odios y 
guerra sin cuartel de federales y unitarios. 

La acción del Puente de Márquez, entre las fuerzas de La- 
valle y Rosas (26 de Abril 1829), trajo la convención de paz 
que entre estos jefes se celebró el 26 de Junio. 

El General Don José María Paz, que en consecuencia de 
estos tratados se retiró á Córdoba, cayó sobre el Gobernador 
Bustos de esta provincia y le subrogó en el mando; hecho 
que alarmó á los caudillos del interior que desde luego se pu- 
sieron de acuerdo para contrariar y combatir la iniciada 
reacción. 

El General Quiroga organiza sus elementos de cuatro pro- 
vincias, y con fuerzas muy superiores en número, ataca á 
Paz que le esperaba con 1,200 hombres solamente á in- 
mediaciones de Córdoba. Los combates de la Tablada y de 
Oncativo ó Laguna Larga, derrumban el poder armado de 



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158 EL PAÍ8 DE CUYO 



Facundo, que va á ocultar su rabia y su vergüenza á Buenos 
Aires. 

En Mendoza se desarrollaban los cruentos sucesos que tan 
triste recuerdo han dejado en aquella ciudad. 

El 10 de Agosto de 1829 tenía lugar una revolución en- 
cabezada por el Comándate de Milicias de los Barriales (hoy 
departamento de Junin), Don Juan A. Moyano, movimiento 
secundado por los demás departamentos y al que se plegó la 
fuerza veterana existente en la ciudad de Mendoza. 

El General Alvarado, que acababa de llegar de Chile, fué 
llamado al Gobierno é inició sus tareas gubernativas, licen- 
ciando las milicias que habían operado el movimiento y escri- 
biendo á Aldao, que se sabía estaba en San Luis como con 
cuatrocientos hombres para que prestase acatamiento á las 
nuevas autoridades de la Provincia, evitando la guerra civil 
y consiguiente efusión de sangre. 

Aldao asegura que no es su intento atacar al nuevo Go- 
bierno, y promete respetar el órdon establecido, mientras que 
por otro conducto requiere los auxilios armados de la Rioja, 
uniéndosele en consecuencia al poco tiempo el General Vi- 
Uafañe con cerca de mil hombres; y cuando cuenta con nume- 
rosos elementos, invade á Mendoza y libra la batalla del 
Pilar (Departamento de San Vicente), el dia 29 de Setiembre, 
valiéndose de la alevosía con que pudo obrar mediante sus 
falsas promesas y mentidas protestas de paz. 

A los pocos dias eran fusilados en la plaza de Mendoza 
Moyano, Bazan y demás comprometidos en el movimiento 
del 10 de Agosto, formando en el cuadro de la ejecución vein- 
te y cinco niños de las escuelas públicas. 

El Dr. Don Narciso Laprida, Presidente del Congreso de 
Tucuman, fué de las víctimas inmoladas en este alevoso y 
sangriento suceso. 

Facundo, que había conferenciado con sus amigos Rosas y 
López, vuelve al interior con mas de doscientos facinerosos 
que le acompañan en la obra de desquicio que proyecta; cae 
de improviso sobre la villa del Rio IV, donde roba, mata é 
incendia; en el Rio V, sorprende á Pringles, el héroe de Pes- 



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EL PAÍS DE CUYO 159 



cadores, que muere asesinado (19 Marzo 1831) é inmola cuan- 
to encuentra á su paso; toma el pueblo de San Luis y ense-" 
guida cae sobre las fuerzas de Yidela Castillo, organizadas 
para combatir el poder de Aldao, y acampadas en el Rodeo 
de Chacón (Las Catitas), son sorprendidos y deshechas en 
medio del terror y la matanza (26 de Marzo 1831). 

Mendoza abre sus puertas al Tigre de los Llanos, y luego 
San Juan, donde Facundo á fuerza de terror y exacciones 
violentas recoje hasta el último real amonedado de las ciu- 
dades de Cuyo. 

Su camino marcado por un reguero de sangre le lleva á 
Tacuman, donde debía encharcarse en mas sangre después de 
su victoria en la Ciudadela. 

Todas las desgracias parecían haberse conjurado sobre 
Cuyo; y al fragor de sangrientos combates, sucedió luego 
otro hecho que llenó de terror y desolación á la antigua Ca- 
pital de Cuyo. 

El Gobernador de Mendoza Don Juan Corvalan, que con 
numerosa comitiva había marchado al Sud para tratar con 
Pincheira y sus gauchos unidos á los salvajes de la Pampa, 
azote de todo el Sud de la Provincia, es alevosamente asesi- 
nado con sus compañeros en número de veinte y dos en el 
lugar denominado el Chacay. 

5. — La guerra civil seguía ensangrentando el suelo de 
la Patria, y la organización definitiva de la Nación era una 
verdadera utopía, no obstante los nobles esfuerzos de Buenos 
Aires en este sentido. 

Ante un desquicio tan completo de tan larga duración, 
que parecía hacerse crónico en el país, Buenos Aires, esa 
hermana mayor é iniciadora de todos los sucesos de interés 
para la familia argentina, trató de formar una confederación 
de las provincias del litoral que sirviera de base á una es- 
trecha unión entre todas. 

El 4 de Enero de 1831, se reunieron en la Ciudad de 
Santa Fé y Entre Ríos para dar formas reales á aquel pen- 
samiento, celebrándose un tratado de diez y siete artículos, 
<jue hoy es conocido con el nombre de Liga del Litoral. 



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160 EL PAÍS DE CUYO 



Por aquel convenio, se estipuló la paz, amistad y unión 
entre las partes contratantes; una alianza ofensiva y defen- 
siva contra cualquiera invasión exterior, y agresión de las 
demás provincias, en defensa de la integridad ó independen- 
cia de las partes signatarias; la extradición de criminales 
fué estipulada por el artículo siete, acordándose, en fin, invi- 
tar á todas las demás provincias para reunirse en federación 
con las tres aliadas del litoral. 

La comisión representativa de las provincias aliadas, ¿ cuyo 
pacto de unión se habían incorporado las de Corrientes, Cór- 
doba y Mendoza, invitó á la de San Juan para formar parte 
de la liga, la que por medio de su Legislatura acordó en 25 
de Febrero del año siguiente adherirse al tratado de unión, 
según los artículos siguientes : 

«Artículo 1.° —La Provincia de San Juan se une á la 
liga de las Provincias Litorales, y se compromete del modo 
mas solemne al cumplimiento de los artículos que comprende 
el tratado definitivo de alianza ofensiva y defensiva de 4 de 
Enero de 1831, celebrado por las mismas en Santa Fé. 

« Art. 2.° — El Poder Ejecutivo de la Provincia hará sa- 
ber oficialmente esta resolución á todas las demás provincias 
hermanas confederadas, contestando de este modo á todas 
las comunicaciones de sus dignos gobiernos á este respecto. 
— José Ponciano del Real, Presidente. — Rosendo de Frías, 
Secretario.» 

Respecto al orden puramente interno, en 21 de Agosto 
(1831) se creó un Juzgado de Alzadas con las mismas facul- 
tades y atribuciones de la extinguida Cámara de Jus- 
ticia. 

Se dictaron leyes reglamentarias para todos los juzgados» 
desde el simple Notable hasta el Tribunal de Alzadas, las que 
marcaban de un modo expreso el trámite judicial de las cau- 
sas civiles y criminales. 

Otros dos hechos que merecen consignarse, tuvieron lugar 
por esa época. 



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EL PAÍS DE CUYO 161 



El primero fné la marcha de un contingente armado á la 
Provincia de Mendoza para auxiliar al Gobierno contra una 
sublevación ocurrida en la Cruz de Jume, la que pronto fué 
sofocada, solviendo el contingente sanjuanino á los trein- 
ta y tantos dias de su marcha; y el segundo, la salida de 
otras fuerzas sobre los departamentos del Norte, á causa de 
un conato de revolución encabezada en la Villa de Jáchal 
por Don Manuel Quiroga Garramuño, que pretendía subver- 
tir el orden público de la Provincia, habiendo conseguido 
atraer á sus filas al valiente Mayor Don Bernardo Navarro. 

Este movimiento, sofocado sin gran efusión de sangre, pues 
todo se redujo á un pequeño tiroteo, dio por resultado la dis- 
persión de los revolucionarios. 

El Gobierno de la Provincia fué desempeñado en este 
tiempo por Don Joaquín Godoy (2 de Marzo); después por 
una Junta de Gobierno formada por el Dr. Don Aman Raw- 
son, presbítero Don José Oro y Don Ignacio José Sánchez 
(acta popular de 30 de Marzo); y al año siguiente de 1832, 
por Don José Tomás Albarracin, nombrado interino en Abril 
hasta el dia 29 del mismo en que entró á desempeñar las fun- 
ciones gubernativas Don Valentín Ruiz, electo por el bienio 
de 1832 y 1833. 

El Gobernador Ruiz no registra en su administración, des- 
pués de un Concordato celebrado con la Vicaría Apostólica 
de Cuyo, de que nos ocuparemos luego, mas que algunas li- 
geras leyes y decretos de carácter reglamentario, por lo que 
ha podido considerarse como puramente conservador, con 
muy escasa iniciativa de progreso. 

Sin embargo, dos acontecimientos ágenos á la política, 
hacen que la época de su gobierno sea muy recordada en 
San Juan. 

6. — Principiaba el año 1833, cuando las provincias fron- 
terizas con los indios del Sud se sintieron muy alarmadas 
por rumores de grandes invasiones ó malones de los salvajes. 

El Gobierno de Chile había manifestado estos temores al 
de la Nación, sabiendo que los araucanos se preparaban para 

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162 EL PAÍ8 DE CUYO 



unirse con los indios de la Pampa y dar algunos malones so- 
bre los pueblos de frontera, los que bien pronto se hicieron 
sentir sobre las Provincias de Buenos Aires, Córdoba, San 
Luis y Mendoza. 

Se organizó una grande expedición que, formada de tres 
cuerpos de ejército, debía operar simultáneamente. 

El primero, al mando del General Pacheco con las tropas de 
Buenos Aires; el segundo al del General Ruiz Huidobro, jefe 
de las fuerzas de Córdoba y San Luis; y el tercero al del Ge- 
neral Aldao, que debía operar al sud del rio Atnel. 

Estas últimas fuerzas, que formaban la división de la de- 
recha, constaban de 800 hombres repartidos en los cuerpos 
siguientes: 

Regimiento de caballería N.° 2 de Auxiliares de San Juan 
al mando del Teniente Coronel D. Nazario Benavidez, 200 
hombres. 

Regimiento Granaderos á Caballo, de Mendoza, al mando 
del Teniente Coronel Don Bernardino Vera, 200 hombres. 

Batallón N.° 2 de Auxiliares de los Andes, de San Juan, al 
mando del Coronel Don Martin Yanzon, 200 hombres. 

Batallón de infantería de Mendoza, al mando del Coronel 
Don Jorge Velazco, 200 hombres. 

El Director de la Guerra en la división de Cuyo, General 
Juan Facundo Quiroga, mandó salir las fuerzas de San Juan 
el 20 de Febrero, las que se incorporaron á las de Mendoza 
en el fuerte de San Carlos, lugar á treinta leguas al Sud de 
esta ciudad. El 3 de Marzo marcharon las fuerzas de Cuyo 
desde San Carlos, penetrando al desierto hasta Butanilagüé, 
Hornito, Lonco-Uaca y Ensenada de Correa, que es la con- 
fluencia del Atuel con el rio Salado; algunas partidas alean- 
zaron hasta el cerro de Choiquimahuida, á 140 leguas al Sud 
de Mendoza. 

Las tribus pehuenches, confederadas con sus vecinos de 
Arauco, se hallaban reunidas en gran número; y mandadas 
por hábiles capitanes, como se decía eran los caciques Yan- 
quetruz, Painé, Pichun, Picolay, Quilelau y Quinchau, resol- 
vieron presentar batalla. El dia 31 de Marzo y 1.° de Abril, 



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EL PAÍS DE CUYO 163 



el Comandante Benavidez batía á los salvajes en el Arroyo 
del Rosario y en las tolderías de Yanquetruz, obteniendo una 
completa victoria, no sin experimentar muchas pérdidas por 
su parte. 

Después de estos hechos de armas, únicos en toda la cam- 
paña, Quiroga ordenó en 7 de Setiembre que la división de 
Cuyo volviese á sus hogares, lo que se efectuó á mediados 
de Octubre *. 

Las fuerzas de San Juan llegaron á esta ciudad, después 
de una campaña de ocho meses, reducidas á la mitad de su 
número primitivo, habiendo su sosten y expedición ocasio- 
nado fuertes erogaciones sobre su exhausto Tesoro. 

En los últimos dias del año 33, las crecientes del rio de San 
Juan, que en 1829 habían arrasado los departamentos del 
Oeste, amenazaban ahora á la ciudad con las inundaciones 
ocasionadas por las lluvias y deshielos en las cordilleras. 

Las plantaciones fueron destruidas, y los aluviones hicie- 
ron desbordar las acequias departamentales, y especialmente 
la que provee de agua al Pocito y la Ciudad. Las grandes 
avenidas dejaron pronto su antiguo cauce y lanzaron su for- 
midable caudal de aguas sobre la aterrada población. 

Aquella espantosa avalancha arrastraba en su corriente 
árboles, piedras y todo cuanto encontraba á su paso; destru- 
yó gran parte de la población, y en esta á la bonita iglesia 
de San Agustín que se desplomó para sepultarse en la espan- 
tosa vorágine que tenía á su planta. 

Cada calle era un rio torrentoso de aguas rojizas, que por 
los ocres en suspensión, le daban un aspecto horrible, lle- 
vando el terror y la consternación á todos los habitantes. 
Los muebles de las casas y objetos mil, chocándose por las 
encontradas corrientes, se destruían y adherían formando 
masas informes que, á manera de camalotes, flotaban sobre 
las aguas. 

En la noche del 3 de Enero de 1834, se veía á los presidia- 



1 Expedición sobre los indígenas del Sud en 1833, por el Coronel Jor~ 
^e Velazco, publicación en tres folletos hecha en Mendoza. 



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164 EL PAÍS DE CUYO 



ríos con el agua á la cintura pescando entre las aguas los ar- 
chivos de aduana y legajos de las demás oficinas públicas. 

Fué recien ante aquel horrible siniestro que se pensó en 
hacer obras defensivas contra el rio, y se puso luego en eje- 
cución el plan del Gobernador Bustos sobre el dique que 
debía resguardar la ciudad, hasta entonces víctima de la in- 
curia de los gobiernos. 



I 



CAPITULO XI. 

Distrito eclesiástico de Cuyo. — 2. La Vicaría Apostólica. — 
Cuestiones con la Curia de Córdoba. — Id. de preeminencia 
entre las ciudades de Cuyo — 3. Concordato entre el gobierno 
pob'tico y eclesiástico de Cuyo. — Erección del Obispado do 
Cuyo. — 4. Obispos diocesanos. 



1. — Hemos reservado para este lugar de nuestro trabajo, 
ocuparnos del Obispado de Cuyo con sus antecedentes y con- 
secuencias, por ser en 1834 el año en que se erigió esta Dió- 
cesis. 

Esta Provincia era un distrito eclesiástico de la Diócesis de 
Santiago de Chile, bajo cuya dependencia continuó aun des- 
pués que el País de Cuyo fué agregado al Vireynato del Rio 
de la Plata. 

Chile estaba dividido en 1776 en las dos vastísimas diócesis 
de Santiago y Concepción, llamadas asi de los nombres de las 
«ciudades en que residían los obispos, los cuales eran sufragá- 
neos del Arzobispado de Lima. La primera de estas diócesis 
se extendía desde los confines del Perú hasta el Rio Maule, y 
comprendía el País de Cuyo. 

Había en todo esto una verdadera anomalía, pues en el or- 
den civil, y por consiguiente, en cuanto al ejercicio del vice- 
patronato, Cuyo estaba sujeto á la jurisdicción del Rio de la 
Plata y en lo eclesiástico, á la de Santiago de Chile. 

La división del Vireynato en Intendencias colocó al País 
de Cuyo en el orden administrativo en la jurisdicción de la 
del Tucuman, y la división que de ésta se hizo en 1782 en las 
dos de Salta y Córdoba, comprendió en la jurisdicción de esta 
última á los pueblos de Cuyo. 

Fué en esta ocasión que el Intendente de Córdoba quiso 



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166 EL PAÍS DE CUYO 



reunir las dos jurisdicciones, á cuyo fin elevó un memorial 
en 6 % de Diciembre de 1786, del que transcribimos los pá- 
rrafos siguientes: 



«Si esto es así respecto de lo que comprende actualmente 
el obispado del Tucuman, sube de punto la imposibilidad res- 
pecto del Distrito de Cuyo, perteneciente en cua/ito á la ju- 
risdicción eclesiástica, al obispado de Chile entre la Capital 
quedes Santiago y dicho distrito. A mas de la distancia de 
doscientas leguas que hay hasta la jurisdicción de San Luis, 
media la famosa Cordillera de los Andes, conocida por el ri- 
gor de su temperamento, por la escalabrosidad de sus peñas, 
por la profundidad de sus precipicios y por la abundancia de 
sus nieves; estas circunstancias interrumpen el curso del co- 
mercio la mayor parte del año, y casi privarían la correspon- 
dencia, si no se hubieran discurrido ciertos arbitrios extraor- 
dinarios en beneficio de S. M.» ' 

«A presencia de estas dificultades invencibles, ya no hay 
que admirar que los habitantes de Mendoza, San Juan y San 
Luis, mueran después de una edad decrepita sin haber visto 
la cara á su Obispo, y que el mismo Pastor, por celoso que sea, 
no se halle en estado de ejercer para con estos subditos las 
funciones esenciales de su ministerio » 

«A mas de los perjuicios indicados, hay otros en el orden 
civil y político, que me parecen dignos de la atención de 
V. M.; estos son los embarazos que encuentra el Gobernador 
de Córdoba en el ejercicio del Vice-Patronato Real, respecto 
á Mendoza, San Juan y San Luis, que en lo eclesiástico per- 
tenecen al obispado de Chile; en su virtud, éste tiene influen- 
cia en la provisión de las doctrinas y Beneficios Eclesiásti- 
cos; concurre con el prelado á acordar los curatos de los Pá- 
rrocos criminosos, y en todo lo demás deben prestarse un 
mutuo apoyo; pero esto, ¿cuántos escollos no encuentra, re- 
sidiendo el Prelado en Santiago de Chile y el Vice-Patrono 
en Córdoba? Otro de esta misma especie es el que esperimen- 
tan los Intendentes en la administración de los Diezmos do 



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EL PAlS DE CUYO 167 



dos iglesias distintas comprendidas en los límites de su juris- 
dicción, como sucede en las del Tucuman y las de Chile.» 

«Todos estos perniciosos efectos quedan evitados con la 
división del Obispado del Tucuman. Para que éste tenga el 
debido efecto, parece necesario que las ciudades de Mendoza 
San Juan y San Luis, con todo lo que comprende la nueva 
Provincia de Córdoba, formen también este Obispado, eri- 
giéndose otro en la de Salta, con la agregación de algunas 
partes del Arzobispado de Charcas» (M. SS. de la 

Biblioteca Pública de Buenos Ayres 

, » 

Este oficio del Intendente de Córdoba, Marqués de Sobre- 
monte, provocó la real cédula datada en el Pardo á 13 de 
Enero de 1787, por la que se pedía informe al Virey de Bue- 
nos Aires, al del Perú, á los Presidentes de las Audiencias de 
Charcas, de la de Chile y de Buenos Aires, á los Obispos de 
Santiago de Chile, Arzobispo de Charcas; Obispos de Tucu- 
man y Buenos Aires y sus respectivos Cabildos sobre la di- 
visión de la diócesis pedida por el Intendente de Córdoba. 

La Real Audiencia, Obispo y Cabildo de Chile informaron 
con testimonio de autos, conviniendo en la separación del 
distrito eclesiástico de Cuyo, y en la utilidad de su agrega- 
ción al Obispado de Córdoba. 

Las pretensiones de los cuyanos, solicitando su indepen- 
dencia del Obispado de Chile, se encaminaban a crear uua 
silla episcopal en Cuyo, y con esta mira se hicieron varias 
gestiones. 

2. — En 10 de Setiembre de 1798, se presentó en Madrid 
el Padre Maestre y Procurador General de la Provincia de 
Dominicos del Reino de Chile, Fray José Godoy, con poder 
del Cabildo y Ayuntamiento de la Ciudad de Mendoza, soli- 
citando la erección de un obispado en esta Ciudad, fundándo- 
se para ello en las razones siguientes: 

« 1.° Que el diocesano de Chile percibía de Cuyo mas de 
catorce mil pesos en diezmos, cuartas episcopales y derechos 
de dispensa, lo que demostraba haber elementos propios y 



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_ 



168 EL PAlS DE CUYO 



suficientes para sostener la iglesia episcopal, cuya erección se 
pedía. 

«2.° La reunión de dos jurisdicciones por pertenecer el 
País de Cuyo al Vireynato del Plata. 

« 3.° Ser pueblo fronterizo con los bárbaros, pudiendo así 
extender la propaganda evangélica á los indios con mayor 
atención y eficacia. 

« 4.° Ser el País de Cuyo tan dilatado, por lo que no podía 
ser bien atendido por el Pastor de Chile, que se hallaba á 
grandes distancias y separado por las cordilleras nevadas. > 

Esta solicitud que consultaba en su abono el interés de los 
Pueblos y de la Iglesia, fué completamente desatendida, y es 
recien en 1809 que por la violenta agregación de Cuyo al 
Obispado de Córdoba, quedó este país segregado de su anti- 
gua metrópoli diocesana. 

Después de nuevas gestiones y repetidas súplicas, se con- 
siguió el breve institutivo de S. S. León XII, datado en Roma, 
á 22 de Diciembre de 1828, por el cual se creaba la Vicaría 
Apostólica de Cuyo. Esta disposición, confirmada mas tarde 
por letras apostólicas del Papa Gregorio XVI, que elevaba 
el Vicario Fray Justo Santa María de Oro á la dignidad de 
Obispo de Thaumaco in partibas infidelium 1 , prometía á las 
reiteradas solicitudes del Gobierno de San Juan para la 
creación del Obispado Cuyense, « estar pronto á acceder á 
aquellas preces, tan luego como se le comunique estar pre- 
paradas todas las cosas relativas á la erección de la nueva 
diócesis (21 de Noviembre 1832)». 

Para llegar á este resultado, había sido necesario abrir an- 
tes una formal campaña contra la Curia de Córdoba que 
resistía y protestaba contra la desmembración de su jurisdic- 
ción episcopal la preeminencia alegada por la antigua capital 
de Cuyo. 

El Vicario sede vacante de Córdoba, Don Pedro Ignacio 



' Thaumaco, antigua Thaumaci, pueblo de la Turquía Europea en la 
Provincia de Thesalia, á 85 millas S. 8. O. de Larisse, situado en un gran 
despeñadero, cuya cima se encuentra coronada por un antiguo castillo. 



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EL PAÍS DE CUYO 169 



de Castro Barros, hombre de un celo ardoroso, por no decir 
exajerado, que gozaba de un alto crédito en el pulpito y en el 
bufete; que había creado una reputación desde las bancas del 
Congreso de Tucuman donde sostuvo la idea de una restau- 
ración del Imperio de los Incas, hasta la prédica de cada dia, 
donde alternaban el interés religioso y político, era el cam- 
peón que se presentaba en la arena del debate, sosteniendo la 
integridad del Obispado de Córdoba y llegando hasta desco- 
nocer las bulas pontificias en la parte relativa á la iglesia 
cuyense. 

El Vicario de Cuyo, fray Justo de Santa María de Oro, de 
quien nos hemos ocupado al hablar del primer Congreso Ar- 
gentino, se hallaba muy contrariado por las dificultades 
opuestas, y especialmente, por la falta del disenso corres- 
pondiente negado por Castro y el Cabildo Eclesiástico de 
Córdoba, á quienes menos importaba el interés religioso de 
los fióles que la idea de resistir la desmembración que pen- 
saba realizarse. En oficio impreso al Gobierno de Mendoza, 
se le decía que la Vicaría Apostólica de Cuyo era absoluta- 
mente nula y sin efecto alguno, alegando entre otras varias 
causales, ser contraria á los cánones en las condiciones de su 
creación, y mas aun, llegando hasta poner en duda las letras 
apostólicas de 21 de Noviembre (1832). 

El Vicario Oro insistía en sus pretensiones, como que con- 
taba con una causa mejor, no solo por la naturaleza legal, 
como por la necesidad y conveniencia de atender mas directa 
y eficazmente los intereses religiosos de los pueblos de Cuyo, 
que no podían por razón de tiempo y distancia ser atendidos 
por las autoridades del obispado en sede vacante. La vastí- 
sima extensión del País de Cuyo, y su régimen político inde- 
pendiente de Córdoba, fueron otras razones aducidas por 
Oro, que pronto se ganó la simpatía aun de los gobiernos po- 
líticos sostenedores de la preeminencia á la erección del obis- 
pado. 

La polémica entre las dos Vicarias abandonó el terreno tem- 
plado de las notas oficiales, y se llevó á la prensa diaria en 
artículos y folletos de una lucha ardiente. En Santiago de 



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170 EL PAÍ8 DE CUYO 



Chile se publicó un folleto que abordaba de lleno la cuestión 
y dejaba completamente establecida la justicia y buen dere- 
cho de la Vicaría de Cuyo 1 . 

El presbítero Don Domingo González, enviado á Córdoba 
para gestionar el disenso que se pedía, no fué mas afortu- 
nado que lo había sido el Padre Oro; y el Gobierno de San 
Juan, que también tomó parte en esta enojosa polémica, con- 
cluyó por desentenderse de la Curia de Córdoba, encaminan- 
do sus trabajos á un arreglo pacífico con los gobiernos de 
Mendoza y de San Luis. 

3. — Mientras esto ocurría y el Provisor Castro buscaba 
la alianza de los gobiernos antes citados, el Vicario Oro ce- 
lebraba un concordato con el gobierno de San Juan, que le 
garantía la provisión de todo lo necesario para la creación 
de la diócesis y sostenimiento de su cabildo y autoridades, y 
conseguía del de San Luis su acuerdo y concurso, lo mismo 
que del de Mendoza que se reservó «los derechos, usos y 
preeminencias que ha tenido y pueda corres ponderle», con- 
forme á las gestiones hechas y ya mencionadas. (Ap., nota 
núm. 19.) 

Los requisitos exigidos por S. S., en nota del año 32, que- 
daban por fin llenados por el concordato de 26 de Octubre 
(1833), de lo cual se instruyó al Pontífice Romano, que en 19 
de Setiembre de 1834 expidió la Bula ereccional del nuevo 
Obispado de San Juan de Cuyo, colocando su Catedral en 
la ciudad de San Juan y nombrando obispo diocesano al Vi- 
cario Oro. 

Antes que la expedición de esta Bula fuese comunicada á 
las autoridades de Cuyo, el Gobierno de Mendoza pedía en 
8 de Julio la erección del Obispado con su asiento en esta 
ciudad. 



1 Defensa de la Vicaría Apostólica á favor de la Provincia de Cuyo, 
concedida por nuestro Santísimo Padre el Señor León XII, Pontífice Máxi- 
mo, al dignísimo ó Ilustrisimo Sr. Doctor Don fray Justo de Santa Ma- 
ría de Oro, obispo titular thaumacense; impugnada por el Provisor Sede 
Vacante y algunos capitulares, solicitando se suspenda su ejecución. Por 
M. Peregrino. Impreso en Santiago de Chile. Año 1881. 



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EL PAÍ8 DB CUYO 171 



La semilla de los celos y mezquinas emulaciones, sembrada 
por Castro Barros, había germinado en la Provincia de Men- 
doza. 

Sn Santidad contestó enseguida, exponiendo, entre otras 
razones, la siguiente: € Estas (las letras) nos fueron entrega- 
das cuando ya cuatro meses antes habíamos expedido letras 
apostólicas bajo el Sello de Plomo, por las cuales, siguiendo 
los pasos de nuestro predecesor León XII, de gloriosa me- 
moria, y llevando á efecto las cosas que él había preparado, 
separamos la Provincia de Cuyo íntegra, de la diócesis de 
Córdoba, y la erijimos en un Obispado compuesto de los tres 
Estados de Mendoza, San Luis y San Juan de Cuyo, consti- 
tuida la Catedral Episcopal en la ciudad capital de este últi- 
mo Estado.» 

El Gobierno de Mendoza, que había hecho en oportunidad 
las reservas del caso, retardó el pase de la Bula, reclamando 
la preferencia para que se instituyese en la Provincia la Ca- 
tedral del obispado. 

El Papa desatendió la nueva solicitud, y mandó obedecer 
las disposiciones de la Bula. (Ap., nota núm. 20). 

A la muerte del Obispo Oro, ocurrida en 19 de Octubre de 
1836, los Gobiernos de Mendoza y San Luis, tratando de ha- 
lagar su pueril vanidad local mas bien que consultando los 
intereses religiosos, pidieron la erección de obispado en sus 
respectivas jurisdicciones, invocando derechos y preemi- 
nencias reservadas. Su Santidad contestó con fecha 29 de 
Mayo del siguiente año, aplazando la provisión solicitada, y 
añadiendo : 

« Y para que tengáis un comprobante ciertísimo de esta 
nuestra disposición, os damos á saber que en las letras apos- 
tólicas por la que hemos nombrado Prelado de la Diócesis 
de Cuyo á nuestro amado hijo José Manuel Quiroga 1 , nos re- 
servamos expresamente la facultad de restringir ó modificar 
aquella nueva diócesis, según lo pida la necesidad ó utilidad. 
Entre tanto, como una particular señal de la benevolencia y 



1 Electo obispo de esta Diócesis en 19 de Marzo de 1887. 



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172 EL PAÍS DE CUYO 



cariño con que os abrasamos, hemos dispuesto asignar á esa 
provincia un obispo auxiliar, conforme lo ha solicitado para 
sí la de San Luis; ó bien, un sufragáneo, para honraros es- 
pecialmente, si conociésemos que así fuese de vuestro mayor 
agrado. Con esta mira es que hemos encargado al obispo 
electo de Cuyo, la formación del proceso canónico sobre los 
méritos del amado hijo José Godoy, que ejerce en esa provin- 
cia el oficio de cura de almas. » 

Las provincias de Mendoza y de San Luis no volvieron á 
ocuparse del asunto hasta la fecha. 

Como queda referido, no fué sin muchas dificultades y 
gravámenes, que la iglesia en Cuyo llegó á la erección de so 
obispado, sin que haya podido hasta hoy llenar todas las cláu- 
sulas df> un compromiso por demás pesado para la exigüidad 
de sus rentas. 

Siempre hemos creído que las relaciones entre la Iglesia y 
el Estado son causa de recíprocos inconvenientes, cuando 
ellas no están bien definidas por un arreglo previo. 

La tendencia de absorción manifestada por el poder ecle- 
siástico, y la de resistencia por la autoridad civil, hacen cada 
dia mas necesaria la celebración de un concordato que defina 
y deslinde las recíprocas atribuciones y facultades que co- 
rresponden á cada uno, especialmente en lo relctivo á las 
cuestiones del fuero mixto, que siempre hau sido causa de 
mutuos desagrados. Esta es una exigencia que lógicamente 
surge de la indiferencia y distinta categoría de aquellas dos 
potestades. 

En parte alguna se hace mas necesario el deslinde preciso 
de las atribuciones eclesiásticas que en los pueblos de Amé- 
rica, llamados por la naturaleza de su organización política, 
por las creencias dominantes de sus poblaciones y por las 
grandes distancias de la Silla Romana, á tener su iglesia 
propia, su Iglesia Americana. 

Esta idea no carece de antecedentes históricos y legales. 

En 1572, Don Juan de Zúñiga, embajador de S. M. C. en 
Roma, recibía en Setiembre instrucciones sobre la creación 
de la dignidad de Patriarca de las Indias, y sobre que Su 



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EL PAÍ8 DE CUYO 173 



Santidad concediese mas amplias facultades á los Arzobispos 
y Obispos de América, lo que dio origen á las solicitadas ó 
decenales, prerrogativas pontificales que fueron acordadas á 
aquéllos. 

Nuestras leyes políticas, que han proclamado la libertad de 
conciencia y de cultos públicos, según la creencia de cada 
uno, no pueden considerarse limitadas por la declaración 
constitucional que sostiene el culto católico romano, porque 
aun cuando la letra de la ley pudiera presentarnos en pugna 
aquellas disposiciones, hay que buscar su espíritu é índole en 
las creencias del pueblo que en esta parte son la suprema ley. 
Si admitimos la declaración constitucional como la procla- 
mación de una religión de Estado, por el sostenimiento de un 
culto único, podríamos objetar que el Estado no puede tener 
religión, que las creencias son del dominio de las personas 
naturales, no pudiendo nunca serlo de las jurídicas; que la 
completa independencia prometida y asegurada á todos los 
habitantes de la Nación rechaza el hecho, y hasta la idea de 
invertir la renta de los contribuyentes en objetos ajenos alas 
necesidades y creencias de aquéllos, y finalmente que la ver- 
dadera religión de un pueblo está en el sentimiento manifes- 
tado y aun latente de ese pueblo, y no en las leyes ó decretos 
que para él se dictan, quizá contra su voluntad y propios in- 
tereses. 

Esto y mas podríamos decir contra la religión de Estado y 
los cultos oficiales, si no fuera ocioso entrar en cuestiones que 
tendrán solución en el porvenir y en las necesidades reales 
de los pueblos. Hay que tolerar aun, por desgracia, los resa- 
gos de la educación colonial, á la que debemos éste y otros 
tantos abusos que aun sería prematuro corregir. Sobre todo, 
la reforma que deseamos y prevemos en un futuro no lejano, 
tiene su lógica en el transcurso del tiempo y en el progreso 
fatal de las sociedades. 

Concluiremos estas amplificaciones á nuestro trabajo, re- 
cordando que las enormes distancias que nos separan de la 
Sede Romana tienen rota de hecho esa unidad imposible 
por mas que se alegue y publique; que la independencia po- 



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174 EL PAlS DE CUYO 



lítica de los varios Estados de América rechaza también en 
el hecho la intromisión de extraña jurisdicción en las relacio- 
nes civiles de los pueblos, como son las cuestiones de matri- 
monio, cementerios, etc.; y por fin, que el unitarismo que 
entrañan las constituciones eclesiásticas, nos hace ver en cada 
Nación, bajo el punto de vista religioso, una parte enclavada 
en ese gran todo que forma el Mundo Católico. 

Si los ejemplos ofrecidos por la Inglaterra bajo el Eeinado 
de Isabel no se avienen con nuestro espíritu tolerante, no 
sucede lo mismo con el que nos ofrece la gran República de 
Estados Unidos, que en materia religiosa nos presenta un mo- 
delo digno de ser imitado en orden á la tolerancia y respeto 
de las creencias populares, porque Dios está en todas partes 
y recibe con bondad el culto de corazón y de buena obra que 
cada uno le rinde, cualquiera sea la forma externa de aquél. 
Pero volviendo á nuestro asunto primordial, diremos que 
la iglesia cuyense perteneció, como todas las del Oeste de los 
Andes, á la iglesia metropolitana de Lima desde el tiempo de 
la conquista. 

La iglesia de Charcas ó La Plata, erigida en sede episcopal 
con titulo de Santa María por Julio II, fué elevada al rango 
de metropolitana por Paulo V, y fué á esta iglesia que se le 
agregó como sufragánea la de Cuyo por Bula de 19 de Se- 
tiembre de 1834, hasta el 16 de Marzo de 1866 en que Su San- 
tidad Pió IX expidió su Bula, creando el arzobispado de Bue- 
nos Aires, y nombrándole como sufragáneas las diócesis de 
Cuyo y demás que expresa el Breve institutivo en los parra- 
fos siguientes: 

«Suprimimos, desmembramos y apartamos para siempre 
del Arzobispado de la Plata, las iglesias episcopales de Bue- 
nos Aires, Salta, Córdoba, San Juan de Cuyo, Paraná y Pa- 
raguay, juntamente con sus diócesis, habitantes de las mis- 
mas y demás adherencias que le pertenezcan, tanto por natu- 
raleza como por derecho y costumbre, y para en adelante, las 
eximimos y desligamos perpetuamente con nuestra autoridad 
apostólica, de toda sujeción á aquella iglesia arzobispal, ya 
sea procedente del derecho metropolítico ó de cualquiera otra 



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EL PAÍS DE CUYO 175 



superioridad y jurisdiccional prerogativa. Por lo cual, supri- 
mimos la iglesia catedral de la Santísima Trinidad de Buenos 
Aires, que desde luego deberá ser tenida en grado mayor é 
insigne, juntamente con su Capítulo Catedral (pero retenien- 
do la parroquialidad y la misma invocación), la elevamos á 
la alta gerarquía y dignidad de metropolitana, con todos los 
privilegios, gracias, prerogativas y favores acostumbrados, 
por cuya razón ha de erigirse allí mismo ia Silla, Cátedra y 
Dignidad Arzobispal, para un prelado metropolitano que ha 
de denominarse de Buenos Aires, el cual haga uso de la cruz 
y del palio que ha de impetrarse á Nos y á nuestros suceso- 
res en el sagrado consistorio, en la forma establecida, y goce 
como tal Arzobispo, todas y cada una de las prerogativas, 
honores, derechos, privilegios é indultos que usan, disputan 
y poseen las otras iglesias metropolitanas en esas regiones de 
América, con tal que no hayan sido adquiridos por algún pri- 
vilegio ó concesión particular, ó por cualquiera otra causa.» 
«En cuya virtud, conferimos al per-ilustre pueblo de Bue- 
nos Aires el privilegio de ciudad arzobispal, con todos los 
privilegios, derechos, concesiones y preeminencias que las 
otras ciudades arzobispales de América juzgan tener por de- 
recho común. Asignamos á esta nueva metropolitana iglesia 
de la Santísima Trinidad de Buenos Aires, las cinco iglesias 
sufragáneas que hasta ahora pertenecían, según derecho me- 
tropolítico, al Arzobispado de la Plata, es decir, las iglesias 
de Salta, Córdoba, San Juan de Cuyo, Paraná y Paraguay, 
con todas sus pertenencias, y en la forma que establecen los 
sagrados cánones, confiando, á no dudarlo, en el Señor que 
el nuevo Arzobispado de Buenos Aires practicará en la ca- 
ridad de Cristo todas aquellas cosas que acostumbran hacer 
los metropolitanos en esas partes, según el derecho canónico, 
ó como mejor le pareciere convenir, según Dios; para lo cual, 
le concedemos, si necesario fuese, todas las facultades nece- 
sarias para regir su metropolitana provincia, como precep- 
túan las sanciones canónicas y especialmente el Concilio Tri- 
dentino.» 



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176 EL PAÍS DE CUYO 



4. — La diócesis de Cuyo ha tenido á su frente cinco obis- 
pos hasta la época á que alcanza nuestro estudio, siendo el 
primero el obispo Oro de quien ya nos hemos ocupado. 

El ligero bosquejo que pasamos á hacer de los demás dioce- 
sanos, no obstará para que á cada uno de ellos le asignemos 
el papel que han desempeñado en la vida social y política de 
Cuyo en el curso de los acontecimientos posteriores. 

A la muerte del esclarecido Oro, sucedió en la silla episco- 
pal de Cuyo el presbítero Don José Manuel Eufracio de Qui- 
roga Sarmiento 1 que fué elevado á aquella alta gerarquía de 
la Iglesia por Su Santidad Gregorio XVI en 19 de Marzo 
de 1837. 

Por causas que ignoramos, Don Juan Manuel liosas no 
permitió su consagración en el territorio de la República, por 
lo que pasó á Santiago de Chile donde tuvo lugar su recep- 
ción en 29 de Marzo de 1840. 

Sarmiento desempeñó un papel muy modesto en sus fun- 
ciones episcopales; y en el gobierno interino de San Juan que 
desempeñó en 1841, adquirió una tan triste celebridad, que 
su memoria es recordada con sumo desagrado en su Provin- 
cia, y con sobrada justicia, como lo veremos mas adelante. 

Sarmiento nació en San Juan en 1777 y murió en esta 
misma ciudad en 25 de Enero de 1862. 

El tercer obispo de Cuyo fué el padre franciscano fray Ni- 
colás Aldazor, natural de la Provincia de la Rioja, hombre 
cuya clara inteligencia y vasta erudición se avenían mal con 
su carácter enérgico hasta la intolerancia, que fácilmente 
degeneraba en la violencia. Estas cualidades morales que en 
1841 pusieron su vida en peligro y le acarrearon la prisión 
y el destierro á que lo sujetó el Gobernador de la Rioja Ge- 
neral Brizuela, le trajeron hasta sus últimos momentos las 
graves dificultades con que luchara mas tarde. 



' Como fuera extinguiéndose el apellido Sarmiento por la línea mascu- 
lina, según refiere «Recuerdos de Provincia», los hijos de una Señora Mer- 
cedes Sarmiento y de un Quiroga, lo tomaron de la madre y perpetuó el 
segundo Obispo de Cuyo. — N. E. 



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EL PAlS DE CUYO 177 



El padre Aldazor fué un afamado maestro de teología en 
Buenos Aires, y bajo su inteligente dirección se formó en 
esta ciudad una juventud ilustrada, que honró después la 
memoria de su maestro. 

En 1865 fué propuesto en terna para el obispado de Cuyo, 
siendo nombrado para el desempeño de estas funciones en 24 
de Diciembre de 1865 por Su Santidad Pío IX, y consagrado 
en 20 de Octubre del año siguiente en la iglesia de su orden 
en Buenos Aires. 

Presentado al Gobierno de la Nación, pidiendo el exequá- 
tur de la Bula de su nombramiento, le fué otorgado con de- 
claración de no consentida la cláusula de dicha Bula que afec- 
taba el patronato nacional. 

A esta primera dificultad que encontró en su carrera del 
episcopado, se siguió la de hallar su diócesis envuelta en la 
guerra civil, á su arribo á Cuyo, donde intervino é interpuso 
sus buenos oficios en obsequio de los arreglos pacíficos cotí 
el interventor nacional Juan Sáa. El resultado de su media- 
ción no fué satisfactorio, según se verá después. 

En San Juan promovió la fundación de un monasterio, 
llamando á ese designio algunas religiosas de instituto de 
enseñanza, que fundaron su casa en la ciudad de Mendoza. 

Su carácter le creó pronto serias resistencias, que al fin le 
compelieron á abandonar la capital de su diócesis, pasando á 
instalarse en Mendoza. 

El 22 de Agosto de 1866 moría en San Luis; y aunque di- 
vorciado con gran parte de su grey, su memoria fué respe- 
tada y su muerte sentida por todos los fieles. 

Fray Olegario Correa, dominico natural de Córdoba, fué el 
cuarto obispo electo de Cuyo. 

Sacerdote notable por sus talentos, sus virtudes y sobre 
todo por su humildad, marchó á Roma para declinar el alto 
honor que se le hacía con la investidura episcopal, renuncia 
que no le fué aceptada. A los ocho dias de su regreso de Roma, 
y cuando se trataba de su consagración, murió en la ciudad 
de Córdoba en Junio de 1867. 

Era un sacerdote muy progresista, y entre las varias obras 

12 



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178 EL PAlS DE CUYO 



que llevó á cabo se cuentan el precioso templo de Santo Do- 
mingo en Córdoba, y la reforma de la constitución de la or- 
den dominicana en 1868, á los efectos de la vida conventual. 

El quinto y actual obispo de Cuyo es el padre franciscano 
fray Wenceslao Achával, nacido en Santiago del Estero en 
24 de Noviembre de 1814. Recibió las órdenes sagradas en 
1833 en el convento de franciscanos en Catamarca, bajo la 
vocación de San Pedro de Alcántara, casa fundada en 1750. 

En su carrera sacerdotal ha recorrido todos los ascensos 
eclesiásticos, obteniendo cátedras en concursos de oposición, 
y alcanzando después las altas dignidades de guardián con- 
tinuado, y de maestro provincial de la Santa Provincia de la 
Asunción del Paraguay, que comprende todos los conventos 
franciscanos de la República Argentina y Paraguay. 

Nombrado obispo por Su Santidad Pío IX, por Bula de 
20 de Diciembre de 1867, fué consagrado el 4 de Octubre del 
año siguiente en el convento de San Francisco en Buenos 
Aires, por el Arzobispo bonaerense Dr. Don Mariano José 
Escalada y Bustillos Zeballos. Achával fué uno de los obispos 
americanos que asistió al Concilio Ecuménico celebrado en 
Roma en 5 de Diciembre de 1869, pasando enseguida á la 
Palestina á visitar aquellos lugares célebres en la historia 
del Cristianismo. 

De regreso á su diócesis, halló en ésta un espíritu reaccio- 
nario contra los derechos invocados por la Iglesia, el que ma- 
nifestado por leyes dictadas sobre redención de capellanías, 
extinción de conventos y provisión de curatos, vinieron á 
poner á prueba su tino y discreción en aquellas cuestiones. 

El padre Achával desplegó con tal motivo un espíritu 
conciliador que le honra, y con la sensatez propia de su ex- 
periencia y seguro criterio, arribó á una buena solución sin 
menoscabo de los derechos de patronato invocados por la 
autoridad civil, ni de las prerrogativas eclesiásticas sosteni- 
das por él como diocesano de Cuyo. 

Su consagración á los deberes del episcopado, su evangé- 
lica mansedumbre en tratar á los fieles de su grey, y su pe- 
netración en conocer á los hombres y las cosas de su incum- 



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EL PAlS DE CUYO 179 



bencia, han hecho de este obispo uno de los mejores pastores 
«de la iglesia de Cuyo. 

Las resistencias, que siempre provoca ese espíritu de into- 
lerancia tan común en los hombres investidos de alta autori- 
dad eclesiástica, no tuvieron ocasión de manifestarse ante este 
•diocesano, que con sus altas cualidades de carácter, su man- 
sedumbre y aparentes concesiones, ha sabido sacar mayor 
partido que ningún otro de las mas espinosas cuestiones en 
que se ha visto comprometido con las autoridades políticas 
de Cuyo. 

Mas adelante nos ocuparemos de la división eclesiástica, y 
•especialmente de las órdenes monásticas, que tantas ilustra- 
ciones han dado á la Provincia. 



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CAPITULO XII. 

1. Gobierno de Yanzon. — 2. Año 1835. — El Coronel Barcala. — 
3. Expedición militar á la Rio ja y sus funestas consecuen- 
cias. — 4. Años 1836 á 1840. 



1. — El 27 de Abril de 1834, el coronel Don José Martin 
Yanzon fué elevado á la primera magistratura de la Provin- 
cia, desempeñando aquel puesto hasta Diciembre del año si- 
guiente. 

Asegúrase que el nombramiento de este gobernante se 
hizo á instigaciones del General Quiroga, que veía en Yan- 
zon un instrumento dócil para secundar sus planes de domi- 
nación absoluta en Cuyo. 

Esta semilla maldita de la sucesión del poder debía fructi- 
ficar mas tarde, aniquilando, suprimiendo el sufragio popu- 
lar, y haciendo de la vieja escuela de los caudillos un sistema 
de gobierno que, matando las libertades y derechos del ciu- 
dadano, so pretexto de intereses de alta política, habíamos 
de conocer después bajo el nombre vergonzoso de gobiernos 
electorales y de familia. 

Si en 1834 era un motivo de escándalo que las funciones 
gubernativas fuesen confiadas, menos por la idoneidad del 
gobernante que por la voluntad de un caudillo prestigioso, 
¿quién diría que después este orden de cosas había de for- 
mar un verdadero sistema, sostenido y prestigiado por los 
gobernantes nacionales y provinciales, que no se llaman cau- 
dillos de la fuerza bruta para engalanarse con el dictado de 
gobiernos ilustrados, honestos y progresistas? 

¿Será que los pueblos aun necesitan de la tutela oficial, y 
ese estado de pupilaje ha de sostenerse contra la voluntad de 
los pupilos? Pero entonces, las palabras instituciones, prin- 



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EL PAÍS DE CUYO 181 



<;ipios, .leyes son palabras sin sentido, sin mas importancia 
que la que hoy merecen los programas políticos de los aspi- 
rantes al gobierno. 

Mucho hemos pensado sobre el axioma socialista de «el 
mundo marcha » de Pelletan, y con desagrado hemos vuelto 
la cara en presencia de los acontecimientos políticos, que 
hasta nuestros dias se vienen desarrollando en el orden na- 
cional y provincial. 

Pero, dejemos á un lado las desiluciones y los desencantos, 
que tal vez un desconocido principio de selección política y 
social nos presenta estos mirajes que en definitiva no son mas 
que simples paradojas de fácil solución. 

Yanzon era un buen hombre en toda la extensión de la 
palabra; no le faltaban sanas intenciones é ideas de progreso, 
y por estas dotes muy susceptible de ser inducido en error 
cuando se sabía explotar su buena f é y hacer servir su auto- 
ridad para miras políticas ó de un interés ageno á la adminis- 
tración de que estaba encargado. 

Yanzon era débil, de cortos alcances, y por eso le hemos 
de ver incurrir en contradicciones á cada paso y fluctuar 
entre ideas encontradas que le habían de conducir á un trá- 
gico fin. Carecía de aptitudes para hacer un gobierno regular, 
pero tuvo el buen sentido de asociar á sus tareas hombres 
competentes por su saber, como el Doctor Don Timoteo Bus- 
tamante, Don Domingo de Oro y Don Victorino Ortega. 

Bajo la inspiración del primero, se dictaron algunas leyes 
reglamentarias en lo judicial, siendo digna de notarse, una de 
25 de Julio de 1834, por la que se fijaban las atribuciones de 
los jueces de paz y notables, de conformidad á leyes de Di- 
ciembre de 1824 y 13 de Agosto de 1827. 

Por el artículo 2.°, se disponía: «los tribunales y jueces no 
deben participar del ejercicio del Poder Legislativo, y todo 
ciudadano que ocupe una plaza cualquiera en la Magistratu- 
ra, no puede ser miembro del Cuerpo Legislativo ». 

Cualquiera que no conozca los secretos de la vida de pro- 
vincia, extrañará nuestra admiración; pero cambiará de pare- 
cer, cuando sepa que las incompatibilidades solo existen cuan- 



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182 EL PAlS DE CUYO 



do así conviene al gobernante; que en 1872 un miembro de 
la Cámara de Justicia hacía oir su voz en la Legislatura para 
dictar leyes que quizá al dia siguiente debía aplicar en sus 
funciones de juez. 

Que el Procurador Fiscal y del Tesoro llevaba como di- 
putado el proyecto de ley que acababa de elaborarse en el 
despacho de gobierno, ley que al dia siguiente debía servir 
de ariete para destruir un derecho creado por leyes anterio- 
res. Las leyes de circunstancias nada tienen que ver esta vez 
con la retroactividad. 

Si nuestras guerras de terror no han permitido el afianza- 
miento de las instituciones que fácilmente cedían al empuje 
poderoso de las conmociones populares, de los odios de un 
partidismo ciego; si tiempos llegaron en que una carta del te- 
nor gobernador modificaba sustancialmente el fallo formulado 
en vista de los autos, debe atribuirse al temor de la fuerza 
bruta y al oscurantismo de los hombres que, dando mas im- 
portancia á la vida que á la dignidad, no podían gozar de 
las inefables satisfacciones del deber cumplido. 

Si el atraso, el miedo, la ignorancia, apenas bastan para 
atenuar una falta, ¿qué diremos del mal causado á sabiendas,, 
de la ley pisoteada con marcada maldad y descaro en perse- 
cución de mezquinos intereses? 

Dejemos á un lado estos amargos y bochornosos recuerdos 
y volvamos á la administración Yanzon. 

Entre los adelantos materiales que se deben á este gober- 
nante, ocupan un lugar digno de mención, los siguientes: 

El cementerio público, que desde 1816 proyectaron sucesi- 
vamente los Tenientes Gobernadores Corvalan y de la Roza r 
fué realizado por Yanzon, que hizo levantar los planos de la 
obra, decretó su construcción (1.° de Setiembre 1835), y la 
puso bajo la vigilancia de la Sociedad de Beneficencia, creada 
por él en 20 de Setiembre del mismo año. 

Dio principio á los trabajos del gran Dique de San Emilia- 
no, que desviando al Rio San Juan en ángulo recto, libra á la 
capital y departamentos del Oeste de las grandes inundacio- 
nes que la amenazaban constantemente, y hacía poco tiempo 



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EL PAtS DE CUYO 183 



aterraron á la población, destruyendo gran parte de la ciudad. 
Esta obra es un trabajo de piedra en zig-zag, que hoy tiene 
una consistencia monolítica, solidificándose mas y mas en su 
continuo trabajo de resistencia. 

A las ventajas que ofrecen estas preciosas obras de amparo 
de la ciudad debemos agregar que en su construcción dieron 
\m lugar de trabajo en presidio durante diez años, á la labor 
de los condenados á larga prisión. Esta obra de que habla- 
mos con detalles en otro lugar, quedó interrumpida en 1835 
hasta 1844, en que fué continuada durante la administración 
del General Benavidez. 

2. — Residía por esta época en San Juan el Coronel Don 
Lorenzo Barcala, que tan gloriosamente se había ilustrado en 
la campaña del Brasil y en nuestras guerras internas, desple- 
gando dotes militares poco comunes. Su valor probado en 
muchos campos de batalla le acreditaban como valiente has- 
ta la temeridad. Prisionero de Quiroga en la batalla de la 
Ciudadela, es interrogado por el sanguinario vencedor, que 
hasta entonces era el terror de todos. ¿Qué habría hecho Vd. 
conmigo si me hubiese tomado? «Le habría fusilado, Gene- 
ral», fué su contestación. 

El Coronel Barcala, mas conocido en las provincias con el 
apodo de «El negro Barcala», y mas tarde por el héroe negro, 
era el alma del elemento popular en varias provincias, y los 
cuerpos cívicos miraban en él la personificación de sus de- 
rechos é intereses en las luchas políticas en que se jugaba la 
suerte de los pueblos. Estas consideraciones le valieron el 
respeto del General Quiroga que quería ganárselo para su 
partido, y de muchos otros jefes que buscaban un poderoso 
aliado en el prestigioso negro. 

El 9 de Julio de 1835, el Gobernador de San Juan recibía 
una nota del de Mendoza, en la que solicitaba la prisión y 
requería la extradición de Barcala por conspirar contra las 
autoridades de Mendoza, según carta remitida en copia lega- 
lizada. 

Efectivamente, una carta de Barcala de 3 Julio, dirigida á 



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184 EL PAlS DE CUYO 



Don José María Molina, había caído en poder del Gobierno 
de Mendoza y en ella se trataba de un plan de revolución 
que comenzaría por la muerte de Aldao. 

El objeto principal, según la referida carta, que publicó 

«El Constitucional*, de San Juan, era: « tomar al Fraile 

y darle su pasaporte, regalándole para su viaje cuatro onzas 
de las selladas en la Maestranza, y esto jamas será de un 
modo clandestino, sino en presencia de todos sus amigos » . 
«Ponernos de acuerdo con San Juan, Córdoba, Tucuman, 
Salta, Jujuy y Santa Fé, y todas las provincias para dejar á 
Buenos Aires que haga lo que le parezca con su dictador 
llosas». 

Este plan no era debido á una concepción de Barcala, y 
solo le estaba reservado el papel de ejecutor, por lo que se 
cuidó poco de la extradición reclamada por el Gobernador 
de Mendoza Don Pedro Molina. 

Barcala confiaba en su compromiso con los principales 
hombres de San Juan, que eran el alma de la conspiración, 
y entre ios que se contaba, según se decía, hasta el Ministro 
de Gobierno Don Domingo de Oro. 

Era voz pública que Oro tenía los hilos de la gran trama 
revolucionaria; que el Gobernador de Córdoba Don José Vi- 
cente Reinafé, como altamente comprometido en la tragedia 
del 16 de Febrero en Barranca Yaco 1 , secundaría cualquier 
movimiento que se produjera contra la naciente tiranía. 

La Rioja estaba anarquizada; Brizuela en desinteligencia 
con el Gobierno, y los comandantes de campaña exasperados 
con aquél. 

Hacía poco tiempo que el mayor de auxiliares Don José 
Mendiolaza, que intentara una revuelta en la Provincia de 



1 El 16 de Febrero de 1885 eran asesinados en Barranca Yaco, el Ge- 
neral Juan Facundo Quiroga, el Dr. Don José Santos Ortiz, 9 individuos 
de la escolta y un postillón. El único que salvó de aquella matanza fué 
el asistente de Quiroga, llamado Santos Funes. 

El 25 de Octubre de 1837, el jefe de los asesinos José Santos Pérez, y 
los hermanos Reinafé fueron ejecutados en la plaza de la Victoria en 
Buenos Aires. 



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EL PAÍS DE CUYO 185 



San Luis, y se hallaba asilado en San Juan, fué requerido por 
extradición; pero el G-obierno de San Juan eludió todo com- 
promiso dándole su pasaporte para Tucuman. 

Todas estas circunstancias daban á Barcala confianza so- 
bre su seguridad individual, y hacían creer al ilustre negro 
que no corría en su hospedaje el menor peligro, y era incon- 
cebible que sus mismos amigos, en cuyas manos estaba su vida, 
hicieran con él la odiosa excepción no hecha con nadie. 

El 31 de Julio, estando ya Barcala en capilla, expuso en 
su declaración que cuando fué reclamado por el Gobierno 
de Mendoza, el de San Juan le decía: «que no tuviese cuida- 
do ninguno, que el Gobierno ni lo había de echar, ni lo había 
de entregar; pero que si llegase un caso en que el Gobierno 
se viese comprometido á entregarlo, le prometía, bajo de su 
palabra de honor, que él lo haría salir fuera de la Provincia 
sin que nada le sucediese ». 

El Gobierno de San Juan, cubriéndose de baldón y de 
ignominia, remitió á Barcala en 9 de Julio con una partida 
á Mendoza, quien, como todos lo presumían, fué fusilado el 
dia 1° de Agosto. l 

A Oro se le siguió una causa por complicidad en el plan 
abortado de Barcala, y haber pretendido la agregación de 
San Juan y Mendoza á Chile, en odio á la situación de la 
Bepública*. 

Después de cincuenta y cinco dias de haberse iniciado la 
causa y de diez y seis dias de prisión, el juez Dr. Bustamante, 
falló en 6 de Octubre, declarando inocente á Oro y absuelto 
de toda pena, «j?ero debiendo adoptar un medio que concilie 
y desvanezca la desconfianza y recelos que notoriamente ha 



1 La Sociedad de hombres de color de Buenos Aires trata de erigir un 
monumento al ilustre guerrero en las épocas de la Independencia, por 
suscriciones en la Capital Federal, Mendoza y San Juan. 

«La Prensa» ha publicado el proyecto del monumento, «en cuya base 
se colocarán grandes medallones de los guerreros de color que se ilustra- 
ron en las guerras argentinas».— N. E. 

* También se habló en ese tiempo de la incorporación de Salta á 
Bolivia. 



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186 EL PAlS DE CUYO 



engendrado este suceso en los gobiernos de Mendoza, de la 
Rioja y sus jefes militares, comprometiendo al de esta Pro- 
vincia la permanencia en ella del expresado ex-ministro, por 
las circunstancias de su persona y el recelo de la influencia 
en sus relaciones, se le ordena, cumpla y ponga en ejecución 
la resolución que públicamente ha manifestado, extra-causam, 
de salir de la República Argentina . . . . » 

La irritante contradicción que encierra esta sentencia, hu- 
biéramos querido que no existiese, pero sea de ello lo que 
fuere, dio lugar á que fuera apelada y resuelta en 13 de Octu- 
bre por el Gobernador Yanzon^ revocándola en la parte que 
infligía pena. 

Así concluyó esta ruidosa cuestión en que un ilustre mili- 
tar es pasado por las armas, por el miedo que inspira á los 
caudillos, y por la entrega bochornosa que de él hizo el Go- 
bierno que le prometiera asilo y garantía. 

Yanzon murió asesinado en 1842 en Santa María (Cata- 
marca), después de una lijera acción de guerra. — ¡Justicia 
de Dios! 

Si el valores una virtud y la cobardía un crimen, ¿cuánto 
mas reprensible no es la conducta del Gobierno de San Juan, 
en que haciendo hablar la fé púnica, viola el sagrado de una 
promesa y entrega á la muerte aun digno jefe de quien tanto 
podían esperar aquellos pueblos? 

¡ Quién sabe si la vida de Barcala no hubiera sido la vida 
de tranquilidad y respeto de aquellos pueblos! ¡Tal vez la 
muerte en embrión de la tiranía que asomaba al oriente! 

3. — Frustrado el plan subversivo de los políticos de San 
Juan, buscaron otro objetivo á sus miras; y Yanzon, que 
seguía siendo el dócil instrumento de éstos, puso en armas 
á la Provincia, so pretexto de sostener el sistema federal, de 
castigar á los asesinos de Quiroga y de ponerse en guardia 
contra el levantamiento de los Llanos, aunque secretamente 
se hablaba de una expedición á la Rioja para tomar el parque 
abandonado por Quiroga y reaccionar en seguida contra el 
sistema político vigente en la Nación. 



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EL PAÍS DE CUYO 187 



Por decreto de 18 de Setiembre, se creó un « Batallón Re- 
publicano», nombrándose jefe á Don Juan de Dios Jofré. 
Este cuerpo de nueva creación, unido á los demás de la 
guarnición, formaban una respetable división militar que co- 
menzó á despertar las sospechas de los amigos de la Fede- 
ración. 

El 21 del citado mes, á las nueve de la noche, tenía lugar 
un movimiento revolucionario, que fracasó en sus primeros 
momentos, dando lugar á la fuga y persecución de los prin- 
cipales comprometidos, que eran: el Mayor de Plaza, Coman- 
dante Don Nazario Benavides y Comandantes de Milicias 
Don Hilarión Martínez y Don Domingo Videla. 

Algunos creen que esta conspiración fué simulada por el 
mismo Gobierno, que veía en Benavides un formal estorbo 
para su expedición á la Rioja; pero la cuestión de hecho fué 
la fuga de los jefes mencionados á Mendoza, de donde se 
pidió su extradición, conforme al artículo 7 del tratado en 
Santa Fó (4 de Enero 1831) y reciprocidad de lo hecho hacía 
dos meses con Barcala. El Gobierno de Mendoza dio á Bena- 
vides su pasaporte para Buenos Aires, y frustrada así la re- 
clamación hecha, el Gobierno de San Juan puso fuera de la 
ley á los jefes nombrados por intento de trastornar el orden 
público, conminando con igual pena á todo el que les diera 
asilo ó protección alguna (decreto de 22 de Setiembre). 

La expedición militar sobre la Rioja se llevó á cabo, mar- 
chando las fuerzas de San Juan el dia 22 de Setiembre, á 
cuyo frente se puso, pocos dias después, el Gobernador 
Yanzon. 

El General Don Tomás Brizuela, teniente de Rosas en la 
Rioja, y contra quien debía más tarde volver sus armas, de- 
sertando de su viejo partido, esperó á Yanzon en Fiambald y 
lo batió, obteniendo sobre las fuerzas sanjuaninas un comple- 
to triunfo. Yanzon fugó á Chile, y la Legislatura de San Juan, 
ante la cual fué acusado de traición al sistema federal y vio- 
lación al tratado conocido con el nombre de Liga del Litoral, 
le formó juicio político, destituyéndole del cargo de Gober- 
nador en 27 de Enero siguiente. 



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188 EL PAÍS DE CUYO 

El Gobierno de la Rioja, que había sido agredido tan injus- 
tificadamente, y con los derechos que le daba la victoria de 
Fiambalá, pensó desde luego en una reclamación por gastos 
de guerra y decretó enseguida la invasión sobre San Juan. 

Brizuela, al mando de 700 hombres, ocupó la ciudad de 
San Juan, que tuvo que sufrir una contribución forzosa de 
guerra para satisfacer las reclamaciones del jefe riojano, 
cuyas exigencias fueron moderadas en parte, mediante los 
oficios de los comisionados del Gobierno de Mendoza, señores 
Pedro J. Pelliza y Eugenio Corbalan. 

Las tentativas del partido unitario en San Juan no han 
sido mas afortunadas ni antes ni después de la época que nos 
ocupa. 

Mas tarde hemos de ver mayor número de elementos acu- 
mulados contra la tiranía, y siempre el mas completo fracaso 
contra toda probabilidad y lógica de los acontecimientos. 

¿Qué maldición pesaba contra los unitarios de San Juan? 

¿Qué funesto secreto destruía las mas ingeniosas combina- 
ciones de un partido siempre rico en hombres y no pocas ve- 
ces en elementos militares? 

¿Por qué todos los esfuerzos se esterilizaban para dejar de- 
trás la ruina y el desencanto? 

No es que faltase fé en los propósitos, ni energía en los 
medios. 

Es que no siempre hubo unidad de acción, porque en las 
mas altas combinaciones nunca faltó el personalismo que las 
destruyera. El celo de preponderancia siempre fué y será la 
carcoma devoradora de aquella sociedad, ya la miremos bajo 
el punto de vista político ó ya la refiramos solo y exclusiva- 
mente al orden social. 

En todo tiempo, el pecado de los unitarios de aquí y de mas 
allá fué la falta de cohesión en los medios, aunque existiese en 
cuanto á las miras. La subordinación, que es el secreto de la 
disciplina, y en ésta de la fuerza, siempre les fué desconocida 
y los derechos reales ó aparentes hicieron siempre de cada 
pueblo, de cada grupo, de cada individuo una autonomía 
aparte que, en último caso, traía la anarquía y la debilidad. 



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EL PAlS DE CUYO 189 



Pronto hemos de ver cómo por esta misma causa fué total- 
mente desbaratado el segundo Ejército Libertador, sobre 
cuyas cenizas se forjó las pesadas cadenas arrastradas hasta 
1862. 

El pecado de los unitarios fué siempre la desunión, cómo 
el secreto del poder de los federales fué la conformidad de 
medios y de propósitos que siempre los hizo fuertes. 

Cada uno para todos, fué siempre el lema de los últimos, 
mientras que los primeros, después de ardientes discusiones 
sobre derechos y deberes, ideas y principios, concluían con 
este funesto axioma: «todos para cada uno», frase que en de- 
finitiva era traducida por un funesto sentimiento egoísta que 
nos llevó siempre al personalismo. 

Aun en nuestros tiempos se ven hombres -banderas que las 
malas pasiones han impuesto á los partidos. 

4. — Evacuada la ciudad de San Juan por las tropas rio- 
janas, la Provincia quedó envuelta en el mas completo ma- 
rasmo, sncediéndose en el gobierno una serie de mandatarios 
que, como sombras fantasmagóricas, dejarían solo un simple 
recuerdo de sus infecundas administraciones. 

Al Gobernador Yanzon siguió como delegado su ministro 
Don Victorino Ortega, sucediendo á éste Don José Luciano 
Fernández y el Comandante Don Nazario Benavides, á quien 
habían vindicado completamente los sucesos de la Rioja y 
volvía de Buenos Aires con instrucciones de Rosas. 

Benavides fué electo en 8 de Mayo de 1836, reelecto en 13 
de Mayo de 1838 y 17 de Mayo de 1840, bajo cuyo gobierno, 
si la Provincia no marchó por la senda del progreso, gozó 
por lo menos de esa tranquilidad infecunda y vejetativa, sir- 
viendo de asilo á los emigrados de las provincias vecinas que 
gemían bajo el látigo de despóticos caudillos. 

Como delegados de Benavides, desempeñaron también las 
funciones gubernativas de la Provincia Don Timoteo Mara- 
dona y el Doctor Don Timoteo de Bustamante. 

En el trascurso de estos años, se publicaron en San Juan, 
«El Registro Oficial», «El Abogado Federal» y «El Zonda». 
(Ap. nota núm. 15). 



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190 EL PAl8 DE CUYO 



Por decreto de 16 de Noviembre de 1838, se mandó obser- 
var el Reglamento para el Tribunal de Consulado, quedando 
con esta disposición y otras de menos importancia, cerrado 
todo el movimiento intelectual gubernativo en la provincia 
hasta 1840. 



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CAPITULO XIII. 

1. — Año 1840. situación de la República. — 2. Lavalle y La Ma- 
drid. — 3. El Segundo Ejército Libertador. — 4. El General 
Don Mariano de Acha. — 5. Ocupación de San Juan. — Ba- 
talla de la Punta del Monte. — Sorpresa de la Chacarilla. — 
Defensa en la Plaza Mayor. — Capitulación del 22 de Agosto. 
— 6. El General La Madrid y su desastre en el Rodeo del 
Medio. — El Obispo Sarmiento. 



1. — El terror batía sus siniestras alas sobre todos los pue- 
blos de la República. 

La emigración acrecentaba cada día, y la despoblación que 
se operaba por todas partes amenazaba la desaparición de la 
nacionalidad argentina del catálogo de las naciones. 

Lavalle abría su campaña sobre Entre ítios; peleaba con- 
tra Echagüe en Yertid, Don Cristóbal y en el Sauce Grande 
con suceso vario. Invade á la Provincia de Buenos Aires, 
triunfa de Pacheco en el Tala, se bate en San Pedro y Cañada 
de la Paja, y llega hasta las puertas de la guarida del tirano 
(capilla de Merlo, lugar á 33 kilómetros de la ciudad de Bue- 
nos Aires). Retrocede desde este punto y se dirige á la Pro- 
vincia de Córdoba, buscando la incorporación del General La 
Madrid que, según convenio, debe esperarlo en el lugar deno- 
minado el Quebracho Herrado; pero su llegada al punto indi- 
cado se realiza dos días después del fijado. La Madrid se ha 
marchado, y en lugar del aliado que busca, se encuentra con 
el ejército de Oribe que, mas fuerte en número y elementos, 
lo bate y vence completamente. 

Esta ligera y heroica campaña viene á encolerizar mas á la 
fiera que se alberga en Santos Lugares ¡Vse victis! 

El bloqueo de la escuadra francesa concluyó por el igno- 



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í 



192 EL PAÍS DE CUYO 



minioso tratado de 29 de Octubre, y Rosas, que se ve ahora 
libre de un peligro inminente, va á reaccionar aun contra los 
indiferentes testigos de su cobardía. 

El General Paz con su ejército de Corrientes nada puede 
tampoco ante las divisiones de sus mismos parciales; los re- 
cuerdos de la Tablada y Oncativo 1 están neutralizados ante 
las masas por el terror que se apodera de todos y se ve 
por esta causa privado hasta del concurso mas simple de sus 
mismos partidarios. 

La desgraciada acción de Pago Largo en que Beron de 
Astrada (Gobernador de Corrientes), y sus valientes legiones 
pagan con la vida su desafecto á la tiranía, pone al ejército 
vencedor de Echagüe en condiciones de operar con éxito en 
cualquiera parte donde sus servicios federales pudieran ser 
necesarios en sosten del trapo colorado que han enarbolado 
como bandera de principios (31 de Marzo 1839). 

La coalición de las cinco provincias del Oeste, que habían 
puesto á su frente al General Brizuela, no pasa de ser una 
muy débil esperanza, dadas las escasas aptitudes del jefe 
riojano. 

Los ejércitos de la tiranía se diseminan por todas partes 
para completar la obra de abyección, que aun encuentra dé- 
bil resistencia. 

La Sociedad Popular Restauradora, haciendo cada día os- 
tentación de barbarie, lleva á aquellos en el terror el auxilio 
moral descubierto y erigido por Rosas en sistema de go- 
bierno. 

Las provincias del antiguo Cuyo se hallan sujetas á una 
estúpida pasividad, que solo el pánico puede explicar. 

Aldao, que ha conseguido envilecer á su pueblo, no tiene á 
quien temer. Lucero en San Luis y Benavides en San Juan, 
tampoco hallan resistencia, por lo que el poder de estos 
caudillos era en 1840 una de las mas fuertes columnas de 
la tiranía. 



1 También se conoce este lugar con el nombre de «La Laguna Larga», 
N. E. 



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EL PAÍS DE CUYO 193 



No obstante esta paz varsoviana que nadie puede turbar, 
comienzan los alistamientos en Cuyo. Las levas llevan á los 
cuarteles cuanta gente puede cargar armas, y luego se habla 
de expediciones al Norte para sofocar un levantamiento de 
los salvajes unitarios encabezados por La Madrid. 

Efectivamente, el pueblo salteño se pronuncia contra Ro 
sas, invade á Tucuman y después de un ligero hecho de ar- 
mas, en que el Coronel Acha sale victorioso, el pueblo de 
Tucuman se une al movimiento en 7 de Abril de 1840, y esta 
liga de dos provincias elige por su jefe al General La Madrid. 

Acha, á quien se han extendido los despachos de General, 
unido al Gobernador de Salta Don Manuel Sola, sale con una 
vanguardia de 1000 hombres para invadir á Córdoba. La 
Madrid los persigue con las fuerzas de Tucuman, pero en el 
camino experimenta la deserción del Coronel Celedonio Gu- 
tiérrez que, con una división de las fuerzas, se pasa y presenta 
al Gobernador Ibarra de Santiago, el mas terrible caudillo 
por su barbarie, que Rosas tiene en los pueblos del Norte. 

A la llegada de La Madrid á Córdoba, este pueblo se pro- 
nuncia contra la Federación, y su Gobernador Dr. Don Fran- 
cisco Alvarez se pone á la cabeza de uno de los cuerpos que 
pronto han de formar el Segundo Ejército Libertador. 

2. — La desgraciada acción de El Quebracho llevó el de- 
saliento á las milicias cordobesas que comenzaron á desertar 
de tal modo, que cuando á los pocos dias tenía lugar la reu- 
nión de La Madrid y Lavalle en Jesús María, diez leguas al 
Norte de Córdoba, estos dos jefes se hallaban con un número 
muy reducido de tropa. 

Desde luego se pensó en crear nuevos elementos que, como 
era consiguiente, debían salir de las provincias adictas al go- 
bierno de Rosas. 

Se mandaron partidas de merodeo sobre Santiago para 
buscar haciendas, lo que se consiguió no sin fuertes tiroteos. 

La desgracia, que siempre persiguió á los unitarios, comen- 
zó á hacer sentir su maléfica influencia. 

El Coronel Don José Videla, que con mil hombres de caba- 

13 



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194 EL PAÍS DE CUYO 



Hería habíase desprendido desde Sinsacate para operar sobre 
Cuyo, fué sorprendido y deshecho por la gente del General 
Pacheco en San Cala (Rioja). 

El valiente General Acha con 400 hombres fué envuelto 
en Machigasta y batido por la vanguardia del Ejército Unido 
de Cuyo, á las órdenes del General Benavides. 

El Gobernador Otero de Salta traicionaba á los unitarios, 
siendo necesario mandar fuerzas que rescatasen aquella pro- 
vincia, nombrándose en su lugar al antiguo maestro de es- 
cuela Don Gaspar López. 

Por un tratado entre Lavalle y La Madrid, celebrado en 
Anjulí, Provincia de Catamarca, Lavalle pasóá la capital de 
esta provincia, y La Madrid marchó sobre Tucuman, donde 
debía formarse el Segundo Ejército Libertador para invadir 
á Córdoba y marchar al Litoral. 

3. — Con los contingentes de Salta, Tucuman, Jujuy y la 
poca gente de Córdoba que había sacado el Gobernador Al- 
varez, se formó pronto un ejército de mas de tres mil hombres, 
distribuidos del modo siguiente : 

Infantería: Batallón Libertad, comandante Don Lorenzo 
Alvarez; Batallón Constitucional, comandante Don N. Orgaii. 

Artillería: Escuadrón Artillería (diez piezas de varios ca- 
libres), coronel Don Fernando Rojas. 

Caballería: Legión Brizuela, coronel Don Crisóstomo Al- 
varez, y jefes de escuadrón los mayores Vicente Neirot y N. 
Sardinas; Regimiento Milicias de Salta, coronel Don Manuel 
Puch; Escuadrón General Paz, comandante Dr. Don Fran- 
cisco Alvarez, y jefes subalternos, comandante José Ignacio 
Igarzábal y mayor Severo Ortiz; Escuadrón «9 de Julio», co- 
mandante Don Baldomero Sotelo; Legión Avalos (milicias de 
Corrientes), coronel N. Avalos; Escuadrón «25 de Mayo», co- 
mandante Don Agustín Acosta. 

Formado el ejército de esta manera, emprendió su mar- 
cha de Tucuman el 24 de Mayo de 1841; pero contra lo acor- 
dado con Lavalle en Anjulí, se dirigió á Catamarca donde 
llegó del 8 al 10 de Junio, y en seguida pasó á la Rioja. 



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EL PAlS DE CUYO 195 



Esta impremeditada resolución del general La Madrid, 
rompía la acción combinada de su ejército con el de Lavalle. 
Unidos eran fuertes, divididos fueron tan débiles, que pron- 
to desapareció para la Patria agonizante la última esperan- 
za de libertad. 

¿Será que La Madrid tuvo celos de La valle? 

No queremos creerlo; es que la fatalidad perseguía á los 
unitarios para hacerlos purgar sus desavenencias, sus divi- 
siones, sus utopías con las que pretendían triunfar de las ma- 
sas armadas que el tirano había amontonado á su alrededor. 

Mientras estos hechos se desarrollaban en el Norte, los 
gobiernos de San Juan, Mendoza y San Luis habían alistado 
sus milicias y formado su « Ejército combinado de Cuyo*, 
bajo el mando superior del general Don José Félix Aldao, y 
como jefes divisionarios el coronel Don Nazario Benavides y 
general Don Pablo Lucero. 

Confiada la fuerza de vanguardia á Benavides, éste marchó 
sobre la Rioja para observar y batir las tropas de Lavalle y 
de Brizuela conjuntamente. 

El 24 de Abril, Brizuela era derrotado en Tulcum, y el 20 
de Junio tenía lugar la acción de Saftogasta, en la que des- 
pués de una lucha tenaz y sin cuartel, Benavides vuelve á 
triunfar de Brizuela, quedando muerto en el campo de bata- 
lla (7 de Julio 1841). 

De regreso Benavides á San Juan, por el desahogo que le 
daba la desaparición del desgraciado Brizuela, apuró la movi- 
lización y disciplina de las milicias y organización del ejér- 
cito unido, que pronto emprendió la marcha para salir al en* 
cuentro de La Madrid. 

Benavides delegó el mando gubernativo en el coronel Don 
José María Oyuela, con encargo expreso de organizar una 
fuerza de reserva. 

Mientras los ejércitos marchaban á encontrarse, el general 
La Madrid había desprendido desde la Rioja sobre San Juaa 
su vanguardia á las órdenes del general Don Mariano de 
Acha, la cual se componía del modo siguiente: 



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196 EL PAÍS DE CUYO 



Batallón Libertad: comandante, Don 

Lorenzo Alvarez 250 hombres 

Legión Brizuela: comandante. Don 

CrisÓ8tomo Alvarez 200 > 

Escuadrón General Paz: comandante, 

Dr. Don Francisco Alvarez 40 » 

Sección de artillería (2 piezas): capi- 
tán Don Domingo Arechondo. ... 30 » 

Total 520 hombres 

El general Acha, que va á ser el protagonista de los acon- 
tecimientos principales de esta guerra, era físicamente un 
hombre hermoso, de elevada estatura, de simpática presencia 
y de una apostura verdaderamente marcial. Sus distinguidos 
modales y su esmerado trato guardaban una armonía per- 
fecta con su gallarda figura. 

Sus antecedentes militares nos lo presentan en la campaña 
del Sud de Buenos Aires, á las órdenes del coronel Rauch: 
en 1827, combatiendo contra los caudillos de Molina y Meza, 
como subalterno del coronel Don Isidoro Suárez, distinguién- 
dose en la victoria de Las Palmitas; en 1828, sirviendo á las 
órdenes del general Lavalle, como segundo jefe del Regi- 
miento de Húsares, hallándose en la acción de Navarro con- 
tra Dorrego, y en 1831 batiendo y venciendo en Miraflores 
(Tucuman)á la vanguardia del generalJuan Facundo Quiroga. 

Acha, cuyo valor raya en la temeridad, marcha con sns 
fuerzas de vanguardia sobre San Juan, y corriéndose á la iz- 
quierda para evitar el encuentro del ejército de Cuyo, apare- 
ce el 12 de Agosto en el Departamento de Caucete, lugar á 
siete leguas de la ciudad de San Juan. 

Este paso atrevido de Acha desbarata por completo los 
planes del ejército de Aldao, obligado á contramarchar por 
una travesía de treinta leguas para salvar la ciudad ame- 
nazada, que era el centro de sus operaciones en Cuyo. 

Este golpe de audacia, que el éxito coronó en sus primeros 
momentos, pudo tener consecuencias grandiosas para el por- 



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EL PAÍS de cuyo 107 



venir feliz de la Patria sin las causas que expondremos mas 
adelante. 

Aeha escribió desde Caucete la siguiente carta al Gober- 
nador interino de San Juan. 

«Libertad, Constitución ó Muerte. — Sr. Don José María 
Oyuela, Jefe de las fuerzas sanjuaninas. — Caucete, Agosto 12 
de 1841.— Señor mío: Mañana temprano estaré con m¡ co- 
lumna al frente de Vd., no comprometa ese pueblo, y sí lo 
hace, que sea para vencer. 

«La guerra, si se dispara un tiro después de recibir ésta, es 
declarada por mí á muerte. 

«Si Vd. quiere tener una entrevista conmigo, será mañana 1 
cada uno al frente de sus fuerzas; pero es preciso que sea á 
á la inmediación de ese pueblo. 

«El Jefe de Vanguardia del Ejército Libertador. — Mariano 
de Acha.» 

Esta carta, cuyo lema, concepto y precisión de estilo de- 
mostraba una resolución inquebrantable de vencer ó morir, 
no dejaba lugar á juicios equívocos ni á dilaciones que pu- 
dieran mejorar la situación extrema del gobierno de San 
Juan. 

La situación de Acha era excepcional, se hallaba en medio 
de un país enemigo, y en víspera de ser batido por un ejér- 
cito numeroso; tenía que vencer á toda costa las dificultades 
<¡ue su arrojo le habían creado, lanzándose al centro del ene- 
migo con una división que apenas bastaba para formar un 
remedo de línea de batalla. No le quedaba ni el triste re- 
curso de retroceder, en lo que por otra parte jamás pensó. 

El ejército de Aldao venía á marchas forzadas en su alcan- 
ce, y no ignoraba que cada uno de sus soldados se mediría 
contra cinco de los enemigos; que iba á luchar contra tres 
viejos aguerridos militares, contra masas fanatizadas por el 
amor de causa ó la disciplina de terror, el gran secreto de 
organización de los ejércitos de Rosas. 



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198 EL PAÍS DE CUYO 



Acha, ese Bayardo del Segundo Ejército Libertador, era 
digno de la difícil situación en que se hallaba, y solo él era 
capaz de dominarla con buen suceso para la sagrada causa 
de que se había hecho tan lucido paladín y ardiente de- 
fensor. 

La carta de Acha desconcertó completamente á Oyuela» 
que al punto desalojó la ciudad, marchando á incorporarse al 
ejército de Aldao, esperado por momentos. 

5. — La ciudad fué ocupada el dia 13, pero Acha com- 
prendió pronto que su permanencia en ella sería insostenible, 
y un sitio riguroso le hubiera hecho rendir sin gloria y sin 
esperanzas de salvación para los suyos. 

Por otra parte, el ejército enemigo tenía que cruzar una 
travesía (desierto) de treinta leguas, que ya él conocía, para 
llegar á Angaco y allí podía batir con ventaja y en buena» 
posiciones al ejército, acaso trasnochado, sediento y rendido 
por las fatigas de una marcha tan larga como penosa. 

Esta idea dominó al fin, y Acha salió el dia IB de su cam- 
pamento de la Chacarilla para situarse en un lugar adecuado, 
contiguo á la travesía, teniendo que pasar la noche á la orilla 
del rio. 

El dia 16, después de pasar el rio, tuvo aviso de que el ene- 
migo se avistaba, lo que apenas permitió aprovechar los oc- 
cidentes del terreno para prepararse á la batalla. 

A las ocho de la mañana, la vanguardia del ejército de Cuyo, 
constante como de 400 hombres, al mando de Benavides, 
trajo el ataque, y después de un reñido combate de mas de 
dos horas, fué rechazado, dejando entre los muertos al jefe de 
la infantería Coronel José Manuel Espinosa. 

Es después de este suceso que Acha pudo tomar posicio- 
nes en el mismo lugar del combate, conocido con el nombre 
de Punta del Monte, 

Este lugar está situado á ocho leguas Sud-este de la ciudad 
y toma su nombre de la entrada ó punta que forman las ala- 
medas y montes de árboles que se internan sobre la región 
inculta de la travesía. 



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EL PAÍS DE CUYO 199 



La gente de Acha se colocó con frente ala travesía, tenien- 
do por delante una acequia, y haciendo espalda sobre los cer- 
cados y alamedas de las fincas de aquel distrito, que hoy for- 
ma parte del departamento de Angaco Norte. A la derecha, 
son terrenos medanosos que se extienden hasta tocar con la 
Sierra de Pié-Palo, y á la izquierda los despuntes y cajones 
de la Sierra de Villicum. 

Con frente á la travesía, colocó en su pequeño campo á la 
infantería y los dos cañones que debían operar sobre el ca- 
mino que traía el enemigo. La Legión Brizuelay el escuadrón 
Paz, que formaban la caballería, fueron puestos á retaguar- 
dia para operar en el momento oportuno, lo que quiere decir, 
que todo el empuje del Ejército de Aldao debía ser sostenido 
por el batallón Libertad y las dos piecitas de artillería, for- 
mando un total aproximado de 250 combatientes. 

El ejército de la Federación contaba con los cuerpos si- 
guientes: 

Infantería: Batallón Cazadores Fede- 
rales, al mando del Coronel Don 
Francisco Domingo Diaz, por 
muerte de su jefe Espinosa, con 360 hombres 

Batallón Auxiliares de Mendoza, al 

mando de Don N. Barrera (chileno) 350 i 

Artillería: cuatro cañones con dota- 
ción de 30 hombres por pieza .... 120 i 

Caballería: Regimiento N° 2 Auxilia- 
res de los Andes, Coronel Juan An- 
tonio Benavides 477 * 

Regimiento de Milicias de San Juan, 

Coronel D. José M. Oyuela 300 » 

Regimiento Auxiliares de Mendoza, 
Comandante N. Vera (próxima- 
mente) 350 

Regimiento Auxiliares de San Luis, 
Coronel Don Pablo Lucero 350 



* 



Total 2,297 hombres 



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200 EL PAÍS DE CUYO 



Como se ve, iban á medirse 520 hombres contra 2,297, con- 
siderando compensadas las pérdidas de la mañana que pro- 
porcionalmente disminuían las. fuerzas de ambos conten- 
dientes. 

Serían las 12 del dia 16 de Agosto, y apenas dos horas en 
que había sido rechazado Benavides, cuando el grueso del 
ejército de Aldao trajo el ataque. 

Iniciado el combate por el arma de caballería, á la que 
siempre dieron preferencia los caudillos, las masas de ginetes 
fueron rechazadas con grandes pérdidas en las varias cargas 
que llevaron. La rabia de los asaltantes, diezmados por aquel 
pequeño número de héroes, aumentaba la tenacidad de las 
cargas, mientras la gente de Acha seguía firme en sus posi- 
ciones, sembrando la muerte á su alrededor. 

El entrevero de las caballerías se produjo al instante y una 
masa informe de ginetes envuelta entre el polvo y humo de 
la pólvora, apenas dejaba oir los gritos de rabia y desespera- 
ción de los combatientes. 

La infantería de San Juan, al mando del Mayor Díaz, y la 
de Mendoza al mando de un Mayor Barrera, reuniendo un 
total de 700 hombres, cargaron las posiciones de Acha. En- 
tonces la lucha fué encarnizada y terrible; los asaltantes lle- 
gaban á la acequia de dos varas de ancho que servía de 
parapeto á Acha con su gente en el borde opuesto, y con solo 
esta distancia intermedia, se hacían un fuego mortífero que 
no solo causaba el estrago del proyectil sino el del sollamazo 
de la pólvora. Los cadáveres cegaron pronto la acequia, sir- 
viendo de fagina para cruzar de un lado al otro, pero los que 
lo intentaban pagaban con la vida su temeridad. Los infantes 
de la Federación retrocedieron al fin, diezmados y deshechos 
por los fuegos de aquella «legión de demonios que capitanea- 
ba el salvaje Acha» l . 

De los 700 infantes que entraron en combate, sobrevivie- 
ron 157, según se averiguó después, contando los muertos y 
los prisioneros. 

1 Palabras de un jefe de Benavides. 



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EL PAÍS DE CQYO 201 



En este combate, el mas sangriento que registra la luctuo- 
sa historia de nuestras guerras civiles, se hicieron por una y 
otra parte actos de arrojo dignos de la epopeya americana. 

Al valiente Acha le mataron tres caballos durante el com- 
bate. 

Los jefes y oficiales de mayor graduación perecieron en 
aquella vorágine de la muerte, sepulcro de tantas glorias y 
hechos heroicos que hoy pretendemos exhumar del olvido. 

A las 6 de la tarde la derrota se produjo en el campo de 
Aldao, abandonando cañones y bagajes; la infantería, en 
número de 157 hombres, quedó prisionera. 

El campo estaba sembrado de 1.000 cadáveres del ejército 
de Cuyo y 200 de la gente de Acha. Este con alguna infan- 
tería montada persiguió al fraile Aldao, que fué á sofrenar 
su caballo á San Francisco del Monte, donde se hallaba Ori- 
be, volviendo al dia siguiente sin la presa que tanto ambi- 
cionaba. 

Lucero se había retirado al principio del combate con sus 
auxiliares púntanos y Benavides, que vio deshechas sus filas, 
se retiró sobre la ciudad de San Juan á las cinco de la tarde, 
echando pestes contra Aldao por las malas disposiciones to- 
madas para librar la batalla. 

Dicen las crónicas que Benavides se retiró persiguiendo un 
grupo en el que suponía iba Acha; pero esta es una grosera 
invención, desde que Acha quedaba dueño del campo de ba- 
talla y sus contrarios en completa dispersión. 

Entre los episodios heroicos de este combate, se refieren 
los siguientes: 

Dos oficiales enemigos personales, que militaban en filas 
contrarias, se reconocen al principio del combate, se injurian, 
se apostrofan y concluyen por retarse á duelo ; cada uno 
toma un fusil del primer soldado que tiene á su lado, y ha- 
ciendo fuego á la vez, dan en el blanco y caen ambos baña- 
dos en su propia sangre. 

El mayor Melchor Aldao, sobrino del fraile, que ve muerta 
ó deshecha su gente con que ataca á la infantería de Acha, 
en su rabia y desesperación por la resistencia, espolea su 



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202 EL PAÍS DE CUYO 



caballo y salta la zanja, cayendo como un rayo en medio de 
la infantería enemiga; tanto arrojo despierta la admiración 
de todos, y se oyen gritos de «no maten á ese valiente»; 
era tarde, caballo y caballero cayeron ensartados en las ba- 
yonetas. 

Trifon Mujica, oficial subalterno del Batallón Libertad, 
formaba parte de una compañía que recibió orden de cargar 
sobre el enemigo que franqueaba la acequia divisoria de los 
combatientes. El comandante de la compañía considera teme- 
raria la orden é inútil el sacrificio, desobedeciéndola en con- 
secuencia; Mujica sale al frente de la compañía, recuerda á los 
soldados la santidad de la causa por que pelean, y apostrofan- 
do con dureza á su superior inmediato, concita á sus compa- 
ñeros para arrojar á la canalla que los ataca, y esto diciendo, 
se lanza sobre el enemigo, donde casi todos perecen en aras 
de la Patria. 

También hemos oído por repetidas veces hablar de un 
combate singular entre Benavides y el comandante Don 
Francisco Alvarez; pero siguiendo nuestro propósito de no 
escribir sino sobre lo que hayamos encontrado bien com- 
probado, nos abstenemos de hacer referencias de dudosa 
autenticidad. 

Mientras la batalla de la Punta del Monte estaba en lo 
mas recio, veamos lo que sucedía en la ciudad de San Juan. 

El obispo José Manuel Eufrasio de Quiroga Sarmiento, en- 
tonaba en la iglesia catedral un solemne Te-Deum por el 
triunfo de las armas de Aldao. Mas tarde, como veremos des- 
pués, gritaba muerte y exterminio á los vencidos. 

¿Pensaría este pobre hombre, este pastor lobo, convertiré 
Dios á la causa Federal ? 

El dia 17, Acha revistaba su gente, y contando á los heri- 
dos que pudieran formar, resultaba un efectivo de doscientos 
ochenta hombres con los que ocupó nuevamente á San Juan 
en la tarde del mismo dia. 

El campamento se formó en el mismo local de La Chaca- 
rilla, donde había estado el 14. Esta era una finca de propie- 



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EL PAÍS DE CUYO 203 



dad de la comunidad dominica de San Juan, situada en el 
distrito sub-urbano de Trinidad, al Sud de la ciudad. Se di- 
vide en potreros cercados de pared de tierra, conocida con el 
nombre de tapia. Hacia la parte de la ciudad, hay un potrero 
grande, donde fué alojada la fuerza de caballería al mando 
accidental del comandante Sardina, por estar en la ciudad 
muy mal herido su jefe nato, coronel Crisóstomo Alvarez, 

Con calle de por medio que corre de Este á Oeste, hay otro 
potrero menor que ocupó la infantería al mando del mayor 
Don Plácido Agüero por estar su jefe Don Lorenzo Alvarez 
de comisión en la ciudad. 

En la parte media de la calle están las casas de la finca, 
conocidas con el nombre de El Altillo de la Chacarilla. En 
este lugar se hallaba Acha con su reducido Estado Mayor. 

En la ciudad, en el Principal, nombre con que era cono- 
cida la antigua casa del Cabildo, se puso una guardia de 25 
hombres al mando del Capitán Don Juan Ramón Segundo 
Balcarce, hijo del General del mismo nombre y del Teniente 
Don Leandro Martínez, hijo del General de la Independen- 
cia Don Benito Martínez. 

Mientras los héroes de Angaco descansaban de sus fatigas 
y saboreaban las glorias alcanzadas á tan alto precio, veamos 
la suerte que corría Benavides, único jefe del Ejército de 
Cuyo que había demostrado mayor valor y pericia militar en 
aquella ruda campaña. 

Benavides, que se había separado del campo de batalla 
como á las 5 de la tarde del dia 16, estuvo en la ciudad por 
dos horas, y enseguida recorrió el departamento de Desam- 
parados, haciendo una nueva recluta y reuniendo los disper- 
sos de la mañana, con los que en número de 400 hombres 
marchó ai Sud, donde encontró en la noche del 17 en la Rin- 
conada del Pocito, al Coronel Don José Santos Ramírez que 
llegaba en su auxilio desde Mendoza con una división de 300 
hombres de las tres armas. 

Reunidos estos dos jefes, Ramírez escribió en la misma no- 
che á Mendoza la carta que va á continuación, como una 
muestra de literatura federal y una comprobación de los 



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204 EL PAÍS DE CUYO 



cínicos ardides de que se valían aquellos buenos federales para 
levantar el espíritu público. 

«Señor Ministro General de Mendoza. — Pocito, Agosto 17 
de 1841. — Muy señor mío: He recibido su comunicación del 
16 como á las once de la noche, ya reunido con el General 
Benavides en este punto, él con cerca de 400 hombres de los 
destruidos el dia 16, y yo con mis fuerzas y con bala en boca 
aguardando atacarnos, porque el enemigo en número de 400 
hombres se había vuelto á la plaza desde el Albardon l don- 
de fué el ataque que duró nueve horas, quedando tanto las 
fuerzas de ellos como la del General Aldao y Benavides de- 
bilitadas, pues las de ellos eran 700 á 800 hombres *, y las de 
los dos Generales de 1.200 3 , ad virtiendo que el número de 
400 que están en la plaza, dicen son inclusos los prisioneros 
nuestros. Según me dice Benavides, el General Aldao, Vera 
y Vergara con alguna gente bien montada, han tomado para 
donde está el General Oribe, llevando algunos presos. El 
campo ha quedado sembrado de cadáveres de unos y otros. 
El Mayor Barrera prisionero; muerto el Coronel Espinosa: 
baleado el capitán Morales, y otros oficiales muertos. Hoy 
á la tarde ya le había participado lo que sabía y que ahora 
me aseguran falsa la muerte del General Aldao y de Vera. 
Lo que resta es que me mande el escuadrón del Valle, bien 



1 El combate tuvo lugar en la Puuta del Monte, distrito del' departa- 
mento de Angaco; el Albardon es un departamento contiguo. 

2 La fuerza de 520 hombres que asignamos á la división de Acha, está 
comprobada por documentos que registramos en otro lugar. 

La Madrid da al Ejército Combinado de Cuyo un total de 2.000 hombres, 
y La valle y Pedernera, solo de 1.600. Sin aceptar estas cifras, hacemos 
referencias de ellas para mayor desmentido de la carta de Ramírez. La 
opinión dominante en San Juan es que las tropas que combatieron en 
Angaco, fueron 400 hombres de Acha y 2.200 de los Generales Aldao, 
Benavides y Coronel Lucero, cuyos «Auxiliares Púntanos» eran mas de 
300 hombres. 

¿ Hemos tenido las listas de revista de la gente de San Juan y Men- 
doza, y en cuanto se refiere a las milicias auxiliares de Mendoza y 8an 
Luis, nos hemos guiado por referencias de personas actoras en aquellos 
sucesos, entre los que se hallan varios jefes de Benavides. 



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EL PAÍS DE CUYO 205 



montado, por si es preciso, pero que vuele, pues, si ésta la 
perdemos, todo se perdió 1 . La caballada y municiones me 
servirán á mí y á Benavides, pues por falta de estas dicen la 
han perdido. En este supuesto, resta que V. E., tome cuaritas 
medidas crea oportunas — la música la tiene Benavides pri- 
sionera de los enemigos — los dos cañones de ellos también los 
habían tomado los nuestros, pero después los recobraron 
aunque dicen que inútiles, — á la madrugada mañana quizá 
nos midamos ya. 

Saludo al Sr. Ministro, su affmo. Q. B. S. M. José Santón 
Ramírez. » 

Rehecho Benavides con los dispersos reunidos y la gente 
de Ramírez, cuyo total alcanzaba como á 800 hombres, y 
cuatro piezas de artillería, se preocupó desde luego de dar 
un golpe de mano para lavar la mancha que en Angaco ha- 
bía caído sobre su reputación militar. Era la primera: el 
caudillo sanjuanino había sido derrotado, y las condiciones 
en que este hecho se produjera, le llenaban de vergüenza, no 
para ocultarla en Mendoza como creía Acha, sino para inten- 
tar una sorpresa que le rehabilitase de las últimas derrotas. 

El dia 18 mandó bomberos desde el Buen Retiro, lugar á 
una legua del campamento de Acha, y supo que las fuerzas 
enemigas tenían sus armas en pabellón, que daban principio 
á la carneada y que algunas fuerzas estaban en la ciudad* 

Al abrigo de un fuerte viento zonda que en aquel dia le- 
vantaba gruesas nubes de polvo, y que por correr de Norte 
á Sud impedían se sintiesen los ruidos en la Chacarilla, Be* 
navides avanzó resuelto á dar cima á su atrevido proyecto. 

Acha había confiado en una avanzada ó partida descu- 
bridora que mandó del escuadrón «General Paz» sobre el ca- 
mino de Mendoza, la que volvió trayendo el parte sin novedad. 
No se habían movido de un lugar cercano llamado Los Ba- 
rriales. 

Inmediatamente, dos de la tarde, un niño leñador trajo el 



1 Esto da la muestra del pánico que los dominaba. 



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206 EL PAÍS DE CUYO 



terrible anuncio de que Benavides estaba próximo con gente 
de Mendoza; pero su dicho fué desatendido á causa del recien- 
te parte de la partida exploradora ya mencionada. 

La embriaguez del triunfo adormeció al General Acha; la 
creencia de que las derrotas del dia 16 habían deshecho com- 
pletamente al ejército de Aldao, lo que efectivamente era 
cierto, le hacía pensar que al menos por algunos dias no sería 
molestado. 

La Madrid, de quien recibiera correspondencia el dia 15, 
requiriéndole alguna caballada, le aseguraba que el 18 esta- 
ría en San Juan; y la proximidad del ejército Libertador no 
podía ser ignorada de los derrotados de Angaco. Por otra 
parte, ¿de dónde y quién podría improvisar fuerzas para ve- 
nir á tentar un golpe decisivo contra el altanero vencedor? 

Esta vez, todas las probabilidades fallaron; el Grouchy de 
los vivacs argentinos (La Madrid), no debía llegará San Juan 
hasta el dia 24, mientras el valiente Blücher (Benavides) se 
aproximaba á la Chacarilla con fuerzas de refresco y al abri- 
go de una sorpresa, á cuyo éxito concurría tan eficazmente 
el simoun de los Andes 1 . 

Eran las tres déla tarde, cuando las tapias de los potreros 
comenzaron á coronarse de soldados haciendo un fuego 
mortífero contra los desprevenidos infantes de Acha, mien- 
tras éstos corrían á tomar sus armas einpabellonadas; los pri- 
sioneros aprovechaban el momento para pasarse á los suyos 
tomando parte en seguida en la lucha á sable y bayoneta que 
se trabó adentro del potrero, cuerpo á cuerpo. Después de )a 
matanza en una lucha desesperada y en que los soldados que- 



1 El viento zonda es muy general en Agosto; su carácter borrascoso y 
su impetuosidad levanta grandes nubes de tierra que producen una noche 
artificial en pleno dia; arranca árboles de raíz, destruye y derriba casas 
que no tengan sus cimientos muy fuertes. Los habitantes se encierran bajo 
jlave sin salir durante la borrasca. 

Mas adelante nos ocupamos de este fenómeno meteorológico, que nos 
ofrece la circunstancia de producir una temperatura sofocante, sin em- 
bargo de venir de la región de las nieves, según una de las tres opiniones 
científicas que conocemos. 



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EL PAÍS DE CUYO 207 



daban materialmente clavados por las bayonetas contra las 
tapias, los asaltantes salieron á la calle, repasando las paredes 
y dejando el campo sembrado de muertos y heridos. Las tropas 
de esta defensa se hallaban al mando del capitán Don Máxi- 
mo Viera, hoy respetable vecino en la ciudad de Buenos Ai- 
res, y á quien debemos datos importantes sobre estos hechos 
de armas. 

La fuerza de caballería, que al mando de Sardina se halla- 
ba en el potrero contiguo, fué completamente cortada, por 
lo que después de las pérdidas sufridas, se reconcentró sobre 
la ciudad, buscando el auxilio del piquete de fuerzas que es- 
taba en el Principal; pero éstas también habían sido batidas 
con las sensibles pérdidas de los Comandantes Don Lorenzo 
Alvarez, Don Francisco Alvarez, capitán Baleares y otros. 

Sardina se marchó al Norte, buscando la incorporación de 
La Madrid. 

A la oración, desalojaron la Chacarilla 60 infantes y 40 
hombres de caballería desmontada, única gente que había 
escapado al desastre. 

Con estas últimas reliquias de la vanguardia del Ejército 
Libertador, iban Acha, Vieira, Agüero y teniente Martínez, 
con la decidida intención de abrirse paso á través de los ene- 
migos. Al llegar al puente denominado del Topón, donde des- 
emboca una calle que viene de la plaza, una lluvia de balas 
de fusil y tarros de metralla cayó sobre la pequeña columna, 
que perdió 28 soldados, siendo el General Acha herido de 
refilón por una bala en el lado izquierdo de la cabeza, y 
muy gravemente en una pierna el capitán Vieira. 

No obstante este nuevo contraste, la columna avanzó, el 
puente fué tomado y muertos los que lo guarnecían, apode- 
rándose de la pieza de artillería que sirvió de ambulancia 
de Vieira. 

El general Acha, con la cabeza vendada con un pañuelo, 
y la cara y barba llena de sangre coagulada, siguió á la ca- 
beza de sus diezmadas fuerzas, teniendo que pelear en todo el 
trayecto de diez cuadras que recorrió hasta llegar á Ja plaza 
alas 8 de la noche. 



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208 EL PAÍS DE CUYO 



Mientras había tenido lugar el combate en la Chacarilla, 
los comandantes Lorenzo y Francisco Alvarez, encargados 
en la ciudad de redactar el parte de la batalla de la Punta del 
Monte, corrieron con algunos oficiales y el piquete del Prin- 
cipal, buscando su incorporación á la Chacarilla. Una fuerza 
enemiga les interrumpió la marcha, ocasionándoles algunas 
pérdidas é hiriendo al teniente Don Leandro Martínez, que 
cayó moribundo en tierra. 

Éste, que en medio de su agonía teme la ferocidad de las 
masas armadas de la Federación, se dirije á su jefe pidiéndole 
no le abandone en media calle. — «Lorenzo Alvarez, le 
contesta, no abandona á los valientes », y uniendo el hecho á 
la palabra, marcha con el herido á cuestas para caer á los 
pocos pasos deshecho por un tarro de metralla. 

Posesionado Acha de la plaza principal de San Juan, or- 
ganizó al punto su defensa, formando cantones en las esqui- 
nas y consiguiendo imponer á sus enemigos, que se retiraron 
á los extramuros de la población. 

El dia 19, las hostilidades se redujeron á un simple fuego 
de guerrilla con suceso vario, y el 20 se llevó sobre la plaza 
un ataque formal en dos columnas mandadas por Ramírez y 
Lucero, incorporados á Benavides. El ataque fué rechazado 
con grandes pérdidas para el enemigo. 

Acha no podía sacar ventaja ninguna de estas pequeñas 
victorias, no solo por el número reducido de su gente, que no 
podia hacer salida alguna de la plaza con probabilidades de 
éxito, sino porque no tenía fuerza alguna de caballería. Las 
fuerzas de la defensa no alcanzaban á cien hombres. 

La esperanza de la llegada de La Madrid aumentaba a 
medida que transcurría el tiempo, pues era de suponerse que 
éste, que había prometido estar en San Juan el dia 18, llega- 
ría por momentos, tanto mas cuanto que en la travesía no 
había aguada para las necesidades del Ejército. 

El dia 21 en la noche, los sitiadores tuvieron noticias 
ciertas de la aproximación de La Madrid, y en su consecuen- 
cia, resolvieron la toma de la plaza en la noche. Las tentati- 
vas hechar dieron mal resultado; mientras mas enérgico era 



I 



EL PAÍS DE CCYO 209 



el ataque, mayor la resistencia, pues aquél hacía suponer á 
los sitiados la causa verdadera del empeño en conseguir una 
rendición. 

Los fuegos de la plaza comenzaron á ser débiles, lo que 
hizo suponer la escasez de municiones. 

Todas ostas circunstancias obraron en el ánimo de Bena- 
vides para dar un asalto general, el que se efectuó en la ma- 
ñana del dia 22, siendo tomada la plaza, pero no sus defenso- 
res, que se habían atrincherado en las torres de la Catedral. 
¡Tanto heroísmo perdido! ¡Tanto sacrificio esterilizado por 
la demora de La Madrid ! 

Bena vides intimó rendición á Acha, con garantía de su 
vida y los suyos. 

Acha aceptó, pero al oficial que le pidió la espada, con- 
testóle: «Vuelva Vd. donde está su superior y dígale de 
mi parte que si Mariano Acha ha sido vencido, en la derrota 
no ha perdido ni su rango ni su dignidad, y que su espada no 
será entregada sino á su igual ». 

Benavides llegó en persona á donde estaba Acha, celebró 
la capitulación y recibió en propia mano la espada del ven- 
cedor de Angaco. 

De las bizarras legiones de Acha, murieron desde el 16 al 
22 de Agosto, los jefes y oficiales siguientes : 

Jefes: Lorenzo Alvarez, Francisco Alvarez, Eustaquio 
Arguello y N. Cobos. 

Oficiales: Domingo Archondo, N. Juárez, Leandro Grimau, 
Juan Ramos, Segundo Balcarce, N. Guevara, Severo Pizarro, 
Leandro Martínez, Hermógenes Barragan, N. Deheza, Ma- 
nuel Guerra, José Bernales, Mariano Corro y Pedro Pérez. 

El dia 22, el teniente coronel Juan Frías conducía a Men- 
doza los prisioneros siguientes: general Don Mariano de 
Acha, comandante Don Rufino Ortega, mayores Plácido Ar- 
güen, Ciríaco La Madrid, y seis capitanes, cuatro ayudantes, 
tres tenientes, tres alférez y Don Manuel J. Frías. 

6. — La Madrid entraba á San Juan el dia 24, no encon- 
trando de su famosa vanguardia mas que el recuerdo de los 

14 



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210 EL PAÍS DE CUYO 



heroicos esfuerzos y de proezas sin igual verificadas en 
todas partes, y por todos y cada uno de los valientes que la 
formaban. 

La destrucción de la vanguardia, obra exclusiva de la len- 
titud del general en jefe del Ejército, trajo el desaliento de 
todos, no por la diminución numérica de los 520 bravos sino 
por el abatimiento moral que ocasionó la pérdida del famoso 
Acha, que sólo valía por un ejército. 

La pérdida de la vanguardia importaba la pérdida del 
ejército. 

La Madrid demoró aun en San Juan tres días, limitándose 
en todo este tiempo á solo mandar al Comandante Peñaloza, 
con la mira de rescatar los prisioneros que llevaban una mar- 
cha anticipada de dos días. 

Alguien podrá preguntarnos, qué fué de la suerte del va- 
liente Crisóstomo Al varez l herido en Angaco, y del no me- 
nos valiente Máximo Vieira que entrara á San Juan en la 
noche del 18 sentado sobre un cañón. 

Pues bien, estos dos héroes se hallaban postrados en cama, 
asistiéndose en casa del respetable vecino Don Vicente Lima. 
También debían marchar á Mendoza con los demás prisione- 
ros, á cuyo objeto se puso á la puerta de la casa un carrito 
en que debían ser conducidos. 

Vieira, hablando con la Sra. de Benavides, Doña Telesfora 
Borrego, sobre la volubilidad de la suerte de las armas, y 
aproximación del Ejército Libertador que podría ejercer 
venganzas é intentar persecuciones, especialmente contra la 
familia de Benavides, interesó á esta señora en su favor, y 
mediante su intercesión quedaron en San Juan, comprome- 
tiéndose éstos á ser la salvaguardia de la familia de Bena- 
vides. 

La Madrid, cubriendo de vergüenza la palabra empeñada 
de Vieira y Alvarez, tomó presos á la suegra, esposa é hijos 



' Este valiente jefe fué muerto en una emboscada que le tendió el trai- 
dor General Celedonio Gutiérrez, en 23 de Enero de 1854. 



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EL PAÍS DE OUYO 21 i 



de Benavides, y á su marcha el día 27 sobre Mendoza, las lle- 
vó consigo. 

Ya había escrito á Benavides proponiéndole el cange de 
su familia presa, por los prisioneros del dia 22; pero el alta- 
nero caudillo le contestó que «no se cangeaban prisioneros 
de guerra por mujeres y niños inocentes.» 

El 24 de Setiembre, La Madrid era batido y deshecho por 
«1 ejército de Pacheco en el Rodeo del Medio, lugar á cuatro 
leguas al oriente de la ciudad de Mendoza, concluyendo así 
«1 Segundo Ejército Libertador contra el tirano, y con él el 
nuevo embrión de patria y libertad para los pueblos que 
siguieron desangrándose bajo el puñal del Nerón Argentino. 

El imponderable A cha, contra la f ó de la capitulación ce- 
lebrada en San Juan, fué asesinado el dia 21 de Setiembre 
en la Provincia de San Luis, Posta déla Cabra. 

El 22, Pacheco daba el parte siguiente: «El titulado salvaje 
Oeneral Mariano Acha fué decapitado ayer, y su cabeza 
puesta á la expectación pública en el camino que conduce á 
este rio 1 entre la represa de la Cabra y el Paso del Puente.» 

La ejecución del General Acha ha suscitado algunas dudas 
respecto al autor de tan bárbaro como inútil sacrificio. 

Cuando Benavides remitió los prisioneros á Mendoza, man- 
dó nota á Aldao, haciéndole saber lo pactado en la capitu- 
lación del 22 de Agosto. Cuando Benavides supo el sacrifi- 
cio de Acha, rompió las relaciones privadas con Aldao y 
Pacheco, y después no quiso recibir los prisioneros que le 
fueron devueltos. 

Se dice que Pacheco era enemigo personal de Acha, y que 
-en estos resentimientos mediaban asuntos privados, y como 
principal causa política el rol que tocó desempeñar á Acha 
<en los sucesos de 1828, que dieron por resultado la muerte de 
Dorrego, por lo que el asesinato en la Cabra se atribuye á 
Pacheco. 

También se habla de ofensas al amor propio de Aldao, á 



1 Rio Desaguadero que forma la línea divisoria entre Mendoza y San 
Luis. 



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212 EL PAlS DE CUYO 



quien se dijo que Acha le despreciaba como militar. Interro- 
gado éste por el Fraile, aquel contestó, «que sobre el campo 
de batalla solo respetaba á Benavides», y que solo estas ha- 
bían sido sus palabras. Se añade, que en consecuencia Aldao 
intervino y se empeñó con Pacheco para que sacrificase á 
Acha. 

Lo cierto es que ni Benavides, Aldao ó Pacheco pudieron 
ejecutar á Acha sin la orden expresa del tirano Rosas. 

En 1842, Ciríaco de La Madrid y Don Manuel J. Frías, am- 
bos de los capitulados en San Juan, fueron fusilados en la 
Rioja. De este hecho nos ocuparemos mas adelante. 

En Mendoza, las sangrientas ejecuciones diarias tenían 
aterrada á la población; y aquel heroico pueblo de 1817,- se 
veía vejado, humillado y perseguido á muerte por el puñal 
de los sicarios de un fraile apóstata. 

Este pueblo, que se vio degradado hasta la última extre- 
midad, y envilecido como ningún otro, fué escarnecido en sus 
hijos con decretos gubernativos irrisorios que solo la perver- 
sidad podía dictar. 

Tras del terror producido por el degüello, seguía la farsa 
sangrienta del ridículo, con disposiciones gubernativas que 
declaraban locos á todos los que no eran buenos federales, 
nombrándoles tutor y prohibiéndoles todo acto de la vida 
civil como á tales incapaces (Ap. nota núm. 21). 

¡Cuánto crimen pesa sobre ese Rosas que nada respetó, que 
todo lo pisoteó, que relajó todos los vínculos de sociabilidad, 
y degradó estos pueblos hasta hacer de cada hombre una 
fiera! 

Ni la religión de amor y mansedumbre proclamada por el 
Cristo, se vio libre de la abyección y envilecimiento á que la 
redujeron sus ministros, invocándola para autorizar los mas 
bárbaros atentados contra la moral, y aun contra los debe- 
res de humanidad que parecen respetar hasta los animales. 

El obispo Manuel Eufrasio de Quiroga Sarmiento, olvi- 
dando la misión de paz y caridad que su sagrado ministerio 
le imponía, y haciendo servir su religión á las miras sangrien- 
tas de un déspota feroz, felicitaba á Rosas por la total des- 



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EL PAÍS DE CUYO 213 



truccion de la horda inmunda de salvajes unitarios, enemigo* 
de Dios y de los hombres; y con estas sacrilegas palabras ver- 
tidas por un elevado ministro de la iglesia, aquel verdugo de 
los pueblos se creía autorizado para las tremendas hecatom- 
bes diarias á lanza y cuchillo que efectuaba en todas partes, 
y hasta para desollar á los hombres vivos por el horrible de- 
lito de ser salvajes unitarios. 

El obispo Sarmiento no tenía esta vez nada del pastor, 
sino toda la ferocidad del lobo con que pretendía destruir sin 
piedad el rebaño confiado á su cuidado (Ap. nota nára. 22) *, 



1 Los cuatro ancianos, venerables sucerdotes Don Francisco Solano Ca- 
brera, Don Felipe Frías, Don Manuel Frías y Don Gregorio Villa faue, fu- 
silados en Santos Lugares en Mayo de 1842, fueron desollados en las ma- 
nos y las coronas, antes de ser ejecutados, so pretexto de degradarlos *le 
su carácter sacerdotal. 



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CAPÍTULO XIV. 



Transitorio Gobierno de Burgoa. — Revolución de Atencio. — 
Gobierno de necesidad del obispo Sarmiento y de Oyuela. — 
2. El Coronel Peñaloza. — 3. Situación de la Provincia y de la 
República. — 4. Campaña de Urquiza contra Rosas. — Actitud 
de Benavides. — 5. Convocación de los Gobernadores de 
Provincia en San Nicolás de los Arroyos. — 6. Revolución 
contra Benavides de 6 de Junio de 1862 y 13 de Noviembre 
de 1853. 



1. — La Madrid marchó de San Juan para Mendoza el dia 
27 de Agosto, dejando en el mando gubernativo de la Pro- 
vincia al Coronel Don Anacleto Burgoa, cuya transitoria 
administración alcanzó á solo diez y siete dias. 

El único sostén armado con que contaba el nuevo gobierno 
eran, según La Madrid, 25 hombres de los vencedores de An- 
gaco y 50 soldados entre enfermos y desertores *. Estas pe- 
queñísimas fuerzas, que pronto se habían de unir á la monto- 
nera de Atencio, eran por sus antecedentes un presente grie- 
go que solo sirvió para dar nervio y consistencia á la reacción 
federal que se produjo en la Provincia, casi á las espaldas del 
Ejército Libertador. 

La Madrid volvía á cometer una de sus muchas impruden- 
cias, no dejando en San Juan base para sus operaciones, no 
teniendo á su retaguardia una garantía cierta, una puerta de 
salida para salvar del probable conflicto en que su ejército 
iba á verse luchando contra fuerzas superiores. 

La Madrid, que solo era dueño del terreno que pisaba su 
ejército, vio pronto cortadas sus relaciones con San Juan, y 



Observaciones sobre las Memorias postumas del General Paz, pág. 997. 



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EL PAÍS DE CUYO 215 



mientras desalojaba la Cañada Honda, en su marcha al Sud, 
las partidas de Benavides tomaban posesión de aquella loca- 
lidad y organizaban su plan de reconquista sobre la Provincia. 

En el departamento sub-urbano de Santa Lucía, había un 
Comandante de Milicias, Don Juan José Atencio, hombre 
sencillo y sin convicciones políticas, pero capaz de dar un 
golpe de mano contra la situación de la Provincia. 

A ese valor arrojado de los caudillos, cualquiera que sea la 
talla de su personalidad, valor que ha llegado á ser una cua- 
lidad inherente en todos, se unía en Atencio un interés de 
compañerismo que lo impulsó á atacar á San Juan. Un capi- 
tán, Juan de la Cruz Sánchez, estaba en capilla y debía ser 
fusilado el 12 de Setiembre. Atencio, que se había reunido 
con las partidas de la Cañada Honda y contaba con un total 
de sesenta hombres, cayó el dia 11 sóbrela ciudad, rescató 
el preso de las garras de la muerte y puso al Gobernador 
Burgos en la necesidad de una fuga precipitada. Atencio, 
que no pensaba en cambios políticos ni en cosa que se pare- 
ciese, así que consiguió su objeto primordial, buscó á quien 
entregar la situación de San Juan, desesperante por las exi- 
gencias de sus chusmas y falta de un hombre de alguna 
representación que quisiera tomar el Gobierno acéfalo de la 
Provincia. 

A los dos días de este estado de cosas, que tenía aturdido 
al pobre hombre, se le indicó que viese al Obispo para que se 
encargarse del gobierno. El buen obispo, que seguía gritando 
muerte y exterminio á los vencido*, se recibió del gobierno el 
dia 15, y continuó en estas funciones hasta el 25 del mismo 
mes, en que por decreto del Comandante General de Armas 
Don Antonio Benavides, fué nombrado en carácter de inte- 
rino el Coronel Don José María Oyuela, al que ya hemos 
visto desempeñando las funciones gubernativas á la llegada 
de Acha. 

Tenemos, pues, que en los cuarenta y tres dias que median 
entre el 13 de Agosto y 25 de Setiembre, San Juan tuvo ocho 
arbitros de su suerte, que son: Oyuela, Acha, Benavides, La 
Madrid, Burgoa, Atencio, Sarmiento y Oyuela, correspon- 



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216 EL PAlS DE CUYO 

diente á cada uno de ellos un tiempo de 5,37 dias en sus fun- 
ciones gubernativas. 

Oyuela desarrolló un plan de odios y de persecuciones, 
siendo sus primeros decretos uno de 8 de Octubre que man- 
da cargar la divisa federal á toda persona sin excepción, so 
pena de no ser atendido por ninguna autoridad y conside- 
rado como enemigo de la Causa de la Federación ; y otro de 
25 del mismo mes que excluye «de la protección de las leyes 
al salvaje José Anacleto Burgoa, declarando los bienes de 
los unitarios, afectos á la reparación de los perjuicios que 
hayan sufrido los federales 1 . 

El mismo mes se crearon los grados de Brigadier Q-eneral 
de la Provincia, con cuyos títulos fueron agraciados Pacheco 
y Benavides. 

Con esto, y los hosannas que el obispo seguía cantando en 
la Catedral de San Juan por la destrucción del pilón Madrid, 
se completa el movimiento político y administrativo en 1841. 

En los primeros dias de 1842, Benavidez volvió á San Juan 
y reasumió el Gobierno hasta el 29 de Abril, en que salió á 
campaña, delegando nuevamente el mando de la Provincia. 

2. — El valiente Coronel Don Ángel Vicente Peñaloza, 
con los restos gloriosos del Segundo Ejército Libertador, 
acababa de ocupar la importante villa de San José, de Já- 
chal, situada á cincuenta leguas al Norte de la capital de la 
Provincia. 

El infatigable Peñaloza, con esa fó inquebrantable que ins- 
piran las buenas causas, era el único que en aquellas provin- 
cias luchaba aun contra la tiranía. Este famoso caudillo, des- 
tinado á hacerse tan célebre en las guerras de montonera 
contra los ejércitos de Rosas, y después en las de robo y pi- 
llaje contra los gobiernos de San Juan, no podía en aquellos 
momentos esperar nada de su actitud armada. 

Tan cierto es que la educación influye de una manera de- 
cisiva en el porvenir de los hombres, que si Peñaloza hubie- 



x Registro Oficial de San Juan, Libro 7, núm. 1. 



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EL PAlS DE CUYO 217 



ra tenido una educación igual á su valor y constancia en la 
guerra de montonera que inició en 1842, la República habría 
tenido en él una columna inconmovible en que apoyar las 
instituciones pisoteadas por los caudillos de chiripá y de 
levita. 

Peñaloza carecía de inteligencia y del trato de gentes que 
pudieran suplir aquélla por la ilustración ó tintura intelec- 
tual; por eso, nunca fué mas que el brazo que ejecuta, el 
guerrero de oficio que aplica su actividad y lleva el empuje 
de su lanza donde se lo indica la cabeza que concibe. 

Peñaloza fué un instrumento que; bien encaminado, fué 
una gloria, y después, una vergüenza que refluye también, 
y muy particularmente contra los explotadores de sus cuali- 
dades de caudillo. 

De un hombre bueno por su corazón, inclinaciones y valor 
guerrero, las pasiones de bandería y quizá de partido, hicie- 
ron un hombre malo, que inconscientemente marchó al abis- 
mo en que se derrumbó fascinado por vistas y miras agenas 
á las suyas. 

Si para el caudillo feroz de 1863 * debe haber una maldi- 
ción de justicia, para el jefe del Segundo Ejército Liberta- 
dor debe también acordarse un voto de gracias por los sa- 
crificios sin cuento que hizo en bien de la libertad de los 
pueblos 2 . 

La guerra entre Benavi des y Peñaloza fué ruda y tenaz, y 
el teatro elegido comprendió la vasta zona que se extiende 
desde la Provincia de San Juan hasta la de Tucuman. 

En 1842 se baten en Arauco, donde la mujer de Peñaloza 
salva á su marido por un acto de abnegación, recibiendo ésta 
en aquel trance un feroz sablazo en la cabeza; un segundo 
combate tiene lugar en la Cuesta de Miranda y el 18 de Julio, 
en Los Manantiales, á inmediaciones de la ciudad de Tucu- 
man, donde Peñaloza es completamente deshecho por su 
afortunado rival. 



1 Caucete, las Playas, etc. 

4 Rodeo del Medio, Arauco, los Manantiales, etc. 



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Á 



218 EL PAÍS DE CUYO 



En 1843, rehecho Peñaloza de sus anteriores derrotas, se 
presenta nuevamente en escena, y el 15 de Enero vuelve á ser 
batido por Bena vides en Los Bañados de Ilisca, costa alta de 
los Llanos; perseguido desde entonces en la guerra sin cuartel 
que se le hace, es alcanzado en Leoncito en 8 de Mayo, y des- 
pués de una nueva derrota, se ve obligado é refugiarse en 
Chile. 

En 1844, el Coronel Peñaloza, que se halla en el extranje- 
ro, sin amigos, sin patria y hasta á pié como chuscamente lo 
decía, en Chile, vuelve á la República Argentina, esperando 
de su valiente contendor la generosidad en favor del vencido. 

Con fecha 26 de Enero, escribe á Benavides desde Piedras 
Amarillas, en las cordilleras, prometiéndole someterse al go- 
bierno de la Federación, con garantía de su vida y la de sus 
compañeros de peregrinación. Benavides le ofreció aquella 
especie de indulto y el célebre Peñaloza entraba en San Juan 
el 21 de Febrero con 23 de sus compañeros, despertando la 
curiosidad de aquellos habitantes, que tanto habían oído ha- 
blar del salvaje unitario Chacho y de sus numerosas hazañas. 

El Gobierno de Buenos Aires reclamó bien pronto la per- 
sona de Peñaloza; pero Benavides, que á su buen corazón unía 
el sentimiento de la dignidad, mirando como cosa sagrada la 
palabra empeñada, eludió la requisición hasta conseguir que 
se respetase su compromiso. Desde entonces, aquél se entre- 
gó á una vida tranquila en los Llanos de la Bioja, y no se 
oyó hablar mas de él hasta 1858, en que trata de vengar 
la muerte de su amigo Benavides, haciendo después una 
constante guerra de montonera y pillaje á todos los gobier- 
nos de San Juan. 

3. — El gobierno interino de San Juan había sido desem- 
peñado en este tiempo por el Ministro de Gobierno Don 
Saturnino Laspiur (15 de Junio 1842) y por Don Timoteo 
Maradona (8 de Junio 1843). 

Benavides reasumió el mando en 8 de Julio, y continuó en 
el ejercicio de sus funciones gubernativas con algunas inte- 
rrupciones producidas por delegaciones hechas en su minis- 



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EL PAÍ8 DE CUYO 219 



tro Laspiur, y en el Fiscal del Estado Don Miguel Echegaray 
(16 de Marzo á 5 de Mayo de 1845). 

En 1847, el Gobernador de Mendoza, Don Alejo Mallea, 
requiere el auxilio armado de Benavides para sofocar el le- 
vantamiento del Coronel Don Juan Antonio Rodríguez en la 
Frontera de San Rafael. 

Benavides marcha con 800 hombres, y al llegar á Lujan, 
pueblo al Sud de la ciudad de Mendoza, tiene noticia de la 
trágica muerte de Rodríguez, y en su consecuencia, contra- 
marcha sobre su provincia, donde llegó á los treinta y tantos 
días de su partida. 

" Desde entonces las Provincias de Cuyo entran en una com- 
pleta calma, pero no esa calma que pudiera traducirse por la 
tranquilidad y paz délos tiempos felices, sino esa paz forzada 
por el descontento comprimido; era la resignación del mártir 
ante la horrible pira que el despotismo alzara en toda la Repú- 
blica, no ya para sacrificar las libertades públicas que no exis- 
tían, sino la libertad individual de los que no habían podido 
abandonar la Patria. 

La liga de Corrientes. Entre Rios y Banda Oriental del 
Uruguay, que Rivera pretende reducir á una confederación 
independiente y que Paz resiste como un atentado á la inte- 
gridad de la República, concluye por romperse completa- 
mente. El General Paz se dirige á Montevideo, Ferrer se en- 
cierra en Corrientes, y Rivera, batido y deshecho en el Arroyo 
Grande (6 Noviembre 1842), deja á Oribe en posesión tran- 
quila de todo el Norte del litoral, y en condiciones de lanzar- 
se sobre Montevideo, cuyo gobierno ambiciona sin disimulo. 

Dado el estado de la República, podía exclamarse con las 
palabras del Ministro Sebastiani, dando cuenta á las cámaras 
francesas de la capitulación de la Polonia: «L'ordre régne 
a Varsovie» ¡Sí, era la paz de las tumbas! Polonia había sido 
sacrificada y las águilas rusas hincaban sus destructoras ga- 
rras sobre el exánime cadáver de aquel pueblo mártir. 

La Provincia de San Juan, envuelta en el mas completo 
marasmo, seguía su vida apática que llegó á normalizarse 
por algunos años. 



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220 EL PAÍS DE CUYO 



Los únicos órganos de publicidad eran « El Republicano 
Federal», « El Honor Cuyano * y el «Registro Oficial», pu- 
blicaciones sucesivas que solo servían para informar que la 
Mas-horca continuaba incansable en sus sacrificios humanos, 
y que el Héroe de la Independencia Americana ( ¡sarcasmo sau- 
griento!) velaba siempre por la suerte y prosperidad délo* 
pueblos. 

El movimiento administrativo de la Provincia estaba con- 
cretado á la percepción de una escasísima renta, y distribu- 
ción en sueldos á los buenos empleados federales. 

En 4 de Agosto de 1845 se ordenó la formación de un cen- 
so de población en la Provincia; pero estas medidas dic- 
tadas por el aburrimiento y el cansancio de no hacer nada de 
provecho, quedaban sin efecto para volver á la completa 
inacción que en aquella época formaba el estado normal de 
San Juan. 

La burla de Cuerpo Legislativo era constituido por decre- 
tos del Poder Ejecutivo, que en resumen ejecutaba la ley 
dictada, y aplicaba en los casos contenciosos por medio de 
sus jueces. 

En 1846 se trató de establecer la defensa libre ante los 
tribunales, y una disposición gubernativa reglamentó su ejer- 
cicio ; pero esta reforma solo parecía consultar el beneficio de 
los adictos al poder, que al instante se convirtieron todos en 
abogados, y no sin provecho, porque en sus alegatos les bas- 
taba para triunfar hacer valer la suprema ley del federalis- 
mo y la influencia de los amigos constituidos en autoridad. 

Se reorganizó el Poder Judicial como un corolario de la 
medida anterior, y éste quedó constituido como sigue : 

Un Tribunal Supremo de Recursos Extraordinarios, com- 
puesto de doce jueces. 

Cinco jueces de 2° orden, dos para la ciudad y los otros 
para Angaco, Jáchal y Valle Fértil. 

Doce jueces de paz para la ciudad y campaña. Nueve jue- 
ces comisionados para Rodeo, Iglesia, Huanaco, Mogna y 
Huanacache; Pedernal y Acequión; Berros y Cieneguita; Ca- 
lingasta y Leoncito; Laguna y Bermejo. 



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EL PAÍS DE CUYO 221 



El Juzgado de Comercio, formado de un juez y dos colegas 
nombrados anualmente por el gremio de comerciantes. Este 
juzgado funcionaba tres veces en la semana; sus resoluciones 
eran apelables al Juzgado Supremo de Alzadas, y sus pro- 
cedimientos quedaron reglamentados por la ley comercial 
de enjuiciamiento de 24 de Julio de 1830. 

Cinco años transcurrieron en que la Provincia de San Juan 
seguía estacionada en su vida política y comercial, hasta 
1861, en que graves acontecimientos que debían repercutir 
en el Interior, se desarrollaban en Entre Rios, afectando de 
un modo serio la política general y nuestras relaciones inter- 
nacionales. 

El tratado de 1828, que reconocía la Independencia de la 
República Oriental del Uruguay, bajo la garantía de Fran- 
cia y de Inglaterra, había sido violado por Rosas en 1838 y 
en 1840, so pretexto de auxilios prestados á los salvajes 
unitarios; y en 1843, por idénticas causas, Rosas ordenaba á 
Oribe que con su ejército invadiese aquel Estado, lo que se 
efectuó, poniéndose sitio á la ciudad de Montevideo ( 16 de 
Febrero de 1843). 

La proyectada reconstrucción del antiguo vireynato, que 
constituía la eminente política americana de Rosas, llevó la 
alarma á la Corte de San Cristóbal, que tan interesada estaba 
en la suerte de la Banda Oriental é independencia del Para- 
guay, que había sido la primera en reconocer. 

La iutervencion anglo-francesa de 1845 había concluido 
mas ó menos como la de 1840, hechos que tanto servían para 
engañar sobre las dotes diplomáticas de Rosas, pero que en 
sustancia eran el resultado de la total indiferencia de la 
Europa, sobre todo en lo referente á los semi-bdrbaros del 
Rio de La Plata. 

El Brasil, el único interesado en esta cuestión de predomi- 
nio ó equilibrio político, se vio obligado á contener el pode- 
roso desarrollo del Gobierno Argentino, cuyas miras encu- 
biertas no escapaban á la Corte de Rio Janeiro. 

Por otra parte, los unitarios de Montevideo trabajaban 
también con ahinco buscando un aliado que les ayudase á 



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Á 



EL PAÍS DE CUYO 



derrumbar á Rosas, ideas y trabajos que los federales acusa- 
ron de traición á la patria, pero que en el fondo, miras y 
medios no era mas que un recurso necesario. 

4. — El general Don Justo José de Urquiza, Gobernador 
de la Provincia de Entre Rios, entró en el nuevo plan contra 
Rosas, y aprovechó una de las farsas que éste hacía renun- 
ciando el gobierno, y cuya aceptación provocó la ruptura 
consiguiente. Rosas esperaba, como siempre, la súplica de 
sus tenientes de provincia, que hablando en nombre de sus 
gobernados, le pedían que continuara sacrificándose por la 
prosperidad y bienestar de los pueblos que lo aman y lo 
bendicen. 

Urquiza publica su manifiesto en San José en Mayo 1.° de 
1851, contando ya con el concurso armado que secretamente 
le promete el Gobierno de Corrientes (Virasoro), y concluye 
por celebrar el tratado de alianza ofensiva y defensiva con 
el Brasil y República del Uruguay, f Ap., nota núm. 23). 

El 20 de Julio, el General Urquiza al frente de cinco mil 
hombres de Entre Rios y Corrientes, invade el territorio 
oriental, y cruzando el rio Uruguay por frente á Paysandú, 
pasa al ejército de Oribe que con cerca de diez mil hombres 
hace ocho años sitia á la heroica Montevideo. Oribe capitula 
en 8 de Octubre, y desde luego, el ejército aliado repasa el 
Uruguay para formar El Ejército Grande con que debe in- 
vadir á Buenos Aires. 

A fines de Diciembre, el Ejército Aliado constaba de 
10.000 entrénanos, 6.000 correntinos, 2.000 san tafeemos, 
4.000 de los que sirvieron á las órdenes de Oribe, 2.000 orien- 
tales al mando del General Don César Díaz, y 4.000 brasile- 
ros al del Barón de Porto -Alegre; y con este total de 27.000 
hombres, Urquiza invade á Buenos Aires. 

El coloso de Santos Lugares, que se siente bambolear ante 
un estado de cosas en extremo alarmante, imparte órdenes á 
sus Tenientes de Provincias para hacer el último esfuerzo de 
sostenerse en el poder ejercido durante veinte años. 

El Gobierno de San Juan, desempeñado como siempre por 



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EL PAÍS DE CUYO 223 



Benavides^ comienza los alistamientos de gente, moviliza los 
cívicos departamentales y con los cuerpos ya organizados, 
reúne pronto un pié de ejército que ascendió á mas de 2.000 
hombres *. 

Las maestranzas trabajan con apuro, los cuarteles están 
llenos y las tropas se disciplinan para combatir al loco trai- 
dor, salvaje unitario Urquiza, pero aun no es tiempo de 

ponerse en campaña. 

Eosas urge, insta por la remisión de este poderoso contin- 
gente; Benavides, simulando la mayor obediencia y mejor 
buena voluntad, promete y asegura; pero .... aun no es llegado 
el momento de la marcha. 

¿Será que Benavides tuviese el presentimiento de la caída 
del tirano? 

El jefe sanjuanino sospecha que el resultado definitivo d* 
esta campaña es la obra del primer choque entre el ejército 
de Rosas y las formidables fuerzas que marchan sobre Bue- 
nos Aires. Rosas no tiene mas elementos que los que están 
bajo su mano, y entre éstos falta la cohesión y armonía de 
miras, cuyos rumores llevan el recelo á los amigos de causa 
que hasta entonces siguen como simples espectadores de la 
lucha. 

Todo esto lo sabe Benavides, ó quizá el deseo de perpe- 
tuarse en el poder que ha ejercido por quince años, le dá la 
doble vista y la malicia que aun no ha manifestado. 

Lo probable es que desde temprano estuviese en conni- 
vencia con Urquiza, como ya lo estaban Yirasoro y otros go- 
bernantes de provincia. 

Por fin, llega la noticia del choque délas vanguardias en el 
Puente de Márquez (31 de Enero); luego, la de la famosa bata- 



1 Batallón Guardias Nacionales movilizadas, 500 hombres; Batallón Ca- 
zadores Federales (veteranos), Coronel D. Francisco D. Díaz, 509 hombres; 
Escuadrón de Artillería (4 piezas), Comandante D. N. Robledo, 8tf hom- 
bres; Regimiento núm. 2 Auxiliares de los Andes (veteranos), Coronel 
Don Manuel Fernández, 435 hombres; Regimiento Franqueadores de Mili- 
cias (tres escuadrones); Regimiento Descubridores de Milicias*, y Regimien- 
to Húsares de la Muerte (veteranos), Coronel D. Ángel M. de los Rios. 



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A 



224 EL PAÍ8 DE CUYO 



lia de Caseros (3 de Febrero), y . . . á rey muerto, rey puesto. 

Benavides se pronuncia por Urquiza de quien pronto re- 
cibe manifestaciones de alto aprecio. No se crea por esto 
que Benavides sea un camaleón político; le falta astucia y 
talento para esta maldad, que después había de ser elevada á 
la categoría de escuela política entre los principales hombres 
de los partidos. 

En Benavides habló la voz de la propia conservación, y 
desde luego, no es mas que un hombre vividor que ha hecho 
del gobierno de San Juan su única profesión, quizá su esclu- 
sivo patrimonio. 

Este fué el gran pecado del caudillo sanjuanino. 

Si Benavides fué en la época de la tiranía un gobernante 
manso y suave, que hizo de su Provincia el asilo único de 
los perseguidos por Ja Mas-horca, no es menos cierto que estos 
títulos no le daban derecho para perpetuarse en el gobierno 
de San Juan. 

La era naciente exigía nuevos hombres, y la política de 
reconstrucción del vencedor de Caseros ofrecía así mismo 
una senda mas abierta, mas segura para la prosperidad de 
los pueblos. 

San Juan tenía un derecho indisputable para aspirar á los 
beneficios que debían surgir de la reorganización del país. 

Las fuerzas vitales contenidas por el gobierno terrorífico 
de Rosas, cuya letal influencia pesaba sobre toda la nación, 
necesitaban expandirse, y los sanjuaninos, en vista de nuevos 
horizontes políticos y sociales, tenían de su parte la justicia 
y el derecho al pretender encaminar su pueblo á los futuros 
destinos que les aseguraban un porvanir mas despejado y 
grandioso. 

El gobernante sanjuanino no alcanzó á medir la importan- 
cia y el radicalismo de la modificación operada por la suerte 
de las armas. 

Benavides ignoraba que las reacciones son tanto mas tre- 
mendas cuanto mas remarcable es el cambio que las origina. 

Este error político en que incurrieron tantos hombres del 
antiguo sistema, dio mas tarde lugar á los lamentables acon- 
tecimientos de que nos ocuparemos mas adelante. 



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EL PAÍS DE CUYO 225 



5. — El vencedor de Caseros siguió en su obra de orga- 
nización nacional; y á fin de constituir á la República sobre 
la base del tratado cuadrilátero (4 Enero 1831), procedió á 
convocar á los Gobernadores de las Provincias á la ciudad de 
San Nicolás de los Arroyos, donde debían arreglarse las con- 
diciones de elección y formación de un Congreso General Fe- 
derativo que dictase la constitución nacional, esa aspiración 
suprema de los pueblos. 

La reunión tuvo lugar en Mayo, concurriendo á ella once 
representantes de las provincias, y las que no habían tenido 
representación como Salta, Jujuy y Córdoba, adhirieron con 
fecha 1.° de Julio á lo acordado en la convención del 31 de 
Mayo. 

Según este acuerdo, se convocaría próximamente un con- 
greso formado por dos diputados de cada provincia, el que 
debía reunirse próximamente en la ciudad de Santa Fe. 

Por el artículo 18, se acordó á Urquiza las funciones y tí- 
tulo de Director Provisorio de la Confederación Argentina. 

La Convención de San Nicolás era una simple reunión de 
los pequeños caudillos llamados á formar un conciliábulo 
bajo las órdenes del mas prestigioso que había derrocado á 
Rosas, héchose muy sospechoso y aun peligroso para el por- 
venir del país. 

Desde luego se presumió que la guerra concluida en Case- 
ros no daría otros resultados que la sustitución de Rosas por 
Urquiza, y se miraba como una farsa sangrienta, y así lo era, 
la reunión de los gobernadores que, sin título alguno, se 
abrogaban la representación de los pueblos que gobernaban, y 
mas odioso aparecía esto, cuando entre esos gobernantes figu- 
raban muchos caudillos del antiguo sistema, que amenazaban 
perpetuarse en el poder irresponsable ejercido por tantos años. 

Benavides, uno de los invitados por Urquiza, delegó el Go- 
bierno en el ciudadano Don Zacarías A. Yanzi y se puso en 
marcha á San Nicolás. 

La Provincia de San Juan, que había esperado del triunfo 
de Caseros un cambio en el personal administrativo, no po- 
día avenirse con la prosecución de Benavides en el Gobierno; 

15 



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226 KL PAÍS DE CUYO 



y logrando la ausencia de éste, reasumió su soberanía nom- 
brando al delegado, como gobernador interino; pero sucede 
con todas las reacciones, que se olvidan los dictados de la 
prudencia y el radicalismo quiere hacer siempre tabla rasa 
de todo lo que existió antes de la reforma. 

Los excesos son en esta materia la ley que parece regir los 
acontecimientos; después que se logra derribar un despotismo, 
viene la licencia y la anarquía con todos sus horrores, produ- 
ciendo transiciones violentas que ponen en mayor peligro la 
existencia de los pueblos. 

El hombre, que consigue reaccionar contra sus creencias 
religiosas, sustituye á las prácticas banales de su culto into- 
lerante y de sus rancias ideas de ciego fanatismo, el de- 
crecimiento, la abolición de toda creencia, y por este sistema 
de reacciones suele llegar hasta el ateísmo. Esto sucedió en 
San Juan en el orden político. 

6. — La legislatura, en sesión de 6 de Junio, no se conten- 
tó con remover del mando legal á Benavides, sino que acor- 
dó el juicio de residencia, allanándole sus títulos militares con 
prohibición de desempeñar cargo alguno en lo sucesivo y 
habitar el territorio de la Provincia por mas tiempo que el de 
un año; vencido el cual, debía renovar el permiso de habita- 
ción, so pena de ser declarado sedicioso. 

La reacción había ido mas allá de lo que permitían la jus- 
ticia y aun la prudencia. 

Benavides estaba muy lejos de ser un criminal á quien se 
pudiera privar aun del derecho de asilo en su misma provin- 
cia; y los medios violentos que se emplearon para producir 
un cambio político en San Juan, no fueron los mas apropo- 
sito para garantir el éxito. 

Sobre todo, los sanjuaninos no debieron olvidar que las 
transiciones violentas desprestigian todas las reformas, y que 
es un axioma de aplicación diaria, que entre los excesos debe 
estarse por ninguno, que el término medio es el único, es el 
único extremo que puede adoptarse como medio y como fin 
para alcanzar un resultado. 



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I 



EL PAÍS de cuto 227 



Ademas, Benavides gozaba de un alto predicamento con 
Urquiza, arbitro de la situación del país; y era muy dudoso 
que con las medidas adoptadas, se consiguiese el resultado 
que se proponían los que hablaban á nombre del pueblo; ni 
las declaraciones hechas que colocaban á Benavides en la 
condición de un enemigo público, podían obrar en el ánimo 
de Urquiza de otro modo que no fuera el de un movimiento 
sin rumbos fijos, una verdadera asonada sin causa formal que 
justificase ó siquiera excusase tales extremos. 

Así sucedió que cuando el Director Provisorio conoció en 
sus detalles el movimiento de San Juan, facultó á Benavides 
para movilizar las milicias de San Luis y de Mendoza, según 
lo hallase por conveniente, hasta reponerse en el Gobierno 
de su provincia, del cual había sido despojado tan violenta- 
mente. 

Benavides se presentó en San Juan con algunas milicias de 
San Luis, pero no encontró en su pueblo la menor resistencia, 
habiendo quedado reducido aquel movimiento de opinión á 
las impolíticas é imprudentes declaraciones de 6 de Junio, 
germen de futuras desgracias y de una situación mas violenta. 

El descontento general tomaba creces, y aunque Benavi- 
des, hombre manso por temperamento y por hábito, no ejer- 
ció venganzas ni persecuciones, Ja oposición á su Gobierno 
siguió maquinando hasta encontrar mejor oportunidad que 
asegurase sus trabajos reaccionarios para cambiar al viejo 
gobernante que no respondía á las necesidades de la época. 

La noticia de la revolución de 11 de Setiembre en Buenos 
Aires, dio mas bríos á la oposición, y las condiciones electo- 
rales en que iba á entrar la Provincia, ofrecían nueva opor- 
tunidad para trabajar mas libremente en organizar elemen- 
tos populares para derrocar al Gobierno. 

Conforme al Acuerdo de San Nicolás, la Provincia debía 
elegir dos diputados titulares y un suplente que representa- 
sen á San Juan en el Congreso de Santa Fé. 

El partido gubernista eligió por sus candidatos á los Doc- 
tores Don Salvador María del Carril y Don Antonino Abe- 
rastain, y como suplente al ciudadano Don Ruperto Godoy. 



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228 EL PAÍS DE CUYO 



La oposición eligió al ciudadano Domingo F. Sarmiento, 
Doctor Guillermo Rawson y como suplente á Don Tadeo 
Rojo. 

Compulsados los elementos electorales de que disponía la 
Provincia, era indudable el triunfo de los candidatos oficia- 
les, por lo que la oposición se vio obligada á entrar en las 
vías de hecho para cruzar la elección que debía efectuarse 
el 10 de Diciembre. 

Mientras se hacían trabajos de zapa para ganarse la tropa 
de línea que prestaba el servicio de guarnición; la prensa 
opositora, representada en San Juan por «El Hijo de Mayo» y 
«La Libertad», hacía una propaganda terrible contra el Go- 
bierno, y pintaba con subidos colores la situación violenta 
porque atravesaba la Provincia. 

«El Constitucional» de Mendoza había iniciado la misma 
cruzada, y según este órgano, la tiranía de Benavides lo ha- 
bía desquiciado todo, y reasumido en su mano la suma de los 
poderes públicos. 

Sabido es cuánto exageran las pasiones de partido y cuán- 
to debe recelarse del criterio enfermo con que se juzgan 
hasta los hechos mas insignificantes del enemigo que se 
combate. 

Lo cierto es que la situación de la Provincia era por demás 
tirante, y que el fanatismo político estaban á punto de rom- 
per la última valla de conciliación y prudencia para entrar 
en las vías de hecho, que hubieran envuelto al pueblo en los 
horrores de la guerra fratricida. 

El Director Provisorio, á fin de apaciguar los ánimos y 
hacer desaparecer aquel estado anormal de la Provincia, 
nombró en comisión como interventor de paz en San Juan 
al sargento mayor Don José Joaquín Gómez; y el Gobierno 
de Mendoza, por su parte, interponiendo sus buenos oficios, 
mandó en comisión á Don Baltazar Sánchez y Don Damián 
Hudson. 

Los comisionados dieron pronto por terminado su cometi- 
do, y se retiraron sin dejar ni la mas simple esperanza de un 
arreglo pacífico definitivo, que solucionase el problema polí- 
tico que parecía iba á resolverse por el uso de las armas. 



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EL PAÍS DE CUTO 229 



Sea dicho en honor de la verdad, no debió ser muy tiránico 
-el Gobierno de Benavides, cuando la oposición pudo organi- 
zar sus elementos de lucha, y sus órganos en la prensa con- 
tinuar su ardiente propaganda. 

Pero es que Benavides era la fuerza de inercia, verdadera 
virtud antes del 3 de Febrero, porque en esa época maldita 
toda obra se traducía en vejaciones, exacciones y sangre para 
los pueblos que hacía veinte años vivían bajo el sistema del 
terror; después de la caida de Rosas, la nueva era parecía 
requerir nuevos hombres, nuevos propósitos que respondie- 
sen á la obra de reconstrucción. 

Benavides, que ignoraba esta verdad, había de pagar mas 
tarde á muy alto precio su amor al poder y su empeño ciego 
en no ceder á la transformación que los acontecimientos ope- 
raban en toda la [República. 

La oposición, que había madurado sus planes y adquirido 
los elementos para la tan anunciada revolución, produjo al 
fin el movimiento que tanto se esperaba, porque estaba en 
«el conocimiento de todos. 

El dia 13 de Noviembre á las 12 de la noche, el cabo Pedro 
Castillo de la guardia de San Clemente ( cuartel ), disparaba 
un tiro al aire, y siendo esta la señal convenida que anuncia- 
ba la sublevación de la guardia, comenzaron á llegar al cuar- 
tel todos los particulares iniciados en la revolución. 

Aumentado el número á ciento y tantos hombres, marcha- 
ron sobre la plaza mayor, donde rindieron la guardia del 
Cabildo, después de un pequeño tiroteo que costó la vida á 
dos soldados. 

Al amanecer del nuevo dia, se desarrollaba dicho plan entre 
^1 ruido de cohetes, repiques de campana y aclamaciones de los 
revolucionarios que en número como de trescientos hombres 
se ocupaban en levantar barricadas y formar cantones. 

Mientras los revolucionarios, que habían nombrado por su 
jefe al coronel Don Santiago Albarracin, continuaban sus 
obras de defensa, Benavides reunía gente en el Pueblo Viejo 
para establecer sitio á la ciudad. 

En tanto que se vigorizaban las obras y elementos de la 



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Á 



230 EL PAÍS DE CUYO 



defensa y del ataque, en toda la ciudad, se sentían las deto- 
naciones. de los fuegos de guerrillas con que parecían querer- 
se amedrentar sitiados y sitiadores, estado que duró hasta el 
dia 17 sin hecho notable, que prometiese acabar con aquel 
estado de guerra. 

El dia 17, la Cámara de Justicia fué investida del mando 
supremo de la plaza, y nombrada en comisión para tratar de 
un avenimiento con el Gobernador propietario, que con fuer- 
zas numerosas sostenía un sitio riguroso. 

Muy tarde comprendieron los revolucionarios que mientras 
la persona del prestigioso caudillo no estuviese asegurada, era 
inútil todo movimiento subversivo contra el orden existente. 

Sucediéronse los parlamentos, las comisiones, los remedos 
de arreglo; pero á medida que se hacía mas apremiante la si- 
tuación de los revolucionarios por falta de agua y bastimen- 
tos, Benavides se volvía mas exigente, hasta que al amanecer 
del dia 19, intimó á la plaza se rindiese á discreción en el tér- 
mino de dos horas. 

La tropa de los sitiados parece que esperaba la intimación 
como una orden, y así fue, que al punto se pasaron en masar 
abandonando la plaza y á los jefes de la revolución que, in- 
dignados y temerosos, buscaron un refugio en la iglesia ca- 
tedral. 

El mismo dia 19, Benavides, que estaba en posesión de la 
ciudad, dictó un decreto de indulto y perdón para todos los 
comprometidos en la revolución, concluyendo así este movi- 
miento que solo sirvió para afianzar mas el poder del jefe 
sanjuanino. 

Para el pago de los gastos de guerra, Benavides impuso é 
los vencidos un empréstito forzoso, que al fin solo fue llenado 
en parte, siendo ésta la única medida de extorsión que el ven- 
cedor impuso á los vencidos. 

El Doctor Don Elias Bedoya, que el Director Provisorio 
había mandado como agente confidencial, llegó á San Juan 
al mismo tiempo que un comisionado del Gobierno de Men- 
doza, Don Juan de Rosas, los que después de 13 dias de resi- 
dencia en la Provincia, se retiraron informando de un modo 



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EL PAÍS DE CUYO 231 



muy desfavorable para la revolución, y calificando aquel su- 
ceso como un simple movimiento de anarquía sin la menor 
causa forma] que pudiese ni aun excusarlo. 

Los señores Rawson y Rojo, asilados en Mendoza, impug- 
naron en el «Constitucional délos Andes» la conducta apa- 
sionada del comisionado Bedoya, lo que originó las réplicas 
severas que éste hizo en cartas del 15 y 19 de Febrero, fe- 
chadas en el Rodeo del Medio y en San Luis. 

Los comisionados desmintieron las tropelías, robos y muer- 
tes inventadas para desprestigiar á Benavides; protestaron 
de la buena voluntad de éste para renunciar al Gobierno que 
parecía formaba todo el empeño de los opositores, y concluían 
con este párrafo que demuestra las mezquindades de los par- 
tidos políticos en las provincias, y que tomamos de una carta 
en folleto que sobre estos sucesos se publicó en aquella época, 
dirigida á los señores Rawson y Rojo. 

« Ciego en mi propósito de operar un cambio, y dejar á 
todos satisfechos, me ocurrió la idea de pedir al General Be- 
navides su influencia para colocar de Gobernador á uno de 
los vuestros. El General se me prestó de muy buena gana, y 
me pidió que vuestros partidarios fijasen el candidato; pá- 
selo en noticia de los vuestros, y aquí fue Babilonia. 

¡Señores! vuestro pequeño partido se sub-dividió en átomos. 
Ningún candidato satisfacía á la generalidad de los vuestros, 
mientras que cualquiera de vuestros primeros hombres era 
bueno en concepto del General Benavides.» 

Después de estos sucesos que dejaron en completo divor- 
cio á Benavides con el partido de oposición ó hicieron mas 
profunda la escisión que dividía á aquel pueblo, la Provincia 
siguió en su marcha de lento progreso, que era mas bien la 
obra del tiempo, y continuó la tumultuosa sucesión de gober- 
nantes que forma una triste especialidad en la Provincia de 
San Juan. 

En este tiempo desempeñaron el gobierno de la Provincia, 
como delegados de Benavides, Don Juan Luis Riveros y Don 
José Antonio Duran, de cuya transitoria administración ape- 
nas queda el recuerdo en algunos decretos ó disposiciones de 
carácter puramente municipal. 



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CAPITULO XV. 



Gobierno del Coronel D. Francisco D. Díaz. — 2. Constitución 
Provincial. — 3. Cuestión sobre el patronato. — 4 Derro- 
camiento del Gobernador Díaz y nombramiento de Benavi- 
des. — 5. Intervención nacional á cargo del Dr. Don Nica- 
nor Molinas. 



1. — Al principiar el año 1855, Benavides renunció el go- 
bierno de San Juan, siéndole acordada por la Legislatura 
una guardia para su seguridad de un sargento, un cabo y cua- 
tro soldados, para resguardarle de los peligros que le rodea- 
ban por causa de la profunda escitacion de los partidos lo- 
cales. 

El Coronel Don Francisco D. Díaz, que desde el 4 de Ene- 
ro estaba en posesión del Gobierno en reemplazo de Bena- 
vides, funcionaba solo de hecho, porque ninguna de las con- 
diciones de la ley se había llenado para su nombramiento 

El 9 de Marzo, el Gobierno Nacional confirmó su nombra- 
miento, declarando que no habiéndose dado la Provincia su 
constitución local, no conocía oficialmente las instituciones 
que la regían, y que en consecuencia, le reconocía en el ca- 
rácter de gobernante provisorio con encargo expreso de con- 
vocar una convención constituyente que subsanase el mal in- 
dicado. 

El gobernador Díaz, que ocupó el gobierno de San Juan 
hasta el 17 de Marzo de 1857, realizó durante su administra- 
ción reformas de suma utilidad en el orden provincial, y aun 
en el nacional, como agente directo de la autoridad de la 
Nación. 

En el orden nacional, se creó la circunscripción Militar del 
Oeste, comprendiendo á las provincias de San Juan, Mendoza, 



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EL PAÍS DE CUYO 233 



Rioja y Catamarca, nombrándose por jefe militar á Bena- 
vides 1 . 

Se creó la administración de rentas (aduana y correos) por 
decreto 19 de Junio. 

En el orden provincial se hicieron creaciones y reformas 
de la mayor importancia, y son las siguientes: 

Por ley de 27 de Febrero se crearon dos Juzgados de Letras 
en la capital de la Provincia, en lugar de los Juzgados de 2.° 
Orden que fueron suprimidos; el uno para conocer en los 
asuntos civiles y otro con jurisdicción exclusivamente en lo 
criminal. Suprimióse el Juzgado de Orden de la villa del Sal- 
vador (Angaco) y el de Minas de Jáchal. En esta villa y en 
la de Valle Fértil se limitó la jurisdicción de los Jueces de 
Orden á la sola sustanciacion de los juicios que debían reci- 
bir su fallo definitivo en la capital de la Provincia. 

Se dictó un reglamento con 143 artículos sobre adminis- 
tración de Justicia, que muy pocas modificaciones introdujo 
á las prácticas establecidas, viniendo á servir de base, al año 
siguiente para una ley de enjuiciamiento judicial, cuya con- 
fección se encargó á Don Pedro N. Cobos, leguleyo de alto 
crédito en aquella fecha, la que fué presentada en 29 de Di- 
ciembre de 1866 y que jamás llegó á ponerse en vigencia. 

No obstante estas tentativas para la organización de un 
buen sistema judiciario, nada se pudo hacer por falta de 
idoneidad en los llamados á decidir sobre las controversias 
de derecho; las influencias personales y las del dinero siguie- 
ron inclinando la balanza de Thémis hacia el platillo que re- 
ribía mayor pesantez. 

En 15 de Julio (1856), se crearon dos escuelas modelo de 
enseñanza gratuita para ambos sexos, las que se estable- 
cieron con un idóneo personal docente y administrativo y 
dieron muy buenos resultados; se crearon igualmente otros 
establecimientos de educación, de los que nos ocuparemos 
mas adelante, por cuanto la educación del pueblo tiene 



* Esta circunscripción militar fué dividida en 14 de Junio de 1861 en las 
dos del Sud-oeste y Nord-este, formada la primera de San Juan y Mendoza. 



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á 



234 EL PAÍS DE CUYO 



para nosotros mayor importancia de la que se le da general- 
mente. Es por esto que en el curso de este trabajo nos hemos 
de limitar á simples referencias é indicaciones para tratar 
por separado tan importante materia. 

2. — El 7 de Abril (1856) se dictó la Constitución Provin- 
cial; y aunque ella estaba muy lejos de responder á las nece- 
sidades de la situación, bastó á dar una forma mas regular á 
la administración pública y á establecer una norma que sir- 
viese en parte de impedimento ó control al proceder volun- 
tarioso de los gobernantes. 

El espíritu reaccionario de la época tuvo su parte princi- 
pal en la confección de esta Carta política, y por eso se vie- 
ron en ella algunas declaraciones de difícil aplicación, tal 
como la facultad acordada á la Legislatura para declarar los 
casos de imposibilidad física ó mental del Gobernador. 

En presencia de esta declaración, que hasta puede ser cali- 
ficada de absurda, nos viene á la memoria aquel axioma tan 
conocido, de que es mas fácil construir que reconstruir. 

Por esta época se publicaron en San Juan tres periódicos, 
que eran: «El 9 de Julio», de carácter oficial; «El Correo de 
los Andes» y «El Agricultor», que gozaron de muchas consi- 
deraciones en el concepto público. 

3. — El Gobierno llevó sus reformas hasta los dominios 
de la iglesia, invocando á este fin el acuerdo y decreto nacio- 
nal de 1.° de Marzo de 1855, que nombró á los Gobernadores 
vicepatronos de las iglesias fundadas en el territorio de su 
jurisdicción. 

Las tendencias de las autoridades eclesiásticas, que siempre 
se han manifestado por la independencia absoluta del poder 
civil, iba á asomar nuevamente en San Juan, sino para hacer 
correr sangre como en 1825, al menos para producir un nue- 
vo escándalo de los que tanto gustan las gentes de iglesia. 

El gobierno de Díaz reformó la demarcación de los curatos 
de Santa Lucía, Caucete, Albardon y Pocito, que habían sido 
creados en 25 de Abril de 1853, y erigió el nuevo curato de 
La Santísima Trinidad en 25 de Abril de 1855. 



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I 



EL PAÍS DE CUYO 235 



A requisición del Gobierno Nacional, que en 21 de Noviem- 
bre (1853) había pedido al de San Juan un estado de las ren- 
tas eclesiásticas en el Obispado de Cuyo, éste dirigió notas al 
Provisor Sede Vacante Don Timoteo Maradona para que 
informase al respecto, notas que el Provisor encarpetó al mo- 
mento, dando lugar aquel sistemado silencio, verdadero desa- 
cato á la autoridad política, á que se reiterasen los oficios 
bajo conminación de dar cuenta ala autoridad nacional sobre 
h conducta observada. 

El Provisor, faltando hasta á los deberes de la buena edu- 
cación, siguió guardando silencio sin acusar recibo á las no- 
tas mencionadas y rehuyendo la cuestión pendiente, dirigió 
una nota al Gobierno sobre el curato creado en Trinidad, re- 
clamando para sí el derecho exclusivo de crear curatos y 
marcar su comprehension, sosteniendo que el Gobierno no 
tenía al respecto mas facultad que la de prestar su aproba- 
ción á lo que acordase la autoridad eclesiástica. 

Por fin, después de largas dilaciones y de la intervención 
fiscal, remitió algunos estados de nacimientos y defunciones, 
lo que vino á poner mas tirante las relaciones, ya vidriosas, 
haciendo que la repulsión indirecta se convirtiese en la hos- 
tilidad mas completa. Así fué, que el indiscreto Provisor fué 
llamado por intermedio del Fiscal para que informase sobre 
la masa decimal correspondiente al coro de canónigos y Ca- 
bildo Eclesiástico, renta que la Curia había percibido por 
veinte años sin haber acreditado su empleo conforme á los 
fines de su creación. 

A estas desagradables y enojosas incidencias, se agregó la 
de un recurso de fuerza intentada por un presbítero Linch, 
lo que fué causa de medidas asaz severas por parte de la au- 
toridad civil. 

El Gobierno exigió á Maradona los títulos que lo acredi- 
tasen como gobernador del Obispado, apremiándole para que 
los exhibiese dentro de tercero dia; y como el Provisor se li- 
mitase á exponer que estaba investido en su carácter de Vi- 
cario Sede Vacante por delegación del obispo Sarmiento, sin 
adjuntar título alguno, y haciendo formales protestas contra 



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236 EL PAÍS DE CUYO 



tales procedimientos, considerados altamente atentatorios á 
su dignidad episcopal, sus quejas dieron por único resultado 
la fijación del término de cuarenta y ocho horas para que 
presentase las credenciales exigidas. 

La cuestión, que había perdido el carácter de templanza y 
moderación tan necesaria en todo género de contiendas, si se 
quiere arribar á un resultado pacífico, tocó en recriminacio- 
nes acres, y en seguida, en provocaciones mal disfrazadas. 

Maradona hizo cuestión, no ya de simple jurisdicción, sino 
de amor propio y aun de capricho, guardando la reciprocidad 
á que creyó verse arrastrado. Rechazó el mandato y aper- 
cibimiento contenidos en la última nota del Gobierno, ya por- 
que no se hacía por vía de ruego, según la formal práctica 
establecida en iguales casos, como porque, no habiendo con- 
cordato alguno celebrado con la Santa Sede que marcase las 
obligaciones recíprocas, creía estar libre de la jurisdicción 
civil á que se le quería someter en una cuestión del exclusivo 
fuero eclesiástico, y concluía, en su nota de Julio «... .si la 
justicia acuerda altos respetos al magistrado civil de la Pro- 
vincia, también los tiene la autoridad del Obispado, revestida 
en su carácter de superior calidad». 

A la insolencia de la nota se unía el total desconocimiento 
de la potestad temporal, y la completa ruptura á que se lle- 
gaba por la nueva negativa del Provisor. 

En este estado de relaciones, en que cada una de las auto- 
ridades nombradas estaba en acecho para atacar la parte mas 
vulnerable que le ofreciese el adversario en el curso de sus 
negocios respectivos, sucedió el nombramiento que hizo el 
Provisor, de Notario Eclesiástico. 

Nuevo debate, nuevas y mas acaloradas argumentaciones- 
El Gobierno, so pretexto de ejercer el vice-patronato, maudó 
cesar al Notario nombrado. Maradona conviene en la suspen- 
sión, pero deja sin proveer el puesto, hasta que aquél ordena 
é intima se haga nuevo nombramiento conforme á las for- 
malidades debidas, quedando en definitiva sin resolverse 
esta nueva querella. 

El Provisor, á quien parece que la polémica tiene ya can- 



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EL PAÍS DE CUYO 237 



sado, ó que pretende ocurrir á medidas evasivas para dejar 
insoluta la cuestión principal, pasa aviso de cortesía, de ausen- 
tarse de la capital de la diócesis vacante; quizá era una tre- 
gua que daba al asunto; pero antes de la partida, reúne 
el clero secular y regular (Agosto 12) en la iglesia Catedral, 
y les presenta en proyecto un escrito en que fulminaba un 
anatema contra el Procurador Fiscal. 

Apercibido el Gobierno de esta violenta medida, que co- 
mienza de un modo muy^sério á alarmar el espíritu público, 
dirige nueva nota en que impone silencio al contendor, le 
prohibe la salida de San Juan y le conmina á abstenerse de 
lanzar censura alguna, exigiéndole en lo sucesivo guarde la 
urbanidad y respeto correspondientes ala autoridad superior 
de la Provincia, procediendo enseguida á dar cuenta á la Au- 
toridad Nacional de todo lo ocurrido, como se ve por la nota 
siguiente : 

«El Gobierno Provisorio. — San Juan, Agosto 28 de 1865. — 
Al Exmo. Señor Ministro de Justicia, Culto é Instrucción 
Pública déla Confederación.— Tengo el pesar de participar á 
V. E., que el Provisor y Gobernador del Obispado de Cuyo, 
en sede vacante, Don Timoteo Maradona, ha empezado á 
desplegar en esta Provincia una conducta tan extraña al 
común acuerdo y perfecta inteligencia que debe reinar entre 
la autoridad civil y eclesiástica, que no solo sirve de obs- 
táculo á las miras políticas y civiles del Gobierno, sino tam- 
bién de escándalo á la moral pública, cuyo desacordado pro- 
ceder puede traer consecuencias muy fatales, desde que 
arroja un incentivo á las pasiones de partido ala expectativa 
de todo lo que pueda obstaculizar la regularidad y buen 
orden de la Administración y prontas á suscribir á todo lo 
que es corrosivo y anárquico. 

«Las referencias que me permito hacer á V. E. á continua- 
ción, para que se sirva elevarlas al supremo conocimiento del 
Exmo. Sr. Presidente de la República, con los documentos 
relativos, le presentarán el testimonio auténtico de lo que 
dejo expresado. 



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Á 



238 EL PAÍS DE CUYO 

«Tiempo hacía, Exmo. Señor, que el Gobierno de San 
Juan, animado de los mejores sentimientos de paz, de patrio- 
tismo y abnegación, por que el orden y fraternidad se conso- 
lidasen en esta Provincia, había hecho prescindencia de la 
comportacion que el Provisor había empezado á observar, 
contraria á los principios constitucionales que el Gobierno 
se ha propuesto seguir para el bien y prosperidad de la Pa- 
tria. 

«El Provisor Maradona, no solo excusó jurar la Constitu- 
ción Federal, sino que influyó en el ánimo del clero regular 
y secular para que no lo efectuasen, y en seguida dirigió re- 
clamación al Gobierno Nacional, solicitando la reforma de 
ese código en la parte que habla de la libertad de cultos y de- 
clara abolidos los fueros. La resistencia con que aquel Pre- 
lado se ha mostrado á cumplir con la disposición del Gobier- 
no Nacional (21 de Noviembre de 1853), que ordena se le pase 
un conocimiento de las rentas que hoy sostienen el culto en 
la Provincia, á pesar de los repetidos requerimientos que se le 
han hecho al respecto por el de San Juan, demuestra su per- 
severancia en esas ideas contrarias á los principios constitu- 
cionales, y la indiferencia con que mira las disposiciones de 
las autoridades que lo sostienen. 

«En los asuntos que ha tenido que entender con el Provisor 
Maradona sobre instituciones capellánicas, cuyo origen no 
se conoce; sobre fondos que el Estado ha proporcionado á la 
Iglesia de los productos de diezmos para objetos determi- 
nados, de los cuales no se ha hecho inversión alguna y se ig- 
nora la existencia del crecido capital que forman aquellas 
sumas; sobre vacantes, etc., se ha denegado siempre á enten- 
derse por medios racionales y equitativos, y ha desconocido 
la justicia y derecho que el Gobierno tiene á llamar á la Cu- 
ria Eclesiástica á esos arreglos, fundado en la absoluta inde- 
pendencia que le constituye inmune. 

«Desconociendo el Provisor sus propios deberes y las re- 
galías del Patrono de la Iglesia, procedió á nombrar Cura de 
almas en la Parroquia de Concepción, sin la debida presen- 
tación al Gobierno. 



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EL PAÍS DE CUYO 239 



«En la división de curatos que el Gobierno practicó en esta 
Provincia, de acuerdo con la Curia Eclesiástica, cuando le 
requirió al Provisor la provisión de curas, negó al Ejecutivo 
el derecho de poder hacer dicha división, sin que precediese 
decreto de la Curia para el efecto. 

«Se ha opuesto el Provisor á una ley de la Provincia que 
dedicó el edificio y sitios adyacentes del Convento de la Mer- 
ced, á beneficio de la educación de la juventud. 

«Después de ese germen de contradicciones, que hasta cierto 
punto ha creado embarazos á la marcha política y adminis- 
trativa del Gobierno en los arreglos interiores, que tanto ne- 
cesita este pueblo, se ha dejado sentir una excitación sobre 
la legalidad ó ilegalidad con que el Provisor Maradona ejer- 
ció la jurisdicción de Prelado diocesano. 

«Esa duda se hizo aun mas notable y general, cuando en es- 
critos que el presbítero Don José Pablo Linch, había pre- 
sentado á la Exma. Cámara de Justicia, y de los que el Fiscal 
Público había tenido conocimiento, se hacía mención de la 
falta de legalidad de los títulos con que el Provisor ejercía su 

jurisdicción 

» 

< Posteriormente y después de reiteradas negativas del Pro- 
visor á presentar los diplomas que el Gobierno le exigía, reu- 
nió el clero regular y secular en la sala rectoral de la santa 
iglesia Catedral, con el fin de que ambos le prestasen reco- 
nocimiento en su carácter de Prelado. 

«Considerando el Gobierno que ese acto no podía tener otro 
objeto que el de colocar la Provincia en entredicho con la 
Iglesia, si el Ejecutivo en cumplimiento de su deber expedía 
alguna disposición represiva por los procedimientos del Pro- 
visor, juzgó oportuno invitar á su despacho á uno y otro 
clero con el fin de que expresasen los incidentes que hubie- 
ren promediado en aquel acto, y de observarle los errores que 
en él se hubiesen cometido. 

«La nota circular invitatoria que el Ministerio les dirigiera 
y acta que se adjunta en copia legalizada, instruirán á V. E. 
del resultado que produjo este paso dado por el Gobierno. 



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240 EL PAÍS DE CUYO 



Por todo lo expuesto, advertirá V. E. que no solo es impo- 
sible atraer á dicho Prelado al acuerdo y armonía que debe 
existir con la autoridad civil, sino que su obstinación en esa 
conducta sirve también de obstáculo á las mejoras progresi- 
vas que el Gobierno ha empezado á promover para dar vida 
al Estado, asegurando los intereses que le pertenecen, al mis- 
mo tiempo de dejar establecidos los legítimos derechos del 

Vice-patrono de esta Iglesia. 
» 

Francisco D. Diaz.—José A. Duran.» 

El Ministerio Nacional pidió informes, y en vista de los 
antecedentes que le fueron remitidos y de exposiciones queá 
su vez le hizo el Provisor, se vino en conocimiento de otras 
dificultades sobre el curato de la villa de la Paz, en Mendoza 
y cura vicario de San Luis; y entrando el Ministro á tratar 
la cuestión de derecho, dejó bien establecido * que conforme 
al Concilio de Trento y Leyes de Indias, la presentación era 
un deber de la Curia y la intervención un derecho del Gobier- 
no (con otras importantes consideraciones sobre patronato). 

En Agosto 1.° del mismo año y en virtud de lo que deja- 
mos relacionado, y de nuevos alegatos del Fiscal en que por 
muerte del obispo atribuye la jurisdicción eclesiástica al Ca- 
bildo de la misma iglesia y no al Provisor que se decía dele- 
gado, conforme al derecho canónico y disposiciones del Tri- 
dentino, y también por la falta de títulos, aun por delegación? 
en que se hallaba el Provisor, el Gobierno dictó la resolución 
siguiente: 

«Artículo 1.° — Desconócese en la Provincia la legitimidad 
con que el presbítero Don Timoteo Maradona, ejerce la juris- 
dicción de Gobernador y Provisor del obispado de Cuyo en 
Sede Vacante. 

Art. 2.° — Hasta otra resolución del Gobierno, no se le 



1 Nota del Ministro de Culto al Provisor de Cuyo, de Junio 19, año 
de ia55. 



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EL PAÍS DE CCYO 241 



prestará reconocimiento ni obediencia al presbítero Marado- 
na en el carácter de Provisor que hasta aquí ha desempeñado. 

Art. 3.° — Dése cuenta oficialmente á la Suprema Autori- 
dad Nacional de esta disposición, con las explicaciones nece- 
sarias sobre las causas que la han impulsado, y particípese 
este incidente á los Exmos. Gobiernos de las Provincias que 
componen las Diócesis de Cuyo, como también á los Prelados 
de los demás Obispados de la República. 

Art. 4.° — Hágase saber por el Ministerio General al pres- 
bítero Don Timoteo Maradona y circúlese al clero regular y 
secular de la Provincia para su cumplimiento. 

Art. 5.° — Publíquese, comuniqúese é insértese en el perió- 
dico oficial.— Diaz.— José A. Duran.» 

Esta resolución, que hería de muerte las exajeradas preten- 
siones jurisdiccionales del Provisor, pasó luego á servir de 
arma de partido y las resistencias suscitadas se convirtie- 
ron en rumores revolucionarios y principiaron á prevenir al 
Gobierno. 

El Gobierno expidió circulares á los curas y prelados; y 
tanta energía desplegó en salvaguardia de sus facultades y 
defensa de su jurisdicción, que la cuestión llegó á revestir 
formas muy alarmantes. 

El clero creyó ver el indicio y desarrollo de un cisma, y 
mucho más, cuando el Gobierno vióse en la necesidad de im- 
poner penas al que obedeciese al rebelde Provisor; de tomar 
posesión por la fuerza de las oficinas de éste y Notaría Ecle- 
siástica y reducir á prisión incomunicada á Maradona (De- 
creto de 20 de Noviembre 1856). 

¡Aquí fué Troya! El clero se reúne para protestar obedien- 
cia al Provisor; las señoras hacen su presentación, parte del 
pueblo fanatizado por los frailes se agolpa á la casa de Go- 
bierno y como mas eficaz recurso, piden estos sediciosos de 
sacristía, al General Benavides, el auxilio ó interposición de 
su influencia á los fines consiguientes. 

El Gobierno, por su parte, que no cesa en sus propósitos 
de sostener la integridad de sus atribuciones y facultades de 

16 



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242 EL PAÍS DE CUYO 



vice-patrono, y está dispuesto á hacer frente al motín sui- 
géneris, solicita de Benavides el concurso de la fuerza ar- 
mada, que éste pone é su disposición, conforme á órdenes 
anticipadas que para el caso ya tenia de la Autoridad Nacio- 
nal, y en seguida manda á Maradona preso al Paraná con 
una regular guardia militar, concluyendo así este escándalo 
que pronto debía ser de fatales consecuencias para el Gobier- 
no de Díaz. 

Lo cierto es que en los errores recíprocos de la autoridad 
civil y eclesiástica de la Provincia, había un fondo de verdad 
que no pudo aparecer á la superficie, verdad ahogada por el 
exagerado celo y un tanto de fanatismo de una parte, y la 
intransigente terquedad de la otra. 

Por las notas que publicamos en el Apéndice bajo los nú- 
meros 20 y 21, se vé que por el Tratado de Huanacache, art. 7, 
y Concordato del año 33, que sirvieron de base á la bula 
ereccional del Obispado de Cuyo, el Gobierno había contraí- 
do la obligación de sostener exclusivamente la religión y 
culto católico, lo que si bien no autorizaba la resistencia de 
Maradona para oponerse á la nueva organización nacional 
y prescripciones de la constitución, contrarias al espíritu 
de aquellos compromisos, le disculpaban por lo menos del 
error cometido, desconociendo la subordinación á que la falta 
de un concordato con la Silla Romana le pareció no daría 
lugar. 

Tampoco podía pasársele por alto que aquellas obligacio- 
nes estaban subordinadas á lo que dispusiese la autoridad 
nacional, al organizarse en la forma constitucional que des- 
pués adoptó, por lo que creemos que Maradona, tan conocido 
por un hombre manso y sin pretensiones de sabiduría (que 
estaba muy lejos de tener), vino á ser, sin quererlo y tal vez 
sin sospecharlo, un instrumento poderoso de partido que 
explotaron los bandos políticos de San Juan. El error y los 
malos consejos le habían puesto en aquella resbaladiza pen- 
diente, y luego el hombre llegó á formar su conciencia en el 
error mismo, hecho que el partido de oposición al gobierno 
aprovechó con ventaja. 



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EL PAlS DE CUYO 243 



El Gobernador Diaz por su parte, llevado de un celo exa- 
gerado, y sin perder de vista la idea política que entrañaban 
aquellos sucesos, llegó á exigir de la autoridad eclesiástica 
mayor dependencia de la que por derecho le correspondía, 
invadiendo en parte las facultades privativas de la Iglesia 
de Cuyo. 

4. — La violenta solución de estos asuntos agravaron el 
mal secreto que venía minando la existencia del Gobierno. 
La oposición se atrajo á Benavides, interesándolo con ser el 
reemplazante del Gobernador Diaz, en caso de buen suceso 
de la revolución que se proyectaba. 

Efectivamente, la revolución se llevó á cabo el 17 de Mar- 
zo, poniéndose Benavides á la cabeza; no hubo efusión de 
sangre, ni resistencia alguna de parte del Gobernador Diaz, 
porque carecía de sosten y de armas, las que estaban en po- 
der de la revolución por hallarse á su frente el jefe militar 
de aquella sección con la tropa á sus órdenes. 

Al dia siguiente de producido el movimiento, se celebró 
un acta popular por la que los firmantes asumían la respon- 
sabilidad de la revolución, y nombraban Gobernador de la 
Provincia al general Benavides. 

Estos sucesos, que causaron gran excitación en todos los 
espíritus, llamaron seriamente la ateucion del Gobierno Na- 
cional, que en fecha 6 de Abril decretó una intervención, so 
pretexto del «restablecimiento de los poderes constituciona- 
les que debían formar el Gobierno de la Provincia . . . . » 

5. — Comisionado á este objeto el Doctor Don Nicanor 
Molinas, ministro de la Suprema Corte de Justicia Federal, 
llegó á San Juan á fines del mes de Abril, y por delegación 
que Benavides hizo del Gobierno en la persona de aquél, en 
28 del mismo asumió el mando gubernativo de la Provincia 
el dia 30. 

La primera medida adoptada por el comisionado Molinas, 
fué declarar írrita y de ningún valor el acta popular de Mar- 
zo 18, y en seguida, ordenar las elecciones de representan- 
tes y doblantes para electores de Gobernador. 



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244 EL PAÍS DE CUYO 



Estas medidas, que dejaban á los partidos en lucha en com- 
pleta libertad de ocurrir á los comicios sin temor de coacción 
oficial, y de los que debía surgir el primer gobierno consti- 
tucional en San Juan, produjo grande excitación en el pueblo, 
por lo que fué necesario la declaración del estado de sitio 1 , y 
bajo esta anormal situación se hizo la elección el dia 17 de 
Marzo. 

El dia 23, el Dr. Molinas delegó en Don Miguel Echegaray 
por tener que ausentarse á la Rioja en desempeño de una 
comisión que le había confiado el Gobierno Nacional, de- 
jándole instrucciones reservadas. 

En este tiempo, la Legislatura había aprobado las eleccio- 
nes del dia 17, y el Gobierno, que veía en aquéllas muchos 
vicios de forma, y sobre todo, en virtud de instrucciones, 
negó su sanción á la ley de la Legislatura, produciéndose 
así nuevos inconvenientes para la marcha política regular de 
las autoridades de la Provincia. 

Hubo cambio de notas entre la Legislatura y el Ejecutivo; 
tomó parte en el debate el comisionado que volvió de la Rio- 
ja y reasumió el Gobierno, y por fin, la Sala de R. R. acordó, 
para resolver tan enojosa cuestión, remitir los antecedentes 
á sus representantes en el Congreso para que solicitasen de 
la Autoridad Nacional « la reivindicación de los derechos de 
esta Provincia, é integridad de los atributos de sus represen- 
tantes, vulnerados». 

Todo el origen y causa de este nuevo conflicto eran: pri- 
mero los vicios electorales de que adolecían las actas de dos 
Departamentos (Angaco y Desamparados), los que la Legis- 
latura no quería tomar en cuenta por creer que su conoci- 
miento correspondía á las mesas receptoras del sufragio, 
(error á sabiendas), y después el modo cómo se había for- 
mado la mayoría que conoció y prestó su aprobación á las 
elecciones de Marzo. 

San Juan, que hasta 1857 se había presentado á los demás 
pueblos como la víctima de las pasiones indisciplinadas de 



Dias 17 á 19 del mes indicado. 



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EL, PAÍS DE CUYO 245 



partido; que había sufrido todos los excesos de la política 
hasta ver por muchas veces su suelo ensangrentado; que no 
había economizado sacrificio alguno por afianzar las institu- 
ciones y verse libre de ser el juguete de motines y revolucio- 
nes, ¿sería mas feliz bajo el imperio de la Constitución que 
se había dado, entregando sus destinos á manos de un nuevo 
partido ? 

El gobierno de los caudillos y de la fuerza había cesado, y 
los hombres de principios iban á sucederse en el Gobierno de 
San Juan: risueña perspectiva, alhagadora esperanza, que ha- 
cía expandir el corazón de alegría y al espíritu vagar por 
las encantadoras regiones de un porvenir venturoso. 

El imperio de la fuerza cedía su puesto al gobierno del 
derecho; el odioso tutelaje áque por tantos años había estado 
sujeto aquel pueblo viril, acababa de cesar, y la deseada eman- 
cipación se presentaba revestida de los mejores augurios. 

¡Dios permita, pueblo querido, que en tu nuevo estado no 
veas disiparse como el humo esas ilusiones que te sonríen; 
que tremendas realidades no vengan á conmoverte y hacerte 
gemir de nuevo; que el caudillo del atraso no vaya á suceder 
al caudillo del progreso, sin mas disfraz que el traje y el nom- 
bre, y quizá con mas refinada malicia y mayor perversidad ! 



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Á 



CAPÍTULO XVI. 



— Gobierno de Don Manuel J. Gómez. — Intervención Nacio- 
nal. — 2. Asesinato del General Benavides. — 3. Juicio pos- 
tumo y noticias biográficas de Benavides. — Honras fúnebres. 



1. — Don Manuel José Gómez, respetable por su integri- 
dad y firmeza de carácter, gozaba de una alta confianza 
entre sus conciudadanos. Fué el hombre llamado á ejercer la 
primera magistratura de la Provincia de San Juan. 

Asoció á sú gobierno al Doctor Saturnino M. Laspiur, 
joven abogado que había entrado á la vida pública bajo muy 
buenos auspicios, y en quien se cifraban esperanzas lisonje- 
ras, dada su preparación para el manejo de los intereses pú- 
blicos. 

El nuevo Gobierno traía el fuerte contingente de luces, 
probidad y prestigio de un gran partido político, que en la 
nueva era constitucional tenía en sus manos el porvenir de 
aquel pueblo; mucho podía esperarse del reciente orden de 
cosas, y el gobierno de Gómez halagó al pueblo con grandes 
mejoras, buenas instituciones y el concurso de la nueva or- 
ganización del país bajo el sistema constitucional federativo, 
el bello ideal de gobierno tan anhelado por todos. 

Don Manuel José Gómez era en aquellos momentos la en- 
carnación del partido unitario en San Juan, de ese partido 
que, como el pueblo Hebreo, había sufrido su dilatada prue- 
ba en el desierto, de las garantías políticas y sociales sin que 
le faltase su horrible Faraón (Rosas y sus hombres), que tanto 
se afanó por tenerle sujeto á la esclavitud mas abyecta y hu- 
millante que haya pesado sobre pueblo alguno de la tierra. 



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EL PAÍS DE CUYO 247 



Hemos dicho que las reacciones son tanto mas tremendas 
cuanto mas radicales son, y esta idea se halla abonada por 
los mil acontecimientos que registra la historia de los pue- 
blos, excesos que sería tan de temer, si la prudencia y los 
sabios principios, base de la ciencia política, no sirviesen de 
equilibrio ó poder regulador á las pasiones de partido. 

La ansiada organización del país bajo un régimen consti- 
tucional, era el desiderátum de todos los unitarios; pero no 
había que hacerse ilusiones respecto de una conciliación de 
partidos, que aunque hubiera sido la salvaguardia de todos, 
no era de esperarse de hombres que entrañaban las exagera- 
das pasiones de un bando poderoso que vengaría su prolon- 
gada exclusión de la cosa pública. 

Estas fueron las dos nubes dibujadas en los horizontes po- 
líticos de la Provincia al comenzar el Gobierno constitucio- 
nal de Gómez. El celo político, que por tantos años había 
dividido á los hombres de San Juan, llegaría pronto á revestir 
los alarmantes caracteres de una intransigencia absoluta para 
presentarse enseguida con todo el triste cortejo de un antago- 
nismo sin límites. 

¡A cuántos excesos conduce siempre la intransigencia de 
los partidos políticos! ! 

Pero, dejemos hablar los sucesos con esa elocuencia muda 
que les es propia. 

Gómez fué electo el dia 6 de Setiembre de 1867, y entró en 
ejercicio de su alta autoridad el 8 del mismo mes. 

Las mejoras de alta importancia que se deben á su admi- 
nistración fueron las siguientes: 

Creación de una casa correccional para mujeres extravia- 
das que, moralizándose en el trabajo y reclusión, las aparta- 
se del vicio é hiciese adquirir hábitos de orden, moralidad y 
labor. 

Una compañía de vigilantes, creada en Noviembre 20 del 
mismo, que sirvió de base al cuerpo de gendarmes, encarga- 
do de la guardia y policía de la población (después recibió 
una organización completa), y forma hasta hoy (1872) una 
institución desconocida antes en la Provincia y de la que 



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248 EL PAlS DE CC YO 



era un pobre remedo la Partida de Plaza, de los tiempos de 
la Federación. ^ 

Se organizó la guardia nacional conforme al precepto de 
la constitución; se reglamentaron las escuelas en la ciudad y 
departamentos, y creóse una Sociedad de Beneficencia de Se- 
ñoras con una organización propia al carácter y objeto de 
aquella corporación (Agosto 1819 á 1869). 

Una buena ley sobre irrigación y agricultura de Mayo 8, 
fuente segura de riqueza y vida de la provincia, vino á fijar 
su observancia en los departamentos, reglamentando los ra- 
mos mas importantes, descuidados en los últimos tiempos. 

Esta era de progreso, iniciada por el gobierno, y las garan- 
tías dfe paz y libertad al parecer aseguradas para siempre* 
despertaron la confianza pública, y en ella comenzó á repo- 
sar el movimiento industrial y comercial que adquirió nueva 
vida, destruyendo esa tradicional timidez de los capitales en 
San Juan, que ha dado á sus hijos el calificativo de mezqui- 
nos y egoístas. 

Los órganos de publicidad aparecieron con una bandera 
poco conocida hasta entonces, pero de progreso ó interés por 
las instituciones y la cosa pública. 

Bajo esta administración se publicaron «El Grito», «El 
Nuevo Agricultor», «El Porvenir», «La Aurora» y «La Si- 
tuación», periódicos que por su carácter correspondían cum- 
plidamente á la nueva era de libertad en que había entrado 
la Provincia. 

Por desgracia, los cambios sociales y políticos introduci- 
dos en la vida de un pueblo, no se operan sin conmociones ni 
dificultades muchas veces insuperables. 

No solo carecía San Juan de la esperiencia que da á los 
pueblos la práctica severa de las instituciones libres, sino que 
el partido dominante, exagerando su poder y su influencia, 
desplegó una política intransigente respecto del partido ven- 
cido, cuando estaba en sus intereses inaugurar una política 
conservadora que permitiese el ejercicio de todos los dere- 
chos dentro de la vida constitucional. 

El desborde de las pasiones políticas siguió su curso, y el 



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EL PAÍS DE CUYO 249 



Gobierno, en vez de adoptar una marcha de conciliación en 
armonía con el progreso social y administrativo, incurría en 
la imprevisión de ser intolerante con el partido que, bajo el 
antiguo sistema, había hecho siempre odiosas exclusiones, y 
contra el que parecía se trataba de tomar el desquite por el 
nuevo gobierno y su partido. Este pecado político, á la 
manera de los pecados capitales de la moral cristiana, debía 
ser el origen de otros cometidos por el desquicio, ensangren- 
tando el suelo de la Provincia. 

El General Benavides, á quien el Gobierno y los suyos 
miraban con recelosa prevención, era la cabeza del partido 
federal caído, y se pretendía por los hombres de la situación, 
que aquél no solo era una remora á la marcha política y ad- 
ministrativa del Gobierno, sino que llegaba hasta conspirar 
contra el nuevo orden de cosas establecido, suposición no 
comprobada aun (1872), y que en lugar de inspirar al Gobier- 
no y su partido medidas de previsión y concordia, lo lanzaban 
imprudente á provocar el mal, cuya existencia apenas se 
sospechaba. 

Llegó la época de las elecciones y con éstas las dificultades 
creadas por un partidismo escitado por las recíprocas resis- 
tencias y provocaciones en todo momento. 

Se habló de nuevas convulsiones que trataba de producir 
el partido de Benavides; de conatos de asonada contra el or- 
den público y autoridades constituidas, etc., etc., y pronto se 
trató de aprehender al General, que se decía causa de estos 
males y crímenes en perspestiva. 

El 19 de Setiembre del año 58, encontrándose Benavides 
en un reñidero de gallos, fué tomado preso y conducido á la 
cárcel por la fuerza pública, asegurándose inmediatamente 
su persona con una pesada barra de grillos, sometiéndosele en 
seguida á juicio criminal ante los tribunales de la provincia 
por conspiración, intento de asonadas y perturbador del or- 
den público. 

Se hablaba de un gran armamento escondido en su viña, 
prevalido de ser el jefe de la Circunscripción Militar del 
Oeste; de los trabajos de conspiración que hacía de acuer- 



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250 EL PAÍS DE CUYO 



do con su partido y de las connivencias revolucionarias con 
el General Peñaloza, Coronel Videla de Mendoza y Gobierno 
de esa Provincia. 

Estos sucesos, que pronto se pusieron en conocimiento del 
Gobierno Nacional, provocaron una intervención confiada al 
Ministro de Guerra y Marina, General Don José Miguel Galán 
y Dr. Don Baldomero García l para que, representando á la 
Autoridad Nacional, se trasladase á San Juan para mantener 
incólume la Contitucion Nacional y facultades de sus autori- 
dades constituidas; reclamar la jurisdicción sobre las perso- 
nas y la persona misma de Benavides, quien, si fueren ciertos 
los cargos ó delitos que se le imputaban y habían dado origen 
á su prisión, debía ser requerido para presentarse ante el 
Gobierno Nacional y se recomendaba especialmente garantir 
la vida del General preso, que, según la familia de &te, se ha- 
llaba amenazado de muerte. 

La cuestión jurisdiccional sobre la persona de Benavides 
se había producido; el gobierno de San Juan le creía sujeto 
á los tribunales ordinarios por un delito común como el que 
se le imputaba, sin que pudiera aceptarse la odiosa excepción 
de hacer valer el fuero militar por el carácter de la persona, 
contra el fuero del delito que le subordinaba á la justicia or- 
dinaria. 

El Gobierno de Mendoza intervenía oficialmente en San 
Juan en favor de Benavides, y este antecedente, unido á otras 
circunstancias que omitimos, hizo decir mas tarde al de 
San Juan que aquél conspiró después para sacar de la pri- 
sión al reo. 

2. — La comisión interventora acababa de llegar á Men- 
doza, cuando se tuvo noticia de que los siniestros rumores 
de atentarse contra la vida de Benavides, ya del dominio pú- 
blico, se confirmaban, por la muerte del preso ocurrida el 23 
de Octubre, rodeada de "muchas circunstancias de horror y 



Decreto de 14 Octubre 1858. La Comisión salió de la ciudad del Paraná 
el dia 14, y el 24 llegaba á Mendoza. 



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EL PAÍS DE GOYO 251 



ferocidad, que la hacían extremadamente odiosa y la revestían 
de todas las apariencias de un asesinato oficial alevoso y 
premeditado l . 

La Comisión interventora, en nota fechada en Mendoza á 
26 de Octubre y dirigida al Ministro del Interior, refiere el 
hecho del modo siguiente: 

« » 

«De los testigos á quienes hemos examinado, uno formaba 
parte de la pequeña fuerza que tentó salvar al General. Era 
mandada por un ayudante apellidado Ycasati. La tentativa 
tuvo lugar en la madrugada del 23 del presente; la guardia 
de la cárcel se unió desde luego á los agresores, y trabó un 
tiroteo con la guardia, especialmente destinada á custodiar al 
General engrillado en los altos del mismo edificio. Durante 
la refriega, salió dos veces el General Benavides al balcón en 
ropa interior y cubierto con una capa, teniendo á su lado al 
oficial de guardia con sable desnudo, á persuadir á Ycasati 
que abandonase su intento. Seguía, sin embargo, el fuego. 
Ycasati había logrado ya ascender por la escalera y estaba 
casi á lo alto de ella, cuando oyó la voz de su General que 
le ordenaba por tercera vez que se retirase; entonces retroce- 
dió desanimado, y previno á los suyos que se dispersasen, 
como lo hicieron. 

«Según se deduce de las narraciones, dispersada la fuerza, 
y estando el General Benavides sentado en su cama, fué per- 
petrado el asesinato. El oficial de guardia, que le dio el pri- 
mer tiro pertenecía al segundo batallón de Guardias Nacio- 
nales y se llamaba Rafael González, era un negro panadero 
hijo de Córdoba; el segundo se lo dio el Comandante del mis- 
mo cuerpo, Domingo Rodríguez, que se había constituido en 

custodia oficiosa y permanente del General 

» 

El oficial Maximino Godoy, resultaba muerto por el centi- 
nela del calabozo, un tal Morales; y para corroborar esto, se 



1 En el uso de los medios violentos, ha dicho Writh, los federales de 
Rosas no han sido sino la exajeracion de los unitarios de Lavalle. — X. E, 



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252 EL PAÍS DE CUYO 



hacía referencia al parte pasado el dia 26 por el Jefe de Po- 
licía, Don Francisco T. Coll. Después corrieron otras versio- 
nes sobre la muerte misteriosa de este oficial. 

El Gobierno de San Juan contradijo los hechos como fal- 
sos y calumniosos, explicándolos como una sublevación pro- 
ducida por la guardia en inteligencia con los grupos que sor- 
prendieron el Cabildo para sacar á Benavides de su prisión. 

Era voz pública que cuando fué atacada la Guardia y des- 
pués de consumado el hecho, recién acudió al lugar del suce- 
so un piquete de fuerza armada del Cuartel de San Clemente: 
y los asaltantes Arias, Ycasati y Agüero, llegaron hasta el 
calabozo de Benavides, encontrando su cadáver engrillado y 
el del oficial Godoy con una fuerte contusión en la cerviz, 
tendido sobre las galerías. Frustrado el objeto del asalto, que 
era únicamente, según ellos, librar al General de una muerte 
segura, sustrayéndole de la prisión, aquéllos se retiraron y 
pusieron en dispersión. 

Este sangriento suceso, que al principio quedó envuelto en 
el misterio, prestándose á los mas variados comentarios, pudo 
escapar á la justicia humana que dejó impunes á los asesinos: 
pero el pueblo, desde el primer momento, señaló á sus auto- 
res y castigólos con el estigma que aun pesa sobre el deüto 
de Caín. 

Pudiéramos abundar en muchos otros interesantes detalles 
sobre tan ingrato asunto para el historiador imparcial; pero 
los hechos son recientes, algunos de sus actores están vivos, 
y lejos estamos de herir susceptibilidades con cargos tan in- 
famantes. 

La Comisión Interventora, que había sido aumentada con 
la persona del Ministro del Interior, Dr. Santiago Derqui, 
ordenó la movilización de fuerzas de San Luis y la Rioja y 
con las primeras, al mando del General Juan E. Pedernera T 
avanzó sobre San Juan y desde el Pocito, Departamento á 
cinco leguas de la ciudad, dictó un decreto (Diciembre 28), 
declarando el estado de sitio por cuarenta dias y asumiendo 
el gobierno de la provincia. 

El General Peüaloza, cumpliendo órdenes recibidas, de 



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EL PAÍS DE CUYO 253 



estar listo, ó quizás obedeciendo á órdenes reservadas, ocupó 
luego la población de Valle Fértil; y el 9 de Noviembre to- 
maba posesión del Departamento de Caucete con una fuerza 
de 300 hombres, empezando al dia siguiente á ser hostilizada 
por fuerzas sanjuaninas. 

La Comisión Interventora asumió el mando gubernativo el 
dia 28 del citado mes, y se contrajo al esclarecimiento del 
luctuoso suceso, que había consternado á todos, dando ello 
por resultado la prisión inmediata de los miembros del Go- 
bierno, que fueron remitidos al Paraná para su juzgamiento. 
El juicio no llegó á fallarse por haberse fugado uno de los 
presos, sobreseimiento de hecho ó abandono de la causa se- 
guida á los demás. 

En cuanto á la causa y móviles del suceso, unos ven en la 
muerte de Benavides la saciedad de una venganza personal 
y otros, los mas, un encubierto asesinato político al que no 
eran ajenos varios de los principales hombres de la situación. 
Nosotros, que estamos con la opinión de la mayoría, vemos 
en la muerte de Benavides la falta de aprovechamiento en 
los hombres de San Juan, de la lección que nos diera, en sus 
funestas consecuencias, el error cometido por Lavalle cuaren- 
ta años atrás. Esta vez como antes se creyó matar un parti- 
do en su cabeza visible, sin recordar que en política y sobre 
todo en San Juan, un hombre no es una idea, no es ni siquie- 
ra una bandera. Un hombre no es mas que el encargado por 
la comunidad ó el partido para dar á esa idea formas reales, 
y en tal caso, no es mas que uno de los tantos obreros ó en- 
cargados de desarrollar un plan que es la obra común. 

La muerte de Dorrego fué, en nuestro concepto, la causa 
mas poderosa de esa Federación que hizo temblar á los pue- 
blos. Del mismo modo, la muerte de Benavides fué el sacri- 
ficio inútil de un hombre, que estuvo muy lejos de ser un 
enemigo de su pueblo, aunque pudiera considerársele como 
una remora á su desarrollo y progreso. El falso diagnóstico 
de una enfermedad política, que solo la exajeracion de un 
partidismo inmoderado pudo revestir todos los caracteres de 
un mal incurable, indujo acaso al tremendo error de una am- 



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254 EL PAÍS DE CUYO 



putacion, cuyas consecuencias jamas aojaremos de lamentar. 

La lucha á muerte entre federales y unitarios se hizo mas 
tenaz, y las horribles hecatombes de 1861 y 1867, como las 
asoladoras montoneras del Chacho, Elizondo, Gutiérrez, etc., 
etc., no tienen sin duda otra causa que la odiosidad originada 
por el luctuoso acontecimiento que nos ocupa. 

Para ilustrar mas la opinión de los que después de noso- 
tros hayan de estudiar estos acontecimientos, y abonar los 
juicios sentados respecto del General Benavides como go- 
bernante de San Juan, creemos necesario hacer una ligera 
reseña biográfica del hombre que por tantos años llenó un 
papel elevado en los sucesos de Cuyo y especialmente de su 
Provincia. 

3. — Benavides nació en 1805 y murió á los 53 años de su 
edad. 

No tiene pergaminos que ofrecer á la posteridad, ni títulos 
universitarios que comprueben su saber, ni abolengos ilustres 
que sea necesario buscar entre los Adelantados del Nuevo 
Mundo. 

Era un verdadero oriundo de San Juan, con su sangre 
huarpe pura, y un buen corazón, aun reconocido por sus 
mismos enemigos políticos. Arriero en sus primeros años, en- 
tró al servicio militar en 1829 (Mayo 14) como alférez de 
caballería, á cuya profesión consagró toda su vida. 

Educado en los campamentos y campos de batalla, su 
oscura personalidad se destaca simpática de entre el humo de 
la pólvora y los transportes de la victoria que casi siempre le 
sonrió en sus campañas. 

Hombre sencillo y sin educación, adquirió en la vida pú- 
blica esa tintura del trato de gentes cultas, de sociedad, y su 
buen sentido y fina perspicacia hicieron pronto lo que restaba 
al hombre nacido para caudillo manso y salvaguardia de su 
pueblo en la tremenda época del terror. 

«Benavides, dice uno de sus enemigos, es un hombre frío; 
á eso debe San Juan el haber sido menos ajado que los otros 
pueblos. Tiene un excelente corazón, es tolerante, la envidia 



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EL PAlS DE CUYO 255 



hace poca mella en su espirita; es paciente y tenaz, no ha 
sido fusilado un solo hombre en San Juan por causas polí- 
ticas *. 

Su foja militar ilustrada por muchos hechos de bravura, no 
es menos lucida por que fuera en servicio de la tiranía, que 
si no de derecho, constituía de hecho la autoridad suprema y 
representativa de todos estos pueblos. 

Benavides combatió en Arroyo del Rosario, Saladillo de los 
Colorados, Saftogarta, Tulcum, Punta del Monte, Chacarilla, 
San Juan^ Rodeo del Medio, Arauco, Cuesta de Miranda, Los 
Manantiales, Bañados de Ilisca y Leoncito, y se halló en mu- 
chos otros combates de menor importancia como hechos de 
armas. 

Siempre fué generoso con el vencido, no habiendo derra- 
mado mas sangre que la demandada por la suprema necesidad 
de la salud y conservación de su ejército. (Ap., nota núm. 24). 

El actual Presidente de la Suprema Corte de Justicia Fe- 
deral, Dr. D. Salvador M. del Carril, en carta escrita de San- 
ta Fé en 30 de Enero de 1852, dirigida á Benavides, entre 
varias consideraciones que se refieren á él, se expresa así: 

«Amo y respecto con veneración la ilustración no común 
de V. E., nacida del seno del pueblo de mi Patria, criada por 
los propios esfuerzos de V. E., propiedad rica de mi país, 
una de las raras excepciones que los tiempos sanguinarios del 
horrible tirano era señalada con el dedo por los oprimidos y 
espectadores, como capaz de reconciliar á la humanidad con 
la Providencia. V. E., en aquella época infausta, estancó la 
sangre que había corrido á torrentes, y dio asilo generoso á 
los oprimidos sin amparo. » 

Nombrado en 1840 segundo General del Ejército Combi- 
nado de Cuyo, recibió en dicha campaña los honores de úni- 
co vencedor, arrancando al General Paz estos honrosos jui- 
cios sobre sus talentos militares: 

«Si la sorpresa y rendición de Acha hace honor á la capa- 



1 Sarmiento, «Recuerdos de Provincia» . 



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256 EL PAÍS DE CUYO 



cidad militar de Benavides, no lo merece su retirada y el 
haber dejado incorporar á Peñaloza, pasando por su flanco, 
para reunirse con el General La Madrid; se empalagó con el 
primer suceso y no supo sacar todo el partido que debía 
darle.» 1 

El Gobierno de Buenos Aires le expidió títulos de General 
de línea del Ejército de la Provincia 2 , el de Salta 3 , Tucuman 4 
San Juan 5 y Jujuy, grados de Brigadier, y el Gobierno Na- 
cional le acordó el de Brigadier General de los Ejércitos de 
la Confederación, en Febrero 24 de 1865. 

En su vida política y como gobernante de San Juan, se le 
ha hecho el obstinado cargo de no hacer nada en bien de su 
pueblo, cargo que deja de ser formal por ser apasionado. No 
debe culparse al hombre sino á su tiempo, como cuestión de 
atraso. Las rentas de la Provincia nunca pasaron en aque- 
llas épocas, de 35.000 $, y los gastos de administración era 
necesario subordinarlos al estado del Tesoro: las salidas corre- 
lativas á las entradas. 

Hoy (1872), el presupuesto de gastos asciende á mas de 
250.000 $, cifra que arroja un déficit sobre las rentas de la 
Provincia, que en último resultado el pueblo debe pagar con 
intereses, no obstante soportar ya un impuesto de ocho y una 
fracción de peso por habitante. 

El Gobierno de Benavides, por diez y seis años ha sido en 
la época de la tiranía la mejor salvaguardia de su pueblo; 
y mientras las demás provincias gemían y se desangraban 
bajo el látigo y puñal de los sicarios de Rosas, San Juan 
gozaba de esa tranquilidad posible en aquellos tiempos bajo 
el suave despotismo de Benavides. 

Nos hemos propuesto la verdad, por mas que esto pueda 
prestarse á interpretaciones antojadizas; y al concluir estos 



1 Memorias Postumas, tomo 8.°, pág. 128. 

2 Setiembre 24 de 1847. 

3 Julio 24 de 1842. 

4 Agosto 80 de 1812. 

* Nombrado Brigadier por ley de Octubre 14 de 1841. 



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EL PAlS DE CCYO 257 



juicios sobre la persona del general Benavides, diremos que, 
como hombre bien intencionado, honrado y de buen corazón, 
no se le ha hecho por sus comprovincianos la justicia debida, 
habiendo sido mas de una vez atrozmente calumniado por los 
que, juzgándole, escribieron á impulsos de la prevención y por 
los dictados de hondos resentimientos. Se empleó con él una 
severidad que jamás empleara ni para sus peorese nemigos; se 
le juzgó, en fin, con toda la pasión acumulada por los odios 
políticos y por la intolerancia que rechazarían como salvaje, 
si hubiera sido aplicada contra los mismos que le conde- 
naron. 

¡La sanción de los hombres es imperfecta como el hombre 
mismo ! 

Los honores postumos que se acordaron al desgraciado 
General, fueron los siguientes : 

Decreto de Diciembre 30 (1858), expedido por la Comi- 
sión Interventora, acordando honores fúnebres militares en 
los dias 13 y 14 de Enero y ordenando luto oficial para los 
empleados civiles y militares de la Nación y Provincia; y la 
erección de un mausoleo ordenado por ley de 7 de Noviembre 
del año 69 para perpetuar la memoria del finado General en 
el recuerdo de los hombres justos de su puebloT 

Esta vez, los hombres que juzgan á Benavides incurren 
en el exceso que antes hemos reprobado. La exajeracion que 
le condenaba como déspota, y la que hace su apología decre- 
tándole honores fúnebres extraordinarios, nos dan el término 
medio que la justicia exige del historiador imparcial. 

Benavides no es de los primeros hijos de su provincia, pero 
está muy lejos de pertenecer á la vulgaridad de los sanjua- 
ninos. 

El dia 14 de Enero del año 59, la Comisión Representati- 
va del Gobierno Nacional mandó á la viuda la siguiente carta 
de pésame : 



17 



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258 EL PAÍS DE CUYO 



« Á la Señora Doña Teles f ora Borrego de Benavides '. — El 
esposo á quien lloráis, Señora, es objeto de duelo en la Re- 
pública entera. 

« Todo corazón recto se había acostumbrado á respetar y 
querer el nombre del general Benavides; su falta deja en 
todos los ánimos un vacío entristecedor. 

« Las altas cualidades del general Benavides, muy lejos lo 
colocaban del fin que ha tenido. 

« El pronto movimiento con que el Gobierno Nacional acu- 
dió en protección del general Benavides, apenas vio sus dias 
amagados, y la profunda sensación que su muerte ha causado 
en la Confederación toda, os atestiguan, Señora, la elevada 
estimación que el pueblo y el gobierno argentino hacían de 
vuestro esposo. 

« Esta estimación era justa, la provincia de San Juan ha 
perdido su esclarecido timbre; las demás del Oeste, á su mejor 
garantía de orden, y la Nación, á un servidor sobre manera 
difícil de reemplazar. 

« Pero vuestro infortunio, Señora, y el de vuestros hijos es 
incomparable, inmenso es vuestro dolor. Mas, si el intenso 
pesar con que el Presidente de la República se une al duelo 
nacional; si la verdadera aflicción que sufre por la muerte 
del general Benavides; si tantos testimonios de condolencia 
alcanzan á endulzar vuestras lágrimas, aceptadlos, Señora, y 
permitidnos también ofreceros la doliente expresión con que 
respetuosamente os saludamos. — Santiago Derqui. — José 
Miguel Galán. — Baldomero Garda. 



1 Esta señora, tipo acabado de la bondad y resignación cristiana, fué 
después, como se dice vulgarmente, el paño de lágrimas del pueblo en las 
épocas mas tristes de la ensangrentada historia de la guerra civil. Su casa 
fué respetada por las hordas de Sáa, las montoneras del Chacho y la 
invasión de los revolucionarios de Mendoza en 1867 . 

No creemos que fuera la comunidad de ideas y de causa, porque Bena- 
vides reprimió siempre el pillaje y la matanza; era el tributo de respetos 
que hasta los malvados pagaban á la memoria del honrado y valiente 
General. 



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CAPITULO XVII. 

1. Gobierno de Virasoro. — Vejaciones. — Revolución contra Vi- 
rasoro y su trágico fin. 



Los acontecimientos que dejamos narrados en el capítulo 
auterior, dieron por resultado el Gobierno militar que se im- 
puso al pueblo sanjuanino por las autoridades nacionales. 

Un jefe correntino, Don José Antonio Virasoro, completa- 
mente extraño á la Provincia, es colocado á la cabeza del 
Gobierno de este pueblo, y tratado como pueblo conquistado. 
En tuero 24 de 1869, recibióse del Gobierno, como interino, 
naciéndose en seguida (1.° de Agosto) nombrar propietario 
por la Legislatura formada por sus parciales. 

Virasoro fué el tipo del mandón déspota y voluntarioso, y 
la fiereza que acaso no supo desplegar en el campo de bata- 
lla, la desplegó contra San Juan, que se vio arrancar hasta la 
última de sus regalías constitucionales, sin dejar tropelía ni 
vejación alguna por cometer para humillarlo. Virasoro se 
creyó destinado por la Providencia para vengar á Benavides 
y al partido federal, en aquel inocente pueblo que ninguna 
participación tuvo en los sucesos del año anterior. 

La primera obra del nuevo gobernante fué buscar un pro- 
testo para saciar su sed devoradora de riquezas. 

Bajo su administración se inició el empedrado público; á la 
sombra de esta mejora y necesidad de emprender y continuar 
este trabajo, única cosa que hizo durante su administración, 
comenzó por emitir bonos á la circulación por valor de vein- 
te y cinco mil pesos (Agosto 17 de 1859), y en Setiembre 14 
-del mismo año, por la suma de cincuenta y cinco mil, en series 
de cinco, diez, veinte y cincuenta pesos. 

Esta violenta medida de curso forzoso y empeño del cródi- 



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260 EL PAÍS DE CUYO 



to de la Provincia sin formas legales, comenzó á crearle re- 
sistencias que solo sirvieron para despertar sus pasiones de 

i mandón caprichoso. Cada obstáculo encontrado en su admi- 

nistración, suscitábale un nuevo capricho que la fuerza bruta 
debía hacer triunfar á despecho del pueblo y de la ley. 

k Los impuestos llegaron á ser tan onerosos como no lo ha- 

bían sido jamas; y sin embargo, los empleados de la adminis- 

p: tracion se quejaban de estar impagos por muchos meses; los 

ramos de rentas fiscales fueron rematados por sus deudos 
sin las formas y garantías exigidas por la ley, y era voz pú- 
blica que él mismo hacía el abasto de la guarnición. 

Pronto se hizo afincado por arrendamiento y los individuos 
movilizados de la guardia nacional pasaron á ser peones de 
su finca. 

Se le acusó de explotar minas por intermedio de los suyos 
contra la prohibición de la ley; de cobrar impuestos que aun 

' no estaban creados (serenos) y de muchas otras tropelías«que 

* sería largo enumerar. 

5 Pronto se puso en pugna con los poderes públicos, y en 

* Julio del año 69 destituyó á la Cámara de Justicia; en Octu- 
bre expulsó del seno de la Legislatura á siete representantes, 
que pretendían cruzar sus planes de absorción y enriqueci- 
miento. Enseguida se hizo aumentar el sueldo y por mucho 
tiempo funcionó sin un ministro que legalizase sus actos. 

¡Tanta humillación apenas era concebible! 

La indignación del pueblo, cuyos sordos rumores se hicie- 
ron pronto sentir, debieron tocar su ánimo; pero no se crea 
que para retroceder en su obra de desquicio y despotismo T 
¡no! el descontento popular le hizo previsor y creó una 
compañía de serenos encargados de vigilar hasta los ciudada- 
nos mas inofensivos (Abril 1859); y desde entonces conservó 
en su casa y á su servicio una guardia de confianza, que el 
pueblo conocía con el nombre de los correntinos. 

El gobierno elector, ese azote tremendo en la vida de los 
pueblos regidos por el sistema representativo, apareció en 
San Juan con todo el cinismo y descaro imaginables. Virasoro 
restringió el libre sufragio y mandó votar la fuerza armada 



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EL PAÍS DE CUYO 261 



•Gon sus oficiales á la cabeza, consiguiendo así hacerse elegir 
Gobernador propietario contra la voluntad popular que le 
odiaba y comenzaba á prepararse para una lucha á muerte 
{Agosto I. de 18Ó0). 

Las elecciones nacionales llevaron el escándalo más lejos 
aun, y entonces la Provincia de San Juan ofrecía el estraño ó 
incomprensible ejemplo de hacerse representar (según el re- 
sultado de las elecciones), ante la Convención Nacional por 
hombres extraños, no conocidos en aquel pueblo, ni por el 
apellido, los que á su vez solo habían oido el nombre de San 
Juan l . Este hecho, que despertó escrúpulos aun en los mis- 
mos electos, pues el señor Alvarez Condarco renunció, no 
podía tolerarse; pero las reclamaciones y quejas contra tama- 
ños desmanes, no produjeron resultado favorable alguno y 
sí, algunas prisiones por desacato á las autoridades. 

Como era de esperarse de esta farsáica elecciou, que fué 
protestada por el pueblo sanjuanino, el Congreso rechazó la 
representación de San Juan, y Virasoro se enfureció contra 
los autores de las protestas ó informes remitidos al mas alto 
Poder del país. Hizo sancionar por la Legislatura una protes- 
ta por el rechazo de los diputados, que en Noviembre fué 
remitida á la Convención reunida en Santa Fé. 

El triunfo de la justicia y moral cívica, que el pueblo 
acababa de obtener contra su tirano, provocó un voto de gra- 
cias á la Convención que fué suscrito por numerosos ciudada- 
nos. Este documento, que había de servir de cabeza de proceso 
á muchos patriotas y ser el origen de numerosas prisiones y 
destierros, es como sigue: 

«En medio de los transportes de regocijo y de esperanzas 
que inspira al pueblo argentino el grandioso desenlace de la 
cuestión de integridad nacional, los infrascritos, ciudadanos de 
San Juan, bendicen al Tcdo-Poderoso y envían á la Con- 
vención Nacional ad-hoc el mas ferviente voto de gracias, 



1 Los electos para senadores fueron el General Don Tomás Guido y Don 
Federico de la Barra; y para diputados, los señores Don Pedro Virasoroi 
hermano del Gobernador y Don J. A. Alvarez Condarco. 



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á 



262 EL PAÍS DE CUYO 

por la justicia hecha de no admitir en su seno, como repre- 
sentantes del pueblo de San Juan, á Diputados que no han 
sido nombrados por él. San Juan, en la triste condición de 
pueblo conquistado hace dos años, que no tiene mas libertad 
ni ejerce otros derechos, que los que el gobernante impuesto 
tiene á bien concederle. La justicia ha empezado. . . . Gra- 
cias! Padres de la Patria. Gracias ....!» 

Virasoro decretó nuevas prisiones contra los que habían 
suscrito este documento; y el honorable Dr. Don Antonino 
Aberastain fué encarcelado con muchos otros (Octubre 25) 
y enseguida violentamente lanzado al destierro sin forma de 
juicio ni orden de autoridad competente. 

El gobierno de Virasoro recurrió á medidas de terror; las 
cárceles se llenaron de ciudadanos, y aun de señoras, lo que 
hacía decir con mucha gracia á *E1 Imparcial», de Córdoba: 
«La parte mas poblada del territorio sanjuanino, no es su 
capital como pudiera creerse, es su cárcel.» x 

Todos eran vejados sin misericordia por los hombres de la 
situación, y algunos recibieron latigazos en las plazas pú- 
blicas y en pleno dia por los jefes que Virasoro tenía á su lado 
para sosten y resguardo de su importante personalidad. 

Las quejas elevadas por el pueblo ante la autoridad nacio- 
nal, parecían no surtir efecto alguno, antes sí, encolerizar 
mas al correntino déspota, que hacía elogiar su administración 
y desmentir todas las reclamaciones hechas por el periódico 
oficial «El Iris», redactado por un Marco Antonio Lloverás, 
digno representante de la causa que defendía. 

Los rumores de revolución comenzaron á tomar cuerpo, y 
Virasoro, que no fué el último en saberlo, en vez de mirar en 
tan alarmantes noticias un correctivo á sus arbitrariedades, 
conociendo la decidida actitud hostil del pueblo, siguió ade- 
lante en su obra de desquicio y vejaciones. 

En Abril 16 de 1860, so pretesto de una revolución que se 
decía haría un coronel Ríos, llevó á su casa habitación una 
guardia de 15 hombres é hizo de su morada un verdadero 
parque de armas. 

1 «El Imparcial» de 2S de Junio de 18(50. 



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EL PAÍS DE CUYO 263 



El Gobernador Virasoro estaba enceguecido en el poder, 
y confiado en la humillación completa á que había reducido 
al pueblo. 

Parece que Dios, en sus insondables designios, ciega á los 
malos que no ven el abismo abierto por ellos mismos á sus 
pies, y en el que se han de despeñar en castigo de sus mal- 
dades y en medio de las maldiciones de los oprimidos. 

Dios, sin destruir su grandioso atributo de misericordia, 
deja en los desbordes de la libertad el instrumento de su di- 
vina justicia. 

Virasoro iba á ser castigado, y su castigo la causa de una 
sangrienta revancha que un partido político tomaba sobre 
otro partido. 

En la mañana del 16 de Noviembre, Virasoro recibía nue- 
vo anuncio de una revolución próxima á estallar; inmediata- 
mente sale de su casa, recorre los cuarteles, imparte órdenes, 
hace vigilar las calles y casas de los sospechosos, pero nada vé, 
nada oye, nada siente. Vuelve tranquilo al seno de los suyos 
y principia el almuerzo que no había de concluir. 

El pueblo estaba desde la noche anterior acantonado en las 
casas contiguas á la de Virasoro. 

A las ocho en punto de la mañana, se siente el sordo ru- 
mor de uua pueblada que rodea la casa del Gobernador, y que 
á gritos demanda su renuncia inmediata; algunos disparos 
de armas de fuego se sienten en la calle, y esto basta para que 
Virasoro y los suyos vean en aquel repentino movimiento 
una amenaza sangrienta contra sus personas; corren, toman 
sus armas, prevenidos como estaban, y rompen un vivísimo 
fuego contra el pueblo asaltante. 

Grupos de hombres asoman por los fondos escalando las 
murallas; y mientras por las puertas y ventanas se cruzan los 
disparos de armas de fuego, un nuevo tiroteo se siente en el 
interior de la casa. 

Este recibimiento á balazos produjo el efecto que debía 
esperarse; se traba una lucha encarnizada; Don Pedro Viraso- 
ro, hermano del Gobernador, muere matando; el mayor Don 
Tomás Hayes, N. Rollin y tres soldados que se presentan á 
la pelea, mueren también como unos desesperados. 



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264 EL PAÍS DE CUYO 



En medio de aquel cuadro de horror en que se ve á los 
hombres como fieras luchando á brazo partido; las mujeres 
que, sobrecogidas de espanto huyen sin dirección lanzando 
ayes y gritos de dolor, se presenta Virasoro ante la masa de 
pueblo que llena el patio de la casa, con un hijo suyo en los 
brazos que le sirve de escudo, pidiendo se le perdone la vida 
y protestando abandonar el Gobierno y la Provincia. 

Semejante cuadro, capaz de conmover á una fiera, produce 
su efecto; las hostilidades se suspenden en aquel pequeño 
teatro de la lucha, pero cuando uno de los cabecillas del 
asalto se aproxima para sentar las bases de arreglo, un ataque 
alevoso le convence de que nada debía esperarse de aquellas 
gentes. Uno de los parciales de Virasoro descarga traidora- 
mente sus armas sobre los asaltantes que le rodeaban, y 
esta es la nueva señal de una lucha que recomienza con mayor 
fiereza y encarnizamiento, concluyendo por la muerte de Vi- 
rasoro y demás jefes y soldados que le rodean, con excepción 
de los que, huyendo de la catástrofe, consignen ponerse en 
salvo. 

El niño, por cuya intercesión hubo de conseguir el padre 
escapar de las iras populares que su indiscresion y despotis- 
mo habían provocado, escapa de la muerte de un modo pro- 
videncial, sin que ni su traje sacase la menor lesión. 

A la media hora todo había pasado, con pérdida de tres 
hombres muertos y seis heridos por parte de los invasores. 

La revolución había sido encabezada por Don Pedro No- 
lazco Cobos, chileno de nacionalidad, y él con los comandan- 
tes David Agüero y Marcelino Quiroga había traído el ata- 
que á la casa del Gobernador, al mismo tiempo que el cuartel 
de San Clemente era tomado por una fracción de pueblo, 
al mando de Don Carmen Navarro y los comandantes de mili- 
cias Núñez y Domínguez con sus grupos asaltaban y ren- 
dían la guardia de Cabildo. 

El pueblo, desesperado de su situación y viéndose despo- 
tizado como ninguno otro lo había sido ni en 1840; conven- 
cido de que sus reclamaciones ante la autoridad nacional no 
hallaban eco, y que las quejas, ruegos y por fin amenazas á 



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EL PAlS DE CUYO 265 



Virasoro daban un resultado negativo, acababa de hacerse 
justicia: remedio desesperante puesto al alcance del pueblo 
para volver contra sus mandones alzados y en defensa de 
sus libertades y garantías arrebatadas ó suprimidas. 

¡Ay de los tiranos, cuando los pueblos que vejaron y 
oprimieron llegan á salir de ese enervamiento á que los re- 
dujera el despotismo! 

Por acta popular de Noviembre 17, el pueblo reunido en 
la plaza principal de San Juan, asumía la responsabilidad del 
movimiento popular en que solo había tomado parte una 
pequeña fracción de él, y por medio de esta especie de plebis- 
cito, nombró gobernador interino á Don Francisco T. Coll 
por el sufragio de trescientos diez y nueve ciudadanos. 

El mismo dia que en San Juan tenían lugar estos sucesos, 
en la Concepción del Uruguay se escribía por los tres gran- 
des hombres dó la situación, Mitre, Urquiza, Derqui, el docu- 
mento que registramos en el Apéndice, que no solo viene 
á justificar los sucesos del 16, sino que, recibido en tiempo, 
pudo evitar á Virasoro y los suyos el trágico fin que tuvie- 
ron y al pueblo, el hacerse justicia por su propia mano. (Ap., 
Nota núm. 25). 

Esta severa lección, que los hombres constituidos en auto- 
ridad no debieran olvidar, recordando que no son mas que 
simples mandatarios del pueblo, por desgracia no había de 
ser la última en la pobre San Juan, que mientras mas celosa 
es por su soberanía y dignidad, parece mas perseguida por 
los gobernantes improvisados, voluntariosos y soberbios. 

Estos luctuosos acontecimientos, que ante la Autoridad 
Nacional fueron pintados con los mas subidos colores, die- 
ron origen á una intervención nacional armada, decretada en 
26 de Noviembre del mismo año, la que, para colmo de males, 
fué confiada al Coronel Sáa, Gobernador de San Luis, cuyo 
retrato está hecho en estas breves palabras de Santiago Ar- 
cos. — «El gobernador de San Luis era mas que un federal: 
era un salvaje». 



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á 



capitulo xvni. 

El Dr. Don Antonino Aberastain. — Invasión á San Juan por el 
Comisionado Sáa. — 2. Matanza en la Rinconada del Pocito. 
— Terremoto en Mendoza. — 3. Actitud noble de Buenos Ai- 
res ante las matanzas de la Rinconada. — Protesta del Gobier- 
no de Buenos Aires. — 4. Batalla de Pavón — 5. Subleva- 
ción de un contingente militar en Las Lagunas. 



1. — La interinidad del gobierno, desempeñada por Don 
Francisco T. Coll, cesó en 9 de Diciembre del año 1860 por 
elección de Gobernador propietario, recaída en la persona del 
Dr. Don Antonino Aberastain, que se recibió del mando el 
dia 29. 

La cansa de no haberse recibido el electo inmediatamente 
de la elección, es la siguiente: 

El comisionado del Gobierno Nacional, Sáa, en nota fecha- 
da en San Luis el 7 del mismo mes, y dirigida al Gobernador 
Interino de San Juan, decía que, comisionado por el Gobier- 
no de la Nación para restituir en la Provincia el orden alte- 
rado por los sucesos del 16 de Noviembre, no dudaba que el 
de San Juan, acatando la resolución del Gobierno Nacional, 
reconocería la misión de que había sido investido, «suspen- 
diendo entretanto V. E. todo procedimiento que pueda alte- 
rar el estado de cosas en San Juan con respecto á su organi- 
zación interior.» 

La Legislatura resolvió, en vista de la nota del comisiona- 
do, suspender la recepción del Gobernador electo; pero el 
curso de los sucesos que comenzaban á desarrollarse bajo ca- 
racteres muy alarmantes, la actitud ya decidida del Comisio- 
nado para intervenir militarmente, la conducta insidiosa del 
Gobernador Nazar de Mendoza que se complacía en atizar el 



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EL PAÍ8 DE OUYO 267 



fuego de la discordia, y en fin, las irregularidades cometidas 
por el Comisionado, qne sin derechos asociaba á su misión 
como secretarios á hombres como Marín y Rodríguez, que no 
estaban libres de las pasiones desenfrenadas de un partidis- 
mo ciego en que les había iniciado el Gobernador Nazar, etc., 
etc., todas estas cosas, repetimos, convencieron al pueblo 
sanjuanino, que la misión Sáa estaba falseada y que desde 
entonces debía mirársele, no como un comisionado que ex- 
tralimita las facultades de su investidura, sino como un intru- 
so que, haciéndose el eco de sentimientos odiosos, producía el 
caso de guerra civil por la injustificada invasión proyectada 
sobre la Provincia. 

En vista de estas consideraciones, la Legislatura de San 
Juan resolvió el dia 29 de Diciembre, derogar el decreto del 
dia 11 y recibir en la sesión del mismo dia al Gobernador 
electo, Dr. Antonino Aberastain. 

Este honrado ciudadano, á quien la Provincia acababa de 
confiar sus destinos, venía precedido de una alta reputación 
de probidad é inteligencia. Abogado, recibido en Buenos Ai- 
res en 1836, había desempeñado el Juzgado de Alzadas en 
lósanos 1836 y 1837 y sido electo por su Provincia para re- 
presentarla ante el Congreso Nacional como diputado en 1852. 

Dotado de una clara inteligencia y con una ilustración 
poco común, cualidades que, unidas á la rectitud y energía de 
su carácter, hacían de él una de las personalidades mas cul- 
minantes de su Provincia. Desempeñó muchos otros puestos 
públicos hasta que, huyendo de la tiranía de Rosas, como tan- 
tos argentinos que prefirieron la expatriación á las cadenas 
de la esclavitud, emigró á Chile (Atacama), donde le hemos 
conocido como el mas acabado modelo de labor y honora- 
bilidad. 

Buenos Aires, que estaba ya incorporada á los demás pue- 
blos de la Confederación, y que por el tratado de 11 de No- 
viembre en San José de Flores entraba á tomar una parte 
muy activa en la política general, no solo miraba con desa- 
grado el giro que ésta tomaba bajo la directa influencia del 
Gobierno de la Confederación, sino que influía especialmente 



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268 EL PAlS DE CUYO 



en San Juan para que los verdaderos intereses de unión, li- 
bertad y prosperidad de los pueblos, se afianzasen contra la 
desacertada política del Gobierno del Paraná. 

Aberastain era en el Gobierno de San Juan en 1859, lo que 
Carril había sido en 1825, el eco fiel de la política de Buenos 
Aires y su esforzado propagandista en el Interior. Su carác- 
ter enérgico, su fe profunda en la situación política y justicia 
de la causa que la había producido, queda retratada en las 
siguientes breves palabras dirigidas al pueblo al recibirse del 
Gobierno: 

«Si no puedo ofreceros seguridad de acierto en mi admi- 
nistración, puedo sí consagrar y consagraré, os lo juro con 
las mismas veras de mi juramento de ayer, todos mis esfuer- 
zos, mi sangre, mi vida, al sosten de las libertades conquista- 
das el 16 de Noviembre último; á la defensa de los derechos 
del pueblo de San Juan contra cualquiera agresión; al man- 
tenimiento de la dignidad de pueblo libre y democrático, que 
corresponde á San Juan.» 

En esta situación de mutuas desconfianzas para los dos 
grandes partidos, unitario y federal, que recíprocamente se 
acechaban y buscaban el predominio del uno sobre el otro, 
tuvo lugar la intervención decretada en 25 de Noviem- 
bre de 1860 y que, lo repetimos, para colmo de males, se ha- 
bía confiado á la ineptitud del Gobernador de San Luis, Co- 
ronel Juan Sáa. 

Las instrucciones dadas al interventor pueden reasumirse 
en estas pocas palabras: — 

Si la Provincia de San Juan se hallase en el pleno goce de 
sus derechos y garantías, debía apoyar sus decisiones hasta 
el completo restablecimiento del orden y tranquilidad públi- 
ca; y en caso contrario, podía hacer uso de la fuerza para lo 
que estaba autorizado á movilizar las milicias de Mendoza y 
Catamarca, si la extremidad de las circunstancias así lo 
exigieran. 

El decreto que le confería tan delicada misión, le asoció en 
el carácter de secretario á Don José M. de la Fuente. Los Co- 
roneles Conesa y Paunero vinieron en su compañía para po- 



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EL PAÍS DE CUYO 269 



nerse al frente de las fuerzas, que en extremo caso de necesi- 
dad debían operar sobre San Juan. 

El interventor nacional llegó á Mendoza el dia 15 de Di- 
ciembre, y desde allí entabló negociaciones con el Gobierno 
de San Juan, de las que resultó hallarse esta provincia en 
estado de paz y completa tranquilidad, y las autoridades en 
ejercicio de sus facultades legales con aplauso de todo el 
pueblo. 

El dia 14 había salido de San Juan una comisión compues- 
ta de los Señores Ruperto Godoy, Carril, Santiago Cortínez y 
A. Bravard para que hiciera al comisionado Sáa una rela- 
ción exacta del estado pacífico y próspero en que quedaba la 
Provincia. 

Las explicaciones dadas por los comisionados no disiparon 
las dudas ni el espíritu prevenido del interventor, debiendo 
atribuirse esta conducta á su antigua aversión al partido 
liberal dominante en San Juan. El Gobernador de Mendoza, 
Laureano Nazar, federal exaltado, interesado también por su 
parte en destruir la actualidad de la Provincia, influyó efi- 
cazmente en el ánimo del Coronel Sáa para llevar adelante 
sus planes de terror y conquista á que, en sus criminales 
designios, estaba condenada la desgraciada San Juan en la 
confabulación de sangre y degüello formada de antemano 
por estos dos jefes de la Federación. 

El secretario, de la Fuente, apercibido del crimen que se 
meditaba, presentó su renuncia en Diciembre 24 é igual cosa 
hicieron el mismo dia los coroneles Conesa y Paunero, pro- 
testando así contra la violenta invasión que pronto debían 
realizar aquellos bárbaros. Hombres de honor y dignidad, 
regresaron al litoral, no queriendo autorizar ni con su pre- 
sencia los hechos previstos, conociendo al interventor que 
tantos años había capitaneado las hordas salvajes y dado ma- 
lones sobre las poblaciones cristianas. Este, por su parte, 
aceptó las renuncias; y sin autoridad, según se vé de las cláu- 
sulas de su nombramiento para intervenir en San Juan, 
nombró secretarios de su propia cuenta (Diciembre 25) á 
Don Nicasio Marín, Ministro del Gobierno de Mendoza, y á 



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4 



270 EL PAÍS DE CUYO 



Don José Elias Rodríguez, juez de Letras de San Luis, traídos 
en su compañía. Mientras tanto, había impartido órdenes á 
San Luis para movilizar 700 hombres de caballería al mando 
de su hermano Don Felipe, y el Gobierno de Mendoza ponía 
á sus órdenes un escuadrón de caballería de mas de 100 
hombres, un batallón de infantería de 400 plazas, que marchó 
al mando de un Juan C. Martínez, y tres piezas de artillería 
con su dotación correspondiente. 

El Gobierno de San Juan, que veía en aquella trama si- 
niestra de Sáa y Nazar, el manifiesto propósito de llevar una 
vandálica invasión á su Provincia, por un acto de buena vo- 
luntad, mas bien la miró como un caso de guerra civil que 
como una intentona de pillaje y de saqueo. 

En su consecuencia, de acuerdo con los artículos 109 de la 
Constitución Nacional y 20 de la Provincial, se preparó á re- 
chazar la invasión que amenazaba á San Juan. (Ap., nota 
núm. 26). 

Por ley de 30 de Diciembre, la Legislatura autorizó al Go- 
bierno para poner la Provincia en estado de defensa, y se 
acordó dar cuenta al Gobierno Nacional, denunciándole los 
actos de hostilidad del Interventor. 

El dia 31 de Diciembre se declaró la Provincia en asam- 
blea; se crearon los batallones de ciudad e Union Nacional», 
«Libertad», «Constitución» y «25 de Mayo» 1 , dos compañías 
de extramuros de la misma arma y regimiento de caballería de 
los Departamentos. Las maestranzas trabajaron día y noche, 
y por fin el dia 6 de Enero (1861) pudieron salir de la ciudad 
1.200 hombres con tres piezas de artillería que se acamparon 
en la Rinconada del Pocito y principiaron á ejecutar algunas 
obras defensivas que se redujeron, en su mayor parte, á fosos 
é inundaciones del campo. 

En los días anteriores, el Gobierno había mandado al Li- 



! El campo de la Hinconada donde estuvo este batallón, formado de ar- 
tesanos, se halla hoy transformado en valiosas fincas. Fué mandado por 
su jefe Don Lisandro Sánchez, el héroe del Boquerón en la guerra del Pa- 
raguay. — X. E. 



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EL PAÍS DE CUYO 271 



terventor Nacional muchas notas, conminándole en nombre 
de la ley, á renunciar al plan de invasión, y ofreciéndole las 
garantías necesarias, siempre que se retrajese de los informa- 
les procedimientos llevados adelante, y sujetase la solución 
pacífica de las cuestiones pendientes á la resolución del Go- 
bierno Nacional. 

El Comisionado había ya resuelto el sacrificio de un pue- 
blo entero, y nada hubo que le detuviese en su obra de des- 
trucción. 

Ei dia 7 de Enero se puso en marcha desde Mendoza con 
1,500 hombres y el 9 llegaba á Huanacache, desde donde dic- 
tó un decreto con estas disposiciones: 

«Art. 1.° Queda reasumido el mando gubernativo de la 
Provincia de San Juan, en el Comisionado del Exmo. Gobier- 
no Nacional. 

Art. 2.° Las fuerzas que están en armas en la Provincia 
se pondrán á las órdenes del Comisionado en el término pe- 
rentorio de tres horas, de comunicado este decreto. 

Art. 3.° Declárase en estado de sitio el territorio de la 
Provincia de San Juan por el término de cuarenta días, » 

Vencido el plazo de aquella perentoria intimación, las 
fuerzas de San Luis y Mendoza, al mando del Comisionado, 
se movieron de Huanacache el dia 10, y el 11 á las ocho de 
la mañana se avistaron y dispusieron al combate los dos pe- 
queños ejércitos. 

2. — La lucha se trabó enseguida, como era consiguiente, 
y la caballería sanjuanina huyó á los primeros amagos, de- 
jando solo á su pundonoroso jefe Coronel D. Pablo Videla, 
que se plegó á la infantería. 

Quedaban combatiendo 700 hombres de San Juan contra 
mas de 1.500 de que constaba el ejército de la Interven* i un. 

Se hicieron proezas de valor por parte de los asaltados, que 
materialmente se vieron rodeados por el enemigo tres veces 
mayor en número. Los cañoncitos se desmontaron á loa 
primeros disparos y desde entonces la lucha se hizo impo- 
sible. 



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272 EL PAÍS DE CUYO 



Comenzó entonces la obra de degüello y de la mas estu- 
penda barbarie de que se tenga noticia contra los vencidos, 
la cual duró por mas de tres horas. 

El demonio del asesinato debió sonreír de satisfacción ante 
aquella carnicería espantosa. Sobre el campo de la matan- 
za, y el mismo dia que ésta había tenido lugar, Sáa escribía 
al Ministro del Interior: t Tres horas de reñido combate han 
cambiado la situación de San Juan y restituido el orden é 
instituciones legales, vengaudo al mismo tiempo la moral 
pública altamente ultrajada». 

Efectivamente, cuatrocientos rendidos y prisioneros, la flor 
de la juventud sanjuanina, murieron en aquella terrible jor- 
nada á lanza seca, según las palabras del Comisionado, sin 
que de las fuerzas de éste pereciese mas que el Teniente 
Tibürcio Lucero, y heridos el capitán Carlos Larravide y mu- 
chos individuos de tropa l . 

El venerable anciano, Coronel D. Pablo Videla, fué dego- 
llado, y los demás jefes, oficiales y aun soldados de la infan- 
tería, casi todos corrieron la misma suerte. El mismo Abe- 
rastain fué fusilado al dia siguiente en las calles del Pocito, 
después del martirio de andar á pié varias leguas, bajo los 
rayos de un sol abrasador, por sobre pedregales y entre la 
befa y escarnio de los verdugos que le conducían á su cal- 
vario*. 

La prensa toda de la República condenó estos salvajes ase- 
sinatos, y los nombres de aquellos verdugos del pueblo de 
San Juan, los dio á la publicidad para execración de sí mis- 
mos, del partido á que pertenecían y del inicuo gobierno que 
autorizó y aprobó aquellas horribles hecatombes. 

Todos los pueblos de la República unieron su voz para 
condenar esos actos de salvajismo ejecutados en nombre de 
la Nación, con las armas nacionales confiadas á un bárbaro. 



1 Parte del dia 12 del Jefe de Estado Mayor, Carmen José Domínguez, 
al Comisionado Sáa; pág. 91 del informe en folleto pasado por Sáa desde 
San Luis al Ministro del Interior en Marzo 25 del año 1861. 

1 El asesino inmediato de Aberastain fué Francisco Clavero, cayo pro- 
ceso original conocemos. — *V. E. 



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EL PAlS DE CUYO 273 



La indignación general que tales hechos de sangre y ex- 
terminio produjeron en toda la República, tuvieron por con- 
consecuencia inmediata la batalla de Pavón, donde el partido 
del crimen debía ser escarmentado, y lanzado fuera de la 
Patria el autor de tantas desgracias 1 . Solo el Gobierno de 
Mendoza, tan criminal como el mismo Sáa, hacía dar á éste, 
por la Legislatura, un voto de gracias, en sesión de 26 de 
Febrero. 

Las afinidades del crimen unen siempre á los malvados. 

Aberastain, el honrado y generoso gobernante, que al 
frente de las fuerzas sanjuaninas acababa de regar con su 
sangre el suelo de su Provincia, debía ser el genio benéfico, 
que, inspirando á los hombres de su partido y á los pueblos 
de la Confederación, debían realizar pronto la obra de la se- 
gunda regeneración política de la República. 

El ilustre mártir de la Rinconada dejaba á su familia la he- 
rencia de sus virtudes cívicas, un nombre inmaculado con 
que ha pasado á la historia y ala posteridad 8 . 

El dia 12 de Enero entró Juan Sáa en la ciudad de San 
Juan con sus hordas embriagadas por un fácil triunfo, sem- 
brando el terror y la muerte por todas partes. 

En posesión del Poder Ejecutivo de la Provincia, por de- 
creto del dia 15, repuso la Legislatura y funcionarios judi- 
ciales, que habían cesado por la revolución de Noviembre y 
ordenó la persecución y enjuiciamiento de los que habían to- 
mado una parte activa en la revolución de Virasoro, y no 
habían caído aun bajo el puñal de los cobardes verdugos. En- 



1 Derqui huyó á Montevideo después de Pavón. 

1 El Congreso Nacional, para honrar la memoria de tan esclarecido pa- 
triota, acordó, en sesión de Setiembre 28 del año 1863, una pensión gra- 
ciable de cien pesos fuertes mensuales a su familia. 

La Legislatura de San Juan votó una cantidad de dinero para la erec- 
ción de un monumento en el mismo local donde fué fusilado, donde se in- 
moló la pobrisima creencia de la autonomía de las Provincias. 

La Comisión la componían los señores José Pedro Cortinez, Dr. Nar- 
ciso Laprida y José Ignacio de la Roza, como Presidente. 

Cedió el terreno generosamente el Sr. Luis H. Flores y el monumento 
fué proyectado por el ingeniero Ancellotti.— X E. 

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274 EL PAÍS DE CUYO 



segnida 7 la nueva Legislatura declaró asesinatos alevosos la 
muerte de Virasoro y sus secuaces (Enero 31). 

El estado inconcebible de San Juan bajo la horrible pre- 
sión del terror, robos y violencias de todo género, se prolon- 
gó por cuarenta dias, iguales á cuarenta años de agonía para 
este pueblo, hasta que para burla y escarnio de San Juan, 
nombróse Gobernador el dia 20 de Febrero á un pobre hom- 
bre, Filomeno Valenzuela, que también había venido con su 
gente, desalojando la ciudad el dia 22. 

Los crímenes perpetrados por aquellos demonios del pilla- 
je fué tal, que se llevaron hasta pianos, no siendo raro des- 
pués hallarlos en un desmantelado rancho de la campaña de 
San Luis. Cuéntase de un señor de San Juan, que viajando 
algunos años después al Rosario, vio en un rancho su retrato 
alumbrado por dos velas. Aquellas pobres gentes habían to- 
mado el retrato por la imagen de algún santo milagroso que 
ellos no conocían. 

La farsa de nuevo Gobierno duró solo 8 dias. El 1.° de 
Marzo, cuando aun no había llegado á San Luis el Interven- 
tor Nacional con su gente, los Coroneles Díaz y Eíos depu- 
sieron á Valenzuela sin aparato de fuerza alguna, y sin ma¿ 
que tomarle del brazo é intimarle su renuncia, lo que el hom- 
bre hizo al momento poseído de un miedo cerval. 

El partido federal ó sus hombres en San Juan, no se con- 
tentaban con echar suertes sobre la tánica ensangrentada de 
este pueblo mártir inmolado en la Rinconada, sino que se 
arrebataron sus restos con salvaje algazara, hasta que la Le- 
gislatura nombró de Gobernador interino al Coronel Don 
Francisco D. Díaz. 

A los pocos dias (Marzo 21), ocurría en la ciudad de Men- 
doza la horrible catástrofe que la sepultó en sus propias rui- 
nas 1 ; y el pueblo sanjuanino, olvidando odios y resentimientos 



' El sabio naturalista Don Augusto Bravard había pronosticado la 
desaparición de Mendoza por causa de un fuerte terremoto, antes de die* 
años; pero esto no era obra de la adivinación; él había observado el 
descenso progresivo de la escala barométrica por el alzamiento del suelo t 
y asi pudo inducir la dilatación de gases subterráneos y predecir el sacu- 
dimiento de tierra que tuvo lugar. Bravard murió la noche misma del 
terremoto, sepultado entre las ruinas de aquel pueblo. 



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EL PAlS DE CUYO 275 



de la víspera, acudió presuroso á llevar á sus desgracia- 
dos vecinos el auxilio de ropas, alimentos y auxilios de todo 
género. 

El Gobernador Diaz, mostrándose el filántropo mas acaba- 
do remitió, en el acto de recibir la terrible noticia, médicos, 
carpas y toda clase de auxilios. 

El fanatismo religioso miraba en aquella catástrofe un 
castigo del Cielo, infligido á aquella ciudad por los sacrifi- 
cios del 11 de Enero, en que su Gobierno había tomado tan 
activa participación. 

3. — Los sucesos de San Juan, que habían sido reprobados 
oficialmente por los gobiernos de Buenos Aires, Tucuman, 
Santiago, Salta y Jujuy, despertaron en el primero de estos 
pueblos el antiguo antagonismo de partido contra el gobier- 
no de la Federación, que comenzaba á manifestar su viejo 
sistema político de terror. 

Buenos Aires parecía querer ponerse á la cabeza de la 
reacción que se producía contra los hombres del Paraná, y 
los mismos acontecimientos le prepararon el camino para 
arribar al fin anhelado: la reconstrucción nacional. 

El Gobernador de Buenos Aires, general Don Bartolomé 
Mitre, interpretando la opinión de su pueblo y en quien los su- 
cesos desarrollados en San Juan habían producido una honda 
sensación de dolor ó indignación, dirigió una proclama al 
pueblo de Buenos Aires (Enero 31), condenando el atentado de 
que había sido víctima aquella Provincia y concitando al cas- 
tigo de los culpables con la reserva que convenía á un pueblo 
con medios de hacer efectivas sus amenazas, si el de la Nación 
dejaba impunes á los asesinos de los hijos de San Juan. 

Con fecha 6 de Febrero, el mismo Gobierno dirigió al Mi- 
nistro del Departamento Nacional del Interior, Don José 
Severo de Olmos, una extensa nota, en que, encarando de lle- 
no la cuestión, concluía con estos párrafos que, por su alta 
significación, llevaron la alarma á los gobiernos nacional y 
provinciales que le prestaban su apoyo. 

« Si desgraciadamente fuese el pensamiento del Gobierno 



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I 



276 EL país de cuyo 



Nacional, aprobar en todas sus partes la conducta de su Co- 
misionado, como podría deducirse del espíritu de la nota del 
I o del corriente, del Ministerio de la Guerra, el Gobierno de 
Buenos Aires se vería en el penoso ó imprescindible deber 
de protestar contra un acto que afectaría profundamente el 
pacto político y social y los derechos primordiales de los pue- 
blos ; y usaría, en tal caso, de los medios legítimos que la cons- 
titución establece para salvar tan vitales derechos, porque 
esos derechos son la propiedad de los pueblos que no han 
enagenado, no pueden enagenar, y que nadie puede arreba- 
tarles sino por la violencia. 

« El Gobierno de Buenos Aires, fiel intérprete de la opinión 
del pueblo, y contando con el apoyo de todos los poderes 
públicos, al reclamar, como lo hace, en nombre de su derecho 
el cumplimiento del pacto federativo, en cuya conservación 
está directamente interesado, y al execrar los crímenes y 
atentados de todo género cometidos por la intervención ar- 
mada en San Juan, usando al hacerlo de un derecho inheren- 
te á todo ser humano, espera que V. E. tendrá á bien poner 
esta nota en conocimiento de S. E. el Señor Presidente de la 
República, y comunicarle, tan pronto como sea posible, lo 
que halle por conveniente resolver en tan grave asunto. ...» 

La nota á que pertenecen los párrafos transcriptos, fué reci- 
bida por el Gobierno del Paraná como un reto á la lucha ar- 
mada, é indudablemente fué esa también la mente de Buenos 
Aires, porque á los tres dias de la fecha de aquélla, dirigía 
el primer magistrado de esta Provincia una circular á los 
gobernadores de las demás, pidiéndoles, en nombre de la 
Constitución, la humanidad y el honor de los pueblos argen- 
tinos, concurriesen á robustecer por los medios legales los 
principios contenidos en la nota del dia 6. 

Esta nota, que fué mirada como anárquica y provocativa á 
la guerra civil, desde que tendía á prejuzgar sobre la actitud 
del Gobierno Nacional en los sucesos de San Juan, fué impug- 
nada por unos y aceptada de lleno por otros, que hallaban ya 
definida la opinión del Gobierno del Paraná en favor de la 
impunidad por los crímenes políticos de que su comisionada 
Sáa se había hecho responsable. 



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EL PAlS DE CUYO 277 

Los Gobernadores General Urqniza de Entre Rios; Pascual 
Rosas, de Santa Fé; Félix de la Peña, de Córdoba; Ramón Án- 
gel, de la Rioja y Manuel Molina, de Catamarca, se manifes- 
taron en favor de la primera idea, y los ilustrados gobernantes 
de Santiago del Estero (Pedro Gallo); de Tucuman (Salustia- 
no Savalía); Anselmo Rojo de Salta y Pedro José Portal de 
Jujuy, se adhirieron á la manifestación del Gobierno de Bue- 
nos Aires, que contaba con la unánime opinión de todos los 
pueblos, ya que no de todos los gobernadores. 

A la aprobación prestada por la autoridad Nacional al 
crimen espantoso de la Rinconada, se siguió la anulación de 
hecho de los tratados de 11 de Noviembre (1859) y 6 de Ju- 
nio (1860); después la intervención sin causa justificada á la 
Provincia de Córdoba y cambio de sus autoridades y en se- 
guida el rechazo de los Diputados por Buenos Aires, que pro- 
dujo gran descontento y profunda sensación en esta Provincia. 

Buenos Aires se prepara para volver por la fe de los trata- 
dos y darse la representación que el Congreso le negaba. 

En este vidrioso estado de la política nacional, y en pre- 
sencia de los aprestos bélicos de Buenos Aires, el Ejecutivo 
de la Nación resolvió intervenir en esta provincia para resta- 
blecer el orden turbado por la demagogia porteña, y probable- 
mente llegar á los extremos á que se había arribado en San 
Juan. 

Esta vez, el partido no era desigual y Buenos Aires, tan 
fuerte y poderosa como celosa de su dignidad, desconoció 
al Gobierno del Paraná y se aprestó con mas ardor que nun- 
ca á la lucha armada. 

El General Urquiza, en secreto desacuerdo con la política 
del Gobierno déla Confederación y que manifiesta encubier- 
tamente su adhesión á la idea de reconstruir la República, 
marcha al frente del ejército sin la fé en la causa que sostiene 
y sin el ardor que aquélla siempre inspira. 

4. — Se da la batalla de Pavón (Setiembre 17 de 1861) en 
la que propiamente no hay vencidos ni vencedores, pero de la 
que debe resultar para Buenos Aires una victoria fecunda 
en acontecimientos sucesivos. 



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278 EL PAlS DE CUYO 



Derqui se retira al Rosario sin comprender aun el alcance 
del combate de Pavón, y en Setiembre 19 se dirige a los pue- 
blos, protestando que si una batalla no basta, daría cien 
batallas, palabras muy propias de un bisoño que no no se da 
cuenta de su verdadera situación política. 

Se imparten órdenes para levantar nuevos ejércitos; y el 
del Centro, cuya formación se encarga á Juan Sáa, y á la que 
deben concurrir la Rioja, Catamarca y las tres Provincias de 
Cuyo, se levanta á gran prisa, haciendo creer á estos pueblos, 
en la captura de Mitre y completa dispersión del ejército de 
Buenos Aires. 

Urquiza se resiste á la guerra, y por fin, Derqui tiene que 
huir á Montevideo, dejando todo á merced del vencedor, de- 
clarándose disuelto el Gobierno del Paraná (Diciembre 12 
de 1861). 

Fué durante estos sucesos, que en San Juan, bajo el Gobier- 
no del Coronel Díaz, y por orden del jefe superior de la Cir- 
cunscripción Militar del Nor-oeste, Peñaloza principia la 
movilización de gente que debe marchar á la formación del 
ejército del Centro. 

5. — El 18 de Noviembre se movieron las fuerzas san juani- 
nas, constantes del Batallón «Cazadores Federales», al mando 
del Mayor J. M. Baigorria y Regimiento N.° 2 de «Auxilia- 
res de los Andes», al mando del Coronel D. Anacleto Burgos. 
Estas fuerzas, cuyo número ascendía á mas de mil hombres, 
marchaban á las órdenes del Coronel Don Ángel Melchor de 
los Rios, que también había sido de los héroes de la Rinco- 
nada. 

Mientras se alistaban estas fuerzas, y se disciplinaban por 
parte de la autoridad militar, la oposición al Gobierno traba- 
jaba con gran ahinco por hacerla sublevar. El pueblo de San 
Juan, que siempre llegó hasta la intransigencia en guarda de 
sus libertades é ideas políticas, y cuya fé inquebrantable en 
la persecución de sus propósitos lo hace único entre los de- 
mas pueblos de la República y que, como el Anteo de la fábu- 
la, parece recobrar nuevas fuerzas en sus caídas y retemplar 



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EL PAÍS DE CUYO 279 



su ardor en los mismos contrastes, estaba ya en abierta pug- 
na con el Gobierno, y había conseguido minar y desmorali- 
zar el contingente de fuerzas del Coronel Rios. 

El 27 de Noviembre llegaban á las 7 de la noche al lugar 
denominado la Bolsa en la costa de las Lagunas, cuando se 
produjo una sublevación encabezada por el alférez Andrés 
Andino y el ciudadano José Gil. Después de un ligero tiroteo 
de guerrillas en que murieron como diez de los sublevados, 
se retiraron éstos, conservándose á la vista por dos dias y con 
insignificantes hechos de armas, hasta que se dispersaron en 
presencia de algunas fuerzas del Gobierno que llegaron á ba- 
tirlos. El objeto se había logrado; el Ejército del Centro no se 
formó y pronto las armas de Buenos Aires se hicieron sentir 
en los pueblos del interior, dando así á la indecisa batalla de 
Pavón, los honores de una gran victoria, bien merecidos, 
por sus grandes resultados para la causa de los liberales y 
beneficio de los pueblos. 

En consecuencia de estos sucesos, una división de Buenos 
Aires, al mando del coronel Don Ignacio Rivas, fué destaca- 
da en las provincias del antiguo Cuyo. 

A la aproximación de estas fuerzas, el Gobernador Diaz 
huyó á Chile, llenando antes las formas de una delegación 
hecha en la persona de Don Francisco T. Coll, que al fin no 
se recibió del Gobierno. La Legislatura llamó entonces al 
desempeño de las funciones gubernativas al respetable ancia- 
no Don Ruperto Godoy, que comenzó á llenarlas interina- 
mente el 9 de Enero del año 1862. 

Durante la interinidad de Godoy, la Legislatura de San 
Juan dirigió un manifiesto á las demás provincias de la 
República (Enero 25), manifestando su desconocimiento á la 
Autoridad Nacional en el personal de los poderes que habían 
declarado la guerra á la Provincia de Buenos Aires; reasu- 
miendo en los poderes de la Provincia la parte de soberanía 
delegada al Gobierno General, y autorizando al Gobernador 
de Buenos Aires (Mitre) para mantener, en la parte de repre- 
sentación correspondiente á San Juan, las relaciones exte- 
riores, y para tratar de organizar las nuevas autoridades de 
la Nación. 



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CAPITULO XIX. 

1. Administración Sarmiento. — Combate de Caucete. — Muerte del 
General Peñaloza. — 2. El estado de sitio ejercitado por los 
gobiernos de Provincia. — 3. El Doctor Don Guillermo 
Rawson. 



1. — En 9 de Febrero de 1862, era elegido canónicamente 
y recibido por la Legislatura de San Juan, como Gobernador 
de la Provincia, Don Domingo F. Sarmiento. Sus ministros 
fueron los respetables ciudadanos Don Ruperto Godoy Carril 
y Don Valentín Videla. 

Este notable ciudadano que sus comprovincianos miraban 
con respeto por su poderosa inteligencia, y con amor por su 
labor perdurable en contra de la tiranía y en defensa de las 
libertades de su Patria, venía á su Provincia, en el concepto 
de todos, á realizar el mas bello ideal de Gobierno republicano 
federal. 

Sarmiento, el célebre autor del Facundo, esa historia de la 
barbarie, cuya originalidad y estilo podían rivalizar sin des- 
ventaja con las mas acabadas obras de Fenimore Cooper, y 
en la que con tanto fuego y eficacia formaba el proceso del 
partido federal y caudillos argentinos, su mas fiel personifi- 
cación, llegaba á San Juan precedido de una aureola de gloria 
que despertaba en sus paisanos, no ya respeto, sino una es- 
pecie de veneración. Luchando con la pobreza desde sus pri- 
meros años, y dotado de una voluntad incontrastable para 
vencer las adversidades de la suerte, llegó pronto á ser el 
hombre predestinado para combatir contra los verdugos de 
su Patria. 

Conocido antes solo de nombre, ó por su reputación de 
enemigo irreconciliable de los federales de Rosas, á quien 



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EL PAÍ8 DB OUYO 281 



hizo una guerra sin tregua hasta la batalla de Caseros, co- 
menzó recien á ser estudiado por su pueblo para hacer el 
pronóstico del buen gobierno, que era de esperarse <Ie ese 
apóstol ardiente de la libertad y del progreso humano. 

Se exhumaron los recuerdos de su pasado, que hasta la 
fecha, como todas las cosas del Interior, apenas se conservan 
por la tradición ó cuando mas por las simples crónicas. 

Trájose á la memoria al osado imberbe del Pilar y Niqui- 
vil; y pasando en revista otras aventuras del muchacho estu- 
dioso y altanero, se recuerda en seguida al sensato redactor 
de «El Zonda» en 1839. y al hombre osado que lucha con- 
tra la soldadesca desenfrenada de Espinosa en 1840, y que, 
como muchos otros de sus compañeros, debía sufrir el atroz 
martirio de ser afeitado á puñal entre la brutal algazara de 
los soldados, indirectas y equívocos groseros de un jefe bár- 
baro y salvaje 1 . El general Benavides le salvó de aquella 
afrenta. 

Recordando al fecundo y genial escritor, se trajo á la me- 
moria el «Facundo», «Argirópolis», «Educación Popular», 
«Los Viajes », « La Crónica », « Sud América », « Recuerdos de 
Provincia», «Comentarios de la Constitución», «Campaña 
del Ejército Grande », « San Juan y sus hombres », c La Con- 
vención de San Nicolás», etc., etc., todo un confuso hacina- 
miento de libros, folletos y periódicos que habían dado alto 
renombre al célebre pensador sanjuanino*. 

Se habla de sus viajes por Europa, Asia, África y Amé- 
rica, se recuerdan las altas posiciones oficiales que ha ocu- 
pado con laboriosidad é inteligencia, la variedad y popu- 
laridad de sus conocimientos, como sus ideas y doctrinas que 



'• Mientras los soldados afeitaban en el Cabildo ó cárcel de San Juan á 
los presos bajo la directa inspección del coronel José Manuel Espinosa, 
éste, dirigiéndose a los improvisados barberos, les recomendaba en alta 
voz: no te les pasase la mano (1840). — La época y sus hombres dicen lo 
demás. 

1 Sus obras, no completas aun, publicadas en 1900 bajo los auspicios del 
Gobierno Argentino y editadas por su nieto Augusto B. Sarmiento, al- 
canzan á cincuenta y tres gruesos volúmenes. — N. E. 



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282 EL PAÍS DE CUYO 



propaga con entusiasmo en la prensa, en el gobierno, en las 
escuelas que ha fundado y organizado en Chile; y en fin, las 
peregrinaciones que habían puesto á dura prueba el temple 
de su carácter indomable. Los mas curiosos exhuman del ol- 
vido sus numerosos folletos y su parte adicional á la Defensa 
de la Vicaría Apostólica de Cuyo y muchas otras produccio- 
nes de su talento inmenso. 

Sarmiento era el hombre del día, el genio tutelar de su 
provincia, enviado providencialmente para encaminarla por 
la senda de la felicidad. Todos se disputaban una sonrisa de 
aquel hombre extraordinario, una mirada siquiera para hon- 
rar y llenar de legítimo orgullo á quien la recibía. 

Al principiar su gobierno en 1862, parecía el sol naciente, 
cuyos benéficos rayos todos ansiaban y esperaban para ven- 
tura y engrandecimiento de su pueblo. Pero los tiempos 
cambian y aquel sol debía tener su ocaso. Lo tuvo Napo- 
león en Waterloo. Aquel hombre venerado en 1862, debía 
salir rodeado de la indiferencia pública en 1864, arrepentido 
acaso de haberse extremado por su bien. ¡Tal es el mundo! 

Desde 9 de Enero de 1862, comenzó para San Juan uní 
era de progreso que, por ser prematuro, debía violentar los 
hábitos inveterados y llegarse hasta el convencimiento de que 
se llevaba á la Provincia á su completa postración econó- 
mica. 

La primera medida fue reformar radicalmente el orden ad- 
ministrativo y cambiar el trage, por decirlo así, de aquel 
pueblo mediterráneo, enclavado entre los salitrales de un 
rincón de la República, con un harapo por instituciones en 
armonía con sus costumbres mas que con sus necesidades. 

Por decretos de 15 y 24 de Enero, nombró nuevos camaris- 
tas, Jueces Letrados, Fiscal, Defensor de Menores y Jueces 
de Paz, dictando después las disposiciones necesarias para el 
mejor régimen judiciario. 

En Febrero 14 crea una Diputación de minas, reglamen- 
tando las denuncias, peticiones y demás concerniente al ramo, 
y á los pocos meses (Agosto 19) dicta un decreto que puede 
considerarse como una breve Ordenanza minera, en que le- 



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EL PAÍS DE CUYO 283 



gisla sobre el trabajo de la industria, sociedades de explota- 
ción, venta de metales, registro, estadística de minas en ela- 
boración, etc., y un arancel correspondiente á los derechos 
del ramo 1 . 

Se organizaron bajo el mejor pie posible la Guardia Na- 
cional de infantería y caballería, dando á esta institución, un 
tanto descuidada en San Juan, los elementos necesarios para 
que respondiera á los fines de su creación. 

Por decretos de Marzo y Setiembre creó un Departamento 
Topográfico, bajo la dirección del acreditado ingeniero Don 
Gustavo Grothe; le marca sus atribuciones y deberes, y éste 
corresponde con ventaja en los varios trabajos que se le en- 
comiendan. Se hizo el primer mapa de la Provincia y se le- 
vantó un notable plano de la ciudad y departamentos agrí- 
colos contiguos, en escala de varas. Se inauguró una precio- 
sa Quinta Normal (Setiembre), y la ciudad fué tomando 
mayor ensanche por la apertura de calles, nivelaciones, rec- 
tificaciones y otras importantes obras para salubridad y es- 
tética de la población. 

El Hospital de San Juan de Dios, que desde los primeros 
años del siglo se hallaba en un lugar inadecuado, fué trasla- 
dado á un edificio construido especialmente con tal objeto. 

Se creó en 21 de Mayo un Colegio Preparatorio de instruc- 
ción científica y universitaria, bajo la dirección del inolvi- 
dable educacionista chileno D. Pedro Alvarez. 

La Legislatura dictó leyes inmejorables sobre edificios para 
escuelas y sistemas de educación primaria, sobre desvincu- 
lacion de bienes raíces de fundación perpetua, y se prohibie- 
ron las fundaciones capellánicas que no eran en dinero, reci- 
biendo éstas una adecuada organización. 

Creóse en Junio una Caja de Depósitos, que venía á llenar 
la mas sentida necesidad por los depósitos judiciales, y orga- 
nizóse finalmente un Juzgado especial de comercio con las 
atribuciones correspondientes á su importancia. 



1 Sostuvo una activísima correspondencia, dentro 3' fuera del país, para 
fomentar empresas mineras y traer capitales, maquinarias é industriales 
competentes. -N. E. 



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Á 



284 EL PAÍS DE CUYO 



Este gran movimiento de instituciones y reformas trascen- 
dentales, conducían á la Provincia, con tan rápidos progre- 
sos en un año de honrada y laboriosa administración, á una 
altura inesperada, sorprendente y que debía ser la obra del 
tiempo 1 . 

Sin embargo, empezó á notarse general descontento y á 
sentirse los efectos de la maledicencia y crítica mordaz. 

Este hermoso programa oficial no podía realizarse con 
simples leyes y decretos; era necesario la inversión de fuertes 
sumas de dinero, y el pueblo, que debía llenar el alto presu- 
puesto, dióse cuenta de la enorme y pesada carga de los im- 
puestos fiscales. 

El papel moneda de Buenos Aires con que se hacían las 
operaciones de hacienda y pago de los empleados de la admi- 
nistración pública, fué también un nuevo motivo de des- 
agrado popular, porque este medio circulante no inspiraba 
mayor confianza ni era garantía suficiente páralos acreedores. 

El malestar adquirió mayor intensidad con motivo del es- 
tado de sitio en que se puso la Provincia por estar convulsio- 
nada la Rioja y en armas contra la Nación. 

El año 1863 dio principio con circunstancias mas alarman- 
tes aun. 

El presupuesto de gastos de la administración ascendía á 
ciento treinta y dos mil y mas pesos, y el cálculo de recursos, 
incluyendo la deuda del Gobierno Nacional, no bastaba á sa- 
tisfacer las necesidades de la administración pública, dejando 
un fuerte déficit en su contra. 

El pueblo contribuyente, aunque parezca extraño, se asus- 
taba de tanto progreso y lo que era mas de temer, se alarma- 
ba por las tendencias centralizadoras que comenzaban á ma- 
nifestarse en el Gobierno. Había que dejar hacer, hasta que 
llegase el momento en que materialmente fuera imposible 



1 No e9 posible en esta ciudad, escribía en 1900 el corresponsal viajero 
de «La Prensa», defenderse de los recuerdos de Sarmiento: cuando no es 
el nombre del ilustre varón, colocado frente á una casa ó en una calle, 
es la huella de su iniciativa poderosa que se presenta siempre á la vista 
del viajero.— X. E. 



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EL PAÍS DE CUYO 285 



seguir progresando á cambio de tan altos impuestos como era 
necesario crear. La sed de mejoras y de adelanto tendría Tin 
término en razón de la exigüidad de la renta. 

La Inspección General de Agricultura fué considerable- 
mente mejorada, y varias reformas de carácter municipal vi- 
nieron pronto á aumentar su importancia y favorecer su con- 
dición. 

Por decretos de 3 y 4 de Febrero, el Gobierno reglamentó 
el ejercicio de la abogacía, señalando el modo y forma de ha- 
bilitar para el desempeño de esta profesión; se hizo igual 
cosa con los procuradores y rematadores, y esta intromisión 
en los negocios, que eran del exclusivo resorte del Poder Ju- 
dicial, dieron lugar á nuevas y amargas censuras. 

Comenzó á construirse un edificio destinado á una escuela 
primaria superior, á la que se llamó «Escuela Sarmiento» y 
este fué otro motivo para que se hablase del Gobierno y se 
culpase de inmodestia al Gobernador. 

En Febrero 13 se nombró un comisionado á Chile para 
contratar, á nombre del Gobierno, doce artesanos carpinteros, 
albañiles y canteadores, lo que fué motivo de grandes desa- 
zones para los artesanos de la Provincia, que se vieron pos- 
puestos, según ellos, sin causa legítima. 

El estado de armas en que principió á ponerse la Provin- 
cia, á causa de la actitud amenazante de Peñaloza, aumentan- 
do el mal que entrañaba tan tirante situación, trajo nuevos 
desagrados, y hasta dio origen á una sorda oposición que, co- 
menzando por los corrillos de estrado, hubiera llegado hasta 
muy lejos sin los hechos que después expondremos. 

Por primera vez en aquella Provincia, se vio el caso raro 
de las renuncias en tumulto que hacían los empleados de la 
administración, quizá por las mismas personas que antes 
turbaran mas de una vez la paz pública por vivir del presu- 
puesto. 

El sol que el 9 de Enero del año anterior había aparecido 
en las altas regiones oficiales, comenzaba á declinar. 

Las célebres cartas quillotanas de Alberdi se hicieron popu- 
lares, y su lectura, dando pábulo á la crítica apasionada y 



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286 EL PAÍS DE CUYO 



ofensiva, trajo á tela de juicio el pasado del hombre que por 
sus excentricidades había llegado á singularizarse en todas 
partes y se repetía con Alberdi. 

Aquella guerra despiadada y sin cuartel contra el Gober- 
nador Sarmiento, recrudeció con motivo de los sucesos que 
pasamos á narrar. 

Un nuevo estado de sitio y asamblea vino á pesar sobre 
San Juan por decreto de Marzo 27, y desde luego todo quedó 
militarizado en la Provincia. 

En 28 del mismo mes, el Ministro de la Guerra comunicaba 
la resolución del Presidente, nombrando á Sarmiento Direc- 
tor de la Guerra contra Peñaloza y poniendo á sus órdenes 
las fuerzas nacionales de Mendoza y San Juan. 

Las disposiciones militares comenzaron con mayor fuerza. 

Como encargado del Gobierno Nacional para la pacifica- 
ción de la Bioja, declaró esta provincia en estado de sitio por 
tiempo indeterminado (Marzo 29), acto violento que se rei- 
teraba por tercera vez en el Gobierno de Sarmiento y que 
había de ser causa de una ruidosa polémica de que pronto nos 
ocuparemos. 

El mismo dia, dictó el tremendo decreto que sigue: 

«San Juan, Mayo 29 de 1803. — El Gobernador de la Pro- 
vincia, encargado por el Gobierno Nacional, etc., etc. 

«Siendo la práctica inveterada de los montoneros recortar 
las armas del Estado para hacerse pistolas que llaman recor- 
tados, inutilizándolas para el servicio público y defraudando 
al Estado de sus propiedades, — 

«Decreta: Artículo 1.°— Los jefes de fuerzas nacionales 
en operaciones sobre la Rioja, fijarán un término conveniente 
para la presentación y entrega de dichos recortados, pasado 
el cual aplicarán doscientos azotes, estando esta peua en vi- 
gencia para delitos militares, á los que se encontraren posee- 
dores de dicha arma prohibida, debiendo ademas pagar el 
valor del fusil ó carabina inutilizada, ó en su defecto, sufrir 
neis meses de trabajos forzados. 

« Art. 2.° — Comuniqúese á los jefes de las fuerzas expedi- 



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EL PAÍS DE CUYO 287 



cionarias que ocupan la Provincia de la Rio ja y demás auto- 
ridades de ella, para su cumplimiento y publíquese. — Sar- 
miento.— R. Godoy Carril. — V. Videla.» 

Una orden mas dura no podía expedirse por nadie que 
tuviese sentimientos de humanidad y de justicia, y menos en 
la forma que se hacía, contra los infelices que tuviesen la des- 
gracia de poseer recwtados. 

Los preparativos de guerra no eran infundados, y hay que 
hacer justicia á la previsión del Gobierno de Sarmiento, que 
pudo en el momento oportuno poner su Provincia á salvo de 
la rapiña, y escarmentar al formidable montonero que asola- 
ba aquellos pueblos. 

Peñaloza invadió con mas de mil hombres y tomó el De- 
partamento de Caucete, que dista solo siete leguas de la ciu- 
dad capital. 

Las milicias de San Juan y Mendoza salieron inmediata- 
mente al encuentro de la montonera, y al punto se impartie- 
ron órdenes para que el Mayor D. Pablo Irrazábal, que mar- 
chaba en busca del Chacho con un piquete del 1.° de caballería 
y otro del 6 de infantería, contramarchase sobre el punto in- 
vadido. Las órdenes fueron rápidas y oportunas. 

El 30 de Octubre Irrazábal sorprendía á las gentes de Pe- 
ñaloza, encajonadas en una calle de Caucete y las batía sable 
en mano, ocasionándoles una grande mortandad, y poniendo 
en precipitada fuga á los pocos que pudieron escapar. 

La montonera, vencida y dispersada en los Ojos de Agua, 
Lomas Blancas y Playas de Córdoba (Junio 28) acababa de re- 
cibir en Caucete el golpe de gracia que había de concluir con 
la gavilla de f oragidos. 

El Director de la Guerra mandó á los pocos dias, después 
del combate de Caucete, una ligera división al mando de Irra- 
zábal, en persecución de Peñaloza, hacia los Llanos, que en 
todos sus desastres militares le habían servido de abrigo. 

Luego se supo que Peñaloza se hallaba en la pequeña po- 
blación de Olta, y el dia 12 de Noviembre (1863), la vanguar- 
dia, á las órdenes del Comandante D. Ricardo Vera, penetró 



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288 EL PAÍS DE CUYO 



á gran galope en la villa, rodeando la casa de Peñaloza y éste 
en su consecuencia, se rindió en el acto, como igualmente la 
guardia de cincuenta hombres que tenía consigo y que se 
hallaban completamente desprevenidos. 

Vera intimó rendición á Peñaloza, quien al punto entregó 
sus armas, siendo puesto incomunicado y con centinela de 
vista, hasta la llegada de Irrazábal, que en el momento mandó 
ejecutar al preso, cortándosele en seguida la cabeza que fué 
clavada en una lanza. 

¿Obró Irrazábal de su cuenta, ó tuvo orden expresa de ma- 
tar al Chacho donde le encontrase? 

¿Está justificada la muerte de un hombre rendido que no 
pensó siquiera en hacer armas contra los que le apresaran ? 

¿No es la muerte de Peñaloza un verdadero asesinato de 
que se pueda culpar á las autoridades superiores que previe- 
ron y ordenaron aquel hecho? 

Después de este suceso que dejó libre á San Juan de las in- 
vasiones de Peñaloza, la Provincia siguió su marcha de for- 
zado progreso, que no habiendo sido la obra del gradual des- 
arrollo conforme á la riqueza del país y á las instituciones 
bien arraigadas, debía tener una vida efímera para volver 
al pueblo á su quicio de que improvisamente se le sacara, aun 
por el cumplimiento de deberes sagrados y seguridad de su 
porvenir. 

No dejaremos de hacer meucion especial de un decreto de 
Junio 12 de 1862, considerado como la medida mas conve- 
niente y acertada para el bien del pueblo. 

El decreto de la referencia tenía por objeto promover la 
creación de una Suprema Corte de Justicia, común á las tres 
provincias que constituían el antiguo Cuyo, y á este fin se 
nombró un comisionado para que tratase el asunto entre los 
gobiernos de Mendoza y San Luis. 

Este hermoso proyecto, que de tantos beneficios hubiera 
sido por razones de personal, renta é independencia, no llegó 
á realizarse desgraciadamente; pero tenemos la esperanza de 
que con el tiempo aparecerá bajo la forma mas perfecta de 
Corte Interprovincial ó de Corte Federal de Circuito. 



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EL PAÍS de cuyo 289 



Sarmiento siguió divorciado con la opinión y mas aun con 
sus enemigos políticos, que se decían empachados de progreso. 
Comenzaron á minar su autoridad, hasta que los aconteci- 
mientos sucesivos vinieron á dar á San Juan su vida normal 
conforme á sus rentas y moderadas aspiraciones. 

El Gobernador Sarmiento, apercibido de ese malestar pú- 
blico por las resistencias con que á menudo tropezaba, pudo 
convencerse del peligro é inutilidad de su permanencia en San 
Juan. El Gobierno Nacional, para sustraerle de esa fcaótica 
situación política, ofrecióle una misión diplomática é Chile y 
Estados Unidos, renunciando el mando en Abril 16 de 1864 
mando que había recibido «por aclamación y casi al bajarse 
del caballo.» 

De paso por Lima, sin extralimitar sus facultades y ante 
las notas vacilantes y contradictorias del Ministro de Rela- 
ciones Exteriores, Dr. Rufino de Elizalde, tomó parte en las 
discusiones del Congreso Americano, reunido en aquella ca- 
pital, acto que por desautorizado, según se creyó en los pri- 
meros momentos, obtúvola reprobación de su Gobierno y de 
algunos diarios, especialmente del órgano oficial. l 

Se ha dicho que los grandes errores son propios de los 
grandes hombres y esto precisamente le ocurría á Sarmiento. 
Sin embargo, el pueblo ha de mirarle siempre como el decha- 
do de una asombrosa y fecunda actividad en pro de las ins- 
tituciones y de una labor extraordinaria que, por sus proyec- 
ciones y consecuencias, es casi sin ejemplo en la América la- 
tina. Ni sus mas empecinados enemigos se han atrevido á 
negarle su poderosa inteligencia, ni los grandes servicios 
que ha prestado á su provincia y á la nación, quienes le ten- 
drán siempre como uno de sus primeros estadistas. 

El 12 de Octubre de 1868 fué electo Presidente de la Re- 
pública por el voto espontáneo de sus conciudadanos. 

Después de su agitada vida pública, retiróse á la Asunción 
del Paraguay, donde falleció el 11 de Setiembre de 1888, 



1 Sarmiento accedió al pedido de formar con su personalidad y expe- 
riencia en el Congreso Americano. Entró en los debates, pero sin suscri- 
bir ninguno de los instrumentos que alli se elaboraron. — ¿V. E. 

lí) 



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i 



290 EL PAÍS DE CUYO 



siendo sus restos traídos á Buenos Aires con gran pompa y 
solemnidad. ! 

2. — A consecuencia del estado de sitio en la Provincia 
por decreto de Abril 24 de 1862 y Marzo 27 de 1863, medidas 
extremas que la Constitución Nacional solo acuerda al Con- 
greso y en su receso al Presidente de la República con las li- 
mitaciones consiguientes, suscitóse una interesante controver- 
sia entre el Ministro del Interior y el Gobernador de San Juan. 
Es esta la mas alta lección de derecho público que ha po- 
dido darse sobre la materia. 

El extracto que enseguida hacemos, dará clara idea del va- 
lor y trascendencia del asunto antes y después de la intromi- 
sión de las pasiones políticas. 

El estado de sitio, producido por dos veces en la Provincia 
de San Juan, y á las que debía seguir el de la Rioja (Mar- 
zo 29), no pudo mirarse sino como un avance de autoridad 
del Gobernador y Auditor de la Guerra en Cuyo. 

Si las extremas circunstancias en que se había usado de 
aquella facultad podían excusarla, la repetición del hecho 
sentaba una jurisprudencia falsa, que era necesario destruir 
en sus orígenes, tanto mas cuanto ese lujo de autoridad, ejer- 
citada por un Gobierno de Provincia, cualquiera fuere su 
causa, era una abierta violación déla carta fundamental de la 
República. 

En vista de estos antecedentes, el Ministro del Interior, 
Dr. Guillermo Rawson, pasó en Marzo 13 de 1863 una circu- 
lar á todos los gobernadores*, recordándoles lo irregular que 



* En la calle de su nombre y a los costados de la casa paterna, haj 
dos placas de bronce fundidas en el Arsenal de Buenos Aires. En la pri- 
mera se lee esta inscripción: «Casa en que nació D. Domingo Faustino 
Sarmiento, el 15 de Febrero de 1811». En la segunda: «Domingo Faus- 
tino Sarmiento nació el 15 de Febrero de 1811 y murió el 11 de Setiem- 
bre de 1KS8». El pueblo, á su imperecedera memoria. Por iniciativa de 
la «Sociedad Sarmiento». 

Su estatua, que es un notable trabajo artístico de Víctor de Poli fué inau- 
gurada el 10 de Noviembre de 1901 al costado Este de la « Plaza 25 de 
Mayo, frente a la casa de Gobierno.- X. E. 

2 El de Mendoza contestó la circular, solicitando del Sr. Ministro me- 
dios legales para defenderse. No obtuvo contestación. — N. E. 



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EL PAÍS DE CUYO 291 



era la declaración del estado de sitio, decretado en algunas 
provincias con motivo de los sucesos de la Rioja. Que el es- 
tado de sitio no podría, en ningún caso, y por ninguna consi- 
deración, ser ejercido por los Gobernadores, porque era atri- 
bución única y exclusiva de las autoridades nacionales á 
quienes la Constitución lo había acordado. 

El gobernador de San Juan, Don Domingo P. Sarmiento, 
haciendo valer sus doctrinas de Gobierno, y para quien exclu- 
sivamente se había hecho la circular, contestó en nota de 13 
de Junio y expuso: «Que en efecto, había declarado dos ve- 
ces en estado sitio la provincia de su mando, y que creía 
haber obrado bien y con pleno conocimiento de causa en el 
asunto, por ser un derecho inherente al gobierno, cualquiera 
que fuese su forma. «La Constitución Nacional es un poder 
delegado por las Provincias para constituir un gobierno ge- 
neral, perfecto para sus fines; pero las Provincias quedaron 
con gobiernos perfectos también, de manera de no tener de- 
pendencia los unos del otro, y vice-versa, sino en casos expre- 
samentes designados», lo que importaba decir que lo no dele- 
gado era una facultad originaria de los Estados que podían 
ejercitarla cuando y como mejor les pareciera, sin que fuera 
necesario el previo requerimiento de la autoridad nacional. 
Se exponía que como deber de propia conservación, en caso 
de un peligro inminente de asonada, invasión, etc., no era 
racional esperar la autorización del Gobierno Nacional para 
producir el estado de sitio como medida de guerra y para 
conjurar un mal que no admitía espera posible. 

«La historia de la constitución, sus fuentes, su espíritu, la 
jurisprudencia sentada por los Estados Unidos, origen de 
nuestro derecho político, parecían dar la razón á los Estados: 
sobre todo, las constituciones de las provincias no hacían una 
declaración que importase una prohibición á su Legislatura 
y Gobiernos para poder ejercitar una facultad que les era pro- 
pia, y la Constitución Nacional, en las prohibiciones á los Es- 
tados, no niega ni podía negar el ejercicio de un derecho que 
surge de la soberanía del pueblo y la forma representativa de 
gobierno. Además, como gobernador y como Comisionado 



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292 EL PAlS DE CUYO 



Nacional para pacificar la Bioja, había usado en los casos 
respectivos de un derecho perfecto, no pudiendo aceptar en 
el primer caso la dependencia á que se quería sujetar al go- 
bierno de San Juan para el uso de atribuciones que le eran 
propias; y en el segundo, considerándose con plena autoridad 
por la delegación que le había sido hecha por el Presidente 
de la República, como á comisionado suyo. 

tLa jurisprudencia sentada por los Estados Unidos, esa 
maestra de las instituciones políticas de los pueblos organi- 
zados bajo el sistema representativo federal, y la dolorosa 
experiencia adquirida en la República, venían á robustecer 
y aclarar el punto que se quería controvertir. 

«La jurisprudencia que V. E. desearía hacer prevalecer,, 
ataca á los gobiernos en sus facultades esenciales, puesto que 
los Estados Unidos jamás pensaron desnudar á sus poderes 
públicos nacionales y provinciales de poder tan necesario. 

« El coronel Sáa, habiéndose desprendido del secretario y 
jefes del Ejército que el Presidente le había asociado en su 
inconstitucional intervención en San Juan, calculó el tiempo 
que se necesitaba para que al Gobierno Nacional le llegase la 
noticia y proveyese, precipitándose sobre su víctima, antes 
que pudiera venirle el apoyo moral de sus autoridades cons- 
tituidas. » 

« Tenemos, Señor Ministro, la dura necesidad de aprender 
por experiencia propia á gobernarnos, sin que las tutelas 
hayan en ningún tiempo ahorrado á los pueblos, ni errores 
ni desastres. Si los gobiernos electos por el pueblo están ex- 
puestos á excederse de sus poderes perfectamente definidos, 
¿están por ventura libres los pueblos mismos ó parte de ellos 
de hacer mal uso de sus derechos? » 

El Gobernador de San Juan en su nota de que hemos hecho 
un ligero extracto, acababa de sentar toda una doctrina lumi- 
nosa, principios ó ideas de gobierno; pero arrastrado por su 
carácter ó convicciones que se había formado sobre el asunto, 
trajo, como se vé, á discusión un puuto de suma importancia 



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EL PAÍS DE CUYO 293 



de nuestro derecho público en los momentos menos oportu- 
nos, cuando aun no podíamos hacernos ilusiones sobre la de- 
finitiva reorganización del país. 

Por otra parte, la circular de Mayo 13 no importaba un 
ataque á sus creencias políticas sobre la materia, sino una 
voz preventiva sobre los abusos ya producidos y que podían 
sucederse después, si bien es cierto que era también un fino 
reproche á su administración. 

El Ministro Rawson contestó dicha nota en Julio 31, refu- 
tando la de 26 de Junio é impugnando las aventajadas, pero 
inadecuadas doctrinas de su adversario con relación al estado 
de sitio, que no solo era un punto regido y resuelto por los 
artículos 23, 67 (inciso 26) y 86 (inciso 19) de la Constitución 
Argentina, sino que en caso de una cuestión interpretativa, 
no correspondía resolverla, por la ley, é los gobiernos de Pro- 
vincia. 

El gobernador de la Provincia de San Juan confundía, 
según el Doctor Rawson, el habeos corpus, que solo afecta á 
la libertad de las personas, la asamblea ó sea el estado bélico 
■con el estado de sitio que afecta á personas y cosas por la sus- 
pensión de garantías constitucionales. 

No había cuestión alguna de que en caso de peligro inmi- 
nente por invasión, asonada, etc., el estado de asamblea era 
una necesidad premiosa que las provincias podían ejercitar, 
no solo como derecho de propia conservación, sino como 
«deber de ayudar al Gobierno Nacional para garantir el orden 
público turbado: lo que establecía una enorme distancia entre 
■el estado de sitio y el de asamblea y de suspensión de habeos 
corpus; era confundir «las garantías y derechos individuales, 
-con la restricción, suspensión ó negación de estos mismos 
■derechos, asimilando lo que constituye esencialmente el de- 
recho con lo que no es mas que la excepción del derecho 
mismo». 

Sobre todo, de cualquier modo que se considerase la facul- 
tad del estado de sitio con relación al que podía ejercitarla, 
no había cuestión posible, desde que la ley la resolvía de un 
modo muy terminante, acordando su ejercicio solo al Congre- 



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294 EL PAÍS DE CUTO 



so, y en su caso, al Presidente de la República. La práctica 
constante era la abstención completa de los gobiernos de pro- 
vincia á ejercitar una facultad como la de declarar el estado 
de sitio, que jamás había suscitado la menor duda. Añádase 
que ninguna constitución de provincia estatuye sobre el uso 
de esa facultad, ni menos da su ejercicio á los poderes provin- 
ciales; antes sí, el precedente único era que las constituciones 
de San Luis, Rioja y Corrientes, que registraban una cláusula 
semejante, habían sido modificadas en ese punto por el Con- 
greso de la Nación. 

« Después de una lucha tenaz en defensa de su autonomía 
provincial, Buenos Aires formuló sus observaciones á la Cons- 
titución del 53, con el propósito declarado de garantirla en 
la práctica de la vida nacional, ampliando la esfera de la ju- 
risdicción local. Esta tendencia de las reformas dominó el 
espíritu de la Convención de Santa Fé; y sin embargo de su 
completo triunfo, no obstante la importancia dominante de 
la materia, en esa ocasión, singularmente favorable, nada se 
añadió á la Constitución en el sentido de participar á los Go- 
biernos de Provincia el ejercicio de aquella facultad, mani- 
festando claramente que nada quería reformar en esa parte, 
mientras que se dejó subsistente la cláusula que la atribuye 
al Gobierno Nacional únicamente, y con ella, el principio que 
determinó la declaratoria del Congreso de la Confederación. 
Cuando el pueblo, revisando su constitución, nada estatuye 
para modificar ó corregir el texto ó la inteligencia práctica 
que se le ha dado, su confirmación, aun cuando fuera pura- 
mente implícita, y sin las circunstancias especiales que á este 
respecto concurrieron en las Convenciones de Buenos Aires 
y de Santa Fe, excluye, prohibe y condena de suyo cualquier 
otra interpretación de su ley fundamental. * 

«En nuestro modo de ser, el derecho político (mientras 
nos rijan los principios de que se deriva nuestra personalidad 
como Nación), no tiene ni ha tenido otro origen reconocido 
que el de la soberanía colectiva del pueblo argentino reuni- 



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EL PAÍS DE CUYO 295 



do en cuerpo de Nación, y representado en Congreso, no 
siendo la soberanía interna de cada provincia sino un deri- 
vado de la soberanía nacional, subdividida, no de manera que 
cada localidad pueda ejercerla en toda y cada una de sus 
partes, sino en cuanto sea necesaria para la acción del go- 
bierno propio y de la administración interna de cada pro- 
vincia. 

tV. E. dice, sin embargo, respecto de las facultades atri- 
buidas al Gobierno Nacional, que ellas son delegaciones, no 
del pueblo consolidado en cuerpo de Nación y reunido en 
Congreso, sino de las entidades colectivas llamadas provincias, 
que V.E. supone preexistentes á la Nación. 

c Este es un error fundamental en que incurren, tanto los 
que considerando en sus formas externas la organización de 
los Estados Unidos de América, aplican en un todo las doc- 
trinas desautorizadas de sus partidos, á pueblos que han 
adoptado la misma forma de gobierno, cuando los que consi- 
derando á los estados de aquella Union como estados inde- 
pendientes en su origen, no ven en ellos mas pueblo de los 
estados, ni otra fuente de derecho que la de su soberanía 
parcial. » 

El caso especial en que el Gobierno de San Juan se había 
creído, y se suponía en la nota que pudiera autorizar el esta- 
do de sitio, esa situación tan pesada para el pueblo, menos 
podía hacer para rechazar una invasión ó ahogar una aso- 
nada que lo haría el medio mas seguro y eficaz del estado de 
asamblea. En las provincias del Interior es mas delicado que 
en parte alguna el estado de sitio, porque á su sombra se 
comete por los Gobiernos tropelías sin cuento á que se creen 
autorizados siquiera por la impunidad. 

El estado de sitio es para los mandones del Interior la car- 
ta blanca para hacer y deshacer sin causa ni pretexto alguno. 

Antes que se dicte el estado de sitio en una de esas provin- 
cias, lo primero que se les ocurre á los desafectos y enemigos 
políticos del Gobierno, es tomar las de Villa-Diego antes que 
la tormenta arrecie, porque entienden que les ha de caer 
encima. 



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296 EL PAÍS DE CUYO 






Muchas veces hay mas que temer el estado de sitio que el 
estado de guerra. El primero es una espada de Dámocles 
constante, y acaso suspendida indefinidamente, mientras que 
el segundo puede preverse y aun combatirse en los momen- 
tos de amenaza ó peligro. 

Si los gobiernos ó Legislatura de Provincia, que siempre 
fueron el mismo cuerpo con la misma alma, fueran los arbi- 
tros para determinar en qué caso puede declararse el estado 
de sitio, desde luego aseguramos que desaparece el sistema de 
Gobierno republicano federal y que no llegaría el caso de 
reclamar contra las irregularidades y tropelías que á sn 
amparo se cometieran. 

Tan importantísima cuestión ha sentado jurisprudencia en 
nuestras prácticas constitucionales l . 

3. — El Doctor Guillermo Rawson, hijo de la Provincia 
de San Juan, merece uno de los lugares preferentes en la 
historia de su pueblo ; pero su modestia tan grande como su 
inteligencia, lo ha sustraído siempre á la vida pública en sus 
primeros años, como su larga ausencia en los años sucesivos. 

Enemigo de los déspotas y perseguido siempre por ellos; re- 
presentante independiente, pues rara vez le extravió la pasión 
política ó el rencor personal y hasta exaltado en la Legisla- 
tura de su provincia en momentos de mayor tirantez política 
para su partido*; diputado al Congreso del Paraná, mas tar- 
de Senador por la Provincia de Buenos Aires y después Mi- 
nistro del Interior, durante la administración del general 
Mitre, empleos desempeñados con inteligencia y laboriosidad, 
acreditan al hombre público. En 1868 fué candidato á la Pre- 
sidencia de la República. Médico de gran reputación, miem- 
bro de la Facultad Módica de Buenos Air^s, profesor de hi- 



1 En el tomo XXI, páginas 105 á la 108, de las obras de Sarmiento, está 
reasumida la célebre cuestión en forma dialogada. 

2 Se trataba en 1848 de investir a Rosas con el titulo de Supremo, y ante 
el cortejo 3' aparato del federalismo, el Doctor Rawson protestó contra 
aquel acto de abyección. 



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EL PAlS DE OüYO 297 



giene, estadista y orador parlamentario, son cualidades que 
revelan al hombre de ciencia; filántropo, bondadoso, de ca- 
rácter suave y dulce trato social, hé aquí los principales li- 
ncamientos del hombre privado. 

El Dr. Guillermo Rawson, cuya situación económica fue 
siempre de las peores, pudo decir con el filósofo Biaa de 
Priene: «Omniamecum porto». Murió en París el 2 de Febre- 
ro de 1890, á los 69 años de edad 1 . 



1 So retrato al óleo se encuentra colocado en la Legislatura de San 
Juan. — N. E. 



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CAPÍTULO XX. 

Gobierno transitorio do Lloverás, Precilla y Za valla. — 2. Ad- 
ministración de Don Camilo Rojo. — Contingentes militares. 

— 3. Revolución en Mendoza. — La Rinconada del Pocito. 

— Batalla de San Ignacio. — 4. La montonera de Várela. — 
Santos Guayama. — 5. Milicias. 



El 16 de Abril de 1864, asumió interinamente el mando 
gubernativo de la Provincia, el Señor Santiago Lloverás, 
hasta el 13 de Junio en que fué nombrado gobernador en 
propiedad Don Saturnino de la Precilla. 

La administración del primero fué completamente estéril, 
y en su gobierno de círculo de seis dias, nada hizo en el orden 
institucional, que pudiera colocarle siquiera entre los gober- 
nantes con iniciativas de progreso. La del segundo concluye 
con su muerte repentina, acaecida el 24 de Julio. En el corto 
periodo de cuarenta dias, nada digno de recuerdo pudo de- 
jarnos. 

A falta de hechos y dotes especiales en nuestros mandata- 
rios para el gobierno y administración de los intereses públi- 
cos ó de mejoras políticas é industriales, que acreditasen la 
actividad del pueblo, tenía lugar por entonces un suceso bo- 
chornoso que produjo alarma en la Provincia mas pobre, mas 
trabajada por los motines y revoluciones, que llegaron á darle 
una triste celebridad. 

En el Dique del Rio ó cuartel de San Emiliano estaba por 
aquel tiempo un Batallón de Rifleros, remontado con los in- 
dividuos destinados por los tribunales al servicio de las armas 
en conmutación de pena por delitos comunes. 

Este mal sistema de organización de nuestro ejército por el 
que los criminales sin respetar la propiedad, el honor y la 



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EL PAÍS DE CUYO 299 



vida de los ciudadanos, pasan á ser los guardianes de esos 
mismos bienes de la paz y orden públicos, y en cuyas manos, 
manchadas quizá por recientes homicidios, se pone nuestra 
bandera, esa enseña gloriosa del honor y dignidad nacional, 
no puede nunca mirarse sino como un medio inmoral, alta- 
mente reprobado y de funestas consecuencias. 

Algunos años después, recien se ocupó el Congreso de co- 
rregir un abuso tan odioso, limitando el servicio de las 
armas, ademas de las leyes antes existentes sobre vagancia, 
falta de enrolamiento, etc., á los que no merecieren pena in- 
famante. 

Los condenados al servicio militar que, como hemos dicho, 
se habían destinado á los Rifleros, y cuyo número pasaba de 
cuarenta, se sublevaron el dia 6, arrastrando en la rebelión á 
muchos de los soldados y clases del cuerpo. En seguida se vi- 
nieron sobre la ciudad, que solo dista dos leguas, y atacando 
el viejo cuartel de San Clemente, fué tomado casi sin resis- 
tencia y muy pocas pérdidas. 

Este suceso puso en grande conflicto ala ciudad; todos los 
ciudadanos y milicias que la guarnecían se dispusieron y alis- 
taron como para conjurar el peligro antes que tomase mas 
proporciones. 

Cuando los sublevados pensaron atacar la plaza, ésta es- 
taba bien defendida por el pueblo y las milicias, lo que dio 
por resultado su completa dispersión sin el mas ligero com- 
bate, concluyendo así este motin que apenas merece el nom- 
bre de tal. 

Siguió en el Gobierno de San Juan interinamente, Don 
Manuel José Zavalla (Julio 24), y á los cuarenta y tres dias 
se practicó la elección de propietario, que recayó en la per- 
sona de Don Camilo Rojo (Octubre 7). 

2. — Este honrado ciudadano ha hecho en su provincia 
uno de los gobiernos mas"progresistas, y ha rozado altas cues- 
tiones de la vida económica, dádoles un giro conveniente y 
un impulso tan necesario, como descuidado habían sido por 
los gobiernos anteriores. 



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300 EL PAÍS DE CCYO 



En pueblos como San Juan, por regla general, se necesita 
la iniciativa oficial para las cosas de interés público y aun de 
simple carácter municipal. 

Esto no quiere decir que los sanjuaninos carezcan de ini- 
ciativa, de interés por el progreso de su provincia y de bue- 
nos deseos para implantar las buenas instituciones y mejoras 
necesarias al buen ornato público; sobre todo, son laboriosos 
y de grande actividad, cualidades que se estrellan ante el 
pauperismo general en casi todo el Interior, y ante legisla 
ciones que todo lo entregan al cuidado y labor de los Go- 
biernos. 

La institución municipal es desconocida en San Juan; la 
remedan ó parodian las juntas departamentales de irrigación 
que, como lo indica su nombre, son de carácter especial. 

Los capitales son tímidos, y los que poseen una regular 
fortuna, cuyo término medio no pasa de doscientos mil pesos, 
se muestran, en general, poco generosos y aun mezquinos, lo 
que les ha dado cierto renombre aun fuera de la Provincia. 

Añádase que en un pueblo como San Juan, tan mediterrá- 
neo y asaz trabajado por las pasiones políticas, el comercio es 
muy limitado y la previsión una virtud de necesidad. 

Volviendo al Gobierno de Rojo, repetiremos que ha sido 
uno de los mas honestos y laboriosos. 

La educación primaria le debe muchas mejoras y reformas 
de gran importancia; creó numerosas escuelas en la ciudad y 
departamentos; reorganizó las existentes en la villa de Jáchal 
y Valle Fértil, dotando á algunas de edificios adecuados; ter- 
minó el hermoso edificio de la Escuela Sarmiento y consiguió 
nacionalizar el colegio de estudios preparatorios, que funcio- 
naba con excelentes resultados (15 de Marzo 1865), tomando 
un grande ensanche como casa de educación, creándose las 
aulas de mineralogía y metalurgia, tan indispensables en 
pueblos cuya principal industria ha de ser mas tarde la 
minería. 

En esta administración se creó el Departamento General 
de Escuelas, como se verá en el lugar oportuno (Junio 22 de 
1865). 



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EL PAÍS DE CUYO 301 



La irrigación, cuestión de vital importancia para San Juan, 
recibió un poderoso impulso, dictándose á este objeto leyes 
de gran interés. 

Don Juan Llerena fué nombrado en comisión para levan- 
tar una estadística prolija de la población, comercio, indus- 
tria, riqueza, etc., etc., dejando ya establecida la base para 
un trabajo estadístico mas perfecto. 

Se construyó un edificio vasto y cómodo para casa de co- 
rrección de mujeres, de acuerdo con la ley de Noviembre 16 
de 1857. 

Finalmente, la confianza que inspiró el gobierno de Rojo, 
era la mejor garantía de orden, paz y estabilidad, que, como 
hemos visto, en los años anteriores parecían no poderse radi- 
car en la Provincia. 

El movimiento comercial arrojaba un valor por importa- 
ciones de mas de un millón y trecientos mil pesos. A estos 
datos añadiremos que el movimiento de los distritos mineros 
fué mayor, no solo por el número de establecimientos del 
ramo, sino hasta por la ley de los metales. 

Bajo tan honrada y laboriosa administración, hubiera lle- 
gado este pueblo á un alto grado de progreso y estabilidad, 
como que nada tenía de superficial el realizado hasta entonces 
si no se hubiera visto azotado por las discordias y guerras 
civiles é interrumpido en su tarea de prosperidad y bienestar. 
Los movimientos armados vinieron á desbaratar sus planes 
de progreso: la guerra del Paraguay, la revolución de Men- 
doza y las montoneras de Várela. 

La guerra declarada por el Gobierno de la Nación del Pa- 
raguay, cuyas causas no señalamos por muy conocidas, y 
que se manifestó por la vandálica invasión á Corrientes 
(Abril 13 de 1865), produjeron un estado de armas en la Pro- 
vincia. 

Por decreto del Ministro de Guerra de Abril 17, se había 
asignado á la Provincia de San Juan una contribución de 
sangre ó contingente con que debía concurrir, de 250 hom- 
bres, y por decreto de 19 del mismo mes, otro de 150 desti- 
nados á la remonta del ejército de línea. 



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302 EL PAÍS DE CUYO 



Al primero respondió la Provincia mandando un precioso 
batallón de mas de 400 hombres, voluntarios en su mayor 
parte, denominado «Batallón San Juan»; y á lo segundo, 
mandando un contingente que formó con otro de Córdoba, el 
Batallón 12 de línea. 

El «Batallón San Juan», al mando del valiente Comandarte 
Giuffra, llegó á ser uno de los primeros batallones de guar- 
dias nacionales, por su personal, disciplina y comportamiento 
en aquella tremenda campaña. 

«El 18 de Julio» (1866), fué uno de los que cargaron al Bo- 
querón, bajo el nutrido fuego da la metralla enemiga, y de su 
buen comportamiento responde el hecho de que de diez y siete 
oficiales que entraron en aquel sangriento combate, hubo 
doce de baja, entre ellos el bravo Giuffra que pronto murió 
á causa de sus numerosas y graves heridas. 

En esta sangrienta guerra, distinguióse el Coronel divisio- 
nario Don Cesáreo Domínguez, hijo de la Provincia de San 
Juan, justamente apreciado por sus dotes militares. Murió en 
el Paraguay en 1867 con el grado de General. 

En Mayo 15 de este año (1865), se formó una comisión 
central para colectar fondos destinados á socorrer las fami- 
lias de los individuos que habían marchado en el «Batallón 
San Juan», y después se crearon juntas departamentales 
con el mismo objeto; en acta de esta fecha, se levantó una 
suscripción que se repitió mensualmente, pudiéndose así lle- 
nar el objeto de beneficencia ya indicado, y que duró por todo 
el tiempo de la guerra del Paraguay. 

El Gobierno de Rojo, así que llenó estos deberes exigidos 
por la guerra y por la autoridad nacional, siguió adelante en 
la senda de progresos que se había trazado. 

En 12 de Abril (1866), creó una oficina estadística, y en 
Junio 17 cooperó eficazmente á la realización de la «Biblio- 
teca Franklin», primera biblioteca popular establecida en la 
República y salida del seno del pueblo, que mereció bajo este 
punto de vista el verdadero nombre de popular, ademas del 
de su institución y fines de su creación. 

Operó por medio de subsidios las refacciones y mejoras de 



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EL PAÍS DE CUYO 303 



las iglesias de Concepción; la de Jáchal y la de San Pedro de 
Astica en el Departamento de Valle Fértil, siendo interrum- 
pido en esta nueva serie de mejoras por los revolucionarios 
de Mendoza. 

3. — El 9 de Noviembre había estallado en la Penitencia- 
ría de Mendoza una sublevación de presos, entre los que ha- 
bía varios por causas políticas. El partido federal, encabeza- 
do por los jefes Videla, Viñas, Olascoaga y otros dieron 
impulso y nervio al movimiento, que pronto revistió un ca- 
rácter político y que el débil gobierno de Arroyo fué impo- 
tente para sofocar. 

La rebelión, porque este fué el carácter que pronto asumió 
la sublevación de presos, batió con buen éxito las tropas fie- 
les á la Nación (Lujan), y desde entonces ya pensaron en in- 
vadir á San Juan para lo que contaban con mas de 2,000 
hombres. (Ap. nota núm. 27). 

El Gobierno Rojo comprendió la inminencia del peligro, 
y sin las pretensiones militares que por cierto no podía abri- 
gar, como que había sido siempre un ciudadano pacífico, en- 
tregó la obra de defensa al jefe porteño Don Julio Campos, 
que comenzó á organizar su pequeño ejército sobre el plan- 
tel de una compañía del 6 de línea y un piquete del 1.° de 
caballería, llegando á formar un total de 1,200 hombres. 

La revolución de Mendoza, que desde sus primeros momen- 
tos se sirvió de los bandoleros de la penitenciaría para los 
criminales propósitos que la impulsaban (subvertir el orden 
público) y se desarrolló después con cierto lujo de barbarie, 
puso en movimiento las milicias circunvecinas y un buen 
cuerpo de ejército, que fué necesario distraer de las operacio- 
nes de guerra contra el Paraguay. 

En Diciembre del mismo año, los revolucionarios de Men- 
doza, al mando de los jefes alzados Juan de Dios Videla, Viñas, 
Rodríguez, Flores y otros elementos de destrucción en cua- 
drilla, invaden áSan Juan, contando con el apoyo embozado 
del Gobernador de Córdoba, Dr. Luque, de cuya provincia 
penetran en los Llanos de la Rioja y San Luis, acaudillados 
por Andrada y Juan Sáa respectivamente. 



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304 EL PAÍS DE CUYO 



El Gobierno de San Juan corta sus comunicaciones con 
Mendoza y se prepara á resistir la invasión del Sud, teniendo 
por jefe al Gobernador de la Rioja, Coronel Campos, á guien 
el Gobierno Nacional había encomendado ese deber. 

Luego se tienen noticias de que Irrazábal ha sido batido 
por los revolucionarios en el Departamento de Lujan, lo que 
aumenta las alarmas en San Juan, que ya conoce el alcance de 
las invasiones mendocinas (años 1820, 182B y 1861). 

La Provincia invadida se apresta á la lucha y fortifica el 
punto mas avanzado de la travesía, la Rinconada del Pocito, 
lugar que debía ser tres veces funesto para San Juan. 

El 5 de Enero, 1,200 hombres sanjuaninos fueron atacados 
por mas de 2,000 revolucionarios, que consiguieron flanquear 
por las faldas de los cerros las pequeñas obras de resistencia. 

La caballería sanjuanina se desbanda y desde aquel mo- 
mento comienza una nueva matanza que trae á la memoria 
las de Sáa en 1861. 

Campos huye á San Luis con 200 hombres, única fuerza 
que se retiró semi-organizada desde el campo de batalla. 

En consecuencia del desastre sufrido, las tropas de la re- 
belión entran el mismo dia á San Juan, sembrando el espanto 
y cometiendo todo género de tropelías en aquellas indefensas 
poblaciones. 

Los revolucionarios ponen á saco la ciudad sin que bas- 
ten los empeños del jefe rebelde Olascoaga, que por su parte 
hace cuanto puede para impedirlo. 

Las contribuciones forzosas, los robos, los incendios, las 
violencias y depredaciones de toda especie, fueron el horri- 
ble cortejo con que los revolucionarios entraron á la pobre 
San Juan. 

Enseñoreados de esta Provincia, y reforzados con los auxi- 
lios que el gauchaje alzado les prestara de San Luis y de la 
Rioja y con 600 indios ranqueles que se les unieron, los que 
de paso habían saqueado el pueblo de Mercedes (San Luis), 
pudieron dar mayor amplitud á sus criminales propósitos. 

Los rebeldes desalojan San Juan en los primeros dias de 
Marzo y se dirigen al Litoral, al mando en jefe de Juan Sáa. 



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EL PAÍS DE CUYO 305 



El 1.° de Abril (1867) el Coronel D. José Miguel Arredon- 
do, á la cabeza de 1,600 hombres, les sale al encuentro en el 
Paso de San Ignacio, costa del Rio V, en San Luis. 

Los rebeldes en número de 3,800 hombres con varias piezas 
de artillería, atacan con rabia á las fuerzas nacionales y son 
rechazados con grandes pérdidas; nuevos ataques, cargas te- 
rribles en que el empeño de aquéllos se aumenta por la fuerza 
de la resistencia, indica que el resultado de la batalla era 
cuestión de vida ó muerte para la rebelión; así fué, efectiva- 
mente; las tropas nacionales del bravo Arredondo, obtienen 
un brillante triunfo que concluye por completo con la rebe- 
lión, cuyos jefes huyen despavoridos á la República de Chile. 
En 1825, para la reposición del G-obernador Carril, y en 
1861, cuando la intervención armada encomendada á Juan 
Sáa, las fuerzas de San Juan habían sufrido un total contras- 
te; pero ni esta dura experiencia hizo mas cautos á los sanjua- 
ninos que volvieron á incurrir en la misma falta. 

El soldado de milicias que carece de disciplina, de hábitos 
guerreros, y ve la alternativa de una muerte probable al 
frente, ó la familia ó el hogar á la espalda, se comprende que 
opte por esto último, sintiéndose en el primer momento to- 
cado, mas por el instinto de propia conservación, que por el 
sentimiento de la dignidad y el patriotismo que la turba mul- 
ta solo conoce de nombre. 

JNi todo había que dejarlo al solo esfuerzo de tropas biso- 
ñas, que en aquel aciago lugar se sentían sojuzgadas por los 
ingratos recuerdos de los fracasos anteriores, ni los jefes de- 
bieran tan fácilmente contentarse con una posición que, aun- 
que llene las apariencias de un campo cerrado, está muy lejos 
de ser una posición estratégica. 

El que invade á San Juan, por cualquier lado, es como el 
sediento que se vé morir de sed y tiene al frente un rico y. 
fresco manantial; en la Rinconada, retroceder es perecer en- 
tre los inmensos salitrales y largas travesías de muchas leguas 
que deja á su espalda al invasor, mientras que la lucha le 
ofrece, por lo menos, la posibilidad del triunfo y el premio 
de sus fatigas al llegar á San Juan. 

20 



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306 EL PAlS DE OCYO 



Al soldado recluta, que pelea en tales condiciones, hay que 
guardarle la espalda para quitarle toda tentación, y esto solo 
se conseguiría cambiando la posición de lugar. 

En vez de la Rinconada, elíjase Huanacache, ya que no 
Jocolí, creando al combatiente la necesidad de avanzar y 
quitándole el deseo y tentación de retroceder. 

De los jefes invasores á San Juan, fueron después fusila- 
dos Carlos Ortiz por crímenes sin cuento; José María Belo- 
mo y José Bernardo Molina, que, tomados en la Villa de Já- 
chal, fueron también pasados por las armas. 

Durante la rebelión, el gobierno de San Juan había sido 
desempeñado sucesivamente por Flores 1 , Videla*, Molina s , 
Burgoa 4 , Moyano 6 y Soage 6 , hasta el 20 de Abril en que 
reasumió el mando de la provincia el gobernador propieta- 
rio Don Camilo Rojo. 

4. - Por este tiempo, el famoso montonero Felipe Várela, 
que desde Chile y con recursos y gentes proporcionados en 
esta nación amiga, había invadido la Provincia de la Bioja, 
se hacía sentir sobre el departamento de Jáchal. 

El gobierno de San Juan movilizó algunas milicias que 
marcharon en su persecución y lo batieron en Hornillos, 
Bateas, Ciénaga Redonda y Durito, donde el comandante Cha- 
rras le deshizo completamente. Várela huyó á las provincias 
del Norte, donde cometió algunas fechorías, asilándose por 
fin en territorio boliviano. 

Este caudillo, que venía predicando la unión americana* 
paz y amistad con el Paraguay, no dejó de dar bastante tra- 
bajo. 

El 2 de Enero del año 1857, batió en Guandacol á un co- 



1 Don José Ignacio Flores, de 9 á 22 de Enero. 

* Coronel Juan de Dios Videla, Enero 22 á Febrero 26. 

3 Comandante José Bernardo Molina, Febrero 26 á primeros dias de 
Marzo. 

* Carlos Burgoa, Comandante General de Armas, por tres dias. 

5 Napoleón Moyano, de 7 á 10 de Abril. 

6 Belindo Soage, desde el 10 al 20 de Abril. 



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EL PAÍS DE CCYO 307 



mandante Linares; en Tinogasta y á un Córdoba (Marzo 4), y 
combatió con suceso vario en Pozo de Vargas (Abril 10), Hor- 
nillos, Durito, Jáchal, Bateas y Ciénaga Redonda (6 y 6 de 
Junio), Quebrada de Miranda (Junio 16) y Cuesta de Tacuil 
(Agosto 29). 

En Octubre 10 atacó la ciudad de Salta, siendo rechazado, 
y á los tres dias sorprendía á Jujuy, cuya ciudad ocupó por 
algún tiempo. 

Este caudillo, que por su insignificancia nunca llamó la 
atención pública, aunque sí por sus raterías y pillaje, parecía 
movido por una mano oculta, á la que sin duda no eran in- 
diferentes nuestros heiinanos de Chile, de donde trajo asocia- 
do como secretario á un chileno Ricardo González, que en 
1868 publicó en Potosí una relación de las correrías de 
Tárela. 

Después de estos movimientos armados hasta 1872, fecha 
á que alcanza nuestro estudio, hubieron ligeras movilizacio- 
nes de fuerzas para combatir á Guayama, caudillo lagunero 
y célebre por sus repetidas invasiones á San Juan, Rioja y 
San Luis, y por su audacia que lo coloca en la primera cate- 
goría de las gentes de su clase. 

En 1872 cometió la última depredación de que podemos 
hacer mención en esta obra. Se apostó con sus gauchos en 
TJspallata, y comenzó una serie de exacciones contra los via- 
jeros y comerciantes de Cuyo y Chile, las que realizaba á 
condición de préstamo. Este gaucho ha sido objeto de muchas 
persecuciones, siendo la mas curiosa de todas, la del Gober- 
nador Arístides Villanueva, de Mendoza, que creyó tomarlo 
en Santa Clara (Quebrada de Montano, cordillera), donde 
por orden suya fué pasado por las armas, como se aseguró 
por la prensa; pero resultó que hábia una equivocación. 

El Comisionado de Villanueva había tomado á dos indivi- 
duos en Santa Clara; y en la incertidumbre de cuál fuera el 
bandido que perseguía, hizo fusilar á dos prisioneros en nom- 
bre de Guayama. 

Villanueva ordenó repiques, hizo quemar cohetes, despa- 
chó partes telegráficos y oficios á la autoridad nacional por 



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308 EL PAÍS DE CUYO 



la captura y muerte de Guayama, siendo, años después, fusi- 
lado el verdadero Guayana en el cuartel de San Clemente en 
San Juan, so pretexto de encabezar un alzamiento ó motín 
militar, que nunca existió. 

6. — La Guardia Nacional de la Provincia de San Juan 
estaba organizada de acuerdo con la ley de Mayo 27 de 1865, 
en cuanto á edad y excepciones para el servicio activo de las 
armas; y su número, según el estado que hemos tomado de la 
Inspección de Milicias, ascendía en 1872, á 7,360 hombres. 
(Ap., nota núm. 28). 



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CAPÍTULO XXI. 

1. Gobierno de Za valla. — Intervención nacional. — 2. Gobierno 
interino de Godoy. — 3. Justicia Federal en la Provincia. 
— 4. Gobierno de D. José María del Carril. — Gobierno de 
Don Valentin Videla. 



1. — Al Gobierno de Rojo, que terminó con su renuncia 
«n Agosto 22 de 1867, siguióse una enterinidad desempeñada 
por Don Santiago Lloverás desde Agosto 22 á Octubre 4, es 
decir, hasta la elección del Gobernador propietario eu esta 
última fecha. 

El Gobierno de Don Manuel José Zavalla está muy lejos de 
ser de los peores; pero equidista entre éstos y los mejores que 
ha tenido San Juan. A este honrado gobernante le cupo en 
suerte una época de ruda lucha, en la que no solamente tuvo 
por adversario un hábil y bien organizado partido político, 
sino toda la influencia de la autoridad nacional, que inter- 
vino en la Provincia. 

Su administración terminó en Marzo 27 de 1869, á causa 
de los sucesos que pasamos á narrar. 

En esta ocasión, como en muchas otras en el pasado de San 
Juan, estaba llamada á interesar con sus cuestiones políticas 
internas á toda la República, las instituciones de nuestro de- 
recho público y altas Cámaras de la Nación. 

Antes de pasar adelante, diremos que el Gobierno de Za- 
valla, en el corto período de su administración, implantó al- 
gunas mejoras, especialmente en la educación pública. Una 
escuela de niños y adultos y una de Beneficencia, ambas or- 
ganizadas y dotadas de un personal docente inmejorable, vi- 
nieron á llenar un gran vacío por la educación de la clase 
trabajadora, presentándose, por esa época, el tocante ejem- 



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310 EL PAÍS DE CUYO 



pío de ver sentados en una banca á hombres maduros, que 
llenos de fé y entusiasmo, se hallaban en el silabeo de nues- 
tras instituciones políticas. Esto nos recuerda las notables 
palabras de Marco Aurelio: «Etiam senex dicere decorum 
estv, aun en los viejos es honorable el aprender. 

Creáronse escuelas en número de nueve en les departa- 
mentos, como se verá al ocuparnos especialmente de la edu- 
cación común. 

La irrigación no fué descuidada y muchas mejoras de ca- 
rácter municipal se llevaron al terreno de la práctica. 

La prensa fué la única institución que retrocedió, lo que se 
explica muy bien, si se tiene en vista la apasionada y aun 
exaltada lucha política que sobrevino y tan funesto resultado 
había de tener para el Gobierno. 

«La Voz de Cuyo», periódico de oposición, dio el primer 
paso. Siguiéndole, por parte del partido gubernista, «La Le- 
chuza» y «El Rebenque», que sin miramientos sociales, todo 
lo enlodaron. Apareció después el primer periódico religioso 
político, titulado «Los Intereses de Cuyo» 1 . 

La exaltación de los partidos recrudeció por la inventiva 
de la prensa militante, que sirvió de órgano de defensa y opo- 
sición. 

La cuestión senaturía vino pronto á exasperar mas los 
espíritus y producir enseguida la lucha ardiente y desenfre- 
nada, que de tiempo atrás se estaba preparando en el seno de 
la Legislatura. 

Cada partido tenía su candidato, mas de pasión que de 
convicción; y era cosa averiguada que la autoridad nacional 
no era indiferente á esta lucha en que no se consultaba el in- 
terés del pueblo sino el de algunos políticos exaltados 2 . 

La Legislatura convertida en arena de combatientes, era 
el teatro en que debía librarse una gran batalla electoral. 
Los partidos en lucha habían llegado al extremo de eontra- 



1 Al tercer número fué suspendido por orden de la Policía. 
* Los candidatos para senador eran el Dr. Rawson, del partido oficial 
y D. Valentín Videla, del partido de oposición.— X E. 



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EL PAÍS DE CUYO 311 



balancearse por igual número de votos, sin que ninguno 
pudiera conseguir la mayoría legal. La Legislatura estaba 
formada por 24 diputados, de los que faltaban dos por vacan- 
cias producidas, perteneciendo por mitad el resto á cada uno 
de los partidos, sin obtener la mayoría de uno sobre la mitad 
para resolver la elección. 

La minoría opositora, constante de once diputados, cele- 
bró una sesión ilegal el 28 de Octubre de 1868; y resucitando 
una vieja ley reglamentaria que castigaba con la cesación del 
mandato del pueblo por un número determinado de inasisten- 
cias á las sesiones ordinarias, la aplicó á dos diputados in- 
currentes y contrarios, llamando á otros en su reemplazo, 
con lo que se consiguió la ansiada mayoría. Ebte quorum fic- 
ticio, formado por un golpe de audacia, se constituyó en cor- 
poración. 

La minoría contraria requirió del Gobierno su eficaz inter- 
vención y éste, abrogándose facultades que no le correspon- 
dían y manifestando una directa participación en aquellos 
sucesos, dictó un decreto el 30 de Noviembre, por el que des- 
conocía los procedimientos de la otra minoría, reunida en 
cuerpo deliberante en la forma irregular antedicha. Esta re- 
quirió á su vez la intervención del Gobierno Nacional, quien 
la decretó en 3 de Diciembre, á los pocos dias de solicitada l . 

Mientras la «Cuestión San Juan» seguía su curso natural 
en Buenos Aires, apasionando á los partidos políticos, á la 
prensa y legisladores de la Nación 2 , la Cámara de Diputados 
desconocía la facultad del Gobierno en cuanto á ella se refe- 
ría; y éste, declarando sediciosa, infraganti delito, la minoría 
opositora constituida en logia, decretó en Noviembre 12 su 
prisión, sometiéndola á la justicia ordinaria, acto impolítico, 
desacertado, que vino á dar visos de legalidad á los procedi- 



1 Mas tarde el Gobierno Nacional declaraba su intervención por dere- 
cho propio y después para restablecer la forma republicana de gobierno 
subvertida. 

2 La «Cuestión San Juan» no está en San Juan, está solamente en Bue- 
nos Aires. — Discurso del Dr. Nicolás Avellaneda. 



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4 



312 EL PAÍS DE OüYO 



mientos de la minoría contraria y á la misma intervención 
decretada por el Gobierno Nacional 1 . 

El Comisionado Dr. Luis Velez no se mantuvo á la altura 
é independencia de las opiniones de partido, como era de su 
deber, pues debió limitarse al restablecimiento de las formas 
legales de la Legislatura, sino que, siguiendo adelante con sus 
instrucciones, excarceló á los presos y los reconoció en la for- 
ma ya dicha, como verdadero cuerpo legislador de la Pro- 
vincia. 

Cuando parecía que, no obstante las irregularidades co- 
nocidas, todo volvía á la calma, y cuando el interventor nacio- 
nal que había marchado en todo de acuerdo con el Gobierno 
de Zavalla se había vuelto á dar cuenta de su feliz arreglo, 
la Legislatura se reúne y comienza contra su contrarío una 
guerra de venganzas y mezquindades, que el gobierno no es- 
tuvo remiso en secundar. Este pretendió en seguida que la 
intervención no había tenido mas objeto ni alcance que la ex- 
carcelación de los diputados presos, y con este pésimo argu- 
mento volvieron las cosas á peor estado, y comenzó una nueva 
lucha para que el pueblo renegase de gobernantes y gober- 
nados. 

Desconocidos por el gobierno los actos ejecutados por el 
interventor Velez, por cuanto afectaban la soberanía de la 
Provincia, acordó sostener en toda su fuerza y vigor el decre- 
to de Octubre 29 del año anterior, desconociendo nuevamen- 
te á la Legislatura. 

Mientras la Legislatura pide nueva intervención para ha- 
cer respetar sus decisiones, el Gobierno, mal aconsejado, lanza 
un decreto mandando salir las fuerzas nacionales fuera del 
territorio de la Provincia, lo que importaba rebelarse contra 
la Constitución y la autoridad nacional. 



1 Los diputados presos fueron los ciudadanos Zacarías Merlo, Avelino 
Alvarez. Sixto Fonzalida, José Domingo Astorga, José Méndez, Juan E. 
Balaguer, Vicente Baca, Benedito 2.° Correa, Cayetano Espada, Tristan 
Balaguer, Román Jofré y el Secretario de la Legislatura Domingo A. 
Luna. 

Corrieron igual suerte el jefe del Partido Don Valentín Videla y uno 
de los Redactores de «La Voz de Cuyo», Don Pedro P. Calderón. — N. E. 



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EL PAlS DE CUYO 313 



El Gobierno de la Nación dicta un decreto en Marzo 4, de- 
clarando al de San Juan en verdadera sedición, y mandando 
convocar las milicias y sujetando á la ley marcial á todos los 
ciudadanos de la provincia. 

En seguida vinieron órdenes terminantes á las fuerzas na- 
cionales en la Provincia, las que marcharon en pleno dia á 
banderas desplegadas y tambor batiente á tomar posesión 
de la Casa Departamental de Gobierno (Mayo 28). 

La Legislatura, por su parte, apoyada en las fuerzas nacio- 
nales, que se habían puesto á su disposición, haciéndose eje- 
cutora de sus propios mandatos, acusó al Gobernador Zava- 
11a de sedición y constituyóse en Corte de Justicia (Marzo 27). 

No faltaron cargos para fundar la acusación (fueron en nú- 
mero de 18), ni energía por parte del acusador para fallar 
contra el acusado. Efectivamente, la Legislatura, en sesión 
de 22 de Junio formó juicio político y destituyó al Goberna- 
dor Manuel José Zavalla y Ministros Don Isidoro Albarracin 
y José Eugenio Doncel, declarándolos inhábiles para ejercer 
ningún empleo á sueldo ó de honor en la Provincia. 

Ante ese tremendo fallo, Zavalla pidió su reposición, y fué 
entonces que tuvo lugar ante el Congreso la célebre Cuestión 
San Juan, que tanto había interesado por sus ilustrados de- 
bates y altas doctrinas de derecho constitucional. 

2. — El 27 de Marzo de 1869, la Legislatura nombró go- 
bernador provisorio al respetable anciano Don Ruperto Go- 
doy Carril, que desempeñó estas funciones hasta Junio 22 del 
mismo año. 

Durante su administración, el Poder Judicial de la Provin- 
cia recibió recien una conveniente organización. 

Por ley de 2 de Junio quedó éste constituido de la manera 
siguiente: 

1.° Cámara de Justicia formada por tres letrados con ca- 
rácter de inamovibles, nombrados por el Ejecutivo en terna 
y á propuesta de la Legislatura. 

Es tribunal de apelaciones de todos los de la Provincia, y 
conoce en única instancia de las causas contencioso-adminis- 



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A 



314 EL PAÍ8 DE CUYO 



trativas, de fuerza y protección contra los tribunales ecle- 
siásticos, contra el Gobernador, sus Ministros, miembros de 
la Legislatura y Poder Judicial, previo juicio político. 

2.° Tres juzgados de letras, dos para la capital y uno para 
Jáchal. 

Estos conocen en materia civil, criminal, mercantil, de 
minas y asuntos contenciosos de hacienda. 

Son juzgados de apelación de los de Paz; tramitan la pri- 
mera instancia de los asuntos apelables al Tribunal Superior 
y tienen jurisdicción inapelable en los de determinada cuantía. 
Su jurisdicción comprende la capital y departamentos, con 
excepción de los que se han asignado al juzgado de Jáchal, 
que son todo el departamento de este nombre y los distritos 
mineros del Norte de la Provincia. 

3.° Los Juzgados de Paz, dos para la ciudad y uno para 
cada departamento, conocen en asuntos civiles de mínima 
cuantía, y criminales de pequeña gravedad señalados por la 
ley. 

4.° Un Procurador Fiscal adscrito á la Cámara de Justicia, 
un Fiscal y un Defensor de pobres y Menores. El personal 
del Poder Judicial es de 35 individuos. 

3. — Ya que nos estamos ocupando de la judicatura pro- 
vincial, diremos algo sobre la justicia federal en la Provincia. 

De acuerdo con ley de Octubre de 1863, que creó la Su- 
prema Corte Federal, el Gobierno de la Nación instaló el 
Juzgado Seccional de San Juan por decreto de Agosto 8 del 
año siguiente. 

Esta deficiente organización de la justicia federal en pro- 
vincia, nos sugiere las observaciones siguientes: 

Una Corte de Circuito para las provincias del antiguo 
Cuyo, allanaría las grandes dificultades que se sienten por 
la distancia, tiempo, gastos que hace tan cara la justicia na- 
cional, y el puro conocimiento de auto* para los fallos apela- 
torios ante la Suprema Corte. 

Al hablar del puro conocimiento de autos, no es porque 
creamos que la conciencia del juez pueda ni deba formarse 



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EL PAÍS DE CUYO 315 



por el conocimiento extrajudicial de un asunto sujeto a su re- 
solución, sino porque habiendo muchas cuestiones de hecho, 
puede ser necesaria la inspección ocular y tantas otras ve- 
rificaciones que mejor sería no someter á empleados subal- 
ternos, y que siendo altamente delicadas, en materia cri- 
minal sobre todo, suele faltar escrupulosidad y sobrar vicios 
en las formas, que sin afectar la sustancia de un juicio, llega- 
rían á invalidar la fuerza probatoria de un hecho, etc., etc. 

4. — Don José María del Carril fué el gobernante que su- 
cedió á Godoy en 1.° de Agosto de 1869; gobernó hasta Fe- 
brero 15 de 1871. 

Su gobierno, activo y laborioso, implantó grandes y salu- 
dables reformas en la educación pública, irrigación y minería, 
de que luego nos ocuparemos. Durante su administración, se 
dictaron las famosas leyes de redención de capellanías (Junio 
21 de 1870), extinción de conventos (Agosto 16), y provisión 
de curas párrocos en ejercicio del vice-patronato. 

Puso de su parte cuanto le fué posible para la formación 
del primer Banco en la Provincia, consiguiendo este resultado 
con la fundación del Banco de Cuyo (1870). 

Inició y ejecutó varias obras públicas de gran importancia, 
como la casa de Baños, conclusión del templo de San Agus- 
tín, de la hermosa Casa de Justicia, la Casa Departamental 
de Gobierno, la del Mercado Público por empresa particu- 
lar, el Paseo Público, etc. 

Tan laboriosa administración resintióse de dos errores ca- 
pitales: la exclusión del Partido Liberal ó Zuvallista á que 
no dio la menor participación en la cosa pública, y el emprés- 
tito contraído por ley nacional de Setiembre 1.° de 1870 por 
valor de 150.000 pesos en fondos públicos, cuya mayor parte 
fué empleada inútilmente. En ese año se terminaron, sin ra- 
zón probada y solo por simples presunciones, las obras contra 
los avances del rio sobre la ciudad; y en vez de prolongar las 
del Dique y hacer otras defensivas sobre el Valle de Zonda, 
ordenó la construcción de un monolito en la quebrada del 
mismo nombre. En todo ello consumiéronse grandes capita- 



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316 EL PAÍS DE CUYO 



les sin mas resultado que aumentar la enorme suma invertida 
que ya pesaba sobre la Provincia. 

Carril renunció en Mayo 16 de 1871, en cambio de una 
banca en el Congreso Nacional, delegando el mando en el 
acaudalado y prestigioso caudillo político D. Valentín Vide- 
la, hombre tenaz y sin la inteligencia y vivacidad de su pre- 
decesor. Esta interinidad duró desde el 17 de Mayo hasta el 
l.°de Junio del mismo año en que fué electo gobernador pro- 
pietario. Organizó su Ministerio con los ciudadanos Gelon 
Martínez para la cartera de Hacienda y Fomento, y Ramón 
González para la de Gobierno é Instrucción Pública. 

Su gobierno fué muy combatido y luchó con grandes re- 
sistencias hasta sus últimos días; pero fuerte por la disci- 
plina y habilidad del Partido tClub del Pueblo», degeneró 
muchas veces en casi voluntarioso, aunque sus actos reves- 
tían todas las formas legales. Se dictaron leyes de vital im- 
portancia sobre establecimientos de Bancos de depósito, con- 
donación de la deuda de Contribución Directa por años ante- 
riores á 1869, ley de imprenta, fijación del valor de las mo- 
nedas de curso legal con relación á la moneda de cuatro bo- 
livianos, introducción de máquinas de labranzas, plantación 
de cepas de uva para viñas y parrales; manzanos, moras, aca- 
cias, plantaciones que serían premiadas con veinte y treinta 
pesos respectivamente. 

Otras leyes no menos importantes fueron las relativas á 
los exportadores de licores encajonados con sus cápsulas y 
viñetas respectivas, estimulados con un premio de cincuenta 
pesos por cada docena de botellas que exportasen. 

Por autorización de 18 de Noviembre, invirtióse la suma de 
4.000 pesos en acciones de la primera asociación de agricul- 
tores, medida que tuvo por objeto fomentar la industria 
agrícola ó introducir máquinas modernas en la provincia. 

Fueron reformadas la Ley Orgánica y de Enjuiciamento, 
compilando y agregándose las dispersas dictadas posterior- 
mente. 

Se practicaron estudios y construyeron planos del camino 
interprovincial entre San Juan y San Luis con recursos pro- 



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EL PAlS DE CUTO 317 



pios y en calidad de préstamos al gobierno de la Nación. Una 
ley de igual carácter disponía que los gastos para estudios, 
planos y presupuestos del camino al Departamento de Jáchal 
fueran también hechos en calidad de préstamos al mismo go- 
bierno. 

La educación pública siguió su movimiento progresivo ini- 
ciado por las anteriores administraciones con un presupuesto 
de 59,980 pesos. 

En la madrugada del 13 de Diciembre de 1872, el gober- 
nador Videla fué muerto á golpes por asesinos vulgares en 
una calle principal de la ciudad y á dos cuadras de la plaza 
25 de Mayo *. 

El Gobernador interino Don Benjamín Bates dictó un de- 
creto, ordenando que el cadáver fuera trasladado á la casa 
mortuoria del Departamento de Gobierno y se velase toda la 
noche por una guardia de honor vestida de gran parada. Al 
día siguiente, á las ocho en punto, se verificó el entierro en el 
Cementerio Municipal. 
¡Paz en su tumba! 

Antes de cerrar esta sección de nuestro relato histórico, 
debemos hacer presente un hecho bien extraño y singular en 
la vida política de San Juan. De sus numerosos gobernadores 
y con la sola excepción del General Don Nazario Benavides, 
ninguno ha terminado su período, cesando por renuncia, re- 
volución, muerte, etc. Es de advertir que los períodos dura- 
ban dos años hasta 1867, en que la Provincia se dio una 
constitución, fijando en tres el período legal de gobierno. 



* La opinión pública creyó ver sus principales lineamientos fisonómi- 
cos y rastros de los asesinos en los célebres «Prolegómenos» del humilde 
labriego del Pocito.— N. E. 



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SEGUNDA PARTE. 



CAPITULO PRIMERO. 

1. Geografía. — Límites. — División departamental. — 2. La Capi- 
tal.— Edificios públicos. — Los padres agustinos. — 3. Depar- 
tamentos. — Su importancia. 



Esta sección de nuestro trabajo comprenderá la geografía 
de la Provincia, acompañada de varios cuadros estadísti- 
cos, etc., con sus delicadas adherencias, consideradas como 
tales las enojosas cuestiones de límites que en el orden nacio- 
nal y provincial, es una de las mas intrincadas en todos los 
pueblos de origen español. 

La división política y administrativa de los Departamen- 
tos con la estadística propia de cada parte y del conjunto; la 
división eclesiástica, etc., etc., serán objeto del primer capí- 
tulo, tratando por separado y en capítulos sucesivos los im- 
portantes ramos de la educación común, uno de los coeficien- 
tes del progreso que colocan á San Juan en la primera cate- 
goría de los demás Estados de la unión Argentina; la naciente 
industria minera, que es la esperanza sanjuanina y acaso la 
base de nuestra futura riqueza y irrigación, que es la materia 
de mas vital interés para la Provincia. 

1. — Hemos dicho que la situación geográfica de la Pro- 
vincia está comprendida entre los 29° y 32° 38' de latitud, con 
una longitud media occidental de 70° 22 f sobre el meridiano 



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320 EL PAÍ8 DE CUYO 



de París. Tiene la figura de un trapecio con un área aproxi- 
mativa de 87.345 kilómetros cuadrados. 

Limita al Este con San Luis y La Rioja; por el Oeste con 
la Cordillera de los Andes, que la separa de Chile, es decir, 
con la línea divisoria que atraviesa las cimas mas elevadas, di- 
vidiendo las aguas al Este y Oeste; al Norte con la Rioja y por 
el Sud con Mendoza; pero estos límites son por demás am- 
biguos desde que no pasan de una simple afirmación, y po- 
drían dar lugar á enojosas cuestiones territoriales, que, como 
vamos á ver, han ocurrido y suscitádose por varias ocasiones. 
El Señor Martin de Moussy, sin mas que su propia autori- 
dad, asigna á esta Provincia, en su obra sobre la Confedera- 
ción Argentina, los límites siguientes: «al Oeste con Chile 
hasta las crestas de los Andes; al Norte y Nordeste con la 
Eioja; con San Luis por la Sierra de las Quijadas y Lagunas 
de Huanacache. Estas mismas lagunas, y una línea tirada 
directamente al Oeste, pasando por el Ramblon, señala sus 
límites con Mendoza ». Después le da una extensión de 3.300 
leguas. 

La constitución provincial dictada en 7 de Abril de 1866, 
corregida y aprobada por el Congreso del Paraná en Setiem- 
bre 13 del mismo año, dice en su artículo 2.°, lo que sigue: 
« Art. 2.° — Su territorio comprende de Este á Oeste, desde 
las Salinas y el Barreal hasta las cumbres de la Cordillera 
de los Andes; y de Sud á Norte, desde el Árbol Solo hasta la 
Pampa Redonda y Sierra Partida, sin perjuicio de los arre- 
glos que haga el Congreso Federal en uso de la atribución 
catorce. » l 

La Constitución de San Juan, como se acaba de ver, hace 
una simple declaración que no solo deja la cuestión de Lími- 
tes sin resolver, sino que se limita á sentar las bases de un 
arreglo posterior que puede prestarse á la controversia. 
De unos trabajos estadísticos que en 1835 publicó «El 



1 Constitución Argentina, Art. 67, inciso 14: « Corresponde al Congreso . . . 
arreglar definitivamente los limites del territorio de la Nación y fijar los 
de las Provincias » 



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el país de cuyo 321 



Constitucional » de San Juan y que acreditan un maduro es-' 
tudio de parte de su autor, tomamos el párrafo siguiente: 

c La Provincia forma la figura de un trapecio, cuyos lados 
se calculan en 75 leguas rectas por el Sud, limitando con Men- 
doza; de 66 por el Este, limitando con San Luis; de 70 por el 
Norte, confinando con el territorio de La Rioja; y 75 por el 
Oeste, lindando con la Cordillera de los Andes que la separa 
de Chile, conteniendo su extensión una superficie de 4,725 
leguas. » 

Posteriormente (1869), á objeto del censo que se levantó el 
mismo año en toda la República, el Gobierno de San Juan 
(Zavalla), contestando notas del Ministerio del Interior, 
hacía presente que de los datos existentes resultaba que los 
límites de la Provincia eran los señalados por la Constitución 
Provincial, y añadía: «Las poblaciones mas avanzadas, son: 
por el Este, las Salinas y la Tranca; por el Oeste, Calingasta 
y los Manantiales ; por el Sud, Santa Clara, y por el Norte, 
la línea que, partiendo de la Cordillera pasa por la Sierra 
Partida y se prolonga hasta la Pampa Redonda», y concluía, 
calculando una extensión de cien leguas de Este á Oeste, y 
noventa de Sud á Norte (notas de Marzo 11 y 19 del año 
citado). 

Todos estos datos, evidentemente antojadizos, porque fue- 
ron la obra del momento, tendremos que rectificarlos despuej 
de las siguientes explicaciones. 

En cuanto á los límites del Poniente, el gobierno de Chile, 
prevalido de nuestra indolencia y en la necesidad de dar en- 
sanche á sus poblaciones, ha hecho varias tentativas para es- 
tablecer su dominio sobre el Valle de los Patos. Del primer 
antecedente que encontramos en los archivos sobre estas ten- 
tativas, instruirá la nota que transcribimos. 

«Al Teniente Gobernador de San Juan. — Exmo. Señor: — 
Don Francisco Toranzos y Don José Matías de Azcárate, por 
sí y sus menores, ante V.E. se presentan y dicen: Que ha llega- 
do á sus noticias que en la Provincia de Coquimbo han vendido 
de cuenta del Fisco los campos de los Patos, Patillos, Atu- 

21 



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322 EL PAÍS DE CUYO 



lia, los Añiles, etc., cosa que no puede ser admisible en 
consideración de ser jurisdicción del gobierno de su mando, 
y de nuestra propiedad, según los documentos que nos custo- 
dian y manifestaremos á su debido tiempo. En su consecuen- 
cia, suplicamos á V. E. se digne, en crédito de su autoridad y 
el bienestar de unos ciudadanos obsecuentes y sacrificados por 
la causa pública, tenga á bien comunicar al gobierno de Co- 
quimbo, á fin de que ponga un estorbo á la citada venta, 
mientras tanto aquellos señores, prosecursores de una venta 
en nuestra estimación ilegítima, no realicen sus escrituras 
ante la autoridad suprema del gobierno que ejerce V. E. 

«La escasez reprensible que en este lugar se advierte de 
papel sellado, nos motiva comunicar á V. E, en este común, 
una cosa de demasiado interés á nuestro bienestar, poseídos 
de que, penetrado V. E. de nuestra justicia, tenga á bien ofi- 
ciar á aquel gobierno, á fin de que se estorbe toda prosecu- 
ción de venta, entre tanto aquellos señores vendedores do 
acrediten su legitimidad de derecho, que deben patentizarle 
ante el gobierno que V. E. ejerce. Logrando la ocasión de sa- 
ludar á V. E. y ofrecerle sus mejores consideraciones de apre- 
cio, los ciudadanos que suscriben tienen el honor de dirigir- 
se bajo de su mando. — Francisco Toranzos. — José Matías de 
Azccírate. — Jáchal, año de 1819.» 

Este avance, que en oportunidad fué reprimido por recla- 
maciones del Teniente Gobernador la Roza, se repitió poste- 
riormente por parte de los ganaderos chilenos, que anual- 
mente invernan en pastos naturales gran cantidad de hacien- 
da vacuna. 

La incuria de nuestros gobiernos ha dejado hasta hoy 
(1872), subsistente este abuso de dominio ejercitado por nues- 
tros vecinos de Chile, sin que haya ni el mas ligero pretexto 
para nuevas cuestiones. Debemos advertir que el Valle de los 
Patos está al oriente de la línea tirada por las cumbres de la 
Cordillera, y origen de las corrientes que fluyen sobre el te- 
rritorio argentino, por lo que también, de acuerdo con el de- 
recho internacional, es imposible toda cuestión sobre dominio 
de aquel territorio. 



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EL PAlS DE CUYO 323 



En 1843 surgió una cuestión sobre límites entre el Gobier- 
no de esta Provincia y el de San Luis, mandando aquél en su 
consecuencia al comisionado Don Saturnino M. de Laspiur 
{Setiembre 12) para que tratase de arreglarla. 

Su origen se remonta al año 1826 por disputa seguida en- 
tre Don Joaquin Lucero y Don Gregorio Guayama sobre 
mensura de los terrenos de Cruz de Jume, Punta del Médano 
y Trancas. 

El Gobierno de San Juan hizo presente que en 1836, cuan- 
do las tropas de la Rioja ocuparon la Provincia, el de San 
Luis ocupó el territorio habitado comprendido desde la Tran- 
ca hasta la Maza Cruz, creando allí autoridades que hasta 
entonces habían sido toleradas, y notificaba que iba á pro- 
ceder á su nombramiento en los puntos indicados. 

El Gobierno de San Luis objetó que antes del año 36, el 
gobierno de Mendoza había mandado edificar una capilla en 
el Alto Grande, y que al punto se intentó la reclamación 
consiguiente, pues dicho territorio y toda la costa de las Lagu- 
nas hasta la Punta del Médano y las Salinas, le habían sido 
adjudicadas por el Intendente de Córdoba, señor Sobre Monte, 
en los primeros años del siglo, cuyos títulos fueron reconoci- 
dos por el gobierno de Mendoza, habiendo sucedido igual 
cosa con el de la Rioja sobre dominio al territorio de las Sa- 
linas, y añadía: 

«Según los documentos y noticias tomadas de los ancianos 
de aquel tiempo, y muy particularmente de Don Francisco 
Vicente Lucero, quien declaró que como Alcalde de Primer 
Voto del Cabildo de San Luis, fué en representación de éste 
á recibir la posesión del territorio que el Señor Sobre Monte 
-daba al cabildo de San Luis.» 

«Principió el deslinde por la provincia de Córdoba con la 
de San Luis, declarando por línea divisoria de ambas, las 
cumbres altas de las sierras que hasta hoy (1843), las divide, 
y por la parte del norte, desde un cerro que está al pió de di- 
cha sierra, llamado Come- chingo!. Se tiró la línea recta hasta 
la punta de la Sierra de San Isidro y de allí á la Punta del 
3£ódano, en la orilla de las Lagunas, con lo que quedó esta 



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324 EL PAÍS DE CCYO 



Provincia deslindando con la de Córdoba, Rioja y San Juan; 
y desde la Punta del Médano, siguió el Señor Sobre Monte su 
deslinde por la costa de las Lagunas, buscando el rumbo del 
Sud, y llegó hasta el Paso de las Carretas en el rio Tunuyan, 
ó donde éste, después de varios derrames y rodeos, sigue su 
curso al Sud, con lo que quedó esta Provincia limitando 
con la de Mendoza. 

El Gobierno de San Juan rechazó estos alegatos fundados 
en el dicho de un hombre; y aun admitiendo dicha exposición 
como auténtica, desconocía lo hecho por Sobre Monte, ale- 
gando que el Cabildo de San Juan no había sido parte en el 
asunto; citaba la inmemorial tradición que robustecía su re- 
clamo, y concluía exigiendo que el límite de la Provincia por 
la parte cuestionada fuese la línea que, partiendo de La 
Lagunilla, corre al Norte por el abra formada por la punta del 
cerro de las Quijadas con el de Guayaguás en dirección á las 
Salinas. 

La cuestión de derecho quedó sin resolverse; pero en he 
cho, el Gobierno de San Juan triunfó, nombrando las auto- 
ridades en los puntos ya indicados. 

En cuanto á los límites Sud y Norte, no era posible cuestión 
alguna por ser desiertos, sin pastos ni agua que no podían 
inspirar el menor interés á las provincias limítrofes. 

Lo que hemos sacado en limpio de los antecedentes y estu- 
dios hechos sobre este asunto, es lo siguiente: 

Por el Oeste, el límite de la Provincia es desde el pico del 
Aconcagua hasta la Yerba Buena con dirección Sud á Norte 
por sobre las cumbres de las Cordilleras, midiendo esta línea 
82 leguas; por el Sud, desde el Aconcagua hasta Los Cajo- 
nes, rama de la Sierra de las Quijadas, con rumbo Oeste á 
Este, midiendo una extensión de setenta y cinco leguas; por 
el Este, cien leguas de Sud á Norte, desde Los Cajones hasta 
la falda occidental de la Sierra de Vinchina (Guandacol), fren- 
te al Cerro Blanco; y al Norte, veiute leguas de naciente á 
poniente desde Vinchina á la Yerba Buena. 

La división administrativa de la Provincia en 1810, época 
mas antigua á que podemos referirnos en este sentido, era en 



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EL PAlS DE ÜUYO 325 



cuarteles urbanos: doce en la ciudad y cuarteles rurales en 
departamentos. La Provincia quedó dividida en diez y ocho 
grandes fracciones departamentales por ley de Diciembre 4 
de 1869, promulgada el día 7, la ciudad inclusive, y cuenta 
en todo con una población de 60,657 habitantes 1 . En estas 
divisiones no se ha tenido en vista la extensión territorial, 
sino sus centros poblados, sistema de agrupamiento tan común 
en los pueblos agricultores, á la inversa de los pueblos pas- 
tores que diseminan su población á los objetos de su ocupa- 
ción ordinaria. Al tratar de cada una de estas grandes frac- 
ciones, como pasamos á hacerlo, indicaremos su organización 
interna, su administración y relaciones con el conjunto, etc.. 
etc. 1 

2. — Capital. — La ciudad de San Juan de Cuyo es la ca- 
pital de la Provincia, con una población urbana de 8,357 
habitantes según el último censo, y está encerrada dentro de 
las cuatro calles anchas 3 , que llevan el nombre de los rumbos 
cardinales, y la separan de los departamentos sub-urbanos 
que en gran parte forman con aquélla una población unida 4 . 

Esta ciudad tiene una latitud sud de 31° 32', y longitud 
39° 40' al occidente, con una altitud sobre el nivel del mar 
de 740 metros. 

Fué fundada, como se ha dicho en otro lugar, en Julio do 
1562. 

Su situación es conforme á los rumbos cardinales y forma 
cuatro secciones divididas de E. á O. por la calle «Bivada- 
via», y de S. á N. por la de «Mendoza», conteniendo dentro 



1 Censo de 1869. 

J Sería de desear que el Exmo. Gobierno de la Provincia se preocupase 
de exclarecer la delimitación política de cada uno de los Departamentos 
en que se halla dividida. La división actual deja mucho que desear, ofre- 
ciendo gran confusión por falta de precisión y exactitud en las de- 
marcaciones, no solo en los extremos interprovinciales sino dentro del 
territorio de la Provincia misma. — A T . E. 

1 El que concibió el trazado de las calles anchas en 1816, fué el Capi- 
tán D. Lucio Mansiila, después General. 

* La ciudad, en este sentido, tenía mas de 20.000 habitantes. 



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326 EL PAÍ8 DE OÜYO 



del rectángulo, formado por las calles anchas, ciento veinte y 
seis manzanas en el orden siguiente: 

1.° Sección Sud-Este, con cinco cuarteles de ocho manza- 
nas cada uno, 40. 

2.° Sección Sud-Oeste, con cinco cuarteles de seis manza- 
nas cada uno, 30. 

3.° Sección Nord-Este, con cuatro cuarteles de ocho man- 
zanas cada uno, 32. 

4.° Nord-Oeste, con cuatro cuarteles de seis manzanas cada 
uno, 24. 

Las calles son bien niveladas, regularmente rectas y empe- 
dradas en su generalidad. Su nomenclatura se hizo en 1862. 

Los edificios son regulares y con su numeración correspon- 
diente (1872), sobresaliendo entre éstos por su belleza y ex- 
tructura el Colegio Nacional, Casa de Justicia, Casa de Ba- 
ños, la de Gobierno (inconclusa), Catedral, Templo de San 
Agustín y Escuela Sarmiento; y dos Bancos con buenos edi- 
ficios, que giran con su capital suscrito de mas de ochocien- 
tos mil pesos bolivianos entre ambos. 

Tiene un hermoso paseo en la Plaza Mayor 1 . 

Esta ciudad está cruzada de Oeste á Este por nueve cana- 
les ó acequias que correu paralelamente por medio de la po- 
blación, proveyendo de agua á todas las casas, apareciendo 
en la cruzada de las calles, cubiertas en su tránsito por puen- 
tes de piedra (laja blanca). 

Cuenta con seis escuelas fiscales, seis particulares, Colegio 
Nacional, escuela superior de niñas y de varones, en las qne 
se educan mas de dos mil alumnos. Tiene un regular Se- 
minario Eclesiástico. Es la capital y el asiento de las autori- 
dades diocesanas del Obispado de Cuyo y de la circunscrip- 
ción militar del Nord-oeste. 

Cuenta con buenos hospitales, un gran mercado en cons- 
trucción y un gran proyecto en vías de realizarse para dotar 



1 El primero trabajado al Oeste de la ciudad, conservó hasta 1840 y tantos 
años, una pirámide triangular de ladrillo, que fué destruida por un fuerte 
viento zonda, dejando su nombre de Pampa de la Pirámide al local donle 
se levantara, 



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EL PAlS DE CUYO 327 



á la población de agua potable corriente por cañerías que 
vengan del Estero Zonda. 

Tiene seis iglesias: Catedral, San Agustin, Merced, Santo 
Domingo, Iglesia de Dolores y Capilla de San Pantaleon, á 
algunas de las cuales consagraremos unas cuantas líneas. 

Catedral. — Es un precioso templo construido por los jesuí- 
tas en el siglo pasado, bajo la advocación de San José. Hasta 
1814 fué la única iglesia parroquial de San Juan, extendién- 
dose su jurisdicción á mas de veinte leguas á la redonda. En 
1828 fué elevada á Vicaría Apostólica de Cuyo: en 1834, á Ca- 
tedral diocesana; y en 1841, santificada por la heroica defen- 
sa que en sus torres hizo el imponderable Acha contra las 
tropas del Ejército combinado de Cuyo. 

Este curato mide de naciente á poniente mas de tres leguas, 
y de Sud á Norte se extiende desde la ciudad hasta Huanaca- 
che (veinte y una leguas). Eu toda esta comprehension hay 
tres iglesias: Dolores, Santa Lucía, San Pantaleon y cinco 
oratorios. 

Merced. — Templo de antigua fundación; es una regular 
iglesia de tres naves, de arquitectura romana y de bastante 
capacidad: no tiene comunidad ni fraile alguno en la fecha, 
no habiéndolos tenido en sus mejores tiempos en mas núme- 
ro que el de cinco x . En 8 de Enero de 1818, el Supremo Di- 
rector declaró segregados de Chile á los conventos de Merce- 
darios de San Juan y Mendoza y anexados al de Buenos Ai- 
res. En los antiguos claustros de este convento funciona 
actualmente el Colegio Nacional. 

Santo Domingo. — En los primeros años del siglo, esta 
iglesia se hallaba en un estado ruinoso, por lo que fué necesa- 
rio abandonarla, habilitando para las funciones religiosas la 
sacristía y algunas celdas (son la iglesia actual). 

Este convento contaba en 1823 con quince frailes, cuatro 
coristas profesos y dos novicios, siendo el prior de la comuni- 
dad fray Dionisio Rodríguez. 



1 Fray José León Alvarado (presidente), y padres Santos Bachiller, N. 
Hidalgo, Faustino Santibañes y N. Barriga. 



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328 EL PAÍS DE CUYO 



Tuvo varios sacerdotes notables, entre ellos los padres Flo- 
res, Oro, Romero, Rocha y Albarracin. 

Esta comunidad, tan rica en bienes en sus primeros tiempos, 
fué la cabeza de la famosa liga del año 25 contra la reforma 
religiosa, llevada á cabo por el ilustrado gobierno de Carril, 
y la que, sintiéndose mas afectada en sus intereses, hizo una 
resistencia tenaz contra la ley y el gobierno que la inspiró y 
ejecutó. (Capítulo VI, Primera Parte). 

Por ley de Agosto 16 de 1870. y en vista del estado ruino- 
so de aquel templo, con un solo fraile que, representando los 
derechos de una pretendida comunidad, poseía á una cuadra 
de la plaza principal una manzana entera de tierra que tanto 
afeaba la ciudad, y esterilizaba los valores muertos de tan 
hermosa propiedad, y otras que tenía en los suburbios, se de- 
claró caduco el convento y perdida su capacidad de persona 
jurídica, debiendo sus bienes pasar, como propiedad del Fisco, 
á la construcción de un nuevo templo bajo la misma ad- 
vocación. Esto originó una larga y enojosa discusión entre 
el Gobierno político y el del Obispado, tomando parte la 
prensa de San Juan y la de Córdoba, que parecía volver al 
año 30, en que tanto se lamentara la desmembración de la 
diócesis de aquella Provincia. 

La cuestión fué llevada á los tribunales, los que conside- 
rando á la Legislatura con plenas facultades para dictar le- 
yes de carácter local, declararon: que siendo un convento per- 
sona jurídica, estaba sometida en cuanto á su capacidad de 
derecho, juntamente con sus bienes, á las leyes del país de su 
domicilio, marchando en esto de acuerdo con el Código civil 1 . 

La existencia de una persona jurídica tiene su origen en la 
ley, con las restricciones que ella contiene; y por esa misma 
l©y y ©n los términos expresamente acordados, podía la Le- 
gislatura declarar la cesación de aquélla, desde que en el caso 
referido faltaban los fines de su institución y convenía su 
extinción al bien público. Añádase que la ley de Agosto no 



1 De las personas jurídicas, tit. I del Código civil. 



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EL PAlS DE CUYO 329 



solo consultaba el interés general en la desaparición de la 
ruinosa iglesia y construcción de otra nueva, sino que tenía 
presente la movilización de aquellos capitales muertos, que 
nada ofrecían en provecho de nadie en manos de un sacer- 
dote sin la menor iniciativa. 

La parte del convento, que incidentalmente había alegado 
que la ley provincial, origen del litis, pugnaba con la Cons- 
titución Nacional, apeló á la Suprema Corte por ser éste un 
recurso acordado por la Ley de Procedimientos de la Pro- 
vincia. 

Este alto tribunal, haciendo una lamentable confusión entre 
arden y convento^ adujo, como una atribución única y exclusi- 
va del Congreso, la de admitir en el territorio de la Nación 
otras órdenes religiosas á mas de las existentes, por lo que 
creía que la ley de provincia se oponía á la Constitución 
Nacional, desprendiendo de alli deducciones asaz violentas 
para desnudar á una provincia de la facultad de dictar sus 
leyes siempre que, como la de Agosto, no violasen el derecho 
ajeno. 

La sentencia de la Corte (Setiembre 7 de 1871), que no po- 
demos comentar en este lugar, no habiéndolo hecho antes 
de ahora, fué altamente criticada por la prensa ilustrada de 
Buenos Aires, y lo que es mas, para probar la sin razón de 
aquel fallo, solo el santo celo de un periódico de Córdoba se 
ocupó de aquella resolución para defenderla y aplaudirla. 

San Agustín. — Esta comunidad de hermitaños, según su 
instituto, es de muy antigua fundación. Su iglesia, destruida 
en los primeros años del siglo por inundaciones del rio, fué 
refaccionada por el padre maestro Balmaceda. En 1814, este 
convento fué sustraído á la obediencia de la casa central de 
Chile y sujeto á la del Comisario General de Regulares, Fray 
Julián Perdriel, que en 1.° de Mayo de 1816 nombró primer 
prior de la comunidad de San Juan al padre jubilado fray 
José Centeno, quien secularizó mas tarde, siendo en 1820 
provisor de Cuyo y ministro de gobierno en 1832. 

En 1819, la comunidad agustina de San Juan, que tanto se 
había distinguido por sus ideas patrióticas en la revolución de 



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330 EL PAlS DE CUYO 



nuestra independencia, llegando hasta ofrecer las campanas 
de su iglesia para la fundición de cañones, contaba con una 
numerosa comunidad de diez y seis frailes, un corista y tres 
novicios, de los que solo viven hoy dos individuos (uno secu- 
larizado). 

De estos famosos hermitafios se recuerda con veneración 
á los padres Balmaceda y Salinas, que florecieron en el siglo 
pasado: fray Diego Salinas y Cabrera, que dio á San Juan y á 
la comunidad justos motivos de orgullo por las grandes prue- 
bas de su talento probado en todas ocasiones. Fué un exi- 
mio teólogo y filósofo, en cuyas facultades alcanzó los títulos 
de doctor en las Universidades de Chile y Córdoba; después 
fué elevado á la categoría de General de la Orden, figuró con 
lucimiento en las cortes de Carlos III y de Clemente XIU, y 
pronto fué condecorado con el título de Reverendísimo, que 
ningún americano había alcanzado hasta esa fecha. 

Según el presbítero Garramuño, hombre de los mas estu- 
diosos de San Juan, Salinas fué adjunto del gobierno de Car- 
los III, y mas tarde se distinguió en la literatura sagrada, de 
cuyos trabajos se conserva en su provincia un folleto sobre 
las Caídas de Jesucristo, que es verdaderamente un monumen- 
to de piedad y consideraciones cristianas de alta escuela. 

Fueron notables como teólogos los padres Manuel Vera, 
médico alópata; fray José Centeno, el padre Vicente Atencio, 
que secularizó mas tarde y llegó á Provisor de Cuyo; fray 
Lorenzo Lozada y J. M. Rivero. 

En 1816 distinguióse el prior de la comunidad agustina. 
fray Bonifacio Vera, por su capacidad y patriotismo. 

Por aquellos tiempos (1814), suscitóse por primera vez la 
cuestión sobre provisión de curas de que ya hemos hablado, á 
cansa de la remoción hecha por el Cabildo, del famoso realis- 
ta, presbítero José María Castro; y consultado Vera sobre el 
asunto, contesta: «en el acto mismo que V. S. remueva al 
Cura y sustituya á otro en su lugar, éste entra en el goce de 
la jurisdicción por el antiguo derecho de que están indnmen- 
tadas las potestades seculares, confirmada á este efecto por 
la autoridad y privilegios eclesiásticos, que es en propios tér- 
minos lo que se llama patronato. » 



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EL PAÍS DE CUYO 331 



Este ilustre fraile fué acusado por gentes timoratas de 
pretender formar un concilio americano, y de otras ideas ele- 
vadas que no se avenían con el fanatismo religioso de la épo- 
ca; el tribunal de la opinión ilustrada de su pueblo le absol- 
vió, y hoy vé en aquella idea del famoso agustino el primer 
asomo de la iglesia americana, que entonces se presentó bajo 
el disfraz armonizado con los tiempos. 

El padre Vera ocupó un lugar notable en el Congreso Ar- 
gentino, después de 1820, donde se nos asegura mereció el 
dictado dedico de oro según su elocuencia y dotes oratorias. 
Murió el mismo año * y sus honores fúnebres corrieron por 
cuenta del Estado. 

Hecha esta ligera reseña de algunos de estos ilustres agus- 
tinos de San Juan, seguiremos adelante con la historia de 
este convento. 

La iglesia, reconstruida en los primeros años del siglo por 
el padre Balmaceda, fué totalmente destruida junto con una 
parte de la población por las grandes crecientes de 1834. La 
comunidad había también desaparecido, á causa de la ley de 
secularización de regulares de que hemos hecho mérito en 
otro lugar. 

Solo quedaba de aquella numerosa comunidad, el venerable 
fray Antonio Gil que, con la constancia, labor y limos- 
nas del pueblo, é invocando el auxilio del Gobierno, ha 
construido la bonita iglesia de San Agustín que hoy (1872), 
ostenta la ciudad de San Juan. Los ilustres hermitaños de 
1816 han tenido en su compañero y representante de 1872, 
quien perpetúe su memoria por las virtudes y reconstruya su 
santa casa. 



1 Hemos oido en San Juan la versión siguiente: Vera, que en el Congreso 
llegó sin duda á formarse conciencia del dictado que se le daba de pico 
de oro¡ creyó una vez, mientras hacía uso de la palabra, que era silvado 
(hecho que no habia sucedido), y fué tal su vergüenza y congoja, que 
desde entonces comenzó á ser minado por la tristeza y consunción que 
el mismo año le abrió la sepultura. 



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332 EL PAÍS DE CUYO 



3. — Departamentos sub -urbanos. — 1.° Desamparados.— 
Este Departamento ! , cuyos principales barrios son: Santa 
Bárbara ó San Juan de Dios y Puyuta, tiene una población 
según el último censo, de 4,246 habitantes. Comprende toda 
la zona desde la ciudad hasta el Marquesado de Este á Oeste 
y desde las playas del Rio hasta los Barriales de Sud á Norte. 

Forma la cabeza de la sección electoral número dos, y de 
la Sub-delegacion número uno. Tiene un Juzgado de Paz y 
dos escuelas fiscales (N os . 8 y 28), con una asistencia de 481 
alumnos. 

La principal fuente de riqueza de este Departamento, co- 
nocido generalmente con el nombre de Puyuta, consiste en el 
cultivo de la vid, y en sus exquisitas frutas, pudiendo consi- 
derársele como el jardín de la provincia por su gran número 
de plantaciones. 

Su principal iglesia titular de Nuestra Señora de los Des- 
amparados, es la parroquia que provee á las necesidades del 
culto, desde los suburbios de la ciudad hasta la Cordillera 
por el Oeste y hasta el rio por el Norte. En toda esta gran 
extensión hay ubicados tres oratorios: en Zonda, Barrial y 
Leoncito, y la iglesia de San Juan de Dios de que vamos á 
ocuparnos especialmente. 

Este curato, conocido en sus primeros tiempos con el nom- 
bre de San Miguel de Puyuta, fué erigido en 1848. 

La iglesia, que bajo la advocación de Santa Bárbara existe 
en este departamento, muy cerca de la ciudad, se halla en nn 
estado semi-ruinoso, prestando, no obstante, los servicios del 
culto público. 

En esta localidad funcionó el primer hospital hasta 1857, 
y es hasta la fecha el cementerio público. Como hospital fué 



1 Según los datos publicados por el señor Luis Jorge Fontana, posee 
hoy una Estación Meteorológica de 1.* clase, dotada de los instrumentos 
necesarios, en la ladera oriental de las sierras de Zonda, á los 81° 22' de 
latitud Sud y G8° 89' longitud Oeste de Gieenwich; la variación de la agu- 
ja es de 13° y la altura de (>H3 sobre el nivel del mar.— A r . E. 



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EL PAlS DE CUYO 333 



creado en 1815 bajo la orden de los Belermitas * y por fun- 
daciones piadosas hechas, cincuenta y cuatro años atrás 8 , y 
mas tarde (21 Mayo de 1835) fué puesto bajo la inmediata 
inspección de la Sociedad de Beneficencia, que después lo 
trasladó al lugar que ocupa actualmente. 

En 1815, cuando se trató de la demolición del antiguo tem- 
plo de Santa Ana, apareció la idea de construir un cemente- 
rio público para prohibir la vieja costumbre de inhumar en 
las iglesias. En 1.° de Setiembre del año 1835, se ordenó la for- 
mación de aquel, y dos años después (Noviembre 16) se abría 
al servicio público, dictándose las ordenanzas respectivas. 

Este cementerio está contiguo á la mencionada iglesia 
y cuenta hoy con mas de treinta preciosas casuchas; pero, 
para su mayor incremento y mejor organización, le falta que 
sea una institución de carácter municipal. 

2.° Trinidad. — Este Departamento toma su nombre de la 
iglesia que, bajo la vocación de la Santísima Trinidad, tiene 
en su comprehension desde tiempos inmemoriales. 

Esta iglesia fué elevada á la categoría de parroquia á soli- 
citud del Cabildo en 1814 (Julio 28), y después en Abril 25 
del año 1855, funciones que poco tiempo desempeñó. 



1 Estos frailes nunca formaron comunidad, porque como orden de hos- 
pitalarios, siempre andaban en su divina misión de cuidar enfermos y 
hospitales. En 1812 solo habia el prior Ortega y capellán fray Fulgencio 
Giraldes; y en 1815, la Intendencia mandó á los padres Juan de Dianos, 
Agustín de la Torre y Toribio Luques. 

* El muy ilustre Cabildo, Justicia y Eegimiento de esta ciudad de 
San Juan de la Frontera, el año de 1761, por medio de su apoderado Don 
Clemente Salinas, recibió de los Novenos y medio, seis mil pesos, de or- 
den de la Junta de Real Hacienda, ó impuso á réditos para la fundación 
y sosten de los enfermos de este hospital de nuestro Padre San Juan de 
Dios. 

«El prelado actual, fray Clemente de Ortega, por orden del Exmo. Don 
Luis Muñoz de Guzman, Presidente de Consolidación en Santiago de 
Chile, impuso en las cajas un mil ochocientos pesos (en 29 de Abril de 
1807), que recibió D. José ftudecindo Castro, como administrador de estas 
cajas. Con igual fecha impuso, asimismo, doscientos cincuenta y ocho 
pesos, recibiendo por una y otra cuenta, anualmente, el rédito de sesenta 
y tres pesos, dos y medio reales.— San Juan, Agosto 18 de 1817.— Fray Cle- 
mente de Ortega. 



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334 EL PAÍS DE CUYO 



Este Departamento cuenta con una población de 5,251 ha- 
bitantes según el censo nacional de 1869, al que nos hemos 
de referir en adelante ; y comprende los barrios de Troja, 
Callecita, Putaendo, Pino, Alto de la Compañía, Medanito, 
Barriales, Colonia y Valdivia. Limita con el Pocito por el 
Sud y Poniente, y con la ciudad y Santa Lucía, por el Norte 
y Oriente. 

Tiene tres escuelas fiscales (Núms. 9, 25 y 30), con 900 edu- 
candos; un Juzgado de Paz, Subdelegacion, y forma la quinta 
sección electoral. 

En este Departamento está situada la Chararilla, antigua 
finca de los dominicos de San Juan, la que en 1841 sirvió de 
•tumba á la libertad de estos pueblos con la sorpresa al va- 
liente Acha. 

Hasta hace muy poco tiempo se veía en el altillo de las 
casas el estrago producido por las balas del ejército del Ge- 
neral Benavides. 

3.° Concepción. — Este Departamento, conocido comun- 
mente con el nombre de Pueblo Viejo, por haber sido la pri- 
mera población fundada por los españoles (1662), ha tomado 
el nombre oficial de Concepción por la iglesia parroquial 
que tiene bajo la vocación de La Purísima Concepción de 
María. 

Sus principales barrios son: Chimbas, Bermejo y Alto 
Verde, con una población total de 8,375 habitantes. 

Es el asiento de un Juzgado de Paz, Subdelegacion, cabeza 
de la sección electoral número tres, y cuenta con cinco es- 
cuelas fiscales (Núms. 3, 4, 5, 6 y 7) y una particular, con 
una asistencia de 1,047 alumnos. 

En 1814 fué elevada al rango de curato rectoral, con una 
dilatada extensión que después se limitó, conforme al desa- 
rrollo de la población: comprende dentro de sus límites dos 
capillas y dos oratorios. 

Este departamento de Concepción tiene buenos edificios 
en la parte limítrofe con la ciudad, una hermosa calle empe- 
drada, una buena iglesia en construcción, un canal precioso 
notable por sus puentes de mampostería y gran caudal de 



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EL PAÍS DE CUYO 335 



aguas con que riega todo el Departamento. Posee un gran 
número de molinos de agua, y entre éstos uno conocido por 
de Nangle, de tres pisos, con una excelente maquinaria que 
recibe el trigo sucio y devuelve en retorno una excelente ha- 
rina flor embolsada. Este molino es el mejor que conocemos 
en su especie en toda la República, sin excluir los de motor 
combinados de agua y vapor de San Juan. 

La propiedad raíz está muy subdividida en este departa- 
mento, y sus condiciones de irrigación son inmejorables; sin 
embargo, presenta el raro fenómeno de ser la población en 
la provincia que tiene mas gente menesterosa y una agricul- 
tura mas primitiva. 

4.° Santa Lucía. — Sus límites, á partir de la ciudad, se 
extienden hasta el rio por el E., Angaco por el N., y por el 
Sud hasta las Lagunas: su población es de 3,512 habitantes; 
tiene un Juzgado de Paz, dos Subdelegaciones, tres escuelas 
fiscales (Núms. 10, 27 y 29) con 388 educandos. 

Sus barrios principales son: Legua, Alto de Sierra, Rin- 
cón Cercado, Majadita y Tapones. 

Recibe su nombre de la iglesia (hoy en ruinas), que, bajo la 
advocación de Santa Lucía, tiene en su comprehension la que 
hace quince años llenaba las funciones de iglesia parroquial; 
este Departamento está hoy incluido en la jurisdicción parro- 
quial de San José ó Catedral. Es la cabeza de la cuarta sec- 
ción electoral y como los otros tres departamentos suburba- 
nos, tiene un regular batallón de infantería de guardias na- 
cionales. 

Departamentos rurales del Süd. — 5.° Pocito. — Según 
la tradición, trae su nombre de un pocito hallado en este 
lugar y que servía de lavadero á los indios de esa comarca. 

El Departamento del Pocito, con una población de 2,838 
habitantes, está dividido en cinco cuarteles, y éstos en man- 
zanas de cien cuadras cuadradas, limitada cada una por calles 
muy rectas en su mayor parte, y con grandes alamedas á sus 
costados. 

Su extensión es de seis leguas de Sud á Norte (Barriales á 



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336 EL PAlS DE CUYO 



Rinconada), y de Este á Oeste, de mas de cuatro leguas, 
desde los Pedregales que faldean los cerros de Zonda, hasta 
los ciénagos que forma en su desagüe el arroyo de Agua Ne- 
gra, conteniendo en todo un cultivo de seis mil quinientas 
cuadras de alfalfares. 

Es la cabeza de la sexta sección electoral; tiene un Juzga- 
do de Paz, Subdelegacion, tres oratorios y dos escuelas fisca- 
les (números 14 y 32), con 360 educandos. 

Este Departamento es el mas rico de la Provincia por sus 
pastos ó invernadas, siendo estas tierras las primeras que re- 
cibieron riego por canales (1818), las que hoy tienen el venta- 
joso sistema de compartos de que nos ocuparemos en el lugar 
oportuno. También es rico en acontecimientos, aunque ellos 
formen la página mas triste de la historia de San Juan; de la 
Rinconada del Pocito nos queda el amargo ó imperecedero re- 
cuerdo de los años 1861 y 1867 de que ya nos hemos ocupado. 

6.° Huanacache. — Comprende Cochagual *, Berros, Ciene- 
guita, Divisadero, Cañada Honda y Carpintería. Su nombre 
parece una corrupción de Huanhua- Kaccha*, que en lengua 
quechua significa zancudos-bravos; y á la verdad, son esto» 
insectos muy abundantes en sus especies de mosquitos, tába- 
nos y gegenes, sin duda por causa de las lagunas que llevan 
su nombre (Huanacache). Este Departamento forma la 17 a 
Subdelegacion, y cuenta con un Juzgado de Paz; tiene los 
hermosos y medicinales baños del Sud, cuya gran reputación 
hace afluir las gentes de San Juan y Mendoza á tomar baños 
en la estación propicia. 

La población de este Departamento es muy pequeña, y sus 
pocos habitantes se consagran al cultivo de árboles fruta- 



1 Este distrito será luego cruzado por un ramal del Gran Oeste Argen- 
tino, que se despreuderá de la Estación Cañada Honda, beneñciando sus 
sembrados de trigo y cultivos de alfalfa. El año pasado se sembraron 
2,000 cuadras de aquel cereal, las que prometían 50,000 fanegas de 160 
kilos. La cosecha se exporta en su mayor parte á Mendoza. Los cultivos 
de alfalfa no bajan de 800 a 1,000 cuadras para el consumo en la Pro- 
vincia.— iV. E. 

* Otros traen el nombre de Huana - Cadte, que en quechua significa 
terrones de sal. 



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EL PAÍS DE CUYO 337 



lea y cría de ganado menor. El Cochagual es el lugar donde 
mas abunda el poco conocido aguará, al que vamos á consa- 
grar algunas líneas. 

Llámase yasguard, alguaraz, aguará- guazú, y guará, se- 
gún la etimología que se busca al nombre. Falkner, refirién- 
dose sin duda al idioma guaranítico, en que aguará es zorra, 
y guazú grande, lo pinta así: « es una zorra grande con la cola 
larga, etc., etc.» Según la clasificación de Linneo, se le llama 
perro crinudo, canisjubatu?; y perro rojo, canis rufux. El Señor 
de Moussy le llama lobo rojo de América y lo describe así: «Es 
un omnívoro intermedio entre el lobo y el zorro, tiene la talla 
y la forma del primero, la cabeza del segundo ». 

Nosotros lo consideramos una especie intermedia entre el 
perro y el lobo, fundándonos, para establecer este juicio, en 
las observaciones siguientes: 

Su estatura como de un perro de Terranova, mide en los 
ejemplares conocidos, un largo medio de cincuenta y cua- 
tro pulgadas desde el hocico hasta la cola; su color rojizo 
toma un tinte oscuro, y la parte del vientre es blanquizca y 
de pelo corto hacia el lomo y las patas; el pelo es fuerte y 
largo hasta de cinco pulgadas en la crin del pescuezo; la cabe- 
za tiene la configuración de la del zorro; pero sus mayores 
proporciones y su oreja mas corta, ancha y cargada de pelo 
interior y exterior, lo alejan de la especie del zorro; su garra 
semejante á la del perro, es menos musculosa que la de aquél; 
es animal carnívoro y frugívoro, y hace sus excursiones ge- 
neralmente de noche, oyéndosele un grito medio entre el au- 
llido y ladrido; habita los terrenos pantanosos y es común en 
Cochagual, Pinchagual y lagunas de Huanacache; busca siem- 
pre Jas regiones cálidas, y el último que hemos visto llevado 
en jaula y con el mayor cuidado para Chile, nunca perdió su 
fiereza que lo hace indomesticable, muriendo de frió en el 
Paramillo de las Cuevas. 

7.° Pedernal. — Está formado por los distritos de Pedernal, 
Durazno, Acequión y Caseríos de la Quebrada de Montano: 
su población alcanza á 1.320 habitantes. 

Sus pobladores llevan una vida completamente inactiva; y 

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338 EL PAÍS DE CUYO 



por las condiciones geográficas de este Departamento, su 
porvenir puede fundarse en las minas á que por su forma- 
ción se prestan aquellas montañas: forma la Subdelegacion 
número 18. 

En Junio 20 de 1818, el padre agustino fray Antonio Gó- 
mez Salinas, se presentó al Gobierno, promoviendo la crea- 
ción de un curato que comprendiese Pedernal, Berros, Ace- 
quión, Huanacache, Leoncito y Calingasta, con su asiento en 
el tercer distrito, donde poseía una capilla de su propiedad; 
esta solicitud la renovó en 1822 sin resultado alguno en ambos 
casos. 

Departamentos del Oeste. — 8.° Marquesado. — Este Depar- 
tamento, con una población de 3,000 habitantes, comprende 
el Valle de Zonda, Ullum y Marquesado. Cuenta una Subde- 
legacion, Juzgado de Paz y una escuela fiscal mixta Núm. 26. 

Su agricultura es inmejorable y se desarrolla en los dos pri- 
meros puntos. 

Zonda es un precioso valle que corre de Sud á Norte, te- 
niendo un largo como de 4 leguas y dos de ancho, y es for- 
mado por las altas ramificaciones del Tontal al Oeste y los 
cerros calizos de Zonda por el Este. 

Tiene un hermoso manantial formado por las filtracio- 
nes del rio San Juan, que con un gran caudal de agua corre 
por la quebrada que une á Zonda con el Marquesado, for- 
mando en su curso de dos leguas hasta tomar al Sud, los fa- 
mosos baños de aquellos dos puntos, cita obligada, en la 
época del verano, de las familias acomodadas de la ciudad. 
En este Departamento hemos encontrado fósiles que acre- 
ditan la ocupación de esos lugares por las aguas. Da su 
nombre al famoso viento del noreste, que por su calor y ra- 
refacción ocasiona muertes repentinas, pudiendo, por esta 
causa, considerársele como el Simoun de los Andes 1 . 



1 El viento del Norte y sus laterales que atraviesan la zona tórrida, son 
cálidos y lluviosos, á causa de la multitud de vapores de que se cargan 
al pasar por entre los dos trópicos; de manera que en Cuyo, donde le lla- 
man Zonda, es mucho mas ardiente que el noroeste que reina en Italia.— 
Abat* Molina. 



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EL PAÍS DE CUYO 339 



En la pequeña quebrada que liga á Zonda con el Marque- 
sado, se construyó, bajo la administración de Don José Ma- 
ría del Carril, un acueducto y dique de monolito, cuya pre- 
sunta importancia se halla contradicha por su grandísimo 
costo. El dique del rio donde se hace el gran comparto de las 
aguas y de que nos ocuparemos enseguida, está en este De- 
partamento, al Norte del Marquesado. 

9.° Calingasta. — Este Departamento es una sección de loa 
valles que corren de Sud á Norte, de los polos al Ecuador, 
con una longitud de 90 kilómetros en su parte poblada y 
dos kilómetros de latitud en su parte cultivada, ostentando 
al occidente los mas altos picos americanos y al oriente 
la metalífera pre-cordillera, donde se han descubierto cen- 
tenares de minerales, muy abundantes, pero de muy poca 
ley. 

El rio de Los Patos corre de Sud á Norte por el centro del 
valle de Las Juntas. Tiene ademas ocho ó diez corrientes de 
agua, fácilmente embalsables, que nacen de los altísimos 
nevados y pueden aprovecharse en la agricultura. 

Sus principales distritos son: Calingasta Sud y Norte, Mi- 
nerales de Castaño y Tontal, Puchusum, Totoral, Villa Co- 
rral, Barrial y Tamberías. 

Forma la Subdelegacion décimo-sexta. 

En la época de su movimiento comercial y minero, Sar- 
miento calculaba la población de Calingasta en 30,000 habi- 
tantes 1 , pues solo el establecimiento de Hilario contaba con 
800 trabajadores. Tiene Juzgado de Paz y escuela Fiscal mix- 
ta, núm. 31. Cuenta con dos grandes establecimientos para 
beneficiar metales : Hilario y la Sorocayense. 

Calingasta es esencialmente minero; su agricultura de algu- 
na importancia, pero de muy lento desarrollo. Sus produccio- 
nes consisten en frutas, como el durazno, de que se hace el 
descarozado chato ó medallón; pasas, cáñamo, tabaco, trigo, 



■ El Censo de 1895 le dá 8,700 habitantes. 



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340 EL PAÍS DE CUYO 



maíz, lino y alfalfa, cuya semilla es muy apreciada en el Ro- 
sario y Bahía Blanca. 1 

Los ríos alimentan tres clases de exquisitos peces, especial- 
mente la regalada trucha y en sus regiones cordilleranas 
abunda el huanaco y la vicuña. 

Posee estaciones bien definidas y sus habitantes gozan de 
un clima andino saludable, á propósito para la curación de 
ciertas enfermedades 2 . 

En este Departamento quedan aun restos de las poblacio- 
nes huarpes, como sepulcros, momias de mujeres, hombres y 
niños, y muchos vestigios de la antigua civilización india, 
como canales de regadío, caminos, flechas de sílice, vasijas 
de barro y otros curiosos utensilios. 

2. — Parece que el aborigen conoció el valor de las con- 
diciones que busca el hombre civilizado y que el castellano de 
la conquista ignoraba ó no supo aprovechar, prefiriendo 
un sitio bajo para asiento de la ciudad, constantemente ame- 
nazado por los aluviones del mismo rio, á cuya margen se 
estacionó. 

Calingasta está llamado áser el primer departamento de la 
Provincia, cuando tenga vías fáciles y económicas de comu- 
nicación, mientras que el valle Tulum* permanecerá expuesto 
á epidemias y frecuentes inundaciones. 

Departamentos del Norte. — 10.° Hualilan. — Es un mi- 
neral de oro que data desde 1761 y cuenta con una población 
de 1,500 habitantes, diseminada en las minas. Es notable por 
el famoso establecimiento déla sociedad « Anglo Argentina », 



1 En 1897 había 18,000 hectáreas cultivadas de alfalfa y se cosecharon 
7,000 hectolitros de lino. 

a Dice el Comandante Cambas en sus «Apuntes de Viaje», «que los tísi- 
cos y personas atacadas de afección pulmonar, se curan; se retarda el de- 
sarrollo de su mal ó por lo menos viven algún tiempo mas, cuando la en- 
fermedad ha llegado a su máximo de destrucción». 

3 Utt, debajo, y ¿u, radical de toco, quiere decir barro ó cascote, 
esto es, tierra barrosa del bajo. — N. E. 



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EL PAÍS DE CUYO 341 



que en su género es considerado como uno de los primeros en 
Sud América; sus hermosos edificios de sillería y grandiosas 
maquinarías que cuestan cerca de un millón de pesos, hacen 
de aquel establecimiento un verdadero pueblo, en que se 
ocupan numerosos brazos con grandes beneficios para la 
Compañía. Nos extendéremos sobre este asunto, al tratar 
especialmente de la minería en la Provincia. 

11.° Pismanta. — Su población es de mas de 1,000 habitan- 
tes; su extensión por el Norte llega hasta el lugar llamado 
Xias Juntas, comunicando por el Sud con el valle de Leoncito. 
Sus distritos son : Rodeo é Iglesia, y este último comprende 
las poblaciones semi- indias de Chigua, Pamaliman, Angua- 
lasto, Tudcum, Campanario y demás caseríos situados á la 
falda de los Andes; comprende los minerales de Salado, Ra- 
yado, Antecristo y Chita, que es el mineral aurífero mas anti- 
guo en la Provincia; tiene excelentes baños termales de alta 
temperatura. 

Cuenta con un Juzgado de Paz, Subdelegacion y dos escue- 
las fiscales (números 22 y 32). 

12.° Jáchal. — El vasto Departamento de Jáchal, situado en 
-el valle de su nombre, se extiende por el Norte hasta el mine- 
ral aurífero de Huachi; por el Sud hasta el Palo Parado en 
la gran travesía de treinta leguas que lo separa de los De- 
partamentos sub-urbanos déla Capital, y de Naciente á Po- 
niente, desde la Cordillera hasta la Sierra de Valle Fértil. 

Sus principales distritos son: Pampa Vieja, Pampa del 
Chañar, Huaco, Mogna (que son centros poblados), Cruz de 
Piedra, Niquivil y Tucunucu, que son ligeros caseríos. 

Tiene una población de 12,040 habitantes. Su capital de- 
partamental es San José de Jáchal, y tiene una iglesia bajo 
la misma advocación ; es el segundo centro poblado de la Pro- 
vincia por su población, importancia comercia], regulares edi- 
ficios, buena cárcel, y calles rectas y empedradas; cuenta con 
seis escuelas fiscales (números 18, 19, 20, 21, 37 y 38), y varias 
particulares con una concurrencia total de mil educandos. 

Sus autoridades administrativas son el Subdelegado y Co- 
misarios que le están subordinados. 



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342 EL PAÍS DE CUYO 



En lo judicial es el asiento de un Juzgado de Letras y cinco 
Juzgados de Paz *. 

En sus primeros tiempos, tuvo Cabildo ó Junta departa- 
mental de gobierno y su comandancia militar, creada en 1810, 
fué la que tanto excitó el espíritu público de aquellas pobla- 
ciones para concurrirá la formación y equipo de la división 
Cabot sobre Chile, en cuya obra Jáchal sobrepasó á todo 
cálculo por su patriotismo. 

Este Departamento forma la 11 a sección electoral y tiene 
ante la Legislatura provincial una representación de tres di- 
putados. 

Jáchal reúne las condiciones de agrícola, con mas de doce 
mil cuadras de alfalfares que sirven para regulares inverna- 
das ó engordes de haciendas, que se llevan á Chile; cuenta 
con un mediano rio que lleva su nombre, el que después de 
servir de motor á los muchos molinos de la ciudad, lleva la 
vida á la agricultura que se halla en excelentes condiciones 8 . 

Sns renombrados baños termales de Agua Hedionda y 
Blanquistos, y los de aguas minerales de El Fuerte y Agua 
Negra, atraen por sus grandes virtudes medicinales á muchas 
gentes hasta de afuera de la Provincia. 

Las aguas que la ciencia ha calificado de minerales son, 
como es sabido, las que tienen en disolución sustancias mine- 
rales, y según la naturaleza de éstas, se las llama aguas sali- 
nas, alcalinas, ferruginosas y sulfurosas. 

Las aguas naturales de una temperatura mas elevada que la 
del ambiente, han recibido el nombre de termales. 

Hechas estas breves explicaciones, añadiremos que la Pro- 
vincia de San Juan abunda en aguas termales, habiendo al- 



1 Hasta después del año 1825, Jáchal tenía dos jueces pedáneos, y en 
sus distritos había los jueces comisionados y de vigilancia. 

* Los mismos datos publicados por el Señor Luis Jorge Fontana ase- 
guran que esta villa posee una Estación Meteorológica de 2* clase; su 
latitud es de 80° 12', longitud (>9° y altura 1,102 metros sobre el mar. El 
observador es Don Rornirio Casívar. Con este concurso y pasados algunos 
años de pacientes observaciones, añade el Señor Fontana, «podrá deducir- 
se conclusiones exactas con respecto al clima de la Provincia.» — X E. 



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EL PAlS DE CUYO 343 



gtinas, como las de Pismanta, de una temperatura de mas de 
40 grados centígrados, y que igual cosa sucede con las aguas 
minerales, cuyos tipos podemos localizar así: aguas salinas, 
entre otros puntos, recordamos la parte Norte de Angaco, 
donde hay baños llamados de Filadelfia con aguas casi sa- 
turadas de sal. 

Alcalinas: las del rio blanco en el Norte déla Provincia. 

Ferruginosas: gran porción de arroyos cordilleranos que 
traen en suspensión ocres rojizos. 

Sulfurosas : las de Valle de Zonda. 

El curato de San José de Jáchal se extiende al Norte hasta 
Hornillos y Rio Bermejo; y de naciente á poniente desde 
Valle Fértil hasta los Andes; tiene tres oratorios en Rodeo, 
Pampa Vieja y Pampa del Chañar. JEste curato fué creado 
en Abril 20 de 1752 por resolución de Don Domingo Ortiz 
de Rozas, Gobernador y Capitán General del Reino de Chile, 
y el Ilustrísimo Obispo de Santiago, Don Juan González 
Melgarejo. 

El primer censo que se levantó en Jáchal fué en Agosto 
16 de 1850, por el comisionado Don Francisco D. Díaz, cuyo 
resultado nos indicará su marcha y progreso en el término 
de veinte años. En aquel tiempo, este departamento tenía cin- 
co capillas, cuatro minerales de oro, con treinta y una faenas, 
y seis trapiches; quince molinos de agua, ochocientas cincuen- 
ta y cuatro casas, seis mil cuatrocientas catorce cuadras de 
terreno cultivado, y una población de seis mil seiscientos 
ochenta y seis habitantes. 

Sobre su minería é irrigación no hacemos mas que mencio- 
narlas por tener estas materias su lugar determinado en 
esta obra; y en cuanto á los demás datos que nos da el censo 
del año 1860, diremos que el levantado en 1869 no nos pro- 
porciona tantos detalles; pero es de creer que el aumento de 
su población en el duplo, marche en relación con el adelan- 
tamiento de su comercio, industria, etc., etc. *. 



1 El 80 de Setiembre de 1905, el Congreso sancionó una ley autorizan- 
do la construcción de un ferro-carril desde la capital basta ese importante 
departamento.—^. E. 



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á 



344 EL PAÍS DE CUYO 



13.° Valle Fértil. — Este Departamento, que acredita en su 
mismo nombre la fertilidad de su suelo, fué una doctrina de 
las mas antiguas de Cuyo, y su pueblo remonta á 1776, fun- 
dado bajo el nombre de San Agustín de Jáuregui. 

Ocupa los confines del Norte de la Provincia, y compren- 
de las pequeñas poblaciones de la Huerta, Tumanas, Astica, 
Chucnma y otros caseríos de mínima importancia. 

Su población es de 3,556 habitantes, que se ocupan en la 
minería y ganadería; tiene una regular iglesia en la villa, dos 
Subdelegaciones en los pueblos de Valle Fértil y Huerta; 
tres escuelas fiscales (N os . 15, 16 y 17) y tres particulares. 

Su principal distrito, La Huerta, tiene una población esen- 
cialmente minera de 1,500 habitantes, y comprende toda la 
sierra de su nombre, desde Valle Fértil hasta el mineral 
carbonífero de Los Marayes, conteniendo dentro de estos 
límites el mineral de oro El Morado y el de plata, Santo Do- 
mingo; tiene un Juzgado de Paz, y grandes establecimientos 
que lo hicieron acreedor á formar un departamento especial 
por ley de Diciembre 7 de 1869, pero que nosotros incluimos 
en el Valle Fértil, siguiendo la división geográfica que le 
marca su suelo y su pasado. 

Tiene un curato titular de Nuestra Señora del Rosario, y 
comprende de Naciente á Poniente, desde la línea divisoria con 
los Llanos de la Rioja hasta la Sierra; y de Sud á Norte, des- 
de la sierra de Guayaguas hasta el límite provincial con la 
Rioja; en esta extensión existe una capilla de San Pedro en 
Astica. 

Forma la 10 a sección electoral, y manda un diputado á la 
Legislatura de la Provincia. 

Departamentos del Este. —14.° Albardon. — Este Departa- 
mento agrícola es de los mas ricos y cercanos de San Juan; 
cuenta con una población de 2,924 habitantes y uua villa 
rudimentaria que lleva el nombre de San Martin. 

Desde muy antiguo tiene una iglesia parroquial, dos ora- 
torios y una capilla. Su extensión, como curato, comprende 
toda la zona entre el rio y la sierra de Villicum y desde An- 
gaco hasta Calingasta. 



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EL PAÍS DE CUYO 345 



El principal distrito del Departamento es el de Tapiecitas. 

Albardon cuenta con un Juzgado de Paz, Subdelegacion, 
dos escuelas fiscales (N os - 11 y 32) y dos particulares con un 
total de 362 educandos. Hay muchos molinos de agua y es de 
notarse, como obra magna, uno de los señores Videhi. 

15." Angaco. — Este Departamento, que en su origen era 
muy vasto, fué dividido en Centro, Norte y Sud Angaco y 
últimamente refundido en los dos últimos, teniendo por capi- 
tal común la villa del Salvador, fundada en 1816 1 . 

Aunque hay dos Departamentos con sus respectivas Subde- 
legaciones, según la división administrativa, seguimos, al 
incluirlos en uno solo, la antigua división, la costumbre ge- 
neral y la unidad geográfica, que no puede destruir un sim- 
ple decreto. 

La población es de 5,479 habitantes. Posee una iglesia pa- 
rroquial, seis escuelas fiscales (N os - 35, 39, 40, 12, 36 y 41) y 
tres particulares. 

Es Departamento agrícola, dividido en distritos y con una 
labranza de mas de 10,000 cuadras cuadradas. Sus tierras, 
como las del Pocito, fueron las primeras regadas por canales 
en 1818. 

Su jurato titular del Salvador ó Corazón de Jesús está li- 
mitado por el naciente con la sierra del Pie-Palo y por los 
otros vientos, por los Departamentos de la ciudad, Jáchal y 
Talle Fértil y al Sud por Las Lagunas. 

El distrito de Punta del Monte, que ocupa la parte Nor- 
te del Departamento, y dista de la ciudad de San Juan solo 
ocho leguas, es el lugar célebre donde el General Acha des- 
truyó el ejército de San Juan, Mendoza y San Luis en Agos- 
to 16 de 1841. 



1 Martin de Moussy dice que el Cacique Angaco, el principal de San 
Juan, mantenía á los indios en pie de guerra. Jufré, fundador de la ciudad, 
ordenó á su segundo el Capitán Mallea, se casara con la hija de aquél 
Doña Teresa de Ascencio. La nieta del Capitán donó á la iglesia la estan- 
cia Angaco, de su propiedad, donde mas tarde se fundó el Departamento 
del Albardon, quedando á la iglesia lo que hoy se llama baños de «La 
Laja» y sus alrededores. —N. E. 



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346 EL PAlS DE OÜYO 



16.° Caucete. — Este Departamento mide de Sud á Norte 
cuatro á cinco leguas, desde la Majadita hasta la Puntilla; y 
de Este á Oeste, desde el Pozo de los Algarrobos hasta las 
playas del Rio, recorriendo en un espacio como de tres le- 
guas la falda occidental de la Sierra Pie-Palo. 

Está dividido en distritos, siendo los principales compren- 
didos en Caucete, propiamente dicho, Majadita 1 y Lagunas. 

La población de este Departamento es de 4,221 habitantes 
que se ocupan especialmente en la agricultura, y tienen al- 
falfares por mas de seis mil cuadras. 

Su regular villa, fundada en Noviembre 15 de 1851, lleva 
el nombre de Independencia y es el asiento de la 11* Subde- 
legaron y de un Juzgado de Paz. 

Cuenta con tres escuelas fiscales (Núms. 13, 34 y 52) y una 
asistencia de 300 alumnos. 

Sus calles son rectas y planas de mas de una legua cada 
una, con grandes alamedas á los costados, y una vegetación 
exuberante que lo hace uno de los Departamentos mas ricos 
de la Provincia. Cerca del rio, en su límite del Oeste, hay 
un hermoso molino de motor combinado, de agua y vapor, 
que alternan según el estado de las estaciones y por consi- 
guiente, del agua que es la vida de San Juan. 

El distrito de Las Lagunas comprende los caseríos semi- 
indios de Curicó, Encon, Cruz de San Pedro, Punta de los 
Médanos y Tranca. Las grandes Lagunas, que dan su nombre 
al distrito, fueron estudiadas de orden del Virey Loreto en 
1789 por Amigorena, Palacios ó Iguanzo. 

La faz histórica del Departamento de Caucete consiste en 
ser la puerta de la Provincia donde han llamado todas las 
montoneras, desde el General Peñaloza hasta el célebre Gua- 
yama. 



1 Hace como diez años se le dio el nombre de «25 de Mayo» y es hoy 
de mucha importancia por sus grandes siembras de trigo y alfalfa. — X E. 



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CAPITULO II. 

Educación. — La Escuela del Rey. — La Escuela de la Patria. 
— Don Ignacio Fermín Rodríguez. — 2. Rentas escolares. — 
Acción benéfica de los gobiernos en favor de las escuelas. 
— 9^ Las papeletas escolares. — 4. Estadística escolar. 



1. — Es cosa averiguada que los conquistadores del Nue- 
vo Mundo, se cuidaron menos de conquistar á los pobres in- 
dios con el saber y la educación, que con el arcabuz y el 
machete. El Evangelio, bajo cuya bandera se cometieron tan- 
tas iniquidades, bárbaros y sangrientos atentados contra los 
inocentes americanos, mas sirvió como enseña de terror para 
dominar, que como muestra de paz y mansedumbre, según sus 
divinos preceptos. Ni los mas ligeros rudimentos de educa- 
ción y de esa nueva civilización que se pretendía traernos, ó 
eu cuyo nombre se nos imponía, se mostraron para mejorar 
nuestro estado primitivo, porque mientras se nos engañaba 
con aquel ilusorio beneficio, los papas nos declaraban seres 
racionales, y el fiero conquistador nos imponía el mitazgo y 
el cautiverio, verdad que para'pagar el tributo no era de ne- 
cesidad mas que el esfuerzo material, el pesado trabajo, y no 
el saber leer y escribir. 

La España se cuidó mas de llenar sus arcas con el oro que 
aun á costa de la vida debía proporcionársele, que de edu- 
carnos, ni aun como simples fuerzas productoras en su mis- 
mo bien. 

Su religión de fuego y sangre nos hizo supersticiosos y fa- 
náticos; y el rudo trabajo que nos encorvaba para poder 
llenar su codicia, nos legó por toda herencia la fuerza de la 
bestia y el profundo atraso del que no alcanza ni á sospechar 
su personalidad. 



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J 



348 EL PAÍS DE CUYO 



¡Cuan diferente fué la colonización de la América del Nor- 
te y la del Sud! Aquélla, por los medios de llevarla á cabo 
y el modo de darle desarrollo é incremento, solo se puede 
apreciar por la diferencia entre pueblos como el Paraguay y 
Nueva York. El uno llamado á asombrar al mundo por su 
industria y civilización, y el otro destinado á espantarlo con 
su atraso y barbarie. El uno debía dominar á las naciones 
por sus fábricas y artefactos, mientras que el otro debía ser 
la fiera que entre sus salvajes bosques era necesario destruir 
para bien y tranquilidad de sus vecinos. Pero dejemos estas 
tristes consideraciones que solo sirven para agriar el espíritu, 
entristecer el corazón y lamentar el pasado de América. 

Contrayéndonos al estudio de nuestra San Juan, en el or- 
den educacional, la noticia mas antigua y única de nuestra 
referencia, se remonta á fines del siglo pasado, en que por 
real cédula de Marzo 22 de 1797, se ordena la creación de 
colegios para enseñar á los hijos de los caciques la lengua 
latina y castellana, á fin de que pudiesen ser ordenados. 

De este modo, es indudable que habrían fervorosos creyen- 
tes, y que, velis nolü, se debía ser buen católico y seguir ade- 
lante en la carrera de la santidad, so pena del martirio ó de 
la hoguera. 

Al principiar el año de 1810, no había en la Provincia mas 
escuela que la del Rey, costeada por el Gobierno, y una par- 
ticular regenteada por el presbítero D. Manuel Torres La 
enseñauza se reducía á lectura, escritura y cuentas sin mé- 
todo fijo; y como educación superior á la lectura en cartas y 
catecismo de Astete. La lectura y la escritura formaban el fin 
único de la escuela. 

La revolución de Mayo, que abría una nueva era política 
para estos pueblos, hizo sentir su benéfica influencia en el 
orden educacional; y desde entonces, ya puede decirse que el 
Gobierno se ocupó en atender aquella grandiosa institución, 
que tan descuidada había sido hasta la fecha. 

El Cabildo, en nota de Octubre 28 (1810), dirigida al Sub- 
delegado de la Real Hacienda, hacía presente el lamentable es- 
tado de la enseñanza y pedía fondos para dotar una escuela, 



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EL PAÍS DE CUYO 849 

por que la del Rey (102 alumnos) no bastaba á llenar las ne- 
cesidades de la población^ ni la renta de temporalidades, úni- 
ca destinada á las escuelas, permitía el sostén de aquella por 
mas limitados que fuesen sus gastos. En Abril de 1811, el Ca- 
bildo se dirigió á la Junta de Buenos Aires, siempre en deman- 
da de fondos al objeto indicado, pero tampoco pudo conse- 
guirse nada de parte de aquélla, que por causa de la guerra no 
podía ocuparse de otra cosa que de cuarteles. 

La única disposición referente á escuelas, comunicada 
a Cuyo, fué un decreto de Octubre 9 del año 13, del S. P. E. 
(Recibida en San Juan en Noviembre 9), prohibiendo la pena 
de azotes en las escuelas, y siendo castigados con destitución 
los infractores. Téngase presente que el azote era el gran 
secreto del buen sistema educacional del tiempo del coloniaje, 
de acuerdo con el bárbaro axioma de la letra con sangre entra. 

El Cabildo hizo algo en bien de la educación y comenzó á 
hacer del magisterio una verdadera profesión de honor. 

En Enero 17 de 1811, el Cabildo ordena los carteles cita- 
tarios para proveer por oposición el aula de Gramática (es- 
cuela del Rey); y en Abril 27, confeccionó un reglamento para 
la Junta Protectora de las Escuelas. 

En 1815 se instalaron nuevas escuelas, creándose después 
(1817) para sostenerlas, el derecho á la sal de 1 real por arro- 
ba. En Jáchal se creó una escuela por el expatriado chileno 
fray Diego Larrain, mercedario; otra en la ciudad bajo la 
dirección de Don Francisco de Sales Pérez y se echaron los 
cimientos de la famosa Escuela de la Patria en la capital de 
la Provincia. 

En Marzo 21, el Cabildo remite al Teniente Gobernador 
un informe sobre solicitud de Don Ignacio Fermín Rodríguez 
relativa á la apertura de una escuela de primeras letras. 

En Marzo 28, fray Marcos Noguera, dominico, presentó un 
plan de estudios para la Escuela de la Patria. 

Por aquel tiempo aparece la primera fundación ó legado 
de escuelas, hecho por Don Pedro Labal por valor de seis mil 
pesos. 

Ei 22 de Abril de 1816, la escuela primaria de la Patria 



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Á 



350 EL PAÍS DE CUYO 



se abrió al servicio público, bajo la dirección de D. Ignacio 
Fermin Rodríguez; se creó una Junta Protectora de Escuelas, 
un reglamento y se dictaron otras importantes disposiciones 
para difundir la educación primaria gratuita. 

La Escuela de la Patria, poniendo en ejercicio el sistema 
simultáneo de enseñanza, despertando en los niños el senti- 
miento de la superioridad por el estudio y estimulándoles por 
la recompensa, hizo tan rápidos progresos en sus numerosos 
educandos, que á los ocho meses de su fundación, invitaba á 
todo el pueblo para asistir á los exámenes públicos que tuvie- 
ron lugar en el atrio de la Iglesia Matriz. Su buen resultado 
estimuló á los niños, y el pueblo, que no podía ser indiferente 
al adelanto de sus hijos, comenzó entusiasta á preocuparse 
de la educación, sentimiento que el Teniente Gobernador la 
Roza, como hombre inteligente, supo explotar en beneficio 
público. 

Pronto apareció una escuela particular de un señor Sante- 
lices, y en seguida el padre fray Marcos Noguera se ofreció 
al Gobierno para fundar una escuela pública gratis de educa- 
ción superior. 

El producto de las herencias transversales, que por ley del 
Congreso (Julio 13 de 1818) fué destinado á la educación li- 
teraria, vino á formar con las rentas de temporalidades y 
fundación de Labal, un pequeño tesoro que desde entonces 
bastó para atender regularmente las escuelas; á estos fondos 
se agregó luego el producto del ramo de propios. 

El pueblo y el gobierno adquirieron una verdadera pasión 
por la educación pública; y ésta que en nuestros tiempos se 
ha convertido en una divina manía en la Provincia, y que la 
coloca en la primera categoría en este sentido, es indudable 
que se corresponden á través del tiempo, ó que el germen de 
1816 al 20, ahogado por las revoluciones y guerras civiles, ha 
retoñado después con mas fuerza y vigor, como se verá en la 
continuación de este estudio. 

Con el año 20 cambió totalmente la faz educacional de San 
Juan ; las escuelas se convirtieron en cuarteles, el amor al 
estudio en el desenfreno de las pasiones indisciplinadas; al 
maestro sucedió el caudillo con su brutal preponderancia. 



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EL PAlS DE CUYO 351 



Saber leer ó escribir fué después un crimen que los padres 
perseguían en las hijas, como una inmoral telegrafía para 
sustentar la relación de los amantes, y como un arte maligno 
que ocasionaba la perdición de muchos en las lecturas de 
obras prohibidas. 

Los caudillos armados de la barbarie supieron explotar 
esta funesta y salvaje preocupación, declarando una guerra 
sin cuartel á toda gente decente; se llegó á hacer ostentación 
de ignorancia y crueldad. 

La Escuela de la Patria y las demás que, como sus satélites, 
habían aparecido con aquélla, desaparecieron también envuel- 
tas en las tinieblas de una profunda noche de ignorancia, á 
cuyo primer período de cinco años había de suceder el de 
veinte y tantos de desquicio y tiranía. Sin embargo, hemos de 
ver en el curso de este trabajo, los notables esfuerzos y tenta- 
tivas de algunos gobiernos por implantar la educación del 
pueblo, esfuerzos ineficaces á que se oponían los bárbaros 
de sable, por temor de que pudieran deletrearse siquiera las 
palabras patina y libertad, que en aquellos aciagos tiempos 
no tenían significación alguna, borradas del vocabulario del 
pueblo y de las instituciones. 

El gobierno pidió informe en 1822 (Diciembre 13}, sobre la 
inversión del ramo de propios, y la comisión encargada 1 de él, 
se expidió en el documento que publicamos en seguida : 

« En acta de 30 de Mayo de 1816, se nombraron dos maes- 
tros de escuela de primeras letras, que lo fueron Don Francis- 
co de Sales Pérez y Don Ignacio Fermín Rodríguez ¡ el pri- 
mero con la dotación anual de trescientos pesos que producía 
el interés del principal de los seis mil donados por el finado 
Labal; y el segundo, con los 200 que el Estado pasaba 
á sus fondos; mas teniendo en consideración la escasez de 
estas dotaciones, se aumentaron á 500 pesos cada una anual- 
mente, proyectando que el pago de estas asigna! iones, en lo 
que faltaba para su completo, se haría de los ramos de hospi- 
tal y sisa que indebidamente se pagaban en Buenos Aires por 



1 La Junta Protectora de las escuelas. 



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352 el país de cuyo 



los negociantes del país; pues creían que mediante los recla- 
mos hechos, fuese exequible; esto no tuvo efecto, y como al 
poco tiempo muriese Don Francisco Pérez, quedando solo 
Rodríguez con todo el peso de la enseñanza de la juventud, 
se le destinaron en pago de sus sueldos, sobre los doscientos 
del Estado, los trescientos de Labal. 

« En 9 de Agosto del año transcurrido, hizo presente Rodrí- 
guez la necesidad de crear tres ayudantes para que le auxi- 
liasen en su desempeño por haber acrecido el número de 
alumnos á mas de trescientos; y creyéndolo de necesidad, se 
le ordenó los buscase para pagarlos del ramo de propios. En 
16 de Febrero de 1820, se resolvió aumentar el sueldo del « 
maestro Rodríguez hasta la cantidad de diesiseis pesos men- 
suales y doce á cada uno de los ayudantes, dejando seis pesos 
para el tercero y destinándose otros seis pesos para premio 
de los jóvenes que manifestasen disposiciones y aplicación 
y anular de esta suerte á los demás. 

Clemente Videla. — Juan C. Quiroga. — Juan Ferreyra. — Di- 
ciembre 23 de 1822. » 

2. — El gobierno de Navarro restableció la Escuela de 
la Patria en Octubre 17 de 1825, la que durante la admi- 
nistración de Carril había funcionado regularmente, y que 
se clausuró á causa del movimiento de Julio 26 del mismo 
año. Esto duró apenas un año. Rodríguez, comprometido en 
dichos acontecimientos, fué desterrado á Mendoza 1 . 

Cerrada nuevamente la Escuela el año 1826 por causa de 
la guerra civil, el general Benavides la restableció por decre- 
to de Mayo 15 de 1838, del cual transcribimos algunos artí- 
culos para demostrar el lamentable estado de la educación 
pública en aquellos años. 



1 Este notable educacionista, hijo de Buenos Aires, falleció en Mendoza 
en Agosto de 1856, y del cual se conserva un retrato al óleo, obra del 
pintor Torres, en la escuela de su nombre, en San Juan.— A r . E. 



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EL PAÍS DE CUYO 353 



«Artículo 1.° — Queda restablecida la Escuela de primeras 
letras del Estado. 

« Art. 2.° — Para su dirección y enseñanza se dotan por el 
Tesoro Público un preceptor con el sueldo anual de ciento 
ochenta pe*os y dos ayudantes con el de treinta y seis cada 
uno. 

Art. 3.° Habrá también un inspector que servirá gratis, á 
quien estará sujeto el Preceptor en lo económico y directivo 
del establecimiento. 

Art. 4.° Conforme á los artículos que anteceden, se nom- 
bra en calidad de inspector al ciudadano D. Salvador Quiro- 
ga, y de Preceptor al de igual clase D. Tomás Díaz.» 

Los considerandos que motivaban este decreto, constante 
de 9 artículos, y del que hemos copiado cuatro, entre otras 
cosas decía: «penetrado el Gobierno del justo clamor con que 
los padres de familia y el pueblo en general lamentan la falta 
de educación de la juventud, á consecuencia de la supresión 
de la escuela de primeras letras del Estado, en el dilatado pe- 
ríodo de la guerra civil etc.»; consideración que basta y sobra 
para enseñarnos que en aquellos aciagos tiempos, los hom- 
bres constituidos en autoridad, solo por excepción se ocupa- 
ban de uno ú otro hecho que no tuviese algún resabio de ar- 
mas y de campamentos. 

En 1839 (Julio 9) se inauguró el colegio de pensionistas de 
Santa Rosa que pronto cerró sus puertas, por el hálito em- 
ponzoñado de la guerra civil y de la santa federación, siguien- 
do la Provincia con la única escuela pública de la Patria que 
la regentearon en aquel tiempo, primero D. Zacarías Benavi- 
desy después Don Marcelino Guardiola. 1 

En 1850 (Setiembre 30) la Legislatura destinó al sosten y 



1 Hemos visto en ruinas el edificio que ocupó la Escuela de la Patria. 

Fué éste el último de sus directores, á quien acompañaron los maestros 
Pedro Moya, Antonio Benavides, Exequiel Barrera y Antonio Gil, siendo 
éste el único sobreviviente con mas de 80 años de edad. 

Ni un retrato, ni una placa, nada hay en San Juan que recuerde la me- 
moria del esforzado educacionista D. Marcelino Guardiola. 

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i 



354 EL PAÍS DE CUYO 



fomento de la educación pública la tercera parte de los diez- 
mos, que debía aplicarse á la dotación del Capítulo de la Ca- 
tedral de Cuyo, que aun no había sido creado 1 y los bienes 
declarados vacantes, que por falta de herederos debían perte- 
necer al Fisco; con esto y el tanto por herencias transversales 
que por ley nacional de que ya hemos hablado, se destinaban 
al fondo de escuelas, se constituyó una renta segura con que 
poder atender la instrucción primaria. En Noviembre 19 del 
mismo año, una ley declaró institución de la Provincia la en- 
señanza de la juventud, elevando el magisterio á cargo pú- 
blico, y creando una Comisión Promotora de la Enseñanza 
Pública *; y por ley de Agosto 12 del 51, se declaró en bene- 
ficio exclusivo y perpetuo de aquélla el uso y usufructo de 
la casa, edificios, sitios inherentes que pertenecían al hos- 
picio de Nuestra Señora de las Mercedes, reconociendo como 
propiedad de la institución de escuelas los valores referidos. 
Desde entonces hasta el Gobierno de Díaz, nada se hizo en 
favor de la instrucción pública; antes sí aparecieron en el 
tiempo intermedio reclamaciones del gobernador del obispa- 
do en sede vacante Provisor, Don Timoteo Maradona, que 
considerando aquellos bienes como de los llamados espiritua- 
lizados eclesiásticos, eran de fuero exclusivo y administra- 
ción de la Iglesia, tachando la ley de Agosto y su ejecución, 
como la sanción violenta de un despojo contra la Iglesia. Tra- 
bada la cuestión que llegó á ser enojosa y originó los escán- 
dalos antes referidos, Maradona consiguió que fuese derogada 
por ley de Octubre 17 (año 1853). 

El Gobierno pidió reconsideración de la ley, miraudo la 
cuestión bajo el punto de vista constitucional y utilitario, 
consiguiendo que la ley derogada fuese restablecida en la 
plenitud de sus declaraciones; en su consecuencia, el 16 de 
Julio de 1856, se instaló en el exconvento de la Merced una 



1 Por decreto de Noviembre 1.° 1870 se nombraron deán, arcedean, chan- 
tre y dos prebendados (Gobierno Nacional). 

1 Esta Comisión fué suprimida en Junio 22 del año 18fí5 y reemplazada 
por el Departamento General de Escuelas. 



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EL PAÍS DE CUYO 355 



escuela pública de varones bajo la inteligente dirección del 
Dr. Manuel José Zapata, escuela -colegio que llegó á ser de 
las primeras que hasta hoy ha tenido la Provincia, y en la 
que han recibido una inmejorable educación la mayor parte 
de nuestros jóvenes que hoy llenan un alto papel en la vida 
pública de su pueblo *. 

En el mismo año (Agosto 4) se creó una escuela primaria 
de niñas, bajo la dirección de la respetable matrona Elena 
Bradish, establecimiento que en su especie no ha tenido ri- 
val hasta nuestros días; estas dos casas de educación, creadas 
y reglamentadas por el Gobierno, y destinadas á servir de 
modelo de las demás escuelas públicas de la Provincia, fun- 
cionaron por algunos años, dando los mejores resultados por 
su organización y buen método de enseñanza (sistema simul- 
táneo razonado, implantado por Rodríguez en 1816). Varias 
otras escuelas públicas en los Departamentos y particulares 
<en la ciudad y villa de Jáchal, fueron fundadas en este año, 
comenzando una competencia de estímulo con las escuelas 
fiscales. 

En este estado, vino la administración Sarmiento que había 
de dar á la instrucción pública un impulso hasta entonces 
desconocido, y dejar un grato recuerdo en este concepto. 
Con él principia una era de verdadera florescencia para la 
iustruccion pública de San Juan. Las buenas leyes de educa- 
ción de que dotó á la Provincia y las sabias disposiciones 
-en el mismo sentido, de que pasamos á ocuparnos, le hacen 



1 «La Escuela Modelo» que dirigió á su regreso de Chile y el Perú, don- 
de hablase consagrado al apostolado de la enseñanza, se distinguió prin- 
cipalmente por su organización, seriedad en los estudios, métodos discipli- 
narios y aquella moral en acción efectiva, desarrollada en conferencias 
•dominicales. 

Este ilustrado mendocino fué mas tarde fundador y Rector del Colegio 
Nacional de Mendoza hasta que le sorprendió la muerte, a los ochenta y 
tantos años de edad. 

En Agosto de 1899, la juventud de aquel establecimiento, de acuerdo con 
sus antiguos discípulos, celebraron una fiesta en homenaje al Dr. Zapata 
y con motivo de la adquisición y colocación de su retrato al óleo, obra 
<iel pintor Bergamasehi. — X. E. 



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356 EL PAlS DE CUYO 



acreedor á la gratitud de su pueblo, que, dicho sea en honor 
de la verdad, poseído do un espíritu prevenido resistió muchas 
de estas importantes mejoras. 

La constitución provincial (1866), que declaraba obligato- 
ria la instrucción primaria, era hasta entonces letra muerta r 
ley escrita que aun no había tenido aplicación alguna. 

En Abril 2 (1862), la Legislatura dictó una ley, autorizando 
al Ejecutivo para codificar y reformar las leyes de la Provin- 
cia sobre educación pública y reglamentar su ejecución. 

A las rentas creadas por leyes anteriores para el fomento 
y difusión de la educación primaria, se agregaron las multas 
y penas pecuniarias que impusieron los Tribunales de Justi- 
cia, la Inspección de Irrigación é Intendencia de Policía. Las 
capellanías laicas é imposición de obras pías no cumplidas, 
fueron también al fondo común de Escuelas, y recien se 
organizó un archivo del ramo, destinado á prestar buenos 
servicios y del que hemos recogido los datos y estadística 
consignados mas adelante. 

Se impuso á los Departamentos la obligación de costear y 
sostener con sus propios recursos una ó mas escuelas de edu- 
cación primaria, según los fondos recolectados por suscricio- 
nes voluntarias y demás arbitrios creados por el Gobierno, 
de cuya ejecución quedaron encargadas las autoridades de 
cada Departamento. 

En Mayo 27 del año citado, se creó un Colegio Preparato- 
rio para educación científico-universitaria (preparatoria), se- 
gún el plan de la Universidad de Buenos Aires. Este Colegio 
quedó subordinado á la Comisión Promotora de Enseñanza 
Pública, abriéndose al público en 15 de Julio en el local del 
ex-hospicio de las Mercedes, que había ocupado la Escuela 
Modelo fundada por el Gobernador Don Francisco D. Díaz. 

En Noviembre 12 de 1863, el Gobierno dictó un decreto, 
haciendo obligatoria la educación primaria, que no introdu- 
cía una novedad por ser éste un precepto constitucional, pero 
daba nervio y vida á tan sagrado deber que, como hemos 
dicho, nadie se cuidó de hacer cumplir; sobre todo era uua 
disposición que, para hacerse efectiva, necesitaba el expreso 



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EL PAÍS DE CUYO 357 



mandato oficial y su sanción respectiva para que no se hi- 
ciera ilusorio, como hasta entonces lo había sido á despecho 
-de la constitución y leyes dictadas al respecto. 

El decreto en cuestión, que fué calificado de violento, mas 
por su procedencia que por su significación, es como sigue: 

«San Juan, Noviembre 12 de 1863. — Decreto. — Artículo 1.° 
— Todos los padres de familia están obligados á mandar sus 
hijos á la escuela. 

«Art. 2.° — Los Jueces de Paz y Comisarios de sus Departa- 
mentos rurales y suburbios tomarán un r^istro de los niños 
-en estado de asistir á las Escuelas, haciendo conocer á los pa- 
dres la obligación perentoria en que están de darles edu- 
cación. 

«Art. 3.° — Los Jueces de Paz podrán, con conocimiento 
de la mala conducta de los padres, ó su intencional abandono 
de los medios puestos á su alcance para educar á sus hijos, 
dar cuenta al Jefe de Policía del hecho y del nombre del pa- 
dre de los hijos, que estén en contravención con lo dispuesto, 
para que busque á los niños, patrón ó tutor que se encargue 
de darles educación. 

«Art. 4.° — Este decreto se hará distribuir impreso en los 
Departamentos, á fin de que sea conocido de todos. Comuni- 
qúese, publíquese y dése al Registro Oficial. — Sarmiento. — 
Ruperto Godoy Carril. — Valentín Videla.» 

Los considerandos de este decreto denunciaban que las es- 
cuelas departamentales estaban casi desiertas, so pretesto de 
la invasión dePeñaloza, «signo no siempre de temor sino ma- 
nifestación de tendencia á la barbarie», y que «no solo en los 
campos de batalla debe el gobierno combatir las tendencias 
del desorden, sino en sus causas primordiales: la ignorancia é 
inmoralidad.* 

Tanta energía, tendiente á imponer mas que á convencer, 
-era requerida por las circunstancias, y en esto tenía razón el 
gobierno, que había desesperado de ver cómo engrosaban 
las filas de la montonera con las peonadas de Caucete, po- 
bladores de Mogna y las Lagunas en la última invasión. 



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j 



358 EL PAl8 DE CUYO 



En los años siguientes no hay uno solo en que no se regis- 
tre nna reforma, una nueva escuela, un progreso cualquiera 
eu bien de la educación común. 

En 9 de Diciembre de 1864, el colegio de Educación Supe- 
rior, que funcionaba en la Merced, fué nacionalizado y do- 
tado de un excelente gabinete de física, química y mineralo- 
gía, creándose después clases especiales de minería y meta- 
lurgia, que tanto convenían á una Provincia minera como 
San Juan 1 . 

El gobierno de^Don Camilo Rojo creó al año siguiente 
veinte escuelas fiscales, progreso que marchó paralelo con 
la fundación de escuelas particulares. (Ap. núm. 28). 

La «Escuela Sarmiento» fué establecida bajo un excelente 
pie en 22 de Junio de aquel año, y abierta al servicio público 
el dia 9 del siguiente mes. En este mismo dia se formaron dos 
sociedades para la propaganda de la educación: «Amigos de 
la Infancia» y «Sociedad de las Madres Cristianas». 

Los medios de estímulo entraron por mucho en las miras 
del Gobierno y han dado un resultado tan satisfactorio, que 
hasta la fecha se emplea con grandes ventajas. 

En Mayo 17 de 1866, se decretó la institución de un premio 
anual para los preceptores que mas se distinguiesen en el 
desempeño de sus delicadas funciones, por su inteligencia, 
moralidad y contracción. 

Estos premios, que en un principio consistieron en diplomas 
de honor, fueron aumentados al año siguiente en una meda- 
lla de oro y otra de plata, premios únicos á que aspiran todos r 



1 Decretos del Gobierno Nacional de Marzo 18 y Diciembre 27 de 1SK9. 

Después» del Colegio Preparatorio, el educacionista chileno Don Pedro- 
Alvarez fué el primer Rector del Colegio Nacional por mas de quince 
años. La preparación de los alumnos acabó por inspirar una fe ciega en 
los certificados expedidos por aquel establecimiento, que por muchos 
anos conservó fama de dar una educación sólida, positiva y apreciada 
por los Héctores de instituciones mayores. 

Falleció en Buenos Aires á los 70 años de edad. 

En el mismo Colegio se conserva su busto en terracota, costeado por 
el cuerpo docente en un dia de su cumpleaños, y un gran retrato al óleo r 
obra del artista Gregorio Torres, donado por la viuda Señora Carmen 
Q. de Alvarez.— A T . E. 



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EL PAlS DE CUYO 359 



como el mayor timbre que comprueba su idoneidad y demás 
virtudes de su institución. 

Los alumnos tuvieron también sus premios, consistentes 
en medallas de plata, libros y diplomas, que pasaron á ser la 
aspiración en cada año de todos los niños, despertando así 
por el inocente estímulo de una recompensa de honor, el estu- 
dio asiduo, en honra y provecho de los mismos educandos. 

Si nuestros gobiernos quisiesen extender los beneficios de 
esta institución, podrían hacer mucho en favor de los jóvenes 
pobres y estudiosos que, dotados de talento y amor al saber, 
esterilizan sus buenas disposiciones por falta de recursos 
para continuar ó concluir los estudios profesionales en que 
podían hacer honor á su pueblo. Para las escuelas fiscales 
podían crearse dos premios únicos anuales, para costear por 
cuenta del Tesoro Provincial, una educación superior á los 
dos mejores educandos que rindiesen las pruebas requeridas, 
ademas de las prestadas en los exámenes públicos escolare?. 
Así mismo, de los estudiantes del Colegio Nacional, aquél que 
sujeto á nuevas pruebas resultase el primero de los mas aven- 
tajados de dicho Colegio, podía ser premiado con estudios 
profesionales en una Universidad ó Facultad, á elección del 
agraciado y por cuenta de la Provincia. Este sistema de re- 
compensas daría por resultado el aprovechamiento de tanto 
joven inteligente que el pauperismo sujeta á groseros traba- 
jos para subvenir á sus mas imperiosas necesidades, y que en 
mejores condiciones pecuniarias habría sido para la Provin- 
cia un Oro (Fray Justo), un Carril, un Sarmiento) un Raw- 
son, etc., etc. 

El verdadero buen gobierno de un pueblo no consiste en 
ver á sus gobernados acumulando oro, tal vez por medios poco 
morales, sino en saber aprovechar esas fuerzas vivas de la 
inteligencia de aquéllos que, con su saber, nos han de propor- 
cionar esas mismas riquezas mejor adquiridas, moralidad, jus- 
ticia y buenas instituciones, que son el mayor bien y forma 
la suma de bienestar y prosperidad. 

Temo mas á los oropeles y relumbrones de una mala edu- 
cación, que ala ignorancia misma, que las madres saben mo- 



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360 EL PAÍS DE CUYO 



dificaren sus hijos por la dulzura y los buenos consejos. Ellas 
no conocen las ciencias, pero su amor las hace prudentes y 
sabias para encaminarnos por el sendero del bien. 

¡Cuántos caudillos de levita nos han hecho sufrir mas que 
los de chiripá y puñal á la cintura ! 

En el mismo año 1866 (Junio 17), se fundó la Biblioteca 
Franklin, verdaderamente popular como institución y por 
haber sido la obra del pueblo. Es la primera en la República. 

El Gobernador Don Camilo Rojo, á quien se deben todas las 
mejoras que dejamos indicadas, merece un voto de gracias 
de sus comprovincianos por su noble empeño por la educa- 
ción popular eu su Provincia: quizá no seamos los últimos eu 
enviárselo como un deber de sanjuaninos amantes al estudio. 

El año 67, ya hemos dicho en otro lugar, fué de luto y 
duelo para la Provincia. 

El 68, nos recuerda la fundación de las escuelas noctur- 
nas y de beneficencia, que aun se conservan, dando los me- 
jores resultados en la educación de niñas y adultos. 

El año 69 es tan fecundo como el 65 en materia de educa- 
ción, verdad que el Gobierno Nacional allegó á tal objeto sus 
poderosos auxilios, tales son : 

Acuerdo de Marzo 11, destinando la cantidad de 3,000 pe- 
sos para libros de enseñanza, y especialmente con destino á 
la Escuela Sarmiento. 

Decreto de Marzo 18, creando una cátedra de mineralogía 
en el Colegio Nacional. 

Ley de Octubre 7, mandando fundar dos escuelas superio- 
res de enseñanza gradual, y autorizando al Poder. Ejecutivo 
para auxiliar dichas fundaciones con diez mil pesos fuertes. 

Decreto de Diciembre 27, asignando al Colegio Nacional 
la suma de mil pesos para la formación de un museo minera- 
lógico y un laboratorio metalúrgico. 

3. — El Gobierno de la Provincia, por su parte, creó al- 
gunas escuelas en los Departamentos, y dictó varias disposi- 
ciones tendientes á mejorar la educación. Entre estas merece 
mencionarse un decreto de Octubre 15, cuyos dos primeros 
artículos son como sigue: 



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EL PAÍS DE CUYO 361 



tArt. 1.° Todo niño de seis á catorce años, que después 
de 8 dias de publicado el presente decreto, se encuentre en 
las calles sin la correspondiente boleta de matricula de escue- 
la pública ó particular, será tomado por los agentes de poli- 
oía y detenido en el Departamento General del ramo.» 

«Art. 2.° Inmediatamente de detenido un niño, se hará 
comparecer á su padre ó tutor, y se le obligará á colocarlo 
en la escuela pública, sin perjuicio de la aplicación de la mul- 
ta establecida por los artículos 5 y 10 de los decretos de Ju- 
nio citados. » (de Junio 22 de 1865). 

Este decreto fué circulado en la Capital y Departamentos, 
conminando á las autoridades que no le diesen la pronta y 
debida publicidad con la multa señalada por la ley de Junio 
citada. 

En 24 de Diciembre del mismo año, se dictó la Ley de 
Educación que aun rige en la Provincia, por la que se esta- 
bleció, 1.° un Departamento General de Escuelas, bajo la di- 
rección y dependencia del Ministerio de Gobierno ó Instruc- 
ción Pública, el que comeuzó á funcionar el 13 de Enero del 
siguiente año; 2.°, una Junta Provincial de Educación, ads- 
crita al Departamento de Escuelas; 3.°, una Junta de Educa- 
ción en cada Departamento, compuesta de cinco vecinos y 
presidida por el Subdelegado. Estas Juntas funcionaron des- 
de Febrero 4 (1870). 

En cada distrito, donde el censo arrojase la cifra de cin- 
cuenta niños, se mandó establecer una escuela. 

Del importante informe del Jefe del Departamento de Es- 
cuelas Don Juan D. Godoy, se deduce que en dicho año los 
niños en las escuelas ascendían á 6,863, que el Tesoro Pro- 
vincial había invertido la suma de 32,829 pesos bolivianos, 
habiendo contribuido el Gobierno Nacional con 8,750 pesos, 
lo que hacía un gasto de 5.82 pesos por cada alumno inscrito, 
y 7 por cada educando según la asistencia media. 

Al siguiente año, el Gobierno de la Nación ordenó la fun- 
dación de la Escuela Superior de Varones, é invertía en el 
Colegio Nacional 1,150 pesos fuertes en sueldos; 1,000 para 
el edificio en construcción y 750 para profesores y fomento 
del laboratorio metalúrgico y Museo de. mineralogía. 



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362 EL PAÍS DE CUYO 



4. — En cuanto á la Provincia, nos economiza hacer una 
relación de su estado educacional el importante cuadro del 
Gefe del Departamento Sr. Godoy, que tantos títulos tiene 
adquiridos al respeto y consideración pública por su inteli- 
gente contracción al mejor desempeño de las funciones, que 
con tanto acierto se le confiaron. 

Ciudad, con 8,356 habitantes: 6 escuelas fiscales y 8 par- 
ticulares, teniendo una escuela por cada 596 habitantes. 

Desamparados y 4,246 habitantes con 2 escuelas fiscales y 
dos particulares; una escuela por cada 1,061 habitantes. 

Concepción, 6,345 habitantes con 5 escuelas fiscales y 4 par- 
ticulares; una escuela por cada 705 habitantes. 

Santa Lucía, 3,512 habitantes con 3 escuelas fiscales; una 
escuela por 1,170 habitantes. 

Trinidad, 5,253 habitantes con 3 escuelas fiscales y 1 par- 
ticular: una escuela por cada 1,313 habitantes. 

Pocito } 3,955 habitantes con 2 escuelas municipales y 4 
particulares; una escuela por 463 habitantes. 

Albardon, 2,924 habitantes, con 2 escuelas municipales y 
cinco particulares; una escuela por 417 habitantes. 

Angaco Norte, 3,095 habitantes con 3 escuelas fiscales y 7 
particulares; una escuela por 309 habitantes. 

Angaco üud, 2,389 habitantes con 3 escuelas fiscales; una 
escuela por 794 habitantes. 

Caucete, 3,423 habitantes, con 2 escuelas fiscales y 2 parti- 
culares; una escuela por cada 806 habitantes. 

Zonda y Ullum, 844 habitantes con una escuela fiscal. 

Calinga*ta, 1,066 habitantes con una escuela fiscal. 

Valle Fértil, 2,866 habitantes con 3 escuelas fiscales y 5 
particulares; una escuela por 353 habitantes. 

Jdchal, 12,054 habitantes con 8 escuelas fiscales y 11 par- 
ticulares; una escuela por cada 634 habitantes. 

Resumen: población de la Provincia, 60,328; escuelas 93- 
de las que 51 eran mixtas, 34 de varones y 8 de niñas, dando 
una fracción de 649 habitantes por cada escuela, y un tota* 
de niños educándose de 6,873. (Ap. nota núm. 30). 

De las escuelas fiscales, solo cinco funcionaban en edificios 
del Gobierno. 



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EL PAÍS DE CUYO 363 



En 1871 (Enero 28), se dictó una ley autorizando al Go- 
bierno para sostener 50 escuelas fiscales (solo había 44), y fi- 
jando una escala de sueldos para los maestros en proporción 
al número de alumnos. 

Esta medida fué de pésimos resultados, pues daba á algunos 
maestros una renta insuficiente aun para sus necesidades mas 
premiosas, sin consideración á su labor y competencia. El 
fraude abrió ancha puerta, las cifras imaginarias centuplica- 
ron las verdaderas, y á ese paso, San Juan hubiera presenta- 
do el raro fenómeno de tener mas niños en sus escuelas que 
habitantes en todo su territorio, por lo que fué necesario su- 
primir la ley como chocante y absurda, restableciendo la anti- 
gua de sueldos fijos y proporcionados á la competencia y 
labor. El presupuesto de escuelas en 1871 fué de 77,525 pesos. 

Como queda demostrado, la Provincia de San Juan tiene 
un presente inmejorable en la educación pública, y su porve- 
nir ofrece ser mejor; sin embargo, aun le falta mucho que 
hacer para ir adelante en materia de educación primaria. 

Ademas de las mejoras posibles y muy hacederas que de- 
jamos antes indicadas, podría adelantarse la educación pri- 
maria, haciendo de la noble profesión del magisterio un apos- 
tolado, un cargo público; dignificarla por todos los medios 
posibles y rentar mejor á los encargados de difundirla. Pro- 
veer estos empleos por oposición, así en lo provincial como 
en lo nacional, única garantía de idoneidad y competencia; 
crear conferencias de maestros para mejoramiento y selección 
del profesorado; dictar un plan general de educación, im- 
plantando sistemas y métodos de enseñanza adecuados, racio- 
nales y modernos y levantar edificios espaciosos, ventilados 
y cómodos para cada escuela pública. 

Al cerrar este capítulo, es un deber de justicia hacer men- 
ción especial de los educacionistas que han desempeñado el 
Departamento G-eneral de Escuelas, señores Juan Godoy, 
Cirilo Sarmiento y Vicente García Aguilera, quienes propa- 
garon y fomentaron la educación común de la Provincia. 



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capitulo m. 

Irrigación. — Irrigación artificial. — 2. Hidrografía. — Rie- 
go por canales y acequias. — Leyes sobre irrigación. — Ofici- 
nas del ramo. — 3. Inundaciones de 1833. — Obras de defen- 
sa. — El dique San Emiliano. — 4. Distribución de las aguas. 
— Sistema de compuertas y de compartos. 



1. — El caudal, curso y distribución de las aguas para la 
Provincia de San Juan, es cuestión capital de importancia 
en el presente; es, como decía el Gobernador Sarmiento en 
su mensaje de 1862, < lo que la sangre para el cuerpo humano, 
su principio vital. De ella depende la subsistencia de todo, y 
los desórdenes de su equitativa distribución producen males 
iguales á los que en la política la anarquía, y en la salud los 
excesos.» 

Efectivamente, la cuestión aguas viene preocupando á San 
Juan y Mendoza desde antes de la conquista, y es un hecho 
averiguado, que cuando tuvo lugar la fundación de estos 
pueblos, ya el uso de las acequias estaba en práctica por los 
caciques huarpes 1 , sistema de riego, ó mejor dicho, modo de 
regadío, sin sujeción á reglas de arte ni preceptos racionales, 
sino á los que indicaba el declive de los terrenos. 

Las noticias que hemos podido obtener sobre la irrigación 
de Sau Juan son muy ambiguas, y sobre todo, muy poco abo- 
nadas, por lo que, siguiendo nuestro plan de escribir sobre lo 
que consta en los archivos de San Juan y Mendoza, registra- 
dos con paciente labor por algunos años, solo podemos tratar 
esta importante materia desde principio de este siglo. 



1 Cuando Castillo fundó la ciudad de Mendoza, el Cacique Guaimallen, 
regaba sus campos por medio de acequias. 



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EL PAÍS DE CUYO 365 



Ademas, la volubilidad de las corrientes, los cambios con- 
tinuos de cauces y muchas otras razones que sería largo enu- 
merar, dificultan mas la cuestión, privándonos de fuentes 
preciosas que aquéllas podían ofrecer al observador. Los ar- 
chivos mismos que hemos registrado con una constancia & 
toda prueba, nos ofrecen muy poca cosa por el abandono en 
que se han hallado por muchos años, y el largo uso hecho de 
sus legajos para la formación de cartuchos en las maestranzas 
de la barbarie. 

Daremos pues las escasas noticias que hayamos podido con- 
seguir. 

Lo primero que encontramos sobre la irrigación en la Pro- 
vincia, es una nota de Agosto 17 de 1811, dirigida por el Ca- 
bildo á la Junta Subalterna de Ciudad, pidiéndole nombre un 
representante suyo que, asociado á la comisión que aquél te- 
nía nombrada, se procediese á inspeccionar el lugar mas có- 
modo para el nuevo cauce del Rio. 

Por est$ noticia se ve que la ciudad de San Juan, siempre 
amenazada por las creces, y víctima mas tarde (1834) del 
Rio, preocupaba á nuestras autoridades desde principios del 
siglo, y les compelía á pensar siquiera en desviar el curso de 
las aguas, que con ese simple hecho ofrecía la fertilidad de 
otros campos y regadío de suelos vírgenes aun. 

En 4 de Setiembre del mismo año, el pueblo celebró á Ca- 
bildo abierto un acuerdo sobre la mutación del Rio, nombran- 
do en consecuencia una comisión informativa que dictamina- 
se sobre el asunto en cuestión. 

La comisión se expidió, dando lugar á un acuerdo del Ca- 
bildo el dia 13, en el que se dice, tmediante un informe de la 
comisión en el que se apoya la utilidad que el pueblo pres- 
cindió en su acta de 4 del presente, resuelve proceder al em- 
prendimiento de la obra sobre la mutación del Rio, quedan- 
do su ejecución á la oportunidad de tiempo, y las demás con- 
secuciones al arbitrio del señor Teniente Gobernador, á quien 
se le previene que el Cabildo, en caso de déficit de útiles, 
contribuirá con nueve pesos diarios por quiuce dias, de rentas 
de propios.» 



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Á 



366 EL PAÍS DE CUYO 



Esta obra en proyecto no tocó la realidad hasta muchos 
años después, como se verá mas adelante; y la Ciudad y De- 
partamentos siguieron en sus alternativas de abundancia ó 
carestía del indispensable elemento, según las lluvias y des- 
hielos en la Cordillera. 

Las necesidades creadas por la sequía ó falta de agua, 
hizo mas de una vez ocurrir hasta el expediente de la aper- 
tura de pozos de balde, trabajos que en 1816 se emprendieron 
sin resultado favorable en la ciudad y travesías del Norte, en 
los lugares de Medauitos y Palo Parado. Los pedáneos de Já- 
chal, en nota de Abril 26 (1817), dan cuenta de trabajos idén- 
ticos ejecutados en aquella población, diciendo: «Se ha tra- 
bajado un mes, y se está siguiendo, pero sin esperanza de 
alcanzar agua: han tocado arena y piedra suelta, y están 
en grandes riesgos de que se desmorone algún pedazo y mate 
alguno de los peones que están á diez ó doce estados de hon- 
duras» l . 

2. — Antes de seguir adelante y sin pretensiones de ha- 
cer un estudio hidrográfico, como lo exige el conocimiento 
preciso de las corrientes, su nacimiento, curso, confluencias, 
dirección, caudal, declive, desagües, etc., etc., vamos á indi- 
car el número de ríos, arroyos y otras corrieutes que tiene la 
Provincia para el mejor conocimiento de nuestro estudio 
posterior. 

La Provincia de San Juan cuenta con doce ríos, cuarenta 
y tres arroyos, y mas de mil aguadas y manantiales, de los 
que pasamos á dar una noticia en extracto. 

Rio de Los Patos. — Nace en los nevados del Aconcagua, y 
después de una dirección varia que lleva en su curso, des- 
ciende al hermoso Valle de los Patos y enseguida al de Caliu- 
gasta; rompe después varios sistemas de montañas, siendo 



1 Esta medida española, empleada para medir las profundidades, equi- 
vale á la estatura regular de un hombre; esto es, cinco pies y pulgada»; 
asi, la hondura referida es próximamente de veinte á veinte y cuatro va- 
ras castellanas. 



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el país de cuyo 367 



las principales las del Tontal y Zonda, y se descuelga sobre 
el valle de San Juan, donde toma este nombre después de un 
curso desde su origen de mas de doscientas leguas. Sus 
afluentes son los ríos de Castaño, Leoncito, Calingasta, 
Papagallos, etc., etc. 

Su caudal de aguas que, como veremos después, fertiliza 
todo el gran valle de San Juan, disminuye de tal manera, que 
al faldear la sierra del Pie-Palo, ha disminuido en nueve dé- 
cimos para desaguar algunas veces en las Lagunas. Sus 
aguas llenas en general de ocres rojizos, sirven para engrosar 
los terrenos pedregosos y darles una fertilidad media de 80 á 
100. En su dilatado curso, facilita el cultivo de mas de cua- 
renta mil cuadras de alfalfares, cerca de seis mil en cereales 
y mas de ti es mil en viñedos y arboledas, lo que da un total 
como de cincuenta mil cuadras de riego y cultivo. Su desa- 
güe sobre la Laguna del Rosario forma la famosa pesquera 
que goza de tanto renombre por la esquisita trucha que pro- 
duce 1 . 

Rio de Jáchal. — Es el segundo de la Provincia, nace en las 
cordilleras de Colangüí y recorre un espacio de mas de trein- 
ta leguas, donde pierde casi todo el caudal de sus aguas en el 
riego de mas de seis mil cuadras de labranza, que tiene el pue- 
blo de su nombre; tiene varios afluentes, siendo los principa- 
les los pequeños ríos de Colangüí, San Guillermo, Blanco, 
Negro y muchos otros de menor importancia que acrecen su 
caudal hasta su desagüe en el Rio Bermejo. 

Los demás ríos son de menor importancia, y nos economi- 
za entrar en sus detalles, por lo que nos limitaremos á su sim- 
ple nomenclatura y cualidades mas resaltantes. 

Rio de Huaco, notable por sus aguas termales; el de Valle 
Fértil que alimenta el cultivo de aquella población; los de 
Usno, Tumanas, Astica, Huerta, Bermejo 8 y Palca al Norte 
de la Provincia; y al Oeste les afluentes del de Los Patos que 



1 En 1856, estas Lagunas llegaron á ser navegables, y en 1872 se halla- 
ban completamente secas para llenarse nuevamente.— N. E. 
* Casi siempre seco. 



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368 EL PAÍ8 DE CUYO 



son: rio de Castaño, Leoncito, Calingasta, Papagallos y otros 
inferiores. 

Los arroyos que contribuyen en mayor escala para el cul- 
tivo, son: los de Pismanta (aguas termales), Iglesia, Huachi, 
Conconta, Punta del Agua, Tudcum y Hualilan 1 al Norte; al 
Sud, los de Acequión, Berros, Cieneguita, Huanacache, Ca- 
ñada Honda y otros, siendo estos tres últimos los principa- 
les por los cultivos que alimentan y especialmente el de Cie- 
neguita, por los famosos baños medicinales conocidos con el 
nombre de Baños del Sud. Al oriente hay los arroyos de Agua 
Negra 1 Cochagual y Cerrillos que quedan algo al Sudeste de 
la Provincia, y muchos otros que precisarían un estudio es- 
pecial. Al Oeste se encuentra el famoso arroyo de Zonda que 
forma los baños sulfurosos de este nombre; y en su curso so- 
bre la ciudad, los del Marquesado hasta su desagüe sobre 
el gran canal del Pocito que corre al Sud. 

Siguiendo con nuestro plan de estudios sobre los diversos 
sistemas, modos y tiempo de la irrigación en la Provincia, 
volvemos á la época antes referida en que la distribución de 
las aguas comienza á hacerse con sujeción á las reglas del 
arte. 

En 1818, el Teniente Gobernador Don José Ignacio de la 
Boza, de acuerdo con el Intendente de Cuyo, Luzuriaga, y 
del Cabildo de San Juan, se propuso dotar de agua los terre- 
nos llamados del Pocito, que en su mayor parte eran pedre- 
gales sin la menor vegetación. Llamado de Mendoza Don 
José Herrera, que tenía fama de competente y tal vez título 
de perito en la materia, la Roza celebró con aquel un contrato 
en 24 de Agosto (1818) por el que se convino en lo siguiente: 



1 Pequeño arroyo que nace en el lugar de ese nombre y que 9irve úni- 
camente para el uso del gran establecimiento minero de que trataremos 
en el capítulo siguiente. 

$ Este arroyo nace á una legua al Sud-este de la oiudad; y en su cur- 
so al Oriente, de varias leguas, forma los excelentes baños de Piedritas, 
Florida. Chaparro y otros varios á que concurre la mayor parte de la 
población de ciudad en la estación del verano- 



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EL PAÍ9 DE CUYO 369 



1.° Don José Herrera es obligado á traer el agua desde el 
Cerro Blanco hasta el Estero, y de aquí sacarla por delante del 
horno de quemar cal, sito en la quebrada de Zonda é introdu- 
cirla al pedregal por la punta de La Tosca, que se halla 
inmediata á la puerta de la posesión de Doña María 
Francisca Cortínez, y desde allí al Sud, á enfrentarla parale- 
lamente al Pocito y por donde convenga al aumento de los 
terrenos. 

2.° Que dicha acequia tendrá de ancho, desde la toma del 
Estero, hasta legua y media distante de la puerta de la ante- 
rior posesión, cinco varas y una de fondo; y desde este punto 
hasta el confín de la misma acequia, llevará cuatro solamente 
pero siempre igual fondo. 

3.° Que en el término de un año, es obligado á dar con- 
cluida la mencionada acequia con una toma tal, cuya firmeza 
sea á satisfacción del Gobierno. 

4.° Que el Gobierno por su parte es obligado á satisfacer 
la cantidad de cinco mil doscientos pesos del ramo popular 
en que ha convenido el dicho Herrera, y á darle por una sola 
vez y por el término de seis meses un alfalfar que corra de 
cuenta del indicado Herrera. 

5.° Que también es obligado el Gobierno á darle veinte y 
cinco peones mientras durase la obra, los cuales serán satis- 
fechos por Herrera al jornal acostumbrado en el país. 

Esta acequia, cuya extensión debía tener mas de cinco le- 
guas por terrenos pedregosos y en algunas partes por sobre 
rocas que había necesidad de hacer saltar á pólvora, estaba 
indudablemente mal abonada por el contrato, aunque en aque- 
llos tiempos el jornal de un peón de azada no pasaba de real 
y medio (12 cents, fuertes). 

Se dio cuenta á la Intendencia y se le adjuntó copia de la 
contrata que dejamos transcrita, y Luzuriaga se trasladó, en 
su consecuencia, á San Juan para inspeccionar el lugar de la 
obra y prestarle su asentimiento ó conformidad (Setiembre 
24). Hecho el examen que duró dos dias, se modificó el con- 
trato, conviniendo en sacar la toma desde el punto ya ci- 
tado, La Tosca, en via recta á las tierras del Pocito, agregan- 

24 



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i 



370 el país de cuyo 



dose nuevas cláusulas de modificación ó ampliación al citado 
convenio en los términos siguientes: 

1.° El expresado Don José Herrera es obligado á sacar la 
toma del rio por La Tosca, y conducirla al Sud hasta los te- 
rrenos del Pocito, asegurando ésta con la posible firmeza y 
estabilidad. 

2.° Que dicha acequia ha de tener desde su origen la an- 
chura de cinco varas hasta la distancia de legua y media, y 
de allí para adelante cuatro varas, teniendo el fondo de una 
vara de agua en la altura de los pedregales, y que esta cami- 
ne recta al Sud y se introduzca en los terrenos del Estado. 

3.° Que dicha acequia la ha de bordear á la parte del orien- 
te (ciudad), y que en el término de un año, contado desde su 
primer contrato, la ha de dejar corriente y asegurada á satis- 
facción del Gobierno. 

Este trabajo quedó concluido en los términos arriba expre- 
sados, y desde entonces, la irrigación del Pocito siguió su 
marcha de crecimiento, llegando á ser modelo del ramo para 
los demás departamentos que no hicieron mas que imitar. 

Angaco fué también dotado de un canal matriz, aunque 
muy inferior al que dejamos mencionado. 

En 1824 (Agosto 6), durante el Gobierno de Carril, se dictó 
una buena ordenanza sobre distribución y uso de las aguas, 
que ha servido de base á las leyes dictadas posteriormente 
sobra la materia. 

Por aquella ordenanza, constante de trece artículos, se dis- 
puso el reparto de aguas por medio de compuertas y por 
cantidad de grados 1 en relación al gravamen de impuesto y 
pensión en la obra de los canales matrices de regadío, creán- 
dose las autoridades necesarias para el ramo; se reglamentó 
el uso del agua y se establecieron las penas que garantiesen 
su observancia, etc., etc. 

En Julio 8 del siguiente año, se dictaron nuevas disposi- 



1 Un grado de agua es la cantidad que pasa por la abertura de la com- 
puerta formada de treinta y seis pulgadas de ancho, y dos de altura en 
corriente nivelada. 



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EL PAÍS DE CUYO 371 



ciernes sobre el uso del agua en la ciudad; se reglamentó la 
construcción y conservación de puentes urbanos y rurales; 
la conservación y policía de canales, y la forma y cuota con 
que se debía concurrir para estas obras, de conformidad á la 
extensión y situación de los fondos en cuyo beneficio se ha- 
cían dichas obras. 

Después, nada se hizo en favor de la irrigación y agricul- 
tura. La Provincia continuó sujeta á las aterrantes inunda- 
ciones producidas por las crecientes, á la escasez que hizo 
perder muchas sementeras por la sequía ocasionada por los 
desbordamientos y cambios de cauces del rio y acequias prin- 
cipales. 

La triste experiencia de los aluviones y crecientes que 
inundaron la ciudad y Departamentos por los años 1802 á 
1804 y 1817, aun no habían curado la indolencia de pueblo y 
gobierno, por lo que el rio que corre de Noroeste á Sudoeste, 
dirigiéndose después al Este con gran declive sobre la ciudad, 
era hasta entonces una amenaza de mas ó menos importancia, 
según las contingencias de la estación ó probabilidades del 
peligro. 

3. — En los últimos dias de Enero de 1833, las lluvias so- 
bre las cordilleras y los deshielos violentos producidos por 
una temperatura de fuego, comenzaron á hacer sentir sus 
efectos por grandes aluviones que arrastraba el rio y por la 
cantidad de ocre que hacía de las aguas verdaderos torrentes 
de barro. Los canales fueron estrechos para contener el in- 
menso caudal de agua que la hacía rebalzar, los que en segui- 
da se cegaron; y las corrientes, perdiendo su cauce establecido, 
se derramaron en diversas direcciones. La alarma de un pe- 
ligro inminente produjo el pánico en toda la ciudad. 

Nombróse una Comisión Conservadora de la salud publi- 
ca y se tomaron serias medidas de precaución. 

Todo fué en vano. En los primeros dias de Enero, las ace- 
quias del Pocito se desbordaron y un torrente impetuoso, de- 
vastador, atropella la ciudad, formando en su corriente espan- 
tosas cataratas, cuyo ruido ensordecedor aterroriza á la des- 
graciada población. 



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é 



372 EL PAÍS DE CUYO 



Las calles se convierten en rios, las casas se desploman, los 
templos (San Agustín) se derrumban, formando en sus caídas 
vorágines terribles por las aguas que se arremolinan y sepul- 
tan en sus entrañas cuanto les opone resistencia; la aduana 
se vé envuelta entre murallas de agua que le arrebatan los 
archivos y cuanto hallan en su curso; la gente aterrorizada 
huye, y el plañidero sonido de las campanas que tocan roga- 
tivas en toda la población, aumentan el pavor; los muebles son 
arrastrados por las calles on alas de la corriente, y todo en 
fin, hace presumir que la ciudad de San Juan va á ser borra- 
da del mapa de los pueblos por la asoladora inundación. (Ene- 
ro 3 de 1834). 

Por fortuna, aquella tremenda avalancha que barre cuanto 
encuentra, pasa dejando las terribles huellas de su obra; 
los presos de la cárcel pública son destinados á pescar mue- 
bles y trastos que en confuso torbellino ruedan entre las 
aguas, mezclados con los legajos de los archivos públicos, 
cuando el furor de la corriente permitía que aquellos pudie- 
sen andar par las calles con el agua d la cintura. 

Era preciso una lección tan severa para que en adelante 
se tratase de estudiar las corrientes, dividir las aguas y dis- 
tribuirlas á los Departamentos en beneficio de la agricultura 1 . 

El Gobierno emprendió obras defensivas de la ciudad sobre 
el rio, y este fué el origen del famoso dique de San Emiliano 
de que nos hemos ocupado en el capítulo anterior. Desviado el 
rio de su cauce primitivo, se aprovechó la ocasión de hacer 
grandes tomas ó compartos, y los departamentos del Norte 
se vieron dotados de grandes canales que han centuplicado 
su antes mezquina labranza. 



* Hasta hoy es una preocupación constante de pueblo y gobierno. Se 
trabaja siempre en la defensa de la ciudad y departamentos del Norte. 
Se ha prolongado el dique San Emiliano, construido el dique nivelador y 
compartidor de las aguas y uno en la boca de la quebrada de Zonda, 
como también un puente sobre el rio para que, en caso de grandes ave- 
nidas, no se interrumpa la comunicación con aquellos Departamentos. 

Últimamente el Congreso Nacional ha votado la suma de 50,000 pesos 
para estudios de embalses sobre el rio.— X. E. 



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EL PAÍS DE CCYO 373 



Desde entonces hasta 1858, nada se hizo para mejorar la 
irrigación de la Provincia, con exepcion de un Reglamento 
general del ramo que se dictó en 16 de Enero de 1851, por 
«1 que se creaba una Inspección central y Comisiones depar- 
tamentales para la irrigación y agricultura: este reglamento 
no se puso en vigencia. 

En 1836, el caudal de las aguas del Rio de San Juan había 
crecido en tan grandes proporciones, que el paso á los De- 
partamentos del Albardon, Angaco y Caucete solo podía 
practicarse por medio del balsas. Su profundidad media lle- 
gó á dos metros, lo que hizo concebir la posibilidad de una 
comunicación fluvial entre esta Provincia y la de Mendoza. 
Un señor A. Saillard, de nacionalidad francesa, llevó á 
. cabo el atrevido pensamiento, construyendo una lancha que 
bautizó tGeneral Benavides», destinada á la exploración de 
la via que ya preocupaba los espíritus; sobre todo, iba á repe- 
tirse un estudio de las Lagunas que desde 1789, en que lo 
ejecutaron Amigorena, Palacios é Iguanzó, no se había he- 
cho hasta entonces, de modo que las importantísimas pesque- 
ras eran muy poco conocidas, á no ser por sus pobladores. 

El 9 de Noviembre partió Saillard del cPaso del Rincón 
Cercado», frente al Departamento de Caucete, remontó el 
arroyo de Cochagual hasta su desagüe en la laguna del Por- 
tezuelo (la mas accidental de la serie de lagunas), y desde allí 
continuó sus exploraciones por la costa del Tulumaya, resul- 
tando de este estudio la posibilidad de la navegación y co- 
municación entre ambas provincias, aunque eran necesarios 
trabajos de canalización en un trayecto como de veinte le- 
guas. 

Referimos este hecho de que se ocupó la prensa de ambas 
Provincias, para comprobar la irregularidad en el caudal de 
aguas de nuestros ríos, y ofrecerlo en contraste con el actual 
«estado del de Sar Juan (1872), en que las Lagunas están 
completamente secas y sus aguas no llegan ni hasta frente 
a Caucete. 

En 8 de Mayo de 1858, la Legislatura de la Provincia dic- 
tó un reglamento de irrigación y agricultura, constante de 



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374 EL PAlS DE CUYO 



cuarenta y nueve artículos, y por el cual se creó un Departa- 
mento General encargado la irrigación, canalización y agri- 
cultura. 

Se dividió el territorio de la Provincia en tantas secciones 
como eran los departamentos, y se crearon juntas locales que 
debían confeccionar su respectivo reglamento de los ramos 
indicados. 

4. — Esta nueva organización, que libraba á los Departa- 
mentos el mejor orden y régimen sobre la repartición y usa 
de las aguas, radicó por fin un sistema, si así podemos lla- 
marlo. 

Todos los Departamentos organizaron sus Comisiones y 
dictaron su reglamento, según sus conveniencias, en atención 
á sus necesidades, adoptando un plan general de regadío á 
que solo se sustrajo el Pocito y de lo cual hablaremos mas 
adelante. 

Por el artículo 30 de la citada ley, se declaró el agua de los 
ríos y arroyos de propiedad pública, destinada preferente- 
mente á la agricultura. 

Creóse en la Villa de Jáchal un Sub-Inspector del ramo, y 
se dictaron otras disposiciones reglamentarias de gran inte- 
rés, que, para su inserción y crítica en este lugar, necesitaría- 
mos mas espacio del que disponemos, dado el plan de esta 
obra. 

Durante el gobierno de Sarmiento se hicieron formales es- 
tudios para la mejor dirección de los canales, nivelaciones, 
y desecación de pantanos ó terrenos fangosos, que los hay en 
gran número en Angaco y Majadita. 

El Departamento Topográfico, bajo la dirección del inge- 
niero G-rothe, hizo la rectificación de los grandes errores co- 
metidos en la arbitraria dirección de los canales. 

En 1864, bajo el laborioso gobierno de Don Camilo Rojo r 
la irrigación recibió nuevo impulso, y se hizo un estudio pre- 
ferente para evitar las infiltraciones y otros desperdicios de 
las aguas, que comenzaban á disminuir sensiblemente en la- 
Provincia; y en 4 de Setiembre (1866), se dictó una ley regla- 



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EL PAÍS DE CUYO 375 



mentando su uso proporcional, conforme al terreno de cultivo 
denunciado y empadronado para el impuesto fiscal. 

Por los artículos 3 y 4 de esta ley, se disponía los siguiente: 
« Asígnase, por ahora, setenta y dos pulgadas cuadradas de 
agua corriente sobre un desnivel de dos centímetros por me- 
tro de largo, y que se denominaría grado para cuarenta cua- 
dras de regadío. La proporción de la medida del grado será 
una vara castellana de ancho por dos pulgadas de alto.» 

En este año quedaron definitivamente en entera observan- 
cia los sistemas de regadío, que pasamos á explicar. 

El de compuertas y seguido por todos los Departamentos, 
con excepción del Pocito, toma el agua por la cabecera del 
terreno entre el canal general y la acequia regadora, ponien- 
do la compuerta en el primero, y haciendo rebalsar el agna 
hasta que sube al terreno que va á regarse. 

Este represamiento produce embanques de arena y arcilla, 
y reveniciones en los terrenos por las infiltraciones á que da 
lugar la rebalsa y quietud del agua. Además de estos defec- 
tos, añádase la imposibilidad de una distribución equitativa, 
porque solo se tiene en vista la sección transversal, sin tomar 
en cuenta la velocidad de la corriente por razón del declive 
de la acequia regadora, ni el roce del agua contra las paredes 
de la compuerta, ni en fin, la presión en el canal general 
sobre la acequia regadora por la mayor altura en que ella se 
encuentra. 

El sistema de comparto, adoptado por el Departamento del 
Pocito, consiste en un trabajo de calicanto sobre la acequia 
regadora, que, consultando la altura del terreno, da curso 
libre al agua. Establecida la proporcionalidad de ancho, al- 
tura del agua y su velocidad, tiene ésta un curso continuo 
que cesa cuando es necesario por una compuerta en la ace- 
quia regadora, lo que no solo lo hace superior por su senci- 
llez, sino que le da superioridad sobre el sistema de com- 
puertas por razones de economía y solidez; esto sin contar 
que la compuerta se presta para el robo del agua por el fal- 
seamiento de candados, roturas de tablas, agujeros, etc., que 
son la causa de un semillero de pleitos en los Departamentos 
agrícolas de la Provincia. 



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376 EL PAÍ8 DK CUYO 



En Julio 19 del año 69, dictóse una ley reglamentaria para 
la percepción de los impuestos de irrigación; en Agosto 13 
se creó una ordenanza para el mejor arreglo de les canales 
públicos, prohibiéndose construir puentes de madera en los 
canales de riego y desagüe, y ordenándose que su construc- 
ción se hiciera sobre bases de calicanto con cubiertas de 
piedra canteada. 

A estas importantes mejoras realizadas por el Gobierno de 
Carril (José María), siguieron otras que mas directamente ve- 
nían á innovar con ventaja el sistema de irrigación, dándole 
la debida importancia que debía tener en la vida económica 
de la Provincia. 

En Setiembre 22 de 1869, se estableció un comparto gene- 
ral en la Puntilla ó Boca del Rio para las aguas que riegan 
las secciones agrícolas del Valle de San Juan, creándose para 
su costo un impuesto de dos reales por cuadra (20 centavos)- 

En 20 de Diciembre del mismo año, se adscribió al Depar" 
tamento de Irrigación dos ingenieros, reasumiendo en éste 
al Departamento de Obras Públicas. 

Se establecieron las Juntas de Irrigación en los Departa- 
mentos, bajo la presidencia del Subdelegado, que vino así á 
centralizar en los agentes del Poder Ejecutivo las funciones 
libradas puramente á la elección directa del vecindario. 

Las atribuciones y facultades de dichas Juntas, dióles, en 
gran parte, el carácter de cuerpos municipales, pero solo en 
el carácter especial, que es objeto de este capítulo. 

Conocen en todo aquello que es de interés general ó colec- 
tivo de la localidad, en cuanto á distribución de las aguas de 
riego, apertura de canales, policía y percepción de los im- 
puestos y multas del ramo, etc. 

En cuanto á la distribución de agua á los Departamentos, 
se hace en proporción al total de terrenos de labranza denun- 
ciados y empadronados por el empleado especial, á cuyo car- 
go se encuentra el gran comparto de la Puntilla por orden 
recibida de la Inspección General. 

Estos grandes canales de los Departamentos se subdivi- 
den en su curso en ramos parciales, que por numerosas 



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EL PAÍS DE OÜYO 377 



acequias regadoras reparten el agua á las propiedades parti- 
culares, en la proporción de grados correspondientes al cul- 
tivo por el que se paga impuesto. 

A los Departamentos se acuerdan dos grados y medio por 
cada manzana formada de cien cuadras cuadradas, ó sea, 
ciento ochenta y dos pulgadas cúbicas de agua. Esta canti- 
dad se aumenta cuando el estado del Rio lo permite, y en los 
tiempos de escasez ó sequía, se disminuye hasta autorizar el 
turno, que consiste en proratear el uso del agua por seccio- 
nes y por tiempo determinado. 

En la población urbana, el agua tiene su curso permanente 
por medio de los nueve canales que la atraviesan. Los pechos 
se reducen á la saca de los canales y atención de las toman 
generales, que están á cargo de los respectivos cuarteles. 

Esto es cuanto podemos decir sobre la distribución de las 
aguas en la Provincia; y de desear sería que el Gobierno y 
el pueblo todo, conociendo la uecesidad de los grandes plan- 
tíos y arboledas que tanto protejen, ó mejor dicho, provocan 
las lluvias, creasen bosques artificiales por medio de planta- 
ciones en las playas del Rio, que en su largo curso pierde 
una gran zona de terreno por la volubilidad de su corriente 
y cambio continuo de su cauce. 



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i 



CAPÍTULO IV. 



1. Minería. — La tradición. — La industria minera. — Metalurgia — 
Leyes sobre minería. — 3. Distritos mineros. — Sociedad An- 
glo Argentina. — 4. El carbón de piedra. — 5. Orografía. 
— 6. La moneda. 



1. — El origen de la minería en San Juan, como arte de 
la extracción de los metales, no puede tener un tiempo fijo 
asignado en la vida de este pueblo. 

Se podría asegurar que esta industria ha tenido muchos 
períodos de grandes alternativas, que se refieren á dos épocas. 
La primera debe atribuirse á la dominación huarpe ) interpre- 
tada al amparo de las tradiciones que, bajo el nombre de 
derroteros, se conservan en leyendas, testamentarías ó de viva 
voz entre las personas del gremio minero. 

No es posible definirla con exactitud, porque los mencio- 
nados elementos de comprobación han asimilado mucho de 
los cuentos alegres de los aficionados y de la fantasía con que 
la tradición adorna generalmente los hechos á que se re- 
fieren. 

Que los huarpes se dedicaron á esta industria, no cabe la 
menor duda; lo prueban con toda evidencia las numerosas 
instalaciones (marayes) del sistema metalúrgico elemental que 
usaron, cuyos restos se conservan, por lo regular, en las in- 
mediaciones de los parajes donde hay fuentes naturales de 
agua. En esas inmediaciones se ven aun los relaves, así como 
morteros de piedra en los que se molía hasta pulverizar el 
mineral, sometido después á lavajes para separar el oro en el 
residuo remanente, valiéndose para ello de platos de barro 
cocido y de fuentes de madera, llamadas Chúas. 

La segunda época se refiere á tiempos muy recientes, en 



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EL PAÍS DE CUYO 379 



que la ciencia y el arte hacen de la minería una verdadera 
industria sujeta á reglas y preceptos. 

Esta segunda parte formará el tema de nuestro trabajo, sin 
dejar de hacer la relación de esa mitología, que la tradición 
ha hecho llegar hasta nuestros tiempos. 

El abate Don Juan Ignacio Molina, en su Historia geográ- 
fica natural y civil del Reino de Chile, nos habla del Pimo- 
hue 1 , como medio que el arte práctico de los indios les había 
sugerido para la extracción de los metales; y refiriéndose al 
modo formal de beneficiarlos y que dio origen al sistema 
americano de cloruracion en nuestros dias, dice: «Reducido 
primeramente á polvo el mineral, lo pasan por una zaran- 
da de alambre, y extendiéndolo sobre cueros de buey, lo 
mezclan con sal, con mercurio y con estiércol bien putrefacto, 
derramando encima una porción suficiente de agua. Hecho 
esto, lo golpean y pisan por espacio de ocho dias y dos veces 
por lo menos en las veinte y cuatro horas; lo vuelven y re- 
vuelven con mucho esmero para que el mercurio se incorpore 
mejor y se una con el metal. Preparado el mineral de este 
modo, lo ponen dentro de una especie de dornajo de piedra, 
donde disolviéndolo con el agua que le vierten encima, se 
deslizan la tierra y la arena por un agujero que va á otro 
depósito, quedando en el fpndo del dornajo la plata amalga- 
mada con el mercurio que queda sin incorporarse á la plata. 
Estando el metal en este estado, tan dulce y maleable como 
una pasta, le dan los operarios la forma que quieren, valién- 
dose de moldes agujereados por el fondo para que el azogue 
desunido se deslice con facilidad, y sacándolo del molde y 
colocándolo sobre un gran vaso recipiente lleno de agua, lo 
cubren con una cabeza y encienden alrededor un fuego viví- 
simo, mediante cuyo vapor se evapora el mercurio, que se 
condensa nuevamente con el agua, dejando la plata sólida? 
aunque mezclada con un poco de plomo de que la purgan y 
purifican después en el crisol ó « copela. » 



1 Hornillos trabajados en las alturas para aprovechar <*1 aire como de 
un fuelle, que avive la fusión de los metales, que se hacía por p1 simple con- 
ticto del fuego. 



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380 EL PAÍ8 DE CCYO 



Después de esta noticia que se refiere á la minería del anti- 
guo Reino de Chile, de que formaba parte el País de Cuyo, 
viene \& fábula con todos sus encantamientos y riquezas que 
rodean á San Juan. 

Se habla de las casas de Osorio, se da su derrotero, se cuen- 
ta de los tejos de oro y los cogotes de huanaco henchidos de 
pepitas de aquel hermoso metal; se busca y rebusca en todas 
las cordilleras del Poniente, y esta patraña, que tan fácil- 
mente entusiasmó á los mineros, llegó á hacer época en la 
Provincia. Aun se conserva esta tradición, y los cáteos sobre 
las serranías del Tontal y Calingasta no pierden todavía el 
aliciente de aquel nuevo Cathay perdido entre las cordilleras. 

El Pocito de tía Mariana, famoso lavadero de los indios de 
Huanacache, y Las vetas de plata barra en el Pie-Palo, que 
no había mas que circar para cortar á cincel, y por fin, las ri- 
quezas de la Iglesia fueron otras tantas maravillas que ocu- 
paron la atención de todos. 

El fenómeno sicológico muy conocido de que el hambrien- 
to sueña con los banquetes y el pobre con los tesoros, venía 
una vez mas á confirmarse en la vida de este pueblo, que 
cuando su miseria era mayor y sus habitantes los tributarios 
del trabajo de cada dia para remediar las necesidades mas im- 
periosas, se pensaba y se buscaban aquellos soñados tesoros, 
cuya inexistencia aumentábala miseria y pobreza por el cos- 
to de su persecución. 

Algo había de verdad en el fondo de todas estas fábulas, 
y su misma posibilidad, confirmada por las creaciones de la 
imaginación, inducía mas y mas á creer en su realidad, y á 
formar asociaciones de cáteos, que pasaban meses enteros pi- 
cando cerros y buscando rodados. 

Según el jesuita Ovalle (pág. 74), antes de 1648 había en 
San Juan ricas minas de oro y plata, siendo en este tiempo, 
en Cuyo, alcalde mayor de minas, enviado de Santiago, el ca- 
pitán Lorenzo Soares. 

En los piimeros años del siglo pasado se habían explota- 
do algunas minas en la Sierra del Pie-Palo, y en 1750 se 
hacía un descubrimiento de minas de oro á 50 leguas Nord- 



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EL PAÍS DE CUYO 381 



oeste de la capital de la Provincia. Estos descubrimientos 
atrajeron mucha gente á las sierras, y desde entonces comen- 
zaron los pedimentos y explotaciones, aunque siempre en me- 
nor escala. En este estado de pequeñas explotaciones, y si se 
quiere, de simple pirquineo, como les llaman los mineros, si- 
guieron las minas de la Provincia, que estaban muy lejos aun 
de fundar una verdadera industria. 

Es recien desde 1813, que volvemos á oir hablar de minas 
en San Juan. 

Don Ignacio Espinóla remitía á Chile en ese año, 421 on- 
zas de oro en pella de estos minerales, y á los tres años, San 
Martin escribía desde Mendoza con fecha 16 de Febrero, al 
Teniente Gobernador de San Juan sobre un rico mineral de 
plata y cobre descubierto en Pismanta (Arriquintin), para 
que se prestase á los señores Seballos y Ocaranza, que mar- 
chaban al nuevo mineral, todos los auxulios que necesitasen, 
con excepción de numerario. 

En el año 1815, las sierras de Pismanta y Huayaguáz, co- 
menzaron á proveer de plomo al ejército embrionario de los 
Andes, y en solo el año citado, se remitieron á la capital de 
la Intendencia 27 quintales de plomo y gran cantidad de azu- 
fre, de lo que hemos hallado constancia en los archivos de la 
Provincia. 

En 4 de Julio del mismo año, el Teniente Gobernador pe- 
día al Juez Pedáneo de Jáchalun estado ó cuadro estadístico 
de la minería en aquella jurisdicción, exigencia que no pudo 
satisfacerse por inoportuna, pues que las partidas sueltas del 
ejército del General Osorio se hacían sentir desde las Vacas 
hasta los Patos; sin embargo, el juez pedáneo Don Nicolás 
Ros, contestó en Setiembre 4, dando algunas noticias, de las 
que resultaba que la minería en el Norte y Nord-oeste de la 
Provincia estaba limitada á la mezquina explotación de po- 
cas minas, que cuando mas contaban cada una con dos ó cua- 
tro barretas, y que c luego que el mineral de Huachi fué des- 
cubierto, se fabricó por Don N. San Román una máquina en 
el lugar llamado Huacamayo para moler los metales extraí- 
dos de aquel cerro. Que posteriormente se trabajaron varios 



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382 EL PAÍS DE CUYO 



trapiches en Jáehal y Quimbalate en la misma jurisdicción.» 
Estos pequeños trabajos en la Provincia, no podían dar 
buenos resultados por los atrasados medios de explotación; y 
así, por esto como por las continuadas guerras que se suce- 
diéronlos mineros tuvieron necesidad de cambiar la llaucana 
y el combo por el fusil, lo que si no mató totalmente esta 
naciente industria en San Juan, la estacionó por muchos años 
sin dejarla avanzar ni un paso mas. 

En 1816 se acordaron algunos privilegios á los trabajado- 
res de minas; se permitió la extracción de pastas minerales 
(Setiembre 16), como medidas que pudiesen dar nuevo aliento 
á la minería en vísperas de decadencia. 

En 12 de Noviembre, el Intendente Luzuriaga comisionó 
á los señores Correa, Vargas y Molina, para que de acuerdo 
con el juez veedor del mineral de Hualilan, Don José de Na- 
varro, arreglase una instrucción para formar un gremio de 
minería ó instituir un Banco ó fondo de habilitación y resca- 
te. La comisión se expidió al año siguiente, aconsejando la 
matrícula prevenida en el título dos de las Ordenanzas del 
ramo, y la formación del Banco por suscriciones voluntarias 
y por acciones. 

Esta idea, cuya realización hubiera levantado muy alto el 
ramo de la minería, porque la mayor dificultad con qne se 
lucha en aquellos pueblos es la falta de capitales, no pasó de 
un simple proyecto, y hasta la fecha (1872), no ha podido 
tocar la realidad, no obstante las grandes ventajas que aun 
ahora serían de esperarse. 

Hasta 1826 nada se hizo en favor de la industria minera, 
sino es la creación de Juez de minas hecha en 1819. La Legis- 
latura dictó este año algunas leyes que apenas bastaban para 
hacer memoria de las minas. 

Por una de ellas se modificó la parte de las Ordenanzas de 
México que hasta hoy (1872) están en vigencia en la parte que 
fija el término de 90 dias para el denuncio por abandono, 
prorogándolo hasta un año desde el dia del registro de las 
peticiones, y desde la fecha de la ley para las ya pedidas y 
que estuviesen en elaboración, y por otra ley se nombró una 
comisión que redactase un reglamento de minas. 



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EL PAÍS DE CUYO 383 



Después, en 1839, se comisionó á Don Carlos María de Ri- 
varola para hacer un estudio en las minas de Chucuma y 
Huerta, y éste presentó un mal informe del estado de aqué- 
llas y un proyecto de reglamento de minería que no fué to- 
mado en consideración por las autoridades de la Provincia. 

Los minerales de Hualilan y Huachi, y el descubrimiento 
del mineral del Salado, ocurrido en 1847, volvieron á excitar 
el espíritu público que luego cayó en el sopor de siempre. 

En 1853, el Congreso votó una ley en Diciembre, mandan- 
do poner en vigencia las ordenanzas de México, y declarando 
como propiedad minera la explotación metalúrgica por sub- 
terráneos ó minas y los lavaderos de oro, ley que consta de 11 
artículos. 

En 1856 se hicieron grandes descubrimientos de galenas 
de plata y cobre, de muy subida ley en Mondaca, Mondaqui- 
ta y Antecristo, al Norte de la Provincia; pero la eterna ti- 
midez de los capitales sanjuaninos dejó sin explotar aquellas 
minas que, según la prensa de San Juan, ofrecían muy gran- 
des beneficios. 

2. — En el año de 1860 comienza recien una nueva era 
para la industria minera, en que parecen tomar parte las 
autoridades de la Nación y la Provincia, á falta de la inicia- 
tiva de los particulares. 

El 28 de Agosto se comisionó al Sr. Augusto Bravard, Ins- 
pector General de Minas, para que hiciese en la Provincia de 
San Juan uua exploración científica en sus distritos mineros. 

Como hemos dicho en capítulos anteriores, este célebre 
geólogo y naturalista francés murió el 21 de Marzo del año 
siguiente bajo las ruinas de la ciudad de Mendoza. 

En 22 de Diciembre, el mismo Gobierno de la Nación co- 
misionó á Don Domingo de Oro para que, trasladándose á las 
provincias de San Luis, Córdoba, San Juan, Rioja y las de- 
más en que hubiese elaboración de minas, tomase los datos y 
conocimientos convenientes sobre la legislación, usos ó prác- 
ticas especiales de cada Provincia, y sobre las necesidades que 
fuese preciso atender, y propusiese al Gobierno las medidas 



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384 EL PAÍS DE CUYO 



mas convenientes que debieran adoptarse para proteger el 
desarrollo de la industria minera y garantir los valiosos inte- 
reses que en ella se empleaban, por el establecimiento de 
Jueces ó tribunales de minas, etc., etc. 

El señor Oro, en desempeño de su cometido, presentó en 
1863 un proyecto de ley de minas, que en parte vino á llenar 
las necesidades mas hondamente sentidas. 

Aquel proyecto, que reducía las Ordenanzas de México 
á un tipo elemental, según las palabras de la comisión nom- 
brada para su examen, constaba de un folleto de 29 páginas, 
é introducía algunas reformas sobre las ordenanzas vigentes 
en cuanto á las condiciones de las minas y sus pertenencias, 
caducidad de aquéllas, distritos mineros y creación de un 
Diputado de Minas. Este proyecto no ha llegado aun á tener 
el carácter de ley. 

Al año siguiente, nuevos descubrimientos de minas de pla- 
ta tuvieron lugar en los minerales de Tontal y Huerta, y la 
ley de 700 marcos cajón 1 que resultaron de los ensayos prac- 
ticados, vinieron á producir un entusiasmo desconocido hasta 
entonces, movimiento que el Gobierno secundó con nuevas 
disposiciones y leyes reglamentarias en todo el curso del 1862. 

Los minerales de Calingasta, como los dos ya citados, fue- 
ron enriquecidos con la creación de grandes establecimientos 
metalúrgicos para el beneficio de metales cálidos y fríos, se- 
gún que la fundición ó amalgamación fuera el medio emplea- 
do en su extracción. 

De la sierra de Guayaguáz se ensayaron metales de plata 
que dieron una subida ley, y el mineral del Morado al Norte 
de la Provincia llegó á producir hasta diez y siete libras de 
oro por cajón de cincuenta quintales. 

Este halagüeño estado de la minería provocó de parte del 
gobierno de la Provincia las disposiciones siguientes: 

Decreto de Febrero 14 (1862), creando por primera vez 
una Diputación de Minas. 



1 Un marco de plata es el peso de ocho onzas de plata fina; y un cajón 
es el de 60 quintales de piedras metálicas: el cajón de mineral en Chile 
tiene 64 quintales. 



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EL PAÍS DE CUYO 385 



Marzo 11, decreto sobre expropiación de sitios, aguas, le- 
ñas, etc., en beneficio de la minería. 

Mayo 30, creación de una Inspección General de Minas; 
y en Agosto 19 y 21, disposiciones reglamentarias sobre el 
gobierno de los minerales, pedimentos y denuncios. 

La «Sociedad de Minas de San Juan», que tenía su gran 
establecimiento de Hilario en el Valle de Calingasta, recibió 
la protección del Gobierno Nacional, que suscribió acciones 
en dicha compañía por valor de doce mil pesos fuertes ( 120 
acciones). 

En seguida se dictaron leyes protectoras por exenciones de 
derechos, facilidades de denuncio y amparo de minas y otras 
medidas tendientes al desarrollo de tan importante industria. 

El gobierno de Rojo también hizo mucho al respecto, im- 
pulsando el trabajo de las minas con disposiciones que exi- 
gía el actual, como medio único para su propiedad y conser- 
vación. 

El Inspector General de Minas, Sr. Ignacio Richard, pre- 
sentó al Gobierno de la Nación un detallado informe de la mi- 
nería en toda la República, en 1869, y de aquel trabajo resulta: 

Que la Provincia de San Juan tenía en explotación en 
dicho año, treinta y seis minas de oro y plata, repartidas así: 
Tontal, mineral de plata, cinco minas; Castaño, tres; Salado, 
tres; Huerta, once; y Hualilan, mineral de oro, doce minas de 
la Compañía Inglesa y dos particulares. En mayor número 
que el indicado, se trabajaban en todos los Departamentos 
mineros, muchas minas de oro y plata libradas al simple be- 
neficio de pirquineros ó explotadores en pequeña escala. 
Funcionaban en la Provincia, en el referido año, siete gran- 
des establecimientos de beneficiar metales, formando en su 
mayor parte la especialidad del sistema americano de cloru- 
racion para la extracción del rico metal. 

3. — Los distritos mineros de la Provincia en la fecha á 
que alcanza nuestro estudio, son en número de siete y en el 
estado que sigue: 

Tontal, mineral de plata á mas de treinta leguas al Oeste 

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386 EL PAÍS DE CUYO 



de la ciudad de San Juan, fué descubierto en 1860; tiene ocho 
minas en elaboración y sus metales dominantes son: sulfuros, 
arseniuros y antimoniuros de plata, presentándose también 
sulfatos y carbonatos de plomo argentíferos y cloruros de 
plata, aunque muy raros. 

Castaño, descubierto en 1861, distante del Tontal diez y 
ocho leguas al Nordoeste; sus metales de plata son abundan- 
tes aunque de baja ley, con exepcion de los alcances que se 
asegura haber pasado de mas de mil marcos por cajón; domi- 
nan las galenas, sulfatos y carbonatos de plomo con una ley 
de plata de cuarenta á ochenta marcos; minas en trabajo cin- 
co, y sin trabajar mas de treinta. 

Calingasta, este mineral de los mas antiguos, ocupa todo el 
Valle de Calingasta desde el Barreal hasta el mineral de Cas- 
taño, en una extensión como de veinte leguas; á la parte del 
Sud tiene el establecimiento de amalgamación llamado Soro- 
cayente; mas al Norte, el de fundición, Hilario, que está aban- 
donado, y en el que se han invertido centenares de miles de 
pesos; sigue al mismo rumbo, La Verdad, establecimiento 
también abandonado, en el que, lo mismo que el Sorocayente 
solo benefició metales cálidos; á siete leguas de este último y 
siempre al Norte está el establecimiento de Castaño con sus 
silenciosos hornos de manga < ( ue acreditan haber funcionado 
en tiempos no lejanos, y á las dos leguas de este puntóse en- 
cuentra el mineral del mismo nombre de que ya hemos dado 
noticia. 

Salado, mineral á mas de 60 leguas al Norte de la ciudad de 
San Juan, descubierto en 1844; sus metales poco abundantes, 
tienen una ley media de ochenta marcos, beneficio que inspiró 
é hizo realizar la construcción de un gran establecimiento 
de fundición en la Iglesia, á poca distancia Sud del mineral 1 . 



1 Es muy curioso el antecedente que verificamos, según nos refiere el 
Dr. Javier Garramuño, visitando la Escuela Superior de Varones en la 
Villa de Jáchal. En el corredor interior del patio principal del edificio, 
tienen en la base los pilares cinco asientos de piedras voladora* de trapi- 
ches, y es general oir á gentes antiguas de la localidad, que en toda la ex- 
tensión de la ribera se hallaban instalados un gran número de aquéllas 
para beneficiar oro. — N. E. 



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EL PAÍS DE CUYO 387 



Huerta* mineral de plata y cobre abundante y rico, está 
situado al Nord-este de San Juan; la Descubridora llamada 
Santo Domingo, ofrece una ley de plata de mas de 200 mar- 
cos, y en alcances ha dado plata nativa; dominan las galenas 
y sulfuros de plata; el cobre con beneficio de 25 á 65 por 
ciento; esta mina tuvo hornos y hoy no funciona. 

En 1868 comenzó á funcionar un gran establecimiento, El 
Argentino de la «Sociedad Anónima de Minas y Fundiciones 
de San Juan», que hoy se halla en litigio (1872). 

Huachi, antiguo mineral de oro, á 12 leguas al Norte de 
Jáchal, y en la jurisdicción de este Departamento; es un la- 
vadero que ha dado buenos resultados cuando se le ha consa- 
grado un trabajo asiduo. En las mismas serranías está el 
mineral llamado Las Tolas, que es el mas antiguo de San 
Juan, y hoy se halla sin explotarse; sus metales de plata á la 
vista llegaron á producir una ley variable de 60 á 200 marcos 
por cajón, y es de creerse que, profundizando las vetas, sus 
beneficios centuplicarían, según lo acredita la práctica, par- 
ticularmente en Atacama donde hemos adquirido algún cono- 
cimiento en esta industria. 

Hualilan, mineral de oro y plata muy antiguo; en sus tiem- 
pos pasados sus cloruros de plata han dado una ley muy su- 
bida, y alcances hasta de 2,000 marcos de plata y 288 onzas 
de oro por cajón (mina La Misnata). 

Lab minas de oro de Hualilan han estado en continuo tra. 
bajo, pero de una proporción tan mínima, que apenas llegó 
^n los tiempos de su mayor auge á tener diez trabajadores, 
<que no contaban ni con grandes capitales ni con mas esfuer- 
zo que el trabajo individual. 

La ley común del oro es de 4 á 15 onzas por cajón de cin- 
cuenta quintales. 

En los últimos tiempos se ha formado, con capitales ingle- 
ses, una gran «Sociedad Anónima Anglo-Argentina», que tie- 
ne en dicho mineral un establecimiento servido por máquinas 
de vapor y no está lejos de ser el primero en América. 

Sus edificios de sillería, con murallas de mas de un metro 
de espesor desde sus cimientos, lo hacen el mas sólido cons- 



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388 EL PAÍS DE CUYO 



truido en estos pueblos. Sus juegos de bombas que extraen el 
agua de una hondura de 160 metros para utilizarla en la 
amalgamación de los metales; sus grandes morteros mecánicos 
movidos á vapor para moler metales; su elaboración diaria 
de varios cajones de metal, etc., etc., y la incorporación á 
estos trabajos de un capital que pasa de 700,000 pesos .fuer- 
tes, nos indican las grandes proporciones de aquel estableci- 
miento, y la confianza de la Compañía en un beneficio cierto 
y lucrativo. Allí no hay que seguir la veta, la guía, el reven- 
tón ni el manto; es propiamente una gran zona de tierra, y 
un cerro entero que entra al beneficio sucesivamente para 
producir el precioso metal con un resultado del 10 al 12 por 
ciento. La materia elaborante es inagotable, y esta cualidad 
hace de Hualilan mas que un Potosí, porque está libre de 
bróceos y no necesita de los alcances que mejoren su ley. 

La Provincia de San Juan ofrece pues, ricos minerales de 
oro, plata, cobre, hierro, estaño, plomo, mercurio, etc., etc., 
de todo lo que hemos formado una buena colección; y puede 
decirse con seguridad, que, con exepcion de las sierras cali- 
zas de Zonda, todos los cerros de San Juan son muy abun- 
dantes en metales de una ley subida. 

El sistema adoptado para la extracción del metal puro es, 
como hemos dicho, el de amalgamación en los metales cáli- 
dos, y el de cloruracion y fundición para los crudos ó fríos. 

El primero se hace moliendo el metal (después de clorura- 
do en los hornos) en grandes trapiches y reducido á polvo, 
echado en grandes cubas dónde se amalgama con el mercurio, 
dando después por el lavado de una corriente de agua, salida 
á los relaves ó materias terrosas; la pasta metálica, unida al 
mercurio, se estruja en coladeras de trapo y este residuo pla- 
toso se quema para vaporizar la parte de mercurio deposita- 
da, con cuya operación queda la plata pura ó pina que des- 
pués se funde, si se quiere, para la formación de barras ó 
lingotes. 

El segundo sistema ó sea el beneficio de los metales fríos, 
se hace como sigue. Calcinado el metal en los hornos para 
desulfurarlo y reducirlo á óxido por el enfriamiento, pasa al 



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EL PAÍS DE OL'YO 389 



horno para la esoorificacion y reducción á estado líquido ; si- 
gue la fundición por medio de mezclas de materias fundentes 
en hornos especiales de manga, la copelación ú operación 
empleada para librarse de las materias impuras hasta su com- 
pleta oxidación, concluyendo con la refina que se hace en 
hornos especiales y sobre cenizas de huesos para purificar el 
metal y reducirlo á barra ó plata pina. 

i. — El carbón de piedra, que tanto abunda particular- 
mente en la especie llamada lignita, forma zonas de leguas 
en algunas partes de Jáchal, Mogna, Huaco, y especialmente 
en los Marayes, á 25 leguas al Nord-este de la ciudad de San 
Juan, en la extremidad sud de la Sierra de la Huerta, á 6 1 / 2 
leguas de este punto. 

El Gobierno de Carril, por decreto de Octubre 7 de 1871, 
comisionó al ingeniero francés Don Octavio Nicour para que 
hiciese un estudio de aquel terreno hullero y del informe pre- 
sentado en 28 del mismo mes, resultó: que solo la parte estu- 
diada tenía una extensión de ocho leguas de largo y cuatro 
de ancho, y sus condiciones de explotación eran inmejorables 
por la naturaleza del terreno y la buena condición de los ca- 
minos. 

El referido informe concluye con el resumen siguiente: 

1.° Que estamos en presencia de un terreno hullero de im- 
portancia y grandes dimensiones. Solamente 2B leguas cua- 
dradas de superficie han sido reconocidas y es muy probable 
se extienda y descubra mas. 

2.° Que las capas examinadas son de un valor y calidad 
tal, que permiten desde ahora una explotación provechosa 
con pocas obras y los medios mas comunes. 

3.° Que el terreno carbonífero ha sido reconocido sola- 
mente á la superficie 1 , sin encontrar ahora ninguna de las 
capas inferiores y medianeras de esta formación, razones por 
las que se puede afirmar con toda seguridad que, trabajando 
en profundidad, se encontrarán nuevas vetas de carbón. 



Se hizo el estudio por piques de mas de un metro de profundidad. 



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390 EL PAÍS DE CUYO 



5. — Vamos á limitar á lo siguiente la noticia orográfica 
de la Provincia: 

Los Andes, que ocupan la parte occidental en toda la ex- 
tensión de aquélla, y que le da el nombre de provincia andi- 
na, corre de Sud á Norte y se ramifican sobre el suelo san- 
juanino, formando las sierras de Tontal, Manantiales, Zonda, 
Pismanta y otras mucho menos conocidas; al Sud, los Cerri- 
llos y Valdivia; al naciente, á siete leguas de la ciudad de San 
Juan, la Sierra del Pié-Palo que corre de Nordoeste á Sud- 
este; su naturaleza es metalífera y como hemos dicho antes, 
tiene minas inexplotadas de plata; en una de sus quebradas, 
hay un lavadero de oro llamado Juan Pobre, también inexplo- 
tado; y al Norte y Nord-este, las sierras de Villicum á tres le- 
guas de la capital, la de la Huerta á 25, y las de Gruandacol ó 
Vinchina que la separan déla Eioja. 

Estas serranías son en general bajas, encontrándose la ma- 
yor altura en las de Tontal y algunos picos de la Cordillera, 
á medida que se interna al maciso de los Andes. 

Como queda indicado, el suelo sanjuanino es bastante mon- 
tañoso eu los rumbos Norte y Oeste, y sus cerros metalíferos, 
casi todos encierran metales de toda especie y en abundancia. 
Solo falta para su explotación, los capitales de que carece la 
Provincia y que solo pueden conseguirse por las asociaciones 
en el extranjero, pudiendo garantirse á éstos, en la explota- 
ción de las minas, un beneficio mínimo del veinte por ciento, 
como está ya acreditado por el lucro de las asociaciones que 
trabajan actualmente l . 



' Según los datos que nos ha proporcionado el ingeniero de minas Don 
Juan Campbell, el ferrocarril de Serrezuela á San Juan ha despertado los 
antiguos minerales de la Huerta, donde se ha iniciado de nuevo la ex- 
plotación de minas de plomo en los Marayes; minas de oro en la Corta- 
dera y adquirido mayor impulso el gran mineral de oro de Cerro Blanco, 
donde se ha resuelto el problema de la provisión de agua por medio de la 
captación de las aguas subterráneas. 

En Cerro Blanco se han descubierto recientemente yacimientos podero" 
sos de cuarzo de oro á la vista. 

La región de la Cordillera también cuenta con minas de oro en plena 
explotación, como la de Castaño, perteneciente á Don Francisco Savattier 



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EL PAÍS DE CCYO 391 



fi. — Antes de cerrar este capítulo final de nuestro libro, 
y siguiendo la asociación de ideas que del metal nos lleva á 
la moneda, diremos algo sobre esta cuestión. 

En 1851, durante la administración del General Benavides, 
Don Luis Lahora fundó un cuño en San Juan y que hemos 
visto hace poco en el cuartel de San Clemente; quiere decir 
que solo falta la autorización para acuñar moneda, pero no 
queremos esa moneda que, como la antigua batida en Cór- 
doba y Rioja, era de un carácter local, mirada en las demás 
provincias como una simple mercadería, cuyo valor dependía 
de la necesidad ó abundancia de numerario, y por cuya liga 
era de confundirla con la boliviana, es decir, una verdadera 
moneda de vellón *, sino una moneda de buena ley, cuyo valor 
intrínseco sea igual á su valor representativo, y cuyo carácter 
nacional la convierta en un medio circulante en toda laRepú- 



quien posee un establecimiento que beneficia diez toneladas de mineral 
diario y cuyo rendimiento llega hasta un kilo de oro por día. 

Las minas de oro de Huachi cuentan con un establecimiento de nueve 
pisones y una planta de trituración ; tiene capacidad para beneficiar vein- 
te toneladas diariamente. Estas minas están en el Departamento de Jacha 1 
y dicese que sus yacimientos son los mas abundantes de la Provincia. 
Su propietario es el Dr. Mathiason, residente en Buenos Aires. 

Las minas de oro del Morado, en la sien-a de la Huerta, hablan perma- 
necido de para durante cinco años; pero ahora sus dueños van á princi- 
piar de nuevo la explotación con nuevas maquinarias y personal compe- 
tente. 

Varios capitalistas chilenos han solicitado y obtenido concesiones de 
minerales de mica en la sierra de Valle Fértil, y las mas halagüeñas es- 
peranzas les animan en presencia de la calidad de los productos y abun- 
dancia de los yacimientos. 

Existen ademas minas de plata, oro, cobre y otros minerales. La abun- 
dancia de estos yacimientos lo prueba el siguiente dato estadístico. El 
número de minas de oro concedidas hasta hoy es de 484, las de plata pa- 
san de 8,000 y las de cobre, de 150. 

Se explotan otros productos del reino mineral como yeso, piedras de cons- 
trucción, alumbre y sal, que constituyen importantes renglones de expor- 
tación á las provincias vecinas.— JV. E. 

1 La generalidad de las monedas bolivianas llevan una mezcla de cobre 
de 87 °/o. mientras las leyes de moneda en Europa y América solo admi- 
ten una liga de un décimo de cobre, apenas lo necesario para darles la 
maleabilidad necesaria para la acuñación. 



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392 EL PAÍS DE CUYO 



blica, estableciendo así la unificación monetaria, tan reclama- 
da por el comercio de todos los pueblos. 

La Provincia de San Juan en sus reducciones de moneda 
con el comercio de Chile, las del Norte, en sus compras de 
ganado, y todas las del Litoral argentino, sufren grandes pér- 
didas y hacen de su moneda circulante, el boliviano, una mer- 
cancía de valor variable cada dia. 

La ley que ha creado la moneda ficticia, peso fuerte, ni si- 
quiera ha previsto la relación de valor con la moneda boli- 
viana que circula en el Interior, ni con moneda alguua de 
plata, y solo se ha referido á la moneda de oro, que es la que 
menos papel desempeña en las transacciones comerciales 
diarias. 

Esta fuerte necesidad, que en 1813 provocó la ley de Abril 
para lá acuñación de moneda nacional en Potosí; está aun 
subsistente y aumentada por las dificultades que antes hemos 
relacionado; sin embargo, nuestras autoridades nacionales 
parecen haberse olvidado completamente que una cuestión de 
tanto interés, como es la uniformidad de la moneda en toda la 
República 1 . 



1 El autor se refiere a una época anterior á la sanción del Código de 
Minería en el que se adoptó, con pocas modificaciones, el proyecto de 
Código del Doctor Rodríguez. Actualmente se hace sentir la necesidad 
de reglamentar administrativamente la legislación de fondo sobre minas 
y especialmente la organización administrativa referente á la minería, 
bajo las bases de tecnicismo que impone la aplicación de los sistemas de 
metalurgia, aconsejados por los descubrimientos recientes de la ciencia. 

No seria aventurado asegurar que la necesidad apuntada constituye el 
mayor obstáculo al desarrollo de la industria minera en esta Provincia, 
en que la naturaleza ha deparado un extenso y despejado horizonte, ofre- 
ciendo con la desnudez de los cerros, tan frecuentemente lavados por 
aguaceros torrenciales, un facilísimo acceso para dar con los veneros me- 
talíferos que tanto abundan.— A". E. 



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APÉNDICE. 



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TERCERA PARTE. 



En esta sección están comprendidos los documentos mas 
importantes, que pueden considerarse como los jalones de la 
historia política de estos pueblos, los que, en su mayor parte, 
ven la luz por la primera vez. 

Rgístranse también cuadros estadísticos y estudios especia- 
les que hemos creído no debían figurar en la Primera Parte 
de la obra, pero que tienen estrecha correspondencia entre sí 
y sirven de explicación y ampliación de los puntos históricos 
que con ella se relacionan. 

NÚMERO 1. 

El huarpe, indebidamente apellidado Allentidk¡ que es vo- 
cablo exótico usado por las razas extranjeras para designar 
al autóctono de la región, que hoy se llama Provincia de Sun 
Juan, fué el primitivo habitante del territorio que la raza 
gasta ocupó después, en parte, fundando las poblaciones, 
cuyos nombres llevan aquella terminación. 

Aquella es la troglodita, la edad de la piedra y quizás toda- 
via pura, en la del barro cocido. 

Valdivia, contemporáneo de la conquista, estudiando su 
lengua, cree que no estaban aun mezclados, y nosotros tam- 
bién lo conjeturamos con las pruebas que, en numerosos 
ejemplares, obran en nuestro poder. 

Creemos que no tienen parentesco ninguno con las otras 
lenguas americanas, fuera de las que se hablan en la región 
de la América del Norte, la mas occidental de la península 
de Allaska, como se puede ver en el siguiente y corto 
niimero de palabras. 



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EL PAÍS DE OCYO 



Huarpe Castellano 

Age-yag mujer 

Akkaslla doncella 

Amta dueño 

Aspayumen . . . matar 

Ché-Ché adonde 

Chez luna 

Chiz cielo 

Yoto cabeza 

Teta tierra 

Enia-manen. . ir 

Etan y 

Ege madera, palo 

Hé-hé sí 

Hogue boca 

Horók cinco 



Huarpe Castellano 

Jelú sol 

Potu rio 

Toco barro, peñasco 

Káha agua 

Kiték fuego 

Kuch mió 

Kupi especie de pa- 
nificación 

Ño-onti pobre 

Penné madre 

Pía padre 

Pinkanta hermano 

Pux-kú. ..... hermana 

Zaat árboles 



Así, pues, el huarpe ha dejado escasísima raíz en el lengua- 
je actual nuestro, como no sucede con el quechua. Alguna vez 
se oye decir Aa, hé (nasal) para significar que si; y de nom- 
bres propios apenas se conocen dos ó tres, como Tocota, Gua- 
nizuil, Riquilipunchiz l . 

Palabras quechuas de uso común en la Provincia de 
San Juan de Cuyo en 1872. 

Aloja — bebida hecha de algarroba ó de maíz. 
Achura — las de la res. 
Aguaitar — espiar. 

Allallay — exclamación de dolor por golpes recibidos. 
Ampalahua — culebra de colosales dimensiones, originaria 
de Cuyo. 



1 En la estancia Acequión, en San Juan, hay una elevada montaña que 
llaman «Cerro del Cielo», á cuyo pié existe un puesto y corre el rio Riqui- 
lipunchiz, palabra huarpe, compuesta de zik-zik-le-pun-chiz, que significa, 
literalmente traducida, cumbre afra, la mano cielo. — N. E. 



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EL PAÍS DE CUYO 397 



Añapa — bebida hecha de la fruta del algarrobo. 

Api — mazamorra de maíz. 

Calcha — pieza de ropa ó cama. 

Callascho — los restos de frutos dejados en la planta después 
de la vendimia, y equivale al espigar de los españoles. 

Camaricu — lo que traen de regalo á los españoles. 

Cancha — corral, lugar cercado ó abierto, pero muy plano. 

Capia — maíz blanco. 

Caracú — hueso de la res, que contiene médula. 

Caracha — enfermedad cutánea parecida á la sarna. 

Cimba — trenza de pelo que hacen las mujeres de sus propios 
cabellos; se llama también chapeca y crisneja. 

Circa — vena ó veta (minería). 

Colcol — especie de buho, mayor que la lechuza. 

Concho — borra, heces. 

Cuchi — el cerdo y vocablo con que se le llama. 

Cuncuna — especie de gusano que ataca los vegetales. 

Curcuncho — giboso, que tiene joroba. 

Cutama — costal. 

Cha-sana — especie de bolsa que se hacía del cuero de la ca- 
beza de buey, 

Chacay — aquel ó aquello, lugar en Mendoza y el árbol de 
este nombre. 

Chacra — casa de campo para hortaliza ó labranza. 

Carpa — tienda de campaña. 

Chala — las hojas secas de la planta de maíz. 

Chamal — manta con que los indios se cubrían el cuerpo. 

Chancar — quebrar, reducir á pedazos. 

Chañar — árbol llamado así. 

Chambao — vaso de cuerno de vaca. 

Charqui — canina, tasajo. 

Chasca — el cabello revuelto de la cabeza. 

Chaucha — especie de papa y poroto. 

Chicha — bebida hecha de uva. 

Chifle — cuerno de buey, dispuesto para llevar agua en los 
viajes á muía. 

Chilca — planta amarga. 



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398 EL PAÍS DE CUYO 



Chihua — aparato de lazos con ó sin alma de madera para 

cargar frutas, pescado, paja de trigo, etc. 
China — criada de servicio. 

Chingana ■-- lugar de baile y por lo general de bebederaje. 
Choclo — masborca de maíz antes de su madurez. 
Chiripa — lluvia con sol, lo extraordinario. 
Chuchoca — el grano del choclo secado, se hace también de 

zapallo. 
Chuchu — enfermedad de frió, producida por las fiebres. 
Chuchuy — exclamación de frió. 

Chunchulli — cierta parte de los intestinos delgados de la res. 
Chupu — divieso. 

Chuse — tegido grueso de lana, que sirve para alfombra. 
Chupa — bolsa de cuero de animal pequeño ó del pescuezo 

del avestruz. 
Huaca — cementerio indio. 
Huachi — trampita de lazos para cojer aves, nombre de un 

lugar de San Juan. 
Huacho — huérfano. 
Huahua — el niño lactante. 

Huanaco — animal de la familia del camello (sin joroba). 
Huango — un mamífero roedor. 
Huano — estiércol. 
Huaica — cuerda de cuero ó cáñamo que sirve para varios 

usos; llámase huascazo el golpe dado con huasca. 
Huayacca — talega, bolsa hecha sin costura de la piel del 

cabrito. 
Huayna — mozo, mancebo que entra á la pubertad. 
Huallaca — tabaquera consistente en una bolsa de piel de 

cabrito. 
Huaccamayo — papagallo de los Andes. 
Huincha ó Vincha — faja ó cinta con que los indios se atan la 

cabeza para sugetar el cabello. 
Ichona — hoz. 

Ihuana — género de los reptiles saurios. 
Jarilla — planta. 
Kallampa — hongos. 
Kallana — resto de un tiesto ó vasija de barro. 



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EL PAlS DK CUYO 399 



Kcoto — bocio (lesión del cuerpo tiroideo). 
Lachihuana — panal do miel. 
Laucha — ratoncito. 

Llama — animal de la especie del huanaco. 
Llaucana — herramienta de minas. 

Macana — arma consistente en un cilindro de madera que se 
hace funcionar como el garrote. 

Mama — madre. 

Malón — incursión de los indios. 

Mati 6 mate — una especie de calabaza. 

Maumillan — un juego que en Cuyo se llama «á las escon- 
didas». 

Melcocha — cocimiento del arrope hasta un estado de mayor 
viscosidad. 

Mita — servicio forzado en las minas por tiempo determinado. 

Molle — árbol del género esquino. 

Ñaña — nombre con que se designa á la tía ó hermana ma- 
yor de la casa. 

Ñampa — antiguamente. 

Pachango — arrugado, aplicado á las frutas. 

Papa — patata por la planta y el bulbo. 

Pampa — campo llano. 

Pampa-mulla — juego, el cunquen de Chile. 

Pampanilla-sabanilla — especie de poncho de bayeta 

Patay — pan hecho de la harina del fruto del algarrobo. 

Pathaua — ave acuática. 

Payla — tacho de cobre. 

Pichana — escoba. 

Pichanga — bebida de uva. 

Pichel — vasija de barro cocido para contener líquido. 

Pirahua — embarcación india. 

Pirca ó pircan — pared de piedra amontonada. 

Poncho ó pontho — especie de manta con una abertura al cen- 
tro por donde se saca la cabeza. 

Poto — ano, asiento de minas donde había oficiales reales. 

Poyo — especie de banco ó asiento de adobe. 

Puchu — sobra (especialmente la del cigarro). 



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400 EL PAÍ8 DE CUYO 



Puma — animal parecido al tigre. 

Pupo — el ombligo. 

Quillay — un árbol cuya cascara macerada ataca las sustan- 
cias grasas. 

QuíHo-quillo — un arbusto cuyo fruto sirve como el quillay. 

Quincha — tabique de caña ó rama, cubierto de barro. 

Quirquincho — el armadillo. 

Sopaypilla — torta frita. 

Tahuatahua — ave acuática, onomato (péica). 

Tudcum ó ttidquen — gotear, chorrear, nombre de lugar en la 
ítioja. 

Tutuy ó thuthuy — exclamación de dolor al quemarse. 

Totora — especie de enea. 

Yapa — añadidura. 

Yol — especie de árganas de cuero en forma de conos inver- 
tidos. 

Yuro — pequeña vasija de barro cocido, se emplea como 
vaso para beber. 

Yuyu — la yerba que espontáneamente sale en las huertas. 



Nombres de personas en Cuyo, que reconocen el mismo 

ORÍGEN. 

Talquenque — Huaquinchay — Llaucuma — Tucuma — 
Cautacalá — Huaymallen — Hallay — Turcupillan — Turi- 
namon — Aucanamon — Llancareu — Chapanay — Mauli- 
cao — Quilalibó — Panquehua. 



Nombres quechuas de lugares en San Juan de Cuyo 

Ahuango lugar Cochahual. .... lugar 

Huango lugar Huandacol .... sierra 

Aguanda lugar Puyuta pueblo 

Tumanas lugar Ullum lugar 

Angaco pueblo lulum lugar 

Pinchahual .... lugar Ruaco lugar 



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EL PAÍS DE CUYO 401 



Huachi lugar Puchucum lugar 

Jdchál ciudad Niquisanga .... lugar 

Pachaco lugar Encon lugar 

Calingasta lugar Villicum lugar 

Rualilan lugar Guayahuás. . . . lugar 

Tucunuco lugar Zonda 1 viento 



NUMERO 2. 

En el Departamento de Calingasta hemos recogido y es fá- 
cil conseguir flechas silíceas, las que presentan la forma im- 
perfecta de un corazón de vértice alargado hasta formar pun- 
ta, y teniendo en su base una entrada donde se enhastael hu- 
sillo ó flecha, propiamente dicha. En una huacaó cementerio 
indio en este punto, se han hallado cadáveres con algunas jo- 
yas de oro (anillos, aros, etc.), de trabajo grosero por la for- 
ma, pero bien pulimentados, lo que indica el uso de herramien- 
tas ad-hoc. Hemos hecho personalmente algunas escavacionea 
y á mas de dos metros de profundidad, encontramos restos de 
vasijas de barro que demostraban un trabajo perfecto de alfa- 
rería. Estas vasijas, elaboradas con varias clases de arcilla, 
ofrecen una fuerte consistencia para el fuego á que eran des- 
tinadas; entre éstas había una que parece hecha de arcilla co- 
mún, cubierta con un barniz blanco como el de nuestras lozas, 
y que acredita el conocimiento y uso del petunia ó arcilla de 
barniz. Esta verdadera loza solo demuestra su origen indio 
por las labores negras y groseras de que está cubierta, ó por 
los imperfectos dibujos que presentan algunos de estos frag- 
mentos. 

En el Colorado, Barreal de Calingasta, puede observarse 
aun, sobre rocas graníticas, dibujos hechos sobre la piedra, 
representando el sol, la luna, avestruces, huanacos y muchos 



1 El Diccionario del P. Valdivia, comentado por el General Don Bar- 
tolomé Mitre, no registra la palabra zonda. La leyenda, que explica la 
Teogonia de los huarpes, le da el significado de Xaturaleza. — X. E. 

2H 



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402 EL PAÍS DE CUYO 



episodios de la caza, que era la ocupación habitual de los 
huarpes. 

También llaman la atención algunas representaciones de 
dragones monstruos con cara humana, los que sin duda repre- 
sentan algún hualichu de la tribu, y así mismo algunos ge- 
roglíficos en que se notan las letras o y - del alfabeto griego. 

Estos dibujos no tienen pintura alguna, y se hacen gol- 
peando con un objeto duro para grabar en la piedra las líneas 
que han de representar el objeto que se quiere. 

NÚMERO 3. 

Ley 12, título 16, libro 2, Recopilación de Indias. — Don Fe- 
lipe III en Madrid, á 17 de Febrero de 1609, y Don Felipe IV 
en esta Recopilación para provisión de oficios, se vea la ley 
70, tít. 2, lib. 3. 

Audiencia y Chancillería real de Santiago de Chile. — En la 
ciudad de Santiago de Chile, resida otra nuestra audiencia y 
chancillería real, con un presidente, gobernador y capitán 
general; cuatro oidores que también sean alcaldes del crimen, 
un fiscal, un alguacil mayor, un teniente de gran chanciller, 
y los demás ministros y oficiales necesarios, y tenga por dis- 
trito todo el dicho reyno de Chile, con las ciudades, villas, lu- 
gares y tierras que se incluyen en el gobierno de aquellas 
provincias; así lo que ahora está pacífico y poblado, como lo 
que se redujere, poblare y pacificare, dentro y fuera del Es- 
trecho de Magallanes y la tierra adentro hasta la Pi'ovincia 
de Cuyo inclwtive. Y mandamos que el dicho presidente, go- 
bernador y capitán general, gobierne y administre la gober- 
nación de él, en todo y por todo, y la dicha audiencia, ni otro 
ministro alguno, no se entrometa en ello sino fuere nuestro 
Virey del Perú en los casos que conforme á las leyes de este 
libro y órdenes nuestras se le permita, y el dicho presidente 
no intervenga en las materias de justicia y deje á los oidores 
que provean en ellas libremente, y todos firmen lo que pro- 
veyeren, sentenciaren y despacharen. 



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EL PAÍS DE CUYO 403 



NUMERO 4. 

En la ciudad de Santiago de Chile, en 18 dias del mes de 
Abril de 1876 años, el muy ilustre señor Don Agustín Jáure- 
gui, Caballero de la Orden de Santiago, del Consejo de su 
Majestad, Mariscal de Campo de su real ejército, Gobernador 
y Capitán General de este Reyno y Presidente de su Real 
Audiencia y Chancilleria; el señor Doctor Don José Clemen- 
te de Traslaviña, del mismo Consejo, Oidor de Cano y Alcal- 
de de Corte de dicho Reino Audiencia y el Doctor Don Gre- 
gorio de Tapia y Sagarra Arcedeano de esta santa Iglesia 
Catedral; Don Adrián de Basabilbaso, contador oficial real 
de estas cajas; y Don Juan José de Santa Cruz y Silva, Regi- 
dor perpetuo de ciudad, que compone la junta de población 
de este Reyno: — Estando en el palacio de Su Señoría, vieron 
los autos que sigue el Doctor Don Francisco Cano, cura déla 
doctrina de Valle-Fértil, en la Provincia de Cuyo, y el pro- 
tector general de los naturales, sobre la población de aquel 
paraje y lo demás deducido: acordaron se proceda desde lue- 
go, á la fundación de una villa en el expresado Valle-Fértil, 
con la denominación de ¡San Agustín de Jáuregui; y de un 
pueblo de indios á su inmediación, que á ese fin el Teniente 
de Justicia Mayor y Superintendente de la de San Joseph da 
Jáchal, Don Pedro de Quiroga, en consorcio de Don Diego 
Clemente Lucero, pase á aquella jurisdicción, y entere, prime^ 
ro, ante todas cosas, de José de Villacosta las trescientas diea 
y ocho cuadras de tierra nombrada las Turnan as, que según 
el instrumento de f. 6 vta., consta haber comprado á la resi- 
dencia de los Regulares de la Compañía de la ciudad de San 
Juan en 12 de Diciembre de 1756: haciendo este entero en 
arcas como corresponde y dando principio á la mensura des- 
de donde desemboca el rio de dicho valle. Habiendo verifica- 
do este entero y puesto linderos firmes para que en todo 
tiempo conste el deslinde y se eviten las diferencias que re* 
sultán de la confusión y modo superficial con que suelen fi- 
jarse los mojones, medirá una cuadra de cordel de ciento y 
cincuenta varas, en el lugar donde se está fabricando la igle- 



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: 



404 EL PAÍS DE CUYO 



sia parroquial, que sirva de plaza de la villa, de suerte que la 
iglesia quede en un costado de la misma plaza, en cuya isla ó 
cuadra designará sitio competente para cementerio y habita- 
ción del cura; en el costado opuesto, esto es, en la isla ó cua- 
dra que hace frente á la iglesia, señalará dos solares para casa 
habitación del Justicia Mayor y situación de las casas de Ca- 
bildo y cárcel, y los otros dos, dejará para que esta junta de- 
termine á su tiempo lo que convenga; en uno de los dos cos- 
tados de la misma, se situará el pueblo de indios, señalando 
en ese rumbo á cada uno de ellos, un solar, de modo que en 
una cuadra se sitúen cuatro familias, á fin de que cada una 
pueda fabricar su casa y tener su huertecilla, y estando todos 
inmediatos á la iglesia, se la podrá asistir con el pasto espiri- 
tual, instruirse en los misterios de nuestra santa fé, civilizar- 
se con el trato y comunicación del cura y demás españoles, y 
al mismo tiempo, corregidos de los excesos á que los inclina 
el desorden en que hasta ahora se han mantenido. Practicada 
esta diligencia, enterarán en el mismo rumbo, al cacique del 
pueblo, diez cuadras de tierras; á cada indio cinco y cada in- 
dia viuda tres en particular, para que hagan sus cementeras 
y chacras; y para la comunidad entera, á cada diez indios, 
veinte y cinco cuadras. Habiendo concluido por este rumbo, 
pasará al otro opuesto á que debe corresponder el otro costa- 
do de la plaza; y ejecute lo mismo, señalando á cada español 
mestizo un solar para habitación, cinco cuadras á cada uno 
para cementeras y chacras; y al cura, cincuenta cuadras para 
el propio fin; de suerte que hechos todos estos enteros y men- 
suras á cordel, en la forma que va prevenido, ha de quedar 
la plaza é iglesia en el centro de una y otra población, para 
que ambas participen del beneficio espiritual y temporal, á 
proporcionada distancia, sin incomodidad del cura, ni de la 
persona que administrase la Real Justicia. 

Enterados todos los pobladores de sus respectivas asigna- 
ciones, procederá el comisionado á mensurar el terreno que 
quedare, y precedida su estimación por peritos, dispondrá se 
pregone por el término de la ley, y con citación de los pos- 
tores, remitirá las diligencias á esta Real Junta, para que en 



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EL PAÍS DE CUYO 405 



vista de todo, se den las providencias correspondientes á la 
subastacion, arreglo y mejor establecimiento de la enunciada 
villa de San Agustín de Jáuregui; quedando advertido el 
antedicho comisionado que ha de dejar dos testimonios de 
las diligencias que practique; de los cuales entregará, ano al 
cura para que lo ponga en los libros parroquiales, otro colo- 
cará en el archivo de dicha villa, y los originales despachará 
á esta misma Junta para los fines insinuados; remitiéndosele 
por la Secretaría de este Superior Gobierno copia legaliza- 
da de este auto para la ejecución y cumplimiento de cuanto 
va prevenido, y así lo proveyeron y mandaron y firmaron, 
de que doy fé. — Dean Agustín de Jáuregui, José Clemente de 
Traslavifta, Doctor Don Gregorio Eulogio de Tapia y Sagarra r 
Adrián de Basavilbaso, Juan José de Santa Cruz y Silva. 
— Pascual deSilva Vasquez, Escribano sustituto de Gobierno. 



NUMEEO 6. 

Don Juan José de Vórtiz, Teniente General de mis Reales 
Ejércitos. — Por mi cédula de 1.° de Agosto del año próximo 
pasado, tuve por conveniente nombrar para Virey, Goberna- 
dor y Capitán General de las Provincias del Rio de la Plata, 
y distrito de la Audiencia de Charcas con los territorios de 
las ciudades de ííendoza y San Juan de la Frontera ó del 
Pico de la Gobernación de Chile, al Capitán General de mis 
Reales Ejércitos Don Pedro de Ceballos, mediante las cir- 
cunstancias que entonces concurrían para ello y durante se 
mantuviese este Capitán General en la comisión á que fué 
destinado en esa América Meridional. Y comprendiendo ya 
lo muy importante que es á mi Real servicio y bien da mis 
vasallos en esa parte de mis dominios, la permanencia de esta 
dignidad, porque desde Lima ó distancia de mil leguas no es 
posible atender al Gobierno de las espresadas provincias tan 
remotas, ni cuidar á que el Virey de ellas dé la fuerza y con- 
servación de ellas en tiempo de guerra: He venido en resol- 
ver la continuación del citado empleo de Virey, Gobernador 
y Capitán General de las Provincias de Buenos Ayrea. Para- 



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406 EL PAÍS DE CUYO 

gnay, Tucuman, Potosí, Santa Cruz de la Sierra, Charcas, y 
de todos los correjimientos, pueblos y territorios á que se es- 
tiende la jurisdicción de aquella Audiencia, comprendiéndose 
así mismo bajo del propio mando y jurisdicción, los territo- 
rios de las ciudades de Mendoza y San Juan del Pico, que es- 
taban á cargo de la Gobernación de Chile, con absoluta in- 
dependencia del Virey del Perú, y del Presidente de Chile. 
Y, hallándome bien satisfecho de los servicios, méritos, inte- 
ligencias, é instrucción que os asiste, mediante la práctica y 
conocimiento que habéis adquirido en el tiempo que habéis 
sido Gobernador, y Capitán General de Buenos Ayres, de- 
sempeñando con acierto todos los asuntos de mi Real servi- 
cio, os nombro mi Virey, Gobernador y Capitán General de 
las mencionadas Provincias del Rio de la Plata y demás te- 
rritorios que van espuestos, por el tiempo que sea mi Real vo- 
luntad, con la calidad de que podáis presidir mi Real Audien- 
cia de Charcas en el caso de ir á la ciudad de la Plata, ó de 
mudarse el Tribunal de esa Provincia con las propias facul- 
tades y autoridad que gozan los demás Vireyes de mis domi" 
nios de las Indias, según las leyes de ellas, así en todo lo res- 
pectivo al gobierno militar como político, dejando la Supe- 
rintendencia y arreglo de mi Real Hacienda en todos los 
ramos y productos de ella al cuidado, dirección y manejo del 
Intendente de Ejército que he nombrado. Y, por tanto, man- 
do al citado mi Virey del Perú Presidente de Chile y de 
Charcas, á los ministros de sus Audiencias, á los Gobernado- 
res, Correjidores, Alcaldes mayores, Ministros de mi Real 
Hacienda, oficiales de mis Reales Ejércitos y Armada y demás 
personas á quienes tocar pueda, os hagan, reconozcan y obe- 
dezcan como á tal Virey, Gobernador y Capitán General de 
las espresadas provincias en virtud de esta mi Real Cédula, 
ó de testimonios de ella, que deberéis dirijir luego que os 
posesionéis de este mando, á los jefes, Tribunales, y demás 
que corresponda, para que sin la menor réplica ni contra- 
dicion cumplan vuestras órdenes y las hagan cumplir prin- 
cipalmente en sus respectivas jurisdicciones, que así es mi 
voluntad, y que cuando vuestro antecesor en ese mando el 



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EL PAÍS DE CUYO 407 



Capitán General de los Ejércitos Don Pedro de Ceballos, se 
retire á estos Reinos de España conforme á las facultades 
que para ello le tengo concedidas, os dé á reconocer por tal 
Virey, Gobernador y Capitán General de esas Provincias del 
Rio de la Plata, y demás distritos que van señalados, para 
que en esos mis dominios se hallen todos mis vasallos y em- 
pleados en mi Real servicio en esta inteligencia, y estén estos 
á vuestras órdenes. Y, á efecto de que no se os pueda poner 
embarazo en el absoluto ejercicio, y autoridad perteneciente 
á este alto carácter de mi Virey y Capitán General, en virtud 
de esta mi Real Cédula, os dispenso de todas las formalidades 
de otros despachos, y demás requisitos que se acostumbran» 
y previenen las leyes de Indias para nombramiento de Vire- 
yes de esos mis dominios por convenir así á mi Real servicio. 
Y es mi voluntad que en manos de vuestro antecesor el Ca- 
pitán General de Ejército D. Pedro de Ceballos, hagáis el ju- 
ramento acostumbrado de que bien y fielmente habéis de de- 
sempeñar este empleo, quedando por consiguiente obligado 
al juicio de la Residencia de él, en los propios términos que 
lo quedan los demás Vireyes de esos mis dominios de Améri- 
ca. Y, mando igualmente á los oficiales Reales de las Cajas 
de Buenos Aires, y demás del distrito de ese Vireynato, os 
satisfagan puntualmente cualesquiera caudales de mi Real Ha- 
cienda al respecto de cuarenta mil pesos corrientes de Amé- 
rica, que os asigno en cada un año para desde el dia en que 
se os dé é reconocer por tal Virey, Gobernador y Capitán Ge- 
neral de las Provincias del Rio de la Plata en la forma ya 
dicha, pues en virtud de vuestros recibos ó cartas de pago se 
pasará en cuenta á los mencionados oficiales Reales, lo que 
por esta razón os satisfagan, sin que sea necesario otro re- 
caudo alguno para su legítima data: declarando al mismo 
tiempo deberéis estar sujeto precisamente al pago de media 
anata, pues ya sale este empleo de la esfera de primera crea- 
ción. 

Dado en San Lorenzo el Real, á 27 de Octubre de 1 777. — 
Yo, el Rey. — Joseph de Galvez. 



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408 EL PAÍS DE CUYO 



NUMERO 6. 

Cuyo ha tenido los Corregidores é Intendentes expresados 
á continuación y que aparecen de los registros de estas pro- 
vincias, que hemos consultado. 

Como dependencia de Chile desde 1602 hasta 1776. 
1602 Corregidor Don Bartolomé de Benavides. 



1606 


» 


» Sebastian López. 


1630 


» 


» Francisco Loril y Deza. 


1632 


» 


» Juan de Adaro. 


1643 


» 


» Pedro Bustos. 


1645 


» 


» Luis López Gallardo. 


1651 


t 


General Don Luis Jof ré de Arce. 


1654 


2» 


Don Diego de Cervantes. 


1655 


» 


» Martin Maguna. 


1656 


» 


Capitán Don Melchor de Carabajal y 
Saravia. 


1657 


» 


Don Diego Rojas. 


1667 


» 


» Francisco Meneses. 


» 


» 


» Antonio de la Maza. 


1668 


» 


Maestre de Campo Don José de Garro. 


1670 


» 


General Don Antonio de la Maza. 


1671 


» 


Don Francisco Chirino de Posadas (Jus- 
ticia Mayor). 


1676 


» 


Don Juan de Oro Bustamante. 


1679 


» 


» Juan Antonio Morales de la Banda. 


1680 


X 


» Antonio Carabajal y Saravia (Jus- 
ticia Mayor). 


1684 


» 


Capitán Don Lorenzo de Tagohaga. 


1687 


» 


Teniente de Capitán General y Justicia 
Mayor Don N. N. 


1688 


» 


Maestre de Campo Don José de Garro. 


1689 


» 


Don Juan de Lemos Barroco. 


1691 


» 


» Santiago de Jara y Esquivel. 


1692 


» 


» Juan de Urdinolas. 



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EL PAÍS DE CUYO 409 



1693 Corregidor Don Pedro Carreras. 

1694 » General Don Juan de Urdinolas. 

1697 » » Don Francisco de Larrínaga y Aspex. 

1701 » Don Nicolás Francisco de la Rolan a, 

1706 » » Pablo GKraldez. 

1709 » » Juan de Nieva y Castillo. 

1714 » Mayor General Don Pablo Giraldez de 

Rosa-Mora. 

(Hasta 1776 no hemos podido seguir la nómina anterior). 

1776 Corregidor Don Juan de Oro Bustamante. 
1722 » » Tomas de la Llana. 
1728 » » José de Frías. 

1730 » » Manuel Zapata de Mayorga. 

1731 » » Manuel A. de Escorza. 

1741 » » Juan A. de Olano. 
1743 > » Manuel de Castro. 

1742 » » Manuel de Velazco. 
1746 » i José A. de Ovalle. 
1762 » » Eusebio de Lima. 

1756 » » Francisco Videla y Aguiar 

1760 » > José Félix de Villalobos. 

1767 » » Juan José del Rizco y Alvarado. 

1771 » » Juan Manuel Ruiz. 

1773 » » Jacobo Badaran 1 . 

Como parte dependiente del Tucuman. 

1777 Intendentes Don José Sebastian de Sotomayor. 

1779 » » Jacinto de Camargo. 

1780 » » Jacinto de Anzorena. 
1782 » » Pedro Giménez Castellanos. 

1782 » » Marqués de Sobre Monte* que go- 



1 Los distritos de San Juan y San Luis estaban gobernados por Lugar 
Tenientes y de Justicia Mayor. 

1 En 22 de Enero de 1782, la Intendencia de Tucuman fué dividida en 
las dos de Córdoba y Salta, perteneciendo el Pais de Cuyo á la primera* 



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410 EL PAÍS DE CUYO 



bernó hasta 1804, siendo el 11 de Abril elevado á la alta ca- 
tegoría de Virey por muerte de Don Joaquín del Pino. 

Intendentes: Como parte dependientes de Córdoba. 

1804 — Abril, Don José González, murió en 16 de Diciem- 
bre de 1805. 

1805 — Don José Victorino Rodríguez. 

1806 — Don Simón de Gocordo. 

1806 — Don Francisco Rodríguez (interino). 

1807 — Diciembre 28, Don Juan Gutiérrez do la Concha. 
1810 — Agosto, Don Juan Martin de Pueyrredon. 

1810 — Diciembre, Don Mariano Usandivares (interino por 
.usencia de Pueyrredon). 

1811 — Febrero 7, Don José de Pueyrredon. 

Intendente* de Cuyo 

1814 — Coronel Don Juan Florencio Terrada, publicó su 
bando de buen gobierno en dia 29 de Enero. 

1814 — Coronel Don Marcos González Balcarce (Junio 2), 
renunció en Julio, sucediéndole el General San Martin por 
disposición del Supremo Director. 

1814 — Coronel Mayor, Don José de San Martin (Setiem- 
bre). 

1816 — Enero 13. El Cabildo, por delegación del mando 
político de Sap Martin, reservándose el militar, reasume 
él mando al poco tiempo. 

1816 — Marzo 7. El Cabildo, por delegación de San Martin, 
por marchar éste al Sud en asuntos del servicio, reasumió el 
mando á los pocos dias. 

1816 — Junio 19. El Brigadier Bernardo O'Higgins, por 
ausentarse de Mendoza el General San Martin. 

1816 — Agosto 31. Nota del ¡Director á San Martin para 
que siempre que se ausente de la capital de la Provincia, se 
nombre encargado del Gobierno interino al Coronel T. Lu- 
zuriaga. 

1816 — Coronel Don Toribio de Luzuriaga gobernó con in- 
terrupciones varias hasta 1820. 



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EL PAlS DE CUYO 411 



1820— El Cabildo (Enero 17 á Mayo 8). 
1820— Don Pedro José Campos (Mayo). 
1820— Don Tomas Godoy Cruz. 



NUMERO 7. 

Revista de Julio 21 de 1781. 

Infantería. 

1. a Compañía de reformados con hombres. . 55 

2. a » 45 

Compañía de infantería española, su título 

«La Princesa de Asturias» 12 

Compañía de forasteros, española, su título 
«La Excma. Infanta de España Doña 

Carlota Joaquina» 86 

Compañía de voluntarios, española, su título 
«El Excmo. Infante de España Don Ga- 
briel Antonio» 79 



337 

Caballería. 

1.° Dragones montados, titulado «Granade- 
ros reales del mayor honor » 84 

2.° Dragones montados, titulado « Nobleza y 

carabineros reales > 53 

3.° Dragones montados, titulado « El valor 

constante » .- 72 

4.° Dragones montados, titulado «Del temor» 72 

5.° » y> » « Sagunto de 

San Juan » 53 

6.° Dragones montados, titulado «Lanzas li- 
geras» 5i* 

7.° Dragones montados, titulado «Los in- 
vencibles » 44 

8.° Dragones montados, titulado «Porta 

bandera » 43 



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412 EL PAÍS DE CUYO 



9.° Dragones montados, titulado «Del valor» 39 

10. » » » «Poder in- 
vencible » 51 

11. Dragones montados, titulado «De la 
Exma. Infanta Doña María Josefa » . . . . 72 

12. Granaderos montados, titulado « Los crio- 
llos valientes > : 72 

Total 1,061 

NÚMERO 8. 
Ejército de los Andes. 

Primer cuerpo: Batallón Cazadores de los Andes, 4 com- 
pañías de granaderos de los batallones número 7 y 8, 3.° y 
4.° escuadrón del regimiento Granaderos á Caballo, escolta 
del general en jefe, 5 piezas de artillería con su dotación, al 
mando inmediato del Brigadier Soler. 

Segundo cuerpo : 4 compañías fusileros del batallón 7, 2 
piezas de artillería; 4 compañías fusileros del batallón 8, al 
mando inmediato del Brigadier O'Higgins. 

Tercer cuerpo: 3 escuadrones de Granaderos á Caballo, 5 
piezas bien dotadas, Cuartel General, maestranza, hospital, 
ingenieros, etc., al mando inmediato del General San Martín. 

Batallón 11 de línea, Batallón milicias, 1 pieza de artillería 
de á 12; estas fuerzas marcharon por Uspallata al mando del 
General Las Heras. 

Milicias que marchan por el Planchón, al mando del Co- 
mandante Freiré. 

Milicias que marchan por el Portillo, al mando del Coman- 
dante Tompson. 

Milicias que marchan sobre Coquimbo y Atacama, al man- 
do del Comandante Cabot. 

Milicias que marchan por Valle Hermoso, al mando del 
Comandante Arcos. 

Milicias que marchan sobre San Fernando, al mando del 
Comandante Rodríguez. 



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EL PAÍ8 DE CUYO 413 



NUMERO 9. 

Febrero 12 del año 1817. — Tengo el honor de comunicar 
á V. S. que desde que marché de esa Plaza á la cabeza de la 
División que se ha confiado á mi corto talento con dirección 
al Norte sobre el Reino de Santiago de Chile, me propuse no 
omitir sacrificio alguno personal que coadyuvase al mejor 
lleno de mis deberes, y así es que emprendí mis marchas has- 
ta trasmontar las cuatro cordilleras de los Andes, en que in- 
vertí catorce penosas jornadas, después de las cuales alcance 
á pisar la Cañada de los Patos, el seis del corriente. 

Allí sorprendió mi partida descubridora la primera guar- 
dia enemiga, y habiendo hecho alto, tanto para reparar las 
cabalgaduras como para municionar la tropa y demás ocu- 
rrencias preventivas á seguir pisando el terreno enemigo, fué 
tomada también prisionera á los dos días la guardia que fué 
á relevar la antedicha, comandada por un cabo de la guarni- 
ción de Coquimbo, con arma corta, de chispa é igual número 
de soldados. Al siguiente día, después de haber adelantado 
una partida de cien hombres al mando del capitán Don Pa- 
tricio Ceballos, continué mi ruta, encontrando por ella á va- 
rios vecinos de probidad y patriotismo, que guiados de mis 
confidencias, con quienes he jirado correspondencia privada 
desde los primeros momentos que me moví con la espedicion, 
corrían presurosos á incorporarse en ella. Dicho capitán y 
oficiales que le acompañaron, supieron esplorar el campo 
con alguna mas vijilancia que la que creí necesaria, por las 
instrucciones que se les dieron al efecto, tanto que cuando el 
día nueve que llegué con el grueso de mi división y bagajes 
á la primera población de Valdivia, ya se habían apoderado 
no solo de los espías y vecinos sospechosos que nos podían 
perjudicar, sino también de una correspondencia de Santiago 
que interceptaron en Monterey, de cuyo paraje, distante cua- 
renta leguas de Coquimbo, se les pudo escapar José Antonio 
Godomar, uno de los mas sindicados por su opinión, quien 
por caminos estraviados se pudo introducir en dicho Coquim- 
bo, dando noticia de mi arribo, que hasta aquella fecha se 



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414 EL PAÍS DE CUYO 

ignoraba por el buen orden y cautela con que se han dirijido 
las marchas; con este aviso se puso el enemigo en confusión, 
según el parte que con igual fecha del que llevó el aviso co- 
munica el Subdelegado de dicha plaza al General Marcó, que 
también cayó en mis manos por la partida volante y que me 
ha servido de guía para mis ulteriores disposiciones. En el 
acto que lo leí, dispuse auxiliar mis avanzadas con cien hom- 
bres de caballería é infantería, que marcharon desde Rapel el 
día diez, al mando de mi primer ayudante de campo Don Eu- 
jenio Hidalgo, con órdenes de que reunidos al capitán Ceba- 
llos, invadiese todos los puntos por donde pudiese fugar el 
enemigo hacia la capital; en efecto, lo ejecutaron á la letra 
el día de ayer. Los enemigos arribaron al punto de Barraza, 
encrucijada precisa á su salida, con la guarnición de ciento y 
tantos hombres que tenía la plaza y dos piezas volantes de 
artillería de calibre de á cuatro; pocos minutos antes de la 
partida destinada á perseguirlos y cuando pensaron acam- 
parse en aquel rio, como de hecho lo intentaron, según me lo 
indicaban los continuos partes del capitán Ceballos, bajo cu- 
yas órdenes operaba nuestra fuerza, ya nuestras primeras 
partidas les hacían fuego por retaguardia; á esta sazón, reci- 
bí un parte del benemérito patriota Don Manuel Antonio de 
Iribarren, Gobernador electo por el pueblo de Coquimbo, en 
ausencia de su antiguo mandatario Don Manuel Santa María, 
cuyo contenido se espresa del oficio y acta que en copia in- 
cluyo bajo los números 1 y 2 para satisfacción Y. S. En los 
propios momentos de estar leyendo estos documentos en este 
Valle de Sataquí, en que acababa de acamparme con el resto 
de mi división, se me dio parte por el citado capitán Ceba- 
llos, quedar reunida toda la fuerza armada, á que se agrega- 
ron algunos naturales del país, á quienes había armado con 
lanzas, y que quedaban batiéndose con el enemigo, que de su 
resultado me daría pronto aviso; en el acto mandé pasar re- 
vista de armas y reunir toda la fuerza que me quedaba, depo- 
sitando los equipajes, víveres y demás bagaje en casa aparen- 
te, á cargo de los arrieros conductores; se previnieron las 
cabalgaduras necesarias para acudir al primer aviso en su 



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EL PAÍS DE CUYO 415 



auxilio, en razón de que por algunas noticias estrajudiciales 
se me había informado que les venían cien hombres de la ca- 
pital; con este apuro pasé la noche, así yo como la tropa, con 
la rienda en la mano, hasta que al amanecer del día de hoy 
llegó el glorioso parte en que se me comunica haberles deja- 
do muertos nuestras tropas en el Llano de Sálala, tres leguas 
adelante de Barraza, cuarenta y tres soldados, tres oficiales 
y tres mujeres que les seguían. Habérseles tomado cuarenta 
prisioneros 1 , entre los cuales cayó el Subdelegado Teniente 
Coronel Don Manuel Santa María, su hijo y dos oficiales; que 
entre heridos y derrotados se habían escapado como veinte, 
que validos de la buena disposición en que se hallaban sus 
caballos, fugaron precipitadamente á las sierras y fragosida- 
des, inmediaciones á la ruta de su destino; no habiendo tenido 
en el ataque, por nuestra parte, mas perdida que la de un sol- 
dado muerto y tres heridos, cuyo acontecimiento se hace in- 
creíble á no conocer que la mano invisible protejo nuestra 
causa. Se les ha quitado dos piezas de artillería volante de á 
cuatro, todos los fusiles, seis espadas, diez y seis cajones de 
municiones, dos barriles de pólvora, cuatro fardos de vestua- 
rios, treinta cargas de equipajes y entre ellas todos los pape- 
les, todo lo que aguardo esta noche en este punto para dis- 
poner de ello lo conveniente y pasar mañana á tomar posesión 
de la plaza y puerto de Coquimbo, a donde he adelantado 
cincuenta hombres al mando del Comandante de Caballería 
Don Antonio Blanco y competente número de oficiales para 
que sirvan de guarnición bajo las órdenes de su actual Go- 
bernador. 

Los útiles de guerra que ha dejado el enemigo en aquella 
plaza y puerto, según las últimas relaciones, son los siguien- 
tes: En la casa de pólvora, 36 barriles de id., cuatro de id. 
mojada, cuatro fusiles descompuestos, dos id. buenos, cuatro 
cañones volantes de á cuatro, doce id. de á doce, y dos de á 
veinte y cuatro en el puerto. 



* Todos los prisioneros de Coquimbo fueron repartidos entre el vecinda- 
rio de San Juan y destinados á la labranza. 



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416 EL PAÍS DE CUYO 



No puedo desentenderme de recomendar á V. S. el entu- 
siasmo y bravura con que se han portado en esta ocasión, 
según me lo informa el Capitán Ceballos, los beneméritos pa- 
triotas naturales de ese virtuoso país, Capitán de Infantería 
Don Juan Agustin Camo, el Ayudante mayor de linea Don 
Juan José Ruiz, el de Milicias de la misma graduación Don 
Sinforoso Navarro, y los Tenientes segundos de escuadrones 
de caballería Don José María Morales y Don Pedro Regalado 
Cortinez, á quienes he concedido un grado mas en sus respec- 
tivos cuerpos, en virtud de mis facultades. 

Lo que comunico á V. S. para su conocimiento y satisfac- 
ción. Dios guarde á V. S. muchos años. — Cuartel General en 
el Valle de Sotaquí y Febrero 12 de 1817. — Juan Manuel 
Cabot. 

Muy IlustrÍ8Ímo Cabildo, Justicia y Regimiento de la Ciu- 
dad de San Juan. 

NÚMERO 10. 

Contingentes de hombres, dinero y efectos dados por la Tenen- 
cia de Gobierno de San Juan desde 1810 hasta 1817 para 
formación y sosten de los ejércitos de la Patria. 

Hombres. 
1810, 31 de Agosto. Marcha á Córdoba un contingente de 
60 hombres. 

1810, 18 de Octubre. El capitán Don José de Navarro 
conduce cien reclutas en alcance de la Expedición Auxiliar 
del Perú: 100 hombres. 

1811, 1.° de Noviembre. El capitán Don José Bonifacio 
Moyano conduce á Buenos Aires ciento y cincuenta reclutas: 
160 hombres. 

1812, 26 de Setiembre. El comandante Don Juan Crisósto- 
mo Quiroga conduce á la capital ciento veinte y cinco reclu- 
tas: 125 hombres. 

1814, 14 de Enero. Don José C. Sarmiento conduce á Men- 
doza veinte desertores, 2 libertos y 36 milicianos: 68 hom- 
bres. 



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KL PAlS DE CUYO 417 



1814, 10 de Febrero. El teniente Don Juan Manuel Gó- 
mez conduce á Mendoza ochenta y siete granaderos .monta- 
dos: 87 hombres. 

1814, 18 de Febrero. El capitán Don José B. Moyano 
conduce á Mendoza cien reclutas y diez y nueve esclavos: 119 
hombres. 

El oficial Don Juan José Ortiz conduce á Mendoza sesen- 
ta reclutas: 60 hombres. 

1815, 20 de Febrero. El capitán Don Antonio Blanco 
conduce á Mendoza cincuenta y nueve reclutas: 59 hombres. 

1815, 5 de Noviembre. Remitidos á Mendoza quinientos 
treinta y un esclavos, conducidos por los oficiales Miguel To- 
ran, José Sánchez y Antonio Martell. (Recibos de Luzuria- 
ga de 24 de Setiembre y 5 de Noviembre): 531 hombres. 

1816, 11 de Junio. Por orden de San Martin se hace una 
recluta para formar tres compañías para agregar al 2.* bata- 
llón del Regimiento Núm. 11 (cálculo aproximado): 180 hom- 
bres. 

1816, 3 de Agosto. El Regimiento Núm. 11 es dividido en 
los batallones, números 11 y 1 de Cazadores, siendo éste re- 
montado en San Juan (cálculo aproximado): 160 hombres. 

Milicias activas incorporadas al Ejército de los Andes, y 
total de la división del Norte que iba sobre Coquimbo: 1,430 
hombres.— Total 3,109. 

Dinero. 

1816, 15 de Junio. Por las partidas que se expresan en el 
documento que publicamos al final de la presente nota, sus- 
crita por el teniente administrador de aduana Don José An- 
tonio de Oro, y á requisición de la autoridad superior: pesos 
plata 118,385 $ 6 % 

1816, 15 de Enero. Entregado al Comandante Cabot para 
gastos de la fuerza destinada á Coquimbo: 20,000. 

1816, 16 de Enero. Recibo de San Martin por 6,717 pesos 
4 1 ¡ 2 reales de la masa decimal, conducidos á Mendoza por el 
capitán Cano: 6,717 4 V«. 

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418 EL PAÍ8 DE CUYO 



1816, Por contribuciones forzosas especiales, gastos de 
comisiones, etc.: 1,600. 

1816, 24 de Setiembre. Tres mil pesos remitidos á Mendo- 
za y recibidos por el General San Martin en esta fecha: 3,000- 

1816, 23 de Noviembre. Doce mil pesos mandados á Men- 
doza (Recibo de San Martin): 12,000. 

1816, 25 de Diciembre. Dos mil pesos entregados al Co- 
mandante Cabot por orden de San Martin: 2.000 $. 

1817, 21 de Enero. Por la contribución extraordinaria del 
año 1817, según el recibo de la Intendencia de 25 del mismo 
mes: 18,900 $. 

1817, 15 de Mayo. Por el derecho popular hasta su extiii- 
cion en la fecha: 37,186. 

1817, 19 de Julio. Remitidos á Mendoza con el oficial F. 
Carril: 50,184 $.— Total: 224.707 $ 3 reales. 

Artículos de guerra y otros. 

Caballos para el servicio del ejército, 2,741. 

Muías remitidas desde 1810 para el ejército del Alto Perú 
hasta 1817 en que marchó el Ejército de los Andes, 7,109. 

Reses para el consumo de la tropa en marcha, 1,100. —To- 
tal de animales: 10.950. 

Artículos erogados. 

Alhajas, armas, chifles 2.300 pares, 400 ponchos, 400 fra- 
zadas, 1,200 pieles de carnero, 16 quintales de plomo de las 
minas, 145 barriles de aguardiente, vino; 1,260 monturas, 472 
jergas, 1,300 aparejos, lazos; 1,700 hijares (pieles de buey\ 
1,900 chambaos, 700 pieles de vaca para correajes, 766 libras 
hilas, cebada, maíz; 1,350 alforjas, 1,670 camisas, pantalones; 
1032, espuelas, cencerros; 211 cargas de muías de artículos 
varios y cementeras de maíz para el Ejército. 

Todos los herreros, barreteros, hojalateros, armeros y tala- 
barteros que había en San Juan, fueron mandados á Mendoza 
por orden de la Intendencia. 



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EL PAÍS DE CUYO 419 



Estado de las existencias en depósito que tenia la División del 
Norte, al mando del Comandante Don Juan Manuel Cábot. 

20,000 pesos en caja. 

2,191 piezas de ropa (corte y costura hechas gratis por las 
señoras). 

120 quintales de charqui. 

100 cabezas ganado vacuno en pie. 

72 quintales galletas. 

1 quintal ají. 

2 quintales de sal. 

15 quintales de harina de maíz tostado. 

40 arrobas de vino. 

8 arrobas de aguardiente. 

1,200 mazos de tabaco tarijeño. 

6 mazos de tabaco paraguayo. 

14 resmas de papel de hilo. 

100 caballos serranos. 

1,307 muías silleras. 

160 muías cargueras. 

Esta mina inagotable de patriótico desprendimiento pro- 
vocó la nota de 16 de Setiembre de 1815, en la que el Supre- 
mo Director agradece los donativos en dinero, alhajas, caldos, 
etc., hechos por el vecindario de San Juan, y concluye pi- 
diendo que lo que no sea de suma necesidad en Cuyo, sea re- 
mitido á Buenos Aires para realizarlo en dinero á beneficio 
de la escuadra. 

Lo cierto es que aquel rico venero llegó á brocearse, por- 
que los vecinos habían dado cuanto tenían, porque todo el 
que podía cargar un fusil ó lanza estaba con las armas en la 
mano. 

El comercio era nulo, ya por el estado de armas en que se 
hallaba todo Cuyo, como porque no había una muía para 
transporte de mercaderías. Todas las arrias de San Juan es- 
taban destinadas y listas para el transporte de los ejércitos y 
sus pesados bagajes. 



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420 EL PAÍS DE CUYO 



Quedaba el crédito y desde luego se trató de empeñarlo. 

El Cabildo, contestando á una nota de San Martin, por la 
que se pedía el cobro anticipado de la contribución extraor- 
dinaria, decía, después de pintar la pobreza á que San Juan 
había quedado reducida: «la cantidad que falta para el total 
de la contribución es de cinco á seis mil pesos, y si hubiese en 
esa capital (Mendoza) alguien que abriese ese crédito, el Cabil- 
do respondería con sus intereses; pero si ninguno de estos me- 
dios fuera aceptado, suplica que por lo dicho se continúe la 
recaudación trimestral.» 

Todos los datos que dejamos consignados constan en los 
archivos públicos de San Juan y Mendoza, que hemos regis- 
trado con paciente labor. 

Donativos forzosos y voluntarios hechos por él vecindario de 
San Juan para la formación y sosten del Ejército de los An- 
des, desde 1813 hasta Junio de 1816, 

El ciudadano José A. de Oro, teniente administrador de 
aduana de esta ciudad, etc. 

Certifico: en conformidad de lo ordenado con esta fecha á 
este Ministerio, por el Muy Ilustre Cabildo Teniente Gober- 
nador Interino de esta ciudad, con presencia de los respecti- 
vos libros de mi manejo, lo siguiente: 

1.° Que en el año 1813 se impuso á esta ciudad por la 
Asamblea Soberana Gubernativa de estas Provincias, el em- 
préstito forzoso de treinta mil pesos que se integraron á fines 
de Febrero de 1814, y fueron remitidos en el propio tiempo * 
por el Muy Ilustre Cabildo á la capital de Buenos Aires, se- 
gún consta del libro particular de este ramo á que me remito, 
conducidos por el alférez de milicias Don Domingo Alba- 
rracin. 

2.° Que desde el citado año 1814 *, cupo á esta ciudad la 
suma de diez y ocho mil pesos anuales de contribución extraor- 



1 9 de Marzo. 

1 Decreto del Sup. Pod. Ejecutivo, 8 de Enero. 



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BL PAÍS DE ÜÜYO 421 



diñaría, los mismos que han sido hasta el dia (sin interrup- 
ción) satisfechos; así consta igualmente su inversión del libro 
especial de su referencia. 

3.° Que habiéndose promovido por el certificante, en el 
año pasado de 1815 la creación de una compañía nueva de 
cien hombres con el renombre de «Gauchos déla Invención», 
donó al Estado con este objeto (á su nombre, el de su hijo 
Don Francisco D. de Oro y el de dos amigos, cuyos nombres 
explico en cifras), la cantidad de seiscientos ochenta pesos 
que fueron adelantados, hasta la de dos mil ciento cuarenta y 
cinco pesos entre varios individuos, cuya totalidad fué insu- 
mida en hábitos de la referida compañía, con aprobación su- 
prema; consta del libro de donativos de su clase á que me re- 
mito. 

4.° Que en el expresado año de 1815, por disposición del 
señor Gobernador Intendente de la Provincia, se derramó un 
préstamo sobre algunos vecinos de esta ciudad y ascendió á 
la suma de cinco mil novecientos ochenta pesos, que, consigna- 
dos en caja, fueron parte de ellos remitidos á disposición del 
mismo Señor Gobernador, y parte consumidos en las tropas 
de esta ciudad, con arreglo á sus disposiciones; así resulta del 
libro de este artículo á que me refiero. 

5.° Que en el mismo año 15 se abrió por el vecindario de 
esta ciudad una suscricion de donativos voluntarios en dine- 
ro, alhajas y efectos para vestir y sostener las tropas de la 
Provincia y ascendió su importe, por el avalúo de la comi- 
sión de su recepción, á catorce mil doscientos cuarenta y dos 
pesos, seis y medio reales, parte de ellos consumidos según lo 
dispuesto por el Gobierno, y parte existente en almacenes; 
consta del libro particular de su referencia á que me remito. 

6.° Que habiéndose acordado en 12 de Julio del año 16 l 
por este pueblo, para sosten de las tropas de esta Provincia, 
«1 gravamen de 4 pesos sobre cada carga de aguardiente y 
dos sobre la de vino, debe producir en el término sucesivo de 



1 Esto impuesto duró hasta el 15 de Marzo de 1817, dia en que fué sus- 
pendido por acta celebrada á Cabildo abierto. 



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422 EL PAÍS DE OÜYO 



seis meses, contados desde la fecha de cada una de sus parti- 
das de extracción, la suma de veinte y un mil veinte y ocho 
pesos, hasta la de 15 de Junio del presente año 16, los cuales 
se están recaudando oportunamente é invirtiéndose en el des- 
tino de su elección; consta de los libros privativos de su clase 
á que me remito. —San Juan, Junio 15 de 1816. - José Anto- 
nio de Oro. 



NUMERO 11. 

Don Francisco de Borja Vasconcelos, cuyos ascensos mili- 
tares le elevaron á la categoría de Coronel, es el célebre 
« Sargento Vasconcelos », de quien refiere el Coronel Espejo 
el curioso episodio que sigue, ocurrido en la batalla de Maipú 
( 5 de Abril de 1818), y que le fué referido por muchos de sus 
compañeros de armas en esa jornada y por el mismo Vas- 
concelos. 

« Habiendo el general San Martin mandado al general Al- 
varado (teniente coronel entonces), jefe de la división de in- 
fantería del ala izquierda, que con los batallones número 1 
de cazadores y número 8, tomase una colina ó posición eleva- 
da que tenía á su frente, los realistas, con igual designio, ha- 
bían destacado, según se cree, al regimiento de Burgos encu- 
bierto por la misma altura. Por la localidad y formación en 
que estaban los batallones números 1 y 8, á estele tocaba po- 
sesionarse de la cima; pero, tanto el número 8 cuanto los rea- 
listas, vinieron á saber que hacían la misma maniobra de una 
y otra parte, cuando se avistaron de improviso, frente á fren- 
te en la cúspide de la colina. Sea que los españoles fuesen 
mas aguerridos, con mejor disciplina, ó que su jefe fuese mas 
perspicaz, el hecho fué que hicieron una descarga sobre el 
número 8 á quema ropa, que le echó á tierra una gran parte 
de la compañía de granaderos y tuvo que retroceder. El nú- 
mero 1 de cazadores, que marchaba á su izquierda, aunque 
rompió sus fuegos para protegerlos y ver si restablecía el 
combate, fué abrasado de igual modo por los fuegos de los 
españoles, y también se vio obligado á alejarse de la posi- 



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EL PAÍS DE CUYO 423 



cion. El enemigo inmediatamente estableció una batería de 
cuatro piezas de artillería que, rompiendo uu fuego abrasa- 
dor á metralla sobre la división que se retiraba, protegía al 
mismo tiempo la persecución que hacía al número 8 desde la 
altura hasta el bajo para sacar todo el fruto de la ventaja 
conseguida. Mas, el general San Martin, que observaba esta 
escena y que probablemente se persuadió mas de la impor- 
tancia de la posición por el empeño que el enemigo ponía en 
sostenerla, mandó á carrera los batallones números 1 y 3 de 
infantes de la Patria (pertenecientes al ejército de Chile que 
formaban parte de la división de reserva) á proteger al núme- 
ro 8 y 1 de Cazadores de los Andes, que á la sazón se reha- 
cían para volver al ataque, lo cual, visto por el enemigo, con- 
tuvo su marcha y aun retrocedió ala altura. El coronel Frei- 
ré, que mandaba la caballería de la misma ala, al ver el re- 
chazo que la división Alvarado había sufrido, emprendió una 
carga sobre una columna de la propia arma que tenía á su 
frente para equilibrar el combate, amagando al mismo tiem- 
po el flanco de la infantería realista; y teniendo la fortuna de 
lograr su golpe, hizo perder su posición en derrota á los lan- 
ceros del rey. El comandante Alvarado, que á esta sazón ya 
había reorganizado los dos batallones de su división, y veía 
acercarse el refuerzo de la reserva, proclamó la tropa, exhor- 
tándola á un nuevo esfuerzo de coraje, terminando con las 
palabras: «¡soldados! ¡vamos á triunfar!». En efecto, la tropa 
respondió con un grito entusiasta de: ¡Viva la Patria! y am- 
bos cuerpos volvieron sobre el enemigo con la mayor sere- 
nidad, arma al brazo, á son de música. Fué tal la envestida 
que se le dio, que no pudiendo resistirla, se desordenó, vol- 
vió caras, y nuestra división se posesionó de la altura y de 
la artillería. Los españoles á su turno fueron perseguidos por 
la espalda en cuesta abajo por los batallones número 8 y Ca- 
zadores, sufriendo igual ó mayor destrozo que el que ellos 
habían causado á nuestras filas poco antes. Aunque reforza- 
dos por un cuerpo de su reserva, que unidos hacíaa esfuerzos 
por recuperar Ja posición perdida, no solo no lo lograron, 
sino que á bala y bayoneta se les hizo retroceder y aun se 



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424 EL PAÍS DE CUYO 



les desalojó de la segunda colina en que pensaran hacer pie 
firme; en este segundo ataque fué que Vasconcelos recibió su 
herida en la boca, y su capitán le mandó al hospital de san- 
gre á retaguardia, dicióndole que fuese á reunirse á los otros 
heridos que se habían despachado de la posición que acaba- 
ban de dejar. Vasconcelos dice: que se vendó su herida con 
dos pañuelos que llevaba, y echando al hombro su fusil que 
tenía cargado, se puso en marcha á buscar el hospital, cruzan- 
do el campo que estaba sembrado de cadáveres y heridos. 
Se había alejado ya como tres ó cuatro cuadras á retaguardia 
de la línea, cuando de improviso se levantó uno de los rea- 
listas que habían caído heridos pocos minutos ánte3, sin la 
menor duda, de esos acérrimos empecinados por su rey, á ata- 
car á Vasconcelos que pasaba solo; á los improperios de fu- 
riosa rabia que vomitaba aquel español, se enderezaron otros 
y otros, hasta cinco sucesivamente de aquí y de mas allá, 
al ver á un insurgente caminar mudo, bañado el pecho y la 
cara en sangre é indefenso, porque no se veía en su alrededor 
ninguno que pudiera socorrerlo. Vasconcelos, viéndose en tan 
supremo conflicto y considerando que iba á ser víctima in- 
defectible de aquellos furiosos desalmados, cuyos insultos le 
daban la medida de su saña, se resignó á su suerte, al reflexio- 
nar que no le quedaba otra alternativa que morir matando. 
Hecha esta resolución, se echó el fusil á la cara poniéndole 
los puntos al que se le acercaba con mas ahinco, le disparó el 
tiro y tuvo la fortuna de voltearlo ; echó mano incontinenti 
á otro cartucho, porque ya venía otro acercándose á acome- 
terlo, que presumió que traía su fusil descargado, porque ve- 
nía calando bayoneta; mas calculando que por venir tan in- 
mediato no le daría tiempo para sacar la baqueta y atacar el 
tiro, puso el cartucho al cañón, dio un golpe en el suelo con 
la culata, echó el fusil á la cara, le disparó el tiro y lo volteó: 
todo fué obra de muy pocos instantes; pero observando que 
los otros tres no se arredraban ni por haber visto caer á dos 
de sus compañeros, y calculando que por estar ya tan cerca 
no le alcanzaba el tiempo para cargar de nuevo y voltear 
otro si podía ; encontrándose rodeado y sin mas arbitrio que 



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EL PAÍS DE CUYO 425 



pelear cuerpo á cuerpo, tomó el fusil con la izquierda como 
para que le sirviese de escudo y con la derecha echó mano á 
su puñal que llevaba á la cintura. A los primeros golpes, dice, 
que ya conoció la poca destreza de sus competidores en el 
arma blanca, ó porque sus heridas no les permitiesen mayor 
desenvoltura, pero el hecho fué que estas ventajas dieron á 
Vasconcelos nuevo aliento y entereza á sus fuerzas, y poco 
después á favor de un salto súbito que dio sobre uno de ellos, 
consiguió acertarle una cuchillada que le abrió el vientre y 
lo volteó, mientras que los otros dos lo acosaban á bayoneta- 
zos. Este tan desventajoso combate y agitación habían debi- 
litado tanto sus fuerzas, que hubo momentos en que desespe- 
raba de su suerte; pero al considerar que un nuevo esfuerzo 
podia conservarle la vida, sacó fuerzas de flaqueza y acome- 
tió al que le ofrecía mas ventajas por su falta de agilidad y 
parándole un bayonetazo con el fusil que tenía en la mano 
izquierda, le acertó una puñalada con la derecha que lo ten- 
dió en tierra, y entonces acometió al quinto con la resolución 
de dar fin á tan fatigosa escena con su vida ó con su triunfo. 
Mas, aunque el español era valiente y ágil, parece que la Pro- 
videncia lo disponía de otro modo. En esos momentos se 
avistó una partida de quince ó veinte milicianos de Aconca- 
gua q ue pasaban á galope por aquel paraje, y este auxilio 
estimuló su ánimo y concluyó con el último de sus asesinos. 
En esto llegó la partida que lo reconoció como soldado de la 
Patria por su uniforme, y dándose á entender por señas con 
el oficial, tanto de su estado cuanto del lance que acababa de 
tener lugar, el oficial le hizo montar en el caballo de uno de 
sus soldados y que le acompañasen dos hasta el hospital en 
precaución de otro encuentro semejante ó de cualquier caso 
imprevisto. » 



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426 EL PAÍS DE CUYO 



NUMERO 12. 

Manifiesto que hace el Gobernador Intendente de la Provincia 
de Cuyo sobre la ejecución que acaba de hacerse con lot> reos 
Don Juan y Don Luis Carreras. 

La responsabilidad ante la ley es el primer deber de un 
Magistrado: él no tiene otra garantía que su conducta, así 
para satisfacer á la opinión como para justificarse ante aqué- 
lla; y cuando sus intenciones no le acusan, el fallo de ambos 
es la mejor recompensa de su celo. Ayer habéis ejecutado una 
sentencia que al pronunciarla me vi en la alternativa de com- 
prometer mis deberes ó de imponer silencio á mis sentimien- 
tos. En este conflicto, el corazón pierde todos sus derechos, 
y solo le queda el sentir, mientras la justicia ejercita los su- 
yos sin restricción alguna. No ignoráis que Don Juan José y 
Don Luis Carreras, intentaron ejecutar el 25 de Febrero últi- 
mo una conjuración contra la quietud pública y autoridades 
constituidas, con el doble objeto de subvertir el orden en las 
Provincias Unidas; invadir el Estado de Chile, encender el 
fuego de la guerra civil y dividir la atención del Ejército 
unido con peligro inminente de la libertad de ambos países. 
La vijilancia del Gobierno y vuestro celo trastornaron el 
plan de los conjurados: ellos y sus cómplices fueron puestos 
en seguridad, y se abrió sin demora el juicio terrible que ha- 
béis visto terminar de un modo extraordinario y con aquella 
solemne severidad que exijia la trascendencia de esta causa. 
A pesar de que su gravedad la ponia d^sde el principio fuera 
de la clase ordinaria, me propuse seguir escrupulosamente la 
lentitud de los trámites comunes y hacer compatibles las for- 
mas establecidas para los tiempos en que el orden es el esta- 
do habitual de la sociedad, con las que reclama un Pueblo en 
los críticos momentos de ver amenazada su existencia y su 
quietud, la experiencia me ha hecho conocer que la equidad 
de mis intenciones no bastaba para hacerlas practicables: en 
las circunstancias en que nos hallamos, es preciso abandonar 
á la fuerza de los sucesos el derecho de trazar el plan de 



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EL PAÍS DE CUYO 427 



nuestra conducta, así en las relaciones públicas como priva- 
das. Ellos han sido tales, y tan urjentes, que no solo me po- 
nían en la necesidad de abreviar los trámites y concluir la 
causa, sino también de ejecutar el pronunciamiento sin pre- 
via consulta. Esta era la medida que naturalmente inspiraba 
el conjunto de las circunstancias; y yo la encontraba autori- 
zada por la razón y objeto de todas las L. L., no menos que 
por mi propia responsabilidad. Sin embargo, como Majistra- 
do de un Pueblo libre y ejecutor de las nuevas instituciones 
á que somos llamados, temblaba cuando leía el Texto de 
nuestras leyes, y quedaba indeciso entre ellas y los peligros, 
entre mi opinión y el clamor público; y en fin, entre mis pro- 
pios deberes que por una parte limitaban mi autoridad escru- 
pulosamente, y por otra la ampliaban sin reserva. En este con- 
flicto, consultó el dictamen de tres Letrados, pasándoles el 
proceso y acompañando la serie de Documentos que en estos 
últimos dias han variado enteramente las circunstancias de 
la causa, y con vista y examen de todas ellas, me hau dado el 
dictamen que sigue: 

€ Señor Gobernador Intendente. — La causa famosa á que se 
« refiere el dictamen que V. S. se ha servido consultarnos en 
« el oficio que antecede, es de aquéllos que por su naturaleza 
« y circunstancias no puede preveer ningún legislador sin 
« apurar el cálculo de las calamidades públicas, hasta un ex- 
« tremo que solo la experiencia es capaz de hacer creíble su 
« combinación. Dos reos convictos y confesos de una conju- 
« ración contra el orden y tranquilidad de la Tierra, armados 
« de un carácter osado y subversivo que la costumbre les im- 
« pide renunciar, y que la necesidad los obliga á sostener; li- 
« sonjeados con el resto de opinión que siempre gozaron en- 
« tre los descontentos, los que se creen capaces de usurpar la 
* autoridad para que esto sirva de salvaguardia á sus pasio- 
« nes; el estado político del país, rodeado de dificultades y 
« expuesto á peligros, cuya sola idea hace temblar á los bue- 
« nos ciudadanos, y casi obliga á renunciar las esperanzas de 
« la salud pública; el invasor de Chile, orgulloso de una vic- 



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428 EL PAÍS DE CUYO 



« toria 1 que aunque debida al despecho y las tinieblas ha 
« puesto en riesgo la libertad de aquel Estado, y se dispone 
« á probar nuevamente la fortuna de las armas, cerca de la 
« misma capital de Santiago. En nuestras Provincias, San 
« Luis agitado por el número de españoles confinados en 
« aquel punto que no cesan de acechar al Gobierno y acaban 
« de atentar contra su seguridad; Santa Fe en disidencia con 
« el Gobierno Central y dispuesto á interrumpir la comuni- 
« cacion de las Provincias, inundando la campaña de un ban- 
« dolaje que siempre está en alianza con los amigos del desór- 
« den; Mendoza colocado en medio de tantos riesgos y sinre- 
« cursos bastantes para hacer frente á todos ellos; doblemen- 
« te interesada en sostener el orden, y alejar cuanto pueda 
« comprometerlo remotamente, así por su posición limítrofe 
« con el Estado de Chile, como por la importancia que le da 
« el lugar que ocupa en la Carta política de las Provincias 
« Unidas; en fin, pendiente en medio de tan graves y extraor- 
« dinarias circunstancias, una causa célebre por la arrogancia 
« de los criminales; peligrosa por que las calamidades públi- 
« cas son otras tantas armas para los emprendedores despe- 
« chados; difícil, porque la observancia de las L. L. genera- 
« les, y la libertad de nuestras nuevas instituciones prescri- 
« ben unos trámites que no pueden seguirse sin atacar la gran 
« ley por excelencia y exponer la tierra solo por no compró- 
le meter el código formado para salvarla. Por una parte, em- 
« peñado el Gobierno en ser fiel á las formas, concluir el pro- 
« ceso sin declinar de ellas y esperar que el fallo Supremo 
« corrobore el que siguiera el mérito de la causa; por otra, 
« obligado bajo la mas alta responsabilidad, y so pena de ser 
« mirado como cómplice en la subvercion de dos Estados, 
« y en el trastorno de un pueblo, cuya tranquilidad es su pri- 
« mer deber á terminar un juicio que no puede definirse sin 
« que los riesgos públicos se aumenten, no ya en razón de los 
« dias, sino aun de los momentos que corren sin decidirse; 



Sorpresa de Cancha Rayada el 19 de Marzo de 1818. 



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EL PAÍS DE CUYO 429 



« comprometido por el grito de la opinión, por la inquietud 
« y zozobra que manifiestan los habitantes de la Provincia, 
« y por la representación que acaba de pasar el pueblo por el 
« órgano de la Municipalidad á remover este grande escollo 
« que se presenta para conservar la paz interior, precaverlas 
« consecuencias de un nuevo revés en las armas de la Patria, 
« evitar los desórdenes de una emigración que necesariamen- 
« te aumentará el número de los partidarios de los reos, pa- 
« ralizar el contagio de la anarquía que amenaza á los pue- 
« blos intermedios con la capital, y en fin, convertir toda su 
« atención, todos sus recursos, toda su fuerza á los grandes 
« objetos que exclusivamente la reclaman en esta fatal, en 
« este terrible y extraordinario conflicto, son de sentir una- 
« nime los Letrados que suscriben, que V. S. no solo se halla 
« autorizado para concluir sumariamente la causa en cuestión 

< y sentenciarla según el mérito que de ella resultase, sino 
« también proceder á la ejecución de la Sentencia, dando des- 
« pues cuenta á la superioridad con el proceso y demás pie- 
« zas que justifican la necesidad en que se ve el Gobierno de 
c adoptar esta medida, sin embargo de las L. L. generales, 
« cuyo espíritu está bien lejos de contradecirla, y no obstante 
« la consulta que con fecha treinta de Marzo último, elevó 
« V. S. á la Dirección Suprema de las Provincias, pues la jor- 
« nada de 19 del mismo entre Talca y el Estero de Lircoy 
« con los ulteriores movimientos del enemigo, ha variado en- 
« teramente las circunstancias políticas de las provincias 
« y exige una revolución que, si antes era peligrosa diferir, 
« hoy sería un crimen retardar; el sumario se halla completo 
« en todas sus partes, y nada podría adelantarse en lo princi- 

< pal, aun siguiendo extrictamente la lentitud de las formas 
« ordinarias. La previa consulta á la superioridad es una Ley 
« sujeta como todas las demás á la exepcion de un peligro 
« inminente, en cuyo caso el mismo Reglamento del Soberano 
« Congreso que nuevamente consagra la seguridad individual 
« y asegura á los reos toda la protección de las Leyes, hacien- 
« do responsables de su observancia á los Magistrados; exep- 
« túa siempre los casos extraordinarios que inmediatamente 



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430 EL país de cuyo 

« comprometen el orden público. En esta virtud, y después 
« de haber examinado el Proceso con los documentos y notas 
« que V. S. se ha servido remitirlos á nuestro dictamen, cree- 
« mos conforme á las Leyes existentes y de absoluta necesi- 
« dad para mantener el orden público; que V. S. proceda á 
« sentenciar y ejecutar sin previa consulta el fallo que recai- 
« ga sobre la causa criminal de «Lesa Patria» y atentados 
« contra la plaza, que V. S. ha iniciado y se halla pendiente 
« contra Don Juan José y Don Luis Carreras con sus correos, 
« dando en seguida cuenta de lo obrado en los términos que 
« corresponde á la Dirección Suprema del Estado. — Mendo- 
« za, Abril 7 de 1818. — Bernardo Monteagudo. — Miguel José 
« Galigniana. — Juan de la Cruz Borgas.» 

Apoyado de este Dictamen y estrechado por los peligros 
públicos, pasé nuevamente el Proceso á dos Letrados para 
que arreglasen la Sentencia conforme á su mérito, y por el 
texto expreso de la Ley según previene el articulo XIII, Ca- 
pítulo 3. . . CCCIV del Reglamento del Soberano Congreso. 
Y habiéndome conformado con él, mandó se ejecutase la pena 
ordinaria en Don Juan José y Don Luis Carreras ayer á las 5 
de la tarde, con todo el aparato público que exijen los críme- 
nes famosos para escarmiento de los malvados. Este sacrifi- 
cio ha sido grande para mi corazón; pero yo, que estoy dis- 
puesto al de mi propia vida por asegurar vuestro reposo y 
mantener el orden, me tranquilizo con la idea de haber llena- 
do los primeros deberes de la Majistratura de que estoy in- 
vestido, poniendo término á vuestras zozobras, y cortando de 
raíz el mal que ha gravitado tiempo ha sobre ambos Estados. 
Con tales intenciones, y teniendo por garantía de ellas los 
hechos que constan del Proceso, yo me presentaré ante la ley, 
yo provocaré su juicio, y escucharé su fallo con la misma 
tranquilidad que he oído pronunciar el de mi conciencia. En- 
tre tanto, reposa él en mi celo y en el vuestro; trabajad por 
la paz pública y haced por vuestra constancia que la Provin- 
cia de Cuyo sea la Tierra Sagrada donde jamás se enarbole ei 
Estandarte de la Tiranía, ni se vea triunfar el de la rebelión. 

Mendoza, Abril 9 de 1818. — Toribio de Luzurriaga. 



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EL PAÍS DE CUYO 431 



NUMERO 13. 

Instrucciones al Comisionado de San Juan para ante la Junta 
Provincial de Cuyo. 

1.° Será su primer deber, declarar y celebrar por una Con- 
vención solemne con sus codiputados (conforme á cláusulas 
qne llevarán sus pode r es) la confederación y unión de este 
pueblo con los demás del distrito de Cuyo. 

2.° Que cada pueblo de los de la confederación retendrá su 
soberanía y serán independientes entre sí, gobernándose cada 
uno como se hallan al presente, con absoluta independencia 
uno de otro por su constitución particular, á no ser que, por 
igual solemne convención, se constituyan bajo una misma re- 
gla ó estatuto, pues que siendo idénticos sus intereses, podrá 
muy bien ser una sola la constitución de todas ellas, en cuyo 
caso sería también mas estrecha y mas sólida nuestra unión. 

3.° Cuanto sea de un interés común y particular á los pue- 
plos de la confederación, será el objeto de la convención y 
de las atenciones y trabajos de la Junta Provincial, como por 
ejemplo: el estipular que ninguno de los pueblos impondrán 
tasas, contribuciones, pechos ni derechos de ninguna clase á 
los efectos de industria, comercio del otro, ni tampoco pon- 
drá trabas al tráfico, que con el tiempo deberá ser la opulen- 
cia y felicidad de la Provincia. 

4.° Deberá arreglar y fijar el contingente con que cada 
pueblo debe sufragar para la defensa de la Provincia en caso 
de ser invadida, ó para la defensa de la independencia y li- 
bertad de los Estados, ó para los demás casos que puedan 
ocurrir, cuyos detalles se deja á las luces y conocimiento de 
la Junta; como igualmente los arbitrios de donde deberán 
salir estos contingentes, si la Caja Popular no alcanza á ga- 
rantir su solvencia, sin tocar por esto la odiosa máxima de 
contribuciones involuntarias que tanto han destruido la Pro- 
vincia; dejando autorizado al Gobierno para el caso que, des- 
preciando el vecindario su propio alivio y beneficio, se denie- 
gue á las erogaciones que sean suficientes á proporcionar los 



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432 EL PAÍS DE CUYO 



auxilios que se necesiten, pues en tal caso tomará las medida9 
que le parezcan mas conformes. 

5.° Será de la inspección del Diputado ó de la Junta, dis- 
currir los medios que pudieran tocarse para al menos con- 
vertir en provecho de los mismos pueblos confederados la 
salida de esa ingente suma que por razón de diezmos se lleva 
á Córdoba, cuyo ramo convendrá reformarse en cuanto al 
pago del 10 por ciento, pues insumiendo el cosechero para 
reducir la uva en mosto, cuatro y medio pesos por cada 100 
arrobas, no parece regular pierda unos costos que ceden pu- 
ramente en obsequio del diezmo. 

6.° Será de su deber arreglar del mejor modo posible, la 
Administración de Justicia y proponer la creación de un 
Tribunal compuesto al menos de un letrado para cada uno 
de los pueblos federados, investidos de la supremacia, conoz- 
ca de los recursos de los Gobernadores y demás justicias, 
siéndolo también el Tribunal de residencia de todo empleado. 

7.° Que convenido en la creación de este Tribunal (que se 
considera de necesidad), no deberá señalársele un punto fijo 
de residencia, pues convendrá al beneficio de los pueblos y 
la unión. 

8.° Deberá la Junta presentar un proyecto de instrucciones 
para la diputación que la Provincia debe mandar á la Dieta 
ó Congreso General. La diputación no debe componerse de 
mas ni menos diputados que uno por cada pueblo de la Con- 
federación. 

9.° La duración de la Junta Provincial no debe ser de mas 
de un mes; pero en el caso de convenirse, los demás pueblos, 
á que ella trabaje la constitución (que aprobada y sanciona- 
da no será provisoria, sino perpetua), será la duración de sus 
sesiones hasta tres ó cuatro meses desde el día de su reunión. 

10.° Nada podrá sancionar por sí sola la Junta Provisoria 
sin aprobación de los pueblos de la Confederación, á quienes 
únicamente corresponde el acto de la sanción. 

11.° Que con arreglo al artículo 5.° de las instrucciones del 
Diputado, tendrá éste presente, cuando de él se trate, pedir 
sean los curas dotados de la maza de diezmos, dejándoles las 



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EL PAÍS DE CUYO 433 



primicias para que de este modo no lleven derecho ninguno 
por la administración de los sacramentos y entierros. 

12.° Que, si reunida la Junta Provincial se propusiese por 
el Señor Ministro Plenipotenciario de la República de Chile 
y Diputado del General San Martin, algunos tratados de paz 
y unión para auxiliarse mutuamente los pueblos de la Pro- 
vincia de Cuyo con aquella República, los admita, y sin de- 
cidirse instruya individualmente á este pueblo de su conteni- 
do; pues ignorándose los que puedan ser, convendrá quede en 
suspenso su resolución hasta tanto que, impuesta la soberanía 
del pueblo, le manifieste en aprobación. 

San Juan, Mayo B de 1820. 

NÚMERO 14. 

1.° Considerándose de una necesidad al bien general de 
los pueblos denominados antes de la unión, su concentración 
en un Congreso que dicte y uniforme el sistema de Gobierno 
General que ha de regirlos, se dirigirá esta acta circular invi- 
tatoria á los demás pueblos, á fin de que se presten á concu- 
rrir con sus Diputados que deben formarlo. 

2.° La ciudad de San Luis es el lugar designado, por aho- 
ra, para la primera reunión de los Diputados, siempre que los 
pueblos invitados no juzguen otra mas preferible; y para lo 
sucesivo elegirán aquéllos, el de su permanencia. 

3.° El 1.° de Diciembre se hallarán ya reunidos en el pun- 
to indicado. 

4.° Que por ahora, el número de Diputados con que cada 
pueblo debe concurrir, sea el que tuvieron en el último Con- 
greso que hubo de instalarse en Córdoba, hasta que el que 
se inaugura determine lo que juzgue mas oportuno. 

5.° Cuando el objeto del primer artículo no tenga efecto, 
quedan comprometidos los pueblos contratantes á celebrar, 
con la brevedad posible, una Convención que establezca las 
bases por que ha de regirse en adelante la Provincia de Cuyo. 

6.° Se firmarán por las partes tres ejemplares de este pac- 
to, y dentro de quince días, contados desde la fecha, será ra- 

28 



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434 EL PAÍS DE CUYO 



tificado por las autoridades representativas de los pueblos. — 
Pedro Molina. — José María Pérez de Urdininea. — Jo é Santos 
Ortiz. — Salvador María del Carril. — Francisco Delgado. 

Sala de Representantes de San Luis, Agosto 27 de 1822- 
— Ratificado. — Luis Videla, Presidente. — Pascual Bailón Pi- 
zarroj Secretario 

Sala de Sesiones en Mendoza, Agosto 31 de 1822. — Ratifi- 
cado. — Joaquín de Sosa y Luna.— José Villanueva. —Justo 
Correa. — Ignacio Bombal. — José Vicente Zapata. — Manuel 
Calle.— José Cabrero, Secretario. 



NUMERO 15. 

Las publicaciones periódicas que ha tenido la Provincia 
hasta 1872, fecha á que alcanza nuestra relación histórica, 
son las siguientes: 

1825. — Registro Oficial: se publicó por la imprenta del Go- 
bierno, en 8 pág.; formato, cuarto pliego papel de oficio; 
duró hasta Junio de 1834; salió irregularmente y contenía 
las leyes, decretos, órdenes, etc., etc., dictadas desde 1822. 

1825. — Defensor de la Carta de Mayo: solo dos números 
vieron la luz pública; su redactor, Dr. D. Salvador María 
del Carril; su objeto, el que indica su título. 

1825. — El Amigo del Orden: publicación político-literaria; 
duró poco tiempo. 

1825. — El Solitario: del mismo carácter que el anterior; se 
publicaron pocos números y nos aseguran que fué su re- 
dactor D. J. Rudecindo Rojo. 

1826. — El Tambor Republicano: redactado por el jefe déla 
oficina de Geografía, ingeniero D. Víctor Barrau; duró 
poco tiempo. 

1826. — El Amigo del Orden: publicación en formato peque- 
ño; duró poco tiempo. 

1826. —Boletín: publicación oficial; duró poco tiempo. 

1826. — El Repetidor: publicación literaria; vivió hasta el 
año siguiente. 



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EL PAÍS DE CUYO 435 



1827. — El Amigo del Orden: periódico oficial; duró poco 
tiempo. 

1827. — El Observador: periódico literario. 

1829. — La Fragua Republicana: apareció en Julio y duró 
poco tiempo; fué publicación oficial. 

1829. — El Republicano: publicación oficial de pequeño for- 
mato; aparecieron pocos números. 

1829. — El Boletín: publicación oficial; fué de poca dura- 
ción. 

1829. — El Solitawio: periódico literario de poca duración. 

1834. — Registro Ministerial: apareció el primer número en 
Junio 10 y duró un año; se publicó irregularmente en fo- 
lleto por la imprenta del Gobierno; el último número apa- 
reció en Junio 13 del año siguiente. 

1835. — El Constitucional: el primer número se publicó en 
Julio 12 y continuó irregularmente; su último número fué 
el 23 y apareció en Enero 23 del año siguiente; fué perió- 
dico oficial en formato de pliego de papel de oficio y salió 
en 4 y 8 páginas. 

1835. — El Amigo del Orden: tercera época: periódico de 
oposición. 

1836. — Registro Oficial: apareció el 1.° de Enero y duró 
hasta 1847; se publicó irregularmenfce en folleto. 

1836. — El Abogado Federal: apareció el primer número en 
24 de Enero; formato, pliego papel de oficio; salió irregu- 
larmente y se pnblicó por la imprenta del Gobierno; duró 
poco tiempo; fué continuación de El Constitucional. 

1839. — El Zonda: apareció en Julio 20 y concluyó en el nú- 
mero 6 en Agosto 25; fue publicación semanal del género 
crítico-literario; su formato, de medio pliego papel de im- 
prenta; fundado por Don Domingo F. Sarmiento y varios 
jóvenes instruidos, entre ellos, el Sr. Quiroga Roza. 

1842. —El Republicano Federal: periódico semanal; salió 
el primer número en Febrero 26, y duró hasta el número 
21 en Julio 30 del mismo año. Su formato, de pliego de pa- 
pel de oficio; publicó su prospecto en Febrero 20; fué pu- 
blicación oficial. 



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436 EL PAÍS DE CUYO 

1846. — El Honor Cuyano: apareció en Febrero 12 y con- 
cluyó en el número 21 en Abril 4 del año siguiente; fué de 
formato de pliego papel de oficio y 8 páginas, y salió 
irregularmente; publicado por la imprenta del Gobierno; 
su redactor D. Salvador Quiroga. 

1852. — El Hijo de Mayo: apareció en Mayo 22 y duró dos 
ó tres meses; salió dos veces por semana en formato de 
medio pliego papel de imprenta; su redactor fué Don Juan 
D. Vico; era publicación político-literaria. 

1852. — La Libertad: apareció en Agosto 29 y concluyó con 
el número 8 en Setiembre 29; salió dos veces por semana; 
su carácter fué socialista; tuvo imprenta propia. 

1854.— El 9 de Julio: apareció en 28 de Setiembre y conclu- 
yó con el número 69 en 26 de Abril de 1856; publicación 
oficial; formato en papel de oficio, cambiando con el nú- 
mero 18 al de medio pliego de papel de imprenta; salió 
irregularmente; su editor Don Augusto A. Saillard. 

1855. — El Correo de los Andes: apareció el 26 de Agosto y 
hemos visto hasta el número 9 de Octubre 4; salió dos ve- 
ces por semana; su carácter literario y religioso; redacto- 
res N. Lloverás y Augusto Saillard. 

1856.— El Agricultor: apareció el 4 de Mayo y concluyó 
con el número 91 en Marzo 15 del año siguiente; salió dos 
veces por semana en medio pliego de papel de imprenta; 
carácter político y literario; redactor Manuel Ponti; fué la 
continuación de El 9 de Julio. 

1857. — El Grito: apareció en Marzo 22 y concluyó con el 
número 54 en Setiembre del mismo año; se publicó en me- 
dio pliego de papel de iiñprenta; carácter político y litera- 
rio; redactor Don David de Larrondo; salió dos veces por 
semana. 

1857.— El Nuevo Agricultor: apareció en Abril 19 y con- 
cluyó al poco tiempo; carácter literario; editor Don M. A. 
Lloverás; formato, en medio pliego de papel de imprenta. 
1857. -El Porvenir: apareció el 19 de Julio y concluyó 
con el número 16 en Setiembre 10; salió dos veces por se- 
mana; carácter político; su editor Don Gerónimo de la Roza 
Navarro. 



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EL PAÍS DE CUYO * 437 



1857. — La Aurora: apareció el 6 de Diciembre y concluyó 
con el número 98 en Noviembre 28 del año siguiente; fué 
periódico semanal; se publicó en medio pliego de papel de 
imprenta; de carácter político y literario; redactor Don 
Manuel Ponti. 

1858. — La Situación: apareció en Diciembre 9 y concluyó 
con el número 12 en Enero 24 del siguiente año; carácter 
político; editor Manuel Ponti. 

1859. — El Iris: apareció en Enero 30 y concluyó con el nú- 
mero 170 en Agosto 11 del año siguiente; salió dos veces 
por semana; carácter político; redactor Ricardo González, y 
después Marcos A. Lloverás; sostuvo la administración 
Virasoro. 

1860. — Registro Oficial: apareció en Junio; formato en 
cuarto; contenía todas las resoluciones del Q-obierno; se pu- 
blicó por la imprenta de El Orden. 

1860. — El Orden: apareció el 23 de Agosto y concluyó con 
el número 126 en Marzo del año siguiente; salió dos veces 
por semana hasta el número 40, y continuó apareciendo 
tres veces por semana; carácter político, literario y comer- 
cial; redactor, Don Manuel B. Tristany; cambió de redac- 
ción con el número 29. 

1861. El Zonda: apareció el 3 de Enero y duró hasta 1869; 
fué publicación diaria desde el número 3 al 7, y después 
salió dos veces por semana en formato vario; su carácter, 
político y literario; su redactor, Manuel J. Lima y después 
Don Pedro Echagüe. 

1861. — El Orden Constitucional: apareció el 15 de Enero 
y concluyó con el número 156 en Diciembre 28; salió dos 
veces por semana y desde el número 114 se aumentó á 
tres veces; redactor Manuel Ponti; carácter político. 

1862. — El Chismoso: apareció en Marzo 16; fué semanario 
manuscrito; carácter burlesco; formato, medio pliego papel 
de imprenta; desapareció á los pocos números. 
1862.— Registro Oficial: publicación oficial en libros; con- 
tenía los actos de la administración Sarmiento. 
1866. — La Reforma: apareció en Abril 19; fué periódico de 



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4¿*8 EL PAlS DE CUYO 



la tarde y salió dos veces por semana. Hemos visto hasta 
el número 72; redactor D. Ricardo González. 

1367. — El Sanjuanino: apareció el 10 de Febrero; duró poca 
tiempo; salió 10 veces por mes; fué el órgano de los intere- 
ses revolucionarios durante el gobierno de hecho de los in- 
vasores de Mendoza; formato, medio pliego papel de im- 
prenta; redactor un tal Legrand. y editor Don Antonio 
Benavides. 

1867.- La Democracia: apareció el 14 de Julio, y duró poco 
tiempo; salió dos veces por semana, en medio pliego de 
papel de imprenta; carácter político y literario; redactor, 
Gelón J. Martínez y el Capitán Eulogio Enciso. 

! B67. — La Voz de Cuyo: apareció en Noviembre 3 de 1869. 
En su primera época se publicó en pequeño formato, hasta 
Noviembre 14 del año siguiente, siendo redactado por Ios- 
señores José María del Carril y Pedro P. Calderón. — Des- 
de 1.° de Abril de 1869 apareció en medio pliego de papel 
de imprenta con redacción varia; después fué diario de la 
tarde. 

1868.- La Lechuza: periódico semanal, que se llamó satírico- 
burlesco. Se publicó por la imprenta de El Zonda, sema- 
nalmente, en papel de oficio y fué redactado por el Dr. 
Miguel Ruiz. 

1868. —El Rebenque: apareció en Noviembre 5 y murió con 
el séptimo número en Diciembre 20. Como el anterior, fué 
de muy poca circulación. 

1868. — Los Inteteses de Cuyo: apareció en Agosto 9 y con- 
cluyó con el tercer número el 23 del mismo mes; fué órga- 
no de los intereses religiosos y políticos. De formato en 
cuarto pliego de papel de imprenta, se publicó por la im- 
prenta de El Zonda, siendo sus redactores los Sres. Miguel 
Ángulo y Pedro P. Calderón. 

1870. — El Boletín Oficial: apareció el 3 de Enero por la 
imprenta La Voz de Cuyo en periodos irregulares, en 
formato papel de oficio ^on ocho á diez y seis páginas cada 
número. 

1870. — La Amistad: apareció en Junio 5 y duró poco tiempo. 



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EL PAÍS DE CUYO 439 



Su formato en papel de oficio; fué periódico quincenal, de 
carácter literario, redactado por los estudiantes del Colegio 
Nacional. 

1871.— Los Debates: apareció en Abril 20 y cesó con el nú- 
mero 112 en Mayo 16 del año siguiente; periódico de opo- 
sición al Gobierno de Videla; salió dos veces por semana 
en medio pliego de papel de imprenta: redactor Dr. Isido- 
ro Albarracin. 

1871. — El Cosmopolita: apareció en Setiembre 30, en folleto; 
fué periódico religioso y cesó con el cuarto número; redac- 
tor Presbítero D. Máximo Garramuño. 

1871. — La Revista de San Juan: apareció solo el prospecto. 

NUMERO 16. 

Ley fundamental. — La H. J. de los R. R. de la Provincia 
de San Juan: Considerando que concluida la guerra de la 
Independencia de la Nación Española y de su tiránica domi- 
nación, y aun reconocida la actual situación del Estado de 
las Provincias Unidas del Rio de La Plata, por dos grandes 
y poderosas naciones del Universo *, en el punto de vista de 
importancia y dignidad en que se miran las naciones entre sí, 
al mismo tiempo que el Congreso General Constituyente de 
la República de dichas Provincias, quisiera que por los mis- 
mos motivos de corresponder á la importancia que se le con- 
cede exteriormente, y á las propias necesidades de los pue- 
blos que han hecho tantos sacrificios de tesoro y de sangre 
en prosecución de un bien, que aun no gozan, y de una per- 
fección á que llegarán sin duda desde que adopten por ente- 
ro y sin miedo los medios propios. 

Considerando, pues, que el dicho Soberano Congreso qui- 
siera que los pueblos y provincias, con el designio de allanar 
el camino que debe conducirle en estas circunstancias suma- 
mente difíciles á la organización general de que está encar- 
gado, principiasen á cerrar ellos mismos el período de licencia 



Inglaterra y Estados Unidos de Norte América. 



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440 EL PAÍS DE CUYO 



y atropellamiento que la revolución ha abierto contra las per- 
sonas, contra las propiedades y contra los derechos indivi- 
duales, en cuyo período, á la verdad funesto, de sobre abun- 
dancia, se advierte con aflicción que se había llegado muchas 
veces por los gobiernos y por los pueblos á oscurecer y con- 
fundir hasta el deseo que motivó el primer movimiento de la 
República en la lucha que felizmente ha terminado, y tam- 
bién, el respeto debido á los poderes legítimos, y que propa- 
gándose por esta razón la aversión á las Leyes, ó igualmente 
el odio á la Libertad, había producido este estado de cosas, 
la desesperación en unos, y sirviéndose no pocos del pretexto 
de esta disposición, promovían con bastante suceso el despo- 
tismo y organizaban la esclavitud sobre la confusión de to- 
das las ideas, el conflicto de todos los partidos y la angustia 
de los patriotas honrados, pacíficos y sensatos. 

Considerando que la incertidumbre de tal posición provo- 
ca la tentativa de todos los deseos, acumula la ambición, y 
abulta la previsión de los males, infunde temores y cría espe- 
ranzas inméritas, y que en medio del tumulto consiguiente de 
las pasiones, la quietud huye de la vida privada, y la tran- 
quilidad pública desaparece dejando la anarquía sobre un 
asiento seguro. 

Por consecuencia, urgiendo en la mente de los Represen- 
tantes la necesidad de que el Estado corresponda á la espec 
tacion del Mundo, adecuadamente, y la conveniencia de que 
ya, y de una vez, los pueblos y los hombres, ocupando sus res- 
pectivas posiciones, principien á indemnizarse por la indus- 
tria, á mejorarse por las costumbres y las leyes, y á gozar de 
todo con seguridad, bajo la égida de la Libertad; aunque des- 
de la feliz instalación del sistema Representativo Republica- 
no en la Provincia de San Juan, la H. J. goza de la inapre- 
ciable satisfacción de haberse expedido en todas sus actas, 
leyes y decretos, siempre conformándose á los principios del 
orden social, en el sentido de la causa de la Civilización y la 
Libertad ; con todo, á fin de que desaparezca por último de 
la totalidad de los ánimos de sus representados hasta el me- 
nor vestigio de incertidumbre, la mas tenue sombra de alar- 



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EL PAÍS DE CUYO 441 



ma por novedades temidas, y para que así mismo quede sin 
el mas mínimo pretexto justificable, cualesquiera deseo de 
anticiparse á prevenir un mal por las vías desorganizadoras 
de las revoluciones y tumultos, por tales motivos, la H. J., 
usando de su soberanía, ha acordado sancionar irrevocable y 
fundamentalmente los principios en que estriba el todo de la 
Administración de San Juan, y las garantías en que reposan 
los derechos del ciudadano y del hombre en dicha Provincia, 
según y en la manera que lo expresan los artículos siguientes, 
que deberán llamarse en San Juan por siempre — 

La Carta de Mayo. 

1.° Toda autoridad emana del pueblo, y los poderes pú- 
blicos instituidos constitucionalmente en la Provincia, no 
tienen por objeto sino el interés, la utilidad y la necesidad 
que produjo esencialmente su asociación, con el fin de pro- 
curar el mayor bien de cada uno y de todos los asociados. 

2.° Todo hombre en la Provincia de San Juan es el único 
dueño y propietario de su persona. Cada uno puede compro- 
meter sus servicios por un tiempo, pero no venderse á sí 
mismo. 

Esta primera propiedad es inenagenable, y no padece ex- 
cepción, sino es en los esclavos, negros y mulatos, que aun 
existen á consecuencia del antiguo sistema colonial, los cua- 
les, por la ley de la Asamblea Nacional de 2 de Febrero de 
1813, que declara los vientres libres y existe con todo su vi- 
gor, y cuya fuerza se corrobora por la presente garantía, se- 
rán extinguidos del todo, en breve tiempo. 

3.° Todo hombre es libre en el ejercicio de sus facultades 
personales, con tal que se abstenga de dañar los derechos de 
otro, que estén declarados tales por ley. 

4.° Cada individuo puede pensar, formar juicios, opinar y 
sentir libremente sobre todos los objetos sujetos á la capa- 
cidad de las facultades intelectuales, sin que sea responsable 
nadie de su pensamiento ó sentimientos: puede hablarlos ó 
callarse sobre ellos, como quiera; puede adoptar cualquiera 



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442 EL PAÍS DE CUYO 



manera de publicarlos y circularlos, y en particular, cada 
uno es libre de escribir, imprimir ó hacer imprimir sin licerr 
cía, ni previa censura, lo que bien le parezca, siempre con la 
sola condición de no dañar los derechos de otro. 

5.° Las cartas, billetes y comunicaciones de toda clase, ce- 
rradas, enviadas de un lugar á otro por uno ó mas individuos, 
á particulares ó corporaciones, por cualquiera vía, porta ó 
conductor, son sagrados, y cualquiera tentativa para abrirlas, 
sustraerlas, ocultarlas é imponerse de su contenido de parte 
de los intermediarios que se encuentren entre el que escribe 
y la persona á quien se escribe, es un delito público, digno de 
castigo. 

6.° Todo ciudadano ó habitante de la Provincia es igual- 
mente libre para emplear sus brazos, su industria y sus capi- 
tales como lo juzgue bueno y útil á sí mismo. 

Ningún genero de trabajo le es prohibido. 

Puede fabricar y producir lo que le parezca, y como le 
agrade; en sus diversas ocupaciones, ningún particular ni 
asociación tiene derecho á embarazarlo é incomodarlo, y 
mucho menos impedirlo. La Ley solo puede demarcar los lí- 
mites de esta libertad, como los de cualquiera de las otras. 

7.° Todo hombre es el solo dueño de disponer y usar de 
sus bienes, rentas y propiedades de cualquiera clase como lo 
juzgue á propósito, sin que nadie tenga derecho á despojarle 
de la menor parte sin título legal. 

8.° La libertad, la seguridad y la propiedad de los ciuda- 
danos y habitantes de la Provincia, reposan por esta ley bajo 
una garantía social superior á todos los ataques de los em- 
pleados públicos y de los atentados de los particulares; por 
consiguiente, la ley tendrá á su disposición, fuerza, formas y 
recursos capaces de suministrar medios amplios para repri- 
mir á los simples ciudadanos que emprendieran atacar los de- 
rechos de otro, y de poner en impotencia á los que tienen al- 
guna parte de autoridad, ó poder público, y están encarga- 
dos de ejecutar las leyes, de atender á las libertades de los 
ciudadanos y habitantes. Para el efecto, todos están obliga- 
dos á contribuir lo bastante de sus servicios personales, de M< 



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EL PAÍS DE CUYO 448 



sangre y de sus bienes en las diversas necesidades públicas, se- 
gun el modo igual y proporcionado que establezcan las leyes. 

9.° Nadie estará obligado á pagar contribuciones, hecho ó 
gravamen de cualquiera clase, y por ningún motivo, si no ha 
sido votado y sancionado por los representantes del pueblo. 

10. Todos los habitantes y ciudadanos de la Provincia es- 
tán igualmente sometidos á las leyes, y ninguno será obliga- 
do á obedecer, si no se le manda en virtud de alguna ley. 

11. La ley en la Provincia es la expresión de la voluntad 
general por el intermedio ó comisión de sus representantes, 
y todos los ciudadanos libres y aptos tienen influencia en su 
formación por medio de la elección directa de ellos. 

12. Delante de la ley, todo hombre es igual sin distinción, 
fuero ni privilegio. Ella debe proteger á todos con los mis- 
mos medios, y castigar á todos los culpables igualmente. 

13. Nadie debe ser llamado ante la justicia, molestado, ni 
apresado, sino en los casos previstos por la ley y según las 
formas determinadas por ella; pero todo ciudadano llamado 
en nombre de la ley y según sus formas, debe obedecer al 
instante. La resistencia le hace culpable. 

14. La casa de cualquier habitante es un sagrado en que 
nadie puede introducirse sin el consentimiento del que la ha- 
bita, ni puede ser allanada, si no es por orden por escrito de 
algún funcionario público, librada bajo su responsabilidad. 
En cualquier otro caso, el dueño ó habitante puede repeler 
con la última violencia cualquiera agresión. 

15. Todo ciudadano tiene derecho á las ventajas comunes 
que pueden nacer y se originan del estado de sociedad, y des- 
de luego, ningún hombre es mas libre que otro. Ninguno 
tiene mas derecho á su propiedad, que otro cualquiera no 
tenga á la suya. Todos deben gozar de la misma garantía y 
de la misma seguridad. 

16. La religión santa, católica, apostólica, romana, en la 
Provincia, se adopta voluntaria, espontánea y gustosamente 
como su religión dominante. La ley y el gobierno pagarán 
como hasta aquí ó mas ampliamente, como en adelante se 
sancionare, á sus ministros, y conservarán y multiplicarán 
oportuna y convenientemente sus templos. 



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444 EL PAÍS DE CUYO 



17. Ningún ciudadano ó estrangero, asociación del país ó 
estrangera podrá ser turbada en él ejercicio público de la reli- 
gión, cualquiera que profesase, con tal que los que la ejerciten 
paguen y costeen á sus propias espensas su culto. 

18. Las personas que componen el Ejecutivo deberán ser 
siempre bautizadas, católicas, apostólicas de la comunión ro- 
mana. 

19. Nunca habrá en la Legislatura Provincial menos de 
dos terceras partes íntegras de la misma comunión. 

20. La ley arreglará en lo sucesivo, cuando se crearen ó 
introdujeren diversas asociaciones religiosas, los puntos de 
detalle á que su concurrencia dieren lugar. 

21. Todos los ciudadanos de la Provincia, y cualquiera 
parte de ellos, tienen derecho á dirijirse directamente á la 
Legislatura por medio de peticiones ó representaciones su- 
misas, y los representantes resolverán en ellas, de acuerdo 
con su conciencia y sus deberes, lo que juzguen conveniente 
ó útil á la sociedad. 

22. Los representantes de la Provincia reconocen en es- 
tos principios la base de las garantías públicas é individuales. 
Jurarán todos los que nuevamente entrasen ó pudieren en- 
trar á componer la Sala en lo sucesivo, no votar jamás direc- 
ta ni indirectamente con intención contra el sentido práctico 
de los artículos que los comprenden, ni suspenderlos, á no 
ser que la salud pública lo exija, y para este caso serán nece- 
sarios al menos dos votos sobre las dos terceras partes ínte- 
gras de la representación, teniendo siempre presente que toda 
sociedad, constitución ó ley, no puede tener por objeto sino 
servir y protejer los derechos del hombre viviendo en socie- 
dad. Que estos derechos se han reconocido en los principios 
enunciados, como han creído que conviene á la Provincia es- 
tablecerlos y consagrarlos. Por consiguiente, que por una 
marcha regular, la H. J. querrá representarse siempre el mas 
perfecto establecimiento práctico de tales principios, como el 
objeto que debe constantemente proponerse para llenar los 
fines de la sociedad, los deseos del hombre virtuoso y el grito 
de la conciencia de los hombres libres. 



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EL PAÍS DE CUYO 445 



Sala de Sesiones de San Juan, á 13 de Julio de 1825. — 
José de Navarro, Presidente. — José Teodoro del Corro, Se- 
cretario. 



Señor Gobernador de la Provincia. — Decreto del Go- 
bierno. — San Juan, IB de Julio de 1825. — Cúmplase, dése 
al Registro Oficial y circúlese. La Santa guarda del Supre- 
mo moderador del Universo, Dios, infinitamente justo, á quien 
osamos invocar, proteja la estabilidad de La Carta de Mayo, 
y castigue la iniquidad de los que se atrevan á quebrantarla, 
y de nosotros mismos si renegáramos de los beneficios de su 
Divina Providencia que en ella reconocemos y firmamos. — 
Salvador María del Carril. — J. Rudecindo Rojo, Secretario. 

Nota: Este documento apareció trunco en la Efemeridografía publicada 
por el Señor Don Antonio Zinny. 



NUMERO 17. 

San Juan, 6 de Marzo de 1826. — Atendiendo á las circuns- 
tancias á que ha sido reducida la Provincia por la superstición 
y fanatismo religioso, el Gobierno debe precaverla de los 
males que está expuesta á experimentar en lo sucesivo bajo 
la influencia que han tenido aquí los Eclesiásticos, y que es 
preciso moderar conforme á los preceptos del Santo legisla- 
dor. Inspeccionar é informar de los que tramiten ó vengan 
á la Provincia, no siendo de los adscriptos á su clero, es una 
medida que debe tener buenos resultados. A este propósito, 
el Gobierno, adoptándola, decreta: — 

1.° No se permitirá en adelante el ingreso á la Provincia 
de ningún eclesiástico secular ó regular que no haya antes 
obtenido licencia del Gobierno. 

2.° Esta la solicitarán al menos á seis leguas de distancia 
de la población por conducto del Señor Cura Vicario. 

3.° En caso de contravención, quedan sujetos á las penas 
que el Gobierno tuviese á bien imponer. 

4.° El Ministro Secretario es encargado de hacer ejecutivo 



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I 



446 EL PAÍS DE CUYO 



el cumplimiento de este decreto, que se comunicará á quienes 
corresponda ó insertará en el Registro Oficial. — Navarro — 
Francisco de OzcaHz. 



NUMERO 18. 
Tratado de Huanacache. 

Los Gobernadores de Mendoza y San Luis, por medio de 
comisionados suficientemente autorizados, y el de San Juan 
en persona, reunidos en Huanacache, deseosos de afirmar 
bajo de garantías estables y seguras, la paz y amigables rela- 
ciones que siempre han mantenido, pero, que por una fatali- 
dad demasiado sensible, están expuestas á ser alteradas si se 
introducen recelos y desconfianzas capaces de producir esas 
rivalidades funestas que desgraciadamente han precipitado á 
otras provincias en las horrorosas convulsiones en que se ad- 
vierten, cuya condición reclama imperiosamente sean robus- 
tecidas por medio de convenios especiales. 

Deseosos al mismo tiempo de cooperar eficazmente á la 
cesación de la guerra civil, que violentamente destruye las 
Provincias del Norte, con el doble objeto de que generalmen- 
te reconcentrados puedan convertir sus recursos en favor de 
la guerra que con justicia sostiene la Nación contra el Empe- 
rador del Brasil ; y así mismo, contraerse, en la calma de las 
pasiones, á organizar la Nación bajo la forma y bases que 
reclama el pronunciamiento público y espontáneo de la opi- 
nión general, han acordado los artículos siguientes: 

Artículo 1.° — Los Gobiernos de Mendoza, San Luis y San 
Juan se comprometen del modo mas solemne á conservar la 
paz y amigables relaciones que actualmente existen entre los 
pueblos contratantes, y conservar el orden interior en cada 
uno de ellos, garantiéndose recíprocamente de un modo de- 
cisivo y eficaz. 

Art. 2.° — Las Provincias de Mendoza, San Juan y San 
Luis, conservarán sus actuales derechos y libertades, hasta la 
adopción de la constitución que deba regir la República. 



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EL PAÍS DE CUYO 447 



Entre tanto, uniformarán su marcha del modo posible, en 
orden á los negocios del interés común. 

Art. 3.° — Toda agresión hecha á las Provincias contra- 
tantes ó á cualquiera de ellas, será sentida por las tres y reu- 
nirán sus fuerzas para repelerla. 

Art. 4.° — Los Gobiernos de Mendoza, San Juan y San 
Luis emplearán, de común acuerdo, su mediación y relacio- 
nes con las provincias que actualmente se encuentran en gue- 
rra civil, á fin de que suspendan recíprocamente las hostili- 
dades, y trancen las diferencias que han podido conducirlas al 
horroroso estado de hacer intervenir las armas para destruir- 
ge, por motivos que no es creíble estén fuera del alcance de 
la prudencia, la razón y el convencimiento. 

Art. 5.° — Los Gobiernos contratantes se obligan á con- 
currir con todos los auxilios posibles, á la guerra contra el 
Emperador del Brasil, y á interponer igualmente sus relacio- 
nes con los demás Gobiernos de las Provincias Unidas para 
que obren en igual sentido y con la actividad que reclama la 
libertad é independencia de la Nación. 

Art. 6.° — Así mismo se convienen los Gobiernos contra- 
tantes á dirigir á todas las provincias de la Union, copias de 
estos convenios con la correspondiente comunicación oficial, 
al objeto que detallan los artículos anteriores, y también 
para que las provincias que no se hallan envueltas en la gue- 
rra civil, cooperen por su parte á la cesación de esta pública 
calamidad. 

Art. 7.° — Deseosos los Gobiernos contratantes de afian- 
zar estos pactos del modo mas firme, y persuadidos que el 
medio mas eficaz para conseguirlo ej el vínculo de una mis- 
ma religión entre ellos, se comprometen á sostener en sus 
respectivas provincias, como única y verdadera, la Religión 
Católica Apostólica Romana, con exclusión de todo otro 
culto público, procurando el mayor esplendor á la disciplina 
<Je la Iglesia. 

Art. 8.° — Los Gobiernos contratantes declaran que estos 
convenios son provisorios, y durarán hasta que se constituya 
la República. 



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448 EL PAÍS DE CUYO 



Art. 9.° — Los presentes convenios se someten é la rati- 
ficación de las legislaturas provinciales respectivas. — Hua- 
nacache, Abril 1.° de 1827. — José Lorenzo Guiraltez. —Ma- 
nuel Gregorio Quiroga. — José Gregorio Giménez. 

NÚMERO 19. 

Concordato entre el llustrisimo y Reverendísimo Sr. Dr. Don 
Fray Justo de Santa María de Oro, Obispo Thaumacense, 
Vicario Apostólico de Cuyo y el Excelentísimo Sr. Don Va- 
lentín Ruiz, Gobernador y Capitán General de la Provincia 
de San Juan. 

Con los tratados para impetrar de la Santa Sede la crea- 
ción de Obispado é Iglesia Catedral en esta ciudad y la cir- 
cunscripción de su futura diócesis, el llustrisimo Sr. Obispo 
y el Exmo. Sr. Gobernador, á honra y gloria de Dios, anima- 
dos de firme y segura confianza en la promesa que nuestro 
santísimo padre Gregorio Papa XVI, se ha dignado hacerles 
por letras pontificias, datadas en Roma á27 de Noviembre de 
1832, que cada uno ha recibido, después de comunicarse el 
respectivo rescripto, exponen y convienen en los siguientes 
artículos: 

1.° Constante el Gobierno en la observancia del juramento 
con que en convención celebrada en Huanacache, á 1.° de 
Abril de 1827. el Gobierno de esta Provincia de San Juan, 
entre los excelentísimos de Mendoza y San Luis, se obligó a 
sostener en todo el País de Cuyo la religión católica, apostó- 
lica, romana, con exclusión de cualquiera otro culto *, procu- 
rando el mayor explendor á la disciplina de la Iglesia; ratifi- 
ca todos los documentos que en solicitaud de Obispo é Iglesia 
Catedral ha dirigido á Roma para que con el presente se for- 
men en nueva instancia las correspondientes preces á S. S. el 
Sumo Pontífice. El Obispo acepta el referido juramento y 
promoverá los santos objetos á que es dirigido. 



Contra el culto libre proclamado por la Carta de Mayo. 



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EL PAlS DE CUYO 449 



2.° La doctrina y moral de la santa iglesia católica romana, 
se enseñará y profesará en las escuelas y establecimientos li- 
terarios públicos y particulares que hubiese en la Provincia, 
aceptando la intervención que en ellos competa al Obispo, y 
sin expedir el ejercicio de su oficio pastoral. 

3.° No serán admitidos en la Pro viuda, escritos ó libros 
contra los dogmas, moral, disciplina y decoro de nuestra san- 
ta Madre iglesia católica y sus ministros, y con denuncio que 
de ellos haga la autoridad eclesiástica, el Gobierno cuidará 
de impedir la introducción, divulgación ó distribución de 
tales escritos ó libros, castigando debidamente álos culpados. 

4.° Se conservará la inmunidad eclesiástica en las personas 
bienes y lugares á que corresponde. 

5.° El fuero competente á la Iglesia será inviolablemente 
observado por todos los magistrados, tribunales y jueces de 
la Provincia, quienes darán las auxiliatorias que requiera la 
autoridad eclesiástica para la ejecución y cumplimiento de 
sus providencias. 

6.° El Obispo ejercerá libremente todo aquello que le com- 
peta en razón de su ministerio pastoral, por disposición ó de- 
claración de los sagrados cánones, según la presente aproba- 
da disciplina de la Iglesia, por la Santa Sede. Del mismo 
modo comunicará con el clero y pueblo, publicando sus ins- 
tituciones y ordenaciones de asuntos eclesiásticos, y repri- 
miendo y castigando, conforme á derecho, con censuras y 
otras penas á los transgresores de las leyes y disposiciones de 
la Iglesia. 

Las sentencias, decretos y providencias, en castigo y pre- 
caución de delitos de eclesiásticos que mereciesen ser repren- 
didos, se pronunciarán y se les infligirán las penas impuestas, 
según disposición de derecho ó de la autoridad y jurisdic- 
ción eclesiástica, salvo los recursos canónicos. Las causas ma- 
trimoniales, decimales y todas las meramente eclesiásticas, se 
definirán en el fuero de la Iglesia privativamente por la au- 
toridad y jueces competentes. 

7.° La Iglesia tiene derecho para hacer nuevas adquisicio- 
nes y disponer, con pleno dominio, de sus propiedades. 

29 



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J 



450 EL PAÍS DE CUYO 



En las vacantes de la santa sede episcopal, se invertirán 
sus rentas en los piadosos objetos que recomendase el Obis- 
po ó se indicase recomendados, como preferible entre los de 
su beneficencia pública, reservando la cuarta parte de dichas 
rentas para el sucesor que fuere confirmado por la Santa 
Sede. 

En las vacantes de dignidades, canonicatos, prebendas, etc., 
derecerán las rentas para el mismo capítulo, y se distribui- 
rán proporcionalmente á su respectiva dotación, con todo lo 
demás que acreciese de los diezmos de la masa capitular. 

El Gobierno cooperará á restablecer los conventos de re- 
guiares al mejor estado posible, conservándoles en el goce y 
posesión de las temporalidades que en cumplimiento de la ley 
de la Provincia se les han devuelto *, con declaración que 
las enajenaciones ó contratos que hicieren de los bienes de 
comunidad sin los requisitos que prescriben las sanciones ca- 
nónicas, son de ningún valor, y que declarados Írritos y nu- 
los tales contratos, serán aplicadas ó invertidas dichas tem- 
poralidades por el Obispo, como delegado de la Santa Sede, 
en destinos convenientes á los propios conventos, ó mas aná- 
logo, á su instituto monástico ú otros de mayor necesidad en 
bien de la Iglesia, dentro de la Provincia. 

8.° Propónese para Catedral el magnífico templo parro- 
quial dedicado al Sr. San José, esposo de la Santísima Virgen 
María, situado en la plaza mayor de esta Ciudad de San 
Juan, con todos sus bienes, muebles é inmuebles, propieda- 
des, fundas, rentas, derechos y pertenencias y lo demás 
conducentes á manifestar las actitudes de dicha Iglesia 
parroquial, para obtener la catedralidad, instruirá su ac- 
tual cura rector D. José Manuel Eufracio de Quiroga Sar- 
miento, al obispo vicario apostólico, á fin de que se adopten 
los edificios que existen, ó de nuevo se construyan, Casa 
Episcopal, Sala de Capítulo y oficinas convenientes á la ad- 
ministración eclesiástica, en el mismo adyacente sitio de di- 
cho templo ó en otro vecino de la propiedad de la Iglesia. 



Lev de 30 de Marzo de 1827. 



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EL PAÍS DE CUYO 451 



El oficio y beneficio parroquial de esta Iglesia será unido, 
siendo del beneplácito de su Santidad ó alguna de las digni- 
dades del Capítulo, y constituirá su íntegra dotación perma- 
neciendo con la amplitud que actualmente tiene, agregándo- 
sele una cuarta parte de la renta de aquella dignidad á que 
fuese anexa. Lo mismo se observará, en caso de que para 
mejor servicio de los fieles, se estime conveniente dividir di- 
cho curato, cuidando de que se le entere de la masa capitu- 
lar el valor de la venta de la dignidad á que corresponda, y 
subsistiendo siempre la agregación de la cuarta parte. 

Este curato será provisto del mismo modo que los demás; 
€ii cuanto al concurso, examen, aprobación, presentación, 
institución y colación canónica, teniendo opción á él, prime- 
ramente las dignidades canónicas y prebendas de la misma 
iglesia, y deberá ser servido por Vicario de cura, en lo que 
no fuere incompatible con las obligaciones de su dignidad en 
el Capítulo. 

9.° Por ley orgánica de la Provincia de 8 de Agosto de 
1831, los diezmos son adjudicados en todo para la fundación 
y establecimiento de la nueva Iglesia Catedral de Cuyo; y 
habiéndose dado exacto cumplimiento á dicha ley, por el Go- 
bierno y por el Obispo, será perpetuamente observada. La 
distribución de toda masa de diezmos, se hará en la forma 
legal vigente en el Obispado de Córdoba, á saber: dividido en 
tres partes iguales; la primera, pertenece á la masa y Curia 
Episcopal; la segunda, al Capítulo de la Catedral y sus fun- 
ciones; la tercera, se subdivide en nueve partes que se lla- 
man novenas, pertenecientes á los demás objetos que se entre- 
garán del mismo modo y en el tanto que las distribuyela ley. 
La parte que corresponde á la masa episcopal, el Obispo asig- 
nará congrua dotación al Vicario General, al secretario y 
oficiales de su curia. El valor de una tercera parte de la masa 
decimal ó estima suficiente, para pedir el Obispo y el Gober- 
nador, humildemente á la Santa Sede Apostólica la creación 
del Capítulo de la futura iglesia catedral que abajo puntua- 
lizarán. 

10. Se desea que el nuevo Obispado de Cuyo sea erigido 



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452 EL PAÍS DE CUYO 



en el todo y en sus partes, con todos los derechos, gracias y 
preeminencias, privilegios, acciones y favores que gozan los 
obispos de América, y especialmente el de Córdoba, de donde 
reasumen las Provincias de Cuyo su representación en la ge- 
rarquía eclesiástica, rogando á Su Santidad se digne depurar 
la fundación del nuevo Obispado de cualesquiera abusos que 
pudieran haberse introducido en los antiguos, constituyéndo- 
lo en la mas perfecta observancia de los sagrados cánones y 
de la disciplina de la Iglesia. Reservando á la libre disposi- 
ción de Su Santidad como haya de procederse para proveer 
á la Sede episcopal, dignidades, prebendas, oficios y benefi- 
cios de la nueva iglesia catedral, se espera, en favor de ella, 
se digne Su Santidad conceder el mismo indulto que hayan 
gozado y gozan las antiguas iglesias de América, mediante el 
Patronato antes declarado á los reyes de España, concedién- 
dolo benignamente en la forma que fuere del agrado de Su 
Santidad, al Supremo Gobierno que por tiempo fuese reco- 
nocido en las provincias de Cuyo, respectivamente, con el 
derecho de presentar personas eclesiásticas idóneas, para el 
Obispado ante la misma Santa Sede, y para los demás minis- 
terios y oficios ante el Obispo. En suposición del indicado 
indulto, el Obispo dará la institución y colocación canónicas, 
previo examen, y resultando aprobado y con las calidades 
convenientes, el que fuere presentado por el Supremo Go- 
bierno de la Provincia de Cuyo l , respectivamente, en lugar 
vacante de alguna dignidad, canonicato, prebenda ú otro be- 
neficio del Capítulo. Los beneficios parroquiales ó con cura 
de almas se proveerán por concurso al examen prevenido por 
el Santo Concilio de Trento, dando el Obispo la institución 
canónica al que elijiera el Gobierno de los tres que le propu- 
siese, como mas digno de los que hayan sido aprobados por 
los examinadores sinodales. 

11. El Capítulo de la Iglesia Catedral tendrá tres digni- 
dades, á saber: Dean, Arcedean, Maestrescuela y ocho ca- 



1 Las dichas presentaciones en ternas son hoy de la atribución exclusiva 
del Senado de la Nación. 



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EL PAÍS DE CCYO 453 



nónigos. Teudrá también seis prebendas ó vicarios, de ellos 
tres racioneros y tres medios racioneros. El Obispo designa- 
rá, según forma del Santo Concilio de Trento, dos de los di- 
chos canónigos que, respectivamente, hagan el oficio de Teó- 
logo y Penitenciario. Las dignidades y todos los canónigos, 
á mas del servicio de cura, servirán al Obispo, á la adminis- 
tración de su diócesis y constituirán el Sínodo con quien 
haya de consultar, y también para cualesquiera especiales 
encargos, negocios y destinos de mi ministerio pastoral á 
quien sea de su agrado asegurarlo. Del mismo modo designa- 
rá los oficios de los prebendados ó vicarios. 

12. Cada una de las dignidades gozará de renta anualmen- 
te cuatrocientos pesos; cada uno de los cuatro canónigos an- 
tiguos tendrá de renta anual trescientos cincuenta pesos, y 
cada uno de los canónigos modernos, trescientos pesos; cada 
uno de los tres vicarios ó prebendados racioneros tendrá de 
renta anual doscientos veinte y cinco pesos, y cada uno de 
los medios racioneros, doscientos pesos. 

13. Como el valor de los diezmos se halla actualmente en 
decadencia, por las fatales ocurrencias que el Supremo Go- 
bierno expuso en su mensaje á la Honorable Sala de Repre- 
sentantes de la Provincia, pidiendo la sanción de la ley de 8 
de Agosto de 1831, cuyos documentos han sido remitidos á 
Roma con ellos mismos se suplicará á su Santidad se digne 
tener á bien, que por ahora y mientras la tercera parte de la 
masa decimal no fuese suficiente para cubrir todas las rentas 
y gastos del Capítulo, se suspenda dar colación de aquellas 
dignidades, canonicatos y prebendas que no alcancen á ser 
dotados íntegramente con la referida tercera parte de los diez- 
mos, existiendo, no obstante, la institución canónica de dichas 
dignidades, canonicatos y prebendas del Capítulo para que, 
acreciendo, como es de esperarse, la masa decimal, se confie- 
ran en debida forma. 

14. Si con devota liberalidad para mejor servicio de la 
Iglesia, pretendiesen los fieles fundar canonicatos ó preben- 
das, dotándolas de sus propios bienes, será de justificado 
arbitrio del Obispo acceder á tan recomendable solicitud, de- 



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454 EL PAl8 DE CUYO 



clarando á los fundadores su derecho para presentar á quien 
comprobase, con las cualidades convenientes, en previo exa- 
men del Obispo, ó les dará la institución y colocación canóni- 
ca en debida y en igualdad de honor, acciones, oficios y 
obligaciones á los de la misma clase de la erección del Ca- 
pítulo. 

IB. El Colegio Seminario será fundado, establecido y ad- 
ministrado al prescripto del Santo Concilio Tridentino en el 
solar de San Clemente, Papa y Mártir, segundo patrono de 
esta ciudad de San Juan, una cuadra distante de la plaza 
mayor, y de igual extensión á todos vientos por sus cuatro 
calles públicas. Dicho solar, como legado que dispone el Vi- 
sitador Eclesiástico de Córdoba, en auto de 20 de Abril de 
1827, que se vendiese como innecesario para la reedificación 
del templo que se ve adelante, hasta una parte de su bóveda 1 ; 
mas, no habiéndose verificado la expresada venta, se conti- 
nuará el edificio del mencionado templo y se construirán los 
del Colegio con amplitud y comodidad. 

Los principales de fábrica de dicho templo, en llenando su 
objeto, se aplicarán al Seminario, y las capellanías que man- 
dó fundar el finado Do 'i José Amabizcar, después del falle- 
cimiento délos capellanes que la sirven, como igualmente los 
de libre colación que haya y pueda haber, se conferirán á al- 
gunos de los eclesiásticos que se empleasen en la enseñanza 
ó servicio del Colegio Seminario. Conforme á lo dispuesto 
por el Santo Concilio Tridentino, en el capítulo 18, sección 
23, y á lo que en su cumplimiento está ordenado por el Con- 
cilio Provincial de Lima, y reales cédulas, se contribuirá al 
Seminario, á razón de tres por ciento, de toda la masa de 
diezmos y demás rentas y frutos de beneficios y bienes ecle- 
siásticos. 

A virtud de la misma disposición conciliar de Trento, se 
declaran aplicados al Seminario los legados píos que para 
enseñanza de la juventud existiesen sin cumplimiento en la 



1 En 18<)2, se trabajó en dicho local la Escuela Superior de varones. 
Véase el capitulo especial que consagramos á la educación de la Provincia. 



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EL PAÍS DE CUYO 455 



Provincia. Se establece la enseñanza de la juventud, del 
modo que prescribe el Santo Concilio de Trento, dándole 
instrucción en las ciencias útiles y convenientes al estado 
eclesiástico, y se fundará una cátedra de Teología y otra de 
cánones para que, mediante la aprobación ó indulto que se 
desea de Su Santidad, se confieran grados de una y otra fa- 
cultad á los beneméritos, con lo que tendrán las calidades de 
Doctor, y otras que se requieren para ciertos oficios ó minis- 
terios eclesiásticos, rogando igualmente á Su Santidad se 
digne dispensar de aquéllas por diez años, contados desde el 
establecimiento de esta nueva iglesia, á fin de que pueda ser 
provisto su servicio en sugetos idóneos. La doctrina, gobier- 
no, administración, instituciones, nombramientos de rector 
del Colegio, profesores y catedráticos, y la admisión de alum- 
nos y demás adictos al Colegio, y la remoción de ellos, serán 
de libre disposición del Obispado, según formas canónicas. 

16. La diócesis del Obispado será todo el territorio de Cu- 
yo que comprende las provincias de San Juan, Mendoza y 
San Luis, las cuales han acreditado su decidida voluntad y 
constante deseo de que sea erigido un Obispado en este nues- 
tro país común, aceptando con religioso reconocimiento los 
rescriptos pontificios que contienen esta magnífica promesa 
de la Santa Sede Apostólica, al Obispo y al Gobernador de 
la Provincia de San Juan, quienes, habiéndolos comunicado á 
los de Mendoza y San Luis y sus Gobiernos, han expresado 
sus ascensos á nuestra solicitud. 

17. Todos los demás perteneciente á la creación del nue- 
vo Obispado, ejercicio de la autoridad y jurisdicción eclesiás- 
tica, acerca de los asuntos, personas é instituciones que le 
corresponde, de que no se hubiese hecho mención en estos 
artículos y sus tratados, se entienden comprendidos en ellos, 
y se dirigirá, según sanciones canónicas y aprobada discipli- 
na de la Iglesia, y en cosas de grave importancia y dificul- 
tad, se ocurrirá á la Santa Sede. 

18. Este contrato obliga al Gobierno de la Provincia y 
actual Obispo, Vicario Apostólico en todos los puntos á que 
puede comprometerse, en uso de las ordinarias y extraordi- 



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456 EL PAÍS DE CUYO 



narias de su sagrado ministerio, y obligará generalmente á 
sus sucesores, cuando obtuviere la aprobación de Gu Santi- 
dad en el todo ó en parte. El Obispo, Vicario Apostólico, y 
el Gobernador, firmarán el presente concordato y tratados 
expuestos en cinco ejemplares de un mismo tenor, á saber: 
dos para que rijan en la administración del Gobierno y en la 
Curia Episcopal, y tres para enviarse á nuestro agente en 
Roma, reverendo padre fray Andrés O'Brien, á quien se au- 
toriza plenariamente para que, haciendo uso de cualquiera de 
dichos ejemplares que llegue á sus manos, y de todos los do- 
cumentos que allá existen, anteriormente remitidos, y que se 
le remitiesen en adelante, responda en nombre del Gobierno 
de la Provincia, y del Obispo, Vicario Apostólico de Cuyo, á 
todos y á cada uno de los artículos que por antiguo instituto 
de la Santa Sede deben ser examinados para impetrar la erec- 
ción del nuevo Obispado, con declaración, concesión, apro- 
bación y confirmación, á beneplácito de Su Santidad, de lo 
contenido en el presente concordato y tratados expuestos. 

En fé de lo cual, el Obispo y el Gobernador de la Provin- 
cia, ratificando el referido concordato, firman de propia 
mano, los 5 ejemplares acordados de un mismo tenor, sig- 
nándolos con sus respectivos sellos en esta ciudad de San 
Juan de Cuyo, á 26 de Octubre de 1833— Fray Justo, Obispo 
Thaumacense y Vicario Apostólico de Cuyo. — Presbítero José 
Olmos, Pro-secretario. — Valentín Ruiz, Gobernador. — Vicente 
Atienzo, Ministro de Gobierno. 

NUMERO 20. 

Bula de Erección del Obispado de Cuyo 1 

Gregorio Obispo, Siervo de los Siervos de Dios. — Para 
perpetua memoria. — Por inefable providencia de t)ios, lla- 
mados sin méritos algunos á regir y gobernar la Iglesia Uni- 



1 Este documento fué traducido del original, escrito en idioma latín, por 
el Provisor de Cuyo Dr. D. Joaquin Pérez, en Mayo de 1885. 



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EL PAÍ8 DE CUYO 457 



versal, si con diligencia aplicamos nuestros cuidados á culti- 
var cualesquiera otras partes del campo del señor, con no 
menos agrado, ni menos vigilante solicitud dirigimos la aten- 
ción de nuestro espíritu á aquellas regiones del Orbe Católi- 
co, que por mar y tierra muy largamente distan de esta Apos- 
tólica Sede, las cuales merecen tantos mas amplios favores y 
gracia de la benignidad Apostólica, cuanto mayor esmero y 
ánimo mas firme guardan íntegra é inviolable la fe católica 
sin la cual es imposible agradar á Dios y son beneméritos de 
la iglesia en observar y defender su jurisdicción, inmunidad 
y disciplina, y con filial obediencia y debida veneración aman 
y respetan al Romano Pontífice, Vicario de Nuestro Señor 
Jesucristo en la tierra, como verdadero y legítimo sucesor 
del príncipe de los apóstoles, San Pedro. Ya pues, se nos ha 
hecho presente que á principio de este siglo, Pió Papa II, 
nuestro predecesor de feliz recordación, había dividido la 
muy grande diócesis del Tucuman 1 , situada en la América 
Meridional y que de aquella habían formado dos Iglesias Ca- 
tedrales, de las cuales, una se llama de Salta y la otra de Cór- 
doba; á ésta última, el mismo Pontífice atribuyó la amplísi- 
ma Provincia llamada de Cuyo, que había separado de la dió- 
cesis de Santiago de Chile, con lo cual sucede que la diócesis 
de Córdoba, por la grande extensión de su territorio, com- 
prenda algunas provincias que ahora están sujetas á diversos 
dominios temporales, y que solo la Provincia de Cuyo consta 
de tres distintos gobiernos unidos y extrechamente confede- 
rados entre sí, á saber: el de San Juan, Mendoza y San Luis. 
Ademas de esto, entendemos que la Provincia de Cuyo, si- 
tuada á los confines de la vastísima diócesis de Córdoba, se 
halla tan distante de la dicha ciudad, que el Obispo, por la 
dificultad y aspereza del camino, halla impedimento para 
pasar allí para cumplir el cargo pastoral, y que no raras veces 
falta proporción para comunicarse mutuamente. 

Por lo cual, la necesidad espiritual de los fieles habitantes 
de Cuyo, en que se cuentan casi cien mil, exitó la diligencia 



Año 1809. 



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458 EL PAlS DE CUYO 



de los que allí gobiernan para rogar á la Silla Apostólica por 
nueva creación de Iglesia Catedral en su Provincia ó institu- 
ción de un Obispo residencial ó á lo menos titular, condeco- 
rado con las facultades necesarias de Vicario Apostólico. 

Habiendo aceptado estas preces con caridad paternal, León 
Papa XII, otro predecesor nuestro de feliz memoria, elevó & 
Obispo Thaumacense, in partibus in fidelium, al venerable 
hermano Justo de Santa María de Oro, déla Orden de Predi- 
cadores y lo constituyó Vicario Apostólico para que con es- 
piritual solicitud por la autoridad del Romano Pontífice, ad- 
ministrase aquella región con esta apostólica prudencia; y 
con la presencia y esmero de aquel vigilante prelado, mas vi- 
vamente agradados y movidos los fieles cristianos de aquella 
Provincia, determinaron de común acuerdo, recurrir de nue- 
vo á esta Santa Sede, y pedir la creación de Catedral Episco- 
pal en la Provincia de Cuyo, acerca de !o cual, por el mismo 
Vicario Apostólico, en nombre del Clero, Magistrados y de 
todo el pueblo, nos fueron presentadas preces para que nos 
dignásemos perfeccionar la obra comenzada por nuestro pre- 
decesor León XII, y dar plenitud al gozo del pueblo cuyano. 

Ncs, á la verdad que inmediatamente reconocemos la ne- 
cesidad y utilidad del nuevo obispado, siguiendo los pasos 
de los Pontífices Romanos, nuestros predecesores, tuvimos á 
bien significar al predicho Vicario Apostólico por nuestras 
letras, que habíamos de acceder á los deseos de aquéllos, 
cuando se nos denunciase estar prontas y preparadas todas 
las cosas pertenecientes á instruir y ordenar la nueva dió- 
cesis. 

Hemos sido informados que todos los cuyanos, luego que 
recibieron esas nuestras letras, llenos de grande alegría, levan- 
taron las manos al Cielo, y dieron á Dios Omnipotente, gran- 
des y solemnes gracias. Mas los que obtienen el supremo po- 
der, juntamente con el venerable hermano Justo, Obispo 
Thaumacense y Vicario Apostólico, consintiendo las prime- 
ras autoridades de Mendoza y San Luis, en la solicitud de 
obispado, nos presentaron humildemente las convenciones 
celebradas entre sí, que las mismas prometían guardar en 



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EL PAÍS de cuyo 459 



adelante fiel y perpetuamente y de los cuales los principales 
capítulos son éstos: 

El Gobierno se obligó con juramento en el año de 1827 l 
y al presente, otra vez se obliga* á sostener perpetuamente 
en toda la Provincia de Cuyo, la Religión Católica, Apostó- 
lica, Romana, y removido cualquier otro culto y con exclu- 
sión de él para siempre, y por tanto, en las escuelas así pú- 
blicas como privadas, se enseñará, acerca del dogma y la mo- 
ral, aquella doctrina que la Iglesia Romana profesa, dirigién- 
dola é inspeccionándola el Obispo de Cuyo. En lo cual el 
Gobierno así hará diligentísimamente, que en su Provincia, 
no se forme ó se introduzcan libros ó escritos de cualquier 
género que sean contra los dogmas, moral, disciplina y de- 
coro de la Santa Madre Iglesia y de sus ministros, y consi- 
guientemente, la potestad civil, á pedimento de la autoridad 
eclesiástica, impedirá absolutamente la edición é introducción 
de dichos escritos y libros, reprimiendo y castigando con las 
merecidas penas á aquéllos que se comprendiesen haber en 
esto delinquido. 

La inmunidad eclesiástica personal, real y local, según re- 
glas de los sagrados cánones, se guardará religiosamente; al 
fuero eclesiástico se guardará siempre el respeto debido; 
por los magistrados y otros jueces seculares, á quienes corres- 
ponde dar auxilio oportuno á la autoridad eclesiástica, cuan- 
do lo pidiese para que sus decretos tengan su propio efecto. 
El Obispo hará libremente todas aquellas cosas que le com- 
petan por razón de su cargo pastoral, según disposición de 
los sagrados cánones y la vigente disciplina de la Santa Ma- 
dre Iglesia Católica, aprobada por la Sede Apostólica, y de 
igual modo comunicará con el clero y el pueblo, publicando 
leyes y ordenaciones en los casos espirituales y eclesiásticos. 
El mismo castigará y reprimirá con censuras y otras penas 
á los transgresores de las leyes sagradas. Las sentencias, de- 
cretos y providencias, ya en penas, ya en precaución de crí- 



1 Tratado de Huanacache de Abril 1.°. 

2 Véasela nota número 18 de este Apéndice. 



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460 EL PAÍS DE OCYO 



meues contra los clérigos delincuentes, se pronunciarán por 
el mismo, según la intención de los sagrados cánones. Las 
causas matrimoniales, decimales y demás eclesiásticas, se de- 
finirán privativamente en el fuero de la Iglesia por jueces 
competentes. La Iglesia tendrá derecho de adquirir y dispo- 
ner, pleno ju re, de las cosas propias, guardando siempre lo 
prescripto por los sagrados cánones. El Gobierno prestará 
auxilio, del mejor modo que fuere posible, para la restaura- 
ción de los conventos de regulares y sus bienes, y los regula- 
res se conservarán en el goce de las temporalidades que les 
pertenecen. Finalmente, cualquiera otra cosa que tocase á la 
erecccion del nuevo Obispado y ejercicio de la autoridad 
eclesiástica, y también aquéllas de que arriba no se haya he- 
cho mención, allí sean definidas con arreglo á lo ordenado 
por los sagrados cánones, y aprobada disciplina de la Iglesia 
católica ó si interviese grave dificultad, se elevarán al juicio 
de la Sede Apostólica. 

Nos, que con madura deliberación hemos examinado todo 
lo referido y las demás cosas, teniendo presente el bien espi- 
ritual que con tan felices auspicios es de esperarse para aquel 
pueblo por la solicitada erección de nueva Sede Episcopal, 
oído también el dictamen de nuestros venerables hermanos 
Cardenales de la Santa Iglesia de Roma para mayor gloria 
de Dios y exaltación de la Iglesia Apostólica Romana, de 
ciertas ciencias, motu-propio, y plenitud de la apostólica po- 
testad, supliendo el defecto de consentimiento del Capítulo 
de la Iglesia Catedral de Córdoba, actualmente viuda de su 
pastor, perpetuamente, dividimos, separamos y desmembra • 
mos de la Diócesis Cordubense á toda la Provincia llamada 
de Cuyo, y también á toda* las iglesias, parroquias, monaste- 
rios, conventos y cualesquiera otros beneficios seculares ó 
regulares de cualesquiera órdenes que allí existiesen ó hubie- 
ren de existir, é igualmente á todas las "personas de uno y 
otro sexo allí existentes, habitadores y moradores, así legos 
como clérigos, presbíteros, beneficiados y religiosos de cual- 
quiera estado, grado, orden y condición que sean perpetua- 
mente eximidos, libramos y absolvemos, con autoridad apos- 



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EL PAÍS DE CUYO 461 



tólica, de la ordinaria jurisdicción y potestad del Obispado 
de Córdoba, ó del ordinario de sus diócesis que por tiempo 
fueren, ademas de esto, á la ciudad de San Juan, situada en 
la Provincia de Cuyo, bastantemente decorada por el núme- 
ro y concurrencia del pueblo, lucimiento de los templos y 
otras prerogativas, con autoridad apostólica, erigimos y cons- 
tituimos en Ciudad episcopal y á ella así erigida y consti- 
tuida concedemos, y damos el título y denominación de Ciu- 
dad, con todos y cada uno de los honores, derechos, privile- 
gios y prerogativas que usan y gozan, pueden y pudiesen en 
cualquier manera en adelante usar y gozar las demás ciuda- 
des distinguidas por la Sede Episcopal y sus ciudades en la 
América Meridional. 

Mas, á la iglesia parroquial situada en la expresada ciudad 
de San Juan de Cuyo, y dedicada al Señor San José, confe- 
sor, esposo de la Santísima Virgen María, promovemos y ele- 
vamos á Iglesia Catedral, que se ha de llamar de San Juan 
de Cuyo, y conservarse parroquial como antes, bajo el mis- 
mo título de San José y juntamente en ella, con igual apos- 
tólica autoridad, perpetuamente erigimos é instituímos Sede, 
Cátedra y Dignidad Episcopal, para un Obispo que en ade- 
lante se ha de llamar de San Juan de Cuyo, quien presida á 
la misma iglesia ciudad y diócesis, como abajo se ha de asig- 
nar, y á su clero y pueblo; convoque Sínodo, tenga y ejerza 
todas y cada uno de los derechos, oficios y cargos episcopa- 
les, con su Capítulo, Arca, Sello, Curia, Mesa Episcopal. Se- 
minario Eclesiástico; y ademas, goce de las insignias pontifi- 
cales, derechos, honores, preeminencias, gracias, favores, ju- 
risdicciones é indultos reales, personales y mixtos de que 
gozan y usan las demás Iglesias Catedrales existentes en la 
América Meridional y sus Prelados, á exepcion de aquella 
que por título honroso, ó por indulto ó privilegio particular 
les corresponda. 

Y, á la misma Iglesia Episcopal de San Juan de Cuyo, 
asignamos por sufragánea, y sujetamos por derecho metro- 
político al Arzobispado que por tiempo fuere de la Iglesia de 
la Plata ó de Charcas, hasta que otra cosa se determinase 



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462 EL PAlS DE OCYO 



por la Silla Apostólica. Mas á toda la Provincia de Cuyo, eu 
la cual se hallan tres distintos estados federados entre sí, de 
los cuales el uno comprende el territorio de San Juan, otro 
el de Mendoza y el tercero el de San Luis, separada y divi- 
dida, como queda dicho de la diócesis de Córdoba, atribui- 
mos y asignamos á la misma Iglesia de San Juan de Cuyo 
por su territorio y diócesis, é igualmente, perpetuamente 
aplicamos y sujetamos á la ordinaria jurisdicción, régimen y 
potestad del futuro Obispo y que por tiempo fuese de San 
Juan de Cuyo, á la misma Provincia de Cuyo, parroquias co- 
legiatas, si las hay, y otras cualesquiera iglesias, monasterios 
y conventos, y todos los beneficios eclesiásticos, seculares y 
regulares de cualesquiera órdenes, con cura ó sin cura de al- 
mas, y á las personas de uno y otro sexo y moradores, así 
legos como clérigos de cualquier grado, orden y condición 
que sean, salvo los exentos. 

Consiguientemente, ordenamos y mandamos que todos y 
cada uno de los instrumentos, escrituras y otros documentos 
de cualquier género, si los hubiese, de cualquier modo perte- 
necientes á la predicha Provincia de Cuyo y á sus habitantes, 
iglesias y beneficios, se extraigan de la Curia Episcopal de 
Córdoba y se entreguen libremente á la Chancillería del nue- 
vo Obispado Cuyense, erigido como queda referido. 

Del mismo modo por la decente y cómoda habitación del 
futuro Obispo y de sus sucesores en el Episcopado Cuyense 
y de la Curia Episcopal, perpetuamente asignamos y aplica- 
mos los edificios propincuos á la Iglesia Catedral, los cuales, 
si no se hallaren tan acomodados, se fabricarán otros, en todo 
ó en parte. Para que el futuro á que por el tiempo fuere 
Obispo de Cuyo, pueda sostener su Dignidad Episcopal y pro- 
veer de Vicario General y á la Curia Episcopal, perpetua é 
igualmente asignamos y aplicamos á la Mesa Episcopal de 
San Juan de Cuyo la tercera parte de los diezmos que allí se 
recojan, según es de costumbre en la Iglesia de Córdoba. Mas 
en la mencionada iglesia parroquial de San Juan de Cuyo, 
así como se ha dicho, elevada al honor de Catedral, institui- 
mos y erigimos el Capítulo, constante de once prebendas ca- 



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EL PAÍS DE CUYO 463 



nonicales, á saber: tres Dignidades, de las cuales el Deanato, 
que será la mayor después de la pontifical, y gozará de todos 
los honores, privilegios y preeminencias que de derecho le 
competen, y le será adjunta el cargo de cura de almas, que, 
sin innovación alguna, se ejercerá como antes; la segunda 
que se llamará el Arcedeanato, y la tercera el Magisterio de 
Escuela; y también ocho canonicatos, comprendidas las pre- 
bendas Teologal y Penitenciaria, que, según las canónicas 
sanciones y principalmente los decretos del Concilio Triden- 
tino, deben haber en los Capítulos de las Iglesias Catedrales, 
y además de esto, serán adictos á la misma iglesia, seis pre- 
bendados ó vicarios y otros clérigos. 

Los poseedores futuros y que por tiempo fueren de digni- 
dades, no menos que de canonicatos y prebendas, sean obli- 
gados á residir personalmente cerca de la Iglesia Catedral de 
San Juan de Cuyo y á celebrar en ella los divinos oficios y 
demás funciones eclesiásticas, rezar y cantar las horas canó- 
nicas, así diurnas como nocturnas, celebrar diariamente la 
misa conventual por los bienhechores en común y servir en 
todo loablemente á la misma Iglesia Catedral y observar di- 
ligentemente los estatutos que en adelante se hicieren. 

Mas al Capítulo de la nueva Iglesia Catedral de San Juan, 
así erigida y constituida, asignamos y aplicamos, según cos- 
tumbre de la Iglesia de Córdoba, la tercera parte de los diez- 
mos, que se ha de dividir como sigue: La prebenda de las tres 
Dignidades se constituirá en la suma de cuatrocientos pesos 
cada una de ellas. La prebenda de cada uno de los cuatro 
mas antiguos canonicatos, en la suma de trescientos cincuenta 
pesos. La prebenda de los otros cuatro canonicatos, en la 
suma de trescientos pesos para cada uno de ellos. Los prime- 
ros tres prebendados, ó como suelen llamarse, Racioneros, 
tendrá cada uno doscientos veinte y cinco pesos. Los otros 
tres prebendados ó vicarios, que suelen llamarse Medio-Racio- 
neros, tendrán cada uno doscientos pesos. Empero, si los ré- 
ditos provenientes de la tercera parte de los diezmos no ha- 
cen la suma adjudicada, según queda referida, para cada una 
de las prebendas, la colación de alguna ó algunas de ellas 



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464 EL PAÍS DE CUYO 



quedarán suspensas hasta que los réditos de la tercera parte 
de los diezmos alcance al valor del dinero señalado \ 

Mas á la fábrica y sacristía de la dicha Iglesia Catedral, 
del mismo modo, asignamos y aplicamos para su culto y con- 
servación la dote que ya se halla constituida, parte en los 
diezmos y parte en los censos y bienes raíces. A los mismos 
también futuros y que por tiempo fueren tres dignidades y 
ocho canónigos sobredichos, concedemos y damos plena y 
omnímoda potestad de formar y publicar ellos mismos, capi- 
tularmente congregados bajo la presidencia y aprobación del 
Obispo que por tiempo fuese, cualesquiera estatuto, ordena- 
ciones y decretos, no contrarios á los cánones, decretos del 
Concilio Tridentino y constituciones apostólicas para el 
próspero y feliz estado y régimen de la Iglesia Cate- 
dral, de su Mesa Capitular, sacristía y fábrica de sus ca- 
sas y bienes, y para el cumplimiento de los cargos que les 
incumbe, celebración de las horas canónicas y de los otros 
oficios divinos; repartimiento y administración de los frutos, 
distribuciones, y de cualquiera emolumento ó imposición de 
penas que se contrajesen por los ausentes ó negligentes. Ade- 
mas de esto, al mismo Capítulo y canónigos que por tiempo 
fuesen, concedemos y damos derecho de usar y de gozar de 
todas y cada una de las gracias, así espirituales como tempo- 
rales, privilegios, inmunidades, preeminencias y favores de 
que los Capítulos, dignidades y canonicatos de que otras se- 
mejantes Iglesias Catedrales existentes en la América Meri- 
dional por derecho, costumbre, privilegios ó de otro cualquier 
modo, á menos que sea por título oneroso ó por indulto ó pri- 
vilegio particular, usan y gozan, con tal que todavía estén en 
uso y no hayan sido revocadas, ni repugnen á los sagrados 
cánones y derecho apostólico. 

Mas para que los jóvenes llamados á la suerte del Señor 



1 Los diezmos en 1834 montaban á mas de 14.000 $. Después esta renta 
ha llegado á ser nula; y el Gobierno General, de acuerdo con el articulo 2.° 
de la Constitución Nacional, invierte en este Obispado, Curia y Cabildo 
eclesiástico mas de 1.500 $ con que subvenciona esta Iglesia. 



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EL PAÍS DE CUYO 465 



sean instruidos y formados, no menos en la piedad que en las 
buenas letras y las sagradas ciencias, erigimos el Seminario 
Eclesiástico de los clérigos en la ciudad de San Juan, y le 
señalamos las casas contiguas á la iglesia de San Clemente 
Papa y Mártir, é igualmente, la atribuimos y adjudicamos 
aquella dotación que ya le está constituida. 

Considerados, pues, los réditos y frutos de la Iglesia Epis- 
copal de San Juan de Cuyo, arriba atribuidos, queremos y 
mandamos, que la misma Iglesia Cuyense, según costumbre, 
se tase en treinta y tres florines de oro de Cámara, y en la 
tercera parte de un florin, y que esta tasa se anote en los li- 
bros de la Cámara Apostólica. En lo que toca á la provisión 
de la misma nueva Iglesia Catedral de San Juan de Cuyo, 
Nos, usando aquella plenitud de potestad que el Pastor Ce- 
lestial y Obispo de las Almas nos ha dado sobre todas las 
iglesias, y atendidas especiales circunstancias, por esta pri- 
mera vez, pensamos y nos reservamos proveer á la misma 
Iglesia de persona de nuestro agrado. Mas para las futuras 
vacantes de la referida Sede Episcopal, considerando con 
madura deliberación todas y cada una de las cosas que se nos 
han expuesto por el mencionado Vicario Apostólico, y por 
los que presiden en el país de Cuyo, pidiendo en nombre de 
todo el pueblo la erección de la nueva diócesis, y principal- 
mente, teniendo consideración á las promesas que se han he- 
cho de sostener la pureza de la Religión Católica, Apostólica 
Romana; de prohibir absolutamente cualquier otro culto y de 
las demás cosas que perpetua é inviolablemente se han de 
cumplir, según la fe dada y promesa hecha acerca de la dis- 
ciplina moral de la Iglesia, conservación y amplificación de 
sus derechos; en significación de nuestra benevolencia y gra- 
cia; agradablemente, motu-propio, de ciencia cierta, y de ple- 
nitud á la Apostólica Potestad, establecemos y decretamos: 

Que por Nos y por los Romanos Pontífices, nuestros suce- 
sores, ha de ser aceptada aquella persona eclesiástica que 
fuese recomendada por el Gobierno Civil para la Iglesia 
Episcopal de San Juan de Cuyo, con tal que ella tenga aque- 
llos dotes requeridos por los sagrados cánones y por el Con- 

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466 EL PAÍS DE CUYO 



cilio Tridentino, y el sobredicho Gobierno y los Gobernantes 
que la representasen, permanezcan en la profesión de la Re- 
ligión Católica, Apostólica, Romana y en la comisión y obe- 
diencia de la Santa Sede. 

De igual manera ordenamos y concedemos que el Obispo 
de San Juan, por la misma razón de la institución canónica, 
dé á aquellos eclesiásticos idóneos, constituidos en órdenes 
sacras, que el Gobierno recomendare para obtener las pre- 
bendas canonicales, pero también previo el concurso que se 
ha de tener, según disposición del Concilio de Trento y de las 
Constituciones Apostólicas para la colación, así de la digni- 
dad del Deanato, á la cual, según determinamos arriba, debe 
ser anexa el cura de almas, como de la una y de la otra pre- 
benda canonical, Teologal y Penitenciaria, y previo también 
del examen ú otro experimento que ha de ser designado por 
el Obispo para conferir los demás canonicatos y prebendas, 
sin que en la mencionada recomendación de manera alguna 
se perjudique derechos ágenos, si los hubiere, y sin que el ac- 
tual párroco de la iglesia de San José, poco ha elevada al 
honor de Catedral Episcopal, esté sujeta al predicho concur- 
so, á quien desde luego, sin nueva provisión y por el vigor 
de las presentes instituciones, promovemos á la dignidad del 
Deanato con cura de almas. 

Por lo cual, el venerable hermano Justo de Santa María 
de Oro, Obispo Thaumacense, in partibus in fidelium, á quien 
elegimos y diputamos por ejecutor de las presentes nuestras 
letras, por apostólicos escritos, mandamos: que ól mismo, por 
sí ó por otro varón constituido en eclesiástica dignidad, que 
por él sea su delegado, solemnemente publique y ejecute es- 
tas nuestras letras donde y cuando fuese necesario y todas 
las veces que fuese requerido por aquéllos á quienes toca ó 
por algunos de ellos, y haga con nuestra autoridad observar 
inviolablemente todas y cada una de las cosas constituidas en 
ellas por aquéllos á quienes corresponde y por tiempo corres- 
pondiere. Y para que así él mismo, como la persona que por 
él hubiere de ser su delegado, pueda lícita y libremente pro- 
nunciar aun definitivamente y removida cualquiera apela- 



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EL PAÍS DE CUYO 467 



cion sobre cualquiera oposición que de cualquier modo hu- 
biese de nacer en el acto de la ejecución, y pueda cumplirla, 
reprimiendo á cualesquiera contradictores y rebeldes, por 
sentencia, censuras y penas eclesiásticas y otros remedios de 
hecho y de derecho, invocando también, si fuere necesario, el 
auxilio del brazo secular, le concedemos y damos plenas y 
omnímodas facultades. Al mismo Obispo Thaumacense, or- 
denamos y mandamos que de cada uno de los actos que se 
han de hacer en la ejecución de las presentes letras, trasmita 
ejemplar auténtico dentro de un año, contado desde que sea 
cumplida la ejecución de ellas, á esta Sede Apostólica, el que 
queremos que se guarde, según costumbre, en el Archivo de 
la Congregación encargada de los asuntos consistoriales. 

Mas las presentes letras y cualesquiera cosas contenidas en 
ellas, aun por aquellos á quienes toca ó pudiese en adelante 
tocar, no hayan sido llamados y oídos, ó no hayan consentido 
eu lo arriba dicho, jamas en tiempo alguno puedan ser nota- 
dos de vicio, de subreccion, obreccion ó nulidad, ó defecto de 
nuestra intención, impugnase ó ser llamadas á controversia, 
sino que perpetuamente sean y hayan de ser válidas y efica- 
ces, surtir y obtener sus plenarios ó íntegros efectos, y que 
así y no de otra manera se debe juzgar y definir por cual- 
quiera juez ó delegado, de cualquiera autoridad que goce, 
quitados éstos y á cada uno de ellos, la facultad de juzgar, de 
interpretar de otra manera, y sí de otra suerte acerca de es- 
tas cosas aconteciese que por alguno, con cualquiera autori- 
dad que sea, á sabiendas ó por ignorancia atentare, lo decre- 
tamos y declaramos írrito y de ningún valor. 

No obstante el defecto de consentimiento del Capítulo y 
de los Canónigos de la sobredicha Iglesia Catedral de Córdo- 
ba, y de no quitar el derecho adquirido de cometer las des- 
membraciones á las partes, aun llamadas todas á quienes 
toca, y otras reglas de la Chancillería Apostólica y del Con- 
cilio Luteranense, últimamente celebrado, y otras que en con- 
trario, de cualesquiera modo de lo sobredicho, aun formados 
en Sínodos Provinciales, Concilios Universales, especiales ó 
gonerales, constituciones y ordenaciones apostólicas de la so- 



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468 EL PAÍS DE CUYO 



bredicha Iglesia de Córdoba, aun roborados con juramento, 
confirmación apostólica, ó cualquiera otra firmeza, y tam- 
bién los estatutos y costumbres, privilegios y letras apostóli- 
cas y demás que hubiere en contrario. 

Queremos que á los trasuntos ó ejemplares de estas letras, 
aun impresos sus escritos por mano de notario público y ro- 
boradas con el sello de persona constituida en dignidad ecle- 
siástica, se dé en todas partes, en juicio y fuerza de él, la 
misma fé que se daría á las presentes, si originalmente se 
presentasen. A ningún hombre, pues, sea lícito infringir ó 
con temerario atrevimiento, contradecir estas páginas de 
nuestra desmembración, división, erección, sujeción y volun- 
tad, y si alguno presumiese atentar á ésta, sepa que ha de 
incurrir en la indignación de Dios Omnipotente y de sus 
apóstoles San Pedro y San Pablo. 

Dado en Roma en Santa María la Mayor, el año de la En- 
carnación del Señor, de 1834, el día 19 de Setiembre, año 4 de 
nuestro Pontificado. 

Hay un sello de dignidad cardenalicia y otro de oficial de 
Curia. 

NUMERO 21. 

¡Viva la Federación! — Mendoza, Mayo 31 de 1842. — Año 
33 de la Libertad, 27 de la Independencia y 13 de la Confe- 
deración Argentina. 

El Poder Ejecutivo de la Provincia: Considerando que des- 
de el principio de la lucha de los federales contra el bando 
salvaje unitario, han manifestado estos últimos ti» desquicio 
completo de su cabeza. Que entre sus desordenados maquina- 
mientos se unieron á los Extranjeros para humillar la digni- 
dad y honor de la República. Que la manía de hacer mal á 
los pueblos de la Confederación, se acrecenta cada día. Que 
todas las clases de la sociedad están expuestas á las tropelías 
de estos furiosos locos. Que es el deber del Gobierno poner 
un dique á estas furias; salvando así los pacíficos habitantes 
de sus acechanzas. En uso de las facultades ordinarias y ex- 
traordinarias que inviste, ha acordado y decreta: 



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EL PAÍS DE CUYO 469 



Artículo 1.° Es encargado el Jefe de Policía de disponer 
una casa de las del Estado para asegurar á todos los salvajes 
unitarios que á su juicio se consideren mas frenéticos. 

Art. 2.° Ningún salvaje unitario podrá disponer de mas 
del valor de diez pesos, &in previo conocimiento de la Policía, 
á cuya autoridad se le nombra como tutor y curador. 

Art. 3.° Será de ningún valor todo contrato de venta, 
compra, donación y cesión, habilitación, mutuo préstamo, ó 
raíces que exceda del valor expresado sin el previo conoci- 
miento del Gefe de Policía. 

Art. 4.° El Escribano que procediese á autorizar algún 
contrato de la calidad referida, sin una constancia de haber 
sido avisado por el G-efe de Policía, será penado con la per- 
dida de su oficio. 

Art. B.° Serán declarados sal7ajes unitarios los que re- 
sulten comprendidos en la lista de clasificación, que con esta 
fecha pasará el Gefe de Policía. 

Art. 6.° Ninguna persona, sea extrangera ó de la Repú- 
blica, tendrá acción á reclamar sobre cualquier contrato que 
tenga con los comprendidos en el artículo anterior, sin que 
antes haya precedido el consentimiento de la Policía. 

Art. 7.° No podrán estos servir de testigos en ningún ins- 
trumento público ni secreto asunto, ni causa civil, ni crimi- 
nal, exepto en los casos de grave urgencia en que no se en- 
cuentre otra persona hábil, y después que el Gefe de Policía 
sea certificado por un facultativo de confianza, de hallarse en 
disposición de que su juicio se haya restablecido algún tanto. 

Art. 8.° Sus exposiciones no harán fé enjuicio, sino des- 
pués de haber obtenido el consentimiento del Gefe de Poli- 
cía, á virtud del reconocimiento respectivo que mandará 
practicar de su estado y capacidad. 

Art. 9.° Publíquese por bando, fíjese circulares y dése al 
Registro. — Aldao. 

De orden de S. E. y por no haber Ministro de la confianza 
del Gobierno, El oficial 1.° de la Secretaría, Santiago Mi- 
randa. 



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470 EL país de cuyo 



NUMERO 22. 

San Juan, Octubre 8 de 1841 l . — Al Exmo. Señor Goberna- 
dor y Capitán General de la Provincia de Buenos Aires, En- 
cargado He las Relaciones Exteriores de la Confederación 
Argentina, Ilustre Restaurador de las Leyes, Brigadier Ge- 
neral Don Juan Manuel de Rozas. 

Exmo. Señor: El Obispo de Cuyo cree que faltaría al 
respeto, cariño y gratitud que debe á V. E., si no aprovechase 
la oportunidad para felicitarle por las ventajas, gloriosos 
triunfos y total destrucción que han obtenido las armas de la 
federación, en asocio de nuestro mejor compatriota el Señor 
General Don Nazario Benavides, contra la horda inmunda de 
salvajes unitarios, enemigos de Dios y de los hombres, capita- 
neada por los traidores Madrid y Aoha que, obstinados, se 
atrevieron á profanar el pueblo sanjuanino, amigo de V. E. y 
el mas adicto á )a Sagrada Causa de la Federación, 

El mundo todo no acertará d ponderar debidamente la gloria 
de que se ha revestido la ínclita Buenos Aires en el honroso 
tratado celebrado por V. E. el 29 de Octubre del año pasado 
con el Rey de los Franceses, debido solo á la sabiduría, honor 
y dignidad del Genio Argentino que la rige. Los pueblos todos, 
al verse libres de la ominiosa anarquía y coronados de laures 
por la inimitable constancia de Nuestro Ilustre Restaurador, 
á invitación de la Honorable Representación de Buenos Ai- 
res, deberían acordar nuevos timbres para premiar y hacer 
mas sensible el relevante mérito de V. E., porque, aunque 
han sido inmensos los sacrificios que han prestado, principal- 
mente los fieles y decididos para conservar ilesas las leyes y 
dignidad del Supremo Libertador, es mucho mas lo que le 
deben, pues, con la heroicidad de sus virtudes se ha hecho 
espectable al Universo. 

¿Qué importa, Exmo. Señor, que los ominosos salvajes uni- 
tarios hayan pretendido deslumhrar el acrisolado mérito de 



1 El mes de Octubre recibió el nombre de mes de Bozas por ley de la 
Legislatura de Buenos Aires de Octubre de 1841. 



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EL PAÍS DE CUYO 471 



V. E., si el Dios inmortal le proteje y las naciones cultas y 
mas civilizadas, altamente lo desmienten, dando el honor y 
la justicia á quien dignamente la merece? 

Quiera, pues, V. E. aceptar las enhorabuenas con que el 
Obispo de Cuyo le felicita por tan gloriosos triunfos, ofre- 
ciéndole, ya que no un papel digno de tan justos plácemes, 
al menos la sinceridad de su afecto y gratitud. 

Dios guarde la importante vida de V. E. muchos años. — 
José Manuel Eufrasio (de Quiroga Sarmiento), Obispo de 
Cuyo. 

Rozas contestó esta nota tan digna de su autor, en Noviem- 
bre 5, y es de notarse el párrafo que va á continuación. «Los 
principios y sentimientos patrióticos consagrados en tan hon- 
roso documento (el oficio anterior), dignos son de un Prelado 
Evangélico que siente en su corazón el santo fuego de la vir- 
tud, religión y amor ardiente á la Causa Santa de la Liber- 
tad. Descargando V. S. I. un anatema justo contra los salva- 
jes unitarios, impíos, enemigos de Dios y de los hombres, ofrece 
un lucido ejemplo eminente. Resalta la verdadera caridad cris- 
tiana que enérgica y sublime por el bien de los pueblos, desea 
el esterminio de ttn bando sacrilego, feroz, bárbaro, obsecado 
en prolongar la guerra, enrojecer el suelo patrio con copiosos 
raudales de sangre y hundir en una misma fosa las leyes y 
las instituciones, la Libertad y la Religión de la República.» 

(De la «Gaceta Mercantil», número 5,483 de 6 de Diciem- 
bre de 1841). 

NÚMERO 23. 

Este tratado fué hecho en Montevideo en 29 de Mayo de 
1851 y se conservó secreto hasta que la alianza armada lo 
hizo conocer en globo. Fué ratificado por el Emperador del 
Brasil en 8 de Julio y por Urquiza en 23 del mismo mes; su 
contenido en extracto, es el siguiente: 

Artículo 1.°— Alianza ofensiva y defensiva en favor de la 
• independencia del Uruguay y para hacer salir de su territo- 
rio el ejército de Oribe. 



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472 EL país de cuto 



Art. 2.°— Obligación de los contratantes para concurrir al 
objeto indicado con todos los elementos de guerra de que 
pueden disponer. 

Art. 3.° — Deber de intimar á Oribe antes de venir á las vías 
de hecho. 

Art. 4.° — Obligación del Brasil para marchar con sus fuer- 
zas y abrir sus operaciones cuando las partes lo acuerden. 

Art. 5.° — Reservas del Brasil sobre protección de sus na- 
i ionales en la Banda Oriental. 

Art. 6.°— Sobre mando supremo de los ejércitos en opera- 
ciones. 

Art. 7.° — Disposición sobre los emigrados que quieran to- 
mar las armas. 

Art. 8.°— Sobre el modo y concurrencia de los contingen- 
tes de fuerzas aliadas. 

Art. 9.° — Explicación y ampliación sobre los artículos 5 y 8. 

Art. 10. — Sobre la ruptura del armisticio y mantenimiento 
de la Isla de Martin García por las autoridades orientales. 

Art. 11. — Sobre evacuación del territorio oriental por las 
tropas argentinas. 

Art. 12. - Los gastos de guerra son de cuenta de los esta- 
dos respectivos. 

Art. 13. — Los préstamos ó socorros extraordinarios entre 
los contratantes, serán motivo de una convención especial. 

Art. 14. — Retiro de las tropas aliadas á la frontera, después 
de la pacificación y hasta que se instale el Gobierno legal. 

Art. lo. — Si el Gobierno de Buenos Aires declárala gue- 
rra á los aliados, éstos la llevarán contra él, conforme al 
convenio de alianza establecido. 

Art. 16. — En el supuesto del artículo anterior, dispone 
sobre el modo de guarda y seguridad de los ríos Paraná y 
Uruguay. 

Art. 17. — Sobre afianzamiento mutuo de independencia, 
soberanía ó integridad de territorio de las partes contratantes. 

Art. 18. — Sobre navegación del Paraná por las embarca- 
ciones aliadas. 

Art. 19. — Dispone que el General Garzón sea el jefe de 



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EL PAlS DE CUYO 473 



las fuerzas orientales, previo reconocimiento de éste, de las 
autoridades de Montevideo *. 

Art. 20. — Compromiso de sostener las autoridades orien- 
tales que se nombren por solo el período gubernativo que les 
acuerde la Constitución del Estado. 

Art. 21. — Sobre mantenimiento de buenas relaciones en- 
tre las partes contratantes y garantías á los connacionales. 

Art. 22. — Sobre duración de la alianza (hasta conseguir 
los objetos de la unión). 

Art. 23. — Deber de invitar al Gobierno del Paraguay 
para formar parte de la alianza. — Rodrigo de Souza da Silva 
Pautes. — Manuel Herrera y Obes. — Antonio Cuyar y Sampere. 



NUMERO 24. 

El Mayor Ciríaco de La Madrid, de los prisioneros de San 
Juan en 1841, trató al año siguiente de formar una conspira- 
ción en compañía de Don Manuel Julián Frias contra la 
guardia que los custodiaba, en los momentos que Benavides 
estaba para librar una batalla contra Peñaloza. Descubierto 
el plan por denuncia hecha, fueron aquéllos fusilados sin que 
se comprobase orden directa de Benavides. 

Es de creer que fuera una ejecución ordenada por los jefes 
inmediatos superiores en los apuros del momento, y ésta es la 
creencia también del padre, General Don Gregorio Araoz de 
La Madrid, quien en 1846 (Enero 14), decía á Benavides en 
carta desde Valparaíso, entre otros párrafos, lo que sigue: 

« Tiempo ha que estoy por escribir á Vd. para remover los 
aparentes motivos de desacuerdo y enemistad que deben exis- 
tir entre Vd. y yo, por consecuencia del desgraciado fin que 
tuvo mi hijo en esa Provincia (fué en la Rioja). 

«Conociendo perfectamente los humanos sentimientos que 
adornan el corazón de Vd., jamas pude persuadirme á que 



1 Eugenio Garzón, General en Jefe de las fuerzas Orientales en cam- 
paña. 



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474 EL PAÍS DE CUYO 



Vd. tuviese parte alguna directa en el suplicio de aquél, atri- 
buyéndolo solo á la exaltación ó extremado celo de los subal- 
ternos ó á una orden directa del Tirano. » 



NUMERO 25. 

Exmo. Señor Gobernador Coronel Don José A. Virasoro. — 
Concepción del Uruguay, Noviembre 16 de 1860. — Señor 
Gobernador: Con perfecto conocimiento del estado en que se 
encuentra la Provincia de San Juan, á cuyo frente V. E. se 
halla, y consultando las altas conveniencias públicas, á la vez 
que las exigencias de la opinión, de la cual podemos conside- 
rarnos intérpretes en esta ocasión, nos permitimos aconsejar- 
le un paso que le honraría altamente y que resolvería de una 
manera decorosa para todos, la crisis porque está pasando esa 
desgraciada Provincia. Este paso que le aconsejamos amisto- 
samente, es que, meditando seriamente sobre la situación de 
la Provincia de San Juan, tenga V. E. la abnegación y el pa- 
triotismo de dejar libre y espontáneamente el puesto que 
ocupa en ella, á fin de que sus aptitudes militares puedan ser 
utilizadas en otra parte por la Nación, con mayor honra para 
el país y para V. E. mismo. 

Las razones que nos mueven á dar á V. E. este consejo en 
el seno de la confianza, no se ocultarán á la penetración de 
V. E. ni debe extrañar que nos permitamos dárselo, invocan- 
do la opinión pública, puesto que la confianza que los pue- 
blos han depositado en nosotros, nos autorizan á ello, espe- 
cialmente hoy, en que reunidos en un propósito y marchando 
de perfecto acuerdo en el sentido de la libertad y del bien, 
debemos propender por todos los medios morales que estén á 
nuestro alcance, á que los beneficios de la nueva situación se 
extienda á todas las provincias en general, procurando que 
resuelvan pacíficamente las cuestiones que las agitan, y que 
se serenen en ellas las pasiones que las trabajan. 

Hacemos á V. E. la justicia de creer que sabrá valorar los 
sentimientos que han dictado esta carta colectiva, y estamos 
seguros de no equivocarnos, al esperar de parte de V. E. la 



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EL PAÍS DE CUYO 475 



correspondencia de sentimientos patrióticos no menos eleva- 
dos; y es por esto que no hemos trepidado en aconsejarle un 
acto que, levantándolo en el concepto público, consolidaría la 
política interna de esa Provincia, á la vez que satisfacería las 
legítimas exigencias de la opinión en toda la República, evi- 
tando al Gobierno General serias dificultades para lo futuro. 
Si contra nuestros deseos y esperanzas, y no obstante el pa- 
triotismo de que consideramos animado á V. E., nuestra amis- 
tosa indicación no tuviese efecto alguno, consideraremos 
siempre haber cumplido con un deber sagrado, salvando para 
ahora y para en adelante, nuestra responsabilidad y nuestra 
completa libertad de acción como hombres públicos, con su- 
jeción extricta á la ley y á las altas conveniencias del bien 
público. 

Con este motivo, tenemos el honor de saludar á V. E. con 
nuestra mas distinguida consideración. — Jmto José de í>- 
qniza, Gobernador de Entre Rios. — Santiago Derqui, Pre- 
sidente. — Bartolomé Mitre, Gobernador de Buenos Aires. 



NUMERO 26. 

Diciembre 30 de 1860. — El Gobernador Constitucional de 
la Provincia, á sus habitantes. 

Ciudadanos: me he hecho cargo del Gobierno constitucio- 
nal de la Provincia, en cumplimiento de la ley que con fe- 
cha de ayer ha dictado la H. C. Legislativa Provincial, que 
declara sin efecto la del 11 de este mes que suspendió mi re- 
cepción. He creído cumplir un deber sagrado al tomar po- 
sesión del mando, en circunstancias tan delicadas. Si no 
puedo ofrecer seguridades de acierto en mi administración, 
puedo sí consagrar y consagraré, os lo juro con las mismas 
veras de mi juramento de ayer, todos mis esfuerzos, mi san- 
gre, mi vida, al sosten de las libertades conquistadas el 16 de 
Noviembre último; á la defensa de los derechos del pueblo 
de San Juan contra cualquiera agresión; al mantenimiento 
de la dignidad del pueblo libre y democrático que correspon- 
de á San Juan. 



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476 EL PAÍS DE CUYO 



Ciudadanos : me habéis colocado en el primer puesto para 
exigir de mi el cumplimiento de la ley, la abnegación y el 
patriotismo que reclama la situación. Os garanto que no de- 
fraudaré vuestras esperanzas; pero al mismo tiempo, me ha- 
béis conferido autoridad para exijir de vosotros, por mi par- 
be, el cumplimiento de la ley, la abnegación y el patriotismo 
que pide este momento solemne. Os garanto que usaré bien i 
según mi conciencia, de esa autoridad. 

Ciudadanos: las libertades conquistadas el 16 de Noviem- 
bre están en peligro. Los enemigos de San Juan pintaron 
como un crimen espantoso aquel hecho, que aunque sensi- 
blemente fué sangriento, era necesario y lícito, si es necesa- 
rio y lícito conquistar la libertad indignamente usurpada por 
un tirano cualquiera. 

Ni se derroca la tiranía, ni se adquiere la libertad sin de- 
rramar sangre. La República Argentina no conquistó su li- 
bertad é independencia sin la sangre vertida en cien batallas. 
Sin la sangre vertida en cien Caseros, no habría hoy en el 
país libertad é instituciones; la sangre cae sobre los tiranos 
que con sus crímenes hacen necesaria su efusión. 

El Gobierno Nacional se dejó impresionar de las calumnias 
de los enemigos de San Juan, y nombró una comisión com- 
puesta del Gobernador de San Luis Don Juan Saa, y del ciu- 
dadano Don José María Lafuente, en calidad de secretario, 
para que, representando á dicho Gobierno, viniese á San