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Full text of "El triunfo de la libertad sobre ed despotismo: En la confesion de un pecador arrepentido de sus ..."

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-' • .< i, y ti. 



• • 




EL 



TRIUNFO DE LA LIBERTAD 



SOBRE 



EL DESPOTISMO, 



BN LA CONFESIÓN DE UN PEGADOR ARREPENTÍ-. . 

• • • * • j 

SO DE SUS ERRORES POLIIIOOS^Y DEDICA' 
DO A DESAGRAVIAR EN K3TA FART^ 

Á LA RELIGIÓN OFENDIDa/cON EL — ' * 

• • • . • « ' 

SISTEMA DE LA TIl^NIA. • 






Sa AÜTGR,^. o: Un CIUDADANO DB TENEZÜEIA 
EN LA AMEBICA DEL SÜB. 



FILADELFIA, 

«ir LA UCPREIITA DE THOMAS H. PALMEE« 



¡F'iBUCÜcK^RYl 



452070 

,LENC 

1908 



•nrfon, LENcx ANO » 

TitPEN Ic^i'^DATlSN*. I 



♦ 
• •. t 



« V 









. • •• - - : ' 
-.;*. 



DUTRICT OF PKNNSTLVANIA, to «it 

BE IT RR ME >'. < • RKD. I hat on tb^ rixtoenth dar ét Sqptembcr, ^ 
in the tbrty«>s*Kio «i y»*- r of xUt íiMlepcndtnce of'ihe United Sut * or 
America. A. D- 1817. Juan Getman Romío of tln- sud distñi't, hath 
depoñttil ¡n t^is offlce the titJt of a btiok, the rig^t wbereof h< claima 
asauthor lu thi wi-rd» folu %wk to wit: 

£1 IMuiifo de la Uttcitad lohre el Despotíimo, en la Confesión de vm 
Pecador arrepv-nti'lo de sut Krror^t poiiticoi, y dedicado á desa^viar 
en esta Parce á la Relifn<»n oiiendida eun el ^temii d< la Titania. Su 
aator, J. 6. R. Ciiidada o de Ventrzii« la en la America del Sur. 

In lont'ormity tn ih Act of the Coi>f[re» of thi? Vniud Statea, 
entitlHl * Ais ai-.t for the encütirai^-ment of kAcning, by st-runng tlie 
copit: 8 of tnaps charlt, and boolu, to th^ authon and propríeton of 
«uch copiei. dtirínfi^ the times therein inentioned.**— And alio to the Aet 
entitlfd, ** An Ac «upplementary to au Aet, ejititled, ** An Actíbv 
tíkv incoumgeroen' uf 1« amiiir by securing the copies of maps, rbarts, 
and boons. to tht autf ora and propñi tors of snob ropies, duríng the. 
timt's 0.{ ir'm mtuúoueá?* and t;xtendi'<g the beiiefits tbereof to the arta 
r, eooBvíDC* and etdúns uiftoika\ %i^ ovYieT vrá\iC* 



PROLOGO. 



A la confesión de mis errores politicos he que- 
^ lido dar el titulo del triunfo de la libertad nobre 
^ 6L denfiotiamo^ pqr la victoria, que ella obtuvo de 
^ mis antiguas preocupacit)nes ; por el deseo de 
^ Te ría triunfante en toda la tierra ; y por la es- 
i(> peranza de igual suceso en quantos la leyeren sin 
atender mas que al argumento de la obra, y sus 
\^~ pruebas. £n ella está declarado el objeto de 
k^ este trabajo. Manifestaré aqui el motivo espe- 
[iv^cial queme determinó á emprenderlo. Yo vi 
I «.desplomarse en España el edificio de su nueva 
Kv^onstitucion. Liberal sin duda con el territorio 
c^de la Península, con las islas baleares, y cana- 
; rias, era muy mezquina con los países de ultra- 
Lj mar en quanto al derecho de representación Por 
mas que desde los primeros pasos de la revolu- 
ción se había proclamado igualdad omnímoda de 
derechos, claudicaban las proclamas en la practi- 
ca, y fueron luego desmentidas en el nuevo codi- 
Ígo constitucional. Lloré sin embargo su ruina, y 
suspiraba por su restablecimiento y mejora. Me 
bastaba para estos sentimientos el mirar declara- 
\ do en la nueva carta el dogma de la soberanía 
i del pueblo ; sentadas las bases de la convención 
Z social ; abierto el camino de la felicidad á una 
^ porción de mis semejantes ; y marcado el rumbo 
^ de la perfección de una obra, que deVyv3L ^^t Vkv« 
^perfecta, é viciosa en &u cuna. CowícyVx^^^ 



T H ■£ N £■. \'^' ■ C ?. K 

FUBUCLIBRhRY^ 

452GT0 i 

Ierren, lenox ano y 







• 



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• • • 



DUTRICT OF PBNNSYLVANlA^tovit 

BE IT RE ME VI 1 . RED. 1 hat on tb^ rixtoenth day oT SqHember, 
IB the tbrty«seco d y^- r of tiie HMlept ndt nce of'ihe United St»t< s of 
America. A. D- 1817. Juan Germán Roscio of tht- said distriet, hath 
deporitvd ¡n tnis offlce the titJt of a btiok, the right wbereof h<: claims 
atauthor lu tht. wi-rds foll« %\uk to wit: 

£1 Triunfo de la Lit>eitad lohre el Despotismo, en ta Confi-sioii de xm 
Pecador arrepentíalo de sus ürrons políticos, y ded-eado á desa^viar 
en esta Parte á la Reli^un olfendída eun el Sisttma d< la Titania. Sa 
autor, J. 6. R. Ciudada o do Vene za> la en la America del Sur. 

In lonl'ormity tn ih. Avt of the CoKffre» of the Vniud Statea, 
entitied. * Aii ai-.t for the f ncüuraK*-ment of leavning, by s<-ruruig the 
copits of ina|M charlt, and books, toth^ authors and proprietors of 
«uch copies, during the times tht-rein m«itioned/*— And also to the Aet 
entitled, ** An Ac supplementnry to tu Aet, entitled, ** An Actfov 
tile incoumgemen' uf !« amine by securing the copies of maps, rharts, 
and boo.-vs. to tht aurf.ors and proprii tors of such copies, durírig the. 
tíatt-s th( tfin meritjoiied.** and trXtendi*ig the benefito thereof to the art* 
wí'deugmng, «ocnvÍDet awl etchins t\istoneai %vd other prints.** 



I 



PROLOGO. 



A la confesión de mis errores políticos he qu 
^ sido dar el titulo del triunfo de la libertad sob\ 
^ ti de/ffiotismoy pqr la victoria, que ella obtuvo < 
.0 mis antiguas preocupaciones ; por el deseo < 
J^ Te ría triunfante en toda la tierra ; y por i a u 
peranza de igual suceso en quantos la leyeren s 
atender mas que al argumento de la obra, y si 
^^ pruebas. £n ella está declarado el objeto < 
1^ este trabajo. Manifestaré aquí el motivo esp 
cv^cial queme deternünó á emprenderlo. Yo 
desplomarse en España el edificio de su nuc 
lonstitucion. Liberal sin duda con el territor 
C^de la Península, con las islas baleares, y can 
ñas, era muy mezquina con los países de ultr 
^ mar en quanto al derecho de representación Pi 
mas que desde los primeros pasos de la revol 
\ clon se habia proclamado igualdad omnímoda ( 
> derechos» claudicaban las proclamas en la pract 
^ ca, y fueron luego desmentidas en el nuevo cod 
go constitucional. Lloré sin embargo su ruina, 
suspiraba por su restablecimiento y mejora. M 
bastaba para estos sentimientos el mirar declar: 
do en la nueva carta el dogma de la soberan 
del pueblo ; sentadas las bases de la convencic 
•ocial ; abierto el camino de la felicidad á ui 
porción de mis semejantes ; y marcado el rumt 
de la perfección de una obra, que deVA^ ^^t \\ 
perfecta, é viciosa, en &u cuna. Cotvoc:\\wí 




la causa principal del trastorno, obrado por < 
rey, y su facción en Valencia, á su regreso d 
Valencey. Me confirmé en mi concepto, quan 
áo de la prensa yá, esclavizada, empezaron á sa 
lir papeles y libros contra los principios naturale 
y divinos profesados en la Constitución. Uno 
textos de Salomón y S. Pablo eran los batidore 
d^ la falange que acababa de triunfar de las idea 
liberales que han exasperado en todos tiempo 
el alma de los ambiciosos y sobervios. 

Algunos años- ames de este acontecimient 
habia yo renunciado las falsas doctrinas, qu 
amortiguadas en él corto reinado de la Filosofís 
renacían con mas vigor á la vuelta d¿ Fernandc 
Yo era en otro tiempo uno de los servidores d 
la tiranía mas aferrados á ellas. Por desgracia 
y por virtud de un sistema pésimo de gobierne 
ellas eran el pasto de las Aulas de Teología ; 
Jurisprudencia que yo habia freqüentado en í 
carrera de mis estudios. Yó suspiraba por un 
obra que refutase estos errores, no con razone 
puramente filosóficas, sino con la autoridad d 
los mismos libros de donde la facción contrari 
deducía sofismas con que defender y propaga 
la ilusión. Tanto mas deseada llegó k ser par 
mi esta obra, quinto que uno de la los im 
presos en circulación decia, que, << au?i que aten 
dida la Filoaofia de los Gentüesy no fiodia negara 
alfiueblo la calidad de soberano; los quefirofesa 
hamos la Religión de Cristo^ debíamos defende\ 
lo contrario^ y confesar^ que el fioder ylafuerzi 
•venían derechamente de lo alto á la persona d 
los reyesy y firincifies* 
En vano busqué lo que yo deseaba* No hall 
mas que discursos filosoñcos> taw c^x^^^q^ ^ 



cazón» que para nada contaban con la Biblia. Yo 
estaba muy lexos de pensar, que faltasen defen- 
sores de la libertad, fundados en la autoridad de 
los libros religiosos. Yo no podía creer, que des- 
de que el Ídolo de la tiranía erigió su imperio so* 
bre el abuso de las Escrituras, hubiese dexado 
de tener impugnadores armados de la sana inte- 
ligencia de ellas. A mi noticia llegaron los 
nombres de muchos de ellos, yá mas, yá menos 
antiguos. Pera no aparecían sus escritos, quan- 
do mas urgía la necesidad del desengaño, y de 
la impugnación de un error reproducido con 
mayor insolencia. En tal conflicto debía suplirse 
esta falta de qualquíer modo, considerando, que 
tanto vale el no aparecer lo que se busca, como 
el no existir. Por mas que se haya profanado la 
Escritura en obsequio del poder arbitrario, son 
incansables los tiranos en imprimir y reimprimir 
tus abusos, i Por que pues no imitar su tesón, 
multiplicando, y reproduciendo el contraveneno ? 
Me resolví k la imitación, para que no quedasen 
del todo impunes los folletos y quadernos que 
con entera licencia atacaban la libertad, y 
santificaban el despotismo. Me dediqué al estu- 
dio de la Vulgata, no en los indigestos y dolosos 
comentarios que me llenaron el tiempo, mientras 
yo cursé la cátedra de escritura, sino cómo de- 
bieron estudiarla los autores de ellos, y como la 
estudia quien no está, consagrado en cuerpo y 
alma al servicio de la tiranía. 

Desengañado yo por mayor, no creía, que en el 
por menor pudiese dar con alguna ley del nuevo 
y viejo testamento que favoreciese la opresión» 
Para esta buena fé me bastaba sabet^ ^^ \^^ 
pueblos cristianos y no cristianos Vv«XA«u \3l%»^^ 
muchas reces del ilerecho que «hor^ eíi ^\^ 



VI 

bierno español se tenia y predicaba como crimen 
de' impiedad, é irreligión. Me bastaba haber 
visto á Carlos tercero auxiliando k los America- 
nos del norte en su insurrección, é independen- 
cia. Me bastaba la excelencia dé la moral del 
Evangelio para conocer, que unos usos y costum- 
bres tales, como los de la monarquía absoluta y 
despótica, no podian concillarse con el cristianis- 
mo. Predispuesto de esta manera, me entregué 
á la lectura y meditación de la Biblia para ins* 
truirme de todos los documentos políticos que 
en ella se encuentran. Jamas fue mi intención 
tocar en nada de aquello, cuyo criterio está re- 
servado á la iglesia. Mis miras puramente po- 
líticas nada tenian que hacer con el dogma, y 
demás concerniente al reino de la Gracia y de la 
Gloria. Mi fé era invariable en estos puntos. 
Ella misma me enseñaba que no era del resor- 
te de la iglesia, ni de su infalibilidad lo que se 
dexaba ver en el código de la revelación pertene- 
ciente á otras artes y ciencias. Asi me dediqué 
k lo político como pudiera dedicarse un albañil al 
examen de todas las obras de arquitectura que se 
refieren en la Escritura, ó como pudiera hacer- 
lo un militar que quisiese criticar conforme á 
las reglas de su arte todas las compañas que allí 
se leen, marchas, expediciones, disciplina, y 
táctica de los hebreos, y sus enemigos. 

Por fruto de mis tareas saqué argumentos 
contra la tiranía, y por la libertad, nuevas prue- 
bas del carácter sublime y divino de una Religi- 
ón, que hace las delicias del hombre libre, y el 
tormento de sus opresores. Yo no me jactaré 
ifeJ complemeDto y perfección de mis trabados ; 
pero puedo decir, quenada he oiiviüAo i^^^^sv 
to estaba á mi alcance para qae é\io^ i\x^^^ 



vu 

uüles á las personas fascinadas como yo en otro 
tiempo. A ellas dirijo principalmente lo que 
escribo : con aquellas hablo en primer lugar, que 
deslumbradas con^ la falsa doctrina de sus opreso- 
res, les sirven de instrumento y maquina para 
oprimir mayor numero» y asegurar la opresión. 
Adopté el método de confesión, imitando las de 
S. Agustin, por haberme parecido el mas pro- 
pio, y expresivo de la multitud de preocupacio- 
nes que me arrastraban en otro tiempo. Quien 
tuviere la fortuna de no haberlas contraido jamas 
ni rozadose con gente impregnada de ellas, no 
ciea por eso, que son raros los ilusos de esta 
especie. Fixe los ojos sobre la conducta de los 
despotas, y los verá no menos atentos á la orga- 
nización y fomento de sus fuerzas físicas, que al 
incremento y vuelo de la fuerza moral de sus er- 
rores politicos y religiosos. Vea el diario empleo 
de sus prensas, de sus oradores, y confesores : 
acerqúese ai despacho de sus inquisidores ; y los 
hallará, k todos dedicados con preferencia á la 
propagación, y mantenimiento de las fábulas que 
hacen el material de mi confesión. No crea que 
la multitud posee sus luces: no la imagine, en 
punto de Religión y gobierno, de un espíritu tun 
despreocupado como el suyo. Mire y remire, 
que el pensar asi, cuidando muy poco, ó nada 
del desengaño de los ilusos en esta materia, es 
otro genero de preocupación, alhagueño al des« 
potismo, y fatal á la libertad. El numero de los 
necios es infínito. Lo era, quando escribía el 
Eclesiástico ; y ahom mucho mas : porque en- 
tonces aun no se conocía este linage de necedad 
^ue propagan y fomentan con tai\Xo tó«vco\<» 
tíranos. Le ruego no olvide e\ caso A^ C.y^'sící^'^ 
w c/es^radada jomada con lo& Parüiw. ^\x'^>i* 



Vlll 

tracion le hacia mirar como insignificantes y 
vanas todas las ceremonias supersticiosas con que 
se preparaban á la guerra los Romanos, y á com- 
4iatir con los extrangeros. No considera este 
Oeneral, que sus tropas preocupadas miraban 
como indispensable y sagrada la practica de sus 
agüeros» y demás ritos de la superstición. To- 
do lo omite. $e empeña en el combate sin des- 
engañar á sus combatientes, sin prepararlos reli- 
giosamente. Esta omisión desalienta al exercito 
enerva el corage del soldado ; y es vencido y 
derrotado por los nuevos enemigos de la Repú- 
blica. Seamos como Craso en lo tocante á ex- 
comuniones, anatemas, y condenas del tribunal 
inquisitorial en lo político. Hagamos conocer al 
Yulgo, que en esta linea no hay otros hereges» 
entredichos y proscriptos, que los mismos in- 
quisidores, y quantos á su imitación abusan de lo 
mas sagrado contra la salud del pueblo. Inspi- 
rémosle todo el horror que merecen estos ex- 
comulgados vitandos, como profanadores del 
santuario de la Libertad. Cooperemos todos al ex- 
terminio de la tiranía, al desagravio de la Religión 
ofendida por el despota que la invoca en su despo- 
tismo ; unamos nuestras fuerzas para el restableci- 
miento de la alta dignidad de nuestros semejantes 
oprimidos. Copiosa es la remuneración que nos 
espera en la patria, y muy satisfactorio el placer 
de quien se emplea en la obra mas digna y meri- 
toria que se conoce debaxó del firmamento: 
; obra divina y excelsa, que demanda con justicia 
nuestros sacrificios i Si fuere menester, que por 
ella sacrifiquemos también nuestra vida, el santo 
amor de Ja patria nos animará, y moriremos con 

Ja muerte de Jos justoS) dideiÁo •• ^^ dulce^ «t 

decorum eaf firo fiatria tMfín. 



INBIOK 



Introducción 

§1. — Se explica el capit 8. de los Proverbios, 
y la figura ethopeya de que se sirve Salo- 
món en este lugar. 

$ II.— Explicación del c. 6. del Libro de la 
Sabiduna, y del origen de la autoridad y 
poder civil. 

§ III.^— En favor de la Soberanía del pueblo 
el c. 14. de los Proverbios. 

$ IV«— 'Falsa idea de la soberania. 

% V.P— Verdadera idea de la soberania, y se 
desembuelven los elementos sociales* 
=^ J VI»— Moyses, instruyendo á los explora- 
dores de la tierra prometida, está por la 
soberanía del pueblo. 

§ VIL— Abrahan triunfa de quatro reyes con 
la autoridad y poder del pueblo, declarán- 
dose por los insurgentes. 

§ VIH. — Jacob en el c. 49. del Génesis por 
la soberania del pueblo. 

§ IX. — Otra prueba dé la soberania popular 
en él c. 17. del Deuteronomio. 

§ X.— Joatan y Gedeon por la soberania del 
pueblo. 

§ XIw — De los discursos de Samuel con el 
pueblo resulta comprobada su sobeT^xvv^. 
f XIL^Oséas por la soberanía de\P\itVVo. 



§ XIII.— En la elección de SauUy otros acon«> 
tecitnientos de su reinado resalta la sobe- 
ranía del pueblo. 6 « 

§ XIV. — Pruebas del poder nacional en la 
sucesión de David, y en otros acontecimi- 
entos de su reynado. TA 

% XV.— Continúan las pruebas de este dog- 
ma político en los reinados de Salomón y 
Roboan. *t9 

§ XVI.— Continuación del anterior. Añá- 
dese el discurso de Abias. Nociones ge- 
nerales de la Libertad, Derecho, y Ley. 88 

$ XVII. — Abuso de loa que gobiernan con 
mando absoluto^ y su pretendida impuni- 
dad. 98 

$ XVIIL— ^Democracia} y Anarquía de los 
hebreos. 102 

$ XIX.--La razón de soberano y de subdito 
en cada persona y en cada cuerpo civil. 105 

% XX.— -La magestad del pueblo en el exer- 
cicio de la potestad coercitiva de loii he- 
breos sobre los reyes de Israel y de Judá. 109 

% XXL— Voluntaria interpretación del caso 
de Amasias, y sus semejantes. 119 

§ XXII.— •República de los hebreos después 
del cautiverio de Babilonia. Insurrección 
de los Macabeos. 124 

% XXIII.—- Se confederan los judíos con los 
Romanos. Continua la revolución de los 
Macabeos. 129 

% XXIV — La República de Esparta.se con- 
federa con los hebreos. Analogía entre 
s\is instituciones políticas. 139 

§ XXV.— El motivo que tuvieron los prin- 
cJpales Aposteles para cscribit Afc "^YvCyc^ 

en sus cartas. ^^ 




í 3U 

$ XXVI.— -Potitica de S. Pablo, concordante 
con la de S. Pedro, que en su primera car- 
ta está por la soberanía del pueblo* 14& 
j XX VIL — Razón por. que escribiendo los 
Apostóles en él imperio Romano, omiten 
en sus cartas políticas el titulo de empe- 
rador. Su concordancia, y explicación. 151 
$XXVIIL-*£1 ministerio divino, de cjue 
hace mención S. Pablo en su texto pohti- 
to cuya explicación se continua. 164 

$ XXIX. — £1 deber de conciencia que alega 
S Pablo en el lugar citado. 175 

$ XXX. — Obediencia activa, y pasiva en 
contradicción con la obediencia cieg^. 181 

$ XXXI. — Insurrección de . David contra 
Suul exclusiva de la obediencia ciega. 188 

$ XXXII.-— £1 Derecho de resistencia en 
otros casos de la £scritura contra la obe- 
diencia ciega. 199 

$ XXX{)U.^-^e continua impugnando la 
obedidk^ia ciega, y se alega el ezemplo de 
Jesús, y de S. Pedro. SOS 

§ XXXIV.— Contra la obediencia ciega otro 
caso de Jesús con el Tetrarca de Galilea. 307 

§ XXXV.— -Que no es ciego el deber de las 
contribuciones. 3 1 1 

§ XXX VI.— Mala aplicación de loque escri» 
bia S. Pedro á los esclavos. 234 

^ XXXVII.-*Otros textos relativos á los es- 
clavos. 237 

$ XXXVIII.— -Se concluye la explicación 
de los Apostóles en sus dicursos poiiticos* 243 

§ XXXIX — Abuso de la potestad ecte^i^v 
dea en lo poUüco» ^"b^ 



xu 

§ XL.— Alegoría de las llaves, y dos espal- 
das, con otras incidencias. 2 

§ XLI.— Se refuta la objeción tomada del q. 
19. del evangelio de S. Juan contra el po- 
der del pueblo. 2 

§ XLI I. — La soberanía del pueblo en el c. 6. 
del Evangelio de S. Juan. 2 

§ XLIIL— Magestad del pueblo en antiguas 
leyes de España, y en ciertos hechos de su 
historia. ' 2 

§ XLIV.*~Inyiolabilidad, y carácter sagrado 
de las personas. 2 

§ XLV.— Regicidio, y tiranicidio. 3 

§ XLVI.— -Dominio de la tierra de promi- 
sión. 3 

§ XLVn.o— Continua la materia del regid- 
do, y tiranicidio. 3 

§ XLVIII. — Se concluye la materia del re- 
gicidio, tiranicidio. 3 

§ XLIX. — Inviolabilidad de Naboth, y la pe- 
na de sus homicidas Acab, y Jezabel. 3 

§ L. — Juez en causa propia. 3 

§ LL— £1 quasi-religioso del dogma político 
de la soberania del pueblo. Recapitula- 
ción y conclusión. 3 

§ Apéndice ocasionado de la execucion del 
General Porlier en España. S 



II i II 1^— t^i ^z/S 



INTRODUCCIÓN. 



p£qu¿ Señor, contra ti, y contra el género hVL" 
mano, mientras yo seguía las banderas del despo- 
tismo. Yo agravaba mi pecado, quando en obse* 
quio de la tiranía me servia de vuestra santa pa- 
labra, como si ella se hubiese escrito, y transmi- 
tido á los mortales para cargarlos de cadenas, 
para remachar y bendecir los hierros de su escla- 
vitud. En vez d,e defender con ella sus derechos, 
los atacaba sin reflexionar que también los mios 
eran comprehendidos eñ el ataque. Siguiendo 
las fiílsas ideas que yo habia contraído en mi edu- 
cación, jamas consultaba el libro santo de la natu- 
raleza ; leer siquiera el índice escrito de vuestro 
puño sobre todos los hombres, m^ parecía un 
crimen. Yo desconocia el idioma de Is Razón. 
La práctica de los pueblos ilustrados y libres era 
en mi concepto una cosa propia de gentiles, y 
agena de cristianos : detestaba como heréticos los 
escritos políticos de los filósofos. Por los malos 
hábitos de mi educación 3ro no conoicia otro de- 
recho natural oue el despotismo, otra filosofía 
que la igpAorancia, ni otrtt verdad que mis preocu- 
paciones. Me sobratian libros y maestros que 
fomentasen este trastorno de ideas, este abuso de 
palabras, y subversión de principios : ellos eT«.ti 
Í9S que me impedían el desengaño. (^u«x\\.o tgüca 

R 



2 

esclavizado me hallaba, tanto mas libre me «con 
sideraha: quanto mas ignorante, tanto mas ilus 
trado me cf eia : quanto mas preocupado, quant 
mas adicto á mis errores, tanto mas ufano y con 
tentó con ellos : .quanto pías envilecido, quant 
mas negado & 4a viitud con que debía salir de m 
cautiverio, tanto mas me vanagloriaba de fiel va 
sallo y buen servidor del déspota que me opri 
mia. Con tal que mi degradación fuese califica 
da de lealtad en el juicio de mis opresores, ; 
compañeros de mi servidumbre, yo no buscaba 
ni estimaba en nada la opinión de los ilustrados 
y libres. 

De las sagradas letras se habian extraido vio 
lentamente y con fraude las basas de este maldit 
sistema: para su &brica te habia complicad) 
con los artificiosos comentarios de los hombre 
la sencillez de las santas Escrituras. Aquellc 
aeñor, que tu habias dicho para que fuese enten 
dido (de todos^ se reduxo k monopolio ; haciende 
se creer tan obscuro y misterioso, que solo er 
dada su inteligencia á cierto número de persona 
servidoras del poder arbitrario : tales laberinto 
urdieron ellas k las expresiones mas claras de un 
y otro testamento, con tanto impulso les diero 
tortura sus monopolistas, que al fin erigieron se 
bre ellas el idolo de la tirania* En vez de saca 
máximas de gobierno de los libros de Moyset 
Josuei Jueces, Reyes, Paralipomenon, Esdrat 
Nehemias, y los Macabeos, se preferían otros qu 
no eran destinados k materias políticas ; se arrar 
caban de ellos ciertas expresiones, que mal apli 
cadas y siniestramente entendidas, subveitian < 
orden constitucional de las sociedades, despoje 
Jkuí aJ hombre de sus derechotí «s4m>^Wtl ^ ^ 




.. v>^ - mw 



teraiinado número de personas y familias, y ca- 
nonizaban la mas escandalosa usurpación : expre- 
úones que por incidencia aparecían insertas entre 
coDsejos y preceptos morales de escritores con- 
templativos que arrebatados en su espiritu acia 
las cosas divinas, todo lo referian á. la suprema 
causa, suprimiendo el ministerio de las subalter- 
nas : ellos no estaban encargados de enseñar los 
elementos del Derecho público de las naciones, ni 
las cosas sublunares fixaban los ojos de su contem- 
plación. 

A las páginas del reyno espiritual de Jesu- 
cristo iban los enemigos de la libertad en busca de 
textos que sirviesen de dogma al gobierno tem- 
poral de las gentes contra la sana intención de su 
autor. Por extraordinarias y singulares que fue- 
sen las circunstancias que movieron su pluma á 
escribir asuntos que no eran el objecto principal 
de sus tareas ; mi ceguedad indistamente acomo- 
daba el texto al paladar del déspota, y pretendía 
que su acomodamiento fuese tan ex&cto y perpe- 
tuo como el placer de los tiranos en la opresión 
del pueblo. No era pecutiar de mi educación 
este sistema; ei*a el mismo que servia de regla 
general para los educandos que tenían la desgra- 
cia de nacer baxo el influxo de una monarquía tal, 
qual debía ser la que adoptaba semejante plan de 
enseñanza pública. * Yo quería que quanto con- 
tiene la Biblia fuese tan infalible, y estable como 
los misterios y dogmas de la Religión, aunque 
nada tuviesen de común con ellos, con la moral 
cristiana, y demás puntos concernientes al reyno 
espiritual del Mesías. Para mi desengaño no 
bastaba rer en estos libros preocupsiciant^ nwX^^- 
res, errores físicos, y astronómicos, de^cwVAev\.o% 



en otra edad : incapaÉ de reflesionar que si Je- 
sucristo se acomodó á ellos en la practica de su 
misión, fue sin duda porque no era del resorte de 
ella enseñar ¿ sus discipulos ciencias naturales, . 
y exactas, ni el arte de gobernar. Nada de esto 
comprehendian las credenciales que le despachó 
su eterno padre ; redimir al hombre de la servi- 
dumbre del pecado^ librarlo de la muerte eterna^ 
reparar las quiebras de la prevaricación de Adán 
por medios tan incomprehensibles como ágenos 
de la política, y demás artes y ciencias humanas, 
era el único y necesario nep;ocio de este liberta- 
dor puramente espiritual. A esta sola mira limitó 
sus funciones ; ni una sola clausula del fuero po« 
Utico se halla en la substitución que otorgó k sus 
Apostóles ; pero yo me persuadía que hablan que- 
dado autoriz'idos estos. substitutos para dictar en 
materias de gobierno : yocreia que sus dictámenes 
politicos eran tan infaUbles como los de la esfera 
de su comisión, siempre que fuesen acomodaticios 
al g;enio de la tiranía. Én siendo tales, me pare- 
cían marcados con el sello de la revelación. 

¡ Falsedad detestable k los ojos de las Escritu- 
ras del viejo Testamento ! pero mas detestable 
aun, quando pretende apoyarse de las doctrinas 
del nuevo : porque á lo menos entre aquellas hay 
muchas, cuyo objeto era el gobierno y legislación 
de los hebreos : vos mismo os habías encargado 
de su régimen y dirección civil hasta que su ape^ 
tito á la idolatría lea abrió el camino á una mo- 
narquía absoluta, en que degeneraron las institu- 
tiones liberales que habían recibido de Moyses ; 
pero en las nuevas Escriturias no podía tener 
lu^arniogun tratado de leyes^ e«ulVLtfi«^ Y \^í<^íoa 
semejantes 6, los que habla coia\xiac%.^o«iX3^^\^- 



6 

gislador, ó reproductivos de ellos. La misión de 
Jesucrisio no era la misión de Moyses : quebran- 
tar el yugo que suírian los israelitas baxo de Fa- 
raón} reintegrarlos en sus derechos, y restituirlos 
al pais de su dotación, fue el encargo de quien 
los sacó de la servidumbre de Egipto : redimir 
del caupverio infernal de Satanás á Loda la espe- 
cie humana, rescatamos de la esclavitud del peca- 
do, fueron las cláusulas del poder con que vos 
enviasteis á tu divino hijo en la plenitud de los 
tiempos. Prohibido estaba este libertador mera- 
mente espiritual, de mezclarse en los negocios de 
estado : él no venia á salvar á los hebreos de la 
servidumbre que padecian baxo el imperio Ro- 
mano : la plenipotencia con que descendió de los 
cielos, no tenia por objeto restablecer el rey no de 
Israel, revivir lá antigua constitución de este 
pueblo, ni la forma de gobierno que obtubieron 
en la época de los Jueces, ó de los Macabeos. 
¿ Poi*que pues apelar k los libros de la ley de 
Gracia para justificar la usurpación de los em- 
peradores de Roma ? ¿ Porque recurrir á pre- 
ceptos, 9 consejos evangélicos para defender, y 
santificar la tirania de los monarcas absolutos ? 
Si el sostenerla con algunos lugares de las para- 
bolas de Salomón, agenas del gobierno político 
de las tribus^ era un absurdo ; lo era mucho mas 
el hacerlo con las cartas de los Apóstoles, ó con 
algún otro texto del nuevo testamento* Yo alu- 
cinado con mis falsas ideas, pensaba que la Reli- 
gión era interesada en el despotismo que yo lla- 
maba derecho natural y divino : yo miraba como 
un homenage debido á tu Divinidad, la obedien- 
cia ciega que yo prestaba, y sostenia en favor del 
poder sui>itrario. En Ja monarquía despóúca <\ue 

b2 



yo adaraba, por el abusó de la Escritura se hal 
viciado de tal suerte el espíritu páblicO) que 
sistema de la urania se respetaba como articu 
de fé, las practicas opresivas del tirano se ven 
raban como divinas, y eran tildados de irreligi 
sos quantos usaban de su derecho contra este m 
envejecido. A fuerza de imposturas, juego ( 
palabras, y términos trabucados, pero muy coi 
formes al falso concepto ii)spirado á un vulgo i] 
norame, y fanático, pasa por inviolable y sagrai 
la planta del despotismo. 

De esta subversión de principios es que 
hombre, mejorado por la ley de Gracia, se hal 
no obstante de peor condición que los paganos, 
judios anteriores al nuevo orden de cosas cons 
mado en la cruz. Encorvado baxo el triple yu| 
de la monarquía absoluta, del fanatismo religioe 
y de los privilegios feudales, vive tan degradad 
que ni aun conoce su degradación ; y bien lex 
de este conocimiento, se halla contento con su i 
nominioso estado, estimándolo como una lealt 
acendrada, como el don mas precioso de la Re 
gion católica, como la quinta esencia de todas 1 
virtudes, como el dulce fruto de la libertad < 
vil, y la senda mas segura del parayso celestia 
llega 4 veces ¿ ser tan insensible, que tiene 
mengua el levantarse de su abatimiento, y mi 
como á enemigo mortal de su felicidad á qu; 
quiera que se interesa en sacarle de su esclavitu 
y restituirle á. la dignidad de hombre libre. 1 
ha sido el hechizo conque han fascinado su ente 
dimiento los partidarios de la tiranía, que le i 
mos armarse contra los que se acercan á romp 
las cadenas de su cautividad. Yo mismo incu 
e» eaUí infamia en 1797, y 1806. Tan constai 



■!'■ 



lo hi obstinación de los teólogos del pod^r 
ario en querer amalgamar dos cosas incon- 
les) el cristianismo, y el despotismo, oue ir- 
>s ciertos filósofos del siglo pasadoyttnbaye* 
la Religión unos vicios que ella condena : 
i propios de los obstinados defensores de ia 
rquia absoluta, é indignamente imputados & 
ras relaciones con el Ser Supremo. La pé- 
conducta de los Doctores de la tiranía exftji- 
tanto k los mas encarnizados contra ella, que 
ipeñaron en destruir los fundamentos religi- 
imaginando que ellos eran la causa del poder 
co de las monarquías cristianas. Sería falsa 
ligion que patrocinase al despotismo, y cuno 
iberia abjurarse. Este hubiera sido mi de* 
i en el estudio que de ella hice, quando palpé 
lidad de los comentarios que habia aprendido 
carrera de mi educación, hubiese hallado ci« 
ado sobre la ref elación el trono de la tiranía, 
sabéis, Señor, quales fueron los raptos de 
ia al convencerme que nada existía en las 
ituras favorable al poder arbitrarío de las mo- 
jias absolutas ; en todos los libros Santos le 
liado, y reprobado ; decidida en todos ellos 
berania del pueblo, y en sumo grado prote- 
i los derechos del hombre en sociedad. Yo 
iblo sino de todos aquellos lugares de la Es* 
ra que directa, ó indirectamente tratan de 
ica. 

3 hay persona despreocupada que dexe áp 
cer esta verdad : no faltan entre los mismoa 
isores de la monarquia tiránica quienes estén 
eneldos de ella ; pero por la ganancia que 
rtan de su oficio, siguen la marcha crimixial 
emprendieron tal vez con una CQixci«.i!i»a^tt* 



8 

ronea* Aunque sea muy sanguinario, y clespót 
el monarcaí de cuyas mercedes viven, le proc 
man por el mas justo, y humano : no hay pro 
dencia opresiva que no salga decorada con frai 
paternales, amorosas, y benéficas. A quantos 
sirven en la execudon de su poder arbitrario, 
tributan los honores correspondientes á la virtí 
y á tus fíeles servidores. ^ Quien obedece ai r* 
obedece á Dios : el servicio del rey ea el aervi 
de Di09.** He aquí Señor, el proverbio com 
de sus ordenanzas : en ellas su trono es comí 
ñero inseparable de tus altares ; su magest 
concomitante de la vuestra. Parecen todos esi 
aforismos inventados, no para la curación de ] 
enfermos de esta dolencia polínica, sino para r< 
gi^var mas sus afectos morbosos. Contagia 
yo de este mal en otro tiempo, hice servicios : 
ñaladoB al opresor de mí patria : dispuesto es 
ba á señalarme mas en su obsequio, menos p 
las gracias recibidas de su Real mano, que por 
estímulo de mis manias religiosopoliticas. Au 
que yo tenia muy poca tintura en la historia, 
era insuficiente para deducir de ella el desc 
gaño, si huviese reflexionado sobre los hech 
mas notables que desmienten las fábulas de q 
yo estaba imbuido No era necesario entrar 
¡os anales de todas las naciones que en todos 1 
siglos han exercido el derecho que yo creia ce 
denado por la Religión ; bastaba una ojeada $ 
bre todos los pueblos que los Romanos consic 
raban como partes integrantes de su imperio, 
como colonias suyas : era menester la mas ren 
tada ceguera para no ver que todos ellos, incli: 
la España, usaron del mismo derecho contra 1 
emperadores de Romaj en cuyolavor escribió 









I 



ia exórtacioD que sirve de fragua á los &c- 
le la tiranía para forjar los i^rillos y cade- 
la esclavitud. Sin una ceguera tal como 
yo mismo me hubiera argüido, diciendo < 
mtos pueblos pudieron usar de este de- 
sin ofensa de la Religión, sin contravenir 
ente del Apóstol, i porque no han de poder 
os las Provincias de ultramar, y quantas se i 

en su caso V* todavía ún remontarme á la 
:ioD del imperio Romano podía yo haber ,' 

inado sobre un acontecimiento coetáneo 
1 educación. £1 monarca absoluto, á quien 
>raba entonces, auxiliaba á unos pueblos ¡ , 

iaban de igual derecho contra otro monar- i 

ropeo ; y nadie dixo en mi país que hubie* I 

cado contra la Religión, ni contra la doc- \ 

le S. Pablo los auxiliados, y el auxiliador : 
contrario en todas las oraciones fúnebres 
> oi en las exequias de este Real protector 
urgentes, su vida y su rey nudo eran un 
de virtudes, y prácticas religiosas, 
das eran estas reflexiones para un entendi- 

menos deslumhrado que el mió. Yo 

1 bien distante de ellas, y tan apegado á 
'eocupaciones, que me hu viera distinguido 
mas en el servicio del monarca opresor de 
rra natal, si vos. Señor, no me hu\ieseís 
) los ojos, y presentado la ocasión de lavar 
tos contrarios la mancha de mi pasada con- 

Reparar el daño que irrogaron mis erró- 
le desde luego mi propósito : ellos fueron 
os ; publica también debe ser la sattsfac- 
tal ha sido la que hasta ahora he procurar 
/ jr (al quiero sea también esia petAleT^YOL» 
iré mis extravíos por el ordeu coi^ cj\^ 



í 



I 

« 

ii; 10 

{ ; . fueren ocurriendo á mi memoria r nada or 

,:| j de quanto me parezca conducente á la lib 

j ! de mÍ9 semejantes oprimidos. Vos, Señor 

¡ os dignasteis de traerme al conocimiento < 

verdades que por el sistema de los opresorc 
' bia ignorar para siempre, dignaos tambii 

i asistirme en esta confesión : haced que poi 

dio de ella, ó el que mas fíuere de vuestro ag 
se desengañen todos los que se hallaren er 
-4 ' ides circunstancias : no permitáis que inc 

en ellas los incautos, á quienes se ofrezca h 
da de las preocupaciones con- apariencias 
i giosftSi 

i 



Se exjfiüea ei caftit 8. dt loa Prov erbios j y la 
ra ethofieya de que se sirve Salomón e? 
lugar, 

' I El cap. 8'. de los Proverbios era el mas 

rito en mis descarríos : con él me empeña 

en probar que todos los monarcas recibían e 

sivamente de vos la autoridad y poder, qi 

quiera que fuesen los medios de su adve 

ento á la monarquía ; y que de consiguient 

taban autorizados para mandar absolutai 

i sobre los pueblosi y éstos obligados á obe 

ciegamente, por mas di scolos que aquellos f i 

por mas iniquos que apai*eciesen sus man 

] entos. " Por mi reynan loa reyeay dice el i 

'' y /os legiéladorea decretan lo jueto." Yo svj 

que tu eraa quien aqm lomaYni \^ ^«i\v^yr^ 



11 

vor de todos los comprehendidos en ella, y que 
por esta expresión atribuida erróneamente á tus 
divinos labios^ quedaban constituidos plenipoten- 
ciarios tuyo • todos los monarcas. Pero leyendo 
íntegrainente el capitulo, se ve claramente que 
no sois vos quien se explica en él, sino la sabi- 
duría en general. Si, Señor : personiBcada me- 
taforícamente por Salomón esta virtud intelec- 
tual, ella es la que decíais que sin sus luces no 
puede haber acierto en los gobiernos, en la legis- 
latura y administración de justicia. Sea qual 
fuese la forma gubernativa, titúlense como quie- 
ran los magistrados, y legisladores ; ninguno de 
dios desempeñará tícü sus funciones, si carace 
de sabiduría. He aqui todo el fondo del '^ Per 
me reges regnant^ et legum conditorea justa de^ 
cernunt.** Con leer sequiera el sumario del 
capitulo, queda averiguada esta verdad, y dissi- 
pado el error introducido en obsequio de la mo- 
narquia absoluta. 

No es Salomón el único escritor del viejo tes- 
tamento que se vale de parábolas en la explica- 
ción de sus pensamientos. Joatan en el c. 9. de 
los Jueces, el autor del Paralipomenon, lib. 3. 
c 25. y el Santo Job en el c. 38. sirviéndose 
de la misma figura, personifican y hacen hablar 
á los vegetales, al abismo, á las ondas del mar, k 
la muerte, y la perdición. Es sin duda la sabi- 
duría el interlocutor que introduce Salomón, di- 
rigiendo, la palabra Sl los hombres constituidos en 
autoridad, para amonestarles que por sus conoci- 
mientos es que cada uno de ellos llena las miras 
de su empleo : ella es la que después de hablar 
i los mortales en lo principal de este capitulo^ 
iDdicandoJea de paso ser suyas las cauXelaA^ i^xt.- 



12 

visiones humanas, les invita á su acquisicion co 
los atractivos de su hermosura : ella es la qu 
comunicada á la hormiga^ la dignifica para tenc 
lugar en este libro. Por su sabiduria en proveí 
se, es que este humilde insecto se propone pe 
modelo á los perezosos en el c. 6 de los Proveí 
bios. ( Vade ad formicante ó /lig'cr, et consider 
vias ejusy et dUce aafiientiam,) Reducida est 
expresión al language metafórico del c. 8. din 
la sabiduria .• ** Por mifirevee la hormiga lo futn 
ro^ y surte ofiortunamente sus graneros*** £11 
pues debia ser en mi concepto otro vicegerent 
vuestro quando yo suponía que erais vos el intei 
locutor de Salomón en su parábola. Baxo est 
falso supuesto, mis primeros tiros contra la sobe 
rania del pueblo partían de este lugar. De aqi 
deducía yo que el poder y magestad de los prii 
cipes y reyes se derivaba immediamente de vo! 
y que nada debian á las naciones de su mando 
; deducción falsísima, y promotora del despotis 
mo y tiranía ! Pero mi engaño no dexaria d 
serlo, aunque se fingiese que tu eras el interlc 
cutor. En tal caso conservarla siempre la socic 
dad el rango de causa secundaria en la comisio 
del poder y soberanía ; y la frase de Salomón e 
un libro que no es de política, no denotarla otr 
cosa que la elevación de su pluma hacia la prime 
ra fuente del poder. 

Imitando su parábola el Eclesiástico en el t 
24. pone en boca de la misma sabiduria. sus prc 
pios elogios, su procedencia, su curso, mansionei 
eficacia y efectos : convida á su posesión, y de 
clara haber residido en toda la tierra, y obtenid 
Ja primacía entre todos los pueblos y familia! 
Incomprehenúblc en su orí^u, ^ ?Lto^x^íc\^ % 



I 



18 

las crLituras susceptibles de este don gratuito, 
ella es la que infundida en el virtuoso, y en el 
psalvado, produce bienes y males, resplandece 
Bilorioaamente en el uno, y degenera ignomini- 
osamente en el otro con fraudes, trampas, y la- 
De esta sabiduría tiene gran fondo Sata- 
: de ella participaban los magos de Faraón, 
la pytoniaa de Saúl, y demás nigrománticos cita- 
dos en la Escritura : por ella hablaban los pseu- 
dopTofetas : por ella obraran milagros los falsos 
crístos, y fidsos profetas anunciados en el c. 24* 
de S. Plateo. Siguiendo pues el mismo estilo 
figurado» es de esta sabiduría el decir. — ^' Pf/r 
\mi gobiernan loa prmc^ea abaolutoa^ y con afiari" 
atciaa contrariaa mantienen abatidoa^ y caclaviza" 
doa loa fiuebloa. '' Por mi loa oradorea de la tira^ 
9ia logran fierauadir que no aoy yoy aino el Eafii" 
\TÍtu Santo f guien ae afieraona y lleva la fialabra 
^enel c» 8. de loa Proverbioa^^^^ Por mi ae ha de 
tal tuerte organizado el aiatema o/ireaivoj que loa 
fueblois adoran como imagenea^ ungidoa y mima" 
troa del Señor^ á loa moa imfilacablea enemigoa 
«HffOtf, y fioderhabientea de Satanaa : ^< Por mi ae 
Am ligado de tal modo en la errónea o/iinion del 
vulgo la ReSgionjy Gobierno^ el trono, y elaltar^ 
la mageatad de Dioa^ y la de loa uaur/iadorea, que 
loa ilusoa miran también como aagradaa laa liga- 
duna que de aquí han reaultado contra el fiueblo, 
^Por mí cow^fdran laa fioteatadea del infierno 
contra la mageatad y aoberanía del fiueblo, con- 
ira la ftroafieridad del orden aocial, y en laa pO" 
tioneade loafiaeudoteologoajyfalaoafiolíticoa tienen 
eüaa loa mejorea agentea, y fiatronoa de au causa. 
^ Por mi la inorancia /laaa fior Jiloa^fia^ el des- 

C 



Í4 

potUinofiot derecho natural^ y iaa fireocüfia 
Jior verdades, 

Al género humano es j^miciósa éétsr ^ 

ría : á ella es aplicable la denteñtia de Job. 

Isaisís^ reproduida pof él Apóstol tii sü pr: 

carta k los de Corinto ; << Moliréy die&i ^^ ^ 

ría de toé Búbion^ y aniquilaré la ciencia de . 

teUigentea** (I. ad Corint. 1.) Peré de: 

aparte este maligno saber, y éonvirtiénda la 

bra en iRia frase séncíllaí, nada nías quiere 

aiiío ({ue quien reyna bien, tiéfie sabiduría, 

también la poseen los legisladores qué 

buenas leyes, los principes, cuyo imparto e 

to, y los poderosos que admimstránr josfíchi 

no es una depravación el haber ábusadúf de 

dor y d6 la ignorante eredulidád hasta él 

dje santificar á- los enemigos de la especia \ 

na con un texto que en n«éa les favorece i 

verdad notoria es lo qu^ en k\ Se énséñá : 

la ignoraría, nadie dexaria de éx^Il^arlá 

modo aunque la hubiere oiftitedd Salomón ; 

el vicio de la lisonja, el prurito dé haéer i 

ríoso lo mas patenté y llánoj son lá tti± de 

éstos males. Demasiado sabidb es que éii ] 

critura hay muchos asertos que sin t\ orga 

la revelación é\ magisterio de la Naturales 

enseña k todos los hombres. Ta! é^ él del 

de los PiH>verbios } y bien pudo su aütoi^ al 

birlo haberse propuesto lo ^ue observamos 

gran maestro de las matemáEticas^ que pai 

ducir pruebas en favor de aquellas proposii 

menos obvias en esta ciencia, escribió c 

axiomas entendidos de toda la gente que tió 

Bunciado al sentido común : tales son le 

enseñan ser el todo mayor qu«\^ '^^tv» \ c 



r ._"ii -v»- ._-_ _- -- 



mhadef coqioooen un todo ; que la linea recta es 
el tranúto mas corto de punto á punto. Ellos son 
ta^D darosi que aunque Euclides no les hubiese da- 
dqiugar en sus obmS) ni los de Tracia podian igno- 
nrlos quando no sabían contar mas de quutro. 
Tieiie también los suyos la política : " £1 hora- 
]bi¿ jes i^auraimente libre ; no puede ser privado 
íie su libertad sin justa causa ; ni la resigna, ni 
ja disminuye sino por la consideración de un 
^en mas grande que ¿1 mbmo se propone al en- 
erar en sociedad ; todo poder que no se deriva de 
füia, es txr&iiiaH ¿ ilegitimo : k beneficio de los 
goberpadosi no de lof gobernantes fueron insti- 
tuidos los gobiefOQs; fuera de los deberes que 
ei hoipbre tiei^e para consigo mismo, no re- 
Qopoce otros qi^ 'tquel^s que proceden del be- 
p^cio recibidOi :,%;i contrato, ó quasi contrato, 
del defitoi ó q^«i delito." Estos son los mas 
evide|)t/ss a^icm^s políticos. Mientras estubie- 
ten avenidas c^n ellos l^s constituciones y leyes 
/jlel estado, ser&n justas, y amigas de la sabiduría 
áúripa : tales fucn^n las que por el ministerio de 
MpjTses dictaste á tu pueblo escogido. Mien- 
tras Sajuly Pavid, y Salomón obraron con arreglo 
i elIaS| estaban comprehendidos en el discurso 
de la sabiduría concerniente á los reyes. Nin- 
guno de ellos fue legislador, ni podia serlo en 
una nación de cuyo poder legislativo os habíais 
▼os encargado : nada pues les tocaba de lo que 
dice la sabiduría k los legisladores. Quando las 
.circumstancias del tiempo hubiesen exigido re- 
forma en la legislación de los hebreos, quando 
vos os hubieseis eximido de este encargo, ellos 
misinos habrían exercido su facultad deViV^^vd^- 
íha, como una atribución natural y corcvuiv '«i Vo- 



16 

dos los pueblos de la tierra. De ellos es tamM- 
en la que se refiere en el verdculo sígnente al 
de los reyes, y legisladores, de que yo he tratado 
hasta aqui: su seqúela sera una ampliación de los 
desbarros que voy confesando. 

^' Por mi mandan los principes, y los poderooos 
decretan lo justo.*' (Per me principes imperan!» 
et potentes decemunt justitiara.) Es adaptable 
esta clausula & los 70. principes del sanedrin en- 
cargados del poder judicial de las tribuss ellos 
eran principes, y poderosos: con este tratamiento 
fueron distinguidos desde su primera instalacioo 
en el c. 18. del Éxodo, y eran efectivamente po- 
derosos, porque nadie estaba exento de su juris- 
dicción: los mismos reyes eran juzgados por ellos: 
su sabiduría les deba crédito para ser eleg^dosi 
especialmente aquella que anda acompañada del 
amor divino; fiorque Dios no ama sino ó loa que 
viven con sabiduría: (^' Neminem enim diligit 
Deus, nisi eum, qui cum sapienda inhabitat. sap. 
7.) Muy lexos de ella marchan los reyes que 
desconocen la soberanía del pueblo, arrogándose 
un p>odcr arbitrario. Ninguno de ellos puede cono- 
cer la sabiduría de que habla el Apóstol en el c« 
2. de su 1. carta á los de Corínto. „Su sabidu- 
es ignorancia delante de vos." ( Sapientia enim 
hujus mundistultitiaest apudDeum. (1* ad Co- 
rint. 3.) ó mas bien es de aquella, que merece ser 
abolida y aniquilada. (1. ad Corint. 1.) Ningu- 
no de ellos puede ser ministro tuyo, mientras 
proceda con una malignante sabiduría, mientras 
sus obras fueren obras del demonio. Las tujras» 
Señor están reñidas con el despotismo; no pueden 
conciJiase con la usurpación de \o^ ActtcVv^^ Ar\ 
hombre. Quien osare decir que mu ÍLe«^b\a.^^^v 



17 

i^ypy vierecerá, sin duda uoa ceusurá pro- 
nada a la que recibieron de Jesús los fari- 
lue decían ser de Beelzebub la virtud con- 
la/^caba los demonios. (MaUí. 12.) 
estoy lexos de pensar que Salomón, aunque 
:or de la ley, 6 interesado en sostener su 
arbitrario, maquinase defraudar en sus es- 
morales la libertad de} genero humuno. 
IK> de ello^ tenia por objecio la política de 
^ipnes: su autor no estaba encargado de 
^es, i^i el sello de la infalibilidad podia re- 
lobre máximas de gobierno contrarias al 
ip natural^ y divino. Tal es la que se lee 
c. 8 del Ecieúastes: ^ Guardar los manda- 
<9 de ios reyesj y no fireguntar^ ¿ que es lo 
: haces? fiorquc en dor^de esta la fialabra del 
Ui esta el fioder^ y hará todo lo que guste. 
BB la lejtra del texto; pero ella es muy di- 
:e á la constitución de los israelitas; al dícta- 
le la razón, ¿ los tisqs y costumbres de los 
)s libres, al dereeho natural y divino. Es 
smo qualquiera que hag^ pasar por ley ir- 
ble é invoíable su voluntad y palabra en 
minos referidos. Es un malvado quien 
ir mas razón que su querer en la administra- 
e los negocios públicos, exia de los subdi- 
ta obediencia tan ciega, que ni aun les sea 
>reguntar los motivos, y fines del mandato, 
a no fuesen tantos los tiranos de esta clase 
^ han sentado en el trono! Muchos dice 
lesiastico, eran estos quando él escribía, 
ss. 11.) Son 9 hora inumerables; pero nin- 
de ellos ha confesado su vicio: todos, todos 
propia boca y Ja de sus aduladores han sido 

o 2 



18 

^los mají justos de todos los monarcas, y 
reo de estado ha sido tratado quien los ha 
cado de tiranos al alcance de su tiranía. £1 
de Salomón podría pues pasar quando mí 
un consejo prudente para los que vivían b; 
pesado yugo de los monarcas orientales, j 
modo aconseaba Jeremías al Rey de Judá 
cías, quando el poder de Nabucodonoso 
irresistible. (Jerem. 37.) £1 sufrir, síe 
que faite el valor y la fuerza para salvarse 
opresión, es oficio de la prudencia, y es j 
de la misma virtud aconsejar el sufrim 
quando el consejero tampoco puede líber 
opromido, sea que este gima baxo el poder 
bandido, de un pirata, ó de otro que con é& 
tes fórmulas, títulos y apariencias exer 
¡urateria, el latrocinio y depredación . £s n 
ter advertir por otra parte, que no son del 
del £clesíastés todas las palabras citadas, 
las suyas bien distantes de adquirir un s< 
general y permanente, claudicaron muy lúe 
la persona de su hijo Roboan, cuyos labi' 
tubieron tal poder, ni fue capaz de hacer t< 
que quería: de manera que, sí reinando él^ 
ese escrito su padre este libro, habría i 
nuevo motiro para dolerse de la injusticia 
sorden que notaba quando decía haber vi 
necio colocado en alta dignidad, y á los cv 
humillados; á esclavos montados á caball 
principes andando ápie como esclavos. (£cc 
Mas me duele, señor, á mi el haber mal < 
¿ido y aplicado malisimamente unos textc 
por si solos no podían dsmar á la sociedad; 
^ue, en manos de la ignorancia y perve 
Aaa sido funestos k la libertSLd d«\\\Qio\^t«- 



19 

tro no menos perjudicial por la corruptela doi 
n glosadores, y es tomado del c. 6. del libro de 
isibiduria. 



5 II. 

txpikaeion del c. 6. del Uóro de la Sabiduría^ y 
del origen de la autoridad y fioder civil. 

** Oíd fiuesy reye8j y entended^ dice el escritor 
le este libro^ porque Dios os ha dado el poder y la 
kerza ; el qual examinará vuestras obras y escu^ 
Irmará hasta vuestros pensamientos. De estas 
lalabras entresacadas y mancas, infería yo, que no 
ecibiendo los reyes sino de solo vos el poder, y 
ft ñiersa que les caracterizaba de soberanos, era 
DMi quimera el decir que la soberanía dimanaba 
leí pueblo, y que este tenia derecho de imponer- 
es leyes, pedirles cuenta de su administración, 
omoyerlcs del mando y castigarles mas severa- 
nente. Pero mis inferencias eran tanto, ó mas 
erróneas que la primera, diametralmente opues- 
fts á los derechos del hombre, al consentimiento 
inánime de las naciones independientes y libres, 
L la constitución de los hebreos, 4 la práctica con- 
itante de sus mas distinguidos caudillos. Por 
ñas que se afanen los déspotas y sus cortesanos, 
a soberanía ha sido y será siempre un atríbuto 
laturai, é inseparable del pueblo. Este es un 
logma político y quasi religioso, que no puede 
ecibir lesión alguna en el presente texto, ni en 
»tros concordantes, que por ignorancia, ó malicia 
e han extraído de unos libros destinados, no á la 
naeñanza del derecho natural y de genl^^^ «vxvti . 
ia JastruccioD de otro orden de cosas. KcpitV 



Vi 

Ú 



á 



y 



\\ ^ 






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i- 

DI 



08, á quienes éstas fueron reveladas, 
ian arrebatados de la contemplación d 
premo, prescindían de las causas s^ 
quando meditaban en sus effectos, y lo 
expresamente á la primera ; pero ni < 
sion, ni este silencio de las causas sej 
quita su actividad, ni la parte que les 
producción de sus eíTectos. En ning 
lugares expresivos de la suprema csii 
cluye ef influxo de las demás: no h; 
una partícula exclusiva ; taciturnidad 
secundarios, declaratoria del nombre c 
es lo que aparece en unos escritores, 
ritu estaba remontado sobre todo lo t 
terreno. Obraban de buena fe ; y al ce 
de vos viene toda autoridad y poder, i 
que esta ifue^ atribución natural del 
que de él emanase como de fuente ir 
viúble. Con igual arrebatamiento de 
refieren á, ti, como principio y origen 
criado, siempre oue en sus meditacion< 
incluyen otros efectos naturales de es 
xnediarias bien conocidas, pero suprim 
escritps. Son inumerables los exei 
acerca.de esto ofrece la Escritura : yo 
roas obvios, empezando por el mismo 
Sabiduría, que al v. 8. trata de tu im 
para con la humilde y alta fortuna, dii 
<< Quoniam pusillum, et magnum 
^^fiorque tu hiciste alfiequeño y al gra 
^ui la letra del texto : en él no se me 
padres naturales del grande y del p< 
primera causa es la única que aqui c 
declara el escritor sagrado. ¿ Y ser: 
oue á la sombra de este Metido ^etvt 
ütcacuífé ei concursa de \o» ^^^eiox^^ 



ai 

de estas^ nobles criaturas ? i Seria licito al grande 
f y al pequeño ralerse de esta omisión para des- 
: conocer á sus padres^ para substraerse á lo que 
: les deben por la parte que turieron en su gehe- 
t ncion, nutrimento y crianza ? Seria impiedad, 
serla manifiesta transgresión del precepto espe- 
.. dal que dictaste en honor del padre y de la madre. 
:r { Y qué calificación merecerá la ignorancia ó ma- 
;T lafé con que se pretende despojar al pueblo de su 
¡c loberania, á pretexto de que ninguna mención se 
B haee de ella en el lugar citado ? 
jt ^ Deaeady pues^ y amad mis discursos^ y terim 
• irei9 Sabiduría. (<< Concupiscite ergo sermones 
^ «leost diligite illos, et habebitis disciplinam.) 
£ Así 8t explica el v. lü. del mismo capitulo, de- 
I clarando que el deseo y amor de la Sabiduria dará 
; la posesión de ella. Ni maestros, ni libros, ni 
estudio aparecen en este texto. '' Desead, y 
amad mis palabras, y tendréis sabiduria." Esta 
es la expresión dirigida á los jueces y reyes en 
el mismo yersiculo. £n ella se omite el magis- 
terio de los sabios, la consulta de los senadores, 
el consejo de los ministros ilustrados, i Y se 
dirá por esto, que ellos y sus escritos quedaron 
excluidos en este lugar ? i Porqué ques ha de 
i quedar excluida la soberanía del pueblo, y su in- 
tervención, quando en el mismo capitulo se dice, 
que vos habéis dado á los monarcas el poder y la 
fuerza? 

Vos mismo. Señor, al dictar á tu pueblo la pri- 
mera ley, le dixisteis-— << Yo 9oy tu señory y Dios 
que te saqué del Egifito^ y de la servidumbre. De 
esta manera hablasteis en el c. 20* del Éxodo, 
omitiendo ¡a memoria y ministerio de Mo^s^^ \ ^ 
en el c. 31. del mismo Libro yá. lodo es o\ív?l Í^ 
este libertador y no tuya, quando le dices— ^^ Ve- 



9» 

tCy y baxa : fiecó el fiueblo tuyo^ á qtUen aac 
de la región de Egipto. (Vade, descendjB : pie 
vit pc^ulus tuus, quem eduxisti de ierra Egy; 
Entonces yá. no es vuestro este pueblo, sim 
Moyses : este y no vos, fiíe quien le sacó de « 
Ha tierra, y le libró de la esclavitud. Pero la 
dad es que ni en uno, ni en otro texto hay con 
dicción alguna, conservando el orden entr 
causa primera y segunda : le turban pues, y i 
funden, y por decirlo asi, quitan del medio e) 
tema de las causas secundarias todos aquellos 
despojan á las naciones de su autoridad y pp 
sin mas, ni mas que el pretermitirse la mem 
y actividad de ellas en los textos escogidos pe 
ilusión, ó el dolo para obsequio de la tirapia. 

Entre los egipcios aprendieron las artes ^i 
todos los artesanos de que se valió Moyses j 
las obras que tu le encargaste en los ce. 3^. 
y 36 del mismo libro del Éxodo. Sin ea^ba 
os explicáis aqui como si no huviesien tenido < 
maestro que vos, quando decis que los llenas 
de vuestro espíritu, de conocimiento y peí 
para toda manu&ctura de metales, piedra, y 
dera. Pero á la verdad en la omisión del ma 
terio de los eKÍpcios, de la industria y aplicaí 
de sus discípulos, los artífices hebreos, no ex 
isteis la acción de las causas subalternas, no 
gastéis su influxo y concurrencia. A pesai 
esto, el despotismo y su séquito niegan á las 
ciedades sus mas preciosos derechos, porque 
se expresan en los lugares de su devoción. 

De los 600. hombres que armó David co: 

Saúl, 400. de ellos pretendían que los restai 

que no habían entrado en la acción coutrqi los A: 

lecitaa invasores del territorio Tcict\tfv»aX ^^ 

ceJeg, no participasen do \a pre«ac^^>aaiívs 



i» 

sus manos el enemigo completamente 
do. £l gefe al recotivcnirles por la injus- 
i una pretensión exclusiva de los 300. que 
aban el bagage y provisiones cormunes, fes 
lie todos debian tenef parte en los bienes 
les habias entregado. (^ Non sic facietis, 
mei, de his, quae tradidit nobis Dominus.) 
(on las palabras de David, que atribuyen- 
do á la primera causa, calla !a operación 
de las segundas. ^ Y se dirá por esto, <}ue 
ron vencedores los 400. combatientes diri- 
x>r su fuerte y valeroso caudillo ? ¿ ó que 
de ellos el poder, y la fuerza con que pe- 
y triunfaron, sino tomada & premio, ó en 
io de la que yo en mis desvarios atribuía 
ivamente á los reyes ? 
ndo David llegó k este rango, pecó contra 
ibee, seduciéndola, y corrompiéndola ; con- 
tas, injuriándole con el adulterio, y hacien- 
Atar dolosamente ; contra el pueblo, escan^ 
idole ; y contra la ley que violó. Con todo 
confesar su pecado, dixo haber solo pecado 
tí. (M Tibi soli peccavi. Psalm 50.^ Ab. 
m su dolor no consideró mas que la mfinita 
i del crimen con respecto k vos : se desen- 
, por decirlo asi, de la ofensa limitada con 
to k los demás agraviados ; pero no la ex- 
; antes por el contrario quedó tácitamente 
«hendida en la expresión del Ser Supremo 
do. De parte de las criaturas injuriadas 
roporcionada al delito la pena establecida 
ley ; pero de vuestra parte, faltando pro- 
n entre la immensidad del reato y la limi- 
te/ áelinquentej no podia este saúftbkCtit 
lamente. Callando David en la conteÁon 
lipa á Bethaabee, á Uñas, y a\ puiAAo^ 



obró d^ un^ manera inversa á la que se le 
quando incurrió en su pecado. No se acón 
tonces de ti, no os temió, ni se abstubo de 
á tu presencia : temió solo á los hombres, 
lo mismo se conduxo cautelosamente en le 
cucion del crimen. Aunque usó de la p 
exclusiva << tibí aoU" nadie niega la ofensa 
demás. Por exclusivas que sean tambi< 
palabras << Tu aolu» Sanctua^ tu aoiua Doí 
tu aolua altiaatmuay** abusan de ellas, apr 
dose sus respectivos epítetos, las mismai 
sonas que desapropian al pueblo de su mag 
y poder, aunque no haya siquiera una pai 
exclusiva en los textos de su facción. Esto 
mos facciosos, á pesar de la terminante 
expresión del psalmo; no se atreven á ne 
f. culpa cometida contra las tribus de Israel, ( 

^ sus leyes, contra Urias y su muger ; pe 

osaba sostener en otro tiempo, que las na 
carecían de autoridad y poder, porque de e! 
se hacia mención en los lugares favoritos 
tiranía. 

Al exponer el Eclesiástico la necesid; 

honrar al medico da por razón el ser criatu 

Altísimo este facultativo. (''Honora me( 

propter necessitatem : etenim illum creav 

^ tissimus." Eccles. 38.) A la causa prira< 

curre este escritor, sin hacer reminicencia 

padres, maestros, libros, y tareas del hombí 

por la carrera de la medicina llega á m( 

este honor. Quien abusa pues del silencie 

causa segunda en la communicacion del 

con la mira de descartar al pueblo, abusai 

ualmente de la taciturnidad del Eclesiastit 

ra sostener que los médicos saAeiv d.e nn 

manos como salió Adán» 6 queso\wci«.ivv 



■ < 

'i 



honrados aquellos que han recibido mi- 
mente ima ciencia mfusa para curar los 
os. ; Poco importaría fuese esta maldita 
t\ mérito 7 la sabiduría de los aduladores 
spotismof ú el ignorante vulgo no se bu* 
lexado arrastrar de ella para prestar al 
L el poder y la fuerza cwique subyuga 



emas! 



funo mas sometido y. obediente k sus pa- 
le Jesús ; pero quando llega el tíempo de 
ur el reyno de los cielos, se desprende de 
terreno^ en tanto grado, que desconociea* 
madre y paríentes, protesta no reconocer 
dre que el Eterno, ni otra madre y her« 
que los que hicieren la voluntad de su 
relestial. Lo refiere S. Mateo en el c. IS. 
«evangelio. Predicando en aquel tiempo k 
itud, le avisan, que su madre y hermanos 
n y querían hablarle ; pero él, señalando 
!s con la mano á sus discípulos, contesta 
>s su madre y hermanos, y que qualquiera 
dése la voluntad de su padre, que estaba 
úelos, ese era su hermano, su hermana y 
Ire. Vengan pues los onidores antisoci« 
lespojar á María de su m^emidad por el 
sendero por donde vienen- k quitar ai 
sus derechos. Manejando k su modo el 
i de la tiranía, aquí hallará mas pábulo su 
idad, ó su preocupación : no es un mero 
I sobre los vínculos de la sangre y de la 
el que se os pone delante, sino una posi« 
negación dt: ellos. Y si vosotros, com« 
i en otro tiempo mios, sacabais de la &lta 
'ealon de un texto tanto fruto paT^ aXAcax 
res de Ja sociedad, y mantener Uuaun^- 



cion de ellos, aquí tenéis un lug^r tan expresi^ 
que á vuestro modo de raciocinar es un campo 
vastísimo de extravagancias ▼ delirios. 

Decia el Bautista, que nadie podia recibir cosa 
alguna, si no le fuese dadtt del cielo. (Jon 3.) 
Sin embargo, todos saben que esta elevación al 
supremo ser nada puede alterar de lo que él mis- 
mo concedió k los seres intermediarios en el plan 
de su creación. Bien sabia Ananias, que al de- 
fraudar á la comunidad de la pane de caudal que 
ocultaba y retenia, no podia engañar al Espíritu 
Santo. No era esta su intención : el engaño es- 
taba circunscripto á la congregación de los fieles. 
Con todo, al reconvenirle S. Pedro por el fraude^ 
le dice, no era un mentiroso con los bombre^ 
sino con Dios. (^ Non es mentitus hominibus, 
sed Deo.** Act. 5.) Al despedirse S Pablo de 
los de Efeso, dirigiendo su discurso á los nuevos 
Prelados, les dice, haber sido colocados por el 
Espíritu Santo ; y no expresa los actos humanos 
de aprobación y nombramiento, sin los quales no 
hubieran sido establecidos. (Act. 20.) Con igual 
sublimidad dé espíritu decia Santiago en su carta 
canónica, que ^^toda grada excelente y todo don 
perfecto viene de lo altOy y desciende del /¡adre de 
lae /Mc¿fí"( Jacob. 1.) Si al suprimirse la inter- 
vención del hombre en este orden de cosas, nin- 
guna criatura sensata le priva de la parte minis» 
terial que en él le toca ; i porque tantos insensa- 
tos sacan de i^;uales supresiones en el orden 
político arguiTieatos viciosos para despojar de 
sus derechos á las naciones y ponerlas á merced 
del despotismo ? De'Y»d?iadü notorio es el motivo* 
Yo era uno de tPMeos lasensatos, y obraba como 
talf menos por inieres que por \ai% ^xi^'sílvsor* ^ 
una, conciencia, errónea, Ouos, a.\w\o^^ ^^^ 



ignorantes» llevan una práctica contraría á sus 
conociujientosy por las cousideracioDes y lucros 
que reciben del tirano y sus satélites : el egois- 
moi y en los cobardes el miedo los inducen á 
obrar de esta manera; pero son mucho mas nu- 
merosos los fiascinados con ideas siniestras de Re- 
ligión j Gobierno. 



$ III. 

£n favor de ia Soéerania del fiueblo el c. \4, de 

loa Proverbioe, 

Lsxos de esta insensatez el -autor del libro de 
k Sablduria reconoce y confiesa en otro lugar la 
magestad y poder del pueblo ; pero aun quando 
hibieae escrito contra ella» quedarla ilesa la ver« 
dad de este dogma político ; y la infalibilidad 
prometida en los arcanos del reyno de loa cielos» 
DO seria .perjudicada en un ápice. Vuelvo & con- 
fesar que no son de este resorte laa roateriaa de 
gobierno, de fisica, 6 astronomía. Tan falible 
era en el curso de los astros como en política el 
•escritor de los libros de la Sabiduría y Proverbios. 
Es por esto que demostradQ y& el sistema pla- 
netarío de Copemico ningún astrcMiómo moder- 
no, por católico y escrupuloso que sea^ desconoce 
el error de Salomón en los vvt 5. y 6. del c. 1. 
de Elclesiastes ; y todos viven seguros de la in- 
justa persecución de Oalileo. Por la misma 
regla seria censurado qualquiera otro error poli- 
tico de sus escritos, y demás que no {uexoiv ^^^- 
/ íioadoa por tí 4 eAseñar axiomas y ptincviB^io^ ^^ 



98 

jurisprudencia. No es de esta clase 
Proverbios ; pero en el c. 1 4. v. 28. ha; 
bien signifiouite de la magostad, y sob 
pueblo. *^ En la muchedumbre del fi 
el texto, ettá la digmdad del rei/j y en 
ñez la ignominia del ftrincifie^** (<^ in u 
populi dignitas regts, et in paucitate p 
minia principis.") Para convencers 
verdad es suficiente maestro el sentid 
Aunque agotasen toda su Retorica lo 
de la tiranía, quedaría sin adoraciones 
su Ídolo, desde que le faltase el poder 
de la nación. Por mas textos que anr 
para persuadir su carácter divino, su 
unción celestial, ningún fruto cogeriar 
que yk no hubiese á las ordenes de si 
ungido mucha gente armada que in 
terror, y con él sostubiese la creenc 
otra soberanía imaginaria. Los misn 
cadores le abandonarían, quando á 1 
gente liipoiese la del lucro y distinción 
portalMm por su adulación. Del númei 
batientes ]r CMitríbuyentes resulta la c 
grandeza d^ monarca» y de la falta < 
ignominia y mengua política : de ell 
la dignidad, ó vifípendio que comunica 
presentante y hechura, á proporción d( 
y de lly^fiiierza fislca, y moral que pe 
por fiíM!^ se observa en la multitud, ( 
ento de h^ comunidad : soya es por ce 
la magostad y poder verdadero, que i 
cosa que el resumen de las facultad< 
tuales y corporales del hombre reunid 
dadf mas, ó menos honrada^ ó deshonr 
ei número de almaS} y cuet^^ i\i^^ 



i 



ella se contaren, de virtudes, ó vicios que la dig- 
niBcaren, 6 labraren su ignominia. De aqui re* 
sulta á sus gobernantes el honor, ó vituperio de- 
clarado en el c. 14. de los Proverbios. 



§ IV. 

I Faha idea de la soberanía. 

Confieso, Señor, que el concepto que yo habia 
- formado de ella, no podia ser ifias ridiculo y cho- 
^ cante á la razón. Imaginaba yo, que la sobera- 
! nía era una* cosa sobrenatural, é invisible, reser- 
^ vada desde la eternidad para ciertos individuos, 
I yíamiliasf, é intimamente unida con la palabra 
rey, para infundirla á su tiempo en el cuerpo y 
alma de aquellos que obtubiesen este titulo por 
fas, ó por nefas Otras veces la consideraba 
como una qualidad espiritual y divina, inherente 
á tu omnipotencia, de donde se desprendía mila- 
grosamente para identificarse, con los monarcas, 
y caracterizarlos de vicedioses en la tierra. Esta 
¡dea me habia venido de la que yo tenia formada 
de la Gracia Santificante, de la virtud sacramen- 
tal, y de la potestad de orden en los ministros del 
cuito ; pero la copia me salia mejor que el origi- 
nal : yo hallaba en la qualidad regia ventajas que 
DO tenia el dechado por donde mi fantasía la co- 
piaba : la gracia se pierde por el pecado mortal ; 
la prerrogativa Real era inamissible, aunque el 
rey cometiese muchos crímenes : ni la gracia, 
ni el carácter sacramental eximían al houvbte d& 
h obsemuicUí de Ja ley ; pero el cs^i^iclcí "RRal 

i>2 



30 

exoneraba al monarca del cumplimiento de las 
leyes, le hacia arbitro y dispansador de ellas : nin- 
gún iacineroso merecia la gracia santificante ; pe- 
ro el que llegaba á ser rey por el camino de la 
maldad, era tan acreedor á la investidura celes- 
tial, como el que adquiría la corona por aclama- 
ción del pueblo : por justificado que fuese el hom- : 
bre en el estado de gracia, aunque estubiese mar- : 
cado con el carácter que recibieron del mismo i 
cristo los Apostóles, dexaba de ser inviolable j I 
sagrado, siempre que maliciosamente quebran- 
tase la ley, y que^a sujeto á sus penas, sin ex- * 
ceptuar la de último suplicio, si lo exigiese la atro- 
cidad del crimen ; pero el monarca permanecía 
inviolable y sagrado, por mas tirano y delinquente 
que fuese : ni legatarios, ni herederos aparecían 
en el orden de la gracia, en las virtudes sacramen- 
tales, ó en la gerarquia eclesiástica ; pero en las 
monarquías absolutas todo era hereditario, todo 
transmisible á los parientes mas immediatos del 
último poseedor, por un derecho llamado de san- 
gre. 

Este era, señor el concepto que yo tenia de la 
soberanía, y estas las consequencias que de el se 
derivaban. Pero todavía tomaba mas vuelo mi 
fantasía para acomodarle al sistema de las co- 
ronas hereditarias. Con este fin me imaginaba yo» 
que tu hablas estancado una porción de vuestro 
poder, y vinculadole en favor de aquellas familias 
que después del diluvio habían de reynar sobre 
la tierra; y que dexando el llamamiento de los 
sucesores de este mayorazgo k voluntad de los 
primeros poseedores, y alguna vez de las nación- 
es mamoneadas, os habíais comprometido k es- 
tar y pasar por aus capricYioa ^ ««Xi^^\»¿vw»v^V» 



81 

nxinicar la cantidad necesaria de poder á loa 
mados en ellas, ó á la persona de mejor grado 
inea, sea qual fuese su edad, su sexo, sa inep- 
ad« ó aptitud; á respetai* sobre todo la le^ sa- 
A en este punto, como la mas equitativa, im- 
rcial y conforme á la generosidad con que tus 
Bnitas bondades se difunden sobre todo lo ciiá- 
1, sin acepción de personas: á no mezclaros en 
s pleitos de sucesión, y á suspender en este caso 
colación del beneficio de la soberanía, hasta 
le se decida la contienda por la fuer/a de las 
mas, por los artificios, y trampas de cada siglo, 
todas estas quimeras me arrebataba el torrente 
i mis preocupaciones, ajamas me habla pasa- 
> por el pensamiento el que, „ in multitudine 
TfitUi dignitaa regisj et in fiaucitate filebis ignO' 
inia /:rincijm: jamas atendía yo á este texto^ 
i k otros muchos que comprueban la magestad, 
poder del pueblo. Me escandalize la vez pri- 
lera que abri una obra de Derecho natural, y 
II ella lei lo siguiente. 



§v. 

erdadera idea de ¿a aoberania^ y se deaembuel 
ven lea elementoa aocialea. 

f, Soberanía es el resultado del poder y de la 
lerza moral y fisica de los hombres congregados 
1 sociedad: áiera de ella cada uno es un peque* 
> soberano porque se halla dotado de facultá- 
is intelectuales, y corporales, esenciales coti'&* 
utiros de Ja soberanist, A nadie pu^d»Citi^« 



3S 

garse estas dotes, que en el proyecto.de la c 
ación entraron ¿orno partes integrantes de c 
imagen y semejanza del criador. Las obras 
Dios son perfectas: como talps él mismo las 
aprobando al paso que su omnipotencia las 
sacando de la-nada. £1 Jiat con que recibiei 
el ser todas las que precedieix>n á la existen 
del hombre, parecia insuficiente á explicar 
dignidad y perfección de esta criatura, que tai 
habia de costar á. su hacedor: es por esto que 
formarla, toma otro tono mas solemne y dij 
del efecto que iba á producir para compleme 
déla creación. „ Hagamos al hombre a núes 
imagen y semejanza, eS^a fórmula con que s 
k luz este mundo abreviado para poner el sell 
las obras del criador. Entonces, es« que el c< 
junto de todas ellas merece ser aprobado co 
excelente y perfectisimo. (,, Vidit Deus cum 
que fecerat, et erant valde bona. Gen. 1.) Of 
doria el crédito de esta sagrada historia, abdi 
ria el sentido común qualquiera que dixese 
haber participado esta elegante copia de aquel 
atributos comunicables á la criatura. Tal es el 
la soberania y poder. Ilusoria y vana seria 
expresión de iinagen, y semrjanza de Dios, si 
da le hubiese cabido de los rasgos que compoi 
la soberania, y demás dones necesarios k su 
fensa, conservasion y felicidad. 

Vino la culpa y le privó de la justicia orí 
nal; pero no entra enlas penas temporales de 
pecado la privación del poder que habia rec 
do de su hacedor. 9, Estaras subordinada a 
autoridad del varón, le dices k la primera mug 
(,, Sub viri l^otestate eris.) y es esta la prim 
pruebu de este genero que niaiaSi^^xjaw V^^^x 



ido el hombra su poder después que preTari- 
Rctubo también el %uyo la mug^r, aunque 
metido al varón, pero no siemprey como lo de* 
uestra el número de las de su sexo que han 
lercido autoridad sobre los hombres. Conside- 
doB estos pues fuera de sociedad, cada uno de 
los es tan sobermoyoomo lo era Adán en su es- 
do de soledad. Dotado de razón 7 enriquecido 
» el precioso caudal.de Xa libertad el hombre 
í. multiplicado en su especie, no se habría con- 
¡ntado con su estado solitario. Aunque so in- 
ividual soberama nada tubiese que temer, ha- 
ría buscado siempre la compimia de sus seme- 
tntes; sus inclinaciones sociales no le permiti- 
ian sin mucha dificultad abstenerse de esta jun- 
u Ellas fueron mas urgentes^ quando la expe- 
tencia le enseñó estar expuesto su aislado impe- 
b & la violencia délos malos : procura entonces 
uroentar su poder y su fuerza, asociándose á sus 
emejantes ; 7 se da el primer paso á la sebera- 
ia convencional. Se forman compañías en que 
ada socio pone por capitales aquellas virtudes 
ntelectuades, 7 corporates que sirven de materia 
J cimtrato social ; conviniéndose en no disponer 
fk de este caudal con toda aquella franqueza con 
|ue lo hacia en su anterior estado. Ahora la vo- 
untad general de los compañeros es la única 
egta que debe seguirse en la administración del 
ondo común, que resulta de la entrada de tantos 
teculios particulares, del cúmulo de tantas sobe- 
anias individuales. Vivir con plena seguridad 
!n su persona y bienes, mejorar la suer:e de sus 
estinos, es el blanco y término de esta conven- 
ion. Baxo (te esta precisa ley es que cada *VEvd\* 
(fao se hace miembro de la comumdad) y ^fc w>- 



mote k^ Toluntxd general de loa aock», efa qm 
■e baila comprebcadida U auya como parte 4i 
eate todo. 

La exp¡reúoD del «oto general c« lo que prif 
pnamente se llama Ley ; y do es otra cosa qqt 
la misma Razón n^ural redunda á eacrkO) ó cñtr 
ducida por la tradición, único código conocMl 
^ntesdelainvMtüoudelaeBcriturti. Éalainaiiifii 
ble putedolaKri>ertiniaeitepoderle^»latÍ«o,l|', 
mus ventajosa facultad que el hombre reúbto ít ' 
su Auior. £s el producto de su Raztuí ilusMtr 
da, Y ejcéuta del influjo de los malos apetitos, 1|, 
que merece el santo nombre de Ley: aanckt! 
recta del entendimiento, que ordena lo buenoj r 
prohibe lo malo. Ved aqui la fuerza moniljl 
cuyo dulce y suave imperio, sin violenciit, ni i» 
pugnancia vive sometido el hombre de bien. $ 
fuese general la probidad de caBtumbi;e3, k^ 
Guperflua la accú^ de la fuerza finca, estañan -fil 
ti so las de mas fundones de la soberanía, no habiil 
pura qu¿ armarte de la espada militar, ni del t^ 
zo de la justicia : no habría necesidad de gobiq^ 
no Sena aiiarquia un tal estado, pero inoceojlf 
y pacifica como el de los hebreos ep loa ultinMf 
tiempos de sus Jueces. Pero siendo raros esU* 
casos, la sociedad establece un sistema de admlr 
nistracion, que ciuda de la observancia de la 1^ 
del castigo (le BUS infractores, de la decisión éf 
pleitos, y defensa del estado contra sus enemigflp 
exteriores. Esto e«'lo que coraummente llamar 
moB gobierno, cuyas miras exigen que se armt 
de la fuerza pública, aplicándola conforme á b 
voluntad general que le ha constituido. No e* 
este el ramo mas excelente de la soberanía, perv 
es e¡ mas eficaz para contener í.\q» 6\wn\n». *r 
eficacia serí. tanto mayor, q«aiW.o lo»» wmqwkí 



fiM$l*zli drniada« En la opinión dé está 
i g^nte ter& tanto mas poderosa y sobera* 
umpañía, quanto mas enormei y actira fu*> 
üma de brazos fuertes que abrígase en sii 
a re^petar&n entonce^, y no violarán sus 
M ; pero si fuese menguada, y de poca ac« 
la masa de sus ñiercas, llegará á ser el 
» de los malos, para quienes nada vale la 
i no está acompañada del poder coactiro. 
I es aplicable el proveriño de Salomón qué 
>n8Ístir la dignidad, 6 deshonor del princi* 
a población, 6 despoblación de sos estados. 

14.)" 

lección que á primera vista fue para mi 
indalo, empezó no obstante & quitarme la 
de los ojos. Llamar soberanía al resulta* 
a voluntad general del pueblo, al resumen 
Eíierzas espirituales y corporales, me pare* 
sueño. Para quien estaba acostumbrado 
implarla estancada en el empíreo en &vor 
tas personas y familias, era una violencia 
I diseminada entre todos los hombres, y re- 
trada en las sociedades. Mé aturdia esto 
rado descendisroiento del cielo á la tierra» 
ínsito repentino de los espacios imagina^ 
las llanuras de la realidad. Mas al fin lá 
la Razón, hasta entonces sufocada por loa 
de mi preocupación, principió á resonaren 
los, y poco á poco mefui habituando á es^ 
la sin escrúpulos, ni zozobras. Auxiliado 
luces de este libro recuñ áia etimología 
mino, qup en mi ceguedad también me 
i de un origen divino. Por este examen 
ro descubro Ist soberanía en toda \a traktvx» 

Ja veo en Jos sc^es inanimados^ en V^^ 



9ñ 

TOgetoblesy y animales, en los números, p 

jaldas, en el grao- sistema de atracción 

nao de la palanca, en la bondad y malicia 

acciones : hallo en. todo esto lo máximo y 

nirooy la mayoría, y la superioridad : can 

lenguage, rectifico los conceptos, y per 

quiera doy con la soberanía : ¿ voy paipai 

tre mis errores y preocupaciones, y me a 

la magestad de muckbs de ello» : miro e 

j nulidad de las imposturas del despotisi 

reo haciendo de soberanas en el reino de 1 

tira» y engaño, y conozco que solo obrabar 

poder y la faerza de una imaginación ' 

Considero la soberanía de la pólvora, y 

mentó de que haya contribuido tanto á 1 

pación y tirania : las armas de fuego se » 

nen i las blancas como'soberatuM suyos, ; 

miro la magestad del Cftñon de 34. res] 

l&ente á un mosquete. Sigo el rumbo d 

Ucrania por los mcmtes, rios, y golfos: i 

ojos sobre la del león, águila, y vallem 

advierto que ninguno de estos animales 

soberano dentro de su propia especie ; la 

tad de ^i^los es formidable & los individ 

otra especie ; los de la propia desconocei 

sallage de los suyos, y sin aspirar k enseñ 

4e su semejantes, viven en rigurosa dem 

Mas ambicioso que ellos el hombre, e 

únicamente puede hallarse el exercicio d 

lierania convencional por comisión de si 

pañeroa, inventa fiíbulas y romances par 

Ür el orden de la naturaleza, para en 

sobre el nivel ^ los demás individuos d< 

pecje, j cmi^nHos sacrile^mente. . Sol 

me «abe m¿f mal la sobeTax^Vk AcX ^tq\ ^ 



a un resorte podet-oso que en la mano^del 
le ayuda á mantener la idearía autórfdad 
len polidco. Con este metal soberano es 
¡ corrompe y compra la fuerza y poder de 
titud para sojuzgar á los demás, para sos- 
jsurpada la majestad del pueblo, 
sirvió de mucho el mismo libro para aca- 
concebir una idea exacta del sencillo, y 
1 sistema de las sociedades políticas, exhi- 
»me el modelo ^ de las mercantiles* ^^£n 
decia su autor, entra el hombre con su in- 
I y hacienda para adelantarla y enriquecerse 
[>n las ganancias. Por este solo fin es que 
»rporarse en esta compañía, renuncia aquella 
ida libertad con que antes disponía de lo 
sin consultar la voluntad y juicio de otro: 
to es qué se somete al dictamen de los corn- 
os reunidos al mismo intento. Los pactos 
a unión son las leyes constitucionales de la 
iñia. No serán ellas tales, ni obligatorias, si 
1 sido el producto de la Razón, y voluntad 
ú de los socios. Si en lo estipulado se o- 
la igualdad del lucro ó aquella justa pro- 
Al que debe haver entre la industria y capi- 
cada interesado, aplicación y trabajo al bien 
1 de la parearía; no será valedero este con- 

ii/f U-. i:j_ ¿ ^i - r_^..j^ 



30 

exoneraba al monarca del cumplimiento de las 
leyes, le hacia arbitro y dispansador de ellas : nin- 
gún facineroso merecía la gracia santificante ; pe- 
ro el que llegaba á ser rey por el camino de la 
maldad, era tan acreedor k la investidura celes- 
tial, como el que adquiría la corona por aclama- 
ción del pueblo : por justificado que fuese el hom- 
bre en el estado de gracia, aunque estubiese mar- 
cado con el carácter que recibieron der mismo 
cristo los Apostóles, dexaba de ser inviolable y 
sagrado, siempre que maliciosamente quebran- 
^ tasé la ley, y que^a sujeto á sus penas, sin ex- 
ceptuar la de último suplicio, si lo exigiese la atro- 
cidad del crimen ; pero el monarca permanecía 
inviolable y sagrado, por mas tirano y delinquente 
que fuese : ni legatarios, ni herederos aparecían 
en el orden de la gracia, en las virtudes sacramen- 
tales, ó en la gerarquia eclesiástica ; pero en las 
monarquías absolutas todo era hereditario, todo 
transmisible á los parientes mas im mediatos del 
último poseedor, por un derecho llamado de san- 
gre. 

Este era, señor el concepto que yo tenia de la 
soberanía, y estas las consequencias que de el se 
derivaban. Pero todavía tomaba mas vuelo mi 
fantasía para acomodarle al sistema de las co- 
ronas hereditarias. Con este fin me imaginaba yo, 
que tu hablas estancado una porción de vuestro 
poder, y vinculadole en favor de aquellas familias 
que después del diluvio habían de reynar sobre 
la tierra; y que dexando el llamamiento de los 
sucesores de este mayorazgo k voluntad de los 
primeros poseedores, y alguna vez de las nacion- 
es mayoñc3iá&Sy os habláis comprometido k es- 
tar y pasar por sua capricYioa -^ ^^\ssíí\siO»m«v^^ 



81 

% 

comunicar la cantidad necesaria de poder á los 
llamados en ellas, ó á la persona de mejor grado 
y linea, sea qual fuese su edad, su sexo, sa inep- 
titud« ó aptitud; á respetai^ sobre todo la ley sá- 
lica en este punto, como la mas equitativa, im- 
parcial y conforme á la generosidad con que tus 
infinitas bondades se difunden sobre todo lo cria- 
do, sin acepción de personas: á no mezclaros en 
los pleitos de sucesión, y á suspender en este caso 
la colación del beneficio de la soberania, hasta 
que se decida la contienda por la fuer/a de las 
armas, por los artificios, y trampas de cada siglo. 
A todas estas quimeras me arrebataba el torrente 
de mis preocupaciones, ajamas me habia pasa- 
do por el pensamiento el que, „ in multitudine 
fiofitUi dignitaa regisy et in fiaucitate fitebis igno* 
mima princijih: jamas atendia yo á este texto, 
ni k otros muchos que comprueban la magestad, 
y poder del pueblo. Me escandalize la vez pri- 
mera que abri una obra de Derecho natural, y 
en ella lei lo siguiente. 



Verdadera idea de la aoberania^ y ae deaembuel 
ven ¿9a elementoa aocialea. 

fj Soberania es el resultado del poder y de la 
fuerza moral y física de los hombres congregados 
en sociedad: fuera de ella cada uno es un peque- 
ño soberano porque se haila dotado de faculta- 
des intelectuales, y corporales, esenciales cons« 
titutíros de Ja soberanías A nadie ^u'^ü*^Kk w&f 



3d 

garse estas dotes, que en el proyecto de la cre- 
ación entraron como partes integrantes de esta 
imagen y semejanza del criador. Las obras de 
Dios son ¡>erfectas: como tal.es él mismo las iba 
aprobando al paso que su omnipotencia las iba 
.sacando de la-nada. £1 Jiat con que recibieron 
el ser todas las que precedieix>n a la existencia 
del hombre, parecía insuficiente á explicar la 
dignidad y perfección de esta criatura, que tanto 
habia de costar á su hacedor: es por esto que al 
formarla, toma otro tono mas solemne y digno 
del efecto que iba á producir para complemento 
déla creación. „ Hagitmos al hombre a nuestra 
imagen y semejanza^ eaí^a fórmula con que sale 
á luz este mundo abreviado para poner el sello á 
las obras del criador. Entonces, es;. que el con<* 
junto de todas ellas merece ser aprobado como 
excelente y perfectisimo. (,, Vidit Deus cunctaf 
que fecerat, et erant valde bona. Gen. 1.) Ofen- 
deria el crédito de esta sagrada historia, abdica- 
ria el sentido común qualquiera que dixes^ no 
haber participado esta elegante copia de aquellos 
atributos comunicables á la criatura. Tal es el de 
la soberanía y poder. Ilusoria y vana seria la 
expresión de imagen^ y semvjanza de Dios, si na- 
da le hubiese cabido de los rasgos que componen 
la soberanía, y domas dones necesarios á, su de- 
fensa, conservasion y felicidad. 

Vino la culpa y lé privó de la justicia origi- 
nal; pero no entra enlas penas temporales de su 
pecado la privación del poder que habia recibi- 
do de su hacedor. „ Estarás subordinada a la 
autoridad del varon^ le dices á la primera muger 
1,9 Sub viri ])otestate eris.) y es esta la primera 
prueba de este genero que raaia^e^\ai Yv^í^^t: x^ 



eiudo el bombra sa poder después que prcTari- 
:ó. Retubo también el suyo la muger, aunque 
ometido al varón, pero no siempre^ como lo de« 
nuestra el número de las de su sex^ que han 
asercido autoridad sobre los hombres. Conside- 
sdos estoa pues fuera de sociedady cada uno de 
líos es tan soberanoi como lo era Adán en su es» 
ido de soledad. Dotado de raxon y enriquecido 
on el precioso caudal de la libertad el hombre 
k multiplicado en su especie, no se habria coo- 
ptado con su estado solitario. Aunque so in- 
Lñdual soberanía nada tubiese que temer, ha- 
ria buscado siempre la compwia de sus seme- 
intes; aus inclinaciones sociales no le permiti- 
ian ain mucha dificultad abstenerse de esta jun- 
u Ellas fueron mas urgentes^ quando la expe- 
tencia le enseñó estar expuesto su aislado impe- 
lo á la violencia délos malos : procura entonces 
amentar su poder y su fuerza, asociándose á sus 
emejantes ; y se da el primer paso á la sobera- 
ia convencional. Se forman compañías en que 
nda socio pone por capitales aquellas virtudes 
itelectuades, y corporales que sirven de materia 
1 cisotrato social ; conviniéndose en no disponer 
i de este caudal con toda aquella franqueza con 
ue lo hacia en su anterior estado. Ahora la vo- 
intad general de los compañeros es la única 
eg{a que debe seguirse en la administración del 
máo común, que resulta de la entrada de tantos 
eculios particulares, del cúmulo de tantas sot>e- 
inias individuales. Vivir con plena seguridad 
n su persona y bienes, mejorar la suene de sus 
estinos, es el blanco y término de esta conven- 
ion. Baxo áe esta precisa ley es que c^A'Ql V[v<Kv 
(fup se hace miembro de la con\unidad) "5 ^fc 



M 

. I 



K mete á la voluntad general de los socios^ e 

h te halla comprebendida la suya como pai 

' este todo. 

La expresión del vpto general ts lo qu4 

priamente se Uama Ley ; y no es otra eos 

la misma Razón natural reducida á escrito, < 

ducida por la tradición, único código con 

antes de la invención de la escritura. £s la m 

ble parte de la soben^nia este poder legislati 

mas ventajosa facultad que el hombre rec^l 

I su Autor. £s el producto de su Razón 11 

i ] da, y exenta del influxo de los malos ap^tit 

\\ que merece el santo nombre de Ley* ^ 

' recta del entendittdentof, que ordenft lo biu 

^ ; prohibe lo malo. Ved aqui la fuerza mo 

cuyo dulce y suave imperio, sin violepcia, 

{ pugnancia vive sometido el hombre de bier 

^ fuese general la probidad de costumbres., 

superfina la acclop de la fuerza física, estari 

t]so las demás funciones de la soberaida, no ] 

para qué armarse de la espada i^ilitar, ni de 

zo de la justicia : no habria necesidad de g 

no. Seria anarquía un tal estado, péxo inc 

y pacifico como el de los hebreos ep los ul 

tiempos de sus Jueces. Pero siendo raros 

casos, la sociedad establece un sistema de 

nisti'acion, que ciuda de la observancia de 1 

del castigo de sus infractores, de la decisi 

pleitos, y defensa del estado contra sus enei 

exteriores. Esto es lo que comummente 1 

mos gobierno, cuyas miras exigen que se 

de la fuerza pública, aplicándola conformí 

voluntad general que le ha constituido. 

este el ramo mas excelente de la soberanía 

es e¡ mas eficaz para coniei^v ^\q& ^V&caVüs 

eñcacisL seri tanto mayor^ quaiAo xa»» wa 



I 



85 

Eíiere la {VMffzH armada* En la opinión de está 
dase de gente será tanto mas poderosa y sobera- 
na la compañía, quanto mas enorme, y activa fU'- 
eae la aüma de brazos fuertes que abrigase en sii 
seno : la ré^petar&n entonceé, y no violarán sus 
detechoB ; pero si fuese menguada, y de poca ac« 
tivldad la masa de sus fíierzas, llegará á ser el 
ludibrio de los malos, para quienes nada vale la 
ley que tío está acompañada del poder coactivo. 
A /Bstoa es aplicable el proverbio de Salomón qué 
hace consistir la dignidad, 6 deshonor del princi- 
pe en la población, 6 despoblación de sus estados, 
(Piw. U.)" 

Esta lección que á primera vista fue para mi 
nn escándalo, empezó no obstante k quitarme la 
benda de los ojos. Llamar soberanía al resi^lta- 
do de la voluntad general del pueblo, al resumen 
de sus fuerzas espirituales y corporales, me pare- 
cía un sueño. Para quien estaba acostumbrado 
i contemplaria estancada en el empíreo en favor 
de óettas personas y femilias, era una violencia 
él Yeria diseminada entre todos los hombres, y re- 
eoncentrada en las sociedades. Mé aturdia este 
inesperado descendisroiento del cielo á la tierra» 
este transito repentino de los espacios imagina- 
ifoa á las llanuras de la realidad. Mas al fin lá 
vos de la Razón, hasta entonces sufocada por los 
gritoa de mi preocupación, priincipió á resonar en 
ifiis óidos, y poco á poco mefui habituando á es- 
cucharla úa escrúpulos, ni zozobras. Auxiliado 
de las luces de este libro recuri á ia etimología 
del termino, qup en mi ceguedad también me 
parecia de un origen divino. Por este examen 
analítico descuhiX) h soberanía en toda \a tv^Xw* 
raleza: Ja veo en los se^e» inanímadoa^ eti\9% 



80 

vegetables» y animales, en los numeroe, petosi j 
medidas, en el grao- sistema de utracciony en i 
nso de la palanca, en la bondad j malicia de lu 
acciones : hallo en todo esto lo maxímo y lo ni' 
niroo, la mayoría, y la superioridad : cambio di 
lenguage, rectifico los conceptos, y por doodi 
quiera doy con la soberama : U voy palpando co* 
tre mis errores y preocupaciones, y me asombn 
la magestad de muckos de ellos : miro el vacit 
y nulidad de las imposturas. del despotismo, bi 
veo haciendo de soberanas en el reino de la mea 
tira, y engaño, y conozco que solo obraban por e 
poder y la fuerza de una imaginación viciadi 
Considero la soberanía de la pólvora, y me la 
mentó de que haya contribuido tanto á la usar 
pación y tirania : las armas de fueg^ se sobrepo 
nen k las blancas como soberanos suyos, y yoad 
miro la magestad del canon de 34. respectifi 
mente k un mosquete. Sigo el rumbo de la io 
berania por los montes, ríos, y golfos : fixo lo 
ojos sobre la del león, águila, y vallena ; per 
advierto que ninguno de estos animales se hK 
soberano dentro de su propia especie ; la majei 
tad de t}ki% es formidable k los individuos d 
otra especie ; los de la propia desconocen el vi 
sallagc de los suyos, y sin aspirar k enseñorean 
de su semejantes, viven en rigurosa democrad 
Mas ambicioso que ellos el hombre, en quic 
únicamente puede hallarse el exercicio de la a 
berania convfEncional por comisión de sus con 
pañeros, inrenta fiíbulas y romances para inve 
tir el orden de la naturaleza, para empinan 
sobre el nivela los demás individuos de an i 
pecie, y ou y i^ dWos sacrilegamente. . Sobre to 
me sabe mür mal la sebeTsi&a A«\ <3R^\ v«a^^ 



sr 

illas es un resorte podenoso que en la mano del 
irano le ayuda á mantener la idearía autoridad 
ilel orden político. Con este metal soberano es 
que se corrompe y compra la fuerza y poder de 
la multitud para sojuzgar á los demas^ para sos* 
tener usurpada la majestad del pueblo. 

Me sirvió de mucho el mismo libro para aca- 
bar de concebir una idea ex&cta del sencillo, y 
natural sistema de las sociedades politicas, exlii- 
biendome el modelo de las mercantiles. ^^£n 
eilaa, decia su autor, entra el hombre con su in- 
dustria y hacienda para adelantarla y enriquecerse 
mas con las ganancias. Por este solo fin es que 
al incorporarse en esta compañía, renuncia aquella 
ilimitada libertad con que antes disponía de lo 
suyo, sin consultar la voluntad y juicio de otro: 
por esto es qué se somete al dictamen de los com- 
pafleros reunidos al mismo intento. Los pactos 
de esta unión son las leyes constitucionales de la 
compañía. No seráji ellas tales, ni obligatorias, si 
no han sido el producto de la Razón, y voluntad 
general de los socios. Si en lo estipulado se o- 
fende la igUaldad del lucro ó aquella justa pro- 
porción que debe haver entre la industria y capi- 
tal de cada interesado, aplicación y trabajo al bien 
común de la parcería; no será valedero este con- 
venio. Mucho mpnos valido será, si por fraude 
de algún compañero, y necedad de los otros re- 
sultase una sociedad leonina, en que uno solo 
reporte todo el provecho, y los demás el peso de 
las fatigas, y perdidas. Valdrá la condición de 
que tbdos administren,*siempre que las circuns- 
tancias de los socios, el estado de fondos, y na- 
turaleza de Jos negodos sean tales^ que e^x^ ^t.- 

E 



38^' 



mocracia no perjudique los designios de la ad- 
ministración. Por la misma/eg^la valdrá el pac- 
to de no administrar, sino aquellos socios mas 
indoneos; y esta será una aristocracia laudable 
y firme, mientras que los administradores se ci- 
ñan al consentimiento general expreso en la carta 
constitucional, rindiendo á su tiempo la cuenta 
correspondiente. Baxo el mismo concepto será 
tolerable, y aun plausible el que uno solo admi- 
nistre con tal que reúna en su persona tantos ta- 
lentos y virtudes que le hagan muy digno de es- 
ta confianza ; pero seria torpe y contrario á 
la naturaleza de la sociedad el haver de es- 
tar y pasar por las leyes que quisiese imponerle 
el administrador, y el estipular que en este casó y 
en su anterior se trs^nsmitiese la administración á 
los herederos, y descendientes de los administra- 
dores indistintamente. Depender de la voluntad 
de un hombre solo, es esclavitud ^ y tanto en este 
contrato, como en qualquiera otro en que se 
elija la industria y virtud personal, está repro- 
bada la succesion hereditaria. 

<< Urge mas este principio legal en una compa- 
ñía en donde el hombre mete por capitales lo 
mas precioso que ha recibido del criador : unos 
bienes tan sublimes, que nunca pueden ser ena* 
genados, ni metidos en la carrera del comercia 
Considerados baxo este punto* de vista no es un 
propietario de ellos el hombre, sino mero usu- 
fructuario, que p9r una ley de su creación debe 
usar de este derecho con toda aquella magestadj 
y decoro que exige la nobleza, y alta dignidad de 
su origen. £s con este requisito indispensable 
que 8U indi vidual soberanía puede servir de capi- 
taJ para hacer el fondo común áe \as wiOfc^^Sk» 
civiles ; de otra suerte el coulwto ií^to^x»^^ ^ 



son todos aquéllos que por si mismos ce« 
1 los mentecatos^ los minos, prodigas de* 
os, ó en que se • enagenan cosas santas, re- 
is y exentas del ¿omercio, ó en donde subs« 
Imente influyen eñ la enagenacion el errory 
encia, el dolo malo. De aqui es que, qua- 
era que sean los administradores de la com- 
poli tica, nada mas tienen, ni pueden teuer 
I mero exercicio de esta soberania, radicada 
pueblo, en todos, y cada uno de sus miem- i 

de una manera imprescindible. Ninguno N 

eximirse de la cuenta, inseparable de to- 
ministracion. Qualquier pacto que releve 
Le deber, ó de la obligación de responder 
culpa, ó fraude cometido en el despacho de 
tas confianzas, es de ningún momento, 
naximas de derecho recibidas eti toda so- 
1 de comercio, cuyos fondos, por ricos y 
Losos que sean, en nada se estiman, quando 
nparan con los que vienen á la compañía 

La libertad sola vale mas que todo el oro 
undo. (" Non bene pro toto libertas vendí- ¡ 

ro.) No hay tesoros que contrapesen la per- 
le la libertad, y demás derechos imprescrip- 
¿ Qual pues será, la torpeza, y nulidad 
to que exonere de la cuenta y razón á los 
dministran la soberania de las naciones?" 
ivencido, señor, de estas verdades, me en- 
^ á la reflexión, y en todas partes hallaba 
s convencimientos de la majestad y poder 
leblo. Sea qual fuere el dictado que se 
ie su administrador, será vano, si le falta la 
i y poder nacional. Ningún usviT^^Aot^ 
1 tirano, aunque sea tan esforzado cotcvomxv 
es, puede subyugar una mu\úX\3Ld ^\t\ e\ 
oe otra, muititud bien armadgi y c^^^i. ^^ 



40 ; 

superarla: en este caso la multitud vencedora es 
la soberana ; sin esta sob^¡ania el agresor seria 
el juguete de la multitud invadida, y bien presto 
cogerla el fruto de su eikipresa quixotesca; á 
inenos que el defecto de la fuerza efectiva se 
supliese por la imaginaria, haciendo sucumbir 
á la multitud por el infiuxo de las preocupaciones, 
captándose su credulidad con el socorro de fe- 
bulas religiosas, con la voz y pluma át los mas 
expertos misioneros del poder quimérico. En- 
tonces conoci yo que ningún conquistador, ó ma- 
gistrado podia usurpar, ni conservar la usur* 
pación de los derechos sociales sin hacerse 
criaturas & quienes interesase, cediéndoles u- 
na parte del poder usurpado. A estos cesio* 
narios son principalmente deudores de su ex- 
istencia política nuestros usurpadores. Aun- 
que haya muchos entre aquellos cerciorados de 
la iniquidad de la usurpación, preponderan á 
este conocimiento sus ambiciosas miras: ellos 
mismos son oprimidos; pero arrebatados de su 
ambición y codicia, toleran su opresión por el 
placer de oprimir á otros muchos, por los emo- 
lumentos, y distinciones que reciben. £s para 
ellos mas amable la dominación que la indepen- 
dencia, y consienten llevar sus cadenas, con tal 
que á su vez encadenen la porción que les ha 
cabido en el repartimiento. Para executarlo con 
menos dificultades, y riesgos, ellos mismos son 
los mas empeñados en sostener y propagar la 
falsa doctrina del poder dimanada exclusivamen- 
te del cielo. Toda ^esta maniobra es palpable; 
pero el vulgo infatuado renuncia el informe de 
sus sentíaos: habituado k cteet Tfi"a.T^N\\^'& cwvVc^ 
el orden establecido en la lí aXura\^Ta^> c^\«^^ \^ 



41 

ducirlo todo á la esfei^ de lo extraordinario, y 
misterioso : curioso, y amante de cosas porten- 
tosas, prefiere las fábulas y romances á la reali- 
dad de los hechos, y nada le gusta tanto como la 
narración de cuentos poéticos, encantamientos, y 
metamorfosis. 

Quando yo dexé de ser uno de estos infatua- 
dos, en. varias frases vulgares hallaba comproba- 
do el poder de las naciones. '^ El poder de la 
Inglaterra^ el poder de la Francia^ el poder de la 
Austria^*^ l^c. eran' palabras que denotaban ser 
nacional, no personal el carácter soberano, de que 
usaban sus primeros magistrados. ^^ Poderosa 
la Gran Bretaña^ poderosa la Francia^ poderosa 
la Justriay no se decian sino por ser aguerridas, 
y numerosas sus poblaciones. Desde que las 
riquezas y otros adminículos vinieron á servir de 
accessorio á la soberania, quedaron igualmente 
comprehendidos en la idea que forma quien 
gradúa de poderosa una nación ; pero si re- 
flexiona que la prosperidad de un'pucblo no con- 
siste en la cantidad de oro que posee, sino en el 
numero de talentos y de brazos que emplea con 
utilidad, á esto se atendrá para califícarle de 
grande, y poderoso. Se halla igualmente reci- 
bido el dictado de potencia para significar una 
nación independiente y libre, sea qual fuere el 
gefe de ella, ó el numero de sus gobernantes. 
Sin fixarse sobre la fuerza individual de cada uno 
de ellos, sin atender 4 sus otras calidades per- 
sonales, ni al poder imaginario de la fábula, se 
forma el concepto explicado en la palabra poten- 
cia. Si se dice poderoso el primer magistrado 
de una nación, es por el poder que ella misma 
Ú€D€» En dexaado ella de ser pod^to^*) cw^- 

JB 2 



40 

superarla: en «ste cuo la nultitad 
la soberana ; am e«U aob^ania el 
el juguete de ta multitud mvadida, < 
cogería el fruto de su empresa q 
inenoB que el defecto de la fuerz 
suplieae por la imaginaria, bacicn 
i la multitud por el influxo de las prt 
captándose su credulidad con el s 
bulas religiosas, con la voz y plum 
expertos misioneros del poder quir 
tonces conoci yo que ningún conqui 
gistrado podía usurpar, ni conseí 
pación de los derechos sociales 
criaturas & qi^enes interesase) cci 
ua parte del poder usurpado. A 
tiarios son principalmente deudon 
istencia política nuestros usurpai 
que haya muchos entre aquellos ce 
la iniquidad de la usurpación, pi 
este conocimiento sus ambiciosas 
mismos son oprímidosi pero arreb 
ambición j codicia, toleran su opi 
placer de oprimir a otros muchos, p 
lumentos, y distinciones que recib< 
ellos mas amable la dominación qut 
dencia, y consienten llevar sus cae 
que á BU vez encadenen la porcioi 
cabido en el re partí miento. Para « 
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los mas empeñados en sostener f 
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pero el vulgo infatuado i 
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41 

ducirlo todo á la esfera de lo extraordinario, y 
misterioso : curioso, y amante de cosas porten- 
tosasy prefiere las fábulas y romances á la reali- 
dad de los hechos, y nada le gusta tanto como la 
narración de cuentos poéticos, encantamientos, y 
metamorfosis. 

Quando yo dexé de ser uno de estos infatua- 
dos, en. varias frases vulgares hallaba comproba- 
do el poder de las naciones. '^ El poder de la 
Inglaterra^ el poder de la Francia^ el poder de la 
Auatriai^ l^c. eran palabras que denotaban ser 
nacional, no personal el carácter soberano, de cjuc 
usaban sus primeros magistrados. ^ Poderoaa 
la Gran Bretaña^ poderosa la Francia^ poder o^ia 
la jíustria^ no se decian sino por ser a^;uerrjdas, 
y numerosas sus poblaciones. Desde que las 
riquezas y otros adminículos vinieron á servir de 
accessorio á la soberanía, quedaron igualmente 
comprehendidos en la idea que forma quien 
gradúa de poderosa una nación ; pero si re- 
flexiona que la prosperidad de uu'puv blo no con- 
siste en la cantidad de oro que posee, sino en el 
numero de talentos y de brazos que empica con 
utilidad, á esto se atendrá para califícarle de 
grande, y poderoso. Se halla igualmente reci- 
bido el dictado de potencia para aignifícar una 
nación independiente y libre, tea qual fuere el 
gefe de ella, óol^mero^ de «is gobemaxiteH. 
Sin fisarse agl^ Neraip^' lal de cada imo 
ÍW W^ «üdadcH pí;r. 

la fábula, v; 

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N 
40 

superarla: en este caso la multitud vencedora es 
la soberana ; sin esta sob^íania el agresor sería 
el juguete de la multitud mvadida, y bien presto 
cogeriael fruto de su empresa quixotesca; ¿ 
menos que el defecto de la fuerza efectiva se 
supliese por la imaginaría, haciendo sucumbir 
á la multitud por el infiuxo de las preocupaciones, 
captándose su credulidad con el socorro de fií- 
bulas religiosas, con la voz y pluma db los mas 
expertos misioneros del poder quimérico. En- 
tonces conoci yo que ningún conquistador, 6 ma- 
gistrado podia usurpar, ni conservar la usur* 
pación de los derechos sociales sin hacerse 
criaturas & quienes interesase, cediéndoles u* 
na parte del poder usurpado. A estos cesio* 
narios son principalmente deudores de su ex- 
istencia politica nuestros usurpadores. Aun- 
que haya muchos entre aquellos cerciorados de 
la iniquidad de la usurpación, preponderan á 
este conocimiento sus ambiciosas miras: ellos 
mismos son oprimidos; pero arrebatados de su 
ambición y codicia, toleran su opresión por el 
placer de oprimir á otros muchos, por los emo- 
lumentos, y distinciones que reciben. £s para 
ellos mas amable la dominación que la indepen- 
dencia, y consienten llevar sus cadenas, con tal 
que á su vez encadenen la porción que les ha 
cabido en el repartimiento. Para executarlo con 
menos dificultades, y riesgos, ellos mismos son 
los mas empeñados en sostener y propagar la 
falsa doctrina del poder dimanada exclusivamen- 
te del cielo. Toda 'esta maniobra es palpable; 
pero el vulgo infatuado renuncia el informe de 
sus sentidos: habituado ét cteet Ta^x^N\V^& cwwtta. 
el orden establecido en la lí alur«\^Ta> Q^\«t^ \^- 



41 

ducirlo todo á la esfera de lo extraordinario, y 
misterioso : curioso, y amante de cosas porten- 
tosas, prefiere las fábulas y romances á la reaÜ- 
i dad de los hechos, y nada le gusta tanto como la 
narración de cuentos poéticos, encantamientos, y 
metamorfosis. 
; Quando yo dexé de ser uno de estos infatúa- 
1 dos, en. varias frases vulgares hallaba comproba- 
do el poder de las naciones. '^ El poder de la 
\'y Inglaterra^ el poder de la Francia^ el poder de la 
Austria^*^ l^c, eran' palabras que denotaban ser 
J nacional, no personal el carácter soberano, de que 
•. usaban sus primeros magistrados. <^ Poderosa 
t\ la Gran Bretaña^ poderosa la Franciay poderosa 
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:•■ riquezas y otros adminículos vinieron á servir de 
-r-¡ accessorio á la soberanía, quedaron igualmente 
t: comprehendidos en la idea que forma quien 
¿I gradúa de poderosa una nación ; pero si re- 
flexiona que la prosperidad de un'pueblo no con- 
siste en la cantidad de oro que posee, sino en el 
numero de talentos y de brazos que emplea con 
utilidad, á esto se atendrá para calificarle de 
grande, y poderoso. Se halla igualmente reci- 
bido el dictado de potencia para significar una 
nación independiente y libre, sea qual fuere el 
gefe de ella, ó el numero de sus gobernantes. 
Sin fixarse sobre la fuerza individual de cada uno 
de ellos, sin atender 4 sus otras calidades per- 
sonales, ni al poder imaginario de la fábula, se 
forma el concepto explicado en la palabra potert" 
da. Si se dice poderoso el primer magistrado 
de una nación, es por el poder que . ella misma 
úeJWm En dexando ella de ser podQro^<> Cdx^« 

JB 2 



ctvk su gefe de este epíteto, aunque tenga tanta 
fuerza como Sansón. Será clemente, sincero, y 
justo, si su alma estubiese adornada de las vir- 
tudes correspondientes ^ pero jamas será, pode- 
roso sin el poder nacional. '^ In multitudiñi 
fiofiuli dignitas regisj et in fiaucitate filebis ign9* 
minia firincifíis." He aqui lo que excitó la aten- 
ción de Faraón para oprimir á los israelitas : te- 
mió el numero, y fortaleza de esta gente, con- 
vocó la suya, y le habló según refiere el c. I. 
del Éxodo—" JVumeroao y mas fuerte que noso- 
tros es este fiueblo de los hijos de Israel, OfitU 
mamosle cautelosamente^ no sea que se multi» 
jiliquéj se levante contra nosotros^ aumente el nu» 
mero de nuestros enemigos^ nos venza, y se es» 
ca/ie,**^ Con tal discurso manifestó el tirano sus 
inquietudes y recelos, inspirados, no por ukia 
magestad ideal, sino por la efectiva y solida que 
le representaban sus sentidos en la multitud, y 
poder de los Jiebreos. £1 libertador de esta 
gente oprimida me subministró otra prueba po- 
sitiva de esta verdad, que confirmaba mi desen^ 
gaño ; y la voy á referir. 



§ VI. 

Moyaesy instruyendo á los exploradores de la 
tierra prometida^ está fior la soberanía del 
pueblo. 

Quando Moyses despachaba sus exploradores 

á la tierra de promisión, les decia, examinasen y 

reconociesen^ si la nación tgci» \«^ Vo^xxsfioA^ ficn 



48 

joertei 6 débil, copiosa, ó menguada. (<< Consi- 
dérate terram, qualis ait : et populum, qui habi- 
tator est ejus, utrum fortís sitf an infírmus : si 
paaci numero, an plures." Num. 13.) Todos los 
exploradores convinieron en que era muy robus- 
ta la gente de aquella tierra :• algunos de ellos 
añadieron ser no solo mas vigorosa que los is- 
raelitas, mas tambiea de una estatura agigantada, 
en tales términos, que estos parecian langostas, 
comparados con aquellos.' Ninguno de los que 
exploraban, ninguno de los interesados en la ex- 
ploración consideró en este punto otra cosa que 
aquel poder macizo, y sensible, que constituye la 
soberanía executiva, y despertó la persecución de 
los egipcios contra la descendencia de Jacob ; 
ese otro poder quimérico y v^^no estaba por des- 
gracia reservado para oprobio de nuestra edad. 
Moyses no tenia mas idea del poder soberano 
que la natural y sencilla que inspira el sentido 
común : guiado de este conocimiento miraba en 
el pueblo la fuente de la soberanía, sobre ella fíxa- 
ba su atención, qiiando instruía k los explora- 
dores, y queria que sobre ella recayese el exa- 
men y reconocimiento que les encargaba. Si 
alli no huviese mas que anarquía, si todos sus 
moradores fuesen demócratas, no seria tan evi- 
dente la prueba que ofrece ieste lugar en favor 
de la majestad del pueblo ; pero ella es tanto mas 
ingente, quanto que todo el pais estaba cubierto 
de monarquías : tal era su abundancia de reyes, 
que aun después que murieron á manos del pue- 
blo hebreo baxo la conducta de Moyses y de 
Josué, treinta y tres de ellos, Adonibezec man- 
tenia setenta monarcas prisioneros^ que^ cortadas 
Jas extremidadea de Jos pies y mano^) com\Wi^^ 



4A 

las migajas que recogían debaxo de su mesa. 
(Judie. 1 .) Sin embargo de esta multitud^ nadie 
fundaba sus miras y temores en la persona f 
carácter de tantos reyes : nadie habla incurrido en 
la quimera cdh que ahora se hace el coco hasta 
á los adultos, y viejos ; todos se determinaban por 
la fuerza y poder de las naciones : k la muche- 
dumbre del pueblo, ó á su corto numero se ate- 
nían todos para graduar ermerito, ó demerito de 
su rey, ó de %u principe. <' In multitudine po- 
puli dignitas regis» et in paucitate plebis igno- 
minia principis." A todo el mundo era patente 
esta verdad, y también hoy lo seria, aunque no la 
hubiera escrito Salomón en sus proverbios, si no 
se hubiese inventado la fábula del poder, y lleva- 
dose la deferencia del infinito numero der los ne- 
cios, La Razón natural era el órgano de esta 
máxima entre todos los pueblos ; pero desgracia- 
damente prevalecieron contra ella en los tiempos 
feudales del cristianismo los sueños de los idola- 
tras de la tiranía. 

A la luz de un proverbio tan notorio en la edad 
de Moyses, quando este legislador anuncia á los 
suyos la grandeza y esplendor que les esperaba, 
no se funda en la serie de los que le hablan de su- 
ceder en la dirección de tu pueblo, ni cuenta con 
el poder y la fuerza de los futuros monarcas de 
Israel,' y de Jud&, sino con los fondos de su pro- 
pia nación. Del cuerpo nacional de los enemi- 
gos que hablan de combatir, toma igualmente 
Moyses la idea del poder y de la fuerza que opon- 
drían estos k las armas hebreas, siempre invenci- 
bles, mientras el pueblo observase fielmente 
tu ley, mientras no se hiciese indigno de tus 
iíuxiUes. Todo esto se balV% com^fc^V^^do ^n el 



46 

I 

c. 4. del Deuteronotnio. Pero hay en la Escri- 
tura otros lugares todavía mas expresivos de la 
soberanía del pueblo: yo los confesaré, empezando 
por el c. 14. del Génesis. 



§ VIL 

Abrahan triunfo dé qttatro reyes con la autoridad 
y poder del pueblo^ declarándose por los insur* 
gentes. 

Sublevados contra Codorlaomor, rey de los 
ElanütaS) los habitantes de la Pentapolis, entre 
quienes se hallaba Lot, fueron batidos por aquel 
monarca^ que habia reinado sobre ellos doce años 
i titulo de conquista. Lot no murió en la refriega, 
pero fue reducido á prisión. Su tio Abrahan, 
que vivia entonces en el valle de Mambre, au* 
ziliado de otros pastores compañeros suyos, que 
estaban como él independientes y libres, marchó 
al socorro de su sobrino y demás rebelados con- 
tra Codorlaomor ; k quien venció, y por su der- 
rota quedó Lot en libertad, y restituidas á su in- 
dependencia las cinco ciudades de Gomorra, 
Sodoma, Seboin, Adama, y Segor. Los vecinos 
de Mambre vivian democráticamente en un esta- 
do semejante al de los antediluvianos, y demás 
gentes que aun después de introducida por Nem- 
rod la monarquía, lograban vivir fuera de ella : 
vencieron sin embargo á Cordolaomor, y tres 
reyes mas que le auxiliaban en la empresa de 
reducir jr castigar á loa insurgentes, ^o -^w^o 
obtenerse esta victoria sin poder, y íuexi.^^ ^vcv 



46 

majestad y soberanía : nada huvo de mila| 
en la acción ; ^su buen éxito consistió en las 
tajas de un pueblo libre sobre les abyectos 
clavos de un despota. En suma, los indep 
entes pastores de aquel valle eran por sus viri 
morales y físicas mas soberanos que los elai 
y sus aliados: pugnaban por la libertad, no 
la servidumbre : se pusieron de parte de los 
midos insurrectos que aspiraban á su eman 
ción. Ni los unos, ni los otros, estaban iacii 
con falsas máximas de gobierno y Religión : 
nospreciaban soberanamente las imputación 
bandidos^ rebeldes^ y traidores de que han i 
siempre los tiranos en iguales casos para va 
de los ilusos, é intimidar a los pusilánimes : 
plieron con el precepto natural y divino qu 
denu librar de su angustia y peligro á los qu 
llevados á morir, ó padecer injustamente : (F 
íl. et Proverb. 24.) y dieron á Moyses la n 
de proceder contra el ministro de Pharaoi 
maltrataba al hebreo del c. 2. del £x6do 
dra su lugar la explanación de este texto, ; 
guiré el orden de los conprobantes de la m 
tad del pueblo. 



5 VIII. 

Jacob en el r. 49 del Génesis fior la soberani 

fiueblo». 

«* JVb se le quitará su cetro á Judá^ ni el 

dillo de su /irosafiiay hasta que "oenga el c 

de ser enmadoy el deseado de las nacioncE^ 



:> 



''i 



4y 

hará la eufieranza de loa gentUea" (".Non au- 
feretur sceptrum de Judá, et dux de femore ejus, 
doñee veniat qui mittendus est : et ipse erit ex- 
pectado gentium." Gen. 49.) Se dexa ver en 
este vaticinio, que el cetro, simbolo de la sobera- 
nía, pertenece k la multitud. Si no fuese de la 
tribu este poder soberano cifrado en el cetro, ella 
no podria perderlo : nadie podia quitarle lo qiie 
ella no tenía. . Absurdo serla el decir J^on 
auferetur scefitrum de Judá^ si el pueblo, deno- 
tado en esta tribu, no estubiese dotado de sobe- 
ranía. Ninguno puede ser despojado de lo que 
no posee, ni perder lo que no tiene. Habló Ja- 
cob correctamente, quando dixo no se le quitarla 
el cetro & Judá, hasta que viniese el deseado de 
las gentes. . £n el presente texto hay una pro- 
fecía dependiente de la revelación, y un aserto 
político independiente de ella : dos verdades, una 
civil, otra religiosa : la soberanía de las tribus ; 
y la venida del Mesías, quando hubiese salido 
para siempre de la nación judaica este poder so- 
berano, bien fuese por la fuerza de las armas, ó 
por disolución del cuerpo social. Quien niega 
i la primera verdad, desacredita el vaticinio, y se 
I mete en un caos de glosas arbitrarias, que siem- 
I pre dexan expuesto el crédito del profeta, com- 
paradas con la misma historia sagrada. Por el 
contrario, fíxada la idea natural, y sencilla de la 
soberanía, todo el mundo halla verificada exacta- 
mente la predicción del Patriarca. Los que no 
quieren admitir mas soberanía que la fantástica, 
no encuentran cetro en Judá hasta que David 
fue constituido rey. Saúl, que había reinado 
sobre esta tribu, y sobre todas las denvíc^> ^^vXjfc- 
uecía Á la de Benjamin. David ha^la \a mxvcicXfc 






/ 



48 



de Isboseth, hijo y sucesor de Saúl, no pudo i 
tender el cetro fuera de su propria tribu» An 
de 80 años volvió k quedar reducido este ce 
á los mismos términos, porque las demás trib 
usando de su derecho después del faliecimie 
de Salomón, le confiaron la tenencia de su ce 
k Jeroboan. Por la transmigración de Babilo 
desapareció de la casa de David el cetro de Ja 
Restituidos de este cautiverio los judíos vivie^ 
republicanamente, hasta que Aristobulo reí 
blecio la monarquía ; pero del linage de Da 
nadie volvió á reinar ni fue gefe de la Re] 
blica. 

Según la opinión de los que no admi 
otro cetro que el de los monarcas, k la profe 
de Jacob siguió un vacio de mas de 500 años, 
que sus hijos vivieron sin monarquia domesti 
y de tiempo en tiempo sometidos 'mas de si< 
ú ocho veces al despotismo extrangerp. El 
tro monárquico que apareció en Judá. al cabo 
este periodo, desapareció por la fuerza arartl 
de Nabucodonosor, que despojando de él á c 
tribu, la llevó prisionera á Babilonia 600 a: 
antes de la venida del Mesias. De que resi 
falsificado de tal manera el vaticinio eñ la opin 
que impugnamos, que ni aun por via de aprc 
macion acertó el profeta ; equivocándose en r 
de las dos terceras partes del tiempo pronosti 
do ; una vez que sus descendientes por la li 
de Judá no llegaron k reinar la tercera parte 
todo el comprehendido en la profecía. Estos 
los resultados de la nueva fundición de cetros < 
conocida en tiempo de Jacob. Yo declaran 
que me pasó con su profecwi, <\uatvdo yo curs 
Jo3 estudios de la sagrada E.«:t\\.>m^ ^^^»^ ^ 



40 

rmitidas por el gobierno opresivo de mi pais* 
ra un codUbeto de ostenta se propuso la ques- 
Q del advenimiento del Mesias contra la incre- 
lldad de los judíos. Mi preceptor me sugirió 
■a que arguyese en este acto las palabras de Ja- 
I, diciendome — ** Según el vaticinio de este 
:riarca ae conservaría el cetro de Judeá hasta 
i viniese el enviado del señor; sed sic est que 
Si tñbu perdió su rey^ y su cetro al ser subyu- 
la por un conquistador extrangero, y conducida 
itiva á Babilonia ; que es decir, mucho tiempo 
es de las setenta semanas de Daniel ; sed sic 
que el Mesias que reconocemos por tal, no 
irecio entonces, simo muchos siglos después : 
go este no es el verdadero, ó la profecia de Ja- 
> es falsa." La objeción para mi era tan intrin- 
la como la Metafísica, y Lógica que yo havia 
o entre los Perípateticos. Mi catedrático pon- 
'ó la dificultad, añadiendo, que le clavasen en 
frente la solución, siempre que huviese alguno 
t atinase con ella. Sin duda también él la ig- 
raba, y no le satisfacían los indigestos comen- 
tos con que el común de los escolásticos pre- 
idia desatar su nudo gordiano. Todo era un 
erinto, de donde nadie podia salir, porque el 
D de Arianda era un contrabando rigidisima- 
nte prohibido por las ordenanzas del poder arbi- 
no. La luz de la Razón, los conocimientos del 
*echo natural, y divino era el hilo de que todos 
eciamos. Con solo discurrir sobre las rectas 
úones del poder soberano de los pueblos, com- 
andólas con el computo de los tiempos subse- 
;ntes á la predicción, quedaba bien puesto el 
dito de ella^ y zanjadas las diñculUdes cotv ^\)A 
enemi^s de la fé impugnan el f\ogKV«kl\3ay^^- 



60 

mental de ella. Incapaz yo de todo 'esto 
quella era, voy á hacer ahora lo que puedo 
ñor de la verdad, tomando los hechos des<] 
allá de la profecía, y úguiendo ios pasos 
tribus hasta donde sean concernientes á eaib 
de mi confesión. 

Es constante que al emigrar á Egipto la 
lia de Jacob, inpelida de la hambre, y de 
fortuna en que alli se hallaba su hijo José 
servó la independencia, y libertad con qui 
soberanamente en su propio pais, hasta qi 
ertos estos dos personages, y el monarca 
vorecedor, sucedió la servidumbre. Quan 
leció el primero, aun estaba lexos esta adve 
humillante: en los 17. anos contados dei 
emigración hasta su fallecimento, mej< 
los derechos de su casa con las ventajj 
territorio que lé fue concedido para su 
establecimiento. En este estado sobrevi 
profecía entre las bendiciones con que 
triarca se despedía de sus hijos adopti 
naturales, colocados en la circunferenc 
su lecho. Entre las declaraciones de si 
ma voluntad unas son peculiares, otras g 
les : en la clausula del cetro es peculiar d< 
el vaticinio de que nacerla de esta tribu e 
sias ; pero el poder soberano cuya perdida 
de ser el indicio de su nacimiento, es tra 
dental á..todas las tribus, unidas entonces 
modo el mas conveniente para no ser con< 
das sino como una sola y misma sociedad, 
un mismo y solo pueblo. Es por esta i 
que la soberanía de Judá, era la soberania < 
ben^ Simeón, Levi, &c. y la soberania de t 
cada vna de estas tribuí érala. «o\>e.TpxC\2L^^ 
qualquiera, cosa pues que s^ 'vaücvRas» > 



í. 



ffi 

B'Iá soberania dé qiialquiera de ellas, se vatíci- 
iba y decia de la soberania de las damas, mien- 
18 permaneciesen civilmente identificadas ; y ^^ 
so este concepto que se dice con verdad ser 
la, é indivisible la soberania. 
Del exercicio de ella quedaron privados los is- 
^litas, quando fueron oprimidos y reducidos k 
rvidumbre. Este exercicio, que es lo único 
e puede conferirse á los administradores, tam- 
ul es la sola presa de los tiranos : fuera de su 
anee queda siempre la esencia del poder sobe- 
K> de la nación pprimida, cuyas funcicmes con- 
Hará exerciendo como antes, luego que cese 
impedimento que las interrumpia. He aqui la 
ra de Moyses, plenipotenciario vuestro. Sa- 
ldo del Egipto á los hebreos, los reintegró en 
soberania, y desde entonces el cetro que havia 
ado sumergido en la opresión, se dexó ver tan 
¡^uido, tan expedito y activo, que sus opresores 
•taren el tanto por tanto, y fueron vencidas quan- 
\ naciones osaron estorbar su marcha. Mas de 
scientos años después de la emigración de Ja- 
b salió de Egipto este pueblo soberano, sin leyes 
critas, ni sistema fíxo de gobierno : la ley no es- 
ita, su voluntad genera], practicada baxo el dic- 
nen de la Razón, havia sido la regla constitu- 
Mial de este cuerpo politico* Queréis vos por 
1 nuevo rasgo de predilección encargaros de su 
der legislativo, y continuar tu protección espe- 
il ; pero queréis ser autorizado por expreso con- 
ntimiento del mismo pueblo : no queréis usar 
1 alto dominio que tenéis sobre todo lo criado, 
n perjuicio de la libertad ; queréis que de la 
\sma sociedad que ha. de vivir baxo \a cotvíX\\.vi- 
a jr leyes que teniaia destinadas patít «v\ %o- 
no, se derive la facultad de imponcrAa^,^ V^^- 



mulgarlas. A este fin exploraÍB su volt 
medio de Moyses, y para merecer bu < 
alegús el benefício de la independencia y 
(Exod. 19.) Popularmente fue recibid) 
gaclon : y obtenido el consentimiento di 
bus, procedisteis k desempeñar tu encar| 

! Quanto diatO) señor, esta conducta i 
todos aqnellosqueporviasdoUsasyviolen 
pan los detechos sagrados del hombre 
respetáis, señor, la libertad y soberanía 
miamo comumcaateis & tu imagen y i 
za í j No os bastaba el titulo de críadoi 
tador de esta nación para darle lepes m 
miento y anuencia suya ? Aunque sea 
€ ilegitima toda autoridad que no ae d 
pueblo, ; estabais acaso vos comprehei 
este axioma político! " Y ret/iondio un 
ti pueblo diciendo : harémoa todo ¡o que . 
voluntad del tenor." (Responditque oi 
pulus simul : cuneta, que locustus est I 
iaciemus. Ex. 19.) Esta fue la contesta 
dieron las tribus al mensage que les llevó 
de vuestra parte : entonces es que os coi 
autorizado para exercer la potestad legii 

Al verte, Señor, conducir con tanta 
cion, yo no dudo que si fuese posible el 
al nivel de le criatura, y el faltar í lo esi 
no havriais llevado á nial el que los hijos c 
al conferiros este empleo, huviesen usad 
formula equivalente 4 la que se acostumt 
tre tos antiguos Aragoneses, quando ello 
tian 4 sus monarcas de la facultad gube 

" "Notqae ralemoB tanto como vos y t^nt \.í 
poderoQ» mía que vos, oa haccTnos icy, ^v ^ 
^uestrog fíieroñ, franquczai» y VibetUAe» •. T ' 



6S 

¡mpezais k dictar la leyy diciendo : ^' Yo soy tu 
mor y Dios que te saqué del EgifitOy y de la aer^ 
idumóre. Esta es tu expresión preliminar con 
le llamáis la atención de los hebreos» recordan- 
tes el mérito roas eminente para aceptar la ley, 
rendirle obediencia. ¿ Podréis, vosotros, des- 
itas y tiranos de la tierra^ alegar jamas un titu- 
semejante, para que se reciban como leyes vu- 
tros antojos y caprichos ? ¿ qual es pues el de- 
cho con que exigis de vuestros desventurados 
ibditos aun mas de lo que se debe al criador y 
lertador de Israel ? i con que razón los tratáis 
ttno esclavos y bestias, desdeñándoos de cele- 
ar con ellos ningún conti*ato constitucional I 
£ntre las leyes que sancionaste con previo con- 
mtimientodelas tribus, ninguna prescribia la for- 
A de gobierno que & la sazón les convenía. Je- 
09 suegro de Moyses, fue el inventor del sistema 
istocratico que su yerno dexó establecido, y me- 
íció tu aprobación. £n este punto quisiste que 
>rasen los israelitas 4 su arbitrio como las demás 
icicMies libres ; en conseqüencia de lo qual, al 
ictar Moyses el reglamento que debían observar 
is reyes en el caso de adoptarse el gobierno mo- 
irquico, lo dexa á discreción del pueblo, según 
i lee én el c. 17. del Deuteronomio. Pero los he- 
reos, bien lexos de convertir su cetro en monar- 
iiia, moderaron tanto la aristocracia de Jetro, 
in subsistiendo el immediato sucesor de su hijo 
olitico, que en la época de los Jueces mas bien 
sirecia democracia : obro entonces mas popular- 
lente el cetro de la nación, y mientras no lo exi- 
lan las emergencias, ningún gefe lo empuñaba. 
»uando tubieroa menos que temer de ^^% t.TV^\s^« 

F 2 



04 

gos, tampüco necesitaron de gobierno: se^entiv 
garon á una pacifica, é irreprehensible anarquh 
como si tratasen de darle al cetro nacional unlü 
go reposo, y desengañar á los preocupados coaH 
esta situación poUtica. Havria dormido sin M 
terrupcion el poder soberano de las tribus deid 
el suicidio de Samson hasta Samuel, si no le btf 
viese despertado la desenfrenada lascivia de unti 
Benjamitas. En los dias de Samuel fue precM 
darle otra vez movimiento contra los enemigos ef^ 
teriores ; y tomando sucesivamente cuerpo la iv 
terior propensión á la idolatría, ella misma sug^ 
rió al pueblo la solicitud de una monarquía que II 
favoreciese, al modo que los monarcas circuoTtf 
cinos que sirvieron de pauta al antojo de los h» 
bi*eos. De la tribu de Benjamín sallo el primtt 
rey ; y por su muerte se vio entre ellos el prinM 
exemplo de las guerras de sucesión. Termiw 
da la contienda por la muerte alevosa de Isboseth 
quedó pacifico poseedor del cetro el primer mo- 
narca de la tribu de Judá, que permaneció incor 
porada con las demás hasta el fallecimiento del 
segundo rey de su linage : entonces por la necij 
arbitrariedad de Roboan quedó para siempre se 
parada de las otras : de un cetro resultaron dos 
pero no el despojo anunciado en la profecía : Si 
rompió la unidad de la nación conforme á los prín 
cipios del pacto social ; pero cada una de las doi 
divisiones conservó su poder soberano, adminis 
trado por individuos de su respectivo gremio. 

Antes y después de este cisma político, antes ] 

después de la nronarquia fue interrumpida la ad 

ministracion del cetro por la cautividad que varia 

veces sufrieron los hebreos-, i^to Yv^iny^tv^ «u^ 

temporalea todas lasinierrupcioa^^V^^^^^'**** 

fugoRomanoy tampoco pudietcwii?^v\vL^v»x ^ 



IÍEÍiúode Jacob. Por la liberalidad de Ciro recóbra- 
la los judíos el exercicio de su soberania^l cabo de 
lOaños de suspensión en el cautiverio de Babilonia, 
IKD con algunas trabas que quitadas por el patrio- 
Itaiby valentía de los M acábeos, quedaron plena- 
lente soberanos hasta que por las miras ambicio- 
8 de los Romanos quedaron privados de lo que con 
Dta heroicidad havian recuperado* y sometidos 
m extrangero. Asi pasó su cetro de las manos 
Antigono á las de Herodes, para nunca mas 
iver á la nación judaica ; cuya libertad aun an- 
i de este transito estaba ya vulnerada por los 
imanoSf que abusando de su protección; y del 
cto celebrado con ellos en tiempo de los Maca- 
osj la hicieron tributaria ; pero aún retenia el 
¿imen interior de su gobierno, y la facultad de 
aponer de su magistratura eti favor de sus hijos, 
uigono fue un intruso por la fuerza armada de 
I Parthos, pero no era incircunciso como el idu- 
^ que le sucedió. Al fin de) reynado de He- 
des vino Jesucristo al mundo, y se verificó la 
ofecia de Jacob : desapareció entonces para si- 
ipre el cetro de Judá, y por su deicidio fue 
•teriormente quebrado y pulverizado por el im- 
ño Romano. Dispersos por toda la tierra los 
dios desde la disolución de su pueblo, llevan la 
na de su incredulidad : sin soberania nacional, 
jetos á la del pueblo que les tolera, no pueden 
Asumir la que perdieron, no les es dado el con- 
eg^rse de nuevo para restablecer el reino de 
rael, ó formar otra República independiente y 
re como la de los Macabeos. Mas para verifi- 
r exactamente la predicción del Patriarca no es 
mester apelar á Jos tiempos de Tuo^ -^ \ QV^* 
to : eUa se havia cumplido en lo& de íwa^x»\Si% 



56 

^l fin de la septuagésima semana de Daniel] 
tando yá el cetro, y la magistratura de Judeai 
vocablemente en manos extrangerasv 

Jacob en su sano juicio conocía ser del pu 
la magestad y poder, que expresó con la pal 
cetro^ emblema de la soberanía, y sinónimo d 
palabra caudillo de que se sirvió por vía de r 
ticíon, y mejor inteligencia de la primera. ' 
ae le quitará el cetro á Judáy es para el cas 
mismo que decir :" .A^ ae le quitaría el cau 
de su prosapia : " et dux de femore ejus." 
ta saber las figuras comunes de Gramática y 
torica para quedar instruido de las que aqi 
cometen con respecto al poder soberano de h 
cíon. Concurren la voz caudillo^ y la diccíoi 
troy designando no la persona que adminísti 
poderío de las tribus, sino la misma soberani; 
cional, su capacidad y concepto. £s este e 
los políticos que no desconocen los derechos 
pueblo. Aun entre los infelices subditos d 
despota se oye muchas veces pronunciar la ] 
bra gobierno en lugar de la persona de su a 
pero es mucho mas freqüente llamar justíc 
la administración de ella. Qualquiera per 
iniciada en el Latín concebir^ la identidad de 
y de Bceptrum en el vaticinio del Patriarca, q 
do vea en singular y no en plural el verbo < 
oración : " Non auferetur aceptrum de Judy 
dux de femore ejua ; y sí consulta el libro 
mero de la Eneida, hallará á uno de los pa 
de la eloqüencia Romana explicando con la ] 
bra rex la soberanía de su pueblo **^^Hinc p 
lum late reg^m^ es la expresión de que se vi 
este intento en el v. 25. Xo AaXio cocvcX^aÁs ^ 
á/o lo dicho acerca del c* 49. ^uei lj(«&e¿\^^ 



•7 

le no se tratan exprofeso materias dé go* 
^Mtrece demostrada la magestad 7 poder 
)lo, mas eTÍdeDte estará en el c. 17. del 
omio, en que Moyses instruye & loa he- 
las reglas que debian observarse en el 
aspirar á la monarquía. 



§IX. 

:teda de la aoberariia fiofitdar en el c. If . 
del Deuteronomo, 

ndo p09eyere» la tierra firomeditaj j qtd^ 
ynatitwr rey cofnQ le tienen todaé laB na" 
Ireunvectnaej constituirá» del numero de 

hermanos aguelj á guien el señor tu Dio» 
* He aqui el primer articulo de la in- 
n, que por si solo es suficiente k persua» 
rarse immediatamente del pueblo su au- 
Y poder. (Eum constitnes, quem Do- 
^us tttus elegerit.) Esta es la expresión 
íes* i Y como es que seria el rey consti- 
r el pueblO) si este no le communicase la 

gubernativa f Ella es el constitutivo 
de la dignidad regia : al pueblo toca el 
irla, según la letra del texto ; seria pues 
y vana la frase de constituir al rey^ si este 
iese de sus constituyentes la facultad ne« 
;>ara reinar. Tres veces usa el legislador 
o constituir^ para explicar la acción del 
m el establecimiento del monarca: en 
de los artículos de su instruecVoTi \i«^ 
?y menor vestigio de un podcT dervi^Asi 



• 68 

del cielo sin la intervención del pueblo* cómd.. 
ente inmediata y visible de la soberanía, 
guna oportunidad mejor que esta para eni 
las tribus quanto havia que saber en un puntos 
tanta importancia. Decir que os olvidasteis 
ella, ó que Moyses erró en haver declarado, 
pueblo constituyente jde los reyes, estaba, 
vado á la depravación de otro sii^. La ele( 
que os pertenecia en el establecimiento de 
monarcas, era el efecto de vuestra predilecdl 
en favor de aquella gente, ó era el arbitrio de 
suerte, quando á ella se comprometían los cooiA!^ 
tuyentes. Tus inspiraciones, tus auxilios singo* 
lares para el acierto no podian faltarle, quandii 
por medio de su invocación estubiese preparad^ 
á constituir persona que fuese de vuestro agrad^ 
y en quien concurriesen las virtudes necesaimíii 
para el buen gobierno. Dispuestos de eifi( 
manera los constituyentes acertarían tamtíen tí 
establecer por rey uno de aquellos electos^ cayí' 
elección forma el carácter de los predestinado^^ 
sin detrimento de la libertad, cuyos fueros per*! 
manecen siempre ilesos en la concurrencia d^ 
vuestros auxilios predisponentes y concond- 
taiites. << £um conatituesi quem Dominua Deut> 
tuua elegerit** 

Aqui erais vos el elector; y las tribus consti- 

tuian al electo, cediéndole el exercicio de so 

soberanía en quanto a lo executivo. Pero kM 

modernos teólogos de la tiranía en contradicción 

con este texto no conceden al pueblo otra con 

que el nudo hecho de la elección del principo 

quando por ha verse acabado la dinastía reinanto 

no pueda tener lugar la succ«AoivYvw^^\»3ñ3^\t« 

ton cea, dicen elloS) soVa ^oa quieu cox«é>a\x3\«^ 

electo, quien le imprimía c\ cíotlciw ^«í^'í ^' 



B9 

Aunicais la autoridad 7 poder, haciéndolo 
í Y vicario tuyo. Asi lo he leido en im- 
le la capital de wexico, y de la Corte de 
publicados . en 1810, y 1814. Uno de 
iadia que una vez que el nuevo reinante 
sus nuevos llamamientos y substitucio- 
pueblo no podia alterarlos, y el derecho 
irio llegaba á ser para la nación tan invio- 
sagrado como las personas Reales. En 
*te adelantaré lo mas que exige el c. 17. 
uteronomio; sig^ ahora las pruebas del 
e punto por el orden de las £s(frituras. 



§X' 
m y Gedconfior la aoberama del fiueblo, 

argumento ventajoso á este dogma politi- 
ce la sabia parábola de ^oathan. En las 
venérales que tubieron los arboles psra 
ji monarca que los gobernase, se excusa- 
mas dignos; y el espino no solamente 
sino también fulminó amenazas contra los 
iusasen obedecerle. El olivo, la higuera 
estimando en mas los dones que havian 

> de vos, y muy contentos con ellos> no 
)n admitir la autoridad que sus compa- 
es brindaban como atributo propio de la 
icion, emanado en su origen primitivo del 
5 la Naturaleza que los havia dotado de las 
s meritorias de la confianza de los cen- 
íes. De tu mano igualmente venia el po- 
i estos propinaban a los mas Idotkeov, ^ 

> viene todo ¡o que existe iu^i^ ^'S^ 



J 



•o 

mismo. La qüestíon de la sobenttúa entre 

que os reconocemos por primer principio dD ^ 
todas las cosas, nunca puede recaer sino wábn n h 
origen immediato, secundario, y visible : aéAi J 
una ciencia tlíeologal la politica, si sus inves tiga i 
ciones se dirigiesen al manantial primitivo de IMI 3 
aeres, y sus calidades: theologos, no jurisoQB* 
sultos deberian llamarse los profesores del Deie* 
cho natural, civil, 7 de gentes : teólogos, no na* 
turalistas, físicos, químicos, &a. serian denonuBA* 
dos todos estos, si en lugar de dedicarse a! eati- 
dio, 7 averiguación de las causas segundas, qns— 
producen los efectos respectivos á cada uña de 
sus facultades, no tratasen sino de la primera can- 
sa de ellos. Con semejante método, la finca 
seria ho7 lo que era en el siglo de Cartecio. Pin*. 
rece que al mismo tiempo que la revolución li- 
teraria de este Filosofo abría el camino k la inda- 
gación de los agentes secundarios de la Natnra- 
leza, los adoradores de la tiranía se empeñaban 
en quitar del medio la fuente visible 7 legitimif 
<l.el poder soberano de las naciones. No era de 
este numero el buen Joatan, quando reconoce co- 
mo perteneciente á los .vegetales reunidos en'i 
ciedad el poder, cuyo ejercicio ofrecían k 
candidatos en la fundación de su monarquía: baxo 
este concepto pone en boca del espino la aignieii-' 
te expresión—^' Si verdaderamente me conatiiu» 
rey fimra vosotros*' (Si veré me regem vobii 
constituítis.) £n ella declara ser los estadoa 
generales de la frondosa nación los legítimos con- 
stituyentes de la magistratura Real, 7 del poder 
necesario para reinar. Aplicando Joathan el sen* 
tido moral de su parábola al intruso Abimeiecht 
jr Á ¡a facción que^l^ consúluY(>> x^*»'». ^\ mvaaft 



61 

verbo: '< Ahwa puen^ ti legítimamente y mn fieca^ 
do haveÍ9 constituido rey sobre vosotros. (Nunc 
i^tur, sí recte, et abaque peccato eonstituistis 
aaper vos regem. Judie. 9.) Pero son peores 
que este intruso 7 que el espino, á quien es com- 
parado, todos aquellos que niegan la soberanía 
del pueblo, al iñismo paso que están abusando de 
ella : ni el esfónoso arbusto, ni Abimelech osa- 
roD desconocer esta verdad que hoy impugnan y 
coodedan individuos mas ineptos pUra el mando 
que este intruso y que el espino. 

Gedeon, uno de los héroes de la nación hebrea, 
j mas heroico todavía por la moderación y desin- 
terés con que pracdcó la virtud moral atribuida 
eo la parábola de los arboles á los mas distingui- 
dos, renuncia la corona que le ofrecen sus com^ 
patriotas en premio de la victoria que obtubieron 
baxo su dirección. ^ J^ yo ni mi hijo reinaré' 
mos entre vosotros: reinará el señor entre vosotros. 
Estas son las palabras con que este insigne cau- 
dillo rehusa él poder que le brinda el pueblo. 
No le niega que sea suya la soberanía; al contra- 
rio, la reconoce, quando omite esta excepción, 
que seria la mas legitima y obvia en el caso de 
no haverie ofrecido los israelitas lo que era suyo. 
Brindarle por via de recompensa un poder ageno, 
seria irrisión mas bien que un rasgo de gratitud, 
jr beneficencia : no seria premiar el mérito y la 
fortuna del general, sino escarnecerle, si los pro- 
pinantes le huviesen presentado en galardón lo 
que no estaba á su alcance. Demasiado serio 
dra el acto, demasiado benemérito el personage 
para tratar de remuneraciones vanas y burlescas. 
Muy distafites de burlarse los oferentes de oulen 

G 



9t 

acababa de coronar de gloria sus armas, le ofre* 
cian quaiito cabe en el orden civil. Convencida 
el gefe de la sincera gratitud de ellos, y de p€^ 
tenecerles el poder y la fuerza con que havia tri- 
unfado de sus enemigos, insistió en la escusa ; y 
de todo el botin apresado no les pidió mas que 
los pendientes de oro que usaban las ismaelitas: 
á esto solo se limitó el interés de este varón ex- 
célente, cuyos imitadores casi son tan raros co- 
mo el fénix. " JVbn dominador vestrij nec do* 
minabitur invosjiliuameus: Sed dominatiturvo- 
bis Dominus»'* Judie. 8. De que también se in- 
fiere, que si de vos viniese en derechura el podei 
conferido al rey, seriáis siempre vos quien reina- 
se exclusivamente: el reinante, haciendo ei 
tal caso de agente ó apoderado vuestro nó obraríi 
por si, sino k nombre tuyo y por vos: todas su! 
acciones procedentes de la facultad que havie» 
recibido de vos, se tendrían por vuestras, se es 
pecificarian y denominarían tales, como si U 
mismo las executases: sus leyes serian divinas 
divinos sus decretos, divina su Real voluntad, as 
como lo era quanto Moyses actuaba en calidad d 
comisiado tuyo, según la regla de^ derecho qu 
enseña presumirse que obra por si mismo qual 
quiera que obra por ministerio de otro: *' Qt 
per aliura facit, per se ipsum faceré videtur. 
No es de creer que la ignorase Gedeon quand 
basta el sentido común para saberla: no podi 
deducir por conseqüencia que dexaseis vos d 
reinar entre las tribus por el mismo hecho c 
aceptar el cetro que ellas le ofrecian con el titul 
de rey. Se concluye pues ser de ellas la autoi 
dad y poder con que havia de reinari si huviei 



63 

iccedido á la oferta que en obsequio de su virtud 
y talento le hacia el exercito victorioso. 



De loa discursos de Samuel con el fiueblo resulta 
comprobaba su soberanía. 

Sobre la misma regla de derecho alegada en 
el pasage de Ge^eon, se funda el argumento de- 
ducido de los discursos de Samuel, quando le pi« 
dieron rey los israelitas. Entre otras cosas lea 
dice, que estando vos reinando entre ellos, osa- 
ban proponer semejante solicitud. Asi les re- 
darguye para hacerles ver su desorden: " Cum 
Domtnus Deus vester regnaret in vobis. (1. 
Reg. 12.) Superflua reconvención y aun ridicu- 
culay si el nuevo monarca huviese de reinar con 
una potestad em^ada derechamente de vos; 
pues que en tal caso reinabais vos mismo i>or me- 
dio suyo. Pero Samuel no ignoraba ser propia 
de la nación la autoridad con que havia de obrar 
el nuevo reinante, y que siendo de ella, no po- 
día este exercerla sino como mandatario suyo : 
es por esto que lleva á mal la pretensión del pue- 
blo, echándole en cara el pedir rey al mismo ti- 
empo que estabais vos reinando entre ellos con 
precedente beneplácito suyo. ¿ Y como podra 
concillarse esto con la expresa permisión del c. 
17. del Deuteronomio 1 Distinguendode tiempos, 
de intenciones, usos y costumbres. Me expli- 
caré, interrumpiendo un momento \a pvvieXiík. ^<i 
h principal. 



64 

Los reyes delineados en este capitido 
reyes constitucionales, aüe no hablan de re 
su arbitrio 7 voluntad, sino ceñidos & la coi 
cion 7 leyes Hebreas : reyes que debian vi^ 
la economía, sobriedad y templanza que pi 
bia el legislador : reyes que sometidos á 
como los demás individuos, habían de tenc 
sigo el volumen de ella, en copia, para le 
meditarla diariamente : reyes prohibidos < 
sobervecerse contra sus hermanos, de quier 
cibian el poder executivo : reyes en fin qo( 
podían hacer sin el consentimieiMo del san 
á quien tocaba el apremio, siempre que ] 
diesen de otra suerte. Pero el rey que á 1< 
años de esta ley solicitaban las tribus, no i 
rey de esta noble y excelente fabrica, sin 
qual le describe Samuel en el c. 8. del libro 
los Reyes : un rey que priva á los padres < 
hijos, é hijas para servirse de sus personas ai 
ñámente : un rey que despoja de sus fincas 
propietarios para donarlas á sus sirviente 
rey que diezma todas las produccionnes y 
chas de los hacendados y labradores para g 
car á sus eunucos y criados : un rey que d< 
de sus esclavos, esclavas y jumentos k sus \ 
dores para aplicarlos k sus Reales obras : \ 
en fin que reduce su pueblo k servidumbn 
ciendole depender de su Real voluntad < 
sivamente. 

He aquí el rey que piden los israelitas, p 

tales eran los de las naciones comarcana 

ellos se proponían por modelo en su 

cion : todos eran idolatras y despotas que 

eonociao mas derecho que \itv cxxtsvxjXo ^ 

rupteJasy abusos chocantes k Xa'BAasíCil 

V 



06 

píos sociales. Asi lo querían las tribus por su 
locura, asi era como habian de asemejarse k sus 
Tecinosy tanto en la esclavitud mas vergonzosa, 
como en el infame culto de los Ídolos muy prote- 
gido entonces por la monarquía. Samuel pro- 
curó disuardirlos, pronosticándoles el mal que 
les acarrearía el gobierno de los reyes, y selló su 
discurso con la terrible amenaza de que <' cerra- 
rías tus oidos para no escuchar los clamores que 
les costaría su loca pretensión." Ella fue peca- 
minosa no solo por el espíritu de idolatría que 
simuladamente la animaba, sino también por el 
peligro á que exponía la dignidad del hombre, 
y derechos de la sociedad. Asi está declarada 
por el profeta, y confesada por el pueblo en el c. 
13 del mismo libro; pero no desistieron de ella 
los pretendientes : y yos, Señor, por un efecto 
de vuestra indignación y colera condescendisteis 
con sus instancias. " Dabo Ubi regem in furor e 
mto^* dixi^teis por el profeta Oseas al c. 14. v. 1 1. 
y bien lo merecía una gente que os abandona, as- 
pirando k un gobierno fautor de la mala creencia 
y del estado sef vil igualmente prohibido en el c. 
17. del Deuteronomio. Vuelvo k los pruebas del 
punto pendiente, anteponiendo la que se deduce 
del libro de este profeta menor. 



§XII. 

XiséaB flor la soberanía del Pueblo. 

La fatal condescendencia que obtvib\etQ^\^% 
^reoSf iko en el ccnducto de la aoberttcúak c]^<& 

o 2 



60 

habian de exercer sus monarcas* Nada de 
que contríbuia á constituirles tales, les venia < 
vos, sino de la nación. Yá esta es una verd 
constantamente acreditada ; pero si es menest 
que volváis & testificarla i>ara convicción de los i 
crédulos, hablareis otra vez por la pluma del mi 
mo profeta, diciendo-—^* £ÍÍ09 reinaron^ rnaa nof^ 
mi: fueron firinci/ieaj fiero etn mi afirobacion 
(Ipsi regnaverunt, et non ex me : principes e: 
titerunt, et non cognovi. Os. 1.) Tales fueron V 
males que sobrevinieron á los hebreos en s 
monarauia, que parece temíais vos mismo el qi 
se os hiciese cargo de ellos, quando por boca c 
Oseas os empeñáis en disculparos de la sevet 
dad del castigo en que incurrieron. Sus rejn 
fueron hechura del pueblo y no vuestra : *^ ifi 
regnaverunty et non ex me :*' ellos obtubieron 
principado sin tu consen amiento positivoy eiicaí 
" princifiea extiterunt^ et non cognovi** Este i 
el alegato con que os justificáis, esta la exce] 
cion que proponéis contra la culpa y cargo qi 
al parecer os resultaba, al verle afligido y con 
temado por la pésima conducta de los reyes qi 
él mismo había solicitado con vehemencia. 1 
pueblo que peca en pedirlos y en seguic su m 
exemplo, debe imputarse á su frenesí el que i 
haya convertido en ruina suya el gobierno ado 
tado para satisfacción de sus placeres dom 
nantes. 

Reinaron con magestad y poder estos mona 

cas : ellos no la recibieron de vos, según el te 

timonio del profeta : ¿ de donde pues pudo veni 

les sino del pueblo ? A este importarla mas 

que ellos hubiesen sido e\e^\do^ V^t \,l^6 adorn 

dos de las bendiciones de ixja v^^óíSft«XM\ 'v 



da de esto era digna su desordenada instan- 
>lorida con el pretexto especioso de un rey 
uzgase á las tribus, marchase al frente de 
7 combatiese en su defensa ; ( 1 • Reg. 8.) 
si les faltase un Sanedrín acreditado en la 
ud» y sabiduría de sus juicios ; como si 
iesen olvidados tantos varones ilustres por 
rtud y talento, que sin monarquía floréele* 
y defendieron su independencia y libertad 
nal, batiendo á. sus enemigos, quebrantando 
ig^, y exaltando el honor y la gloria de sus 
s. No tubisteis pues otra parte en la crea- 
de sus reyes que aquella que es imprescin- 
de todos los actos humanos : concursos pre- 
l simultáneos, inseparables de toda opera- 
intrinseca y extrínseca : unciones que ni son 
itutivos esenciales del monarca, ni entre los 
ios pasaron jamas la raya de signos pura- 
e ceremoniales, ó de pronósticos de la per- 
en quien habia de recaer el nombramiento 
l^r : y alguna vez el don profetico que tam- 
es elemento constituyente de la monarquía, 
la autoridad y poder que es el alma de la 
dad Real, como de qualquiera otra magis- 
ra, era gracia del pueblo. Yo lo confieso ; 
a corroborar mi confesión repasaré las ac- 
el nombramiento de sus pñmeros reyes y 
linaré otras ocurrencias del caso. 



6$ 



§ XIII. 

JSm la elección de Saul^^y otros acontecimiento^ 
de 8U reinado resalta la soberanía del pueblo* 

Cerciorado Samuel por inspiración divina del 
sugeto en quien convendrían los israelitas para 
su primer monarca, le ungió de orden tuya, pero 
con tanto secreto, quanto se rtqueria para déxar 
intacta la libertad del pueblo. Desde que fue 
ungido obtubo el numen profetico que quisisteis 
inspirarle ; mas no adquirió autoridad y poder 
hasta que se la otogaron las tribus congregadas 
popularmente en Maspha. Guardaba Saúl coD 
tanta cautela el arcano de su futura suerte poll« 
tica, que se abstubo de concurrir á esta asamblea 
general, quedando oculto en su casa. AI;>rio 
Samuel la sesión con un discurso en que reno* 
vundo la memoria de los señalados beneficios que 
liabian recibido de vos los israelitas, les echa ec 
rostro su mala correspondencia, su ingratitud en 
abandonar tu reinado, y pretender otro que les 
seria muy funestó. Pero ellos inflexibles en so 
proposito, convinieron en que se practicase poi 
sorteo el nombramiento ; y en el mismo sitia «de 
la congregación fue aclamado é instalado el nueve 
rey. (l.Reg. 10.) Bien pronto experimentaror 
su idoneidad en el campo de batalla contra los 
Ammonitas. £1 suceso desengañó á los malcon- 
tentos que reputándole por inepto en el acto de 
la elección, le hablan vilipendiado. Convocado: 
segunda vez todos los sufragantes se reunieror 
en Galgala, y allí renovaron la institución cor 
unammidad de votos. Sin e^Ve Novdxánv^ c^]ígw^\! 



í — 



69 

imiento parecía defectuosa la elección y faltarle 
ú electo la plenitud del poder procedente de la 
iiiáforniidad«de sufragios, como lo indica el Texto 
diciendo— <* allí el fiueblo hizo rey á Saúl delante 
del Señor.** (Et perrexit omnis populus in Gal- 
gala, et fecérunt ibi regem Saúl coram Domino. 
1. Reg. 11.) i Podra darse mejor prueba de la 
adberania del pueblo ? ¿ No es por ventura el mo- 
narca una hechura de aquellos que le hacen ser 
h que él es en el orden social ? i Et fecérunt ibi 
fegem Saúl no es darle todo el ser que él tiene 
en el estado político ? Yo no puedo negarlo sin 
hcurrir en la blasfenüa de concederle mejores 
conocimientos políticos k los defensores de la 
urania que á Samuel y k vos mismo. 

En la lüstoria de este primer rey hay dos he- 
chos con que él mismo reconoce la superioridad 
del pueblo. Reconvenido Saúl por haber per- 
donado á Agag, monarca de los Amalecitas, y 
otras cosas que conforme á la orden que de vos 
babia recibido, debieron ser igualmente demoli- 
das, se descarga con el temor y obediencia del 
pueblOf diciendo*-'* Timens fiopulum, et obediena 
voci ecrum** « Temiendo al/iueblo y obedecien» 
do á 8U voz** (1. Reg. 15.) Temió k la nación 
y obedeció su imperio: temor justo, obediencia 
racional, quando el pueblo quiere y manda lo que 
tío es contrario k tu voluntad y ordenes. £n la 
relación literal del caso no aparece ningún alter- 
cado entre Saúl y su gente : obraron de concor- 
dia : ** Et fiefiercit Sauly et fiopulua jlgag.** Asi 
se explica el historiador en el v. 9. del mismo 
capitulo : no huvo repugnancia de parte del rey ^ 
tí pueblo y él concedieron k Agag e\ vvaAv^x 
Como pues recayó sobre Saúl lau ao\?Lm«.wV^ t\ 



70 "^ 

Fíij-O de vuestro indignación ? Dos i-e(,puG!>ia: 
parecer utisfactorÍLis se ofrecen &, Id retlexl 
£1 soúego y prospend^d de los hebreos er: 
objeto de la dcstrucclün de los Amalecitas 'y 
mas gentei condenadas ¡¡\ exteriTiinio. Un t>t 
ficio común & toda la nación pudla renuncim 
podía moderarac por todu ella en cieito nnoi 
su magistrado que no es arbitro sino admínis 
dor de sus derechas, no puede por sí solo disp 
sar en semejtuite ley. A los israelitas import 
conserviir enemigos, cuya lucha les sirviese 
escuela practica ea el arte de la guerra ofensi 
defeuÑVa': paseata utilidad fue de vuestro dgr 
el que no se nterminascn del todo los canauÉo 
demás enunciad^ en el c. 3. del lib. de los J 
ees. No obstafl que también se interesase vi 
tra gloria en alexar de tu pueblo la idolotría, p' 
ctibiendo 4 los idolatras existentes dentro^ de 
limites de la tietra prometida: en la proacrípi 
Babias coiQprehendido k los Gabaonitas ; y cor 
do eso, no llevaste í mal el que Josué y las 
bus lea hubiesen eximido de la pena. Si el 
ber pues indultado á una nación entera no fui 
vuestro desugradoi no perjudicó ios intereses 
tu gloria, ni se eklinió peligroso á lu puei 
j porqué desaprobar el perdón de Agagí I 
rey no procuni salvarse con engaño; los de 
baon lograron su salvación por el fraude que 
fiere, el c. 9. del libro de Josuc : ; porque j 
oa enojáis "ctm quien le exime de la niuei 
Samuel al intimarle la_ pena de] talion indlc 
motivo especial que le hacia indigno de cien 
cid — " Mí como tu acero ha dc:cado sin hijos i 
madre», a^i también la tuya ijiii'tliiTu ahüvf 
//." £ita fue la, sonvencva Ae\ ívo^t^», "í «■' 



71 

recen los despotas que desconociendo la 
ad del pueblo obran con mas desenfreno 
K> de sus armas. 

b el historiador de las antigüedades judai- 
; no haver sido esta la causa de la desgra« 
^aul, sino el haver disuelto el Sanedrín : 
nationem optimatum suttulií : quitó el gO" 
iriatocratico ,-'* que fue un paso de arbitra* 
muy punible con que aquel rey allanó el 

del poder arbitrario. Disolver sin orden 
n anuencia del pueblo un establecimiento 
la importancia, fue un exceso mucho mas 
msible que el haver sido indulgente con 
Confinado á perpetua prísion este san- 
o no hu viera aumentado la horfandad; 

supresión del sanedrin fue mas perniciosa 
uinaria. -Existiendo este senado con su 
d de facultades, no huviera degenerado en 
el reinado de Saúl, se havrlan cortado los 
sos á ese monstruo ; este monarca no ha- 
Hngido la capitulación otorgada en favor de 
baonitas, ni acarreado á Israel por esta 
\ una hambre de tres años, y á su propia 

la perdida de siete hijos crucificados para 

la perfidia con que violó el tratado ; (3. 
1.) no tendria un fin tan desastrado, ni hu- 
exado afeada su memoria, ^ero tampo- 
áera abolido el sanedrin, si esta corpora- 
ese hechura suya, disponible á. su arbitrio 
o son todas las que con el noinbre de con* 
zámaras y tribunales supremos existen en 
^ui^s absolutas, tan distanteB de refrenar la 
de su hacedor, que por el contrario ella es la 
\ sirve de norte en sus juicios ^ coTv^vs\\a&^ 
mra tales consejeros y miiústvoa «\ Mtívsjci 
m dilimo y nocturno eaiud\o^V^T ^\)R ^^ 



y» 

él está vinculada la subsistencia de su 
No era de semejante fabrica el senac 
él era un cuerpo representativo de la 
de las tribus, á quienes tocaba la elecc 
miembros, sin cuyo consentimiento nads 
tüar los reyes ea materias arduas ; y si 
niitian,ó iban contra sus deliberaciones 
sujetos á su potestad coercitiva : atri 
rente á este cuerpo desde su fundacioi 
gado en el c. 17. del Deuteronomio, n 
tablecimiento de la monarquia, entonce 
cesarlo para que no fuesen ilusorias y 
reglas dictadas por Moyses para el gi 
los reyes, y confiadas no á estos, sino á 
cion muchos siglos antes de la exi 
ellos. Es buen testigo de la superiorida* 
drin el historiador Josefo : está compn 
proceso de Amasias, rey de Judá, y dec 
Sedéelas en el c. 38. de Jeremías : '* 
/aa eat regem vobis quidquam negarcy 
testación que reciben de este rey los 
del Sanedrín. No era justo lo que ell 
dian ; sin embargo confiesa Sedéelas i 
monarca licito negarles cosa alguna : \ 
pues la autoridad de este senado, i qi 
la del pueblo que se la confería^ escog 
vocales suyos los mejores hombres di 
bu? (Deuter. 1.) 

Bien conocía la extensión de esta ai 
primer rey de los hebreos, quando ante 
tecimiento de Agag se havia sometido 
tad general, revocando la sentencia de i 
havia pronunciado contra Jonathas. 
le dice Saúl. Pero el pueblo le repli 
cto. — Con que ? ha de morir Jonataa 
zfa(fo Aerorcamente á I«raci ? ^\^* 



Vive Dios que no 9e le tocará un fíelo de 
eza. He aqui la .reaiatencia con que el pu- 
ibra de la muerte á Jonatas : asi es como re- 
sl soberano la determinaci<»i de su monarca, 
leravit ergo populus Ionathan> ut non raore- 
: 1. Reg^. 14.}j la obediencia de Saúl lesos 
sDg^oar su dignidad, la cmifirmó. (£t Saúl, 
mato regno suo super Israel, pugnabat per 
tum adversus omnes inimicos ejus.) ; Aqui 
, vosotros eneimgos del hombre en socie- 
na muestra brillante de so poder, sacada no 
iolencia de las paginas del reyno espiritual 
lucristo, sino de libros que de intento tra- 
ú gobierno político de una nación predilec- 
¡ No basta que este mismo señor haya pro- 
o no ser su reino de este mundo ; vosotros 
itinais en recurrir á la otra vida en busca 
bierno para las sociedas de este mundo, 
miembros han recibido de la Naturaleza, 
igo necesario al régimen de sus intereses 
Males ! ¡ Tolerable seria vuestro extravio, 
lugar de máximas liberales de política, no 
eÍ8 grillos y cadenas para esclavizar al mis* 
ombre redimido por el fundador del reyno 
. cielos, á esta misma criatura mejorada en 
serio de la Gracia ! Yá he presentado las 
ruebas tomadas de los hechos de Saúl reía* 
i, Jonatas, y Agag : entraré ahora en los de 
:esor que sean concernientes k mi intención. 



H 




Pnubaa del /uáer naeionéí 
vid, y <H etrat aeoatteináema» de 

Ci^ó Ssu) da Tueitn amistad, y por sus oí- 
tnenea k hÍ«o indigno del cetro de Israel. \b¡- 
MTuido SatiHM] <le MI déurücia recibe ordeoei 
tuyai pan iatimarte «U caídu y ungir al sucesor. 
Se verifica la, unción t pero Saúl continua reinan- 
do) por que aanúeiie en w &vor la voluntad delí 
major pane del pueblo, 6 de l;i fuerza armadi, 
que le coraerra en el mando por la opinión de sa 
TalOTtagilídadi y pericia mUiíar, por el crédito ad- 
quirido ea la cañipaSa. David entre tanto, aun- 
que ungido de oide» tuya, j perseguido injunta- 
mente de Saúl, m ae titula rey, ni dexa de reco- 
nocer ettadignidüd en la persona de su persegui- 
dor t aabia muy bien, que mientras el pueblo nu se 
la confine aei el acto de uocJou y qiialquitra otro 
no eran mas que prewgioa de su futuro destiro 
política Muerto Saúl, rcynó üavid en la iribn 
ae lu fiímilia unulameote, puntué ella sola le 
fcavia iDsÜtudo, adamado y ungido en la ciudad 
deHebroní las demaa proclamaron, é instituye- 
ron fc Itboieth; cuyo reinado duró dos años; y 
por au muerte se congregaron espoutaneamente 
todas las tribus en la misma ciudad, hicieron rey 
& David con pacto ccMistitucional. y le ungieron 
otra vez (3. Reg. 5.) Sin la muerte de Isbóseth, 
ú otro caso equivalente en la guerra de sucesión, 
y mientras le aostnbiesen las tribus que le havian 
pracJamado, tan legitimo rey d<i elUs tiuviera sida 
¿¡ como lo era de Jwdk wi com^cüAoT -, wxCvevdf 



7* 

ibido el poder para reimut» no pedia Uevap 

le intrusof que merece el usurpador de 

ches del pueblo, el tirano que por la fuer- 

lolo se apodera de sa autoridad. Un crimeD 

clase no era acreedor al elogio que hizo 

de Isbosethiiespues de su alevosa muerte. 

^rle el aviso de esta alevosía, protestó que 

ivla hecho morir al mensagero de la muerte 

perseguidor) con mayor razón sufririan igu- 

itig^ unos desapiadados que en su mismo 

», y en su propia casa havian asesinado & un 

I inocente y iustQ. (^^ ¿ Quanto mag^s nunc» 

lioiiiinea impij interfecerunt virum innoxium 

orno sua^ super lectum suum, non quaeram 

l^uinem ejus de manu vestra, et auferam vos 

térra ? 2. Reg. 4) Dos fueron los autores de 

A alevosia executada baxo el concepto de que 

1 ella obsequiarían k David, y obtendrían de él 

ro premio. 

Abner, general de las armas de Saúl, lo fue 
mbien de Isboaeth, y tubo mucha parte en la 
foniocioo de este principe; pero David bien dis- 
nte de censurar su conducta, le contempla co- 
o á un hombre benemérito) se duele de la mu« 
rte que le dio Joab fuera de acción y de casO| 
ícomienda su memoria á Solomon, y la vengan* 
i de su sangre. (3. Reg. 2.) Salomón realza 
uto el panegírico de su recomendado, que á pe- 
ir del mérito de su homicida, y del asilo del ta- 
smaculoi le hizo quitar la vida, declarándole 
Brpetrador de la muerte de dos varones justos 
mejores que él. (3. Reg. 2. v. 33.) El otro de 
iiien se hace memoria en este lugar, era Ama- 
\t general de Absalon en la guerra contra su pa- 
f> Nopuede cohonestarse la rebeúon d^\ ViVy 



poder que recibió del cielo ^ quadofue ungido 

elprofeta* Eeta potestad celeetial no puede 

Bumparar á V, M, por que ella mediante la 

cion ae le apegó tanto á 9U Real Ahna^ que la n 

c6 de un modo indeble^ y la hizo tanpoderoaa^ 

no necesita del poder y de la fuerza de la nac 

y esta ea inferior á aquella en un grado in/ít 

No es deficil añadir qual habiera sido la res 

de mi delirio al frente de un general y deuna % 

te tan zelosá de sus derechos. El mismo Di 

exento de mis preócupacciones hubiera mei 

preciado la lisonja, tachándome de fatuo. Ti 

observo reconociendo la soberanii^ del pncbk 

todos los hechos referidos. Isboseth, Abn 

Amasa, que en la opinión de nuestros tirane 

BUS aduladores serian tratados y condenados 

mo facciosos, rebeldes, y traidoyes, son todot 

el dictamen 'de Dañd hombres buenos, inocei 

y justos, principes y generales, no cabecillt 

bandidos : obraron en fin con la .autoridad y 

fragio de la multitud; y esto bastaba & la \t\ 

midad del principado del primero y del gen 

lato de los segundos. Estos enr sentir del si 

sor de David no solo son justos, sino mejores 

el celebre general Joab, cuya conducta no 

punible por haberle quitado la vida & Absalo 

los ardores de la campaña, sinopor haber pri^ 

de su existencia fuera de este conflicto á su | 

eral Amasa, y al de Isboseth, Abner. La h 

ría de David me subministrará en su oport 

dad argumentos favorables al derecho de^ n 

tencia contra el poder arbitrario, y tyrania 

dexaré por ahora para inquirir entre sus suc 

res otros recoBOcimieutos de la majestad 

pueblo. 



76 



§ XV. 

ontinuan las ftruebaa de eate dooma fiolitico en 
loa remadoa de Salomón y Roboan, 

Qoando Salomón empezó su reinado, tuvo en 
leños una aparición tuya en que le dixistdis : 
fáde lo que quurea que yo te de* (^^ Postula 
lod vis ut dem tibi. 3. Reg. 3.^ i Pues que 
iregunto yo ahora) es nada el remo que le ha- 
ds dado I ¿ Como es que faablandole por la 
ioaera ves, suponéis no haber recibido de ti 
M« alguna, y queréis por tanto que os pida lo 
le g^ste \ Esto mismo es una prueba de que 
. ser rey no le habia venido de vos, sino de la 
icion : á esta era deudor de la Real magistratu- 
I que habia obtenido aun antes del fallecimiento 
esu padre: desde entonces habia sido ungido y 
:laraado dos veses por todas las tribus con la so- 
imnidad que se lee en el c. i. del lib. 3. de los 
leyes y en el c. 29. lib. 1. del Paraliporaenon. 
'or esto es que le excitáis á que os pida no lo 
ue habia recibido de sus padres, no el poder y 
atondad que las tribus le habían concedido, si- 
o lo que ni estas, ni aquellos pudieron conferir- 
$ : fioatula quod via ut dem tibi. A este modo 
8 explicáis, por que en la esfera de lo politico 
ada habia obtenido Salomón de tu liberalidad, 
kl primer funcionario de una gran sociedad 
nportaba mucho el talento de la sabiduría ; he 
qui su petición. Por haberla contraído á lo 
das importante al desempeño de sus deberes, 

unbien le j>roiBclJ9tcÍ8 riquezas y gloria eitraor-» 
íiuwias. 



80 

Mal agüero fue para este monarca el haber k 
manchado sus manos con la sangre de su hem» n 
no AdoniaS) que sin aspirar al majrorasgo de que kc 
habia sido excluido por la voluntad de su padiv c 
y del pueblo, solamente pretendía casarse con V ^ 
bisag Sunamitis. A est^ fin se Talló de la medita ka 
cion de Bethsabee, que fue desairada, y se llevó «s 
á efecto el fratricidio. (3. Rcg. 3.) De estamih i 
ñera comenzó á infringir los preceptos con que si é 
padre se habia despedido de él para la eternidad. ^ 
Su conducta subseqüente á este hecho lavó ci \w 
cierto modo su mancha ; pero el haberse aparta- a 
do de lo prescripto en el c. 17. del Deuterononiio» M 
fue causa de otros desordenes suyos. Infiítuado is 
con el numero excesivo de mugeres, y concubi» \ 
ñas «xtrangeras é idolatras, & que se entregó, taa»- ■ 
bien incurrió en la idolatría ; abusó del poder de =e 
la nación y de los dones que habia recibido de ta é 
mano ; y falleció en esta situación, dexando en ' 
pie las aras que habia erigido á los Ídolos. (S. 
Reg. 1 1 .) Quales fuesen las costumbres de unt 
gente inclinada k los vicios cultivados por su rey» 
Sicil es de colegirse. A su profusión no eran sih 
ficientes las quantiosas sumas de oro y plata que 
entraban de otros paises : fue preciso imponer j 
aumentar contribuciones domesticas, cuyo peso 
parecía insensible k un pueblo embriagado en 
sus placeres. Esta es la ocasión de azotarle con 
la perdida del apoyo de su embriagues. £a un 
efecto de vuestra colera el dar rey k una nación 
que yk no quiere un gobierno bien constituido j 
moderado : " Dato- Hbi regem in Jírorémeo : f 
es un rasgo de tu indignación el quitárselo, quao- 
do su mal exemplp es alaguno 4 las pasieoes 




81 

fl«soid«niidas de la multitud, y las fomenta : " £t 
auferam in indignatione mea. Os. 13. 

£n este estado se hallaban las tribus, quando las 
privasteis del reinado de Salomón. La necedad 
de su hijo era tal, que ni aun podia mantenerlas 
adormecidas en aquellos vicios que hacen insensi- 
ble la gravedad del yugo, é impiden su sacudi- 
miento. Todo Israel congregado en Siquen para 
constituirlo rey, exige como requisito indispensa- 
ble el que se le alivie de la servidumbre á que le 
babia reducido el durísimo imperio de su padre. 
Roboan para contestar pidió y obtuvo el plazo de 
tres dias ; dentro de los quales consultó á los an- 
cianos conaejeros de su padre. Estos como pe- 
L* ritbs en la ley y derechos de la nacbn hallaron 
y justa la demanda de los israelitas, y fueron de pa- 
i. recer que la otorgase, si quería reinar sobre ellos. 
:i (fjSl hodie obedierís populo huic, et servierís, et pe* 
titioni eomm cesserís, locutusque fiíeris verba le- 
ída. 3. Reg. 13.)^ obedecieres á eatefiuebloj fie di» 
\ cen%J 9i le oóaeguiaret^ccediendo á »u instancia j y le 
í': hablares dulcemente^ seras bien correspondido* He 
aqui el dictamen de los sabios : dictamen de obe- 
!¡ diencia, obsequio y mansedumbre, como lo exigía 
I el derecho de las tribus: dictamen arreglado al 
c. 17. del Deuteronomio, que entre otras cosas 
, prohibe al rey ser orgulloso, é insolente con sus 
I hermanos :" ^ec elevetur cor ejus in aufierbiam 
I sufier fratres suos. Pro nada de esto agradaba 
k Roboan : menospreció la consulta de les pru- 
dentes, y buscó la de los indiscretos. Ningunos 
mas aproposito que los jóvenes compañeros su- 
yos en BUS delicias y pasatiempos. Siguiendo al 
pie de la letra el consejo de ellos, habló al pueblo 
cQo elación y sobervia : y considerándose toas» 
autorizado que su padre para oprimVrle, cot^Xt^- 



88 

dice 7 rechaza su justa pretensión) protestand 
agravarle el yugo de la tiranía. A este fin ui 
en su discurso de una frase insolente y despotia 
díciendoles, que si Salomón los habia afligidlo oo 
azotes, él los afligiría con escorpiones. (3. Re| 
12. et 3. Paralip. 10.) 

Sin exasperar los ánimos pudiera Roboan hi 
ber logrado su intento, si él, ó sus consnltore 
hubiesen estado iniciados en la política de lo 
monarcas absolutos de nuestro tiempo. Aunqo 
estos sean mas estólidos que aquel, viven roda 
dos de gente tan limada en el arte de dorar pUdc 
ras, imponiendo felsos nombres k las cosas, que fi 
cilmente engañan la multitud, y la oprimen de a 
modo contrario al placentero estilo de sus disciu 
sos, cédulas y decretos. Quanto mas opresiva c 
su providencia, tanto mas vestida de términos be 
nefíciosos y melifluos, tanto mas auxiliada d 
oradores corrompidos que presentan al tirano y m 
ministros con la gala y atavio de virtudes qu 
ninguno de ellos tiene. Es mas fina y seguí 
esta trampa en aquellos estados en donde iluúonc 
religiosas y sutiles imposturas han de tal suert 
identificado la espada con el cordero, el trono co 
el altar, el cáliz con el cetro, que han lograd 
hacer vuestra la causa del despqtismo. Quand 
temen que su gravedad haga sentir hasta en le 
roas ilusos la gran diferencia que hay entre le 
dichos y hechos, entre la practica, y teórica d 
sus papeles, desenvuelven á su modo las doctr 
ñas de Salomón y s. Pablo, desplegan todo el ai 
tifíelo de sus glosas, y se empeñan en persuadí 
que quanto ordena el tirano es vuestra voluntan 
y lo mas conveniente k la salud espiritual, y coi 
pora! de sus vasallos, a\ bien y v^«^«t\^^^ ^' 



88 

.rquia. £n España desde que se introduxo 
der arbitrario de sus monarcas, ha florecido 
esta politica, que hasta el verdugo que exe- 
al hijo de Felipe II. por mandato de su pa- 
podia ser catedrático de ella. Paz^ fiaz^ 
-, D, Carlosy le dice, al ponerle las manos 
la execucion, fiazy fiaz^ señor Don Carlos : 
'ato se hace flor su bien, ,, Si Roboan hubiese 
o por consejero á este executor, tal vez no 
era quedado reducido á las tribus' de Judá y 
amin) las únicas que tuvieron bastante apatía 
tolerarle el lenguage irritante de su contes- 
D) y hacerle rey ; las demás usando de su de- 
^ se declaran independientes y libres, fundan 
monarqub, y confían k Jeroboan el exercicio 
{ soberanía. Pero buenos consultores sin fa- 
d coactiva sobre el magistrado que necesita 
18 dictámenes, son tan inútiles en el reinado 
oboan como en el de qualquiera otro despo- 
r no son de los comprehendidos en el c. I !• 
is Proverbios, que hace consistir la salud del 
lo en la muchedumbre de consejos" — Ubi 
est gubemator, populus corruet : salus au- 
ubi multa consilia. 

saron los israelitas contra Roboan de un de- 
3 transcendental á todas las naciones, practi- 
en Egipto con Faraón no menos que en to- 
superficie del globo habitado de gente ani- 
i de sentimientos naturales : derecho inena- 
ble y respetado en el c. 17. del Deuterono- 
Muchos siglos antes de la monarquía ha* 
recibido las tribus su carta constitucional pa- 
lé la observasen sus reyes, quando ellas qui* 
n tomar esta forma, de gobierno. Mm^ «caú-^ 
úñente la puso Moyses en sus maxkoS) y»C' 



que ellas eran los principales interesados en 
ley y por que ellas debían ser sus zeladores, j 
actores de su observancia. No era esta can 
compendio de la fortuna de. ciertos individu* 
familias ; ella era la salvaguardia de los inter 
de la nación : todo su tenor seria insignifican 
vano, si hubiese de quedar a! arUtrio de un 
gobernante su esecucion> si las tribus no hi 
sen de retener el derecho de apremiarle á su c 
plimento, de quitarle el mando quando se hic 
indigno de él, de escarmentarle con propbr 
al exceso, y de tomar otras medidas deprecau 
y seguridad. Sin este derecho se frustrarii 
objeto de la sociedad, ella misma degeuerari 
una tropa de esclavos, ó en una manada de 
tos desde que el administrador de sus &nde 
gase á ser el arbitro de todos ellos, desde 
fuese exonerado de las obligaciones anex&s al 
to de sus comitentes. Pero condenada estafa 
tesi como incompatible con el contrato social, 
la naturaleza y fines del mandato, con los vfa 
los sagrados de esta administración, es á t< 
luces evidente la justicia con que se subleva 
las tribus contra Roboan. Ellas no apelare 
este derecho sino quando vieron desatendida ] 
trajada su demanda : entonces es que se vale 
su poder y su fuerza, único y necesario rec 
contra un despota inexorable. Con igual n 
apedrearon y mataron al superintendente d< 
contribuciones, quando de orden del rey voh 
exigirlas, estando yá pronunciada la indepen' 
cia de Israel. A riesgo estuvo de 9tcompw 
en este desastre el mismo Roboan su comitf 
si no huye precipitadamente á Jerusalen. (3« I 
12,) Ninguna de esta» ación»* dtífcww^is 



80 

á6 tu desagrado ; todas fueron expresamente 
^ iprobadas, quando por Semeias prohibiste á este 
aonarca y á la gente de su partido el hacer la 
guerra á los insurgentes. 

£n el tiempo en que yo negaba este derecho, 
Do hallaba otro rumbo para evadir la dificultad en 
ffne me ponia este lugar, sino el decir que era 
caso especial, en que por inspiración privilegiada 
:oya obraban los israelitas. Con este efugio me 
jactaba de haber disuelto la objeción, y suponia 
jue los actos intrínsecamente malos dexaban de 
mrloj qiiando tu metías la mano en ellos, quando 
in executor se decía inspirado, ó quando k los 
ibogados de la tiranía pluguiese recurrir k inspi- 
raciones celestiales. Pero i que mejor documen- 
» de la bondad de un acto que el de haber sido 
producido por impulso especial vuestro r ¿ podéis 
icaso vos inspirar acciones pecaminosas ¡ Israel 
ni el presente caso no necesitaba de mociones 
linguísires de tu Divino Espíritu : para una obra 
colocada en la esfera de los impulsos de la Na- 
turaleza no eran necesarios movimientos sobre- 
naturales ; k menos que esturiesen enervados los 
muelles morales de aquellas almas hasta el punto 
ie no poder yk obrar sin el impulso extraordinario 
ie otra mano. Tal era la situación miserable de 
¡os hebreos en Egipto, adquirida por mas de dos 
ligios de servidumbre : tal era e testado de mi al- 
na compaginado con una educación sistemática 
7 afianzada con el transcurso de 300 años : por 
ales circunstancias es que ni aquellos, ni yo po- 
liamos recobrar la elasticidad de nuestros rela- 
tados nuelles sin impulso de otra causa, sin alguna 
uspiracion vuestra. Yo estaría por ella en el 
aso de Israel con el hijo y sucesor At SiXoiftftW. 

I 



86 

si el reinado de este hubiese durado dos ó tref 
siglos ; mas no habiendo sido sino de mucho me- 
nos duración, bastaron los resortes naturales d( 
la multitud oprimida, remontados por la ilu8tra< 
cion y patiíotismo de Jeroboan, para obrar coDtn 
su nuevo opresor. Diré lo que me servia ái 
apoyo para fingir mandamiento especial vuestn 
en esta insurrección. 

Las ultimas palabras del mensage que encar 
gaste al profeta Semeías, eran mi asidero* ^' jí 
me cnimfactum eat verbum hocj es la clausula d< 
que te serviste en este lugar, y la misma que m 
acostumbra en tales encargos para denotar qu( 
hablan de orden tuya los mensageros. Semeia 
recibe de ti la que habia de intimar k Roboan, ; 
los suyos 4 fin de que se abstuviesen de llevarla 
armas contra Israel : " ^ we enim factum eat ver 
bum hocy** añadis, para que les dixese ser estatt 
voluntad, y que el profeta les hablaba á nombr 
tuyo ; pero ni en este mensage, ni en todo c 
capitulo hay el menor vestigio de haber sido prc 
videncia extraordinaria tuya el levantamiento d 
casi todas las tribus contra Roboan : obraron ella 
conforme al sistema ordinario de tu providencii 
usando del derecho común á todo el genero hi 
mano, sin necesidad de inspiraciones, privileg 
os, y dispensaciones tuyas : usaron de una le 
innata á todos los vivientes, á los elementos, 
demás criaturas inanimadas, que se valen de ell 
siempre que son oprimidos, ó violentados. ¡ Qu 
bello rasgo de distinción para un pueblo escogic 
el exercicio de una facultad transcendental á ti 
dos los gentiles, animales, y cosas inanimadas 
¡ Que fecunda es la ignorancia que hace el co: 
tejo de la tirania 1 Yo quiero «¡Vwítíl wiv^xict ^ 
precedió á ¡a rcxplucVou de \oa wt«ttóxa& mxw í 



creto especial vuestro, i Quien no reconocerá 
en él la rectitud de la acción ? Jamas podéis vos 
decretar lo que es de suyo malo : decretos per- 
misivos tuyos son los únicos que se admiten en 
esta linea ; relegados andan de ella los impulsos 
de tu Divino Espíritu: quedará pues mas justi- 
ficado el procedimiento de Israel contra Roboan, 
y mas recomendado a la imitación de los pueblos, 
si le añadimos el mandato, ó inspiración espe- 
cial. 

Quando yo en mi ceguedad recurría para este 
caso y sus semejantes á dispensas extraordinarias 
Tuestras, suponía que hubiese una ley por la qual 
le fuese vedado al hombre precaverse de la tira- 
nía; librarse de su peso quando le hubiese co- 
gido debaxo ; huir de la servidumbre, y recupe- 
rar 8U libertad. ¡ Suposición monstruosa ! Ella 
' Tale tanto como decir que todos los hombres son 
esclavos por naturaleza, y que la esclavitud es el 
mas precioso don que les tocó en la obra de la 
; creación. Baxo este absurdo, sería vuestra con- 
ducta la mas inconseqüente todas las veces que 
castigabas las prevaricaciones de tu pueblo con la 
I servidumbre extranjera, quando amenazas con 
I la domestica k los descendientt^s de Cam, quan- 
' do conminas a los poseedores de esclavos que 
• omiten manumitirlos oportunamente. Es mucho 
I menos absurdo que esto el hacer del decreto de 
; mi primera suposición gracias, y privilegios ; 
aunque esto es suponer que sobre leyes generales 
no pueden recaer preceptos singulares para su 
mejor observancia ; que los mandamientos del 
Decálogo escrítos en las tablas de la ley, no son 
I los mismos que la naturaleza gravó et\ e\ covaLiAW 
ife todos Jos hombres ; ó que en fin no v^cí\^\ow 



88 

repetirse en el Evangelio, 6 que los p 
morales de este nuevo código se disting 
stancial mente de los naturales, .y de los 
dos y promulgados en el monte Sinai* C 
la prueba tomada de Roboan, y seguiré h 
iqdicaí^ en el sigMÍente numero. 



§XVI. 

Continuación del anterior, uíñadese el 
de Mías. Nocione» generales de la 1 
Deritho^ y Ley. 

Insistir en que obraron dispensatorian 
israelitas por hallarse revelado ¿ Saloi 
acontecimiento por tí mismo, y k Jero' 
el profeta Áhias, vale tanto como deci 
suceso de los futuros conocidos y pron< 
anticapadamente por el órgano de la re^ 
nunca ha sido del orden regular de la p 
cia. Mas un decir semejante es inti 
Vaticinados se encuentran en la misma I 
muchos efectos futuros tle causas natur 
cesarlas y libres. Nada hay de lo pasad 
por venir que desde la eternidad no hay 
registrado en el libro de los destinos y p 
vuestra vista ; pero ni aquel registro, ni < 
sencia vulperan en un ápice los derech 
libertad, ni la carrera ordinaria de los su 
tu admirable providencia. Fixado desde 
cion este sistema regular con una harn 
comprehensible, jamas se turba ni por 1 
inaravijiosos de tu ÜberaW^aiA, xa v^x ^V' 
prerío y simultaneo de que «cciOl^xv ^^^' 



m 

>mperceptib1einente todas las acciones y opera- 
áonea. Mi ignorancia en estos principios me 
bacía desatinar enormemente, me inducia á de- 
fraudar del mas rico presente de su ser á vues- 
tra imagen y semejanza, suponiéndola esclava 
por naturaleza, y algunas veces libre por inspira- 
ciones y favores extraordinarios. Asi degradaba 
jro á las tribus de Israel, quando negándoles sus 
derechos, recurria al privilegio singular de la 
causa primera : á ti solo atribuia yo la marcha 
de su independencia y libertad, el abandono de 
Roboan y de la casa de David, la muerte violenta 
del ministro Aduran. Consideraba yo al pueblo 
en esta ocasión como mero instrumento tuyo, 
obrando como el martillo en la mano de un her- 
rero, como el-puñal en la de un homicida, ó como 
qualquier hombre en la doctrina de Jansenio. 
Muy poco instruido en estas materias me parecía 
el Eclesdastico quando en el c. 47. atribuye to- 
das estas novedades á la imprudencia de Roboan : 
lu hijo y sucesor Abias era á. mi ver un delirante 
Duando sobre el monte Seméron declaró no haber 
udo obra vuestra sino de Israel, la fundación del 
mevo reyno, las medidas que le precedieron por 
umsequencia de la estupidez, temor y flaqueza 
le 8u antecesor. (3. Par. 13.) 

De esta manera discurría este nuevo rey, cali- 
icando de criminal en su discurso la insurrec- 
ion, y motejando de malvados á los autores de 
lia ; pero su lenguage no era otra cosa que el 
iroducto de la ambición y codicia, cuyos excesos 
vastaron k clasificarle en la turba de los malos 
eyes de Judá, excluyéndosele del cortísimo nu- 
nero de los buenos que refiere el Eclesiástico en 
íl c. 43. No hay tirano que no hable igual idÍQma> 

I 2 



90 

quando la nación oprimida, quando la n 
mas sana parte del pueblo usa de sus d 
saudciendo el yugo, y recuperando su 1 
pero el varón ilustrado y fuerte se poita 
tiranos que asi blasfeman contra las luc 
Filosofía, como se conduce la Luna con 
que le ladra. Q^ £t latrat ; sed frustra ag 
irrita ventis, et peragit cursus surda 
suos.") Del mismo modo que 'Abias se 
ría Faraón contra Moyses y las Tríbus c 
dian el peso de su dominación. Asi gri 
empre los opresores del hombre, quai 
amenazada, ó disuelta su opresión. Me 
religiosos y justos todos sus gritos, qu 
opinaba y discurria sumergido en mis pi 
clones ; pero desengañado reconozco 1( 
chos del hombre en sociedad, y proseg' 
duciendo de la Escritura otros argumen 
soberanía del pueblo. Confesaré previai 
equivocación cjue yo padecía en la intelig 
los términos Libertad^ Derecho, y Ley, 

Alucinado con falsos nombres, mis id 
correlativas, y por ellas me parecia que 
tad no era otra cosa que la licencia de ha 
uno lo que se le antojase: me parecia qu< 
potismo era un Derecho, y que los actos 
ríos de la voluntad de un despota eran 
violables y sagradas. £n la siniestra sign 
de estas palabras contemplaba yo á la libi 
mo un enemigo de la especie humana, 
raiz del pecado de nuestros primeros 
baxo este concepto equivocado la esclav 
tada con los colores de la libertad era p: 
mismo que anunciaba la falsedad del ter 



91 

cooúquiente yo reputaba por criminales á quan- 
t09 pretendían ser independientes y libres. Mas 
■hora que oigo los acentos de la ra7on, confícso 
que la libertad política no es el licencioso al ved rio 
de hacer cada uno lo que quiere, aunque sea con- 
trarío á las leyes naturales y divinas. £1 dere- 
cho que el hombre tiene para no someterse á 
una ley que no sea el resultado de la voluntad del 
pueblo de quien 61 es individuo, y pora no depen- 
der de una autoridad que no se derive del mismo 
pueblo, es loque ahora entiendo por libertad : le- 
yes humanas, no divinas son las únicas que vie- 
nen en esta definición : en ella tampoco están com- 
pff ^r!;*<tioa8 las potestades celestiales; todas aque- 
llas que el principe de los apostóles llama hechu- 
ra de hombres, son las que tocan á la libertad 
definida. Usa de ella el ciudadano que procura 
eximirse de una ley positiva del orden social que 
DO tiene su sufragio ni el de la comunidad. 
Quien rehusa depender de un magistrado, cuyo 
poder no es derivado de la misma nación legis- 
ladora^ exerce la libertad que defendemos. No 
es ley el acto de la voluntad de un individuo : no 
es legitima, sino tiránica la autoridad que no viene 
del pueblo. Depender de la voluntad de un hom- 
bre solo, es esclavitud : armarse del poder sin 
el consentimiento espontaneo y libre de la nación; 
abusar de él con detrimento de las altas miras 
de la sociedad, es una usurpación y tiranía. Pa- 
ra el bien común se comprometieron los hombres 
á vivir reunidos en varias demarcaciones : por 
la prosperidad de todos convinieron en la erec- 
ción de un gobierno. ¿ A quien pues tocará for- 
mar la regla de esta unión, y el sistema executivo 
de ella ? jk quien sino á los mismos^ k c!\|iúeaes 



interesa, y para cuyo mejor estar fueron 
adas las sociedades ? ¿A quien sino á c 
de tocar también el escoger y autorizar 
tores de su voluntad general ? Todos di 
ner parte en lo que á todos toca: por tod( 
aprobarse lo que á todos importa. ^^ Quoc 
tangit, ab ómnibus approbari debet:" p 
de Derecho dictado por la luz natural. J 
lo mismo que pretende el hombre en &< 
quando usa de los fueros que como á n 
de ella le pertenecen: justo es pues, que 
era depender de una ley, ni de una potes 
no son criaturas suyas: razón es que p; 
regir ó revocar el desoriden contrario t» 
del remedio que practicaron las tribus d( 
en Siquen. 

Clasificada la libertad que el hombre d 
fender en su estado social, se dexa ver la 
tinencia con que yo le atribula el pecado di 
I Qué sociedad, ni que leyes humanas ha 
tonces en el paraíso, ni en ningún otro pt 
la tierra ? i Que tiranos, ni que usurpadc 
bian invadido en aquella época los derecl 
hombre, ó del pueblo? £n aquellos primt 
as la ley natural era la única que regia : 
carón contra ella los moradores del parai 
precepto puramente divino y positivo fue 
infracción original ; ninguna parte tuvo 
la libertad civil todavía desconocida : fue 
cencía, no libertad la que ellos se tomar 
gustar de la fruta vedada. Yo era un ilus 
do confundía estas dos cosas opuestas, 
suponía leyes políticas sin cuerpo poli ti 
las dictase. Freqüentemente oía definir \\ 
tad entre los jurisconsultos, y con esto se 



U3 

liaber conocido, y enmendado mis errores; 
por falta de raciocinio, por estar preocupa- 
la felsa idea de la palabra derecho que en- 
en la definición, pennanencia en ellos. 
ultad de hacer cada uno lo que no está pro* 
» fior derechoy ófior la fuerza^ eran los ter- 
\ con que comunmente se defínia la libertad; 
fo estimaba como derecho quanto dicta]^ el 
>tismo en tono legislativo contra los mismos 
hos del hombre : por esta errónea estima- 
lallaba yo coartada en los puntos mas impor^ 
\ la facuita4 de hacer lo que el derecho na- 
prescríbia. En mi opinión el podor arU- 
t, disimulado con apariencias y nombres de 
ia y buen gobierno, era lo que llevaba el 
D y concepto de derecho natural y divino : 
:ulaba yo, y veneraba la tiranía santificada 
amenté con principios de Religión indigna- 
5 aplicados. Baxo esta conciencia errónea 
«i yo de criminal la libertad de eximirte de 
¡ante derecho, la facultad de resistir al des- 
que lo dictaba, y sostenía menos con la fíl- 
de las armas que con el influxo de las pre- 
iciones religiosopoliticas. 
1 era el genio de la ilusión en el gobierno 
co á que yo vivia ligado, que en favor suyo 
alegar el testimonio de Samuel quando 11a- 
erecho las corruptelas y abusos de los mo- 
.s confinantes con las tribus de Israel. £n- 
ido este profeta de instruirlas en lo que só 
de derecho exigiria el rey que según su pe- 
I habla de reynar sobre ellas, „ Hoc eviXjíis 
y les dice, qui imperaturus est vobis. „ He 
'¿ derec/io del rey que o« ha de gobcTnar. 
^g-. 8,) Baxo Ja denominación de derecha 



94 

describe exactamente el sistema de gobierno 
bitrario generalmente recibido entre los moi 
cas que las tribus se proponían por modelo ei 
instancia. Samuel llama derecho un cumulo 
vicios deg^dantes, por que asi lo titulaban 
despotas que usaban de él con ventaja de sus ] 
sonas y familias: asi lo llamaban las miseral 
naciones que gemian baxo el enorme peso de 
te derecho. En un sentido irónico se idryii 
profeta de esta palabra, cuyo largo abuso h; 
de ella mas que una ironia, un antífrasis bien o 
cido en el arte de la eloqüencia. Pero yo me 
sentendíade figuras, pretendiendo fuese pro 
mente derecho el conjunto de las practicas y 
denanzas del despotismo, la iniqua voluntad 
los monarcas absolutos, la infame tradición 
sus reinados. Un vulgo ignorante y oprin 
imagina que en todo este tren de comipcio 
halla vinculada la mas brillante prerogativa 
trono, el derecho mas inviolable y sagradc 
sus opresores : lo venera como tal ; y el al 
de la palabra se transmite de generación en g^ 
ración. 

Muy común es entre los juristas honrar 
el dictado de derecho al uso bárbaro de la es 
vitud, al in&me trafico de carne humana, 
quien será capaz de probar que esta practic; 
justa y conforme á razón ? Derechos y I< 
de servidumbre freqüentemente se leen en la 
tiqua, y moderna legislación de la parte mas 
ta del globo. Lo mas notable es que en la mi 
definición de este abuso se le califique de d 
cho al mismo tiempo que se reconoce como \ 
trarlo á Ja naturaleza. No v^^^^ ^^^ derc» 
ni ley lo que carece de ju^úcVat '^ ^o^\^^^ • 



90 

smbarg^ por inauditas y humillantes que sean 
ps gavelaSf y demás impuestos de monarquías 
ibsolutas, se titulan derechos Reales. Derechos 
Baman los curiales las esportulas y salarios, aun- 
|ae sean ezcesivos,'6 indebidos. Las costas^y costoa 
de actuaciones iniquas resuenan k menudo en los 
tribunales con la expresión de derechos. £1 de- 
iccho de la fuerza, y del mas fuerte, aunque no 
K emplee en la repulsa del injusto agresor, aun- 
que no se dedique á. vindicar la libertad y sobe- 
tuúa del pueblo, se oye á. cada paso en boca de 
■bíosf é ignorantes. Describiendo Lucano los 
dnordenes de Roma en tiempo de su corrupción, 
decia, que la violencia, el fraude, la injusticia e- 
nn los medios de adquirir derecho. (Jus datum 
iceleri ; jus omne in ferro est situm ; jus licet in 
JQgulos nostros sibi fecerit ense ; Scylla potens^ 
Mariusque ferox, et Cinna cruentus, Caesareaeque 
domus series.) He aqui el derecho, de la espa- 
da y de la edad en que escribia este poeta la his- 
toria de las guerras civiles : derecho el mas opu- 
eito á la ley natural y divina, el mas repugnan- 
te & la convención social. 
De un contrato torpe no puede resultar ninguna 
tccion ni derecho ; á pesar de esto se lee en la 
Ustoria de Inglaterra, que en la preponderante 
época de los Regulares que habia en este rejmo 
eitipulaban ellos con los cultivadores de sus pre- 
dios la facultad de servirse de sus mugares, é hi- 
jas en los placeres de venus, coma una parte de 
las pensiones correspondientes al propietario. 
Los abades y monges se consideraban con dere- 
cho k exigir de sus colonos el complimiento de 
esta ley convencional, expresa en las escrituras 
ie Mnendamieüto, En España eran ^Qtetíkw» 



V6 

de la corona las contribuciones impuestas sobn 
casas publicas de .meretrices: se arrendaba, se ad 
ministraba este ramo de prostitución como qual 
quiera otro de real hacienda. Duró este torp 
ingreso hasta el reinado de Felipe IV. en que ni 
eron abolidos los lupanares españoles» cuyos de 
rechos Reales en cierta manera se recompenaaroi 
con los estancos introducidos en el mismo reini 
do. Lo que no es justo no merece el ix>mbre d 
ley, cuya esencia consiste en ser ella una sandoi 
recta que ordena lo bueno y prohibe lo roí 
lo como la defínia Cicerón, ola mente deanud 
de afectos y convertida casi en Deidad, según I 
expresión de Aristóteles, y Platón : ^Mens sin 
aflectu, et quasi Deus. Contra esta idea comu 
de rectitud se admitió como ley en Escocia un ei 
tatuto que hizo pasar su rey Ivinio III. por el qui 
debían ser aplicadas k la Real lascivia las muge 
res, é hijas de los nobles, los quales podian usa 
de las de los demás vecinos de inferior rango e; 
virtud de la misma ley. Se conoció un tiempo e 
la Polonia, en que los caballeros polacos quedfl 
ban impunes del homicidio executudo en la peí 
sona de qualquier aldeano con tal que pusiese 
sobre su cadáver un escudo que les servia de pii 
rifícacion. ¿ Pero para que limitarnos á un solí 
punto de la Europa en este abuso ? Por la bis 
toria de los tiempos de Carlomagno y sus prede 
cesores i no sabemos qual era la jurispruden 
cia que entonces florecía ? jurisprudencia de fe 
rocidad y superstición. La probreza y i*apacida( 
hablan valuado ó precio de plata la vida de h 
hombres, la mutilación de sus miembros, el es 
tupro, Incesto y alevosía. La ley dexaba en li 
bertad de obrar mal k iodo^\o?iC^xx^\fcTvYWiíL>5* 



ro con que pagar la licencia de delinquir. En 
combates singulares, en las aguas, 7 en el fuego 
le probaban y fenecían los pleytos. Tentándoos, 
«Sor, para que obraseis milagros sin necesidad, 
era como se conocia y procedía en lo civil, y 
crínünai. El derecho de la caballería andante 
eia otro ramo de la barbara y supersticiosa juris- 
prudencia de aquellos siglos. Los salvages que 
Monees pasaron el Rhin, hicieron salvages á o« 
tíos pueblos. Son inumerables los excesos que 
flDtre naciones barbaras 6 menos civilizadas que 
In europeas se han visto adoptados como leyes 
y como derecho publico ; pero nada es mas escan- 
daloso que el ver elevadas á este grado entre go- 
biernos católicos pero absolutos, ordenanzas las 
ñas injuriosas k los derechos del hombre, esta- 
tutos y fueros feudales los mas indecorosos á su 
lita dignidad, i Que hay pues que admirar el 
^e pasasen con igual titulo las corruptalas mo- 
Barquicas referidas en el discurso de Samuel ? 
T6 sin embargo las veneraba en mis extravíos 
como un derecho sagrado ; y pretendía que no 
bubiese libertad para eximirse de ellas, ó quitar- 
h» con la misma fuerza con que se introduxeron. 
Illas ahora reconozco y confieso, que si el abuso 
leí poder acarrea estos males, el buen uso de 
il debe remediarlos. Me explicaré mas acerca 
le esto, y contra la pretendida impunidad de los 
[ue abusan. 



$ XVII. 

Muso de loa que gobiernan con mando ab 
y 8U firetendída imfiunidad^ 

Bien entendido el genuino sentido de li 
bra derecho en la definición de la libertad, S( 
ver, que en donde reina el poder arbitral 
sinónimos el derecho y la fuerza: casi 
lleva su propia significación aquel santo no 
porque casi siempre se halla consagrado k li 
lencias y usurpaciones : es entonces el misr 
recho con que los bandidos y piratas exercí 
depredaciones, y latrocinios. Pero reducic 
cosas á sus legítimos términos, en la libert 
finida se descubre quanta es la extensión d 
noble fecultad, de este poder para executa 
aquello que no está prohibido por ley nat 
divina, ó por la voluntad general del puebl 
esta Razón escrita de común acuerdo en. 
bros de la sociedad con deduciones, y cor 
clones emanadas de este rayo de tu divina '. 
adaptadas al tiempo, lugar y personas. £ 
lo que merece llamarse derecho positivo 
naciones. No hay libertad para ir contra s 
tatú tos, mientras no sea la del cuerpo legis 
que tizate de alterarlos ó corregirlos por la r 
via y forma con que fueron sancionados : 
quier abuso de libertad individual que vayí 
tra ellos, ha de ser reprimido por la fuer: 
cional y de la manera proscripta en este De 
publico. Será mas criminal el abuso, y i 
empleado el poder coactivo de la nación, 
do viene de la persona^ 6 \^t«otASK «&^ 



09 

illa ha de positado su gobierno representativo : 
íd tal caso, á la infracción del contrato primitivo 
« agrega la del convenio especial que otorgan 
os gobernados con sus gobernantes^ y se agrava 
:on la circunstancia del perjurio, siempre que 
laya intervenido esta solemnidad. Sea qual fuese 
m nomenclatura de este Derecho, divídanse como 
loiera todas sus ramas, qualquiera que sea la 
brma de su gobierno; como sea representativo; 
como esté reconocida la magostad del pueblo, y 
le contrabalanceen sus poderes, sin confundir ja- 
mas el exercicio de ellos en una sola mano, no 
habrá discordancia en lo substancial. No será 
i%ertad, sino torpeza el oponerse á este derecho, 
f muy justa la fuerza que se aplique á reprimir- 
la. Ninguno mas libre que tu. Tu libertad sin 
embargo se halla circunscripta por los limites 
que separan al bien del mal: infinita para 
obrar el bien, ella es impotente y nula para el 
mal; porque esta impotencia misma es argu- 
mento de perfección infinita, y tanto mas, quanto 
3ue la malicia no es otra cosa que imperfección, 
efecto de rectitud, insuficiencia de poder. 
D^ lo dicho se colige que la fuerza menciona- 
da en la definición de la libertad, es aquella que 
mjustamente priva al hombre del exercicio de 
este derecho : tal es la de los tiranos, y ladrones 
de mar y tierra : tal es la de quien hace de sus 
semejantes una propiedad, reduciéndolos á es- 
clavitud, ó perpetuándolos en ella. Todos estos 
invasores de la libertad, todos los que llevan el 
renombre de conquistadores, ó reconquistadores, 
militan escudados de falsas doctrinas nacidas en 
los siglos de obscuridad y desorden. De%d^ ev\- 
'onces empezmvn k colocarse entre vue^lvoi^ ^tv 

: o i^ K) \ . 



IOS 

tiempo en que proponia á las tribus el reglamei 
to que ellas debían hacer observar á sus reye 
quanclo quisiesen monarquiá^ era sin duda el mi 
oportuno para declarar privilegios de tanta g^r8T> 
dad9 ó á la menos para advertir que su declar 
toria quedaba reservada á los siglos mas ten 
brosos de la era cristiana, á loa viles adulador 
de la tiranía. Pero para afrenta eterna de tal 
impostores sale á. luz el c. 17. de aquel libro o 
máximas contrarias k las suyas. Desenvuel 
pues el concepto y significación de las palabr 
mas adulteradas en el estilo de la monarquia a 
absoluta, seguiré las pruebas de la majestad d 
pueblo, confesando el modo y forma con que 
de Israel exerció s^s derechos después del B 
lecimiento de Moyses. 

§ XVIII. 

Democracia^ y Anarguia de loa hebréoa. 

Usaron ellos de su soberanía en la asambl 
que convocaron, quando las tribus de Rubei 
de Gad, y mitad de Manases erigieron un ú\ 
magnifico cerca de las orillas del jordan : ce 
gregadas las demás popularmente en Silo, ac< 
daron una embajada compuesta de Disputac 
de cada tribu para explorar el motivo de aquc 
novedad. Democráticamente fue recibido e 
mensage popular, y de la misma manera qa< 
terminado el negocio con la explicación que d 
ron los explorados. (Jos 22.) Vivia entona 
Josué : pero no contradixo esta democracia : ' 
juBto y no ignoraba el derecho cfie \ieaea Ua 



108 

fe 

>ara exercer libremente su autoridad y 
amo mejor les convenga. £1 mismo 
invocó en Siquen otra asamblea general 
star el contrato que á presencia tuya ce- 
m las tribus. (Jos. 24.) Muerto este 

fueron mas repetidas sus juntas gene- 
1 ellas se deliberaba sobre puntos de im- 
a, y se creaban gefes, quando lo exigía 
Dn. Muy notable fue esta popularidad 
atados generales tenidos en Maspha para 
; la terrible guerra que hicieron á la tri- 
en jamin : (Jud. 20.) fue también remar- 
T la uniformidad de sentimientos ; pero 
ñas digno de nota el que mientras las 
das vivieron en anarquia completa* no hu- 
urrido otro exceso que el de los Benja- 
^^ Cada uno hacia entonces lo que le fia» 
sto.** (Un US quisque quod sibi rectum 
r, hoc faciebat. Jud. 17, 18, et 21.) No 
sde entonces hasta Samuel otro magis« 
le el constituido para conducir las armas 
ienjamin: terminada la campaña, cesa- 
funciones, se disolvió el exercito, volvie- 
s hogares los combatientes por tiibus y 
t y continuaron en su total pero laudable 
i. (Jud. 21.) 

ido asi, usaban de la libertad inherente i 
i individuos de la sociedad, para do some- 
no al gobierno que sea del beneplácito 
y testificaban, que ni la anaixjuiai ni la 
I democracia son monstruos que devo« 
rden social, como quieren persuadirlo los 

tal es la pintura que ellos hacen de esta 
n politica, porque ellos no pueden sub- 
Kí viciando ¡as costumbres ^orái^^ 1 Va^ 



opinión : para ellos es monstruoso este si 

^ ¡ por ser enemigo de la tiranía que no puet 

modarse con la integridad 7 pureza que 

ge. La libertad) madre y nodriza de las 

des sociales, ea irreconciliable con el de 

mO) cuya duración seria efímera sin el & 

de la ignorancia, de la esclavitud, y sus ot 

cios conseqüentes. Los hombres manee 

dos en sociedad podrian vivir sin ninguna 

de gobierno, si estuviesen siempre subord 

al imperio de la Razón : si todos fuesen 

vantes de esta ley natural, seria superflu* 

blecer magistrados que ze lasen su observa 

castigasen su infracción. Una multitud 

dividuos tales como los hebreos, vivienda 

tiempo irreprehensibles sin gobierno, con 

diera una sola persona, que aislada en si 

dad, jamas cediese al engañoso atractivo 

pasiones, pareceria fabulosa, si no estuviese 

probada de un modo infalible, i Que dirái 

los enemigos de la libertad, quando la 

exerciendo su soberania con un impulso irr 

ble ? Sin rey vencieron los israelitas á qi 

reyes ocupaban la tierra prometida : triui 

de otros ; y quantas veces cayeron en serv 

bre, otras tantas recobraron valerosamer 

libertad baxo la dirección de Generales ce 

pov la habilidad con que manejaron la fu( 

poder de la nación. 



1 
i 



*^*^**-*^ -T ■ !■ laiw-nar i m— 



lOff 



S XIX. 

( razón de soberano y de subdito en cada fier* 
sona y en cada cuerfio civil. 

Sin soberanía era imposible que venciesen la!s 
bus k tantos monarcas que á su dispobicion 
lian el poder de los pueblos donde reinaban. 
Lialquier niño conocería que el de los hebreos 
a soberano^ sabiendo que tenían cuerpo y alma, 
:|ue. eran hechos á imagen y semejanza tuya; 
ró yo én mis ilusiones hallaba reput^nancia en 
le un pueblo fuese soberano sin subditos, y no 
Klia concebir como los mismos que se decían 
les, fuesen al mismo tiempo elementos de la 
>berania convencional. Para mi era inconcebible 
1 ser compuesto de majestad y sumisión con 
ispecto á si mismo: absolutamente metafisico y 
mthidtctorio me parecía el sistema de un sobe- 
ino que sin dexar de serlo, niciese simultánea- 
mente funciones de subdito. Quien asi discur- 
a, diría también que el hombre es un ser qui- 
lerico y metafisico, pues que dentro de si mis- 
ko tiene un soberano y un subdito : diría igual- 
lente haberse engañado el Apóstol, quando sen- 
a en sus miembros una ley contraria á la ley 
u su espíritu. (Rom 7*) Un hombre que en 
i mismo tiene dos leyes opuestas, no es unafic- 
ion, sino realidad : ley de la Razón, y ley de 
petitos repugnantes á. ella, son dos puntos de 
posición fíxados en el interior de cada individuo, 
iel uno es la soberanía, del otro la subordina* 
ion : aquel manda, y este obedece. El hombre 
ibordinado k la, voz de su propria. R^i^ow^ itfi 



106 

dexa de ser dueño de si mismo, y sobei 
sus pasiones. - Obedeciendo S. Pablo á 
de su espiritu, y resistiendo á la ley 
miembros, conservaba ig^al carácter de i 
nia. Identificado el hombre con su Raz< 
es el constitutivo de su naturaleza, vien 
una criatura independiente y soberana : { 
dose de sus miembros, de sus potencias, ; 
dos conforme al dictamen de su propia 
es dependiente y subdito de ella ; pero 
condición es esta dependencia, y sumisio 
no degenera, sino ennoblece, no abate, si 
salza ; y dignifica en tanto grado, que el i 
queda en nivel con el soberano. 

Combinada en las asociaciones politic 
misma Razón humana, y reducida á ley ni 
ppr la voluntad general de los asociados, 
constituir un nuevo subdito y un nuevo so 
en la linea del ser politico. £1 cuerpo 
animado de su propia Razón federada, y 
endo en la calma de los apetitos los n 
dictámenes de ella, es un soberano indepf 
te y libre. Quando ese mismo cuerpo an 
dose 4 los consejos de su razón emitidos 
clonados en forma legal, se vale del pode 
la fuerza que resulta de la coalición de I 
mas ramos de soberania, hace las veces el 
dito y dependiente de esta propia razón 
nante, pero sin demerito, ni sombra de ser^ 
bre. Obedeciendo á esta ley soberana Ib 
gregados, obedecen al dulce imperio de la 
mejorada con reflexiones de los mas av 
y condecorada con el honroso titulo de L( 
stJtadoDSí], y Derecho de la naciotí •• obcd 
Ja ley del espíritu, y resisten k X^X^-^ ^^V 



107 

x\ en un sentido colectivo lo que decía el 
ú en un sentivo disyuntivo : él hallaba en 
iembros una ley contraria á, la ley de su 
cu. Cada hombre halla dentro de si mis- 
A mismas leyes en contradicción : cada so- 
d compuesta de iguales elementos» de la 
la especie de hombres, halla dentro de su 
io seno lo que cada individuo experimenta 
1 suyoy las sensaciones de una y otra ley. Al 
reñirse los socios en depositar en uno de los 
mes interesados, ó en cierto numero de ellos 
xecucion y custodia de sus leyes, i^inguna al- 
iclon padece la magestad del cuerpo civil : los 
i se dicen subditos en este estado, lo son mas 
.n de la ley que de los magistrados ; los quales 
a igualmente subditos de ella, y los mas obedi* 
ites con una obediencia activa por el mismo he- 
10 de ordenar y mandar su execucion como se 
ulñese acordado en la misma ley. Al someter- 
e los individuos de un pueblo libre á leer y re- 
lasar la ley escrita en sus registros, y códigos, 
adié podrá decir que esta lectura y estudio los 
legrada, ó reduce a la clase de subditos del vo- 
Bmen, 6 recopilación de sus derechos : nadie ba- 
jará en este caso perjudicada la soberanía del pu- 
blo ; al contrarío, sería muy laudable esta apli- 
Rcion diríg^da á entender mejor la ley, á refres- 
sr su memoria para el mas exacto (cumplimiento 
e ella. Del mismo modo queda ilesa le sobera- 
ia, quando el pueblo oye los avisos y preceptos 
e su ley por la voz viva de sus funcionarios pu- 
licos, quando en proclamas, edictos y bandos mi- 
I reproducida la voluntad general. No es la per- 
ma de los magistrados, sino la misma k^^ ^^^^^ 
9dB y €liraJ£^ada por el órgano de cUo^X^ «C^^ 



i08 

se lleva la deferencia, y subordinacicm del audit 
río. Quándo aquellos son los prímeros en tríb 
tar sus respetos á la ley, quando ellos son losm 
fieles observantes de su letra, entonces es majK 
la complacencia, y celeridad con que la escuchi 
y obedecen los demás. 

De aqui muy bien se deduce que la nado 
nunca es subdita de sus mandatarios que ell 
misma elige y autoriza para la administración d 
sus derechos. Todas aquellas personas que 8( 
gun la constitución del Estado hacen de subaltei 
nos, y dependientes del gobierno, se sujetan á k 
gobernantes, y les juran obediencia en quanto 1 
permiten los mismos estatutos : juramento prc 
misorio en obsequio de la misma ley, para ser c 
bedecida, quando ella hable por la boca del ma 
gistrado. Si el pueblo entero la jura, no es otf 
cosa su juramento que la promesa de ser fiel 
su propia razón, y obediente & la ley de su espi 
rítu. Sujetarse á la voluntad de sus propios mar 
datarlos, seria lo mismo que dexar de ser sobe 
rano, y poner á discreción del executor la mism 
ley que le impone el deber de su fiel observancia 
seria invertir, ó subvertir el orden natural de la 
cosas. £n comprobación de la superíorídad é 
pueblo sobre sus magistrados se alega el uso i 
las naciones antiguas en que prevalecía el ton 
exórtatorio de sus gobernantes, quando en se 
despachos públicos comprehendian á todo el ci 
erpo nacional . Sus letras expedidas sin estilo in 
perativo denotaban estar mas bien acreditados pi 
ra persuadir, que autorizados para imponer pn 
ceptos k sus comitentes. Esta era la practica c 
los antiguos griegos, ilai\av\o^ ^^V^^% ^«tmano 
españoles y cartaginenses^ Tci\tnU«A x.>rí«st^ft 



e* ^. _. 



109 

valoT) y fortaleza, mientras el imperio de 
3omo decía Tito Livio, era mas poderoso 
del hombre : ^ potentiora legam, quám 
im imperia." (Liv. lib. 2. c. 1.) Esta 
xMtumbre de algunos de los modernos es* 
spiiblicanos de la Europa, 7 es hoy la que 
ih las celebres Repúblicas unidas de la A- 
del Norte. Referir los demás actos de 
úSL que en su estado aristocrático y popu* 
rcieron las tribus de Israel baxo la con- 
le MoyseS) Aaron, Josué, Otoniel, Ao4« 
r, Barac, Debbora, Gedeon, Jephté, Samu- 
seria un trabajo prolixo : baste por ahora 
ioria de estos héroes, mientras recojo de 
itura otros testimonios de la soberanía na- 



§XX. 

gestad del pueblo en el exercicio de la fio*' 
d coercitiva de I09 hebreos sobre I09 reyes 
trael y de Judá, 

nnente obraron los israelitas, quando a* 
n la monarquía, que no hubiera sido repre- 
e si en vez de aspirar á un rey, tal qual le 
mtonces las naciones del contomo, lo hu- 
pretendido conforme al c. 17. del Deute- 
). Justamente se emanciparon, quando 
se negó á reinar según Derecho, y á so* 
i k las condiciones que le propusieron. U- 
B SU libertad y soberanía; pero>no«ieTkdio 
^JXf agrado la, monarquía ábBo\\x\A^tUi\JE^«ck 

L 



lio 

la de Israel « como en la de Jud& tuñieron los na- 
les que Samuel les había pronosticado. Jerobo* 
an introduxo en su reyno la idolatría con el fin de 
que sus subditos se abstuviesen de concurrir al 
templo de Jerusalen, y de exponerse al peligro 
de ser seducidos por los reyes de Jud& en deüi- 
mentó de la emancipación de Israel. Todos kw 
monarcas de este nuevo re3mo, y la mayor paite 
de los de Judl, abandonron la ley^ traxeron sobre 
sus territorios la muerte, el cautiverio y ht deso- 
lación. No hubo siquiera uno en Israel que no 
fuese perverso, y funesto á su patria. Apenas 
entre los de Judá pueden exceptuarse tres del tor- 
rente de la corrupción : David, Exequias, y Jo- 
sias. (Eccles. 49.) Tampoco entraría en la ex* 
cepcion el primero, si no se hubiese purificado con 
la penitencia. Por la ostentación de sus tesoroi 
¿ los embajadores Asirlos mereció el segundo la 
fatal profecía de Isaías en el c. 20. del lib. 4. de 
los Reyes. Nueve dinastías alternaron en el ce- 
tro de Israel : ninguna de ellas iniciaba su reinadoi 
sino por medio del asesinato, destrozo, y ruina to* 
tal de la precedente ; pero todas recibían del pu- 
eblo la autoridad y poder. De él reciban tambiea 
la pena de sus deÜtos : morían fuera de la ley, 
porque vivían fuera de ella, sin trabas constituci- 
onales, ún cuerpo representativo que les fuese i 
la mano en sus desordenes. 

Reinó seis años en Judá una muger, destruyendo 
casi toda la Real feunilia conforme á la practioi 
de su país. Murió trágicamente por disposicioo 
de Joyada, que en su lugar colocó á un niño de I 
años salvado de la carnicería con que ella bal» 
allanado el camino para subir al trono : fue conai 
derada cono asurpadoTa^ im ^m^ V^^ ^-ncA 



111 

inguinario con que se coronó* como por no ha- 
arse habilitadas para este empleo las personas de 
d sexo en el c. 17. del Deuteronomio. Prescin- 
iendo de esta disposición, los demás pueblos han 
enido libertad para constituirlas, aunque parez- 
an excluidas de esta dignidad en el texto en que 
e le intimó á la primera muger que estarla suj- 
eta á la potestad del varón. £1 haberlas llama* 
lo & reinar muchas naciones, aun de las cristianas 
f cultas, es otra prueba de que las materias de 
i;obiemo son del resorte de la sociedad en toda su 
iztension. Pero yo no debo creer fuesen menos 
lesdichados los judios por haber tenido tres mo« 
mrcas justos; quando según Jeremías y £ze- 
luiel, la depravación de este pueblo, originada de 
u monarquía, llegó & superar la de Israel, la de 
!08 egipcios^ y sodomitas. (Jer. 3. Ezech. 16. et 
{3.) He aqui el fruto que cogieron las tribus 
leí capricho y tenacidad con que quisieron ser 
fingidas por monarcas absolutos : he aqui lo que 
M (¿ligó á protestar no haber tenido parte en su 
reinado, ni haber sido de vuestra aprobación los 
reinantes. Poco mas, ó menos este es el mismo 
producto que sacan de las monarquías feudales 
los infelices pueblos que viven sujetos al poder 
arbitrario de ellas, i Y que seria de Judá, si no 
bubiese tenido un sanedrín que refrenase, y es- 
carmentase la arbitrariedad de sus reyes ? Mu* 
:bos aparecen impunes, es verdad, pero debe at- 
ribuirse esta impunidad, ó á las supresiones tem* 
corales de este cuerpo, ó á la falta de integridad» 
S libertad eii sus miembros, durante algunos rel- 
iados; de otra suerte, Saúl no hubiera perseguido 
anto tiempo 4 un inocente^ ni derrainado \^ ^'^Ti- 
re de otros Mes, ni infringido la capvlvAs^cXotv ^^ 



114 

tor de esta novedad fuese solo el vecindark 
corte^ yá. se guardarían los enüaaríos de pi 
tarse en aquella ciudad á poner sus manos 
la persona del rey que la había escogido pare 
contra la violencia de los amotinados : los 
tantes de Laquis con su guarnición se habí 
larmado en defensa del refugiado : á lo men 
hieran rechazado k los diputados : ó el me 
\ al frente de los de Laquis y demás ciuda 

i leales de su reinó hubiera marchado cont: 

rebeldes de la capital. 

Pero nada de esto aconteció. No hubo £ 
ra una persona que se opusiese al procedin 
nadie se armó en favor de Amasias* Los 
sionados entraron en Laquis como por si 
Alli le prenden» alli le executan, y regress 
blicamente con el cadáver para tumularle en 
dad de David (2. Paralip. 25.) ¿ Y qu< 
cosa significa todo esto» sino que actuaba 
toridad del Sanedrín ? Es una conseqüene 
cesaría de tan evidentes premisas. A este 
do, encargado de la espada de la justícia, e 

Í subordinados los reyes en las causas de su c 

miento : en él tenian preferencia los juicii 
minales y civiles suscitados contra sus per 
r ' en los demás podia concurrir el rey, podia 

cer y determinar mancomunadamente con 
mas miembros del sanedrín, y el sumo sacei 
por manifiesta negligencia de estos podia 
su defecto. Parece pues que nadie osarí 
de nulidad contra la sentencia de este tt 
por falta de fuero competente en la causa 
masias. Averigüemos ahora si podrá, ar 
de injusta por defecto de criminalidad. 



\ 



il5 

A fundar la justicia del proceso bastaría el tes- 
imonio del Ecleúastico que declara haber pre- 
rmricado todos los reyes de Jud&, exceptuando á, 
David» Ezequias y Josias. Todos ellos, dice, a- 
saudonaron la ley del Altísimo y su santo temor, 
enagenaron su reyno y su gloría en favor de los 
eztrangeroS} incendiaron la ciudad santa, y dexa- 
roB desiertas sus calles. (Eccles. 49.) Pero 
cootrayendonos mas al caso de Amasias, hallamos 
ea el Paralipomenon una declaratoria general de 
su delito, quando testifica que después de haberse 
separado de vos» le urdieron acechanzas en Jeru- 
talen— ^ Postquam recesit á Domino, tetenderunt 
ei msidias in Jerusalem. (2. Par. 25.) Con es- 
tos comprobantes quedaría justificada la senten- 
cia, aunque no constase circunstanciadamente el 
cuerpo del delito; mas es indudable hallarse 
comprobado plenamente en los dos libros de su 
historia. Provocó Amasias una guerra contra Is- 
rael sin justo motivo, y sin beneplácito del Sane- 
drín. Fue completamente derrotado con mucha 
perdida de los suyos, la capital sufirió el saqueo, y 
BDs muros fueron considerablemente deteriorados 
por el vencedor. Su temeraria arrogancia fue el 
origen de tantos males : por ella excitó las armas 
de Joasy rey de Israel, y por ella vino ¿ sufrir los 
terribles efectos de la jurisdicción coactiva del 
Sanedrín. Sin la anuencia de este cuerpo nin- 
gún rey ppdia esgrimir la espada militar de Ju- 
dá, sino contra las siete naciones proscriptas. Pa- 
ra hacer la guerra á, qualquiera otra debia prece- 
der su voluntad. Sin este requisito tomó Ama- 
sias las armas contra Israel, y acarreó desastrosas 
resultas á los judios : fue pues un deber del po- 



der judicial llamarle á cuenta, é imponerle 1 
pena proporcionada á su delito. 

Su hijo Azarias, como lo denomina el libro d 
los Reyes, ú Ozias, como está escrito en el Pi 
rali|)omenon, fue proclamado rey de Judá por c 
voto de toda la nación después de la muerte d 
su padre, i Y como podia haber obtenido unani 
me mente la sucesión al trono, si no se hallase con 
vencido de la justicia y legalidad del juicio pro 
nunciado contra él ? Sin esta convicción, sin li 
esperanza de que el hijo no habia de seguir la 
pisadas del padre ;. ni el Sanedrín, ni el pueblo k 
hubieran conferido el mando al joven Azariat 
que siendo entonces de 1 6 años, no podia haberk 
obtenido por intrigas con tanta uniformidad. (Ta 
lit ergo universus populus Jud& Azaria annos na 
tum sexdecim, et constituerunt eum regem pn 
paire ejus Amasia. 4. Reg. 14.) No estand( 
muy justificado el procedimiento tomado contri 
el padre, debían temer la venganza del hijo su! 
constituyentes ; no debían fiarse de él, ni deposi- 
tar en sus manos los medios de llevarla & efecto 
Amasias habia vengado en su reinado la muerte 
de su padre Joas. Azarías hubiera vengado I 
gual mente la del suyo, si ella no hubiese sido no- 
toriamente j usta,y pronunciada por el poder com 
pétente. Joas murió por \a violencia de sus pro 
pios siervos, que resentidos de la muerte que é 
habia dado al hijo del Sacerdote Joyada, le mata 
ron alevosamente en su misma cama. Amasia: 
muere, no por la facción de sus domésticos, ni d( 
tftras personas particulares, sino por la autoridaí 
cfom pétente del Sanedrín, y acquiescencia de todi 
él pueblo* Nada importa que se llame conjura 
cíoo y acechanzas este prQce^5i3CQ^ii\.^)^^f>así^^ 



*ia la justicia de la acción, quando la bondad, 
Jicia de los actos hamanos no se deriva del 
bre que les quiera aplicar el relator de ellos, 
istoriador, ó traductor. Si es honesto y lau- 
s el fin, si no se quebranta ninguna ley, si por 
Mitrarlo se obra conforma al Derecho natural, 
KH 7 humano, recomendables y justas serán 
tras operaciones. £1 hombre ha inventado 
'oces para servirse de ellas en la explicación 
lia conceptos. No debe ligarse al servicio de 
MÜÍabras el animo del proferenté. ^^ J\/on m- 
lo verbisy sed verba intentioni deserviré rfe- 
'• En constando de la cosa, nada importa su 
ibre. Preocupación, ignorancia, despotismo, 
rtad, derecho y ley son palabras cuyo signifí- 
> es muy sabido ; pero en las monarquías ab- 
tas se les ha subrogado otro vocabulario ; y 
seria fácil añadir una lista de otros términos 
límente pervertidos en la escuela de la tiranía 
I retener la ilusión de los oprimidos. 
Lcechanzas y conjuraciones serán criminales, 
Qpre que los actores no tengan derecho para 
jurarse y obrar insidiosamente. Contra un 
pota que amparado de la fuerza, repugna com- 
scer á juicio, y abstenerse del mando, no hay 
) modo de conocer y proceder que el de Ids 
chanzas y conjuraciones. Repeler la fueraa 
la fuerza es un derecho natural y común á to- 
los vivientes. A una violencia iniqúa debe 
ner el pueblo una violencia justa para repe- 
a. Para un tirano que no reconoce mas ley 
su querer, ó no querer individual, ni otro til- 
al de agravios y residencia que el del otro 
odo, DO hay mas remedio que el de \íl \tvs\w- 
ioD insidiosa, y cautelosa. Todo moN\m>|E«v» 



118 

popular, ó el de aquellas personas capaces c 
var al pueblo de la opresión, sea qual fuese < 
tado que se le aplique, será meritorio, y g 
so todas las veces que se encamine k rom] 
yugo de la tirania, & recobrar la independo 
libertad nacional, k librar de su angustia y 

Í'o al inocente, á vindicar el uitrage de las 
úndamentales de la sociedad. Conjuracic 
acechanzas para qualquiera de estos fine 
actos, dignos de alabanza y honor. Por el c< 
rio, abstenerse de ellos, quando insta el deb 
cial, llamar á juicio á un magistrado, que 
lasion harto funesta, se cree superior á las 
y no responsable de sus operaciones sino k y 
la otra yida, es apatia y necedad intolerables 
masías no estaba imbuido de .estas patrañas 
DO abortadas por el atúsmo ; pero de hecho 
ba contra la ley. Engreído con la victoria que 
obtenido de sus enemigos, se consideró aut 
do para declarar y hacer la guerra á Isra< 
contar con el Sanedrín. ¿ Y en tales circun 
cias sería extraño que adelantando su insol< 
quisiese substraerse de la jurisdicción de 
magistrados, 6 insultar su dignidad ? ¿ Qu' 
via [Hies mas oportuna y prudente que la de 
dias, y conspiraciones \ £1 texto del Pan 
mtnon justifica esta medida, quando la hace 
seqUente k la culpa con que Amasias se s< 
de ti. ^' Poafguam receHt ó Domino^ tetend 
ei inéidias.** Hablar de acechanzas como 
saria conseqüencia de su delito i que otra c< 
sino aplaudir el modo de conocer y procedei 
trasu persona? 



11» 



. $ XXI. 

untaria interpretación del caso de jímanasy y 

9U8 semejantes» 

fo pudiendo yo en mi ceguedad negar la evi- 
»cia de estos hechos^ apelaba á inspiraciones y 
digios de tu providencia extraordinaria : des- 
tidome de los caminos ordinarios y admirables 
tu voluntad» yo fingia que Amasias hábia sido 
.gado y sentenciado por especial comisión tuya. 
I era de mi propio fondo esta ficción ; yo la ha- 
aprendido en libros escritos, baxo la infiuen- 
del poder arbitrario. Yo no podia desenga- 
rme con la doctrina de otros libros, estando 
idenada la introducción y lectura de los que en- 
iaban la verdad. Era genero de contrabando 
jy punible qualquiera obra luminosa de politi- 
Por el mismo hecho de no ser lisongera al 
spoüsmo, se calificaba de irreligiosa, se inte- 
saban en su expulsión y quema los ministros 
1 culto, como si las materias de gobierno fue- 
n de su resorte, 6 como si el Evangelio hubiese 
olido las máximas políticas y morales de la an- 
^ ley. £1 monopolio de los malos libros es- 
ba marcado con el sello de la Religión. Para 
mentar mas el prestigio de la ignorancia mu- 
ña de estos perniciosos escritos llevaban una 
Bcripcion opuesta al fondo de su doctrina : todo 
i contenido estaba en contradicción con el De« 
cho natural, y de Gentes ; pero sin embargo es« 
era su Índice, y este el sonido pomposo* de la 
>ra. Semejantes á Jos sepulcros ma^\SkCJOV ^ 
'adoapor dúíuer», pero asqueroso» 7 ^joAñto^ 



ISO 

en lo interior, todavía estos libros ricamc 
lados, eran desemejantes en otra circí 
Ningún sepulturero, por inveterado que 
en su oficio, jamas ha dexado denotar la c 
entre la profunidad y superficie de tale 
oros, jamas sus sentidos han llegado á £ 
hasta el punto de perder este discem 
pero 70 deslumhrado desde mi primera 
el maligno clima de la tírania, estimaba c 
recho natural y de Gentes todo el legenc 
baxo este titulo exponia las ordenanzas c 
arbitrario. £n mi concepto hablan ce 
la ley de Moyses todas las inspiraciones, 
siones especiales que yo imaginaba, quar 
ba usando al pueblo hebreo de su soben 
tra el monarca que la quebrantaba. De 
ñera en vez de mejorar al hombre cristi 
peoraba su condición, quando le suponía 
cho para hacer otro tanto, quando le qi 
mérito para obtener por via de suplemei 
raciones y mandatos extraordinarios, 
falsa suposición se envolvía la de hacer c 
lador del nuevo testamento un legislad< 
co, atribuyéndole que al remover los p 
ceremoniales y judiciales del sacerdocic 
antigua Religión de los hebreos, tambi 
removido los de su gobierno nacional, y 
moral, en vez de mejorarlos, .y perfecc 
Este era el arbitrio excogitado para dess 
la excelencia del cristianismo, para pon< 
ventajas del paganismo, y de la antiquad 
tucion de Israel. Asi pretendía yo que 
de la ley de Gracia viviesen perpetuam 
metidos 4 una obedencia cie^a y pasiva, 
njamdoa con las coyútid«& d«\ f«^ds^vv 



Ijll 

que este es un articulo de fe declarado por Sa- 
lomón en sus parábolas, y por s. Pablo en su 
carta k ios Romanos. Mas ahora abjurando mis 
errores como subversivos de quanto hay de mas 
sagrado en la sociedad del hombre elevado á mas 
alto dis^nidad por el nuevo realce de su naturale- 
B, coiüieso mejorados sus derechos para usar de 
elloB como los judíos en la causa de Amasias. 
T& oo puedo negar al Sanedrín, ni á la nación de 
donde emanaba su autoridad, un derecho conce- 
dido á todo el mundo. 

En mis sueños contra estos principios imagina- 
ba yOf que siendo indeleble el carácter Real, ja- 
mas dexaba de ser un atentado sacrilego el con- 
denar y ejecutar al monarca ; pero como es pu- 
ramente imaginaria esta manera de caracterizar, 
queda ilesa la verdad, y no puede prestar inmu- 
nidad á un &cinero8o. Me explicaré mas adelan- 
te acerca de esto ; pero ante todas cosas me con- 
viene advertir, que ningún Magistrado criminal, 
jugado y executado por el pueblo, ó sus repre- 
lentantes, conserva ningún carácter publico en el 
acto de la execucion. Todo crimen de primera 
magnitud lleva consigo la degradación del reo, 
por mas caracterizada que se halle su persona en 
el orden civil. ^ Indignus Jit imfierio qui eo abu' 
títur» Qiden abusa delfiodery se hace indigno de él*' 
Abdica su empleo, renuncia su dignidad quien ad- 
mite un crimen incompatible con ella. La sen- 
tencia no hace mas que declarar la abdicación e- 
fectuada por el delinquente en el mismo hecho 
de entregarse k un crimen enormísimo, cuyo rea- 
to excluye el honor y carácter de la magistratura. 
Ipso facto gueda privado de ella el malhechor. 
Si por defecto dú notoriedad hubiere razón de du« 

M 



dar, serán disipadas las dudas en el juicio defina 
tivo ; ¿ menos que las circunstancias extraocdíp 
natías del caso, y de la persona obstinada coatia 
ei orden judicial, no exijan otro modo de conocer 
y proceder. £s contrario al carácter de la socis- 
dad el que permanezca con facultades derivadu 
de ella, un j^bemante que en lugar del ¥OÍo gene- 
ral que se las confirió, tiene contra ú el odio ds 
toda la nación, y una efectiva revocatoria de su áf»* 
toridad, y poder. Amasias yá no era rey, quando 
fue executado : había perdido esta dignidad por 
sus delitos : desde que incurrió en ellos, desde 
que por ellos se apartó de ti, quedó vacante d 
trono de Ju<14. Reducido á la clase de un sim* 
pie particular cargado de crímenes, nada mas 
conservaba de lu Real magistratura que el vaMi 
nombre de rey. £s lo único que suelen retcntr 
todos los que se hallan en su caso, i Porque pa* 
es han de llamarse regicidas sus jueces, y execv- 
tores ? i Porqué calificarse de regicidio la debiái 
aplicación del castigo ? 

Bien conocieron la fuerza de este raciocinio 
los que para evadirla excogitaron un nuevo po* 
der adquirído exclusivamente de lo alto, y un cap 
racter de nueva fabrica, tanto ó mas indeleble 
que el sacramental. Desgraciadamente ocurrie- 
ron circunstancias que fiívorecieron su extrava- 
gante invención. La ignorancia de los siglos en 
que ella apareció, fue la madre fecunda de tantos 
crédulos, que dieron salida ¿ tantos delirios. 
Ocupados de vanas sutilezas escolásticas, de car 
vilaciones aereas, de viages á las regiones ima- 
ginarias los que se decían sabios en la edad te- 
7?ebre>5a de los necios, fácilmente urdieron la &- 
bula del carácter divino de V>% t«^««. ^«ik.^^ 



1S8 

Hico se fue haciendo contagiosa esta manera de 
^losofar ; y muy presto fue tauibien puramente 
ideal una gran parte de la teología de las escue- 
las. Inficionado por tantos años el orbe Ikerario 
de esta epidemia escolar, no podía dexar de trans- 
lütirse el contagio á todas las clases: el comuh 
de las gentes renunció al informe de los sentidos, 
introduxo el juego de la fortuna en las leyes 
mas estables ae lo naturaleza, se rebeló contra 
b MHia razón, y bien ponto se hallo en aptitud de 
lecibir, fomentar y propagar las modernas ideas 
de UB poder meramente quimérico. Mas no 
oempre es universal esta transcendencia. £n to- 
dos tiempos quedan exentos de ella personas de 
buen sentido, y rectitud, que se burlan de tales 
fimtasmas, y penetrados del derecho de las na- 
ciones palpan la vacante de las magistratui*as, y 
It caducidad de los monarcas desde que ellos o- 
bnn iniqüamente, quebrantando las leyes car- 
dinales del estada Fueron mas freqüentes en 
Israel estas abdicaciones, por defecto de trabas 
OQDstitucionales que tuviesen sus reyes k raya. 
De aqui es que, aunque eran destruidos fuera 
de la ley los mas intolerables, subsistía no obstan- 
te el despotismo. Enemigos del tirano, y no de 
la tiranía, se contentaban con quitar del medio 
á quien mas tiránicamente los gobeniaba, y nada 
remediaban en su desorden politico. Mientras 
no extirpasen con buenas instituciones al poder 
arbitrario, mientras no plantasen su gobierno re- 
presentativo, todo lo demás era insignificante y 
precario. Subsistiendo el sistema de la tiranía, 
los tiranos se sucedían sin intermisión, hasta que 
file wrmumda enteramente la monarquía ipoY \o% 
4a¿rio8, que se llevturon cautivos & los lst«ieV\Vaa^ 



y repoblaron con gente nueva su c 
ria« Lo mismo hicieron los Babilo 
judioa, tan degradados por el pod< 
de la mayor parte de sus reyes, que i 
•alir de su cautividad sino por la lí 
Ciro, Mas entonces, escarmentados 
lanúdadea pasadas, no se gobernare 
camente, sino por un cuerpo de Re] 
gido por el sumo sacerdote, y el co 
mo del Sanedrín. De esta manera 
exercicio de su soberanía, baxo un pl 
logo al de la aristocracia y democrac 
vieron sus mayores desde Moyses h) 



§ XXII. 

RcfiubHea de Iob hebreos de^fiucB de 
de BabUoma. Insurrección de loa . 

A la luz de este procedimiento i 
viúble el haber quedado & discrecioi 
blos las materias de gobierno. A pe 
ros encargado del de los hebreos, 1 
variarle a su arbitrio, reproducienc 
que mejor les parecía. Én la alten 
gobiernos no se vio jamas de vuestr 
repugnancia que la que manifestas 
aspiraron á, la monarquía absoluta. 
permiso vuestro son democráticos, 
y republicanos ; pero sin mucha in 
testaciones y replicas no les es penn 
despótico. Si Á regresar de ^^\V 
/• Nebemias preñeren e\ ráxjcmsi t« 



lo por el horror que les causa la memoria 
I reynos de Israel y de Juók; también inñu*- 
I en la preferencia el estado en que se hallá- 
is Repúblicas de Atenas, Esparta y Roma, y 
rentesco que tenian los e^arciatas con los 
iOS. Ciro no les prohibió el restablecimien* 
la monarquía ; ni en los demás edictos que 
ieron de Dario hijo de Hystaspe, y de Ai*^ 
xes se encuentra igual prohibición. Con 
te reconociesen el alto imperio de la Persia, 
ido las contribuciones, de que solamente fu« 
exentos los Levitas en las letras despacha- 
. instancia de Esdras, nada im[>ortaba k los 
misores, que los manumitidos viviesen 
publica, 6 mmiarquia* (1. Esdar. 7.) En la 
A estaba incluido el permiso de restablecer 
nstitucion, y leyes, el régimen interior de 
bierno, su culto, sus ceremonias y juicios, 
arón por consiguiente habilitados para usar 
facultad expresa en el c. 17. del Oeutero- 
>. Pero con mucha razón antepusieron ellos 
cierno republicano, y vivieron republicana* 
5 hasta que Aristobulo fue constituido mo« 
al cabo de muchos años de independencia 
ita y obtenida por la heroicidad de los Ma« 
s. 

jrnando Antioco Epifanes sobrevino este 
acimiento feliz, conseqüencia necesaria 

excesos de su tiranía. Matatías fue el 
iro que levantó el estandarte de la insur- 
»n con el poder y la fuerza de la multitud 
s siguió, sin mas rebés de consideración que 
los mii compañeros suyos» que «e dtx»3raci 
ir por Jas tropas del tirano, cxe^exAo ^^» 

sábado do podian tomar la^ «cnxAS^ ^V^i^^ 

M 3 



1«0 

• 

defenderse de su agresión. (1. Mtclu S.) Peii 
^ como es que hallándose esta República subordini 
da á los reyes de Babilonia por un pacto expreso a 
el edicto de Ciro, y sus immediatos sucesoreí 
se sublevan contra Antioco justamente ? Sifiíe 
ron justas las condiciones con que adquirió liber 
tad para volver á su tierra, y redificar el templo 
la ciudad, y los muros de Jerusalen, ¿ como pa 
ede ser licito el romper los vinculos de la alü 
dependencia, y del tributo estipulados en la gracia 
Mi respuesta en otro tiempo es daemasiado trivial 
Inspiraciones, dispensas y privilegios hadan e 
gasto en obsequio de la tiranía. Por especial vo 
luntad tuya, decia yo, sucedía todo esto, ditpen 
sando en las leyes que yo suponía prohibían a 
hombre armarse contra el poder opresvio y recu 
perar sus derechos usurpados. Me parecía tam 
bien un motivo especial de tu providencia extra 
ordinaria en favor de los Macabeos el de la Reli 
gion perseguida por sus opresores ; como si e 
hombre estuviese solamente habilitado para de 
fender sus derechos religiosos con abandono to 
tal de los civiles, y demás que le inspira la Na 
turaleza. A' esto estaba reducido todo mi sabe: 
de teología y política. Pero Matatías y su genti 
sin mas estudio que el del libro santo de la Raxoi 
no pervertida como la mía, responderían, que lo 
Babilonios no tuvieron justo motivo para conquia 
tar k los judíos y llevarlos cautivos á Babilonia ; 
á Ninive. Dirían, que el haveros vos servido d 
las armas babilonias para castigar las culpas d 
tu pueblo, no justificaba la conducta de Nabucodo 
nosor, y sucesores, ni quitaba á los conquista 
dos el derecho de recobrar «i\Vbet\»A \ ^x«ch 
imprescriptible^ ¿ inhcrenle. k c^^^<^«n.\«n 



je cae eii minos de salteadores» ó piratas, 
le le haya venido este infortunio por permi- 
ruestra, ó manifiesto castigo de sus culpas. 
ena de sus delitos fueron varias veces só- 
idos los hebreos antes de la cautividad de 
onia, y otras tantas sacudieron debidamen* 
yugo de la dependencia, dirigidos de con- 
rea capaces de sacarlos de la Persia» si hu- 
n aparecido en este imperio. Ciro, como 
or de NabucOf estaba obligado á resdtuir- 
do aquello, que este les habla quitado, aun- 
ólos de miedo no se atreviesen á. reclamar- 
i tuviesen un libertador que por la fuerza 
Ivase, exigiendo la restitución. Del mismo 
I est& obligado un ladrón á. restituir lo ad- 
ío en sus rapiñas, eaunque su dueño por fal- 
poder, y libertad no lo reclame, 
«envueltos estos principios de justicia, es 
la nulidad de los gravámenes impuestos por 
Oario, y Artaxerxes*4 los judiosen suma- 
sion, cuyo acto no debía llamarse gracia, si- 
sticia. Ni convalece la nulidad por la con* 
ndencia de los cautivos, que oprimidos care- 
le libertad, y no podían menos de otorgar 
emor la ley que les imponía el opresor. 
)oco se purg^aba el vició de nulidad, por ha- 
dnsentiílo en la dependencia y tributo, están- 
fuera de Babilonia viviendo republicamente. 
anecia el miedo á vista de la superioridad de 
mas de sus opresores comparadas con las 
te pueblo, que á su vuelta del cautiverio no 
aa 50000 almas en su gremio. £1 deber 
protección de parte de los Babilonios era el 
tituJo que podia cohonestar e\ TecotvQcvnó* 
tributo, en tanto^ quanto fuesen pto^x^** 



onados estos correlativos defiender y proUget 
Pero Antioco en ves de proteecion, oprimía ¡ 
destruía. Cesando por consiguiente el motiv 
de la dependencia^ cesaba igualmente este debei 
de tal suerte ligado con el de la protección, qn 
sin ella no puede subsistir. He aquí los funda 
mentos de la revolución de Matatías, de su a 
larma contra el rey de Babilonia, y de la indepen 
dencia absoluta de los judios. 

Ninguno de estos virtuosos revolucionarios ig 
noraba las palabras del antiguo testamento, ei 
que yo fundaba mis errores alhagüeños á la tíra 
nía monárquica : pero por fortuna suya aun n 
existia aquella maldita raza de interpretes qui 
habían de convertirlas en usura del despotismo 
y perjuicio de la libertad* i Podían por ventur 
ignorarlas los príncipes del Sanedrín, y todo e 
pueblo de Judá en los tiempos de Amasias 
I Seria también posible que Roboan, y sus cónsul 
tores ignorasen loque su padre habia dexadoes 
crito sobre la potestad de los reyes ? Siendo pue 
imposible esta ignorancia, i como es que dexaroi 
de salir al frente de la dejfensa de Roboan y d 
Amasias unos textos que al cabo de tantos siglo 
vinieron á ser por la primera vez el pedestal d* 
la tiranía? ¿Tendremos bastante audacia par 
decir que el sentido político de las Escritura 
antiguas es para nosotros mas claro que para su 
coetáneos, ó para todos aquellos que las tenioi 
en su propio idioma, en su original, y aun exén 
tas de la vicisitud, y calamidad de los tiempos 
Si al mando pues de los Macabéos sacudió c 
yugo extrangero la nación judaica, fue sin dud 
porque eran mas inteligentes c\\xe^ tíovAs^<s^«sgl> 
doctrím poiiúca de aus libros \ ^x^^XKiwaai^ 



uro 

«DI» ; porque tu sociedad era cominiesta de 
ubres dotados de alma y cuerpo» de nervio, y 
Mibtezy de talento, virtud y armas, elementos 
istitutivos de la majestad del pueblo ; porque 
suma, el poder y la fuerza de ellos era mas 
lerana que la de sus opresores. Matatías mu- 
i sin haber terminado la empresa ; pero murió 
Q la gloria de ser el prihier corittio de la insur« 
xión ; y animados con su exemplo sus hijos y 
mpaneros de aitnas, suplieron hermcamente la 
senda de su persona. 



§ XXIU. 

! confederan lo^judioe con l09 Romanas* Con- 
tinua la revolución de los Macabeos. 

Judas Macabeo sucede á su padre, y desde 
5go son muy distinguidas las ventajas insurrec- 
males. *^ Morir antes en la guerra^ que verlos 
ües de la nación^ de su cultOy y de sus leyes^ es 
santo y la seña con que este ilustre campeón 
hace conocer en todos los peligros de la cam- 
as. Por muy superiores que sean las fuerzas 
su enemigo, nunca le vuelve la espalda. Los 
¡nios, amigos de la libertad, le auxilian en una 
nosa acción ; y son muy señalados los trium- 
que alcanza del despotismo. Hace funciones 
sacrifícador, y celebra alianza con el pueblo 
mano, i Pero como es que puede confede- 
se este caudillo con unos paganos, y con una 
publica que por ser popular merece e\ od\o ^c; 
que se dicen UDgidoSy ministros, k \x!CA%^\a%> 



ISO 

tayas? £d el Libro l.de los Macabec 
ma el quadro de la soberanía del pueblo 
de sus virtudes heroicas, de su poder irr 
de su buena fé, de la rectitud y sabiduri 
Senadoy do su autoridad consular. £1 
escritor de este panegírico le termina, i 
dose de que entre tanta magestad, y caí 
grandeza ninguno de estos republicano 
diadema, ni se vestía de purpura, siendo 
dominaban sobre tantos coronados y pur 
I De donde pues tanta soberanía, tanto 
magestad ? pregunto yo ahora. De la 
tantos individuos adornados de sentidos 
cias, de virtudes y brazos invencibles ; e 
palabras, de la soberanía individual de ( 
de los miembros que le componían. 
la mas sencilla repuesta* ¿ Pues que ? 
escrito que todo poder viene de vos ? 
jamas sé hubiesen inventado letras pa 
birlo, seria siempre una verdad conocida 
el genero humano, un s^xioma gravado e 
razón de todos los hombres con el dedo 
tra diestra. No hay uno que no haya 
de tu mano el poder intelectual y corpor 
distingue de todos los demás seres. 1 
tan convencidos de esta verdad. Aun 
infatuados se sienten poseídos de ella, 
cen su potencia moral y físicat palpan 
mentó progresivo que ella adquiere al s 
con sus semejantes, y miran que tanto 
aumenta el poder, quanto mas crece el 
de los asociados. „ Fia uniíá fortior^ 
ellos mismos en la confesión de este ] 
innato. 
Pero deslumhrada su rMLoiv cwi V»\« 



181 

ktírania, con las felsas doctrinas del poder, salen 
■¿ I buscar fuera de su casa lo mismo que tienen 
i c& el centro de ella. Piensan que les falta lo 
i-! ttismo que por tu generosidad les sobra. En la rara 
a ihsion de sus sentidos conciben como peculiar 
3 it una sola persona el poder que ellos llevan con- 
' figOy y de que jamas pueden precindir, por mas 
ínnitado que sea el exercicio de las funciones u- 
aorpadasj 6 legítimamente adquiridas. Por el 
trastorno de ideas, por la subversión de nombres 
lio conocen el fondo de facultades que tienen 
dentro de si, y las imaginan todas refundidas en 
ciertos individuos, y familias por un canal extra- 
ordinario y sobrenatural. Desengañado como yo 
cada uno de ellos, podría muy bien decir — ^^ En 
ytá mismo tengo la fuente de soberanía : antes la 
Wtrur í mas yo no lo sabia.** £1 pueblo Romano 
an la edad de los Macabeos no necesitaba de tales 
desengaños, porque no adolecia de tales errores. 
Libre desde la expulsión de los Tarquines, re- 
conocía so magestad y poder ; con él sostenía su 
constitución y leyes, precioso fruto de su libertad. 
£sta fue la rica mina de sus virtudes, tan emi- 
nentes, que de ellas tomó s. Agustín el mas po- 
deroso argumento para probar que vos nada de- 
xais sin recompensa de quanto hace el hombre 
digno de ella. En su sentir, el haberse aventa- 
jado en virtudes morales á todas las demás na- 
dónos la República Romana, fue el mérito que 
ella contraxo para que tu le dieses el dominio de 
la mayor parte del mundo. (S. Aug* de Civit. 
Dei.) De este republicanismo nacieron tantos 
héroes vencedores dé los mas grandes monarcas 
de la tierra, que parecían polvo delante de ellos. 
A tal punto JJegó el entusiasmo de aügwivQ^ ^^ 



182 

sus admiradorest que no dudaron decir* < 
mismos Dioses, k quienes adoraban los Ro 
parecian envidiosos de su gloria y {elicidad 
otra parte afirmaban, que un pueblo, qu< 
habla cultivado, y favorecido la virtud, no 
cia ser castigado j arruinado jamas. V( 
ramente, apenas es conocido por la histori 
periencia un estado mas lit>re y exento qi 
de crimines cometidos como tales de caso 
do. Ninguno jamas fue reo de tan poco 
resi de tan pocas injusticias voluntarias, c 
de Roma. Ninguno dio mejores pruebas 
repentimiento, quando fueron averiguadas 
qu i vocaciones. Eran tales los honores, y 
macion con que reparaban los agravios irn 
que mas bien mejoraban por ellos en sem 
ocasiones los agraviados. Mientras Roí 
libre y dirigida por el senado, por el pi 
magistrados legalmente constituidos, ning 
dadano benemérito fue condenado & mu 
mas de cinco, ó seis multados, ó desterrado 
quivocacion, ó engaño. Mas de 300 añ* 
servó esta marcha venturosa. De la ra 
suplicios llegaron algunos k inferir que e 
publica carecía del derecho de vida, y de i 
jus vita^ et necis^ ó que eila no tenia le; 
mínales. Pero lo cierto es que desde su 
cion nada de esto le faltaba ; mas la inti 
de costumbres habla llegado k tal punto, qi 
por decirlo asi, inútiles todas las leyes ] 
Mientras ellas al parecer dormían por la 
exercicio, pensaban los menos advertidos 
existían, i Quien pues llevará k mal bi 
los Macabeos la amistad, y alianza de ta 



188 

>licano8? Antioco responderá* por si| y sub 
nejantes. 

foidos elloB están ciertos de la incompatibili- 
I de su poder arbitrario con la ilustración y 
ladea de nn pueblo libre. Hijo de la corrup- 
D de costumbres el despotismo, no puede con- 
varse fuera del seno de su propia madre. A 
fomento y conservación nada contribuye tanto, 
no el santificarle con los honores de la virtud, 
I ideas y nombreb falsos de Religión* Asi es 
no el hombre naeiendo en todas partes libre 
' el plan de su creación, se encuentra siempre 
^adenado por la influencia maligna de este go» 
mo. No es la mas pesada cadena la que al 
:er gravita sobre su libertad natural ; son mas 
lados y graves los errores que encadenando su 
zon, le impiden romper los eslabones de su 
Javitud. Yo hablo por experiencia propia. A- 
las empezaban á rayar los crepúsculos de la 
; de mi entendimiento, quando principiaron & 
eminarse sobre mi alma las tinieblas de la 
¡ocupación. Mas opacas y mas densas en los 
» llamados de la discreción, me creia libre, 
"que al través de ellas la linterna mágica del 
ipotismo me hacia ver en el quadro de mi es- 
vitud todos los colores y apariencias de la liber- 
. Me imaginaba feliz, biaxo el duro yugo de 
irania, porque en el lienzo de ella me la re- 
¡sentaba la engañosa linterna como una Deidad 
lefica, que dexando su trono en el firmamento, 
ftcercaba á la tierra con el único designio de 
imir de la servidumbre á los mortales, y col- 
rk» de prosperidad. Todas las imágenes del 
nbre libre y venturoso se hallaban primorosa- 
ote dibujadas ai lado de esta Diosa ieta^vi^'dAu 

N 



Peto con mejor ¡úncel se dexaba ver ei 
nos la cornucopia de Amaltéa, cubrieni 
tamente la vista de la caxa de Pandora 
consistía toda la realidad del quadro. 

¡ Felices y mil veces felices los Macal 
nutridos sin la leche de estos errores, 
del mas fuerte obstáculo que yo tenia p 
per como ellos la cadena de la esclavituc 
de que ellos dieron el primer paso á su 
dencia, se hicieron dignos de la atencio 
Romanos, y demás hombres Ubres. Pe 
preciable que sea un ente sumergido p< 
6 por foerza en la servidumbre, se hai 
table k los ojos del cielo, y de la tierra 
dando sus socorros, desde que se empeS 
de su estado ignominioso. De este '. 
principio nacia la estimación del pueblo 
por los Macabeos, y la gente que les seg 
gloriosa lucha. Animados ellos de esta 
despacharon su primer mensage en der 
su amistad y alianza. *^ Judas Macabeo 
manos f y el pueblo de los judíos nos envü 
brar con vosotros amistad y alianza" d 
emisarios hebreos al comparecen delante 
biemo republicano de Roma. (Judas ^ 
US, et fratres ejus, et populus Judaeoru 
runt nos ad vos statuere vobiscum sociei 
pacem, et conscribere nos socios, et am 
tros. 1. Mac. 8.) ¡ Que distantes estab 
jos de Matatías de arrogarse exclusiva 
soberania del pueblo constítuyente de la 
da ! Aceptada la propoñcion, se otorga 
trato en un estílo todavía mas popular. < 
ra bien eterno de los Romanos y de ¡am 
iiaicafior mar y por tierra^ v olexe%e de 
da hoétWdad!^ (Bene alt ^oTOax:v&> e 



. laff 

dsorum in snari, et in térra in attemum : gladius- 
que, et hostia procal sit ab eis.) Este es el idio- 
ma de* xm pueblo )ibre y generoso : idioma de la 
Naturaleza, y carácter de una criatura racional, 
que exprime bastantemente el caudal de su sobe- 
nnia. En estos términos quedó conducida entre 
uno y otro pueblo una .liga ofensiva, y defensiva, 
cuyo por menor se lee en el c. 8. lib. 1. de los 
Ufacabeos. : Tan apreciable es el hombre que 
lucha por la uidependencia y libertad de su pais, 
que una República como la Romana no se desde- 
ña contraer nuevas relaciones con un pequeño 
pueblo, que en calidad de insurgente es motejado 
de tnddor, y rebelde por los Ikibilonios, insulta- 
do, y atacado por sus huestes ! Demasiado pu- 
eril es el alma que se arredra por semejantes dic- 
terios, muy honorificos para los Macabeos, y pa- 
it qualquiera persona que usa de sus derechos 
contra la urania. Son elogios los denuestos y bal^- 
dones que vomitan en tales casos los tiranos y sus 
servidores. 

Fue de mucha importancia para los judios este 
tratado, que corroborando su opinión, debilitaba 
li de sus enemigos. Pero Judas Macabeo tan 
impertérrito antes, como después de la alianza 
y amistad con los Romanos, jamas teme las fuer- 
zas de su contrario. Le hace frente á un exer- 
ctto de 32000 combatientes con solo 800 hebreos, 
que le representan la imposibilidad del suceso. 
iMas á un General que desde que tomó el man- 
do habia declarado ser mejor morir en la guerra, 
que sobrevivir k los males de su nación, nada le 
amedrenta. Arrostra los mayores peligros, toma 
la palabra para reanimar k sus sold^ido^^ l^s 
maesínt la fealdad de retirarse, huyendo te\ tiv^- 



180 

iDigo, y los exorta á vencer, 6 morir. « Si e 
llegado el tíempo de la muerte, les dice, tan 
bien es decoroso y dulce el nerder la vida co 
valor en defensa de nuestros derechos, f d 
nuestros hermanos." Mf eclifikemoB nuettr 
gloria^ añade en conclusión. Estos son k 
acentos de su patriotismo, estos los sentimienti 
que deben inflamar los pechos de quantos i 
hallen en circunstancias iguales. Obró prod 
gios en las armas de estos 800 valientes el sai 
to fuego del amor patriótico. Duró la accic 
desde la mañana hasta la tarde. £n favor ( 
ellos estuvo inclinada la victoria, mientras de 
rotaban y perseguian la ala derecha del excrci 
enemigo, la mas fuerte y respetable. Pero 
impavidez v demasiado ardor del g^fe le priv 
ron de la vida, y dieron el triunfo á loa contnu 
os. (\» Mach,9.) Su hermano Jonatas le a 
cede en el mando, y alentado del mismo eapii 
tu repara la perdida de su antecesor, y adelan 
los progresos de la insurrección. Pero tuvo 
dolor de ver que unos quantos individuos de { 
gente, abandonando pérfidamente su causaf. 
pasaron al enemiga, y le sirvieron contra s 
proprios conciudadanos, fl. Mach, 9,) I 
tal Menelao, durante el gobierno de Judas M 
cabeo habia incurrido en igual baxeza, espera 
do le premiase Antioco con empleo considerabl 
mas no tardó mucho en pagar la pena de su i 
fidencia, muriendo precipitado, y quedando \ 
sepulto. (2* Mach* 13.J 

Casi no hay un punto sobre la tierra exento 
tales aposta sías. No se contará ningún ú| 
sin Menelaos, sin hombres venales^ y volubh 
almas viies y egoístas caasuioa^tó^. "^yVic^ ^ 



i9r 

X la extirpacioD de esta mala yerba, xnien- 
aya tiranos, qi|b U cultiven. ; Quantas 
DO contristaron estos in&mes Menelaos al 
r Ubenador de Israel 1 No deseruron al 
go los Menelaos de Moyses ; pero anima- 
i igual villaniat pensaron muchas veces en 
ooarle en el desierto, y volver k la send- 
re de Egipto. Envilecidos con el peso de 
denás hablan perdido los sentimientos de 
ma libre : se habian relaxado los muelles 
espíritu : la gula era el Ídolo á quien con* 
>an los homenag^s debidos & la libertad* 
si que se hartasen de las abundantes provi- 
i del Egipto, poco, 6 nada les importaba el 
de la esclavitud, el numero de aasotes, la 
a de sus amos. Habituados por tantos 
í este vilipendioso genero de vida, habian 
io la idea de la alta dignidad del hombre, 
ientre era su Dios. Mas bien querían 
repletos en esta degradación, que ser libres 
ambre en el desierto. Hasta este punto 
n degenerado ; y de aquí procedían las va- 
nurmuraciones ccmtra su libertador, i Que 
ran hecho estas criaturas embrutecidas, si 
sen sido educadas como yo baxo el síste- 
c la Teología feudal ? ¿ 6 si entonces sus 
ras hubiesen estado impregnadas como la 
.e las falsas doctrinas del poder Real, y de 
Ciencia ciega ? En tal caso ellos no hubi- 
nsto en Moyses sino un revolucionario de- 
do, que se levantaba contra tu vicmo y 
o: un enemigo declarado del trono y del 
ue prohibía dar al Cesar loque es del Ce- 
o que es de Dios á Dios: un patriota, que 
uta meJK» á Ja ÍDdepmd«iiú»4t\ c!(Mftí^R«>> 



1 



188 

que á la de la cruz : un rebelde digno de ttr 
proscripto, y desquartiz^o como reo de alti 
traición contra la inviolable y sagrada persooi 
de Faraón. £n fin no faltarla quien le aseainaiM^ 
y presentase al rey su cabeza, aunque no se huc 
biese puesto en precio, aunque no esperase d 
asesino veneras, grados, pensiones, 6 benefi- 
cios. 

Por fortuna ni el traidor Menelao^ ni los apo» 
tatas de Jonatas estaban empapados de tales qui* 
meras, desconocidas entonces sobre la tierra. 
Si hubiesen estado como yo preocupados de laa 
fábulas religiosas que patrocinan al despotismo, 
ellos hubieran sido mas nocivos á su patria. 
Pero el guerrero Jonatas, supeñor k todos los 
rebeses inseparables de la vicisitud de las arroas, 
obtiene sobre sus enemigos muchas ventajas. 
Le convidan con la paz, quando menos espera- 
ban vencerle. £s solo á costa de la buena fé de 
este insigne Capitán que ellos logran deshacerse 
de él arrastrados de la felonia. No pueden bur- 
larse de él sino por la mala fé de lui Demetria 
fl, Mach* 1 l.J No puede caer en sus manos 
sino por la alevosia de un Trifon, que de este 
modo infame se apodera de su persona, y le ma- 
ta. Sus hijos envueltos en el mismo lazo sou 
comprehendidos en la matanza. (\» Mach, 13.J 
Asi es que caen otros Macabeos en las garras de 
otros Trifiones, que violando como aquel la fé df 
los tratados, violan también la seguridad perso- 
nal : y si al momento no sufren las victimas de 
su perfidia la misma suerte que Jonatas y sus hi< 
jos, es solo por que el tirano quiere saborearse 
mucho tiempo con el placer de verlas morii 
leutamente en. mazmorra») ^c^^^dAc^^ v^falar 



189 

ia este deleite brutal. No quedó impune la 
Blonia executada en Jonatás. Su hermano Si* 
aaa le sucede^ corona de triunfos la insurrec- 
ioDy obliga ¿ sus enemigos al reconocimiento 
le la Independencia de su pueblo, y quebranta 
iDteramente el yugo de la tirania extrangera 
«miblnada contra su libertad. ^' Ablatum esí 
ugum gentüim ab Israely dice la Escritura. Y 
le aqúi el mejor elogio que puede hacerse al 
kbertador y á quantos con él cooperaron á la to« 
al emancipación de su paii. (I, Mach, 13, J 



§ XXIV. 

La República de Eafiarta se confedera con los 
hebreos. Analogía entre sus instituciones 
fiolittcas. 

Habían también contratado los judíos con los 
Republicanos de Esparta, que eran deudos su- 
^os. £n tiempo de Onias se celebró la primera 
fianza ; y fue renovada por los Macabeos Jona- 
Las.y Simón. Su estilo es tan jpopular como el 
Je la que ae otorgó con los Romanos. En ella 
Be dan el tratamiento reciproco de hermanos, 
por que efectivamente entroncaban en Abrahan 
los Esparciatas, y hebreos. ^^ JSTos alegramos de 
vuestra gloria^* es la primera expresión con 
que esto» les saludan, quando les dirigen las 
segundas letras para renovar su amistad, y alian- 
za, felicitándoles por la gloria y poder de su Re- 
pública. (\, Mach, 13.J Al parentesco de las 
partes contratantes puede añadirse e\ c^ue 9iV^« 
vcc entre Jms iastituciones de su gobierno. li^ 



é«0 

magistrados con el titula de reyes esta 

gados del poder executivo de los I 

Su magistratura estaba organizada ( 

sus principios constitucionales. Era 

mi y exercia la soberania nacional» con 

ticaba en Israel» durante el tiempo d 

tad. £1 senado de 38 vocales, y los 

Esparta exercian una autoridad igual 

príncipes del Sanedrín ; y por ella i 

dos y condenados sus reyes en penas p 

prisión» destierro y muerte» Pausan 

no» Leónidas» A gis, y otros son exei 

esta jurisdicción coercitiva. Los rey 

juzgaban colectivamente en el Sanee 

juzgados por él : testificaban en juic 

eran citados como testigos ; y contra 

mitia el testimonio de otras person 

ellos eran demandados» ó acusados. 

fue uno de los que pasaron por los £ 

potestad coactiva. En mas de 8 sigl< 

maneció incorrupto el gobierno rep 

de Esparta» apenas ofrece su historia 

danos castigados con pena capital. £ 

fueron reyes» y por sus excesos cont 

dicialmente á. unimo suplicio. Conti 

constitucionales de Esparta nunca hu 

alguna. Y moderada la disciplina» i 

ellos incurríeron en abusos dignos de 

tal. Tal era la pureza de costumb 

celebre República» tal la probidad < 

publicanos» que los vicios eran desc 

ella. Carecía de materia para su e 

poder judiciarío. No era fácil por \ 

cermr» si reñdia en la nación este po 

Senaéhf ó en loa éforoa. 'CU^ft^^^ 

Sareciá Uk virtud desde cjüaie e\ v^' 



141 

^ leyes propuestas por Licargo, hasta que se 
l^efatzaroQ las costumbres. Ningún monarca he- 
^)Ko guardó mejor que los reyes de Esparta la 
^ComtitucioQ política de Moyses en los articulos 
^ ra analogía. Fue de oro el gobierno de esta 
"'IbpubÜca, por que el oro habla sido desterrado 
IkeUa. Moyses no lo prohibió absolutamente 
^ su instrucción monárquica ; se contentó con 
?^Uar la exorbitancia del oro» y de la plata : 
^Mkque argenti^ et auri immensa fionderuy* está, 
^^HCKiito en el c. 17. del Deuteronomio. Licurgo 
>t los Esparciatas proscribieron totalmente en su 
^•Vepublica estos metales. Sabian que fomentada 
'ibón ellos la codicia, es la mas fecunda raiz de to- 
^*Íds loa males. Realzaron pues su constitución, 
;-temoñendo de ella sin excepción alguna este pa- 
'IbIo de corrupción. 

Faltándole & la avaricia este poderoso incenti- 
vo, no serian tantos los impostores, que negando 
•d dog^made la soberanía del pueblo, han querido 
mayoricarla de un modo extravagante y opuesto 
a! testimonio de las Escrituras, en numero deter- 
Bunado de personas y familias. Sin oro y plata 
OD serian tan estudiosos en la fabrica de sofismas, 
y discursos lisongeros á sus predilectos. Estu- 
diarían la política de los Macabeos, y la de sus a- 
líados los Romanos y Espartanos, aprobadas en u- 
oo de los libros canónicos de la Iglesia ; pero tan 
sumergidas en el olvido, que yo jamas habla oido 
tales tratados de amistad, y de alianza, ni las de- 
más relaciones que tenían los republianos hebreos 
con los republicanos esparciatas. En lugar de 
esto, mientras yo cursaba las aulas llamadas de 
filosofía, teología, y derecho, oiaconfTe(\\iei\ev3Ld^- 
ñmdcr en eUsís, y en el teatro de \as d\s\j\x\.^^ ^i^- 



lenneii que el mejor de todos los 
«A monárquico, Ul como el que nc 
tútrariamente. Ni de los libro» de 
de loa Macabeoa se tomat» jamas u 
£1 diacurso de Samuel, mal enteni 
ñempre la objeción. De resto mil 
ntiuin las replicas; y salia úempre 
inonarquia absoluta. Si yo no me 
xado en el tiempo de mi dewn^ñc 
tudío de las Escritorai, todavía igi 
«exiones de la repubUca hebrea coi 
parciatU) y Romanos : ig;noraría ti 



Esta es la causa que me I 
detenerme en ellos. Si todos los I 
•encillo conocimiento de la soben 
demostrada en ellos la de tu pucb 
<]tie la de dos Repúblicas gentiles, 
por sus virtudes morales, por la ini 
disciplina civil ; EspartajrRoma qi 
pre la admiración de los siglos, j i 
nos de libertad j buen gobierno. 

Señan mas niunerosas tas prue 
gestad j poder del pueblo, si fues 
historia, de los 130 años de Ínter 
los Mu:abeos, 7 Jesucristo. No e 
Unidad in&libJe el suplemento de 
desde la edad de Simón Macabeo, hi 
misterio de la nueva ley ; pero son 
gnrocntos de la antigua en favor de 
cion, que seria superfluo aglomen 
Mstoru del intervalo de tiempo c 
los Macabeos hasta el Meúas. Ce 
bado la soberanía de un solo ^uel 
neceaaiiameoK probada \a. Aft vni' 



.^ 



143 

iiientras los enemigoa de ella no demostntaen 
Me las demás Daciones se componían de indivi* 
Qos no procedentes de Adán, ni hechos á imagen 
leoiejanza tuya. Nada se encuentra contra 
U» doffma politico en las paginas del testamento 
¡ajo. Todo lo que de ellas sacan los contrarios 
s muy semejante á la fisica que me enseñaron 
m peripatéticos para evitar la averiguación de 
«causas segundas. ** Quemaba el fuego, decia 
Dy por i|ue tu le habias dado una virtud calefac- 
va: le apagaba el agua, por haber recibido de tu 
lADO otra virtud contraria: baxaban los graves 
Macando el centro de la tierra, por que estaban 
otados de una virtud centrípeta : el hierro era 
traído del imán por una virtud oculta de atrae* 
ioD» ó magnetismo/' Sin mas, ni menos son 
pules las fruslerías con que los tiranos de la 
risúandad pretenden despojar al pueblo de su 
oberania. ¿ Pero tendrán ellos asilo en las £s- 
irituras del nuevo testamento? Allá va ahora á 
lasar mi confesión, dexando de intento resérva- 
los otros lugares de las antiguas para intercalar- 
os ccm las pruebas que se deduzeren del nuevo 
:o^o de la ley de gracia. Es un imposible ha- 
llar en ella refugio & la tiranía, y una casualidad 
ú que alguna vez se toquen negocios políticos en 
5Ste libro. Muchos de los antiguos se escríbie- 
pon ex profeso para él gobierno civil de la nación. 
La misión de Moyses, y de sus semejantes era de 
este resorte. Todos los libertadores de Israel 
Ulteriores al Mesías, eran libertadores de aque- 
lla clase* Nada tenia la empresa de ellos de co- 
mún con el nuevo orden de cosas peculiar de la 
misión de Jesús. Redimimos de la servidumbre 
óel pecado, sMlrttmoB de la tiranía de ^\»iv%v 









fundar un teyao puramente espíritu 
te de la otra tícíb. era el único neg< 
libertador. De U nUma contÜcio 
Kr todo» lua diacurBos, todas sus i 
tñna y escríios. Bien quiüeran 1 
el Mesías obrnse coroo Mojrses, Jo 
Macabeos, y títroa libertadores pol 
tiempo de laaparicion de Jesús losj 
dos al iraperio Romano carecían i 
de BU soberanía, eataban prívados di 
la ConstitudoD j leyes civiles de 
tributarios j dependientes de la t( 
tada de un emperador extranjero, 
conúguiente un salvador que loa ej 
ta esclavitud, y reorganisase su anti 
De varias maneras explicaban bu ' 
g«rM) hasta proclanurlorey enel de 
atento solo al objeto de su comiúon 
pre las diligencias, y tentativas de ] 
Ellos sin embar(;o insiatian con tal 
tu concepto equivocado, qne aun I 
que debían ser los roas desetigañai 
cían todavía en su error después d 
CÍon. " i Si entonces aerUt que retli 
de Israel? le pi'eguntnnen tales ciri 
quelloB colonos del romano imperte 
del reauaciíado. (Act. 1.) Clara es | 
aibilidad de hallar entre los libros d 
un ápice que contradiga al dogma d 
nacional. 

Viviendo, el hombre sujeto al ai 
umo de la Religión de Moyses, per 
rano en toda su carrera ; hijo de 
rigor conserva siempre esta %trib 
gmliíüdi habU perdido ^t\«.cv&^ 



Í4S 

i^eiDs padres. ¿ Como pues era posible qne per- 
ese sos derechos quando por medio de un mis* 
río intomprehensible tu has exáltíulo su natu* 
feza ; quando mejora de condición por esta ine- 
>Ie metamorfosis ; quando reparadas las qui- 
ras del pecado, le sacas de su antigua deplo- 
Úe filiación, elevándole á la alta dignidad de 
D y heredero tuyo, de coheredero de Cristo? 
la gracia no destruye, sino que iHas bien en- 
ea y perfecciona & la Naturaleza ; si esta nu- 
i ley n» alteró, ni pudo alterar, en lo político 
^ue recibieron las tribus en tiempo de su liber* 
, I k que se atienen los oradores de la tiranía, 
mdo le adulan con algunos textos de la nueva 
critura ? i Ignoran por ventura que siendo 
ramente espiritual el mandato que recibió de 
eterno padre el nuevo libertador, en nada ex- 
116 de sus limites, ni nada mas subdelegó en 
\ Apostóles, y sucesores ? ^' Sicut miait mefia' 
, et ego mitto vos" Veamos pues que signifí- 
I los lugares políticos que se leen en algunas 
tas apostólicas. 



$ XXV. 

motivo que tuvieron loa /irincifialea jljfioatotte 
fiara escribir de fiolitica en sus cartas, 

>iendo de fe que los negocios de estado no per- 
ecen k la misión de Jesucristo, ¿ que deberá 
irse de los Apostóles que en su predicación 
zclaroo algunos discursos poUloco^ I *^6 cqvc\<) 

O 



( 



debénn enMiderse I Convendrá pregunu 
I qiíe motívo tuvieron para ingerirse en ( 
genas dé su oficio^ j en cuya explicación 
dian estimarse inÚibles ? Yá iluminac 
su Maestro en lo concerniente á su míe 
y siendo exactos observantes de su voluntan 
de creer se excediesen espontáneamente d 
)>resa en la substitución de su poder. Tt 
podian ignorar» que promeüda únicamente 1 
bilidad de sus dichos & las funciones prc 
su apostolado, corrían la suerte de los 
hombres, en saliéndose de ellas. No se 
cuitaba qual habia sido la conducta de su 
tro en asuntos ágenos de su misión. Jan 
tro ex motu proprio en ninguna discusión p 
Por la necesidad de responder en ciertas 
ones, habló muy concisamente ' sobre este 
y casi siempre de una manera evasiva. I 
I atribuir pites á exceso lo que se halla de j 

' - en los escritos de s. Pedro y s. Pablo, es ] 

ter dar por sentado algún acontecimiento e 
diñarlo que les sirva de apología. Efectii 
! te un error politico de los primeros ere 

¡intimamente conexo con otro error reí 
■ fue el motivo urgente que exigió de est 

j Apóstoles la exórtacion política, que vs 

■ [ exponer. Entre los judíos recienconvert 

I suscitaba la opinión de ser yá, independie] 

' la jurisdicción de los magistrados civiles 

I mismo hecho de la independencia espiriti 

\ habían obtenido por la muerte y pasión d< 

cristo. Subsistiendo estos en el paganis 
admitir la nueva creencia» eran reputado 
aquellos como indignos demandar á los cri 

fibertadoi de h servidiugobt^ 4ftl d««aQ(ÚQ* 



i4y 

ípender de las autoridades gentiles, lo coiiU(je« 
l>an como necesaria conseqüencia del hallarse 
dependentes del dominio de la culpa. Que 
riftto loa habla llamado á la libertad, y que elloa 
L hablan aceptado obedientes á su llamamiento, 
lavados con las aguas del bautismo, era el dog* 
laque los llenaba de entusiasmo, y les inspiraba 
I idea de hallarse también libres de toda potestad 
ecular que no abrazase la nueva fé. Exentos por 
íeaucriato de la dominación de las paúones peca- 
ninosas, de hi superstición de los Gentiles idola- 
Tas^ de las figuras religiosas que practicaban Ips 
udiosi de los sanguinarios sacrificios de su Reli* 
pon, y de la pesada carga de los ritos, y ceremo- 
ñas sacerdotales ; los nuevos creyentes llevaban 
esta exéndon hasta el orden civil de la tierra en 
que vivían, l^es hubiera udo muy pernicioso es- 
te error, si hubiese tomado vuelo, 6 reducidose 
k practica. Sus enemigos, que deseaban descu* 
bnrlos y perderlos, lo hubieran logrado por medio 
de la practica, 6 propagación del error. Aque* 
HoB mismos, que toFeraban la naciente Religión, 
y no perseguían á sus profesores, hubieran sido 
otros tantos enemigos suyos, si oportunamente 
no se hubiese aplicado el remedio. He aqui pUi 
es lo que obliga & los principales Apostóles ¿ 
reproducir doctrinas de obediencia, y de poder, 
sabidas, y practicadas desde que hay gobierno en 
las sociedades. Entraremos en su examen* 



i4lt 



5 XXVI. 

PúUHca deS, Pabloy concordante con iú de 
dtOj que en éu primera carta está por la 
n¡a del pueblo, 

£1 Apóstol empieza su discurso^ rcmoi 
se ¿ la fuente primitiva del poder para reí 
darle 9Uis entre sus neófitos. <' Todo podt 
de, IHo9y y loa que existen eatau ordenaa 
I>ioB. Esta es la. base de su exórtacion 
verdad notoria á todo el mundo^ De ti y 
poder y soberanía de las Repúblicas menci 
en la Escritura, porque de ti le hablan ad< 
los individuos» que las formaban» De ti pi 
el talento con que organizaron su gobierm 
lancearon bien los poderes. De ti fueron 
das las virtudes con que fiorecieron, porqi 
viene al hpmbre toda dadiva excelente, y t( 
perfecto. En suma, nada bueno tiene la 
ra, que no se le haya comunicado por ti. A 
quantas autoridades hjpi existido y existen 
tuidas por el hombre en sociedad, son oi 
mente ordenadas por ti, que os complacei; 
probar las instituciones saludables que ha< 
ra su felicidad los pueblos libres. Nada 
lo que enseña s. Pablo en este texto. S. 
animado del mismo espíritu, escribe contra 
ma opinión ; pero no se eleva tanto como s 
pañero. Confiesa ser hechura de hombí 
poderes constituidos en la sociedad ; y c 
confesión aumenta los testimonios de la sol 
del pueblo. " Subjecti igitur estote omni 
nSd creatürxJ* Someteos Jiucs a todo ord 



fior loa hombrea. ( 1 . Petr. S.) Estas sm 
ñeras palabras con que principia este A- 
la refutación del error. Seria iatisimo el 

de ellas» si presdndiendo del caso» se qui- 
n|x>ner aqui un sometimiento universalf y 
»co, una obediencia de todos y cada uno i 
r cada uno de los miembros de una misma 
id. YolDonfieso que asi lo entendía ; ó por 
decir, yo confieso que no lo entendí hasta 
de 1814. Exigir de toda criatura racio- 
e deber en favor de cada una de sus seme» 
sería un desorden muy oneroso. Para no 
r en él es suficiente entender un poco de 
de gramática, y sobre todo, no estar preo» 
• como yo. En el exemplo dt que usa s. 
á, conseqUencia de su primera proposición'^ 
mente se presenta el legitimo sentido de 
i genuina inteligencia de los términos ^ á 
natura humana*' omni humanm creaturm. 
es pues lo que aqui significa esta expre- 

£1 mismo Apóstol lo explica sin inter- 
na diciendo : « aive regiy quaai firmcelleti' 
en aea al rey como al maa eminente. He a- 
A de las criaturas poiiticas del pueblo. Es 
ti suya el rey, porque el ser tal se lo debe 
>lo, de quien, como de fuente visible de au- 
i, y poder, le viene inmediatamente toda 
sdiccion que exerce. Reconoce en segui- 
'edro otros magistrados subalternos, y co- 
:huras nacionales, las recomienda á los su- 
ra que sean obedecidas. No se olvida de 
sa primera en su exórtacion ; hace con- 
acion del Ser supremo, quando les dice que 
etan por Dios á estos establecimientos hu* 

« Suódiei igUur eatote omni humana CT«ft» 

o 8 



1(H) 

tura firofiter Deum. Propone al rey por prime 
ra muestra de esta fabrica nacional, porque eacri 
bia en una monarquía universal. Si lo hicie» 
durante la República Romana, en lugar d« re* 
propondría á los cónsules, y al senado ¿ si escn 
blese entre los republicanos de Esparta, ó d 
Atenas exhibirla en el exemplo á los eforos, ; 
reyes, ó á los Arcontes, y Areopagp i si entre lo 
de Israel, á, su caudillo, y á los principes del Sa 
nedrin^ No es inusitado el significado de criatt 
ra en la frase de s. Pedro. Yo be oído mucha 
veces llamar hechuras, y criaturas de ministro 
en monarquías absolutas á individuos que ello 
colocan en plazas de su departamento. Hecho 
ras y criaturas del pueblo se denominarían tam 
bien los reyes en tales monarquías, si no obsta» 
el fabuloso origen atribuido á su autoridad. Bia 
quisieran los sectarios de esta fábula, que en lu 
gar de humana creatura, se leyese divina crea 
tura, IjO ciertos es, que en sus discursos hujrai 
de este texto de s. Pedro, y se acogen al de i 
Pablo, y á los de Salomón. No se atreven á de 
clararlos discordantes ; pero cuidan de ocultar h 
genuina inteligencia del primero. Entraremo 
en su concordancia, y explicación, anteponlendt 
la del motivo que tuvieron los Apostóles para o 
mitir en sus exemplos el dictado de em/ierador. 



\ 



I 



101 



§ XXVII. 

2Zon por qué^ eacribiendo loa AfiOBtolea en el 
imftiero Romano^ omiten en sus cartas fioliticaa 
el titulo de emperador. Su concordancia^ y 
explicación^ 

A los ojos salta el reparo de no haber propu- 
(to s. Pedro en la primera clase de criaturas hu- 
lanas al emperador, estando exerciendo su apos- 
tado baxo el imperio Romano. Pero podrá sa- 
sfacerse con las seguientes congeturas. Ningu- 
de los emperadores del tiempo de Cristo, y sus 
ipostoles merecia las recomendaciones que estos 
ftcñbian en obsequio de las principales magis- 
■aturas. Todos eran usurpadores, tiranos, des* 
loralizailos. Huyendo de la mentira ios Apostó- 
os, se abstenían en sus discursos de recomendar á 
inguna persona de las que ocupaban el trono im- 
lenal. Hablaban en general de la autoridad, y 
loder. S. Pedro se sirve de la palabra rey, para 
lenotar con ella, no á Caligula, Claudio, ó Nerón, 
lino & la primera magistratura que entonces es« 
(bl«cian los hombres en sociedad. Con igual 
:aütela se vale s. Pablo de la palabra firincifie. 
Rom. 13.) Ninguno de estos establecimientos, 
cualquiera que sea su denominacion,es de suyo ma- 
0, aunque por defecto de buenas instituciones sea 
expuesto al abuso de los administradores. Todos 
^eron inventados para el bien estar de la sociedad. 
Todos baxo es^te punto de vista son loables y dig- 
los de l'i consideración expresa en las cartas a- 
MMtoIicas, y practicada desde el /establecimiento 
^nmitivo de ¡os gobiernos. No era. ivucno tWsv- 
"car el titulo de ios empleador pQoc% ¿vgc¿&'^^'^> 



fio la persona que le lleyay uno el fninio enplao < 
abstraído de todo individiio. En laprafeeüi^)] 
Jacob exUtia un exemplo de esta practica» qiiMi^ 
do este patriarca se sinre de la pakdMra^ AÚr |«4t{|j 
denotar el poder soberano de su postciidadié i¿^ 
magistratura que había de crear pata «I esetct^j 
cío de su soberanía. Otro exemplo teiiMMiaca^ 
eí libro de los jueces^ describiendo la féÚM aaa»^ 
quia de Israel. ^ Que no faal^a emonéea rey ear 
este pueblo, (dice el texto) sino que cada imolMMSte 
lo que estimaba justo. ^In dUlnU Uik( ntm £fmi réth I 
in Israei s aed unuéqtUafue fuod déi reehtm itlét*^ ' 
éaturjhoc/odebat. Jud. 17. Su podir sübtiÉi^^ i 
solía exercerse por un ministerio llamado juJtci^' 
tura,quandó lo exigían las circonstaidaa. Mlik* 
gun rey legitimo había sido creado entre -laatri^^- 
bus. No se había fundado aun la monanfMtf * 
Sus caudilloa j jueces jamas SjS habían arrogada^ 
tal titulo. ^ Bine jué9ü /tofiuU^e baláa tonada 
Abimelech después del fallecimiento de (3edeeii|' 
y fue destruido como un fiíccioso ihtruso^ MÍ^ 
embargo, el autor de este libro, refiriendo la fiíli^ 
ta de administración que en aquellos tiempoá'iaí' 
lia encargarse del exercído de la aoberania, tn* 
da la palabra rey. Si 3ro hubiese de Talernie^ 
escritores profiunos que, han tomado la mkma'paii 
labra para expresar, no la persona que lleta s^ m» 
tro,' sino la autoridad y pcíder del pueblo^ aa «i^ 
pacidad política, citarla k Bracton de Legibna 
Anglise : repetiría el ^ Mnc f^ofntíum UHe re§»mt 
de Virgilio en el lib. I» de la Eneida : aSadiila 
el *^ Tu regere imfieriú fiqfnMéf Romane^ Hurntrn 
toj con que e| mismo poeta explica la nagMtai. 
del pueblo Romano en el tib. 6. de eaie 
V. 851» 



1A3 

Lá> mismo hicieron los Apostóles, quando en la 
eíutacioD del error de sus prosélitos se sirven 
e las Yoces firincifie^ y rey. Con -esta oportuna 
irecaucicm evitaron el recomendar la persona del 
ooDstruo que entonces empuñaba las riendas del 
mperio. Si sus cartas hubiesen sido escritas en la- 
in, habrían usado de la palabra imfierator ; pero 
^D el idioma original de ellas no habia otra voz 
)ue la de rey, ó principe para expresar la moder- 
na dignidad imperial de los Romanos. Desde 
Nemrod hasta Augusto todos los monarcas abso- 
lutos, ó moderados se titubalan reyes. Rey de 
reyes, no emperadores se denominaban los mo- 
narcas Asirlos, Persas, y Babilonios, quando por 
sus conquistas adquirieron mando sobre otros re- 
yes anteriores á la dominación romana. Antes 
de la usurpación de Augusto era conocido en lo 
militar el dictado de emperador, y á menudo se 
concedía á los pretores, y cónsules por los exer- 
citos. Al tomar el mismo titulo el usurpador, 
Usó del paliativo acostumbrado entre los de su es- 
tofa, disimulando con nombres republicanos el 
poder arlútrario de la monarquia absoluta. Tan- 
to en lo civil como en lo militar era un despota ; 
pero 'Jeseoso de alucinar con apariencias para 
mejor tiranizar, se titulaba emperador en los ne- 
gocios de la guerra, y tribuno en lo demás. " Tri- 
bunitia poteatate contentua^ dice Tácito. Su su- 
cesor Tiberio, acomodándose á esta hipocresía, 
paliaba con antiguos, y dulces nombres republi- 
canos las nuevas usurpaciones inventadas. No 
era este emperador quien gobernaba en el tiem- 
po de las cartas políticas. Imperaban otros to- 
davía peores que Tiberio y Octavio. Aun era 
mas amplia la sig-nifícacion de la paUbrsi ^rinc^^c 



164 

dsada por S. Pablo {lara denotar la suprema nu 
gistratura. Principes eran los 70 vocales del Si 
nedrin. De los 300 cautívos principales d^ la tri 
bu de Rubén que entre otros de esta y las demt 
de Israel, conduxo k sus dominios Teglathphd 
nasar, muchos de ellos eran principes. (1. Pal 
5.^ Mayor numero presenta la tribu de Benja 
min en los ce. 8. y 9. del mismo libro, cuya sunM 
es de 956 principes. Menos numerosa parecí 
la del c. precedente, que incluye cinco tribus 
principes todos de sus parentelas. Lamentando» 
Salomón de la tierra, cuyo rey es niño, y cuyoi 
principes comen por la mañana, hace distincioi 
entre una y otra ditpiidad, y supone mas numero 
sa la segunda. Para lo qual le bastaba el cono 
cimiento del Sanedrín. Y fue sin duda de estoi 
príncipes, de quienes hablaba en el c. 8. de kx 
Proverbios, quando dixo que ellos mandaban poi 
medio de la sabiduría. Entre los Romanos se % 
plicaba este dictado unas veces á los senadores 
otras á qualquier ciudadano de calidad. 300 prín 
cipes de la juventud Romana, decia Mucio Sce 
vola, habian conspirado contra él. (Tit. Liv. lib 
2. c. 13.) Eligiendo T* Sempronio el censo 
para esta dignidad á Q. Tabio Máximo, se funda 
ba en que y& era príncipe de la ciudad de Ronu 
este ciudadano. (T. Liv. 1. 37. c. 11.) 

Demostradas las razones que tuvieron los A 
postoles para no hacer mención de la persona de 
emperador, ni de este titulo en sus cartas politi 
cas, fácil es deducir quan distantes se hallaban el 
los de tributar & Caligula, Claudio, 6 Neroo lose 
pitetos debidos únicamente & los buenos gobei 
nantes, 6 al gobierno en funeral. Imitaron k ■ 
Maestro^ quando conivAttóo wí\>t^\^v^'^^'^^ 



105 

to, respondió con tal prudencia, que admiró k 
I consultores ; y sin comprometer la veracidad 
justicia, usó de la palabra cesar para denotar el 
ider soberano de la nación ; imadiendo otra cau«-^ 
La, de que haremos mérito en su lugar. Pero 
I nada discreparon, quando s. Pablo llama orde» 
icion divina lo que s. Pedro titula hechura hu» 
ana . Ni aquel, remontándose á la primera cau- 
L, excluye el influxo de las segundas ; ni este 
aclarando la actividad de la causa secundaria en 
I establecimiento de las autoridades, excluye á la 
rimera £1 uno dice que toda potestad viene de 
; el otro afirma ser hechura de hombres. S. 
'ablo no habla del poder en abstracto, metafísica* 
lente considerado, sino yá concretado á la admi- 
istracion social, al sistema de unión entre seres 
otados de principios de soberanía convencional. 
)e otra suerte, sería articular fuera de la qües* 
km, y exórtar en vano á obedecer una cosa pu- 
amcnte metafísica. << Que toda flersona esté 
ometida á ¿as potestades suflerioresy es la intro- 
luccion de su discurso. * (Omnis anima po- 
estatibus sublimioríbus subdita sit. Rom. 13.) 
^unda en seguida su dicho coq el origen primi- 
vro de la potestad, y deduce por conseqüencia, 
[ue el resistir á esta potestad, es resistir al orden 
«tablecido por ti. (Itaque qui resistit potestati, 
)ei ordinationi resistit. Rom. 13.) Añade luego 
& pena de esta resistencia ; y especificando mas 
8ta potestad establecida, le aplica el nombre de 
rinci/ies, designando al mismo tiempo las miras 
^^udables de su instituto. (Nam príncipes non 
ufit tímorí boni operís, sed mali.) " Porgue ios 
rincifies no son temibles^ sino fiara los que obran 
vtl: propodckm meatiroM» si recayese sd6t« 



k>8 que actualmente exercianel prir 
bre todas las personal que haCian ex 
Inesen do exercer sus funciones. ] 
niibles para loa que obran bien, princ 
de la iniquidad, son los mas freqiien 
toria de todos los siglos. S. PedroT, c 
puesto el alto origen de todas las p 
brió su discurso con la fuente visib 
constituido en la sociedad. << Estaa 
iidoé fior el amor de Dio» á iodo ordt 
flor lo9 hombre». Especificando en 
orden humano con la hechura del re} 
ministradores subalternos, declara '. 
este establecimiento, diciendo, no sei 
honra y provecho de los buenos, el 
y afrenta de los malos. ^ Ad vindic 
torum^ Ittudem verá bonorum : que < 
que enseña s. Pablo. 

Vos, señor, que dispusisteis viviei 
bres en sociedad para mejor disfruta 
beneficios, aprobus por consiguiente 
estatutos, ratificando igualmente la : 
bierno que erigen pai*a su complimi 
esta consideración se dice establecir 
el mismo orden que ellos establecer 
endo en esto como en todo lo dema 
postoles, la ordenación divina del ui 
lente k la ordenación humana del otr 
manét creatuvét : Dei ordinatione.*' 
ben sin embargo confundirse los terr 
siempre distinguirse para que subsis 
distinción entre leyes divinas y huí 
cho natural y divino. Derecho civi 
de Gentes. De la nueva soberanía 
claairametíttí del cielo tewa\\w>M« 



167 

• 

la conñisbn de los términos ; todo seria divino, y 
nada humano en la practica de un poder que no 
fbese del pueblo, sino emanado derechamente de 
vos. Muy lexos andaba de la mente de s. Pablo es- 
ta confusión ; y ambos Apostóles muy distantes 
de introducir en el orden civil una novedad des- 
tructiva del Derecho conocido hasta entonces en- 
tre las naciones, enseñado por Moyses á. los is- 
nelitasy y practicado por ellos quando la fuerza 
extrínseca no era insuperable, nada mas escribie- 

- VOD en sus cartas que unos rasgos políticos de no- 
toria antigüedad, pero acomodados á las circun- 
ttancias del caso,- del tiempo, y de las personas, ít 

' quienes se dirigían. Decir lo contrario, seria 

' decir, que hasta entonces el mundo carecía de 

reglas de obediencia civil, de nociones del poder 

nagistraticio, de sus funciones, y fines : seria de- 

át que tu pueblo anduvo en tinieblas toda su car« 

lera política, á pesar de haberos vos mismo cn- 

' cargado de su dirección ; y que sin ningún me- 

; lito son aplaudidas en los libros de. los Macabeos 

- itt Repúblicas de Esparta, y Roma, careciendo 
\ de la teoría, y practica que atribuyen á, s. Pedro 

y 8* Pablo nuestros novadores. Mas ellos tal vez 
oos replicarán diciendo, que si fuesen doctrinas 
^tiguas y notorias las de estas cartas, sus autores 
Se remitirían al Derecho y practica de Israel en 
los l>ellos dias de su libertad, al de los Espartanos 
f Romanos, celebrados en la Escritura antigua. 
Contra la evidencia no es admisible la replica; 
pero los Apostóles se atemperaron á la crisis po- 
lítica en que se hallaba el imperio, y á la condi- 
ción de los individuos) á quienes escribían. Me 
ízpUcaré. 

P 



iB8 

Destruida la libertad romana por el ultitr 
triumvirato^ en que prevalecieron las armas y 
fortuna de Augusto, zelaba con vigilancia es 
usurpador la remoción de todo aquello que p 
diese conducir al pueblo & reflexionar sobre 
presente y lo pasado, ó á entrar en medidas pi 
recuperar su anterior gloría, y magestad rep 
blicana. i Y quales serían las providencias qi 
adoptaría el cuidado del usurpador? Prohjl 
como sedicioso y criminal todo papel, ó discur 
republicano ; organizar el sistema de espkmti 
y delación ; erígir comisiones militares, trib 
nales de seguridad personal suya, simulados o 
el titulo de seguridad publica ) recoger, y qa 
mar ¿ mano imperial quantos escritos aparecí 
sen contrarios, 6 sospechosos k su plan de til 
nia. yease aqui la conducta de Cesar Augí 
toy y sus sucesores en este punto. Muy vei 
simil es que pereciesen entre sus manos los m 
libros de república que escríbió Cicerón. Yo 
visto aplaudir en Augusto como rasgo de moi 
ración el haber dexado impune á un joven I 
mano, 4 quien por denuncio previo habia « 
prendido leyendo un discurso político de Ci< 
ron. Pero esto mismo es una prueba de 
Aiedidas prohibitorias del caso, de la falta de 
bertad, y del enxambre de espias y delatoi 
I Qual pues hubiera sido desde luego el parai 
ro de los Apostóles, si en los tiempos de Ci 
gula, de Claudio, 6 Nerón hubiesen citi 
principios republicanos de Israel, Esparta^ 
Roma? Era inminente el peligro que coi 
an, é inexcusable la imprudencia de arrí 
gar tanto por sostener derechos ágenos del 
sorte de su comimn; qyatid* bststaban tta 







\% generales, escritas y reproducidas con niu- 
lO pulsoj para curar el mal naciente entre sus 
tofitos. i Y quienes eran estos á la sazón ? 
unque loa profesores de la nueva ley no tarda- 
ii mucho en llegar k ser considerables en nu« 
lero, eran no obstante en el tiempo de la ocur- 
mcia, por la mayor parte, individuos de la clase 
las humilde del pueblo, sirvientes* transeúntes, 
moradores precarios de las ciadades y villas. 
íada eran menos que ciudadanos y hombres li- 
res, unos mercenarios errantes, sin domicilio 
izo, ni cuerpo político determinado : hombres 
lies, que no podían tener parte en la adminis- 
racion civil. Reducidos por su condición k una 
ibediencia meramente pasiva, eran los mas su* 
ni^os k sus amos y mag;istrados antes de su con- 
rersion. Pero imbuidos después de ella de con- 
:epto8 equivocados, se cofisideraban independi- 
entes de toda autoridad civil, y aun superiores k 
bs funcionarios del imperio. Adoleciendo en- 
looces de esta enfermedad, nin^^una receta les 
convenía tanto como la escrita en los textos poli* 
dcos de S. Pedro, y S. Pablo. 

A una g^nte de este calibre bastaba saber, que 
la redención del Mesías era obra del todo espi- 
ritual : que este libertador nunca se habia inge- 
rido espontáneamente en cosas de gobierno : que 
drcunscripta su doctrina y su exemplo al reyno 
de los cielos, en nada habia alterado el orden de 
las naciones, su libertad y derechos : que radi- 
:ado8 estos en el cielo, debia considerarse su 
poder como divino, y obedecerse como tal : que 
;1 mismo redentor habia dado el exemplo de esta 
)bediencia» desáe que estaba en el seT\o tu;\.v^r- 
a, marchando á iSTazareth en cump\xm\ct\Vo ^^ 



160 

edicto de Augusto para el censo general del im- 
perio. Pero instruirla en el origen, principios f 
progresos de la sociedad, en los derechos j dé^ 
beres sociales, en la división y equilibrio de avi 
poderes, en los términos y funciones de cada \sA 
de ellos, en las bases de una buena Constitucnh) 
en los fundamentos del gobierno representatit^ 
en el artificio con que los Cesares hablan despo? 
jado al pueblo de su libertad republicana, seitt 
superfino, y peligroso: superfino, por que lÉ: 
condición de sus oyentes era incompatible con d 
derecho de sufragio, y con la obediencia actin; 
superfino y arriesgado por el obstinado despo^ 
tismo que gravitaba sobre todos los dependientes 
del imperio ; y por sanar una herida, se hubie- 
ra obierta otra, tanto, ó mas peligrosa que la pri- 
mera. Seria en fin temeridad manifiesta contn 
el mandato de su Maestro, que no los había e» 
viado á enseñar, y escribir jurisprudencia. Otra 
hubiera sido el proceder de los Apostóles, si si 
apostolado fuese conpañble con el carácter de 
Abrahan en los valles de Mambre, ó con el de 
Moyses en Egipto, el de Josué, Aod, Gedeon, 
Samuel, Jeroboan, y los Macabeos en sus res< 
pectivos destinos. Entonces sus discursos ei 
lugar del sonido servil de la obediencia pasiva 
adoptarían el de la insurrección. A quien fiw 
valiente para hacer aimas contra la tropa destina* 
da al prendimiento de su maestro por las autori 
dades de Jeru salen, no le faltaría intrepidez pan 
arrostrar los peligros de una revolución- Quiei 
osó rebelarse contra las potestades que le confi 
aron la persecución de la naciente grey, deser 
tando, y pasándose al partido de ella, osarla tam 
bjcn armarse contra el poder ^x\avc«x\g^'^ ^'^ 



161 

e él & sus semeiantesi si este deber no se ha- 
Ase fuera del ministeno apostólico. Al impulso 
e estos dos valerosos corifeos hubieran comba- 
ido admirablemente por su libertad unos prose- 
Ltos yá predispuestos con la idea de su emanci- 
NLcion contra los magistrados paganos, si fuese 
nropia' de su oficio esa función insurreccional. 
K la voz de otros varones no impedidos como S. 
Pablo de tomar armas por su libertad civil) la 
recobraron en los siglos posteriores otros cris- 
tianoS) inflamados solamente con la idea natural 
de su independencia. ¡Con quanto mas ardor 
DO hubieran peleado por la suya los del tiempo 
de los Apostóles, animados de otro pensamiento, 
que aunque erróneo, producia un entusiasmo 
ez&ltado ! Fue pues está exaltación la que exi- 
guo de sus misioneros el encarecimiento de la 
obediencia pasiva, pero limitado k la pequeña 
porción alucinada, k la crisis de su tiempo, y de- 
más circunstancias. No fue extensivo, no, á na- 
ciones, ciudadanos, ni hombres libres, que no 
adolecen del mismo error que acarreó esta exór- 
tacion singular, ni están obligados k tomar lec- 
ciones de obediencia y poder social, sino en las 
mismas fuentes, donde las bebieron los hebreos, 
k» griegos, y romanos de la era de los Macabeos, 
f de donde las reciben otros pueblos libres, que 
ban florecido en la cristiandad. 

De unas cartas abreviadas no podía esperarse 
la expresión circunstanciada del motivo que in« 
luxo k sus autores á mezclar en ellas consejos 
MÜticos. Pero consultando escritores impar- 
riaieS) y amantes de la verdad se hallará en ellos, 
|ue la opinión rebatida en aquel tiempo, fue pos- 
^ríormeate caliñcada, de herética \ y s\x% tb^cXdk 

r 2 



10» 

rioS) conocidos con el epketo de gnósticos, pa 

cieron tan odiosos á.los Gentiles, que les impc 

ban ser un pueblo sin caudillo, un cuerpo sin 

beza, unos miembros sin unión, insubordina 

k la autoridad civil, que Tertuliano, y otros 

dres antiguos de la Iglesii se encargaron de 

defensa, y procuraron disculparlos de esta a 

sacien. Mas, si se observa atentamente la epi 

la de S. Pedro, no dexara íe transluclrse en 

el antecedente que le obligó á escribirla : ib 

^^ porque asilo quiere Dios^fuira qtieimfiongau 

lencio á la ignorancia de loa imprudentes^ obra 

bien como librea^ y no como quien se vale de su 

bertad para pretexto de la malicia^, sino comi 

ervos de Dios. (Quia sic est voluntas Dei, 

benefacientes, obmutescere faciatisimprudenti 

horoinum ignoran tiam : quasi liberi, et non c 

si velamen habéntes malitiae libertatem, sed si 

serví Dei. 1. Petr. 2.) En estos términos desapi 

ba este Apóstol el abuso que hacían de la lil 

tad espiritual sus aprendices, con el designic 

deducir de ella argumentos contra la depenc 

cia de las potestades del siglo : califica de no 

ciosa esta deducción, cohonestada con el ^ 

de la independencia espiritual . del pecado : ] 

quiere que tus servidores, al verse libres del 

minio de la culpa, se creyesen exentos de la 

toridad ordinaria del pueblo. £n la carta d 

Pablo no se indica el motivo de su producción; 

ro será una curiosidad el indagar qual pude 

ner para no usar de la palabra rey, sino de la 

principe. Al considerarle en la clase de cii 

daño Romano, como él mismo alegaba en su 

fensa, le contemplo mas escrúpulos en la eleo 




108 

b este vocablo. Veremos, si, á lo menos tiene 
probabilidad la conjetura. 

La pésima conducta de los Tarquinos había 
iKcho hasta el nombre de rey tan odioso & los 
tómanos, que aunque efectivamente obraban co- 
Mo reyes absolutos sus primeros emperadores, 
oidaron mucho de abstenerse de este titulo, pa- 
11 sérmenos aborrecidos. Hasta el siglo sexto 
db la Iglesia no le usaron sus sucesores. Por ia 
piquidad de los reinados pasados, en vez de dis- 
[Mauírse, se aumentaba en la República el odio á 
los reyes. A tal extremo llegó después la relaxa- 
doo de ellos, que para denotar la enormidad de 
b crímenes de qualquiera otra persona, ó de 
9valquier otro empleado, se les daba el epiteto 
de Regios. £n la pintura que hace Tácito de las 
tecenidades de Tiberio, se vale por viade asimi- 
Kcion, de las que practicaban los reyes. (Quibus 
deo indomitis exarserat, dice el historiador, ut 
lore regio pubem ingenuam stupris pollueret.) 
lato se llamaba en aquel tiempo delinquir á usan- 
si Real. Nos informa el mismo Tácito, que pa- 
L quitar Nerón la vida á uno de los mas virtuo- 
>s varones de su siglo, (Barcas Sorano) escogió 
i oportunidad de hallarse en Roma un rey de Ar- 
lenia. (Tiridates.) Al mismo paso que ostenta- 
\ su magestad y grandeza imperial, executando 
los hombres mas ilustres por su probidad, es- 
maba como un obsequio para el monarca extran- 
ero, y como una hazaña Realj el atroz exercicio 
e BU poder arbitrario. (" Ut magnitudinem im- 
eratoriam csde insignium virorum, quasi regio 
icmore ostentaret. Annal. 1. 16. c. 23.) £1 ser 
cineroso era su distintivo. Hacer alarde de ia 
aldad, era para, estos tiranos un grwi ^Vajc^t^ 



Pero sin embargo, i confesarían sus 
esta verdad, reputándolos indignos de 1 
No por cierto. Lo confiesa el histo; 
que no era su palaciego, porque escribí 
su alcance. Pero los de su séquito, 
tos y criaturas lo alabaríon, como al m 
dos los reyes, como al mas virtuoso pa 
pueblos, como al amado, adorado y des 
ya edificante vida, consagrada dia y i 
oración y coloquio con sus Dioses, no 
pedirles desarmasen su justicia, y d 
sus misericordias sobre su querido pue 
señor, las mismas expresiones con < 
visto elogiado á uno de los de mi ti< 
quiza es peor qué los referidos, y aun 
supuesto que ninguno de los de Taci 
como él caracterizado por vuestra prc 
y responsable solo á vos de sus Reales 
nes. Me parece pues, que no pudien 
el Apóstol la ojeriza con que se mirabi 
conciudadanos hasta el nombre de rey, 
discretamente, quandu en su carta k los 
lo supríme, y usa de la palabra firincí 
tinuaré su explicación, prefiriendo la i 
terio tuyo, de que hace memoria en 



§ XXVIII. 

El tniniattrio divino^ de que hace menc 
dio en su texto fioHtico^ cuya exfilicat 
tinua, 

^ J^ío 9on de temer loa principes^ dice • 
nnQ fiara loa que obran mal» ^^ Quien 



f 

_£-! 




165 

lAxer ¿a fioteatad^ obre bien^ y será alabado de 
** ¿Üa ea un ndnUtro de Dios fiara tu bien, 

anua S. Pablo ; ^^ fiero témela, ai obrares mal, 
le ella ea un ministro vengador de Dios en 

colera contra loa obradorca de la maldad.** 
menos palabras dice lo mismo s. Pedroi de- 
lirando estar destinados el rey, y demás gober- yv 
intes para escarmiento de logúenos. Haga- xi.- 
los ahora el paralelo de este retrato con los em- ^^ 
aradores y reyes de su tiempo. Ninguno de ^^^ 
Sos era tal» qual debia ser, para tener lugar en ^ 
I descripción de los Apostóles. Enemigos to- ^ 
Í>s de la virtud) eran de terror para los buenos, ^^ 
de aplauso para los malos; ruina de los veci- ^^ 
Tm de probidad, y fomento de los perversos ; ^ 
dnicftros del demonio para utilidad de los ini- ^ 
fios, para aflicción y tormento de los inocentes ^ 
enemeritos ; contrarios tuyos, y de los derechos ^ 
el. hombre. Abierta la historia de todos ellos, >S^^ 
esaltará, mas la disonancia de sus hechos con el ^ 
iseSo que de las potestades en general hacen los ^ ^ 
apostóles: será mas palpable la extravagancia "^ 
e todos aquellos que violentando las palabras de 
. Pablo, extraen de^ ellas para todos los monar« 
AS absolutos un ministerio divino, formando de 
;ada uno de ellos un vicario general tuyo. Yo 
¡ra uno de los accerrimos partidarios de esta vi- 
dria. Interpretando siniestramente un texto, ca- 
rimente escrito quando no habia un n;ionarca 
ligno de éste honor, yo excluía de tu ministerio 
L todas las Repúblicas, y nunca lo contemplaba 
»en despachado sino por reyes absolutos. Masa- 
lora desengañado confieso, que no hablaron de 
personas, sino de la soberanía del pueblo, contra- 
cta Á cierto sistema, de gobierno, c^M'Wv^'cí Vy^ 



166 

Apostóles reconocieron en el poder de la a 

nistracion una vicaría tuya. Potestad^ oré 

don divina^ criatura humana^ firincifitf rey^ 

los términos con que respectivamente se es 

can, escribiendo baxo una monarquía. S. F 

llama ministro tuyo k la potestad organizadi 

' el orden social. No hay desde lo máximo h 

^ ; lo mínimo una sttla criatura que no sea minist 

^ vicario tuyo. Unas te sirven en el ríg^r de 

^ justicia, ó en la venganza ; otras en tus gny 

y misericordias. Unas alternativamente dei 

«>» chan el ministerio de los premios, y el de los < 

'^ tigos; otras son al parecer indiferentes. D 

*^ vicaría de unas os servis invisiblemente, y 

> otras á los ojos de todo el mundo. De esta in 

^ minable latitud de ministros, y vicaríos 

'^ acercaré á los del orden social, preguntando] 

^ mejor vicaría, ó ministerío puede haber pa 

* sobre la tierra, que el de los hombres reun 

I en sociedad ? Cada uno de ellos en su es) 

solitario, como hechura vuestra, es un digno 

vidor vuestro, i Con quanto mayor razón n 

será, acompañado de todos sus semejantes i 

poder aislado de una sola imagen vuestra se 

plea en servicio vuestro y no merecerá este emi 

quando se haya unido á otros muchos individúe 

su especie? Con que ¿ en este estado de unión ha 

de abandonar el ministerio de la fuerza unic 

preferir el de una sola persona, la mas in 

muchas veces ? i Que ? i es este negocio de i 

edades como el de la fundación de tu Igleds 

que para que no se creyese obra del poder, ] 

biduría de los hombres, os servísteis del min 

río de personas imbéciles, i^uorautes^ y pobi 




±97 

tendríais que hacer freqUentemente milagróí, ^|^ 
ladeñandoos de la suma de poder qiie resulta 

conjunto de tantas imágenes vuestras asoci- 

entre si, os contentaseis con la unidad del 

poderoso, ó del mas impotente. Pero mi- 

sin necesidad, milagros para efectos del or- 

natural, y humano, solo caben en la fantasía 
Ib los ilusos. A pesar de su ilusión, ellos miran 
■Be todos los milagros del poder fiuitastico que 
^•ide en su mollera, se obran por la fuerza uni- 
& del pueblo. Tal vez ellos mismos han visto 
fistparecer el fentasma, quando le ha faltado la 
üia del poder nacional ; y todavía perseveran 
I su ilusión : ¡ tan profundas y fuertes son las 
ices que ella echa, quando se siembra por la ma- 
I del fanatismo religioso I 
La antigüedad de este ministerio nacional se 
monta al origen de las Sociedades ; pero en la 
limmi de los que le vinculan en las personas 
eales, es muy posterior al diluvio, y de la mis- 
ta edad que el nombramiento de Nemrod pri- 
er rey conocido en la escritura. Otros no re- 
mocen tal ministerio sino desde la fecha de la 
irta de S. Pablo. Asi lo entendí yo, quando 
i el primer folleto que salió en Madrid contra 
floberania del pueblo el año de 1 8 1 4. Su au- 
r decia, que aunque atendida la filosofía de los 
entiles no pudiese negársele semejante atribu- 
on, lo contrario debia sostenerse entre los pro- 
sores de la Religión católica, que enseñaba ser 
aullar de los reyes el poder y la fuerza. En 
*ueba de ello alegaba el cap. 6. del libro de la 
biduria, y el 13. de la carta del Apóstol k los 
ymmosf sin añadirles siquiera una razón de 



*0d 

•y 



^congruencia. Introduciendo semejante 
cion entre la filosofía de los Gentiles^ y 
gion católica, incurre necesariamente 
escollo ofensivo á sus dogmas. Es de> 
los católicos no reconocen en el hombr 
los filósofos Gentiles una imagen y ser 
vuestra, dotada de poder, y deimas ai 
que pudieron constituirla tal en el act< 
creación. Si estaban reservadas para le 
todas estas emanaciones de vuestro ser : 
los demás hombres no fueron una copia 
tra; quedaron todos reducidos á un va 
menso ; menos eran que una mole infi 
grosera, ** rudiaj mdigeataguc molls" puc 
lo menos esta por suv olumen era un sobe 
los cuerpos menos voluminosos. Dexe 
su delirio á. estos visionarios, y coñfesen 
el ministerio mencionado por s. Pablo es 
tiguo como la sociedad, está anexo ¿ la f 
política, y es del mismo orden que ella, 
el principio fueron declarados ministros 
rios tuyos todos los seres creados. El li 
como imagen y semejanza tuya, fue coi 
do entré los sublunares como el mas d 
esta vicaria. Si al asociarse con sus sem* 
perdiese el carácter, y dignidad de su se 
rabie seria la fábula del nuevo ministerio, 
mejorando de condición en su estado 
siendo entonces mas aptas para el servid 
stro sus fuerzas combinadas, ¿ no seria ui 
lidez remarcable el abandonarle entone 
cogitando un suplemento sobrenatural 
groso, aborto propio de la era tenebrosa < 
diftlismo? Muy distante el Apóstol de i 
^n ellBf k ningún indvv\d\\o?k^^>\^c.^ ^'^^ 



109 

k baee recaer en su discurso sobre el poder 
colectivo de las naciones. Se abstíene de apli- 
carla al dictado defirincipef y la fixa sobre el de 
h fiotestad. Importa mucho atender k esta cir- 
camatancia del texto. Su exdrtacion empieza 
oon laa potestades superiores. Sig^e luego ccm 
la potéatad en general, y con el orden estableci- 
do por ti. A continuación pronuncia el nombre 
icfirinc^Bj diciendo : „ nam firmcifies non aunt 
Hmori boni ofierU* Y quando parecia coherente 
el atribuirles también el ministerio que en se- 
guida refiere, no observa esta seqüela ; inter- 
rumpe las atribuciones de los principes ; los 
dexa, y vuelve á invocar la potesdad para fíxar 
lobre ella el ministerio, deciendo-— „ ¡ via au» 
tem non ñmere fiotestatem ? y „ Pero quieres no 
temer la potestad ? „ Obra bien, y seras alabado 
de ella : „ porque ella ea miniatro de Dios para 
tu bien. „ Dei enim minister est tibi in bonum. 
No puede ser mas patente el cuidado con que 
cscribia s. Pablo para no aplicar á. los principes 
esta vicaria, para adjudicarla preferentemente á 
la potestad : pues, aunque usaba de estos térmi- 
nos como rinonimos igualmente que de aquellos 
otros y^ordenacioii drvinay yjfioteatadea aufierioreai 
prefería no obstante, al de fioteatad para el ml- 
msterio, por ser esta voz en el concepto común 
mts expresiva de la soberanía nacional que la 
dicción pr'mcifiea. No habiéndose elevado s. 
Pedro á büsar en ti la fuente primitiva del poder 
humano, tampoco tuvo para que reproducir la 
memoria de un ministerio tan obvio, y tan fre- 
qUentado por hombres coligados en sociedad con 
sus propias hechuras. 
Por Ja identidad de su obieto ^^ ^<ttasv!^'^^:^ 

Q 



170 

igualmente k identidad y antigUedad de este n 
nisterio. Asegurar su bien estari precaverse < 
todo lo contranO) es la mira con que el homb: 
se asocia, y mete en un fondo común sU poder i 
dividual. Reunido este poder en fiívor de la a 
munidad, es el cjue la pone á cubierto de los íi 
sultosy y violenciasi es el que las resistet y tom 
venganza de ellas. Véase aqui el mismo emplfli 
que le da el Apóstol ¿ su vicaria en el orden jpa 
Utico. A este fin se arma la potestad pubfica 
<< Non enim sine causa gladium portat.** ^ Nc 
lleva en vano la espada." La de un solo indi 
viduo, por esforzado que sea, no es capaz de tt 
primer el Ímpetu de una partida numerosa, ) 
bien armada. Necesita del auxilio % coopera' 
cion de otras espadas, manejadas diestrament< 
por otra multitud de brazos fuertes. Sin ello 
el éxito de sus empresas seria igual al de lai 
aventuras del Quixote. Otro tal como este se 
ria qualquiera persona, que imbuida de los ro 
manees del nuevo ministerio, no contase con 1) 
fuerza y pxxler del pueblo, menospreciando e 
proverbio de Salomón, que no en vicarías, n 
ministerios quiméricos, sino '< in multitudine fio 
fiuliy aut in fiaudtatc filebia** hace consistir el po 
der ó la impotencia, el honor, 6 la deshonra d( 
monarca. Yo tan fecundo en alegorías para co 
las dos espadas del Evangelio, pretendía que 1 
del texto apostólico fuese una espada de privih 
gio individual, y fabricada en el cielo en la mi 
ma oficina del poder imaginario de los monarcs 
absolutos. Mas ahora debo confesar, que quic 
quisiere hacer ostentación de otro ministerio, ii 
dependiente del popular y ordinario, está obl 
¿**ado á probarlo^ como lo han veri&cádo quaatt 



t han obtenido de vos para empresas superiores 
ú poder humano. Jamas quisisteis, que sin 
pruebas fuese ninguna persona tenida y reputada 
por especial poderhabiente vuestro, aunque su 
conducta no fuese viciosa y tiránica. Conocida 
era en Egipto la de Moyses antes de su legación. 
Y4 habia exhibido documentos de su amor á la 
libertad, de su odio k la tiranía, matando al subal* 
temo de Faraón, que maltrataba al hebreo. Con 
todo eso, quando tratáis de hacerle plenipotenci- 
ario vuestro para conducir á sus compatriotas, y 
librarlos de Ul opresión de aquel rey, os pide cre- 
denciales para la prueba de su comisión. Para 
coD ellos era suficiente decirles, llevaba despa- 
chos del ser supremo : „ Sic dices fílüs tsrael : 
^ qtd e9t miait me ad vos, Pero con respecto k 
Faraón, y los suyos eran insuficientes estas le- 
tras. Era indispensable acreditarlas por medio 
de acciones portentosas. La empresa era tan 
ardua por el poder de los egipcios, y la impoten- 
cia de los oprimidos, que ni estos mismos quizá 
le hubieran seguido sin una prueba extraordi- 
naria. Anunciado estaba el Mesías en la ley, y 
en los profetas ; y para ser considerado como 
ministro, y vicario tuyo, se vio obligado á presen- 
tir sus credenciales con tantos prodigios, que en 
sentir de un Evangelista, no cabrían en el mun- 
do los tomos de ellos, si hubiesen de escribirse. 
A pesar de todo esto, quieren ser mas privilegi- 
ados que Jesús los ungidos y vicarios de nuevo 
cuño. A fuerza de tormentos, y de fraudes exi- 
^n de sus miserables pueblos que se les crea en 
posesión de una soberanía ultrapopular, y divina, 
lara efectos todos de la esfera de las acciones 
mmvM»; pero contrarios k las icvVta^ 4t\ o\^t,w 



17» 

social» al estado de la reparación del hombre, y 
nada semejantes 4 la conducta de MoyaeB y de 
Jesús. Yo no encuentro en los tiempos anterio» 
res á esta reparación ningunas comisiones espe* 
dales tuyas para subyugar k tu pueblo, ó redur 
cirle k servidumbre. Su libertad, y su bien ei» 
tar era el blanco de todas las que aparecen en k 
Escritura. Si por sus culpas habi^ de ser pri* 
vado de la practica de sus derechos» no es os 
Moyses el enviado para executar esta privacioa. 
De ella son executores los ministros y vicarios 
de Satanás, en consequencia de los decretos per* 
misivos de tu indignación. Quando era Uegajp 
el tiempo de libertarle, y restituirle al exercido 
de su soberanía, es que se habilitan por vueatip 
voluntad positiva los Moyseses sus libertadores. 
£s menester efectuar una redención superior al 
poder humano, al de todas las naciones juntas, y 
al de todo lo criado : vuestro mismo hijo es ú 
comisionado : él es quien restablece los düerechoi 
usurpados por la culpa original, y el poder de Iob 
infiernos. 

. De la misma carta del Apóstol por una conse- 
cuencia necesaria de los principios del bien, y 
del mal se deduce el ministerio del demonio. Si 
el que obra bien, si el que sirve de terror & la 
maldad, y de honor á la virtud, es ministro tuyo; 
no puede serlo sino del infierno qualquiéra que 
llegare á hacerse él azote de los buenos, el am* 
paro de los malos, la apología del vicio, el vili- 
pendio de la probidad. £1 ministerio de la im- 
quidad, y de la in&mia no puede despachar á 
nombre del Dios que las detesta, y que erig^ so- 
lamente ministerios de Gracia y Justicia para 
Jionra y provecho de su vcMi^tícv '^ ^'ws^^vB.ia 



ira 

^r la misma razón 8e infiere^ que quando el po- 
ler nacioiía], altando á los deberes de su Insti- 
ntOy se ha empleado en obras infernales, no ha 
ixercido el ministerio tuyo, sino el de Satanás. ' 
guando por el contrario la soberanía del pueblo 
la esgrimido en obsequio de los derechos del 
Mimbre la espada de la justicia, y la del orden 
nilitar, no puede dudarse haya actuado como vi- 
:ario y ministro tuyo en la esfera ordinaria de tu 
providencia. Si por mano de hombres has que- 
rido executar decretos de otra linea, han sido 
concomitantes sus despachos para que nadie du- 
dase de su diputación. A este departamento 
pertenece la vicaria espiritual del reynq de los 
cielos, anunciada por el oráculo de la revelación. 
Para los maravillosos efectos de este nuevo or- 
den de cosas no habia capacidad en los pueblos. 
Toda la economía del poder de la Gracia está 
íocra del alcance de la soberanía convencional de 
ellos. Fue pues de conseguiente necesario que 
obrase tu omnipotencia extraordinaria, estableci- 
endo este ministerio espiritual. Pero el hombre, 
que por satisfacer á sus pasiones, ha abusado ea 
todos tiempos de lo mas sagrado, llevó también 
el abuso k este nuevo establecimiento, erigiendo 
en su fantasía sobre este molde, otra nueva vica- 
ría en lo político, no para beneficio de la socie- 
dad) sino para ruina y usurpación de sus dere- 
chos. £n otro tiempo fueron engañados los 
pueblos con la ficción de unos monarcas semidi- 
oses, nacidos según la fábula, del trafico de sus 
madres con sus Dioses. Yá no puede subsistir 
esta ilusión entre Cristianos ; los interesados en 
ella le subrogaron la del poder y ministerio, que 
mpugnamoa; y la experiencia tiene actt^^aÍA'^'^ 

Q 3 



17* 

las ventajas de la subrog;acion. No ha sido o^^ 
la raiz de la idolatria. Deidades meramente f^' 
tasticas, que jamas podian salir de los circulo^ 
imaginarios, se estimaban realmente existenies 
por el prestigio de la fantasía de un vulgo igno- 
rante, y crédulo. Por despreciable y rudo qae 
fuese el idolo, con quien las creían identiñcadfts, 
recibía del populacho honores, y adoraciones que 
¿ tí solo son debidos. Poco menos es lo que «e 
ha practicado entre católicos con los nuevos ido- 
Hilos del orden civil, erigidos sobre las inven- 
ciones del nuevo poder y ministerio. Si yo no 
estuviese persuadido de la sana intención con que 
escribía S. Pablo los rasgos políticos, que estoy 
explicando : si no me constase que en nada con- 
tradicen la soberanía nacional, sostenida por S. 
Pedro en el c. 2. de su primera carta ; debería 
haber cortado por el atajo, diciendo desde el prin- 
cipio, que se habia equivocado en un punto de 
política, como Salomón en el sistema astronómico 
que siguió, quando escribía el libro del Eciesi* 
astés. Añadiría, que estando el principe de los 
Apostóles concordante con la política del víejc 
testamento, y con la db todos los pueblos libres 
debía prevalecer sobre el dicho de S. Pablo en 
quanto contrario al suyo. Pero no habiendo ni 
equivocación, ni discordancia, yo debo seguir el 
hilo de mis observaciones para afirmarme mai 
en la concordancia de los dos, y refutar mas é. 
abuso que se está haciendo del c. 13 de la carti 
á los Romanos. 



4» 



§ XXIX. 

ier de conciencia que alega i, Pablo en el 
lugar citada. 

trodüce el deber de la sumisión^ amones- 
i los suyos, se semetiesen, no tan sola- 
por temor de la pena, sino por razón de 
ncía. Nada veo en esta amonestación, 
sea tan antiguo como el hombre, y su so- 
. Decribiendo yo el origen de esta liga, la 
y concordia del soberano y del subdito, he 
ido el principio de esta obligación, que re- 
; el Apóstol ¿ sus recienconvertidos, y que 
no practicaba, quando la ley de la carne 
;etaba k la ley de su espíritu. Entretanto 
lester advertir el abuso con que el despo* 
maneja el nombre y nociones de la con- 
i. £s la razón natural del hombre la que 
presidir en el consistorio de sus pasiones, 
s el soberano, á quien los apetitos como 
>s deben obedecer. Contemplado el hom- 
r aquella parte, es un soberano, y por la 
1 subalterno. Lo que en él se llama con- 
i, no es otra cosa que el convencimiento 
>, que le resulta, quando á la luz de su 
imiento concibe la idea del bien y del 
istingue lo verdadero de lo falso, desde 
se inclina á seguir lo uno, y á huir de sa 
rio. Combinada su razón en los pactos 
s, por la voluntad general adquiere el ca- 
y nombre de ley. Convencidos los cos- 
es de que ella es el producto mas venta- 
i todas sus reflexiones, sienten dentro de 
JOS un suave y delicioso imfu\w> c^^^»^ 



176 

somete á ella con una sumisidki que nada útmi 
(le servil y degradante, con una obediencia iio< 
ciega, sino racional, é ilustrada, como la que' 
pai*a ti exigia el mismo Apóstol en la propia caN^ 
ta : „ raíionabUe obaeguium vesírum : (Rom. 13.)^ 
obediencia espontanea y dulce : obediencia «c^< 
tiva y productiva de los frutos preciosos de la so-' 
ciedad* De este convencimiento interior nacelí' 
propension obediencial á sus companeros los en* ' 
cargados de la cxecucion de la ley. Llevadoi^ 
estos de igual impulso, la obsequian con un 
obediencia activa, cxecutandola y haciéndola ese* i 
cutar. A este impulso invisible que procede * 
de la interna convicción de la bondad, y rectitud * 
de la ley, corresponde el titulo de concicncíif 
cuyos deberes subsistirán, mientras permanezca 
el inñuxo de la causa que los produce, mieii* 
tras existiere la bondad 3trectitud de la ley, 6 
del precepto executivo de ella. 

Ccsui¿in ios deberes de esta conciencia, y te 
sucederán los tributos de la flaqueza, del error, 6 
de la pusilanimidad, quando hubiere cesado la 
justicia de la misma ley, 6 de sus mandatos; 
quando los executores se aparten del sendero, 
(]ue ella misma les prescribía ; y erigiéndose en 
legisladores, hagan pasar por leyes sus antojos 
y caprichos. Estos eran los preponderantes en 
la época de los Apostóles, reinando los Caligu- 
las, los Claudios, y Nerones. La conciencia 
detestaba sus mandamientos imperiales, vacioi 
de bondad, y rectitud. £1 terror y la imbecili- 
dad eran únicos exactores de una obediencia for- 
zada. Para este caso y sus semejantes halúa 
dicho Jesucristo k los suyos, no temiesen á. quien 
solo podid quitar \a \\da d^\ c>3L«t\5Ki* X%.>« 



os Apostóles, resistiendo Ion injustos pre- 
8 de las autoridades de Jerusalen, habían 
stado obedecer primero á Dios, que á los 
ires, Pero los que carecían de valor y for- 
i para hacer frente á. unas ordenes iniquas, 
nbian k las violencias del tirano, por temor 
sistigo, no por el deber de conciencia. Ella 
el díerecho de resistir ; mas le faltalMa) 
ios para llevarlo 4 execucionii No se in- 
do aqui que el tenor de la pena, y el deber 
Lencia sean incompatibles ; pero quando 
urraD« tendrán mucho de servil las acciones, 
ly poco honor darán á quien en la observan- 
le las leyes se dexa mas bien conducir del 
lo del castiga, que del amor á la bondad y 
itttd de ellas. Superflua^ serian las penales, 
mas decayese esie amor, como lo fueron al 
cer entre los Romanos, durante el dulce im- 
de sus virtudes morales. Su decidida in- 
icion al exercício de ellas era el móvil de 
pensamientos, de sus obras, y discursos, 
quisto siempre el crimen cqq las sublimes 
s del pundonor, y gloria nacional que infla- 
la sus pechos, cada Romano conservaba 
M los caracteres de aquella ley que tu mis- 
has gravado en las entrañas del hombre. 
la ciudadano era una ley viva, un modelo de 
lides sociales. Para una gente de tanto 
or y vergüenza ningún castigo mas sensible 
el de la opinión publica, que el de incurrir 
ricios, cuya fealdad era irreconciliable con la 
mosora de la virtud, £n los reiñordimientos 
lu conciencia experimentaban una pena mas 
:tiva que qualquiera otra del fuero eií^tetno 
a ley. Parece que consideraba e%Xo xawKi^ 



i78 

el Apobtol, quando, refiriendo los efectos de 
luz natural entre los paganos, añade lo slguieal 
--^Elloa haaen ver lo que cata tacriio fior la it 
€71 aus corazonea : /¡ueague au conciencia k 
preatajiel teatimonio^ y aua fienaamíentoa loa acu 
aauy 6 loa dejienden, (Rom. 3.) A este castigí 
interior se dirige principalmente el temor ré 
comendado en el c. IS de la misma carta, com 
conciliable con el deber de conciencia, que qi 
puede estar con el miedo servil de una pena in 
justa y arbitraria, fulminada por el tirano contn 
los transgresores de su mala voluntad ; pen 
puede existir con el temor filial de un justo caí 
tigo, proporcionado á la malicia de los infracto 
res de las santas leyes de la patria. 

De un gobierno tal como el de Esparta y Ro 

ma en los dias de su mejor fortuna, era el prect 

ver hasta las mas remotas ocasiones del crimen 

para que jamas llegase el doloroso caso de de 

senvainar la espada de la justicia. En los dea 

poticos se preparan de intento lazos para quenuno 

dexe de obrar la seguridad del despota, cuya roa 

xima favorita suele ser '* Oderinty dum muiuant 

'* como tiemblen^ aunque aborrezcan** Non emn 

sine causa gladium portat Pero esta espada « 

es de la persona que exerce el poder, sino de 

pueblo : ella es inseparable de la soberanía na 

cional, y compañera de la otra espada con que m 

hace la guerra. En aml^s estriba el poder coac 

tivo de la ley. De sus filos pretenden eximirte 

los tiranos, quando apoyados de la falsa doctrín 

de sus aduladores, ni aun quieren sugetarse al po 

der directivo de la ley. Inútil es buscar este po 

der en las suyas i (altándoles la bondad y rectitud 



179 

cuyos atributos no pueda subsistir la obliga- 
¡ioo de concieocia. Pero á costa de artificios y 
hlaedades gana ^empre terreno la corte del tira- 
io. Con negar absolutamente la tiranía, con no 
^onfemr jamas la iniquidad de sus decretos ; so- 
iMre todo, con arrogarse exclusivamente la facul- 
tad de pronunciar acerca de la in justicial 6 justi- 
cia de los hechos, quedan frustrados los mejores 
{vincipios de moral, y politica* A la sombra de 
Mte frsude jamas hallan lugar en la practica los 
Qns liberales escritos de la Filosofía. Ño faltan 
entre los cortesanos algunos filósofos teóricos, pe- 
no tan teóricos, que siempre quedan reduidas k 
teorías en semejantes gobiernos arbitrarios las no- 
dones del bien, de la justicia, y verdad. Yá se 
"ve, que su misma arbitrariedad se gradúa de De- 
Techo publico de las naciones. Todo el meca- 
vsmo de la tiranía se llama administración pa- 
ternal, y divina. Es de puro nombre el poder di- 
rectivo de sus leyes ; el que no es nominal, est¿ 
fundado sobre la inherente rectitud y honestidad 
de ellas. A él solo es dado el imperio de la con- 
ciencia. La ley, que Carece de esta bondad in- 
trínseca, no tiene jurisdicción en el fuero interno, 
ni merece denominarse ley. £1 poder coerciti- 
vo de ella es una cosa extrínseca y contingente : 
es la fuerza fisica del pueblo, una parte de su so- 
berania, con que ha de sostenerse su existencia 
política, quando no sea suficiente la fuerza mo-^ 
ral. Armada y empleada conforme al instituto 
social, es utilisima y necesaria á los asociados ; 
pero funesta, quando se convierte contra sus de- 
rechos. No hay pueblo que no haya pasado mu- 
chas veces por esta alternativa, porque -ninguno 
á su vez ka dexado de ser yk libre) "^k t^^^^x\Ví^ 



iSO 

desde que Nemrod ensenó & sus semejante 

arte de convertir contra el hombre las armas < 

este habia inventado para defenderse de las I 

tias fieras. Apenas habia sido invadida la lib 

tad por la tiranía, quando vinieron en auxilio 

lo^invásores la intriga, el dolo, y la ilusión. Ni 

ca tuvo tanta parte auxiliar la Religión como 

nuestros siglos. Aunque antiguamente se abv 

de la ignorante credulidad de los pueblos, pf 

que tuviesen por hijos de sus Dioses á mud 

de sus reyes; nunca llegaron estos & eximn 

del poder ccíactivo de la ley, nunca fue ñisclna 

hasta tal punto la multitud, que llegase á repul 

como deber de conciencia el mantenerse en 

servidumbre, y no aspirar jamas k la libertad. F 

ro substituida otra quimera 4 la filiación divi 

de aquellos monarcas, el hombre degeneró sob 

manera. Infatuado con el veneno de otra fal 

doctrina, se cree libre, quando yace encadenad* 

feliz, quando mas infeliz ; ilustrado quando ni 

ignorante : detesta la mano que se acerca á roí 

per sus ligaduras, desafía á. sus libertadoresi 

pregona reos de excomunión, y sacrilegio á qua 

tos se defíenden de las agresiones del poder ari 

trario, k quantos luchan por recobrar sus derech 

usurpados. 

No es esta la conciencia de que habla el Ap( 
tol, ni la tuvieron los pueblos libres de Israel, E 
parta y Roma. No es esté el convencimiento i 
temo de la rectitud y justicia de las leyes : no 
el producto de aquella divina luz que ilumina 
todos los hombres que aparecen en este mundi 
no es obra de la razón, sino fruto de la preocuf 
cion. A esta conciencia errónea, formada en 
obscuro caos de la ignoTanc\«i^ U^^vxati Vii^ '\(ei 
cupados el horoeniage de\jido k\«^ cwwásswaaS 



181 

i, y recta. Sobre aquel habito depravado, iii- 
axnente condcsorado con el titulo de coñet- 
es sostiene %m imperio la tirania. Sobre él 
la las baterías destructoras de quantos vasallos 
»s dexan de habituarse á esta conciencia bas- 
A, y de ceder á, sus perversas instigaciones. 
de ellas lan^a el despota sus tiros contra qui- 
isare disipar con la antorcha luminosa de la 
«ofía las tenebrosas sombras de su mando. 
alendo esta la conciencia á que alude el texto 
itolar de s. Pablo, t4inpoco es ciega, ni obscu- 
a obediencia que recomendaba á sus neófitos, 
probaremos, desarrollando la actividad de es- 
leber* 



§xxx. 

ediencia activa^ y fiaaiva en contradicción con 
la obediencia ciega. 

Un sometimiento tal, como este, no es de r.na 
iciencia racional y cierta, que con impulso es- 
itaneo se mueve á executar todo aquello que 
si tiene bondad y rectitud. Obediencia ciega 
puede ser sino el resultado de una conciencia 
ga, que sin discernir entre lo bueno y lo malo, 
gamente abraza quanto se le propone. ¡ Nada 
ede darse mas repugnante á la naturaleza del 
ubre, y de la sociedad, en que ninguno entra 
ra cerrar los ojos, sino para multiplicarlos en 
asociación ! Si antes de ella no eran suficen- 
Jos Bujros para mirar por sus intiete^^^) ^"^x^ 
arlos rhsgos, y prover é, su tGRUñAs^ ^ \ffá^^^ 

R 




Mojos'deflua campaneros. seria completa tiji 
Ciencia de los suyos. Jamas fue aiiBCep^ 
oñtrato soctsi de un articulo por el qtia,l s 
«sen loa contiaiautes k cerrar los ojos de 
on, ó conciencia para no mirar sus inas c: 
sre»ca. Seria torpe y nula seniejaiHe cot 
tul coartada k cierto numero de individui»'l| 
n virtud de ella hubiesen de comprometK 

abrir sus ojoa, á enu-eg^rse ciegamenf 
lireccion del partido, ó de la persona que h 
e quedftr expedita en el uso de su vista. " 
iindia Cn otro tiempo á la obediencia cii 

1 obediencia pasiva ; y como esta e^a adra 
n gobiernos representativos, me 
io que aquelk también lo Fuese. Despui 
•e, que no es de^ la obediencia pasívoi si 
¡na vista perspicaz : de consiguiente no i 
onfundirse con la otra, que iio ve sino por el 
le la tiranía. En una República todos obed 
>«sde loa primevos magistrados, hasta el u 
iudadano, no hay uuo que no sea obedienief 
xpreúon de la voluntad geneía], única I 
rdcn civil. Unos obedecen por activa, j 
or pasiva. Son obedientes con una c' 
ctiva todos los funcionarios públicos, obra 
[landando según la ley, &. quien se someten p 
[üsmo hecho de encargarse de su cumplhi 
< de ceñirse 4 ella en sn aplicación. El n 
>ueblo obedece su propia voluntad genera 
o en las funciones correspondientes al pniaer 
;rado de su soberanía convencional, procede arre- 
liado í los dictámenes colectivos de su razón D>- 
ural. Son obedientes sus representantes, quan- 
0, exérciendo á nombie au'jo la.(u;uitiuidelÍfM- 



188 

I se desvian un ápice de lo convenido en 
a carta. 

imente obedecen ¿ la expresión del voto 
todos los demás individuos, que la obser- 
vas mandamientos del magistrado, en las 
las, edictos, sentencias, autos, y demás 
tíos del orden judicial, ó diplomático. Pe- 
leran dignos de esta obediencia pasiva, si 
aviesen ajustados á la Constitución, y leyes. 
.mo se echará de ver esto, li han de cerrar- 
ojos para no examinarlos I i Como podran 
ontarse con la voluntad general, si está cie- 
i entendimiento que ha de haicer el examen 
mparacion ? Aun antes de venir á este ca- 
y confrontación intelectual, obligado está el 
dito de la ley á abrir los ojos para ver, si el 
adato procede de una autoridad emanada del 
¡tbloy ó de algún usurpador, 6 intruso que no 
6a ser obedecido, aunque no sean notoriamente 
justos sus decretos. ¿ Podra actuarse de todo 
bo un ciudadano, sin vista, ó sin el auxilio de o- 
» mas perspicaces? Una obediencia ciega, 
la conciencia obscura bien presto abrirla el ca- 
bo á la tiranía, y destruiría la libertad. Per- 
meciendo ciegos en sus derechos y deberes to- 
18 los pueblos, la esclavitud sería universal, el 
inero humano estaría mas degradado y mengua- 
I ; DO se leerían en la historia sagrada tantos he- 
fos' heroicos por la libertad contra el poder ar- 
^rario, y la usurpación : las cinco ciudades con- 
lisladas por Codorlahomor, no se habrían sublC' 
úo contra este monarca, si su obediencia hubie 
«ido ciega. Abiertos los ojos paia mirar 1 
gnidad de su anterior estado, y compararla ce 
actuül MÍtuaciopf no se creyeron oViXv^'Oi^^^ 



184 

conciencia k obedecer las ordenanzas de su < 
quistador; le negaron la obediencia ciega 
les exigía* y se consideraron autorizados pan 
sistirle. Sin el mérito que les daba esta r< 
tencia, parto de la^claridad de sus ojos, y. de 
Conciencia, no hubieran tenido el apoyo d( 
Santo Psitriarca, y de otros pastores exciu 
por él. 

Moyses sabia muy bien qual era la obediei 
que exigía de sus compatriotas el rey Far 
quando los oprimia en los mas duros trabajo; 
su reyno. Ciegamente obedecían al opresor 
satélites, quando executaban sus ordenes opi 
Vas. En este caso se hallaba el que maltrai 
al hebreo del c. 3. del Éxodo. Sin embargo 
lo qual, Moyses, que advierte casualmente < 
maltratamiento, le da muerte al mandataric 
Faraón en el mismo acto en que estaba cuín 
endo su Real voluntad. £1 agresor de este e] 
cío cometió en sentir de los tiranos un bq^ic 
califícado con el reato de 'lesa magestad. £i 
opinión del rey, y de J/)S suyos era Moyses 
reo de estado, y como tal fue buscado para ( 
tarle la libertad, y la vida, que hubiera perd 
si no huye, y se refugia entre los Madlani 
Aquí no procedía Moyses en defensa propia 
vindicaba sus derechos personales ; pero era 
embro de la nación á quien pertenecía el indlvi 
maltratado ; y como tal desempeñó en esta c 
sion los deberes del pacto social, muy superic 
á las relaciones que tenia con la casa de Far 
por los beneñcios que en ella habla recibi 
deberes fundados sobre la ley natural que ' 
obliga í librar de su auf^usiVa. ^ T^>i%t<i ^ los < 
son llevados á morir, 6 p^d^cet \\vY^<s\AXK!Lt! 



185 

obligación sagrada, y urgente^ aunque no te hu- 
biese escrito por David, y Salomón en los 
psalmos y proverbios. (Psal. 8 1 . et Prov. 34.) ¿ T 
es posible que los patronos de la obediencia ciega 
quieran de tal suerte cegar k S. Pablo, que fuese 
capaz de escribir contra estos principios invaria- 
bles de la naturaleza, y sociedad ? Y si la angus- 
tia, y peligro de una sola persona exigen el cum- 
pUmienta de este deber, ¿ qual será la exigencia 
en el caso de una multitud oprimida, y maltrata^ 
da ? En otro tiempo apelaba yo á mis inspira- 
ciones y privilegios ; y tal vez añadiría que el 
ser extrangeros y de otro culto los monarcaSf 
contra quienes obraron Moyses, y Abrahan en sus 
respectivos casos, los eximia del reato, y justifi- 
caba su conducta. Es incontestable la nulidad 
de mi primer recurso. Veremos quantas cosas 
tiene contra si el segundo. 

Indisüntamente nos impone la naturaleza el 
deber alegado en favor de los angustiados, y opri- 
midos injustamente. Esta es la única circun- 
stancia atendible. Como sea injusto el peligro, 
y la persecución, á nadie exceptúa el precepto 
natural. Qualquiera que sea el opresor, tiene 
que pasar por los amargos tramites de esta ley. 
No hay acepción de personas en el juicio de este 
legislador imparcial. ¿ Pero como podra tener 
cabida la nueva distinción de culto, y de extran- 
geria, quando las palabras de Salomón y S. Pablo, 
qué resuenan en la boca de los contrarios, reca- 
en indistintamente sobre todos los principes y 
reyes de la tierra ? Quando se escribía el c. 6, 
del libro de la sabiduría, no habia otros monar- 
cas profesores del verdadero culto que los he- 
breos ; los demás eran idolatras. Qu9LV\d<(^ «.^\v 

R 3 



186 

bia el Apóstol^ todos eran gentiles ; nin^ 
aun en el gremio de la Iglesia, ni aun s 
el numero de los catecúmenos. Asi es 
saltan las inconsequencias, y contra 
quando nos convertimos contra los prii 
la sana política. Restaños ahora saber 
voSf Señor, habláis de entregar á nu< 
sentimientos y venganzas un rey extr 
querer que sufriésemos del domestico t< 
de iniquidad ? En la guerra qualquier ! 
halla autorizado para quitar la libertad, 
ál monarca del partido contrario, aun q 
justa la agresión, ó defensa de este, 
cion, á que pertenece este soldado, ha 
tar de rodillas el azote que indignamem 
gue sobre ella el rey que de ella ha recil 
to tiene en el orden civil ! Si necesit 
guna prueba lo que acabo de decir, v 
como Eleazar en la guerra de los Macs 
taria para el caso. Empeñado en acal 
monarca enemigo, contra quien se hal 
sublevado, se introduxo por las filas en( 
lo mas arriesgado del combate, matan* 
tix>, y siniestro, y buscando ansiosameni 
persona de Antioco para quitarle la 
metió debaxo del elefante que le pare 
del rey, para asegurar mejor el golpe. 
la bestia penetrada del acero liebrec 
igualmente oprimido, y quebrado con i 
ella este valiente guerrero, que es uno d 
xnerados en la genealogía de Jesucristo 
dido en el c. 6. del libro primero de 1 
beos. Contra una Potencia, que sin pe 
la libertad nacional de su vecina, la < 
algún punto de re\aciotv^^ ^\«Mtv&\ASi ^ 



i8r 

ha de ser licito mover las armas, y privarla de su 
independencia. ¿ Y no ha de ser permitido á 
ninguna de ellas armarse contra su mismo rey, 
quando en uña guerra intestina y sorda, quando 
con toda la masa de su poder arbitrario está ho- 
llando los derechos de los suyos y de su propia 
gente ? La infracción de un tratado, aunque sea 
de poca monta, presta derecho á la otra parte 
contratante para exigir satisfacción de la infrac- 
tora, i Y esto mismo se ha de negar á un pue- 
blo, cuyo principe rompe sus pactos constitucion- 
ales) quedando por el mismo hecho fuera de la 
lef) y sin mas reliquias de su anterior estado, 
que el mero sonido de la dignidad que ha per- 
dido ? 

I Será, mas criminal el extraño que me hurta 
cluidestinamente un tesoro, que el amigo, y pa- 
riente, que abusando de la confianza de un de- 
posito, lo disipa, ó lo convierte en su propia sub- 
stancia con gravísimo detrimento mió ? Substra- 
yendo furtivamente un extrangero parte de los 
fondos y ganancias de la compañía de otros, 
I será mas delinquente que el mismo compañe- 
ro, que estando encargada de la administración 
de ella, se alza con los capitales y lucros, ó se 
empeña en distribuir leoninamente sus ganan- 
ciales? i Mentiría el Apóstol, quando dixo, que 
quien no cuidaba de los suyos, habia renunciado 
á la fé, y era peor que el infiel? (1. Timoth. 5.) 
Si es pues peor que el gentil un magistrado cató- 
lico que no cuida de los suyos, ¿ porqué mejo- 
rarle con la impunidad de sus descuidos, y rapa- 
cidades ? i porqué no arrancaremos de sus ma- 
nos las victimas de su despotismo ? i porqué to- 
lerarle por mas tiempo el sacrificio de una ^rau 



— ■ ...-■ • .«"n-^-vii^Hj-.'M 

■" 1^ f ' 1 

propriedad suya, ni puede ser. j 
I angustia Y peligro á los que j 



familia, que no es propriedad s 
lo ? Librar de su angustia y 
son llevados injustumeDCe i morir ; salvar k los | 
que indignamente padecen: es la ley que debt < 
prevalecer contra todas las invenciones y aliusgf ! 
de la tiranía. Y si por una consecuencia de csU j 
tey somos obligados á sa.car de su angustia y pe- 
ligro al jumento agcno, aunque sea sábado, por 
anior de nuestros próximos i con razón mas iM- ! 
derosa debemos hacerlo con esios, quando se ha- 
llen en igual conflictOi abandonando para ella 
toda obediencia ciega, toda doctrina obscura que 
impida el cumplimiento de este deber natur:tl f 
divino. Pero si por la «xtrangeria de Codovla- 
homor, Faraón, y otros no bastasen los exenln 
píos alegados contra la obediencia ciega, bus- 
caremos otros que no claudiquen por este capU 
tulo- ■ . . - H 



la i6edkn€lm titga. ' 

Dañd, penognido iD^HUntrnite pw n Jmk^a 
M irma contn tí, £eTaiita ñm. ft f^l jc Sa -, líf 
TÍñon de 400 lioiia^Ma,.comi))Mtt,4B .-Úf ' 
goB y pañmitMi 4e doudDiM WK'itm'^ft. 
dn,yacoHdM4)e Ip&MOM. .Aijr4.9SD,<t 
Moab ¡ perbt' c^ttdtuct n iMaáft c«0 . «1 p . 
Gad, voltio 4 au tierra «diiütiaida, Mm ^ n ii iv j 
manteniendo fc quwtoa tcodiip fc aii.inr^Áh,..X|« 
esu inuwr» conbdit Ti (00 60O.MBhi^M«' 



189 

Hecho principe de ellos, según la expresión d^ 
c. 33. lib. 1. de Samuel, batió á los Filisteos en 
defenflia de la ciudad de Ceila, sin consentimien- 
to de Saúl. Entonces mas empeñado este en su 
persecución, protestaba, que, aunque se metiese 
debaxo la tierra, la escudriñaría, y le extraeria 
de su seno. Casi rodeado David de las tropas 
de su perseguidor, estaba ya para caer en sus 
manos ; pero llamado Saúl por el aviso de una 
invasión repentina de les Filisteos, volvió contra 
ellos las armas que tenia preparadas contra su 
yerno. Desembarazado de esta ocurrencia, in- 
sistió en su perecucion. Sobrado tiempo tuvo 
David para ponerse otra vez fuera del alcance de 
su enemigo ; mas anteponiendo el quedarse den- 
tro, y ostentar intrepidez y generosidad con el 
fin de ganar la conversión de su suegro, le tuvo 
dos veces á su arbitrio» y le perdonó la vida, por 
mas que sus compañeros le instaban por la ven- 
ganza. La misma ley que le daba el derecho de 
insurrección, le habilitaba para hacer con su per- 
seguidor lo mismo que este procuraba hacer con 
él ; pero ni en la cueva de Engaddi, ni en el cam- 
pamento de Gabaa Hachila estaba obligado á 
usar del derecho que tenia. Por lo que, medi- 
ando por otra parte razones para el indulto, fue 
un rasgo muy dig^ de su corazón el abstenerse 
de la venganza, mientras pudiese esperarse la 
enmienda. Para quien en certamen singular ha- 
bia vencido cara k cara al mas formidable ene- 
migo de BU patria, no era decoroso vengarse de 
su perseguidor, quando se hallaba dormido en 
su tienda, quando ni aun podia ver la mano que 
le hería. Padre politico del perseguidor tnonAs- 
sa todavía sostenido por la mayoiía. dc\ \vv3l!^W^% 



Tsr 



:ncedor no pocas veces de 
■UB eiKtllfg«B cxtei-iores: tOo coiiMilcraciiines 
tt macbo peso en un varan como David, que 
bksta enUDCcs había podido evadir las maquint- 
cionea d« aa rival. Pero si vinie&e al caso de 
Moraea con el Ayudanle de F«raon, no podm 
dflaeDtetidereí: de la ley que le obligó ¡i vengar el 
maltratainieiita del hebreo. 

E» de premmir que Djvid eti su insurrección 
■e propUBÍwe tanibien librar ¿ su país de la ú- 
nuiia de Saúl, sin privarle de su existencia, 
úempre que no se aventurase la seguridad del 
estado. Eate es un deber social, cuya practica 
ílicombe á todos aquellos miembros de la so- 
GÍedadt que están dotados de l-o necesario para 
Uenrle i ^cto. Quando el Angélico Doctor 
trata de eata obligación, cita de la Escritura el 
exemplo de Aod, que de una puñuUda mató al 
rey de loa Moabitas [)or salvar a las tribus de su 
dominaciiMi. David poseia el talento y fbrtalexa 
correapc^dientes í la empresa. Ella es de tU 
nodo obligatoria para los hombi'es sobre sal ieutea 
en estas qualidades, que no ks excusa el riesgo 
de BU propia vida. Saúl conforme k la costum- 
bre de los despotas, miraba en la persona de 
aquel ilustre insurgente un reo de lesa mai^estadi 
y le trataba como tal. Era en su concepto un 
rebelde : lo eran igualmente tudos los que Ifi 
auxiliaban en su resistencia. Ignorante de ella 
un sacerdote le admitió en su casa, le dio d¥ . 
comer, j le restituyó la espada que el misma. 
David halÑa quitado á Guliath. Sin embargo d^ 
Ib buena fé con que obró aquel ministro, fa% 
castigado por Sdul, como reo de estado; yÍ0¿ 
faeroD tuabien caú todos Vos d^mas. t^it^is*-"- ■ 



igi 

ban con él en Nobe. (1. Reg. 22.) Parecia que 
esu iniquidad despertaría de su letargo á los 
oprimidos, j auroentaria las tropas de David. 
Pero tal era la apatía, el miedo, ó la prevención 
por el tirano, que el numero de ellas no paso de 
600- A pesar de esto, no aparecen mas que dos 
individuos tildando expresamente de criminal á. 
David en bu insurrección : el idumeo Doeg, y 
el bebedor Naval Carmelo, concordante^ con la 
opinión del perseguidor. Agrava á mi ver esta 
circumstancia el cargo de indolencia resultante 
contra los que no pensaban como ellos. A sa- 
biendas de la inocencia del perseguido, eran mas 
responsables los indolentes de la inobservancia 
del precepto de salvar de su angustia, y peligro 
á los que padecen injustamente : eran mas in- 
excusables en omitir la imitación de Abrahan, 
Moyses, y Aod. i Esperarían quiza el falleci- 
miento del despota para adherirse á David I 
En tal evento cesaba yá el deber que reclama- 
ban las circunstancias actuales ; superfino era 
el influxo de los exemplos alegados, i Aguarda- 
rían tal vez que el perseguido, atrope! lando los 
respetos que le contenían, fuese el tiranicida ? 
I 6 que su inocencia fuese previamente declarada 
por la boca del tirano, ó de sus conformistas ? 
Yo no lo sé. Pero á mí ver, no era indispensa- 
ble el tiranicidio. Removerte del mando, y con- 
servarle la vida por vía de indulto proporcionado 
¿ sus victorias, parecia mas decente y equitativo. 
David no debía yá prometerse enmienda de su 
adversario, quando dos veces le había faltado á. 
lo promitido. ¿ Que le restaba pues en tal estado 
de coias ? / Que podia, esperar de vltí l^viOc^!Ck^^*& 
por iadifarencU, ó temor no le proXfe^<fc> '^ ^v»»-^ 



puar sin CUDaplii 
tucioD 7 




Tomó el DKrtido que ella misma dictaba. Etní-^ 
gr6 con au nniUiEi y su (^ente armada á un jiai^F 
extrangcro ;, cuyo monarca le recibió benigna* T 
inflDfe, le favoreció con liberalidad, y le «scimá'l 
en tanto grado, que llegó á ser el hombre de 
8U mayor confianza. \^ÍTÍa David en sus donii- 

' nioi como ua principe confederado, £1 salir i 
campaña con su bienhecboi- en calidad de auxi- 
liar, fuB una de las cbu^ulaa de su reconoci- 
miento f gratitud. En conseqUencia de este 
tratado k pOK í retaguardia del exercito de los 
filiatíoa con tus pequeilas tropas en la guerra 
qu« htcieron estos á las tribus en los últimos 
años def reinado de Saúl. Desconfiaron desde 
luego de su fidelidad los capitanes, ó proceres 
de aquella oation ; y fue preciso retirarse úc\ 
replica. El rey Aquis, aunque bien seguro de 
Id buena fé^^ su aliado, tuvo que ceder k la re- 
pugnancia .de ellos, y consentir en que David 
con su gente volviese á la ciudad con (¡ue ¿1 mis- 
mo le' hnria marcado el agasajo de la hospitali- 
dad que luill& en su emigración. (1 Bcg. 39.} 
Mas j como es que pudo este emigrado ligarse 
de esta manera con los enemigos de su patria \ 
Mía antiguas preocupaciones me decían que 
David era un anlipairiota, ó un receptáculo de 
muchas inspiraciones, y privilegios celestiales , 
para quedar purgado de aquella nota. A tub-.m 
Btros altos, é incomprehensibles juicios me r6^ 
mitia yo en la suma ignorancia de las leyes aO^ 
(üoles, y del genuino significado de la voz fiatriá 
Pero queioiátra, que tenga una -mftdvítia. lintol 

^eesiospnncipios, haUa me^vtíAftwtíitt \*.(* 

-1 f fi-' 



198 

ucta de aquel instrrgente en el caso de la ques- 
ion. 

Si David dirigiese sus armas contra los inocen- 
tes : si ellas no. tuviesen por único blanco la per- 
dona de su perseguidor, y cómplices ; no carece- 
ría de tulpa. Son bien conocidas las intenciones 
de este persequido : á nadie se esconde el discer- 
tiimiento con que procedía en su insurrección. 
Sin un golpe de piedra, sin un corte de acero, 
sin disparar un dardo ha vencido dos veces á su 
perseguidor. A costa de su intrepidez y gene- 
rosidad obtuvo estas victorias. Yo no tengo mo- 
tivo para creer que hubiese variado de conducta 
al lado de su amigo Aquis. Al contrario pienso 
que si le hubiese acompañado en la gueri*a,cle que 
estamos hablando, hubiera vencido á Saúl de la 
misma manera. Quiza se habria terminado la cam- 
I)aña sin una gota de sangre. Por la confianza que 
de él .hacia este rey en los negocios mas graves, 
es muy probable que fuese suya la dirección del 
exercito contra Saúl, si hubieran marchado juntos. 
Alentados mas sus brios con la fuerza confedera- 
da, su ingenio, y su arrojo serian mas fecundos 
eii estratagemas, y aventuras con que triunfar de 
su enemigo sin efusión de sangre. He aqui el 
resumen de la federación de David con el rey 
^quis contra Saúl, y su gente. 

Pensar por otra parte, que haya de subsistir 
ú contrato social, cesando el fin con que fue 
)torgado, es un imposible moral y político. De 
laudado el socio en su capital y ganancias por 
a insensibilidad, ó abatimiento de los demás 
x>rapañeros, ¿ que razón podra obligarle á per- 
^anecer en semejante sociedad í S\ cou tsvcwí'^ 

S 



194 

causa puedo yo separarme de una compañía de 
fondos muy inferiores, ¿ como no podré renun- 
ciar á la de nuestro caso, quando en ella nada < 
gano, y estoy perdiendo por la ambición y codt* \ 
cia de los administradores unos capitales de k 
mayor importancia ? Nuevo g^olpe de tiranía se» 
ria apremiarme á continuar en un gremio, ca 
donde ya no son protegidos sino atacados niis^ 
mas caros intereses. Sometimiento sin pátrocfr» 
nio es una monstruosidad. Desde que falta ll 
protección, ya no puede subsistir aquel debeci 
contraído con esta precisa circunstantia. I^ con- 
trario fue reducido á sistema en los siglos del 
fuedalismo. Degradado el hombre para ser la 
propiedad de cierto numero de sus senve jantes, 
llegó también 4 recibir y vcnemr como derechos 
inviolables y segrados las barbaras ordenanzas 
feudales. Quitar ai hombre hasta la esperanza 
de ser libre, era uno de sus degradantes artícu- 
los. De tal manera fue vinculada al suelo nata- 
licio esta nueva servidumbre personaf, que por 
mas que se alexase de él quien tuvo la desgra- 
cia de nacer feudal, no podia dexar de ser sier^ 
vo del señor del fuedo, no podia armarse contra 
él, ni dexar de reconocer el vasallage natal. Sea 
enhorabuena acreedor al nombre de patria el ter- 
ritorio en donde nacemos de personas domiciHa- 
das en él ; pero sealo, mientras la mayoría de 
sus habitantes, 6 su administración civil no cobs- 
pirare contra nuestra libertad y bien estar, 6 
mientras que nos resten fundamentos para ^ 
perar que dexaran de ser en breve tiempo inatru- 
21) en tos de la tiranía. En donde el hombree halla 
expedito» sus derechos, a\\\ e% i^^^ ^^;^^^\ft»cpe 
pJar 3U verdadera palriíi* Yot e\«Ao V^Ow^í 



190 

eis nosotros no podemos reconocer otra pa- 
que el mundo entero, destinado para el naci* 
:nto y habitación de todos. Por varias y mul- 
icadas que sean las divisiones de. esta patria 
aun, [lor diferentes que sean sus cultos, sus 
tumbres, sus usos, y gobiernos, nosotros no 
lemos considerar mas que una sola familia, 
i sola república en la superficie de este globo, 
afesquiera que sean los estatutos con que el 
nbre ha querido marcar el repartimiento de 
ierra» y diversificar las porciones respectivas 
sus moradores ; han quedado ilesas las rela- 
nes naturales, que los unen entro si, como des- 
dientes de un padre comuna y dotados de 
ai numero de atribuciones participadas del 
supremo. A qualquiera distancia que se 
len estos hermanos ; sea qual fuere su len- 
1^ ; titúlense como quieran las partidas, y 
itos de reunión : son indisolubles sus vincu- 
fratemales : ellos subsisten en todas partes 
' el ministerio de la naturaleza ; y son nulas 
as las convenciones que contra ellos se hagan, 
D sea por uno, ó por muchos individuos, jun- 
» ó dispersos, en decenas, centenares, ó millo- 

\. pesar de la estabilidad, y transcendencia de 
is relaciones, licito es quitar la vida al injusto 
'esor, rechazar la fuerza con la fuerza, salvar 
I ella ¿ los que se hallan en angustia y peligro 
ebidos. No es un patricida el que usa de es- 
lerecho, ni nuestra patria universal se resiente 
' el exercicio de esta facultad natural, i Como 
;s acusar de traición á quien se vale de igual 
echo contra una multitud de a^resovt^ \,v\y\%. 
jr cómplices activos, ó pasivos de %u ^%c^- 



19ff 

sion ? i £s acaso inventado el nombre de pat 
que todos estos llevan» para que les sirva de 
cudo en sus delinqüencias ? Con tal que nó st 
comprehendidoH en la répulsay venganza los ii 
centes, todo lo demás está expuesto al rigor de 
excepción, qué padece la regla general de nu 
tra fraternidad. El mismo derecho que yo ti 
go para defenderme de la injusta invasión de u 
me asiste contra la de dos, tres,quatro, ó masi 
salmados, que conspiran contra mi. Mucho n 
grave seria la ofensa, y mucho mas urgente 
derecho defensivo, si todos pertenecemos á i 
misma familia, corporación, ó patria, 6 si esteno 
bre lo lleva toda la partida dé invasores, que i 
acomete* Si á los vínculos naturales de nue^ 
gran patria hemos añadido otros de convenc 
social, que nos reduce k otro genero de pal 
menos lato, y extenso, que podemos denomii 
patria artificial, ó facticia : claro está que laof 
sa envuelve otra circunstancia agravante, por la 
fracción de los nuevos pactos humanos con que 
biamos estrechadp mas los lazos de la. patria 
mun de todos los hombres. Si á cada uno en su ef 
do de separación le ha intimada la Naturalezf 
no hacer con otro lo que él no quirie se haga < 
él, i dexaria por ventura de obligarle este p 
cepto natural en su estado de asociación ? 
quando yo estoy solo^ la ley me prohibe mata 
mis semejantes,ó quitarles lo suyo; la mismap 
hibicion subsiste, quando me acompaño de ot 
individuos de mi especie, aunque sean tantos qu 
tos basten á tributarle á esta compañía el dict< 
de patria. Al caso pues de David. 

Este hebreo se hallaba en el de renuncia 
Ja sociedad, que no le prole¿\a\ V^^^ "^^ ^^ 



i9r 

derecha en toda 8U extensión. Expedito et- 
. por 8U parte para separarse in perpetuum de 
omunidad de Isr&el. Ella le era deudora de 
ricios, que al Qiismo paso que bacian mas re- 
bansible su mala correspondencia, formaban 
vo yinculo que el solo acreedor podia dísol- 

Los israelitas le debian su independencia y 
rtad) que hubieran perdido en los dias de Go- 
d^ si David no lo hubiese vencido en combate 
i;u]ar. Ellos no podian prescindir de esta deu- 
mientras no fuese adequadamente recompen- 
a, ó mientras no fuesen absueltos de ella por 
nismo acreedor. A este en la unción profe» 
Je fue revelado el futuro destino que le espera- 
in la carrera civil. No era yá un secreto esta re- 
icion. Su amigo Jonat&s en los primeros pa* 
de su persecución lo animaba, diciendole— ^ 
"o temas : mi fiadre Saúl no te aorfirenderá : 
•einarsas en Israel^ y yo te favoreceré, ( 1 . Reg. 
) La muger de Naval le habia dado tratami- 
> Real, quando imploraba el peiilon de la in- 
a que habia recibido de su marido. No era 
s regular que abandonase enteramente i su 
ia« Si contra una parte de ella se compró- 
la con el rey de los Filisteos ; usaba de su de- 
lo : correspondía las finezas de este amigo, i 
!n era deudor de la conservación de su vida, 
3 casi toda la felicidad temporal que gozaba 
a territorio : dirigía sus armas contra un per* 
jidor obstinado, contra un enemigo declarado 
.u existencia, contra las tropas que le auxilia- 
en su depravado designio. No era su animo 
ilizar á los inocentes, ni arruinar la existencia 
dea de un pueblo, cuyo cetro habia de empu- 

£u suroa^ David estaba autorizado ^^?ra^^V 

a? 



198 

rar de esta manera contra Saúl, contra los 
tes, é instrumentos de su iniquidad ; pero 
no de ellos tenia derecho para totnar los 
contra él. Nunca es licito extender la V< 
za á los que no han tenido parte en la ofensa. 
haber contravenido á esta máxima es que se i 
sura la conducta de los que á titulo de ii 
se han armado contra su patria, ó auxiliadol 
enemigos de ella. £n circunstancias taleí 
mo las de David nadie puede ser censurada 
en los estados democráticos nunca puede 
tarse la injusticia de un decreto ingrato á luí 
geres, y niños, ni á otras personas irapedidÉt< 
votaren comicios populares, y de quienes nocÉI 
ta que hayan, aprobado, ó ratificado la ing^ntÍM 
ó injusticia. Comprehender pues k tantos ii 
centes en las iras vengadoras del agraviadoit 
ria iniquidad. Quando la injusticia es el predi* 
to de una facción, ó de personas que abusan. ¿ 
poder contra la voluntad general de la patria. ;< 
ta exige, que el ofendido se afme, y se haga 
auxilios para librarla de la iniquidad de los fi 
ciosos, ó del despotismo de su administrack 
Volviendo al proceder de David contra la ol 
diencia ciega, me resta solo añadir que él misi 
en medio de su insurrección reconocía todavb 
su perseguidor el carácter de rey ; y lo era de' 
cho, por la razón que tenemos alegada en c 
lugar. Seguiremos con otros exemplos el 1 
de nuestra impugnación. 



«09 



$ XXXII. 

Derecho de resta tencia en otros caaos de la 
£acritura contra la obediencia ciega, 

!«^o contento Roboan con el grado de tiranía, 
i su padre habia exercido, aspiraba á su incre- 
ntO) y exigía de las tribus una obediencia cie- 
Pero la mayor parte de ellas, abriendo sus 
s, desobedecieron, se sublevaron contra ¿1, y 
^daron independentes de su mando. Igual 
:diencia exigia de un profeta el rey de Israel 
osias, quando le interperlaba con niano arma- 
Sl hacerle comparecer á su Real presencia. £11- 
no solamente desobedeció al llamamiento im- 
íoso del monarca, mas también contrarrestó 
fuerza con la fuerza. Tres partidas de tropa 
ron sucesivamente destinadas á la conducción 

profeta. \ crecieron las dos 'primeras, devo- 
as del fuego que este hebreo hizo descender 

cielo contra ellas, y contra los oficiales que 
mandaban. Hubiera sido igualmente devora- 
por las llamas la tercera, si el comandante de 
., en lugar de intimarle imperiosamente la Re- 
'oluntad de Ocosias, no se hubiese valido del 
go, y de la genuflexiun para que Elias com- 
eciese voluntariamente delante del rey. (1, 
^. 1.) Si se dixere, que por haber este con- 
:ado en su enfermedad á Beelzebub, fue licito 
»rofeta resistir tan ati*ozmente el mandamien- 
del monarca ; yo preguntaré ? que culpa tu- 
*on en la consulta los 102 militares de las pri- 
ras escoltas destacadas contra él ? Si estaban 
>s ellos obligados k obedecer ciegamente & su 



800 

rey, ¿ porqué consumirlos con el fuego de la ven- 
ganza de Elias ? Y si tamaña inobedencia fue 
inspirada por vos, i podrá tildarse de injusta^ 
quando sois vos incapaz ()e la menor injusticia ? 
Aprobar y mandar cosas iniquas, es para vos im- 
posible. Tus mandamientos y aprobaciones son 
evidentes signos de la bondad, y justicia de los 
hechos. En la revelación, en vuestras obras, es 
la luz de la Razón, tenemos tres caminos segu- 
ros para el conocimiento de lo bueno y de lo ma- 
lo, áde lo verdadero, y falso. Si tu no puedes ha-^ 
blar sino la verdad, tampoco puedes hacer, ni 
Tnándar sino lo que es justo y bueno. Siend» 
pues una emanación vuestra el astro de nuestra 
Razón, ella no puede menos que ser buena, y 
conforme k la verdad ; ella sin preocupaciones» 
sin el siniestro informe de los sentidos, será el 
canal de la justicia y rectitud. 

Ocosias hubiera tenido iqual suerte, que su tro- 
pa y ofí cíales, si hubiese podido marchar al fren- 
te de ellos. Hubiera sido devorado por la incen- 
diaria resistencia del profeta ; á menos que, aban- 
donando el imperioso tono de su voluntad, hu- 
biese adoptado el suplicatorio, como lo hizo el 
capitán del ultimo destacamento. En la des- 
struccion de los anteriores milita contra los pa- 
tronos de la obediencia ciega un argumento con- 
cluyente de la temeridad de su defensa. Aque- 
llos eran meros executores del poder arbitrario. 
Como á tales, baxo el vela de la obediencia cie- 
ga, sus fautores los eximen del reato é& la ini- 
quidad en la execucion de Reales ordenes arbi- 
trarias. Mas el proceder de Elias les reprueba 
su doctrina ; y tienen que apelar al subterfugio 
de inspiraciones) y dUp^i»^^) cotí <3^e ofenden tu 



SOI 

bondad y rectitud inalterable. Insistan quanto 
quieran en sus dispensaciones y privilegios, quan- 
do vean ai hombre viejo armado contra la titv.nia 
extranjera y domestica. Pero jamas olviden, 
que si fuesen admisibles tales recursos ; mas efí- 
Ctices y copiosos deberian ser para el hombre nue- 
vo, redimido k tanta costa, y mejorado en tercio 
y quinta Privilegios y dispensaciones mas abun- 
dantes deben tener los hijos de la Gracia, siem- 
pre que se armen y subleven contra el despotis- 
mo de sus reyes. De oti*a suerte, seria mas ex- 
celente el sistema de Moyses, que el del Mesias : 
las leyes de aquel serian leyes de mercedes, de 
dones y bendiciones ; las leyes de este leyes de 
rigor, de sangre, y fuego. Asi lo testifica la prac- 
tica de los tiranos que se j actan.de católicos. Pa- 
ra ellos solos parece obrado el misterio de la ex- 
altación de nuestra naturaleza ; á ellos solos pa- 
rece dirigida la palabra del Señor, quando dixo : 
<* sabedy ó hombrea^ que en vosotros Tnismosj y den- 
tro de vosotros está el reyno de Dios. *' (Rcg- 
Dum Dei intra vos est. Luc 17. 21.) Pero se en- 
^ gañan. Y si en los exemplos alegados se halla 
desmentido el dogma de su obediencia ciega con 
respecto á monarcas domésticos, y de igual cul- 
to ; también lo veremos improbado en la Escri- 
tura del nuevo testamento con el proceder de Je- 
sús, y de's. Pedro. 



sos 



§ XXXIII. 

•Se- continua imfiugnando la obediencia ciega^y H 
alega el exemfilo de Jesusy y de S, Pedro, 

Iniquo, y antisocial fue el mandamiento de pri¿ 
sion despachado contra Jesús en la capital de Jn- 
dea : nulo por defecto de culpa, pero acordado 
por las autoridades del pueblo judaico, y auxilb- 
do por las armas del César que dominaba la Pi^ 
lestina como colonia Romana. • Sin embargo, uno 
de los discípulos del supuesto reo hace resisten- 
cia á estas potestades^ echa mano k las armas, j 
al primer golpe hiere gravemente á uno de fes 
executores del mandamiento. Su maestro con* 
tiene los progresos de esta resistencia, y la desa- 
prueba, no como atentado contra la publica auto* 
ridad, sino tansolamente como un obstáculo al cá- 
liz de su ptision, y como un acto desconforme k 
la ley que prohibe la efusión de sangre humana. 
(Gen. 9.) He aqui los dos únicos fundamentos 
de la corrección magistral que detuvo el brazo ar- 
mado del discípulo. Del primero hax:e uso el 
Evangelista s. Juan^ y del segundo s. Mateo. En 
el Evangelio de s. Marcos no hay reprehensión 
alguna. S. Lucas dice, que alarmados los disci* 
pulos con la vista de la tropa, preguntaron á su 
maestro, si la batirían con sus armas. S, Pedro 
sin aguardar la respuesta, usó de su espada ; cu* 
yos progresos suspendió Jesús ; y con una misma 
palabra reprimió el conato de los demás sin nin- 
guna increpación. S. Pedro en defensa de su 
TTíaestro usó del mismo derecho c\ue Moyse& en 
defensa del hebreo. Mo^^e^ xvo %tOkaxív^\^x^ ^«t- 



¡eos 

la sangre del egipto ; también le quitó la 
y no esreprehen(]ido como infractor de la 
romulga^ obsequio de la seguridad per- 
de todos los hombres, i Porqué pues re- 
rle el cumplimento de ella al discipulo> co- 
i la infringiese» mutilando una oreja, quando 
ui no podia resultar necesariamente la ma- 
lel herido ? La misma ley natural que pro- 
el homicidio, lo permite en los casos de proH 
ofensa, y de salvar al inocente : casos tan in- 
nente conexos con la ley de nuestra segu- 
personal, y salvación de los que son condu« 
k morir, 6 padecer injustamente, que tu vis- 
tor superfluo expresarlos en el Pentateuco, 
estrechos eran los vínculos de este discipu- 
1 su maestro, que los del hebreo con Moy^ 
n el Egipto. Debía pues ser en Pedro mas 
atoria la defensa, más laudable, 6 irreprehen- 
la efusión de la sangre de los satélites en- ' 
s al prendimiento de Jesús. ; Reflexión con- 
:nte, si Pedro se hallase en el caso de tomar 
cargo esta defensa ! £1 hebreo por si mis- 
o podia salvarse de la opresión que sufría : 
inia legiones de Angeles que combatiesen 
1 : su palabra incapaz de ablandar la dureza 
i opresor, era del todo impotente para hacer- 
:roceder, y volcar : sin la acción de Moyses 
iltramiento hubiera tocado su termino. Pe- 
sus estaba en circunstancias muy diferentes, 
disposición se hallaban tedas las fuerzas de 
idre celestial ; y la virtud de sus labios basta* 
rechazar y derribar la cohorte, el tribuno, y 
(tros encargados de su prisión. Su poder 
vWoáo no podia ser ignorado de quveue^Vv^*' 
ido testigos de tantos portento» qji* k wlnW 



«04 

ta, y aun en sus mismas personas habia 
Menos podía ignorarlo s, Pedro. £1 misi 
familia los habian experimentado. Xia mi 
obediencia que le rendían las enfermedaí 
elementos, Ids potestades del infierno, lo 
animados, é inanimados, no se le podía o< 
este discipulo* Debiá pues estar persua 
que su maestro no necesitaba de tales defc 
y que sus discípulos con respecto á él nu 
dian venir al caso de Moyscs con el hebn 
aquí el motivo de la censura del hecho, y 
cuerdo de la ley del homicidio. En el £v 
de s. Mateo, el único que de ella hace m 
se añade enseguida esta clausula — ^*^j 
tUf que no fiuedo yo fiedirle ahora á mi fioú 
me dé éobre la marcha mas de docd ¿egiones 
gelea ? Esta es la reconvención que hac 
á s. Pedro, después de ordenarle que env 
espada. Sin interrupción le recuerda igi 
te el motivo que le obligaba á abstenerse 
tonces del exercicio de su poder, dici< 
** ¿ Como fiuea ac cumfiliran las Escrituras 
cerij ser fireciso que esto asi suceda P (¿ ( 
do ergo ímplebuntur scripturae, quia sic 
fíeri?) Es de este modo que concluye e 
tro su reconvención ^ y jamas fue acusadt 
cipulo de inobediente á las potestades s 
res. Véase pues si en su carta pudo sei 
. seqüente. 

Quando se acercaba la tropa á executa 
resto de Jesús, dice S. Juan, que una so 
bra, demonstrativa del sugeto k quien bt 
fue suficiente para que ninguno de los ag 
quedase en pie. „ £ílo« retrocedieron^ -y 
/lor iierra^al ^ir decir á Je»ua ^^ Yo %o^j, 
e§te JErangalisu, el dUc\pu\o d^fei^wc 



fy 



£00 



squi mas reconvención, que la correspondiente al 
cáliz do la pasión^ incompatible con la defensa. 
(^ Cdiicemy guem dedit mihi fiater^ non bibam 
tílum ? Era superfina la otra para quien acababa 
de ver que una sola expresión de su maestro te- 
nia mas fuerza que todos los ministros y mili- 
tares encargados de su prendimiento. Pero en 
este Evangelio aparece menos reprehensible la 
conducta de Pedro. £1 mismo Jesús le daba el 
exemplo de la repulsa, y abatimiento de las ar- 
mas que hablan destacado contra él los magis- 
trados competentes de Jerusalen. Aunque mo- 
mentánea, está fue una resistencia que confírma 
los derechos del hombre en sociedad : resisten- 
cia hecha» no por vana ostentación, sino para pro- 
vecho de las naciones cristianad : para que en 
ella tuviesen siempre los fíeles un escudo impe- 
netrable á los tiros de la opresión, un argumento 
incontestable contra las invenciones del despo- 
tismo, y sus adoradores. Ni por alarde, ni por 
vía de comprobante de su misión, necesitaba 
Jesús de este milagro. Su vida anterior estaba 
colmada de prodigios. Testificados muchos en 
el Evangelio, son muchos mas los no compre- 
hendidos en él, ^n tanto numero, que, si todos 
se hubiesen escrito por menor, no cabrian en el 
mundo los libros de su historia. Es' S.Juan 
quien asi lo escribe en la conclusión de su Evan- 
gelio. £1 haber pues obrado el Mesias un mila- 
gro para rechazar y postrar por tierra á los me- 
ros executores de su arresto, no pudo tener otra 
mira, que la de probar con su exemplo el dere- 
cho que todos tenemos para repeler al injusto 
agresor, qualquiera que este sea, para comb^tiv 
is fuerza con la íuerzsi. Como hombrt^) coxci<c> 

T 



206 

individuo de la nación judaica y empadronac 
en el censo imperial, gozaba de este derecho, 
podía usar de él, quando declaraba la facults 
que tenia ^e valerse de las legiones angelía 
que estaban al mando de su padre, quando ali 
cinado el pueblo con las imposturas de sus coi 
ductores, en vez de asistirle con su poder, y s 
tuerza, la prostituía a sus administradores. No s 
habria explicado de esta manera, si careciese d 
acción para resistir al injusto invasor. Recoi 
viniendo k Pedro don esta expresión, confes 
hallarse en aptitud de usar de este derecho, si qu 
siese, si no fuese necesario abstenerse de él pai 
el cumplimiento de las profecías. No hablarla e 
estos términos, si al acto repulsivo de la fuen 
armada y agresiva la faltase justicia intrinsec; 
Su poder era inseparable de la bondad y rectitu 
de la acción. Y quando esta le era posible, ii 
faliblemente llevaba también con sigo el caracú 
de justa y buena. Quando al sonido de su ve 
experimentan los asombrosos efectos de ella h 
alguaciles y soldados que se le presentan en ' 
huerto, entonces fue que reduxo á practica 
derecho que tenia como hombre y ciudadan 
¡ Excelente modelo de conducta para un cri 
tiano instruido en sus derechos, para un catolxi 
enemigo de los falsos dogmas poUticos de la te 
logia feudal ! ; Nueva lección para los que a 
el achaque de meros executores de Reales c 
denes injustas, pretenden evadir la pena de 
complicicad ministerial 1 No es solo Elias quii 
se burla de este pretexto. Otro mejor profc 
ha dado testimonio de la nulidad de este efbg 
en h capital de Judéia, iX caiao ^odra usar 
del derecho de la fuetia y3L«.\»^ «iv^w \»^ 



aminar las ordenen del magistrado ? Es 
:iÜable con este examen ocular el deber 
>ediencia ciega que exig^ el despotismo. 
s otro exemplo que contra esta ceguera 
el Mesías, tratando con autoridades do* 
is. 



$ XXXIV. 

la obediencia ciega otro caao de Jeetis con 
el Tetrarca de Gañlea. 

D galileo compareció el Mesias delante 
lonarca territorial. Pero libre de preo» 
»nes) ningún influxo tienen sobre su al- 
parato de la corte, laft apariebcias Re^as 
^rarca de Galilea. Postrarse á los 
pies de S. M. lisongeandole con el mas 
inte discurso ; alegar desde luego su ino- 
procurando defenderse de sus acusa-t 
implorar la Real clemencia en el caso 
.iderarse culpado, ó incapas de disolver 
nación : seria la conducta de qualquiera 
i infatuada. Pero este insigne Galileo, 
n sus principios, no comete ningún acto 
$za : no adula á su principe, ni le con- 
la palabra, por mas que este le interroga. ' 
aria quizá los textos de Salomón con que 
ebran la cabeza los oradores de la urania? 
a por saber que en la doctrina de estos 
eros era Herodes imagen, y ungido tufo, 
y ministro divinOf y su persona mVvcA'^L- 
rrada f ¿ Porque pues no le !*>cdtc^iT^^' 



S08 

te 

pendiendo á sus preguntas ? i Será menester . 
que vengan sus discípulos á enseñarle que la po* j 
testad del monarca de Galilea le ha sido comu* , 
nicada de lo alto ; y que el resistir á ella es ro- . 
sistir al orden divino, y sorberse su propria con* ^ 
denacion ? i Le eximirá por ventura de este reato l 
el alegar que S. M. le interroga . por curiosidad £ 
y con la esperanza de verle obrar un milagro? jj^ 
Asi lo interpretaban mis maestros ; y yo tam- » 
bien lo creia. Mas en esta misma interpreta* !^ 
cion se da por sentado que no ha de ser á ciegas í 
el obedecer, i Como certificarse de la curiosi* !| 
dad, ó necesidad del interrogóte, si no ha de ser ^ 
licito abrir los ojos para explorar el mandato de ¡, 
intcrrogacioni ó aserción. ¿ Podre yo saber sin '^ 
la vista de un lince, si es impertinente» ó discre- ^ 
tala pre. unta, sincera, 6 capciosa, fundada 6 j, 
infundada, prudente, ó malignante ? Toca reS' , 
ponder á. los que insistieren en su curiosa Ínter* , 
pretacion. ¿ No fueron sin duda peores que He* , 
rodes. los Fariseos, quando le tientan y preguD* i 
tan capciosamente á Jesús en el templo y fuera 
del templo ? ¿ Porqué pues asi como contestaba 
á unos prevaricadores sin unción, sin tronó, sin 
vicaria, ni carácter Real, no contestaba también 
á un rey curioso ? Si Herodes quiere un milagrO) 
¡ qué inconveniente podia haber en que se obrase 
á presencia suya ? i ó para que á. lo menos .se le 
dix^se lo que en la cima del templo contestó Je- 
sús al tentador que pretendía verle precipitarse 
de aquella altura, y caer ileso sobre la tierra? 
Era acaso mas digno de atención Satanás para 
Jesús que el monarca de Galilea, distrito de su 
nacimiento y vecindano^ \^^ox^^ V^e* merece 
aquel que le responda eu \wkUfi^^c^«c«^^^ 



ao9 

[e tentó ; y para este enmudece y no contesta i 
Dioguna de las inuchas preguntas que le hacia ? 
Herodes nunca le habia visto, ni le conocia 
dno por su fama. Deseaba verle de mucho ti- 
empo antes, y se alegró en alto grado quando le 
tío por la primera vez, esperando entonces ser 
testigo de su saber y milagros. No seria muy 
difícil el que á vista de ellos le hubiese reconoci- 
do por Mesias, ó á lo menos por un profeta su- 
perior k todos los demás. Sobre todo, es muy 
reparable que siendo ordenada esta comparecen- 
ña por el Magistrado Romano, faltase Jesús á 
su obediencia, desobedeciendo k una de las he- 
churas del imperio, y desairándole con su silen- 
cia. No fue la intención del préndente el que 
alli hiciese del mudo, i Qual pues seria la causa 
de su silencio ? £1 no ser juez competente en 
la suya el tetrarca de Galilea le obligó á, callar. 
Su causa era de estado. Sus enemigos le acu- 
saban de sedicioso, de impugnador de las con- 
tribuciones imperiales, de monarca inti*uso y de- 
clarado contra la autoridad del César. Desde la 
vez primera que compareció delante de Pilatos 
fue acusado de estos crímenes, que siendo todos 
de los llamados de alta traición contra el imperio, 
eran del conocimiento privativo de su tribunal en 
primera instancia. Herodes no tenia jurisdic- 
ción sobre ninguno de ellos, ni el gobernador 
Romano podia comunicársela. De su incompe* 
tencia estaba bien instruido este magistrado ;*' 
pero teniendo por calumniosa la acusación, que- 
ría preservar del ultimo suplicio al acusado, sin 
chocar de frente con los principales autores de 
la calumnia. A este fin adoptó el arbitrio de re- 
mitirlo á /a tetnrqmtí baso el pittmXo ^^t «^^ 

X 2 



/ 



galUéo. Coartadas «ataban de tal modo lai 
cultades judiciariaf del tetrarca, Sacerdote 
ministros hebreos, que ninguno de ellos p 
imponer pena capital. |, JSMU non Ucet inti 
cere quemquam^ contestaron k Pilatos las aul 
dades judaicas, quando este con el designio 
salvar al calumniado, les cedia el conocimi< 
de su causa. „ Según ¿a ley debe morir, de< 
ellos ; fiero a ño90tro9 no noa ea dado el co7 
nar á muerte á ningún hombre. Véase aqui uní 
los efectos del sistema colonial de la Judca. 
rodes era incompetente para conocer y proce 
en esta causa. Como tal, no interrogaba le{ 
mámente, ni el acusado estaba obligado k i 
ponder. Este es el fundamento de la tacitu 
dad de Jesús. Su porte hubiera sido otro, si 
biese de buscar efugios para evadir la pens 
que aspiraban sus acusadores ^ pero esta no 
la voluntad de su padre, y 61 para complir 
arcanos misteriosos debia beber hasta las he 
el cáliz de la pasión. Se burló Herodes de 
silencio, graduándole de fatuo, y devolvienc 
como tal al Presidente, i Se hubieran condüc 
de esta manera los reyes absolutos de nuei 
siglo, por mas que se precien de Cristian* 
Tolerarian ellos esta falta de obediencia ciega 
un subdito, aunque no tuviese contra si tan gra 
cargos? Demasiado vulgar es la respuesta 
muy freqüentes los exemplares de la Real s 
pormenores defectos. No son culpas leves 
nuestras monarquías absolutas la obstinada t 
turnídad de un vasallo, y su falta de prostei 
clon k los Reales pies de S. M. Jamaa pasa 
impunes, 6 Con la sola satisfacción impuesi 
Jesús. Tampoco se coiiteuXam^oTi^Vi^^\v^\n 



Sil 

[valilMf 8Í hubiese estado imbuido de los er* 
:S9 que yo estoy abjurando, i Pero como 
iguar la competencia 6 incompetencia de 
adiccion, si hubiésemos de obedecer ciega- 
ite quanto se nos ordena ? Veamos, si á lo 
IOS en la alcabala y tributo, de que habla en 
arta el Aposto!, puede tener lugar la obe» 
icia ciega. 



$ XXXV. 

ue no ea ciego el deber de laa contribuciones. 

>os Ycces había tratado Jesús de este punto, 
|ue otras tantas habia sido incitado á ello. Es- 
o en Cafarnaum con Pedro, preguntaron á este 
ipulo los colectores del didrachma, si su ma- 
3 no pagaba esta gavela ; y les contestó por la 
nativa. Habiéndolo entendido su maestro re- 
io á, Pedro para que le dixese de quien éxi- 
tos reyes de la tierra el tributo I si de sus 
i, ó de los extrangeros ? Respondiendo tXk 
V de los hijos del pais, y contra los forasteros, 
1X0 Jesús por conseqüencia el hallarse exen- 
lél impuesto los primeros, entre los quaíet 
>a comprehendida su persona y la de su disci- 
. Pero por evitar el escándalo, se proveyó 
inero por medio de un milagro, y pagó por si, 
r el discípulo. (Math. 17.) Esta es la le^ 
leí texto. Nada hay en ella de común con 
egocio espiritual de la misión del salvador, 
D el texto recae sobre una materia puraofieti» 



t» do estado; coya deciñoo no d^pcniw.da «k- 
gonaa,f óoii¿eplDáná|tteq%iáno de lDá.|viiidi^ 

abdalea) de U yiectka de loa ffffleidÉ liqml tiaai» 
po,)r deliíatoiMe de gqhícnkr ipift jtiégte i lefcamii 
en la PAleadná. No hay ooáaj^aSis.MÍv^ pféi 
aobaiflfir án gaatoe. No tey bméa qiwfiienMM 
ella aeaB mifea y faictífiBitM.ÁieK(ieQM]ieoe«i^ 
riasparaaafomeotóy conaervacioiw. Déedeqóe 
él homlireaflLreiimo eDfiociedadf aé íítí&gS k con- 
tribuir para U aobaiateiicim y inoqierfdad de elbf 
como requinto iodispenaiUe del contrato, j Fb« 
, ro ^uien es el que ha de U«ftr eata cootribitdfliii 
designar sus plazos, exí{ptíi^ y tomar la f nólte 
de su consumo ?^ Resuelu ^Mfc la qUéadon éa d 
desarrollo de las mtiíma» cáhSililéa déla a0¿b- 
dad. tiO qae k todos toca» por todoa debe «¡ro- 
barse. Cjmsdtuckmes, leyes, gdtt^^ 
efectos de la Toluiítad genenl, pM^ ibdd'áHi 
es del interés obmuD. De tgúd t^MWdesli' tt 
las cóñtribudoiies ; y es por esto que dtftUlni- 
ponerse, tantearse, y emplearse del inisino'ntodo. 
£llas ocupan un lugar i^tingüldo tn laá.cartes 
constitucioi^es ; y no pueden imponerse silio'piMr 
el cuerpo de Ik, nacif^ ó sus refireseütátes. A 
las propiedades sigue esta carga, porque sin cali* 
tribuclonés no puáen ser protegutas. Si pufie- 
sen vivir exteütos de gastos extraordfautfiqa los 
pueblos, seria iriuv sencilla esta materia. . Ptro 
siendo inevitables lab emergencias exttterdlnáii* 
as, no pueden dexar de contribuir tfúbsidioB ex- 
traordinarios Ibs proiúetarios, & qidenes toca su 
conocimiento y arreglo en la forma determimds 
en la Constitución. ^liváriés de eitta fiñmltadi 
seria atacar el derecho dé propiedad» y un ibdbjp 
de Ja lo/uaticia, 6 instAcmKte A» Vai^wi i siai i^fc 



£18 

i contríbucbn. No es de presumir que rehusé 
ste deber ningún ciudadano amante de sus inte- 
ssesy j los de la comunidad, estando previamen- 
\ instruido de sus urgencias. De la presunción 
ontraria parece haber dimanado el silencio de 
loyses sobre esto punto. Habló de lo que habia 
e contribuirse á ios ministros del culto, de lo que 
abia de consumirse en sacrificios, viudas, huer- 
inos, y peregrinos ; pero nada dixo de contribu- 
iones para la guefra, para la seguridad del pais, 
demás objetos de la administración nacional, 
las dexó al prudente arbitrio de las tribus ; en 
ujra historia no se encuentra otra novedad inju- 
íosa á este derecho, que la introducida por Sa- 
)mon, la misma que principalmente excijtó el 
Aotin de Israel contra su hijo, y la emancipación 
e los israelitas. Yo prescmdo de las contribü- 
iones que trae con sigo la conquista de los ex- 
rangeros. Por esta via sufrieron los hebreos 
uitos ataques en sus propiedades, quantas fueron 
is servidumbres que padecieron baxoel yugo de 
3S Gentiles. Por otra parte no era adaptable á 
SIS tribus el sistema de contribuciones concemi- 
ntes á extrangeros que trafican en ageno terri- 
Drio. A ellas era prohibido el trato y comruni- 
acion con semejante gente. No contribuía del 
leí mismo modo que los hijos del pais elextrange« 
o admitido á comerciar, y residir en él. Puede 
er que hubiese cierta clase de impuestos para 
98 forasteros, y transeúntes exclusivamente, y 
ue jamas se tasasen sobre las personas de los hi- 
os de la patria. Duro es el peso de las contri- 
luciones forzadas, pero es mas duro el de aque- 
las que se exigen de quien no es propietario, ni 
ene mas que six trabajo personal dt c^<&n\hvc 



S14 

Reducida la Judéa á Provincia Romana, y mas 
gravados los judios baxo este poder colonial, oo i 
tenian libertad de tasar á su arbitrio las oontriba- 
ciones. Eran forzados á pegar las que querían 
imponerles sus opresores, y no tenian acción pa* 
ra pedirles cuenta de ellas. Contiibuian al Cé- 
sar ; y los de Galilea, fuera de esta contribucioD 
imperial, habian de pasar por otra del resorte pa^ 
ticular del Tetrarca. Bien fuese en la demarca- 
ción de Herodes, ó en toda la Palestina, era d^ 
ble que el luxo, la codicia, ó profudon impusie- 
sen indistintamente otras gavelas, que en los de- 
roas reynos no recaian sino sobre extrangem 
transeúntes, ó tolerados en el pais. Grave cosa 
era para los hebreos propietarios el contribuir sin 
libertad ; pero mas grave aun para los jomalenM 
el exigirles capitaciones pecuniarias, 6 aervicioa 
personales, que apenas en otros rejmos se impo- 
nian á. individuos vagos, ó frasteros. Tributos y 
pechos de esta clase llevan consigo la triste al- 
ternativa de pag^r la moneda, ó doblegar la cer- 
viz & un trabajo personal ; cuya equivalencia tam- 
bién depende de la balanza y peso del despotis- 
mo. Un- pobre ganapán, á quien la inhumanidad 
de semejante impuesto arranca el producto dia- 
rio de sus tareas, ó una parte considerable de él, 
es un tributario de peor condición que los demás 
colonos. A todos era notoria la pobreza de Je- 
sús, y de Pedro, quando los exactores de los dos 
dracmas les cobraron esta pensión. Se hallaban 
entonces tan indigentes, que para satisfacerla fue 
necesario un prc^igio. Practicada esta dureza 
con extrangeros del pais, no seria tan intolerable, 
supuesto que no era inusitada entonces entre los 
reyes de ia tierra ; pero^kp^c^Aa. k Vjí^Vxy»^^» 



Sis 

íudea por aquellas mismas personas qu^e según el 
nstituto de su administración deben imitar los 
oficios paternos en el tratamiento de sus propios 
subditos, no podia sufrirse. Si per via de analo- 
logia podian decirse padres de ellos los adminis« 
tradores de la causa publica ; debian imitar en su 
caso la conducta paternal. Si los demás reyes de 
la tierra, preciándose de esta analogía, no exigían 
sino de los extrangeros semejante contribución, 
fue muy justo el reparo que opuso contra ella el 
Mesias. Pero como no habla venido al mundo k 
reformar abusos poliúcos, se allanó á la paga 
por evitar el escándalo, y le costó un milagro. 

Los que se empeñan en negociar con la Escri- 
tura, quieren que Jesús haya declai*ado en este 
lugar el privilegio de manos muertas para no pa- 
gar alcabala, ni otros impuestos. Suponen á es- 
te fin que las personas de este .fuero son las que 
se denominan en el texto hijos de los reyes de la 
tierra, y que las demás entran en el numero de 
los extraños, que deben ser pecheros y contribu- 
yentes. Pero quien supiere, que semejante pri- 
vilegio fue mero efecto de la liberalidad de loa 
emperadores convertidos á la fé, se reirá de la 
pretensión, se burlará de la nueva filiación exclur 
siva de individuos de una misma familia, se asom- 
brará de la osadia con que tales comentadores in- 
troducen un cisma en la adopción del salvador. 
Admirará igualmente la ignorancia del estado en 
que á la sazón se hallaba el discípulo que entre- 
gó los drachmas. Quiero decir, que, no siendo 
del orden sacerdotal, ni monge, ni frayle, ni orde- 
nado siquiera de primera tonsura, le faltaba la 
base de la pretendida exención, carecía del requi- 
sito nece^si^o p^iia ia nueva fibsKáou. K^ct^S^- 



S16 

se á, egto la doctrina con que el mismo Jesucristi 
dirimió el altercado que suscitaron sus dicipulo 
sobre preferencias. Que no siguiesen la pracd 
ca de ¡os reyes y principes de )a tierra, les dice 
Que se conduxesen de un modo contrario fue v 




Unage de prefei 
nemos el otro caso de contribuciones que refier 
el Evangelio. 

Abrumados los judios con el peso de la de 
minacion Romana suspiraban por un libertador, 
concibieron tenerle en la persona de Jesús d 
Nazareth, que en la opinión de ellos no podia se 
el Mesias verdadero, si ante todas cosas no lo 
sacaba de esta servidumbre. Los principales d 
la nación no eran los menos interesados en sacu 
dir el yugo, y restablecer el reyno de Israe 
Pero apegados á sus empleos y corruptelas, n 
pugnaban una reforma puramente religiosa, qu 
trasladando el sacerdocio, y las leyes del culti 
trasladase igualmente las dignidades, emoluroei 
tos y consideraciones, de que gozaban £1 d( 
sapego de Jesús á. todo lo mundano, su repuf 
nancia al poder temporal, que intentaban c( 
municarle las turbas p^ra mejor proporcionan 
el sacudimiento, desalentaban la esperanza c 
los magnates, fomentaban el odio que yá les b 
bia engendrado su doctrina por las invectivi 
que inciUia contra la inobservancia de los m\ 
importantes preceptos de vuestra ley, y les in 
piraban la idea' de difamarle, y perderle. £¡ 
tre las insidias que á este fin le preparan, tu^ 
lugar Ja capciosa consulta del tributo que exig 
eJ emperador. Diputaido* ^«c^ \fwj¡^^0K«i 



! 



' nops fariseos j herodianos, lo hicieron por nieo 
dio de un discurso alhagUeño, é insidioso, que 
terminaron preguntándole ¿ si era, ó no licito 
darle al Cesar el tributo ? (Marc. 13.) Kiguna 
coyuntura mas k proposito para responder con la 
ffistincion de hijos, y de extraños, como lo veri* 
&c6 en caphamaun. Ningún tiempo mas oportu- 
no que este para incluir á los seculares en la 
PAg£^9 y excluir de ella á, los eclesiásticos, como 
pretenden los modernos maestros de contribucio- 
nes. Si de semejante distinción no se valió Jesús 
para repeler la demanda del didracnma, ¿ Por- 
que la omite quando es consultado expresamente 
por los sacerdotes, y magistrados de su nación 
■obre este punto de derecho ? „ Dar al Cesar la 
que es del Cesar ^ y lo que es de Dios á Dios^ pa- 
rece una proposición contraria á la doctrina que 
adundó á Pedro en el caso de los dracmas. Allí 
k solas con él desaprueba la cobranza ; y aqui 
indistintamente comprehende k todos en su rea- 
puesta. Allá, es solamente por evitar el escán- 
dalo que se somete k pagar el tributo ; y acá no 
escrupuliza dar una contestación, que produci- 
ña escándalos en algún tiempo. „ Dar al Cesar 
lo que es del Cesar sin distinción alguna, es im- 
poner al estado eclesiástico una carga común con 
quantos viven en toda la extensión del imperio. 
Asi raciocinaba yo, suponiendo que el Mesias 
habia dictado aqui una nueva ley, por la qual 
quedaban autorizados todos los monarcas para, 
imponer y exigir contribuciones á su arbitrio, y 
los subditos perpetuamente obligados á pagarlas 
ún replica, ni examen, sin esperar cuenta y ra- 
zón de su destino ; en una palabra, sin abrir los 
•josy ni deslizarse un punto de la o'bdieiic.vdw <\&* 

U 



£18 

ga. Pero la verdad es que ni son contradictorio 
los textos^ ni el consultado perjudicó en nad 
los derechos de propiedad, 7 soberanía^ de lo 
pueblos. Aunque no era del Mesias restabk 
cer el reyno de Israel) ni librar á los israelita 
del yugo colonial de los Romanos, estaba si 
embargo penetrado de su injusticia y tiran» 
Miraba como un rasgo de ella el exirgir de lo 
hijos del pais una gavela que los demás reyes d 
la tierra no exigían sino de los forasteros ; per 
ni su titulo era de reformador político, ni par 
tales reformas se necesitaban héroes de su clase 
Evadirse de ellas era un deber suyo. Veremo 
como lo desempeñó. 

„ Dar al Cesar lo que es del Cesar^ y lo qu 
ea de Dioa á Dioa^ es un deber conocido desdi 
que los hombres tuvieron que dar, y que quitai 
que retener, y restituir. Es tan antigua como e 
hombre esta obligación. Dar al cesar lo que e 
del Cesar, vale tanto como decir „ Dar a caá 
uno lo que ea auyo. Este es el oficio de la vir 
tud de la justicia, uno de los preceptos del dere 
cho natural, y lo mismo que respondió Jesús i 
los que le interrogaban, si era licito darle a 
Cesar el tributo. Fue admirada de ellos esta res 
puesta, porque sin meterse á pronunciar sobn 
el derecho con que lo exigia el emperador, eva 
dio la trampa de sus enemigos, recordándoles ei 
general sus deberes para con vos, y sus seme 
jantes. De esta mcnera quedó en pie la desapro 
bacion del impuesto exigido en Cafamaum d< 
dos hijos pobres del pais, que sin propiedadei 
vivian de la providencia, trabajando por vuestn 
reyno espiritual con preferencia, y con la seguri 
áad de que tendrian todo lo d^maa^ como po] 



S19 

i5adidui*a. La qüestion de los herodianos y 
áñseos ofrecía un vasto campo de investigacio- 
nes políticas, agenas del ministerio de Jesús, y 
:uya discusión hubiera sido peligrosa en una co- 
onia tributaria del imperio Romano, y en tiempo 
le un emperador como Tiberio. Penetrando pues 
a insidiosa idea de sus enemigos, les reconviene 
lorja capciosidad de su tentativa, pidiéndoles 
il mismo tiempo una de las monedas que circula- 
tan, para examinarla. Reducido el examen á. 
nterrogarles i cuya era la efigie, é inscripción 
:on que estaba sellada la moneda \ no pudieron 
neíios de contestarle que eran del cesar. „ Dad^ 
íuesy al Casar lo gue es del cesar^ y lo que es de 
Otos a Diosf les dixo en seguida. Sus mismos 
snemígos admiraban la respuesta : „ et miraban" 
ur sufier eo. No la admirarían, si no hubiese 
ádo ingeniosa, y oportuna, i Que hubieran ' 
:ontestado en tales circunstancias aquellos mis« 
arables colonos, que, ó degradados con el peso 
le las cadenas creyesen justo quanto mandaba ei 
Cesar, ó intimidados por la fuerza de las armas 
Romanas, careciesen de libertad y valor para ex- 
plicar sus sentimientos ? Sin detenerse, ni pedir 
noneda para explorar su cuño* hubieran contés- 
:ado ser licito darle al Cesar el tributo tantas 
juantas veces lo pidiese. Esta seria la contes- 
acion común de todos los que hubiesen sido in- 
errogados en iguales circunstancias. Ella es la 
nisma que atribuyen indecorosamente al Mesías 
os que hacen profesión de lísongear con este 
exto las pasiones del despota que los prohija. 
Que tendrían que admirar los consultores, si 
sta hubiese sido la. respuesta de 3esvi%X "^q Vi 
híaJ y común, sino ¡o peregrino y Tíito^ ^^ Vi 
e excita h admiración. Yo con^^&o cja^ Vcv. 



S!0 

teiTogado en mis preocupaciones hubiera extiu- 
dt> ígMal Betatimiento en toa Fariseos y HerodU- 
ifoi, hg por Is ¿outettacíon ordinaria, sino pore' 
fimdammto sobK que la habría apoyado, alegan 
dolos PntveDtMOBf parabohs saloroonicaa. Et 
fenaS probable que en lu[;ar de admirad 
provocaría la risa, j burla. ; En que pui 
sbtio e] ingenio, 7 rareza de la contestación dtl 
Mesías ? En hsber penetrado d través de la nus 
reGnada simuIacioD los lazos de la consuiía, tnjl 
evadirlos coa la prontísima ocurrenria de qua- P 
tro conceptos ; cuyo delicado juego fue el mii i" 
Ctportuno y adeqnado & la qliescion, y al estudio I" 
con que observaba el consultado los limiies de 1^ 
BU miaioD. Nodones comunes del dominio de ' 
hs cosas por la marca del poseedor, ó del pro-, 
pietario, cuya efigie y i.ombre son las mejoreí 
notas de su pertenencia : iilea del sistema mo- 
aetario : meninríal de la moneda corriente en- 
tre los contribuyentes : reminiscencia del pre- 
cepto natural de dar k cada uno lo que es suyo. 
He aquí los pensamientos combinados que coo- 
currieron & la. contestación, y admiraron á los 
tentadores. Bastaba por si solo el primero & 
dar cretUto de agudo y perspicaz á qualquier 
otro individuo. Con tomar la monada y mos- 
trar en ella los signos imperialest habría sulida 
syrosainente del lance, deciendo : ,, Esta munc- 
da et del Citar, fiorque lleva nu imagen y «tt 
intcrilieion. „ Qwtnd» el la Jiide, /lide ¿o que et 
anyo. „ Dársela fiuet enlonces, no ea otra cosa 
9W1; doral Citar lo que et del Citar. Si se tr»- 
tase de dar i. Tibeiio lo suyo : ú hubiese ds 
•emplearse d^^iboto en utiUdád de tos coquibO' 



superflua, y pueril seria la eánsulUt) y 
lesta concordante en un todo, 
mos por otra paite advertir, que una con* ' 
1 vulgar y placentera al despotignvO) tal, 
mponen sus partidarios, no eximiría k Je- 
os lazos que le tendían en la consulta, 
contrario le hubiera acarreado mas pron- 
ámacion y ruina que le deseaban sus ene- 
Los Sacerdotes, y magistrados hebreos 
hacer la ultima prueba, para desengañar* 
amenté acerca del carácter de Jesús, ave- 
3 de una manera á su parecer decisivay si 
3 el libertador que esperaban para que* 
el yugo romano, y volver á su antigua 
1 civil. iJon este fín ensayaron cautelo* 
! la qüestion del tributo, y se la presenta- 
medio de emisarios idóneos. Está, por 
el decir con quanto secreto y precaución 
conducirse los Escribas y Fariseos pam^ 
ir entre sus opresores sus sentimientos 
iciones liberales. Pero fácil es presu- 
i sus conferencias previas á la consul- 
ontraxesen al siguiente discurso: *^£l 
? ¿08 Jiomanos (me figuro yo que di- 
da vez se noa hace mas inhofiortable, Ca» 
eceaitamos mas de un libertador tal como 
ó qualquiera de los Macabeosy y aun de 
íoder que el suyo* JVo son com/iarables 
iel imjierio Romano las fuerzas de los e» 
y babilonios^ ni su fiericia mtlititar^ ni su 
íoUtico» Si Jesús obra con la misma vir^'* 
MoyseSf es muy capaz de sacamos de nu- 
tual servidumbre. Pero si sus firodigioé 
'e otra viríudy comunicada, fior Bcclxcbub^ 
esficraremoM de él, nuestra libertad^ l>w 

ü 3 



eüa^yt¿rot€€$mr49laUnmku Mvy—parmelkt 
gtñ ¿€ m € i i 0l ' w w i &e diiigt httmrAfamtwie olM^ 
tÉMOfy €cm éi j» éníktuk fofa in iia m íii 9 y j fc f ri ii f 
áirieia neteMud éf iktmtéaraípmiék jianL^fm^ 
mUgtíy meryí^fuemeiéewUfn», Jemi^ se ée§mt 
tiende de to jf^ de m ^ » ifm éf ^t 'fw k É k. mkmm ^em 
tregado wde m me mie é mm deeiHmt^ y fñtietUm^ 
que mí rntrneen Merkumenie Ai Hfmmh^m juagan id 
cAMmo é nueetrm iudií^endenelB y Menmd» 2si 
íurkme fe mí enemüo deempoMm^ Mfdlagree. ú 

^^vJKVp^^V v^VflBv^W VVV^^^PW^ ^PViv4^vQpBSWvVF<^v^^Vvi^R^4VPtri^^^^V^4F vwVL 

ftarm eireeíeMetímitiUQ de ia'ntmm^ula'deJerm* 
eii éi deeafiareeié de eu vie$mf reámemti^. eamim 
veHédura, Em ea^kámaum kafiagtdo-eíeemee 4 
nueétroe epn9Qire% / y m» eete kéeko futreet^ifumi 
har la i^reelen envez de imfmgmofiíL r g Que km 
tieran pensado de Mayees he efirímidoe^ ^eniw 
gar de matar ai egifieio gue maUraiaife ai keiñreoi 
le hubieee atíxUiado een dineroj 6 tan otra varm 
ma» dura fiara el moUratamiento f / Que .ttírkm^ 
eü en vex de redargüir áJFaraonfier laree a rg a de 
trabajoe y fiírivacianee fue receté eontra etiee é 
coneeguencia de. la fir i mer a imtiameiím $ kubkee 
toneurridQ eo» elioe é trabajar en la^ otraedelti* 
radOieHfliendofialo9f y azetee de eue éotreetamé 
tee yeabee de Migada f JDfomeiado gravatke 
een eete eeneo$ todieia le eenekteramoenme onerom 
eo y kuaáUanie^iqaande fiar via deet^déaelaaae 
gúBige defiereanae. adeerMee$ fue futr.fidta de 
firefiíeééd vivende eu imk(fo fiereamlf ó gwatda 
he Mjoe delfiaie^etMtaeadoe eem ia^ueetae fue aa 
atrae reynae nareeaen alnaaeére^fieraanae emtmm 
Mae. Smnueaifa fcnufdatif^ -•• ímivoim^ii «w 



«d, no no9 e9 fiermitido reclamar^ ni fiedir cuente 
de «u inversión. Serian Uevaderasj &i te emfilea- 
Men en Aen^/icio de la Palestina^ Pero deatinadao 
á fonfentar el luxo de la aobervia Romasj las obs' 
eenidadeoj impiedad^ y sevicia de Tiberio^ á man^ 
tener nuestras mismas cadenas^ es á todas luces 
intolerable su fieso. Veamos fiues^ si es de la a- 
fírobacion de Jesús este rasgo de tiranta. Si lo o- 
probare^ no quedará razón alguna de dudar^ que 
no es nuestro libertador^ y que obra en nombre de 
JBeelzebubm Será segura su fierdicion^ como im* 
fíostor^ y pseudofirqfeta. Si lo desaprobare^ y á 
pesar de esto mirare con indiferencia nuestra es* 
elavitudj sin encardarse de nuestra emancipación^ 
y no tratare sino de reformas religiosas^ continu» 
ando sus inx*ectrvas y censuras contra nuestro pro*. 
ceder ; su misma respuesta nos prestará el medio 
de vengar nuestros resentimientos. Le acusare* 
mos de sedicioso^ de turbador de la Provincia^ y 
de los derechos imperiales á la exacción del tribu» 
to. ATos desharemos de éL como de un reo de IC' 
sa magestadf que incita á la rebelión^ desaproban- 
do claramente la paga del impuesto. Quedará 
removido el peligro que su doctrina moral y reH» 
giosa, sostenida de la credulidad del vulgoy ame* 
naza al sistema actual de nuestro cultOy á nuestros 
intereses y dignidades^ á nuestros usos y costum» 
bres tolerados en esta colonia Romana.*' 

A este modo, ú otro eauivalente pudo ser acor- 
dada la consulta. Los diputados para ella salu- 
daron á Jesús con un discurso preliminar, que 
aplaudía su veracidad, y rectitud, la Ubre impar- 
cialidad con que eseñaba, sin dexarse llevar de 
aparíencias, y reapetoB humanoS) aín «ce^c\ou ^t 
pciwotma. £a«sto mismo ae dex^^ma 'v^^m^ 



incUnadoB á exirgirle la desaprobación del ceo- '' 
so y á comprometerle cod ella k emprender -' 
la independencia y libertad de la nación. Ene -^ 
era el interés principal de ellos, el deseo prepoi- -^ 
derante de la Judea. ; Deseo santo, interés justo» ' 
y el único sentimiento noble que se trasluce de 7- 
parte de los que suscitaban la question del tríbn* ^ 
to I Decidida en obsequio del tirano, como qiw- ^ 
ren los amantes de la tirania, mas presto se bi- F 
bria alarmado contra Jesús la multitud, persoa- ^ 
dida de que quien tan servilmente se decidía por f 
el despotismo, era incapaz de obrar por virtud ' 
divina, y de ser libertador de sus compatriotas. '^ 
Propagada rápidamente la nqjticia de la decisk») .; 
muy pronto hubiera quedado sin séquito quien ^ 
magistralmente aprobaba la servidumbre, apro- ^ 
bando la prenda mas segura de ella. Sin nece- "^ 
sidad de concilios y cautelas para el prendimief»- 
to, hubiera sido anticipadamente entregado por 
las turbas k sus principales enemigos. 

La consulta no era de hecho, sino de dere- 
eho. No preguntaban sus promotores, si pagarí- 
an el tributo que se les demandaba. Consultar, si 
era, ó no licito pagar, era proponer la question 
del derecho con que se habia impuesto el tributo, 
y con que se exigia. Interrogar, si era licito dar 
á cada uno lo suyo, á Dios lo que es de Dios, y 
lo que es del Cesar al Cesar, hubiera sido una 
burla, ó puerilidad. Pero contrahida la pregun- 
ta al punto de derecho, nada tenia de pueril, y su- 
perfluo. Fue sin embargo insidiosa de parte de 
Jos proponentes. Ellos instruidos de la injusticia 
del tributo, debieron proceder con sinceridad, 
manifestando k Jesús ^\x^ %wl^^\B2«\lVai^^ 1 V^jas^ 
dolé su dirección y coiii^¿i^% V«^ \^^>x^ww ^ 



a dignidad poliüca. Una propuesta unce- 
biera merecido otra cont^^stacion ; pero un 
Itar capcioso no era acreedor sinoá una res- 
I evasiva^ que los admirase y confundiese. 

hizo en ella mención de la persona de Ti- 

Tampoco Ue varia su nombre la moneda 

ida, siempre que fuese de la acuñada en 

o de su antecesor. Bastaba el dictado de 

gravado en ella, para que fuese mas abstra- 
le Tiberio la contestación, para que jamas se 
:hase aprobado el torpe destino de las con* 
iones. No carecen de fundamento aque- 
ue, dándole otra figura al caso de la consul- 
ran en la palabra ceaar el poder y la fuerza 
iperio, & quien pertenecia la moneda. Po* 
porta yá, el disurrir acerca de esto : pero no 
poca importancia el considerar algo mas el 
> del Mesias en pedir la moneda para contea- 

d¡e será capaz de notar en la vida de este 
ador ninguna acción vana, 6 superflua. Re- 
sin embargo con esta tacha en la mala inte* 
:ia que le dan á este texto los defensores del 
* arbitrario. Para decidir de la injusticia) 
ticia de las contribuciones, de su honesti- 
) torpeza, de su moderación, ó exceso, de su 
i, ó mala administración, de su indebido ó 
o destino, jamas ha sido, necesario examinar 
amenté las inscripciones y bustos de la mo* 
corriente. LiOS derechos y deberes respec* 
k este ramo de economía nacional en nada 
iden de las letras y figuras del cinero cor* 
i. £1 ser, ó no licito pag^r un subsidio 
'de de su necesidad, ó' nuUdad) de «^ VskCAVv» 
cía, 6 utilidad, de la incompeteucva^^b cxASfc- 



1> 

I 



tS6 



1! 



petencia del poder que lo impone, de la 

I niidad, ó ilegitimidad de los colectores ; 

de imágenes, y caracteres monetarios. ? Y 

, puedo comprchender. Por mas que yo h 

, lado, no he podido hallar sino un solo c^so, 

[ ' estos accidentes influyen en la substancia á 

L ga. Quando el acreedor estipula de su 

' j! que le haya de satisfacer en dinero de tale 

i' cripciones, y figuras, tendrán ellas derecha 

i^ \ calificar de legal, 6 de ilegal la paga. £n 

si me consulta qualquiera de los contn 

acerca de la legitimidad, ó ilegitimidad d< 

tisfaccion pecuniaria, yo no podré contes) 

pedir, y examinar previamente la moneda 

rada para el caso. Aun esto no puede tei 

^ gar, sino quando el deudor, y acreedor nc 

!'. cen las letras y bustos de la moneda esti] 

; ;| y prometida en el contrato, ó quando esta 

I I ertos, ó dudosos acerca de su identidad, y < 

tud. De resto el caso es metafisico. Ahot 

¿ como componer esto con la previa petic 

Jesucristo para responder á la consulta del 

to ? Si para contestar si era, ó no licito el p: 

nada importaba la vista de la efigie, y letrer 

moneda corriente, ni el que tuviese sen: 

gravado, ¿ á que fin perder el tiempo en esi 

men ? porque entretenerse en cosas tan 

nificantes, y superfinas ? Es del cargo d 

trarios interpretes e] satisfacer á, este i 

Para los demás es suficiente decir que asi 

I* ! ' gia la respuesta evasiva que merecian lo 

I motores de la consulta. 

I Bien ciertos los judios de no haberse ap 

j- / por Jesús el tríbulo, sv^vxeii í^^s^w^'^ ^^ ^^v 

rencia'con mas catusiasmo o^e«cv\ft^. \ 



W 



V- 



X3S7 

; no haber querido admitir el cetro que le ofre- 
m en el desierto, todavia alborozados con la 
ilce idea de un redentor politico, no temieron 
lamarle rey de Israel á presencia de los Roma- 
>8, y del teniente del Cesar, quando por la ul- 
mo vez entró en Jerasalen* Reponer á, su esta- 
> primitivo la Constitución política de Moy- 
is era el objeto de esta aclamación. ¿ Y 
imo podrían los interesados en ella fiarse de 
aien no fuese capaz de arrostrar al despo« 
imo ? i Pondrían en él su confianza, si hu- 
iese contestado á la qüéstion del tributo como 
iponen los predicadores de la obediencia ciega? 
Seria apto para emanciparlos quien complacía 
sus opresores con la aprobación del tributo que 
debidamente les exigían. Jamas encargarían 
los la extinción de este gravamen al panegiris- 

de él, ni se comprometerían al restablecimien- 
I del reyno de Israel con una persona, que ate- 
mba sus fuerzas con la paga del impuesto, y 
unentaba las de su opresor. Seame ahora lici- 
• preguntar de paso i como pudo el presidente 
\ Judea tolerar en su capital la aclamación de 
\ un rey, que en el concepto de sus aclamadores 
ibia ser constitucional, y exterminador délos 
trechos imperiales sobre esta Provincia. Tres 
losofos del oriente, viniendo á Jerusalen mas 
: SO años antes de este acontecimiento, solicitan- 
» de buena fe á un reciennacido rey de los judi- 
, alarman á Heredes hasta el punto de regar á 
útxk Y su rastro de sangre inocente ; ¿ y el gri* 
de una multitud, que le proclama, no en la cu- 
, sino mayor ne 30 años, acreditado por el nu- 
sn profetico, y su virtud milagrosa, no turba á 

gefe Romano^ ze\oso de las prerTo^;aLÚv^<& ^^\ 
peradort Es muy sencilla la razoik d<& ^fe- 



1; 



MDcktf depende de fai Tartediá 4e^ cin 
{bit qtte ¥6f & eiiiiinerar. 

Aun no estaba reducida k colonia Re 
Jadea» quando Tinieron losipasos en I 
reeiennaddo réf. Reynabá en ella e 
Herodes eon mandó absoluto^ aunque at 
do al imperio. A la ticiaüud de los tic 
l«s disensiones de los hijos de Alexaodi 
ad &?or de Ma^w Antonio en el ultimo 
rato debia su engrandecimiento. Eti i 
de esta fabrica ka solido ser m^s sánguin 
dio & qualquiera peraotia que por su na 
pudiese disputurle la monarquía. Padres 
notí hijos» j otros parientes del mas a 
eft una fimóllia entronizaduban sidp mucl 
sacrifieados al furibundo deseo de reyns 
sivamente. Más atroz esta paáon en 
por la primera Tez han ocupado un t 
no era de sus mayoreis se ha ensaii^em 
en presuntos herederos de la dinastía qu 
liaba en su árttérior posesión La iñmors 
nuevo rey de Judea; el estar humeand< 
en la metropcA la sangre con que Augus 
bla arrogado el mando universal ; escru] 
lAetios la efusión de ella por los fetales 
nüentos de Roma ; el tolerarse, y qued 
néy quando áo se estimase como un ser 
riteno en tilles circunstancias, qualqui 
mamfefito exeeutado en las dependencia 
peito por una i'azon llamada de estado 
otras tantas premisas, que indujeron k 
i'idnt censequeneia tan funesta. Su at 
sus zélói pdr refuar sin sombra de co 
perdieron todas sus medidas en la favc 
jrmmú que le preB^tAisn V^cmw^^ 



il era la cñús que debia resultar de la súbita- 
a apATÍcion de aquellos tres orientales) cfie 
helaban por ver al recien nacido rey de los ju- 
98. Pero 30. años después de este aconteció 
Lento £ütaban los mas urgentes estímulos que 
bian producido la escena trágica de Belén. 
tro emperador menos ensangrentado que el 
imero llevábanlas riendas del imperio. Yk no 
ÜBtia el desmoralizado infanticida. Su sucesor 
taba reducido & una quarta parte de lo que él 
»seia ; las demás fueron en la remoción de Ar- 
lelao declaradas Provincia Romana ; y aquel no 
a mas que un Tetrarca moderado en cierto 
odo. £1 Gobernador Romano de todo el terri* 
rio convertido en Colonia, era hombre de otra 
oralf no carecía de ilustración, habia sido cate- 
aüco de Jurisprudencia en Huesca, estaba ins« 
iiido en la Religon, leyes, y costumbres de los 
idios. Aunque nada entendiese de k naturale- 
i, y economía dal imperio de la gracia que venia 
fundar el MesiaS) se hallaba convencido de que 
ida de esto paiticipaba de lo poltico, ni tenia 
nexion con las leyes, y estatutos de las nació- 
ss. Por razón de su empleo no podía ignorar 
conducta anterior de Jesús, ni el modo con que 
ibía frustrado en el desierto los conatos de la 
altitud empeñada en coronarle ; pero todo es- 
*era para él una iarsa puramente religiosa» 6 
dependiente de los negocios de estado. En su« 
a la opinión de este empleado con respecto á loa 
íbreos de su tiempo, era la misma que forma* 
a de elllos todos los Gentiles, que los miraban 
mo una gente ignorante, y supersticiosa, que 
fisanua demasiado tiempo en ceremomaa yanaa 
idMcu¿s&, Taies eran los iudicA ta t& cnc&e^- 

X 



S80 

to de Pílalos, de todos los Romanos, y del reato 
del mundo conocido. Sus Doctores, y Notables 
son censurados en el c. 7. del evangelista k 
Marcos por que habían pervertido la ley con Eli- 
sas glosas, y tradiciones humanas, porque adhe- 
ridos á la corteza de ella, 6. lo ceremonial y éx« 
trinseco, no cuidaban de la medula ; se desenten» 
diun de lo intrínseco, y aun prohibían por ra- 
zón del sábado los actos mas importantes de ca- 
ridad. Si en este estado se hallaban los sabio» 
de la nación, los Fariseos, i qual seria el de la 
gente vulgar ? Todo el ruido de ella en la entra- 
da de Jesús en su capital, todas sus aclamacio- 
nes, festejos y vivas eran para el Presidente, y loi 
suyos, piezas cómicas que en lugar de alarmar- 
los, les servían de entretenimiento. Por mas que 
le proclamasen rey de Israel- todos los judíos d» 
de Jerusalen^ era para los Romanos esta novedad 
tan insigniiicante y supersticiosa como otras mo- 
chas que aquellos prartícaban por la tolerancia 
del imperio. No eran de este temperamento loa 
días en que reyoando el primer Herodes se apa- 
recen en su corte tres desconocidos e^ttrangeroa 
solicitandu á un infante que ellos mismos apelli- 
daban rey de los judíos. Vuelvo á la materia del 
ii'ibutopara concluirla. 

Yo quiero fingir que dar al cesar lo que es del 
cesar hubiese sido nuevo precepto por el qual en 
conciencia fuesen obligados los tributarios de la 
Palestina á pagar el censo al emperador, sin dis- 
tinción alguna, sin murmurar, reclamar, ni con- 
tradecir. A esta fi ccion debe preceder otra, por 
la qual estuviese Jesu Cristo habilitado para dar 
leyes en un punto ageno de su misión. Si no fin- 
gimos este pennisQ \e^a\a»No^«w^iv>3^V«^ 



S81 

cto de jurisdicción el precepto de tributar cie- 
amente. De otra auerte, no podia hacer de Ic- 
islador entre una gente subordinada al impeiío 
lomanot y con tantas leyes tributarias, dictadas 
or el genio de la conquista, que hacian superfluo 
emejante permiso, y superHua la respuesta del 
iesias en los términos recibidos por la Teología 
el despotismo. Si tan claras y terminantes eran 
is ordenanzas de los conquistadores Romanos 
obre el tributo de paises conquistados, i que nc« 
efúidad tenia Jesús de dictar lo mismo que ellos 
tabian tantas veces dictado ? £n vez de malgas- 
ir tiempo en redundancias y superfluidades, de* 
io despedir á los portadores de la consulta, dici- 
ndoles que guardasen las leyes imperiales del 
ributo, y no perdiesen el tiempo en consultar lo 
[ae yá estaba decidido por ellas. Ningutia con* 
estación mas oportuna, si Jesucristo fuese del 
nismo dictamen de los que le atribuyen el patroci- 
no de la obediencia ciega en este caso. Sea en« 
tiorabuena tan ciega como ellos quieren ; pero di- 
gth en donde está la clausula del supuesto pre- 
cepto que le haga extensivo á todas las naciones ? 
Los sacerdotes, herodianos y fariseos fueron los 
que interrogaron, y recibieron la contestación. 
Pero, puesque ellos consultaron para si, y para to« 
da su gente; sean enhorabuena comprehendidos 
en la respuesta todos los judios, como dependien- 
tes entonces del imperio Romano, como colonos 
Boyos» sometidos á la ley del tributo, conseqüente 
i la usurpación, ó conquista. Quede también 
comprehendida su posteridad, mientras subsista 
baxo el mismo sistema colonial. Pero á los de- 
mas que no se h^Uaii en igual 8Ítuac\ou> c^m^ xC\ 
km judios, ni tributarios de Roma) i porcjd'& uvvsi- 



iolfia de ser transcendental semejante < 
I No se rebelaron contra ella todos h 
dependientes de ella, aboliendo su trü 
ie^es tributarias ? ^ Y quien es aqu< 
verdad los ha tildado de infractores de 
precepto evangélico concerniente k h 
cion del cesar ? i Muchos de los mi 
blos cristianos sublevados contra la c 
Romanat no han estado contribuf ende 
fueron Ubres, de unm manera contraria 
colonial con q«e contribuían los judíos 
de la consulta ? ^ Y quieti los luí tach 
de contraventores 4 ella I Mientras 1 
nnes f castellanos fueron gobernado! 
ekmahnente antea del reinado de la ca 
tfia ¿ pagaron por ventura tributo con: 
loa hebreÍDS, quando fae consultado c 
I No nos enseSa la historia de CastilL 
quando y& su constitución habia sido 
sos dos primeros monarcas Aústriac 
tuvieron bastante virtud sus cortes par 
subsidios que en la opinión de ellas^o 
sarios, ni útiles al procomunal del re 
quien jamas las ha censurado de transgi 
supuesto precepto del evangelio? Lueg 
go el deber de las contribuciones* í 
sociedad debe ser en este punto com 
sos derechos un argos vigilante y aCtiv 
Si no obstante esto quería el Apost 
comprehendidos en su carta tributaser 
tencia; su querer no podía pasar de i 
prudente para unos miserables impedí 
cudir la opresión, y por otra parte in 
ana táesL errónea contra \<m tiv^.%.Utrado 
Bate /fie el. partido que lorc^ 1«%\a * 



!B88 

im para evitar el escándalo. Este era el que 
t>ia a. Pablo aconsejar á los suyos en las espi- 
las circunstancias que le rodeaban. No cabe 

entre personas que han tenido la desgracia 
caer en manos mas fuertes por una via depre- 

toria, ó- por la -del poder arbitrario, y que no tie- 
n medios para romper sus prisiones. Termi- 
da la explicación del del c. 13. de la carta del 
MMitol á los Romanos recienconversos, resta ver 
mas que añade s. Pedro en la suya. 
Nada <^e de tributos este Aposto!, ni del 
nor humano, mientras no dirige su discurso á 
ráa personas. Exorta k la fraternidad, y á 
nrarse mutuamente. Recomienda el temor di- 
10 7 el honor al rey. Con lo qual dexa de ha- 
ir & los hombres libres, á quienes nada añade 
nuevo en estas ultimas palabras. Todo quan- 
dice, era tan antiguo como las sociedades. Te- 
9T á. Dios ; honrar al magistrado, era de todos 

1 pueblos morigerados, y regularmente consti- 
idos. Esto es lo que recuerda s. Pedro á sus 
Miemos educandos. Pero no es esta la practi- 
, ni la doctrina del despotismo feudal. Quie- 
n para si los despotas el tributo del honor, y del 
nor. Honores divinos, temor servil : he aqui 
bata y fundamento de sus tronos, labrados por 
barbara mano de los fuedos. De aqui es que 
tratamiento de vasalloéy sinónimo de esclavos . 
la Gramática feudal, es el único que reconocen 
tre sus subditos. Sería sospechado de rebe- 
n quien rehusase en nuestras monarquias abso- 
las el dictado de vataUo, Subrogarle el de sub- 
jo seria un insulto, i Y que seria, si en su lu- 
r se adoptase el de hermano^ enseñado v^c 
lyaeBffDAYÍdf j^J^ec cltvtiwr cor fiu% w, 

«3 



Siifc 

MUfierbiam 9Up.ér fratTt% huq»^ es laexpreúon M 
primero en ei q. 17. del DeuteroBomlo. Henub 
nos, no vasallos, les dice este legislador & los n^ 
yes, que son respecto de ellos todos los demás iot 
dividuos de la nación. Hermaiios, no .vasalleí^ 
XA subditos llamó David 4 sus soldados, todoi 
aquellos; que disputaban la adjudicación del botia 
touiado á sus enemigos en la batalla referida al 
principio. £1 tratamiento de hermanos es el re- 
comendado por Jesu Cristo en su£vangelio;-p6* 
ro ninguno mas repugnante á los devotos de con- 
tribuciones arbitrarias y ciegas, de los hemenagei 
del temor servil. Vuelvo á s. Pedro para coo- 
fesar el abuso que yo hacia de su carta en lapsi« 
te que se dirige á las personas de «ondicuon ler^ 
vil. 



§ XXXVI. 

Mala afilicacion de lo que eacribia S. Pedro á /o* 

esclavos. 

Después de haber hablado este Aposto! á la 

gente libre de su pequeño gremiofSe dirige á los 

esclavos, amonestándoles se sometiesen con toda 

suerte de temor á sus señores, aunque fuesen cÜs« 

colos. (i. Petr. 2) Individuos de esta misera* 

ble condición son los únicos, á quienes se acotH 

seja el someterse indistintamente á qualquiersc 

ñor, bien fuese equitativo, y justo, ó de malo f 

perverso natur&l : << etiam dUcoüs, Pero yo mifl 

por ignorancia, que de maWÁai ^cxvcGiodaba eai« 

texto á iM persona* \iVíte%, «\ lyifrV As» w ^t^^ew 

^fídra de ooe obc4ew««it«i«^^»Mfi*bW-— 



tunqtle fuesen malos. No contento con 
B acomodamiento indebio, suponía también 
5 el Apóstol ordenaba una obediencia tan obs-* 
"at mat hubiese de prestarse indistintamente á 
dqyter mandato, por injusto y pernicioso que 
ae. £q apoyo de esta suposición alegaba yo 
os . dos textos de s. Pablo, que, escribiendo á 
de Golosa^ y á Tito, encarga á los siervos, obe- 
BcaD en todo á sus señores. (^' Servi^ Qbedite 
T omnia donánia camaUbu9^ es la expresión á los 
oeeoses. Colos. 3.) '^ Servoé dommi9 sttia aub.- 
M esaty in omnióué placentesy non pontradicen- 
I es lo que amonesta en la otra carta. (Tit. 2.) 
[ueriia el Apóstol fiasen obedecidos los seña- 
», aunque mandasen cosas opuestas al derecho 
ural y divino ? i No sabría yá que primero ha- 
s de ser vos obedecido, que los hombres^ 
}ótdirc ofiorttt Deo magis^ guiam hommibus^ 
pondieron los Apostóles á los principes de los 
::erdotes, k los magistrados y ministros, que les 
ialMuí las funciones de su apostolado Contra 
expresa prohibición de estos obraron aquellos, 
{obedeciéndoles abiertamente. (Act. 5.) ¿Y 
ian después tan inconseqüentes en sus Epístolas^ 
no suponen los maestros de la obediencia cíe* 
? I S. Pedro, que exorta á los esclavos á so- 
terse in omni timore, ¿ habría por ventura olvi- 
lo la doctrina de su maestro, que les decía 
foiUe iimére eo«, gui occidunt corfiua I (Math. 

Por mas ilimitados que aparezcan en estas car- 
el temor servil, y la obediencia ; na puede de- 
le, fuese de la intencicH^de sus autores trastor- 
' el ordi^D de este deber, ni exigirlo eti masv^« 
i ittqncoi, y torpes, Un.aeñor de eac\«tma^»>¡vTk* 
díscolo, puede maiidar coaa&UcVCdA)! >b^^- 



nestas, dignas de ser obedecidas. Un señor eqoi* 
tativo y bueno paede mandar una injusticia^ que 
no debe ser c>bedeclda. En todo lo licito j hh 
nesto ha de ser entendida la generalidad de s. Fs- 
blo en sus palabras ^fier 0Mnia,.dn fmaúhu» : pQ^ 
que nadie tiene derecho para mandar otra coil| 
ni para ser obedecido en las ilícitas. No lo nie^ 
gan los patronos de la obediencia ciega ; pero ñ 
confesión es de pura teoría. Quando llegaviM 
á la practica, todo es perdido con solo darles d 
nombre 7 carácter de justas á las mayores injus- 
ticias. Se le quita entonces al siervo, y al sul^ 
dito la facultad de discernir entre lo buenO) y lo 
malo, entre lo injusto, y lo justo. Solo el qn^ 
manda, 6 sus aduladores son los que tamicen hm 
de pronunciar acerca de la injusticia, 6 justids 
del mandato. { Que podra pues esperarse de sa 
pronunciamiento ? Lo mismo acontece con k 
doctrina que exceptúa el deber de la obediencia, 
quando los que la exigen no son magistrados le« 
gitimos, sino intrusos, y usurpadores notorios. En 
las disertaciones especulativas, y abstractas de los 
doctores de la excepción no faltan reyes intrusos, 
y tiranos, que han Hilado á reynar por una ma- 
nifiesta usurpación. Pero quando venimos k fai 
practica, ellos mismos sostienen que no hay nin- 
guno. Entonces todos son legítimos, todos son 
ungidos, y vicarios tuyos, todos han derivado de 
las alturas el poder, y la fuerza con que reynan. 
Entonces no encontramos usurpación, y tiraida cd 
ninguno de ellos, por mas notoria que sea la ini- 
quidad, y violencia con que han empufiado el cetnA 
Adelante pues con las palabras de s. Pedro k fcM 
e^ciavos. En su misma cstta baUa tanta darí- 
dadf y jifftincic»^ pami>o cKsi)!&Qau&An^taBi\a.^Bfi 



•' libre, qne bastaba tener ojos en la cara, y leer 
ycL ellos todo el capitulo. Si yo me hubiese va- 
do de ellos oportunamente, hubiera visto la no- 
ible diferencia con que habla este Apóstol á los 
iervos, y no siervos : no confundiría el caso de 
ubditos libres, y sus respectivos superiores con 
i de esclavos, y sus correspondientes propieta- 
io8 : ni en la practica de mi confusión hubiera 
dHuado tantas veces del << etiam diacolis para re- 
iomendar la obediencia ciega de todo un pueblo 
m obsequio del poder arbitrario de un monarca 
ipresor. Muy distante yá de confundir en este 
D0XtD á la condición servil con el estado de las 
^moúas que se dicen libres en una monarquía 
iesjiiotíca, 6 que verdaderamente lo son en las 
HMttdcacionales, paso á examinar, si la miserable 
mn^ion de los esclavos fue aprobada por tos 
Apestóles ál exortaribs á una obediencia servil. 



5 XXXVII. 
Otro9 textOB relativos á los esclavos. 

No ha sido de la aprobación de los Apostóles 
k esclavitud. Ninguno de ellos podía aprobar 
m exceso contrario á. la naturaleza. S. Pedro y 
Tk Pablo se atemperaron & las circumstancias^sin- 
lieterse en reformas políticas que no eran de su 
si icio apostólico. Compelidos del mismo acci- 
dé nte que los indaxo á escribir sobre las potes- 
titles del siglo, exortaron á la obediencia servil k 
los esclavos inficionados de la opinión de los 
gt»9ÚcaBi Pero se abstuvieron de mezjd^v^^ «^^^ 



qtjestiones de estado, ni en disputas sobre el de» 
recho llamado de servidumbre. No ignorabaii 
quanto chocaba este establecimiento con la áif^ 
nidad natural del hombre. Sabían que en cali* 
dad de castigo temporal la permitiste en la lef 
de Moyses y como tal tu mismo la impusiste i 
la generación de Cam. Eran permitidos los e» 
clavos entre los hebreos redinúdos de la senri* 
dumbre de Egipto ; pero debían ser manumití* 
dos, quando hubiesen servido 6 años. Si k este 
plazo rehusaba el siervo la manumisión, quedabí 
perpetuamente sugeto á la condición servil, y en 
señal de esta perpetua esclavitud se le horadabí 
una oreja. (Deut. \5) \ Justa pena para quiei 
de este modo anteponía la servidumbre á la líber 
tad ! Quando Moyses la dictó, fundamento txm 
para la previsión del caso. La experiencia li 
había enseñado hasta que punto llegan ciertas al 
mas á, envilecerse con el peso de las cadenas 
Desde que dio principio á sus funciones de liberta 
dor, empezó también á sentir los efectos de est 
envilecimiento. Un día después de haber ven 
gado en Egipto el maltratamiento del hebreo, si 
acercó á pacificar otros dos conciudadanos suyo 
que estaban en riña ; pero estos en vez de darl 
gracias por su mediación, y por la justa vengan 
za del día anterior, le reconvienen descomedidí 
mente, y dan en cara con una, y otra accioi 
Muy de presumir es que ellos fueron los delate 
res del homicidio del egipcio, que hasta entonce 
parecía oculto, y sin testigos de vista. (Ex. 2 
He aquí las conseqüencias del habito serví 
Suyas son también las conjuraciones y mumii 
raciones que se suscitaron en el desierlo conti 
este legislador. iQ>^^ tomOmí ^\)£.<&^ ^ag^* V 



\ 



839 

e en lo sucesivo esclavos prefiriendo su es- 
itud ¿ la libertad ? £n todos tiempos se han 
letido estas baxezas. Pero desde que los 
:sores de la tiranía colocaron sus cadenas en- 
las bienaventuranzas y articules de la fé, 
ndaron las almas enervadas ; fue mas humi- 
té 80 degradación, y se hicieron adorar los 
.*ros de la servidumbre. Veneradas como re- 
osas las ligaduras del poder arbitrario, fue 
for su apego á. ellas, mayor la ruindad de los 
adenados, mas arduo el empeño de los liber- 
>re8« Veamos ahora qual fue tu conducta 
aquellos Señores que rehusaban, ó di ferian 
lanumision de sus siervos á su debido tiempo. 
'oéotroa no me habéis obedecido en dexar en su 
rtad á 'vuestros hermano» y amigos : les de- 
is por boca de Jeremias : fiues yo os fireven» 
que tengo decretada contra vosotros otra ¿i" 
tad que os ha de ser muy dura^ y penosa ; 
que la doy á la esfiada de la guerra^ á la 
tCj y hamhrcy fiara que os ajlijan^ y destruyan ; 
aré que se commuevan contra vosotros todos 
reynos de la tierra. (Jer, 34.) ; Conminación 
rible! 

>i qutuido tu mismo hablas jpermitido á tu 
;blo la adquisición de esclavos, fulminas tan- 
rayos contra la avaricia y dureza de sus po* 
dores ; i que deberán estos esperar en la ley 
Gracia \ i Podrían ignorar esta sentencia los 
ostoles \ i En que clausula del nuevo testa- 
nto hay siquiera un legado, ó lideicomiso de 
lavos k tus hijos, y herederoi, coherederos 
I christo? ^ó qual es la porción hereditaria 
i el divino testador hizo consistir en esta clase 
bienes ¿ ^' su ttiiima voluntad^ Wrm^'a^^ ^^ 



Hada con una sangre libertadora del hombre w 

vo del pecado, podía ser susceptiblis de clautol 

contrarias & su libertad natural» y civil ? i se 

posible que el mismo instrumento con que 1 

chancelada la escritura de nuestra esclavitud ' 

plritual, fuese también otorgado contra nu 

tros mas preciosos derechos naturales ? ¿ ó c 

la carta de nuestra libertad espiritual fuese 

multaneamente comprobante de nuestra mi 

dumbre servil ? ] Fuera de nosotros el in& 

trafico de nuestros semejantes ! ; Mil y mil p 

cías k la Nación Inglesa por que ha tomado i 

cargo la abolición de este comercio inhuroanc 

Que fuese igual el motivo que tuvieron los A( 

toles para exortar politicamente á los escla 

recienconvertidos, lo indica S. Pablo en su ; 

mera carta á Timoteo, quando le dice : ^ que 

dos loa que están baxo el yugo de la aervidunn 

consideren á sus Señores cama dignos de I 

suerte de honor ^ ájin de que el nombre de i 

y su doctrina no sean blcLsfemados^ 6 vilifien 

dos : y que los tjue tienen p^or amos á los erex 

tesy no los menosprecien so color de ser hemu 

suyos por lafe^ sino que les sirvan mejor pe 

mismo que son Jielesy amados de Dios j" y pon 

ellos cuidan de hacerles bien. (1. Timot. 6.) 

este modo se explicaba el Apóstol para de 

gsmar á los gnósticos, y conseguir el souej 

reposo que deseaba, quando á su mismo disc 

la encargaba se hiciesen plegarias, intercesio 

y ruegos por todos los hombres, por loa veji 

por todas las autoridades, para que él, y los ai 

pudiesen vivir una vida pacifica y tranquil] 

toda piedad, y castidad. (1. Timot. 3.) Pe 

mism» caufift. escribe i TvXsH tncwc^gysDAc^' 



1MA 

nestase á los micros creyentes^ se sometiesen k 
los principados) j potestades, obedeciesen & los 
magistrados, y estuviesen preparados para toda 
buena obnu (Tit. 3.) Toda esta precaución exi- 
gía la crisis peligrosa de aquel tiempo, para 
allanar el camino 6. la predicación evangélica. 

Aunque claramente no constase el motivo de 
estas amonestaciones políticas, una sola reflexión 
seria suficiente para colegirle, dando una ojeada 
aobre el estado en que se hallaba entonces la 
obediencia y subordinación de los subditos del 
imperio. Veremos, ú de su historia resulta, que 
todos ellos estaban necesitados de lecciones que 
los instruyesen en la teórica, y practica de estos 
deberes. Desde que Augusto por la fuerza de 
las armas se hizo arbitro de Roma, y de todas sus 
partes integrantes, estableció en toda la exten- 
úen de su mando un sistema de sumisión, pro- 
porcionado ÍL la tiranía que sufría la capital. 
Esta había sido reducida á la mas miserable es- 
clavitud. La ley y la razón eran holladas ; y na- 
die podía disputar con qnien se había apropiado 
k autoridad del senado y del pueblo por los filos 
de la espada. Nada había tan extravagante, que 
DO pudiese ser exigido por la insolencia de un 
conquistador, que tenia 30 legiones mercenarias 
pa^ra executar su voluntad. La sana parte del 
^pueblo que había escapado de las armas de Julio 
Cesar, ó había perecido con Hircío, Pansa, Bru- 
to, y Casio, 6 había sido destruida por el detesta- 
ble Triumvirato. £1 resto nada podía perder 
por ima resignación verbal de su voluntad, ó de 
su libertad ; para cuya defensa ni tenía vigor, bí 
corage. Los empleos estaban en manos de las 
hethuraa d^ imno i y el pueblo se comingA^ ^^ 

Y 



{¡ente, que, ó babia nacido en la esclavitud, y ci- 
taba habitaada & obedecer, á tle los que halúm 
quedado twxo el terror de la espada, que haUi 
conMimída á los defensores de su libertad. Lt 

-paa tan decantada en el imperio de Augusto, eí 
Betnejame á la que el diablo pei-mitia al mucblk 
cho energúmeno del Evangelio. (Marc. 9.) Que* 
daba como muerto, quando el maligno e&piril^ 

.dexaba de atormentarle de varios modos; pei$. 
esta paz lastimosa era seguida de nuevas af^tk 
cioaes mortales mas lastimeras. En un Iciai^ 
cafó la miserable Roma después de ser agiíadi 
y desangrada por sedicioi)ea, tumultos y guer- 

,raB, auciíadas por los aspirante» ala monarquií. 
Quedaba como muerta ; y no hallando en su des- 
fallecimiento un socorredor tal como el que cura 
al energúmeno, fue entregada k nuevos demonios, 



para ser atormentada, hasta que fue cnterameDbf « 
arruinada, i En donde est& pues la necesidÉfl^ 
de predicar obediencia k los que paciente meiiH^ 3 
sufrían éste durísimo yugo, no alivíiLdo, sinoagi¿'| 
vado por los sucesores de Augusto? Los RoidA' 
nos y demaa dependientes del imperio no ncced-' 
taban de maestros de auMmiento y paciencia, ú- 
no de oradores republicaoos, dé restauradores de 
su libertad primitiva, de Catoaai y Brutos. Pan 
una gente oprimid a^ que enellbiKlo de su cora- 
zón aspiraba 4 recuperar mi» derechos usurpadqii 
todo consejera de obediencia, temor, y subor^ 
-nación era odiosa, j Que friUo pues sacarían b» 
Apostóles, sí se hubiesen dedicada á predicaiiei' 
estos deberes como ílínútados y ciegos ? Por abOi 
tidos que estuviesen loa Rrananoajt'no podían 
rídar su antiguo eaplnndat f %l«ia> la magea 



abot 



"M 



M3 

poder y soberanía nacional. ¿ A que pues condu^ 
cían laa nociones comunes de potestad, repetidas 
en las cartas apostólicas ? ¿ De que servían de- 
beres encarecidos de sumisión, y tributo con un 
pueblo menesteroso de las harcngas de sus an- 
tiguos Tribunos ? ¿ Para que esbríbir obediencia 
y subordinación en colonias y Provincias obedi- 
entes, y subordinadas hasta lo sumo en los días 
de Caligula, Claudio, ó Nerón ? Suponer pues 
que hablaban con todos, ó sin una emergencia 
particular con el pequeño numero de sus neófi- 
tos, es suponer que los Apostóles malgastaban el 
tiempo en cosas superfluas, y aun perjudiciales 
& la propagación del Evangelio ; es suponerlos 
ignorantes del estado político del imperio, y mu- 
cho mas ignorantes de los limites de su comisión 
apostólica ; de tal suerte que sin discernimiento 
alg^o se aventurasen á meter su hoz en mies 
agena, mezclando asuntos de gobierno en su pre- 
dicación. Así los injuriaba yo en otro tiempo. 
Así contraxe la obligación de su desagravio. La 
acabaré de cumplir con otras observaciones. 



§ XXXVIII. 

^ concluye la explicación de loa Jíioatolea en sus 

dicursoa fioli ticos. 

Yo soy aquel que en mi ceguedad creía que 
era todo el pueblo Romano á quien s. Pablo 
escribía la carta de la obediencia, origen^ y fun- 
cíones áei poder. Ignoraba enlonces c^ol^ va^"^ 
y/a no comprebendm mas que un ivuTuevo cwtv 



simo de recienconversos prevenidos contra la 
autoridades del siglo. Yo no sabia que su pre 
vención no era efecto de su odio al despotismo 
sino de la disparidad de cultos. Quiero decir 
no se disponían k desobedecerlas como arbitra 
rias, y pésimas en su administración) sino come 
gentílicas tansola mente. No aborrecían su mal{ 
conducta política, sino su Relgion. i Qué reme- 
dio pues para una gente que no detesta la tiranía 
sino la persona del tirano» pero no como tal, siiu 
como profesor de otra creencia religiosa ? i Qui 
partido tomar con qualquiera otro pueblo descon 
tentó con sus gobernantes, no por defectos mora 
les, y políticos, sino por la falta de un ojo, d( 
un dedo, por su pequeña, ó muy larga estatura 
ó por otros vicios corporales que no sirven d 
obstáculo á las funciones de su oñcio ? Si Roma 
nos no imbuidos de la errónea opinión de lo 
gnósticos consultasen á s. Pedro, ó á s. Pabl 
sobre las medidas necesarias para recobrar su 
derechos usurpados ; á buen seguro que esto 
hubiesen contestado lo que ahora se lee en su 
cartas. En tal caso habrían imitado á su maes 
tro con una respuesta evasiva, 6 aconsejado caí 
telosaitiente lo «que dicta la Razón natural e 
obsequio de la alta dignidad del hombre opr 
mido por sus semejantes. Desafío no obstant 
á qualquiera que examine una y otra carta si 
preocupación, á que presente siquiera una sol 
palabra exclusiva del derecho de resistenci 
contra el poder arbitrario, contra sus providencii 
iniquas. Nada mas hallará, en estos textos qu 
regias generales acomodadas al caso que U 
dictó : reglas gencraXe^ c\vj^^^c«^ns3Kí ^\:k>s 
pertinente para cotí Vos \xí^n\^\)o»% V. ^s^i&m» 



246 

escribian, y rrfuy oportuna para el pueblo Ro» 
inano, ó para otras personas deseosas de romper 
las cadenas del despotismo. Excepciones, cuyo 
magisterio está radicado en la Notu raleza misma 
del hombre, se omiten por lo común, quando se 
escriben reglas generales. Es muy obvio el exem- 
pló de ésta practica en los ce. 9. del Génesis, 
y 20. del Éxodo. Ambos prohiben el homicidio, 
la efusión de sangre humana. Ninguno de 
ellos hace mérito de las excepciones de esta re- 
gla general prohibitoria, escritas en el mismo 
libro de la naturaleza. A este modo obraron los 
Apostóles en la general exortacion á sus novi- 
cios ; y no fue su animo alterar en una jota las 
excepciones inspiradas por el Derecho natural, y 
divino. De ellas usaron los pueblos de la era 
apostólica, y su posteridad, los sucesores de los 
Apostóles, los cristianos posteriores al silgo de 
Tertuliano. En una palabra, todo hombre no 
enervado, y embrutecido con las falsas glosas de 
la theologia feudal, halló siempre su salud en 
Us mismas excepciones. 

Del c. 15. de la propia carta de s. Pablo á 
los Romanos se deduce congetu raímente que 
este Apóstol evangelizó en España. Esta na- 
ción sin embargo fue de las primeras que se le- 
vantaron contra el César, negándole la obedien- 
cia y el tributo. Todavía imperaba Nerón, quan- 
do los Españoles se sublevaron contra las potes- 
tades del imperio. En la misma época se subs- 
traxeron de su dependencia, y sujeción las Gallas, 
Alemania, Siria, Egipto, y dos Provincias mas. 
Alentados al parecer con estas revoluciones los 
senadores, y vecinos óc Roma, Te%V&>afc\oTi^ '^ 
lesobedecieroú a] monstruo qac \o8i >ix«xv\iaíQí^* 

Y 2 



Al influxo de las commociones provinciales 
integridad de una parte del sen^idO) al con 
de una y otra circunstancia fue destruido e 
perador, no extra legem, como lo babiar 
sus predecesores, sino por la autoridad judi 
del estado. Con previo conocimiento de 
fue condenado á muerte por .aquel cuerpo 
seguía en esto la costumbre de sus mayore: 
ciada en Romulo. ,9 More majomm/óxce 1 
en sus Annales. (LÍb. 14. c. 48.) Pero N 
avisado de la sentencia, se anticipó la exec 
por mano de un esclavo, evadiendo asi 1 
verdugo, que le habria executado, estando 
disposición de los senadore» la fuerza y ] 
nacional. En la historia de los demás e 
radores se verán los exercitos deshaciei 
de muchos de los que ellos mismos hat 
y ni s. Juan, que sobrevivió k sus co 
ni otro alguno de sus immediatos suce 
reprueba este derecho de insurrección, i 
mezcla en negocios políticos. ¿ Pero qué 1 
ron los cristianos, y sus conductores e^piriti 
quando los barbaros del norte invadieron c 
perio Romano ? Volvieron la espalda al C 
le negaron la obediencia, y el tributo, se pus 
de parte de los invasores, considerándolos 
libertadores de la opresión que sufrían ba> 
potestades imperiales. Por fortuna suya no 
tia aun el corrompido interprete de las c 
apostólicas, de los proverbios y parábolas 
monicas. Sin ser acusados de impios, sá 
gos, é irrelí golosos obraron los ortodoxos c 
los cesares Romanos, porque todavía no h 
sido desquiciadas \a3 a\e^oT\^% ^^ ^Tk^xsi! 



nico que los motejaría de traidoresy y r«- 
is, conforme al lenguage de la tiraniai seria 
Bpota contra quien conspiraban por su liber- 
pero faltándole obispos, é Inquisidores que 
rudasen con excomuniones, y demás cen- 
\ eclesiásticas, no tenia paite la Religión en 
^spousmo imperial. Faltábale igualmente 
[ue calificar de im morales, y heréticos los 
Tsos de la Libertad, y á sus heroicos defen- 
. Sin obstáculo alguno de esta clase muda« 
le amo los insurgentes católicos. Su adhe* 
y auxilios fueron generosamente recompen- 
> por los muevos conquistadores ; cuya ge- 
údad sobresalió en fóvor de los gefes ecle- 
cos. Se mezclaron al fin en las cosas del 
Yáen decadencia el primitivo espíritu 
i cristiandad, decayó mas y mas con este 
so, con las riquezas, honores y privilegios 
lanos. Perdieron las costumbres su puré- 
imitiva. Desapareció la pobreza evang^U- 
y comenzó la siembra de las semillas del 
o poder. \ Oxalá no se hubiesen propagado 
en los siglos posteriores ! 
pesar del refinamiento, y progreso que ñie 
iriendo la falsa doctrina del poder, obe- 
:ia, y tributo, nunca lograron sus propaga- 
\ que viviesen perpetuamente en cadenas los 
los cristianos que fueron con ella deslum- 
)s. Siempre contraria á la dignidad, y na- 
eza del hombre, debia caer de quando ep 
do, á impulsos de la misma razón natural, 
iolencia del estado k que los nuevos Doctores 
cian la criatura racional, no podia ser per- 
mte. Debían ser allanadas laa lUieN^k&Aadxt^* 
'I despotismo por WQ 4tK ^q}X¿V!lo% e«£nü$cm!|k 



que la naturaleza ha concedido k todos los s( 
oprimidos por la fuerza exterior. £1 influxo 
las ideas quiméricas del poder seria mas, ó i 
nos duradero, conforme á la complexión de 
ilusos, al carácter, ó temple de sus almas. I 
al fin menos poderoso el arte que la natural< 
ha cedido á los nobles sentimentos de ella ; 
impulsos naturales han superado los obstací 
que le oponía la fuerza del despotismo; 
obra del fanatismo reí igiosopoli tico ha sido < 
plomada. Lo mismo acaecerá en lo suces 
por mas que los enamorados del poder arbitr 
se empeñen en afear, y degradar á tu image 
semejanza. Entretanto me será permitida < 
ficción para demostrar mas la iniquidad 
los que abusan del dicho de S. Pablo, y 
Pedro en lo político. Yo quiero suponer qu( 
su amonestación, tal qual la interpretan los n 
-cenarlos de lá tiranía, hubiesen sitio compre! 
didos todos los subditos de la dominación Rd 
na, los cristianos, y todos los hombres, 
embargo de esta suposición hipotética, qued 
siempre en salvo el derecho de las socieds 
para alterar, y corregir sus instituciones politi 
y el plan de su gobierno. Basta que recaig 
hipótesis sobre negocios de esta linea, para 
sea inconcusa esta facultad social. £n las tri 
de Israel existe la mejor prueba de este ase 
Yo sacaré de sus libros algunos exemplos d 
integridad de este derecho en cosas menos 
portantes que el gobierno y constitución, 
ellos se verá que á pesar de haber recibidt 
hombre de tu mano pav«t s\x servicio y utili 
Jos primeros dechados^Yia ^^\^o ^^\»:c«x« 
el Jos á su arbitrio a'm «pte^ ot^tsi v\x^%.' 
io has desaprobado^ 



S49 

Vos mismo, Señor, hicisteis dos tunicfts de 
eles, y con ellas cubristeis la desnudez de nues- 
os primeros padres. Si raciocinamos cómo los 
lodemos glosadores de Salomón y s. Pablo, di- 
$most)ue el vestirse de pieles es de derecho divi- 
0, ^por consiguiente un atentado el abandonar 
sta vestidura, y tomar las de lino, cáñamo, al- 
odon, y seda. Pero si hemos de tener libertad 
ara el uso de esta ropa, i por que privarnos de 
Ua en lo mas importante á nuestro bien estar I 
i no obstante el modelo que tu mismo nos dis- 
s en la materia y forma del vestido que cortas- 
5, y cosiste para Adán y su muger, quedamos 
zpeditos para usar de otro corte, y de otra 
ila, i por que ligamos perpetuamente á las re« 
las de gobierno eventualmente escritas por unos 
üisioneros de la Jerusaíen celestial f i Son acaso 
uestros alimentos, nuestras armas,utensiUos, y ca- 
&s como las de nuestros primeros padres, como las 
e Noe, su Emilia, y de mas progenitores nues- 
os en las primeras edades del mundo ? y si el 
[> imitarlos en esto y demás necesario á nuestra 
ústencia, libertad, y bienes, es laudable, y li- 
ito, i Seriáis vos tan inconseqüiente, que en lo 
las interesante á la defensa y conservación de 
}tos derechos, nos vinculaseis á la practica de 
uestros abuelos esclavizados, ó menos ilustrados, 
libres, quitandanos la facultad de consultar otro 
erecho, que el que aparece escrito en las epis- 
>las de s. Pedro, y s. Pablo ? Los calafates y car- 
interos de ribera pudieron separarse de la plan- 
lia que por mano de Noe les dexaste para la fa- 
rica de naves ; i y nosotros, las naciones todas 
ehiai) ceñirse para siempre al sistema de obedi- 
cJa y poder, que atribuye k loa A.^^\.o\^^ ^ 



S60 

parüdo de la tiranía ? ¿ Importará mas al genero 
humano la diferente construcion de vaxeles, que] 
la libertad de mejorar de gobierno ? A losaN 
quitectos, y demás artífices accesorios de eatfi 
oficio, les ha sido permitido fabricar templos, ti- 
bernaculos, y ajuares correspondientes, sin adhe- 
rirse á lo prescripto en las obras de Moyses, Re- 
yes, Esdras, y Nehemiás ; ¿ y á los pueblos en 
materia de gobierno habia de serles prohibido el 
uso de su libertad ? Yá son generalmente cele- 
brados los Astrónomos, que profesan un sistema 
planetario inconciliable con el que dexaron de- 
clarado en sus escritos Josué, y Salomón. ¿ Y ht 1 
de ser reprehensible que las naciones cristianas j 
sigan otro sistema politico, que el que han su- 
plantado los tiranos con textos del mismo Salo- 
món, y con otros de s. Pedro y s. Pablo ? A loi 
médicos, que no observan en iguales hábitos mor- 
bosos el método curativo que este Apóstol pres- 
cribía á su discípulo Timoteo en el c. 5. de su 
1. Carta á este paciente, nadie los acusa de he- J 
regía, ningún Teólogo los censura, ni excomul- ¡ 
ga ; ¿ y han de ser condenados, y anatematíza- - 
dos los Filósofos que en sus métodos gubemati- i 
vos no recetan potestad, tributo, y subordinación |^ 
arreglados al recetario político que la theologia 
feudal imputa al mismo Apóstol en su carta á los 
Romanos ? 

La Iglesia en su disciplina ha usado del mis- 
mo derecho, que muchos eclesiásticos no quie- 
ren concederle al pueblo. Esta sola practica de- 
bería ser suficiente para no negarle lo que ellos 
se permiten, y aprueban. Yo no hablo sino de 
Ja disciplina externa, de \íls '^vaicxvi^'^, ^ ^>Rxd- 
cJos que Ja constituyen, ei\ ^^ c^^w ^wAs.'^ 



201 

os* Yo no trato de aquellas que se veneran 
o fundamentales en nuestra Religión, y como 
^adas de Jesucristo y sus A];>ostoles por el 
A de la tradición. Fielmente conservadas 
e nosotros, ellas no admiten alteración. Las 
las se han acomodado á la Índole de los tiem- 
al imperio de las circunstancias, k la vicisi- 
de las cosas humanas. Yo veo en lanaci- 
Iglesia una forma de gobierno tan popular, 
hasta las mugeres tenían derecho de sufra* 
en las asambleas. Democráticamente se tra- 
e suplir la falta del pérfido discípulo ; y por 
A de 120. votos, inclusas las personas del otro 
>, se verificó el suplemento, y quedó provista 
acante. (Act.'l.)Quando dexaron de concur- 
r sufragar en el congreso eclesiástico las mu- 
5S, todavía permaneció inalterable el sistema 
iblicano, hasta que se disolvió la comunidad 
>ienes. Mitigada entonces la democracia, em- 
6 la Aristocracia ; mas no por eso dexó de 
mas bien un gobierno mixto de estas dos cla- 
que una monarquía iniciada. Monarcas ah- 
itos no fueron conocidos en la Iglesia hasta los 
os de la feudalidad. Desapareció entonces 
:epublica, y dexó de ser mixto de aristocra- 
y democracia el gobierno subseqUíente á la 
lucíon de la comunidad de bienes^ Llegó 
r tan absoluta esta nueva monarquía feudal, 
se absorvia á todas las demás que habían re- 
ado de la introducción de feudos. \ Quanta 
rencia entonces entre unos monarcas de do- 
autorídad y el Presidente de la naciente Re» 
líca de la Iglesia ! i Quien osaría portarse 
ellos como se portó s. Pablo cou su i^vuvcl^e 
intioquia. CGa/at. 2.) De \aVgu?\d«A^ ^^^- 



tenüdaá tan recomendadas en el ( 
pasó al señfirio, y vasallaje, desde q 
unieron en Una sola persona el principa 
poral Y la vicaria de Jesiicríst 
tblea, ni sua auccsoics de la primera c 



Otro alguno de los 
•Ú mando aectdar, : 
tnejantes. Po 
tiano ae creia 
las cosas del sigli 




creyentes 
la opresión de si 
> el carácter áe ni 
< tnconctli&ble c 
El ingerirs 
consideraba estrechamente proliibido í todo hi 
Inc alistado en la fé de " 
era indebido, sino también condenado para losen 
tianos el uso de la espada civil, 
Opinaban que todos ellos habían sido átñt 
mados para siempre) quando Jesucí 
á Pedro envainar su espada, declarando c 
to que todos los suyos eran hijos de paz, j Ititi^'* 
ninguna persona enemigos. ,]***' 

A este modo se explicaba Tertuliano- (FiKj| ^^ 
pacis, nullius hosies, et christus exarmando PWs^^*' 
truBi, omnem christianum militem in se!trnn»Ji *" 
discinxit. Tert, Apolog.) Prosigue el mismo " -í»^' 
escntor diciendo — "Nosotros no podemos p*'|o^ 
lear para defender nuestros bienes, habiendo it™»*-- 
nuBciado en nuesti'o bautismo al mundo j tiyl'i'í^^ 
lo que hay en él : ni para adquirir honores, quu- fii ^ 
do nada mes extraño reputamos de nosotrosi}'»»- 
que los negocios públicos, «guando no reconocE-l-- ^ 
mos otra República, que la del mundo enterti ;r^ 
ni para salva; nuestras vidas, por que el perd<r-j(lS* 
las es una dicha para nosotros. (" Nobis omní')';»:*' 
glorix, et dignitatis ardore frigentibua, Stc. N« '*> ' 
a/ia res est mag'is twAiía aWttvi ojiitn publica ! ii*»* 
unun nobis rempabWcam KvasviaTO a^«iM5o«!ai\''P** 




SflS 

^isQide á los paganos de la persecución de los 
cíes, menos por que repugnasen estos morir, 
^ por eximer á sus perseguidores del reato de 
sangre inocente. Sus oraciones por los £m- 
itidores dimanaban del precepto de Jesucristo 
e Jes intimaba rogar por sus perseguidores. 
)venian también de otro motivo de convenien- 
temporal. Persuadidos los nuevos creyentes 
que quando se acabase el imperio Romano, se 
ia de acabar el mimdO) oraban por la dura- 
) de los emperadores, para que se prolongase 
el universo. Tanta era la disonancia que ha- 
an entre la dignidad del cristiano, y la pose- 
i de empleos seculares, que en el mismo tra- 
> apologético dice Tertuliano, que los Cesares 
ieran creido en Cristo, si ellos, ó no hubiesen 
í necesarios para el gobierno politico, o los 
tianos pudiesen ser Cesares. (Sed et Caesa- 
super christo credidissent, si, aut Cesares 
essent ssculo necessarij, aut christiani po- 
sent esse Caesares.) Las oraciones y lagri- 
i eran las únicas armas de los primeros chris- 
os. No oponían otras k sus perseguidores ; 
Ds oradores de la tiranía quieren que las na- 
les católicas de nuestro siglo se armen de otra 
lera contra sus opresores. Mas esta extre- 
ma mansedumbre no corresponde con la se- 
a de los principes cristianos, que se afanan 
esclavizar á los pueblos, 6 mantenerlos en la 
esion ; obrando de un modo opuesto al £van- 
Lo, y. desconforme á las máximas de humildad, 
siciencia, que pretenden sean el único patrimo- 
de los opnmidos, ellos se permiten todo lo 
trario. Freqüentemente las alegan para que 
w Jas practiquen ; pero ellos prarasvVdStcvvc^ 

Z 



como cosas de pura ceremonia. £11 
como si estaviesen exentos de su obseí 
como si esta fuese incompatible con e 
Real. En su conducta manifiestan 
mundof ó que el Evangelio tío obliga á 
cristianos^ ó que los déspotas, y conqi 
Ao son sino cristianos de solo nombre, 
que están obrando contra los consejos, 
tos de Jesucristo. Si á despecho de ei 
ücas fixamos la vista sobre los siglos p 
á Tertuliano ; si fojeamos la historia • 
empos subseqüentes á la irrupción de 
TOS : hallamos que aquellas máximas e 
mente temporales, acomodadas á las ci 
cias, y dirigidas en su origen á persi 
por estar especialmente consagradas á i 
orden de milicia, no podian armarse, si 
espada del espíritu para combatir c 
mente. Los demás cristianes, mientra 
eron mas armas que oraciones y lagrini 
tras á la letra observaban, como precep 
tos consejos evangélicos, sufrieron pacie 
el uitrage de su libertad. Pero sabi 
que por seeuir las banderas del cris 
ellos no perdian los derechos de homb: 
ron como tales ; y llavaron hasta tal pur 
fensa, que el valor cristiano presto vino 
&moso como el de los paganos. De a 
mos concluir, que, aunque, las cartas a] 
en lo político hubiesen sido tales, qual< 
pone el genio de la tiranía^ pudieron, y 
separarse de ellas los creyentes, quan< 
ron las circunstancias. Mas i como ej 
jnitadsís al cortísimo nximetci ^\w^\SQAdo 
empo de su fecha9 y atxt^^^ ^ ^w^ 



ües del poder y obediencia, sin perjuicio de 

cepciones naturales; nos encontramos aho- 

n un cumulo inmenso de extravagancias 

lamente firmadas con el sello de Ui Reli- 

Si los ministros de ella son incompetentes^ 

lies en ^^ualquiera otra cosa que no sea de 

resorte, i con que titulo han podido invo*' 

nombre de Jesucristo, y de su Iglesia para 

la hoz en mies agena, y pronunciar en lo 

o ? Yá está anunciada la razón de este 

; importa explicarla mas. 



$ XXXIX. 

de la fioteatad ecUaiaatica en lo /íolitieo. 

e es uno de los excesos, procedentes de los 
que pervierten la Razón, corrompen la vo« 
I, y hacen que el mas fuerte, el mas astuto, 
lo labre su fortuna á costa de la miseria y 
itud de sus semejantes. Reducida á solo 
re la probeza evangélica por la execrable 
-e del oro, no podia ser otro el fruto de es» 
uccion. Si la codicia es la raiz de todos 
lies, i para qué buscar otro origen al de- 

1 de los ministros del culto ? Apenas desa* 
o del gremio de la Religión la pobreza del 
^elio, quando aparecieron los abusos de los 
ctores. Ellos en todas partes, y en todos 
08 han sido consequencia necesaria del oro, 
a plata. Queriendo Moyses alexarlos de 
iBrqwa, prohibió á los reye& \a e.':LOt>Q\VsDL^ 
estos metales. Sus deudos en lAce^txsw^^ 



896 

nia les cerraron absolutamente las puerta: 
entras fueron pobres los Romanos, cons< 
la integridad y pureza de su disciplina, 
virtuosos republicanos, mientras que, co 
con su frugalidad prímitiva, abominaron < 
Se corrompieron, quanclo traspasaron los 
de la sobriedad. Abundaron entonces los 
nes, y empezó la decadencia de su liberta 

91 Nullum crimen^ abest, facinusque libic 

quo 
9, Paupertas Romana perit. 

Decia Juvenal. (Sat. ( 

Todos los vicios, y maldades se reunien 
de que desapareció la probeza Romana, 
tanto podra decirse de quantos posponen 
nesta mediocridad á la posesión de grande! 
zas. Si S. Pedro hubiese tenido plata y 
hubiera curado al coxo de nacimiento cor 
tud milagrosa de su palabra. ^^Le-vai 
andüj le dice, fiucs no tengo filata^ ni oro 
S.) Costumbres no solo diversas, sino co 
al Evangelio, á las de Cristo, y sus discip 
las^ deJ siglo de Tertuliano, y de otros pr< 
tes á la ruina del imperio Romano : meti 
las cosas del siglo aquellos mismos, á qui< 
taba prohibido el mezclarse en lo tempon 
reno : enriquecido y ansioso de adquirir 
mismo que 'todavía predicaba ^^ ai -vis fit 
ease^vade^et vende omnia^ (/ua fiossides^ et 
peribua : engreidos con rccom|)ensas pro» 
con designios mundanos y políticos: tocio ci 
contra la magestad del pueblo, contra la d 
del hombre^ contra su^ Á\:ttcN\oVvK\\.^c^^<yc\ 



9IST 

Mientra^ los Obispos de Roma no llegaron á un 
poder tan eminente, que á su arbitrio disponían 
de las coronas vacantes, se contentaban con au- 
uliar á sus poseedores con las falsas doctrinas 
que empezaban k frutifícar y con el rayo de la 
excomunión, que muy presto fue tan frequente 
Gomo escandaloso. Lo que al principio fue me- 
ra condescendencia con aquellos monarcas de 
quienes dependían, de quienes esperaban y 
recibían mercedes, y beneficios, fue después 
elevado k la clase de derecho pontificio: les 
zanjó el camino para dominar á la sucesión de 
sus dominadores. Con aquellas mismas ar- 
mas espirituales con que hablan auxiliado la 
ambición de estos: con los mismos principios 
absurdos de potestad, y jurisdicción, x:on que in- 
btuados los pueblos habian sucumbido á la tira- 
lúa ; con esos mismos lograron dar la ley á los 
sucesores del monarca, de quien ellos la habian 
recibido en otro tiempo. 

Inficionados del contagio feudal, reunieron en 
su persona el poder del cielo, y el poder de la 
tierra ; empuñaban la espada y el cayado ; confun- 
<üaii lo espiritual con lo temporal. No era posible 
que desasen de complicarse las funciones propias 
del Apostolado con ks otras que se le habian acu- 
mulado. Desde las primeras adquisiciones del si- 
glo ae habla empleado el sello de la Religión en 
marcarlas y distinguirlas. Nada era mas conse* 
<|lleiitB k esta practíca que marcar también con el 
niuno sello las ordezansas feudales, los despa- 
cho8« Y providencias fulminadas contra el verda- 
dero derecho de las naciíaies. Condensadas las 
tinieblas de Ja ignorancia, aubsequ^nle^^Va^c^^'a. 
del impeiio Roiasaxo^ creci6 e\ ibu^io d^ vxx.^tw- 

z2 



308 

dad, fte muUiplicarou los excesos de juris 
fueron mas numerosos los absurdos cont 
bertad de los pueblos. Documentos clare 
ta aserción se presentan en la historia c 
mas obscuro y tenebroso de la era cristia 
siglo décimo, siglo barbaix), 6 ignorante, 
ceguedad, é incultui*a. Antes, y despui 
se baila quanto es necesario para venir < 
cimiento del poder de la ignorancia, de 1 
dad del fanatismo, del imperio de la pi 
cion. Menos que hombres parecían brut 
tos habitaban la Europa desde el Tajo has 
ber. Sin una buma impericia de los de re 
hombre ¿ como se atrevería Estefano 3. 
bir, que los Franceses en ningún tiempo 
otro rey que no fuese de la dinastia de 
Esta prohibición fue uno de los ritos, con q 
Papa solemnizó la consagración de este 
ca ; y no contento con esto, declaró tam 
cursos en excomunión mayor á todos los 
ventores. Otra excomunión mavor ob 
Alexandro 3. Guillermo el conquistador 
todos los que resistiesen su conquista, 6 
tradixesen. i Y como fulminar tan iniq 
sura sin una ceguera gravisima acerca 
principios eternos de la libertad del hom 
Al engrandecimiento de la potestad t< 
del Papa contribuyeron mucho las falsa 
tales, que nacieron en el siglo 8. A une 
glo 9. en todo el décimo, y en la primer 
del undécimo se nutríeron con el pasto < 
norancia estos cañones apócrifos. Llega 
edad viril, y adquirieron mayor robuste 
curso de las cruzadas, ^sxíl Sxvn^iiwmv 
"^utondad eclesiástica, «a uYtvxaoVeiüc^xasí 



209 

ron eDtonces á su plenitud los excesos. Sobre 
los los principes y reyes cristianos exercia la 
ría Romana un despotismo conceleresco. To- 
i eran feudatarios suyos. Yo no sé como pudo 
¡tenerse tanto tiempo la liga de un poder insti- 
do para la libertad espiritual del hombre con 

poder arbitrario, y tiránico que despoja al 
ubre de su libertad civil. Quando yo veo k 
ms absteniéndose de mezclarse en la partición 

la herencia de dos hermanos, á pesar de la 
icillez del negocio, y de la instancia que le ha- 
uno de los interesados : (Luc. 13.) Quando 
contemplo huyendo de la multitud, y ocultan- 
se en el monte para no aceptar el nombramien- 
de rey ; (Joan. 6.) yo no puedo conciliar esta 
[iducta con la de sus ministros desde la orga- 
sacion del feudalismo. Quando exercen en to- 
su vigor el poderío feudal : quando parten no 
lamente herencias de particulares, sino también 
irnos, y principados de la tierra ; quando se ha- 
n legisladores de los monarcas cristianos en lo 
nporal, disponiendo á su beneplacitp de todas 

1 vacantes del trono por derecho de reversión : 
ando tan liberales con los reyes de su partido, 
i regalan lo ageno contra la voluntad de su due- 
> ; me parecen mas acreedores que los Fariseos 
las increpaciones, y censuras que recibían de 
sus 4 señaladamente aquella que refiere s. Mar- 
s en el c. 7. de su Evangelio. („ In vanum au' 
m me colunt, docentes doctrinas, et praecepta 
iminum. Relinqüentes enim mandatum Dei, 
netis traditionem hominum.) 

Pasó la época en que enseñoreados los Papas 
las coronas del orbe cristianOfixtaxidalbaxi sobre 
monarcas como hech\sjnA wj^ cqtba xt^nx- 



«ID 

tarios y vasallos de una conquisU feudal* 
sin haberse conocido posteriormente, otro qt 
pirase k renovar el siglo de Gregorio 7. q 
Papa Sixto 5. quando declaró incapax de stt« 
en la Corona de Franda & Henrique 4. rey e 
ees de Navarra, y quando privaba de la si 
la reyna Isabel de Inglaterra por medio de 
Bula, despachada en finvor de Felipe 2. qu 
biera tal vez surtido efectO|SÍ su armada bu 
abordado felizmente á las costas Británicas, 
ro subsistieron otros abusos degradantes* £i 
de disminuirse las invenciones tiránicas, bu 
mentándose su numero. Aparecieron ni 
exorbitancias del poder pontificio. A él p 
necia el dominio de toda la tierra, ó á lo men 
aquellas porciones habitadas de idolatras ; ; 
mo señor universal podía donarlas el Papa 
principes católicos de su devoción. La Irl 
fue cedida por Adriano 4. á Henrique 2. d< 
glaten*a : la África, y Asia fueron donadas 
Martino 5. Nicolás 5. Calixto 3. y Eugeni 
á los Portugueses : las islas canarias por Cleí 
te 6. & los reyes de España, que posteriom 
adquirieron las Americas por donación de A 
andró 6. Para complemento de la tiranía a| 
ció la Inquisición, que desviándose de su pi 
tivo instituto, también metió la mano en los d 
cios de gobierno para res^ravar las cadenas 
esclavitud. Los Aragonesesno resistieron su r 
blecimiento después de haber abolido su prii 
fundación en el reinado de Femando, y de Is 
No se atrevieron estos á restablecerla hasta 
decayendo la libertad de Aragón, y de Caí 
con el descubrimiento dt\a's\xv^Áa&^d.^c»^6 
bien el derecho do vesai^beuc^* ^^^^ ^ 



. «61 

stracion de la Eurojwi no quedaban inquisidores 
lo en España, sobrevino un acontecimiento, que 
ce ver hasta que punto llegaba en ellos el aba- 
de su poder en lo politico, y su ignorancia en 
i derechos del hombjre. Casi al mismo tiempo 
que las ultimas cortes de España declaraban 
I Cádiz á fines de 1810. la soberanía del pueblo, 
mo base de su nueva Constitución, los Obispos, 
inquisidores de México calificaban de hcreges, 
excomulgados k los que defendiesen este dog- 
a politico, 6 creyesen que el pueblo era sobera- 
I. Es un hecho notorio en todo el mundo. Yo 
be de él la primera noticia por un periódico de 
mdres. 

Sumergido yo en mis preocupaciones venera* 
en otro tiempo como oráculos las extravagan- 
is pronunciadas en negocios de estado por la 
cesión apostólica. Proposiciones condenadas 
T la Iglesia llamaba yo á sus errores políticos, 
eyendola tan infalible en este punto como en los 
le Jesucristo le habia ei\cai'gado. Mi defe- 
ncia era mas ciega, quando esos mismos erro- 
s se hablan firmado en concilio. Infalibles hu- 
irán sido también para nú unos d^retos ponti^ 
ios, ó conciliares sobre minetalogia, y castra- 
entacion. Me parecía que tu divino Espíritu 
estaba indistintamente su asistencia, bien fuese 
irocado para materias eclesiásticas, ó para quaU 
llera otra. Seguramente no pensaban como yo 
i padres del primer concilio de Nicea, que pa- 
reformar el calendario de la Iglesia, consultaron 
los Astrónomos griegos de Alexandria, y si- 
lieron su dictamen. t257 anos después de es- 
reforma es necesario hacer q\x2,\ ^ t,l P^.^^ 
egorio 13. se vaie de los mas ce\eVite^^^^.c^- 



«6S 

tativoB de la Europa ; cuya opinión fue h qae 
prevaleció como ley en este punto. Propoúao» i 
nes condenadas por la Iglesia en lo político vata } 



tanto como aforismos de Medicina sancionados 
sinodo general ecuménico. Lo mismo se di 
de qualquiera otra decisión suya que recayese toi 
bre la geografía, 6 cronología del nuevo y viejo 
testamento, sobre la estrategia, y táctica militar 
de los hebreos, rasgos de Medicina, 6 Física, y 
de otras artes que por incidencia se encuentmi 
en uno y otro libro. Ni en concilios, ni fuera de 
ellos tienen acerca de esto ninguna in&litñlidad 
los eclesiásticos. Tampoco la tiene el Papa por 
si solo en puntos de Religión. Por mas que el pard^ 
do ultramontano ha procurado atribuírsela» la críi- 
tianisima Francia ha sostenido lo contmrio con ttv 
gumentos ineluctables. Su clero, sus TeoiogOif 
los sabios de su Sorbona no han querido concede^ 
le lo que Jesucristo no concedió sino al gremio 'f 
de su Iglesia. Es notable en este articule el plan i^ 
de reconciliación y concordia que en obsequio de jj 
la Religión propuso á Pedro el grande la celebre F 
Universidad de Sorbona para que dexasen de ser • 
cismáticos \o\ estado» de la Rusia. ¿ Como pues \ 
pretender infalibilidad en lo civil quien carece de i 
ella en lo eclesiástico ? ¿ Con que titulo condenar | 
como heréticas, ó sapientes heresim proposicio- { 
nes de eterna verdad politica,comprobadas con los 
libros de la misma Religión ? ¿ Pero como pa« 
dieron los evangelizadores de la era feudal exce- 
derse del mandato apostólico, siendo tan claro, y 
terminante ? A fuerza de alegorias, y conceptos 
místicos absurdamente aplicados. Con el socor* 
ro de arbitrarias, y v\o\cnxa'&\xíX«T^t^^».w»ftatñ- 
vofaroQ de la verdad \o% Vmv^xo^'^- í^ ^« ^ 



iblas en que se h»lló envuolU la Earopa» 
da por las tribus barbaras del norleí pudie- 
m coDseguir su triunfo. Los menos igno^ 
Ueron inventores del fraude. Los menea 
tes eran tenidos por sabios entre los igno* 
ios. £1 saber escribir y leer era suficien* 
to para captarse esta opinión ; y poco mas 
para ser tenido por inspirado. Fingir co« 
aordinariaS) componer &bulas y romancesf 
nagogias de los textos mas sencillos de la 
ra» era un ayo de ciencia infusa para gen« 
istupida, y un objeto muy interesante á su 
lad. No lo duda quien conoce el placer 
i siempre vuela el vulgo en pos de lo ma- 
o, y raro, sin cuidar de lo verdaderoi y so* 
\nimado el talento de la ficción por una 
redulidad, llenó de legendarios fiíbuloios 
ntes, y todavía pretende insultar la verdad, 
ion las circunstancias que fiavorecieron la 
ira, y produxeron la ilusión. Confesaré 
\ de las alegorías con que yo andaba mas 
lo en el laberinto de mis preocupaciones, 
e las que condemen al abuso de la autori- 
Oder. 



§XL. 

s de la» liave9f y dos esfiadasf con otras 
incidtnciasm 

de las llaves del reyno esinritual del Me» 
: destinada en los siglos feudalea il \m^« 
onideUúemu Puede teckii&c{MVOifiQM 



SM 



r 



fueron hatüliüdae para abrir las puertas de eslE q 
mundo, Y del ote-o. En manos ambicioaa*' f m 
avaras eran llwrc& maestras cun que se afaiian lú. ■ 
puertas de las cuas, quintas, ciudades, y reym» p 
para opulencift de los claveros, y de sus predilecv -■ 
tos. De las mas seticillas figuras con que Jen» i 
se explicaba psra in!i<iirar en su auditorio lasaih ■ 
blimes ideas del objeto espiritual de su misioaí ■ 
abusó el eajúrítu del sig;la para cohonestar el en* ^ 
lace de lo celeaüal y terreno en una miEma pCM i 
9ona, y. darle & quanio se abriese, y cerrase an ■ 
la llave deestentundo el carácter de inviolable^ ■ 
sagrada. Pero veamos á que se conlrahe la alte ■ 
goría de las llaves. luquiria Jesús de aus diii 
cipuioa la opinión de ellos, y del resto déla 
gente acerca 4el hijo del hombre. Manifestó >■ 
Pedro la «tija, diciendole, que su maestro era 
Cristo, hijo de Oios vivo. Jesús le contesta s» 
bre la marcha, anunciándole, que do hablariade 
este modo sino por revelación de su padre celes- 
tial. Continuando sin interru]}cioD su discursea 
se sirve de la alegoria de un edifício, y del nojOf 
bre propio de este discipulo para signiücarle que 
él seria la piedra angular sobre la qual construi- 
ría su iglesia, y que las puertas del infierna no 
prevalecerían contra ella, Por una consequencia 
necesaría de este símil dcbian tener parte en él 
las llaves del edificio cspirimal de la iglesia. Y 
siendo esta obra del reyno de los cielos, al pro- 
meterle la facultad saMamcntal de allanar su en- 
trada en Él, le dice aPrnismo discípulo — „ Tibi 
dabo claves regui cceloi'um, „ Yo te daré la» llavrt 
delTcym delatciHoí. (Math. 16.) Nada t" 
aqai que no sea tlc\ otAtv» t^icilual. Si otra o 
hubiese, bien podvi* dfiráws \tftoe.í «&»*•- 



S6tf 

a pTomesay una vez que eli virtud de la po- 
tad de las llaves Pedro no exerció, ni aspiró 
ixercer mas que la del reyno espiritual. Pro- 
^r nominadliniente á este discipulo una cosa 
e no habia de verificarse sino en la sucesión 
otifícia muchos siglos después de la promesa, 
ia lo mismo que pronosticarle quedar reser- 
ia la colocación de la piedra angular del edifí» 
í para los tiempos de ignorancia y corrupción. 
to seria prometer en vano, y reservar para 
I herederos y sucesores las gracias y merce- 
s correspondientes al mérito personal de aquel 
ron distinguido* Resultaría de aqui haberse 
spendido la fundación de la iglesia hasta des- 
es de la ruina del imperio Romano. Resul- 
-ia por consiguiente, que no fueron fundadores 
i Apostóles y Jesucrísto« sino delineadores del 
m que halúa de servir de norma á los prelados 
: la edad feudal. 

Lo mismo resultaría de la mala aplicación del 
ntido metaforíco de las dos espadas, y del abu- 

de otros lugares de la escritura contra la li- 
;rtad de los pueblos. Hasta la época del feu- 
.lismo la espada habia servido á, los ascéticos 
ira denotar la actividad de la palabra. Espada 
:1 espirítu se llamaba algunas veces la divina 
labra ; otras era comparada con la espada de 
'S filos. Anunciando Jesús las diferencias que 

suscitarían entre los infieles, y fíeles, entre 
s incrédulos, y creyentes, entre los confesores, 
mártires, sus persíguidores y verdugos, dixo 
sus discípulos no haber venido á. traer paz, 
lo guerra; En lugar de esta diécion, usó de la 
z es;>ada, como einibolo de la discotd^wcv?^ A^ 
uioneih y de profesiones. YA cotii\^X<& ^^"¿v 

3 A 



a»- ^ ^' 



Itntl qaa resultaría de la divergenúa en Iil 
e cramÜQs contrapuestas, era la espada 
ftbú da ¿vidir los pueblos, las familia«t i'v 
uoi : capsda que separaría los cónyuges él 



( en culto, dirimiendo, 6 disoiviendA^ 
acto conjugal : espada que cortaría relaÓM 
e famUÍB entre los que repugnasen la vi 
el padre celestial, y los obscrranies de d 
■padB tm fin que substituiria entre estcw M 
inculos de parentela. En ninguna pute iam 
iscmura se usa de la palabra esfiada cm 
ígno de potestad jurisdiccional. Está adopul 
ntra k>t políticos para expresar las titncf^ 
itoiiovet, y exteriores del poder y de la ft 
nbUcB. Espada de la justicia, espada áe^ 
luerra ton los significados mciafuricos quoM 
acado la politica de las dos espadas del EvangJ 
¡o de 9. Lucas ; pero no las faa calificado diW 
mblemas del poder divino, y del poder twnMDftki' 
in b leñe del texto está mas patente el abtmL..^ 
otroducido en la edad de los feudos. Acábate Vr^^^ 
le cenar el Maestro con sus discípulos, quaodi ti ^^' 
iielve & tomar la palabrapara anunciarles It \ 
iroximidad de su pasión, anadiendo otras cosu «r 
ie su reyno espirítual, de la estabilidad y firma* «^ 
¡a de la ft de Pedro. Este protesta no «epaiun L 
le so maesti-o en ningún confiicto. Jesiu ll í, 
tronostica la imbecilidad con que le negarialK* L 
'cces antes del cante del gallo. Avisa á lodw k 
a necesidad de preverse para subsistir en un I, 
:riüs, en que Íes faltarla la quo antes les aobn- \ 
u. Lea encarece lo urgente de esta proñden- '^ 
da, dícienitoles, que quien tuviese surtido ff ', 
acó, JJevEise tamb\ti\ \a \»\fti-, -j íi¡i* v'-'"~ 
trecieae de cate a.axú'ini NCftSwí*. "i* x 





Mr 

amprase espada. Los Apostóles, entendiendo 

teríálmente la expresión, le contestaron que 

jestalmn ^s espadas. nBaata^ dixo Jesús 

seg^ttida, y partieron todos para el huerto. 

lie 38.) 

íííi jtfites, ni después de esta platíca, ni duran» 
41a, aparece siquiera un vestigio de potestad, 
xrptuando la "saoramental, exercida sobre el 
I Y lino de la cena. Del poder mundano, 
no ageop de <u oficio, nada tenia que decir 
aqiK^ ocasión. Por otra parte, simbolizar ' 
lutoridad espiritiml en unas espadas que ha- 
née comprarse am el precio de las camisas 
» á cate fin debian venderse, era indecente y 
aminoao, <^ á simonia, y envolvía quahdo 
DOS una tacita aprobacton -de este crimen, 
o el armarse de la virtud necesaria todos 
leXUm iffnt careciesen de dinero y provisiones 
i4pie vivirá guando Bpr el odbá su carrera, 
uDtdo por la peraecu<4P de su maestro les ha- 
B de cerrar las puertas, y no hallarían quien 
<£eae una ^fota de agua, ni una migaja de 
I9 era el partido nuis prudente en circunstan- 
a tales. Al crédito del maestro eran deudores 
discípulos de la consideración y provecho ^ue 
(ta entonces disfrutaban. Perdida la opinión 
. anaestro por la intriga de sus ríbales, nada 
áap que esperar los discípulos uno escarnio, 
repulsas. Ellos no eran comprehendidos en 
mandamiento de prisión ; pero siendo difama- 
el maestro con imputaciones de alta traición, 
antes tuviesen la ligereza de creerlas, eran 
^06 tantos acusadores de la presunta complici- 
éáe Job discípulos. Era pue^ wti ^Ooet ^^ 
estro prepamr sus ammos coa \&c^o\x^^ ^^ 



Vtlor j fortaleza de eapiñtu para sufrir 
Ugnacion lo (¡ue les esperaba por su ca' 
aquí la teapada que lea recomienda cd 
culo con tamo interés, que debían prefe 
sug tunicSB. Quiere que se desnuden de 
nes desordenadasi y que á cosía de 
adquieran las virtudes de que mas necesiiabí 
el por reiuT. Hcsiginacion í vuestras 
peraeTcraDcÍA en el bien, son dos espada! 
«bles, que ocurren k la imaginación del c 
plativo, quando cousidera la dura prueba 
donde habían de pasar los Apostóles, 
bastaban k la intención de Jesús en destilo 
bolleo ci»i que solia instruir k sus oTenies. 
fílese un pirata, ó bandido que hablase á U 
en semejante frase, todo el mundo com 
dena el sentido de ella, porque todo el 
sabe que estos robadores han vendi<|o oiuclia^ 
veces la ropa paia compar armas con que hnccr 
sus latrocinios, y vest!|p mejor con sus gat ' 
cías. Jesús no podia exoriar h aus discipulmij 
vender la camisa y comprar espada con queiirt- 
pojar de lo suyo á los caminantes, ó navegante». 
6 con que recuperar las cosas que hablan almi- 
donado por seguir su vocación. Muy verosinúl 
es,, que án concebir ellos el esptiiiu de la ex- 
presión de «u maestro, saliesen armados con Im 
espadas, á que era alusiva su respuesta, y que 
una de ellas fuese la que servio ¿ Pedro conin 
el dependiente del sumo sacerdote. Sobre toda 
^que potestad habia de cifrarse en semejante 
instrumento, que no pudiese llevarse í efécio 
por los Apostóles, y sus immediatos Bucesam 
705 mas dignos de eWa, ñ«%<^« &<^»k.«vdinu» 







M9l 

I, y remuneratoria de sus trabajos apos» 

• 

reflexionar nada acerca de estOt decía 
Lempo, qué el no estar aun organizado 
•no eclesiástico impedia el libre uso de 
padas* En ciertas palabras de Jesús k 
le parecía bien fundado mi pensamiento, 
trado Romano le hablaba de su reyno ; 
e contesta que si fuese su reyno de es- 
, su gente tomaría la defensa de su cau- 
iria para librarle de sus enemigos. ¡ Nu« 
oratoria, de los derechos del hombre 
tiranía ; ! Nueva aprobación del exer- 
e de ellos se había hecho por el ma- 
lu discípulo Pedro ei^ la hora del pren- 
! Pero i como es que tu divino hijo, que 
ima con tigo sobre todo lo criado^ niega 
seto» que su re3mo sea de este mundo ? 
ssta es obvia y concluyente contra nii 
rgumento. Jesucrbto sufría y hablaba 
como hombrcf no como Dios. Está- 
insas sus funciones regías, por que es* 
€nso el exercicio de su poder Dívíqo, 

tuviesen cumplimiento las Escrituras* 
suspensión resucitado; y volviendo á 
iento á la diestra de su eterno padre^ 
su reynado sobre el cíelo y la tierra en 
id. Antes de resucitar, y subir á los 
reyno era puramente espiritual, ún nin- 
ura de mundano : reyno de la Divina 
reyno de santificación, y sacramentos : 
gido dentro de cada criatura racional. 

21.) Este es el reinado de la Iglesia 
y de sus ministros sostítutos de Jesús 
ierra. El otro reinado uxCvv^t^ ^^ 
2 A 2 



preeminencia sobre todo lo criado, cu 
substituido. Este era el que se hallat 
8O9 quaudo compareció Jesús delante 
<^ JVunc autem regnum meum non 
(Joan. 18.) Este nunc era el asidero < 
creia justificada la exorbitancia del 1 
gubernativo, trazado, y planteado en 
lidad. " Venga á nos el tu reyn 
mos en la oración dominical. ¿ Y q 
ra, que este reyno es el de la Gracii 
ria ? Aun después de introducido en 
el imperio temporal, se conserva inalt 
formulario, compuesto ¿ instancia d( 
toles por el mismo Cristo para enseí 
rar. ¿ Por que pues estar todavia pidiei 
no futuro, si quedó yá organizado e 
pos florecientes del feudalismo ? Si d< 
ees desapareció el nutic de la cont< 
Jesús al i^residente Romano» ¿ para < 
en la plegaria de ese mismo reyno fun 
las ruinas del imperio Romano por los * 
Roma? Dexemos á cada reyno en s 
Contenganse dentro de los suyos las 
Abstengámonos por ahora de alegoría 
mos á confesar otro argumento que 
contra la soberanía del pueblo de otra 
de Jesucristo á Pilatos. 



«71 



$ XLI. 

le rtifuta la objeción tomada del c, 1 9. del evan» 
gelio des. Juan contra elfioder del fiueblo, 

^ NoD haberes potes tatcm adversus me ullam, 
isi tíbidatum esset desuper. ^^ Ainguna /lotea- 
uf tendrías contra miy si de lo alto no se te hubi^ 
te dado. Joan. 19.) Esto fue lo que le respondió 
esus á Pilatos, quando este le redarguye por su 
iencio) preguntándole si ignoraba tuviese ia- 
altad de condenarle, ó de absolverle. Y dé aquí 
educía yo que el pueblo carecía de soberanía ; 
aes la del Cesar, y la de su teniente en Jerusa- 
ínera derivada de lo alto, según el c. 19. de s. 
uan en su Evangelio. Superfluo parece repetir 
oDtra esta deducción, que Jesucristo siguiendo 
L estilo sublime de las meditaciones divinas, se 
Bxnite al origen primitivo de la autoridad, y poder, 
ín exclmr k su fuente inmediata, y visible. Si 
^ilatos interpretase como los teólogos feudatari- 
B) aspiraría á la indepnedencia del emperador ; 
legaría que su poder no era participado del que 
sercia el Cesar, sino emanado derechamente del 
lelo ; y lo hubiera arriesgado todo por su insana 
Uerpretacion. Pero este magistrado estaba muy 
;zos de ella. Sabia muy bien que su autoridad 
i venia del emperador, y era una parte de la que 
ste había obtenido de los Romanos que le 
abian admitido al imperio. No ignoraba que 
elo alto procedía la que exercian las legiones que 
abian sostenido á Octavió, y sostenían á su su- 
esor Tiberio. Ningún Filosofo Q riego, ningún 
'udadano Romano ignoraba esta Nti&a!^, To^^»» 



r 



sabían que de sus dioses derivaban quanto pMt- 
ian, como primeros manantiales de todas las os- q^ 
sas humanas ; pero ninguno de ellos era tan n^ ^^ 
ció, que negase la &cultad de las causas segí» 
das para comunicar lo que hablan recibido dd \\^ 
cielo. Cyro al libertar á los judíos de su cana» 
vidad, confesaba que tu le hablas dado todos hi 
reynos de la tierra. <^ Omnia regna terr€ dedü V^ 
mihi Dominus Deua cali. (Esdr. 1 .) ¿ Como poei ^ 
ignorarían este rasgo de Filofía natural los roma* ^. 
nos conquistadores de los mismos reynos quepo* [^ 
seia Cyro quando manumitía k los cautivos hebr^ i 
os ? Al auxilio de los Medos, y Persas debió ei* r 
te conquistador la dominación de Babilonia. P«* 
ro como del Dios y señor del cielo venia radical* 
mente el poder y la fuerza de aquellos auziS* 
ares suyos, hasta allá-se remontaba para recooo- iij 
cer y confesar en su origen primitivo la soben* : 
nia, y fortuna de las armas nacionales con que *= 
habla triunfado de los Br.bllonios. Mas instruido |:- 
que Ciro en este ramo de literatura el Presidente 
de Judea, oyó la contestación de Jesús como un 
dogma fílosfíco de universal notoriedad. Na^ I 
da vio en ella de exótico, ni de perjudicial & loi | 
derechos del hombre, ó á la soberanía de los 
pueblos. £n el concepto común la frase expre- 
siva de un poder magistraticio derivado de las 
alturas, jamas era exclusiva del pueblo» y del j 
hombre, canales legítimos y visibles del mismo ' 
poder comunicable k sus hechuras» de grado, 6 
por fuerza. 

Si el venir de lo alto toda autoridad bastase i 
prescindir de la mediación del pueblo, y del hom- 
bre, no habría magiat.raAo,i^\ waJoaWKroa o^e file- 
te, que no pudiese aspitav V\a^Nx^^«v^'sA^»»^^ 



X78 

ípunidad) raciocinando sobre este texto, y sus 
Enejantes' conforme á la moderna interpretación 
I ellos. Según ella resultariañ todos estos em- 
eados extentos de responsabilidad en este mun- 
^ y reservada para el otro la cuenta de su admi- 
itpacion. Discurriendo de la misma manera, se 
rian independientes, y no responsables sino á 
1S9 los padres, Amos, y maridos, tutores, y cura- 
»re8, mayordomos, y administradores públicos,^ 
privados. Todos ellos alegarían que la potes- 
d de sus respectivos oficios se derivaba de lo al- 
Nadie podra negarle el nombre, y carácter 
» potestad al derecho, ó facultad con que obra 
ida uno de ellos. Patria potestad, potestad do- 
ilmca, potestad marital, autoridad de tutores, 
aradores, &c. son expresiones tan generalmente 
scibidas, y tan convincentes, que seria demasia- 
a terquedad el insistir en la negativa. ^^ Toda 
oteatad -viene de Diosy dirían ellos con s. Pablo. 
SToéotroa tenemos una con <¡ue ejercemos nues' 
roé /unciones resfiectivas. Luego en ellas no de» 
iendemossino de Dios^ y á él solo debemos responder 
le nuestra conducta como tales fioderhabiÜIHtes su» 
fos. Siguiendo esta lógica, derivada del despotis- 
no, desde el mayoral de un cortijo hasta la pri- 
nera cabeza de familia en un estado, desde el 
Vlguacil de una Aldea hasta el gefe supremo de 
ma nación, quedarían tan independentes, y sobe- 
anos, como lo seria qualquier hombre en su esta- 
lo solitarío. Estas conséqüencias se derivan de 
as premisas absurdas que yo conservaba en otro 
iempo oomo reglas infalibles de Religión y go- 
tierno. Mas, á la simple lectura del nuevo y vie- 
o testamehta se presentan otros lu^ate^ cativ^"^x^- 
les coa el de ¡a respuesta de Jes\i% k YiNaXa^-^ ^^x 



<)ue sin perjuicio de las causas segundas i 
templa solamente el influxo- dé la primen 
tat^ algunos concordantes con los alegados \ 
cipio. 

Muchos son los textos de la Escritura» 
te reservas el derecho de las venganzas. 
€8t uUio : dixiste en el Levitico» n Q^i "^ 
ri vulij á Domino invenieí vmcUctem : i 
Eclesiástico, i Y acaso por esto se dirá proh 
vindicación de loa crljnenes ofensivos á la 
4kd, y sus miembros? Jo8ephaítbam<»ie8ia 
jueces de su reyoo» dicien^lefr*-!-» Non ei 
minis exercetis judiciumi sed Domini : e 
cimique judicaveriús,in yosTedundatát. (S 
19.) Valia esto tanto como dodr : h ^od 
viene de Dios, Y podra infericae de aqui 
^tendencia absoluta de estas luocca» y auf 
jantes i Tuyo era el poder jndidario qw 
cian, porque tu eres la fuente primitiva Jdel 
Pero siendo el pueblo por participación divii 
ente inmediata y visiUe de este atributo 
él toca la reúdencia de sus magistrados i 
munddik Ante él serán ellos reaponsableí 
mal juzgado y sentenciado : et g^uodcumgt 
eaveritiay tn vob redundaóit. Y por ultimo 
so serán residenciados en tu tribunal, 
advertencias del Apóstol & los de Elfeso, y 
sobre los deberes del esclavo y su señor, 
na memoria se hace del poder coercitivo d^ 
civil contra las £ütas y excesos de cada qw 
do el nervio de su amonestación consiste en 
tenian que esperar de vos. „ Bcientesyéii 
et illorum^ et vetter Dominus est in calísy i 
9QnaTum accefitidno% est ajiud cum\ ^^^ 
,, I?ad 6 loa «erwQ« |o ^ut e« de eqiddod 
rUi(dice en otra piirte ^ vds. y€issix^ ^« 



otro» ttnet8 aeñor en loa eieha, (Colos, 4.) 
siia estolidez afimiar, que al expresarse 
;ol en tales temiiiios> había eximido de la 
temporal á los señores, que abusasen del 
que tieniian sobre sus esclavos ? i No ad" 
ós enemigos- de la magestad del pueblo^ 
uniestros comentarios apojran la indepen* 
le k» Amos contra la autoridad de los 
principes* j reyes lisongeados con sus 

Santiago mas expresivo por los joma» 
randados dé su salario, los exorta á la pa« 
lasta la venida del señor ; y conmina se* 
i á loa ricos con la severidad de tus jui- 
esta defraudación. (Jacob. 5.) Y ¿ qui* 
a, que las leyes humanas proven en todas 
3 remedio contra esta injusticia ? i Por- 
s no dirige este Apóstol su palabra á los 
idos para que cHgan con preferencia laife 
is de los pobres mercenarios contra el ri- 
etario, que los defrauda de la paga de su 

I Ignoraria Santiago que antes del jui- 
irsal, ó particular de la otra vida hay otros 
;ra, y segunda instancia entre todos los 
ie la tierra para administar justicia al jor- 
l Nada sabría este Apóstol de los textos 
á la autoridad de los monarcas ? ¿ ó esta- 
ndo exceptuados de ella á los ricos, que 
6 defraudan el j:omal de sus sirvientes ? 
Hitos estaran nuestros interpretes para 
e, aunque ninguna mención hacen de los 
i, y reyes de la tierra los últimos textos 
>lo, y Santiago, no quedan sin embargo 
s en su mente, ni perjudicada en lo mas 
utoridad y poder. ¿ Porque ^xx-^^ xatk'var 
nea,y varios en donde núWkak^t t\\¡v»« 



¡ero 

blo la misma razón ? ¿ Porque tanto olvido de 
los textos que la exiben clariúmamente I £iá 
confesado el motivo ; pero ellos no respondena 
jamas. Yo confesaré de nueirO) que el estilo di 
Jesús para con el Lugarteniente del Cesar ca 
conseqüente al que ya habia usado otra vez» y cofr 
cordante con el recibido en varias paginas del a» 
tiguo testamento : estilo propio de quien no eits 
ba encargado de la enseñanza del arte aocials ] 
nada ofensivo & la soberanía de las naciones. Mt 
occurre en favor de ella otra prueba que vof i 
exponer con el c. 6. del Evangelio de S. Juul 



§ XLII. 

La aoberania del fiueblo en el r. 6. del. Evangd 

de S, Juan» 

m 

^^ Jesús autem cum cognovisset, quiá yentn 
essent) ut raperent eum, et facerent eum regei 
fugit iterum in montem ipse solus. ^^ Pero h 
viendo sabido Jeaua^ que ae firefiaraban fiara 9^ 
JirenderlOy y hacerlo rey^ huyó otra -vez al mot 
8in comjiañia. (Joan. 6.) Hacerlo rey era la'i 
terminación del gentío que le seguia. No po< 
ser hechura suya, si no recibía de su mano el ] 
der y la fuerza..,." JSí facerent eum rtgem. ^ P 
que huir, y esconderse á solas en el monte^ si 
tando yk estancada en el cielo la fabrica de re; 
por una virtud retroactiva de los feudos, eran ii 
tiles y vanos todos los esfuerzos de la multitu 
X)eniülidas por e\ podtt l^vAaX ^%\»& \cw^Yv«i(kc 
ras humanas, (e» U ^^v^wiu ^^ v^'í.^x^í^ 



currir á la fuga ? Si por defecto de auto- 
f poder eran nulas las funciones del pue- 
istituyente, i para qué evadirlas con el re* 
la soledad ? Estando k su arbitrio, ó & la 
id de su padre celestial el despacho de la 
lia estancada, ¿qué podian hacer unos con- 
listas destituidos de la materia de su con- 
lo ? Si en tu mano estaba, ó en las del Me- 
infundir, 6 retener la cantidad respectiva 
1er comunicable, ¿que harian las turbas, 
aradas como meros conductores en la fun- 
del rey ? Aqui me acomodo á la opinión 
ellos que, menos reñidos con la magestad 
eblo, le conceden las funciones de un canal 

en la emisión del poder. Es en esta opi- 
ne estaba por demás la fuga de Jesús ; si- 
n tal hipótesis mas decente y fácil suspen- 
infusión del poder ofrecido por la multi- 
le escaparse, y esconderse. Y si esta, ig- 
lo el sistema de nuestros interpretes, erra- 
la manufactura de su rey, ¿ porque Jesús 
lesengaña en el momento ? ¿ Por que no 
seña lo que ignoraban ? ¿ Porque no les 
a entonces obediencia, tributo, y sumisión 
>r del Cesar ? ¿ Porque omitir en la mejor o- 
idad el desarrollo de las parábolas, y prover- 
: Salomón ? i No habia un motivo aun mas 
e que el de las epístolas de s. Pedro, y s. 
\ I Porque pues no sacar de su error k 
\ gente \ Si el Cesar era tu imagen, tu vi- 
^ ungido en la vasta extensión del imperio, 
.ue tolerar, que los provinciales de la Pa- 

tomen medidas para sacudir el yugo im- 
\ I Porque no corregirlos c\\i2Ltido Ina^c^Xi 
y otroa movimientos insurrecc\oxffl\^% ^^^ 

2^B 



el deúf^iúo de poner & su frente un gefc que wr ' 
restituya & bu libertad i ; Es possible, que, ^oj'* 
dose proclimado rey, ó corifeo de una revolucii^^ 
urdida contra la inviolable y sagiada persona MJ* 
empertdor, nada diga, ni predique contra estes' ■ 
.ceso ! 1 Seria porque pensaba hacerlo por mnlí * 
"de sus dtseipulos, quando fuese menos urgentek L 
coreccíot^ 6 quando ya no existiesen mucho) A * 
los revoluciona ríos ? Que no fuese de su ¡ncmff '" 
bencta el magisterio político, es una verdad ; pen H 
tamlñen lo es, que por accidentes del momentob > 
exercio con Pedro, quando le pidieron Jos M •• 
dractnas. Que evadiese las discusiones politici^ '= 
qoando insidiosamente se le proponían, como ft > 
hizo en la consulta del tributo, y en el templi ■ 
quando Busmismoseueniigos querían comprofflf* c 
teHo & juzgar, y sentenciar una causa de aduK^ t; 
rio ; está bien. Pero que, quando de buena ftp¡ 
las turbas, estimuladas de su mérito personal, T }b 
del amor & la libertad, emprenden constituirto K 
rey, las dexe k obscuras en los principios del po- 
dcr,y soberanía; es una omisión, que no se suple 
'con las cartas que habían de escribirse despue» 
de su muenc, y resurrección. Decir que esW 
no era motivo suficiente para el desengaño dB 
aquella gente, vale tanto como decir, que fueit* 
imprudentes ios Apostóles, quando escribisrOB 
para desengañar á sus neófitos. Suponer quefM 
omiso, y negligente su maestro en tantas ocaútf" 
nes que se le presentaron para explicar materia 
importantes de gobierno, y de derecho, queda ps- 
ra los que trabajan por la esclavitud del genM 
humano. Confesemos pues que el portarse ff 
sas con los que preWndvMi \MíifttVi "^^^^¿^M 



BUf es una prueba de que ellos no se equiyoca- 
ti en el uso de sus derechos. Debemos ^ffpor 
r que los Apostóles ersD de este numero, y su 
inicMi de igual conformidad. Asi lo indica la 
cunstancia de no haberse Jesús acompañado de 
if^ui» de ellos .en su fuga. Si ellos procedie- 
I equivocados en su opinión, hubieran sido cor- 
l^idot por su maestro, ó se habrían retractado 
ella después que fueron iluminados por vues^ 
» espíritu. Sostener otra cosa, seria figurar & 

1118 ignorante de lo que enseña el sentido co- 

1119 6 menos instruido en política que los Doc- 
es de la ¿ra feudal. Voy á proponer una es- 
cie de prueba, que, aunque no es tomada de los 
ros de la Religión, concuerda con ellos, y per- 
lece á una nación que sufre mucho del poder 
3Ítrario, erigido sobre las falsas doctrinas que 
toy abjurando. Con el código mas completo 

sus antiguas leyes, y con ciertos hechos de su 
itma aumentaré comprobantes de la soberanía 
I pueblo. 



S XLIII. 

hgestod det pueblo en antiguas leyes de Esfiaña^ 
y en cierto» hechos de su historia. 

Tratándose de los emperadores en el titulo 
rimero de la Partida segunda, se alega la razón 
>r qué no les es dado el disponer á su arbitrio 
s la hacienda de sus subditos, y yt eiL^X\cdL «ci 
r términos siguientes-— ^ Cá maguer los Roma- 



S80 

no9dLnUguamente ganaron con su fu 
rit^el mundo^Jicieson emperador j é 
todo el fíoder^ é el señorío que 'habi 
gentes^ fiara mantener^ é defender den 
procomunal de todos^ con todo eso no; 
tendimiento de lofacec Señor de las c 
tmoy de manera que las /ludiese tomar 
tad, Aqui se halla declarada la s 
pueblo, sin disputa, ni contradicción. 
nádelas siete partidas se contro vertió 
Tan convencidos de esta verdad vivi 
ladores españoles de aquella edad, qi 
blaron de ella sino como de un supu 
evidente, que ni podia revocarse en i 
ponerse á controversia. No era pues 
propio de los Romanos el poder c 
ganaron el señorío del mundo. I 
también el poder, y señorío que otorj 
perador, quando le hicieron tal. , 
cosa era el poder y señorío de estos R 
sino la magestad, y soberanía del pu 
no ? La suma total de sus fuerzas j 
rales, el conjunto de sus talentos, f 
reunión de brazos fuertemente armac 
el poder y soberanía con que la Re 
mana se hizo señora del mundo. £ 
fundamentos de su elogio en la escr 
Macabeos : esta la magestad que ex< 
miración, y aprecio del pueblo hebn 
rar á su amistad, y alianza. Aunq 
de otras naciones no sea de tanta ma] 
cacia como el de Roma, pertenece : 
á la misma especie ; es soberano en 
resultsi de iguales pntvcAijfvo^ •• ^'ioóa 
bres, imagencB, y %eme\M\ta.% xx^i 



Mi 

altado de poder indiyidiiaU de tirtudes íntelec^ 
nales, y monüeSf de la fuerza de su cuerpo, y de 
m eai^ritu, que unida á otras muchas, llegan á 
in resumen conocido con el nombre de serra- 
na nacional, 6 convencional. Quando los espa- 
ioles formaban sus leyes de partida, gozaban del 
aercicio de esta soberanía, como individuos 
le la misma especie que los Romanos ; no esta- 
nn maniatados con la mala inteligencia de los 
Bxtos de S. Pablo, y Salomón ; y tenian sus de- 
■ethos expeditos. 

A los principes, duques, condes, marqueses, y 
ytros señores de feudos, y vasallos se dirigia la 1. 
19. t. I. part 3. para que se arreglasen & sus pri- 
rilegios, adquiridos de los emperadores y reyes ; 
roit tal que se abstuviesen de legitimar^ de hacer 
\ey^ y fuero nuevo sin otorgamiento del pueblo» 
Se respetaba la voluntad general de este, á pe- 
lar del gravamen de los feudos, y privilegios feu- 
dales. Superfino es advertir qual era la Religión 
^e entonces profesaba este pueblo, ni quanta la 
pericia de los compositores de las Partidas en el 
Derecho de los Romanos, y en las sagradas le- 
tras. Qualquiera que haya leido sus volúmenes, 
iebe estar cerciorado de estos hechos. Mas no 
podemos dexar de decir que no fue voluntario, 
lino forzado el otorgamiento del poder y señorio 
de la República en favor del emperador. No fue 
concedido, sino usurpado el poderío de Augusto. 
No por grado, sino por fuerza se apoderó del se* 
Qorio de Roma el primer emperador Romano. 
Unos guerreros que tanto hablan degenerado de 
lus mayores, fueron los que vendieron su patria» 
r étpu^s la subyog:aroii. Dé pane Aé V)% t;zKt« 
iftof «CAO que Octavio Irtut^ ^ratAfra^ «^^ 

2m9 



H 






«88 

pontaneo el otorgamiento del poder. Asi k id< 
quieren los usurpadores y conquistadores. Gqbi- 'pz 
prando, y ganando la tropa armada, recbes de je* 
ella la autoridad, y poder con que dominan á. ki » 
demás. Esta misma fuerza preponderante dd < 
gentío con que obran sus conquistas y usurpado* }." 
nes, es la que se finge ahora derivada de lo alto con 
una derivación, que no habia pasado siquiera por |t 
el sueño de las personas que labraron con su po- 
der la fortuna de Augusto. De parte de ellu b 
expresión de la ley de partida está conforme coa 
la historia de las guerras civiles de Roma. Foe L 
hechura suya el emperador. Ellas le otorgaron c 
el poder y señorío que tenian los Romanos sobre 
el mundo conocido. Mas por lo tocante al retto 
de ciudadanos, que suspiraban por la integridad 
de su República, el otorgamiento fue un acto de 
violencia, y tiranía. „ Omniumjura in se traxe» 
rae : es la frase con que se explica Tácito, ha- 
blando de Octavio, y de su usurpación. Nádale 
otorgó la sana parte del pueblo | 61 se lo tomó 
todo por la fuerza de las armas. Se arroga am* 
biciosamente con los filos de la espada los dere« 
chos de la República. ^' Omnium jura in se tra» 
xerat, (Tacit. Annal. lib. 1.) Su propia conve* 
niencia fue el objeto de la usurpación. Ni la 
gloria, ni el engraudcciraiento de su persona, y 
familia son los fines de la autoridad del gobierno. 
Mantener y defender derechamente el procomu- 
nal de todos, es la mira de su institución. Esta 
fue la que se propusieron los autores de la cita- 
da ley de partida, y que debieron ten«r por norte 
los creadores del emperador. 

Que ¿ la formación 4^ ^%\!& cmav^ de leyes 
asíuKiese España en t\ e^^ctciw ^ wx^í3wwm»í^ 



lo manifiesta el tenor de ellas^ y se ve com'pm- 
tMido en su historia. Libres entonces los Espa- 
íiolea del poder arbitrario de sus propios reyes» 
Libres en los 300 años que duró el gobierno de 
los Godos, y libres mientras el descubrimiento de 
bt America no proporcionó á sus monarcas aus* 
triacos la usurpación de los derechos del pueblo, 
exercian su libertad sin las trabas del capricho. 
Ninguna ley pasaba sin el otorgamiento esponta- 
neo y libre de sus representantes. No habia rey 
que no fuese obra suya, y responsable de su con- 
ducta á sus constituyentes. No se daban subsi* 
dios que no fuesen tasados por la nación, ó sus 
procuradores, ni falsificadores de potestad tan 
afiírtunados, que, defraudando al pueblo de la 
•uya, hiciesen pasar por legitima la que hoy por 
desgracia prevalece en la Península. Sus con- 
cilios de Toledo, sus cortes de Castilla, y Aragón 
fuer^m les teatros mas notables de sus funciones 
soberanas. A eUos tocaba el nombramiento de 
la persona que con el titulo de rey habia de exe- 
cutar sus leyes. Suyo era el tomarle cuenta de 
su administrucion, y castigar sus excesos ó sus 
faltas. Fueron electivos todos los monarcas 
Godos dentro de Jas dos familias, que servían de 
seminarios para esta elección. Con tanto escrú- 
pulo se guardaba la facultad electiva, que Suin- 
tUa por haber nombrado sucesor fue destrona- 
do. Excluidos de la sucesión sus hijos, fue pro- 
clamado Sisenando en su lug^r ; á quien el Con- 
cilio quarto de Toledo, para que no imitase el 
exemplo de su antecesor, le intimó que seria ex- 
comulgado y separado de Cristo, y de ios suyos, 
«iempre que presumiese reinar con insolencia^ 



y crueldad. 9) AVc elevetur cor ejua én et 
9Ujier fratrcB buos : habia dictado Moys 
•8te caso. (Deut. 17.) Wamba es de 
pero su deposición no procede de delito 
de esperarse que ddinquiese quien ¿ i: 
de Gedeon no quiere admitir la corona, 3 
ciso que la fuerasa le haga encargarse 
Reinó bien muchos años ; al cabo de le 
sus amigos, creyéndole difunto en un atac 
boso, le cortaron el cabello, y le vistiero 
bito mcttiacal conforme á la costumbre c 
po. Recobró la salud, pero quedó privs 
autoridad sin mas motivo que la rasura c 
beza, ignominiosa entre los Godos« Ac 
reinado de esta gente por la irrupción de 
ros, conservaron su independeucia los et 
refugiados en las montañas, y con ella el 
de constituir sus conductores, y des 
quando les pareciese bien. Froyla quan 
Licon y Asturias, fue depuesto, y cond 
muerte por su crueldad, quedando excl 
la sucesión todos sus hijos. Los castella 
hablan sacudido el yugo de su predccesc 
segundo el Leproso, nombraron en su k 
Magbtrados con el carácter de Juecet 
para las armas, el otro para la administr 
justícia. También se commo vieron cont 
Asturianos, resentidos de su orgullo, 
negligencia en llamarlos á Cortes ; y p 
auxilio k Don Alonso el Monge, que d 
ando á los suyos, después de haber n 
años, fue competido í ceder la corona á 
Biano D. Ramiro, y á volver á los claust; 
ro fastidiado del reüro^ ^\á^o te^i^umir el 
de los negocioB) y tjomb Vo^.^ ^xrDa& ^^^q 



lonario; el qual, sitiándole y prendiéndole en 
^eon, le sacó los ojos. Lo mismo hizo con los 
lijos del Leproso. D.Alfonso el sabio .parecia 
luen principe ; pero, dedicándose mas al estu- 
íió de la Astrologia, que al g^obiemo del reyno^ 
íie subrogado por D. Sancho el Bravo, quedan- 
lo excluidos sus nietos Alfonso y Fernando» hi- 
jos del primogénito Femando de la Cerda. Na- 
la de esto fue obra de uno solo, sino de la volun- 
tad general del pueblo. Suyas fueron también 
las cortes Generales de Avila, que juzgaron, y 
sentenciaron á Henrique quarto con pena de de- 
gradación, executuda solemnemente en su estatua. 
Sayo fue el nombramiento de su hermana Da. 
Isabpl para que reinase en su lugar con exclu- 
sión de su hija única la princesa Da. Juana. 

La constitución de los Aragoneses era mas 
excelente que la de Castilla. Bien decifpada» 
están sus ventajas en el formulario de la jura, é 
instalación de sus reyes. No era puramente 
teórica esta ceremonia constitucional. Era tan 
urgente y eficaz, que irritado contra ella un ge- 
nio despótico procuró borrarla del registro pu- 
blico con su propia sangre, extrayendo esta nueva 
tinta de una de sus manos, herida de intento 
para chancelaf con ella la constitución. *| Que 
necedad 1 ; como si de este modo pudiese que- 
dar borrada del corazón de todos ios hombres 
libres ! Entre gente habituada á la esclavitud 
por muchos años, menos que esto es suficiente 
para revocar una carta de libertad ; y mucho 
menosi quando sus cadenas están tocadas- por la, 
mano el fanatismo, y bendecidas con ritos reii- 
;>io5os. Entonces el nombre §o\o de\ vvc^wi ^^ 
uo talismán portentoso. Su apancvosv ^«tí^w ^'sx 



inodío ele los oradores de la absurda doc 
poáevj y de la obediencia ciega, es 
ttsima. Entonces los miserables i 
9ím los que rompen sus vepas, y con s 
sangre borran las letras de su libertad ; 
dicen, y queman ; conspiran contra sus 
dores, y ayudan al tirano para exteri 
Pero para unos hombres tales, como los 
Aragoneses, toda la sangre del monaróa 
es insignificante, é incapaz de intimidar 
constitución permanece tan indeleble c 
Talor. No hay otro rey que se atreva i 
rark, mientras no cambiaron su liberta^ 
0ro, y la plata del nuevo mundo. Hasta 
treóudades de su re]mo llegaba con vig 
piritu de su Constitución. Dependiente 
ees de la corona de Aragón los catalanes 
blevaron contra el rey D. Juan primero, 
ron nulo el juramento de fidelidad que I 
prestado, y erigieron en Cataluña una R 
independiente. Ellos habian recibido 
injusticias, cuya reparación solicitaron 
medios ordinarios ; pero desairada su s 
apelaron al de la insurrección, único re< 
semejantes casos. Reunidas las cor 
Aragón, y de Castilla, se amotinaron los 
neses contra el establecimiento inquisitoi 
taron al inquisidor principal ; y los dem 
paron con la fuga. Fue muy disonant 
pueblo libre el modo con que conocia y ] 
el nuevo tribunal, y la pena de confíscaci 
aqui nació su repugnancia, y pidieron s 
cion. Se desentendió de ella el monarc 
cedió el odio k \a repw^xvwacXai^ >j ^\ ^Vr 
gdUMB con que procedifctow «X\s» tcCvws 



í88y 

r del medio un juzgado, tolerable en sus prin- 
pios, pero intolerable en sus progresos. No 
ucho tiempo después se abrió el mercado, en 
nde Aragoneses, y castellanos habían de hacer 

Feria de su libertad. Largo seria el contar 
s pasos con que el poder arbitrario prevaleció 
I fin contra una y otra Constitución. Su ruina 
> fue obra del momento ; pero debe reconocer 
!>r agentes principales á las nuevas riquezas 
^cubiertas por Colon. Obra también fue de 
lias el restablecimiento de la inquisición ; y 
ita con la toga cooperaron al incremento, y 
erfeccion del despotismo iniciado por los reye!¿ 
itolicos. Este fue el mayorazgo que dexaron 
>s de la casa de Austria, tan radicado, que la. 
ación dividida y ensangrentada en la estólida 
uerra de sucesión, dio la mejor prueba del 
trido total de sus derechos. 

He aqui el estado en que se hallaba la España, 
uando otro ^acontecimiento extraordinario le 
brio el camino al restablecimiento de sus anti- 
;aas instituciones. Un motín contra el despota 
5 había servido de preludio ; pero dexando en 
»ie al despotismo, parecía contenta con el siste* 
da despótico, y solamente descontenta con sus 
espotas. No se mostró entonces enemiga de la 
irania, sino de los tiranos. No trató siquiera de 
ina reforma en su administración, cuyos vicios 
ebian producirle nuevos despotas, quiza peores 
ue los que acababa de destronar. Necesitaba de 
tro golpe y de otra oportunidad para pensar en 
onstituirse de nuevo, derrocando al despotismo. 
^e vino á las manos la ocasión, saliendo del 
eyno toda Ja iamiiia de sus dospOlaAi^\:\^^Tcv^- 
tpbras de otro despota mas amUcVo^ t^«i tí\o!*^ 



Obrando pctr b fuerza, y sin el voto general itf 
la nación, no podü tener buen éxito la num f 
dinastía que siipUntú, aunque fuese Ineio^d>l^- 
con el nuevo orden de cosas. £1 cuerpo nací» ic 
n«l ae alarmó ¡ pero nis primeros gritos de alatUB c 
y resistencia, todavis animado&del espií-iiu serñl) ii> 
no resonaban ■ido contra la tiranía extrangeit. lie 
no adraban inai t^ue á la restitución de iw íd- 
tir&nos domeuicoa. Olvidado enteramente Ü n 
laa reformas interiores, se contentaba con reu» u 
brarloB taleí, qualeí eran antes de su salida i. 
Pero prolongada la ínsuireccion pudieron pi'en* ie 
lecer las luces de la Filoüofia, en tamo grada <^ 
que revivieron, en quanto podia esperarse de Ul i 
Circunstanpifts, sus antiguos elementos constitu- d 
úonales. Su obra durú mientras estuvieron au- \í 
•entes los mas acenirnos enemigos de ella, aquel- '-4 
los que nacidos, ^nutridos en la i'egíon del poder ti 
arbitrano, lo miran como patrimonio su}'o, j ■( 
ellos mismos se ciccn ikidadcs destinadas i \t 
mandar sobre todos las demás hombres sin re- ie 
plica, ni contradicción. Restituidos al trono, > 
volvieron las cosas al estado servil en que u « 
hallaban antes de ta revolución, por unas vias t 
bien conocidas en los aúnales úe la tlrania. De > 
las raices conservadas en el tiempo de la refór- S 
ma, renacieron las falsas doctiinas del poder,,^ ' 
de la obediencia ciega ; y fueron ellas los agm- = 
tes primarios de la resuii'cccion del despotismo, ■ 
Un decreto vaciado por el molde de la tiranía ^ 
reforzada con tales errores, echó por tieit» < 
quanto h^ía redificado la liberta.il en el dis- ¡ 
curso de la revolución. Yo fui testigo del acon- 
teciioientOt y filt taiaVien ett^aJvido e.yi \a ijerpe- 



omitiendo hechos que alargarían de- 
mi confesión, 
do esto pasaba en España, se ajustaba en 
1 tratadO) en que reunidas las principalea 
18 de la {luropa* estipulaban entre otros 
5 el que la Suiza conservase como antea 
>enclencia y soberanía nacional. Una de 
ss contratantes era la casa de Austria» 
uien amotinados los suizos en el siglo de« 
ció hablan obtenido su emancipación y 
por medio de una guerra sangriéhta. 
emperador Austríaco no rehusa recono* 
uevamente independientes^ ni contradice 
ania de ellos. A consequencia de este 
renovaron aquellos pueblos el pacto fede- 
su Constitución, titulándose soberanos, 
i€z y nueve soberanos Cantones de Zurith^ 
Istc, es el inicio de su nueva acta federal» 
locratica y popular como la anterior. El 
España subscribe ¿ los tratados de PariSf 
cion alguna concerniente á la Suiza ; y 
nismo hecho reconoce su magostad, y so* 
Mas & pesar de esto,^ no desiste de tu 
ntra la nación española ; no se arrepiente 
ríe negado el carácter de soberana, que 
neamente tributa á los pueblos suizos ; no 
i de perseguir k los españoles defensores 
soberanía, ni enmienda en un ápice el de- 
I que condenó la que ellos hablan declara» 
pueblo, i Pero con que pena ? La de ul- 
uplicio es la que ha fulminado este 
a. contra todos los que osasen sostener 
10 que él ha sostenido por los suizos en 
i del tratado de París. A ixvi ^vo^o- 
a ^ue en él se dec)ace\^«^T^siSa^^ 

2 C 



«90 

un solo pueblo, para dexar asegur 
dos los demás, mientras no se pruel 
imágenes y semejanzas tuyas sus ir 
entras no conste que son de distin 
SUIZOS) ó que no descienden del pac 
genero humano. En el primer im 
Uó dé Madrid, obsequiando la con< 
minada contra el poder soberano de 
pañola, se alegaban los capítulos 8. 
^verbios, 6. de la Sabiduría, y 13 de 
Pablo k Romanos. Se permite al 
caso de acabarse su familia reinante 
trio de elegir otra, y nada mas. N< 
palabra de los casos de conquista,- 1 
remotos parentescos de pretendient 
ros que aspiren á suceder por dere 
no. En suma, este papel, y sus 
huyendo de un escollo, dan en otro 
A trueque de no someter k la vok 
del pueblo aquellos individuos de su 
temen hacerte depender de ella de 
zoso, y humillante. No citan siquic 
pío en que hayas rehusado acceder 
dad de los electores, sea quien fu< 
Aun es mayor su audacia, quando t< 
ratificar y sancionar elecciones invol 
mociones viciadas con el fraude, c 
con el asesinato, y viojencia. . Copnp 
y pasar por conquistas, usurpaciones 
pezas harto freqüentes en la histoi 
Clones» es abatirte hasta el punto di 
strumento infame de la ambición y < 
te lig^n los autores de la fábula á un 
jDeramente permmvo ; €VVi^ ^\«t« 
ía/ calidad tu concurso «vmxsXxaxv^ci^ 
mo acto de la elección os ^^«v 



S81 

de tu poder, y soberanía para transmitirla 
cto. Si hemos de llamar elección la faccio* 
icurrencia de todos aquellos que hacen 
lacer la malignidad de un tirano, tampoco 
» omitir en este caso la colación de tu poder^ 
genos que sean de tu bondad, y justicia loi 
de orgullo, avaricia y crueldad de un con» 
dor, exigen indispensablemente de ti ta 
xnacion por medio de la majestad, y póde- 
te estas obligado k conferirle. Sea quien 
el homicida, el intrigante» el usurpador fa» 
ido de la fortuna ; qualquiera que haya t>ido 
niño por donde haya ?enido á subyugar \t 
tud; compelido estás k coronar los excesos 

pasión, imprimiéndole el carácter Real, y 
ido de su persona un ministro, y vicario tu* 
Aleras, 6 no quieras. 

Lab monstruosa paradoxa resulta igualmente 
la la moral del Evangelio tan escrupulosa en 
ver hasta las ocasiones mas remotas de pe* 
que no quiere se conserve el ojo que escan- 
.re« Demasiados incentivos ha tenido siém* 
. mando para llevarse él corazón de los am- 
os. Sin la invención del carácter, y potestad 
evo orden, sobrados alicientes tiene la au* 
d para precipitar á los mortales. Llenas 
las historias de sangre, y horror por obtener 
imeras plazas de honor, y de usura, quando 
lo se habia soñado en la nueva soberanía. 
le ver como el hombre, destituido todavía 
e poderoso estimulo, abusaba de lo mas sa- 
para adquirir superioridad sobre sus séme* 

• I Que "O ^i*^ pues quando crea que la 
ra dignidad de un pueblo viene de lo alto^ 

caracteriza, divinamente a\ di^iávacna^ 



I A quedeMMrdenes no se entregará un ai 
para llegar k este puesto» desde que se ] 
que tu llegada le transforma en plenipo 
tuyO) en imagen» y ungido del Dios vivo i 
le contendrá en la carrera de sus apetit 
que se tenga por inviolable» y sagrado» 3 
ponsable de sus operaciones sino á sol 
la otra vida ? Convencido de que para s< 
terixado de una manera tan sublime y < 
yk voa no fixais la vista sino en el result 
empresa» i qual no ser& su empeño ei 
nar sus medidas» k fin de que el suceso co 
da k sus deseos ? Por la nueva doctrina 
tendido de que el feliz éxito es una ind 
plenaria de todos los críihenes emplea<3 
empresa» y un salvo conducto para delin 
punemente en la administración del pode 
les pues serán los diques, que contenga 
petu de sus pasiones ? ¿ Como podia s 
intención del Apóstol vulnerar en su e| 
moral cristiaóna, aumentando las tentaci 
aobervio» y avariento ? Su texto de po 
obediencia civil, acomodado k la intelig 
los teólogos de la tiranía, es el tentador 
caz de la ambición al mando Real, es d< 
contrario k las máximas morales del £^ 
y como tal debe ser detestada la común í 
tacion de los enemigos de la libertad, 
tendido sanamente conforme á las reglai 
les del systema social, nada tiene de ch 
la doctrina» y exemplos de Jesucristo, 
magestad» y soberanía del pueblo quien 
los discursos políticos de s. Pedro, y f 
altsís recomendaciones c^e s\i^ ^\i^\cv\^<< 
á personas detcxmítvaAa» \ '^ ^^^\^ \x\s 



893 

ji de ser yiciosos, 7 antievang^licos. Sea el 
>der soberano de la nación el significado de las. 
ilabras reyj firincífie escritas en los consejos po- 
icos de estos dos Apostóles : adáptense á la 
ytestad nacional, considerada en si misma, los 
ributos expresos en una y otra carta ; desapa- 
ceran al instante todos los inconvenientes, y ab- 
irdos que resultan, si se fíxan y vinculan en ci- 
ñas personas, y familias. 
Gravísima es la responsabilidad de los que per- 
stieren en tentar y lisongear con sus falsas glo- 
18 las malas inclinaciones de individuos deter« 
inados. Es casi invencible la tentación que se 
"esenta con el poderoso atractivo de la deificación. 

era de tanto peso la invención de la Apo- 
teosis entre los emperadores Romanos. Un ho- 
>r, de que no podian disfrutar sino después de 

1 fallecimiento, no podia tener tanta influencia, 
)mo el de la nueva apotheosis, que empieza 
ssde el momento de la proclamación Real. Ella 
irte todos sus efectos en la vida del proclamado^ 
se marchita con la muerte. E^'por tanto de 
lUcho mayor actividad que la primera. Ella 
(alta todos los muelles de la ambición, y no hay 
iftorte del corazón humano que no se ponga en 
ovimiento. Muy segura estaba de la eficacia de 
;te medio la serpiente del paraíso quando le dio 

preferencia en su tentación. ^^ Eritia aicut 
;. << Seréis como dioaesy si gustaseis de la fruta 
ú árbol de la ciencia del bien, y del mal. Casi 
;ro tanto es lo que dicen á sus candidatos regios 
•s provedores de la nueva soberanía. ^^ Sereia CO' 
o dioaea sobre la tierra^ si llegareis ó emfiuñar el 
rtro de las naciones^ fior que de lo alto recibiréis 
\faculfad de reinar. Eritb slcut diy. ^^>s^^ 

2q% 



904! 

• 

Tobls regendi homines potestas desuper dabítur. 
Seréis como dioses, recibiendo del cielo la to- 
toridad para mandar á los hombres. Ningim 
otro sino el maligno espiritu, que animó ih \- 
serpiente del paraíso, pudo sugerir este penuf 
miento á los glosadores de Salomón, y a. Pablo. 
Deben pues considerarse como otras tantas sier- k 
pes tentadoras, y llevar su pena. « Super ptc* r 
tum tuumgradieria, ^^Andaraa arrastrando eotre 
tu flecho : es la que fulminaste contra aquella 
i^rpiente. Los deifícadores de la tiranía sufren 
voluntariamente este castigo, se lo anticipan ellos 
mismos por un efecto de su degradación, y ha- 
cen gala de él. £1 impulso de su adulación los 
arrastra, aun antes de predicar su doctrina.— 
Ellos andan arrastrando desde que conciben la 
idea de alhagar al despotismo. En lugar de 
avergonzarse de imitar á los reptiles, se vanaglori- 
an de sei- tales, haciendo del sambenito gala.— - 
^^Obedecernos flecho fior tierrojes la frase con que "^ 
esta gente recibe y saluda las ordenes del tirano, \ 
á quien adoran. Yo mismo la he visto escrita en : 
el regristo de las actas de una corporación, de 
que yo era miembro ; y confieso que roe pareció 
muy elegante, y digna del idolo, ante quien to- 
dos nos postrábamos. " Sufier fiectum tuum 
gradieria : era para nosotros un honor, que no 
pudo concebir como tal la culebra que nos dio 
e) primer exemplo de una tentación endiosadora, 
Aqui tenninarian las pruebas que subministran 
las leyes de Partida, concilios, y cortes de Es- 
paña, su historia antigua, y moderna en favor de 
ios derechos del pueblo ; pero en la guerra lla« 
mada de sucesión tengo otro documento contra 



S96 

ft in&libilulad pontificia en negocios de gobie^io 
[ue no puedo omitir. 

Carecía de hijos y de la esperanza de tener* 
08 el ultimo rey de la casa de Austria en Espa* 
ia^ quando trató de proverse de sucesión por otra 
ria. £n el laberinto de las sucesiones heredita- 
iaa de los estados feudales no aparecia un suce- 
lor conocido, é indisputable ; pero entre las reli- 
quias del antiguo feudalismo se conservaban al- 
gunas sobre la infialibilidad del Papa en lo poli- 
ico y religioso. Baxo este concepto fue consul- 
tado por Carlos segundo acerca de la sucesión 
i la corona de España después de su fallecimien- 
to. £1 Papa, oyendo el dictamen de una junta 
ie cardenales, respondió por el nieto de Luis 1 4. 
de Francia, el monarca mas poderoso, y respe- 
table de la Europa en aquellos tiempos. Car- 
los, como era de presumir, se inclinaba en favor 
del pretendiente presuntivo de su casa ; pero 
lOmetieodo los afectos de su sangre á la decisión 
pontificia, declaró en su testamento por sucesor 
del reyno al aspirante francés. Toda esta pre- 
caución fue insuficiente k contener la general 
ilarma de la Europa después del fallecimiento 
del testador. Unos por la casa de Austria, otros 
por la de Capeto formaron dos terribles ligas, 
)ue por muchos años ensangrentaron los terri- 
torios de cada pretendiente. Sobre todo la Es- 
paña fue el teatro mas sangHento de la guerra. 
A. pesar del dictamen de la silla apostólica, una 
^arte de la nación se armó por el Archiduque, 
la otra por el infante de Francia. Cataluña, 
Aragón, y Valencia fueron de los mas decididos 
for la causa del primero contra la resolución del 



S96 

Romano Pontífice. No fife la sentencia del pode 
pontificio la que terminó los males de la g^em. So 
muy conocidos en la historia los sucesos decii^TO 
de la contienda. Casi siempre que los litigante 
de esta especie han venido á las armas^ ellas ha 
sido el oráculo que ha dirimido la controversi) 
Ellas son las que hoy hacen mas respetable 1 
soberania del pueblo. Según el estado k qu 
han llegado las cosas por el Ímpetu de las ¡x 
clones monárquicas, por el poder de la polvor 
es la fuerza armada el mejor ramo de soberani 
con que un pueblo sostiene su existencia politia 
Por la casa de Austria combatían potentadc 
que se dexaban lisongear con la idea del pode 
divino: principes cristianos que por interesa 
temporales menospreciaban la consulta del Pap 
siguiendo otro derecho de sucesión hereditari: 
que en sentir de ellos justificaba la guerra de k 
Austríacos. Ni estos, ni los demás católicos qv 
se decidieron por el Archiduque, fueron tenidc 
por hereges, cismáticos, ó sospechosos en la f 
aunque obraron á sabiendas contra la declaracio 
del Pontífice. Nadie declamó contra ellos, ni fi 
eron acusados de irreligiosos, i Porque pu( 
censurar k quien no admite proposiciones que i 
dicen condenadas por la Iglesia en lo político 
¿ Por que tildar de impíos 4 los Filósofos que ( 
burlan de tales condenaciones, demostrando • 
exceso, y error de la sucesión apostólica desc 
que implicada en los negocios del ^iglo metió 
hoz en mies agena ? Y si han de elevarse 1( 
abusos k la clase de cañones, quando favorece 
la tiranía i por que negarles igual categorí 
quando alguna vez han favorecido la libertad 
Si h cátedra de a. P^íkico ^^\i\¿^iíw\a^^íwsvc 



«97 

ocios de estado ¿ quien exime k Ips Borbones de 
i excomunión pronunciada por el Papa Estefano 
ercero en unción la del rey Pipino ? Ninguno de 
M Austríacos, y partidarios suyos peleaba por la 
ndependencia y libertad de un pueblo oprimido, 
ninguno era imitador de Abrahan en la conducta 
le este Patriarca contra Codorlaomor en obse* 
[qIo dé los agoviados insurrectos. Todos lucha- 
Mm por el engrandecimiento de una £aimilia, y de 
m individuo de ella que no estaba destinado pa- 
"a libertador de la España, sino para agravar, y 
nantener sus cadenas. Reñian, sin embargo, li- 
stamente, y nadie predicaba contra ellos como 
*eos de mala creencia. \ Y hay tantos predica- 
lores del dia contra pueblos que se arman, no 
Kira engrandecer una persona y familia, sino 
lara recuperar sus derechos usurpadosl No son 
.mpios los que por enriquecerse á costa agena 
)roceden contra la opinión del oráculo de Roma, 
f sus cardenales ; ¿ y lo serán aquellos, que por 
:onquistar su independencia y libertad obran cen- 
an sus errores políticos, contra las declamaciones 
ibsurdas de un subalterno suyo, asalariado por la 
lirania ? Si el Papa y los cardenales no pueden 
ler regla infalible de nuestra creencia en lo politi- 
10 i i como podran serlo otros eclesiásticos infe* 
riores, totalmente consagrados al servicio de una 
monarquía absoluta ? ¡ Abrid, pueblos, los ojos ; 
lo os dcxeis engañar mas ! i Que os podran en- 
leñar en este orden de cosas unos vasallos ab« 
rectos del tiraro, unos declamadores hechuras su- 
ras ? No ignoraba la Casa de Austria, y su para- 
lo, que en materias de gobierno son tan falibles 
los oráculos de ia Iglesia, como \o(k)% \o^ ^kx^^.*^ 
'ombres, Qualquier despreocu^^^k^o ^¡tóva^ ^^ 



S98 

ellas eran del resorte privativo de los pueblos, ¿ 
quienes toca vindicar, declarar, y sostener sus de- 
rechos. Demasiado instruido en esta verdid 
uno de los Cardenales que opinaron por la can 
de Francia en la junta consultiva del Paj^a, ftp 
vorecio posteriormente la causa de los Austría- 
cos, quando le parecieron preponderantes los su- 
cesos de sus armas. Baste y¿ de argumentos to- 
mados de la historia, y estatutos de Espima» 
Volvamos á los de la Escritura, y tratemos de 
la inviolabilidad, y carácter sagrado que de ella 
deducen los interpretes del poder arbitrario. 



§ XLIV. 

InviolabiHdadj y carácter sagrado de las /leréonai. 

Inviolable y sagrada era para mi la persona de 
qualquier despota coronado, aunque fuese un fa- 
cineroso. Para esto alegaba yo el dicho de David, 
y Salomón ; de ios quales el primero en la can- 
ción que compuso para celebrar la transladon 
del arca, y su colocación en el tabernáculo) dixo 
entre otras cosas : " Volite tangere chriatoa meot* 
(1. Par. 16.) Y el segundo en el Eclesiastes pa- 
rece da á entender, que no quedarán impunes 
los mas recónditos pensamientos contra el monar* 
ca, quando dice : " In cogitatjone tua regí ne de» 
trahaa (Eccl. 10.) Pero ni son legislativos estos 
lugares, ni hay en ellos cosa contraria á, los de- 
rechos del pueblo. Niiv^xwR^ "^w^oml resulta de 
ellos privilegiada, m se exvcxxenxr^. wx ^ítf»\sB^ 



S99 

. novedad. Declarado y escrito estaba yá 
>sequio de las criaturas racionales quanto 
e en uno y otro texto. De la ley natural que 
ró al hombre la obligación de querer y no 
er para otro lo que para si quería, 6 no que- 
procedio el mandato intimado á Noe y su 
lia en el c. 9. del Génesis, y todo lo dispues- 
I utilidad del próximo entre los preceptos del 
ilogo. De la misma fuente manó el versiculo 
>avid, escrito en el Paralipomenon, y repro- 
bo en uno de sus psalmos. (104.) Mas este 
cho natural y divino favorece igualmente k 
nguidos, y no unguidos Su inmunidad es 
icendentai á todos los individuos de nuestra 
cié : por que todos ellos están ungidos con 
unción mas excelente que quantas se practi- 
n en los marmoles consagrados k la Divini* 
en los preludios de un atleta, ó en la coro- 
m de los reyes. Sin aquella unción invisible 
bstancial, no podía el hombre haber llegado 
? imagen y semejanza tuya. Por esta sola 
on todo hombre es inviolable y sagrado, y 
3 tal fue puesto k cubierto de toda injuria en 
idigo de la Naturaleza, en el de Moyses, y 
}re todo en el de Jesucristo. Mejorada en 
su condición, mejora también de seguridad 
ra los tiros del poder arbitrario. Pero si es 
Bster otra unción visible que contrapese k la 
nonarca, no hay ortodoxo que no la haya re« 
lo en su bautismo y confirmación. Entre los ' 
Lies desnudos de revelación, el hombre era 
tado por una cosa sagrada, en virtud de la 
natural, y sencilla de su ser. £1 sagriento, 
'^baro espectáculo de los gVa&VaXo\^% oI^t^*^^ 
Jos sentímientos de iin filosii]CO) c^<b tsi^Osssab 



• 8oe 

conira su Lolenincta, diciendo—" Homo, mhvjJ 
rethi>fíio,jarn.fierlueum, eíjacam orcidilur. ' 
hombre, cala criatura íagrada.,ya se estima en 
fiocot fue de au degüello, y derramamiento de ta 
gretehaftirmado un fllacer y^etla /lublica. (SUkl 
EpUt. 99.) ¿Que diría este sabio, si e ' "" 
viese recapitulado en ia persona de un tirano ei 
carácter «agrado, y profanados los derechos a 
un pueblo entero hasta quedar al nivc 
reptiles? Masi si todavia faltaren pruebas de H 
inviolabilidad, y carácter sagrado de todos Id 
hombres, las bailaremos en U boca de Jesucris^ 
y 5. Pablo. 

Antes de ser ungidos con la unción que n 
comunicó el Mesias, ya eran llamados Diou 
' aquellos, ¿ quienes tu palabra habla sido diñ^-1 
da. De esta especie se valió Jesús, quando í~ 
escandalizaban los judíos, y le motejaban ( 
blasfemo, porque les decía, que él, y su padr 
no eran mas que uno „ ; JVb esta eacriío ( 
vuettra try : (Son las palabras del Redenton 
„ Ya he dicho „ vosotros loia Diasee ? „ Si elta^ 
llamado Dioses á aijueltaa, a quienes la /lalabra 
de Dios habia sido dirigida ; Si la Escritura no 
puede ser imfiugnada : ¿ decis vasoíros que yo 
blasfemo ? yo, á quien el /¡adre ha santificado, y a 
guien él ha en-viadaal mundo : fíat que he dicho q^u 
»oy hijo de Dioa ? Con esta reconvención disipó el 
cscandalofarisaicoquela excitó. (Joan, 10.) Expli- 
cando el Apóstol al senado de Atenas, quien erad 
Dios, que los Atenienses llamaban incógnito, en- 
tre otras cosas les decia — ,,/iorgue es fior il que , 
nototroa tenemos -vida, movimiento, y ser i argun 
lo gttal algunos de vuestfot fioelaa han dicho, gwy 
.noaotroa también sonio* de U (itawt^a 4t Q^^B 



301 

idofiues de la estirpe de Di09^ noeotroe no de- 
IOS ereeTy que la Divinidad sea semejante al 
, filata^ 6 fdedra labrada fior el arte y la indus* 
i dle los hombres. (Act. 17.) Si somos pues 
38 de una extracción Divina: si el mas mi- 
able oprimido trae su origen de la Divinidad 
almente que su opresor insolente : si en la 
lealogia de todos los hombres existe un tron- 

común, y Divino : si no puede darse ningu- 
Tnas ilustre que esta ; { habrá todavia quien 
le aer una pura quimera, un fantasma, ó in- 
icion diabólica quanto ha excogitado el genio 

la adulación y sobervia para deificar unos 
llenares de personas, y familias, para embru- 
;ert y enervar tantos millones de Almas ? £n- 

las mismas leyes del feudalismo ¿ no se halla 
a que declara ser los hijos tales, quales son 
i padres en todo ^ lo concerniente k nobleza, 
ialguia, y otros honores ? ; Por que pues in- 
igirla en un numero infinito de hijos vuestros? 
lando constase que los eclesiásticos no hu- 
sen tenido una parte muy principal y activa en 
ios estos ensueñosy serian siempre responsa- 
s de su aquiecencia, y tolerancia, como inob- 
Tantes de la Doctrina de Jesucristo á sus dis- 
ulos en el altercado de preferencias, y distin- 
nes. Si entonces les corrige el acomodarse 
este punto á. las practicas del siglo, y expresa- 
nte les prohibe el imitar las de los reyes, y 
ncipes de la tierra ; ¿ como podran cohonestar 

conducta los sucesores de aquellos, quando 
>yan, y fomentan la costumbre, y uso de los 
inarcas del siglo en el mismo punto de la dis- 
a cortada por Jesucristo ? Si este ptesc\\he 4. 
suyos un método diametralmenle o\)(Me^\.o ^ 

2 D 



dofi 

de loB reyes y príncipes ; ¿ con que ] 
tisfacer los ministros del dia al cargo c 
pulta de su inobservancia ? 

Si k las vanas ceremonias de una coi 

Real hubiésemos de dar roas valor q\ 

cion intrínseca j substancial de cada i 

Jesucristo no deberla llevar el epíteto 

por lo menos antes de la efusión del pr 

samo que derramó sobre su sagrada 

muger penitente del Evangelio. No \ 

exteriormente con el aceite acostumb 

unción de los atletas, y reyes. Pero e 

tud de sus dones, y perfecciones, en 

infusión de sus gracias habla recibido i 

intrínseca, y esencial, que nada tenia d 

y ceremonia. Por el contrarío la de 

es toda superficial, y vana, purament< 

nial su consagración, y vanísimo el c 

vino que les atribuye el espirítu de 1 

y lisonja. Al simulacro que perciben 

dos no seguiría la Ilusión del entendlml 

autores de ella no abusasen de la Rellj 

mlsteríos. Averiguado está el efeci 

ceremonia entre los hebreos. Nunca 

de precepto general, ni ella tiene nada 

con los principios de la autorídad, y p( 

añade, ni quita á los funcionaríos del < 

Asi lo comprehendio el sucesor de Ca 

en el imperío de Alemania. Hasta 1 

de este emperador se estimaba como i 

dad esencial el ir á. coronarse en Ron 

con la intervención del Papa. Pero 

ciada como insignlfícante por Fernand 

hermano^ y sucesor c\e Cw\o^ ^vevv 

deró dcide entonces como ^xi». c«tci 



. I 



.«dvidadasinsetisiblemeDte Us pretepsionesexor- 
lliaitef de la corte Romana, quedó el Papa 
Bducijdo i felicitar por una caita al emperador 

kcto., 

. To no insistirá mas en redargüir mi antiguo 
ms^r mal fondado en el c. lo. del Exlesiastés» si no 
p yleae recientemente, sostenido en un impreso, 
^. por la fiutna de su autor en la predicación del 
(▼angelio» tal vez se creeria de algún peso en ma- 
jsriaa politicasi que para él eran extrangeras y 
[••conocidas. Este impreso es uno de los mu- 
iboo jque han salido de las prensas de Madrid 
lüpues del 4. de Mayo de i814. en apoyo de la 
||l¿ia. Es un volumen compuesto de varias 
jsrtsks que se dicen escritas por Fr. Diego de 
¡ttdlai i un sobrino sujro que militaba en la Pe- 
diHBida contra los ejércitos de la República f ran- 
ptmtLf insti^yendole en las obligaciones de un sol- 
lado cristíano. Siempre que toca en lo politico, 
¡ocurre eti loa mismos errores que yo, y que 
sno ficcesaria conseqüencia del sistema despo- 
Iíbo en qne habia nacido, y educadose. Yo no 
ifr pQtt|ue causa han estado inéditas estas cartas 
deie 9S— 6 94. del siglo pasado hasta 1814. 
toro seaqual fuese el motivo de esta retardación, 
isa qiüen fuese el escritor, poco 6 nada importa 
i mit intenciones. Toda la obra en lo politico 
•ni redargüida en mi confesión. Cl uso del ci- 
tado capitúo era lo único de que yo no tenia no- 
ticia» m practica : y es la rason porque hago es- 
pecial commemoracion de el. „ JVb quedará em 
auHgOf (dice el texto) quien qfendiere al rey^ 
manque no sea moa que con el fienaamiento. Yo 
Uen salúa ^ue no podia ser pecaminoso \xtv v^\!^* 
ftuaUmto oo coosentido^ ni advenido^ i^t x.o\i^ 1 



304 



feo que aparezca. Menos pedia serlo en la 
de Salom^y y antes del Evangelio* Sio 
externa, aunque fuese muy atros el penasini 
ya consentido, tampoco era de la jurisdiccioB 
rey, ó del poder judicial.' Yo también sabÍBi 
por indiferentes, y loables que fuesen los 
tos y actos humanos en la comarca de un dopiii 
ta, se hacian pecaminosos en su opiniooi bub* 
pre que improbasen su despotismo, ó murmulla 
sen contra él. Me constaba igualmente, quen 
quedarian sin castigo todas las veces que cay^ 
sen baxo la vigilancia de sus espias y delatoiOi 
Mas, pretender que generalmente sea malo vak 
pensamiento que no sea de la aprobacien dd 
rey, y que tu hayas de cuidar de su castigo, el 
una extravagancia injuriosa & tu justicia, al p 
der de la Razón, á la rectitud de las institucioiiM 
sociales : es una locura, pero muy Usongeni 
Salomón, y demás monarcas absolutos. Sin en* 
bargo de eso, él no habló de pensamientos pi> 
lamente internos, ni reprueba todos los que is 
dirijan contra el rey. Me remito & la razón, cb ^ 
que se funda el consejo de su texto, diciendo— k 
„ guia €t aves cali fiortabunt vocem tuantj et gf^L 
habet fiennaa annuntíabity yyfiorque ¡a9 aves cv^ ^ 
duciran tu vozy y quien tiene alasj te delataré» . 
Aquipo se trata de pensamiento interno, sino de ¡^ 
aquellos, que, saliendo afuera, pueden ser pe^ .- 
cibidos. De estos es que habla el Eclesiastes: '^ 
porque estos solos son los que se someten á los ^ 
sentidos del chismoso, y del soplón,^ deúg^nadoi ^ 
en este libro con el nombre de volátiles. Si c» " 
de la detracción y maledicencia, de que aquiíe , 
trata, yk estaban proYvWAdaa ^^ \^\«^ enobse- ' 
qiüo de todos los Yiorobve^ ^o «^^ xhi^^wwssSí^ 



ne se lee en este lugar; es un cornejo 
los^que viven en países de espionage^ 
por ellos, para quantoa repden baxo 
quia, en donde las espias son tan suti- 
•s animalUlos alados, como las moscas» 
y pajarillos. Detraer, y maldecir de 
I no es lidto ; poro no es ilícito mur* 
mdo hay mérito para la murmuracioOf 
Seria, no obstante, imprudente y 
¡n un gobierno arbitrario, y opresivo, 
ide subsistir sino por la delación, es« 
demás recursos de la tiranía. A este 
itrae la precaución aconsejada por Sa- 
s muy repetida entre los Españoles, 
on la alegoría de los volátiles, sino 
gura, que presta sentido á las cosas 
. Las parede» oyen : es la expresión 
con que suele recomendarse el silen- 
tela y el cuidado contra las secretas 
. despotismo. Esta es la sana inteli* 
capitudo. Qualquiera otra que con- 
fundamentos alegados en favor de la 
:rá nula, y nulo el poder con que se 
las que pugnan con los derechos del 
Recuérdense los acontecimientos que 
gar desde el fallecimiento de Salomón 
[acábeos, desde esta época hasta la de 
desde el siglo de los Apostóles hasta 
tortivas doctrinas del poder, y de la 
ciega. Jamas se hallará interpuesta 
1 de este capitulo contra los derechos 
imas había sido apoyado con ella el 
rario ; lueg^ jamas había sido sinies* 
iterpretado. Nada hay pues en este 
en todos los libros d« uu ^xlXíví^ ^^ 
S D S . 



S06 

&vorezca la pretendida inyiolabl 
minales entronizados. Vuelvo 6. 
to. 

Todo hombre es inviolable y m 
sea justOf mientras respete, y no 
ter mviolable y sagrado de la \ey 
y pretender conservar al mismo 
labilidad personal, es una preten 
I Se alegará en favor de ella el ca 
pesar de haber violado la ley, y 
su hermano, obtuvo de ti una in^ 
cial ? En este mismo hecho tii 
los imparciales contra la pretens 
bitrario. Ciertamente prohibist< 
fratricida, y le imprimiste una n 
biiidad. Pero también es cierto 
ella un descendiente suyo le qui 
la vida. (Gen. 4.) No le valió 
dultado de la pena del talion por • 
tuya, ni el que se refrendase el 
sello especial. Cain murió viol 
nos de Lamech ; y este como cx< 
tigo justo, quedó del todo impí 
voso el fratricidio cometido en la 
El fratricida reconoce la enormi 
en tanto grado, que se considera 
don, de la presencia tuya, y de v 
ra : confiesa la equidad de la co 
pena ordinaria en la de andar er 
pero teme ser muerto por qualq 
contrase* Recae en seguida U 
matarle, y el Índice de su invioh 
tó justo motivo para ella, urgit 
necesidad de la propagación. I 
fecto de propa^adote^, ^\ ^\a. "^ 
Ilubieae anadio \adfe «aVvs 



S07 

su los remordimientos de su conciencia, y los 
Dores de una sangre inocente derramada, eran 
is tantos verdugos que le atormentaban en su 
ft errante, y fugitiva, tal vez de un modo mas 
sible que el ultimo suplicio. No pueden ser 
>s los fundamentos de su inviolabilidad extra- 
Inaria. Parece que esta debia cesar, quando 
ase la causa principal del indulto. Dexó Cain 
andar errante y fugitivo, quando {abqcó una 
dad, y le puso el hombre de su primgenito. 
lando y& reproducido en su prole, y con una 
lilia numerosa, un individuo de ella le priva de 
rida. . ; Lección provechosa para quien se em- 
la en buscar la impunidad de sus crímenes á 
lo de unciones imaginarias, quando no pudo lo- 
ria por el resto de su vida un hombre, k quien 
mismo ungiste de una manera remarcable ! 
rcado el primogénito de Adán con una distin- 
I que no ha sido dada, ni prometida á ninguno 
quantos pretenden ser mas caracterizados, 6 
olables que aquel, pagó en fin el reato de la 
la con que él mismo se despojó de la inviola- 
Jad ordinaria de todos los hombres, i Como 
s dexaran de pagarla en este mundo los mo- 
:as que no tienen mas indulto, ni letrero de 
iiunidad que el sugerido por su propia fanta- 
y la de sus aduladores ? Esta misma ficción 
m crímen, que reagrava los demás que come- 
contra vos, contra el pueblo, y sus individuos. 
»mo pues podra servirles de escudo, y salva- 
rdia contra las leyes de la sociedad, contra la 
ada de la justicia popular ? 
Será derramada la sangre de qualquiera que 
ramare la de su semejante: dixisteis vosmis- 
í los repoblsídorch del universo \^^ xsbisA 
listéis de esta pena* ¿ Ignoraxiais yit n^xíXsi* 






•3i 



808 

ra que había de llegar tiempo en que introdneidil 
la monarquía, y su nueva teología, alegarían pi^ff^ 
vilegio contra esta ley los reyes, y piincipeBÍab* ^^ 
tuados con su doctrina ? i Porque pues no dodii ^ 
rasteis desde luego la excepción, á. que ellos ábif 
ra se acogen ? Una tal declaratoria hubiera ádi^ 
manifíestamente iniqua, y contraria á tu iiifiíiiltr 
justicia y rectitud. Semejante excepción abrim f^ 
un vasto campo al desenfreno de las pasiones dd f^ 
monarca : en lugar de coartar la oportunidad de ^^ 
delinquir, multiplicaría las tentaciones : sería mu 
freqüente el peligro de hacer mal. ^ Qfifcimi^ ^ 
tfuderií hutnanum sangídnetn^ fundetur MtigA 
illiua, (Gen. 9.) A nadie exceptúa esta regh fr 
general, por eminente, y distinguido que se coo* r^ 
sidere. Apelar al juicio del otro mundo, seria r 
eludir la pena establecida ; quedaría sin dem- 
marse la sangre del homicida, 6, para que su efb- 
sion se executase en la otra vida, seria menester 
que las almas de los reyes sanguinarios llevaaen 
con sigo la sangre de sus cuerpos. Y ¿ qual esli 
razón de esta ley penal ? ^' Ad imagínem guifipt i 
Dei f actúa eat homo. He aquí el fundamenten de r 
ella. Tu mismo lo declaras. £1 ser imagen ta- I , 
ya qualquier individuo de nuestra especie, fue el \¿ 
motivo de la prohibición penal. De la semejan- C 
za que tiene con ligo esta imagen le viene el ca* •' 
racter sagrado, el sello de la inviolabilidad. Qual- 
quiera otra cosa que el hombre adquiera, sea qual 
fuese el agregado que sobrevenga á esta copia vu- 
estra, no puede dexar de ser accidental, y acceso- 
rio. i Como pues conservar ilesas estas añadidu- 
ras, quando por el crimen ha desaparecido el ci- 
miento de ellas ? i Como subsistirán los acciden- • 
us sin la subst^c\9i)\o^^c«vixV^^Ss!\!k!^x^\í& 



309 

lUsa principal ? Si por. el delito nos priva- 
de la inviolabilidad natural, con que todos na* 
>s marcados con la estampa de tu Divinidad ; 
que pretexto sostendremos qualquiera otra 
labilidad accidental ? Que subsista el edifí* 
UTuinadaS) y subvertidas sus basas, es repug- 
i al sentido común ; pero la arquitectura del 
otismo todo lo compone á fuerza de ficciones, 
lirios. • 

B interesáis tanto en la seguridad del hombre, 
en el mismo capitulo protestáis hacer respon- 
3sde su sangre hasta las bestias que laderra- 
en. " Sanguinem enim animarum vestrarum 
iram de manu cunctarum bestiarum» Ningún 
míe queda exento de esta responsabilidad, 
nismo te encargas de exigir de las manos bo- 
das la sangre humana, sea quien fuere el reo 
lia* <' Et de manu hominiay de manu virij et 
ris eju8 reguiram animam hominía. Si aun 
ñas criminales en esta linea todavía preten- 
en declinar de la jurisdicción del pueblo, so 
r de no hacerse memoria de ella en el lugar 
lo ; sepan pues que su declinatoria vien^ á 
;ranscendental á todos los homicidas, aunque 
san de nuestra especie. Igual excepción süe- 
ui las culebras, y demás animales sanguina- 
fundados en que k nadie concedéis la facultad 
latarlas, quando protestáis exigir de todos la 
re y la vida de qualquier individuo de nues- 
ispecie. Seria por consiguiente atentado y 
iso el de aquellos Tribunales que adheridos 
letra del texto, han también comprehendido 
is sentencias y execuciones k la bestia home- 
£s menester que haya renunciado al sen- 
:omun el Atxfgíido que se enoa.t^;ax^ ^<^\^^^« 



810 

fensa de esta declinatoria. Pero de 
muy presetíte todos los que descartan 
del pueblo k pretexto de callarse en 
con que adulan á la monarquía absoli 
redargüidos de esta manera, diciend< 
sotros despojáis al pueblo de sus dei 
que en el c. 6. de la Sabiduría, y sus 
no.se hace memoria de su autorida 
luego debeb también dexar impunes 
homicidas, porique en el c. 9. del Ge 
serva Dios la ocultad de castigarlo; 
mención de la connatural al Pueblo, i 
dúos, y magistrados. <^ j Fuera de i 
absurdo ! Todos somos iguales delai 
Nadie puede eximirse de ella, ni . de 
de los funcionarios públicos eñcarg 
aplicación, y cumplimiento. Siendo 
gen primitivo de toda autoridad y pod 
dola adquirido el hombre de vuestra n 
do combinada en el pueblo por actos 
nales : bien pueden decirse tuyas toda 
clones. £s baxo este mismo concepl 
ce tuya la voz del pueblo, limitada k \ 
sus derechos sociales. 

A pesar de todo esto ha podido ta 
ritu de la adulación, que se ha tomad 
de fingir un nuevo sacramento, pee 
monarcas absolutos, y de mejor cali 
úete de la ley de Gracia. „ Caracte 
tal llama un escritor servil al efecto 
Real investidura. Dice que este cai^ 
prime en el alma del rey al ceñirse la 
la diadema en el acto de la coronación 
de un librito intitulado ^^ El sepulcro 
JjJena.} Otros hacen o\>wcc wxwxs.^ 



m 

sn la ceremonia de la unción. Pero, atacando 
08 la Religión y politíca, se erigen en autores 
l^nsores de un misterio que, según ellos, ó 
i ignorado de Jesús, ó superior á sus facul- 
es. Ni ha sido instituido por él, ni la primi* 
I Igleúa ha reconocido semejante sacramento. 

la opinión de los p^vlres de esta novedad sa- 
imental, el hombre se hace por ella impecable. 
I este admirable efecto seria disparate atribu- 
i perpetua ihviolabilidad, siendo esta incom- 
ible con la criminalidad. Si por el titulo de 
' se hiciese impecable la persona Real, ella 
ia siempre inviolable y sagrada ; valdrían los 
:toa que la ley condena como procuradores 

pecado. Sin estos nuevos atractivos de la 
pía, las dignidades del siglo han llegado k ser 
r el curso ordinario de las inclinaciones fau* 
.ñas, peligros próximos del crimen, tanto mas 
uctivos del mal, quanto mas eminente sea el 
ño. Pecaminosa sería su aceptación en quien 
lontane^imente se metiese en el peligro sin la 
tneidad necesaria para no perecer en él. En 

beneméritos no será culpable este paso. £1 
¡n. común, la necesidad, y utilidad publica jus- 
can el proceder de aquellos que adornados de 
virtud, y talento correspondiente se aventuran 
Los riesgos de la administración. Mientras 
a fuere mas ardua y elevada, tanto mas rode«* 
a estará de peligros, cuyo numero se multipli* 
rá con la idea del carácter sagrado, é inviola- 
Idad absohita. No tendría lugar esta multi- 
icacion, si no se hubiesen propagado y creido 
i sueños del poder y soberania celestial. ¿ Se 
[•a acaso, que esta invención por Va ^xíVAvrCv^^ 
su carácter eleva, el animo> y Vfi emv^^^ ^i^"^ 



81S 

BUS nuevas relaciones con tigo en desig 
ría y honor, en no manchar con p€ 
viles, ni obras infames el esplendor d 
dad celestial ? Casi otro tanto he leido 
tor del nuevo sacramento de la 
quando por si, ó por medio de una p< 
confiesa ser una mera preocupación e 
pero que por los bienes que producís 
mentarse y mantenerse. 

„ Abn wnt facienda malúj unde ve 
es un principio de sana moral, irrecon 
el motivo de conveniencia que alegan 1 
dos en la fiíbula sacramental. Por gra 
el bien que se espere de una acción i 
es licito executarla. Por lucrativa v 

• 

una mentira, jamas tenemos derecho s 
sostenerla. Por mas que se pondere 
jas comunes y transcendentales á 1: 
una sola persona, y familia recoge todc 
la impostura. Participan también d 
que fomentan y propagan la ilusión, 
las sin embargo refundidas en todo 
No por eso dexará de ser reprehensi 
el medio de su acquisicion. No la 
bien común. ¿ Como pues dexará de 
nal por la utilidad de un individuo ? 
no necesita de ficciones para obrar con 
principios del honor. Para ser héroe 
verdadero origen divino. La hermo 
virtud, el brillo de la solida gloria, la 
dad de su nombre, los encantos de Is 
turna son otros tantos estímulos que 
tan, y conducen á la heroicidad. Po: 
se refine el arúficlo de \?t v^íiCic\x\aR 
jpodvst elevarnos k taayoT íítox^ o^x^ 



818 

!Vecen las leyes de la naturaleza, y de la Gracia, 
ntroficados en la Divinidad por nuestro árbol 
enealogico, somos hijos, y herederos tuyos, so- 
los coherederos de Cristo, somos Dioses. ¿ Que 
H» pues será capaz de añadir la fábula del ca- 
icter Real ? ¿ Ni para que buscar en ella alici- 
Mes que nos hag^n remontar á la cumbre de la 
irtud ; quando en la realidad tenemos los me- 
ires elementos de una heroica emulación ? Alar- 
iiese al oprimido una mano socorredora que ]e 
ique de la esclavitud. Venga un libertador, 

00 le levante del cieno, en que le tiene sumer- 
ido la tiranía. Préstesele el auxilio de las luces, 
las armas para que disipe las tinieblas de la ig- 
orancia, y rompa las coyundas con que tira el 
UTO de la servidumbre. Hágasele conocer la 
Ita dignidad del hombre libre, el antiguo lustre 
t su prosapia ; y obrará como quien es, sin ne- 
ssidad de los torpes y miserables subsidios de 
. &bula. Finjamos sin embargo de esto, que 
ctf &lta de otros estímulos fuese preciso echar 
lano de los fabulosos. ¿ Por que no hacerlos 
itonces extensivos á toda la especie humana ? 
E*orque monopolizarlos en ciertas personas y 
jnilias ? i Como abandonaran la marcha rastre* 

1 de sus vicios, y subirán á la cima del honor 
« que miran estancado en ese corto numero de 
Brsonas y familias el único recurso que dexa 
. ficción para elevarse ? Asi quedaran siempre 
nítidos los (}ue no tienen derecho al monopolio. 
.si la invención quedará reducida á mezquindad, 
i;QÍsmo, y parcialidad, muy disonante á tu infí- 
ta liberalidad, y beneficencia. 

¡ Y^ que dirá Moyses al ver ei\ eietlo tcí<cA<^ 
beridM su conducta con el pretexto c^<& ^^- 

3E 



814 

gan los coutraríos t Que no tean orgvUoK 
iervioi con »u« kermanon «r^k Tina dt las 
que dictaba eo e! tleuleronomio para los 1 
reyes de Israel, y una máxima del todo o 
al ínteres con que se pretende exaltar la ii 
cia Tt^probaba por aquel legislador, f 
igualmente censurada tu conductai quaado 
de aprobar el concepto de aobervia que ins 
ser[>iente & la primera muger, lo desaprui 
castigas, tai en la opinión de los iüveotoi 
moderno sacramento Real produce tantas 
jas la credulidad del vulgo : j porque & lo 
no le toleraste en el paraíso! Todo el n 
de la reciente invención esi& reduddo al 
tU skut Dij. En ¿1 hallan susfautores c 
dades condenadati por tí la vez primera i 
oyó sobre la tierra este ucento seductor, 
tes se había proferido en el citólo y bus 
ti-osas conscquencias nos advierten el gi 
corrupción á que ha llegado la relaxada m 
los exaltadoros del poder arbitrario de los 
Ni el Ángel, ni el hombie poilian ser tua 
que eran en el orden de la Naturaleza. 1 
y vanoa eran todos sus conatos para em' 
mas sobre el nivel de su creación inutik 
ñas todas la» ideas que se inspirasen, y ce 
sen á este intento : falso, y mentiroso ei 
sus partes el llegar k ser como Diosea e 
eliíjencia qüi: le daban lus teutadorest y 1 
tados ! impostores, y necios respcctivame 
unos, y los otros. Inflamen pues conio 
nuestros sacra mentarioa las pasiones r¿R 
la idea del nuevo carácter Divlíio ensalzi 
la fo sumo sufairta-sW" WKi*'\-'^'*^^'^V^'^'^^*' 
/afaiiídad extraorfiinat'^a. i V^íq \»TOaa.i 



81* 

ig^ qu6 en el cielo, y en la tierra han me- 
tales ficciones. No crean que tu eres in* 
lo en semejante inviolabilidad. Entiendan 
contrario que te complaces quando se obra 
esta preocupación en favor de la salud del 
. Recogeremos algunos pasages que lo 
ueben. 



$XLV. 

Regicédioy y tiranicidio^ 

f^s que dio á los hebreos el primer exem* 
resistencia á la potestad tiránica, á que él 
) se hallaba subordinado, fue tibien el pri- 
sn allanarles la practica del regicidio, qUan- 
conducia á la tierra de promisión. En el 
len de los amantes de la monarquía sdbsolu- 
olables, y sagrados eran Sehon, rey de loa 
eos, y Og, rey de Basan. Perecieron nfo 
te á los filos de la espada de aquel liberta- 
(Num. 31.) Josué, mucho mas regicida 
[oyses, quitó la vida á tilinta y un monar- 
ue en el concepto de nuestros cortesanos 
i;ualmente sagrados, ó inviolables. (Jos. 13.) 
:ados murieron la mayor parte de los 31. 
Jericó, y el de Hai fueron de los primeros 
[frieron este suplicio. Tras de ellos siguie- 
s cinco de la coalición de Adonisedec, rey 
'usalen, que huyendo de los israelitas, se 
I ocultado en la cueva de Maceda. Extrai- 
! ella por orden de Josué, pasaron yor otra 
I antes de llegar al patibuVo. CouNc^cb ^v 



316 

te gefe á todos sus generales, j I^s hizo pone 
pies sobre el cuello de los cinco reyes. Fa< 
después de este vilipendio conducidos á la 
ca, y en ella executados. (Jos. 10.) i Ignon 
tal vez Moyses, y Josué la inviolabilidad y a 
ter sagrado de estas personas i Les era desc 
cida la del nuevo cuño, y solamente conocia 
que pertenece k todo el genero humano, 
sabian, que, caducando esta por el crimen, c 
executarse el criminal, aunque fuese coroi 
siempre que su execucion interesase á la se] 
dad del pueblo. No fue un acto de ferocids 
hollar la cerviz de aquellos cinco reyes, ni 
lección para borrar las falsas impresiones qu< 
reinan entre un vulgo cristiano, y preocu] 
Estas no existían en aquel tiempo ; pero m 
taban otras que el habito de las cadenas egi] 
habia producido en los hebreos, y tales, que 
impulso pretendieron los mas degradados i 
donar á su libertador, renunciar la libertad a< 
rida, y volver al yugo de Faraón. Importaba 
es disipar qualquiera idea favorable al desp 
mo Real, y perjudicial i la soberanía de Is 
Convenia que el remedio se aplicase de una 
ñera proporcionada á los usos con que suel 
troducirse el mal que se procuraba curar, 
temor servil, si la ignorancia, si el envileció 
to del alma, debido al peso de las cadenas, 
dureza del yugo que gravitaba sobre el c 
del miserable oprimido, lo encorvaban hast: 
sar la tierra, y los pies del tirano ; un proi 
miento inverso, una retaliación respectiva e 
mas conducente á reanimar un espíritu abs 
á dar nuevo aliento k una ^ente recien eman< 
d9, á retocar tu imagen 7 «its^fc^saa. ^^^% 



L. 




S17 

I s y he áqiii el fin con qué ordenó Josué» qué 
18 capitanes pisaren el cuello de los cinco reyes 
s la Sga de Adonisedec. 
Me parece que oigo á los partidarios de la in- 
olalñtidad Real reconviniéndote por tantos re- 
icidios con el siguiente discurso—^ ¿ £s posi* 
e. Señor, que, siendo vos tan zeloso de la in- 
olabilidad de los reyes, hubieseis permitido 
ropeilarla en un numero tan crecido como el 
» 31 ? ¿Si ellos estaban comprehendidos en la 
roacripcion fulminada contra las naciones que 
:upab«n la tierra prometida, ¿ que inconveni- 
ite habia en eximirlos de esta pena ? i No fue- 
iD exentos de ella los Gabaonitas en virtud de 
ti pacto celebrado dolosamente con Josué? ¿Que 
{Costaba el haber concedido una amnistia gene- 
il á todos los reyes de estas mismas naciones 
roscríptas ? Si para que nunca faltase á vuestro 
neblo una escuela practica del arte militar, qui- 
isteiih que algunas quedasen excluidas del ex- 
^minio, i porque no exceptuasteis desde el 
rincipio para el magisterio de esta profesión k 
)S monarcas de todas ellas ? Si entre ellos y sus 
asallos hay una desigualdad infinita ¿porque 
Islarios, y confundirlos con estos en el decreto 
e proscripción? Pero, pues que no fueron de 
oestro agrado e^tas gracias, y privilegios, i por- 
ue á lo menos no prohibisteis, que estas sagra- 
as personas fuesen castigadas con penas afren- 
iSBS) y vergüenza publica ? ¿ ó porque no. incre- 
aste á Josué el uso de ellas en el castigo de tan- 
Mi reyes? ¿ Que importa el que nosotros para 
etraer de la imitación á los pueblos cristianos» 
pelemos k inspiraciones, y mandatos sin^ukires^ 
puédk ü Boche del parto, y CT«dtdaA»í^) VQ^^- 



818 

derá una mañana, en que veamos frustrado! N^ 
estros trabajos ? ¿ De que servirán entonces nu- 
estros artificiosos comentarios, si mas {koderai 
que el arte la naturaleza obrax4 por los deredm 
del hombre conforme k sus leyes invaríableil' 
Aunque confundamos k la Religión con la i¡^ 
tica, aunque hagamos pasar por dogmas religio- 
sos nuestros inventos politices en favor de la tir 
rania Real ; al fin cesará la confusión ; y rsapn 
do el velo con que cubriamos la verdad quedip- 
van yá sin valor nuestros romances y fabolUi 
¡ Quantas inspiraciones, quantos mandatos, j pri- 
vilegios no alegaran entonces con mejor derecha 
vuestros hijos, y herederos ! Reforzado el impe- 
rio de la naturaleza con las ventajas de la ley da 
Gracia, ¿ que podremos oponer contra este mura 
inexpugnable ? Desacreditado el talismán de li 
ilusión, sera menester que obre la fuerza de las 
armas sin el auxilio que les prestaba una fantasía 
hechizada. ¿ Y que premios bastaran para suplir 
esta falta ?" Con menos ignorancia en mi estado 
de preocupaciones también habría podido recon- 
veniros de esta manera. Todas las dificultades 
me parecían disueltas con decir que no obraban 
por su propio derecho los caudillos de las tribus 
de Israel, sino por especial moción del espirita 
santo, arreglada al misterio de tus juicios ines- 
crutables. Mas, conociendo yá que solamente lo 
justo, y bueno está al alcance de vuestros man- 
datos, y de las mociones de vuestro Divino espí- 
ritu, también he confesado que no forman siem- 
pre una nueva ley vuestras ordenes especialei. 
Ellas mas fraqUentemente recaen sobre el com- 
plimiento de lo dictado por el órgano de la nato- 
ralezüf ó de la rtN«Uc.V(H\\ ^^^ T««^<«di|a 1 



SIQ 

bre BUS deberes, le despiertan y alieptan k su 
ucioD. No es él en tales casos por lo co-s 
un mero instrumento de tu omnipotencia ; 
.as bien un executor de las medidas ordina-^ 
de tu providencia. Excitadas muchas ve-, 
x>r inspiraciones, ó preceptos sing^ularesy en 
obstan para que se dig^ que obá*amos por 
tro propio derecho. Pero ¿ como pudo te« 
ugar esta doctrina contra las naciones que 
«ban la tierra prometida ? Seria justo titulo, 
armarse contra ellas hasta el exterminio, el 
adaloso vicio de su idolatría, el numero de 
mas humanas, sacrificadas k sus Ídolos, el 
endo holocausto de sus propios hijos, consu- 
>s en las llamas abrasadoras de sus altares ? 
ne explicaré en un corto episodio que no. 
inconducente k las miras de mi confesión. 



§ XLVI. 

Dominio de la tierra de firomÍ9Íon, 

I rigidísimo carácter de la antigua ley no pa« 
k irregular que estas abominaciones diesen 
cho á tu pueblo para la guerra, y desolación. 
'O como es que no fueron igualmente pros* 
os los otros pueblos idolatras I De los Asi-^ 
que se establecieron en Samaría, después de 
oquista de Salmanasar, muchos de ellos ha- 
de su prole igual sacrificio á sus Ídolos, que- 
lola sobre sus aras. (4. Reg. 17.) Entre los 
;uos cartagineses, y otras naciones barbaras 
la Ja misma horrenda practica. \X ^^ coiCk^ 






8«0 

qiiistador fundó jamas su pretendido derecho de 
conquista sobre el capitulo de idolatría, y hnk» 
caustos humanos ? Reservado estaba este fn» 
si para otros siglos de misericordia y gracia, pm 
quando el anillo del pescador sellase Bulas depie- 
datorias de la ageno. Por otra parte vemosiloi 
Macabeos celebrando amistad y alianza con aec- 
taríos de otra Religión, y tal vez inmoladores de 
Tictimas humanas. Es menester pues buscar 
otra razón que justifique la conducta de los israe- 
litas con las siete naciones condenadas al ezte^ 
minio, y al despojo de sus posesiones. Por san- 
guinario que fuese el rigor de la antigua ley, nun- 
ca fue extensivo al perdimiento perpetuo de bi 
propiedades, aunque se aplicase como castigo de 
la idolatría. Nunca fue perpetuo, sino temporal 
el que varías veces por este pecado siifríeron loa 
hebreos, i Qual seria pues la causa de la confis- 
cación de bienes en la condena de aquellos pros- 
críptos ? No está muy oculta en el Pentateuco. 
£n el caso de la tierra de promisión no intervino | 
injusto despojo, sino restitución de lo ageno por 
rigurosa justicia. No era poseedoraj sino deten- 
tora de esta pais la gente que le ocupaba. Nin- 
gún dominio, ni derecho habia podido adquirir ao- 
bre él. Tampoco le tuvieron omnímodo, y plañólos 
israelitas. Mas que propietarios ellos eran usu- 
fructuarios, arrendadores, ó colonos de la tierra 
conquistada. Permanencia en ti el dominio ple- 
no de ella ; y lo declaraste expresamente en el 
Levitico. " Terra quoque non vendetur infietfie» 
tuum : guia mea est^ et vos advemtj et coloni mei 
€8ti8, (Levit, 25. J '^ Tamfioco será ettagenada 
fiara siempre la tierra : porque eÜa es mia^ y vo« 
so/ros sois mÍ9 «if/wrjiciarios'y colva^k*, \;^vs» ^s;^»^ 



osa hay que no sea tuya, para que tenga algo de 
ingular esta declaratoria ? No tratamos aquí del 
Uo dominio, que como k criador de todas las co^ 
as te pertenece sobre todas ellas. Tan Insepa* 
able de ti debe considerarse este derecho supre- 
no, que á ninguna pura criatura puedes conce- 
lerlo. £1 otro donlinio, sobre que recae la decla- 
atoria) es aquel, que pudiste transmitir á tus hi« 
os, Y que efectivamente comunicaste & tus pñ- 
BOgenitos. Si ellos por su inobediencia, 6 ere* 
lulos k la &bula de la deificación, perdieron el 
lominio del paráis^ 6 la sola posesión de él, yo 
lo lo sé, Pero de la letra del Génesis en la ez« 
nüsion de ellos puede congeturarse, que dexaron 
ie ser poseedores, y usufructuarios natos, mas no 
leñores del territorio. Por la naturaleza de lo 
[lenid qualquiera juHsconsulto diria, que no estan- 
io expreso el perdimiento de la propiedad, no de- 
ÚBL entenderse virtualmente comprehendido en 
las demás penas manifiestas en el texto. Al que- 
rubín armado que pusiste de guardia en la puer- 
ta de aquel sitio, para impedir la entrada, seria 
:onstante este punto de Derecho. 

Nada quedó reservado después del diluvio en 
perjuicio de Noe, y su posteridad, por el nuevo 
nandato de crecer, y multiplicar, y volver k po- 
blar la tierra. Pero en la promesa hecha poste* 
tormente k Abrahan, está, patente la reservación 
leí pais que habia de habitar este patriarca, y su 
lescendencia. Al intimarle que abandonase el ter* 
dtorio de los caldeos, al ofrecerle entre otras co- 
as la tierra de promisión, yá, residían en ella los 
;ananeos ; mas estos no eran propietarios, ni legi- 
imos poseedores de lo que ocupaban, <' CAanane- 
V auiem /une erat in térra. ** PeVo cutonct» 



ssg - 

estaban loa canaiiéos en agüella tierra. (Gen. 12.) 
Esta es la expresión del historiador sagrado; y 
ella es menos apta para significar señorío, que pa- 
ra demostrar mera detentación, y i^esidenoia. Si 
el siervo adquiere para su señor, si posee á hodD' 
bre suyo, si Abrahan descendía de Sem, á. cuyo 
servicio habia sido destinado Canaan por tu mal- 
dición, y si sus nietos eran herederos de ella; me- 
nos iK)dia perjudicar su ocupación á los derechosde 
aquel Patriarca, y sus descendientes. Mas, ¿ co- 
mo puede concillarse esto con la conducta de 
Abrahan, que considerándose forastero, y pere- 
grino entre los cananeos, les compra un logar de 
sepultura ? (Gen. 33.) Nada tiene de contraje- | 
torio esta conducta en un varón tan desinteresado» 
y moderado como él. Muy limitada entonces su 
familia, hubiera sido imprudencia alegar el pacto 
celebrado con tigo, para que aquellos evaquasen 
la tierra prometida, y para todos sobrante en aquel 
tiempo. Ni el Patriarca, ni su hijo podian culti- 
varla toda ; ni los demás ocupantes la evaquarian 
por el simple dicho de Abrahan, sin una prueba 
clara de tu voluntad, y tal vez apremiados. ¿ Con 
que fuerza podía entonces contar este propieta- 
rio, para doblegar la resistencia de los cananeos, 
y defenderse de sus violencias ? Carecía del au- 
xilio íle los pastores de Mambie ; y qualquier co- \ 
nato particular hubiera sido temerario, muy pe- 
ligroso, y nada conforme á la moderación y de- 
sinterés, que tanto honor le hicieron en la derro- j 
ta de Codorlahomor, y sus aliados. Seame licito | 
hacer aqui memoria de un ingles, que en cierto ! 
modo imitó el proceder de Abrahan, comprando 
en la Pensilvania la misma tierra c^ue le habia ce- 
r/ido el Gobierno de ^\x lu^vco^^'cíá. ^^xvsiksísík» 



de esta Provincia^ absteniéndose del t\r 
ropiedad que llevaba de Londres» aolicí* 
antiguos poseedores el de una venta e»« 

y justa. ¡ Pueda Abrahan tener nw 
adores como Guillermo Penn ! ¡ Puo- 
i muchos imitarle como auxiliador de lo» 
3s contra un monarca despótico ! Quan» 
tnos la memoria del filantrópico Penn» 
mos 4 otros ingleses, que muy ageno» 
naciones pontificias, y de otros medios 
'ios, compraron de los indios la tierm 
sitaban para su establecimiento, 
\bve, que impelió al padre de los creyen** 
car temporalmente el pais de Canaaoi 
nbien á, su nieto Jacob á salir de 61, y- 
i Egipto, en donde su abuelo habia hallan 
ito y hospitalidad. No fue larga la au- 
1 primero ; pero la del segundo fue lar* 
y tanto, que, según el computo mas mo« 
le yo he visto, duró 205 anos. Por me- 
po abandonada qualquiera otra tierra^ 
lucida al rango de bienes comunes, y &• 
primera que Ja ocupa; pero la de pro* 
taba exceptuada de esta regla general* 
[ades eran reservadas k la generación de 
Isac, y Jacob. Mientras la ausencia de 
familia, se establecieron en ella otras 

pero ningún derecho pudieron adqui- 

eila. Reservado en ti antes de la pro- 

ntes de la ocupación cananea, el dominio 

el útil, para que la poseyesen los isras- 

aprovechasen de ella ; ningún otro po« 
actuarla, ni adquirirla por usucapión. Si 
de mala fé loa ocúpanles, ia. e^caX^ ^ 
^hado con las aboInulafi|JQnlesA<^\t^^á'^'' 



824 

latría, si era de rigor, y de ira, de sangre y de 
fuego el espíritu de las ordenanzas militares de 
tu pueblo : nada tiene de extraño su procedimi- 
ento contra la gente que rehusaba evaquar el ter- 
ritorio prometido. Ninguna injusticia habla en 
la expulsión de los intrusos, y restitución del país. 
Tuya era la plenitud de su dominio ; colonos, y 
supe rfící arios los israelitas, con la pensión de ¿ax 
una parte de frutos á los Levitas y de subminis- 
trar lo necesario para los sacrificios, viudas, huér- 
fanos, y peregrinos. Los poseedores,podiati ena- 
genar lo que poseían ; pero no absolutamente, si- 
no con pacto de retrovendendo á beneplácito dei 
recipiente j con tal que no excediese del año qain- 
quagesimo del jubileo, en que, rescindidas toda» 
las enagenaciones de predios rústicos, volvían es- 
tos á sus primitivos usufructuarios. 

Me he detenido algo mas de lo que pensaba en 
este episodio, porque en la materia de su con- 
tenido adolecía yo de un error que aprendí en 
cierta obra titulada j^ Derecho publico de lat 
Miciones. Baxo esta corteza no habia en ella 
mas que dogmas del poder arbitrario. Empeñado 
,su autor en canonizar cierta usurpación, alegaba 
d caso de los hebreos en la posesión de la tierra 
prometida. Suponía, que los expulsos eran 
todos legítimos señores, y poseedores de ella ; 
pero que tu po^ un rasgo de predilección para 
con las tribus de Israel, y usando de tu poder 
absoluto, despojaste á los primeros ocupantes, 
les quitaste su dominio, y lo transferiste á tus 
predilectos. De esta falsa suposición deducía 
un argumento de paridad,- diciendo, que asi 
como tu en otro úetn^ \»n\s!X& ^Vákcw o^tar á 
los cananeo^ jebuatos^ ^tqs«\^ki^i Vj^* .>». '^^ 



a» 

edad, y posesión de su país, para darla 4 tu 
leblo» asi también era de creer hubieses hecho 
ro tanto con la America en favor de otro pueblo* 
i símil claudica por mil capítulos ofensivos 
dos k la Razón, á la verdad, al Evangelio^ y al 
trecho de las naciones. Se halla en contradic- 
oñ con el Breve de Alexandro 6 que limitó su 
Miativo & los reyes que lo impetraron, & sus 
srcderos, y sucesores, sin extenderlo á la na- 
on. He aqui el primer libro de Derecho Fu- 
ico que yo lei baxo la influencia del despotismo, 
or mas que nada tuviese digno de su titulo, yo 
epataba por excelentes las absurdas doctrinas 
lie contenia : todas ellas me parecían la quinta 
lencia del Derecho natural y divino. Abri los 
¡os ; y ni aun quiero acordarme del nombre de 
i escritor. Vuelvo á la inviolabilidad. 



§ XLVII. 

Continua la materia del regicidio^ y tiranicidio^ 

Entre los regicidios cometidos en la época de 
is Jueces ninguno mas natable que el de Eglon, 
7* de Moab, executado por Aod. Animado 
(te hebreo de la idea brillante de libertar á sus 
impañeros del yugo que sufrían baxo su reina- 
>, procuró ser el conductor de los regalos, que 
atinaban las tribus para este monarca. Los 
itregó efectivamente ; y habiéndose desprendí* 
> de las personas que le acompañaron en la con- 
jccion, retrocedió en diligencia al ^a\ac\o d« 
^km, ¿agiendo que le urgVa comuiacM\« ^^ 

2 F 



/ 

nuestra parte ot lecrpta^ SsüImMlQelrwcii 
la qoadra, donde. le ndUo; y ereyendole daiiB . 

Keservadameote* . Eri<el ndainejupte le Ao'JUHÍ 
una yiaSjiíiMíiaíSká^mxti^^ 
filos que líente, octtltiíi que w.ledeaó Jlitiiiii|v 
para ÜLdefisf^ Di eSeimk''pam'iwf«iáai'«iiiifii|Í* 
hacerse :sentíc dp-eu^^gents. ^^kmnáaiítmíá&^t^ 
gkida cerr^ mM. peonlo cmi tti?e.1ed|uileB.faM^ 
tas por la parte meñer dsC «p]iitatéy.:f:.a¿Ííie;fV* 
un postila ^los:s«fos^i .Léfroollfiotti^ JSf^ 
y con tanto; «hincoii yciitiíñisai0'k>»jpi|ae<edtf 

ron una victoria- pomplelá eefaüre: loei'niiwMi 
que luarchabah á^fciigairelt leipiaidkí, iyitosÉ^M» 
la' servidumbre de til pueblo. • Ap fw»» '«iMKbJmu 
libres de laque lialHa»üi£ride{kRrefapauofdie4t/ 
sdios 7 vivieron 80. en tranquilidad después de 
este acontecimiento. (Jud. 3.) Yo no podía 
combinarlo con las falsas doctrinas de mi educa* 
cion. Un regicidio^ ex^cutaj^o por una persona 
particular, con la circunstancia de aleve» y pro- 
ditorio, en la casa del mintió rey,qi^ por dere- 
cbo de conquista dominaba sobre el reji^dday y 
ius conciudadanos en castigo de la idoMtvk» era 
para mi el mas enorme crimnv. - Me pavéela- 
imposible, que fuesQ de tu aptebacion^ «unq^s 
recayese sobre una gente makUta»^ y pimcripdu 
Me confirmaba eneste conoegioe'eloir'ioiilifi- | 
car de pecado gravísimo en las escueias qu^ yo 
cursaba, no solamente al regioidto^ maatániblen 
al tiranicidio. En &vor. del monarca vafaifliite: se 
exigia sin excepden alguna im juvameiiti^dé'DO 
dfefender, ni aun eonm ^ttMo&A^ ^ ^^íaúm,^p» 



\ ■i' 



Bar 

testades legitímas. De este modo el despotísmO) 
tan interesado en la salud de las almas, se empe* 
-naba en alexar de ellas hasta las ocasiones roas 
remotas de este nuevo pecado mortal, y mas 
iluminado que el Angélico Maestro, patrono, y 
doctor de las mismas escuelas, pretendía enmen- 
darle la plana en este punto. 

Tratando ex profeso este santo del gobierno 
de los principes, enseñaba, que era licita, y aun 
obligatoria la destrucción del tirano, y de los que 
-gobernaban tiránicamente. Guiado por su ra« 
son, por la Escritura, por la tradición de todos 
loa pueblos libres, escribió lo mismo que han 
escrito los varones mas sabios, y virtuosos de 
todas las edades del mundo civilizado. £g;Ion, y 
Tarquino el sobervio son dos exemplares de ti- 
raniaque cita en su doctrina santo Tomas : el uno 
fue tirano ab initio, el otro ex post facto. Que es 
un deber de los hombres fuertes, y valientes como 
Aod, y Julio Bruto el librar de la tiranía k los 
pueblos, aunque sea con peligro de su propia vi- 
da, es la enseñanza de este santo Doctor : (lib. 
1. c. 6* de regim. princ.) es la practica de las 
naciones libres, y la misma que vemos aprobada 
en los libros de la ley. Exigir pues juramento 
de no defender e^ta doctrina, estos usos, y cos- 
tumbres, es exigir, que el hombre en sociedad 
renuncie sus derechos imprescriptibles: es exi- 
gir, que nos abstengamos para siempre de librar 
de su angustia y peligro á ios que son llevados 
injustamente á morir, y que jamas salvemos á 
los que indignamente padecen : es exigir un 
juramento de obrar mal, y de omitir el bien, aban» 
donando noestros deberes natura\e%^^ %WAaíNft%^. 
¡janmenio iniq no 4 todaa lucea, ^ Ae\í«i%^'0»' 
manera ob%atorio ] Jurar no Aefctv^'^t: \í^ vax^ 



como probable íxok doctrina sanUintate u1«|^ 
da al derocbo m^torali f diviilOi oa jarar i»4^ 
ibnder ni ann eooto probablea loa. fueroa» J-Mp 
gaciones del ciadadaao : ea reprobar él prnoéer 
de Abrahant de Mofaea, Juaoe, Aodb Xeaotti 
Samuel, DaTÍd, J^roboan, ti Sañedrkl, EKaa» ki 
Macabeoa, Jeaua, Pedro, j otroa faramc^rablea fM 
han osado de au derecluy contra loe tirdMib y 
los que reinan tiramcamente. 

Jurar absteneraede tan aagradoa derechoi j 
deberes, es jurar abiertamente el partido f tí 
memo de la tiranía i ea co mp r o me tér ae 4 am 
esclavitud perpetua t ea garantir la impanidad dé 
los malhecboreas ea tomar tu santo nombre ca 
vano con gravisimb perjuicio de la imagen, y 
semejanza : es abdicar el hombre au dig^ad en 
obsequio de loa malos, y proMemarae ¿na pies 
de un bandido, 6 pirata : es querer en fin qoe d 
hombre sea de peor condición qoe elj reptil mas 
despreciable, & quien nadie niega la facultad de 
morder, y punaar á ^ual^uiera que lo piaa, y 
oprime. Es torpe, injustísimo, y contrarío & ka 
buenas costumbres semejante juramento. Sn ex- 
acción sola ea un acto de tiranut tal qne hfcüendo 
indigno del mando á su autor, lo presenta ttas 
odioso, y criminal que los tiranos de la Eacritura. 
Ninguno de ellos osó profiínar de esta manera: tn 
santo nombre. No fue inspirada k loa hombres 
esta idea religiosa para su abatimiento 7 ruHia, 
ni para hacer de su dignidad, y. derechoa en 
ábundono lucroso 4 sus mismos opresores. No 
recibimos de lo alto esta prenda aagra de nues- 
tros deberes para honra y provecho de un solo 
individuo, ni (Mira dexar inanes auadetttda. Me 
ea en £n el iuwtmento \» Ninsí^to ^ Winji fMiÉi h \ 




/ > 



8!&9 

cis por el contrario una santa precaucioD, que 
¡hsegura ma» los derechos de la sociedad, y de 
sus miembros contra la mala fé de los discoloSi 
c<»tra los tiros del poder arbitrario. Tu no lo 
aceptas, si adolece de qualquiera de estos vicios» 
Yo vengo discurriendo del juramento promisorio» 
que es el de la qüestion. Quisiera que los es- 
pañoles que por desgracia la deciden en obse- 
quio de los despotas, meditasen la pintura que 
hace de los dos géneros de tiranía la 1. 10. t. 1.- 
p. 2. y dixesen, si hay en su contexto una som- 
bra siquiera de impunidad para los tiranos, un 
átomo siquiera de justicia para el juramento que 
ahora exigen. No vale el que otorgaren los 
reyes con menoscabo de la nación, dice otra ley 
de partida en el titulo de las juras. (1. 28. t. 1 1. 
p. 3.) i Y como podra valer el que pone al pue- 
blo entero á discreción de la rabia, orgullo, y 
avaricia de un despota ? Tal es el juramento de 
no defender, ni aun como probable, la opinión 
del regicidio, y tiranicidio, porque de esta liga- 
dura viene á los monarcas la mas amplia licencia 
para monoscabar la nación, y delinquir impune- 
mente á rienda suelta. Yo no hablo del regici- 
dio admitido generalmente entre los teólogos del 
siglo de Henrique quarto de Francia, por la sola 
disparidad de culto : regicidio aprobado en la cá- 
tedra de S. Pedro, y nutrido en el seno de una 
thedogia, de que fueron victimas aquel monarca, 
Y su antecesor Henrique tercero : teología que 
ensenaba ser licito y meritorio asesinar á qual- 
quiera principe anticatólico,. proscripto, 6 exco* 
molga^ por el Papa : theologia, de í\vá&yv í\aA 
|M(2n% jtutoTs 6 curador Jacobo C\€isv^x^.«<k ^ 
Imdó'fúeroD ¡Umsido^ jacobinos Vo^ c^<&V»>V 

S72 



880 

fesaban. Yo hablo del regicidio defendido por 
ganto Tomas, por las leyes naturales, y divinas : 
regicidio de solo nombre, quando yá por su con- 
ducta tiránica ha dexado de ser rey el compre- 
liendido en esta doctrina. \ Pero maquinar con- 
pr^ un monarca por opiniones religiosas, quando 
la suya á nadie tiraniza ; ponerle asechanzas á 
su vida, porque le considere como disidente, y 
enemigo suyo el obispo de Roma : es la obra del 
fanatismo, que tanto ha deshonrado á la humani- 
dad, y vulnerado á la moral del Evangelio ! 

En el volumen de Teología moral mas acre- 
ditado entre los eclesiásticos de mi pais habia yo 
aprendido la distinción del regicidio al tiranici- 
dio, fundada en la legitimidad, 6 ilegitimidad 
del titulo Real. Quiero decir, que en siendo rey 
legitimo, aunque reinase tiránicamente, jamas 
era licito levantarse contra él, ni tomar otro re- 
curso que el de la paciencia, oración y penitencia 
para que tu lo convirtieses ; pero que, siendo un 
rey intruso, usurpador, y tirano sin justo titulo, 
expedito estaba el derecho de la insurrección. 
(Ligor. in Mor. theolog.) Yk he confesado, y no 
me cansaré de repetir, que aun para este caso na* 
da vale la doctrina, y distinción de este teólogo: 
jamas salen de la esfera de pura teoría. Jamas 
hallamos en la practica el sujeto, á quien aplicar 
su dicj^amen teórico, siempre que nos guiemos 
por los Moralistas sumisos al despotismo. Aun- 
que el reinante fuese mas intruso que Abimelechf 
y Athalia ; aunque fuese mas cruel que D. Pe- 
dro, que los Caligulas, y Nerones, que los Dioni- 
sios, Atilas, y otros inumerables, ninguno de 
ellos le confesaiAa ; todos ^Wos %o»x«AxSasv \a 
contrario } el nusmoLi^vio %»tísft.^^ ^^x^\sot«.- 



Í81 

. fuese consultado en la practica. Véase el 
:to exterminador de las ultimas cortes, y 
itucion de España. Véase la insolencia 
[ue en él se afirma, que esta nación no ha 
o un rey despótico. Desmentida en él la 
tía, Y la tradición de tantos siglos, i qual 
el teólogo de los que han besado este decre- 
le pueda señalarnos con la mano un tirano, 
i providencia tiránica ? i Quien será aquel, 
lo sostenga el juramento de no defender,^ 
^omo probable, la opinión que favorece el 
idio, y tiranicidio contra las legitimas potes- 
? ¿ Qual será, la potestad, que no sea legiti* 
n la practica, si su legitimidad siempre ha 
r pronunciada por el actual poseedor, y sus 
darlos ? \ Muy estragada debe ser la Moral 
idmita, 6 tolere la iniquidad de este jura« 
o, y de la facultad dé juzgar en su propia 
i la parte, que lo exige, y nos oprime 1 
[legó fí este grado la depravación de los 
ircas de Israel. Abitnelech para hacerse 
je todas las tribus tampoco se valió de 
arbitrio. Aun no lo habia sugerido el aver- 
aun no estaba descubierto el rumbo á loa 
:ios imaginarios en busca de autoridad, y 
r. Me ceñiré á terminar esta materia, evitan- 
i prolixidad que ofrece el campo vastísimo 
is tratados. 



S XLVIIL 

Se toncluye la materia del regicidio^ tiranicidio. 

No se sirvió Abimelech del juramento de nu- 
estros tiranos, ni del recurso á la potestad celes- 
tial ; imploró el favor de todos sus deudos ma- 
temos para que ganasen la voluntad del vecinda- 
rio de Siquen, y le diesen dinero con que sobor- 
nar otra gente. Por esta via logró el voto de los 
Siquimitas ; alquiló el poder y la fuerza de mu- 
chos vagos y menesterosos, siempre prontos á 
seguir á tjuien mas paga ; y se proveyó de una 
soberanía inicial, que iba tomando sucesivamente 
cuerpo. A los siquimitas se agi*egaroD las fami- 
lias de Meló ; y reunidos en aquella ciudad con 
los mercenarios comprados para el sufragio, cons- 
tituyeron por rey á Abimelech, junto k un árbol 
semejante al de Gamica. (Jud. 9.) Estos son 
los tramites por donde muchos llegan. á la coro- 
na : tramites de moda en todos tiempos : trami* 
tes santificados en los nuestros con la invención 
de un poder, y juramento ignorados en aquella 
era. Colocado Abimelech por medio de una fac- 
ción en el trono de Israel, sin la voluntad general 
del pueblo espontanea, y libre, sin los requisitos de 
su constitución, y manchadas sus manos con la 
sangre de 70. hermanos, asesinados con ia fuerza 
de sus mercenarios, fue verdaderamente intruso ¡ 
pero tolerodo por los demás que no habían teni- 
do parte en su nombramiento, reinó 3. años. En- 
tibe tanto no aparece uva^ c^e vcck^ «ola persona, 
acusándole expresametvte ^eU NVAfcTwOva. ^ \x*5k^ 
de con que se^poáeraYw^ de\ c«X^- miasíMst ^'í. 



883 

ius hermanos, y el único que afortunadamente es- 
[:oiidido pudo salvarse del fratricidio, exclamó 
[Tontra éí, y sus principales electores con toda la 
libertad de un ciudadano virtuoso. Joatan es el 
solo que haciendo hablar á los vegetales en su in- 
g;eniosa parábola, representa en el cardón la con- 
ducta criminal de su hermano ; y seria capaz de 
dexar expeditos los derechos de sü nación, si ál 
sonido de su voz se hubiesen desengañado los ilu- 
sos, y alentado los tolerantes. Mas, viendo, que 
ningún fruto producía su discurso, huyó, y se subs- 
traxo del alcance del tirano ; cuya ruina empezó 
por el descontento de los Siquimitas. Se suble- 
varon contra él, y reanimados con la proclama del 
insurgente Gaal, tomó incremento la insurrec- 
ción, y vino contra ella el exercito del intruso. 
Tales fueron las ventajas que este adquiría sobre 
los patriotas, que ellos hubieran sido vencidos, y 
castigados como reos de alta traición, si una mu- 
ger no executa el regicidio. Sin este suceso, el 
cabecilla Gaal que mandaba las tropas insurrectas, 
liabria sido desquartizado, y sus miembros enhas- 
tados en los caminos. No tuvo la fortuna de ser 
él el regicida ; pero merecerá siempre ser tra- 
tado, no con los groseros dicterios de la tiranía, 
sino con el renombre correspondiente á un varón 
ilustre, que libra de ella á sus semejantes. Yo 
no hallo el nombre de la heroína que con tanto 
acierto arrajó sobre la cabeza del tirano el pedazo 
de piedra de molino, que causó su muerte, y el 
triunfo de los insurgentes. Pero sea quien fuese, 
tiene mérito para que su memoria sea tan immor- 
tal como la de Debbora, Jahel, y Judith. 

Según ¡a opinión de nuestros Mot2X\%\.*^V| \a:cv 
añolabie y sagrada era la personcí te Ktí^as^^^-» 



como la dé qnalqiiierft otro tif liBglthif e, ^'le^ 
timado por la aqhiécemsia ^1' píbflUúb' Slgí 
no reconocen otro origen de i^iolabi6<lÍRl,'q(ié>él 
poder derivado de vos í f-éMt pMeinad '«ffíÉ 
sentir la comunicáis vos, dn 'atenderá! Im;iiiM- 
os por donde se 49Dn«g;iié la iDóPÜba; -^ A strnMtt» 
de entender pareoeqne en 'lasfedmi'^^irililba'ldb 
la dicción rqf, 6 en iH-imlabra' ittlÍaia:>bMriM- 
to hechizo divino, «nnb'séqaé titf^pMA^^M, 
que al iiístante que se apficía «1 candtaláfb>)^g!lA, 
queda ungido encuerpó, y atnÉ,^y{p<étic^raAt» tfl- 
timamente de' vuestro poder, y ü^étsMa.' 9^ 
que esta se halle ligada' i la- pald^-'6*<{tie-p(ir 

'un ma^etisiho^ portentoso der-^eSascí leiikfutt^ 
al pretendiente ca' el a¿toinl«mbde^ tktflme^ 
la primera "ves, rey^ 6 én el'devMliidtfrfféíe cdots- } 
ta invócadcm, tumlsmé ie'sojeiaís á^Mtft'Hgadu- 
ra, y no puedes resistir ilos'iinpufsos'de lávirtiid ^ 
atractiva de las letrss, silabas^ 6 diccien Res!. 

!Tal es la fuerta -del sublime y t^idestiálentanta- 
miento, excogitado por la adulación, q¡iie;nb te 
queda arbitrio para evadir -su eficada. Qálenu, 
ó no quieras, has de ceSer «1 capricho de q^- 
tas se apoderan del nuniíb pori}i¿tlqultra vnrque 
se les presente.. Esta es ladociriná'de estes nu- 
evos encantadores. Ellos dicen, y Vlieeci bien, 
que Abimelech obró con autoridad y podvr, du- 
rante el trienio de su reinado. 'Segdn cdlos,'de 
vuestra mano viene derecbániente & laa personas 
Reales su carácter y soberania,biñ4atnteirreii^dón 
del pueblo. De ac^ui deducen 'qub obr6 «00' ao- 
toridad, y. poder diWno aquel* intruso, y qm por 
tanto era inviolable y ¿agrada táÍp6rsoi^a¿-^De íe*- 

/tó deducción TfssuUa; <iat^^ ostsopi^^ 

poder, os aodmodewfcc^ ^.X^T^A^oBíK^^^tót^w»^ 



del tirano, k la intriga de aus parientes, k la ve» 
nalidad de los sobornados, al sufragio de ellos, y 
de las dos ciudades que ccmcurrieron á. la elección. 
Resulta en fin, que plegasteis de tal modo á lai 
ctrcumstancias, que, á pesar de la iniquidad del 
aspirante, no pudisteis negarle la investidura 
ReaU el carácter inviolable y sagrado de la ma- 
gestad. Su aserción se corrobora con lós tres 
anos de reinado,, en que ningún otro que Joatan 
bizp frente al nombramiento. Si se les oponei 
queconlasucecion del tiempo no puede convale- 
cer lo que fue nulo, y criminal en su raiz, 
ellos añaden á: la carrera del tiempo la tole* . 
rancia de los interesados ; ellos alegan el princi- • 
cipio de derecho, que concede á la ratihabición un 
efecto retroactivo, y la compara al mandato. 

Yo no puedo reducir á guarismo los absurdos . 
que resultan de la fÍEÜsa doctrina. A sus invento- 
res y fautores les sucede lo que al navegante que 
cae en scila huyendo de caribdis. Por no some- 
ter un individuo á. la voluntad general del pueblo, 
hacen de ti un vil servidor de una sola persona» 
ófasnilia, para hollar á tu imagen y semejanza, y 
burlarse del derecho de las naciones, ¡ Dichosa 
mil veces, tu, heroína del pueblo hebreo, que no 
tuviste la desgracia de otorgar el juramento exe- 
crable de la tiranía I \ que no estabas imbuida de 
unos errores políticos, que concébidos, y abortados 
en tu edad, te habrían quitado la gloría de liber- 
tad á tu patría i \ No temas que se eclipse la que 
has aquirído en el cielo, y en la tierra, con lai 
sombras del feudalismo i Brillará tu acción á ' 
despecho de las condenaciones políticas de la . 
curia Romana^ y del concilio de Coü^^Axoa^W/ 
;^ Quantos regicidioB (dcda.ya tüW.*^ \»t8){cví^<« 



cloDet)fte habriaoevitBdoi ú Mfly»e».hirtMe iúatí*. 
tado en su código la MtkiB 15. del einodo coiwrdaipv 
cíense ! ;<<Que nriMMfiwlosregicidu» yiifiñ 
nicidas, si hubiese una.espresii problbicíoii méf. 
Decálogo ! Un mandaiaientb especial, amóldaai^' 
á la doctrina antitboniiatay hubiera ain dudaayr* 
mentado basta lo iofinilo el nuniero d^ Iba tiiáf* 
nos apuntados en la Ssciitunu Si la persona dpu 
los despotas coronados debía aec para noaotnia. 
mas inviolable y sagrada i|ue. la de nuestras par- 
ares, i por que no darlea un Jugar prefieieii|e ci^: 
las tablas de la ley. I 6 alo nüanoa ¿ porque h>h, 
gravar en ella un precepto igual al ddlpaifae y da 
la madre? 

No hay para nosotrúa persona moa ufpw¡$,' 
é invblable que la de nuestroa padrea. De ungu* 
na hemos rccibldoi bí podeoioa recibir lo que ds 
ellos nos ha venido. Nuestras obligaciones paa 
con tigo, y para con ellos nacen de los beneficios 
recibidos. Esta es la raiz de tua dareebosi j da 
los suyosy y de nuestros deberes respectiva 
Todos los demás que de aqui no prooedenj sersn 
tiránicos, 6 ilegitímos, siempre que no dimaiisn 
de la voluntad, y libre consentimiento nuestm. 
Ninguna acción, ninguna obligaclorii que no psr* 
ta de estas dos únicas fuentesi puede ser racio-. 
nal, y justa. Serán iniquaat sino traen au origaa 
de los bienes recibidos ó de la equidad, y justicia, 
de los contratos. Tendrán plaza de intrusosi y 
tyranos los que de otro principio deduxeren da> 
rechos y deberes. Llevaran la marca de impps* 
tores, si alegaren comisiones tuyas ó de nuestros^- 
padres, y no exhibieren instrumento autentico de. 
€]¡as. Será grávela xioxai ^^vtsv^^mSAttas^d.ca*' 
reciesen ^e a^lff^aA mV^niaa u^ ^X^ ^aft n a.^ xve»e 



}%f que inspiráis á quantos escogéis para minis- 
os extriKMrdinarios tuyos. Ni Moyses, ni Jesús 
iibieraii pasado por enviados tuyos, si no prue- 
iD«aminon c<hi legitimas credenciales, si no 
ibresalen en virtud, y talento, tal, qual lo exigia 
I encargo de cada uno de ellos. Pensar que los 
espotas, y conquistadores están comprehendidos 
n los quatro primeros capítulos del Decálogo^ 
I pensar, qile el oprimir, ligar, uncir al carro, y 
iquihnar son equivalentes al criar, redimir, en- 
endrar, nutrir, y educar. Por mas que la tirá- 
is afecte el carácter divino, por mas que ostente 
I dulce nombre de padre; sus obras todas son 
ontrarias k las tuyas, y paternas. Su honra y 
rovecho, su placer y gloria se labran á expen- 
isde la libertad, sudor, y sangre de sus subditos. 
loy distante de imitar tu beneficencia, y la de 
lestros padres, si alguna vez cuida, alimenta, 
nutre k los oprimidos, es al proprietario de una 
ibaña, á quien perfectamente imita : es por or- 
inar, y transquilar, por vender caro, y comer 
>rdo, que apacienta y ceba sus rebaños. Pero 
do esto en su diccionario está dorado con otras 
Mes, y voces, á cuyo influxo yace insensible la 
ultitud, deslumbraída, y seducida en favor del 
Bpotismo. 

Ahora bien : Si contra una persona tan invio- 
ile y sagrada como la de mi padre, me es licito 
Eir en defensa propia del derecho repulsivo de 
fuerza; con mavor razón me sera licito recha- 
r la injusta agresión de un tirano, y quitarle 
1 medio, si de otra suerte no puedo quedar 
seguridad. Si contra la sagrada persona de 
pariré me ¡iga el precepto de libTat ^<e v\ vcv« 
híb, y peligro álos que son l\evadosm\wMKiDffii* 

2G 



te á moriry ¿con quanto mayor razón no debe 
executarlo contra otro opresor detestable ? ] 
padre no está, exento de la ley que me prote 
contra el abuso de su poder : los eoLcpnon de 
autoridad me dan derecho para reconvenirle ai 
el magistrado, y á este jurisdicción necesaria ] 
ra castigarlo. Debiendo ser la pena proporc 
nada al exceso, si este exige perdimiento de su 
bertad,el de la patriapotestad^ó el de su exist< 
cía, no se me reserva mi derecho para la otra 
da, ni se me exige juramento de no defendei 
doctrina que en ¿les casos apoya el panicid 
I Porque pues privilegiar mas á. un despota 
quien no recibimos bienes* sino raaleaí Sea < 
horabuena condecorado con el sagrado nombre 
padre el magistrado que imita en quanta es dal 
las funciones de un buen padre de familia. Dens 
al tutor, y curador estos honores, siempre c 
sea digno de ellos por su conducta. Sean pad 
conscriptos, y padres de la patria los funcionar 
de una República, que merecen este dictado. ] 
ro prodigarlo á. los que son mas indignos de él] 
una profanación escandalosa. Pretender que 
padre honorario sea de mejor, condición que 
padre efectivo, es pretender que lo expreso er 
quarto precepto del Decálogo sea posterga 
para darle la preferencia á todo aquello que fi| 
rativamente ha querido agregarle la ley civil, 
no acabaría, si hubiese de seguir las reflexioi 
que se. derivan del abuso de esta analogía, 
muy semejante á ella la del titulo de madre a 
buido k una comunidad, de donde salen alguv 
ó muchos miembros con el fin de fundar oti 
Llámese enlkorabuena madre patria el puel 
de doodjB 3alen aemi.\U« ^ws^Íoytcvw; 5i\.tsi^\»áí 



'satt 

Pero áivpirar por tito el semillero á igualar, y 
i superar los derechos de una madre natural, es 
.nácar de su quicio las alegorías : es hacer que la 
.tmtaraleza no sea señora, sino esclava del arte, 
{|ue jamas puede imitar sus obras sino con im- 
perfecciones : es fatigarse en buscar la soberanía 
nacional en el árbol genealógico de las socieda- 
des humanas : es querer que todos los hombres 
neamos dependientes de la gente que ocupa la 
fierra de donde salieron los hijos de Adán, y de 
Noe á poblar, y repoblar : es en suma el colmo 
de la mania colonial. Colonias todas las naciones 
.ile teéoft dos semillerDs primitivos, colonialmente 
beberían ser todAs ellas regidas por el. -gobierno 
.Ae una y otra nuidre patria, i Y qual de las dos 
(Soberanas lie varia la prelacion I La mas antigua 
.fitQ disputa. Demos una ojeada sobre el infinito 
fiuimero de semilleros subalternos : averigüemos 
c%\n ia genealogía de cada pueblo el tronco menos 
;t*emoU> de su ascendencia : finjamos á cada uno 
de eliós con Us pretensiones de soberania que te- 
rmeHtriamente se arrogan las modernas madres 
' fpatrias de la Europa: y veamos luego si hay labe- 
linto comparable con el que de aqui resulta.*^* 
\ Que delirio pensar que podemos dominar á nu- 
. estros semejantes con el pretexto de ser noso- 
tros actuales poseedores de la tierra de donde sa- 
lieron los pilladores de la que ellos habitan ! 
..; Que usurario seria en tal caso el ^^crecite^ et 
niuit^iicaminij et refilete terram^ que intimasteis 
>á los primeros pobladores, y repobladores del 
universo I \ Maternidad civil radicada en el 
suelo, soberania procedente de esta roatemi- 
•dad, ambfets tan absolutas, y perpetuas^ tan de- 
8emejaátú8 á su prototipo, que '^TCfi&.'s^ «U!Axvkv> 



pon espontaneatnent» 4 •»• Mjoty no |Mdia< 
sino en el barlMiv lisMMi w loe ftiodott' 
cujra afrenta esuterieroMaoita iinliiiiri de 
y Atenae. • Apaftemoe de ^loe k viMf r 
jamos el hilo de la ¡BfiolidMkM» 



eu 



fXUX. 

InviolM&dad de ^físbfati f imfxña^'mut 



l^^ 



Si queremoa eer . peipetMinma ItwWÉMiipj 
guarderooi inviolableoMOte Im'kjff 



k otro lo qoe no queremoa. te liaga-00Bif»MM||ir 
Nabot no era imnolálile 7 Mgff«doMr^«lnréíáÍI' 



que el común é, todos loa lieiiibi«ade faiep* iAaal^ 
y su muger lo eran por la au t ot ididf f l"*^ 
que exercian en Israel ; pero nada dé es|o lÁ 
valió para eximirse del castigo meteeido por «I 
tiranía para con aquel subdito safo» 7 TédnapÉÍ» 
ticular de su corte. SufrierQn ainboa toda ú 
rigor de la pena del tallón. En dandé Uéters^ 
ellos derramar la sangre de Nabot, en donde -7^ 
derramada, la lamieron los perros, allf lainiom 
estos la de Acab, 7 comieron la carne de JeaÉbdt 
(3. Reg. 21.) Al pie de la letra se cani^tto enel* 
los la ley dictada para la seguridad de todos loé 
hombres. Acab, y Jezabel hablan jk incnifida 
en la impiedad; pero este crimen no mereció da 
tu parte tanta iodignadon como el homoqidki de 
aquel honrado ciududano. Eran impiols j^^tmt 
ciendo á. los Aúrios, celebraftxi un tratado vsMiH 
jo80 con Benadad,Tcy d» ^Msu V^ml ijgaiaíVi 
Woiaron Ja segivÁdisA ^«nww^ ^ '^**"*» 



tolerancia» y pagaron muy caro esta yio« 
1. Unos extrangeros en el campo de batalla 
itaron en Acab la sefitencia de la ley. Un 
so fue el execQtor de Jezabel en su mismo 
k>9 haciéndola precipitar del alto por mano 
js propios sirvientes. Este mismo hebreo 
» á reinar en lug^r de la casa de Acab» des- 
^ndola entevamente, y matando 70 hijos su- 
(4. Reg. 10.) Pero es de advertir, que Na- 

murió como suelen morir en las monar- 
i absolutas muchos proprietarios honrados, 
sar del despotismo con que reinaban los mo- 
la de Israel, los homicidas de Nabot ocurrí- 
ai orden judiciarío para quitarle la vida, y 
erarse de sus bienes. Se habla antojado 
S para extender sus jardines, de la viña que 

1 israelita había heredado de sus padres ; y 
> le propuso comprársela, 6 permutársela, 
propietario rehusó enagenarla por ningún 
I, alegando la justa adhesión de un hijo & los 
is de patrimonio, ó abolengo. Resentido el 
le la repulsa, se abandonó i su dolor, sin atre- 
t k usar abiertamente del poder arbitrario, 
poco osó la reyna emprender por este me- 
i adquisición de la viña. Resentida igual- 
e del procedimiento de Nabot, excogitó 
ña para adquirirla, y vengarse de este sub- 

Testigos sobornados, jueces corrompidos 
anaron el camino para la execucion de sus 
tiios. Un falso testimonio, y una sentencia 
a fueron los medios de atacar la libertad, la 
y propiedad de un vecino de probidad. He 
el titulo con que la viña pasa al dominio de 
• jr Jezábel para ampliar aua tvcj^^iSA ^ ^« 

il^' gratificaron elloaa^ucoíftKáaL^l'^^i^* 

2 o2 



ganm tus i«aeBtimÍAiitotpM«oii$l«t.¡ /Aai< 
marón la sangre de-Naboteti. donde fve 
por loa perroa i y aid IfBCjirMfni elloa tmh\ 
na de que hof pre^enídea esfaidk«e:loe qiiti 
quieren recopocer mperioijMhwi en^eete .iPWlik] 
Nunca £ütan eo las mquarquiM átiaoltttaa^tifpl 
gos» y jueceaque sirvan. gmtoaameBte á. loa npj^j 
en semejantes empresas.. En oUaeqeio de ki^] 
bia de un monarca. francea (Felipe el Hermi^l 
contra uno de los . Obispo* de Roma (Bimihip' 
VIII.) testificaron 40 persoaagea^to loa.piiMlr' 
ros áel revno, quantas mentirán r. ealiioiniea^ta 
biaexcogiudo su Reat . waligeMad pamvydÉl 
& este Pontifico, y dexar para stemptie;dtinigiiiil 
su memoria. Quaren^ testtgo#» nade ce<|i*»' 
ras y rumores vulgares, sino, de tkaaitím- ^l^n 
le pusieron en la fila de los primcio»ifriiniiihÉ 
del orden edesiasitico, y urdieron de tal auerfesl: 
trama judicial, que fue menester para diaoLy«iii 
un concilio después del £ülecimi¿ilD del oüiwh 
niador y calumniado. (Synod. Vieim.) .Son inge* 
niosimos en esta carrera tos palaciegoa y Gom» 
sanos de nueatra edad. - Pero la exqvdaita jem- 
prudencia de los miiüstros feudalea .ba recorttds 
el camino de la venganza regia* Para bacereosi 
qualquiera de sus vasallos lo quebideroD eoB 
Nabot Acab y su muger, un^ Real orden de^Mi- 
tica es muy suficiente. Reunidos «i una aoh 
persona todos los poderes, ella esquíen da la Iqr* 
quien juz^ y executa ausjuidoa. Deesnuna^ 
néra se miran cqn asombro copfundidoa» 6 ideat 
tificados muchas veces .en aua propina raiHM 
acusadores^ testigos, y juec^ea. Mas para etdi^ 
yo3 habituados ifi^T Xnáas¡if3/Bí ^ tnL^WraaniAr^^ 
moflgtruoaa pm o knit j pA^^itiwBfc ta>nt " 



A sBiigre fría miran prender, deportaf y 
<^roBcribir con este estilo oriental. £i precepto 
librar de su angustia ¿ los que son conducidos 
morir, ó padecer injustamente, ninguna impre- 
cauaa en indiriduos, cuya servidumbre ha- 
Iñtual ha relaxado los muelles morales de su al- 
ma. Ni el amor propio, ni el interés personal 
los mueve á su cumplimiento. Hasta la rcfle- 
sion de que mañana se executará con ellos otro 
tanto, parece haber abandonado á un numero de 
espectadores, que con aplauso, indiferencia, ó á 
lo mas, con una compasión estéril asisten á las 
sangrientas escenas del despotismo. Yo he visto 
defendida con los libros de la Religión esta prac- 
tica judiciaria del poder arbitrario. Aturde y 
pasma el abuso del único texto con que el de- 
Sensor pretendía consagrarla como religiosa, y 
divina. De la insensata petición de los israelitas 
para tener un rey, semejante al de los pueblos 
idolatras y serviles, se tomaba la prueba de aquel 
absurdo. „ Un reyj que ae ponga al frente de 
eilosf un rey que loa. juzgue^ y fielee en sus bataU 
las es el que ellos proponen á Samuel, y lo que 
excita vuestra indignación. Mas, el reprobarse 
aqui como pecaminoso el pedir un rey que supri- 
ma, y usurpe las facultades judiciarias del Sane- 
drín, no obsta para que el desacierto de las tri- 
bus se adopte como rasgo de sabiduría consuma- 
da por uno de los defensores públicos del decre- 
to restitutorio de la tiranía española. No me 
acuerdo del titulo del periódico ; pero tengo muy 
presente que su editor prorrumpió en este desa- 
tino, censurando la Constitución de las cortes en 
quanto hacia io</ependientes deV rey VaA^wwcvcscv^'^ 
del m^ea juáicM» Asi pudo tax!i\A<e;\v n^^^"^^ 



OVV 






de las palabras ét Roboan al pucUo dé 1 
para sostener que el rey de EspaSa tenia 
cho de maltratar con escorpiones á sus va 
Vuelvo á Nabot, y me admiro de que en t 
capital de Israel^ teatro de tantas trsigedias 
reyes y iamiliaBy no hubiese quien tratase < 
vario de las manos de Acab y Jezabel ! 
puedo atribuir esta omisión sino al ingenie 
calumnia, al prospecto de las formulas judi 
al peso de la tiranía, i la corrupción de se 
ciudadanos. Si estuviesen como yo cont 
dos de la falsa idea del carácter divino de 
yes, de su inviolabilidad indefínids^ Sec. no 
para que inquirir otro origen de su apati 
todos ellos pensasen como yo en mis pre 
clones, todos hallarían digno de muerte 
ciudadano. Desde mis primeros años v 
persuadido de que el rey era Señor de ' 
haciendas. Asi lo aprendí desde que pud 
arme de tal especie por el órgano de mis 
dos. Desde la cocinera de mi casa hasta < 
de mi parroquia era tan trivial esta doctrin 
no podia menos de llegar muy luego al < 
miento de los niños. „ M reyj y la Inqi 
chiton : era otra máxima todavía mas fire 
que aquella : era el adagio con que los tax 
tos hacian callar á qualquiera que hablase 
la practica de aquel axioma arbitrario. S 
encia no era en mi tan notable como en aq 
que ya hablan manejado las leyes de Par 
podido verle condenada en una de ellas c 
palabras siguiente»—,, J^on puede (el me 
tomar heredamiento j 6 alguna otra cosa 9ÍH 
del propietariOyá mcnoiB que lo fiierda fior c 

^ucéC iome é /rrocotwnnul de la tWrro^'M 



. / 



849 

2e ha dé dar antes huen cambio que vala 
^Rl», 6 ma9y deguiaa que le finque pagado á bien 
^étüa de orneé buenos» (L 3. t. 1. pi 3.) 
. Ignorando yo este derecho, tenía por reo de 
^n majestad á qualqoiera que, como Nabot, re- 
Miase dar al ref lo que era su]ro. En mi sentir 
^ habia mas propietario que este en todas las 
temarquias. Todos los demás eran tenedores de 
jvapledades pertenecientes al monarca, obliga- 
loa k devolverlas luego que este las pidiese. 
Baxo este concepto decía yo que el tenedor de 
Iqnetla viña había cometido gravísimo desacato 
boMJa el rey Acab, y quebrantado el séptimo 
Mtidamiento del Decálogo, reteniendo lo ageno 
contra la voluntad de su dueño. Decía mas : 
qoe en haberle propuesto el rey permuta, ó com- 
pt«f habia obrado generosamente, y añadido nue- 
fm gracia & la de hal>erle permitido el uso de la 
inca con una pensión moderada que yo me supo- 
ni». Quería yo decir, que quanto poseía el va- 
tallo era debido á la merced, y liberalidad de su 
leSor ; y que teniendo dominio sobre su vida, de- 
bia con mas fuerte razón tenerlo sobre todas las 
demás cosas de que gozaba por beneplácito suyo. 
Att me hacia blasfemar mi ignorancia contra los 
derechos de la naturaleza, contra la autoridad de 
la revelación, expresa en los libros sagrados. 
Analizaré mi blasfemia. Apenas habían salido 
de tus manos nuestros primeros padres, quando 
recibiere»! tu bendición, el precepto de propa- 
garse y multiplicarse, y el dominio sobre toda 
la tierra, sobre quanto habia en ella, en los ma« 
IVS} 7 regiones del aire. (Gen. I .} Lexos de dis- 
minuirse por Ja culpa original este det«c\\o ^^ 
pnpríeiiad, ac corrobora por la t\ec««^d^^ ^^ 



entonces les impusiste de cultivaria c( 
de arrancarle los espinos, y abrojos que 
ducir, y de regarla con el sudor de 
Habrías cometido tina injusticia not 
transmitir k su posteridad la herenc 
males, la hubieses despojado del derec 
tario de sus bienes» 6 vinculadole pa 
personasf y &miiias. Estas serian . ei 
las únicas responsables de las deuda 
menes hereditarios. Los demás individ 
redados retendrían una acción indispi 
justicia original) y serian por tanto 
condición que los instituidos, 6 mejorac 
cío y quinto de bienes temporales. I^ 
. ente ipi mayorazgo de errores para 
tantas extravagancias ; pero basta el s 
. mun & convencer, que, si en la transmi 
. ditaria de todos los bienes y derechos 
conservados ilesos, aun después de la ] 
cion de Adán, te portaste imparcialmen 
dias dexar de ser menos justo en pr 
efectos de la industria de sus heredero: 
sores, en hacer respetables las garantía 
trato social con que ellos procuraron 
mas sus propiedades. Sin duda par< 
favorecidos en las tablas de la ley los 
dustriales, que los naturales. Contra 
obran los magistrados que atacan el di 
propiedad. Y si el disponer de esta si 
cer de su dueño, es latrocinio ; el ataca 
fuerza publica, destinada al amparo de 
tario, es manifíesta rapiña, tanto mas 
quanto que lleva en si la circumstancia 
dia, 7 tiranía. v>i, „ 



347 

9ero i como es que, caducando la propiedad, 
^^bertad, y la vida por el crimen, no se hace 
feírito dé él, quando i loS beneficios recibidos, y 
i%iT^cióne8 voluntarias solamente se atribuye la 
ll|i]isicion del poder? No se le dio al derecho 
SVénganza su lugar en esta lista, por su bastar- 
!l origen. £1 es el producto de los extravíos de 
.ItftzoDj conseqüencias funestas del arranque de 
ÍÉ pasiones. Un derecho de tan obscura extrac- 
feñ no era digno de clasificarse entre ios nacidos 
Iptu benefíciencia,«del amor paterno, ó de la vo- 
ftotkd fraternal. Introducido por desgi*acia en- 
it los hombres, carece, por la baxeza de su con- 
¡felón, de los dulces vínculos recíprocos que for- 
Uffi la bella armenia de los derechos, y deberes 
Riciales : no tiene el dichoso encanto de las rela- 
iiHies que enlazan al bienhechor con el beneficia- 
». De una procedencia anómala, y unilateral, 
>lamente liga al autor del maleficio. Mas para ha« 
BT menos amarga y odiosa la violencia de sus 
[ectos, jamas puede ser transcendental á los ino- 
sntes, ni salir de la linea del talion. £s común 
ita regla & los delitos públicos, y privados. Lía- 
lo ahora fiuhlicos k los que comete una nación 
mtra otra, de donde se deriva el derecho de 
uerra, y conquista ; y firrvadoa k los que no sa- 
n del circulo de una comunidad, en cuyo terri- 
m> se cometen, y producen las acciones crimi- 
iles.' Si los agravios que una nación recibe de 
;ra igualmente independiente, autorizan k la ofen- 
ida para armarse contra la ofensora y conquis- 
rhi ; todo este mal debe cesar desde que haya 
xibido una satisfacción proporcionada k la ofen- 
!. La pena del t » por tanto es \o sxxmo^^ c^'Si 
i/am^/irepifcdc aspirar la polei\c\a ^^xvnaAa.> 



con tal que no sean comprehendidos en eUi 

inocentes. Qualquier exceso remarcable ei 

ta parte habilita & quien lo padece para com 

lo en el momento : y todo inocente oprinúdi 

ne acción para revolversexontra su opresor, 

cuperar su primitivo estado* Si la presentí 

neracion de un pueblo, injuriando k su vedi 

acarrea la guerra, la conquista* y senridun 

los principios eternos de justicia no permitei 

pasen estas calaroidadesi como wia herenci 

zosa, á las generaciones futuras, que no tui 

parte en la injuria, ni pudieron ser complic 

un crimen anterior á su existencia. Claro 

derecho que compete & esta posteridad ino 

para reintegrarse en su independencia y til 

por los mismos medios, á que sucumbiere 

mayores, si persistieren sus opresores ^n 

adelante su opresión. Claro es también el 

injuriantes, quando los injuriados se hayan 

dido enormemente en la retaliación. No e 

rabie esta doctrina, conforme al derecho n] 

y divino, por los juramentos, y obligaciont 

exige el conquistador. £s iniqua y viole 

exacción que compromete la libertad en é. 

mentó con que se pretende consagrar la u 

cion y conquista. No es extensible la facul 

los primeros otorgantes á enagenar in perp 

sus derechos imprescriptibles. £s notoria 

lidad del acto, si en la enagenacion fueroc 

prehendidos los herederos, y sucesores de 1 

titud juramentada : \ juramento iniquo, y á 

luces insubsistente ! \ Lastima ver freqü 

temente hollados por monarcas, que se prec 

ensílanos y cai6\\coa, >ivvo>» v^\\cv^vi^^^ 

verdad f y justicia sobte Ta«^^x%.^T^«QX^% 



840 

ido Acab el c. 5. de Isaias, hubiese codi- 
i viña de Nabot para añadirla á sus pose- 
no es tan escancUilosoy como el que jamas 
itx de tales añadiduras unos principes sa- 
i de la exclamación de aquel profeta con- 
avarientos ! <^ ¡ Fdr vobia^ gui conjtmffitU 
ad domumy et agrum agro co/iulatÍ9 ! Es 
gente la doctrina de Jesucristo ; y no pue« 
K>rarla los que hacen profesión de ella, 
co podran paliar su infracción con la cáfila 
)s conceptos, y frases insignificantes, intro- 
\ por desgracia en las cortes cristianas, y 
% solamente para con los que se tragan sin , 
ir las fábulas del poder, de la obediencia^ 
labilidad. 

o hablo sino de aquellos principes, que no 
cen mas ley que su voluntad, m mas sobe- 
ue la imaginaria. Reyes como los de Es- 
reyes constitucionales, y moderados, son 
i lo mismo que los Macabeos en su Repu- 
ue los cónsules de Roma, que^el* Preúdente 
Estados Unidos. Los amo, los honro, y 
icio, como representantes de una nación 
la, compuesta de millares, 6 millones de 
es, y semejanzas tuyas. Por ser cada hom- 
i copia tuya, merece mis consideraciones^ 
tos. La simple aprehensión desnuda de 
les, me basta para tocar la diferencia que 
re la mera unidad, y la muchedumbre de 
^res, en quienes quisiste ser representado 
si instante de su creación. Removidas 
iriencias engañosas, yo no hallo mas fun- 
o para la excelencia de un individuo sobre 
e ]a de su viitud, y talento. T^wto tcv>.^ 
ej memoria de aprecio^y ycT«T%tí«íSi*^" 

3H 



re el numero de takutófty ñrtMeft/ 'El pU^' 
no repres^ttttífn»i-4b!'«iítii; vMMMé y aOíbciflii' 
comunidád set&-i¿t^édOr' jm m ouéd ft-la IiÉéIm- 
deferencia, f aittatMnierfto tftít' inr fe p?r eite il¡ti*h 
Como represéntame de tin aoberánotoor déMneve* 
ce igual tratatiiieiito; 'Por«p ^)4|{tJrpéi^^ ' 
gun individuo tietieiid'^Miédetáfriéf^iUcn^^ 
vencional; pero eonúr piiill^i^ wikáA'MM^éby 
una nación, cobmitiádapoT ei iñOtégóÁeiM de^eBAí' 
tiene el exercicio'(fe)s'éobttrai^B*(áói]^ 
como tal Sé diéé éobefáiio^ é^jicif iqUe ^éi^iródirttr- 
dor y mandatario de tm yo r pd r<teiíMi * i i a i Ub4* É fc 
De otra suerce, no es aéÍBi{íiM>tie'4'^ s0lp'4íÉfl^ 
dúo un nombre complexo, de mwifaÁdilinSMé^'-ó 
colectivo como eld<»«é^iMto&^lólM!H^M?'^€b- 
mo salvar eniUn-BbId iMViditolá tMMY'eeÉMNp* 
to de nación, pUéblo, comiAiidiad, Ú ócva wAGlIle- 
dumbre ? Quebrantadas e|itai^*eoiilki -fceüm-del 
nuevo poder soberano únasle^qildpai^scíifaifr' 
vio] ables. Sus infhíctores bacéñ éel littfa íéiW ¡Mu* 
ral un singular^ de la- multitud ohii'iAdMnldé y 
misteriosa unidad s-'de= un todo^ hoñogeneio ett'lo 
civil una pane heterogénea' y^majwqti^^»!' ledo. 
¿Quien habia de pensar q«íe del tAiSterio^dé la 
nueva soberanía Real i-eísultaéo tUÉAUeñ 'ihihim* 
do el sistema de la óptica, y Mfateinktioas ? ~ Si: 
est& visto el caso en qde el todo lA^^es'' linifer 
qUe la parte, y eti que un ojo míllíi'iBavqiio-qjí»* 
tfo. " -..■..;■,- 

Quien te hace, señor, autcxr de' talttRS'pátniSas^ 

te supone al mismo üempomtty impróvido; xod 

respecto á los monarcas áthéo». ' Paitm^ qtáU^ do 

créela inmortalídtódeV AtÁV^'^í^**^'*t^**í' 

go de la otra «Hd», \a es&wíSWrfi^^^-'^^ 



8M 

remunerador de los que emigran de este mundo 
al otroi i de que servirá el apelar para allá de sus 
atentados, é injusticias ? i Que eficacia tendrán 
estos dogmas en un conquistador, cuya practica 
está en contradicción con ellos ? ¿ en un despo- 
ta, católico en todas sus apariencias, pero impio, 
y ateísta en el fondo ? ¡ Que manca y defectuo- 
sa seria tu providencia, si fuese tal, qual la ima- 
ginan, y anuncian los enemigos de la libertad» y 
salud de los pueblos ! \ y que inconseqüente y 
contradictoria, si á los hijos de la Gracia no fuese 
dado el derecho que tienen los demás ! Pero 
j DO DOS eDseñan las sagradas letras^que te has va- 
lido de malos principes para castigar las prevari- 
caciones de tu pueblo ? ¿ Que inconveniente ha- 
brá pues, en que á lo menos por esta parte sean 
considerados los tiranos como dignos ministros tu- 
yos, inviolables, y sagrados ? También exerce el 
demonio este ministerio, y no goza de inviolabili- 
dad, y carácter sagrado Ministros tuyos fueron 
las aguas del diluvio ; el fuego devorador de So- 
doma, las olas del mar roxo ; las abrasadoras lla- 
mas de Nadab, y Abiu ; la tierra abriéndose y tra- 
gándose á Core, Datam, y Abiron ; los extrange- 
ros sojuzgando varias veces á Israel. A tu mi- 
nisterio fueron admitidas otras muchas cosas, que 
seria fastidioso referir Pero jamas prohibiste al 
hombre ponerse en defensa contra semejantes 
ministros, resistirles, y salvarse de su ministerio. 
I Esas mismas naciones, esos mismos principes, 

. y reyes, de que te serviste para esclavizar á tu 
pueblo, i DO fueron á su vez batidos por él mis- 
mo, para recobrar, y sostener su libertad ? Minis- 
tros fueron también tuyos, y de preCereticvoi^ User- 

piente del paraíso, los espinos^ y o.vcD^it^síi^'t^.^^ 



■ I 

(Gen. 3.) Pero íá Ui primera muger^ ni m 
rido, ni sus hijos j descendientes qoédaroii 
bidos de armarK contra tales iiiiiüstro% ' [ _ ^ 
y exterminarios: Nadie podra negar loa liflli^ 
res y {unciones de este ministerio á tt vltji|b 
y calenjLura amarilla ; licito sin émfwrgo «til^ 
obligatorio reñstír sos ataqueai extirpar m^fff^ 
meo de ellas» propagar y conservar la maatSkJ 
la quina. ¿ Porque poes sufrir padentmnetiie^ 
raza de ministros peores que mochos dft ka lib* 
ridos ? No hay para este súfriBuentQ idn^;^ 
sombra de raaoü. Pero i loa. paUudegosy y 'i|^ 
mas idolatras del tirano poco lea ha fidtadorpiii 
declarar entre los artictdos de la ft lá márar^ 
celcncia, y virtud que de hecho atribofen a la ^ 
vestidura Real sobre los sacramentos deh igk- 
sia. Ninguno de estos eztbgue el 'feméa de It 
concupiscencia) 6 inclinación ad mal» qde nos que- 
dó de la culpa originad Mas el espirita de la li* 
sonja, procedente de este fi>me% y de esu propen* 
sion k lo malo, de tal suerte ha in&tuado al infi- 
nito numero de los necios, que casi los. indbce á 
creer, que la digmdad Real obra este n^llagro. No 
es otra cosa lo que intentan los &utores ,dc esta 
heregia, quando quieren, que á todo trance haja 
de ser inviolable, y sagrado el digoitarlo regio. 
No es otro el sentido del Juramento inventado 
contra el regicidio, y tiramcicfio. Siempf^ les 
queda no obstante, una brecha abierta que^no han 
podido cerrar. Me contraigo al proceder de las 
naciones, y monarcas, que por el derecho de guer- 
ra, y conquista han hecho Con muchos princi- 
pes y reyes lo que & sus propios subditos, y poe- 
blos no permite la Too\c5^fe«As\^X«t \Bi»>»tS^ 
dos, y oprimidos que leYíjSV^'^. ;^^Vaftia*"- 



s fechos & lüngun otro que á vos pueden res- 
r, y dar cuenta^ ¿ como es que la han ren- 
antas veces á otros gobiernos monárquicos) 
iblicanos ? i Como no han alegado contra 
su excepción declinatoria, quando les han 
lo hasta el ultimo quadrante de su respon- 
lad ? i Porque no han sacado de la Escri- 
on que remendar esta brecha ? ¿ No han 

tantas veces contra el encargo que Jesu- 
hacia á sus discípulos, quando les decia que 
:asen con sencillez, y claridad lo que 61 les 
aba en figuras, y enigmas ? (Quod dico vo- 

tenebris, dicite in lumine Math. 10.) 

|ue pues no formar una nube de doctrinas 
ue eclipsar la nueva luz que de aqui reciben 
Techos del pueblo ? Yá tengo confesado 
a de esto lo que me ocurrió en otro lugar, 
hubiese de añadir los hechos de la liistoria 
la que favorecen en este punto mi confesión, 
(ibaria, aunque me limitase á la Europa cris- 
y faltarla tal vez al proposito de tomar casi 
las pruebas de la Escritura. Comenzarla 

i España, y terminarla en la Gran Bretaña, 
ados exemplares de resistencia contra el po- 
*bitrario de sus reyes nos subministrarían los 
3s de aquella nación : exemplares conformes 
antiguas instituciones, y que dexaron de re« 
e desde que desaparecieron estas en el si- 
S. Pero la Inglaterra, que ha conservado 
ahora las suyas, nos daría mas pruebas del 
ho de resistencia, elevada ¿ la clase de ky 
itucional desde los tiempos del rey Juan, c^ 

1 Parlamento acordó providencias contra él 
"educirle á la «bservanda dfiV ymscMsii^ 

3sa 



8M 

á su hijo, y sucesor el rey Enrique jurundola,] 
declarando en el mismo acto el derecho ordinaiii 
de insurrección^ que tenia el pueblo contra « 
persona, ú llegase á infringirla. ** Ucefomnitu 
de regno nostro contra no9 nuurgere^ et omniafi 
cercy gum gravamen noatrum redfüant^ ac «t nohi 
in nuUo tener entur : es la clausula expresiva de 
derecho de resistencia, que fue nuevamente san 
Clonado por actas del Parlamento contra Jacob 
segundo el año de 1689, en que le quitaron la ce 
roña, y la pasaron ¿ su yerno el principe de Orai 
ge por medio de la insurrección. Pero absten 
endome de casos no contenidos en la Biblia, ni 
acercaré al termino de esta tarea, explicando 1 
prohibición de ser uno juez en causa propia, y d( 
clarando la razón por que desde el principio llam 
guasi religioso al dogma político de la soberani 
del pueblo. 



§ L. 

Juez en causa profíia. 

Quien haya de juzgar entre el pueblo y su 
criaturas, quando se trate de su administracid 
nombramiento, forma, y termino de ella, está ps 
tente en la descripción de los elementos sociale 
Por el análisis de las sociedades, humanas Ten 
mos en conocimiento de que asi como á ellas te 
ca la planta de su gobierno, y elección de gobei 
nanteSf asi también les cnm^Xit ^v::^tas wi coi 
ducta, reiiiov|DrloB> 6 conuíriíatos y^^onh?* 




800 

I tiempo de su servicio, tomarles cuenta y razón 
e su administración : en una palabra, todo quan- 
> conduzca á la salud del pueblo, que es la su* 
rema ley, á precaver, y remediar todo lo que sea 
etHmento suyo. Mientras no haya de parte de 
>8 administradores repugnancia, y contradicción^ 
imas les ocurrirá la idea de que ningimo puede 
er juez en causa propia, jamas pretenderán con 
Ua repeler al pueblo de su conocimiento, y jui* 
io. Mientras prevalezca la buena fe, mientras no 
üte la probidad de los contratantes, serán ociosas 
is acciones, y excepciones de un litigólo. Pero 
n nuestro caso será impertinente, é ineficaz el 
legar que la nación no puede ser juez en causa 
»ropia. Semejante regla no puede tener lugar 
ino en negocios pertenecientes á la jurisdicción 
ontenciosa, y entre partes de iguales derechos, ó 
niembros de una misma sociedad. Zsta en la 
iconomia de sus intereses es mas independiente 
' libre que un padre de familia en los suyos. Tener, 
» no tener mayordomos, y sirvientes ; conservar* 
os, ó despedirlos ; tasar su numero, calidad, y du- 
acion de ellos en mi servicio ; concertar el sála- 
lo k su ingreso ; ajustarlos y pagarlos á su egre- 
o, 6 á sus plazos estipulados ; juzgar, y declarar 
i me sirven bien, ó mal ; si me son, ó no conve- 
lientes ; si puedo haber otros mejores, ó mas ap- 
os para el servicio de mi casa, y administración 
le mis bienes : nada tienen de común con la ju- 
iadiccion contenciosa ; son funciones todas pro- 
nas del manejo económico de un padre de fami* 
i% contra quien nada vale el decir que ninguno 
»uede ser juez en causa propia, para excluirle de 
illas* £8 UD simÚ aplicable k ut\ i^uéVAo cq;cv\^%* 
BCD9 á MUS funcionaríosi pero con \ak ^toi^^Oai 



qnesunqne alguna vez puedan estos wr 
-4iMpor "u comitente, le falta un supanATi 
'juzgue, 7 desagravie en el mismo centro 
comuniÁkl. No asi en la cabeza de 
'sujeta k la ley. y gobierno del estado, que 
-interpeoer su autoridad, quando haya justa queii] 
da parw de los domésticos y caporales contra h| 
nmla ft del prapietario, y dureza de su trato. " 
MI esudo natural cada hombre es juez compéla- 
te de sai propios intereses. Ninguno puede Mr 
privado del exercicio de esta judicatura, sino pw 
■a propio consentimiento, y á beneficio de la »■ 
mtmidült en que se incorpora. A todo hambre,^ 
«O todos casos pertenece este derecho, si se ex- 
ceptúan aquellos que tocan á la sociedad, en cuyo 
obtequio ¿1 mismo ha querido desnudarse de et- 
tk fundo» judicial. Hay sin embargo entre loi 
■ctoB humanos algunos, ó muchos de tal natura- V 
lezJi,queriDpueden cederBe,ni renunciarse. Ellos 1 
■on de una facultad tan libre, que en todos casot, I 
y en todos tiempos su conocimiento y juicio n I 
' de aquella misma persona, de quien es la cauM. J 
Si dentro, ó fuera de la sociedad me siento afli- j 
gido de la hambre, de la sed. del trabajo, del frÍ0| I 
calor, ó enfermedad, ¡ no seria el colmo de U toa- ] 
teria el decirme, que no debo buscar comida, be- ' 
bida, reposo, abtigo, refrigerio, medicaniento, j 
medico, porque siendo mia esta causa, yo no pue- 
do ser juez de ella i Si estoy viviendo en laobs- 
curidad,y servidumbre ; podrá oponérseme la mi»- 
ina regla del fuero contencioso, para impedirme 
. la busca de la luz, y de la libeFUd í Si ua SoM- 
rico del ontea de l> úcuá». ut m t fi á t -tá pw*i 
ifirme que iowgn»M«i|«^2*'^*S*í,!í2íi, 
nor quo m» pwwtT A w«i««i v^«*ih*i(i 




8S7 

e el de 100. ¿ estaré yo prohibido de juzgar por 
razón, y mi sentido común, á pretexto de que 
guno puede ser juez en causa propia ? Con 
al retintín otro fanático pretende que yo roe 
^tetrei^e ciegamente á su juicio en la elección 
L*" ^^dte libros, y que tenga por heréticos, y condena* 
i ri^^áoB k todos los que enseñaren, ^^ que la naturales 
^ ~~ v; fea hizo & los hombres todos iguales, y libres : que 
», toa distinciones necesarias al orden social, no de- 
f"^-^ ben fundarse, sino sobre la utilidad general : que 
s. itedda nacemos con derechos inenagenables, é im- 
prescñptibles, tales, como la libertad de todas nu» 
^^^^ ettras opiniones, el cuidado de nuestro honor, y de 
r iineatra vida, el derecho de propiedad, la entera dis- 

1 "^ . posición de nuestras personas, de nuestra indus« 
- ^ tria, y de todas nuestras facultades, la comunica- 
yi '' , cion de todos nuestros pensamientos por todos los 
^ ~ medios posibles, la solicitud de nuestro bien es- 
£ tar, y la resistencia á la opresión : que el exerci- 

2 do de nuestros derechos naturales no tiene mas 
2 Ümites que aquellos que aseguran á los otros mi- 
£ embros de la sociedad el goze de estos mismos 
t derechos : que ninguno puede someterse sino k 

leyes consentidas por él, ó sus representantes, 
; anteriormente promulgadas, y Icgalmente aplica- 
das : que en la nación reside el principio de toda 
^ soberanía; y ningún cuerpo, ningún individuo 
ig puede tener una autoridad que no dimane expre* 
c lamente de aquella : que el bien común es la uni- 
u ca mira de todo gobierno : que este interés exige 
^ que los poderes legislativo, executivo, y judicia- 
^ rio sean distinguidos y definidos, y que su orgatú- 
I zacion asegure la libre representación de los ciu« 
Y áadanos, ja responsabilidad de \o^ a.^^x\Vt,^> '^ \^ 
Imparcialidad de ios jueces : (\ue \3ls Xc'^es ^Oo^ 
ser claras, precisas, y uniforines v^vsl vo^^^ ' 



r!5E 



que los suljsidios deboo ser i 
mente' con sentidos, y proporcionalmcote Tcpil 
dos: que de la imroduccion de los abusosi di 
vicisitud de hs cosas humanas, y del derecha 
las generaciones futuras viene la necesidad di 
rerüion de todo establecimiento hutnano, ] 
poder en ciertos casos convocar á los dipuU 
de U.lMcion para examinar, y corregir, stest 
cosario, ios vicios de la coDBtituuon." 
A MM modo quiere el fanático que en e: 
. otros pantos renuncie yo el dictanaen de n 
2an, Y me sujete á la suya. El se arroga \i\ 
cuitad de juzgar en causa propia, y no quiere 4 
. yo uw del mismo derecho. Se toma la libeij 
. de interpretar á su modo la Escritura e 
liticD) «n lo militar, y demás ramos ágenos ís 
Religión, y sus dogmas ; y pretende despajan 
de esta misma libertad, quando debo exercñll 
en favor de los oprimidos, y no de los opresorm 
Toda interpretación en su concepto es buefu 
quando favorece í la tiranía ; y pésima, quand*. 
milita por la libertad. Vaya pues enhorafiiali.1 
dexe al pueblo juzgar libremente de susintereK^ 
Mas libre en sus juicios este todo politico qpe 
sus partes, solwnetitc debe oompromeiene en 
arbitros, quando litigare con otra noción íodcp^f 
diente. Mil veces debe anteponerse eswaiW 
trio á ia decisión de las armu. El ea UmUcft 
de preferencia entre Jos partioútares. Si jo liti- 
go con otro, que vive baxo el mismo lúViplf^ 
yo, como miembros ideuDB.misauMxiDdidi.jaili' 
guno de los dos puede juzgar del liti^lt»). porque 
ninguno es superior del otro, ni wbitro deiss 
acciones, ó coaa&Uú^MaA'- B«i«i»,ia»n ww4>' 
rima la controíema Q«o ^wc¥t«5wiiiff<a¿,^«» 



8S» 

r compromiso de ambos contendores, 6 
Litoridad nacionalé Y si. en el caso del 
5 familia le vemoS juzgando económica- ' 
: sus causas domesticas, ¿ con quanto 
azon no será juez competente, y legiti* 
or de sus magistrados una nación inde- 
e, y libre, que no reconoce superior en su . 
odos estos son con respecto k ella lo que 
orales, y sirvientes con respecto & mi 
ISO propuesto. Son hechuras suyas, y 
radores de intereses mas preciososi y 
i que los que yo puedo confiar al cuidado» 
[> de mis amigos, dependientes, y allega- 
si nación pues como Soberana es el jues 
privativo de sus funcionarios, de su elec- , 
rocatoria, vacantes, caducidad, inciden* 
onseqüencias de su oficio. Y si el aspi- 
ijos, parientes, y herederos de mis ser- 
k las plazas, que estos obtenían en mi 
beria graduarse de estupidez, y locura, 

que lo hiciesen, alegando el derecho de 
I, de familia, y sangre ; i que gradúa- 
«responderla á quien con igual derecho 
ese la magistratura vacante ? i Que se 

se armase contra mi la parentela de mis 

mayordomos, ó caporales para suceder* 
ra mi voluntad en sus oficios ? ¿ Y si di- 
en partidos se alistasen entre ellos para 
is en su loca empresa mis hijos, y fami- 

que se pensarla de los unos, y los otros ? 
lonstruosidad sería el que procediesen de 
la manera los descendientes, agnados, y 
)S transversales del difunto socio admini*- 
de una compañía de comercio^ (^ ^ <3^x^ 

industria.. £1 no poder sqt xvví\^tL^ 



860 

juez, y parte en causa projúai seria el alega» 
mas temerario para quitar el derecho de elec 
cion, Y libertad en los casos precedentes. El 
todos ellos est& siempre por el mas digno vuesir 
voluntad, y vuestra providencia. ^fDetur dig 
nioriy es la voz de la razon^ y de la naturaleza 
lo demás es corruptela fatalísima en el orden se 
cial. I Que abatida debe ser la condición de u 
pueblo, que absteniéndose de su derecho, se ei 
trague ciegamente al enredo arbitrario de k 
leyes de mayorazgo ! \ Quan profunda su igiM 
rancia, quando estuviere creyendo que est< 
tenebrosos ambages son el órgano de tu voluntad 
¡ quando viviere persuadido de que tus inspir 
cienes, y luces están vinculadas en la fuerza a 
mada que haya de terminar la qüestion I Esto 
que es juzgar en causa pi«opia. i Por que pw 
oponer contra el pueblo la excepción de incon 
petcncia ? ¿ Por que convertir contra él el pod< 
de sus propias armas ? Torpe y nula seria la e 
tipulacion por la qual un pueblo al instituir f 
primer magtsti*ado le otorgase facultad de dec 
dir por si, sus herederos, y sucesores todas h 
contiendas que acaeciesen entre el poseedor c 
la magistratura, y las generaciones de los oto 
gantes. 

I Que decisión podria esperarse de un Caligí 
la, de un Nerón, de un Vitelio, Domiciano, H' 
liogabalo, y sus semejantes ? La mas ruino; 
I)ara el subdito, y para el soberano. ¿ Has 
(juando abusarán los despotas, y sus aduladora 
de la Religión para fortificar el poder arbitrarle 
Efectivamente atollados con la fuerza de los d 
rechos del pueblo, inventaron la fábula del pod 
derivado inmcdiatamenUi d© \<j^^^t^^v^^\xwi 



861 

censura, y juicio del mismo pueblo. Desde 
nvencion no escrupulizan yá hacer 4i jueces 
usa propia, una vez que el vulgo alucina- 
pasado por la fábula, y reputadolos vicege* 
i tuyos. Yo era «uno de los ilusos, que por 
o, y de palabra contribuía k la exaltación 
espotismo. Entre los rasgos de adulación 
ae distinguieron en la carrera literaria* me 
uno á la memoria que «voy ¿ confesar. Es- 
reciente la del capeticidio execütado en la 
:ia, quandb yo era uno de los aspirantes k 
atedra de Latinidad vacante por no se qué 
ente, en la universidad de mi pais. En el 
o para el acto previo de suficiencia me tocó 
orgica de Virgilio, que trata „ d^ afiium curoj 
üijicandi ratione. Hice monárquico al go« 
o dé las abejas en mi disertación ; y deifí- 
> á lo^ reyes, traxe por los cabellos el „ dit^ 
juatitiam monitij eí non temnere drvasf de 
isa el mismo poeta en la Eneida de la ba« 
de su héroe á k>s infiernos. Parafraseando, 
bstituyendo otro hexámetro de mi propia 
:a, hice contra los franceses un breve apos- 
y conclui diciendo : „ Diacite justitiam^ 
(f, et non teittíere reges. Menos por malí* 
|ue por ignorancia abusaba de la Religión 
sostener la servidumbre de mi patria. Yo 
10 de les que en 1806, tomaron armas, y 
a para destruir á los buenos que intentaban 
iiistar mi libertad, y la de mis hermanos. 
:ada Maria contó patrona de los esfuerzos 
rano contra nuestros libertadores, la veo en 
adiccion con el titudo de „ Redemfitrix cafi» 
um, que le tributa una ' parte dé la l^leúa« 
vergüeazo del servicio eftpecii\c^^\v>fcfc'^^ 

21 



86S 



h 






entonces, y del mérito que contraxe enlaopum m^ 
del desata y sus satélites. Esta baxeza era e& 
mi concepto, fidelidad. Yo cultivaba como ñr* 
tudes ciertos vicios anexos á. mi condición ser- 
vil. £1 cambio de palabras era adequado k h 
subversión de mis ideas. A mucho honor temí 
el ser esclavo, y muy adicto al tirano. Como de- 
fensor acérrimo de mis cadenas dispuesto estaba 
¿ sacrificar á qualquiera que se acercase & limar 
las. Todo lo que en la opinión del mundo ilus- 
trado, y libre era infamia, ignominia y afrenta) l^ 
era para mi honroso, glorioso, y . famoso. Me 
bastaba la estimación de mi opresor, y sus minis- 
tros. ¡ Que invenciones excogitadas para hacer 
de todos los oprimidos otros tantos mansos cor- 
deros con el exemplo de Cristo obediente hasta 
la muerte, y sacrificado mansamente ! : Quanto 
afán para dar fuerza de ley k sus consejos, pero 
de una ley, que solamente obligase á los subyu- 
gados 1 En lugar de dirigir al despota toda la 
doctrina y practica del sal^^dor, concerniente í 
la humildad, mansedumbre, paciencia, abnega- 
ción de si mismo, desprendimiento de* todo lo 
terreno, pretendíamos eximirle de todo esto, ó 
reducirlo á. teorías, y apariencias. Solo el sub- 
dito debia ser sufrido, obediente hasta la humilla- 
y abatimiento. Solo él debia practicar 



',1 
p 



Clon, 



quanto conduxese k la gloria, engrandecimiento) 
y honor de aquel idolillo. Invertido el orden de 
la caridad, y justicia, adjudicábamos al opresor 
lo que era debido al oprimido. Confundidos los 
medios de redición espirítual, con los de la re- 
dención temporal, queríamos, que todo consejo 
fuese precepto, y todo ^rece^to slem\}re obliga- 
torio, sin distiUCVOU te Ü«tW^^^ ^ \«V'WQÍM».^^ 



863 

in admitir aquellas excepciones sostenidas por 
I mismo derecho natural y divino. Preceptos, 
concejos respectivos á una gente abrumada con 
I peso de la tiranía, y destituida de recursos 
ara salvarse de ella, hablan de ser en nuestro 
ictamen transcendentales á otra gente surtida de 
> necesario para quebrantar el yugo Jesucristo 
abia aconsejado, que ofreciésemos* la otr^mexi- 
la 4 quien nos hubiese yá herido en la una ; 
>ero con su precursor se porta de otra suerte. 
^o le presenta la otra mexilla, sino le reconviene, 
^receptos y consejos dirigidos á personas parti- 
ulares sumergidas en la impotencia^ no son 
^receptos, y consejos dirigidos á una nación po* 
lerosa para resistir & sus opresores, recuperar, ó 
nantener sus derechos. En una palabra : pre- 
ceptos y consejos dados á un subdito, no son pre- 
ceptos y consejos extensivos & un Soberano. Que 
m libertador espiritual se sirva en su empresa 
le medidas desusadas entre los libertadores po- 
iticos, nada tiene de irregular. Pero querer 
|U^ yá no tengan lugar las redenciones civiles, 
)or que hayan de ser siempre y por siempre obli- 
j^torios los consejos, y preceptos de humildad, y 
nansedumbre, de obediencia, y sufrimiento ; es 
;1 remate de Ja . necedad, y condescendencia. 
Me serán saludables los consejos y preceptos de 
resignación y obediencia, mientras gimo en las 
:adenas de un tirano, sin los medios necesarios 
[>ara quebrantarlas. Pero quatido por los Cami- 
los ordinarios de tu providenci% puedo yá redi* 
mirme de la opresión, seria reo de negligencia 
Dfensiva á otro deber mas urgente y sagrado, si 
todavia continuase sufriendo de Tod[i\V¿c^\dw ^'^x^ 
^eJ poder arbitrario. 



■mil 

Pam la emancipackm espirittial del.geaei>oii> 
mano conyenia que obrase Jes09 de la nwMpí l<^ 
prescripta en los despitehos de, su misioiL .MmI^ 
para libertar á las naciones del jrugo de la di*!^ 
nia, son ineptas las medida» de esfe orden ndis-l^ 
rioso, y subsisten inalterables las que .piii¡8t9& 
disposición del hombre desde qne enopeao k M- 
tirse oprimido por sus semejantes. SI jrofiuK 1^ 
comisionado tuyo psra librar misticfiiuente.fcebo |> 
mundo de la esclavitud del deio^onio, segiiiriabi 1^ 
instrucciones del Mesias, siempre que tu nó me M 
dieses otrast Pero si me. ^targgLse- de salfside 1] 
su angustia y trabajo k los qué gimen^biie.d 1^ 
despotismo de los^ reyess^sem Abrahán i¿i Aoiite) 
y miguia, seria MpyseS} Josqe» Aoüd/ Opü/OBD^ 
Samuel, Jeroboan, ^ los Macabeos elmiglóalide 
donde yo copiaria-niis instcucdones. Enj^éi 
portarnos entonces como mansos cordems» pbrs* 
riamos co.mo estos leones de Israel en cÜ^te- 
quio.de nuestra libertad, y la de nuestras. ae1S^ 
jantes. Si los despetas del ciistianismo practici- 
sen los concejos, y preceptos evangelioos, que re- 
servan exclusivamente para las victimas de ia 
arbitrariedad, cesaria la opresión en sus reinos, 
serian monarcas constitucionales, y lyioderadisi- 
mos ; no tendrían vasales, y esclavos, sino sub- 
ditos, hermanos, y ciudadanos libres ; nunca te- 
merian revoluciones, ni el que fuese imitaduTls 
conducta de los héroes de aquellas trítsus. Si, 
no contentos con nuestra común descendencia di* 
vina, quisieseis deificarse mas, lo conseguirían, 
imitando en lo posible tu bondad y beneficjencia. 
No hay otra senda que esta • para llegar á ser 
dioses particulares. S, ''ííScX'tii '^ ^» "É^TOÜbé no 
ümbieran pasado ]^Tls\^^ei!í?«^Vw^^\istó^'^ 



866 

}iesen sido benéficos con ellos. Quéndooye* 
doctrina, quando los vieron conducirle di- 
.ente, obrando el bien cqn maravillas) y. 
tiendose del mal, creyeron que el uno era 
lirio, y el otro Júpiter. (Act. 14.) Nunca 
arece Moyses tan semejante á tos^ que 

le contemplo renunciando la grandeza 
! ofrecíais en vuestra deliberación de consu- 
vuestro ptieblo, por haber idolatrado en el 
to« Atónito al verle posponiendo loa in- 
s de su persona, y familia & la laludy y 
cridad de todos los hebreos, quisiera que 
los oficiales, y conductores de las naciones> 
en este rasgo de generosidad, y patriotis- 

1 sus respectivas ocasiones. (£xod. 33.) 
imagen tan brillante hace Samuel de vos, 

con igual desinterés nada quiere para sij 
a sus hijos ; quando expone su conducta 
ensura y juicio4de todas las tribus, y no so 
ntra en ella mas que un cumulo de meri- 
servicios beneficiosos á toda la nación, sin 
i leve defecto. (1. Reg. 13.) | Magistra- 
' principes d^l^ tierra, seguid sus huellas^ 

1 estos brillantes exemplos, si queréis ser 
os especiales del señor, ó ministros dignos 
adre de las misericordias, del autor de< 

los bienes, y consuelos ! ] Afirad, que» si 
^o reinó en Athenas coa la &lsa (^inion de 
e Neptuno, también murió en un destierro, 
o degenerando sus acciones merecieron 
sena ! i Si Romulo en calidad' de hijo de 
; merece por su valor, y súa otras virtudes 
is Romanos con el titulo de rey le concedan 
^rcicio de su* soberanía, también ^tdft U. 
9r sentencia del senado, \\ASite i^^m^^ 

2i % 



i 



8U poder I \ Si NabucodoQOior» y C^aligult texo». 
locan en el ran^o de Deidades, no les vale eüa 
colücaciou para dexar de ser» el primecoy arroja 
do de La sociedad k vivir entre brutos, y el segus* 
do, asesinado por sus mismas guardias! ¡Tened 
entendido^ que tau jíabulobas son estas fiÜacÚMief 
divinas, como vuesó'as unciones, vuestros jmiiái* 
terios, y vicarias extracH^dinarias j ¡ CUierJl la mli-' 
cara algún dia, será descubieito el firaode dt 
vuestro fuero divino, y llevareb la pena de vuei^ 
tros crímenes, como la llevaron Teaéo» Romnlo, 
Nabucodonosor, y Caligula ! ¡ Vuestra inviolabir 
lidad durará, mientras durare vuestra probidad 1 
I Se resienten de los resabios del paganismo 
vuestras deificaciones mpdemaa ! ^ Tan quimé- 
ricas las vuestras como la de los geaCtlea, voso» 
tros sois todavía^ mas criminales que/eljos, porque 
obráis contra el Evangelio, y contra las paginsí 
políticas del otro tesUm^to! Veamos ahora 
el fundamento que me asiste para calificar ds 
quasi religioso al dogma político de ia . soberaais 
del pueblo. 



§ LI. 

JSl guasi'reUgioaO'del dogma fioUtko de la Boéem» 

nUt del pueblo. 

Aparecer bien probada esta verdad con los li* 

bros de la Religan, y no clasificarla de reÜgioaat 

sino de quasi religiosa, podría ser un acgumenlo 

de inconsequencia, ai no h^lMte conlim él. una 

razón, coQVff&ceu¿. 'ií*^ ^1 ^'«^ V^ «»atí^ 



8«y 

f conciso que sea> que no toque por incidencin 
elementos ágenos de su mira principal. Por ab- 
stracta y metafísica que sea la materia^ no pueden 
dexar de adoptarse por via de auxilio conocimi- 
entos de otras artes, y ciencias, para mejorar 
las ideas, adornar el estilo, 6 hacerlo mas inteli- 
gible. Pero nada de esto presta derecho al lec- 
tor para confundir lo principal con lo accesorio, 
las incidencias con lo substancial. Nunca podria 
3ro titular matemático un aserto puramente físico» 
por que le viese inserto en una obra de Arithme- 
tica, Algebra, Geografía, 6 Geometría. Pero 
me seria licito llamar quasifísicos todos aquellos 
conocimientos matemáticos que contribuyen á la 
investigación de los arcanos de la Fisica. No es 
la política del resorte de la Religión. Sin socie- 
dades no existiría la política. Pero la religión seria 
siempre inseparable del hombre, aunque jamas 
hubiese entrado en convenciones sociales. Ella 
en si no es otra cosa que el arte de los deberes de 
esta criatura para con su criador : deberes pro- 
cedentes de una convicción interna que le ense- 
ña haberle vjBnidb de tu mano el ser que tiene, el 
espíritu que le anima, las luces que le inspiran 
el conocimiento de esta verdad* Apenas hace el 
hombre los primeros ensayos de su razón, quan- 
do adquiere el carácter de religioso por medio de. 
la gratitud que naturalmente inspira el conoci- 
miento de los benefícios recibidos de la suprema 
causa. Es una seqüela de este primer sentimi- 
ento el del amor, y adoración. He aqui el com- 
pendio de las relaciones del hombre para con tif 
go, y la pnmera idea de la virtud de la Religión. 
Esta era la: que habia formado quien escríbia*^ c]\iie 
verdaderos adoatdores ai^rabaikkl^w^ ^"c^*^*^^*^ 



u 



xitu, y en irerdad. „ Feri mdontmre9 admti 
Deum m SfiirUth tt vnitmte. Aú definida MHi 
virtud ella ezittíiia» aanoue todm la eapedeho- 
mana estuviese reducida a un individuo. Sabéis \u 
tiendo en tal casó entre esta sola.cTiatttraf y n |C 
hacedor las iñismas reladonea, íae mismos Mo- 
res que ahora existen entre vpt, y tantoa nuHkaei id 
de individuos de nuestra especie» aobaistiriacses* IG 
cialmente la misma Reli^^ ; pero fidtarian sn» |{ 
timientos morales, y politicoa. TewMa lugar 
la moral con una sola persona que ae •«iidifiw i 
la unidad de lar hipotesL Adán en sa primitin 
soledad era religioso y teólogo, pero no morafií- 
ta, porque le faltaba el fundamemo de las relaci* 
ones morales. Se llenó esta fidta desde que api* 
recio el segundo individqo de sn esípecie. Em- 
pezaron desde entonces los ofidos, y deberes, o^ 
ya suma conocemos, y distinguimos con el non* 
bre de moral. Ni Eva, ni sus hijos bastaban d 
nacimiento de aquella otra facultad que llsmamM 
politica : porque todos juntos no eran mas aue vn 
sola familia, regida, no por leyes civiles, sido por 
reglamentos domésticos, por instruccjpnes econoi* 
micas, por el poder ¡Mitemo. Todavia serla des- 
conocida la soberanía nacional, estaría jM>rsa? 
berse el arte de la política, si, contentos los kooi- 
bres con el sistema primitivo de familias, no se 
hubiesen re^do en otra forma. Sin el pacto 
social, subseqüente al conyugal, y de familia, eSf 
tarian en acción los deberes morales ; pero fal- 
tarían las conexiones políticas. Para que dlu 
tubiesen lugar entre los hombres, fue necesarH> 
que de su estado familiar, y solitario pasasen es* 
tos á organizar el de laa «od&dadftv voeblos, y na- 
ciones. De aqm maxa^pti «ú«QK«a\«^^KwtíBMw. 



869 

3^ deberes del ciudadano, la sob*erania nacional, el 
arte de dirigir tan grandes cuerpos, sus relaci- 
ones exteriores con otros semejantes, y todo lo 
iemas que hoy llamamos política de las naciones^ 
Derecho natural, y de Gentes. 

A vista de este bosquejo ningún exceso parece 
mas punible, que aquel coh que alteratido con 
ficciones el sencillo, y natural concepto de la Re- 
ligión, se substituyo otro por el qual, confundién- 
dola con lo político, y desfigurando la con mil 
errores, se ha hecho de ella un instr^imento de 
tiranía. .Y& hemos visto quailto dista de la poli- 
tica la Religión. Aun no est& perfecta la escala 
que yo lie formado para medir los grados de dis- 
tancia que median entre aquella y esta. 'Debe- 
res del hombre para con tigo, deberes del hom- 
bre para con sig^ mismo, deberes del hombre 
para con sus semejantes, deberes del hombre 
para con la sociedad de quien es miembro. Esta 
es la escala completa por donde debemos medir 
las distancias. „Deum colere, . honesté v>vere, 
alterum non laedere, et jus suum euique in socie- 
tate tribuere : son los mismos grados, que que- 
dan expresados. £1 hombre que vive honesta- 
mente en su soledad, ó fuera de ella, exerce cQn 
sigo mismo una virtud moral, que solamente por 
el buen exemplo puede habet* tendencia á sus 
semejantes. A la vista de su criador, y al con- 
vencimiento intimo.de ser una imagen, y seme- 
janza suya, no puede dexar de sentir el deber de 
la honestidad indicada en el segundo grado de la 
escala. ^ Según ella, parece que no hay razón ni 
aun para denominar quasi religioso al dogma po- 
lítico de Ja soberanía nacional. lA dv^\»xv^\^^^ 
tstasdGs reiacipneS) y la disúncvoii^^ v^*^\.^^' 



«70 

iDÍnosy y objetos |>are^en incompatible 
qiiasi. Ciertamente asi parece ; pero t 
dos fundamentos para sostener este epi* 
primero es el de hallarse mezclada la pol 
los hebreos con su Religión, y escrita 
mismos libros religiosos. Es bien clare 
ti¥0 de esta mezcla, y consiste en haberos 
cargado del exercicio de su poder legis 
executívo. £1 segando fundamento se de 
rd coD un dmil, tomado de la revelación 
tas verdades notorias al sentido común. 1 
tencia, señor, es una verdad conocida ppi 
ma mismo de la naturaleza ; mas no obsi 
to, también vino á ser objeto de la fé, y < 
yelacfon. A un mismo tiempo dan. tes 
de tu existencia el dictamen de nuestn 
natuí;^, y la luz de la fé. £1 arte si 
obra de la naturaleza del hombre, e^ 
ducto de su razón, ó de su entendií 
pero, reuniendo Moyses en su persona • 
de legislador politico, y religioso por el 
de la revelación, llegó á ser también esta 

^ de la politica de Israel. Nada iiecesitan 
sostener el quasi religioso del'^rticulo d 
berania del pueblo. 

Que Moyses, autorizado para arreglai 
to exterior, para dictar, y proponer leyes 
blo hebreo, hubiese mezclado lo politico 
religioso, nada tiene de reprehensible ; p 
á pretexto de esto quieran los adorador 
tiranía confundir de tal manera lo uno con 
que hayan elevado á los tiranos á la clas< 
churas sagradas de la Religión, es intoleí 
ho es aun mucho tríi* «\ ^xi^^^ cwcv^X tk 
de ¡as escrituras dcV wxe^o \««X"w»!üccy 

niaa luvieroD otro" oV^eio c^^^ tí^x^^v 



871 

en mi confesión. De estos abusos resultó 
ntin del trono, j del altar con que los teo- 
de la tiranía han de tal suerte indentifícado 
los cosas, que declaran por destructor de la 
ion, y sus altares á quien se arma contra el 
, y la tiranía. Seria no conocer la distan- 
iinita que hay entre vos, y un despota el con- 
os con él, colocando en igual paralelo vu- 
silla, y la suya. Seria obstinarse en amal« 
r la Religión con la política, el despotismo 
I civismo, el reinado de Saffumo con el del 
o, el insistir en adocenar los tronos, y los 
s, poniéndoles á la par, y baxo un mismo 
Que usen de este lenguage loar monarcas 
I mismo tiempo son sacerdotes supremos» 
los emperadores de la China, y otros, no es 
ño. Tampoco los eria en los succesores de 
postoles, que contra los usos y costumbres 
slicas se metieron en las cosas del siglo, y 
cargaron del gobierno temporal. Pero la 
del trono, y del altar tuvo otro origen mas 
to en los pueblos de la antigüedad que se 
narón teocráticamente. £1 hombre dotado 
3 primeros sentimientos de Religión que 
is confesado, no tenia otro altar que su cora- 
li otro templo que la tierra coiocado baxo 
imensas bobedas del cielo.* Al temor y la 
anza que resultaron de las catástrofes acae* 
en este mundo planetario, siguió eí pro* 
de la construcción de otro teniplo; A la 
cion que hicieron sobre^ el espíritu humano 
leteoros espantosos de la tierra, y del cielo, 
lio el temor de una ruina universa], y la es- 
iza de otras consequenclav c^\x^ %em. tsvns^í 
:o rekrír, Aqui tuvo av^ ot^soí, ^ csí*$^ 



8Í* 

exterior de los Gentiles. Erigido el temp] 
eron colocados en su centro algunos embl 
arbitrarios de la divinidad. Maderos,* y pi 
obtuvieron alternativamente este empleo, 
bre* ellas se derramaba el aceite para gravs 
él una marca indeleble, y fue el origen pr 
vo de las unciones, y consagraciones. Los 
res de ellas, 6 sus sucesores no quieren ser § 
nados sino por su Dios : lo proclaman poi 
narca: le ponen su trono junto á la mesi 
servia de altar : y he aqui la conjunción q 
davia pretenden sostener, como si fuesen 
nos, los sacerdotes de la nueva ley. Yo no 
sino de lot Gentiles en el diseiio quo acabo < 
cer del origen primitivo de su religión ex 
conforme á, lo que dexaron escrito Pía 
otros sobre la edad de oro, sobre el reina* 
Saturno, y demás dioses. Yo veo en la histo 
grada de los tiempos anteriores á la catastrc 
diluvio sacrificios, y culto exterior; pero i 
en Jerusalen, ni en Samaria que alguna vez 
ya unido el trono con el altar, ó erigidose , 
en el templo de los judios ó de los Saman 
Si en el gobierno de los Macabeos' llegó al 
veces á unirse el sacerdocio, y el mando p 
en una sola persona, sus funciones no se a 
dian, ni la silla del presidente de la Répub! 
colocaba al lado del altar. 

Sea este enhorabuena un símbolo de Re) 
Pase por emblema dé la soberanía el tn 
quien la exerce* Pero contenganse dentro ( 
limites las alegorías. No los traspacen pa 
llar los derechos civiles^ v religiosos de u 
m unidad. Sea \a \ma.^eiU ^^\^ x^^gL^wV^ 
estime mas cxprewo dt ¿W^%^^Q \aca»a 



378 

Lizada en aquellos altares, de donde simul- , 
nente reciben el homenage del incienso los 
tas coronados ; y el Dios enemigo de su 
tismo. Llámese trono, corona 6 cetro la so- 
a nacional ; pero no se confunda con la su- 
cion» ni con las usurpaciones individuales» 
amilia. Sea el mejor altar aquel, que ca- 
tnbre erige, y consagra en su corazón : 
co que puede identificarse con la autoridad 
ma del pueblo, con el poder de su trono, y 
cetro. Si es la base de su Religión aquel 
Diento de gratitud, amor, y reverencia que 
indo á cada individuo, le encamina hacia 
sde que reflexiona sobre io que ha recibido 
bondad ; muy natural es que sean mas es- 
is estas relaciones al considerar mejorada 
erte con el estado social, y tan multiplicada 
>erania individual por tantos grados, quantos 
>s compañeros de su asociación política.^- 
clinaciones sociales no podia haber adquirido 
nejora ; si^ virtudes intellectuales, y corpo- 
no tendría soberanía convencional : ; nuevos 
'OS que atizan el fuego de su amor k vos, y 
semejantes reunidos I Mejorados sus dere- 
y reforzadas las conexiones de este trono, 
este altar hermanados, también son mas ar- 
es sus votos, mas urgentes sus deberes po- 
s. No existen tales aras en el corazón de 
spota ; están en contradicción los sentimien- 
ligiosos con las pasiones tiránicas, y son rui- 
para el nuevo edificio de la soberanía anti- 
I. La Religión exige de nosotros el tributo . 
oración, y obsequio, debido á quien da lo 
lo que tributamos, y todo quanto tenemos* 
ore inferiores en nuestra corres^^otkdkSxv^va. 

2K 




87* ' 

á. tantas liberalidades vuestras, ni aun siqi 
podemos conocerlas todas, ni apreciarlas con 
actitud. Pero tal es la naturaleza de esta obt 
cion, que dexaria de existir, si ñiltase el 
damento de ella, si no hubiesen precedido tus I 
nefícios. £1 trono de la tiranía nos despoja 
ellos ; y exige de nosotros por la fuerza 
ó mas que vos. Como pues considerarle mi 
tro, y vicario tuyo para lo bueno ? Vos^Áe 
neis el deber de confesar estas venladi 
sengaño de los que viviesen de ilusioi 
como vivía yo en otro tiempo ; los tinjbkil 
su trono impondrán á los suyos el deber d¿ 
sar lo contrario, y de perseverar en sus ei 
Vos en todos tiempos suscitáis defeíisores de 
derechos del pueblo ; los tiranos cuidan de se] 
tarlos en el olvido. Yo sé que entre otros m^ 
ches que tomaron á su cargo esta defensa, sobi 
salieron el Papa Alexandro tercero, s. Lanibei 
obispo de Utrecht, s. Eduardo, Rey de Inglatei 
S. Thomas de Aquino, S. Vicente Ferrer, Gei 
Almáino, y Juan Mayor ; pero yo apenas he 
dido leer la doctrina que tengo citada de uno áS 
ellos. Muchas ministros del altar prostemaáoi; 
álos pies del trono de la tiranía, prostituyenil 
servicio de ella su ministerio, y de concierto con* 
denan como heréticas, diabólicas, peligrosUi 
atheisticas, sediciosas, proditorias, contrarias ib 
fe establecida por la Iglesia, y opuestas á lapa^ 
y dignidad del mismo trono, proposiciones di 
eterna verdad en lo político : proposiciones coín- 
probadas con los libros de la Religión, y de nin- 
guna manera ofensivas á la fe, y buenas cüsiura* 
bres. 



375 

- ¿ Para que .buscar autores clasicos, ni autori- 
ijdes de S. Padres, quando está de por medio la 
jm del entendimiento con el testimonio de las £s- 
íituras ? Tan natural es la ciencia del gobierno 
vil, como lo son las demás que por incidentes, 
pie caso pensado están insertas en los libros de 
^revelación. Quien procura el monopolio de 
Jas, quien se afana en confundirlas con los mis- 
íjíos de la salud espiritual, quien las marca con 
^■ellq de la religión, y trastorna los principios 
indamentales de qualquiera de ellas, ese es quien 
l^ff^ce ser declarado herege, diabólico, peli- 
ttoBOy ateísta, sedicioso, proditorio, enemigo de la 
' j contrario á la paz y dignidad del pueblo, 
e donde pues ha venido al tirano, y sus sateli- 
la autoridad, é in&libilidad que se arrogan en 
aquello que no tiene consanguinidad, ni afi- 
con el único negocio del Mesias ? ¿ Como 
^versar los claros y sencillos lugares de la 
ritura que pugnan con su falso sistema y con* 
ota ? ¿ A que precio compraran la ci«ga cre- 
idad del vulgo para que tenga por nústerio- 

E* i receta del Apóstol á. Timoteo contra la in- 
sicicm de su estomago, las leyes agrarias de 
(es, las de sanidad, y aseo, la táctica militar 
)e los hebreos, su armamento, y vestuario, y tres- 
^^tas cosas mas del orden natural de las naclo- 
? i Como le hará creer que es aleó, exco- 
gado, y diabólico el medico que tildare á S. 
lo por no haberle recetado cerveza, sino vino 
i su valetudinario discípulo? i Como declarar in- 
mrso en heregia al Guerrero que sindicare la 
ronducta militar de Judas Macabeo por el de ma- 
nado arrojo con que se portó en la batalla que le 
U)sto Ja vida, combatiendo con fuerzas uwx^ vcíifc- 



376 

vi ores ? Todo esto, y mucho mas, creerá 
niuUitud embrutecida, y enervada, con tali 
su í^obierno sea muy vigilante en alexar de 
las luces y virtudes contrarias á su enervacin' 
embrutecimiento. Yo quisiera referir el pon 
ñor con que esto se lograba en mi pais. 
iilargaria demasiado, si contase los pasos C0D< 
la tiranía, auxiliada del fanatismo, y superstit 
tuvo el gusto de convertir en maquinas pasimj^ ^ 
tantos seres sensibles por naturaleza. Id 
bles al peso de las cadena:!, y fascinados coD 
engañosa nomenclatura de las cosas, lasti 
verlos jactarse de su libertad baxo el yugo i 
minioso de su servidumbre. Creyéndose lil 
estaban por lo mismo mas impedidos de 1 
k este estado, que los negros exportados de 
ca ; los quales, á sabiendas de su condición 
vil, trabajaban por su libertad, i Pero que 
gencias practicarian por la suya unos Usoicosi 
tim amenté persuadidos de que ellos eran tan 
!)res como el que mas ? Por mas que el ojo 
Filosofo no viese alli sociedad, sino quadríllas 
ciervos encerrados en el parque de un granl 
ñor, cuyas funciones todas estaban reducidas S';^ 
abastecer el cercado, ó multiplicar la caza, p3i*r* 
que creciese la matanza, y hubiese mas quecO---' . 
mer ; aquellos miserables ilusos se contempte" "^ .] 
ban mas libres, y felices que los primeros repubfr]**^ 
canos del mundo. Por mas que el sincero escri'i'*"^^ 
turario se escandalizase al ver entre otras infrac»^?- 
ciones de los proverbios morales de Salomón, l^jr^ 
del c. 11, balanzas falsas, y abominables átosi'-^ 
ojos, pesos infieles en contraste con tu divina vo-"*-*; 
Juntad ; los infelict^ de^lwvabrados no creian qu^ ^ 
r '; if) se h \\\ y\ c se e sctWo ^a.\^. Xos Vvc^axvws»^ <\s«i ^^\ 



[: d eb 
s- 

tan 

d 

mo 

• s 
erra 

. _ si 

rec 
a 

2L- 



37y 

s pulperos. (Sta<.éra dolosa abominado es apud 
oroinum, et pondus aequum voluntas ejus.) 
J^ulla emm cum íirannia aocieiasy decia Cicerón, 
o debo sin embargo rogar por ellos, y sus fau- 
res. Yo no puedo dexar de querer para ellos 

que para mi he querido y quiero desde que 
>ri los ojos de mi razón. Tu no quieres la mu- 
"te del pecador, sino que se convierta y viva. 
o tampoco debo querer otra cosa para tantos 
sos de lesa libertad que abundan en el cristia- 
ismo y fuera de la iglesia. Yo no quiero que 
líos mueran en su pecado, por mas que ellos 
iiieran que muramos todos en la ignorancia, y 
presión. De muchos de los que siguen la trom- 
&ta del despotismo podré yo deciros : „ Perdo^ 
jIoSj Señory porque no saben lo que hacen. Ellos 
3ran á. las ordenes del tirano : ellos invaden los 
trechos de su patria : contra la salud* del pue- 
lo asestan todos sus tiros : roban, matan y des- 
ozan por las sugestiones de una conciencia erró- 
la. Sin un rayo de tu divina luz ellos no po- 
rao volver en si. Yo no mecansaré de implo- 
ir para ellos este don gratuito, ni de trabajar 
>r la libertad de mis semejantes. Yo no quiero 
le sea ominosa para los tiranos, que quieran 
)nvertirse, la impenitencia de Nemrod. Yo no 
lisiera que también lo fuese la del ultimo mo- 
irca absoluto, que con todo el poderio del infí- 
Tio atacará los derechos civiles, y religiosos de 

especie humana. Si un faccioso usurpador 
le quien fundó la monarquía absoluta, yo no qui- 
era, que otro malvado de nuestra especie coro- 
ise la obra del despotismo Real. Para Sultanes, 
Visiris de esta clase, escogéis al sexto hijo de 

2 k2 



Ehus, y á otro descendiente de la tribu de Di 
No queréis emplear en este odiosoí y sangoii 
rio ministerio á las Repúblicas, y sus oñáA 
Yo temoj que los dos misioneros que se diccni 
servados para batir & su tiempo las practica 
doctrinas del ultimo tirano» dirijan princip 
mente su palabra contra los eclesiásticos que ] 
yan pervertido la ley natural y divina con glo 
y tradiciones humanas. '£n tal evento se valdi 
aquellos de la misma censura con que Jesús 
crepaba á los del c. 7. del Evangelio de S. M 
COS. Pero yo temo que sea mas grave la de I 
as, y Enoch : porque en los novísimos glosa 
res hay una circunstancia muy agravante, que 
tuvieron los Escribas y Fariseos, á que ali 
este Evangelista. Todavía el abuso, y corruf 
la de estos no hablan llegado á deificar la per 
na de los' emperadores, y reyes de su tiem 
No les habla ocurrido aun poner en prensa y 1 
tura los textos de las antiguas Escrituras, < 
ahora crujen baxp la glos% de nuestros violei 
interpretes. Sus interpretaciones en la mano 
sus succesores habrán engreído, y deslumbradc 
tal manera k los i^Itimos, que reinaren, que el 
formaran un car¿o particular en el juicio de 
conducta. ¡ Oxalá que tal cosa no acaeciei 
¡ Pluguiese á vos, Dios mió, que desde ahora 
sapareciesen para siempre tan perniciosos 
mentarlos ! \ Entonces si, que á los gozos df 
libertad civil de mis semejantes podria yo apli 
lo que, aludiendo á la libertad sobrenatural y n 
tica del genero humano, habia dicho un varón i 
pirado ! jyMora^ Señor ^ dexaiB ir ó tu siervo 
fiazy según tu fia^ctbra : porque mis sjos han vi 
la salud que fireparoBit Jiara wt tvre%w.\ad 



879 

9 fiueblot. Ahora, Señor, (diré yo) dexaras ir 
tu siervo, en paz, porque mis ojos han visto la 
)ertad saludable de mi pais, y de todos mis se- 
ejantes. Estos son, Señor, los votos de mi co- 
zon, y los que os tributo por la emancipacioni 
felicidad de todos los oprimidos. 



APÉNDICE. 



YA teníamos escrita nuestra confesión^ 
ido circulaba en España un ii^preso, cuya 
Lira nos obligó á este suplemento, Yá el Ge- 
il Porlier en Galicia había sido victima de la 
lia de su pais, quando salió 4 luz este impre- 
omo una consequencia del asesinato jurídico 
iquel patriota español. Su execuciotí fue ce- 
ada por el tirano que la decretó, por sus cría- 
S) y demás ilusos con el tren de ideas expre- 
en mi confesión. Que se hubiese festejado 
toros, y cañas esta sangríenta escena, ó con 
•s espectáculos profanos, no seria tan escanda- 
1. Pero que so profanasen los templos, y ce- 
tonias religiosas para aplaudir el suplicio de 
Dfícial virtuoso, y amante de su patría hasta lo 
lo, es de lo mas repugnante á la razón y buefi 
:ido : es un resabio del paganismo, y de la bar- 
iC : es una commemoracion de la fiesta que hi- 
on los filisteos á. sus dioses, para celebrar la 
•ion del Hércules de tu escogido pueblo, y las 
eldades executadas en su persona* Samson 
so, maltratado y sin ojos, es conducido al tem- 
de aquellos idolatras, enemigos acemmos de 
Tribus de Israel, para solemnizar mejor con 
presencia el bacimiento de gracias a sus ido- 
Yo no sé, si sus sacerdotes abrírían la cere- 
lia con algún discurso alusivo i\. c-ai^tt^ (> ^\^x^- 
ado para la postre^ quedase s«v e.le<¿^o \«^ \^ 



882 

ruina del templO) y de sus asistentes. Pero bien 
puedo asegurar, que no estaría compuesto de los 
elementos que distinguen al que pronunció uno 
de los obispos de España en la acción de gracias 
realisada en su catedral por la muerte del imnior- 
tal Porlier. Ni en la Fenisia, ni en ningún otro 
ángulo de la tierra, se conocía en tiempo del Her- 
cules hebreo ninguna de las fábulas religiosas que 
abundan en los nuestros. Asi pues, por fanáticos, 
y supersticiosos que fuesen los sacerdotes de 
aquella nación, no podian insertar en sus platicas 
el error con que el Obispo de Ceuta lisong^ó las 
pasiones del asesino de Porlier. .Preparemos It 
atención para escucharlo. << La Rel^on santa^ 
gue consagra del modo rruu sublime y celestial^ la» 
personas y derechos de los soberanos de la tierra^ 
se estremeció al grito de inde/iendencia y de arro- 
yo, gue dio este genio desgraciado^ como un fuego 
devorante. He aqui la primera proposición dd 
discurso de aquel Prelado. Empeñado en distin- 
guirse de bs demás de la Península por su Te 
Deum entonado en obsequio de quien le dio la mi- 
tra, coronó el haoimiento de Gracias en su igle- 
sia con una infame homilía. Asi llamo su alocu- 
ción, por que con este nombre me la dio á enten- 
der el primero que me comunicó la noticia de 
ella. El 12 de Noviembre de 1815 fue el dia en 
que la catedral de Ceuta se profanó con semejan- 
te acción de gracias. La imprenta de Algeciras 
tuvo la desgracia de multiplicar y propagar este 
discurso. Yo le vi impreso en el úguiente mes : 
y del único exemplar que llegó á mis manos,, co- 
pie las clausulas mas escandalosas. Contestando 
una carta que trat^iba del im^reso^ me acuerdo 
quG dixe de él lo sí^vaciwe — '^^ Si laB.c\»^y]{n.www 



383 

táj que consagra del modo maa atíblime y celestial 
loa derechos im/irescri/itidles del hombre^ y la so* 
btrarda de los fiueblos^ fuese cafiaz de estremerse^ 
lo haría al oir las bla^emiasy que incluye el discurso 
pronunciado fiar el obisfio de Ceuta^ celebrando con 
Te Deum en su iglesia la execucion del General 
Porlier. Después que por mas de cinco años de 
l*evolucion pudieron brillar sobre el territorio es- 
pañol las luces de la Filosofía» no era de esperar- 
se un nublado tal como este. Todavía esperaba- 
'mos resultados mas tenebrosos los que fuimos tes- 
tigos del furor con que la multitud acaudillada 
por los serviles, rompió» y quemó la carta de su 
libertad} entregándose espontáneamente á las ca- 
denas. Si yo^ubiese leído los papeles que cito 
en ríi\ confesión, me habria escandalizado mas la 
homilía del Diocesano de Ceuta. Yo creo que 
su tenor está rebatido en aquella. Pero como su 
autor arrebatado de la idea de sobresalir entre to- 
dos los aduladores de la tiranía, parece mas des- 
mesurado en sus producciones, me pareció tam- 
bién conveniente analisarlas, y refutarlas expre- 
samente. 

Necesario es haber perdido las nociones natu- 
rales de la dignidad del hombre, de su Religión» 
y de su criador, para explicarse en el santuario 
de ella en los términos referidos. No seria tan 
censurable su consagración sublime y celestial, 
si recayese sobre la persona moral, y derechos de 
un pueblo. Pero muy distante de este concepto 
el Obispo de Ceuta no llama soberanos á los pue- 
blos, sino á los monarcas opresores de ellos. Sus 
personas son las únicas que él contempla sobera- 
nas, y consagradas del modo mas sublime y ce- 
¡estíaL Pensar que la Religión cotvsa.^T^^ 1 "w^ 



3M 

como quiera, sino del modo mas sublime y celes- 
tial, la persona de un despeta que contraviene á 
las máximas, y- practicas de gobierno, escritas ei 
los libros de la misma Religión, es pensar que 
ella no es una virtud, sino un vicio, definido por 
relaciones imaginadas entre vos, y el genio de la 
maldad. Decir que la Religión santa es extre- 
mccio al grito de independencia, que dio el des- 
graciado Porlier, es decir, que la Religión es ud 
tirano que tiembla quando oye el grito y alarma 
de las esclavos que rompen sus. cadenas, y se 
amotinan contra él para reintegrarse en sus dere- 
chos usurpados. ¡ Religión medrosa. Religión 
que se estremece quando sus hijos exercen el de- 
recho de la naturaleza, quando cunm)len los debe- 
res de la sociedad, resistiendo á la opresión, sola- 
mente cabe en la fantasía, de un loco que ha- 
ya perdida enteramente los sesos ! He aqui lo que 
el obispo llama en Porlier grito de indefiendencia 
y de arrojo^ como un fuego devorante. Condoli- 
do este buen Español de las calamidades que su- 
fría su pais, por la falta de constitución, y de un 
gobierno representativo, deliberó restablecer la 
libertad nacional, revivir el nuevo orden de cosas 
introducido por las cortes, ponerle trabas al poder 
arbitrario, y hacer que todos dependiesen de la 
ley, y no del humor, y capricho de una sola perso- 
na. Fueron felices sus primeros pasos. Pero 
prevaleciendo el fanatismo politico-religioso en 
la misma gente que le seguia, fue preso, y entre- 
gado al partido de la tiranía; y juzgado por una 
comisión militar, fue ahorcado immediatcmente. 
Nada hubo de criminal en su grito de indepen- 
dencia y de arrojo ; xodo ív\e \»s^vcAdQ ^o\r el v-' 
tríotísmo qtie ammaWsu v^Oc\o. ^^c^^'saxV^^i.^-i: 



385 

•a desencadenar k su patria este grito, y este 
ojo : necesarios eran para salvar de su angus- 
y peligro á los que estaban padeciendo injus- 
nente en las cárceles, presidios, y calabozos* 
(xos pues de estremecerse la Religión, ella mas 
in se complacerla de la heroicidad de este ar- 
)o proclamador de la independencia y libertad 
; sus compatriotas, si ella fuese un ser sensible, 
animado de tales sentimientos. Pero, si, hablan- 
> metafóricamente, es una blasfemia el sobresal- 
que le atribuye el obispo de Ceuta ; la compla- 
incia que yo le supongo en la misma figura, es- 
comprobada con los libros de la misma Reli- 
on. En su caso Porlier no biso otra cosa que 
que hicieron en el suyo Abrahan, Moyses, Jo- 
le, Aod, Samson, Samuel, David, Jeroboan, los 
[acábeos, y otros. Afirmar pues que el hecho 
i aquel oficial estremeció á la Religión, es afir- 
ar que ella tembló, y sestremecio con el procedi- 
iento de estos heroicos varones. Lo cierto es 
te tembló el tirano, temblaron sus hechuras, y 
telites, tembló como una de ellas el Pelado de 
suta : y confundiendo á la Religión con sus 
ntimientos, é intereses, le imputan - vicios, y 
;fectos ágenos de ella, y peculiares de sus pro- 
nadores. Otro tanto exqcutan con tigo, quan- 
» para conestar su crueldad, su despotimo, 
íur pación, y otras tachas, fabrican allá en su 
ntasia un Dios modelado á sus pasiones, bañado 
I la tintui*a de sus apetitos, lleno de inconsc- 
iencias, y contradicciones, pero que todas ellas 
I las paginas de su vacabulario están simuladas 
>n el nombre de atributos, y virtudes Divinas. 
Muy obvia y sencilla me parece la idea de la 
eUgion expresa en lo principal d^ e^xeo^M%c\i\!^« 

2 L 



886 

Ni el hombre, ni la sociedad, ni 
dores, estatutos, y leyes son obi^ 
Esta virtud no es otra cosa que c 
relaciones existentes entre vos, 
vínculos, que dulcemente ligan á 
su criador : lazos, de gratitud, a 
cimiento urdidos en la inteligenci 
de que todo os lo debemos, nue 
nuestra conservación, y bien e: 
primera idea de Religión nos vie 
adoración, y sacrificios con que p 
responder tus im mensas liberalid: 
el homenage de nuestra gratitud. 
de vuestro agrado que el de la 1 
de aquellos deberes, que gravaí 
corazón, y están compendiados 
vos, y á nuestros semejantes. ^ 
voloy et non aacrificiiim : habei:» 
monio de esta verdad ; pero esta 
tiranos. Subsistiría la virtud d 
aunque el hombre no hubiese ii 
dades, gobiernos, leyes, y ma^ 
nada de esto el hombre seria siem 
ra consagrada del modo mas subí 
como imagen y semejanza tuya. 
sagracion no es obra de la Relig: 
de un agente anterior á ella con 
eterna. Vos mismo le consagra; 
mentó en que sentabas la base d( 
constitutivas de la Religión. ¿ C 
obra de esta el cuerpo político, su 
no, y magistrados \ i cumo serán 
dos por eila, quando toda su activ 
da á. la gratitud, amor, rcconocim 
Si ei hombre esxk cow^íi^t^^o c.^: 




887 

i sublime, y celestial, recibida ide tu manoy 
>recisaníiente por que como tal él es imagen, 
^mejanza tuya. Pero si este mismo hombre 
ornar el oficio de carpintero, labrador, sastre, 
ador, pescador, ó navegante, se instalase con 

ceremonias exteriores, que el capricho hu* 
no quisiese llamar consagración ; esta distaria 
to de la primera como el cielo de la tierra, 6 
Qo lo infinito de lo finito. Por mas que lo 
lasemos en aceite, por mas que le turificase- 
s, por mas aspersiones, rezos, y canciones que 
ibiese de sus semejantes, su consagración 
ia puramente humana, lo mismo que qual- 
era otra que se hiciese en marmol, madero, 6 
tal. Igual resultado tendría la que hiciese- 
s en la persona de un oficial civil, ó militar, 
ia de un tirano, ó carnicero, i De donde pues 
uxo el obispo de Ceuta esa otra que con los 
tatos de sublime, y celestial, vincula en un 
libre, no considerado como tal, sino como re- 
or, monarca, ó principe I ¿ Que fundamento 
le {>ara atribuírsela á la Religión santa ? No 
ignoramos ; pero también sabemos que es 
eo, y fabuloso. Quando S. Pedro llama hechu- 

de hombre á los reyes, no exceptúa al ido- 
I de aquel Prelado, erigido en el motin de 
injuez. Nadie ignora que él es hechura de 
que alli se amotinaron contra su padre, y su 
vado. Por mas que él, y los de su partido 
I querido negar la violencia de la renuncia, 
han podido menos que confesar la resistencia 
lultuariamente hecha contra Carlos quarto, 
a que desistiese del viage á las Andalucias^ y 
aquiá ultramar: resistencia que eWo^ Tttvs«vRíRk 
^can de' justa, y no comprehexidvd?^ exi\^ c»X' 



388 

la de S. Pabk> á. los Romanos. <^ Qui fioi 
renatU^ Dei ordinationi reaUtit : no se e» 
para este caso, según la doctrina de Fernán 
sus partidarios, á pesar de que su padre ai 
habia renunciado la potestad. Pero sigan 
de la hornilla, y preguntémosle ¿ que gene 
consagración dexa para los consagrados d( 
orden, si la mas sublime, y celestial la con 
toda en honor de sus reyes ? i Qual sera 1 
obtuvieron todos los individuos de la esped 
mana al incorporarse en ella la naturaleza* 
por el misterio de la encamación ? ¿ Y qi 
que recibieron loa Apostóles de tu Divina 
ritu ? Rebaxemos el superlativo con que reí 
la suya el obispa de Ceuta, y veamos si, 
menos, puede sostenerse el positivo 9ubli 
celestial^ como obra de la l^eligion. 

Desde luego se me dirá, que, procediei 
lo alto esta unción, no hay necesidad de ot 
quisito para que sea sublime y celestial. ^ 
de luego yo repongo, que por esta regb 
hay que no pueda titularse asi. Sobre te 
hombre, vivo retrato de la Divinidad, es ; 
dor de preferencia al dictado de conaagra 
una consagración, sublime^ y celeatiaL Qua 
funcionario publico, no como tal, sino come 
bre, entra en la lista de estos acreedores de 
derecho. Si el haberse practicado esta fi 
por los profetas, ó ministros del culto bas 
clasificarla entre los efectos de la Religi< 
abrirla la puerta á una latitud interminal 
seria tolerable, si no se le prodigasen exenc 
y privilegios exorbVx.'scKt'fc^^ "^ muy nocivo; 
comunidad. Pero \o xci^^ ^"^^ qíj»'» ^i5f5:w 



889 

ion de manos eclesiásticas, ni otro gene« 
sagracion exterior, y visible, se ha fin» 
o anexa al nombramiento Real otra un- 
ible, que se supone practicada intrinse- 
por tu mano. Yá dexamos demostra* 
iccion. En ninguna parte del nuevo, y 
amento hay siquiera vestigios de seme- 
sagracion invisible. Contra ella militan 
nentos tomados de la Escritura. En ella 
valor de la unción ordenada por vos k 
:n favor de los primeros monarcas de 
imas entró esta ceremonia en el roll de 
s generales. Prescripta únicamente pa« 
¡, y determinadas personas, nunca fud 
ino de ordenes singulares. Yo quiero 
*go fingir que ella hubiese sido un man* 
general acordado en la ley de Moyses. 
nos que lo hubiese dictado en el c. 17. 
:eronomio, el mas oportuno para aña- 
ceremonia entre los requisitos que alU 
)ara los reyes. Nunca hubiera dexado 
andamiento puramente ceremonial, i Y 
de estos en la nueva ley ? ¿ Quedaron 
ura vigentes como los morales, ó pere* 
•mo los demás que no eran compatibles 
levo orden de cosas ? 
slato enim aacerdotio^ necease eétj ut et 
\8latioJiat : decia el Apóstol á los He- 
A Hebr. 7.) y de estas palabras, ale- 
el c. 3. de Constit. x. deducen los teo- 
anonistas, que por el consummatum del 
do guedaron abolidas todas las ceremo- 
uicios sacerdotales de la antigua ley. 
ues suponer subsistente la de consagra- 
reyes ? { Porqué sostenerla^ no como 
9 L 2 



890 I 

quiera, sino mas exaltada, y sublimad» que m* luj, 

tes ? Ni Jesús, ni los Apostóles hablaron deelhf |sc 
ni la practicaron, ni de semejante ritualidadipi>|ni 
recen vestigios en la ley de Gracia, i De donde |¿ 
pues el altisonante, pero insignificante lengufc ht 
del obispo de Ceuta ? £s un parto espurio de li hi 
era cristiana, pero legitimado por los rescriptos \p 
de la preocupación, y lisonja. Si alguna vei 1^ 
fue accesoria del nombramiento Real la un'cioD \i 
del promovido, ella debió siempre sequir lana- 
turaleza de lo principal : debió ser del resorte 
político, & que pertenecía el ungido, y la magi»* 
tratura, comolo declara S. Pedro. Siendo asunto 
meramente politico, se habrían excedido ¡xa 
Apostóles, si en él hubiesen metido la mano. 
Bien definidas están las facultades substituidas 
en ellos por su Maestro antes y después de U 
resurrección. ^^ Predicare Evangelium omiú 
crea ture : predicare fitmitentiam^ et remiaaionm 
pfccatorum in omnes gentes^ inci/iíentibu9 á Jerih 
solymia : es el prontuario de la substitución, que 
nada tiene de administración, y gobierno civil. 
Si se dixese que la Iglesia pudo resuscitar este 
ceremonial ; nadie ignora que fue una resurrec- 
ción puramente papal, un hallazgo de cosas per- 
didas con que los obispos de Roma quisieron ob- 
sequiar á los emperadores, y monarcas fran- 
ceses ; pero un hallazgo, que siendo de la esfera 
política, estaba fuera del alcance pontificio. Muy 
notable es que á esta invención llegasen á darle 
sus sectarios una virtud que no tuvieron las un- 
ciones ordenadas por vos á Samuel. David, y 
Salomón no se contentaron con ser ungidos una 
sola vez. Yá he confesado quantas veces lo fue* 
?on ambos. Si left im^iissÁsi «As^fittv cata cere- 



391 

onia, si por ella quedaban consagrados de un 
odo el mas sublime, y celestial, i como reit&f 
irla? i y como concebirla todavia susceptible de 
iadiduras, y grados á. lo infinito, y lo sumo ? Ya 
$ino8 dicho como fue menospreciada esta cere« 
lonia por los succesores del emperador Carlos 
linto, como insignificante, y superfina. Despu- 
i veremos quando reapareció en el imperio de la 
rancia. 

Quando te insultaba con su Te Deum el obispo 
B Ceuta, yá tenia contra la falsa doctrina de su 
Lscurso, tres, ó quatro casos recientes en la £u- 
)pa, que confii*man la verdad que profesamos.— 
Fo fue mas solemne la consagración de Pipino, 
lie la de Napoleón Bonaparte. ¿ Y qual es el 
itado de este moderno emperador ? £1 mismo 
n que se hallaba, quando resonaban en la cate- 
ral de Ceuta los cánticos de alabanza por el ase- 
nato de Porlier. Degradado á la clase de ge- 
eral, vivé confinado en una isla remotisima. Y 
como es que consagrado por la Religión del mo- 
o msís sublime y celestial, pudo ser degradado 
n concurrencia de la misma Religión? Obra toda 
e monarcas seculares, casi todos cismáticos, y 
rotestantes, fue su degradación, decretada, y exe- 
atada sin concurso, ni comisión del consagran- 
s ¿En donde está pues el carácter inviolable 
sagrado del ultimo emperador de los France- 
is, ungido por su santidad el Papa Pió septinio? 
Carece de esta unción el predilecto del obispo 
e Ceuta ; pero en su concepto ha recibido de la 
sligion la otra invisible, y misteriosa que el mis- 
to califica de sublime y celestial en sumo grado, 
que conseq (lente á su sistema no puede negar í 
osé Bonaparte^ á Gustavo A»dolÍQ>^ ^Qi9k^\xv^vsc^ 



3g» 

rat, penúltimos reyes _ de España, de Suecia, y 
de Ñapóles. Y ¿ qual ha sido la suerte de estos 
monarcas, consagrados de la manera decantada 
por aquel Prelado ? También fueron degradados, 
ó por las naciones de su mando, ó por los minis- 
tros que degradaron á Napoleón; y uno de ellos fue 
pote rior mente juzgado, sentenciado y executado 
por su sucesor en donde poco antes exercia las 
funciones Reales. Estando k la opinión del obispo de 
Ceuta, fue un regicidio el executado en la invio- 
lable, y sagrada persona de Murat. ¿ Por que 
pues tan omiso en declamar contra sus regicidas? 
Por que no cuidar de proverse de antídotos contra 
unos exemplares, que tanto desacreditan su* doc- 
trina, y exponen la execrable persona de su amo, 
y favorito ? ¿ Ignora acaso, que los primeros pre- 
lados de España, los Grandes, y Ministros de la 
nación, saludaron, y alhagaron al rey José con ex- 
presiones, ó conceptos tales como el de la homi- 
lía en lo substancial? ¿ Podra negamos que, si el 
suceso le las armas hubiese sido otro, estaría su 
se noria ilustrisima adulando del mismo modo al 
monarca de la nueva dinastía ? 

Para caracterizar de inaudito el heroico proce- 
der de D. Juan Diaz Porlier, es necesario igno- 
rar enteramente la historia. Asi lo caracteriza 
en su oración el obispo de Ceuta. Generalmente 
califíca de criminal todo grito, todo movimiento, 
y conato de independencia, quando dice <^ eatoé 
delitos solamente son familiaTea á los que deacono» 
cen á Dios, 6 han sacudido de su corazón las reía» 
dones sagradas, y divi¡nas que enlazan á los sobe» 
ranos con sus subditos. Eq substancia este absur- 
do no se distingue del principal. Es una amplia- 



893 

cion de él : es repetir en otros términos, y fra- 
ces la misma blasfemia : es censurar con ella á 
todos los pueblos de la tierra, que muchas veces 
han usado de su derecho contra la opresión : es 
condenar los gritos de independencia y arrojo que 
en varios tiempos ha lanzado su propia nación con- 
tra sus tiranos domésticos, y extrangeros : gri- 
tos tan notables en su insurrección contra los em- 
peradores comprehendidos en la carta de s. Pa- 
blo á los Romanos, que no contento el español 
con las medidas ordinarias de precaución, fulmi- 
na pena de muerte contra qualquiera que alegase 
enjuicio alguna ley del imperio. Es en fin desa- 
probar el grito de independencia y de arrojo que 
se oyó en la península contra el ungido del se- 
ñor, Napoleón Bonaparte. 

Bien conoeidas son las relaciones que mutual - 
mente enlazan al subdito, y al soberano en la sa- 
na inteligencia de ellas : relaciones emanadas to- 
das del contrato social : relacimies de un orden 
superior á las que ligan al gobernante con su go- 
bernado. Nada hay en ellas de sagrado, y divi- 
no, baxo la idea con que se explica su señoría 
ilustrisima : porque son falsos todos sus funda- 
mentos. Pero atendiendo al carácter inviolable 
y sagrado de tantas imágenes^ y semejanzas tu- 
yas, enlazadas reciprocamente con sus pactos 
sociales, sagrados, y divinos son estos lazos, y 
quantos proceden de ellos : sagrados, y divinos 
son los vínculos de la soberanía nacional, y muy 
estrecha la responsabilidad del magistrado para 
con sus comitentes. Para explicarse de otra su- 
erte, es preciso desconocerte, ó haber sacudido 
de su corazón Jos caracteres con cjvxe xxx ^wn'í».^^ 
9n éJ estas verdades. 

í 



894 

Sin haber leído el obispo de Ceuta la Proclama 
de Poiiier, ó k sabiendas de su contenido, le atri- 
buye cosas que no se hallan en ella. A la som- 
bra de esta imputación, declama en su discurso 
contra varios hechos, dichos y planes, ágenos de 
la sana \ntencion de aquel patriota. Su manifes- 
tó no trata sino de gobierno, constitución, y cor- 
tes ; pero su declamador antagonista en la pe- 
pitoria del fanatismo le atribuye como conse- 
quencias del nuevo orden político, cismas, here- 
gias, y reformas religiosas, que gratuitamente 
impugna sin venir al caso. Entre otrs^s interro- 
gaciones, deducidas de sus falsos supuestos, es 
mas notable la siguiente, i << Que ae vilipendiase 
aquella misma Religión j que golfieada^ y fieraegvi' 
da, la ha conservado fiura en sus flechas (la na- 
ción española) en los contrastes mas /iiriososi y 
que la hace florecer la religiosidad, mansedumbre, 
y virtud exemfilar del mejor de loa reyes / Son 
palabras de su señor ilustrisima ; pero palabras 
adequadas al concepto equivocado que el tiene 
formado de la Religión. £1 fantasma concebido 
en su cabeza, y explicado con la voz Religión, es 
el único que podía ser vilipendiado, golpeado, y 
perseguido en los contrastes mas furiosos, excita- 
dos por miras ambiciosas, y políticas quando yá no 
se hacia la guerra de religión, ni k nombre tuyo 
se asesinaban, y quemábanlos hombres en la Eu- 
ropa. A este solo fantasma de Religión es dado 
florecer por la religiosidad, mansedumbre y vir- 
tud exemplar de aquel á quien llama el obispo 
de Ceuta el mejor de los reyes, y con razón, 
siempre que sean virtudes los vicios, siempre 
que merezcan el úluVo d^B.€X\5¿\oTv\^^ ^YCK^^^^^\^^ 
de eiia, Jas apavienc\aa^ceYemow^ew^^>2^^^^^- 



395 

terior. He aquí la religiosidad de Femando, su 
mansedumbre, y virtud exemplar. Esta es la 
religiosidad de su panegirista. Pero la santidad} 
y virtud, que son el alma de la Religión, desterra- 
das andan de su corazón. A las obras me remi- 
to : á. las jomadas de] Escorial, Aran juez y Bay- 
ona : al memorial que antes de ellas escribió á 
su padre contra el valido : á la estación de Va- 
lencey : á su regreso á España : k su decreto 
de Valencia : á su entrada én Madrid : á. su in- 
gratitud contra quienes tanto hicieron por salvarle, 
y precaverle de la reincidencia en el poder arbi- 
trario. Me remito á su conducta con los paises 
insurrectos de ultramar : sobre todo, á las amar- 
guras que ha causado á sus padres desde el acón* 
tecimiento del Escorial. 

Para el criterio de la religiosidad de su orador 
me basta el tenor de su laudatoria, sin necesi* 
dad de meterme en Ceuta, ni en su palacio. Me 
basta copiar el apostrofe, y finiquito de ella. <^ Si 
nos acercamos á los altares^ (dice) ha de ser fiara 
adorar con esfiiritu de humildad^ y reconocimiento 
'á aquel dios^ que tanto nos amfiara ; aquel fior 
cuya eterna disfioaicion viven los reyes largos y 
dilatados^ como felices años^ y forceen los reinos 
en justicia y equidad ; aquel mismo^ que los pro» 
tege de los malos; que los accomfiaña en las tribuía» 
dones ; y que tomando los de su derecha, ablanda 
sus corazones fiara la clemenciOj y los hace fuer» 
tes fiara exercitar á fiesar suyo la justicia* " Ha^ 
gamoslo asiy y fimetrados de aquel amor sagrado 
que insfíira la Religión Divina hacia los reyesy y 
autoridades sufiremas^ suban al cielo nuesti'os hu» 
inildes ruegos fior la salud ^ y felicidad de nuestra 
amado spóerano J^ernando^ V P'^'^ ^^* ECTcmwnvti^ 
señores Infantes, *♦ Asi ioyr^rctnítt»^ Y^ya^ mx^i 



3])6 

tiem/108 tranquilos^ y baxo aua aua/dcios la 
sania réafíirará de iaa angustias y tribuL 
fiaaaáaa ; florecerá la monarquía es/iañola 
cible á tan fieros asaltos^ y tendremos t 
consuelo de transmitir á nuestros descendió 
dignidad de españoles en todo su esfilendor 
doles : *' Fed aguí hijos^ la herencia de n 
/ladres. 

He aqui. Dios mió, nuevo método pan 
tar hacia vos nuestras almas, y pediros mt 
Yá no hay necesidad del que nos dexó Jet 
to en su Evangelio. Es preciso mandar, 
recoja, y archive en Simancas el fórmuh 
compuso este señor, para enseñarnos á 
que no use de otro, sino del que guardase 
mi dad con el plan que propone el obispo 
ta. Comparados ambos, hallamos ^n el 
mucho republicanismo, é imperfección, 
na memoria se hace en él de los reyes, ni 
grado amor, que inspira la Religión hác 
Toda la oración dominical está respirand 
dad, concordia, y fraternidad. Ni siqui 
hacerse en ella mención del reyno d« la 
y de la Gloria, se mitiga el espíritu repu 
ni se acuerdan de los monarcas de la tiern 
omisión, olvido, ó negligencia ! ¿ Igno 
salvador que la Religión consagraba sus de 
v personas del modo mas sublime, y ce 
;y que ella nos inspiraba el amor sagrado 
debíamos penetrarnos para con su Real '. 
tad ? Ni en el Paternóster, ni en otra pj 
evangelio estaban expresados los oficios qi 
ticais en favor de los reyes. Para ellos s< 
taba dispuesto en el libro de la eternidad, 
yiesejí largos^ dilatados^ como l^Xv^^ ^ 



ación á ellos solos es que hacéis» que 
sus rey nos en justicia, y equidad : ellos 
predilectos en la protección contra lof 
líos solos son los que merecen que tu los 
zs en las tribucionales ; los de mas atri- 
leben acudir á ti para ser confortados, 
id mcy omnea qui laboratia^ et onerati €%• 
reficiam vos. Los reyes están excepta- 
ste llamamiento ; tu eres quien debe sa- 
arlos para acompañarlos en sus tribuía- 
üllos tienen el corazón tan duró, que pa- 
arlos a la clemencia, es menester, que 
aes con tu diestra ; pero para que exer- 
ar suyo la justicia, necesitan serforta- 
DP tu misma diestra, estando asidos de 

aqui Españoles, el suplemento de vues- 
itucion, ó un quid firo quo de ella. Yá 
reyes no necesitan de trabas constitucio- 
*Tunca mas trabados que ahora que Dios 

de su derecha, y los apremia para que 
Ds, y clementes. Un mismo corazón tan 
a la clemencia, y tan blando, y débil en 
stracion de justicia, exige toda la dies- 
Tinipotente para que sea fortalecido en 
e, y ablandado para el exercicio de aque- 
irtud. ¡ Que ignorantes de esta doctrina 
lo todos los pueblos, que tanto han lucha- 
bajado para contener á sus gobernantes 
io de una buena Constitución 1 O la ig- 
mbien Moyses, quando en el c. 17. del 
lomio prepara muy de antemano las tra- 
\ pueblo habia de imponer á sus reyes ; ó 
ta entonces no tenia tal empleo. Al obispo 

toca disolver este dUemtim. To\fiax ^^^ 
2M 



«98 

la diestra, y apremiar con ella al monarca 
que á pesar sufo sea clemente y justo, nada 
nos quiere decir en el lenguage de la Teoii 
que el que los reyes de este tiempo tienen á 
disposición un fondo inagotable de auxilios efíct> 
ees para obrar siempre justicia y clemencÍL 
Quieran, 6 no quieran han de ser clementes j 
justos. Esta es conseqUencia necesaria de la efi- 
cacia de tales auxilios. Hasta ahora el commi ¡ 
de los teólogos ignoraba esta afluencia de auxi- 
lios eñcaces. Auxilios suficientes eran los qoe 
antes ocupaban indistintamente el lugar declara- 
do á los eficaces por el Obispo de Ceuta. Tai 
escasos eran estos antes del descubrimiento de 
esta mina, que apenas los hallaba el teólogo en h' 
conversión de Saulo, en la de la Magdalena, bu- 
en ladrón, y otros raros. Pero el Obispo de Ceu- 
ta quiere que sus modernos Ídolos sean mas pri- 
vilegiados que todos los antiguos. A este fín,'con 
cierto aire üe predilección, y cuidado va distin- 
guiendo á los suyos del resto de los hombres, y 
adjudicándoles como propios, y peculiares unos 
beneficios comunes á todos vuestros hijos, á to- 
das vuestras imágenes, y semejanzas, k todas las 
naciones, y gobiernos. 

Se trasluce bien su idea, quando confunde laí 
angustias, y tribulaciones de una grey, que tantc 
fruto saca de ellas, con los negocios, de estado 
c}ue han agitado, y agitarán siempre á las nació 
Des. Por deslumhrar á la gente vulgar, por sa 
cur partido de ella, y mantenerla en lu ilusión, et 
que insiste aquel Prelado en el abuso de con 
vertir en puntos de Religión, y de iglesia, la- 
cosas mas indiferentes, Vo^ ^•á.wcvUi^ de, gobierno 
y de política, touVivieuxc VaoAjtk^^^^ ^^\^ \v«k\tí 



399 

ís, y ecclesiasticos ; pero que sofisticamentt 
ejados y confundidos, producen la tranquil!- 
á que aspiran los tiranos: tranquilidad de 
aleros, desiertos, y mazmorras. „ MUerri* 
n aervitutem fiacem afiellant : contra la qual 
la uno de nosotros debe decir-—,, Malo fieri'» 
'osam libértateme guám guietum aervttium. 
Yo quisiera saber, quando fue que nació la Re- 
^on que en dictamen del Obispo nos inspira un 
3ior sagrado hacia los reyes, y autoridades su* 
remas. No lo veo escrito en las tablas del De- 
alogo, ni en el c. 17. del Deuteronomio. Tam- 
ice lo hallo recomendado en el Evangelio. £t 
hombre, como tal, en todas partes mira escrita la 
ley de amar á sus semejantes, como tales, como 
hermanos, y como hijos todos de Dios. En el 
gran libro de la Naturaleza, en las Escrituras de 
uno y otro testamento está gravado este deber sa* 
grado : y no está colocado entre los preceptos 
religiosos, sino entre los morales. Sea enhora- 
buena sagrado este amor, como derivado de una 
ley sagrada, como dirigido á una ciiatura sagra- 
da, tal como el hombre. Pero no sea de nuestro 
numero quien, despojándole de sus atribuciones 
divinas, pretenda mayoricarlas todas en determi- 
nados individuos, y familias. En ninguna parte 
veo precepto especial de amar al hombre, no co- 
ntó hombre, sino como dotado de otras calidades 
adquiridas por su industria, fortuna, ó contratos. 
£1 hombre natural, no el hombre artificial, si pu- 
edo explicarme asi, es el objeto de nuestro amor sa- 
grado. El hombre carpintero, notario, gladiator^ 
aseshio, 6 rey no es el hombre de la naturaleza, 
sino del arte. ¿ Como pues podra ser el objeto 
natural de un amor inspirado por \««^ wVnA t»»" 



400 

tural ? Si yó amo á un vecino honrad< 
tal le confío la administración de mis 
superfino seria el prevenirme que le 
ino administrador. Por conseqüencis 
de la nueva relación contrahida en esi 
Jr mucho ifnasporsu fiel desempeño, na 
idene el incremento de mi amor. P< 
qué el grado accidental de amor adqui 
húeto contrato, sea de mejor condici 
amor que nos sirvió de base para ent 
éstras relaciones industriales, $s quer 
ti orden de la naturaleza, y Gracia, 
que en esta linea lo accesorio sea me 
principal, es querer que el amor de < 
cía sea de mejores quilates que el am( 
Tolencia. Muy poco honor haria á. 
comisionado el que para ser amado d( 
lentes fuese necesario imponerles otro 
ento positivo de amor, i Qual seria e 
las relaciones artificiales entre Gastón 
denal de Richelieu, quando para que 
amado de aquel, fue necesario que as 
ese de él su hermano Luis XIII. en 
Ó amnistía que celebraron ambos des] 
jomada de Castelnaudari ? Quando ( 
aparezca semejante suplemento en fs 
gun mandatario, señal esquenodeseri 
su comisión, ó que no la ha obtenidc 
mente ; pero en ningún caso pueden s 
tos del precepto addicional de caridad 
á los de su causa principal. Una log 
basta al conocimiento de estas verdad< 
ficción que las oculta á los ojos de la 
í)e una fábula debvA Te^w\\5x.Y o\.\^. \ 
4 loa espacios itn^L^matVo^ ^^^ \i>\^^^ 




401 

¡MCa el moparcaí era consiguiente recurrir á otnt 
quimera, fingiendo que la Religión inspiraba un 
amor sagrado hacia la Real persona. Removido 
el afecto addicional úe una hechura del pueblo 
ccHi el arbitrio de elevarla al rango de criatura 
divina, .era resultado necesario de esta ficción el 
urdir otra que extraxese del cielo otro amor mas 
qualificado. S. Pedro, y S. Pablo al recomendar 
k sus novicios el respeto, y obediencia que mere- 
cen las hechuras políticas del pueblo, no lo atri- 
buyen á la Religión, ni de ella toman mandami- 
ento de nuevo amor para calificarlo de sagrado 
en fevor de las autoridades. Temer á Dios, hon- 
rar al principe es uno de los consejos que da á sus 
neófitos uno de estos Apostóles. Yo me atrevo 
á decir, que si las potestades de su tiempo fuesen 
justas, benéficas, y humanas con los nuevos cre- 
yentes, no les hubiera ocurrido tal vez la idea que 
obligó á S. Pedro, y S. Pablo k discurrir en po- 
lit.ica para disipar el naciente error de los gnósti- 
cos. Por mas que el espíritu de proselitismo su- 
giriese k los recienconvcrsos el pensamiento de 
independencia omnímoda como consiguiente k su 
emancipación espiritual, ellos se abstendrían de 
aproximarla k la practica, si fuesen considerados, 
y bien tratados de las autoridades del imperio. 
No de la Religión, sino de la gratitud emanaría 
entonces naturalmente el amor, y reconocimiento 
hacia ellas, aunque todas fuesen gentiles. Queda 
pues de manifiesto que la tirania fue la madre 
de estas modernas, ficciones. Apelaron k ellas 
los Uranos, y sus teólogos, porque, faltando la 
beneficencia, y liberalidad, faltaba la fuente del 
amor y reconocimiento. Fue menester echar 
mano del precepto de la caridad put^i coxk Tcsx^^- 

2 M 2 



408 

tros enemigos, y del de la oración por nuestm 
perseguidores: preceptos muy recomendados, y 
practicados por Cristo: preceptos conciliables con 
el derecho de resistencia contra el opresor, quando 
este se obstina en la opresión, y no quiere coD- Iji 
vertirse, y restituir por medio de la caridad, j he 
oración. |:í 

Mn su nueva planta enlaza de tal modo elolús- \y 
po los efectos de la suya con el nuevo amor fac» 
ticio, que no duda declarar, que si dos acerca- 
mos á los altares sin estar penetrados de 61, nu- 
estros ruegos no subirán al cielo, quedaran en la r 
tierra, y serán infructuosos. Pero si por el con- \^ 
trario, animadas nuestras preces del amor al tí- 
rano, y conducidas por este vehículo hasta el em- 
pirco, os rogaremos por la salud, y felicidad de 
su persona y familia ; vendrán tiempos tranqui- 
los, respirará la iglesia de las angustias y tribu- 
laciones pasadas, florecerá la monarquía españo- 
la, invencible á tan ñeros asaltos, y todos los opri- 
midos tendrán el consuelo de transmitir á sus 
descendientes la dignidad de españoles en todo 
sil esplendor, diciendoles : „ Ved aqui, hijos, la 
herencia de nuestros padres. ¡ Que feliz descu- 
brimiento para los pueblos I Desde que los hom- 
bres se reunieron en sociedad trabajan sin cesar 
en obtener las importantes miras de esta reunión " 
por otros medios, que ignora, ó supiime nialicio- 
sanicnie el obispo de Ceuta : medios, que hicie- 
ron felices á las Tribus de Israel, mientras no se 
gobernaron por reyes : mediospor los quales fue- 
ron menos infelices los de la monarquía de Judá, 
que los del otro reyno fundado por Jeroboan x 
medios, por donde llegarou 4. ser muy celebres 
Jas repúblicas de \a «liíú^vx^c Ot^w.> '^ \^ ^^ Vjí^ 



408 

Romanoar: medios que á estos republicanos, y k 
Los de Esparta produxeron mérito para federarse 
con los hebreos, y ser aplaudidos en la historia de 
Kos Macabeos : medios en fin, que tanto honor 
■licieron á los antiguos Castellanos, y Aragone- 
«es9 mientras con ellos conservaron sus constitu- 
ciones, mientras con ellos daban fieros asaltos al 
3K>der arbitrario, y pudieron ser invencibles á los 
conatos de la usurpación. Por iguales medios es 
que han florecido, y florecen otras naciones bien 
constituidas, é inexpugnables á los fieros asaltos 
de la monarquía absoluta. Pero el obispo dé 
Ceuta, abreviando el camino á la felicidad nacio- 
nal, corta por el ataje, y lo reduce todo á orar por 
la salud, y prosperidad de' un individuo, y su fa- 
milia. ¡ „ Ved aqui, pueblos de la tierra, lo que 
debéis á D. Estevan Gómez, mitrado de Ceuta ! 
; Un hallazgo mas precioso, que el de la piedra 
filosofal os presenta este prelado en el panegiri- 
ce de su rey 1 ! Apresuraos, Españoles, á iniciar 
las reconíipensas de un descubrimiento que os 
quita el trabajo de Cortes, de Constitución y gobi- 
erno representativo ¡ ¡ Me duele el que una in- 
vención tan rara no hubiese ocurrido al desgra- 
ciado Porlier,'para que por medio de ella salvase 
á su patria de la esclavitud ! ¡ Cotejad ahora este 
pensamiento con el de Lardizabal, expreso en una 
carta al General Abadia, quando le daba instruc- 
ciones para preparar buques que fuesen al Bra- 
zil en demanda de la futura esposa de Fernando ! 
Seis, 6 siete meses antes del Te lieum de Ceuta 
escribía aquel ministro, haciéndole á su confidente 
Abadia una pintura del mal estado de las cosas 
de España, precisamente en aquella oc^.sv(^w^ ^\^ 
gue, regresando de la isla del ÍAb«k Sií m's^tíi^'Ww- 



404 

perador de la Francia llenó de consternación á 
Fernando. Lardizabal concluye su- carta, dici- 
endo magistralmente, que el único remedio pan 
tantos males era el casamiento de su amo con una 
princesa del Brazil. £n vez de levantar el ahna 
al cielo penetrada del amor sagrado, que inspira 
la Religión hacia los reyes, para rogar por la sa- I 
lud y felicidad de Fernando, su hermano, y tío» 
hace consistir aquel ministro en un matrimonio 
pronto la tranquilidad de los tiempos, el respiro 
de la iglesia, y el estado floreciente de la monar- 
quía española. Lardizabal quiere, que- por virtud 
de este himeneo tengan los Españoles el consue- 
lo de transmitir k sus descendientes la dignidad 
de este nombre en todo su esplendor. Cotejad, 
y juzgad, vosotros los que mas suspiráis por la 
prosperidad de vuestro pais oprimido. \ Cotejad, 
y juzgad qual de estas dos hechuras del Tirano 
se aparta mas del sendero de la verdad ! \ Com- 
parad la carta del Ministro Lardizabal con el dis- 
curso del Ordinario de Ceuta! Ambas piezas se 
hallan impresas. Yo conservo un exemplar de la 
primera ; y no tengo ninguno de la' segunda. 
I Mirad si puede darse ignorancia mas supina que 
la que receta conexiones nupciales para males 
procedentes de falta de Constitución *! ¡ Ved, si 
es, ó no tentar á Dios el pedirle milagros, quan- 
do en la mano tenemos para curar esta enferme- 
dad politica los medios ordinarios de su provi- 
dencia ¡ i Para que implorar socorros extraordi- 

* i Casarse con una joven, nacida, y educada, no en 

los Estados Unidos de la America del Norte, ni en otro 

gobierno bien constituido, sino en una iñonarquia tal 

como la Ponv.guesa.: W<exv "S^tsv^^ví -^"t xv^tto parala 

curación del de8pQX.\&tiv<i\ 



na 
ti 



.405 

larios ? quando son muy suficientes las medidas 
ordinarias ? Pedir que Dios tome de su mano al 
tirano para que ablande su corazón á la clemen- 
cia, para que lo fortalezca, y apremie á ser justo, 
k pesar suyo, ¿ que otra cosa es, sino pedirle, que 
llevando á bien el abandono que hagamos de la 
carrera ordinaria de todos los pueblos, nos dexe 
recurrir á la de otro orden divino, y portentoso ? 
I Que otra cosa es sino un crimen conocido con 
el nombre de tentación á Dios, No seria ten- 
tarte, si convencidos de que la masa del pueblo 
no podia sanar de la lepra que padecen sus dere- 
chos, sino con una medicina prodigiosa, invocáse- 
mos la de tu diestra* Yo no sé si es tal la crisis 
de sus hábitos morbosos. A vosotros, que estáis 
al alcance de ella os toca el discernimiento : á 
vosotros los que no estáis contagiados de este 
mal. El General Porlier os ha, dado el mejor 
exemplo. Su heroica acción es mas expresiva 
de su patriotismo que lo que yo havia leido acer- 
ca de él en un impreso de Londres, quando mi- 
litaba por la libertad, y fortuna del ingrato que ha 
privado de ella á su patria, y de la vida á su li- 
bertador. „ Lo8 que conocen á este General^ (de- 
cia el periódico en Agosto de 1810) /o pintan de 
un carácter emfirendedor y audaz, siemfire pron^ 
to á sufrir gualquier genero de privaciones, y 
amigo de llevar la misma vida que el inferior de 
sus soldados. Ya no tenemos necesidad de otra 
pintura para conocerle mejor, que la -que él mis- 
mo ha hecho en Galicia, sacrificándose por la 
felicidad de su pais. Ningún otro pincel le re- 
trata mas al vivo. Imitad, pues, sus virtudes, 
vosotros Españoles todos los que \saía€\^ ^'jíav^'Ck 
mentir su muerte, maldecir k su «i^e««\o^^ ^•^"^- 



1 



406 



preciar las viles adulaciones del Obispo de Ceota. 
Maicl)ad sobre suspasos^ veng^ su sangre, con- 
sumad la obra que os dexó empezada ! Aú lo- 
grareis ser tan immortales como él) como loi 
Brutos, Catones, y Macabeos. Asi tendréis otn 
inilulgencia en todos sus efectos plenísima, y ca* 
paz de expiar la profanación de la que ofrece i 
su auditorio el obispo de Ceuta en su atroz ho* 
nú lia. Asi, borrada la nota de vasallos españo 
les, transmitiréis á vuestra descendencia la digni 
dad de hombres libres, ' iciendoles— <^ Ved aqui 
hijos, la requiaima herencia que os dexaroos. 



ERRATAS. 



Pag, 


Lim 


. Dice 


Leaae 


16 


25 


sabida 


sabiduria 


17 


26 


exia 


exija 


34 


27 


ciuda 


cuida 


39 


2 


minos 


niños 


40 


13 


criaturas 


de criaturas 


49 


26 


A rían da 


Ariadna 


58 


35 


constituies 


constituis 


84 


16 


fonde 


fondos 


96 


33 


ó 


á 


165 


8 


buenos 


malos 


167 


2 


desdeñándoos 


si desdeñándoos 


177 


10 


conciencia 


de conciencia 


196 


25 


quirie 


quiere 


206 


16 


la faltase 


le faltase 


280 


1 


antiguamente 


que antiguamente 


297 


3 


en unción 


en la unción 


330 


7 


ponerie 


ponerle 




34 


le 


lo 


334 


24 


quantas 


quantos 


361 


15 


apium 


apum 


363 


10 


precursor 


percusor 


367 


35 


verdaderos 


los verdaderos 


370 


23 


Nada 


Nada mas 


371 


17 


los eria 


lo seria 


374 


24 


Muchas 


Muchos 


378 


1 


£hus 


Chus 


383 


15 


hubiese 


no hubiese 


384 


7 


es 


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