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Full text of "Entre Cubanos. (Psicología tropical)"

THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 




UNIVERSITY OF N.C. AT CHAPEL HILL 



10000716432 



This book is due at the LOUIS R. WILSON LÍBRARY on the 
last date stamped under "Date Due." If not on hold it may be 
renewed by bringing it to the library. 



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in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hil 



http://archive.org/details/entrecubanospsicOOorti 



FERNANDO ORTfe, 




^J 



LIBRERÍA ROLLEN DORF 



ENTRE CUBANOS 






UNIVERSITY OF NOETH CAROLINA 
CHAPEL HILL 



DEL AUTOR 



La reconquista de América. 



FERNANDO ORTIZ 

Catedrático de la Universidad de la Habana 



O— i ■ 



Entre Cubanos... 

(PSICOLOGÍA TROPICAL) 




PARÍS 

Sociedad de Ediciones Literarias y Artísticas 

LIBRERÍA PAUL OLLENDORFF 

50, CHAUSSÉE D'ANTIN, 50 



AL DORMIDO LECTOR 



No al que contempla de cerca los destellos de la vida 
civilizada en los países de menos luz de sol y de más 
luz humana, no al que despierto y avisado observa 
atento la crepuscular vida de Hispano- América, conoce 
sus tonos apagados y se entristece por la falta de color 
vivo ; sino d ti, soñoliento hijo de los trópicos, d tí van 
mis palabras. 

A tí que duermes al borde del camino de la vida, 
mientras los fuertes van pasando en sus carros augus- 
tales de victoria ; d tí que, dormido, sueñas y que soñan- 
do desprecias d los que trabajando vencen ; d tí que 
sólo piensas en el modo de no pensar nunca y que sólo 
quieres no querer nada ; d tí dedico esta colección de 
articiüejos regados por diarios y revistas antillanas en 
las horas ociosas del bregar por la vida. 

Descubrirás en ellos caricias y latigazos, besos y 
mordiscos, curvas sensuales de la mórbida jantasia 
criolla, lineas esqueléticas de nuestra pergaminada psi- 
cología ; ansias del triunfo, vértigos del peligro ; sensa- 
ciones de un cubano que quisiera ver cómo en la fragua 
del trabajo se ablandaba al rojo blanco lajérrea incon- 
ciencia de su pueblo, y cómo se doblaba ésta, una vez 



8107 76 



8 AL DORMIDO LECTOR 

dúctil y maleable, sobre el yunque de forjadores artífi- 
ces ; golpes, en fin, de un brazo joven que aspira sólo d 
martillear constante el hierro popular ; que si éste es 
hoy frío y duro por falta de fuego de idealismos que lo 
caliente, el rudo martilleo habrá de servir siempre, si 
no cesa, ya que no para repujar conciencias, si, cuando 
menos, como repique augural que llame d todos á la 
obra y despierte d los aletargados cual tú, lector dor- 
mido. 

Diríase que en estas tierras que el sol caldea, pade- 
cemos la enfermedad del sueño, la del sueño más 
terrible, la del sueño de las almas. 

Dormimos profundamente en estos países inter-tropi- 
cales. Nada perturba nuestra invencible soñera. No se 
oyen ya desde hace años los fragores de la lucha inde- 
pendizadora, ni el estampido de los fusiles, ni el trueno 
de los cañones, ni el tétrico tintineo de los machetes que 
se cruzan, ni los ayes de los heridos, ni el seco golpe de 
los muertos al caer, ni las maldiciones del derrotado, ni 
los hurras del vencedor, ni el gemido de los huérjanos, 

el llanto de las madres y la plegaria de las esposas 

Todo calló, hasta las auras funerarias callaron el res- 
ponso de sus graznidos. 

Dormimos, porque no llegan á nuestros oídos las 
notas agudas de la guerra extinta, ni las de nonnatos 
idealismos militantes. 

Dormimos, porque no basta d despertarnos el sordo 
rumorío de la política menuda y personalista que ras- 
trea abajo, muy por debajo del esquilón de nuestro his- 
tórico sagrario, secular y santo. Vivimos en el silen- 



AL DORMIDO LECTOR 9 

ció de los cerebros, en la quietud de las voluntades. 

Dormimos, no porque las brisas tropicales mezan con 
embriagadora dulzura nuestra hamaca perezosa, la 
hamaca donde se amodorran los pueblos fatalistas; 
sino porque ya, sin negritos que nos abaniquen y fuera 
del pasado que cerraba nuestros ojos, continúan éstos 
sin luz y nuestras mentes siguen en la soñolencia escla- 
vizadora de los antañeros arrullos. 

No importa que voces aisladas clamen por una vida 
de acción poderosa, por una fuerza de fé y por la domi- 
nación dictadora de nuevos ideales. 

Dormimos todavía... 

Y para despertar de esta modorra que dejaron en 
nuestro ánimo el veneno colonial y la embriaguez de la 
liberación, más que otros pueden, y pueden mucho, Ios- 
cubanos que en el frío ambiente de lejanas y septentrio- 
nales tierras ó en el del solitario gabinete de estudio, 
templar pudieron sus voluntades y acerar sus inteligen- 
cias. Ciertamente, mas sépase asimismo que en socieda- 
des sembradas de democracia como la nuestra, donde 
por causas varias la aristocracia mental es escasa y 
débil, no podrá germinar la cultura sin que todos, así 
los grandes del pensamiento y de la acción, como los 
pequeños y humildes laborantes, nos brindemos á la 
tarea regeneradora, nos consagremos al trabajo para 
roturar el virginal terruño de nuestra psicología, abrir 
surcos en él con firme constancia pedagógica, esparcir 
á todos los vientos las ideas de la vida moderna que 
habrán de ser siembra de esperanzas si las regamos no 
con el llanto estéril de los desesperados, sino con el 



io AL DORMIDO LECTOR 

sudor fecundante del trabajo ; que haciéndolo asi ver- 
deará el campo de la patria cubana, la savia dulce de la 
cultura llenará sus cañaverales y para todos será rica 
y buena la zajra futura de bienandanzas. 

No nos importe hacer uso del crédito, no temamos 
cual colonos rutineros acudir al extraño refaccionista 
para un préstamo de energías y de ejemplos, que aun 
cuando haya que pagarle intereses de usura, rica será 
la hacienda si todos en ella trabajamos y la gobernamos 
bien, pues asi cubrirá sus compromisos integramente y 
dará vida feliz y próspera á los que á ella dedicaron 
sus cariños y sus labores, y á los que, ingratos, la hicie- 
ron víctima de sus codicias y de sus bastardías, presa 
de zarzas y de la mala hierba. Haga cada cual lo que 
pueda, pero hagamos todos. Trabajemos con amor yfé, 
aunque seamos humildes. Asi son las siguientes pági- 
nas ; vea en ellas el lector los azadonazos de un 
obrero, las ansias hondas de un cubano que espigando 
en las tierras de la lejanía quiso lanzar después gra- 
nos de simiente ultramarina á los terrones del suelo 
patrio. 

Son pobres aquellos como la mentalidad que los reco- 
giera ; pero fueron tamizados por la sinceridad y éste 
sea acaso su único valor. 

Vayan al aire, caigan en corazones puros y en cere- 
bros generosos, germinen, y vengan otros y otros más, 
más lozanos y más robustos, y acudamos todos á la 
siembra nacional en alegre romería de creyentes, para 
que sea granada la mies y pródiga la siega. Trabajemos 
todos y limpiemos el campo de cizañas. 



AL DORMIDO LECTOR n 

Pero despertemos pronto, sacudamos el sopor, volva- 
mos d la vida del trabajo. 

El dictado con que en días de revolución se quiso 
estigmatizarnos, sea hoy nuestro orgullo. Seamos de 
nuevo laborantes, como lojuimos de la labor libertadora. 

Laboremos, hijos de los trópicos, laboremos; que si 
en las jornadas de la Historia hemos de caer rendidos, 
no sea por el Jdrrago colonial que nos encorva, ni por 
el narcótico de la abulia que nos va matando ; libres de 
uno y otro, sea nuestra caída la de los pueblos cansados 
de la labor, no la de los que, aletargados, han dejado 
cruzar por encima de ellos el carro de la civilización. 

Poco he cavado, más cavaré con otros que cavando 
están. 

Si al ruido de nuestras azadas los tropicales despier- 
tan, para todos llegará Germinal y más tarde Fructidor 
y los días de Vendimiarlo. 

El trabajo produce siempre, ruido al menos. Y esto 
es lo que más necesita hoy el pueblo criollo ; ruido que lo 
despierte á la vida moderna, que es la vida del trabajo 
y de la libertad. 

¡ Despertemos ! ¡ Laboremos !... 

FERNANDO ORTÍZ. 



ENTRE CUBANOS... 



Carta abierta al ilustre señor Don Miguel de Unamuno, 
rector de la universidad de salamanca. 



Señor de Unamuno : 

Acabo de leer vuestro trabajo, que tituláis 
« El Sepulcro de Don Quijote », y á f é que es 
oportuno, viril y noble. Os quejáis desde esa 
vetusta Salamanca, antigua « madre de todas 
las ciencias », de la atonía de la patria hispana, 
anémica de sentimientos, mendiga de ideas, 
eunuca de voliciones. Y vuestros lamentos llegan 
como un eco lastimero á esta porción de las 
Indias hiriendo nuestro ánimo, porque vuestras 
desdichas y las desdichas nuestras son notas de 
un mismo acorde en el triste ritmo de la gente 
ibera. 

« Esto — como aquello — es una miseria, 



2 ENTRE CUBANOS... 

una completa miseria. Á nadie le importa nada 
de nada. Y cuando alguno trata de agitar aisla- 
damente éste ó aquél problema, una ú otra oca- 
sión, se lo atribuyen ó á negocio ó á afán de 
notoriedad y ansia de singularizarse. » 

También aquí hace falta que surja un Pedro 
Ermitaño, predicando una nueva cruzada, una 
locura colectiva que galvanice al pobre pueblo. 

Proponéis una empresa para rescatar el sepul- 
cro de Don Quijote del poder de los bachille- 
res, curas, barberos, duques y canónigos. Y 
aquí es asimismo urgente esa cruzada para apo- 
derarnos del sepulcro del Caballero de la Locura, 
profanada por los hidalgos de la Razón. Nos 
hace falla, como á vosotros, resucitar á Don 
Quijote, á nuestro ideal, que anda á tajos y 
mandobles con la farándula. Porque si de mise- 
ria, de completa miseria calificáis la vida espi- 
ritual de vuestra tierra, la de ésta llega hasta el 
raquitismo. 

Faltos estamos de una estrella nueva y reful- 
gente, como aquella por la que vos clamáis, que 
guíe á los cruzados déla idea. Tuvimos, sí, una 
estrella que brilló en nuestro cielo con fulgor 
divino, que creó el corazón de nuestro pueblo 
é hizo sentir hondamente á todas sus fibras ; que 
dio fuerza de titán á su voluntad para quererlo 
todo y hacer dulce el sacrificio y tenaz el esfuer- 



ENTRE CUBANOS... B 

zo ; que dio luminosidad á su mente para con- 
centrar un ideal inconmovible y ciego como un 
culto; que bastó, en fin, para convertir nuestro 
terruño, de región políticamente incaracterizada 
de la tierra, en nacionalidad socialmente defi- 
nida. 

Sí, tuvimos nuestra estrella, nuestra buena 
estrella, la estrella solitaria, destinada quizás á 
fulgurar solitariamente en nuestra historia, á no 
cruzar sus destellos con los de otro ú otros 
luminares que centellean bajo otros cielos. 

Pero ya no guía á nuestros cruzados, si es 
que con cruzados contamos todavía. Ya se ha 
apagado en nuestras mentes, como si para fijarla 
é inmovilizarla en aquella bandera que por pri- 
mera vez flameó el 20 de mayo, libre, acatada y 
orgullosa, hubiese sido preciso arrancarla de 
nuestras conciencias. Al pasar á ser símbolo de 
la independencia nacional, dejó de indicar el 
polo de nuestra vida, y hoy ésta se arrastra cha- 
palateando por los fangales del egoísmo, en 
noche oscura, sin la luz de aquella estrella que 
por tanto tiempo nos señaló la vía de nuestra 
cruzada. Parece que las lágrimas de emoción 
gozosa con que bañamos entonces nuestra tierra 
recién libertada, regaron las zarzas de las pasio- 
nes innobles y las raíces de nuestra cizaña. 

No sabemos á dónde vamos ; hambrientos de 



4 ENTRE CUBANOS... 

ideales, infelices abúlicos, languidecemos al 
borde del sendero de la vida, esperando que 
algún piadoso caminante nos arroje migajas 
de civilización, ó nos lleve compasivamente en 
su carro hasta un mesón vecino. 

Nos faltan caballeros andantes que nos sacu- 
dan, que nos despierten de esta modorra tropi- 
cal en que la victoria nos ha sumido, y que nos 
conduzcan, como caudillos de la fé, á la con- 
quista de nuevos lauros, que los laureles mam- 
bises no deben servirnos de adormideras. 

Suspiramos por Caballeros de la Locura que 
hagan llover cuchilladas sobre los ridículos 
retablos y figurillas con que los Maeses Pedros 
de aquende los mares entretienen nuestras 
mentes infantiles, que se entusiasman con tal ó 
cual Don Gaiferos y llegan á creer en la liber- 
tad de Melisendra ; cual si por tamaña empresa 
ilusoria fuésemos á armar nuestro brazo y á 
dar nuestra sangre. 

Sobrados estamos aquí de Caballeros de los 
Espejos, que deslumhran á nuestras inteligen- 
cias de alondra, y sólo son bachilleres rutine- 
ros, vulgares y socarrones, que intentan echar 
por tierra á todo caballero que defienda á botes 
de lanza la Dulcinea de su ideal, envidiosos de 
que la fama llegue á trompetear los nombres de 
estos esforzados paladines. 



ENTRE CUBANOS... 5 

Todos nos creemos hijos de la Gloria, y lle- 
gamos á tomar en serio como función básica de 
nuestra vida, la del turiferario, sahumándonos 
recíprocamente, quemando mucho incienso, 
para que el humo espeso encubra nuestros 
andrajos y haga creer á los no iniciados que 
vivimos entre nubes, como los dioses. Y con 
frecuencia nos tenemos por tales y nos pavonea- 
mos á nuestras anchas, y vamos hacia el maña- 
na en la carreta de nuestra vida, que chirría 
quejándose, muy contentos y bullangueros por 
creernos emperadores y reyes, héroes y super- 
hombres, como iban los farsantes en el carro de 
la Muerte, que topó el Gran Loco, enmascara- 
dos con colorines y llevando cetros de oropel. 

Y no somos los menos ilusos los que debiéra- 
mos ser savia nueva para el árbol de la inte- 
lectualidad nacional. 

Nos creemos ungidos por el Gran Espíritu ; 
nacidos, como Minerva, de la frente de Júpiter, 
armados y prontos para vencer. Somos una 
legión de genios que escalaremos el Olimpo, si 
es que hay justicia bajo los cielos. Pero van 
corriendo nuestros días y permanecemos á ras 
de tierra, sin que se fijen en nosotros los que 
pasan y saben do van, tras de su estrella. Y 
entonces comenzamos por envidiar al compa- 
ñero, como si no hubiese lugar para todos en la 



6 ENTRE CUBANOS... 

cruzada ele las ideas, y tratamos de herirlo á 
mansalva para que el laurel que él pueda ga- 
narse en la lucha no lo reste de nuestra corona 
la veleidosa Fama. Despreciamos á los que desde 
la cumbre nos llaman y estimulan y les achaca- 
mos nuestro fracaso, cacareando en todas oca- 
siones la impotencia de los viejos y la esterili- 
dad de sus ideas. La pereza intelectual nos abo- 
targa ; desdeñamos á los maestros sin estudiar- 
los siquiera ; criticamos con desenfado la obra 
ajena, con saña cruel si no es la de un iniciado 
en la farsa ; queremos pintar la vida cuando no 
hemos aún vivido ; intentamos ser poetas y 
subir al Parnaso con las alas de Icaro de nues- 
tros inconsistentes pensamientos de cera; pre- 
tendemos analizar la sutil psicología de los que 
viven, aman y piensan, no habiendo conseguido 
antes definir la nuestra propia, quizás porque la 
anestesia de nuestra ignorancia nos priva de 
sentir otras emociones que no sean las ordina- 
rias producidas por el rudo martilleo de la vida 
sobre nuestro ánimo, bien distintas de las que 
derivan del suave cosquilleo de aquélla en los 
sentimientos cultivados. 

Nos empeñamos en forzar la natural precoci- 
dad tan propia de los pueblos tropicales como 
de las razas inferiores y escribimos de pesimis- 
mos y desengaños cuando el bozo apenas nos 



ENTRE CUBANOS... 7 

hombrea y abandonamos los libros cuando debe- 
ríamos seguir deletreando. 

Y así, tristones, impotentes inconfesos, envi- 
diosos empedernidos y vanidosos insoportables, 
vamos subiendo la escala de la vida. Pero eso 
sí, pretendidos intelectuales ó modestos profa- 
nos, todos tenemos una vanidad, que pudiera 
llamarse nacional, por su difusión : la del cho- 
teo. Es la desgracia criolla. Todo lo motejamos 
de ridículo ; y apenas florece una idea en este 
nuestro árido campo, la reímos como niñería. 
Toda nuestra psicología presente, por lo menos 
en sus aristas más agudas, puede condensarse 
en una máxima que está de continuo en boca 
de todos y que nos complacemos en repetir 
hasta la saciedad, quizás porque comprendemos 
la amarga verdad que la filosofía popular 
encierra en ella : Entre cubanos no andamos con 
boberías. 

Y boberías son aquí todos los móviles que 
en otras tierras inspiran enérgicamente á los 
hombres y los hacen vivir con fé, luchar con 
esperanza y triunfar con caridad. 

No tenemos religión alguna. Somos descreí- 
dos. Nuestras ideas de ultratumba no pasan de 
ser burdas y mal pergeñadas supersticiones. Ni 
somos fervientes de un culto, ni sectarios del 
libre pensamiento. ¿Para qué? Nuestra mente 



8 ENTRE CUBANOS... 

comodona se deja arrullar por los ritos con el 
placer nostálgico con que oímos, cuando viejos, 
las consejas de las nodrizas y sentiríamos perder 
esa poesía. Y de ahí no pasamos : ser practican- 
tes de un culto ó ser ateos, pensar en el gran 
problema... eso es bobería. 

Nuestra política es también incolora : hilado 
de ambiciones, madeja de vanidades, y tejido 
de amplios programas, tan amplios, que entre 
sus grandes mallas se escabullen las aspiracio- 
nes positivas, aunque no siempre bien determi- 
nadas, de nuestro pueblo. Tomar la política en 
serio es también otra bobería. Y hace años que 
vamos escribiendo nuestra historia, con subraya- 
dos de sangre que afligen, con capítulos de 
guerra santa, intercalados para solaz de los lec- 
tores de la edición barata, y con ilustraciones 
vergonzosas que reímos como chistes históricos y 
que llámanos chivos, para no tomarlos en serio 
y no incurrir así en otra bobería. 

Nuestra ciencia, ¡ ah ! asombro indiscutible 
del orbe, según convenio tácito entre los hijas- 
tros de ella, que casi siempre es la inveterada 
Celestina de la codicia profesional. Pensar año 
tras año acerca de un problema filosófico, ais- 
larnos en un laboratorio durante lustros para 
robar secretos á Natura... ¡ bah ! ¡otra bobería!. 
¿Para qué vamos nosotros á sacudir nuestra 



ENTRE CUBANOS... 9 

somnolencia característica? ¿Para qué sirven 
si no los extranjeros? 

Nuestro arte es mercancía cotizable á bajo 
precio en este mercado, pero cotizable ai fin; 
bufón y juglar para los magnates ; envase de 
piropos azucarados para nuestras mujeres ; 
peana arcillosa para nuestro propio ídolo, y 
retablo de Maese Pedro para nuestro pueblo... 
Ya no es palanca de verdades y de bellezas, por- 
que ello requeriría un trabajo incesante y el 
valor de afrontar el ridículo. Resignarse á tales 
sacrificios para tales conquistas, sería una 
grande y nueva bobería. 

Nuestro problema económico, es materia inte- 
resante solamente para nuestros tutores, los 
yankees, destinados á beneficiarse de nuestras 
prodigalidades. 

¿ Para qué habríamos obtenido su coopera- 
ción sino para quitarnos este otro peso de 
encima ? 

Y preocuparnos por problemas que oíros han 
de resolvernos ¿no es acaso la mayor de las 
boberías ? 

Más listos y avisados, pues, que otros pueblos, 
nos refocilamos de gusto en el lecho de nuestras 
ilusiones, que quizás algún día sea para nos- 
otros como el de Procusto. Pero estamos pade- 
ciendo de un empacho de viveza y nuestra vida 



io ENTRE CUBANOS... . 

puramente vegetativa tiende á ser totalmente 
parasitaria. 

El pueblo cubano, noblote, sincero é infantil, 
suspira inconscientemente por una de esas 
bobérlas, que en otros pueblos producen trascen- 
dentales sensateces. Recuerda que de bobos fue- 
ron tildados los Céspedes, los Martí, los héroes 
todos de nuestra única bobería nacional, que nos 
dio vida, fuerza y esperanzas, y clama por otros 
bobos andantes que den por tierra con tanto 
listo como sufrimos. Observa que cuando un 
individuo de instintos no rebáñeseos se aparta 
del montón de los indeferenciados, se le culpa 
de bobería, se le acusa de traidor á la patria por 
su abstención de la vida gregaria de los más... 
Ahí están los Lanuza, los Varona, los Justo de 
Lara y demás renombrados y escasos caballeros 
que calzan espuela de oro y luchan altivos y 
fieros, pluma en ristre y embrazado el broquel 
de su ciencia, por esas Dulcineas de las almas 
nobles que nosotros tomamos por boberías, 
motejados de graneles bobos, como le fué de gran 
Ionio el Hidalgo de la Mancha por aquel sesudo 
eclesiástico que cuidaba de su estómago satisfe- 
cho en el Palacio de los Duques. 

Y ahora, vos, señor de Unamuno, que en las 
riberas del Tormes lloráis sobre las ruinas del 
templo hispano, hacednos merced y regalo de 



ENTRE CUBANOS... n 

decirnos si nosotros, los de esta ínsula, que un 
gran bobo llamó la más fermosa, debemos ó no 
alistarnos en esa santa cruzada que predicáis 
con tanto fervor ; si encontraremos también la 
estrella que nos polarice hacia un ideal ; y si no 
os parece á vos que ya va siendo preciso que los 
cubanos montemos de nuevo en Rocinante y 
bajemos de Clavileño. 

Os guarde el cielo por luengos años con el 
acrecentamiento de fama y bienandanzas que os 
desea vuestro servidor humilde. 



II 

Á UN^MUNO 

Mi amigo benevolente y estimado : 

No puedo resistir la tentación de dar al público 
unos párrafos que en la última carta vuestra 
que he recibido, exquisita y chispeante, acabo 
de leer para mi deleite. Me decís así : 

u Hace cosa de un mes estuvo aquí Bobadilla 
(Fray Candil) y me aseguró que la Habana es 
hoy acaso el centro de más intensa cultura de 
la América de la lengua española. Y si el hecho 
no es tan conocido se debe, me dijo, á que los 
cubanos son más recojidos y menos exhibicio- 
nistas. Así será, pues yo recibo de la Argentina 
y de Chile mucho más que el doble de libros 
y publicaciones que del resto de América, y he 
oído hablar de escritores cubanos á los que ape- 
nas conozco. 

Ese recojimiento no es bueno. El viejo pro- 



ENTRE CUBANOS... i3 

verbio de que el buen paño en el arca se vende, 
no reza ya en esta época de intensísima lucha 
de mercado. Se vende sí, al cabo, pero es cuando 
el pañero se ha muerto de hambre. Si es que al 
paño no le ha cojido la polilla. El tiempo es un 
gran factor y el darse á conocer pronto es 
ganarlo ». 

Ciertamente que en Cuba contamos con escri- 
tores capaces de sostener el parangón más rigo- 
roso con muchos colegas de los que bullen 
allende los mares ; pero no es menos cierto que 
mi compatriota Bobadilla os ha exagerado la 
nota lisonjera, y que no se debe á falta de exhi- 
bicionismo el escaso nombre que obtienen los 
intelectuales cubanos. 

Precisamente, uno de los factores que más 
embota nuestra actividad mental, es el elogio 
desconsiderado que se busca, se suplica y se 
obtiene. Apenas sale un rapaz de la Universidad 
y hasta del Instituto, los amigos (y aquí todos 
somos amigos) buscamos un periódico donde 
saludar á la futura gloria de la patria, y le publi- 
camos sus primeros versitos, rimados indefecti- 
blemente para ella, y lo ungimos con todo el 
almíbar pegajoso de los adjetivos encomiásticos. 
Y ya es un genio. 

Apenas un indiferenciado cualquiera sube 
algún escaño político, bien por arte de prestidi- 



1 4 ENTRE CUBANOS... 

gitación ó por la anestesia de su propia ignoran- 
cia, que le permite subir sin lastimarse la epi- 
dermis en ciertas zarzas, no ha de faltarle un 
rotativo que ante él queme servilmente sahume- 
rios, ni muchedumbres de mentalidad anémica, 
que por la ley psicológica del menor esfuerzo 
aceptarán sin análisis la opinión impresa y 
doblegarán sus espinazos ante el nuevo titán, 
asombro del orbe. 

No es, pues, la falta de exhibicionismo lo que 
impide volar á nuestros hombres. Es que, por lo 
general, no producimos materia exportable á 
Europa. 

La precocidad, el afán de triunfar pronto, la 
apatía característica de nuestra gente, esa misma 
vanidad de niños, el bombo al alcance del más 
microcéfalo, bastarían ya para dificultar en Cuba 
la producción intelectual legible en los centros 
de mayor cultura, si no tuviéramos en casa 
otros dos enemigos formidables, hijos legítimos 
de este ambiente de colonia y de factoría, de 
antes y después del 20 de mayo de 1902. 

Es el uno la falta de ideales intelectuales. Los 
más interesantes problemas que en Norte-Amé- 
rica y en Europa no solamente preocupan á los 
científicos sino que llegan á interesar honda- 
mente á los gobiernos, aquí son desconocidos 
por la masa del pueblo y por nuestros ídolos de 



ENTRE CUBANOS... i5 

barro. Los mismos partidos políticos que pade- 
cemos, no tienen programas verdaderamente 
diferenciados, y todos nosotros, giieljos ó gibeli- 
nos, arrastrados por tales ó cuales planetas y 
satélites, giramos en órbitas más ó menos con- 
céntricas alrededor del presupuesto, temerosos 
de que el cruce de algún cometa pueda mostrar- 
nos con su luz propia y refulgente la pobreza de 
nuestro sistema solar. Y á éstos los llamamos 
abstenidos y los tildamos de antipatriotas porque 
perturban la modorra de nuestra digestión ó quie- 
ren canalizar los impulsos del hambre nuestro. 

Y, por fin, aquí todo se mira á través de un 
peso. Ciencias y artes, honradez y virtudes, ale- 
grías y dolores, nada se considera sino con cora- 
zón de mercaderes. Y así anda ello, convertido 
el país por culpa de tocios, en desenfrenada 
almoneda donde se truecan los más puros idea- 
les de la adolescencia por un plato de lentejas ó 
una piltrafa de poder. 

He buscado para perfumar mi mesa de trabajo 
el ramito de violetas ó de jazmines que durante 
años me vendía diariamente una encantadora cio- 
ciara romana ; he buscado aquella fé en las ideas 
que acicataba en otros países mi afán de razo- 
nar ; he buscado para mí aquel respeto benévolo 
y aquella censura noble que levantan y estimu- 
lan ¡ bah ! ¡quién sueña con esas boberías 



16 ENTRE CUBANOS... 

en este país que no necesita favores de ninguna 
extraña tierra, según reza la fanfarrona copla 
popular ! 

Creedme, amigo Unamuno, no es que guar- 
demos el paño en el arca : es que cuando jóve- 
nes, nuestra natural impericia nos hace tejer sin 
arte, y es que cuando viejos, arrinconamos el 
arte porque ya hemos convenido en que el mejor 
tejido es el de la burda tela de las talegas de 
centenes. 

Hacemos y nos conducimos, tal como hacéis y 
os conducís vosotros en Iberia, — según criti- 
cáis en vuestra original « Vida de Don Quijote 
y Sancho » — y es que Cuba, en no pocos aspec- 
tos, es más española que España. 

Admirador vuestro y devoto amigo. 



III 



NO SEAS BOBO 



No ha mucho que contestando á una de las 
cartas con que bondadosamente me honra 
Miguel de Unamuno, el original publicista viz- 
caíno, ponía de relieve el hecho conocido del 
escaso vuelo que alcanzan nuestros intelectuales 
cuando se trata de atravesar los mares y llegar, 
al soplo de la fama, hasta las costas ibéricas, por 
lo menos, ó hasta las metrópolis del saber. 

En efecto, en Cuba no producimos por lo 
general materia exportable á Europa y nos con- 
tentamos con el aplauso de los amigos y con el 
comentario meloso de la prensa local. 

Gomo fenómeno paralelo al expuesto se pre- 
senta la escasa importación intelectual que hace- 
mos de los países cultos. No tengo al alcance de 
mi mano, ni creo que existan, estadísticas de la 
literatura que pasa por nuestras aduanas : pero 



18 ENTRE CUBANOS... 

lo cierto es, y ello está á la vista del observador 
más superficial, que el nivel de cultura medio de 
nuestro pueblo es bastante inferior al de los pue- 
blos europeos y norte-americanos. 

En materia de ilustración, como en todos los 
aspectos de nuestra vida, la característica es : el 
choteo. Es la desgracia criolla. Nos burlamos de 
todo, no con la sonrisa volteriana de un escép- 
tico, sino con la carcajada estúpida de la igno- 
rancia vanidosa. La cultura entre nosotros es 
pedantería. ¿ Para qué sirve ? se preguntan los 
insoportables listos de nuestra tierra. Y á fe que 
no les falta razón para ser pesimistas. 

Por una parte, en el ambiente económico, las 
fortunas se amasan aquí más con la constancia 
triunfadora del trabajo que con la intelectual 
trama de las explotaciones industriales y de las 
negociaciones mercantiles. Tenemos trabajadores 
como esclavos : pero no contamos con inventores 
de patentes ni con revolucionarios del rutinarismo 
mercantil. 

El ambiente literario ofrece gran número de 
escribidores profesionales y escasos pensadores 
especialistas y más productores que autores, más 
vulgarizadores que originales. El pueblo paga, es 
un decir, aplaude y hasta llega á convencerse 
del genio asombroso de quien escribe de todo y 
en toda la prensa, valorando métricamente los 



ENTRE CUBANOS... 19 

escritos ; hablar mucho vale más que hablar bien, 
y hablar, más que pensar. 

El ambiente político, es campo de abrojos rotu- 
rado por el machete, que no por el arado, y 
donde al abono de ideas se prefiere el abono de 
sangre y de indignidades. 

En todas las fases de la vida cubana se con- 
firma la certeza de un fenómeno social recono- 
cido en todas partes, que puede expresarse de 
manera similar á la conocida ley económica lla- 
mada de Gresham : « La moneda mala aparta de 
la circulación á la buena ; pero la buena no 
puede retirar la mala », que solo el Estado 
podría recoger. 

Guando los que más gritan son los oídos, y 
cuando el brillar de un machete sugestiona más 
que el brillo de una idea, los que no pueden 
dar á las masas más que el fruto de su cultura y 
la serenidad de su espíritu tienen que apartarse 
de la vida pública, y dejar paso al torrente de 
moneda falsa que inunda el país y lastima su 
crédito, provocando la bancarrota del Estado 
impotente para retirarla de la circulación. 

No importa, pues, en Cuba ser ó no mental- 
mente civilizado; es preciso únicamente ser 
listo. En otros países, cuando se quiere apartar á 
un individuo de una senda distanciada de la que 
sigue la mayoría, se le dice : no seas ignorante ; 



30 ENTRE CUBANOS... 

aquí le decimos : no seas bobo, porque la cul- 
tura no interviene absolutamente en el éxito de 
los triunfadores, y la bobería es nuestra muerte 
civil, que castigamos con la más implacable de 
las armas : con el choteo, sin pensar que esta es 
de dos filos y propia de pueblos que carecen de 
otras más nobles, más civilizadas y más dignas. 



IV 

INICIATIVA INTELECTUAL DE UN CUBANO 



La reunión de diplomáticos ibero-americanos 
en la capital del Brasil, con motivo de haberse 
celebrado en ella la Tercera Conferencia Interna- 
cional Americana, debe producir entre otros 
frutos opimos, uno importantísimo para todos 
los que nos interesamos, en la medida de nues- 
tras fuerzas, por la vida intelectual de esta parte 
del mundo, viviendo en ella y arraigando en 
ella el tronco de nuestros ideales. 

Me lo comunica su iniciador, el que ha estam- 
pado el primero su firma en el documento 
extendido á manera de solemne compromiso 
entre los fundadores. Me entera de ello, uno de 
los tres intelectuales cubanos que á Río Janeiro 
fueron en representación de nuestra incipiente 
personalidad internacional, el Sr. Gonzalo de 
Quesada, á la vez que me honra solicitando mi 
modesta adhesión. 



22 ENTRE CUBANOS... 

Se trata de facilitar la aproximación de los 
intelectuales americanos entre sí. 

No hay duda de que el alejamiento en que 
viven los autores y publicistas de Ibero-América, 
es mayor del que pudiera justificarse por razón 
de la dificultad de las comunicaciones entre los 
Estados de la misma. 

Tenemos un desconocimiento casi absoluto de 
nuestros intelectuales, y si el nombre de alguno 
de ellos nos llega á ser conocido es cuando 
arriba á nuestras playas al soplo de la gloria, 
que ya le han regalado en los centros de intensa 
cultura del Viejo Mundo. 

En Guba, y vaya un ejemplo, no se encuentra 
un solo libro argentino ; para conocer al psicó- 
logo Ingegnieros, al sociólogo Drago, al antro- 
pólogo Vucetich, al penalista Pinero, al enciclo- 
pedista Quesada... hemos de acudir al mercado 
librero europeo, porque nuestras librerías no 
tienen obras argentinas, ni correspondencia con 
libreros de Buenos Aires. 

Los medios de que intentan valerse los gene- 
rosos propulsores de la idea, son acertados y 
serán eficaces si consagran á ella actividad y 
entusiasmo. Helos aquí : 

Primero : Fomentar la creación, en el país 
respectivo, de un Centro que se comunique con 
los que se establezcan en los otros y cuyo fin 



ENTRE CUBANOS... a3 

será el de estrechar las relaciones literarias y 
científicas de las Repúblicas de América, provo- 
cando el canje entre ellas de las obras nacionales 
que se hayan publicado ó en adelante se publi- 
quen. 

Segundo : Excitar á los autores para que 
remitan sus obras á las Bibliotecas Nacionales, 
y solicitar otro tanto de la Prensa. 

Tercero : Propender á que ésta sostenga el 
canje con el resto de América. 

Cuarto : Estimular los estudios de crítica de 
las obras que se remitan, é inquirir los medios 
más oportunos para que los editores y libreros 
se ocupen en la propaganda de obras científicas 
y literarias ; y 

Quinto : Publicar una Revista anual que regis- 
tre el movimiento intelectual de América, donde 
figuren las producciones más notables de cada 
país americano. 

Especialmente una Revista Internacional his- 
pano-americana, dedicada única y exclusiva- 
mente al estudio de la orden mental de las 
repúblicas de habla latina, podría ser el mejor 
nexo que uniera á los directores del pensamiento 
americano en la esfera de las letras, de las cien- 
cias, de la política internacional, de las artes... 

Falta, mucha falta hace este órgano de seria 
publicidad á la cultura de los pueblos latinos de 



a4 ENTRE CUBANOS... 

América. Innegable es que nuestra civilización no 
es la más avanzada, que llevamos en nuestra 
marcha progresiva una inmensa impedimenta de 
razas inferiores, importadas y autóctonas, que los 
factores telúricos y económicos influyen despia- 
dadamente en la anemia de nuestra mentalidad, 
que las difíciles comunicaciones inter-america- 
nas impiden la conexidad intelectual de nuestras 
repúblicas ; pero si nos convencemos y conse-. 
güimos llevar á la realización la ley biológica, 
tan olvidada por los latinos, de la asociación 
para la lucha, podremos algún día presentar un 
bloque mental ibero-americano bien unido, 
resistente y bien caracterizado, ante las agrupa- 
ciones y escuelas de los pueblos europeos. 

Por nuestro abandono indisculpable, poco se 
sabe de América en Europa, donde todavía son 
posibles obras como Vues cTAmériqae de Paul 
Adam, tan faltas de observaciones como carco- 
midas de disparates. 

No hace mucho, para citar un caso, recibí una 
carta de un buen amigo europeo, publicista, que, 
aunque joven, ha conquistado en su país fama 
de experto antropólogo, haciéndome una curiosa 
petición : la de que le buscara y remitiera para 
su ya valiosa colección, un cráneo de indio 
guaraní, de la tribu así llamada, habitante en 
las selvas brasileñas. « La proximidad entre 



ENTRE CUBANOS... 25 

Cuba y el Brasil — me decía — le hará quizás 
posible la adquisición de ese ejemplar. » Pero 
ignoraba mi cultísimo amigo que para ir de Cuba 
al Brasil la vía más cómoda es la de ir hasta 
Europa y tomar después allí un rápido vapor en 
compañía de los europeos asombrados de nues- 
tro largo viaje dos veces trasatlántico. 

Otro caso. En el « Tutmonda Jarlibro Esperan- 
tista de 1906 », en ese anuario universal de los 
entusiastas y triunfantes discípulos que en todo 
el mundo tiene el Doctor Zamenhof, se dice : 
Dominicana Republico (¡ Sudo-Amerika!) y tam- 
bién : Argentina Respubliko(¡ Centro-Amerika!). 

Guando la cultura ibero-americana sea com- 
pacta y tenga un heraldo serio y valioso, se podrá 
llegar mentalmente á los centros ultramarinos 
sin necesidad de canjear su noble caracteriza- 
ción americana por una europeización formal y 
á menudo ridicula. 

Obra buena sería la proyectada unión intelec- 
tual ibero-americana, que reforzaría el impulso 
civilizador de esta parte del mundo, destinada á 
asegurar el renacimiento vigoroso de la cultura 
latina, como nos profetiza el generoso Onésimo 
Reclús. 



DE UN LIBRO, QUE ES UN PUÑETAZO 



En estos días en que una conmoción seísmica 
ha destruido la capital de una isla vecina, y en 
que ha resurgido de nuevo á la superficie de 
nuestro pantanoso mundo político la ardiente 
lava de nuestro carácter volcánico, ha salido de 
la prensa habanera un libro de 200 páginas, 
trabajado en el cerebro de un pensador sereno 
y analista, matizado de datos terribles y lumi- 
nosos como las llamaradas de un volcán, inspi- 
rador de un pesimismo triste é imponente como 
el negro penacho que corona los cráteres humo- 
sos. 

El libro de F. Figueras, titulado « Cuba y su 
evolución colonial », es una gallardía de la inte- 
lectualidad, que debe merecer el aplauso de los 
buenos y de los honrados. Los que acostumbra- 
dos están en Cuba á registrar los latidos de la 
intelectualidad nuestra, anémica, raquítica y... 



ENTRE CUBANOS... 27 

¡ por qué no decirlo ! hasta cobarde, se sorpren- 
derán de que, de improviso, sin que heraldos y 
trompeteros hayan anunciado su aparición, 
entre brioso en la justa política un caballero de 
bruñida armadura y tajante espada dando tajos 
y mandobles contra la farándula. 

Es muy común entre cubanos — y entre cuba- 
nos tenía que ser — que la opinión pensada y 
seguida en la esfera de la amistad, sea distinta 
y hasta opuesta á la proclamada y sostenida en 
público ; tanto más cuanto aquélla es más sin- 
cera, más independiente y más personal. En el 
ambiente mercantil en que vivimos, las tretas 
comerciales pasan corrientemente á la política ; 
y los tenderos de ésta, temerosos de que si 
expenden un solo giro de ideas y de reformas, 
no ha de llenar sus cajas el público parro- 
quiano, prefieren todos ellos venderle unos mis- 
mos géneros y toda clase de artículos, desde las 
acciones políticas que se cotizan en las bolsas de 
la plutocracia, hasta el mendrugo de pan que se 
anuncia en las pintorreadas barracas del socia- 
lismo callejero. 

Y así anda ello, convertidos nuestros partidos 
políticos en tiendas mixtas donde se vende de 
todo lo que puede necesitar ó antojársele á uno 
de la parroquia : ¿ que éste es un potentado soli- 
citador de un cimiento oficial para sus fraudu- 



2 8 ENTRE CUBANOS... 

lentas empresas? pues se le hace descender secre- 
tamente á las cavernas del partido y de allí se 
sacará el granítico bloque solicitado ; ¿que este 
otro es un pobre diablo quejoso de las miserias 
humanas y clamando por las reformas econó- 
micas y morales? pues el ascensor de la retórica 
lo subirá al departamento alto de la tienda polí- 
tica, á las alturas de la ilusión, donde el pobrete, 
atolondrado y sorprendido por lo fácil de la 
subida, quedará expuesto al frío del desengaño y 
al vértigo de la demagogia. 

Y de ahí las ruidosas quiebras de nuestros par- 
tidos políticos ; pero bien es verdad que éstos, 
desde que la República permitió la más cruda y 
encarnizada competencia entre los mercaderes 
del bien público, se han formado no como las 
sociedades colectivas, donde cada socio aporta 
todo el capital de sus fuerzas, de sus ideas y de 
su honor, donde cada uno puede llegar á per- 
derlo todo, donde todos y cada cual llevan su 
parte en el trabajo como en las utilidades, sino 
que se han organizado como pomposas compa- 
ñías anónimas, en las que cada accionista sabe 
de antemano que es poco lo que tiene que per- 
der y poco lo que arriesga, para ganar mucho ó 
para ganarlo todo, y en las que, el dividendo 
del éxito se repartirá á gusto de los directores, 
únicos al fin siempre gananciosos. 



ENTRE CUBANOS... 29 

Por eso el libro de Figueras, debe señalarse 
con piedra blanca en el encharcado camino 
de nuestra vida pública, porque es sincero, por- 
que rompe los moldes de barro de la opinión 
organizada, porque es personal y libre de dog- 
matismos anacrónicos y de credos caducos, por- 
que no muestra al público los chillones colori- 
nes ele infantiles baratijas, porque no le admite 
á este la moneda falsa de la aprobación incons- 
ciente, porque no envuelve sus ideas en florea- 
dos papeles de retórica, porque es valiente. 

No he de detenerme á analizar los capítulos 
del libro de Figueras, pues ello me llevaría á 
considerar los varios aspectos de la sociedad 
cubana ya en sus matices étnicos, ya en su base 
de sustentación física, ya en su funcionalismo 
histórico y actual ; labor ésta que requeriría otro 
libro. Pero no he de negar que muchas afirma- 
ciones que hace Figueras en su libro pecan de 
precipitadas, más que por lo incompleto de los 
datos, por una débil sintetización sociológica. 
Por otra parte, en un trabajo de índole positi- 
vista como debe ser el de Figueras, no puede 
prescindirse de brindar ai lector las garantías 
necesarias de la autoridad de los datos funda- 
mentales, los cuales — especialmente cuando 
son históricos, antropológicos y estadísticos — 
no pueden quedarse bajo la única garantía del 



3o ENTRE CUBANOS... 

autor que los utiliza, pues aun siendo siempre 
ésta muy respetable, jamás se libra de subjetiva- 
ciones más ó menos inconscientes y comproba- 
bles. Figueras colecciona mucho dato curioso 
y útil — algunos prolijos en demasía ; — pero 
no dice siempre de qué arsenal lo ha obtenido. 

Y, por fin, Figueras se deja arrastrar por un 
pesimismo tan hondo, que olvida, en este libro 
demoledor, la tarea ardua pero necesaria de se- 
ñalar siquiera los sillares de nuestra personali- 
dad colectiva que pueden resistir el choque del 
desmembramiento y servir de zócalo al futuro 
edificio de la grandeza cubana. Es de esperar 
que escritor de pluma tan independiente, de 
criterio tan analista, de mentalidad tan estudio- 
sa, nos regale un próximo libro que nos enseñe 
las líneas principales del estilo arquitectónico 
con que la evolución histórica edificará mañana 
en el solar de nuestros hijos, hoy agrietado tem- 
plete de nuestras vetustas idealidades. 

El libro de Figueras, es rudo como un puñe- 
tazo, i Ojalá que al golpe despierte nuestro pue- 
blo — ese Siboney de pasas y boina ! ¡ Ojalá ! 
Porque si sigue amodorrado por el estribillo del 
himno bayamés que le zumban sin cesar los 
tábanos que lo desangran, llegará el día en que 
las brisas antillanas entonarán plañidero Dies irse 
en los funerales de un pueblo muerto sin gloria. 



VI 

I MÁS MACHETES ! ¡ POBRE CUBA 



Aquellas lisonjeras vanaglorias nuestras de 
la primera intervención pasaron para siempre. 
Recordemos hoy una sola de ellas, la que para 
nosotros, hijos de raza ardiente nacidos bajo un 
todavía más ardiente sol, nos llenaba de júbilo 
y hacía que mirásemos con desdén á los pue- 
blos hermanos de América Latina, á los que á 
cada momento en nuestra prensa llamábamos 
convulsivos, permitiéndonos á veces hasta darles 
consejos, como rapazuelos que nos pavoneába- 
mos con nuestros recién conquistados calzones 
largos, y con aires de octogenarios. 

Me refiero á aquel enorgullecedor contraste 
que todos nos complacíamos en vulgarizar fuera 
de Cuba : teníamos más maestros que hombres 
armados. 

Sí, pasó aquello para no volver quizás. Noso- 
tros, los que nos hombreábamos seriotes y gra- 



3a ENTRE CUBANOS... 

ves, hemos sido llevados al reformatorio, como 
niños malcriados. Y lo más curioso del caso es 
que después de haber luchado durante varias 
generaciones para sacudir los gobiernos milita- 
res, después de haber ridiculizado el militarismo 
con nuestras revoluciones, después de haber 
sufrido y llorado bajo el peso de la espada, 
estamos en peligro de caer sin remedio en un 
régimen militarista, en un sistema gubernamen- 
tal de bayonetas. Vamos á retrogradar en la 
evolución política. 

El gobierno interventor ha creído conveniente 
aumentar hasta 10.000 el número de nuestros 
guardias rurales, y esta medida gubernativa 
acaso llegue á ser considerada como orden ini- 
cua, inspirada por el gobierno interventor. 

Porque, si bien es verdad que no pocos han 
aplaudido el aumento anunciado de la fuerza 
armada y hasta han pensado — con la ingenui- 
dad de un niño — que si en Cuba hubiese habi- 
do 10.000 guardias rurales, no habría sucedido 
la revuelta de agosto, lo cierto es que, los que 
así piensan, ó no se han dado cuenta exacta del 
significado hondamente social y superficial- 
mente político de la orden comentada, ó son de 
los que sólo pueden afirmar su personalidad y 
su favoritismo políticos al amparo de los fusi- 
les. 



ENTRE CUBANOS... 33 

¿Á qué vienen esos 7.000 soldados cubanos 
más? ¿Á perseguir el bandolerismo? No, por- 
que para luchar con éste, no hacen falta ni la 
mitad de esos hombres, si les anima buena 
voluntad. ¿ Á impedir agresiones extranjeras ? 
Tampoco, nos basta la fortaleza de la White 
House. ¿ Á hacer imposibles las revoluciones ? 
¿Sí?... 

Seamos cuerdos. Armar á 7.000 cubanos más 
no es sino preparar á otros 7.000 revoluciona- 
rios ; es echar más pólvora á nuestra explosiva 
impulsividad. 

Los que no desconocen la historia de nuestros 
compañeros de convulsivismo (llamémosle así, 
como los médicos que disfrazan con una voz téc- 
nica, lo vulgar y repulsivo de una dolencia), ni 
se dejan llevar todavía por lirismos militaristas, 
ni suponen que la vida de las sociedades se 
reduzca á la de los partidos políticos que se sus- 
tentan en ellas, no olvidarán que las revolu- 
ciones las hacen los generales enfatuados, que el 
uniforme militar no quita á la sangre criolla un 
solo grado de calor, ni impide que el sol inflame 
los cerebros y haga hervir las ideas. 

Aumentar á 10.000 el número de cubanos 
armados no es sino lograr que la próxima revo- 
lución se vaya elaborando con mayor tenacidad 
que la pasada. En nuestra última algarada, no 



34 ENTRE CUBANOS... 

fueron pocos los armados del gobierno que se 
pasaron á los rebeldes, y si aquella hubiese 
durado más, cabe sospechar — dicho sea con 
criterio inofensivo, pero sereno y franco — que 
las deserciones en masa habrían sido más de las 
que fueron. Y téngase en cuenta que la fuerza 
armada fué alistada en su mayoría por el par- 
tido dominante. 

Repártanse i5.ooo cubanos armados por el 
territorio nacional (guardias rurales, soldados, 
artilleros, policías municipales, etc.), sométanse 
á jefes también cubanos con prestigios obtenidos 
en una, en dos, y hasta en tres rebeliones; dejen 
los interventores que nuestro Estado se sostenga 
en este ejército, y se verá cómo nace la dicta- 
dura, ó como el jefe militar de tal provincia se 
pronuncia por el partido A para lograr el entor- 
chado, cómo los soldados de tal región siguen 
en sus ambiciones á su general que es del par- 
tido B... cómo en Cuba no habrá paz, cómo al 
caudillaje civil sucederá la bandería militar de 
los uniformados. Cien machetes cubanos son 
cien amenazas á la paz; una ametralladora ame- 
ricana es la garantía de la misma. ¡ Triste reali- 
dad ! 

La fuerza en sí, es como la intervención, ni 
mala, ni buena. Si el fracaso de la república 
cubana se debe no á factores solamente políticos, 



ENTRE CUBANOS. „ 35 

sino á factores completamente sociales ; si no 
hemos perdido la jugada por la fuerza ó debili- 
dad de los azules ó de los rojos, sino porque 
ambos hemos sido igualmente ineptos y hemos 
querido apoyar nuestra ineptitud en la fuerza, 
unos desde arriba á lo Zar, otros desde abajo á 
lo Ravachol ¿por qué hemos de creer que 
aumentando en Cuba el número de machetes, 
todos estos servirán siempre á un solo amo? Y 
aunque así fuera, si el que se hiciese amo de 
ellos resultare ser un tirano, ¿seguirán los 
machetes siéndole fieles y serviles? En caso 
afirmativo, ¿sería plausible una dictadura tirá- 
nica, por el mero hecho de ser nacional? En 
caso negativo, ¿ quién fijaría el criterio regula- 
dor para legitimar las rebeliones contra el 
tirano? ¿no serían siempre los partidos políti- 
cos los que dispondrían de la fuerza armada 
compacta ó fraccionada? 

Los interventores nos regañan porque noso- 
tros queremos siempre afirmar nuestras niñerías 
á palos, y para impedirlo en lo sucesivo nos 
arman con fusiles; ¿no sería más lógico, más 
eficaz y, sobre todo, más honrado, que los tuto- 
res quitaran de nuestras manos infantiles los 
palos y los fusiles y nos pusieran un dómine con 
palmeta ? 

¿Ó es que quieren ponernos de nuevo en liber- 



36 ENTRE CUBANOS... 

tad, para que vayamos á la próxima riña frater- 
nal no con los puños tan sólo, sino con afilados 
puñales, y poder en definitiva y con justicia 
internacionalmente teatral, pasarnos del simple 
reformatorio á la cadena perpetua ? 

Porque si los americanos siguen esta vez un 
plan inverso al anterior y trabajan por nuestra 
más completa é inmediata desamericanización, 
como así parece, cabrá pensar que también en 
la vida de los Estados hay émulos del prover- 
bial Juan de Robres, que creaba el hospital, pero 
también los pobres. 

I Más machetes ! ¡ Pobre Cuba I 



VII 

I MISERERE ! 



Fué un error infantil creer que el triunfo de 
la revolución de Baire había de curar nuestros 
males hondos é inveterados. Los paliativos extric- 
tamente políticos nunca sanan males que son 
complejamente sociales, étnicos y telúricos. La 
cesación de la soberanía española no cambió 
ninguno de nuestros intrínsecos factores básicos, 
y la bandera tricolor sólo fué izada para que á 
su sombra medrara una mesocracia criolla 
antes proscrita por la trasatlántica, y crecieran 
parasitariamente los logreros de siempre, los 
eternos pescadores en todo río revuelto. 

Pero ni las clases desheredadas han hallado 
en los pliegues de la enseña libertadora la som- 
bra siquiera de un positivo avance integral, ni 
la burguesía ha oído en el victorioso himno 
bayamés el arrullo de paz que en la cuna de la 
patria había de adormecer todos aquellos impul- 
sos innobles que se decían heredados. 

3 



38 ENTRE CUBANOS... 

La Patria no ha encontrado en sus hijos un 
solo sacrificio y la legendaria estrella solitaria, 
más solitaria que nunca, sin héroes á quien 
guiar, palidece en su campo de sangre, ilumi- 
nando con sus tristes destellos la agonía de un 
ideal que muere sin gloria. 



VIII 



LA IRRESPONSABILIDAD DEL PUEBLO CUBANO 



Un batallador periodista, escritor estudioso y 
de actividad profunda, que día tras día hace 
gala de su cultura en las columnas de « El 
Comercio », fué invitado hace poco para dar 
una conferencia en la velada que en el local 
« La Unión », de Consolación del Sur, organizó 
la « Asociación de Estudiantes Vueltabajeros ». 

La conferencia fué pronunciada y hoy pode- 
mos saborearla impresa, los que no pudimos 
gustarla oyéndola. 

Al frente de su carátula, lleva este elocuente 
título : 

« El pueblo cubano es virtuoso ». « La res- 
ponsabilidad de sus clases directoras. » 

Llegada á mis manos la conferencia de Wi- 
fredo Fernández, viene á traerme ráfagas de aire 
puro, oxigenación de ideas, vivificación de cre- 
cientes y mal reprimidos abatimientos. 



4o ENTRE CUBANOS... 

Sí. Efectivamente, se peca mucho cuando se 
pretende descargar sobre nuestras masas popu- 
lares toda la responsabilidad de los males pre- 
sentes, esa responsabilidad terrible que muy 
pocos debieran compartir. Pocos pueblos estu- 
diará la Sociología contemporánea donde la 
crema social — que diría Novicow — sea más 
reducida que en nuestro país. 

La historia de Cuba, antes como ahora, la han 
hecho y hacen muy pocas personas. 

En los primeros siglos de la vida cubana — 
quizás pudiera decirse hasta bien entrado el siglo 
XIX — la historia patria la iban forjando unos 
pocos plantadores dueños de vidas y haciendas 
— sustitutivos históricos de los medioevales 
señores del feudalismo — y unos escasísimos 
militares y magnates. Más tarde, cuando el res- 
plandor de la hoguera revolucionaria francesa 
llegó á estas Indias Occidentales, fulguraron 
algunas inteligencias, y en la tierra cubana, antes 
que el machete dejara de ser arma pacífica, fue- 
ron armas poderosas la palabra y la pluma. La 
crema social se fué haciendo más compleja, su 
irisación nos fué presentando más polícromos 
matices ; pero la gran nave social siguió toda- 
vía sumergida en su casi totalidad en las ne- 
gruras de la inconsciencia, de que hoy va poco 
á poco librándose por su propio esfuerzo. 



ENTRE CUBANOS... 4i 

Y cuando la élite de nuestro pueblo pudo ser 
más coherente, el estallido de los movimientos 
insurreccionales genuinamente separatistas, vino 
a disgregar los escasos elementos de nuestra 
aristocracia natural y á separarlos con honda 
sima. 

El ideal mambí recorrió su ciclo ; llegóse al 
20 de Mayo, y por ineludibles é inevitables leyes 
históricas, nació nuestra república, con su clase 
natural y sociológicamente directora dividida 
profundamente. Si antes timoneaba la nave 
cubana la clase rica y española de nuestra pobla- 
ción, siendo su política la única que flotaba en 
el revuelto mar de nuestra vida pública, des- 
pués, esta parte de los elementos imprescindi- 
blemente co-directores de toda sociedad humana, 
fué seccionada del organismo nacional y privada 
de toda acción inmediata en la dirección de 
nuestra marcha política, sometida ésta al impulso 
exclusivo de la población nativa, por lo común 
falta de riqueza. Antes como ahora, pues, nues- 
tra ya de suyo escasa élite social, ha estado y 
está, por razones históricas, más incoherente 
en su organización y más comprimida en su 
actividad, que lo que siempre hubiera convenido 
por razones de sociología. 

Ante este triste, y todavía hoy en gran parte 
inevitable fenómeno, surge el todavía más som- 



4a ENTRE CUBANOS... 

brío aspecto de la deficiente preparación de 
nuestras masas populares y por tanto, la poco 
menos que absoluta irresponsabilidad que puede 
corresponderles en los fracasos de una vida 
política en la que solo intervienen como objetos 
y jamás como sujetos. 

Basta considerar el siguiente dato. Según el 
censo de 1899, el 63 por ciento de nuestra 
población total no tiene la más elemental ins- 
trucción (49 por ciento entre los blancos cuba- 
nos, 72 por ciento entre la raza de color). Y por 
si este dato no es lo bastante elocuente, sépase 
que en 1899, de los 290.905 ciudadanos cubanos 
que entonces tenían edad electoral, unos 170.000, 
ó sea bastante más de la mitad, no sabían leer 
ni escribir. 

El transcurso de estos últimos diez años no 
puede haber alterado profundamente la posición 
del problema de la ignorancia de nuestra masa 
popular. 

Incoherencia y disgregación en las clases 
directoras, ignorancia en las dirigidas : he aquí 
nuestros estigmas. 

Y nada hemos hecho por borrarlos. Como 
dice Wifredo Fernández, « diez años hace que 
se abrió en el alma popular el surco donde 
debiera depositarse la semilla de nuevas y sal- 
vadoras enseñanzas, y diez años hace que veni- 



ENTRE CUBANOS... 43 

mós regándolo con el germen perturbador de 
apasionamientos y de intransigencias políticas, 
que amenazan hacer muy débil nuestra nacio- 
nalidad y que en algunos momentos ha llegado 
á comprometerla seriamente ». 

Pero la incoherencia de las clases directoras 
se domina y la ignorancia de los humildes se 
vence ; y saber que tal regeneración puede 
lograrse, equivale á sentir el compromiso de 
luchar por ella. 

Por esto, cuando sé de voces amigas de uno 
ú otro bando, libres de esa humarada asfixiante 
producida por el fuego de las pasiones políticas, 
que claman por santas idealidades, me siento 
también con fuerzas para gritar con ellas á 
nuestro pobre pueblo, virtuoso, pero niño, y 
atosigado por los que más debieron dar alientos 
á sus pulmones, ideas á su cerebro, latidos á su 
corazón. 



IX 



HABANERA 



Un joven músico de 25 años de edad, pensio- 
nado en Roma, llamado Raúl Laparra, acaba 
de estrenar en la Ópera Cómica de París una 
ópera en dos actos con el título de Habanera ; 
así escrito, con toda la ortografía castellana. El 
novel autor ha compuesto el libreto y la parti- 
tura. La obra ha merecido buena acogida y los 
honores de la crítica. 

Guando leí la noticia en la prensa parisiense, 
hube de procurar la lectura del argumento para 
ver una vez más cómo nos consideran en el 
extranjero, ya que casi siempre, si en la con- 
ciencia de los franceses con frecuencia más 
liristas que observadores, subsiste todavía la 
España de pandereta y alamares, de toreadores 
vengativos y de manólas con navaja en la liga ; 
respecto de nuestra Cuba acostumbran pasar 
desde el indecente calembour que deducen del 



ENTRE CUBANOS... 45 

nombre de nuestra patria, hasta una compasiva 
consideración no muy lejana del mote con que 
nos estigmatizó una célebre actriz. 

Pero lo más sobresaliente de la ópera Haba- 
nera de La parra, es que en ella ni aparece nin- 
guna compatriota nuestra, ni la acción se desa- 
rrolla en Cuba, sitio en España entre un Pedro, 
un Ramón y una Pilar, ó lo que es lo mismo, 
que allá en la mente, indudablemente culta, de 
un pensionista de la Academia francesa de Bellas 
Artes en Roma, decir habanera es decir algo así 
como andaluza ó aragonesa, algo neta y caracte- 
rísticamente español. 

Pero el caso no me causó sorpresa : en el 
extranjero y precisamente en el teatro he podido 
observar cosas más extrañas y reveladoras de 
nuestra insignificancia internacional. En un 
teatro provenzal vi representar durante el Carna- 
val de 1905 una muy movida revista basada en 
hechos de la última revolución cubana, tales 
como los amores de una cantinera cubana con 
mantilla y del general Prim, después de la terri- 
ble batalla al machete en la llanura de Filipi- 
nas. Otra vez en Oporto, vi anunciado en un 
cartelón del teatro Cario Alberto el drama titu- 
lado « O Voluntario da Cuba »... fui y vi nada 
menos que « La Pasionaria » traducida al portu- 
gués. 

3. 



46 ENTRE CUBANOS... 

Y es que en Europa no se sabe ni quiénes 
somos, y casi ni en qué parte del mundo esta- 
mos situados. Hace años, al llegar por vez pri- 
mera á Genova, hube de sorprenderme de que 
de la Habana no se conocieran más que los taba- 
cos, el color habana y ; una raza de perros hava- 
nesí que eran un portento ! Conocían ó creían 
conocer la Habana, pero no á Cuba. 

Un sabio italiano, Lombroso, citó tres veces á 
Cuba en sus inmortales obras ; una (en L'Uomo 
di Genio) haciendo una cita de Sanguily tomada 
de un trabajo que facilitó un amigo; otra (en 
L'Uomo Crimínale) diciendo que cubanos y espa- 
ñoles se comían unos á otros los prisioneros en la 
guerra de los 10 años, y por fin (en El Aniisemi- 
tismo) aludiendo á la revolución de Toussaint 
L'Ouverture j en Cuba ! 

Nadie dudará de la cultura de Lombroso, ni 
de la que brilla en los pueblos de Europa... por 
esto entristece ver cómo somos desconocidos por 
personas sabias y pueblos civilizados... Enton- 
ces comprendemos nuestra insignificancia y la 
oceánica distancia que nos separa de ellos, así 
en lo geográfico como en lo intelectual. 



X 

FOOT-BALL 

También es cultura ; y en esa nueva ola de 
actividad civilizada que nos viene del Norte, 
debiéramos fijarnos con mayor atención. 

No es cultura de ideas la que nos han traído 
los estudiantes de Luisiana, pero la cultura de 
que han alardeado no es menos sana y sí tan 
necesaria como la intelectual en este país de 
mentes volcánicas y de voluntades anémicas. 

Lo hemos visto sin sorpresa, puesto que el 
resultado del match estaba descontado. En el 
desafío de foot-hall verificado entre los estudian- 
tes de Luisiana y los de la Universidad haba- 
nera, han salido derrotados nuestros compatrio- 
tas. Y debemos alegrarnos de ello, por los frutos 
que esa derrota puede y debe traernos. 

Igual era el número de los combatientes, 
idénticas las condiciones estratégicas de la lucha ; 
hasta se dice que la carne de cañón era más 
fuerte y capaz de nuestra parte, y sin embargo... 



48 ENTRE CUBANOS .. 

hemos perdido. ¿Por qué? Por lo que perdemos 
siempre, por lo que hemos dado al traste con 
nuestras instituciones republicanas, porque nos 
faltaba disciplina y carecíamos de la energía 
constante, que es el secreto de todos los triunfos 
y de todos los éxitos. Los cubanos tenemos 
energías que nos pueden impulsar á empresas 
de sacrificios y de heroicidades ; pero, especial- 
mente en los individuos, nuestras energías son 
intermitentes, lucen como los fuegos fatuos... 
Quizás por esto lucen á menudo junto á cuerpos 
muertos. 

Aprendamos de los jugadores de foot-ball nor- 
teamericanos ; sepamos, para el juego como para 
la vida pública, prepararnos con ejercicios con- 
tinuos é incesantes ; comprendamos y practique- 
mos la disciplina, y sobre todo propongámonos 
individualmente realizar obras largas, que 
cuando cada cubano sepa realizar ideales que 
requieren gran suma de trabajos encadenados, 
ocultos, modestos y sanos, entonces sí que nues- 
tra independencia tendrá por base nuestra pro- 
pia constitución psico-social. 

En tanto no llegan para nosotros esos días de 
salud moral, de virilidad psíquica, fuerza nos es 
acatar nuestra situación de menores y dar nues- 
tra mano infantil al hombre que nos ha ofrecido 
la suya... 



ENTRE CUBANOS... ^9 

Porque, de todos modos, si la férrea mano de 
nuestro tutor, política, económica y geográfica- 
mente necesario, ha de mantenerse en contacto 
con la cubana, preferible será que se contente con 
estrechar la de este país, que hemos de brin- 
darle, y no, que sin mano á que asirse, resbale 
la suya hasta nuestro cuello y pueda llegar á 
extrangularnos. 



XI 
LA LIBRERÍA CUBANA 



Paul Muller, en L'Économiste Frangais, no 
ha mucho daba á conocer con datos precisos y 
curiosos la gravedad de la crisis librera en todo 
el mundo. 

Existe hoy día una verdadera superproducción 
de libros. En Francia se publican anualmente 
i5.ooo obras inéditas, 25.ooo en Alemania, 
7.000 en Inglaterra, 76.000 en todo el mundo. 
Pero el comercio librero y la industria editorial 
no rinden los provechos que en tiempos ante- 
riores. 

Por una parte, el libro lujoso apenas encuentra 
hoy compradores. Por otra, de cada día más, los 
autores publican y editan por su cuenta sus 
obras, sustrayéndolas así á las garras de los edi- 
tores, pero exponiéndolas á todos los peligros de 
la edición privada, falta de medios intensos y 
extensos de difusión. Además, para cada rama 



ENTRE CUBANOS... 5i 

de la intelectualidad surge hoy una montaña de 
volúmenes ; cada profesor quiere publicar un 
texto, cada clínico un tratado, cada escritor... sus 
poesías. Gatulle Mendés asegura que en el siglo 
XIX, Francia contó ella sola ¡ 1.700 poetas ! y de 
éstos, 570 han publicado sus primeros versos 
después de la muerte de Musset... La novela 
decae ; la naturalista ha muerto en la pornogra- 
fía ; la psicología se ridiculiza en los abusos del 
histerismo. La novela policíaca retiene por 
algún tiempo solamente á cierto público... 

En Cuba no hay crisis librera, porque no hay 
producción de libros. Aquí nos surtimos de las 
traducciones de los editores españoles, á veces 
muy defectuosas y siempre muy tardías. Guando 
un libro puede ser leído en castellano, casi siem- 
pre ha recorrido todos los centros intelectuales, 
y resulta mundialmente casi vulgarizado. Las 
obras técnicas de alguna especialización no pue- 
den ser traducidas por no tener compradores 
suficientes. 

Pero ¿ en Cuba se produce? Apenas pasa una 
semana sin que las rotativas giman bajo la pre- 
sión de un reclamo á un nuevo publicador de 
libros. Sin embargo, entre todo ese fárrago de 
papel impreso acaso no encontraréis más que 
cuatro ó cinco libros ; los demás volúmenes 
impresos no merecen este título dentro de un 



52 ENTRE CUBANOS... 

criterio intelectualmente serio. No son sino 
colección de artículos, sartas de versos, ya publi- 
cados casi siempre, meritorios si se quiere, pero 
escritos con pensar volandero, fruto de mentes 
que parecen cansadas, arremolinados á ráfagas 
como las hojas caídas en Otoño. Y ello es fruto 
de nuestro carácter, falto de ese esprit de suite de 
que pueden vanagloriarse los pueblos robustos, 
cuya carencia nos impide á nosotros concebir el 
germen de una obra, analizar sus factores, com- 
poner sus partes, levantar su armazón y retocar 
con unción de artistas el bloque en bruto de la 
idea inspirada. No, nuestras obras ó salen perfec- 
tas y armadas, como salió Minerva de la frente 
de Júpiter, ó permanecen en las obscuridades de 
nuestros cerebros. Tengamos más constancia en 
el trabajo, más fe en el triunfo, más virilidad en 
la ideación, menos afeminamiento en nuestra 
susceptibilidad intolerante de la crítica, menos 
puerilidad en nuestro orgullo insensato, y menos 
misericordia para los audaces que se meten á 
escribir para el público sin haber fecundado sus 
mentes con el abrazo orgástico de un pensa- 
miento. 

Sean fuertes, nada precoces, y ricos de savia 
sana los brotes intelectuales de la joven genera- 
ción cubana ; sepamos arrancar de su tronco de 
robustas raíces los hongos que distraen con suc- 



ENTRE CUBANOS... 53 

ciones egoístas el jugo de la vida nueva, sino 
queremos que cuando vengan las nevadas del 
Norte, mueran en flor nuestras pocas y tiernas 
esperanzas, y el tronco en pié y firmemente 
arraigado en el pasado aparezca muerto y tétrico, 
extendiendo sus ramas sin hojas é irguiéndose 
como un fantasma en la triste etapa de una 
nación mentalmente aletargada bajo un sudario 
de copos blancos y sin esperanzas de resurrec- 
ción para la futura y lejana Primavera, cuyas 
bellezas no verán nuestros ojos, ni cuyos hálitos 
de regeneración aspirarán ya nuestros pulmo- 
nes. 



XII 



LA RÁFAGA 



Desde hace algunos años, cuando han pasado 
ya los últimos huracanes equinociales, cuando 
vienen á acariciarnos los primeros fríos del 
Norte, se cuela entre nosotros una ráfaga intensa 
de cultura que pasa por nuestros hogares, pene- 
tra insensiblemente por los intersticios de nues- 
tras lecturas, y llega á besar nuestras cabezas 
soñolientas que descansan en la modorra inte- 
lectual de los trópicos. 

Algunos años hace ya, que arriban á nuestras 
playas empresas artísticas, compañías de artífi- 
ces, que poco á poco vienen á moldear nuestro 
gusto excesivamente plástico, y á imprimirle 
formas y modalidades cada día más bien defi- 
nidas. 

La ráfaga de este año, será acaso la que con 
mayor fuerza penetrará en nuestras mentes... 
Abiertas están, casi siempre de par en par, las 
puertas del erotismo; por ellas podrá penetrar 



ENTRE CUBANOS... 55 

como nunca á los últimos desvanes de nuestros 
cerebros la racha educadora, que no podría aspi- 
rar á tanto sin el soplo huracanado de aquel sen- 
timiento. Sin la belleza de Tina di Lorenzo, acaso 
su exquisito arle no habría sido tan aplaudido, 
y acaso muchas de las personas que van á sabo- 
rear la vista de sus líneas y la elegancia de sus 
maneras habrían dejado de sumar á su cultura 
incolora densas oleadas de buen gusto y de expe- 
riencia estética. 

Por eso habría que abogar para que los artis- 
tas italianos que vienen á Cuba, cuando ios pri- 
meros fríos ahuyentan de sus lejanas tierras á 
las golondrinas, llegasen rodeando á mujeres de 
su arte, bellas y talentosas, que nos infundan 
cultura y arte cuando inconscientemente crea- 
mos nosotros que estamos tan solo observando 
hermosura ; y habrá que felicitarse de que venga 
á la Habana la Borelli, la bella comediante ita- 
liana, que como la Di Lorenzo será recreo de los 
sentidos y deleite del pensamiento. 

Á los pueblos cálidos, donde la sexualidad 
determina torrentes de sentimientos permanen- 
tes y hondos, hay que conquistarlos para el arte 
con la ayuda de la mujer. 



XIII 



UNIVERSIDAD POPULAR 



Una asociación de educación popular — que 
así se llama — y que vive entre nosotros vida 
modesta y obscurecida, ajena á banderías políti- 
cas, ha publicado no ha mucho una memoria 
de sus trabajos y un caluroso llamamiento á 
todos los que están ó por lo menos deben estar 
interesados en la cultura de la clase obrera, enca- 
reciendo la conveniencia de fomentarla por 
medio de centros docentes adaptables por cir- 
cunstancias de lugar, hora y técnica á la mente 
popular. 

La idea no puede ser más plausible ni el 
esfuerzo más necesario. 

En todas partes del globo, donde quiera que 
aletean ideas viriles y modernas, las universida- 
des populares van trazando surcos de cultura en 
las masas y van haciendo viables ideales que 
antaño eran utópicas y van librando al proleta- 



ENTRE CUBANOS... $7 

riado de las trabas y remoras de la ignorancia y 
del prejuicio. 

Aquí en Cuba buena falta nos hacen inyeccio- 
nes de cultura. Y no lo digo en son de repro- 
che, sino porque me duele, como cubano y como 
humano, que las masas de nuestro pueblo se 
vean descarriadas de los senderos de su positivo 
é integral mejoramiento, no por mala fé, no 
por espíritus añejos, sino por falta de educación 
y conocimiento de las causalidades de la feno- 
menología social tan complicada y tan sutil. 

Ved si no la estela trazada por el proletariado 
cubano, estela de triunfos, pero obscurecidos 
por su finalidad exclusivamente inmediata 
(aumento de jornales, disminución de horas de 
trabajo, etc.) y faltos de los destellos intelectuales 
que alumbran la marcha obrera en otros países. 
No se han visto campañas ni huelgas para obte- 
ner pensiones á los inválidos y sexagenarios, 
para regular el trabajo femenino é infantil, no 
se han querido sostener cooperativas de consumo 
y mucho menos de producción, no se ha 
hablado nunca de bibliotecas populares, ni 
menos de bibliotecas circulantes... 

Nada se ha hecho por la mente ni por el 
corazón, todo por el estómago; y el proletariado 
en esa base de incultura resulta más aburguesado 
que esos glotones y rechonchos burgueses que 



58 ENTRE CUBANOS... 

se entretienen en caricaturizar los demagogos 
del socialismo. 

La misma palabra socialista casi no se vé en 
parte alguna, quizás porque es una expresión 
intelectual de idealidades económicas, y apenas 
si hoy suena como una de tantas marcas de 
cigarros. En las huelgas largas y cruentas soste- 
nidas por el obrero habanero, éste no ha visto 
á su lado ni un solo intelectual, ni una sola 
mente de estudio y valer ; y quizás no por falta 
de simpatías, sino por pueril intransigencia de 
ignorantes en unos y por apática somnolencia 
y falta de cívica virilidad en otros. 

Y así, en la vida normal como en los mo- 
mentos de peligro, el proletariado marcha sin 
timoneles expertos, sin brújulas de cultura. 

En tanto, los políticos que reniegan del obrero 
cuando éste los necesita, que lo abandonan 
cuando necesita voceros y caudillos, los aluci- 
nan como alondras con el espejo del patriotismo 
machetero y con la demagogia de un revolucio- 
narismo inútil, caduco, anticuado y ridículo 
como las calvas de los viejos verdes. 

Vengan universidades populares, que única- 
mente avanzará el pueblo que base su avance 
en bloques de civilización. Todavía son actuali- 
dad las palabras del maestro cubano : Sólo la 
verdad nos pondrá la toga viril. Sin la verdad, 



ENTRE CUBANOS... 5g 

sin la cultura ni en los de arriba ni en los de 
abajo, seguimos siendo unos chiquillos que 
tenemos muy merecidos los azotes del dómine 
anglosajón. 



XIV 



DE ARTE CUBANO 



Mientras en el horizonte cubano van dibuján- 
dose nuevas idealidades políticas ; mientras en la 
inacción van debilitándose organismos que sólo 
en la lucha hallan su fuerza, la élite de lo que 
en nuestro pequeño mundo bulle y se agita con 
emociones é ideas de otras civilizaciones más 
avanzadas, ha sabido congregarse entusiasta 
alrededor de una exposición de arte. 

El único intento de avance artístico realizado 
desde el cese de la soberanía española se está 
demostrando en el Ateneo, merced ai fervor 
con que mentes refinadas como Pichardo, Mon- 
tane, Savedra, Labarrére y pocos más, han sabido 
organizar la Exposición de Arte francés. Los 
pesimistas de siempre, los que creen alardear de 
cultos exhibiendo un escepticismo que les 
impone su ignorancia hallarán en dicha muestra 
artística tema para sus eternas burlas. Reducida 



ENTRE CUBANOS... 61 

la exposición á sus límites reales, despojada del 
oropel con que la viste nuestro tropicalismo, el 
salón del « Ateneo » ha nacido modesto, como 
la modestia de nuestra cultura artística, pero sí 
alentador de futuros avances, que nuestra civili- 
zación, fundida en el crisol francés, tiende á 
alcanzar con impulsos cada día más intensos 
y acertados. Modesta, pero gallarda, la Exposición 
de Arte Francés, erguida entre tanta pasión ruin 
y egoísmo grosero como rastrea á nuestra vista, 
debe ser orgullo de sus iniciadores afortunados y 
merecedores de los parabienes y de la gratitud 
de nuestro pueblo. 

Quede para los técnicos el juicio de labor 
exquisita, quede para los amateur s la contempla- 
ción crítica, el colorido de Barillot, de Gilbert, 
y de Gillot, el verismo de Berand, las nieblas de 
Blliotte y de Boutet de Monuel, el vivido impre- 
sionismo de Chabas, el fisonomismo elegante de 
Ghartran, los efectos de luz artificial de Gomevre 
y de Leconte, la poesía de Gurtois, las flores de 
Faux-Froidure, de Deannin y Gesbron, los inte- 
riores de Gelhay, de Cormon y de Renouard, la 
exactitud étnica de Laurens, etc., así como las 
joyas de Lalique y de Gaillard. 

La Exposición de Arte Francés tiene también 
su significado social. 

El arte puro y majestuoso de la pintura florece 

4 



6a ENTRE CUBANOS... 

solamente donde la paz política y moral permite 
á las mentes reposadas, huérfanas de preocupa- 
ciones perentorias y de necesidad de sustenta- 
ción, remontarse á fantasías de cultura superior, 
á emociones sutiles, á verdaderos lujos menta- 
les. Cuando la base económica de un pueblo no 
se ha definido de un modo estable, cuando los 
vaivenes de la vida intensa producen sacudi- 
mientos en el edificio político, cuando el torrente 
de egoísmos amenaza con arrastrarnos consigo, 
arrancando de cuajo arraigados ideales, el 
arte, asustadizo y sereno, huye á tierras de paz y 
de bienandanza. 

Así ha sucedido en Cuba. Aparte de otros 
muchos y complejos factores geográficos, étni- 
cos y sociales, el ambiente económico político 
de nuestra tierra ha sido casi siempre y sigue 
siendo refractario á las plácidas conquistas del 
arte, como de todas las manifestaciones de la 
intelectualidad. 

Sabidos son los vacilantes pasos de la infan- 
cia del arte cubano, si es que ayer ni aún hoy 
podemos hablar de un genuino arte cubano. 

Importado en Cuba por las órdenes religiosas, 
se manifestó en algunos cuadros místicos de no 
más que mediano mérito, en la arquitectura 
churrigueresca de los altares y en la vulgarísima 



ENTRE CUBANOS... 63 

y sin carácter de los templos, como nuestra Cate- 
dral, San Francisco, etc. 

Pero cuando el siglo último había llegado á su 
segunda década, junto con el gigantesco pro- 
ducido por la trata y las acertadas medidas de 
Fernando VIÍ, se inició en Cuba una corriente 
de protección artística, en aquel medio donde la 
masa del pueblo no pensaba en conmociones 
políticas, ni las clases ricas y cultas temían la 
debilitación de su base económica. Entonces, con 
riqueza y paz, se pensó en el arte y — elocuente 
detalle — la nunca bastante bien amada y enton- 
ces incipiente Sociedad Económica de Amigos 
del País, fué la que estableció (enero de 1818) la 
Academia de San Alejandro, institución histórica 
que debiéramos cuidar con solicitud y mimo, y 
que no merece el abandono de los centros direc- 
tores, como no lo merece nuestra biblioteca 
nacional, ni los merecen todas las instituciones 
que no pueden doblegarse á nuestras innobles 
maquinaciones personales y políticas. 

Hasta los trastornos revolucionarios de 1868, 
que minaron la estabilidad económica de muchas 
ricas familias cubanas y destruyeron la paz men- 
tal, canalizando hacia la conspiración las activi- 
dades de todos los espíritus, el arte fué en pro- 
gresivo avance, llegando á un grado notable de 
intensidad dada la escasa intelectualidad del 



64 ENTRE CUBANOS... 

medio. No es ocioso recordar aquí los nombres 
de los franceses que como Vermay, Colson, 
Leclerc, Mialhe, impulsaron desde la dirección 
de la Academia de San Alejandro á la juventud 
artista de nuestra tierra. 

En aquella época se importaron notables pin- 
turas como después no se ha hecho. Así el prín- 
cipe de Anglona trae de Europa 37 óleos para 
la Academia ya dicha, ejemplo que imita des- 
pués el cubano benemérito Francisco Arango. 
Nuestros teatros ofrecen campo á los pintores : 
en Tacón pintan Dall'Aglio, de Albe y Zuccha- 
rrelli ; en Villanueva pintan Simón Sueria de la 
Cruz y Francisco Aranda. En el Cementerio de 
Espada y en la Catedral pintan Jerovani y Ver- 
may. 

Numerosos artistas extranjeros, además de los 
nombrados, vienen á Cuba y encuentran aquí 
provecho y gloria, como el inglés Melkaff, el 
holandés Van der Lin, el italiano Morelli y el 
español Ferrán. Las familias ricas de Cuba se 
complacen en adornar sus salones con obras de 
mérito y los Aldama, los Jorrín, los Duquesne, 
los Herrera, etc. pagan buenas firmas y se revela 
el cubano Melero (padre). 

Llega el estallido de Yara y el arte huye des- 
pavorido de Cuba, desgraciada y pobre. Cuando 
tras del Zanjón renace fácilmente la paz y se 



ENTRE CUBANOS... 65 

alcanza un período de relativo bienestar econó- 
mico, reaparece la pintura con auevos bríos. Á 
ésta época posterior al Zanjón puede referirse 
la aparición de pintores cubanos de prestigio y 
valía, como Romañach, Melero (hijo), Arburu, 
Menocal, Galabett, Quiñones, etc. que acometen 
y realizan con aplauso obras serias y de impor- 
tancia. 

Con la Revolución libertadora, nuevo eclipse 
del arte, que todavía medroso, pero esperando, 
intenta reaparecer y adquirir nuevo empuje en 
nuestra patria. Cuando llegó á creerse que nues- 
tra flamante República era inconmovible y se 
afirmaba la confianza en la paz perdurable y se 
patentizaba la prosperidad económica, un grupo 
de generosos y entusiastas organizó la actual 
Exposición de Arte francés, como simbólica 
escarapela de nuestro gorro republicano. Pero 
I ay ! cuando la exposición ha surgido ha muerto 
ya la República, y el Arte que traía flores para 
sus laureles, habrá de deshojarlas sobre el cadá- 
ver de nuestra nacionalidad. 

Renazca la paz en Cuba á toda costa, acepte- 
mos sin anacrónicas patrioterías las soluciones 
que política y socialmente se imponen á nues- 
tro terrible problema ; porque si seguimos aban- 
donados á las impulsiones de nuestra ardiente 
sangre, sin otros frenos que nuestras infantiles 

4. 



66 ENTRE CUBANOS... 

montes, no habremos de poder subir nunca 
hasta el arte, y en vez de los bellos cuadros que 
nos envía la genialidad artística de Europa ten- 
dremos que contemplar tan solo los cuadros de 
sangre, de miserias, de podredumbre que nos 
ofrece el raquitismo político de nuestro pueblo. 



XV 



CULTURA DE ULTRAMAR 



No escribo sin dolor el epígrafe de estas cuar- 
tillas. Ellas condensan en su brevedad las ansias 
todas de la intelectualidad cubana y la expre- 
sión sintética de aspiraciones y de necesidades 
nacionales más ó menos determinadas y borro- 
sas. 

I Cultura de Ultramar ! 

Por nuestra Aduana, por esa viscera exagera- 
damente hipertrofiada de nuestro organismo 
nacional, no se aforan importaciones de esa 
mercancía ultramarina ; quizás porque de arri- 
bar grandes partidas de ella á nuestros puertos 
habían de ser gravados también onerosamente 
por nuestro enclenque y parasitario Estado, que 
se contenta con vivir vergonzosamente á costa 
de las importaciones aduaneras para no tener 
que crear fuentes propias de riqueza intensa y 
multiforme. 



68 ENTRE CUBANOS... 

j Cultura ! Esa es la importación de que más 
necesitados estamos. 

La reclaman con gemidos de agonía nuestras 
industrias agrónomas aplastadas por la cuasi 
absoluta unilateralidad de sus manifestaciones 
azucarera y tabacalera ; por la escasa fragmenta- 
ción de la propiedad que hace nuestros los proble- 
mas de la Europa meridional y oriental referen- 
tes á los latifundios ; por el selvático abandono 
de nuestras campiñas, que inmoviliza ingentes 
riquezas naturales ; por la primitividad casi 
colombina de nuestras plantaciones ; por la 
pasividad fatalista de nuestros labriegos... 

Cultura reclaman á voz en grito nuestras 
incipientes industrias urbanas, sofocadas por la 
presión arancelaria que en otros países de eco- 
nomía más culta, sería casi en su totalidad de 
naturaleza prohibitiva para la importación; 
por la extranjerización de las materias primas 
— hasta de las más tropicales — que deberían 
nacionalizarse ; por la escasa ó nula protección 
gubernamental interna y externa... 

Cultura piden nuestras propias ciases cultas, 
que no encuentran en la cortedad ele su radio 
de acción campo adecuado para los vuelos de la 
imaginación estudiosa, para los esfuerzos de 
voluntades inteligentes ; que tienen que ir mu- 
riendo asfixiadas por la falta de oxígeno de este 



ENTRE CUBANOS... 69 

nuestro ambiente ó tienen que contentarse — 
contentamiento pueril — con locales honores 
de compadrazgos, con tronos y doseles de cartón 
y purpurina... 

Cultura quieren nuestros proletarios, faltos de 
estrategia y táctica en esas sus contemporáneas 
luchas sociales, más necesitadas de ciencia que 
las más trascendentales luchas internacionales ; 
huérfanos aquéllos en estas latitudes d© inte- 
lectuales que los polaricen hacia idealidades via- 
bles, y siguiendo á tumbos y por desusados 
vericuetos la cuesta del progreso económico, en 
otros países más recta y menos fatigosa... 

Cultura á raudales para nuestra actividad polí- 
tica anémica de ideas, pletórica de personalismos 
é intoxicada por el morbo de la rebelión egoísta, 
vacilante é irresoluta para escalar finalidades 
concretas y conscientes... Cultura para todos, 
so pena de seguir en esta farándula macabra de 
ambiciones y de nulidades, de despechos y de 
arbitrariedades alrededor de la nacionalidad 
agonizante... 

Cultura... cultura de Ultramar, de allende los 
mares, donde viven vida de ideas los pueblos 
que se bastan á sí mismos, los que pueden alar- 
dear de genorosos, los que alzan la antorcha del 
progreso por encima de la turba de nacionali- 
dades ignorantes, los que pueden por su saber 



7 o ENTRE CUBANOS... 

ser fuertes y por ser sabios y fuertes, arrastrar 
tras el carro de sus victorias y sometidos á sus 
egoísmos de poderosos, á los pueblos débiles y 
míseros, que aun palmotean de cretinesco gozo, 
tomando por generosidad sobrenatural lo que 
no es sino disfraz de la codicia inteligente. 



XVI 



IGNORANCIA JURÍDICA 



La bondad de algunos amigos que tiempo ha 
me honraron nombrándome abogado consultor 
de varios centros regionales españoles, me ha 
dado amplio campo para obtener observaciones 
intensas respecto á la ignorancia jurídica en que 
está sumida la inmensa mayoría de nuestros 
elementos sociales que integran la base de la 
economía comercial. 

Es doloroso observarlo y decirlo. La multitud 
inmensa de los futuros comerciantes carece de 
los más elementales conocimientos de derecho 
mercantil, pocos hay que tengan una idea pre- 
cisa de lo que es jurídicamente una letra de 
cambio, de la misma manera que nuestra masa 
de población está desprovista de nociones ele- 
mentales de derecho, y pocos saben lo que en 
rigor es un contrato bilateral ó el divorcio, por 
ejemplo; del mismo modo, en fin, que de la 



72 ENTRE CUBANOS... 

turbamulta de agitadores políticos son pocos los 
que han leído la Constitución del Estado. 

Viene á mi mente esta observación reiteradí- 
sima al leer un brillante artículo de V. Racca en 
la Vita ínter nacionale de Milán, al referir sus 
impresiones de viaje á Burdeos, la ciudad fran- 
cesa que logra tener vida social propia y autó- 
noma de París. 

En ese artículo se tratan con encomio las ins- 
tituciones sociales bordalesas que merecen el 
título de flor di civiltá ; y entre los centros exami- 
nados, se aplaude calurosamente el llamado Ins- 
tituto Práctico. 

Este no es sino una escuela popular de dere- 
cho para difundir la cultura jurídica en sus 
varios ramos, mediante cursos prácticos con 
lecciones elementales y claras explicadas en 
clases nocturnas por abogados, magistrados y 
notarios, desde noviembre á junio. Así se consi- 
gue que todos, con poco gasto, puedan seguir el 
curso, oir explicaciones de casos reales, siendo 
nutridísima la asistencia á tales clases. 

¿No podríamos nosotros hacer algo parecido ? 
¿No podría tutelarse mejor que hasta hoy la 
cultura jurídica en general? ¿No podría elevarse 
especialmente la cultura legal mercantil de 
nuestros inmigrantes ? 

Los centros regionales cuyas secciones de ins- 



ENTRE CUBANOS... 7 3 

trucción tantos provechos están dando, podrían 
sin grandes gastos encauzar algo su actividad en 
el sentido indicado, estableciendo clases de 
nociones jurídicas en general y de legislación 
comercial é industrial en particular. 

Antes de mucho, se lo iba á agradecer muy 
mucho la juventud comercial y la gran masa de 
sus asociados. El ejemplo de Burdeos, la ciudad 
esencialmente mercantil de Francia, merece 
tener imitación en la Habana, tanto más natu- 
ral, cuanto que nuestra vida comercial es inten- 
sísima, y que los organismos aptos para difundir 
la cultura jurídica, están ya creados y tienen 
vida floreciente : solo falta determinar en ellos 
un impulso en pro de la buena idea. 



XVII 
LABOR DE TITANES 



Recuerdo que paseando cierto día por Segovia 
con el Dr. Sales y Ferré, bajo las arcadas gigan- 
tescas del célebre acueducto romano que la 
caracteriza, me explicaba cómo fueron posibles 
en la antigüedad obras tan majestuosas y colo- 
sales como la que se erguía por encima de nos- 
sotros. El docto profesor de Sociología de la 
Universidad Central explicaba este fenómeno 
social por medio de la esclavitud. 

En aquellas edades remotas, sin maquinarias 
potentes, sin medios técnicos, sin el vapor ni la 
electricidad, se edificaron monumentos subsis- 
tentes hoy día, como las pirámides egipcias, el 
coliseo romano, el mausoleo Adriano, ciertas 
pagodas indias, la gran muralla china, etc. ; 
obras todas de resistencia ciclópea, que hoy 
mismo serían de realización penosa y difícil. 
Pero cuando un amo ó un tirano mandaba en 



ENTRE CUBANOS,.. 7$ 

siervos y en tierras, aquéllos removían éstas, 
nutríanse de lo que éstas mismas producían, y 
piedra sobre piedra iban levantando esas moles 
que regaban con su sudor y su sangre. Única- 
mente despilfarrando vidas de esclavos, y dispo- 
niendo de materiales propios, podían los tiranos 
petrificar sus locas vanidades, sus gigantescas 
concepciones culturales y sus benéficas iniciati- 
vas. 

Hoy día, gracias á la evolución económica 
realizada á partir de la Revolución francesa, pue- 
den reproducirse las obras antiguas sin que ten- 
gan sus bloques que ser amasados con sangre de 
esclavos ; díganlo el Canal de Suez y el túnel 
del Simplón. 

Sin embargo, preciso es recordar que en estas 
obras gigantescas, hoy como ayer, hay que fun- 
dir vidas y energías, y que hay que disciplinar 
en el rudo trabajo que ellas requieren á millones 
de hombres que el jornal domina y subyuga 
como el rebenque del cómitre. 

Véase, si no, lo que pasa en el Canal de 
Panamá, que está abriéndose por el titán del 
Norte. 

La selección obrera que allí imponen el clima 
y la empresa no puede ser más radical, si hemos 
de creer lo que nos dice Mr. Fulleron L. Waldo, 



76 ENTRE CUBANOS... 

un americano que habla del Canal de Panamá 
en la revista Emporiam. 

Los negros de Jamaica, Barbadas, Martinica y 
demás Antillas, que fueron contratados para el 
canal, han sido poco á poco desechados porque 
resultaron perezosos y, si bien disciplinados, 
abandonan el trabajo y levantan sus bohíos en 
la selva apenas se orientan algo en el país y 
su modo de vivir. 

Pero cada mes llegan unos mil obreros blan- 
cos al canal, gallegos é italianos en su mayor 
parte, que son los que están sobrellevando el 
trabajo casi en su totalidad. 

El trabajo en aquel enervante clima casi 
ecuatorial es penosísimo, las condiciones sanita- 
rias pésimas, pues los magníficos hospitales 
levantados remedian en parte, pero no evitan, 
las fiebres malarias y pulmonías que diezman 
la masa obrera. La disciplina impuesta por los 
americanos es — por otra parte — rigurosísima. 
Así pues, si bien la administración norteameri- 
cana es óptima en cuanto á la habilitación, á la 
comida y al hospital, las selección va ahuyen- 
tando ó matando á los débiles de cuerpo ó de 
voluntad, á los que no poseen una musculatura 
de cíclope, á los que no tienen una mentalidad 
gregaria y apática... 

Varios años durarán aún las obras del Canal 



ENTRE CUBANOS... 77 

de Panamá, y cuando surquen sus aguas los 
navegantes de la civilización, cuando el genio 
norteamericano se vanaglorie justamente de esa 
su obra eterna, no faltará quien vea rojas las 
arenas que rodarán por su cauce, quien recuerde 
las vidas que la miseria latina ha hecho perecer 
ante el oro sajón, y vendrá á deducir que si en 
la antigüedad la esclavitud levantó las pirámides, 
en el siglo XX el hambre separa los continen- 
tes. 

Compadezcamos á los humildes operarios del 
canal y hágase por su mejoramiento ; pero no 
olvidemos que si hoy los cubanos no nos vemos 
obligados á herir el suelo panameño, es porque 
una naturaleza pródiga y que no merecemos 
nos acalla el hambre y nos dá tono de señoro- 
nes, como á aquéllos mocetones cordobeses que 
dormitan sus perezosas siestas bajo los naranjos 
de la mezquita, felices y pobres, recibiendo como 
ricos desocupados las caricias del sol andaluz, 
que ellos llaman, con razón, el padre de los 
pobres... 



XVIII 

1 ABAJO LAS ARMAS 



Acaba de publicarse la traducción de la célebre 
novela de la Baronesa de Suttner, titulada ¡ Abajo 
las armas I 

Después de unos veinte años de publicado por 
primera vez el hoy famoso libro, ha sido vertido 
al castellano. Para ello ha sido preciso que se le 
concediera el premio Nobel, sin cuyo aconteci- 
miento el nombre de la Baronesa de Suttner 
habría seguido desconocido para los lectores de 
España y de Hispano-América. 

El citado premio le fué otorgado por su 
mérito pacifista, por ser un libro de eficaz y 
calurosa propaganda en pro de los ideales anti- 
militaristas que hoy tanto cunden para preocu- 
pación y rabia de magnates endiosados sobre la 
servil mansedumbre del pueblo, víctima propi- 
ciatoria de Marte. 

El argumento de « ¡ Abajo las armas ! » es 



ENTRE CUBANOS... 79 

algo machacón. Baste decir que de los veinte á 
treinta personajes que en él intervienen, todos 
menos tres ó cuatro mueren en la guerra ó á 
consecuencia de ella : el uno recibe un metrallazo 
que le vacía el vientre y le hace caer sobre sus 
propios intestinos sanguinolentos, al fondo de 
una trinchera, en las llanuras de Lombardía ; al 
otro le hiende el cráneo el sablazo de un gigan- 
tesco hulano en los campos daneses ; á éste lo 
tritura una carga de caballería que pasa galo- 
pando sobre su cuerpo, en la batalla de Sadowa ; 
al otro le espera una muerte horrible, herido y 
abandonado en una charca pestilente, sintiendo 
cómo se le van pudriendo sus extremidades 
gangrenadas y pasto de gusanos, cómo los bui- 
tres revolotean á su alrededor y le sacan los ojos, 
impacientes de lanzarse al festín macabro ; tales 
viejos labriegos sucumben achicharrados en su 
aldea, antes apacible, por el incendio que sus 
propios hijos y nietos le comunican por necesi- 
dades de guerra; tales soldados son rematados, 
en vez de asistidos, por los merodeadores que á 
manera de vampiros recorren los campos de 
batalla cuando la muerte ha pasado cansada de 
segar con su guadaña, para robarles sus anillos, 
que como eslabón de recuerdos lo atan á sus 
cariños lejanos, sin piedad alguna cortando sus 
dedos para acabar pronto ; un grupo de enamo 



8o ENTRE CUBANOS... 

rados felices, bellas, ricas y esperanzadas ellas, 
valerosos, aristócratas é idealistas ellos, mueren 
todos á causa del cólera, secuela de la guerra : 
un noble jefe, de saber y de genio, muere fusi- 
lado como espía 

La novela es un museo de horrores que 

deben verse, porque su contemplación produce 
forzosamente una rebelión de ideas y de senti- 
mientos contra las corrientes de las guerras, 
que siempre permanecen ocultos tras el humo 
de la pólvora y silenciosos en el fragor del com- 
bate, porque cuando haya sido volado el último 
bastión, cuando el último soldado haya enviado 
el último suspiro á su amada, agonizando el 
último, tras de la última batalla ; aquéllos, como 
buitres, despedazarán sus cuerpos y se repartirán 
sus piltrafas. 

Es de desear que en Cuba se lea la novela de 
la Baronesa de Suttner así como los libros que 
produce la cada día la más prolífica literatura 
antimilitarista, por ejemplo, la terrible Risa 
Roja de Andreieff; porque si en las naciones 
europeas donde el poder militar es de secular 
organización y responde á factores sociales bien 
definidos y arraigados, el militarismo merece la 
execración y la burla de toda mente honrada y 
progresista, más triste comentario merecerá 
nuestro militarismo tropical, donde cualquier 



ENTRE CUBANOS... 81 

aventurero resulta un Moltke apenas empuña 
el machete ; donde para resolver cualquier pro- 
blema político-social, necesitamos de un conse- 
jo de veteranos como si las estrellas de las 
bocamangas bastasen para iluminar las mentes 
de sus poseedores y donde al luchar decimos 
que nos ¡ajamos, quizás porque es seguro que 
al final de la lucha encontraremos siempre la 
faja de general. 

Sí, i abajo las armas I Despierte el explotado 
pueblo y sepa que tras de esas banderas que se 
llaman patria, libertad, religión, honor nacio- 
nal, se fraguan los eslabones de su esclavitud. 

En tanto los caudillos belicosos obtengan 
secuaces, merecerán éstos ser traicionados por 
aquéllos y atados al carro de sus victorias, bien 
para ser arrastrados como miserables vencidos, 
ó bien para arrastrar el carro triunfal, pero 
atados al fin. 



XIX 

ORFANOTROFIO AGRÍCOLA 



Desde que en 1710, surgió en la Habana el 
Asilo de huérfanos, que se conoce comunmente 
por la Casa de Beneficencia, han pasado por su re- 
cinto varias generaciones de niños abandonados. 

Á estos niños se les ha encaminado por buena 
senda, se les ha enseñado un oficio y se les ha 
librado de la miseria y acaso de la muerte. 
Mucho se ha hecho por ellos, pero ¿es ello todo 
lo que se puede hacer? 

Me hago á mí mismo esta pregunta pensando 
en una de tantas mejoras sociales de que se 
muestra orgullosa la ciudad de Burdeos — á 
cuya flor de civiltá me refería en otro artículo. 

Porque no basta que á un niño se le eviten 
al nacer los peligros de un infanticidio, ni se le 
libre en lo posible de los factores degenerativos 
de la pobreza que con tanta profundidad viene 
estudiando Nicéforo, el verdadero y genial fun- 



ENTRE CUBANOS... 83 

dador de la pauperología ; no es suficiente tam- 
poco que á los asilados se les de la base de una 
educación obrera que no puede ser completa 
por los escasos medios con que se cuenta para 
fines benéficos aquí donde ni siquiera tenemos 
una oficial escuela de artes y oficios completa. 
No basta todo ello, en efecto, porque cuando el 
asilado ha de dejar su asilo, cuando ha de lan- 
zarse solo al combate por la vida en las condi- 
ciones cada día más terribles que impone el 
mecanismo económico, forzosamente ha de sen- 
tirse desarmado, con un campo de actividad 
técnica excesivamente restringido, sin la tutela 
inalterable ni la férrea disciplina en que ha 
crecido siendo un número del asilo, huérfano 
de padres como también de iniciativas y de 
energías 

Confesemos que no hacemos todo lo debido 
por los niños desvalidos, aunque no sea menos 
cierto que en nuestra benéfica fundación se 
hace más de lo que se puede dado el descuido 
que ese ramo administrativo merece á todos 
nuestros gobiernos. 

En Burdeos el sistema es bien diverso y de 
resultados mucho más positivos. Allí los niños 
sin padres son llevados al campo, á una colonia 
agrícola, donde son criados y educados en el 
santo amor de la madre naturaleza, donde se 



84 ENTRE CUBANOS... 

les enseñan las prácticas científicas de la agricul- 
tura que luego difunden ellos por todos los 
ámbitos de su región patria. Así se consiguen á 
la vez grandes mejoramientos morales, higiéni- 
cos, intelectuales y cívicos. 

Yo creo que no cabe dudar siquiera de las 
ventajas que representaría para Cuba poder 
contar con un orfanotrofio agrícola en tales 
condiciones, aquí donde la enseñanza agrícola 
es nula. Nuestros pobres expósitos serían los 
más esforzados paladines de nuestra regeneración 
económica. 

Por otra parte, el vasto edificio podría ser uti- 
lizado con mayores provechos en cualquier otra 
beneficencia pública, como asilo nocturno, casa 
de trabajo correccional, etc. 

No dudemos en mejorar un régimen benéfico 
que sigue viviendo vida anacrónica. El autor de 
la mejora merecería bien del país. 



XX 

SIN PÚAS 



En los países cultos de la Europa meridional 
actualmente está recibiendo sinceros é intensos 
aplausos un sabio botánico de California. El ya 
célebre Mr. Lutero Burbank, que de tanta fama 
goza por sus estudios y descubrimientos acerca 
de la selección artificial de las plantas, acaba de 
lograr una especie de cactus sin espinas. 

Sabido es que en el Sur de Europa, en todas 
las islas mediterráneas y en el norte africano, 
(como así sucede también en Cuba) el cactus se 
emplea no solamente como fruto comestible — 
el sabroso higo chumbo — sino que también se 
utiliza para setos y cercados vivos y económicos. 
Tiene la ventaja de crecer en cualquier clima y 
terreno, en las arenas del Sahara, como en las 
frías llanuras de Alaska ; pero hasta la fecha su 
utilización alcanzaba un corto radio. 

Hoy, merced al genial Burbank, el cactus pro- 



86 ENTRE CUBANOS... 

lífico y sobrio podrá ser utilizado como insusti- 
tuible alimento para el ganado. Ya antes se 
había probado el quitar las púas á las hojas del 
cactus, pues las bestias siempre apetecían su 
jugoso pulpa ; pero ello era práctica y económi- 
camente imposible por el costo de la operación. 

Lutero Burbank fué cruzando especies que 
tuvieran escasas púas con otras de abundante 
jugo nutritivo, y después de perseverantes prue- 
bas, ha obtenido una nueva especie que reúne 
las ventajas de una carencia absoluta de púas 
con gran riqueza de jugo y no menor resisten- 
cia á las inclemencias climatéricas. Desde hoy, 
pues, la Naturaleza cuenta con un regalo más 
del hombre, con una especie de planta que ella, 
aislada, no había todavía producido. Grandes 
regiones incultivadas se abren á la explotación 
productiva y la humanidad extiende su base de 
sustentación económica. 

Las obras prácticas de experimentación selec- 
cionista del sabio americano vienen á confirmar 
principios y leyes biológicas que poco tiempo 
ha revolucionaron las ciencias y llegaron á 
influir decisivamente en las sociológicas. 

El transformismo es hoy ley de la vida en 
todas sus manifestaciones ; y en estos descubri- 
mientos de Burbank pueden aprender por crite- 
rio analógico los que creen que los pueblos son 



ENTRE CUBANOS... 87 

siempre los mismos, los que no ven las evolu- 
ciones y diferenciaciones que en los mismos se 
operan por selecciones sucesivas. Después de 
todo, acaso en ningún otro país como en Cuba 
pueden verse variados y curiosos fenómenos de 
selección y cruzamientos. 

Acaso nuestro porvenir nacional no sea en el 
fondo más que un complicado problema de 
selección étnica — fisiológica y psíquica. Quizás 
no se trate sino de conseguir que el espinoso 
cactus de nuestra psiquis criolla (desgraciada- 
mente cruzado con especies de escaso jugo y ele 
muchas púas) vaya por escogidos cruzamientos 
con cactus jugosos y sin espinas, perdiendo 
esto3 obstáculos á su utilización en la obra 
civilizadora de ios pueblos, y adquiera los jugos 
morales y mentales de que carece para poder 
servir de sustanciosa alimentación social. 

Pero, desgraciadamente, Mr. Burbank no 
puede llevar sus trabajos á la selección de ese 
cactus humano y ésta — especialmente en Cuba 
— sigue abandonada á sí misma, determinada 
por las más elementales leyes físico-sociales, 
luchando contra la biológicamente general pro- 
liíieuidad de las especies inferiores apenas con- 
trastada por la acción de los gérmenes llegados 
de los países fríos en los vendábales inmigrato- 
rios y en los ciclones políticos. 



88 ENTRE CUBANOS... 

¿ Encontrará Cuba un Burbank que seleccione 
sus especies y nos dé la especie regenerada que 
todos soñamos?... 



XXI 

CÁTEDRAS DE AGRICULTURA 



La noticia, cablegrafiada desde Roma, de los 
éxitos del Instituto Internacional de Agricultura 
creado bajo el patronato de Víctor Manuel III, 
por una parte, y por otra la modesta tentativa 
de algunos conferencistas tabacaleros cristalizada 
pocos días ha en esta Capital, dan actualidad á 
nuestro tema. 

Estas conferencias han hecho resaltar la viva 
necesidad cubana de una intensa instrucción 
agrícola, para sacudir el rutinarismo de nues- 
tros cultivadores, agravado, si cabe, por la pro- 
paganda de pretendidos técnicos de nuestras 
plantaciones, que jamás han logrado salir de un 
empirismo tanto más perjudicial cuanto más 
infatuado y expansivo. 

En cambio los triunfos del Instituto Interna- 
cional de Agricultura de Roma nos hacen recor- 
dar el renacimiento agrícola italiano cuyo estu- 



90 ENTRE CUBANOS... 

dio no sería ciertamente de los menos útiles á 
nuestros gobernantes. 

Cuarenta años ha, cuando la península itálica 
acababa de realizar su ansiada unidad, expulsando 
á los austríacos del suelo patrio y conquistando 
para el liberal gobierno de los reyes de Saboya 
el territorio pontificio, el pueblo agrícola se 
encontraba sumido en la más espantosa barbarie 
agrícola. Explotado por gobernantes rapaces y 
retrógados había ido olvidando lo aprendido 
cuando el resurgimiento medioeval, y todos los 
cultivos se proseguían empíricamente, con pro- 
cedimieutos no muy distintos, esencialmente, de 
los que al otro lado del Mediterráneo eran prac- 
ticados por los pueblos norteafricanos. 

Pero la ráfaga de civilización que en la elevada 
esfera de la política arrastró con caducos orga- 
nismos y con rancias institutiones, cundió en la 
masa agrícola, y la hizo salir de su letargo secu- 
lar. 

La propaganda de la agricultura moderna fué 
haciéndose más intensa y difundida y hoy Ita- 
lia, especialmente en las llanuras de la Lombar- 
día y la Romana, en los valles del Piamonte, 
de la Liguria, del Véneto y de la Emilia se nos 
ofrece como el más hermoso ejemplo de regene- 
ración agrícola. 

No consiste ésta tan sólo en roturar terrenos 



ENTRE CUBANOS... gí 

incultivables, ni en desecar pantanos, ni en boni- 
ficar suelos exhaustos como el agro-romano, ni 
en intensificar los cultivos adaptándolos á favo- 
rables condiciones de medio ambiente. La obra 
esencial de los inspiradores de la revolución 
agrícola italiana — no todos políticos ni grandes 
científicos, sino hombres del pueblo, estudiosos, 
de voluntad y buena fé — se encamina hacia la 
roturación de los cerebros incultos y rocosos de 
la población campesina, hacia la desecación de 
las charcas de la ignorancia en cuyo fondo yace 
el limo que ha de hacer germinar la vida fuerte 
y moderna... 

Ahora bien, factor esencialísimo de esta resu- 
rreción agraria es el establecimiento de las cáte- 
dras ambulantes de agricultura debidas á la ini- 
ciativa de las cooperativas populares y prohija- 
das oficialmente por el gran hacendista Luzzatti. 

Ya no se conforman los italianos concentrando 
su enseñanza agrícola en las ciudades ; compren- 
den la necesidad de esparcirlas por todos los 
campos y á todos los vientos como semilla de 
la prosperidad y de la riqueza futuras. 

Hagamos algo nosotros en tal sentido. Estu- 
diemos la manera de llevar la instrucción agra- 
ria, la vulgarización científica á la mente de la 
gran masa guajira que puebla la lujuriosa cam- 
piña criolla. Veamos el modo de crear esas cate- 



9 2 ENTRE CUBANOS... 

dras ambulantes de agricultura que tanto éxito 
obtienen fuera, para que nuestra enseñanza agrí- 
cola no se limite á los plausibles pero forzosa- 
mente limitados esfuerzos de la Estación Agro- 
nómica de Santiago de las Vegas, para que 
abriendo surcos hondos en la inteligencia gua- 
jira pueda ésta fecundar el germen de las ideas 
científicas modernas, cuya propagación y prác- 
tica harán de Cuba un poderoso y rico pueblo. 

Este sería el primer paso para preparar la base 
firme en que habrá de cimentarse todo el sis- 
tema de la regeneración agraria de Cuba. 

La vida cubana es vida agrícola. Hay que 
luchar por ella como se hacen hoy todas las 
guerras, con procedimientos científicos y medi- 
tados. 

Instruyamos á los guajiros, que ellos serán 
soldados de la riqueza nacional. 



XXII 

LA PSEFOGRAFÍA DE CUBA 



Un buen amigo piamontés ha tenido la amabi- 
lidad de enviarme un recorte de una revista 
turinesa, cuya lectura se presta á muy nuevas 
reflexiones, que dejo para el lector. 

Sabedor mi inolvidado compañero de andan- 
zas itálicas de que en Cuba la balanza electoral 
se inclina á favor de uno ú otro de los candida- 
tos, según la cantidad de oro ó de plomo que 
cae en los respectivos platillos, ha creído favore- 
cerme dándome noticia de un invento que está 
llamando la atención en uno de los palacios de 
la exposición de Milán. 

Se trata nada menos que de una máquina para 
votar, inventada por un italiano, un tal Eugenio 
Boggiano, que la ha bautizado con el nombre 
de psefógrafo. 

El curioso aparato parece una de tantas cajas 
automáticas que reparten postales, cigarros y 



9 4 ENTRE CUBANOS... 

bombones, como podrían repartir porciones de 
turrón gubernamental. 

El elector recibe del presidente del colegio 
electoral un disco y con él introduce la mano 
en una especie de receptáculo cónico que la 
oculta al público, asegurando así el secreto del 
voto. Deposita luego el disco en tal ó cual de 
las varias casillas correspondientes á los candi- 
datos ó en la de los que hoy llamamos votos en 
blanco y que luego se dirán votos en el vacío. 

El disco, una vez suelto, hace mover una 
serie de resortes, uno de los cuales marca el 
número de los votantes en un cuadrante que 
está á la vista del público, y otros señalan el 
número de votos obtenidos para cada candidato 
en otros cuadrantes menores que se mantienen 
cubiertos hasta que se termine la votación. 

El escrutinio queda suprimido, pues los cua- 
drantes van registrando el número de votos 
que se depositan en la máquina, pudiendo con- 
tar hasta 10.000. 

Si las votaciones se reducen á obtener la opi- 
nión afirmativa ó negativa á una cuestión, 
entonces las casillas se titularán o si », « no », y 
« abstenido ». 

El psefógrafo tiende á aportar un grano de 
arena á la legalidad y moralidad del voto y, 
especialmente, está destinado á facilitar una 



ENTRE CUBANOS... 98 

forma de manifestación de la voluntad pública 
como el referendum, tan frecuente en los 
pueblos que son cultos y libres como en la her- 
mosa y serena Suiza. 

No he llegado á comprender si mi amigo me 
ha enviado la noticia de tan curioso invento con 
generosa seriedad ó movido por uno de sus 
exquisitos rasgos de humorismo ; porque la ver- 
dad es que pensar en el éxito de la psefografía 
en Cuba, hace sonreir á cualquiera. 

Nos haría el efecto de un aparato automático 
en que íbamos á tomar el peso de nuestro pue- 
blo, como así sería en efecto, y esto estaría 
bueno para pueblos infantiles y enfermizos, que 
no para el cubano, que es un asombro de virili- 
dad y energías. 

I Echar un disco en la urna electoral ! j Qué 
ridículo 1 Aquí amamos el símbolo y en la tradi- 
cional urna echamos el maüsser de un rural, el 
tolete de un policía, la escoba de un barrendero, 
el machete de un veterano, el petróleo de un 
rebelde, el auto de procesamiento de un juez, y 
otras tantas zarandajas que nos complacemos en 
sacar á relucir para recordarnos á nosotros mis- 
mos que no degeneramos los descendientes de 
Viriato y que todos, lo mismo si nos mantene- 
mos en el poder de á hombres, que si nos rebe- 
lamos de á héroes, estamos sobrados de fuerza 



96 ENTRE CUBANOS... 

y de guapería para perpetuar en esta tierra de 
valientes nuestra historia de matonismo polí- 
tico. Y esto es lo que nos importa, para que nos 
admiren las naciones extranjeras. 

No se moleste, pues, el Signor Roggiano en 
registrar la patente de su psefógrafo en el Estado 
cubano, que no hemos de acudir á su invento, 
por costoso, complicado é inútil. Mientras la 
Patria y el Sentido Común, que emigraron el 
día 20 de Mayo de 1902, no regresen á sus lares, 
la voluntad pública se manifestará á machetazos 
ó á golpes de tolete ; nuestras elecciones se harán 
en la manigua ó en la Gobernación, ó — y esa 
sí que es una máquina maravillosa y sorpren- 
dente — á bordo de un acorazado americano. 

Pero demostraremos que somos todos unos 
valientes : no hay duda de ello. Por eso nos 
vemos en el correccional de la intervención. 



XXIII 



ANTE LAS ESTATUAS 



Las revistas francesas siguen tratando de la 
especie de estatuomanía que ha invadido á su 
patria desde hace unos años. 

Lo que pasa en Francia, ocurre también en 
otros países europeos. No hay poetastro, acadé- 
mico, militar, ni político, que no merezca allá en 
su villorrio natal los honores de una estatua. 

El homenaje se extiende á veces hasta á los 
vivos con escarnio de la dignidad humana. El 
mismo sabio París ha incurrido últimamente en 
no pocas ligerezas estatuarias. 

Por otra parte, el exceso de producción per- 
judica la riqueza de la misma, y la estatua que 
en calles y plazas se levanta para tributo á glo- 
rias populares, dista mucho de significar lo que 
en tiempos anteriores. Pero la prodigalidad de 
las estatuías, dejando á un lado los inconvenien- 
tes del abuso, no deja de traducir sentimientos 

6 



98 ENTRE CUBANOS... 

delicados del alma del pueblo, que conviene 
recoger y alentar. Es de pueblos cultos y nobles 
honrar á sus hombres de mérito, y si á la erec- 
ción de una estatua se llega por la previa admi- 
ración de los compatriotas de valer, puede esta 
admiración llegar de rechazo al conocimiento y 
estima de los insignes más ó menos olvidados. 

Por esto, cuando hace pocos días se hablaba 
de dotar á nuestros paseos con estatuas de muer- 
tos sabios (Saco, Poey, José de la Luz...), de 
muertos patriotas (Céspedes, Agramonte, Maceo, 
García...), de muertos artistas (Avellaneda, Here- 
dia, Plácido...), la idea mereció el mejor y más 
sincero de los aplausos, tanto más, cuanto que la 
idea es perfectamente factible : bastaría con que 
nuestro Ayuntamiento supiese dedicar siete ó 
diez mil pesos anuales, para que dentro de pocos 
lustros estuviesen nuestros parques adornados 
con las estatuas de los que entre nosotros han 
brillado por la profundidad de su saber, por la 
excelsitud de su heroísmo ó por la divinidad de 
su arte. Con estas estatuas y con un panteón de 
cubanos ilustres, se haría más por la nación y 
por el sentimiento patrio, que con los volcánicos 
discursos de políticos logreros, y con desplantes 
de anacrónicas mambiserías. 

Porque es verdaderamente bochornoso é indig- 
no del pueblo de los mambises, el hecho de que, 



ENTRE CUBANOS... 99 

alcanzado en algún grado el ideal nacionalista de 
independencia, no hayan sido nuestros primeros 
actos para honrar á los cubanos que brillan con 
los fulgores de su gloria en las negruras del 
pasado tenebroso. 

En la Habana, después de aquella ridicula 
estatua de quincallería que fundida en calamina 
hubo de ofrendar la intervención americana á la 
libertad, sobre el pedestal que fué de Isabel II, no 
hemos hecho más que erigir una miserable y 
pobre estatua de Martí, cuyo costo se reunió á 
duras penas y sin valor artístico apreciable, eje- 
cutada casi á escondidas. Ni Maceo, ni Céspedes, 
ni Saco, ni ninguno de los cubanos ilustres tie- 
nen un modesto monumento. En provincias 
pasa igualmente. Matanzas ha logrado una esta- 
tua de Martí, solamente por el esfuerzo cons- 
iente y devoción patriótica de Quesada y de los 
que le ayudaron en recaudar fondos. 

Pero de la acción oficial, nada se ha visto, y 
esto debe avergonzarnos, después de haber 
observado el despilfarro de nuestra riqueza, des- 
pués del escandaloso pago del ejército, después 
de las locas subvenciones en metálico á hombres 
de valer más ó menos discutible, pero incapaces 
de la virtud de la austeridad, y de saqueos al 
tesoro nacional que hacen dudar muy mucho de 
nuestro pasado y entenebrecen nuestro porvenir. 



ico ENTRE CUBANOS... 

Ya que se trata de modernizar á la Habana, 
adornémosla paulatinamente con estatuas artís- 
ticas de compatriotas ilustres, que el Ayunta- 
miento que tal labor inicie merecerá plácemes y 
gratitud. 

Pero sepamos mantenernos en justas restric- 
ciones, sin exageraciones que en París pueden 
disculparse, pero que en Cuba nos llevarían á 
esculpir mármoles para gloria de cualquier gene- 
ral de opereta, para memoria triste de algunos 
poetas de musa femeninamente vanidosa y para 
honor de ciertos políticos nefastos. 



XXIV 

LA HUELGA BLANCA 



Acabo de leer en una revista europea el éxito 
obtenido por los obreros metalúrgicos de una 
villa industrial de la Prussia renana. Se trataba 
de mejorar las condiciones económicas de los 
aprendices y de regularizar el funcionamiento 
de las cajas para pensiones á los ancianos. Una 
mala inteligencia, agravada por resquemores 
personales, hizo estallar el conflicto que al cabo 
de quince días tuvo solución satisfactoria. 

Pero lo curioso del caso, y que muestra lo que 
puede alcanzar la cultura del pueblo, es que en 
esta huelga, más que en otra alguna, se han 
tocado todos los resortes de lucha legal, sensata 
y científica por ambas partes. Agitada la masa 
obrera por la predicación de los intelectuales 
rojos, aprestóse á conquistar un nuevo plano en 
su ascendente progreso. Una comisión de obre- 
ros, asesorada por algunos técnicos — se trataba 

6. 



ioa ENTRE CUBANOS... 

también de mejoramiento sanitario — emitió un 
proyecto de reformas y unas bases de petición. 
Los patronos pidieron tiempo para estudiar la 
solicitud y su viabilidad, y les fué concedido ; lo 
que produjo un rápido examen técnico de la 
misma y una negativa razonada. Entonces los 
obreros, habiendo sometido la cuestión á rigu- 
roso referendum — es decir — á votación per- 
sonal, huyendo de sugestiones levantiscas de 
agitadores parasitarios, decidieron ir á la huelga. 
El propósito fué anunciado con ocho días de 
anticipación á los patronos y ocho días después 
fué abandonado el trabajo, no sin dejar un 
retén de obreros que cuidara de que no se apaga- 
ran los hornos de fundición, pues ello podría 
impedir el restablecimiento de la normalidad, 
con perjuicio de todos, ya que de apagarse, la 
operación de hacerla funcionar nuevamente 
requiere muchos días, semanas enteras. 

Declarada la guerra se dividió el trabajo de la 
misma entre los organismos ya previa y perma- 
nentemente creados. El fondo de resistencia se 
puso en movimiento, las cooperativas de con- 
sumo abrieron sus puertas al crédito obrero, los 
oradores y los periodistas de clase avivaron la 
opinión, una delegación de los mismos obreros 
en huelga planteó los términos de la cuestión 
litigiosa tal como debía ser llevada al arbitraje, 



ENTRE CUBANOS... io3 

los diputados socialistas interpelaron al gobierno 
imperial en los escaños del Reichstag... 

Llevado el litigio á un tribunal mixto de arbi- 
traje, la cuestión fué resuelta tras de un breve 
período de examen, y éste dictó laudo conce- 
diendo á los obreros parte de sus reclamacio- 
nes, aplazando á términos sucesivos la implan- 
tación de otras reformas, y negando en defini- 
tiva algunas inoportunas solicitudes... 

Poco después el trabajo era reanudado, y una 
merienda popular en un bosque vecino, á la que 
asistieron los patronos y las autoridades, cerró 
con sello humanamente simpático ese conflicto 
de intereses resuelto por la culta mentalidad de 
los contrincantes. 

Ni un atropello, ni un vigilante más en las 
calles : hasta la delincuencia habitual disminuyó 
durante la huelga, confirmándose así una ley de 
criminología colectiva. 

Y esta lectura, que en otras épocas hubiese 
traido á mi alma un aliento de esperanza por la 
consecución pronta del evolutivo mejoramiento 
íntegro del proletariado universal, hoy, en 
Cuba, cuando los zarpazos de una huelga impul- 
siva, loca y... tropical — como nuestras rebelio- 
nes tristemente infantiles — hace sangrar la 
patria amada, sólo puede producirme dolor y 
desaliento. Llegarán días de bonanza para el 



io4 ENTRE CUBANOS... 

proletariado, obtendrá éste en etapas sucesi- 
vas, como ya tiene conseguido en pueblos más 
cultos, descanso semanal, retiros para ancia- 
nos é inválidos, seguros contra accidentes, 
pensiones para viudas, escuelas técnicas indus- 
triales gratuitas, cajas de ahorros, coope- 
rativas de producción y consumo, participación 
en las utilidades, etc., etc. ; pero todo esto no 
son más que ideales y lontananzas para el prole- 
tariado cubano, que distraído en guerras íntima- 
mente secundarias, no ha querido presentar 
batalla acerca de uno solo de los aspectos intrín- 
secamente principal de su mejoramiento. Y así 
se ha dado el caso de que no tenga en Cuba una 
sola cooperativa de consumo acreditada, de que 
no tengan una sola escuela popular... Ante una 
masa obrera tan inconsciente que no acomete el 
problema de su vida partiendo desde su base, 
no cabe extrañar que los poderes constituidos, 
huérfanos de una ley de huelgas, que existe pro- 
mulgada ó consuetudinariamente en todas par- 
tes,, tengan que verse en el caso de aplicar ana- 
crónicamente artículos de un Código Penal pro- 
mulgado el año 1870 — hace unos cuarenta 
años — cuando las huelgas apenas sí habían 
adquirido carta de naturaleza en la vida econó- 
mica. 

Para evitar la triste situación bastaba una ley 



ENTRE CUBANOS... io5 

de huelgas promulgada por el poder legisla- 
tivo ; pero éste no lo hará, pues si cubano no 
sabe pensar acerca de lo que á un pueblo le es 
indiferente, y si americano... le es indiferente 
implantar mejoras que el pueblo cubano no 
sabe pedir. 



XXV 

EL BELLO GESTO DE LOS YANQUIS 



Paul Adam, el publicista francés de cuyo libro 
traté poco ha, lia dedicado un capítulo de su 
citada obra Vues d'Amériqae al viaje que años 
atrás hizo á nuestra entonces flamante repú- 
blica. 

La independencia de Cuba es le beaa geste des 
yankees, dice Paul Adam. La guerra con España 
y la aventura cubana constituyen la coquetería 
de los norteamericanos. Al hablar de la situación 
política de Cuba, no hace Paul Adam sino seguir 
el encomio casi siempre justificado, pero á veces 
infantil, que en todas las páginas de su libro le 
merecen la vida y la cultura americana. Los 
yankees hicieron desaparecer la fiebre amarilla, 
trazaron el ferrocarril central, sanearon la 
Habana, hicieron el Malecón, etc. etc. « Si los 
americanos, dice, obraron teatralmente para con- 
seguir el aplauso del universo, es justo que 



ENTRE CUBANOS... 107 

satisfagamos esta fantasía. Pocos vencedores 
habían dado tal prueba de desinterés histórico. » 

La cultura cubana puede estar orgullosa del 
concepto que á Paul Adam ha merecido. Dice de 
un meeting en un teatro, que nada pasa en él 
que no sea digno y correcto, y añade : « los 
adversarios del Presidente Palma no pronuncian 
su nombre sino rodeado de epítetos laudativos, 
aún cuando la frase critique los actos oficiales. 
J. Gualberto Gómez, elocuente y radical, puede 
durante toda una hora discurrir contra el opor- 
tunismo inteligente (?) del poder, sin que se le 
escape una palabra malsonante... El joven Con- 
greso de Cuba, podría dar lecciones al nues- 
tro... (!) » 

(( El anexionismo está en Cuba, sigue diciendo 
Paul Adam, muy extendido entre las clases ricas 
y los hacendados. Menos los soldados de la inde- 
pendencia, todo el mundo dá por seguro que la 
riqueza del país se decuplicaría por el mero 
hecho de la anexión á los Estados Unidos. 

« La campaña que empieza á hacerse en favor 
de tal idea es verdaderamente seria. » 

De nuestros campos habla el literato francés 
con el más vivo entusiasmo. « Cuba, dice, es 
la cuna de la belleza », « es el país ideal de los 
pintores ». 

Pero el entusiasta Paul Adam ha incurrido en 



108 ENTRE CUBANOS... 

el defecto, disculpable en otros, de describir una 
Habana fantástica, mitad española medioeval, 
mitad africana. 

Habla de nuestros soldados y dice que están 
vestidos como mosqueteros de teatro, afirmación 
desprovista en absoluto de fundamento é indis- 
culpable en un francés cuyo ejército conserva 
todavía los más chillones uniformes de las tro- 
pas europeas, contrastando con la sobriedad del 
uniforme cubano. 

Cuenta de nuestros barrios antiguos que 
recuerdan los tiempos del Barbero de Sevilla y 
cosas familiares á Don Juan, á Don Bartolo, y á 
Doña Sol. Ve en los patios habaneros elegantes 
surtidores (1). Dice que en las escaleras de piedra 
de nuestras antiguas casas resuena el mismo rui- 
do que antes, cuando Don Quijote al subirlas las 
arañaba con sus espuelas (!). Encuentra paredes 
de mármoles y de azulejos, y plintos de arabes- 
cos musulmanes (?). 

Forzoso es decirlo, Paul Adam, al hablar así 
de la Habana, la creyó una ciudad andaluza, de 
esa falsa Andalucía de panderetas y abanicos, de 
caireles y alamares, de peinetas y basquinas, de 
castañuelas y manzanilla que conocen los no 
españoles, y los que, como el literato francés, la 
han visto solamente á través de Carmen, el Bar- 
bero de Sevilla y de « Don Quijote » !, quien, 



ENTRE CUBANOS... 109 

aunque parezca ignorarlo Paul Adam, no estuvo 
jamás en Andalucía. 

Asegura seriamente el publicista ultramarino / 
que los americanos, en cuatro años, han cam- 
biado las costumbres de la clase media y de la 
elevada. Y dice esto porque las brigadas de 
higiene sacaron las inmundicias y trastos viejos 
que arrinconábamos en nuestras casas, con cons- 
tancia de traperos. 

Y esa pretendida y desgraciadamente incierta 
americanización estupenda de Cuba y de los 
cubanos, pretende demostrarla en todas ocasio- 
nes. El españolísimo Jai-Alai dice que es ameri- 
cano por sus proporciones enormes, por su 
decorado (1) sobrio y por la organización de las 
apuestas. Bien se ve que Paul Adam no solo 
ignora lo que es la vida andaluza, que se le 
antoja de opereta, sino que desconoce la del 
resto de España. ¿ Qué concepto le merecerá al 
autor francés el pueblo de sus vecinos ? ¿ Es que 
todavía privan los novelones de los Dumas y 
creen que África empieza en los Pirineos ? 

La quinta de salud de los asturianos, la Cova- 
donga, según él, debe su apogeo y su organiza- 
ción á la americanización de marras, como si 
antes de que ondeara en Cuba el pabellón trico- 
lor no hubiesen dado ya los españoles aquí resi- 
dentes esas pruebas de su espíritu cooperativista, 

7 



no ENTRE CUBANOS... 

que llamamos centros regionales, y que no nece- 
sitaron del resorte norte-americano para nacer 
y vivir, como pretende el iluso literato. 

Ni un piropo cortés á nuestras cubanas. Paul 
Adam, no vio sino a legiones de mulatas vesti- 
das de muselina y paseando por nuestras calles, 
y á jóvenes criollas, tras de las rejas, vestidas 
como niñas en la primera comunión. Hasta á 
los motoristas de los tranvías los hace mulatos. 

¡Naturalmente! describe la « volanta ». 

Y, por fin, dice que la glorieta del Malecón 
es una elegante rotonda debida al mejor gusto 
de Luis XVI. Parece que no se fijó en que nues- 
tros músicos militares tocan en ella cómoda- 
mente sentados, á la americana, soñando quizás 
con que algún día haremos bueno el dicho de 
Paul Adam, vistiéndolos de mosqueteros, con 
sombrero chambergo, espada de cazoleta y refi- 
ados bigotes á la borgoñona. 



XXVI 

POR LA INSTRUCCIÓN MERCANTIL 



Llegan á mí noticias de los no interrumpidos 
triunfos de la Universidad Comercial fundada 
en Milán por los Boudin, institución ésta que 
coopera briosamente ai renacimiento económico 
de la alta Italia y de la Italia toda. 

Con ella contrasta lastimosamente el estado 
mísero de nuestra enseñanza mercantil, y ello 
es tanto más de sentir cuando, como dice un 
profesor : 

« Con arreglo al censo practicado en el año 
de 1899, el número de personas dedicadas al 
tráfico mercantil, ya como principales, ya como 
auxiliares ó dependientes^ era de 79 mil 437, 
cifra que indica bien á las clares, la necesidad 
de que el Estado nuestro fije su atención en la 
enseñanza mercantil. Y la creciente prosperidad 
de nuestras industrias y el desenvolvimiento ele 
nuestras riquezas, ofrecen á la observación de 



112 



EiNTRE CUBANOS... 



los que deben velar por nuestro provecho, moti- 
vos más que suficientes para dedicar á esta 
enseñanza los preferentes cuidados que merece. » 

No cabe duda de que si el estudio comercial 
está abandonado en Cuba, es una buena parte 
por el excesivo número de aspirantes á los 
empleos públicos que hace abandonar las profe- 
siones mercantiles é industriales ; pero no puede 
olvidarse que ello se debe también á que la 
enseñanza mercantil no se adapta á la masa de 
individuos que hallarían en ella la satisfacción 
de una necesidad si la enseñanza comercial 
saliera de los rancios moldes académicos que 
hoy reviste para ir á buscar á los alumnos en 
los lugares, hora y circunstancias convenientes 
para éstos. 

Una reforma bastaría para dar mayor vida á la 
enseñanza mercantil que en forma tan pobre se 
dá en nuestro Instituto de Segunda Enseñanza, 
y ella sería la de hacer que las clases fueran 
nocturnas. El que con amor estudia comercio, 
es porque ya está iniciándose en el comercio, y 
el que en éste está ya no puede por lo común 
disponer de más horas que las de la noche. No 
hay más que observar los útiles que son las acade- 
mias nocturnas de los institutos regionales para 
hallar en ello una comprobación de lo expuesto. 

Por otra parte, habría que hacer gratuita la 



ENTRE CUBANOS... n3 

enseñanza ; nada de matrículas, nada de exaccio- 
nes al estudiante, que dado el deber del Estado 
de prodigar la enseñanza, resultan verdaderas 
inmoralidades públicas. 

Habría así mismo que modernizar el sistema 
de enseñanza y abolir los artificiosos exámenes, 
que en la carrera comercial son más inútiles 
que en otras. Guando la enseñanza mercantil se 
dé, no como ahora sucede, para optar á 
un título de perito mercantil que ó es baldío ó 
es tan solo base de un nuevo puesto burocrático, 
sino que se difunda para generalizar conocimien- 
tos, claro está que el que reciba lecciones no 
irá á buscar una nota en un examen inútil, sino 
á atesorar conocimientos que han de servirle en 
la vida práctica. La profesión del comerciante 
es una profesión libre, para cuyo ejercicio no 
necesita título ni estudios reglamentados, al revés 
de lo que sucede en los demás. Un comerciante 
necesita conocimientos y aptitudes, no un título ; 
un abogado ó un médico puede ejercer su pro- 
fesión sin conocimientos ni aptitudes, le basta 
poseer un título conquistado á fuerza de contor- 
siones mentales, de favores y de abdicaciones de 
dignidad. 

Hay muchos individuos del foro que conocen 
el derecho, que lo explican, que ejercen en rea- 
lidad como letrados, y sin embargo no pueden 



ii4 ENTRE CUBANOS... 

ejercer ni firmar como abogados porque no tie- 
nen el título que ostenta un ignorante firmón ; 
pero, en cambio, el que ejerce el comercio... es 
siempre un comerciante. 

No es, pues, en todos los casos, el individuo el 
que se aparta de la enseñanza comercial, es ésta 
la que en Cuba huye del alumno, poniéndole 
trabas y costas y encerrándole en un caduco aca- 
demicismo impropio de su índole y naturaleza. 

Por esto triunfa la Universidad Comercial de 
Milán, porque se acerca al aprendiz de comer- 
ciante, porque la rigen criterios positivistas, 
porque es verdad. 



XXVII 

FIESTAS POPULARES 



Es cosa curiosa para los que siguen — aunque 
sea de lejos — los estudios sociológicos, notar 
cómo ha sido descuidado el de las fiestas popu- 
lares. La agonografía, que en tiempos remotos, 
de formalismos casi sagrados, estuvo cultivada 
con favor, hoy parece olvidada en un desván de 
la inteligencia sin haber merecido la regenera- 
ción positiva que han alcanzado otras ciencias 
igualmente arcaicas como la alquimia y la astro- 
logia, por ejemplo. 

Y ello es verdaderamente de sentir, porque las 
observaciones agonográficas que se intercalan en 
estudios generales de sociología, no pueden 
reflejar sobre el interesante tema luz alguna 
que vaya perpendicularmente á alumbrarnos su 
fondo y á hacer brillar sus características. 

Si el alma del niño se estudia en gran parte 
al través de sus infantiles juegos, del alma de 



n6 ENTRE CUBANOS... 

los pueblos podrían sorprenderse muchas face- 
tas tras de los juegos públicos. 

Si el juego representa algo de por sí en la 
psicología individual (tampoco estudiado debida- 
mente), algo deben significar asimismo las fies- 
tas populares en la sociología, en esa ciencia 
que, al decir de Tarde, no es sino el microscopio 
solar de la psicología. 

Las fiestas de los pueblos son algo así como 
los juegos de los niños, torrentes por donde se 
desbordan sus fuerzas psíquicas más potentes, 
espejos donde se refleja toda su constitución en 
la simple sencillez de su primitividad. 

Los juegos del estadio griego, más que fenó- 
meno alguno, nos proyectan la silueta del alma 
helénica. El circo y las fiestas sagradas, saturna- 
les, etc., nos retratan los caracteres psicológicos 
más salientes de los romanos. 

Las justas, los torneos y las cortes de amor de 
los señoríos y feudos, nos hacen llegar destellos 
vivos de la vida medioeval. 

Y así hoy día : de las corridas de toros al 
base-ball, de las carreras de caballos al correr de 
la pólvora. Hay estratos de vida bien diversos 
que nos son revelados por dichas fiestas de la 
misma manera que en las estratificaciones geo- 
lógicas aparecen las huellas de especies vegetales 
que ya no son y que fueron contemporáneas. 



ENTRE CUBANOS... 117 

Pero la conclusión más triste que la agono- 
grafía habría de deducir de la observación sinté- 
tica es la de que los pueblos que no tienen fies- 
tas públicas, ó son pueblos caducos que van 
rodando hacia su disgregación y absorción por 
otros, ó son pueblos en germen que no han 
podido todavía cristalizar sus expansiones de 
gozo en moldes propios y ya definidos. 

Como los niños que no juegan con la algazara 
propia de sus volcánicas impulsiones, ó son 
niños defectuosos que no han podido desarro- 
llar sus almas al ritmo de la naturaleza ó son 
retoños raquíticos que han de secarse en breve 
al primer aquilón de la vida ó han de vivir en 
estufas é invernaderos como esas plantas exóti- 
cas que no pueden aspirar la vida común y solo 
viven para contentamiento de privados con des- 
pilfarro de energías y utilidad de nadie. 

Ya que se trata con fines plausiblemente 
egoístas de dar vida de alegrías á esta soñolienta 
gente capitaleña, bueno sería que se estudiara 
el modo de plasmar en formas más y más pro- 
pias y cubanas las expansiones populares, y 
en extender el radio de éstas á los límites nacio- 
nales, sin reducirlos á campos locales. Los 
pueblos que no se unen nunca para las fiestas 
no saben reunirse tampoco para fines más eleva- 
dos y de más difícil comprensión. La difusión 

7- 



n8 ENTRE CUBANOS... 

intensa y cubiche del base-ball, por ejemplo, por 
toda la nación sería empresa de no difícil y si 
muy conveniente realización ; porque lo que nos 
pasa en el base-ball nos pasa en la vida pública , 
y es que por rencillas de comadre, por vanidades 
de chiquillos y por codicias bochornosas, en el 
diamante como en el gobierno estamos necesi- 
tando del auxilio americano. 

No nos propongamos con los nacientes festejos 
populares un fin exclusivamente utilitario ; mire- 
mos más alto, porque si nos contentamos con 
levantar una pintarrajeada y chillona barraca de 
feria nos exponemos á verla reducida á girones, 
como nos pasó con aquella república de cartón 
y percalina que, aunque pintada con roja sangre 
de libertadores, apenas sirvió más que para tea- 
tro de polichinelas y agosto de mercaderes. 



XXVIII 

SUPERVIVENCIAS AFRICANAS 



Como dicen los ñañigos en su jerga especial, 
guana loriponsa empomá aserendé, ó lo que es lo 
mismo dicho en lenguaje cristiano : el que no 
mira hacia adelante atrás se queda. Y esto es lo 
que á nosotros nos ocurre con el ñañiguismo (i), 
cuya desaparición hemos confiado casi exclusiva- 
mente á medidas de ciega represión. 

El ñañiguismo, si bien por sus caracteres se 
presente en Cuba como un fenómeno psicoso- 
cial africano, en rigor debemos considerarlo 
como un fenómeno que responde á un estrato 
determinado de la evolución de los pueblos, 
cualquiera que sea su raza y su religión. Prueba 
tenemos nosotros de que el ñañiguismo — 
dando este nombre al conjunto de característi- 
cas sintomáticas del estado especial de' instruc- 

i. Sociedad criminal de la Habana, formada por los 
negros. 



i20 ENTRE CUBANOS... 

ción púhlica-religiosa que se revelan en frecuen- 
tes ocasiones — ha tenido arraigo intensísimo 
en Europa, especialmente en los tiempos medioe- 
vales, como también en los Estados Unidos, 
con preferencia cuando la fermentación del 
antiesclavismo. Así es que el ñañiguismo, socio- 
lógicamente considerado, no es cubano sola- 
mente, ni es exclusivamente negro : lo han 
conocido casi todos los países y casi todas las 
razas. 

Sin embargo, jamás el ñañiguismo ha mere- 
cido en Cuba otra consideración estudiosa que 
la de los articulistas de costumbres, y la de un 
funcionario de policía que allá por el año 1881 
hubo de informar acerca del mismo al Ministerio 
de Ultramar español ; pero en ningún caso se 
ha pasado de la mera exposición analítica del 
fenómeno, sin llegar á su interpretación socio- 
lógica. 

Por eso hoy se ignora generalmente la razón 
del ñañiguismo, sus fines, su origen y los 
comentarios que debe merecernos su supervi- 
vencia... No hemos de extendernos aquí acerca 
de estos temas por demás sugestivos, que mere- 
cen y requieren más amplio desarrollo, que 
algún día habremos de darle ; pero séanos per- 
mitido hacer resaltar una triste consideración. 

El ñañiguismo es como esos hongos que ere- 



ENTRE CUBANOS... 121 

cen en los sitios sombríos, húmedos y solitarios, 
en los lugares donde la luz y el aire penetran 
con dificultad, donde impera la podredumbre, 
al pie de las caducas arboledas ó en el fondo ele 
los subterráneos. Por eso pudo germinar en 
Cuba, por eso el germen importado con la trata 
halló en América campo propicio para su desa- 
rrollo ; porque aquí los troncos de nuestra cul- 
tura estaban resquebrajados y enterraban sus 
raíces en charco pestilente, sumida en las negru- 
ras de la ignorancia más espantosa ; por esto 
todavía subsiste, porque la obra de higienización 
apenas se ha llevado á los campos de la inteli- 
gencia popular, y en ésta sobran todavía oscu- 
ros antros, donde pueden crecer esos gérmenes 
parasitarios. 

Pero sería ilusión creer que ha de bastar la 
instrucción para alejar las tinieblas africanas; 
es preciso también levantar algo el nivel moral 
de nuestra nación hoy llorosa y enlutada por la 
caída de los ídolos que daban ideales á su exis- 
tencia. Si se quiere luchar contra el morbo 
ñañigo, más dañino en su significación íntima 
que en sus efectos naturales, se imponen nue- 
vos criterios de cultura, templar mejor la hoy 
mellada espada de la justicia, encauzar en firmes 
contenes el desbordante torrente de las reivin- 
dicaciones proletarias, cesar en esa desmoraliza- 



122 ENTRE CUBANOS... 

dora y loca prodigalidad de indultos de crimi- 
nales, regenerar la justicia correccional y apun- 
talar ciertos prestigios de ideas, de principios y 
de personas que hoy están tambaleándose más 
que por la carcoma de sus bases, por la incons- 
ciente labor de los que más obligados están á 
sostenerlos para su propia dignidad y honor. 
Fíjense los magnates en que el renacimiento del 
ñañiguismo puede ser el mejor y más triste 
comentario de sus equivocados criterios... 

Porque si no, habrá que pensar en la necesi- 
dad de beber la sangre del ecué, y en seguir á 
cualquier diablito más ó menos patriótico, cantu- 
rreando con monotonía africana : 

Enllugue noimó saisain monima. 



XXIX 

EL TIMO DEL POLO NORTE 



Si Lombroso viviera, antes de mucho leería- 
mos un nuevo capítulo para su libro Delilti Vecchi 
é Delitti Naovi. Nadie como él gustaba de observar 
las nuevas formas de la delincuencia, para descu- 
brir, aun en ellas, la corriente de cultura geométri- 
camente progresiva, característica de esta edad. 

Lombroso recopiló delitos ciclistas, automovi- 
lísticos, telegráficos... toda la gama de la delin- 
cuencia, á través de la civilización presente. 

Los delitos se transforman. La delincuencia 
de sangre de antiguos días se convierte en la 
delincuencia contra la propiedad ahora predo- 
minante. 

Los bárbaros asesinos se ven suplantados por 
los estafadores intelectualmente cultos y solo 
logran arraigo y permanencia en el mediodía 
de Europa. 

Los homicidas son los salvajes que nos quedan 



i24 ENTRE CUBANOS... 

en el seno de nuestras ciudades, son los antepa- 
sados, los supervivientes de una edad belicosa 
de piratas y corsarios, de mosqueteros y condot- 
tieri, de guapos y de curros... Los estafadores son 
los hombres del día, como expresión de una 
intelectualidad moralmente corrompida... pero 
intelectualidad al fin. 

La delincuencia se transforma, como la vida 
toda, y no he de ser yo ciertamente quien des- 
cubra al lector este fenómeno, después del 
valiente estudio de Nicéforo, « Las transforma- 
ciones del delito », que traducido por mi buen 
amigo G. Bernaldo de Quirós, ha logrado bas- 
tante difusión en los países de lengua caste- 
llana. 

Digo todo esto, porque acabamos de encontrar 
en la fauna delincuente un ejemplar de una 
nueva especie, representada hasta ahora por el 
doctor Cook, ese audaz bruklinés que ha estafado 
al mundo con su supuesto descubrimiento del 
Polo Norte. 

Acabo de leer que el doctor Cook ha recogido 
como producto de varias conferencias, obsequios 
altruistas, artículos y entrevistas periodísticas, 
una suma muy cercana á los $ 200.000, que le 
recompensan los gastos y sufrimientos de su 
excursión ártica, ya que no polar. 

Al publicarse el dictamen de la Universidad 



ENTRE CUBANOS... w5 

de Copenhague, el mundo se ha asombrado de 
la audaz mentira, mientras Gook se frotará las 
manos contento del éxito pecuniario de su último 
trabajo, y digo último, porque ahora parece resul- 
tar que el mismo Cook falsificó hace años una 
ascención al monte Me. Kinley, que le valió tam- 
bién pingües recompensas. 

Y al fin se ha dicho despectivamente : « cosas 
de americanos », como si al así decirlo no se 
hiciese la apología de un pueblo ; porque decir 
eso es decir que tales delitos — delito es el acto 
de Cook aunque no haya Códigos que lo penen 
— ofrecen caracteres propios de la psicología nor- 
teamericana, olvidándose que la estafa del polo 
requiere sólida cultura, más sólido carácter, ava- 
salladora acometividad... cualidades que bastan 
para justificar triunfos y hegemonías. 

Nuestros estafadores, los intelectuales de nues- 
tra criminalidad — y con los nuestros los afines 
españoles y los de igual retrasada cultura — no 
pasan del timo del entierro, original de España, 
y de la falsificación de monedas y de documen- 
tos más ó menos hábilmente hechos, y al delin- 
quir caen en las redes del Código Penal. Los 
heraldos del hampa americana, inglesa ó pari- 
sién, pueden darles lecciones. ¿ Por qué no apro- 
vecharlas? Después de todo, si la delincuencia 
es fenómeno sociológicamente natural, siempre 



ia6 ENTRE CUBANOS... 

es preferible que le estafen á uno simulándose 
descubridores del Polo á que lo envíen ad paires 
de una puñalada. 

Y siempre será mejor que el engañador nos 
adultere los descubrimientos de la ciencia para 
sacarnos dinero y aplausos á que nos hable de 
curas sobrenaturales y nos asesine nuestras cria- 
turas, como en esos casos de brujería afro-cu- 
bana suficientes para estigmatizar un sistema de 
cultura que tolera impávido tales salvajismos. 

Lo que hay que observar en Cook, es la for- 
ma... americana y los medios audaces y mental- 
mente superiores del engaño, porque el fondo, 
su inmoralidad psicológica... ello es cosa que 
no está á la altura de su audacia, y de su inteli- 
gencia, es la misma delictuosidad del bolsista 
que provoca la ruina agena ó del humilde 
lechero que echa agua á la leche. Se trata siem- 
pre de engaños y en esta época de industrializa- 
ción, no hay por qué asombrarse por una falsi- 
cación más, que intrínseca y directamente á 
nadie daña. 

Saludo cordialmente la aparición de la nueva 
especie de falsificadores de ciencia ; ello demues- 
tra que la ciencia avanza y que hasta la delin- 
cuencia se ampara en la cultura. 

Á ninguno de nuestra cultura se le hubiera 
ocurrido una estafa semejante y es que á los de 



ENTRE CUBANOS... 127 

nuestra raza no se les considera capaces de des- 
crubir el Polo, y á los sajones sí. Y piénsese lo 
que eso vale y significa. Es el crédito de una 
civilización. 

I Ah ! Si Gook fuese cubano... 

¡ Cuándo llegaremos á producir estafadores 
de tal jaez! 

Que sea pronto. Es el voto de un honrado. 



XXX 

NICARAGUA INTERVENIDA 



No, rompo las cuartillas. No quiero tratar este 
tema como me piden, encerrándolo en el marco 
del derecho internacional, en esa que no parece 
ser sino una de tantas mentiras convencionales 
de nuestra civilización augusta. Porque ¿qué 
importa al mundo la ortodoxia más ó menos 
rigurosa de la actividad imperialista norteame- 
ricana, si ésta ha de imponerse, al fin, como 
realidad viva y hasta jurídica? ¿Qué falta hace 
escudriñar entre los repliegues de la siempre 
acomodaticia doctrina, cuando en hechos nuevos 
habrá de plasmarse necesariamente una teoría 
legitimadora, como sigue siempre al hecho la 
costumbre, á la vida el derecho? 

No, olvidemos los antecedentes que la historia 
diplomática ha tejido entre los Estados Unidos 
y Nicaragua ; ignoremos que no será la presente 
la única intervención armada de Norteamérica 



ENTRE CUBANOS... 129 

en los asuntos nicaragüenses, pues ya en pasa- 
dos tiempos (1 85 1), los cañones del Cyane aba- 
tieron la plaza de Greytown ; y recordemos 
tan solo que la propia Nicaragua no dudó en 
conceder á los Estados Unidos el derecho de 
intervención, cuando en 1 884- 1 885, celebró tra- 
tado que creyó base de un emporio futuro sobre 
la apertura de un canal transoceánico á través 
de su territorio. 

Y digo esto porque ello refleja un rasgo carac- 
terístico de la demopsicología tropical, del alma 
de los pueblos que no han podido todavía sacu- 
dir el estigma del embrutecedor coloniaje, por 
más que al gualdo y al rojo de Castilla hayan 
sustituido banderas tricolores, enseñas de liber- 
tad y democracia. 

También en Nicaragua encontramos una clase 
social ínfima, pobre é ignorante, otra clase rica 
y preferentemente extranjera y una clase media 
de letrados y de pequeños burgueses aferrán- 
dose por una mesocracia impotente á los resor- 
tes de la gobernación. 

La patria, allá, como en algún otro país que 
todos conocemos, está afirmada sobre los pilotes 
de una primitiva y roída economía pública ; el 
Estado pierde las energías vitales por dorados 
conductores metálicos, y la nacionalidad no ha 
logrado una consagración ideal, robusta y firme 



i3o ENTRE CUBANOS... 

capaz de desafiar no solo el roce desgastador de 
la acción externa, sino el peligro más terrible 
de una interna desintegración. 

Ni el lenguaje, ni la religión, ni la raza, ni el 
arte, ni la ciencia, ni la geografía, ofrecen 
básica sustentación á la nacionalidad en estos 
países intertropicales. Su historia es la historia 
del santo ideal de una minoría aristocrática que 
muere lánguida y estérilmente en brazos de una 
democracia burocrática, ignorante, codiciosa y 
presumida. Y así se explica que se puedan hipo- 
tecar la soberanía y el suelo, y que el patriote- 
rismo acalle sus gritos ante el temor de perder 
del todo las piltrafas del poder ó ante el halago 
de un redivivo paraíso económico. 

¿Qué mucho, pues, que Nicaragua choque 
con los Estados Unidos? ¿Qué extrañeza puede 
producirnos el hecho de que un pueblo pequeño, 
por su insignificancia intelectual, quede aplas- 
tado por otro grandioso por la magnitud de su 
vigor de civilización? ¿Es que no ha sido siem- 
pre igual la historia? ¿Qué nos importa, pues, 
la justicia ó injusticia de la acción norteameri- 
cana en las playas nicaragüenses? El imperia- 
lismo no es una cuestión de derecho, como se 
aferra en creer nuestra mentalidad de leguleyos 
endiosados y de mercaderes usureros : es una 
cuestión social, amplia y complejísima que 



ENTRE CUBANOS... i3i 

arranca de las más hondas capas del senti- 
miento, como diría Amadori-Virgilj, y que se 
adelanta hasta penetrar en las negruras de la 
sociología del porvenir, como supone Novicow. 

Querer evitar la absorción imperialista con 
declamaciones jurídicas, es como detener la 
marcha de la ciencia contemporánea con pará- 
bolas bíblicas, como defendernos del que nos 
roba el portamonedas citándole artículos del 
Código Penal, ó del charlatán que nos vende 
mercancías averiadas contándole consejas de la 
abuela. 

Cubana es la pluma que estas impresiones 
escribe y dolorosa es la convicción que las ins- 
pira; pero más triste es aún la observación obje- 
tiva y serena de la soledad de Nicaragua en su 
conflicto, de la soledad cubana en el nuestro. 

El mundo sigue impávido su marcha ante lo 
que ocurre ; las cancillerías no se distraerán 
siquiera. La civilización nada nos debe. Engen- 
dros anémicos de un imperialismo que moría, 
hemos seguido embrutecidos en la modorra tro- 
pical, de la que despertaremos acaso tarde, 
cuando otro imperialismo que crece nos haya 
arrastrado en su torbellino. Cuba y Nicaragua, 
víctimas de igual dolencia, irán poco á poco 
desangrándose, y los pueblos fuertes, que fuer- 
tes son porque son cultos, pasarán á nuestro 



i3a ENTRE CUBANOS... 

lado sin preocuparse para nada de nuestra ago- 
nía, como no preocupan gran cosa los pobres 
que mendigan la vida al borde del camino y al 
borde de la muerte. Sólo una civilización 
intensa y difundida podría salvarnos ; siendo 
cultos, seríamos fuertes. 
Seámoslo. 



XXXI 

« ALMA CUBANA » 
(Programa de una revista muerta al nacer) 

I Bien hayan los compatriotas que polarizan 
sus iniciativas periodísticas y literarias hacia el 
alma de Cuba l \ Bien hayan los que saben pen- 
sar y escribir del arte y de la vida sin olvidar el 
ánima de nuestro pueblo ! Suyo habrá de ser el 
lauro con que la posteridad corone á los hijos 
buenos. 

Sí ; porque « Alma Cubana » es un título que 
es todo un programa de patria, toda una ban- 
dera de nacionalismo, de esperanza de nuestra 
gente, la garantía de nuestro porvenir regene- 
rado. 

Pocos pueblos habrá en cuya conciencia se 
agiten corrientes ideológicas y tan opuestas, que 
entrechocando y resbalando unas sobre otras 
formen un torbellino tan revuelto como el de 
nuestra presente crisis mental. De una parte, 



i34 ENTRE CUBANOS... 

los románticos y soñadores, los que arrullados 
por el recuerdo de pasadas costumbres y por la 
poesía de las cosas lejanas, piensan en los idea- 
les muertos y en ellos buscan la luz de la vida, 
sin pensar que sobre los muertos solo alumbran 
las lámparas de los devotos y el trémulo res- 
plandor de los fuegos fatuos. 

En el extremo opuesto, los que al vago mari- 
posear de sus mentes ciegan ante la luz fuerte, 
y quemarían las alas de la patria en llamaradas 
gigantescas y fascinadoras, engañados por sus 
ansias de vida luminosa. Y todos, enemigos de 
las tinieblas, afanosos de luz, espíritus sanos y 
fuertes, pero indecisos en seguir la estrella soli- 
taria que para ellos ya no marca rumbos, ni des- 
pide los destellos que habían de dar luz á los 
paisajes soñados de la Arcadia Tropical. 

Acaso sea por los movimientos políticos, acaso 
por motivaciones de índole económica, quizás 
causas históricas y remotas ; pero el carácter 
cubano se va debilitando. Al nacionalizar nues- 
tras instituciones, no hemos conseguido nacio- 
nalizar nuestro espíritu. La fortaleza moral de 
aquellas generaciones que precedieron á la pre- 
sente, va faltando en nuestros días, y sobre la 
fé cívica y sobre la esperanza cubana de las 
noches lúgubres de la lucha, no brilla con la 
intensidad con que brillar debiera la luz del día 



ENTRE CUBANOS... i35 

triunfal, la del sol de la libertad. Buscamos fuera 
de nosotros mismos la columna de fuego que 
nos guíe por el desierto de nuestras incrédulas 
mentalidades, no sabemos que la luz del ideal 
han de encontrarla los pueblos en el resplandor 
de sus propias concepciones. 

Pocos son ya en Cuba los que dirigen sus 
pasos por el brillo de los poetas que fueron, por 
el flamear de nuestros prosistas y oradores fene- 
cidos, por el centelleo de los soles de Bolívar y 
de las estrellas libertadoras, por la hoguera 
misma de la tradición heroica y santamente 
revolucionaria ; menos que todos, los pensado- 
res, entre los cuales bien pocos buscan para sus 
ideas la lumbre del hogar criollo, el chisporroteo 
de nuestras pasiones al arder como cañaverales, 
y la llama azul de las leyendas que vagan sin 
reposo, en pena, por los campos de Cuba en 
busca de creyentes y de sacerdotes. 

Y sin embargo, á buen seguro que los escrito- 
res son los más obligados á emprender la recti- 
ficación del camino, á volver á la vereda genui- 
namente cubana, ondulosa, pero segura, para 
ir hacia el futuro despreciando los espejismos 
que nos harían desandar lo andado y los atajos 
que no podríamos salvar sino al borde riesgoso 
del barranco. 

Es ya un deber nacional, un deber colectivo y 



i36 ENTRE CUBANOS... 

un deber particular de cada cubano, meditar un 
rato en el hogar tranquilo y honesto, junto á 
esposas hijas de las patriotas madres de antaño, 
y frente á pequeñuelos, que al porvenir llegarán 
sin patria feliz si nosotros no les trasmitimos el 
fuego sagrado que ardía en el pecho de nuestros 
antepasados. Una hora de examen de concien- 
cia que hiciera cada cubano, bastaría para ase- 
gurar á nuestros hijos la perduración de la fé, 
la estabilidad del alma cubana. 

Á los que en la prensa ó en la tribuna se acer- 
can más al pueblo y le hablan y le sugestionan, 
la cubanización de sus energías y enseñanzas es 
doble deber y es noble egoísmo. Es la doble obli- 
gación que los aferra como ciudadanos y como 
pastores, es el egoísmo de quien trabaja sabedor 
de la recompensa segura. Y este último es un 
aspecto de la labor literaria, que está casi del 
todo olvidado, por desgracia nuestra. 

Nuestra literatura presente peca también de 
indecisa, carece de los ideales y ele los tonos 
característicos del siglo pasado, y con harta y 
lastimosa frecuencia, so pretexto de vivir vida 
moderna y culta, olvidamos los clásicos, tan 
gratos á nuestros abuelos, y salimos del ambiente 
cubano que para ellos fué el crisol de sus glo- 
rias. Nuestros cuentistas y poetas suelen beber 
en la corriente de esa literatura cosmopolita y 



ENTRE CUBANOS... i3 7 

sin carácter para nosotros, propia tan solo de 
centros donde el cosmopolitismo puede ser pre- 
cisamente su característica. Ya parece que es 
cursi cantar á los palmares y ridículo hablar de 
« guajiros » y de hamacas. Preferimos el « fru » 
« fru » de la seda importada y el perfume de 
flores exóticas que no conocemos. 

Y sin embargo, los únicos pensadores cuba- 
nos cuya fama pasó el mar Caribe, afirmaron 
preferentemente su personalidad no sobre obras 
cosmopolitas, sino sobre trabajos genuinamente 
cubanos. Saco, el gran Saco, dedicó su vida 
entera á Cuba y sus problemas ; la redacción de 
su misma historia de la esclavitud, á pesar de 
su carácter universal, era en su época dar pági- 
nas á la historia cubana. Arango, por sus escri- 
tos cubanos logró honra y prez ; Poey y Reinoso 
debieron su fama científica á su especialización 
intensa sobre la naturaleza de Cuba. Y así 
mismo los grandes poetas, como Plácido y Lua- 
ces, fueron servidores de la musa del país. 

Nuestros cuentistas de mayor crédito como 
Suárez ó José Victoriano Betancourt ¿no fueron 
dignos costumbristas cubanos? ¿nuestro primer 
novelista, Cirilo Yillaverde, ha tratado quizás 
asuntos que no fueron criollos? ¿Cecilia Valdés, 
no es hija de la tierra? ¿Don Pepe fué algo más 
que un maestro cubano, pero muy cubano? 



i38 ENTRE CUBANOS... 

Y ese es el secreto de su gloria, el que fué 
móvil de sus ideas, espíritu de sus obras. Es que 
sentían hondo, muy hondo, el alma cubana ; y 
quien siente con el corazón de su pueblo y piensa 
con el cerebro de su patria, tiene fuerzas para 
sobre el presente y el futuro levantar el señorío 
de su nombre. 

Pero en eso estriba también la fuerza de los 
pueblos : en ser siempre nuevos, pero siendo 
siempre ellos mismos. 

Por eso, cuando llega á mi la noticia de un 
nuevo esfuerzo periodístico invocando el « Alma 
Cubana », fruto de gente moza y de juventud 
pura y sana, alégrame pensar que habrá padres 
cubanos del porvenir cubano y que se vislum- 
bra para él la honra de una filiación legítima. 

Yálos inspiradores de « Alma Cubana » buena 
ventura y fé. 

I Bienaventurados los cubanos que sean cuba- 
nos, porque de ellos será el reino de los cie- 
los ! 



XXXII 



HOJAS CAÍDAS 



El triunfo de la revolución separatista que 
cambió en nuestra tierra la polarización del ideal 
político, cambió también el carácter de nuestra 
prensa periodística. 

Antes teníamos grandes órganos de propa- 
ganda doctrinal que llevaban á todos los ámbi- 
tos del país el evangelio de la buena causa ó el 
encarnizado ataque del adversario, uno y otro 
en vista siempre de una idealidad que iba más 
allá de nuestras miserias personales y daba á 
todos alientos y vida. Hoy, sin la pura idealidad 
mambisa, la prensa doctrinal no existe en Cuba, 
los fondos resultan, para el gran público, pesados 
é intolerables, los publicistas pensadores son 
tildados de latosos á de pedantes... los rotativos 
no son crisoles de altruismos patrióticos, más 
bien parecen palancas de egoísmos personales. 

Buscad entre los heraldos de nuestro perio- 



i4o ENTRE CUBANOS... 

dismo apóstoles como « El Siglo », como « El 
Triunfo », como « El País »... Preguntad por un 
Conde de Pozos Dulces... Murieron todos. No 
hallaréis quién los recuerde siquiera. Parece que 
con aquellos papeles hemos hecho infantiles 
sombreros de dos picos para nuestros flamantes 
generales; parece que el infortunado Conde no 
es sino un oropelesco personaje de la frivola 
crónica de salones. 

En tanto, ruedan los años, las rotativas lan- 
zan impresos como nunca, las plumas escriben 
más y más... el cuadro de la patria libre se 
rasga como si fuese de papel, y el ideal se 
pierde como pluma en alas del vendabal. 



XXXIII 

FOLK-LORE CUBANO 

Á Jesús Castellanos. 

De regreso de un viaje veraniego por países 
de vieja civilización, voy ordenando recuerdos y 
libros adquiridos. 

Entre éstos no son los menos preciados los 
que á leyendas se refieren. He traídos varios. 
Unos que se refieren á las mitológicas y poéti- 
cas leyendas del Rhin, otros á la libre Franc- 
fort, á la exquisita Munich, á los ventisqueros 
bearneses, á los barrancos y cumbres de la 
Saboya, á los rincones de la misma París y del 
gigantesco Londres... Hasta en New York he 
obtenido recopilación de viejas tradiciones del Far 
West y de Oíd Virginia y de New York misma, 
ele los tiempos de los knikerbokers é iroqueses. 
Todo ello sin una dedicación especial á su busca. 
Y por si no me basiara esto, ya en camino de 
vuelta á Cuba, pude leer una recientísima colee- 



ífa ENTRE CUBANOS... 

ción de leyendas de la vieja México, la capital del 
virreinato. 

En todas partes he observado muy vigoroso el 
estudio de las tradiciones y de las leyendas, de 
las costumbres muertas, de las supersticiones 
de las comadres, del ajuar del lugareño, de los 
cuentos y juegos infantiles, de los refraneros 
vulgares, de los consejos de los abuelos, de los 
vestidos populares, de todo aquello, en fin, que 
un tiempo fué cristalización de una psicología 
colectiva y que tiene por tanto el aroma de las 
flores marchitas y la poesía del romanticismo 
materializado. 

En Amberes, un museo de folklore ofrece sus 
vitrinas repletas á los curiosos de las costumbres 
flamencas, como así mismo una amplia sección 
del Masée da Cinqaatenaire en Bruselas ; así, 
aunque no de modo tan especial, el museo 
nacional bávaro de Munich ; y en salones y ana- 
queles dispersos, una porción de museos 
arqueológicos. Y, sin embargo, acaso habrá 
pocas colecciones tan interesantes como la del 
pequeño museo flamenco para quien guste de 
estudiar los repliegues más ocultos del alma de 
un pueblo. 

Sí, las colecciones históricas de cuadros céle- 
bres, de estatuas clásicas, ó de reproducciones 
arquitectónicas y hasta las mismas de arte 



ENTRE CUBANOS.., i¿3 

arqueológico, que son las más frecuentes, no 
nos hablan más que de las grandezas pasadas, 
de cómo interpretaron la belleza y la política 
los héroes de las civilizaciones extintas ; pero 
no nos dicen los ídolos que adoraron, ni los 
cuentos que narraron las abuelas á sus nieteci- 
tos, ni los juguetes que entretuvieron sus pri- 
meros años, ni las supersticiones del pueblo, ni 
sus cantos, ni su alma, en fin. Los museos sue- 
len ser alcázares para los grandes del arte ó de 
la historia, pero no mansiones de recuerdos 
populares. Aprenderemos en ellos cuál fué la 
espada del Duque de Alba, cuáles sus instrumen- 
tos de tortura, pero no cuál fué la canción del 
tiempo con que arrullaron su cuna; y en este 
arrullo hay tanto interés al menos y tanto valor 
para la historia de un pueblo y su psicología 
colectiva, como en la hoja de acero toledano ó 
en el potro de un inquisidor. 

En todas partes se procura conservar las tra- 
diciones populares y los pequeños recuerdos y 
objetos de la vida doméstica é íntima de los 
hogares y de las ciudades antiguas. Los obje- 
tos, en los museos ; las leyendas, en los libros. 
Hasta revistas especiales hay en Inglaterra, Esta- 
dos Unidos, Alemania, Francia, Italia, etc. 

En Cuba nada hemos hecho en este sentido. 
Hace pocos meses he tenido que negarme á 



1.44 ENTRE CUBANOS... 

redactar un artículo sintético para la « Revista 
italiana delle Tradizioni Populari » porque carece- 
mos en Cuba de toda documentación á ese res- 
pecto. Cirilo Villaverde, Anselmo Suárez, Fran- 
cisco Calcagno, Esteban Pichardo, Domingo del 
Monte, Francisco de P. Gelabert, Bachiller y 
Morales y otros varios figuran entre nuestra rica 
literatura costumbrista ; mas pocos de ellos se 
han hecho eco de las tradiciones populares cuba- 
nas, en relación con las cuales solo pueden 
encontrarse algún que otro artículo suelto y 
varias referencias incidentales. 

Y las tenemos sin embargo, hilvanadas sobre 
hechos históricos ó fantásticos. Sólo falta la 
tarea de irlas recogiendo y darles forma literaria. 
Unas de carácter marcadamente indiano, metro- 
politanas otras y por fin, algunas africanas, 
darían polícromo carácter á nuestra colección 
foik-lórica. 

Y también tenemos numerosas costumbres que 
conservar, no ya en nuestra vida, pues por pri- 
mitivas y anacrónicas han ido, van y deben ir 
cayendo á los embates de la civilización mo- 
derna, sino en nuestros museos y colecciones. 
La esclavitud sola basta para llenar un salón 
con cepos, grillos, modelos de barcos negreros 
y de barracones, esquifació/i, mazas, cascaras de. 
vaca, maniquíes de esclavos, mayorales, etc., ins- 



ENTRE CUBANOS... i45 

trunientos musicales africanos, cocina africana y 
un sin fin de objetos que por ahí andarán dis- 
persos ó perdidos, sin valor y amenazados de 
pronta y definitiva desaparición. Pero, además, 
tenemos toda la vida guajira, su indumentaria 
histórica, sus juegos, sus carreras de patos, su 
valla de gallos, sus volantas y quitrines, sus 
machetes, sus sillas de montar, etc. Las fiestas 
populares nos ofrecen sus comparsas, los mama- 
rrachos de Oriente, las tarascas y diablitos de las 
antiguas procesiones católicas, etc. El campo es 
extenso, y nosotros, que difícilmente podremos 
formar un museo valioso de arte que llame la 
atención del forastero, podremos sin embargo, 
con la colaboración de todos, constituir un rico 
museo de Folk-lore, más que curioso, necesario 
para los viajeros que á Cuba vienen á visitarnos, 
y para nosotros mismos los cubanos, que — hay 
que decirlo — no nos conocemos nada ó nos 
conocemos muy poco. 

El museo de folk-lore está ya en formación. 
No así la recopilación lenta, pero constante, de 
nuestra literatura Jolk-lórica. Esta se espera, 
como un deber que su propia cultura y entu- 
siasmo les impone, de valiosos costumbristas y 
estudiosos de nuestra arqueología, tales como 
Bucardí, Pérez Beato, Figarola, Bodríguez Gar- 
cía, Alcover y algunos más. 

9 



i46 ENTRE CUBANOS... 

Én cuanto á nuestras leyendas y á su redac- 
ción literaria, éstas esperan la pluma mágica y 
castiza de Jesús Castellanos, quien con más 
tesón y fruto que ninguno de sus contemporá- 
neos ha sabido trabajar en la cantera cubana 
de tierra adentro y sacar á luz bloques de vida 
criolla, sillares para nuestra psicología colectiva 
y nuestra ánima nacional. 

Esta empresa patriótica y literaria se impone 
con urgencia, y Castellanos la acometerá. 

Manos á la obra, aunque solo sea para sacar 
del pasado que se esfuma, fé y alientos para el 
porvenir que se va anunciando. 



XXXIV 

LAS SUPERVIVENCIAS AFRICANAS EN CUBA 



La continua é intensa fermentación social veri- 
ficada en Cuba, — fermentación que no ha sido 
reducida aún á la normalidad, — aparte de otras 
causas secundarias, ha impedido hasta ahora 
que los pensadores cubanos se ocupasen de estu- 
diar con rigor científico los componentes étni- 
cos y sociales de nuestro pueblo, y analizar sus 
características para llegar á una definición justa 
de su psicología. Obra de tal importancia tar- 
dará aún en llevarse á cabo, pues apenas si ha 
comenzado la necesaria labor preparatoria de 
acopio de materiales, de monografías y estudios 
parciales más ó menos amplios, de criterios 
objetivos, referentes á la historia crítica, la polí- 
tica, la economía, la delincuencia, el len- 
guaje, etc. Y á fe que pocos pueblos civiliza- 
dos pueden tentar con mayor fuerza al estu- 
dioso de la demopsicologia ; porque no son 



i48 ENTRE CUBANOS... 

comunes los países que, como Cuba, sean una 
copela donde en un tiempo relativamente breve, 
(apenas un siglo) hayan fundido sus psicologías 
gentes representantes de los cuatro clásicos 
tipos étnicos : blancos (europeos y sus descen- 
dientes), negros (africanos), amarillos (chinos), y 
cobrizos (yucatecos, sin contar los aborígenes). 

De estas razas, la blanca es la básica, pues los 
habitantes precolombinos sucumbieron bajo el 
peso de la raza superior y sólo dejaron huellas 
de importancia secundaria, principalmente en 
el vocabulario criollo (geografía, zoología y 
botánica). 

La raza negra ha influido con bastante inten- 
sidad en la determinación de la psicología de 
nuestra sociedad ; y en último lugar, la mongó- 
lica (i). 

Indudablemente, una de las primeras labores 
de los estudios de la nueva generación que 
avanza, debe ser el análisis preciso, objetivo, 
sin apasionamientos ni prejuicios, minucioso y 
documentado de los múltiples elementos que á 
nuestras costumbres y á nuestro carácter nacio- 
nal ha traído cada raza y de la evolución de 
cada elemento en particular, relacionado con 
los demás. Solamente después de obtenido este 

i. La yucateca no ha dejado trazos mencionables. 



ENTRE CUBANOS... i4g 

análisis podrá intentarse con probabilidades de 
éxito la síntesis psicológica de la sociedad cuba- 
na, sin incurrir en el riesgo frecuentísimo, y 
actualmente fatal en la mayoría de los casos, de 
tomar como vibración del « alma cubana », la 
manifestación de un elemento psíquico extraño 
á nosotros, que no hemos asimilado, y que úni- 
camente por circunstancias históricas tiene ó ha 
tenido eco en nuestro ambiente. Se podrán evi- 
tar también esos frecuentes defectos de óptica 
social, por lo que se vé el nuevo modo de ser de 
nuestro pueblo á través de un criterio subjetivo, 
más ó menos preconcebido, y se interpretan los 
sentimientos cubanos, no siempre de mala fé, 
desde el punto de vista restringido que interesa 
á un elemento social, como por ejemplo : una 
agrupación literaria, política, burocrática, feme- 
nina, etc., llegando á veces á turbar la sereni- 
dad de percepción de toda una clase social 
basada en la raza, la nacionalidad, el régimen 
económico, la religión, etc. Los ejemplos de 
hechos ocurridos y opiniones emitidas, fundados 
en falsos prejuicios, son frecuentes y no es del 
caso citarlos. 

Un extenso estudio analítico de los componen- 
tes de nuestra sociedad y psicología, nos llevaría 
también á no generalizar demasiado, caso no 
raro, al referirnos á tales ó cuales caracteres que 



i5o ENTRE CUBANOS... 

aunque de cierta fijeza no han pasado los lími- 
tes de un ambiente más ó menos delimitado, 
pero que no es el general de la nación, y sí el 
particular á este ú otro componente y bajo 
cierto aspecto, como al blanco guajiro, comer- 
ciante ó burócrata, nacional ó extranjero, al 
negro libre ó esclavo, etc. 

Uno de los puntos en que se tropieza á 
menudo, ó, lo que es más frecuente, se deja en 
la oscuridad, es la determinación de la influen- 
cia que los africanos han ejercido en la sociedad 
cubana y el estudio de sus diversas condiciones 
sociales y de sus rasgos más salientes. Los escri- 
tores no se han ocupado del negro sino desde 
dos únicos puntos de vista : el económico y el 
literario. El primero debido á la lucha entre 
esclavistas y antiesclavistas, que fué en cierta 
época el eje de la vida pública cubana ; el 
segundo tomando « cosas » de los negros, como 
tema para artículos y novelas costumbristas, 
género que alcanzó mucha boga. Pero ni los 
escritores economistas descendieron á considerar 
la etnología del negro, fuera de ciertas genera- 
lidades, como la aptitud para el trabajo, el aho- 
rro, etc., ni los literatos pasaron de tratar muy 
superficialmente sus perfiles principales, que 
excitaban más la observación del blanco. El libro 
de Bachiller y Morales titulado « Los Negros », 



ENTRE CUBANOS... i5i 

por ejemplo, que por su título parece ser un 
estudio general de los africanos en Cuba, no es 
sino un trabajo antiesclavista, seguido de esca- 
sas páginas dedicadas á los « cabildos », los 
u ñañigos » y los « obis » (que no son cuba- 
nos) á veces con cierta precipitación é incohe- 
rencia no comunes en el autor de la notable obra 
« Cuba Primitiva ». Otro libro, el de Ferrer de 
Couto, que lleva el pomposo y no menos gené- 
rico título que sigue : « Los negros en sus diver- 
sos estados y condiciones ; tales como son, como 
se supone que son y como deben ser 1 », tiene 
aún menor importancia desde este punto de 
vista. Así mismo, varios artículos de J. V. Be- 
tancourt y novelas de C. Villaverde (Cecilia Val- 
dés) y Galcagno (Aponte, Uno de tantos, Los Crí- 
menes de Concha) trataron literariamente de los 
negros y expusieron tipos y costumbres ; pero 
con frecuencia la fantasía nubló las observacio- 
nes positivas y casi siempre superficiales. No 
digo esto en son de crítica ; cada época tiene sus 
ideales en política, como en literatura, en cien- 
cias, etc., y los autores citados y sus contempo- 
ráneos no tuvieron á su alcance los medios y 



i. New York, 1864. Aunque este volumen trate el pro- 
blema en general, lo cito por sus referencias á Cuba y por 
haber circulado bastante como expresión de la idea escla- 
vista. 



i5a ENTRE CUBANOS... 

métodos de investigación sociológica hoy difun- 
didos. 

El estudio positivo del factor negro (como de 
los demás factores étnicos) en la demopsicología 
cubana, debe partir de la observación de las 
supervivencias africanas, que asimiladas en 
diverso grado pueden descubrirse todavía, ó han 
desaparecido ya bajo los últimos estratos de 
nuestra civilización. Y de estas supervivencias 
iniciar la observación ascendente de sus elemen- 
tos determinantes, aislar los genuinamente afri- 
canos de otros de distinta raza, y remontar el 
estudio hasta precisar la localización ultrama- 
rina de aquellos y sus manifestaciones en el 
ambiente originario. 

El campo es vasto y á poco que se observe, se 
encuentra la levadura africana en muchos de 
los aspectos de nuestras costumbres y modo de 
ser, si bien reducida á la proporción, cada día 
más ínfima, que le corresponde por su primiti- 
vidad, impuesta en otra época más que por su 
íntima fuerza de expansión, por el aplastante 
peso del número. 

Africano es el ñañigo, tipo el más curioso de 
nuestra delincuencia ; africana la « brujería », 
que acaso, debido á su aspecto semi-religioso, 
es la supervivencia más tenaz ; africanos eran 
los « cabildos », manifestación del carácter 



ENTRE CUBANOS... i53 

localista de los asociados ; africanas son algunas 
características de los bailes usuales ; de África se 
importaron instrumentos musicales, adornos y 
modas de indumentaria, alimentos y platos de su 
cocina salvaje, buena parte de nuestro jolk- lore, 
fiestas como las comparsas del histórico día de 
reyes y otras carnavalescas, los velorios, ciertas 
aves como la gallina guinea, un influjo predo- 
minante en la corrupción sexual, una contribu- 
ción notable á la jerga popular, etc. 

Pero de cada día todas estas demostraciones 
del alma negra van perdiendo su color típico, 
se hacen más y más grises por el contacto per- 
manente del alma blanca ; muchas de ellas ya 
han desaparecido por completo. Por esta razón, 
el trabajo de reunir todas las posibles observa- 
ciones positivas en torno al factor negro, en su 
originalidad africana, debe hacerse pronto. Pasa- 
rán una ó dos generaciones y las supervivencias 
que hoy todavía encontramos á cada paso, apa- 
recerán atenuadas, como ya nos resultan borro- 
sas algunas, que aunque importantísimas como 
los « cabildos », han dejado de ser. Cerrada la 
trata negrera y rota toda relación de los africa- 
nos con su país natal (lo que no sucedió en el 
Brasil ni en los Estados Unidos), no es probable 
que nuevas inmigraciones, ni siquiera aislados 
individuos, del « continente negro » lleguen á 

9- 



i5d ENTRE CUBANOS... 

nuestras playas y aviven el rescoldo que resta 
de las primitividades de sus predecesores. Según 
el último censo de población (1899) solamente 
quedan en Cuba unos trece mil africanos, que 
se extinguirán en los días de nuestros nietos, y 
cou ellos la ya vacilante ortodoxia de la psiquis 
afro-cubana. 

Importa, pues, repito, para el éxito ulterior 
de todo estudio sociológico sobre cualquier 
aspecto genérico de nuestro carácter, de nuestra 
civilización y de nuestra historia, que se 
emprenda el trabajo penoso pero fructífero de 
fijar en el papel las supervivencias africanas 
actuales, y exhumar las que fueron antes que el 
transcurso del tiempo las acabe de pulverizar y 
extravíe su recuerdo ; para ofrecer al sociólogo 
como un museo donde pueda, sobre datos y 
materiales avalorados, establecer la participación 
que la raza negra ha tomado en la evolución de 
nuestra sociedad, y completado este conoci- 
miento con el de los otros elementos, definir 
sociológicamente lo que somos, lo que hemos 
sido y ayudar á dirigirnos con fundamentos 
positivos hacia lo que debemos ser. 



XXXV 

LOS NEGROS CURROS 

Extracto de una conferencia pronunciada 
en el Ateneo de la Habana 



« Señoras y señores : 

Á la solicitud bondadosa para conmigo de 
compañeros míos tan estimados como Jesús 
Castellanos y Max Enríquez Ureña, deberéis que 
la conferencia de esta noche no sea todo lo 
amena é ilustrada que vosotros tenéis derecho 
á esperar de la Sociedad de Conferencias y del 
buen gusto de sus directores, los referidos ami- 
gos míos. Mas quisieron éstos torcer su siempre 
recto y atinado criterio, tantas veces manifestado 
al brindar esta tribuna á hombres de ideas depu- 
radas y de palabras pulidas, ofreciendo para hoy 
esta cátedra ateneísta á quien, como yo, sin 
dotes para tal honor, solo puede servir de piedra 
de contraste para aquilatar mejor el valimiento 
de los eminentes conferencistas que me han 



1 56 ENTRE CUBANOS... 

precedido en noches pasadas y de los que habrán 
de seguirme en veladas futuras. 

Al no poder resistir la generosa demanda de 
mis amigos, traté de buscar un tema que á la 
vez pudiera interesar por sí mismo al ilustrado 
concurso de oyentes habituales á estas fiestas de 
cultura y no estuviera alejado del radio de mis 
aficiones y lecturas habituales. Creo haberlo 
conseguido escogiendo el que ya sabéis : « Los 
negros curros : su explicación sociológica y su 
origen histórico. » 

Hubo de confirmar mi creencia de que os 
interesaría el tema, el observar la atención pro- 
funda con que esta culta concurrencia escuchó, 
hace noches, la brillante disertación del hombre 
de ciencia cubano menos discutido — ya que 
discutidos lo son todos por nosotros mismos — 
el Dr. Garlos de la Torre, sobre un tema de 
paleontología, sobre la demostración científica 
de que Cuba estuvo en edades remotas unida al 
continente americano. 

Sí, aunque esto extrañe á primera vista ; por- 
que me dije yo : si ha despertado vivo interés — 
descartando desde luego el muy intenso y natu- 
ral que por sí mismo despertó la fama justa del 
conferencista — el estudio de los seres fósiles que 
se descubren en las capas inferiores de la estra- 
tificación geológica del suelo cubano, ¿ por qué 



ENTRE CUBANOS... i5 7 

no han de interesar también las observaciones 
sobre los seres muertos, cuyas huellas hay que 
descubrir en los estratos ínfimos de la evolución 
social de Cuba ? Si tiene curiosos el myomorphus 
cubensis, ¿no debe tenerlos también el negro 
carro ? 

Porque, en efecto, el negro carro es un fósil 
de la sociedad cubana ; un ser que ya no existe 
y hay que cavar hasta el subsuelo social para 
encontrar sus restos. 

Por otra parte, el negro carro no ha sido jamás 
tratado científicamente, como no lo habían sido 
aquellos caracoles de los guajiros de Vinales, de 
que hablaba el Dr. La Torre. El carro es hasta 
ahora un caracol, un objeto vulgar que entretuvo 
solo á los costumbristas. 

El negro carro — siguió diciendo el Dr. Ortiz 
— formó con el negro brajo y el negro ñañigo la 
trinidad característica del hampa cubana. 

¿ Pero quiénes fueron los negros curros ? Fue- 
ron — decía el Dr. Ortiz — los matones, los 
perdonavidas, los majos, los jaques, los « gua- 
pos », como hoy diríamos, de la mala vida 
afro-cubana de los comienzos del siglo XIX y 
de los siglos anteriores. 

Y para documentar este concepto, el doctor 
Ortiz leyó varios párrafos debidos á la pluma 
de nuestros costumbristas. 



i58 ENTRE CUBANOS... 

Cirilo Villaverde, en su « Cecilia Valdés », dijo 
así : 

« Es el « curro » ni más ni menos que el 
negro ó mulato joven, oriundo del barrio del 
Manglar ó de otros dos ó tres de la misma ciu- 
dad, matón perdulario, sin oficio ni beneficio, 
camorrista por índole y por hábito, ladronzuelo 
de profesión, que se cría en la calle, que vive de 
la rapiña y que desde su nacimiento parece des- 
tinado á la penca, al grillete ó á una muerte 
violenta. » 

El negro curro fué llamado u del Manglar », 
según dijo el conferencista, porque en esa parte 
del barrio de Jesús María tuvieron su principal 
asiento, hasta que se incendió, si bien extendién- 
dose por todo este último barrio y por el Horcón 
y Carraguao. En Jesús María fué célebre una 
bodega llamada del Cangrejo, en la calle de San 
Nicolás esquina á Esperanza, porque en ella 
solían reunirse los carros, y frente á ella viraron 
machos cangrejos ; es decir, mataron machos hom- 
bres. 

Al matón entre los matones lo llamaban che- 
che 6 chévere, voces derivadas de otras de la 
lengua africana de los yorubas, hablada por los 
lacamís. 

Pasó después el Dr. Ortiz de esta observación 
etimológica, á la exposición de los caracteres 



ENTRE CUBANOS... i5g 

del negro curro, agrupándolos bajo tres aspec- 
tos : su vanidad, su jerga y su delincuencia. 

Su vanidad era su carácter predominante. 

El delincuente curro no ocultaba su condición 
de tal, antes al contrario, la exhibía siempre, 
alardeaba de ella, al revés de lo que suele ocu- 
rrir con la mayoría de los criminales comunes, 
los cuales, aun cuando vanidosos, tratan de disi- 
mular su condición antisocial, adoptando por 
una especie de procedimiento que los biólogos 
llaman a mimetismo », los caracteres propios 
del ambiente en que viven, para pasar inadver- 
tidos y seguir tranquilamente su vida parasitaria. 

La indumentaria del curro demuestra palpa- 
blemente — según el doctor Ortiz — esa exacer- 
bación de su vanidad, pues es llamativa, osten- 
tosa, exhibicionista, en fin. 

Aquí el conferencista volvió á justificar sus 
opiniones con la sólida base que le prestaron 
los escritos de esos mismos publicistas cubanos. 

Así habla, por ejemplo, del vestido curro J. V. 
Betancourt : 

a Los curros tenían una fisonomía peculiar, y 
bastaba verles para clasificarlos como tales : sus 
largos mechones de pasas trenzadas, cayéndoles 
sobre el rostro y cuello, á manera de mancape- 
rros (llámase así á un reptil negro y cubierto 
de escamas, por cuya figura y tamaño tiene 



1 6o ENTRE CUBANOS... 

alguna semejanza con los mechones de que 
habla el articulista), sus dientes cortados á la 
usanza carabalí, las camisas de escobilla bordada 
de candeleros (especie ó forma de bordado), sus 
calzones blancos casi siempre ó de listados de 
colores, angostos por la cintura y anchísimos de 
piernas, el zapato de cañamazo, de corte bajo 
con hebillas de plata, la chupa de olancitos cor- 
tos y puntiagudos faldones, el sombrero de copa 
afarolado, con luengas, colgantes y negras bor- 
las de seda, y las gruesas argollas de oro, que 
llevan en las orejas, de donde cuelgan corazones 
y candados del mismo metal. Conócesele ade- 
más, por el modo de andar, como si fueran de 
goznes, y meneando los brazos adelante y atrás; 
por la inflexión singular que dan á su voz, por 
su locución viciosa, y, en fin, por el idioma par- 
ticular que hablan, tan « físico » y disparatado, 
que á veces no se les entiende : tales eran los 
curros del Manglar. » 

De todos y de cada uno de esos caracteres, 
asegura el Dr. Ortiz que puede demostrar su orí- 
gen africano ó andaluz, habiéndose detenido 
solo, aunque brevemente, en el significado psi- 
cológico del uso y abuso del pañuelo por los 
curros, como hacían los elegantes de las costas 
del Senegal, de la Gambia, de la Costa de Oro y 
hasta del Congo. 



ENTRE CUBANOS... 161 

Habló también el Dr. Ortiz del uso de la 
<« chancleta », la cual tiene también — aunque 
parezca inverosímil — su filosofía. La chancleta 
es característica de los curros, como lo fué de 
todos los petimetres del Occidente africano, y los 
habitantes de esas regiones la adoptaron como 
transacción entre el deseo vivo de usar el calzado 
de los europeos — que en algunos países sólo 
podían usar los reyes y feticheros — y la inco- 
modidad de su uso para quienes no han apren- 
dido desde niños á acomodar sus pies dentro de 
esos forros de piel y cuero, que llamamos zapa- 
tos. Por otra parte, el ruido de la chancleta deci- 
dió su adopción por los elegantes, por cuanto 
ese chancleteo especial constituye por sí un anun- 
cio del uso del calzado, un arma más de la 
exhibición y el lujo, como esas gentes lo conci- 
ben ; al igual que los campesinos gustan de 
usar zapatos que chillan para que todo el mun- 
do sepa que aquel día van calzados, etc. 

El Dr. Ortiz distinguió claramente el negro 
« curro » del « ñañigo », diciendo que éste 
tuvo un origen político eminentemente civiliza- 
dor, aunque se crea lo contrario y separó así 
mismo al « negro curro » del « brujo », expli- 
cando cómo este último, cuando no era hechicero 
y se limitaba á ser sacerdote de un culto afri- 
cano, no caía por lo común en la criminalidad, 



1 62 ENTRE CUBANOS... 

aun cuando siguiera manteniendo una religión 
atrasada que aun vive entre nosotros en la 
actualidad, refiriendo cómo en la tarde anterior 
— el domingo 12 de febrero — había tenido el 
gusto de asistir á una fiesta religiosa del culto 
lucumí, celebrado en la Habana, á cuya fiesta, 
que era inocente del todo, asistió acompañado 
de dos compañeros suyos de la Universidad y 
de dos ilustrados amigos que ocupan elevado 
puesto en el gobierno y la magistratura. 

Á continuación trató el doctor Ortiz somera- 
mente de la jerga ó lenguaje especial de los 
« curros », diciendo cómo no era preferente- 
mente defensiva, es decir, no tendía á ocultar 
el sentimiento de la frase ó la intención del 
pensamiento ; antes el contrario, era también 
exhibicionista, hija de la vanidad. 

Gomo ejemplo, leyó el conferencista unos 
versos de J. B. Betancourt, imitando el habla de 
los curros. 

El cambio característico de la « r » y de la 
« e », finales de sílabas, en «i », puede provenir 
del África, ya que en todos los muchos lengua- 
jes del Occidente africano estudiados por el doc- 
tor Ortiz, no existe la « i » con ese uso. 

Pero la jerga afectaba á veces formas propia- 
mente jergales, en el sentido que á ese con- 
cepto dan Biondelli, Nicéforo y otros. Así como 



ENTRE CUBANOS... i63 

ejemplo, al dinero lo llamaban « mejengue », á 
la riña le decían « jelengue », palabras ambas 
de posible origen de la picaresca andaluza. Y 
hasta palabras había que eran de origen gitano » 
cosa curiosa, como, por ejemplo, una palabra 
que ha llegado hasta nuestros días significando 
gracia ó donaire femeninos, cual es el vocablo 
del vulgo « giribilla » que es derivación de la 
voz gitana « giribí » de igual significado. 

La criminalidad del negro curro no era espe- 
cial. No era aquél asesino, ladrón, ni estafador 
característicamente, pero lo era todo. 

Era un parásito de la sociedad cubana, que no 
vacilaba ante el crimen ; era un guapo que vivía 
de la guapería, cosa que, después de todo, no es 
rara tampoco en la época que corremos. 

El Dr. Ortiz explicó cómo era propio del curro 
el uso constante del puñal en la mano, oculto 
por el pañuelo, usando á veces el puñal de 
aguja, es decir, derivado del pez llamado aguja 
del paladar, de origen siboney ; y el cuchillo de 
cachas amarillas, cuyo origen se encuentra en 
la Sevilla del siglo XVI como puede verse en la 
gloriosa literatura picaresca española. 

Mas lo bien curioso de la criminosidad del 
negro curro estaba en que no sólo fué tolerada, 
sino que apoyada y protegida. Y el Dr. Ortiz, 
para que no se le juzgara apasionado, leyó otros 



i64 ENTRE CUBANOS... 

párrafos que plenamente demuestran lo acertado 
de su afirmación. 

Hasta un capitán general de Cuba es testigo 
de esa verdad. 

Así escribió Francisco Dionisio Vives, en i832 : 

... « No todos los libertados son peligrosos en 
igual grado. Hay unos que pueden considerarse 
nocivos directamente y otros por incidencia... 

Los comprendidos en la primera clase son los 
libertos nacidos en el país, que se llaman crio- 
llos, que si no son con verdadera intención, al 
menos con su estólida perversidad se hacen sos- 
pechosos. Una gran parte de ellos viven sumer- 
gidos en los vicios ; tienen malas costumbres, 
se hallan con todas las disposiciones para lan- 
zarse en la carrera del crimen. 

... Las familias blancas de influjo ostentan la 
protección y patrocinio que les dispensan, ya por- 
que sus madres lactaron á los hijos de aquellos, ya 
por miedo, ó ya, en fin. por relaciones menos dis- 
culpables. — Resulta de aquí que se empeñan en 
burlar la vigilancia del Gobierno, que redimen 
á sus clientes del castigo, y alimentando la im- 
punidad, aumentan la osadía del delincuente ». 

El Dr. Ortiz siguió después hablando de la 
corrupción de la colonia de aquellos comienzos 
del siglo XIX, tan bien pintada por el propio 
famoso general Tacón, que fustigó la villana 



ENTRE CUBANOS... i65 

conducta de sus antecesores. Todo estaba po- 
drido. Así, por ejemplo, el ejército estaba for- 
mado casi exclusivamente de presidiarios que 
España lanzaba sobre Cuba. De la bandera de 
Cádiz y solamente para el regimiento de la 
Habana — según decía Tacón — en tres años 
habían venido como soldados unos 800 crimi- 
nales, casi todos de Ceuta. Y el conferencista 
citaba el caso del robo del cuantioso tesoro de 
la colonia á principios del siglo XIX, en la 
misma Tesorería, Mercaderes número 2, que 
estaba á cargo del Marqués de Argos. Pues bien, 
la Caja fué robada con el tesoro contenido, y lo 
curioso fué que los ladrones fueron precisa- 
mente los soldados encargados de su custodia. 
Y recordó también la política corrompida y co- 
rruptora del general Vives, aludiendo á la cual 
fué fijado un pasquín, dirigido á su sucesor, en 
el que se le amenazaba si refrenaba los vicios, 
diciéndole en cambio : / Si vives como Vives, 
vivirás ! 

Pintada la criminalidad del curro y el am- 
biente criminoso de la época, que justificaba la 
permanencia de ese tipo del hampa afro-cubana, 
el Dr. Ortiz trató del origen histórico del negro 
curro. 

Ya este vocablo parece iniciar su origen anda- 
luz, ya que entre nosotros y en algunas regio- 



1 66 ENTRE CUBANOS... 

nes españolas, carro y andaluz son voces sinóni- 
mas. 

Y no es de extrañar que el negro curro sea de 
origen andaluz cuando los caracteres básicos de 
la sociedad cubana, los buenos y los malos, 
provienen de la hermosa Andalucía. Hasta 1765 
no vino un solo barco á Cuba que no fuese 
fletado en puerto andaluz, en Sevilla especial- 
mente, ya que una Cédula de los Reyes Católi- 
cos reservó, á raíz del descubrimiento, el mono- 
polio del comercio hispano con las colonias al 
puerto de Sevilla. 

En aquella época del siglo XYI pudieron decir 
con razón los sevillanos : j quién no vio á Sevilla, 
no vio maravilla ! La urbe hispalense nadaba en 
riquezas, en una verdadera opulencia, merced 
al oro americano, á ese mismo oro que, tiempo 
después, hacía exclamar á un gran pensador ga- 
llego : ¡el oro de América nos tiene empobreci- 
dos ! 

Y con el acrecentamiento de la riqueza, vino 
el de la ilustración que en Sevilla fué esplendo- 
rosa, y el de la picardía, que en esa ciudad fué 
también muy notable, como población al fin 
muy populosa, tan notable que bastó para ins- 
pirar toda una famosísima literatura, la pica- 
resca, propia y exclusiva del genio español. 
Hasta el mismo Cervantes colaboró en ella con 



ENTRE CUBANOS... 167 

su a Rinconete y Cortadillo » y otras novelas y 
piezas de teatro. 

De lo que fué la corrupción sevillana dan clara 
idea unos versos leídos por el Dr. Ortiz y debi- 
dos á un literato español, justamente célebre, á 
Gutiérrez de Cetina. 

De esta mala vida sevillana y de su famosa 
hampa {hampa es de origen andaluz) se desta- 
caba una nota muy característica, cual es la de 
la valentía, la de la guapería, como diríamos 
hoy los cubanos. 

Esta fué también demostrada por el doctor 
Ortiz con varias citas. 

Hubo matones ó guapos famosos, cuyos nom- 
bres nos ha legado la literatura picaresca y las 
crónicas locales andaluzas. Pero no se crea que 
éstos son sólo de clases humildes ; caballeros 
ilustres hubo que á gloria tuvieron llamarse 
« picaros » y conducirse como tales. 

Todavía hoy se conservan los nombres de 
D. Alonso de Bracamonte, de D. Fernando de To- 
ledo, de D. Pedro Téllez, tercer duque de Osuna, 
etc. etc. Eran aquellos los días en que asom- 
braba á Sevilla el gran canalla Don Juan Teno- 
rio, personificación legendaria y popular de la 
picardía caballeresca sevillana del siglo XVI. 

Pero el Dr. Ortiz fué poco á poco estrechando 
el campo de sus observaciones, llegando á pro- 



168 ENTRE CUBANOS... 

bar cómo en Sevilla hubo muchos negros, más 
que en las colonias, en esos días remotos del 
siglo XIV, probado entre otros documentos de 
que hacemos caso omiso, por este trozo del 
Don Quijote. 

Quejábase Sancho á la Princesa Micomicona, 
del reino usurpado en Guinea, y decía Cer- 
vantes : 

« Sólo le daba pesadumbre pensar que aquel 
reino era en tierra de negros, y que la gente 
que por sus vasallos le diesen, habían de ser 
todos negros ; por lo cual hizo luego en su ima- 
ginación un buen remedio, y díjose á sí mismo : 
¿ Qué se me dá á mí que mis vasallos sean ne- 
gros? ¿ Habrá más que cargar con ellos y traerlos 
á España, donde los podré vender, y á donde me 
los pagarán de contado, de cuyo dinero podré 
comprar algún título ó algún oficio con que vivir 
descansado todos los días de mi vida? No, sino 
dormios, y no tengáis ingenio ni habilidad para 
disponer de las cosas, y para vender treinta ó 
diez mil vasallos en dácame esas pajas ; por 
Dios que los he de volar chico con grande, ó 
como pudiere, y que por negros que sean los 
he de volver blancos ó amarillos. » 

El Dr. Ortiz logró demostrar que los negros 
existieron en Sevilla un siglo antes del descu- 
brimiento de América y hasta convencer de que 



ENTRE CUBANOS... 169 

los cabildos africanos, que se creen cubanos, 
existieron en Sevilla en i4oi, nada menos; que 
allí hubo « mayorales » antes que hubiera 
Américas ; que allí hubo cofradías de negros, 
como las que aquí en la Habana fundaron la 
iglesia del Espíritu Santo, etc., etc. 

Pero todavía el Dr. Ortiz tuvo la fortuna de 
poder concentrar más y más su observación 
positivista, llegando á descubrir en medio de la 
balumba inmensa de la literatura picaresca y 
de las crónicas sevillanas, hasta el nombre de 
dos curros andaluces de color. 

El uno, Afanador de Utrera, y el otro, Domingo 
el Tiznado, el cual mereció tanta fama que lo 
cita « El Gran Tacaño » y hasta don Francisco 
de Quevedo, el gran humorista español, en 
una de sus jácaras, en la cual, ridiculizando la 
fama matonesca del Tiznado (apodo que éste 
debía á su color) y el oficio de panadero que 
éste tenía, escribió así : 

Con las manos en la masa 
Está Domingo Tiznado 
Haciendo tumbas á moscas 
En los pasteles de á cuatro. 

En resumen, pues, el negro carro del Manglar 
fué una derivación de esa guapería sevillana 
trasladada á Indias y filtrada á través de una 

10 



í 7 o ENTRE CUBANOS.., 

psicología primitiva é impulsiva africana; pro- 
ducto de ese matonismo al cual se entregó vicio- 
samente la flor y nata de la caballería sevillana 
del siglo XVI. 

En ese sentido, el doctor Ortiz pudo conden- 
sar su pensamiento acerca del negro curro de 
la Habana en esta frase : El negro curro del 
Manglar jué un nieto bastardo de Don Juan Teno- 
rio. 

Antes de terminar el doctor Ortiz, quiso anti- 
ciparse á una crítica que él estimó posible. 

« Antes de terminar — dijo — pediré perdón 
á aquellos de mis oyentes que quieran repro- 
charme el haber tratado de una llaga de nuestra 
sociedad. Sé que hay quien opina que el silen- 
cio de los males cubanos es patriótico. 

Mas soy yo de los que creen que no es obra 
de buen sentido patrio aquella obra que se ins- 
pire en la hipocresía, en ocultar la llaga. 

Al contrario, estimo que este estudio es indis- 
pensable para poder aportar con virilidad el 
remedio, para poder usar con ciencia y corazón 
del cauterio ó del bisturí. 

Tanto más necesario es el estudio de las lace- 
rías patrias y éste de la guapería, cuando hoy 
sigue la guapería asomando su faz apicarada en 
la sociedad actual, llegando á penetrar en el 
campo que debía ser sagrado de la política. 



ENTRE CUBANOS... 171 

Cuando ya no se usa el puñal al brazo, pero 
sí el revolver al bolsillo; cuando estamos lamen- 
tando dolorosas escenas de prepotencia y de 
guapería política, así entre los tirios como entre 
los troyanos ; cuando hemos llegado á un estado 
tal de fiebre y de crisis en que se llega á propo- 
ner, como medida salvadora para Cuba, la sus- 
pensión de la vida política civilizada, la maldi- 
ción de la democracia y el advenimiento de la 
dictadura, que por mucho que se la disfrace, no 
puede significar otra cosa que la apoteosis del 
matonismo, el Gobierno de Cuba en manos de 
un « guapo » (que á título de « guapo » tan 
solo, podría ser dictador) y el porvenir de la 
patria amada dejado al arbitrio de quien fuese 
capaz de someter á su pueblo á la ley de la 
fuerza brutal, que constituía precisamente la 
característica psicológica del negro curro del Man- 
glar', no creo que sea del todo inoportuno estu- 
diar y conocer cómo esa guapería nos alucina á 
nosotros como alucinó á nuestros antepasados 
los españoles y sobrevive insepulta y fétida á 
un lado y á otro del Atlántico ; cómo ese mato- 
nismo vergonzoso cristalizó en los siglos pasa- 
dos y cómo en él podemos hallar raíces inequí- 
vocas de fenómenos sociales contemporáneos 
que solamente con tal estudio podemos llegar á 
explicarnos. 



173 ENTRE CUBANOS... 

Mas si así no fuese, si yo estuviese equivo- 
cado, siempre podría al fin disculparme de haber 
ofendido á la patria mía, diciéndole lo que diri- 
giéndose á la misma escribiera uno de nuestros 
primeros historiadores, Félix M. de Arrarte, al 
terminar su historia : 

«... Pues si tanto hijo tuyo sabio y fuerte 
en las palabras de Minerva y Marte, 
te acredita y exalta, bien se advierte 
que donde han sido tantos á ilustrarte 
no he de bastar yo solo á obscurecerte. » 

He terminado. » 



XXXVI 

MÁS PARTIDOS POLÍTICOS 



¿Es antipatriótica la existencia en Cuba de 
más partidos políticos que los dos ya existen- 
tes? 

Apenas se anunció la aparición de un nuevo 
germen de organización política, tan pronto 
como se sintieron los primeros vagidos de aso- 
ciaciones políticas distintas de las conservado- 
ras y liberales, levantóse densa polvareda de 
imprecaciones contra los iniciadores, y la pro- 
paganda de Estenoz, la orientación del llamado 
partido popular y la proyectada resurrección 
del moderan tismo fueron sin distinción tachadas 
de antipatrióticas, de perjudiciales á la marcha 
del Estado cubano. 

No creemos que pueda sostenerse ese cerrado 
criterio en materia tan amplia como la lucha 
de los intereses que integran la economía nacio- 
nal y juzgamos que debe prevenirse al pueblo 

10. 



i 7 4 ENTRE CUBANOS... 

contra el prejuicio de que á un Estado cual- 
quiera y especialmente á nuestra república, sólo 
conviene la existencia de dos partidos, de dos 
puntos de vista en la dirección política. 

¿Por qué? ¿Es que la vida toda no presenta 
más que un anverso y un reverso? ¿Es que for- 
zosamente hay que pensar como avanzado, libe- 
ral, radical, progresita, demócrata, ó como un 
moderado, conservador, estatista ó reacciona- 
rio? ¿No hay en la política, como en las fases 
de la vida entera, tonalidades infinitas? 

¿Estamos aun en la edad de los Capuletos y 
Mónteseos, de los Güelfos y Gibelinos? 

No ampararnos esas novísimas concentracio- 
nes políticas, antes al contrario, algunos de sus 
matices merecerían nuestras censuras; pero pri- 
varlas del sentido patriótico, proscribirlas, 
negarles el pan y el agua, más parece recelo 
por posibles rivalidades y competencias que 
actitud democrática y levantada. 

Lo reprochable sería que esos banderines 
políticos vinieran á reclutar gente entusiasta no 
con ideas ni rectificaciones ó ampliaciones de 
programas, sino como convergencias de intere- 
ses personales sin significación política ajena á 
la más ó menos prestigiosa de un nombre ó 
de una personalidad. En ese sentido será censu- 
rable acerbamente toda tentativa de resucitar 



ENTRE CUBANOS... i 7 5 

entre nosotros esos raquíticos grupos políticos, 
que ya ha padecido nuestra patria, que resur- 
gen siempre con formas nuevas y con reforza- 
dos afeites en la ebullición que precede á todo 
período electoral, que jamás han servido sino 
como puente sobre la opinión pública para faci- 
litar una deserción y el pase al enemigo triun- 
fante, para la pesca á río revuelto y á veces 
— ¿por qué no decirlo? — hasta para tratar de 
inmunizar bajo el carácter de asociaciones políti- 
cas, círculos poco... respetables. 

Pero esto no puede impedir que lejos de 
inspirarnos críticas agresivas, aplaudamos sin 
reserva toda concentración de vocaciones, toda 
reunión de intereses que despliegue bandera de 
ideas puras, aun cuando á éstas las creamos 
erróneas, aun cuando las creamos imperfectas, 
aun cuando lleguemos á tacharlas de suicidas, 
porque todos los ideales, siendo fuerza de ideas, 
aun las morbosas y suicidas son siempre menos 
dañosas y nos alejan más de la disolución 
social que las campañas incoloras, extenuantes 
y estériles de las agrupaciones solamente perso- 
nales que acostumbramos, que por serlo, aun 
cuando potentísimas y aun peor si victoriosas, 
llevan consigo el estigma del favoritismo, la 
seguridad de la atrofia nacional y el hálito de 
la muerte, 



176 ENTRE CUBANOS... 

Acostumbrémonos á medir el mérito, sino la 
fuerza de los partidos, no por los hombres que 
lo integran sino por las ideas que los animan 
y por los credos que difunden. Un manípulo de 
creyentes altruistas puede y vale más que una 
legión de escépticos á quienes solo mueve la 
esperanza del botín. 

Abandonemos el prejuicio mortal del turno 
cerrado de dos partidos, que va pasando ya á 
la historia y observemos cómo en todas partes, 
en Francia como en Inglaterra, en Alemania 
como en los mismos Estados Unidos, la opi- 
nión pública se depura y precipita en numero- 
sos crisoles ; cómo los gobiernos no son ya, y 
cada día menos, cristalizaciones de partidos 
cerrados, sino más bien combinaciones harmó- 
nicas de partidos distintos, confundidos para el 
esfuerzo de una idea ó de un programa parcial- 
mente común. Así se logra quitar á la vida 
pública la rigidez artificial de los unilateralismos 
y se le dá la plasticidad y la policroma de la 
vida entera. 

No nos asustaría ciertamente ver en Cuba 
partidos socialistas, clericales, semitas, milita- 
ristas, federalistas, laboristas, hasta racistas, 
hasta monárquicos... hasta ver resucitado el 
integrismo español y propagar la reincorpora- 
ción á España, siempre que no fueran sino 



ENTRE CUBANOS... 177 

ideales, buenos ó malos, santos ó satánicos, 
pero siempre ideales. Los unos servirían para 
inyectar vida nueva en nuestra anémica circula- 
ción política... los otros, aun cuando temibles, 
servirían de algo : de revulsivos para la expul- 
sión del tóxico nacional, de estímulo al fer- 
mento antídoto y salvador. 

El peligro grave no está en los partidos múl- 
tiples que aspiran á la verdad, ni en los que 
tiendan al error siquiera ; está en el personalismo 
político proteiforme que heredamos de la metró- 
poli, porque el personalismo en la política, no 
es ni verdad ni error ; ó no es nada, ó, peor que 
todo, es casi siempre la mentira. 



XXXVII 

LAS DOS BARAJAS 



Un colega español, nacido después de los días 
tristes de la colonia y, por tanto, libre de todo 
resabio directamente colonial, redactado por 
españoles nuevos, llegados á Cuba en pleno 
siglo XX, nos invita á que aclaremos nuestros 
puntos de vista respecto á la conducta que deben 
seguir lo españoles en Cuba. 

No creemos que necesiten aclaración concep- 
tos nuestros repetidos una y otra vez, mas como 
no nos duelen prendas, hablemos una vez más 
de la actitud que es un deber y una convenien- 
cia para los españoles inmigrados y para todos 
los extranjeros en general. 

De la actitud política y de la pública, se 
entiende, porque son las únicas que pueden y 
deben interesar á los cubanos, 

Y empecemos por fijar el primer deber de los 
extranjeros, españoles, americanos, alemanes, 



ENTRE CUBANOS... 179 

chinos, que aquí conviven con nosotros y quie- 
ren mantener con la sociedad cubana la correcta 
conducta que aconsejan de consuno el interés de 
todos y la propia educación cívica. 

El extranjero en América, dada la especial 
condición económica y social que aquí obtiene, 
puede seguir dos caminos, igualmente rectos, 
dignos y nobles : sumarse á nosotros, asimilarse 
la civilización y la vida americana, haciéndose 
leal y sincero copartícipe de nuestras alegrías, 
penas y afaues ; ó mantenerse, por lo que á la 
vida piiblica se refiere, absolutamente retraído y 
apartado de ella. 

Puede el extranjero, de acuerdo con su espí- 
ritu, y hasta con sus elevadas y nobles conve- 
niencias — que el egoísmo puede ser santo y 
digno — adoptar la directriz que más le cuadre ; 
nadie podrá recriminárselo, ni motejarlo por eso 
con razón. 

Si sus actividades se inclinan de manera irre- 
frenable á seguir de cerca los vaivenes de la 
patria nativa y á trabajar por ella y á servir toda 
su vida, el extranjero obtendrá todas nuestras 
simpatías. 

Si por circunstancias diversas y respetables, 
(familia, arraigo ó ideales) el extranjero se siente 
no ya dispuesto á romper sus lazos afectivos con 
sus compatriotas de allende el mar, ni siquiera 



i8o ENTRE CUBANOS... 

á perder los nostálgicos recuerdos y cariños del 
lugarejo, sino á desligarse en absoluto de su 
carácter político nacional, á abandonar por 
siempre sin esfuerzo y sin recelo el nexo moral 
y político que lo enlaza á las venturas ó á las 
desgracias políticamente nacionales del país de 
origen, para abrazar nuestra bandera, la ban- 
dera nacionalista de Cuba, — que izaron los 
cubanos ayudados por tantos y tantos extranje- 
ros, desde Ramón Pintó hasta Garlos Roloff, 
desde Máximo Gómez hasta Orestes Ferrara — 
bien venidos sean al hogar cubano, que nues- 
tra patria, por ser libre y moderna y americana, 
jamás negará la hospitalidad al hombre que sea 
también libre, moderno y de americana idealidad. 

Mas, en uno ú otro camino, el extranjero debe 
cumplir en todo tiempo el más elemental de los 
deberes, el de la sinceridad de su conducta, el 
de la fé y pureza de su patriotismo. 

Querer ser español ó francés ó cubano, es 
igualmente respetable y honrado ; pero sentirse 
hondamente español y renegar de su patria para 
mezclarse en la vida política de una nación ame- 
ricana no solo es una traición para una patria 
digna de amores como España ; sino una inco- 
rrección para la patria americana no menos hon- 
rada y merecedora del cariño leal de sus ciuda- 
danos. 



ENTRE CUBANOS... 181 

Y junto con este deber fundamental, otros 
varios irán surgiendo en estas páginas, bien pre- 
cisos, definidos y claros para lectura de los que 
quieran echar sobre nuestras ideas la negrura de 
la confusión, cuando no las de la falsedad. 

Y ahora, dígasenos ¿ no resulta cierto en Cuba 
lo que de la Argentina decía poco ha el profesor 
E. Ferri cuando aludía á la frecuencia con que 
los extranjeros se naturalizan en América para 
« realizar una comedia indigna de su conciencia, 
para ofrecer al mejor postor su derecho electo- 
ral » ? ¿ Sería acaso difícil citar en Cuba cente- 
nares de casos de extranjeros renegados por la 
sola perspectiva de un cargo público retribuido ? 

¿ No podría recordarse sin dificultad el nombre 
de esos jugadores de dos barajas? 

¿ No ha publicado poco ha la prensa que 
hasta de Triscornia, de nuestro depósito de 
inmigrantes, se sacaban partidas de extranjeros 
recién arribados, para nacionalizarlos á toda 
prisa merced á fraude bochornoso y hacerlos 
servir de comparsas en la comedia electoral ? 

¿ Y no hay también extranjeros afincados entre 
nosotros, nacionalizados en Cuba, arraigados 
aquí por vínculos familiares, que á pesar de 
haber cubanizado su carta de ciudadanía, sacan 
á relucir á todo instante su natividad española 
y se insultan cuando consideramos los cubanos 

ii 



18a ENTRE CUBANOS... 

de nacimiento que tales ó cuales intereses espa- 
ñoles están en pugna con los cubanos, ó cuando 
partiendo de esa base combatimos movimientos 
y actitudes de la política española cuando se 
entrega á sus teorías de americanismo egoísta ? 

Pues contra esos desleales, contra los que en 
el tapete americano juegan con dos barajas, 
vayan nuestros ataques ; contra los extranjeros 
que se entrometen en nuestra vida pública, sin 
fe y sin amor. 

Pero se dirá que los cubanos carecen de esa 
fe y de ese afecto. Supongámoslo, sea, si así se 
quiere, y ¡ mal haya el que practique el desamor 
patrio ! Pero recuérdese que los delitos domésti- 
cos tienen atenuación en los códigos de penas. 
Y, sobre todo, que el nacional que traicione á 
su patria en lo político engaña á un pueblo ; 
pero el que vende su nacionalidad, engaña á 
dos. 

Juegue cada cual con sus propias cartas y haga 
cada cual su propio juego. Hacer lo contrario es 
trocar la honradez de un placer por la repug- 
nancia de una tahurería. 



XXXVIII 

ECO DE BUENOS AIRES 



Entre el sinnúmero de europeos más ó menos 
ilustres que han venido á las Américas, alguno 
ha habido que, apartándose de la dirección recta- 
mente monetaria, ó elevándose sobre ella, y 
dejando á un lado las posturas teatrales de los 
petulantes ó de los patrioteros, nos han dado 
lecciones de hondo civismo á los habitantes é 
hijos de estas Américas, descubiertas por Colón 
y colonizadas por España. 

Entre otros « conferencistas » provechosos, 
« nutridores i de ideales (para distinguirlos de 
los parasitarios), se cuenta uno de los genios de 
la sociología moderna : el pensador italiano 
Enrique Ferri. 

Á nosotros llega una de sus conferencias pro- 
nunciada en la Argentina, el 16 de septiembre 
de 1910, en el teatro « Odeón » de Buenos Aires. 
La conferencia se titula « La educación moral y 



i84 ENTRE CUBANOS... 

cívica del pueblo argentino », y su título basta 
para inspirar el mayor interés, sabiendo que 
ese tema, en boca de Ferri, ha de inspirar origi- 
nales y positivas observaciones como las que 
han dado fama universal al sociólogo italiano. 

Para los cubanos, el discurso de Ferri tiene 
también el vivo interés que puede suponerse, 
no olvidando las muchas afinidades que, entre 
distinciones de bulto, ofrecen al observador la 
sociedad argentina y ésta antillana. 

No creemos, pues, que sea inútil á nuestros 
lectores el conocimiento de los principales pen- 
samientos de Ferri acerca del importante objeto 
de su estudio referido, y nos proponemos anali- 
zarlo para que aprovechen al pueblo cubano las 
enseñanzas que allá en las tierras del Sur pro- 
diga el gran maestro europeo. 

Mas antes de que expongamos esa labor edu- 
cativa, séanos permitido prevenir al lector con- 
tra un prejuicio natural en Cuba, donde los 
conferencistas europeos que aquí han venido, 
salvo algunos muy contados, sólo han querido 
canalizar el agua para su molino, con fines 
extraordinariamente egoístas ; con egoísmo 
santo unas veces, es cierto, mas con egoísmo 
impuro y arañador las más de ellas. 

Los conferencistas que á Cuba han llegado 
con mayor ó menor reclamo y voladura de cohe- 



ENTRE CUBANOS... i85 

tes y relumbrón de bengalas y oropel, han ve- 
nido, por lo general, á pedir dinero ó á pedir 
afectos ó ideas para una obra más ó menos 
plausible. 

Pero, en cambio, nada nos han dejado, y 
cuando más se han alejado de su objetivo egoísta 
é interesado, no han podido hacernos otro regalo 
que hablarnos de sus cosas, de las de su tierra 
y de las glorias de sus antepasados, pero nin- 
guno ha sabido llegar hasta nuestros problemas 
é interesarse en ellos « desinteresadamente » (si 
así puede decirse) y proyectar sobre nuestra vida 
el haz poderoso de una cerebración fuertemente 
organizada. Verdad es que tampoco han venido 
hombres de talento genial y de prestigios mun- 
diales ; pero los que han venido sólo han tratado 
los problemas americanos para disparatar sobre 
ellos ó para emborracharnos con mentidas adu- 
laciones ó para arrastrarnos á sus conclusiones 
de finalidad ultramarina. 

Especialmente los españoles, que por su mayor 
aproximación histórica (ya que la comunidad 
de historia es poco menos que una de tantas 
mentiras convencionales del panhispanismo), 
estaban ó debían estar más capacitados para 
interpretar nuestros problemas, no los han con- 
siderado jamás sino desde el exclusivista punto 
de mira español. 



1 86 ENTRE CUBANOS... 

Por esto, principalmente, los conferencistas, 
ó « embajadores intelectuales », como se ha dado 
en llamarles con rimbombante retórica, nada 
nos han dado, ni consejos siquiera adaptables á 
nuestro ambiente ó idealidad nacional. En cam- 
bio, allá en la Argentina, Clemenceau dio leccio- 
nes de democracia y ahora Ferri arrostra el tema 
de la educación sur-americana con la tranquili- 
dad de conciencia de quien, sabedor de su prodi- 
giosa fuerza intelectual, puede presentarse al 
pueblo argentino sin prejuicios, ni egoísmos disi- 
mulados, y sin el lente de una finalidad perso- 
nal, más ó menos sentida, pero, que por el hecho 
de serlo algo, ha de ofrecer la curvatura sufi- 
ciente para alterar la imagen de las cosas y pre- 
sentarlas como no son. 

Ferri fué á Buenos Aires, como hombre de 
ciencia, á exponer las ideas que el pueblo argen- 
tino le pedía. No fué á conquistar á nadie. No 
fué á explotar el patriotismo de sus conciudada- 
nos. No hizo política italiana, en el sentido, al 
menos, en que aquí se hizo política española. Y 
hasta, como para que sirvieran sus palabras de 
contraste, — como servían ya hechos — con la 
misión y conducta de las campañas de « recon- 
quista » preconizadas por otros, el propio Ferri, 
con todo el peso de su autoridad, declaró rotun- 
damente en la conferencia que hoy citamos, 



ENTRE CUBANOS... 187 

que el libro titulado « La Italia á la conquista 
de la América Latina », escrito años ha por un 
publicista italiano, hizo más daño á Italia que 
el desastre de una guerra. 

Y vea ya el lector cómo esto es bastante para 
marcar su contraste con los cantores de la 
comunidad de raza, de lenguaje y de religión, 
y cómo estas campañas de enmascarado egoísmo 
político solo pueden ser contraproducentes en 
puebles libres y de base democrática. 

Y el éxito de Ferri, de resonancia duradera, 
demuestra cómo es más fácil identificarse con 
el alma de un pueblo y seguir sus palpitacio- 
nes dándole ideas, cultura y civilización, que 
hablándole enfáticamente del pasado ó agitán- 
dole esos fantasmas del imperialismo más ó 
menos absorbente. 

Y esto es lo que debía hacer España, traernos 
cultura, mucha cultura, porque cuando España 
impere por su cultura y por el genio científico 
de sus hombres nuevos, entonces, entonces sí, 
la América entera será verdaderamente espa- 
ñola, hasta la que hable inglés, porque en los 
tiempos que corremos la civilización es la que 
une á los pueblos, la que muevi á las razas, la 
que rompe los continentes, la que amalgama 
fieles de religión distinta, la que difunde todos 



188 ENTRE CUBANOS... 

los idiomas, la que da vida, la que da esperanza 
y porvenir. 

Sin civilización intensa y dominante, la raza 
es una verdadera armadura sin guerrero que la 
arrastre ; el idioma, una boca sin lengua que la 
anime; la religión, una campana sin badajo. 



XXXIX 

EL DEDO EN LA LLAGA 



Ya hace días hablamos de la conferencia que 
en Buenos Aires pronunciara poco ha el profe- 
sor Enrique Ferri tratando magistralmente 
varios problemas argentinos, que son análogos 
á los que presenta nuestro país. 

El aspecto más sugestivo de la conferencia, 
fué el que se refirió á la cuestión de la nacio- 
nalización de los inmigrantes extranjeros, cuya 
urgencia es tan patente que ya ha mentado 
libros tan cuidados y bien escritos como el del 
argentino doctor Ricardo Rojas sobre « La res- 
tauración de la conciencia nacionalista ». 

Ferri, que no fué á la Argentina á hablar de 
razas, ni de idiomas, ni de ningún ideal con 
que enyugar para Italia los intereses de estas 
repúblicas ibero-americanas, fué franco y mani- 
festó lo grave y trascendental de la deformación 
del espíritu nacional argentino. 

Comenzó por reconocer, como no podía 



igo ENTRE CUBANOS... 

menos de suceder dada su genialidad y cultura, 
la existencia de las razas con el carácter rela- 
tivo que el concepto etnográfico merece. Y reco- 
noció el valor de la comunidad de lenguaje, si 
bien negándole la importancia que otros quie- 
ren concederle. 

Pero en todos los países, como en la Argen- 
tina ó en Suiza, sobre la raza y la lengua, está 
y debe estar la conciencia nacional. En la 
misma Italia — y lo mismo puede decirse de 
España — grandes masas de individuos están 
colaborando á la obra política nacional, sin 
hablar el idioma oficial ni entenderlo, y siendo 
descendientes de diversos troncos étnicos. El 
sentido de la nacionalidad es lo que da fuerza 
y cohesión á los pueblos y lo que le da carácter 
y razón de ser. 

Y sobre esta base pasó Ferri á analizar la 
conducta de los italianos de la Argentina, 
donde forman la colonia más numerosa, muchí- 
simo más que la española, y que puede equipa- 
rarse á la de los españoles en Cuba, donde á su 
vez son lo más numerosos entre los extranje- 
ros. 

Ferri fustigó á sus compatriotas por su 
extraña conducta de huir de los deberes de la 
vida política. « Los italianos — decía — y 
donde él dijo italianos, podemos nosotros decir 



ENTRE CUBANOS... 191 

españoles — permanecen completamente extra- 
ños á la República Argentina, puesto que no se 
naturalizan. Han muerto para la vida pública 
en América como en Italia. No concurriendo ni 
allá ni acá á la tarea de la vida nacional, son 
nulidades políticas ». 

Comprendiendo Ferri que no sería honrado 
para el extranjero inmiscuirse en la política 
argentina sin cambiar la ciudadanía originaria, 
dice que el italiano debía cumplir sus deberes ó 
apartándose de su nacionalidad primera y asi- 
milándose los ideales propios de la Argentina, 
ó aun cuando ausente, recordar la vida de la 
patria lejana y trabajar patrióticamente por 
ella. 

Contó que una vez, allá en el fondo de una 
provincia argentina, halló un paisano suyo, 
médico nativo de los Abruzos, el cual, después 
de trece años de residencia en América se inte- 
resaba de tal modo en la vida pública italiana, 
que le predijo el triunfo de un nuevo candi- 
dato á diputado en su distrito nativo. Aquel ita- 
liano se había casado con una argentina, tenía 
hijos argentinos, no tenía el deseo de volver á 
su aldea, y sin embargo, cuando Ferri le pre- 
guntó cómo se llamaba el Intendente ó Gober- 
nador de la provincia, no pudo contestarle por- 
que no lo sabía. Pagaba los impuestos, enviaba 



iga ENTRE CUBANOS... 

sus hijos á las Escuelas del Estado y obedecía 
las leyes ; pero no tenía otro ideal político que 
el de su patria remota. 

Y añadió Ferri : j Acaso haría yo otro tanto ! 
« Sí, porque á ello me obligaría la disposición 
de la ley italiana que priva de la nacionalidad á 
quien acepte la nacionalidad de otro Estado ; 
y puesto en esta alternativa, se comprende fácil- 
mente que el italiano tenga repugnancia á per- 
der la nacionalidad de Italia, gracias al nobilí- 
simo sentimiento que emana precisamente de la 
conciencia nacional ». 

« Y, he aquí, — continuó diciendo aquel 
hombre superior y sincero — por qué razón los 
italianos capaces de sentir amor patrio, no se 
naturalizan en América y por qué, y esto lo 
digo aun cuando duela al corazón el confesarlo 
y por ser necesario tratar esa llaga y revelar el 
mal, los italianos que se han naturalizado en 
este país, lo han hecho en su mayor parte para 
realizar un comercio indigno de su conciencia, 
para ofrecer al mejor pagador su derecho elec- 
toral y político. » 

Ferri no terminó aquí su agudo análisis crí- 
tico, aplicable á casi todos los países de la Amé- 
rica ibera, y su genio luminosamente positivista 
proyectóse sobre todas las fases del problema, 
como habremos de demostrar otro día, ya que 



ENTRE CUBANOS... i 9 3 

la América puede aprender más sentido patrió- 
tico y político en esa sola conferencia que en 
toda la campaña retórica de los predicadores 
de egoísmos y sembradores de cizaña entre 
las naciones. 

Lo recordado hoy de esa comentada conferen- 
cia, basta para apreciar con qué pericia sabe 
poner Ferri el dedo en la llega, en la llaga que 
por su futuro bienestar debe someter á rigurosa 
desinfección la sanidad política de los pueblos 
americanos. 



XL 

SIN BAZA 



Si en anterior capítulo establecimos la necesi- 
dad nacional y moral de que los inmigrantes 
definieran una actitud política en Cuba, bien 
manteniéndose extranjeros y ajenos á nuestra 
vida pública ó nacionalizándose con la fé y el 
amor á Cuba y no solo con carta de ciudadanía, 
sigamos viendo cómo entendemos los deberes 
de esos inmigrantes en una ú otra condición 
política. 

El extranjero que llega á América y en ella 
desarrolla sus actividades y sus energías, pero 
no pierde ni desea perder su ciudadanía nativa 
porque su lógico amor por conservarla ó su 
interés personal en ello sean mayores que los 
estímulos por adquirir la naturaleza americana, 
debe conducirse en el país de su residencia con 
arreglo á reglas de conducta análogamente para- 
lelas á las que señala la urbanidad elemental 
para el extraño que, sin entrar á formar parte de 



ENTRE CUBANOS... ig5 

una familia ó sociedad, vive en la misma casa y 
frecuenta el mismo salón ó círculo. 

Desde luego, es de rigurosa necesidad la abs- 
tención absoluta de toda vida política. El visi- 
tante que se inmiscuyera en las rencillas fami- 
liares sería juzgado como incivil y merecedor de 
que en forma más ó menos dura ó suave lo 
pusieran de puertas afuera del hogar. Y así el 
extranjero entrometido en los asuntos cubanos, 
que conservando su ciudadanía extranjera hace 
política de partido ó quiere descender á la arena 
pública pretendiendo ser por sí, ó unido á sus 
iguales, un factor de la vida interna del Estado 
cubano, merece el dictado de intruso, y todo 
acto de la sociedad cubana tendente á excluir 
legalmente al extranjero del goce de unos dere- 
chos políticos que no le corresponden y que 
usurpa, será de aplaudir por todo espíritu cons- 
ciente de lo que significa la cortesía y la educa- 
ción así en la esfera familiar como en la inter- 
nacional. 

Es, pues, un deber del ciudadano extranjero en 
América — como en el mundo entero — el de su 
abstención absoluta de la vida política privativa del 
Estado en que reside. 

En ese sentido, hay que combatir la intrusión 
ilegal de los extranjeros en nuestros asuntos 
públicos internos, y hemos roto lanzas contra 



196 ENTRE CUBANOS... 

predicaciones extranjeras no solo en cuanto las 
estimamos nocivas para Cuba y utópicas para 
toda América, sino en cuanto venían de extran- 
jeros que en nuestro propio país quisieron llevar 
aguas cubanas al molino de su política y depo- 
sitar simientes extrañas en nuestro pobre tiesto, 
donde deben germinar tan sólo fuerzas é ideas 
de la flora lujuriosa de la inmensa América. 

Por eso combatimos las arengas retóricas y 
huecas de Gavestany y la trompetería patriotera 
de Rueda — aparte de sus aspectos monetarios y 
operetísticos — : por la intrusión de ellos en la 
política nuestra. 

Por tal razón acusamos de indigna la venta 
del voto, frecuente entre los extranjeros de Cuba, 
como todos sabemos aquí ; y entre los de la 
Argentina, como nos revelaba Ferri. Y de indig- 
no le seguiremos tachando, aun cuando haya 
quien llegue á decir, por combatirnos, que en 
ello sólo hay la indignidad del cubano compra- 
dor, como si el vendedor de su honra política 
pudiese ser un caballero. 

Por igual motivo criticamos el hecho escan- 
daloso de no hace muchos años de que ondeara 
la bandera española en nuestras manifestaciones 
políticas, y de postular tales ó cuales candidatos 
á los puestos públicos por su fama de españoles 
nativos ó de amigos y figuras del Gobierno coló- 



ENTRE CUBANOS... 197 

nial, con el fin de conseguir la cooperación 
electoral y económica de los españoles en las 
luchas del sufragio. 

Por ello rechazamos una y otra vez el incons- 
titucional y anárquico proyecto, patrocinado por 
algunos españoles de indiscutible representación 
y hasta apadrinado por el cónsul español de 
Cárdenas, de federar todas las sociedades españo- 
las de Cuba para crear así un organismo espa- 
ñol en Cuba que pueda encararse con los pode- 
res nacionales, influenciar la dirección política 
del pueblo cubano en el sentido que estimen 
conveniente los españoles, para asegurar sus 
intereses económicos, étnicos y morales y hasta 
para poder evitar — así llegó á escribirse — la 
repetición de actos como el llevado á cabo diplo- 
máticamente por nuestro Gobierno, evitando que 
desembarcase el odioso general Polavieja y la 
aprobación de ciertas leyes que se estimaron por 
los directores de la colonia hispana, aunque no 
por la masa enorme de españoles inmigrados, 
como atentatorias á sus tradicionales posiciones. 

Por eso batallaremos uno y otro día contra la 
intervención directa de la prensa extranjera en la 
lucha de los partidos, rechazando las campañas 
ilegales que á diario hacen en nuestro ambiente 
y hasta los zarpazos que lanzan al presupuesto 
so pretexto de auxilios políticos y en provecho 



1 98 ENTRE CUBANOS... 

propio ó de allegados, hasta el punto de que no 
habría de serle difícil á cualquier residente en 
Cuba, clasificar á los diarios extranjeros con los 
mismos epítetos políticos en que podría dividir 
á los cubanos ; gubernamentales ú oposicionis- 
tas, según sople la racha del favor político ó de 
sus intereses exclusivamente personales en rela- 
ción con banderías cubanas. 

¿Y esto es justo? ¿Y es esto digno para el 
extranjero en país ajeno? ¿Y es esto prudente 
tolerarlo por el pueblo que lo sufre ? 

El que en la mesa americana solo tenga car- 
tas extranjeras, guárdese bien de querer meter 
baza en el juego nacional : será un tramposo. 

Sus barajas no ligan, y no es honrado que jue- 
gue aquél á quien no le han servido carta. 



XLI 

LA SOLIDARIDAD PATRIÓTICA 



DISCURSO pronunciado en la repartición de pre- 
mios del curso escolar de 1910 á 1911, cele- 
brada por la Asociación de Dependientes del 
comercio de la Habana. 

« Señor Presidente de la Asociación de Depen- 
dientes del Comercio de la Habana, Señor Super- 
intendente de Escuelas Públicas de la Provin- 
cia, Señor Presidente de las Secciones de Filar- 
monía é Instrucción, Niñas y Niños que en este 
Centro recibís el pan del alma, Señoras y Seño- 
res : 

Es costumbre inveterada, firmemente arrai- 
gada en este Centro de cultura y de civilización, 
la de que en estas fiestas solemnes en que se 
reparten los premios á la juventud que se des- 
pide de las tareas escolares del año, á esa juven- 
tud que abandona las aulas con caudales de 
conocimiento y que entra armada y resuelta en 
la lucha por la vida ; que en estas fiestas solem- 



200 ENTRE CUBANOS... 

nes, digo, haga uso de la palabra un personaje, 
una eminencia de la oratoria cubana, para que 
arengue á esa juventud, le dé estímulos, y se 
muestre como ejemplo que imitar y seguir en 
el futuro. 

Por esta tribuna de civilización, de solidari- 
dad y de franca democracia, han pasado presti- 
gios de nuestra oratoria, como Montoro, el ora- 
dor vibrante y majestuoso; Giberga, de orato- 
ria incisiva y fuerte; Fernández de Castro, de 
oratoria dialéctica admirable, y muchos orado- 
res más, cuyos nombres de gloria siento no 
poder recordar en estos precisos instantes. 

Pero si esto es así, confesemos que la Asocia- 
ción de Dependientes del Comercio de la 
Habana ha sufrido esta noche el primero, y, 
seguramente, el más grande de sus errores : el 
de hacer subir á esta tribuna de brillante tradi- 
ción, á este modesto cubano, que sin títulos 
suficientes para ello, se ve honrado con tal 
galardón. 

Yo bien sé que carezco absolutamente de 
dotes oratorias, yo bien sé que no triunfaré en 
esta tribuna donde han hecho uso de la palabra 
los gigantes de la oratoria de la patria mía, los 
sacerdotes de la elocuencia, y sé que en este 
lugar mis pobres palabras han de resultar 
mezquinas y acaso ridiculas como las del último 



ENTRE CUBADOS... 201 

sacristán ; pero ei Presidente de vuestra Sección 
de Educación, el doctor Parrilla, ese veterano de 
las lides por la educación y la enseñanza en 
nuestro pueblo, se ha dado tal arte para que yo 
venga aquí esta noche, que me he visto en la 
necesidad de complacerle. Y por este motivo 
aquí me tenéis. Tened presente, pues, que de 
las molestias que yo os causo el culpable es el 
doctor Parrilla, y no este infeliz hablador. 

Me dijo él que yo no tenía que decir más que 
cuatro palabras, pero que no podía excu- 
sarme de pronunciar esas frases cortas y bre- 
ves, porque ostentaba un título que á ello me 
obligaba ineludiblemente. Me recordó que hace 
años fui nombrado Presidente de la Sección de 
Educación de la Sociedad Económica de Amigos 
del País, y que quien inmerecidamente ha here- 
dado, por una serie no sé si de favorables ó ad- 
versas circunstancias, aquel puesto, al cual dio 
tanta gloria al más eminente de los cubanos 
educadores, de los maestros de nuestra juven- 
tud, y uno de los más esforzados precursores 
de nuestro ideal de independencia patria, Pepe 
de la Luz Caballero ; que aquél que ostentaba 
hoy aquel puesto no podía de manera alguna 
negarse á prestar su concurso á una fiesta tam- 
bién de cultura y también de civilización. 

Y yo me dije : después de todo, bien está 



soü ENTRE CUBANOS... 

como castigo, que quien aceptó sin merecimien- 
tos y tuvo la audacia de subir al puesto que 
mereció las energías y actividades de los Saco, 
y de los Luz Caballero ; quien cometió tal desa- 
guisado, bien está que venga á purgarlo ahora 
desempeñando á su vez el cargo, por decirlo 
así, tradicional, del orador cubano que ha de 
hablar en esta tribuna, en la cual están todavía 
vivos y palpitantes los recuerdos de los inolvi- 
dables discursos de Montoro, Giberga, Dolz y 
Fernández de Castro. 

Y á fé mía, que si la palabra me fuese fácil, 
y si tuviera siquiera una pequeñísima parte de 
la elocuencia de esos compatriotas míos, la tarea 
me sería muy cómoda, no tendría ni que esco- 
ger el tema, me bastaría, después de todo, como 
me indicó el doctor Parrilla, decir cuatro palabras 
para salir del paso ; porque el único tema posi- 
ble que se puede tratar en esta fiesta escolar, de 
instrucción y de solidaridad, es precisamente 
ese tema, el de la solidaridad, explicar la fuerza, 
el alcance y lo que significa la virtud de la soli- 
daridad, esa virtud que es la única guía que 
conduce á la victoria á los pueblos grandes, 
que es el secreto de todos los triunfos y esa vir- 
tud que es el secreto de la vida misma. 

Convengamos en que si donde hay vida, tiene 
necesariamente que haber actividad, acción, 



ENTRE CUBANOS... ao3 

energía y fuerza, que si la vida es la fuerza, 
convengamos también en que la fuerza nace de 
la unión, como así dice hasta la misma filosofía 
popular en sus proverbios. Y puesto que tam- 
bién la vida es la fuerza, y la fuerza es unión, 
convengamos así mismo como conclusión nece- 
saria, que la unión es la vida, ó que la unión 
es el secreto de la vida misma, como así decía 
antes. 

Hoy la explicación de esto es fácil; la ciencia, 
en su avance prodigioso, ha demostrado que 
esto no es simplemente la expresión de una 
conciencia popular, no es simplemente el alcance 
de un refrán ó de un proverbio, sino que es 
algo más, es la expresión casi sagrada, científi- 
camente positivista de una verdad sólida y fir- 
memente alcanzada. 

Á pesar de las burlas, á pesar de las críticas 
de contrarios más apasionados sectarios que 
imparciales observadores, es lo cierto que, hace 
ya algunos años, la ciencia positivista adquirió 
una gran verdad, debida principalmente á Car- 
los Darwin, la del principio de « la lucha por 
la existencia ». Todo lucha, donde no hay lucha 
no hay vida, y todo lo que vive tiene que 
luchar uno y otro día, y año tras año hasta el 
momento en que sobreviene la muerte. Todo 
lucha ; lucha el astro que vaga en los espacios 



204 ENTRE CUBANOS... 

estelares, lo mismo que la infinitesimal molé- 
cula ó el átomo reducido en la Naturaleza á ser 
un modesto componente de los cuerpos. Todo 
lucha : las piedras luchan, los seres inanima- 
dos luchan ; la roca lucha con el embate de las 
olas. Y las olas luchan por destruir la pétrea 
resistencia de las peñas ; y luchan los insectos ; 
luchan los animales que se devoran unos á 
otros, según las necesidades de sus instintos y 
de su condición ; y luchan los vegetales, luchan 
no solamente por absorber la savia y el vigor 
de la tierra, sino que luchan también por cre- 
cer y para desarrollarse ; y luchan los hombres 
y luchan con tal fiereza y con tal ceguera, que 
no ahora, sino hace ya un milenar de años que 
un filósofo, que á la vez era poeta, hubo de 
decir, con gran razón, que el hombre era lobo 
del hombre; que acaso el único enemigo del 
hombre, era el hombre mismo. 

Pero esto, acaso sea una exageración, y acaso 
sea una exageración precisamente, porque el 
hombre, lo mismo que todos los demás seres 
del universo, no lucha solo contra los seres de 
su especie y de su raza, lucha con los seres 
todos de la creación, contra el ambiente mismo, 
el clima, el sol, el agua, los insectos, los 
microorganismos, los seres más insignificantes; 
no solo contra las fieras del desierto y de los 



ENTRE CUBANOS... ao5 

bosques. En todas partes encontramos obstáculos 
á nuestra vida, en todas partes para obtener un 
triunfo necesitamos primero sostener una lucha, 
necesitamos empeñar un combate, necesitamos 
domeñar la fuerza extraña para alcanzar una 
victoria y hacernos triunfadores de esos obstá- 
culos. 

Pero claro está que si á esto se redujera la 
vida, la muerte sería la conclusión inmediata 
de cualquier tentativa y de cualquier actividad. 

Ese principio que algunos consideran descon- 
solador, pero verdadero, el principio de la 
lucha por la existencia, viene templado por 
otro principio no menos exacto, no menos cien- 
tíficamente seguro, cual es el principio de la aso- 
ciación para la lucha, y de la misma manera que 
luchan todos los seres, desde los inanimados 
hasta los seres superiores de la creación, de la 
misma manera también desde el hombre hasta 
los microorganismos y hasta los seres más 
pequeños, todos, absolutamente todos, con con- 
ciencia ó sin ella, practican la fuerza, la cohe- 
sión, el triunfo de la asociación para esa misma 
lucha. 

Los ejemplos abundan, son infinitos, tanto 
como infinitos son los seres. 

La arena, por ejemplo ¿habrá algo más delez- 
nable, habrá algo más débil, habrá algo que 



2o6 ENTRÉ CUBANOS... 

menos resista el empuje de una fuerza? Pues, 
sin embargo, el minúsculo, el casi impercepti- 
ble grano de arena triunfa también contra los 
embates del huracán y el empuje de las olas; 
pero triunfa no aisladamente, no solo, sino 
que triunfa por el mágico esfuerzo de la asocia- 
ción. El grano de arena, que aislado de los 
otros es juguete de las olas en un constante ir 
y venir, se une á su compañero y más tarde á 
otro, y un grano se suma á otro grano hasta 
contarse por millones y formar una gran barrera 
que puede oponerse triunfadora al ataque de las 
olas y del viento, donde el mar domeña su ira y 
se rinde blandamente y donde tal parece que se 
trueca en caricia mansa la bofetada del oleaje. 
Y se asocian, repito, los seres todos. Se aso- 
cian los vegetales; y ¿habrá algo más aparente- 
mente inofensivo, y más inconsciente que un 
vegetal? Sin embargo, ved lo que sucede. Obser- 
vad un árbol aislado en la pradera ; crece tran- 
quilo, sereno, parece seguro de su porvenir y 
de su fuerza; pero dejad que sople otra vez el 
ciclón y el huracán, y veréis cómo aquel árbol 
aislado se desgaja y cómo se desarraiga y se 
rinde á los esfuerzos de la fuerza mayor; pero 
haced que ese árbol se acerque á otro, dejad que 
vaya extendiendo sus raíces hacia el bosque 
vecino, dejad que crezca junto á ese árbol otro 



ENTRE CUBANOS... 307 

árbol, y luego otro hasta formar una espesa sel- 
va, y veréis cómo resisten y luchan con ventaja 
todos juntos contra la tempestad y el aquilón. 

Y luchan juntos los animales todos : sirvan de 
ejemplo las hormigas. Arrojad un terrón de 
azúcar junto á un hormiguero, y veréis á una 
hormiga avisando á las otras, cómo todas acu- 
den al llamamiento y van desintegrando los 
granos del terrón, todas las partículas de 
aquella sustancia, y cómo cada una va luego 
con la carga que le corresponde y cómo perfec- 
tamente disciplinadas marchan al hormiguero 
á depositar la dulce provisión que ha de ser la 
reserva de alimento para los días del triste 
invierno en que ellas no pueden salir fuera de 
la casa y del hogar de todas. 

Las abejas mismas, seres insignificantes, seres 
débiles, encuentran su fuerza, la fuerza de su 
vida y de su resistencia, nada más que en la 
solidaridad. Están unidas, trabajan juntas, for- 
man sus casas, que para nosotros y en la misma 
proporción de tamaño, resultarían catedrales, y 
forman también la miel que les sirve de ali- 
mento en los malos días, y pueden con fiereza 
cantar victoria, á pesar de que también las abe- 
jas tienen que resistir el peso parasitario de los 
zánganos, que hasta en eso los animales se 
parecen algunas veces á los hombres, 



3o8 ENTRE CUBANOS... 

Y luchan en compañía las golondrinas 
cuando tienen que emigrar, y emigran juntas 
para resistir á los halcones y á los bandidos del 
aire; y luchan como ejército las sardinas, jun- 
tas también cuando tienen que emigrar en 
grandes bancos para poder resistir á los piratas 
de su especie. Y luchan todos los seres, pero se 
asocian para ello todos, porque el principio de 
la asociación para la lucha, no es principio 
derivado de la conciencia, no es un principio 
derivado del estudio y de la observación, sino 
que es un principio innato en todo ser, un 
principio que está en la naturaleza misma de las 
cosas. 

Y si esto es así, confesemos que si yo pudiera 
hacer un discurso y pudiera pronunciar párra- 
fos brillantes, no tendría que haber escogido 
más que un tema, único posible en esta fiesta, 
el tema de la unión para el combate por la 
vida : lo que significa la solidaridad social. 

Después de todo, convengamos también en 
que si en algún pueblo del universo y si en 
algún instante histórico hace falta recomendar 
á la juventud que se abre á la vida civil, el 
ejercicio y la práctica de las virtudes y de la 
solidaridad, este pueblo es el pueblo cubano, 
y esos momentos históricos son los momentos 
presentes que atravesamos. 



ENTRE CUBANOS... 209 

Yo no soy pesimista, yo miro el porvenir de 
mi patria con la frente altiva y de cara al sol. 
Yo tengo una fé absoluta en el esplendor de sus 
días futuros : pero esa fe no me ciega, yo sé que 
Cuba, y no solo Cuba, sino todos los países y 
especialmente los países pequeños y débiles, 
están rodeados de contrarios y de enemigos esfor- 
zados y fuertes, y yo sé también que contra los 
ataques extraños no hay más que una defensa : 
la solidaridad de las propias fuerzas. 

Es un consuelo quizás, saber que los pueblos 
no son fuertes porque sean grandes geográfica- 
mente, ni son débiles porque sean pequeños en 
territorios y en población. Los pueblos grandes 
son los que son grandes en virtudes cívicas, y 
los pueblos pequeños son los que no tienen esas 
dotes de solidaridad cívica, que son las únicas 
armas que llevan al triunfo y á la victoria. 

Pocas veces en el transcurso de la historia de 
los pueblos, habrá podido observarse una nacio- 
nalidad formada por elementos tan diversos y 
tan heterogéneos, como en definitiva son los que 
han venido á fundirse en la nacionalidad cubana. 
Parece que ha sido por arte de magia. Casi 
tocias las razas del universo se han dado cita en 
la isla de Cuba, trayéndose sus energías, sus 
virtudes y sus vicios para producir la nacionali- 
dad presente. 

13. 



aio ENTRE CUBANOS... 

Ya en los tiempos remotos en que nació Cuba 
de las negruras históricas del continente ameri- 
cano, estaba poblada por una raza distinta de 
la que hoy aquí está poblando, raza en deca- 
dencia, raza que tenía grandes vicios, pero que 
también tenía virtudes ; raza cansada, resto acaso 
de una civilización milenaria, que fué insufi- 
ciente para alardear de poderosa en todo el con- 
tinente, pero raza que pudo levantar los monu- 
mentos á la civilización de los pobladores de la 
Tierra firme, porque la Tierra firme era más 
favorable que el suelo de esta isla á la causa del 
progreso humano y levantó aquella civilización, 
cuyas ruinas todavía se admiran en México, Yu- 
catán y en Guatemala. 

Pero la raza pobladora de Cuba, repito, era raza 
en decadencia que estaba vecina á la ruina, y 
sucedió lo que tenía que suceder, que vino una 
raza superior, no corporal ni físicamente, pero 
superior en inteligencia y en virtudes cívicas, y 
esa raza fuerte, audaz y poderosa, triunfó de la 
raza débil, quedó en estrato, por decirlo así, en la 
parte inferior de la sociedad colonial de enton- 
ces, en el primer siglo del descubrimiento ; y 
sobre ellos fueron sobreponiéndose capas de 
civilización y de raza nueva, y fueron fundién- 
dose en el crisol cubano dos elementos dis- 
tintos, el elemento aborigen ó indio y el ele- 



ENTRE CUBANOS... 211 

mentó que venía de la región andaluza y del 
corazón de Castilla. 

Y así fué creciendo poco á poco la civiliza- 
ción cubana, y se fue así cristalizando un pue- 
blo; y sobre la raza débil de los indios, fueron 
sobreponiéndose las capas de la civilización y 
de la energía andaluza y castellana, y siglos 
posteriores las energías poderosas y triunfantes 
de la gente del septentrión de España y esas 
energías han sido las de mayor penetración, las 
que con mayores actividades y con mayor ener- 
gía han dado un sello más fijo á la sociedad de 
Cuba. 

Pero no bastó esto ; otra raza fuerte, si no en 
civilización, en la fuerza del número, vino tam- 
bién á sumarse á las otras en el suelo cubano, 
y ya en los primeros días del descubrimiento, 
desde el tercer viaje de Cristóbal Colón, la raza 
negra hizo su aparición en América y también 
en la isla de Cuba, y poco á poco la necesidad, 
los errores económicos de aquellos tiempos 
hicieron importar día tras día y siglo tras siglo 
numerosos cargamentos de pobladores africa- 
nos, que hoy forman una capa considerable de 
nuestra población. 

Y todavía esto no era bastante; hubo necesi- 
dad todavía, debido á los mismos errores eco- 
nómicos, de traer nuevos elementos para que 



2i2 ENTRE CUBANOS... 

trabajaran el suelo cubano, y entonces vinieron 
individuos de las razas teutónicas de Europa, y 
de Inglaterra y otros elementos de distintas 
razas, á fundirse en el crisol de Cuba, á darnos 
su carácter, á darnos sus virtudes, sus vicios, su 
civilización y sus actividades. 

Pero todavía no se han fundido ¡as razas en 
Cuba. Pueden las razas, y así sucede en efecto, 
unirse, solidarizar sus energías para determina- 
dos movimientos patrióticos, intelectuales ó 
sociales, pero todavía en el suelo de mi patria 
no hay una fusión de todas las razas, todavía 
no hay una integración perfecta de todas sus 
fuerzas, porque la Historia no lo ha querido así, 
y esto, señores, es un motivo de honda y de 
fuerte desintegración de las fuerzas sociales que 
deben integrar nuestra patria y nuestra naciona- 
lidad. 

Á esto se unen motivos de orden económico ; 
los vaivenes audaces de nuestra historia, los 
sacudimientos revolucionarios han conmovido 
una y otra vez la economía de la patria, la 
esclavitud primero, el establecimiento de los 
grandes ingenios de azúcar, los cultivos de las 
grandes plantaciones, la guerra de los diez años 
que destruyó la fortuna de la gran aristocracia 
criolla, causas fueron de desequilibrio y de ines- 
tabilidad económica, 



ENTRE CUBANOS.., 2i3 

Y después de todas estas causas de desintegra- 
ción surgieron otras, naturales, entre ellas ¿por 
qué no decirlo? la política, que todavía no ha 
podido remontar los vuelos al ideal, al que fué 
ideal de una generación y de todo un siglo y 
sigue siéndolo para el pueblo honrado. 

El día en que todos los componentes de la 
nacionalidad cubana lleguen á compenetrarse, á 
fundirse en el crisol de este pueblo, ese será un 
día de gloria, lo mismo que el día en que todas 
las aspiraciones de la política al uso tengan una 
sola finalidad coherente : el bien estable de la 
patria cubana. 

Pero si el problema nuestro es ese, un pro- 
blema de desintegración actual, si hay que pre- 
pararse contra las asechanzas y contra los peli- 
gros de los enemigos, hay que señalar los medios 
y hay que buscar las armas que nos den la for- 
taleza necesaria. Y no es ciertamente porque yo 
crea, como creen muchos, que nosotros tenemos 
un enemigo histórico, fatal y plenamente decla- 
rado, sino porque los enemigos de Cuba, repito, 
como los enemigos de todo pueblo, son todos, 
absolutamente todos los pueblos extraños. Las cir- 
cunstancias históricas nos podrán presentar @n 
un momento dado á tal ó cual nación como ene- 
miga nuestra más declarada que otra ; pero la 
enemiga de un pueblo, repito, es la humanidad 



2i4 ENTRE CUBANOS... 

entera, no por malevolencia en el sentido moral 
y hasta religioso de la palabra, no porque esto 
sea un mal querer ó un odio enconado, sino 
porque esto es una necesidad de la vida, porque 
pueblo que no lucha es pueblo perdido, porque 
la lucha es la vida, y por lo tanto para vivir 
hace falta luchar, y para luchar se impone la 
necesidad de un enemigo, que será constante ó 
transitorio según la permanencia ó movilidad de 
los intereses opuestos. 

Y en esas luchas eternas ¡ claro eslá 1 los pue- 
blos pequeños son los que más tienen necesidad 
de defenderse. 

Las armas, difíciles son de conquistar; pero 
las conocemos, y el conocimiento del peligro 
unido al conocimiento del remedio, creo que 
puede bastarnos para trabajar por el triunfo y 
haciéndolo con tesón, si la victoria no nos son- 
ríe, en los días futuros de nuestra historia no se 
nos podrá echar la culpa, sosteniendo que hemos 
dejado pasar el tiempo cantando como la cigarra 
y olvidando un porvenir próximo, que yo espero 
risueño, pero que acaso por misterios que yo no 
pueda prever, el mañana no sea tan risueño 
como el que yo deseo para mi patria. 

Y las armas, compañeros todos de esta fiesta 
de cultura y de solidaridad, pueden reducirse á 
una sola, á la solidaridad misma, que á su vez 



ENTRÉ CUBANOS... ¿i5 

puede expresarse por una sola palabra : « civili- 
zación » ; porque la civilización es la inteligen- 
cia ; y la inteligencia es la que protege, es la que 
construye, es la que levanta, la que defiende y 
la que vence al fin. 

En las batallas modernas, en los grandes cata- 
clismos de la historia actual, no triunfan, como 
generalmente se cree, los soldados, ni los caño- 
nes, ni los capitanes ; las guerras modernas no 
las ganan los soldados, las batallas las ganan 
otros factores más modestos que colaboran silen- 
ciosos para el engrandecimiento y bienestar de 
la patria ; son los que fraguan en el yunque de 
la intelectualidad y del trabajo el carácter de 
los ciudadanos y las virtudes del pueblo ; las 
batallas actuales, señores, no las ganan los sol- 
dados, las ganan las madres y los maestros de 
escuela. 

Ya sabemos, pues, todos nosotros, donde tene- 
mos el arsenal de nuestra fuerza, donde debe- 
mos armarnos para luchar. En los colegios é 
institutos de enseñanza tenemos nuestros arma- 
mentos, donde tenemos nuestros generales, 
donde tenemos nuestros acorazados, nuestros 
ejércitos. Los aparatos que el genio humano 
facilita al hombre para luchar contra el ene- 
migo, no están en los arsenales, no están en los 
almacenes bélicos, sino que están en el hogar 



2i6 ENTRE CUBANOS... 

y en las aulas escolares, donde se realiza una 
obra de estudio, de trabajo y de santo amor á la 
patria : allí es donde se funde el bronce y el 
hierro que habrá que oponer en el día de 
mañana á los enemigos de la nacionalidad y de 
la civilización. 

Y si así se plantea en breve síntesis, como un 
simple problema de civilización y de cultura 
cívica, el estado presente y el porvenir de la 
patria cubana, del suelo en que convivimos 
todos ; es natural que insista sobre esta creen- 
cia, sobre esta fe en la cultura que nos es tan 
necesaria y que exhorte con el afán de que 
sigan por ese camino de redención á las Seccio- 
nes de Filarmonía é Instrucción de la Asociación 
de Dependientes del Comercio de la Habana, 
porque ellas, por ser centro de enseñanzas, son 
otros tantos arsenales donde en el día de mañana 
habremos de acudir en busca de armamento, 
con fé en el porvenir de la patria, los que ten- 
gamos necesidad de encontrar las únicas armas 
posibles para la lucha con los extraños todos 
que sean opuestos á nuestra independencia y á 
nuestro progreso nacional. 

Yo no he de cantar las excelencias de la ins- 
trucción, porque eso sería ofender la cultura de 
todos vosotros ; pero acaso me sea permitido 
explicar por qué entiendo yo que hasta esa mis- 



ENTRE CUBANOS... 217 

ma instrucción musical de la sección de Filar- 
monía desempeña un papel de importancia, y 
que no deja de tener su influencia en los días 
de su futura historia. 

Porque en esas aulas de Filarmonía se aprende 
música ; pero no solamente, como podréis ver 
leyendo el programa de esta fiesta, la música de 
los grandes genios del arte, no solamente la 
música clásica, la música producto de la inspi- 
ración suprema de los hombres, sino también 
la música que es fruto del genio de los pueblos. 

Yo estoy firmemente convencido, y vosotros 
lo estaréis también, de que cuando se oye la 
música de la patria, la música del pueblo en 
que uno vio por primera vez la luz del sol, la 
música de la patria chica, se experimenta más 
fortaleza, se siente más hondo, se palpita más 
sinceridad, y que esa música sencilla y sentimen- 
tal le hace cobrar á uno más bríos para bata- 
llar y vencer en la lucha por la vida. 

Decidme, si no, vosotros los hijos del Septen- 
trión de España que aquí me escucháis, si no 
llegan hasta lo más profundo de vuestras almas 
las notas soñadoras de vuestras gaitas, de las 
dulzainas y del tamboril, si no os sentis más 
hijos de vuestra tierruca y más fuertes para 
entrar por el que fuere vuestro ideal. 

Decidme, vosotros, los hijos de esa fuerte 

i3 



aiS ENTRE CUBANOS... 

tierra de hierro de Vizcaya, de esa raza milena- 
ria que también se muestra con vigores férreos, 
si al compás de vuestros zortzicos no os parece 
que reverdecen vuestras glorias forales, no se 
afirman los cimientos de vuestro espíritu nacio- 
nal y no miráis más seguro vuestro porvenir. 

Decidme vosotros, los nacidos en la activa 
Cataluña, si al enlazar las manos para bailar 
vuestras rítmicas sardanas no percibís un sacudi- 
miento de vuestro espíritu y si al uniros para la 
danza no os creéis también unidos más firme- 
mente para el cumplimiento de vuestros deberes 
cívicos y la acentuación de vuestra personalidad 
nacional. 

Decidme, andaluces que aquí os halláis, si 
vuestros sentidos cantos, ora lastimeros como 
una nostalgia, ora alegres como una esperanza, 
no os atan más y más á la tierra de vuestros 
amores, de donde surgieron los conquistadores 
del mundo americano y cuya sangre os hace 
vivir, junto con aquella otra (¿por qué nó?) de 
los árabes, de esos creadores de aquella civiliza- 
ción augusta en plena Edad Media, que llegó á 
ser envidia de pueblos europeos y cristianos. 

Y, por fin, decidme, compatriotas míos, si al 
escuchar un zapateo cubano, ó unas guajiras ó 
un punto criollo, no llega hasta vosotros fácil- 
mente junto con el aura popular de nuestros 



ENTRE CUBANOS... 219 

palmares, el espíritu de nuestra historia y el 
sentimiento de amor por la patria y de fé en su 
porvenir. 

Pero, ¿ por qué todo esto? ¿ Por qué la música 
popular es más elocuente y nos dice más cosas 
que las grandes creaciones del genio musical ? 

Sencillamente, porque la música popular no 
es tan sólo un tejido de sonidos de arte ; la 
música popular es algo más, lleva en sus caden- 
cias y ritmos la canción inolvidable con que 
nuestra santa madre nos arrullaba en la cuna, 
entre besos y caricias, la canción infantil, que 
alegraba los juegos de nuestros primeros años, 
la canción con que cortejábamos á nuestras 
novias en los días felices de la juventud soña- 
dora ; porque la música popular vibra como el 
himno patriótico que nos arrastra al combate y 
al sacrificio ; porque encierra hasta la plegaria 
misma que se entona sobre la tumba de los pa- 
dres ; porque la música popular encarna todos 
esos sonidos del espíritu que solo pueden escu- 
char los que escuchan con el corazón. 

Porque ella es algo más que la voz del arte, 
es la voz de todo un pueblo, el alma común de 
las generaciones. Fortifiquemos, pues, la ense- 
ñanza de las emociones musicales y de las músi- 
cas de los pueblos, que donde quiera que canten 
los pueblos, cantarán las patrias, y donde quiera 



22o ENTRE CUBANOS... 

que las patrias canten, sus cánticos y sus voces 
nos hablarán de grandezas, de fraternidad, de 
progreso, de trabajo y de amor. 



XLII 

CUBA Y SUS HERMANAS 

Por el cuadro estadístico número ano, podemos 
ver cómo la República cubana, por su extensión, 
ocupa entre todas sus hermanas de América el 
1 3 o lugar, comenzando á contar por las de 
mayor importancia. En cambio, por el número 
de habitantes logra ser la novena, lugar que su- 
perará en breve por el notable movimiento 
ascensional que registran las estadísticas y que 
indudablemente no habrá de moderarse en 
mucho tiempo. Y claro está que de estos dos 
datos se deduce un tercero, el de la mayor den- 
sidad de población, pues, en efecto, desde este 
punto de vista Cuba ocupa el cuarto lugar, y por 
encima de ella sólo están el Salvador, Haití y 
Guatemala. 

Cuba es, pues, uno de los países más pobla- 
dos de América, á pesar de su larga historia 
belicosa, sin que esto quiera decir que no poda- 
mos todavía ofrecer tierra y hogar á varios mi- 
llones de emigrantes y compatriotas más. 

Por el cuadro número dos se vé que Cuba, por 
la importación total de mercancías, ocupa el 
tercer lugar; es el país latino-americano que 
compra más al extranjero, exceptuando solo á la 



222 ENTRE CUBANOS... 

Argentina y Brasil, y es el país de igual grupo 
que compra más á los Estados Unidos, excep- 
tuando á México. 

Si se compara la importación norteamericana 
con la de otros países, entonces Cuba es sola- 
mente la séptima, pues hay naciones, como Hon- 
duras, cuyo 69 por ciento de importación pro- 
cede de los Estados Unidos, y otras como Haití, 
México, Nicaragua, Santo Domingo y Costa Rica, 
que le aventajan en ese sentido. Sobre todo, la 
importación norte-americana en México, es nota- 
bilísima. Esta casilla del cuadro es todo un tra- 
tado de diplomacia anglosajona. 

En cuanto á la exportación total, Cuba alcanza 
un lugar del que debemos estar orgullosos. Es 
Cuba la tercera república latino-americana en 
cuanto á exportación ; sólo la Argentina y el 
Brasil la aventajan. Cuba exporta más que 
México y Chile y que todas las demás. 

Y Cuba es la segunda tocante á su exportación 
á los Estados Unidos, á los que vende por valor 
de 122.190.000 pesos (Mientras solamente les 
compra ¿49-956.900, dicho sea de paso). Y es tam- 
bién la segunda en cuanto á su intimidad con el 
mercado norte-americano y en cuanto á exporta- 
ción ; solamente Honduras tiene una proporción 
mayor en relación con el total del comercio de 
exportación. 



ENTRE CUBANOS., 



323 



El cuadro número tres es consolador y digno de 
nota, como lo es el siguiente número cuatro. 
Ellos bastan para echar por tierra la ruin 
leyenda de la haraganería cubana, cuando Cuba 
es la que demuestra, entre todas las naciones 
hermanas, mayor capacidad comercial. 

CUADRO NÚMERO UNO 
Extensión territorial y Población 





Extensión : 


Población : nú 


. 


Habitantes 




millas cua- 


mero de habi- 




por milla 






dradas. 


tantes, 1909. 




cuadrada. 




Brasil 


3. 291.416 


20.6i5.ooo 


1 


6.23 


18 


Argentina 


1. 139. 196 


6.806.000 


3 


5.98 


*9 


México 


767.323 


i5. 000. 000 


2 


19.55 


7 


Perú 


663.321 


4.58o.ooo 


4 


6.67 


l l 


Bolivia 


56 7 .643 


2.268.000 


8 


4.oo 


2 9 


Colombia 


435.278 


4.320.000 


5 


9-92 


i4 


Venezuela 


363.822 


2.264.000 


7 


7. 32 


16 


Chile 


292.743 


3.254-000 


6 


II. 12 


12 


Ecuador 


118.627 


i.5oo.ooo 


i3 


12.64 


10 


Paraguay 


97.722 


716.000 


16 


7.33 


i5 


Uruguay 


72.172 


1. 1 1 2. 000 


i4 


i5.4i 


9 


Nicaragua 


49.532 


600.000 


18 


12. 11 


12 


CUBA 


Ud.881 


2M9.000 


9 


44.66 


U 


Honduras 


44.274 


745.000 


i5 


16. 83 


8 


Guatemala 


43.64i 


1.992.000 


11 


45.65 


3 


Panamá 


33.776 


419.000 


*9 


12. 4i 


1 1 


Santo Domingo 


i8. 7 56 


674.000 


l l 


35.94 


5 


Costa Rica 


18.691 


369.000 


20 


19-74 


6 


Haití 


1 1.072 


2,000.000 


10 


180.64 


2 


El Salvador 


8.170 


1.707.000 


12 


208.94 


1 



El cuadro referente al comercio exterior de las 
naciones de la América latina es, por lo que res- 
pecta á Cuba, más elocuente todavía. 



CUADRO 

COMERCIO 





, „ Importación 
Ano total 


Importación 
de E. U. A. 


Lugar 
por 
canti- 
dades 


Por 
ciento 


Lugar 

por 

tanto 

por 0/0 


i Argentina. . . . 


T 9°9 S 


292.160.000 


$ 4i.56i.ooo 


3 


i4.23 


16 


2 Brasil 


^09 


179.690.000 


22.266.000 


4 


12. 3g 


J 7 


3 CUBA 


1909-10 


98.2W.000 


49.956.000 


2 


50.85 


7 


4 México 


!9°9 


99.039. 000 


56.2i3.ooo 


1 


57. g3 


3 


5 Chile 


'9°9 


g4.35o.ooo 


9.601.000 


5 


10.18 


! 9 


6 Uruguay . . . . 


J 9°9 


38. 643. 000 


4.016.000 


9 


10. 3g 


18 


7 Perú 


1908 


29.199.000 


5.8i5.ooo 


(a) 6 


Í9-9 2 


i5 


8 Bolivia 


x 9°9 


1/1.775.000 


4.349.000 


8 


29.43 


12 


9 Colombia. . . . 


J 9°9 


io.56i.ooo 


3.679.000 


(a) 11 


34.83 


9 


i o Venezuela. . . 


1908-09 


g. 492. 000 


2.754.000 


i3 


29.01 


i3 


ii Ecuador. . . . 


1908-09 


. 9. 25a. OOO 


2.3g8.ooo 


i5 


25.64 


i4 


ia Panamá. . . . 


1908-09 


8.756.000 


A. 997.000 


18 


57.09 


8 


1 3 Costa Rica. . . 


1908-09 


6.1 10.000 


3.376.000 


12 


55.25 


6 


i4 Haití 


1908-09 


5.881.000 


3.g37.ooo 


10 


66.94 


2 


1 5 Guatemala . . 


• 1909 


5.25i.ooo 


1.745.000 


l 7 


33.23 


10 


1 6 Santo Domingo 


. 1909 


4.645.000 


2.5g3.ooo 


i4 


55.82 


5 


17 Paraguay . . . 


• i9 o8 -°9 


4.073.000 


223.000 


20 


5.48 


20 


18 El Salvador. . 


J 9°9 


4.177.000 


1.344.000 


r 9 


32.18 


1 1 


19 Nicaragua. . . 


• i9°9 


3.5O0.00O; 


1.475.000 


7 


5a. i4 


4 


20 Honduras. . . 


1908-09 


2.582.000 


1.770.000 


16 


68.55 


1 



(a) Tomados de informes del Gobierno Norteamericano 



NÚMERO DOS 

EXTERIOR 







Lugar 




Lugar 


Exportación 


Exportación 


por 


Por 


por 


total 


á los E. U. A. 


canti- 


ciento 


tanto 






dades 




por o/o 



383. 443.00O 


1 




$ 25.i54.ooo 


4 


6.56 


J7 


3o8.33a.ooo 


2 




123.817.000 


1 


4o.i5 


9 


1U4.037.000 


3 




122.119.000 


2 


84M 


2 


129.508. 000 


4 




98.100.000 


3 


75.75 


4 


iio.3i5.ooo 


5 




19. 65o. 000 


5 


17.81 


i5 


/17.621.000 


6 




5.709.000 


9 


"■99 


16 


29.686.000 


7 


(a) 


5.857.000 


8 


i 9 . 7 3 


i4 


22.703.000 


8 


(a) 


896.000 


18 


3. 9 5 


19 


i5.5i3.ooo 


10 




7.010.000 


7 


45.19 


7 


16.047.000 


9 


(a) 


7.186.000 


6 


44.78 


8 


12.439.000 


1 1 




3.4i6.ooo 


12 


27.46 


i3 


1.502.000 


20 




1.265.000 


16 


84.22 


3 


8.176.000 


i5 




4.802.000 


10 


58. 7 3 


5 


1 1.008.000 


12 




526.000 


*9 


4.78 


18 


10.079.000 


i3 


(a) 


3.122.000 


i3 


3o.g8 


1 1 


8.177.000 


i4 




4.765.000 


1 1 


58.27 


6 


3.867.000 


J 7 




1. 000 


20 


o.o3 


20 


6.36i.ooo 


16 




1.879.000 


i4 


29.54 


12 


3.600.000 


18 


(a) 


1.098.000 


l l 


3o. 5o 


10 


1. 991. 000 


l 9 




1.835.000 


i5 


92.16 


1 



CUADRO NÚMERO TRES 
La Importación según el número de habitantes 



Cuba 47,95 

Argentina 42,93 

Uruguay 34,75 

Chile 29,00 

Panamá 20,90 

Costa Rica 16, 56 

Brasil 8,76 

Santo Domingo 6,89 

Bolivia '. 6,5 1 

México 6,47 

Perú 6,4o 

Ecuador 6,23 

Nicaragua 5,83 

Paraguay 5,69 

Venezuela 3,56 

Honduras 3,47 

Haití 2,94 

Guatemala 2,64 

El Salvador 2,45 

Colombia 2,44 



CUADRO NUMERO CUATRO 
La Exportación según el número de habitantes 



Cuba 70,3o 

Argentina 56,34 

Uruguay 42,82 

Chile 33,90 

Costa Rica 22,16 

Brasil i5,o3 

Santo Domingo 12, i3 

Bolivia 10,01 

México ... 8,63 

Ecuador 8,29 

Perú 6,5i 

Venezuela 6,02 

Nicaragua 6,00 

Haití 5.5o 

Paraguay 5,4o 

Guatemala 5, 06 

El Salvador 3,73 

Colombia 3,59 

Panamá 3,58 

Honduras 2,67 



ÍNDICE 



Carta abierta al ilustre señor Don Miguel de Una- 
muño, rector de la Universidad de Salamanca. ... i 

Á Unamuno 12 

No seas bobo 17 

Iniciativa intelectual de un cubano 21 

De un libro, que es un puñetazo 27 

¡ Más machetes ! j pobre Cuba ! 3 1 

¡ Miserere ! 37 

La irresponsabilidad del pueblo cubano 3g 

Habanera 44 

Foot-Ball 47 

La librería cubana 5o 

La ráfaga 54 

Universidad popular 56 

De arte cubano , 60 

Cultura de Ultramar 67 

Ignorancia jurídica 71 

Labor de titanes 74 

j Abajo las armas ! 78 

Orfanotrofio agrícola 82 

Sin púas 85 

Cátedras de agricultura 89 

La psefografía de Cuba g3 

Ante las estatuas 97 

La huelga blanca 101 

El bello gesto de los yanquis 106 



2 3o ÍNDICE 

Por la instrucción mercantil ni 

Fiestas populares 1 15 

Supervivencias africanas 119 

El timo del Polo norte 128 

Nicaragua intervenida 128 

« Alma Cubana » (Programa de una revista muerta 

al nacer) i33 

Hojas caídas 139 

Folk-lore cubano 1 4 1 

Las supervivencias africanas en Cuba 147 

Los negros curros (Extracto de una conferencia pro- 
nunciada en el Ateneo de la Habana) i55 

Más partidos políticos 173 

Las dos barajas 178 

Eco de Buenos Aires i83 

El dedo en la llaga 189 

Sin baza 194 

La solidaridad patriótica 199 

Cuba y sus hermanas , 221 



Imprenta E. Aubin. — Ligugé (Vienne). 



Sociedad de Ediciones 


Literarias y Artísticas 


LIBRERÍA PAUL OLLENDORFF 


5o, Chaussée-d'Antin, 5o = PARÍS 


ESCRITORES ESPAÑOLES Y SÜD -AMERICANOS! 


ALCIDES ARGUEDAS 


CRISTÓBAL DE CASTRO 


Vida criolla. 


Cancionero galante. 


LUIS BONAFOUX 


CORNELIO HISPANO 


Bilis 


Elegías caucanas. 


Bombos y palos. 


M. DE TORO GISBERT 


Por el mundo arriba... 


Enmiendas al Diccionario de 


Gotas de sangre. 


la Academia. 


Clericanallas. 


Apuntaciones lexicográficas. 


Casi críticas. 


Americanismos. 


Melancolía. 


ARMANDO CHIRVECHES 


Príncipes y majestades. 


La candidatura de Rojas. 


A. BOROUEZ-SOLAR 


E. GÓMEZ DE BAQ'JERO 


Dilectos decires. 


Aspectos. 


MAX GRILLO 


LAURA MÉNDEZ DE CUENCA 


L,os Ignorados. 


Simplezas. 


RAMIRO BLANCO 


ADRIÁN DEL VALLE 


Cuentos plácidos. 


Los Diablos amarillos. 


TARRIDA DEL MARMOL 


F. GARCÍA CALDERÓN 


Problemas trascendentales. 


Profesores de Idealismo. 


EMILIO BOBADILLA 


M. DÍAZ RODRÍGUEZ 


Muecas. 


Camino de perfección. 


Con la capucha vuelta. 


AMÉRICO LUGO 


Bulevar arriba, bulevar abajo 


A punto largo. 


MIGUEL DE TORO GÓMEZ 


P. HENRIOUEZ URENA 


Por la cultura y por la raza. 


Horas de estudio. 


P. MOLINA Y E. FINOT 


V. GARCÍA CALDERÓN 


Poetas bolivianos. 


Del Romanticismo 


E. CUERVO MÁRQUEZ 


al Modernismo en el Perú. 


Phineés. 


E. DIEZ-CANEDO 


R. BLANCO FOMBONA 


Imágenes. 


Letras y letrados 


CARLOS REYLES 


de Hispano-América. 


La muerte del Cisne. 


Cantos de la prisión y del 


La raza de Caín. 


destierro. 


RODRÍGUEZ embil 


F. CONTRERAS 


La Insurrección. 


Los modernos. 


E RODRÍGUEZ MENDOZA 


MUÑOZ ESC AME Z 


Cuesta arriba. 


La ciudad de los suicidas. 


LORENZO MARROOUIN 


MANUEL UGARTE 


Pax. 


Burbujas de la vida. 


ALEXANDRO DE TRALLES 


JOSÉ S. CHOCANO 


Crónicas y Siluetas. 


Fiat lux. 


ALFONSO REYES 


ÁNGEL GUERRA 


Cuestiones estéticas. 


Rincón Islefío. 


GUSTAVO E. CAMPA 


CLEMENTE PALMA 


Críticas musicales. 


Cuentos malévolos 


TU LIO M. CESTERO 


M. ARAMBURO Y MACHADO 


Ciudad romántica. 


Literatura crítica. 


FRANCISCO VILLAESPESA 


AMADO ÑERVO 


Torre de marfil 


En voz baja. 


RAIMUNDO CABRERA 


Kilos. 


Mis buenos tiempos. 


Mis filosofías. 


PEDRO C. DOMINICI 


ROSENDO VILLALOBOS 

Ocios crueles. V 


De Lutecia. 


Libro apolíneo. 



IMPRENTAS REUNIDAS DE LEVAU.OIS 



BIS. RUÉ DE CORM..ILLE